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Esta transcripción intenta evocar la memoria de los +buscadores de Hylas que existieron, existen y existirán, con seguridad, +en el futuro, y en particular la de José "el Pepe" Mujica, que fue +presidente de la Republica Oriental del Uruguay entre los años 2010 y +2015. + +En la versión de texto las palabras en itálicas están indicadas con +_guiones bajos_ y las palabras en versalitas en MAYÚSCULAS. + +La cubierta del libro fue agregada por el transcriptor y ha sido puesta +en el dominio público. + +Ciertas reglas de acentuación ortográfica del castellano, cuando la +presente edición de esta obra fue publicada, eran diferentes a las +existentes cuando se realizó la transcripción. El criterio utilizado +para llevar a cabo esta transcripción ha sido el de respetar las reglas +de la Real Academia Española vigentes en ese entonces. El lector +interesado puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la +Real Academia Española. + +En la presente transcripción se adecuó la ortografía de las mayúsculas +acentuadas a las regla establecida por la RAE, que indica que las +letras mayúsculas deben escribirse con tilde si les corresponde llevar +tilde según las reglas de acentuación gráfica del castellano, tanto si +se trata de palabras escritas en su totalidad con mayúsculas como si se +trata únicamente de la mayúscula inicial. + +Errores evidentes de impresión y de puntuación han sido corregidos. + +El Índice de capítulos, incluido en la publicación original al final, +ha sido trasladado al principio por el Transcriptor. + + + * * * * * + + + + + JOSÉ ENRIQUE RODÓ + + + PARÁBOLAS + + (DE ARIEL, MOTIVOS DE PROTEO, EL MIRADOR + DE PRÓSPERO, NUEVOS MOTIVOS DE PROTEO + Y EL CAMINO DE PAROS) + + + LECTURA SELECTA + MÉXICO MCMXX + + + 1º de enero de 1920.--TIP. MURGUIA. Av. 16 de Septiembre, 54 + + + [Ilustración] + + + + + ÍNDICE + + + Pág. + DE «ARIEL» + + El Rey hospitalario 5 + + + DE «MOTIVOS DE PROTEO» + + Mirando jugar a un niño 11 + + La respuesta de Leuconoe 15 + + El Faro de Alejandría 25 + + El meditador y el esclavo 29 + + El barco que parte 33 + + Ayax 37 + + El monje Teótimo 41 + + Los seis peregrinos 47 + + Hylas 63 + + La despedida de Gorgias 67 + + Lucrecia y el mago 77 + + La pampa de granito 83 + + + DE «EL MIRADOR DE PRÓSPERO» + + Sueño de Nochebuena 89 + + + DE «NUEVOS MOTIVOS DE PROTEO» + + El león y la lágrima 93 + + + DE «EL CAMINO DE PAROS» + + La estatua de Cesárea 99 + + + + + + EL REY HOSPITALARIO + +Era un rey patriarcal, en el Oriente indeterminado e ingenuo donde +gusta hacer nido la alegre bandada de los cuentos. Vivía ese reino la +candorosa infancia de las tiendas de Ismael y los palacios de Pilos. +La tradición le llamó después, en la memoria de los hombres, el rey +hospitalario. Inmensa era la piedad del rey. A desvanecerse en ella +tendía, como por su propio peso, toda desventura. A su hospitalidad +acudían lo mismo por blanco pan el miserable que el alma desolada por +el bálsamo de la palabra que acaricia. Su corazón reflejaba, como +sensible placa sonora, el ritmo de los otros. Su palacio era la casa +del pueblo. Todo era libertad y animación dentro de este augusto +recinto, cuya entrada nunca hubo guardas que vedasen. En los abiertos +pórticos formaban corro los pastores cuando consagraban a rústicos +conciertos sus ocios; platicaban al caer la tarde los ancianos, y +frescos grupos de mujeres disponían, sobre trenzados juncos, las +flores y racimos de que se componía únicamente el diezmo real. +Mercaderes de Ofir, buhoneros de Damasco, cruzaban a toda hora las +puertas anchurosas, y ostentaban en competencia, ante las miradas del +rey, las telas, las joyas, los perfumes. Junto a su trono reposaban +los abrumados peregrinos. Los pájaros se citaban al mediodía para +recoger las migajas de su mesa; y con el alba, los niños llegaban en +bandas bulliciosas al pie del lecho donde dormía el rey de la barba de +plata y le anunciaban la presencia del sol.--Lo mismo a los seres sin +ventura que a las cosas sin alma alcanzaban su liberalidad infinita. +La Naturaleza sentía también la atracción de su llamado generoso; +vientos, aves, plantas, parecían buscar--como en el mito de Orfeo y en +la leyenda de San Francisco de Asís,--la amistad humana en aquel oasis +de hospitalidad. Del germen caído al acaso, brotaban y florecían, en +las junturas de los pavimentos y de los muros, los alhelíes de las +ruinas, sin que una mano cruel los arrancase ni los hollara un pie +maligno. Por las francas ventanas se tendían al interior de las cámaras +del rey las enredaderas osadas y curiosas. Los fatigados vientos +abandonaban largamente sobre el alcázar real su carga de aromas y +armonías. Empinándose desde el vecino mar, como si quisieran ceñirle +en un abrazo, le salpicaban las olas con su espuma. Y una libertad +paradisial, una inmensa reciprocidad de confianzas, mantenían por +dondequiera la animación de una fiesta inextinguible. + +Pero dentro, muy dentro; aislada del alcázar ruidoso por cubiertos +canales, oculta a la mirada vulgar--como la “perdida iglesia” de +Uhland en lo esquivo del bosque--al cabo de ignorados senderos, una +misteriosa sala se extendía, en la que a nadie era lícito poner la +planta, sino al mismo rey, cuya hospitalidad se trocaba en sus umbrales +en la apariencia de escéptico egoísmo. Espesos muros la rodeaban. Ni +un eco del bullicio exterior, ni una nota escapada al concierto de +la Naturaleza, ni una palabra desprendida de labios de los hombres, +lograba traspasar el espesor de los sillares de pórfido y conmover una +onda del aire en la prohibida estancia. Religioso silencio velaba en +ella la castidad del aire dormido. La luz, que tamizaban esmaltadas +vidrieras, llegaba lánguida, medido el paso por una inalterable +igualdad, y se diluía, como copo de nieve que invade un nido tibio, +en la calma de un ambiente celeste.--Nunca reinó tan honda paz; ni en +oceánica gruta, ni en soledad nemorosa.--Alguna vez, cuando la noche +era diáfana y tranquila--abriéndose a modo de dos valvas de nácar la +artesonada techumbre, dejaba cernerse en su lugar la magnificencia de +las sombras serenas. En el ambiente flotaba como una onda indisipable +la casta esencia del nenúfar, el perfume sugeridor del adormecimiento +penseroso y de la contemplación del propio ser. Graves cariátides +custodiaban las puertas de marfil en la actitud del silenciario. +En los testeros, esculpidas imágenes hablaban de idealidad, de +ensimismamiento, de reposo.--Y el viejo rey aseguraba que, aun cuando a +nadie fuera dado acompañarle hasta allí, su hospitalidad seguía siendo +en el misterioso seguro tan generosa y grande como siempre, sólo que +los que él congregaba dentro de sus muros discretos eran convidados +impalpables y huéspedes sutiles. En él soñaba, en él se libertaba de la +realidad, el rey legendario; en él sus miradas se volvían a lo interior +y se bruñían en la meditación de sus pensamientos como las guijas +lavadas por la espuma; en él se desplegaban sobre su noble frente las +blancas alas de Psiquis... Y luego, cuando la muerte vino a recordarle +que él no había sido sino un huésped más en su palacio, la impenetrable +estancia quedó clausurada y muda para siempre; para siempre abismada en +su reposo infinito; nadie la profanó jamás, porque nadie hubiera osado +poner la planta irreverente allí donde el viejo rey quiso estar solo +con sus sueños y aislado en la última Thule de su alma. + +Yo doy al cuento el escenario de vuestro reino interior. Abierto con +una saludable liberalidad, como la casa del monarca, confiado a todas +las corrientes del mundo, exista en él, al mismo tiempo, la celda +escondida y misteriosa que desconozcan los huéspedes profanos y que +a nadie más que a la razón serena pertenezca. Sólo cuando penetréis +dentro del inviolable seguro, podréis llamaros, en realidad, hombres +libres. No lo son quienes, enajenando incesantemente el dominio de +sí a favor de la desordenada pasión o el interés utilitario, olvidan +que, según el sabio precepto de Montaigne, nuestro espíritu puede ser +objeto de préstamo pero no de cesión.--Pensar, soñar, admirar: he +ahí los nombres de los sutiles visitantes de mi celda. Los antiguos +los clasificaban dentro de su noble inteligencia del ocio, que ellos +tenían por el más elevado empleo de una existencia verdaderamente +racional, identificándolo con la libertad del pensamiento emancipado +de todo innoble yugo. El ocio noble era la inversión del tiempo que +oponían, como expresión de la vida superior, a la actividad económica. +Vinculado exclusivamente a esa alta y aristocrática idea del reposo su +concepción de la dignidad de la vida, el espíritu clásico encuentra su +corrección y su complemento en nuestra moderna creencia en la dignidad +del trabajo útil; y entrambas atenciones del alma pueden componer, en +la existencia individual, un ritmo, sobre cuyo mantenimiento necesario +nunca será inoportuno insistir... + + + + + MIRANDO JUGAR A UN NIÑO + + + ...A menudo se oculta un sentido + sublime en un juego de niño. + + (SCHILLER: _Thecla. Voz de un + espíritu_). + + +Jugaba el niño en el jardín de la casa con una copa de cristal que, en +el límpido ambiente de la tarde, un rayo de sol tornasolaba como un +prisma. Manteniéndola, no muy firme, en una mano, traía en la otra un +junco con el que golpeaba acompasadamente en la copa. Después de cada +toque, inclinando la graciosa cabeza, quedaba atento, mientras las +ondas sonoras, como nacidas de vibrante trino de pájaro, se desprendían +del herido cristal y agonizaban suavemente en los aires. Prolongó +así su improvisada música hasta que, en un arranque de volubilidad, +cambió el motivo de su juego: se inclinó a tierra, recogió en el hueco +de ambas manos la arena limpia del sendero y la fué vertiendo en la +copa hasta llenarla. Terminada esta obra, alisó, por primor, la arena +desigual de los bordes. No pasó mucho tiempo sin que quisiera volver a +arrancar al cristal su fresca resonancia; pero el cristal, enmudecido, +como si hubiera emigrado un alma de su diáfano seno, no respondía más +que con un ruido de seca percusión al golpe del junco. El artista +tuvo un gesto de enojo para el fracaso de su lira. Hubo de verter una +lágrima, mas la dejó en suspenso. Miró, como indeciso, a su alrededor; +sus ojos húmedos se detuvieron en una flor muy blanca y pomposa, que +a la orilla de un cantero cercano, meciéndose en la rama que más se +adelantaba, parecía rehuir la compañía de las hojas, en espera de una +mano atrevida. El niño se dirigió, sonriendo, a la flor; pugnó por +alcanzar hasta ella; y aprisionándola, con la complicidad del viento +que hizo abatirse por un instante la rama, cuando la hubo hecho suya +la colocó graciosamente en la copa de cristal, vuelta en ufano búcaro, +asegurando el tallo endeble merced a la misma arena que había sofocado +el alma musical de la copa. Orgulloso de su desquite, levantó, cuan +alto pudo, la flor entronizada, y la paseó, como en triunfo, por entre +la muchedumbre de las flores. + + * * * * * + +¡Sabia, candorosa filosofía!--pensé--. Del fracaso cruel no recibe +desaliento que dure, ni se obstina en volver al goce que perdió, +sino que las mismas condiciones que determinaron el fracaso, toma la +ocasión de nuevo juego, de nueva idealidad, de nueva belleza... ¿No +hay aquí un polo de sabiduría para la acción? ¡Ah, si en el transcurso +de la vida todos imitáramos al niño! ¡Si ante los límites que pone +sucesivamente la fatalidad a nuestros propósitos, nuestras esperanzas y +nuestros sueños, hiciéramos todos como él!... El ejemplo del niño dice +que no debemos empeñarnos en arrancar sonidos de la copa con que nos +embelesamos un día, si la naturaleza de las cosas quiere que enmudezca. +Y dice luego que es necesario buscar, en derredor de donde entonces +estemos, una reparadora flor, una flor que poner sobre la arena por +quien el cristal se tornó mudo... No rompamos torpemente la copa contra +las piedras del camino sólo porque haya dejado de sonar. Tal vez la +flor reparadora existe. Tal vez está allí cerca. Esto declara la +parábola del niño, y toda filosofía viril, _viril_ por el espíritu que +la anima, confirmará su enseñanza fecunda. + + + + + LA RESPUESTA DE LEUCONOE + + +Soñé una vez que volviendo el gran Trajano de una de sus gloriosas +conquistas, pasó por no sé cuál de las ciudades de la Etruria, donde +fué agasajado con tanta espontaneidad como magnificencia. Cierto +patricio preparó en honor suyo el más pomposo y delicado homenaje que +hubiera podido imaginar. Escogió en las familias ciudadanas las más +lindas doncellas, y las instruyó de modo que, con adecuados trajes y +atributos, formasen una alegórica representación del mundo conocido, +donde cada una personificara a determinada tierra, ya romana, ya +bárbara, y en su nombre reverenciase al César y le hiciera ofrecimiento +de sus dones. Púsose en ensayo este propósito; todo marchaba a +maravilla; pero sea que distribuidos los papeles, quedase sin ninguno +una aspirante a quien no fuera posible desdeñar, sea que lo exigiese +el arreglo y proporción en la manera como debían tejerse las danzas y +figuras, ello es que hubo necesidad de aumentar en uno el número de +las personas. Se había contado ya con todos los países del mundo, y +se dudaba cómo salvar esta dificultad, cuando el patricio, que era +dado a los libros, se dirigió a un estante, de donde tomó un ejemplar +de las tragedias de Séneca, y buscando en la “Medea” el pasaje donde +están unos versos que hoy son famosos, por el soplo profético que los +inspira, habló de la presunción que hacía el poeta de la existencia +de una tierra ignorada, que futuras gentes hallarían, yendo sobre el +misterioso océano, más allá (añadió el patricio) de donde situó a la +sumergida Atlántida, Platón. Este soñado país propuso que fuera el que +completase el cuadro, ya que faltaba otro. Poco apetecible destino +parecía ser el de representar a una tierra de que nada podía afirmarse, +ni aun su propia existencia, mientras que todas las demás daban ocasión +para lucir pintorescos y significativos atributos, y para que se las +loase, o se las diferenciase cuando menos, en elocuentes recitados. +Pero hubo quien, renunciando al papel que ya tenía atribuido, reclamó +el humilde oficio para sí. Era la más joven de todas y la llamaban +Leuconoe. No se halló el modo de caracterizar, con apropiadas galas, su +parte, y se acordó que no llevara más que un traje blanco y aéreo, como +una página donde no se ha sabido qué poner... Llegado el día, realizóse +la fiesta, y noblemente personificadas las tierras desfilaron ante +el señor del mundo, después de concertarse en variadas danzas de +artificio, y cada una de ellas le dedicó sus ofrendas. + +Presentóse, primero que ninguna, Roma, en forma casi varonil; éste era +el modo de hermosura de la que llevaba sus colores; el andar, de diosa; +el imperio en el modo de mirar; la majestad en cada actitud y cada +movimiento. Ofreció el orbe por tributo; y la siguió, como madre que +viene después de la hija, por ser ésta soberana, Grecia, coronada de +mirto. Lo que dijo de sí, sólo podría abreviarse en lápida de mármol. +Italia vino luego. Habló de la gracia esculpida, en suaves declives, +sobre un suelo que dora el sol, al son armónico del aire. Celebró su +feracidad; aludió al trigo de Campania, al óleo de Venafro, al vino de +Falerno. La rubia Galia, depuesto el primitivo furor, mostró, colmadas +de pacíficos frutos, las corrientes del Saona y el Ródano. Iberia +presentó sus rebaños, sus trotones, sus minas. Ceñida de bárbaros +arreos, se adelantó Germania, e hizo el elogio de las pieles espesas, +el ámbar transparente, y los gigantes de ojos azules cazados para el +circo en la espesura de la Carbonaria y de la Hircinia. Bretaña dijo +que en sus Casitérides había el metal de que toman su firmeza los +bronces. La Iliria, famosa por sus abundantes cosechas; la Tracia, +que cría caballos raudos como el viento; la Macedonia, cuyos montes +son arcas de ricos minerales, rindieron sus tesoros; y se acercó +tras ellas la postrera Thule, que ofreció juntos fuego y nieve, con +la fianza de Pythéas. Llegó el turno de las tierras asiáticas; y en +cuerpo de faunesca hermosura, la Siria habló de los laureles de Dafne +y los placeres de Antioquía. El Asia Menor reunió en doble tributo +los esplendores del Oriente con las gracias de Jonia, tendiendo entre +ambas ofrendas la flauta frigia, como cruz de balanza. Se ufanó +Babilonia con el resplandor de sus recuerdos. La Persia, madre de los +frutos de Europa, brindó semillas de generosa condición. Grande estuvo +la India cuando pintó montañas y ríos colosales, cuando invocó las +piedras fúlgidas, el algodón, el marfil, la pluma de los papagayos, las +perlas; cuando nombró cien plantas preciosas: el ébano, que ensalzó +Virgilio; el amono y el malabatro, braseros de raros perfumes; el +árbol milagroso cuyo fruto hace vivir doscientos años... La Palestina +ofreció olivos y viñedos. Fenicia se glorió de su púrpura. La región +sabea, de su oro. Mesopotamia hizo mención de los bosques espesísimos +donde Alejandro cortó las tablas de sus naves. El país de Sérica cifró +su orgullo en una tela primorosa; y Taprobana, que remece el doble +monzón, en la fragante canela. Vinieron luego los pueblos de la Libia. +Presidiéndolos llegó el Egipto multisecular; habló de sus pirámides, +de sus esfinges y colosos; del despertar mejor de su grandeza, en una +ciudad donde una torre iluminada señala el puerto a los marinos. La +Cirenaica dijo el encanto de su serenidad, que hizo que fuese el lecho +a donde iban a morir los epicúreos. Cartago, a quien realzara Augusto +de las ruinas, se anunció llamada a esplendor nuevo. La Numidia expuso +que daba mármoles para los palacios; fieras para las theriomaquias y +las pompas. La Etiopía afirmó que en ella estaban el país del cinamomo, +el de la mirra, los enanos de un pigmo y los macrobios de mil años. +Las Fortunadas, fijando el término de lo conocido, recordaron que en +su seno esperaba a las almas de los justos la mansión de la eterna +felicidad. + +Por último, con suma gracia y divino candor, llegó Leuconoe. En nada +aparentaba formar parte de la viviente y simbólica armonía. No llevaba +sino un traje blanco y aéreo, como una página donde no se ha sabido qué +poner... En aquel instante, nadie la envidiaba, por más que luciese su +hermosura. El César preguntó la razón de su presencia, y se extrañó, +cuando lo supo, viéndola tan mal destinada y tan hermosa. + +--Leuconoe--dijo, con una benévola ironía--: no te ha tocado un gran +papel. Tu poca suerte quiso que la realidad concluyera en manos de las +otras, y he aquí que has debido contentarte con la ficción del poeta... +Admiro tu dulce conformidad, y me complace tu homenaje, puesto que eres +hermosa. Pero ¿qué bien me dirás de la región que representas, si has +de evitar el engañarme?... ¿Qué me ofreces de allí? ¿Qué puedes afirmar +que haya en tu tierra de quimera? + +--¡Espacio!--dijo con encantadora sencillez, Leuconoe. + +Todos sonreían. + +--Espacio...--repitió el César--. ¡Es verdad! Sea desapacible o +risueña, estéril o fecunda, espacio habrá en la tierra incógnita, si +existe; y aun cuando ella no exista, y allí donde la finge el poeta +sólo esté el mar, o acaso el vacío pavoroso, ¿quién duda que en el +mar o en el vacío habrá espacio?... Leuconoe--prosiguió con mayor +animación--: tu respuesta tiene un alto sentido. Tiene, si se la +considera, más de uno. Ella dice la misteriosa superioridad de lo +soñado sobre lo cierto y tangible, porque está en la humana condición +que no haya bien mejor que la esperanza, ni cosa real que se aventaje a +la dulce incertidumbre del sueño. Pero, además, encierra tu respuesta +una hermosa consigna para nuestra voluntad, un brioso estímulo a +nuestro denuedo. No hay límite en donde acabe para el fuerte el +incentivo de la acción. Donde hay espacio, hay cabida para nuestra +gloria. Donde hay espacio, hay posibilidad de que Roma triunfe y se +dilate. + +Dijo el César; arrancó de su pecho una gruesa esmeralda que allí estaba +de broche, y era de las que el Egipto produce mayores y más puras; y +prendiéndola al seno de la niña, la dejó, como un fulgor de esperanza, +sobre la estola, toda blanca, mientras terminaba diciendo: + +--¡Sea el premio para la región desconocida; sea el premio para +Leuconoe! + + * * * * * + +Espacio, espacio, es lo que te queda, después que la esperanza con +color y figura, y el ideal concreto, y la fuerza o aptitud de calidad +conocida, te abandonaron en mitad del camino. Espacio: mas no ése, +donde el viento y el pájaro se mueven más arriba que tú y con alas +mejores; sino dentro de ti, en la inmensidad de tu alma, que es el +espacio propio para las alas que tú tienes. Allí queda infinita +extensión por conquistar mientras dura la vida: extensión siempre +capaz de ser conquistada, siempre merecedora de ser conquistada... +Imaginar que no hay en ti más que lo que ahora percibes con la +trémula luz de tu conciencia, equivale a pensar que el océano acaba +allí donde la redondez de la esfera lo sustrae al alcance de tus +ojos. Incomparablemente más vasto es el océano que la visión de los +ojos; incomparablemente más hondo nuestro ser que la intuición de +la conciencia. Lo que de él está en la superficie y a la luz, es +comúnmente, no ya una escasa parte, sino la parte más vulgar y más +mísera. Dame acertar con la ocasión y yo sacaré de ti fuerzas que +te maravillen y agiganten. Tu languidez de ánimo, tu desesperanza y +sentimiento como de vacío interior, no son distintos de los de miles de +almas electas, en las vísperas de la transfiguración que las sublimó a +la excelsa virtud, o a la invención genial, o al heroísmo. Si veinte +horas antes de consagrarse héroe el héroe, apóstol el apóstol, inventor +el inventor, o de tender resuelta y eficazmente a hacerlo, hubiérales +anunciado un zahorí de corazones su destino inminente, ¡cuántas veces +no se hubieran encogido de hombros o sonreído con amarga incredulidad! +Dame la ocasión y yo te haré grande; no porque infunda en ti lo que no +hay en ti, sino porque haré brotar y manifestarse lo que tu alma tiene +oculto. De afuera pueden auxiliarte cateadores y picos; pero en ti +sólo está la mina. La ocasión es como el artista pintor de quien dijo +originalmente uno que lo era: no crea el pintor su cuadro, sino que se +limita a descorrer los velos que impedían verlo mientras la tela estaba +en blanco. Hallar y traer al haz del alma esa ignorada riqueza: tal es +tu obra y la de cada uno. Derramar luz dentro de sí por la observación +interior y la experiencia: tal es el medio de abrir camino a la ocasión +dichosa, que vendrá traída por el movimiento de la realidad. Empeño +difícil éste de conocerse--¿quién lo duda?--y expuesto a mil engaños. +Pero ¿no vale todos los tesoros de la voluntad el término que quien +lo acomete se propone? ¿Hay cosa que te interese más que descubrir lo +que está en ti y en ninguna parte sino en ti: tierra que para ti sólo +fué creada; América cuyo único descubridor posible eres tú mismo, sin +que puedas temer, en tu designio gigante, ni émulos que te disputen la +gloria, ni conquistadores que te usurpen el provecho? + + + + + EL FARO DE ALEJANDRÍA + + +El primero y más grande de los Tolomeos se propuso levantar, en la +isla que tiene a su frente Alejandría, alta y soberbia torre, sobre la +que una hoguera siempre viva fuese señal que orientara al navegante +y simbolizase la luz que irradiaba de la ilustre ciudad. Sóstrato, +artista capaz de un golpe olímpico, fué el llamado para trocar en +piedra aquella idea. Escogió blanco mármol; trazó en su mente el modelo +simple, severo y majestuoso. Sobre la roca más alta de la isla echó +las bases de la fábrica, y el mármol fué lanzado al cielo mientras +el corazón de Sóstrato subía de entusiasmo tras él. Columbraba allá +arriba, en el vértice que idealmente anticipaba, la gloria. Cada +piedra, un anhelo; cada forma rematada, un deliquio. Cuando el vértice +estuvo, el artista, contemplando en éxtasis su obra, pensó que había +nacido para hacerla. Lo que con genial atrevimiento había creado, +era el Faro de Alejandría, que la antigüedad contó entre las siete +maravillas del mundo. Tolomeo, después de admirar la obra del artista, +observó que faltaba al monumento un último toque, y consistía en que su +nombre de rey fuera esculpido, como sello que apropiase el honor de la +idea, en encumbrada y bien visible lápida. Entonces Sóstrato, forzado a +obedecer, pero celoso en su amor por el prodigio de su genio, ideó el +modo de que en la posteridad, que concede la gloria, fuera su nombre y +no el del rey el que leyesen las generaciones sobre el mármol eterno. +De cal y arena compuso para la lápida de mármol una falsa superficie, +y sobre ella extendió la inscripción que recordaba a Tolomeo; pero +debajo, en la entraña dura y luciente de la piedra, grabó su propio +nombre. La inscripción, que durante la vida del mecenas fué engaño de +su orgullo, marcó luego las huellas del tiempo destructor; hasta que un +día, con los despojos del mortero, voló, hecho polvo vano el nombre del +príncipe. Rota y aventada la máscara de cal, se descubrió, en lugar del +nombre del príncipe, el de Sóstrato, en gruesos caracteres, abiertos +con aquel encarnizamiento que el deseo pone en la realización de lo +prohibido. Y la inscripción vindicadora duró cuanto el mismo monumento; +firme como la justicia y la verdad; bruñida por la luz de los cielos en +su campo eminente; no más sensible que a la mirada de los hombres, al +viento y a la lluvia. + + * * * * * + +Un arranque de sinceridad y libertad que te lleve al fondo de tu alma, +fuera del yugo de la imitación y la costumbre, fuera de la sugestión +persistente que te impone modos de pensar, de sentir, de querer, que +son como el ritmo isócrono del paso del rebaño, puede hacer en ti lo +que la obra justiciera del tiempo verificó en la inscripción de la +torre de Alejandría. Deshecho en polvo leve, caerá de la superficie de +tu alma cuanto es allí vanidad, adherencia, remedo; y entonces, acaso +por primera vez, conocerás la verdad de ti mismo. Despertarás como de +un largo sueño de sonámbulo. Tu hastío y agotamiento son quizá, cual +los de muchos otros, cosa de la personalidad ficticia con que te vistes +para salir al teatro del mundo: es ella la que se ha vuelto en ti +incapaz de estímulo y reacción. Pero por bajo de ella reposan, frescas +y límpidas, las fuentes de tu personalidad verdadera, la que es toda +de ti; apta para brotar en vida, en alegría, en amor, si apartas la +endurecida broza que detiene y paraliza su ímpetu. Allí está lo _tuyo_ +y allí y no en el esquilmado campo que ahora alumbra el resplandor de +tu conciencia. ¿Por qué llamas _tuyo_ lo que siente y hace el espectro +que hasta este instante usó de tu mente para pensar, de tu lengua +para articular palabras, de tus miembros para agitarse en el mundo, +cuyo autómata es, cuyo dócil instrumento es, sin movimiento que no sea +reflejo, sin palabra que no sea eco sumiso? ¡Ése no eres _tú_! ¡Ése que +roba tu nombre no eres _tú_! ¡Ése no es sino una vana sombra que te +esclaviza y te engaña, como aquélla otra que, mientras duermes, usurpa +el sitio de tu personalidad e interviene en desatinadas ficciones, bajo +la bóveda de tu frente! + + + + + EL MEDITADOR Y EL ESCLAVO + + +Pasó que, huésped en una casa de campo de Megara, un prófugo de Atenas, +acusado de haber pretendido llevarse bajo el manto, para reliquia de +Sócrates, la copa en que bebían los reos la cicuta, se retiraba a +meditar, al caer las tardes, a lo esquivo de extendidos jardines, donde +sombra y silencio consagraban un ambiente propicio a la abstracción. Su +gesto extático algo parecía asir en su alma: dócil a la enseñanza del +maestro, ejercitaba en sí el desterrado la atención del conocimiento +propio. + +Cerca de donde él meditaba, sobre un fondo de sauces melancólicos, un +esclavo, un vencido de Atenas misma o de Corinto, en cuyo semblante +el envilecimiento de la servidumbre no había alcanzado a desvanecer +del todo un noble sello de naturaleza, se ocupaba en sacar agua de +un pozo para verterla en una acequia vecina. Llegó ocasión en que se +encontraron las miradas del huésped y el esclavo. Soplaba el viento +de la Libia, producidor de fiebres y congojas. Abrasado por su +aliento, el esclavo, después de mirar cautelosamente en derredor, +interrumpió su tarea, dejó caer los brazos extenuados, y abandonando +sobre el brocal de piedra, como sobre su cruz, el cuerpo flaco y +desnudo:--“Compadéceme, dijo al pensador, compadéceme si eres capaz +de lágrimas, y sabe, para compadecerme bien, que ya apenas queda en +mi memoria rastro de haber vivido despierto, sino es en este mortal +y lento castigo. ¡Ve cómo el surco de la cadena que suspendo, abre +las carnes de mis manos; ve cómo mis espaldas se encorvan! Pero lo +que más exacerba mi martirio es que, cediendo a una fascinación que +nace del tedio y el cansancio, no soy dueño de apartar la mirada +de esta imagen de mí que me pone delante el reflejo del agua cada +vez que encaramo sobre el brocal el cubo del pozo. Vivo mirándola, +mirándola, más petrificado, en realidad, que aquella estatua cabizbaja +de Hipnos, porque ella sólo a ciertas horas de sol tiene los ojos +fijos en su propia sombra. De tal manera conocí mi semblante casi +infantil, y veo hoy esta máscara de angustia, y veré cómo el tiempo +ahonda en la máscara las huellas de su paso, y cómo se acercan y la +tocan las sombras de la muerte... Sólo tú, hombre extraño, has logrado +desviar algunas veces la atención de mis ojos con tu actitud y tu +ensimismamiento de esfinge. ¿Sueñas despierto? ¿Maduras algo heroico? +¿Hablas a la callada con algún dios que te posee?... ¡Oh, cómo envidio +tu concentración y tu quietud! Dulce cosa debe de ser la ociosidad +que tiene espacio para el vagar del pensamiento!”--“No son éstos los +tiempos de los coloquios con los dioses, ni de las heroicas empresas, +(dijo el meditador); y en cuanto a los sueños deleitosos, son pájaros +que no hacen nido en cumbres calvas... Mi objeto es ver dentro de +mí... Quiero formar cabal idea y juicio de éste que soy yo, de éste +por quien merezco castigo o recompensa...; y en tal obra me esfuerzo +y peno más que tú. Por cada imagen tuya que levantas de lo hondo del +pozo, yo levanto también de las profundidades de mi alma una imagen +nueva de mí mismo; una imagen contradictoria con la que la precedió, y +que tiene por rasgo dominante un acto, una intención, un sentimiento, +que cada día de mi vida presenta, como cifra de su historia, al traerle +al espejo de la conciencia bruñida por la soledad; sin que aparezca +nunca el fondo estable y seguro bajo la ondulación de estas imágenes +que se suceden. He aquí que parece concretarse una de ellas en firmes +y precisos contornos; he aquí que un recuerdo súbito la hiere, y como +las formas de las nubes, tiembla y se disipa. Alcanzaré al extremo de +la ancianidad; no alcanzaré al principio de la ciencia que busco. +Desagotarás tu pozo; no desagotaré mi alma. ¡Ésta es la ociosidad del +pensamiento!...” Llegó un rumor de pasos que se aproximaban; volvió el +esclavo a su faena, el desterrado a lo suyo; y no se oyó más que la +áspera quejumbre de la garrucha del pozo, mientras el sol de la tarde +tendía las sombras alargadas del meditador y el esclavo, juntándolas en +un ángulo cuyo vértice tocaba al pie de la estatua cabizbaja de Hipnos. + + + + + EL BARCO QUE PARTE + + +Mira la soledad del mar. Una línea impenetrable la cierra, tocando al +cielo por todas partes menos aquélla en que el límite es la playa. +Un barco, ufano el porte, se aleja, con palpitación ruidosa, de la +orilla. Sol declinante; brisa que dice “¡vamos!”; mansas nubes. El +barco se adelanta, dejando una huella negra en el aire, una huella +blanca en el mar. Avanza, avanza, sobre las ondas sosegadas. Llegó a +la línea donde el mar y el cielo se tocan. Bajó por ella. Ya sólo el +alto mástil aparece; ya se disipa esta última apariencia del barco. +¡Cuán misteriosa vuelve a quedar ahora la línea impenetrable! ¿Quién +no la creyera, allí donde está, término real, borde de abismo? Pero +tras ella se dilata el mar, el mar inmenso; y más hondo, más hondo, +el mar inmenso aún; y luego hay tierras que limitan, por el opuesto +extremo, otros mares; y nuevas tierras, y otras más, que pinta el sol +de los distintos climas y donde alientan variadas castas de hombres: la +estupenda extensión de las tierras pobladas y desiertas, la redondez +sublime del mundo. Dentro de esta inmensidad, hállase el puerto para +donde el barco ha partido. Quizás, llegado a él, tome después caminos +diferentes entre otros puntos de ese campo infinito, y ya no vuelva +nunca, cual si la misteriosa línea que pasó fuese de veras el vacío en +donde todo acaba... + +Pero he aquí que, un día, consultando la misma línea misteriosa, ves +levantarse un jirón flotante de humo, una bandera, un mástil, un +casco de aspecto conocido... ¡Es el barco que vuelve! Vuelve, como el +caballo fiel a la dehesa. Acaso más pobre y leve que al partir; acaso +herido por la perfidia de la onda; pero acaso también, sano y colmado +de preciosas cosechas. Tal vez, como en alforjas de su potente lomo, +trae el tributo de los climas ardientes: aromas deleitables, dulces +naranjas, piedras que lucen como el sol, o pieles suaves y vistosas. +Tal vez, a trueque de las que llevaba, trae gentes de más sencillo +corazón, de voluntad más recia y brazos más robustos. ¡Gloria y ventura +al barco! Tal vez, si de más industriosa parte procede, trae los +forjados hierros que arman para el trabajo la mano de los hombres; la +tejida lana; el metal rico, en las redondas piezas que son el acicate +del mundo; tal vez trozos de mármol y de bronce, a que el arte humano +infundió el soplo de la vida, o mazos de papel donde, en huellas de +diminutos moldes, vienen pueblos de ideas. ¡Gloria, gloria y ventura, +al barco! + + * * * * * + +Fija tu atención, por breve espacio, un pensamiento; lo apartas de ti, +o él se desvanece por sí mismo; no lo divisas más; y un día remoto +reaparece a pleno sol de tu conciencia, transfigurado en concepción +orgánica y madura, en convencimiento capaz de desplegarse con toda +fuerza de dialéctica y todo ardimiento de pasión. + +Nubla tu fe una leve duda; la ahuyentas, la disipas; y cuando menos la +recuerdas, torna de tal manera embravecida y reforzada, que todo el +edificio de tu fe se viene, en un instante y para siempre, al suelo. + +Lees un libro que te hace quedar meditabundo; vuelves a confundirte +en el bullicio de las gentes y las cosas; olvidas la impresión que el +libro te causó; y andando el tiempo, llegas a averiguar que aquella +lectura, sin tú removerla voluntaria y reflexivamente, ha labrado de +tal modo dentro de ti, que toda tu vida espiritual se ha impregnado de +ella y se ha modificado según ella. + +Experimentas una sensación; pasa de ti; otras comparecen que borran +su dejo y su memoria, como una ola quita de la playa las huellas de +la que la precedió; y un día que sientes que una pasión, inmensa y +avasalladora, rebosa de tu alma, induces que de aquella olvidada +sensación partió una oculta cadena de acciones interiores, que hicieron +de ella el centro obedecido y amparado por todas las fuerzas de tu +ser: como ese tenue rodrigón de un hilo, a cuyo alrededor se ordenan +dócilmente las lujuriosas pompas de la enredadera. + +Todas estas cosas son el barco que parte, y desaparece, y vuelve +cargado de tributos. + + + + + A Y A X + + +Florecía el jacinto en los prados de Laconia y a márgenes del Tíber, +y había una especie de él cuya flor tenía estampados, sobre cada uno +de los pétalos, dos signos de color obscuro. El uno imitaba el dibujo +de una “alfa”; el otro el de una “i” griega. La imaginación antigua +se apropió de esto como de toda singularidad y capricho de las cosas. +En la égloga tercera de Virgilio, Menalcas propone, por enigma, a +Palemón, cuál es la flor que lleva escrito un nombre augusto. Alude a +que con las dos letras del jacinto da comienzo el nombre de Ayax, el +héroe homérico que envuelto por la niebla en densas sombras, pide a +los dioses luz, sólo luz, para luchar, aun cuando sea contra ellos. +En tiempos en que Roma congregaba todas las filosofías, vivió en +ella Lupercio, geómetra y filósofo. De un amor juvenil tuvo Lupercio +una hija a quien dió el nombre de Urania y educó en la afición de +la sabiduría. Imaginémonos a Hipatia en un albor de adolescencia: +candorosa alma de invernáculo sobre la cual los ojos habían reflejado +tan intensamente la luz que parte de las ideas increadas y baña la +tersa faz de los papiros, como poco y en reducido espacio la luz +real que el sol derrama sobre la palpitación de la Naturaleza. Nada +sabía del campo. Cierto día, una ráfaga que vino de lo espontáneo y +misterioso de los sentimientos, llamóla a conocer la agreste extensión. +Dejó su encierro. Desentumida el alma por el contento de la fuga, +vió extenderse ante sí, bajo la frescura matinal, el Agro romano. La +tierra sonreía, toda llena de flores. Junto a una pared en ruina el +manso viento mecía unas de color azul, que fueron gratas a Urania. Eran +seis, dispuestas en espiga a la extremidad de esbelto bohordo, cuya +graciosa cimbra arrancaba de entre hojas comparables a unos glaucos +puñales. Urania se inclinó sobre las flores de jacinto; y más que con +la suavidad de su fragancia, se embelesó con aquellas dos letras, que +provocaron en su espíritu la ilusión de una Naturaleza sellada por +los signos de la inteligencia. Aún fué mayor su hechizo al columbrar +que, como impresión de la idea soberana, era el nombre de Ayax el que +estaba así desparramado sobre lo más limpio y primoroso de la corteza +del mundo; segura prenda--pensó--de que, por encima de los dioses, +resplandece la luz que Ayax pidió para vencerlos... Pero las flores +no tenían sino dos letras de aquel nombre, y en Urania dominaba un +concepto sobrado ideal del orden infinito para creer que, una vez el +nombre comenzado por mano de la Naturaleza, hubiera podido quedar, +como en aquellas flores, inconcluso. Ocurrió en vano a nuevos bohordos +de jacinto. Quizás, las letras que faltaban se hallarían sobre las +hojas de otras flores. Grande era lo visible del campo, y en toda su +extensión variadas flores lo esmaltaban. Buscando las letras terminales +aventuróse Urania campo adentro. Miró en las margaritas, mártires +diezmadas por las ruedas y el casco; en las rojinegras amapolas; en +los narcisos, que guardan oro entre la nieve; en los pálidos lirios, +en las violetas, amigas de la esquividad; llegó a la orilla de una +charca donde frescos nenúfares mentían imágenes del sueño de la onda +dormida. Todo en vano... Tanto se había obstinado en la búsqueda que +ya se aproximaba la noche. Contó su cuita a un boyero que recogía su +hato, y él se rió de su candor. Cansada, y triste con la decepción que +desvanecía su sueño de una Naturaleza sellada por las cifras de las +ideas, volvió el paso a la ciudad, que extendía, frente adonde se había +abismado el sol, su sombra enorme. + +Este fué el día de campo de Urania. En presencia de los destinos +incompletos; de la risueña vida cortada en sus albores, del bien +que promete y no madura, ¡quién no ha experimentado alguna vez el +sentimiento con que se preguntaba Urania cómo la Naturaleza pudo no +completar en ninguna parte el nombre de Ayax, habiendo impreso las dos +primeras letras en la corola del jacinto!... + + + + + EL MONJE TEÓTIMO + + LA EMANCIPACIÓN PERSONAL Y LA SOLEDAD + + +Para burlar la sugestión del ambiente en que se vive y reivindicar la +libertad interior, apartándose de él, hay dos modos de apartamiento: +los viajes y la soledad. En rigor, los dos son necesarios; y una vida +bien ordenada a los fines de su renovación perseverante y eficaz, sabrá +conceder lugar dentro de sí a períodos de incomunicación respecto +de la sociedad que sea habitualmente la suya, distribuyéndolos con +sabiduría entre el recurso de la soledad y el de los viajes.--La +soledad es escudo diamantino, sueño reparador, bálsamo inefable, en +ciertas situaciones de alma y por determinado espacio de tiempo. Pero +como medio único y constante de asegurar la plenitud de la personalidad +contra las opresiones y falacias del mundo, marra la soledad, porque le +faltan: un instrumento eficacísimo con que desenvolver el contenido de +nuestra conciencia: la acción, y una preciosa alianza a quien fiar lo +que no logre consumar de su obra: la simpatía. Sólo el sacudimiento de +la acción es apto para traer a la superficie del alma todo lo que en el +fondo de ésta hay pesado e inerte; y sólo el estímulo de la simpatía +alcanza a corroborar y sostener nuestra reacción espontánea hasta el +punto que se requiere para emanciparse firmemente de los vínculos de +la preocupación y la costumbre. La soledad continua ampara y fomenta +conceptos engañosos, no sólo en cuanto a la realidad exterior, de +cuya percepción nos aparta, sino también en cuanto a nosotros mismos, +sugiriéndonos quizás, sobre nuestro propio ser y nuestras fuerzas, +figuraciones que luego, al más leve tropiezo con la realidad, han +de trocarse en polvo, porque no se las valoró en las tablas de la +comparación con los demás, ni se las puso a prueba en las piedras de +toque de la tentación y de la lucha. + + + EL MONJE TEÓTIMO + + +Acaso nunca ha habido anacoreta que viviese en tan desapacible +retiro como Teótimo, monje penitente, en alturas más propias que de +penitentes, de águilas. Tras de placer y gloria, gustó lo amargo del +mundo; debió su conversión al dolor; buscó un refugio, bien alto, +sobre la vana agitación de los hombres, y le eligió donde la montaña +era más dura, donde la roca era más árida, donde la soledad era más +triste. Cumbres escuetas, de un ferruginoso color, cerraban en reducido +espacio el horizonte. El suelo era como gigantesca espalda desnuda: +ni árboles, ni aun rastreras matas en él. A largos trechos se abría +en un resalte de la roca una concavidad que semejaba negra herida, y +en una de ellas halló Teótimo su amparo. Todo era inmóvil y muerto en +la extensión visible, a no ser un torrente que precipitaba su escaso +raudal por cauce estrecho, fingiendo llantos de la roca, y las águilas +que solían cruzarse entre las cimas. En esta espantosa soledad clavó +Teótimo su alma, como el jirón de una bandera destrozada en lides del +mundo, para que el viento de Dios la limpiase de la sangre y el cieno. +Bien pronto, casi sin luchas de tentación y sin nostálgicas memorias, +la gracia vino a él, como el sueño al cuerpo vencido del cansancio. +Logró la entera sumersión del pecho en el amor de Dios; y al paso +que este amor crecía, un sentimiento intenso, lúcido, de la pequeñez +humana, se concretaba dentro de él, en este diamante de la gracia: la +más rendida y congojosa humildad. De las cien máscaras del pecado tomó +en mayor aborrecimiento a la soberbia, que por ser primera en el tiempo +que las otras, antes que máscara del pecado le pareció su semblante +natural. Y sobre la roca yerma y desolada, frente al adusto silencio de +las cumbres, Teótimo vivió sin otros pensamientos que el de la única +grandeza velada allí tras la celeste bóveda que sólo en reducida parte +veía, y el de su propia pequeñez e indignidad. + +Pasaron años de esta suerte; largos años durante los cuales la +conciencia de Teótimo sólo reflejó de su alma imágenes de abatimiento y +penitencia. Si acaso alguna duda de la constancia de su piedad humilde +le amargaba, ella nacía del extremo de su misma humildad. Fué condición +que Teótimo había puesto en su voto ir, una vez que pasase determinado +tiempo de retiro, a visitar la tumba de sus padres y volver luego, +para siempre, al desierto. Cumplido el plazo, tomó el camino del más +cercano valle. La montaña perdía, en lo tendido de su falda, parte +de su aridez, y algunas matas, rezagadas de vegetación más copiosa, +interrumpían lo desnudo del suelo. Teótimo se sentó a descansar junto +a una de ellas. ¿Cuántos años hacía que no posaba los ojos en una +flor, en una rama, en nada de lo que compone el manto alegre y undoso +colgado de los hombros del mundo?... Miró a sus pies y vió una blanca +florecilla que nacía de un tallo acamado sobre el césped; trémula y +como medrosa, con el soplo del aura. Era de una gracia suave, tímida, +sin hermosura, sin aroma... Teótimo, que reparó en ella sin quererlo, +se puso a contemplarla con tranquilo deleite. Mientras notaba la +sencilla armonía de sus hojuelas blancas, el ritmo de sus movimientos, +la gracia de su debilidad, una idea súbita nació de la contemplación +de Teótimo. ¡También cuidaba el cielo de aquella tierna florecilla; +también a ella destinaba un rayo de su amor, de su complacencia en +la obra que vió buena!... Y esta idea no era en él grata, afectuosa, +dulcemente conmovida, como acaso la tuvimos nosotros. Era amarga, y +promovía dentro de su pecho como una hesitante rebelión. Sobre la roca +yerma y desolada nunca había nublado su humildad el pensamiento que +ahora le inquietaba. ¿Todo el amor de Dios no era entonces para el +alma del hombre? ¿El mundo no era el yermo sobre el cual, única flor, +flor de espinoso cardo, el alma humana se entreabría sabedora de no +merecer la luz del cielo, pero sola en gozar del beneficio de esta luz? +Vano fué que luchara por quitar los ojos del alma de este obstinado +pensamiento, porque él volvía a presentársele cual si lo empujase a +la claridad de la conciencia de Teótimo una tenaz persecución. Y tras +él sentía el eremita venir de lo hondo de su ser un rugido cada vez +más cercano... un rugido cada vez más siniestro... un rugido cuyo +son conocía, y que brotaba de unas fauces que creyó mortalmente secas +en su alma. Bastó una débil florecilla para que el monstruo oculto, +la soberbia apostada tras la ilusión de la humildad, dejase con +avasallador empuje su guarida... Bajo la alegre bondad de la mañana, +mientras tocaba en su pecho un rayo de sol, Teótimo, torvo y airado +puso el pie sobre la flor indefensa. + + + + + LOS SEIS PEREGRINOS + + DOS DISTINTAS ESPECIES DE ALMAS ENTUSIASTAS + + +Grande es la unidad que enlaza todas las partes de nuestra existencia +bajo una idea soberana; pero más bella y fecunda, si, poniendo a +prueba la extensión de su fuerza ordenadora, se diversifica por la +flexibilidad y la amplitud. Dentro de toda comunión, de toda fe, de +toda sociedad ideal, es fácil distinguir dos especies de almas sinceras +y entusiastas. Hay el entusiasta inflexible, alma monocorde y austera; +y hay aquél cuyo entusiasmo asume las múltiples formas de la vida, y +consiente, generoso con su riqueza de amor, otros objetos de atención +y de deseo que el que preferentemente se propone. De aquella pasta +están hechos el estoico y el asceta, el puritano y el jansenista; de +ésta, los espíritus amplios, comunicativos y curiosos, sin mengua de su +fidelidad inquebrantable ni su férvida consagración. De los unos y de +los otros, es decir, de los perseverantes, de los entusiastas, de los +creyentes, y sólo de ellos es el secreto de la acción; pero la más alta +forma de la perseverancia, del entusiasmo y de la fe, es su aptitud +para extenderse y transformarse, sin desleirse ni desnaturalizarse. + + + LOS SEIS PEREGRINOS + +Cuentan leyendas que no están escritas, que Endimión, no el que recibió +favores de Diana, sino un evangelista de quien nada sabe la historia, +recorría, después de doctrinado en Corinto por Pablo de Tharso, las +islas del Archipiélago. En una ciudad pequeña de la Eubea, su palabra +tocó el corazón de seis jóvenes paganos que formaron un grupo lleno de +adhesión hacia él, no menos que de fe pura y sencilla. Esta comunidad +naciente vivió, durante cierto tiempo, en la intimidad afectuosa con +que la vida de las iglesias primitivas imitaba los lazos fraternales. +Un día, un día del _Señor_, en la expansión cordial de la cena, maestro +y discípulos fueron heridos de un pensamiento que les pareció una +vocación: partirían a propagar la buena nueva siguiendo la ruta de +Alejandro; soldados de una mansa conquista, llegarían sobre las huellas +del conquistador, hasta donde el cielo quisiera; pero juraban que no se +detendría, falta de impulso, la divina palabra, en tanto que uno solo +de sus propagadores quedara, con vida y libertad, sobre el camino que +por ellos sería, otra vez y con más pureza, glorioso. + +La fe, radiante, ofuscaba la temeridad de la intención. Aún no estaba +formulada la idea, y ya la impaciencia por la acción y la gloria hacía +aletear las voluntades. Pero como Endimión, el maestro, necesitaba +completar, ante todo, su viaje por la isla, convinieron que, pasado el +término que para ello se consideraba menester, él y sus seis discípulos +se encontrarían en un vecino puerto, desde donde atravesarían el mar +para emprender la ruta soñada. + +El tiempo transcurrió para todos como en el éxtasis de una visión. +Llegaron los días de la cita. Una mañana alegre, apenas provistos de +pan y frutas los zurrones, en la dirección de la marcha un claro sol, y +dentro de sí, como la mano de Dios en el timón del alma, el entusiasmo, +los seis amigos partieron a reunirse al maestro. + +Corría, suavísimo y opulento, el otoño. La Naturaleza parecía concertar +con la felicidad de los viajeros sus galas; diríase que de cada cosa +del camino nacía una bendición para ellos. Sintiéndola, recogiéndola en +su corazón, se regocijaban y hacían sonar todo el tesoro de su sueño +en joviales coloquios, cuando de improviso distrajeron su interés +unos lastimeros ayes que venían de unas breñas cercanas. Dirigiéronse +allí, y viendo tendido entre las zarzas a un pastor que se desangraba, +herido acaso por los lobos, se aproximaron a valerle. Sólo uno de +los seis, Agenor, laconio enjuto y pálido, de grandes ojos absortos, +había permanecido indiferente, desde el primer momento, a los ayes, +atribuyéndolos a uno de los mil rumores del viento, y extraño a todo +lo que no fuese la idea sublime a cuya ejecución se encaminaban; +en la impaciencia de ver convertirse en realidad las imágenes +deslumbradoras de su sueño, se había negado a desviarse y a esperar que +se satisficiera la curiosidad de sus amigos. Agenor siguió adelante, +adelante, como en el ciego ímpetu de una fascinación. + +Ellos, en tanto, después de haber lavado y vendado con jirones de sus +propias ropas las heridas del rústico, le condujeron a su choza, que +descollaba a cierta distancia, sobre una ladera donde se columbraban +restos dispersos del hato. Allí, prolongando sus cuidados, les +sorprendió la noche. Cuando, abriendo la aurora, llegó el momento de +partir, he aquí que Nearco, otro de los seis compañeros, permaneció +apartado y melancólico, con el aire de quien no se resuelve a hacer +una confidencia dolorosa. Instáronle los demás a confesar lo que +sentía.--Sabéis--dijo Nearco--que, desde que este episodio nos obligó +a alterar por compasión el rumbo que llevábamos, me entró en el alma +la duda de la inoportunidad de nuestra empresa, y oí una voz interior +que me decía: “Si hay tanto y tan desamparado dolor, tanto abandono +y tanta impiedad cerca de nosotros donde emplear el fuego de caridad +que nos inflama, ¿por qué buscar objeto para él en climas extraños y +remotos?”. Me dormí con este pensamiento en el alma; y soñé; y así como +el apóstol vió en sueños la imagen del macedón que le llamaba, lo que +él interpretó como un ruego de que fuera a redimir a los suyos, a mí +se me apareció la imagen de este pastor, que intentando yo continuar +el viaje, me cerraba el camino, y lo aparté para avanzar; y entonces, +en los enebros y las zarzas a cuyo lado le encontramos, sentí que se +enredaban mis ropas y me detenían... + +Dicho lo cual, Nearco en quien, un sueño disipó el encanto de otro, +abrazó a sus amigos, que ya daban cara al sol para continuar su ruta, y +volvióse en dirección a la ciudad. + +El grupo siguió con entusiasmo intacto, adelante. De los cuatro que +le componían ahora, Idomeneo parecía ser el que, por su superioridad, +llenaba la ausencia del maestro. Él había sido el primero en percibir +y atender los ayes del herido. Era de Atenas; era suave, inteligente, +benévolo. En su fisonomía se reflejaba algo de la inquietud con que se +significaría la curiosidad espiritual de un estudiante, y algo de la +ternura con que se expresaría el omnímodo amor de un panteísta. Pero el +sello de expresión más hondo lo imprimía el dulce estupor con que aún +lo embargaba la inmensidad de la fe nueva que había conquistado su alma. + +Cuando en los bordes de algún soto vecino asomaba una lozana flor +silvestre, Idomeneo, desviándose, se acercaba a admirar su forma, su +color, o a aspirar su perfume. Cuando el viento traía, de cercanas +cabañas de pastores, un son de zampoña o caramillo, o bien si una +cigarra levantaba su canto, Idomeneo se detenía un instante a escuchar. +Cuando una guija pintada lucía entre la arena del camino, Idomeneo, con +el afán de un niño, la recogía, y bruñéndola, la llevaba en la mano. Y +cuando allá, en la profundidad del horizonte, un ave o una nube pasaban +o se descubría el triángulo blanco de una vela sobre la línea obscura +del mar, el alma del neófito parecía tender presurosamente hacia ellos +sobre el riel de una mirada anhelante... + +Ya el sol había templado la fuerza de sus rayos cuando los viajeros +vieron aparecer, en la caída de una loma, las casas dispersas de una +aldea. + +Gigante encina descollaba, en lo más avanzado del lugar, sobre los +techos, que esmaltaba el oro de la tarde; y en derredor del árbol +veíase un gran grupo de gente, que formaba corro, con muestras +de atención y respeto. Preguntando a unos labradores que habían +interrumpido su trabajo para dirigirse hacia allí, supieron que era un +cantor ambulante, mendigo consagrado por la vejez y por el numen, que +todos los años recorría, en ocasión de las cosechas, aquella parte de +la isla.--¿Oigámosle?--propuso Idomeneo. + +Acercándose al corro, los cuatro amigos se empinaron para ver al +cantor. Un soplo de antigüedad heroica llegó a ellos. Todo lo del +Homero legendario reaparecía en una dulce y majestuosa figura; el +continente regio, la luenga barba lilial, la frente olímpica; a la +espalda el zurrón, la lira a la cintura, el nudoso báculo en la +diestra, el can escuálido y enlodado a sus plantas. Hízose un silencio +solemne; y desatando al dios ya inquieto en su seno, el mendigo cantó; +y sobre el aliento de sus labios, mientras las manos trémulas tocaban +las cuerdas de la lira, flotaron cosas de historia y de leyenda, cosas +que estaban en todas las memorias, pero que parecían recobrar, en +versos ingenuos (tal como se serena el agua en cántaro de barro), +la frescura y el resplandor de la invención. Cantó del germinar de +los elementos en las sombras primeras; de la majestad de Zeus; de +los dioses y sus luchas sublimes; de los amores de las diosas y los +hombres. Cantó de las tradiciones heroicas. Hércules y Teseo lidiando, +en el amanecer del mundo, con monstruos y tiranos; la nave que busca el +vellocino; Tebas y su estirpe fatídica... Mostró después la cólera de +Aquiles, y a Héctor en los muros de Ilión; y luego, a Ulises errabundo, +los encantamientos de Circe, y la castidad de Penélope. Todos +escuchaban arrobados: Idomeneo, con la expresión del que contempla una +imagen que evoca en él el recuerdo de otra más bella o más querida; +Lucio, uno de sus tres compañeros, con gesto en que alternaban el +embeleso y la angustia.--Este canto divino--dijo Lucio--me ha hecho +sentir de nuevo la hermosura de los dioses que abandonamos. Conozco +que mi fe ha sido herida de muerte por el poeta...--Tu fe era +débil--contestó Idomeneo--; yo siento magnificada y victoriosa la mía; +yo guardo para mí el dulzor del canto, y como se arroja la corteza de +la almendra, desecho la vanidad de la ficción. + +Pero, insistiendo Lucio en su arrepentimiento, sólo siguieron viaje +Idomeneo, Merión y Adimanto. A mitad de la jornada siguiente, +atormentados por la sed, divisaron, no lejos del camino, el mirador +de una alquería, y se dirigieron a ella. La casa estaba ceñida, en +ancho espacio, por un huerto frondoso, que vides opulentas, enlazadas, +por todas partes, a los árboles, adornaban con el oro de sus sazones. +Cuando los viajeros llegaron, vieron que se preparaba en el huerto +la vendimia. Ocupábanse unos en remover toneles y disponer para la +obra el lagar. Otros afilaban, para segar los racimos, hoces que +llenaban de desapacible música y de rojas chispas el aire. Un grupo de +mujeres tejía los cuévanos y las cestas de mimbres para recogerlos. +Por dondequiera reinaba la animación comunicativa con que se anuncia +el trabajo preparado de buena voluntad; la animación que provoca el +desasosiego del estímulo en los corazones y los brazos robustos. + +Satisfecha su sed, los viajeros hacían señal de despedirse, cuando el +viñador preguntóles si querían quedarse aquella tarde y ayudar a las +faenas, porque sus hombres eran pocos, y debía apresurar la vendimia, a +fin de terminarla para el día que había indicado su señor. Agregó que +hasta la otra mañana no vendrían, de los pueblos vecinos, los braceros +que necesitaba, y que el tiempo que ganaría con el auxilio de los +huéspedes sería bastante para evitar la demora y el castigo. + +Ellos, que no habían permanecido insensibles a la sana tentación del +trabajo; que recordaron la parábola de los pocos obreros para la mucha +mies, y que agradecían, además, la hospitalidad que habían recibido, +accedieron, y puestos a la obra, no fueron avaros de sus fuerzas. +Adimanto contribuyó a recolectar los racimos, Merión a transportarlos, +Idomeneo a la faena del lagar. La jornada acabó con tal suma de +adelanto, que el viñador, lleno de júbilo, abandonó sus temores. +Empezó luego la fiesta con que se celebraba la vendimia, junto al +báquico altar que descollaba en lo más alto del huerto, bajo brutesca +arquitectura de ramas. Los vendimiadores fueron congregándose allí, +mientras se distribuía, con prodigalidad, vino de anteriores cosechas. +Cuando recibieron su parte, Idomeneo invitó a los suyos a beber, al +modo de los festines eucarísticos. Apartándose de los demás algún +espacio, levantaron las copas. En alto las miradas extáticas, invocaron +el nombre del Señor. Y como dos zuritas, de las que acudían a picar en +el suelo granos dispersos de la uva, cruzasen en aquel mismo instante +sobre ellos: “¡Irene y Ágape!”--dijo con gracia mística el de Atenas--, +recordando a las dos escanciadoras invisibles, mientras un rayo de sol +inflamaba en las copas levantadas al aire el oro burbujante del vino... + +Poco después, siendo ya de noche, y en el deseo de estar de pie con la +aurora, los tres amigos buscaron un rincón protegido por los árboles y +se tendieron a dormir. Pero en los ojos de Merión, beocio que llevaba +en el semblante los rasgos de la sensualidad, el vino había dejado un +toque de luz cálida. Sentíase allí cerca la agitación del festejo que +congregaba a los trabajadores en derredor del ara del dios. El circular +de sarmientos encendidos pintaba de fuego las sombras de la noche. Por +todas partes parecía vagar en libertad el alma del vino. En el viento, +embriagado con las exhalaciones del lagar, venían risas, canciones y +el resonar de rústicos instrumentos, que denunciaba alegres danzas. +Merión, incorporándose, levantó su copa del suelo y se perdió con paso +sigiloso en la sombra. + +Aún no se había disipado la fiesta cuando sus dos amigos saludaban +de pie la bandera de la mañana, que les mostraba la dirección de su +camino. No encontraron a Merión junto a ellos.--“¿Estás despierto, +Merión?”. Tendido en tierra, desceñido, faunesco, coronado de pámpanos, +como Dionysos joven a la sombra de las grutas de Nisa, el beocio les +respondió, cuando le hallaron, alargándoles negligentemente su copa. +Idomeneo y Adimanto partieron. + +Y ¿qué era en tanto de Agenor, el que desde la primera jornada se había +adelantado en su impaciencia a los otros?... Agenor había llegado acaso +al término del viaje, o tal vez seguía adelante, adelante, como en el +ciego ímpetu de una fascinación. + +A poco andar, Adimanto e Idomeneo vieron abrirse ante su paso una +hermosísima llanura, por donde el camino serpeaba con deliciosa +volubilidad, como atraído a un tiempo por mil cosas. Blancas aldeas, +rubias y onduladas mieses; tupidos bosques, a cuyos pies se deslizaba +la corriente sosegada de un río, y en lo remoto, el mar azul y +profundo. Caminaban absortos en la contemplación, cuando, percibiendo +de cerca un aroma de manzanas silvestres, traspusieron, no sin +esfuerzo, el natural vallado que orillaba el camino; y el soto más +ameno, la más risueña espesura rústica que pueda imaginarse, apareció +ante sus ojos y los envolvió en la fragancia de su aliento. Bajo la +bóveda que extendían los árboles más altos tejía la vida una gloriosa +urdimbre, entre la cual formaba caprichosos cambiantes con la sombra, +la luz que descendía tenuemente velada. De aquí y de allá partían, +buscando el corazón de la espesura, senderos estrechos y tortuosos, y +no tardaban en oponerse a su paso las vigilantes zarzas y las hiedras +cuajadas de corimbos. Los frutos todavía sujetos a la rama veíanse en +tan gran copia como los que, ya desprendidos, yacían en el suelo y le +alfombraban de tintes más obscuros que los que desparramaban los otros +por el aire. A pesar del otoño, no escaseaban, junto a esta riqueza, +galas más tempranas que el fruto. Y todo estaba virgen, radiante, como +húmedo aún de la humedad del soplo creador. Fresco aposento de quién +sabe qué divinidad esquiva, no había señales de haber tocado en aquel +retiro planta humana. A medida que se internaban en lo espeso del +soto, Idomeneo sentía cómo iba estrechándole el alma, dulcemente, el +abrazo de la Naturaleza, y se abandonaba sin recelos a él. Admiraba, +con la admiración que pone húmedos los ojos, todo cuanto le rodeaba; +parecía beber con delicia en el ambiente; perdíase de intento allí +donde formaban más hondo laberinto las frondas; tenía dulces palabras +para las flores que le embalsamaban el camino; se detenía a grabar el +signo de la cruz en la corteza de los árboles, como en el corazón de +catecúmenos; recordaba, de los libros sagrados, el Paraíso y la tierra +que mana leche y miel; los cedros del Líbano y las rosas de Jericó, y +el fondo de imágenes campestres del Evangelio. Como en la copa donde +se mezclan dos vinos para mitigar los humos del más fuerte, en él el +entusiasmo, la embriaguez de la vida, cosa de su raza, que, sin él +quererlo, subía de las raíces de su ser, se dulcificaba con el sabor +de la fe nueva, con el recuerdo del Dios que también había sabido +detenerse ante la gracia de un ave, de una colina o de una flor... +Idomeneo bautizaba toda aquella hermosura al difundirse en ella por +obra del amor, que identifica el alma y las cosas. + +Pasóse el tiempo en aquel vagar infantil y les sorprendió en la soledad +del monte el crepúsculo. Sus sombras graves parecieron una reconvención +a Adimanto. Cuando, a la mañana siguiente, Idomeneo recordó que sólo +faltaba una jornada para terminar el viaje, y se echó al hombro el +zurrón con renovado júbilo, Adimanto confesó tristemente que no se +atrevía a ponerse en presencia del maestro... Pensaba que los recibiría +con severidad por su tardanza, si es que ya no había partido a la +llegada de Agenor; y a pesar de las instancias de su compañero, se +despidió y marchó cabizbajo a desandar su camino. + +Idomeneo, solo ya, siguió adelante. No tardó en divisar, sobre la playa +graciosamente enarcada, las casas blancas y risueñas de una ciudad +marina, y las palmeras que la engalanaban agitándose con señas como de +llamamiento, que le parecieron dirigidas a él. Inquirió, por los que +hallaba a la puerta de alguna finca rústica o ejerciendo las labores +del campo, si había pasado en aquella dirección Agenor, y conoció +que sí cuando le describieron la prisa, como de quien huye; el gesto +extático, que les habían admirado días antes en un extraño pasajero; +su palidez, el cansancio inconsciente, o desdeñado, que revelaba, y la +indiferencia con que proseguía, en medio a la curiosidad de los que se +detenían a observarle.--¡Parecía un sonámbulo!--decían. + +Tal como estas noticias lo pintaban, Agenor había llegado al término +del viaje en un solo impulso de deseo desde su partida, insensible a la +fatiga de su cuerpo, insensible a los accidentes del camino, insensible +al espectáculo de la Naturaleza. No bien llegó, cayó extenuado a las +plantas del maestro, aunque, más feliz que el soldado de Maratón, no +fué sin vida. Durante tres mañanas y tres tardes, maestro y discípulo +consultaron, de lo más alto de la ciudad, como desde una atalaya, +la dirección por donde esperaban ver venir a los otros, hasta que +apareció Idomeneo, y por él supieron dolidos, mas no desalentados, la +inutilidad de esperar más. Endimión puso a Agenor a su derecha, puso a +su izquierda a Idomeneo, y entonando uno de los salmos que cantan la +felicidad del caminante, marchó con ellos hacia el mar. Nubes extrañas +fingían maravillosas rutas en el confín del horizonte. La vela de la +nave que los conduciría palpitaba sobre las aguas turbias e inquietas, +a modo de un gran corazón blanco... + +Y así, junto al maestro que representaba para ellos la verdad, inmunes +de las tentaciones a que habían sucumbido los discípulos que, por +veleidosos o cobardes, no continuaron el camino, partieron: Agenor, el +entusiasmo rígido y austero, la sublime obsesión que corre arrebatada +a su término, con ignorancia o desdén de lo demás; Idomeneo, la +convicción amplia, graciosa y expansiva, dueña de sí para corresponder, +sin mengua de su fidelidad inquebrantable, al reclamo de las cosas; +el convertido de Atenas, que de paso para su vocación, supo atender a +las voces con que lo solicitaron la caridad, el arte, el trabajo, la +Naturaleza, y que de las impresiones recogidas en lo vario del mundo +formaba, alrededor del sueño grande de su alma, un cortejo de ideas... + + + + + H Y L A S + + +Hylas, efebo de la edad heroica, acompañaba a Hércules en la expedición +de los Argonautas. Llegadas las naves frente a las costas de la Misia, +Hylas bajó a tierra para traer a sus camaradas agua que beber: En +el corazón de un fresco bosque halló una fuente calma y límpida. Se +inclinó sobre ella, y aún no había hecho ademán de sumergir bajo el +cristal de las aguas la urna que llevaba en la mano, cuando graciosas +ninfas surgieron, rasgando el seno de la onda y le arrebataron +prisionero de amor, a su encantada vivienda. Los compañeros de Hylas +bajaron a buscarle, así que advirtieron su tardanza. Llamándole, +recorrieron la costa y fatigaron vanamente los ecos. Hylas no parecía; +las naves prosiguieron con rumbo al país del áureo vellocino. Desde +entonces fué uso en los habitantes de la comarca donde quedó el cautivo +de amor, salir a llamarle al comienzo de cada primavera, por los +bosques y prados. Cuando apuntaban las flores primerizas, cuando el +viento empezaba a ser tibio y dulce, la juventud lozana se dispersaba, +vibrante de emoción, por los contornos de Prusium. ¡Hylas! ¡Hylas! +clamaba. Ágiles pasos violaban misterios de las frondas; por las +suaves colinas trepaban grupos sonoros; la playa se orlaba de mozos y +doncellas. ¡Hylas! ¡Hylas! repetía el eco en mil partes, y la sangre +ferviente coloreaba las risueñas mejillas y los pechos palpitaban de +cansancio y de júbilo, y las curvas de tanta alegre carrera eran como +guirnaldas trenzadas sobre el campo. Con el morir del sol, acababa, +sin fruto, la pesquisa. Pero la nueva primavera convocaba otra vez a +la búsqueda del hermoso argonauta. El tiempo enflaquecía las voces +que habían sonado briosa y entonadamente; inhabilitaba los cuerpos +antes ágiles para correr los prados y los bosques, generaciones nuevas +entregaban el nombre legendario al viento primaveral: ¡Hylas! ¡Hylas! +Vano clamor que nunca tuvo respuesta. Hylas no pareció jamás. Pero de +generación en generación se ejercitaba en el bello simulacro la fuerza +joven; la alegría del campo florecido penetraba en las almas, y cada +día de esta fiesta ideal se reanimaba con el candor que quedaba aún no +marchito, una inquietud sagrada: la esperanza de una venida milagrosa. + +Mientras Grecia vivió, el gran clamor flotó una vez por año en el +viento de la primavera ¡Hylas! ¡Hylas! + + * * * * * + +Exista el Hylas perdido a quien buscar, en el campo de cada humano +espíritu; viva Hylas para cada uno de nosotros. Pongamos que él no haya +de parecer jamás: ¿qué importa, si el sólo afán de buscarle es ya sazón +y estímulo con que se mantiene el halago de la vida? + +Un supremo objeto para los movimientos de nuestra voluntad; una +singular preferencia en el centro de nuestro corazón; una idea soberana +en la cúspide de nuestro pensamiento...; no a modo de celosas y +suspicaces potestades, sino de sueños hospitalarios y benévolos, a +cuyo lado haya lugar para otras manifestaciones de la vida que las que +ellos tienen de inmediato bajo su jurisdicción; aunque, indirecta y +delicadamente, a todas las penetren de su influjo y las usen para sus +fines. + +Ya por el moroso Idomeneo supimos cómo la perseverancia en una alta +idealidad, cómo el fervor de un gran designio, puede hermanarse con +un tierno interés por las demás cosas bellas y buenas que abarca la +extensión infinita del mundo. + + + + + LA DESPEDIDA DE GORGIAS + + +Ésos que están sentados a una mesa donde hay flores y ánforas de vino, +y que preside un viejo hermoso y sereno como un dios; ésos que beben, +mas no dan muestra de contento; ésos que suelen levantarse a consultar +la altura del sol, y a veces se enjugan una lágrima, son los discípulos +de Gorgias. Gorgias ha enseñado, en la ciudad que fué su cuna, nueva +filosofía. La delación, la suspicacia, han hecho que ella ofenda y +alarme a los poderosos. Gorgias va a morir. Se le ha dado a escoger +el género de muerte, y él ha escogido la de Sócrates. A la hora de +entrarse el sol ha de beber la cicuta: aún tiene vida por dos más, y +él las pasa en serenidad sublime, rector de melancólica fiesta, donde +las flores acarician los ojos de los convidados, que el pensamiento +enciende con luz íntima, y un vino suave difunde el soplo para el +brindis postrero. Gorgias dijo a sus discípulos: “Mi vida es una +guirnalda a la que vamos a ajustar la última rosa”. + +Esta vez, el placer de filosofar con gracia, que es propio de almas +exquisitas, se realzaba con una desusada unción. “Maestro--dijo +uno--nunca podrá haber olvido en nosotros, para ti ni para tu +doctrina”. Otro añadió:--“Antes morir que negar cosa salida de +tus labios”. Y cundiendo este sentimiento, hubo un tercero que +propuso:--“Jurémosle ser fieles a cada una de sus palabras, a cuanto +esté virtualmente contenido en cada una de sus palabras; fieles ante +los hombres y en la intimidad de nuestra conciencia; ¡siempre e +invariablemente fieles!”... Gorgias preguntó al que había hablado de +tal modo:--“¿Sabes, Lucio, lo que es jurar en vano?”--“Lo sé--repuso +el joven--; pero siento firme el fundamento de nuestra convicción, y +no dudo de que debamos consolar tu última hora con la promesa que más +dulce puede ser a tu alma”. + +Entonces Gorgias comenzó a decir de esta manera: + +--¡Lucio! Oye una anécdota de mi niñez. Cuando yo era niño, mi madre +se complacía tanto en mi bondad, en mi hermosura, y sobre todo en el +amor con que yo pagaba su amor, que no podía pensar sin honda pena +en que mi niñez y toda aquella dicha pasaran. Mil y mil veces la oía +repetir: “¡Cuánto diera yo por que nunca dejases de ser niño!...”. +Se anticipaba a llorar la pérdida de mi dulce felicidad, de mi bondad +candorosa, de aquella belleza como de flor o de pájaro, de aquel amor +único, merced al cual sólo ella existía en la tierra para mí. No se +resignaba a la idea de la obra ineluctable del Tiempo, bárbaro numen +que pondría la mano sobre tanto frágil y divino bien, y desharía la +forma delicada y graciosa, y amargaría el sabor de la vida, y traería +la culpa allí donde estaba la inocencia sin mácula. Menos aún se avenía +con la imagen de una mujer futura, pero cierta, que acaso había de +darme penas del alma en pago de amor. Y tornaba al pertinaz deseo: +“¡Cuánto daría porque nunca, nunca dejases de ser niño!...”. Cierta +ocasión oyóla una mujer de Tesalia, que pretendía entender de ensalmos +y hechizos, y le indicó un medio de lograr anhelo tan irrealizable +dentro de los comunes términos de la Naturaleza. Diciendo cierta +fórmula mágica, había de poner sobre mi corazón, todos los días, el +corazón de una paloma, tibio y mal desangrado aún, que sería esponja +con que se borraría cada huella del tiempo; y en mi frente pondría la +flor del íride silvestre, oprimiéndola hasta que soltase del todo su +humedad, con lo que se mantendría mi pensamiento limpio y puro. Dueña +del precioso secreto, volvió mi madre con determinación de ponerlo al +punto por obra. Y aquella noche tuvo un sueño. Soñó que procedía tal +como le había sido prescripto; que transcurrían muchos años; que mi +niñez permanecía en un ser; y que favorecida ella misma con el don de +alcanzar una ancianidad extrema, se extasiaba en la contemplación de mi +ventura inalterable, de mi belleza intacta, de mi pureza impoluta... +Luego, en su sueño, llegó un día en que ya no halló, para traer a +casa, ni una flor de íride, ni un corazón de paloma. Y al despertarse +y acudir a mí, la mañana siguiente, vió en lugar mío, un hombre viejo +ya, adusto y abatido; todo en él revelaba una ansia insaciable; nada +había de noble ni grande en su apariencia, y en su mirada vibraban +relámpagos de desesperación y de odio. “¡Mujer malvada!--le oyó clamar, +dirigiéndose a ella con airado gesto--, me has robado la vida, por +egoísmo feroz, dándome en cambio una felicidad indigna, que es la +máscara con que disfrazas a tus propios ojos tu crimen espantable... +Has convertido en vil juguete mi alma. Me has sacrificado a un necio +antojo. Me has privado de la acción, que ennoblece; del pensamiento, +que ilumina; del amor, que fecunda... ¡Vuélveme lo que me has quitado! +Mas ya no es hora de que me lo vuelvas, porque este mismo es el día en +que la ley natural prefijó el término de mi vida, que tú has disipado +en una miserable ficción, y ahora voy a morir, sin tiempo más que para +abominarte y maldecirte”. Aquí terminó el sueño de mi madre. Ella, +desde que lo tuvo, dejó de deplorar la fugacidad de mi niñez. Si yo +aceptara el juramento que propones, ¡oh Lucio! olvidaría la moral de mi +parábola, que va contra el absolutismo del dogma revelado de una vez +para siempre; contra la fe que no admite vuelo ulterior al horizonte +que desde el primer instante nos muestra. Mi filosofía no es religión +que tome al hombre en el albor de la niñez, y con la fe que le infunde, +aspire a adueñarse de su vida, eternizando en él la condición de la +infancia, como mi madre antes de ser desengañada por su sueño. Yo os +fuí maestro de amor: yo he procurado daros el amor de la verdad; no la +verdad, que es infinita. Seguid buscándola y renovándola vosotros, como +el pescador que tiende uno y otro día su red, sin mira de agotar al mar +su tesoro. Mi filosofía ha sido madre para vuestra conciencia, madre +para vuestra razón. Ella no cierra el círculo de vuestro pensamiento. +La verdad que os haya dado con ella no os cuesta esfuerzo, comparación, +elección: sometimiento libre y responsable del juicio, como os +costará la que por vosotros mismos adquiráis, desde el punto en que +comencéis realmente a vivir. Así, el amor de la madre no le ganamos +con los méritos propios: él es gracia que nos hace la Naturaleza. +Pero luego otro amor sobreviene, según el orden natural de la vida; y +el amor de la novia, éste sí, hemos de conquistarlo nosotros. Buscad +nuevo amor, nueva verdad. No se os importe si ella os conduce a ser +infieles con algo que hayáis oído de mis labios. Quedad fieles a mí, +amad mi recuerdo en cuanto sea una evocación de mí mismo, viva y real, +emanación de mi persona, perfume de mi alma en el afecto que os tuve; +pero mi doctrina no la améis sino mientras no se haya inventado para la +verdad fanal más diáfano. Las ideas llegan a ser cárcel también, como +la letra. Ellas vuelan sobre las leyes y las fórmulas; pero hay algo +que vuela aún más que las ideas, y es el espíritu de vida que sopla en +dirección a la Verdad... + +Luego, tras breve pausa, añadió: + +--Tú, Leucipo, el más empapado en el espíritu de mi enseñanza: ¿qué +piensas tú de todo esto? Y ya que la hora se aproxima, porque la luz se +va y el ruido del mundo se adormece: ¿por quién será nuestra postrera +libación? ¿por quién este destello de ámbar que queda en el fondo de +las copas?... + +--Será, pues,--dijo Leucipo--, por quien, desde el primer sol que no +has de ver, nos dé la verdad, la luz, el camino; por quien desvanezca +las dudas que dejas en la sombra; por quien ponga el pie delante de +tu última huella, y la frente aun más en lo claro y espacioso que tú; +por tus discípulos, si alcanzamos a tanto, o alguno de nosotros, o +un ajeno mentor que nos seduzca con libro, plática o ejemplo. Y si +mostrarnos el error que hayas mezclado a la verdad, si hacer sonar en +falso una palabra tuya, si ver donde no viste, hemos de entender que +sea vencerte: Maestro, ¡por quien te venza, con honor, en nosotros! + +--¡Por ése!--dijo Gorgias; y mantenida en alto la copa, sintiendo ya +al verdugo que venía, mientras una claridad augusta amanecía en su +semblante, repitió--: ¡Por quien me venza con honor en vosotros! + + * * * * * + +Desventurado el maestro a quien repugne anunciar, como el Bautista, +al que vendrá después de él, y no diga: _“Él debe crecer; yo ser +disminuido”_. Funda dogmas inmutables aquél que viene a poner yugo +y marca de fuego, de las que allí donde una vez se estampan, se +sustituyen por siempre al aspecto de naturaleza; no los funda quien es +enviado a traer vida, luz y nueva alma. + +La palabra de Cristo, así como anunció la preeminencia del sentido +interno y del espíritu sobre la letra, la devoción y la costumbre, +dejó también, aun refiriéndose a lo que es espíritu y substancia, el +reconocimiento de su propia relatividad, de su propia limitación, no +menos cierta (como, en lo material, la del mar y la montaña), por su +grandeza sublime; el reconocimiento de la lontananza de verdad que +quedaba fuera de su doctrina declarada y concreta, aunque no toda +quedase fuera de su alcance potencial o virtual, de las posibilidades +de su desenvolvimiento, de su capacidad de adaptación y sugestión. + +Éste es el significado imperecedero de aquellas hondas palabras de la +Escritura, que Montano levantó por lábaro de su herejía: “Aún tendría +otras cosas que enseñaros, mas no podríais llevarlas”. Vale decir: “No +está toda la verdad en lo que os digo, sino sólo la suma de verdad que +podéis comportar”. + +Así, contra la quietud estéril del dogma, contra la soberbia de la +sabiduría amortajada en una fórmula eterna, la palabra de Cristo salvó +el interés y la libertad del pensamiento de los hombres por venir; +salvó la inviolabilidad del misterio reservado para campo del esfuerzo +nuestro, en las porfías de la contradicción, en los anhelos de la duda, +sin los cuales la actividad del pensamiento, sal del vivir humano, +fuera, si lo decimos también con palabras evangélicas, “como la sal que +se tornara desabrida”. + +_Aún tendría otras cosas que enseñaros, mas ahora no podríais +llevarlas_, significa, lo mismo en lo que es aplicable a la conciencia +de la humanidad que en lo que se refiere a la del individuo: no hay +término final en el descubrimiento de lo verdadero, no hay revelación +una, cerrada y absoluta; sino cadena de revelaciones, revelación por +boca del Tiempo, dilatación constante y progresiva del alma, según sus +merecimientos y sus bríos, en el seno de la infinita verdad. + + + + + LUCRECIA Y EL MAGO + + +Artemio, corregidor de la Augostólida de Egipto, en tiempo que elegirás +dentro del crepúsculo de Roma, era neófito cristiano. A la sombra de su +severa ancianidad vivía, en condición de pupila, Lucrecia, cuyo padre, +muerto cuando ella estaba en la niñez, había sido conmilitón y amigo de +Artemio. No defraudaba esta Lucrecia el esplendor de tal nombre. Antes +se le adelantaba por la calidad de una virtud tan cándida, igual y +primorosa, que tenía visos y reflejos de beatitud. Un día llegó a casa +de Artemio un religioso de algún culto oriental: bramino, astrólogo, o +quizás mago caldeo, de los que por el mundo romano vagaban añadiendo +a su primitivo saber, retazos de la helénica cultura y profesando +artes de adivinación y encantamiento. El corregidor le recibió de buen +grado; la religiosidad de estos cristianos de Oriente solía darse la +mano con la afición a cosas de hechicería. Oyendo decir al mago que, +entre las capacidades de su ciencia, estaba la de poner de manifiesto +lo que las almas encerraban en su centro y raíz más apartados de la +sospecha común, Artemio hizo comparecer a Lucrecia, movido del deseo +de saber qué prodigiosa forma tomaba, en lo radical y más denso de +su espíritu, la esencia de su raro candor. El mago declaró que sólo +precisaba una copa que ella colmase de agua por su propia mano, y que +bajo la diafanidad del agua vería pintarse, como en limpio espejo, +el alma de Lucrecia. “Veamos--dijo Artemio--qué estrella de inocente +fulgor, qué cristalino manantial, qué manso cordero ocupa el fondo de +esta alma...”. Fué traída la copa, que Lucrecia llenó de agua hasta +los bordes, y hecho esto, el mago concentró en la copa la mirada, +y la doncella y su tutor anhelaron oir lo que decía. “En primer +término--empezó--, veo, como en todas las almas que he calado con esta +segunda vista de mis ojos, una sima o abismo comparable a los que +estrechan el paso del viajero en los caminos de las montañas ásperas. +Y allá, en lo hondo, en lo hondo...”. Interrumpióse vacilando, un +momento.--“¿Lo digo?”, preguntó después. Y como Artemio inclinase la +cabeza:--“Pues lo que veo--continuó--en las profundidades de ese abismo +es una alegre, briosa y resplandeciente cortesana. Está acostada bajo +alto pabellón de los de Tiro, y duerme. Viste toda de púrpura, con el +desceñimiento y transparencia que, más que la propia desnudez, sirven +de dardo a la provocación. Un fuego de voluptuosidad se desborda de sus +ojos, velados por el sueño, y enciende en las comisuras de los labios +como dos llamas, entre las que se abre la más divina e infernal sonrisa +que he visto. La cabeza reposa sobre uno de los brazos desnudos. El +otro sube en abandono, todo entrelazado de ajorcas que figuran víboras +ondeantes, y entre el pulgar y el índice alza una peladilla de arroyo, +sangrienta de color, que es de los signos de Afrodita. Esto es lo que +esta alma tiene en lo virtual, en lo expectante, en lo que es sin ser +aún; en fin, Artemio, en la sombra de que quisiste saber por artes +mías...”--“¡Vil impostor!--gimió en esto Lucrecia, llenos de lágrimas +los ojos--. ¿Tu ciencia es ésa? ¿tu habilidad es infamia? Traigan una +brasa de fuego con que probar si pasa por mis labios palabra que no +sea de verdad, y óiganme decir si anida en mí intención o sentimiento +que guarde relación con la imagen que pretende haber visto dentro de +mi espíritu!”--“Calla, pobre Lucrecia--, argüyó el mago--; ¿acaso es +menester que tú lo sepas? Tú dices verdad y yo también”.--“¿Justo será +entonces--dijo Artemio--menospreciar las promesas que nos cautivan y +preparar nuestro ánimo a la decepción?”--“No pienso como tú--replicó +el mago--; ¿quién te asegura que la cortesana despierte?”--“Digo +por si despierta”--añadió Artemio--. “Señor--repuso el mago--, yo +te concedo que eso pase; pero yo vi también en el fondo del alma de +esta hetaira dormida que está en el fondo del alma de Lucrecia, y +vi otro abismo, y en el seno del abismo una luz, y como envuelta y +suspendida en la luz una criatura suavísima, por la que el ampo de +la nieve se holgara en trocarse, según es de blanca. Junto a esta +dea, mujer sin sexo, puro espíritu, juzgarías sombra el resplandor +de la virtud de Lucrecia, y como la cortesana en tu pupila, ella, en +la cortesana, duerme...”. “--Infiero de ahí--dijo el corregidor--que +aun con el despertar de la cortesana, ¿podrían resucitar sahumadas +nuestras esperanzas en Lucrecia? Demos gracias a Dios, ya que en el +extravío de su virtud hallamos el camino de su santidad”.--“Sí--volvió +a decir el mago--; pero no olvides que, como en las otras, hay en el +alma de esa forma angélica un abismo al cual puedo yo asomarme”.--“Y +¿quién--preguntó Artemio--es la durmiente de ese abismo?”--“Te lo +diría--opuso el mago--si fuera bien mostrar a los ojos de Lucrecia una +pintura de abominación. Piensa en la escena de la Pasifae corintia de +Lucio; piensa en mujer tal que para con ella la primera cortesana +sea, en grado de virtud, lo que para con la primera cortesana +es Lucrecia”.--“¡Me abismas--prorrumpió Artemio--en un mar de +confusiones! ¿Qué extraña criatura es ésta que la amistad confió en mis +manos?”...--“Cesa en tu asombro--dijo, finalmente, el mago, acudiendo +a reanimar a Lucrecia, que permanecía sumida en doloroso estupor--: +ella no es ser extraordinario, ni las que has visto por mis ojos son +cosas que tengan nada de sobrenatural o peregrino. Con cien malvados, +que durmieron siempre en lo escondido de su ser, subió a la gloria cada +bienaventurado, y con cien justos, que no despertaron nunca, en lo +hondo de sí mismo, bajó a su condenación cada réprobo. Artemio, nunca +estimules la seguridad en el justo, la desconfianza en el caído: todos +tienen huéspedes, que no se les parecen en lo oculto del alma. Veces +hay en que el bien consiste en procurar que despierte alguno de esos +huéspedes; pero las hay también (y esto te importa) en que turbar su +sueño fuera temeridad o riesgo inútil. El sueño vive en un ambiente +silencioso; la inocencia es el silencio del alma: ¡haya silencio en el +corazón de Lucrecia!...”. + + + + + LA PAMPA DE GRANITO + + +Era una inmensa pampa de granito; su color, gris; en su llaneza, +ni una arruga; triste y desierta; triste y fría; bajo un cielo de +indiferencia, bajo un cielo de plomo. Y sobre la pampa estaba un viejo +gigantesco; enjuto, lívido, sin barbas; estaba un gigantesco viejo +de pie, erguido como un árbol desnudo. Y eran fríos los ojos de este +hombre, como aquella pampa y aquel cielo; y su nariz, tajante y dura +como una segur; y sus músculos, recios como el mismo suelo de granito; +y sus labios no abultaban más que el filo de una espada. Y junto al +viejo había tres niños ateridos, flacos, miserables: tres pobres niños +que temblaban, junto al viejo indiferente e imperioso, como el genio de +aquella pampa de granito. El viejo tenía en la palma de una mano una +simiente menuda. En su otra mano, el índice extendido parecía oprimir +en el vacío del aire como en cosa de bronce. Y he aquí que tomó por +el flojo pescuezo a uno de los niños, y le mostró en la palma de la +mano la simiente, y con voz comparable al silbo helado de una ráfaga, +le dijo: “Abre un hueco para esta simiente”; y luego soltó el cuerpo +trémulo del niño, que cayó, sonando como un saco mediado de guijarros, +sobre la pampa de granito. + +--“Padre--sollozó él--¿cómo le podré abrir si todo este suelo es raso +y duro?”--“Muérdelo”, contestó con el silbo helado de la ráfaga; y +levantó uno de sus pies, y lo puso sobre el pescuezo lánguido del niño; +y los dientes del triste sonaban rozando la corteza de la roca, como +el cuchillo en la piedra de afilar; y así pasó mucho tiempo, mucho +tiempo; tanto que el niño tenía abierta en la roca una cavidad no menor +que el cóncavo de un cráneo; pero roía, roía siempre, con un gemido de +estertor; roía el pobre niño bajo la planta del viejo indiferente e +inmutable, como la pampa de granito. + +Cuando el hueco llegó a ser lo hondo que se precisaba, el viejo +levantó la planta opresora; y quien hubiera estado allí hubiese visto +entonces una cosa aún más triste, y es que el niño, sin haber dejado +de serlo, tenía la cabeza blanca de canas; y apartóle el viejo con +el pie, levantó al segundo niño, que había mirado temblando todo +aquello.--“Junta tierra para la simiente”--le dijo.--“Padre--preguntóle +el cuitado--¿en dónde hay tierra?”--“La hay en el viento; recógela”, +repuso; y con el pulgar y el índice abrió las mandíbulas miserables +del niño; y le tuvo así contra la dirección del viento que soplaba, y +en la lengua y en las fauces jadeantes se reunía el flotante polvo del +viento, que luego el niño vomitaba, como limo precario; y pasó mucho +tiempo, mucho tiempo, y ni impaciencia, ni anhelo, ni piedad, mostraba +el viejo indiferente e inmutable sobre la pampa de granito. + +Cuando la cavidad de piedra fué colmada, el viejo echó en ella +la simiente, y arrojó al niño de sí, como se arroja una cáscara +sin jugo, y no vió que el dolor había pintado la infantil cabeza +de blanco; y luego levantó al último de los pequeños, y le dijo, +señalándole la simiente enterrada:--“Has de regar esa simiente”; y +como él le preguntase, todo trémulo de angustia:--“Padre, ¿en dónde +hay agua?”--“Llora; la hay en tus ojos”, contestó; y le torció las +manos débiles, y en los ojos del niño rompió entonces abundosa vena de +llanto, y el polvo sediento la bebía; y este llanto duró mucho tiempo, +mucho tiempo, porque para exprimir los lagrimales cansados estaba el +viejo indiferente e inmutable, de pie sobre la pampa de granito. + +Las lágrimas corrían en un arroyo quejumbroso tocando el círculo de +tierra; y la simiente asomó sobre el haz de la tierra como un punto; y +luego echó fuera el tallo incipiente, las primeras hojuelas; y mientras +el niño lloraba, el árbol nuevo criaba ramas y hojas, y en todo esto +pasó mucho tiempo, mucho tiempo, hasta que el árbol tuvo tronco +robusto, y copa anchurosa, y follaje, y flores que aromaron el aire, y +descolló en la soledad; descolló el árbol, aún más alto que el viejo +indiferente e inmutable, sobre la pampa de granito. + +El viento hacía sonar las hojas del árbol, y las aves del cielo +vinieron a anidar en su copa, y sus flores se cuajaron en frutos; y el +viejo soltó entonces al niño, que dejó de llorar, toda blanca la cabeza +de canas; y los tres niños tendieron las manos ávidas a la fruta del +árbol; pero el flaco gigante los tomó, como cachorros, del pescuezo, +y arrancó una semilla, y fué a situarse con ellos en cercano punto de +la roca, y levantando uno de sus pies juntó los dientes del primer +niño con el suelo; juntó de nuevo con el suelo los dientes del niño, +que sonaron bajo la planta del viejo indiferente e inmutable, erguido, +inmenso, silencioso, sobre la pampa de granito. + + * * * * * + +Esa desolada pampa es nuestra vida, y ese inexorable espectro es +el poder de nuestra voluntad, y esos trémulos niños son nuestras +entrañas, nuestras facultades y nuestras potencias, de cuya debilidad +y desamparo la voluntad arranca la energía todopoderosa que subyuga al +mundo y rompe las sombras de lo arcano. + +Un puñado de polvo, suspendido por un soplo efímero sobre el haz de la +tierra, para volver, cuando el soplo acaba, a caer y disiparse en ella; +un puñado de polvo: una débil y transitoria criatura, lleva dentro de +sí la potencia _original_, la potencia emancipada y realenga, que no +está presente ni en los encrespamientos de la mar, ni en la gravitación +de la montaña, ni en el girar de los orbes; un puñado de polvo puede +mirar a lo alto, y dirigiéndose al misterioso principio de las cosas, +decirle:--“Si existes como fuerza libre y consciente de tus obras, eres +como yo, una Voluntad: soy de tu raza, soy tu semejante; y si sólo +existes como fuerza ciega y fatal, si el universo es una patrulla de +esclavos que rondan en el espacio infinito teniendo por amo una sombra +que se ignora a sí misma, entonces yo valgo mucho más que tú; y el +nombre que te puse, devuélvemelo, porque no hay en la tierra ni en el +cielo nada más grande que yo!”. + + + + + SUEÑO DE NOCHEBUENA + + +En Nochebuena era el soñar despierto, girando la mariposa interior en +torno a la imagen de luz pura, que ya aparecía, infantil, en el regazo +de la Madre; ya a márgenes del lago o sobre el monte, con sus rubias +guedejas de león manso; ya trágica y sublime, entre los brazos de la +Cruz. Mi imaginación era invencionera; la fe le daba alas. Cuentos, +leyendas, ficciones de color de rosa nacían de aquel soñar. Una +recuerdo. No sabría reproducirla con su tono, con el metal de voz de la +fantasía balbuciente. Será una idea de niño dicha con acento de hombre; +será un verso de poeta que ha pasado por manos de traductor. + +Era en la soledad de los campos, una noche de invierno. Nevaba. Sobre +lo alto de una loma, toda blanca y desnuda, se aparecía una forma, +blanca también, como de caminante cubierto de nieve. En derredor +de esta forma flotaba una claridad que venía, no de la luz de una +linterna, sino del nimbo de una frente. El caminante era Jesús. + +Allá donde se eriza el suelo de ásperas rocas, un bulto negro se agita. +Jesús marcha hacia él; él viene, como receloso, a su encuentro. A +medida que el resplandor divino lo alumbra, se define la figura de un +lobo, en cuyo cuerpo escuálido y en cuyos ojos de siniestro brillo está +impresa el ansia del hambre. Avanzan; párase el lobo al borde de una +roca, ya a pocos palmos del Señor, que también se detiene y le mira. La +actitud dulce, indefensa, reanima el ímpetu del lobo. Tiende éste el +descarnado hocico y aviva el fuego de sus ojos famélicos; ya arranca el +cuerpo de sobre la roca... ya se abalanza a la presa... ya es suya..., +cuando Él, con una sonrisa que filtra a través de su inefable suavidad +la palabra: + +--Soy yo--, le dice. + +Y el lobo, que lo oye en el rapidísimo espacio de atravesar el +aire para caer sobre él, en el mismo rapidísimo espacio muda +maravillosamente de apariencia: se transfigura, se deshace, se +precipita en lluvia de blancas y fragantes flores. A los pies de Jesús, +entre la nieve, las flores forman como una nube mística, sobre la que +el divino cuerpo flotara. Y todo mi afán de poeta consistía, en que se +entendiese que no fué voluntad del sagrado caminante, ni intervención +de lo alto, lo que movió la transformación milagrosa, sino que fué +virtud del propio sentir del lobo espantado, loco, al reconocer a quien +iba a destrozar con sus dientes: virtud en que arrepentimiento, dolor, +vergüenza, ternura, adoración, se aunaron como en un fuego de rayo, y +derritieron las entrañas feroces, y las refundieron en aquella forma +dulcísima, todo ello, mientras declinaba la curva del salto, que tuvo +por arranque la intención de hacer daño... Agregaba mi cuento que el +Señor, mirando a las flores que a sus plantas había, hizo sonar los +dedos como quien llama a un animal doméstico. Entonces, de bajo el +manto de flores se levantó, cual si despertara, un perro grande, fuerte +y de mirada noble y dulce, de la casta de aquéllos que en las sendas +del monte San Bernardo van en socorro del viajero perdido. + +Algunas veces asocio al recuerdo de mi ficción candorosa la idea de +esas súbitas conversiones de la voluntad, que, por la devoradora +virtud de una emoción instantánea, consumen y disipan para siempre la +endurecida broza de la naturaleza o la costumbre: Pablo de Tharsos +herido por el fuego del cielo, Raimundo Lulio develando el ulcerado +pecho de su Blanca, o el Duque de Gandía frente a la inanimada belleza +de la Emperatriz Isabel. + + + + + EL LEÓN Y LA LÁGRIMA + + +El phytónico Astiages, proscrito por tiranos cuya ruina predijo, vivía, +ciego y caduco, en la soledad de unas montañas riscosas. Le acompañaban +y valían, una hija, dulce y hermosa criatura, y un león, adicto con +fidelidad salvaje al viejo mago, desde que éste, hallándole pasado de +una saeta en el desierto, le puso el bálsamo en la herida. + +De la hija del mago decía la fama una singularidad que era sobrenatural +privilegio: contaban que en lo hondo de sus ojos serenos, si se les +miraba de cerca, en la sombra de la noche, veíase, en puntual aunque +abreviado reflejo, el firmamento estrellado, y aún cierta luz, ulterior +al firmamento visible, que era lo más misterioso y sorprendente de ver. + +Ciaxar, sátrapa persa, que removía en el tedio de la saciedad las +pavesas de su corazón estragado, ardió en deseos de hacer suya a +esta mujer, que en el misterio de sus ojos llevaba la gloria de la +noche. Todas las tardes, acompañada de su león, iba la doncella en +busca de agua a una fuente, que celaba el corazón bravío de un monte. +Ciaxar hizo emboscarse allí soldados suyos, y para el león, fué un +sabio nigromante con ellos, que prometió dominarle con su hechizo. +Aquella tarde el león se adelantó, como siempre, a explorar la orilla +breñosa, y no bien hubo asomado la cabeza entre las zarzas, recibió +en ella emponzoñada aspersión, que le postró al punto sumido en un +letárgico sueño. Cuando, ignorante y confiada, llegó su dulce amiga, +precipitándose los raptores a apresarla, buscó ella con espanto a su +león, se abrazó trémula al cuerpo inane de la fiera, y al reparar en +que yacía sin aliento, dejó caer sobre el león una lágrima, una sola, +que se perdió, como el diamante que cayese dentro de pérsica alcatifa, +en la espesura de la melena antes soberbia, ahora rendida y lánguida. + +Ya apoderados los esclavos de la hermosura que codiciaba su señor, el +nigromante decidió llevarle por su parte otra presea. Aproximándose con +hierático gesto al león dormido, tendió hacia él las manos imponentes +mientras decía un breve conjuro, y el león, sin cambiar una línea en +forma ni actitud, trocóse al punto en león de mármol; tal, que era una +estatua de realidad y perfección pasmosas. Cortaron bajo la estatua un +trozo de tierra, que, convertida en mármol también, sirvió al león de +zócalo o peana, y con tiro de bueyes llevaron al animal petrificado al +palacio del señor. + +Cuando apartó éste su atención de la cautiva, admiró al león y quiso +que se le pusiera, como símbolo, enfrente de su lecho. León que duerme, +potestad que reposa. Desde alta basa, bajo el bruñido entablamento, +quitando preeminencias a los unicornios de pórfido que recogían, a +ambos lados del lecho, las alas en espeso pabellón de púrpura, el león, +en actitud de sueño, dominó la estancia suntuosa. + +Pero en lo interno de esa estatua leonina algo lento e inaudito +pasaba... Y es que, en el instante del hechizo, a tiempo de cuajarse +en mármol la melena del león, la lágrima que dentro de ella había se +congeló y endureció con ella y quedó trocada en dardo diamantino y +agudo. La lágrima entrañada en el mármol fué como gota de un fuego +inextinguible dentro de durísimo hielo; fué como imantada flecha cuyo +norte estuviese en el petrificado pecho del león. La lágrima gravitaba +al pecho, pero venciendo a su paso resistencia tan dura, que cada día +avanzaba un espacio no mayor que uno de los corpúsculos de polvo que +hace desprenderse, del mármol en trabajo, el golpe del martillo. No +importa: bajo la quietud e impasibilidad de la piedra, en silencioso +ambiente o entre los ecos de la orgía, cuando las dichas y cuando las +penas del señor, la lágrima buscaba el pecho. + +¿Cuánto tiempo pasó antes que con su lenta punzada atravesase la +melena, hendiera la cerviz sumisa, penetrase a través del espacioso +tórax y llegase a su centro, partiendo su corazón endurecido? + +Nadie puede saberlo... Era alta noche. Hondísimo silencio en la +estancia. Sólo la vaga luz que alimentaba el aceite de una copa de +bronce. Bajo la púrpura, el señor, decrépito, dormía. De pronto hubo +un rumor como de levísimo choque: duro latido pareció mover, al mismo +tiempo, el pecho del león y propagarse en un sacudimiento extraño por +su cuerpo. Y cual si resucitara, todo él revistióse en un instante +de un cálido y subido tinte de oro: en el fondo de sus ojos abiertos +apuntó roja luz, y la mustia melena comenzó a enrularse como mar en +donde el viento hace ondas. Con empuje que fué al principio desperezo, +después movimiento voluntario, luego esfuerzo iracundo, el león arrancó +del zócalo los tendidos jarretes, que hicieron sangre, manchando la +blancura del mármol, y se puso de pie. Quedó un momento en estupor; la +ondulante melena encrespóse de un golpe; rasgó los aires el rugido, +como una recia tela que se rompe entre dos manos de Hércules... Y +cuando tras un salto de coloso las crispadas garras se hundieron en el +lecho macizado de pluma, quien estuviera allí sólo hubiera visto bajo +de ellas una sombra anegada en un charco de sangre miserable, y hubiera +visto después los unicornios de pórfido, las colgaduras, los tapices, +los vidrios de colores, los entablamentos de cedro, los lampadarios +y trípodes de bronce, que rodaban, en espantosa confusión, por la +estancia, y el león, rugiente, que revolvía el furor de su destrozo +entre ellos, mientras la lágrima, asomando fuera de su corazón, como +acerada punta, le teñía el pecho de sangre. + + * * * * * + + + + + LA ESTATUA DE CESÁREA + + +¿Qué misteriosa generación es ésta del personaje épico, novelesco o +dramático? ¿Qué divina virtud obra para este acto de creación--el más +calificable de tal entre todos los actos de los hombres--que consiste +en dar al mundo una criatura imaginaria inmortal: D. Quijote o D. +Juan, Otelo o Hamlet; en arrancar de las entrañas del alma propia otra +alma, no reflejo de ella, sino autónoma y distinta; hecha de la tela +de los sueños, y con todo, dotada de espíritu más brioso, de vida más +intensa y pertinaz que los mismos héroes de la historia; individual y +una, no con la unidad artificial de la abstracción, sino con la lógica +viviente de la naturaleza; _persona_ e _idea_ a la vez; alma que, +en la sucesión de los tiempos, obsesionará como un numen al pintor, +para que interprete y fije su encarnación corpórea; al músico para +que destile su más íntima esencia; al pensador, para que alumbre y +analice sus reconditeces, alma capaz de imponerse a la imitación de +las que realmente viven en el mundo, de modo que, después de tener +vida ideal, maravillosamente tejida de palabras, adquiera real ser y +cuerpo tangible, modelando según su imagen la personalidad de hombres +de carne y hueso, y siendo como el típico ejemplar en que tienen +puesta la mirada generaciones enteras? ¿Qué portentoso secreto es éste +de la imaginación, que _crea_, que arrebata al cielo, como el titán +filántropo, la chispa con que se anima a los hombres?... + + * * * * * + +Cómo habría sido el semblante de Jesús, de que no había imagen +conocida, desvelaba a un eremita del Sceto en tiempos de los primeros +ermitaños. Unos imaginaban al Redentor en cuerpo hermoso, transparente, +forma de su espíritu. Otros, por el contrario, le atribuían, con la +fealdad del cuerpo, la intención de alentar el menosprecio de los +hombres, por cuanto cae bajo del sentir material. De tradición sabía el +eremita que en Cesárea, ciudad del Antilíbano, cerca de donde el Jordán +toma sus fuentes, uno de los enfermos a quienes volvió el Maestro, +con la salud del cuerpo, la del alma, había consagrado a perpetuar +su imagen una estatua de mármol. Era aquélla de que luego habló en +su “Historia Eclesiástica” el obispo Eusebio. Hondo impulso de amor +sublimaba la curiosidad del eremita, y fué en él vocación irresistible +y ardiente de piedad determinarse a ir en peregrinación hasta la +estatua de Cesárea. Duras fatigas padeció, sin que decayera su ánimo, +desde su salida del desierto. Llegó a Cesárea, preguntó, y le mostraron +los trozados muros que quedaban de una casa en abandono, y junto a esos +muros, plantas silvestres que tejían brava y extendida maraña. Aquí en +la esquividad de la maleza, debía encontrar la imagen de su Dios, si es +que ella duraba todavía: poco había preocupado a Cesárea la imagen de +un dios más. + +Nunca con tal pavor penetra un niño en la nocturna sombra del bosque, +cual se internó el eremita entre las plantas; sólo que este pavor +tenía dulzuras de deliquio. Se halló de pronto ante un pedestal de +piedra. Alzó los ojos... La estatua estaba allí, pero ya no guardaba +vestigios de su fisonomía. Donde el cincel había esculpido los rasgos +del semblante, quedaba apenas una superficie rasa, como la cara de los +Hermes arcaicos, obscura y vil profanación del tiempo. El cansancio, +que había cedido a la esperanza, se apoderó, con la decepción, del +eremita, que cayó sumergido en hondo sueño, junto al ruinoso pedestal. +Inmenso anhelo se exhaló, durante el sueño de su alma, y difundiéndose +por el ámbito del mundo, convocó a las partículas de piedra que habían +sido de la estatua, para que, juntándose de nuevo, recompusieran +la máscara divina. Ellas vinieron, alzadas del polvo de la tierra, +surgidas del fondo de las aguas, suspensas en las ondas del aire... En +breve nube, comparable a la que forma el aliento del caballo después +de la carrera, se acumulaban ante el eremita y flotaban con vago y +desmayado ritmo. Luego, las partecillas fueron más y parecieron la nube +de tierra que levanta del camino el carro que pasa. Pero nada nacía de +ellas que prometiese la imagen por la que su evocador había deseado +reunirlas. Él, sin embargo, las consideraba con emoción profunda, +sólo porque alguna vez habían compuesto la imagen adorable. Fuego de +amor derretía la substancia de su corazón; todo era amor, mientras +contemplaba el eremita; inmenso amor que se desbordaba de sus ojos. +Tembló una lágrima en ellos. Y entonces, al través de la lágrima, +la mirada, que era rayo de amor, fué como fuego que hace llama, y +a su contacto la nube de leves partecillas se estremeció, como si +toda se incendiase de amor. Su agitación incierta cobró brío; acorde +impulso distribuyó, cual si los moviera un soplo sabio, los átomos +de piedra; formaron éstos líneas y contornos; y como el mundo de la +nébula, surgió, del seno de la nube, la imagen. Amor era la norma +que, en la estatua, había concertado a aquellos átomos de piedra, en +la expresión del semblante de que componían simulacro; este semblante +en la realidad, como en la estatua, había sido pura forma sensible del +amor. Y penetrados ahora de la misma alma por la mirada de amor que los +sujetaba a su hechizo, el orden renació entre ellos, y, con el orden, +la divina apariencia. Dulce premio de la contemplación conmovida, +la veneró el soñador, en éxtasis que no duró más que un instante. +Despertó. La mutilada estatua mostraba su faz, llana e informe; pero el +eremita no miró ya para ella, porque en lo hondo de su alma, allí donde +lo que el recuerdo estampa es indeleble, llevaba--más patente que como +quedó en el cendal de la Verónica--la imagen, milagro de su amor. + + * * * * * + +Éste es el proceso en la invención del artista; ésta la “misteriosa +generación” de lo bello, de que habló el Sócrates platónico: una +belleza entrevista, que enciende amor, deseo de tenerla, anhelo de +fijarla; una, congregación de infinitas partes, menudas y dispersas, +que el magnetismo del amor atrae, y la perseverancia del amor +apura; y por fin, un inspirado acto de amor, que estrecha en abrazo +ardorosísimo esos mil distintos elementos, y del acuerdo y animación +que entre ellos pone, saca la apetecida imagen, limpia y luciente, rica +de color y de vida. + +Allá, en lo hondo del alma de cada uno, duermen las tendidas aguas de +la memoria. Sólo un rayo de luz cae sobre esas aguas sombrías; sólo en +mínima parte aparecen a la claridad de la conciencia; pero su capacidad +es insondable, e indefinida su aptitud de revelar lo que más íntimo +guardan. Cuanto ha pasado una vez por los sentidos, cuanto ha brotado +de operación interior, cuanto ha tenido ser en la mente, deja por bajo +de ella un rastro de su paso, capaz de revivir otra vez, y convertirse +en representación actual y luminosa. No ya lo que la conciencia alumbró +claramente cuando su presentación primera; no ya lo que labró hondo +surco en la atención o la sensibilidad; sino aun lo vislumbrado, lo +apenas advertido, lo semi-ignorado, lo visto al pasar, lo que en un +punto mismo es y se disipa, desciende a aquel abismo de la memoria +latente, y yace en esa profundidad jamás colmada. De esta manera, +líneas, colores, sonidos, armonías, palabras, ideas, emociones, duermen +en el inmenso depósito, comparable al caos donde está en potencia una +creación y guardan su turno para resurgir, ya como recuerdo concreto, +ya como imagen no referida a lo pasado, si logran el favor de un +pensamiento que tienda hasta ellos el hilo de una asociación eficaz, y +los levante al círculo de lo consciente. Cuanto más vario y copioso sea +ese íntimo museo en el alma del artista, cuanto más se le acrezca por +la experiencia, y se le haga accesible y dócil a las artes evocadoras +de la asociación, tanto más fácil será la inventiva del artista, y más +fecunda. + +Cierto día, una percepción o representación dichosa suscita en el alma +dotada del sentimiento de hermosura la idea original, la primitiva +célula, vago y levísimo esbozo de un personaje imaginario. Un acto de +ilusa insensatez o vano arrojo, presenciado de paso por un pueblo; o +la fugitiva visión de algún hidalgo escuálido, que lee un libro de +caballerías junto al estante de sus armas; o bien una anécdota leída +sobre la singular monomanía de un loco; o, simplemente, un rasgo +recordado en las soledades de la cárcel, del Amadís o el Esplandián, +son la chispa por la que comienza a iluminarse, en la mente de Miguel +de Cervantes, la portentosa figuración de su héroe. Esta primera idea +enamora al alma del artista; y del amor, que es padre del deseo, nace +el de completarla y realizarla. Acicateada por el deseo de amor, la +idea se sumerge y abisma en aquel inmenso depósito de los recuerdos, +y como quien remueve el lecho de dormido estanque para traer a la +superficie lo del fondo, hace que surja de allí hirviente remolino de +imágenes. Todo lo que tiene alguna afinidad con la idea, y es propio +para enriquecerla y nutrirla, y formar cuerpo con ella, y levantar su +relieve, y reforzar su color, y determinar su espíritu, todo despierta +y obedece al poderoso conjuro. Mil recuerdos del tesoro de observación +consciente e inconsciente que en su azarosa existencia ha acopiado, mil +noticias de su ciencia del mundo acuden al pensamiento de Cervantes, +para reunirse a aquel esbozo que de su héroe concibió, y añadirle algún +toque de verdad y de vida. Estos recuerdos, estas representaciones, +son las partículas de piedra que, de los ámbitos del mundo, concurren +a reconstruir el semblante de la estatua, para el contemplador que +permanecía ante ella en mudo anhelo. Lucha acaso el alma del artista +en este momento de la concepción; lucha acaso y se angustia, en su +impaciencia de evocar todos los elementos que le interesan y hacen +falta, como ardía en ansia y pena de amor la contemplación del eremita. +No le basta buscar en lo ya acumulado, en el mundo de sus recuerdos, +sino que, mientras le inquieta aquel germen precioso que lleva en las +entrañas, tiene los ojos muy abiertos a la realidad, para cosechar +en ella nuevos rasgos de expresión y carácter, y embeberse en vivos +reflejos de hermosura, al modo como la madre antigua se rodeaba, +cercana al parto, de formas perfectas. Ni le basta tampoco recordar y +observar, sino que ha menester meditar sobre lo recordado y observado, +de suerte que la inconexa pluralidad de sus imágenes se traduzca en +síntesis armónica. Pero la meditación que dirige y ordena, el orden +que la meditación es apta para instituir en la obra de la fantasía, +no son suficientes aún. Nunca pasaría este orden de orden lógico, de +disposición artificiosamente calculada, si, magnificando el acierto +con que lo compone el raciocinio, no perseverase la inconsciente +fuerza de amor, que, como cálido y plasmante soplo, circula por entre +las relaciones y junturas que establece la mente. Y nunca arribaría +a _vivir_ el personaje imaginario, nunca su imagen se movería con la +vida personal y enérgica que emula la de los más netos caracteres que +veamos en la realidad, si el amor del artista, llegado a su más alto +punto, al éxtasis en que culmina, inspirado y victorioso, abrazando de +un rapto los elementos que ya ha puesto en acuerdo, compenetrándolos +y traspasándolos, como por el “golpe intuitivo” de que hablaban los +Plotinos y Jámblicos en la iluminación de lo divino, no suscitase +finalmente la visión una, simultánea, completa, de la criatura soñada; +la alucinación que la pone a pleno sol de la conciencia del artista, y +después de la cual, ya no es menester sino la voluntad que ejecute y la +mano que obedezca. Cuando la llama de amor, desbordando de los ojos que +esperan la suspirada forma, ha prendido en la nube fluctuante donde se +la busca, la imagen es, de definitiva manera y con vida inmortal. La +virtud plástica de la concepción depende de la eficacia de este último +acto, instantáneo e insubstituible, en el que los que le antecedieron +hallan su recompensa y su fruto. + +Todo es presidido por una misma fuerza, en la actividad creadora de la +imaginación: el primer deseo que excita a la realización de lo hermoso; +la convocatoria enérgica y tenaz que allega los elementos con que ha de +componérselo; el rapto inspirado que lo vivifica, y aun la obstinación +y perseverancia de la voluntad, que consuma y deja la obra en su +punto. Todo ello es presidido por una sola fuerza: aquella misma que, +llamándose afinidad, genera las formas armoniosas de los cristales, las +estrellas y exágonos en que cuaja la nieve; y llamándose atracción, +rige la sublime concordia de los mundos; y llamándose amor de los +sentidos, reproduce la proporción y belleza de los seres vivientes; y +llamándose amor desinteresado e ideal, florece en la divina hermosura +de las cosas del arte. +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 79262 *** diff --git a/79262-h/79262-h.htm b/79262-h/79262-h.htm new file mode 100644 index 0000000..4fa5afb --- /dev/null +++ b/79262-h/79262-h.htm @@ -0,0 +1,3268 @@ +<!DOCTYPE html> +<html lang="es"> +<head> + <meta charset="UTF-8"> + <meta name="viewport" content="width=device-width, initial-scale=1"> + <meta name="format-detection" content="telephone=no,date=no,address=no,email=no,url=no"> + <title> + Parábolas | Project Gutenberg + </title> + <link rel="icon" href="images/cover.jpg" type="image/x-cover"> + <style> + +body { + margin-left: 10%; + margin-right: 10%; +} + +h1,h2 { + text-align: center; font-weight: normal; + clear: both; +} + + h2 {margin-top: 4em; margin-bottom: 2em;} + + h3 {margin-top: 2em; font-weight: normal; text-align: center;} + +p { + margin-top: .5em; + text-align: justify; + margin-bottom: .5em; +} + + + +.p1 {margin-top: 1em;} + +.p2 {margin-top: 2em;} + +.p4 {margin-top: 4em;} + + + +.big2 {font-size: 130%; } +.big3 {font-size: 145%; } + + + + +hr { + width: 33%; + margin-top: 2em; + margin-bottom: 2em; + margin-left: 33.5%; + margin-right: 33.5%; + clear: both; +} + + +hr.tb {width: 45%; margin-left: 27.5%; margin-right: 27.5%;} + + +div.chapter {page-break-before: always;} +h2.nobreak {page-break-before: avoid;} + + + +table.autotable { + margin-left: 30%; + margin-right: 30%; + width: 40%; +} + +.x-ebookmaker table.autotable { + + margin-left: 20%; + margin-right: 20%; + width: 60%; +} + +table.autotable { border-collapse: collapse; } +table.autotable td, +table.autotable th { padding: 0.25em; } + +.tdl {text-align: left;} +.tdr {text-align: right;} +.tdc {text-align: center;} + +.pagenum { /* uncomment the next line for invisible page numbers */ + visibility: hidden; + position: absolute; + left: 92%; + font-size: small; + text-align: right; + font-style: normal; + font-weight: normal; + font-variant: normal; + text-indent: 0; +} /* page numbers */ + + +blockquote { + margin-top: 0; + margin-bottom: 0; + margin-left: 5%; + margin-right: 10%; +} + + +.center {text-align: center; text-indent: 0;} + +.right {text-align: right;} + +.smcap {font-variant: small-caps;} + + + +/* Images */ + +img { + max-width: 100%; + height: auto; +} +img.w100 {width: 100%;} + + +.figcenter { + margin: auto; + text-align: center; + page-break-inside: avoid; + max-width: 100%; +} + + +.gesperrt +{ + font-style: normal; + letter-spacing: 0.2em; + margin-right: -0.2em; +} +.x-ebookmaker-2 .gesperrt { + letter-spacing: 0.2em; + margin-right: 0em; +} + + + + +/* Transcriber's notes */ + .tnote {border: dashed 1px; margin-left: 10%; + margin-right: 10%; padding-bottom: 1.5em; padding-top: 1.5em; + padding-left: 1.5em; padding-right: 1.5em; margin-top: 4em; margin-bottom: 4em; } + + +/* Illustration classes */ +.illowe50 {width: 50em;} + +.illowe30 {width: 30em;} + </style> +</head> + +<body> +<div style='text-align:center'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 79262 ***</div> + + +<figure class="figcenter illowe50" id="cover"> + <img class="w100" src="images/cover.jpg" alt="cubierta"> +</figure> + +<div class="chapter"> +<div class="tnote"> + +<p class="center p2 big2">NOTAS DEL TRANSCRIPTOR</p> + +<p class="p1">José Enrique Rodó fue un esritor y poeta uruguayo que vivió entre los +años 1871 y 1917. Entre sus parábolas se encuentra Hylas, incluida +en este proyecto. Esta transcripción intenta evocar la memoria de los +buscadores de Hylas que existieron, existen y existirán, con seguridad, +en el futuro, y en particular la de José "el Pepe" Mujica, que fue +presidente de la Republica Oriental del Uruguay entre los años 2010 y +2015.</p> + +<p>En la versión de texto las palabras en <em>itálicas</em> están indicadas con +_guiones bajos_ y las palabras en <span class="smcap">versalitas</span> en MAYÚSCULAS.</p> + +<p>La cubierta del libro fue agregada por el transcriptor y ha sido puesta +en el dominio público.</p> + +<p>Ciertas reglas de acentuación ortográfica del castellano, cuando la +presente edición de esta obra fue publicada, eran diferentes a las +existentes cuando se realizó la transcripción. El criterio utilizado +para llevar a cabo esta transcripción ha sido el de respetar las reglas +de la Real Academia Española vigentes en ese entonces. El lector +interesado puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la +Real Academia Española.</p> + +<p>En la presente transcripción se adecuó la ortografía de las mayúsculas +acentuadas a las regla establecida por la RAE, que indica que las +letras mayúsculas deben escribirse con tilde si les corresponde llevar +tilde según las reglas de acentuación gráfica del castellano, tanto si +se trata de palabras escritas en su totalidad con mayúsculas como si se +trata únicamente de la mayúscula inicial.</p> + +<p>Errores evidentes de impresión y de puntuación han sido corregidos.</p> + +<p>El Índice de capítulos, incluido en la publicación original al final, +ha sido trasladado al principio por el transcriptor.</p> +</div> +</div> + +<hr class="tb"> + +<div class="chapter"> +<p class="center p4 big3">JOSÉ ENRIQUE RODÓ</p> + +<h1>PARÁBOLAS</h1> + <br> + <br> + <p class="center p4 big3"> (DE ARIEL, MOTIVOS DE PROTEO, EL MIRADOR<br> + DE PRÓSPERO, NUEVOS MOTIVOS DE PROTEO<br> + Y EL CAMINO DE PAROS)</p> + <br> + <p class="center p4">LECTURA SELECTA<br> + MÉXICO MCMXX</p> +</div> + + + +<div class="chapter"> + <p class="center"> 1º de enero de 1920.—TIP. MURGUIA. Av. 16 de Septiembre, 54</p> + <br> +</div> + +<br> +<br> + +<div class="chapter"> +<figure class="figcenter illowe30" id="frontis-ilo-2"> + <img class="w100" src="images/frontis-ilo-2.jpg" alt=""> +</figure> + +</div> +<div class="chapter"> + <p class="center p4 big3">ÍNDICE</p> +</div> + + +<table class="autotable"> + +<tr> +<td class="tdl"></td> +<td class="tdr">Pág.</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"></td> +<td class="tdr"></td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdc"><span class="smcap">De «Ariel»</span></td> +<td class="tdl"></td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">El Rey hospitalario</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"><a href="#Page_5">5</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"></td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"></td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdc"> +<span class="smcap">De «Motivos de Proteo»</span> +<td class="tdl"></td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +Mirando jugar a un niño +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_11">11</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +La respuesta de Leuconoe +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_15">15</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +El Faro de Alejandría +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_25">25</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +El meditador y el esclavo +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_29">29</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +El barco que parte +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_33">33</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +Ayax +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_37">37</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +El monje Teótimo +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_41">41</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +Los seis peregrinos +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_47">47</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +Hylas +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_63">63</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +La despedida de Gorgias +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_67">67</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +Lucrecia y el mago +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_77">77</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +La pampa de granito +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_83">83</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"></td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"></td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdc"> +<span class="smcap">De «El Mirador de Próspero»</span> +</td> +<td class="tdl"></td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +Sueño de Nochebuena +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_89">89</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"></td> +<td class="tdr"></td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdc"> +<span class="smcap">De «Nuevos Motivos de Proteo»</span> +</td> +<td class="tdl"></td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +El león y la lágrima +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_93">93</a> +</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"></td> +<td class="tdr"></td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdc"> +<span class="smcap">De «El Camino de Paros»</span> +</td> +<td class="tdl"></td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl"> +La estatua de Cesárea +</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 1em;"> +<a href="#Page_99">99</a> +</td> +</tr> +</table> + + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum" id="Page_5">[Pg 5]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + EL REY HOSPITALARIO + </h2> +</div> + + +<p>Era un rey patriarcal, en el Oriente indeterminado +e ingenuo donde gusta hacer nido +la alegre bandada de los cuentos. Vivía +ese reino la candorosa infancia de las tiendas de +Ismael y los palacios de Pilos. La tradición le +llamó después, en la memoria de los hombres, +el rey hospitalario. Inmensa era la piedad del +rey. A desvanecerse en ella tendía, como por su +propio peso, toda desventura. A su hospitalidad +acudían lo mismo por blanco pan el miserable +que el alma desolada por el bálsamo de la palabra +que acaricia. Su corazón reflejaba, como +sensible placa sonora, el ritmo de los otros. +Su palacio era la casa del pueblo. Todo era libertad +y animación dentro de este augusto recinto, +cuya entrada nunca hubo guardas que +vedasen. En los abiertos pórticos formaban corro +los pastores cuando consagraban a rústicos +conciertos sus ocios; platicaban al caer la +tarde los ancianos, y frescos grupos de mujeres +disponían, sobre trenzados juncos, las flores +y racimos de que se componía únicamente el +<span class="pagenum" id="Page_6">[Pg 6]</span>diezmo real. Mercaderes de Ofir, buhoneros de +Damasco, cruzaban a toda hora las puertas anchurosas, +y ostentaban en competencia, ante las +miradas del rey, las telas, las joyas, los perfumes. +Junto a su trono reposaban los abrumados +peregrinos. Los pájaros se citaban al mediodía +para recoger las migajas de su mesa; y +con el alba, los niños llegaban en bandas bulliciosas +al pie del lecho donde dormía el rey de +la barba de plata y le anunciaban la presencia +del sol.—Lo mismo a los seres sin ventura que +a las cosas sin alma alcanzaban su liberalidad +infinita. La Naturaleza sentía también la atracción +de su llamado generoso; vientos, aves, +plantas, parecían buscar—como en el mito de +Orfeo y en la leyenda de San Francisco de +Asís,—la amistad humana en aquel oasis de +hospitalidad. Del germen caído al acaso, brotaban +y florecían, en las junturas de los pavimentos +y de los muros, los alhelíes de las ruinas, sin +que una mano cruel los arrancase ni los hollara +un pie maligno. Por las francas ventanas se +tendían al interior de las cámaras del rey las +enredaderas osadas y curiosas. Los fatigados +vientos abandonaban largamente sobre el alcázar +real su carga de aromas y armonías. Empinándose +desde el vecino mar, como si quisieran +ceñirle en un abrazo, le salpicaban las olas con +su espuma. Y una libertad paradisial, una inmensa<span class="pagenum" id="Page_7">[Pg 7]</span> +reciprocidad de confianzas, mantenían +por dondequiera la animación de una fiesta inextinguible.</p> + +<p>Pero dentro, muy dentro; aislada del alcázar +ruidoso por cubiertos canales, oculta a la mirada +vulgar—como la “perdida iglesia” de Uhland +en lo esquivo del bosque—al cabo de ignorados +senderos, una misteriosa sala se extendía, +en la que a nadie era lícito poner la planta, +sino al mismo rey, cuya hospitalidad se trocaba +en sus umbrales en la apariencia de escéptico +egoísmo. Espesos muros la rodeaban. Ni +un eco del bullicio exterior, ni una nota escapada +al concierto de la Naturaleza, ni una palabra +desprendida de labios de los hombres, lograba +traspasar el espesor de los sillares de pórfido +y conmover una onda del aire en la prohibida +estancia. Religioso silencio velaba en ella la castidad +del aire dormido. La luz, que tamizaban +esmaltadas vidrieras, llegaba lánguida, medido +el paso por una inalterable igualdad, y se diluía, +como copo de nieve que invade un nido +tibio, en la calma de un ambiente celeste.—Nunca +reinó tan honda paz; ni en oceánica gruta, +ni en soledad nemorosa.—Alguna vez, cuando +la noche era diáfana y tranquila—abriéndose +a modo de dos valvas de nácar la artesonada +techumbre, dejaba cernerse en su lugar la +magnificencia de las sombras serenas. En el +<span class="pagenum" id="Page_8">[Pg 8]</span>ambiente flotaba como una onda indisipable la +casta esencia del nenúfar, el perfume sugeridor +del adormecimiento penseroso y de la contemplación +del propio ser. Graves cariátides custodiaban +las puertas de marfil en la actitud del silenciario. +En los testeros, esculpidas imágenes +hablaban de idealidad, de ensimismamiento, de +reposo.—Y el viejo rey aseguraba que, aun +cuando a nadie fuera dado acompañarle hasta +allí, su hospitalidad seguía siendo en el misterioso +seguro tan generosa y grande como siempre, +sólo que los que él congregaba dentro de +sus muros discretos eran convidados impalpables +y huéspedes sutiles. En él soñaba, en él se +libertaba de la realidad, el rey legendario; en +él sus miradas se volvían a lo interior y se bruñían +en la meditación de sus pensamientos como +las guijas lavadas por la espuma; en él se +desplegaban sobre su noble frente las blancas +alas de Psiquis... Y luego, cuando la muerte vino +a recordarle que él no había sido sino un +huésped más en su palacio, la impenetrable estancia +quedó clausurada y muda para siempre; +para siempre abismada en su reposo infinito; +nadie la profanó jamás, porque nadie hubiera +osado poner la planta irreverente allí donde el +viejo rey quiso estar solo con sus sueños y aislado +en la última Thule de su alma.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_9">[Pg 9]</span></p> + +<p>Yo doy al cuento el escenario de vuestro reino +interior. Abierto con una saludable liberalidad, +como la casa del monarca, confiado a todas +las corrientes del mundo, exista en él, al +mismo tiempo, la celda escondida y misteriosa +que desconozcan los huéspedes profanos y que +a nadie más que a la razón serena pertenezca. +Sólo cuando penetréis dentro del inviolable seguro, +podréis llamaros, en realidad, hombres libres. +No lo son quienes, enajenando incesantemente +el dominio de sí a favor de la desordenada +pasión o el interés utilitario, olvidan que, +según el sabio precepto de Montaigne, nuestro +espíritu puede ser objeto de préstamo pero no +de cesión.—Pensar, soñar, admirar: he ahí los +nombres de los sutiles visitantes de mi celda. +Los antiguos los clasificaban dentro de su noble +inteligencia del ocio, que ellos tenían por +el más elevado empleo de una existencia verdaderamente +racional, identificándolo con la +libertad del pensamiento emancipado de todo +innoble yugo. El ocio noble era la inversión +del tiempo que oponían, como expresión de la +vida superior, a la actividad económica. Vinculado +exclusivamente a esa alta y aristocrática +idea del reposo su concepción de la dignidad +de la vida, el espíritu clásico encuentra su +corrección y su complemento en nuestra moderna +creencia en la dignidad del trabajo útil; +<span class="pagenum" id="Page_10">[Pg 10]</span>y entrambas atenciones del alma pueden componer, +en la existencia individual, un ritmo, +sobre cuyo mantenimiento necesario nunca será +inoportuno insistir...</p> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum" id="Page_11">[Pg 11]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + MIRANDO JUGAR A UN NIÑO + </h2> +</div> + +<p class="right" style="padding-right: 5em;"> + ...A menudo se oculta un sentido<br> + sublime en un juego de niño.<br> + <br> + (<span class="smcap">Schiller</span>: <em>Thecla. Voz de un espíritu</em>). +</p> + + +<p class="p2">Jugaba el niño en el jardín de la casa con +una copa de cristal que, en el límpido ambiente +de la tarde, un rayo de sol tornasolaba +como un prisma. Manteniéndola, no muy +firme, en una mano, traía en la otra un junco +con el que golpeaba acompasadamente en la copa. +Después de cada toque, inclinando la graciosa +cabeza, quedaba atento, mientras las ondas +sonoras, como nacidas de vibrante trino de +pájaro, se desprendían del herido cristal y agonizaban +suavemente en los aires. Prolongó así +su improvisada música hasta que, en un arranque +de volubilidad, cambió el motivo de su juego: +se inclinó a tierra, recogió en el hueco de +ambas manos la arena limpia del sendero y la +fué vertiendo en la copa hasta llenarla. Terminada +esta obra, alisó, por primor, la arena desigual<span class="pagenum" id="Page_12">[Pg 12]</span> +de los bordes. No pasó mucho tiempo sin +que quisiera volver a arrancar al cristal su +fresca resonancia; pero el cristal, enmudecido, +como si hubiera emigrado un alma de su diáfano +seno, no respondía más que con un ruido de +seca percusión al golpe del junco. El artista tuvo +un gesto de enojo para el fracaso de su lira. +Hubo de verter una lágrima, mas la dejó en +suspenso. Miró, como indeciso, a su alrededor; +sus ojos húmedos se detuvieron en una flor muy +blanca y pomposa, que a la orilla de un cantero +cercano, meciéndose en la rama que más se +adelantaba, parecía rehuir la compañía de las +hojas, en espera de una mano atrevida. El niño +se dirigió, sonriendo, a la flor; pugnó por +alcanzar hasta ella; y aprisionándola, con la +complicidad del viento que hizo abatirse por un +instante la rama, cuando la hubo hecho suya la +colocó graciosamente en la copa de cristal, vuelta +en ufano búcaro, asegurando el tallo endeble +merced a la misma arena que había sofocado +el alma musical de la copa. Orgulloso de su desquite, +levantó, cuan alto pudo, la flor entronizada, +y la paseó, como en triunfo, por entre la +muchedumbre de las flores.</p> + +<hr class="tb"> + +<p>¡Sabia, candorosa filosofía!—pensé—. Del +fracaso cruel no recibe desaliento que dure, ni +<span class="pagenum" id="Page_13">[Pg 13]</span>se obstina en volver al goce que perdió, sino +que las mismas condiciones que determinaron +el fracaso, toma la ocasión de nuevo juego, de +nueva idealidad, de nueva belleza... ¿No hay +aquí un polo de sabiduría para la acción? ¡Ah, +si en el transcurso de la vida todos imitáramos +al niño! ¡Si ante los límites que pone sucesivamente +la fatalidad a nuestros propósitos, +nuestras esperanzas y nuestros sueños, hiciéramos +todos como él!... El ejemplo del niño dice +que no debemos empeñarnos en arrancar sonidos +de la copa con que nos embelesamos un +día, si la naturaleza de las cosas quiere que enmudezca. +Y dice luego que es necesario buscar, +en derredor de donde entonces estemos, una reparadora +flor, una flor que poner sobre la arena +por quien el cristal se tornó mudo... No +rompamos torpemente la copa contra las piedras +del camino sólo porque haya dejado de +sonar. Tal vez la flor reparadora existe. Tal vez +está allí cerca. Esto declara la parábola del niño, +y toda filosofía viril, <em>viril</em> por el espíritu +que la anima, confirmará su enseñanza fecunda.</p> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum"><a id="Page_14"></a><a id="Page_15"></a>[Pg 15]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + LA RESPUESTA DE LEUCONOE + </h2> +</div> + + +<p>Soñé una vez que volviendo el gran Trajano +de una de sus gloriosas conquistas, pasó +por no sé cuál de las ciudades de la Etruria, +donde fué agasajado con tanta espontaneidad +como magnificencia. Cierto patricio preparó +en honor suyo el más pomposo y delicado +homenaje que hubiera podido imaginar. Escogió +en las familias ciudadanas las más lindas +doncellas, y las instruyó de modo que, con adecuados +trajes y atributos, formasen una alegórica +representación del mundo conocido, donde +cada una personificara a determinada tierra, +ya romana, ya bárbara, y en su nombre reverenciase +al César y le hiciera ofrecimiento de sus +dones. Púsose en ensayo este propósito; todo +marchaba a maravilla; pero sea que distribuidos +los papeles, quedase sin ninguno una aspirante +a quien no fuera posible desdeñar, sea que +lo exigiese el arreglo y proporción en la manera +como debían tejerse las danzas y figuras, ello es +que hubo necesidad de aumentar en uno el número +de las personas. Se había contado ya con +<span class="pagenum" id="Page_16">[Pg 16]</span>todos los países del mundo, y se dudaba cómo +salvar esta dificultad, cuando el patricio, que +era dado a los libros, se dirigió a un estante, +de donde tomó un ejemplar de las tragedias +de Séneca, y buscando en la “Medea” el pasaje +donde están unos versos que hoy son famosos, +por el soplo profético que los inspira, habló +de la presunción que hacía el poeta de la +existencia de una tierra ignorada, que futuras +gentes hallarían, yendo sobre el misterioso +océano, más allá (añadió el patricio) de donde +situó a la sumergida Atlántida, Platón. Este +soñado país propuso que fuera el que completase +el cuadro, ya que faltaba otro. Poco apetecible +destino parecía ser el de representar a +una tierra de que nada podía afirmarse, ni aun +su propia existencia, mientras que todas las +demás daban ocasión para lucir pintorescos y +significativos atributos, y para que se las loase, +o se las diferenciase cuando menos, en elocuentes +recitados. Pero hubo quien, renunciando +al papel que ya tenía atribuido, reclamó +el humilde oficio para sí. Era la más joven +de todas y la llamaban Leuconoe. No se +halló el modo de caracterizar, con apropiadas +galas, su parte, y se acordó que no llevara más +que un traje blanco y aéreo, como una página +donde no se ha sabido qué poner... Llegado +el día, realizóse la fiesta, y noblemente +<span class="pagenum" id="Page_17">[Pg 17]</span>personificadas las tierras desfilaron ante el señor +del mundo, después de concertarse en variadas +danzas de artificio, y cada una de ellas le +dedicó sus ofrendas.</p> + +<p>Presentóse, primero que ninguna, Roma, en +forma casi varonil; éste era el modo de hermosura +de la que llevaba sus colores; el andar, de +diosa; el imperio en el modo de mirar; la majestad +en cada actitud y cada movimiento. Ofreció +el orbe por tributo; y la siguió, como madre +que viene después de la hija, por ser ésta soberana, +Grecia, coronada de mirto. Lo que dijo +de sí, sólo podría abreviarse en lápida de mármol. +Italia vino luego. Habló de la gracia esculpida, +en suaves declives, sobre un suelo que dora +el sol, al son armónico del aire. Celebró su +feracidad; aludió al trigo de Campania, al óleo +de Venafro, al vino de Falerno. La rubia Galia, +depuesto el primitivo furor, mostró, colmadas +de pacíficos frutos, las corrientes del Saona +y el Ródano. Iberia presentó sus rebaños, +sus trotones, sus minas. Ceñida de bárbaros +arreos, se adelantó Germania, e hizo el elogio +de las pieles espesas, el ámbar transparente, y +los gigantes de ojos azules cazados para el circo +en la espesura de la Carbonaria y de la Hircinia. +Bretaña dijo que en sus Casitérides había +el metal de que toman su firmeza los bronces. +La Iliria, famosa por sus abundantes cosechas; +<span class="pagenum" id="Page_18">[Pg 18]</span>la Tracia, que cría caballos raudos como el +viento; la Macedonia, cuyos montes son arcas +de ricos minerales, rindieron sus tesoros; y se +acercó tras ellas la postrera Thule, que ofreció +juntos fuego y nieve, con la fianza de Pythéas. +Llegó el turno de las tierras asiáticas; y en +cuerpo de faunesca hermosura, la Siria habló +de los laureles de Dafne y los placeres de Antioquía. +El Asia Menor reunió en doble tributo los +esplendores del Oriente con las gracias de Jonia, +tendiendo entre ambas ofrendas la flauta +frigia, como cruz de balanza. Se ufanó Babilonia +con el resplandor de sus recuerdos. La Persia, +madre de los frutos de Europa, brindó semillas +de generosa condición. Grande estuvo la +India cuando pintó montañas y ríos colosales, +cuando invocó las piedras fúlgidas, el algodón, +el marfil, la pluma de los papagayos, las perlas; +cuando nombró cien plantas preciosas: el +ébano, que ensalzó Virgilio; el amono y el malabatro, +braseros de raros perfumes; el árbol +milagroso cuyo fruto hace vivir doscientos +años... La Palestina ofreció olivos y viñedos. +Fenicia se glorió de su púrpura. La región sabea, +de su oro. Mesopotamia hizo mención de +los bosques espesísimos donde Alejandro cortó +las tablas de sus naves. El país de Sérica cifró +su orgullo en una tela primorosa; y Taprobana, +que remece el doble monzón, en la fragante canela.<span class="pagenum" id="Page_19">[Pg 19]</span> +Vinieron luego los pueblos de la Libia. +Presidiéndolos llegó el Egipto multisecular; +habló de sus pirámides, de sus esfinges y colosos; +del despertar mejor de su grandeza, en +una ciudad donde una torre iluminada señala +el puerto a los marinos. La Cirenaica dijo el +encanto de su serenidad, que hizo que fuese el +lecho a donde iban a morir los epicúreos. Cartago, +a quien realzara Augusto de las ruinas, +se anunció llamada a esplendor nuevo. La Numidia +expuso que daba mármoles para los palacios; +fieras para las theriomaquias y las pompas. +La Etiopía afirmó que en ella estaban el +país del cinamomo, el de la mirra, los enanos +de un pigmo y los macrobios de mil años. Las +Fortunadas, fijando el término de lo conocido, +recordaron que en su seno esperaba a las almas +de los justos la mansión de la eterna felicidad.</p> + +<p>Por último, con suma gracia y divino candor, +llegó Leuconoe. En nada aparentaba formar +parte de la viviente y simbólica armonía. No llevaba +sino un traje blanco y aéreo, como una página +donde no se ha sabido qué poner... En +aquel instante, nadie la envidiaba, por más que +luciese su hermosura. El César preguntó la +razón de su presencia, y se extrañó, cuando lo +supo, viéndola tan mal destinada y tan hermosa.</p> + +<p>—Leuconoe—dijo, con una benévola ironía—:<span class="pagenum" id="Page_20">[Pg 20]</span> +no te ha tocado un gran papel. Tu poca +suerte quiso que la realidad concluyera en manos +de las otras, y he aquí que has debido contentarte +con la ficción del poeta... Admiro tu +dulce conformidad, y me complace tu homenaje, +puesto que eres hermosa. Pero ¿qué bien me +dirás de la región que representas, si has de evitar +el engañarme?... ¿Qué me ofreces de allí? +¿Qué puedes afirmar que haya en tu tierra de +quimera?</p> + +<p>—¡Espacio!—dijo con encantadora sencillez, +Leuconoe.</p> + +<p>Todos sonreían.</p> + +<p>—Espacio...—repitió el César—. ¡Es verdad! +Sea desapacible o risueña, estéril o fecunda, +espacio habrá en la tierra incógnita, si existe; +y aun cuando ella no exista, y allí donde la +finge el poeta sólo esté el mar, o acaso el vacío +pavoroso, ¿quién duda que en el mar o en el vacío +habrá espacio?... Leuconoe—prosiguió con +mayor animación—: tu respuesta tiene un alto +sentido. Tiene, si se la considera, más de uno. +Ella dice la misteriosa superioridad de lo soñado +sobre lo cierto y tangible, porque está en +la humana condición que no haya bien mejor +que la esperanza, ni cosa real que se aventaje +a la dulce incertidumbre del sueño. Pero, además, +encierra tu respuesta una hermosa consigna +para nuestra voluntad, un brioso estímulo +<span class="pagenum" id="Page_21">[Pg 21]</span>a nuestro denuedo. No hay límite en donde acabe +para el fuerte el incentivo de la acción. Donde +hay espacio, hay cabida para nuestra gloria. +Donde hay espacio, hay posibilidad de que +Roma triunfe y se dilate.</p> + +<p>Dijo el César; arrancó de su pecho una gruesa +esmeralda que allí estaba de broche, y era de +las que el Egipto produce mayores y más puras; +y prendiéndola al seno de la niña, la dejó, como +un fulgor de esperanza, sobre la estola, toda +blanca, mientras terminaba diciendo:</p> + +<p>—¡Sea el premio para la región desconocida; +sea el premio para Leuconoe!</p> + +<hr class="tb"> + +<p>Espacio, espacio, es lo que te queda, después +que la esperanza con color y figura, y el ideal +concreto, y la fuerza o aptitud de calidad conocida, +te abandonaron en mitad del camino. +Espacio: mas no ése, donde el viento y el pájaro +se mueven más arriba que tú y con alas +mejores; sino dentro de ti, en la inmensidad +de tu alma, que es el espacio propio para las +alas que tú tienes. Allí queda infinita extensión +por conquistar mientras dura la vida: extensión +siempre capaz de ser conquistada, +siempre merecedora de ser conquistada... +Imaginar que no hay en ti más que lo que ahora +percibes con la trémula luz de tu conciencia, +<span class="pagenum" id="Page_22">[Pg 22]</span>equivale a pensar que el océano acaba allí +donde la redondez de la esfera lo sustrae al alcance +de tus ojos. Incomparablemente más vasto +es el océano que la visión de los ojos; incomparablemente +más hondo nuestro ser que +la intuición de la conciencia. Lo que de él está +en la superficie y a la luz, es comúnmente, +no ya una escasa parte, sino la parte más vulgar +y más mísera. Dame acertar con la ocasión +y yo sacaré de ti fuerzas que te maravillen +y agiganten. Tu languidez de ánimo, tu +desesperanza y sentimiento como de vacío interior, +no son distintos de los de miles de almas +electas, en las vísperas de la transfiguración +que las sublimó a la excelsa virtud, o a +la invención genial, o al heroísmo. Si veinte +horas antes de consagrarse héroe el héroe, +apóstol el apóstol, inventor el inventor, o de +tender resuelta y eficazmente a hacerlo, hubiérales +anunciado un zahorí de corazones su +destino inminente, ¡cuántas veces no se hubieran +encogido de hombros o sonreído con +amarga incredulidad! Dame la ocasión y yo +te haré grande; no porque infunda en ti lo +que no hay en ti, sino porque haré brotar y manifestarse +lo que tu alma tiene oculto. De afuera +pueden auxiliarte cateadores y picos; pero +en ti sólo está la mina. La ocasión es como el +artista pintor de quien dijo originalmente uno +<span class="pagenum" id="Page_23">[Pg 23]</span>que lo era: no crea el pintor su cuadro, sino +que se limita a descorrer los velos que impedían +verlo mientras la tela estaba en blanco. +Hallar y traer al haz del alma esa ignorada riqueza: +tal es tu obra y la de cada uno. Derramar +luz dentro de sí por la observación interior +y la experiencia: tal es el medio de abrir +camino a la ocasión dichosa, que vendrá traída +por el movimiento de la realidad. Empeño +difícil éste de conocerse—¿quién lo duda?—y +expuesto a mil engaños. Pero ¿no vale todos +los tesoros de la voluntad el término que quien +lo acomete se propone? ¿Hay cosa que te interese +más que descubrir lo que está en ti y en +ninguna parte sino en ti: tierra que para ti +sólo fué creada; América cuyo único descubridor +posible eres tú mismo, sin que puedas temer, +en tu designio gigante, ni émulos que te +disputen la gloria, ni conquistadores que te +usurpen el provecho?</p> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum"><a id="Page_24"></a><a id="Page_25"></a>[Pg 25]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + EL FARO DE ALEJANDRÍA + </h2> +</div> + + +<p>El primero y más grande de los Tolomeos +se propuso levantar, en la isla que tiene +a su frente Alejandría, alta y soberbia +torre, sobre la que una hoguera siempre viva +fuese señal que orientara al navegante y simbolizase +la luz que irradiaba de la ilustre ciudad. +Sóstrato, artista capaz de un golpe olímpico, +fué el llamado para trocar en piedra aquella +idea. Escogió blanco mármol; trazó en su +mente el modelo simple, severo y majestuoso. +Sobre la roca más alta de la isla echó las bases +de la fábrica, y el mármol fué lanzado al cielo +mientras el corazón de Sóstrato subía de entusiasmo +tras él. Columbraba allá arriba, en el +vértice que idealmente anticipaba, la gloria. +Cada piedra, un anhelo; cada forma rematada, +un deliquio. Cuando el vértice estuvo, el artista, +contemplando en éxtasis su obra, pensó que +había nacido para hacerla. Lo que con genial +atrevimiento había creado, era el Faro de Alejandría, +que la antigüedad contó entre las siete +maravillas del mundo. Tolomeo, después de admirar<span class="pagenum" id="Page_26">[Pg 26]</span> +la obra del artista, observó que faltaba +al monumento un último toque, y consistía en +que su nombre de rey fuera esculpido, como sello +que apropiase el honor de la idea, en encumbrada +y bien visible lápida. Entonces Sóstrato, +forzado a obedecer, pero celoso en su +amor por el prodigio de su genio, ideó el modo +de que en la posteridad, que concede la gloria, +fuera su nombre y no el del rey el que leyesen +las generaciones sobre el mármol eterno. +De cal y arena compuso para la lápida de mármol +una falsa superficie, y sobre ella extendió +la inscripción que recordaba a Tolomeo; pero +debajo, en la entraña dura y luciente de la piedra, +grabó su propio nombre. La inscripción, +que durante la vida del mecenas fué engaño de +su orgullo, marcó luego las huellas del tiempo +destructor; hasta que un día, con los despojos +del mortero, voló, hecho polvo vano el nombre +del príncipe. Rota y aventada la máscara de +cal, se descubrió, en lugar del nombre del príncipe, +el de Sóstrato, en gruesos caracteres, +abiertos con aquel encarnizamiento que el deseo +pone en la realización de lo prohibido. Y +la inscripción vindicadora duró cuanto el mismo +monumento; firme como la justicia y la verdad; +bruñida por la luz de los cielos en su campo +eminente; no más sensible que a la mirada +de los hombres, al viento y a la lluvia.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_27">[Pg 27]</span></p> + +<hr class="tb"> + +<p>Un arranque de sinceridad y libertad que te +lleve al fondo de tu alma, fuera del yugo de la +imitación y la costumbre, fuera de la sugestión +persistente que te impone modos de pensar, de +sentir, de querer, que son como el ritmo isócrono +del paso del rebaño, puede hacer en ti +lo que la obra justiciera del tiempo verificó en +la inscripción de la torre de Alejandría. Deshecho +en polvo leve, caerá de la superficie de tu +alma cuanto es allí vanidad, adherencia, remedo; +y entonces, acaso por primera vez, conocerás +la verdad de ti mismo. Despertarás como +de un largo sueño de sonámbulo. Tu hastío y +agotamiento son quizá, cual los de muchos +otros, cosa de la personalidad ficticia con que +te vistes para salir al teatro del mundo: es ella +la que se ha vuelto en ti incapaz de estímulo +y reacción. Pero por bajo de ella reposan, frescas +y límpidas, las fuentes de tu personalidad +verdadera, la que es toda de ti; apta para brotar +en vida, en alegría, en amor, si apartas la +endurecida broza que detiene y paraliza su ímpetu. +Allí está lo <em>tuyo</em> y allí y no en el esquilmado +campo que ahora alumbra el resplandor +de tu conciencia. ¿Por qué llamas <em>tuyo</em> lo que +siente y hace el espectro que hasta este instante +usó de tu mente para pensar, de tu lengua +<span class="pagenum" id="Page_28">[Pg 28]</span>para articular palabras, de tus miembros para +agitarse en el mundo, cuyo autómata es, cuyo +dócil instrumento es, sin movimiento que no sea +reflejo, sin palabra que no sea eco sumiso? +¡Ése no eres <em>tú</em>! ¡Ése que roba tu nombre no +eres <em>tú</em>! ¡Ése no es sino una vana sombra que +te esclaviza y te engaña, como aquélla otra +que, mientras duermes, usurpa el sitio de tu +personalidad e interviene en desatinadas ficciones, +bajo la bóveda de tu frente!</p> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum" id="Page_29">[Pg 29]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + EL MEDITADOR Y EL ESCLAVO + </h2> +</div> + + +<p>Pasó que, huésped en una casa de campo +de Megara, un prófugo de Atenas, acusado +de haber pretendido llevarse bajo el +manto, para reliquia de Sócrates, la copa en +que bebían los reos la cicuta, se retiraba a meditar, +al caer las tardes, a lo esquivo de extendidos +jardines, donde sombra y silencio consagraban +un ambiente propicio a la abstracción. +Su gesto extático algo parecía asir en su alma: +dócil a la enseñanza del maestro, ejercitaba en +sí el desterrado la atención del conocimiento +propio.</p> + +<p>Cerca de donde él meditaba, sobre un fondo +de sauces melancólicos, un esclavo, un vencido +de Atenas misma o de Corinto, en cuyo semblante +el envilecimiento de la servidumbre no +había alcanzado a desvanecer del todo un noble +sello de naturaleza, se ocupaba en sacar +agua de un pozo para verterla en una acequia +vecina. Llegó ocasión en que se encontraron las +miradas del huésped y el esclavo. Soplaba el +viento de la Libia, producidor de fiebres y congojas.<span class="pagenum" id="Page_30">[Pg 30]</span> +Abrasado por su aliento, el esclavo, después +de mirar cautelosamente en derredor, interrumpió +su tarea, dejó caer los brazos extenuados, +y abandonando sobre el brocal de piedra, +como sobre su cruz, el cuerpo flaco y desnudo:—“Compadéceme, +dijo al pensador, compadéceme +si eres capaz de lágrimas, y sabe, para +compadecerme bien, que ya apenas queda en mi +memoria rastro de haber vivido despierto, sino +es en este mortal y lento castigo. ¡Ve cómo el +surco de la cadena que suspendo, abre las carnes +de mis manos; ve cómo mis espaldas se encorvan! +Pero lo que más exacerba mi martirio +es que, cediendo a una fascinación que nace del +tedio y el cansancio, no soy dueño de apartar la +mirada de esta imagen de mí que me pone delante +el reflejo del agua cada vez que encaramo +sobre el brocal el cubo del pozo. Vivo mirándola, +mirándola, más petrificado, en realidad, +que aquella estatua cabizbaja de Hipnos, porque +ella sólo a ciertas horas de sol tiene los ojos +fijos en su propia sombra. De tal manera conocí +mi semblante casi infantil, y veo hoy esta +máscara de angustia, y veré cómo el tiempo +ahonda en la máscara las huellas de su paso, +y cómo se acercan y la tocan las sombras de la +muerte... Sólo tú, hombre extraño, has logrado +desviar algunas veces la atención de mis +ojos con tu actitud y tu ensimismamiento de +<span class="pagenum" id="Page_31">[Pg 31]</span>esfinge. ¿Sueñas despierto? ¿Maduras algo heroico? +¿Hablas a la callada con algún dios que +te posee?... ¡Oh, cómo envidio tu concentración +y tu quietud! Dulce cosa debe de ser la +ociosidad que tiene espacio para el vagar del +pensamiento!”—“No son éstos los tiempos de +los coloquios con los dioses, ni de las heroicas +empresas, (dijo el meditador); y en cuanto a los +sueños deleitosos, son pájaros que no hacen nido +en cumbres calvas... Mi objeto es ver dentro +de mí... Quiero formar cabal idea y juicio de +éste que soy yo, de éste por quien merezco castigo +o recompensa...; y en tal obra me esfuerzo +y peno más que tú. Por cada imagen tuya +que levantas de lo hondo del pozo, yo levanto +también de las profundidades de mi alma una +imagen nueva de mí mismo; una imagen contradictoria +con la que la precedió, y que tiene +por rasgo dominante un acto, una intención, +un sentimiento, que cada día de mi vida presenta, +como cifra de su historia, al traerle al +espejo de la conciencia bruñida por la soledad; +sin que aparezca nunca el fondo estable y seguro +bajo la ondulación de estas imágenes que +se suceden. He aquí que parece concretarse una +de ellas en firmes y precisos contornos; he aquí +que un recuerdo súbito la hiere, y como las formas +de las nubes, tiembla y se disipa. Alcanzaré +al extremo de la ancianidad; no alcanzaré +<span class="pagenum" id="Page_32">[Pg 32]</span>al principio de la ciencia que busco. Desagotarás +tu pozo; no desagotaré mi alma. ¡Ésta es +la ociosidad del pensamiento!...” Llegó un +rumor de pasos que se aproximaban; volvió el +esclavo a su faena, el desterrado a lo suyo; y +no se oyó más que la áspera quejumbre de la +garrucha del pozo, mientras el sol de la tarde +tendía las sombras alargadas del meditador y +el esclavo, juntándolas en un ángulo cuyo vértice +tocaba al pie de la estatua cabizbaja de +Hipnos.</p> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum" id="Page_33">[Pg 33]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + EL BARCO QUE PARTE + </h2> +</div> + + +<p>Mira la soledad del mar. Una línea impenetrable +la cierra, tocando al cielo por +todas partes menos aquélla en que el límite +es la playa. Un barco, ufano el porte, se +aleja, con palpitación ruidosa, de la orilla. Sol +declinante; brisa que dice “¡vamos!”; mansas +nubes. El barco se adelanta, dejando una huella +negra en el aire, una huella blanca en el +mar. Avanza, avanza, sobre las ondas sosegadas. +Llegó a la línea donde el mar y el cielo se +tocan. Bajó por ella. Ya sólo el alto mástil aparece; +ya se disipa esta última apariencia del +barco. ¡Cuán misteriosa vuelve a quedar ahora +la línea impenetrable! ¿Quién no la creyera, +allí donde está, término real, borde de abismo? +Pero tras ella se dilata el mar, el mar inmenso; +y más hondo, más hondo, el mar inmenso +aún; y luego hay tierras que limitan, por el +opuesto extremo, otros mares; y nuevas tierras, +y otras más, que pinta el sol de los distintos +climas y donde alientan variadas castas de +hombres: la estupenda extensión de las tierras +<span class="pagenum" id="Page_34">[Pg 34]</span>pobladas y desiertas, la redondez sublime del +mundo. Dentro de esta inmensidad, hállase el +puerto para donde el barco ha partido. Quizás, +llegado a él, tome después caminos diferentes +entre otros puntos de ese campo infinito, y ya +no vuelva nunca, cual si la misteriosa línea que +pasó fuese de veras el vacío en donde todo +acaba...</p> + +<p>Pero he aquí que, un día, consultando la misma +línea misteriosa, ves levantarse un jirón flotante +de humo, una bandera, un mástil, un casco +de aspecto conocido... ¡Es el barco que +vuelve! Vuelve, como el caballo fiel a la dehesa. +Acaso más pobre y leve que al partir; acaso herido +por la perfidia de la onda; pero acaso +también, sano y colmado de preciosas cosechas. +Tal vez, como en alforjas de su potente lomo, +trae el tributo de los climas ardientes: aromas +deleitables, dulces naranjas, piedras que lucen +como el sol, o pieles suaves y vistosas. Tal vez, +a trueque de las que llevaba, trae gentes de +más sencillo corazón, de voluntad más recia y +brazos más robustos. ¡Gloria y ventura al barco! +Tal vez, si de más industriosa parte procede, +trae los forjados hierros que arman para +el trabajo la mano de los hombres; la tejida lana; +el metal rico, en las redondas piezas que +son el acicate del mundo; tal vez trozos de mármol +y de bronce, a que el arte humano infundió<span class="pagenum" id="Page_35">[Pg 35]</span> +el soplo de la vida, o mazos de papel donde, +en huellas de diminutos moldes, vienen pueblos +de ideas. ¡Gloria, gloria y ventura, al +barco!</p> + +<hr class="tb"> + +<p>Fija tu atención, por breve espacio, un pensamiento; +lo apartas de ti, o él se desvanece por +sí mismo; no lo divisas más; y un día remoto +reaparece a pleno sol de tu conciencia, transfigurado +en concepción orgánica y madura, en +convencimiento capaz de desplegarse con toda +fuerza de dialéctica y todo ardimiento de pasión.</p> + +<p>Nubla tu fe una leve duda; la ahuyentas, la +disipas; y cuando menos la recuerdas, torna de +tal manera embravecida y reforzada, que todo +el edificio de tu fe se viene, en un instante y +para siempre, al suelo.</p> + +<p>Lees un libro que te hace quedar meditabundo; +vuelves a confundirte en el bullicio de las +gentes y las cosas; olvidas la impresión que el +libro te causó; y andando el tiempo, llegas a +averiguar que aquella lectura, sin tú removerla +voluntaria y reflexivamente, ha labrado de tal +modo dentro de ti, que toda tu vida espiritual +se ha impregnado de ella y se ha modificado +según ella.</p> + +<p>Experimentas una sensación; pasa de ti; +<span class="pagenum" id="Page_36">[Pg 36]</span>otras comparecen que borran su dejo y su memoria, +como una ola quita de la playa las huellas +de la que la precedió; y un día que sientes +que una pasión, inmensa y avasalladora, rebosa +de tu alma, induces que de aquella olvidada +sensación partió una oculta cadena de acciones +interiores, que hicieron de ella el centro obedecido +y amparado por todas las fuerzas de tu +ser: como ese tenue rodrigón de un hilo, a cuyo +alrededor se ordenan dócilmente las lujuriosas +pompas de la enredadera.</p> + +<p>Todas estas cosas son el barco que parte, y +desaparece, y vuelve cargado de tributos.</p> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum" id="Page_37">[Pg 37]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + <em class="gesperrt">AYAX</em> + </h2> +</div> + + +<p>Florecía el jacinto en los prados de Laconia +y a márgenes del Tíber, y había una +especie de él cuya flor tenía estampados, +sobre cada uno de los pétalos, dos signos de color +obscuro. El uno imitaba el dibujo de una +“alfa”; el otro el de una “i” griega. La imaginación +antigua se apropió de esto como de toda +singularidad y capricho de las cosas. En la +égloga tercera de Virgilio, Menalcas propone, +por enigma, a Palemón, cuál es la flor que lleva +escrito un nombre augusto. Alude a que con las +dos letras del jacinto da comienzo el nombre de +Ayax, el héroe homérico que envuelto por la +niebla en densas sombras, pide a los dioses luz, +sólo luz, para luchar, aun cuando sea contra +ellos. En tiempos en que Roma congregaba todas +las filosofías, vivió en ella Lupercio, geómetra +y filósofo. De un amor juvenil tuvo Lupercio +una hija a quien dió el nombre de Urania +y educó en la afición de la sabiduría. Imaginémonos +a Hipatia en un albor de adolescencia: +candorosa alma de invernáculo sobre la +<span class="pagenum" id="Page_38">[Pg 38]</span>cual los ojos habían reflejado tan intensamente +la luz que parte de las ideas increadas y baña +la tersa faz de los papiros, como poco y en reducido +espacio la luz real que el sol derrama sobre +la palpitación de la Naturaleza. Nada sabía +del campo. Cierto día, una ráfaga que vino de +lo espontáneo y misterioso de los sentimientos, +llamóla a conocer la agreste extensión. Dejó su +encierro. Desentumida el alma por el contento +de la fuga, vió extenderse ante sí, bajo la frescura +matinal, el Agro romano. La tierra sonreía, +toda llena de flores. Junto a una pared en +ruina el manso viento mecía unas de color azul, +que fueron gratas a Urania. Eran seis, dispuestas +en espiga a la extremidad de esbelto bohordo, +cuya graciosa cimbra arrancaba de entre +hojas comparables a unos glaucos puñales. Urania +se inclinó sobre las flores de jacinto; y más +que con la suavidad de su fragancia, se embelesó +con aquellas dos letras, que provocaron en +su espíritu la ilusión de una Naturaleza sellada +por los signos de la inteligencia. Aún fué mayor +su hechizo al columbrar que, como impresión +de la idea soberana, era el nombre de Ayax el +que estaba así desparramado sobre lo más limpio +y primoroso de la corteza del mundo; segura +prenda—pensó—de que, por encima de los +dioses, resplandece la luz que Ayax pidió para +vencerlos... Pero las flores no tenían sino dos +<span class="pagenum" id="Page_39">[Pg 39]</span>letras de aquel nombre, y en Urania dominaba +un concepto sobrado ideal del orden infinito para +creer que, una vez el nombre comenzado por +mano de la Naturaleza, hubiera podido quedar, +como en aquellas flores, inconcluso. Ocurrió en +vano a nuevos bohordos de jacinto. Quizás, las +letras que faltaban se hallarían sobre las hojas +de otras flores. Grande era lo visible del campo, +y en toda su extensión variadas flores lo esmaltaban. +Buscando las letras terminales aventuróse +Urania campo adentro. Miró en las margaritas, +mártires diezmadas por las ruedas y el +casco; en las rojinegras amapolas; en los narcisos, +que guardan oro entre la nieve; en los +pálidos lirios, en las violetas, amigas de la esquividad; +llegó a la orilla de una charca donde +frescos nenúfares mentían imágenes del sueño +de la onda dormida. Todo en vano... Tanto se +había obstinado en la búsqueda que ya se +aproximaba la noche. Contó su cuita a un boyero +que recogía su hato, y él se rió de su candor. +Cansada, y triste con la decepción que desvanecía +su sueño de una Naturaleza sellada +por las cifras de las ideas, volvió el paso a la +ciudad, que extendía, frente adonde se había +abismado el sol, su sombra enorme.</p> + +<p>Este fué el día de campo de Urania. En presencia +de los destinos incompletos; de la risueña +vida cortada en sus albores, del bien que promete<span class="pagenum" id="Page_40">[Pg 40]</span> +y no madura, ¡quién no ha experimentado +alguna vez el sentimiento con que se preguntaba +Urania cómo la Naturaleza pudo no completar +en ninguna parte el nombre de Ayax, habiendo +impreso las dos primeras letras en la +corola del jacinto!...</p> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum" id="Page_41">[Pg 41]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + EL MONJE TEÓTIMO + </h2> +</div> + +<p class="center p1 big2"> + LA EMANCIPACIÓN PERSONAL Y LA SOLEDAD +</p> + + +<p class="p1">Para burlar la sugestión del ambiente +en que se vive y reivindicar la libertad +interior, apartándose de él, hay dos modos +de apartamiento: los viajes y la soledad. +En rigor, los dos son necesarios; y una vida +bien ordenada a los fines de su renovación perseverante +y eficaz, sabrá conceder lugar dentro +de sí a períodos de incomunicación respecto +de la sociedad que sea habitualmente la +suya, distribuyéndolos con sabiduría entre el +recurso de la soledad y el de los viajes.—La +soledad es escudo diamantino, sueño reparador, +bálsamo inefable, en ciertas situaciones +de alma y por determinado espacio de tiempo. +Pero como medio único y constante de asegurar +la plenitud de la personalidad contra las +opresiones y falacias del mundo, marra la soledad, +porque le faltan: un instrumento eficacísimo +con que desenvolver el contenido de +nuestra conciencia: la acción, y una preciosa +<span class="pagenum" id="Page_42">[Pg 42]</span>alianza a quien fiar lo que no logre consumar +de su obra: la simpatía. Sólo el sacudimiento +de la acción es apto para traer a la superficie +del alma todo lo que en el fondo de ésta hay +pesado e inerte; y sólo el estímulo de la simpatía +alcanza a corroborar y sostener nuestra +reacción espontánea hasta el punto que se requiere +para emanciparse firmemente de los +vínculos de la preocupación y la costumbre. La +soledad continua ampara y fomenta conceptos +engañosos, no sólo en cuanto a la realidad +exterior, de cuya percepción nos aparta, sino +también en cuanto a nosotros mismos, sugiriéndonos +quizás, sobre nuestro propio ser y +nuestras fuerzas, figuraciones que luego, al +más leve tropiezo con la realidad, han de trocarse +en polvo, porque no se las valoró en las +tablas de la comparación con los demás, ni se +las puso a prueba en las piedras de toque de +la tentación y de la lucha.</p> + + +<p class="center p2 big2"> EL MONJE TEÓTIMO +</p> + +<p class="p1">Acaso nunca ha habido anacoreta que viviese +en tan desapacible retiro como Teótimo, +monje penitente, en alturas más propias +que de penitentes, de águilas. Tras de placer +y gloria, gustó lo amargo del mundo; debió +su conversión al dolor; buscó un refugio, bien +<span class="pagenum" id="Page_43">[Pg 43]</span>alto, sobre la vana agitación de los hombres, y +le eligió donde la montaña era más dura, donde +la roca era más árida, donde la soledad era +más triste. Cumbres escuetas, de un ferruginoso +color, cerraban en reducido espacio el horizonte. +El suelo era como gigantesca espalda +desnuda: ni árboles, ni aun rastreras matas en +él. A largos trechos se abría en un resalte de la +roca una concavidad que semejaba negra herida, +y en una de ellas halló Teótimo su amparo. +Todo era inmóvil y muerto en la extensión visible, +a no ser un torrente que precipitaba su escaso +raudal por cauce estrecho, fingiendo llantos +de la roca, y las águilas que solían cruzarse +entre las cimas. En esta espantosa soledad +clavó Teótimo su alma, como el jirón de una +bandera destrozada en lides del mundo, para +que el viento de Dios la limpiase de la sangre +y el cieno. Bien pronto, casi sin luchas de tentación +y sin nostálgicas memorias, la gracia vino +a él, como el sueño al cuerpo vencido del +cansancio. Logró la entera sumersión del pecho +en el amor de Dios; y al paso que este amor crecía, +un sentimiento intenso, lúcido, de la pequeñez +humana, se concretaba dentro de él, en este +diamante de la gracia: la más rendida y congojosa +humildad. De las cien máscaras del pecado +tomó en mayor aborrecimiento a la soberbia, +que por ser primera en el tiempo que las otras, +<span class="pagenum" id="Page_44">[Pg 44]</span>antes que máscara del pecado le pareció su +semblante natural. Y sobre la roca yerma y desolada, +frente al adusto silencio de las cumbres, +Teótimo vivió sin otros pensamientos que el de +la única grandeza velada allí tras la celeste bóveda +que sólo en reducida parte veía, y el de +su propia pequeñez e indignidad.</p> + +<p>Pasaron años de esta suerte; largos años durante +los cuales la conciencia de Teótimo sólo +reflejó de su alma imágenes de abatimiento y +penitencia. Si acaso alguna duda de la constancia +de su piedad humilde le amargaba, ella nacía +del extremo de su misma humildad. Fué +condición que Teótimo había puesto en su voto +ir, una vez que pasase determinado tiempo de +retiro, a visitar la tumba de sus padres y volver +luego, para siempre, al desierto. Cumplido +el plazo, tomó el camino del más cercano valle. +La montaña perdía, en lo tendido de su falda, +parte de su aridez, y algunas matas, rezagadas +de vegetación más copiosa, interrumpían lo desnudo +del suelo. Teótimo se sentó a descansar +junto a una de ellas. ¿Cuántos años hacía que +no posaba los ojos en una flor, en una rama, +en nada de lo que compone el manto alegre y +undoso colgado de los hombros del mundo?... +Miró a sus pies y vió una blanca florecilla que +nacía de un tallo acamado sobre el césped; +trémula y como medrosa, con el soplo del aura. +<span class="pagenum" id="Page_45">[Pg 45]</span>Era de una gracia suave, tímida, sin hermosura, +sin aroma... Teótimo, que reparó en ella +sin quererlo, se puso a contemplarla con tranquilo +deleite. Mientras notaba la sencilla armonía +de sus hojuelas blancas, el ritmo de sus +movimientos, la gracia de su debilidad, una idea +súbita nació de la contemplación de Teótimo. +¡También cuidaba el cielo de aquella tierna florecilla; +también a ella destinaba un rayo de su +amor, de su complacencia en la obra que vió +buena!... Y esta idea no era en él grata, afectuosa, +dulcemente conmovida, como acaso la tuvimos +nosotros. Era amarga, y promovía dentro +de su pecho como una hesitante rebelión. Sobre +la roca yerma y desolada nunca había nublado +su humildad el pensamiento que ahora le +inquietaba. ¿Todo el amor de Dios no era entonces +para el alma del hombre? ¿El mundo no +era el yermo sobre el cual, única flor, flor de +espinoso cardo, el alma humana se entreabría +sabedora de no merecer la luz del cielo, pero +sola en gozar del beneficio de esta luz? Vano +fué que luchara por quitar los ojos del alma +de este obstinado pensamiento, porque él volvía +a presentársele cual si lo empujase a la claridad +de la conciencia de Teótimo una tenaz persecución. +Y tras él sentía el eremita venir de +lo hondo de su ser un rugido cada vez más +cercano... un rugido cada vez más siniestro... +<span class="pagenum" id="Page_46">[Pg 46]</span>un rugido cuyo son conocía, y que brotaba de +unas fauces que creyó mortalmente secas en su +alma. Bastó una débil florecilla para que el +monstruo oculto, la soberbia apostada tras la +ilusión de la humildad, dejase con avasallador +empuje su guarida... Bajo la alegre bondad +de la mañana, mientras tocaba en su pecho un +rayo de sol, Teótimo, torvo y airado puso el pie +sobre la flor indefensa.</p> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum" id="Page_47">[Pg 47]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + LOS SEIS PEREGRINOS + </h2> +</div> + +<p class="p1 big2 center"> + DOS DISTINTAS ESPECIES DE ALMAS ENTUSIASTAS +</p> + + +<p class="p1">Grande es la unidad que enlaza todas +las partes de nuestra existencia bajo +una idea soberana; pero más bella y fecunda, +si, poniendo a prueba la extensión +de su fuerza ordenadora, se diversifica por la +flexibilidad y la amplitud. Dentro de toda comunión, +de toda fe, de toda sociedad ideal, es +fácil distinguir dos especies de almas sinceras +y entusiastas. Hay el entusiasta inflexible, +alma monocorde y austera; y hay aquél +cuyo entusiasmo asume las múltiples formas +de la vida, y consiente, generoso con su riqueza +de amor, otros objetos de atención y de deseo +que el que preferentemente se propone. +De aquella pasta están hechos el estoico y el +asceta, el puritano y el jansenista; de ésta, los +espíritus amplios, comunicativos y curiosos, +sin mengua de su fidelidad inquebrantable ni +su férvida consagración. De los unos y de los +otros, es decir, de los perseverantes, de los entusiastas,<span class="pagenum" id="Page_48">[Pg 48]</span> +de los creyentes, y sólo de ellos es +el secreto de la acción; pero la más alta forma +de la perseverancia, del entusiasmo y de la fe, +es su aptitud para extenderse y transformarse, +sin desleirse ni desnaturalizarse.</p> + + +<p class="p2 big2 center"> + LOS SEIS PEREGRINOS</p> + +<p class="p1">Cuentan leyendas que no están escritas, +que Endimión, no el que recibió favores +de Diana, sino un evangelista de quien nada +sabe la historia, recorría, después de doctrinado +en Corinto por Pablo de Tharso, las islas +del Archipiélago. En una ciudad pequeña de la +Eubea, su palabra tocó el corazón de seis jóvenes +paganos que formaron un grupo lleno de +adhesión hacia él, no menos que de fe pura y +sencilla. Esta comunidad naciente vivió, durante +cierto tiempo, en la intimidad afectuosa con +que la vida de las iglesias primitivas imitaba los +lazos fraternales. Un día, un día del <em>Señor</em>, en +la expansión cordial de la cena, maestro y discípulos +fueron heridos de un pensamiento que +les pareció una vocación: partirían a propagar +la buena nueva siguiendo la ruta de Alejandro; +soldados de una mansa conquista, llegarían +sobre las huellas del conquistador, hasta donde +el cielo quisiera; pero juraban que no se detendría, +falta de impulso, la divina palabra, en tanto<span class="pagenum" id="Page_49">[Pg 49]</span> +que uno solo de sus propagadores quedara, +con vida y libertad, sobre el camino que por +ellos sería, otra vez y con más pureza, glorioso.</p> + +<p>La fe, radiante, ofuscaba la temeridad de la +intención. Aún no estaba formulada la idea, y +ya la impaciencia por la acción y la gloria hacía +aletear las voluntades. Pero como Endimión, +el maestro, necesitaba completar, ante +todo, su viaje por la isla, convinieron que, pasado +el término que para ello se consideraba +menester, él y sus seis discípulos se encontrarían +en un vecino puerto, desde donde atravesarían +el mar para emprender la ruta soñada.</p> + +<p>El tiempo transcurrió para todos como en el +éxtasis de una visión. Llegaron los días de la +cita. Una mañana alegre, apenas provistos de +pan y frutas los zurrones, en la dirección de +la marcha un claro sol, y dentro de sí, como la +mano de Dios en el timón del alma, el entusiasmo, +los seis amigos partieron a reunirse al +maestro.</p> + +<p>Corría, suavísimo y opulento, el otoño. La Naturaleza +parecía concertar con la felicidad de +los viajeros sus galas; diríase que de cada cosa +del camino nacía una bendición para ellos. Sintiéndola, +recogiéndola en su corazón, se regocijaban +y hacían sonar todo el tesoro de su sueño<span class="pagenum" id="Page_50">[Pg 50]</span> +en joviales coloquios, cuando de improviso +distrajeron su interés unos lastimeros ayes que +venían de unas breñas cercanas. Dirigiéronse +allí, y viendo tendido entre las zarzas a un pastor +que se desangraba, herido acaso por los lobos, +se aproximaron a valerle. Sólo uno de los +seis, Agenor, laconio enjuto y pálido, de grandes +ojos absortos, había permanecido indiferente, +desde el primer momento, a los ayes, atribuyéndolos +a uno de los mil rumores del viento, +y extraño a todo lo que no fuese la idea sublime +a cuya ejecución se encaminaban; en la impaciencia +de ver convertirse en realidad las +imágenes deslumbradoras de su sueño, se había +negado a desviarse y a esperar que se satisficiera +la curiosidad de sus amigos. Agenor +siguió adelante, adelante, como en el ciego ímpetu +de una fascinación.</p> + +<p>Ellos, en tanto, después de haber lavado y +vendado con jirones de sus propias ropas las heridas +del rústico, le condujeron a su choza, que +descollaba a cierta distancia, sobre una ladera +donde se columbraban restos dispersos del hato. +Allí, prolongando sus cuidados, les sorprendió +la noche. Cuando, abriendo la aurora, llegó el +momento de partir, he aquí que Nearco, otro de +los seis compañeros, permaneció apartado y melancólico, +con el aire de quien no se resuelve a +hacer una confidencia dolorosa. Instáronle los +<span class="pagenum" id="Page_51">[Pg 51]</span>demás a confesar lo que sentía.—Sabéis—dijo Nearco—que, +desde que este episodio nos +obligó a alterar por compasión el rumbo que +llevábamos, me entró en el alma la duda de la +inoportunidad de nuestra empresa, y oí una voz +interior que me decía: “Si hay tanto y tan desamparado +dolor, tanto abandono y tanta impiedad +cerca de nosotros donde emplear el fuego +de caridad que nos inflama, ¿por qué buscar objeto +para él en climas extraños y remotos?”. +Me dormí con este pensamiento en el alma; y +soñé; y así como el apóstol vió en sueños la +imagen del macedón que le llamaba, lo que él +interpretó como un ruego de que fuera a redimir +a los suyos, a mí se me apareció la imagen +de este pastor, que intentando yo continuar el +viaje, me cerraba el camino, y lo aparté para +avanzar; y entonces, en los enebros y las zarzas +a cuyo lado le encontramos, sentí que se enredaban +mis ropas y me detenían...</p> + +<p>Dicho lo cual, Nearco en quien, un sueño disipó +el encanto de otro, abrazó a sus amigos, +que ya daban cara al sol para continuar su ruta, +y volvióse en dirección a la ciudad.</p> + +<p>El grupo siguió con entusiasmo intacto, adelante. +De los cuatro que le componían ahora, +Idomeneo parecía ser el que, por su superioridad, +llenaba la ausencia del maestro. Él había +sido el primero en percibir y atender los ayes +<span class="pagenum" id="Page_52">[Pg 52]</span>del herido. Era de Atenas; era suave, inteligente, +benévolo. En su fisonomía se reflejaba algo +de la inquietud con que se significaría la curiosidad +espiritual de un estudiante, y algo de +la ternura con que se expresaría el omnímodo +amor de un panteísta. Pero el sello de expresión +más hondo lo imprimía el dulce estupor con +que aún lo embargaba la inmensidad de la fe +nueva que había conquistado su alma.</p> + +<p>Cuando en los bordes de algún soto vecino +asomaba una lozana flor silvestre, Idomeneo, +desviándose, se acercaba a admirar su forma, su +color, o a aspirar su perfume. Cuando el viento +traía, de cercanas cabañas de pastores, un +son de zampoña o caramillo, o bien si una cigarra +levantaba su canto, Idomeneo se detenía un +instante a escuchar. Cuando una guija pintada +lucía entre la arena del camino, Idomeneo, +con el afán de un niño, la recogía, y bruñéndola, +la llevaba en la mano. Y cuando allá, en la +profundidad del horizonte, un ave o una nube +pasaban o se descubría el triángulo blanco de +una vela sobre la línea obscura del mar, el alma +del neófito parecía tender presurosamente +hacia ellos sobre el riel de una mirada anhelante...</p> + +<p>Ya el sol había templado la fuerza de sus rayos +cuando los viajeros vieron aparecer, en la +<span class="pagenum" id="Page_53">[Pg 53]</span>caída de una loma, las casas dispersas de una +aldea.</p> + +<p>Gigante encina descollaba, en lo más avanzado +del lugar, sobre los techos, que esmaltaba el +oro de la tarde; y en derredor del árbol veíase +un gran grupo de gente, que formaba corro, +con muestras de atención y respeto. Preguntando +a unos labradores que habían interrumpido +su trabajo para dirigirse hacia allí, supieron +que era un cantor ambulante, mendigo consagrado +por la vejez y por el numen, que todos +los años recorría, en ocasión de las cosechas, +aquella parte de la isla.—¿Oigámosle?—propuso +Idomeneo.</p> + +<p>Acercándose al corro, los cuatro amigos se +empinaron para ver al cantor. Un soplo de antigüedad +heroica llegó a ellos. Todo lo del Homero +legendario reaparecía en una dulce y majestuosa +figura; el continente regio, la luenga +barba lilial, la frente olímpica; a la espalda el +zurrón, la lira a la cintura, el nudoso báculo en +la diestra, el can escuálido y enlodado a sus +plantas. Hízose un silencio solemne; y desatando +al dios ya inquieto en su seno, el mendigo +cantó; y sobre el aliento de sus labios, mientras +las manos trémulas tocaban las cuerdas de la +lira, flotaron cosas de historia y de leyenda, cosas +que estaban en todas las memorias, pero +que parecían recobrar, en versos ingenuos (tal +<span class="pagenum" id="Page_54">[Pg 54]</span>como se serena el agua en cántaro de barro), +la frescura y el resplandor de la invención. Cantó +del germinar de los elementos en las sombras +primeras; de la majestad de Zeus; de los +dioses y sus luchas sublimes; de los amores de +las diosas y los hombres. Cantó de las tradiciones +heroicas. Hércules y Teseo lidiando, en el +amanecer del mundo, con monstruos y tiranos; +la nave que busca el vellocino; Tebas y su estirpe +fatídica... Mostró después la cólera de +Aquiles, y a Héctor en los muros de Ilión; y +luego, a Ulises errabundo, los encantamientos +de Circe, y la castidad de Penélope. Todos escuchaban +arrobados: Idomeneo, con la expresión +del que contempla una imagen que evoca +en él el recuerdo de otra más bella o más querida; +Lucio, uno de sus tres compañeros, con gesto +en que alternaban el embeleso y la angustia.—Este +canto divino—dijo Lucio—me ha +hecho sentir de nuevo la hermosura de los dioses +que abandonamos. Conozco que mi fe ha sido +herida de muerte por el poeta...—Tu fe era +débil—contestó Idomeneo—; yo siento magnificada +y victoriosa la mía; yo guardo para mí +el dulzor del canto, y como se arroja la corteza +de la almendra, desecho la vanidad de la +ficción.</p> + +<p>Pero, insistiendo Lucio en su arrepentimiento, +sólo siguieron viaje Idomeneo, Merión y +<span class="pagenum" id="Page_55">[Pg 55]</span>Adimanto. A mitad de la jornada siguiente, +atormentados por la sed, divisaron, no lejos del +camino, el mirador de una alquería, y se dirigieron +a ella. La casa estaba ceñida, en ancho +espacio, por un huerto frondoso, que vides opulentas, +enlazadas, por todas partes, a los árboles, +adornaban con el oro de sus sazones. Cuando +los viajeros llegaron, vieron que se preparaba +en el huerto la vendimia. Ocupábanse unos +en remover toneles y disponer para la obra el +lagar. Otros afilaban, para segar los racimos, +hoces que llenaban de desapacible música y de +rojas chispas el aire. Un grupo de mujeres tejía +los cuévanos y las cestas de mimbres para +recogerlos. Por dondequiera reinaba la animación +comunicativa con que se anuncia el trabajo +preparado de buena voluntad; la animación +que provoca el desasosiego del estímulo en los +corazones y los brazos robustos.</p> + +<p>Satisfecha su sed, los viajeros hacían señal +de despedirse, cuando el viñador preguntóles +si querían quedarse aquella tarde y ayudar +a las faenas, porque sus hombres eran pocos, y +debía apresurar la vendimia, a fin de terminarla +para el día que había indicado su señor. +Agregó que hasta la otra mañana no vendrían, +de los pueblos vecinos, los braceros que necesitaba, +y que el tiempo que ganaría con el auxilio<span class="pagenum" id="Page_56">[Pg 56]</span> +de los huéspedes sería bastante para evitar +la demora y el castigo.</p> + +<p>Ellos, que no habían permanecido insensibles +a la sana tentación del trabajo; que recordaron +la parábola de los pocos obreros para la mucha +mies, y que agradecían, además, la hospitalidad +que habían recibido, accedieron, y puestos a la +obra, no fueron avaros de sus fuerzas. Adimanto +contribuyó a recolectar los racimos, Merión +a transportarlos, Idomeneo a la faena del lagar. +La jornada acabó con tal suma de adelanto, que +el viñador, lleno de júbilo, abandonó sus temores. +Empezó luego la fiesta con que se celebraba +la vendimia, junto al báquico altar que descollaba +en lo más alto del huerto, bajo brutesca +arquitectura de ramas. Los vendimiadores fueron +congregándose allí, mientras se distribuía, +con prodigalidad, vino de anteriores cosechas. +Cuando recibieron su parte, Idomeneo invitó a +los suyos a beber, al modo de los festines eucarísticos. +Apartándose de los demás algún espacio, +levantaron las copas. En alto las miradas +extáticas, invocaron el nombre del Señor. Y +como dos zuritas, de las que acudían a picar en +el suelo granos dispersos de la uva, cruzasen +en aquel mismo instante sobre ellos: “¡Irene y +Ágape!”—dijo con gracia mística el de Atenas—, +recordando a las dos escanciadoras invisibles, +mientras un rayo de sol inflamaba en las +<span class="pagenum" id="Page_57">[Pg 57]</span>copas levantadas al aire el oro burbujante del +vino...</p> + +<p>Poco después, siendo ya de noche, y en el deseo +de estar de pie con la aurora, los tres amigos +buscaron un rincón protegido por los árboles +y se tendieron a dormir. Pero en los ojos +de Merión, beocio que llevaba en el semblante +los rasgos de la sensualidad, el vino había dejado +un toque de luz cálida. Sentíase allí cerca +la agitación del festejo que congregaba a los +trabajadores en derredor del ara del dios. El +circular de sarmientos encendidos pintaba de +fuego las sombras de la noche. Por todas partes +parecía vagar en libertad el alma del vino. En +el viento, embriagado con las exhalaciones del +lagar, venían risas, canciones y el resonar de +rústicos instrumentos, que denunciaba alegres +danzas. Merión, incorporándose, levantó su copa +del suelo y se perdió con paso sigiloso en la +sombra.</p> + +<p>Aún no se había disipado la fiesta cuando sus +dos amigos saludaban de pie la bandera de la +mañana, que les mostraba la dirección de su camino. +No encontraron a Merión junto a ellos.—“¿Estás +despierto, Merión?”. Tendido en tierra, +desceñido, faunesco, coronado de pámpanos, +como Dionysos joven a la sombra de las +grutas de Nisa, el beocio les respondió, cuando +<span class="pagenum" id="Page_58">[Pg 58]</span>le hallaron, alargándoles negligentemente su +copa. Idomeneo y Adimanto partieron.</p> + +<p>Y ¿qué era en tanto de Agenor, el que desde +la primera jornada se había adelantado en su +impaciencia a los otros?... Agenor había llegado +acaso al término del viaje, o tal vez seguía +adelante, adelante, como en el ciego ímpetu +de una fascinación.</p> + +<p>A poco andar, Adimanto e Idomeneo vieron +abrirse ante su paso una hermosísima llanura, +por donde el camino serpeaba con deliciosa volubilidad, +como atraído a un tiempo por mil cosas. +Blancas aldeas, rubias y onduladas mieses; +tupidos bosques, a cuyos pies se deslizaba la +corriente sosegada de un río, y en lo remoto, el +mar azul y profundo. Caminaban absortos en +la contemplación, cuando, percibiendo de cerca +un aroma de manzanas silvestres, traspusieron, +no sin esfuerzo, el natural vallado que orillaba +el camino; y el soto más ameno, la más +risueña espesura rústica que pueda imaginarse, +apareció ante sus ojos y los envolvió en la +fragancia de su aliento. Bajo la bóveda que extendían +los árboles más altos tejía la vida una +gloriosa urdimbre, entre la cual formaba caprichosos +cambiantes con la sombra, la luz que descendía +tenuemente velada. De aquí y de allá +partían, buscando el corazón de la espesura, +senderos estrechos y tortuosos, y no tardaban en +<span class="pagenum" id="Page_59">[Pg 59]</span>oponerse a su paso las vigilantes zarzas y las +hiedras cuajadas de corimbos. Los frutos todavía +sujetos a la rama veíanse en tan gran copia +como los que, ya desprendidos, yacían en el suelo +y le alfombraban de tintes más obscuros que +los que desparramaban los otros por el aire. A +pesar del otoño, no escaseaban, junto a esta +riqueza, galas más tempranas que el fruto. Y +todo estaba virgen, radiante, como húmedo aún +de la humedad del soplo creador. Fresco aposento +de quién sabe qué divinidad esquiva, no +había señales de haber tocado en aquel retiro +planta humana. A medida que se internaban en +lo espeso del soto, Idomeneo sentía cómo iba estrechándole +el alma, dulcemente, el abrazo de +la Naturaleza, y se abandonaba sin recelos a él. +Admiraba, con la admiración que pone húmedos +los ojos, todo cuanto le rodeaba; parecía +beber con delicia en el ambiente; perdíase de +intento allí donde formaban más hondo laberinto +las frondas; tenía dulces palabras para las +flores que le embalsamaban el camino; se detenía +a grabar el signo de la cruz en la corteza de +los árboles, como en el corazón de catecúmenos; +recordaba, de los libros sagrados, el Paraíso +y la tierra que mana leche y miel; los cedros +del Líbano y las rosas de Jericó, y el fondo de +imágenes campestres del Evangelio. Como en la +copa donde se mezclan dos vinos para mitigar +<span class="pagenum" id="Page_60">[Pg 60]</span>los humos del más fuerte, en él el entusiasmo, la +embriaguez de la vida, cosa de su raza, que, +sin él quererlo, subía de las raíces de su ser, se +dulcificaba con el sabor de la fe nueva, con el +recuerdo del Dios que también había sabido detenerse +ante la gracia de un ave, de una colina +o de una flor... Idomeneo bautizaba toda aquella +hermosura al difundirse en ella por obra del +amor, que identifica el alma y las cosas.</p> + +<p>Pasóse el tiempo en aquel vagar infantil y les +sorprendió en la soledad del monte el crepúsculo. +Sus sombras graves parecieron una reconvención +a Adimanto. Cuando, a la mañana siguiente, +Idomeneo recordó que sólo faltaba una +jornada para terminar el viaje, y se echó al +hombro el zurrón con renovado júbilo, Adimanto +confesó tristemente que no se atrevía a +ponerse en presencia del maestro... Pensaba +que los recibiría con severidad por su tardanza, +si es que ya no había partido a la llegada de +Agenor; y a pesar de las instancias de su compañero, +se despidió y marchó cabizbajo a desandar +su camino.</p> + +<p>Idomeneo, solo ya, siguió adelante. No tardó +en divisar, sobre la playa graciosamente enarcada, +las casas blancas y risueñas de una ciudad +marina, y las palmeras que la engalanaban +agitándose con señas como de llamamiento, que +le parecieron dirigidas a él. Inquirió, por los +<span class="pagenum" id="Page_61">[Pg 61]</span>que hallaba a la puerta de alguna finca rústica +o ejerciendo las labores del campo, si había pasado +en aquella dirección Agenor, y conoció +que sí cuando le describieron la prisa, como de +quien huye; el gesto extático, que les habían admirado +días antes en un extraño pasajero; su +palidez, el cansancio inconsciente, o desdeñado, +que revelaba, y la indiferencia con que proseguía, +en medio a la curiosidad de los que se +detenían a observarle.—¡Parecía un sonámbulo!—decían.</p> + +<p>Tal como estas noticias lo pintaban, Agenor +había llegado al término del viaje en un solo +impulso de deseo desde su partida, insensible +a la fatiga de su cuerpo, insensible a los accidentes +del camino, insensible al espectáculo de +la Naturaleza. No bien llegó, cayó extenuado a +las plantas del maestro, aunque, más feliz que +el soldado de Maratón, no fué sin vida. Durante +tres mañanas y tres tardes, maestro y discípulo +consultaron, de lo más alto de la ciudad, +como desde una atalaya, la dirección por donde +esperaban ver venir a los otros, hasta que apareció +Idomeneo, y por él supieron dolidos, mas +no desalentados, la inutilidad de esperar más. +Endimión puso a Agenor a su derecha, puso a +su izquierda a Idomeneo, y entonando uno de +los salmos que cantan la felicidad del caminante, +marchó con ellos hacia el mar. Nubes extrañas<span class="pagenum" id="Page_62">[Pg 62]</span> +fingían maravillosas rutas en el confín del +horizonte. La vela de la nave que los conduciría +palpitaba sobre las aguas turbias e inquietas, +a modo de un gran corazón blanco...</p> + +<p>Y así, junto al maestro que representaba para +ellos la verdad, inmunes de las tentaciones +a que habían sucumbido los discípulos que, por +veleidosos o cobardes, no continuaron el camino, +partieron: Agenor, el entusiasmo rígido y +austero, la sublime obsesión que corre arrebatada +a su término, con ignorancia o desdén de +lo demás; Idomeneo, la convicción amplia, graciosa +y expansiva, dueña de sí para corresponder, +sin mengua de su fidelidad inquebrantable, +al reclamo de las cosas; el convertido de Atenas, +que de paso para su vocación, supo atender +a las voces con que lo solicitaron la caridad, +el arte, el trabajo, la Naturaleza, y que de las +impresiones recogidas en lo vario del mundo +formaba, alrededor del sueño grande de su alma, +un cortejo de ideas...</p> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum" id="Page_63">[Pg 63]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + <em class="gesperrt">HYLAS</em> + </h2> +</div> + + +<p>Hylas, efebo de la edad heroica, acompañaba +a Hércules en la expedición de los +Argonautas. Llegadas las naves frente a +las costas de la Misia, Hylas bajó a tierra para +traer a sus camaradas agua que beber: En el +corazón de un fresco bosque halló una fuente +calma y límpida. Se inclinó sobre ella, y aún no +había hecho ademán de sumergir bajo el cristal +de las aguas la urna que llevaba en la mano, +cuando graciosas ninfas surgieron, rasgando +el seno de la onda y le arrebataron prisionero +de amor, a su encantada vivienda. Los +compañeros de Hylas bajaron a buscarle, así +que advirtieron su tardanza. Llamándole, recorrieron +la costa y fatigaron vanamente los +ecos. Hylas no parecía; las naves prosiguieron +con rumbo al país del áureo vellocino. Desde entonces +fué uso en los habitantes de la comarca +donde quedó el cautivo de amor, salir a llamarle +al comienzo de cada primavera, por los bosques +y prados. Cuando apuntaban las flores primerizas, +cuando el viento empezaba a ser tibio<span class="pagenum" id="Page_64">[Pg 64]</span> +y dulce, la juventud lozana se dispersaba, +vibrante de emoción, por los contornos de Prusium. +¡Hylas! ¡Hylas! clamaba. Ágiles pasos +violaban misterios de las frondas; por las suaves +colinas trepaban grupos sonoros; la playa +se orlaba de mozos y doncellas. ¡Hylas! ¡Hylas! +repetía el eco en mil partes, y la sangre +ferviente coloreaba las risueñas mejillas y los +pechos palpitaban de cansancio y de júbilo, y +las curvas de tanta alegre carrera eran como +guirnaldas trenzadas sobre el campo. Con el +morir del sol, acababa, sin fruto, la pesquisa. +Pero la nueva primavera convocaba otra vez a +la búsqueda del hermoso argonauta. El tiempo +enflaquecía las voces que habían sonado +briosa y entonadamente; inhabilitaba los cuerpos +antes ágiles para correr los prados y los +bosques, generaciones nuevas entregaban el +nombre legendario al viento primaveral: ¡Hylas! +¡Hylas! Vano clamor que nunca tuvo respuesta. +Hylas no pareció jamás. Pero de generación +en generación se ejercitaba en el bello +simulacro la fuerza joven; la alegría del campo +florecido penetraba en las almas, y cada día +de esta fiesta ideal se reanimaba con el candor +que quedaba aún no marchito, una inquietud +sagrada: la esperanza de una venida milagrosa.</p> + +<p>Mientras Grecia vivió, el gran clamor flotó +<span class="pagenum" id="Page_65">[Pg 65]</span>una vez por año en el viento de la primavera +¡Hylas! ¡Hylas!</p> + +<hr class="tb"> + +<p>Exista el Hylas perdido a quien buscar, en +el campo de cada humano espíritu; viva Hylas +para cada uno de nosotros. Pongamos que él +no haya de parecer jamás: ¿qué importa, si el +sólo afán de buscarle es ya sazón y estímulo +con que se mantiene el halago de la vida?</p> + +<p>Un supremo objeto para los movimientos de +nuestra voluntad; una singular preferencia en +el centro de nuestro corazón; una idea soberana +en la cúspide de nuestro pensamiento...; +no a modo de celosas y suspicaces potestades, +sino de sueños hospitalarios y benévolos, a cuyo +lado haya lugar para otras manifestaciones +de la vida que las que ellos tienen de inmediato +bajo su jurisdicción; aunque, indirecta y delicadamente, +a todas las penetren de su influjo +y las usen para sus fines.</p> + +<p>Ya por el moroso Idomeneo supimos cómo +la perseverancia en una alta idealidad, cómo +el fervor de un gran designio, puede hermanarse +con un tierno interés por las demás cosas +bellas y buenas que abarca la extensión +infinita del mundo.</p> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum"><a id="Page_66"></a><a id="Page_67"></a>[Pg 67]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + LA DESPEDIDA DE GORGIAS + </h2> +</div> + + +<p>Ésos que están sentados a una mesa donde +hay flores y ánforas de vino, y que preside +un viejo hermoso y sereno como un +dios; ésos que beben, mas no dan muestra de +contento; ésos que suelen levantarse a consultar +la altura del sol, y a veces se enjugan +una lágrima, son los discípulos de Gorgias. +Gorgias ha enseñado, en la ciudad que fué su +cuna, nueva filosofía. La delación, la suspicacia, +han hecho que ella ofenda y alarme a los +poderosos. Gorgias va a morir. Se le ha dado +a escoger el género de muerte, y él ha escogido +la de Sócrates. A la hora de entrarse el sol +ha de beber la cicuta: aún tiene vida por dos +más, y él las pasa en serenidad sublime, rector +de melancólica fiesta, donde las flores acarician +los ojos de los convidados, que el pensamiento +enciende con luz íntima, y un vino suave +difunde el soplo para el brindis postrero. +Gorgias dijo a sus discípulos: “Mi vida es una +guirnalda a la que vamos a ajustar la última +rosa”.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_68">[Pg 68]</span></p> + +<p>Esta vez, el placer de filosofar con gracia, +que es propio de almas exquisitas, se realzaba +con una desusada unción. “Maestro—dijo +uno—nunca podrá haber olvido en nosotros, +para ti ni para tu doctrina”. Otro +añadió:—“Antes morir que negar cosa salida +de tus labios”. Y cundiendo este sentimiento, +hubo un tercero que propuso:—“Jurémosle +ser fieles a cada una de sus palabras, a +cuanto esté virtualmente contenido en cada +una de sus palabras; fieles ante los hombres +y en la intimidad de nuestra conciencia; ¡siempre +e invariablemente fieles!”... Gorgias preguntó +al que había hablado de tal modo:—“¿Sabes, +Lucio, lo que es jurar en vano?”—“Lo +sé—repuso el joven—; pero siento firme +el fundamento de nuestra convicción, y no dudo +de que debamos consolar tu última hora +con la promesa que más dulce puede ser a tu +alma”.</p> + +<p>Entonces Gorgias comenzó a decir de esta +manera:</p> + +<p>—¡Lucio! Oye una anécdota de mi niñez. +Cuando yo era niño, mi madre se complacía +tanto en mi bondad, en mi hermosura, y sobre +todo en el amor con que yo pagaba su amor, +que no podía pensar sin honda pena en que mi +niñez y toda aquella dicha pasaran. Mil y mil +veces la oía repetir: “¡Cuánto diera yo por +<span class="pagenum" id="Page_69">[Pg 69]</span>que nunca dejases de ser niño!...”. Se anticipaba +a llorar la pérdida de mi dulce felicidad, de +mi bondad candorosa, de aquella belleza como +de flor o de pájaro, de aquel amor único, +merced al cual sólo ella existía en la tierra para +mí. No se resignaba a la idea de la obra +ineluctable del Tiempo, bárbaro numen que +pondría la mano sobre tanto frágil y divino +bien, y desharía la forma delicada y graciosa, +y amargaría el sabor de la vida, y traería la +culpa allí donde estaba la inocencia sin mácula. +Menos aún se avenía con la imagen de una +mujer futura, pero cierta, que acaso había +de darme penas del alma en pago de amor. Y +tornaba al pertinaz deseo: “¡Cuánto daría +porque nunca, nunca dejases de ser niño!...”. +Cierta ocasión oyóla una mujer de Tesalia, +que pretendía entender de ensalmos y hechizos, +y le indicó un medio de lograr anhelo tan +irrealizable dentro de los comunes términos +de la Naturaleza. Diciendo cierta fórmula mágica, +había de poner sobre mi corazón, todos +los días, el corazón de una paloma, tibio y mal +desangrado aún, que sería esponja con que se +borraría cada huella del tiempo; y en mi frente +pondría la flor del íride silvestre, oprimiéndola +hasta que soltase del todo su humedad, +con lo que se mantendría mi pensamiento limpio +y puro. Dueña del precioso secreto, volvió +<span class="pagenum" id="Page_70">[Pg 70]</span>mi madre con determinación de ponerlo al +punto por obra. Y aquella noche tuvo un sueño. +Soñó que procedía tal como le había sido +prescripto; que transcurrían muchos años; que +mi niñez permanecía en un ser; y que favorecida +ella misma con el don de alcanzar una ancianidad +extrema, se extasiaba en la contemplación +de mi ventura inalterable, de mi belleza +intacta, de mi pureza impoluta... Luego, +en su sueño, llegó un día en que ya no halló, +para traer a casa, ni una flor de íride, ni +un corazón de paloma. Y al despertarse y acudir +a mí, la mañana siguiente, vió en lugar +mío, un hombre viejo ya, adusto y abatido; +todo en él revelaba una ansia insaciable; nada +había de noble ni grande en su apariencia, +y en su mirada vibraban relámpagos de desesperación +y de odio. “¡Mujer malvada!—le oyó +clamar, dirigiéndose a ella con airado gesto—, +me has robado la vida, por egoísmo feroz, dándome +en cambio una felicidad indigna, que +es la máscara con que disfrazas a tus propios +ojos tu crimen espantable... Has convertido en +vil juguete mi alma. Me has sacrificado a un +necio antojo. Me has privado de la acción, que +ennoblece; del pensamiento, que ilumina; del +amor, que fecunda... ¡Vuélveme lo que me +has quitado! Mas ya no es hora de que me lo +vuelvas, porque este mismo es el día en que la +<span class="pagenum" id="Page_71">[Pg 71]</span>ley natural prefijó el término de mi vida, que +tú has disipado en una miserable ficción, y +ahora voy a morir, sin tiempo más que para +abominarte y maldecirte”. Aquí terminó el +sueño de mi madre. Ella, desde que lo tuvo, +dejó de deplorar la fugacidad de mi niñez. Si +yo aceptara el juramento que propones, ¡oh +Lucio! olvidaría la moral de mi parábola, que +va contra el absolutismo del dogma revelado +de una vez para siempre; contra la fe que no +admite vuelo ulterior al horizonte que desde +el primer instante nos muestra. Mi filosofía no +es religión que tome al hombre en el albor de +la niñez, y con la fe que le infunde, aspire a +adueñarse de su vida, eternizando en él la condición +de la infancia, como mi madre antes de +ser desengañada por su sueño. Yo os fuí maestro +de amor: yo he procurado daros el amor de +la verdad; no la verdad, que es infinita. Seguid +buscándola y renovándola vosotros, como +el pescador que tiende uno y otro día su +red, sin mira de agotar al mar su tesoro. Mi +filosofía ha sido madre para vuestra conciencia, +madre para vuestra razón. Ella no cierra +el círculo de vuestro pensamiento. La verdad +que os haya dado con ella no os cuesta esfuerzo, +comparación, elección: sometimiento +libre y responsable del juicio, como os costará +la que por vosotros mismos adquiráis, desde<span class="pagenum" id="Page_72">[Pg 72]</span> +el punto en que comencéis realmente a vivir. +Así, el amor de la madre no le ganamos +con los méritos propios: él es gracia que nos +hace la Naturaleza. Pero luego otro amor sobreviene, +según el orden natural de la vida; +y el amor de la novia, éste sí, hemos de conquistarlo +nosotros. Buscad nuevo amor, nueva +verdad. No se os importe si ella os conduce +a ser infieles con algo que hayáis oído de +mis labios. Quedad fieles a mí, amad mi recuerdo +en cuanto sea una evocación de mí mismo, +viva y real, emanación de mi persona, perfume +de mi alma en el afecto que os tuve; pero +mi doctrina no la améis sino mientras no +se haya inventado para la verdad fanal más +diáfano. Las ideas llegan a ser cárcel también, +como la letra. Ellas vuelan sobre las leyes y +las fórmulas; pero hay algo que vuela aún más +que las ideas, y es el espíritu de vida que sopla +en dirección a la Verdad...</p> + +<p>Luego, tras breve pausa, añadió:</p> + +<p>—Tú, Leucipo, el más empapado en el espíritu +de mi enseñanza: ¿qué piensas tú de todo +esto? Y ya que la hora se aproxima, porque +la luz se va y el ruido del mundo se adormece: +¿por quién será nuestra postrera libación? +¿por quién este destello de ámbar que queda +en el fondo de las copas?...</p> + +<p>—Será, pues,—dijo Leucipo—, por quien, +<span class="pagenum" id="Page_73">[Pg 73]</span>desde el primer sol que no has de ver, nos dé +la verdad, la luz, el camino; por quien desvanezca +las dudas que dejas en la sombra; por +quien ponga el pie delante de tu última huella, +y la frente aun más en lo claro y espacioso +que tú; por tus discípulos, si alcanzamos a +tanto, o alguno de nosotros, o un ajeno mentor +que nos seduzca con libro, plática o ejemplo. +Y si mostrarnos el error que hayas mezclado +a la verdad, si hacer sonar en falso una +palabra tuya, si ver donde no viste, hemos de +entender que sea vencerte: Maestro, ¡por +quien te venza, con honor, en nosotros!</p> + +<p>—¡Por ése!—dijo Gorgias; y mantenida en +alto la copa, sintiendo ya al verdugo que venía, +mientras una claridad augusta amanecía +en su semblante, repitió—: ¡Por quien me venza +con honor en vosotros!</p> + +<hr class="tb"> + +<p>Desventurado el maestro a quien repugne +anunciar, como el Bautista, al que vendrá después +de él, y no diga: <em>“Él debe crecer; yo ser +disminuido”</em>. Funda dogmas inmutables aquél +que viene a poner yugo y marca de fuego, de +las que allí donde una vez se estampan, se sustituyen +por siempre al aspecto de naturaleza; +no los funda quien es enviado a traer vida, luz +y nueva alma.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_74">[Pg 74]</span></p> + +<p>La palabra de Cristo, así como anunció la +preeminencia del sentido interno y del espíritu +sobre la letra, la devoción y la costumbre, +dejó también, aun refiriéndose a lo que es espíritu +y substancia, el reconocimiento de su +propia relatividad, de su propia limitación, no +menos cierta (como, en lo material, la del mar +y la montaña), por su grandeza sublime; el reconocimiento +de la lontananza de verdad que +quedaba fuera de su doctrina declarada y concreta, +aunque no toda quedase fuera de su alcance +potencial o virtual, de las posibilidades +de su desenvolvimiento, de su capacidad de +adaptación y sugestión.</p> + +<p>Éste es el significado imperecedero de aquellas +hondas palabras de la Escritura, que Montano +levantó por lábaro de su herejía: “Aún +tendría otras cosas que enseñaros, mas no podríais +llevarlas”. Vale decir: “No está toda la +verdad en lo que os digo, sino sólo la suma de +verdad que podéis comportar”.</p> + +<p>Así, contra la quietud estéril del dogma, +contra la soberbia de la sabiduría amortajada +en una fórmula eterna, la palabra de Cristo +salvó el interés y la libertad del pensamiento +de los hombres por venir; salvó la inviolabilidad +del misterio reservado para campo del +esfuerzo nuestro, en las porfías de la contradicción, +en los anhelos de la duda, sin los cuales<span class="pagenum" id="Page_75">[Pg 75]</span> +la actividad del pensamiento, sal del vivir +humano, fuera, si lo decimos también con +palabras evangélicas, “como la sal que se tornara +desabrida”.</p> + +<p><em>Aún tendría otras cosas que enseñaros, mas +ahora no podríais llevarlas</em>, significa, lo mismo +en lo que es aplicable a la conciencia de la +humanidad que en lo que se refiere a la del individuo: +no hay término final en el descubrimiento +de lo verdadero, no hay revelación una, +cerrada y absoluta; sino cadena de revelaciones, +revelación por boca del Tiempo, dilatación +constante y progresiva del alma, según +sus merecimientos y sus bríos, en el seno de la +infinita verdad.</p> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum"><a id="Page_76"></a><a id="Page_77"></a>[Pg 77]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + LUCRECIA Y EL MAGO + </h2> +</div> + + +<p>Artemio, corregidor de la Augostólida de +Egipto, en tiempo que elegirás dentro +del crepúsculo de Roma, era neófito +cristiano. A la sombra de su severa ancianidad +vivía, en condición de pupila, Lucrecia, cuyo +padre, muerto cuando ella estaba en la niñez, +había sido conmilitón y amigo de Artemio. No +defraudaba esta Lucrecia el esplendor de tal +nombre. Antes se le adelantaba por la calidad +de una virtud tan cándida, igual y primorosa, +que tenía visos y reflejos de beatitud. Un día +llegó a casa de Artemio un religioso de algún +culto oriental: bramino, astrólogo, o quizás +mago caldeo, de los que por el mundo romano +vagaban añadiendo a su primitivo saber, +retazos de la helénica cultura y profesando +artes de adivinación y encantamiento. El corregidor +le recibió de buen grado; la religiosidad +de estos cristianos de Oriente solía darse +la mano con la afición a cosas de hechicería. +Oyendo decir al mago que, entre las capacidades +de su ciencia, estaba la de poner de manifiesto<span class="pagenum" id="Page_78">[Pg 78]</span> +lo que las almas encerraban en su +centro y raíz más apartados de la sospecha común, +Artemio hizo comparecer a Lucrecia, +movido del deseo de saber qué prodigiosa +forma tomaba, en lo radical y más denso de +su espíritu, la esencia de su raro candor. El +mago declaró que sólo precisaba una copa que +ella colmase de agua por su propia mano, y +que bajo la diafanidad del agua vería pintarse, +como en limpio espejo, el alma de Lucrecia. +“Veamos—dijo Artemio—qué estrella de inocente +fulgor, qué cristalino manantial, qué +manso cordero ocupa el fondo de esta alma...”. +Fué traída la copa, que Lucrecia llenó de +agua hasta los bordes, y hecho esto, el mago +concentró en la copa la mirada, y la doncella +y su tutor anhelaron oir lo que decía. “En +primer término—empezó—, veo, como en todas +las almas que he calado con esta segunda +vista de mis ojos, una sima o abismo comparable +a los que estrechan el paso del viajero en +los caminos de las montañas ásperas. Y allá, +en lo hondo, en lo hondo...”. Interrumpióse +vacilando, un momento.—“¿Lo digo?”, preguntó +después. Y como Artemio inclinase la +cabeza:—“Pues lo que veo—continuó—en las +profundidades de ese abismo es una alegre, +briosa y resplandeciente cortesana. Está acostada +bajo alto pabellón de los de Tiro, y duerme.<span class="pagenum" id="Page_79">[Pg 79]</span> +Viste toda de púrpura, con el desceñimiento +y transparencia que, más que la propia desnudez, +sirven de dardo a la provocación. Un +fuego de voluptuosidad se desborda de sus +ojos, velados por el sueño, y enciende en las +comisuras de los labios como dos llamas, entre +las que se abre la más divina e infernal sonrisa +que he visto. La cabeza reposa sobre uno +de los brazos desnudos. El otro sube en abandono, +todo entrelazado de ajorcas que figuran +víboras ondeantes, y entre el pulgar y el índice +alza una peladilla de arroyo, sangrienta de +color, que es de los signos de Afrodita. Esto +es lo que esta alma tiene en lo virtual, en lo +expectante, en lo que es sin ser aún; en fin, +Artemio, en la sombra de que quisiste saber +por artes mías...”—“¡Vil impostor!—gimió +en esto Lucrecia, llenos de lágrimas los ojos—. +¿Tu ciencia es ésa? ¿tu habilidad es infamia? +Traigan una brasa de fuego con que probar si +pasa por mis labios palabra que no sea de verdad, +y óiganme decir si anida en mí intención +o sentimiento que guarde relación con la imagen +que pretende haber visto dentro de mi espíritu!”—“Calla, +pobre Lucrecia—, argüyó el +mago—; ¿acaso es menester que tú lo sepas? +Tú dices verdad y yo también”.—“¿Justo será +entonces—dijo Artemio—menospreciar las +promesas que nos cautivan y preparar nuestro +<span class="pagenum" id="Page_80">[Pg 80]</span>ánimo a la decepción?”—“No pienso como tú—replicó +el mago—; ¿quién te asegura que la +cortesana despierte?”—“Digo por si despierta”—añadió +Artemio—. “Señor—repuso el +mago—, yo te concedo que eso pase; pero yo vi +también en el fondo del alma de esta hetaira +dormida que está en el fondo del alma de Lucrecia, +y vi otro abismo, y en el seno del abismo una +luz, y como envuelta y suspendida en la luz +una criatura suavísima, por la que el ampo de la +nieve se holgara en trocarse, según es de blanca. +Junto a esta dea, mujer sin sexo, puro espíritu, +juzgarías sombra el resplandor de la +virtud de Lucrecia, y como la cortesana en tu +pupila, ella, en la cortesana, duerme...”. “—Infiero +de ahí—dijo el corregidor—que aun con +el despertar de la cortesana, ¿podrían resucitar +sahumadas nuestras esperanzas en Lucrecia? +Demos gracias a Dios, ya que en el extravío +de su virtud hallamos el camino de su +santidad”.—“Sí—volvió a decir el mago—; +pero no olvides que, como en las otras, hay en +el alma de esa forma angélica un abismo al +cual puedo yo asomarme”.—“Y ¿quién—preguntó +Artemio—es la durmiente de ese abismo?”—“Te +lo diría—opuso el mago—si fuera +bien mostrar a los ojos de Lucrecia una +pintura de abominación. Piensa en la escena +de la Pasifae corintia de Lucio; piensa en mujer<span class="pagenum" id="Page_81">[Pg 81]</span> +tal que para con ella la primera cortesana +sea, en grado de virtud, lo que para con la primera +cortesana es Lucrecia”.—“¡Me abismas—prorrumpió +Artemio—en un mar de confusiones! +¿Qué extraña criatura es ésta que la amistad +confió en mis manos?”...—“Cesa en tu +asombro—dijo, finalmente, el mago, acudiendo +a reanimar a Lucrecia, que permanecía sumida +en doloroso estupor—: ella no es ser extraordinario, +ni las que has visto por mis ojos son +cosas que tengan nada de sobrenatural o peregrino. +Con cien malvados, que durmieron +siempre en lo escondido de su ser, subió a la +gloria cada bienaventurado, y con cien justos, +que no despertaron nunca, en lo hondo de +sí mismo, bajó a su condenación cada réprobo. +Artemio, nunca estimules la seguridad en +el justo, la desconfianza en el caído: todos tienen +huéspedes, que no se les parecen en lo +oculto del alma. Veces hay en que el bien consiste +en procurar que despierte alguno de esos +huéspedes; pero las hay también (y esto te importa) +en que turbar su sueño fuera temeridad +o riesgo inútil. El sueño vive en un ambiente +silencioso; la inocencia es el silencio del +alma: ¡haya silencio en el corazón de Lucrecia!...”.</p> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum"><a id="Page_82"></a><a id="Page_83"></a>[Pg 83]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + LA PAMPA DE GRANITO + </h2> +</div> + + +<p>Era una inmensa pampa de granito; su +color, gris; en su llaneza, ni una arruga; +triste y desierta; triste y fría; bajo +un cielo de indiferencia, bajo un cielo de plomo. +Y sobre la pampa estaba un viejo gigantesco; +enjuto, lívido, sin barbas; estaba un +gigantesco viejo de pie, erguido como un árbol +desnudo. Y eran fríos los ojos de este hombre, +como aquella pampa y aquel cielo; y su nariz, +tajante y dura como una segur; y sus +músculos, recios como el mismo suelo de granito; +y sus labios no abultaban más que el filo +de una espada. Y junto al viejo había tres +niños ateridos, flacos, miserables: tres pobres +niños que temblaban, junto al viejo indiferente +e imperioso, como el genio de aquella pampa +de granito. El viejo tenía en la palma de +una mano una simiente menuda. En su otra +mano, el índice extendido parecía oprimir en +el vacío del aire como en cosa de bronce. Y he +aquí que tomó por el flojo pescuezo a uno de +los niños, y le mostró en la palma de la mano +<span class="pagenum" id="Page_84">[Pg 84]</span>la simiente, y con voz comparable al silbo helado +de una ráfaga, le dijo: “Abre un hueco +para esta simiente”; y luego soltó el cuerpo +trémulo del niño, que cayó, sonando como un +saco mediado de guijarros, sobre la pampa de +granito.</p> + +<p>—“Padre—sollozó él—¿cómo le podré abrir +si todo este suelo es raso y duro?”—“Muérdelo”, +contestó con el silbo helado de la ráfaga; +y levantó uno de sus pies, y lo puso sobre +el pescuezo lánguido del niño; y los dientes del +triste sonaban rozando la corteza de la roca, +como el cuchillo en la piedra de afilar; y así +pasó mucho tiempo, mucho tiempo; tanto que +el niño tenía abierta en la roca una cavidad +no menor que el cóncavo de un cráneo; pero +roía, roía siempre, con un gemido de estertor; +roía el pobre niño bajo la planta del viejo indiferente +e inmutable, como la pampa de granito.</p> + +<p>Cuando el hueco llegó a ser lo hondo que se +precisaba, el viejo levantó la planta opresora; +y quien hubiera estado allí hubiese visto entonces +una cosa aún más triste, y es que el niño, +sin haber dejado de serlo, tenía la cabeza +blanca de canas; y apartóle el viejo con el pie, +levantó al segundo niño, que había mirado +temblando todo aquello.—“Junta tierra para +la simiente”—le dijo.—“Padre—preguntóle +<span class="pagenum" id="Page_85">[Pg 85]</span>el cuitado—¿en dónde hay tierra?”—“La hay +en el viento; recógela”, repuso; y con el pulgar +y el índice abrió las mandíbulas miserables +del niño; y le tuvo así contra la dirección del +viento que soplaba, y en la lengua y en las +fauces jadeantes se reunía el flotante polvo +del viento, que luego el niño vomitaba, como limo +precario; y pasó mucho tiempo, mucho +tiempo, y ni impaciencia, ni anhelo, ni piedad, +mostraba el viejo indiferente e inmutable +sobre la pampa de granito.</p> + +<p>Cuando la cavidad de piedra fué colmada, +el viejo echó en ella la simiente, y arrojó al niño +de sí, como se arroja una cáscara sin jugo, +y no vió que el dolor había pintado la infantil +cabeza de blanco; y luego levantó al último +de los pequeños, y le dijo, señalándole la +simiente enterrada:—“Has de regar esa simiente”; +y como él le preguntase, todo trémulo +de angustia:—“Padre, ¿en dónde hay +agua?”—“Llora; la hay en tus ojos”, contestó; +y le torció las manos débiles, y en los +ojos del niño rompió entonces abundosa vena +de llanto, y el polvo sediento la bebía; y este +llanto duró mucho tiempo, mucho tiempo, porque +para exprimir los lagrimales cansados estaba +el viejo indiferente e inmutable, de pie +sobre la pampa de granito.</p> + +<p>Las lágrimas corrían en un arroyo quejumbroso<span class="pagenum" id="Page_86">[Pg 86]</span> +tocando el círculo de tierra; y la simiente +asomó sobre el haz de la tierra como un punto; +y luego echó fuera el tallo incipiente, las +primeras hojuelas; y mientras el niño lloraba, +el árbol nuevo criaba ramas y hojas, y en +todo esto pasó mucho tiempo, mucho tiempo, +hasta que el árbol tuvo tronco robusto, y copa +anchurosa, y follaje, y flores que aromaron el +aire, y descolló en la soledad; descolló el árbol, +aún más alto que el viejo indiferente e +inmutable, sobre la pampa de granito.</p> + +<p>El viento hacía sonar las hojas del árbol, y +las aves del cielo vinieron a anidar en su copa, +y sus flores se cuajaron en frutos; y el viejo +soltó entonces al niño, que dejó de llorar, +toda blanca la cabeza de canas; y los tres niños +tendieron las manos ávidas a la fruta del +árbol; pero el flaco gigante los tomó, como cachorros, +del pescuezo, y arrancó una semilla, y +fué a situarse con ellos en cercano punto de +la roca, y levantando uno de sus pies juntó los +dientes del primer niño con el suelo; juntó de +nuevo con el suelo los dientes del niño, que +sonaron bajo la planta del viejo indiferente e +inmutable, erguido, inmenso, silencioso, sobre +la pampa de granito.</p> + +<hr class="tb"> + +<p>Esa desolada pampa es nuestra vida, y ese +inexorable espectro es el poder de nuestra voluntad,<span class="pagenum" id="Page_87">[Pg 87]</span> +y esos trémulos niños son nuestras entrañas, +nuestras facultades y nuestras potencias, +de cuya debilidad y desamparo la voluntad +arranca la energía todopoderosa que subyuga +al mundo y rompe las sombras de lo arcano.</p> + +<p>Un puñado de polvo, suspendido por un soplo +efímero sobre el haz de la tierra, para volver, +cuando el soplo acaba, a caer y disiparse +en ella; un puñado de polvo: una débil y transitoria +criatura, lleva dentro de sí la potencia +<em>original</em>, la potencia emancipada y realenga, +que no está presente ni en los encrespamientos +de la mar, ni en la gravitación de la montaña, +ni en el girar de los orbes; un puñado de +polvo puede mirar a lo alto, y dirigiéndose al +misterioso principio de las cosas, decirle:—“Si +existes como fuerza libre y consciente de tus +obras, eres como yo, una Voluntad: soy de tu +raza, soy tu semejante; y si sólo existes como +fuerza ciega y fatal, si el universo es una patrulla +de esclavos que rondan en el espacio infinito +teniendo por amo una sombra que se ignora +a sí misma, entonces yo valgo mucho más +que tú; y el nombre que te puse, devuélvemelo, +porque no hay en la tierra ni en el cielo +nada más grande que yo!”.</p> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum"><a id="Page_88"></a><a id="Page_89"></a>[Pg 89]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + SUEÑO DE NOCHEBUENA + </h2> +</div> + + +<p>En Nochebuena era el soñar despierto, +girando la mariposa interior en torno a +la imagen de luz pura, que ya aparecía, +infantil, en el regazo de la Madre; ya a +márgenes del lago o sobre el monte, con sus +rubias guedejas de león manso; ya trágica y +sublime, entre los brazos de la Cruz. Mi imaginación +era invencionera; la fe le daba alas. +Cuentos, leyendas, ficciones de color de rosa +nacían de aquel soñar. Una recuerdo. No sabría +reproducirla con su tono, con el metal de voz +de la fantasía balbuciente. Será una idea de +niño dicha con acento de hombre; será un verso +de poeta que ha pasado por manos de traductor.</p> + +<p>Era en la soledad de los campos, una noche +de invierno. Nevaba. Sobre lo alto de una +loma, toda blanca y desnuda, se aparecía una +forma, blanca también, como de caminante cubierto +de nieve. En derredor de esta forma +flotaba una claridad que venía, no de la luz +<span class="pagenum" id="Page_90">[Pg 90]</span>de una linterna, sino del nimbo de una frente. +El caminante era Jesús.</p> + +<p>Allá donde se eriza el suelo de ásperas rocas, +un bulto negro se agita. Jesús marcha hacia +él; él viene, como receloso, a su encuentro. +A medida que el resplandor divino lo alumbra, +se define la figura de un lobo, en cuyo +cuerpo escuálido y en cuyos ojos de siniestro +brillo está impresa el ansia del hambre. Avanzan; +párase el lobo al borde de una roca, ya a +pocos palmos del Señor, que también se detiene +y le mira. La actitud dulce, indefensa, reanima +el ímpetu del lobo. Tiende éste el descarnado +hocico y aviva el fuego de sus ojos famélicos; +ya arranca el cuerpo de sobre la roca... +ya se abalanza a la presa... ya es suya..., +cuando Él, con una sonrisa que filtra +a través de su inefable suavidad la palabra:</p> + +<p>—Soy yo—, le dice.</p> + +<p>Y el lobo, que lo oye en el rapidísimo espacio +de atravesar el aire para caer sobre él, en +el mismo rapidísimo espacio muda maravillosamente +de apariencia: se transfigura, se deshace, +se precipita en lluvia de blancas y fragantes +flores. A los pies de Jesús, entre la nieve, +las flores forman como una nube mística, +sobre la que el divino cuerpo flotara. Y todo +mi afán de poeta consistía, en que se entendiese +que no fué voluntad del sagrado caminante,<span class="pagenum" id="Page_91">[Pg 91]</span> +ni intervención de lo alto, lo que movió +la transformación milagrosa, sino que fué virtud +del propio sentir del lobo espantado, loco, +al reconocer a quien iba a destrozar con sus +dientes: virtud en que arrepentimiento, dolor, +vergüenza, ternura, adoración, se aunaron como +en un fuego de rayo, y derritieron las entrañas +feroces, y las refundieron en aquella +forma dulcísima, todo ello, mientras declinaba +la curva del salto, que tuvo por arranque la +intención de hacer daño... Agregaba mi cuento +que el Señor, mirando a las flores que a sus +plantas había, hizo sonar los dedos como quien +llama a un animal doméstico. Entonces, de bajo +el manto de flores se levantó, cual si despertara, +un perro grande, fuerte y de mirada +noble y dulce, de la casta de aquéllos que en +las sendas del monte San Bernardo van en socorro +del viajero perdido.</p> + +<p>Algunas veces asocio al recuerdo de mi ficción +candorosa la idea de esas súbitas conversiones +de la voluntad, que, por la devoradora virtud de +una emoción instantánea, consumen y disipan +para siempre la endurecida broza de la naturaleza +o la costumbre: Pablo de Tharsos herido +por el fuego del cielo, Raimundo Lulio develando +el ulcerado pecho de su Blanca, o el Duque +de Gandía frente a la inanimada belleza +de la Emperatriz Isabel.</p> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum"><a id="Page_92"></a><a id="Page_93"></a>[Pg 93]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + EL LEÓN Y LA LÁGRIMA + </h2> +</div> + + +<p>El phytónico Astiages, proscrito por tiranos +cuya ruina predijo, vivía, ciego y +caduco, en la soledad de unas montañas +riscosas. Le acompañaban y valían, una +hija, dulce y hermosa criatura, y un león, adicto +con fidelidad salvaje al viejo mago, desde +que éste, hallándole pasado de una saeta +en el desierto, le puso el bálsamo en la herida.</p> + +<p>De la hija del mago decía la fama una singularidad +que era sobrenatural privilegio: +contaban que en lo hondo de sus ojos serenos, +si se les miraba de cerca, en la sombra de la +noche, veíase, en puntual aunque abreviado +reflejo, el firmamento estrellado, y aún cierta +luz, ulterior al firmamento visible, que era lo +más misterioso y sorprendente de ver.</p> + +<p>Ciaxar, sátrapa persa, que removía en el tedio +de la saciedad las pavesas de su corazón +estragado, ardió en deseos de hacer suya a esta +mujer, que en el misterio de sus ojos llevaba +la gloria de la noche. Todas las tardes, +acompañada de su león, iba la doncella en +<span class="pagenum" id="Page_94">[Pg 94]</span>busca de agua a una fuente, que celaba el corazón +bravío de un monte. Ciaxar hizo emboscarse +allí soldados suyos, y para el león, fué +un sabio nigromante con ellos, que prometió +dominarle con su hechizo. Aquella tarde el +león se adelantó, como siempre, a explorar la +orilla breñosa, y no bien hubo asomado la cabeza +entre las zarzas, recibió en ella emponzoñada +aspersión, que le postró al punto sumido +en un letárgico sueño. Cuando, ignorante y +confiada, llegó su dulce amiga, precipitándose +los raptores a apresarla, buscó ella con espanto +a su león, se abrazó trémula al cuerpo +inane de la fiera, y al reparar en que yacía +sin aliento, dejó caer sobre el león una lágrima, +una sola, que se perdió, como el diamante +que cayese dentro de pérsica alcatifa, en +la espesura de la melena antes soberbia, ahora +rendida y lánguida.</p> + +<p>Ya apoderados los esclavos de la hermosura +que codiciaba su señor, el nigromante decidió +llevarle por su parte otra presea. Aproximándose +con hierático gesto al león dormido, +tendió hacia él las manos imponentes mientras +decía un breve conjuro, y el león, sin cambiar +una línea en forma ni actitud, trocóse al punto +en león de mármol; tal, que era una estatua +de realidad y perfección pasmosas. Cortaron +bajo la estatua un trozo de tierra, que, +<span class="pagenum" id="Page_95">[Pg 95]</span>convertida en mármol también, sirvió al león +de zócalo o peana, y con tiro de bueyes llevaron +al animal petrificado al palacio del señor.</p> + +<p>Cuando apartó éste su atención de la cautiva, +admiró al león y quiso que se le pusiera, +como símbolo, enfrente de su lecho. León que +duerme, potestad que reposa. Desde alta basa, +bajo el bruñido entablamento, quitando preeminencias +a los unicornios de pórfido que recogían, +a ambos lados del lecho, las alas en +espeso pabellón de púrpura, el león, en actitud +de sueño, dominó la estancia suntuosa.</p> + +<p>Pero en lo interno de esa estatua leonina +algo lento e inaudito pasaba... Y es que, en el +instante del hechizo, a tiempo de cuajarse en +mármol la melena del león, la lágrima que +dentro de ella había se congeló y endureció +con ella y quedó trocada en dardo diamantino +y agudo. La lágrima entrañada en el mármol +fué como gota de un fuego inextinguible +dentro de durísimo hielo; fué como imantada +flecha cuyo norte estuviese en el petrificado +pecho del león. La lágrima gravitaba al pecho, +pero venciendo a su paso resistencia tan dura, +que cada día avanzaba un espacio no mayor +que uno de los corpúsculos de polvo que +hace desprenderse, del mármol en trabajo, el +golpe del martillo. No importa: bajo la quietud +e impasibilidad de la piedra, en silencioso +<span class="pagenum" id="Page_96">[Pg 96]</span>ambiente o entre los ecos de la orgía, cuando +las dichas y cuando las penas del señor, la lágrima +buscaba el pecho.</p> + +<p>¿Cuánto tiempo pasó antes que con su lenta +punzada atravesase la melena, hendiera la +cerviz sumisa, penetrase a través del espacioso +tórax y llegase a su centro, partiendo su +corazón endurecido?</p> + +<p>Nadie puede saberlo... Era alta noche. +Hondísimo silencio en la estancia. Sólo la vaga +luz que alimentaba el aceite de una copa de +bronce. Bajo la púrpura, el señor, decrépito, +dormía. De pronto hubo un rumor como de levísimo +choque: duro latido pareció mover, al +mismo tiempo, el pecho del león y propagarse +en un sacudimiento extraño por su cuerpo. Y +cual si resucitara, todo él revistióse en un +instante de un cálido y subido tinte de oro: +en el fondo de sus ojos abiertos apuntó roja +luz, y la mustia melena comenzó a enrularse +como mar en donde el viento hace ondas. Con +empuje que fué al principio desperezo, después +movimiento voluntario, luego esfuerzo iracundo, +el león arrancó del zócalo los tendidos jarretes, +que hicieron sangre, manchando la blancura +del mármol, y se puso de pie. Quedó un +momento en estupor; la ondulante melena encrespóse +de un golpe; rasgó los aires el rugido, +como una recia tela que se rompe entre dos +<span class="pagenum" id="Page_97">[Pg 97]</span>manos de Hércules... Y cuando tras un salto +de coloso las crispadas garras se hundieron +en el lecho macizado de pluma, quien estuviera +allí sólo hubiera visto bajo de ellas +una sombra anegada en un charco de sangre +miserable, y hubiera visto después los unicornios +de pórfido, las colgaduras, los tapices, los +vidrios de colores, los entablamentos de cedro, +los lampadarios y trípodes de bronce, que rodaban, +en espantosa confusión, por la estancia, +y el león, rugiente, que revolvía el furor de su +destrozo entre ellos, mientras la lágrima, asomando +fuera de su corazón, como acerada punta, +le teñía el pecho de sangre.</p> + +<hr class="tb"> + + + +<div class="chapter"> + +<p><span class="pagenum"><a id="Page_98"></a><a id="Page_99"></a>[Pg 99]</span></p> + + + <h2 class="nobreak"> + LA ESTATUA DE CESÁREA + </h2> +</div> + + +<p>¿Qué misteriosa generación es ésta del +personaje épico, novelesco o dramático? +¿Qué divina virtud obra para este +acto de creación—el más calificable de tal +entre todos los actos de los hombres—que consiste +en dar al mundo una criatura imaginaria +inmortal: D. Quijote o D. Juan, Otelo o +Hamlet; en arrancar de las entrañas del alma +propia otra alma, no reflejo de ella, sino autónoma +y distinta; hecha de la tela de los sueños, +y con todo, dotada de espíritu más brioso, +de vida más intensa y pertinaz que los mismos +héroes de la historia; individual y una, +no con la unidad artificial de la abstracción, +sino con la lógica viviente de la naturaleza; +<em>persona</em> e <em>idea</em> a la vez; alma que, en +la sucesión de los tiempos, obsesionará como +un numen al pintor, para que interprete y fije +su encarnación corpórea; al músico para +que destile su más íntima esencia; al pensador, +para que alumbre y analice sus reconditeces, +alma capaz de imponerse a la imitación de +<span class="pagenum" id="Page_100">[Pg 100]</span>las que realmente viven en el mundo, de modo +que, después de tener vida ideal, maravillosamente +tejida de palabras, adquiera real +ser y cuerpo tangible, modelando según +su imagen la personalidad de hombres +de carne y hueso, y siendo como el típico +ejemplar en que tienen puesta la mirada +generaciones enteras? ¿Qué portentoso secreto +es éste de la imaginación, que <em>crea</em>, que +arrebata al cielo, como el titán filántropo, la +chispa con que se anima a los hombres?...</p> + +<hr class="tb"> + +<p>Cómo habría sido el semblante de Jesús, de +que no había imagen conocida, desvelaba a un +eremita del Sceto en tiempos de los primeros +ermitaños. Unos imaginaban al Redentor en +cuerpo hermoso, transparente, forma de su espíritu. +Otros, por el contrario, le atribuían, +con la fealdad del cuerpo, la intención de alentar +el menosprecio de los hombres, por cuanto +cae bajo del sentir material. De tradición +sabía el eremita que en Cesárea, ciudad del +Antilíbano, cerca de donde el Jordán toma sus +fuentes, uno de los enfermos a quienes volvió +el Maestro, con la salud del cuerpo, la del alma, +había consagrado a perpetuar su imagen +una estatua de mármol. Era aquélla de que luego +habló en su “Historia Eclesiástica” el +obispo Eusebio. Hondo impulso de amor sublimaba<span class="pagenum" id="Page_101">[Pg 101]</span> +la curiosidad del eremita, y fué en él vocación +irresistible y ardiente de piedad determinarse +a ir en peregrinación hasta la estatua +de Cesárea. Duras fatigas padeció, sin que decayera +su ánimo, desde su salida del desierto. +Llegó a Cesárea, preguntó, y le mostraron los +trozados muros que quedaban de una casa en +abandono, y junto a esos muros, plantas silvestres +que tejían brava y extendida maraña. +Aquí en la esquividad de la maleza, debía encontrar +la imagen de su Dios, si es que ella +duraba todavía: poco había preocupado a Cesárea +la imagen de un dios más.</p> + +<p>Nunca con tal pavor penetra un niño en la +nocturna sombra del bosque, cual se internó +el eremita entre las plantas; sólo que este pavor +tenía dulzuras de deliquio. Se halló de +pronto ante un pedestal de piedra. Alzó los +ojos... La estatua estaba allí, pero ya no +guardaba vestigios de su fisonomía. Donde el +cincel había esculpido los rasgos del semblante, +quedaba apenas una superficie rasa, como +la cara de los Hermes arcaicos, obscura y vil +profanación del tiempo. El cansancio, que había +cedido a la esperanza, se apoderó, con la +decepción, del eremita, que cayó sumergido en +hondo sueño, junto al ruinoso pedestal. Inmenso +anhelo se exhaló, durante el sueño de su +alma, y difundiéndose por el ámbito del mundo,<span class="pagenum" id="Page_102">[Pg 102]</span> +convocó a las partículas de piedra que habían +sido de la estatua, para que, juntándose +de nuevo, recompusieran la máscara divina. +Ellas vinieron, alzadas del polvo de la tierra, +surgidas del fondo de las aguas, suspensas en +las ondas del aire... En breve nube, comparable +a la que forma el aliento del caballo +después de la carrera, se acumulaban ante el +eremita y flotaban con vago y desmayado ritmo. +Luego, las partecillas fueron más y parecieron +la nube de tierra que levanta del camino +el carro que pasa. Pero nada nacía de +ellas que prometiese la imagen por la que su +evocador había deseado reunirlas. Él, sin embargo, +las consideraba con emoción profunda, +sólo porque alguna vez habían compuesto la +imagen adorable. Fuego de amor derretía la +substancia de su corazón; todo era amor, mientras +contemplaba el eremita; inmenso amor +que se desbordaba de sus ojos. Tembló una lágrima +en ellos. Y entonces, al través de la lágrima, +la mirada, que era rayo de amor, fué +como fuego que hace llama, y a su contacto +la nube de leves partecillas se estremeció, como +si toda se incendiase de amor. Su agitación +incierta cobró brío; acorde impulso distribuyó, +cual si los moviera un soplo sabio, los átomos +de piedra; formaron éstos líneas y contornos; +y como el mundo de la nébula, surgió, +<span class="pagenum" id="Page_103">[Pg 103]</span>del seno de la nube, la imagen. Amor era la +norma que, en la estatua, había concertado a +aquellos átomos de piedra, en la expresión del +semblante de que componían simulacro; este +semblante en la realidad, como en la estatua, +había sido pura forma sensible del amor. Y +penetrados ahora de la misma alma por la mirada +de amor que los sujetaba a su hechizo, +el orden renació entre ellos, y, con el orden, la +divina apariencia. Dulce premio de la contemplación +conmovida, la veneró el soñador, en +éxtasis que no duró más que un instante. Despertó. +La mutilada estatua mostraba su faz, +llana e informe; pero el eremita no miró ya +para ella, porque en lo hondo de su alma, allí +donde lo que el recuerdo estampa es indeleble, +llevaba—más patente que como quedó en el +cendal de la Verónica—la imagen, milagro de +su amor.</p> + +<hr class="tb"> + +<p>Éste es el proceso en la invención del artista; +ésta la “misteriosa generación” de lo bello, +de que habló el Sócrates platónico: una +belleza entrevista, que enciende amor, deseo +de tenerla, anhelo de fijarla; una, congregación +de infinitas partes, menudas y dispersas, que +el magnetismo del amor atrae, y la perseverancia +del amor apura; y por fin, un inspirado +acto de amor, que estrecha en abrazo ardorosísimo<span class="pagenum" id="Page_104">[Pg 104]</span> +esos mil distintos elementos, y del +acuerdo y animación que entre ellos pone, saca +la apetecida imagen, limpia y luciente, rica +de color y de vida.</p> + +<p>Allá, en lo hondo del alma de cada uno, +duermen las tendidas aguas de la memoria. Sólo +un rayo de luz cae sobre esas aguas sombrías; +sólo en mínima parte aparecen a la claridad +de la conciencia; pero su capacidad es insondable, +e indefinida su aptitud de revelar lo que +más íntimo guardan. Cuanto ha pasado una vez +por los sentidos, cuanto ha brotado de operación +interior, cuanto ha tenido ser en la mente, +deja por bajo de ella un rastro de su paso, +capaz de revivir otra vez, y convertirse en representación +actual y luminosa. No ya lo que +la conciencia alumbró claramente cuando su +presentación primera; no ya lo que labró hondo +surco en la atención o la sensibilidad; sino +aun lo vislumbrado, lo apenas advertido, +lo semi-ignorado, lo visto al pasar, lo que en +un punto mismo es y se disipa, desciende a +aquel abismo de la memoria latente, y yace +en esa profundidad jamás colmada. De esta +manera, líneas, colores, sonidos, armonías, palabras, +ideas, emociones, duermen en el inmenso +depósito, comparable al caos donde está +en potencia una creación y guardan su turno +para resurgir, ya como recuerdo concreto, +<span class="pagenum" id="Page_105">[Pg 105]</span>ya como imagen no referida a lo pasado, si logran +el favor de un pensamiento que tienda +hasta ellos el hilo de una asociación eficaz, y +los levante al círculo de lo consciente. Cuanto +más vario y copioso sea ese íntimo museo en el +alma del artista, cuanto más se le acrezca por +la experiencia, y se le haga accesible y dócil +a las artes evocadoras de la asociación, tanto +más fácil será la inventiva del artista, y más +fecunda.</p> + +<p>Cierto día, una percepción o representación +dichosa suscita en el alma dotada del sentimiento +de hermosura la idea original, la primitiva +célula, vago y levísimo esbozo de un +personaje imaginario. Un acto de ilusa insensatez +o vano arrojo, presenciado de paso por +un pueblo; o la fugitiva visión de algún hidalgo +escuálido, que lee un libro de caballerías +junto al estante de sus armas; o bien una anécdota +leída sobre la singular monomanía de un +loco; o, simplemente, un rasgo recordado en +las soledades de la cárcel, del Amadís o el Esplandián, +son la chispa por la que comienza a +iluminarse, en la mente de Miguel de Cervantes, +la portentosa figuración de su héroe. Esta +primera idea enamora al alma del artista; +y del amor, que es padre del deseo, nace el de +completarla y realizarla. Acicateada por el deseo<span class="pagenum" id="Page_106">[Pg 106]</span> +de amor, la idea se sumerge y abisma en +aquel inmenso depósito de los recuerdos, y como +quien remueve el lecho de dormido estanque +para traer a la superficie lo del fondo, hace +que surja de allí hirviente remolino de imágenes. +Todo lo que tiene alguna afinidad con la +idea, y es propio para enriquecerla y nutrirla, +y formar cuerpo con ella, y levantar su relieve, +y reforzar su color, y determinar su espíritu, +todo despierta y obedece al poderoso conjuro. +Mil recuerdos del tesoro de observación +consciente e inconsciente que en su azarosa existencia +ha acopiado, mil noticias de su ciencia +del mundo acuden al pensamiento de Cervantes, +para reunirse a aquel esbozo que de su héroe +concibió, y añadirle algún toque de verdad +y de vida. Estos recuerdos, estas representaciones, +son las partículas de piedra que, de los +ámbitos del mundo, concurren a reconstruir el +semblante de la estatua, para el contemplador +que permanecía ante ella en mudo anhelo. Lucha +acaso el alma del artista en este momento +de la concepción; lucha acaso y se angustia, en +su impaciencia de evocar todos los elementos +que le interesan y hacen falta, como ardía en ansia +y pena de amor la contemplación del eremita. +No le basta buscar en lo ya acumulado, en el +mundo de sus recuerdos, sino que, mientras +<span class="pagenum" id="Page_107">[Pg 107]</span>le inquieta aquel germen precioso que lleva en +las entrañas, tiene los ojos muy abiertos a la +realidad, para cosechar en ella nuevos rasgos +de expresión y carácter, y embeberse en vivos +reflejos de hermosura, al modo como la +madre antigua se rodeaba, cercana al parto, de +formas perfectas. Ni le basta tampoco recordar +y observar, sino que ha menester meditar +sobre lo recordado y observado, de suerte que +la inconexa pluralidad de sus imágenes se traduzca +en síntesis armónica. Pero la meditación +que dirige y ordena, el orden que la meditación +es apta para instituir en la obra de la +fantasía, no son suficientes aún. Nunca pasaría +este orden de orden lógico, de disposición +artificiosamente calculada, si, magnificando el +acierto con que lo compone el raciocinio, no +perseverase la inconsciente fuerza de amor, +que, como cálido y plasmante soplo, circula +por entre las relaciones y junturas que establece +la mente. Y nunca arribaría a <em>vivir</em> el +personaje imaginario, nunca su imagen se movería +con la vida personal y enérgica que emula +la de los más netos caracteres que veamos +en la realidad, si el amor del artista, llegado a +su más alto punto, al éxtasis en que culmina, +inspirado y victorioso, abrazando de un rapto +los elementos que ya ha puesto en acuerdo,<span class="pagenum" id="Page_108">[Pg 108]</span> +compenetrándolos y traspasándolos, como +por el “golpe intuitivo” de que hablaban los +Plotinos y Jámblicos en la iluminación de lo +divino, no suscitase finalmente la visión una, +simultánea, completa, de la criatura soñada; +la alucinación que la pone a pleno sol de la +conciencia del artista, y después de la cual, +ya no es menester sino la voluntad que ejecute +y la mano que obedezca. Cuando la llama +de amor, desbordando de los ojos que esperan +la suspirada forma, ha prendido en la nube +fluctuante donde se la busca, la imagen es, de +definitiva manera y con vida inmortal. La virtud +plástica de la concepción depende de la +eficacia de este último acto, instantáneo e insubstituible, +en el que los que le antecedieron +hallan su recompensa y su fruto.</p> + +<p>Todo es presidido por una misma fuerza, en +la actividad creadora de la imaginación: el +primer deseo que excita a la realización de lo +hermoso; la convocatoria enérgica y tenaz que +allega los elementos con que ha de componérselo; +el rapto inspirado que lo vivifica, y aun +la obstinación y perseverancia de la voluntad, +que consuma y deja la obra en su punto. Todo +ello es presidido por una sola fuerza: aquella +misma que, llamándose afinidad, genera +las formas armoniosas de los cristales, las estrellas<span class="pagenum" id="Page_109">[Pg 109]</span> +y exágonos en que cuaja la nieve; y +llamándose atracción, rige la sublime concordia +de los mundos; y llamándose amor de los +sentidos, reproduce la proporción y belleza de +los seres vivientes; y llamándose amor desinteresado +e ideal, florece en la divina hermosura +de las cosas del arte.</p> + + +<p><span class="pagenum"><a id="Page_110"></a><a id="Page_111"></a>[Pg 111]</span></p> +<div style='text-align:center'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 79262 ***</div> +</body> +</html> diff --git a/79262-h/images/cover.jpg b/79262-h/images/cover.jpg Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..ecb63cd --- /dev/null +++ b/79262-h/images/cover.jpg diff --git a/79262-h/images/frontis-ilo-2.jpg b/79262-h/images/frontis-ilo-2.jpg Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..5b083d7 --- /dev/null +++ b/79262-h/images/frontis-ilo-2.jpg diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6c72794 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This book, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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