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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 79262 ***
+
+ NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
+
+José Enrique Rodó fue un esritor y poeta uruguayo que vivió entre los
+años 1871 y 1917. Entre sus parábolas se encuentra Hylas, incluida
+en este proyecto. Esta transcripción intenta evocar la memoria de los
+buscadores de Hylas que existieron, existen y existirán, con seguridad,
+en el futuro, y en particular la de José "el Pepe" Mujica, que fue
+presidente de la Republica Oriental del Uruguay entre los años 2010 y
+2015.
+
+En la versión de texto las palabras en itálicas están indicadas con
+_guiones bajos_ y las palabras en versalitas en MAYÚSCULAS.
+
+La cubierta del libro fue agregada por el transcriptor y ha sido puesta
+en el dominio público.
+
+Ciertas reglas de acentuación ortográfica del castellano, cuando la
+presente edición de esta obra fue publicada, eran diferentes a las
+existentes cuando se realizó la transcripción. El criterio utilizado
+para llevar a cabo esta transcripción ha sido el de respetar las reglas
+de la Real Academia Española vigentes en ese entonces. El lector
+interesado puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la
+Real Academia Española.
+
+En la presente transcripción se adecuó la ortografía de las mayúsculas
+acentuadas a las regla establecida por la RAE, que indica que las
+letras mayúsculas deben escribirse con tilde si les corresponde llevar
+tilde según las reglas de acentuación gráfica del castellano, tanto si
+se trata de palabras escritas en su totalidad con mayúsculas como si se
+trata únicamente de la mayúscula inicial.
+
+Errores evidentes de impresión y de puntuación han sido corregidos.
+
+El Índice de capítulos, incluido en la publicación original al final,
+ha sido trasladado al principio por el Transcriptor.
+
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+ JOSÉ ENRIQUE RODÓ
+
+
+ PARÁBOLAS
+
+ (DE ARIEL, MOTIVOS DE PROTEO, EL MIRADOR
+ DE PRÓSPERO, NUEVOS MOTIVOS DE PROTEO
+ Y EL CAMINO DE PAROS)
+
+
+ LECTURA SELECTA
+ MÉXICO MCMXX
+
+
+ 1º de enero de 1920.--TIP. MURGUIA. Av. 16 de Septiembre, 54
+
+
+ [Ilustración]
+
+
+
+
+ ÍNDICE
+
+
+ Pág.
+ DE «ARIEL»
+
+ El Rey hospitalario 5
+
+
+ DE «MOTIVOS DE PROTEO»
+
+ Mirando jugar a un niño 11
+
+ La respuesta de Leuconoe 15
+
+ El Faro de Alejandría 25
+
+ El meditador y el esclavo 29
+
+ El barco que parte 33
+
+ Ayax 37
+
+ El monje Teótimo 41
+
+ Los seis peregrinos 47
+
+ Hylas 63
+
+ La despedida de Gorgias 67
+
+ Lucrecia y el mago 77
+
+ La pampa de granito 83
+
+
+ DE «EL MIRADOR DE PRÓSPERO»
+
+ Sueño de Nochebuena 89
+
+
+ DE «NUEVOS MOTIVOS DE PROTEO»
+
+ El león y la lágrima 93
+
+
+ DE «EL CAMINO DE PAROS»
+
+ La estatua de Cesárea 99
+
+
+
+
+
+ EL REY HOSPITALARIO
+
+Era un rey patriarcal, en el Oriente indeterminado e ingenuo donde
+gusta hacer nido la alegre bandada de los cuentos. Vivía ese reino la
+candorosa infancia de las tiendas de Ismael y los palacios de Pilos.
+La tradición le llamó después, en la memoria de los hombres, el rey
+hospitalario. Inmensa era la piedad del rey. A desvanecerse en ella
+tendía, como por su propio peso, toda desventura. A su hospitalidad
+acudían lo mismo por blanco pan el miserable que el alma desolada por
+el bálsamo de la palabra que acaricia. Su corazón reflejaba, como
+sensible placa sonora, el ritmo de los otros. Su palacio era la casa
+del pueblo. Todo era libertad y animación dentro de este augusto
+recinto, cuya entrada nunca hubo guardas que vedasen. En los abiertos
+pórticos formaban corro los pastores cuando consagraban a rústicos
+conciertos sus ocios; platicaban al caer la tarde los ancianos, y
+frescos grupos de mujeres disponían, sobre trenzados juncos, las
+flores y racimos de que se componía únicamente el diezmo real.
+Mercaderes de Ofir, buhoneros de Damasco, cruzaban a toda hora las
+puertas anchurosas, y ostentaban en competencia, ante las miradas del
+rey, las telas, las joyas, los perfumes. Junto a su trono reposaban
+los abrumados peregrinos. Los pájaros se citaban al mediodía para
+recoger las migajas de su mesa; y con el alba, los niños llegaban en
+bandas bulliciosas al pie del lecho donde dormía el rey de la barba de
+plata y le anunciaban la presencia del sol.--Lo mismo a los seres sin
+ventura que a las cosas sin alma alcanzaban su liberalidad infinita.
+La Naturaleza sentía también la atracción de su llamado generoso;
+vientos, aves, plantas, parecían buscar--como en el mito de Orfeo y en
+la leyenda de San Francisco de Asís,--la amistad humana en aquel oasis
+de hospitalidad. Del germen caído al acaso, brotaban y florecían, en
+las junturas de los pavimentos y de los muros, los alhelíes de las
+ruinas, sin que una mano cruel los arrancase ni los hollara un pie
+maligno. Por las francas ventanas se tendían al interior de las cámaras
+del rey las enredaderas osadas y curiosas. Los fatigados vientos
+abandonaban largamente sobre el alcázar real su carga de aromas y
+armonías. Empinándose desde el vecino mar, como si quisieran ceñirle
+en un abrazo, le salpicaban las olas con su espuma. Y una libertad
+paradisial, una inmensa reciprocidad de confianzas, mantenían por
+dondequiera la animación de una fiesta inextinguible.
+
+Pero dentro, muy dentro; aislada del alcázar ruidoso por cubiertos
+canales, oculta a la mirada vulgar--como la “perdida iglesia” de
+Uhland en lo esquivo del bosque--al cabo de ignorados senderos, una
+misteriosa sala se extendía, en la que a nadie era lícito poner la
+planta, sino al mismo rey, cuya hospitalidad se trocaba en sus umbrales
+en la apariencia de escéptico egoísmo. Espesos muros la rodeaban. Ni
+un eco del bullicio exterior, ni una nota escapada al concierto de
+la Naturaleza, ni una palabra desprendida de labios de los hombres,
+lograba traspasar el espesor de los sillares de pórfido y conmover una
+onda del aire en la prohibida estancia. Religioso silencio velaba en
+ella la castidad del aire dormido. La luz, que tamizaban esmaltadas
+vidrieras, llegaba lánguida, medido el paso por una inalterable
+igualdad, y se diluía, como copo de nieve que invade un nido tibio,
+en la calma de un ambiente celeste.--Nunca reinó tan honda paz; ni en
+oceánica gruta, ni en soledad nemorosa.--Alguna vez, cuando la noche
+era diáfana y tranquila--abriéndose a modo de dos valvas de nácar la
+artesonada techumbre, dejaba cernerse en su lugar la magnificencia de
+las sombras serenas. En el ambiente flotaba como una onda indisipable
+la casta esencia del nenúfar, el perfume sugeridor del adormecimiento
+penseroso y de la contemplación del propio ser. Graves cariátides
+custodiaban las puertas de marfil en la actitud del silenciario.
+En los testeros, esculpidas imágenes hablaban de idealidad, de
+ensimismamiento, de reposo.--Y el viejo rey aseguraba que, aun cuando a
+nadie fuera dado acompañarle hasta allí, su hospitalidad seguía siendo
+en el misterioso seguro tan generosa y grande como siempre, sólo que
+los que él congregaba dentro de sus muros discretos eran convidados
+impalpables y huéspedes sutiles. En él soñaba, en él se libertaba de la
+realidad, el rey legendario; en él sus miradas se volvían a lo interior
+y se bruñían en la meditación de sus pensamientos como las guijas
+lavadas por la espuma; en él se desplegaban sobre su noble frente las
+blancas alas de Psiquis... Y luego, cuando la muerte vino a recordarle
+que él no había sido sino un huésped más en su palacio, la impenetrable
+estancia quedó clausurada y muda para siempre; para siempre abismada en
+su reposo infinito; nadie la profanó jamás, porque nadie hubiera osado
+poner la planta irreverente allí donde el viejo rey quiso estar solo
+con sus sueños y aislado en la última Thule de su alma.
+
+Yo doy al cuento el escenario de vuestro reino interior. Abierto con
+una saludable liberalidad, como la casa del monarca, confiado a todas
+las corrientes del mundo, exista en él, al mismo tiempo, la celda
+escondida y misteriosa que desconozcan los huéspedes profanos y que
+a nadie más que a la razón serena pertenezca. Sólo cuando penetréis
+dentro del inviolable seguro, podréis llamaros, en realidad, hombres
+libres. No lo son quienes, enajenando incesantemente el dominio de
+sí a favor de la desordenada pasión o el interés utilitario, olvidan
+que, según el sabio precepto de Montaigne, nuestro espíritu puede ser
+objeto de préstamo pero no de cesión.--Pensar, soñar, admirar: he
+ahí los nombres de los sutiles visitantes de mi celda. Los antiguos
+los clasificaban dentro de su noble inteligencia del ocio, que ellos
+tenían por el más elevado empleo de una existencia verdaderamente
+racional, identificándolo con la libertad del pensamiento emancipado
+de todo innoble yugo. El ocio noble era la inversión del tiempo que
+oponían, como expresión de la vida superior, a la actividad económica.
+Vinculado exclusivamente a esa alta y aristocrática idea del reposo su
+concepción de la dignidad de la vida, el espíritu clásico encuentra su
+corrección y su complemento en nuestra moderna creencia en la dignidad
+del trabajo útil; y entrambas atenciones del alma pueden componer, en
+la existencia individual, un ritmo, sobre cuyo mantenimiento necesario
+nunca será inoportuno insistir...
+
+
+
+
+ MIRANDO JUGAR A UN NIÑO
+
+
+ ...A menudo se oculta un sentido
+ sublime en un juego de niño.
+
+ (SCHILLER: _Thecla. Voz de un
+ espíritu_).
+
+
+Jugaba el niño en el jardín de la casa con una copa de cristal que, en
+el límpido ambiente de la tarde, un rayo de sol tornasolaba como un
+prisma. Manteniéndola, no muy firme, en una mano, traía en la otra un
+junco con el que golpeaba acompasadamente en la copa. Después de cada
+toque, inclinando la graciosa cabeza, quedaba atento, mientras las
+ondas sonoras, como nacidas de vibrante trino de pájaro, se desprendían
+del herido cristal y agonizaban suavemente en los aires. Prolongó
+así su improvisada música hasta que, en un arranque de volubilidad,
+cambió el motivo de su juego: se inclinó a tierra, recogió en el hueco
+de ambas manos la arena limpia del sendero y la fué vertiendo en la
+copa hasta llenarla. Terminada esta obra, alisó, por primor, la arena
+desigual de los bordes. No pasó mucho tiempo sin que quisiera volver a
+arrancar al cristal su fresca resonancia; pero el cristal, enmudecido,
+como si hubiera emigrado un alma de su diáfano seno, no respondía más
+que con un ruido de seca percusión al golpe del junco. El artista
+tuvo un gesto de enojo para el fracaso de su lira. Hubo de verter una
+lágrima, mas la dejó en suspenso. Miró, como indeciso, a su alrededor;
+sus ojos húmedos se detuvieron en una flor muy blanca y pomposa, que
+a la orilla de un cantero cercano, meciéndose en la rama que más se
+adelantaba, parecía rehuir la compañía de las hojas, en espera de una
+mano atrevida. El niño se dirigió, sonriendo, a la flor; pugnó por
+alcanzar hasta ella; y aprisionándola, con la complicidad del viento
+que hizo abatirse por un instante la rama, cuando la hubo hecho suya
+la colocó graciosamente en la copa de cristal, vuelta en ufano búcaro,
+asegurando el tallo endeble merced a la misma arena que había sofocado
+el alma musical de la copa. Orgulloso de su desquite, levantó, cuan
+alto pudo, la flor entronizada, y la paseó, como en triunfo, por entre
+la muchedumbre de las flores.
+
+ * * * * *
+
+¡Sabia, candorosa filosofía!--pensé--. Del fracaso cruel no recibe
+desaliento que dure, ni se obstina en volver al goce que perdió,
+sino que las mismas condiciones que determinaron el fracaso, toma la
+ocasión de nuevo juego, de nueva idealidad, de nueva belleza... ¿No
+hay aquí un polo de sabiduría para la acción? ¡Ah, si en el transcurso
+de la vida todos imitáramos al niño! ¡Si ante los límites que pone
+sucesivamente la fatalidad a nuestros propósitos, nuestras esperanzas y
+nuestros sueños, hiciéramos todos como él!... El ejemplo del niño dice
+que no debemos empeñarnos en arrancar sonidos de la copa con que nos
+embelesamos un día, si la naturaleza de las cosas quiere que enmudezca.
+Y dice luego que es necesario buscar, en derredor de donde entonces
+estemos, una reparadora flor, una flor que poner sobre la arena por
+quien el cristal se tornó mudo... No rompamos torpemente la copa contra
+las piedras del camino sólo porque haya dejado de sonar. Tal vez la
+flor reparadora existe. Tal vez está allí cerca. Esto declara la
+parábola del niño, y toda filosofía viril, _viril_ por el espíritu que
+la anima, confirmará su enseñanza fecunda.
+
+
+
+
+ LA RESPUESTA DE LEUCONOE
+
+
+Soñé una vez que volviendo el gran Trajano de una de sus gloriosas
+conquistas, pasó por no sé cuál de las ciudades de la Etruria, donde
+fué agasajado con tanta espontaneidad como magnificencia. Cierto
+patricio preparó en honor suyo el más pomposo y delicado homenaje que
+hubiera podido imaginar. Escogió en las familias ciudadanas las más
+lindas doncellas, y las instruyó de modo que, con adecuados trajes y
+atributos, formasen una alegórica representación del mundo conocido,
+donde cada una personificara a determinada tierra, ya romana, ya
+bárbara, y en su nombre reverenciase al César y le hiciera ofrecimiento
+de sus dones. Púsose en ensayo este propósito; todo marchaba a
+maravilla; pero sea que distribuidos los papeles, quedase sin ninguno
+una aspirante a quien no fuera posible desdeñar, sea que lo exigiese
+el arreglo y proporción en la manera como debían tejerse las danzas y
+figuras, ello es que hubo necesidad de aumentar en uno el número de
+las personas. Se había contado ya con todos los países del mundo, y
+se dudaba cómo salvar esta dificultad, cuando el patricio, que era
+dado a los libros, se dirigió a un estante, de donde tomó un ejemplar
+de las tragedias de Séneca, y buscando en la “Medea” el pasaje donde
+están unos versos que hoy son famosos, por el soplo profético que los
+inspira, habló de la presunción que hacía el poeta de la existencia
+de una tierra ignorada, que futuras gentes hallarían, yendo sobre el
+misterioso océano, más allá (añadió el patricio) de donde situó a la
+sumergida Atlántida, Platón. Este soñado país propuso que fuera el que
+completase el cuadro, ya que faltaba otro. Poco apetecible destino
+parecía ser el de representar a una tierra de que nada podía afirmarse,
+ni aun su propia existencia, mientras que todas las demás daban ocasión
+para lucir pintorescos y significativos atributos, y para que se las
+loase, o se las diferenciase cuando menos, en elocuentes recitados.
+Pero hubo quien, renunciando al papel que ya tenía atribuido, reclamó
+el humilde oficio para sí. Era la más joven de todas y la llamaban
+Leuconoe. No se halló el modo de caracterizar, con apropiadas galas, su
+parte, y se acordó que no llevara más que un traje blanco y aéreo, como
+una página donde no se ha sabido qué poner... Llegado el día, realizóse
+la fiesta, y noblemente personificadas las tierras desfilaron ante
+el señor del mundo, después de concertarse en variadas danzas de
+artificio, y cada una de ellas le dedicó sus ofrendas.
+
+Presentóse, primero que ninguna, Roma, en forma casi varonil; éste era
+el modo de hermosura de la que llevaba sus colores; el andar, de diosa;
+el imperio en el modo de mirar; la majestad en cada actitud y cada
+movimiento. Ofreció el orbe por tributo; y la siguió, como madre que
+viene después de la hija, por ser ésta soberana, Grecia, coronada de
+mirto. Lo que dijo de sí, sólo podría abreviarse en lápida de mármol.
+Italia vino luego. Habló de la gracia esculpida, en suaves declives,
+sobre un suelo que dora el sol, al son armónico del aire. Celebró su
+feracidad; aludió al trigo de Campania, al óleo de Venafro, al vino de
+Falerno. La rubia Galia, depuesto el primitivo furor, mostró, colmadas
+de pacíficos frutos, las corrientes del Saona y el Ródano. Iberia
+presentó sus rebaños, sus trotones, sus minas. Ceñida de bárbaros
+arreos, se adelantó Germania, e hizo el elogio de las pieles espesas,
+el ámbar transparente, y los gigantes de ojos azules cazados para el
+circo en la espesura de la Carbonaria y de la Hircinia. Bretaña dijo
+que en sus Casitérides había el metal de que toman su firmeza los
+bronces. La Iliria, famosa por sus abundantes cosechas; la Tracia,
+que cría caballos raudos como el viento; la Macedonia, cuyos montes
+son arcas de ricos minerales, rindieron sus tesoros; y se acercó
+tras ellas la postrera Thule, que ofreció juntos fuego y nieve, con
+la fianza de Pythéas. Llegó el turno de las tierras asiáticas; y en
+cuerpo de faunesca hermosura, la Siria habló de los laureles de Dafne
+y los placeres de Antioquía. El Asia Menor reunió en doble tributo
+los esplendores del Oriente con las gracias de Jonia, tendiendo entre
+ambas ofrendas la flauta frigia, como cruz de balanza. Se ufanó
+Babilonia con el resplandor de sus recuerdos. La Persia, madre de los
+frutos de Europa, brindó semillas de generosa condición. Grande estuvo
+la India cuando pintó montañas y ríos colosales, cuando invocó las
+piedras fúlgidas, el algodón, el marfil, la pluma de los papagayos, las
+perlas; cuando nombró cien plantas preciosas: el ébano, que ensalzó
+Virgilio; el amono y el malabatro, braseros de raros perfumes; el
+árbol milagroso cuyo fruto hace vivir doscientos años... La Palestina
+ofreció olivos y viñedos. Fenicia se glorió de su púrpura. La región
+sabea, de su oro. Mesopotamia hizo mención de los bosques espesísimos
+donde Alejandro cortó las tablas de sus naves. El país de Sérica cifró
+su orgullo en una tela primorosa; y Taprobana, que remece el doble
+monzón, en la fragante canela. Vinieron luego los pueblos de la Libia.
+Presidiéndolos llegó el Egipto multisecular; habló de sus pirámides,
+de sus esfinges y colosos; del despertar mejor de su grandeza, en una
+ciudad donde una torre iluminada señala el puerto a los marinos. La
+Cirenaica dijo el encanto de su serenidad, que hizo que fuese el lecho
+a donde iban a morir los epicúreos. Cartago, a quien realzara Augusto
+de las ruinas, se anunció llamada a esplendor nuevo. La Numidia expuso
+que daba mármoles para los palacios; fieras para las theriomaquias y
+las pompas. La Etiopía afirmó que en ella estaban el país del cinamomo,
+el de la mirra, los enanos de un pigmo y los macrobios de mil años.
+Las Fortunadas, fijando el término de lo conocido, recordaron que en
+su seno esperaba a las almas de los justos la mansión de la eterna
+felicidad.
+
+Por último, con suma gracia y divino candor, llegó Leuconoe. En nada
+aparentaba formar parte de la viviente y simbólica armonía. No llevaba
+sino un traje blanco y aéreo, como una página donde no se ha sabido qué
+poner... En aquel instante, nadie la envidiaba, por más que luciese su
+hermosura. El César preguntó la razón de su presencia, y se extrañó,
+cuando lo supo, viéndola tan mal destinada y tan hermosa.
+
+--Leuconoe--dijo, con una benévola ironía--: no te ha tocado un gran
+papel. Tu poca suerte quiso que la realidad concluyera en manos de las
+otras, y he aquí que has debido contentarte con la ficción del poeta...
+Admiro tu dulce conformidad, y me complace tu homenaje, puesto que eres
+hermosa. Pero ¿qué bien me dirás de la región que representas, si has
+de evitar el engañarme?... ¿Qué me ofreces de allí? ¿Qué puedes afirmar
+que haya en tu tierra de quimera?
+
+--¡Espacio!--dijo con encantadora sencillez, Leuconoe.
+
+Todos sonreían.
+
+--Espacio...--repitió el César--. ¡Es verdad! Sea desapacible o
+risueña, estéril o fecunda, espacio habrá en la tierra incógnita, si
+existe; y aun cuando ella no exista, y allí donde la finge el poeta
+sólo esté el mar, o acaso el vacío pavoroso, ¿quién duda que en el
+mar o en el vacío habrá espacio?... Leuconoe--prosiguió con mayor
+animación--: tu respuesta tiene un alto sentido. Tiene, si se la
+considera, más de uno. Ella dice la misteriosa superioridad de lo
+soñado sobre lo cierto y tangible, porque está en la humana condición
+que no haya bien mejor que la esperanza, ni cosa real que se aventaje a
+la dulce incertidumbre del sueño. Pero, además, encierra tu respuesta
+una hermosa consigna para nuestra voluntad, un brioso estímulo a
+nuestro denuedo. No hay límite en donde acabe para el fuerte el
+incentivo de la acción. Donde hay espacio, hay cabida para nuestra
+gloria. Donde hay espacio, hay posibilidad de que Roma triunfe y se
+dilate.
+
+Dijo el César; arrancó de su pecho una gruesa esmeralda que allí estaba
+de broche, y era de las que el Egipto produce mayores y más puras; y
+prendiéndola al seno de la niña, la dejó, como un fulgor de esperanza,
+sobre la estola, toda blanca, mientras terminaba diciendo:
+
+--¡Sea el premio para la región desconocida; sea el premio para
+Leuconoe!
+
+ * * * * *
+
+Espacio, espacio, es lo que te queda, después que la esperanza con
+color y figura, y el ideal concreto, y la fuerza o aptitud de calidad
+conocida, te abandonaron en mitad del camino. Espacio: mas no ése,
+donde el viento y el pájaro se mueven más arriba que tú y con alas
+mejores; sino dentro de ti, en la inmensidad de tu alma, que es el
+espacio propio para las alas que tú tienes. Allí queda infinita
+extensión por conquistar mientras dura la vida: extensión siempre
+capaz de ser conquistada, siempre merecedora de ser conquistada...
+Imaginar que no hay en ti más que lo que ahora percibes con la
+trémula luz de tu conciencia, equivale a pensar que el océano acaba
+allí donde la redondez de la esfera lo sustrae al alcance de tus
+ojos. Incomparablemente más vasto es el océano que la visión de los
+ojos; incomparablemente más hondo nuestro ser que la intuición de
+la conciencia. Lo que de él está en la superficie y a la luz, es
+comúnmente, no ya una escasa parte, sino la parte más vulgar y más
+mísera. Dame acertar con la ocasión y yo sacaré de ti fuerzas que
+te maravillen y agiganten. Tu languidez de ánimo, tu desesperanza y
+sentimiento como de vacío interior, no son distintos de los de miles de
+almas electas, en las vísperas de la transfiguración que las sublimó a
+la excelsa virtud, o a la invención genial, o al heroísmo. Si veinte
+horas antes de consagrarse héroe el héroe, apóstol el apóstol, inventor
+el inventor, o de tender resuelta y eficazmente a hacerlo, hubiérales
+anunciado un zahorí de corazones su destino inminente, ¡cuántas veces
+no se hubieran encogido de hombros o sonreído con amarga incredulidad!
+Dame la ocasión y yo te haré grande; no porque infunda en ti lo que no
+hay en ti, sino porque haré brotar y manifestarse lo que tu alma tiene
+oculto. De afuera pueden auxiliarte cateadores y picos; pero en ti
+sólo está la mina. La ocasión es como el artista pintor de quien dijo
+originalmente uno que lo era: no crea el pintor su cuadro, sino que se
+limita a descorrer los velos que impedían verlo mientras la tela estaba
+en blanco. Hallar y traer al haz del alma esa ignorada riqueza: tal es
+tu obra y la de cada uno. Derramar luz dentro de sí por la observación
+interior y la experiencia: tal es el medio de abrir camino a la ocasión
+dichosa, que vendrá traída por el movimiento de la realidad. Empeño
+difícil éste de conocerse--¿quién lo duda?--y expuesto a mil engaños.
+Pero ¿no vale todos los tesoros de la voluntad el término que quien
+lo acomete se propone? ¿Hay cosa que te interese más que descubrir lo
+que está en ti y en ninguna parte sino en ti: tierra que para ti sólo
+fué creada; América cuyo único descubridor posible eres tú mismo, sin
+que puedas temer, en tu designio gigante, ni émulos que te disputen la
+gloria, ni conquistadores que te usurpen el provecho?
+
+
+
+
+ EL FARO DE ALEJANDRÍA
+
+
+El primero y más grande de los Tolomeos se propuso levantar, en la
+isla que tiene a su frente Alejandría, alta y soberbia torre, sobre la
+que una hoguera siempre viva fuese señal que orientara al navegante
+y simbolizase la luz que irradiaba de la ilustre ciudad. Sóstrato,
+artista capaz de un golpe olímpico, fué el llamado para trocar en
+piedra aquella idea. Escogió blanco mármol; trazó en su mente el modelo
+simple, severo y majestuoso. Sobre la roca más alta de la isla echó
+las bases de la fábrica, y el mármol fué lanzado al cielo mientras
+el corazón de Sóstrato subía de entusiasmo tras él. Columbraba allá
+arriba, en el vértice que idealmente anticipaba, la gloria. Cada
+piedra, un anhelo; cada forma rematada, un deliquio. Cuando el vértice
+estuvo, el artista, contemplando en éxtasis su obra, pensó que había
+nacido para hacerla. Lo que con genial atrevimiento había creado,
+era el Faro de Alejandría, que la antigüedad contó entre las siete
+maravillas del mundo. Tolomeo, después de admirar la obra del artista,
+observó que faltaba al monumento un último toque, y consistía en que su
+nombre de rey fuera esculpido, como sello que apropiase el honor de la
+idea, en encumbrada y bien visible lápida. Entonces Sóstrato, forzado a
+obedecer, pero celoso en su amor por el prodigio de su genio, ideó el
+modo de que en la posteridad, que concede la gloria, fuera su nombre y
+no el del rey el que leyesen las generaciones sobre el mármol eterno.
+De cal y arena compuso para la lápida de mármol una falsa superficie,
+y sobre ella extendió la inscripción que recordaba a Tolomeo; pero
+debajo, en la entraña dura y luciente de la piedra, grabó su propio
+nombre. La inscripción, que durante la vida del mecenas fué engaño de
+su orgullo, marcó luego las huellas del tiempo destructor; hasta que un
+día, con los despojos del mortero, voló, hecho polvo vano el nombre del
+príncipe. Rota y aventada la máscara de cal, se descubrió, en lugar del
+nombre del príncipe, el de Sóstrato, en gruesos caracteres, abiertos
+con aquel encarnizamiento que el deseo pone en la realización de lo
+prohibido. Y la inscripción vindicadora duró cuanto el mismo monumento;
+firme como la justicia y la verdad; bruñida por la luz de los cielos en
+su campo eminente; no más sensible que a la mirada de los hombres, al
+viento y a la lluvia.
+
+ * * * * *
+
+Un arranque de sinceridad y libertad que te lleve al fondo de tu alma,
+fuera del yugo de la imitación y la costumbre, fuera de la sugestión
+persistente que te impone modos de pensar, de sentir, de querer, que
+son como el ritmo isócrono del paso del rebaño, puede hacer en ti lo
+que la obra justiciera del tiempo verificó en la inscripción de la
+torre de Alejandría. Deshecho en polvo leve, caerá de la superficie de
+tu alma cuanto es allí vanidad, adherencia, remedo; y entonces, acaso
+por primera vez, conocerás la verdad de ti mismo. Despertarás como de
+un largo sueño de sonámbulo. Tu hastío y agotamiento son quizá, cual
+los de muchos otros, cosa de la personalidad ficticia con que te vistes
+para salir al teatro del mundo: es ella la que se ha vuelto en ti
+incapaz de estímulo y reacción. Pero por bajo de ella reposan, frescas
+y límpidas, las fuentes de tu personalidad verdadera, la que es toda
+de ti; apta para brotar en vida, en alegría, en amor, si apartas la
+endurecida broza que detiene y paraliza su ímpetu. Allí está lo _tuyo_
+y allí y no en el esquilmado campo que ahora alumbra el resplandor de
+tu conciencia. ¿Por qué llamas _tuyo_ lo que siente y hace el espectro
+que hasta este instante usó de tu mente para pensar, de tu lengua
+para articular palabras, de tus miembros para agitarse en el mundo,
+cuyo autómata es, cuyo dócil instrumento es, sin movimiento que no sea
+reflejo, sin palabra que no sea eco sumiso? ¡Ése no eres _tú_! ¡Ése que
+roba tu nombre no eres _tú_! ¡Ése no es sino una vana sombra que te
+esclaviza y te engaña, como aquélla otra que, mientras duermes, usurpa
+el sitio de tu personalidad e interviene en desatinadas ficciones, bajo
+la bóveda de tu frente!
+
+
+
+
+ EL MEDITADOR Y EL ESCLAVO
+
+
+Pasó que, huésped en una casa de campo de Megara, un prófugo de Atenas,
+acusado de haber pretendido llevarse bajo el manto, para reliquia de
+Sócrates, la copa en que bebían los reos la cicuta, se retiraba a
+meditar, al caer las tardes, a lo esquivo de extendidos jardines, donde
+sombra y silencio consagraban un ambiente propicio a la abstracción. Su
+gesto extático algo parecía asir en su alma: dócil a la enseñanza del
+maestro, ejercitaba en sí el desterrado la atención del conocimiento
+propio.
+
+Cerca de donde él meditaba, sobre un fondo de sauces melancólicos, un
+esclavo, un vencido de Atenas misma o de Corinto, en cuyo semblante
+el envilecimiento de la servidumbre no había alcanzado a desvanecer
+del todo un noble sello de naturaleza, se ocupaba en sacar agua de
+un pozo para verterla en una acequia vecina. Llegó ocasión en que se
+encontraron las miradas del huésped y el esclavo. Soplaba el viento
+de la Libia, producidor de fiebres y congojas. Abrasado por su
+aliento, el esclavo, después de mirar cautelosamente en derredor,
+interrumpió su tarea, dejó caer los brazos extenuados, y abandonando
+sobre el brocal de piedra, como sobre su cruz, el cuerpo flaco y
+desnudo:--“Compadéceme, dijo al pensador, compadéceme si eres capaz
+de lágrimas, y sabe, para compadecerme bien, que ya apenas queda en
+mi memoria rastro de haber vivido despierto, sino es en este mortal
+y lento castigo. ¡Ve cómo el surco de la cadena que suspendo, abre
+las carnes de mis manos; ve cómo mis espaldas se encorvan! Pero lo
+que más exacerba mi martirio es que, cediendo a una fascinación que
+nace del tedio y el cansancio, no soy dueño de apartar la mirada
+de esta imagen de mí que me pone delante el reflejo del agua cada
+vez que encaramo sobre el brocal el cubo del pozo. Vivo mirándola,
+mirándola, más petrificado, en realidad, que aquella estatua cabizbaja
+de Hipnos, porque ella sólo a ciertas horas de sol tiene los ojos
+fijos en su propia sombra. De tal manera conocí mi semblante casi
+infantil, y veo hoy esta máscara de angustia, y veré cómo el tiempo
+ahonda en la máscara las huellas de su paso, y cómo se acercan y la
+tocan las sombras de la muerte... Sólo tú, hombre extraño, has logrado
+desviar algunas veces la atención de mis ojos con tu actitud y tu
+ensimismamiento de esfinge. ¿Sueñas despierto? ¿Maduras algo heroico?
+¿Hablas a la callada con algún dios que te posee?... ¡Oh, cómo envidio
+tu concentración y tu quietud! Dulce cosa debe de ser la ociosidad
+que tiene espacio para el vagar del pensamiento!”--“No son éstos los
+tiempos de los coloquios con los dioses, ni de las heroicas empresas,
+(dijo el meditador); y en cuanto a los sueños deleitosos, son pájaros
+que no hacen nido en cumbres calvas... Mi objeto es ver dentro de
+mí... Quiero formar cabal idea y juicio de éste que soy yo, de éste
+por quien merezco castigo o recompensa...; y en tal obra me esfuerzo
+y peno más que tú. Por cada imagen tuya que levantas de lo hondo del
+pozo, yo levanto también de las profundidades de mi alma una imagen
+nueva de mí mismo; una imagen contradictoria con la que la precedió, y
+que tiene por rasgo dominante un acto, una intención, un sentimiento,
+que cada día de mi vida presenta, como cifra de su historia, al traerle
+al espejo de la conciencia bruñida por la soledad; sin que aparezca
+nunca el fondo estable y seguro bajo la ondulación de estas imágenes
+que se suceden. He aquí que parece concretarse una de ellas en firmes
+y precisos contornos; he aquí que un recuerdo súbito la hiere, y como
+las formas de las nubes, tiembla y se disipa. Alcanzaré al extremo de
+la ancianidad; no alcanzaré al principio de la ciencia que busco.
+Desagotarás tu pozo; no desagotaré mi alma. ¡Ésta es la ociosidad del
+pensamiento!...” Llegó un rumor de pasos que se aproximaban; volvió el
+esclavo a su faena, el desterrado a lo suyo; y no se oyó más que la
+áspera quejumbre de la garrucha del pozo, mientras el sol de la tarde
+tendía las sombras alargadas del meditador y el esclavo, juntándolas en
+un ángulo cuyo vértice tocaba al pie de la estatua cabizbaja de Hipnos.
+
+
+
+
+ EL BARCO QUE PARTE
+
+
+Mira la soledad del mar. Una línea impenetrable la cierra, tocando al
+cielo por todas partes menos aquélla en que el límite es la playa.
+Un barco, ufano el porte, se aleja, con palpitación ruidosa, de la
+orilla. Sol declinante; brisa que dice “¡vamos!”; mansas nubes. El
+barco se adelanta, dejando una huella negra en el aire, una huella
+blanca en el mar. Avanza, avanza, sobre las ondas sosegadas. Llegó a
+la línea donde el mar y el cielo se tocan. Bajó por ella. Ya sólo el
+alto mástil aparece; ya se disipa esta última apariencia del barco.
+¡Cuán misteriosa vuelve a quedar ahora la línea impenetrable! ¿Quién
+no la creyera, allí donde está, término real, borde de abismo? Pero
+tras ella se dilata el mar, el mar inmenso; y más hondo, más hondo,
+el mar inmenso aún; y luego hay tierras que limitan, por el opuesto
+extremo, otros mares; y nuevas tierras, y otras más, que pinta el sol
+de los distintos climas y donde alientan variadas castas de hombres: la
+estupenda extensión de las tierras pobladas y desiertas, la redondez
+sublime del mundo. Dentro de esta inmensidad, hállase el puerto para
+donde el barco ha partido. Quizás, llegado a él, tome después caminos
+diferentes entre otros puntos de ese campo infinito, y ya no vuelva
+nunca, cual si la misteriosa línea que pasó fuese de veras el vacío en
+donde todo acaba...
+
+Pero he aquí que, un día, consultando la misma línea misteriosa, ves
+levantarse un jirón flotante de humo, una bandera, un mástil, un
+casco de aspecto conocido... ¡Es el barco que vuelve! Vuelve, como el
+caballo fiel a la dehesa. Acaso más pobre y leve que al partir; acaso
+herido por la perfidia de la onda; pero acaso también, sano y colmado
+de preciosas cosechas. Tal vez, como en alforjas de su potente lomo,
+trae el tributo de los climas ardientes: aromas deleitables, dulces
+naranjas, piedras que lucen como el sol, o pieles suaves y vistosas.
+Tal vez, a trueque de las que llevaba, trae gentes de más sencillo
+corazón, de voluntad más recia y brazos más robustos. ¡Gloria y ventura
+al barco! Tal vez, si de más industriosa parte procede, trae los
+forjados hierros que arman para el trabajo la mano de los hombres; la
+tejida lana; el metal rico, en las redondas piezas que son el acicate
+del mundo; tal vez trozos de mármol y de bronce, a que el arte humano
+infundió el soplo de la vida, o mazos de papel donde, en huellas de
+diminutos moldes, vienen pueblos de ideas. ¡Gloria, gloria y ventura,
+al barco!
+
+ * * * * *
+
+Fija tu atención, por breve espacio, un pensamiento; lo apartas de ti,
+o él se desvanece por sí mismo; no lo divisas más; y un día remoto
+reaparece a pleno sol de tu conciencia, transfigurado en concepción
+orgánica y madura, en convencimiento capaz de desplegarse con toda
+fuerza de dialéctica y todo ardimiento de pasión.
+
+Nubla tu fe una leve duda; la ahuyentas, la disipas; y cuando menos la
+recuerdas, torna de tal manera embravecida y reforzada, que todo el
+edificio de tu fe se viene, en un instante y para siempre, al suelo.
+
+Lees un libro que te hace quedar meditabundo; vuelves a confundirte
+en el bullicio de las gentes y las cosas; olvidas la impresión que el
+libro te causó; y andando el tiempo, llegas a averiguar que aquella
+lectura, sin tú removerla voluntaria y reflexivamente, ha labrado de
+tal modo dentro de ti, que toda tu vida espiritual se ha impregnado de
+ella y se ha modificado según ella.
+
+Experimentas una sensación; pasa de ti; otras comparecen que borran
+su dejo y su memoria, como una ola quita de la playa las huellas de
+la que la precedió; y un día que sientes que una pasión, inmensa y
+avasalladora, rebosa de tu alma, induces que de aquella olvidada
+sensación partió una oculta cadena de acciones interiores, que hicieron
+de ella el centro obedecido y amparado por todas las fuerzas de tu
+ser: como ese tenue rodrigón de un hilo, a cuyo alrededor se ordenan
+dócilmente las lujuriosas pompas de la enredadera.
+
+Todas estas cosas son el barco que parte, y desaparece, y vuelve
+cargado de tributos.
+
+
+
+
+ A Y A X
+
+
+Florecía el jacinto en los prados de Laconia y a márgenes del Tíber,
+y había una especie de él cuya flor tenía estampados, sobre cada uno
+de los pétalos, dos signos de color obscuro. El uno imitaba el dibujo
+de una “alfa”; el otro el de una “i” griega. La imaginación antigua
+se apropió de esto como de toda singularidad y capricho de las cosas.
+En la égloga tercera de Virgilio, Menalcas propone, por enigma, a
+Palemón, cuál es la flor que lleva escrito un nombre augusto. Alude a
+que con las dos letras del jacinto da comienzo el nombre de Ayax, el
+héroe homérico que envuelto por la niebla en densas sombras, pide a
+los dioses luz, sólo luz, para luchar, aun cuando sea contra ellos.
+En tiempos en que Roma congregaba todas las filosofías, vivió en
+ella Lupercio, geómetra y filósofo. De un amor juvenil tuvo Lupercio
+una hija a quien dió el nombre de Urania y educó en la afición de
+la sabiduría. Imaginémonos a Hipatia en un albor de adolescencia:
+candorosa alma de invernáculo sobre la cual los ojos habían reflejado
+tan intensamente la luz que parte de las ideas increadas y baña la
+tersa faz de los papiros, como poco y en reducido espacio la luz
+real que el sol derrama sobre la palpitación de la Naturaleza. Nada
+sabía del campo. Cierto día, una ráfaga que vino de lo espontáneo y
+misterioso de los sentimientos, llamóla a conocer la agreste extensión.
+Dejó su encierro. Desentumida el alma por el contento de la fuga,
+vió extenderse ante sí, bajo la frescura matinal, el Agro romano. La
+tierra sonreía, toda llena de flores. Junto a una pared en ruina el
+manso viento mecía unas de color azul, que fueron gratas a Urania. Eran
+seis, dispuestas en espiga a la extremidad de esbelto bohordo, cuya
+graciosa cimbra arrancaba de entre hojas comparables a unos glaucos
+puñales. Urania se inclinó sobre las flores de jacinto; y más que con
+la suavidad de su fragancia, se embelesó con aquellas dos letras, que
+provocaron en su espíritu la ilusión de una Naturaleza sellada por
+los signos de la inteligencia. Aún fué mayor su hechizo al columbrar
+que, como impresión de la idea soberana, era el nombre de Ayax el que
+estaba así desparramado sobre lo más limpio y primoroso de la corteza
+del mundo; segura prenda--pensó--de que, por encima de los dioses,
+resplandece la luz que Ayax pidió para vencerlos... Pero las flores
+no tenían sino dos letras de aquel nombre, y en Urania dominaba un
+concepto sobrado ideal del orden infinito para creer que, una vez el
+nombre comenzado por mano de la Naturaleza, hubiera podido quedar,
+como en aquellas flores, inconcluso. Ocurrió en vano a nuevos bohordos
+de jacinto. Quizás, las letras que faltaban se hallarían sobre las
+hojas de otras flores. Grande era lo visible del campo, y en toda su
+extensión variadas flores lo esmaltaban. Buscando las letras terminales
+aventuróse Urania campo adentro. Miró en las margaritas, mártires
+diezmadas por las ruedas y el casco; en las rojinegras amapolas; en
+los narcisos, que guardan oro entre la nieve; en los pálidos lirios,
+en las violetas, amigas de la esquividad; llegó a la orilla de una
+charca donde frescos nenúfares mentían imágenes del sueño de la onda
+dormida. Todo en vano... Tanto se había obstinado en la búsqueda que
+ya se aproximaba la noche. Contó su cuita a un boyero que recogía su
+hato, y él se rió de su candor. Cansada, y triste con la decepción que
+desvanecía su sueño de una Naturaleza sellada por las cifras de las
+ideas, volvió el paso a la ciudad, que extendía, frente adonde se había
+abismado el sol, su sombra enorme.
+
+Este fué el día de campo de Urania. En presencia de los destinos
+incompletos; de la risueña vida cortada en sus albores, del bien
+que promete y no madura, ¡quién no ha experimentado alguna vez el
+sentimiento con que se preguntaba Urania cómo la Naturaleza pudo no
+completar en ninguna parte el nombre de Ayax, habiendo impreso las dos
+primeras letras en la corola del jacinto!...
+
+
+
+
+ EL MONJE TEÓTIMO
+
+ LA EMANCIPACIÓN PERSONAL Y LA SOLEDAD
+
+
+Para burlar la sugestión del ambiente en que se vive y reivindicar la
+libertad interior, apartándose de él, hay dos modos de apartamiento:
+los viajes y la soledad. En rigor, los dos son necesarios; y una vida
+bien ordenada a los fines de su renovación perseverante y eficaz, sabrá
+conceder lugar dentro de sí a períodos de incomunicación respecto
+de la sociedad que sea habitualmente la suya, distribuyéndolos con
+sabiduría entre el recurso de la soledad y el de los viajes.--La
+soledad es escudo diamantino, sueño reparador, bálsamo inefable, en
+ciertas situaciones de alma y por determinado espacio de tiempo. Pero
+como medio único y constante de asegurar la plenitud de la personalidad
+contra las opresiones y falacias del mundo, marra la soledad, porque le
+faltan: un instrumento eficacísimo con que desenvolver el contenido de
+nuestra conciencia: la acción, y una preciosa alianza a quien fiar lo
+que no logre consumar de su obra: la simpatía. Sólo el sacudimiento de
+la acción es apto para traer a la superficie del alma todo lo que en el
+fondo de ésta hay pesado e inerte; y sólo el estímulo de la simpatía
+alcanza a corroborar y sostener nuestra reacción espontánea hasta el
+punto que se requiere para emanciparse firmemente de los vínculos de
+la preocupación y la costumbre. La soledad continua ampara y fomenta
+conceptos engañosos, no sólo en cuanto a la realidad exterior, de
+cuya percepción nos aparta, sino también en cuanto a nosotros mismos,
+sugiriéndonos quizás, sobre nuestro propio ser y nuestras fuerzas,
+figuraciones que luego, al más leve tropiezo con la realidad, han
+de trocarse en polvo, porque no se las valoró en las tablas de la
+comparación con los demás, ni se las puso a prueba en las piedras de
+toque de la tentación y de la lucha.
+
+
+ EL MONJE TEÓTIMO
+
+
+Acaso nunca ha habido anacoreta que viviese en tan desapacible
+retiro como Teótimo, monje penitente, en alturas más propias que de
+penitentes, de águilas. Tras de placer y gloria, gustó lo amargo del
+mundo; debió su conversión al dolor; buscó un refugio, bien alto,
+sobre la vana agitación de los hombres, y le eligió donde la montaña
+era más dura, donde la roca era más árida, donde la soledad era más
+triste. Cumbres escuetas, de un ferruginoso color, cerraban en reducido
+espacio el horizonte. El suelo era como gigantesca espalda desnuda:
+ni árboles, ni aun rastreras matas en él. A largos trechos se abría
+en un resalte de la roca una concavidad que semejaba negra herida, y
+en una de ellas halló Teótimo su amparo. Todo era inmóvil y muerto en
+la extensión visible, a no ser un torrente que precipitaba su escaso
+raudal por cauce estrecho, fingiendo llantos de la roca, y las águilas
+que solían cruzarse entre las cimas. En esta espantosa soledad clavó
+Teótimo su alma, como el jirón de una bandera destrozada en lides del
+mundo, para que el viento de Dios la limpiase de la sangre y el cieno.
+Bien pronto, casi sin luchas de tentación y sin nostálgicas memorias,
+la gracia vino a él, como el sueño al cuerpo vencido del cansancio.
+Logró la entera sumersión del pecho en el amor de Dios; y al paso
+que este amor crecía, un sentimiento intenso, lúcido, de la pequeñez
+humana, se concretaba dentro de él, en este diamante de la gracia: la
+más rendida y congojosa humildad. De las cien máscaras del pecado tomó
+en mayor aborrecimiento a la soberbia, que por ser primera en el tiempo
+que las otras, antes que máscara del pecado le pareció su semblante
+natural. Y sobre la roca yerma y desolada, frente al adusto silencio de
+las cumbres, Teótimo vivió sin otros pensamientos que el de la única
+grandeza velada allí tras la celeste bóveda que sólo en reducida parte
+veía, y el de su propia pequeñez e indignidad.
+
+Pasaron años de esta suerte; largos años durante los cuales la
+conciencia de Teótimo sólo reflejó de su alma imágenes de abatimiento y
+penitencia. Si acaso alguna duda de la constancia de su piedad humilde
+le amargaba, ella nacía del extremo de su misma humildad. Fué condición
+que Teótimo había puesto en su voto ir, una vez que pasase determinado
+tiempo de retiro, a visitar la tumba de sus padres y volver luego,
+para siempre, al desierto. Cumplido el plazo, tomó el camino del más
+cercano valle. La montaña perdía, en lo tendido de su falda, parte
+de su aridez, y algunas matas, rezagadas de vegetación más copiosa,
+interrumpían lo desnudo del suelo. Teótimo se sentó a descansar junto
+a una de ellas. ¿Cuántos años hacía que no posaba los ojos en una
+flor, en una rama, en nada de lo que compone el manto alegre y undoso
+colgado de los hombros del mundo?... Miró a sus pies y vió una blanca
+florecilla que nacía de un tallo acamado sobre el césped; trémula y
+como medrosa, con el soplo del aura. Era de una gracia suave, tímida,
+sin hermosura, sin aroma... Teótimo, que reparó en ella sin quererlo,
+se puso a contemplarla con tranquilo deleite. Mientras notaba la
+sencilla armonía de sus hojuelas blancas, el ritmo de sus movimientos,
+la gracia de su debilidad, una idea súbita nació de la contemplación
+de Teótimo. ¡También cuidaba el cielo de aquella tierna florecilla;
+también a ella destinaba un rayo de su amor, de su complacencia en
+la obra que vió buena!... Y esta idea no era en él grata, afectuosa,
+dulcemente conmovida, como acaso la tuvimos nosotros. Era amarga, y
+promovía dentro de su pecho como una hesitante rebelión. Sobre la roca
+yerma y desolada nunca había nublado su humildad el pensamiento que
+ahora le inquietaba. ¿Todo el amor de Dios no era entonces para el
+alma del hombre? ¿El mundo no era el yermo sobre el cual, única flor,
+flor de espinoso cardo, el alma humana se entreabría sabedora de no
+merecer la luz del cielo, pero sola en gozar del beneficio de esta luz?
+Vano fué que luchara por quitar los ojos del alma de este obstinado
+pensamiento, porque él volvía a presentársele cual si lo empujase a
+la claridad de la conciencia de Teótimo una tenaz persecución. Y tras
+él sentía el eremita venir de lo hondo de su ser un rugido cada vez
+más cercano... un rugido cada vez más siniestro... un rugido cuyo
+son conocía, y que brotaba de unas fauces que creyó mortalmente secas
+en su alma. Bastó una débil florecilla para que el monstruo oculto,
+la soberbia apostada tras la ilusión de la humildad, dejase con
+avasallador empuje su guarida... Bajo la alegre bondad de la mañana,
+mientras tocaba en su pecho un rayo de sol, Teótimo, torvo y airado
+puso el pie sobre la flor indefensa.
+
+
+
+
+ LOS SEIS PEREGRINOS
+
+ DOS DISTINTAS ESPECIES DE ALMAS ENTUSIASTAS
+
+
+Grande es la unidad que enlaza todas las partes de nuestra existencia
+bajo una idea soberana; pero más bella y fecunda, si, poniendo a
+prueba la extensión de su fuerza ordenadora, se diversifica por la
+flexibilidad y la amplitud. Dentro de toda comunión, de toda fe, de
+toda sociedad ideal, es fácil distinguir dos especies de almas sinceras
+y entusiastas. Hay el entusiasta inflexible, alma monocorde y austera;
+y hay aquél cuyo entusiasmo asume las múltiples formas de la vida, y
+consiente, generoso con su riqueza de amor, otros objetos de atención
+y de deseo que el que preferentemente se propone. De aquella pasta
+están hechos el estoico y el asceta, el puritano y el jansenista; de
+ésta, los espíritus amplios, comunicativos y curiosos, sin mengua de su
+fidelidad inquebrantable ni su férvida consagración. De los unos y de
+los otros, es decir, de los perseverantes, de los entusiastas, de los
+creyentes, y sólo de ellos es el secreto de la acción; pero la más alta
+forma de la perseverancia, del entusiasmo y de la fe, es su aptitud
+para extenderse y transformarse, sin desleirse ni desnaturalizarse.
+
+
+ LOS SEIS PEREGRINOS
+
+Cuentan leyendas que no están escritas, que Endimión, no el que recibió
+favores de Diana, sino un evangelista de quien nada sabe la historia,
+recorría, después de doctrinado en Corinto por Pablo de Tharso, las
+islas del Archipiélago. En una ciudad pequeña de la Eubea, su palabra
+tocó el corazón de seis jóvenes paganos que formaron un grupo lleno de
+adhesión hacia él, no menos que de fe pura y sencilla. Esta comunidad
+naciente vivió, durante cierto tiempo, en la intimidad afectuosa con
+que la vida de las iglesias primitivas imitaba los lazos fraternales.
+Un día, un día del _Señor_, en la expansión cordial de la cena, maestro
+y discípulos fueron heridos de un pensamiento que les pareció una
+vocación: partirían a propagar la buena nueva siguiendo la ruta de
+Alejandro; soldados de una mansa conquista, llegarían sobre las huellas
+del conquistador, hasta donde el cielo quisiera; pero juraban que no se
+detendría, falta de impulso, la divina palabra, en tanto que uno solo
+de sus propagadores quedara, con vida y libertad, sobre el camino que
+por ellos sería, otra vez y con más pureza, glorioso.
+
+La fe, radiante, ofuscaba la temeridad de la intención. Aún no estaba
+formulada la idea, y ya la impaciencia por la acción y la gloria hacía
+aletear las voluntades. Pero como Endimión, el maestro, necesitaba
+completar, ante todo, su viaje por la isla, convinieron que, pasado el
+término que para ello se consideraba menester, él y sus seis discípulos
+se encontrarían en un vecino puerto, desde donde atravesarían el mar
+para emprender la ruta soñada.
+
+El tiempo transcurrió para todos como en el éxtasis de una visión.
+Llegaron los días de la cita. Una mañana alegre, apenas provistos de
+pan y frutas los zurrones, en la dirección de la marcha un claro sol, y
+dentro de sí, como la mano de Dios en el timón del alma, el entusiasmo,
+los seis amigos partieron a reunirse al maestro.
+
+Corría, suavísimo y opulento, el otoño. La Naturaleza parecía concertar
+con la felicidad de los viajeros sus galas; diríase que de cada cosa
+del camino nacía una bendición para ellos. Sintiéndola, recogiéndola en
+su corazón, se regocijaban y hacían sonar todo el tesoro de su sueño
+en joviales coloquios, cuando de improviso distrajeron su interés
+unos lastimeros ayes que venían de unas breñas cercanas. Dirigiéronse
+allí, y viendo tendido entre las zarzas a un pastor que se desangraba,
+herido acaso por los lobos, se aproximaron a valerle. Sólo uno de
+los seis, Agenor, laconio enjuto y pálido, de grandes ojos absortos,
+había permanecido indiferente, desde el primer momento, a los ayes,
+atribuyéndolos a uno de los mil rumores del viento, y extraño a todo
+lo que no fuese la idea sublime a cuya ejecución se encaminaban;
+en la impaciencia de ver convertirse en realidad las imágenes
+deslumbradoras de su sueño, se había negado a desviarse y a esperar que
+se satisficiera la curiosidad de sus amigos. Agenor siguió adelante,
+adelante, como en el ciego ímpetu de una fascinación.
+
+Ellos, en tanto, después de haber lavado y vendado con jirones de sus
+propias ropas las heridas del rústico, le condujeron a su choza, que
+descollaba a cierta distancia, sobre una ladera donde se columbraban
+restos dispersos del hato. Allí, prolongando sus cuidados, les
+sorprendió la noche. Cuando, abriendo la aurora, llegó el momento de
+partir, he aquí que Nearco, otro de los seis compañeros, permaneció
+apartado y melancólico, con el aire de quien no se resuelve a hacer
+una confidencia dolorosa. Instáronle los demás a confesar lo que
+sentía.--Sabéis--dijo Nearco--que, desde que este episodio nos obligó
+a alterar por compasión el rumbo que llevábamos, me entró en el alma
+la duda de la inoportunidad de nuestra empresa, y oí una voz interior
+que me decía: “Si hay tanto y tan desamparado dolor, tanto abandono
+y tanta impiedad cerca de nosotros donde emplear el fuego de caridad
+que nos inflama, ¿por qué buscar objeto para él en climas extraños y
+remotos?”. Me dormí con este pensamiento en el alma; y soñé; y así como
+el apóstol vió en sueños la imagen del macedón que le llamaba, lo que
+él interpretó como un ruego de que fuera a redimir a los suyos, a mí
+se me apareció la imagen de este pastor, que intentando yo continuar
+el viaje, me cerraba el camino, y lo aparté para avanzar; y entonces,
+en los enebros y las zarzas a cuyo lado le encontramos, sentí que se
+enredaban mis ropas y me detenían...
+
+Dicho lo cual, Nearco en quien, un sueño disipó el encanto de otro,
+abrazó a sus amigos, que ya daban cara al sol para continuar su ruta, y
+volvióse en dirección a la ciudad.
+
+El grupo siguió con entusiasmo intacto, adelante. De los cuatro que
+le componían ahora, Idomeneo parecía ser el que, por su superioridad,
+llenaba la ausencia del maestro. Él había sido el primero en percibir
+y atender los ayes del herido. Era de Atenas; era suave, inteligente,
+benévolo. En su fisonomía se reflejaba algo de la inquietud con que se
+significaría la curiosidad espiritual de un estudiante, y algo de la
+ternura con que se expresaría el omnímodo amor de un panteísta. Pero el
+sello de expresión más hondo lo imprimía el dulce estupor con que aún
+lo embargaba la inmensidad de la fe nueva que había conquistado su alma.
+
+Cuando en los bordes de algún soto vecino asomaba una lozana flor
+silvestre, Idomeneo, desviándose, se acercaba a admirar su forma, su
+color, o a aspirar su perfume. Cuando el viento traía, de cercanas
+cabañas de pastores, un son de zampoña o caramillo, o bien si una
+cigarra levantaba su canto, Idomeneo se detenía un instante a escuchar.
+Cuando una guija pintada lucía entre la arena del camino, Idomeneo, con
+el afán de un niño, la recogía, y bruñéndola, la llevaba en la mano. Y
+cuando allá, en la profundidad del horizonte, un ave o una nube pasaban
+o se descubría el triángulo blanco de una vela sobre la línea obscura
+del mar, el alma del neófito parecía tender presurosamente hacia ellos
+sobre el riel de una mirada anhelante...
+
+Ya el sol había templado la fuerza de sus rayos cuando los viajeros
+vieron aparecer, en la caída de una loma, las casas dispersas de una
+aldea.
+
+Gigante encina descollaba, en lo más avanzado del lugar, sobre los
+techos, que esmaltaba el oro de la tarde; y en derredor del árbol
+veíase un gran grupo de gente, que formaba corro, con muestras
+de atención y respeto. Preguntando a unos labradores que habían
+interrumpido su trabajo para dirigirse hacia allí, supieron que era un
+cantor ambulante, mendigo consagrado por la vejez y por el numen, que
+todos los años recorría, en ocasión de las cosechas, aquella parte de
+la isla.--¿Oigámosle?--propuso Idomeneo.
+
+Acercándose al corro, los cuatro amigos se empinaron para ver al
+cantor. Un soplo de antigüedad heroica llegó a ellos. Todo lo del
+Homero legendario reaparecía en una dulce y majestuosa figura; el
+continente regio, la luenga barba lilial, la frente olímpica; a la
+espalda el zurrón, la lira a la cintura, el nudoso báculo en la
+diestra, el can escuálido y enlodado a sus plantas. Hízose un silencio
+solemne; y desatando al dios ya inquieto en su seno, el mendigo cantó;
+y sobre el aliento de sus labios, mientras las manos trémulas tocaban
+las cuerdas de la lira, flotaron cosas de historia y de leyenda, cosas
+que estaban en todas las memorias, pero que parecían recobrar, en
+versos ingenuos (tal como se serena el agua en cántaro de barro),
+la frescura y el resplandor de la invención. Cantó del germinar de
+los elementos en las sombras primeras; de la majestad de Zeus; de
+los dioses y sus luchas sublimes; de los amores de las diosas y los
+hombres. Cantó de las tradiciones heroicas. Hércules y Teseo lidiando,
+en el amanecer del mundo, con monstruos y tiranos; la nave que busca el
+vellocino; Tebas y su estirpe fatídica... Mostró después la cólera de
+Aquiles, y a Héctor en los muros de Ilión; y luego, a Ulises errabundo,
+los encantamientos de Circe, y la castidad de Penélope. Todos
+escuchaban arrobados: Idomeneo, con la expresión del que contempla una
+imagen que evoca en él el recuerdo de otra más bella o más querida;
+Lucio, uno de sus tres compañeros, con gesto en que alternaban el
+embeleso y la angustia.--Este canto divino--dijo Lucio--me ha hecho
+sentir de nuevo la hermosura de los dioses que abandonamos. Conozco
+que mi fe ha sido herida de muerte por el poeta...--Tu fe era
+débil--contestó Idomeneo--; yo siento magnificada y victoriosa la mía;
+yo guardo para mí el dulzor del canto, y como se arroja la corteza de
+la almendra, desecho la vanidad de la ficción.
+
+Pero, insistiendo Lucio en su arrepentimiento, sólo siguieron viaje
+Idomeneo, Merión y Adimanto. A mitad de la jornada siguiente,
+atormentados por la sed, divisaron, no lejos del camino, el mirador
+de una alquería, y se dirigieron a ella. La casa estaba ceñida, en
+ancho espacio, por un huerto frondoso, que vides opulentas, enlazadas,
+por todas partes, a los árboles, adornaban con el oro de sus sazones.
+Cuando los viajeros llegaron, vieron que se preparaba en el huerto
+la vendimia. Ocupábanse unos en remover toneles y disponer para la
+obra el lagar. Otros afilaban, para segar los racimos, hoces que
+llenaban de desapacible música y de rojas chispas el aire. Un grupo de
+mujeres tejía los cuévanos y las cestas de mimbres para recogerlos.
+Por dondequiera reinaba la animación comunicativa con que se anuncia
+el trabajo preparado de buena voluntad; la animación que provoca el
+desasosiego del estímulo en los corazones y los brazos robustos.
+
+Satisfecha su sed, los viajeros hacían señal de despedirse, cuando el
+viñador preguntóles si querían quedarse aquella tarde y ayudar a las
+faenas, porque sus hombres eran pocos, y debía apresurar la vendimia, a
+fin de terminarla para el día que había indicado su señor. Agregó que
+hasta la otra mañana no vendrían, de los pueblos vecinos, los braceros
+que necesitaba, y que el tiempo que ganaría con el auxilio de los
+huéspedes sería bastante para evitar la demora y el castigo.
+
+Ellos, que no habían permanecido insensibles a la sana tentación del
+trabajo; que recordaron la parábola de los pocos obreros para la mucha
+mies, y que agradecían, además, la hospitalidad que habían recibido,
+accedieron, y puestos a la obra, no fueron avaros de sus fuerzas.
+Adimanto contribuyó a recolectar los racimos, Merión a transportarlos,
+Idomeneo a la faena del lagar. La jornada acabó con tal suma de
+adelanto, que el viñador, lleno de júbilo, abandonó sus temores.
+Empezó luego la fiesta con que se celebraba la vendimia, junto al
+báquico altar que descollaba en lo más alto del huerto, bajo brutesca
+arquitectura de ramas. Los vendimiadores fueron congregándose allí,
+mientras se distribuía, con prodigalidad, vino de anteriores cosechas.
+Cuando recibieron su parte, Idomeneo invitó a los suyos a beber, al
+modo de los festines eucarísticos. Apartándose de los demás algún
+espacio, levantaron las copas. En alto las miradas extáticas, invocaron
+el nombre del Señor. Y como dos zuritas, de las que acudían a picar en
+el suelo granos dispersos de la uva, cruzasen en aquel mismo instante
+sobre ellos: “¡Irene y Ágape!”--dijo con gracia mística el de Atenas--,
+recordando a las dos escanciadoras invisibles, mientras un rayo de sol
+inflamaba en las copas levantadas al aire el oro burbujante del vino...
+
+Poco después, siendo ya de noche, y en el deseo de estar de pie con la
+aurora, los tres amigos buscaron un rincón protegido por los árboles y
+se tendieron a dormir. Pero en los ojos de Merión, beocio que llevaba
+en el semblante los rasgos de la sensualidad, el vino había dejado un
+toque de luz cálida. Sentíase allí cerca la agitación del festejo que
+congregaba a los trabajadores en derredor del ara del dios. El circular
+de sarmientos encendidos pintaba de fuego las sombras de la noche. Por
+todas partes parecía vagar en libertad el alma del vino. En el viento,
+embriagado con las exhalaciones del lagar, venían risas, canciones y
+el resonar de rústicos instrumentos, que denunciaba alegres danzas.
+Merión, incorporándose, levantó su copa del suelo y se perdió con paso
+sigiloso en la sombra.
+
+Aún no se había disipado la fiesta cuando sus dos amigos saludaban
+de pie la bandera de la mañana, que les mostraba la dirección de su
+camino. No encontraron a Merión junto a ellos.--“¿Estás despierto,
+Merión?”. Tendido en tierra, desceñido, faunesco, coronado de pámpanos,
+como Dionysos joven a la sombra de las grutas de Nisa, el beocio les
+respondió, cuando le hallaron, alargándoles negligentemente su copa.
+Idomeneo y Adimanto partieron.
+
+Y ¿qué era en tanto de Agenor, el que desde la primera jornada se había
+adelantado en su impaciencia a los otros?... Agenor había llegado acaso
+al término del viaje, o tal vez seguía adelante, adelante, como en el
+ciego ímpetu de una fascinación.
+
+A poco andar, Adimanto e Idomeneo vieron abrirse ante su paso una
+hermosísima llanura, por donde el camino serpeaba con deliciosa
+volubilidad, como atraído a un tiempo por mil cosas. Blancas aldeas,
+rubias y onduladas mieses; tupidos bosques, a cuyos pies se deslizaba
+la corriente sosegada de un río, y en lo remoto, el mar azul y
+profundo. Caminaban absortos en la contemplación, cuando, percibiendo
+de cerca un aroma de manzanas silvestres, traspusieron, no sin
+esfuerzo, el natural vallado que orillaba el camino; y el soto más
+ameno, la más risueña espesura rústica que pueda imaginarse, apareció
+ante sus ojos y los envolvió en la fragancia de su aliento. Bajo la
+bóveda que extendían los árboles más altos tejía la vida una gloriosa
+urdimbre, entre la cual formaba caprichosos cambiantes con la sombra,
+la luz que descendía tenuemente velada. De aquí y de allá partían,
+buscando el corazón de la espesura, senderos estrechos y tortuosos, y
+no tardaban en oponerse a su paso las vigilantes zarzas y las hiedras
+cuajadas de corimbos. Los frutos todavía sujetos a la rama veíanse en
+tan gran copia como los que, ya desprendidos, yacían en el suelo y le
+alfombraban de tintes más obscuros que los que desparramaban los otros
+por el aire. A pesar del otoño, no escaseaban, junto a esta riqueza,
+galas más tempranas que el fruto. Y todo estaba virgen, radiante, como
+húmedo aún de la humedad del soplo creador. Fresco aposento de quién
+sabe qué divinidad esquiva, no había señales de haber tocado en aquel
+retiro planta humana. A medida que se internaban en lo espeso del
+soto, Idomeneo sentía cómo iba estrechándole el alma, dulcemente, el
+abrazo de la Naturaleza, y se abandonaba sin recelos a él. Admiraba,
+con la admiración que pone húmedos los ojos, todo cuanto le rodeaba;
+parecía beber con delicia en el ambiente; perdíase de intento allí
+donde formaban más hondo laberinto las frondas; tenía dulces palabras
+para las flores que le embalsamaban el camino; se detenía a grabar el
+signo de la cruz en la corteza de los árboles, como en el corazón de
+catecúmenos; recordaba, de los libros sagrados, el Paraíso y la tierra
+que mana leche y miel; los cedros del Líbano y las rosas de Jericó, y
+el fondo de imágenes campestres del Evangelio. Como en la copa donde
+se mezclan dos vinos para mitigar los humos del más fuerte, en él el
+entusiasmo, la embriaguez de la vida, cosa de su raza, que, sin él
+quererlo, subía de las raíces de su ser, se dulcificaba con el sabor
+de la fe nueva, con el recuerdo del Dios que también había sabido
+detenerse ante la gracia de un ave, de una colina o de una flor...
+Idomeneo bautizaba toda aquella hermosura al difundirse en ella por
+obra del amor, que identifica el alma y las cosas.
+
+Pasóse el tiempo en aquel vagar infantil y les sorprendió en la soledad
+del monte el crepúsculo. Sus sombras graves parecieron una reconvención
+a Adimanto. Cuando, a la mañana siguiente, Idomeneo recordó que sólo
+faltaba una jornada para terminar el viaje, y se echó al hombro el
+zurrón con renovado júbilo, Adimanto confesó tristemente que no se
+atrevía a ponerse en presencia del maestro... Pensaba que los recibiría
+con severidad por su tardanza, si es que ya no había partido a la
+llegada de Agenor; y a pesar de las instancias de su compañero, se
+despidió y marchó cabizbajo a desandar su camino.
+
+Idomeneo, solo ya, siguió adelante. No tardó en divisar, sobre la playa
+graciosamente enarcada, las casas blancas y risueñas de una ciudad
+marina, y las palmeras que la engalanaban agitándose con señas como de
+llamamiento, que le parecieron dirigidas a él. Inquirió, por los que
+hallaba a la puerta de alguna finca rústica o ejerciendo las labores
+del campo, si había pasado en aquella dirección Agenor, y conoció
+que sí cuando le describieron la prisa, como de quien huye; el gesto
+extático, que les habían admirado días antes en un extraño pasajero;
+su palidez, el cansancio inconsciente, o desdeñado, que revelaba, y la
+indiferencia con que proseguía, en medio a la curiosidad de los que se
+detenían a observarle.--¡Parecía un sonámbulo!--decían.
+
+Tal como estas noticias lo pintaban, Agenor había llegado al término
+del viaje en un solo impulso de deseo desde su partida, insensible a la
+fatiga de su cuerpo, insensible a los accidentes del camino, insensible
+al espectáculo de la Naturaleza. No bien llegó, cayó extenuado a las
+plantas del maestro, aunque, más feliz que el soldado de Maratón, no
+fué sin vida. Durante tres mañanas y tres tardes, maestro y discípulo
+consultaron, de lo más alto de la ciudad, como desde una atalaya,
+la dirección por donde esperaban ver venir a los otros, hasta que
+apareció Idomeneo, y por él supieron dolidos, mas no desalentados, la
+inutilidad de esperar más. Endimión puso a Agenor a su derecha, puso a
+su izquierda a Idomeneo, y entonando uno de los salmos que cantan la
+felicidad del caminante, marchó con ellos hacia el mar. Nubes extrañas
+fingían maravillosas rutas en el confín del horizonte. La vela de la
+nave que los conduciría palpitaba sobre las aguas turbias e inquietas,
+a modo de un gran corazón blanco...
+
+Y así, junto al maestro que representaba para ellos la verdad, inmunes
+de las tentaciones a que habían sucumbido los discípulos que, por
+veleidosos o cobardes, no continuaron el camino, partieron: Agenor, el
+entusiasmo rígido y austero, la sublime obsesión que corre arrebatada
+a su término, con ignorancia o desdén de lo demás; Idomeneo, la
+convicción amplia, graciosa y expansiva, dueña de sí para corresponder,
+sin mengua de su fidelidad inquebrantable, al reclamo de las cosas;
+el convertido de Atenas, que de paso para su vocación, supo atender a
+las voces con que lo solicitaron la caridad, el arte, el trabajo, la
+Naturaleza, y que de las impresiones recogidas en lo vario del mundo
+formaba, alrededor del sueño grande de su alma, un cortejo de ideas...
+
+
+
+
+ H Y L A S
+
+
+Hylas, efebo de la edad heroica, acompañaba a Hércules en la expedición
+de los Argonautas. Llegadas las naves frente a las costas de la Misia,
+Hylas bajó a tierra para traer a sus camaradas agua que beber: En
+el corazón de un fresco bosque halló una fuente calma y límpida. Se
+inclinó sobre ella, y aún no había hecho ademán de sumergir bajo el
+cristal de las aguas la urna que llevaba en la mano, cuando graciosas
+ninfas surgieron, rasgando el seno de la onda y le arrebataron
+prisionero de amor, a su encantada vivienda. Los compañeros de Hylas
+bajaron a buscarle, así que advirtieron su tardanza. Llamándole,
+recorrieron la costa y fatigaron vanamente los ecos. Hylas no parecía;
+las naves prosiguieron con rumbo al país del áureo vellocino. Desde
+entonces fué uso en los habitantes de la comarca donde quedó el cautivo
+de amor, salir a llamarle al comienzo de cada primavera, por los
+bosques y prados. Cuando apuntaban las flores primerizas, cuando el
+viento empezaba a ser tibio y dulce, la juventud lozana se dispersaba,
+vibrante de emoción, por los contornos de Prusium. ¡Hylas! ¡Hylas!
+clamaba. Ágiles pasos violaban misterios de las frondas; por las
+suaves colinas trepaban grupos sonoros; la playa se orlaba de mozos y
+doncellas. ¡Hylas! ¡Hylas! repetía el eco en mil partes, y la sangre
+ferviente coloreaba las risueñas mejillas y los pechos palpitaban de
+cansancio y de júbilo, y las curvas de tanta alegre carrera eran como
+guirnaldas trenzadas sobre el campo. Con el morir del sol, acababa,
+sin fruto, la pesquisa. Pero la nueva primavera convocaba otra vez a
+la búsqueda del hermoso argonauta. El tiempo enflaquecía las voces
+que habían sonado briosa y entonadamente; inhabilitaba los cuerpos
+antes ágiles para correr los prados y los bosques, generaciones nuevas
+entregaban el nombre legendario al viento primaveral: ¡Hylas! ¡Hylas!
+Vano clamor que nunca tuvo respuesta. Hylas no pareció jamás. Pero de
+generación en generación se ejercitaba en el bello simulacro la fuerza
+joven; la alegría del campo florecido penetraba en las almas, y cada
+día de esta fiesta ideal se reanimaba con el candor que quedaba aún no
+marchito, una inquietud sagrada: la esperanza de una venida milagrosa.
+
+Mientras Grecia vivió, el gran clamor flotó una vez por año en el
+viento de la primavera ¡Hylas! ¡Hylas!
+
+ * * * * *
+
+Exista el Hylas perdido a quien buscar, en el campo de cada humano
+espíritu; viva Hylas para cada uno de nosotros. Pongamos que él no haya
+de parecer jamás: ¿qué importa, si el sólo afán de buscarle es ya sazón
+y estímulo con que se mantiene el halago de la vida?
+
+Un supremo objeto para los movimientos de nuestra voluntad; una
+singular preferencia en el centro de nuestro corazón; una idea soberana
+en la cúspide de nuestro pensamiento...; no a modo de celosas y
+suspicaces potestades, sino de sueños hospitalarios y benévolos, a
+cuyo lado haya lugar para otras manifestaciones de la vida que las que
+ellos tienen de inmediato bajo su jurisdicción; aunque, indirecta y
+delicadamente, a todas las penetren de su influjo y las usen para sus
+fines.
+
+Ya por el moroso Idomeneo supimos cómo la perseverancia en una alta
+idealidad, cómo el fervor de un gran designio, puede hermanarse con
+un tierno interés por las demás cosas bellas y buenas que abarca la
+extensión infinita del mundo.
+
+
+
+
+ LA DESPEDIDA DE GORGIAS
+
+
+Ésos que están sentados a una mesa donde hay flores y ánforas de vino,
+y que preside un viejo hermoso y sereno como un dios; ésos que beben,
+mas no dan muestra de contento; ésos que suelen levantarse a consultar
+la altura del sol, y a veces se enjugan una lágrima, son los discípulos
+de Gorgias. Gorgias ha enseñado, en la ciudad que fué su cuna, nueva
+filosofía. La delación, la suspicacia, han hecho que ella ofenda y
+alarme a los poderosos. Gorgias va a morir. Se le ha dado a escoger
+el género de muerte, y él ha escogido la de Sócrates. A la hora de
+entrarse el sol ha de beber la cicuta: aún tiene vida por dos más, y
+él las pasa en serenidad sublime, rector de melancólica fiesta, donde
+las flores acarician los ojos de los convidados, que el pensamiento
+enciende con luz íntima, y un vino suave difunde el soplo para el
+brindis postrero. Gorgias dijo a sus discípulos: “Mi vida es una
+guirnalda a la que vamos a ajustar la última rosa”.
+
+Esta vez, el placer de filosofar con gracia, que es propio de almas
+exquisitas, se realzaba con una desusada unción. “Maestro--dijo
+uno--nunca podrá haber olvido en nosotros, para ti ni para tu
+doctrina”. Otro añadió:--“Antes morir que negar cosa salida de
+tus labios”. Y cundiendo este sentimiento, hubo un tercero que
+propuso:--“Jurémosle ser fieles a cada una de sus palabras, a cuanto
+esté virtualmente contenido en cada una de sus palabras; fieles ante
+los hombres y en la intimidad de nuestra conciencia; ¡siempre e
+invariablemente fieles!”... Gorgias preguntó al que había hablado de
+tal modo:--“¿Sabes, Lucio, lo que es jurar en vano?”--“Lo sé--repuso
+el joven--; pero siento firme el fundamento de nuestra convicción, y
+no dudo de que debamos consolar tu última hora con la promesa que más
+dulce puede ser a tu alma”.
+
+Entonces Gorgias comenzó a decir de esta manera:
+
+--¡Lucio! Oye una anécdota de mi niñez. Cuando yo era niño, mi madre
+se complacía tanto en mi bondad, en mi hermosura, y sobre todo en el
+amor con que yo pagaba su amor, que no podía pensar sin honda pena
+en que mi niñez y toda aquella dicha pasaran. Mil y mil veces la oía
+repetir: “¡Cuánto diera yo por que nunca dejases de ser niño!...”.
+Se anticipaba a llorar la pérdida de mi dulce felicidad, de mi bondad
+candorosa, de aquella belleza como de flor o de pájaro, de aquel amor
+único, merced al cual sólo ella existía en la tierra para mí. No se
+resignaba a la idea de la obra ineluctable del Tiempo, bárbaro numen
+que pondría la mano sobre tanto frágil y divino bien, y desharía la
+forma delicada y graciosa, y amargaría el sabor de la vida, y traería
+la culpa allí donde estaba la inocencia sin mácula. Menos aún se avenía
+con la imagen de una mujer futura, pero cierta, que acaso había de
+darme penas del alma en pago de amor. Y tornaba al pertinaz deseo:
+“¡Cuánto daría porque nunca, nunca dejases de ser niño!...”. Cierta
+ocasión oyóla una mujer de Tesalia, que pretendía entender de ensalmos
+y hechizos, y le indicó un medio de lograr anhelo tan irrealizable
+dentro de los comunes términos de la Naturaleza. Diciendo cierta
+fórmula mágica, había de poner sobre mi corazón, todos los días, el
+corazón de una paloma, tibio y mal desangrado aún, que sería esponja
+con que se borraría cada huella del tiempo; y en mi frente pondría la
+flor del íride silvestre, oprimiéndola hasta que soltase del todo su
+humedad, con lo que se mantendría mi pensamiento limpio y puro. Dueña
+del precioso secreto, volvió mi madre con determinación de ponerlo al
+punto por obra. Y aquella noche tuvo un sueño. Soñó que procedía tal
+como le había sido prescripto; que transcurrían muchos años; que mi
+niñez permanecía en un ser; y que favorecida ella misma con el don de
+alcanzar una ancianidad extrema, se extasiaba en la contemplación de mi
+ventura inalterable, de mi belleza intacta, de mi pureza impoluta...
+Luego, en su sueño, llegó un día en que ya no halló, para traer a
+casa, ni una flor de íride, ni un corazón de paloma. Y al despertarse
+y acudir a mí, la mañana siguiente, vió en lugar mío, un hombre viejo
+ya, adusto y abatido; todo en él revelaba una ansia insaciable; nada
+había de noble ni grande en su apariencia, y en su mirada vibraban
+relámpagos de desesperación y de odio. “¡Mujer malvada!--le oyó clamar,
+dirigiéndose a ella con airado gesto--, me has robado la vida, por
+egoísmo feroz, dándome en cambio una felicidad indigna, que es la
+máscara con que disfrazas a tus propios ojos tu crimen espantable...
+Has convertido en vil juguete mi alma. Me has sacrificado a un necio
+antojo. Me has privado de la acción, que ennoblece; del pensamiento,
+que ilumina; del amor, que fecunda... ¡Vuélveme lo que me has quitado!
+Mas ya no es hora de que me lo vuelvas, porque este mismo es el día en
+que la ley natural prefijó el término de mi vida, que tú has disipado
+en una miserable ficción, y ahora voy a morir, sin tiempo más que para
+abominarte y maldecirte”. Aquí terminó el sueño de mi madre. Ella,
+desde que lo tuvo, dejó de deplorar la fugacidad de mi niñez. Si yo
+aceptara el juramento que propones, ¡oh Lucio! olvidaría la moral de mi
+parábola, que va contra el absolutismo del dogma revelado de una vez
+para siempre; contra la fe que no admite vuelo ulterior al horizonte
+que desde el primer instante nos muestra. Mi filosofía no es religión
+que tome al hombre en el albor de la niñez, y con la fe que le infunde,
+aspire a adueñarse de su vida, eternizando en él la condición de la
+infancia, como mi madre antes de ser desengañada por su sueño. Yo os
+fuí maestro de amor: yo he procurado daros el amor de la verdad; no la
+verdad, que es infinita. Seguid buscándola y renovándola vosotros, como
+el pescador que tiende uno y otro día su red, sin mira de agotar al mar
+su tesoro. Mi filosofía ha sido madre para vuestra conciencia, madre
+para vuestra razón. Ella no cierra el círculo de vuestro pensamiento.
+La verdad que os haya dado con ella no os cuesta esfuerzo, comparación,
+elección: sometimiento libre y responsable del juicio, como os
+costará la que por vosotros mismos adquiráis, desde el punto en que
+comencéis realmente a vivir. Así, el amor de la madre no le ganamos
+con los méritos propios: él es gracia que nos hace la Naturaleza.
+Pero luego otro amor sobreviene, según el orden natural de la vida; y
+el amor de la novia, éste sí, hemos de conquistarlo nosotros. Buscad
+nuevo amor, nueva verdad. No se os importe si ella os conduce a ser
+infieles con algo que hayáis oído de mis labios. Quedad fieles a mí,
+amad mi recuerdo en cuanto sea una evocación de mí mismo, viva y real,
+emanación de mi persona, perfume de mi alma en el afecto que os tuve;
+pero mi doctrina no la améis sino mientras no se haya inventado para la
+verdad fanal más diáfano. Las ideas llegan a ser cárcel también, como
+la letra. Ellas vuelan sobre las leyes y las fórmulas; pero hay algo
+que vuela aún más que las ideas, y es el espíritu de vida que sopla en
+dirección a la Verdad...
+
+Luego, tras breve pausa, añadió:
+
+--Tú, Leucipo, el más empapado en el espíritu de mi enseñanza: ¿qué
+piensas tú de todo esto? Y ya que la hora se aproxima, porque la luz se
+va y el ruido del mundo se adormece: ¿por quién será nuestra postrera
+libación? ¿por quién este destello de ámbar que queda en el fondo de
+las copas?...
+
+--Será, pues,--dijo Leucipo--, por quien, desde el primer sol que no
+has de ver, nos dé la verdad, la luz, el camino; por quien desvanezca
+las dudas que dejas en la sombra; por quien ponga el pie delante de
+tu última huella, y la frente aun más en lo claro y espacioso que tú;
+por tus discípulos, si alcanzamos a tanto, o alguno de nosotros, o
+un ajeno mentor que nos seduzca con libro, plática o ejemplo. Y si
+mostrarnos el error que hayas mezclado a la verdad, si hacer sonar en
+falso una palabra tuya, si ver donde no viste, hemos de entender que
+sea vencerte: Maestro, ¡por quien te venza, con honor, en nosotros!
+
+--¡Por ése!--dijo Gorgias; y mantenida en alto la copa, sintiendo ya
+al verdugo que venía, mientras una claridad augusta amanecía en su
+semblante, repitió--: ¡Por quien me venza con honor en vosotros!
+
+ * * * * *
+
+Desventurado el maestro a quien repugne anunciar, como el Bautista,
+al que vendrá después de él, y no diga: _“Él debe crecer; yo ser
+disminuido”_. Funda dogmas inmutables aquél que viene a poner yugo
+y marca de fuego, de las que allí donde una vez se estampan, se
+sustituyen por siempre al aspecto de naturaleza; no los funda quien es
+enviado a traer vida, luz y nueva alma.
+
+La palabra de Cristo, así como anunció la preeminencia del sentido
+interno y del espíritu sobre la letra, la devoción y la costumbre,
+dejó también, aun refiriéndose a lo que es espíritu y substancia, el
+reconocimiento de su propia relatividad, de su propia limitación, no
+menos cierta (como, en lo material, la del mar y la montaña), por su
+grandeza sublime; el reconocimiento de la lontananza de verdad que
+quedaba fuera de su doctrina declarada y concreta, aunque no toda
+quedase fuera de su alcance potencial o virtual, de las posibilidades
+de su desenvolvimiento, de su capacidad de adaptación y sugestión.
+
+Éste es el significado imperecedero de aquellas hondas palabras de la
+Escritura, que Montano levantó por lábaro de su herejía: “Aún tendría
+otras cosas que enseñaros, mas no podríais llevarlas”. Vale decir: “No
+está toda la verdad en lo que os digo, sino sólo la suma de verdad que
+podéis comportar”.
+
+Así, contra la quietud estéril del dogma, contra la soberbia de la
+sabiduría amortajada en una fórmula eterna, la palabra de Cristo salvó
+el interés y la libertad del pensamiento de los hombres por venir;
+salvó la inviolabilidad del misterio reservado para campo del esfuerzo
+nuestro, en las porfías de la contradicción, en los anhelos de la duda,
+sin los cuales la actividad del pensamiento, sal del vivir humano,
+fuera, si lo decimos también con palabras evangélicas, “como la sal que
+se tornara desabrida”.
+
+_Aún tendría otras cosas que enseñaros, mas ahora no podríais
+llevarlas_, significa, lo mismo en lo que es aplicable a la conciencia
+de la humanidad que en lo que se refiere a la del individuo: no hay
+término final en el descubrimiento de lo verdadero, no hay revelación
+una, cerrada y absoluta; sino cadena de revelaciones, revelación por
+boca del Tiempo, dilatación constante y progresiva del alma, según sus
+merecimientos y sus bríos, en el seno de la infinita verdad.
+
+
+
+
+ LUCRECIA Y EL MAGO
+
+
+Artemio, corregidor de la Augostólida de Egipto, en tiempo que elegirás
+dentro del crepúsculo de Roma, era neófito cristiano. A la sombra de su
+severa ancianidad vivía, en condición de pupila, Lucrecia, cuyo padre,
+muerto cuando ella estaba en la niñez, había sido conmilitón y amigo de
+Artemio. No defraudaba esta Lucrecia el esplendor de tal nombre. Antes
+se le adelantaba por la calidad de una virtud tan cándida, igual y
+primorosa, que tenía visos y reflejos de beatitud. Un día llegó a casa
+de Artemio un religioso de algún culto oriental: bramino, astrólogo, o
+quizás mago caldeo, de los que por el mundo romano vagaban añadiendo
+a su primitivo saber, retazos de la helénica cultura y profesando
+artes de adivinación y encantamiento. El corregidor le recibió de buen
+grado; la religiosidad de estos cristianos de Oriente solía darse la
+mano con la afición a cosas de hechicería. Oyendo decir al mago que,
+entre las capacidades de su ciencia, estaba la de poner de manifiesto
+lo que las almas encerraban en su centro y raíz más apartados de la
+sospecha común, Artemio hizo comparecer a Lucrecia, movido del deseo
+de saber qué prodigiosa forma tomaba, en lo radical y más denso de
+su espíritu, la esencia de su raro candor. El mago declaró que sólo
+precisaba una copa que ella colmase de agua por su propia mano, y que
+bajo la diafanidad del agua vería pintarse, como en limpio espejo,
+el alma de Lucrecia. “Veamos--dijo Artemio--qué estrella de inocente
+fulgor, qué cristalino manantial, qué manso cordero ocupa el fondo de
+esta alma...”. Fué traída la copa, que Lucrecia llenó de agua hasta
+los bordes, y hecho esto, el mago concentró en la copa la mirada,
+y la doncella y su tutor anhelaron oir lo que decía. “En primer
+término--empezó--, veo, como en todas las almas que he calado con esta
+segunda vista de mis ojos, una sima o abismo comparable a los que
+estrechan el paso del viajero en los caminos de las montañas ásperas.
+Y allá, en lo hondo, en lo hondo...”. Interrumpióse vacilando, un
+momento.--“¿Lo digo?”, preguntó después. Y como Artemio inclinase la
+cabeza:--“Pues lo que veo--continuó--en las profundidades de ese abismo
+es una alegre, briosa y resplandeciente cortesana. Está acostada bajo
+alto pabellón de los de Tiro, y duerme. Viste toda de púrpura, con el
+desceñimiento y transparencia que, más que la propia desnudez, sirven
+de dardo a la provocación. Un fuego de voluptuosidad se desborda de sus
+ojos, velados por el sueño, y enciende en las comisuras de los labios
+como dos llamas, entre las que se abre la más divina e infernal sonrisa
+que he visto. La cabeza reposa sobre uno de los brazos desnudos. El
+otro sube en abandono, todo entrelazado de ajorcas que figuran víboras
+ondeantes, y entre el pulgar y el índice alza una peladilla de arroyo,
+sangrienta de color, que es de los signos de Afrodita. Esto es lo que
+esta alma tiene en lo virtual, en lo expectante, en lo que es sin ser
+aún; en fin, Artemio, en la sombra de que quisiste saber por artes
+mías...”--“¡Vil impostor!--gimió en esto Lucrecia, llenos de lágrimas
+los ojos--. ¿Tu ciencia es ésa? ¿tu habilidad es infamia? Traigan una
+brasa de fuego con que probar si pasa por mis labios palabra que no
+sea de verdad, y óiganme decir si anida en mí intención o sentimiento
+que guarde relación con la imagen que pretende haber visto dentro de
+mi espíritu!”--“Calla, pobre Lucrecia--, argüyó el mago--; ¿acaso es
+menester que tú lo sepas? Tú dices verdad y yo también”.--“¿Justo será
+entonces--dijo Artemio--menospreciar las promesas que nos cautivan y
+preparar nuestro ánimo a la decepción?”--“No pienso como tú--replicó
+el mago--; ¿quién te asegura que la cortesana despierte?”--“Digo
+por si despierta”--añadió Artemio--. “Señor--repuso el mago--, yo
+te concedo que eso pase; pero yo vi también en el fondo del alma de
+esta hetaira dormida que está en el fondo del alma de Lucrecia, y
+vi otro abismo, y en el seno del abismo una luz, y como envuelta y
+suspendida en la luz una criatura suavísima, por la que el ampo de
+la nieve se holgara en trocarse, según es de blanca. Junto a esta
+dea, mujer sin sexo, puro espíritu, juzgarías sombra el resplandor
+de la virtud de Lucrecia, y como la cortesana en tu pupila, ella, en
+la cortesana, duerme...”. “--Infiero de ahí--dijo el corregidor--que
+aun con el despertar de la cortesana, ¿podrían resucitar sahumadas
+nuestras esperanzas en Lucrecia? Demos gracias a Dios, ya que en el
+extravío de su virtud hallamos el camino de su santidad”.--“Sí--volvió
+a decir el mago--; pero no olvides que, como en las otras, hay en el
+alma de esa forma angélica un abismo al cual puedo yo asomarme”.--“Y
+¿quién--preguntó Artemio--es la durmiente de ese abismo?”--“Te lo
+diría--opuso el mago--si fuera bien mostrar a los ojos de Lucrecia una
+pintura de abominación. Piensa en la escena de la Pasifae corintia de
+Lucio; piensa en mujer tal que para con ella la primera cortesana
+sea, en grado de virtud, lo que para con la primera cortesana
+es Lucrecia”.--“¡Me abismas--prorrumpió Artemio--en un mar de
+confusiones! ¿Qué extraña criatura es ésta que la amistad confió en mis
+manos?”...--“Cesa en tu asombro--dijo, finalmente, el mago, acudiendo
+a reanimar a Lucrecia, que permanecía sumida en doloroso estupor--:
+ella no es ser extraordinario, ni las que has visto por mis ojos son
+cosas que tengan nada de sobrenatural o peregrino. Con cien malvados,
+que durmieron siempre en lo escondido de su ser, subió a la gloria cada
+bienaventurado, y con cien justos, que no despertaron nunca, en lo
+hondo de sí mismo, bajó a su condenación cada réprobo. Artemio, nunca
+estimules la seguridad en el justo, la desconfianza en el caído: todos
+tienen huéspedes, que no se les parecen en lo oculto del alma. Veces
+hay en que el bien consiste en procurar que despierte alguno de esos
+huéspedes; pero las hay también (y esto te importa) en que turbar su
+sueño fuera temeridad o riesgo inútil. El sueño vive en un ambiente
+silencioso; la inocencia es el silencio del alma: ¡haya silencio en el
+corazón de Lucrecia!...”.
+
+
+
+
+ LA PAMPA DE GRANITO
+
+
+Era una inmensa pampa de granito; su color, gris; en su llaneza,
+ni una arruga; triste y desierta; triste y fría; bajo un cielo de
+indiferencia, bajo un cielo de plomo. Y sobre la pampa estaba un viejo
+gigantesco; enjuto, lívido, sin barbas; estaba un gigantesco viejo
+de pie, erguido como un árbol desnudo. Y eran fríos los ojos de este
+hombre, como aquella pampa y aquel cielo; y su nariz, tajante y dura
+como una segur; y sus músculos, recios como el mismo suelo de granito;
+y sus labios no abultaban más que el filo de una espada. Y junto al
+viejo había tres niños ateridos, flacos, miserables: tres pobres niños
+que temblaban, junto al viejo indiferente e imperioso, como el genio de
+aquella pampa de granito. El viejo tenía en la palma de una mano una
+simiente menuda. En su otra mano, el índice extendido parecía oprimir
+en el vacío del aire como en cosa de bronce. Y he aquí que tomó por
+el flojo pescuezo a uno de los niños, y le mostró en la palma de la
+mano la simiente, y con voz comparable al silbo helado de una ráfaga,
+le dijo: “Abre un hueco para esta simiente”; y luego soltó el cuerpo
+trémulo del niño, que cayó, sonando como un saco mediado de guijarros,
+sobre la pampa de granito.
+
+--“Padre--sollozó él--¿cómo le podré abrir si todo este suelo es raso
+y duro?”--“Muérdelo”, contestó con el silbo helado de la ráfaga; y
+levantó uno de sus pies, y lo puso sobre el pescuezo lánguido del niño;
+y los dientes del triste sonaban rozando la corteza de la roca, como
+el cuchillo en la piedra de afilar; y así pasó mucho tiempo, mucho
+tiempo; tanto que el niño tenía abierta en la roca una cavidad no menor
+que el cóncavo de un cráneo; pero roía, roía siempre, con un gemido de
+estertor; roía el pobre niño bajo la planta del viejo indiferente e
+inmutable, como la pampa de granito.
+
+Cuando el hueco llegó a ser lo hondo que se precisaba, el viejo
+levantó la planta opresora; y quien hubiera estado allí hubiese visto
+entonces una cosa aún más triste, y es que el niño, sin haber dejado
+de serlo, tenía la cabeza blanca de canas; y apartóle el viejo con
+el pie, levantó al segundo niño, que había mirado temblando todo
+aquello.--“Junta tierra para la simiente”--le dijo.--“Padre--preguntóle
+el cuitado--¿en dónde hay tierra?”--“La hay en el viento; recógela”,
+repuso; y con el pulgar y el índice abrió las mandíbulas miserables
+del niño; y le tuvo así contra la dirección del viento que soplaba, y
+en la lengua y en las fauces jadeantes se reunía el flotante polvo del
+viento, que luego el niño vomitaba, como limo precario; y pasó mucho
+tiempo, mucho tiempo, y ni impaciencia, ni anhelo, ni piedad, mostraba
+el viejo indiferente e inmutable sobre la pampa de granito.
+
+Cuando la cavidad de piedra fué colmada, el viejo echó en ella
+la simiente, y arrojó al niño de sí, como se arroja una cáscara
+sin jugo, y no vió que el dolor había pintado la infantil cabeza
+de blanco; y luego levantó al último de los pequeños, y le dijo,
+señalándole la simiente enterrada:--“Has de regar esa simiente”; y
+como él le preguntase, todo trémulo de angustia:--“Padre, ¿en dónde
+hay agua?”--“Llora; la hay en tus ojos”, contestó; y le torció las
+manos débiles, y en los ojos del niño rompió entonces abundosa vena de
+llanto, y el polvo sediento la bebía; y este llanto duró mucho tiempo,
+mucho tiempo, porque para exprimir los lagrimales cansados estaba el
+viejo indiferente e inmutable, de pie sobre la pampa de granito.
+
+Las lágrimas corrían en un arroyo quejumbroso tocando el círculo de
+tierra; y la simiente asomó sobre el haz de la tierra como un punto; y
+luego echó fuera el tallo incipiente, las primeras hojuelas; y mientras
+el niño lloraba, el árbol nuevo criaba ramas y hojas, y en todo esto
+pasó mucho tiempo, mucho tiempo, hasta que el árbol tuvo tronco
+robusto, y copa anchurosa, y follaje, y flores que aromaron el aire, y
+descolló en la soledad; descolló el árbol, aún más alto que el viejo
+indiferente e inmutable, sobre la pampa de granito.
+
+El viento hacía sonar las hojas del árbol, y las aves del cielo
+vinieron a anidar en su copa, y sus flores se cuajaron en frutos; y el
+viejo soltó entonces al niño, que dejó de llorar, toda blanca la cabeza
+de canas; y los tres niños tendieron las manos ávidas a la fruta del
+árbol; pero el flaco gigante los tomó, como cachorros, del pescuezo,
+y arrancó una semilla, y fué a situarse con ellos en cercano punto de
+la roca, y levantando uno de sus pies juntó los dientes del primer
+niño con el suelo; juntó de nuevo con el suelo los dientes del niño,
+que sonaron bajo la planta del viejo indiferente e inmutable, erguido,
+inmenso, silencioso, sobre la pampa de granito.
+
+ * * * * *
+
+Esa desolada pampa es nuestra vida, y ese inexorable espectro es
+el poder de nuestra voluntad, y esos trémulos niños son nuestras
+entrañas, nuestras facultades y nuestras potencias, de cuya debilidad
+y desamparo la voluntad arranca la energía todopoderosa que subyuga al
+mundo y rompe las sombras de lo arcano.
+
+Un puñado de polvo, suspendido por un soplo efímero sobre el haz de la
+tierra, para volver, cuando el soplo acaba, a caer y disiparse en ella;
+un puñado de polvo: una débil y transitoria criatura, lleva dentro de
+sí la potencia _original_, la potencia emancipada y realenga, que no
+está presente ni en los encrespamientos de la mar, ni en la gravitación
+de la montaña, ni en el girar de los orbes; un puñado de polvo puede
+mirar a lo alto, y dirigiéndose al misterioso principio de las cosas,
+decirle:--“Si existes como fuerza libre y consciente de tus obras, eres
+como yo, una Voluntad: soy de tu raza, soy tu semejante; y si sólo
+existes como fuerza ciega y fatal, si el universo es una patrulla de
+esclavos que rondan en el espacio infinito teniendo por amo una sombra
+que se ignora a sí misma, entonces yo valgo mucho más que tú; y el
+nombre que te puse, devuélvemelo, porque no hay en la tierra ni en el
+cielo nada más grande que yo!”.
+
+
+
+
+ SUEÑO DE NOCHEBUENA
+
+
+En Nochebuena era el soñar despierto, girando la mariposa interior en
+torno a la imagen de luz pura, que ya aparecía, infantil, en el regazo
+de la Madre; ya a márgenes del lago o sobre el monte, con sus rubias
+guedejas de león manso; ya trágica y sublime, entre los brazos de la
+Cruz. Mi imaginación era invencionera; la fe le daba alas. Cuentos,
+leyendas, ficciones de color de rosa nacían de aquel soñar. Una
+recuerdo. No sabría reproducirla con su tono, con el metal de voz de la
+fantasía balbuciente. Será una idea de niño dicha con acento de hombre;
+será un verso de poeta que ha pasado por manos de traductor.
+
+Era en la soledad de los campos, una noche de invierno. Nevaba. Sobre
+lo alto de una loma, toda blanca y desnuda, se aparecía una forma,
+blanca también, como de caminante cubierto de nieve. En derredor
+de esta forma flotaba una claridad que venía, no de la luz de una
+linterna, sino del nimbo de una frente. El caminante era Jesús.
+
+Allá donde se eriza el suelo de ásperas rocas, un bulto negro se agita.
+Jesús marcha hacia él; él viene, como receloso, a su encuentro. A
+medida que el resplandor divino lo alumbra, se define la figura de un
+lobo, en cuyo cuerpo escuálido y en cuyos ojos de siniestro brillo está
+impresa el ansia del hambre. Avanzan; párase el lobo al borde de una
+roca, ya a pocos palmos del Señor, que también se detiene y le mira. La
+actitud dulce, indefensa, reanima el ímpetu del lobo. Tiende éste el
+descarnado hocico y aviva el fuego de sus ojos famélicos; ya arranca el
+cuerpo de sobre la roca... ya se abalanza a la presa... ya es suya...,
+cuando Él, con una sonrisa que filtra a través de su inefable suavidad
+la palabra:
+
+--Soy yo--, le dice.
+
+Y el lobo, que lo oye en el rapidísimo espacio de atravesar el
+aire para caer sobre él, en el mismo rapidísimo espacio muda
+maravillosamente de apariencia: se transfigura, se deshace, se
+precipita en lluvia de blancas y fragantes flores. A los pies de Jesús,
+entre la nieve, las flores forman como una nube mística, sobre la que
+el divino cuerpo flotara. Y todo mi afán de poeta consistía, en que se
+entendiese que no fué voluntad del sagrado caminante, ni intervención
+de lo alto, lo que movió la transformación milagrosa, sino que fué
+virtud del propio sentir del lobo espantado, loco, al reconocer a quien
+iba a destrozar con sus dientes: virtud en que arrepentimiento, dolor,
+vergüenza, ternura, adoración, se aunaron como en un fuego de rayo, y
+derritieron las entrañas feroces, y las refundieron en aquella forma
+dulcísima, todo ello, mientras declinaba la curva del salto, que tuvo
+por arranque la intención de hacer daño... Agregaba mi cuento que el
+Señor, mirando a las flores que a sus plantas había, hizo sonar los
+dedos como quien llama a un animal doméstico. Entonces, de bajo el
+manto de flores se levantó, cual si despertara, un perro grande, fuerte
+y de mirada noble y dulce, de la casta de aquéllos que en las sendas
+del monte San Bernardo van en socorro del viajero perdido.
+
+Algunas veces asocio al recuerdo de mi ficción candorosa la idea de
+esas súbitas conversiones de la voluntad, que, por la devoradora
+virtud de una emoción instantánea, consumen y disipan para siempre la
+endurecida broza de la naturaleza o la costumbre: Pablo de Tharsos
+herido por el fuego del cielo, Raimundo Lulio develando el ulcerado
+pecho de su Blanca, o el Duque de Gandía frente a la inanimada belleza
+de la Emperatriz Isabel.
+
+
+
+
+ EL LEÓN Y LA LÁGRIMA
+
+
+El phytónico Astiages, proscrito por tiranos cuya ruina predijo, vivía,
+ciego y caduco, en la soledad de unas montañas riscosas. Le acompañaban
+y valían, una hija, dulce y hermosa criatura, y un león, adicto con
+fidelidad salvaje al viejo mago, desde que éste, hallándole pasado de
+una saeta en el desierto, le puso el bálsamo en la herida.
+
+De la hija del mago decía la fama una singularidad que era sobrenatural
+privilegio: contaban que en lo hondo de sus ojos serenos, si se les
+miraba de cerca, en la sombra de la noche, veíase, en puntual aunque
+abreviado reflejo, el firmamento estrellado, y aún cierta luz, ulterior
+al firmamento visible, que era lo más misterioso y sorprendente de ver.
+
+Ciaxar, sátrapa persa, que removía en el tedio de la saciedad las
+pavesas de su corazón estragado, ardió en deseos de hacer suya a
+esta mujer, que en el misterio de sus ojos llevaba la gloria de la
+noche. Todas las tardes, acompañada de su león, iba la doncella en
+busca de agua a una fuente, que celaba el corazón bravío de un monte.
+Ciaxar hizo emboscarse allí soldados suyos, y para el león, fué un
+sabio nigromante con ellos, que prometió dominarle con su hechizo.
+Aquella tarde el león se adelantó, como siempre, a explorar la orilla
+breñosa, y no bien hubo asomado la cabeza entre las zarzas, recibió
+en ella emponzoñada aspersión, que le postró al punto sumido en un
+letárgico sueño. Cuando, ignorante y confiada, llegó su dulce amiga,
+precipitándose los raptores a apresarla, buscó ella con espanto a su
+león, se abrazó trémula al cuerpo inane de la fiera, y al reparar en
+que yacía sin aliento, dejó caer sobre el león una lágrima, una sola,
+que se perdió, como el diamante que cayese dentro de pérsica alcatifa,
+en la espesura de la melena antes soberbia, ahora rendida y lánguida.
+
+Ya apoderados los esclavos de la hermosura que codiciaba su señor, el
+nigromante decidió llevarle por su parte otra presea. Aproximándose con
+hierático gesto al león dormido, tendió hacia él las manos imponentes
+mientras decía un breve conjuro, y el león, sin cambiar una línea en
+forma ni actitud, trocóse al punto en león de mármol; tal, que era una
+estatua de realidad y perfección pasmosas. Cortaron bajo la estatua un
+trozo de tierra, que, convertida en mármol también, sirvió al león de
+zócalo o peana, y con tiro de bueyes llevaron al animal petrificado al
+palacio del señor.
+
+Cuando apartó éste su atención de la cautiva, admiró al león y quiso
+que se le pusiera, como símbolo, enfrente de su lecho. León que duerme,
+potestad que reposa. Desde alta basa, bajo el bruñido entablamento,
+quitando preeminencias a los unicornios de pórfido que recogían, a
+ambos lados del lecho, las alas en espeso pabellón de púrpura, el león,
+en actitud de sueño, dominó la estancia suntuosa.
+
+Pero en lo interno de esa estatua leonina algo lento e inaudito
+pasaba... Y es que, en el instante del hechizo, a tiempo de cuajarse
+en mármol la melena del león, la lágrima que dentro de ella había se
+congeló y endureció con ella y quedó trocada en dardo diamantino y
+agudo. La lágrima entrañada en el mármol fué como gota de un fuego
+inextinguible dentro de durísimo hielo; fué como imantada flecha cuyo
+norte estuviese en el petrificado pecho del león. La lágrima gravitaba
+al pecho, pero venciendo a su paso resistencia tan dura, que cada día
+avanzaba un espacio no mayor que uno de los corpúsculos de polvo que
+hace desprenderse, del mármol en trabajo, el golpe del martillo. No
+importa: bajo la quietud e impasibilidad de la piedra, en silencioso
+ambiente o entre los ecos de la orgía, cuando las dichas y cuando las
+penas del señor, la lágrima buscaba el pecho.
+
+¿Cuánto tiempo pasó antes que con su lenta punzada atravesase la
+melena, hendiera la cerviz sumisa, penetrase a través del espacioso
+tórax y llegase a su centro, partiendo su corazón endurecido?
+
+Nadie puede saberlo... Era alta noche. Hondísimo silencio en la
+estancia. Sólo la vaga luz que alimentaba el aceite de una copa de
+bronce. Bajo la púrpura, el señor, decrépito, dormía. De pronto hubo
+un rumor como de levísimo choque: duro latido pareció mover, al mismo
+tiempo, el pecho del león y propagarse en un sacudimiento extraño por
+su cuerpo. Y cual si resucitara, todo él revistióse en un instante
+de un cálido y subido tinte de oro: en el fondo de sus ojos abiertos
+apuntó roja luz, y la mustia melena comenzó a enrularse como mar en
+donde el viento hace ondas. Con empuje que fué al principio desperezo,
+después movimiento voluntario, luego esfuerzo iracundo, el león arrancó
+del zócalo los tendidos jarretes, que hicieron sangre, manchando la
+blancura del mármol, y se puso de pie. Quedó un momento en estupor; la
+ondulante melena encrespóse de un golpe; rasgó los aires el rugido,
+como una recia tela que se rompe entre dos manos de Hércules... Y
+cuando tras un salto de coloso las crispadas garras se hundieron en el
+lecho macizado de pluma, quien estuviera allí sólo hubiera visto bajo
+de ellas una sombra anegada en un charco de sangre miserable, y hubiera
+visto después los unicornios de pórfido, las colgaduras, los tapices,
+los vidrios de colores, los entablamentos de cedro, los lampadarios
+y trípodes de bronce, que rodaban, en espantosa confusión, por la
+estancia, y el león, rugiente, que revolvía el furor de su destrozo
+entre ellos, mientras la lágrima, asomando fuera de su corazón, como
+acerada punta, le teñía el pecho de sangre.
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+ LA ESTATUA DE CESÁREA
+
+
+¿Qué misteriosa generación es ésta del personaje épico, novelesco o
+dramático? ¿Qué divina virtud obra para este acto de creación--el más
+calificable de tal entre todos los actos de los hombres--que consiste
+en dar al mundo una criatura imaginaria inmortal: D. Quijote o D.
+Juan, Otelo o Hamlet; en arrancar de las entrañas del alma propia otra
+alma, no reflejo de ella, sino autónoma y distinta; hecha de la tela
+de los sueños, y con todo, dotada de espíritu más brioso, de vida más
+intensa y pertinaz que los mismos héroes de la historia; individual y
+una, no con la unidad artificial de la abstracción, sino con la lógica
+viviente de la naturaleza; _persona_ e _idea_ a la vez; alma que,
+en la sucesión de los tiempos, obsesionará como un numen al pintor,
+para que interprete y fije su encarnación corpórea; al músico para
+que destile su más íntima esencia; al pensador, para que alumbre y
+analice sus reconditeces, alma capaz de imponerse a la imitación de
+las que realmente viven en el mundo, de modo que, después de tener
+vida ideal, maravillosamente tejida de palabras, adquiera real ser y
+cuerpo tangible, modelando según su imagen la personalidad de hombres
+de carne y hueso, y siendo como el típico ejemplar en que tienen
+puesta la mirada generaciones enteras? ¿Qué portentoso secreto es éste
+de la imaginación, que _crea_, que arrebata al cielo, como el titán
+filántropo, la chispa con que se anima a los hombres?...
+
+ * * * * *
+
+Cómo habría sido el semblante de Jesús, de que no había imagen
+conocida, desvelaba a un eremita del Sceto en tiempos de los primeros
+ermitaños. Unos imaginaban al Redentor en cuerpo hermoso, transparente,
+forma de su espíritu. Otros, por el contrario, le atribuían, con la
+fealdad del cuerpo, la intención de alentar el menosprecio de los
+hombres, por cuanto cae bajo del sentir material. De tradición sabía el
+eremita que en Cesárea, ciudad del Antilíbano, cerca de donde el Jordán
+toma sus fuentes, uno de los enfermos a quienes volvió el Maestro,
+con la salud del cuerpo, la del alma, había consagrado a perpetuar
+su imagen una estatua de mármol. Era aquélla de que luego habló en
+su “Historia Eclesiástica” el obispo Eusebio. Hondo impulso de amor
+sublimaba la curiosidad del eremita, y fué en él vocación irresistible
+y ardiente de piedad determinarse a ir en peregrinación hasta la
+estatua de Cesárea. Duras fatigas padeció, sin que decayera su ánimo,
+desde su salida del desierto. Llegó a Cesárea, preguntó, y le mostraron
+los trozados muros que quedaban de una casa en abandono, y junto a esos
+muros, plantas silvestres que tejían brava y extendida maraña. Aquí en
+la esquividad de la maleza, debía encontrar la imagen de su Dios, si es
+que ella duraba todavía: poco había preocupado a Cesárea la imagen de
+un dios más.
+
+Nunca con tal pavor penetra un niño en la nocturna sombra del bosque,
+cual se internó el eremita entre las plantas; sólo que este pavor
+tenía dulzuras de deliquio. Se halló de pronto ante un pedestal de
+piedra. Alzó los ojos... La estatua estaba allí, pero ya no guardaba
+vestigios de su fisonomía. Donde el cincel había esculpido los rasgos
+del semblante, quedaba apenas una superficie rasa, como la cara de los
+Hermes arcaicos, obscura y vil profanación del tiempo. El cansancio,
+que había cedido a la esperanza, se apoderó, con la decepción, del
+eremita, que cayó sumergido en hondo sueño, junto al ruinoso pedestal.
+Inmenso anhelo se exhaló, durante el sueño de su alma, y difundiéndose
+por el ámbito del mundo, convocó a las partículas de piedra que habían
+sido de la estatua, para que, juntándose de nuevo, recompusieran
+la máscara divina. Ellas vinieron, alzadas del polvo de la tierra,
+surgidas del fondo de las aguas, suspensas en las ondas del aire... En
+breve nube, comparable a la que forma el aliento del caballo después
+de la carrera, se acumulaban ante el eremita y flotaban con vago y
+desmayado ritmo. Luego, las partecillas fueron más y parecieron la nube
+de tierra que levanta del camino el carro que pasa. Pero nada nacía de
+ellas que prometiese la imagen por la que su evocador había deseado
+reunirlas. Él, sin embargo, las consideraba con emoción profunda,
+sólo porque alguna vez habían compuesto la imagen adorable. Fuego de
+amor derretía la substancia de su corazón; todo era amor, mientras
+contemplaba el eremita; inmenso amor que se desbordaba de sus ojos.
+Tembló una lágrima en ellos. Y entonces, al través de la lágrima,
+la mirada, que era rayo de amor, fué como fuego que hace llama, y
+a su contacto la nube de leves partecillas se estremeció, como si
+toda se incendiase de amor. Su agitación incierta cobró brío; acorde
+impulso distribuyó, cual si los moviera un soplo sabio, los átomos
+de piedra; formaron éstos líneas y contornos; y como el mundo de la
+nébula, surgió, del seno de la nube, la imagen. Amor era la norma
+que, en la estatua, había concertado a aquellos átomos de piedra, en
+la expresión del semblante de que componían simulacro; este semblante
+en la realidad, como en la estatua, había sido pura forma sensible del
+amor. Y penetrados ahora de la misma alma por la mirada de amor que los
+sujetaba a su hechizo, el orden renació entre ellos, y, con el orden,
+la divina apariencia. Dulce premio de la contemplación conmovida,
+la veneró el soñador, en éxtasis que no duró más que un instante.
+Despertó. La mutilada estatua mostraba su faz, llana e informe; pero el
+eremita no miró ya para ella, porque en lo hondo de su alma, allí donde
+lo que el recuerdo estampa es indeleble, llevaba--más patente que como
+quedó en el cendal de la Verónica--la imagen, milagro de su amor.
+
+ * * * * *
+
+Éste es el proceso en la invención del artista; ésta la “misteriosa
+generación” de lo bello, de que habló el Sócrates platónico: una
+belleza entrevista, que enciende amor, deseo de tenerla, anhelo de
+fijarla; una, congregación de infinitas partes, menudas y dispersas,
+que el magnetismo del amor atrae, y la perseverancia del amor
+apura; y por fin, un inspirado acto de amor, que estrecha en abrazo
+ardorosísimo esos mil distintos elementos, y del acuerdo y animación
+que entre ellos pone, saca la apetecida imagen, limpia y luciente, rica
+de color y de vida.
+
+Allá, en lo hondo del alma de cada uno, duermen las tendidas aguas de
+la memoria. Sólo un rayo de luz cae sobre esas aguas sombrías; sólo en
+mínima parte aparecen a la claridad de la conciencia; pero su capacidad
+es insondable, e indefinida su aptitud de revelar lo que más íntimo
+guardan. Cuanto ha pasado una vez por los sentidos, cuanto ha brotado
+de operación interior, cuanto ha tenido ser en la mente, deja por bajo
+de ella un rastro de su paso, capaz de revivir otra vez, y convertirse
+en representación actual y luminosa. No ya lo que la conciencia alumbró
+claramente cuando su presentación primera; no ya lo que labró hondo
+surco en la atención o la sensibilidad; sino aun lo vislumbrado, lo
+apenas advertido, lo semi-ignorado, lo visto al pasar, lo que en un
+punto mismo es y se disipa, desciende a aquel abismo de la memoria
+latente, y yace en esa profundidad jamás colmada. De esta manera,
+líneas, colores, sonidos, armonías, palabras, ideas, emociones, duermen
+en el inmenso depósito, comparable al caos donde está en potencia una
+creación y guardan su turno para resurgir, ya como recuerdo concreto,
+ya como imagen no referida a lo pasado, si logran el favor de un
+pensamiento que tienda hasta ellos el hilo de una asociación eficaz, y
+los levante al círculo de lo consciente. Cuanto más vario y copioso sea
+ese íntimo museo en el alma del artista, cuanto más se le acrezca por
+la experiencia, y se le haga accesible y dócil a las artes evocadoras
+de la asociación, tanto más fácil será la inventiva del artista, y más
+fecunda.
+
+Cierto día, una percepción o representación dichosa suscita en el alma
+dotada del sentimiento de hermosura la idea original, la primitiva
+célula, vago y levísimo esbozo de un personaje imaginario. Un acto de
+ilusa insensatez o vano arrojo, presenciado de paso por un pueblo; o
+la fugitiva visión de algún hidalgo escuálido, que lee un libro de
+caballerías junto al estante de sus armas; o bien una anécdota leída
+sobre la singular monomanía de un loco; o, simplemente, un rasgo
+recordado en las soledades de la cárcel, del Amadís o el Esplandián,
+son la chispa por la que comienza a iluminarse, en la mente de Miguel
+de Cervantes, la portentosa figuración de su héroe. Esta primera idea
+enamora al alma del artista; y del amor, que es padre del deseo, nace
+el de completarla y realizarla. Acicateada por el deseo de amor, la
+idea se sumerge y abisma en aquel inmenso depósito de los recuerdos,
+y como quien remueve el lecho de dormido estanque para traer a la
+superficie lo del fondo, hace que surja de allí hirviente remolino de
+imágenes. Todo lo que tiene alguna afinidad con la idea, y es propio
+para enriquecerla y nutrirla, y formar cuerpo con ella, y levantar su
+relieve, y reforzar su color, y determinar su espíritu, todo despierta
+y obedece al poderoso conjuro. Mil recuerdos del tesoro de observación
+consciente e inconsciente que en su azarosa existencia ha acopiado, mil
+noticias de su ciencia del mundo acuden al pensamiento de Cervantes,
+para reunirse a aquel esbozo que de su héroe concibió, y añadirle algún
+toque de verdad y de vida. Estos recuerdos, estas representaciones,
+son las partículas de piedra que, de los ámbitos del mundo, concurren
+a reconstruir el semblante de la estatua, para el contemplador que
+permanecía ante ella en mudo anhelo. Lucha acaso el alma del artista
+en este momento de la concepción; lucha acaso y se angustia, en su
+impaciencia de evocar todos los elementos que le interesan y hacen
+falta, como ardía en ansia y pena de amor la contemplación del eremita.
+No le basta buscar en lo ya acumulado, en el mundo de sus recuerdos,
+sino que, mientras le inquieta aquel germen precioso que lleva en las
+entrañas, tiene los ojos muy abiertos a la realidad, para cosechar
+en ella nuevos rasgos de expresión y carácter, y embeberse en vivos
+reflejos de hermosura, al modo como la madre antigua se rodeaba,
+cercana al parto, de formas perfectas. Ni le basta tampoco recordar y
+observar, sino que ha menester meditar sobre lo recordado y observado,
+de suerte que la inconexa pluralidad de sus imágenes se traduzca en
+síntesis armónica. Pero la meditación que dirige y ordena, el orden
+que la meditación es apta para instituir en la obra de la fantasía,
+no son suficientes aún. Nunca pasaría este orden de orden lógico, de
+disposición artificiosamente calculada, si, magnificando el acierto
+con que lo compone el raciocinio, no perseverase la inconsciente
+fuerza de amor, que, como cálido y plasmante soplo, circula por entre
+las relaciones y junturas que establece la mente. Y nunca arribaría
+a _vivir_ el personaje imaginario, nunca su imagen se movería con la
+vida personal y enérgica que emula la de los más netos caracteres que
+veamos en la realidad, si el amor del artista, llegado a su más alto
+punto, al éxtasis en que culmina, inspirado y victorioso, abrazando de
+un rapto los elementos que ya ha puesto en acuerdo, compenetrándolos
+y traspasándolos, como por el “golpe intuitivo” de que hablaban los
+Plotinos y Jámblicos en la iluminación de lo divino, no suscitase
+finalmente la visión una, simultánea, completa, de la criatura soñada;
+la alucinación que la pone a pleno sol de la conciencia del artista, y
+después de la cual, ya no es menester sino la voluntad que ejecute y la
+mano que obedezca. Cuando la llama de amor, desbordando de los ojos que
+esperan la suspirada forma, ha prendido en la nube fluctuante donde se
+la busca, la imagen es, de definitiva manera y con vida inmortal. La
+virtud plástica de la concepción depende de la eficacia de este último
+acto, instantáneo e insubstituible, en el que los que le antecedieron
+hallan su recompensa y su fruto.
+
+Todo es presidido por una misma fuerza, en la actividad creadora de la
+imaginación: el primer deseo que excita a la realización de lo hermoso;
+la convocatoria enérgica y tenaz que allega los elementos con que ha de
+componérselo; el rapto inspirado que lo vivifica, y aun la obstinación
+y perseverancia de la voluntad, que consuma y deja la obra en su
+punto. Todo ello es presidido por una sola fuerza: aquella misma que,
+llamándose afinidad, genera las formas armoniosas de los cristales, las
+estrellas y exágonos en que cuaja la nieve; y llamándose atracción,
+rige la sublime concordia de los mundos; y llamándose amor de los
+sentidos, reproduce la proporción y belleza de los seres vivientes; y
+llamándose amor desinteresado e ideal, florece en la divina hermosura
+de las cosas del arte.
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 79262 ***
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+ Parábolas | Project Gutenberg
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+<div style='text-align:center'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 79262 ***</div>
+
+
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+
+<div class="chapter">
+<div class="tnote">
+
+<p class="center p2 big2">NOTAS DEL TRANSCRIPTOR</p>
+
+<p class="p1">José Enrique Rodó fue un esritor y poeta uruguayo que vivió entre los
+años 1871 y 1917. Entre sus parábolas se encuentra Hylas, incluida
+en este proyecto. Esta transcripción intenta evocar la memoria de los
+buscadores de Hylas que existieron, existen y existirán, con seguridad,
+en el futuro, y en particular la de José "el Pepe" Mujica, que fue
+presidente de la Republica Oriental del Uruguay entre los años 2010 y
+2015.</p>
+
+<p>En la versión de texto las palabras en <em>itálicas</em> están indicadas con
+_guiones bajos_ y las palabras en <span class="smcap">versalitas</span> en MAYÚSCULAS.</p>
+
+<p>La cubierta del libro fue agregada por el transcriptor y ha sido puesta
+en el dominio público.</p>
+
+<p>Ciertas reglas de acentuación ortográfica del castellano, cuando la
+presente edición de esta obra fue publicada, eran diferentes a las
+existentes cuando se realizó la transcripción. El criterio utilizado
+para llevar a cabo esta transcripción ha sido el de respetar las reglas
+de la Real Academia Española vigentes en ese entonces. El lector
+interesado puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la
+Real Academia Española.</p>
+
+<p>En la presente transcripción se adecuó la ortografía de las mayúsculas
+acentuadas a las regla establecida por la RAE, que indica que las
+letras mayúsculas deben escribirse con tilde si les corresponde llevar
+tilde según las reglas de acentuación gráfica del castellano, tanto si
+se trata de palabras escritas en su totalidad con mayúsculas como si se
+trata únicamente de la mayúscula inicial.</p>
+
+<p>Errores evidentes de impresión y de puntuación han sido corregidos.</p>
+
+<p>El Índice de capítulos, incluido en la publicación original al final,
+ha sido trasladado al principio por el transcriptor.</p>
+</div>
+</div>
+
+<hr class="tb">
+
+<div class="chapter">
+<p class="center p4 big3">JOSÉ ENRIQUE RODÓ</p>
+
+<h1>PARÁBOLAS</h1>
+ <br>
+ <br>
+ <p class="center p4 big3"> (DE ARIEL, MOTIVOS DE PROTEO, EL MIRADOR<br>
+ DE PRÓSPERO, NUEVOS MOTIVOS DE PROTEO<br>
+ Y EL CAMINO DE PAROS)</p>
+ <br>
+ <p class="center p4">LECTURA SELECTA<br>
+ MÉXICO MCMXX</p>
+</div>
+
+
+
+<div class="chapter">
+ <p class="center"> 1º de enero de 1920.—TIP. MURGUIA. Av. 16 de Septiembre, 54</p>
+ <br>
+</div>
+
+<br>
+<br>
+
+<div class="chapter">
+<figure class="figcenter illowe30" id="frontis-ilo-2">
+ <img class="w100" src="images/frontis-ilo-2.jpg" alt="">
+</figure>
+
+</div>
+<div class="chapter">
+ <p class="center p4 big3">ÍNDICE</p>
+</div>
+
+
+<table class="autotable">
+
+<tr>
+<td class="tdl"></td>
+<td class="tdr">Pág.</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl"></td>
+<td class="tdr"></td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdc"><span class="smcap">De «Ariel»</span></td>
+<td class="tdl"></td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">El Rey hospitalario</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"><a href="#Page_5">5</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl"></td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"></td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdc">
+<span class="smcap">De «Motivos de Proteo»</span>
+<td class="tdl"></td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+Mirando jugar a un niño
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_11">11</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+La respuesta de Leuconoe
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_15">15</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+El Faro de Alejandría
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_25">25</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+El meditador y el esclavo
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_29">29</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+El barco que parte
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_33">33</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+Ayax
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_37">37</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+El monje Teótimo
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_41">41</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+Los seis peregrinos
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_47">47</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+Hylas
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_63">63</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+La despedida de Gorgias
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_67">67</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+Lucrecia y el mago
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_77">77</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+La pampa de granito
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_83">83</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl"></td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"></td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdc">
+<span class="smcap">De «El Mirador de Próspero»</span>
+</td>
+<td class="tdl"></td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+Sueño de Nochebuena
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_89">89</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl"></td>
+<td class="tdr"></td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdc">
+<span class="smcap">De «Nuevos Motivos de Proteo»</span>
+</td>
+<td class="tdl"></td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+El león y la lágrima
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_93">93</a>
+</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl"></td>
+<td class="tdr"></td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdc">
+<span class="smcap">De «El Camino de Paros»</span>
+</td>
+<td class="tdl"></td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">
+La estatua de Cesárea
+</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 1em;">
+<a href="#Page_99">99</a>
+</td>
+</tr>
+</table>
+
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_5">[Pg 5]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ EL REY HOSPITALARIO
+ </h2>
+</div>
+
+
+<p>Era un rey patriarcal, en el Oriente indeterminado
+e ingenuo donde gusta hacer nido
+la alegre bandada de los cuentos. Vivía
+ese reino la candorosa infancia de las tiendas de
+Ismael y los palacios de Pilos. La tradición le
+llamó después, en la memoria de los hombres,
+el rey hospitalario. Inmensa era la piedad del
+rey. A desvanecerse en ella tendía, como por su
+propio peso, toda desventura. A su hospitalidad
+acudían lo mismo por blanco pan el miserable
+que el alma desolada por el bálsamo de la palabra
+que acaricia. Su corazón reflejaba, como
+sensible placa sonora, el ritmo de los otros.
+Su palacio era la casa del pueblo. Todo era libertad
+y animación dentro de este augusto recinto,
+cuya entrada nunca hubo guardas que
+vedasen. En los abiertos pórticos formaban corro
+los pastores cuando consagraban a rústicos
+conciertos sus ocios; platicaban al caer la
+tarde los ancianos, y frescos grupos de mujeres
+disponían, sobre trenzados juncos, las flores
+y racimos de que se componía únicamente el
+<span class="pagenum" id="Page_6">[Pg 6]</span>diezmo real. Mercaderes de Ofir, buhoneros de
+Damasco, cruzaban a toda hora las puertas anchurosas,
+y ostentaban en competencia, ante las
+miradas del rey, las telas, las joyas, los perfumes.
+Junto a su trono reposaban los abrumados
+peregrinos. Los pájaros se citaban al mediodía
+para recoger las migajas de su mesa; y
+con el alba, los niños llegaban en bandas bulliciosas
+al pie del lecho donde dormía el rey de
+la barba de plata y le anunciaban la presencia
+del sol.—Lo mismo a los seres sin ventura que
+a las cosas sin alma alcanzaban su liberalidad
+infinita. La Naturaleza sentía también la atracción
+de su llamado generoso; vientos, aves,
+plantas, parecían buscar—como en el mito de
+Orfeo y en la leyenda de San Francisco de
+Asís,—la amistad humana en aquel oasis de
+hospitalidad. Del germen caído al acaso, brotaban
+y florecían, en las junturas de los pavimentos
+y de los muros, los alhelíes de las ruinas, sin
+que una mano cruel los arrancase ni los hollara
+un pie maligno. Por las francas ventanas se
+tendían al interior de las cámaras del rey las
+enredaderas osadas y curiosas. Los fatigados
+vientos abandonaban largamente sobre el alcázar
+real su carga de aromas y armonías. Empinándose
+desde el vecino mar, como si quisieran
+ceñirle en un abrazo, le salpicaban las olas con
+su espuma. Y una libertad paradisial, una inmensa<span class="pagenum" id="Page_7">[Pg 7]</span>
+reciprocidad de confianzas, mantenían
+por dondequiera la animación de una fiesta inextinguible.</p>
+
+<p>Pero dentro, muy dentro; aislada del alcázar
+ruidoso por cubiertos canales, oculta a la mirada
+vulgar—como la “perdida iglesia” de Uhland
+en lo esquivo del bosque—al cabo de ignorados
+senderos, una misteriosa sala se extendía,
+en la que a nadie era lícito poner la planta,
+sino al mismo rey, cuya hospitalidad se trocaba
+en sus umbrales en la apariencia de escéptico
+egoísmo. Espesos muros la rodeaban. Ni
+un eco del bullicio exterior, ni una nota escapada
+al concierto de la Naturaleza, ni una palabra
+desprendida de labios de los hombres, lograba
+traspasar el espesor de los sillares de pórfido
+y conmover una onda del aire en la prohibida
+estancia. Religioso silencio velaba en ella la castidad
+del aire dormido. La luz, que tamizaban
+esmaltadas vidrieras, llegaba lánguida, medido
+el paso por una inalterable igualdad, y se diluía,
+como copo de nieve que invade un nido
+tibio, en la calma de un ambiente celeste.—Nunca
+reinó tan honda paz; ni en oceánica gruta,
+ni en soledad nemorosa.—Alguna vez, cuando
+la noche era diáfana y tranquila—abriéndose
+a modo de dos valvas de nácar la artesonada
+techumbre, dejaba cernerse en su lugar la
+magnificencia de las sombras serenas. En el
+<span class="pagenum" id="Page_8">[Pg 8]</span>ambiente flotaba como una onda indisipable la
+casta esencia del nenúfar, el perfume sugeridor
+del adormecimiento penseroso y de la contemplación
+del propio ser. Graves cariátides custodiaban
+las puertas de marfil en la actitud del silenciario.
+En los testeros, esculpidas imágenes
+hablaban de idealidad, de ensimismamiento, de
+reposo.—Y el viejo rey aseguraba que, aun
+cuando a nadie fuera dado acompañarle hasta
+allí, su hospitalidad seguía siendo en el misterioso
+seguro tan generosa y grande como siempre,
+sólo que los que él congregaba dentro de
+sus muros discretos eran convidados impalpables
+y huéspedes sutiles. En él soñaba, en él se
+libertaba de la realidad, el rey legendario; en
+él sus miradas se volvían a lo interior y se bruñían
+en la meditación de sus pensamientos como
+las guijas lavadas por la espuma; en él se
+desplegaban sobre su noble frente las blancas
+alas de Psiquis... Y luego, cuando la muerte vino
+a recordarle que él no había sido sino un
+huésped más en su palacio, la impenetrable estancia
+quedó clausurada y muda para siempre;
+para siempre abismada en su reposo infinito;
+nadie la profanó jamás, porque nadie hubiera
+osado poner la planta irreverente allí donde el
+viejo rey quiso estar solo con sus sueños y aislado
+en la última Thule de su alma.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_9">[Pg 9]</span></p>
+
+<p>Yo doy al cuento el escenario de vuestro reino
+interior. Abierto con una saludable liberalidad,
+como la casa del monarca, confiado a todas
+las corrientes del mundo, exista en él, al
+mismo tiempo, la celda escondida y misteriosa
+que desconozcan los huéspedes profanos y que
+a nadie más que a la razón serena pertenezca.
+Sólo cuando penetréis dentro del inviolable seguro,
+podréis llamaros, en realidad, hombres libres.
+No lo son quienes, enajenando incesantemente
+el dominio de sí a favor de la desordenada
+pasión o el interés utilitario, olvidan que,
+según el sabio precepto de Montaigne, nuestro
+espíritu puede ser objeto de préstamo pero no
+de cesión.—Pensar, soñar, admirar: he ahí los
+nombres de los sutiles visitantes de mi celda.
+Los antiguos los clasificaban dentro de su noble
+inteligencia del ocio, que ellos tenían por
+el más elevado empleo de una existencia verdaderamente
+racional, identificándolo con la
+libertad del pensamiento emancipado de todo
+innoble yugo. El ocio noble era la inversión
+del tiempo que oponían, como expresión de la
+vida superior, a la actividad económica. Vinculado
+exclusivamente a esa alta y aristocrática
+idea del reposo su concepción de la dignidad
+de la vida, el espíritu clásico encuentra su
+corrección y su complemento en nuestra moderna
+creencia en la dignidad del trabajo útil;
+<span class="pagenum" id="Page_10">[Pg 10]</span>y entrambas atenciones del alma pueden componer,
+en la existencia individual, un ritmo,
+sobre cuyo mantenimiento necesario nunca será
+inoportuno insistir...</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_11">[Pg 11]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ MIRANDO JUGAR A UN NIÑO
+ </h2>
+</div>
+
+<p class="right" style="padding-right: 5em;">
+ ...A menudo se oculta un sentido<br>
+ sublime en un juego de niño.<br>
+ <br>
+ (<span class="smcap">Schiller</span>: <em>Thecla. Voz de un espíritu</em>).
+</p>
+
+
+<p class="p2">Jugaba el niño en el jardín de la casa con
+una copa de cristal que, en el límpido ambiente
+de la tarde, un rayo de sol tornasolaba
+como un prisma. Manteniéndola, no muy
+firme, en una mano, traía en la otra un junco
+con el que golpeaba acompasadamente en la copa.
+Después de cada toque, inclinando la graciosa
+cabeza, quedaba atento, mientras las ondas
+sonoras, como nacidas de vibrante trino de
+pájaro, se desprendían del herido cristal y agonizaban
+suavemente en los aires. Prolongó así
+su improvisada música hasta que, en un arranque
+de volubilidad, cambió el motivo de su juego:
+se inclinó a tierra, recogió en el hueco de
+ambas manos la arena limpia del sendero y la
+fué vertiendo en la copa hasta llenarla. Terminada
+esta obra, alisó, por primor, la arena desigual<span class="pagenum" id="Page_12">[Pg 12]</span>
+de los bordes. No pasó mucho tiempo sin
+que quisiera volver a arrancar al cristal su
+fresca resonancia; pero el cristal, enmudecido,
+como si hubiera emigrado un alma de su diáfano
+seno, no respondía más que con un ruido de
+seca percusión al golpe del junco. El artista tuvo
+un gesto de enojo para el fracaso de su lira.
+Hubo de verter una lágrima, mas la dejó en
+suspenso. Miró, como indeciso, a su alrededor;
+sus ojos húmedos se detuvieron en una flor muy
+blanca y pomposa, que a la orilla de un cantero
+cercano, meciéndose en la rama que más se
+adelantaba, parecía rehuir la compañía de las
+hojas, en espera de una mano atrevida. El niño
+se dirigió, sonriendo, a la flor; pugnó por
+alcanzar hasta ella; y aprisionándola, con la
+complicidad del viento que hizo abatirse por un
+instante la rama, cuando la hubo hecho suya la
+colocó graciosamente en la copa de cristal, vuelta
+en ufano búcaro, asegurando el tallo endeble
+merced a la misma arena que había sofocado
+el alma musical de la copa. Orgulloso de su desquite,
+levantó, cuan alto pudo, la flor entronizada,
+y la paseó, como en triunfo, por entre la
+muchedumbre de las flores.</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>¡Sabia, candorosa filosofía!—pensé—. Del
+fracaso cruel no recibe desaliento que dure, ni
+<span class="pagenum" id="Page_13">[Pg 13]</span>se obstina en volver al goce que perdió, sino
+que las mismas condiciones que determinaron
+el fracaso, toma la ocasión de nuevo juego, de
+nueva idealidad, de nueva belleza... ¿No hay
+aquí un polo de sabiduría para la acción? ¡Ah,
+si en el transcurso de la vida todos imitáramos
+al niño! ¡Si ante los límites que pone sucesivamente
+la fatalidad a nuestros propósitos,
+nuestras esperanzas y nuestros sueños, hiciéramos
+todos como él!... El ejemplo del niño dice
+que no debemos empeñarnos en arrancar sonidos
+de la copa con que nos embelesamos un
+día, si la naturaleza de las cosas quiere que enmudezca.
+Y dice luego que es necesario buscar,
+en derredor de donde entonces estemos, una reparadora
+flor, una flor que poner sobre la arena
+por quien el cristal se tornó mudo... No
+rompamos torpemente la copa contra las piedras
+del camino sólo porque haya dejado de
+sonar. Tal vez la flor reparadora existe. Tal vez
+está allí cerca. Esto declara la parábola del niño,
+y toda filosofía viril, <em>viril</em> por el espíritu
+que la anima, confirmará su enseñanza fecunda.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum"><a id="Page_14"></a><a id="Page_15"></a>[Pg 15]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ LA RESPUESTA DE LEUCONOE
+ </h2>
+</div>
+
+
+<p>Soñé una vez que volviendo el gran Trajano
+de una de sus gloriosas conquistas, pasó
+por no sé cuál de las ciudades de la Etruria,
+donde fué agasajado con tanta espontaneidad
+como magnificencia. Cierto patricio preparó
+en honor suyo el más pomposo y delicado
+homenaje que hubiera podido imaginar. Escogió
+en las familias ciudadanas las más lindas
+doncellas, y las instruyó de modo que, con adecuados
+trajes y atributos, formasen una alegórica
+representación del mundo conocido, donde
+cada una personificara a determinada tierra,
+ya romana, ya bárbara, y en su nombre reverenciase
+al César y le hiciera ofrecimiento de sus
+dones. Púsose en ensayo este propósito; todo
+marchaba a maravilla; pero sea que distribuidos
+los papeles, quedase sin ninguno una aspirante
+a quien no fuera posible desdeñar, sea que
+lo exigiese el arreglo y proporción en la manera
+como debían tejerse las danzas y figuras, ello es
+que hubo necesidad de aumentar en uno el número
+de las personas. Se había contado ya con
+<span class="pagenum" id="Page_16">[Pg 16]</span>todos los países del mundo, y se dudaba cómo
+salvar esta dificultad, cuando el patricio, que
+era dado a los libros, se dirigió a un estante,
+de donde tomó un ejemplar de las tragedias
+de Séneca, y buscando en la “Medea” el pasaje
+donde están unos versos que hoy son famosos,
+por el soplo profético que los inspira, habló
+de la presunción que hacía el poeta de la
+existencia de una tierra ignorada, que futuras
+gentes hallarían, yendo sobre el misterioso
+océano, más allá (añadió el patricio) de donde
+situó a la sumergida Atlántida, Platón. Este
+soñado país propuso que fuera el que completase
+el cuadro, ya que faltaba otro. Poco apetecible
+destino parecía ser el de representar a
+una tierra de que nada podía afirmarse, ni aun
+su propia existencia, mientras que todas las
+demás daban ocasión para lucir pintorescos y
+significativos atributos, y para que se las loase,
+o se las diferenciase cuando menos, en elocuentes
+recitados. Pero hubo quien, renunciando
+al papel que ya tenía atribuido, reclamó
+el humilde oficio para sí. Era la más joven
+de todas y la llamaban Leuconoe. No se
+halló el modo de caracterizar, con apropiadas
+galas, su parte, y se acordó que no llevara más
+que un traje blanco y aéreo, como una página
+donde no se ha sabido qué poner... Llegado
+el día, realizóse la fiesta, y noblemente
+<span class="pagenum" id="Page_17">[Pg 17]</span>personificadas las tierras desfilaron ante el señor
+del mundo, después de concertarse en variadas
+danzas de artificio, y cada una de ellas le
+dedicó sus ofrendas.</p>
+
+<p>Presentóse, primero que ninguna, Roma, en
+forma casi varonil; éste era el modo de hermosura
+de la que llevaba sus colores; el andar, de
+diosa; el imperio en el modo de mirar; la majestad
+en cada actitud y cada movimiento. Ofreció
+el orbe por tributo; y la siguió, como madre
+que viene después de la hija, por ser ésta soberana,
+Grecia, coronada de mirto. Lo que dijo
+de sí, sólo podría abreviarse en lápida de mármol.
+Italia vino luego. Habló de la gracia esculpida,
+en suaves declives, sobre un suelo que dora
+el sol, al son armónico del aire. Celebró su
+feracidad; aludió al trigo de Campania, al óleo
+de Venafro, al vino de Falerno. La rubia Galia,
+depuesto el primitivo furor, mostró, colmadas
+de pacíficos frutos, las corrientes del Saona
+y el Ródano. Iberia presentó sus rebaños,
+sus trotones, sus minas. Ceñida de bárbaros
+arreos, se adelantó Germania, e hizo el elogio
+de las pieles espesas, el ámbar transparente, y
+los gigantes de ojos azules cazados para el circo
+en la espesura de la Carbonaria y de la Hircinia.
+Bretaña dijo que en sus Casitérides había
+el metal de que toman su firmeza los bronces.
+La Iliria, famosa por sus abundantes cosechas;
+<span class="pagenum" id="Page_18">[Pg 18]</span>la Tracia, que cría caballos raudos como el
+viento; la Macedonia, cuyos montes son arcas
+de ricos minerales, rindieron sus tesoros; y se
+acercó tras ellas la postrera Thule, que ofreció
+juntos fuego y nieve, con la fianza de Pythéas.
+Llegó el turno de las tierras asiáticas; y en
+cuerpo de faunesca hermosura, la Siria habló
+de los laureles de Dafne y los placeres de Antioquía.
+El Asia Menor reunió en doble tributo los
+esplendores del Oriente con las gracias de Jonia,
+tendiendo entre ambas ofrendas la flauta
+frigia, como cruz de balanza. Se ufanó Babilonia
+con el resplandor de sus recuerdos. La Persia,
+madre de los frutos de Europa, brindó semillas
+de generosa condición. Grande estuvo la
+India cuando pintó montañas y ríos colosales,
+cuando invocó las piedras fúlgidas, el algodón,
+el marfil, la pluma de los papagayos, las perlas;
+cuando nombró cien plantas preciosas: el
+ébano, que ensalzó Virgilio; el amono y el malabatro,
+braseros de raros perfumes; el árbol
+milagroso cuyo fruto hace vivir doscientos
+años... La Palestina ofreció olivos y viñedos.
+Fenicia se glorió de su púrpura. La región sabea,
+de su oro. Mesopotamia hizo mención de
+los bosques espesísimos donde Alejandro cortó
+las tablas de sus naves. El país de Sérica cifró
+su orgullo en una tela primorosa; y Taprobana,
+que remece el doble monzón, en la fragante canela.<span class="pagenum" id="Page_19">[Pg 19]</span>
+Vinieron luego los pueblos de la Libia.
+Presidiéndolos llegó el Egipto multisecular;
+habló de sus pirámides, de sus esfinges y colosos;
+del despertar mejor de su grandeza, en
+una ciudad donde una torre iluminada señala
+el puerto a los marinos. La Cirenaica dijo el
+encanto de su serenidad, que hizo que fuese el
+lecho a donde iban a morir los epicúreos. Cartago,
+a quien realzara Augusto de las ruinas,
+se anunció llamada a esplendor nuevo. La Numidia
+expuso que daba mármoles para los palacios;
+fieras para las theriomaquias y las pompas.
+La Etiopía afirmó que en ella estaban el
+país del cinamomo, el de la mirra, los enanos
+de un pigmo y los macrobios de mil años. Las
+Fortunadas, fijando el término de lo conocido,
+recordaron que en su seno esperaba a las almas
+de los justos la mansión de la eterna felicidad.</p>
+
+<p>Por último, con suma gracia y divino candor,
+llegó Leuconoe. En nada aparentaba formar
+parte de la viviente y simbólica armonía. No llevaba
+sino un traje blanco y aéreo, como una página
+donde no se ha sabido qué poner... En
+aquel instante, nadie la envidiaba, por más que
+luciese su hermosura. El César preguntó la
+razón de su presencia, y se extrañó, cuando lo
+supo, viéndola tan mal destinada y tan hermosa.</p>
+
+<p>—Leuconoe—dijo, con una benévola ironía—:<span class="pagenum" id="Page_20">[Pg 20]</span>
+no te ha tocado un gran papel. Tu poca
+suerte quiso que la realidad concluyera en manos
+de las otras, y he aquí que has debido contentarte
+con la ficción del poeta... Admiro tu
+dulce conformidad, y me complace tu homenaje,
+puesto que eres hermosa. Pero ¿qué bien me
+dirás de la región que representas, si has de evitar
+el engañarme?... ¿Qué me ofreces de allí?
+¿Qué puedes afirmar que haya en tu tierra de
+quimera?</p>
+
+<p>—¡Espacio!—dijo con encantadora sencillez,
+Leuconoe.</p>
+
+<p>Todos sonreían.</p>
+
+<p>—Espacio...—repitió el César—. ¡Es verdad!
+Sea desapacible o risueña, estéril o fecunda,
+espacio habrá en la tierra incógnita, si existe;
+y aun cuando ella no exista, y allí donde la
+finge el poeta sólo esté el mar, o acaso el vacío
+pavoroso, ¿quién duda que en el mar o en el vacío
+habrá espacio?... Leuconoe—prosiguió con
+mayor animación—: tu respuesta tiene un alto
+sentido. Tiene, si se la considera, más de uno.
+Ella dice la misteriosa superioridad de lo soñado
+sobre lo cierto y tangible, porque está en
+la humana condición que no haya bien mejor
+que la esperanza, ni cosa real que se aventaje
+a la dulce incertidumbre del sueño. Pero, además,
+encierra tu respuesta una hermosa consigna
+para nuestra voluntad, un brioso estímulo
+<span class="pagenum" id="Page_21">[Pg 21]</span>a nuestro denuedo. No hay límite en donde acabe
+para el fuerte el incentivo de la acción. Donde
+hay espacio, hay cabida para nuestra gloria.
+Donde hay espacio, hay posibilidad de que
+Roma triunfe y se dilate.</p>
+
+<p>Dijo el César; arrancó de su pecho una gruesa
+esmeralda que allí estaba de broche, y era de
+las que el Egipto produce mayores y más puras;
+y prendiéndola al seno de la niña, la dejó, como
+un fulgor de esperanza, sobre la estola, toda
+blanca, mientras terminaba diciendo:</p>
+
+<p>—¡Sea el premio para la región desconocida;
+sea el premio para Leuconoe!</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Espacio, espacio, es lo que te queda, después
+que la esperanza con color y figura, y el ideal
+concreto, y la fuerza o aptitud de calidad conocida,
+te abandonaron en mitad del camino.
+Espacio: mas no ése, donde el viento y el pájaro
+se mueven más arriba que tú y con alas
+mejores; sino dentro de ti, en la inmensidad
+de tu alma, que es el espacio propio para las
+alas que tú tienes. Allí queda infinita extensión
+por conquistar mientras dura la vida: extensión
+siempre capaz de ser conquistada,
+siempre merecedora de ser conquistada...
+Imaginar que no hay en ti más que lo que ahora
+percibes con la trémula luz de tu conciencia,
+<span class="pagenum" id="Page_22">[Pg 22]</span>equivale a pensar que el océano acaba allí
+donde la redondez de la esfera lo sustrae al alcance
+de tus ojos. Incomparablemente más vasto
+es el océano que la visión de los ojos; incomparablemente
+más hondo nuestro ser que
+la intuición de la conciencia. Lo que de él está
+en la superficie y a la luz, es comúnmente,
+no ya una escasa parte, sino la parte más vulgar
+y más mísera. Dame acertar con la ocasión
+y yo sacaré de ti fuerzas que te maravillen
+y agiganten. Tu languidez de ánimo, tu
+desesperanza y sentimiento como de vacío interior,
+no son distintos de los de miles de almas
+electas, en las vísperas de la transfiguración
+que las sublimó a la excelsa virtud, o a
+la invención genial, o al heroísmo. Si veinte
+horas antes de consagrarse héroe el héroe,
+apóstol el apóstol, inventor el inventor, o de
+tender resuelta y eficazmente a hacerlo, hubiérales
+anunciado un zahorí de corazones su
+destino inminente, ¡cuántas veces no se hubieran
+encogido de hombros o sonreído con
+amarga incredulidad! Dame la ocasión y yo
+te haré grande; no porque infunda en ti lo
+que no hay en ti, sino porque haré brotar y manifestarse
+lo que tu alma tiene oculto. De afuera
+pueden auxiliarte cateadores y picos; pero
+en ti sólo está la mina. La ocasión es como el
+artista pintor de quien dijo originalmente uno
+<span class="pagenum" id="Page_23">[Pg 23]</span>que lo era: no crea el pintor su cuadro, sino
+que se limita a descorrer los velos que impedían
+verlo mientras la tela estaba en blanco.
+Hallar y traer al haz del alma esa ignorada riqueza:
+tal es tu obra y la de cada uno. Derramar
+luz dentro de sí por la observación interior
+y la experiencia: tal es el medio de abrir
+camino a la ocasión dichosa, que vendrá traída
+por el movimiento de la realidad. Empeño
+difícil éste de conocerse—¿quién lo duda?—y
+expuesto a mil engaños. Pero ¿no vale todos
+los tesoros de la voluntad el término que quien
+lo acomete se propone? ¿Hay cosa que te interese
+más que descubrir lo que está en ti y en
+ninguna parte sino en ti: tierra que para ti
+sólo fué creada; América cuyo único descubridor
+posible eres tú mismo, sin que puedas temer,
+en tu designio gigante, ni émulos que te
+disputen la gloria, ni conquistadores que te
+usurpen el provecho?</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum"><a id="Page_24"></a><a id="Page_25"></a>[Pg 25]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ EL FARO DE ALEJANDRÍA
+ </h2>
+</div>
+
+
+<p>El primero y más grande de los Tolomeos
+se propuso levantar, en la isla que tiene
+a su frente Alejandría, alta y soberbia
+torre, sobre la que una hoguera siempre viva
+fuese señal que orientara al navegante y simbolizase
+la luz que irradiaba de la ilustre ciudad.
+Sóstrato, artista capaz de un golpe olímpico,
+fué el llamado para trocar en piedra aquella
+idea. Escogió blanco mármol; trazó en su
+mente el modelo simple, severo y majestuoso.
+Sobre la roca más alta de la isla echó las bases
+de la fábrica, y el mármol fué lanzado al cielo
+mientras el corazón de Sóstrato subía de entusiasmo
+tras él. Columbraba allá arriba, en el
+vértice que idealmente anticipaba, la gloria.
+Cada piedra, un anhelo; cada forma rematada,
+un deliquio. Cuando el vértice estuvo, el artista,
+contemplando en éxtasis su obra, pensó que
+había nacido para hacerla. Lo que con genial
+atrevimiento había creado, era el Faro de Alejandría,
+que la antigüedad contó entre las siete
+maravillas del mundo. Tolomeo, después de admirar<span class="pagenum" id="Page_26">[Pg 26]</span>
+la obra del artista, observó que faltaba
+al monumento un último toque, y consistía en
+que su nombre de rey fuera esculpido, como sello
+que apropiase el honor de la idea, en encumbrada
+y bien visible lápida. Entonces Sóstrato,
+forzado a obedecer, pero celoso en su
+amor por el prodigio de su genio, ideó el modo
+de que en la posteridad, que concede la gloria,
+fuera su nombre y no el del rey el que leyesen
+las generaciones sobre el mármol eterno.
+De cal y arena compuso para la lápida de mármol
+una falsa superficie, y sobre ella extendió
+la inscripción que recordaba a Tolomeo; pero
+debajo, en la entraña dura y luciente de la piedra,
+grabó su propio nombre. La inscripción,
+que durante la vida del mecenas fué engaño de
+su orgullo, marcó luego las huellas del tiempo
+destructor; hasta que un día, con los despojos
+del mortero, voló, hecho polvo vano el nombre
+del príncipe. Rota y aventada la máscara de
+cal, se descubrió, en lugar del nombre del príncipe,
+el de Sóstrato, en gruesos caracteres,
+abiertos con aquel encarnizamiento que el deseo
+pone en la realización de lo prohibido. Y
+la inscripción vindicadora duró cuanto el mismo
+monumento; firme como la justicia y la verdad;
+bruñida por la luz de los cielos en su campo
+eminente; no más sensible que a la mirada
+de los hombres, al viento y a la lluvia.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_27">[Pg 27]</span></p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Un arranque de sinceridad y libertad que te
+lleve al fondo de tu alma, fuera del yugo de la
+imitación y la costumbre, fuera de la sugestión
+persistente que te impone modos de pensar, de
+sentir, de querer, que son como el ritmo isócrono
+del paso del rebaño, puede hacer en ti
+lo que la obra justiciera del tiempo verificó en
+la inscripción de la torre de Alejandría. Deshecho
+en polvo leve, caerá de la superficie de tu
+alma cuanto es allí vanidad, adherencia, remedo;
+y entonces, acaso por primera vez, conocerás
+la verdad de ti mismo. Despertarás como
+de un largo sueño de sonámbulo. Tu hastío y
+agotamiento son quizá, cual los de muchos
+otros, cosa de la personalidad ficticia con que
+te vistes para salir al teatro del mundo: es ella
+la que se ha vuelto en ti incapaz de estímulo
+y reacción. Pero por bajo de ella reposan, frescas
+y límpidas, las fuentes de tu personalidad
+verdadera, la que es toda de ti; apta para brotar
+en vida, en alegría, en amor, si apartas la
+endurecida broza que detiene y paraliza su ímpetu.
+Allí está lo <em>tuyo</em> y allí y no en el esquilmado
+campo que ahora alumbra el resplandor
+de tu conciencia. ¿Por qué llamas <em>tuyo</em> lo que
+siente y hace el espectro que hasta este instante
+usó de tu mente para pensar, de tu lengua
+<span class="pagenum" id="Page_28">[Pg 28]</span>para articular palabras, de tus miembros para
+agitarse en el mundo, cuyo autómata es, cuyo
+dócil instrumento es, sin movimiento que no sea
+reflejo, sin palabra que no sea eco sumiso?
+¡Ése no eres <em>tú</em>! ¡Ése que roba tu nombre no
+eres <em>tú</em>! ¡Ése no es sino una vana sombra que
+te esclaviza y te engaña, como aquélla otra
+que, mientras duermes, usurpa el sitio de tu
+personalidad e interviene en desatinadas ficciones,
+bajo la bóveda de tu frente!</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_29">[Pg 29]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ EL MEDITADOR Y EL ESCLAVO
+ </h2>
+</div>
+
+
+<p>Pasó que, huésped en una casa de campo
+de Megara, un prófugo de Atenas, acusado
+de haber pretendido llevarse bajo el
+manto, para reliquia de Sócrates, la copa en
+que bebían los reos la cicuta, se retiraba a meditar,
+al caer las tardes, a lo esquivo de extendidos
+jardines, donde sombra y silencio consagraban
+un ambiente propicio a la abstracción.
+Su gesto extático algo parecía asir en su alma:
+dócil a la enseñanza del maestro, ejercitaba en
+sí el desterrado la atención del conocimiento
+propio.</p>
+
+<p>Cerca de donde él meditaba, sobre un fondo
+de sauces melancólicos, un esclavo, un vencido
+de Atenas misma o de Corinto, en cuyo semblante
+el envilecimiento de la servidumbre no
+había alcanzado a desvanecer del todo un noble
+sello de naturaleza, se ocupaba en sacar
+agua de un pozo para verterla en una acequia
+vecina. Llegó ocasión en que se encontraron las
+miradas del huésped y el esclavo. Soplaba el
+viento de la Libia, producidor de fiebres y congojas.<span class="pagenum" id="Page_30">[Pg 30]</span>
+Abrasado por su aliento, el esclavo, después
+de mirar cautelosamente en derredor, interrumpió
+su tarea, dejó caer los brazos extenuados,
+y abandonando sobre el brocal de piedra,
+como sobre su cruz, el cuerpo flaco y desnudo:—“Compadéceme,
+dijo al pensador, compadéceme
+si eres capaz de lágrimas, y sabe, para
+compadecerme bien, que ya apenas queda en mi
+memoria rastro de haber vivido despierto, sino
+es en este mortal y lento castigo. ¡Ve cómo el
+surco de la cadena que suspendo, abre las carnes
+de mis manos; ve cómo mis espaldas se encorvan!
+Pero lo que más exacerba mi martirio
+es que, cediendo a una fascinación que nace del
+tedio y el cansancio, no soy dueño de apartar la
+mirada de esta imagen de mí que me pone delante
+el reflejo del agua cada vez que encaramo
+sobre el brocal el cubo del pozo. Vivo mirándola,
+mirándola, más petrificado, en realidad,
+que aquella estatua cabizbaja de Hipnos, porque
+ella sólo a ciertas horas de sol tiene los ojos
+fijos en su propia sombra. De tal manera conocí
+mi semblante casi infantil, y veo hoy esta
+máscara de angustia, y veré cómo el tiempo
+ahonda en la máscara las huellas de su paso,
+y cómo se acercan y la tocan las sombras de la
+muerte... Sólo tú, hombre extraño, has logrado
+desviar algunas veces la atención de mis
+ojos con tu actitud y tu ensimismamiento de
+<span class="pagenum" id="Page_31">[Pg 31]</span>esfinge. ¿Sueñas despierto? ¿Maduras algo heroico?
+¿Hablas a la callada con algún dios que
+te posee?... ¡Oh, cómo envidio tu concentración
+y tu quietud! Dulce cosa debe de ser la
+ociosidad que tiene espacio para el vagar del
+pensamiento!”—“No son éstos los tiempos de
+los coloquios con los dioses, ni de las heroicas
+empresas, (dijo el meditador); y en cuanto a los
+sueños deleitosos, son pájaros que no hacen nido
+en cumbres calvas... Mi objeto es ver dentro
+de mí... Quiero formar cabal idea y juicio de
+éste que soy yo, de éste por quien merezco castigo
+o recompensa...; y en tal obra me esfuerzo
+y peno más que tú. Por cada imagen tuya
+que levantas de lo hondo del pozo, yo levanto
+también de las profundidades de mi alma una
+imagen nueva de mí mismo; una imagen contradictoria
+con la que la precedió, y que tiene
+por rasgo dominante un acto, una intención,
+un sentimiento, que cada día de mi vida presenta,
+como cifra de su historia, al traerle al
+espejo de la conciencia bruñida por la soledad;
+sin que aparezca nunca el fondo estable y seguro
+bajo la ondulación de estas imágenes que
+se suceden. He aquí que parece concretarse una
+de ellas en firmes y precisos contornos; he aquí
+que un recuerdo súbito la hiere, y como las formas
+de las nubes, tiembla y se disipa. Alcanzaré
+al extremo de la ancianidad; no alcanzaré
+<span class="pagenum" id="Page_32">[Pg 32]</span>al principio de la ciencia que busco. Desagotarás
+tu pozo; no desagotaré mi alma. ¡Ésta es
+la ociosidad del pensamiento!...” Llegó un
+rumor de pasos que se aproximaban; volvió el
+esclavo a su faena, el desterrado a lo suyo; y
+no se oyó más que la áspera quejumbre de la
+garrucha del pozo, mientras el sol de la tarde
+tendía las sombras alargadas del meditador y
+el esclavo, juntándolas en un ángulo cuyo vértice
+tocaba al pie de la estatua cabizbaja de
+Hipnos.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_33">[Pg 33]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ EL BARCO QUE PARTE
+ </h2>
+</div>
+
+
+<p>Mira la soledad del mar. Una línea impenetrable
+la cierra, tocando al cielo por
+todas partes menos aquélla en que el límite
+es la playa. Un barco, ufano el porte, se
+aleja, con palpitación ruidosa, de la orilla. Sol
+declinante; brisa que dice “¡vamos!”; mansas
+nubes. El barco se adelanta, dejando una huella
+negra en el aire, una huella blanca en el
+mar. Avanza, avanza, sobre las ondas sosegadas.
+Llegó a la línea donde el mar y el cielo se
+tocan. Bajó por ella. Ya sólo el alto mástil aparece;
+ya se disipa esta última apariencia del
+barco. ¡Cuán misteriosa vuelve a quedar ahora
+la línea impenetrable! ¿Quién no la creyera,
+allí donde está, término real, borde de abismo?
+Pero tras ella se dilata el mar, el mar inmenso;
+y más hondo, más hondo, el mar inmenso
+aún; y luego hay tierras que limitan, por el
+opuesto extremo, otros mares; y nuevas tierras,
+y otras más, que pinta el sol de los distintos
+climas y donde alientan variadas castas de
+hombres: la estupenda extensión de las tierras
+<span class="pagenum" id="Page_34">[Pg 34]</span>pobladas y desiertas, la redondez sublime del
+mundo. Dentro de esta inmensidad, hállase el
+puerto para donde el barco ha partido. Quizás,
+llegado a él, tome después caminos diferentes
+entre otros puntos de ese campo infinito, y ya
+no vuelva nunca, cual si la misteriosa línea que
+pasó fuese de veras el vacío en donde todo
+acaba...</p>
+
+<p>Pero he aquí que, un día, consultando la misma
+línea misteriosa, ves levantarse un jirón flotante
+de humo, una bandera, un mástil, un casco
+de aspecto conocido... ¡Es el barco que
+vuelve! Vuelve, como el caballo fiel a la dehesa.
+Acaso más pobre y leve que al partir; acaso herido
+por la perfidia de la onda; pero acaso
+también, sano y colmado de preciosas cosechas.
+Tal vez, como en alforjas de su potente lomo,
+trae el tributo de los climas ardientes: aromas
+deleitables, dulces naranjas, piedras que lucen
+como el sol, o pieles suaves y vistosas. Tal vez,
+a trueque de las que llevaba, trae gentes de
+más sencillo corazón, de voluntad más recia y
+brazos más robustos. ¡Gloria y ventura al barco!
+Tal vez, si de más industriosa parte procede,
+trae los forjados hierros que arman para
+el trabajo la mano de los hombres; la tejida lana;
+el metal rico, en las redondas piezas que
+son el acicate del mundo; tal vez trozos de mármol
+y de bronce, a que el arte humano infundió<span class="pagenum" id="Page_35">[Pg 35]</span>
+el soplo de la vida, o mazos de papel donde,
+en huellas de diminutos moldes, vienen pueblos
+de ideas. ¡Gloria, gloria y ventura, al
+barco!</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Fija tu atención, por breve espacio, un pensamiento;
+lo apartas de ti, o él se desvanece por
+sí mismo; no lo divisas más; y un día remoto
+reaparece a pleno sol de tu conciencia, transfigurado
+en concepción orgánica y madura, en
+convencimiento capaz de desplegarse con toda
+fuerza de dialéctica y todo ardimiento de pasión.</p>
+
+<p>Nubla tu fe una leve duda; la ahuyentas, la
+disipas; y cuando menos la recuerdas, torna de
+tal manera embravecida y reforzada, que todo
+el edificio de tu fe se viene, en un instante y
+para siempre, al suelo.</p>
+
+<p>Lees un libro que te hace quedar meditabundo;
+vuelves a confundirte en el bullicio de las
+gentes y las cosas; olvidas la impresión que el
+libro te causó; y andando el tiempo, llegas a
+averiguar que aquella lectura, sin tú removerla
+voluntaria y reflexivamente, ha labrado de tal
+modo dentro de ti, que toda tu vida espiritual
+se ha impregnado de ella y se ha modificado
+según ella.</p>
+
+<p>Experimentas una sensación; pasa de ti;
+<span class="pagenum" id="Page_36">[Pg 36]</span>otras comparecen que borran su dejo y su memoria,
+como una ola quita de la playa las huellas
+de la que la precedió; y un día que sientes
+que una pasión, inmensa y avasalladora, rebosa
+de tu alma, induces que de aquella olvidada
+sensación partió una oculta cadena de acciones
+interiores, que hicieron de ella el centro obedecido
+y amparado por todas las fuerzas de tu
+ser: como ese tenue rodrigón de un hilo, a cuyo
+alrededor se ordenan dócilmente las lujuriosas
+pompas de la enredadera.</p>
+
+<p>Todas estas cosas son el barco que parte, y
+desaparece, y vuelve cargado de tributos.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_37">[Pg 37]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ <em class="gesperrt">AYAX</em>
+ </h2>
+</div>
+
+
+<p>Florecía el jacinto en los prados de Laconia
+y a márgenes del Tíber, y había una
+especie de él cuya flor tenía estampados,
+sobre cada uno de los pétalos, dos signos de color
+obscuro. El uno imitaba el dibujo de una
+“alfa”; el otro el de una “i” griega. La imaginación
+antigua se apropió de esto como de toda
+singularidad y capricho de las cosas. En la
+égloga tercera de Virgilio, Menalcas propone,
+por enigma, a Palemón, cuál es la flor que lleva
+escrito un nombre augusto. Alude a que con las
+dos letras del jacinto da comienzo el nombre de
+Ayax, el héroe homérico que envuelto por la
+niebla en densas sombras, pide a los dioses luz,
+sólo luz, para luchar, aun cuando sea contra
+ellos. En tiempos en que Roma congregaba todas
+las filosofías, vivió en ella Lupercio, geómetra
+y filósofo. De un amor juvenil tuvo Lupercio
+una hija a quien dió el nombre de Urania
+y educó en la afición de la sabiduría. Imaginémonos
+a Hipatia en un albor de adolescencia:
+candorosa alma de invernáculo sobre la
+<span class="pagenum" id="Page_38">[Pg 38]</span>cual los ojos habían reflejado tan intensamente
+la luz que parte de las ideas increadas y baña
+la tersa faz de los papiros, como poco y en reducido
+espacio la luz real que el sol derrama sobre
+la palpitación de la Naturaleza. Nada sabía
+del campo. Cierto día, una ráfaga que vino de
+lo espontáneo y misterioso de los sentimientos,
+llamóla a conocer la agreste extensión. Dejó su
+encierro. Desentumida el alma por el contento
+de la fuga, vió extenderse ante sí, bajo la frescura
+matinal, el Agro romano. La tierra sonreía,
+toda llena de flores. Junto a una pared en
+ruina el manso viento mecía unas de color azul,
+que fueron gratas a Urania. Eran seis, dispuestas
+en espiga a la extremidad de esbelto bohordo,
+cuya graciosa cimbra arrancaba de entre
+hojas comparables a unos glaucos puñales. Urania
+se inclinó sobre las flores de jacinto; y más
+que con la suavidad de su fragancia, se embelesó
+con aquellas dos letras, que provocaron en
+su espíritu la ilusión de una Naturaleza sellada
+por los signos de la inteligencia. Aún fué mayor
+su hechizo al columbrar que, como impresión
+de la idea soberana, era el nombre de Ayax el
+que estaba así desparramado sobre lo más limpio
+y primoroso de la corteza del mundo; segura
+prenda—pensó—de que, por encima de los
+dioses, resplandece la luz que Ayax pidió para
+vencerlos... Pero las flores no tenían sino dos
+<span class="pagenum" id="Page_39">[Pg 39]</span>letras de aquel nombre, y en Urania dominaba
+un concepto sobrado ideal del orden infinito para
+creer que, una vez el nombre comenzado por
+mano de la Naturaleza, hubiera podido quedar,
+como en aquellas flores, inconcluso. Ocurrió en
+vano a nuevos bohordos de jacinto. Quizás, las
+letras que faltaban se hallarían sobre las hojas
+de otras flores. Grande era lo visible del campo,
+y en toda su extensión variadas flores lo esmaltaban.
+Buscando las letras terminales aventuróse
+Urania campo adentro. Miró en las margaritas,
+mártires diezmadas por las ruedas y el
+casco; en las rojinegras amapolas; en los narcisos,
+que guardan oro entre la nieve; en los
+pálidos lirios, en las violetas, amigas de la esquividad;
+llegó a la orilla de una charca donde
+frescos nenúfares mentían imágenes del sueño
+de la onda dormida. Todo en vano... Tanto se
+había obstinado en la búsqueda que ya se
+aproximaba la noche. Contó su cuita a un boyero
+que recogía su hato, y él se rió de su candor.
+Cansada, y triste con la decepción que desvanecía
+su sueño de una Naturaleza sellada
+por las cifras de las ideas, volvió el paso a la
+ciudad, que extendía, frente adonde se había
+abismado el sol, su sombra enorme.</p>
+
+<p>Este fué el día de campo de Urania. En presencia
+de los destinos incompletos; de la risueña
+vida cortada en sus albores, del bien que promete<span class="pagenum" id="Page_40">[Pg 40]</span>
+y no madura, ¡quién no ha experimentado
+alguna vez el sentimiento con que se preguntaba
+Urania cómo la Naturaleza pudo no completar
+en ninguna parte el nombre de Ayax, habiendo
+impreso las dos primeras letras en la
+corola del jacinto!...</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_41">[Pg 41]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ EL MONJE TEÓTIMO
+ </h2>
+</div>
+
+<p class="center p1 big2">
+ LA EMANCIPACIÓN PERSONAL Y LA SOLEDAD
+</p>
+
+
+<p class="p1">Para burlar la sugestión del ambiente
+en que se vive y reivindicar la libertad
+interior, apartándose de él, hay dos modos
+de apartamiento: los viajes y la soledad.
+En rigor, los dos son necesarios; y una vida
+bien ordenada a los fines de su renovación perseverante
+y eficaz, sabrá conceder lugar dentro
+de sí a períodos de incomunicación respecto
+de la sociedad que sea habitualmente la
+suya, distribuyéndolos con sabiduría entre el
+recurso de la soledad y el de los viajes.—La
+soledad es escudo diamantino, sueño reparador,
+bálsamo inefable, en ciertas situaciones
+de alma y por determinado espacio de tiempo.
+Pero como medio único y constante de asegurar
+la plenitud de la personalidad contra las
+opresiones y falacias del mundo, marra la soledad,
+porque le faltan: un instrumento eficacísimo
+con que desenvolver el contenido de
+nuestra conciencia: la acción, y una preciosa
+<span class="pagenum" id="Page_42">[Pg 42]</span>alianza a quien fiar lo que no logre consumar
+de su obra: la simpatía. Sólo el sacudimiento
+de la acción es apto para traer a la superficie
+del alma todo lo que en el fondo de ésta hay
+pesado e inerte; y sólo el estímulo de la simpatía
+alcanza a corroborar y sostener nuestra
+reacción espontánea hasta el punto que se requiere
+para emanciparse firmemente de los
+vínculos de la preocupación y la costumbre. La
+soledad continua ampara y fomenta conceptos
+engañosos, no sólo en cuanto a la realidad
+exterior, de cuya percepción nos aparta, sino
+también en cuanto a nosotros mismos, sugiriéndonos
+quizás, sobre nuestro propio ser y
+nuestras fuerzas, figuraciones que luego, al
+más leve tropiezo con la realidad, han de trocarse
+en polvo, porque no se las valoró en las
+tablas de la comparación con los demás, ni se
+las puso a prueba en las piedras de toque de
+la tentación y de la lucha.</p>
+
+
+<p class="center p2 big2"> EL MONJE TEÓTIMO
+</p>
+
+<p class="p1">Acaso nunca ha habido anacoreta que viviese
+en tan desapacible retiro como Teótimo,
+monje penitente, en alturas más propias
+que de penitentes, de águilas. Tras de placer
+y gloria, gustó lo amargo del mundo; debió
+su conversión al dolor; buscó un refugio, bien
+<span class="pagenum" id="Page_43">[Pg 43]</span>alto, sobre la vana agitación de los hombres, y
+le eligió donde la montaña era más dura, donde
+la roca era más árida, donde la soledad era
+más triste. Cumbres escuetas, de un ferruginoso
+color, cerraban en reducido espacio el horizonte.
+El suelo era como gigantesca espalda
+desnuda: ni árboles, ni aun rastreras matas en
+él. A largos trechos se abría en un resalte de la
+roca una concavidad que semejaba negra herida,
+y en una de ellas halló Teótimo su amparo.
+Todo era inmóvil y muerto en la extensión visible,
+a no ser un torrente que precipitaba su escaso
+raudal por cauce estrecho, fingiendo llantos
+de la roca, y las águilas que solían cruzarse
+entre las cimas. En esta espantosa soledad
+clavó Teótimo su alma, como el jirón de una
+bandera destrozada en lides del mundo, para
+que el viento de Dios la limpiase de la sangre
+y el cieno. Bien pronto, casi sin luchas de tentación
+y sin nostálgicas memorias, la gracia vino
+a él, como el sueño al cuerpo vencido del
+cansancio. Logró la entera sumersión del pecho
+en el amor de Dios; y al paso que este amor crecía,
+un sentimiento intenso, lúcido, de la pequeñez
+humana, se concretaba dentro de él, en este
+diamante de la gracia: la más rendida y congojosa
+humildad. De las cien máscaras del pecado
+tomó en mayor aborrecimiento a la soberbia,
+que por ser primera en el tiempo que las otras,
+<span class="pagenum" id="Page_44">[Pg 44]</span>antes que máscara del pecado le pareció su
+semblante natural. Y sobre la roca yerma y desolada,
+frente al adusto silencio de las cumbres,
+Teótimo vivió sin otros pensamientos que el de
+la única grandeza velada allí tras la celeste bóveda
+que sólo en reducida parte veía, y el de
+su propia pequeñez e indignidad.</p>
+
+<p>Pasaron años de esta suerte; largos años durante
+los cuales la conciencia de Teótimo sólo
+reflejó de su alma imágenes de abatimiento y
+penitencia. Si acaso alguna duda de la constancia
+de su piedad humilde le amargaba, ella nacía
+del extremo de su misma humildad. Fué
+condición que Teótimo había puesto en su voto
+ir, una vez que pasase determinado tiempo de
+retiro, a visitar la tumba de sus padres y volver
+luego, para siempre, al desierto. Cumplido
+el plazo, tomó el camino del más cercano valle.
+La montaña perdía, en lo tendido de su falda,
+parte de su aridez, y algunas matas, rezagadas
+de vegetación más copiosa, interrumpían lo desnudo
+del suelo. Teótimo se sentó a descansar
+junto a una de ellas. ¿Cuántos años hacía que
+no posaba los ojos en una flor, en una rama,
+en nada de lo que compone el manto alegre y
+undoso colgado de los hombros del mundo?...
+Miró a sus pies y vió una blanca florecilla que
+nacía de un tallo acamado sobre el césped;
+trémula y como medrosa, con el soplo del aura.
+<span class="pagenum" id="Page_45">[Pg 45]</span>Era de una gracia suave, tímida, sin hermosura,
+sin aroma... Teótimo, que reparó en ella
+sin quererlo, se puso a contemplarla con tranquilo
+deleite. Mientras notaba la sencilla armonía
+de sus hojuelas blancas, el ritmo de sus
+movimientos, la gracia de su debilidad, una idea
+súbita nació de la contemplación de Teótimo.
+¡También cuidaba el cielo de aquella tierna florecilla;
+también a ella destinaba un rayo de su
+amor, de su complacencia en la obra que vió
+buena!... Y esta idea no era en él grata, afectuosa,
+dulcemente conmovida, como acaso la tuvimos
+nosotros. Era amarga, y promovía dentro
+de su pecho como una hesitante rebelión. Sobre
+la roca yerma y desolada nunca había nublado
+su humildad el pensamiento que ahora le
+inquietaba. ¿Todo el amor de Dios no era entonces
+para el alma del hombre? ¿El mundo no
+era el yermo sobre el cual, única flor, flor de
+espinoso cardo, el alma humana se entreabría
+sabedora de no merecer la luz del cielo, pero
+sola en gozar del beneficio de esta luz? Vano
+fué que luchara por quitar los ojos del alma
+de este obstinado pensamiento, porque él volvía
+a presentársele cual si lo empujase a la claridad
+de la conciencia de Teótimo una tenaz persecución.
+Y tras él sentía el eremita venir de
+lo hondo de su ser un rugido cada vez más
+cercano... un rugido cada vez más siniestro...
+<span class="pagenum" id="Page_46">[Pg 46]</span>un rugido cuyo son conocía, y que brotaba de
+unas fauces que creyó mortalmente secas en su
+alma. Bastó una débil florecilla para que el
+monstruo oculto, la soberbia apostada tras la
+ilusión de la humildad, dejase con avasallador
+empuje su guarida... Bajo la alegre bondad
+de la mañana, mientras tocaba en su pecho un
+rayo de sol, Teótimo, torvo y airado puso el pie
+sobre la flor indefensa.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_47">[Pg 47]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ LOS SEIS PEREGRINOS
+ </h2>
+</div>
+
+<p class="p1 big2 center">
+ DOS DISTINTAS ESPECIES DE ALMAS ENTUSIASTAS
+</p>
+
+
+<p class="p1">Grande es la unidad que enlaza todas
+las partes de nuestra existencia bajo
+una idea soberana; pero más bella y fecunda,
+si, poniendo a prueba la extensión
+de su fuerza ordenadora, se diversifica por la
+flexibilidad y la amplitud. Dentro de toda comunión,
+de toda fe, de toda sociedad ideal, es
+fácil distinguir dos especies de almas sinceras
+y entusiastas. Hay el entusiasta inflexible,
+alma monocorde y austera; y hay aquél
+cuyo entusiasmo asume las múltiples formas
+de la vida, y consiente, generoso con su riqueza
+de amor, otros objetos de atención y de deseo
+que el que preferentemente se propone.
+De aquella pasta están hechos el estoico y el
+asceta, el puritano y el jansenista; de ésta, los
+espíritus amplios, comunicativos y curiosos,
+sin mengua de su fidelidad inquebrantable ni
+su férvida consagración. De los unos y de los
+otros, es decir, de los perseverantes, de los entusiastas,<span class="pagenum" id="Page_48">[Pg 48]</span>
+de los creyentes, y sólo de ellos es
+el secreto de la acción; pero la más alta forma
+de la perseverancia, del entusiasmo y de la fe,
+es su aptitud para extenderse y transformarse,
+sin desleirse ni desnaturalizarse.</p>
+
+
+<p class="p2 big2 center">
+ LOS SEIS PEREGRINOS</p>
+
+<p class="p1">Cuentan leyendas que no están escritas,
+que Endimión, no el que recibió favores
+de Diana, sino un evangelista de quien nada
+sabe la historia, recorría, después de doctrinado
+en Corinto por Pablo de Tharso, las islas
+del Archipiélago. En una ciudad pequeña de la
+Eubea, su palabra tocó el corazón de seis jóvenes
+paganos que formaron un grupo lleno de
+adhesión hacia él, no menos que de fe pura y
+sencilla. Esta comunidad naciente vivió, durante
+cierto tiempo, en la intimidad afectuosa con
+que la vida de las iglesias primitivas imitaba los
+lazos fraternales. Un día, un día del <em>Señor</em>, en
+la expansión cordial de la cena, maestro y discípulos
+fueron heridos de un pensamiento que
+les pareció una vocación: partirían a propagar
+la buena nueva siguiendo la ruta de Alejandro;
+soldados de una mansa conquista, llegarían
+sobre las huellas del conquistador, hasta donde
+el cielo quisiera; pero juraban que no se detendría,
+falta de impulso, la divina palabra, en tanto<span class="pagenum" id="Page_49">[Pg 49]</span>
+que uno solo de sus propagadores quedara,
+con vida y libertad, sobre el camino que por
+ellos sería, otra vez y con más pureza, glorioso.</p>
+
+<p>La fe, radiante, ofuscaba la temeridad de la
+intención. Aún no estaba formulada la idea, y
+ya la impaciencia por la acción y la gloria hacía
+aletear las voluntades. Pero como Endimión,
+el maestro, necesitaba completar, ante
+todo, su viaje por la isla, convinieron que, pasado
+el término que para ello se consideraba
+menester, él y sus seis discípulos se encontrarían
+en un vecino puerto, desde donde atravesarían
+el mar para emprender la ruta soñada.</p>
+
+<p>El tiempo transcurrió para todos como en el
+éxtasis de una visión. Llegaron los días de la
+cita. Una mañana alegre, apenas provistos de
+pan y frutas los zurrones, en la dirección de
+la marcha un claro sol, y dentro de sí, como la
+mano de Dios en el timón del alma, el entusiasmo,
+los seis amigos partieron a reunirse al
+maestro.</p>
+
+<p>Corría, suavísimo y opulento, el otoño. La Naturaleza
+parecía concertar con la felicidad de
+los viajeros sus galas; diríase que de cada cosa
+del camino nacía una bendición para ellos. Sintiéndola,
+recogiéndola en su corazón, se regocijaban
+y hacían sonar todo el tesoro de su sueño<span class="pagenum" id="Page_50">[Pg 50]</span>
+en joviales coloquios, cuando de improviso
+distrajeron su interés unos lastimeros ayes que
+venían de unas breñas cercanas. Dirigiéronse
+allí, y viendo tendido entre las zarzas a un pastor
+que se desangraba, herido acaso por los lobos,
+se aproximaron a valerle. Sólo uno de los
+seis, Agenor, laconio enjuto y pálido, de grandes
+ojos absortos, había permanecido indiferente,
+desde el primer momento, a los ayes, atribuyéndolos
+a uno de los mil rumores del viento,
+y extraño a todo lo que no fuese la idea sublime
+a cuya ejecución se encaminaban; en la impaciencia
+de ver convertirse en realidad las
+imágenes deslumbradoras de su sueño, se había
+negado a desviarse y a esperar que se satisficiera
+la curiosidad de sus amigos. Agenor
+siguió adelante, adelante, como en el ciego ímpetu
+de una fascinación.</p>
+
+<p>Ellos, en tanto, después de haber lavado y
+vendado con jirones de sus propias ropas las heridas
+del rústico, le condujeron a su choza, que
+descollaba a cierta distancia, sobre una ladera
+donde se columbraban restos dispersos del hato.
+Allí, prolongando sus cuidados, les sorprendió
+la noche. Cuando, abriendo la aurora, llegó el
+momento de partir, he aquí que Nearco, otro de
+los seis compañeros, permaneció apartado y melancólico,
+con el aire de quien no se resuelve a
+hacer una confidencia dolorosa. Instáronle los
+<span class="pagenum" id="Page_51">[Pg 51]</span>demás a confesar lo que sentía.—Sabéis—dijo Nearco—que,
+desde que este episodio nos
+obligó a alterar por compasión el rumbo que
+llevábamos, me entró en el alma la duda de la
+inoportunidad de nuestra empresa, y oí una voz
+interior que me decía: “Si hay tanto y tan desamparado
+dolor, tanto abandono y tanta impiedad
+cerca de nosotros donde emplear el fuego
+de caridad que nos inflama, ¿por qué buscar objeto
+para él en climas extraños y remotos?”.
+Me dormí con este pensamiento en el alma; y
+soñé; y así como el apóstol vió en sueños la
+imagen del macedón que le llamaba, lo que él
+interpretó como un ruego de que fuera a redimir
+a los suyos, a mí se me apareció la imagen
+de este pastor, que intentando yo continuar el
+viaje, me cerraba el camino, y lo aparté para
+avanzar; y entonces, en los enebros y las zarzas
+a cuyo lado le encontramos, sentí que se enredaban
+mis ropas y me detenían...</p>
+
+<p>Dicho lo cual, Nearco en quien, un sueño disipó
+el encanto de otro, abrazó a sus amigos,
+que ya daban cara al sol para continuar su ruta,
+y volvióse en dirección a la ciudad.</p>
+
+<p>El grupo siguió con entusiasmo intacto, adelante.
+De los cuatro que le componían ahora,
+Idomeneo parecía ser el que, por su superioridad,
+llenaba la ausencia del maestro. Él había
+sido el primero en percibir y atender los ayes
+<span class="pagenum" id="Page_52">[Pg 52]</span>del herido. Era de Atenas; era suave, inteligente,
+benévolo. En su fisonomía se reflejaba algo
+de la inquietud con que se significaría la curiosidad
+espiritual de un estudiante, y algo de
+la ternura con que se expresaría el omnímodo
+amor de un panteísta. Pero el sello de expresión
+más hondo lo imprimía el dulce estupor con
+que aún lo embargaba la inmensidad de la fe
+nueva que había conquistado su alma.</p>
+
+<p>Cuando en los bordes de algún soto vecino
+asomaba una lozana flor silvestre, Idomeneo,
+desviándose, se acercaba a admirar su forma, su
+color, o a aspirar su perfume. Cuando el viento
+traía, de cercanas cabañas de pastores, un
+son de zampoña o caramillo, o bien si una cigarra
+levantaba su canto, Idomeneo se detenía un
+instante a escuchar. Cuando una guija pintada
+lucía entre la arena del camino, Idomeneo,
+con el afán de un niño, la recogía, y bruñéndola,
+la llevaba en la mano. Y cuando allá, en la
+profundidad del horizonte, un ave o una nube
+pasaban o se descubría el triángulo blanco de
+una vela sobre la línea obscura del mar, el alma
+del neófito parecía tender presurosamente
+hacia ellos sobre el riel de una mirada anhelante...</p>
+
+<p>Ya el sol había templado la fuerza de sus rayos
+cuando los viajeros vieron aparecer, en la
+<span class="pagenum" id="Page_53">[Pg 53]</span>caída de una loma, las casas dispersas de una
+aldea.</p>
+
+<p>Gigante encina descollaba, en lo más avanzado
+del lugar, sobre los techos, que esmaltaba el
+oro de la tarde; y en derredor del árbol veíase
+un gran grupo de gente, que formaba corro,
+con muestras de atención y respeto. Preguntando
+a unos labradores que habían interrumpido
+su trabajo para dirigirse hacia allí, supieron
+que era un cantor ambulante, mendigo consagrado
+por la vejez y por el numen, que todos
+los años recorría, en ocasión de las cosechas,
+aquella parte de la isla.—¿Oigámosle?—propuso
+Idomeneo.</p>
+
+<p>Acercándose al corro, los cuatro amigos se
+empinaron para ver al cantor. Un soplo de antigüedad
+heroica llegó a ellos. Todo lo del Homero
+legendario reaparecía en una dulce y majestuosa
+figura; el continente regio, la luenga
+barba lilial, la frente olímpica; a la espalda el
+zurrón, la lira a la cintura, el nudoso báculo en
+la diestra, el can escuálido y enlodado a sus
+plantas. Hízose un silencio solemne; y desatando
+al dios ya inquieto en su seno, el mendigo
+cantó; y sobre el aliento de sus labios, mientras
+las manos trémulas tocaban las cuerdas de la
+lira, flotaron cosas de historia y de leyenda, cosas
+que estaban en todas las memorias, pero
+que parecían recobrar, en versos ingenuos (tal
+<span class="pagenum" id="Page_54">[Pg 54]</span>como se serena el agua en cántaro de barro),
+la frescura y el resplandor de la invención. Cantó
+del germinar de los elementos en las sombras
+primeras; de la majestad de Zeus; de los
+dioses y sus luchas sublimes; de los amores de
+las diosas y los hombres. Cantó de las tradiciones
+heroicas. Hércules y Teseo lidiando, en el
+amanecer del mundo, con monstruos y tiranos;
+la nave que busca el vellocino; Tebas y su estirpe
+fatídica... Mostró después la cólera de
+Aquiles, y a Héctor en los muros de Ilión; y
+luego, a Ulises errabundo, los encantamientos
+de Circe, y la castidad de Penélope. Todos escuchaban
+arrobados: Idomeneo, con la expresión
+del que contempla una imagen que evoca
+en él el recuerdo de otra más bella o más querida;
+Lucio, uno de sus tres compañeros, con gesto
+en que alternaban el embeleso y la angustia.—Este
+canto divino—dijo Lucio—me ha
+hecho sentir de nuevo la hermosura de los dioses
+que abandonamos. Conozco que mi fe ha sido
+herida de muerte por el poeta...—Tu fe era
+débil—contestó Idomeneo—; yo siento magnificada
+y victoriosa la mía; yo guardo para mí
+el dulzor del canto, y como se arroja la corteza
+de la almendra, desecho la vanidad de la
+ficción.</p>
+
+<p>Pero, insistiendo Lucio en su arrepentimiento,
+sólo siguieron viaje Idomeneo, Merión y
+<span class="pagenum" id="Page_55">[Pg 55]</span>Adimanto. A mitad de la jornada siguiente,
+atormentados por la sed, divisaron, no lejos del
+camino, el mirador de una alquería, y se dirigieron
+a ella. La casa estaba ceñida, en ancho
+espacio, por un huerto frondoso, que vides opulentas,
+enlazadas, por todas partes, a los árboles,
+adornaban con el oro de sus sazones. Cuando
+los viajeros llegaron, vieron que se preparaba
+en el huerto la vendimia. Ocupábanse unos
+en remover toneles y disponer para la obra el
+lagar. Otros afilaban, para segar los racimos,
+hoces que llenaban de desapacible música y de
+rojas chispas el aire. Un grupo de mujeres tejía
+los cuévanos y las cestas de mimbres para
+recogerlos. Por dondequiera reinaba la animación
+comunicativa con que se anuncia el trabajo
+preparado de buena voluntad; la animación
+que provoca el desasosiego del estímulo en los
+corazones y los brazos robustos.</p>
+
+<p>Satisfecha su sed, los viajeros hacían señal
+de despedirse, cuando el viñador preguntóles
+si querían quedarse aquella tarde y ayudar
+a las faenas, porque sus hombres eran pocos, y
+debía apresurar la vendimia, a fin de terminarla
+para el día que había indicado su señor.
+Agregó que hasta la otra mañana no vendrían,
+de los pueblos vecinos, los braceros que necesitaba,
+y que el tiempo que ganaría con el auxilio<span class="pagenum" id="Page_56">[Pg 56]</span>
+de los huéspedes sería bastante para evitar
+la demora y el castigo.</p>
+
+<p>Ellos, que no habían permanecido insensibles
+a la sana tentación del trabajo; que recordaron
+la parábola de los pocos obreros para la mucha
+mies, y que agradecían, además, la hospitalidad
+que habían recibido, accedieron, y puestos a la
+obra, no fueron avaros de sus fuerzas. Adimanto
+contribuyó a recolectar los racimos, Merión
+a transportarlos, Idomeneo a la faena del lagar.
+La jornada acabó con tal suma de adelanto, que
+el viñador, lleno de júbilo, abandonó sus temores.
+Empezó luego la fiesta con que se celebraba
+la vendimia, junto al báquico altar que descollaba
+en lo más alto del huerto, bajo brutesca
+arquitectura de ramas. Los vendimiadores fueron
+congregándose allí, mientras se distribuía,
+con prodigalidad, vino de anteriores cosechas.
+Cuando recibieron su parte, Idomeneo invitó a
+los suyos a beber, al modo de los festines eucarísticos.
+Apartándose de los demás algún espacio,
+levantaron las copas. En alto las miradas
+extáticas, invocaron el nombre del Señor. Y
+como dos zuritas, de las que acudían a picar en
+el suelo granos dispersos de la uva, cruzasen
+en aquel mismo instante sobre ellos: “¡Irene y
+Ágape!”—dijo con gracia mística el de Atenas—,
+recordando a las dos escanciadoras invisibles,
+mientras un rayo de sol inflamaba en las
+<span class="pagenum" id="Page_57">[Pg 57]</span>copas levantadas al aire el oro burbujante del
+vino...</p>
+
+<p>Poco después, siendo ya de noche, y en el deseo
+de estar de pie con la aurora, los tres amigos
+buscaron un rincón protegido por los árboles
+y se tendieron a dormir. Pero en los ojos
+de Merión, beocio que llevaba en el semblante
+los rasgos de la sensualidad, el vino había dejado
+un toque de luz cálida. Sentíase allí cerca
+la agitación del festejo que congregaba a los
+trabajadores en derredor del ara del dios. El
+circular de sarmientos encendidos pintaba de
+fuego las sombras de la noche. Por todas partes
+parecía vagar en libertad el alma del vino. En
+el viento, embriagado con las exhalaciones del
+lagar, venían risas, canciones y el resonar de
+rústicos instrumentos, que denunciaba alegres
+danzas. Merión, incorporándose, levantó su copa
+del suelo y se perdió con paso sigiloso en la
+sombra.</p>
+
+<p>Aún no se había disipado la fiesta cuando sus
+dos amigos saludaban de pie la bandera de la
+mañana, que les mostraba la dirección de su camino.
+No encontraron a Merión junto a ellos.—“¿Estás
+despierto, Merión?”. Tendido en tierra,
+desceñido, faunesco, coronado de pámpanos,
+como Dionysos joven a la sombra de las
+grutas de Nisa, el beocio les respondió, cuando
+<span class="pagenum" id="Page_58">[Pg 58]</span>le hallaron, alargándoles negligentemente su
+copa. Idomeneo y Adimanto partieron.</p>
+
+<p>Y ¿qué era en tanto de Agenor, el que desde
+la primera jornada se había adelantado en su
+impaciencia a los otros?... Agenor había llegado
+acaso al término del viaje, o tal vez seguía
+adelante, adelante, como en el ciego ímpetu
+de una fascinación.</p>
+
+<p>A poco andar, Adimanto e Idomeneo vieron
+abrirse ante su paso una hermosísima llanura,
+por donde el camino serpeaba con deliciosa volubilidad,
+como atraído a un tiempo por mil cosas.
+Blancas aldeas, rubias y onduladas mieses;
+tupidos bosques, a cuyos pies se deslizaba la
+corriente sosegada de un río, y en lo remoto, el
+mar azul y profundo. Caminaban absortos en
+la contemplación, cuando, percibiendo de cerca
+un aroma de manzanas silvestres, traspusieron,
+no sin esfuerzo, el natural vallado que orillaba
+el camino; y el soto más ameno, la más
+risueña espesura rústica que pueda imaginarse,
+apareció ante sus ojos y los envolvió en la
+fragancia de su aliento. Bajo la bóveda que extendían
+los árboles más altos tejía la vida una
+gloriosa urdimbre, entre la cual formaba caprichosos
+cambiantes con la sombra, la luz que descendía
+tenuemente velada. De aquí y de allá
+partían, buscando el corazón de la espesura,
+senderos estrechos y tortuosos, y no tardaban en
+<span class="pagenum" id="Page_59">[Pg 59]</span>oponerse a su paso las vigilantes zarzas y las
+hiedras cuajadas de corimbos. Los frutos todavía
+sujetos a la rama veíanse en tan gran copia
+como los que, ya desprendidos, yacían en el suelo
+y le alfombraban de tintes más obscuros que
+los que desparramaban los otros por el aire. A
+pesar del otoño, no escaseaban, junto a esta
+riqueza, galas más tempranas que el fruto. Y
+todo estaba virgen, radiante, como húmedo aún
+de la humedad del soplo creador. Fresco aposento
+de quién sabe qué divinidad esquiva, no
+había señales de haber tocado en aquel retiro
+planta humana. A medida que se internaban en
+lo espeso del soto, Idomeneo sentía cómo iba estrechándole
+el alma, dulcemente, el abrazo de
+la Naturaleza, y se abandonaba sin recelos a él.
+Admiraba, con la admiración que pone húmedos
+los ojos, todo cuanto le rodeaba; parecía
+beber con delicia en el ambiente; perdíase de
+intento allí donde formaban más hondo laberinto
+las frondas; tenía dulces palabras para las
+flores que le embalsamaban el camino; se detenía
+a grabar el signo de la cruz en la corteza de
+los árboles, como en el corazón de catecúmenos;
+recordaba, de los libros sagrados, el Paraíso
+y la tierra que mana leche y miel; los cedros
+del Líbano y las rosas de Jericó, y el fondo de
+imágenes campestres del Evangelio. Como en la
+copa donde se mezclan dos vinos para mitigar
+<span class="pagenum" id="Page_60">[Pg 60]</span>los humos del más fuerte, en él el entusiasmo, la
+embriaguez de la vida, cosa de su raza, que,
+sin él quererlo, subía de las raíces de su ser, se
+dulcificaba con el sabor de la fe nueva, con el
+recuerdo del Dios que también había sabido detenerse
+ante la gracia de un ave, de una colina
+o de una flor... Idomeneo bautizaba toda aquella
+hermosura al difundirse en ella por obra del
+amor, que identifica el alma y las cosas.</p>
+
+<p>Pasóse el tiempo en aquel vagar infantil y les
+sorprendió en la soledad del monte el crepúsculo.
+Sus sombras graves parecieron una reconvención
+a Adimanto. Cuando, a la mañana siguiente,
+Idomeneo recordó que sólo faltaba una
+jornada para terminar el viaje, y se echó al
+hombro el zurrón con renovado júbilo, Adimanto
+confesó tristemente que no se atrevía a
+ponerse en presencia del maestro... Pensaba
+que los recibiría con severidad por su tardanza,
+si es que ya no había partido a la llegada de
+Agenor; y a pesar de las instancias de su compañero,
+se despidió y marchó cabizbajo a desandar
+su camino.</p>
+
+<p>Idomeneo, solo ya, siguió adelante. No tardó
+en divisar, sobre la playa graciosamente enarcada,
+las casas blancas y risueñas de una ciudad
+marina, y las palmeras que la engalanaban
+agitándose con señas como de llamamiento, que
+le parecieron dirigidas a él. Inquirió, por los
+<span class="pagenum" id="Page_61">[Pg 61]</span>que hallaba a la puerta de alguna finca rústica
+o ejerciendo las labores del campo, si había pasado
+en aquella dirección Agenor, y conoció
+que sí cuando le describieron la prisa, como de
+quien huye; el gesto extático, que les habían admirado
+días antes en un extraño pasajero; su
+palidez, el cansancio inconsciente, o desdeñado,
+que revelaba, y la indiferencia con que proseguía,
+en medio a la curiosidad de los que se
+detenían a observarle.—¡Parecía un sonámbulo!—decían.</p>
+
+<p>Tal como estas noticias lo pintaban, Agenor
+había llegado al término del viaje en un solo
+impulso de deseo desde su partida, insensible
+a la fatiga de su cuerpo, insensible a los accidentes
+del camino, insensible al espectáculo de
+la Naturaleza. No bien llegó, cayó extenuado a
+las plantas del maestro, aunque, más feliz que
+el soldado de Maratón, no fué sin vida. Durante
+tres mañanas y tres tardes, maestro y discípulo
+consultaron, de lo más alto de la ciudad,
+como desde una atalaya, la dirección por donde
+esperaban ver venir a los otros, hasta que apareció
+Idomeneo, y por él supieron dolidos, mas
+no desalentados, la inutilidad de esperar más.
+Endimión puso a Agenor a su derecha, puso a
+su izquierda a Idomeneo, y entonando uno de
+los salmos que cantan la felicidad del caminante,
+marchó con ellos hacia el mar. Nubes extrañas<span class="pagenum" id="Page_62">[Pg 62]</span>
+fingían maravillosas rutas en el confín del
+horizonte. La vela de la nave que los conduciría
+palpitaba sobre las aguas turbias e inquietas,
+a modo de un gran corazón blanco...</p>
+
+<p>Y así, junto al maestro que representaba para
+ellos la verdad, inmunes de las tentaciones
+a que habían sucumbido los discípulos que, por
+veleidosos o cobardes, no continuaron el camino,
+partieron: Agenor, el entusiasmo rígido y
+austero, la sublime obsesión que corre arrebatada
+a su término, con ignorancia o desdén de
+lo demás; Idomeneo, la convicción amplia, graciosa
+y expansiva, dueña de sí para corresponder,
+sin mengua de su fidelidad inquebrantable,
+al reclamo de las cosas; el convertido de Atenas,
+que de paso para su vocación, supo atender
+a las voces con que lo solicitaron la caridad,
+el arte, el trabajo, la Naturaleza, y que de las
+impresiones recogidas en lo vario del mundo
+formaba, alrededor del sueño grande de su alma,
+un cortejo de ideas...</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_63">[Pg 63]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ <em class="gesperrt">HYLAS</em>
+ </h2>
+</div>
+
+
+<p>Hylas, efebo de la edad heroica, acompañaba
+a Hércules en la expedición de los
+Argonautas. Llegadas las naves frente a
+las costas de la Misia, Hylas bajó a tierra para
+traer a sus camaradas agua que beber: En el
+corazón de un fresco bosque halló una fuente
+calma y límpida. Se inclinó sobre ella, y aún no
+había hecho ademán de sumergir bajo el cristal
+de las aguas la urna que llevaba en la mano,
+cuando graciosas ninfas surgieron, rasgando
+el seno de la onda y le arrebataron prisionero
+de amor, a su encantada vivienda. Los
+compañeros de Hylas bajaron a buscarle, así
+que advirtieron su tardanza. Llamándole, recorrieron
+la costa y fatigaron vanamente los
+ecos. Hylas no parecía; las naves prosiguieron
+con rumbo al país del áureo vellocino. Desde entonces
+fué uso en los habitantes de la comarca
+donde quedó el cautivo de amor, salir a llamarle
+al comienzo de cada primavera, por los bosques
+y prados. Cuando apuntaban las flores primerizas,
+cuando el viento empezaba a ser tibio<span class="pagenum" id="Page_64">[Pg 64]</span>
+y dulce, la juventud lozana se dispersaba,
+vibrante de emoción, por los contornos de Prusium.
+¡Hylas! ¡Hylas! clamaba. Ágiles pasos
+violaban misterios de las frondas; por las suaves
+colinas trepaban grupos sonoros; la playa
+se orlaba de mozos y doncellas. ¡Hylas! ¡Hylas!
+repetía el eco en mil partes, y la sangre
+ferviente coloreaba las risueñas mejillas y los
+pechos palpitaban de cansancio y de júbilo, y
+las curvas de tanta alegre carrera eran como
+guirnaldas trenzadas sobre el campo. Con el
+morir del sol, acababa, sin fruto, la pesquisa.
+Pero la nueva primavera convocaba otra vez a
+la búsqueda del hermoso argonauta. El tiempo
+enflaquecía las voces que habían sonado
+briosa y entonadamente; inhabilitaba los cuerpos
+antes ágiles para correr los prados y los
+bosques, generaciones nuevas entregaban el
+nombre legendario al viento primaveral: ¡Hylas!
+¡Hylas! Vano clamor que nunca tuvo respuesta.
+Hylas no pareció jamás. Pero de generación
+en generación se ejercitaba en el bello
+simulacro la fuerza joven; la alegría del campo
+florecido penetraba en las almas, y cada día
+de esta fiesta ideal se reanimaba con el candor
+que quedaba aún no marchito, una inquietud
+sagrada: la esperanza de una venida milagrosa.</p>
+
+<p>Mientras Grecia vivió, el gran clamor flotó
+<span class="pagenum" id="Page_65">[Pg 65]</span>una vez por año en el viento de la primavera
+¡Hylas! ¡Hylas!</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Exista el Hylas perdido a quien buscar, en
+el campo de cada humano espíritu; viva Hylas
+para cada uno de nosotros. Pongamos que él
+no haya de parecer jamás: ¿qué importa, si el
+sólo afán de buscarle es ya sazón y estímulo
+con que se mantiene el halago de la vida?</p>
+
+<p>Un supremo objeto para los movimientos de
+nuestra voluntad; una singular preferencia en
+el centro de nuestro corazón; una idea soberana
+en la cúspide de nuestro pensamiento...;
+no a modo de celosas y suspicaces potestades,
+sino de sueños hospitalarios y benévolos, a cuyo
+lado haya lugar para otras manifestaciones
+de la vida que las que ellos tienen de inmediato
+bajo su jurisdicción; aunque, indirecta y delicadamente,
+a todas las penetren de su influjo
+y las usen para sus fines.</p>
+
+<p>Ya por el moroso Idomeneo supimos cómo
+la perseverancia en una alta idealidad, cómo
+el fervor de un gran designio, puede hermanarse
+con un tierno interés por las demás cosas
+bellas y buenas que abarca la extensión
+infinita del mundo.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum"><a id="Page_66"></a><a id="Page_67"></a>[Pg 67]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ LA DESPEDIDA DE GORGIAS
+ </h2>
+</div>
+
+
+<p>Ésos que están sentados a una mesa donde
+hay flores y ánforas de vino, y que preside
+un viejo hermoso y sereno como un
+dios; ésos que beben, mas no dan muestra de
+contento; ésos que suelen levantarse a consultar
+la altura del sol, y a veces se enjugan
+una lágrima, son los discípulos de Gorgias.
+Gorgias ha enseñado, en la ciudad que fué su
+cuna, nueva filosofía. La delación, la suspicacia,
+han hecho que ella ofenda y alarme a los
+poderosos. Gorgias va a morir. Se le ha dado
+a escoger el género de muerte, y él ha escogido
+la de Sócrates. A la hora de entrarse el sol
+ha de beber la cicuta: aún tiene vida por dos
+más, y él las pasa en serenidad sublime, rector
+de melancólica fiesta, donde las flores acarician
+los ojos de los convidados, que el pensamiento
+enciende con luz íntima, y un vino suave
+difunde el soplo para el brindis postrero.
+Gorgias dijo a sus discípulos: “Mi vida es una
+guirnalda a la que vamos a ajustar la última
+rosa”.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_68">[Pg 68]</span></p>
+
+<p>Esta vez, el placer de filosofar con gracia,
+que es propio de almas exquisitas, se realzaba
+con una desusada unción. “Maestro—dijo
+uno—nunca podrá haber olvido en nosotros,
+para ti ni para tu doctrina”. Otro
+añadió:—“Antes morir que negar cosa salida
+de tus labios”. Y cundiendo este sentimiento,
+hubo un tercero que propuso:—“Jurémosle
+ser fieles a cada una de sus palabras, a
+cuanto esté virtualmente contenido en cada
+una de sus palabras; fieles ante los hombres
+y en la intimidad de nuestra conciencia; ¡siempre
+e invariablemente fieles!”... Gorgias preguntó
+al que había hablado de tal modo:—“¿Sabes,
+Lucio, lo que es jurar en vano?”—“Lo
+sé—repuso el joven—; pero siento firme
+el fundamento de nuestra convicción, y no dudo
+de que debamos consolar tu última hora
+con la promesa que más dulce puede ser a tu
+alma”.</p>
+
+<p>Entonces Gorgias comenzó a decir de esta
+manera:</p>
+
+<p>—¡Lucio! Oye una anécdota de mi niñez.
+Cuando yo era niño, mi madre se complacía
+tanto en mi bondad, en mi hermosura, y sobre
+todo en el amor con que yo pagaba su amor,
+que no podía pensar sin honda pena en que mi
+niñez y toda aquella dicha pasaran. Mil y mil
+veces la oía repetir: “¡Cuánto diera yo por
+<span class="pagenum" id="Page_69">[Pg 69]</span>que nunca dejases de ser niño!...”. Se anticipaba
+a llorar la pérdida de mi dulce felicidad, de
+mi bondad candorosa, de aquella belleza como
+de flor o de pájaro, de aquel amor único,
+merced al cual sólo ella existía en la tierra para
+mí. No se resignaba a la idea de la obra
+ineluctable del Tiempo, bárbaro numen que
+pondría la mano sobre tanto frágil y divino
+bien, y desharía la forma delicada y graciosa,
+y amargaría el sabor de la vida, y traería la
+culpa allí donde estaba la inocencia sin mácula.
+Menos aún se avenía con la imagen de una
+mujer futura, pero cierta, que acaso había
+de darme penas del alma en pago de amor. Y
+tornaba al pertinaz deseo: “¡Cuánto daría
+porque nunca, nunca dejases de ser niño!...”.
+Cierta ocasión oyóla una mujer de Tesalia,
+que pretendía entender de ensalmos y hechizos,
+y le indicó un medio de lograr anhelo tan
+irrealizable dentro de los comunes términos
+de la Naturaleza. Diciendo cierta fórmula mágica,
+había de poner sobre mi corazón, todos
+los días, el corazón de una paloma, tibio y mal
+desangrado aún, que sería esponja con que se
+borraría cada huella del tiempo; y en mi frente
+pondría la flor del íride silvestre, oprimiéndola
+hasta que soltase del todo su humedad,
+con lo que se mantendría mi pensamiento limpio
+y puro. Dueña del precioso secreto, volvió
+<span class="pagenum" id="Page_70">[Pg 70]</span>mi madre con determinación de ponerlo al
+punto por obra. Y aquella noche tuvo un sueño.
+Soñó que procedía tal como le había sido
+prescripto; que transcurrían muchos años; que
+mi niñez permanecía en un ser; y que favorecida
+ella misma con el don de alcanzar una ancianidad
+extrema, se extasiaba en la contemplación
+de mi ventura inalterable, de mi belleza
+intacta, de mi pureza impoluta... Luego,
+en su sueño, llegó un día en que ya no halló,
+para traer a casa, ni una flor de íride, ni
+un corazón de paloma. Y al despertarse y acudir
+a mí, la mañana siguiente, vió en lugar
+mío, un hombre viejo ya, adusto y abatido;
+todo en él revelaba una ansia insaciable; nada
+había de noble ni grande en su apariencia,
+y en su mirada vibraban relámpagos de desesperación
+y de odio. “¡Mujer malvada!—le oyó
+clamar, dirigiéndose a ella con airado gesto—,
+me has robado la vida, por egoísmo feroz, dándome
+en cambio una felicidad indigna, que
+es la máscara con que disfrazas a tus propios
+ojos tu crimen espantable... Has convertido en
+vil juguete mi alma. Me has sacrificado a un
+necio antojo. Me has privado de la acción, que
+ennoblece; del pensamiento, que ilumina; del
+amor, que fecunda... ¡Vuélveme lo que me
+has quitado! Mas ya no es hora de que me lo
+vuelvas, porque este mismo es el día en que la
+<span class="pagenum" id="Page_71">[Pg 71]</span>ley natural prefijó el término de mi vida, que
+tú has disipado en una miserable ficción, y
+ahora voy a morir, sin tiempo más que para
+abominarte y maldecirte”. Aquí terminó el
+sueño de mi madre. Ella, desde que lo tuvo,
+dejó de deplorar la fugacidad de mi niñez. Si
+yo aceptara el juramento que propones, ¡oh
+Lucio! olvidaría la moral de mi parábola, que
+va contra el absolutismo del dogma revelado
+de una vez para siempre; contra la fe que no
+admite vuelo ulterior al horizonte que desde
+el primer instante nos muestra. Mi filosofía no
+es religión que tome al hombre en el albor de
+la niñez, y con la fe que le infunde, aspire a
+adueñarse de su vida, eternizando en él la condición
+de la infancia, como mi madre antes de
+ser desengañada por su sueño. Yo os fuí maestro
+de amor: yo he procurado daros el amor de
+la verdad; no la verdad, que es infinita. Seguid
+buscándola y renovándola vosotros, como
+el pescador que tiende uno y otro día su
+red, sin mira de agotar al mar su tesoro. Mi
+filosofía ha sido madre para vuestra conciencia,
+madre para vuestra razón. Ella no cierra
+el círculo de vuestro pensamiento. La verdad
+que os haya dado con ella no os cuesta esfuerzo,
+comparación, elección: sometimiento
+libre y responsable del juicio, como os costará
+la que por vosotros mismos adquiráis, desde<span class="pagenum" id="Page_72">[Pg 72]</span>
+el punto en que comencéis realmente a vivir.
+Así, el amor de la madre no le ganamos
+con los méritos propios: él es gracia que nos
+hace la Naturaleza. Pero luego otro amor sobreviene,
+según el orden natural de la vida;
+y el amor de la novia, éste sí, hemos de conquistarlo
+nosotros. Buscad nuevo amor, nueva
+verdad. No se os importe si ella os conduce
+a ser infieles con algo que hayáis oído de
+mis labios. Quedad fieles a mí, amad mi recuerdo
+en cuanto sea una evocación de mí mismo,
+viva y real, emanación de mi persona, perfume
+de mi alma en el afecto que os tuve; pero
+mi doctrina no la améis sino mientras no
+se haya inventado para la verdad fanal más
+diáfano. Las ideas llegan a ser cárcel también,
+como la letra. Ellas vuelan sobre las leyes y
+las fórmulas; pero hay algo que vuela aún más
+que las ideas, y es el espíritu de vida que sopla
+en dirección a la Verdad...</p>
+
+<p>Luego, tras breve pausa, añadió:</p>
+
+<p>—Tú, Leucipo, el más empapado en el espíritu
+de mi enseñanza: ¿qué piensas tú de todo
+esto? Y ya que la hora se aproxima, porque
+la luz se va y el ruido del mundo se adormece:
+¿por quién será nuestra postrera libación?
+¿por quién este destello de ámbar que queda
+en el fondo de las copas?...</p>
+
+<p>—Será, pues,—dijo Leucipo—, por quien,
+<span class="pagenum" id="Page_73">[Pg 73]</span>desde el primer sol que no has de ver, nos dé
+la verdad, la luz, el camino; por quien desvanezca
+las dudas que dejas en la sombra; por
+quien ponga el pie delante de tu última huella,
+y la frente aun más en lo claro y espacioso
+que tú; por tus discípulos, si alcanzamos a
+tanto, o alguno de nosotros, o un ajeno mentor
+que nos seduzca con libro, plática o ejemplo.
+Y si mostrarnos el error que hayas mezclado
+a la verdad, si hacer sonar en falso una
+palabra tuya, si ver donde no viste, hemos de
+entender que sea vencerte: Maestro, ¡por
+quien te venza, con honor, en nosotros!</p>
+
+<p>—¡Por ése!—dijo Gorgias; y mantenida en
+alto la copa, sintiendo ya al verdugo que venía,
+mientras una claridad augusta amanecía
+en su semblante, repitió—: ¡Por quien me venza
+con honor en vosotros!</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Desventurado el maestro a quien repugne
+anunciar, como el Bautista, al que vendrá después
+de él, y no diga: <em>“Él debe crecer; yo ser
+disminuido”</em>. Funda dogmas inmutables aquél
+que viene a poner yugo y marca de fuego, de
+las que allí donde una vez se estampan, se sustituyen
+por siempre al aspecto de naturaleza;
+no los funda quien es enviado a traer vida, luz
+y nueva alma.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_74">[Pg 74]</span></p>
+
+<p>La palabra de Cristo, así como anunció la
+preeminencia del sentido interno y del espíritu
+sobre la letra, la devoción y la costumbre,
+dejó también, aun refiriéndose a lo que es espíritu
+y substancia, el reconocimiento de su
+propia relatividad, de su propia limitación, no
+menos cierta (como, en lo material, la del mar
+y la montaña), por su grandeza sublime; el reconocimiento
+de la lontananza de verdad que
+quedaba fuera de su doctrina declarada y concreta,
+aunque no toda quedase fuera de su alcance
+potencial o virtual, de las posibilidades
+de su desenvolvimiento, de su capacidad de
+adaptación y sugestión.</p>
+
+<p>Éste es el significado imperecedero de aquellas
+hondas palabras de la Escritura, que Montano
+levantó por lábaro de su herejía: “Aún
+tendría otras cosas que enseñaros, mas no podríais
+llevarlas”. Vale decir: “No está toda la
+verdad en lo que os digo, sino sólo la suma de
+verdad que podéis comportar”.</p>
+
+<p>Así, contra la quietud estéril del dogma,
+contra la soberbia de la sabiduría amortajada
+en una fórmula eterna, la palabra de Cristo
+salvó el interés y la libertad del pensamiento
+de los hombres por venir; salvó la inviolabilidad
+del misterio reservado para campo del
+esfuerzo nuestro, en las porfías de la contradicción,
+en los anhelos de la duda, sin los cuales<span class="pagenum" id="Page_75">[Pg 75]</span>
+la actividad del pensamiento, sal del vivir
+humano, fuera, si lo decimos también con
+palabras evangélicas, “como la sal que se tornara
+desabrida”.</p>
+
+<p><em>Aún tendría otras cosas que enseñaros, mas
+ahora no podríais llevarlas</em>, significa, lo mismo
+en lo que es aplicable a la conciencia de la
+humanidad que en lo que se refiere a la del individuo:
+no hay término final en el descubrimiento
+de lo verdadero, no hay revelación una,
+cerrada y absoluta; sino cadena de revelaciones,
+revelación por boca del Tiempo, dilatación
+constante y progresiva del alma, según
+sus merecimientos y sus bríos, en el seno de la
+infinita verdad.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum"><a id="Page_76"></a><a id="Page_77"></a>[Pg 77]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ LUCRECIA Y EL MAGO
+ </h2>
+</div>
+
+
+<p>Artemio, corregidor de la Augostólida de
+Egipto, en tiempo que elegirás dentro
+del crepúsculo de Roma, era neófito
+cristiano. A la sombra de su severa ancianidad
+vivía, en condición de pupila, Lucrecia, cuyo
+padre, muerto cuando ella estaba en la niñez,
+había sido conmilitón y amigo de Artemio. No
+defraudaba esta Lucrecia el esplendor de tal
+nombre. Antes se le adelantaba por la calidad
+de una virtud tan cándida, igual y primorosa,
+que tenía visos y reflejos de beatitud. Un día
+llegó a casa de Artemio un religioso de algún
+culto oriental: bramino, astrólogo, o quizás
+mago caldeo, de los que por el mundo romano
+vagaban añadiendo a su primitivo saber,
+retazos de la helénica cultura y profesando
+artes de adivinación y encantamiento. El corregidor
+le recibió de buen grado; la religiosidad
+de estos cristianos de Oriente solía darse
+la mano con la afición a cosas de hechicería.
+Oyendo decir al mago que, entre las capacidades
+de su ciencia, estaba la de poner de manifiesto<span class="pagenum" id="Page_78">[Pg 78]</span>
+lo que las almas encerraban en su
+centro y raíz más apartados de la sospecha común,
+Artemio hizo comparecer a Lucrecia,
+movido del deseo de saber qué prodigiosa
+forma tomaba, en lo radical y más denso de
+su espíritu, la esencia de su raro candor. El
+mago declaró que sólo precisaba una copa que
+ella colmase de agua por su propia mano, y
+que bajo la diafanidad del agua vería pintarse,
+como en limpio espejo, el alma de Lucrecia.
+“Veamos—dijo Artemio—qué estrella de inocente
+fulgor, qué cristalino manantial, qué
+manso cordero ocupa el fondo de esta alma...”.
+Fué traída la copa, que Lucrecia llenó de
+agua hasta los bordes, y hecho esto, el mago
+concentró en la copa la mirada, y la doncella
+y su tutor anhelaron oir lo que decía. “En
+primer término—empezó—, veo, como en todas
+las almas que he calado con esta segunda
+vista de mis ojos, una sima o abismo comparable
+a los que estrechan el paso del viajero en
+los caminos de las montañas ásperas. Y allá,
+en lo hondo, en lo hondo...”. Interrumpióse
+vacilando, un momento.—“¿Lo digo?”, preguntó
+después. Y como Artemio inclinase la
+cabeza:—“Pues lo que veo—continuó—en las
+profundidades de ese abismo es una alegre,
+briosa y resplandeciente cortesana. Está acostada
+bajo alto pabellón de los de Tiro, y duerme.<span class="pagenum" id="Page_79">[Pg 79]</span>
+Viste toda de púrpura, con el desceñimiento
+y transparencia que, más que la propia desnudez,
+sirven de dardo a la provocación. Un
+fuego de voluptuosidad se desborda de sus
+ojos, velados por el sueño, y enciende en las
+comisuras de los labios como dos llamas, entre
+las que se abre la más divina e infernal sonrisa
+que he visto. La cabeza reposa sobre uno
+de los brazos desnudos. El otro sube en abandono,
+todo entrelazado de ajorcas que figuran
+víboras ondeantes, y entre el pulgar y el índice
+alza una peladilla de arroyo, sangrienta de
+color, que es de los signos de Afrodita. Esto
+es lo que esta alma tiene en lo virtual, en lo
+expectante, en lo que es sin ser aún; en fin,
+Artemio, en la sombra de que quisiste saber
+por artes mías...”—“¡Vil impostor!—gimió
+en esto Lucrecia, llenos de lágrimas los ojos—.
+¿Tu ciencia es ésa? ¿tu habilidad es infamia?
+Traigan una brasa de fuego con que probar si
+pasa por mis labios palabra que no sea de verdad,
+y óiganme decir si anida en mí intención
+o sentimiento que guarde relación con la imagen
+que pretende haber visto dentro de mi espíritu!”—“Calla,
+pobre Lucrecia—, argüyó el
+mago—; ¿acaso es menester que tú lo sepas?
+Tú dices verdad y yo también”.—“¿Justo será
+entonces—dijo Artemio—menospreciar las
+promesas que nos cautivan y preparar nuestro
+<span class="pagenum" id="Page_80">[Pg 80]</span>ánimo a la decepción?”—“No pienso como tú—replicó
+el mago—; ¿quién te asegura que la
+cortesana despierte?”—“Digo por si despierta”—añadió
+Artemio—. “Señor—repuso el
+mago—, yo te concedo que eso pase; pero yo vi
+también en el fondo del alma de esta hetaira
+dormida que está en el fondo del alma de Lucrecia,
+y vi otro abismo, y en el seno del abismo una
+luz, y como envuelta y suspendida en la luz
+una criatura suavísima, por la que el ampo de la
+nieve se holgara en trocarse, según es de blanca.
+Junto a esta dea, mujer sin sexo, puro espíritu,
+juzgarías sombra el resplandor de la
+virtud de Lucrecia, y como la cortesana en tu
+pupila, ella, en la cortesana, duerme...”. “—Infiero
+de ahí—dijo el corregidor—que aun con
+el despertar de la cortesana, ¿podrían resucitar
+sahumadas nuestras esperanzas en Lucrecia?
+Demos gracias a Dios, ya que en el extravío
+de su virtud hallamos el camino de su
+santidad”.—“Sí—volvió a decir el mago—;
+pero no olvides que, como en las otras, hay en
+el alma de esa forma angélica un abismo al
+cual puedo yo asomarme”.—“Y ¿quién—preguntó
+Artemio—es la durmiente de ese abismo?”—“Te
+lo diría—opuso el mago—si fuera
+bien mostrar a los ojos de Lucrecia una
+pintura de abominación. Piensa en la escena
+de la Pasifae corintia de Lucio; piensa en mujer<span class="pagenum" id="Page_81">[Pg 81]</span>
+tal que para con ella la primera cortesana
+sea, en grado de virtud, lo que para con la primera
+cortesana es Lucrecia”.—“¡Me abismas—prorrumpió
+Artemio—en un mar de confusiones!
+¿Qué extraña criatura es ésta que la amistad
+confió en mis manos?”...—“Cesa en tu
+asombro—dijo, finalmente, el mago, acudiendo
+a reanimar a Lucrecia, que permanecía sumida
+en doloroso estupor—: ella no es ser extraordinario,
+ni las que has visto por mis ojos son
+cosas que tengan nada de sobrenatural o peregrino.
+Con cien malvados, que durmieron
+siempre en lo escondido de su ser, subió a la
+gloria cada bienaventurado, y con cien justos,
+que no despertaron nunca, en lo hondo de
+sí mismo, bajó a su condenación cada réprobo.
+Artemio, nunca estimules la seguridad en
+el justo, la desconfianza en el caído: todos tienen
+huéspedes, que no se les parecen en lo
+oculto del alma. Veces hay en que el bien consiste
+en procurar que despierte alguno de esos
+huéspedes; pero las hay también (y esto te importa)
+en que turbar su sueño fuera temeridad
+o riesgo inútil. El sueño vive en un ambiente
+silencioso; la inocencia es el silencio del
+alma: ¡haya silencio en el corazón de Lucrecia!...”.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum"><a id="Page_82"></a><a id="Page_83"></a>[Pg 83]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ LA PAMPA DE GRANITO
+ </h2>
+</div>
+
+
+<p>Era una inmensa pampa de granito; su
+color, gris; en su llaneza, ni una arruga;
+triste y desierta; triste y fría; bajo
+un cielo de indiferencia, bajo un cielo de plomo.
+Y sobre la pampa estaba un viejo gigantesco;
+enjuto, lívido, sin barbas; estaba un
+gigantesco viejo de pie, erguido como un árbol
+desnudo. Y eran fríos los ojos de este hombre,
+como aquella pampa y aquel cielo; y su nariz,
+tajante y dura como una segur; y sus
+músculos, recios como el mismo suelo de granito;
+y sus labios no abultaban más que el filo
+de una espada. Y junto al viejo había tres
+niños ateridos, flacos, miserables: tres pobres
+niños que temblaban, junto al viejo indiferente
+e imperioso, como el genio de aquella pampa
+de granito. El viejo tenía en la palma de
+una mano una simiente menuda. En su otra
+mano, el índice extendido parecía oprimir en
+el vacío del aire como en cosa de bronce. Y he
+aquí que tomó por el flojo pescuezo a uno de
+los niños, y le mostró en la palma de la mano
+<span class="pagenum" id="Page_84">[Pg 84]</span>la simiente, y con voz comparable al silbo helado
+de una ráfaga, le dijo: “Abre un hueco
+para esta simiente”; y luego soltó el cuerpo
+trémulo del niño, que cayó, sonando como un
+saco mediado de guijarros, sobre la pampa de
+granito.</p>
+
+<p>—“Padre—sollozó él—¿cómo le podré abrir
+si todo este suelo es raso y duro?”—“Muérdelo”,
+contestó con el silbo helado de la ráfaga;
+y levantó uno de sus pies, y lo puso sobre
+el pescuezo lánguido del niño; y los dientes del
+triste sonaban rozando la corteza de la roca,
+como el cuchillo en la piedra de afilar; y así
+pasó mucho tiempo, mucho tiempo; tanto que
+el niño tenía abierta en la roca una cavidad
+no menor que el cóncavo de un cráneo; pero
+roía, roía siempre, con un gemido de estertor;
+roía el pobre niño bajo la planta del viejo indiferente
+e inmutable, como la pampa de granito.</p>
+
+<p>Cuando el hueco llegó a ser lo hondo que se
+precisaba, el viejo levantó la planta opresora;
+y quien hubiera estado allí hubiese visto entonces
+una cosa aún más triste, y es que el niño,
+sin haber dejado de serlo, tenía la cabeza
+blanca de canas; y apartóle el viejo con el pie,
+levantó al segundo niño, que había mirado
+temblando todo aquello.—“Junta tierra para
+la simiente”—le dijo.—“Padre—preguntóle
+<span class="pagenum" id="Page_85">[Pg 85]</span>el cuitado—¿en dónde hay tierra?”—“La hay
+en el viento; recógela”, repuso; y con el pulgar
+y el índice abrió las mandíbulas miserables
+del niño; y le tuvo así contra la dirección del
+viento que soplaba, y en la lengua y en las
+fauces jadeantes se reunía el flotante polvo
+del viento, que luego el niño vomitaba, como limo
+precario; y pasó mucho tiempo, mucho
+tiempo, y ni impaciencia, ni anhelo, ni piedad,
+mostraba el viejo indiferente e inmutable
+sobre la pampa de granito.</p>
+
+<p>Cuando la cavidad de piedra fué colmada,
+el viejo echó en ella la simiente, y arrojó al niño
+de sí, como se arroja una cáscara sin jugo,
+y no vió que el dolor había pintado la infantil
+cabeza de blanco; y luego levantó al último
+de los pequeños, y le dijo, señalándole la
+simiente enterrada:—“Has de regar esa simiente”;
+y como él le preguntase, todo trémulo
+de angustia:—“Padre, ¿en dónde hay
+agua?”—“Llora; la hay en tus ojos”, contestó;
+y le torció las manos débiles, y en los
+ojos del niño rompió entonces abundosa vena
+de llanto, y el polvo sediento la bebía; y este
+llanto duró mucho tiempo, mucho tiempo, porque
+para exprimir los lagrimales cansados estaba
+el viejo indiferente e inmutable, de pie
+sobre la pampa de granito.</p>
+
+<p>Las lágrimas corrían en un arroyo quejumbroso<span class="pagenum" id="Page_86">[Pg 86]</span>
+tocando el círculo de tierra; y la simiente
+asomó sobre el haz de la tierra como un punto;
+y luego echó fuera el tallo incipiente, las
+primeras hojuelas; y mientras el niño lloraba,
+el árbol nuevo criaba ramas y hojas, y en
+todo esto pasó mucho tiempo, mucho tiempo,
+hasta que el árbol tuvo tronco robusto, y copa
+anchurosa, y follaje, y flores que aromaron el
+aire, y descolló en la soledad; descolló el árbol,
+aún más alto que el viejo indiferente e
+inmutable, sobre la pampa de granito.</p>
+
+<p>El viento hacía sonar las hojas del árbol, y
+las aves del cielo vinieron a anidar en su copa,
+y sus flores se cuajaron en frutos; y el viejo
+soltó entonces al niño, que dejó de llorar,
+toda blanca la cabeza de canas; y los tres niños
+tendieron las manos ávidas a la fruta del
+árbol; pero el flaco gigante los tomó, como cachorros,
+del pescuezo, y arrancó una semilla, y
+fué a situarse con ellos en cercano punto de
+la roca, y levantando uno de sus pies juntó los
+dientes del primer niño con el suelo; juntó de
+nuevo con el suelo los dientes del niño, que
+sonaron bajo la planta del viejo indiferente e
+inmutable, erguido, inmenso, silencioso, sobre
+la pampa de granito.</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Esa desolada pampa es nuestra vida, y ese
+inexorable espectro es el poder de nuestra voluntad,<span class="pagenum" id="Page_87">[Pg 87]</span>
+y esos trémulos niños son nuestras entrañas,
+nuestras facultades y nuestras potencias,
+de cuya debilidad y desamparo la voluntad
+arranca la energía todopoderosa que subyuga
+al mundo y rompe las sombras de lo arcano.</p>
+
+<p>Un puñado de polvo, suspendido por un soplo
+efímero sobre el haz de la tierra, para volver,
+cuando el soplo acaba, a caer y disiparse
+en ella; un puñado de polvo: una débil y transitoria
+criatura, lleva dentro de sí la potencia
+<em>original</em>, la potencia emancipada y realenga,
+que no está presente ni en los encrespamientos
+de la mar, ni en la gravitación de la montaña,
+ni en el girar de los orbes; un puñado de
+polvo puede mirar a lo alto, y dirigiéndose al
+misterioso principio de las cosas, decirle:—“Si
+existes como fuerza libre y consciente de tus
+obras, eres como yo, una Voluntad: soy de tu
+raza, soy tu semejante; y si sólo existes como
+fuerza ciega y fatal, si el universo es una patrulla
+de esclavos que rondan en el espacio infinito
+teniendo por amo una sombra que se ignora
+a sí misma, entonces yo valgo mucho más
+que tú; y el nombre que te puse, devuélvemelo,
+porque no hay en la tierra ni en el cielo
+nada más grande que yo!”.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum"><a id="Page_88"></a><a id="Page_89"></a>[Pg 89]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ SUEÑO DE NOCHEBUENA
+ </h2>
+</div>
+
+
+<p>En Nochebuena era el soñar despierto,
+girando la mariposa interior en torno a
+la imagen de luz pura, que ya aparecía,
+infantil, en el regazo de la Madre; ya a
+márgenes del lago o sobre el monte, con sus
+rubias guedejas de león manso; ya trágica y
+sublime, entre los brazos de la Cruz. Mi imaginación
+era invencionera; la fe le daba alas.
+Cuentos, leyendas, ficciones de color de rosa
+nacían de aquel soñar. Una recuerdo. No sabría
+reproducirla con su tono, con el metal de voz
+de la fantasía balbuciente. Será una idea de
+niño dicha con acento de hombre; será un verso
+de poeta que ha pasado por manos de traductor.</p>
+
+<p>Era en la soledad de los campos, una noche
+de invierno. Nevaba. Sobre lo alto de una
+loma, toda blanca y desnuda, se aparecía una
+forma, blanca también, como de caminante cubierto
+de nieve. En derredor de esta forma
+flotaba una claridad que venía, no de la luz
+<span class="pagenum" id="Page_90">[Pg 90]</span>de una linterna, sino del nimbo de una frente.
+El caminante era Jesús.</p>
+
+<p>Allá donde se eriza el suelo de ásperas rocas,
+un bulto negro se agita. Jesús marcha hacia
+él; él viene, como receloso, a su encuentro.
+A medida que el resplandor divino lo alumbra,
+se define la figura de un lobo, en cuyo
+cuerpo escuálido y en cuyos ojos de siniestro
+brillo está impresa el ansia del hambre. Avanzan;
+párase el lobo al borde de una roca, ya a
+pocos palmos del Señor, que también se detiene
+y le mira. La actitud dulce, indefensa, reanima
+el ímpetu del lobo. Tiende éste el descarnado
+hocico y aviva el fuego de sus ojos famélicos;
+ya arranca el cuerpo de sobre la roca...
+ya se abalanza a la presa... ya es suya...,
+cuando Él, con una sonrisa que filtra
+a través de su inefable suavidad la palabra:</p>
+
+<p>—Soy yo—, le dice.</p>
+
+<p>Y el lobo, que lo oye en el rapidísimo espacio
+de atravesar el aire para caer sobre él, en
+el mismo rapidísimo espacio muda maravillosamente
+de apariencia: se transfigura, se deshace,
+se precipita en lluvia de blancas y fragantes
+flores. A los pies de Jesús, entre la nieve,
+las flores forman como una nube mística,
+sobre la que el divino cuerpo flotara. Y todo
+mi afán de poeta consistía, en que se entendiese
+que no fué voluntad del sagrado caminante,<span class="pagenum" id="Page_91">[Pg 91]</span>
+ni intervención de lo alto, lo que movió
+la transformación milagrosa, sino que fué virtud
+del propio sentir del lobo espantado, loco,
+al reconocer a quien iba a destrozar con sus
+dientes: virtud en que arrepentimiento, dolor,
+vergüenza, ternura, adoración, se aunaron como
+en un fuego de rayo, y derritieron las entrañas
+feroces, y las refundieron en aquella
+forma dulcísima, todo ello, mientras declinaba
+la curva del salto, que tuvo por arranque la
+intención de hacer daño... Agregaba mi cuento
+que el Señor, mirando a las flores que a sus
+plantas había, hizo sonar los dedos como quien
+llama a un animal doméstico. Entonces, de bajo
+el manto de flores se levantó, cual si despertara,
+un perro grande, fuerte y de mirada
+noble y dulce, de la casta de aquéllos que en
+las sendas del monte San Bernardo van en socorro
+del viajero perdido.</p>
+
+<p>Algunas veces asocio al recuerdo de mi ficción
+candorosa la idea de esas súbitas conversiones
+de la voluntad, que, por la devoradora virtud de
+una emoción instantánea, consumen y disipan
+para siempre la endurecida broza de la naturaleza
+o la costumbre: Pablo de Tharsos herido
+por el fuego del cielo, Raimundo Lulio develando
+el ulcerado pecho de su Blanca, o el Duque
+de Gandía frente a la inanimada belleza
+de la Emperatriz Isabel.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum"><a id="Page_92"></a><a id="Page_93"></a>[Pg 93]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ EL LEÓN Y LA LÁGRIMA
+ </h2>
+</div>
+
+
+<p>El phytónico Astiages, proscrito por tiranos
+cuya ruina predijo, vivía, ciego y
+caduco, en la soledad de unas montañas
+riscosas. Le acompañaban y valían, una
+hija, dulce y hermosa criatura, y un león, adicto
+con fidelidad salvaje al viejo mago, desde
+que éste, hallándole pasado de una saeta
+en el desierto, le puso el bálsamo en la herida.</p>
+
+<p>De la hija del mago decía la fama una singularidad
+que era sobrenatural privilegio:
+contaban que en lo hondo de sus ojos serenos,
+si se les miraba de cerca, en la sombra de la
+noche, veíase, en puntual aunque abreviado
+reflejo, el firmamento estrellado, y aún cierta
+luz, ulterior al firmamento visible, que era lo
+más misterioso y sorprendente de ver.</p>
+
+<p>Ciaxar, sátrapa persa, que removía en el tedio
+de la saciedad las pavesas de su corazón
+estragado, ardió en deseos de hacer suya a esta
+mujer, que en el misterio de sus ojos llevaba
+la gloria de la noche. Todas las tardes,
+acompañada de su león, iba la doncella en
+<span class="pagenum" id="Page_94">[Pg 94]</span>busca de agua a una fuente, que celaba el corazón
+bravío de un monte. Ciaxar hizo emboscarse
+allí soldados suyos, y para el león, fué
+un sabio nigromante con ellos, que prometió
+dominarle con su hechizo. Aquella tarde el
+león se adelantó, como siempre, a explorar la
+orilla breñosa, y no bien hubo asomado la cabeza
+entre las zarzas, recibió en ella emponzoñada
+aspersión, que le postró al punto sumido
+en un letárgico sueño. Cuando, ignorante y
+confiada, llegó su dulce amiga, precipitándose
+los raptores a apresarla, buscó ella con espanto
+a su león, se abrazó trémula al cuerpo
+inane de la fiera, y al reparar en que yacía
+sin aliento, dejó caer sobre el león una lágrima,
+una sola, que se perdió, como el diamante
+que cayese dentro de pérsica alcatifa, en
+la espesura de la melena antes soberbia, ahora
+rendida y lánguida.</p>
+
+<p>Ya apoderados los esclavos de la hermosura
+que codiciaba su señor, el nigromante decidió
+llevarle por su parte otra presea. Aproximándose
+con hierático gesto al león dormido,
+tendió hacia él las manos imponentes mientras
+decía un breve conjuro, y el león, sin cambiar
+una línea en forma ni actitud, trocóse al punto
+en león de mármol; tal, que era una estatua
+de realidad y perfección pasmosas. Cortaron
+bajo la estatua un trozo de tierra, que,
+<span class="pagenum" id="Page_95">[Pg 95]</span>convertida en mármol también, sirvió al león
+de zócalo o peana, y con tiro de bueyes llevaron
+al animal petrificado al palacio del señor.</p>
+
+<p>Cuando apartó éste su atención de la cautiva,
+admiró al león y quiso que se le pusiera,
+como símbolo, enfrente de su lecho. León que
+duerme, potestad que reposa. Desde alta basa,
+bajo el bruñido entablamento, quitando preeminencias
+a los unicornios de pórfido que recogían,
+a ambos lados del lecho, las alas en
+espeso pabellón de púrpura, el león, en actitud
+de sueño, dominó la estancia suntuosa.</p>
+
+<p>Pero en lo interno de esa estatua leonina
+algo lento e inaudito pasaba... Y es que, en el
+instante del hechizo, a tiempo de cuajarse en
+mármol la melena del león, la lágrima que
+dentro de ella había se congeló y endureció
+con ella y quedó trocada en dardo diamantino
+y agudo. La lágrima entrañada en el mármol
+fué como gota de un fuego inextinguible
+dentro de durísimo hielo; fué como imantada
+flecha cuyo norte estuviese en el petrificado
+pecho del león. La lágrima gravitaba al pecho,
+pero venciendo a su paso resistencia tan dura,
+que cada día avanzaba un espacio no mayor
+que uno de los corpúsculos de polvo que
+hace desprenderse, del mármol en trabajo, el
+golpe del martillo. No importa: bajo la quietud
+e impasibilidad de la piedra, en silencioso
+<span class="pagenum" id="Page_96">[Pg 96]</span>ambiente o entre los ecos de la orgía, cuando
+las dichas y cuando las penas del señor, la lágrima
+buscaba el pecho.</p>
+
+<p>¿Cuánto tiempo pasó antes que con su lenta
+punzada atravesase la melena, hendiera la
+cerviz sumisa, penetrase a través del espacioso
+tórax y llegase a su centro, partiendo su
+corazón endurecido?</p>
+
+<p>Nadie puede saberlo... Era alta noche.
+Hondísimo silencio en la estancia. Sólo la vaga
+luz que alimentaba el aceite de una copa de
+bronce. Bajo la púrpura, el señor, decrépito,
+dormía. De pronto hubo un rumor como de levísimo
+choque: duro latido pareció mover, al
+mismo tiempo, el pecho del león y propagarse
+en un sacudimiento extraño por su cuerpo. Y
+cual si resucitara, todo él revistióse en un
+instante de un cálido y subido tinte de oro:
+en el fondo de sus ojos abiertos apuntó roja
+luz, y la mustia melena comenzó a enrularse
+como mar en donde el viento hace ondas. Con
+empuje que fué al principio desperezo, después
+movimiento voluntario, luego esfuerzo iracundo,
+el león arrancó del zócalo los tendidos jarretes,
+que hicieron sangre, manchando la blancura
+del mármol, y se puso de pie. Quedó un
+momento en estupor; la ondulante melena encrespóse
+de un golpe; rasgó los aires el rugido,
+como una recia tela que se rompe entre dos
+<span class="pagenum" id="Page_97">[Pg 97]</span>manos de Hércules... Y cuando tras un salto
+de coloso las crispadas garras se hundieron
+en el lecho macizado de pluma, quien estuviera
+allí sólo hubiera visto bajo de ellas
+una sombra anegada en un charco de sangre
+miserable, y hubiera visto después los unicornios
+de pórfido, las colgaduras, los tapices, los
+vidrios de colores, los entablamentos de cedro,
+los lampadarios y trípodes de bronce, que rodaban,
+en espantosa confusión, por la estancia,
+y el león, rugiente, que revolvía el furor de su
+destrozo entre ellos, mientras la lágrima, asomando
+fuera de su corazón, como acerada punta,
+le teñía el pecho de sangre.</p>
+
+<hr class="tb">
+
+
+
+<div class="chapter">
+
+<p><span class="pagenum"><a id="Page_98"></a><a id="Page_99"></a>[Pg 99]</span></p>
+
+
+ <h2 class="nobreak">
+ LA ESTATUA DE CESÁREA
+ </h2>
+</div>
+
+
+<p>¿Qué misteriosa generación es ésta del
+personaje épico, novelesco o dramático?
+¿Qué divina virtud obra para este
+acto de creación—el más calificable de tal
+entre todos los actos de los hombres—que consiste
+en dar al mundo una criatura imaginaria
+inmortal: D. Quijote o D. Juan, Otelo o
+Hamlet; en arrancar de las entrañas del alma
+propia otra alma, no reflejo de ella, sino autónoma
+y distinta; hecha de la tela de los sueños,
+y con todo, dotada de espíritu más brioso,
+de vida más intensa y pertinaz que los mismos
+héroes de la historia; individual y una,
+no con la unidad artificial de la abstracción,
+sino con la lógica viviente de la naturaleza;
+<em>persona</em> e <em>idea</em> a la vez; alma que, en
+la sucesión de los tiempos, obsesionará como
+un numen al pintor, para que interprete y fije
+su encarnación corpórea; al músico para
+que destile su más íntima esencia; al pensador,
+para que alumbre y analice sus reconditeces,
+alma capaz de imponerse a la imitación de
+<span class="pagenum" id="Page_100">[Pg 100]</span>las que realmente viven en el mundo, de modo
+que, después de tener vida ideal, maravillosamente
+tejida de palabras, adquiera real
+ser y cuerpo tangible, modelando según
+su imagen la personalidad de hombres
+de carne y hueso, y siendo como el típico
+ejemplar en que tienen puesta la mirada
+generaciones enteras? ¿Qué portentoso secreto
+es éste de la imaginación, que <em>crea</em>, que
+arrebata al cielo, como el titán filántropo, la
+chispa con que se anima a los hombres?...</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Cómo habría sido el semblante de Jesús, de
+que no había imagen conocida, desvelaba a un
+eremita del Sceto en tiempos de los primeros
+ermitaños. Unos imaginaban al Redentor en
+cuerpo hermoso, transparente, forma de su espíritu.
+Otros, por el contrario, le atribuían,
+con la fealdad del cuerpo, la intención de alentar
+el menosprecio de los hombres, por cuanto
+cae bajo del sentir material. De tradición
+sabía el eremita que en Cesárea, ciudad del
+Antilíbano, cerca de donde el Jordán toma sus
+fuentes, uno de los enfermos a quienes volvió
+el Maestro, con la salud del cuerpo, la del alma,
+había consagrado a perpetuar su imagen
+una estatua de mármol. Era aquélla de que luego
+habló en su “Historia Eclesiástica” el
+obispo Eusebio. Hondo impulso de amor sublimaba<span class="pagenum" id="Page_101">[Pg 101]</span>
+la curiosidad del eremita, y fué en él vocación
+irresistible y ardiente de piedad determinarse
+a ir en peregrinación hasta la estatua
+de Cesárea. Duras fatigas padeció, sin que decayera
+su ánimo, desde su salida del desierto.
+Llegó a Cesárea, preguntó, y le mostraron los
+trozados muros que quedaban de una casa en
+abandono, y junto a esos muros, plantas silvestres
+que tejían brava y extendida maraña.
+Aquí en la esquividad de la maleza, debía encontrar
+la imagen de su Dios, si es que ella
+duraba todavía: poco había preocupado a Cesárea
+la imagen de un dios más.</p>
+
+<p>Nunca con tal pavor penetra un niño en la
+nocturna sombra del bosque, cual se internó
+el eremita entre las plantas; sólo que este pavor
+tenía dulzuras de deliquio. Se halló de
+pronto ante un pedestal de piedra. Alzó los
+ojos... La estatua estaba allí, pero ya no
+guardaba vestigios de su fisonomía. Donde el
+cincel había esculpido los rasgos del semblante,
+quedaba apenas una superficie rasa, como
+la cara de los Hermes arcaicos, obscura y vil
+profanación del tiempo. El cansancio, que había
+cedido a la esperanza, se apoderó, con la
+decepción, del eremita, que cayó sumergido en
+hondo sueño, junto al ruinoso pedestal. Inmenso
+anhelo se exhaló, durante el sueño de su
+alma, y difundiéndose por el ámbito del mundo,<span class="pagenum" id="Page_102">[Pg 102]</span>
+convocó a las partículas de piedra que habían
+sido de la estatua, para que, juntándose
+de nuevo, recompusieran la máscara divina.
+Ellas vinieron, alzadas del polvo de la tierra,
+surgidas del fondo de las aguas, suspensas en
+las ondas del aire... En breve nube, comparable
+a la que forma el aliento del caballo
+después de la carrera, se acumulaban ante el
+eremita y flotaban con vago y desmayado ritmo.
+Luego, las partecillas fueron más y parecieron
+la nube de tierra que levanta del camino
+el carro que pasa. Pero nada nacía de
+ellas que prometiese la imagen por la que su
+evocador había deseado reunirlas. Él, sin embargo,
+las consideraba con emoción profunda,
+sólo porque alguna vez habían compuesto la
+imagen adorable. Fuego de amor derretía la
+substancia de su corazón; todo era amor, mientras
+contemplaba el eremita; inmenso amor
+que se desbordaba de sus ojos. Tembló una lágrima
+en ellos. Y entonces, al través de la lágrima,
+la mirada, que era rayo de amor, fué
+como fuego que hace llama, y a su contacto
+la nube de leves partecillas se estremeció, como
+si toda se incendiase de amor. Su agitación
+incierta cobró brío; acorde impulso distribuyó,
+cual si los moviera un soplo sabio, los átomos
+de piedra; formaron éstos líneas y contornos;
+y como el mundo de la nébula, surgió,
+<span class="pagenum" id="Page_103">[Pg 103]</span>del seno de la nube, la imagen. Amor era la
+norma que, en la estatua, había concertado a
+aquellos átomos de piedra, en la expresión del
+semblante de que componían simulacro; este
+semblante en la realidad, como en la estatua,
+había sido pura forma sensible del amor. Y
+penetrados ahora de la misma alma por la mirada
+de amor que los sujetaba a su hechizo,
+el orden renació entre ellos, y, con el orden, la
+divina apariencia. Dulce premio de la contemplación
+conmovida, la veneró el soñador, en
+éxtasis que no duró más que un instante. Despertó.
+La mutilada estatua mostraba su faz,
+llana e informe; pero el eremita no miró ya
+para ella, porque en lo hondo de su alma, allí
+donde lo que el recuerdo estampa es indeleble,
+llevaba—más patente que como quedó en el
+cendal de la Verónica—la imagen, milagro de
+su amor.</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Éste es el proceso en la invención del artista;
+ésta la “misteriosa generación” de lo bello,
+de que habló el Sócrates platónico: una
+belleza entrevista, que enciende amor, deseo
+de tenerla, anhelo de fijarla; una, congregación
+de infinitas partes, menudas y dispersas, que
+el magnetismo del amor atrae, y la perseverancia
+del amor apura; y por fin, un inspirado
+acto de amor, que estrecha en abrazo ardorosísimo<span class="pagenum" id="Page_104">[Pg 104]</span>
+esos mil distintos elementos, y del
+acuerdo y animación que entre ellos pone, saca
+la apetecida imagen, limpia y luciente, rica
+de color y de vida.</p>
+
+<p>Allá, en lo hondo del alma de cada uno,
+duermen las tendidas aguas de la memoria. Sólo
+un rayo de luz cae sobre esas aguas sombrías;
+sólo en mínima parte aparecen a la claridad
+de la conciencia; pero su capacidad es insondable,
+e indefinida su aptitud de revelar lo que
+más íntimo guardan. Cuanto ha pasado una vez
+por los sentidos, cuanto ha brotado de operación
+interior, cuanto ha tenido ser en la mente,
+deja por bajo de ella un rastro de su paso,
+capaz de revivir otra vez, y convertirse en representación
+actual y luminosa. No ya lo que
+la conciencia alumbró claramente cuando su
+presentación primera; no ya lo que labró hondo
+surco en la atención o la sensibilidad; sino
+aun lo vislumbrado, lo apenas advertido,
+lo semi-ignorado, lo visto al pasar, lo que en
+un punto mismo es y se disipa, desciende a
+aquel abismo de la memoria latente, y yace
+en esa profundidad jamás colmada. De esta
+manera, líneas, colores, sonidos, armonías, palabras,
+ideas, emociones, duermen en el inmenso
+depósito, comparable al caos donde está
+en potencia una creación y guardan su turno
+para resurgir, ya como recuerdo concreto,
+<span class="pagenum" id="Page_105">[Pg 105]</span>ya como imagen no referida a lo pasado, si logran
+el favor de un pensamiento que tienda
+hasta ellos el hilo de una asociación eficaz, y
+los levante al círculo de lo consciente. Cuanto
+más vario y copioso sea ese íntimo museo en el
+alma del artista, cuanto más se le acrezca por
+la experiencia, y se le haga accesible y dócil
+a las artes evocadoras de la asociación, tanto
+más fácil será la inventiva del artista, y más
+fecunda.</p>
+
+<p>Cierto día, una percepción o representación
+dichosa suscita en el alma dotada del sentimiento
+de hermosura la idea original, la primitiva
+célula, vago y levísimo esbozo de un
+personaje imaginario. Un acto de ilusa insensatez
+o vano arrojo, presenciado de paso por
+un pueblo; o la fugitiva visión de algún hidalgo
+escuálido, que lee un libro de caballerías
+junto al estante de sus armas; o bien una anécdota
+leída sobre la singular monomanía de un
+loco; o, simplemente, un rasgo recordado en
+las soledades de la cárcel, del Amadís o el Esplandián,
+son la chispa por la que comienza a
+iluminarse, en la mente de Miguel de Cervantes,
+la portentosa figuración de su héroe. Esta
+primera idea enamora al alma del artista;
+y del amor, que es padre del deseo, nace el de
+completarla y realizarla. Acicateada por el deseo<span class="pagenum" id="Page_106">[Pg 106]</span>
+de amor, la idea se sumerge y abisma en
+aquel inmenso depósito de los recuerdos, y como
+quien remueve el lecho de dormido estanque
+para traer a la superficie lo del fondo, hace
+que surja de allí hirviente remolino de imágenes.
+Todo lo que tiene alguna afinidad con la
+idea, y es propio para enriquecerla y nutrirla,
+y formar cuerpo con ella, y levantar su relieve,
+y reforzar su color, y determinar su espíritu,
+todo despierta y obedece al poderoso conjuro.
+Mil recuerdos del tesoro de observación
+consciente e inconsciente que en su azarosa existencia
+ha acopiado, mil noticias de su ciencia
+del mundo acuden al pensamiento de Cervantes,
+para reunirse a aquel esbozo que de su héroe
+concibió, y añadirle algún toque de verdad
+y de vida. Estos recuerdos, estas representaciones,
+son las partículas de piedra que, de los
+ámbitos del mundo, concurren a reconstruir el
+semblante de la estatua, para el contemplador
+que permanecía ante ella en mudo anhelo. Lucha
+acaso el alma del artista en este momento
+de la concepción; lucha acaso y se angustia, en
+su impaciencia de evocar todos los elementos
+que le interesan y hacen falta, como ardía en ansia
+y pena de amor la contemplación del eremita.
+No le basta buscar en lo ya acumulado, en el
+mundo de sus recuerdos, sino que, mientras
+<span class="pagenum" id="Page_107">[Pg 107]</span>le inquieta aquel germen precioso que lleva en
+las entrañas, tiene los ojos muy abiertos a la
+realidad, para cosechar en ella nuevos rasgos
+de expresión y carácter, y embeberse en vivos
+reflejos de hermosura, al modo como la
+madre antigua se rodeaba, cercana al parto, de
+formas perfectas. Ni le basta tampoco recordar
+y observar, sino que ha menester meditar
+sobre lo recordado y observado, de suerte que
+la inconexa pluralidad de sus imágenes se traduzca
+en síntesis armónica. Pero la meditación
+que dirige y ordena, el orden que la meditación
+es apta para instituir en la obra de la
+fantasía, no son suficientes aún. Nunca pasaría
+este orden de orden lógico, de disposición
+artificiosamente calculada, si, magnificando el
+acierto con que lo compone el raciocinio, no
+perseverase la inconsciente fuerza de amor,
+que, como cálido y plasmante soplo, circula
+por entre las relaciones y junturas que establece
+la mente. Y nunca arribaría a <em>vivir</em> el
+personaje imaginario, nunca su imagen se movería
+con la vida personal y enérgica que emula
+la de los más netos caracteres que veamos
+en la realidad, si el amor del artista, llegado a
+su más alto punto, al éxtasis en que culmina,
+inspirado y victorioso, abrazando de un rapto
+los elementos que ya ha puesto en acuerdo,<span class="pagenum" id="Page_108">[Pg 108]</span>
+compenetrándolos y traspasándolos, como
+por el “golpe intuitivo” de que hablaban los
+Plotinos y Jámblicos en la iluminación de lo
+divino, no suscitase finalmente la visión una,
+simultánea, completa, de la criatura soñada;
+la alucinación que la pone a pleno sol de la
+conciencia del artista, y después de la cual,
+ya no es menester sino la voluntad que ejecute
+y la mano que obedezca. Cuando la llama
+de amor, desbordando de los ojos que esperan
+la suspirada forma, ha prendido en la nube
+fluctuante donde se la busca, la imagen es, de
+definitiva manera y con vida inmortal. La virtud
+plástica de la concepción depende de la
+eficacia de este último acto, instantáneo e insubstituible,
+en el que los que le antecedieron
+hallan su recompensa y su fruto.</p>
+
+<p>Todo es presidido por una misma fuerza, en
+la actividad creadora de la imaginación: el
+primer deseo que excita a la realización de lo
+hermoso; la convocatoria enérgica y tenaz que
+allega los elementos con que ha de componérselo;
+el rapto inspirado que lo vivifica, y aun
+la obstinación y perseverancia de la voluntad,
+que consuma y deja la obra en su punto. Todo
+ello es presidido por una sola fuerza: aquella
+misma que, llamándose afinidad, genera
+las formas armoniosas de los cristales, las estrellas<span class="pagenum" id="Page_109">[Pg 109]</span>
+y exágonos en que cuaja la nieve; y
+llamándose atracción, rige la sublime concordia
+de los mundos; y llamándose amor de los
+sentidos, reproduce la proporción y belleza de
+los seres vivientes; y llamándose amor desinteresado
+e ideal, florece en la divina hermosura
+de las cosas del arte.</p>
+
+
+<p><span class="pagenum"><a id="Page_110"></a><a id="Page_111"></a>[Pg 111]</span></p>
+<div style='text-align:center'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 79262 ***</div>
+</body>
+</html>
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