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| author | pgww <pgww@lists.pglaf.org> | 2025-08-04 12:22:02 -0700 |
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diff --git a/76631-0.txt b/76631-0.txt new file mode 100644 index 0000000..7489036 --- /dev/null +++ b/76631-0.txt @@ -0,0 +1,5654 @@ + +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 76631 *** + + +NOTA DE TRANSCRIPCIÓN + + * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han + convertido a MAYÚSCULAS. + + * Los errores de imprenta han sido corregidos. + + * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con + las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española. + + * Las abreviaturas y los nombres de los personajes han sido expandidos + para mayor facilidad de lectura. + + * Las páginas en blanco han sido eliminadas. + + + + +O LOCURA O SANTIDAD + + + + + O LOCURA O SANTIDAD, + + DRAMA + EN TRES ACTOS Y EN PROSA, + + POR + JOSÉ ECHEGARAY. + + Estrenado en Madrid, en el Teatro Español, el 22 de enero de 1877. + + MADRID: + Imprenta de José M. Ducazcal. + Plaza de Isabel II, núm. 6. + — + 1877. + + + + + Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su permiso, + reimprimirla ni representarla en España y sus posesiones de Ultramar, + ni en los países con los cuales haya celebrados o se celebren en + adelante tratados internacionales de propiedad literaria. + + El autor se reserva el derecho de traducción. + + Los comisionados de la Galería Lírico-Dramática, titulada _El + Teatro_, de DON ALONSO GULLÓN, son los exclusivamente encargados de + conceder o negar el permiso de representación y del cobro de los + derechos de propiedad. + + Queda hecho el depósito que marca la ley. + + + + +AL EMINENTE ACTOR + +DON ANTONIO VICO. + +Cumplo deber ineludible, ejerzo acto de justicia y procuro dar +público testimonio de cuánto admiro su gran talento y su inagotable +inspiración, dedicando a Usted esta obra que fue la elegida para su +beneficio y en que a tal altura raya Usted. + +Usted, que desde mi primer ensayo en _El libro talonario_, ha venido +ganándome aplausos y triunfos; Usted, que ha sido sucesivamente sobre +la escena: el don Carlos de Quirós de _La esposa del vengador_, el +Banquero de aquel epílogo de _La última noche_, el Fernando de _En +el puño de la espada_, el Pablo de _Cómo empieza y cómo acaba_ y el +Lorenzo de _O locura o santidad_, bien merece, y es harto humilde +recompensa, ya lo conozco, a cambio de tantos y tantos arranques +sublimes, de tantos y tantos gritos desgarradores, de tantas maravillas +de expresión, esta muestra de mi gratitud, de mi admiración y de mi +amistad. + + _Echegaray._ + + + + + PERSONAJES. ACTORES. + + DON LORENZO DE AVENDAÑO[1] SEÑOR VICO (DON ANTONIO). + ÁNGELA SEÑORA MARÍN. + INÉS SEÑORITA CONTRERAS. + LA DUQUESA DE ALMONTE SEÑORA FENOQUIO. + EDUARDO SEÑOR CALVO. + JUANA SEÑORITA BOLDÚN. + DON TOMÁS SEÑOR OLTRA. + EL DOCTOR BERMÚDEZ SEÑOR BENAVIDES. + BRAULIO SEÑOR RIQUELME. + BENITO SEÑOR ROMEA. + UN CRIADO SEÑOR CASTRO. + +La escena, en Madrid, en casa de Don Lorenzo. — Época moderna. + + [1] Por enfermedad del señor Vico se encargó a la quinta + representación del papel de don Lorenzo el SEÑOR CEPILLO. + + + + +ACTO PRIMERO. + +La escena representa el despacho de don Lorenzo: forma octógona. — A la +izquierda del espectador, y en primer término, una chimenea encendida: +encima un gran espejo de marco negro: en segundo término, una puerta. — +A la derecha, en primer término, otra puerta; en segundo término, una +ventana. — En el fondo, la puerta principal. — En los dos chaflanes +o lados oblicuos del octógono, grandes estantes con libros. — A la +izquierda, una mesa de despacho con pupitre y sillón. — A la derecha, +un sofá. — Sobre algunas sillas, sobre la mesa, en las repisas de los +estantes y en las paredes, libros y objetos artísticos en confusión, +pero sin que aparezca recargado el conjunto. — El adorno, elegante y +rico, pero de gusto muy severo: cortinajes y muebles oscuros. — Es día +de invierno: la luz muy escasa. + + +ESCENA PRIMERA. + +DON LORENZO. + +Sentado a la mesa y leyendo atentamente. + + +DON LORENZO. + +«Las misericordias, respondió don Quijote, sobrina, son las que en este +instante ha usado Dios conmigo, a quien, como dije, no las impiden mis +pecados. Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas +de la ignorancia que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda +de los detestables libros de caballerías. Ya conozco sus disparates +y sus embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan +tarde que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa leyendo +otros que sean luz del alma. Yo me siento, sobrina, a punto de muerte; +querría hacerla de tal modo, que diese a entender que no había sido +mi vida tan mala que dejase renombre de loco; que puesto que lo he +sido, no querría confirmar esta verdad con mi muerte». (_Suspende la +lectura y queda pensativo largo rato_). ¡Locura luchar sin tregua +ni reposo por la justicia en esta revuelta batalla de la vida, como +luchaba en el mundo de sus imaginaciones el héroe inmortal del inmortal +Cervantes! ¡Locura amar con amor infinito, y sin alcanzarla jamás, la +divina belleza, como él amaba a la Dulcinea de sus apasionados deseos! +¡Locura ir con el alma tras lo ideal por el áspero y prosaico camino +de las realidades humanas, que es tanto como correr tras una estrella +del cielo por entre peñascales y abrojos! Locura es, según afirman los +doctores; mas tan inofensiva, y, por lo visto, tan poco contagiosa, +que para atajarla no hemos menester otro Quijote. (_Pausa. Después se +levanta, viene al centro del escenario, y de nuevo se queda pensativo_). + + +ESCENA II. + +DON LORENZO, DOÑA ÁNGELA, DON TOMÁS. + +Los dos últimos se detienen en la puerta de la derecha, primer término, +y desde allí, medio ocultos por el cortinaje, observan a don Lorenzo. +Este en el centro y volviéndoles la espalda. + + +ÁNGELA. + +¿Le ve usted? Como siempre; leyendo y pensando. + +DON TOMÁS. + +Ángela, su esposo de usted es todo un sabio; pero no abusemos de la +sabiduría. Si la cuerda, cuanto más tensa, da sonidos más agudos, +también con mayor facilidad se rompe; y al romperse, a la divina nota, +sucede un eterno silencio. Mientras el cerebro se agita en sublimes +espasmos, la locura acecha: no lo olvide usted. (_Pausa_). + +DON LORENZO. + +¡Extraño libro, libro sublime! ¡Cuántos problemas puso Cervantes en ti, +quizá sin saberlo! ¿Loco tu héroe? Loco, sí: loco. (_Pausa_). El que no +oyera más que la voz del deber al marchar por la vida; el que en cada +instante, dominando sus pasiones, acallando sus afectos, sin más norte +que la justicia ni más forma que la verdad, a la verdad y la justicia +acomodase todos sus actos, y con sacrílega ambición quisiera ser +perfecto como el Dios de los cielos..., ese, ¡qué ser tan extraño sería +en toda sociedad humana! ¡Qué nuevo don Quijote entre tanto y tanto +Sancho! Y al tener que condenar en uno el interés, la vanidad en otro, +la dicha de aquel, los desordenados apetitos de este, las flaquezas de +todos, ¡cómo su propia familia, a la manera del ama y la sobrina del +andante caballero; cómo sus propios amigos, de igual suerte que el cura +y el barbero y Sansón Carrasco; cómo jayanes y doncellas, y duques y +venteros, y moros y cristianos a una voz le declararan loco, y por loco +él mismo se tuviera, o al morir lo fingiría, porque le dejasen al menos +morir en calma! + +DON TOMÁS. + +(_Acercándose a don Lorenzo y poniéndole una mano en el hombro. Doña +Ángela se acerca también_). Lorenzo. + +DON LORENZO. + +(_Volviéndose_). Tomás... Ángela... ¿Estabais ahí? + +DON TOMÁS. + +Sí, escuchábamos a medias tu filosófico monólogo. ¿Y a cuenta de qué +son esos sublimes desahogos de mi buen amigo? + +DON LORENZO. + +Lecturas del don Quijote, que se me suben a la cabeza y allá se mezclan +con otras modernas filosofías, que andan vagando, como diría mi +empedernido doctor, por las celdillas de la sustancia gris. + +DON TOMÁS. + +Como diría todo el que quisiera decir algo puesto en razón. + +ÁNGELA. + +¡Qué espanto! ¿Van ustedes a empezar una de esas interminables disputas +sobre el positivismo y el idealismo y todos los demás _ismos_ del +diccionario, que son otros tantos abismos del sentido común? + +DON TOMÁS. + +No se alarme usted, Ángela, que algo más interesante tengo que decir a +Lorenzo. + +DON LORENZO. + +Y algo más urgente tengo yo también que preguntarte. (_A Tomás_). + +ÁNGELA. + +Ya lo creo: más interesante y más urgente que los disparates y +embelecos de que se llenan ustedes la cabeza, es la salud de nuestra +niña. + +DON LORENZO. + +¿Cómo encuentras hoy a la hija de mi vida? (_Con afán_). + +ÁNGELA. + +¿Cómo está Inés? (_Pausa_). + +DON LORENZO. + +¡Vamos!... ¡Responde!... ¡No nos tengas en esta ansiedad! (_Nueva +pausa. Don Tomás mueve la cabeza con aire de disgusto_). + +ÁNGELA. + +¡Don Tomás, por Dios! ¿Peligra acaso? + +DON LORENZO. + +¡Qué dices, mujer! No pronuncies esa palabra. + +DON TOMÁS. + +Alto, alto. ¡Qué de prisa van ustedes! Es cosa grave, no lo niego. + +DON LORENZO. + +¡Qué dices! + +ÁNGELA. + +¡Qué dice usted! + +DON LORENZO. + +¿Cuál es su enfermedad? ¿Qué nombre tiene? + +ÁNGELA. + +¿Cómo se cura? Porque debe curarse de algún modo. Es preciso, Tomás, es +preciso que usted salve a mi hija. + +DON TOMÁS. + +¿Cuál es su enfermedad? Una de las que causan más estragos entre los +vivientes. ¿Qué nombre tiene? Amor, le llaman los poetas: nosotros los +médicos le damos otro nombre. ¿Cómo se cura? Hoy por hoy con el cura; y +es tan probado específico, que al mes de haberlo usado ni memoria queda +en ambos cónyuges de la fatal dolencia. + +ÁNGELA. + +¡Qué bromas tiene usted, don Tomás! Me ha dejado usted sin gota de +sangre en las venas. + +DON TOMÁS. + +Ello es que hablando seriamente, y dadas las condiciones de esa niña, +su temperamento nervioso, su sensibilidad extrema y ese su romántico +amor, la dolencia es grave; y si no se busca pronto remedio en la dulce +calma de la vida conyugal, Ángela, amigo mío, me duele decirlo, pero el +deber me lo ordena, no cuenten con Inesita. (_Con seriedad_). + +DON LORENZO. + +¡Tomás! + +ÁNGELA. + +¿Usted cree?... + +DON TOMÁS. + +Creo que Inés ha heredado la imaginación exaltada y fantástica de su +padre; que hoy la fiebre del amor circula por todas sus venas en olas +de fuego. Y si no la casan ustedes, y muy pronto, con Eduardo; si +ella llega a comprender que sus esperanzas no han de realizarse, los +delirios de su fantasía y las violencias de su pasión, aunque no sé en +qué forma, sé por desdicha que han de herirla de muerte. + +DON LORENZO. + +¡Dios mío! + +ÁNGELA. + +¡Hija mía! + +DON TOMÁS. + +Ya saben ustedes mi opinión: opinión expuesta sin rodeos ni ambages, +cual lo exige lo urgente del caso, y con la lealtad a que me obligan el +cariño que nos une y el que profeso a esa inocente niña. + +ÁNGELA. + +(_A Lorenzo con tono resuelto_). Tú lo has oído: es preciso que Inesita +y Eduardo se casen. + +DON LORENZO. + +Bien lo quisiera, Ángela. Eduardo es bueno, es inteligente, quiere a +nuestra hija con delirio; pero... + +ÁNGELA. + +Pero ¿qué? ¿Que no somos nobles y que la madre de Eduardo, la duquesa +viuda de Almonte, se opone a esta unión? Y ¿qué importa si él quiere, y +no es ella la que ha de casarse? + +DON LORENZO. + +Ángela, piénsalo bien; ¡dar pábulo nosotros a la rebeldía del hijo +contra la madre!... + +ÁNGELA. + +Piénsalo bien, Lorenzo; ¡sacrificar nuestra hija a las vanidades de esa +mujer! + +DON LORENZO. + +Lamentar vanidades y desdichas, cosa fácil me parece: buscar remedio al +daño es lo que importa. + +ÁNGELA. + +¿Por qué no hablar a la duquesa? Dicen que, aparte de sus +preocupaciones aristocráticas, es buena mujer, y que con delirio quiere +a su Eduardo. Vas allá y le suplicas y le ruegas... + +DON LORENZO. + +¡Yo suplicar! ¡Yo rogar! ¡Humillarme yo! No soy yo ciertamente quien ha +de ir a pedirle su hijo: ella es la que debe venir a mi casa a pedirme +la mano de Inés. Las conveniencias sociales, el respeto a la mujer, mi +propio decoro así lo exigen. + +ÁNGELA. + +Aquí tiene usted al filósofo, al sabio, al hombre perfecto, rebosando +vanidad y orgullo. (_Dirigiéndose a don Tomás, que se habrá acercado a +la mesa y estará hojeando libros_). + +DON LORENZO. + +Ángela, eres injusta: no es orgullo, es dignidad. Dignidad, sí; porque +no es decoroso que mendiguemos para la frente de Inés, que en sí lleva +la mejor corona, la corona ducal que desdeñosa nos niega otra familia; +no es decoroso, repito, que vayamos de puerta en puerta, y menos si +en sus dinteles hay labrados blasones, tendiendo la mano para que nos +hagan la limosna de un nombre, cuando Inés tiene el mío, tan bueno, por +limpio y por honrado, como otro cualquiera que lo sea mucho. + +DON TOMÁS. + +Lorenzo tiene razón; pero usted, Ángela, también la tiene. + +ÁNGELA. + +Pues bien, no vayas tú; conserva incólume tu dignidad de sabio y de +filósofo. Yo, que no soy más que una pobre madre, yo iré. A mí no +me causa sonrojo ir de puerta en puerta mendigando, no coronas ni +blasones, sino la felicidad y la vida de mi hija. + +DON LORENZO. + +Ni a mí tampoco, Ángela: tienes razón. Diga el mundo lo que quiera, +piense lo que pensare la duquesa, iré. ¿No es verdad que debo ir? Tú +que tienes un criterio recto y severo, y que juzgas de las cosas a +sangre fría, dime tu opinión con franqueza. (_A Tomás_). + +ÁNGELA. + +¡Ah! ¡Qué hombre! ¡Pues no está discutiendo si debe o no debe ir! Estas +cosas, señor filósofo y señor marido, se resuelven con el corazón, no +con la cabeza. Mucho es que no empezaste a revolver librotes, buscando +en ellos la solución del problema. A maravilla tengo que no estés ya +escudriñando si entre los filósofos alemanes, o entre los clásicos +griegos, o en la ininteligible maraña de tus obras matemáticas, no +hubo algún autor que tratase concretamente el caso peregrino del +futuro casamiento de la señorita doña Inés de Avendaño con don Eduardo +de Almeida, duque de Almonte; y cuenta que si por _a_ más _b_, te +demostrase alguno de tus predilectos sabios la inconveniencia del +casamiento, por _a_ más _b_ dejarías morir a la pobre hija de mi alma. + +DON LORENZO. + +No te burles de mí, Ángela. Tú sabes que adoro a Inés. + + +ESCENA III. + +DON LORENZO, ÁNGELA, DON TOMÁS, INÉS. + +Esta última entra por la derecha, primer término, al pronunciar don +Lorenzo las últimas palabras y se detiene al oír su nombre. + + +DON LORENZO. + +¡Que es por su vida! ¡Que es por su felicidad! No: por secar una +lágrima suya, diera yo todas las de mis ojos: por una hora de ventura +para mi Inés, trocara yo contento en horas de martirio todas las que me +restan de existencia. (_Inés sin que la vean todavía, tiende sus brazos +hacia su padre con expresión de cariño y agradecimiento y le manda un +apasionado beso_). Vaya, no hablemos más del asunto. Iré hoy mismo a +ver a la duquesa: rogaré, suplicaré, me humillaré si es preciso, y +cederá. ¿No ha de ceder? (_Movimiento de alegría en Inés; Ángela se +acerca y coge de la mano a su esposo con efusión_). No tengo títulos de +nobleza, pero tengo un nombre que si por el trabajo y el estudio no he +podido hacer ilustre... + +DON TOMÁS. + +Ilustre, sí, mi buen Lorenzo. + +DON LORENZO. + +Ilustre, no, pero sí respetable. Y tengo además muchos millones, que +heredé de los míos y que cederé a Eduardo y a la duquesa, para que +doren de nuevo sus soberbias coronas un tanto deterioradas por el +tiempo. Conque ya lo sabes: (_A Ángela_) se casará Inés, y será feliz, +y su felicidad será la nuestra. + +ÁNGELA. + +Y la tuya, la de todos nosotros que viviremos mirándonos en ti. ¡En ti, +Lorenzo mío, que cuando no te embrutece la ciencia, eres el más amante, +el más bondadoso y el mejor de los hombres! + +INÉS. + +¡Ay, Dios mío! ¡Dios mío! (_Desfalleciendo y apoyándose en la puerta +para no caer_). + +ÁNGELA. + +¡Inés, hija mía! (_Corriendo a sostenerla_). + +DON LORENZO. + +¡Inés, Inés!... ¿Qué tienes? (_Lo mismo_). + +DON TOMÁS. + +Vamos, niña, ¿qué mimos son esos? (_Acercándose a ella_). + +INÉS. + +(_Acercándose al sofá de la derecha y sentándose en él. Todos los +demás la rodean con solicitud_). Nada, no es nada..., es... que quiero +llorar..., y tengo tanta alegría, que no puedo... Es que quiero reír... +y siento que acuden lágrimas a mis ojos... ¡Es que te quiero mucho..., +mucho..., mucho, padre mío! (_Abrazándole y haciéndole mimos_). ¡Qué +bueno eres!... ¡Qué bueno te hizo Dios!... Soy feliz..., feliz..., muy +feliz. (_Rompe a llorar en los brazos de su madre_). + +ÁNGELA. + +Así, hija mía: llora, llora; desahógate. ¿Ves qué bueno es tu padre? +Quiérele mucho. + +INÉS. + +Con toda mi alma... ¿Y cuándo vas a ir? ¿Hoy mismo, verdad? + +DON TOMÁS. + +¡Ah, egoistilla! ¿Conque queremos mucho a papá cuando hace lo que nos +agrada? Y si no fuese a casa de la duquesa ¿le querríamos tanto..., +tanto..., tanto como ahora? (_Burlándose de sus protestas de cariño_). + +INÉS. + +Lo mismo. + +DON TOMÁS. + +¿Conque lo mismo? (_En tono de duda_). + +INÉS. + +De veras; pero estaría tan triste que no se me ocurriría decírselo. +(_Con cierta malicia_). + +DON TOMÁS. + +Ya. + +INÉS. + +Antes algo me oprimía el pecho y me apretaba la garganta. Ahora, sin +esfuerzo alguno..., así..., espontáneamente, a la par que corren dulces +lágrimas de felicidad, brotan palabras de cariño. Antes... solo hubiera +podido decirte: ¡qué desdichada soy, padre mío!... Ahora ya no pienso +en mí, pienso en él, y de corazón me sube a los labios este grito de +amor: ¡cuánto te quiero! (_De nuevo abraza a su padre_). + +DON LORENZO. + +¡Inés, hija mía! + +INÉS. + +Y a ti también, madre..., a ti también. (_Abrazando a su madre. Don +Lorenzo y don Tomás se separan del sofá en que quedan Ángela e Inés, y +vienen al centro_). + +DON TOMÁS. + +¡Pobre filósofo! Mira, ninguna de las dos ha leído una sola página +de todos esos libros, y saben más que tú. Te crees fuerte, y en sus +manos eres cera blandísima: te crees sabio, y en sus brazos eres un +inocente, por no decir que un tonto. Te crees justo e incorruptible, y +la voluntad de esas dos mujeres te llevaría a todas las injusticias y a +todas las flaquezas. + +DON LORENZO. + +No, Tomás; cuando la idea del bien me sostiene, mi voluntad es de +hierro. + +DON TOMÁS. + +No digo «Lo veremos», porque son dos ángeles; pero ¡ay, si no lo +fuesen! Déjame parodiar al gran poeta y decir en romance: «¡Tentación, +llevas nombre de mujer!». + +DON LORENZO. + +«¡Palabras, palabras y palabras!» había dicho antes sin duda en +previsión de que tú le parodiases. (_Con cierta exaltación_). + +DON TOMÁS. + +¡Ya te subes al trípode! + +INÉS. + +No incomode usted a papá. + +DON LORENZO. + +No me incomodan, hija mía, las extravagancias de este doctor. + +DON TOMÁS. + +Conque quedamos en que por cariño, por amistad, por amor, por esas que +tú llamas atracciones misteriosas de un alma sobre otra alma se puede y +se debe llegar... + +DON LORENZO. + +Hasta el sacrificio, sí; jamás hasta la culpa. + +DON TOMÁS. + +¡Bonita máxima para un libro de moral! + +DON LORENZO. + +Y aún mejor para una conciencia. + +DON TOMÁS. + +¿Y no habrá casos en que para evitar males mayores tenga que transigir +esa catoniana conciencia con uno tan pequeño, tan pequeño, que no +llegue a ser ni grano de arena? + +DON LORENZO. + +Al echarlo sobre sí, bien pronto pesaría como montaña de granito. + +DON TOMÁS. + +¿A la montaña te subes, no bastándote el trípode? + +INÉS. + +Vamos, don Tomás... Que no le diga usted esas cosas a papá. + +DON TOMÁS. + +En resumen: guerra a muerte al mal, bajo todas sus formas y disfraces. +¿No es cierto? + +DON LORENZO. + +Tú lo has dicho. + +DON TOMÁS. + +Pues aplicación inmediata de tu teoría. Y en verdad que lo había +olvidado y es toda una novela. Escúchame atento: oigan ustedes. + +DON LORENZO. + +¿Qué es ello? (_Ángela e Inés se acercan a don Tomás_). + +DON TOMÁS. + +Rogome esta mañana una mujer que en su nombre te trajera... + +DON LORENZO. + +¿Qué? + +DON TOMÁS. + +Un beso. + +ÁNGELA. + +¡Para él! + +DON LORENZO. + +¡Para mí! + +DON TOMÁS. + +Sí; pero no se alarme usted. (_A Ángela_). Es el beso de una anciana, +y en lágrimas viene empapado: es la última y dolorosa contracción de +unos labios moribundos: es el postrer adiós de un ser que dentro de +breves horas no existirá. + +DON LORENZO. + +No adivino... + +DON TOMÁS. + +Ella..., esa pobre mujer me hizo llamar esta mañana: subí a la +buhardilla en que muere: me dijo su nombre, que a no decírmelo, jamás +la hubiera conocido; y jurándome que fue inocente, rogome, sin embargo, +que intercediera contigo para que la perdonases. + +DON LORENZO. + +Estás hablando un lenguaje del cual ni una sola palabra comprendo. + +DON TOMÁS. + +¿Recuerdas la muerte de tu madre? + +DON LORENZO. + +¡Qué pregunta, Tomás! No conocí a mi padre, murió cuando yo era muy +niño; pero mi madre... ¡Ah, madre mía! (_Conmovido_). + +DON TOMÁS. + +¿Recuerdas que al sentirse de improviso herida de muerte, quiso +hablarte y no pudo, y que entonces, arrancándose convulsivamente del +cuello un rico medallón de que jamás se desprendía, lo puso en tus +manos fijando en ti con suprema angustia sus ojos velados ya por la +eterna sombra? + +DON LORENZO. + +Bien lo recuerdo. Sigue..., sigue... + +DON TOMÁS. + +¿Recuerdas, por fin, que al morir tu madre y al perder tú el sentido, +desapareció el medallón, y que fue acusada de robo?... + +DON LORENZO. + +¡Ella!... ¿Es ella?... ¡Juana, mi nodriza!... ¡Mi pobre Juana! + +DON TOMÁS. + +Juana es la que a dos pasos de aquí agoniza en una miserable +buhardilla: Juana, la que en el triste beso que te traigo, implora tu +perdón. + +DON LORENZO. + +¡Juana!... ¡Mi segunda madre!... ¡La que durante veinticinco años +fue, para mí, madre verdadera! Pero ¿qué hablabas de perdón? ¿Qué de +transigir con el mal? Ni perdonar es transigir, ni de mi perdón ha +menester la pobre anciana. ¡Ella..., ella ser capaz!... ¡Imposible! + +DON TOMÁS. + +No tan imposible. Cuando la doncella que guardaba las joyas de tu madre +dio parte al juez de la pérdida del magnífico medallón de brillantes, +y se hicieron las primeras investigaciones, Juana negó tenerlo; y, sin +embargo, averiguose que ella lo había arrancado de tus manos al perder +tú el sentido, y dos días después fue sorprendida al dejar el medallón +tras unos jarrones de porcelana. Redújosela a prisión, fue condenada, +en cárcel infamante sufrió la pena de su delito, y solo tus influencias +y tus eficacísimas recomendaciones pudieron devolverle, ya que no la +honra perdida, la libertad al menos. + +DON LORENZO. + +(_Con exaltación_). Y bien, yo digo que Juana acusada, que Juana en el +banquillo del reo, que Juana en infamante reclusión, es inocente, y que +la justicia humana se equivoca. + +DON TOMÁS. + +Las apariencias... + +DON LORENZO. + +Engañan no pocas veces. + +DON TOMÁS. + +Y ¿cómo se explica?... + +DON LORENZO. + +Alguna explicación tendrá; algún misterio hay aquí que ignoramos. + +DON TOMÁS. + +(_A Ángela_). Ya se lanzó a caza de misterios, y en busca de +explicaciones sobrenaturales para un hecho que, a mi modo de ver, tiene +sencilla y natural explicación en la flaqueza humana. + +DON LORENZO. + +Pues yo sé que mi pobre nodriza era incapaz de acción tan baja. Yo la +hubiera defendido, a no impedírmelo la enfermedad que sufrí a la muerte +de mi madre; y cuando libre ya la pobre mujer, desapareció, lágrimas +de verdadero dolor vertí por ella. Dios sabe si con afán la busqué por +todas partes; Dios sabe si deseaba que viniese a mí..., y ella..., +cruel..., ¿por qué no vino? No, Juana, mi buena Juana, no morirás +sin que yo te estreche en mis brazos, sin que te devuelva tu beso +de despedida. (_Con agitación creciente. Toca un timbre, y sale un +criado de librea_). ¡Hola! ¡El coche!... ¡Al momento, al momento! Voy +a traerla a mi casa..., ahora mismo... ¿No es cierto, Ángela, que debo +traerla? ¿No es cierto, Inés? + +ÁNGELA. + +En todo caso es una obra de caridad. + +DON LORENZO. + +¡Es una justísima reparación! (_Sale un momento por la puerta de la +izquierda_). + +DON TOMÁS. + +¡Es lo más bueno..., pero lo más cándido! Y creerá como artículo de +fe todo lo que esa pobre anciana le cuente. Y él mismo la ayudará a +inventar cualquier historia extravagante. ¡Ay, Ángela! Tenemos que +hacer un escrutinio en esa librería como aquel donoso y grande que +hicieron el cura y el barbero en la del ingenioso hidalgo. + +ÁNGELA. + +¡Ah, si yo pudiera! (_Vuelve a entrar don Lorenzo en traje de calle_). + +DON LORENZO. + +Ea, en marcha: tú vienes conmigo para ayudarme a traerla. (_A Tomás_). + +DON TOMÁS. + +Siempre estoy a tus órdenes. + +DON LORENZO. + +Pero ¿crees que pueda venir? + +DON TOMÁS. + +Muere la infeliz de consunción, y lo mismo puede expirar allá en su +buhardilla, que sobre los almohadones de tu coche, que al entrar en +este, para ella encantado palacio. Posible es, sin embargo, que la +reanime la alegría y que gane algunas horas de existencia. + +DON LORENZO. + +Pues vamos allá. Adiós, Ángela; adiós, Inés. + +INÉS. + +Adiós... Y luego..., ¿verás... a la duquesa?... (_Con mimo_). + +DON LORENZO. + +Sí, hija mía, iré más tarde. Tú puedes esperar, la pobre anciana no; +ella es primero. + +ÁNGELA. + +¿Y casándose mi niña, usted me responde de que no corre ningún peligro? +(_Aparte a don Tomás_). + +DON TOMÁS. + +Los del matrimonio, señora, que no son pocos. (_Tomás y Ángela salen +por el fondo hablando en voz baja. Detrás don Lorenzo e Inés: esta le +despide en la puerta_). + + +ESCENA IV. + +INÉS. + +Vuelve al centro del escenario, alegre como una niña, batiendo palmas. + + +INÉS. + +¡Hoy mismo hablará a la duquesa! Me lo ha prometido, y él es muy +formal; cumple siempre lo que promete. Pues claro, le hablará; ¡y mi +padre habla tan bien! Vaya, como que es un sabio. La convencerá de +seguro. Pues si un hombre como él no supiera convencer a esa señora +de que yo debo casarme con Eduardo, ¿de qué le servía haber estudiado +tanto? ¿Para qué tener tantos libros en francés, y en italiano, y en +alemán, y hasta en griego? ¡Ciencia más inútil! Pero ca: de la duquesa +hará él lo que quiera. Además, dicen todos que ella es una santa. ¡Pues +no! Como que es la madre de Eduardo. Una santa: lo dicen todos. Pues +si siendo santa no me deja casar con Eduardo, ¡buena santidad te dé +Dios! ¿Para qué le sirve su santidad? Nada, nada: nos casaremos: digo +que nos casaremos. (_Breve pausa_). ¡Si parece mentira; si parece un +sueño! ¡No, Dios mío, si es un sueño, que no despierte jamás! Pero no +es un sueño. Este es el despacho de mi padre. Esos son sus librotes. +(_Acercándose a uno de los estantes_). Newton, Kant, Hegel, Humboldt, +Shakespeare, Lagrange, Platón, Santo Tomás... Claro, si fuera un +sueño, no me acordaría yo de todos esos nombres, ni ¿qué sé yo de tan +ilustres señores? (_Mirando por el balcón_). Cuando repito que no es +un sueño: allá fuera la lluvia que cae, y cae, y cae... ¡Qué cosa tan +alegre es la lluvia! ¡Parece que el aire se convierte en barritas de +cristal! Y allí en el espejo me veo yo. (_Se acerca al espejo con mimo +y coquetería_). Yo soy, yo misma, bien me conozco. Yo con mi cara +ovalada, que dice Eduardo que es ¡de un óvalo tan perfecto!... ¡Vea +usted qué gusto tiene! Y con mis ojos pardos, que dice Eduardo ¡que son +tan hermosos! No, para mentir diciendo cosas agradables no hay otro +como él. Verdad es que en este momento con la alegría y con el calor de +la chimenea brillan mis ojos de un modo... Yo quisiera ser muy bonita; +más bonita todavía... para él..., para él, que no viene... ¡Cuánto +tarda! Ahora que deseo yo que venga no ha de venir... Ya verá usted +como no viene. ¡Ah, los hombres, qué egoístas son y qué malos! + + +ESCENA V. + +INÉS, EDUARDO. + + +INÉS. + +(_Saliendo a su encuentro_). ¡Eduardo..., Eduardo! + +EDUARDO. + +¡Inés de mi vida! + +INÉS. + +¡Vaya una hora de venir! + +EDUARDO. + +Siempre vengo a las dos. (_Con tono sumiso_). + +INÉS. + +Y son las tres. + +EDUARDO. + +¡Es posible! (_Mirando al reloj_). No, vida mía, las dos menos cuarto. + +INÉS. + +Las tres. (_Con autoridad_). + +EDUARDO. + +(_Enseñándole el reloj_). Las dos menos cuarto. ¿Te convences? +(_Señalando el reloj de la chimenea_) Y en ese, la misma hora. + +INÉS. + +(_Ofendida_). Bueno, bueno; tú tienes razón. ¡Qué amante tan fino que +me regatea los minutos; que a toda hora le parece temprano para venir, +y a toda hora tarde para separarse de su Inés; que sujeta los latidos +de su corazón al volante de su cronómetro! + +EDUARDO. + +(_Suplicante_). ¡Inés!... + +INÉS. + +Vete... Vete... Si no son las dos todavía..., si faltan quince +minutos... Te vas a la Carrera de San Jerónimo: das un paseo mirando la +gente: y a las _dos en punto_ vuelves. + +EDUARDO. + +Inés... + +INÉS. + +¡Si esa es la hora a que acostumbras venir! ¡Pues no faltaba más! ¿Qué +diría el Observatorio astronómico si adelantases? + +EDUARDO. + +Por Dios, perdóname..., he hecho mal. + +INÉS. + +No, si quien ha obrado muy de ligero he sido yo. El deseo me adelantaba +las horas... y tú, para castigarme, vas, y ¿qué haces? ¡Me pones +delante de los ojos un cronómetro de Losada! (_Haciendo con la mano el +ademán brusco del que mete, como vulgarmente se dice, un objeto por los +ojos_). ¡Qué galán tan poético! + +EDUARDO. + +Confieso mi culpa, y me arrepiento, y te pido mil veces perdón. + +INÉS. + +Ya. ¿Lo confiesas? Más vale así. + +EDUARDO. + +Es que venía tan contento, tan contento, con tanta alegría en el alma +que ni supe lo que dije, ni aun ahora mismo sé lo que digo. + +INÉS. + +Yo también fui injusta al acusarte, Eduardo; pero estaba tan alegre, +tan alegre..., deseaba tanto que vinieses, que los instantes me +parecían siglos. + +EDUARDO. + +Has de saber, alma mía... + +INÉS. + +(_Sin escucharle_). Tengo que darte una gran noticia. + +EDUARDO. + +(_Lo mismo_). Que al fin somos dichosos. + +INÉS. + +Ya lo creo: dichosos para toda la vida. + +EDUARDO. + +¡Si parece mentira! + +INÉS. + +Porque mi padre me ha prometido que hoy mismo, hoy mismo, ¿lo +comprendes?... ¡Pero si no me escuchas! + +EDUARDO. + +(_Sin atenderla_). Porque mi madre... + +INÉS. + +¡Tu madre! ¿Qué?... + +EDUARDO. + +Vendrá dentro de media hora a tratar de nuestro casamiento. + +INÉS. + +¿Ella?... ¿La duquesa? + +EDUARDO. + +(_Con solemnidad cómica_). La señora duquesa de Almonte tendrá el honor +de pedir a los señores de Avendaño esta blanca mano (_cogiendo la mano +de Inés_) para su hijo don Eduardo; aunque Eduardito ya se apoderó de +ella, ya la apretó contra su corazón, y no sería fácil que la soltase +aunque no se la dieran. + +INÉS. + +¿Ella..., ella va a venir?... Bien decían todos. ¡Si esa mujer es una +santa! + +EDUARDO. + +Esa mujer es mi madre: me quiere con todo su corazón, y esta mañana me +abracé a ella llorando, y llorando en mis brazos, cedió a mi ruego. +En mucho tiene los gloriosos hechos de sus antepasados; religioso +culto rinde al honor y prefiriera mi muerte a mi enlace con quien en +su nombre llevara la menor mancha; pero aprecia en lo que vale a don +Lorenzo, sus glorias científicas, que glorias son también; su... + +INÉS. + +Bueno, bueno: basta ya de historias. De todo ello se deduce que vendrá +hoy mismo, que nos casaremos muy pronto y que seremos muy felices, ¿no +es verdad? Pues esto es lo que importa: es decir, lo que a mí más me +importa: no sé si tú... + +EDUARDO. + +Ingrata, ¿dudas de mí? + +INÉS. + +No dudo; pero no es poca dicha que tu madre haya cedido, porque si +no... Tú me quieres mucho, ya lo sé..., pero tu... A una madre se le +debe respeto..., y si ella te hubiera dicho que no, como buen hijo que +eres, ¿no es verdad, Eduardo?, no le hubieras dado un disgusto; y con +mucho dolor de tu alma hubieras dejado a esta pobre Inés que te ama..., +¡ no lo oigas ingrato; que no lo oiga nadie!..., que te ama tanto, que +sin ti..., ¡mira si es locuela!, se hubiera muerto de dolor. + +EDUARDO. + +¡Inés mía! + +INÉS. + +Conque ya ves si debo estar agradecida a tu madre; porque no es a ti, +es a ella, a quien debo mi felicidad. + +EDUARDO. + +¡Cruel! ¿Sabes tú lo que yo hubiera hecho ante los obstáculos, lo sabes +tú? + +INÉS. + +Sí; ceder, dejarme. + +EDUARDO. + +Eso nunca; por nada, por nadie. + +INÉS. + +Júramelo. + +EDUARDO. + +¡Te lo juro por lo más sagrado! + +INÉS. + +¡Cuánta dicha! + +EDUARDO. + +¡Qué felicidad! + + +ESCENA VI. + +INÉS, EDUARDO, JUANA, DON LORENZO, DON TOMÁS. + +Juana aparece en la puerta del fondo, sostenida por Lorenzo y Tomás: se +detiene un instante para tomar aliento y después avanza. Viste traje de +color oscuro y muy pobre. + + +EDUARDO. + +(_Volviéndose_). ¡Qué grupo tan sombrío! ¿Por qué viene esa negra nube +a empañar el azul de nuestro cielo? + +INÉS. + +Es Juana: la nodriza de mi padre: ya verás qué novela: luego te la +contaré. + +DON LORENZO. + +Despacio, despacio, Juana. + +JUANA. + +¿Quién es aquella señorita? + +DON LORENZO. + +Inés, mi hija. Acércate, Inés. (_Inés se aproxima. Eduardo la sigue_). + +JUANA. + +¡Qué hermosa! ¡Un ángel me parece! Que al cerrar yo los ojos para +siempre vea un ser como tú a mi lado y será que estoy en el cielo. + +DON LORENZO. + +Otro paso más. + +DON TOMÁS. + +Un esfuerzo todavía: el último. (_Llegan hasta el sofá y en él sientan +a Juana, quedando todos a su alrededor_). + +JUANA. + +Quisiera darle un beso. (_Señalando a Inés. Inés se acerca aún más: +Juana le coge una mano y la atrae a sí_). No..., tu mano abrasa y mi +aliento hiela..., no he de besarte..., fuera mi beso el beso de la +muerte. (_La separa dulcemente de sí y le suelta la mano_). Con el +pensamiento te besaré..., con los labios no. + +DON TOMÁS. + +(_En voz baja a Inés y Eduardo_). Vámonos. La pobre mujer desea +hablarle a solas. (_A Juana_). Hasta luego y buen ánimo: acabaron ya +las penas. + +JUANA. + +Las de este mundo, sí. + +INÉS. + +¡Pobre mujer! (_Deteniéndose un momento para mirarla_). + +EDUARDO. + +Ven, Inés mía. (_Salen Tomás, Inés y Eduardo por la derecha_). + + +ESCENA VII. + +DON LORENZO, JUANA. + + +JUANA. + +¿Se fueron ya? (_Después de una pausa_). + +DON LORENZO. + +Sí, mi querida Juana; ya estamos solos. + +JUANA. + +Al fin..., al fin llegó este instante tan deseado. Todo llega..., pero +todo pasa. Oye, Lorenzo; la vida se va..., se va muy aprisa y antes he +de decirte muchas cosas. Lo primero, que soy inocente; que yo... no +pensé..., que yo... no quise..., que yo... (_Acongojándose_). + +DON LORENZO. + +Lo sé, Juana..., lo sé. + +JUANA. + +No lo sabes. Todo está contra mí..., todo. + +DON LORENZO. + +Por Dios, no te agites: olvida, descansa. + +JUANA. + +¿Olvidar? Sí, pronto olvidaré. ¿Descansar? Me queda tanto tiempo para +descansar, que hoy quiero vivir..., aunque sufra, aunque llore..., +quiero llevarme a la fosa lágrimas y besos y sollozos... para llenar +aquel silencio y aquella soledad con algo que recuerde la vida. +(_Pausa_). Por eso quisiera decirte una cosa... Pero ¿cómo, sin +prepararte?, ¿cómo, sin que antes de la revelación venga la duda, y +antes de la duda la sospecha, y antes de la sospecha el presentimiento, +y antes del presentimiento ese no sé qué, sombra que proyecta en el +alma algo que allá a lo lejos viene?... Tú no me comprendes, ni yo sé +explicarme, aunque hace cuarenta años que estoy siempre con la misma +idea: mira tú si yo debía explicar bien estas cosas. + +DON LORENZO. + +Di lo que quieras; pero sin agitarte. + +JUANA. + +Sí; lo diré. ¿Cómo he de morir yo sin decírtelo? En primer lugar, para +que te convenzas de que yo no fui una miserable... la... dro... na... +(_Ocultándose el rostro_). + +DON LORENZO. + +Calla, calla... No pronuncies esa palabra. + +JUANA. + +Y además..., porque abrirte mi corazón es el último consuelo que me +resta. Perdóname, Lorenzo. ¡Los que van a morir son tan egoístas! Para +ti será dolor horrible... lo que para mí ha de ser suprema dicha. + +DON LORENZO. + +¿Cómo puede ser para mí dolor lo que es dicha para ti, mi buena Juana? + +JUANA. + +¿Cómo puede ser?... Pues lo será; lo será, hijo mío... ¡Hijo mío!... +Permíteme que te dé este nombre. ¿No te enfadas, verdad? + +DON LORENZO. + +¡Por Dios, Juana! + +JUANA. + +Bueno... Pues yo te llamaré hijo... y tú me llamas madre... Llámame +madre. Alégrese el cielo o regocíjese el infierno, has de llamarme +madre. + +DON LORENZO. + +¡Madre mía! + +JUANA. + +No..., así no..., no es de ese modo. ¡Cruel! (_Arrojándose a Lorenzo +para abrazarle, pero conteniéndose y cayendo en el sofá_). ¡Insensata! + +DON LORENZO. + +¡Pobre mujer! Delira. + + +ESCENA VIII. + +JUANA, DON LORENZO, INÉS. + +Inés entra corriendo y muy contenta por el fondo y se acerca a su +padre. Viene agitada y apenas articula las palabras. + + +INÉS. + +Padre..., Padre... La duquesa... viene..., viene... ¿no adivinas? + +DON LORENZO. + +¿Ella? + +INÉS. + +Sí... Para tratar de aquello... Eduardo ha vencido. + +DON LORENZO. + +¡Qué felicidad! ¡Inés mía!... Al fin quiso Dios... + +INÉS. + +¿Estás contento? + +DON LORENZO. + +¿Y tú? (_Abrazándola_). + +INÉS. + +Yo..., si tú lo estás... Conque vamos..., vamos pronto. + +JUANA. + +(_Cogiéndose a Lorenzo_). No..., no quiero que vayas; no has de dejarme. + +DON LORENZO. + +Voy al instante. (_A Inés_). + +INÉS. + +No tardes... Que no tardes... Si se ofende... + +DON LORENZO. + +No temas: que la reciba Ángela allá en el salón... con toda solemnidad. +Llevaré a Juana a su cuarto y saldré en seguida. (_Sale Inés por el +fondo_). + + +ESCENA IX. + +JUANA, DON LORENZO. + + +DON LORENZO. + +(_Queriendo llevarla, pero ella se resiste_). Vamos, Juana, ven a +descansar; luego hablaremos cuanto quieras. + +JUANA. + +Luego no. ¿Y si muriese antes? + +DON LORENZO. + +No pienses tal cosa. (_Con impaciencia_). + +JUANA. + +Veinte años ha que no te veo, y ahora no me dejan estar contigo ni un +solo instante. ¡Son muy crueles! + +DON LORENZO. + +Después, mi buena Juana. (_Queriendo levantarla_). + +JUANA. + +¿Y tú también quieres irte?... ¡Tú también! ¡Ah!, yo haré que te quedes +conmigo. + +DON LORENZO. + +¡Juana! + +JUANA. + +Oye... esto no más; después vete, si quieres: yo, yo misma cogí el +medallón. + +DON LORENZO. + +¿Tú? + +JUANA. + +Sí. + +DON LORENZO. + +¿Para qué? + +JUANA. + +Para que tú no lo vieses. + +DON LORENZO. + +Y ¿por qué? + +JUANA. + +Porque dentro había un papel, y en ese papel escritas por tu madre unas +palabras, y esas palabras no quería yo que tú las leyeras. + +DON LORENZO. + +Y ¿qué palabras eran? + +JUANA. + +Estas: de memoria las sé: «Lorenzo, hijo mío; en el relicario que está +a la cabecera de mi cama hay oculto, y en sobre cerrado, un pliego. +Cuando yo muera, ábrelo, lee lo que en él, durante una noche de +remordimiento, escribí, perdóname y que Dios te inspire». + +DON LORENZO. + +«¡Perdóname y que Dios te inspire!» ¿Decía? (_Con extrañeza_). + +JUANA. + +Sí. + +DON LORENZO. + +Y además, he oído no sé qué de remordimiento. (_Con creciente +curiosidad_). + +JUANA. + +Remordimiento era la palabra. Ahora vete si quieres. + +DON LORENZO. + +(_Pensativo_). No. (_Pausa_). ¿Y ese pliego? + +JUANA. + +Que tu madre lo había escrito, no era un misterio para mí; dónde estaba +oculto, he ahí lo que ignoraba. Que algo encerró en el medallón, bien +me lo dijo mi tenaz vigilancia; y lo que el papel contenía bien lo +adivinaron mis recelos. Por eso cogí el medallón. Era mi legítima +presa: me había costado aquel secreto veinte años de lágrimas y de +dolores que ni más amargas ni más intolerables se conciben. + +DON LORENZO. + +¡Perdón..., remordimiento..., un secreto..., mi madre!... No adivino +lo que quieres decir... Sombras confusas pasan por mi mente..., y así +como relámpagos de angustia por mi corazón. Tú deliras, y me haces +delirar. + +JUANA. + +No. + +DON LORENZO. + +¿Pero aquel pliego oculto en el relicario?... + +JUANA. + +Fue mío, y tú no lo viste, porque no debías verlo. Como tu madre iba a +morir, a ella ¿qué le importaba? Bien te lo dije: nada hay más egoísta +que la muerte. + +DON LORENZO. + +¿Pero ese pliego? + +JUANA. + +Yo lo tengo. + +DON LORENZO. + +¿Aquí? + +JUANA. + +Aquí: (_Llevando la mano al pecho_) aquí: mira, es una hoja no más de +papel, y sin embargo, ¡me pesa tanto sobre el corazón! + +DON LORENZO. + +Pues he de verlo. + + +ESCENA X. + +JUANA, DON LORENZO, DON TOMÁS por el foro. + + +DON TOMÁS. + +¡Lorenzo... Lorenzo!... + +DON LORENZO. + +¿Qué? (_En tono brusco e impaciente_). ¿Qué quieres? + +DON TOMÁS. + +Ha llegado la duquesa. + +DON LORENZO. + +Sea en buen hora. + +DON TOMÁS. + +(_Aparte_). ¡Qué tono! (_En voz alta_). Ven a recibirla. + +DON LORENZO. + +Ya iré. + +JUANA. + +¡No me dejes, por Dios! ¡Por la salvación de tu alma! (_En voz baja_). +Si supieras... + +DON TOMÁS. + +¿Vienes? + +DON LORENZO. + +Sí..., pero..., pero no me hostigues... Digo que iré. + +JUANA. + +No te vayas... y te lo diré todo..., todo. Te daré ese pliego..., +el que escribió tu madre hace veinte años..., es su letra..., es su +firma..., tú verás..., pero no me dejes. + +DON TOMÁS. + +(_Cada vez más impaciente_). ¡Vamos, Lorenzo! + +DON LORENZO. + +Ya he dicho que iré..., iré luego... Yo sé cuándo debo ir. Ahora vete. +(_Aparte a Juana_). Dame el pliego. + +JUANA. + +Cuando se marche ese hombre. (_Aparte a Lorenzo_). + +DON LORENZO. + +¡Vete! (_Con violencia_). + +DON TOMÁS. + +Pero la duquesa... + +DON LORENZO. + +Que espere. ¿No hace ella esperar a nadie en sus antesalas? Pues +mejores que las suyas son las mías. + +DON TOMÁS. + +¿Estás en tu juicio? + +DON LORENZO. + +En el mío, sí; en el tuyo, no, que mal estuviera. Vete pronto. + +DON TOMÁS. + +¿Qué tienes, Lorenzo? (_Acercándose a él con interés_). + +DON LORENZO. + +Nada, nada..., cansancio de oírte... ¡Déjame por Dios santo! + +DON TOMÁS. + +Bueno..., bueno..., pero, Señor, ¿qué le pasa a este hombre? + + +ESCENA XI. + +DON LORENZO, JUANA. + + +DON LORENZO. + +¡Ya estamos solos! + +JUANA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¡Qué! ¿Dudas? ¡Mira que te dejo!... ¡Prometiste darme ese papel! +La ventura de mi hija me espera allí; y, sin embargo, una mano de +hierro, la férrea mano de la implacable fatalidad, me tiene a tu lado. +Considera, Juana, si estoy decidido a averiguar ese secreto. + +JUANA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¡El papel!... ¡Pues que para mí lo escribió mi madre, es mío! + +JUANA. + +No te incomodes conmigo, Lorenzo de mi alma. Aquí está... Este es... +(_Sacándolo del pecho_). + +DON LORENZO. + +Venga... (_Queriendo cogerlo_). + +JUANA. + +Espera..., espera..., yo misma he de leerlo..., leeré más despacio que +tú..., y de este modo... lo que... aquí dice no se te entrará de un +golpe por los ojos... + +DON LORENZO. + +Pues lee. ¡Vamos! + +JUANA. + +Sí, Lorenzo mío; pero no mires; oye no más. (_Colocándose de modo +que Lorenzo no vea lo escrito en el papel_). «Lorenzo, hijo mío, +perdóname». (_Leyendo_). + +DON LORENZO. + +¡Otra vez! + +JUANA. + +(_Sigue leyendo_). «Conozco que se acerca el fin de mi vida, y los +remordimientos han hecho presa en mí». (_Pausa_). + +DON LORENZO. + +¡Sigue! + +JUANA. + +«Quisiera decirte la verdad, y te amo demasiado para decírtela. Lee en +estos reglones que mancho con mis lágrimas el secreto de tu existencia, +y hágase después tu voluntad». + +DON LORENZO. + +¡El secreto de mi existencia! ¡Dame! (_Queriendo coger el papel_). + +JUANA. + +No. + +DON LORENZO. + +¿Qué pesadilla es esta, Juana? ¿Qué círculo de hierro has puesto sobre +mi frente que con intolerable presión me oprime las sienes?... Dame... + +JUANA. + +¡No, por Dios! + +DON LORENZO. + +¡Ha de ser! (_Cogiendo el papel y leyendo con horrible angustia_). «Tu +padre era rico, muy rico; por millones, por muchos millones se contaba +su caudal; yo era pobre: no tuvimos hijos». ¡No tuvimos hijos, dice! + + +ESCENA XII. + +DON LORENZO, JUANA, ÁNGELA, después EDUARDO. + + +ÁNGELA. + +(_Entrando precipitadamente_). ¡La duquesa!... + +DON LORENZO. + +(_Da un grito de ira. Juana le arranca el papel y lo oculta_). ¡Otra +vez! ¡Vete!... ¿A qué vienes? + +ÁNGELA. + +Lorenzo..., Lorenzo... + +EDUARDO. + +(_Entrando precipitadamente_). ¡Don Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¿Tú también? ¡Idos!... ¡Idos todos! + +ÁNGELA. + +¿Qué es esto, Dios mío? ¿Qué es esto? ¿Qué tienes, Lorenzo? Vuelve en +ti. + +DON LORENZO. + +Idos... Idos..., os lo suplico..., si es preciso de rodillas..., pero +dejadme... ¡Ah! ¡El egoísmo humano!... ¡Piensan que no hay más que +sus pasiones y sus intereses! ¡Tomás!... ¡Ángela!... ¡Eduardo!... ¡La +duquesa!... ¡Todos! ¡Ah! ¡La gota de agua sobre el cráneo! + +EDUARDO. + +Es que mi madre viene... + +ÁNGELA. + +Es que la duquesa, impaciente de esperar, viene aquí... + +EDUARDO. + +Dice que quiere buscar al sabio en su antro. + +DON LORENZO. + +¡Pues que venga, pero vosotros dejadme! ¡Dejadme..., o me volveré loco +de desesperación! + +ÁNGELA. + +No, imposible: su madre de usted no puede verle en tal estado. (_A +Eduardo_). + +EDUARDO. + +Venga usted, Ángela; venga usted. Ganemos tiempo, detengámosla en la +galería, y a ver si entretanto logra Inés calmarle. (_Salen Ángela y +Eduardo por el foro_). + + +ESCENA XIII. + +DON LORENZO, JUANA. + + +DON LORENZO. + +¡El papel!... Ese papel funesto, ¿dónde está?... Tú lo tienes... + +JUANA. + +Sí. (_Sacando el papel_). + +DON LORENZO. + +Pues dámelo... ¡No tuvimos hijos, decía! (_Procurando leer, pero sin +conseguirlo_). ¿Dónde está?... ¡No sé! ¡No veo las letras! ¡Una nube +me pasa por delante de los ojos! ¡No tuvimos hijos!... ¡No puedo!... +¡No puedo!... Lee tú..., por favor... (_Juana toma el papel_). Ahí..., +ahí... donde dice «¡No tuvimos hijos!». + +JUANA. + +(_Leyendo_). «Sabía mi esposo que una enfermedad incurable minaba +rápidamente su existencia. El infeliz llevaba la muerte en el corazón. +Loco de amor, quiso asegurarme toda su fortuna, y yo... hice mal, ahora +lo conozco, hice mal porque él tenía padre, pero yo..., perdóname, +Lorenzo, tú que eres tan bueno y tan honrado; yo acepté». (_Pausa_). + +DON LORENZO. + +Sigue... Sigue... + +JUANA. + +«Buscamos un niño..., no puedo, no puedo escribir más. Juana conoce +este secreto. Juana te lo dirá todo. Una vez más te ruego que me +perdones. Adiós, Lorenzo mío, y que él te inspire. Te he querido como a +hijo, aunque no lo has sido nuestro». + +DON LORENZO. + +¡Yo! ¡Yo! ¡Yo no era!... ¿Qué dice?... ¡Yo no era su hijo! ¡Yo llevo un +nombre que no es mío! ¡Cuarenta años ha que gozo bienes ajenos! ¡Yo lo +he robado todo!... ¡Posición social, apellido, riquezas! ¡Todo, todo! +¡Hasta las caricias de mi madre, porque no era mi madre!... ¡Hasta sus +besos, porque yo no era su hijo!... ¡No! ¡Esto no es posible!... ¡Yo no +soy tan miserable!... ¡Juana..., Juana..., por Dios vivo que me digas +la verdad! Mira; ya no es por mí: sea de mí lo que Dios quiera: es por +mi familia..., por esas desdichadas mujeres..., es por mi hija... por +mi Inés de mi vida..., que se morirá..., ¡y yo no quiero que se muera! +(_Llorando con desesperación_). + +JUANA. + +Es verdad, sí; pero, calla... ¿Qué importa, si nadie lo sabe? + +DON LORENZO. + +Pero ¿es verdad? + +JUANA. + +Lo es. (_En voz muy baja_). + +DON LORENZO. + +¡Pues parece mentira! ¡Aquella mujer que tanto me amaba no era mi madre! + +JUANA. + +No. ¡Tu madre te amaba más! + +DON LORENZO. + +Pues ¿quién era? + +JUANA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¿Cómo se llama? + +JUANA. + +Mírame sin cólera y te lo diré. + +DON LORENZO. + +¿Dónde está? + +JUANA. + +¡Luchando con las torturas de un infierno! + +DON LORENZO. + +¿Murió también? + +JUANA. + +¡Muriendo está! (_En la última parte de este diálogo, Juana se levanta, +y ella y Lorenzo forman un grupo agitado, ardiente, delirante. Al +pronunciar ella la última frase, cae de nuevo y sin fuerzas en el +sofá_). + +DON LORENZO. + +¡Juana! + +JUANA. + +(_Retorciéndose de angustia_). ¡¡No, ese nombre, no!! + +DON LORENZO. + +¡¡Madre!! + +JUANA. + +¡¡Sí..., ese nombre, sí, hijo mío!! (_Se levanta de nuevo por arranque +supremo, y se abraza a Lorenzo_). + + +ESCENA XIV. + +DON LORENZO, JUANA, DON TOMÁS. + + +DON TOMÁS. + +Ya está ahí..., ya llega... + +JUANA. + +(_Desprendiéndose de los brazos de Lorenzo_). Déjame..., vienen..., +vienen..., que no me vean... + +DON LORENZO. + +¡No..., espera..., yo no sé qué voy a decirte... pero tengo que decirte +muchas cosas!... + +JUANA. + +Luego... Adiós... ¡Ya puedo morir! ¡Le llamé hijo! (_Juana se dirige +lentamente a la puerta de la derecha: Lorenzo la sigue: Tomás en +observación en el fondo_). + +DON LORENZO. + +No, todavía no... (_Juana desaparece tras los cortinajes; Lorenzo +quiere entrar; Tomás acude desde el fondo y le detiene a la fuerza, +cerrándole el paso y obligándole a retroceder. La actitud de Lorenzo +en esta escena y en la siguiente queda encomendada al talento y a la +inspiración del actor_). + + +ESCENA XV. + +DON LORENZO, ÁNGELA, INÉS, DUQUESA, EDUARDO, DON TOMÁS. + +Los nuevos personajes vienen por el foro. + + +DUQUESA. + +¿El señor de Avendaño? (_Con exquisita cortesía. Pausa_). + +DON LORENZO. + +¡Avendaño!... ¡Avendaño!... No sé dónde está, señora. (_Con voz triste +y sombría, y con cierta distracción_). + +ÁNGELA. + +¿Qué dice? (_Aparte_). + +INÉS. + +Pero ¿qué es esto, Dios mío? (_Aparte_). + +DUQUESA. + +Comprendo, señor de Avendaño, el disgusto que mi presencia le causa... +Vengo a arrebatarle la prenda más querida de su alma (_Señalando a +Inés_), y no extraño en verdad que me trate usted como a enemiga. (_Con +dulzura_). + +DON LORENZO. + +¡Enemiga mía es la suerte, nadie más! + +INÉS. + +Pero ¡Dios mío! (_Aparte_). + +DUQUESA. + +Tiene usted razón: encarnizada enemiga es de los padres. + +DON LORENZO. + +¡Y más aún de los hijos! + +DUQUESA. + +No lo niego; pero en fin, leyes divinas son estas que gobiernan los +dolores humanos, y fuerza es respetarlas. (_Procurando dar otro giro a +la conversación, pero sin conseguir dominar su extrañeza_). + +DON LORENZO. + +¡Ay, señora, que esas leyes divinas son más crueles a veces que +si fueran obras de la crueldad humana! (_La duquesa hace un vivo +movimiento de impaciencia. Eduardo se acerca a ella; Inés a su padre: +Ángela y Tomás observan con asombro_). + +INÉS. + +(_Aparte a don Lorenzo_). ¡Por Dios, padre! + +EDUARDO. + +(_Aparte a la Duquesa_) ¡Madre, madre, por mí! + +DUQUESA. + +(_Con altivez y entonación un poco seca_). Soy madre; adoro a mi hijo; +sé que su felicidad es imposible si no la comparte con esta señorita; +y a perder un hijo, prefiero tener dos. + +INÉS. + +¡Ves qué buena, padre mío! (_Aparte a don Lorenzo_). + +DON LORENZO. + +¡Perder un hijo es horrible desdicha! + +DUQUESA. + +¿Quiere usted dar al mío el nombre de hijo también? (_Con dulzura y +adelantándose hasta don Lorenzo_). + +INÉS. + +(_Con angustia y en voz baja_). Contesta, padre. + +DON LORENZO. + +(_Se queda mirando a su hija, le coge la cabeza entre las manos y de +nuevo la contempla con pasión_). ¡Qué hermosa eres! ¡Imposible parece +que tú no puedas más que la ley del honor! + +DUQUESA. + +(_Sin poder ya dominarse_). En suma, señor de Avendaño: ¿quiere usted +que mi hijo, el duque de Almonte, dé su nombre a la señorita Inés? + +DON LORENZO. + +(_Con sublime violencia_). ¡Si yo fuera un infame, buena ocasión de dar +nombre ajeno a quien no lo tiene propio! + +INÉS. + +¡Padre! + +ÁNGELA Y DON TOMÁS. + +¡Lorenzo! + +DUQUESA. + +He de confesar lealmente que ni comprendo sus contestaciones de usted, +ni su actitud, que es muy otra de lo que yo esperaba, y me limito a +preguntarle por última vez: ¿acepta usted? + +DON LORENZO. + +Yo soy un hombre honrado: la desgracia podrá vencerme, no mancharme. +Señora duquesa de Almonte, ese matrimonio es imposible. + +DUQUESA. + +¡Ah! (_Sintiéndose herida, y retrocediendo un paso_). + +INÉS. + +¿Qué dices?... ¡Padre!... ¡Imposible! + +DON LORENZO. + +¡Imposible, sí!... ¡Porque no soy Avendaño; porque mis padres no eran +mis padres; porque esta casa no es mi casa; porque no puedo darte, hija +de mi alma, más que un nombre escarnecido y manchado; porque soy el más +infeliz de los hombres y no quiero ser el más miserable! + +INÉS. + +¡Padre, padre!... ¿Por qué me matas? (_Cae en el sofá_). + +ÁNGELA. + +¿Qué has hecho, insensato? + +DON LORENZO. + +¡Inés!... ¡Inés!... ¡Venciste, Dios mío, pero ten compasión de mí! +(_Todos rodean a Inés_). + + +FIN DEL ACTO PRIMERO. + + + + +ACTO SEGUNDO. + +La misma decoración del acto anterior. Es de noche. La chimenea está +encendida: hay una vela con pantalla sobre la mesa de despacho. + + +ESCENA PRIMERA. + +EDUARDO. + +Aparece escuchando a la puerta de la derecha; después viene al centro. + + +EDUARDO. + +Nada se oye. ¿Habrá vuelto en sí? ¡Oh, Dios mío, y en esta vida, qué +cerca de la vida está la muerte! (_Pausa_). ¡Y piensan que he de +renunciar a mi adorada Inés! ¡Suponen que yo he dar crédito a esa +ridícula historia que don Lorenzo refiere! ¡Pobre sabio!, ¿qué sabe él +lo que se dice? (_Breve pausa_). Y aun siendo cierto lo que afirma, +¿dejaría de ser Inés la más hermosa y la más amante de las mujeres? +Será mía aunque tenga que arrastrarme a los pies de mi madre y regarlos +de lágrimas: cederá don Lorenzo aunque tengamos que ponerle una mordaza +y una camisa de fuerza; y esa pobre mendiga, que con sus delirios +contagió al desatentado filósofo, se irá de aquí, se irá lejos, muy +lejos de nosotros. ¡Con tal que Inés resista el golpe que recibió de +su padre! (_Acercándose otra vez a la puerta y escuchando_). Nada..., +nada: silencio, siempre el mismo silencio. (_Volviendo al centro del +escenario_). Su padre... ¡Ah, su padre! Dios me perdone, pero casi le +aborrezco. (_Exaltándose por grados_). ¡Insensato, y cómo se complacía +en torturarla! ¡Su padre, sabio sin seso, ateo con pujos de santidad, +nuevo don Quijote con el ingenio de menos y la pedantería de más, falso +caballero Bayardo de la honradez! ¿Qué padre es ese que desgarrando +el corazón de una hija pretende ganar reputación de virtud? ¡Fuera la +virtud así, y me pareciera más simpático el crimen! Nadie viene..., y +pasan las horas... Alguien se acerca. + + +ESCENA II. + +EDUARDO, DUQUESA por la derecha. + + +EDUARDO. + +¡Madre mía!... ¿Inés, cómo está Inés?... ¿Ha vuelto en sí? + +DUQUESA. + +Al fin, a Dios gracias. ¡Pobre niña! No he querido marcharme hasta que +pasara el peligro; pero ya está bien. Y ahora, hijo mío... + +EDUARDO. + +Ahora he de verla. + +DUQUESA. + +¡Eduardo! + +EDUARDO. + +Y después hemos de hablar a don Lorenzo; y después... + +DUQUESA. + +Y después has de concluir con mi paciencia. He hecho por ti cuanto el +decoro, la dignidad y los respetos sociales me han permitido, y algo +más; pero ha llegado el instante de que te muestres hombre, de que +recuerdes quién eres, y de que escuches la voz del deber. + +EDUARDO. + +Bien dices: haré lo que hacer deba; pero no sé, y perdóname, madre mía, +si entendemos el deber del mismo modo. + +DUQUESA. + +Debes renunciar a Inés para siempre. + +EDUARDO. + +¿Por qué? ¿Porque es pobre? + +DUQUESA. + +No es eso. + +EDUARDO. + +Entonces ¿por qué, madre mía? ¿Porque don Lorenzo intenta tan sublime +acción que, si la realiza, ha de eternizarse su nombre en libros y en +historias, y hasta quién sabe si alcanzará puesto en el calendario? + +DUQUESA. + +Buen humor gastas, y no es esta mala señal. + +EDUARDO. + +Quiero probarte que conservo toda mi sangre fría. Y por lo demás, a don +Lorenzo hay que tomarle en broma, o hay que encerrarle en una casa de +orates. + +DUQUESA. + +No digas esas cosas, Eduardo: no me gusta que hables de ese modo. +Aunque hay algo de exagerado, no poca precipitación, y cierto alarde +melodramático en los proyectos de don Lorenzo, no puede desconocerse +que su conducta es la de un hombre de bien. + +EDUARDO. + +Porque se goza en la desventura de su hija. + +DUQUESA. + +Porque cumple leyes divinas sin respeto a pasiones humanas. + +EDUARDO. + +Pues si tan honrado es don Lorenzo y el brillo de acciones nobles se +hereda, rico en nobleza heredada viene a ser el ángel de mi vida. + +DUQUESA. + +Y rico en heredada deshonra también. (_En voz baja con energía, y +acercándose a su hijo_). Inés no tiene un nombre bueno o malo que +llevar, porque se ignora cuál es el de su padre, y el de esa mujer está +en los infames registros de una casa de corrección por delito de robo. + +EDUARDO. + +¡Calla! + +DUQUESA. + +Ser nieta de una humilde nodriza, cómplice de usurpación de estado +civil, es el bello ideal de esa pobre niña, si lo que don Lorenzo +afirma es cierto. Será tal vez exceso de orgullo aristocrático rehusar +tan noble alianza, pero así me han hecho las que tú, educado a la +moderna, consideras rancias preocupaciones. + +EDUARDO. + +Pues bien, madre. Yo amo a Inés. + +DUQUESA. + +Loco estás, hijo mío. + +EDUARDO. + +Locura dicen que es el amor; conque no es maravilla que lo esté. + +DUQUESA. + +Sí, lo estás, y a mí misma me haces perder el juicio. + +EDUARDO. + +¿Prefieres perderme a mí? + +DUQUESA. + +Basta, Eduardo: salgamos de esta casa donde en mal hora entraste por +vez primera. + +EDUARDO. + +Pero dime; ¿no es Inés un ángel? + +DUQUESA. + +Ángel del cielo me pareció la pobre niña al llegar; ángel de dolor, al +dejarla. + +EDUARDO. + +¿No confiesan todos que don Lorenzo es un sabio, y no dices tú que es +un santo? + +DUQUESA. + +Injusticia fuera negarle clarísimo talento y honradez intachable. + +EDUARDO. + +¿Luego no está el mal en ellos? + +DUQUESA. + +No lo está. + +EDUARDO. + +Pues el escándalo ¿no puede evitarse? (_Acercándose a su madre, y +en voz muy baja_). ¿Quién conoce esa desdichada historia, verdadera +o falsa, que más falsa que verdadera me parece? Nosotros..., y +callaremos. Don Tomás, y es como de la familia. Esa infeliz mujer, y en +breves horas un eterno silencio sellará sus labios. Don Lorenzo, y al +fin es padre y hará por su hija lo que tú no quieres hacer por mí. ¡Oh, +madre mía!, ¿a qué buscar la desesperación y la muerte cuando está la +dicha en nuestras manos? + +DUQUESA. + +Pero ¿lo ves, desdichado? ¿Ves cómo el contacto del crimen pervierte +los más nobles caracteres? ¿No conoces que me propones una infamia, que +me quieres hacer cómplice de una felonía? Dios mío, ¿qué han hecho de +mi hijo que tales cosas dice y tales ideas acaricia? + +EDUARDO. + +Pero ¿quién habla de infamias ni quién propone felonías? ¿Es que +don Lorenzo nos hace a todos perder la razón, o es que te deleita mi +martirio? + +DUQUESA. + +Pero ¿no hablabas de evitar el escándalo con el silencio? + +EDUARDO. + +Sí. + +DUQUESA. + +¿Pues entonces?... + +EDUARDO. + +Escucha, madre, lo que yo dije o lo que quería decir. Si la historia de +don Lorenzo es cierta, que lo dudo, se busca con sigilo y con cautela a +los legítimos herederos de esa maldecida fortuna, y de ella se les hace +donación en cualquier forma. + +DUQUESA. + +Pero ¿con qué pretexto? + +EDUARDO. + +Para pedir no fuera fácil encontrarlo; para dar no temas que nos falten +y todos han de parecer igualmente buenos al que reciba. + +DUQUESA. + +Pero Inés llevará un nombre que no le pertenece. + +EDUARDO. + +Llevará el mío, que vale por todos. + +DUQUESA. + +¡Ah, en eso razón tienes! Pero don Lorenzo... + +EDUARDO. + +Déjale en paz, que harto tiene que hacer con sus filosofías. Pensemos +en nosotros, y piensa que todo, todo puede arreglarse si tú consientes. +Una palabra tuya da la vida a la pobre Inés: nueva vida me da, que +con tu crueldad me arrancabas la que me diste con tu amor; devuelve +la dicha a esta infeliz familia; y sin escándalo, ni ostentación, ni +aparatoso alarde pasan a sus legítimos dueños las usurpadas riquezas. +¿Dónde están aquí la infamia y la felonía? + +DUQUESA. + +Me fascinas, Eduardo, no sé qué decirte; pero una voz interior me +advierte que esto no es lo justo ni lo recto; que la ficción nunca es +preferible a la verdad; que en don Lorenzo, a pesar de sus delirios, +triunfa el deber; que en ti, a pesar de tus argucias, la pasión triunfa. + +EDUARDO. + +Pero ¿por qué? Contéstame. + +DUQUESA. + +No sé discutir contigo, Eduardo. + +EDUARDO. + +Lo que no sabes es quererme. + +DUQUESA. + +¡Que no te quiero! ¡Cruel! ¡No lo crees tú al decirlo, pero el corazón +se me oprime al escucharlo! + +EDUARDO. + +Pues cede. + +DUQUESA. + +¡Hijo mío, por Dios! + +EDUARDO. + +Vas a ceder, bien lo veo: tu frente está pálida: en tus ojos hay +lágrimas: tiemblan tus labios. (_Con voz cariñosa_). Es que ya se +agitan para decirme que sí; ¿y por qué no? En lo que yo he pensado +¿hay alguna cosa que no armonice por manera absoluta con ese ideal de +perfección moral que tú y don Lorenzo acariciáis? ¿Hay en mi plan algo +malo? + +DUQUESA. + +Sí, Eduardo. + +EDUARDO. + +¡Será tan poco! ¡Un átomo, una sombra, un escrúpulo! ¿Y no merezco yo +la pena de un pecadillo venial? Busca en el pueblo, a quien a veces +tratas con harto desdén y del que te separa como abismo profundo tu +aristocrática educación, busca una madre y pregúntale si por la vida +de su hijo no ahogaría en un grito de amor todos esos refinamientos de +conciencia. + +DUQUESA. + +¡Es que lo que otra madre haga soy yo capaz de hacerlo! (_Con +apasionado arranque_). + +EDUARDO. + +(_Abrazándola_). ¡Gracias, gracias, madre mía! + +DUQUESA. + +Pero... + +EDUARDO. + +Lo has dicho, lo has dicho. (_Sin dejarla hablar_). Y además tal vez +nada de esto sea necesario. ¿Quién nos asegura que la historia de don +Lorenzo es cierta? ¿Qué pruebas materiales hay? Ninguna, que sepamos. +El dicho de una mujer que agoniza y delira. ¿Y esto basta? + +DUQUESA. + +No, en verdad. + +EDUARDO. + +Pues ni aun esto tenemos: porque todavía don Tomás no ha podido +interrogar a Juana. ¿Sabemos si ella lo dijo o si don Lorenzo lo soñó? +¡Ah, la cabeza de don Lorenzo no está segura! + +DUQUESA. + +No lo está, no. + +EDUARDO. + +¡Qué exaltación, qué extravío! + +DUQUESA. + +Yo pensé que se había vuelto loco. + +EDUARDO. + +Y lo estará. Estos sabios concluyen por locos todos ellos. El mismo don +Tomás reconoce, la misma Ángela confiesa que don Lorenzo no discurre +como otros hombres. + + +ESCENA III. + +LA DUQUESA, EDUARDO, ÁNGELA por la derecha. + + +ÁNGELA. + +Por Dios, señora, no nos deje usted todavía. Inés quiere verla; la +llama a usted anegada en llanto: usted es su único consuelo. + +DUQUESA. + +¡Pobre niña! + +ÁNGELA. + +Dejó el lecho sin que pudiéramos evitarlo, porque su agitación nerviosa +es tal que infunde miedo, y quiso venir a buscar a usted, pero le +faltaron las fuerzas. Vaya usted, por Dios, duquesa, a consolar a mi +hija: a usted que es madre cariñosa, otra madre muy desgraciada se lo +ruega. + +EDUARDO. + +¿Y le vas a decir que todavía hay esperanza, que todo depende de don +Lorenzo, no es verdad? + +ÁNGELA. + +¡Cómo! ¿Será cierto? ¡Ah, señora! (_Se acerca a la Duquesa y le coge +las manos con efusión_). + +EDUARDO. + +Sí, yo le explicaré a usted... (_A Ángela_). Conviene que hable usted +al alma a su esposo. + +DUQUESA. + +Pero... (_Eduardo sin atender a su madre se separa a un lado con +Ángela, y los dos hablan en voz baja_). ¡Este Eduardo, este hijo mío +(_Aparte_) hace de mí cuanto quiere! ¿Qué le digo yo a la buena señora, +si él asegura que ya estoy conforme?... ¡Ah, qué cabeza!... Y la niña +es hermosa como un ángel y simpática como ninguna. ¡Pobre Inés! Y don +Lorenzo posee..., o poseía una fortuna regia... ¡Ah, grandezas y +vanidades humanas! + +ÁNGELA. + +Comprendo... Comprendo. (_A Eduardo: después se vuelve a la Duquesa_). +¡Cómo le agradezco a usted tanta bondad! Lleve usted pronto la buena +nueva a mi pobre Inés: yo entretanto procuraré que Lorenzo consienta, y +consentirá. Sí: es preciso. O no tiene corazón, o ha de consentir. + +EDUARDO. + +Vamos, madre. + +DUQUESA. + +(¡Cómo ha de ser!) + +EDUARDO. + +¡Qué buena eres! (_Salen por la derecha la Duquesa y Eduardo_). + + +ESCENA IV. + +ÁNGELA, DON LORENZO, este último por la izquierda. + + +DON LORENZO. + +Ahí mi madre que expira..., y allá aquel pedazo de mi alma... ¿Qué +hacer, Dios mío? (_Se dirige lentamente a la puerta de la derecha, pero +en el momento de entrar, Ángela le cierra el paso_). + +ÁNGELA. + +¿A dónde vas, Lorenzo? + +DON LORENZO. + +A ver a mi hija. + +ÁNGELA. + +Imposible... Ya volvió en sí y tu presencia pudiera causarle mucho mal; +tanto, por lo menos, como el que tus palabras le causaron. + +DON LORENZO. + +Es que yo quiero verla. + +ÁNGELA. + +Es que no debes verla; y ya que en ti el deber siempre impera, no +por mi voluntad, que nada es ante la tuya, por tu propia y reflexiva +voluntad (_Con ironía_) respetarás el solitario llanto de la pobre Inés. + +DON LORENZO. + +Tienes razón. (_Pausa. Vienen los dos al centro del escenario_). ¡Hija +de mi alma! ¿Qué dice de mí? + +ÁNGELA. + +Nada. + +DON LORENZO. + +¿No me acusa? + +ÁNGELA. + +No sé lo que en el fondo de su alma murmurará el dolor. + +DON LORENZO. + +¡Ser yo su verdugo! ¡Yo destruir todas sus esperanzas! ¡Haber +desgarrado yo su corazón! + +ÁNGELA. + +Conciencia perfecta tienes de tu obra, Lorenzo. Menos malo, si a la +reparación te ayuda el remordimiento. + +DON LORENZO. + +¡Desdichado de mí! + +ÁNGELA. + +¡Tú desdichado! La desdichada es ella, no tú, que en la contemplación +de tus perfecciones morales y altas virtudes encontrarás de seguro +goces inefables y divinos consuelos. (_Con ironía_). + +DON LORENZO. + +¡Qué mal me juzgas, y qué mal me comprendes! + +ÁNGELA. + +¡Juzgarte mal, y admiro humildemente los frutos de tu santidad! ¡No +comprenderte! En esto sí que dices bien, que seres superiores, como +tú, no están al alcance de pobres inteligencias como la mía. (_Con +sarcasmo_). + +DON LORENZO. + +Tus palabras, Ángela, se me clavan como agudos puñales en el corazón. + +ÁNGELA. + +¿En el corazón? ¡Imposible! + +DON LORENZO. + +Pero ¿qué querías que hiciese? Habla, aconseja, resuelve, da luz a mi +espíritu que en tinieblas se agita. + +ÁNGELA. + +¿Qué quería que hicieses? Lo que ahora quiero. Que salves la vida de tu +hija. Que no pongas más obstáculos a su boda. Que no irrites el orgullo +de la duquesa con brutales e inútiles revelaciones. Que no hagas +imposible con un nuevo escándalo el remedio del daño que causaste. + +DON LORENZO. + +En puridad; tú quieres que calle. + +ÁNGELA. + +Sí, que calles. + +DON LORENZO. + +Pero eso sería infame. + +ÁNGELA. + +No lo sé: siento; no discuto. + +DON LORENZO. + +Es que todo mi ser se subleva ante esta idea. ¡Yo, cómplice del más +repugnante de los delitos, porque es el más cobarde! ¡Yo, gozando +riquezas usurpadas, y nombres postizos, y dichas que no son nuestras +porque Dios no quiso que lo fuesen y pues Él no lo quiso no deben +serlo! ¡Inés, y tú, y yo, y todos, encharcados en el fango! ¿Es esto +lo que me aconsejas? (_Exaltándose por grados_). Entonces la virtud +es una mentira: entonces vosotras, los seres que yo más amé en el +mundo, porque en vosotras veía algo divino, sois miserables egoístas, +repulsivas al sacrificio, presas de la codicia, juguetes de la pasión: +entonces... ¡sois tierra y no más que tierra! ¡Pues si sois tierra, +deshaceos en polvo, y arrástrenos a todos el viento de la tempestad! +(_Con extrema violencia_). + +ÁNGELA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¡Seres sin conciencia y sin albedrío son átomos que hoy se juntan y que +mañana se separan! ¡Allá va la materia, dejadla ir! + +ÁNGELA. + +¡Tú deliras, Lorenzo! ¡Yo no te comprendo! ¡Yo no sé lo que quieres! + +DON LORENZO. + +Respetar la justicia y la verdad. + +ÁNGELA. + +¿La verdad? + +DON LORENZO. + +Sí. + +ÁNGELA. + +¿Y la dirás en voz alta a todo el mundo? + +DON LORENZO. + +La diré. + +ÁNGELA. + +¿Y nos dejarás en la miseria? + +DON LORENZO. + +Ganaré vuestro sustento y el mío con mi trabajo. + +ÁNGELA. + +¿Ganar tú? ¡Vanidad de sabio! Pero sea. Oye, Lorenzo. Si esas riquezas +no son tuyas, devuélvelas enhorabuena. (_Lorenzo da un grito de alegría +y se acerca con los brazos abiertos a Ángela_). Ni las privaciones me +asustan, ni soy la mujer miserable y egoísta que tú pintabas ha poco. + +DON LORENZO. + +Ángela, mi buena Ángela, perdóname. + +ÁNGELA. + +¿Quieres mi perdón? ¿Quieres que siga bendiciendo, como siempre +bendije, la hora en que fui tu esposa? + +DON LORENZO. + +Sí. + +ÁNGELA. + +Pues bien; cumple como hombre honrado; pero en el silencio, con +prudencia, sin ruido, sin ostentación, sin escándalo. + +DON LORENZO. + +¿Y para qué? Si no querrá la duquesa, ni aun de ese modo, que Eduardo +sea el esposo de mi hija. + +ÁNGELA. + +Eduardo responde del consentimiento de su madre. + +DON LORENZO. + +No cederá. + +ÁNGELA. + +Cederá: es mujer; es madre. No todos alcanzan tu perfección. + +DON LORENZO. + +No lo creo. + +ÁNGELA. + +¿Es que no lo crees, o es que lo temes? + +DON LORENZO. + +Mas suponiendo que cediese, ¿cómo he de conservar un nombre que no es +mío? + +ÁNGELA. + +¡Ah miserables sutilezas, a las que sacrificas la vida de Inés! + +DON LORENZO. + +Un nombre, Ángela, es en la vida social... + +ÁNGELA. + +Un nombre es un sonido, aire que se agita, algo que pasa; ¡vanidad +humana! Y una hija es un ser que está hecho de nuestra propia carne +y de la sangre de nuestras propias venas; un ser que al brotar de la +nada recogimos en nuestro seno, y que al venir al mundo recibimos en +nuestros brazos; que nos dio su primera sonrisa y su primer beso y su +primer llanto; que vivió de nuestra vida, y fue a la par nuestro placer +más puro y nuestro más agudo dolor; un ser a quien amamos más que a +nosotros mismos, pero sin la levadura egoísta que afea todos nuestros +demás amores; único amor divino que existe en la tierra y que si el +cielo es cielo, allá tras lo azul y en el mismo Dios existirá también. +Escoge ahora, ¡impío!, entre lo que tú llamas un nombre y lo que yo +llamo una hija. + +DON LORENZO. + +Tus palabras me enloquecen, Ángela. + +ÁNGELA. + +Pues enloqueciste para tormento de Inés, ¿qué mucho que enloquezcas +para su dicha? + +DON LORENZO. + +Ángela..., Ángela..., en parte... sí..., tienes razón... soy un pobre +demente..., mis escrúpulos son quizá exagerados. ¡Mi hija, mi Inés, tan +buena, tan hermosa! ¡Y moriría..., sí..., moriría!... + +ÁNGELA. + +Al fin... ¡Lorenzo, mi buen Lorenzo! + +DON LORENZO. + +Pero aguarda..., no..., mis ideas se confunden... ¡un torbellino de +fuego gira dentro de mi cráneo! Sin embargo, aun así comprendo que no +basta renunciar a los bienes que poseo; es preciso que diga por qué +renuncio a ellos. + +ÁNGELA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +(_Sin escucharla y como hablando consigo mismo_). De otro modo +devuelvo materialmente bienes también materiales, es verdad; pero sin +reconocer el legítimo derecho de las personas a quienes he despojado; +restituyo, pues, traidora y cobardemente, y a la sombra de otro derecho +artificioso y vano que para comodidad mía y beneficio de mi familia yo +forjé con malas artes, lo que debí restituir en toda su integridad. + +ÁNGELA. + +¡Cuántas palabras altisonantes, Lorenzo! + +DON LORENZO. + +(_Sin atenderla_). Al conservar un nombre que no es mío soy un +miserable ladrón, es preciso decirlo por más que la palabra me queme +los labios. Robo un nombre y un derecho; privo a mis víctimas de sus +más poderosos medios de defensa contra la codicia que en cualquier +tiempo pueda despertarse en mis sucesores, y doy quizá ocasión en lo +futuro a nuevas iniquidades. ¿Lo ves?... ¿Lo ves, mujer ciega? Hay que +decir la verdad, toda la verdad, en voz alta, suceda lo que quiera. + +ÁNGELA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +Un juez, un tribunal ¿me despojaría por su sentencia solo de mis +bienes, o de mis bienes y de mi nombre a la vez? De todo, de todo, ¿no +es verdad? Pues lo que un juez hiciera debo hacerlo yo, juez de mí +mismo, o soy un miserable. Ahí tienes, ahí tienes, desdichada, lo que +me grita la conciencia. No, yo no quiero ser honrado a medias, porque +en todo aquello en que no sea enteramente honrado seré infame por +entero. ¡Ah!, estas cosas son muy claras: nada más claro que el deber. + +ÁNGELA. + +Pero entonces, siendo el hecho público, la duquesa no consentirá. + +DON LORENZO. + +No consentirá: ya te lo decía yo. + +ÁNGELA. + +¡Ah! ¡Lorenzo, Lorenzo; lo eres todo: filósofo, moralista, +jurisconsulto y, por de contado, hombre de bien! ¡Todo, todo..., +miserable máquina de pensar, todo menos padre! + +DON LORENZO. + +Quieres volverme loco, y has de conseguirlo. + +ÁNGELA. + +Ya no es posible. + +DON LORENZO. + +¿Lo estoy? + +ÁNGELA. + +Lo estás, y cuenta que no has llegado a lo más profundo del abismo. +Óyeme, que yo también entiendo algo en esto de la lógica: al fin soy tu +mujer. ¿Vas a decir la verdad, toda la verdad? + +DON LORENZO. + +Toda. + +ÁNGELA. + +¿A la justicia humana? + +DON LORENZO. + +A la justicia divina inútil me parece, que ya en este momento nos está +juzgando a los dos. + +ÁNGELA. + +Compréndeme, Lorenzo. Quiero decir si repetirás todo lo que nos +contaste, ha poco, al juez, al escribano, ¿qué se yo?, a los que han de +recoger estos bienes que tú abandonas y han de entregarlos a sus dueños. + +DON LORENZO. + +Sí, a esos. + +ÁNGELA. + +¿Y referirás toda la historia? + +DON LORENZO. + +Preciso será. + +ÁNGELA. + +Pues atiende. Tendrás que decir que esa mujer, tu nodriza Juana, es tu +madre. + +DON LORENZO. + +De ese modo lavaré la mancha que sobre ella arrojó una sentencia +inicua. Bastara esto solo para que el silencio que me aconsejas fuera +un crimen. + +ÁNGELA. + +Y esto solo basta para que sea un deber el silencio. ¿No ves, +desdichado, que si Juana es inocente del delito que se le imputó, es +reo de un delito mayor? ¡Usurpación de estado civil se llama! Bien +lo sabes. Falsificar la familia, que es escarnecerla y destruirla; +arrancar un inmenso caudal a sus legítimos dueños, que es algo más que +recoger del suelo un medallón; cubrir un nacimiento ilegítimo con un +nombre honrado, que es envolver en manto de armiño la podredumbre del +vicio. Si Juana es tu madre, todo esto ha hecho Juana, y en su maldad +ha persistido durante cuarenta años. + +DON LORENZO. + +(_Separándose de Ángela y oprimiéndose la cabeza con las manos_). +¡Calla, calla, por Dios santo! + +ÁNGELA. + +Eso te pido yo: ¡calla! + +DON LORENZO. + +¡Es mi madre! + +ÁNGELA. + +¿Y qué importa? Quien inmola a la hija inocente, ¿por qué ha de +respetar a la madre culpable? ¿No son superiores las leyes divinas a +las leyes humanas? ¿No es lo primero la justicia, el deber, la verdad? +¿No han de prevalecer los fueros del alma sobre las flaquezas de la +carne? + +DON LORENZO. + +Tienes razón; pero aun teniéndola, deliras. (_Huyendo de Ángela_). + +ÁNGELA. + +¿Por qué? Mira que vas siendo tan vulgar y tan débil como esta pobre +madre. ¿No exige el deber que dejes morir a tu hija? Pues muera. ¿No +exige que tú mismo arrastres a Juana moribunda al calabozo? Pues allá +con la anciana. Ya ves como yo también entiendo de estas cosas: ya ves +como tengo yo también mi lógica. + +DON LORENZO. + +¡Lógica del infierno! + +ÁNGELA. + +Y la tuya ¿de qué sublime esfera descendió? + +DON LORENZO. + +(_Huyendo de Ángela_). Déjame..., déjame..., no puedo más. ¡Inés de +mi alma! ¡Madre mía!... ¿Qué mal te hice, Ángela, para que así me +atormentes? (_Viene a caer ya sin fuerzas en el sillón inmediato a la +mesa_). ¡Ah, mi cabeza, mi cabeza arde! + +ÁNGELA. + +Lorenzo..., Lorenzo... (_Con dulzura_). + +DON LORENZO. + +Sí: tienes razón... Sí: soy un pobre demente... ¿Qué sé yo lo que debo +hacer?... ¡Todo es sombra! ¿Qué es la verdad, qué es la mentira? + +ÁNGELA. + +(_Aparte_). Fui muy cruel, pero salvé a mi hija: no hablará. (_Lorenzo +está sentado, desplomado más bien, en el sillón; tiene los brazos sobre +la mesa y en las manos oculta el rostro. Ángela se acerca a él con +cariño y le habla con dulzura_). Lorenzo, perdóname. + +DON LORENZO. + +¡Vete, vete por Dios! + +ÁNGELA. + +Quise mostrarte el abismo en que caías: quise salvar a Inés; quise +salvarte a ti de tus propios furores. + +DON LORENZO. + +Sí..., sí, Ángela..., lo comprendo..., pero déjame. + +ÁNGELA. + +¿Me perdonas? + +DON LORENZO. + +Te perdono..., y te amo... ¡Pobre Ángela, tú también padeces! Pero +deseo estar solo. + +ÁNGELA. + +Pues bien, me voy; pero no te aflijas: ya buscaremos camino de +salvación. Diré a Inés que quieres verla ¿No deseas estrecharla contra +tu pecho? + +DON LORENZO. + +Si ella quiere... (_Con tono sumiso_). + +ÁNGELA. + +Pues espérame aquí: vendré a llamarte, y allá, cerca de nuestra pobre +niña, todos reunidos, animados del mismo deseo, aunando nuestras +voluntades, tú has de ver cómo vencemos la fatalidad que hoy nos abruma. + +DON LORENZO. + +La venceremos..., sí, la venceremos... (_Repitiendo lo que oye sin +saber lo que dice_). + +ÁNGELA. + +Adiós... y no me guardes rencor. + +DON LORENZO. + +¡Rencor!... ¡A ti! + +ÁNGELA. + +¡Adiós! + + +ESCENA V. + +DON LORENZO. + +Sentado a la mesa y con aire de profundo abatimiento. La chimenea arde +con luz rojiza: la habitación aparece envuelta en grandes sombras que +se condensan fantásticamente en los cortinajes. Larga pausa. + + +DON LORENZO. + +Ya estoy solo. ¡Cuántas sombras por todas partes! ¡Qué poco brilla +esta luz! Mejor: crezcan las tinieblas: ¡a mí la oscuridad! En ella es +donde se nos aparece más luminosa la conciencia. Quiero el bien, pero +no sé dónde está: mi voluntad es fuerte, pero mi razón se ofusca. Tres +nombres relampaguean ante mis ojos en la negra noche en que me agito. +¡Ángela, Juana, Inés! ¡A mi calvario me lleva mi destino y sin quejarme +subo la cruz de mis dolores! Pero vosotras, pero tú, Inés mía, ¿por +qué habéis de precederme marcando con vuestras lágrimas el camino que +han de ensangrentar mis plantas? Yo solo... sea; pero vosotras, no. +¡Ah, Dios mío, que la luz de mi conciencia se apaga: que mi voluntad +desfallece: que la desesperación se apodera de mi espíritu! Yo anhelo +el bien, y en ti lo busco. ¡Señor, ven a mí; ven, que yo te llamo! +¡Sombras que me rodeáis; espacio en que dolorido me revuelvo; tiempo +que eres para mí eternidad de congojas; y tú, silencio augusto, que por +algo compasivo me escuchas, llamad todos a vuestro Dios, que mi voz no +le alcanza! ¡Decidle que no quiero que muera mi hija; que aparte de +ella el cáliz de la amargura, y que todo lo agote entre mis labios! ¡A +mí todo..., a ella no! ¡Es tan hermosa, es tan buena, es tan pura!... +¡Ella no! ¡Ella no, Dios mío! (_Deja caer la cabeza sobre la mesa y +llora amargamente. Pausa_). + + +ESCENA VI. + +DON LORENZO, JUANA. + +Aparece en la puerta de la izquierda y en ella se detiene. + + +DON LORENZO. + +Jirones de sombra han pasado ante mis ojos. (_Pausa_). ¿Será todo esto +un sueño? No: Juana está ahí dentro; y la prueba..., la prueba..., +(_Abre el pupitre y saca un pliego_) la prueba es esta. No es un sueño +por desgracia: es la realidad implacable y terrible. Cien veces la he +leído, y no me sacio de leerla: «Te he querido como hijo aunque no lo +has sido nuestro»... ¡Aunque no lo has sido nuestro!... + +JUANA. + +(_Aparte y observándole_). Está leyendo..., leyendo la carta de la que +creyó madre suya. Su madre soy yo: nadie más que yo. (_Avanza, aunque +con trabajo, algunos pasos_). ¡Cuánta tristeza en su frente! ¿Hay +lágrimas en sus ojos?... ¿En sus ojos? No sé. Quizá estén en los míos +que le miran. En él o en mí están: yo veo lágrimas en alguna parte. +(_Da algunos pasos más_). ¿Llorar él? ¿Por qué? ¿Porque soy su madre? +¿Sentirá que yo sea su madre? Pero ¿qué le importa si nadie más que él +sabe mi secreto, y yo voy a morir? Sí, a morir..., a morir muy pronto. +La noche eterna y fría va penetrando hasta lo más profundo de mi ser: +algo muy negro está dentro de mí. (_Da un paso más, vacila y se apoya +en la mesa para no caer. Lorenzo se vuelve hacia ella_). + +DON LORENZO. + +¡Juana! + +JUANA. + +¡Siempre ese nombre! + +DON LORENZO. + +¡Madre! + +JUANA. + +Te enoja que lo sea; bien lo conozco. + +DON LORENZO. + +¡Que tal pienses de mí! + +JUANA. + +Pues si enojos no son, será vergüenza de tenerme por madre. + +DON LORENZO. + +¿Avergonzarme yo? Mañana sabrá todo el mundo que yo soy tu hijo. + +JUANA. + +¡Mañana! ¿Qué intentas? Tardo está ya mi oído, y sin duda no comprendí +lo que dijiste. (_Con espanto_). + +DON LORENZO. + +Dije mal. Mañana no. Es preciso que antes salgas de España, y cuando +estés en sitio seguro, porque a veces la justicia de los hombres es +muy cruel, yo proclamaré la verdad en voz alta; yo me despojaré de +un nombre que no es mío; yo devolveré riquezas usurpadas. Es ya cosa +resuelta. + +JUANA. + +¡Jesús de mi vida! + +DON LORENZO. + +Y después con Ángela y con mi pobre niña iré a buscarte. + +JUANA. + +¿Tú en la miseria, tú en la deshonra, tú sin más nombre que un nombre +escarnecido y manchado? Pero ¿por qué? ¿Por qué? ¿Quién te obliga a +ello? Habla, hijo mío, que me haces perder el juicio. ¿Quién? + +DON LORENZO. + +Mi conciencia, madre, y tu culpa. + +JUANA. + +Pero ¿piensas decir la verdad? + +DON LORENZO. + +¿Por qué me la dijiste a mí? (_Con enojo_). Si yo nada hubiese +sabido..., no tendría hoy que dar la muerte a mi hija. + +JUANA. + +¿Por qué?... ¡Y me lo preguntas! ¡Y no lo comprende! ¡Ingrato! (_Oculta +el rostro entre las manos y llora amargamente_). + +DON LORENZO. + +¡Madre! + +JUANA. + +Porque iba a morir..., porque voy a morir..., y antes era preciso que +supieses lo que por tu felicidad hizo esta pobre mujer. Además... +quería que una vez al menos me llamases madre. Por esto..., nada más +que por esto... Porque del corazón me subía a la garganta y me ahogaba +algo, que al fin no pude contener, y tuve que decirte ¡eres mi hijo! + +DON LORENZO. + +Te comprendo, madre mía, y no te acuso. + +JUANA. + +Pero tú no piensas hacer lo que has dicho, ¿no es cierto? ¡Fuera una +infamia para con tu familia, fuera una crueldad para con esta pobre +anciana! + +DON LORENZO. + +Crueldad, sí; infamia, no: que con esta crueldad otras infamias borro. + +JUANA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¡Perdóname! + +JUANA. + +¿Dices que yo cometí una infamia? (_Asombrada_). + +DON LORENZO. + +Nada digo. + +JUANA. + +¡Pero fue por ti..., por ti..., por ti, hijo mío! (_Con voz cada vez +más ahogada. Lorenzo permanece silencioso, sombrío y sin volverse hacia +su madre_). ¡Fue por él, Dios mío, y así me paga! ¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +El mal no puede prevalecer: la obra de iniquidad se arruina bajo su +propio peso: mi sacrificio lavará tu culpa. + +JUANA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +(_Acercándola a la luz, poniendo en su mano la carta y obligándola a +leer_). ¿Qué dice ahí? + +JUANA. + +«Perdóname y que Dios te inspire». (_Sentándose y leyendo con trabajo_). + +DON LORENZO. + +Pues bien, madre, la perdoné y he pedido inspiración al cielo: tus +súplicas son inútiles. + + +ESCENA VII. + +JUANA, DON LORENZO, ÁNGELA por la derecha. + + +ÁNGELA. + +Lorenzo, Inés te llama. (_Desde la misma puerta de la derecha y sin +penetrar en la habitación_). + +DON LORENZO. + +¡Ella!..., ¡mi hija!..., sí, voy... Perdóname, madre mía, volveré muy +pronto. + +JUANA. + +(_Deteniéndole, y en voz baja_). Ya sé que me desprecias; ya sé que me +odias... + +DON LORENZO. + +¡Madre! + +JUANA. + +Pero no por mí, por ella, por esa niña... (_Incorporándose_). + +DON LORENZO. + +Ni aun por ella. (_Con desesperación_). + +JUANA. + +¡Ah! (_Cae en el sillón y se cubre el rostro con las manos. Salen +Lorenzo y Ángela_). + + +ESCENA VIII. + +JUANA, queda con el papel en la mano. + + +JUANA. + +¡Ni aun por ella! (_Sollozando_). Sacrifícate, Juana, por tu hijo: +renuncia a sus caricias: clávate las uñas en el pecho al verle besar +a otra mujer y llamarla madre: bebe por dentro lágrimas de amargura y +recógelas en el corazón hasta que rebose o estalle: recibe en la frente +marca infamante: consúmete de miseria y de dolor en una buhardilla +veinte años sin más dicha ni más consuelo que verle pasar a lo lejos +en su coche. ¡Ay, Dios mío, yo muero! (_Pausa: después reanimándose +un tanto_). Más..., más aún... Tú, pobre Juana, sufriendo todo lo +que he dicho; y en cambio, hazle rico, sabio, ilustre, bueno, y... a +la hora de la muerte preséntate a él, solo a pedirle un beso, solo +buscando que te diga: «¡Qué buena eres, cuánto me has querido!...», y +él no te dirá nada de eso: te mirará triste y severo..., te dirá que +cometiste una infamia..., que es preciso que él borre tu culpa..., +que tu obra es... obra de iniquidad... ¡Obra de iniquidad!... ¡Ah, +Lorenzo, hijo mío!... ¿Por qué eres tan cruel? ¿Por qué arrojas con +desprecio todo lo que a costa de mi felicidad te he dado?... ¡Mira +que me cuesta muchas lágrimas! (_Cambiando de tono, levantándose con +arranque de desesperación y viniendo a la derecha_). ¡Y mi sacrificio +habrá sido inútil! ¡Y habré perdido yo mi dicha y le habré perdido a +él! ¡Insensata, egoísta! ¿Por qué le dije la verdad? (_Pausa_). Pues +no ha de ser; no ha de ser: la obra de iniquidad no amenaza ruina +todavía, pobre visionario. ¡Yo lo negaré todo! (_Con voz apagada_). +Serás feliz, y rico, y poderoso a tu pesar. Él puso en mis manos +la única prueba. (_Tendiendo el brazo hacia la mesa en que está el +papel_). Bueno, bueno: entre su madre y su hija van a salvarle: +¡extraña coincidencia! Ella llamándole le obliga a alejarse, y yo me +quedo... Ea... Agotemos las fuerzas que me restan. Ahora me acerco poco +a poco, y entre las sombras... Así fue de oscura aquella noche en que +mi ama vino a buscarme al lecho y murmuró en mi oído: ¿quieres que tu +hijo sea rico y feliz? Y yo dudé..., y luego dije que sí... Y ahora... +Y ahora digo que sí. (_Llegándose a la mesa. Pausa_). ¿Vuelve Lorenzo? +(_Aplicando el oído_). Sí; me parece que vuelve... ¡Y me pedirá la +carta como antes me la pidió!... Vamos..., al fuego... (_Quiere andar, +pero no puede_). Oigo su voz..., me faltan las fuerzas..., no me da +tiempo... ¡Va a venir!... No..., pues yo no se la doy... Es otra vez +mi presa... ¡Ah!... Ya sé... Ya sé... Pondré dentro del sobre un papel +en blanco para que al pronto nada note... (_Ejecutando la operación +que acaba de indicar_). ¡Obra de iniquidad la llama Lorenzo! ¡Pobre +hijo mío, que a veces es inocente como un niño! Así..., así..., lo dejo +donde estaba..., y este a las llamas... Oigo su voz siempre... pero aún +no viene... Quizá antes de que venga..., sí..., sí..., ya puedo... A +las llamas..., a las llamas. (_Arroja el papel al fuego y se inclina +para verlo arder_). ¡Llama es ya! Su resplandor ilumina el rostro de +mi antigua señora. (_Viendo un retrato que hay en la pared_). Mira, +mira, ya es ceniza; y era la única prueba. ¿La única? No: otra queda, +pues quedo yo; pero muy pronto seré ceniza también. (_Pausa_). Ahora +me voy a mi cuarto... (_Dando unos pasos_). Dios mío, me faltan las +fuerzas... (_Haciendo un esfuerzo y dando unos pasos más_). Pero le +he salvado..., será rico..., feliz... No veo..., no veo... Esa luz se +apaga... ¿Se apaga ella o la de mis ojos? (_Se acerca a la mesa, coge +la vela y de nuevo intenta marchar_). ¡Luz!... ¡Luz!... ¿Dónde está +mi cuarto? ¡Sombras!..., ¡todo sombras! ¡Ay de mí!... ¡Dios mío!... +¡No puedo..., no puedo! (_Deja caer la luz: solo queda iluminada la +habitación por el reflejo rojizo de la chimenea. Ella cae también +detrás de la mesa_). + + +ESCENA IX. + +JUANA, DON LORENZO, INÉS, ÁNGELA, DUQUESA. + +Los cuatro últimos por la derecha. Lorenzo entra como huyendo de su +hija: esta se detiene en la puerta. Viene vestida de blanco: detrás de +ella y medio ocultas por el cortinaje, Ángela y la Duquesa. + + +DON LORENZO. + +(_Viniendo al centro del escenario_). ¡No más! ¡No más! ¡Es la última +prueba! La última, sí; pero, ¡ay!, que mi voluntad vacila. + +ÁNGELA. + +(_Aparte a Inés_). Síguele, no le dejes: cederá. + +INÉS. + +¿Por qué huyes de mí, padre mío? +(_Avanza algunos pasos, muy pocos: detrás de ella Ángela y la Duquesa. +Es preciso dar a esta escena todo el carácter fantástico que en sí +tiene, para que el efecto corresponda a la idea del drama. Don Lorenzo +está en el centro del proscenio manifestando con su actitud, en sus +ademanes y en su entonación, que sostiene una última y desesperada +lucha consigo mismo. Inés, bella y poética, se aproxima lentamente a +su padre: siempre la siguen Ángela y la Duquesa, vestidas de negro, +inspirándola cuanto dice. Juana agoniza. El despacho está envuelto en +grandes sombras: el reflejo de la chimenea ilumina de lleno a Inés_). + +DON LORENZO. + +¡Allí está la tentación! Pero ¡qué hermosa es! ¡Qué aureola de divina +belleza la circunda! ¡Única luz entre tanta sombra! + +ÁNGELA. + +(_Aparte a su hija_). ¿Lo ves? Ya no acierta a resistir... Ruégale..., +ruégale, Inés mía. + +INÉS. + +(_Avanzando_). ¡Ven a mis brazos! + +DON LORENZO. + +(_Retrocediendo_). ¡Ay de mí si los ciñe a mi cuello como dulcísimo +dogal! + +JUANA. + +(_Aparte con voz apagada_). Un dogal al cuello... Tiene razón... + +INÉS. + +¡Por Dios santo, padre mío, por el amor que me tienes; por las lágrimas +de estos ojos que cuando yo era niña tanto querías y tanto besabas! +(_Llevándose las manos al rostro, retirándolas después, y dándoselas a +besar a su padre_). ¡Mira, mira y cómo se desprenden de mis párpados! +Mis dedos las recogieron al caer, bésalas y sentirás en tus labios su +amargura. + +DON LORENZO. + +Sí: las besaré..., las besaré..., pero ¡ay, si una sola de las mías +cayese en los tuyos! + +JUANA. + +(_Aparte_). ¡Caer!... Han dicho caer... ¡Yo también caigo en abismo sin +fondo! Pero antes..., antes... quiero abrazar a mi hijo. + +INÉS. + +¡Padre! (_Lorenzo retrocede. Inés, Ángela y la Duquesa le siguen_). + +ÁNGELA. + +¡Lorenzo! + +JUANA. + +¡Han dicho Lorenzo! Allí..., allí... veo algo... (_Avanzando_). + +DON LORENZO. + +No..., no..., digo mil veces que no... ¡Queréis envilecerme! + +INÉS. + +Y tú, padre mío, ¿quién lo creyera? ¡Quieres mi muerte! Y si no, ¿por +qué te opones a este amor que es mi vida? + +DON LORENZO. + +Yo, Inés mía..., no..., la duquesa..., la duquesa es. + +ÁNGELA. + +No es cierto. La duquesa cede. + +DON LORENZO. + +¡A precio de deshonra! + +DUQUESA. + +No es cierto, Inés: a trueque de silencio. + +INÉS. + +Lo estás oyendo, padre mío. + +DON LORENZO. + +(_Separándose de ellas, rechazándolas y retrocediendo_). ¡Solo oigo +voces que me piden mi conciencia!... ¡Solo veo sombras que entre +las sombras me persiguen! Fantasmas del espacio..., engendros de la +tentación..., ¡dejadme!... ¡Dejadme por Dios vivo; que si sois fuertes +para atormentarme el corazón, sois débiles, muy débiles, para torcer mi +voluntad! + +JUANA. + +¡Su voz!... ¡Lorenzo!... ¡Lorenzo!... (_Llegando a él y abrazándole_). + +DON LORENZO. + +¡Madre! (_Abrazándola también_). + +INÉS. + +(_Amparándose de Ángela_). ¿Qué voz es esa? ¿Quién es esa mujer? ¿Qué +sombra brotó de las tinieblas y ciñó a mi padre con sus brazos? ¡Tengo +miedo! + +DON LORENZO. + +¡Juana!... ¡Madre mía! + +INÉS. + +¡Su madre! ¿Por qué la llama su madre? + +DON LORENZO. + +Porque es mi madre, y porque... he de decirlo. + +JUANA. + +¡Yo! ¿Su madre yo? ¡Jesús, qué idea!... ¡Bien quisiera... serlo! + +DUQUESA. + +¿Oye usted..., oye usted lo que dice? + +ÁNGELA. + +¡Lo niega! + +DON LORENZO. + +¡Lo eres! (_Con violencia_). + +JUANA. + +¡Ah..., pobre Lorenzo mío! (_Con risa forzada_). ¡Hijo de mi alma! (_Al +oído, y abrazándole_). + +DON LORENZO. + +¡Por la tuya, que repitas en voz alta lo que me dices al oído! + +JUANA. + +Yo..., al oído... ¿Pues qué te dije? ¡Ser su madre!... ¡Qué mayor dicha! + +DON LORENZO. + +¡Ah!... ¿Lo niegas? (_Con furor_). + +ÁNGELA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¿Niegas que eres mi madre? (_Con creciente furor_). + +JUANA. + +¿Y cómo no? + +DON LORENZO. + +¡De mí renegaste al nacer yo, y vuelves a renegar a la hora de tu +muerte! (_Con horrible desesperación_). + +JUANA. + +(_Abrazándose a él, y formando los dos un grupo tan estrechamente +unido, que es imposible en la oscuridad conocer si se abrazan ambos, o +si en su furor la estrecha Lorenzo contra sí_). ¡Hijo de mis entrañas! +(_Con voz moribunda, al oído_). + +DON LORENZO. + +¡Eso..., eso!... (_Ya delirante_). + +JUANA. + +¡Yo muero! + +DON LORENZO. + +No..., madre mía. + +DUQUESA. + +¡Jesús mil veces! ¡Ese hombre va a matarla!... ¡Socorro! (_Corriendo +hacia la puerta de la derecha_). + +ÁNGELA. + +¡Eduardo!... ¡Tomás! + +DON LORENZO. + +¡Madre!... ¡Madre!... + +JUANA. + +No... Dios mío... No..., ¡eso no! + + +ESCENA X. + +DON LORENZO, INÉS, JUANA, ÁNGELA, DUQUESA, DON TOMÁS, EDUARDO. + +Los dos últimos, por la derecha con luces. Todos acuden y procuran +separar a Lorenzo de Juana. + + +DON TOMÁS. + +¡Vamos!... ¡Vamos!... + +DON LORENZO. + +¡Madre mía!... ¡Perdón!... ¡Perdón! Si no quieres no te llamaré +madre... ¡Madre mía! + +JUANA. + +A... diós... + +DON LORENZO. + +¡¡Juana!! + +JUANA. + +(_Haciendo un esfuerzo horrible, se levanta como herida en el corazón +por el nombre de Juana, y cae_). + +DON TOMÁS. + +¡Muerta! + +DON LORENZO. + +¡No..., no es posible! (_Abrazándose a su madre_). Para matarla la +llamé ¡madre!..., y el último grito que oyó de mis labios... fue +¡Juana! ¡Ah, Dios mío, Dios mío! ¿Por qué la castigas así, y por qué me +abandonas? + + +FIN DEL ACTO SEGUNDO. + + + + +ACTO TERCERO. + +La misma decoración de los actos anteriores. + + +ESCENA PRIMERA. + +DON TOMÁS, después un CRIADO. + + +DON TOMÁS. + +Todo en calma. Ni se oye el llanto de Inés, ni ruge la cólera de +Lorenzo. Calma precursora de nueva tempestad. (_Pausa_). Momentos hay +en que dudo y vacilo. Él..., él..., mi buen amigo, mi pobre Lorenzo... +Esta idea no me da punto de reposo. En fin, muy luego sabremos la +verdad: entretanto valor, y cumplamos para con esta atribulada familia +deberes sagrados que nadie con mejor deseo que yo ha de cumplir. + +CRIADO. + +Un caballero a quien acompañan dos... que..., vamos..., yo no sé si lo +son..., aunque su traje... En fin, ese caballero me ha dado para usted +esta tarjeta, y allá fuera esperan todos. + +DON TOMÁS. + +(_Mirando la tarjeta_). ¡Ah! ¡El doctor Bermúdez! Que pase, que pase... + +CRIADO. + +¿Y los otros dos? + +DON TOMÁS. + +Que esperen. (_Sale el Criado_). A medida que se aproxima el momento +crece mi ansiedad y crecen mis dudas. ¡Pobre Ángela, qué golpe! ¡Pobre +Inés!... ¡En qué estado de excitación nerviosa se halla la desdichada +niña! ¡Qué lucidez en su mirada! ¡Qué claridad en sus juicios! Nadie +le explicó lo que ocurre... y yo creo que lo sabe todo; y adivina lo +que no sabe, y sospecha lo que no adivina. No: esta situación no puede +prolongarse más: afrontemos la realidad por triste que sea. + + +ESCENA II. + +DON TOMÁS, DOCTOR BERMÚDEZ, después dos loqueros vestidos decentemente, +pero dando a conocer en su fisonomía y en sus maneras que no son lo que +aparentan. + + +DON TOMÁS. + +¡Doctor!... (_Saliendo al encuentro, y dándole la mano_). + +DOCTOR. + +¡Don Tomás!... + +DON TOMÁS. + +Puntual como de costumbre. + +DOCTOR. + +No, vengo con alguna anticipación..., para dejar convenientemente +instalados a esos dos... + +DON TOMÁS. + +Sí, sí, comprendo. + +DOCTOR. + +Los he hecho vestir de manera que don Lorenzo no sospeche..., porque +como solo se trata de esas precauciones generales... + +DON TOMÁS. + +Ya, ya..., muy bien. Es preciso caminar con prudencia. Rapto de furor; +verdadero rapto de furor, como dije a usted, solo ha tenido uno; el de +la otra noche. Pudiera ser que yo me equivocase... + +DOCTOR. + +Mucho lo celebraría..., y usted lo celebraría también. + +DON TOMÁS. + +¡Ay, amigo mío, estoy que no sé lo que me pasa! En fin, su ciencia de +usted, su práctica, su profundísima penetración han de sacarnos de +dudas. + +DOCTOR. + +¡Usted me lisonjea! Estando usted... + +DON TOMÁS. + +No cuente usted conmigo, doctor; no estoy para nada: me declaro +incompetente: se trata de mi mejor amigo: casi de un hermano. Además, +siempre me ha parecido... Usted conoce mi escuela: entre la razón y la +locura no hay una línea divisoria... + +DOCTOR. + +Evidente, evidente; y todos los sabios tienen algo... + +DON TOMÁS. + +Cabal; la excitación del cerebro pasa de cierto límite y... + +DOCTOR. + +Justo. Veremos, veremos lo que puede hacerse por don Lorenzo. Conque +esos dos chicos... + +DON TOMÁS. + +Fácil ha de ser inventar cualquier historia: serán los testigos... o se +le dirá que vienen con el escribano... Cualquier cosa. El pobre Lorenzo +no está para fijarse en estos pormenores. + +DOCTOR. + +¿Y dónde esperan? + +DON TOMÁS. + +Ahí dentro. (_Señalando la puerta de la izquierda_). + +DOCTOR. + +(_Asomándose al fondo_) ¡Eh! ¡Braulio! ¡Benito! (_Entran los dos +loqueros algo cortados y mostrando en sus ademanes toscos y torpes lo +que son_). + +DON TOMÁS. + +Entren ustedes ahí en ese gabinete: si son ustedes necesarios ya se les +avisará, y entretanto, quietos. (_Los loqueros saludan y entran por la +izquierda_). Desde que murió Juana no ha vuelto a entrar Lorenzo en esa +habitación. (_A Bermúdez_). En cerrando la puerta... (_La cierra_). + +DOCTOR. + +(_Mirando el reloj_). Vuelvo en seguida: antes de que llegue el +escribano estoy aquí. Voy... muy cerca... + +DON TOMÁS. + +¿Una visita? + +DOCTOR. + +Sí: un caso muy bonito de locura. (_Ángela entra por el fondo y se +detiene al ver a Bermúdez_). ¿Es?... (_Aparte a Tomás, indicándole con +la mirada a Ángela_). + +DON TOMÁS. + +Sí: la esposa. No hable usted con ella. + +DOCTOR. + +Hasta luego. (_Aparte a Tomás_). Señora... (_Saludando. Sale por el +fondo_). + + +ESCENA III. + +ÁNGELA, DON TOMÁS. + +Ángela sigue con la vista a Bermúdez; después mira hacia el gabinete en +que entraron los loqueros. + + +ÁNGELA. + +¿Quién es ese que sale? ¿Quiénes son dos hombres que vinieron con él? + +DON TOMÁS. + +Cálmese usted, Ángela. Todo se arreglará. Estas son precauciones, pero +necesarias, porque, ¿quién sabe?, puede tener Lorenzo otro rapto de +furor como anteanoche; y por ustedes, por él mismo... + +ÁNGELA. + +No, Tomás, no diga usted eso. + +DON TOMÁS. + +¿No recuerda usted, Ángela, con qué frenesí estrechaba entre sus brazos +el cuerpo moribundo de la pobre Juana? Ahora que nadie nos oye, y en +confianza, yo creo que él... fue... la causa determinante... + +ÁNGELA. + +¡Tomás, Tomás! + +DON TOMÁS. + +Por lo menos apresuró su muerte: y ¿no vio usted cómo en su delirio él +mismo se acusaba? No nos forjemos ilusiones: fue un verdadero ataque +de... + +ÁNGELA. + +(_Llorando_). ¡Lorenzo! ¡Lorenzo mío! + +DON TOMÁS. + +Y la crisis puede volver porque hoy... + +ÁNGELA. + +Sí, ya sé lo que se propone... ¡Ay, Tomás, qué desgraciados somos! ¡Qué +desgraciado es mi pobre Lorenzo! + +DON TOMÁS. + +¿Qué hace ahora? + +ÁNGELA. + +Está muy en calma: escribe, pasea..., quiere estar con Inés y conmigo +como si la soledad le espantase. Hace poco me miró con tristeza, pero +con cariño, me besó en la frente y me dijo «¡Pobre Ángela!». + +DON TOMÁS. + +No contradecirle. + +ÁNGELA. + +No señor: en todo le damos la razón. + +DON TOMÁS. + +¿Y sigue en sus trece? + +ÁNGELA. + +¡Ay, sí señor! De cuando en cuando pregunta qué hora es: se impacienta +porque el escribano no viene y murmura con voz sorda: «Mal que pese al +mundo entero he de cumplir mi obligación». + +DON TOMÁS. + +¡Qué hombre! ¡Qué carácter! + +ÁNGELA. + +Tomás, por Dios santo, que no me engañe usted. ¿Usted cree que +Lorenzo?... ¡No puedo, no puedo pronunciar esa horrible palabra! + +DON TOMÁS. + +Yo nada creo todavía. Veremos, Ángela: veremos, mi buena amiga. +Precisamente para salir de una vez de esta insufrible ansiedad hice +venir al doctor Bermúdez: un alienista de primer orden. + +ÁNGELA. + +¡Pero si es imposible!... ¡Si digo que es imposible! + +DON TOMÁS. + +Ojalá acierte usted, y no debemos perder la esperanza; pero +¿imposible?... ¡Ah, la razón humana es tan poca cosa! + +ÁNGELA. + +¡Ay, mi esposo de mi alma! No..., no quiero..., ¡no ha de ser! (_Con +desesperación_). + +DON TOMÁS. + +Vamos, Ángela, juicio, valor; por aquella pobre niña, por Inés al +menos. Y ¿quién sabe todavía? Veremos qué explicaciones da Lorenzo, qué +pruebas presenta... + +ÁNGELA. + +¡Qué pruebas ha de presentar el desdichado mío, si a la misma Juana +moribunda le oí yo repetir: «No..., no..., no eres mi hijo», mientras +él, frenético, delirante, estrechándola en sus brazos, pugnando por +arrancar de aquel cuerpo, ya casi muerto, una confesión imposible, +la llamaba «¡Madre!» con el grito estridente de la demencia! No me +consuele usted: es inútil: yo sé que nuestra desventura es inevitable. + +DON TOMÁS. + +Harto lo temo. + +ÁNGELA. + +¿Y aquel modo de recibir a la duquesa? Él, tan cortés siempre; siempre +tan fino... + +DON TOMÁS. + +Tiene usted razón: aquel día lo comprendí yo todo; pero nadie se +resigna cuando la fatalidad le hiere tan de repente. + +ÁNGELA. + +Y adorando, como adora, a su hija, ¿quién hace lo que él pretende hacer +hoy? + +DON TOMÁS. + +Nadie, Ángela, nadie, no habiendo perdido el juicio. + +ÁNGELA. + +¿Y usted le ha dicho a Bermúdez?... + +DON TOMÁS. + +Todo no: fuera peligroso; pero lo bastante para que nos dé su opinión. + +ÁNGELA. + +¿Y cuál es? + +DON TOMÁS. + +No he de ocultarle a usted... + +ÁNGELA. + +¡Inútil, Tomás, inútil!... ¡Si yo sé bien que no hay remedio! + +DON TOMÁS. + +Con un buen régimen; separado de aquellas personas que, por lo mismo +que son para él tan queridas, con su presencia han de irritar de +continuo su exagerada sensibilidad... + +ÁNGELA. + +¡Tomás!... + +DON TOMÁS. + +En un buen establecimiento de España o del extranjero... + +ÁNGELA. + +¡Qué..., qué!..., ¿qué quiere usted decir?... ¿Separarlo de nuestro +lado?... ¡Llevárselo! ¡A él..., a él! ¡No, jamás, soy su esposa! ¡No lo +consiento! + +DON TOMÁS. + +La presencia de Inés estimula su delirio. + +ÁNGELA. + +Y la ausencia de su hija será su muerte. + +DON TOMÁS. + +Ahogó entre sus brazos a aquella pobre mujer. + +ÁNGELA. + +No, Tomás, no: en eso no tiene usted razón: en los brazos de Lorenzo no +corre peligro la pobre Inés. ¡Es su hija! + +DON TOMÁS. + +Y él pensaba que Juana era su madre. + +ÁNGELA. + +No ha de ser, Tomás: no ha de ser. ¿Por qué en vez de atormentarme no +busca usted alivio para mis penas? + +DON TOMÁS. + +¡Ángela! + +ÁNGELA. + +Verdad es, mi buen amigo, que no es fácil hallar consuelos para mi +dolor. + +DON TOMÁS. + +Los hay en todo dolor humano, por grande que sea. + +ÁNGELA. + +Menos en este. + +DON TOMÁS. + +En este, más que en todos; y si no, discutamos a sangre fría. + +ÁNGELA. + +¿Y cómo, cuando la fiebre nos abrasa las venas? + +DON TOMÁS. + +Óigame usted. Si lo que afirma Lorenzo fuese verdad; si presentara +pruebas terminantes... + +ÁNGELA. + +Entonces mi Lorenzo no habría perdido la razón: nosotros seríamos los +ciegos y desatentados. ¡Oh, qué dicha! + +DON TOMÁS. + +No tanta, porque entonces les esperaba a ustedes la miseria, la +deshonra, la muerte... + +ÁNGELA. + +¡Calle usted, Tomás! + +DON TOMÁS. + +La muerte digo, además de la miseria, porque Inés moriría. En cambio si +la desgracia de Lorenzo es cierta.... + +ÁNGELA. + +No siga usted..., no quiero pensar en tales cosas. + +DON TOMÁS. + +Pues piense usted en Inés; y con el pensamiento en ella sepa usted, +Ángela, que estas heridas son, triste es decirlo, pero fuerza es +confesarlo, horribles, sí; mortales, no; que solo es mortal para la +juventud lo que destruye el porvenir; no lo que precipita en la nada lo +pasado. + +ÁNGELA. + +¡Por Dios, Tomás!... + +DON TOMÁS. + +De la desgracia de Lorenzo depende la felicidad de Inés: no lo +olvidemos. + +ÁNGELA. + +Cúmplase la voluntad de Dios, pero no despierte usted en mí ideas que +antes me espantan que me consuelan. + + +ESCENA IV. + +ÁNGELA, DON TOMÁS, DON LORENZO por la derecha. + + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). ¿Pero dónde dejé yo la llave? ¡Ah, mi cabeza!... Y el +escribano vendrá muy pronto..., y en aquel pupitre guardé la carta: +bien me acuerdo: sí..., hace dos días..., cuando mi madre... + +DON TOMÁS. + +¡Pobre Ángela! ¡Terrible es la prueba! (_Sin ver a Lorenzo_). + +DON LORENZO. + +¿Cómo?... ¿Qué dicen? ¡La prueba, sí: de la prueba hablaban! (_Con +inquietud y buscando la llave del pupitre sobre la mesa_). + +ÁNGELA. + +Terrible es, muy terrible caminar entre dos abismos... Lorenzo a un +lado... Inés a otro... Tiene usted razón. + +DON LORENZO. + +(_Con enojo y en voz alta_). ¡La he perdido! + +DON TOMÁS. + +(_Volviéndose, aparte_). ¡Desdichado, pienso que sí! + +ÁNGELA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¡Ah!... ¿Estabais?... (_Con mirada recelosa y como si no los hubiera +visto antes_). + +ÁNGELA. + +¿Qué buscas?... Nosotros te ayudaremos. (_Con dulzura_). + +DON LORENZO. + +¿Vosotros?... No. ¿Para qué? Yo solo. + +ÁNGELA. + +Pero di al menos ¿qué has perdido? + +DON LORENZO. + +Todo: hasta el amor de los míos. ¡Mira si puedo perder más! + +ÁNGELA. + +No, Lorenzo, no lo creas. + +DON LORENZO. + +Al fin..., la llave... ¡Gracias al cielo! (_Aparte, con desconfianza_). +Y estaba puesta..., puesta... (_Abre con ansiedad el pupitre y coge el +pliego que dejó Juana_). ¡Ah! ¡Aquí está!... Se me ha quitado un peso +de encima... (_Leyendo_). «Para Lorenzo». Este es el pliego. + +ÁNGELA. + +(_Acercándose_). ¿Encontraste lo que buscabas? + +DON LORENZO. + +Sí. (_Tomás se acerca también_). + +ÁNGELA. + +¿Qué papel es ese? (_Lorenzo se preparaba a sacar el pliego de su +sobre; pero al ver que Ángela y Tomás se acercan, lo mete en el +pupitre, echa la llave y se la guarda_). + +DON LORENZO. + +Uno muy importante. (_Con cierta desconfianza y mirándolos con +recelo_). ¿Para qué queréis saberlo? + +ÁNGELA. + +No te enfades, Lorenzo mío. Perdóname si he sido indiscreta. + +DON LORENZO. + +¡Perdonar yo! Yo soy quien ha menester vuestro perdón. Por mí, por mi +culpa, ¡vais a ser tan desgraciadas! + +ÁNGELA. + +No digas eso: no lo seremos nunca siendo tú dichoso. + +DON LORENZO. + +Y yo ¿podré serlo no siéndolo tú; no siéndolo mi Inés de mi vida? + +ÁNGELA. + +Lo será también. + +DON LORENZO. + +Imposible: porque ¿sabes tú cuál es mi pensamiento? + +ÁNGELA. + +Ya me lo explicaste. ¿No lo recuerdas? + +DON LORENZO. + +(_A Tomás_). ¿Y tú? + +DON TOMÁS. + +También. + +DON LORENZO. + +¿Y lo aprobáis? + +ÁNGELA. + +(_Con dulzura_). Bien hecho estará lo que tú hagas. + +DON LORENZO. + +(_A Tomás_). Y tú, ¿qué dices? + +DON TOMÁS. + +Lo mismo. + +DON LORENZO. + +¡Lo mismo! (_Pensativo_). ¡Qué conformidad! ¿Sabéis que hice llamar a +un escribano? + +ÁNGELA. + +Lo sabemos. + +DON LORENZO. + +(_Mirando a los dos_). Lo sabéis. ¿Y sabéis que he de hacer que levante +acta notarial y en toda forma de mi declaración y de mi renuncia? + +ÁNGELA. + +Sí, Lorenzo mío. + +DON LORENZO. + +Para que luego el juez provea a lo que en derecho procede. ¿No es +cierto? + +DON TOMÁS. + +Es natural. + +DON LORENZO. + +(_A Ángela_). Y tú, ¿qué dices? + +ÁNGELA. + +(_Con voz llorosa_). Si estos bienes que hoy disfrutamos no te +pertenecen..., bien haces. + +DON TOMÁS. + +Si el nombre que llevas no es tuyo, preciso será que a él renuncies. + +ÁNGELA. + +Y en todo caso tu voluntad es ley. + +DON LORENZO. + +¡Pero ley tiránica..., impía!... ¿No es verdad? + +ÁNGELA. + +Ley que yo acato como la mejor. + +DON LORENZO. + +(_Inquieto, nervioso, casi irritado_). ¿Y no resistes? ¿Y no lucháis? + +DON TOMÁS. + +Tu conducta es la de un hombre honrado. En rigor no podías hacer otra +cosa. + +DON LORENZO. + +¡Qué sumisión tan inverosímil! ¡Qué docilidad tan extraña! ¡Qué cambio +tan repentino! Me estáis mintiendo... ¡Digo que me estáis mintiendo! +(_Con violencia_). + +ÁNGELA. + +¡Por Dios, Lorenzo! + +DON TOMÁS. + +(_Aparte_). ¡Ah, no hay esperanza! La demencia invade como negra ola su +cerebro. + +DON LORENZO. + +(_Calmándose_). En fin, mejor es así. (_Pausa. Con ternura y +acercándose a Ángela_). ¿Dónde está Inés? + +ÁNGELA. + +¡Pobre hija mía! + +DON LORENZO. + +¿No la defiendes contra mí? Pues, sin embargo, esa es tu obligación. +(_Con dulzura_). + +ÁNGELA. + +¡Ay, Lorenzo! ¿Qué puede contra ti esta infeliz mujer? Tu voluntad se +templa en la lucha y en la desgracia: la mía cede hasta besar el polvo. + +DON LORENZO. + +Tienes razón: es irresistible mi voluntad cuando el deber me inspira. +¿Y qué dices a todo esto? (_A Tomás_). + +DON TOMÁS. + +Que así será. + +DON LORENZO. + +Así es. (_Pausa_). ¡Pobre Ángela!... ¿Y sabes tú lo que vamos a hacer, +firmada que sea el acta y entregada la prueba? + +DON TOMÁS. + +¿Tienes una prueba? + +DON LORENZO. + +¿No lo sabías? (_Aparte con extrañeza_). (Pues de ella hablaban cuando +yo entré.) Sí, la tengo: evidente, irrecusable, clara como la luz, +aunque es negra como la noche y la traición. + +ÁNGELA. + +Cálmate, Lorenzo. + +DON TOMÁS. + +¿Y cuál es? + +DON LORENZO. + +Una carta de mi madre..., de aquella mujer que se llamaba madre mía. + +ÁNGELA. + +(_Aparte_). ¡Dios mío! ¿Será verdad? + +DON LORENZO. + +Su firma, su letra..., y está allí..., en mi poder. + +DON TOMÁS. + +(_Aparte_). ¡Ah! Si así fuese... + +DON LORENZO. + +Pues bien, entregada la prueba, tú (_a Ángela_) y la pobre Inés, y +yo saldremos al momento de esta casa..., de esta casa que ya no será +nuestra, y de la que hoy mismo la ley tomará posesión hasta que acudan +los herederos de Avendaño. (_Animándose gradualmente_). Y en tanto +nosotros, sin recursos, sin nombre, sosteniendo en nuestros brazos una +hija moribunda, porque Inés morirá, tú me lo aseguras (_a Tomás_), +iremos solos, solos y desesperados... No, dije mal. Blasfemé. Iremos +con la honra entera, con la conciencia tranquila, alta la frente, y +Dios con nosotros. ¿Qué me importa que todos me abandonen si Él me +acompaña? + +ÁNGELA. + +Tu voluntad es ley, Lorenzo... (_Abrazándole_). Antes lo dijeron mis +labios: ahora te lo dice mi corazón. + +DON TOMÁS. + +(_Aparte_). Si la prueba existe..., este hombre... es un santo. Pero, +¡ay!, que si no existe, mi pobre Lorenzo es un demente. + +CRIADO. + +(_Anunciando_). La señora duquesa y el señorito Eduardo. + +ÁNGELA. + +Que pasen. (_A Tomás_). ¿Usted les avisó? + +DON TOMÁS. + +(_Aparte a Ángela_). Hablé con ellos anoche. La duquesa me prometió +venir, y ya lo ve usted, cumple su palabra. + +DON LORENZO. + +No he de verlos..., quiero estar o solo... o con vosotros..., no más. +Adiós, Ángela mía. + +ÁNGELA. + +Adiós, Lorenzo. + +DON LORENZO. + +(_Mirando el reloj_). ¡Qué tardo marcha el tiempo! (_Se dirige a la +puerta de la derecha. Tomás le acompaña_). ¿Avisaste a los testigos? +(_Al llegar a la puerta_). + +DON TOMÁS. + +Dos esperan ya, y otro vendrá más tarde. + +DON LORENZO. + +¿Quiénes son? + +DON TOMÁS. + +No los conoces: son amigos míos. + +DON LORENZO. + +Y míos ¿por qué no? + +DON TOMÁS. + +Pensé que los míos lo eran tuyos. + +DON LORENZO. + +(_Le mira un momento_). Y lo son. (_Aparte_). ¡Ah! ¡Esta conformidad! +¡Hubiera preferido... que me resistieran..., que luchasen!... + + +ESCENA V. + +ÁNGELA, DUQUESA, EDUARDO, DON TOMÁS. + + +ÁNGELA. + +Duquesa... + +DUQUESA. + +¡Señora!... (_Saludándose cariñosamente_). + +ÁNGELA. + +¡Siempre tan buena con nosotros!... + +DUQUESA. + +No podía negar a ustedes en trance tan cruel el consuelo de una +amistad verdadera. Dios ha querido que por distintos modos la misma +desgracia venga a herirnos. (_Esta última frase, en voz baja señalando +a Eduardo_). + +ÁNGELA. + +Pero ¿cuál es el nombre de la desgracia que a mí me hiere? No lo sé. + +EDUARDO. + +Pues ha llegado el momento de averiguarlo: ¿se llama miseria y +vergüenza, y muerte de Inés, o se llama?... + +ÁNGELA Y DUQUESA. + +¡Eduardo! + +EDUARDO. + +Perdóname, madre mía: todos nos debemos hoy la verdad. Tú lo has dicho: +«Transigiré con la desgracia de don Lorenzo por el amor que te tengo, +por el amor que me tienes; nunca transigiré con su pública deshonra: +nunca, ni aun a precio de tu vida». De mi vida, madre, ¿no es esto? + +DUQUESA. + +(_Con tono triste, pero enérgico_). Sí. + +EDUARDO. + +(_Dirigiéndose a Ángela_). Pues bien, señora, sepamos el nombre de la +desgracia que a usted la hiere: ¿se llama deshonra, o se llama locura? +Este es el problema y es preciso resolverlo. Si don Lorenzo dice +verdad; si su juicio está firme; si presenta pruebas de lo que asegura, +respetemos su cruel virtud. Pero si, como yo creo por mil indicios +que casi constituyen evidencia, un velo eterno cubre su mente y para +siempre apagose la luz de su razón, entonces defienda usted, Ángela, +—es en usted obligación sagrada—, el nombre que lleva, su posición +social, su fortuna, la misma honra de don Lorenzo contra sus propios +delirios, y, ¿por qué no decirlo?, la felicidad y la vida de Inés. +No deje usted tan altos intereses y tan caros objetos a merced de un +demente. + +DUQUESA. + +¡Eduardo! + +EDUARDO. + +La palabra es dura, pero al fin había de pronunciarse. Sepamos de +una vez si esta batalla de honras y vidas, en que don Lorenzo nos ha +empeñado, es lo que parece o lo que temo; y en suma, si el heroico +sacrificio del implacable sabio es locura o santidad. + +DUQUESA. + +Basta, Eduardo. (_Ángela se sienta en el sofá y llora amargamente. La +Duquesa se acerca a ella_). + +DON TOMÁS. + +(_A Eduardo_). La dicha de esta familia como si fuera mi propia dicha +me interesa. Lo que usted propone está previsto, y la ley y la ciencia +resolverán. + +DUQUESA. + +Que Dios los ilumine a ustedes. (_A Ángela_). Vamos, señora: valor, +conformidad. ¿Dónde está Inés? + +ÁNGELA. + +¿Quiere usted verla? + +DUQUESA. + +Sí. + +ÁNGELA. + +Venga usted. (_A Tomás_). Y usted también. Quiero que la vea. Tres días +hace que solo la fiebre le da fuerzas... ¡Ah, mi hija..., mi hija se +muere! + +DON TOMÁS. + +¡Pobre niña! (_Salen Ángela, la Duquesa y Tomás_). + + +ESCENA VI. + +EDUARDO. + + +EDUARDO. + +¡Y dudan todavía! ¡Qué ceguedad! ¡Y no comprenden que el bueno de don +Lorenzo a fuerza de buscar, no la razón de las sinrazones como el +andante caballero, sino la razón de todas las razones que han inventado +los sabios, concluyó por perder la única que a Dios plugo darle, que +fue la razón natural! ¡Oh! No ha de ser: no he de permitir yo que +sacrifiquen la vida de Inés a las extravagancias de un pobre loco. + + +ESCENA VII. + +EDUARDO, INÉS. + +Sale agitada, y como huyendo, del gabinete de la izquierda, que fue +donde entraron los loqueros. + + +INÉS. + +¿Quiénes son esos hombres, quiénes son? + +EDUARDO. + +¡Inés de mi vida! ¡Qué pálida estás! ¡Qué círculo cárdeno orla tus +divinos ojos! (_Saliéndole al encuentro_). + +INÉS. + +Pero respóndeme: ¿quiénes son?, ¿a quién esperan? ¡Que se vayan! +(_Acercándose con precaución a la puerta que quedó abierta y +mirando: Eduardo procura traerla al proscenio_). ¡Hay en ellos algo +siniestro!... Mi padre, ¿dónde está mi padre? Buscándole entré en ese +gabinete por el salón, y los he visto..., y no los quiero ver, y no +puedo apartar de ellos los ojos. + +EDUARDO. + +Pero ¿qué tienes?... ¿Por qué no me miras? ¿Por qué huyes de mí? Inés, +Inés, ¿te pesa nuestro amor? + +INÉS. + +(_Viniendo al proscenio_). ¡Nuestro amor! Tú sabes que es mi vida; pero +¡ay, Eduardo! ¡A qué terrible prueba ha querido Dios someterlo! Tú no +comprendes esto. ¡Dicha suprema es para mí tu amor, y la esperanza +de tu amor aun mayor dicha! Mayor, mucho mayor; que en él está el +presente, que en ella está todo el porvenir. Y sin embargo, Eduardo +mío, la esperanza es un crimen en tu pobre Inés: un crimen. ¿Se +comprende crueldad semejante? Lo que a ningún ser humano se le niega, +me niega a mí el destino. Yo era ayer una niña; mi pensamiento flotaba +risueño en un limbo blanco y transparente, como vaporosa neblina entre +rayos de luna: hoy es plomo, según pesa: hoy es lava, según arde. ¡Si +vieras qué cosas tan horribles me dice en el silencio de la noche! +Y esos pensamientos no son míos; no es mi voluntad quien los forja: +vienen yo no sé de dónde: yo los rechazo; pero ellos vuelven: y primero +me acosan con quejidos que dicen «¡Pobre padre tuyo!», y luego me +hostigan con voces de tentación que murmuran: «Inés..., Inés... ¿Quién +sabe?... Aún puedes ser feliz: tu amor es aún posible: espera..., +espera..., pobre niña». ¿Comprendes tú nada más horrible —porque esto +debe ser el ángel malo— que oír dentro de una misma la voz de Satanás, +de él que nada espera, hablando de esperanzas? + +EDUARDO. + +Vuelve en ti, Inés mía. + +INÉS. + +(_Acercándose a Eduardo_). ¡Tengo remordimientos! + +EDUARDO. + +¿De qué? + +INÉS. + +Yo no sé: yo no he hecho nada malo. ¡Padre mío! + +¡Pobre padre mío! + +EDUARDO. + +Ángel de mi vida, ¡Inés de mi alma! Cálmate, cálmate, yo te lo ruego. + +INÉS. + +Mira, Eduardo, quisiera morir. + + +ESCENA VIII. + +DON LORENZO, INÉS, EDUARDO. + +Don Lorenzo entra por el fondo y se detiene al oír a Inés. + + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). ¡Morir ha dicho! + +EDUARDO. + +¿Tú morir? No, Inés, eso no; no digas eso. + +INÉS. + +¿Por qué? Si no muero de dolor; si llego a ser dichosa, he de morir de +remordimiento. + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). ¡De remordimiento! ¡Ella! ¡Si llega a ser dichosa! ¿Qué +nueva fatalidad flota en el aire y está pesando sobre mi frente? +¡Remordimiento!... ¡Ya sorprendí al pasar otra palabra más! Cruzo +salones y galerías, y voy de una a otra parte, espoleado sin cesar por +insufrible angustia, y oigo frases que no comprendo, y fíjanse en mí +ojos que dicen algo que no comprendo tampoco, y unos lloran, y otros +sonríen, y nadie se me opone, y todos o me huyen o me observan... ¿Qué +es esto? ¿Qué es esto? (_En voz alta_). + +INÉS. + +(_Yendo a él y abrazándole_). ¡Padre mío! + +DON LORENZO. + +¡Inés! ¡Qué pálida estás! ¿Qué dolorosa contracción hay en tus labios? +¿Por qué finges sonrisas que han de terminar en sollozos?... ¡Qué +hermosa en su dolor! ¡Y todo es culpa mía! + +INÉS. + +No, padre. + +DON LORENZO. + +¡Qué cruel soy! ¡Ah!, tú lo piensas, aunque no lo dices. + +EDUARDO. + +Es un ángel Inés, y no caben pensamientos rebeldes en ella; pero ¿quién +al verla sufrir no ha de pensarlo y no ha de decirlo? + +DON LORENZO. + +Nadie: tiene usted razón. + +EDUARDO. + +Pues si yo la tengo, no la tiene usted. (_Con energía_). + +DON LORENZO. + +Yo la tengo también. Hay algo más pálido que la pálida frente de la +doncella enamorada; hay algo más triste que las tristes lágrimas de +esos divinos ojos: hay algo más cruel que la sonrisa de esos labios, y +algo más trágico que la muerte del ser querido. + +EDUARDO. + +¿Y qué otras palideces, y qué otras lágrimas, y qué otras tragedias son +esas? (_Con violencia y desdén_). + +DON LORENZO. + +¡Insensato! (_Cogiéndole por un brazo_). ¡La palidez de la culpa, las +lágrimas del remordimiento, la conciencia de la propia infamia! + +EDUARDO. + +¿Y es infamia y remordimiento y culpa hacer la felicidad de Inés? + +DON LORENZO. + +(_Con desesperación_). ¡No debía serlo!... ¡Pero lo es! (_Pausa_). ¡Y +ese es mi tormento! ¡Y esa idea es la que ha de volverme loco! + +INÉS. + +¡No, padre mío; no digas eso! Sigue tu camino sin pensar en mí. ¿Qué +importa que yo viva o que yo muera? + +DON LORENZO. + +¡Inés! + +INÉS. + +Pero no vaciles..., y sobre todo que nadie te vea vacilar: que tu +palabra sea clara y persuasiva como lo es ahora: que el enojo no te +ciegue... Calma, calma, padre mío. ¡Por Dios te lo pido! + +DON LORENZO. + +¿Qué dices?... ¡No comprendo!... + +INÉS. + +¿Acaso sé yo lo que digo?... Adiós... Adiós... No quiero afligirte. + +EDUARDO. + +¡Ay, si escuchara usted a su corazón, si hiciera usted callar a su +pensamiento! (_A Lorenzo_). + +INÉS. + +Déjale... Ven conmigo..., no le hostigues... o harás que te aborrezca. +(_A Eduardo_). + +DON LORENZO. + +¡Pobre niña!... ¡También ella lucha, pero también ella vence! ¡Por +algo es hija mía! (_Con arranque de supremo orgullo. Inés y Eduardo se +dirigen al fondo: al pasar por delante de la puerta del gabinete ve +Inés a los loqueros y hace un movimiento de horror_). + +INÉS. + +¿Qué visión siniestra pasa ante mi vista?... ¡Aquellos hombres!... No, +padre, no entres ahí. + +EDUARDO. + +¡Ven..., ven, Inés mía! + +INÉS. + +(_A su padre_). No..., no... Yo te lo ruego. + +DON LORENZO. + +(_Dirigiéndose hacia ella_). ¡Inés! + +INÉS. + +¡Aquellos hombres! ¡Aquellos!... Mira. (_Extendiendo el brazo hacia el +gabinete. Don Lorenzo se detiene y mira también: en este instante los +loqueros, al oír gritos, asoman por entre los cortinajes la cabeza_). + +EDUARDO. + +(_Llevándose a Inés_). ¡Por fin!... + + +ESCENA IX. + +DON LORENZO, BRAULIO, BENITO. + +Breve pausa. + + +DON LORENZO. + +¿Quiénes podrán ser? Pasen ustedes. (_Los loqueros entran con cierta +timidez: hablan con frases cortadas y secas_). + +BRAULIO. + +Don Tomás... + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). Ya comprendo. + +BENITO. + +Nos dijo que esperásemos ahí... + +DON LORENZO. + +Dispensen ustedes: yo no sabía... + +BRAULIO. + +No hay de qué. + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). Extraño aspecto en verdad. Pero, siéntense ustedes. + +BENITO. + +Gracias. + +BRAULIO. + +Estamos bien de cualquier modo. + +DON LORENZO. + +No puedo consentir... + +BRAULIO. + +Usted se empeña... + +BENITO. + +Si el señor lo manda, mejor se espera así. (_Se sientan ambos en el +sofá: don Lorenzo queda en pie_). + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). Algo siniestro se refleja en esas miradas, o es que la mía +refleja los relámpagos que cruzan por mi espíritu. (_Los observa de +nuevo con atención. En voz alta_). Inés fue la que al pasar los vio a +ustedes y la que me previno... + +BRAULIO. + +Sí, una señorita muy bella. + +BENITO. + +Pero muy triste. + +BRAULIO. + +Parecía una Dolorosa. (_A cada contestación que dan los loqueros, que +debe ser, como queda dicho, cortada y seca, guardan silencio, por +decirlo así, repentino; permaneciendo rígidos e inmóviles y mirando +hacia el frente con cierta vaguedad_). + +DON LORENZO. + +Se asustó al verlos a ustedes y vino huyendo: no lo extrañen; la pobre +está muy enferma..., y es casi una niña... + +BRAULIO. + +(_Con cierta sonrisa vaga y como de idiota_). Siempre nos sucede lo +mismo en las casas. + +DON LORENZO. + +(_Aparte, con extrañeza_). ¡En las casas! + +BENITO. + +(_Fijando su vista casi por primera vez en don Lorenzo, y después +volviendo a mirar de frente_). Será la hija de ese pobre señor, ¿eh? + +DON LORENZO. + +¿De quién? + +BENITO. + +(_Sin mirarle_). Del que está... (_Hace un movimiento, llevándose la +mano a la frente, pero sin mirar a don Lorenzo. Don Lorenzo hace a la +vez otro movimiento de sorpresa que solo el actor puede interpretar +debidamente. Como ninguno de los loqueros le mira, no pueden +observarlo_). + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). ¡Ah!... ¡No!... ¡Qué idea! (_En voz alta y dominándose_). +Justo. Inés es la hija de... (_Desde este momento Lorenzo los observa +con creciente ansiedad_). + +BENITO. + +¡Qué hermosa es! Pero ¡qué triste está! + +BRAULIO. + +¡Ya! Motivos tiene para estar triste. + +DON LORENZO. + +¿Ustedes saben?... + +BRAULIO. + +Todo. (_Mirando otra vez a don Lorenzo y luego separando la vista_). + +DON LORENZO. + +¿Don Tomás les ha dicho?... + +BENITO. + +¿A nosotros? No. + +BRAULIO. + +Él habló con el doctor. + +BENITO. + +¿A nosotros? ¿Con qué objeto? Nosotros en cumpliendo con nuestra +obligación... + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). (Siento un sudor frío, como sudor de muerte por todo +mi cuerpo. Yo deliro... Nada de esto es verdad). (_Repitiendo +maquinalmente_). Con su obligación... + +BRAULIO. + +Nosotros en estando a la mira por si se desmanda... + +DON LORENZO. + +Por si se desmanda... ¿Quién? + +BRAULIO. + +¡Él! + +DON LORENZO. + +(_Retrocede unos pasos, mirándolos con terror: se pasa la mano por la +frente como para desechar una idea: retrocede más, vacila y se apoya +en la mesa. Después habla con voz opaca, muy baja y cortando las +palabras_). ¿Conque ustedes lo saben todo? + +BRAULIO. + +Casi todo. + +BENITO. + +Como hace tanto que esperamos, hemos oído las conversaciones de los +criados. + +DON LORENZO. + +¿Y ellos?... + +BRAULIO. + +De pe a pa. Parece que anteanoche tuvo don Lorenzo un ataque. Usted lo +sabrá mejor que nosotros. + +DON LORENZO. + +Sí. (_Con voz cada vez más apagada y más sombría_). + +BENITO. + +Dícese que ahogó a una pobre anciana. (_Lorenzo hace un movimiento de +horror y de nuevo se cubre el rostro con las manos_). + +BRAULIO. + +¡Vaya con el hombre! ¡Bien empieza! Y claro... Siempre sucede lo +mismo... La familia... + +DON LORENZO. + +¡La familia! (_Separando las manos, dando unos pasos como movido por +una sacudida eléctrica, mirándolos con suprema ansiedad y hablando con +voz sorda_). + +BRAULIO. + +¡Pues! La familia..., es natural... Como que dicen que quería regalar +toda su fortuna; ¡qué sé yo cuántos millones! ¡Diablo de loco! Nada: lo +mejor es lo que han dispuesto: fuera, fuera. Nos lo llevamos y quedan +las señoras tranquilas. + +DON LORENZO. + +¿A mí?... ¡¡Ellas!!... ¿Ángela?... ¿Inés?... ¡No!... ¡No!... +¡Imposible! (_Retrocede de nuevo hacia la izquierda. Solo el talento +del actor puede interpretar estos gritos desgarradores_). + +BRAULIO. + +(_Volviéndose hacia don Lorenzo. Aparte_). Pero ¿qué tiene este señor? +Mira..., mira... (_A Benito. Ambos loqueros se incorporan un tanto y se +inclinan hacia la izquierda, mirando con curiosidad a don Lorenzo: debe +estudiarse con cuidado el grupo que formen dichos personajes_). + +DON LORENZO. + +¡Aire!... ¡Luz!... No..., ¡luz no! ¡Tinieblas!... ¡No quiero ver!... +¡No quiero pensar! (_Cae en el sillón y hunde la cabeza entre las +manos_). + +BENITO. + +¡Toma!... ¿Si yo creo que es?... + +BRAULIO. + +¡Buena la hicimos! + +BENITO. + +¡Quién pensara!... + +BRAULIO. + +Volvámonos a nuestro escondite. + +BENITO. + +¡Y chitón! No digamos nada. (_Se levantan y con mucha precaución y +observando a don Lorenzo sin cesar, se dirigen al gabinete_). + +BRAULIO. + +Claro: ni una palabra. Nos mandaron que ahí; pues ahí. No debimos +movernos. + +BENITO. + +Como se oían gritos y llantos... (_Llegan a la puerta, se detienen y +miran a don Lorenzo, que sigue en la misma actitud. Un criado entra +por el fondo, pasa rápidamente y sale por la derecha_). Déjale... +Déjale... Mientras esté tranquilo... (_Entran en el gabinete y cierran +la puerta_). + + +ESCENA X. + +DON LORENZO, DON TOMÁS con el CRIADO por la derecha. + + +DON LORENZO. + +¡Dios mío! ¡Aparta el cáliz de mis labios!... ¡No puedo más, no puedo +más!... ¡Si es que no puedo más! (_Solloza con desesperación_). +¡Me hiciste creer en ellas, me hiciste amarlas!... ¡Y ellas, las +traidoras!... ¡No!... ¡No! ¡Señor, me has dado la vida, quítamela, +pronto... pronto!... ¡Mira, Dios mío, que me asalta horrible tentación +de arrancar con mis propias manos la podrida vestidura de mi carne! +¡Morir..., quiero morir!... ¿Lo ves?... ¡De rodillas te lo pido!... +¡De rodillas!... ¡Sé bueno!... ¡Sé compasivo!... ¡La muerte!... ¡La +muerte!... ¡La muerte a mí, pálida mensajera de tu amor! (_Cae de +rodillas junto al sillón, y apoyándose en él, dobla la cabeza y oculta +el rostro en las manos_). + +DON TOMÁS. + +(_En voz baja al Criado_). ¿Vienen ambos? + +CRIADO. + +(_Lo mismo a Tomás_). Sí señor, el escribano y el doctor Bermúdez. +(_Don Tomás y el Criado se detienen en el centro al reparar en don +Lorenzo, que sigue de rodillas y sollozando_). + +DON TOMÁS. + +¡Infeliz! (_Dando un paso hacia don Lorenzo: luego se arrepiente y se +dirige al fondo_). ¿Para qué? Terminemos pronto. (_Salen don Tomás y el +Criado_). + + +ESCENA XI. + +DON LORENZO, después DON TOMÁS y el DOCTOR BERMÚDEZ. + +Pausa. + + +DON LORENZO. + +¡Ya estoy más tranquilo! ¡La herida es mortal! ¡La siento... aquí en el +corazón! ¡Gracias, Dios bueno! (_Don Tomás y el doctor entran por el +fondo y se detienen observando a don Lorenzo_). + +DON TOMÁS. + +Mírelo usted, allí..., junto al sillón. + +DOCTOR. + +¡Desgraciado! + +DON LORENZO. + +(_Levantándose y aparte_). ¡Ah, ser miserable! Todavía..., todavía... +acariciando esperanzas imposibles... ¿Imposibles?... ¿Y si ellas +creen de buena fe que yo?... ¡Ah, si me amasen, no lo creerían! (_Con +desesperación. Pausa_). Yo le oí a Inés..., a la hija de mi alma..., +decir: «¡Remordimientos!» ¿Por qué decía remordimientos? (_Con +agitación creciente y hablando en voz alta_). ¡Todos..., todos... +miserables!... Casi se alegrarían de que yo muriese... No..., no moriré +hasta cumplir mi obligación de hombre honrado; hasta dar desenlace a mi +locura. + +DON TOMÁS. + +(_Poniéndole una mano en el hombro_). Lorenzo. + +DON LORENZO. + +(_Volviéndose, y al reconocerle retrocediendo con disgusto_). ¡Él! + +DON TOMÁS. + +Te presento al señor de Bermúdez, uno de mis mejores amigos. (_Pausa. +Don Lorenzo mira a los dos de un modo extraño_). + +DOCTOR. + +(_A Tomás en voz baja_). Vea usted cómo procura dominarse: él tiene +conciencia vaga de su situación: no me queda duda. + +DON LORENZO. + +Uno de tus mejores amigos..., uno de tus mejores amigos. + +DOCTOR. + +(_Aparte a Tomás_). Se le escapa la idea y se afana por retenerla. + +DON LORENZO. + +Pues si es uno de tus mejores amigos, de su lealtad me responde la +tuya. (_Con ironía_). + +DOCTOR. + +(_Aparte a Tomás_). Al fin encontró la frase; pero vea usted qué +entonación tan poco natural. (_En voz alta_). Vengo a ser testigo, +según me afirma Tomás, de un nobilísimo rasgo. + +DON LORENZO. + +Y además de una indigna traición. + +DON TOMÁS. + +Lorenzo... + +DOCTOR. + +(_Aparte a Tomás_). Déjele usted decir. + +DON LORENZO. + +Y de un ejemplar castigo. + +DOCTOR. + +(_Aparte a Tomás_). Muy grave, amigo don Tomás..., muy grave. + +DON LORENZO. + +Avisa a todos... (_A Tomás_), a todos; a propios y extraños. Que vengan +aquí; y que esperen aquí mis órdenes mientras yo cumplo allá mi deber. +¿A qué aguardas? + +DOCTOR. + +(_Aparte a Tomás_). No hay que contradecirle: avise usted. (_Tomás toca +un timbre, aparece un criado, a quien habla en voz baja y el cual luego +sale por la derecha_). + +DON LORENZO. + +Es la última prueba: casi me inspiran lástima los traidores. ¡Ah!, la +seguridad del triunfo me sostiene. Calma, corazón. Ya están..., ya +están... No quiero verlas... ¡A mí que tanto las amaba!... No quiero... +¡Y a ellas se tornan mis ojos..., y las buscan..., y las buscan!... + + +ESCENA XII. + +DON LORENZO, DON TOMÁS, el DOCTOR. Por la derecha ÁNGELA, INÉS, DUQUESA +y EDUARDO. + + +DON LORENZO. + +¡Inés! ¡No es posible! ¡Ella! ¡No es posible!... ¡Hija mía! (_Se +precipita con los brazos abiertos hacia ella. Inés corre a su +encuentro_). + +INÉS. + +¡Padre! (_Al ir a abrazarla, se interpone Bermúdez que los separa +violentamente_). + +DOCTOR. + +¡Eh!..., vamos..., don Lorenzo, puede usted causar mucho daño a su hija. + +DON LORENZO. + +(_Cogiéndole por un brazo y sacudiéndole con violencia_). +¡Miserable!... ¿Quién eres tú para separarme de ella? + +DON TOMÁS. + +¡Lorenzo! + +EDUARDO. + +¡Don Lorenzo! + +ÁNGELA. + +¡Dios mío! (_Las mujeres se agrupan instintivamente. Inés, en los +brazos de su madre; la Duquesa, junto a las dos. Tomás y Eduardo acuden +a librar a Bermúdez de las manos de don Lorenzo_). + +DON LORENZO. + +(_Dominándose, aparte_). ¡Ya!... Pensarán los imbéciles que es un nuevo +acceso de locura. ¡De locura! ¡Ja, ja, ja! (_Riendo con carcajada +contenida. Todos le observan_). + +DOCTOR. + +(_Aparte a Tomás_). Evidente. + +ÁNGELA. + +(_Aparte_). ¡Ah, mi pobre Lorenzo! + +INÉS. + +(_Aparte_). ¡Ah, padre mío! + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). Ya veréis cómo acaba mi locura. Antes de salir de esta +casa con qué placer arrojaré a ese Doctor. ¡Ánimo! La lucha me da +fuerzas. ¿Pues qué? ¿No hay más que declarar loco a un hombre porque +cumple con su deber? ¡Ah!..., no es posible. La humanidad no es tan +ciega o tan infame. ¡Basta ya! ¡Calma! Traición, empieza tú; y empieza +tú, castigo. (_En voz alta_). Ha llegado la hora de que cumpla un +deber sagrado, aunque por todo extremo doloroso. Inútil es que ustedes +presencien formalidades que la ley exige, y que fueran harto molestas. +El representante de la ley allí me espera, y yo, cumpliendo otra ley +más alta, voy a despojarme de bienes que no son míos, y de un nombre +que en conciencia ni yo puedo llevar, ni puede llevar mi familia. +Después vendré aquí, y con mi esposa, y con mi..., con mi hija, sin que +nadie me lo pueda impedir, sin que podáis resistirme vosotras, saldré +de esta casa que fue para mí pasado de amor y de felicidad; que es hoy +presente de traición y de infamia. Señores (_A Tomás y Bermúdez_), +ustedes me preceden: yo se lo ruego. (_Entran todos lentamente en el +gabinete de la izquierda. Al salir dirige Lorenzo una última mirada a +Inés_). + + +ESCENA XIII. + +ÁNGELA, INÉS, DUQUESA, EDUARDO. + +Las tres mujeres en primer término. Eduardo, escuchando en la puerta +del gabinete. + + +INÉS. + +¡Dios mío, sálvale! + +ÁNGELA. + +(_Abrazando a su hija_). Sí, tienes razón. Pensemos solo en él; pidamos +solo por él. + +DUQUESA. + +Deber sagrado es en ustedes anteponer a su dicha la de don Lorenzo; +pero en todo caso obligación no menos sagrada es conformarse con una +más alta voluntad que la nuestra. (_Pausa_). + +INÉS. + +(_A Eduardo_). ¿Qué dice?... ¡Por Dios!... ¿Qué dice? + +EDUARDO. + +Está hablando: su frase es fría y severa, pero sin vacilaciones ni +ambigüedades. (_Eduardo vuelve a la puerta_). + +ÁNGELA. + +¡Qué angustia, qué ansiedad! ¡La muerte es preferible a este suplicio! + +INÉS. + +¿Y qué importa lo que diga mi pobre padre si de antemano está juzgado? + +ÁNGELA. + +No, hija mía; no digas eso. + +INÉS. + +Sí: lo digo porque yo lo siento; porque yo lo veo en los que son ahora +sus jueces. + +ÁNGELA. + +Pero ¿qué ves? + +INÉS. + +En esa gente, la monomanía del oficio... + +ÁNGELA. + +¿Y en Tomás? + +INÉS. + +Sus opiniones científicas..., qué sé yo..., sus propias locuras... + +ÁNGELA. + +¿Pero en mí?... + +INÉS. + +(_Abrazándose a ella_). ¡El amor que me tienes! + +ÁNGELA. + +¡Calla, Inés, calla! + +INÉS. + +¡Todos contra mi padre! ¡Pobre padre mío! + +DUQUESA. + +Usted delira, Inés. + +INÉS. + +Sí, deliro: como usted y como todos nosotros, ¡menos él..., menos +él!... ¡Me lo dice el corazón! Usted misma, señora, lo que desea es +la felicidad de Eduardo; y Eduardo, mi amor; y su amor, yo; y mi +padre, su virtud, su honradez son obstáculos para todos nosotros, y en +todos nosotros se agita algo oscuro que envuelve en sombras nuestras +conciencias. ¡Padre mío! ¡Padre mío! + +ÁNGELA. + +¡Por Dios, Inés, qué ideas! + +INÉS. + +¿Qué dice?... ¿Qué dice? ¡Oigo su voz! + +EDUARDO. + +(_Acercándose_). Habla de una prueba terminante. + +INÉS. + +¡Ojalá! (_A Eduardo_). ¿Y ahora? + +EDUARDO. + +Le exigen la presentación de la prueba para que conste en el acta y +para su entrega al juez. + +ÁNGELA. + +¿Y él?... + +EDUARDO. + +Él sonríe con sonrisa de triunfo. Está pálido, muy pálido; pero +sereno y digno. Aquí se acerca... (_Viene Eduardo al proscenio y dice +aparte_): (¡Este hombre me da miedo!) + +INÉS. + +(_Aparte_). ¡Ojalá..., aunque muera mi amor! + +ÁNGELA. + +(_A la Duquesa_). ¿Será verdad? + +DUQUESA. + +(_A Ángela_). ¿Será verdad? + +EDUARDO. + +(_Aparte, viendo entrar a don Lorenzo_). ¡Ah! ¡Seré yo el insensato!... + + +ESCENA XIV. + +ÁNGELA, INÉS, DUQUESA, EDUARDO, DON LORENZO, DOCTOR, DON TOMÁS. + +La situación de los personajes es la siguiente: las tres mujeres, +formando un grupo, estrechamente unidas junto al sofá, en el cual se +apoyan: Eduardo, detrás del sofá, mirando a don Lorenzo, con temor y +como dominado por él: don Lorenzo, avanzando tranquilo y altivo hacia +el centro del escenario. Tomás y Bermúdez vienen detrás de él y se +detienen a algunos pasos de la puerta. + + +DON LORENZO. + +(_Acercándose a la mesa y poniendo la mano con aire de triunfo sobre el +pupitre_). Aquí está la prueba... Aquí está la verdad. (_Pausa. Abre +el pupitre y saca el sobre con el pliego en blanco. Después avanza +hacia el proscenio: Tomás y Bermúdez por un lado, Eduardo por otro, +se aproximan a él_). ¡Desdichados los que imaginaban sacrificarme a +su interés o a su pasión! ¡Cuán amargo será el desengaño! ¡Cuán cruel +será el castigo! ¡Ojalá pueda mitigarlo mi perdón! (_Profundamente +conmovido_). + +ÁNGELA. + +(_Acercándose_). ¡Lorenzo! + +INÉS. + +¡Padre! + +DON LORENZO. + +¡Esta es la prueba, Tomás: esta es la prueba, Ángela: esta es la +prueba, hija mía! Oíd. (_Pausa. Don Lorenzo rompe el sobre. Todos se +acercan a él y le rodean_). Esta es... ¡Qué es esto! (_Separando el +papel de sus ojos y pasando por ellos la mano_). ¿Qué sombras empañan +mis ojos?... ¿Hay lágrimas en ellos y me impiden ver?... ¡No!... +Antes lloré... Ahora no estoy llorando. (_Vuelve a mirar el papel con +horrible ansiedad, lo extiende, lo vuelve, busca por todas partes lo +escrito_). Pero ¿dónde está lo que escribió aquella mujer?... Si yo lo +he leído mil veces... Y ahora no puedo... (_A Tomás, mostrándole el +papel_). ¿Qué dice aquí?... Lee..., lee pronto... Pero ¿qué dice? + +DON TOMÁS. + +Nada, pobre Lorenzo. + +DON LORENZO. + +¡Nada!... (_Mirando otra vez el papel_). ¡Me engañas! Bermúdez, ese +me engaña. ¡Es uno de los miserables que han urdido esta infame +traición!... Lea usted..., lea usted... + +DOCTOR. + +Está en blanco el papel. + +DON LORENZO. + +¡No hay nada escrito! ¿Dice usted que no hay nada escrito? No es +verdad..., no..., no es verdad. ¡Inés, hija mía, mi único amor, ven, +salva a tu padre!... ¿Qué dice aquí? + +INÉS. + +¡Nada veo, padre mío! + +DON LORENZO. + +Nada... Tampoco ella... Pero esto ¿no es una prueba? + +DON TOMÁS. + +Sí, desdichado amigo..., una prueba... y harto cruel. + +DON LORENZO. + +(_Dándose una palmada en la frente_). ¡Ah, lo comprendo! (_Mirando +a Tomás y a Ángela_). ¡Antes hablaban de una prueba!... ¡Tú!... ¡Y +tú! (_A Ángela y a Tomás_). ¡¡La quitaron de allí!!... ¡¡Jesús!!... +¡¡Jesús!! (_Se aparta de ellos con horror: todos se separan de él, +que de este modo queda en el centro, pero un poco aislado. El actor +interpretará este momento como crea oportuno. Pausa_). ¡Sea!... +¡Sea!... ¡Vencido!... ¡Miserablemente vencido! ¡Cómo se gozan en su +triunfo! ¡Con qué hipócrita dolor me contemplan! ¡Y fingen que lloran! +¡Todos lo fingen! (_Pausa_). ¡Ay..., mi corazón! ¡Ay..., ilusiones +de la vida!... ¡Ay..., el amor!... ¡Ay..., mi hija!..., ¡mi hija!... +¡Fantasmas que giran y huyen..., huid para siempre!... ¡Y yo creía +en todo! ¡Qué azul era el cielo! ¡Qué blanca la frente de Inés!... Y +ahora ¡en qué voy a creer! Ya lo veis: no lucho. Cedo: vuestra es la +victoria. Aquellos hombres ¿para qué han venido si yo no resisto? Iré +a donde queráis. ¡Adiós!... (_A Tomás que se le acerca y le coge la +mano_). ¡No me toques! ¡Cuando la piel humana me roza, me parece que +sobre mi carne deslizan víboras! Yo solo..., solo, subiré a mi calvario +con la cruz de mis dolores, sin infame cirineo que me ayude. Adiós, +amigo leal (_Siempre a Tomás_), tú que has salvado la fortuna de esta +desconsolada familia de entre las manos de un loco. Adiós, Ángela..., +mi tierna esposa... ¡Veinte años hace que te di, loco de amor, el +primer beso! ¡Hoy, también loco, te envío el último! (_Le envía un beso +con un grito de horrible desesperación_). + +ÁNGELA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¡Pero no te acerques, que pudiera ahogarte entre mis brazos! (_Ángela +retrocede_). Adiós, Inés, hija mía... (_Con voz llorosa_). Si +puedes..., sé feliz... A ti nada te digo... No puedo hablarte con +enojo. (_Da algunos pasos y se detiene falto de fuerzas: quieren +acercarse a él, pero los rechaza_). Dejadme: no necesito a nadie. El +sudor empapa mi frente, y la sed seca mis labios, y algo que quema +mucho me hincha los párpados. (_Deteniéndose_). Oye..., Inés..., ¡hija +mía! ¡Si aún me conservas algún amor; si por ventura sientes compasión +hacia tu padre; si te pesa lo que entre todos habéis hecho..., ven por +última vez a mis brazos! ¡Que yo lleve a ese infierno de dolor que me +aguarda una lágrima de tus ojos en mi frente y un beso de tus labios en +mis labios! + +INÉS. + +¡Padre! (_Quieren sujetarla, pero se desprende de todos y corre hacia +don Lorenzo, que se precipita hacia ella y la oprime frenético contra +su pecho_). + +DON LORENZO. + +¡Hija! (_Todos se precipitan hacia ellos, pero sin pretender separarlos +todavía_). + +INÉS. + +¡No!... Que no te lleven. ¡Yo te amo!... ¡Todos mienten menos tú! + +DON LORENZO. + +¿Tú no quieres que me lleven aquellos hombres? + +INÉS. + +No..., no... Defiéndete... ¡Defiéndeme a mí!... + +DON LORENZO. + +Sí... Yo te defenderé... Que te arranquen de mis brazos. (_Quiere huir +con ella, oprimiéndola contra su pecho_). + +ÁNGELA. + +¡Mi hija!... ¡Mi hija!... ¡Socorro! (_Eduardo, Tomás y Bermúdez pugnan +por separar al padre de la hija_). + +DON LORENZO. + +¡No la soltaré!... ¡Eternamente contra mi pecho! + +INÉS. + +¡Sí, sí, padre mío! ¡Defiéndeme! + +DOCTOR. + +Es preciso. + +EDUARDO. + +¡Don Lorenzo! + +DON TOMÁS. + +¡Lorenzo! + +DUQUESA. + +¡Dios mío! ¡Va a matarla como mató a Juana! + +ÁNGELA. + +¡Inés! (_Todos estos gritos casi simultáneos: la lucha, rápida: los +loqueros salen. Por último, los hombres sujetan a don Lorenzo y las dos +mujeres contienen a Inés, arrancando de este modo a viva fuerza a la +hija de los brazos del padre_). + +EDUARDO. + +¡Al fin! + +INÉS. + +¡Padre! (_Tendiendo hacia él los brazos_). + +DON LORENZO. + +No he podido más, hija..., no he podido más... Aquí sobre mi rostro +siento tus lágrimas y tus besos... Ella me amaba..., era inocente... +¡Dios mío, ya lo veo, tú aceptaste mi martirio en aquella noche de +lucha y de tentación a cambio de su dicha! ¡No me arrepiento! ¡Hazla +dichosa..., muy dichosa!..., ¡y para mí..., para mí solo su cáliz de +amargura!... + +INÉS. + +¡Adiós! ¡Yo iré a salvarte! + +DON LORENZO. + +¡Qué podrás tú..., hija mía..., si Dios no me salva! (_Queda cerca del +gabinete entre los loqueros, Eduardo, Tomás y Bermúdez, que le sujetan. +Inés, en primer término tendiendo hacia él los brazos_). + + +FIN DEL DRAMA. + + + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 76631 *** |
