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diff --git a/75973-0.txt b/75973-0.txt new file mode 100644 index 0000000..01248f8 --- /dev/null +++ b/75973-0.txt @@ -0,0 +1,5704 @@ + +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75973 *** + + +NOTA DE TRANSCRIPCIÓN + + * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han + convertido a MAYÚSCULAS. + + * Los errores de imprenta han sido corregidos. + + * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con + las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española. + + * La puntuación y la toponimia también han sufrido ligeros retoques + para su modernización. + + * Se han separado en párrafos distintos las intervenciones dialogadas + allí donde el texto adopta forma de diálogo, añadiendo y espaciando + las rayas según los modernos usos ortotipográficos. + + * Las cartas y misivas se presentan sangradas para mejor distinguirlas + de otros entrecomillados. + + * Se ha compilado y añadido un Índice al final del volumen pese a que + el original impreso no lo incluye. + + + + +Ni Rey ni Roque + + + + + NI REY NI ROQUE + + EPISODIO HISTÓRICO + DEL REINADO DE FELIPE II, + AÑO DE 1595 + + NOVELA ORIGINAL + + ESCRITA + POR DON PATRICIO DE LA ESCOSURA, + AUTOR DEL CONDE DE CANDESPINA + + TOMO I + + Madrid + Imprenta de Repullés + — + AÑO DE 1835 + + + + +AL SEÑOR DON GERÓNIMO DE LA ESCOSURA, _Caballero de la Real y +distinguida Orden Española de Carlos III, del Consejo de Su Majestad, +su Secretario con ejercicio de decretos, Intendente de Provincia de +primera clase, y Vocal de la Real Junta de Fomento de la riqueza del +Reino_. + + En muestra de su cariño y respeto, + + Su hijo, + _Patricio de la Escosura_ + + + ¿De qué, pues, nos sirvieron + Siete siglos de afán, y nuestra sangre + A torrentes verter?... Lanzado en vano + Fue de Castilla el árabe inclemente, + Si otro opresor más pérfido y tirano + Le pone el yugo a su infelice frente. + +Quintana: _Oda a Padilla_. + + + + +INTRODUCCIÓN + + El mentir de las estrellas + Es muy seguro mentir, + Porque ninguno ha de ir + A preguntárselo a ellas. + +Caballero en un rocín cuellilargo, quijotudo y amojamado, su creación +inmemorial, sus jaeces una jáquima bastante antigua y una manta de +muestra no muy moderna, y, a pesar de todo, no mío, paseaba yo no hace +mucho por una sierra del reino de Sevilla. + +Preocupado en diferentes pensamientos, para mí muy importantes, y +habituado ya al país en que me hallaba, confieso francamente que no me +hacía mucho efecto el cuadro que me rodeaba, a pesar de ser una de las +más bellas perspectivas que pueda imaginar el entendimiento. + +Cuanto la vista alcanza a descubrir, desde el punto más elevado de +aquel terreno, ofrece un aspecto lleno de vida y de interés. No hay +allí una llanura que tenga un cuarto de legua en cuadro; y hablando con +propiedad, los que los naturales llaman valles no son más que ramblas o +encañadas, la más ancha de cien toesas, si las tiene. Compónese, pues, +todo aquel país de cerros y colinas, peñascos y precipicios. + +La naturaleza ha hecho tanto en favor de Andalucía que, a pesar de la +indolencia de sus habitantes, la verdura, la frondosidad de la tierra +encantan el alma del que acaba de dejar las áridas llanuras de la +Mancha, donde el viajero se cree más bien en la Arabia desierta que no +en la región meridional de la culta Europa. + +En medio de vastos y fértiles olivares, de montes de robustas encinas, +de viñedos frondosos, de campos cereales, la blancura resplandeciente +de los cortijos, que vistos de lejos tienen alguna semejanza con los +caseríos ingleses, hace un efecto maravilloso. + +A corta distancia unos de otros se descubren muchos pueblos, más o +menos considerables, cuya posición próxima siempre a los pasos precisos +de la sierra, y en puntos que los dominan, descubre que en su origen +fueron puestos militares, establecidos por los moros para defenderse +de las continuas incursiones de los cristianos. Los castillos ruinosos +que en casi todos ellos se ven aún, y sus nombres arábigos, acreditan +suficientemente esta conjetura. + +Verifícase la comunicación entre estos pueblos por medio de unas +veredas, que vistas y andadas parecen, y son más a propósito, para +cabras que para hombres y caballos; pero los naturales de la sierra +las andan con una presteza y agilidad sorprendentes; y el forastero, +animado con su ejemplo, acaba por habituarse y caminar tranquilo por +ellas. En este caso me hallaba yo. + +Andando a la aventura mi rocín acertó a tomar una estrecha senda que +en la mitad de la altura de una cadena de colinas bastante pendientes +corre paralelamente a su base, al pie de la cual se desliza, con manso +ruido entre innumerables piedrecillas de jaspe colorado, un arroyo cuyo +color verdoso y olor azufrado dan claros indicios de ser sus aguas +minerales. Crecen en su orilla el romero, la adelfa y otros muchos +arbustos en profusión, y la flor roja del segundo citado contribuye +a prestar a aquella ribera, si tal nombre merece, un aspecto ameno y +pintoresco. + +Como media legua podría yo haber andado, cuando la lentitud del paso +de mi cuartago, lo lacio de sus orejas y la humilde postura de su +cabeza me revelaron que si no quería volverme a pie a mi domicilio, era +preciso que permitiese descansar un momento a aquella _vera efigies_ de +Rocinante. Eché, pues, pie a tierra, y reconociendo, por la frondosidad +del sitio, que me hallaba en las inmediaciones de un manantial de agua +potable, como la sed empezaba a aquejarme, quise buscarlo. Tuve para +esto que meterme por un angosto desfiladero en el que apenas cabían +dos personas de frente. La elevación de los dos peñascos laterales, y +las ramas de muchas higueras silvestres que de sus hendiduras salían, +formando una bóveda impenetrable a los rayos del sol, hacía también +muy a propósito aquel paraje para madriguera de bandidos, casta de +pájaros en que el país suele abundar. Esta circunstancia dio lugar a +que yo descolgase el retaco que llevaba pendiente del arzón trasero, +según costumbre de Andalucía, y con él terciado y montado entrase en el +desfiladero. + +No bien anduve veinte pasos, sentí a corta distancia el ruido de los +de otro hombre y otro caballo. Debió de sucederle a él lo mismo, y de +formar tan buen concepto de mí como yo de él, pues al descubrirnos nos +apuntamos simultáneamente con los retacos, y ambos preguntamos a un +tiempo: + +—¿Quién va? + +Íbamos los dos vestidos a la jerezana, que es también el uniforme de +los ladrones; pero como llevábamos bigotes el uno y el otro, apenas +nos los vimos cesaron nuestras sospechas, y bajando a un tiempo las +escopetas depusimos el airado ceño y nos saludamos cordialmente con el +nombre de compañeros. + +Mi encuentro era un anciano de robusta complexión y nerviosa fibra. Los +años le habían como curtido, pero conservaba toda la elasticidad de sus +miembros y una estatura elevada, exenta de la curvatura general de los +hombres de su edad. Por debajo del sombrero portugués dejaba ver unos +cabellos espesos, pero blancos como la nieve, y de igual color eran los +poblados bigotes que me le dieron a conocer por hombre honrado. + +—¿Adónde bueno, mocito? —me dijo con cortesía, pero con aquel tono de +superioridad justa que los ancianos toman siempre con los jóvenes. + +—Voy, señor mío —le contesté—, buscando la fuente. + +—Por el acento y el camino que usted toma bien se conoce que no es del +país. Yo también voy a la fuente, y si usted quiere podremos ir juntos. + +Agradecí y acepté la oferta, y echamos a andar hasta el manantial, que +aún distaba más de lo que yo me figuraba. + +El aire cordial, la franqueza, la urbanidad marcial de mi compañero, +me hicieron reconocerle desde luego por un oficial veterano; y en +efecto lo era. A los cinco minutos de estar juntos se estableció +entre nosotros la misma libertad de trato que pudiera haber si nos +conociéramos de diez años antes. + +El anciano me dijo que tenía setenta años, y se llamaba don Sebastián +de Vargas. Había empezado a servir en caballería a los doce años, esto +es, en el de 1776. Había hecho la campaña del año 92; la de Portugal +con los franceses; la de América; y la del año 23 en el bizarro +ejército constitucional de Cataluña. + +Tenía tres heridas, la cruz de San Fernando y otras infinitas por +distintas acciones; y era comandante de escuadrón con grado de coronel; +gracias a la amnistía, pues desdeñando purificarse en la última época, +se había quedado de paisano. Había asistido a más funciones de guerra +que yo tengo meses de vida; y confieso que aunque las refería con harta +prolijidad, le escuchaba con gusto y veneración. + +Dos horas estuvimos juntos, y quedamos tan amigos que me convidó a ir +a pasar algunos días en un cortijo que habitaba a media legua de aquel +paraje. + +—Vivo en el campo —me dijo—, con mi familia, que se reduce a una hija +de veinticuatro años, un sobrino de treinta, mi ama de llaves y mi +asistente, soldado tan antiguo como yo. No recibiremos a usted con +cumplimientos, ni podremos obsequiarle a la moda de la corte; pero +en cambio será usted bien llegado siempre que quiera favorecernos, y +partirá con nosotros una puchera no mal sazonada. + +Dile las gracias por el ofrecimiento, prometiendo no despreciarlo; y +monté a caballo, gozoso con mi nuevo conocimiento. Dos días después fui +al cortijo de Sierra-Carnero, que así se llama el de don Sebastián de +Vargas. + +Su hija es una señorita no destituida de mérito personal, educada con +más esmero del que yo suponía. Ella y su padre me recibieron como +este me lo había prometido. Por la mañana vimos su habitación, que es +una excelente casa de campo, aunque de muy antigua construcción, a la +cual se han ido agregando sucesivamente cuadras, tinaones o establos, +graneros y pajares. No muy lejos de ella está un molino de aceite. +Por la tarde paseamos en las tierras del cortijo, que son vastas, +bien cultivadas y productivas: no faltan en ellas los olivos, encinas +y cepas, además de los sembrados de trigo y cebada, y los prados de +alcacer. Pero lo que me encantó fue una huerta en la que, entre otros +muchos árboles frutales, se veía considerable número de naranjos, +limoneros y granados. + +El sobrino de don Sebastián, que tenía por nombre don Pedro Alcántara +Hinojosa, me pareció un excelente sujeto; pero yo a la cuenta no tuve +igual fortuna con él, pues me trató con notable reserva. + +Mi amistad con aquella familia llegó a hacerse cada día más íntima, +por manera que pasaba semanas enteras en Sierra-Carnero. En una de +estas ocasiones llamó mi atención un retrato, de excelente mano, de una +señora vestida con traje antiguo, pero tan parecida a la hija de mi +huésped que llegué a figurarme sería su madre, que por extravagancia se +hubiese hecho pintar vestida de máscara. + +Cabalmente cuando hice esta observación, Inesita, que tal era el nombre +de la joven, se hallaba sola conmigo. Comuniquela mi pensamiento y +ella, riéndose, me contestó: + +—No es usted solo el que ha tenido esa equivocación, no señor. Esa +no es mi madre: es mi sexta o séptima abuela. Dicen que en la figura +nos parecemos mucho; y si es verdad, como es tradición en la familia, +que pasó muchos disgustos en su vida, me temo que también en eso nos +pareceremos. + +Al concluir estas palabras, la sonrisa de Inesita se convirtió en +una expresión melancólica, y una lágrima se asomó furtivamente a sus +hermosos ojos. + +Yo, que sin poderlo remediar soy muy compasivo con las damas, y un +tantico curioso, pregunté con bastante empeño, y supe de aquella joven +la causa de su disgusto. He aquí cómo sobre poco más o menos me la +refirió: + +—Esa señora que usted ve retratada, dicen que era de una familia muy +ilustre, y que antes de casarse con su marido, que fue un Vargas, pasó +trabajos indecibles. Su hijo único se llamó don Sebastián; y este dejó +muy encargado en su testamento a sus descendientes que a todos sus +primogénitos les pusiesen su mismo nombre. Pero no es esta la cláusula +más singular del tal testamento. Parece que entre el marido de la +abuela doña Inés, que tal era su nombre, y un primo suyo llamado don +Pedro Hinojosa de Vargas, medió una estrecha amistad, por cuya razón +el nieto de aquel se casó con una doña Inés, nieta del último. En +virtud de esto, don Sebastián 1.º de Vargas encargó también que los +primogénitos de sus descendientes en línea recta se casasen con las +primogénitas de la de Hinojosa, siempre que estas llevasen el nombre de +Inés. + +»Desde entonces, hasta mi padre inclusive, se ha seguido sin alteración +alguna la extraña regla de bautismos y matrimonios establecido en +el testamento de don Sebastián; siendo de notar que ninguno de sus +sucesores ha tenido nunca más que un hijo varón. + +»Pero mi desdichada suerte ha querido que justamente variase en mí +este orden constante de sucesión. Mi padre se casó teniendo ya más de +cuarenta años; y mi madre, al darme a luz, expiró. El ama de llaves que +hoy tenemos, y que cuando yo nací estaba ya en casa, me ha asegurado +que no es fácil decidir cuál sentimiento era mayor en mi padre, si el +de la muerte de su mujer, o el de no haber sido un varón lo que había +dado a luz. + +»No puedo quejarme de mi padre: ha llenado sus deberes +escrupulosamente; pero jamás se ha abandonado por completo a la ternura +paternal conmigo; y por más que procura ocultármelo, se le conoce que +me mira como un borrón para el árbol genealógico de la familia. + +»Para colmo de mi desgracia, todas las hembras de la casa de Hinojosa +han muerto, y solo queda un varón, que es mi primo. Nos amamos; y +aunque mi padre lo aprecia no se resuelve a casarnos, porque se llama +Pedro y no Sebastián. Vea usted si tengo motivo de afligirme. + +No es ponderable lo que me interesó esta relación. Por ella comprendí +que la frialdad del primo conmigo provenía de un movimiento celoso, y +me propuse castigar su desconfianza convenciendo a mi anciano amigo +de la ridiculez de su empeño en sostener el extraño testamento de don +Sebastián 1.º de Vargas. + +En la primera ocasión que me pareció oportuna empecé a insinuarme, y el +viejo comandante no tuvo dificultad en entrar en materia. + +—Usted llama debilidad —me dijo— a lo que no es más que respeto y +cariño a mis ascendientes. Seis generaciones han consagrado esa +costumbre y la han hecho inviolable a mis ojos. + +—Y está bien —le repliqué yo—, está bien que usted la respete; y yo +sería de parecer que se observase, a ser posible. Pero usted tiene +setenta años, edad que no es a propósito para casarse; y aunque fuera +más joven no podría hacerlo según sus principios, porque no tiene una +doña Inés Hinojosa con quien enlazarse. Es preciso, pues, que usted +consienta en el matrimonio de su hija con su sobrino, o en ver deshecha +para siempre la unión entre dos ramas de la familia que tan ligadas han +estado hasta aquí. + +—Sí, eso sí: usted tiene razón; pero yo tengo miedo. Sí señor, miedo, +no se asombre usted. Hay en este asunto un misterio que no alcanzo, y +que es lo que más me detiene. + +—¿Y no podré yo saber cuál es? + +—A nadie se lo he revelado hasta ahora; pero haré una excepción en +favor de usted. En el testamento de mi séptimo abuelo don Sebastián, +se dice: que sus herederos, en el caso de no conformarse con sus +disposiciones, incurrirán en su enojo, y que los fundamentos de lo que +ordena se contienen en un rollo de papeles que, cerrados en una caja de +plomo sellada, deja en su biblioteca. Todos hemos respetado esta caja; +pero en tiempo de la guerra de la Independencia, una partida de los +invasores que ocupó la casa, creyendo que en ella se contendría algún +tesoro, la abrió a bayonetazos. Por fortuna se dejaron los papeles, que +el ama de llaves recogió y hoy están en mi poder. + +—¿Y usted no los ha leído? + +—Mil veces lo he intentado; pero están escritos con unos garabatos +infernales, de los cuales no he podido descifrar ni uno. + +—Si usted no tiene inconveniente en confiármelos, yo entiendo algo la +letra antigua, y veremos de traducirlos al castellano moderno. + +—Me hará usted un servicio impagable. + +—Impagable, no tal. Prométame usted que si de esos papeles no resulta +expresamente una prohibición de casarse su hija con su sobrino, cesará +usted de oponerse a sus deseos. + +—Veremos. + +—No hay veremos que valga: o se casan, o no trabajo. + +—Hombre, eso es hacerme la forzosa. + +—Para hacer felices a dos jóvenes que lo merecen, y a usted también. + +—¡Pero señor, qué empeño! + +—Mi coronel, ¿sí, o no? Entre soldados no hay palabras ambiguas. + +—Pues vamos con un sí. + +—Eso es hablar en razón. Vengan esos cinco, mi coronel. + +—Tome usted, mala cabeza. + +Inmediatamente después de esta conversación me entregué de un rollo +de papeles muy voluminoso, que contenía la narración que, sin más +condición que la de variar algunos apellidos, me ha permitido don +Sebastián dar al público. + +Paréceme que ofrecerá la utilidad de dar a conocer en gran parte el +carácter moral, político y religioso de una época interesante de +nuestra historia. Nada más diré, porque el público va a juzgarla, y +sería indisculpable temeridad anticiparme a su fallo. + +He tenido la satisfacción de asistir a la boda de Inesita con don +Pedro Hinojosa, y de ver a este tan trocado que me llama su mejor +amigo. El coronel Vargas sabe ya de memoria este escrito; pero no qué +hacer para probarme lo que agradece mi trabajo. + +Solo falta que el editor de la colección no tenga por qué arrepentirse +de haberlo incluido en ella, y entonces yo también estaré completamente +satisfecho. + +[Ilustración] + + + + +NI REY NI ROQUE + +CAPÍTULO PRIMERO + + DON FÉLIX + El rostro es en vano + Querer ocultarme; + O tú has de matarme, + O yo te veré. + + DON DIEGO + No es verme tan llano + Que baste el querello; + Mal que os pese de ello + Burlaros sabré. + + (_Comedia antigua inédita_). + + +Como a las ocho de la mañana de uno de los primeros días del mes +de julio del año de 1595, se apeó en Madrigal, a la puerta de una +pastelería, un caballero joven, galán y bien portado. Dejando los +caballos al cuidado del sirviente que le acompañaba, entró en la +pastelería con gentil desembarazo, y tocando ligeramente con la mano +el bonete de terciopelo negro que cubría su cabeza, pronunció con voz +clara y apacible la entonces usual fórmula de saludo: + +—Ave María. + +—Sin pecado concebida —contestó la única persona que en la tienda +había, y era una mujer joven, morena, de hermosos ojos, rostro más +agraciado que bello, y aire más grave e imponente del que su edad, +condición y humilde traje prometían. + +Estas observaciones las hizo el caminante sentado ya en uno de los +escaños que había dentro de la misma chimenea, y fuese que su natural +cortesía le moviese a ello, o bien que el aspecto de la huéspeda le +pareciera exigir más respeto del que hasta entonces había mostrado, +el hecho es que se quitó cortésmente el bonete, y dejó ver una cabeza +cubierta de cabellos castaños, cortados según la moda de aquel siglo, +es decir, sobre poco más o menos, de la manera que hoy llamamos a la +inglesa. + +—¿No tendrá usted, señora huéspeda —dijo el caminante después de breves +instantes—, alguna cosa con que aplacar el hambre de un mozo, que ya +esta mañana ha caminado algunas horas? + +No contestó a esta pregunta la persona a quien se hacía, sino que, +levantándose del asiento que ocupaba al frente del viajero, abrió y +examinó el cajón del mostrador, algunas alacenas y el horno, y visto +todo, volvió a su puesto diciendo flemáticamente al mancebo: + +—Nada. + +—Bien por mi vida. ¿Y no hay otra pastelería en el pueblo? + +—Ninguna. + +—¿Y absolutamente no hay nada que darme? + +—Nada, si no se contenta con un pedazo de pan. + +—Corta cosa es, y mi estómago me parece que ahora requiere más +sustancioso refrigerio. Duélase, hermana, de mi necesidad, y no me +obligue a andar en ayunas el resto de la jornada, que por la paga no +quedaremos mal. + +—Mi señor no está en casa —replicó la huéspeda—, además de que, aunque +estuviera, no creo yo que quisiera ahora hacer nada. + +—Válganos Dios, y qué poco amigo de trabajar es el pastelero: sea usted +más caritativa, y alivie mi necesidad, que tengo prisa; el pueblo +a que voy aún está lejos, y no quisiera llegar a él hambriento, y +creyendo que en cuerpo tan bello haya un alma empedernida. + +Estas últimas palabras, pronunciadas en un tono entre galán y jocoso, +arrancaron, por decirlo así, una sonrisa a la grave pastelera; pero +había en ella tanta dignidad, y en su aire tal importancia, que a ser +en una princesa, se dijera que el requiebro la agradaba solo en cuanto +a mujer. Mas el mancebo no estaba entonces para pagarse de sonrisas; el +hambre le aquejaba, y continuó sus instancias, quizás con importunidad; +pero mezclándolas con tantas y tan discretas lisonjas que al cabo dio +al traste con la pereza o el orgullo de la huéspeda. + +—Por oír misa y dar cebada —dijo esta—, ya sabe usted que no se pierde +jornada. Haga, pues, que su criado lleve los caballos al mesón, que +está en la misma calle, y váyase el señor caballero a oír la misa del +padre vicario de Santa María la Real, que dentro de una hora veremos +de dar modo para satisfacer su apetito. + +—¡Una hora! Mucho es; pero sea: oigamos misa, y después volveremos a... + +—A desayunaros. + +—Y a ver los negros ojos de la más bella pastelera de esta tierra. + +—Lisonjas de cortesano. + +—No, sino verdades de hombre honrado. + +—Si se retarda, caballero, no llega a la misa. + +—¿Está lejos la iglesia? + +—A dos pasos. Desde la puerta de casa verá usted la del monasterio. + +Y diciendo así, acompañó al caminante hasta la puerta, y en efecto le +indicó el convento que desde ella se veía. + +Don Juan de Vargas, hermano del marqués de ***, que es el caminante que +hemos visto, era un caballero mozo, de buen parecer, mediana estatura, +rostro blanco, complexión enjuta, humor jovial, muy aficionado a las +armas, y sobradamente a las damas; sirvió al rey en Flandes con honor +algunos años; su valor y nacimiento le alcanzaron una compañía, y en la +ocasión en que le hemos visto se hallaba en España a causa de haberle +llamado su hermano el marqués, que achacoso antes de la vejez, soltero, +y sin inclinación al matrimonio, le propuso hacerle su heredero, con +solo la condición de renunciar el ejercicio de las armas y venirse a +vivir en su compañía. + +Don Juan repugnaba dejar los campos de Marte; pero el agradecimiento a +su hermano, las muchas ventajas que la proposición de este le ofrecía, +y finalmente, algunas desavenencias con el cabo principal del tercio en +que servía, le decidieron a dejar su bandera, con permiso del rey, y +regresar a Valladolid, ciudad donde el marqués residía. + +Este desde luego descargó en su heredero el cuidado de su hacienda y +estados que estaban en Castilla la Vieja, lo que proporcionó a don Juan +hacer frecuentes viajes por la provincia, los cuales hacía siempre a la +ligera con un solo criado, divirtiendo en ellos y en la caza el ocio de +su nueva vida, insoportable para un hombre activo como él, vehemente, +y habituado al continuo movimiento de la guerra. + +Regresaba don Juan a Valladolid, después de haber visitado varios +pueblos del señorío del marqués situados en la sierra de Ávila, y se +había propuesto llegar aquel día, y detenerse algunos en Medina del +Campo, villa ya muy decaída entonces, pero no de tan poca importancia +como lo es en el día. + +Sigámosle al monasterio de Santa María, que lo era de monjas de San +Agustín: dirigiéndose a él, con el piadoso fin de oír misa, iba don +Juan repasando en su memoria el gracejo de la pastelera, y tratando, +por decirlo así, de casar lo plebeyo de su condición con la nobleza de +su porte; el deseo de la ganancia, natural en el tratante de oficio, +con la negligencia y descuido de aquella mujer, que nada tenía en su +casa preparado para la venta; y finalmente, la solícita adulación de +la mayor parte de las gentes dedicadas a aquel tráfico, con el despego +casi grosero de la morena de Madrigal. + +Poco tiempo hacía que don Juan había vuelto de Flandes, donde las +gentes, aunque de suyo poco aficionadas a los españoles, no perdían +nunca la ocasión de ganar con ellos el dinero; los tudescos, +flemáticos, sí, mas no perezosos, saben adoptar siempre el tono +conveniente a la profesión que el interés, o la necesidad, les obliga a +ejercer, y don Juan se olvidaba de que estaba en Castilla la Vieja. + +Embebido, pues, en sus reflexiones, llegó al pórtico de la iglesia, en +donde se hallaba reunido todo el pueblo, pues el día en que principia +nuestra historia era festivo, y la misa del padre vicario la que +siempre oían las personas de más cuenta y las que sin serlo aspiraban a +darse importancia, que ya entonces eran en bastante número. + +Todo en aquel tiempo llevaba en España el sello del carácter severo y +sombrío de su monarca. Cada una de las clases del Estado se distinguía +en todo género de actos por sus insignias, por la calidad y hechura +de sus vestidos. El color más de moda era el negro; los militares +eran acaso los únicos que vestían de color: los adornos eran ricos +y costosos, pero sencillos y graves: un cintillo de diamantes por +presilla en el bonete, una larga y gruesa cadena de oro colgando del +cuello, y dando una o más vueltas sobre el pecho, y una sortija de +valor en algún dedo. + +El traje del siglo era airoso: Van Dyck, dice Walter Scott, lo ha +inmortalizado. En efecto, o es la magia de aquel gracioso pincel, +o verdaderamente el corte y disposición de los tales vestidos era +infinitamente superior a los inconcebibles arreos de que hoy nos vemos +cargados. Confieso ingenuamente que como no sea la idea de asimilarnos +a los monos, no concibo cuál fuese la del inventor de los faldones de +nuestros fraques. El pantalón, a la verdad, ya se entiende; porque la +especie ha degenerado ya tanto que apenas hay pierna masculina capaz de +llevar con honor el calzón ajustado. ¡Pero el chaleco, casaca, y sobre +todo el corbatín! El corbatín, instrumento eterno de suplicio para el +hombre obeso y corto de cuello, a quien no deja respirar, y para el +hético agrullado, cuya cabeza, dejándose ver sobre una columna de raso +o terciopelo, parece blanco puesto allí para diversión de muchachos. El +corbatín, repito, es la más desatinada de las invenciones. + +Pero aún es mayor disparate entretener al lector con tales reflexiones: +para concluir, en general, esta materia, diré que el calzón en aquel +tiempo era ajustado y largo, que llegaba hasta la garganta del pie; +la bota como la de campana; el jubón, ajustado a la forma del cuerpo, +llegaba hasta la cintura, a la cual se ajustaba por medio de un +cinturón, del que ordinariamente pendía la espada; comúnmente estaba, +como entonces decían, acuchillado, es decir, con ciertas aberturas +cubiertas con unos bollos de seda en los ricos, y de lienzo más o menos +fino en los artesanos y demás clases pobres. + +El pueblo andaba de ordinario en cuerpo, y es natural, pues de esta +manera estaba el hombre más desembarazado para entregarse a sus faenas, +y en la cabeza llevaban los plebeyos un sombrero de copa redonda y ala +ancha; al paso que los nobles, los funcionarios públicos, los criados y +demás gente ciudadana, o por una razón o por otra, superior a la plebe, +usaban la capa corta, que no pasaba de la cintura, y un bonete o gorra +semejante, si no igual, a la que vemos en nuestros cómicos cuando +representan las comedias de Lope, Calderón, etc. + +El traje de camino variaba en algún tanto: este era constantemente +de color menos fino y delicado que el de la ciudad; y en lugar de la +capa corta se llevaba el gabán, especie de capotillo sin mangas, y que +cuando la ocasión lo requería, se usaba con forro de pieles, y aun a +veces una capa parecida en las dimensiones a las del día. + +Diremos, al paso, que tal era el vestido que llevaba nuestro don Juan, +y cebando en las digresiones, continuaremos acompañándole en el +pórtico, en donde se paseaba esperando la misa, siendo el objeto de +las miradas de todos, y haciendo por su parte algunas observaciones en +aquellos honrados vecinos. + +El traje de camino, el aire desembarazado y libre de un cortesano, +la osadía del militar, y un cierto no sé qué de seguridad y ninguna +extrañeza, al verse solo entre personas desconocidas, que debía don +Juan a la educación, al ejercicio y a los viajes, eran para Madrigal +una cosa nueva. + +Los individuos de la justicia del pueblo, que con el traje de etiqueta, +la vara en la mano y el alguacil al lado, esperaban que la campana les +diera la señal de ir a ocupar en el templo su asiento privilegiado, +y estaban, como de razón, algún tanto separados del resto de la +concurrencia, no fueron por eso los últimos en notar la llegada del +forastero. + +El corregidor, hombre de mediana edad, chico de cuerpo, abultado de +barriga, de rostro circular a manera de luna, con dos ojitos de color +de perla abiertos a punzón, chato y de pocas letras, pero lleno de la +importancia de su empleo, cuya insignia, la golilla, no abandonaba +ni para dormir, y que hasta para pedir la comida o el sombrero creía +necesario un auto de oficio, hubiera de buena gana mandado a su +secretario que fuera a notificar al recién venido se presentase ante +su señoría a declarar en forma su nombre, apellido, profesión, etc., +so pena de diez ducados de multa (que las multas eran lo que mejor le +parecía del oficio); pero como su consorte le había apercibido de que +hablase poco, si no quería exponerse a decir solemnes necedades, y el +buen magistrado era un marido paciente y obediente, se contentó por +entonces con señalar con el dedo a don Juan, llamando la atención del +escribano, y pronunciando gravemente la palabra _visto_. + +—Por mandado de su señoría —respondió maquinalmente el escribano, +especie de autómata legal con todas las apariencias posibles de una +momia. + +El alcalde, los regidores, el personero y el alguacil fijaron también +la vista en el forastero, que acaso se dirigía hacia ellos en su paseo. + +—Es galán —dijo uno de los regidores. + +—Y su porte de cortesano —contestó el personero, que había estado +alguna vez en Valladolid. + +—Más parece soldado que otra cosa —replicó el primero—. Dios tenga de +su mano a las mujeres si ha de pasar algunos días en el pueblo. + +—Y a los mozos si viene de bandera —dijo el alcalde. + +—¿Qué dice su señoría? + +—Conforme —respondió el corregidor. + +Ya en esto don Juan les había vuelto la espalda, y era observado por +otros corros formados por distintas personas del pueblo; pero no +halló cosa en ninguno que le llamase la atención, ni le distrajese +del apetito que el caminar le había excitado; solo notó un hombre +vestido en cuanto a la forma como el resto de los habitantes, es decir, +humildemente; pero que tanto en la calidad del paño de su ropa, que +bien se echaba de ver era finísimo, como en el aire del cuerpo, no +solo lejos de ser grosero y torpe, sino además noble, distinguido y +rigoroso, se hacía notable entre todos. + +Este se paseaba solo como don Juan; pero se conocía que no era +forastero, pues aun cuando los madrigaleños no dejaban de mirarle con +cierta curiosidad, se dejaba ver que era objeto a que sus ojos estaban +acostumbrados. + +El rostro puede decirse que no se le veía, pues el ala inmensa +de su sombrero no daba lugar a ello; pero si alguna vez por un +movimiento brusco se dejaba ver, dos ojos negros como el ébano, vivos, +penetrantes, y entre airados y melancólicos, hacían dudar de si las +arrugas que le cubrían eran efectos de pesares y trabajos, o de una +edad que se aviene mal con tanto fuego y con músculos tan vigorosos en +la apariencia como los suyos. + +Cuando este individuo pasaba por las inmediaciones de algún corrillo +de gente del pueblo, nadie dejaba de saludarle, más respetuosa que +afablemente; los hidalgos y los ricos volvían con tiempo la vista para +no saludarle, ni hacer desaire a su persona, y él ni parecía admirarse +del acatamiento de los unos, ni extrañar la afectada distracción de los +otros. + +La justicia era la que aún le trataba de un modo más extraño. Al pasar +por sus inmediaciones, la mano del para don Juan desconocido personaje +hizo un movimiento como para tocar el sombrero, mas se quedó en el +camino, y aquellos señores hubieron de contentarse con un buenos días +nos dé Dios, pronunciado en voz apenas inteligible. + +Sin embargo todos contestaron, aunque con cierta expresión en la +fisonomía que no era fácil decidir si era de desprecio o de temor. Mas +cualquiera que fuese, al interesado pareció dársele poca pena, pues +continuó sus paseos sin inquietarse en manera alguna de los magistrados +de la villa. + +Cuando el ánimo está libre, cualquier cosa basta a llamar nuestra +atención; así es que don Juan la fijó sin saber por qué en aquel +hombre. Por su parte el incógnito clavó también un instante la vista +en el hermano del marqués. En un momento recorrió toda su persona; +parecía querer penetrar en lo íntimo de su corazón; preguntarle con +su mirar quién era, a qué había venido, por qué le observaba; pero +un momento después, cruzando los brazos sobre el pecho e inclinando +la cabeza, en la apariencia se olvidó de que don Juan estaba allí, y +siguió paseándose. + +Lo que a nosotros nos ha costado algunas páginas decir fue sin embargo +obra a todo más de unos cinco minutos que tardó la campana en sonar el +acostumbrado tercer toque a misa. + +Rompió la marcha el corregidor hacia la iglesia, y siguiole el +ayuntamiento, atravesando la calle que con el sombrero en la mano +formaron los circunstantes, a excepción de don Juan y su incógnito +que por causas distintas no creyeron necesario rendir homenaje al +magistrado. De aquí resultó que ambos fueron también los últimos a +entrar en el templo, lo que verificaron tan a un tiempo que don Juan +esperó poder entonces satisfacer la curiosidad que tenía de verle el +rostro al individuo en cuestión; mas se engañó, pues este antes de +poner el pie en la iglesia hizo un movimiento rápido para colocarse +detrás del caballero, a quien ya no le quedó más partido que el de +continuar su camino. + +No fue sin embargo sin un secreto despecho de verse burlado en el mismo +instante en que ya creía conseguido su designio. Tenaz por carácter, y +no reprimida aún su vehemencia por el hielo de los años ni por la mano +de hierro de la desgracia, era natural que no renunciase fácilmente a +una empresa que ya por sí no presentaba graves dificultades, porque +a la verdad, verle el rostro a un hombre que anda por la calle no es +cosa maravillosa. Ofreciole la fortuna una ocasión, y la agudeza de +su ingenio medios de aprovecharse de ella. No había en la iglesia más +que una sola pila de agua bendita; a ella, pues, había de acudir el +incógnito. Don Juan sentía detrás de sí los pasos de aquel hombre; +llega a la pila, introduce la mano, y se vuelve con rapidez para +ofrecer cortésmente el agua; pero sea que el último hubiese previsto +lo que iba a suceder, sea que por evitar las miradas de otros curiosos +creyera oportuno seguir ocultándose, lo cierto es que con la mano +izquierda llevaba inmediato a la cara un pañuelo, como si sufriera +de dolor de muelas, de manera que no era posible vérsela. Alargó sin +embargo el brazo derecho, recibió de don Juan el agua bendita como si +aquel obsequio le fuera cosa debida, e inclinando apenas la cabeza +en señal de gracias, desapareció detrás de una de las columnas de la +iglesia antes que aquel caballero volviera en sí del asombro que la +presencia de espíritu y gravedad del desconocido le causaron. + +El órgano sonaba ya; las religiosas en el coro habían dado principio +al oficio divino, y don Juan, buen católico, y por otra parte hombre +cuerdo, conoció que ni el paraje ni la ocasión eran a propósito para +empeñarse en seguir a un hombre que visiblemente se obstinaba en no +dejarse encontrar. Renunció, pues, por entonces a su empresa, y púsose +a oír la misa con toda devoción, si bien, a pesar suyo, no cesaba de +mirar por todas partes con objeto de descubrir en algún rincón al +misterioso habitante de Madrigal. + +Mas todo su mirar fue en vano; la misa se concluyó, y ya iba don Juan +a retirarse de la iglesia cuando advirtió que su incógnito iba delante +del sacerdote y en dirección a la sacristía. En el momento tomó el +mismo camino, y acelerando el paso se adelantó al vicario, quedándose +no obstante algo más atrás que el objeto de su curiosidad. + +Este, así que llegó a la puerta de la sacristía, se paró, colocándose +a la derecha de ella de modo que era imposible que el fraile pasase +sin verle. Don Juan, resuelto ya hasta a reñir con aquel hombre, si +necesario fuese, para verle a su gusto, hizo igual movimimiento en +el lado izquierdo de la puerta, quedándose frente a él de manera que +estaban como dos centinelas puestos para guardar un paso importante. + +El de Madrigal, que conservaba el pañuelo puesto en la cara, lanzó una +mirada de furor a don Juan; pero este, que no era hombre de asustarse +por miradas, permaneció intrépido en su puesto, mirándole de hito en +hito. + +En esto ya el vicario llegaba a la sacristía con las manos cruzadas +sobre el pecho, baja la cabeza y en el más profundo recogimiento, +sin advertir en manera alguna a aquellos dos hombres, inmóviles como +estaban, y que acaso eran los únicos que quedaban en la iglesia. + +Ya iba a entrar por la puerta, cuando el desconocido, dejando caer el +brazo izquierdo y descubriéndose por consiguiente el rostro, dijo en +voz clara y sonora, si bien no muy elevada: + +—Fray Miguel de los Santos, guárdeos el cielo. + +Desde la primera palabra levantó el fraile la cabeza, tan despavorido +como si oyera la voz del ángel exterminador, y clavando sus ojos +desencajados de espanto en la fisonomía del que le hablaba: + +—¡Jesús me valga! —exclamó con voz apagada. + +Y cediendo a la fuerza de su temor, se desmayó. + +Venturosamente don Juan estaba tan cerca que pudo impedir su caída, +recibiéndole en los brazos. + +El desconocido entonces, dirigiéndose a él, le dijo entre airado y +pesaroso: + +—Socórrale, y otra vez no sea tan entremetido. + +Dicho esto, volvió la espalda y dejó la iglesia. Don Juan llamó al +sacristán, a quien entregó el vicario sin decirle nada de la causa de +su accidente, y echó a andar apresuradamente pero con ánimo de alcanzar +al singular personaje que acababa de dejar, y obtener de él, de grado o +por fuerza, la explicación de aquel suceso. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO II + + Como de leve chispa al solo fuego + Se inflama el bronce vomitando muertes: + Al torpe influjo de calumnia impía + Así la furia popular se enciende. + + (_Canción anónima_). + + +Por más pronto que el sacristán del monasterio acudió a la voz de don +Juan, y a pesar de cuanta prisa se dio este a salir de la iglesia, +no pudo hacerlo con tanta brevedad que alcanzase a la persona que +buscaba. Todavía, cuando don Juan salió, quedaban en el pórtico +algunos corrillos, y uno entre ellos formado por los individuos de la +justicia, que ya conocemos de vista; pero ni con estos ni con ninguno +de los habitantes estaba el incógnito, como don Juan vio después de +haber examinado apresurada y curiosamente la fisonomía de todos los +circunstantes, inclusa la del señor corregidor. + +El aire afanado de don Juan, cierta especie de sobresalto que se +dejaba ver en su rostro, y, sobre todo, el desacato inaudito con que +se atrevía a pasar en revista la fisonomía del primer magistrado de +la villa, llamaron la atención general de un modo tan visible que, a +estar menos preocupado con su designio, conociera nuestro caballero +que su conducta era por lo menos imprudente. Mas ya se ha dicho que +don Juan era obstinado; él mismo lo ha dejado ver en toda su conducta +desde que está a nuestra vista, y además, en el punto a que las cosas +habían llegado entonces, su curiosidad estaba demasiado exaltada para +contenerse por respeto al desagrado de los honrados madrigaleños. + +Sin embargo, todas sus diligencias fueron inútiles. Después de haber +examinado detenidamente todas las inmediaciones de la iglesia, conoció +que correr las calles y un pueblo desconocido en busca de un hombre +cuyo nombre, calidad y empleo ignoraba sería sobre descabellado, +infructuoso. Resolviose, pues, a regresar a la pastelería, con ánimo +de adquirir en ella, si posible fuese, algunas noticias sobre el objeto +en cuestión. + +Pensar y ejecutar eran para el hermano del marqués casi una misma +cosa. Cinco minutos después de tomada su resolución estaba ya sentado +en la pastelería delante de una mesa que la huéspeda le había hecho +preparar durante su ausencia. Mas no estaba cuando don Juan llegó la +agraciada morena; un marmitón mulato, y silencioso como la tumba, fue +quien le hizo seña de ocupar su asiento; y poniéndole delante un asado +de cabrito, medio pan blanco y un frasco de vino, se retiró sin decir +palabra a lo interior de la casa. + +No pudo menos don Juan de sonreírse viéndose recibir de aquella manera, +y de exclamar para sí: + +«¡Por vida de mi padre, que a estar en carnestolendas dijera que estos +señores de Madrigal se han propuesto hacer burla y chacota de mi +persona! Todos son misterios, y voto..., pero comamos, que después +habrá lugar para todo». + +En efecto, don Juan ocupó su asiento, y después de persignado y +santiguado devotamente empezó a embaular bonitamente, unos tras otros, +muchos y no muy pequeños pedazos de cabrito, los que, para que no se +le secaran en el estómago, tenía muy buen cuidado de humedecer con +copiosas libaciones. + +Al paso que iba había cabrito para muy poco tiempo; pero aún no +había concluido cuando, por detrás de él y sin haber precedido ruido +de puerta ni de pasos que se lo anunciase, apareció la huéspeda y, +tocándole ligeramente en el hombro, le dijo sin detenerse y en voz tan +baja que apenas se oía: + +—Guárdese de requebrarme. + +Cuando la última de estas palabras hirió el oído de don Juan, ya la +morena ocupaba el mismo asiento en que la había visto la primera vez, y +su actitud y aparente indolencia eran absolutamente las mismas también +que en aquella ocasión. + +El primer movimiento de don Juan, sintiéndose de improviso tocar en el +hombro, fue llevar la mano al puño de la espada; pero viendo, casi al +mismo tiempo, a la huéspeda, y escuchando las palabras que le decía, +se quedó absorto durante algún tiempo. Recobrado empero, y volviendo +a su humor festivo, se sonrió con la morena, quien le correspondía +igualmente, y animado con tan buen principio, empezó a decir: + +—¿Querrá usted decirme por qué me prohíbe...? + +La huéspeda, conociendo que la palabra _requebrarla_ u otra +equivalente era la que el forastero iba a pronunciar, recorrió rápida +y sobresaltadamente el aposento con la vista, y tomando en seguida +una actitud tan imponente que rayaba en teatral, puso el dedo índice +sobre sus labios, clavando al mismo tiempo sus hermosos ojos en los del +desconcertado caminante, que entonces no sabía qué cosa admirar más, +si la gracia y belleza de la mujer que tenía delante, o aquel aire de +dominio con que sin derecho alguno quería tratarle. + +—Es singular —exclamó—; pero al cabo es mujer —dijo para sí—; no hay +humillación en someterse a ella: variemos la conversación. Paréceme +—continuó en alta voz— que la gente de Madrigal tiene mucha afición al +padre vicario del monasterio, pues según los informes que tengo, poca +gente más será la que hay en el pueblo que la que yo he visto en misa. + +—Muy poca —respondió la morena, que había vuelto a recobrar su primera +apatía. + +—Y no faltan hidalgos en el pueblo. + +—Podrá ser. + +—¿Cómo podrá ser? ¿Pues usted no lo sabe? + +—No, a fe mía. + +—¿Y cómo, estando en la villa y habiendo tal vez nacido en ella? + +—Porque jamás me empeño en averiguar lo que no me importa. + +Y a estas palabras acompañó una mirada tan expresiva, tan burlona, que +confundió a don Juan y suspendió su locuacidad por algún tiempo. + +La pastelera calló también, y al parecer se ocupaba en contar las vigas +del techo, mientras que el caballero, rojo como el carmín, apoyaba +un codo en la mesa, la frente en la mano, y con la otra desmenuzaba +prolijamente una miga de pan como si la destinara a cebar algún +pajarillo. + +Después de algunos segundos, pasados en esta posición, don Juan, +dejándola bruscamente como por efecto de una de aquellas luminosas +reflexiones que, cuando menos esperamos, vienen a facilitarnos la +solución de algún problema que nos parecía imposible resolver, don +Juan, repito, volvió a anudar la interrumpida conversación. + +—¿Conocería, por ventura, vuesa merced a un hombre...? + +—¿Más curioso que siete mujeres? —interrumpió malignamente la huéspeda +con no poca mortificación del preguntante. + +—No es eso lo que voy a decir, hermana —replicó entre vergonzoso y +enojado don Juan—; iba a preguntarle si conocía a un hombre que hoy en +misa ha llamado mi atención. + +—Yo no he ido hoy a oír la misa del padre vicario. + +—Lo sé, pero sin embargo, pudiera ser que las señas que yo diese de +su persona —aquí advirtió don Juan que la huéspeda mudaba de color— +hiciese venir a usted en conocimiento de quién sea. + +—Diga, pues, señor caballero —prorrumpió la huéspeda morena, pero con +visible agitación. + +—Su edad es entre la mocedad y la vejez, su persona parece ser de +hombre robusto y asendereado, sus movimientos anuncian la agilidad que +solo se adquiere con el ejercicio de las armas. + +—O haciendo pasteles —dijo detrás de don Juan la misma voz que en la +iglesia causó el desmayo de fray Miguel de los Santos. + +—Pardiez —exclamó don Juan, que familiarizado ya algún tanto con las +sorpresas, recibió la nueva aparición con menos asombro que era de +creer—; pardiez, hermano, me alegro más de haberos encontrado que si el +rey me hubiera hecho merced de alguna encomienda. + +El incógnito, que llevaba su gran sombrero calado como siempre hasta +las cejas y los brazos cruzados sobre el pecho, dejó a don Juan decir +libremente, y continuó andando hasta colocarse de pie en frente de él +y al lado de la pastelera, cuyos ojos, desde el momento de su entrada, +no se apartaron del suelo. + +El silencio duró algunos instantes; quien lo rompió fue el pastelero. + +—Señor caballero: si en efecto lo es usted, puede saber que la +curiosidad indiscreta es gravísimo defecto, propio más bien de +mujercillas y hombres bajos que de gente noble y principal. Pero usted +es mozo, y como tal no es extraño que aún no haya aprendido a moderar +sus pasiones. Yo no soy ni quiero ser un misterio, y ciertamente creo +que para correr a usted bastaría decirle que el que ahora le está +hablando es el pastelero de Madrigal, su humilde criado. + +El principio de esta arenga inflamó al irascible don Juan; cuanto más +era la razón con que el pastelero le reprendía tanto mayores eran +su mortificación y cólera; pero cuando oyó a aquel hombre concluir +declarando su oficio, sin embargo de que la tal declaración se hizo +con un tono indefinible que ni bien era amargo, ni irónico, ni cortés, +ni grave, fue tan poderosa con él la risa que prorrumpió en una gran +carcajada. + +Esta se prolongó tanto que la pastelera acabó, como a pesar suyo, por +hacer otro tanto, y hasta el mismo dueño de la tienda dio muestras de +abandonar por un momento su austera gravedad. + +Así se pasó algún tiempo, y sabe Dios el que se hubiera pasado si +en medio de aquella inmoderada y acaso intempestiva alegría, no se +dejara ver en la puerta de la calle, que estaba abierta, un hombre, o +esqueleto de tal, alto, flaco, carilargo, ojihundido, vestido de negro, +con un lío de papeles debajo del brazo y un gran tintero de cuerno en +la mano; el escribano, en fin, en cuerpo y alma, si es que la tenía. + +—Abran aquí a la justicia —dijo parándose en el umbral de la puerta. + +Y esta frase fue la primera noticia que de su venida tuvieron los +tres reidores; al oírlas cesó la risa, cada cual fijó los ojos en la +puerta, y don Juan, viéndola abierta de par en par y que el fantasma +que en ella había decía sin embargo que se la abriesen, estuvo por +empezar de nuevo a reírse: contúvole empero la idea de que aquel hombre +era al cabo un ministro de la justicia, y se contentó con decirle: + +—Por más abierta no doy una blanca; entre usted, que bien puede. + +La pastelera se inmutó extraordinariamente; sus manos, que don Juan +notó ser de primorosa estructura y no embrutecidas por el trabajo, +se cruzaron sobre sus faldas con un movimiento convulsivo y casi +involuntario; perdió el color del rostro y echó una mirada al cielo +como pidiéndole protección. + +Del pastelero no fue posible juzgar, pues el ala del sombrero le +cubría, como se ha dicho, toda la cara, y en su persona no se notó +movimiento que anunciase temor ni sorpresa como no fuese el echar la +mano al puño de una daga corta que llevaba casi oculta entre los +pliegues del vestido, y aun esto con tanta negligencia y espacio, que +más parecía movimiento casual que de precaución. + +No bastó la invitación de don Juan para que el escribano pasase +adelante, sino que despreciando el aviso del caballero se dirigió de +nuevo al dueño de la casa, repitiéndole en su falsete: + +—Abran aquí a la justicia. + +—Abierto está; entre la justicia cuando quiera —respondió el pastelero. + +Y entonces el escribano entró, seguido de dos alguaciles y cuatro +robustos mozos armados con alabardas, mohosas, sí, mas de un tamaño +respetable. + +«Este Madrigal —dijo para sí don Juan viendo aquello— es villa +maravillosa, o se ha trastornado desde que estoy en ella: ¿qué va a que +se llevan preso a mi huésped?». + +Mientras hacía estas reflexiones, dos de los alabarderos se quedaron +guardando la puerta, y otros dos se colocaron a los costados del +escribano, quien tranquilo al parecer con aquella escolta, empezó a +decir: + +—Gabriel de Espinosa: el rey nuestro señor, y en su nombre el señor +corregidor de esta villa, y yo, por comisión de su señoría, expedida en +debida forma, según más latamente consta en autos, os requerimos para +que en este mismo instante nos entreguéis, para que puesto en lugar +de seguridad y juzgado, y _secundum alegata et probata_, conforme a +derecho, sufra la pena a que haya lugar, la persona de un asesino que +tenéis en vuestra casa pastelería, sita en la villa de Madrigal, en el +reino de Castilla la Vieja. + +—Señor escribano, mi casa no es, ni ha sido nunca, asilo de +malhechores. Usted viene engañado, pues en ella no hay persona alguna +forastera, como no sea ese gentilhombre que usted está viendo, que +seguramente no tiene trazas de asesino. + +—Nada más engañoso que la apariencia —replicó gravemente el escribano—. +Cierto no es el hábito que acostumbra vestir la gente maleante el +que vemos en la persona que usted nos señala; pero como por lo demás +convienen en ello todas las señas contenidas en el auto de oficio y +mandato de prisión de su señoría, fuerza será reconocer en este buen +hombre el asesino que buscamos. + +—Mentís como un bellaco —gritó furioso don Juan, irritado con tan +rigorosa y no merecida acusación. + +—Favor a la justicia —exclamó el escribano. + +Y al mismo tiempo sus dos satélites, enristrando las lanzas, le +pusieron a don Juan las puntas al pecho obligándole a retroceder hasta +la pared, sin darle tiempo para tirar de la espada. + +Sin embargo de verse en tan crítica posición, aún pudo tirar de un +puñal, y hacía ademán de resistirse con él. Los alabarderos, por su +parte, irritados con sus amenazas, le apretaban tanto con sus armas que +hubo momento en que realmente pudo decirse que estuvo a un dedo de la +muerte. + +El escribano se había retirado hacia la puerta: el pastelero miraba +desde el lugar en que le cogió el principio de aquella escena singular +el valor de don Juan; pero la morena, más sensible y arrojada, corrió a +los mozos, separó con sus manos las puntas de las alabardas del pecho +del caballero, y poniéndose delante de él, le dijo: + +—Entréguese usted a la justicia; si es inocente, como lo creo, no +estará mucho tiempo en sus manos; y si fuese culpado, sobre que la +resistencia sería inútil, no haría más que perjudicarle en su causa. + +El raciocinio era concluyente; pero todavía más que su evidencia +pudo con don Juan la dulzura de la voz, el tierno interés con que se +pronunció, y la expresión hechicera del rostro de la que con razón +llamó su libertadora. + +—Usted —contestó— acaba de salvarme la vida, y justo es que yo ponga +mis armas a sus pies —y, en efecto, lo hizo así—: disponga, pues, vuesa +merced de mi persona, y crea que desde este instante se ha ganado un +amigo, que lo será mientras viva. + +No replicó la pastelera, sino que cogiendo la espada y puñal de don +Juan los puso sobre una mesa, y dirigiéndose al escribano, le dijo +desdeñosamente: + +—Ya puede hacer su oficio. + +Don Juan, adelantándose entonces hacia el secretario, sin soberbia ni +humildad le dijo: + +—Soy vuestro preso; pero acordaos que soy noble, y mi familia poderosa. + +Concluidas estas palabras, los cuatro mozos de las alabardas cogieron +en medio al hermano del marqués y salieron procesionalmente de la +pastelería, cerrando la marcha el escribano, y dirigiéndose todos hacia +la casa-posada del señor corregidor, que estaba esperando al presunto +reo con alguna impaciencia. + +En el tránsito se agregaron muchas personas, que ya el aparato +desplegado por la autoridad en la prisión de don Juan había reunido a +la puerta de la pastelería; la mayor parte de ellas que andaban por las +calles, y no pocas de las que estaban en sus casas y vieron pasar el +singular acompañamiento de nuestro caballero. + +—¿Por qué llevan preso a ese mancebo? —preguntó uno de modo que el +interesado pudo oírlo. + +—No sé —respondió otro—, pero, según dicen, ha cometido un asesinato. + +—Imposible —interrumpió una mujer—, imposible: ¡si es tan galán! + +—Sí, como él sea galán, nada malo puede hacer —exclamó gruñendo un +hombre que, por la amabilidad que con ella usaba, se conocía ser su +marido. + +—Señores, es un hereje. + +—Judaizante, judaizante. + +—No hay tal, señores, es un morisco disfrazado. + +Todas estas conjeturas más divertían a don Juan que le mortificaban, +pues, seguro de su inocencia, lo estaba de justificarse de cualquier +crimen que se le imputara. + +Pero de repente, y de entre las personas del pueblo que más distantes +estaban del preso, sale una voz de trueno gritando: + +—Matadle, matadle al asesino, al sacrílego. + +Este apóstrofe produjo un momento de horror y profundo silencio; pero a +poco se oyó un ruido sordo como el del mar en el momento de empezarse +una tempestad. + +Los habitantes se hablaban entre sí, y casi todos a un tiempo: la +pregunta «¿Y qué es lo que ha hecho?» vuela de boca en boca. Pero el +estrépito es tal, la diferencia de voces y la agitación tan grandes, +que la respuesta no se da, o no puede llegar a los oídos del interesado. + +Un momento después, la voz de «¡Muera!, ¡matadle!, ¡a la hoguera!» es +general; los alabarderos, los alguaciles y el escribano bastan apenas +con amenazas, con razones y ruegos, a contener aquellos furiosos, que +más de una vez estuvieron a punto de arrojarse sobre la persona de don +Juan, y de hacerle pedazos. + +Decir que este caballero iba tranquilo en tan amargo trance sería +falso, inverosímil. El amor a la vida es natural, y perderla inocente, +sin esperanza de gloria y por el necio capricho del vulgo ignorante, +será siempre muy cruel, por más que suceda alguna vez en todos siglos y +épocas. + +Sin embargo, fuera de ponérsele el rostro amarillo como la cera, no +dio nuestro don Juan otra señal de temor. De buena gana se hubiera +tapado los oídos para no escuchar las horrendas imprecaciones que de +todas partes, y sin cesar, llovían sobre él; pero conoció que sobre +no poder excusarse de oír lo que le mortificaba, pues los pulmones +de los madrigaleños eran de bronce, o tal le parecían, dar aquella +prueba de debilidad sería indecoroso y a propósito para alentar en sus +sanguinarios proyectos a aquellos amotinados. + +Uno de estos hubo tan osado que, deslizándose por entre dos de los +alabarderos, llegó a coger un brazo al preso; mas este, conociendo +lo crítico de su situación y que solo arrostrándolo todo era como le +quedaba alguna esperanza de salvarse, le descargó en la cabeza un golpe +tan furioso y tan bien aplicado que dio con él en el suelo, en donde +se quedó como muerto. Tal fue el aturdimiento que tuvo. + +Los alabarderos viendo aquello, e interesándose como es natural por un +hombre indefenso y expuesto a la ira de todos, y que sin embargo tan +valiente se mostraba, enristraron las alabardas, y cerrándose en torno +de él, lograron, no sin trabajo, abrirse paso por medio de la multitud +que por todas partes les rodeaba. + +El escribano intentó al principio resistir al tumulto con autoridad, +conminando a los amotinados con diversas penas si al punto no le +dejaban el camino expedito para que la justicia pudiera ejercer +libremente sus funciones. Pero nadie le hizo caso, y hubo quien llegó a +contestarle con muy poca cortesía. + +Visto esto varió de rumbo, empezó conviniendo con los habitantes en la +enormidad del delito del prisionero, y la justicia del castigo que para +él pedían; pero les suplicaba que dejasen a cargo de los magistrados +puestos por el rey aplicar la pena que conviniese, citándoles en apoyo +de su opinión cuantos aforismos, leyes, comentarios y pragmáticas le +vinieron a la memoria. Mas ni nadie atendía a su aflautado y meloso +acento, ni aunque hubiesen atendido sirviera de nada, pues una vez rota +por el pueblo la barrera del orden, ¿adónde pararán sus extravíos? Dios +solo alcanza saberlo. + +A pesar de todo permaneció firme en su puesto el escribano hasta la +ocurrencia de que últimamente hemos hablado, pues así que vio caer a un +hombre en el suelo, fue tan pánico el terror que de él se apoderó que, +escabullándose por entre los circunstantes, encorvado para que se le +viese menos, se dio tan buena maña que en pocos instantes se vio fuera +del campo de batalla con no poca satisfacción suya. + +Entre tanto los mozos de las alabardas, valientes como castellanos +de entonces, continuaban lenta y penosamente su marcha, y el pueblo +gritaba a más y mejor contra el pobre don Juan, que daba al diablo la +hora en que se le antojó venir por Madrigal, y quisiera más entonces +habérselas con todos los tudescos del mundo que con sus furiosos +compatriotas. + +Llegaron por fin al umbral de la casa del corregidor y la hallaron +cerrada, gracias a la prudencia de la consorte de este, doña Petronila, +que informada por un oficioso vecino de lo que ocurría en el pueblo, +dispuso tomar a todo evento la precaución de no dejar que nadie entrase +en su casa hasta que todo estuviese sosegado. + +Por más que los alabarderos llamaron, por más que suplicaron, la puerta +no se abría. + +El corregidor, puesto a la ventana del piso principal, colocada +precisamente encima de una de las rejas del cuarto bajo, decía +constantemente: + +—Hijos, no puedo abrir; mi mujer tiene la llave. + +—Ya se ve que la tengo —exclamaba desde el interior del aposento la +voz cascada de la dueña—, ya se ve que la tengo, y no la daré. + +Los amotinados se agolpaban; su furia, lejos de disminuirse, iba +tomando incremento, y era visible que en breve todos los esfuerzos de +los cuatro alabarderos serían inútiles para salvar al infeliz don Juan. + +Este, conociendo desde luego toda la intensidad del peligro, echó una +mirada en rededor de sí, ve la reja, da un salto, gatea por ella, +alcanza la ventana a que el corregidor estaba asomado, y entra por ella +en el aposento. + +Inmediatamente coge al magistrado absorto por el brazo, le retira de la +ventana, cierra vidrieras y contraventanas, y rendido de fatiga y de +sobresalto se arroja sobre un sillón. + +Al ver el pueblo el arrojo de don Juan, todo él prorrumpió en un grito +de espanto, del que se formará una idea el que haya oído exclamación +universal de los concurrentes a la elevación de un globo en cuya +barquilla se ve algún atrevido areonauta. + +Pero a la admiración sucedió el furor y el grito de derribar la puerta, +que sonó en los oídos del corregidor como la sentencia de su muerte. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO III + + Doleos la dueña. + Doleos de mí + Si no me amparades + Es fuerza morir. + —Mal hora que os coja, + ¿Por qué aquí venís? + Ni sé vuestro nombre, + Ni jamás os vi. + —Salvadme, que os juro, + Que voy a morir + Sin culpa ninguna. + —Mancebo, venid, + Que soy compasiva + Y mujer al fin. + + (_Romance inédito_). + + +Mientras que en la calle se discutía tumultuariamente sobre si sería +más conveniente echar abajo la puerta de la casa del corregidor, o +cercarla tomando todas las avenidas a ella, de manera que el fugitivo +no pudiera absolutamente escaparse de sus manos, es imponderable la +apurada situación del magistrado, su mujer y don Juan. + +Por de pronto, la sorpresa en los dos primeros, y en el último el deseo +de la conservación, no dieron lugar a ningún otro pensamiento; pero +pocos minutos bastaron para que cada uno de ellos hiciera reflexiones +sobre su posición, y análogas a su carácter. + +El corregidor repasaba en la memoria las penas impuestas por la ley +al escalamiento; pero al mismo tiempo veía con disgusto no serían +aplicables en aquel caso, porque era claro que solo el inminente +peligro de su vida movió al acusado a tomar por asalto la audiencia de +su señoría. Sin embargo, lo que más le mortificaba era cierto escrúpulo +sobre si tendría o no que inhibirse del conocimiento de aquella causa, +pues como testigo presencial del escalamiento su deposición se hacía +necesaria, y le imposibilitaba de ser juez en ella. + +Doña Petronila empezó por ceder a la timidez de que en general +adolece su sexo, y aun estuvo muy cerca de tener un desmayo; pero +venturosamente se hizo cargo de que su ilustre esposo tenía demasiado +miedo para socorrerla entonces, y el recién venido cosas de más +importancia en qué pensar, y resolvió contentarse con derramar algunas +lágrimas por el momento. + +Don Juan, después de recobrado algún tanto, prestó la mayor atención a +las voces de los amotinados, y a poco se hizo cargo de sus intentos, +los que fácilmente se figurará cualquiera, que le alarmaron en extremo. + +—Amigo, quien quiera que seáis —dijo dirigiéndose al magistrado—, en +vuestra mano está salvar la vida de un hombre que sin saber por qué, ni +haber cometido crimen alguno, es el objeto de la furia de esa canalla. + +—Doña Petronila, esposa, ya oís lo que dice este hombre. + +—Sí, ya oigo, y más valiera que ese hidalgo no hubiera venido a +ponernos en tan grave peligro. + +—Señora, el peligro en que yo mismo me hallaba es mi disculpa. + +—¿Y quién le mandó ponerse en él, señor mío? + +—El demonio, que sin duda me inspiró el pensamiento de venir a este +malaventurado pueblo. + +—¡El demonio! —murmuró aparte el corregidor—; _vade retro_. Este hombre +tiene pacto. + +—Sí, sí —contestó la corregidora, que iba cobrando aliento—; echa la +culpa al pueblo de lo que la tienen sus malas mañas. + +—¿Pero qué malas mañas, pecador de mí? ¿Qué mañas? ¿De qué me acusan? +Sépalo yo al menos. + +—Traslado —respondió el magistrado. + +—Le acusan —dijo su mujer—, del asesinato que ha cometido. + +—¡Válganme todos los santos del cielo! ¡Yo asesino! ¿Y quién lo dice? + +—Oiga, hermano, y escuchará cómo se lo dice todo el pueblo. + +—¿Y eso basta? + +—_Vox populi, vox Dei_ —dijo el juez. + +Aquí interrumpió la conversación el estrépito horrible de las voces +de los amotinados, que con más furia que nunca gritaban «¡Abajo la +puerta!», y como por vía de acompañamiento se oían los golpes que daban +en ella algunos impacientes con las astas de las alabardas que habían +logrado arrancar de manos de sus dueños, en tanto que recibían las +hachas que habían enviado a buscar. + +—Toda discusión es ociosa, señores; dentro de algunos minutos seremos +todos víctimas de la rabia de esos desalmados si por caridad no me +indican vuesas mercedes un medio para huir de aquí. + +Doña Petronila, mujer al fin, y conmovida con el riesgo a que conocía +se hallaba expuesta, quiso echar una mirada sobre su extraño huésped, a +quien hasta entonces no había examinado, temiendo hallarle espantoso; +pero cuando vio un mancebo tan bien dispuesto, y sereno hasta +cierto punto aun puesto en aquel duro trance, sintió enternecérsele +el corazón, y empezó a pensar en qué paraje podría ocultarle para +sustraerle a la espantosa muerte que sin duda le aguardaba. + +Mujer que quiere, pocas veces no puede; un retrete en su propia alcoba, +cuya entrada, dispuesta ya con arte para que no se notase, era todavía +menos visible a causa de la oscuridad del lugar en que estaba, fue el +paraje que doña Petronila creyó a propósito para ocultar a don Juan. Y +en efecto, levantándose de su asiento le asió de la mano, diciéndole: + +—Sígueme. + +El hermano del marqués, en el entusiasmo de su gratitud, no vio ni los +sesenta años de doña Petronila, ni su figura colosal y descarnada, ni +los ojos a manera de perdiz, ni la mano semejante a la de una parca; +nada vio, repito, en aquella mujer sino un ángel tutelar que venía a +arrancarle de las garras de la muerte. Así es que imprimió en la mano +que le llevaba un beso tan ardiente como hubiera podido hacerlo en +la de la misma diosa Venus si en persona se le hubiese presentado a +ofrecerle sus favores. + +No habían aún puesto el pie fuera del aposento la dueña y el +caballero, cuando les hizo pararse una voz que se oyó en la calle, +primero a lo lejos y repetida a pequeños intervalos, después muy +próxima, últimamente inmediata a la misma casa y universal, diciendo: +«¡Milagro, milagro!». + +Casi al mismo tiempo cesaron los golpes de la puerta, y el ruido de +las pisadas anunció que los amotinados se retiraban, pero con tanta +precipitación que era una verdadera fuga, y repitiendo sin cesar el +grito de «¡Milagro, milagro!», que, debilitándose progresivamente, +acabó por dejarlo todo en el más profundo silencio. + +Cuando llegó este caso, don Juan, que había permanecido en pie, y +siempre asido de la mano de doña Petronila, exclamó como maquinal e +involuntariamente: + +—¡Milagro! + +—¡Milagro! —repitió la dueña. + +—¡Milagro! —tartamudeó el corregidor. + +Después que ya fue evidente la partida de los amotinados, cada cual +se fue serenando progresivamente, y, como es natural, la curiosidad +sucedió desde luego al temor. + +Lo ocurrido era, a la verdad, para tenerla. Don Juan, en un pueblo en que +a nadie conocía, en el que apenas hacía dos horas que se hallaba, sin +que durante ellas se hubiese querellado con persona alguna, se veía de +repente acusado, preso por la justicia, perseguido por el pueblo, y de +repente, también como por encanto, a la voz de «¡Milagro!» se verifica +en efecto el de dispersarse espontáneamente el tumulto, y esto en el +momento en que era muy probable consiguiesen su intento los amotinados. + +Por su parte, el corregidor y su esposa, aunque enterados del crimen de +que se acusaba a aquel caballero, comprendían aún menos que él mismo la +dispersión del motín. + +No tardaron mucho ni unos ni otros en salir de sus dudas; pero para +hacer inteligible la solución del misterio en cuestión nos es forzoso +volver atrás por un momento con el hilo de nuestra historia. + +Recuérdese que hemos dicho que el aguijoneado don Juan, por el deseo +de conocer al que después vio ser el pastelero, había dejado al +vicario del monasterio de Santa María la Real desmayado, en brazos del +sacristán del mismo, y que inmediatamente echó a andar en busca de su +incógnito. + +Sucedió, pues, que no pudiendo el sacristán entrar solo al fraile +desmayado en la sacristía, llamó en su auxilio a dos monaguillos, que +en efecto le ayudaron a echar al vicario sobre un banco y prodigarle +los socorros ordinarios en tales casos, como rociarle el rostro con +agua, hacerle oler vinagre, despojarle de parte del vestido, etc., etc. + +Pero como a pesar de todos sus esfuerzos, y del movimiento que recibía +el cuerpo del padre vicario, no volvía de su parasismo, el pobre +sacristán, hombre pacato y de poco espíritu, exclamó afligidísimo: + +—¡Válgame Dios: está como muerto el buen señor! + +No aguardaron a oír más los dos monaguillos, muchachos de diez a once +años ambos, sino que echando a llorar amargamente salieron corriendo de +la sacristía dando grandes alaridos, en los cuales no se les oían más +palabras inteligibles que las de «Ha muerto el padre vicario». + +Ya en esto, la mayor parte o todas las personas que quedaban aún en el +pórtico cuando salió don Juan de la iglesia, se habían retirado a sus +casas; los mismos individuos del ayuntamiento se habían dispersado, y +solos el corregidor y el escribano, con algún otro rezagado, estaban +bastante próximos a la iglesia para oír las lamentables exclamaciones +de los dos acólitos. + +—Homicidio —dijo el corregidor. + +—Homicidio —repitió el escribano. + +Y recordando entonces con infernal sagacidad la salida de don Juan +de la iglesia después de todos los demás circunstantes, infirió como +consecuencia de la prisa y azoramiento que en él advirtió entonces, +que él era sin duda el asesino del padre vicario, e inmediatamente se +le comunicó a su señoría, quien contestó: + +—Préndasele, y le ahorcaremos. + +Con tan buenas intenciones, el escribano, hombre diligentísimo en +tales ocasiones, dispuso la prisión de don Juan en la forma que hemos +visto se verificó en la pastelería, y su ánimo era llevarle a casa del +corregidor para tomarle inmediatamente las primeras declaraciones. + +La casualidad hizo que las primeras personas que se reunieron a la +comitiva de don Juan no estuviesen enteradas del crimen de que se le +acusaba; pero ya cuando se aumentó el concurso, se agregaron a él +uno o dos sujetos que, habiendo oído la conversación del juez con su +secretario en las inmediaciones de la iglesia, hicieron correr la voz +de que aquel hombre iba preso por haber asesinado al padre vicario en +la iglesia misma en el momento de acabar de decir misa, y revestido aún +de las sagradas ropas. + +El delito era enorme en sí, atroz por la persona en quien se cometía, +y sacrílego por el paraje en que se suponía haberse cometido y +circunstancias que le acompañaban. + +Pero sin embargo, para comprender bien el furor que encendió en el +pueblo, es preciso saber lo que amaba al que creía muerto. + +Fray Miguel de los Santos era religioso del orden de San Agustín, y +portugués de nación, provincial de su orden en Lisboa, predicador, +confesor, y amigo del desgraciado rey don Sebastián: se unió, después +de su pérdida, en estrecha amistad con don Antonio, prior de Crato, que +fue, como es cosa bien sabida, uno de los pretendientes más obstinados +a la corona de aquel reino. + +Fray Miguel debía a la naturaleza un carácter vehemente, entusiasta y +arrojado; así es que no supo sustraer a la suspicacia de Felipe su mal +reprimida adhesión a don Antonio. + +El monarca español le hizo traer a Castilla encerrado en un coche con +guardias de a caballo, y le tuvo preso algún tiempo, hasta que, por +fin, o creyendo que el fraile se habría demudado con el infortunio, o +cediendo a empeños de poderosos, le concedió su libertad, enviándole +de vicario al monasterio de Madrigal, en el cual era monja profesa +la señora doña Ana de Austria, hija natural del inmortal vencedor de +Lepanto. + +Costumbres irreprensibles, moral pura e indulgente para los demás +y severa para sí mismo, ayunos, penitencias, limosnas, la práctica +constante de todos los ritos exteriores de la religión, con más el +ejercicio, en cuanto le era posible, de las virtudes reconciliadas, +adquirieron a fray Miguel en Madrigal la reputación merecida de un +varón justo y un sacerdote ejemplar. + +Nunca la miseria acudió en vano a la caridad de fray Miguel; y si +los socorros que daba no eran siempre tan cuantiosos como él hubiera +deseado, iban por lo menos acompañados de buenos consejos y palabras +compasivas, lenitivo muchas veces, si no remedio a nuestros males. + +Con estos antecedentes es fácil hacerse cargo de la inflamación +extraordinaria y portentosa de los habitantes de Madrigal contra don +Juan de Vargas, que ni siquiera podía sospechar qué había hecho para +que tan mal le quisiesen. + +Pero el pueblo estaba firmemente persuadido de que aquel caballero +había asesinado al vicario, y el castigo que la justicia le impusiera +le parecía tardo y suave; no se trataba ya de castigar un crimen +oscuro, sino de vengar a una población entera privada del protector +de los pobres, y lavar la afrenta hecha al templo del Señor con un +atentado inaudito. + +Personas de Madrigal que por carácter, estado y edad no se hubieran +mezclado en el motín en ninguna otra ocasión, se unieron a él en +aquella. Hombres naturalmente compasivos pedían a voz en grito el fuego +y los tormentos más terribles para el que juzgaban culpado, y esto sin +tener la menor seguridad de que el crimen se hubiese cometido, mucho +menos aún de que ya que fuera así, fuese su autor el desgraciado a +quien quería sacrificar. Tal es el efecto de las conmociones populares, +movidas a veces para un solo fin, nunca muy honrado, pero que por +circunstancias podrá ser provechoso en un momento dado, y jamás se +contentan con lograrlo; como los graves aumentan velocidad en cada +instante sucesivo de su descenso, y como este aumento de velocidad +acrecienta la fuerza de la masa que desciende, así el tumulto aumenta +continuamente sus exigencias, se aumenta también sin cesar una especie +de fuego eléctrico que se comunica de hombre a hombre, los inflama a +todos, los funde, por decirlo así, en un solo cuerpo monstruoso, capaz +de todo lo malo, y nunca de nada bueno. + +¿Son exageraciones? ¿Son frases de escritor? ¡Ojalá! Pero dígalo la +historia, y no hay necesidad de ir a buscar la antigua. + +Volvamos a Madrigal. Las hachas acababan de llegar; ya dos de los más +robustos amotinados se habían apoderado de ellas, y se disponían a +empezar la obra de destrucción, cuando el grito de «¡Milagro!» se +oyó por primera vez en las últimas filas de los circunstantes, y los +que la formaban dieron a huir como gamos por calles y callejuelas, +persignándose al mismo tiempo con toda la devoción que la prisa les +permitía, y encomendándose cada uno al santo de quien era más devoto. + +¿Cuál era la causa de su espanto y gritos? ¿Cuál el milagro que +anunciaban? La resurrección de fray Miguel de los Santos nada menos: +este religioso llegó a saber el peligro inminente en que se hallaba un +hombre acusado de haberle muerto; y a pesar de que su desmayo le había +puesto realmente enfermo, dijo la causa inmediatamente para salvar a +aquel infeliz. + +La palidez de su rostro, su andar mal seguro, y la expresión +melancólica de su fisonomía le daban cierto aire poco común. ¿Qué más +necesitaba el pueblo para creer que era un muerto resucitado? + +La palabra «milagro» volaba de boca en boca. Unos corrían porque habían +visto a fray Miguel; otros porque oyeron que venía; otros porque veían +correr a los demás; y finalmente, algunos porque temieron, quedándose +solos, pagar la culpa de todos por el desacato cometido contra la +justicia. + +Así se disipó aquella tempestad; cada uno se fue a su casa sabiendo +menos sobre el asunto en cuestión que cuando salió de ella, ronco de +gritar, molido de encontrones y otros azares (pero al cabo contento +por haber sacudido por un instante el yugo de las leyes, aunque +nada hubiese conseguido). No faltó tampoco quien hallase de menos +el pañuelo, el dinero, o alguna alhaja de valor que llevaba en el +bolsillo; debió consolarse con la idea de que había pasado a manos de +alguno de sus cohermanos del motín, y probablemente no de los menos +celosos por el bien general. + +Pero el hecho es que el motín se disipó, y que a pesar de lo que el +pobre vicario se esforzaba en gritar que no había milagro ninguno en +andar por las calles un hombre de carne y hueso, y que él no había +muerto, que viniesen y le tocasen verían como estaba vivo, aquellos +señores, cuanto más los llamaba, más huían, diciendo que no querían +nada con muertos. + +Vista la inutilidad de sus razones, continuó fray Miguel su marcha +hasta la puerta de casa del corregidor, y llegando a ella dio dos o +tres golpes con el aldabón. + +Oírlos el juez y pegar un salto, de resultas del cual se quedó en +cuclillas, como una mona, sobre el sillón que ocupaba, todo fue uno. + +Doña Petronila, creyendo también que volvía a empezar de nuevo la +persecución, quería llevarse a don Juan adonde ya tenía proyectado +esconderle; pero Vargas, más acostumbrado a los peligros que los dos +esposos, no quiso consentir en ello. + +—No, señora —dijo—; estos golpes no son ya de persona que intenta +forzar la puerta, sino de uno que pretende que se la abran. Además, el +profundo silencio en que estamos es prueba evidente de que la canalla, +por milagro en efecto, ha abandonado el campo. Tal vez el que llama +es algún amigo: veámoslo. Y sin esperar respuesta ni dar lugar a +reflexiones, abrió la ventana, y viendo, con no poca satisfacción suya, +la calle enteramente desembarazada, preguntó: + +—¿Quién va? + +—Fray Miguel de los Santos —respondió el fraile. + +El corregidor se tiró desde el sillón al suelo, se tapó la cara con las +manos, y además se puso como si besara la tierra, no cesando de decir +apresuradamente y sin intermisión: + +—¡Abrenuncio, Satanás; abrenuncio, Satanás! + +Su mujer, más atrevida, sacó inmediatamente su rosario, y adelantándose +hacia la ventana, haciendo la señal de la cruz empezó a decir: + +—«De parte de Dios te digo, ánima de fray Miguel, que me digas a qué +vienes, y si estás en pena, por qué, y qué quieres que hagamos para +sacarte de tan mal estado». + +Durante esta arenga, que el pobre juez acompañaba con su refrán de +«Abrenuncio, Satanás», el cual producía un zumbido muy semejante al +del moscón, don Juan, absorto, hubo un momento en que estuvo tentado a +tener miedo y ponerse también a rezar por su parte; pero juzgó después +más prudente pedirle la explicación de aquel misterio al fraile, +que con paciencia admirable estaba esperando a que doña Petronila +concluyese su exorcismo. + +—¿Qué es esto, padre? Dígame vuesa reverencia si la gente de Madrigal +pierde el seso periódicamente tal día como hoy en cada año. + +—Señor caballero, que tal lo parece usted —dijo fray Miguel—, esa +señora me cree muerto, y por mano de usted. + +—¡Jesús!, ¿y cómo? + +—Eso se alcanzará si usted logra que se convenzan de que, gracias a +Dios, vivo todavía, estoy bueno y sano, y lejos de haber recibido de +usted el menor insulto, aún tengo que agradecerle algún servicio. + +Era menester ser muy necio o muy obstinado para negarse a dar crédito +a un hombre que con tan buenas razones probaba que vivía. Doña +Petronila, que si bien no era joven ni agraciada, y sí dominante y un +tanto colérica, tenía sin embargo una cantidad de razón regular, se +convenció, pues, de que en el supuesto asesinato del vicario había +habido algún extraño error: desde luego mandó a su esposo que creyese +que realmente estaba en esta vida fray Miguel. + +—Doña Petronila, ¿estáis segura? + +—¿Cómo es eso?, ¿cuándo no estoy yo segura de lo que digo? + +—Ya, pero cuando son cosas sobrenaturales... + +—¿No basta que os lo diga yo? Id noramala, y mandad que abran la puerta +a su reverencia. Ya van, fray Miguel, ya van. Vamos, muévase. + +El pobre corregidor, a pesar de que conservaba su recelo, no tuvo más +remedio que obedecer, y, gracias a sus providencias, a poco tiempo +entró fray Miguel en el aposento que fue teatro de la escena de que +acabamos de ser testigos. + +Haciendo una ligera inclinación de cabeza a la dueña de la casa, se +dirigió el vicario hacia don Juan, diciéndole: + +—Señor mío, en cuanto hoy ha pasado espero que usted me hará la +justicia de creer que yo no he tenido la menor parte. Un parasismo que +al retirarme de decir misa me sorprendió a la entrada de la sacristía... + +—Del que fui testigo felizmente, pues evité que vuestra reverencia +viniese al suelo. + +—Favor que ya sospechaba deberos, y a que estaré eternamente +agradecido; ese parasismo, pues, ha dado lugar a creer, por una +combinación de concomitancias que sería muy prolijo explicar ahora, +que yo había sido víctima de un asesinato y vos el homicida. El señor +corregidor, y perdóneme su señoría que se lo diga, ha obrado con +vos ligeramente, dando lugar a cuantos desórdenes han ocurrido, y +exponiendo a una persona inocente a gravísimos riesgos. Usted, señor +caballero, tiene sin duda derecho a reclamar daños y perjuicios; pero +yo fío en que por amor de la paz, y por mi intercesión, si de ningún +valor por lo escaso de mis méritos, de algún peso a lo menos por el +santo hábito que visto, querrá usted darse por contento con que yo en +nombre de todo el pueblo le pida perdón por lo ocurrido, y perdonando, +en efecto, como buen cristiano, se vendrá conmigo a mi celda por el +tiempo que tenga a bien pasar en este pueblo y honrar a su servidor. + +Don Juan contestó a este razonamiento aviniéndose a todo; y dando +gracias a la corregidora, y aun al corregidor, salió de su casa +acompañado del fraile y razonando con él sobre lo ocurrido en aquella +mañana. + +No podía Vargas menos de conocer en su interior que a todo había dado +lugar su curiosidad verdaderamente pueril; pero a pesar de ello, lo que +más sentía era el no haber podido descubrir el misterio del desmayo de +fray Miguel al nombrarle el pastelero. + +Cuántas penas le costó su fatal empeño, lo veremos en el curso de esta +historia si nos alcanza la paciencia, al lector para hacerse cargo de +ella, y a mí para concluirla. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO IV + + Pero estorbóselo una carreta que salió al través del camino, cargada + de los más diversos y estraños personajes y figuras que pudieron + imaginarse. + + (Cervantes: _Don Quijote_, parte 2.ª, cap. 11). + + +Sosegado el pueblo de Madrigal, y enterado después de algunas horas +de la falsedad del hecho que dio lugar al motín, volvieron las cosas +al orden regular. La tarde del mismo día del tumulto, aprovechando la +hermosura del tiempo, salieron a paseo a una pradera inmediata a la +villa gran parte de sus habitantes. + +Acostumbraban los mozos a reunirse en aquel paraje los días festivos, +con objeto de recrearse en diversos ejercicios corporales, haciendo en +ellos alarde cada cual de su fuerza y habilidad. + +La barra, la carrera y la lucha para los plebeyos; montar a caballo, +arrojar una lanza, tirar al blanco y correr sortijas para los nobles. + +Las mujeres asistían a estos espectáculos, como a todos, para ver y ser +vistas. Su presencia servía de estímulo al valor de los combatientes; +hombre que en las circunstancias ordinarias no hubiera levantado del +suelo un peso de dos arrobas, levantaba seis solo por estar delante +su amada. ¿Qué esfuerzos no hará un hombre por no verse humillado a +presencia de su dama? El que amando no es valiente, seguro es que nunca +lo será. + +Habíale sido forzoso a don Juan ceder a las instancias de fray Miguel +y acompañarle a su celda a comer con él. Durante la comida intentó +Vargas diversas veces hacer que la conversación recayese sobre el lance +de aquella mañana en la iglesia; mas el vicario se obstinó en eludir +constantemente sus deseos, y viéndose ya últimamente muy apretado por +el caballero, pretextó ocupaciones importantes y rompió la conferencia +más apresurada que cortésmente. + +Libre don Juan, se encaminó sin detención a la pastelería, pero la +encontró desierta. Su criado, que estaba en la puerta del mesón, le +dijo que los pasteleros habían salido con ánimo, según creía, de +pasearse en la pradera. + +Informádose entonces de dónde estaba esta, y dirigido por una persona +que la casualidad hizo pasase por allí para ir al paseo, el caballero +se resolvió a hacer otro tanto. Su llegada causó alguna sensación +en la concurrencia, pero como ya se sabía la inocencia de Vargas, +avergonzadas las gentes de su proceder con él, más bien le mostraron +atención que curiosidad indiscreta. + +Él por su parte, como hombre de mundo, mostró haber ya olvidado lo +ocurrido, y tomó parte en las diversiones como uno de tantos. + +Aquí seis u ocho robustos mozos, labradores por las trazas, arrojaban +una pesadísima barra como si fuera un junco; más allá otros levantaban +piedras enormes con las manos o los dientes. + +Dos amigos luchaban a brazo partido a presencia de un concurso +numeroso; sus músculos tendidos, su arrebatado color y sus esfuerzos +repetidos y constantes, hacían un singular contraste con la sonrisa que +se dejaba ver en los labios de ambos y las palabras cariñosas que se +dirigían; mientras que por el contrario, en otro corro, dos rivales en +amor, desafiados al salto, y combatiendo delante de su dama, se miraban +con un ceño espantoso, y hacían unos esfuerzos desmesurados para +obtener la victoria. + +Corría sucesivamente Vargas todos los grupos, y en todos ellos, aunque +formados en gran parte por los mismos que habían querido quemarle vivo +aquella mañana, encontró la más urbana acogida, pues siempre se le +abrió paso para que ocupando la primera fila gozase con mayor comodidad +del espectáculo. + +Aquí le consultaban sobre un lance dudoso; allí le pedían su aprobación +como necesaria para confirmar el triunfo del vencedor; en una palabra, +todos a porfía se esmeraban en reparar el agravio que le habían hecho. + +No pudo menos Vargas de corresponder lo mejor que supo a tanta +cortesía, alabando a los felices, consolando y animando a los vencidos, +y sobre todo, ponderando con encarecimiento cuanto presenciaba, como si +nunca tal maravilla hubiese visto. + +Pero ya empezaba a fatigarse de un espectáculo que muy poca o ninguna +diversión podía ofrecer a un cortesano, soldado y viajero, cuando de un +extremo de la pradera salió una voz estentórea diciendo: + +—Aquí, aquí, caballeros, van los comediantes a ofrecer a vuesas +mercedes la más extraña y bien dispuesta farsa que nunca han oído. + +Este cartel parlante, repetido algunas veces y que, como ya se ha +visto, prueba la antigüedad de las notas laudatorias y preventivas +conservadas hasta nuestros días en los anuncios teatrales, con no poca +ventaja de gran parte del público que, poco acostumbrado a formar +juicios, se encuentra ya hecho el de la pieza que va a ver, y esto +regularmente por mano del autor, que es quien mejor debe conocer el +parto de su entendimiento y juzgarlo con más imparcialidad, este +cartel, digo, deshizo todos los corrillos, reuniendo al público entero +delante del paraje en que iba a hacerse la representación. + +Desde luego nadie creerá que se tratase de teatro: nada menos que eso; +ni siquiera una barraca como las que los tratantes forman hoy en las +ferias y romerías. + +Todo el aparato consistía en cuatro puntales hincados a mano en el +suelo, y que terminándose en forma de horquillas por su extremo +superior, servían de apoyo a otros cuatro palos horizontalmente +colocados y dispuestos en forma de figura cuadrada. + +De estos pendían, no sé si diga cortinas o harapos, que cerrando tres +lados del rectángulo solo dejaban uno descubierto, para que por él +pudieran los concurrentes gozar del espectáculo. + +Detrás de la cortina del fondo estaba colocada la música, mejor diré +el músico, que tocaba una dulzaina y a más un tamboril guarnecido de +sonajas, instrumentos que producían una armonía grata, por lo menos a +la mayor parte de los oídos para los que estaba destinada. + +Una carreta como la que Cervantes describe con la gracia inimitable +de su genio condujo a una compañía de farsantes a Madrigal, por +casualidad, el día en que nos hallamos. + +Al pasar por la pradera, y viéndola llena de gente, le pareció bien al +autor de ella dar una representación _in promptu_ para sufragar con +ella los gastos que en aquella noche habrían de hacer. + +En un instante saltó a tierra la _turba alegre y regocijada_, plantó +los palos, colgó las cortinas, y el gracioso anunció la función. + +Entre tanto, y en el mismo paraje en que el de la dulzaina soplaba +a más y mejor, agitando cuanto podía las sonajas del tamboril, los +actores se vestían o se desnudaban, que la cosa ofrece sus dudas, y el +anunciante, vestido de mogiganga y cargado de cascabeles, recorría con +el sombrero en la mano la concurrencia, con el piadoso fin de recoger +lo que cada uno tuviese voluntad de dar, o él maña suficiente para +sacarle. + +—Ea, caballeros, sean generosos con los pobres farsantes que hacen +oficios de disipar sus melancolías, muchas veces a costa de haber de +tragarse las suyas, y no pocas sin tener que tragar. Usted, señor +galán, que tan embebido está contemplando, no quiero decir a qué dama, +sea garboso en su presencia, que nada cautiva más a las mujeres que la +liberalidad. Dele Dios tan buena suerte en amores, señor mío, que nunca +encuentre mujer con quien casarse. + +—¿Cómo, deslenguado, así trata a quien le ha dado más él solo que +cuantos hasta aquí le han hecho limosna? + +—Limosna, señor gentilhombre, es la que se da de buena voluntad, y sin +más interés que el de servir a Dios; pero no lo es lo que se le paga a +un hombre por solazarse, viéndole hacer sus pocas o muchas habilidades. + +—Insolente... + +—No se enoje, que yo la llamaré limosna, si en eso estriba la paz; +¿pero por qué se queja, si en pago de su liberalidad le deseo tanta +suerte en amores, que no encuentre mujer con quien casarse? ¿Pues, +pecador de mí, no se acaban para el que se casa los galanteos? Y ya que +el tal casado lo sea tan malo que aún conserve tales aficiones, ¿qué +mujer que no sea la que ninguno de nosotros quisiera que fuera la suya +ha de dar oído a sus requiebros? + +Diciendo así, continuó su camino el farsante, dejando corrido a su +contrario. + +Al pasar por delante de don Juan de Vargas, cierta especie de instinto +de su profesión le hizo conocer que no era persona a propósito para +irle con bufonadas, y así se contentó con alargar el sombrero, en el +cual recibió una ofrenda tal que le obligó a inclinarse profundamente +por dos veces seguidas. + +Pidiendo a unos, burlando a otros, y sacando más o menos de casi todos, +iba ya el gracioso o bobo, como entonces se llamaban, a retirarse; +pero viendo llegar a la reunión tres personas más, le pareció mejor +esperarlas para ver qué podían dar de sí. + +—Más vale tarde que nunca, señores míos; sean vuesas mercedes muy bien +venidos, y por vida del inventor del arte que profeso, que hubiera sido +gran lástima no viesen nuestra función los dos ojos más bellos que en +cara de mujer se han visto. + +El pastelero, que él era quien con la morena y el mulato acababa de +llegar, como siempre con el sombrero calado hasta las orejas, no +respondió palabra al agasajo que a su compañera se le hacía, sino que +metiendo la mano en el bolsillo y sacando una moneda de plata la echó +desdeñosamente en el sombrero del que pedía, diciéndole: + +—Está entendido. + +El cómico se retiró contento con lo que había recogido, y anunciando +que la función iba a empezarse. + +—Vecina, ¿ha visto lo que ha dado el pastelero? —dijo una vieja a otra +que estaba a su lado y cerca como ella del objeto de la pregunta. + +—No, tía Juana: ¿ha dado algún pastel? + +—¡Bien!, no sé de qué les sirven los ojos a algunas personas. ¿Pastel +había de dar? Menester era para darlos que empezara por hacerlos; ha +dado una moneda de plata. + +—¡Moneda de plata! ¡Virgen santa! ¡Moneda de plata un pastelero! ¿Quién +vio tal? Y un pastelero que no hace pasteles, y que nadie sabe cómo +vive. + +—Verdad es, vecina, que me tiene asombrada este hombre. Yo no sé, ni he +podido saber nunca quién es, ni de dónde vino. Un mes hace que está en +el pueblo, y en todo él no he cesado de averiguar... + +—Sí, sí, bonito es él para averiguarle la vida; ni aun el rostro he +podido verle a mi gusto, y eso que el otro día encontrándomelo de manos +a boca en la calle, que íbamos frente a frente, al llegar a él hice +como que se me caía algo de la mano inclinándome a cogerlo, me metí +debajo de sus mismas narices, pero qué, ni por esas: me conoció la +intención, y apenas yo me bajé dio un salto por encima de mí con más +ligereza que un corzo, dejándome afrentada y no poco medrosa. + +—Pues no digo nada, vecina, de esa mujer que vive con él. + +—Callen noramala las brujas —interrumpió un muchacho de unos catorce +años, que habiéndose presentado de los últimos logró sin embargo a +fuerza de codazos y empujones llegar hasta donde se hallaban las dos +vecinas, que era bastante cerca del estrado, si así podía llamársele. + +—Deslenguado —replicó furiosa la que había dado principio al diálogo. + +—Eso quisieran, abuelas, que lo fuese para que no pudiera haberlas +llamado por su nombre. + +—Yo te aseguro, rapaz... + +—¡Qué!, ¿qué vendrá a chuparme por la noche? Ya soy grandecito +para eso, madre mía, y cállese noramala, que no nos deja oír a los +representantes. + +—Silencio, silencio —se oyó alrededor. + +Y fuerza les fue a las dos Megueras tragar por entonces las injurias +del atrevido rapaz, quien de cuando en cuando las miraba con cierta +risa burlona, bastante a hacerlas desesperar. + +En esto ya la representación había comenzado. El arte estaba +verdaderamente en su infancia. Solo un principio, o por mejor decir +un fin, era el que se proponían los autores: divertir al público. La +moral, si la había, era una cosa secundaria; riérase el espectador, +y el fin estaba conseguido. Las gracias, de que realmente abundaban +aquellas primeras composiciones, no eran siempre del mejor gusto. +La cultura del siglo se echaba de ver en las obras dramáticas; pero +obsérvese que al paso que gracioso y chocarrero en el teatro eran una +misma cosa, el espíritu de metafísica y controversia, que entonces +dominaba de tal modo que puede decirse era el carácter de la época, se +extendía hasta los diálogos de los personajes cómicos. + +El amor sobre todo era el tema perpetuo de sus disertaciones, y lo más +singular que los disertantes eran siempre los mismos enamorados. + +Que diserte del amor el que no ama; que el filósofo lo mire como una +aberración del entendimiento cuando ya ha cumplido los sesenta años; +que el fisiólogo nos diga que en el orden moral es una enfermedad, ni +más ni menos como en el físico lo es un tabardillo pintado, todo esto +se entiende y explica; pero que el poeta cómico, cuyo principal, cuyo +único estudio debe ser el del corazón humano, ponga en boca de personas +que quiere hacer pasar por enamoradas las más extrañas sutilezas sobre +el amor, y que haga pasar el tiempo a los amantes discurriendo en vez +de acariciarse, es cosa verdaderamente intolerable. Apelo si no al +testimonio de mis amables lectoras; díganme sinceramente qué pensarían +si el hombre que distinguen al llegarse a ellas, en vez de ponderar sus +atractivos, encarecer su cariño y ver por todos los medios posibles de +arrancar un dulce _sí_, entrara explicándolas el efecto de las pasiones +en el corazón y la cabeza, probando que cuando el hombre está dominado +por ellas es un demente, o citando como don Hermógenes a toda la +antigüedad para demostrar las que gustan de ellas. + +Como quiera que sea, la farsa que se representó en Madrigal en la +ocasión que nos ocupa adolecía menos del tal defecto que otras muchas +de su especie. + +El artificio era sencillo hasta no más. Un soldado que volvía manco +a su pueblo después de haber hecho la guerra algunos años era el +protagonista. Este personaje era el más entendido de la pieza, y en +un monólogo con que daba principio a ella regalaba al público con la +relación de sus trabajos interpolada con tres o cuatro batallas, que no +había más que pedir. En ellas, como de razón, el partido del narrador +era siempre el victorioso, pero con la singularidad de que la muerte de +tres o cuatro millares de enemigos nunca costaba a los vencedores más +pérdida que la de uno o dos contusos. + +Extraña, peregrina y cómoda manera de pelear. + +La familia de nuestro soldado había toda perecido durante su ausencia, +lo que unido a la ocupación judicial de sus bienes le dejaba realmente +en la calle; desgracia de que se lamentaba justamente, aunque con +alguna afectación y comparaciones un sí es no es forzadas, pues +revolvió, hablando de sus desdichas, la botánica entera, la astrología +y su poquito de historia, queriendo ponerse en parangón nada menos que +con Mario sobre las ruinas de Cartago. + +En esto le deparó su buena ventura una zagaleja (papel que desempeñaba +un muchacho) inocente y compasiva, tratada de casar con Gilote, solemne +majadero a quien el autor escogió para gracioso de la pieza. + +El resto se redujo a los amores del manco con la zagala, a los +ridículos celos de Gilote, y por último, a que este, burlado y +apaleado por el único brazo de su rival, tuvo que cederle el campo, +terminándose la función con una cantinela por el orden de lo que había +precedido, y que el público aplaudía a rabiar. Los concurrentes a +esta representación estaban todos de pie, formando un semicírculo +alrededor de la escena, de manera que la posición de ningún individuo +era constante. + +La gente de edad avanzada no se avenía muy bien con la movilidad casi +perpetua de los jóvenes, pues de ella resultaba que muchas veces +perdían parte del diálogo; pero los muchachos, que en la facultad +de variar de puesto hallaban unos el medio de aproximarse al objeto +querido, otros el de comunicar sus observaciones a un amigo, y todos +finalmente el placer del movimiento, que en cierta edad es tan +necesario como el pan, oían con desprecio o no oían los gruñidos de sus +mayores, y continuaban andando de un lado para otro. + +Vargas, así que vio presentarse al pastelero y a la morena en el +círculo de los concurrentes, formó el proyecto de unirse a ellos, y +al cabo lo logró después de sufrir pacientemente razonable número +de pisadas, encontrones, y aun dicterios de tal o cual anciano +atrabiliario por delante del cual tuvo que pasar en su marcha. + +Todo lo dio sin embargo por bien empleado, y aun lo olvidó cuando por +fin pudo colocarse al lado de la morena. + +Un movimiento casi imperceptible de cabeza y una mirada rápida de la +pastelera hicieron conocer a don Juan que esta le había visto. + +«¿Será su marido este hombre, cuando tan tímida está en su presencia? +¡Pero qué diablos! Por más marido y más celoso que sea no podrá impedir +que yo agradezca el servicio que me ha hecho». + +Pensando así, se aproximó a la morena, y en voz ni bien tan baja que lo +que decía llevara el aire de un misterio, ni tan alta que alcanzasen +las personas inmediatas a oír más de alguna palabra suelta de cuando en +cuando, dijo: + +—Si tan flaca de memoria es usted, señora mía, que en pocas horas +olvida los beneficios que hace, yo presumo por mi parte de tan +agradecido, que sé decir de mí que viviera cien años sin olvidar la +merced que de su generoso corazón he recibido. + +—Si habla de lo de su prisión —contestó la bella—, nada hay que +agradecerme en lo que hice, que no fue más que cumplir con mi +obligación. + +Estas palabras se dijeron en tono natural, pero en seguida y tan bajas +que apenas pudo oírlo don Juan, a pesar de que en sus mejillas sentía +el suave aliento de su huéspeda, la cual añadió: + +—Por Dios que se separe de mí, si no quiere por su cortesanía hacerme +graves perjuicios. + +Gabriel de Espinosa, que distaba algunos pasos de los dos +interlocutores, y cuya atención durante su diálogo estaba al parecer +embebida en la farsa de los representantes, debió sin embargó oír lo +que la morena decía, pues en el momento en que don Juan, siguiendo su +aviso, iba a retirarse, volviéndose el pastelero a ella, dijo: + +—¿Y por qué recibir con tan poca cortesía a ese caballero? Una +cosa es, Inés, que yo os tenga dicho que no gusto de galanteos, y +otra que no cumpláis como quien sois, quiero decir, como persona de +buena crianza, con quien tan buenos modos usa con vos. Usted, señor +caballero, siga si gusta al lado de esa mujer, que nadie en el mundo +pudiera impedírselo sino yo, y yo vengo en ello. + +Dicho esto, y sin esperar respuesta, volvió la espalda, ocupándose como +antes exclusivamente en el espectáculo. + +Mientras duraba su arenga Inés no hizo movimiento ni dio señal de +aplauso ni reprobación; pero cuando, ya concluida, volvió la cabeza y +vio a Vargas inmóvil como una estatua y con los ojos clavados en las +espaldas del pastelero, como si aún esperase a que añadiera algo a lo +dicho, no pudo menos de dejar escapar una de aquellas risas malignas +que ya habían desconcertado a don Juan más de una vez en la pastelería. + +Perdíase en conjeturas el buen caballero, pues a pesar de ser bastante +despreocupado para su siglo, pertenecía sin embargo a él, y su claro +ingenio no bastaba a libertarle de la influencia de las ideas y +preocupaciones generales entonces. + +Ya lo hemos dicho otra vez, las jerarquías sociales se hallaban +entonces más marcadas, o por mejor decir, tenían una existencia de +hecho, a más de la de derecho que conservan hoy, aunque mutilada. + +Esta existencia era visible; un noble no solo tenía en su casa ahumados +pergaminos y vistosos escudos de armas, sino que en virtud de ello +gozaba de ciertos privilegios, y estaba sujeto a determinadas cargas +enteramente distintas de las que pesaban sobre el que no lo era. + +De aquí resultaba como consecuencia precisa que la educación de la +nobleza era especial, las maneras de sus individuos peculiar a la +clase, y distintas enteramente de las del resto de la sociedad. + +Por su parte, los órdenes inferiores del Estado, nacidos para la +agricultura, las artes y el comercio, a los que entonces, por +desgracia, no se daba aún la importancia que merecen, se habituaban +desde la niñez a usar de gran deferencia con los nobles, y era raro ver +que se apartasen de tal sistema, pues cuando algún espíritu revoltoso +quería salir de su esfera, tardaba poco en experimentar los malos +efectos de querer volar más alto con cortas alas. + +En tal estado de cosas era, en efecto, un fenómeno que un hombre que +por su profesión pertenecía no ya al estado llano, sino a la clase +ínfima, y que no lo ocultaba, afectase sin embargo modales que podrían +parecer soberbios aun en un caballero. + +Por otra parte la misma Inés dejaba ver cierto señorío en sus modales, +no menos disonante con su profesión que el orgullo del pastelero. + +Pero lo que a Vargas le tenía perplejo no eran tanto estas +observaciones, como el no saber qué conducta observar con aquella +gente. + +Si consultaba su gusto, la cuestión estaba pronto resuelta. Los ojos de +la morena habían producido su efecto, y el hombre, en cuanto hombre no +más, resiste pocas veces a este género de seducción. + +Mas recibir órdenes de un pastelero, usar de un permiso concedido por +él para hablar a Inés, y deberse un favor y entrar con él en relaciones +no ya de igual a igual, sino como un protegido con su protector... La +sangre goda se revelaba contra tal idea. + +Separarse, pues, era el partido único que juiciosamente le quedaba a +don Juan, y así lo resolvió en efecto; al ponerse en marcha, en vez de +tomar el camino que en su cabeza se proponía tomó el preferido por su +corazón, y casi sin saberlo él mismo, al primer paso se halló al lado +de la hermosa pastelera. + +Mas una especie de fatalidad en amor, en que algunos no creen porque +no sienten ni pueden sentir con vehemencia, y otros porque viven como +los irracionales, sin tomarse el trabajo de observar ni siquiera sus +propias sensaciones, pero que tenemos por irresistibles, perseguía a +don Juan. + +Cuando esta fatalidad pesa sobre el hombre, en vano es luchar contra +ella. Más poderosa que cuantas consideraciones sociales e intereses +individuales pueden oponérsele, es un torrente impetuoso que, +engrosado en las montañas con el deshielo de la nieve, baja por ellas +arrastrándolo todo, y si algún obstáculo encuentra, se embravece +más con él, parece que en la lucha ha adquirido nuevas fuerzas para +vencerlo, y el único medio de salvarse de su furia es huirle si se +puede. + +Don Juan quiso y no pudo. Que al empezar la vida un joven, que al +entrar en el mundo, como hoy decimos, enmudezca al lado de la primera +mujer que hizo palpitar su corazón, se entiende, y debe ser así; pero +que pasados ya los veinticinco años, después de una campaña, y de más +de unos amores, Vargas al lado de una mujer de baja extracción no +supiera cómo entablar la conversación, es una cosa que solo se concibe +poniéndola a cargo de la fatalidad. + +Como quiera que sea, lo cierto es que don Juan, colocado a la izquierda +de Inés, quería y no podía hablar verdades, que en cambio de lo que su +lengua callaba, sus ojos clavados siempre en el mismo objeto indicaban +bastante qué género de pensamientos le asaltaban. + +Inés, con los ojos bajos y el rostro encendido como una grana, al +parecer no miraba; pero hay opiniones de que, repasando entre los dedos +las cuentas del rosario que llevaba pendiente de la cintura, halló +medio de observar todos los movimientos de nuestro caballero. + +Pero el tiempo vuela, mal que le pese a los amantes, y así se concluyó +la farsa antes que Vargas se resolviera a hablar, ni su bella hubiera +acabado de recorrer las cuentas del rosario. + +Gabriel, sin cuidarse de uno ni de otro, echó a andar como para +continuar su camino, y la pastelera, que debía de estar acostumbrada +a sus maneras, se dispuso a seguirle, pero no lo hizo sin echar antes +una mirada sobre don Juan, en la cual, al través de cierto aire de +despecho, se descubría un no sé qué de afectuoso que prometía no ser +muy duradero su enojo. + +Conoció entonces Vargas que se había portado como muchacho de escuela, +y aún debía de tener intenciones de enmendarse: parece notó en sus +labios un movimiento como para querer hablar; mas ya era tarde, y una +tierna y expresiva mirada fue la única consternación que pudo dirigir +a Inés, quien, respondiendo con una sonrisa, continuó su camino en pos +del pastelero, seguida por el mulato. + +Don Juan, caviloso más acaso que lo había estado en su vida, seguía a +corta distancia a la hermosa morena, cuando del camino real que pasaba +por cerca de la pradera vio venir un hombre caballero en un hermoso +caballo negro, pero que, o por haberse asombrado, o por acosarle fuera +de tiempo su jinete, se había desbocado. + +Tal era la rapidez de la carrera del fogoso animal, que verle salvar +una zanja que separaba el campo del camino, arrojar a su jinete de un +solo bote en el suelo, que llegó casi a arrojarse sobre las gentes +que paseaban, puede decirse que fue obra de un solo instante. Sucedió +entonces lo que generalmente sucede en semejantes ocasiones: el +temor, desterrando la serenidad, hizo que todos los circunstantes se +atropellaran unos a otros: hubo desmayos, alaridos, y todo género de +accidentes. Las madres apretaban a los hijos contra sus pechos, con +riesgo de sofocarlos; los muchachos, enredándose entre las piernas de +las gentes, daban con ellas en el suelo; en un caído tropezaban veinte, +este suplicaba, el otro maldecía, y nadie se cuidada de lo importante +que era saber la dirección del caballo desbocado. + +Sin saber cómo, se halló colocada Inés frente al ciego animal. El +peligro era evidente y visible, y su inmediación la privó de todo +discurso y no acertó a hacer otra cosa más que taparse los ojos con +ambas manos, lanzando un ¡ay! de aquellos que parten realmente del +corazón. + +Pero dos hombres se lanzan detrás de ella como dos saetas, y se +interponen entre el bruto y la que iba a ser su víctima. + +Don Juan y Gabriel eran estos dos hombres. El primero sin reflexión +ninguna se arroja sobre la cabeza del animal; pero ni sus fuerzas, ni +acaso las de Hércules, bastaban para detenerlo. Vargas, despedido como +una pelota, fue a caer a los pies mismos de Inés, y ella y él hubieran +sido infaliblemente atropellados sin la admirable serenidad, fuerza y +destreza del pastelero. + +Este, conociendo lo inútil que sería luchar de frente con el caballo, +se corrió sobre un costado, y cogiendo una de las riendas que llevaba +sobre el cuello con ambas manos, tiró de ella con tal brío, apoyando su +cuerpo en la espalda del animal, que le hizo dar mal de su grado una +media vuelta completa. + +En el mismo instante, y con agilidad sorprendente, de un solo salto se +plantó en la silla, y por más esfuerzos que el caballo despechado hizo +para sacarle de ella permaneció firme, más como estatua ecuestre que +como hombre a caballo. + +Un aplauso general y prolongado fue la muestra de la admiración +general; pero si aquella ocurrencia produjo sensación en el pueblo, más +fuerte, al parecer, la experimentaba el mismo Gabriel. + +En su estatura parecía aumentarse repentinamente; era tal su gallardía +a caballo, tal la gracia y agilidad de todos sus miembros, que no +hubo circunstante que no jurara que aquel hombre era el más perfecto +jinete que jamás había visto. Al saltar a caballo se le había caído el +sombrero; veíasele por consecuencia el rostro agraciado e imponente, y +unos ojos que pocos hombres hubieran mirado frente a frente sin bajar +los suyos. Olvidado al parecer de que allí hubiese reunido un pueblo +entero, Gabriel solo se ocupaba en humillar la soberbia del bridón, +cuyos lomos oprimía. Caracoleando y haciendo escarceos recorría la +pradera, y así llegó al paraje en que poco antes varios hidalgos del +pueblo habían estado recreándose en correr sortijas. La casualidad hizo +que se hallase arrimado a un árbol un lanzón que por lo pesado y macizo +servía para prueba de fuerza y habilidad, pues eran pocos en Madrigal +los que podían y sabían manejarlo. Esta particularidad debía de saberla +el pastelero, porque era público en la villa, y esta harto pequeña para +que dejase de haber llegado a noticia suya cosa tan conocida de todos. +Pero supiésela o no, el hecho es que, llevando el caballo a media +rienda por junto al árbol, agarró el lanzón con la mano derecha sin +pararse, y levantándole como si fuera una caña, lo blandió en el aire +sobre su cabeza con tal pujanza que, rompiéndose, fueron a parar las +astillas a más de cincuenta pasos. + +Aquí la admiración de los madrigaleños es imposible de encarecer. +«¡Viva Gabriel, viva nuestro pastelero!» era el grito general; pero sea +que el amor propio de este le faltase, el triunfo conseguido, o que +fuera tan filósofo que creyera que con el pueblo es tan peligroso estar +muy bien como estar muy mal, se dio por contento y entregó el caballo a +su dueño, que no habiendo recibido daño en su caída, llegó a reclamarlo. + +Vitoreado, aplaudido y escoltado por el pueblo, y cansado ya de +dar gracias a todos y de suplicarles que no se molestasen más en +acompañarle, llega Gabriel a su casa, y entrando en ella se halló que +ocupaba su propio lecho don Juan de Vargas, y que a la cabecera estaba +en persona el médico de la villa. Sin darle tiempo a preguntar cosa +alguna, Inés se le acercó para decirle que habiendo don Juan perdido +el sentido de resultas del golpe, y herídose además la cabeza, había +creído deber trasladarle a su casa, pues en obsequio de su persona +había expuesto la suya. + +—Bien hecho, Inés; ese mozo es valiente, aunque demasiadamente +entremetido. + +Dicho esto, volvió la espalda y salió del aposento. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO V + + Siempre que la ignorancia no halla la explicación de un fenómeno + cualquiera, acude a las causas sobrenaturales. Semejantes + supersticiones son una calamidad por la que han pasado todos los + pueblos de la tierra. + + (_Discurso inédito sobre duendes y brujas_). + + +Sabida cosa es que Felipe II vivió en sus últimos años encerrado, +por decirlo así, en el monasterio del Escorial. Allí se ocupaba +incesantemente en los negocios políticos, sus devociones y la obra del +monasterio, que con razón se llama la octava maravilla. El sitio de +San Lorenzo era, pues, propiamente la corte de España, a pesar de que +Madrid llevaba el nombre de tal; y Valladolid, recientemente despojada +de su grandeza, conservaba aún sus pretensiones como las conservan +algunas mujeres que fueron buenas mozas mucho tiempo después de dejarlo +de ser. + +La extensión de Valladolid es considerable; sus calles, para los +tiempos en que se hicieron, muy buenas; numerosos sus monasterios, y +sus alrededores fértiles en viñas y cereales, si bien presentan el +aspecto triste y monótono de casi todos los países llanos. + +Aun hoy, cuando se anda la ciudad, se nota en sus calles cierto +vacío que aflige, y proviene indudablemente de que la población es +muy reducida para el casco del pueblo; pero en la época a que nos +referimos, siendo muy reciente la salida de la corte, la falta de gente +se hacía más notable y sensible para sus habitantes. + +Por descontado, todos los extranjeros, que eran los que casi +exclusivamente ejercían entonces las artes industriales, siguieron al +gobierno, y fueron a establecerse a Madrid. + +Los criados de la real casa, los asentistas, los pretendientes, el +enjambre, en fin, de gentes que dependen de una corte, todo se ausentó, +quedando solo en Valladolid sus naturales y tal cual cortesano +retirado ya del mundo, y que solo aspiraba a vivir tranquilamente el +resto de sus días. En este número se contaba el marqués, hermano de +don Juan de Vargas, que ocupaba una casa de las mejores del pueblo en +cierta calle no muy distante de la Plaza Mayor: a esta casa nos es +fuerza por ahora trasladar la escena, y por lo mismo diremos algo sobre +ella y sus moradores. + +El marqués, criado desde su infancia por una madre indiscretamente +tierna y cuidadosa, y por un padre que quería educar a sus hijos como +monjas, vivió hasta los veinte años de edad sin salir de casa más que +los días serenos en que no había ni mucho calor ni mucho frío. + +En cualquiera de estos dos últimos casos oía misa en un oratorio de su +propia casa, y después se le permitía hacer ejercicio durante una hora +en un salón herméticamente cerrado por todas partes. + +Enseñáronle a leer, a escribir y a rezar; el blasón por adorno; pero en +cuanto a armas, jamás quiso consentir su madre en que tomara en las +manos ni un alfiler. + +Esta educación, recibida por un hombre de complexión naturalmente +débil, contribuyó a hacer de él un valetudinario desde la juventud. + +Perdió el marqués a su padre cuando solo tenía veinte años, y su madre +tardó poco en seguir a su marido al sepulcro, dejando a más de él otro +hijo, que fue don Juan, de edad entonces de diez años. + +Después de pasados los dos primeros años consagrados a llorar la +pérdida de los autores de sus días, empezó el marqués a ver el mundo, y +empezó por la corte. + +Rico y joven, no podía menos de encontrar muchos amigos, es decir, +muchos hombres que, amantes de todos los vicios, y privados ya por sus +desórdenes de medios para darles pábulo, fueron a buscar en el bolsillo +del novicio lo que en los suyos faltaba. + +El humo del incienso de la adulación cegó al marqués; sus parásitos +le parecieron cada uno un Pílades, y su casa y bolsa se abrieron para +todos. + +Pero aún no le bastaba esto: tenía que tropezar en un escollo fatal, y +tropezó en efecto. + +El amor, esta pasión irresistible, inherente a la juventud, cuyo +germen depositó la naturaleza en nuestros corazones como garantía para +conservación de la especie, el amor le reservaba sus tormentos. + +El hombre cuya sociedad se compone de cortesanos corrompidos, ¿qué +mujeres ha de frecuentar que no sean dignas de tal sociedad? + +¡Pobre marqués! Lleváronle sus amigos a casa de la viuda de un contador +de Indias, mujer interesante, de amable trato y graciosa figura, que +rayaba ya en los treinta; pero tan bien conservada, tan compuesta, que +a otro más experto le hubiera hecho creer que apenas tenía veintidós +años. + +Fácil es de inferir, por lo que se ha dicho de la educación del +marqués, que solo conocía el amor por oídas; pero es de advertir que +le había caído en las manos tal cual libro de caballería, en el cual +aprendió que una mujer puede ser muy honrada corriendo montes y valles +en compañía de un hombre, y que primero morirá que faltar a la fe +jurada a su amante. + +Con estos preliminares se deja entender que el desdichado tardó poco en +caer en la red, y tan de veras, que trataba nada menos que de casarse +con su Dulcinea, y así se lo hizo entender a ella misma. + +Otra menos diestra hubiera desde luego acogido con ansia aquella +proposición y prestádose a ella; pero Violante, que así se llamaba +la ninfa, conocía su posición y se negó abiertamente, diciendo que +prefería sacrificar su virtud para hacer la felicidad de su amante +a exponer a este a romper con su familia e iguales, como en efecto +sucedería a causa de tan desigual matrimonio. + +La verdad es que Violante, cuya reputación estaba ya hecha, conoció que +en el momento en que el marqués anunciase su casamiento no habría en la +corte quien no se apresurara a abrir los ojos del ciego amante; y que +aun suponiendo que la ceguera del marqués fuese tal que se negase a la +evidencia, la cosa podría llegar a oídos del rey, y su severidad era +harto notoria para exponerse a sufrir sus efectos. + +Mas como estas reflexiones no se le alcanzaban al interesado, no vio en +la conducta de su dama sino un proceder sobremanera generoso y noble, +y no perdonó sacrificio alguno para compensar el que suponía que, +prestándose a sus deseos, hacía Violante. + +Pasáronse así algunos años, durante los cuales don Juan, a quien su +hermano quería como a hijo, recibió una educación distinguida, pues la +intención de este era que siguiese la carrera de las leyes; mas a pesar +de todo, el fogoso joven se empeñó en ser soldado, y el marqués, débil +por carácter y por cariño, accedió a sus deseos enviándole a Flandes, +en donde, como se ha dicho, probó que en efecto la naturaleza le había +hecho más a propósito para las armas que para las letras, aun cuando su +ingenio y aplicación eran notables. + +Mientras que don Juan añadía a los antiguos blasones de su casa nuevos +timbres con los laureles con que en Flandes se coronaba, vegetaba su +hermano al lado de Violante, amándola cada día más. + +Así le hubiera tal vez sorprendido la muerte sin el incidente que vamos +a referir. + +Un primo hermano del marqués, llamado don Pedro Hinojosa de Vargas, +comendador del hábito de Santiago, hombre de poca más edad que él +pero de mucho más mundo, experiencia y penetración, fue a la corte a +establecerse, y, como era natural, lo hizo en casa de su pariente. + +Era el comendador uno de aquellos hombres que han aprendido a conocer +el mundo a fuerza de repetidas y dolorosas experiencias, y que aunque +dotados de bastante rectitud de conciencia para no convertirse de +víctimas en verdugos, conservan, sin embargo, para lo sucesivo la +memoria de los pasados extravíos, y jamás dan un paso sin estar seguros +de la firmeza del terreno en que sientan el pie. Para obrar así es +preciso ser observador. Hinojosa, pues, lo era; como no era necesaria +demasiada perspicacia para conocer de qué pie cojeaban los acompañantes +de su primo, a los ocho días de estar en su casa vio, desde luego, que +este era juguete de sus pretendidos amigos. + +Las relaciones del marqués con Violante le parecieron sospechosas, +sin más que saber su origen, y a poco que averiguó tuvo motivos de +confirmarse en el propósito formado de desembarazar a su pariente de +tan vergonzosos lazos. + +El medio para conseguirlo no era fácil de hallar; la menor insinuación +que se le hiciese al marqués contra su amada y amigos le sacaban +realmente de sus casillas. Razones eran, pues, excusadas; hechos, y +hechos claros y evidentes, eran los únicos que podían convencer al +engañado amante. + +Como el comendador estaba íntimamente convencido de que la dama no +podía menos de hacer de las suyas, su único objeto fue hallar manera +para hacer testigo a su primo de algunas de sus hazañas; y sabiendo +que no hay medio más seguro para conocer las flaquezas de los amos que +preguntárselas a sus criados, hizo sobornar una sirvienta de Violante +que a fuerza de oro prometió servirle completamente, y lo cumplió en +efecto. + +Para abreviar: Hinojosa tuvo maña para hacer al marqués testigo +presencial de una de las infinitas infidelidades de su dama. Encarecer +el sentimiento del engañado amante es imposible. Su melancolía fue tal, +que produjo una obstinada ictericia que estuvo a pique de costarle la +vida. Mas el tiempo, su índole apática, y los cuidados y reflexiones +del comendador, acabaron por suavizar, si no extinguir, enteramente su +pena. + +Vivían con el marqués, además de Hinojosa, un capellán sexagenario, +hombre de bien, pero sobradamente pedante, que había sido su ayo y +su mayordomo, sujeto tan aritmético como una tabla pitagórica, y la +servidumbre, que no dejaba de ser numerosa. + +Una tarde, como a las dos de ella, y una hora después de haber comido, +estaban reunidos, en el comedor de la casa del marqués, este, don Juan, +el comendador y el capellán. + +Jugaban los dos últimos al ajedrez con el silencio y recogimiento que +acompañan infaliblemente a la tal ocupación, tan impropiamente llamada +juego. + +El marqués, sentado en un sillón de maciza madera, guarnecido de clavos +dorados, y forrado de terciopelo carmesí, se conservaba a la cabecera +de la mesa, con los ojos cerrados como si durmiera; pero no lo hacía, +o soñaba en cosas tristes, pues dos lágrimas bajaban por sus lívidas +mejillas tan despacio que parecía que se avergonzaban de humedecer el +rostro de un hombre. + +Nuestro don Juan, no muy lejos de su hermano, estaba también sentado a +la mesa con la cabeza apoyada en una mano, el semblante descolorido, el +ademán pensativo, y los ojos fijos que daba temor mirarle. + +Desde que este joven había regresado de Flandes perdió la casa +del marqués cierto aspecto claustral que aún conservaba desde el +tiempo de su padre. La natural alegría de don Juan, y hasta su mismo +aturdimiento, encantaban al marqués y daban más libertad a las +restantes personas de la casa para desembarazarse alguna vez de las +severas formas que en aquel tiempo prescribía la etiqueta. + +Esto, y el ser él naturalmente bondadoso, le granjearon el afecto +general de tal manera que podía decirse que más amo era él en la casa +que su mismo dueño. + +Como un mes antes de la tarde en que nos hallamos regresó don Juan +de Valladolid después de una ausencia de más de tres semanas; viósele +entonces enteramente distinto de lo que era al partir. Entonces, lleno +de salud, impetuoso, decidor y alegre; después, descolorido, pensativo, +callado y melancólico. + +Todos se admiraron, y todos anhelaban saber la causa de aquella +metamorfosis; pero nadie llegó a conseguirlo. A cuantas preguntas se le +hacían contestaba: + +—Nada tengo; no sean aprensivos, yo estoy bueno, estoy alegre. + +Nadie le creía una palabra, porque todos veían lo contrario de lo que +afirmaba; mas cansados de preguntar, conjeturaron, y cansados también +de conjeturar, dedujeron sabiamente que pues don Juan estaba triste +y enfermo, y ellos no sabían la causa, o se había vuelto loco, o le +habían hechizado. + +Cada una de estas dos opiniones tenían en la casa su partido, aunque no +faltaba quien adoptase las dos a un tiempo. + +El comendador, cuya manía favorita era la de creerse el más profundo +de los observadores, era el que capitaneaba el partido de la locura; +y el capellán, que no encontraba placer compatible en este mundo +sublunar al de combatir a hisopazos y exorcismos con un espíritu +maligno, afirmaba que el mancebo estaba hechizado. El marqués era +el justo medio, pues no creía que estuviese loco ni poseído; creía +alternativamente lo uno y lo otro, y a veces lo creía todo a un tiempo. + +Descrito ya el teatro y los actores, vengamos a la acción. + +—Jaque al rey, padre capellán —dijo el comendador dando un salto en la +silla y frotándose las manos con visible satisfacción. + +El capellán, arrugando las cejas y con la mano tendida hacia el +tablero, iba a contestar no se sabe qué, cuando, encendiéndosele el +rostro repentinamente a don Juan, se alzó de su asiento, y descargando +el puño sobre la mesa, exclamó: + +—Imposible. Jamás. + +Y como desatinado se salió del aposento apresuradamente. + +—¿Cómo imposible? —dijo el comendador creyendo que don Juan hablaba de +su jugada; pero volviéndose al mismo tiempo de decir esto, y viendo los +movimientos de su primo, no pudo menos de exclamar—: Lo que yo digo; +pobre mozo, loco rematado. Para hacer esto sin haber yo averiguado la +causa, no puede menos de estar loco. + +—Loco... lo será el que no vea en los desatinos de ese mancebo la mano +de Astorot que le atormenta —replicó el capellán. + +—Padre Teobaldo, ¡un Vargas endemoniado! Primo, un pariente loco... +Pero en efecto..., pudiera..., no sé..., veremos... —interrumpió el +marqués, despavorido y absorto con lo que pasaba. + +—Un Vargas, señor marqués, está tan sujeto a calamidades de esta +especie como el más miserable jornalero. Nabucodonosor, rey de +Babilonia, fue bruto muchos años, y... + +—Desde entonces acá no nos faltan ejemplos de grandes personajes que +lo han sido toda su vida —repuso el comendador—: El rey Saúl estuvo +poseído del espíritu maligno, y el mismo David nos dice: _¿Quare +tristis incedo dum afligit me inimicus? Sic est_, que el señor don Juan +de Vargas, aunque de ilustre nacimiento, es infinitamente inferior al +pagano Nabucodonosor, al ungido Saúl, y al rey profeta. _Ergo_, don +Juan puede muy bien estar endemoniado. + +—No lo niego —dijo el marqués, cediendo al peso de tan poderosos +argumentos. + +—Yo no niego el _posse_ por mi parte; lo que niego, primo, es, que +vuestro hermano esté ahora endemoniado —contestó Hinojosa. + +—_Probo_ —exclamó el capellán. + +—Dejémonos de argumentos, padre. Yo soy observador, muy observador, y +me intereso demasiado en el bienestar de don Juan para que en más de un +mes que hace que le vemos así no haya estudiado su enfermedad. Estoy +seguro, segurísimo, de que los que padecen una demencia absoluta... + +—_Veritas veritatum_. + +—Nada de latines, capellán, y menos de desvergüenzas: razones, y no +citas ni insolencias, son las que aquí necesitamos. + +—¡Paz, paz, por Dios santo! En mi casa no quiero riñas. + +—Ni reñimos tampoco: marqués, ya sabéis que los doctores se tiran los +bonetes en un acto, y luego salen de él tan amigos como entraron. +Ministerio es de paz y... + +—No se hable más de ello, que será peor. Lo que importa es descubrir +cuál es en efecto el mal de don Juan y ponerle remedio. + +—Sí, sí, eso es lo que importa, primo Hinojosa, ponerle remedio, como +vos decís. + +—Las armas espirituales... son eficacísimas y excelentes a su tiempo, +pero por ahora no las necesitamos. + +—¡Oh pertinacia, oh ceguedad! + +—Dejad hablar al padre, primo: si le interrumpís siempre, ¿cómo ha de +explicarse? + +Con esta insinuación del marqués calló el comendador y pudo el capellán +explayar su erudición, de la cual haremos gracia a los lectores, +contentándonos con decir que en un largo, difuso y embrollado discurso, +después de explicar muy por menor los síntomas que se advierten en +los endemoniados, quiso probar que la melancolía, las frecuentes +distracciones, y los repentinos accesos de cólera que se notaban en don +Juan, eran otras tantas señales de hallarse el infeliz sirviendo de +posada a algún diablo, y no de los de menor importancia, en el infierno. + +Don Pedro le escuchó como quien oye llover; mas no así el marqués, que, +acostumbrado desde la infancia a mirar al padre como un oráculo, y +persuadido por otra parte de que sus últimos disgustos habían provenido +de haberse apartado del camino que en sus consejos le trazaba el +capellán, se sintió extrañamente conmovido, y no solo consintió, sino +que suplicó a su antiguo ayo que desde luego pusiese mano a la obra de +echarle los demonios del cuerpo a su hermano. + +Esto era justamente lo que el padre Teobaldo quería, pues en todo el +discurso de su dilatada vida nunca se le había presentado una ocasión +de habérselas cara a cara con el señor demonio. Así es que, tomándole +la palabra al marqués, salió inmediatamente de la sala temiendo que el +comendador no le hiciese volverse atrás. + +Iba en efecto Hinojosa a tronar contra tan desatinada idea; pero la +retirada del capellán y la del marqués, que, temiendo la tormenta, se +marchó también en pos de él, se lo imposibilitaron. + +Parecerá a un lector del siglo XIX que el padre Teobaldo y su alumno +debían de ser muy necios para creer en el endiablamiento del pobre don +Juan, y sin embargo se desengañará medio a medio. + +No solo en el siglo XVI, sino en mucho después, el último monarca +español de la casa de Austria, Carlos II, se hizo atormentar +voluntariamente por espacio de muchos años consecutivos para que le +sacaran del cuerpo los demonios, que estaba muy lejos de tener en él. + +Este ejemplo bastará para probar cuáles eran en la materia las ideas +de aquellos tiempos, pues si en el trono había tales preocupaciones, +fácil es de inferir que más abajo no faltarían. + +Media hora después de terminada la discusión entre el marqués, el +comendador y el capellán, entró este último en la estancia de don Juan, +vestido de sobrepelliz y estola, con el bonete en la cabeza, en la mano +derecha un hisopo, y en la izquierda un misal abierto. + +Seguíale un lacayo con un caldero de agua bendita, otro con una taza de +aceite, el marqués y su mayordomo, y dos o tres criados más, todos con +el rosario en la mano. + +Don Juan estaba aletargado sobre su lecho, encima del cual se había +arrojado cuando salió del comedor con la precipitación que se ha visto, +y, como el padre Teobaldo y su comitiva entraron silenciosamente en su +aposento, nada sintió. + +Rodearon, pues, su cama y, quedándose el capellán a los pies, comenzó +a leer en voz baja algunas oraciones del misal, respondiendo los +circunstantes _amén_ cada vez que terminaba una de ellas. + +Al cabo de algunos minutos de rezo le pareció bien al padre rociar al +demonio con agua bendita, y mojando el hisopo en el caldero, le mojó +la cara a su sabor, con lo que despertó al pobre don Juan; incorporose +este en la cama, y no sin algún sobresalto contemplaba el extraño +grupo que veía, cuando una segunda descarga del hisopo le inundó +completamente el rostro. + +—Váyanse a todos los diablos —exclamó colérico—, o por vida... + +—Hermano don Juan, sosegaos, que por vuestro bien se hace todo esto —le +interrumpió el marqués, asiéndole de un brazo. + +Le coge Vargas la cara lo mejor que pudo, y se encaró con su hermano, +mirándolo de hito en hito para asegurarse de que en efecto era él quien +le hablaba, y que no era un sueño cuanto estaba sucediendo. + +Entre tanto el capellán rezaba y rociaba intrépidamente, y el +mayordomo y las criadas respondían _amén_ siempre que les tocaba. + +Viendo don Juan que de todo aquello no le resultaba más mal que el de +mojarse alguna cosa, y que su hermano parecía tener particular empeño +en que siguiera la operación, resolvió tolerarlo y, cruzándose de +brazos, permaneció inmóvil, limitándose a observar cuidadosamente los +movimientos de cuantos le rodeaban. + +A cierta seña del capellán, el criado de la taza de aceite se aproximó +al marqués, y este, tomándola en las manos, se la acercó a los labios a +su hermano: + +—Bebed, don Juan —le dijo—, bebed, siquiera por amor de mí. + +Tomó Vargas la taza con mucho sosiego, y se disponía tal vez a beberla, +pero el olor del aceite, en el cual iban además algunos granos de +incienso, era tan fuerte, que lo percibió inmediatamente. + +Entonces miró el brebaje de la taza, y volviéndose al marqués le +preguntó: + +—¿Esto queréis que beba, hermano? + +—Sí, hermano, bébela, y sanaréis de vuestra dolencia. + +—Yo no estoy enfermo; estáis engañado, no estoy enfermo. + +—Enfermo estáis —dijo el capellán—, y de enfermedad mortal. + +—Padre, no estoy enfermo; mi salud es cabal, nada me duele. + +—El alma, el alma, es la enferma. + +—Tal vez. + +—Bebed, don Juan —volvió a decir el marqués. + +—No, no, hermano, no; este brebaje me haría reventar. + +—Es preciso beberla —exclamó el capellán. + +—Es preciso —repitió el marqués. + +—Es preciso, es preciso —dijeron en coro los criados. + +—Pues no la bebo, señores, no la bebo —replicó el interesado volviendo +a poner la taza en el plato que tenía el marqués en la mano. + +Este se la entregó al mayordomo, y al mismo tiempo echó a andar +para salir del aposento, y en efecto salió. Entonces dos criados se +aproximaron a don Juan para obligarle a beber; mas él, conociéndolo, +cogió de nuevo la taza, bautizó con ella al mayordomo, y saltando en +seguida de la cama, asió la espada que a la cabecera de ella tenía, y +dio tras de todos a palos. + +La puerta les parecía estrecha para salir por ella a cuantos había en +el cuarto, incluso el capellán, y con tanta precipitación quisieron +huir, que al llegar a una escalera, por que precisamente tenían que +pasar, se le enredaron las piernas al mayordomo entre las del que +llevaba la caldera, y uno y otro rodaron de alto a bajo, poniendo el +grito en el cielo; la caldera suelta soltó toda el agua que contenía, y +después con estrépito notable siguió a su portador hasta el piso bajo. + +Los perros del marqués, que eran bastantes, comenzaron a ladrar, y uno +de ellos, abalanzándose a los dos caídos, sacó en triunfo el peluquín +del mayordomo, que maltrecho yacía al pie de la escalera. + +El capellán y los restantes llegaron sin tropiezo hasta aquel punto, +pero allí tropezaron en los dos que por bajar más de prisa llegaron +antes. + +Los primeros poseedores del suelo renovaron sus aullidos al recibir +encima a sus compañeros, y estos, enredados unos con otros, y no +acertando a levantarse, gritaban también cuanto podían. + +Tan extraordinario rumor alarmó a toda la casa, de modo que +inmediatamente acudieron el marqués, el comendador, el cocinero, sus +ayudantes, los pinches, etc. + +Hinojosa soltó la carcajada viendo el singular grupo de hombres y +perros que había al pie de la escalera, y a don Juan, que con la espada +en la mano lo contemplaba desde lo alto de ella. + +Era en efecto difícil no reírse: la calva del mayordomo salía de entre +las piernas de un lacayo, y las narices del padre capellán hacían parte +integrante del posterior de otro. + +Un podenco se había sentado sobre la espalda de uno con la peluca en la +boca, y otros dos o tres se entretenían con las piernas de los pobres +caídos. + +El primer cuidado de los recién venidos fue levantarlos a todos, y +examinar si tenían alguna herida, pero felizmente no hallaron más que +tal cual chichón, aunque no había uno que no se quejase como si se +hallara en la hora de la muerte. + +Puesto ya en pie el capellán, y recobrada su estola, que había perdido +en la retirada, volvió la cabeza a la escalera, y viendo en ella a don +Juan, como ya se ha dicho, echó a huir de nuevo diciendo: + +—Te conjuro, espíritu rebelde, te conjuro en nombre de Dios. + +El comendador mandó retirar a todos los caídos, y habiéndolo hecho +por sí el marqués, sentido del mal éxito de aquella empresa, se quedó +Hinojosa solo con don Juan, a quien rogó que pasara con él a su cuarto, +en lo que este consintió sin dificultad. + +Solos ya, y sentados ambos pacíficamente, pasaron algunos minutos en +silencio, reflexionando don Juan en sus asuntos particulares, o en lo +que acababa de suceder, y su primo en la manera más a propósito para +entablar la conversación. Bien hubiera querido Hinojosa que el hermano +del marqués rompiese la barrera haciéndole alguna pregunta; mas, viendo +que no lo hacía, hubo de determinarse a romper el silencio. + +—Estaréis asombrado, don Juan, con lo que acaba de pasaros. + +—¡Asombrado!... ¿De qué puedo asombrarme ya en este mundo? + +—Sin embargo, primo, no es cosa que sucede todos los días a un +caballero esto de exorcizarle. + +—No, en efecto, y a la verdad no concibo qué extraño capricho ha sido +el de mi hermano en hacerme esta burla tan intempestiva. + +—Os engañáis, don Juan, tomando a burla cuanto acaba de suceder. El +marqués os ama de veras, y es incapaz de tan pesada chanza. No, primo, +nadie ha tratado de burlarse de vos. El camino se ha errado, y yo bien +se lo he dicho; pero las intenciones han sido las mejores del mundo. + +—Pero ¿no me diréis a qué viene el rociarme con agua de pies a cabeza, +el rezarme, y sobre todo, el quererme hacer beber una taza de aceite? + +—Creeros endemoniado. + +—¡Jesús! El Señor me libre en lo sucesivo de semejante trabajo, como +hasta aquí lo ha hecho. + +—Amén. Ya os he dicho que estoy persuadido de la falsedad de semejante +suposición. Y, sin embargo, ¿qué queréis que crean los que observan +sin cesar vuestra extraña conducta, sin que aparezca ni remotamente +motivo para ella? ¡Don Juan, don Juan! ¿Merece el marqués, que os ama +como un padre, y que tantos años hace os sirve de tal, merezco yo, mozo +ingrato, merece la fidelidad de vuestro criado, que a todos nos tengáis +con el alma en un hilo, viéndoos perder la salud y hacer extrañas +locuras? ¡Qué hemos de creer! Decidlo vos mismo. + +Mientras que Hinojosa declamaba así con bastante vehemencia, don Juan, +levantándose de su asiento, comenzó a dar vueltas por el aposento, con +visible agitación, y aun algunas lágrimas fugitivas se escaparon de sus +ojos. + +Viéndolo así enternecido, no quiso el comendador atormentarle más ni +perder la ventaja conseguida, y para conciliar ambos extremos se fue a +su primo, y tomándole la mano afectuosamente continuó diciendo: + +—En vuestra mano está hacer cesar en un punto todos nuestros temores. + +—Decid el medio, comendador. + +—Romped ese obstinado silencio, reveladnos la causa de vuestro padecer. +Si ella es tal que admita remedio, se le aplicará, y si por desgracia +no lo tiene, lloraremos con vos. + +A esta última proposición soltó don Juan la mano de Hinojosa, y dio +dos o tres pasos sumamente aprisa; el comendador volvió a ocupar su +asiento, esperando en él el resultado de aquel acceso. + +No fue este muy duradero, pues apenas pasaron dos minutos, sentándose +Vargas de nuevo empezó a hablar de esta manera: + +—Si hay, primo, en este mundo personas que por todos títulos merezcan +mi confianza, sois mi hermano y vos. Pero escuchadme bien, y sea esta +la última vez que hablemos de semejante materia. + +»Dentro de mi corazón hay una pena que me devora, que me seguirá hasta +el sepulcro y más allá, si después de la muerte conservamos la más +pequeña parte de nuestra existencia. + +»Mi honor está por ahora comprometido a no revelar la causa de mis +disgustos. He dado mi palabra de no hablar. Excusad, pues, súplicas y +razones. Los más crueles tormentos no me arrancarían una sílaba más de +lo dicho. + +»Nada me digáis, comendador, para agradecer la tierna solicitud de mis +parientes: bastante he hecho, pues confesando que tengo un secreto os +he revelado ya más de la mitad de él. + +»Compadecedme; pero no os obstinéis en saber más de lo que puedo +deciros. + +»Grabad en la memoria lo que voy a deciros: Si mi propio padre, +saliendo del sepulcro, solo para ello diera un paso para sorprender mi +secreto, pudiera ser que le arrancase la vida. + +»Comendador, dadme la mano; nuestra amistad será eterna, como el +agradecimiento que me inspiran vuestros cuidados, pero, lo repito, +jamás, jamás volveremos a hablar de esta materia. + +En tanto que don Juan estuvo hablando no apartó Hinojosa los ojos de su +semblante, y si bien en algunos momentos se agitaba extraordinariamente +Vargas, es cierto que no advirtió en él síntoma alguno de demencia. + +Convenciose, pues, de que en efecto la situación de aquel mancebo +dependía de causas naturales, aunque solo conocidas del mismo +interesado, y renunció a su primera idea. + +—Os he escuchado —dijo— con la mayor atención, y no pretenderé saber +lo que como hombre honrado no podéis decirme. No se hable más en ello. +Pero voy a hacer una súplica que está en vuestra mano concederme. +Ocultad lo que podáis al menos en presencia del marqués: don Juan, +conocida es por vos su melancolía. No queráis aumentarla. Ninguna +gloria es mejor que la de vencerse a sí mismo. + +—Yo me esforzaré para complaceros. Recibid mi promesa. + +—Cuento con ella. + +—Quedad, primo, con Dios, y si alguna vez necesitáis de un pecho fiel +y de una espada que en sus tiempos tuvo buenos filos, el comendador +Hinojosa no necesita saber en qué ni por qué le empleáis; su vida es +vuestra. + +—No quiera Dios que yo os envuelva en mis males; pero jamás olvidaré +tan generosa oferta. Dadme los brazos. + +—Y el alma con ellos. + +Abrazáronse en efecto los dos primos con la mayor ternura, y el +comendador salió del aposento para dirigirse a la habitación del +marqués, a quien encontró en conferencia con el capellán y el mayordomo +sobre los medios de renovar con menos riesgo y mejor éxito el pasado +exorcismo. + +La llegada de Hinojosa puso término a la discusión y al proyecto. + +Dijo el comendador a aquellos tres personajes que acababa de tener +una larga conversación con su primo, en la cual había acreditado +completamente que se hallaba en su sano juicio. + +—Me ha confesado —anadió— que tiene penas que su honor le prohíbe +revelar. Vuestra merced, padre capellán, se ha engañado, y yo también. +Don Juan no está endemoniado, y menos loco. Probablemente su pena será +algún amorío: es enfermedad de la edad. Los años la curarán. Entre +tanto, dejémosle en paz por nuestra parte; harto tiene que hacer el +desdichado con lo que se conoce que sufre interiormente. + +Esto bastó por entonces a que el marqués prohibiera al padre Teobaldo +la continuación de sus combates espirituales, y gracias a la tal +medida, pudo don Juan dormir tranquilo, sin temer que al despertarse le +ofreciesen por desayuno una taza de aceite bendito. + + +FIN DEL TOMO PRIMERO + + + + +Ni Rey ni Roque + + + + + NI REY NI ROQUE + + EPISODIO HISTÓRICO + DEL REINADO DE FELIPE II, + AÑO DE 1595 + + NOVELA ORIGINAL + + ESCRITA + POR DON PATRICIO DE LA ESCOSURA, + AUTOR DEL CONDE DE CANDESPINA + + TOMO II + + Madrid + Imprenta de Repullés + — + AÑO DE 1835 + + + + +NI REY NI ROQUE + +CAPÍTULO PRIMERO + + MORONDO + Que me llevan los demonios + . . . . . . . . . . . . . . + Voto a Cristo que me llevan. + + TEODORA + ¿Adónde? + + MORONDO + No me lo han dicho, + Porque traen orden secreta. + + (_La Adúltera Penitente_, comedia de tres ingenios: Cáncer, Moreto, y + Matos). + + +Fiel a su palabra, procuró don Juan disimular su melancolía en +presencia del marqués, y aunque a la verdad no pudo conseguir mostrarse +alegre, por lo menos dejó de abandonarse a ciertos accesos, como el que +dio lugar a que le exorcizase el padre capellán, y que antes de aquel +suceso eran sumamente frecuentes. + +Su tristeza era sin embargo la misma. Evitaba toda sociedad cuanto +podía, y más de una vez aconteció que el comendador le sorprendiese +con los ojos inundados de lágrimas; mas como Hinojosa había prometido +solemnemente a su primo no volverle a preguntar la causa de su pena +y ni siquiera hablarle de ella, se veía en la imposibilidad hasta de +consolarle. + +En este estado de cosas transcurrieron algunos días, hasta que en la +noche de uno Vargas anunció a su hermano y primo que al siguiente por +la mañana se ponía en camino para visitar cierta hacienda, en la cual +era necesaria su presencia. + +Convino el marqués, y el comendador aplaudió el proyecto, creyendo, no +sin fundamento, que la variación de aires y la agitación de un viaje +serían muy a propósito para distraer a Vargas de sus disgustos, y tanto +más cuanto que, con sola aquella idea de él, se notaba ya mucho más +alegre que se le había visto en la última temporada. + +Toda aquella noche estuvo Vargas amabilísimo, colmando de caricias +a su hermano, al comendador, y aun al mismo padre Teobaldo, quien no +dejaba de atribuir parte de tan inesperada mudanza a sus hisopazos y +conjuros. En el momento de separarse, don Juan los abrazó a los tres +con ternura, encargándoles que no le olvidasen. + +—Olvidaros —dijo el marqués—, y en el corto tiempo que habéis de faltar +de aquí, no es posible. + +—Mi ausencia, hermano, podrá ser más larga de lo que yo mismo creo. + +—Norabuena; por mucho que se tarde en concluir la obra que vais a +dirigir, será cosa de pocas semanas. + +—Decís bien, hermano; comendador, conservadme vuestra amistad. + +—Don Juan, mis ocupaciones aquí son ningunas; si habéis menester de un +amigo que os acompañe, mi persona es vuestra. + +—No, primo, no; vos podéis y debéis quedaros. ¿Qué sería del marqués +viéndose solo? Adiós, pues. + +—Adiós, y Él os acompañe en vuestro viaje. Amén. + +—Amén. + +Antes de salir el sol estaba Vargas en camino, sin más compañía que la +de un criado, que era el que siempre le seguía y estaba en su servicio +desde la niñez. Callado, fiel y obediente, Pedro no conocía más ley que +la voluntad de su señor, de cuyas acciones nunca veía más de lo que se +quería que viese. Tan fácil hubiera sido saber por boca de un cadáver +la enfermedad que le redujo a tal, como de la de Pedro nada de los +asuntos de su dueño. Este, pues, le estimaba como a una joya preciosa, +que no tenía reemplazo si una vez llagaba a perderse, y depositaba en +él sus secretos con una confianza sin límites. + +Una legua habrían andado los dos caminantes, cuando deteniendo don Juan +su caballo, dio lugar a que emparejase con él su criado. + +—Pedro —le dijo—, vamos a Madrigal. + +—Adonde usted mande. + +—Es preciso que tú te adelantes. Nada importa reventar el caballo; esta +noche has de dormir allá. + +—Muy bien. + +—Toma esta carta, que entregarás también esta noche misma, si llegares, +como deseo, antes del toque de ánimas. Gabriel no estará entonces en su +casa. + +—Está entendido, señor. + +—Si llegas después de ánimas, mañana... + +—¿Cuando el pastelero esté en misa? + +—Perfectamente, Pedro. + +—¿Y la respuesta? + +—No la tiene. Marcha, y en habiendo entregado la carta métete en el +mesón, y no salgas de él por ningún pretexto. ¿Me entiendes? + +—Sí, señor. + +—Nadie ha de conocerte antes ni después. + +—Estoy al cabo. + +—Fío en tu obediencia. Espérame allí, que o yo iré, o te daré noticias +de mi persona. Marcha, Pedro. ¡Ah!, ¿llevas dinero? + +—Poco. + +—Toma diez doblones. Silencio y agilidad. Buen viaje. + +—Dios guarde a usted, amo mío. + +Diciendo esto arrimó Pedro las espuelas a su caballo, y poco tiempo +después le perdió don Juan de vista. + +No nos tomaremos el trabajo de seguir al amo ni al criado en todo su +camino, sino que dejándolo en claro trasladaremos la escena de un +golpe de pluma al siguiente día, en el momento de oscurecer, a espaldas +de una ermita que distaba como un tiro de bala de Madrigal. + +Atado a un pino tascaba impacientemente el freno el caballo de don +Juan, y este con no mucha más resignación se paseaba aceleradamente +al pie de los muros de la ermita. De cuando en cuando asomaba con +precaución la cabeza por una de las esquinas, y examinaba con aire de +inquietud y ansiedad el camino que guiaba a la villa, y en el cual no +se veían ni perros. + +—Ya casi es de noche... No viene... Si acaso Gabriel... ¿Pero qué tan +necio había de ser Pedro que se dejase sorprender? Infeliz de él como +así fuese... Un bulto... La oscuridad no me deja distinguir quién sea: +¿si será ella?... ¿Y quién ha de ser a estas horas por este paraje? +Inés será. Respiremos. + +En esto el bulto se venía acercando a toda prisa; pero en vez de +seguir hasta la ermita, tomó por una vereda que se apartaba de aquel +camino como unos cincuenta pasos antes de llegar a ella. + +—¡Maldición! No es Inés. Ya no viene. + +Cualquiera que haya esperado alguna vez, y tratándose de asunto +importante, concebirá fácilmente la extrema impaciencia de Vargas, a la +cual se agregaba la duda en que se hallaba sobre si el mensaje había +llegado sin novedad a su destino, y de que, aun cuando así fuese, se +prestara Inés a sus deseos. + +Tan presto se paseaba don Juan presuroso, como haciendo alto de repente +recogía hasta el aliento, y aplicaba el oído a la tierra para percibir +aun el más ligero ruido. Ya se sentaba sobre una piedra, ya corría +despeñado a ponerse en acecho, todo quejándose de su mala estrella y +votando como un desesperado, y todo en vano también. + +Cerca de una hora pasó en aquel tormento hasta que, ya perdida la +paciencia, y olvidándose de sus proyectos mismos, abandonó la posición +que ocupaba y echó a andar hacia Madrigal; ¿a qué?, él mismo no lo +sabía; pero hay circunstancias en que el variar de posición, sea +como fuese, es indispensable. Cincuenta pasos habría andado con una +agitación extremada, cuando vio salir de la villa a un bulto negro. + +La noche era ya extremada, el firmamento cubierto de opacas nubes que +impedían el paso a los rayos de la naciente luna, y el horizonte oscuro +como el abismo, y que de cuando en cuando iluminaba la luz rojiza y +fugaz de los relámpagos, anunciaban una próxima tempestad. + +Agitadas por el presentimiento que les inspira su instinto, las aves +nocturnas, con vuelo rastrero y desigual cruzaban el campo en todas +direcciones. El lejano ladrido de los perros, el son lúgubre de una +campana, y hasta el susurro del viento en los sembrados, todo, en una +palabra, contribuía, en el momento de que hablamos, a dar al paraje en +que se hallaba Vargas el más siniestro aspecto. + +Al ver, pues, el bulto de que se ha hecho mención, y olvidado de que un +momento hacía hubiera dado cuanto le hubieran pedido por verlo en el +camino, se sobrecogió un instante. + +En efecto, la persona que a él se acercaba, cubierta de un traje +talar que flotando a merced del viento le prestaba aparentemente +más corpulencia que la que realmente tenía, no parecía andar, sino +deslizarse por el camino; tales eran la ligereza de su paso y la +rectitud con que caminaba. + +En las circunstancias ordinarias, don Juan, que por una parte había +nacido valiente, y por otra era noble y castellano, hubiera visto con +indiferencia, y tal vez no habría reparado en la circunstancia de +caminar de este o del otro modo una persona que pasaba por el camino. + +Pero la hora, la disposición del cielo, el paraje en que se hallaba, y +que él mismo había elegido como más seguro para su intento, pues era +pública voz en Madrigal que en las inmediaciones de aquella ermita, +que hoy no existe, se verificaban frecuentes y espantosas apariciones, +y sobre todo la agitación en que estaba su espíritu le tenían tan +trastornado que la vista de la persona que se le acercaba le sobresaltó +en efecto. + +Hizo, pues, alto, y maquinalmente se persignó y sacó la espada. El +bulto continuó marchando intrépidamente hasta estar a unos diez pasos +de don Juan, que entonces ya cesó de andar. + +Pocos momentos bastaron para que, volviendo este en sí, reconociese la +ridiculez de su conducta y, avergonzado de ella, envainó la espada. + +—Proseguid —dijo dirigiéndose a la inmóvil persona que delante tenía—, +proseguid vuestro camino, quien quiera que seáis, que así en mí no +hallaréis impedimento. + +—Don Juan —exclamaron—, ¿sois vos? + +—Inés, al fin habéis venido. + +—Sí, aquí estoy. Bien sabéis que arriesgo mi vida; pero en fin, ¿qué me +queréis? + +—Aquí no estamos bien, Inés; cualquiera que pase puede vernos. Vamos a +la ermita. + +—¿A la ermita, don Juan?... + +—¿Y por qué no? Jamás os he conocido medrosa. + +—Verdad es, pero... + +—No perdamos el tiempo, que para nadie es más precioso que para vos. +Seguidme. + +Al decir esto asió del brazo a Inés, y en aquella disposición llegaron +ambos a la espalda de la ermita, a la cual estaban unidos los restos de +un pequeño edificio, que probablemente en tiempos antiguos habría sido +habitación del ermitaño, pues aunque inutilizada, conservaba una puerta +de comunicación con la iglesia. + +Ya en la época de que hablamos hacía muchos años que la ermita tenía su +cura, que habitaba en la villa, y la habitación, abandonada, se había +ido arruinando progresivamente hasta no quedar más que un solo ángulo, +en el cual se conservaba parte del tejadillo. + +A este ángulo, pues, se dirigieron Inés y don Juan sin proferir una +sola palabra. Así que llegaron, don Juan dispuso lo menos mal que pudo +un asiento de piedra para la pastelera, a quien dijo: + +—Sentaos, Inés. + +Hízolo así esta, y en seguida: + +—¿Y vos? —preguntó. + +—Bien estoy en pie. ¿Conque habéis recibido mi carta? + +—Anoche me la entregó Pedro. + +—¿Y Gabriel? + +—No le he visto. No estaba en casa. + +—Bien. + +Parose aquí un momento como para recordar las especies, y en seguida +continuó: + +—Inés, repetiros que os adoro es inútil; bien lo sabes. + +—Me lo habéis dicho, don Juan; pero no sé si será una prueba de ello +estar un mes ausente sin darme noticia de vuestra persona ni siquiera +por cortesía. + +—Tenéis razón. ¿Qué responder a esto?... ¡Qué responder! Yo responderé; +pero no interrumpáis, o de una conferencia que debe ser muy breve +haréis una conversación eterna. Os adoro, repito, y os adoraré mientras +viva, Inés. ¿Y cómo no adoraros? Yo que os he visto a la cabecera de mi +cama noche y día sin separarnos un momento, yo que os debo la vida... + +—¿Y por quién la expusisteis?... + +—Más me valiera perecer entonces. + +—¡¡Don Juan!! + +—Inés, tanta hermosura, tanta discreción, y ese carácter angélico, esa +dulzura celestial, bastantes a hacer la dicha de cualquiera mortal, han +hecho de mí un frenético. Ya sabes que solo vivo a tu lado. Ya ves tú +que lejos de ti mi vida es un infierno. Inés, Inés, apiádate de mí. + +—Sosegaos, don Juan. ¿Así cumplís las promesas que me hacéis en vuestra +carta? Hablemos en razón. Cuando postrado aún en el lecho, gracias a +la temeridad con que os expusisteis por salvarme, me dijisteis vuestro +amor, don Juan, yo no os oculté que también os amaba. Ya entonces era +inútil que mi boca repitiese lo que debíais haber adivinado en mis +ojos; pero también os dije que Inés no se envilecería jamás a los ojos +de su amante, arrojándose en sus brazos sin ser antes su esposa, y +vuestra esposa Inés no puede, no debe serlo por ahora. + +—Inés, verdad habéis dicho en todo. Lo que entonces me dijisteis está +grabado en mi corazón con caracteres indelebles. ¿Pero cuál es el +obstáculo que ponéis a nuestra unión? ¿La desigualdad de condiciones? +Mujer celestial, ¿quién es más en el mundo que tú para mí? Yo también +he querido luchar, y también he opuesto a mi pasión todo género de +reflexiones, y todas han sido inútiles. He venido a ser tu esposo, a +vivir contigo eternamente, a morir a tus pies de dolor. + +Mientras que don Juan hablaba así con una vehemencia extraordinaria, +Inés enternecida lloraba sin cesar. El llanto le impedía hablar durante +algún tiempo, pero al cabo entre sollozos y suspiros prorrumpió: + +—Vargas, ¿qué decís? Sin conocerme, sin saber de mí más que el nombre +de Inés, viéndome en tan oscura condición en compañía de Gabriel... + +—Una sola cosa exijo de ti, Inés, para darte mi mano, una sola cosa. +Con una palabra vas a disipar una duda que pesa sobre mi corazón, y le +oprime y le agobia. + +—Decid, don Juan. + +—Antes jura decirme la verdad. + +—Si es secreto en que yo sola esté interesada, juro por el Dios que nos +escucha, y que sabe leer el fondo de nuestros corazones, que sabréis la +verdad entera, y nada más que la verdad. + +—Pues bien, Inés, perdóname si tal vez mi duda te ofende; yo mismo +me he reconvenido millares de veces por ella; pero es más poderosa +esta amarga duda que cuantos diques le opongo. Si tú supieras que en +solo concebirla he sufrido yo más tormentos que puede haber en los +infiernos, me perdonarías. + +—Y bien, perdonado estáis. + +—Decid: Clarita, la hija de Gabriel, ¿es tu hija? + +—No, don Juan, no es mi hija. + +—Dios omnipotente, yo te doy gracias: tú eres digna de mi amor. + +Un profundo silencio reinó en las ruinas después de proferida por don +Juan esta última exclamación. + +El amor propio de Inés y su virtud misma se rebelaban contra la +suposición de Vargas, y era menester toda la fuerza del amor y el peso +de las razones que ella misma conocía haber tenido aquel caballero +para concebir semejantes sospechas, para que no diese muestras de su +indignación. + +Vargas, como el que acaba de arrojar de sí una pesada y molesta carga, +aunque gozoso por verse libre de ella, estaba como enajenado; y además, +conociendo también que su amada no podía estar muy satisfecha con +su pregunta, no sabía cómo anudar de nuevo la conversación sin que +volviese a recaer sobre tan delicado y desagradable objeto. + +Estando así ambos amantes, la tempestad que desde antes de ponerse el +sol se había ido preparando descargó con tremenda furia. + +Un relámpago, a cuyo resplandor parecía incendiado el lejano horizonte, +seguido de un espantoso trueno fue el principio de la tormenta, que en +seguida ya fue general y terrible. + +—Todos los santos del cielo me amparen —exclamó Inés, retirándose +asustada al último rincón de las ruinas. + +—¿Qué temes? —dijo don Juan, siguiéndola, y pasándole un brazo por +la cintura, con ánimo sin duda de prestarla así su protección más +inmediatamente—. ¿Estando conmigo, qué temes, Inés? + +—Vuestra protección, don Juan, no creo que sea muy eficaz contra los +rayos del cielo. + +—La tempestad no puede ser duradera: en la estación en que nos hallamos +son frecuentes, pero momentáneas. + +—Por poco que dure siempre será lo bastante para que yo, a menos de +ponerme en camino diluviando como está, llegue a casa después que +Gabriel, y entonces... + +—Entonces, infeliz de él si se atreviera a ofender a la esposa de +Vargas. + +—La esposa de Vargas no lo soy aún, tal vez no lo seré nunca, y entre +tanto a su autoridad estoy sujeta. + +—¿Y quién le ha dado esos derechos sobre ti? + +—Mi destino. + +—¿Y cómo? + +—Este es un misterio que ni vos debéis preguntarme, ni yo revelarlo. +Dejemos, pues, de hablar de ello, y separémonos también. + +—¡Cómo, Inés! ¿Sin que hayas decidido de mi suerte? + +—Nos volveremos a ver dentro de ocho días en este mismo paraje, y a la +misma hora. Entonces tal vez me será lícito hablar más de lo que hoy +puedo hacerlo. + +—¿No me dirás al menos si me amas? + +—¡Ingrato! Harto lo sabes. + +—¡Inés mía! + +—Don Juan, adiós. + +—Espera: es imposible que con esta lluvia te pongas en camino. + +—Lo que es imposible es detenerme más sin grave riesgo; tal vez es ya +demasiado tarde. + +—Pues bien... Pero ahora se me ocurre: yo puedo llevarte hasta la villa +en mi caballo, cubierta con mi capa, y desde la entrada hasta tu casa +poco hay que andar. + +—Vamos, pues. + +Salió don Juan de las ruinas en busca de su montura, pero la oscuridad +de la noche era tal, que a dos pasos no se divisaba un árbol. Fuele, +pues, preciso marchar muy despacio y a tientas, buscando los únicos +cuatro pinos que a unos seis u ocho pasos de la ermita estaban, y a uno +de los cuales había atado su caballo: tropezó por fin con uno de los +pinos, pero no era aquel el que buscaba; fue al segundo, y le sucedió +lo mismo, y otro tanto con el tercero y cuarto. + +«Vamos —dijo para sí—, he perdido enteramente el tino; no daré en toda +la noche con el caballo». + +Volvió de nuevo a recorrer los pinos, y viendo que tampoco en ninguno +de ellos estaba, comenzó a dudar de si habría tal vez más árboles de +los que él creía haber contado; pero un relámpago, iluminando por un +instante todo el lugar de la escena, le hizo ver que no se había +equivocado al contar los árboles, y que su caballo no estaba ni en el +paraje que lo había dejado, ni cerca de él. + +—¡Confunda Dios al pícaro ladrón que se lo ha llevado! —exclamó furioso +dando una patada en el suelo—. ¡Buenos estamos! A pie y sin dinero me +deja, y ahora Inés habrá de andar a pie por ese camino, que está hecho +un mar sin duda. + +Mohíno además y pesaroso, dio la vuelta Vargas; no sin dificultad atinó +a entrar de nuevo en las ruinas contiguas a la ermita, y así que estuvo +dentro empezó a decir: + +—¡Pobre Inés! Estamos a pie: o el caballo espantado con los truenos ha +roto las riendas y echado a huir por esos campos, o algún ratero se lo +ha llevado. ¿Tendrás que irte a pie? ¿No respondes? + +El ruido solo de la lluvia, que impelida por el viento se estrellaba +contra los muros de la ermita, fue la contestación que recibió don Juan +a su pregunta. + +—Inés, responded por Dios santo... ¿Se habrá ido? ¿Capaz es?... ¡Inés, +Inés! ¿Os parece este momento para chancearos?... Ahí estáis, si yo os +siento andar... ¿Me huyes?... Responde, o es... + +—Silencio, o muerto sois, caballero —dijo al oído una voz de hombre +para él desconocida, y al mismo tiempo asido de ambos brazos, sin saber +por quién ni cómo, se halló en la imposibilidad de hacer el menor +movimiento contra la voluntad de sus guardianes. + +—¡Traidores! —dijo con rabia. + +—Silencio —repitió la misma voz que primero había hablado—: andad con +nosotros, en la inteligencia de que si no queréis hacerlo por vuestro +pie vendréis arrastrando. Silencio, repito, si amáis la vida, que no +tratamos de quitárosla, ni aun de ofenderos si a ello no nos fuerza +vuestra imprudencia. + +Concluida esta horrible oración echaron a andar los que tenían agarrado +a Vargas, y él también hubo de hacerlo con ellos mal que le pesase. + +Durante algún tiempo conoció don Juan que caminaban por las ruinas en +razón a la desigualdad del terreno y a la multitud de escombros con +que continuamente tropezaba; y aunque la extensión que en diferentes +direcciones le hicieron andar le pareciese mayor que las que las mismas +ruinas tenían, lo atribuyó en parte a su turbación, y en parte a error +en su primer cálculo. + +Yendo así le taparon el rostro con un pañuelo o capa que le echaron +sobre la cabeza; precaución bien excusada, pues que, como ya se ha +dicho, la noche era sumamente oscura. A poco rato el piso ya se ofrecía +unido y de nivel, y sus propios pasos, repetidos por un eco no muy +claro, resonaban en los oídos del prisionero; en seguida le hicieron +bajar una escalera, volver a andar por terreno llano, subir otra +escalera, y al cabo bajar una tercera; desde allí atravesar una zanja; +y por último, saliendo de ella, sentarse en uno que le pareció escaño +de madera. + +En todo el tiempo no oyó don Juan proferir una palabra, de manera que +la única conjetura que sobre su situación pudo formar fue, por el rumor +de los pasos, la de ser tres las personas que con él iban, una delante +y dos asiéndole de ambos brazos. + +La circunstancia de faltarle el caballo le hizo creer que se hallaba +en poder de ladrones, lo que le era sumamente sensible, no por él, +sino por Inés, que era ya de suponer se hallaba en sus manos. En la +situación en que se hallaba solo un recurso se le ofrecía para salvar +a su amada de las garras de aquellos malvados, que era el de ofrecerle +por la persona de la pastelera un rescate considerable en dinero, y +así propuso hacerlo tan luego como hubiese terminado su caminata y le +diesen los ladrones lugar para ello. + +En medio de estos proyectos, y como a pesar suyo, resonaba una voz +en su conciencia, que le decía: «¿Por qué te obstinas en venir a +Madrigal, si cuanto haces y dices en él redunda en daño tuyo?». El +corazón respondía: «Estoy enamorado, y yo mando». La cabeza podía haber +replicado en el gusano de la fábula: «Usted tiene razón: así va ello». + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO II + + ¿Dónde estás, señora mía, + Que no te duele mi mal? + O no lo sabes, señora, + O eres falsa y desleal. + + (_Romance autógrafo_). + + +Uno de los infinitos y más agradables privilegios que el género +romántico concede a los que lo cultivan es el de decir las cosas cuándo +y cómo les viene a cuento, dispensándolos de la prolija obligación +de empezar una historia por su principio, de referir hasta las veces +que el protagonista fue azotado por el _dómine_ en su infancia, y de +seguirle paso a paso en el discurso de su vida sin hacer gracia al +lector de uno solo de sus pensamientos, por insignificante y necio que +parezca. + +El autor romántico, como que puede hacer todo aquello a que su ingenio +alcance, cuando no más, se ríe del orden cronológico; su fin es unas +veces divertir, otras horrorizar, pero siempre inspirar interés, y +usando en toda su latitud de aquella máxima de no sé qué autor, que +establece que _el fin santifica los medios_, sigue el camino que +su fantasía le dicta, despreciando reglas, hollando preceptos, y +preguntando solo a sus oyentes: «¿Se divierten ustedes? ¿Sí? Pues +bueno va». + +En uso de mis facultades, y como ejemplo práctico, he puesto el exordio +de este capítulo, con el cual respondo de antemano a la objeción +que sin duda me hará la crítica clásica de andar algo descosido en +mi novela, y hago solemne protesta de que por ahora, y siempre que +me convenga, seré romántico, reservándome empero refugiarme en el +clasicismo cuando las circunstancias lo exijan. + +Poco más fastidiado que deberá estarlo el que ahora me lea con la +impertinente disertación que precede, se hallaba don Juan de Vargas +en el mismo paraje y situación en que le dejamos al fin del capítulo +anterior, esperando con ansia el resultado de una conferencia que +indudablemente se estaba celebrando a pocos pasos de él, pues el rumor +de varias voces, aunque vagas, hería sus oídos. + +Pareciole al cautivo que los que hablaban no pasarían de cuatro o +cinco personas, y entre ellas creyó distinguir el eco de una que debía +serle conocida; pero como su turbación no permitiese que recordara +entonces quién era, se persuadía a que aquel hombre podría muy bien +tener semejanza en la voz con algún conocido suyo, y serle sin embargo +enteramente extraño. + +Después de hablar un rato en voz tan baja que nada de su conversación +pudo percibir don Juan, animándose la discusión, uno exclamó en tono +más desagradable, aunque lo que decía y con acento gallego, o muy +parecido a él: + +—Mateislu. + +Toda la sangre se le heló en las venas al hermano del marqués al oír +tan terrible sentencia. + +—Sí, sí —dijeron a un tiempo dos o tres de los que conferenciaban. + +—Es lo más seguro —exclamó el que había hablado a Vargas, y estaba +entonces sujetándole en el escaño. + +Y acompañó su exclamación con un movimiento del brazo derecho, que +a pesar de estar cubierto no pudo menos de distinguir el preso, +quien, dándose ya por muerto, hizo mental y fervorosamente un acto de +contrición. + +—Teneos —gritó entonces la voz que a Vargas le parecía conocer—, +teneos. ¿Quién os ha dado derecho para disponer de la vida de ese +hombre? + +—Nuestra seguridad lo exige —replicó ásperamente el de las ruinas. + +—Mateislu —volvió a decir el que hizo la proposición. + +—Os lo prohíbo —insistió el piadoso—; no tenéis facultad para ello. +Solo Dios es árbitro de la vida de los hombres. + +—Y el rey —contestó una voz que hasta entonces no se había oído. + +—Sí, sí, y el rey —repitieron todos a coro. + +—Bien —dijo el defensor de Vargas—, y el rey; esperemos su decisión, +y tiemblen todos su justicia si se atreven a tocar en ese mancebo sin +orden suya. + +—Esperemos norabuena. + +—Esperemos. + +—Esperemos. + +Y el silencio más completo volvió a establecerse en torno del preso. + +El primer movimiento de este fue dar gracias a Dios por haberle +libertado de tan grande peligro, deparándole en medio de aquellos +forajidos un alma compasiva que intercediese por él. Pero concluido +este acto de piedad, y tranquilo ya por su vida, empezó a reflexionar +sobre la última parte de la discusión que sobre su suerte acababa de +tener lugar, y cuanto más meditaba menos la comprendía. + +Un salteador de caminos, estableciendo que solo Dios tiene derecho a +quitar la vida a los hombres, y los demás tan celosos por el monarca +que al momento le replican que también es el de dar muerte uno de los +derechos del rey, a la verdad son cosas no muy comprensibles si no se +toman en sentido crónico; pero que para disponer de la suerte de un +caballero que está en sus manos esperen los ladrones la resolución del +rey, era lo que volvía loco a don Juan, y hubiera enloquecido también a +cualquiera. + +Tal vez si la cuestión se le hubiese propuesto siendo otro el paciente, +y estando él tranquilo en casa de su hermano, hubiera atinado con la +única solución racional que podía dársele, y era la de suponer que +los ladrones llamaban rey al forajido que los mandaba, y que tal vez +estaría ausente; pero como, a la verdad, la situación de Vargas no era +la más a propósito para acertar enigmas, daba vueltas y más vueltas al +asunto, y cada vez lo entendía menos. + +Diremos sin embargo, en defensa de su ingenio y honor de la verdad, que +no le era fácil hacer raciocinio alguno seguido, pues la ignorancia en +que estaba sobre la suerte de Inés le afligía aún más que su propio +peligro. + +La última y lejana campanada del reloj de la villa acababa de sonar +las nueve de la noche cuando distrajo a don Juan de sus reflexiones +el ruido que al levantarse de los asientos que ocupaban todos los +salteadores, a excepción de sus dos guardianes, que permanecieron +inmóviles. + +—El rey —se oyó decir en voz baja todo alrededor. + +«¡El rey!», exclamó para sí don Juan. «¡El rey! ¿Si estaré soñando?». + +—Caballeros —empezó a decir una voz todavía más familiar a los oídos de +Vargas que la del que primero hemos hablado, pero reparando sin duda en +el prisionero, se interrumpió, exclamando—: ¿Qué es esto? + +—Yo lo diré, señor —contestó el que había intercedido por nuestro +caballero; y el ruido de sus pasos anunció que se acercaba el recién +venido para enterarle sin duda de lo que había pasado. + +Después de un breve rato dijo riéndose el que don Juan suponía ser el +llamado rey: + +—Yo lo sabía; pero se me olvidó advertíroslo. ¡Buen susto habrán +pasado! ¡Coello! + +—¿Señor? —respondió el de las ruinas. + +—Venid. + +—¿Y este hombre? + +—Dejadlo, con Sousa basta. + +Entonces obedeció Coello, y Vargas pudo disponer de su brazo derecho; +mas conociendo que habría temeridad en intentar retirarse, resolvió +someterse pacientemente a su suerte, y permaneció tranquilo. + +Poco tardó en volver Coello a su puesto, y decir: + +—Soltad, señor Sousa, a ese caballero. Señor don Juan de Vargas, poned +la mano derecha sobre el puño de vuestra espada. + +—Está puesta. + +—Levantaos. + +—Ya estoy en pie. + +—¿Juráis, por el signo de nuestra redención, por Dios y su Santísima +Madre, y prometéis a fe de caballero sobre vuestro honor, que si os +permitiese salir de aquí, sano y salvo, jamás revelaréis de manera +alguna la menor circunstancia de cuanto acaba de pasaros? + +—Antes de jurar me es fuerza hacer una pregunta, señor... + +—Que diga. + +—Decid. + +—En el mismo paraje en donde me habéis sorprendido, estaba en mi +compañía una dama... + +—Está segura, tranquilizaos. + +—¿Quién me lo asegura? + +—¿Bastará —dijo el que mandaba—, bastará que ella os lo diga? + +—Sí —contestó Vargas después de algunos instantes de reflexión. + +Separose Coello de Vargas, y al cabo de algunos minutos volvió +acompañado de Inés, quien, dirigiéndose a su amante, le dijo: + +—Don Juan, no temáis por mí, segura estoy. Jurad lo que os han dicho y +retiraos. + +—Inés, no me engañéis. Si hay el menor peligro... + +—Ninguno, os lo protesto. Jurad, siquiera por que yo os lo ruego. + +—Repetid lo que queréis que jure. + +Hízolo así Coello, y don Juan juró. Concluido este acto, el mismo +Coello, asiéndole de la mano, le mandó que le siguiese, y echando ambos +a andar, y sin saltar zanja ni subir más de una escalera, se halló +Vargas en el mismo paraje en que fue sorprendido. Quitole Coello la +capa que le cubría la cabeza, y retirándose precipitadamente, sin que +su prisionero supiese por dónde, le dejó enteramente libre. + +La tormenta había pasado, la luna, abriéndose paso al través de algunas +nubes que aún quedaban, iluminaba la campiña, que aún conservaba cierto +aspecto melancólico y abatido, y el silencio no era interrumpido por +sonido alguno. + +Don Juan necesitó de algunos minutos para recobrar enteramente sus +sentidos, y aún no muy sosegado salió de las ruinas, con ánimo de irse +a pie hasta Madrigal; mas con harta sorpresa suya veía su caballo atado +al mismo árbol, y en la misma forma que lo había puesto él por la +tarde, sin que faltase nada de cuanto encima tenía. + +Montó, pues, y en breve tiempo llegó al mesón, donde su fiel Pedro le +estaba esperando. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO III + + Vivir con ella en ignorado asilo, + Sus sienes coronar de mirto y rosa, + Y una mirada dulce, cariñosa, + En premio recibid de mi desvelo, + Es mi sola ambición, mi solo anhelo. + + (_Oda inédita_). + + +La mala cama, el ruido de las caballerías y, más que todo, su agitación +no permitieron a Vargas disfrutar en la posada de un solo instante de +reposo. + +Representábanse sin cesar en su fantasía las escenas del principio +de la noche, y el peligro que acababa de correr le parecía aún mayor +después de pasado que cuando en él se hallaba, sucediéndole lo que +al caminante que a fuerza de penas logra verse en lo más alto de +una escarpada roca, que ya en su cima se horroriza contemplando el +precipicio a cuya orilla pasó. + +Pero lo que más le mortificaba era cierto escrúpulo de conciencia sobre +haber creído ligeramente en la seguridad de Inés, que sin cesar se le +ocurría. En vano se recordaba a sí mismo la absoluta imposibilidad +de defender a su querida en que se hallaba cuando se le exigió el +juramento que prestó para obtener su libertad; en vano la misma Inés +le había rogado que jurase. A todas sus reflexiones se decía: «Yo debí +morir a su lado o salvarla conmigo». + +En estos pensamientos le sorprendió el alba y, apenas el primer rayo de +luz penetró en su aposento, se vistió apresuradamente y envuelto en una +gran capa, con su sombrero de ala ancha calado hasta las cejas, se puso +en la calle. + +Dirigiose inmediatamente a la pastelería, que como de razón encontró +cerrada. Cediendo a su impetuosidad iba a llamar a la puerta, pero por +fortuna suya cuando ya tenía el aldabón en la mano le detuvieron el +brazo por detrás. + +—¿Quién se atreve a ponerme la mano encima? —dijo Vargas lleno de +cólera y sacando al mismo tiempo la daga. + +—Yo, señor don Juan. + +—Fray Miguel, ¿y con qué derecho? Seguid vuestro camino, y dad gracias +a ese hábito si no lleváis el premio que merece vuestra insolencia. + +—Caballero, vuestra cólera ni me asusta ni me enoja; sois mozo y +soldado; yo anciano y religioso. ¿Qué gloria ni qué provecho os +reportaría el maltratarme? + +—Padre mío, conclúyase la conversación; siga vuestra paternidad por +donde iba, y déjeme a mí acudir a mis negocios, que, por Dios santo, no +estoy para sermones. + +Y al concluir estas palabras volvió a asir el aldabón; mas fray Miguel +se opuso también segunda vez a sus intentos. + +—Fraile, o demonio en figura de tal, ¿has salido del averno solo para +precipitarme? Retírate al momento, o te mato si mil vidas tuvieras +—exclamó Vargas loco ya de furia, y desembozándose enseñó la daga +desnuda al vicario de Santa María. + +Mas este, impávido, sin mudar siquiera de color y permaneciendo inmóvil +delante de la puerta de Gabriel de Espinosa, le contestó mostrándole el +pecho: + +—Herid, señor don Juan de Vargas, herid norabuena si tan ciego estáis +que desconozcáis no solo vuestros propios intereses, sino los de la +persona misma a quien queréis servir. Sacad de esta vida miserable a un +hombre que, resignado con la voluntad de Dios, siempre está pronto a +comparecer ante su trono; pero creedme: de no pasar sobre mi cadáver, +no cometeréis ahora la imprudencia de llamar a esta puerta. + +La sangre fría de fray Miguel, su tono solemne, y la firme decisión que +en su rostro se mostraba de llevar adelante su propósito, paralizaron +los efectos de la cólera de Vargas: con los brazos caídos, baja la +cabeza, y oído atento, escuchó cuanto el fraile quiso decirle, y aun +después de haber concluido aquel de hablar permaneció algún tiempo en +silencio. + +—Fray Miguel, he andado sobradamente ligero, lo confieso; pero vuestra +paternidad me ha provocado. Sea como quiera, respeto vuestro carácter, +y voy a daros una prueba de ello sometiéndome a hacer explicaciones +que a nadie debo. Si presumís que mi venida a esta casa tiene algo de +hostil, os engañáis. Deseo solo saber que una persona de ella... + +—¿Inés? + +—Sí, Inés: puesto que lo habéis dicho, deseo saber si está en su casa. + +—Lo está. + +—¿Quién os lo ha dicho? + +—Yo la he visto. + +—¿Cuándo? + +—Anoche. + +—¿A qué hora? + +—A las diez de ella. + +—¿No me engañáis? + +—Mancebo, estas canas y este hábito ¿merecen por ventura tan injuriosa +desconfianza? + +—No, fray Miguel. Dadme esa mano: seamos amigos. + +—Yo lo soy vuestro más de lo que pensáis, señor don Juan, y voy a daros +pruebas de ello si tenéis la bondad de seguirme. + +—Vamos. Pero permitidme que os pregunte cómo, a hora en que nadie anda +por las calles, os halláis vos en ella. + +—Señor don Juan, el temor que tenía de que usted intentase lo que ha +tratado de hacer. + +—¿Pues cómo podrá vuestra paternidad sospecharlo cuando yo mismo no he +formado el designio de visitar a Gabriel hasta hace media hora? + +—¿Y de qué servirían mis años y mi experiencia si no pudiera yo preveer +las acciones de un hombre apasionado antes que él mismo? Yo he sido +joven como usted, señor caballero, antes de vestir este hábito; también +las pasiones me han atormentado. + +—Norabuena; pero ¿qué antecedente tenía usted, padre vicario, para +creerme desasosegado por Inés? + +—¿Qué antecedente? El habérmelo dicho ella misma. + +—¿Ella? ¿Y os ha dicho que...? + +—Me ha dicho que la amáis, que os ama. + +—Fray Miguel, si tratáis de sorprenderme, os habéis engañado; yo no... + +—Deteneos, que yo no os pido que confeséis ni neguéis cosa alguna: voy +simplemente a referiros lo que Inés me ha dicho. Se reduce, pues, a +que entre ambos median relaciones amorosas, y que ayer en una cita +las circunstancias fueron tales que al separarse de vos debía quedaros +alguna inquietud por ella. La pintura que en seguida me hizo del +carácter vehemente del señor don Juan de Vargas, y el conocimiento que +yo tengo del de Espinosa... + +—¿Conque le conocéis? + +—Sí, le conozco: dejadme concluir. Temí, pues, el paso que queríais +dar, del cual no hubierais sacado más fruto que comprometer a vuestra +amada. Ved aquí por qué, a pesar de esa capa y ese sombrero, os he +conocido. + +Calló el fraile, y Vargas, perdido, por decirlo así, en su laberinto de +conjeturas, no acertó tampoco a decir palabra hasta hallarse dentro del +monasterio y en la celda del vicario. + +En ella hizo su dueño los honores a don Juan con toda cortesía, y +sentados ambos volvió a tomar la palabra el vicario. + +—En vista de la manera con que esta mañana han sido recibidos mis +buenos oficios, tal vez, señor don Juan, debiera yo abstenerme de +mezclarme en asuntos ajenos. Pero mi deber, como ministro del altar, +es sacrificarme por conservar la paz en las familias, y además, +por razones que tal vez antes de mucho podrán ser públicas, estoy +particularmente interesado en el negocio en que vamos a hablar. Será +preciso, pues, que se me escuche con paciencia. + +—Contad con ella, fray Miguel, y decid cuanto se ocurra —contestó +Vargas reprimiendo a duras penas la expresión del enojo que tantos +exordios y preñeces le causaban. + +—Usaré de esa licencia —repuso el vicario— y procuraré ser breve. +Vuestro nacimiento es ilustre, y yo me complazco en creer que no +trataréis de oscurecer su nobleza con acción ninguna que de él desdiga. + +—Padre vicario, no habléis más de eso: nadie ha dudado hasta hoy de la +honradez de los hijos de mi padre, y... + +—No se exalte, que tampoco dudo yo; lo que he dicho ha sido solo para +haceros conocer el inminente peligro en que una loca pasión os pone. + +—Mi pasión no es loca. + +—Sí lo es; y lo probaré. ¿Conocéis a Inés? + +—¿Si la conozco? Mejor que a mí mismo. Bella, sensible, generosa, +honrada, y de nobles pensamientos, Inés ha nacido para ocupar un trono. +Sí la conozco, fray Miguel; y el día que la conocí decidió del destino +de mi vida entera. + +—Joven infeliz, si eso es así, os compadezco. + +—¿Y por qué? Si amo, también soy amado: en breve un lazo santo nos +unirá. + +—Os engañáis. + +—¿Y quién se atrevería a oponerse a la firme voluntad de ambos? ¿Quién +mientras Vargas tenga brazo y espada le impedirá que sea esposo de +Inés? La familia de Vargas no podrá impedirlo, yo os lo fío. + +—¿Y Gabriel? + +—¿Tiene ese hombre más de una vida? + +—¿Paréceos el homicidio buen camino para llegar a la felicidad? + +—No sé, ni quiero saber más que Inés ha de ser mía. + +—La pasión es quien habla, don Juan, no vos. Atendedme os ruego. +Dejemos por un momento a Gabriel a un lado, y hablemos de vos solo y +de vuestra familia. De Inés, como ella misma os ha dicho, nada más +conocéis que el nombre. + +—Y el alma. + +—Creéis conocerla, y tal vez... + +—Tal vez arrancaré la lengua al que fuere osado a ponerla en la que +adoro. + +—No es ese mi ánimo. Pienso como vos. + +—Inés es capaz de hacer feliz a su marido. ¿No es verdad, padre mío? + +—Así lo creo, pero Inés hoy es muy poco para ser vuestra esposa; mañana +tal vez será demasiado. + +—No os entiendo a fe mía. + +—Ni yo puedo explicarme más. + +—Norabuena. Cuantos me hablan de algún tiempo a esta parte lo hacen +misteriosamente; ya me voy habituando. Continuad, padre. + +—Si vuestra familia llega a saber los proyectos que formáis, ¿cuál será +el resultado? Una persecución violenta caerá sobre la infeliz Inés; y +esta no cesará hasta que se la ponga en posición que os sea imposible +llegar a ella. Un matrimonio clandestino, Inés no consentirá en él; +vivid seguro de ello. ¿Qué partido os queda? + +—Casarme hoy mismo con ella, y hoy mismo huir con ella a país +extranjero. + +—Y allí, sin recursos de ninguna especie, don Juan de Vargas mendigará +el sustento para él y su esposa, ¿no es cierto? La miseria y cuantos +males la acompañan son el presente que vuestro amor quiere hacer a la +mujer que idolatráis. Don Juan, por ella y por lo mismo escuchad la voz +de la razón: es forzoso que renunciéis a Inés. + +—Antes morir mil veces. + +—Mancebo, corréis a vuestra perdición. + +—¿Qué importa? Sin ella no puedo ser nunca feliz; esto es cierto, +ciertísimo, fray Miguel. + +—Señor don Juan, este negocio es harto ajeno de mis años y mi carácter; +pero me intereso tan de veras por Inés y por vos, que consiento tomarlo +a mi cargo si me prometéis no dar en él paso ninguno sin anuencia mía. + +—¿Y vuestra paternidad me promete que no abusará jamás de mi confianza +para alejarme de Inés? + +—¡Qué suspicacia! Sí, prometo. + +—Pues yo también. + +—Está dicho. Un solo medio hay por el que tal vez podéis llegar a ser +esposo de Inés. + +—¡Ah! Decid cuál, y veréis que estoy pronto. + +—Exige de vuestra parte grandes sacrificios. + +—Ninguno habrá que me lo parezca siendo por ella. + +—Exponeros a riesgos inminentes. + +—Más de una vez he expuesto ya el pecho a las balas. + +—Son también necesarios la paciencia... + +—Tendré la de un santo. + +—La sumisión... + +—Seré un esclavo. + +—El silencio. + +—Callaré como un muerto. + +—Todo os parece fácil ahora. + +—A la prueba me remito. + +—Acepto la promesa. + +—¿Pero Inés será mía? + +—Tal vez. + +—¿Tal vez no más? + +—Vuestra será. + +—Sois mi ángel tutelar. + +Y el pobre fraile se vio abrazado, besado, acariciado de todas las +maneras posibles, y a pesar de su gravedad, no pudo menos de sonreírse +y enternecerse con el entusiasmo de Vargas. + +Más fácil es imaginar que describir el extraño grupo que formaban un +fraile anciano y un caballero mozo, estrechamente abrazados y llorando +como dos chiquillos. + +Vargas, enajenado de gozo, fray Miguel, enternecido, se miraban el uno +al otro con una expresión tan singular, tan dulce, que más parecían +padre e hijo que dos extraños. + +En esta situación los sorprendió Gabriel de Espinosa, que sin pedir +licencia ni llamar, abrió la puerta de la celda y entró en ella como +pudiera hacerlo en su casa. + +Iba el vicario a levantarse de su asiento, mas a una seña del pastelero +permaneció tranquilo. + +—Fray Miguel de los Santos, guárdeos el cielo —dijo Espinosa con el +mismo tono de voz que ya le había oído don Juan cuando le vio por +primera vez. Pero entonces no se desmayó el fraile, sino que haciéndole +una reverencia, le respondió: + +—Señor Gabriel, él venga con vos. + +Al escuchar el saludo del pastelero, Vargas se estremeció sin saber +él mismo por qué. Verdad es que aun cuando don Juan pasó en casa de +Espinosa más de quince días para curarse de la herida que recibió en la +pradera, puede decirse que apenas le vio. + +Pasábanse en efecto los días enteros sin que Gabriel entrase en la +habitación que ocupaba su huésped, y cuando lo hacía era por pocos +minutos, limitándose su conversación a preguntar por la salud del +enfermo y desearle un pronto restablecimiento. + +Tan extraña conducta no pudo menos de llamar la atención del hermano +del marqués; pero a cuantas preguntas hizo a Inés sobre la materia +jamás oyó otra respuesta que la de que aquel hombre era de carácter +naturalmente áspero y oscuro. + +Por otra parte, Vargas, continuamente en compañía de Inés, y enamorado +hasta no más de ella, no echaba mucho de menos la sociedad de Gabriel: +de manera que cuando llegó el caso de volverse a Valladolid, sus +relaciones con él eran poco más o menos las mismas que el primer día de +haberse visto. + +No había, pues, entre ambos la mayor intimidad, y no sabía don Juan, +en la ocasión de que hablamos, cómo tratarle; pero Espinosa zanjó +la dificultad llegándose a él con aire afable, aunque sobradamente +familiar, y diciéndole: + +—¿Pues cómo, señor don Juan de Vargas, vos en Madrigal, y no en mi casa +que tan vuestra es? + +Tomó entonces fray Miguel la palabra, y contestando por Vargas, dijo +que al llegar este a la villa, aquella misma mañana, le había él +encontrado y llevado consigo, sin darle lugar a otra cosa. Con esto +tuvo don Juan el tiempo suficiente para recobrarse, y contestando al +cumplimiento del pastelero con no menos cortesanía que la suya, la +conversación se hizo general, fácil e indiferente. + +Ya en esto se acercaban las ocho de la mañana, hora en que el vicario +decía diariamente la misa, y con este motivo se retiró a hacer oración +para prepararse a celebrar dignamente tan santo sacrificio. + +Quedáronse, pues, solos don Juan y Espinosa, y este manifestó en la +conversación un talento tan claro, tan vasta instrucción, y sobre todo, +un conocimiento de los hombres que sorprendió a Vargas. + +Hizo don Juan caer la conversación sobre la política de la época, y el +pastelero en breve le manifestó que estaba muy al corriente de ella. + +Habló de toda España, de Italia y de Flandes, como hombre que todo lo +había corrido, y con aprovechamiento. Los asuntos de Portugal los tocó +ligeramente, y esto lo atribuyó Vargas al justo temor que entonces se +tenía de tratar semejante materia, pues Felipe no consentía sobre ella +la menor discusión. + +Como quiera que fuese, el hecho es que cuando se trató de ir a oír la +misa, Vargas estaba prendado del pastelero, y lleno de asombro de que +un hombre de oficio tan bajo tuviese tal instrucción y discernimiento. +Lo que únicamente le disgustaba en él era cierto aire de iniciativa y +decisión que tomaba en las conversaciones. Decía en efecto las cosas no +como quien anuncia una opinión, sino a manera de axioma. Si el oyente +le replicaba, solía satisfacer a su objeción con fuerza y brevedad; +pero si aun se le oponían, cesaba de hablar, arrugaba el ceño, y ya no +era posible hacerle volver a entrar en materia. + +Este proceder tan contrario a lo que su oficio prometía; su ninguna +aplicación al trabajo; su amistad con fray Miguel, y sobre todo, Inés +tan dama, tan llena de honrado orgullo, persuadieron a don Juan de que +en la historia de aquel hombre se encerraba algún extraño misterio, y +que de él dependían todas las reticencias que notaba en su querida y en +el vicario. + +A juzgar por las apariencias, no iba en esto Vargas muy descaminado; +mas, mirando el asunto más despacio, no parece que fuese cosa +extremadamente sorprendente el que un hombre de baja esfera viajase +mucho, pues al cabo pasteleros en todas partes los hay. Los misterios +de Inés y los del vicario eran a la verdad incomprensibles; pero por lo +mismo, todo cálculo fundado sobre ellos debía ser de ningún valor. + +Acabada la misa, el vicario, Vargas y Espinosa tomaron chocolate juntos +en la celda del primero, y ya terminado el desayuno pidió licencia fray +Miguel a don Juan para tratar con él de cierto asunto de la comunidad. + +Vargas se retiró inmediatamente, y ofreciendo volver en breve a verse +con el vicario, tomó, casi sin saberlo, el camino de la pastelería. + +Entró en ella, y en la tienda le recibió el mulato con toda la +afabilidad que en él cabía, y era sobre poco más o menos la de un perro +de presa, que si no muerde a su amo, no deja tampoco de enseñarle los +dientes. + +—Domingo —dijo don Juan—, ¿y tu ama? + +—¿Qué ama? + +—Inés. ¿No está en casa? + +—No. + +—¿Adónde ha ido? + +—No sé. + +—¿Y volverá pronto? + +—No sé. + +—¿Hace mucho que ha salido? + +—No sé. + +—¿Pero cómo no has de saber cuánto tiempo hace que se marchó? + +—No sé. Ya he dicho que no sé. ¿A qué viene tanta pregunta? + +Como Vargas conocía el carácter de Domingo, no se obstinó en hacerle +más preguntas, y aunque como buen enamorado estaba lleno de impaciencia +por saber de su dama, no quiso proseguir un interrogatorio que +indudablemente había de ser inútil. + +Trataba sin embargo de buscar medio para ver a Inés, cuando +inesperadamente se abrió una de las puertas que comunicaban de lo +interior de la casa a la tienda, y entró en esta una niña de tres +a cuatro años de edad, en cuyas facciones se notaba una semejanza +extraordinaria con las de Inés. La única diferencia que entre ambos +rostros había era el de ser algo menos fiera y mucho más dulce la +expresión habitual del de la niña que el de la mujer. El color de la +primera era también más blanco que el de la segunda, pero una y otra +circunstancia podían muy bien atribuirse, y se atribuían en efecto por +el vulgo, a las distintas edades de las personas comparadas. + +Así que la niña vio a Vargas corrió hacia él, y pagó con un sin número +de inocentes caricias las infinitas que le hizo el caballero. + +—Juanito mío, ¿me quieres todavía? —preguntó a don Juan. + +—Sí, hija mía, más que nunca. ¿Y tú a mí, Clarita? + +—Mucho, mucho. + +—Me alegro; pero ¿qué tienes? ¿Estás llorosa? + +—Sí, he llorado. + +—¿Y por qué has llorado, ángel mío? + +—Porque tía Inés se ha ido y no me ha querido llevar. + +—¡Hay tal! Déjala que venga, verás cómo le reñimos. + +—Si ya no viene. + +—¿Qué dices, Clarita? + +—Que ya no viene en mucho tiempo. + +—¿Quién te lo ha dicho? + +—Papá. + +—Habrá sido por engañarte. Estará en misa, o a comprarte dulces. + +—No lo creas, Juanito. Ha salido en un caballo, y dos señores la han +ido acompañando. + +—¡El cielo me valga! ¿Y cuándo se han ido? + +—Esta mañana muy tempranito. + +—Vaya, tú me engañas, Clarita. + +—No te engaño; mira, y se han ido por la puerta del corral. Tía Inés +lloraba, y papá estaba tan serio, tan serio, ¿sabes? + +—¿No sabes dónde ha ido? + +—No, pero muy lejos. Ya se lo diré a la señora, que me hacen rabiar. + +Estas últimas palabras de la niña ya no las escuchaba don Juan, a quien +la sorpresa y disgusto embargaban los sentidos, y tenían como fuera de +sí. + +Viendo Clarita que su Juanito, como ella decía, no contestaba, alzó +el rostro para mirarle, y viéndole encendido como una grana, y con +los ojos que parecían iban a saltársele del cráneo, fue tanto lo que +se asustó, que inmediatamente saltó desde sus rodillas, en que estaba +sentada, al suelo, y se echó a llorar amargamente. + +El mulato se acercó al instante, y con el ruido del llanto, volviendo +don Juan en sí, acudió a ver qué ocurría. + +—¿Qué tienes, niña? ¿Por qué lloras? ¿Por qué te has enojado conmigo? +No, inocente, no; vamos, calla. Si sabes que te quiero. Un poco de agua +para esta criatura, Domingo. + +Este, que parecía conmovido, trajo un vaso de agua, y poniéndose de +rodillas presentó a la niña en la mano; pero Clarita, apartándole de sí +con mucho despego, le dijo: + +—Yo no bebo sin salvilla, Domingo. + +—Déjate ahora de eso —replicó Vargas—, bebe. + +—No, no; papá y la señora no quieren. + +Domingo, sin replicar palabra, echó una mirada en rededor de sí, y no +viendo con qué suplir la falta de la salvilla, echó mano de su propio +sombrero, y colocándolo debajo del vaso se volvió a acercar a Clarita, +quien, a fuer de niña, celebró con una sonrisa la invención del mulato +y bebió. + +Vargas en seguida la dio un beso, y prometiendo volver pronto echó a +andar para el monasterio, resuelto a adquirir de un modo o de otro +noticias de su Inés. + +Pero el destino lo tenía ordenado de otra manera. Ni el fraile ni el +portero estaban en la celda, ni en parte alguna del monasterio. + +No por esto perdía don Juan la esperanza. Volviose al mesón, mandó +ensillar los caballos, y montando, seguido de su criado, emprendió +nada menos que correr todas las cercanías de la villa, con objeto de +descubrir la dirección que habían tomado Inés y los dos hombres que +según Clarita la acompañaban. + +En esta penosa faena emplearon todo aquel día amo y criado. Aquí se +hacía un labriego estúpido repetir veinte veces una pregunta, que al +cabo no comprendía. Más allá les contaban un cuento muy largo para +decirles que tres días antes habían pasado por aquel paraje unos +arrieros, pero que nada habían visto de lo que se les preguntaba. + +En resumen, a las oraciones no sabía Vargas otra cosa más que lo que +le dijo un trabajador, de que estando en las viñas había visto a lo +lejos tres caballerías; que en las dos de los costados le parecían iban +caballeros dos hombres, pero que en la del medio no distinguió más que +un bulto negro o carga. Lo único que el trabajador aseguró fue que se +dirigían por el camino de Medina del Campo. + +Esta noticia era bien escasa y vaga. Lo natural hubiera sido volverse a +Madrigal y tomar informes de fray Miguel, pero la impaciencia de Vargas +no conoció límites. Así pues, envió a Pedro al monasterio con un +recado para el vicario, suplicándole que valiéndose del mismo conducto +le hiciese saber por escrito lo que pudiese sobre el viaje de Inés, y +él continuó el suyo para Medina. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO IV + + Hagamos un esfuerzo generoso, + Algún auxilio en nuestro mal busquemos; + Si el cielo nos le niega, perezcamos, + Que menos malo, y doloroso menos, + Es de una vez el renunciar la vida, + Que ser esclavos y existir sufriendo. + + +Cuatro leguas de Castilla que andar en un caballo, cansado ya de correr +durante un día entero, es pesada tarea, y más para el que aun volando +hubiera creído andar despacio. Pero, mal que le pese a don Juan, le fue +menester tardar seis horas en su camino, llegar por consiguiente a su +destino pasada la media noche, hora en que ya no se veía alma viviente +por las calles, ni puerta alguna que no estuviera cerrada. + +Ni el jinete ni el caballo habían tomado alimento alguno en todo +aquel día, y uno y otro estaban desfallecidos. Don Juan, con el +aturdimiento, perdió el tino al ir a la posada en que acostumbraba a +parar, y cuando después de andar media hora por calles y encrucijadas +quiso recordar, ya se halló fuera de camino y enteramente desorientado. +Lo peor del caso fue que a fuerza de dar vueltas se había salido de la +villa, y estaba, a su parecer, en el extremo opuesto al de su entrada. + +¿Qué remedio? Volverse atrás; pero el caballo dijo que no podía más +y se tendió. Don Juan, que felizmente no recibió lesión alguna en la +caída, hubo de resignarse a esperar que con el alba pasara algún alma +compasiva que ayudándole a desembarazar la pierna derecha que tenía +debajo del caballo le sacase del purgatorio. + +Dejamos a la consideración del lector la desesperación, las +imprecaciones y penas del buen caballero, y por él y por nosotros nos +apresuraremos a referir cómo salió de tan mala posición. + +Empezaba apenas a iluminar el horizonte la dudosa luz del crepúsculo +cuando el ruido de los pasos de algunos caballos en el extremo de la +calle en que estaba tendido Vargas le anunció que se aproximaba el +instante de su libertad. + +—¿Qué diablos está haciendo ahí? —preguntó uno de los que venían. + +—¿No lo ve, pese a mi vida? —respondió don Juan—: estoy preso debajo de +este maldito rocín, que Dios confunda. + +—¡Ah!, ¡ah!, ¡ah! Y es verdad. Divertido está el buen hombre. + +—Lo que importa es que usted, señor hidalgo, me ayude a salir de aquí. + +—Vamos de prisa, hermano, no puede ser. Adiós. + +—No daré un paso más antes de que se ayude a ese caballero a ponerse +en pie —dijo en voz baja, pero con firmeza, una mujer que con los +caminantes iba. + +Oído esto, los que la acompañaban sin replicar palabra echaron pie +a tierra, y en breves instantes pusieron en pie al pobre Vargas. +Este, a pesar de lo mohíno y maltrecho que se hallaba, se acercó +inmediatamente a la dama, que permanecía a caballo, y con las más +corteses expresiones agradeció el favor recibido. + +Mientras él hacia su arenga, montaban a caballo los que le habían +auxiliado, y la dama, aprovechándose para no ser oída de ellos del +ruido que hacían, dijo en tono apenas inteligible a Vargas: + +—El domingo próximo a la oración en el Carmen de Valladolid; si no, el +siguiente en la ermita de Madrigal. + +Dicho esto, sin esperar respuesta, se alejó con viveza, y en +seguimiento suyo fueron los demás, que eran tres hombres a caballo. + +«Es Inés, no tiene duda. El domingo próximo... Bien; ¿pero no sería +mejor seguirla ahora mismo? Sí, por cierto... El caballo no puede con +su pellejo... Esperemos, no hay otro remedio». + +En ejecución tan loable y necesario proyecto echó Vargas a andar en +busca de la posada, con la cual dio por fin, no sin trabajo, y por +aquella vez triunfaron el cansancio y el hambre del amor y la inquietud. + +Dejémosle descansar, que bien lo necesita, y veamos cómo Pedro +desempeñó su comisión. + +Inmediatamente que se separó de su amo se dirigió al monasterio, mas le +fue imposible ver por entonces al vicario, pues se le dijo que en aquel +momento se hallaba en el locutorio con la señora doña Ana de Austria. + +Pedro, paciente como el que más, dijo que estaba bien, que esperaría; y +en efecto esperó nada menos que dos horas, al cabo de las cuales salió +de su conferencia fray Miguel, pero no solo, sino acompañado de Gabriel +de Espinosa. + +Como criado en casa de un título de Castilla, y acostumbrado por +consiguiente a ver desde la infancia observadas rigorosamente las leyes +de la etiqueta y distinción de jerarquías, no pudo menos de sorprender +extraordinariamente al sirviente de Vargas que un pastelero gozase +de tan alto favor, que una persona de sangre real le admitiese en su +presencia, y nada menos que por más de dos horas. + +No tuvo sin embargo tiempo de hacer reflexiones el criado, pues apenas +le hubo visto el vicario se acercó a preguntarle qué se le ofrecía. + +Como Gabriel estaba presente, Pedro no quiso decir el verdadero objeto +que allí le tenía, y se contentó con decir que su amo le enviaba a +informarse de la salud de su reverencia. + +—Buena, a Dios gracias —dijo Espinosa, riéndose maliciosamente—, muy +buena: desde esta mañana acá, no ha sufrido alteración. Hermano Pedro, +desempeñad vuestra comisión, que yo, que soy quien lo impide, me +apartaré lo suficiente para no oíros, aunque es inútil, pues antes de +que habléis sé ya lo que vais a decir. + +Quedose Pedro al oír estas palabras como petrificado, y como el +pastelero continuaba mirándole con cierta expresión burlona, y hasta el +fraile mismo, a pesar de su gravedad, dejaba ver en el rostro no poco +de mofa, el pobre criado no acertaba a hablar. + +Viendo esto, volvió Gabriel a tomar la palabra: + +—Andad, Pedro, y decid a vuestro amo que se vuelva a Valladolid, que no +tardará mucho en tener noticias de la que desea. + +Mientras que Espinosa hablaba así, Pedro, recobrando su espíritu y +llenándose del orgullo que la librea de la casa ilustre de los Vargas +le inspiraba, se indignó de qué aquel miserable quisiese darle órdenes +a su noble amo. + +—Señor Gabriel —dijo en tono bastante animado—, mi amo el señor don +Juan de Vargas no me ha dado para vos comisión ninguna, ni sé yo qué +relaciones pueda un pastelero tener con él para tener la osadía de +mandarle a decir lo que ha de hacer o no hacer. + +En tanto que hablaba Pedro se obró en la fisonomía de Espinosa una +revolución completa. A la expresión irónica sucedieron instantáneamente +la gravedad, el desprecio y la cólera. + +Sus cejas largas y pobladas se unieron por un movimiento de contracción +en los músculos de la frente; los ojos le brotaban fuego, los labios +se le pusieron lívidos, y los dientes empezaron a chocar entre sí con +violencia. + +—Es claro —exclamó, no pudiendo ya contenerse—: calla, o pagas con la +vida tu atrevimiento. + +Y hablando así echaba mano a la daga de que ya hemos hecho mención. + +Pedro, que no era cobarde, y también llevaba una especie de cuchillo +de monte, lo empuñó para defenderse, y sabe Dios cuál hubiera sido +el resultado de aquella escena, a no haber interpuesto el fraile su +mediación. + +—¡Qué imprudencia, señor, qué imprudencia! —dijo, dirigiéndose al +pastelero—. ¿Sabe acaso con quién habla? + +—Tenéis razón; pero esto ya es insufrible. Prefiero mil veces la muerte +a vivir así envilecido. + +—No está lejos el día. Y vos, Pedro, retiraos, y dad a vuestro amo de +mi parte el recado que habéis oído de boca del señor Espinosa. + +Obedeció el criado, pero no fue sin extremada repugnancia y mayor +admiración. + +«Este Gabriel —iba diciendo entre sí—, Dios me lo perdone, pero no +puede ser cosa buena; y el padre, el padre, fuera de la corona, tampoco +me fío mucho de él. Dios quiera que no le den que sentir a mi pobre +amo. En fin, yo soy mandado; con obedecer cumplo, y sea lo que Dios +quiera». + +—Fray Miguel —dijo gravemente Espinosa después que Pedro se hallaba a +suficiente distancia para no poder oírlo—, ya lo veis, es preciso que +terminéis de una vez. + +—Señor... + +—Hablad con Espinosa. + +—Pues bien, señor Espinosa, usted sabe que no se perdona medio para +llegar al deseado término. La señora doña Ana... + +—No hablemos de ella: ¡ojalá todos tuvieran su celo! + +—Yo... + +—Estoy satisfecho de vuestros servicios. + +—Ahora los demás... + +—Los demás, los demás, en todos hay morosidad, tibieza, y miedo sobre +todo. Felipe y su Inquisición hacen temblar a los que yo tenía por más +valientes. + +—Cierto es que así sucede; pero no por eso debemos desalentar. + +—Gracias a los sacrificios que la señora doña Ana está pronta a hacer, +habrá fondos con que hacer frente a los primeros gastos. + +—Yo no quiero que doña Ana se desprenda de sus alhajas. + +—Sin embargo, es indispensable que así sea, so pena de renunciar para +siempre a lo que de derecho es del señor Gabriel de Espinosa. La +comunicación con nuestros amigos de Portugal es tan difícil, que raya +en lo imposible. Los agentes del monarca español tienen minada toda la +nación, y, dolor da decirlo, hay portugueses tan viles, que les sirven +de espías. Usted sabe tan bien como yo las inmensas dificultades que +han tenido que vencer los pocos que hasta aquí han llegado, y que estos +vienen en estado de no poder contribuir más que con su persona. Cuanto +había ilustre y amigo de usted en aquel reino ha sido proscrito, ya con +un pretexto, ya con otro, y si alguno se ha salvado maravillosamente +del naufragio común, se halla más en disposición de necesitar auxilio +que de prestarlo. Todo esto es notorio a usted; tampoco se oculta a su +penetración que son muchas las razones que le autorizan; y más diré, le +obligan a aceptar las ofertas de la señora doña Ana. Señor, no hacerlo +desde luego no solo es desacertado, sino criminal. + +—¡Criminal, fray Miguel! Os olvidáis... + +—No me olvido, no señor; pero mi celo, mi santo ministerio, y la +urgencia de las circunstancias exigen que diga la verdad desnuda, aun +a riesgo de enojar a usted, cosa que en otro caso no haría por cuanto +hay en el mundo. + +Durante el largo razonamiento de fray Miguel, se paseaba Espinosa por +el claustro en que se hallaban, y el vicario le seguía hablando, sí +con energía, pero no con menos respeto. Gabriel dejaba ver en toda su +persona el aire de un hombre acostumbrado a tales deferencias, y que +por consiguiente las recibe sin orgullo ni admiración. + +Después de algunos instantes de meditación rompió el silencio el +pastelero. + +—Fray Miguel, meditaremos detenidamente esta noche vuestra proposición, +y sabréis mañana lo que resolvemos. + +Por toda contestación el vicario se inclinó humildemente, en señal de +quedar enterado. + +Espinosa, sin mirarle siquiera, continuó diciendo: + +—La adquisición de Vargas nos va a ser preciosa. Su familia tiene +prestigio y dinero; él es entusiasta y valiente, y estas dotes son muy +a propósito para casos de esta especie. + +—Ciertamente —contestó el fraile—; pero usted sabe sin duda que don +Juan desea... + +—¿Y qué me importa a mí lo que don Juan desea? Sírvanos, que después a +cargo de nuestra munificencia queda el recompensarle. + +—Es que para que nos sirva como usted desea, no hay más que un medio. + +—Inés. Lo sé, lo he visto antes que vos. Desde el instante en que la +vio se le trastornó la cabeza. Con mi larga peregrinación he aprendido, +fray Miguel, a conocer a los hombres. No es el oro, ni la gloria, ni +las recompensas, la manera de gobernarlos; cada uno de ellos lleva +dentro de sí el medio para servir de juguete al que sabe estudiarlos. +Las pasiones, padre mío, son el resorte que hay que tocar: ser diestro +en la fantasmagoría. Enseñad a cada uno, en perspectiva y abultado, el +objeto a que su corazón le inclina, y los veréis corriendo tras de una +sombra, abandonar todas las realidades posibles. La dificultad está en +graduar la luz proporcionalmente a la vista de cada uno. Los hay que +en una piedra ven un trono, o un tesoro, o una belleza, porque todo lo +miran a través del prisma de sus deseos. Para otros es necesario más +artificio; pero al cabo pocos son los que no caen en la red. + +—¿Y está ya el señor Espinosa resuelto a servirse de don Juan? + +—El tiempo dirá lo que debe hacerse. Fray Miguel, quedad con Dios. + +—Él os guarde, como yo se lo ruego sin cesar. + +Humillose el fraile al decir esto; Gabriel inclinó ligeramente la +cabeza, y saludando graciosamente con la mano, salió a paso largo del +claustro. + +Contemplábale el vicario inmóvil, y al perderlo de vista exclamó en +tono bajo y doloroso: + +«¿Cuándo se moderarán esa impetuosidad y ese orgullo excesivo, que son +los que nos han traído a este punto? Jamás». + +En tanto caminaba Pedro a Medina del Campo, adonde llegó mucho antes +que su amo se presentase en la posada, lo que le inquietó sobremanera, +y sin duda se hubiera puesto en marcha de nuevo para adquirir noticias +de él si su montura, no menos cansada que la de Vargas, se lo hubiera +permitido. Gracias a esta circunstancia, halló don Juan a su sirviente +en la posada, y supo de él cuanto había ocurrido con fray Miguel +y Espinosa; y como el aviso de este convenía con la cita de Inés, +desde luego resolvió el hermano del marqués regresar a Valladolid; +sin embargo, antes pasó por la hacienda a que supuso se dirigía su +viaje, y dando en ella las disposiciones convenientes se encaminó a la +residencia de su hermano. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO V + + . . . . ¿Y su frente + Pudo orlar impudente + La vil posteridad con lauros de oro? + + (Quintana: _Oda a Padilla_). + + +Don Juan de Austria, hijo natural del emperador Carlos V, primer rey de +su nombre en España, tuvo fuera también de matrimonio, en una señora +madrileña, dos hijas, de las cuales una era la señora doña Ana, monja +profesa en el monasterio de Santa María la Real de la villa de Madrigal. + +La misma política estrecha, mezquina y tiránica que jamás concedió al +vencedor de Lepanto las prerrogativas de infante de España, que impidió +siempre los distintos enlaces que se le ofrecían a aquel príncipe, +verdaderamente grande, y que por último abrevió acaso sus días en +medio de la juventud y de la gloria de que en Flandes se estaba +cubriendo, esa misma hizo monja a doña Ana. + +Bien conocía el malogrado héroe el carácter suspicaz, sombrío y cruel +de su hermano, y la prueba de ello es que tuvo siempre oculta la +existencia de sus hijas, hasta que en la hora de la muerte confió aquel +secreto a su digno amigo el duque de Parma Alejandro Farnesio, capitán +insigne, príncipe magnánimo, y sobre todo modelo de los caballeros de +su siglo. + +Imposible hubiera sido ocultar a Felipe II que su hermano dejaba dos +hijas, por razones que, sobre ser muy obvias, serían harto prolijas +de explicar; hízoselo, pues, saber Farnesio, recomendándoselas en +su nombre, y en el del difunto príncipe. La conducta del rey fue en +aquella ocasión precisamente la misma que había sido la de don Juan +de Austria. Recibió la noticia con agrado, acogió a las huérfanas con +hipócrita habilidad, y al poner su mano sobre sus cabezas, como para +bendecirlas, puede asegurarse que impuso sobre el cuello de aquellas +dos inocentes el yugo de hierro que había de agobiarlas toda su vida. + +Cobarde, como su padre valiente; cruel, como aquel generoso; y +fanático, como religioso era Carlos, ningún crimen arredraba a Felipe +cuando se trataba de su seguridad, de su venganza, o de los mal +entendidos intereses de su religión. + +Parricida en el príncipe don Carlos, fatricida en don Juan de Austria, +¿qué podía esperarse que hiciese con sus sobrinas? + +Relativamente hablando, su conducta con ellas fue excelente, pues se +limitó a sepultar a ambas en el claustro, contentándose con extinguir +así la descendencia de un hombre que aun muerto le causaba celos. + +Por lo demás, la señora doña Ana había recibido la promesa de ser +prelada de su monasterio, y entre tanto vivía en él con la posible +independencia. En vez de estar reducida como las demás religiosas a una +sola celda, tenía una habitación espaciosa y decorosamente amueblada. +Concediósela un locutorio aparte para dar audiencia en él; conservó +el tratamiento de excelencia, y sus obligaciones se limitaron a la +asistencia al coro, y aun de esta se podía dispensar siempre que le +acomadaba. Dos religiosas profesas, ambas nobles de nacimiento, servían +inmediatamente a su persona, y otras varias legas desempeñaban los +oficios mecánicos de su obligación. En una palabra, sus grillos se +doraron con esmero, mas no por eso dejaron de ser grillos. + +La figura de la señora doña Ana era como la de la mayor parte de +las hembras de la casa de Austria, más bien imponente que bella, +más agradecida que afable; pero no así su carácter, verdaderamente +angelical. + +Educada por su madre en el mayor recogimiento, y habituada a una vida +monótona y silenciosa, de la cual salió para entrar en el claustro, su +espíritu había tomado cierta tendencia a la meditación, que, dejándose +ver en su rostro, hacía muy a menudo parecer que estaba en éxtasis. + +No hallando en el momento de desenvolverse la sensibilidad en su +corazón objeto en que emplearla, naturalmente recayó toda ella en su +madre y en sus augustos parientes; pero esto no bastaba. La juventud +buscaba siempre un objeto ideal, no siendo suficiente la imperfección +de los que le rodean a satisfacer sus inmensos deseos. Para los que +viven en libertad se encarga el amor de realizar estas ilusiones, y +las realiza en efecto, si bien suele pagarse la corta felicidad que +proporciona con amargos desengaños; pero la infeliz religiosa, ¿qué +recurso tiene? La devoción. + +Cuando esta es sincera, cuando no se limita a prácticas ridículamente +supersticiosas, sino que va acompañada de una fe pura, de una +conciencia tranquila y un corazón sencillo, ¡dichoso el que la ejerce! +En ella encuentra refugio y esperanza, consuelo y remedio para todas +las calamidades de la vida. + +Doña Ana, pues, era devota, sinceramente devota; y si bien tenía todas +las supersticiones que pocos dejaban de tener en España en aquel siglo, +había por lo menos en lo íntimo de su corazón un fondo inagotable de +piedad, y aun de tolerancia, virtud verdaderamente rara en la época en +que vivió. + +Sin embargo, a pesar de toda su devoción, de haber estado en su mano +decidir sobre su suerte, no hubiera seguramente tomado el hábito. La +naturaleza la había hecho más para madre de familia que para religiosa, +y ella misma lo conocía. La vista de un niño producía en aquella señora +una sensación difícil de explicar. Sin que la reflexión bastase a +impedirlo, suspiraba, contemplando cuán sin culpa ni voluntad se +veía obligada a renunciar hasta a su esperanza de recibir nunca las +inocentes caricias de que veía colmadas por sus hijos a otras mujeres. + +Entonces hubiera querido haber debido el ser a un oscuro jornalero, y +ser dueña de su persona, más bien que ser hija de un príncipe de la +ilustre casa de Austria, a tanta costa. + +Por más esfuerzos que hagan la superstición y el fanatismo para +violentar la naturaleza, su voz se dejará siempre oír en el fondo de +nuestros corazones; y las desdichadas víctimas de las instituciones de +los hombres, luchando entre la fuerza de sus propios sentimientos y +los horrores en que una educación viciosa les ha imbuido, vivieron en +perpetua y espantosa agonía. + +¿No es ya tiempo de que desaparezcan de las naciones cultas tan +monstruosos abusos? + +Tales eran las disposiciones y situación de doña Ana cuando fray +Miguel, nombrado vicario de su monasterio y su confesor, se presentó en +Madrigal. + +Uno y otro tardaron poco en hacerse justicia respetuosamente, y de aquí +resultó entre ambos la más estrecha y sincera amistad. + +Fray Miguel amaba a doña Ana como un padre a su hija, y no podía menos +de ser así porque aquella señora había heredado todas las excelentes +cualidades del infeliz príncipe a quien debía el ser. + +Poco tardaron en no tener secretos el uno con el otro. El vicario supo +de mano de doña Ana lo que sobre sus sentimientos hemos dicho ya; y la +noble religiosa recibió la confianza de las pocas que atormentaban a +fray Miguel, y de que aún no hemos hablado. + +Ya hemos dicho que el vicario de Santa María, antes de serlo, había +sido confesor del rey don Sebastián de Portugal, y todo el mundo sabe +que este monarca, habiendo hecho, contra el dictamen de todos sus +consejeros, o al menos de los más hábiles, una expedición a África, +desapareció en una batalla que dio delante de Tánger, en la cual fueron +los cristianos completamente derrotados, sin ser posible encontrar el +cadáver del rey entre los demás, ni saber su paradero. + +El cardenal don Enrique ocupó entonces el trono de Portugal, y habiendo +muerto sin sucesión, a pesar de haber obtenido del papa dispensa de sus +votos para casarse, le sucedió en la corona Felipe II, en virtud de sus +derechos, apoyados en un ejército que, a las órdenes del duque de Alba, +derrotó a don Antonio, prior de Crato, príncipe que los portugueses +hubieran preferido con razón al rey de España. + +Pero a pesar de que todo esto sucedía, suponiéndose como cierta la +muerte del rey don Sebastián, no faltaban en Portugal personas que +creyesen que aún existía. Y esto no solo entre el vulgo, sino en las +clases más elevadas del Estado. + +En el número de los que seguían esta opinión se hallaba fray Miguel, +fundándola en la circunstancia positiva de que no había uno solo de los +que habían escapado con vida de la batalla que dijese que había visto +morir al rey, y sí alguno que aseguraba que se había retirado herido +gravemente con dirección a la costa. + +Además, durante el corto reinado de don Enrique corrieron distintas +veces rumores de que don Sebastián se había presentado ya en un punto +ya en otro de la costa, siendo de observar que tanto el rey cardenal +como Felipe II, cada uno en su tiempo, castigaron con la mayor +severidad no solo al que decía haber visto en vida al don Sebastián, +sino aun a aquellos que se limitaban a opinar que era posible que no +hubiese muerto. + +Si la historia de Felipe no ofreciese en cada una de sus páginas mil +pruebas de su hipocresía, su conducta en esta ocasión bastaría solo a +destruir la cualidad de eminentemente religioso con que sus parciales +han querido honrarle. Un hombre timorato cualquiera da a cada uno lo +que legítimamente le pertenece; y cuando las circunstancias le hacen +dueño de un objeto al cual pueda parecer dudoso su dominio, no descansa +hasta aclararlo, porque prefiere la tranquilidad de su conciencia a +cuantos tesoros encierran las entrañas de la tierra. + +Tal vez se dirá que en política hay ocasiones en que los principios de +la estricta justicia deben plegarse a las circunstancias del momento, +y que acaso de una pequeña infracción de ellos, en perjuicio de uno o +de algunos particulares, resultan bienes infinitamente superiores a +la masa. Esto se ha dicho hace muchos siglos, se dice en el nuestro, +y se dirá en los futuros, siempre que los gobiernos quieren, o por +malicia o por ignorancia, infringir los pactos sociales, que tácitos o +expresos existen en todas las naciones, inclusa la Turquía, donde lo es +el Alcorán; pero como no porque todos digan una cosa por eso es buena, +habrán de permitirnos que les digamos humildemente nuestra triste +opinión, y es que en general jamás de una mala acción resulta un bien; +que si tal vez a primera vista aparece así, es indudable que, examinada +la cosa a fondo y despacio, se hallará que no es lo que parece; y por +último, que al mismo resultado, aun suponiéndolo bueno, se hubiera +podido llegar sin cometer el crimen, con un poco más de paciencia y de +trabajo. + +De cualquiera modo, Felipe procedió siempre con su severidad +característica contra todos los sebastianistas, y era igual el placer +que su corazón de tigre recibía viendo quemar vivo al infeliz que acaso +cantó por distracción + + ¿Si ha venido o no ha venido + El Mesías prometido? + No ha venido, + +o se mudó de camisa un sábado, o tuvo la desdicha de no nacer +aficionado a la carne de cerdo, que al que era bastante osado para +decir que su penúltimo rey acaso aún viviría. + +No conocíamos en aquella época los españoles la sutil invención de la +policía, mas en cambio teníamos la Inquisición, que no le va en zaga, y +aun le lleva ventajas, y no pocas. + +Gracias a las luces del siglo, la policía encuentra pocos delatores +fuera de la clase abyecta de la sociedad, y aun en ella se avergüenzan +los hombres de ser ministros de tal institución. + +Por el contrario, el difunto Santo Oficio, desde el monarca hasta su +último vasallo, contaba con otros tantos servidores. Las personas +reales se honraban llevando un hacecito de leña para freír algún +desventurado hereje; una junta de sus calificadores decidió de la +suerte del príncipe de Asturias don Carlos. + +Los grandes de España ansiaban verse alguaciles mayores, y desempeñar +otros oficios del nefando tribunal. + +La cruz verde de familiar deshonraba el pecho de un número considerable +de nobles y funcionarios públicos. + +En una palabra, no parece sino que eclesiásticos y seculares, nobles +y plebeyos, toda la nación, en fin, quiso hacerse cómplice de los +millares de asesinatos jurídicos cometidos por la Inquisición, al paso +que la mayor afrenta que hoy puede hacérsele a un hombre es llamarle +_esbirro_. + +Fray Miguel, después de haber sufrido valerosamente la más cruel de las +persecuciones, y llevado con resignación la reclusión en que se le tuvo +algunos años, aprendió a ser cauto. Cesó de hablar de su malogrado rey, +e interpretándose su silencio como prueba de hallarse convencido de la +muerte de don Sebastián, lograron sus valedores, no sin trabajo, que +se le pusiera en libertad y se le agraciase con el vicariato de Santa +María, destino, a la verdad, poco apetecible para un provincial, pero +preferible siempre a un encierro. + +Allí, como hemos dicho, encontró a la señora doña Ana, y se interesó +por ella vivamente tan luego como llegó a conocer sus excelentes +prendas. + +La hija de don Juan de Austria se consideraba, con razón, como víctima +de la política de su tío el rey, y así fray Miguel llevaba en el mero +hecho de ser perseguido por el mismo una gran recomendación para ella. + +Las conversaciones entre el portugués proscrito y la religiosa versaban +constantemente sobre dos solos puntos: la gloria y desgracia del +vencedor de Lepanto, y la aciaga batalla de Tánger. + +Insensiblemente, las opiniones del vicario sobre esta última materia +fueron inculcándose en doña Ana, de modo que a muy poco tiempo llegó +a ser tanto o más celosa sebastianista que él mismo. Si fray Miguel +hacía una penitencia, una oferta cualquiera a un santo para lograr por +su mediación la deseada vuelta de su rey, doña Ana no solo le imitaba, +sino que en ocasiones llegaba a sobrepujarle en celo. Una rica lámpara +de plata ardía de continuo en el coro alto de su monasterio, ante una +imagen de nuestra Señora, en muestra del ardiente deseo que la hija +de don Juan de Austria tenía de ver restituido a su trono al rey don +Sebastián. Jamás oraba sin dirigir al cielo repetidas súplicas con el +mismo fin; y, en resumen, su pensamiento dominante, único más bien, era +el del regreso de aquel malhadado príncipe a su país. + +Pero la verdad nos obliga a decir que, además de la compasión que las +desgracias del rey de Portugal inspiraban al sensible corazón de la +augusta religiosa, y del cariño que le profesaba por ser hijo de la +princesa doña Juana, hermana predilecta de su padre, había un motivo, +tal vez más poderoso, para que doña Ana se interesase tanto en que don +Sebastián viniese y volviese a reinar. + +Era este motivo la persuasión en que se hallaba, gracias a los +continuos y repetidos esfuerzos que para ello hizo fray Miguel, de que +en el caso de verificarse lo que tanto deseaba, y de contribuir aquella +señora tan eficazmente como pensaba hacerlo al restablecimiento de la +independencia de Portugal, don Sebastián obtendría del sumo pontífice +que dispensaría a la señora doña Ana de sus votos, y se uniría a ella +con el lazo del matrimonio. + +Preciso es confesar que el vicario, en esta ocasión, prescindió un +poco de su carácter habitualmente candoroso, y fue político en toda +la extensión de la palabra, ofreciendo a la vista de la reclusa una +perspectiva tan halagüeña que no podía menos de obligarla a entrar en +sus planes, y prometiendo más acaso de lo que hubiera podido cumplir +aun cuando don Sebastián no hubiese en efecto muerto y pudiera +recobrar su corona, ambas cosas por lo menos harto problemáticas. + +Pero háblesele a un amante de estrechar entre sus brazos a la que ama; +a un prisionero de la libertad: por más incierto, por más peligroso, y +acaso imposible, que al indiferente parezca conseguir lo uno o lo otro, +a los interesados no les parece nunca que ofrece la menor dificultad, +y apenas tocando la barrera de diamante que el destino opone a sus +deseos, creen en ella. + +Tal fue el caso de la señora doña Ana. A las primeras insinuaciones +que el vicario la hizo sobre la materia, su fantasía se inflamó. Aquel +corazón, a quien jamás la idea del amor se había presentado sino +asociada con la del crimen, pudo, en fin, conseguir la esperanza de +amar un día sin delito, y de amar a un guerrero esforzado, célebre por +su valor y sus desgracias, y rey en fin. + +Recobrar de una vez la libertad, sus derechos de mujer, la clase en +que su ilustre nacimiento la colocó, salir de la estrechez del claustro +al esplendor del trono, y sacudir las cadenas de Felipe, eran para +doña Ana consecuencias inmediatas y precisas de la aparición de don +Sebastián. + +¿Qué mucho que con tales esperanzas no dejase en sosiego a un solo +santo del cielo para conseguir se realizasen? + +Sin embargo, empezó por oponer algunas resistencias al proyecto del +matrimonio, y como fray Miguel, conociendo que aquello solo era por +el bien parecer, insistiese sin cesar en ello, acabó por convenir en +que se prestaría, _aunque con repugnancia, a los deseos de su augusto +primo, y a las órdenes del santo padre_. + +Conformidad admirable, tanto más cuanto su augusto primo probablemente +no existía, y el _santo padre_ en lo que menos pensaba era en sacarla +de su monasterio. + +Además de la señora doña Ana, contaba fray Miguel en el monasterio +con el amor de casi todas las religiosas, a quienes su vida austera +y penitente había inspirado una veneración sin límites; y desde que +se hallaba en Madrigal había vuelto a anudar algunas relaciones en +Portugal con la mayor cautela y tan buena maña, que logró sustraer su +correspondencia a la vigilancia de los agentes de Felipe. + +Valiose para ello de un médico portugués establecido en el mismo +Madrigal, de quien en lo sucesivo tendremos ocasión de hablar. + +Este era el estado de fray Miguel y la señora doña Ana cuando don Juan +de Vargas se presentó en Madrigal por la vez primera. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO VI + + Los días que apresurado + Quieres hora apresurar + Un tiempo te ha de pesar + Que hayan tan presto llegado. + + +Los días que transcurrieron hasta el domingo en que Inés había +prometido a don Juan de Vargas verse con él a la hora de la oración en +el Carmen de Valladolid, caminaron para el impaciente amante con una +lentitud insoportable. + +Todas las tardes su paseo, sin preceder deliberación, era hacia el +lugar de la cita, y en él su ocupación calcular hasta por minutos +el tiempo que debía transcurrir hasta el deseado instante. Triste +condición la del hombre que con ridícula inconsecuencia desea abreviar +el curso de su corta vida por acelerar tal época de placer que acaso +nunca llega. + +Cinco días mortales se pasaron hasta que amaneció el domingo señalado. +Don Juan oyó misa en el Carmen, paseó hasta la hora de comer por sus +inmediaciones, y por la tarde volvió también al mismo paraje. + +La oración sonó: en lo que menos pensó Vargas fue en rezar. Recorrió +con la vista la larga extensión del Campo Grande, que así se llama +el paraje en que se halla en Valladolid el convento del Carmen; pero +aunque en él vio diferentes personas, ninguna se acercó al punto +convenido en largo tiempo. + +Por fin, dos hombres embozados hasta los ojos, y dejando ver por debajo +de las capas cada uno una espada de tremenda longitud, se dirigieron al +pórtico del convento con aire, aunque resuelto, cauteloso. + +Don Juan los miró un momento; pero preocupado con la idea de ver venir +a Inés, apenas paró la atención en aquellos dos hombres. Por su parte +los embozados parece que tampoco hicieron reparo en él, y dieron +vuelta a aquellos alrededores registrándolos escrupulosamente, con el +objeto sin duda de buscar en ellos a alguna persona, o de asegurarse de +que ninguna había oculta. Terminado este examen, que fue de bastante +duración, uno de ellos se acercó a Vargas, que también iba embozado, y +sin saludarle, ni andar en más ceremonias, le dijo: + +—Amigo, háganos el gusto de despejar el campo, que habemos menester +estar solos. + +El hermano del marqués, impaciente con la tardanza de su amada, +contrariado además con la importuna llegada de aquellos hombres, y poco +acostumbrado a verse tratar con tan poca cortesía, sintió impulsos de +responder a estocadas a tan grosera intimación; pero reflexionando que +empeñar entonces una querella era lo mismo que imposibilitarse de ver a +Inés, se contuvo, no sin trabajo, y respondió con aparente flema: + +—Caballeros, un negocio de importancia me impide darles gusto por +ahora. Tal vez me convendría a mí también estar solo; mas por amor de +la paz me convendré a que vuesas mercedes estén aquí también. + +Iba el que dio principio a esta conversación a responder no sabemos +qué, cuando el otro embozado, que hasta entonces había permanecido a +alguna distancia, acercándose precipitadamente a su compañero, le dijo: + +—O el oído me engaña, o ese hombre es don Juan de Vargas, y a fe que me +alegrara. + +—Alegraos, pues, replicó el amante de Inés mostrándole el rostro a +descubierto, que yo soy en persona. + +—¿Qué vais a hacer? —exclamó el que primero había hablado de los dos. + +—Lo veréis —respondió el segundo; y separándose de él, y dirigiéndose +a don Juan, continuó diciendo—: Si no ando errado, señor don Juan, vos +amáis a una mujer que tiene por nombre el de Inés. + +Toda la sangre de Vargas se inflamó al oír tal interpelación. El que +entonces le hablaba, ni era Espinosa, ni fray Miguel, y solo ellos dos +y su criado Pedro tenían algún indicio de sus amores. ¿Cómo, pues, +aquel desconocido se mostraba tan al corriente de ellos? + +«Es un rival —dijo para sí—; solo un rival, y rival favorecido, puede +saber que yo amo a Inés». + +El raciocinio no era muy exacto; pero de tal modo se le asentó en la +cabeza a don Juan aquella idea que, desde luego, se resolvió a reñir +con aquel hombre, y así le contestó con sobrado desabrimiento: + +—Señor mío, no estoy acostumbrado a dar cuenta de mis pensamientos al +primer impertinente que tiene la osadía de venir a interrogarme; y +así, si no queréis llevar respuesta de que os pese, iros norabuena, y +dejadme en paz. + +—Esa arrogancia podrá convenir con vuestros criados, pero no con los +que cuando menos son tanto como vos. + +—Si en efecto sois caballero —replicó Vargas lleno de ira—, yo os +responderé como conviene. + +Y al acabar estas palabras echó mano a la espada. No anduvo perezoso su +contrario, pues empuñó la suya diciendo: + +—A esto quería yo venir a parar. + +—Hubiéraislo dicho desde luego, y ahorráramos palabras —repuso don Juan +ya riñendo. + +Su enemigo, para pelear, hubo de desembozarse y dejar ver un rostro +de hombre en extremo blanco. El cabello era rubio y rizado, los ojos +azules, y la fisonomía, aunque podía pasar por bella, sin embargo +carecía de viveza y gracia. + +Vargas reñía con serenidad, pero airado; su antagonista con valor, +pero sin gran vehemencia. Ambos eran jóvenes, robustos, y diestros, al +parecer, en el manejo de las armas. + +El embozado que primero habló, aunque daba de cuando en cuando algunas +muestras de descontento por lo que presenciaba, permaneció inmóvil en +su puesto, hasta que después de dos minutos de pelea, su compañero, +estrechado vivísimamente por Vargas, empezó a perder terreno. Entonces +sin consideración alguna sacó también su espada y cerró con don Juan. +Este, viéndose de repente con dos enemigos en vez de uno, se sorprendió +algún tanto, y dio lugar a que su nuevo adversario le hiriese, aunque +levemente, en la mano izquierda. Empero, al ver correr su sangre +tan alevosamente derramada, la ira le dio nuevas fuerzas, y echando +prontamente mano a la daga, de que hasta allí desdeñó de hacer uso, se +dio tan buena maña que no solo mantuvo a suficiente distancia de su +cuerpo los aceros de sus enemigos, sino que tuvo la fortuna de desarmar +al que provocó la riña, haciendo saltar su espada a más de cuarenta +pasos. + +Pero aquel triunfo hubo de serle funesto, pues el desarmado, furioso +con el desmán que le sucedía, corrió en busca de su arma, y volviendo +con ella iba a atacar a Vargas por un costado, esperando que, ocupado +en combatir con su compañero, no lo echaría de ver. Engañose en esto. +El hermano del marqués no era novicio en las armas, y como más de una +vez se había visto en Flandes en lances cuando menos tan apurados +como aquel, conservaba la misma serenidad que si estuviera sentado +a la mesa de su hermano. Calculando con razón que de hombres que +peleaban dos contra uno todo lo malo podía esperarlo, no perdió de +vista al desarmado, y observando su marcha le conoció la intención. +Reconociendo, pues, el terreno con una rápida ojeada, empezó a +retirarse con tanto acierto, que en un instante se halló con las +espaldas guardadas por el convento, y su enemigo vio frustrarse la +esperanza de acabar con él traidoramente. + +La pérfida conducta de aquellos dos hombres se avenía muy mal con el +valor con que peleaban, porque en realidad lo hacían como hombres +decididos, y que no empezaban entonces a manejar la espada. + +Más de siete minutos duró aquella lucha desigual; en ella recibió don +Juan la herida de que hemos hablado, y sus dos enemigos no se hallaban +mejor parados, pues el rostro de uno estaba cubierto de sangre, y el +otro recibió una estocada en un muslo. + +Sea por las heridas, sea por cansancio, ambos se retiraron +simultáneamente al cabo de este tiempo como a unos seis pasos de +Vargas, y este, demasiado fatigado para perseguirlos, aprovechó con +gusto aquella ocasión de recobrar sus fuerzas. + +Los tres con las puntas de las espadas apoyando en tierra, respirando +apenas, y con la vista clavada en el enemigo, hubieran parecido +estatuas si la sangre que corría por sus vestidos no demostrara que +eran hombres. + +Es probable que la pelea se hubiera renovado, y tal vez terminado con +fatal éxito para Vargas, si a poco de hallarse los tres actores de +aquella escena en la disposición que hemos dicho, no apareciera entre +ellos una mujer, cubierta con un manto negro, pero que a pesar de él +conoció desde luego Vargas por Inés. + +La pastelera de Madrigal, que no esperaba hallar en aquel sitio a don +Juan cubierto de sangre, y en disposición tan hostil, dio muestra de su +sorpresa y sentimiento con un profundo suspiro, que fue el que advirtió +de su presencia a su amante y a sus dos enemigos. + +—Señor don Juan, ¿qué es esto, que es esto? —preguntó Inés. + +—Esto es, señora —dijo el provocador de Vargas, sin dar lugar a que +este respondiese—, esto es un efecto de vuestra acertada elección. + +—Decid más bien —replicó la morena con dignidad y fuerza—, de vuestra +inconcebible imprudencia, de vuestra ridícula obstinación, por no decir +otra cosa. + +—Podéis gloriaros, Inés —exclamó don Juan—, de tener un amante en +ese hombre digno de figurar en una banda de salteadores. Mirad el +denuedo con que esos hombres han tirado la espada contra uno solo; y es +lástima, en verdad, que no hayáis presenciado el valor con que trataban +de asesinarme por la espalda. + +La acusación era demasiado cierta, y en el fondo de sus corazones +era imposible que los embozados dejaran de conocer su justicia; pero +hallándose una mujer presente no les pareció decoroso convenir en ella, +y así el que primero riñó contestó lleno de ira real o aparente: + +—Mentís como un bellaco. + +—Miserable —gritó don Juan—, yo castigaré tu imprudencia. + +Y diciendo y haciendo acometió con no vista furia a su enemigo, quien +no dejó de defenderse bizarramente. Su compañero, que como ya se ha +visto, nada tenía de escrupuloso, iba también a tomar parte en la +pelea; mas Inés, advirtiéndolo con tiempo, se arrojó sobre él tan de +improviso, que le arrancó la espada de las manos, y separándose algún +tanto le presentó la punta de su propio acero a dos dedos del pecho, +diéndole: + +—Cobarde, por la vida del rey te juro que te atravieso si das un paso +más. No, en mi presencia no asesinaréis a un caballero. Pelee en hora +buena con uno, ya que tan locos sois que buscáis vuestra perdición y la +nuestra, pero con dos no será mientras yo pueda impedirlo. + +Entre tanto peleaba Vargas con singular denuedo, y su enemigo no se +defendía con menos. Mas como ambos estaban ya cansados, apenas tiraban +golpe peligroso, y si lo hacían, no encontraban dificultad en pararse +recíprocamente. + +A poco de haberse empezado este nuevo combate Inés, que en medio de su +singular posición conservaba una admirable serenidad, exclamó: + +—La justicia, caballeros, la justicia. + +Los que reñían suspendieron su combate, y el desarmado, volviendo atrás +la cabeza, vio en efecto que ya a la mitad de la distancia que media +entre el convento del Carmen y la calle de Santiago se percibía a la +luz de una gran linterna que traían un grupo de siete a ocho personas +que probablemente habrían oído el ruido de las espadas, según la prisa +con que caminaban. + +—La justicia es —repitió aquel hombre—; huyamos. + +—Señor don Juan —dijo el otro—, ya veis que por ahora no es posible +terminar este asunto; yo buscaré ocasión en que podamos hacerlo sin +temor de ser interrumpidos. + +—Y entonces —respondió Vargas con amarga ironía—, procurad llevar otros +dos o tres amigos, por si no bastareis solo. + +No replicó a esto aquel hombre, ya por no tener qué, ya, y es lo +más cierto, porque los de la linterna se acercaban tan de prisa que +no daban lugar a ello. Lo que hizo, pues, fue envainar su espada, y +seguido por su compañero echó a andar con bastante celeridad a pesar de +su herida. + +Inés, llegándose a su amante, le dijo: + +—Don Juan, las apariencias me condenan, pero cuando las circunstancias +lo permitan yo os haré ver mi inocencia; por ahora me es fuerza +retirarme. + +Mientras la pastelera hablaba así, los que huían, advirtiendo que no +los seguían, hicieron alto, y uno de ellos volviendo la cabeza dijo en +voz alta: + +—Vamos, señora. + +Obedeció Inés, y don Juan despechado exclamó: + +—Seguidlos, señora, seguidlos, que ya yo quedo satisfecho de vuestro +amor. + +Aunque hubiera querido la morena replicar no se lo permitieron sus +impacientes compañeros, que asiéndola cada uno por un brazo tardaron +poco en desaparecer a la vista de Vargas, gracias a la oscuridad de la +noche. + +Un momento después los de la linterna, haciendo alto como a unos +veinte pasos de nuestro caballero, que apoyando la espalda a los muros +del convento, y con la espada en la mano, permaneció inmóvil, dieron +el acostumbrado grito: + +—¿Quién va a la ronda? + +—Un hombre solo, un caballero —respondió don Juan. + +Animados con esta respuesta, los ministros de justicia, que tales eran +en efecto, se acercaron a don Juan, y formaron círculo en rededor de él. + +—La espada —dijo ya entonces el que capitaneaba aquella gente, y por el +traje parecía magistrado. + +—¿Y quién me la pide? —preguntó Vargas. + +—El rey nuestro señor (aquí el juez, sus ministros y Vargas se +descubrieron la cabeza respetuosamente), y en su nombre don Rodrigo +Santillana, su alcalde del crimen en la real chancillería de Valladolid. + +—Tomad, pues, señor alcalde, aunque ignoro la causa por que se me pide. + +—Vuestro nombre y profesión. + +—Don Juan de Vargas, caballero y capitán de caballos, hermano del +marqués de ***, para serviros. + +—Tomad vuestra espada, señor caballero, que de persona de tan honrado +linaje no es de sospechar acción villana, y seguidme si os place. + +Recibió don Juan su espada, y tomó con el alcalde la vuelta para +Valladolid. En el tránsito le dijo don Rodrigo que habiendo salido +aquella noche a hacer su ronda, y entrando en el Campo Grande, le llamó +la atención oír hacia el Carmen ruido de espadas, y que como aquel era +el paraje en que a tales horas salían los caballeros irritados, había +acudido a él, deseoso de evitar, como era su obligación, cualquier +desgracia. Don Juan contestó que él había acudido allí para cierta +cita, y que sobreviniendo impensadamente dos desconocidos, y queriendo +arrojarle del sitio con brutal grosería, negándose él a hacerlo, le +acometieron ambos, hiriéndole, como se deja ver; que habiendo advertido +uno de sus enemigos que se aproximaba la justicia, y avisádoselo al +otro, echaron ambos a huir; y que él, no teniendo motivo para hacerlo, +permaneció firme allí hasta la llegada de la ronda. Por último, Vargas +concluyó protestando que estaba pronto a seguir a don Rodrigo a la +prisión, si a ella quería llevarle, pero que no le parecía justo se +atropellase a un hombre principal por haber defendido su vida contra +dos asesinos. + +Don Rodrigo Santillana, que era un buen magistrado, pero muy cortesano +y ambicioso, aprovechó con gusto aquella ocasión de adquirir la +poderosa protección de la familia de los Vargas, aunque bien conocía +que era a expensas de lo que la justicia exigía, pues al cabo a don +Juan se le había hallado a deshoras y casi en despoblado con la espada +en la mano ensangrentada, y herido además. Su deber era retenerlo en +prisión hasta averiguar su inocencia; su interés le aconsejaba creer en +ella desde luego, y este, como sucede con frecuencia en tales casos, +triunfó entonces también. + +El alcalde, pues, dio desde luego entero crédito a cuanto don Juan +le dijo, y excusándose humildemente de haberse visto precisado a +tratarlo al principio con poca cortesía, no solo le declaró que estaba +libre, sino que quiso acompañarle, y le acompañó en efecto con toda su +ronda hasta la puerta de la casa de su hermano el marqués. Verdad es +que en esto último se encerraba también el designio de cerciorarse de +que don Juan era realmente la persona que había dicho ser, lo que vio +confirmado plenamente con el respeto con que los criados le recibieron. + +Finalmente, Vargas y Santillana se despidieron los mejores amigos del +mundo, y con la promesa de volverse a ver muy presto. El primero se +retiró a devorar sus penas en el silencio de su estancia, y el segundo +a buscar con sus ministros en las calles de Valladolid algún plebeyo +descarriado en quien compensar con el rigor la indulgencia excesiva que +había usado con el noble capitán de caballos. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO VII + + Todo es ya por demás: ¿Qué soy ahora? + + (Quintana: _Pelayo_). + + +Rayaba el sol en el más alto punto de su diaria carrera iluminando +con sus rayos las vastas llanuras de Castilla la Vieja, cuando por +tercera vez pisó el suelo de Madrigal el enamorado y malcontento don +Juan de Vargas, ocho días después de la noche en que después de los +acontecimientos del Campo Grande le dejó en su casa el alcalde don +Rodrigo Santillana. + +Empleó los siete primeros en hacer en todo Valladolid las más +exquisitas diligencias para encontrar a su dama, recorriendo con este +objeto cuantas posadas públicas o secretas él conocía, o sus amigos le +indicaron; mas no solo no dio con ella, sino ni tampoco con el menor +indicio de haberse aposentado en ninguna. + +Tan cautelosa manera de proceder, las relaciones de aquella mujer +con los hombres que le atacaron en las inmediaciones del convento +del Carmen y, sobre todo, su dependencia del pastelero Gabriel de +Espinosa no podían menos de debilitar el ventajoso concepto que otras +circunstancias le habían hecho formar de ella, y no hay duda de que, +a no estar tan ciegamente enamorado, bastaran a separarle de ella +enteramente. Pero ya en su posición, cada reflexión que le ocurría en +contra de Inés no producía otro resultado que el de hacer más penoso +su estado, exasperarle, por consiguiente, y llevarle a ser capaz +de cometer los mayores excesos por salir pronto de la intolerable +incertidumbre en que vivía. + +Vista, pues, la inutilidad de sus pesquisas en Valladolid, marchó +a Madrigal, resuelto a obtener de Inés, si acudía a la ermita en +cumplimiento de su oferta, explicaciones terminantes, y quedar de +acuerdo con ella en unirse o separarse para siempre. + +La promesa que había hecho a fray Miguel de no dar paso ninguno en el +asunto sin acudir a su mediación no fue parte para detenerlo, porque +consideraba roto aquel pacto, y no sin fundamento, ya en virtud de +haberse ausentado de Madrigal Inés durante su misma conferencia con el +vicario, ya porque en el lance de Valladolid no veía más que un lazo +tendido por Espinosa, quien, a juzgar por la estrecha amistad que con +el fraile tenía, obraba de acuerdo con él. + +Con estas disposiciones entró don Juan en el mesón de Madrigal, y sin +salir de él esperó la hora de la cita; pero amaestrado con la pasada, +llevó en su compañía a Pedro, y así él como su criado cuidaron de ir +prevenidos de armas de fuego. + +Aún era bastante la claridad del crepúsculo, cuando llegaron a la +ermita, para permitirle registrar escrupulosamente las ruinas que +fueron teatro de la aventura de su prisión; pero por más que hizo no +pudo hallar vestigios de puertas, trampa ni entrada secreta alguna, de +manera que el tal examen solo produjo la utilidad de entretener por +algún tiempo su impaciencia. + +Por esta vez no se le hizo esperar mucho, pues pocos instantes después +de la hora señalada se presentó, no Inés, sino el mulato Domingo, quien +saludando con su acostumbrada aspereza le puso en las manos un pliego +cuyo sobrescrito decía así: + + «Al muy ilustre señor don Juan de Vargas, guarde Dios muchos años». + +Abriolo sin tardanza aquel caballero, y halló que decía así: + + «Señor don Juan: la persona a quien vuesa merced espera en las + ruinas, ni está hoy en Madrigal, ni estará en algunos días. Escríbole + estas letras para ahorrarle el trabajo de esperarla inútilmente, y + para decirle que si desea tener noticias de ella, puede venirse por + esta su celda, en donde sabe que siempre será recibido como quien + viene a honrarla con su presencia. Y con esto queda rogando a Dios + por la salud de vuesa merced su humilde servidor y menor capellán — + _F. M._». + +Aunque la carta no llevaba más firma que estas dos iniciales, su +contenido declaraba bien que el que la había escrito era el vicario +de Santa María, y don Juan, no hallando otro partido que tomar, se +decidió a aceptar la invitación que aquel le hacía, echando a andar +inmediatamente para el monasterio. + +Domingo, así que entregó la carta, volvió la espalda, y mientras don +Juan leía se metió en el pueblo. + +Recibió fray Miguel a don Juan con cordialidad y cortesía; pero Vargas, +que en el fondo de su corazón estaba indignado con él, casi se le +presentó con grosería. Debió sin duda de advertirlo el vicario, mas no +se dio por entendido, y empezó a preguntarle por su salud con el mismo +desembarazo que si el día antes se hubieran visto, y después de ello se +puso a hablar del tiempo con admirable flema. + +—Todo eso está bueno —le interrumpió Vargas a breve tiempo—; pero mi +venida no ha sido a hablar de materias indiferentes. A quien tan bien +enterado está de mis negocios, no tengo necesidad de decirle cuanto me +ha ocurrido desde que nos separamos, pues desde luego supongo lo sabría. + +—Así es la verdad. + +—Y probablemente lo sabría aun antes de sucederme. + +—En eso os engañáis, y me hacéis una cruel injusticia... + +—Sea en buen hora. Tampoco he venido a discutir esa materia. Lo que me +importa es saber las noticias que habéis prometido darme. + +—Y lo cumpliré. + +—A eso aguardo. + +—Primero tengo que exigir del señor don Juan la promesa formal de +someterse a ciertas condiciones. + +—Veámoslas. + +—Primeramente guardar inviolable secreto sobre cuanto yo le revele, o +en consecuencia de ello descubriere hoy, mañana o en cualquier tiempo. + +—Aceptada. + +—¿Lo juráis? + +—Por mi honor y esta cruz. + +—En segundo lugar perdonar de aquí para delante de Dios a los dos +hombres que os acometieron la noche del domingo pasado, renunciando a +toda idea de venganza, y mirándolos como amigos si necesario fuese. + +—Fray Miguel, ¿sabéis la villanía que usaron conmigo? ¿Sabéis...? + +—Todo lo sé. + +—¿Y podéis aprobar tal infamia? + +—No permita el Señor que en mi pecho se abriguen semejantes +sentimientos. No, señor don Juan: aquel desventurado lance me ha +costado muchas lágrimas, y me las hubiera hecho derramar eternas +si os costara la vida. Pero creedme, no hubo en él premeditación. +Acontecimientos inevitables os hicieron encontrar con aquellos hombres: +lo demás fue obra del espíritu maligno, que no desperdicia ocasión para +perder a los hijos de Adán. ¿Os resolvéis, pues, a perdonar? + +—Padre vicario, mirad lo que pedís. + +—Lo que como cristiano debéis hacer. + +—Perdonados están. + +—¿Y prometéis también no renovar el duelo? + +—Siempre que no se me provoque a ello de nuevo. Si este caso llegara, +sé lo que el honor exige de un caballero, y no dejara de hacerlo si mi +padre saliera de la tumba solo para rogármelo. + +—Funesta preocupación la del honor, que os hace hollar los más santos +preceptos de la religión... + +—Padre vicario, dejemos este punto: yo seguiré vuestra opinión a ciegas +cuando se trate de teología; en materias de esta especie, fiaos a mí, +que yo sé lo que he de hacer. Os repito que no tiraré la espada contra +esos hombres si a ello no me provocan. Ved si esto os parece bastante, +y por Dios vamos a lo que importa. + +—Consiento en recibir vuestra promesa tal como la hacéis. Resta que os +convengáis a mirarlos como vuestros amigos si la ocasión se presentase +de ser así necesario. + +—¿Y quien decidirá que así sea? + +—Inés; vos mismo. + +—Prometido también. + +—Restan ahora dos únicas condiciones, pero son las más importantes. + +—Y bien; decidlas. + +—Se os va a confiar un gran secreto, pero no en todas sus partes por +ahora. ¿Ofrecéis que contentándoos con saber lo que se os diga, no +trataréis en manera alguna de averiguar el resto? + +—Sí, ofrezco. + +—Lo último a que os queda que comprometeros es a renunciar para siempre +a Inés... + +—Jamás. + +—Escuchadme. + +—No, en eso no hablemos. + +—Señor don Juan, permitidme que acabe, y responded después lo que +gustéis. Es preciso, pues, que prometáis renunciar para siempre a Inés, +pero en el caso que no os convenga el medio que ella misma os propondrá +para llegar a ser su esposo. + +—Si yo me negare a ello, desde luego consiento en renunciar a Inés. + +—Olvidando, si es posible, hasta que la habéis conocido, cesando de +seguirla, de mezclarse en sus operaciones, y de averiguar su paradero. + +—A todo me obligo. + +—¿A fe de caballero y de cristiano? + +—Por mi honor y mi religión lo juro ante ese divino Señor que está +sobre vuestra mesa. Y si no lo cumpliere, téngaseme por indigno de +mi noble nacimiento y en la hora de la muerte se me demande ante el +Todopoderoso. + +—Amén. + +—¿Queréis más? + +—No; basta lo hecho. + +—Cumplid ahora vuestra promesa. + +—Voy a hacerlo. + +Entonces el fraile, levantándose de su asiento, se dirigió a la puerta +de un retrete que en la celda había, y abriéndolo salió de él Gabriel +de Espinosa. + +Ya se deja conocer cuál sería la sorpresa de Vargas con la aparición +de aquel personaje, a quien estaba lejos de esperar. Estaba en pie y +descubierto delante del crucifijo de la mesa del vicario, con la mano +derecha aún puesta sobre el puño de la espada, cuando fray Miguel +abrió la puerta del retrete, y así permaneció, sin que la multitud de +diversos pensamientos que le asaltaron al ver al pastelero le diera +lugar a variar de postura, ni a proferir una sola palabra. + +Gabriel, envuelto en su capa, con su ancho sombrero calado hasta las +cejas, y con aire aún más grave que de ordinario acostumbraba, salió de +su escondite a paso lento, y ocupando el sillón del vicario, colocado +este a su lado en pie, empezó a hablar sin descubrirse la cabeza ni +hacer otro movimiento que el de dejar caer el embozo de la capa lo +bastante para poder explicarse fácilmente. + +—Señor don Juan —dijo—, desgracias inauditas y continuadas han reducido +muchos años, y reducen aun hoy, a ocultar su nombre y persona al que +estáis viendo y nació muy lejos de la humilde condición en que le +habéis conocido. + +»Desde que por la vez primera me visteis, mi persona debió de llamaros +la atención, pues me seguisteis obstinadamente, a pesar de que yo, +teniendo graves motivos para desear no ser conocido por entonces, y +creyendo, a causa de ignorar quién erais, que fueseis un espía de mis +enemigos, hice cuanto pude por evitar vuestras miradas. + +Aquí Espinosa, como si hasta entonces no hubiera advertido que tanto +Vargas como el vicario estaban en pie, se dirigió a ambos diciéndoles +gravemente: + +—Sentaos. + +Uno y otro obedecieron, lo que de parte del fraile no parecía extraño, +mas sí de la de don Juan, quien, sin poderlo él mismo comprender, se +sentía humillado en presencia del singular pastelero. Este, después que +tuvo a su auditorio sentado, continuó su interrumpido discurso de esta +manera. + +—Desde entonces acá he tenido justos motivos de rectificar mi +primera opinión. He visto en vos un caballero valiente, generoso, y +perseverante en sus designios; y creed lo que os digo, pues si bien +la lisonja me ha cegado más de una vez en otros tiempos, ya por mi +posición, ya por mi carácter personal, jamás han pronunciado mis labios +una palabra de alabanza sin que el corazón sintiera más acaso de lo +que la lengua decía. + +»Pero estas mismas prendas recomendables que yo conocía en vos, señor +caballero, me retraían de comprometeros en una empresa, aunque justa, +aventurada y sobradamente peligrosa, en la cual por interés personal y +por obligación os veréis empeñado uniendo vuestra suerte a la de Inés. + +»Incapaz, como lo soy, de cometer una villanía, tampoco la hubiera +creído ni la creo de vos: así, pues, días ha que os hubiera enterado de +todos mis secretos, sin otra precaución que la de encargaros el sigilo, +seguro de vuestra honradez; pero la seguridad de muchos y muy fieles +amigos, las reglas de la prudencia, y los consejos de personas que +acaso se interesan tanto en vuestro bien como en el mío, me han movido +a exigir de vos por medio de fray Miguel las promesas que acabáis de +hacer solemnemente. + +»Ni el tiempo ni el lugar son ahora a propósito para revelaros quién +yo sea. Básteos saber que nací caballero; que mi casa es ilustre, +algunos de mis hechos gloriosos, y mi fortuna tan escasa que de noble y +principal me ha reducido a humilde pastelero. + +»Contando con el favor de Dios y la fidelidad de mis amigos, en cuyo +número espero contaros muy en breve, tardará poco acaso el día en que +recobre mi ser primero: entonces, señor don Juan, yo os aseguro que +no tendréis motivo de arrepentiros de haberme conocido. Este pliego +(enseñándole uno sellado), que os prohíbo abráis hasta hallaros en +Valladolid, os instruirá de parte de lo que deseáis saber, y os pondrá +en disposición de enteraros del resto. + +»Recordad vuestras promesas, y cumplídmelas religiosamente. Ahora tomad +inmediatamente el camino de Valladolid. Nada más tengo que deciros. +Guárdeos el cielo. + +Acabando de hablar se puso en pie, entregó a fray Miguel el pliego, +y después de haberlo recibido, este también de pie, y haciendo una +profunda reverencia, salió Gabriel de la celda sin dignarse siquiera +volver la cabeza para ver el efecto que sus palabras habían producido +en don Juan de Vargas, quien, absorto con cuanto le pasaba, ni quería +responder, ni aun cuando hubiera querido acertara a hacerlo. + +Luego que Espinosa salió del aposento, entregó fray Miguel el pliego +a don Juan, y este, recibiéndolo maquinalmente, empezó a volverle +entre las manos, en tanto que sus ojos, fijos en el suelo, denotaban +claramente que aún no se había recobrado de su primera sorpresa. + +No le pareció al vicario hablarle por el momento, sino quiso que por +grados se fuese él mismo serenando, y luego que conoció, al cabo de +algunos minutos, que esto iba verificándose, le preguntó: + +—¿Y bien, señor don Juan, no pensáis en pasar hoy a Valladolid? + +—¿A Valladolid —respondió Vargas como si despertase de un sueño—, a qué? + +—¿A qué? A lo que con tanta ansia deseabais no hace mucho. + +—Sí; a ver a Inés sin duda. Este pliego dirá dónde se halla, ¿no es +verdad, padre vicario? + +—Recordad nuestro convenio, y nada me preguntéis. + +—Sí; es cierto. Nada debo preguntar verdaderamente: jamás hombre se +habrá visto en tan extraña situación. ¡Cómo ha de ser! Mi estrella lo +quiere así. + +—No os desaniméis; estos misterios tardarán poco en cesar; la justicia +triunfará, y entonces... + +—Inés será mía. + +—Vuestra será si vos queréis, señor don Juan... + +—¿Si yo quiero? Fray Miguel, adiós: vea yo Inés, y entonces conoceréis +si hay nada difícil para mí tratándose de obtener su mano. + +—El cielo os sea propicio en vuestro viaje. + +Así que don Juan salió de la celda, la fisonomía naturalmente grave del +vicario tomó un aire de contento y satisfacción que pocas veces se +dejaba ver en ella, y frotándose las manos exclamó: + +—Con este ya se puede contar hasta la muerte: ¡por qué no estarán todos +enamorados, y nuestro triunfo sería seguro! + + +FIN DEL TOMO SEGUNDO + + + + +ÍNDICE + + + Páginas +TOMO I I-I + + Introducción I-VII + Capítulo primero I-1 + Capítulo II I-23 + Capítulo III I-47 + Capítulo IV I-71 + Capítulo V I-103 + +TOMO II II-I + + Capítulo primero II-1 + Capítulo II II-25 + Capítulo III II-36 + Capítulo IV II-61 + Capítulo V II-76 + Capítulo VI II-96 + Capítulo VII II-114 + + + + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75973 *** |
