summaryrefslogtreecommitdiff
path: root/78679-0.txt
diff options
context:
space:
mode:
Diffstat (limited to '78679-0.txt')
-rw-r--r--78679-0.txt1543
1 files changed, 1543 insertions, 0 deletions
diff --git a/78679-0.txt b/78679-0.txt
new file mode 100644
index 0000000..32a2bb7
--- /dev/null
+++ b/78679-0.txt
@@ -0,0 +1,1543 @@
+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 78679 ***
+
+NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
+
+ * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han
+ convertido a MAYÚSCULAS.
+
+ * Los errores de imprenta han sido corregidos.
+
+ * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
+ las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
+
+ * La puntuación también ha sufrido ligeros retoques para su
+ modernización.
+
+ * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
+
+
+
+
+EJERCICIOS
+
+
+
+
+[Ilustración: BENJAMÍN JARNÉS]
+
+
+
+
+ BENJAMÍN JARNÉS
+
+ EJERCICIOS
+
+ [Ilustración]
+
+ MADRID
+ 1927
+
+
+
+
+ PROPIEDAD RESERVADA
+
+
+Imp. de la Ciudad Lineal.—Madrid.—Teléfono 50.018.
+
+
+
+
+ Cae a tierra el grano rubio, mientras el viento mece y esparce las
+ briznas de paja amarilla, desdeñada. Y todos los granos, envidiosos,
+ quisieran también piruetear sobre las palmas del viento. Pero solo
+ unos pocos se deciden a lanzarse a la risueña aventura. Solo unos
+ pocos tejerán, a la orilla de las eras, un felpudillo verde para
+ que duerman en él las margaritas. Por esta locura de los granitos
+ impacientes se vestirá el sendero de fino plumón, y, al verano, de
+ espiguillas generosas. Otros granitos rubios se dispersarán por los
+ nidos del contorno, para ser banquete de pájaros recién nacidos.
+
+ Me gusta ver al margen de las eras estos granitos locos, envidiosos
+ de las briznas de paja, glorificados por el sol. Tienden su cunita
+ fresca para que allí se enrosquen los gusanillos, para que los ojos
+ del viajero reposen en la tierna seda verde tejida por la gozosa
+ aventura.
+
+
+
+
+I
+
+
+Toda idea, claramente engendrada, nace vestida con su propia túnica
+verbal. La vaga forma de expresión arguye siempre balbuceos del
+pensamiento.
+
+Pero la palabra es materia, en lucha tenaz con el espíritu.
+Transfigurar valores ideales en el puñado de monedas de la prosa,
+es siempre entablar una penosa escaramuza. Concebir es placentero,
+realizar arguye muchas resistencias vencidas. El idioma es un antiguo
+enemigo, más temible cuando se nos acerca lamiéndonos las manos.
+_Cave canem_ escribiríamos en el dintel de esos libros donde la frase
+devino tan dócil y el estilo tan «fluido» —según la vieja adjetivación
+retórica—. Fluidez equivale hartas veces a facilidad, a hemorragia
+incontenida: algún tropel de palabras ya solo nos sugiere la intención
+de cerrar el arcaduz.
+
+Por sus delitos de elocuencia, el tribunal del arte condenó a la
+prosa a trabajos forzados. No puede ya salvarla ni la música, ni la
+decoración. Solo escucharemos al que sepa hacer de la estrofa o del
+período no el chorreante cangilón de noria, sino el bello fanal. Pasó
+el tiempo del sublime torbellino. Ni gárgola, ni surtidor, ni catarata.
+Queremos agua filtrada en un vaso muy limpio de cristal.
+
+La idea nace vestida, pero es preciso ajustar bien los paños y recortar
+los arambeles; imantar los hilos más robustos de la trama, haciéndola
+metálica y vibrátil armadura; polarizar los bordes, haciéndolos
+engarces del pensamiento —y del período— venidero. Y escamotear
+vocablos puentes, cuando no podamos hacer de ellos finas pasarelas.
+
+Entre frase y frase, dar alguna vez un ágil salto, aunque la cadena
+lógica sufra el peligro de quebrarse. Bueno es burlar alguna vez al
+implacable centinela que nos lanza su alerta, invitándonos a rastrear
+por el foso. Brota el pensamiento como un proyectil: no es preciso
+señalar todos los puntos del trayecto. Más nos interesa el certero
+impacto.
+
+
+
+
+II
+
+
+Hay palabras eslabones y palabras gemas. La prosa escoge buena porción
+de los primeros, dejando al verso cofres casi intactos de brillantes.
+El verso puede crear aéreos engranajes, metáforas sutilmente engarzadas
+por voluptuosos contactos. La prosa —menos afortunada— no logró nunca
+prescindir de serviles engranajes sintácticos. Tampoco el tren de
+unidades más ricas y bellamente iluminadas, puede nunca desdeñar las
+cadenas oscuras, rechinantes, que hacen de él, en medio de la noche,
+un compacto y espléndido alud.
+
+Se deben terminar los dibujos y las frases. Cada período limita cierta
+zona verbal íntegra, aislable, donde se cumple una intención del
+artista. Y debe ser trabajado como la columna en un peristilo. Que el
+aire y la luz discurran a su antojo por entre los fustes, refloreciendo
+la gracia del contorno, arañándole toda granalla intersticial,
+desnudándole de toda hiedra retórica. Pero en la prosa, muchas palabras
+han de resignarse a su función de esclavos.
+
+Para que florezca más gallardo el haz de palmas en la bóveda ojival, es
+preciso que quede a la intemperie un botarel.
+
+Brota del gracioso vientrecillo de cada capitel la rama flexible,
+armoniosa, que se lanza a recoger el ímpetu de otra rama; pero la onda
+de savia venía ya del humilde zócalo, aunque solo en la copa cincelada
+se desborde. Solo el oscuro enlace de las raíces, mantiene erguida la
+más aérea arquitectura.
+
+
+
+
+III
+
+
+Por fin, crear el ritmo de los pliegues. Que el viento no arrastre la
+túnica por el barro, ni la hinche de humo y de nube, haciendo de ella
+ese globo grotesco, que da tumbos risibles por los aleros.
+
+No crear huecos para incrustar palabras recién venidas, sino seguir el
+surco con el arado vigilante por si la reja hace sonar la caja metálica
+del tesoro. Cuando surja el hallazgo, recogerlo sin detenerse mucho, y
+dejar bien arado el bancal. Quede la fruición para el lector. El buen
+creador solo goza del deleite de engendrar.
+
+Y, menos, detenerse en el modismo —falso hallazgo—, banco de ripios
+a flor de tierra, donde choca el arado sin que estalle el haz de
+chispas. Allí el ímpetu armonioso se quiebra y el período se entumece.
+Todo modismo es cierta petrificación del idioma; y suele ser el léxico
+del sentido común. Si salta el ingenio, nunca se apoye en el idioma
+sino en la idea. Que, al apartar las ramas del florecido arabesco,
+reposen los ojos en una serena, en una profunda perspectiva. Es penoso
+hundir las manos en la fronda, asomar los ojos y no hallar nada detrás.
+
+Una rica maraña oscurece bellamente el contenido; pero, a veces, suele
+disimular el caos.
+
+
+
+
+IV
+
+
+La sorpresa pierde su alta jerarquía estética al convertirse en
+_leit-motiv_.
+
+
+
+
+V
+
+
+Se habla de una gran «amplitud de onda», y es cierto que todo
+movimiento vibratorio del espíritu produce ondas indefinidas. También
+lo es que la amplitud crece con el ímpetu de la masa vibrante. Pero
+no nos importe seguir la sucesión, la multiplicación, de las ondas.
+Basta con el encanto de la primera, la más cercana al diapasón mental.
+A medida que los círculos se ensanchan, van perdiendo sugerencia; van
+muriendo, olvidados, en el confín.
+
+Lo que importa es repetir el ímpetu armonioso. Que la campana no cese
+de lanzar sus guijarros al viento. Así la viva ondulación se renueva y
+al eco borroso que envía el aro de montañas, sale a recibirlo un nuevo
+tañido. Que otra nota explote en las cuerdas, y nadie siga el viaje
+monótono de las ondas.
+
+Hay libros donde solo unos pocos guijarros han roto el diáfano
+silencio. Todo el resto es amplitud de onda, sucesión, multiplicación
+de onda. Libros que no provocan un solo comentario, porque, aun los más
+lejanos y difusos, ya están allí, como enormes nimbos retóricos, en
+torno al guijarro hundido y perdido en el cauce.
+
+Se habla —aún— de la «llama de la inspiración». Los enemigos del puro
+contorno sienten la voluptuosidad de sumergirse en el agua y en el
+fuego. La refracción y el humo desfiguran bien toda impureza de líneas.
+Y ni la llama ni el torrente purifican nada. O dejan esqueletos y
+cenizas de las cosas, o ciegan de lodo y despojos de suburbio el cauce
+limpio y luminoso. Un chisporroteo de hoguera hace mover, sí, las
+figuras, pero el incauto afirma que viven, cuando solo oscilan.
+
+Brasa, brasa lenta del esfuerzo cotidiano; fuego escondido de
+disciplina, para que el arte madure y la prosa se dore como un fruto
+en la rama ofrecida al sol.
+
+
+
+
+VI
+
+
+Se habla de la flecha que rasga el aire. Pero hay parábolas rasantes
+que apenas se comban sobre la ruta, y es preciso elevarse para no
+perder la gracia. La línea del arte es la espiral.
+
+Y huir del tedio: La línea curva es la más corta entre dos puntos.
+
+
+
+
+VII
+
+
+No todo libro puede ser manantial, y el lector insaciable ha de acudir
+muchas veces a la cisterna —libro muerto— que presume de serenidad u
+hondura y solo contiene turbios residuos de ruidosos meteoros. Y es
+bueno amar el claro estanque bien nutrido de acequias vivas.
+
+Asomados al aro verde que lo ciñe, nos volvemos niños, nos complacemos
+en seguir la curva de ideas ya gozadas, en sorprender la cuna de algún
+personal hallazgo que zigzaguea —pececillo verde o rojo— bajo el
+cristal.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+El libro estanque nos hace pensar siempre en un laborioso Montaigne,
+_homo plurimorum librorum_, sumergido en esa multitud, tan sujeta al
+barómetro como todas, que se apiña en los estantes. Paradójica soledad.
+Y nociva cuando no está bien arraigado el instinto de eliminación.
+
+Quería Tolstoy, aún muy joven, elaborarse un estilo con dos sumandos:
+buen empleo del tiempo y un cuaderno. Bastan para formar un erudito.
+Pero el escritor acaso necesita algo menos. Y algo más.
+
+
+
+
+IX
+
+
+Hay una prosa dócil, maleable, amante otoñal que conoce su inminente
+ruina. Otra dura, huidiza, virgen huraña que se resiste al beso.
+Moldear carne tan macerada es fácil. Trabajar en mármol virgen es muy
+penoso.
+
+Hay prosa instrumento y prosa forma. Medio y fin. Estilo común y estilo
+singular.
+
+
+
+
+X
+
+
+Se suele fustigar al mal escritor, sin advertir que el mal escritor no
+existe, al menos como objeto de crítica. Sí existe el estilo común, es
+decir, el estilo del que no lo tiene. En arte es nada el mal escritor
+y solo es atendible la turba compacta, el engrudo aglutinante de la
+masa. Porque un grito más bronco solo determina una mayor capacidad
+para el insulto, una alusión más procaz es solo cierto afán mal
+embozado de cotizar deprisa su vehemencia.
+
+La turba espesa del estilo común merece atención como dolencia, como
+veneno lento del ingenuo lector. Suprimido en las letras el estado
+llano, el lector llegaría siempre al estilo singular, es decir, al
+individuo-escritor. Primero habría asombro. Luego, labor comprensiva.
+Por último, fruición de haber gustado buena fruta mental.
+
+Ahora, la gran masa de lectores llega a la masa-escritora que escribe
+«llanamente», es decir, sin relieve alguno, y, primero, siente la
+fruición de tropezar con un igual, luego la gratitud que reclama un
+sujeto resignado a sacrificar su individualidad por escribir en el
+estilo común de su lector.
+
+
+
+
+XI
+
+
+El beso y la palabra —se ha escrito— se secan siempre en unos labios
+mercenarios. Solo el amante y el artista pueden hacerlos reflorecer.
+Apurar el zumo de un beso, como sorber la médula de una palabra, es
+algo fuera del comercio. Por eso hay prosa industrial y prosa de lujo.
+La prosa de lujo debe ser siempre un regalo.
+
+Hay otras prosas, como hay otros besos. Prosa decorativa, ornamental,
+besos de protocolo, emoción de cancillería. Y prosa «castiza» donde
+cada palabra se provee, para entrar en la frase, de un pasaporte
+firmado por el inspector de policía del idioma.
+
+Hay también la prosa dócil de la ciencia que se resigna a su papel de
+instrumento, a andar siempre de bata. Si alguna vez quiere endosarse
+la levita, se ve que le ha quedado estrecha. Mientras el sabio
+engruesaba, se iba la levita estilizando.
+
+Queda incluido entre los sabios el filólogo. Y el gramático, el
+cronista puntual... Todos son fieles servidores de la palabra. Unos
+la visten y otros la acicalan. Unos la administran y casi todos
+—solapadamente— la cortejan.
+
+Solo el artista la desnuda, y, amorosamente, la posee.
+
+
+
+
+XII
+
+
+En todos los escrutinios hay una ventana. Nosotros —tenaces
+inquisidores de nuestra propia obra— debemos arrojar por ella todo
+lastre inútil. Primero, el cofre de los símbolos —¡ya hay abiertos al
+gran público bazares enormes!—: luego, todos nuestros ficheros, para ir
+aprendiendo a pensar en soledad.
+
+Y parte de nuestro arcón metafórico, que aún creemos nuevo, debemos
+regalarlo a los sencillos fabricantes de género bordado. (Ellos aún
+construyen telas «recamadas» para cubrir la «desnudez de la realidad».
+Velos de «fantasía», a precios económicos).
+
+No hay que bordar, sino tejer. Y con hilos de la propia entraña. Hilos
+con que trenzar la red caliente y armoniosa de un poema, tan vivos
+como los de un pentagrama. Y tan pronto salte en las cuerdas el loco
+chisporroteo de un trino, como un reflexivo y lento bordoneo las combe.
+Siempre ondule la emoción, derramada a lo largo de las fibras en copas
+de imágenes.
+
+
+
+
+XIII
+
+
+Bajo la ventana, el estanque, no la hoguera.
+
+«La llama es bella». El fuego purifica y glorifica. Si arrojamos a la
+hoguera nuestros libros envejecidos, nuestras olvidadas estampas, el
+suplicio hará, de todo, antorchas.
+
+Hay que destruir muchas cosas, pero escogiendo bien el arma y el
+patíbulo. La tea es grande. Tiene un bello sentido trágico. Pira es
+tanto como altar. Es mejor el agua. Es mejor un estanque. Ni siquiera
+el mar: un plácido estanque. Y, barquitos, ¡barquitos de papel!
+
+Una mañana quedará limpia nuestra mesa de todos esos libros y papeles
+que hicieron de nuestro cerebro un bazar. Todo lo llevaremos a
+orillas del estanque. Allí vendrán los niños. Mientras llegan, iremos
+descosiendo los volúmenes. Hojas en cuarto, para barcos de vela; hojas
+en octavo para góndolas. Con los folios de grandes revistas, haremos
+lindos trasatlánticos.
+
+Cuando los niños lleguen, se apoderarán de los barquitos, y lanzarán
+su juguete al agua quieta o levemente rizada. Pronto, unos barquitos
+se perderán de vista; otros se hundirán, al ser botados. No importa.
+Seguiremos construyendo escuadras. Y los niños, sin pensar que
+cada barquito lleva dentro un gran ensueño o una vanidosa norma,
+irán arrojando al agua sus lanchitas, sus góndolas. Luego, una
+ráfaga hundirá el último poema o el último sistema de filósofo. El
+agua borrará dulcemente todo rastro de lo pintado o escrito. Sin
+chisporroteos, sin trágica apoteosis, todo habrá terminado.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+La llama se precipita. Va muy deprisa y siempre olvida algo. Todo no
+se quema en la hoguera. Siempre queda intacto ese trozo de carta que
+el detective se apresura a examinar cuando el ladrón huyó después de
+quemar los papeles. Todo no se borra en la hoguera.
+
+El agua, sí, lo borra todo. Es más serena, más inflexible. Mansamente
+lo destruye todo. Es la gran niveladora. Y no deja en pie dramáticos
+esqueletos, ni risibles armazones. No entiende de tragedia, ni conoce
+la ironía. Como los niños, es risueña e implacable. Engulle lo mismo
+un costoso acorazado que un barquito de papel. Después, queda tan
+reposada, tan azul.
+
+Dulce muerte la de una metáfora, la de una teoría que se disgrega
+silenciosamente, una mañana, sumergida en el estanque, entre risas de
+niños. Leve ataúd para la momia de una emoción, este gracioso velero.
+
+Nada de hogueras, Glosador amigo, nada de hogueras. Tal vez no puede
+hacer Nerón lo que bien puede hacer un niño.
+
+Barquitos, ¡barquitos de papel!
+
+
+
+
+XV
+
+
+La buena prosa no ordena ya sus huestes a la luz de ajenos reflectores:
+Bruñe cada vocablo, y, a su propia luz, alza los muros de la frase.
+
+El alerta más vibrante para lanzarlo contra la sofística penumbra del
+concepto, el clarín más sagaz para ir rasgando el velo que encubría
+tantas viejas tablas de valores. En los recodos del idioma solo deben
+ya ocultarse esas ideas vestidas de harapos, o esas ideas desnudas,
+de raquítica o deforme anatomía. El pensamiento de gran contorno,
+de lozano contenido, desnudo o vestido con la túnica polícroma de
+las imágenes, no pide escolta alguna retórica o erudita. Así, en el
+ejército de conceptos desnudos no habrá otra jerarquía, no se saludarán
+otros valores, que la bella y ágil musculatura o la clara emoción de
+una virilidad potente.
+
+No es ya la palabra cierta cifra mágica. Pasó el tiempo de la cábala y
+del símbolo, refugios del cerebro estéril. Solo el pobre rezagado, o el
+humilde filólogo necesitan excavar al pie del tronco para sorprender en
+el subsuelo las últimas raíces, ya que las ramas no se encienden para
+ellos en graciosas floraciones ni en jugosos frutos.
+
+Es preciso alzar una valla entre el maravilloso universo que la
+intuición crea y recrea en cada hora, y toda fatigosa labor de esteva,
+de pesquisa de marañas subterráneas, de redes jeroglíficas de sencillo
+filólogo. Para estos, del manojo verbal nunca salta el pájaro de la
+sorpresa. Ven en la palabra, no un hallazgo, sino copia de ciertos
+originales mohosos y dormidos en los museos del idioma. Para ellos,
+la palabra tiene un valor de papel moneda, que oscila con el montón
+escondido en las criptas del Banco emisor.
+
+Y la palabra no es ese arrugado papel, límite de complicadas
+manipulaciones financieras, sino un disco luminoso, de calidad
+independiente, con el cual podremos adquirir el buen regalo de la
+imagen, el vino delicioso de la emoción pura, en las posadas del azar.
+
+
+
+
+XVI
+
+
+Ironía: Algo que suelen escribir, al margen de un texto, quienes no
+saben escribir el texto.
+
+Ironía: Amargura dorada. Insulto de frac. No podréis verle de frente,
+porque nunca da el rostro. Como todos los débiles, apela a su propia
+impotencia. Esparce humaredas en torno de las cosas para borrar
+contornos. Quiebra las líneas de las cosas para que inspiren lástima
+o risa. Ya que no puede herir, araña. No canta ni grita, su voz es
+delicada. Prefiere la sordina y el color de la niebla.
+
+Ironía: Primor intelectual, negación de genialidad. El arte verdadero
+rechazará siempre la ironía, pero esta forcejea por asirse del coche y
+dictar desde allí sus últimos primores.
+
+Ironía: Invención de un hombre raquítico que sintió de pronto su
+lamentable desnudez.
+
+
+
+
+XVII
+
+
+Va finando el tiempo de los cultos idolátricos. Nadie vendrá al
+templo a contemplar atónico los pesados tapices, a bañarse en el
+espeso torrente melódico de los monumentales órganos, sino a quemar
+incienso ante el dios verdadero, si en el templo ha surgido la divina
+«claridad». Desconfiemos de las capillas en sombra, donde se apelotonan
+lienzos y tapices, como de los torbellinos orquestales. La melomanía
+en el arte es siempre infantil.
+
+Los anchos tapices y la gran trompetería son buenos para el absorto
+feligrés que recuerda ante los muros historiados todo lo aprendido en
+las aulas, y en la turbia catarata musical halla idénticas emociones
+a las gozadas junto al río doméstico, bajo «la luna de plata»
+neurasténica. Él ve en un tapiz que Benjamín y José se abrazan, como
+en el texto emocionado, y en otro a la mujer de Lot trocada en bloque
+de sal. En uno Andrómeda es liberada por Perseo, y en otro salta de la
+espuma el pez dorado de Afrodita. También conoce el ronco estruendo del
+mar tempestuoso, y gusta de que se lo repita, infantilmente, un violón.
+
+
+
+
+XVIII
+
+
+La prosa, entre las manos del artista se convierte de instrumento
+en creación. El pensamiento es la maroma tensa, vibrátil —acaso de
+alambre robusto de acero— que mantiene enhiesta la arquitectura de la
+frase; pero de uno al otro extremo se entrelazan armoniosamente las
+cintas paralelas de la imagen. No de otro modo, la voluptuosa ligazón
+de los colores nos hace olvidar toda intención temática del pintor.
+
+El error académico estriba en engrosar infantilmente un acervo de
+vocablos para mejor disponer la aparatosa epifanía de un trivial
+concepto. En la vaga región de la fantasía brotan borrosas intenciones
+inútiles para el arte. En el oscuro subsuelo se dan la mano muchas
+«ideas poéticas» —hay zonas del sentimentalismo abiertas al sabio y al
+mozo de cordel—. Pero nada de eso existe, mientras no logre su bella y
+peculiar estructura. Con la forma comienza a vivir la intención.
+
+Otros hicieron de la prosa cierto sudoroso remero que empuja
+penosamente la nave: Prosa ancilaria que el arte desdeña. De la obra,
+aun de la lograda con más fatiga, debe restañarse toda gota de sangre y
+de sudor.
+
+Lo mejor es hacer de la prosa una ágil góndola empujada por el aliento
+de la idea. Y si el viento «sopla donde quiere» y cuando quiere, que
+halle siempre a su paso esa cuna primorosa donde marcar el contorno de
+su ritmo invisible, de su voluptuosa ondulación. Solo la ciencia cruza
+las ondas, muy a cubierto de la inquietud de los meteoros, encerrada en
+monótonos camarotes, o sentada entre fardos y emigrantes. La ciencia
+prefiere a la gracia de un velero, la pesadez de un acorazado.
+
+Pocas veces surca la alta serenidad esa deliciosa góndola bergsoniana,
+trayendo a bordo, entre mástiles y festones encendidos, el arcón bien
+labrado del pensamiento.
+
+
+
+
+XIX
+
+
+Hay una suerte de prosistas —de exploradores del idioma— que cazan
+sinónimos para sustituirlos por otros menos gastados. Cambian un traje
+viejo por otro de bazar.
+
+Tiene la palabra un valor de moneda viva que desaparece rodando.
+No vale hacerla retroceder. Ya se acuñarán otras nuevas, más
+resplandecientes. Jugar siempre con las que están a nuestro alcance. La
+obra del artista no pide muchas excursiones a los museos del idioma.
+Mejor es que el arte tenga dentro su troquel.
+
+No necesita el idioma sacerdotes ni orfebres; a estos los fue agotando
+el ochocientos, y apenas queda de ellos algún diácono o aprendiz
+canijo. Gustan las palabras de esas manos que las hacen saltar al
+viento, hasta que el milagro de un choque arranque de ellas el haz de
+chispas; hasta que la frase vibre y en su diáfano torbellino se torne
+incandescente.
+
+El sacerdote —el académico— y el orfebre cuidaron con pulcra solicitud
+de embalsamar las palabras, de forjar féretros suntuosos para
+incrustarlas, de cincelar demasiadas piedras tumulares. Aún quedan
+en la feria muchas «frases lapidarias»... lapidables. El período fue
+entonces un pobre cuerpo ligado, con fajas de seda o de cáñamo, tal vez
+con hilos de oro, pero siempre rígido y mudo.
+
+Y la frase ha de ser ese cuerpo vivo, que brinca y retoza por un prado
+vestido de tiernas humaredas verdes; que unas veces corre tras el
+choque luminoso y otras se sumerge en el agua clara, para atrapar en el
+fondo las floraciones coralinas del pensamiento.
+
+Si cada frase ha de gozar de su singular contorno y organismo, el
+estilo será moverlas graciosamente en la danza del período, hallando
+para todas las hermanas un ágil engarce. O, quizá el agua clara,
+purísima, a la que nos asomamos para contemplar el rítmico ir y venir
+de las ideas.
+
+
+
+
+XX
+
+
+Es preciso forjar una prosa que solo pueda ser leída a media voz.
+
+
+
+
+XXI
+
+Bueno es llamar a las cosas por sus nombres, pero es mejor hallar para
+las cosas nombres bellos.
+
+
+
+
+XXII
+
+
+Los que cantan al compás de un aristón —o de una pianola— el himno
+clásico al arte petrificado —al arte «eterno», según ellos—, quedan
+invitados a asistir a una misma farsa, en dos tablados diferentes.
+
+Se trata de dos jóvenes desdeñados por su amante: tema ni trascendente
+ni pueril, porque en arte el tema es nada, o casi nada. El primer
+doncel se adelanta, desmelenado, hasta la batería, y nos recita cinco
+páginas de endecasílabos chorreantes de amargura. Si es discreto, nos
+recita una sola, pero en ella nos habla de los mares, de los cielos,
+de los montes y del mismo eje de la tierra que «podrá romperse como
+un frágil cristal» sin que por eso se apague el fuego de aquel amor
+infortunado. El otro novio, que espera en vano la visita de la mujer
+frívola, _se limita_ a cruzar por la puerta del cabaret donde ella ríe
+y bebe, y a escrutar un momento en su interior. Después, abatida la
+cabeza, con un solo y definitivo gesto dramático, desaparece.
+
+El impetuoso torrente que en el primer enamorado —Bécquer— nos
+salpicaba con su abanico de románticas espumas, en el segundo —Charlot—
+se va apretando, adelgazando, hasta fundirse en un hilo tembloroso,
+porción refinada de materia vibrante de donde el arco genial arranca
+la clara frase patética que todos conocemos. Un poeta de hoy, Pedro
+Garfias, nos referiría la escena de este modo:
+
+ «Entre el cortejo de tus risas, pasa
+ mi voz enlutada».
+
+Si se prefiere un tema de más objetividad —ya que en el del amor todos
+«pusimos nuestras manos» y nuestros pechos— recordemos «Las bodas del
+Caná». El poeta de la paráfrasis nos hubiera pintado toda la Galilea
+en torno a Jesús, nos hubiera insuflado en versículos del bello pasaje
+evangélico, toda su peculiar carrocería metafórica. Del sencillo pasaje
+hubiera hecho un canto a la dicha conyugal. Hubiera añadido al puro
+vino lírico algunas ánforas de agua de cualquier Jordán retórico. El
+auténtico poeta contempla el sugerente episodio, lo exprime, lo limpia
+de adherencias domésticas, despide a la histórica comparsería, deja
+frente a Jesús al agua azorada ante el milagro, y ya toda la escena le
+cabe en el maravilloso verso:
+
+ «El agua púdica vio a su Dios, y enrojeció».
+
+
+
+
+XXIII
+
+
+Tú, consecuente amigo de la gran trompetería, te sentirás defraudado
+al oír vibrar la eterna variación en una sola cuerda. Un verso es
+nada para ti, que no sueles saciarte sino con espléndidos lotes de
+cuartetas. No nos prestarás oídos, y volverás «a tus clásicos» —y a
+tus neoclásicos—, lleno de altanería y suficiencia. Vete enhorabuena.
+Ya sabemos que tampoco has de acudir a los verdaderos clásicos. O
+los leerás «por tradición», como aún llevas hongo. Quien desdeña la
+sobriedad en arte está siempre muy cerca de adquirir un kilométrico
+para «El tren expreso».
+
+Y si me preguntas por qué el arte se despojó de tan ostentosas
+hopalandas, contestaré: Es, sencillamente, que el arte se ha limitado.
+
+Eso es todo. Al limitarse, se amputó injertos extraños, se trazó en
+torno la mágica circunferencia que no pueden saltar ni la ciencia
+ni el oficio. Cuando se le pidió, declaró su intrascendencia. Le
+era indiferente infiltrarse en la política, en las normas del buen
+vivir. Un día balbuceó como un niño, volvió a leer ingenuamente en las
+cuartillas del pasado, y declaró —también ingenuamente— que tal lección
+era estúpida y tal otra era incomprensible.
+
+Nada le importó que las gentes no le saludasen, al pasar, como a los
+príncipes del Renacimiento y a los histriones del ochocientos. Se
+perdió a sí misma todo respeto, y no lo exigió tampoco a los demás.
+Se miró serenamente al espejo y aprendió a desechar todo ademán
+desmesurado. Asesinó deliciosamente la tragedia, y resolvió llevar por
+dentro las melenas. Dejó en paz los cielos y la tierra, los bosques y
+los mares, sin hacerlos ya cómplices de cualquier trivial intemperancia
+femenina. Cuando Charlot cruza la pantalla, todo su bagaje va con él.
+Charlot se nos ofrece siempre aislado, hermético, dentro de la urna de
+su propia creación, que es él.
+
+No conozco nada más opuesto a un «virtuoso». El «virtuoso» irradia
+siempre, como las devotas imágenes de bazar, haces de melifluos rayos
+de purpurina. Su emoción es cierto grifo que salpica de iluminado
+aljófar al resto de los satélites actores, a todos los embobados
+espectadores. Charlot recoge en sí mismo todas las vibraciones de
+la escena. Es un condensador de energías emocionales. Pero nos da
+perennemente la impresión de hombre desplazado, de niño perdido entre
+la turba, aunque puede sentarse entre los definidores de la ley
+estética. Charlot desdeña todo apoyo en la moldeable realidad que acude
+a ofrecerle a cada paso su vaso de vino sentimental, tomando de ella,
+siempre receloso viajero, los sorbos precisos para poder seguir andando.
+
+Para poder seguir soñando.
+
+Charlot sueña siempre. En «La quimera del oro», sueña, efectivamente,
+que le rodea un grupo de amigas. Para divertirlas inventa un inocente
+espectáculo. Organiza un baile. No una fácil mascarada de trajes de
+ayer o de mañana, sino un ingenuo baile de panecillos de la cena. Está
+sentado a la mesa, extiende las manos y, con lo primero que tropieza,
+realiza su intuición genial.
+
+Lo mismo podría realizarla con un frutero o con una servilleta. No
+dejemos al alcance del falso artista una moneda de oro, porque nos
+la devolverá trocada en un pesado saco de mohosa calderilla. Es mal
+agente de cambio. El arte verdadero todo lo devuelve trocado en el
+mismo artista, porque toda materia goza en él del milagro de la
+transustanciación. Decimos Charlot, como podríamos decir Strawinsky
+o Picasso; todos ellos lograron convertir los humildes panecillos en
+encantadores zapatitos de hada.
+
+
+
+
+XXIV
+
+
+El buen bailarín solo necesita una baldosa. Como el buen novelista
+solo necesita un gesto o la ausencia de un gesto. Proust construye una
+espléndida arquitectura sobre la frágil primera piedra de un beso
+fracasado. Charlot enlaza una sutil cadena de emociones a un primer
+brote, a una primera sombra de emoción.
+
+Es que en ellos la limitación es creadora. Hundidos voluntariamente en
+cualquier grieta abierta en la roca viva, siguen rasgando el corazón
+de la montaña, hasta dejarla toda socavada por un maravilloso túnel.
+En vez de recorrer vagamente el paisaje, ellos enfilan sus prismáticos
+a una parcela cualquiera de terreno. En una excursión, el viajero más
+curioso es siempre aquel que ha visto menos cosas, porque se contentó
+con detenerse ante una sola.
+
+_Non multa, sed multum_ —decían ya los viejos dómines—. Nadie es menos
+viajero que el poseedor de un coche ostentoso. El viaje consiste para
+él en ir de prisa. Lo mismo, en el arte. «La vuelta al mundo de un
+novelista» es la excursión de un colono que sale a recorrer sus
+plantaciones de novela, para calcular la próxima recolección. Nadie
+menos curioso de las maravillas de la tierra que un agricultor, como
+nadie menos curioso de las bellezas orográficas que un ingeniero de
+montes. Es preferible un alpinista.
+
+Por fortuna, el arte va aprendiendo ya a andar con lentitud, a
+detenerse a subrayar cualquier minuto, cualquier fugitivo escorzo.
+Charlot, al parecer, solo intentaba divertirnos con un juego de manos,
+pero sus encantadores panecillos trenzaron en el aire el sutil andamio
+de una inesperada arquitectura. De lo que apenas fue siempre un humilde
+desayuno, él creó un gracioso surtidor de peregrinos ritmos.
+
+
+
+
+XXV
+
+
+Hay palabras abejas. Otras son palomas errantes que vienen a posarse
+sobre nuestros hombros estremecidos. También hay palabras resortes,
+sésamo ábrete de subterráneos palacios de gnomos y princesas. El arte
+nuevo va siempre buscando por el bosque la anilla de hierro que alza la
+tapa de la cima fulgurante.
+
+
+
+
+XXVI
+
+
+Conservar la línea del cuerpo y del espíritu. No amputar un solo
+miembro, aunque nos escandalice, pero reducirlo a ley de armonía.
+Ese imperioso anhelo de extirparse al alma y esparcirla destrenzada,
+desmelenada, por el éter, que acomete a tantos espíritus centrífugos,
+es solo un penacho generoso que debemos conservar para los días de gran
+gala del espíritu, en que nos desperezamos sobre los muelles cojines de
+la «azul fantasía».
+
+Días de gran gala, días de ocio, días de ostentación... Recuérdese que
+para el buen artista, todos son días de labor.
+
+Al buen escritor se le conoce por su traje de diario.
+
+
+
+
+XXVII
+
+
+El hipérbaton es un modo infantil de musicalizar el período. Música
+fácil y antigua. Ya Cicerón solía colocar al fin del período «musical»
+un ingenuo calderón.
+
+
+
+
+XXVIII
+
+
+Mucho cuidado antes de coincidir con cualquier vecino de butaca. Una
+noche Stendhal escuchaba indignado una mala ejecución de «Armida». De
+pronto oye decir:
+
+—¡Esto es intolerable, es indigno!
+
+Y Stendhal, agrega, complacido:
+
+—Tiene usted razón.
+
+—Es indigno —continúa el vecino— ¡que esos músicos no vistan de calzón
+corto!
+
+No fiarse tampoco de las llamadas «lecciones de la vida» —tan útiles
+siempre a algunos grandes novelistas, a un tiempo «grandes vividores»—.
+Cuenta el mismo Stendhal que Voltaire intentaba hacer aprender el arte
+de declamar a una bella amiga aficionada al teatro. La joven comenzó,
+al fin, a recitar el papel de Amenaida; pero el maestro, sorprendido al
+ver una extraña frialdad en su discípula, le dijo:
+
+—Pero, amiga mía, si un amante te hubiese traicionado, huyendo de ti
+cobardemente, ¿qué harías tú?
+
+—Buscarme otro —respondió sencillamente la muchacha.
+
+
+
+
+XXIX
+
+
+Puede el aforismo ser cuna o ataúd, alfa u omega del pensamiento:
+Semilla hirviente de vidas futuras o postre refinado por hábiles
+manipulaciones. Pero siempre nos defrauda un poco. Si el aforismo
+es solo grano rubio de trigo, quisiéramos ver la espiga crujiente,
+en campo ondulante, de oro viejo. Si el aforismo es fruta madura y
+sabiamente preparada por artes de repostería, quisiéramos ver mejor
+un huerto en pleno abril, recostarnos en un tronco estremecido por
+la savia, hundir los dientes curiosos en la primera fruta, en agraz.
+Es bello seguir la ágil curva del pensamiento; saltar unas veces
+el gracioso alcor y hundirnos otras en la dulce penumbra de las
+hondonadas. Llegar cansados, pero alegres de haber vivido cada momento
+del viaje.
+
+Es el aforismo una amante infantil que salta a nuestro cuello,
+secretea deliciosamente, en nuestro oído, un instante, y huye. Quizá
+luego retorne, trayéndonos oculto el cucurucho del ingenio, para hundir
+en nuestra boca, de modo insospechado, un delicioso bombón. Pero es
+mejor que ella se ciña a nuestro pecho desde el inicio del viaje, y
+llevarla gentilmente todo él, hasta la última estación. No importa que
+con los postreros chisporroteos de su risa —cohetes ya agotados— vaya
+posándose en nuestros hombros un poco de ceniza.
+
+Un libro de aforismos es nada, si no es un bello cofrecillo de
+sorpresas. Tal vez de menudos cristales que no lograron tejer nunca
+la presentida y luminosa araña. Pero, a un estuche de sorpresas, es
+preferible casi siempre una cadena de oro. A la fruta cogida al azar,
+el cestillo bien repleto donde no falte el vino vehemente y el pan
+en sazón. Dejemos a los que prefieren llenar su cestillo de esas
+pardas madejas académicas, de lazadas previstas, de nudos ingenuos,
+que tanto embarazan el limpio camino del arte: ovillos manufacturados,
+tan distantes de la fina urdimbre nueva donde la imagen no debe hacer
+sombra; donde la imagen no debe ser injerto, sino brote acelerado por
+la rítmica onda de savia, espuma verde, paralela al ímpetu del aliento
+vital.
+
+En esta urdimbre nueva, el alto pensamiento no debe ser tienda alzada
+en un páramo del espíritu, con pretexto de cobijar en ella cierto
+borroso tropel de palabras.
+
+Es el aforismo, alfa u omega de ese tablero donde la mente engarza sus
+ideales polinomios. Puede estar en el umbral de una intuición o a la
+zaga de una lenta cabalgata reflexiva. Pero es tan pobre recoger en un
+libro un haz de promesas, como un puñado de frutas caídas de la rama,
+en evidente caducidad. Excesiva inquietud o notoria decadencia. O
+pereza de alzar una sólida arquitectura, aun teniendo ya esparcidos en
+torno bloques magníficos.
+
+Solo perdonaremos al aforismo cuando su ráfaga prenda en nuestros ojos
+una llama tan viva que ya no se advierta el negror del intervalo. Si
+al extremo de un radio hay engarzada una auténtica estrella, cuando la
+rueda gire, solo veremos un aro luminoso. Solo el poeta puede atravesar
+«de un brinco» lo que el pensador debe «franquear al paso».
+
+Y, entonces, que no nos hablen de pequeño y gran poema. El buen poema
+no tiene extensión. El malo no vale la pena de medirlo. Si el viejo
+filósofo cuenta por «términos» —se han contado hasta cuatro, y el tedio
+es el cuarto—, el poeta solo cuenta un «término»: el primero y el
+único. Su proposición es siempre una «mayor» indemostrable.
+
+Pero ha de olvidarse toda borla doctoral. Del aforismo cuelgan
+siempre, solapadamente, algunos flecos. Entonces debemos condenarle
+al laborioso desarrollo de todo el silogismo. El que sube a la tarima
+del aula, debe explicar bien toda la lección. Aunque se duerman los
+discípulos.
+
+
+
+
+XXX
+
+
+De los banquetes filosóficos suelen caer migajas que Lázaro recoge al
+punto en su zurrón. He aquí el origen de muchos aforismos. Esto es más
+fácil que preparar la levadura, heñir lentamente la masa, dorarla al
+fuego y ofrecerla en esponjosos gajos blancos, sobre el mantel.
+
+
+
+
+XXXI
+
+
+Iniciarse en las luchas del espíritu con unos ingeniosos ejercicios
+de tiro, salir al campo con el rifle gallardamente enfilado hacia la
+guerrilla mejor atrincherada es correr el albur de ofrecer una silueta
+desnuda, fácilmente vulnerable por cualquier proyectil. Sumergirse
+en la zona peligrosa es querer ser batido con igual vehemencia.
+(Concedamos un poco a la moda profesional, a quien parece complacer tal
+metafórica pirotecnia de polígono).
+
+Dos suertes de blancos se ofrecen al ataque: los amplios y cercanos
+de las triviales opiniones, y los de ciertas siluetas espirituales de
+contorno definido por su patente labor, reconocida o no como eficaz. Ni
+en estas ni en aquellos es fácil lograr una bella rosa de tiro, una de
+esas apretadas rosas geométricas que los impactos, unidos entre sí por
+mentales ligaduras, limitan en el blanco. Importa poco ver abrirse esta
+rosa en zonas distantes del triángulo batido —defecto bien corriente, y
+subsanable en un recluta—. Importa mucho una tal dispersión del haz de
+proyectiles.
+
+Son dos las fuentes de dispersión: Débil pulso o voluble pupila. Aunque
+algún proyectil horade el corazón del blanco, pudo ser el azar quien
+trazó la trayectoria. Es ley inflexible de polígono... y de libro: Dar
+muchas veces, y armoniosamente. La armonía no es fruto del azar, que
+solo produce simetría.
+
+Máxima agudeza es necesaria si el blanco es silueta viva. El perfil
+oscila, sufre relumbres de sol, se sumerge en negras proyecciones
+de nube. En este difícil ejercicio, la dispersión es casi siempre
+inevitable. Aun siendo blanco toda la silueta —juego siempre malogrado,
+por excesivo, pues en ella quedan siempre inexpugnables zonas—, la rosa
+geométrica es difícil de trazar. Habría que señalar bien un foco, el
+más vulnerable; quizá el «talón» donde dirigir la bala.
+
+Es infantil lanzar proyectiles al pecho de las siluetas, para que
+apenas logren alzar a los pies del blanco... una graciosa nubecilla de
+polvo.
+
+
+
+
+XXXII
+
+
+Simetría: refugio de la armonía fracasada.
+
+
+
+
+XXXIII
+
+
+El libro más bello sería aquel donde un niño nos hablase de su primer
+asombro ante los guiños de las cosas, de su primera inquietud ante la
+belleza desnuda. Esos libros siempre los escriben los viejos, y, entre
+una infancia y una caducidad, hay muchos muros de vidrio que irisan o
+borran la pura perspectiva.
+
+Hay un momento en el niño en que ya puede ser loco, porque ya le es
+dado razonar. El más bello momento de la vida quizá sea el de este
+nacimiento de la locura, anterior a la fiebre de los sentidos. El niño
+ya persigue el misterio de la belleza femenina, aunque apenas conoce
+los signos de lo bello. Entre dos mujeres, aún no acierta a elegir la
+más hermosa. De las cosas solo ve el color más agrio, la arista más
+aguda.
+
+Pero el niño presiente algo más que el frenético voltear de una
+campana. Un día se le revela el ritmo de una boca, la rosa de luz de
+una frente, el escorzo de unos brazos que se trenzan en la nuca. Otro
+se le revelan los misterios de la línea en el curvo perfil de unos
+senos. El niño comienza a preferir. Fiesta de la epifanía del buen
+gusto. Luego los maestros le enseñarán a dudar, a cerrar los ojos, le
+prohibirán el himno de la Venus Armoniosa. Le hablarán de una carne
+procaz a quien es preciso declarar la guerra. Y a la ingenua gracia
+del ritmo la llamarán «vil acicate».
+
+
+
+
+XXXIV
+
+
+La retórica —la musical como la literaria— solía venir cubierta con
+una bella máscara: el virtuosismo. El «virtuoso» musical es retórico
+del ritmo, como el seudoimpresionista es el retórico del color. El
+«virtuoso» literario pretende hacer de la prosa una cadena de fáciles
+primores. Mientras el creador sincero se desgarra silenciosamente la
+carne para hundir la mirada en sus entrañas y hallar dentro el reflejo
+del mundo circundante, el «virtuoso» apenas se araña la epidermis.
+No suele ver en sí imagen alguna, porque prefiere hallar en el arte
+ciertos luminosos rafagueos, cierta vibración comunicable a todas las
+membranas, provocadora del torbellino de aplausos.
+
+El «virtuoso» reparte en torno suyo puñados de bengalas, para ocultar
+bien la ausencia de una estrella. El «virtuoso» es un paciente
+sembrador de luciérnagas que quiere hacer pasar por brillantes. Su obra
+será siempre un caracoleo en derredor de sí mismo, un monótono carrusel
+de primores capaces de seducir a la gran multitud. Haya o no en el
+carrusel talcos deslumbradores, la obra del «virtuoso» está muy lejos
+de la obra del artista.
+
+Es muy fácil romper el equilibrio entre el bello contenido —si acaso
+existió— y los medios de expresión que falsamente suele poner en juego
+el «virtuoso». Hay siempre en el platillo muchos gramos de impureza,
+inútiles injertos, amorosas fruiciones. Si puede el artesano gozarse en
+el hallazgo de un magnífico instrumento, el artista solo ha de ver en
+el suyo cierta limitación por superar.
+
+No vale complacerse en el brillo del arado, sino en la hondura del
+surco. Allá el gran «divo» con sus piruetas de laringe y el poeta
+arrobador de multitudes, conocedor de todas las válvulas del aplauso.
+Ellos conocen la gloria inmediata, apremiante. Para ellos la obra es
+una amante por rendir, no un mundo de materia vibrante por modelar.
+Para el artista verdadero, la obra es siempre un edificio por alzar, y,
+ante cada primera piedra, debe sentirse aprendiz.
+
+
+
+
+XXXV
+
+
+En arte —como en la vida— la materia asesina al espíritu. El exceso
+de fruición en los medios expresivos es siempre fruto del canto de
+sirena con que la materia —palabra, color, sonido, mármol— nos atrae.
+Fruición es decir primor. Primor es decir virtuosismo.
+
+Un convidado que prefiriese andar por la cocina catando salsas y
+charlando con los cocineros, pierde toda la emoción del festín.
+
+
+
+
+XXXVI
+
+
+Tertulia: zoco de ideas.
+
+«Se venden, se cambian y... se roban».
+
+
+
+
+XXXVII
+
+
+Es en vano querer cosechar fuera de nosotros. Nos hallaríamos vacías
+las manos, o llenas de espigas hueras. Tientan nuestro afán creador
+muchos caminos, pero solo hay uno nuestro, aunque después se bifurque:
+El del hallazgo del propio autor.
+
+Cada mujer, cada libro, cada paisaje, traza su huella en nuestro
+tablero emocional. Puede ser un hondo surco, que no logre borrar
+esponja alguna; puede ser leve estela disipada con la primera ráfaga
+de una hora nueva que se nos va saltando. Surco o caricia, tienen un
+auténtico valor vital, son gérmenes de emoción en la lejanía del arte,
+donde han de ser fecundados. Pero es preciso amar a esa mujer, a ese
+libro, a ese paisaje, hasta hacerlos nuestros. Es preciso recoger
+en nosotros toda su luz. No podríamos revelarlo en nuestra cámara
+interior, si la visión fuese borrosa o ligera.
+
+El arte es todo amorosa vigilia. La emoción es la amante que no llega
+sino después de soñarla mucho. Ella espera largamente la fiesta
+nupcial. Y puede no amarse a las mujeres, a los libros, al paisaje;
+pero, entonces, al tratar de filtrar la emoción de unas y de otros,
+veremos el vacío en nuestra obra. O será una obra de ironía o de
+piedad, virtudes o estados de las cumbres. Y el artista nada ha de
+mirar desde la cumbre. Aunque en la lejanía, todo debe quedar «a la
+altura del pecho».
+
+La ironía y la piedad fueron inventadas por unos hombres muy sagaces
+que no sabían amar, o se cansaban de amar.
+
+
+
+
+XXXVIII
+
+
+Se ha proclamado la buena salud en todo. También el arte debe de
+gozarla, aunque sin apelar mucho al deporte. Ni hambre ni sed:
+Serenidad perfecta y pulsación normal. Con las recetas nuevas podemos
+ya cocinar en el arte sin quemarnos los dedos, si sabemos dar el punto
+de calor. Hay quien, por huir de la fiebre, nos sirve un témpano. Y
+serenidad no es congelación. La nieve solo podría ser serena teniendo
+dentro una brasa. Pero el arte seguirá teniendo un poco de fiebre,
+aunque pudorosamente escondida. Fallarán a veces las recetas. Sí, el
+arte seguirá teniendo siempre calentura.
+
+Queda un camino: Abrir las ventanas al viento y al sol. Si nuestra obra
+no se salva de la fiebre, se salvará al menos del moho —que tantos
+confunden con la pátina—. Del moho y de la mueca trágica. A pleno sol,
+baño y sonrisa. Limpieza y alegría pueden no ser serenidad, salud
+perfecta; pero ya pueden ser arte, y arte nuevo.
+
+
+
+
+XXXIX
+
+
+Aún tiene su culto lo enorme. Siempre rodean a Goliat los filisteos.
+
+
+
+
+XL
+
+
+Hay gran diferencia entre el proscenio y la pista. Arte de proscenio
+es arte de proyecciones, de enfoques, de bambalinas. Arte de dos
+dimensiones. En el arte de proscenio, unas tiras de papel pintado
+pueden dar al ingenuo la emoción de un bosque. El escenario puede
+fiarlo todo a un plano.
+
+Arte de pista es arte de irradiación, de limpieza y desnudez, de
+músculos auténticos. Arte de tres dimensiones, de innumerables
+perfiles. La luz, que en el proscenio podría ser para algún ser
+raquítico túnica encantada, en la pista es un verdugo que lo desnuda
+todo, implacablemente. En el ruedo, el arte se sumerge en un baño de
+claridad y de sinceridad.
+
+Por eso, en la pista, el arte ha de ser más reflexivo, más a prueba de
+todas las flechas críticas. Allí el torbellino creador ha de ofrecerse
+más cribado, y las gentiles acrobacias deben de gozar de ritmo más puro.
+
+
+
+
+XLI
+
+
+El arte nuevo prefiere la pista al escenario. Por eso Ramón Gómez de la
+Serna pudo escribir en su tarjeta: «Cronista oficial del Circo».
+
+Con _Ramón_, el arte nuevo prefirió subir a un trapecio a hundirse en
+los académicos sillones. Y cambió su concepto de la gloria. Gloria no
+es cierta corona de laurel, sino cierta diadema de sonrisas. Cuando el
+hombre ríe, se abre de par en par, y entonces —la observación es de
+Jean Cocteau— vemos dentro de él un tesoro o un vacío.
+
+Pero antes de que _Ramón_ subiese al trapecio, ya su arte era glorioso.
+Glorioso en el más tremendo sentido: en sentido teológico. No le
+faltaba dote alguna. Era ágil, claro, sutil, impasible. Ni siquiera le
+faltaba esta cuarta dote, tan peligrosa...
+
+Pupila impasible de _Ramón_. Despiadada, serena, inatacable por los
+ácidos de todo eso que un filósofo llamaría el «no yo». Pupila de
+espectador, no del que se sienta en la terraza, sino del que se sienta
+en medio de la calle, aunque evite el roce de la calle. Materia hecha
+pedazos, implacablemente, en la clínica silenciosa de un torreón.
+Desentrañada, desarticulada. No vaciló en invertebrar las cosas por
+temor de volver a las viejas arquitecturas.
+
+Ágil pupila la de _Ramón_. Ubicua. Ir tras ella es rendirse de
+cansancio. Arte que brinca en derredor de las cosas sin dejar en ellas
+plano alguno donde no trace una rúbrica, es decir, una greguería. Arte
+de gran malabarista que sabe sorprender en el aire todas las caras
+de las cosas. Tenía que ser cronista oficial del circo, porque solo
+en el circo se juega con los hombres y las cosas en el confín de la
+vida, más allá del cual está la nada, el puñado de vidrios rotos.
+Solo allí la carne pierde su turbia irradiación y se convierte en un
+objeto más que puede ser volteado y zarandeado alegremente por un ágil
+malabarista de sensaciones. Solo en el circo puede exprimirse bien la
+ternura, arrojándola fuera de los hombres y las cosas, para que riegue
+los huertos sentimentales del burgués, franciscano u horaciano. Así en
+el arte de _Ramón_ apenas hay posos. Ni siquiera le queda en el fondo
+ese residuo romántico, tan denso de negaciones, negación él mismo,
+que llaman «infinito». En el arte de _Ramón_ solo hay arterias vivas,
+rebosantes de fresca tinta roja.
+
+Sutil pupila la de _Ramón_. Ir tras ella es resignarse al zurrón de
+Lázaro, porque solo deja migajas de las cosas. Arte que agudizó muchos
+ojos, que pudo agudizar otros muchos escondidos bajo espesas gafas
+doctorales. _Ramón_, monstruo de mil pupilas, ha abierto un ancho
+polígono donde se aprende a abatir falsas siluetas. _Ramón_, campeón
+de tiro. Primer espada en las corridas literarias europeas.
+
+Arte claro y cínico. Ajeno a todo sentido de esa moralidad, banco de
+algas viscosas, donde tantas intenciones naufragan. Desnudó las cosas,
+enseñándoles a no envanecerse de su fino contorno, a no avergonzarse de
+sus perfiles grotescos. Lo desnudó todo, hasta esos frágiles relicarios
+del amor, esos juguetes íntimos, que ya nunca podremos perseguir entre
+batistas cómplices y encajes cosquilleantes. Porque _Ramón_ dio un
+tirón de todas las camisas, y ha mostrado todos los senos —asustados,
+trémulos— en la más pura e ingenua desnudez. Los ha bañado en la
+piscina de la sinceridad, les ha cortado el falso nervio del pudor que
+les hacía huir de nuestras manos codiciosas. Ahí están, ya inofensivos,
+sobre el mármol, ¡los últimos idolillos que aún valía la pena de
+adorar un poco!
+
+Arte limpio de lógica, el de _Ramón_: de esa lógica de la razón que
+no es la lógica de las cosas. Ha cortado esos canales que enlazaban
+cada realidad con los vagos focos del sentimiento. Ha cegado esos
+otros que hacían desparramarse cada cosa por las tierras áridas de la
+historia y de la ética. Ha dado, en suma, a todos los símbolos un viril
+tijeretazo. Ha podado la maraña que el ayer fue juntando en torno a
+las cosas. Ha podado esos tallos adventicios que chupan los jugos de
+arte, esos injertos fáciles de la sensualidad y del huero didactismo.
+Ha dejado las cosas en todo su contorno ilógico y cínico, como ellas
+son. Quizá les ha robado, al agitarlas dentro de la piscina, un poco
+de calor, un poco de esa misteriosa penumbra en que las envolvían
+tantas vegetaciones esporádicas... No importa. Ahora en el arte de
+_Ramón_ —que es, en suma, el arte nuevo— las cosas corren su propio
+albur, sin otro amparo celestinesco, sin más lógica que la suya, sin
+más irradiación que la de su propia llama. Ahora las cosas habrán de
+_verse_. No a través de nada, sino con los ojos bien lavados y frescos.
+Sin otra prolongación que la de su propia atmósfera.
+
+(«_Ramón_ o de la fecundidad». Tema sugestivo. Ahora, a esto que
+llamamos arte nuevo le salieron muchos definidores. Hay un saldo enorme
+de pautas. Después de muchas disquisiciones, ya casi aprendimos _cómo_
+ha de escribirse... Solo faltan los libros.
+
+Fueron amontonándose comentarios sobre libros inéditos, sobre libros
+posibles, sobre libros en blanco, sobre esbozos de libros...
+
+_Ramón_ iba, entretanto, escribiéndolos).
+
+
+
+
+XLII
+
+
+El vigor y la gracia se besan en un grumo de piedra, y nace el capitel,
+la historia de estos amores solo podría ser contada —y cantada— por un
+alto juglar.
+
+Pero, a veces, la armoniosa pareja emprende un viaje por zonas de
+mármol y va creando el friso. Acorde único, trocado en tema melódico.
+Rompe su fanal el poema y se lanza a correr por la faja de piedra. Se
+desparrama el lírico manojo produciendo una novela.
+
+Al esparcirse, claro está que pierde aroma. A la vibración intensa
+suceden ondas más débiles, pero en cada una, aun en la más lejana,
+percibiremos el primitivo ritmo, quizá más lento, más perezoso. Durante
+todo el friso, viviremos dentro de la misma atmósfera del poema. Sube o
+baja la temperatura según la calidad de la materia que vaya nutriendo
+de anécdotas el viaje, pero nunca el friso sofocará el poema. Si el
+poema se extingue, la buena novela morirá también. Si el friso es un
+capitel desarrollado, la novela es un poema en marcha.
+
+Y el novelista debe de ser siempre un poeta viajero. Como todo viajero,
+desfallecerá, se sentará a descansar, olvidará un poco al hermes
+alado que le guía; pero, colgado al cinto, llevará siempre su pomo de
+generoso vino lírico. Un sorbo le bastará para curarse del cansancio. Y
+escondido en el pecho, el fiel termómetro.
+
+La novela se lanzó muchas veces al viaje sin proveerse de ese pomo de
+ideales esencias. Contó con tropezar con el suceso, como si la alta
+temperatura irradiase de un choque, no del viajero. Es pretender que a
+un jinete le vayan iluminando, en una noche oscura, las chispas que al
+pasar vayan arrancando los cascos del corcel. El clima estético en que
+un poema ha de retoñar en brotes nuevos, solo puede ser producido por
+esta máquina de maravillosa electricidad que es un artista.
+
+Un día Cervantes quiso burlarse de las febriles temperaturas de
+Angélica, de Roldán, del Cid; pero, a poco de emprender su genial
+romería, ya se había contaminado de la fiebre de Angélica, de Roldán,
+del Cid. Fue empujado fuera del recinto de la Mancha y sumergido en las
+regiones hiperbóreas adonde, efectivamente, voló el irreal Clavileño.
+
+Pero descartado Clavileño, quedan en España muchos rocines que
+se atuvieron a la hierba rala, sin pensar nunca en peligrosas
+exploraciones. Pocas páginas de la novela picaresca española dejan
+de ser un catálogo pintoresco de sucesos. Llamaban a esto novela
+realista... Como si solo fuera realidad eso que nos vamos encontrando
+por un camino cualquiera.
+
+Creo en la excelsa realidad que Don Quijote afirma ante las
+atropelladas realidades de carneros y molinos. Una realidad novelesca
+es tal cuando ha sido cernida por la realidad del novelista. Si el
+poeta suele ser un violín donde palpitan las ondas armoniosas que
+golpean el maravilloso estuche, el novelista es el pulmón que purifica
+el aire en torno, convirtiéndolo en materia artística respirable,
+asimilable por el lector. Un novelista situado en medio de la realidad
+cotidiana, sin otro objeto que reproducirla fielmente, hace profesión
+de cronista, de historiador. Pero el historiador solo recibe la versión
+oficial mientras el novelista recibe las más peregrinas confidencias.
+«La confidencia no tiene sitio en la historia» —escribe Alain—. La
+historia y la novela se nutren de hechos, pero los de la historia
+necesitan de testigos, y la novela se complace en desdeñarlos.
+
+Creo en la sola realidad que inventa el novelista, tan lejana de la
+reproducida por el historiador. Realidad que no la produce un suceso
+—capaz de coincidir con el suceso del cronista—, sino el timbre y el
+tono peculiares con que la voz de cada suceso habla al lector. Timbre
+y tono que son, en definitiva, los mismos del novelista. Las novelas
+no están repartidas por el mundo de modo que baste salir a recogerlas.
+Las novelas dormitan en el regazo del autor, y es un suceso —una
+llamada cualquiera exterior— el que acude inopinadamente a despertar en
+el artista la novela dormida. Recordemos las gacetillas de periódico
+que un día fueron a despertar en Stendhal «Le rouge et le noir», en
+Flaubert, «Madame Bovary».
+
+El viejo novelista atendió más a agrupar hechos que a suministrarles un
+acento. No se qué empeño de alejar entre sí los «géneros literarios»,
+le llevó a separar lo inseparable. A la novela —poema épico ya desnudo
+de su enfático traje de gala— se le negaban la miel y el vino, líricos,
+mientras era recargada de sal y de mostaza plebeyos...
+
+Era el tiempo en que no podía hablarse en verso de un atraco, porque
+—apunta donosamente Stendhal— no era poética la voz «pistola». Era
+mejor que cada personaje de novela picaresca fuese un héroe de presidio
+y de albañal. La prosa y el verso tenían señalados sus ambientes, sus
+climas, sus vehemencias. Así un novelador, metido a poeta, cuando
+acabase de crear su soneto tendría que dejar largo tiempo reposando el
+pulso, para que la fiebre del poema no contagiase el llano estilo de su
+novela.
+
+Por fortuna, la novela española va pasando del estado llano de la
+literatura a la aristocracia del poema. De un poema no sintético, no
+grumo de capitel, sino faja vibrante de friso.
+
+
+
+
+XLIII
+
+
+«El Espectador» es ese buen amigo que nunca llega a la hora de la cita.
+Una metódica frecuencia le hubiera convertido en el ente familiar a
+que llamamos periódico o esposa, pero su insólita visita logra siempre
+calidades de hallazgo y provoca las vivas ondas de toda bien renovada
+intimidad. Al amigo constante, un recio vaso de vino de la tierra. Al
+amigo olvidadizo, una fina copa de champagne.
+
+Cada sumario de «El Espectador» es cierta sugerente minuta donde se
+nos ofrece un denso «plato del día», entre otras suculentas golosinas.
+En el cuarto volumen, ese plato fuerte lo compone el ensayo «Las dos
+grandes metáforas». Y hay un postre delicioso, «Conversación en el
+_golf_, o la idea del _dharma_». Si el postre es una primorosa lección
+de estilo, en el plato fuerte hay, además, un profundo pensamiento que
+sería meditado largamente por creadores y reeditores de arquitecturas
+metafóricas, si ellos atendiesen a algo más que a su propia creación o
+reedición.
+
+Conceder al que atrapa una metáfora la misma jerarquía científica
+concedida al inventor de una ley cósmica, es, evidentemente, algo muy
+lisonjero que nadie se atrevió a confesar al poeta. «En una de sus
+dimensiones —dice el maestro— la poesía es investigación, y descubre
+hechos tan positivos como los habituales en la exploración científica».
+No creó que estas palabras hayan sido suficientemente comentadas. Ni
+las creo dictadas por el filósofo, sino por el artista. Del hombre
+del laboratorio nunca podía esperar tal abrazo de camarada, el hombre
+de los sueños. Del «Espectador», sí. Porque en él cada brazo soporta
+un mundo distinto. Si con una mano arrastra el peso de muchos siglos
+del firme pensamiento, con la otra sostiene la graciosa cometa de la
+aventura que sabe crear, a cada ráfaga de viento, nuevas ondulaciones.
+Solo el arte podía escribir su bella apología, exaltando así el frágil
+instrumento metafórico.
+
+Y aquí «exaltar» era, no cantarle una oda, sino equipararle al
+microscopio, fijar sus dominios, al mismo tiempo que sus prerrogativas.
+No asignarle un origen divino, sino cierta suprema categoría humana.
+(Y un claro sentido de limitación. «Ahora, de pronto, el mundo se
+limita — se nos decía en _El tema de nuestro tiempo_—, es un huerto
+con muros confinantes, es un aposento, un interior. ¿No sugiere este
+nuevo escenario todo un estilo de vida opuesto al usado?». Exactamente.
+Un estilo de vida, y un estilo de arte. Un horror al infinito, y un
+sincero amor a la medida).
+
+Y no importe que el arte y la ciencia utilicen «al revés» el
+instrumento metafórico, para que puedan alguna vez llamarse hermanos.
+«La metáfora empieza a irradiar belleza donde su porción verdadera
+concluye» —escribe José Ortega y Gasset—. Esta porción verdadera es la
+porción de Marta, es la parte de la ciencia. Y es también la que pesa
+en la otra mano de «El Espectador». Pero, cuidado con aventurarnos a
+decir cuál es aquí la más noble. Estamos —excepcionalmente— ante una
+balanza, de platillos de oro, en el fiel.
+
+
+
+
+XLIV
+
+
+Desdeñemos toda norma estética que no goce de su bello y peculiar
+contorno, de una propia sustancia bien distinta. También la nota
+marginal de un texto que por sí misma no puede aislarse como texto. Mal
+arabesco el que no pueda hacernos olvidar un poco el muro donde se
+trazó. Mala aquella pincelada que no era precisa en la tela. Lo demás,
+no es ni literatura: Menos mal si es buena erudición.
+
+Quisiéramos que cada nota iniciase en el lector una inesperada melodía,
+paralela a las ya gustadas en la obra glosada. Quisiéramos no tañer
+viejas zampoñas, no repetir ajenos temas. ¡Quisiéramos tantas cosas!
+También no tener miedo a perder el equilibrio. Un hombre equilibrado
+suele ser necio o ruin. La balanza mental pocas veces está en el fiel:
+Hay algo de plomo u oro en cada platillo. La vida lo fue amontonando
+allí, insensiblemente. Cada vez que usamos de la balanza, hallamos en
+ella pesos nuevos.
+
+Ser imparcial es no ser nada. Tanto da neutralidad como vacío. Hay que
+resignarse a juzgar con muchos contrapesos, o a enmudecer. Todo artista
+—sea o no crítico— debe ser apasionado.
+
+
+
+
+XLV
+
+
+Creo que la vuelta a la estrofa es la vuelta del vencido. Se vuelve a
+la jaula cuando no se sabe qué hacer con las alas.
+
+El poema es un hallazgo, la estrofa es un cálculo..., a veces en el
+peor sentido.
+
+
+
+
+XLVI
+
+
+Es bueno intentar alguna vez la fuga de toda red fascinadora; hurtarse
+a la primera e inevitable sorpresa del arte, y avizorar serenamente en
+la colmena silenciosa donde se elabora la forma inesperada de creación,
+entrar en esa penumbra sensitiva donde las membranas se adelgazan y
+estremecen esperando las vibraciones más lejanas. Sorprender la actitud
+de cazador que adopta el artista ante las cosas transeúntes, su primer
+gesto de saludo, de incorporación de la vida circundante a ese mundo
+singular donde todo se somete a un nuevo molde, y aprende un nuevo
+idioma.
+
+Y, sobre todo, fijar el instante en que la intuición alerta se
+debilita o muere y se inicia o robustece la fantasía, en que la pupila
+estética se cansa de perseguir el hondo latido de las cosas y fía a
+las hermanas menores en la escala de percepción la tarea de cubrir
+de músculos y de piel coloreada los finos organismos sorprendidos en
+plena y vibrátil desnudez. Hay un momento de cansancio en todo creador,
+que decide a favor de la memoria o de la fantasía ese tenaz dilema
+entre la intuición indisciplinada, recreadora, y esas otras facultades
+reproductoras, acopladoras de fáciles y más asequibles elementos.
+
+Aun en las grandes obras maestras, hay momentos de cansancio. El arte
+nuevo, acotador de más breves y acaso más gratas parcelas, puede
+asistir al desfile de las cosas sin sentir fatiga alguna. Él espera,
+además, a que ellas le muestren sus aristas más finas, su curva más
+ágil. Quiere situarse y escoger. Quiere ofrecernos un haz seleccionado
+de todas las posibilidades estéticas de las cosas, eliminar lo intuido
+con menos fragancia. Es un agudo geómetra que aspira a trenzar en la
+red de su prosa las precisas coordenadas.
+
+
+
+
+XLVII
+
+
+Hay una poesía de alta tensión, por quien la imagen solo es querida
+en relación con su calidad de honda. Inquietud del proyectil por
+adelantarse a sí mismo. Célula viva que en cada instante sueña con una
+metamorfosis. Anarquía creadora. Poesía que proyecta su luz sobre sí
+misma, que se destruiría a sí misma cada minuto por renacer más bella
+cada minuto. Hambre insaciado de pureza. Disciplina interior, esencial,
+implacable.
+
+Hay otra poesía que acaricia los moldes redondeados por el roce del
+tiempo; que a la célula informe de hoy prefiere el cristal elaborado
+por muchos siglos de geología lírica. Afán de construirse panales,
+aun a trueque de restarse energías para fabricar miel. Intención de
+serenidad. Cansancio del vuelo. O temor de quebrarse las alas. Tender
+los brazos hacia la estrofa, hacia la argolla. Disciplina exterior,
+formal. Cristales en que la emoción se recorta simétricamente las
+puntas de las alas. Poesía conservadora, que afirma cada minuto su
+minuto anterior.
+
+Otra prefiere el sentido musical del poema. Danza de las palabras.
+Gracia y sorpresa del choque. Gusta de encerrarse en el corazón de una
+guitarra para salir proyectada, en cascabel de copla, hacia el seno de
+una amante. Linda invención donde el pensamiento es apenas una ráfaga
+de aire que mece un trino. Poesía que prefiere el encanto fugitivo a la
+clara emoción duradera.
+
+Hay, en fin, una poesía que prefiere el sentido del color. Rúbrica
+encendida. Glosa a veces abigarrada. Vivaz anécdota. Topografía lírica,
+goce de bruñir temas del campo, del camino, de la aldea. Mejillas
+lozanas, mares verdes, cumbres azules, blancos senderos. Poesía
+reproductora.
+
+Arquitecturas donde la idea es apenas un poco de viento coloreado.
+Espejo donde se refleja la piel iluminada de las cosas. Afán de
+prender, en las redes de una imagen, todas las mariposas del globo.
+
+Cuatro banderines de enganche: Flecha. Estela. Música. Color.
+
+
+
+
+XLVIII
+
+
+Hay poetas de infinitos planos, como el cono, es decir, de un solo
+plano infinito, que no admite dones de la luz, que nos la devuelve más
+pura, más blanca. Hay otros que solo tienen muchos planos, como la
+pirámide, y en ellos la luz incidente desparrama su gavilla de colores.
+Hay poemas curvos, suaves, en que el alma no puede herirse al rozar
+su contorno. Hay otros en cuyas aristas tememos sangrar, donde los
+prismas irisados no dejan deleitarse con el puro cristal. Un cono es lo
+más semejante a una colina viva, tan grata de recorrer en torno, tan
+dulce para reposar en ella. Una pirámide es semejante a esos altivos
+mausoleos donde una tenaz vehemencia fue juntando bloques. Ambas nos
+incitan a escalar la cumbre, pero la vida es redonda y la muerte acecha
+en las aristas.
+
+Podemos elegir entre el poeta que solo piensa en la vida y el poeta que
+solo piensa en la inmortalidad.
+
+
+
+
+XLIX
+
+
+O se engendra o se injerta. Se engendra por placer, se injerta por
+cálculo. Todo arte marginal es un injerto.
+
+
+
+
+L
+
+
+El peor enemigo del pensamiento es la prosa; como el peor enemigo del
+poema es el verso. Toda la ambición de uno y otro debe cifrarse en
+vencer a su enemigo, en encadenarlo, en convertirlo en escabel.
+
+Pero no olvidar que san Miguel debe todo su prestigio —y todo su
+pedestal— al diablo. Pero no olvidar que el artista debe toda su altura
+—y toda su firmeza— a sus días de artesano, a sus horas de aprendiz.
+
+
+
+
+ SE ACABÓ DE IMPRIMIR ESTE LIBRO
+ EN LA IMPRENTA DE LA CIUDAD LINEAL
+ EL DÍA XV DE JUNIO
+ DEL AÑO MCMXXVII
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 78679 ***