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+
+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75814 ***
+
+
+
+ NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
+
+En la versión de texto sin formatear el texto en cursiva está
+encerrado entre guiones bajos (_cursiva_) y el texto en Versalitas se
+representa en mayúsculas como en VERSALITAS.
+
+La ortografía del texto que compone la serie de cuentos que se incluyen
+no sigue las reglas actuales de la lengua española, sino las que
+estaban vigentes cuando la edición usada para la transcripción de esta
+obra fue publicada. El lector interesado puede consultar el mapa de
+Diccionarios Académicos de la Real Academia Española.
+
+En la presente transcripción se adecuó la ortografía de las mayúsculas
+acentuadas a las reglas indicadas por la RAE, que establecen que el
+acento ortográfico debe utilizarse, incluso si la vocal acentuada está
+en mayúsculas.
+
+Se han corregido errores evidentes de puntuación y otros errores
+tipográficos y de ortografía.
+
+El Índice con los títulos de las historias fue reubicado al principio
+de la obra.
+
+La portada de este libro electrónico fue modificada por el transcriptor
+y ha sido incluida en el dominio público.
+
+
+ * * * * *
+
+
+ OBRAS COMPLETAS
+ DE
+ EMILIA PARDO-BAZÁN
+
+ CONDESA DE PARDO-BAZÁN
+
+
+ EN TRANVÍA
+ (CUENTOS DRAMÁTICOS)
+
+
+ EMILIA PARDO-BAZÁN
+ CONDESA DE PARDO-BAZÁN
+
+ OBRAS COMPLETAS.--TOMO XXIII
+
+
+
+
+ EN TRANVÍA
+ (CUENTOS DRAMÁTICOS)
+
+ [Ilustración]
+
+ RENACIMIENTO
+ SOCIEDAD ANÓNIMA EDITORIAL
+ Calle de Pontejos, 8, 1.º
+ MADRID
+
+
+ Es propiedad.
+
+ Queda hecho el depósito que
+ marca la ley.
+
+
+ Imprenta de Prudencio Pérez de Velasco, Campomanes, 4.
+
+
+
+
+ ÍNDICE
+
+
+ Pág.
+
+ En tranvía 5
+
+ Adriana 15
+
+ Vitorio 23
+
+ Las desnudadas 31
+
+ Semilla heroica 39
+
+ Justiciero 45
+
+ Elección 53
+
+ La chucha 61
+
+ El vino del mar 73
+
+ Fuego á bordo 79
+
+ La paz 103
+
+ Suerte macabra 111
+
+ El guardapelo 119
+
+ La ventana cerrada 125
+
+ Infidelidad 133
+
+ De vieja raza 139
+
+ Benito de Palermo 145
+
+ Ley natural 153
+
+ El comadrón 159
+
+ El voto de Rosiña 167
+
+ Vivo retrato 173
+
+ El décimo 179
+
+ La puñalada 183
+
+ En el Santo 191
+
+ Santos Bueno 197
+
+ Sustitución 201
+
+ La compaña 209
+
+ La dentadura 215
+
+ Inspiración 221
+
+ Oscuramente 227
+
+ El ahogado 233
+
+ El molino 239
+
+ Aventura 249
+
+ El oficio de difuntos 257
+
+ Juan Trigo 265
+
+ El camafeo 273
+
+ Voz de la sangre 279
+
+
+
+
+ EN TRANVÍA
+
+Los últimos fríos del invierno ceden el paso á la estación primaveral,
+y algo de flúido germinador flota en la atmósfera y sube al purísimo
+azul del firmamento. La gente, volviendo de misa ó del matinal correteo
+por las calles, asalta en la Puerta del Sol el tranvía del barrio de
+Salamanca. Llevan las señoras sencillos trajes de mañana; la blonda de
+la mantilla envuelve en su penumbra el brillo de las pupilas negras;
+arrollado á la muñeca, el rosario; en la mano enguantada, ocultando el
+puño del _encas_, un haz de lilas ó un cucurucho de dulces, pendiente
+por una cintita del dedo meñique. Algunas van acompañadas de sus
+niños; ¡y qué niños tan elegantes, tan bonitos, tan bien tratados! Dan
+ganas de comérselos á besos; entran impulsos invencibles de juguetear,
+enredando los dedos en la ondeante y pesada guedeja rubia que les
+cuelga por las espaldas.
+
+En primer término, casi frente á mí, descuella un _bebé_ de pocos
+meses. No se ve en él, aparte de la carita regordeta y las rosadas
+manos, sino encajes, tiras bordadas de ojetes, lazos de cinta,
+blanco todo, y dos bolas envueltas en lana blanca también, bolas
+impacientes y danzarinas, que son los piececillos. Se empina sobre
+ellos, pega brincos de gozo, y cuando un caballero cuarentón que va á
+su lado--probablemente el papá--le hace una carantoña ó le enciende
+un fósforo, el mamón se ríe con toda su boca de viejo, babosa y
+desdentada, irradiando luz del cielo en sus ojos puros. Más allá, una
+niña como de nueve años se arrellana en postura desdeñosa é indolente,
+cruzando las piernas, luciendo la fina canilla cubierta con la estirada
+media de seda negra, y columpiando el pie calzado con zapato inglés
+de charol. La futura mujer hermosa tiene ya su dosis de coquetería;
+sabe que la miran y la admiran, y se deja mirar y admirar con oculta
+é íntima complacencia, haciendo un mohín equivalente á «Ya sé que
+os gusto; ya sé que me contempláis». Su cabellera, apenas ondeada,
+limpia, igual, frondosa, magnífica, la envuelve y la rodea de un halo
+de oro, flotando bajo el sombrero ancho de fieltro, nubado por la gran
+pluma gris. Apretado contra el pecho lleva un envoltorio de papel de
+seda, probablemente algún juguete fino para el hermano menor, alguna
+sorpresa para la mamá, algún lazo ó moño que la impulsó á adquirir su
+tempranera presunción. Más allá de este capullo cerrado va otro que se
+entreabre ya, la hermana tal vez, linda criatura como de veinte años,
+tipo afinado de morena madrileña, sencillamente vestida, tocada con una
+capotita casi invisible que realza su perfil delicado y serio. No lejos
+de ella, una matrona arrogante, recién empolvada de arroz, baja los
+ojos y se reconcentra como para soñar ó recordar.
+
+Con semejante tripulación, el plebeyo tranvía reluce orgullosamente al
+sol, ni más ni menos que si fuese landó forrado de rasolís, arrastrado
+por un tronco inglés legítimo. Sus vidrios parecen diáfanos; sus
+botones de metal deslumbran; sus mulas trotan briosas y gallardas; el
+conductor arrea con voz animosa, y el cobrador pide los billetes atento
+y solícito, ofreciendo en ademán cortés el pedacillo de papel blanco
+ó rosa. En vez del olor chotuno que suelen exhalar los cargamentos de
+obreros allá en las líneas del Pacífico y del Hipódromo, vagan por la
+atmósfera del tranvía emanaciones de flores, vaho de cuerpos limpios y
+brisas del iris de la ropa blanca. Si al hacerse el pago cae al suelo
+una moneda, al buscarla se entreven piececitos chicos, tacones Luis XV,
+encajes de enaguas y tobillos menudos. Á medida que el coche avanza por
+la calle de Alcalá arriba, el sol irradia más é infunde mayor alborozo
+el bullicio dominguero, el gentío que hierve en las aceras, el rápido
+cruzar de los coches, la claridad del día y la templanza del aire. ¡Ah,
+qué alegre el domingo madrileño, qué aristocrático el tranvía á aquella
+hora en que por todas las casas del barrio se oye el choque de platos,
+nuncio del almuerzo, y los fruteros de cristal del comedor sólo
+aguardan la escogida fruta ó el apetitoso dulce que la dueña en persona
+eligió en casa de Martinho ó de Prast!
+
+Una sola mancha noté en la composición del tranvía. Es cierto que
+era negrísima y feísima, aunque acaso lo pareciese más en virtud
+del contraste. Una mujer del pueblo se acurrucaba en una esquina,
+agasajando entre sus brazos á una criatura. No cabía precisar la edad
+de la mujer; lo mismo podía frisar en los treinta y tantos que en
+los cincuenta y pico. Flaca como una espina, su mantón parduzco, tan
+traído como llevado, marcaba la exigüidad de sus miembros: diríase que
+iba colgado en una percha. El mantón de la mujer del pueblo de Madrid
+tiene fisonomía, es elocuente y delator; si no hay prenda que mejor
+realce las airosas formas, que mejor acentúe el provocativo meneo de
+cadera de la arrebatada chula, tampoco la hay que más revele la sórdida
+miseria, el cansado desaliento de una vida aperreada y angustiosa,
+el encogimiento del hambre, el supremo indiferentismo del dolor, la
+absoluta carencia de pretensiones de la mujer á quien marchitó la
+adversidad, y que ha renunciado por completo, no sólo á la esperanza de
+agradar, sino al prestigio del sexo.
+
+Sospeché que aquella mujer del mantón ceniza, pobre de solemnidad sin
+duda alguna, padecía amarguras más crueles aún que la miseria. La
+miseria á secas la acepta con feliz resignación el pueblo español,
+hasta poco hace ajeno á reivindicaciones socialistas. Pobreza es el
+sino del pobre, y á nada conduce protestar. Lo que vi escrito sobre
+aquella faz, más que pálida, lívida; en aquella boca sumida por los
+cantos, donde la risa parecía no haber jugado nunca; en aquellos ojos
+de párpados encarnizados y sanguinolentos, abrasados ya y sin llanto
+refrigerante, era cosa más terrible, más excepcional que la miseria:
+era la desesperación.
+
+El niño dormía. Comparado con el pelaje de la mujer, el de la criatura
+era flamante y decoroso. Sus medias de lana no tenían desgarrones;
+sus zapatos bastos, pero fuertes, se hallaban en buen estado de
+conservación; su chaqueta gorda sin duda le preservaba bien del frío,
+y lo que se veía de su cara, un cachetito sofocado por el sueño,
+parecía limpio y lucio. Una boina colorada le cubría la pelona. Dormía
+tranquilamente; ni se le sentía la respiración. La mujer, de tiempo en
+tiempo, y como por instinto, apretaba contra sí al chico, palpándole
+suavemente con su mano descarnada, denegrida y temblorosa.
+
+El cobrador se acercó librillo en mano, revolviendo en la cartera la
+calderilla. La mujer se estremeció como si despertase de un sueño, y
+registrando en su bolsillo, sacó, después de exploraciones muy largas,
+una moneda de cobre.
+
+--¿Adónde?
+
+--Al final.
+
+--Son quince céntimos desde la Puerta del Sol, señora--advirtió el
+cobrador, entre regañón y compadecido--y aquí me da usted diez.
+
+--¡Diez!...--repitió vagamente la mujer, como si pensase en otra
+cosa.--Diez...
+
+--Diez, sí; un perro grande... ¿No lo está usted viendo?
+
+--Pues no tengo más--replicó la mujer con dulzura é indiferencia.
+
+--Pues quince hay que pagar--advirtió el cobrador con alguna severidad,
+sin resolverse á gruñir demasiado, porque la compasión se lo vedaba.
+
+Á todo esto, la gente del tranvía comenzaba á enterarse del episodio, y
+una señora buscaba ya su portamonedas para enjugar aquel insignificante
+déficit.
+
+--No tengo más--repetía la mujer porfiadamente, sin irritarse ni
+afligirse. Aun antes de que la señora alargase el perro chico, el
+cobrador volvió la espalda encogiéndose de hombros, como quien dice:
+«De estos casos se ven algunos». De repente, cuando menos se lo
+esperaba nadie, la mujer, sin soltar á su hijo, y echando llamas por
+los ojos, se incorporó, y con acento furioso exclamó dirigiéndose á los
+circunstantes:
+
+--¡Mi marido se me ha ido con otra!
+
+Éste frunció el ceño, aquél reprimió la risa; al pronto creímos que se
+había vuelto loca la infeliz, para gritar tan desaforadamente y decir
+semejante incongruencia; pero ella ni siquiera advirtió el movimiento
+de extrañeza del auditorio.
+
+--Se me ha ido con otra--repitió entre el silencio y la curiosidad
+general.--Una ladronaza pintá y rebocá como una paré. Con ella se ha
+ido. Y á ella la da cuanto gana, y á mí me hartó de palos. En la cabeza
+me dió un palo. La tengo rota. Lo peor, que se ha ido. No sé dónde
+está. ¡Ya van dos meses que no sé!
+
+Dicho esto, cayó en su rincón desplomada, ajustándose maquinalmente
+el pañuelo de algodón que llevaba atado bajo la barbilla. Temblaba
+como si un huracán interior la sacudiese, y de sus sanguinolentos ojos
+caían por las demacradas mejillas dos ardientes y chicas lágrimas. Su
+lengua articulaba por lo bajo palabras confusas, el resto de la queja,
+los detalles crueles del drama doméstico. Oí al señor cuarentón, que
+encendía fósforos para entretener al mamoncillo, murmurar al oído de la
+dama que iba á su lado.
+
+--La desdichada ésa... Comprendo al marido. Parece un trapo viejo. ¡Con
+esa jeta y ese ojo de perdiz que tiene!
+
+La dama tiró suavemente de la manga al cobrador, y le entregó algo. El
+cobrador se acercó á la mujer y la puso en las manos la dádiva.
+
+--Tome usted... Aquella señora la regala una peseta.
+
+El contagio obró instantáneamente. La tripulación entera del tranvía
+se sintió acometida del ansia de dar. Salieron á relucir portamonedas,
+carteras y saquitos. La colecta fué tan repentina como relativamente
+abundante.
+
+Fuese porque el acento desesperado de la mujer había ablandado y
+estremecido todos los corazones, fuese porque es más difícil abrir la
+voluntad á soltar la primer peseta que á tirar el último duro, todo el
+mundo quiso correrse, y hasta la desdeñosa chiquilla de la gran melena
+rubia, comprendiendo tal vez, en medio de su inocencia, que allí había
+un gran dolor que consolar, hizo un gesto monísimo, lleno de seriedad y
+de elegancia, y dijo á la hermanita mayor: «María, algo para la pobre».
+Lo raro fué que la mujer ni manifestó contento ni gratitud por aquel
+maná que le caía encima. Su pena se contaba, sin duda, en el número
+de las que no alivia el rocío de plata. Guardó, sí, el dinero que el
+cobrador la puso en las manos, y con un movimiento de cabeza indicó que
+se enteraba de la limosna: nada más. No era desdén, no era soberbia, no
+era incapacidad moral de reconocer el beneficio: era absorción en un
+dolor más grande, en una idea fija que la mujer seguía al través del
+espacio, con mirada visionaria y el cuerpo en epiléptica trepidación.
+
+Así y todo, su actitud hizo que se calmase inmediatamente la emoción
+compasiva. El que da limosna es casi siempre un egoistón de marca
+que se perece por el golpe de varilla transformador de lágrimas
+en regocijo. La desesperación absoluta le desorienta, y hasta
+llega á mortificarle en su amor propio, á título de declaración de
+independencia que se permite el desgraciado. Diríase que aquellas
+gentes del tranvía se avergonzaban unas miajas de su piadoso arranque
+al advertir que después de una lluvia de pesetas y dobles pesetas,
+entre las cuales relucía un duro nuevecito, del nene, la mujer no
+se reanimaba poco ni mucho, ni les hacía pizca de caso, Claro está
+que este pensamiento no es de los que se comunican en voz alta, y por
+lo tanto, nadie se lo dijo á nadie; todos se lo guardaron para sí y
+fingieron indiferencia, aparentando una distración de buen género y
+hablando de cosas que ninguna relación tenían con lo ocurrido--. «No
+te arrimes, que me estropeas las lilas»--. «¡Qué gran día hace!»--.
+«¡Ay! la una ya: cómo estará tío Julio con sus prisas para el
+almuerzo...»--Charlando así, encubrían el hallarse avergonzados, no de
+la buena acción, sino del error ó chasco sentimental que se la había
+sugerido.
+
+Poco á poco fué descargándose el tranvía. En la bocacalle de Goya
+soltó ya mucha gente. Salían con rapidez, como quien suelta un peso y
+termina una situación embarazosa, y evitando mirar á la mujer inmóvil
+en su rincón, siempre trémula, que dejaba marchar á sus momentáneos
+bienhechores, sin decirles siquiera: «Dios se lo pague». ¿Notaría que
+el coche iba quedándose desierto? No pude menos de llamarle la atención:
+
+--¿Adónde va usted? Mire que nos acercamos al término del trayecto. No
+se distraiga y vaya á pasar de su casa.
+
+Tampoco me contestó; pero con una cabezada fatigosa, me dijo
+claramente: «¡Quiá! Si voy mucho más lejos... Sabe Dios, desde el
+cocherón, lo que andaré á pie todavía».
+
+El diablo (que también se mezcla á veces en estos asuntos compasivos)
+me tentó á probar si las palabras aventajarían á las monedas en calmar
+algún tanto la ulceración de aquel alma en carne viva.
+
+--Tenga ánimo, mujer--le dije enérgicamente--.Si su marido es un mal
+hombre, usted por eso no se abata. Lleva usted un niño en brazos...
+para él debe usted trabajar y vivir. Por esa criaturita debe usted
+intentar lo que no intentaría por sí misma. Mañana el chico aprenderá
+un oficio y la servirá á usted de amparo. Las madres no tienen derecho
+á entregarse á la desesperación mientras sus hijos viven.
+
+De esta vez la mujer salió de su estupor; volvióse y clavó en mí sus
+ojos irritados y secos, de horrible párpado ensangrentado y colgante.
+Su mirada fija removía el alma. El niño, entretanto, se había
+despertado y estirado los bracitos, bostezando perezosamente. Y la
+mujer, agarrando á la criatura, la levantó en vilo y me la presentó.
+La luz del sol alumbraba de lleno su cara y sus pupilas, abiertas de
+par en par. Abiertas, pero blancas, cuajadas, inmóviles. El hijo de la
+abandonada era ciego.
+
+
+
+
+ ADRIANA
+
+
+Dejé caer el periódico, exclamando con sorpresa dolorosa:
+
+--¡Pero esa pobre Adriana! Morirse así, del corazón, casi de repente...
+¡Nadie estaba enterado que padeciese tal enfermedad!
+
+--Yo sí lo sabía--declaró el vizconde de Tresmes--, y aun sabía más:
+sabía cuándo y cómo adquirió el padecimiento, y es cosa curiosa.
+
+--Entérenos usted--suplicamos todos--. Y el vizconde, que rabiaba
+siempre por enterar, nos contó la historia siguiente:
+
+Adriana Carvajal, casada con Pedro Gomara, vivía dichosísima. Los
+esposos reunían cuanto se requiere para disfrutar la felicidad posible
+en el mundo: juventud y amor, salud y dinero, que son la salsa ó
+condimento de los dos primeros platos, sin él desabridos, amargos á
+veces. Faltábales, sin embargo, un heredero, un niño en quien mirarse;
+pero la suerte no había de mostrarse avara en esto, y les envió, por
+fin, el rapaz más lindo que pudo soñar la fantasía de una madre,
+apasionada y loca ya desde antes de la maternidad, como era Adriana.
+Al nacer el chico (á quien pusieron por nombre Ventura, en señal de
+la que les prometía su nacimiento) Adriana estuvo en grave peligro,
+y el doctor declaró que no volvería á tener sucesión. El delirio con
+que marido y mujer amaban á su Venturita, fué causa de que oyesen
+complacidos el vaticinio del doctor. ¡Un solo hijo, y todo para él!
+¡Adriana libre ya por siempre de riesgos y trabajos! Tanto mejor... y á
+vivir y á cuidar del retoño.
+
+Este se crió hermoso y lozano como una rosa. Yo, que no soy nada
+aficionado á chicos--advirtió sonriendo el vizconde de Tresmes--,
+confieso que aquél me hacía muchísima gracia. Aparte de su
+lindeza--parecía uno de los angelitos que pintaba Murillo, morenos y de
+pelo obscuro--, tenía un no sé qué simpático, una mezcla de inocencia y
+de picardía, una risa tan fresca, unas acciones tan imprevistas y tan
+originales, una precocidad--pero no de esas precocidades empalagosas
+de chiquillo sabio y serio, que me revientan, sino la precocidad de un
+diablillo con un ingenio celestial--, que, vamos, no había más remedio
+que llevarle juguetes y dulces, por el gusto de sentarle un rato sobre
+las rodillas.
+
+De la chifladura de sus padres sería inútil hablar, porque ustedes
+la adivinan. Estaban chochitos; no conocían otro Dios que el tal
+muñeco. Adriana no se había apartado un instante de su cuna, vigilando
+á la nodriza, arrebatándola el pequeño así que acababa de mamar,
+vistiéndole, desnudándole, bañándole y guardándole el sueño... Y así
+que empezó á interesarse por el mundo exterior, á tender las manitas
+y á pedir _tochas_, les faltó tiempo para darle cuanto deseaba y
+mil objetos más, que ni se le ocurrían ni podían ocurrírsele. La
+hermosa casa antigua con jardín que habitaban los Gomara se llenó
+de cachivaches. ¡Y bichos! El arca de Noé. Los caballos de cartón
+andaban mezclados con los pájaros vivos; sobre un ferrocarril mecánico
+veríais un pulcro galguito de carne y hueso; el coche tirado por
+carneros era abandonado por una gran caja dé soldados autómatas, que
+hacían el ejercicio... Crea usted que derrochaban dinero en semejantes
+chucherías, y yo le dije alguna vez á Adriana, porque tenía confianza
+con ella:
+
+--Hija, estáis malcriando á este pequeñín...
+
+--Déjale que se divierta ahora--me contestaba--; demasiado rabiará
+algún día... Ojalá pueda ofrecerle siempre lo que le haga dichoso.
+
+El repertorio de los juguetes y sorpresas se agota pronto, y no sabía
+ya Adriana qué nueva emoción dar á Ventura, cuando el cocinero de
+la casa, que había andado embarcado diez años y conservaba amigotes
+en todas las regiones del planeta, se descolgó un día regalando al
+chico un mono. Soy poco inteligente en Historia Natural, y no me
+pidan ustedes que clasifique la alimaña; sólo les diré que ni era de
+esos monazos indecorosos y feroces que nadie se atreve á tener en las
+casas, como el orangután, ni tampoco de esos titíes engurruminados
+y frioleros que se pasan la vida tiritando entre algodón en rama.
+Más bien era grande que pequeño; tenía el pelaje gris verdoso, y el
+hocico de un rojo mate, como el del hierro oxidado; se veía que estaba
+en la juventud y rebosando fuerza, y aunque goloso y travieso como
+toda la gente de su casta, no era maligno. Inteligente é imitador en
+grado sumo, no podía hacerse delante de él cosa que no parodiase, y su
+agilidad y presteza nos divertían muchísimo; era cosa de risa verle
+fingir que fregaba platos ó que rallaba pan en la cocina, y saltar
+sobre el lomo de los caballos para ayudar al lacayo en sus faenas de
+limpieza.
+
+Á pesar de la índole relativamente benigna del mono, su inquietud y su
+vivacidad obligaban á tenerle preso en una caseta con fuerte cadenilla,
+porque ya dos veces se había escapado á corretear por árboles y
+chimeneas; cuando se le soltaba había que vigilarle, y á Venturita,
+que acababa de cumplir los tres años y que idolatraba en el mono, era
+preciso guardarle también para que no desatase la cadenilla, pues lo
+hacía con habilidad singular.
+
+Una tarde que había yo almorzado en casa de Gomara y estábamos tomando
+café en un cenador del jardín--me acuerdo como si fuese ahora mismo,
+porque hay cosas que impresionan aunque uno no quiera--vimos cruzar
+como un rayo al mono; tan como un rayo, que más bien le adivinamos que
+le vimos. «Adiós, ya se ha escapado ese maldito de cocer», dijo Pedro
+Gomara levantándose; y Adriana, con sobresalto instintivo, lo primero
+que exclamó fué: «¿Dónde estará Ventura?». «Ése le habrá soltado, de
+fijo», respondió Pedro, que frunció el entrecejo ligeramente. En el
+mismo instante resonó un agudo chillido de mujer: un chillido que
+revelaba tal espanto, que nos heló la sangre; y voces de hombres,
+las voces de los criados que nos servían y que corrían hacia el
+cenador clamando con angustia: «señorito, señorito», nos obligaron á
+precipitarnos fuera. Adriana nos siguió sin decir palabra: un grupo
+formado por los sirvientes y la desesperada niñera nos rodeó, señalando
+hacia el tejado de la casa; y allí, al borde de la última hilera de
+tejas, sentado en el conducto de zinc que recogía las aguas de lluvia,
+estaba el mono con el niño en brazos.
+
+El padre, con ademanes de loco, iba á precipitarse al zaguán para subir
+á las buhardillas y salir al tejado; yo pedía ya una escalera para
+intentar el desatino de subir por ella á la formidable altura de tres
+pisos, cuando Adriana, muy pálida--¡qué palidez la suya, Dios!--y con
+los ojos fuera de las órbitas, nos contuvo, murmurando en voz sorda
+y cavernosa, una voz que sonaba como si pasase al través de trapos
+húmedos:
+
+--Por la Virgen... quietos... todos quietos... no se mueva nadie... Y
+silencio... no chillar... no chillar... hagan como yo... Quietos... si
+le asustamos le tira...
+
+Sentimos instantáneamente que tenía razón la madre, y quedamos lo
+mismo que estatuas. Era el mayor absurdo que intentásemos luchar
+en agilidad y en vigor, sobre un tejado, con un mono. Antes que nos
+acercásemos estaría al otro extremo del tejado, y el niño estrellado en
+el pavimento.
+
+Era preciso jugar aquella horrible partida: aguardar á que el mono,
+por su libre voluntad, se bajase con el niño. Yo miraba á Adriana;
+su palidez, por instantes, se convertía en un color azulado, pero
+no pestañeaba. El mono nos hacía gestos y muecas estrafalarias,
+apretando y zarandeando á su presa, y de improviso se oyó distintamente
+el llanto de la criatura, llanto amarguísimo, de terror; sin duda
+acababa de sentir que estaba en peligro, aunque no lo pudiese
+comprender claramente. La madre tembló con todo su cuerpo, y el padre,
+inclinándose hacia mí, sollozó estas palabras:
+
+--Tresmes, usted, que es buen tirador... Una bala en la cabeza... Voy
+por la carabina.
+
+Idea insensata, delirante, porque aun siendo yo un Guillermo Tell, al
+matar al mono hacíamos caer al niño; pero no tuve tiempo de negarme;
+intervino Adriana con un _no_ tan enérgico, que su marido se mordió los
+puños... Y la madre, terriblemente serena, añadió en seguida:
+
+--Si le miramos, nunca bajará... Hay que retirarse... Hay que
+esconderse; que no nos vea.
+
+Nos recogimos al cenador, desgarramos la pared de enredaderas, y desde
+allí, como se pudo, espiamos al enemigo. ¿Les estremece á ustedes
+la situación? ¡Pues estremézcanse más! Duró veinte minutos. Sí; los
+conté por mi reloj. En esos veinte minutos el mono depositó al niño
+en el tejado, le acarició como había visto hacer á la niñera, le
+obligó á pasear cogido de la mano, le aupó sobre la chimenea y le
+llevó á cuestas, á caballito--un sainete, que en otra ocasión nos
+haría desternillarnos.--Durante esos veinte minutos, Pedro anhelaba;
+á Adriana no se la oía ni respirar. Por fin el mono miró hacia abajo,
+hizo varios visajes, y cogiendo á Ventura, se descolgó rápidamente con
+su carga lo mismo que un funámbulo sin cuerda, al jardín... Entonces
+salimos con explosión todos--todos, menos la madre, que había caído
+redonda--y el animal, asustado, soltó al chico ileso y se refugió en su
+caseta...
+
+Aquella tarde Adriana sufrió dos sangrías, que no sacaron más que gotas
+negras--y desde entonces padeció del corazón--. Parecía que se había
+repuesto mucho en estos últimos años, pero ¡bah! la herida era mortal,
+y ella no lo ignoraba...
+
+--¿Y qué fué del mono?--preguntamos como chiquillos.
+
+--Tuve yo que pegarle el tiro... ¡Si viesen ustedes que me daba
+lástima!--repuso el vizconde.
+
+
+
+
+ VITORIO
+
+
+Sí, señores míos--dijo el viejo marqués, sorbiendo fina pulgarada
+de _cucarachero_, golpeando con las yemas de los dedos la cajita de
+concha, lo mismo que si la acariciase--. Yo fuí, no sólo amigo, sino
+defensor y encubridor de un capitán de gavilla. ¿No lo creen ustedes?
+¡Histórico, histórico! Á mi ladrón le ahorcaron en Lugo, y consta en
+autos.
+
+Lo que se ignoró siempre (los jueces, en ese punto, no consiguieron
+hacer ni tanto así de luz) es el verdadero nombre que llevaba el
+ladrón, allá en sus mocedades, antes de dedicarse á tan infamante
+oficio, cuando se educaba conmigo en el Colegio de Nobles de Monforte.
+Desde que se metió á capitán de forajidos, le conocieron por _Vitorio_:
+así le llamaremos: ¡líbreme Dios de echar baldón sobre una familia
+antigua é ilustre, y deshacer lo que el pobrecillo llevó á cabo con el
+valor que ustedes verán, si me atienden!
+
+Les aseguro que en el Colegio de Nobles no tuve compañero que me
+pareciese más simpático. De carácter vivo y vehemente, de inteligencia
+clara y feliz memoria, estudiaba con suma facilidad; los maestros
+estaban encantados de él. Al mismo tiempo, travesura que en el colegio
+se ejecutase, era sabido: ¿quién la discurrió? Vitorio. No sé qué
+maña se daba, que siempre era cabeza de motín, y todos nos poníamos
+á sus órdenes, reconociendo su iniciativa y su autoridad. Era en sus
+resoluciones tenacísimo y violento, pero pundonoroso hasta dejárselo de
+sobra, y, si alguien me dice entonces que Vitorio pararía en ladrón,
+creo que al tal le deshago yo la cara á bofetones.
+
+Como siempre fuí enclenque y enfermizo, Vitorio me había tomado bajo su
+protección, y más de una vez escarmentó á los colegiales que me jugaban
+pasaditas. Esto, y el ascendiente que ejercía por su manera de ser,
+hicieron que yo fuese consagrando á Vitorio apasionada adhesión.
+
+Un día recibió Vitorio cartas de su casa, y con ellas la amarguísima
+noticia de que su padre, que era viudo, se disponía á contraer segundas
+nupcias. El paroxismo de ira del muchacho, que adoraba en el recuerdo
+de su madre, fué tremebundo; espumaba de rabia, se retorcía, se quería
+romper la cabeza contra la pared del dormitorio. Le consolé lo mejor
+que supe, y, cuando ya le creía aplacado, he aquí que se levanta de
+noche y me propone que nos descolguemos por la ventana, atando las
+sábanas unas á otras, y que andando diez leguas, lleguemos á tiempo de
+impedir la boda de su padre. La fascinación de Vitorio era tal, que al
+pronto consentí en el absurdo proyecto, y si invencibles dificultades
+materiales no nos lo estorbasen, creo que lo realizamos.
+
+Poco tardé en salir del Colegio, y en bastantes años nada supe de
+Vitorio. Estudié Derecho en Compostela, me casé, enviudé, y, teniendo
+que arreglar cuestiones de intereses, me establecí en mi casa de aldea
+de los Adrales, situada entre Monforte y Lugo, en país montuoso.
+
+Hablábase mucho, en las veladas junto al fuego, de la gavilla que
+recorría aquellas inmediaciones, y de la original conducta de su jefe.
+Contábase que tenía prohibido matar y atormentar, á menos que le
+hiciesen resistencia; que jamás despojaba por completo una casa, sino
+que siempre cuidaba de dejar algún dinero á los robados, para que no
+careciesen de todo en los primeros instantes; que algunas veces sus
+robos llenaban el fin de reparar antojos de la suerte, pues daba al
+pobre lo del rico, al segundón lo del mayorazgo, al seminarista lo
+del racionero y al arrendatario lo del señor. Añadían que era galante
+con las damas, y que éstas, aunque robadas, no le querían mal, ni
+mucho menos. En resumen, la clásica silueta del _bandido generoso_; y
+si de Vitorio no hubiese más que decir, se podía ahorrar el relato ó
+sustituirlo por historias muy análogas, verbigracia, la de José María.
+
+Aun cuando yo, por precisión, guardaba en casa dinero (entonces no
+era tan fácil como hoy ponerlo á buen recaudo), y aunque no alardeo
+de valiente, ello es que las noticias referentes á la gavilla me
+alarmaron poco, y seguí cenando siempre con las ventanas abiertas--era
+muy calurosa la estación--y quedándome entretenido en leer hasta
+que me entraba sueño, sin pensar en cerrarlas. Una noche, estando
+bien descuidado, cátate, que, lo mismo que una bala, cae á mis pies
+un hombre, pálido, demacrado, con la ropa hecha trizas, y sin que
+yo tuviera tiempo á nada, exclama, cogiéndome de un hombro, en tono
+lastimero: «¡Sálvame, Jerónimo! Soy Fulano... tu compañero, tu antiguo
+amigo. Me persiguen. Mi vida está en tus manos».
+
+Le hice seña de que no temiese; corrí á atrancar la ventana con barra
+doble; cerré también las puertas, y tendí los brazos á Vitorio, porque
+ya le había reconocido. Aunque desfigurado y muy variado por la edad,
+reconstruí aquella cabeza hermosa, morena, de facciones tan delicadas y
+de tan viril expresión. No sin gran sorpresa mía, Vitorio se resistió
+á abrazarme, y murmuró fatigosamente: «Dame algo...; hace tres días
+que no pruebo alimento». Le serví de la cena que aún estaba allí
+sin recoger, y así que reparó sus fuerzas, me dijo: «No me abraces,
+Jerónimo. Soy el capitán de gavilla de quien tanto habrás oído, y por
+milagro no estoy en poder de los que quieren ahorcarme. Si me conservas
+algún cariño, ocúltame y déjame dormir; si no, échame, pero no digas á
+nadie cómo y dónde me conociste...».
+
+Existía en los Adrales un precioso escondrijo antiguo, una especie de
+desván practicado bajo otro desván, oculto por un segundo tabique, y
+con salida á una escalerilla recatada en el hueco de la pared, y que
+moría al pie del bosque. Allí metí á Vitorio, y aunque la fuerza que
+le perseguía rodeó mi casa, y aunque se la dejé registrar sin oponer
+reparo, no encontraron al fugitivo, ni era posible, á no estar en el
+secreto, que sólo sabíamos el mayordomo y yo. Conjurado el peligro,
+no quise que se alejase Vitorio hasta que descansó bien, se lavó, se
+afeitó, se vistió con ropa mía y tuvo en el cinto dos ricas pistolas
+inglesas y en la bolsa oro. No le pregunté palabra, no le dirigí
+observaciones ni le di consejos, y esta delicadeza fué, sin duda, la
+que le movió á decirme poco antes de marchar: «Jerónimo, ¿te acuerdas
+de la boda de mi padre y de aquel disparate que queríamos hacer en
+el colegio? Pues de no hacerlo vino mi perdición. Cuando llegué á mi
+casa, encontré dueña de ella á una madrastra que obligaba á mi hermana
+á que la sirviese, y que hasta la pegaba delante de mí, ¡delante de
+mí!,--tú me has conocido... Recordarás mi carácter... ¡Asómbrate! Yo,
+al pronto, supe reprimirme, y hablé á mi padre como un hombre habla á
+otro hombre. Le dije que quería llevarme á mi hermana, y que sólo le
+pedía algún auxilio en dinero para que ella no se muriese de hambre.
+Me contestó con desprecio, con enojo, y me ordenó que respetase á mi
+madrastra. Entonces, fuera de mí, le dije que mi madrastra no merecía
+respeto, y que se lo demostraría antes de un año. Y así fué, Jerónimo;
+á los pocos meses mi madrastra y yo... ¿Entiendes? ¡Me lo propuse y lo
+conseguí... lo conseguí! Por _aquello_, y no por _lo de ahora_, merezco
+que me cojan y me ahorquen... En fin, lo cierto es que mi padre no pudo
+dudar de su afrenta, y me echó de casa maldiciéndome, apaleándome y
+prohibiéndome que usase su nombre jamás. El resto ya lo sabes... Adiós;
+voy á reunirme con mi gente, que andará esparcida por la montaña».
+
+Desapareció, y supe que la gavilla se había retirado de aquellos
+contornos, metiéndose sierra adentro, por sitios casi inaccesibles.
+Dos años después del imprevisto lance, se habló mucho de un robo
+cometido por Vitorio en casa de un señor canónigo de Lugo. Consistía
+la originalidad en que el robo lo había realizado Vitorio solo, en
+una ciudad y á las doce del día. Hallábanse juntos el buen canónigo y
+cierto clérigo de misa y olla, jugando al tute, por más señas, cuando
+vieron entrar á un caballero apersonado y galán, que les saludó muy
+cortesmente. «Soy Vitoro»--dijo--«pero no se asusten ustedes, que no
+traigo ánimo de hacerles ningún mal. Entendámonos como se entiende
+la gente de buena educación; vengo por los cinco mil duros en onzas
+de oro que el señor canónigo guarda ahí, debajo de esa arquilla; con
+levantar un ladrillo numerado, aparecerá el escondrijo». «¡Cinco
+mil duros!» gritó el canónigo más muerto que vivo. «Pero, señor de
+Vitorio, ¡si jamás he poseído esa suma!». Y el clérigo, oficiosamente,
+exclamaba: «Ea, señor canónigo, no haya más; dé usted al señor de
+Vitorio esos cuartos, siquiera por la gracia, y la amabilidad con que
+los pide». «Déselos usted si los tiene, y no disponga de caudales
+ajenos», replicaba afligido el canónigo. Y Vitorio, siempre afable,
+añadía:--«Bien dice el señor canónigo; este cura, mientras le aconseja
+á usted que se desprenda de tan gruesa suma, se está escondiendo en
+la pretina una tabaquera de plata, como si Vitorio fuese algún ratero
+que cogiese porquerías semejantes. Pero señor canónigo, yo sé que
+los cinco mil duros ahí están; yo me veo en un grave apuro (que si
+no, no molestaría á persona tan respetable como usted). Buen ánimo;
+si puedo, he de restituírselos». Y con gallardo ademán entreabrió su
+abrigo, viéndose relucir la culata de unas pistolas (quizá las mías).
+El trémulo canónigo y el abochornado clérigo alzaron el ladrillo y
+entregaron á Vitorio los talegones. El forajido se inclinó, hizo
+mil cortesías, y los dos hombres, que con un grito hubieran podido
+perderle, se quedaron más de diez minutos sin habla, mientras él,
+tranquilamente, bajaba las escaleras.
+
+Sin embargo, el clérigo, que era sañudo y rencoroso, la tuvo guardada,
+como suele decirse. Un día de feria, saliendo de la catedral, creyó
+reconocer á Vitorio en un aldeano que llevaba á vender una pareja de
+bueyes, y le siguió con cautela. Notó que el aldeano tenía las manos
+blancas y finas, y corrió á delatarle. Hizo rodear la taberna donde
+había observado que entraba, y así cogieron en la ratonera al célebre
+capitán, á quien ya sin esperanzas de alcanzarle perseguían por montes
+y breñas.
+
+La causa de Vitorio tardó mucho en fallarse. Se susurraba que, por ser
+de muy esclarecida y calificada familia, no se atrevían los jueces á
+mandarle ahorcar, y que si revelaba su verdadero nombre, se le dejaría
+evadirse ó le indultaría la reina. Yo me encontraba entonces lejos de
+mi país, y las noticias en aquel tiempo no volaban como ahora. Por
+casualidad llegué á Lugo el mismo día en que pusieron en capilla á
+Vitorio. Corrí á verle, afectadísimo. Habíanme asegurado que la noche
+anterior una dama muy tapada, penetrando en la prisión, habló largo
+tiempo con Vitorio, y sospechando amoríos, compromisos, lazos que
+quedaban en el mundo, pregunté á mi antiguo compañero si tenía algo
+que encargarme para alguna mujer. «No, respondió sonriendo con calma;
+no tengo á nadie que me llore; la señora que estuvo á verme ocultando
+el rostro es mi hermana, á quien he prometido solemnemente dejarme
+ahorcar, sin que me arranquen mi nombre de familia. Y éste es el único
+favor que te pido, Jerónimo; ¡que nadie, nadie sepa nunca!... No he de
+deshonrar á mi padre dos veces».
+
+En efecto, Vitorio murió callando; el clérigo de la tabaquera de plata
+acudió á presenciar cómo perneaba en la horca; pero el señor canónigo,
+que no podía olvidar los finos modales con que le habían quitado sus
+cinco mil duros, aplicó muchas misas por el alma del infeliz.
+
+
+
+
+ LAS DESNUDADAS
+
+
+Una tarde gris, en el campo, mientras las primeras hojas que arranca
+el vendaval de otoño caían blandamente á nuestros pies, recuerdo que,
+predispuestos á la melancolía y á la meditación por este espectáculo,
+hablamos de la fatalidad, y hubo quien defendió el irresistible influjo
+de las circunstancias y de fuerzas externas sobre el alma humana, y
+nos comparó á nosotros, depositarios de un destello de la Divinidad,
+con la piedra que, impelida por leyes mecánicas, va derecha al abismo.
+Pero Lucio Sagris, el constante abogado de la espiritualidad y del
+libre albeldrío, protestó, y después de lucirse con una disertación
+brillante, anunció que, para demostrar lo absurdo de las teorías
+fatalistas, iba á referirnos una historia muy negra, por la cual
+veríamos que, bajo la influencia de un mismo terrible suceso, cada
+espíritu conserva su espontaneidad y escoge, mediante su iniciativa
+propia, el camino--, bueno ó malo, que en esto precisamente estriba la
+libertad.
+
+Pertenece mi historia--añadió--, á un cruento período de nuestras
+luchas civiles, después de la revolución de 1868; y evoca la siniestra
+figura de uno de esos hombres en quienes la inevitable crueldad
+y fiereza del guerrillero se exaspera al sentir en derredor la
+hostilidad y la enemiga de un país donde todos le aborrecen: hablo
+del contraguerrillero, tipo digno de estudio, que mueve á piedad y á
+horror. Mientras el guerrillero, bien acogido en pueblos y aldeas,
+encontraba raciones para su partida y confidencias para huir de la
+tropa ó sorprenderla descuidada, el contraguerrillero, recibido como
+un perro, sólo por el terror conseguía imponerse; siempre le acechaban
+la traición y la delación; siempre oía en la sombra el resuello del
+odio. En guerras tales, el país está de parte de los guerrilleros;
+ó, por mejor decir, las guerrillas son el país alzado en armas, y el
+contraguerrillero es el Judas contra el cual todo parece lícito, y
+hasta loable.
+
+Ahora, pues, el contraguerrillero de mi historia--supongamos que se
+llamaba el _Manco de Alzaur_--, había conseguido realizar el triste
+ideal de esta clase de héroes; al oir su nombre, persignábanse las
+mujeres y rompían á llorar los chicos. Interpelado el Gobierno en pleno
+Parlamento acerca de algunas atrocidades de aquel tigre, protestó de
+que eran falsas, y que, si fuesen verdad, recibirían condigno castigo;
+pero, realmente, las instrucciones secretas dadas al general encargado
+de pacificar el territorio en que funcionaba la contraguerrilla del
+_Manco_, encerraban la cláusula de dejarle terrorizar á su gusto,
+y cuanto más, mejor. Sin embargo, el general, á quien repugnaban
+y estremecían ciertos actos de barbarie, y que además tenía hijas
+y era padre tiernísimo, solía encargar mucho al contraguerrillero
+que, al menos, no se oprimiese violentamente á las mujeres; y el
+_Manco_ se comprometió á ello, jurando que si alguno de su partida
+incurría en tal delito, le cortaría inmediatamente las dos orejas.
+Los contraguerrilleros, que conocían las malas pulgas de su jefe, se
+guardaban bien de contravenir á lo mandado.
+
+Si en alguna ocasión lamentó el _Manco_ haber empeñado su formidable
+palabra al general, fué el día en que, evacuado por las fuerzas de
+Radica y Ollo el pueblo de Urdazpi, penetró la contraguerrilla en este
+foco del carlismo. Es de saber que el párroco de Urdazpi se encontraba
+desde hacía año y medio al frente de una partidilla, tan escasa en
+número como resuelta y hazañosa, y más de diez veces había puesto la
+ceniza en la frente al _Manco_, yéndole á los alcances, batiéndole,
+cogiéndole prisioneros y dispersando á su gente, con harto corrimiento
+y rabia del contraguerrillero. El odio al cura de Urdazpi era ya
+como un frenesí en el _Manco_, y en Urdazpi vivían cinco lindas y
+honestas muchachas, carlistas y devotas, sobrinas del párroco faccioso,
+hijas de su única hermana, fusilada por los liberales en la anterior
+guerra. Cuando trajeron ante el _Manco_, amarillas cual la muerte
+y tan sobrecogidas que ni podían llorar, á las cinco infelices, se
+alzó un tumulto en el alma feroz del contraguerrillero; la promesa
+al general combatía los ímpetus salvajes de un corazón sediento de
+venganza, la venganza inicua de ensañarse en la familia de su enemigo,
+y devolvérsela vilipendiada y manchada, como se devuelve un trapo
+que ha limpiado el suelo de la cámara donde se celebra orgía impura.
+Meditó un instante, frunciendo las hirsutas cejas, bajo las cuales
+escandecían dos ojos de brasa; de pronto, una sonrisa feroz dilató su
+boca; había encontrado el medio de no faltar á su palabra, y al mismo
+tiempo de mancillar al cura en la persona de sus sobrinas. Dió en
+vascuence una orden terminente, y poco después las cinco doncellas,
+enteramente despojadas de sus ropas, eran paseadas y empujadas al
+través de las calles del pueblo, entre rechifla, denuestos, golpes y
+groseros equívocos de los inhumanos que las rodeaban, ebrios de vino
+y de sangre. El _Manco_ había anunciado que sería reo de pena capital
+cualquiera de sus contraguerrilleros que no se limitase á mofarse de
+la desnudez de aquellas desdichadas vírgenes, las cuales, estúpidas
+de vergüenza, intentando velarse el rostro con el pelo, echándose por
+tierra para que el fango de las calles las sirviese de vestido, pedían
+con llanto entrecortado y desgarrador que las devolviesen su ropa y las
+fusilasen pronto; y al verlas como estatuas de dolorido é injuriado
+mármol, el _Manco_ en persona, ó satisfecho ó ablandado ya, escupió
+á los desnudos y mórbidos hombros de la más joven, y dijo con bestial
+risa:
+
+--Ahora, ya pueden volverse á su madriguera estas carcundas.
+
+Considerar el estado de ánimo de las sobrinas del cura después
+del afrentoso suplicio, es como si nos asomásemos á un abismo de
+desesperación. Nótese que eran mujeres de intachable conducta, de grave
+recato, de profunda religiosidad, más bien exaltada; que las respetaban
+en el pueblo por honradas y las celebraban por hermosas; que á pesar
+de su fe no tenían vocación monástica, y entre los mozos incorporados
+á la partida del cura, más de uno rondaba sus ventanas y pensaba en
+bodas á la conclusión de la guerra. Pero después del horrible atropello
+del _Manco_, para las sobrinas del párroco de Urdazpi se había cerrado
+el horizonte, se habían acabado las perspectivas de la vida y del
+mundo. La gente, al hablar de ellas, sólo las llamaba _las desnudadas_,
+y este apodo infamante era como inmensa mancha extendida sobre su
+piel, quemada por tantos impuros ojos. Abrumadas bajo la carga de la
+desventura, permanecían recluidas en casa, sin asomarse á la ventana
+siquiera, sin salir ni á la iglesia: ¡la iglesia, que es el refugio de
+todos los dolores! Como si estuviesen contaminadas de lepra, como á
+los lazarados que la Edad Media aislaba, les traía una amiga, movida á
+compasión, lo necesario para su sustento, y se lo dejaba en el portal,
+en un cesto, diariamente, pues ni aun de ella consentían ser vistas y
+habladas. Así vivieron un año...
+
+--Pues por ahora--dijimos á Lucio Sagris interrumpiéndole--su historia
+de usted demuestra que sometidas á unas mismas circunstancias, las
+cinco sobrinas del cura de Urdazpi adoptaron un género de vida
+absolutamente idéntico.
+
+--¡Aguarden, aguarden!--clamó Lucio--. No se ha concluido el episodio.
+Al año, la consabida amiga avisó para el entierro de una de las
+sobrinas, la menor: aquélla á cuyos cándidos hombros desnudos había
+escupido el _Manco_. Enferma de tristeza desde el día de su desgracia,
+había ocultado su padecimiento por no ver al médico, ó más bien porque
+el médico no la viese; y la primer salida de _la desnudada_ fué con los
+pies para adelante, camino del cementerio. Pocos días después dejó la
+casa otra _desnudada_, la mayor: hizo su viaje de noche, con la cara
+envuelta en tupido velo, y apareció en Vitoria, en la casa matriz de
+las religiosas de una orden que tiene por misión asistir á los enfermos
+y amparar á los niños abandonados.
+
+Quedaban solamente en Urdazpi tres de las sobrinas del cura; pero de
+allí á medio año escapáronse juntas dos de ellas, y se incorporaron á
+la partida, que por entonces recorría las cercanías en triunfo. Una
+de las muchachas tuvo ocasión de pelear como un hombre, con denuedo
+rabioso, contra las tropas liberales, hasta que una bala le atravesó el
+fémur y pereció desangrada; en cuanto á la otra...
+
+--¿Murió también?--preguntamos.
+
+--Peor que si muriese--contestó melancólicamente el narrador.--No
+sé qué será de ella; rodará por Bilbao; es lo probable. Ésa no supo
+comprender que por mucho que desnuden el cuerpo, el pudor y el decoro
+sólo se pierden cuando se desnuda el alma.
+
+--¿Y la quinta sobrina del cura de Urdazpi?
+
+--¡Ah! Ésa vive hoy al lado de su tío, que se acogió á indulto al
+terminar la guerra civil. Humilde y resignada, ya madura, atendiendo á
+sus labores domésticas y á sus devociones, no parece recordar que en
+algún tiempo quiso vivir apartada de sus semejantes... Y en el pueblo
+la respetan, ¡vaya si la respetan! Á pesar de que no puede olvidarse la
+espantosa acción del _Manco_, nadie se atrevería á llamarla _desnudada_
+en alta voz.
+
+
+
+
+ SEMILLA HEROICA
+
+
+Si la santidad de la causa es la que hace al mártir, lo mismo podremos
+decir del héroe--declaró Méndez Relosa, el joven médico que desde un
+rincón de provincia empezaba á conquistar fama envidiable.--Sólo es
+héroe el que se inmola á algo grande y noble. Por eso aquel pobre
+arrapiezo, á quien asistí y que tanto me conmovió, no merece el nombre
+de héroe. Á lo sumo fué una semilla que, plantada en buena tierra,
+germinaría y produciría heroísmo...
+
+--Con todo--objeté--si respecto al mártir las enseñanzas de la Iglesia
+nos sacan de dudas, sobre el héroe cabe discutir. El concepto del
+heroísmo varía en cada época y en cada pueblo. Acciones fueron heroicas
+para los antiguos, que hoy llamaríamos estúpidas y bárbaras. Hasta que
+los ingleses lo prohibieron, en la India se creía--y se creerá aún, es
+lo probable--que constituye un rasgo sublime, edificante, gratísimo
+al cielo, el que una mujer se achicharre viva sobre el cadáver de su
+marido.
+
+--No niego--declaró Méndez--que la gente llama heroísmo á lo que
+realiza su ideal, y que el ideal de unos puede ser hasta abominable
+para otros. El embrión de héroe cuya sencilla historia contaré, estuvo
+al diapasón de ciertos sentimientos arraigados en nuestra raza. Lo que
+le causó esa efervescencia que hace despreciar la muerte, fué _algo_
+que embriaga siempre al pueblo español. Lo único que revela que el
+ideal á que aludo es un ideal inferior, por decirlo así, es que para
+sus héroes, aclamados y adorados en vida, no hay posteridad; no se les
+elevan monumentos, no se ensalza su memoria...
+
+--Las plazas de toros--continuó después de una breve pausa--han
+cundido tanto en el período de reacción que siguió á la revolución de
+septiembre, que hasta nuestra buena ciudad de H*** se permitió el lujo
+de construir la suya,--á la malicia, de madera, pero vistosa.--Cuando
+se anunció que el célebre _Moñitos_, con su cuadrilla, estrenaría
+la Plaza durante las fiestas de nuestra patrona la Virgen del Mar,
+despertóse en H*** más que entusiasmo, delirio. No se habló de otra
+cosa desde un mes antes; y al llegar la gente torera, nos dió--no me
+exceptúo--por jalearla, obsequiarla, convidarla y traerla en palmitas
+desde la mañana hasta la noche. Les abrimos cuenta en el café, les
+abrumamos á cigarros y les inundamos de jerez y manzanilla. Nos
+cautivaba su trato franco y gravemente afable, aunque tosco; nos hacía
+gracia su ingenuidad infantil, su calma moruna, aquel fatalismo que
+les permitía arrostrar el peligro impávidos, y, en suma, aquel estilo
+plebeyo, pero castizo, de grato sabor nacional. En pocos días cobramos
+afición á unos hombres tan desprendidos y caritativos, valientes
+hasta la temeridad y nunca fanfarrones, creyendo descubrir en ellos
+cualidades que atraían y justificaban la simpatía con que en todas
+partes son acogidos.
+
+Yo me aficioné especialmente á un mocito como de quince años, pálido,
+desmedrado, nervioso, que atendía por el alias de _Cominiyo_. Venía la
+criatura con los toreros en calidad de _mono sabio_, y era la perla de
+su oficio: un chulapillo vivo y ágil como un tití, que parecía volar.
+Desde la primera de las cuatro corridas de aquella temporada en H***,
+_Cominiyo_ llamó la atención y se ganó una especie de popularidad por
+su arrojo, su agilidad de tigre, sus gestos cómicos y su oportunidad
+en acudir adonde hacía falta. La parte que representaba _Cominiyo_ en
+el drama desarrollado en el redondel era bien insignificante; pero
+él se ingeniaba para realzar un papel tan secundario, y cuando de
+los tendidos brotaban frases de elogio para el rapaz, sus macilentas
+mejillas se iluminaban con pasajero rubor de orgullo, y sus ojos
+negros, ricamente guarnecidos de sedosas pestañas, irradiaban triunfal
+lumbre.
+
+_Cominiyo_ me había confiado sus secretas ambiciones. Como el poeta de
+bohardilla sueña la coronación en el Capitolio; como el recluta sueña
+los tres entorchados; como obscuro escribiente la poltrona, _Cominiyo_
+soñaba ser picador. En vez de ir á las ancas del caballo, quería ir
+delante, luciendo la fastuosa chaquetilla de doradas hombreras, el
+ancho sombrerón de fieltro, los calzones de ante, el rígido atavío de
+esos hombres curtidos y recios, de piel de badana, en que no hacen
+mella los batacazos. Pero, ¿cuándo lograría _Cominiyo_ ascender tan
+alto? Probablemente así que hubiese demostrado de una manera indudable
+su gran corazón; así que hiciese «una hombrá». Y dispuesto estaba á
+hacerla á cualquier hora, y más que dispuesto deseoso, que el valor
+pide ocasión y tiempo.
+
+En la cuarta corrida presentóse la ocasión tan anhelada, y por cierto
+que con trágico aparato. El tercer toro, hermoso bicho, de gran poder,
+dió un juego tal desde que salió á la plaza, que llegó á causar cierto
+pánico: como aquél pocos. Después de destripar por los aires á dos
+caballos, la emprendió con el que montaba el picador Bayeta, y en un
+santiamén dejó al jinete aplastado bajo la cabalgadura, en la cual se
+ensañó y cebó furioso. Crítica era la situación del picador: el peso
+del jaco le asfixiaba, y si se rebullese, con él la emprendería el
+toro. En vano la cuadrilla, á capotazos, quería engañar y distraer á la
+fiera, y Bayeta, ahogándose, asomaba la cabeza por detrás del espinazo
+del jaco moribundo. Ya el toro se lanzaba hacia la nueva presa, y ya
+el picador se veía recogido y despedido hasta las nubes, cuando una
+figurilla menuda apareció firmemente plantada sobre el vientre del
+tendido caballo, y, retando al toro con temeraria bizarría, le hirió
+repetidas veces con la mano en el inflamado morro y hasta osó juguetear
+con los agudos cuernos... mientras salvaban al picador. _Cominiyo_,
+que realizada la proeza intentaba salir escapado, saltó hacia atrás,
+resbaló en la viscosa sangre, un charco rojo que el caballo había
+soltado de los pulmones, y el toro le pilló allí mismo, contra las
+tablas, y le enganchó y levantó en alto y le dejó caer inerte.
+
+Corrí á la enfermería y reconocí la herida del muchacho, comprobando
+una cosa horrible que, á pesar de la impasibilidad profesional, me
+causó grima. El toro había cogido á _Cominiyo_ por la espalda, en la
+región lumbar; sin duda la fiera tenía astillado el cuerno, y en la
+astilla sacó un jirón del hígado, una sangrienta piltrafa. _Cominiyo_
+no tenía salvación, y su lucha con la muerte, sostenida por la juventud
+y la índole de la misma lesión, fué larga y cruel. Ocho días le
+devoró la fiebre inflamatoria, y como él ignoraba la gravedad de la
+herida, se agitaba en un frenesí de alegres esperanzas y de ambiciosas
+aspiraciones. La ovación tributada á su hazaña le tenía borracho de
+gozo, y me decía entusiasmado, mientras yo trataba de calmar sus
+dolores, que eran atroces, sobre todo al principio:
+
+--Me he portao como los hombres. Digasté, ¿seré picador?
+
+El día en que le acompañamos al cementerio, yo, al ver que le echaban
+encima la húmeda tierra, pensé mucho sobre el heroísmo. Sería una
+irrisión plantar laureles en la sepultura del rapaz... y, sin embargo,
+á mí me parecía que de la misma madera del alma de _Cominiyo_ están
+hechas las almas de algunos que podrían reclamar la sombra del árbol
+sagrado para su tumba.
+
+Mientras regresábamos comentando la suerte del atrevido mono sabio, yo
+recordaba una copla popular:
+
+ Hasta la leña en el monte
+ tiene su separación:
+ una sirve para santos,
+ otra para hacer carbón.
+
+
+
+
+ JUSTICIERO
+
+
+De vuelta del viaje, acababa el _Verdello_ de despachar la cena, regada
+con abundantes tragos del mejor Avia, cuando llamaron á la puerta de la
+cocina y se levantó á abrir la vieja, que, al ver á su nieto, soltó un
+chillido de gozo.
+
+En cambio, _Verdello_, el padre, se quedó sorprendido, y, arrugando el
+entrecejo severamente, esperó á que el muchacho se explicase. ¿Cómo se
+aparecía así, á tales horas de la noche, sin haber avisado, sin más ni
+más? ¿Cómo abandonaba, y no en víspera de día festivo, su obligación en
+Auriabella, la tienda de paños y lanería, donde era dependiente, para
+presentarse en Avia con cara compungida, que no auguraba nada bueno?
+¿Qué cara era aquélla, rayo? Y el _Verdello_, hinchando de cólera su
+cuello de toro, iba á interpelar rudamente al chico, si no se interpone
+la abuela, besuqueando al recién venido y ofreciéndole un plato de
+guiso de bacalao con patatas, oloroso y todavía caliente.
+
+El muchacho se sentó á la mesa frente á su padre. Engullía de un modo
+maquinal: conocíase que traía hambre, el desfallecimiento físico de
+la caminata á pie, en un día frío de enero; al empezar á tragar daba
+diente con diente, y el castañeteo era más sonoro contra el vidrio del
+vaso donde el vino rojeaba. El padre, picando una tagarnina con la
+uña de luto, dejaba al rapaz reparar sus fuerzas. Que comiese... que
+comiese... Ya llegaría la hora de las preguntas.
+
+No tenía otro hijo varón; una hija, ya talluda, se había casado allá en
+Meirelle ¡lejos! Este chico, Leandro, endeble nació y endeble se crió.
+Al cabo, fruto de una madre tísica. Para proporcionarles bienestar á
+la madre y al hijo, el _Verdello_ trajinaba día y noche por anchas
+carreteras y senderos impracticables, ejercitando con ardor su tráfico
+de arriería, comprando en las bodegas de los señores cosecheros y
+revendiendo en figones y tabernas el rico zumo de las vides avienses.
+Vino que catase y adquiriese el _Verdello_, vino era ¡voto al rayo!
+y vino de recibo en color y sabor. No necesitaba el arriero, para
+apreciar la calidad del líquido, beber de él: se desdeñaría de hacer
+tal cosa. Le bastaba, estando en ayunas, echar dos ó tres gotas en la
+punta de la lengua, esto para el sabor: y para el color, otras tantas
+en la manga de la camisa, arremangada sobre el fornido brazo. Tal
+mancha, tal calidad. Y allí quedaban las manchas color de violeta,
+como armas parlantes de la arriería. El _Verdello_ podía decir, con
+sólo mirar á las manchas, qué bodegas del Avia daban el vino más
+honradamente moro.
+
+¡Buen oficio el de arriero! ¡Buen oficio para el hombre que gasta pelos
+en el corazón, que de nada se asusta y se lleva en el cinto sus cuatro
+docenas de onzas, ó, ahora que no hay onzas, su fajo de billetes de á
+cien, y como seguro de las onzas y los billetes, en un bolsillo del
+chaquetón el revólver cargado, y en el otro la navaja, amén de la vara
+de aguijón con puño y á veces la escopeta de tirar á las perdices en
+tiempo de vacaciones! Porque hay sitios de la carretera que se pueden
+pasar durmiendo; pero los hay que es poco rezar el Credo, y conviene
+estar dispuesto á santiguar á tiros á los bromistas. Ya se habían
+querido divertir con _Verdello_, y un corte de hoz y dos abolladuras de
+estacazo tenía en la cabeza; pero llevó qué contar el gracioso. Mejor
+dicho, no lo contó más que una semana.
+
+Y sólo un _Verdello_ es capaz de andar siempre atravesado por los
+caminos, sin parar y aguantando heladas, lluvias y calores. Así es que
+no quiso que Leandro siguiera el perro oficio. El muchacho estaría
+mejor á la sombra, bajo tejas, abrigado y comiendo á sus horas. Y así
+que cumplió los trece años, le colocó en una tienda de Auriabella, una
+casa muy decente. Al despedirse del chico con efusión de cariño brusco
+y bárbaro, medio á pescozones, el padre le leyó la cartilla: «Aquí se
+cumple... Aquí el hombre se porta, y si no, ojo conmigo... Honradez...
+Trabajar... Como te descuides en lo menor, ya puedes prepararte,
+¡rayo!».
+
+No hubo necesidad de desplegar rigor. El principal de Leandro escribía
+satisfecho. Era listo el chiquillo, sabía despachar, complacer, y
+ascendía poco á poco desde la escoba de barrer la tienda y las cabezas
+de cardo de alzar el pelo á los paños, al libro de contabilidad. Con
+el tiempo vendría á ser el alma del establecimiento. La mujer del
+_Verdello_, devorada por la consunción, murió tranquila respecto al
+porvenir de su hijo, viéndole ya en su fantasía tendero acomodado,
+grueso, tranquilo, de levita los domingos y en el bolsillo del chaleco
+su buen reloj de oro.
+
+Viudo, sin más compañía que la vieja, el _Verdello_, aunque robusto y
+atlético, no pensaba en volver á casarse. Que se casase el rapaz, que
+ya tenía sus diecinueve años. Alusiones y reticencias del principal
+habían puesto al padre en sospechas de que Leandro andaba en pasos algo
+libres. ¡Cosas de la edad! Que no le distrajesen de la obligación... y
+lo demás no importa. ¿Á qué venía el ceño del patrón, cuando reconocía
+que el chico no faltaba de su sitio nunca, y ni el mostrador ni la
+caja quedaban desamparados ni un minuto? ¿Pues acaso él, el propio
+_Verdello_, si rodaba por mesones y tugurios de ciudades, no tenía sus
+desahogos, sin otras consecuencias? ¡Bah! Un hombre es un hombre... y
+con más motivo, un rapaz.
+
+Sin embargo, al verle llegar así, á horas impensadas, cabizbajo,
+desencajado, el padre sintió allá dentro algo cortante y frío, como
+el golpe de un puñal. ¿Qué sucedía? ¿Qué embuchado era aquél, demonio?
+Y la mirada de sus pupilas fieras se clavaba en Leandro, queriendo
+encontrar otras pupilas que rastreaban por el plato, mientras los
+blancos dientes seguían castañeteando, ó de miedo ó de frío...
+
+Acabóse la cena y salió abuela á preparar la cama, á rebuscar un jergón
+y una manta, proyectando la añadidura de sus refajos colorados, ¡helaba
+tanto aquella noche--! y sólo ya el padre con el hijo, salió disparada
+la pregunta.
+
+--¿Tú qué hiciste? ¡Rayo! ¿Tú qué hiciste? Sin mentir...
+
+Como el muchacho callase, dando mayores señales de abatimiento, el
+_Verdello_ pateó, y en un arranque, soltó la bomba:
+
+--¡Tú has robado! ¡Tú has robado!
+
+Con inmensa angustia, con movimiento infantil, Leandro quiso echarse
+en brazos del padre; pero éste le rechazó de un modo instintivo y
+violento, lanzándole contra la pared. El muchacho rompió á sollozar,
+mientras el arriero, entre juramentos y blasfemias, repetía:
+
+--¡Has robado... cochino! Robaste la caja, robaste á tu principal...
+¡Para pintureros vicios! Y ahora lloras... ¡Rayo de Judas! ¡Me...!
+
+Echaba espuma por la boca, braceaba, cerraba los puños... De repente
+se aquietó. Para quien le conociese, era aquella quietud muy mala
+señal. Callado, derecho en medio de la cocina, alumbrado por el
+hediendo quinqué de petróleo y las llamas del hogar, parecía una
+grosera estatua de barro pintado, con trágicos rasgos en el rostro,
+donde se traslucían los negros pensares. ¡Tener un ladrón en casa!
+Él, el _Verdello_, había sido toda la vida hombre de bien á carta
+cabal: su palabra valía oro, sus tratos no necesitaban papel sellado,
+ni señal siquiera. Palabra dicha, palabra cumplida. En las bodegas y
+las tabernas ya conocían al _Verdello_. Traficar y ganar; pero con
+vergüenza, sin la indecencia de quitar un ochavo á nadie... ¿Quién se
+fiaría ya del padre de un ladrón? ¡Rayos! Y con desdén glacial, como si
+escupiese un resto de colilla, arrojó al rostro del muchacho la frase:
+
+--El robar no te viene de casta.
+
+No hubo más respuesta que sollozos, y el padre añadió con la misma
+frialdad:
+
+--¿Cuánto cogiste? Porque mañana temprano salgo yo á devolverlo.
+
+Alentó algo el culpable, y tratando de asegurar la voz, murmuró
+débilmente y entre hipos:
+
+--Ciento noventa y siete pesos y dos reales...
+
+No pestañeó el arriero. Podía pagar. Se quedaba sin economías, pero...
+¡Dios delante! Eso, en comparanza de otras cosas... Mientras echaba
+sus cuentas, con la mano derecha se registraba faja y bolsos, sin duda
+requisando el capital que guardaba allí, fruto de las ventas realizadas
+en Cebre y en Parmonde... Acabado el registro, se volvió hacia el
+muchacho, y señaló á la puerta trasera de la cocina:
+
+--Anda ahí fuera. ¡Listo!
+
+¿Fuera? ¿Á qué? No servía replicar. Leandro obedeció. ¡Qué bocanada
+de hielo al entrar en la corraliza! La noche era de las de órdago: las
+estrellas competían en brillar en el cielo, la escarcha en el suelo,
+y el pilón del lavadero se acaramelaba en la superficie. El mastín
+de guarda ladró al divisar á los dos hombres; pero su fiel memoria
+afectiva le iluminó al instante, y loco de alegría se arrojó á Leandro,
+apoyándole en el pecho las patas. Y cuando padre é hijo pasaron el
+portón de la corraliza, el can echó detrás, meneando todavía la cola,
+brincando de gozo. Anduvieron por sembrados y maizales cosa de un
+cuarto de hora, hasta que el _Verdello_ hizo alto al pie de las tapias
+de un huerto, derruidas ellas y abandonado él. Y empujando al muchacho,
+le arrimó al tapial, y se colocó enfrente, ya empuñado el revólver.
+
+Leandro se desvió con un salto rápido, de instinto animal. Comprendía,
+y su juventud, la savia de los veinte años, protestaba sublevándose.
+¡No, morir no! Quiso correr, huir á campo traviesa. Y aquel temblor
+de antes, el de los dientes, el de las manos, descendió á sus piernas
+flacuchas de mozo enviciado en mujerzuelas, y le doblegó, y le hizo
+caer postrado, medio de rodillas, balbuceando:
+
+--¡Perdón! ¡Perdón!
+
+El padre se acercó; vió á la semiclaridad de los astros dos ojos
+dilatados por el terror, que imploraban... é hizo fuego, justamente
+allí, entre los dos ojos, cuya última mirada de súplica se le quedó
+presente, imborrable. Cayó el cuerpo boca abajo, y el golpe sordo y
+mate contra la tierra endurecida por la helada sonó extrañamente; el
+perro exhaló un largo aullido, y el arriero se inclinó; ya no respiraba
+aquella mala semilla.
+
+
+
+
+ ELECCIÓN
+
+
+Lentamente iba subiendo la cuesta el carro vacío, de retorno, y sus
+ruedas producían ese chirrido estridente y prolongado que no carece
+de un encanto melancólico cuando se oye á lo lejos. Para el labriego,
+es causa de engreimiento la agria queja del carro--pero esta vez, en
+el corazón de Telme, resonaba con honda tristeza--. Á cada áspero
+gemido sangraba una fibra. Tranquilos en su vigor, los bueyes pujaban,
+venciendo el repecho; la querencia les decía que por allí iban
+derechos al brazado de hierba, acabado de apañar. Sus hocicos babosos,
+recalentados por la caminata, se estremecían aspirando la brisa del
+anochecer, en que flotaba el delicioso perfume de la pradería.
+
+Á la puerta de la casucha esperaba la mujer de Telme, la tía Pilara,
+seca, negruzca, desfigurada, más que por la maternidad y los años, por
+las rudas faenas campestres. Ayudó Pilara á su marido á desuncir el
+carro, y mientras él encendía un cigarrillo, acomodó los bueyes en
+el establo, separado por un tabique del _leito_ conyugal. No cruzaron
+palabra. No era que no se quisieran; al contrario, queríanse bien
+aquellos dos seres, á su modo; sino que el labriego es lacónico de
+suyo, y la absoluta comunidad de intereses hace entenderse sin gastar
+saliva. La actitud de Telme y su gesto decían á Pilara cuanto la
+importaba saber. El hijo había salido útil, según el reconocimiento...
+y por ende ya era _del rey_; era soldado.
+
+Con un nudo á la garganta, con escozor en los párpados, dispuso Pilara
+la cena, colocando sobre la artesa las dos escudillas de humeante
+caldo _de pote_. Las despacharon, y, ahorrando luz, se acostaron al
+punto. Oíase el rumiar de los bueyes, moliendo la hierba jugosa, y
+no se oía á marido y mujer rumiar la pena, atravesada en el gaznate.
+Dieron vueltas. Suspiró Pilara; Telme gruñó. ¡Vete noramala, sueño de
+esta noche! De pronto--aún no pensaban en cantar los gallos--saltó de
+la celdilla que sirve de cama al campesino mariñán, y encendiendo un
+_misto_ y la candileja de petróleo, pasó al establo y se dispuso á
+sacar la yunta. Pilara, sorprendida, medio soñolienta, le siguió. ¿Qué
+era aquello? ¿Iba á la feria, por fin? Que esperase tan siquiera hasta
+que ella trajese para los animales otra carga de _herbiña_... Y el
+labriego, brusco y sombrío, respondió á media habla:
+
+--No es menester... No van con el carro... No llevan más labor que
+echar una pata delante de otra...
+
+La mujer se quedó como de piedra. No insistió ¿Para qué? Sobraban las
+explicaciones. Había comprendido. La limitada vida del labriego se
+compone de hechos de significación indudable. Quien lleva á la feria la
+yunta sin el carro, va á venderla. Á eso iba Telme: á deshacerse de sus
+hermosos bueyes para librar al mozo.
+
+Pasado el primer instante, como barril de mosto al que le quitan el
+tapón, se soltó á chorros la aflicción de Pilara. La marcha de los
+bueyes, para no volver más, era cosa tan dura, que la aldeana sintió
+un dolor físico en las entrañas: la arrancaban lo mejor de su casa,
+lo mejor de la parroquia, lo bueno del mundo. ¡En cuatro leguas _de
+arredor_ no había yunta como aquélla, bueyes tan parejos, tan rojos,
+de un rojo brillante como el limpio cobre, tan gordos, tan grandes, de
+tanta ley para el trabajo, y tan mansos y amorosos, que un chiquillo de
+siete años los lindaba!
+
+Verdad que tampoco se conocía otro rapaz como Andresiño, más garrido,
+más sano, más hombre... ¡Y también querían arrebatárselo! ¡Nuestra
+Señora nos ayude, San Antonio nos valga! Pilara sollozaba á gritos,
+arañándose el atezado rostro.
+
+Telme, entretanto, en la corraliza, pasaba el _adival_ por entre las
+astas de los bueyes, y rezongaba, rechazando á su desconsolada mujer.
+
+--¡Pues ó los bueyes ó el mozo! Una de dos.
+
+Echó la aldeana los brazos al buey de la izquierda, el Marelo--el más
+guapo y forzudo, el que lucía una estrellita blanca en el testuz--y
+á su manera, torpemente y hociqueando, besó los anchos ojos, tibios y
+pestañudos, de la bestia.
+
+La caricia equivalía á una despedida: la madre, lo mismo que el padre,
+_escogían_ al suyo, al hijo: no querían enviarlo allá, á las islas
+del demonio, donde la fiebre y la peste chupan á los hombres y el
+machete los descuartiza. ¡Asus mío! Pero una cosa es _escoger_ á quien
+cumple que se escoja, y otra no tener ley á la yunta, ¡que para no
+tenérsela, había que ser de palo! Porque, á más de que aquella yunta
+le ponía la ceniza en la frente á todas las de la Marina, se ha de
+mirar de que Pilara y Telme llevaban años quitándose el mendrugo de
+la boca para dárselo á los bueyes. La corteza de borona, la encaldada
+de patatas, calabazo y berza, son alimentos que comparten el labrador
+y el buey; lo que hace encaldada para el animal hace caldo para el
+dueño. Si el buey engorda, es que el labrador se priva, mermando su
+ración. La vanidad, ese tenacísimo sentimiento humano, que nunca pierde
+sus derechos, también alienta en los labradores. Toda la parroquia
+envidiaba la yunta, hasta tal extremo, que Pilara les había colgado de
+las astas, de suerte que cayese en el remolino central del testuz, un
+Evangelio y dos dientes de ajo encerrados en una bolsa, remedio contra
+la _envidia_, que para el aldeano es una fuerza misteriosa, capaz de
+maleficiar. Pero, aunque dañina, la envidia es lisonjera. Telme iba por
+el camino real con sus bueyes, que ni el Papa en su silla. Y ahora...
+ni fachenda, ni provecho, ni orgullo, ni labranza; al agua todo. EL
+carro, perpetuamente inmóvil y en la corraliza; las tierras, sin arar;
+los lucrativos _carretos_ de piedra y arena, para otros... No había
+remedio. ¡La elección estaba hecha!
+
+Así que se alejó Telme y dejó de oirse el paso acompasado de la yunta,
+Pilara secó con el dorso de la áspera mano los últimos lagrimones, y,
+resignadamente, se puso á disponer lo necesario para la cocedura. Con
+llorar no se calienta el horno, ni se amasa la harina.
+
+La aldeana bregó sin descanso. Mientras partía y disponía la leña y
+sobaba la masa con las obscuras manos, la congoja iba calmándose.
+Adiós los bueyes... pero ya vendría el rapaz. Si buena era la yunta,
+Andresillo mejor. Á forzudo y á voluntario ninguno le ganaba. En un día
+despabilaba él más obra que en una semana otros. Y ni pinga de vino, ni
+camorrista, ni amigo de ir de tuna. Ganas tenía de arrendar un lugar
+y casarse; pero ahora que sus padres se quedaban por él sin la luz de
+los santos ojos... ya les ayudaría á juntar para otra pareja. Con lo
+que tenían guardado en el pico del arca y el jornal de Andrés, en dos ó
+tres años...
+
+No pasaba de medio día cuando regresó Telme, cabizbajo, solo ya, con
+las manos vacías, enrollado el _adival_ alrededor del cuerpo. Esta vez,
+Pilara preguntó ansiosa: ¿cuánto? ¿cuánto? Telme tardó en responder. Al
+cabo, mohíno, al sentarse á comer el pote con unto rancio y la _borona_
+enmohecida--la _bolla_ fresca no había salido aún del horno, ni saldría
+hasta la tarde--desató la lengua, entre reniegos, porque ya sabía
+Telme que lo que bajase de cinco mil y pico era regalar la yunta; y
+en aquella maldita feria no parece sino que se habían juramentado los
+compradores para no ofrecer arriba de cuatro mil. Y era pillada y _mala
+idea_, porque tan pronto como se los dejó á un chalán desconocido, con
+acento andaluz, en cuatro mil y pico, otro de Breanda le dió ventaja
+al chalán y se los llevó. ¡Pero tenían que ir al arca...! Y pronto,
+pronto. Que él pediría emprestada la burra á Gorio de Quintás, y á las
+tres, Dios mediante, había de estar en Marineda, depositando el dinero
+á cambio del hijo...
+
+Abrieron el arca, como si se hubiesen abierto las venas. Pilara cruzaba
+las manos, gemía bajito, alzaba al cielo los ojos, se cogía la cabeza,
+al volver del revés sobre la artesa el calcetín de lana gorda: los
+ahorriños de tanto tiempo. Estaban en moneda sonante, en metálico:
+el labriego no quiere guardar papel. Había duros relucientes del
+nene, otros oxidados, mucha peseta, calderilla roñosa. Aunque sabían
+al dedillo la cantidad, recontaron: sobraba un pico. Telme añudó lo
+necesario en un pañuelo de algodón azul, por no mezclarlo con lo de la
+venta, que iba casi todo en billetes de á cien, oculto á raíz de la
+carne. Hecho esto, salió en demanda de la pollina.
+
+Pilara aguardó, aguardó hasta las altas horas. No sabía si su hombre
+dormía aquella noche en Marineda, para volver con el mozo, temprano.
+Se acostó al fin. Á cosa de la una oyó llamar á voces, y conoció la
+de Telme. La sangre le dió una vuelta. Saltó en camisa, encendió la
+candileja, abrió: Telme, con la cara color de difunto, estaba delante
+de ella. ¡Madre mía de las Angustias! ¿Qué pasaba! ¿Y Andresiño?
+
+--¡Calla!--profirió Telme--; no me hables, que pego fuego á la casa, y
+te parto los lomos y se los parto al mismísimo divino Dios... Ya hemos
+quedado solos, mujer, sin bueyes y sin hijo. ¡El chalán de la feria...
+me metió cuatro billetes falsos!
+
+Y el padre, en vez de realizar sus amenazas de partir los lomos á
+todo el mundo, se dejó caer al suelo y se arrancó el pelo á puñados,
+llorando como las mujeres.
+
+
+
+
+ LA CHUCHA
+
+
+Lo primerito que José San Juan--conocido por el _Carpintero_--hizo al
+salir de la penitenciaría de Alcalá, fué presentarse en el despacho del
+director.
+
+Era José un mocetón de bravía cabeza, con la cara gris mate, color
+de seis años de encierro, en los cuales sólo había visto la luz del
+sol dorando los aleros del tejado. La blusa nueva no se amoldaba á
+su cuerpo, habituado al chaquetón del presidio; andaba torpemente,
+y la gorra flamante, que torturaba con las manos, parecía causarle
+extrañeza, acostumbrado como estaba al antipático birrete.
+
+--Venía á despedirme del señor director--dijo humildemente al entrar.
+
+--Bien, hombre; se agradece la atención--contestó el funcionario--.
+Ahora á ser bueno, á ser honrado, á trabajar. Eres de los menos malos;
+te has visto aquí por un arrebato, por delito de sangre, y sólo con
+que recuerdes estos seis años, procurarás no volver... Que te vaya
+bien. ¿Quieres algo de mí?
+
+--¡Si usted fuera tan amable, señor director... si usted quisiera!...
+
+Animado por la benévola sonrisa del jefe soltó su pretensión.
+
+--Deseo ver á una reclusa.
+
+--Es tu _chucha_, ¿verdad?... Bueno: la verás.
+
+Y escribió una orden para que dejasen entrar á Pepe el _Carpintero_
+en el locutorio del presidio de mujeres. Bien sabía el director lo
+que significaban aquellas relaciones entre penados, los galateos á
+distancia y sin verse, de _chuchos_ y _chuchas_; el amor, rey del
+mundo, que se filtra por todas partes como el sol, y llega donde éste
+no llegó nunca, perforando muros, atravesando rejas.
+
+Tenían casi todos los penados en la penitenciaría de mujeres una
+_galeriana_ que por cariño remendaba y lavaba su ropa; una compañera de
+infortunio á la cual no habían visto nunca v cuyas atenciones pagaban
+con cartas, rebosando sentimentalismo ridículo... pero sincero. Era
+el sacro amor, introduciéndose en aquel infierno para burlarse de la
+severidad de las leyes humanas; la vida y sus afectos floreciendo allí,
+donde el castigo social quiere convertir á los réprobos en cadáveres
+con apariencia de vida. El presidio, un convento vetusto, y el penal
+de mujeres, soberbio y flamante, contemplábanse desde cerca, mudos,
+inmutables--pero un soplo de pasión contenida y ardiente, de primavera
+amorosa, germinando entre la mugre de la _casa muerta_, iba de uno á
+otro edificio como la caricia fecundadora que por el aire se envían las
+palmeras de distinto sexo.
+
+Tan grande emoción embargaba á Pepe al dirigirse al locutorio de
+mujeres, que sus piernas temblorosas acortaban el paso... ¿Cómo sería
+su _chucha_? ¡Por fin iba á verla! Y pensando en las formas de que
+la había revestido su imaginación en las noches de insomnio ó en los
+solitarios paseos patio abajo y arriba, todo el pasado revivía de
+golpe en su memoria. Para comenzar, su entrada en presidio, resultado
+de tener mal vino y pronta la mano; los primeros meses de sorda
+excitación, de huraño aislamiento, viendo deslizarse los días como
+pesadas ondulaciones de un río gris y triste. Después, cuando hizo
+amigos, extrañáronse de que un muchacho cual él, guapo y terne, que si
+estaba en trabajo era por ser muy hombre, no tuviera su _chucha_, su
+_chucha_ como los demás. Ellos se encargaban del arreglo: escribirían
+á sus amigas, y no faltaría en la casa de enfrente quien atendiese á
+tan buen mozo. Un día le dijeron que su _chucha_ se llamaba Lucía, más
+conocida por el apodo de la _Pelusa_, y Pepe la escribió, encontrando
+dulce satisfacción en saber que más allá de aquellos muros había
+alguien que pensaba en él y se interesaba por su vida. Pronto á este
+goce espiritual se unieron satisfacciones del egoísmo; alababan la
+limpieza de su ropa blanca y sentían envidia al ver ciertos manjares,
+obra todo de la _Pelusa_, de la enamorada _chucha_, que, invisible
+como un duende, tenía para él cuidados maternales.
+
+--Pero, camarada, y qué suerte la tuya--le decían los compañeros de
+pelotón con mal encubierta envidia.
+
+--Esa _Pelusa_ es de oro--añadía un veterano del presidio, oráculo de
+la gente joven.--Consérvala, chaval, que mujeres así entran pocas en
+libra.
+
+--Pero ¿cómo es?--preguntaba Pepe con creciente curiosidad.--¿Es joven?
+¿Por qué está presa?
+
+--Algo mayor que tú debe de ser, pues creo que no es ésta la primera
+vez que visita la casa... Pero ¿qué te importa que sea joven ó vieja?
+Tú déjate querer, que ésa es la obligación de los buenos mozos, y
+cuando salgas en libertad búscate otra que te atienda lo mismo.
+
+Pepe protestaba. Sentía duplicarse el agradecimiento hacia aquella
+mujer; las relaciones, que al principio le parecían cosa de risa--buena
+únicamente para distraer el tedio del encierro--le llegaban muy adentro
+ya, y la gratitud se volvía atracción, viendo que no pasaba día sin que
+en el rastrillo entregasen para él paquetes de tabaco, prendas de ropa
+ó algo de comer que le sostenía fuerte y robusto y sano, librándole del
+rancho insípido del penal, la peor engañifa para el hambre.
+
+Pocos días dejaban de escribirse. Las primeras cartas respiraban ese
+énfasis amoroso aprendido en los epistolarios populares; pero fueron
+haciéndose más sinceras según los dos amantes, por aquel reiterado
+contacto de alma, iban conociéndose. Hablaban de su situación, de la
+desgracia en que se veían, en términos vagos--como si les causara rubor
+decir por qué y de qué modo--y contaban fecha tras fecha el tiempo que
+les faltaba para cumplir. Él saldría libre un año antes que ella...
+¡Con qué tristeza lo repetía la pobre _chucha_! Y José protestaba
+con entereza de muchacho enérgico, caballeresco á su manera, incapaz
+de faltar á la palabra. Él esperaría á que saliera ella; se casarían
+y serían felices; lo decía de corazón, sintiéndose ligado para toda
+su vida por el reconocimiento á sacrificios que habían endulzado sus
+amargas horas.
+
+No sabía si aquello era amor; realmente nunca se había sentido
+dominado por mujer alguna; no recordaba más que lances fáciles, los
+encuentros casuales de su época obrera; pero á su _chucha_... la quería
+sin conocerla y juraba no abandonarla jamás. No porque estuviese en
+presidio era un canalla capaz de olvidar á aquella mujer que pensaba
+en él á cada momento y trabajaba porque nada le faltase. Consistía
+su única preocupación en saber algo de la historia ó del aspecto de
+su _chucha_. Por desgracia, los mandaderos no la conocían; en la
+Galera, regida por monjas, no entraba otro hombre sino el director; y
+con escrupulosa delicadeza, ni él ni ella se atrevían en sus cartas
+á hablar del pasado ni de sus personas, como temiendo que al entrar
+luz se rasgara el ambiente del misterio amoroso y se disipase el
+hechizo. Los últimos días, ¡qué turbación tan intensa!... Pepe hablaba
+entusiasmado de la próxima salida, y ella contestaba lacónicamente;
+sus palabras respiraban tristeza, casi se lamentaba de que el hombre
+amado recobrase la libertad, recelando despertar del ensueño de seis
+años. Y la misma impaciencia de sus últimos días de escribir dominaba á
+Pepe cuando entró en el locutorio de las penadas. Después de entregar
+la orden del director, quedóse solo, hasta que por fin, á través de
+la tupida reja, oyó suaves pisadas femeniles. Dos monjas se apostaron
+inmóviles en el fondo de la galería, donde no podían oir las palabras,
+pero sí seguir con la vista todos los movimientos de la que ocupaba el
+locutorio; y una galeriana fué aproximándose con paso torpe, cual si la
+asustase llegar á la reja.
+
+No hizo Pepe movimiento alguno. ¡Las monjas no le habían entendido!
+Aquella mujer no era la que él buscaba; y miró con extrañeza á la
+reclusa, especie de payaso de la miseria disfrazado con faldas grises;
+criatura exigua, demacrada, encogida, los ojos saltones veteados de
+sangre, el pelo canoso, cerril y escaso, alborotado sobre la frente, y
+asomando entre los labios lívidos una dentadura enorme, amarillenta,
+de caballo viejo. La mujer aparecía además mal pergeñada, sucia, como
+si enfaenada en la furia del trabajo se hubiese olvidado de sí misma.
+Se miraron algunos instantes con extrañeza, y acabaron sonriendo,
+convencidos de la equivocación.
+
+--No; no es usted--dijo Pepe.--Yo busco á la _Pelusa_. Me acaban de
+poner en libertad y vengo á conocerla.
+
+La galeriana se hizo atrás con rápido movimiento de mujer cuyo sistema
+nervioso está en perpetua tensión por el género de vida.
+
+--¿Eres tú... tú!... ¡Pepe!
+
+Y se lanzó contra los hierros, como si buscase verle mejor, devorarle
+con los ojos.
+
+Permanecieron silenciosos breves instantes. Ella, pasada la primera
+impresión, mostró profundo desaliento; sus ojos se llenaban de
+lágrimas, tributo pagado á la decepción horrible. Él absorbía con la
+mirada la degradación de aquella ruina, que parecía haber recogido en
+su persona la vejez y la inmundicia de todo el presidio... ¡Dios, cuán
+fea era! Tragándose el llanto, sofocando su tristeza, la _Pelusa_ fué
+la primera en romper el silencio, como si deseara terminar cuanto antes
+aquella escena penosa y difícil.
+
+--¿Vienes á despedirte?... Bien hecho; se estima. Mira: yo mientras
+viva, no te olvidaré.
+
+Y bajó la cabeza para no mirarle: dijérase que su presencia la causaba
+daño, revolviendo el rescoldo de su cariño de la entraña... condenado á
+extinguirse.
+
+--No, Lucía; vengo no más á verte. Ni me despido ni me voy... Vengo á
+decirte... que soy el mismo... y á cumplirte la palabra.
+
+Pepe profirió esto con fuerza, con acometividad, ofendiéndole la
+sospecha de que aquella entrevista pudiese ser la última. Entonces
+la _chucha_ se atrevió á contemplarle: pero con expresión de tierna
+lástima, á estilo de madre que agradece dulces mentiras del hijo.
+
+--No quieres darme mal rato... Bien, hombre... Dios te lo pague; pero
+ya ves cómo soy: vieja, un susto, y además poca salud... ¡Si supieras
+qué guerra les doy á las pobres hermanas con este corazón que siempre
+me está doliendo!...
+
+Se detuvo al llegar aquí, cual si se avergonzase. Su cara, de una
+palidez blancuzca, tono de cera amasada con arcilla, se coloreó,
+animándose. Hizo un esfuerzo y continuó:
+
+--Estoy aquí por ladrona; no he hecho otra cosa en mi vida sino
+robar... Y á ti ¡basta verte! tienes cara de bueno; habrás venido por
+alguna desgracia... vamos, por bronca ó cosa parecida. No me engañes
+¿para qué?... No vas á salir con que me quieres, hijo... Mírame bien...
+¡Si puedo ser tu madre!
+
+Impresionado por las palabras de la reclusa, Pepe quería discutirlas, y
+las acogía con furiosos movimientos de cabeza; pero Lucía prosiguió sin
+darle tiempo á que protestase:
+
+--Estoy más enferma de lo que parece; después de este trago, ya sé
+que no salgo de aquí con vida, ¡ay cómo me duele el perro corazón!...
+Es que me han engañado; yo creí que eras uno de tantos, un verdadero
+chucho, uno del presidio... Y por eso te quise. ¡Nada, cosas que se la
+ponen á una en la cabeza; humo que se le mete allí!... ¡Y estaba yo
+más atontecida! Ea, hombre, márchate y no te acuerdes del santo de mi
+nombre. Dios te dé suerte, cuanta mereces, y que encuentres una mujer
+según necesitas... Porque tú vales un imperio... ¡Eres mucho mozo,
+caramba!
+
+Lo murmuraba con el alma entera, pegando su pobre cabeza de caricatura
+á los hierros, apretando contra ellos sus manos descarnadas, ansiosas
+de tocar al deseado de sus ensueños, que se presentaba en la realidad,
+joven, arrogante y con aquel aire de bondad y simpatía...
+
+--No, _Pelusa_--contestó el mocetón con entereza--.Yo soy muy hombre,
+y los hombres sólo tenemos una palabra. Prometí casarme contigo, y
+esperaré á que salgas. No vengo á despedidas, sino á que me conozcas...
+y á decirte hasta luego. Si te creerás que se olvidan seis años de
+sacrificios, de vestirme y matarme el hambre, mientras tú sabe Dios lo
+que comerías y cómo vivirías?... Pues ni que fuera yo un señorito de
+ésos que viven estrujando á las mujeres...
+
+Seguía la _Pelusa_ agarrada á los hierros, y vacilaba lo mismo que
+si aquellas palabras cayesen con tremenda pesadumbre sobre su cuerpo
+endeble.
+
+--¿Pero va de veras?--murmuró con voz ronca--¿Serás capaz de quererme
+así como soy?... ¿Vas á esperarme todo un año?
+
+--Mira, _Pelusa_--continuó el muchacho--.Yo no sé si te quiero como á
+las otras mujeres. Lo que te digo es que no pienso irme y no me iré...
+¿Que no eres guapa, guapa? Conformes. ¿Pero es que en el mundo sólo las
+guapas han de encontrar quien las quiera? No me importa lo que fuiste
+ni por qué entraste aquí: á mi lado serás otra cosa. Esperaré trabajo;
+el director, que es bueno, me empleará en las obras de la casa; si es
+preciso pasaré necesidad, pediré limosna... Lo que te aseguro es que no
+me largo, y que ahora soy yo, ¡yo! quien traerá á su _chucha_ ropa y
+comida.
+
+Lucía cerraba los ojos. Parecía que la deslumbraban las fogosas
+palabras de aquel hombre, y echaba atrás el rostro contraído por
+grotesca mueca, que expresaba asombro y felicidad.
+
+--Tengo aquí clavado el agradecimiento--prosiguió Pepe--y ganas de
+llorar cuando pienso en lo que has hecho por mí. ¿Dices que podrías
+ser mi madre? Lo serás si quieres; yo no he conocido á la mía. Sales
+y viviremos juntos; trabajaré para ti sin pensar más en copas ni en
+amigos; á mi lado engordarás, te remozarás, y ¡á no acordarse de este
+sitio! Tú aquí encontraste un hombre de bien, y yo la primera mujer de
+mi vida.
+
+--¡Dios mío!... ¡Virgen santísima! ¡Virgen!...
+
+Era la _Pelusa_, que se desplomaba lentamente, mientras sus manos se
+cubrían de arañazos al desasirse y deslizarse por el enrejado duro y
+pinchador.
+
+Cayó como un fardo de harapos, estremeciéndose, balbuceando entre
+convulsiones, con vocecilla infantil:
+
+--¡Pepe, Pepe mío!
+
+Las dos monjas, mudos testigos de la entrevista, vieron caer á
+la _Pelusa_ y corrieron para recoger del suelo aquel montón de
+infelicidad.
+
+Otras monjas, atraídas por los gritos, comenzaron por expulsar á Pepe
+del locutorio; á pesar de sus ruegos y exclamaciones, las hermanas no
+se daban cuenta de lo ocurrido. Si gustaba, podía volver otro día, con
+permiso del director...
+
+Pero ni lo pidió ni tuvo que buscar trabajo... ¿Para qué? Al día
+siguiente la _Pelusa_ era borrada del registro del penal. El soplo de
+ventura y de vida que el _chucho_ había llevado consigo al locutorio,
+rompió el corazón de la miserable y la hizo libre.
+
+
+
+
+ EL VINO DEL MAR
+
+
+Al reunirse en el embarcadero para estibar el balandro _Mascota_, los
+cinco tripulantes salían de la taberna disfrazada de café, llamada de
+_América_ y agazapada bajo los soportales de la marina fronterizos al
+Espolón; tugurio donde la gentualla del muelle, marineros, boteros,
+cargadores y _lulos_, acostumbra juntarse al anochecer. De cien
+palabras que se pronuncien en el recinto obscuro, mal oliente, que
+tiene el piso sembrado de gargajos y colillas y el techo ahumado á
+redondeles por las lámparas apestosas, cincuenta son blasfemias y
+juramentos, otras cincuenta suposiciones y conjeturas acerca del
+tiempo que hará y los vientos reinantes. Sin embargo, no se charla
+en _América_ á proporción de lo que se bebe; la chusma de zuecos
+puntiagudos, anguarina embreada y gorro catalán es lacónica, y si
+fuéseis á juzgar de su corazón y sus creencias por los palabrones
+obscenos y sucios que sus bocas escupen, os equivocaríais como si
+formaseis idea del profundo océano por los espumarajos que suelta
+contra el peñasco.
+
+Acababan de sonar las ocho en el reloj del instituto, cuando
+acometieron aquellos valientes la faena de la estibadura, entre
+gruñidos de discordia. Y no era para menos. ¿Pues no se emperraba el
+terco del patrón en que la carga de bocoyes de vino, si había de ir
+como siempre en la cala, fuese sobre cubierta? Aquello no lo tragaba
+un marinero de fundamento como tío Reimundo, alias _Finisterre_, que
+había visto tanta mar de Dios. Ahí topa la diferencia entre los que
+navegaron en mares de verdad, donde hay tiburones y huracanes, y los
+que toda la vida chapaletearon en una ponchera. ¡Zantellas del podrido
+rayo! ¿Quería el patrón que el barco se les pusiese por sombrero?
+¡Era menester estar loco de la cabeza, corcias! ¡Para más, en noche
+semejante, con lo falsa que es esa costa de Penalongueira, y habiendo
+empezado á soplar el sur, un viento traidor que lleva de la mano el
+cambiazo al _nordés_! No se la pegaba al tío Reimundo la calma de la
+bahía, sobre cuya extensión tersa y plácida prolongaban las mil luces
+de la ciudad brillantes rieles de oro; al viejo le daba en la nariz el
+aire _de allá_, de mar adentro, la palpitación del oleaje excitado por
+la mordedura de la brisa. Todo esto, á su manera, broncamente, á media
+habla, lo dijo _Finisterre_. El _Zopo_, otro experto, listo de manos y
+contrahecho de pies, opinaba lo mismo.
+
+Pero Adrián y el _Xurel_--mozalbetes que acababan de alegrarse unas
+miajas con tres copas de caña legítima, y sentían duplicados sus
+bríos--ya estaban rodando los bocoyes para encima de la _Mascota_.
+Sabedores de que aquellos toneles encerraban vino, los manejaban con
+fiebre de alegría codiciosa, calculando la suma de goces que encerraban
+en sus panzas colosales. ¿Á ellos qué les importaban los gruñidos de
+_Finisterre_? Donde hay patrón no manda marinero.
+
+Entre gritos furiosos para pujar mejor, el _¡ahiaaá!_ y el _¡eieiea!_
+del esfuerzo, acabóse la estibadura en una hora escasa. Sobre el cielo,
+antes despejado, se condensaban nubes sombrías, redondas, de feo cariz.
+Un soplo frío rizaba la placa lisa del agua. Juró _Finisterre_ entre
+dientes, y renegó el patrón de los agoreros miedosos. Mejor si se
+levantaba viento; ¡así irían con la vela tan ricamente! El balandro
+no era una pluma, y necesitaba ayuda, ¡carandia! Y ocupó su lugar,
+empuñando el timón. ¡Ea, ala, rumbo avante!
+
+Como por un lago de aceite marcharon mientras no salieron de la bahía.
+Según disminuía y se alejaba la concha orlada de resplandor y el rojo
+farol del Espolón llegaba á parecer un punto imperceptible, y otro
+la luz verde del puerto, el vientecillo terral insistía, vivaracho,
+como niño juguetón. Habían izado la cangreja, y la _Mascota_ cortó el
+oleaje más aprisa, no sin cabecear. Descansaban los remeros, bromeando.
+Sólo _Finisterre_ se ponía fosco. Á cada balance de la embarcación le
+parecía ver desequilibrarse la carga.
+
+Ya trasponían la barra, y el alta mar luminosa, agitada por la resaca,
+se extendía á su alrededor. Para _ponchera_, según el despreciativo
+dicho del tío Reimundo, la ponchera «metía respeto». El patrón, á
+quien se le iba disipando el humo de la caña, fruncía las cejas,
+sintiendo amagos de inquietud. Puede que tuviese razón aquel roñicas
+de _Finisterre_; la mar, sin saber por qué, no le parecía _mar de
+gusto_... Tenía cara de zorra, cara de dar un chasco la maldita...
+
+Al vientecillo se le antojó dormirse, y una especie de calma de plomo,
+siniestra, abrumadora, cayó encima. Fué preciso apretar en los remos,
+porque la vela apenas atiesaba. El balandro gemía, crujía, en el penoso
+arranque de su marcha lenta. Súbitas rachas, inflando la cangreja
+un momento, impulsaban la embarcación, dejándola caer después más
+fatigada, como espíritu que desmaya al perder una esperanza viva. Y
+cuando ya veían á estribor la costa peligrosa de Penalongueira, que era
+preciso bordear para llegarse al puertecillo de Dumia y desembarcar el
+género, se incorporó de golpe _Finisterre_, soltando un terno feroz.
+Acababa de percibir, allá á lo lejos, ese ruido sordo y fragoroso de
+la tempestad repentina, del salto del aire que azota de pronto la masa
+líquida y desata su furor. El patrón, enterado, gritaba ya la orden de
+arriar la vela. Aquello fué ni visto ni oído.
+
+Enormes olas, empujándose y persiguiéndose como leonas enemigas,
+jugaban ya con el balandro llevándolo al abismo ó subiéndolo á la
+cresta espantosa. De cabeza se precipitaba la embarcación para
+ascender oblicuamente al punto. El patrón, sintiendo su inmensa
+responsabilidad, hacía milagros, animando, dirigiendo. ¡La tormenta!
+¡Bah! Otras había pasado y salido con bien, gracias á Dios y á
+nuestra Señora de la Guía, de quien se acordaba mucho entonces, con
+ofrecimientos de misas y exvotos de barquitos, retratos de la _Mascota_
+para colgar en el techo del santuario... Verdad; no era el primer
+temporal que corrían; pero... no llevaban la carga estibada sobre
+cubierta, sino en el fondo de la cala, bien apañadita, como Dios manda
+y se requiere entre la gente del oficio. Y los que habían cometido
+aquella barbaridad supina, ahora, á pesar de las furiosas voces de
+mando del patrón, perdían los ánimos para remar, como si sintieran
+en las atezadas mejillas el húmedo beso de la muerte... Sólo una
+resolución podía salvarles. _Finisterre_ la sugirió, mezclando las
+interjecciones con rudas plegarias. El patrón resistía, pero el cariño
+á la vida tira mucho, y por unanimidad se resolvió largar al agua los
+maldecidos bocoyes. ¡Afuera con ellos, antes que se corriesen á una
+banda y sucediese lo que se estaba viendo venir! Sin más ceremonias
+empujaron una de las barricas para lanzarla por encima de la borda...
+
+Los que intentaron la faena sólo tuvieron tiempo de retroceder á
+saltos. La barrica andaba; la barrica se les venía encima, ella sola.
+Y las demás, como rebaño de monstruos panzudos, la seguían. Corrían,
+rodaban, locas de vértigo, á hacinarse sobre la banda de babor, y el
+balandro, hocicando, con la proa recta á la sima, daba espantoso salto,
+el _pinche-carneiro_ vaticinado por _Finisterre_, y soltando en las
+olas toda su carga, barricas y hombres, flotaba quilla arriba, como una
+cáscara de nuez.
+
+ * * * * *
+
+La primer noticia del naufragio se supo en el puertecillo de
+Ángeles, frontero á la bahía, porque dos bocoyes salieron allí, á
+la madrugada, y quedaron varados en la playa al retirarse la marea.
+Corrió el rumor de la presa, y se apiñaron en la orilla más de cien
+personas--pescadores, aldeanos, carreteros, carabineros, sardineras,
+mujerucas, chiquillería--. Nadie ignoraba lo que significa la aparición
+de bocoyes llenos en una playa de la costa. Aún les retumbaba en los
+oídos el bramar de la tormenta. Pero ahora hacía un sol hermoso, un
+día magnífico, _criador_. Era domingo; por la tarde bailarían en el
+castañal; y con la presa, no había de faltar vino para remojar la
+gorja. Nadie hizo comentarios tristes sino los pescadores--que, sin
+embargo, se consolaron pensando en el rico vientre de las barricas...!
+Sólo una vejezuela, que había perdido á su mozo, su hijo, de veinte
+años, en un lance de mar, escapó de la playa dando alaridos, y apostada
+cerca del carro en el cual fueron llevados los toneles al campo de la
+romería, chillaba:
+
+--¡No bebades, no bebades! Ese vino sabe á la sangre de los hombres y
+al amarguío de la mar.
+
+La hicieron el mismo caso que los tripulantes del balandro á
+_Finisterre_.
+
+
+
+
+ FUEGO Á BORDO
+
+
+Cuando salimos del puerto de Marineda--serían, á todo ser, las diez
+de la mañana--no corría temporal, sólo estaba la mar rizada y de un
+verde... vamos, un verde sospechoso. Á las once servimos el almuerzo, y
+fueron muchos pasajeros retirándose á sus camarotes, porque el oleaje,
+no bien salimos á alta mar, dió en ponerse grueso, y el buque cabeceaba
+de veras. Algunos del servicio nos reunimos en el comedor, y mientras
+llegaba la hora de preparar la comida, nos divertíamos en tocar el
+acordeón y hacer bailar al pinche, un negrito muy feo: y nos reíamos
+como locos, porque el negro, con las cabezadas de la embarcación y sus
+propios saltos, se daba mil coscorrones contra el tabique. En esto, uno
+de los muchachos camareros, que les dicen _estuarts_, se llega á mí.
+
+--Cocinero, dos fundas limpias, que las necesito.
+
+--Pues vaya usted al ropero, y cójalas, hombre.
+
+--Allá voy.
+
+Y sin más, entra y enciende un cabo de vela para escoger las fundas.
+
+¡Aquel cabo de vela! Nadie me quitará de la cabeza que el condenado...
+Dios me perdone, el infeliz del camarero lo dejó encendido, arrimado
+á los montones de ropa blanca. Como un barco grande requiere tanta
+blancura, además de las estanterías llenas y atestadas de manteles,
+sábanas y servilletas, había en el _San Gregorio_ rimeros de paños de
+cocina, altos así, que llegaban á la cintura de un hombre. Por fuerza
+el cabo se quedó pegadito á uno de ellos, ó cayó de la mesa, encendido,
+sobre la ropa. En fin, era nuestra suerte, que estaba así preparada.
+
+Yo no sé qué cosa me daba á mí el cuerpo ya cuando salimos de Marineda.
+Siempre que embarco estoy ocho días antes alegre como unas castañuelas,
+y hasta parece que me pide el cuerpo algo de broma con los amigos y la
+familia. Pues de esta vez... tan cierto como que nos hemos de morir...
+tenía yo el viaje atravesado en el gaznate, y ni reía ni apenas
+hablaba. La víspera del embarque le dije á mi esposa:
+
+--Mujer, mañana tempranito me aplancharás una camisola, que quiero ir
+limpio á bordo.
+
+Por la mañana entró con la camisola, y le dije:
+
+--Mujer, tráeme el pequeño que mama.
+
+Vino el chiquillo y le di un beso, y mandé que me lo quitasen pronto
+de allí, porque las entrañas me dolían y el corazón se me subía á
+la garganta. También la víspera fuí á casa del segundo oficial, el
+señorito de Armero, y estaba la familia á la mesa; y la madre que es
+así una señora muy franca, no ofendiendo lo presente, me dijo:
+
+--Tome usted esta yema, Salgado.
+
+--Mil gracias, señora, no tengo voluntad.
+
+--Pues lléveles éstas á los niños... ¿Y qué le pasa á usted, que está
+qué sé yo cómo?
+
+--Pasar, nada.
+
+--¿Y qué le parece del viaje, Salgado?
+
+--Señora, la mar está bella, y no hay queja del tiempo.
+
+--No, pues usted no las tiene todas consigo. Le noto algo en la cara.
+
+Para aquel viaje había yo comprado todos los chismes del oficio; por
+cierto que en la compra se me fué lo último que me quedaba: setenta
+duretes. Los chismes eran preciosos: cuchillos de lo mejor, moldes
+superiores, herramientas muy finas de picar y adornar; porque en el
+barco, ya se sabe: le dan á uno buena batería de cocina, grandes
+cazos y sartenes, carbón cuanto pida, y víveres á patadas; pero
+ciertas monaditas de repostería y de capricho, si no se lleva con qué
+hacerlas... Y como yo tengo este pundonor de que me gusta sobresalir en
+mi arte y que nadie me pueda enseñar un plato... Por cierto que esta
+vanidad fué mi perdición cuando sostuve _restaurant_ abierto. Me daba
+vergüenza que estuviese desairado el escaparate, sin una buena polla
+en galantina, ó solomillo mechado, ó jamón en dulce, ó chuletas bien
+panadas y con su papillotito de papel en el hueso... Y los parroquianos
+no acudían; y los platos se morían de viejos allí; y cuando empezaban á
+oler, nos los comíamos por recurso: mis chiquillos andaban mantenidos
+con trufas y jamón, y el bolsillo se desangraba... Si no levanto
+el _restaurant_, no sé qué sería de mí: de manera que encontrar
+colocación en el barco y admitirla fué todo uno. Pensaba yo para mi
+chaleco:--Ánimo, Salgado: de veintiocho duros que te ofrecen al mes,
+mal será que no puedas enviarle doce ó quince á la familia. No es la
+primera vez que te embarcas: vámonos á Manila, ¿quién sabe si allí te
+ajustas en alguna fonda y te dan mil ó mil quinientos reales mensuales
+y eres un señor? Lo dicho: la suerte, que arregla á su modo nuestros
+pasos... Estaba de Dios que yo había de perder mis chismes, y pasar lo
+que pasé, y volver á Marineda desnudo.
+
+¿En qué íbamos? Sí, ya me acuerdo. Faltaría hora y media para la
+comida, cuando nos pareció que por la puerta del ropero salía humo.
+El que primero lo notó no se atrevía á decirlo: nos mirábamos unos á
+otros, y nadie rompía á gritar. Por fin, casi á un tiempo, chillamos:
+
+--¡Fuego! ¡Fuego á bordo!
+
+Mire usted, no cabe duda; lo peor, en esos momentos en que se suceden
+cosas horrorosas, es aturdirse y perder la sangre fría. Si cuando
+corrió el aviso se pudiese dominar el pánico y mantener el orden; si
+media docena de hombres serenos tomasen la dirección imponiéndose,
+y aislasen el fuego en las tripas del barco, estoy seguro de que el
+siniestro se evitaba. Yo, que todo lo presencié, que no perdí detalle,
+puedo jurar que no entiendo cómo en un minuto se esparció la noticia
+y ya no se vieron sino gentes que corrían de aquí para allí, locas de
+miedo. Para mayor desdicha empezaba á anochecer, y la mar cada vez más
+gruesa y el temporal cada vez más recio aumentaban el susto. Aquello se
+convirtió en una Babel, donde nadie se entendía ni obedecía á las voces
+de mando.
+
+El capitán, que en paz descanse, era un mallorquín de pelo en pecho,
+valentón, y no tiene que dar cuenta á Dios de nada, pues el pobrecillo
+hizo cuanto estuvo en su mano; pero le atendían bien poco. Acaso debió
+levantar la tapa de los sesos á alguno para que los demás aprendiesen;
+bueno, no lo hizo; él fué el primero á pagarlo, ¡cómo ha de ser!
+Nos metimos él y yo por el corredor de popa, con objeto de ver qué
+importancia tenía el incendio; y apenas abrimos la puerta de hierro,
+nos salió al paso tal columna de humo y tal cortina de llamas, que
+apenas tuvimos tiempo á retroceder, cerrar y apoyarnos, chamuscados y á
+medio asfixiar, en la pared. Yo le grité al capitán:
+
+--Don Raimundo, mire que se deben cerrar también las puertas de hierro
+á la parte de proa.
+
+Él daría la orden á cualquiera de los que andaban por allí atortolados;
+puede que al tercero de á bordo; no sé; lo cierto es que no se cumplió,
+y en no cumplirse estuvo la mitad de la desgracia. Nosotros, á toda
+prisa, nos dedicamos á refrescar con chorros de agua las puertas
+de hierro, para que el horno espantoso de dentro no las fundiese y
+saltasen dejando paso á las llamas. ¿De qué nos sirvió? Lo que no
+sucedió por allí sucedió por otro lado. Nos pasamos no sé cuánto tiempo
+remojando la placa, envueltos en humareda y vapor; mas al oir que por
+la proa salían las llamas ya, se nos cansaron los brazos, y huyendo de
+aquel infierno pasamos á la cubierta.
+
+Verdaderamente cesó desde entonces la batalla con el fuego y las
+esperanzas de atajarlo, y no se pensó más que en el salvamento; en
+librar, si era posible, la piel: eso, los que aún eran capaces de
+pensar; porque muchísimos se tiraron en el suelo, ó se metieron á
+arrancarse el pelo por los rincones, ó se quedaron hechos estatuas,
+como el tercero de á bordo, que tan pronto se declaró el incendio se
+sentó en un rollo de cuerdas, y ni dijo media palabra, ni se meneó, ni
+soñó en ayudarnos.
+
+Á las dos horas de notarse el fuego, la máquina se paró. Si no se para,
+tenemos la salvación casi segura; ardiendo y todo, llegaríamos al
+puerto. Lo que recelábamos era que el vapor comprimido y sin desahogo
+hiciese estallar la caldera. Todos preguntábamos al _engineer_, un
+inglés muy tieso, muy callado y con un corazón más grande que la
+máquina. No se meneaba de su sitio, ni se demudó poco ni mucho; abrió
+todas las válvulas, y nos dijo con flema:
+
+--Mi responde con mi _head_, máquina _very-good_, seguros por ella no
+explosión.
+
+Al ver que la pobre de la máquina se paraba, nos quedamos, si cabe,
+más aterrados; no creímos que el incendio llegase hasta donde, por lo
+visto, llegaba ya: comprendimos que el fuego no estaba localizado y
+contenido, sino que era dueño de todo el interior del buque y no había
+más remedio que cruzarse de brazos y dejarle hacer su capricho.
+
+--¡Barco perdido, D. Raimundo!--dije al capitán.
+
+--Barco perdido, Salgado.
+
+--¿Y nosotros?
+
+--Perdidos también.
+
+--Esperanza en Dios, D. Raimundo.
+
+Y él se echó las manos á la cabeza y dijo de un modo que nunca se me
+olvida:
+
+--¡Dios!
+
+Yo no sé qué le habíamos hecho á Dios los trescientos cristianos
+que en aquel barco íbamos; pero algún pecado muy gordo debió de
+ser el nuestro, para que así nos juntase castigos y calamidades.
+De cuantas noches de temporal recuerdo--y mire usted que algo se
+ha navegado--ninguna más atroz, más furiosa que aquella noche. Una
+marejada frenética; el barco no se sostenía: ola por aquí, ola
+por acullá: montes de agua y de espuma que nos cubrían: ya no era
+balancearse; era despeñarse, caer en un precipicio: parecía que la
+tormenta gozaba en movernos y abanicarnos para avivar el incendio.
+Soplaba un viento iracundo; llovía sin cesar: y la noche tan
+negra, tan negra, que sobre cubierta no nos veíamos las caras. Unos
+lloraban de un modo que partía el corazón; otros blasfemaban; muchos
+decían:--¡Ay mis pobres hijos!--No entiendo cómo el timonel era capaz
+de estarse tan quieto en su puesto de honor, manteniendo fijo el rumbo
+del barco para que no rodase como una pelota por aquel mar loco.
+
+Pronto empezaron á alumbrarnos las llamas, que salían por la proa no
+ya á intervalos, sino continuamente, igual que si desde adentro las
+soplasen con fuelles de fragua. Lo tremendo de la marejada hizo que
+no se pensase en esquifes; meterse en ellos se reducía á adelantar la
+muerte. En esto gritaron que se veía embarcación á sotavento.
+
+¡Un buque! Desde que se declaró el incendio no habíamos cesado de
+disparar cohetes y fuegos de bengala con objeto de que los buques, al
+pasar cerca de nosotros, comprendiesen que el barco incendiado contenía
+gente necesitada de socorro. Y vea usted cómo Dios, á pesar de lo que
+dije antes, nunca amontona todas las desgracias juntas. Aún tenemos
+que agradecerle que el sitio del siniestro es un punto de cruce, donde
+se encuentran las embarcaciones que hacen rumbo al Atlántico y al
+Mediterráneo. Pocas millas más adelante ya no sería fácil hallar quien
+nos socorriese.
+
+Al ver el buque, la gente se alborotó, y los más resueltos arriaron
+los esquifes en un minuto. Allí no había capitán, ni oficiales, ni
+autoridad de ninguna especie: los contramaestres se cogieron el
+esquife mejor, y cabiendo en él treinta personas, resultó que lo
+ocuparon sólo cinco. Ya se sabe lo que hace el miedo á morir: ni se
+repara en el peligro, ni hay compasión, ni prójimo. Sin mirar lo
+furioso del oleaje y lo imposible que era nadar allí, se echaron al mar
+muchísimas personas, por meterse en los esquifes. Aún parece que oigo
+las voces con que decían al contramaestre:
+
+--¡Espere, nuestramo Nicolás, espere por la madre que le parió; la
+mano, nuestramo!
+
+Y él, en su maldita jerga catalana, respondía:
+
+--_N’om fa rés; no’m fa rés._
+
+Y cuando los infelices querían halarse al esquife y se agarraban á la
+borda, los de dentro, desenvainando los cuchillos, amenazaban coserles
+á puñaladas.
+
+De esta vez hubo ya bastantes víctimas: los esquifes se alejaron y
+nuestra esperanza con ellos. Después de recoger á aquellos primeros
+náufragos, el buque siguió su rumbo, porque no le permitía mantenerse
+al pairo el temporal.
+
+¡Á todo esto, si viese usted cómo iba poniéndose la cubierta! Oíamos el
+roncar del incendio, que parecía el resoplido de un animalazo feroz,
+y á cada instante esperábamos ver salir las llamas por el centro del
+buque y hundirse la cubierta. Nos arrimábamos cuanto podíamos á la
+parte de popa, pues además el calor del suelo se hacía insoportable,
+y del piso de hierro cubierto con planchas de madera salían, por los
+agujeros de los tornillos, llamitas cortas, igual que si á un tiempo
+se inflamasen varias docenas de fósforos sembrados aquí y acullá.
+Ya ni el frío ni la obscuridad eran de temer: ¡qué disparate! buena
+obscuridad nos dé Dios: la popa algunas veces estaba tan clara como
+un salón de baile: iluminación completa: daba gusto ver el horizonte
+cerrado por unas olas inmensas, verdes y negruzcas, que se venían
+encima, y sobre las cuales volaba una orillita de espuma más blanca
+que la nieve. También divisamos otro buque, un paquete de vapor, que
+se paraba, sin duda, para auxiliarnos. ¡Estaba tan lejos! Con todo, la
+gente se animó. El segundo, el señorito de Armero, se llegó á mí y me
+tocó en el hombro.
+
+--Salgado, ¿puede usted bajar á la cámara? Necesito un farol.
+
+--Mi segundo, estoy casi ciego... Con el calor y el humo, me va
+faltando la vista.
+
+--Aunque sea á tientas... Quiero un farol.
+
+Vaya, no sé yo mismo cómo gateé por las escaleras; la cámara era un
+horno, el farol todavía estaba encendido; lo descolgué y se lo entregué
+al segundo, convencido de que le daba el pasaporte para la eternidad,
+pues el esquife en que él y otros cuantos se decidieron á meterse era
+el más chico y estaba muy deteriorado. Lo arriaron, y por milagro
+consiguieron sentarse en él sin que zozobrase. Entonces empezó la gente
+á lanzarse al mar para salvarse en el esquife, y pude notar que, apenas
+caían al agua, morían todos. Alguno se rompió la cabeza contra los
+costados del buque; pero la mayor parte, sin tropezar en nada, expiró
+instantáneamente. ¿Era que hervía el agua con el calor del incendio y
+los cocía? ¿Era que se les acababa las fuerzas? Lo cierto es que daban
+dos paladitas muy suaves para nadar, subían de pronto las rodillas á la
+altura de la boca, y flotaban ya cadáveres.
+
+Los del esquife remaban desesperadamente hacia el barco salvador. Supe
+después que, á la mitad del camino, notaron que el esquife, roto por
+el fondo, hacía agua y se sumergía; que pusieron en la abertura sus
+chaquetas, sus botas, cuanto pudieron encontrar; y no bastando aún,
+el señorito de Armero, que es muy resuelto, cogió á un marinerillo,
+lo sentó ó, por mejor decir, lo embutió en el boquete y le dijo (con
+perdón):
+
+--¡No te menees y tapa con el...!
+
+Gracias á lo cual llegaron al buque y les pudimos ver ascendiendo sobre
+cubierta. No sé si nos pesaba ó no el habernos quedado allí sin probar
+el salvamento. ¡Los muertos ya estaban en paz, y los salvados... qué
+felices! El buque aquel tampoco se detenía; era necesario aguardar á
+que Dios nos mandase otro, y resistir como pudiésemos todo el tiempo
+que tardase. Es verdad que nuestro _San Gregorio_ aún podía durar. Al
+fin era un gran vapor de línea, con su cargamento, y daba qué hacer á
+las llamas. El caso era refugiarse en alguna esquina, para no perecer
+abrasados.
+
+Al capitán se le ocurrió la idea de trepar á la cofa del gran árbol
+de hierro, del palo mayor. Mientras el barco ardía, creyó él poder
+mantenerse allí, seguro y libre de las llamas, como un canario en su
+jaula. Yo, que le vi acercarse al palo, le cogí del brazo en seguida.
+
+--No suba usted, capitán; ¿pues no ve que el palo se tiene que doblar
+en cuanto se ponga candente?
+
+El pobre hombre, enamorado del proyecto, daba vueltas alrededor del
+palo, estudiando su resistencia. Creo que si más pronto le anuncio la
+catástrofe, más pronto sucede. ¡El árbol... pim! se dobló de pronto,
+lo mismo que el dedo de una persona, y arrastrado por su peso, besó
+el suelo con la cima. Por listo que anduvo el capitán, como estaba
+cerca, un alambre candente de la plataforma le cogió el pie por cerca
+del tobillo, y se lo tronzó sin sacarle gota de sangre, haciendo á
+un tiempo mismo la amputación y el cauterio: respondo de que ningún
+cirujano se lo cortaba con más limpieza.
+
+Le levantamos como se pudo, y colocando un sofá al extremo de la popa,
+le instalamos del mejor modo para que estuviese descansado. Se quejaba
+muy bajito, entre dientes, como si masticase el dolor, y medio le oí:
+«¡Mi pobre mujer!, mis hijitos queridos, ¿qué será de ellos?». Pero de
+repente, sin más ni más, empezó á gritar como un condenado, pidiendo
+socorro y medicina. ¡Sí, medicina! ¡Para medicinas estábamos! Ya el
+fuego había llegado á la cámara, y á pesar del ruido de la tormenta,
+oíamos estallar los frascos del botiquín, la cristalería y la vajilla.
+Entonces el desdichado comenzó á rogar, con palabras muy tristes,
+que le echásemos al agua, y usando, por última vez, de su autoridad á
+bordo, mandó que le atásemos un peso al cuerpo. Nos disculpamos con
+que no había con qué atarle, y él, que al mismo tiempo estaba sereno,
+recordó que en la bitácora existe una barra muy gruesa de plomo,
+porque allí no puede entrar hierro ni otro metal que haga desviar la
+aguja imantada. Por más que nos resistimos, fué preciso arrancarla y
+colgársela del cuello, y como el peso era grande y le obligaba á bajar
+la cabeza, tuvo que sostenerlo con las dos manos, recostándose en el
+respaldo del sofá. Como llevaba en el bolsillo su revólver, lo armó,
+y suplicó que le permitiesen pegarse un tiro y le arrojasen al mar
+después. ¡Naturalmente que nos opusimos! Le instamos para que dejase
+amanecer; con el día se calmaría la tormenta, y algún barco de los
+muchos que cruzaban nos salvaría á todos. Le porfiábamos y le hacíamos
+reflexiones de que el mayor valor era sufrir. Por último, desmontó y
+guardó el revólver, declarando que lo hacía por sus hijos nada más. Se
+quejó despacito y se empeñó en que habíamos de buscar y enseñarle el
+pie que le faltaba. ¿Querrá usted creer que anduvimos tras del pie por
+toda la cubierta y no pudimos cumplirle aquel gusto?
+
+Después del lance del capitán, ocurrió el del oficial tercero, y se me
+figura que de todos los horrores de la noche fué el que más me afectó.
+¡Lo que somos, lo que somos! Nada: una miseria. El tercero era un
+joven que tenía su novia, y había de casarse con ella al volver del
+viaje. La quería muchísimo, ¡vaya si la quería! Como que en el viaje
+anterior le trajo de Manila preciosidades en pañuelos, en abanicos de
+sándalo, en cajitas, en mil monadas. No obstante... ó por lo mismo...
+en fin, ¡qué sé yo! Desgracias y flaquezas de los mortales... el pobre
+andaba triste, preocupado, desde tiempo atrás. Nadie me convencerá de
+que lo que hizo no lo hizo _queriendo_, porque ya lo tenía pensado de
+antes y porque le pareció buena la ocasión de realizarlo. Si no, ¿qué
+trabajo le costaba intentar el salvamento con el señorito de Armero?
+Ya determinado á morir, tanto le daba de un modo como de otro, y al
+menos podía suceder que en el esquife consiguiese librar la piel. Bien,
+no cavilemos. Él no dió señales de pretender combatir el fuego, y
+mientras nosotros manejábamos el _caballo_ y soltábamos mangas de agua
+contra las puertas, envueltos en llamas y humo, él quietecito y como
+atontado. Al marcharse el señorito de Armero, le llamó á la cámara para
+entregarle su reloj--un reloj precioso con tapa de brillantes--y dos
+sortijas muy buenas también, encargándole que se las llevase á su novia
+como recuerdo y despedida. Lo que yo digo: el hombre se encontraba
+resuelto á morir. Luego subió á popa, y le vi sentado, muy taciturno,
+con la cabeza entre las manos. Á dos pasos me coloqué yo. Él se volvió
+y me dijo:
+
+--Cocinero ¿tiene usted ahí un cigarro?
+
+--Mi oficial, sólo tengo picadura en el bolsillo del chaquetón... Pero
+éste tiene tabacos, de seguro...--añadí, señalando á un camarero que
+estaba allí cerca.--¿Querrá usted creer que el bruto del camarero se
+resistía á meter la mano en el bolsillo y soltar el cigarro? Animal--le
+grité--no seas tacaño ahora; ¿de qué te servirá el tabaco si vamos
+todos á perecer?--En vista de mis gritos, el hombre aflojó el cigarro.
+El tercero lo encendió, y daría, á todo dar, tres chupadas; á cada una
+le veía yo la cara con la lumbre del cigarro: un gesto que ponía miedo.
+Á la tercer chupada, acercó á la sien el revólver, y oímos el tiro.
+Cayó redondo, sin un _ay_.
+
+Nadie se asustó, nadie gritó: casi puedo decir que nadie se movió:
+estábamos ya de tal manera, que todo nos era indiferente. Sólo el
+capitán preguntó desde el sofá.--¿Qué es eso? ¿qué ocurre?--El tercero
+que se acaba de levantar la tapa de los sesos.--¡Hizo bien!--De allí
+á poco rato murmuró.--Echarle al mar.--Obedecimos, y á ninguno se le
+ocurrió rezar el _Padre nuestro_.
+
+¡Es que se vuelve uno estúpido en ocasiones semejantes! Figúrese usted
+que en los primeros instantes, recogió el capitán, de la caja, seis mil
+duros y pico en oro y billetes; seis mil duros y pico que anduvieron
+rodando por allí, sobre cubierta, sin que nadie les hiciese caso, ni
+los mirase. En cambio, al piloto se le había metido en la cabeza buscar
+el cuaderno de bitácora, y se desdichaba todo porque no daba con él,
+lo mismo que si fuese indispensable apuntar á qué altura y latitud
+dejábamos el pellejo. Pues otra rareza. En todo aquel desastre, ¿quién
+pensará usted que me infundía más lástima? El perro del capitán, un
+terranova precioso, que días atrás se había roto una pata y la tenía
+entablillada: el animalito, echado junto al timón, remedaba á su
+amo: los dos iguales, inválidos y aguardando por la muerte. ¡Si seré
+majadero! El perro me daba más pena.
+
+Ya las llamas salían por sotavento, y la mañana se iba acercando. ¡Qué
+amanecer, Virgen Santa! Todos estábamos desfallecidos, muertos de sed,
+de frío, de calor, de hambre, de cansancio y de cuanto hay que padecer
+en la vida. Algunos dormitaban. Al asomar la claridad del día, salió
+del centro del barco una hoguera enorme: por el hueco del palo mayor se
+habían abierto paso las llamas, y la cubierta iba sin duda á hundirse,
+descubriendo el volcán. Contábamos con el suceso, y á pesar de que
+contábamos, nos sorprendió terriblemente. Empezamos á clamar al cielo,
+y muchos á enseñarle el puño cerrado, preguntando á Dios:
+
+--¿Pero qué te hicimos?
+
+El capitán, que tiritaba de fiebre, me dijo gimiendo:
+
+--¡Agua! ¡por caridad, un sorbo de agua!
+
+¡Agua! Puede que la hubiese en el aljibe. Así que lo pensé fuí hacia él
+y se me agregaron varios sedientos, poniendo la boca en unos remates
+que tiene el aljibe y son como biberones por donde sale el agua. ¡Qué
+de juramentos soltaron! El agua, al salir hirviendo, les abrasó la
+boca. Yo tuve la precaución de recibirla en mi casquete y dejarla
+enfriar. El capitán continuaba con sus gemidos. Tuve que dársela medio
+templada aún. ¡Me miró con unos ojos!
+
+--Gracias, Salgado.
+
+--No hay de qué, capitán... ¡Se hace lo que se puede!
+
+La tormenta, en vez de ir á menos, hasta parece que arreciaba desde que
+era de día. Para no caer al mar, nos cogíamos á la barandilla. Pasó
+un barco y por más señales que le hicimos, no se detuvo: y debió de
+vernos, pues cruzó á poca distancia. Á mí me dolían de un modo cruel
+los ojos, secos por el fuego, y cuanto más descubría el sol, menos veía
+yo, no distinguiendo los objetos sino como al través de una niebla. Por
+otra parte, me sentía desmayar, pues desde el almuerzo de la víspera no
+había comido bocado, y se me iba el sentido. Casualmente se encontraban
+sobre cubierta, descuartizadas y colgadas, las reses muertas para el
+consumo del buque, y con el calor del incendio estaban algo asadas ya.
+Los que nos caíamos de necesidad nos echábamos sobre aquel gigantesco
+rosbif, medio crudo, y refrescamos la boca con la sangre que soltaba.
+Nos reanimamos un poco.
+
+Á medio día sucedió lo que temíamos: quedó cortada la comunicación
+entre la proa y la popa, derrumbándose con gran estrépito media
+cubierta y viéndose el brasero que formaba todo el centro del
+barco. Salieron las llamas altísimas, como salen de los volcanes, y
+recomendamos el alma á Dios, porque creímos que iban á alcanzarnos.
+No sucedió esto por dos razones: primera, por tener el buque, en
+vez de obra muerta de madera, barandilla de hierro; segunda, por
+estar las puertas de hierro cerradas hacia la parte de popa, lo cual
+contuvo el incendio por allí, obligándole á cebarse en la proa. De
+todas maneras, no debían las llamas de andar muy lejos de nuestras
+personas, ya que á eso de las tres de la tarde empezamos á advertir
+que el piso nos tostaba las plantas de los pies. Atamos á una cuerda
+un cubo, y lo subíamos lleno de agua de mar, vertiéndolo por el suelo
+para refrescarlo un poco. Ya comprendíamos lo estéril del recurso, y
+en medio de lo apurados que estábamos, no faltó quien se riese viendo
+que era menester levantar primero un pie y luego bajar aquél y levantar
+el otro, para no achicharrarse. Serían las tres. El capitán me llamó
+despacito.
+
+--Salgado, ¡cuánto mejor era morir de una vez!
+
+--Para morir siempre hay tiempo, mi capitán. Aún puede que la Virgen
+Santísima nos saque de este apuro.
+
+Claro que yo se lo decía para darle ánimos: allá en mi interior
+calculaba que era preciso hacer la maleta para el último viaje. Bien
+sabe Dios que ni pensaba en las herramientas que había perdido, ni en
+mi propia muerte, sino sólo en los chiquillos que quedaban en tierra.
+¿Cómo los trataría su padrastro? ¿Quién les ganaría el pan? ¿Saldrían
+á pedir limosna por las calles? Á lo que yo estaba resuelto era á no
+morir asado. Miré dos ó tres veces al mar, reflexionando cómo me
+tiraría para no romperme la cabeza contra el casco y no sufrir más
+martirio que el del agua cuando me entrase en la boca. Para acabar de
+quitarnos el valor, pasó un barco sin hacer caso de nuestras señales.
+Le enseñamos el puño y hubo quien le gritó:--Permita Dios que te veas
+como nos vemos.
+
+Ya nos rendía los brazos la faena de bajar y subir baldes de agua,
+que era lo mismo que querer apagar con saliva una hoguera grande: y
+convencidos de que perdíamos el tiempo y que era igual perecer un
+cuarto de hora antes ó después, el que más y el que menos empezó á
+pensar cómo se las arreglaría para hacer sin gran molestia la travesía
+al otro barrio. Yo me persigné, con ánimo de arrojarme en seguida al
+mar. ¡Qué casualidades! Hete aquí que aparece una embarcación, y en vez
+de pasar de largo, se detiene.
+
+Ya estaba el barco al habla con nosotros: una goleta inglesa, una
+hermosa goleta que desafiaba la tempestad manteniéndose al pairo. Los
+que conservaban ojos sanos pudieron leer en su proa, escrito con letras
+de oro, Duncan. Empezamos á gritar en inglés, como locos desesperados:
+
+--_¡Schooner! ¡Schooner! ¡Come near!_
+
+--_¡Throw to the water!_ nos respondían á voces, sin atreverse á
+acercarse. ¡Echarnos al agua! ¡No quedaba otro recurso, y éste era tan
+arriesgado! En fin, qué remedio: los esquifes no podían aproximarse,
+por el temporal, y el buque menos aún. Nuestro _San Gregorio_, cercado
+por todas partes de llamas inmensas, ponía miedo. Había que escoger
+entre dos muertes, una segura y otra dudosa. Nos dispusimos á beber el
+sorbo de agua salada.
+
+El primer chaleco salvavidas que nos arrojaron al extremo de un cabo,
+se lo ofrecimos al capitán.
+
+--Ánimo, le dijimos. Póngase usted el chaleco y al mar: mal será que no
+bracee usted hasta la goleta.
+
+--¡No puedo, no puedo!
+
+--Vaya, un poco de resolución.
+
+Se lo puso y medio murmuró, gimiendo:
+
+--Tanto da así como de otro modo.
+
+Y acertaba. Aquello fué adelantar el desenlace y nada más. Se conoce
+que ó la humedad del agua ó el sacudimiento de la caída le abrieron
+las arterias del pie tronzado y se desangró en un decir Jesús; ó acaso
+el frío le produjo calambre; no sé: el caso es que le vimos alzar los
+brazos, juntarlos en el aire, y colarse por ojo del salvavidas al fondo
+del mar. Quedaron flotando el chaleco y la gorra: á él no le vimos ya
+más en este mundo.
+
+Seguían echándonos, desde la goleta, cabos y salvavidas, y la gente,
+visto el caso del capitán, recelaba aprovecharlos. Yo me decidí primero
+que nadie. Ya quería, de un modo ó de otro, salir del paso. Pero
+antes de dar el salto mortal, reflexioné un poco y determiné echarme
+de soslayo, como los buzos, para que la corriente, en vez de batirme
+contra el buque, me ayudase á desviarme de él. Así lo hice, y en
+efecto, tras de la zambullida, fuí á salir bastante lejos del _San
+Gregorio_. Oía los gritos con que desde el _schooner_ me animaban, y oí
+también el último alarido de algunos de mis compañeros, á quienes se
+tragó el agua ó zapatearon las olas contra los buques. Yo choqué con
+la espalda en el casco del _Duncan_: un golpe terrible, que me dejó
+atontado. Cuando me halaron, caí sobre cubierta como un pez muerto.
+
+Acordé rodeado de ingleses. Me decían: _¡go! ¡cook! ¡go!_ ¡á la cámara!
+Me incorporé y quise ir adonde me mandaban, pero no veía nada, y
+después de tantos horrores me eché á llorar por primera vez, exclamando:
+
+--_My no look_... ciego... enséñenme el camino...
+
+Me levantaron entre dos y me abracé al primero que tropecé, que era un
+grumete y rompió también á llorar como un tonto. No sé las cosas que
+hicieron conmigo los buenos de los ingleses. Me obligaron á beber de un
+trago una copa enorme de _brandy_, me pusieron un traje de franela, me
+dieron fricciones, me acostaron, me echaron encima qué sé yo cuántas
+mantas, y me dejaron solito.
+
+¿Qué sentí aquella noche? Verá usted... Cosas muy raras; no fué
+delirar, pero se le parecía mucho. Al principio sudaba algo y no tenía
+valor para mover un dedo, de puro feliz que me encontraba. Después, al
+oir el ruido del mar, me parecía que aún estaba dentro de él, y que
+las olas me batían y me empujaban aquí y allí. Luego iban desfilando
+muchas caras: mis compañeros, el tercero á la luz del cigarro, el
+capitán, y gentes que no veía hacía tiempo, y hasta un chiquillo que se
+me había muerto años antes...
+
+En fin, por acabar luego: llegamos á Newcastle, se me alivió la vista,
+el cónsul nos dió una guinea para tabaco, y á los pocos días nos
+embarcamos en un barco español con rumbo á Marineda. ¡Qué diferencia
+del buque inglés! Nuestros paisanos nos hicieron dormir en el pañol
+de las velas, sobre un pedazo de lona: apenas conseguimos un poco de
+rancho y galleta por comida: como si fuésemos perros.
+
+De la llegada, ¿qué quiere usted que diga? Á mi mujer le habían dado
+por cierta mi muerte; en la calle le cantaban los chiquillos coplas
+anunciándosela. Supóngase usted cómo estaba, y cómo me recibió. Ahora
+he de ir al santuario de la Guardia: no tengo dinero para misas; pero
+iré á pie, descalzo, con el mismo traje que tenía cuando me halaron
+sobre la cubierta del _Duncan_: chaleco roto por los garfios del
+salvavidas, pantalón chamuscado, y la cabeza en pelo; se reirán de
+verme en tal facha: no me importa: quiero besar el manto de la Virgen,
+y rezar allí una _Salve_.
+
+Me faltará para pan, pero no para comprar una fotografía del _San
+Gregorio_... ¿Ha visto usted cómo quedó? El casco parece un esqueleto
+de persona, y aún humea: el cargamento de algodón arde todavía:
+dentro se ve un charco negro, cosas de vidrio y de metal fundidas y
+torcidas... ¡Imponente!
+
+¿Que si me da miedo volver á embarcarme?... ¡Bah! ¡Lo que está de
+Dios... por mucho que el hombre se defienda...! Ya tengo colocación
+buscada. ¿Quiere usted algo para Manila? ¿Que le traiga á usted algún
+juguete de los que hacen los chinos? El domingo saldremos...
+
+ * * * * *
+
+Di al cocinero del _San Gregorio_ unos cuantos puros. Tiene el cocinero
+del _San Gregorio_ buena sombra y arte para narrar con viveza y
+colorido. Durante la narración, vi acudir varias veces las lágrimas á
+sus ojos azules, ya sanos del todo.
+
+
+
+
+ LA PAZ
+
+
+Declarada la guerra entre los dos bandos enemigos, cada cual pensó en
+armarse. La elección de jefes no ofrecía dificultad: Pepito Lancín era
+aclamado por los de los bancos de la izquierda, y Riquito (Federico)
+Polastres por los de la derecha. Merecían los dos caudillos tan
+honorífico puesto.
+
+Con su travesura y su viveza de ingenio inagotable, Pepito Lancín
+conseguía siempre divertir á los compañeros de colegio, discurriendo
+cada día alguna saladísima diablura, y volviendo loco al catedrático
+de Historia, don Cleto Mosconazo, á quien había tomado por víctima.
+Ya le metía dentro del tintero una rana viva; ya le disparaba con la
+cerbatana garbanzos y guisantes; ya le untaba de pez el asiento, para
+que se le quedasen pegadas las faldillas del gabán; ya le colocaba
+un alfiler punta arriba en el brazo del sillón, donde el señor de
+Mosconazo tenía costumbre de pegar con la mano abierta mientras
+explicaba á tropezones las proezas de Aníbal ó las heroicidades de
+Viriato el pastor. Verdad que, después de cada gracia, Pepito Lancín
+«se cargaba» su castigo correspondiente: ya el tirón de orejas, ya el
+encierro á pan y agua, ya la hora de brazos abiertos ó de rodillas;
+y cuando algún disparo de la cerbatana hacía blanco en la nariz del
+profesor, éste recogía el proyectil y lo deslizaba debajo de la rótula
+del delincuente arrodillado. Parece poca cosa estarse de rodillas sobre
+un garbanzo una horita, ¿eh? ¡Pues hagan la prueba y verán lo que es
+bueno!
+
+Lejos de mermar el prestigio de Pepito Lancín, los castigos sufridos
+con estoicismo alegre, mezclando las muecas de burla con las
+contracciones del dolor, le hacían más popular entre los muchachos.
+En cuanto á Riquito Polastres, su fama reconocía otro origen: las
+cualidades morales é intelectuales, la constancia y la agudeza eran
+privilegio de Lancín; de Polastres, la fuerza física, unos puños como
+pesas de gimnasia y un pecho como la proa de un navío. El diminutivo
+de Federiquito parecía un epigrama, mirando aquel corpachón y aquellas
+manazas descomunales, y presenciando cómo el muchacho, de una puñada,
+hacía astillas el pupitre, y de una morrada deshacía una jeta _de
+hombre_: porque en esto se fundaba la gloria, la prez de Riquito; á los
+doce años había calentado los morros al asistente del papá de su novia,
+que quería espantarle del portal como se espanta á un perro faldero.
+Sí; ¡buen faldero te dé Dios! Aún tenía el zanguango del asistente un
+ojo hecho una lástima y un carrillo inflado, de resultas de la trompada
+fenomenal que le atizó Riquito...
+
+Esta contraposición de aptitudes que se observaba en los dos jefes de
+bando, provocó la declaración de guerra, porque cada día se chungueaban
+los izquierdos á cuenta de los derechos, tratando á Riquito de _mulo_
+y de _zoquete_, y los derechos acusaban á los izquierdos de _gallinas_
+y de _señoritas almidonadas_, lo cual es altamente ofensivo y no puede
+quedar impune. Nada, nada, á armar una guerra; el campo de batalla
+sería el descampado fronterizo al hospital y á espaldas del cuartel
+nuevo; allí se vería quién es quién, y si los de la izquierda gastan
+enaguas ó pantalones. No ha de ser una pedrea vulgar, como otras veces,
+sino una batalla en regla, igual que las que traen los periódicos; se
+emplearán armas blancas y de fuego; cada cual recogerá en su casa lo
+que encuentre, y los dos bandos se encontrarán á las seis de la mañana,
+una hora antes de entrar en clase--porque después pasa gente y andan
+cerca «los del orden»--en el sitio señalado, al mando de sus jefes
+respectivos.
+
+Ni un combatiente faltó de las filas.
+
+El entusiasmo, el ardor bélico, se reflejaban en todos los semblantes.
+De armamento, á decir verdad, andábamos medianamente: éste traía una
+pistola de salón descargada, aquél un cuchillo de mesa; lo que más
+abundaba eran las navajas y los cortaplumas, los sables de juguete y
+algún bastón de estoque sustraído á papá. Sin embargo, Pepito Lancín,
+entreabriendo su americana, mostró con orgullosa sonrisa un cinturón
+de cuero, y atravesado en él un magnífico revólver de níquel. Riquito
+se retorció de envidia. ¡Un revólver como Dios manda, un revólver de
+verdad! Para aplastar completamente á su adversario, Lancín dijo con
+fatuidad suma:
+
+--Cargadito con seis tiros... Y en el bolsillo cápsulas.
+
+Sonrió Riquito con desprecio. No necesitaba armas, le bastaban sus
+puños. Así lo declaró en alta voz; las armas para los cobardes, para
+los gallinas de la izquierda del colegio. Los dos bandos se hicieron
+muecas y cruzaron los insultos de costumbre; después, á la voz severa
+de los jefes, se replegaron para situarse en línea de batalla. De
+pronto, el denodado Lancín se adelantó al centro del espacio libre, y
+encarándose otra vez con Riquito, exclamó perentoriamente:
+
+--Ahora veréis lo que es el valor de los españoles. ¡Muchachos! ¡Viva
+España! ¡Á la bayoneta!
+
+El caso es que Riquito era tan cerrado de meollo, que al pronto
+no entendió la significación de aquel grito, y lo repitió
+inconscientemente, haciendo coro á su enemigo. ¿Que viviese España?
+¡Claro! ¿Eso qué tenía de particular? Los murmullos de su tropa le
+sorprendieron. ¿Por qué protestaban? ¿Por qué chillaban y enseñaban los
+puños, no á los _izquierdos_, sino á él, á su excelencia el general
+Polastres? Por qué repetían: «No nos da la gana, barajas. ¡Eso no,
+contra!». Para comprender lo que sucedía, fué preciso que uno de los
+más despabilados _derechos_, metiéndole los dedos por los ojos á su
+jefe, le gritase:
+
+--¡Barajas, tonto, que no queremos ser nosotros los mambises y que
+ellos sean los españoles!
+
+Tenía razón; ¿cómo no se le había ocurrido inmediatamente? ¡Aquel
+tunarra de Lancín los quería fastidiar! ¡Ah, granuja! Rebosando
+indignación, echando chispas, Polastres corrió hasta el general
+enemigo, sin temor á que le envolviesen y le hiciesen prisionero
+viéndole solo. Sentíase capaz de hundir paredes con la frente: iba
+ciego, frenético, por lo sangriento de la burla. Por instinto de
+caballerosidad, los adversarios aguardaron á que se explicase.
+
+--Oyes tú, Lancín, ¿quién éramos nosotros?
+
+--¡Anda éste! Érais los mambises--respondió Pepito, apretando la culata
+de su revolver, por el fino gusto de acariciarla.
+
+--¿Y vosotros?
+
+--Éramos los españoles, ya se sabe. ¿Qué habíamos de ser?
+
+--¡Claro, como que íbamos á entrar así! No vale. ¡No se nos antoja,
+barajas! ¿Piensas que te moneas conmigo?
+
+--Y entonces, ¿cómo va á ser, bruto, animal? Si no éramos contrarios,
+cata que no había guerra.
+
+--¡Pues que la haya ó que no la haya! Eres muy listo tú. Déjanos á
+nosotros ser españoles, y ser vosotros los enemigos.
+
+--No puedo--objetó con suprema dignidad Lancín.
+
+--¿No? ¡Verás si puedes, rayo! Del lapo que te voy á soltar... te dejo
+negro, y estarás muy propio.
+
+--¡Pero, adoquín, si tengo la bandera ya!--contestó riendo
+triunfalmente el general Pepito, que sacó del bolsillo un trapo de
+percalina amarillo y rojo, resto probablemente de algún adorno de
+mástil en las últimas fiestas que había celebrado la ciudad, y lo
+tremoló orgulloso en el aire, repitiendo el patriótico grito lanzado
+momentos antes y contestado antes y ahora por los dos ejércitos. Al
+escucharlo por segunda vez, al ver ondear la bandera, la hueste de
+Riquito se precipitó y rodeó á Lancín, aclamando lo mismo que él
+aclamaba con voces atipladas y roncas, pero con una cordialidad y
+alegría que revelaba disposiciones pacíficas; y el jefe, confuso,
+no encontrando solución al problema--más fácil le parecía arremeter
+contra todos, contra el enemigo y contra los que se le pasaban
+traidoramente--exclamó avergonzado, llorando como un becerro:
+
+--Me has partido... Esto _no sirve_... No puede haber batalla... Si
+todos éramos españoles, no nos podíamos pegar... También te aseguro que
+cuando yo te pille y no esté delante nadie y no tengas bandera...
+
+--¡Vaya una gracia que harás! Tienes una fuerza que pareces un
+buey--contestó altivamente Lancín disparando su revólver al aire,
+mientras los dos ejércitos fraternizaban, y Riquito se arrepentía ya de
+su amenaza poco generosa.
+
+Las mamás de los guerreros nunca supieron de la que habían escapado.
+
+
+
+
+ SUERTE MACABRA
+
+
+Queréis saber por qué don Donato, el de los carrillos bermejos y la
+risueña y regordeta boca, se puso abatido, se quedó color de tierra y
+acabó muriéndose de ictericia? Fué que--oídlo bien--le cayó el premio
+gordo de Navidad, los millones de pesetas...
+
+Antes de este acontecimiento, don Donato era un hombre que podía
+llamarse feliz, si tal adjetivo no pareciese un reto al destino, que
+siempre está enseñando los dientes á los mortales. Encerrado en su
+droguería y herboristería de la calle de Jacometrezo, haciendo todos
+los días á la misma hora las mismas cosas insípidas y rutinarias, don
+Donato era plácidamente optimista: sus excesos y lujos consistían
+en alguna escapatoria á los teatrillos alegres, porque don Donato
+aborrecía la literatura triste--al teatro se va á reir--y sus derroches
+en traerse á casa las mejores frutas y legumbres del mercado del
+Carmen, pues adoraba, á fuer de obeso, los alimentos flojos.
+
+Jugador empedernido de lotería, nunca perdió sorteo, y no sólo se
+arriesgaba él sino que tomaba parte con amigos, y hasta les encomendaba
+la adquisición de décimos en administraciones que por cualquier motivo
+juzgaba afortunadas, dentro de las laboriosas combinaciones que
+realizaba para perseguir y acorralar á la suerte, á quien un día ú otro
+estaba cierto de coger por las alas. ¿En qué se fundaba tal seguridad?
+No podía decirlo, pero le alentaba una fe robusta, un instinto ó
+presentimiento--llámenle los escépticos como quieran--. Supersticioso
+y calculista pueril, sucedíale á veces pararse en seco ante el número
+de una casa ó el de un coche simón, y correr á la administración á
+pedir el mismo número. Lo que más le confirmaba en su manía, era una
+circunstancia que realmente parecerá extraña á todo el que conozca la
+lotería un poco: en la ya larga existencia de jugador de don Donato,
+que jugaba en cada sorteo, en algunos doble y triple, no le había
+caído, no digamos un premio regular, pero ni una aproximación, ni un
+reintegro en Nochebuena, ni nada, nada, nada... Esta singular reserva
+de la fortuna le parecía á don Donato signo infalible de que sólo se
+ocultaba para venir un día de pronto, fulminante, terrible, con los
+brazos abiertos y las manos tendidas, llenas de oro.
+
+Hará dos años, estudiando don Donato la marcha del _gordo_, del premio
+deslumbrador de Navidad, observó que desde tiempo inmemorial no había
+caído en M...; y, herida su imaginación por esta circunstancia, encargó
+á un amigo y corresponsal que allí tenía que le tomase _un billete_
+nada menos. Á vuelta de correo recibió la respuesta y el número del
+billete adquirido, en el cual el comprador se reservaba un décimo.
+Giró el dinero don Donato; guardó como oro en paño el número y la
+carta comprobante, y esperó el sorteo con fatalismo de musulmán. Sin
+emoción compró la lista cuando la oyó vocear, y al fijar los ojos en
+el glorioso número, una oleada de sangre afluyó á su cabeza... Era el
+número adquirido en M...; el propio número... el suyo, el esperado,
+el de los millones... allí estaba, claro como la luz. ¡El premio, el
+premio... La fortuna, abierta de brazos, derramando oro con sus anchas
+manos pródigas!
+
+Se repuso pronto don Donato. ¿Pues qué, no contaba con aquello, desde
+tantos años hacía? ¡Era lógico que al fin viniese! Una alegría intensa,
+serena, le embargaba plácidamente, mientras corría á cerciorarse...
+aunque estaba seguro de que resultaría verdad.--Y verdad resultó. No
+quedaba más que recoger, cobrar y disfrutar á pulso lo cobrado.
+
+No queriendo hacer pública su dicha, por quitarse de murgas y sablazos;
+pensando que nadie ejecuta las cosas mejor que el interesado, aquella
+misma noche tomó el tren y no paró hasta dar con su cuerpo en M...
+Llegó á hora avanzada de la noche siguiente, molido y asendereado, como
+sedentario que viaja sin ganas y por precisión, y hubo de recogerse á
+una posada, para aguardar con la luz del día la hora de presentarse á
+su corresponsal y reclamar el billete. Al acostarse pensó madrugar, mas
+de puro quebrantado le tomó el sueño, y despertó muy tarde. Vistióse,
+y con indefinible sobresalto corrió á casa del amigo en cuyas manos se
+encontraba el tesoro. En la esquina de la calle vió gentío; monagos,
+mujerucas que lanzaban exclamaciones de compasión; escuchó las notas
+del piporro, la salmodia de los curas; rompió por entre la compacta
+muchedumbre, se abrió paso hasta el portal, y al querer enfilar la
+escalera, tropezó con un ataúd que bajaba en hombros... Ya lo adivinas,
+lector: encerraba el cadáver del poseedor del billete premiado...
+
+Después de cortos momentos de angustia cruel, don Donato se resolvió á
+penetrar, sin encomendarse á Dios ni al diablo, hasta el gabinete donde
+lloraba la viuda. Brutalmente--millones quitan escrúpulos--formuló la
+cuestión y reclamó el billete. Era de temer un desmayo: no lo hubo;
+la viuda, digna y tranquila, franqueó á don Donato el mueble donde
+el difunto guardaba sus papeles de mayor interés. Á las primeras de
+cambio encontraron en el cajón central una cédula de letra del muerto,
+que decía así: «Día tantos... he comprado para el señor don Donato
+Galíndez, droguero en Madrid, un billete entero de lotería, número
+tantos, que conservo en mi poder...». Y debajo: «Día tantos, recibida
+letra importe billete, menos un décimo que reservo para mí...». Abrió
+tanto ojo la viuda con lo del décimo, y desde aquel mismo instante se
+consagraron ella y don Donato, rivalizando en celo, á registrar la
+casa de abajo arriba; pero aun cuando gastaron tres días en pesquisas
+minuciosas, nada pudieron encontrar. El billete había desaparecido.
+
+Al cuarto día, don Donato, que ya tenía fiebre y estaba medio loco, iba
+á retirarse amenazando con la Justicia, cuando la viuda, llamándole á
+un rincón y titubeando, le dijo quedamente:
+
+--¿Sabe usted... que... que pienso una cosa? Se me ha clavado aquí--y
+apoyaba el índice en el entrecejo.
+
+--¿Qué cosa, señora mía?
+
+--Que... que tal vez... ese... ese billete... esté... Sí, casi de fijo
+está...
+
+--¿Dónde, voto á mil pares?...
+
+--¡Está... enterrado... con mi esposo!...
+
+--¡Enterrado!--exclamó don Donato, á punto de que lo enterrasen también.
+
+¿Lo creerán ustedes? Si no lo creen hacen mal. El terror á los muertos
+era tan profundo en don Donato, que si no le anima y envalentona la
+viuda, tal vez renuncia entonces á perseguir su billete. «No dude que
+está allí--insistía ella más resuelta cada vez--, porque _llevó puesta_
+su levita buena, la de paño fino, y es la misma que usó tres ó cuatro
+días antes de morir... Juraría que el billete va en el bolsillo. Como
+mi esposo falleció casi de repente...».
+
+Azuzado por la valerosa señora, don Donato se enteró de las
+formalidades necesarias para hacer exhumar judicialmente un cadáver,
+y pareciéndole empresa erizada de dificultades y hasta de peligros,
+resolvió echar por la calle de en medio y sobornar al encargado de
+la custodia del cementerio, para que abriese el nicho y el ataúd.
+Encuéntrase el cementerio de M... situado á orillas del mar, y la noche
+en que se realizó la lúgubre hazaña era de tormenta horrible; silbaba
+el viento entre los negros cipreses, y el sordo é imponente murmurio
+del océano tenía tonos de queja, de maldición y de llanto; clamores
+sobrehumanos por lo amenazadores y tristes, parecidos á un coro de
+voces de muertos. Á don Donato le corría el sudor, en frías gotas,
+desde el cráneo hasta la nuca; sus dientes castañeteaban, y sus piernas
+flaqueaban como si fuesen de algodón. Destapiaron el nicho; para sacar
+la caja, tuvo el droguero que ayudar, pues pesaba bastante; y cuando
+se alzó la tapa de zinc, la primer bocanada de putrefacción, el hedor
+cadavérico, dió, más que en las narices, en el alma á don Donato. La
+viuda, siempre animosa, le dijo al oído:
+
+--Ea... registre usted; no vaya á creer, si registro yo, que le engaño.
+
+Acercó el sepulturero la linterna; don Donato, con esfuerzo
+sobrehumano, se inclinó sobre la caja; vió una cara espantosa, verde
+ya, unos ojos abiertos, vidriados y aterradores, una barba fosca, unos
+labios lívidos... y sólo cuando la viuda repitió con energía:
+
+--¡Pero regístrele usted!
+
+Sólo entonces, lo repito, se dió cuenta de lo más horroroso... ¿Qué
+había de registrar? ¡El cadáver estaba desnudo! Cayó desplomado el
+droguero, mientras la viuda, con acento de desesperación, exclamaba:
+
+--¡Estúpida de mí! ¡Por qué no picaría yo á tijeretazos la ropa!
+¡Cuando la ven entera, se la llevan, los muy ladrones!
+
+ * * * * *
+
+Se dió el oportuno aviso á la policía: se registraron las casas de
+empeño y préstamos de toda España, mas no pareció el siniestro billete,
+y el premio se lo guardó la Hacienda frotándose las manos (es una
+manera de decir). Probablemente, el ladrón de la levita arrojó al mar,
+sin examinarlos, los papeles que halló en los bolsillos, por temor á
+que le comprometiesen... Lo cierto es que don Donato, á su vez, cayó
+enfermo y murió consumido de hipocondría, enseñando los puños á una
+figura imaginaria, que debía de ser la descarada, la indinota de la
+suerte.
+
+
+
+
+ EL GUARDAPELO
+
+
+Aunque son raros los casos que pueden citarse de maridos enamorados
+que no trocarían á su mujer por ninguna otra de las infinitas que en
+el mundo existen, alguno se encuentra, como se encuentra en Asia la
+perfecta mandrágora y en Oceanía el pájaro lira ó menurio. ¡Dichoso
+quien sorprende una de estas notables maravillas de la naturaleza y
+tiene al menos la satisfacción de contemplarla!
+
+Del número de tan inestimables esposos fué Sergio Cañizares, unido
+á Matilde Arenas. Su ilusión de los primeros días no se parecía á
+esa efímera vegetación primaveral que agostan y secan los calores
+tempranos, sino al verdor constante de húmeda pradera, donde jamás
+faltan florecillas ni escasean perfumes. Cultivó su cariño Sergio
+partiendo de la inquebrantable convicción de que no había quien
+valiese lo que Matilde, y todos los encantos y atractivos de la
+mujer se cifraban en ella formando incomparable conjunto. Matilde era
+para Sergio la más hermosa, la más distinguida, donosa y elegante,
+la más discreta y simpática, y también, por añadidura, la más
+honesta, firme y leal. Con esta persuasión él viviría completamente
+venturoso, á no existir en el cielo de su dicha--es ley inexorable--una
+nubecilla tamaña como una almendra, que fué creciendo y creciendo y
+ennegreciéndose y amenazando cubrir y asombrar por completo aquella
+extensión azul, tan radiante, tan despejada á todas horas, ya reflejase
+las suaves claridades del amanecer, ya las rojas y flamígeras
+luminarias del ocaso.
+
+La diminuta nube que oscurecía el cielo de Sergio era un dije de oro,
+un minúsculo guardapelo que, pendiente de una cadenita ligera, llevaba
+constantemente al cuello Matilde... Ni un segundo lo soltaba; no se
+lo quitaba ni para bañarse--con exageración tal, que como un día se
+hubiese roto la cadena cayendo al suelo el dije, Matilde, pensando
+haberlo perdido, se puso frenética de susto y dolor; hasta que,
+encontrándolo, manifestó exaltado júbilo--. Desde el primer momento de
+intimidad conyugal, que permitió á Sergio ver brillar sobre el blanco
+raso del cutis de Matilde el punto de oro del guardapelo, aquel punto
+se le clavó en el alma, atrayendo sus ojos como si le hipnotizase.
+No llevaba Matilde cerca del corazón otra alhajilla, ni escapulario,
+ni cruz, ni medalla, y Sergio, deseando arrojar de sí vagos temores,
+supuso buenamente que el guardapelo encerraría algún emblema
+religioso. Alzándolo como al descuido, preguntó:
+
+--¿Tienes aquí una virgen?
+
+--No--respondió lacónicamente Matilde.
+
+--¿Algún santo de tu devoción?
+
+--Tampoco.
+
+--¡Ah!--murmuró el esposo.--Y se mordió los labios. Hay en el amor
+verdadero un instinto de delicadeza y altivez que impone la discreción:
+cuanto más crece el ansia de _saber_, mayor es la exigencia de que sea
+franco y sincero, y que lo sea espontáneamente, el ser querido; se
+desea deber la tranquilidad á una expansión de cariño y ternura. Sergio
+sintió que su dignidad amorosa no le permitía insistir en la pregunta,
+y fingió olvidarse de ella; pero le quedó la espina hincada muy
+adentro. Aparentó estar alegre cuando realmente se encontraba abatido
+y melancólico, y apenas acertaba á pensar sino en el guardapelo de su
+esposa. ¿Qué contenía? Hubiese dado la vida por salir de dudas... pero
+oyéndolo de boca de ella misma, de sus dulces labios, en uno de esos
+arranques leales y divinos en que los espíritus se besan, entrelazan
+y funden. Mas como Matilde, aunque siempre zalamera y halagadora,
+continuaba callándose lo del guardapelo, Sergio comprendió que se
+confundía su razón, que padecía mucho, y que, cuando tenía delante á
+su mujer, linda, adornada, dispuesta á amantes expansiones, en vez de
+ver su codiciada hermosura, sólo veía el siniestro punto de oro, el
+guardapelo fatal.
+
+Matilde notó por fin la preocupación de su marido, y con coqueterías
+y mimos quiso arrancarle la confesión de sus causas. Un día, tanto
+apretó, que Sergio, vencido--el que ama fácilmente se rinde--,
+reclinando la cabeza en el seno de su mujer, declaró que le atormentaba
+ignorar lo que contenía aquel tan estimado guardapelo.
+
+--¿Y era eso?--respondió Matilde sonriente--¡Válgame Dios! ¿Por qué no
+lo dijiste más pronto? En este guardapelo... hay un mechón de pelo de
+mi padre.
+
+La explicación parecía muy satisfactoria, y, sin embargo, Sergio, al
+oirla, sintió hondo estremecimiento allá en lo íntimo de su conciencia.
+No le había sonado bien la voz de Matilde; no encontraba en ella ese
+timbre claro, que es como el eco de la verdad. Por primera vez desde su
+boda tuvo un violento arranque, y señalando á la cadena, ordenó:
+
+--Abre ese guardapelo.
+
+Leve palidez se extendió por las mejillas de Matilde, pero obedeció;
+apretó el resorte y Sergio divisó, tras su cristal, un mechón de pelo
+fino, de un rubio ceniza... En vez de echar los brazos al cuello de su
+mujer, que repetía: «¿Lo ves?» Sergio volvió á percibir otro golpe,
+otra fría puñalada... Retiróse lentamente, y aquel día los esposos no
+se hablaron. Matilde, quejándose de jaqueca, se acostó á medio día, y
+Sergio salió al campo á pasear.
+
+Cavilaba, discurría. Su suegro, ya difunto, y á quien había conocido
+calvo, con cerquillo de pelos grises, ¿sería en su juventud tan
+rubio? La cosa era bastante difícil de averiguar. Probablemente nadie
+recordaba ese detalle, pues para nadie tenía importancia, sino para
+él, Sergio, en aquella hora de su vida. ¿Quién le diría la verdad? Los
+días siguientes, disimulando la inquietud, preguntó á troche y moche,
+frecuentó el trato de los contemporáneos de su suegro, revisó retratos
+antiguos, fotografías, una miniatura... Nada logró sacar en limpio, más
+que noticias contradictorias.--Por fin, recordó que hacía pocos meses
+Matilde le había interesado en una recomendación á favor de un quinto,
+nieto de cierta buena mujer que había sido niñera de su padre, y que
+vivía aún, en una aldea cercana. Sergio, afanoso, ensilló el caballo y
+no paró hasta apearse ante la cabaña de la viejecita. Ésta, que frisaba
+en los ochenta y tres años, estaba impedida, medio ciega y casi sorda.
+Costóle gran trabajo á Sergio hacer comprender á la anciana su extraña
+pregunta. ¿De qué color tenía el pelo su suegro cuando era niño? Al
+fin, la vieja, meneando la cabeza decrépita, respondió en cascada voz,
+alzando el dedo índice:
+
+--¿El pelo? Lo tenía negrito, negrito como la endrina. ¡Ay! Era muy
+guapo.
+
+Sergio, que al pronto se quedó convertido en piedra, salió después
+corriendo como un loco. Matilde había mentido. ¡La condenaba aquel
+testimonio irrecusable! No podía ser recuerdo filial el mechón rubio.
+
+Una semana tardó Sergio en volver á su hogar. Anduvo errante,
+desatinado, y durante aquella semana puede decirse que recorrió el
+ciclo de la vida del sentimiento y que agotó entera la copa de la duda
+y la desesperación, sufriendo la profunda miseria moral que acompaña
+á los celos. Los dos primeros días dió por seguro que Matilde era una
+gran culpable y decidió matarla.--Los dos siguientes supuso que el
+mechón no recordaba sino algún inocente amorío de la adolescencia. Y
+al correr los tres últimos empezó á sonreirle una hipótesis que á cada
+paso se le figuraba más cuerda y razonable: la anciana, chocha ya, se
+había equivocado, como se equivocan hasta en lo más patente otras dos
+centenarias temblonas, la historia y la tradición. Al séptimo día,
+en el alma de Sergio el amor consiguió reconstruir su mundo ideal:
+la condenada vieja mentía, era una bellaca embustera y maliciosa; el
+padre de Matilde tenía el pelo rubio, muy rubio, y en último caso, si
+aquel mechón fuese _una memoria_... ¿qué importaba? No hay mujer que no
+conserve un guardapelo y lo lleve, si no al cuello en el corazón, lo
+cual es peor, ¡peor infinitamente!--Y Sergio, dolorido, pero resignado
+y ferviente, volvió al lado de Matilde, acostumbrado ya al brillo
+siniestro del punto de oro.
+
+
+
+
+ LA VENTANA CERRADA
+
+
+Si alguna febril curiosidad he padecido en mi vida--declaró Pepe
+Olivar, el original escritor que hizo ilustre el prosaico seudónimo de
+_Aceituno_--; si me convencí prácticamente de que por la curiosidad
+se puede llegar á la pasión, fué debido al enigma de una ventana
+cerrada siempre, y detrás de la cual supuse que vivía--ó más bien que
+moría--una mujer á quien no conseguí ver nunca... ¡Nunca!
+
+--Eso parece leyenda de antaño, cuento misterioso de la época
+romántica--exclamó uno de nosotros.
+
+--¡Y tú te figuras, incauto--repuso _Aceituno_ sarcásticamente--que ha
+inventado algo el romanticismo? ¿Supones que no hubo románticos sino
+allá por los años del 30 al 40? ¿Desconoces el romanticismo natural,
+que no se aprende? ¿Piensas que la imaginación puede sobrepujar á la
+realidad? Las infinitas combinaciones de los sucesos producen lo que
+ni aun entrevé la inspiración literaria. De esto he tenido en mi vida
+muchas pruebas; pero la historia de la ventana... ¡ah! ésa pertenece,
+no al género espeluznante, sino á otro, poco lisonjero ciertamente para
+mí... Con todo, no careció de poesía: poesía fueron, y poesía de gran
+vibración, las violentas emociones que logró producirme.
+
+Supón que yo era muy muchacho: iba á cumplir los diecinueve, y desde
+C... acababa de trasladarme á Madrid para completar mis estudios en la
+facultad de Medicina y «despabilarme» (así decía mi padre, que me tenía
+por un rapaz encogido y torpe). Es frecuente que los chicos, por exceso
+de sensibilidad, parezcan lerdos; así me pasaba á mí; andaba por el
+mundo como dormido, mientras en mi interior se representaban novelas,
+dramas y tragedias, siempre con el mismo protagonista; el pobre
+estudiante de medicina, que desde el balcón de una casa de huéspedes de
+las más baratas, miraba pasar el torbellino de la corte, el descenso
+de los elegantes trenes hacia el paseo y los toros, el movimiento
+incesante, vertiginoso, de una de las grandes arterias madrileñas.
+
+Dominaba mi balcón del cuarto piso, no sólo la ancha calle que sabéis,
+sino las estufas, dependencias y jardines de cierto magnífico palacio.
+Cuando el bullicio callejero me aburría; cuando, rendido de estudiar
+para prepararme á los exámenes, ó de tragar libros y almacenar
+conocimientos, ó de darme un atracón de versos, soñaba con siestas en
+el campo y excursiones al través de las rientes campiñas galaicas,
+reposaba fijando la vista en lo que familiarmente llamaba «mi jardín».
+Dada la penuria de vegetación del interior de Madrid, el tal jardín
+se me figuraba un oasis consolador de la estrechez de mi cuarto, del
+tiesto de albahaca tísica que cultivaba mi patrona, de la falta de
+dinero para salir al campo los domingos. Frondosos y crecidos eran
+los árboles que sombreaban la fachada del palacio; pero, en otoño,
+los de hoja caduca, al despojarse de su rozagante vestido verde, me
+descubrían, en el segundo piso, en el ángulo del edificio, muy distante
+del pórtico por donde salían los carruajes, _la ventana_...
+
+Al pronto, no extrañé que aquella ventana, alta y rasgada, fuese la
+sola que jamás se abría, la única que, protegida siempre por el abrigo
+de su tupido cortinaje de seda, permanecía velada como un santuario
+y cerrada como la reja de una prisión. Así que caí en la cuenta, lo
+único que me atraía del palacio espléndido era la ventana dichosa. Mi
+vista, que antes registraba afanosamente los dorados salones, las bien
+decoradas estancias, los gabinetes llenos de delicados chirimbolos,
+el lujo severo del comedor, con sus bandejas de plata repujada y
+sus flamencos tapices--cosas que daban idea de una vida superior,
+desconocida para mí--, ahora desdeñaba tal espectáculo, y «atraída por
+un imán más poderoso», como dice Hamleto, no se apartaba del ángulo del
+edificio, de la ventana nunca abierta.
+
+Con insinuantes preguntas á mi patrona; haciendo charlar á mis
+compañeros de hospedaje y café, que se jactaban de conocer á fondo
+la crónica madrileña--quise averiguar la biografía de los moradores
+del palacio. Si bien todos afirmaban saberla á ciencia cierta y con
+pelos y señales, al precisar sólo obtuve datos truncados y hasta
+contradictorios, que me pusieron en mayor confusión.
+
+El dueño del palacio era un opulento magnate que había pasado
+larguísimas temporadas en el extranjero, desempeñando altos puestos
+diplomáticos. Por su alejamiento de la patria y por su carácter
+reservado y altanero, tenía en Madrid escasos amigos y contadas
+relaciones, y era de los que ni se dejan ver ni quieren gente. Al
+tratarse de la familia del señorón, empezaban las opuestas versiones
+y las noticias novelescas. Según unos, el magnate estaba viudo de
+cierta bellísima inglesa, y tenía consigo á una hija no menos hermosa,
+único fruto de su enlace; según otros, la inglesa no había muerto y
+residía en el palacio, secuestrada por los bárbaros celos del esposo...
+Gentes de imaginación volcánica aseguraban que la dama emparedada del
+palacio no era sino una odalisca robada en Constantinopla, y muchos la
+convertían en princesa circasiana venida de los países donde es más
+puro el tipo humano en la raza blanca, y donde la mujer, satisfecha con
+tener á su lado al señor y dueño, no aspira ni á sentar en las losas de
+la calle su diminuta babucha bordada de perlas... Estas suposiciones
+me derramaron en las venas vitriolo y fuego. ¡Recuerdo que frisaba
+yo en los veinte años, y que no había amado aún! Noches enteras me
+pasé fantaseando la ventana cerrada, que guardaba, á mi parecer, la
+clave de mi destino. Con el corazón palpitante espiaba la aparición
+de la mujer que alguna vez, fatalmente, entreabriría el cortinaje y
+pagaría mis miradas con una sola, resumen de la dicha... No me cabía
+duda; la primer ojeada de la cautiva sería chispa de rayo, premio de mi
+insensata y romancesca devoción... Me procuré unos gemelos marinos para
+mejor escrutar el arcano de la ventana. Conté las mallas del encaje
+del trasparente, las bellotas de pasamanería del cortinaje doble, los
+arabescos del brocado... Cuando se encendían dentro las lámparas, yo
+veía pasar y repasar una sombra gallarda, esbelta, ya arrastrando
+flotante bata, ya ceñida por severo traje oscuro; sombra divina,
+cuerpo de mi ensueño loco... ¿Lo creerán ó dirán que exagero? Hasta
+tal punto me sacaban de quicio la dama invisible y la ventana cerrada,
+que eran indiferentes á mi juventud fogosa todas las mujeres y se me
+hacía aborrecible la lectura, como no encontrase en los libros alguna
+situación semejante á la mía...
+
+¡Los planes que forjé! ¡Los delirios que se me ocurrieron! ¿Por qué
+secuestraban á aquella mujer celestial? ¿Qué tirano, qué verdugo era
+el magnate? ¿Qué nombre daba á sus derechos? ¿Padre? ¿Marido? ¿Raptor
+y amante celoso? ¿Había yo de tolerar el crimen? ¿No podría el oscuro
+estudiante, el cero social, libertar á la prisionera? ¿Tanto costaba
+escalar la tapia, salvar la puerta, aprovechar descuidos de los
+servidores, deslizarme escalera arriba, aparecer de súbito en el cuarto
+de la hermosa, caer á sus pies y decir en voz conmovida: «Aquí me
+tienes; el cielo te depara un redentor».
+
+Sólo que del pensamiento al hecho... Á pesar de mi fiebre amorosa y
+heroica, el aspecto señorial del palacio, la gravedad del portero de
+librea de gala, lo sólido del enverjado, los ladridos roncos de un
+colosal dogo de Ulm, la saludable memoria del Código y también la
+certidumbre de mi bolsillo vacío---no hay cosa que así cohiba--, hacían
+que mis propósitos se desvaneciesen como el humo. Y quiso la pícara
+casualidad que una mañana que me levanté muy resuelto, al mirar al
+jardín y al palacio pensé que me daba un accidente... La ventana, ¡la
+ventana! estaba abierta de par en par.
+
+Exhalé un grito, asesté los gemelos... La habitación, un elegante y
+muelle _boudoir_ femenino, se encontraba vacía, desierta, solitaria...
+Recorrí las demás ventanas del palacio, todas abiertas, y en los
+salones ni alma viviente... El portero, ya sin librea, fumaba en el
+jardín; dos mozos retiraban plantas y jarrones á la estufa. Bajé mis
+cuatro pisos, crucé la calle, me llegué á la verja, tiré de la campana,
+pregunté... Los señores, la víspera, se habían marchado á Berlín.
+
+--¿Y llegaste á averiguar, oh insigne _Aceituno_, quién era la dama
+secuestrada?
+
+Pepe Olivar sonrió con ironía y humorismo, no sin mezcla de tristeza y
+nostalgia--su sonrisa propia, la marca de su estilo.
+
+--Reíos también, ¡es muy chusco! Era la esposa del magnate, una
+inglesa... y secuestrada, ya lo creo... pero por su propia voluntad,
+único medio de que no rompa sus hierros una mujer. Ésta padecía una
+enfermedad de la piel; una de esas afecciones tercas y repugnantes,
+que desfiguran el rostro. De flor de Albión se había convertido en
+berenjena madura... y como la prescripción era evitar la más leve
+corriente del aire, no salía del tocador... Por otra parte, no quería
+que la viese nadie con la cara echada á perder. Un doctor alemán
+restauró las rosas y la nieve de aquella faz, que yo adoré sin haberla
+visto.
+
+
+
+
+ INFIDELIDAD
+
+
+Con gran sorpresa oyó Isabel de boca de su amiga Claudia--mujer formal
+entre todas, y en quien la belleza sirve de realce á la virtud, como al
+azul esmalte el rico marco de oro--la confesión siguiente:
+
+--Aquí donde me ves, he cometido una infidelidad cruelísima, y si hoy
+soy tan firme y perseverante en mis afectos, es precisamente porque me
+aleccionaron las tristes consecuencias de aquel capricho.
+
+--¡Capricho tú!--repitió Isabel atónita.
+
+--Yo, hija mía... Perfecto, sólo Dios. Y gracias cuando los errores nos
+enseñan y nos depuran el alma.
+
+Con levadura de malignidad, pensó Isabel para su bata de encaje:
+
+--Te veo, pajarita... ¡Fíese usted de las moscas muertas! Buenas cosas
+habrás hecho á cencerros tapados... Si cuentas ésta, es á fin de que
+creamos en tu conversión.
+
+Y, despierta una empecatada curiosidad y una complacencia diabólica,
+volvióse la amiga toda oídos... Las primeras frases de Claudia fueron
+alarmantes.
+
+--Cuando sucedió estaba yo soltera todavía... La inocencia no siempre
+nos escuda contra los errores sentimentales. Una chiquilla de dieciséis
+años ignora el alcance de sus acciones; juega con fuego sobre barriles
+atestados de pólvora, y no es capaz de compasión, por lo mismo que no
+ha sufrido...
+
+La fisonomía de Claudia expresó, al decir así, tanta tristeza, que
+Isabel vió escrita en la hermosa cara la historia de las continuas
+y desvergonzadas traiciones que al esposo de su amiga achacaba con
+sobrado fundamento la voz pública. Y sin apiadarse, Isabel murmuró
+interiormente:
+
+--Prepara, sí, prepara la rebaja... Ya conocemos estas semiconfesiones
+con reservas mentales y excusas confitadas... El maridito se aprovecha,
+pero por lo visto has madrugado tú... Pues por mí, absolución sin
+penitencia, hija... ¡Y cómo sabe revestirse de contrición!
+
+En electo; Claudia, cabizbaja, entornaba los brillantes ojos, velados
+por una humareda oscura, profundamente melancólica.
+
+--Dieciséis años; era mi edad... y había un ser á quien entonces quería
+acaso más que á ninguno. Todos los momentos de que podía disponer, los
+dedicaba á acariciarle, á hacerle demostraciones de ternura, que él
+pagaba con otras, mil veces más apasionadas y alegres...
+
+--¡¡Claudita!!--esclamó Isabel con pudibundo mohín.
+
+--Isabel...--repuso ésta--tranquilízate, y que no te parezca cómica la
+revelación... ¡Si vieses qué lejos de mí está el tomar á broma este
+episodio! ¡Ojalá pudiese! El ser querido era un perro...
+
+--¡Ah!--gritó Isabel, que no pecaba de necia--Debí figurármelo...
+Sólo un perro justifica el lirismo con que te expresabas... Sólo el
+corazón del perro encierra lealtad, sinceridad y nobleza bastante para
+satisfacer á una soñadora como tú...
+
+--Y ahí está la razón de mis remordimientos...--afirmó seriamente
+Claudia--Si yo hubiese vendido á un ser capaz de venderme... mi
+conciencia estaría casi tranquila. Habría arriesgado algo, me habría
+expuesto á represalias... mientras que así...
+
+--Comprendo, comprendo--balbució Isabel, conmovida á pesar suyo.
+
+--Á pesar del tiempo transcurrido, aún me persiguen los recuerdos de
+mi maldad... Los años nos hacen más blandos de corazón; la juventud
+ve delante de sí tantas esperanzas, que no quiere mirar al dolor, ni
+apiadarse del daño que aturdidamente ocasiona... Mi error no tuvo
+disculpa, ni siquiera la del buen gusto. Ivanhoe, mi primer favorito,
+era un perrazo magnífico, un terranova de pelo ensortijado y negrísimo,
+como denso tapiz de alto astracán. De cabeza noble é inteligente, el
+mirar de sus grandes ojos de venturina destellaba una bondad ideal;
+¡decía un mundo de cosas! Cuando venia á descansar la cabezota en
+mi regazo, y fijaba en mis pupilas las suyas magnéticas, yo leía en
+ellas la resolución de morir por mí, si fuese preciso. La sombra de
+un peligro, la entrada de una persona desconocida, contraían con
+repentina ferocidad el hocico de Ivanhoe, que enseñaba sus blancos
+dientes amenazándoles, gruñendo sordamente. De día, me seguía paso á
+paso; de noche, dormía atravesado en el umbral de mi puerta. Mi pureza
+no necesitaba otro guardián, y mis padres acostumbraban decir que con
+Ivanhoe iba yo más defendida que con tres criados.
+
+En esto sucedió que vino de París mi tía la de Bellver, y me trajo un
+regalo carísimo. Empezaban á ponerse de moda los grifones, y dentro del
+manguito me presentó uno, diminuto hasta la ridiculez y feo hasta la
+sublimidad: «una delicia», voz unánime de cuantos le admiraron en la
+tertulia. Un matorral de pelo gris sucio se cruzaba y confundía en la
+cara del animalejo, escondiendo sus ojos desproporcionados, parecidos
+á enormes cuentas de azabache y descubriendo sólo la nariz, trufita
+húmeda, reluciente y donosa hasta la caricatura. _Clown_--así se
+llamaba el bichejo--fué nuestro juguete, frágil, original y envidiado,
+porque no se conocía otro en Madrid; y la miseria de mi vanidad me
+incitó á consagrar á Clown exclusivamente todos mis halagos, á no
+separarle de mí, á adoptarle por favorito, olvidando enteramente á
+Ivanhoe. Es más; llegué á expulsar á Ivanhoe de mi presencia y de mi
+cuarto, porque asustaba al grifón, el cual, muy tembleque, como todos
+los perros chiquitines, se convertía en azogado al ver al colosal
+terranova. Me entregué sin reparo al nuevo cariño, y si no le encargué
+á Clown un _trousseau_ lujosísimo de sedas, encajes y plumas (ya sabes
+que esto se hace hoy, como que existen modistas especiales y hasta
+figurines para perros), al menos me dediqué á lavarle, peinarle,
+perfumarle y atusarle, y le construí un collarín precioso de perlitas,
+sacrificando mi mejor brazalete para los pasadores de diamantes. Mis
+amigas rabiaban por no tener otro Clown; yo le sacaba en carruaje, en
+el manguito ó en el rincón de mi chaqueta, entre el brazo y el seno;
+y al lucir tan gracioso dije viviente, al ostentarlo como una niña
+ostenta una muñeca más cara que todas, me pavoneaba y me hinchaba de
+orgullo, sin pensar ni un instante en el olvidado...
+
+El olvidado había procedido con la mayor dignidad, con la delicadeza
+más absoluta. Bastaríale mover una pataza para aplastar al rival
+intruso, pero se desdeñó hasta de ladrarle: tan mezquino enemigo no
+merecía los honores del ataque y de la protesta. Si se hubiese tratado
+de un perrazo... ya Ivanhoe disputaría mi ternura á dentelladas. Ante
+aquel ser exiguo, Ivanhoe comprendió que no le tocaba descender á
+ningún extremo celoso; se abatió, encogió la cola, agachó la cabeza, y
+resignadamente descendió á la cuadra, donde los cocheros se encargaron
+de cuidarle.
+
+--Ese perro era _un caballero_--interrumpió Isabel.
+
+--Y yo... _¡una infame!_--declaró amargamente Claudia.--Ivanhoe, solo,
+enfermo, abandonado entre gente grosera y estúpida... No me enteré sino
+cuando no había remedio.--Tiene la rabia mansa--me dijeron--y aunque
+no hace daño ni muerde, habrá que pegarle un tiro.--Sentí un golpe
+repentino en el corazón; me escapé, me escurrí furtivamente hasta la
+cuadra, y me acerqué al montón de paja mal oliente en que yacía tendido
+Ivanhoe. Á mi voz, entreabrió las pupilas y meneó débilmente la cola,
+como diciendo: «Gracias, soy tu amigo, soy aquel mismo, á pesar de
+todo...». Habían notado mi escapatoria y me arrancaron de allí deshecha
+en llanto, ahogada por los sollozos, convulsa; me encerraron en mi
+habitación, y á la media hora oí en el patio dos detonaciones de arma
+de fuego...
+
+Claudia calló y apretó en silencio, enérgicamente, la mano de Isabel.
+Después de una pausa, dijo sonriendo:
+
+--Ivanhoe me perdonó, porque en él no cabía otra cosa; ¡quien no me
+ha perdonado ha sido el destino... el gran vengador! No me ha traído
+suerte la infidelidad... El que á hierro mata...
+
+
+
+
+ DE VIEJA RAZA
+
+
+Á cada salto de la carreta en los baches de las calles enlodadas y
+sucias, las sentenciadas á muerte se estremecían y cruzaban largas
+miradas de infinito terror. Sí, preciso es confesarlo: las infelices
+mujeres no querían que las degollasen. Aunque por entonces se
+ejercitaba una especie de gimnasia estoica y se aprendía á sonreir y
+hasta á lucir el ingenio soltando agudezas frente á la guillotina,
+en esto como en todo las provincias se quedaban atrasadas de moda,
+y los que presentaban su cabeza al verdugo en aquella ciudad del
+Poitou no solían hacerlo con el elegante desdén de los de la «hornada»
+parisiense.--Además, las víctimas hacinadas en la carreta no se
+contaban en el número de las viriles amazonas del ejército de Lescure,
+ni habían galopado trabuco en bandolera con las partidas del _Gars_
+y de Cathelineau. Señoras pacíficas sorprendidas en sus castillos
+hereditarios por la revolución y la guerra, briznas de paja arrebatadas
+por el torrente, no se daban cuenta exacta de por qué era preciso
+beber tan amargo cáliz. ¿Ellas qué habían hecho? Nacer en una clase
+social determinada--ser aristócratas, como se decía entonces--. Nada
+más. Los cuatro cuarteles de su escudo las empujaban al cadalso. No lo
+encontraban justo. No comprendían. Eran _sospechosas_, al decir del
+tribunal; _malas patriotas_. ¿Por qué? Ellas deseaban á su patria toda
+clase de bienes; jamás habían conspirado. No entendían de política. ¡Y
+dentro de un cuarto de hora...!
+
+Cinco mujeres iban en la carreta: dos hermanas solteronas, viejísimas,
+las que mayor resignación demostraban en el trance; una dama como de
+treinta años, esposa de un guerrillero, separada de él desde el mismo
+día de sus bodas, que no le había visto nunca más porque no podía
+sufrirle, y pagaba ahora el delito de llevar tal nombre; una viuda,
+la condesa de L’Hermine, y su hija Ivona, criatura de dieciocho años,
+de primaveral frescura y perfecta belleza. Bajo el gorrillo ó cofia
+de blancos vuelos, el pelo suelto y rubio de la niña se escapaba
+formando aureola á la cara cubierta de mortal palidez, y en que las
+pupilas color de violeta y los cárdenos labios parecían toques de
+sombra sepulcral. Las manos, atadas atrás, temblaban; los dientes
+castañeteaban; doblábase desmayado el cuerpo.
+
+Sin embargo, desde la mitad del camino--que era largo, por encontrarse
+la prisión en las afueras de la ciudad y en el centro la plaza--, Ivona
+de L’Hermine, enderezándose, demostró inquietud nerviosa, delatora
+de una esperanza. Dos veces el oficial que mandaba la escolta de
+_azules_ á caballo se había acercado á la carreta y murmurado al oído
+de Ivona algunas palabras, un cuchicheo. Tiñó el carmín las mejillas
+descoloridas de la doncella: no era el rubor de la modestia, ni el
+dulce sofoco de la pasión; no eran los sentimientos que en un alma
+joven despiertan las expresiones del amoroso rendimiento. Por más que
+el oficial fuese mozo y gallardo, Ivona no reparaba en su apuesta
+figura. Otra cosa encendía su rostro; la vida, la mágica vida, la vida
+que no había saboreado y que iba á perder. Al casi paralizado corazón
+acudía de nuevo la sangre, y los ojos de violeta recobraban su luz. ¡No
+morir!
+
+Instintivamente, desde que Ivona oyó la primer frase balbuceada por el
+oficial, trató de desviar el rostro, evitando el de su madre. Ésta, en
+cambio, clavaba en Ivona los ojos, fijos, ardientes, interrogadores.
+Ya á la salida de la cárcel pudo notar la impresión producida en el
+oficial por la hermosura de Ivona. La condesa no tenía ideas políticas;
+no la importaba Luis XVII martirizado en el Temple; mal de su grado
+se veía envuelta por los sucesos; deber la vida á un republicano no
+la parecía humillante. Se la debería gustosísima, aceptaría la de su
+hija, pero... ¿y la honra?--Por espacio de largos años, recluida en sus
+haciendas, lejos del mundo, sólo había atendido la condesa á educar
+á Ivona con máximas de honestidad y de recato, cultivándola entre
+blancuras de azucena, fortificándola por el ejemplo de la más casta
+viudez. La corrupción de la corte espantaba á la condesa, y hasta había
+momentos en que, recordando á Luis XV, justificaba la revolución y la
+consideraba castigo divino, merecido y necesario. La fe y el culto
+supersticioso de aquella mujer no eran la monarquía ni el antiguo
+régimen, sino la pureza, la religión del armiño que llevaba en su
+título nobiliario y en la empresa de su blasón. Y al observar cómo el
+oficial devoraba con la mirada á Ivona, al ver que deslizaba en su oído
+palabras que la reanimaban instantáneamente, pensó para sí: «Quiere
+salvarla. ¿Á ella sola? ¿Á qué precio?
+
+Increíble parece que una idea triunfe del horror que nos domina, al
+ver abierta la negra boca del no ser, las fauces de la eternidad. La
+condesa, en tan decisivos momentos, olvidando el miedo, sólo pensaba
+en Ivona ultrajada, mancillada, llevada por el oficial á su pabellón
+como una mujerzuela, después de que la hubiese arrebatado al patíbulo.
+Y no cabía duda: la niña aceptaba el trato: quizá su inocencia ignorase
+las condiciones; pero lo admitía: era vivir, era evitar el amargo
+trance. Mientras la indignación hervía en el alma de la madre, la
+hija volvía la cabeza para buscar con sus ojos, antes amortiguados,
+resplandecientes ahora, suplicantes, agradecidos, al jefe de la
+escolta, que la dirigía una sonrisa tranquilizadora, de inteligencia...
+Y ya llegaban; todo iba á consumarse; la carreta empezaba á abrirse
+paso difícilmente por entre las oleadas de la multitud que llenaba
+la plaza, en cuyo centro, siniestra y rígida silueta, se alzaba la
+guillotina, recogiendo un rayo de sol en su cuchilla de acero...
+
+Al detenerse la carreta, los soldados, atentos á una orden del oficial,
+hicieron bajar á la condesa y á Ivona. Quedaron las demás sentenciadas
+dentro, aguardando su turno: rezando las viejas, la esposa del
+guerrillero renegando de su suerte y pidiendo compasión. La condesa
+advirtió que la llevaban á ella primero y que su hija quedaba como
+rezagada al pie de la escalera, medio perdida ya entre el gentío.
+El hielo del espanto, el estremecimiento que la vista del patíbulo
+había derramado en sus venas, provocando un sudor frío instantáneo,
+se convirtieron en una especie de furor silencioso, de desesperada
+vergüenza. Ya veía los dedos del oficial desordenando los rizos rubios
+de Ivona, y la imagen sensible, la representación de la afrenta, era
+más cruel y más amarga que la del suplicio. «No lo conseguirá», decidió
+con resolución terrible. Acordóse de que por descuido ó transigencia
+la habían dejado desatadas las manos. Como si quisiese confortarse
+el corazón, deslizó la mano por la apertura de su corpiño. Algo
+sacó oculto en el hueco de la mano. Y cuando el verdugo se acercó á
+sostenerla para que subiese los peldaños de la escalerilla, en rápida
+confidencia le dijo no se sabe qué, deslizándole en la diestra un
+puñado de oro. Se ignorará lo que dijo... pero, por los resultados, se
+adivina.
+
+Sucedió una cosa que al pronto no acertaron á explicarse los que
+presenciaban la escena tristísima, y en aquellos tiempos ya casi
+indiferente á fuerza de ser habitual. Y fué que el verdurgo,
+retrocediendo, cogió brutalmente á la señorita de L’Hermine por el
+talle, por donde pudo, y en un segundo la empujó á la escalera, y á
+empellones la subió á la plataforma. La condesa le ayudaba, se hacía
+atrás, impulsaba también á su hija y la arrojaba á los brazos del
+ejecutor de la ley. Hízose tan rápidamente la maniobra, y era tal
+el oleaje del pueblo, que rugía é insultaba, la confusión en que la
+escolta se había apelotonado, que cuando el oficial, atónito, se
+precipitó, quiso intervenir, Ivona caía en la báscula, y la media luna
+se deslizaba mordiendo la garganta torneada, contraída por el espasmo
+del terror supremo, que ni gritar permite... El verdugo agarró por los
+mechones largos y rubios la lívida cabeza de la niña, que destilaba
+sangre, y la presentó á los espectadores. Y la condesa de L’Hermine,
+al acercarse sin resistencia para recibir la misma muerte, pensaba con
+satisfacción heroica:
+
+--¡Gracias que pude esconder en el pecho las monedas!
+
+
+
+
+ BENITO DE PALERMO
+
+
+Preguntáronle sus amigos al marqués de Bahama--riquísimo criollo
+conocido por su fausto, sus derroches y su aristocrática manía de
+defender la esclavitud--por qué singular capricho llevaba á su lado en
+el coche y sentaba á su mesa á cierto negrazo horrible, de lanuda testa
+y morros bestiales, y por contera siempre ebrio, siempre exhalando
+tufaradas de aguardiente, que no lograban encubrir el característico
+olorcillo de la raza de Cam.--Hay--le decían--negros graciosos,
+bien configurados, de dientes bonitos, de piel de ébano, de formas
+esculturales; pero éste da grima; más que negro es verde violeta;
+es una pesadilla.--Y el Marqués, sonriendo, defendía á su negrazo
+con algunas frases de conmiseración indolente: «¡Pobrecillo! ¡Qué
+diantre!... Yo soy así».
+
+Al cabo, en una alegre cena donde se calentaron las cabezas, merced
+á que se bebió más champagne y más manzanilla y más licores de lo
+ordinario, y lo ordinario no era poco; viendo yo al marqués animado,
+decidor--en plata, algo chispo--aproveché la ocasión de repetir la
+pregunta. ¿Por qué Benito de Palermo--así se llamaba el negrazo--gozaba
+de tan extraordinarias franquicias? Y el marqués, á quien le relucían
+los hermosos ojos negros, de pupila ancha, contestó sonriendo y
+señalando á Benito, que yacía bajo la mesa, completamente beodo:
+
+--Por borracho, cabal; por borracho.
+
+No logré que entonces se explicase más. Parecióme tan rara la causa
+de privanza de Benito, como la privanza misma. De allí á dos días,
+paseando juntos, recordé al marqués su extraña contestación, y él,
+arrojando el magnífico _recorte_ que chupaba distraídamente, murmuró
+con entonación perezosa:
+
+--Bueno; pues ya que solté esa prenda, diré lo que falta... Ahora se
+sabrá cómo si no es la borrachera de Benito, estoy yo muerto hace años,
+y de la muerte más horrorosa y cruel.
+
+No ignora usted que me he educado en los Estados Unidos, y me
+aficioné á los viajes desde la niñez, porque allí el viajar se
+considera complemento de toda escogida educación. Antes de cumplir
+los veinticinco años había recorrido las principales ciudades de
+Francia, Inglaterra y Alemania; sabía cómo se vive en cada nación
+culta; en París, sobre todo, me había pasado inviernos enteros. Sin
+embargo, la monotonía de la civilización empezaba á causarme tedio,
+y me hurgaba el caprichillo de ver países menos cultos á la moderna.
+Dediqué unos meses á registrar la hermosa Italia, parando mucho en
+Roma y consagrando temporaditas á Florencia, Nápoles, Sicilia, Malta y
+Córcega; y engolosinado ya--Italia siempre será un paraíso--propúseme
+realizar al año siguiente otro delicioso viaje, el de Oriente: Grecia,
+Turquía y Palestina. Para venir á lo que importa de este cuento,
+lleguemos ya á Atenas, donde, por recomendaciones que llevaba, encontré
+excelente acogida en el cuerpo diplomático y en la corte, lo cual, y
+otra cosa que añadiré, contribuyó á que se prolongase mi estancia en la
+capital de Grecia bastante más de lo que pensaba.
+
+Es el caso que en una fonda magnífica de Florencia había yo visto, por
+espacio de pocas horas, á una hermosísima inglesa, la cual grabó en
+mi espíritu una impresión que no habían conseguido borrar el tiempo
+ni la distancia. Era de esas mujeres que no se olvidan, porque á la
+belleza plástica, incomparable, reunía una gracia, una viveza y una
+originalidad excéntrica y picante, que empeñaban en perseguirla y
+adorarla. El vulgo cree que todas las inglesas son sosas; pero yo
+le aseguro á usted que la que sale donosa, vale por diez. Eva...
+(suponga usted que se llamaba así) era viuda, y viajaba con una dama de
+compañía, sin rumbo fijo, adonde la llevaba su imaginación artística y
+fogosa. En los cortos momentos que conseguí hablarle, volvióme loco.
+No me atreví á galantearla abiertamente, y sólo con los ojos le revelé
+el efecto que en mí causaba. Debo advertir que no me hizo maldito el
+caso, que me toreó, y en una vuelta que di me encontré con que había
+desaparecido, sin que me fuese posible acertar con ella, por más que la
+busqué desalado al través de toda Italia.
+
+Calcule usted mi sorpresa y mi emoción, cuando en el primer sarao á que
+asisto en la embajada inglesa en Atenas, me encuentro á Eva radiante de
+hermosura, divinamente prendida y dispuesta á valsar. Excuso decir que
+inmediatamente me dediqué á cortejarla, y á fuerza de atenciones logré
+algunas ligeras señales de complacencia, pequeños indicios de que no la
+era desagradable mi persona. Sin embargo, en los saraos sucesivos, y en
+todos los lugares donde yo procuraba encontrarme con Eva y acompañarla,
+noté cuán difícil era ganar terreno en aquel corazón caprichoso y
+rebelde. Eva me desesperaba con sus coqueterías y sus arrechuchos;
+nunca estaba yo seguro de llegar á vencerla; si me veía alegre, me
+quería triste; si yo decía negro, ella respondía blanco. Creo que este
+sistema me trastornaba más, y ya me encontraba á punto de darme á todos
+los demonios, cuando...
+
+--Pero--interrumpí--lo que no sale á relucir es Benito de Palermo; y
+confieso que Benito me importa más que la hermosa Eva.
+
+--Cachaza, ya llegaremos á Benito--respondió sonriendo el marqués--.
+Iba á decir que por entonces fué cuando parte de la colonia inglesa que
+se encontraba en Atenas dispuso organizar una excursión á caballo y en
+coche, con objeto de visitar la célebre llanura de Maratón.
+
+--¡Ah!--exclamé estremeciéndome involuntariamente.--¡Ya sé, ya sé!
+¡Conque le tocó á usted ese chinazo! ¡Qué cosa tan horrible!
+
+--Veo que recuerda usted el episodio. ¡No es para olvidado, no! Toda
+la prensa europea habló de eso detenidamente, publicando grabados,
+retratos y pormenores, día por día. Pues sepa usted que la expedición
+se combinó en la embajada, entre un rigodón y un vals de Strauss. La
+colonia acogió la idea con fruición y entusiasmo; las mujeres, sobre
+todo, estaban alborotadísimas. Pero yo, que había conversado largamente
+con palikaros, intérpretes y comerciantes judíos, recordé las noticias
+que me habían dado sobre una gavilla de bandoleros que infestaba
+las inmediaciones de Atenas, y cuyo número, arrojo y sanguinarias
+costumbres eran motivo suficiente para alarmarse y reflexionar. Emití
+un dictamen de prudencia, indicando que convendría, ó llevar numerosa
+y bien armada escolta, ó renunciar al proyecto. Y entonces adquirí la
+persuasión de que todos los ingleses tienen vena. Lord *** y los demás,
+que formaron parte de la fatal expedición, sonrieron desdeñosamente
+cuando les hablé de peligros; y á aquella sonrisa, que ya me encendió
+la sangre, correspondió Eva con algunas frases tan secas y burlonas,
+que me restallaron como latigazos sobre las mejillas. Vino á decir que
+el que no se sintiese con ánimos para arrostrar el riesgo, haría mucho
+mejor en quedarse, pues las inglesas no quieren compañía sino de gente
+resuelta, capaz de no achicarse ante los bandidos, caso de haberlos,
+que eso estaba por ver. El que recuerde los veintiséis años que yo
+tenía, y lo enamorado que andaba de Eva, comprenderá que me propuse
+formar parte de la expedición, aunque supusiese que nos acechaban
+todos los salteadores del mundo. ¡Ir con Eva de viaje! ¡Galopar á su
+lado! ¡Qué felicidad!--Y ella, al conocer mi propósito, giró como
+una veletilla, me sonrió, y estuvo conmigo insinuante, coqueta,
+hasta mimosa. La excursión quedó fijada para la mañana siguiente:
+al despuntar el día nos reuniríamos en un punto dado, fuera de las
+murallas de Atenas, llevando cada cual ó coche ó caballo, provisiones y
+armas. De los guías se encargaba lord ***.
+
+Aquí aparece Benito de Palermo: no se impaciente usted, que ya sale
+el figurón.--Nacido en casa de mis padres, yo le llevaba conmigo
+como quien lleva un perro de lanas, porque la verdad es que no me
+servía para maldita la cosa, pues siempre ha sido torpón y desidioso.
+Escondiéndole la bebida, aún se lograba hacer carrera de él; pero en
+cuanto lo cataba, un cepo, una piedra. En Atenas, á fuerza de prohibir
+yo en el hotel que le diesen á probar ni vino ni alcohólicos, íbamos
+saliendo del paso.--Al regresar de la embajada, la víspera de la
+excursión, llamo al bueno de Benito, le doy órdenes y las llaves, y le
+encargo repetidamente que al rayar el día tenga mi caballo ensillado y
+preparadas mis armas, y me despierte aunque sea á trompicones: hecho lo
+cual, me adormezco pensando en Eva.
+
+Cuando abro los ojos, el sol entra á torrentes en mi cuarto.
+Despavorido, me echo de la cama y miro el reloj; marcaba las once.
+Grito como un insensato llamando á Benito: Benito no contesta. Salgo
+al cuarto de tocador, de allí al pasillo... y tropiezo con un bulto
+negro, una bestia que ronca... Es Benito, ¡Benito, más borracho que
+un pellejo! Comprendo instantáneamente... Dueño de mis llaves, había
+asaltado un armario donde yo guardaba, entre mis trastos, una _cave
+à liqueurs_, y á aquellas horas la cabalgata se encontraría cerca de
+Maratón, y yo sería para Eva el ser más despreciable y más ridículo.
+
+Desde que estaba en el viejo continente, no había empleado el bejuco.
+Cegué, y arremetiendo contra el negro, le di tal soba, que volvió
+en sí llorando y gimiendo que le asesinaban. Cuando me harté de
+pegarle, pensé en ensillar el caballo y reunirme á la comitiva... Pero
+era preciso buscar guía, pues de otro modo, ¿cómo orientarme en la
+planicie?--Y antes de que el guía pareciese, ya se divulgaba por Atenas
+la noticia espantosa: los bandoleros habían copado la expedición,
+cogiendo prisioneros á los expedicionarios, después de una heroica
+resistencia y de herir gravemente á alguno; las mujeres habían sufrido
+peor suerte, escarnecidas á la vista de sus maridos y hermanos, que
+atados de pies y manos no las podían defender... Ya supone usted cual
+me quedaría; no he sufrido nunca impresión más atroz.
+
+--Recuerdo el caso... Se llevaron á los ingleses, exigiendo un
+enorme rescate y amenazando con atormentarles mientras el rescate no
+llegara... Si no me equivoco, á lord *** le fueron mechando y cortando
+en pedacitos: no hay idea de martirio semejante...
+
+--Ea, pues de eso me libré yo por estar Benito borracho perdido--afirmó
+el marqués requiriendo la petaca--. Desde entonces le dejo beber lo que
+quiera... y el amo, aquí, es él.
+
+--Según eso, ¿habrá usted comprendido que un hombre de color no es un
+perro?
+
+--Claro que no. Los perros no se emborrachan nunca.
+
+--¿Y Eva? ¿Sufrió el destino de las otras? Estaría muy bien empleado.
+
+--¡Pues ahora caigo en que falta lo mejor!-exclamó el marqués--. Eva,
+por un antojito, porque no la gustaba su traje de amazona, también se
+había quedado en Atenas... ¡y si Benito me despierta y acierto á ir con
+la expedición, no sólo pierdo la vida, sino los deliciosos ratos que
+debí á Eva después... cuando ya se ablandó su corazón intrépido!
+
+
+
+
+ LEY NATURAL
+
+
+Voy á escribir una historieta de amores. Á pesar de la ciencia, de la
+economía política, de la política contra la economía, de los problemas
+militares, de las huelgas y las manifestaciones, el amor conserva aún
+su atractivo pueril, su gracia patética ó sonriente. Es el amor todavía
+un angélico revoltoso, salado y dulce, y el aire de sus rizadas alitas,
+durante las abrasadas siestas del verano, refresca las sienes de mucha
+gente moza.--Fáltale al amor actualidad, pero le sobra eternidad.--Mi
+cuento demostrará por millonésima vez que el dominio del amor se
+extiende á todas las criaturas y que, según á porfía repiten poetas y
+autores dramáticos, no hay para el amor desigualdades sociales.
+
+Llamábase mi heroína Muff, que en alemán quiere decir _manguito_, y la
+pusieron tal nombre porque, en efecto, el fino pelaje que la revestía
+daba á su diminuto corpezuelo cierta semejanza con un manguito de rica
+piel gris. Dama hubo que se equivocó y echó mano á Muff; pero la dueña
+de la lindísima grifona intervino exclamando:
+
+--Cuidado... que salgo perdiendo yo. No hay manguitos de ese precio.
+
+Verdad indiscutible, de las que se demuestran con cifras. Hasta dos mil
+francos puede costar un manguito, si es de chinchilla de primera, y
+por Muff se pagaron al contado tres mil. Hoy las pieles han subido: me
+refiero á los precios de entonces. Todavía es preciso agregar al coste
+de Muff el importe de sus joyas: dos collares _chien_, de perlitas uno,
+otro de coral rosa con pasadores de diamantes, y un par de cascabeles
+de oro incrustados de rosas y zafiros--dije útil, pues revelaba con su
+tilinteo la presencia de Muff y la salvaba de morir aplastada de un
+pisotón--. No omitamos tampoco en el presupuesto de Muff--nada hay que
+omitir tratándose de presupuestos--el valor del elegante _trousseau_
+remitido de París, donde existen modistas y talleres especialmente
+dedicados á este ramo. Poseía Muff y lucía con frecuencia, según la
+estación, sus mantas acolchadas de terciopelo, raso y gro Pompadour,
+con bolsillito para el microscópico pañuelo perfumado de _lilas blanc_,
+sus botas de caucho ó cabritilla, sus collarines de rizada pluma, y
+creo ocioso añadir que dormía en lecho de edredón con múltiples cojines
+bordados y blasonados.
+
+¡Ah! Si las riquezas, la ostentación, el lujo, la vanidad bastasen á
+los corazones sensibles, ¡quién más feliz que Muff! Era su existencia
+la realización de un cuento de hadas. Habitaba un palacio lleno de
+preciosidades artísticas, tenía á su servicio una doncella, diligente,
+cuidadosa y mimosa, la Paquita, que después de bañar á Muff en agua
+tibia, frotarla con jabón exquisito, enjuagarla con suave lienzo y
+peinarla hasta esponjar sus plateadas sedas, le servía en cuencos de
+porcelana golosinas selectas, y, terminada la refacción, frotaba los
+dientecillos de su ama con un cepillo empapado en elixir, á fin de que
+tuviese el aliento balsámico y fresca la boca. Si Muff salía, iba en
+coche, por supuesto, enganchado para ella expresamente; llevábanla al
+Retiro, y el lacayo, bajándola en el punto más solitario y de aire más
+puro, la dejaba brincar y correr, hacer ejercicio higiénico, solazarse
+á su libertad. Tampoco faltaban á Muff satisfacciones de amor propio.
+Cuantos la veían, extasiábanse con la monada del manguito vivo y
+alababan el pelo argentado, los ojos negros, inmensos, medio velados
+por las revueltas sedas, el hociquito diminuto, semejante á una trufa,
+la jeta encantadora. Así y todo, entre tantos mimos y esplendores,
+andaba mustia la grifona y á veces sus vastas pupilas expresaban
+nostálgica aspiración...
+
+Cuando Dios creó á los seres allá en las frondas tupidas del Edén,
+clavóles adentro, muy adentro, en lo íntimo y profundo de la voluntad,
+un aguijón, un estímulo, especie de alfiler que sin cesar punza y
+se hinca y no consiente minuto de sosiego. Reclinada en sus fofos
+almohadones de seda ó agasajada en brazos del lacayo, acariciada por
+Paquita ó correteando por las sendas enarenadas del Retiro, Muff sentía
+la punta aguzada hincarse más hondo. «No eres feliz, pobre Muff; te
+falta la sal de la vida, la esencia del licor», sugería el alfiler por
+medio de tenaces picaduras reiteradas; y Muff, en lánguida postura,
+con el hocico ladeado y una patita péndula, suspiraba, y al anhelar
+de su pecho, el cascabel de oro del collar hacía misterioso _tilín_.
+Un sagaz observador comprendería al punto lo que le dolía á Muff;
+pero no supieron entenderlo sus poseedores--ó no quisieron, si se da
+crédito á versiones que parecen autorizadas. En consejo de familia fué
+sentenciada Muff á ignorar eternamente las alegrías amorosas y las
+sublimes pero arduas faenas de la maternidad. Objeto de lujo, primoroso
+_bibelot_, no debía estropearse. Y al notarla melancólica, decía la
+Paquita, presentando tentador plato de dorados bizcochos:
+
+--¡Anda, monina, tontina, no _pienses_ en _eso_!
+
+Un atardecer, al bajarse Muff de su coche en las umbrías del Retiro,
+vió que se acercaba á ella, muy brincador y animado, feísimo perrucho.
+Era un ruin gozquejo callejero, de ésos que por turno mendigan y
+muerden, que rebuscan ávidamente piltrafas entre la basura, y perecen
+extrangulados á manos de laceros municipales. Al ver al chucho, con
+su zalea amarillenta y sucia, el primer movimiento de Muff fué un
+remilguito desdeñoso. Viólo el lacayo y atizó al gozque soberano
+puntapié, que le hizo exhalar un alarido doliente. La compasión
+reemplazó al desdén, y Muff corrió hacia el lastimado, deseosa de
+consolarle.
+
+Ya él volvía, sin miedo ni rencor, á rabisalsear en torno de Muff.
+Empezó el juego con amistosos ladridos, mordisquillos en chanza,
+hociqueos y otras manifestaciones expresivas é indiscretas de la
+cordialidad perruna. Los separaron, y Muff fué recogida á casa;
+pero al siguiente día, apenas descendió del coche, halló de nuevo
+al gozquecillo, alegre, insinuante, porfiado como él solo. Quiso la
+maliciosa casualidad que también el lacayo guardián de Muff tuviese un
+encuentro, el de su paisana la niñera Lucía, muchacha rubia, de buen
+palmito. Mientras los dos paisanos pegaban la hebra, la aristocrática
+grifona y el can plebeyo se entendían gustosos. Quizá la sentimental
+perrita confesó sus aspiraciones románticas y el vacío de su dorada
+esclavitud; acaso el pobrete apasionado de aquella beldad de alto
+coturno refirió sus luchas por la existencia, sus días de inanición,
+la vagancia, los palos recibidos, el poema de una miseria sufrida con
+estoico desprecio. Lo cierto es que, insensiblemente, aprovechando
+la distracción de su custodio, Muff se apartó del coche, y guiada
+por el perrucho, perdióse entre las alamedas y macizos de árboles,
+en dirección á la salida del Retiro, hacia Atocha. ¡El seductor iba
+delante, enseñando el camino; Muff le seguía, intrépida, sin volver el
+hocico atrás; y al rápido trotecillo de sus menudas patitas, tilinteaba
+suavemente, en ritmo musical, con una especie de emoción, el áureo
+cascabel, al cual enviaba corrientes de electricidad el corazón
+venturoso!
+
+Todos los periódicos anuncian la pérdida de Muff. La gratificación
+ofrecida es cuantiosa. Muff, sin embargo, no parece. ¿Qué ha sido del
+manguito viviente, del rebujo de argentadas sedas, entre las cuales
+lucen las negrísimas pupilas enormes? ¿Qué hicieron de Muff la vida
+nómada, el abandono, la necesidad? ¿La robó un aficionado, y no quiere
+restituirla? ¿Yace en la alcantarilla, tiesa, helada, despojada de su
+collar y su cascabel de oro y piedras? ¿Ó aceptando su humilde destino,
+ha dejado voluntariamente las galas de la riqueza, y, tiritando,
+acompaña á su esposo, ronda con él al amanecer, y hoza en los montones
+de estiércol para engañar el hambre--el hambre, enemigo del amor,
+severo juez que inflexible lo castiga, verdugo que lo mata?
+
+
+
+
+ EL COMADRÓN
+
+
+Era la noche más espantosa de todo el invierno. Silbaba el viento
+huracanado tronchando el seco ramaje, desatábase la lluvia y el granizo
+bombardeaba los vidrios. Así es que el comadrón, hundiéndose con
+delicia en la mullida cama, dijo confidencialmente á su esposa:
+
+--Hoy me dejarán en paz. Dormiré sosegado hasta las nueve. ¿Á qué loca
+se le va á ocurrir dar á luz con este tiempo tan fatal?
+
+Desmintiendo los augurios del facultativo, hacia las cinco el viento
+amainó, se interrumpió el eterno _flac_ de la lluvia, y un aura serena
+y dulce pareció entrar al través de los vidrios, con las primeras
+azuladas claridades del amanecer. Al mismo tiempo retumbaron en la
+puerta apresurados aldabonazos, los perros ladraron con frenesí, y el
+comadrón, refunfuñando, se incorporó en el lecho aquel tan caliente y
+tan fofo. ¡Vamos, milagro que un día le permitiesen vivir tranquilo!
+Y de seguro el lance ocurría en el campo, lejos; habría que pisar
+barro y mascar niebla... Á ver, medias de abrigo, botas fuertes...
+¡Condenada especie humana, y qué manía de no acabarse, qué tenacidad en
+reproducirse!
+
+La criada, que subía anhelosa, dió las señas del cliente; un caballero
+respetable, muy embozado en capa oscura, chorreando agua y dando
+prisa. ¡Sin duda el padre de la parturienta! La mujer del comadrón,
+alma compasiva, murmuró frases de lástima y apuró á su marido. Éste
+despachó el café, frío como hielo, se arrolló el tapabocas, se enfundó
+en el impermeable, agarró la caja de los instrumentos y bajó gruñendo y
+tiritando. El cliente esperaba ya, montado en blanca yegua. Cabalgó el
+comadrón su jacucho y emprendieron la caminata.
+
+Apenas el sol alumbró claramente, el comadrón miró al desconocido y
+quedó subyugado por su aspecto de majestad. Una frente ancha, unos ojos
+ardientes é imperiosos, una barba gris que ondeaba sobre el pecho,
+un aire indefinible de dignidad y tristeza, hacían imponente á aquel
+hombre. Con humildad involuntaria se decidió el comadrón á preguntar lo
+de costumbre: si la casa adonde iban estaba próxima y si era primeriza
+la paciente. En pocas y bien medidas palabras respondió el desconocido
+que el castillo distaba mucho; que la mujer era primeriza, y el trance
+tan duro y difícil, que no creía posible salir de él. «Sólo nos importa
+la criatura», añadió con energía, como el que da una orden para que se
+obedezca sin réplica. Pero el comadrón, persona compasiva y piadosa,
+formó el propósito de salvar á la madre, y picó al rocín, deseoso de
+llegar más pronto.
+
+Anduvieron y anduvieron, patullando las monturas en el barro pegajoso,
+cruzando bosques sin hoja, vadeando un río, salvando una montañita y
+no parando hasta un valle, donde los grisáceos torreones del castillo
+se destacaban con vigoroso y escueto dibujo. El comadrón, poseído de
+respeto inexplicable, se apeó en el ancho patio de honor, y guiado por
+el desconocido, entró por una puertecilla lateral, directamente, á una
+cámara baja de la torre de levante, donde, sobre una cama antigua y
+rica, yacía una bellísima mujer, descolorida é inmóvil. Al acercarse,
+observó el facultativo que aquella desdichada estaba muerta; y sin
+conocerla, se entristeció. ¡Es que era tan hermosa! Las hebras del
+pelo, tendido y ondeante, parecían marco dorado alrededor de una efigie
+de marfil; los labios color de violeta, flores marchitas; y los ojos,
+entreabiertos y azules, dos piedras preciosas engastadas en el cerco
+de oro de las pestañas densas. La voz del desconocido resonó, firme y
+categórica:
+
+--No haga usted caso de ese cadáver. Es preciso salvar á la criatura.
+
+De mala gana se determinó el comadrón á cumplir los deberes de su
+oficio. Le parecía un crimen, aunque fuese con buen fin, lacerar aquel
+divino cuerpo. Obedeció, no obstante, porque el desconocido repetía con
+acento persuasivo y terrible, tuteando al médico:
+
+--No la respetes por hermosa. Está muerta, y nada muerto es hermoso
+sino en apariencia y por breves instantes. La realidad ahí es
+descomposición y sepulcro. ¡Nunca veneres lo que ha muerto! ¡Inclínate
+ante la vida!
+
+Y de pronto, en el instante mismo en que el facultativo se disponía á
+emplear el acero, el extraño cliente le cogió de la mano, susurrándole
+al oído:
+
+--¡Cuidado! Conviene que sepas lo que haces. Ese seno que vas á abrir
+encierra, no un ser humano, no una criatura, sino _una verdad_. Fíjate
+bien. Te lo advierto. ¿Sabes lo que es _una verdad_? Una fiera suelta
+que puede acabar con nosotros, y acaso con el mundo. ¿Te atreves, oh,
+comadrón heroico, á sacar á luz _una verdad_?
+
+El comadrón vaciló; el frío del instrumento que empuñaba se comunicaba
+á sus venas y á sus huesos. Castañeteaban sus dientes; temblaba de
+cobardía y de egoísmo. _¡Una verdad!_ Ni hay tea que así incendie,
+ni rayo que así parta, ni torrente que así devaste, ni peste tan
+contagiosa. ¿Y quién le había de agradecer que cooperase al feliz
+nacimiento de una verdad? ¿Qué mayor delito para su mujer, sus amigos,
+su pueblo, su nación tal vez? ¿Qué crimen se paga tan caro? Quería
+arrojar el bisturí... Por último, la conciencia profesional triunfó.
+¡El deber, el deber! No se podía dejar morir al engendro.--Y después
+de una faena angustiosa, realizada con seguro pulso y mano certera,
+presentó al desconocido una criatura extraña y repugnante: una especie
+de escuerzo, de trazas ridículas, negruzco, flaco, informe.
+
+--Este monigote no puede ser _una verdad_--exclamó respirando á gusto
+el facultativo.
+
+--Porque es _verdad_ te parece fea al nacer--declaró el desconocido,
+que miraba con transporte á la criatura--. Cuando las verdades nacen,
+horrorizan á los que las contemplan. Hasta que las abrigamos en
+nuestro pecho; hasta que las damos el calor de nuestra vida y el jugo
+de nuestra sangre; hasta que afirmamos su belleza como si existiese;
+hasta que nos cuestan mucho, no son hermosas. Ésta--ya lo ves--ha
+acabado con su madre... ¡No se lleva impunemente en las entrañas una
+verdad! Y ahora la verdad queda huérfana; queda abandonada. Yo no he de
+ampararla. Obligaciones estrechas me llaman á otra parte. Soy el que
+anuncia, no el que protege y salva. ¿Quieres tú encargarte de la recién
+nacida? ¿Tienes valor? ¿Eres digno de proteger á la verdad?
+
+Cuando así le interpelan, no hay hombre que no guste de fanfarronear
+un poco. En el alma se despierta la viril arrogancia y responde al
+llamamiento, como el corcel de batalla al toque penetrante del clarín.
+Hace la vanidad oficio de resolución, y por un instante es sincero el
+deseo de la gloriosa batalla y el ansia del sacrificio. El comadrón
+tendió los brazos, recibió en ellos al raquítico ser, y declaró
+gallardamente:
+
+--Ya tiene padre.
+
+El desconocido le echó una ojeada especial, seria, escrutadora,
+hondísima--ojeada de abismo abierto. ¿Reconvención ó alabanza? ¿Duda
+ó fe? Nunca se supo.--Lo cierto es que el comadrón envolvió en
+paños blancos á la recién nacida; que comió pan y bebió vino, para
+reconfortarse; que ensilló otra vez su rocín, y con la criatura en
+brazos, y tapada y agasajada, emprendió la vuelta.
+
+Declinaba la tarde; los rayos oblicuos del sol eran como miradas
+de severos ojos, nublados por el desengaño y enrojecidos por la
+indignación secreta. Las aves callaban, las pocas aves que se ven en
+los últimos meses del invierno; pero no tardaría el mochuelo en exhalar
+su queja ronca, porque ya se acercaba la mala consejera--la noche.
+
+Y el comadrón, sin dejar de apurar á su montura, pensaba en la llegada.
+¡Presentarse así, llevando en brazos un crío! ¡Si al menos fuese un
+angelito, una monada, una manteca con hoyuelos, una peloncita rubia ya
+sedosa, dispuesta á encresparse en sortijillas! ¡Pero aquel monstruo!
+Desvió los paños, contempló la criatura... Ya no estaba amoratada.
+Respiraba bien. Parecía más fuerte y más grande. Entre sus labios
+lucían ¡qué asombro! cuatro blancos dientes. ¡Qué robusta nacía la
+maldita!--Y cual si quisiese demostrar el brío y el ansia vital con
+que salía al mundo, la recién nacida buscó el dedo del comadrón y lo
+mordió. Después rompió á llorar, con llanto vehemente, ávido, que
+aturdía.
+
+El comadrón sintió impaciencia y enojo. ¿De qué manera acallaría
+el grito de la verdad, ese grito tan molesto, capaz de atraer á los
+malhechores? Tapar la boca... Primero apoyó la palma de la mano;
+después furioso porque seguía el escándalo, envolvió la cabeza de la
+criatura en la vuelta del impermeable; y, por último, apretó, apretó,
+hasta que lentamente se apagaron los quejidos... Cayó la noche;
+llegó el momento de vadear el río; y como la criatura, silenciosa
+ya, estorbaba en brazos, el comadrón desenvolvió el abrigo, cogió el
+cuerpo, lo balanceó y lo arrojó á la corriente.
+
+
+
+
+ EL VOTO DE ROSIÑA
+
+
+Si hay luchas electorales reñidas y encarnizadas, ninguna como la que
+presenció en el memorable año de 18... el distrito de Palizás (no se
+busque en ningún mapa). Digo que la presenció, y digo mal, porque
+en efecto la representó á lo vivo, y aun, con mayor exactitud, la
+padeció, sangró de ella por todas las venas. Cuando obtuvo la victoria
+el candidato ministerial, hecho trizas quedó el distrito. Piérdese
+la cuenta de los atropellos, desafueros, barrabasadas, iniquidades
+y trapisondas que costó «sacar» al joven Sixto Dávila, protegido á
+capa y espada por el ministro, pero combatido á degüello por el señor
+don Francisco Javier Magnabreva, conspicuo personaje de la anterior
+situación.
+
+Sixto Dávila, muchacho simpático y ambiciosillo, había aceptado aquel
+distrito de batalla... entre varias razones de peso, porque no le daban
+otro; y contando con su actividad y denuedo, impulsado por las brisas
+favorables que siempre soplan en la juventud--ya se sabe que no es
+amiga de viejos la señora fortuna--, se propuso trabajar la elección,
+estar en todo y no perder ripio. Á caballo desde las cinco de la mañana
+hasta las altas horas de la noche; ayunando al traspaso ó comiendo
+lo que saltaba; descabezando una siesta cuando podía, afrentando con
+su intacto capital de salud y vigor los reumatismos y la apoltronada
+pachorra de su contrincante, Sixto incubó su acta hasta sacarla del
+cascarón vivita y en regular estado de limpieza.
+
+No fueron únicamente energías físicas las que derrochó el mozo
+candidato. También hizo despilfarro oportuno de frases amables,
+persuasivas y discretas. Con un instinto y una habilidad que
+presagiaban brillante porvenir, Sixto Dávila supo decir á cada cual lo
+que más podía gustarle, y se captó amigos gastando esa moneda que el
+aire acuña: la palabra.
+
+Aunque la gente de Palizás es suspicaz y ladina y no se deja engatusar
+fácilmente, la labia de Sixto dió frutos, especialmente al dirigirse á
+una mitad del género humano que no entiende de política y obedece á las
+impresiones del corazón. Sabía el candidato ministerial presentar á los
+electores las doradas perspectivas y los horizontes risueños del favor
+y la influencia, pero se excedía á sí mismo al hablar á las mujeres
+halagando su amor propio. Hay quien opina que Sixto, al desplegar
+tales recursos, no hacía sino practicar una asignatura que tenía muy
+cursada, y es posible que así fuese--lo cual en nada amengua el mérito
+del muchacho.
+
+Como suele suceder á los grandes actores, que hasta sin querer están
+en escena, Sixto, durante su _tournée_ electoral, solía gastar pólvora
+en salvas, regalando miel sólo por regalar, sin miras interesadas y
+egoístas. Así, verbigracia, con Rosiña la tejedora.--Era Rosiña una
+pobre huérfana; no pudiendo cultivar la tierra por falta de hombres en
+su casa, y reducida á sacar á pastar una vaca por las lindes, se ganaba
+la vida con un telar primitivo y rudo, tejiendo el lino que ella misma
+tascaba y hasta hilaba pacientemente á la luz del candil en invierno.
+¿Qué necesitaba Rosiña para subsistir? Un mendrugo de borona, un pote
+de coles, una manzana verde, una sardina salada, una taza de leche
+«presa...». Dios, que viste á los lirios del campo, más holgazanes que
+Rosiña, pues nos consta que no hilan ni tejen, había adornado á la
+humilde _tecelana_ con una primavera en las mejillas y un apretado haz
+de rayos de sol en la trenza doble que colgaba hasta sus caderas, y al
+pasar Sixto por delante de la choza y oir el _run, run_... del telar
+activo, y divisar á la laboriosa muchacha--, aunque sabía perfectamente
+que no tenía padre, hermano ni novio que pudiesen votarle--se detuvo,
+se bajó del jaco, pidió agua «de la ferrada» ó leche «de la vaquiña»,
+bebió, alabó, agradeció y sostuvo con Rosa una plática que sólo podrían
+narrar las ramas del cerezo que sombrea arroyo más el cercano...
+
+Ocurrió este pequeño episodio dos días antes de que cierto formidable
+cacique, al servicio y devoción del señor de Magnabreva, se decidiese,
+desesperado ya, á jugar el todo por el todo, á fin de salvar la
+elección comprometidísima y á dos dedos de perderse irremisiblemente.
+Lo apurado del caso le sugería un supremo recurso, que el desalmado
+vacilaba en emplear, porque hay remedios heroicos que pueden ser
+funestos, sobre todo cuando no se administran desde las alturas del
+poder... Más que el inminente triunfo de Sixto, tentó al cacique la
+ciega confianza del joven candidato. «No quiero ser cunero antipático,
+diputado impuesto, sino popular y querido», decía Sixto, gozándose en
+aparecer donde menos se contaba con él, en sorprender á sus partidarios
+con iniciativas propias... Esto decidió al enemigo. El golpe se tramó
+en una tabernucha, cuyo dueño era de los contrarios de Sixto; la
+taberna se alzaba al borde de la carretera, no lejos de la choza de
+Rosiña. Habíanse reunido allí los más ternes, los capaces de hacer
+una hombrada dejándose encausar después, seguros de que mano próvida,
+y que alcanzaba muy lejos, les había de mullir colchón para que no
+les doliese el porrazo. Uno de los conspiradores, conocido por varias
+siniestras fechorías, era radical: quería «dejar seco» á Sixto Dávila;
+otro proponía un secuestro; pero el cacique, prudente y cauto, emitió
+distinto parecer: nada de navajazos, nada de armas de fuego, que hacen
+ruido y alarman; nada de escopetas, ni siquiera de garrotes. «Aquí
+lo que interesa es que se inutilice... para la elección, vamos...
+para estos días; que no pueda menearse, porque... si sigue meneándose
+y apretando, ¡nos revienta! Tú, Gallo--ordenó al primero--, me vas á
+traer hoy un carreto de arena fina de la mar..., ¡qué así como así, te
+hace falta para echar á la heredad del trigo! Tú...--mandó al dueño de
+la taberna--le dices á la mujer que amañe unos sacos de lienzo bien
+hechitos y larguitos y fuertes... Él ha de pasar por aquí mañana al
+anochecer, para ir á Doas á casa del cura... ¡Y cuidado! muchos golpes
+en la espalda... pero á modo, á modo, como quien no hace daño...».
+
+La mañana que siguió al conciliábulo, Rosiña fué llamada por la
+tabernera para que suministrase el lienzo y cortase y cosiese y
+rellenase los sacos... Nadie desconfiaba de la rapaza, á quien la
+tabernera, además, encargó el mayor sigilo. «Son para hacerle unos
+cariños á un galopín, mujer...». Por alusiones é indiscreciones,
+Rosiña adivinó quién sería el acariciado; y temblando lo mismo que
+la vara verde, empezó su faena. La mano no acertaba á manejar la
+aguja, los ojos se nublaban. Demasiado sabía ella los _cariños_ que
+con los sacos de arena se hacen. El que los recibe no dura mucho,
+no... Al pronto sólo advierte gran postración, profundo decaimiento;
+queda molido, rendido, deseoso únicamente de extenderse en la cama,
+pero sin dolor alguno, sin enfermedad; y pasan días, y no recobra el
+apetito, y palidece, y arroja sangre por la boca, hasta que al fin...
+Y Rosiña veía al señorito guapo y llano y de palabreo tierno que le
+había pedido agua de la _ferrada_, tendido entre cuatro cirios, menos
+amarillos que su rostro...
+
+Al anochecer, como Sixto, al galope de su caballejo se aproximase á la
+taberna, el jaco pegó un respingo, y el jinete vió surgir de pronto
+una mujer que se agarró á la brida con fuerza. Reconoció á Rosiña la
+tejedora..., y sus primeras frases fueron alegres galanterías. Pero
+la moza balbuciente de terror, pidió atención, refirió un historia...
+Sixto--después de vacilar un instante--, echó pie á tierra, y con el
+caballo del diestro, emparejando con Rosiña, guiado por ella, callados
+los dos, tomó á campo traviesa en busca de un sendero oculto por los
+árboles.--Para volver atrás era tarde, y seguir adelante, una temeridad
+insensata. Su vida peligraba, y con horrible peligro... «No tenga
+miedo, señorito, que en mi casa no le buscan», advirtió la moza, al
+disponerse á dar acomodo en el establo de su vaca á la montura del
+candidato...
+
+En efecto, nadie le buscó allí; á la mañana, la Guardia civil, avisada
+por Rosiña, le recogió y escoltó hasta dejarle en salvo. Y Sixto Dávila
+venció en toda la línea; pero no sospecha nadie en Gobernación ni en
+los pasillos del Congreso, que el triunfo se debió al voto de Rosiña la
+tejedora.
+
+
+
+
+ VIVO RETRATO
+
+
+Los sentimientos más nobles pueden pecar por exceso; lo malo es que
+esta verdad á duras penas la aprende el corazón... y la razón sirve de
+poco, en conflictos del orden sentimental. Oid un caso... no tan raro
+como parece.
+
+Gonzalo de Acosta era modelo de hijos buenos, amantes, fanáticos.
+Huérfano de padre desde muy niño, se había criado en las faldas de su
+madre; ella le cuidó, le educó, le sacó al mundo, le formó, por decirlo
+así, á su imagen y semejanza. Entró en la vida Gonzalo dominado por
+una convicción arraigadísima: la de que todas las mujeres pueden ser
+débiles y falsas, salvo la que nos llevó en su seno. Lo que ayudaba
+á confirmar á Gonzalo en su idolatría filial, era la aprobación, la
+simpatía de la gente. Por el hecho de respetar á su madre, el mundo
+le respetaba á él, y las niñas casaderas le ponían azucarado gesto,
+y las mamás le sonreían con más benevolencia. Cuando pasaba por la
+calle llevando á su madre del brazo, una atmósfera de aprobación y de
+consideración halagadora le acariciaba suavemente.
+
+Á la edad en que se asimilan los elementos de cultura y se forma
+el criterio propio, Gonzalo, á pesar de sus dudas sobre ciertas
+materias arduas, se mantuvo en buen terreno, confesando que lo hacía
+principalmente por no desconsolar y escandalizar á su santa madre. Con
+ella oía misa muchas veces: por ella llevaba al cuello un escapulario
+de los Dolores; y hasta cuando ella no estaba presente, por ella hacía
+Gonzalo, sin analizarlas, mil graciosas y dulces niñerías.
+
+Frisaba ya Gonzalo en los veintiocho, y su madre comenzó á insinuarle
+que pensase en bodas. La casualidad le hizo conocer entonces á una
+señorita hermosa, discreta, bien educada, rica; un fénix que ni
+escogido con la mano. La misma madre de Gonzalo fué quien le obligó á
+observar las perfecciones de Casilda, y le sugirió pretenderla. Casilda
+aceptó con franca alegría y expansión los obsequios de Gonzalo, y á los
+seis meses de conocerse los futuros, bendijo la Iglesia su matrimonio.
+
+En una de esas largas y trascendentales conversaciones que se
+entretejen durante el primer cuarto de la luna de miel, y que tanto
+descubren los caracteres y los pensamientos, Gonzalo habló largamente
+de su madre y del puesto que ocupaba en sus afectos y en su existencia.
+Casilda escuchaba, primero sonriente, después reflexiva y grave.
+Impulsado por la plenitud del corazón, Gonzalo confesó que había
+pretendido á Casilda atendiendo á las indicaciones maternales, y que
+por eso mismo creía segura la dicha, puesto que en su madre no cabía
+error. Al oir esto relampaguearon los preciosos ojos de Casilda;
+y apartando el brazo con que rodeaba el cuello de su esposo, dijo
+firmemente estas ó parecidas razones:
+
+--Has hecho mal en todo eso, Gonzalo; muy mal. No he de limitar el
+cariño que tu madre te inspira, pero creo que no te es lícito quererla
+más que á mí, y que en algo tan personal y tan íntimo como el lazo de
+unión entre esposos, la iniciativa no puede ser ajena, sino propia. Á
+los padres no los escogemos, pero el que hemos de amar toda la vida,
+el dueño de nuestro albedrío, es un rey electivo, y somos responsables
+de la elección. Por lo que veo, tú no me elegiste. Para tu modo de
+entender el matrimonio, debiste buscar siquiera una niña apática, que
+se contentase con un amor reflejo de otro amor; yo soy una mujer que
+sabe amar y exige el pago; que quiere ser honrada y aspira á encontrar
+en su esposo toda la felicidad á que tiene derecho. Lo absurdo de tu
+modo de sentir engendra en mí otro absurdo semejante; y es que de hoy
+más sentiré celos de tu madre, celos del alma... y ya no viviremos en
+paz nunca; lo conozco, porque me conozco.
+
+Gonzalo, aunque sorprendido, no dió gran importancia á las expansiones
+de su mujer. Con halagos y ternezas probó á calmarla, y se creyó
+victorioso así que reconquistó el brazo de Casilda, aquél que se había
+desviado de su cuello. Pero un brazo no es un alma.
+
+Desde el instante funesto, la luna de miel tuvo velo de nubes. No tardó
+en ver Gonzalo que Casilda buscaba las distracciones, la sociedad
+y el bullicio, como si quisiese aturdirse, ó explorase horizontes
+nuevos. Poco á poco, Gonzalo, en su pesimismo, comenzó á dudar, primero
+del cariño, y después de la fidelidad de Casilda. Herido, ulcerado,
+rebosando humillación, fué á refugiarse en el único sitio donde creía
+poder desahogar sus penas: el seno de su madre. Y al abrazarla, y al
+bañarla el rostro de lágrimas ardientes, exclamaba el hijo: «No hay más
+mujer buena que tú, mamá. Debí no repartir mi amor; debí conservarlo
+para ti sola. Perdóname, y vivamos como si nada hubiese sucedido». En
+efecto; aquel mismo día se separaron los esposos. Casilda se fué á
+vivir á París.
+
+De allí á un año ó poco más recibió Gonzalo dos golpes terribles.
+Perdió á su madre... y supo que Casilda tenía una niña, nacida á los
+seis meses de la separación.
+
+Pasado el primer estupor, una claridad repentina iluminó su espíritu,
+haciéndole ver todo de distinta manera que antes. La muerte de su
+madre le enseñaba cómo el amor filial, con ser tan puro y tan sagrado,
+no puede, por su esencia misma, acompañarnos hasta el sepulcro, de
+suerte que la _compañera_ es únicamente la esposa; y el nacimiento
+de aquella niña le decía á las claras que el amor es antorcha que
+las generaciones se transmiten de mano en mano, y el que nos dieron
+nuestras madres, se lo restituimos á nuestros hijos después.
+
+Lo tremendo de la situación de Gonzalo consistía en que, á pesar de
+la agitación y la emoción profundísima que el nacimiento de la niña
+le causaba, su desconfianza mortal y las apariencias de última hora
+no le permitían creer que fuese realmente su sangre. Le enloquecía
+la idea de paternidad representada por aquella niña; pero faltábale
+la fe, primera virtud del padre, base de su felicidad inmensa. El
+silencio de Casilda, el tiempo que iba transcurriendo sin nuevas de
+París, ayudaron al convencimiento amargo y vergonzoso de Gonzalo. Solo,
+dolorido, misántropo, fué dejando correr su edad viril entre desabridas
+diversiones y trasnochadas aventuras.
+
+Hacía quince años que arrastraba vivir tan intolerable, cuando una
+noche, en el teatro de la Comedia, mirando por casualidad á un palco
+entresuelo, se creyó víctima de un error de los sentidos: tal vuelco
+dió su sangre, viendo á la muchacha encantadora que acababa de dejar
+los gemelos sobre el antepecho y se inclinaba para mirar hacia las
+butacas, sonriente. La muchacha era el retrato vivo, animado, de la
+madre de Gonzalo, tal cual la representaba precioso lienzo de Madrazo,
+con la frescura de la primera juventud. Si la figura se hubiese bajado
+del cuadro, no podría ser más asombrosa la semejanza, ayudada por el
+parecido de la moda actual con la moda de 1830. Trémulo, espantado, al
+mismo tiempo que frenético de alegría, Gonzalo entrevió, en el asiento
+de respeto del palco, otra cabeza de mujer que conoció, á pesar del
+estrago del tiempo transcurrido: su esposa, Casilda.--Y la conciencia
+de que aquella jovencita era su hija del corazón, le inundó como una
+ola que lo arrebata todo, dudas, penas, el pasado entero.
+
+Habría que gastar muchas páginas en referir los pasos que dió Gonzalo,
+la suma de actividad que desplegó para conseguir que le fuese permitido
+vivir cerca de la hija revelada y adorada en un minuto, el minuto
+divino de verla. ¡Inútil esfuerzo, lucha estéril en que consumió sus
+últimas energías! Una carta decisiva, escrita por Casilda algunas
+horas antes de regresar á Francia, decía, sobre poco más ó menos, lo
+siguiente: «Nuestra hija me quiere á mí como tú quisiste á tu madre. Si
+la separas de mí, no lo resistirá. Es tarde para todo: resígnate, como
+yo me resigné en otra edad más difícil. Lo único que me dejaste es la
+niña: no la cedo».
+
+Y Gonzalo, mordiendo de dolor el pañuelo con que enjugaba sus ojos,
+murmuró:
+
+--Es justo.
+
+
+
+
+ EL DÉCIMO
+
+
+¿La historia de mi boda?
+
+Oíganla ustedes: no deja de ser rara.
+
+Una escuálida chiquilla de pelo greñoso, de raído mantón, fué la que me
+vendió el décimo de billete de lotería, á la puerta de un café, á las
+altas horas de la noche. La di de prima una enorme cantidad, un duro.
+¡Con qué humilde y graciosa sonrisa recompensó mi largueza!
+
+--Se lleva usted la suerte, señorito--afirmó con la insinuante y clara
+pronunciación de las muchachas del pueblo de Madrid.
+
+--¿Estás segura?--la pregunté en broma, mientras deslizaba el décimo
+en el bolsillo del gabán entretelado y subía la chalina de seda que me
+servía de tapabocas, á fin de preservarme de las pulmonías que auguraba
+el remusguillo barbero de diciembre.
+
+--¡Yaya si estoy segura! Como que el décimo ése se lo lleva usted por
+no tener yo cuartos, señorito. El número... ya lo mirará usted cuando
+salga... es el 1.420: los años que tengo, catorce, y los días del mes
+que tengo sobre los años, veinte justos. Ya ve si compraría yo todo el
+billete.
+
+--Pues, hija--respondí echándomelas de generoso, con la tranquilidad
+del jugador empedernido que sabe que no le ha caído jamás ni una
+aproximación, ni un mal reintegro--, no te apures: si el billete saca
+premio... la mitad del décimo, para ti. Jugamos á medias.
+
+Una alegría loca se pintó en las demacradas facciones de la billetera,
+y con la fe más absoluta, agarrándome de una manga, exclamó:
+
+--¡Señorito! por su padre y por su madre, deme su nombre y las señas de
+su casa. Yo sé que de aquí á cuatro días, cobramos.
+
+Un tanto arrepentido ya, le dije como me llamo y dónde vivía; y diez
+minutos después, al subir á buen paso por la Puerta del Sol á la calle
+de la Montera, ni recordaba el incidente.
+
+Pasados cuatro días, estando en la cama, oí vocear «la lista grande».
+Despaché á mi criado á que la comprase, y cuando me la subió, mis ojos
+tropezaron inmediatamente con la cifra del premio gordo: creí soñar:
+no soñaba: allí decía realmente 1.420... mi décimo, la edad de la
+billetera, ¡la suerte para ella y para mí! Eran muchos miles de duros
+lo que representaban aquellos benditos guarismos, y un deslumbramiento
+me asaltó al levantarme, mientras mis piernas flaqueaban y un sudor
+ligero enfriaba mis sienes. Hágame justicia el lector: ni se me ocurrió
+renegar de mi ofrecimiento... La chiquilla me había traído la suerte,
+había sido mi «mascota...». Era una asociación en que yo sólo figuraba
+como socio industrial. Nada más justo que partir las ganancias.
+
+Al punto deseé sentir en los dedos el contacto del mágico papelito. Me
+acordaba bien: lo había guardado en el bolsillo exterior del gabán,
+por no desabrocharme. ¿Dónde estaba el gabán? ¡Ah! allí, colgado en la
+percha... Á ver... Tienta de aquí, registra de acullá... Ni rastro del
+décimo.
+
+Llamo al criado con furia, y le pregunto si ha sacudido el gabán por la
+ventana... ¡Ya lo creo que lo ha sacudido y vareado! Pero no ha visto
+caer nada de los bolsillos; nada absolutamente... Le miro á la cara:
+su rostro expresa veracidad y honradez. En cinco años que hace que
+está á mi servicio no le he cogido jamás en ningún gatuperio chico ni
+grande... Me sonroja lo que se me ocurre, las amenazas, las injurias,
+las barbaridades que suben á mis labios...
+
+Desesperado ya, enciendo una bujía, escudriño los rincones, desbarato
+armarios, paso revista al cesto de los papeles viejos, interrogo á la
+canasta de la basura... ¡Nada y nada: estoy solo con la fiebre de mis
+manos, la sequedad de mi amarga boca y la rabia de mi corazón!
+
+Á la tarde, cuando ya me había tendido sobre la cama á fumar, para
+ver de ir tragando y digiriendo la decepción horrible, suena un
+campanillazo vivo y fuerte, oigo en la puerta discusión, alboroto,
+protestas de alguien que se empeña en entrar, y al punto veo ante mí á
+la billetera que se arroja en mis brazos, gritando con muchas lágrimas:
+
+--¡Señorito, señorito! ¿Lo ve usted? Hemos sacado el gordo.
+
+¡Infeliz de mí! Creía haber pasado lo peor del disgusto, y me faltaba
+este cruel y afrentoso trance: tener que decir, balbuceando como un
+criminal, que se había extraviado el billete, que no lo encontraba en
+parte alguna, y que por consecuencia nada tenía que esperar de mí la
+pobre muchacha, en cuyos ojos negros, ariscos, temí ver relampaguear la
+duda y la desconfianza más infamatoria...
+
+Pero la billetera, alzándolos todavía húmedos, me miró serenamente y
+dijo encogiéndose de hombros:
+
+--¡Vaya por la Virgen! Señorito... no nacimos ni usted ni yo pa
+millonarios.
+
+¿Cómo podía recompensar la confianza de aquella desinteresada criatura?
+¿Cómo indemnizarla de lo que la debía--sí, de lo que la debía? Mis
+remordimientos y la convicción de mi grave responsabilidad pesaban
+sobre mí de tal suerte, que la traje á casa, la amparé, la eduqué y por
+último me casé con ella.
+
+Lo más notable de esta historia es que he sido feliz.
+
+
+
+
+ LA PUÑALADA
+
+
+Mucho se hablaba en el barrio de la modistilla y el carpintero.
+
+Cada domingo se les veía salir juntos, tomar el tranvía, irse de paseo
+y volver tarde, de bracete, muy pegados, con ese paso ajustado y
+armonioso que sólo llevan los amantes.
+
+Formaban contraste vivo. Ella era una mujercita pequeña, de negros
+ojazos, de cintura delgada, de turgente pecho; él un mocetón sano y
+fuerte, de aborrascados rizos, de hercúleos puños--un bruto laborioso
+y apasionado--. De su buen jornal sacaba lo indispensable para las
+atenciones más precisas; el resto lo invertía en finezas para su
+Claudia. Aunque tosco y mal hablado, sabía discurrir cosas galantes,
+obsequios bonitos. Hoy un imperdible, mañana un ramo, al otro día un
+lazo ó un pañuelo. Claudia, mujer hasta la punta del pelo, coqueta,
+vanidosa, se moría por regalos. En el obrador de su maestra los lucía,
+causando dentera á sus compañeritas, que rabiaban por «un novio» como
+Onofre.
+
+«Novio»... precisamente novio no se le podía llamar. Era difícil, no
+ya lo de las bendiciones, sino hasta reunirse en una casa, una mesa y
+un lecho, porque ¿y las madres? La de Onofre vieja, impedida; además,
+un hermano chico, aprendiz, que no ganaba aún. Así y todo Onofre se
+hubiese llevado á Claudia en triunfo á su hogar, si no es la madre de
+la modista, asistenta de oficio, más despabilada que un candil. Cuando
+en momentos de tierna expansión Onofre insinuaba á Claudia algo de
+bodas... ó cosa para él equivalente, Claudia, respingando, contestaba
+en tono de enojo y susto:
+
+--¿Estás bebido? Hijo, ¿y mi madre? ¿La suelto en el arroyo como á un
+perro? Con la triste peseta que ella se gana un día no y otro tampoco,
+¿va á comer pan si yo la falto? Déjate de eso, vamos... ¡Que se te
+quite de la cabeza!
+
+No se le quitaba. Pasar con Claudia ratos de violenta felicidad, era
+bueno; pero cuánto mejor sería tenerla siempre consigo, á toda hora,
+sin tapujos... sin que pudiese la madre cortarles las comunicaciones,
+como había hecho ya en momentos de enfado. Además, teniendo á Claudia
+á su vera, públicamente suya, tal vez se le curasen los celos. Los
+padecía, en accesos de furor que trataba de ocultar. Claudia era una
+gran chica, con su aire de señorita, su talle que un dependiente
+de comercio había llamado de palmera... y él, él, ¡tan basto, tan
+encallecido, que ni firmar sabía! Verdad que tenía fuerza en los
+brazos y calor en el alma... y coraje para matarse con cualquiera, eso
+sí... ¿Bastaba?
+
+Debía bastar, en ley de Dios; sino que ¡se ven tales cosas! Ya dos
+veces había observado Onofre un hecho extraño. Al rondar la casa de
+Claudia (aquella maldita casa tenía imán), veía en el portal á la
+madre, señá Dolores, secreteando con un caballero muy bien portado,
+de gabán de pieles. ¿Era figuración de Onofre? Al divisarle la vieja
+daba señales de inquietud y el señor se despedía atropelladamente. No
+importa, no se le despintaba; entre mil de su casta le conocería. Algo
+grueso, nariz de cotorra, patillas grises, ojos vivos... ¿Qué embuchado
+se traían? ¿Se trataba de Claudia?--«Muy tonto soy--pensó Onofre--pero
+¡Cristo! el dedo en la boca no han de metérmelo».
+
+Esto ocurrió hacia Pascua florida. Después de un invierno riguroso y
+tristón, la primavera desentumecía los cuerpos: los árboles echaban
+hojas y flores á granel, el sol picaba y reía. El año anterior, ¡Onofre
+no lo olvidaba! Claudia, al principiar el buen tiempo, había querido
+pasear todas las tardes, sin faltar una. Salían temprano, él del
+taller y ella del obrador, y se iban por ahí hasta las diez dadas. La
+convidaba á merendar, la hartaba de pájaros fritos y de fresilla. ¡Un
+despilfarro! Y este año apenas conseguía decidirla á vagabundear dos
+días por semana. Rehacia andaba la chica. ¡Atención, Onofre!
+
+--¿Quién te ha dado ese dije de oro?--preguntó de repente, parándose en
+la mitad de la calle, el carpintero á su compañera.
+
+--¿De oro? Si es de «dublé...»--murmuró ella, azorada.
+
+--Á un hombre no se le miente, y si me vuelves á salir por «dublé» te
+meto en casa de mi compadre el platero y te abochorno la cara. ¡Oro con
+piedras! ¡Copones! ¿Se puede saber por qué has mentido?
+
+--Verás--balbuceó Claudia.--Es que... por si te enfadabas... Tenía
+ahorrados unos cuartos... Lo compré de lance...
+
+--¿Enfadarme yo? ¿Cuándo has visto que me mezcle en tus gastos, hija?
+¿Lo compraste? ¿Dónde? ¿Á quién?
+
+--Me lo vendió la corredora, la Chivita... ¿No la conoces tú? Es una
+con pelos en la barba...
+
+Calló Onofre. Un relámpago de lucidez horrible acababa de cegarle.
+¡Aquello era otro embuste! ¡Una fila de embustes! ¿Con que la Chivita?
+Él la encontraría aquella misma noche...
+
+Pasaban por la plazuela de Santa Ana. Los árboles del jardín convidaban
+á descansar á su sombra, de poblados y de verdes que los tenía el
+abril. Risas de chiquillería, llamadas de niñeras, se confundían con
+los trinos de los canarios y jilgueros «maestros» colgados en jaulas, á
+las puertas de las tiendas de pájaros y perros. Claudia se paró delante
+de una de estas tiendas; lo acostumbraba; la gustaban mucho los bichos.
+Hizo fiestas á un loro, á un gato de Angora, á un falderín, y se
+entretuvo más con las palomas. ¡Qué ricas! Las había moñudas, de cuello
+empavonado, de patas calzadas...
+
+--¡Ay!--exclamó--¡Ésa tiene sangre!... Está herida.
+
+Era una paloma de la casta conocida por «de la puñalada». Sobre el
+buche, curvo y blanquísimo, un trazo rojo imitaba perfectamente la
+herida fresca.
+
+--La habrá dado un corte su palomo--dijo gravemente Onofre--. También
+los palomos serán capaces de barbaridades si otros les festejan la
+hembra.
+
+Claudia apartó los ojos y se coloreó. El dicho de Onofre, sin tener
+nada de particular, le sonaba de un modo raro. ¡Á saber si era la
+conciencia! No se tranquilizó, ni mucho menos, cuando Onofre insistió,
+poniéndose pesado, en regalarla aquella paloma de la cortadura. ¡Si no
+la podía cuidar, si no la podía mantener! ¡Si apenas tenía tiempo de
+echar cordilla al gato! ¡Si faltaba jaula!
+
+--También compro la jaula. No te apures. Hermosa, yo no te podré
+ofrecer de lo que vende Ansorena... ¡pero vamos, que una pobre paloma!
+¿Me vas á desairar? ¿No quieres nada mío?
+
+Hablaba en irritada voz. Claudia no se atrevió á negarse. Cargó Onofre
+con la jaula de mimbres y acompañó hasta su puerta á la muchacha. De
+allí, derecho, en busca de la corredora. La encontró luego; casualmente
+estaba en casa. Y sin duda el carpintero, en su interrogatorio, se
+clareó, descubrió lo que traía entre cejas... porque la Chivita,
+avezada á tales indagatorias, imperturbable y con el tono más
+persuasivo, contestó que sí, que ella había vendido á Claudia el dije.
+
+--¿Qué día? insistió Onofre, tozudo.
+
+--¡Ay, hijo! ¡Pues no es usted poco curioso? Si una se fuese á acordar,
+con tanto como vende...
+
+--¿Qué costó? ¿Tampoco lo sabe?
+
+--¡Jesús! Aunque me pidiese declaración el señor juez... Veremos si me
+acuerdo mañana...
+
+Desde la escalera, volviéndose hacia la puerta mugrienta de la Chivita
+y cerrando los puños, el mocetón rugió entre dientes, con ira inmensa:
+
+--Condenada de al... ¡Todos conchavados para mentirme...!
+
+De casa de la Chivita se fué Onofre á la taberna que encontró más á
+mano. Era sobrio; no le divertía achisparse. Sólo que hay casos en
+que un hombre... Pidió aguardiente: lo que emborrachase más pronto.
+Necesitaba convertirse en cepo, no pensar, hasta el otro día. Y echó
+copa tras copa; por fin se quedó amodorrado, con la cabeza caída sobre
+la sucia mesa de la tasca.
+
+Á la mañana siguiente, á eso de las ocho, salía Claudia para ir, como
+siempre, al obrador. Era la última vez; se despediría de la maestra,
+de las compañeras, de la labor, de los pinchazos en la yema del dedo.
+«Aquel señor»--el del dije, el de las grises patillas--las quería en
+su casa, á ella y á su madre, tratadas como reinas. La madre ama de
+llaves, la hija ama... ¡de todo! Proposiciones así no se desechan. ¿Y
+Onofre?... En primer lugar, Onofre no sabía las señas del caballero.
+Hasta que las averiguase. Después... pasado tiempo... Onofre se
+resignaría. Así y todo, Claudia llevaba el corazón apretado. Miedo,
+miedo--un miedo invencible--. Al entrar con la jaula de la paloma,
+señá Dolores había gritado alarmada: «Fuera con eso, mujer; si parece
+que tiene una puñalá de veras... ¡Vaya un regalo, la Virgen!». Y en
+sueños, revolviéndose en la estrecha cama, la puñalada sangrienta en el
+pecho blanco perseguía á Claudia. La parecía que la herida estaba en su
+propio seno, y que la sangre, en hilos, manaba y empapaba lentamente
+las sábanas y el colchón. La pesadilla duró hasta el amanecer.
+
+Ahora iba aprisa. Recogería el jornal, la almohadilla, los avíos--y
+abur, señora. ¡Aire! Á descansar, á comer bien, á vestir seda, en vez
+de coserla para otras mujeres menos guapas. Claudia corría, deseosa
+de llegar. En la esquina, distraídamente, tropezó, resbaló, quiso
+incorporarse. Una mano ruda la sujetó al suelo; una hoja de cuchillo
+brilló sobre sus ojos, y se le hundió, como en blanda pasta, en el
+busto, cerca del corazón. Y el asesino, estúpido, quieto, no secundó el
+golpe--ni era necesario--. La sangre se extendía, formando un charco
+alrededor de la cabeza lívida, inclinada hacia el borde de la acera; y
+Onofre, cruzado de brazos, aguardaba á que le prendiesen, mirando cómo
+del charco se extendían arroyillos rojos, coagulados rápidamente.
+
+
+
+
+ EN EL SANTO
+
+
+Menudo embeleco--había exclamado colérica la Manuela cuando Lucas
+ordenó á Sidoro que se pusiese la chaqueta nueva para bajar á la
+pradera de San Isidro.
+
+En cambio, Sidoro sintió palpitar de alegría su corazoncito de seis
+años, encogido por la constante aspereza del trato feroz que le daba su
+madrastra... ó lo que fuese: la Manuela, la mujerona con quien ahora
+vivía Lucas. En la infancia, decir novedad y cambio es decir esperanza
+ilimitada y hermosa. ¡Bajar al santo! ¿Quién sabe lo que el santo
+guardaba en sus manos benditas para los niños sin madre, para los niños
+apaleados y hambrientos?
+
+Loco de contento se incorporó Sidoro al grupo, si bien le agrió ya el
+primer gozo tener que cargar con un cestillo atestado de provisiones.
+Pesaba mucho, y Sidoro hubiese implorado que le aliviasen la carga, á
+no temer uno de los pellizcos de bruja, retorcidos y rabiosos, con que
+la Manuela le señalaba cardenal para medio mes. Suspirando, alzó el
+cestillo como pudo, y salieron calle de Toledo abajo, por entre olas
+de gente, con un sol capaz de freír magras, un sol más canicular que
+primaveral.
+
+Tragando el polvo que soliviantaban ómnibus, carricoches y simones,
+pasaron el puente de Toledo y llegaron al cerro, donde hervía más
+compacta la alegre multitud. Lucas habló de entrar á rezarle al santo;
+pero la Manuela, levantando de un puntillón á Sidoro, que había
+caído empujado por el remolino y agobiado por el peso, renegó de la
+idea y prefirió comprar torrados, avellanas y rosquillas, y buscar
+dónde merendar. La sed les resecaba el gaznate, y Lucas, portador
+de la colmada bota, notando su grata turgencia entre el brazo y las
+costillas, aprobó la determinación.
+
+No fué fácil encontrar sitio conveniente á la sombra y cerca del
+río. Los rincones agradables andaban muy solicitados. Por fin,
+bastante tarde, descubrieron un ruin arbolillo, y se acomodaron al
+pie, forjándose la ilusión de que las ramas les abrigaban la cabeza.
+Sidoro, derrengado, soltó la cesta; Manuela fué sacando vituallas, y
+allí empezó el embaular y los besos á la del tinto. Lucas se acordó de
+echarle á su hijo un pedazo de tortilla y una hogaza, como quien echa
+un hueso á un cachorro; después... no pensaron más en la criatura; y
+como el vinazo y el hartazgo quitan la vergüenza, Lucas le tomó la cara
+á Manuela, allí mismo, sin pizca de reparo. Con torpes pies, por llevar
+tan calientes los cascos, la pareja rompió á andar hacia el cerro,
+donde era mayor el bullicio, y donde los tíos-vivos y los merenderos
+y barracones convidaban al jolgorio; el niño, al tratar de seguirles,
+se halló detenido por un corro formado alrededor de un ciego coplero
+y guitarrista; y cuando quiso reunirse con su gente, incorporarse,
+encontróse solo entre la multitud, portador del cesto ya vacío y la
+bota floja y huera...
+
+Se echó á llorar. Duros y malos como eran, aquel hombre y aquella mujer
+le amparaban. Se sintió abandonado, náufrago en un mar muy crespo, muy
+profundo y tormentoso. El gentío pasaba sin hacer caso del chiquillo:
+éste le empujaba, el otro le desviaba con lástima, y una mano pronta y
+desconocida le arrebató la boina de la cabeza... Nadie le preguntaba
+la causa de su llanto; ¡para eso estaban! Entre el infernal bureo de
+la romería, cualquiera atiende al llanto de un rapaz. El tecleo de los
+pianos mecánicos, el rasguear de los guitarros, los cantares de los
+beodos, los pregones de las rosquilleras, los mil ruidos que exhala
+una muchedumbre apiñada, harta, jaranera, procaz, en plena juerga al
+aire libre, exasperada por el olor de aceite rancio de las buñolerías
+y el vaho tabernario de las barracas-bodegones, ahogaban los sollozos
+del niño, como la viviente oleada de la multitud envolvía y absorbía y
+arrastraba mecánicamente su cuerpo...
+
+Por instinto, Sidoro se dejó llevar. Andando, andando, podría encontrar
+tal vez á la pareja, ó ¿quién sabe? al santo en persona. Pues si
+en la romería no se encontraba al santo, ¿á qué venía toda aquella
+gente? Y el santo sería muy bueno, que para eso era santo, y por
+eso le rezaban y le retrataban en figuritas de barro, y por eso los
+ángeles le ayudaban á arar. ¿Dónde estaba el santo? Sidoro recordaba
+que Lucas, antes de buscar sitio para la merienda, había hablado de ir
+á la ermita. ¿Qué será la ermita? De seguro un sitio en que recogen y
+consuelan á los niños abandonados...
+
+Mientras buscaba al glorioso labrador, Sidoro, á pesar suyo, miraba
+los puestos, los centenares de tinglados, donde se exhiben y despachan
+los maravillosos pitos, que adornan rosetones de plata y florones de
+papel rojo, las efigies pintorreadas de esmeralda, cobalto y bermellón,
+las medallas y escapularios, la grosera loza, las figuritas de toreros
+y picadores, los monigotes con cabeza de ministros, los grupos de
+ratas, las caricaturas escatológicas, los jarros atestados de claveles
+de violento aroma, las hiladas de botijos bermejos y blancos, las
+apetitosas rosquillas, los puestos de avellaneros, con sus balanzas
+relucientes y sus sacos entreabiertos, rebosando, tentando á la mano
+del niño... Y aquella orgía de colorines fuertes y chillones, aquel
+vaivén incesante de la muchedumbre, aquellos sonidos discordantes,
+el sentirse impulsado, zarandeado, arrebatado como una paja por el
+torrente humano, la asfixiante atmósfera que respiraba, la desolación
+misma de su abandono, en vez de arrancar lágrimas á la criatura,
+secaron las que corrían de sus ojos, y le produjeron una especie de
+embriaguez febril. Sin cuidarse de responsabilidades, abandonó la bota
+y el cestillo, y se dejó caer en tierra, á la puerta de un merendero
+donde bebían y cantaban canciones picantes, ininteligibles para Sidoro.
+Una moza, sofocada, sentada en el suelo, daba la teta á una criatura.
+Sidoro vió esta escena, el grupo siempre conmovedor y sagrado, y
+confusas reminiscencias, no de la memoria, sino de los sentidos y de la
+sensibilidad, más concreta en la niñez, le recordaron que también á él
+le había estrechado una mujer contra su seno amoroso; que también á él
+le habían arrullado con palabras de azúcar y de delirio, las palabras
+inefables de la maternidad, y un rostro amado, un rostro que no podía
+olvidarse, surgió de entre la niebla del pasado... ¡pasado tan corto y
+tan reciente! Y entonces, una de esas penas sin límites que sufren los
+niños, cayó sobre el alma del huérfano.
+
+En un instante, con el recuerdo del cariño y la ternura de su madre,
+á quien no había vuelto á ver nunca, Sidoro evocó las crueldades y
+desamor de la Manuela, y toda su carne tembló, pues no había en ella
+lugar donde las despiadadas uñas de la mujerona no hubiesen dejado
+rastro de tortura... Y la criatura, en su desconsuelo infinito,
+mientras la tarde caía y las luces de los puestos comenzaban á abrir
+su pupila de llama, se revolcó sobre el árido suelo, con muchas ganas
+de dormirse en un sueño largo, largo, largo, y despertarse al lado
+de su madre, ó de san Isidro, ó de alguien que tuviese entrañas para
+los pequeños y los débiles. Á fuerza de aturdimiento, de cansancio,
+de calor, de susto, de tristeza, se quedó, efectivamente, dormido...
+Despertó porque le aporreaban y le tiraban del pelo á puñados. Era la
+Manuela, gritando enronquecida y furiosa.
+
+--Á este maldito sí le encontramos... pero ¿y la bota nueva, y mi
+cestillo, y la servilleta, y el vaso que venían en él? ¡Condenao, verás
+en cuanto lleguemos á casa!
+
+
+
+
+ SANTOS BUENO
+
+
+Hacía tiempo--muchos meses--que no le veía yo por ninguna parte: ni en
+la calle, ni en el casino de la Amistad, ni en la Pecera, ni siquiera
+en la barriada nueva que se está construyendo--porque Santos Bueno es
+de los que tienen afición á ver edificar y gustan de plantarse delante
+de los andamios con las manos á la espalda, diciendo sentenciosamente:
+«Éstas sí que son vigas de recibo; no pandearán».
+
+Extrañando tan largo eclipse; temiendo que Santos Bueno estuviese
+enfermo de cuidado, resolví buscarle en su casa, donde le encontré
+entregado á sus habituales tareas, apacible y afable como de costumbre.
+
+--¿Qué es esto? ¿Se ha metido usted cartujo? ¿Es voto de clausura?
+
+--No, señor... ¡no, señor!--respondió sonriendo Santos--Si yo salgo y
+me paseo. No parece sino que vivo encerrado.
+
+--¿Que sale usted? Pues no le veo nunca.
+
+--Porque salgo un poco tarde... á las horas en que no hay gente.
+
+--Esconderse se llama esa figura.
+
+Volvió Santos á sonreir con aquella su indescriptible expresión
+enigmática, y dijo tranquilamente:
+
+--Pues ha acertado usted. Hay ocasiones en que... se encuentra uno muy
+á gusto escondido.
+
+Adiviné que bajo la teoría de las ventajas del escondite se ocultaba
+alguna crisis dolorosa de la vida de Santos Bueno.
+
+Yo creía conocerle, y además sabía su historia y sus aspiraciones, como
+se sabe en un pueblo pequeño las de cada hijo de vecino. Santos Bueno
+era un burgués modesto, sin grandes aspiraciones; ni pobre ni rico,
+poseía un capitalito, producto de la afortunada venta de unos bienes
+patrimoniales, lindantes con el prado de un indianete, que por tal
+circunstancia los había pagado á peso de oro.
+
+Con estos caudales, Santos proyectaba realizar un sueño ya muy antiguo:
+construirse en las afueras de la ciudad una casita que tuviese jardín y
+vivir en ella sin emociones, pero sin desazones, cultivando legumbres y
+rosas. Es de advertir que la casita con jardín es la bella ilusión de
+los marinedinos.
+
+No sé por qué se me vino á la imaginación que con aquellos dineros
+podrían relacionarse la actitud y el retraimiento de Santos, y movido
+de una curiosidad compasiva, le interrogué.
+
+--¿Y esa casita, ese _chalet_, cuándo lo empezamos? ¿Me convida usted
+á café en el jardín para el día de su santo del año que viene?
+
+Demudóse el rostro de Santos, y hasta se me figuró que en sus ojos
+temblaba el reflejo cristalino que indica que se humedecen...
+
+--Ya no hago la casita--murmuró con abatimiento.
+
+--¿Que no la hace usted? ¿Cómo es eso? ¿Se ha jugado usted los
+capitales?
+
+--Bien sabe usted que no me da por ahí...
+
+--¿Pues qué ocurre? ¿Ha pensado usted en otra inversión? ¿Ha emprendido
+algún negocio?
+
+--Si usted me promete no decir nada á nadie...
+
+--Pierda usted cuidado, don Santos. La tumba es una cotorra comparada
+conmigo.
+
+--Pues es el caso que... que he... prestado... esa suma.
+
+--¿Prestado? ¿Al cien por cien mensual? ¿Con garantía? ¡Ah, usurero!
+
+--Déjese de bromas. Garantía... Tengo la de la honradez de mi deudor.
+
+--¡Ay, pobre don Santos! ¿Quién me lo ha engañado?
+
+--No, le advierto á usted que es persona que goza de excelente fama...
+Para ser franco: mi ánimo no era prestar, ni á ése ni á nadie. Me cogió
+desprevenido: no pude negarme; á él le constaba que tenía yo fondos:
+vi un padre de familia en aprieto, en compromiso, en vergüenza... me
+prometió amortizar cada mes... ¡En fin, que no tengo el corazón de
+bronce!
+
+--¿Conque prestamitos á padres de familia pobres, pero bribones? ¿Y
+qué tal? ¿Amortiza? ¿Amortiza?
+
+--Por ahora... no.
+
+--¿Cuántos meses han pasado?
+
+--Seis... es decir, hoy se cumplen siete...
+
+--Y usted, después de haber hecho esa obra benéfica y desinteresada,
+¿por qué se esconde? Eso sí que quisiera saberlo.
+
+--Le diré... Son tonterías de mi carácter... ¡Rarezas...! Es que, hace
+algún tiempo, me encontré en la calle á mi deudor, y le pedí... vamos
+con muy buenos modos... que empezase á amortizar... lo que pudiese...
+nada más que lo que pudiese... Y me contestó de una manera..., en fin,
+que me negó lo prometido, y casi, casi, me negó la deuda misma...
+Y desde entonces no salgo á la calle... porque si me lo encuentro,
+me dará vergüenza, y tendré que hacer como si no le viese! Sí,
+vergüenza... Porque es fea su acción, ¿verdad?
+
+
+
+
+ SUSTITUCIÓN
+
+
+No hay nadie que no se haya visto en el caso de tener que dar, con suma
+precaución y en la forma que menos duela, una mala noticia. Á mí me
+encomendaron por primera vez esta desagradable tarea, cuando falleció
+repentinamente la viuda de Lasmarcas, única hermana de don Ambrosio
+Corchado.
+
+Yo no conocía á don Ambrosio; en cambio era uno de los tres ó cuatro
+amigos fieles del difunto Lasmarcas, y que visitaban con asiduidad á
+su viuda, recibiendo siempre acogida franca y cariñosa. Las noches
+de invierno nos servía de asilo la salita de la señora, donde ardía
+un brasero bien pasado, y las dobles cortinas y las recias maderas
+no dejaban penetrar ni corrientes de aire ni el ruido de la lluvia.
+Instalado cada cual en el asiento y en el rincón que prefería,
+charlábamos animadamente hasta la hora de un té modesto y fino, con
+galletas y bollos hechos en casa, tal vez por razones de economía.
+
+Nos sabía á gloria el té casero, y concluíamos la velada satisfechos y
+en paz, porque la viuda de Lasmarcas era una mujer de excelente trato,
+ni encogida, ni entrometida, ni maliciosa en extremo, ni neciamente
+cándida, y en cuanto amiga, segura y leal como ¡ojalá! fuesen todos
+los hombres. Al saber que había aparecido muerta en su cama, fulminada
+por un derrame seroso, sentimos el frío penetrante del _más allá_, el
+estremecimiento que causa una ráfaga de aire glacial que nos azota el
+rostro al entrar en un panteón. ¡Así nos vamos, así se desvanece en
+un soplo nuestra vida, al parecer tan activa y tan llena de planes,
+de esperanzas y de tenaces intereses! Precisamente la noche anterior
+habíamos ido de tertulia á casa de la señora de Lasmarcas; aún nos
+parecía verla ofreciéndonos un trozo de bizcochada, que alababa
+asegurando ser receta dada por las monjas de la Anunciación...
+
+Advertidos de la desgracia los amigos íntimos, se decidió que yo me
+encargaría de avisar al hermano de la difunta. Don Ambrosio Corchado
+no vivía en la misma ciudad que su hermana, sino á dos leguas, en
+una posesión de donde no salía jamás, y donde la viuda residía en la
+temporada de verano. Rico y poco sociable, don Ambrosio realizaba el
+tipo del solterón: no quería molestar al mundo, y menos toleraba que
+el mundo le molestase á él. Á su manera, lo pasaba perfectamente,
+introduciendo mejoras en su finca, dirigiendo la labranza y cebando
+gallinas y cerdos. Es cuanto sabíamos de don Ambrosio. Para cumplir
+sin tardanza mi cometido, encargué un coche, y á los tres cuartos de
+hora lo tenía ante la puerta, con repique de cascabeles y traqueteo de
+ruedas chirriantes.
+
+Entré en el desvencijado vehículo y tomamos la dirección de la
+finca. Era preciosa la mañana, vibrante, alegre, llena de sol y luz,
+preludiando la primavera, que se acercaba ya. Reclinado en el fondo del
+birlocho, viendo desaparecer por la ventanilla el pintoresco paisaje,
+me entró, á pesar del buen tiempo y del aire puro y vivo, una dolorosa
+melancolía, una especie de aprensión y de timidez violenta.
+
+El corazón se me encogió, pensando en lo que debía participar á don
+Ambrosio, y en cómo empezaría á hacerle paladear el trago, para que
+sintiese menos su amargor. Me representaba con eficacia lo dramático
+del momento. Don Ambrosio no tenía otra hermana, ni más familia en el
+mundo. La señora de Lasmarcas no dejaba hijos que pudiese recoger su
+hermano y que alegrasen su solitaria vejez. ¡Una hermana! El ser á
+quien acompañamos desde la cuna; con quien hemos jugado de niños; ser
+que lleva nuestra sangre; que ha compartido nuestros primeros inocentes
+goces, nuestros primeros berrinches; que ha sido nuestro confidente,
+nuestro encubridor, que vió nuestras travesuras y se emocionó con
+nuestros amoríos infantiles; la mamá pequeña, la amiga natural, la
+cómplice desinteresada, la defensora. El que no conoce otro afecto;
+el que de todos los suyos conserva una hermana, ¡qué sentirá al saber
+que la ha perdido! Sin duda alguna, lo que el árbol cuando le hincan el
+hacha en mitad del tronco, cuando lo hienden y parten. Además, ¡era tan
+súbita la muerte! Tal vez don Ambrosio se había forjado mil veces la
+ilusión de que su hermana, más joven que él, le cerraría los ojos...
+
+Estos pensamientos, exaltando mi imaginación, me causaron tan
+indefinible angustia, que al pararse el coche ante el portón de la
+finca llevaba yo los ojos humedecidos de lágrimas. Dominé mi debilidad,
+salté á tierra, y al preguntar por don Ambrosio á un hombre que
+igualaba la arena del patio, soltó él de muy buena gana el escardillo
+y me guió, pasando por hermosos jardines adornados con fuentes y por
+un huerto de frutales, á una pradería, donde varios gañanes trabajaban
+en segar hierba y amontonarla en carros, bajo la inspección de un
+vejete de antiparras azules y sombrero de paja.--Era don Ambrosio en
+persona.--Me saludó con sorpresa y, al decirle que venía por un asunto
+de cierta importancia, mostró bastante amabilidad. Explicóme que el
+pradito aquel rendía todos los años más de treinta carros de hierba
+seca, que se vendía como pan bendito; y cediendo á la propensión de
+hablar sólo de lo que se roza con preocupaciones del orden práctico,
+añadió que temía que viniese á llover, y activaba la faena á fin de
+recoger la hierba en buenas condiciones. Después me señaló á una
+esquina del prado, que cruzaba un límpido riachuelo, y me preguntó
+si creía la fuerza del agua suficiente para hacer mover un molino
+harinero que pensaba instalar allí. Su cara arrugadilla y su cascada
+voz adquirían gravedad al enunciar estos propósitos. Yo, entretanto,
+buscaba sitio por donde herirle; pero dos ó tres insinuaciones acerca
+de la mala salud de la viuda, no arrancaron más que un distraído «vaya,
+vaya». Entonces resolví apretar, y entré en materia: venía precisamente
+porque la señora, algo enferma desde ayer... «Sí, molestias del
+invierno, catarrillos», respondió maquinalmente. Me sublevó la salida,
+y solté las dos palabras «enfermedad grave»... Al través de los azules
+vidrios noté que parpadeaba el viejo.--«¿Grave? Y el médico, ¿qué
+dice?».
+
+--No hubo tiempo de consultarle...--exclamé--Ya ve usted, las cosas
+repentinas...
+
+--Pues que se consulte, que se consulte--repitió volviéndose para
+ver pasar un carro cargado á colmo--. ¡Eh--gritó dirigiéndose á los
+gañanes--, brutos, que se os cae la mitad de la hierba! ¡Sujetar bien
+la carga, por Cristo!
+
+--¿No le digo á usted--interrumpí alzando también la voz--que no dió
+lugar á consultar nada? Fué de pronto... la...
+
+Se me atragantaba la palabra terrible, pero al fin la solté:
+
+--¡La... la muerte!
+
+Don Ambrosio hizo un movimiento hacia atrás. Sus vidrios azules
+centellearon al sol. Titubeando, murmuró:
+
+--De manera... que... que...
+
+--Que ha fallecido su hermana de usted, sí, señor; esta mañana se la
+encontraron cadáver... en la cama... Un derrame seroso.
+
+El viejo guardó silencio, columpiando la cabeza. Después de una pausa,
+tosiqueó y dijo tranquilamente:
+
+--¡Válgate Dios! Le llegó su hora á la pobre... Bueno, si hay cualquier
+dificultad para el entierro, que... que cuenten conmigo... Por poco
+más... ¿sabe usted? que se haga todo con decencia... En cien duros
+arriba ó abajo no deben ustedes reparar.
+
+--¿No vendrá usted al funeral?--pregunté devorando al viejo con los
+ojos.
+
+--Verá usted... Con el prado á medio segar y este tiempo tan á
+propósito... imposible. ¡Bueno andaría esto si faltase yo! Mañana
+justamente viene el maestro de obras para tratar lo del molino... Hay
+que rumiar el contrato, porque si no esas gentes le pelan á uno. ¿Y
+usted qué opina? ¿Tendrá fuerza el agua? Ahora en primavera, no hay
+cuidado; ¿pero en otoño?
+
+Salí de allí en tal estado de exasperación, que batí la portezuela del
+coche al cerrarla, contribuyendo á desbaratar el fementido birlocho.
+Otra vez me dominaba una tristeza invencible; me sentía ridículo, y
+la miseria de nuestra condición me abrumaba al pensar en aquel vejete
+insensible como una roca, que sólo se ocupaba en el prado y el molino
+y se olvidaba de la proximidad de la muerte. ¡Valiente necedad mis
+precauciones y mis recelos para darle la noticia! De pronto se me
+ocurrió una idea singular. Mi acceso de sensibilidad compensaba la
+indiferencia de don Ambrosio.--El verdadero _hermano_ de la pobre
+muerta era yo, yo que había sentido el dolor fraternal, yo que me había
+sustituido, con la voluntad y el sentimiento, al hermano según la
+carne. En el mundo moral como en el físico nada se pierde, y todos los
+que tienen derecho á una suma de cariño, la cobran, si no del que se la
+debe, de otro generoso pagador. Consolado al discurrir así, saqué la
+cabeza por la ventanilla y dije al cochero (de veras que se lo dije):
+«Más aprisa, que necesito disponer el funeral de mi hermana».
+
+
+
+
+ LA COMPAÑA
+
+
+Invierno. Después de un día corto, lluvioso y triste, la noche es
+clara, de luna; la helada prende en sus cristales, resbaladizos y
+brillantes como espejos, el agua de las charcas y ciénagas, y en
+la ladera más abrupta de la montaña se oye el _oubear_ del lobo
+hambriento. Dentro de la casuca del _rueiro_ humilde, la llama de la
+ramalla de pino derrama la dulce tibieza de sus efluvios resinosos, y
+el glu-glu del pote conforta el estómago engañando la necesidad, pues
+el pobre caldo de berzas sólo mantiene porque abriga.
+
+Desviada de la aldea por el soto de altos castaños, próxima á
+la iglesia y al cementerio, la ruin casuca de la vieja señora
+Claudia--alias _Cometerra_, porque en sus juventudes mascaba á puñados
+la arcilla del monte Couto--también siente el bienestar del cariñoso
+fuego. Todo el día, calándose hasta las medulas, ha trabajado su nieto
+Caridad, y el brazado de ramalla y la leña todavía húmeda y la hierba
+que rumia la becerrita roja, él se las ha agenciado... No preguntéis
+dónde. Quien no tiene bosque ni pradería suya, ha de merodear por
+tierras de otro. ¿Qué señor le arrienda un lugar á un mocoso de quince,
+hijo de un presidiario muerto en Ceuta? El colono ha de ser libre de
+quintas, casado y de buena casta. ¡Valiente adquisición la de aquella
+bruja que pedía por las puertas una espiga de maíz ó una corteza
+mohosa, y la de aquel galopín que no dejaba en los términos de la
+parroquia cosa á vida! También hay clases en la aldea... Y los hijos
+de dos ó tres labradores de los más acomodados, de pan y puerco, se la
+tenían jurada á Caridad. Porque puede pasar el esquilmo de la rama y
+del tojo, y hasta el apañar hierba en linderos que tienen dueño; pero
+arrancar la patata ya en sazón ó desvalijar un painel del hórreo... eso
+son palabras mayores, y como le pillasen... ¡guarda el escarmiento!
+
+Caridad, entretanto, traía á casa bien repleto su _paje_ de mimbres.
+Aquel día formaban el botín golpe de castañas maduras, bellotas, y
+¡presa extraordinaria!, tres ó cuatro hermosos huevos frescales...
+Cuando tenía suerte en su caza de víveres, ¡la abuela le pagaba tan
+bien! Inagotable repertorio de consejas, tradiciones y patrañas,
+_Cometerra_, acurrucada en el rincón del lar, mientras con mano
+temblona pelaba las patatas ó desgranaba las espigas rubias, hablaba,
+narraba, ensartaba sus cuentos de mil mentiras... Y Caridad no conocía
+otro goce. Las historias de la abuela eran á la vez su única escuela y
+su único teatro, el pasto de su imaginación virgen, fresca, insaciable,
+de chiquillo que no sabe leer, y que presiente la novela y la poesía,
+identificándolas, en su ignorancia, con la vida y la realidad.
+
+Tal vez, en aquel precoz enfermizo desarrollo de la fantasía influyese
+el mismo aislamiento á que le condenaban sus menudos latrocinios y la
+azarosa suerte y las fechorías del padre. Es lo cierto que Caridad
+creía á puño cerrado... ¿qué es creer?, _veía_. El mundo triste y
+agorero de la vieja mitología galaica le rodeaba á todas horas. El
+miedo á lo desconocido encogía su alma y derramaba hielo de mortal
+pavor en sus venas, atrayéndole, sin embargo, con misterioso atractivo,
+llamándole. Temía y deseaba la aparición sobrenatural, y mientras sus
+manos, mecánicamente, cogían lo ajeno, su espíritu inculto sentía el
+escalofrío del mundo invisible que nos rodea, y cuyo hálito quejoso se
+percibe en los murmullos del bosque y en el fluyente llanto del agua...
+
+Esta noche de invierno, cercana ya la vigilia de los difuntos,
+_Cometerra_ explica á su nieto lo que es la _Compaña_ ó _Hueste_. Es
+una legión de muertos que, dejando sus sepulturas, llevando cada cual
+en la descarnada mano un cirio, cruzan la montaña, allá á lo lejos,
+visibles sólo por la vaga blancura de los sudarios y por el pálido
+reflejo del cirio desfalleciente. ¡Ay del que ve la _Compaña_! ¡Ay del
+que pisa la tierra en que se proyecta su sombra! Si no se muere en el
+acto, la vida se le secará para siempre á modo de hierba que cortó la
+_fouce_. Quebrantado, sin fuerzas, tocado de extraño mal, contra el
+cual no existen remedios, irá encaminándose poco á poco á la cueva,
+porque la _Hueste_ recluta así á los que encuentra en el camino, los
+alista en sus filas, refuerza su ejército de espectros... ¡Infeliz del
+que ve la _Compaña_!
+
+En su pobre y frío lecho de hojas de maíz, Caridad se revuelve pensando
+en la fúnebre procesión. El fuego del lar se ha extinguido; la abuela
+ronca acurrucada á pocos pasos; se escucha fuera el gañir del lobo y
+la queja casi humana del mochuelo... La tentación es demasiado fuerte.
+De seguro que á estas horas desfila por el monte, en doble hilera
+de luces, la gente del otro mundo. ¡Verla! Caridad no se acuerda de
+que verla es morir. Quizá no le importa. El apego á la vida no nace
+temprano; el arbolillo sin raíces no se agarra á la corteza terrestre.
+El miedo, en Caridad, es como un espasmo: su alma estremecida teme y
+desea á la vez. Y deslizándose de la dura cama, á tientas va hacia la
+puerta, abre el cancel, se asoma y mira.
+
+Velada la luna, antes esplendente, por nubarrones de trágica forma,
+negrísimos, los objetos aparecen confusos, las manchas de la arboleda
+se pierden entre la turbieza gris de la lejanía. Caridad, tiritando,
+echa á andar en dirección á la iglesia. Sin darse cuenta del porqué,
+supone que la _Hueste_ ronda las tapias del cementerio. Lo singular
+es que, al ir en busca de la procesión de las almas, el chiquillo
+tiembla, sus dientes castañetean, sus pupilas se dilatan, su sangre
+se cuaja, su corazón por momentos cesa de latir. Y, sin embargo, anda,
+anda, fascinado; ansioso, pisando la escarcha con descalzos pies,
+amoratados y rígidos. Allá donde se alza el muro del camposanto, una
+claridad difusa, unos lampos de luz verdosa le llaman con palpitaciones
+de mortaja flotante y con humaredas de cirio que se extingue. Allí está
+de seguro la _Hueste_... Ya cree verla, verla distintamente, y hasta
+escucha reprimidos sollozos, ahogados gritos que pueden confundirse
+con la ironía de la carcajada brutal... Sin transición, sin espacio á
+decir Jesús, á llamar á su madre como la llaman los heridos de muerte,
+Caridad se desploma. Á un mismo tiempo le ha partido la cabeza un
+garrotazo y le ha abierto la garganta el corvo filo de una céltica
+_bisarma_, que á la vez que degüella sujeta á la víctima. La sangre,
+caliente, se coagula sobre la helada superficie del terruño. Los mozos
+se retiran, dejando tieso allí al ladronzuelo, y murmurando, serios
+ya--porque no habían pensado ir tan lejos, ni hubiesen ido á no mediar
+el mosto nuevo y la vieja _caña_:
+
+--Quedas escarmentado.
+
+
+
+
+ LA DENTADURA
+
+
+Al recibir la cartita, Águeda pensó desmayarse. Enfriáronse sus manos,
+sus oídos zumbaron levemente, sus arterias latieron y veló sus ojos una
+nube. ¡Había deseado tanto, soñado tanto con aquella declaración!
+
+Enamorada en secreto de Fausto Arrayán, el apuesto mozo y brillantísimo
+estudiante, probablemente no supo ocultarlo; la delató su turbación
+cuando él entraba en la tertulia, su encendido rubor cuando él la
+miraba, su silencio preñado de pensamientos cuando le oía nombrar;
+y Fausto, que estaba en la edad glotona, la edad en que se devora
+amor sin miedo á indigestarse, quiso recoger aquella florecilla
+semicampestre, la más perfumada del vergel femenino--un corazón de
+veinte años, nutrido de ilusiones, en un pueblo de provincia: medio
+ambiente excitante, si los hay, para la imaginación y las pasiones.
+
+Los amoríos entre Fausto y Águeda, al principio, fueron un dúo en que
+ella cantaba con toda su voz y su entusiasmo, y él, _reservándose_
+como los grandes tenores, en momentos dados emitía una nota que
+arrebataba. Águeda se sentía vivir y morir; su alma, palacio mágico
+siempre iluminado para solemne fiesta nupcial, resplandecía y se
+abrasaba, y una plenitud inmensa de sentimiento la hacía olvidarse de
+las realidades y de cuanto no fuese su dicha, sus pláticas inocentes
+con Fausto, su carteo, su ventaneo, su idilio en fin. Sin embargo, las
+personas delicadas--y Águeda lo era mucho--no pueden absorberse por
+completo en el egoísmo; no saben ser felices sin pagar generosamente
+la felicidad. Águeda adivinaba en Fausto la oculta indiferencia;
+conocía por momentos cierta sequedad de mal agüero; no ignoraba que á
+las primeras brisas otoñales el predilecto emigraría á Madrid, donde
+sus aptitudes artísticas le prometían fama y triunfos; y en medio de
+la mayor exaltación, advertía en sí misma repentino decaimiento, la
+convicción de lo efímero de su ventura.
+
+Un día estrechó á Fausto con preguntas apremiantes: «¿Me quieres de
+veras, de veras? ¿Te gusto? ¿Soy yo la mujer que más te gusta? Háblame
+claro, francamente... Prometo no enfadarme ni afligirme». Fausto,
+sonriente, halagador, galante al pronto, acabó por soltar parte de la
+verdad en una aseveración exactísima. «¡Guedita, eres muy mona... muy
+guapa, sin adulación... Tienes una tez de leche y rosas, unas facciones
+torneadas, unos ojos de terciopelo negro, un talle que se puede abarcar
+con un brazalete... Lo único que te desmerece... así... un poquito...
+es la pícara dentadura. Es que á no ser por la dentadura... chica, un
+cuadro de Murillo!».
+
+Calló Águeda contrita y avergonzada, pero apenas se hubo despedido
+Fausto, corrió al espejo. ¡Exactísimo! Los dientes de Águeda, aunque
+sanos y blancos, eran salientes, anchos á guisa de paletas, y su
+defectuosa colocación imponía á la boca un gesto empalagoso y mohín.
+¿Cómo no había advertido Águeda tan notable falta? Creía ver ahora por
+primera vez la fea caja de su dentadura, y un pesar intenso, cruel, la
+abrumaba... Lágrimas ardientes fluyeron por sus mejillas, y aquella
+noche no pegó ojo, dando vueltas, entre el ardor de la fiebre, á la
+triste idea... «Fausto ni me quiere ni puede quererme. ¡Con unos
+dientes así!».
+
+Desde el instante en que Águeda se dió cuenta de que en realidad tenía
+una dentadura mal encajada y deforme, acabóse su alegría y vinieron á
+tierra los castillos de naipe de sus ensueñas. Rota la gasa dorada del
+amor, veía confirmados sus temores relativos á la frialdad de Fausto;
+mas como el espíritu no quiere abandonar sus quimeras, y un corazón
+enamorado y noble no se aviene á creer que su mismo exceso de ternura
+puede engendrar indiferencia, dió en achacar su desgracia á los dientes
+malditos. «Con otros dientes, Fausto sería mío quizás». Y germinó en su
+mente un extraño y atrevido propósito.
+
+Sólo el que conozca la vida estrecha y rutinaria de los pueblos
+pequeños; la alarma que produce en los hogares modestos la perspectiva
+de cualquier gasto que no sea de estricta utilidad; la costumbre
+de que las muchachas nada resuelvan ni emprendan, dejándolo todo
+á la iniciativa de los mayores--comprenderá lo que empleó Águeda
+de voluntad, maña y firmeza hasta conseguir dinero y licencia para
+realizar sus planes... Fausto había volado ya á Madrid; el pueblo
+dormitaba en su modorra invernal, y Águeda, levantándose cada día
+con la misma idea fija, suplicaba, rogaba, imploraba á su madre, á
+su padrino, á sus hermanas, sacando á aquélla una pequeña cantidad,
+á aquél un lucido pico, á éstas de la alcancía los ahorros..., hasta
+juntar una suma, con la cual, llegada la primavera, tomó el camino de
+la capital de la provincia...--Iba resuelta á arrancarse todos los
+dientes y ponerse una dentadura ideal, perfecta.
+
+Águeda era muy mujer, tímida y medrosa: no se preciaba de heroína,
+y la espantaba el sufrimiento; un escalofrío recorrió sus venas
+cuando, discutido y convenido con el dentista el precio de la cruenta
+operación, se instaló en la silla de resortes, y encomendándose á
+Dios, echó la cabeza atrás... No se conocían por entonces en España
+los anestésicos que hoy suelen emplearse para extracciones dolorosas,
+y aunque se tuviese noticia de ellos, nadie se atrevía á usarlos,
+arrostrando el peligro y el descrédito que originaría el menor desliz
+en tan delicada materia. Tenía, pues, Águeda que afrontar el dolor
+con los ojos abiertos y el espíritu vigilante, y dominar sus nervios
+de niña para que no se sublevasen ante el atroz martirio. Desviados,
+salientes y grandes eran sus dientes todos: había que desarraigarlos
+uno por uno. Águeda, cerrando los ojos, fijó el pensamiento en Fausto;
+temblorosa, yerta de pavor, abrió la boca, y sufrió la primer tortura,
+la segunda, la tercera... Á la cuarta, como se viese cubierta de
+sangre, cayó con un síncope mortal. «Descanse usted en su casa», opinó
+el dentista.
+
+Volvió, sin embargo, á la faena al día siguiente, porque los fondos
+de que disponía estaban contados y la urgía regresar al pueblo... No
+resistió más que dos extracciones; pero al otro día, deseosa de acabar
+cuanto antes, soportó hasta cuatro, bien que padeciendo una congoja al
+fin; pero según disminuían sus fuerzas se exaltaba su espíritu, y en
+tres sesiones más quedó su boca limpia como la de un recién nacido,
+rasa, sanguinolenta... Apenas cicatrizadas las encías, ajustáronle
+la dentadura nueva, menuda, fina, igual, divinamente colocada: dos
+hileritas de perlas. Se miró al espejo de la fonda; se sonrió; estaba
+realmente transformada con aquellos dientes; sus labios ahora tenían
+expresión, dulzura, morbidez, una voluptuosa turgencia y gracia que
+se comunicaba á toda la fisonomía... Águeda, en medio de su regocijo,
+sentía mortal cansancio; apresuróse á volver á su pueblo, y á los dos
+días de llegar, violenta fiebre nerviosa ponía en riesgo su vida.
+
+Salió del trance; convaleció, y su belleza, refloreciendo con la salud,
+sorprendió á los vecinos. Un acaudalado cosechero, que la vió en la
+feria, la pidió en matrimonio; pero Águeda ni aun quiso oir hablar de
+tal proposición, que apoyaban con ahinco sus padres. Lozana y adornada
+esperó la vuelta de Fausto Arrayán, que se apareció muy entrado el
+verano, lleno de cortesanas esperanzas y vivos recuerdos de recientes
+aventuras. No obstante, la hermosura de Águeda despertó en él memorias
+frescas aún, y se renovaron con mayor animación por parte del galán los
+diálogos y los ventaneos y los paseos y las ternezas. Águeda le parecía
+doblemente linda y atractiva que antes, y un fueguecillo impetuoso
+empezaba á comunicarse á sus sentidos. Cierto día que, hablando con uno
+de sus amigos de la niñez, manifestó la impresión que le causaba la
+belleza de Águeda, el amigo respondió:
+
+--¡Ya lo creo! Ha ganado un cien por cien desde que se puso dientes
+nuevos.
+
+Atónito quedó Fausto. ¿Cómo? ¿Los dientes? ¿Todos, sin faltar uno?
+¡Cuánto trastorna la vanidad femenil! Y soltó una carcajada de
+humorístico desengaño...
+
+Cuando, años después, le preguntó alguien por qué había roto tan
+completamente con aquella Águeda, que aún permanecía soltera y llevaba
+trazas de seguir así toda la vida, Fausto Arrayán--ya célebre,
+glorioso, dueño del presente y del porvenir--respondió, después de
+hacer memoria un instante:
+
+--¿Águeda...? ¡Ah, sí! Ahora recuerdo... ¡Porque no es posible
+que entusiasme una muchacha sabiendo que lleva todos los dientes
+postizos...!
+
+
+
+
+ INSPIRACIÓN
+
+
+El taller, á aquella hora--las once de la mañana--tenía aspecto alegre
+y hasta cierta paz doméstica: limpio aún, barrido, no manchado por las
+colillas y los fósforos, los fragmentos de lápiz de color y el barro
+de las botas, con la alegre luz solar que entraba por el gran medio
+punto, acariciaba los muebles y arrancaba reflejos á los herrajes del
+bargueño, á los clavos de asterisco de los fraileros, y á los estofados
+del manto de la gótica Nuestra Señora. La horrible careta nipona reía
+de oreja á oreja, benévolamente, y _Kruger_, el enorme y lustroso
+dogo de Ulm, echado sobre un rebujo de telas de casulla, deliciosas
+por sus tonos nacarados que suavizaba el tiempo, dormitaba tranquilo,
+reservando sus arrebatos de cariño, expresados con dentelladas y
+rabotadas, para la tarde.
+
+Luchaba desesperadamente Aurelio Rogel, instalado ante el caballete y
+el lienzo limpio, con una de esas crisis de desaliento que asaltan
+al artista en nuestra época sobresaturada de crítica y recargada con
+el peso de tantos ideales y tantas teorías y tantas exigencias de los
+sentidos gastados y del cerebro antojadizo. ¿Qué pondría en aquella
+tela rasa y agranitada; á qué expresión responderían las manchas de los
+colores que aguardaban en fila, al margen de la bruñida paleta, como
+soldados dispuestos á entrar en combate? Sentíase cansado Aurelio de
+_academias y estudios_; del eterno dibujar por dibujar, persiguiendo
+de cerca á la línea y al contorno, sin saber para qué, con la falta
+de finalidad del avaro que atesora, pero no hace circular la riqueza.
+Aquella ciencia del dibujo, en que Aurelio se preciaba de haber vencido
+y superado á todos sus compatriotas, tildados de malos dibujantes;
+aquel dominio de la forma, en tal momento, le parecía estéril, vano, si
+no podía servirle para encarnar una idea.--Y la idea, la veía surgir,
+como vapor luminoso, flotando ante sus ojos soñadores, sin lograr que
+se concretase y definiese; así es que, descorazonado, no se resolvía á
+coger el lápiz.
+
+¿Qué iba á hacer? Dentro de un cuarto de hora aparecería el modelo, el
+eterno modelo; uno de los eternos modelos, mejor dicho.--Ó el tagarote
+aguardentoso, velludo y bestial; ó la moza flamenca y zafia, que dejaba
+en el taller olor á bravío y á jabón barato; ó el mozalbete achulado,
+afeminado, el _pâle voyou_; serie de cuerpos plebeyos y viciosos,
+cuya vista había llegado á irritar los nervios de Aurelio hasta el
+punto de enfurecerle. ¿Dónde estaba la Belleza? «La crearé sin modelo
+alguno--pensaba--; la sacaré de mi mente, de mis aspiraciones, de mi
+corazón, de mi sensibilidad artística...». Pero á la vez que afirmaba
+este programa, se daba cuenta de que no podía realizarlo: que le
+sujetaban lazos técnicos, la costumbre idiota de mirar hacia un objeto,
+la fidelidad escrupulosa, la impotencia para trasladar al lienzo lo que
+los ojos no hubiesen visto y estudiado en la realidad.
+
+Así es que, cuando sonó la campanilla anunciando la llegada del
+modelo--segura á tales horas--el pintor sintió un estremecimiento de
+repugnancia invencible. «Hoy le despido»; resolvió; y, de mal talante,
+salió á abrir. Hizo un movimiento de sorpresa: la persona que llamaba
+era desconocida, una joven; casi una niña; representaba quince años á
+lo sumo. Á la interrogación de Aurelio, respondió la muchacha dando
+señales de temor y cortedad:
+
+--Vengo... porque me ha dicho tío Onofre, el _curda_... ¿no sabe usté?
+pues que como está muy malísimo... y dijo que usté le aguardaba pa
+retratarle... le traigo el recao que no vendrá.
+
+--Bien, hija--contestó Aurelio satisfecho y como libre de una
+carga.--¿Y qué tiene tío Onofre?
+
+--Eso del trancazo--declaró la muchacha--. En la cama está hace tres
+días, y paece que le han molío toós los huesos.
+
+Y como á pesar de que en apariencia estaba cumplida la misión de la
+chiquilla, ésta no se quitaba del marco de la puerta; el pintor,
+compadecido, la apartó diciendo:
+
+--Pasa, hija. Ven, te daré un poco de vino de Málaga...
+
+Entró la niña tímidamente, pero sin remilgos ni dificultades, y ya
+en el taller, miró alrededor con ojos asombrados, que expresaban el
+respeto por lo que no se comprende, y un vago susto. De pronto sus
+pupilas tropezaron con un desnudo de mujer: el de la mocetona flamenca
+y zafia, representada en una contorsión de ménade, sobre el mismo
+rebujo de telas antiguas en que _Kruger_ dormitaba ahora. Y Aurelio,
+que examinaba á la chiquilla, ya fuera de la penumbra de la antesala,
+con esa ojeada del artista que sin querer detalla y desmenuza, se echó
+atrás y se fijó lleno de interés. La palidez clorótica de la niña, al
+aspecto del «estudio de mujer», se había transformado en el color suave
+de la rosa que las floristas llaman _carne doncella_, pasando poco á
+poco, mediante una gradación bien caracterizada, á tonos cuya belleza
+recordaba la de las nubes en las puestas de sol. Como si invisibles
+ventosas atrajesen la poca sangre de las venas y las arterias á la
+piel, subieron las ondas, primero rosadas y luego de carmín, á las
+mejillas, á la frente, á las sienes, á toda la faz de la criatura; y en
+el pasmo de su inocente mirar, y en la expresión de indecible sorpresa
+de su boca, se reveló una belleza interior tan grande, que Aurelio
+estuvo á punto de caer de rodillas.
+
+Nada dijo la niña; nada el pintor tampoco. Sólo cuando la oleada de
+vergüenza empezó á descender también gradualmente, preguntó Aurelio,
+tímido á su vez:
+
+--¿Eres tú hija de tío Onofre?
+
+--No, señor... Soy su ahijá. No tengo padre ni madre.
+
+--¿Con quién vives?
+
+--¡Con tío Onofre!
+
+--¿Le sirves de criada? ¿Trabajas?
+
+--Trabajo lo que puedo--fué la respuesta humilde--. Hay mucha
+necesiá... Si no fuera por los señoritos que retratan á tío Onofre, no
+sé cómo saldríamos del apuro. Y ahora, con la enfermedá...
+
+Envalentonada por la dulzura con que Aurelio la había hablado,
+prosiguió la niña:
+
+--Nos vamos á ver negros. En casa, señorito, no hay una peseta.
+Como tío Onofre tiene ese mal costumbre de la bebía... Si no es la
+bebía, hombre más bueno no se encuentra en tó Madrí. Pero el maldito
+amílico... que le tiene corroías las entrañas... Y como tío Onofre
+sabe que usté y el otro señorito pintor que vive en el Pasaje son tan
+caritativos...; pues me dijo, dice: «Te vas allá, Selma, y que en igual
+de retratarme á mí, te retraten á ti por unos días..., porque al fin
+ellos lo que quieren es retratar á cualquiera sinfinidá de veces..., y
+la guita que te la den por adelantao... y á ver si nos remediamos».
+
+Contempló Aurelio al nuevo modelo que se le ofrecía, con la mirada
+involuntariamente dura y cruel del chalán y del inteligente en el
+mercado. Al través de la pobre falda de zaraza y del roto casaquillo,
+adivinó las líneas. Eran seguramente adorables, delicadas y firmes á
+la vez, con la pureza del capullo cerrado y la gracia de la juventud,
+que lo convertirá pronto en flor gallarda, de incitadora frescura. La
+proporción del cuerpo, la redondez del talle, la elegancia del busto,
+la gracia de la cabeza, todo prometía un modelo delicioso, de los que
+no se encuentran ni pagados. Aurelio se regocijó. ¡Quizás estaba allí
+la inspiración de la obra maestra!--Pero cuando iba á pronunciar el
+sacramental: «Desnúdate...» el recuerdo de la ola de sangre inundando
+el rostro, ascendiendo hasta la frente y las sienes, borrando con su
+matiz de carmín las facciones, le detuvo, apagando en su garganta el
+sonido. Se sintió enrojecer, á su turno; le pareció haber cometido,
+allá interiormente, alguna acción vergonzosa. Y acercándose á la niña,
+fué esto lo que dijo:
+
+--Te retrataré, pero con la condición de que no te retrate nadie
+más que yo. ¿Entiendes? Pago doble... No vas á casa de ningún otro
+señorito. Yo te daré dinero... Ahora, hija mía... para que te
+retrate... te colocarás así... así... mirando á esa figura. ¿Quieres?
+
+Y, mientras á las mejillas de la niña y á sus sienes virginales subía
+otra vez, ante el impúdico y vigoroso _estudio_ de la Ménade, la ola de
+vergüenza, Aurelio, con nerviosa vehemencia primero, con pulso seguro
+después, manchaba el lienzo bocetando su cuadro «Pudor», que le valió
+en la Exposición el primer triunfo, una segunda medalla.
+
+
+
+
+ OSCURAMENTE
+
+
+La casuca, al borde del camino, separada de la cuneta por un jardín no
+mayor que un pañuelo, era simpática, enyesada, con ventanas pintadas de
+azul ultramar rabioso, y un saledizo de madera que decoraban pabellones
+de rubias espigas de maíz. En el jardín no dejaban cosa á vida las
+gallinas y el gallo, escarbando ellas con humilde solicitud y él con
+arrogante desprecio; pero así y todo, los rosales _lunarios_ se cubrían
+de finas rosas lánguidas, las hortensias erguían sus copos celestes, y
+un cerezo enorme, amaneradamente puesto por casualidad á la izquierda
+de la casa, daba fresca sombra. Aquella vista podía ser asunto de país
+de abanico, y mejor si la animaba la presencia de la chiquilla alegre
+y reidora en quien la vida amanecía con lozanos brotes y florescencias
+primaverales.
+
+Huérfana era Minga, pero no había notado la soledad ni el abandono,
+gracias á su hermano Martín, que le prodigó mimos de madraza y
+protección de padre. La niñez no siente nostalgias de lo pasado cuando
+es dulce lo presente. Minga no recordaba el regazo maternal. Era
+Martín--solían repetirlo los demás mozos de la aldea, y no siempre con
+piadosa intención--como una mujer. Él sabía amañar el caldo y arrimar
+el pote á la lumbre; él lavaba, torcía y tendía la ropa; él vendía en
+la feria la manteca, la legumbre, los huevos; él vestía y desnudaba
+á Minga mientras fué muy pequeña, y la tomaba en brazos y la sonaba
+y la desenredaba la vedija de seda blonda, luminosa y vaporosa como
+un nimbo de santidad... También la llevaba de la mano á la iglesia,
+porque Martín era algo sacristancillo. Ayudaba al señor cura, y su vaga
+aspiración, si no hubiese tenido que dedicarse á cuidar de su hermana,
+sería cantar misa, adornar mucho los altares, ponerle á su virgen
+flores, colgarle arracadas de perlas.
+
+La condición de Martín, su índole afeminada y pulcra, se conocía en
+lo limpio de la casuca enyesada y reluciente, en la ocurrencia de
+rodearla de jardín, en el primoroso seto de cañas, en el vestir de
+Minga, siempre aseada y hasta engalanada con pañolitos de seda los
+días festivos, y en cierta cortesía humilde que Martín mostraba á
+todos, á la gente de la aldea y al señorío, multiplicando las fórmulas
+obsequiosas los «vayan con salud» y los «Dios les acompañe». No hubo
+sombrerón de fieltro menos pegado á la cabeza que el de Martín, ni
+_rapaz_ más enemigo de _parrandas_ y _tunas_, ni que así aborreciese
+el cigarro y la _perrita_, ni que con tal premura se escabullese del
+atrio ó de la robleda al presentir que iba á armarse «una de palos».
+Rozándole ó empujándole pasaban las mozas jaraneras y comprometedoras,
+que en todas partes las hay, y Martín no apartaba los ojos del
+suelo. Únicamente sonreía á las muchachas cuando ellas cogían por
+banda á Minga y la hartaban de rosquillonas, duras como guijarros,
+ó de _zonchos_ fríos, ó de caramelos pringosos. La cuerda de aquel
+cariño fraternal, casi paternal por la diferencia de edades, era lo
+que vibraba en Martín con vibraciones hondas, con latidos de corazón
+inmenso.
+
+¡Qué rechifla se levantó en la aldea al saberse cómo Martín había
+caído soldado! ¡Soldado aquella madamita, aquel miedoso, aquél que
+sabía coser y planchar y lavar como las hembras! ¡Aquél que ni gastaba
+navaja, ni bisarma, ni una triste vara aguijadora! No hubo quien
+no se riese: los viejos con bocas desdentadas, las mozas con bocas
+frescachonas de duros dientes. Sin embargo, prodújose la reacción. Los
+pobres tienen prójimo: las comadres de la aldea, las que han enviado
+hijos al servicio del Rey, son piadosas. Y al ver á Martín tan pasmado,
+tan alicaído, tan encogido de alma, las buenas comadres probaron
+á consolarle á su modo con palabras de resignación, de esperanza
+quimérica, fantaseando intervenciones de santos y milagros sin pizca
+de verosimilitud. Martín agachaba la cabeza, cruzaba las manos, miraba
+á Minga y callaba... Él sabía que era forzoso ir, no sólo al cuartel,
+sino á algo más terrible, que no se explicaba, que tenía para él mucho
+de misterio y más de horror, de eso que se ve en las ansias de la
+pesadilla... ¡La guerra...! ¡La guerra lejos, lejísimos... más allá de
+los mares!
+
+Pasábamos una tarde por delante de la casucha, y el señor cura, que
+nos acompañaba, señaló hacia la cerrada puerta, el jardín comido
+por las ortigas y zarzales, el balcón sin sus ristras de espigas,
+todo solitario y muerto, con esa muerte de los objetos que indica la
+ausencia del espíritu, de la actividad humana, vivificadora. ¡Ay! El
+señor cura no se consolaba de la falta de Martín. ¿Dónde encontraría
+otro así para ayudar á misa, encender y despabilar velas, doblar y
+guardar las vestiduras, otro madamita igual, mañoso, dócil, bien
+hablado, bien mandado?... ¡Y pensar que se lo habían llevado á pelear
+con los negros! ¡Qué cosas! ¡Qué desdichas!
+
+--¿Y la niña, la hermanita?--pregunté recordando una cabeza con aureola
+de rizos alborotados de un rubio blanquecino, una risa infantil, unos
+labios de cereza, unos ojos celestes.
+
+--¡La niña!--repitió el cura--¡Ésa... ya ni se acuerda de tal hermano!
+La recogió la tabernera, ¿no sabe? la mujer del _Xuncras_... y como
+no tienen chiquillos, están con ella que no atinan dónde la pongan.
+Hay criaturas así, que son las hijas de la suerte. Figúrese lo que le
+esperaba á la chiquilla. Ó meterse á servir (¿y de qué sirve una criada
+de once años?) ó ir al Hospicio, ó dedicarse á pedir limosna... Y por
+cuánto la víspera de la marcha de Martín, al pobre rapaz le tienta
+Dios á entrar en el tabernáculo del _Xuncras_ para echar unos vasos y
+quitarse las melancolías; y le sacan vino, y caña, y bala rasa, ¡yo
+qué sé! y á los pocos tragos--como él nunca lo cataba--se le sube á la
+cabeza y rompe á llorar y á gritar y á decir que le daba el corazón que
+no volvería y que Minga se moriría de necesidad... Y resulta que la
+tabernera, un corazón de mantequilla de Soria, también suelta el trapo,
+se le agarra al cuello, y le ofrece cargar con Minga... El marido
+se oponía; pero la mujer le convenció de que allí se necesitaba una
+rapaza para fregar los vasos y barrer... Y quien friega y barre es la
+tabernera, y Minga está como la reina, mano sobre mano y bien regalada,
+y riéndose y cantando... Es alegre como unas pascuas. ¡Buen cascabel se
+prepara ahí! ¡Si da grima ver aquella cara tan satisfecha y al mismo
+tiempo la ropa de luto!
+
+Y al notar mi sorpresa el cura, prosiguió:
+
+--¿No lo sabía? ¡Claro que sí! al instante... Si fuese un holgazán, un
+vicioso, un quimerista, un bocarrota, aquí volvería sano y salvo...
+Como era tan modosiño y doblaba tan bien las casullas, ¡duro en él!
+Fué una de esas cosas de pronto, sin chiste... Una emboscada, una
+trampa en que cayó el destacamento. Lo supe por carta que se recibió en
+Marineda, de un sargento que escapó con vida. Diez ó doce murieron, y
+entre ellos Martín. No lo trajeron los periódicos; ¡si fuesen á traer
+las menudencias!... Á Martín le saltaron á la cara dos negrotes. Lo
+particular es que aseguran que se defendió como una fiera. Estoy por
+no creerlo. ¡Pobre madamita! Milagro si no se puso de rodillas á que
+le perdonasen. El sargento parece de Sevilla. ¿Pues no dice que Martín
+envió al otro barrio á uno de los mambises, que era un animal atroz? ¿Y
+no cuenta que casi podía con el segundo, y si no fuese porque tropezó
+y resbaló y el otro se le echó sobre el cuerpo y con todo el peso, lo
+acaba? ¡Bah! ¡bah! El asunto es que á Martín...
+
+Un gesto expresivo, una mano girando con rapidez alrededor de la
+garganta, completaron la frase.
+
+--Y aún ayer apliqué por él la misa--añadió el señor cura cuando ya
+doblábamos el pinar.
+
+
+
+
+ EL AHOGADO
+
+
+Atacado de hipocondría y roído de tedio; cansado del mundo, de los
+hombres, de las mujeres y hasta de los caballos; agotados los nervios
+y vacía el alma, Tristán decidió morir. ¡Bueno fuera quedarse, porque
+sí, en un mundo tan patoso y de tan poca lacha; un mundo en que los
+goces se resuelven en bostezos, y en desencantos las ilusiones! Acabar
+de una vez; dormir un sueño que no tuviese el contrapeso del despertar
+probable.--Y Tristán, resuelto ya á la acción, empezó á pensar en el
+_modo_.
+
+La verdad ha de decirse: el pícaro _modo_ era como un hueso que se le
+atragantaba á Tristán. Entre el sincero deseo de dejar la vida y el
+acto de quitársela, media un solo movimiento; ¡pero qué movimiento,
+señores! Comparado con éste, parece fácil el de levantar en peso
+una montaña... Las indecisiones de Hamleto, tortas y pan pintado en
+comparación de las de muchos infelices hijos de este siglo, á un
+tiempo codiciosos y temerosos del no ser. Ni pizca de cobarde tenía
+Tristán; pero el valor no es cantidad fija: hay quien no teme á un
+león y se pone pálido al ver una cucaracha. Nervioso, de imaginación
+cruel, Tristán se horripilaba del instante fugacísimo en que la bala
+del revólver destrozase la masa de su cerebro, ó la cuerda estrujase
+brutalmente su garganta. Por extraña contradicción, convencido del
+aniquilamiento final, hasta le preocupaba lo que sucedería _después_
+á su cuerpo, y veía la escena póstuma, el grupo formado alrededor de
+su cadáver, y oía las frases triviales, las inevitables reflexiones
+lastimosas de amigos y sirvientes--todo ello ridículo, semigrotesco,
+parodia de algo trágico y grande no realizado--. Su buen gusto se
+sublevaba contra semejante final. «Morir, sí, pero morir sin dar
+espectáculo; irse de la vida como quien se retira de un salón,
+discretamente». Maduro el propósito, Tristán discurrió que el lugar más
+oportuno de ponerlo por obra era un viejo castillo que poseía á orillas
+del mar. Recogiéndose allí algún tiempo, la sociedad, si al pronto
+extrañaría su falta, ya le habría olvidado cuando sucediese lo que
+debía suceder... El caso era no dejar rastro alguno. «Como averigüen
+Perico Gonzalvo y Manolo Lanzafuerte mi paradero, allí se descuelgan á
+pretexto de cazar ó pescar...». Y rodeó su último y solitario viaje del
+complicado misterio propio de otras escapatorias más gratas. «Creerán
+que mi fuga tiene cómplice...», se dijo á sí propio, con irónica
+tristeza, el futuro suicida.
+
+Al verse en el castillo, antiguo solar de su familia, Tristán
+comprendió que no cabía mejor fondo para el sombrío cuadro que
+intentaba pintar. Las abruptas montañas, las denegridas piedras, los
+paredones que la hiedra asaltaba, la costa erizada de escollos, la
+playa siempre azotada por el recio oleaje, la torre donde anidaban
+lechuzas y búhos, respiraban desolación y fúnebre melancolía.
+Acrecentaba el horror del paisaje la estación, que era la del
+equinoccio de otoño, con sus furiosas tempestades y los frecuentes
+naufragios de las embarcaciones que, extraviadas por la niebla,
+empujadas por el temporal, venían á encallar y á deshacerse en los
+traidores bajíos de la _Corvera_, próximos á la playa que se extendía
+á los pies de la residencia de Tristán. El incesante y ronco mugido
+del oleaje; el horizonte cerrado en brumas ó surcado por lívidas
+exhalaciones; la tierra empapada en agua; el arenal sembrado de
+despojos, tablas y barricas, cuando no de cadáveres, armonizaban tan
+bien con el estado de ánimo y los proyectos de Tristán, que decidió
+buscar reposo en el fondo de las aguas, haciendo creer que le había
+arrebatado una ola. Y para familiarizarse con la idea, bajaba á la
+playa diariamente, sintiendo que se apoderaba de su alma el vértigo de
+lo desmesurado y la atracción del hondo abismo. Su plan de suicidio
+se concretaba aprisa, y se le agarraba al espíritu de tal manera, que
+ya soñaba con él lo mismo que se sueña en la primer cita de una mujer
+hermosa y adorada.
+
+Una tarde de horrible tempestad, en que el huracán sacudía las veletas
+del castillo y retorcía los árboles desmelenando locamente el ramaje,
+creyó Tristán que era llegado el momento de ejecutar su determinación,
+y descendió, ó mejor dicho, se despeñó al arenal, luchando á brazo
+partido con el viento y alumbrado por el repentino fulgor de los
+relámpagos. Uno que encendió el horizonte le mostró, sobre la cresta de
+enorme ola, algo que podía ser ó profecía ó imagen fiel de su destino:
+era el cuerpo de un hombre, un ahogado, que flotando venía á ser
+despedido contra los escollos. «Me pondré un buen peso á la garganta
+para no sobrenadar», calculó Tristán al divisar al muerto que se
+acercaba; y dos minutos después, la ola gigantesca, rompiéndose en las
+rocas á flor de tierra ya, depositaba sobre la arena al ahogado.
+
+Tristán se precipitó hacia él por instinto, y alzando el cadáver,
+lo arrastró hacia el fondo del arenal, reclinándolo en una peña. Á
+la claridad macilenta del poniente, pudo observar que era un hombre
+joven y robusto. «¡Cuánto habrá luchado éste--pensó--para evitar lo
+que yo busco á todo trance!». Palpó el torso desnudo, magullado por
+las piedras, y no creyó advertir en él la rigidez de la muerte. Hasta
+le pareció percibir un resto de calor vital. Sintió una sacudida
+eléctrica. «¡Vive! ¡Este hombre vive aún!». Temblando de emoción,
+recordando los primeros socorros que deben prestarse á los ahogados,
+colocó al hombre con la cabeza alta, le inclinó hacia el lado derecho,
+y le sacudió reiteradamente hasta que hubo arrojado un chorro de agua
+por la boca. Volvió á hincar la palma sobre la tetilla izquierda, y
+creyó notar un débil latido del corazón, que le hizo exhalar un grito
+de alegría. Con sobrehumano vigor, cargando á hombros el cuerpo inerte,
+se lanzó por la cuesta que trepaba al castillo. El peso era grande: á
+mitad de la cuesta notó Tristán que la respiración le faltaba; detúvose
+un instante, y con doblados bríos siguió después, sin detenerse hasta
+soltar al ahogado en la cocina del castillo, donde ardía un buen fuego
+de leña. «Pronto--gritó Tristán á sus servidores--vengan mantas; á
+calentar ladrillos y á llenar botellas de agua hirviendo; á traer un
+colchón; ¿hay aguardiente?». Y mientras corrían para facilitarle lo que
+reclamaba, Tristán, inclinado sobre el cuerpo, veía con inquietud la
+azulada palidez del rostro, señal cierta de la asfixia, y creía que la
+chispa de vida, la débil llama, iba á extinguirse. «Hay que intentar
+el gran remedio». Y con más ilusión que nunca había probado al acercar
+sus labios á los de ninguna mujer, pegó su boca á la boca yerta del
+ahogado, acechando el primer soplo de aire, mientras sus manos fuertes
+y elásticas oprimían rítmicamente el esternón y el vientre, provocando
+por medio de enérgicas tracciones la respiración artificial. Palpitante
+de esperanza y de caridad, se regocijaba cuando á la boca fría
+asomaban buches de agua amarga, mezclados con impurezas. ¿Si era que
+ya penetraba en los pulmones el aire bienhechor? De súbito, percibió
+bajo sus labios un estremecimiento ligero: no cabía duda, ¡el hombre
+respiraba! Afanoso, redobló la espiración, enviando aquella onda tibia
+que era la existencia, la resurrección, la salvación del moribundo...
+Y así que el rostro de éste se coloreó ligeramente, así que se
+entreabrieron sus párpados, Tristán, rendido, sin darse cuenta de lo
+que hacía, cayó de rodillas, cruzó las manos, y dos lágrimas pequeñas,
+dulces, frescas, se descolgaron de sus lagrimales...
+
+ * * * * *
+
+Á estas horas, Tristán no se ha suicidado, ni es de creer que piense en
+suicidarse. ¿Consistirá en que apreció la vida cuando la dió envuelta
+en su aliento? ¿Será que el tedio se disipa con la primer buena obra,
+como el fantasma al canto del gallo?
+
+
+
+
+ EL MOLINO
+
+
+Desde lejos no lo veríais, porque lo tapa densa cortina de castaños,
+y grupos de salces y mimbreras, cuyo fino verdor gris armoniza con
+la pálida esmeralda del prado. Pero acercaos, y os prende y cautiva
+la gracia del molino rústico; delante la _represa_, festoneada de
+espadañas, poas, lirios morados y amarilla cicuta; la _represa_ con
+su agua dormida, su fondo de limo en que se crían anguilas gordas y
+cuarreadoras ranas; luego, las cuatro paredes blancas de la casuca, su
+rojo techo, su rueda negruzca que bate el agua con sordo resuello y
+fragor... Y en la puerta, de pie, con las abiertas palmas apoyadas en
+las macizas caderas, iluminado el moreno rostro por los garzos ojos y
+los labios de guinda, empolvado á lo Luis XV el revuelto pelo rizoso,
+divisáis á Mariniña, la molinera, que mira hacia la vereda del soto,
+esperanzada de que no tardará en asomar por ella Chinto Moure...
+
+Para ir al molino jamás faltan pretextos; siempre hay un ferrado de
+millo, un saco de trigo que moler con destino á la hornada de la
+semana. Los de la aldea ya lo saben: Chinto está dispuesto á desempeñar
+la comisión, dando las gracias encima. Provisto de una aguijada con que
+pica á su caballejo y de un luengo _adival_ para amarrarle los sacos al
+lomo; descalzo en verano, calzado en invierno con gruesos borceguíes
+de suela de palo, Chinto emprende su caminata desde la parroquia de
+Sentrove hasta el molino de Carazás, por ver un rato á Mariniña y
+gustar con ella sabroso parrafeo, entre el revolar de las finas nubes
+del moyuelo y la música uniforme del rodicio que tritura el grano
+incesantemente.
+
+¿Por qué, si tenían sus pensares tan juntos y sus corazones tan
+allegados como la blanca muela y el rubio maíz, no disponían casarse
+la Mariniña y el Chinto?--Nadie lo ignoraba en la parroquia: Chinto no
+había entrado aún en suerte; y su terror del cuartel y del uniforme
+era tal, que si le tocaba un mal número, había resuelto largarse á
+la América del Sur en el primer barco que del puerto de Marineda
+saliese... Y aun por eso se burlaban y hacían chacota larga de
+Mariniña los mozos de Carazás y los de las circunvecinas parroquias,
+anunciándola que con un amante y esposo tan cobarde y apocado, mal
+defendidos andarían el día de mañana la mujer y el molino, mal cobradas
+las maquilas, mal reprimidos los intentos de retozo con la frescachona
+y rozagante molinera.
+
+El exterior de Chinto no puede negarse que prestaba fundamento á estas
+suposiciones y augurios del porvenir. De estatura mediana, esbelto,
+con una cabeza ensortijada semejante á la de los santos del retablo de
+la iglezuela románica en que oyen misa los de Carazás, Chinto parecía
+linda doncella disfrazada en hábito de varón; su voz era suave, su
+acento humilde, sus modales tímidos y corteses. El trabajo del campo no
+había sido bastante para curtir su piel, y al entreabrirse su camisa
+de estopa descubría un blanco cutis, raso y terso, una dulce seda que
+enloquecía á Mariniña... Porque conviene saber que la molinera, aquella
+moza resuelta y enérgicamente laboriosa, «una loba», como decían las
+comadres del _rueiro_, se enternecía, se bababa de gusto, se moría, en
+fin, de amor por el mozo delicado y aniñado--hasta afeminado podría
+decirse--que todas las noches andaba y desandaba la vereda del molino.
+
+No es que á Mariniña le faltasen otras proporciones. Al contrario:
+mujer más rondada y pretendida no existía en tres leguas á la redonda,
+desde la orillamar y los puertecillos de pesca que bañan las plateadas
+ondas de la ría, hasta los cerros de Britón, donde empiezan á erguirse
+los rudos peñascos célticos entre sombríos pinares. No consistía tanto
+en las turgentes formas y las floridas mejillas de la molinera, como en
+el maldito señuelo de la molienda, en la complicidad del rodicio, en la
+familiaridad de la maquila. En la aldea no hay _Casinos_ ni _Veloces_,
+no se sabe qué sea un sarao ni un _raout_; pero no os fiéis: lo que
+pasa en la corte entre paredes vestidas de seda, ocurre allí en el
+atrio de la iglesia á la salida de la misa mayor, en la _desfolla_, en
+el campo de la romería ó en las noches del molino...
+
+Sobre todo, en las noches del molino; en verano, á la clara luz
+de la luna; en invierno, á la dudosa claridad de la candileja de
+petróleo, conciértanse las voluntades y se teje la guirnalda de
+amapolas y manzanilla del rústico amor.--La prisa, la aglomeración
+del trabajo, obligan á moler la noche entera, y esperando su saco se
+juntan allí rapaces y rapazas, cruzando coplas de _enchoyada_, vivo
+diálogo galante, de finezas y desdenes, de sátira y picardía, que á
+veces acompaña la pandereta en argentino repique.--Y en la atmósfera
+caldeada del _salón_ campesino, Mariniña reina y atrae las voluntades:
+ya arisca, ya risueña; pronta á la chanza; instantánea en reprimir á
+los obsequiadores desmandados y sueltos de manos en demasía; activa y
+fuerte en el trabajo, animosa y de recios puños para erguir el saco
+lleno ó ayudar á descargarlo y á vaciarlo... no hay mozo, de los que
+al molino concurren, que no piense en la molinera, y no le profese
+ojeriza y tirria á Chinto, murmurando de él con frases despreciativas
+é irónicas: «¡Vaya un gusto raro, ir á antojarse de aquel papirrubio,
+de aquella madamita, á quien le venían las sayas antes que el calzón!
+¡Uno capaz de desfondarse de miedo á la idea de servir al rey! ¡Uno
+que hasta no fumaba, ni gastaba navajilla, ni _echaba palabras_, ni
+el día de la fiesta cataba el aguardiente! ¡Un _papulito_ que nunca
+había arrimado un palo á nadie, ni sabía romper una cabeza á golpe de
+_bisarma_!».
+
+La rabia de los desairados pretendientes contra el afortunado Chinto
+les inspiró una idea diabólica. Entraron en la conjura Santiago de
+Andrea, Mingos el de Sentrove, _Calros_ Antelo, Raposín... la _trinca_
+de calaverones de montera que solían recorrer las aldeas en son de
+parranda y tuna, pegando _atruxos_ retadores y arrimándose á la
+cancilla de las _raparigas_ casaderas, para disparar coplas picantes...
+Sucedía esto allá por noviembre, cuando la senda que guía al molino se
+empapaba en rocío glacial, y las caídas hojas de los castaños formaban
+mullido tapiz, y los cendales de la niebla, envolviendo el paisaje en
+velo espeso, dejaban entrever las siluetas descarnadas de los árboles,
+parecidas á espectros de luengos brazos.--Sabedores los conjurados de
+que Chinto pasaría en dirección al molino á eso de la media noche,
+envolviéronse en blancas sábanas, encasquetáronse en la cabeza ollas
+con un par de agujeros cada una, y dentro sendos cabos de vela de sebo;
+retorcieron haces de paja, y se apostaron en la linde del castañal, á
+la hora en que la luna se esconde y el mochuelo saluda á las tinieblas
+con su queja lúgubre.
+
+Tardaba Chinto en llegar; no se oía rumor alguno en el sendero, sino á
+lo lejos el sollozo del molino, y el frío y la impaciencia producían
+honda desazón en los conspiradores. Al principio habían reído y
+bromeado, celebrando la ocurrencia, que era, como ellos decían, ¡_una
+pava_ preciosa! Remedar una procesión de fantasmas, de almas del otro
+mundo, la fúnebre _compaña_; encender el cabo de sebo y los haces de
+paja, y desfilar así ante el medroso Chinto... ¡para reventar de risa!
+Pero transcurría la vigilia; el rocío, lento y helado, impregnaba los
+huesos; á lo lejos fanfarroneaba el cántico del gallo... y ni señales
+de Chinto. Empezaban á deliberar si convendría retirarse, á tiempo que
+allá de lo oscuro del bosque, salió un gemido, una queja sobrenatural.
+Otra queja más doliente, si cabe, respondió á la primera, y los
+cabellos de los conspiradores se erizaron al divisar dos blancos bultos
+que surgían de entre los castaños y avanzaban lentamente con sepulcral
+majestad... Los más, remangando el sabanón, echaron á correr; Mingos,
+el de Sentrove, cayó accidentado; Carlos Antelo se postró de rodillas
+y empezó á confesarse y pedir perdón de sus culpas; Santiago de Andrea
+fué el único que quiso arremeter contra los aparecidos; y lo hiciera,
+si una pedrada certerísima, dándole en mitad de la frente, no le tumba
+en el suelo medio muerto de veras...
+
+ * * * * *
+
+Sábese todo en las aldeas, y á vueltas de mil supersticiosas
+invenciones y cuentos de _trasnos_ y brujas, se averiguó la verdad,
+y se solazaron en el molino á expensas de los burlados burladores.
+Porque era la avisada y traviesa Mariniña, y era Chinto, por ella
+prevenido y aleccionado, quienes con el disfraz de fantasmas y con un
+buen fragmento de cuarzo de la carretera habían dispersado la hueste
+y santiguado al de Andrea, el más terco de los rondadores que á la
+molinera asediaban.--La rabia, el despecho, la vergüenza, inspiraron
+al mozo un ansia terrible de vengarse, y de vengarse donde todos lo
+viesen, á la faz de la parroquia. Resolvió, pues, la primer noche que
+en el molino estuviese reunida gente bastante para servir de testigos,
+desafiar á Chinto y sentarle la mano á bofetadas y coces, hasta
+desbaratarle.
+
+Á tiempo que con tan sañudos propósitos entraba en el molino Santiago
+(pocos días después de Reyes), hallábanse Mariniña y su mozo ocupados
+en colocar un saco de harina, riendo tiernamente cuando sus dedos se
+tropezaban ó sus rostros se aproximaban, en el calor de la tarea. Al
+punto conoció la molinera que el desdeñado y apedreado galán venía
+pendenciero, y con disimulada seña ordenó á Chinto que se apartase.
+La angustia y el temor de que pudiesen llegar los desquites á poner
+en riesgo la vida de Chinto, prestaron á Mariniña, en aquel instante,
+una rapidez de concepción y una energía de acción mayor aún de la
+acostumbrada. Encarándose con Santiago y riendo y provocándole, le
+propuso _loitar_.
+
+Esta costumbre de la lucha, que ya va desapareciendo, subsiste aún en
+algunas comarcas galaicas, resto quizás de un estado social belicoso
+en que la mujer combatía al lado del varón. Luchan todavía las mozas
+entre sí, y hasta desafían al mozo, degenerando entonces la batalla
+en deleitable juego. Pero desde el instante en que Santiago--cuya
+sangre ardía en tumultuosa ebullición--se arrodilló frente á Mariniña
+también arrodillada, comprendió por instinto que aquella lucha no sería
+como otras; que iba de veras. Sólo con ver el movimiento de la moza
+al arremangarse, el brillo de sus ojos orgullosos, la rigidez de su
+talle, la dura barra de su entrecejo, se adivinaba la _loita_ seria, en
+que se trata de derrengar al contrario, empleando todo el vigor de los
+músculos y toda la resolución del alma.
+
+Mientras Chinto, pálido y tembloroso, se acogía á un rincón, los
+adversarios se asían de las manos, poniendo en tensión el antebrazo
+y acercándose hasta mezclar el afanoso aliento. Mozos y mozas, en
+corro, se empujaban por ver mejor, apostaban y discutían.--Santiago
+desplegaba plenamente su fuerza, al notar que Mariniña, por momentos,
+le dominaba el pulso. Rojo el semblante, sudoroso el cutis, pugnaba
+el rapaz, en tanto que la amazona, firme y recia, sostenía su empuje
+ganando terreno. Tenerla así, tan cerca, turbaba á Santiago, quitándole
+el sentido; y ella, indiferente, atenta sólo á vencer, aprovechaba el
+trastorno de su adversario, é insensiblemente se le imponía. Al fin
+giró en el vacío la muñeca derecha del varón; doblóse el brazo; el
+izquierdo también cedió al pujante impulso de la mujer... y Santiago,
+dando el _pinche_, fué lanzado hocico contra tierra, sujetándole la
+triunfante Mariniña, que sin piedad le hartaba de mojicones, le molía
+á puñadas en la nuca y en los lomos, le refregaba el rostro en el
+salvado y la harina que cubrían el piso, y no le permitía levantarse
+hasta que se confesaba rendido, vencido, dispuesto á aceptar la paz
+bajo cualquier condición que se le ofreciese.
+
+Apenas se alzó Santiago magullado, enharinado y con careta, Mariniña lo
+sacó á la represa del molino, donde mojando su delantal le lavó ella
+misma la cara. Y mimosa y dulce, como es siempre la gallega por forzuda
+y briosa que la haya criado Dios, dijo á su enemigo derrotado:
+
+--Por la madre que te ha parido no me has de espantar á Chinto,
+_pobriño_, que el infeliz no sirve para hacer _barbaridás_ como tú y
+más yo, y es un santo, sin mala intención, que con su sangre se pueden
+componer medicinas... Y si él es medroso yo soy valiente, diaño... Y
+no he de casar más que con él, y si cae soldado se vende el molino y
+se compra hombre... Si me tienes ley, Santiaguiño, con Chinto no te
+metas... ¿Palabra?
+
+Suspiró el mozo, y acaso no sería porque le doliesen los arañazos ni
+los chichones; miró á Mariniña, toda roja aún de la lucha; la dió un
+cachete familiar, de cariño y resignación, y respondió lacónicamente,
+secándose con el pico del mandil que no se había humedecido en la
+represa:
+
+--Palabra.
+
+
+
+
+ AVENTURA
+
+
+La señora de Anstalt, mujer de un banquero opulentísimo, nerviosa y
+antojadiza, agonizaba de aburrimiento el domingo de Carnaval, después
+del almuerzo, á las dos de la tarde. ¡Qué horas de tedio iba á pasar!
+¿En qué las emplearía? No tenía nada que hacer, y la idea de mandar
+que enganchasen para dar vueltas á la noria del eterno Recoletos,
+contestando á las insipideces ó humoradas de los tres ó cuatro
+muchachos de la crema que acostumbraban destrozar su landó tumbándose
+sobre la capota; la perspectiva del bolsón de raso pintado, lleno
+de caramelos y _fondants_; lo manido y trivial de la diversión, le
+hacía bostezar anticipadamente. ¿Se decidiría por la casa de campo ó
+la Moncloa? ¡Qué melancolía, qué humedad palúdica, qué frío sutil de
+febrero, de ése que mete en los tuétanos el reuma! No; hasta abril la
+naturaleza es avinagrada y dura. «¡Lástima no ser muy devota!--pensó
+Clara Anstalt--porque me refugiaría en una iglesia...».
+
+Mujer que se aburre en toda regla, y no es devota, y es neurótica á
+ratos, está en peligro inminente de cometer la mayor extravagancia.
+Clara, de súbito, se incorporó, tocó el timbre, y la doncella se
+presentó; al oir la orden de su ama hizo un mohín de asombro; pero
+obedeció en el acto, sin preguntas ni objeciones de ninguna especie;
+salió y volvió al poco rato, trayendo en una cesta mucha ropa doblada.
+
+--¿Está usted segura, Rita, de que es la librea nueva, la que no se ha
+estrenado aún?
+
+--¡Señora! Como que ni la ha visto Feliciano: la trajo el sastre ayer
+anoche, la recogí yo de manos del portero, y pensaba entregársela
+ahora...
+
+--Que no sepa que ha venido. Deje usted esa cesta en mi tocador, y vaya
+usted á comprarme una cabeza entera de cartón, la más fea y la más
+cómoda que se encuentre... Una que no me impida respirar... ¿El señor
+ha salido ya?
+
+--Hace rato.
+
+--Pues todo en silencio, chitito... ¿eh?
+
+Regresó Rita prontamente, con sobrealiento; Clara se impacientaba,
+corría de aquí para allí y reía en alto, como los niños cuando se
+prometen una diversión loca, incalculable. Encerráronse en el tocador
+ama y criada, y ésta recogió á aquélla el sedoso pelo, y la calzó las
+botas de campana del lacayillo, después de vestirla el calzón de punto
+y la levita corta y ceñirla el cinturón de cuero. Por último afianzó
+en sus hombros la careta enorme. Desfigurada así, con la vestimenta
+que se adaptaba exactamente á sus formas gráciles, esbeltas y sin
+turgencia, parecía un señorito fino que por ocultarse mejor ha pedido
+prestada la librea al mozo de cuadra.--Clara brincó de júbilo. La
+asaltó la idea de si podrían maltratarla, y pensó llevar un arma; pero
+recordando una frase favorita de su marido: «No hay bala que alcance
+como un billete de mil», sacó de su _secretaire_ bastante dinero, y
+lo echó en el fondo de un saco de brocatel, cubriendo la boca con una
+capa de confites y escarchadas violetas. «Saldré por las habitaciones
+del señor al jardín. Traiga usted la llave y mire si anda alguno que
+me vea». Y ya en la verja, que caía á una calle solitaria, Clara, una
+vez más, se volvió hacia Rita aplicando el dedo á los labios de cartón,
+como si repitiese: «¡Silencio!».
+
+Al verse en la calle, primero anduvo muy aprisa; después acortó el
+paso, saboreando su regocijo. ¡Verse libre, sola, ignorada, perdida
+entre la multitud, sin trabas ni convenciones sociales; dueña de ir á
+donde quisiese, de entretenerse en un espectáculo nuevo y original, el
+de la gente pobre, el populacho, en cuyo oleaje empezaba á sumergirse!
+En efecto; encontrábase Clara á la entrada de la calle de Génova,
+por donde descendían hacia el paseo de coches abigarrados grupos,
+una corriente no interrumpida de gentuza, que arrastraba pilluelos y
+mascarones desarrapados. Envueltas en la raída colcha y enarbolando la
+destrozada escoba ó el pelado plumero; embutidos en la lustrina verde,
+colorada ó negruzca de los diablos rabudos; ostentando la blusita
+del bebé ó agitando á cada movimiento millones de tiras de papel de
+colorines chillones que de arriba abajo los cubrían, los mascarones
+pasaban alegres y bullangueros, charlando en falsete, requebrando á
+las chulas de complicado moño, literalmente oculto bajo una densa capa
+de _confetti_ multicolores, que volaban en derredor á cada movimiento
+de la airosa cabeza. Algunas de aquellas mocitas de rompe y rasga, al
+pasar cerca de Clara, tomándola, como era natural, por un lacayito
+atildado y mono, la provocaban, la requebraban con pullas picantes.
+Clara se reía: no recordaba haberse divertido tanto desde hacía
+mucho tiempo. La animación del Carnaval callejero se le subía á la
+cabeza, como se sube el mosto ordinario, pero fresco y vivo, de una
+fiesta popular. Encontraba el día hermoso, la vida buena, y un aire
+de primavera, al través de los agujeros de la máscara, acariciaba su
+boca y sus ojos. «Si lo saben y me despellejan»--pensaba--, «peor para
+ellos... Yo habré pasado una tarde encantadora. Ahora me acerco al
+paseo y me entretengo en insultar á todos mis amiguitos y amiguitas...
+¡Valientes infelices! Allí estarán aguantando jaquecas y comiendo
+pato»... Cuando discurría así, una vocecilla aguda resonó á sus pies, y
+unas manos débiles y tenaces se agarraron á sus botas.
+
+--Oye, tú... dame una limosna, por amor de Dios, que tengo mucha
+hambre.
+
+Clara bajó la vista. Cien veces había oído el mismo sonsonete, y una
+moneda de cobre bastaba para desembarazarla del mendiguillo. «Éste se
+me pega como una garrapata»--pensó--«No tiene ganas de soltarme...».
+Sacó del bolsillo del levitín una peseta, y la presentó al niño.
+Esperaba una expresión de júbilo, frases truhanescas y desenfadadas,
+de ésas que saben decir los pordioserines del arroyo... Con gran
+asombro vió que el chico, al tomar la peseta, cogía aprisa la mano del
+supuesto lacayo y la besaba humilde. Una especie de vergüenza y de pena
+desconocida hasta entonces penetró en el alma de la opulenta señora de
+Anstalt. ¡No había pensado nunca que con una peseta--cantidad para ella
+sin valor apreciable, como para otros el céntimo--se podía hacer brotar
+un chorro de agradecimiento tan ardoroso y tan espontáneo! Bajó los
+ojos trabajosamente con el estorbo de la cabeza de cartón, y tomando al
+chico en brazos, lo alzó en vilo.
+
+--Pequeño, ¿de quién eres hijo? Á ver.
+
+--De nadie--contestó el pilluelo.
+
+--¿Cómo es eso? ¿De nadie? ¿No tienes padre?
+
+--No sé... no le conozco.
+
+--¿Y madre?
+
+--Sá muerto hace ocho días de una enfermedá muy mala.
+
+--¿Y tú?
+
+--Á mí... querían llevarme al asilo, pero me escapé, y ando así por
+la calle. De noche me meto en el rincón de una puerta... De día pido
+limosna.
+
+Clara reflexionó un momento. Después dejó en el suelo al chico, y le
+acarició la cabeza con la mano.
+
+--¿Te quieres venir á una casa donde te darán de comer y dormirás en
+cama buena y caliente?
+
+El chiquillo, al pronto, no respondió. Precoz instinto de independencia
+absoluta se alzaba sin duda en su espíritu, y las ventajas materiales
+del ofrecimiento no le tentaban; sin duda su endeble pescuezo advertía
+ya la molestia del yugo, y sus manos descarnadas, vivo testimonio de
+la miseria fisiológica de un organismo sometido á las privaciones,
+se revelaban contra los grillos y las esposas que pretendían ponerle
+en nombre del bienestar... Mientras dudaba y se sentía inclinado á
+escaparse corriendo, á fin de que no lo llevasen á ningún lugar que
+tuviese techo y paredes, la mano de Clara, despojada del rudo guante,
+suave, femenil, halagaba el pelo enmarañado y golpeaba amorosa las
+escuálidas mejillas del granuja... Y éste, magnetizado de pronto,
+exclamó:
+
+--Vamos, vamos á esa casa... ¡si estás tú en ella!
+
+Á la efusión del chico respondió inmediatamente, como un chispazo
+eléctrico al contacto de los alambres, el impulso ardoroso,
+irresistible, maternal, de la señora, que volvió á coger en brazos al
+pequeño, y no pudiendo besarle, le apretó contra su corazón.
+
+--Sí, hijo mío... Estaré... ¡Verás cómo he de quererte!
+
+ * * * * *
+
+Para que la resolución de Clara sea más meritoria, el mundo la
+ha calumniado, suponiendo que la criatura que recogió y que tan
+cariñosamente cuida y educa es un hijo hurtado, un contrabando
+doméstico... ¿Qué le importa á Clara? Ya no bosteza de tedio ninguna
+tarde del año.
+
+
+
+
+ EL OFICIO DE DIFUNTOS
+
+
+Cree usted--me preguntó el catedrático de Medicina--en algún presagio?
+¿Cabe en su alma la superstición?
+
+Cuando me lo dijo, nos encontrábamos sentados tomando el fresco á la
+puerta de la bodega. La frondosa parra que entolda una de las fachadas
+del Pazo rojeaba ya, encendida por el otoño. Parte de sus festoneadas
+hojas alfombraba el suelo, vistiendo de púrpura la tierra seca,
+resquebrajada por el calor asfixiante del medio día. Los viñadores,
+llamados «carretones», entraban y salían, soltando al pie del lagar su
+carga de uvas, vaciando el hondo cestón del cual salía una cascada de
+racimos color violeta, de gordos y apretados granos. ¡Famosa cosecha!
+Yo veía ya el vino que de allí iba á salir, el mejor, el más estimado
+del Borde... Y medio distraída, respondí:
+
+--¿Presagios? No... Á no ser que... ¡Ah! Sí: un hecho le contaría...
+
+--¿Algo que le haya «sucedido» á usted?
+
+--¿Á mí?... No. Se me figura--no me pregunte usted la causa de esta
+figuración--que á mí «no puede» sucederme nada. Y efectivamente, en
+toda mi vida...
+
+--Entonces permítame que no haga caso de los cuentos que traen personas
+impresionables... ó embusteras.
+
+--No es cuento--afirmé, olvidándome ya de la interesante faena de
+la vendimia que presenciaba, y retrocediendo con el pensamiento á
+tiempos juveniles.--Es un caso que presencié. Así que usted lo oiga,
+comprenderá cómo no hubo farsa ni mentira. La explicación... no la
+alcanzo. En estas materias, ni soy crédula y medrosa, ni escéptica á
+puño cerrado. ¡Qué quiere usted! Vivimos envueltos en el misterio.
+Misterio es el nacer, misterio el vivir, misterio el morir, y el
+mundo, ¡un misterio muy grande! Caminamos entre sombras, y el guía que
+llevamos... es un guía ciego: la fe. Porque la ciencia es admirable,
+pero limitada. Y acaso nunca penetrará en lo hondo de las cosas.
+
+Sacudió el catedrático su cabeza encanecida, sonrió, y apoyando
+la barba en la cayada del bastón, se dispuso á escucharme--y á
+pulverizarme después--, porque suponía que iba á referirle algún sueño.
+Los artistas no somos de fiar: vivimos esclavizados por la imaginación
+y cumpliendo sus antojos.
+
+--¿Ha conocido usted á Ramoniña Novoa?--principié yo.
+
+--¿Que si la he conocido? Me llamaron á consulta el año pasado, cuando
+la operaron en Compostela, de un sarcoma en el pecho izquierdo. Por
+señas que desaprobé la operación, que sirvió para adelantar la muerte
+algunos días. Allí sólo cabía dejar marchar las cosas á su desenlace
+inevitable.
+
+--Pues sepa usted que Ramoniña, en sus mocedades, fué la chica más
+alegre y bailadora de todo el Borde. Su padre, don Ramón Novoa de
+Vindome, tenía el prurito de divertirla; la vestía muy maja; no la
+negaba capricho alguno. Adoraba en ella, porque era vivo retrato de su
+difunta mujer, á quien había profesado una especie de devoción y culto.
+
+No se concebía función ni feria sin que Ramoniña Novoa se presentase
+á lucir su mantón de flores--era la moda--, su traje de seda con
+volantes, su mantilla de casco. Los señoritos del Borde la obsequiaban
+mucho, y ella coqueteaba con unos y con otros, sin decidirse ni
+acabar de escoger, según deseaba don Ramón, que, al estilo antiguo y
+patriarcal, rabiaba por un nieto.
+
+Creían los antiguos que cuando quiere castigarnos Dios, realiza
+nuestros deseos insensatos. De improviso, Ramoniña, dejándose de
+coqueteos y bromas, se enamoró hasta los tuétanos--¿y de quién? De un
+pobrete estudiante, hijo de un cirujano romancista y sobrino del cura
+de Cebre--un perdido gracioso, que hacía versos y tocaba la pandereta
+con las rodillas y los codos. ¡Valiente boda para la mayorazga de Novoa
+de Vindome, del solar de Fajardo! El padre, inquieto al principio,
+furioso después, hizo la oposición á rajatabla, y no perdonó medio
+de quitarle á Ramoniña de la cabeza semejante locura. La encerró en
+casa; la llevó á Auriabella; rogó; avisó; amenazó; puso en juego á los
+frailes, al confesor, á los parientes, á las amigas, al señor obispo...
+En vano. La cosa estaba muy adelantada ya; la libertad del campo y la
+falta de sospecha en los primeros tiempos habían estrechado el lazo
+y arraigado la pasión en el alma de la señorita... y una noche se
+escapó con el estudiantillo, dejando á su padre en la mayor aflicción y
+vergüenza.
+
+--Hemos concluido. Que se casen--decidió el señor de Novoa.--Le
+entregaré la dote de su madre á mi hija... y que no vuelva yo jamás á
+oir nombrarla, ni á verla delante de mis ojos.
+
+Ya sabe usted lo que suele suceder. El panal de miel robada al
+principio es dulce, pero acaba en hieles. El estudiante no varió de
+condición al casarse; con la dote de la esposa creyó poder darse
+vida cómoda y alegre, y no miró lo que gastaba, creyendo que, al
+acabarse, el señor de Novoa remediaría. Mas éste fué inflexible, y
+cerró la puerta y la bolsa. Los esposos se habían ido á vivir en
+Auriabella, y Ramoniña, triste y preocupada por más de un motivo--se
+decía que el marido tocaba la pandereta en sus carnes y la zurraba de
+firme--escribió al padre carta sobre carta, sin obtener respuesta.
+Había nacido un chiquitín--aquel heredero tan deseado--y cuando la
+criatura tuvo tres años y Ramoniña tres mil desengaños, vino á verme,
+para rogarme que la acompañase en la expedición que pensaba emprender
+al Pazo de Vindome, con propósito de echarse á los pies de don Ramón,
+presentarle la criatura y lograr el abrazo de reconciliación y paz. «Si
+no veo á papá--decía--creo que me muero».
+
+--No vaya usted--aconsejé á Ramoniña--. No la recibirá don Ramón. Mire
+usted que le he hablado poco hace, y está firme en que no ha de cruzar
+con usted palabra en este mundo. «Sólo en la hora de la muerte la
+perdonaría...». Son sus palabras. Y la hora de la muerte anda lejos. El
+señor de Novoa parece un mozo: está fuerte, come bien, sale á cazar, no
+le duele nada: hasta parece que piensa en volver á casarse. Dicen que
+se ha propuesto tener un hijo varón. Sesenta años mejor llevados, no
+los hay en todo el Borde.
+
+Ramoniña me miró con expresión de honda ansiedad, de infinita angustia,
+é insistió en que deseaba «probar la suerte». Como la vi tan afligida,
+tan consumida por las penas, no supe negarme, y dispusimos la marcha.
+
+Salimos de Auriabella á la una de la tarde, en uno de los días más
+largos del año: el 20 de junio. Íbamos á caballo, porque no existe
+carretera entre Auriabella y el Pazo de Vindome. Nuestras cabalgaduras,
+unos jacuchos del país, trotaban duro: delante, un criado llevaba al
+arzón al niño; detrás, nosotras dos y un espolique; Ramoniña encaramada
+en el albardón, no sin miedo, porque ya se encontraba algo adelantado
+su segundo embarazo. El camino... ¿Usted bien conoce el camino de
+Auriabella á Vindome? Hasta el alto de las Taboadas, regular, pero en
+llegando á la iglesia de Martiñós, un puro derrumbadero. Se le va á
+uno la cabeza si mira hacia el valle, allá en el fondo; y se marea si
+contempla las revueltas de un sendero estrechísimo. Es hermoso, pero
+imponente.
+
+Por eso, sin duda, según llegábamos adonde se divisa ya el campanario
+de Martiñós, gritó Ramoniña que quería bajarse y andar á pie el trecho
+que faltaba hasta el Pazo. Accedí á su deseo, natural en su estado
+y situación de ánimo, y dejando á las monturas adelantarse con el
+espolique, nos quedamos algo rezagadas, andando despacio. El sol se
+ponía, y allá en el valle empezaba á condensarse la niebla. Á aquel
+paso llegaríamos á Vindome al anochecer. Ramoniña me preguntaba afanosa:
+
+--¿Cree usted que mi padre no me dejará siquiera dormir en casa esta
+noche?
+
+Se me han fijado, como si los estuviese presenciando ahora, los
+detalles de aquel suceso. Llegábamos junto á un pinar que se llama de
+las Moiras, y como se había levantado brisa, me puse el abrigo que
+llevaba al brazo. En esto se alzó la voz de Ramoniña, exclamando con
+acento de profundo terror:
+
+--¡Jesús! ¡Jesús! ¿Oye usted? ¿Oye usted? ¡Jesús, María!
+
+--¿Qué he de oir?
+
+--Ahí... Á la parte de Martiñós... En la iglesia...
+
+--¿Pero qué?--repetí alarmada, tal era el espanto que la voz de mi
+compañera revelaba.
+
+--¡El oficio de difuntos! ¡Lo están cantando! ¡Lo están cantando!
+
+Atendí á pesar mío. No se escuchaba sino el largo y quejoso murmurio
+de la brisa de la tarde en las copas de los pinos, y el trote, ya
+distante, de nuestras cabalgaduras. Así se lo dije á Ramoniña,
+riéndome. Pero ella, abrazándose á mí, ocultando la cara en mi pecho,
+temblando, deshecha en sollozos, repetía:
+
+--¡Es el oficio de difuntos! ¡Si se oye perfectamente!... Son muchas
+voces... ¡Lo cantan! ¡Lo cantan!... ¡Jesús!
+
+Hice una pausa, y el catedrático me interrumpió:
+
+--Bien, ¿y qué? Una alucinación del oído. En estado de embarazo, es lo
+más frecuente...
+
+--Sí--objeté yo--; pero sepa usted que, cuando llegamos al Pazo
+de Vindome, nos encontramos con que don Ramón acababa de morir
+súbitamente, de apoplejía; que su cuerpo estaba caliente aún; que ni
+aquel día ni los anteriores se había cantado el oficio de difuntos en
+la iglesia de Martiñós; y que Ramoniña lo oyó distintamente desde el
+pinar de las Moiras;--¿ve usted? hacia allí...
+
+
+
+
+ JUAN TRIGO
+
+
+El héroe de mi cuento nació... no es posible saber dónde; lo único que
+dice Clío, musa de la historia, es que cierta tarde del mes de julio
+apareció recostado sobre las amapolas, desnudito como un gusano, al
+margen de un trigal, en el tiempo de la siega. Por poco más le dejan
+en mitad del sendero, donde lo aplastasen al pasar los inmensos carros
+cargados de rubia mies.
+
+Vieron los segadores y segadoras á la criatura dormida en su santa
+inocencia, y la recogieron con ternura, bromeando entre sí, poniendo al
+nene el nombre de _Juan Trigo_ y asegurándole una suerte loca, como de
+quien empieza su vida entre la misma abundancia.
+
+Sin dilación pareció cumplirse el vaticinio. No había en la
+aldea--¡rarísima casualidad!--ninguna mujer que estuviese criando;
+pero la esposa del señor marqués, dueño del campo de trigo y de otros
+muchísimos, y de la más hermosa quinta en seis leguas á la redonda,
+acababa precisamente de dar á luz una niña muerta, y se temía por la
+madre si no desahogaba la leche agolpada á su seno. El médico aconsejó
+que la noble dama criase al niño abandonado, y éste encontró así,
+desde el primer instante, sustento, regalo y amor. Le envolvieron en
+finos pañales, le trataron á cuerpo de rey y creció hermoso y fuerte,
+rebosando viveza y alegría. La marquesa le cobró tierno afecto, más
+que de nodriza, de madre, y como no se creía que aquellos señores
+pudiesen ya tener sucesión, todos presumían que _Juan Trigo_ iba á ser
+el heredero de su caudal y nombre. Á deshora, corridos más de diez
+años, la naturaleza sorprendió al marqués con otra niña y á la marquesa
+con la muerte, causada por el difícil y trasnochado lance: y aunque
+Juan, como muchacho, no comprendió del todo lo que perdía, lo sintió y
+adivinó, y se le vió muchos meses extrañamente abatido y triste.
+
+No obstante, su situación, al parecer, no había cambiado. Ó en memoria
+de su esposa ó por verdadero cariño, el marqués seguía tratándole como
+antes: hasta le demostraba preferencia, con tal extremo, que empezó á
+divulgarse la conseja de que Juan era verdadero hijo del marqués, fruto
+de secretos amoríos, y que le correspondería «hoy ó mañana» una buena
+parte de herencia. Confirmó tal suposición el ver que Juan fué enviado
+á un aristocrático y famoso colegio inglés, donde cursó estudios más
+brillantes que útiles, y del cual volvió á los veintitrés años hecho
+un cumplido _gentleman_. Acogióle la sociedad con halagos y sonrisas,
+aunque á sus espaldas se comentase lo ambiguo de su posición; y como
+era gallardo y simpático y tenía hasta el prestigio de la leyenda y
+del misterio, las señoras le recibieron con sumo agrado, demostrando
+claramente que la presencia de Juan no les infundía horror, ni cosa
+que lo valga. En aquella ocasión, si Juan hubiese tenido afición á
+las flores, sin gran esfuerzo reúne un lindo ramillete de rosas,
+pensamientos y _no me olvides_, cuyo aroma seguiría aspirando con la
+memoria en la edad madura; pero Juan estaba enamorado--enamorado,
+callada y tenazmente--de la hija del marqués, Dolores, en quien
+reconocía las facciones de la que le había servido de madre: niña de
+sorprendente hermosura, que, según la frase del Libro Santo, había
+robado el corazón de Juan con sólo el crujir de sus zapatitos--unos
+zapatos de fino charol, prolongados y lustrosos sobre la transparente
+media de seda.--Crujir que Juan reconocía entre los mil ruidos de la
+creación, lo mismo que reconocía las cascaditas de su reir juvenil, el
+roce de su falda corta, el perfume tenue de su flotante melena, y el
+_¡rissch!_ de su abaniquillo al abrirlo la impaciente mano.
+
+Creyó Juan que no se le conocía el loco deseo; pero las chiquillas
+son en esto linces, y Dolores notó que la querían, y no sólo lo notó,
+sino que mostró tal inclinación á Juan, que éste, vencido, confesó
+de plano. La niña, más inexperta, más vehemente, más ignorante de
+las terribles consecuencias de un mal paso, arregló entonces la
+escapatoria, combinando y facilitando las cosas de tal manera, que,
+dado el escándalo, el padre no tuviese más arbitrio que otorgar su
+consentimiento.
+
+Se urdió el complot sin que nadie sospechase palabra; mas la víspera
+del día señalado, Juan, descolorido y trémulo, se echó á los pies
+del marqués y le reveló la trama. Como todo el que quiere de veras,
+prefería su propia desventura al daño ajeno; anteponía al egoísmo de su
+pasión el honor y la felicidad de Dolores. Así pagaba el pobre expósito
+su deuda á la casa donde le acogieron y ampararon; así reconocía, al
+través de la tumba, los cuidados maternales recibidos de la señora á
+quien no podía olvidar. Al consumar el sacrificio, su alma sangraba; y
+cuando el marqués, alabando mucho su honrada sinceridad, le tomó, por
+primera providencia, el billete para Londres, Juan, en vez de salir
+hacia el tren, cayó en la cama, donde le postró una fiebre ardentísima.
+
+Hizo el marqués que le cuidasen; puso entre tanto á Dolores en un
+convento de monjas, graves y buenas guardianas; y ya en franca
+convalecencia Juan, para mayor cautela--porque todas las precauciones
+son pocas, y quien una vez tropieza expuesto está á caer--solicitó
+para el mozo un puesto lejos, lejos... lo más lejos posible. Y se
+lo concedieron en ultramar, y tan pingüe, que á ser Juan de otra
+condición, á la vuelta de pocos años tendría hecha la suerte.
+Hasta el codo se podía meter la mano en aquella bendita prebenda
+administrativa, y es de creer que, al otorgársela, se contaba con
+que la aprovechase; porque el padre de Dolores, que, á pesar de las
+hablillas, no tenía con Juan más parentesco que el puramente moral
+de haberle protegido, sentía cierto remordimiento al desampararle, y
+encomendaba á la generosidad de nuestro presupuesto el porvenir del
+mozo, sin darse cuenta de que éste, á falta de claro abolengo, poseía
+enérgica honradez. Lo único que trajo Juan de ultramar, á la vuelta de
+cuatro años, fueron unos mezquinos ahorros, que gastó en intentar la
+curación de un padecimiento hepático; y como el marqués había fallecido
+y estaba casada Dolores, se encontró Juan, al empezar á bajar la árida
+cuesta de la edad madura, solo y pobre como cuando le recogieron en el
+trigal.
+
+Entonces--sin explicarse la razón--sintió un deseo inexplicable
+de volver á ver el sitio y la quinta donde había pasado una niñez
+relativamente tan dichosa. Llegó á aquellos lugares por la tarde, á
+pie, apoyado en un bastón grueso; lo primero que hizo fué dar la vuelta
+á la tapia de la quinta, evocando mil recuerdos que surgían en tropel
+al aspecto de cada árbol y ante la figura de cada piedra. Su corazón
+latió de pronto con ímpetu: en el vetusto mirador, enramado de rosales,
+suspendido sobre el camino, acababa de ver á una señora y dos niños,
+ella haciendo labor, los chicos observando con curiosidad al pasajero
+encorvado y triste, de amarillento rostro. La señora, avisada por los
+chicos, levantó la cabeza, y fijó en Juan la ojeada inerte que se
+concede al desconocido. Juan huyó: los ojos de Dolores, mirándole de
+aquel modo, le cortaban el alma. No paró hasta llegar á un campo de
+trigo, á la sazón maduro, salpicado de amapolas, como cuentas de coral
+sobre una trenza rubia. Los segadores, cantando alegremente, habían
+iniciado su faena, y los haces se amontonaban ya en un ángulo de la
+heredad; pero acercábase la puesta del sol, y pronto se retirarían á
+sus casuchas. Juan se aproximó á una mujer y preguntó con ansia:
+
+--¿Es en este campo donde hace muchos años recogieron á un niño?
+
+--Allí, señor--respondió la mujer con esa complacencia solícita de
+los aldeanos, soltando su hoz y levantándose para preceder á Juan y
+enseñarle el camino. Como unos diez minutos habrían andado, cuando la
+segadora se paró é hirió con el pie la orilla del sendero, pronunciando:
+
+--Aquí mismo. Estaba en pelota, como lo parieron. Mire si lo sabré
+bien, que yo era entonces moza y fuí la primera que cogió al rapaz en
+brazos. Y mi hermano, que lo vió así, entre la abundancia, le puso
+_Juan Trigo_. Nos daba mucha lástima, ¡ángel de Dios!... Las que
+andábamos segando lo queríamos mantener con leche de vaca, y yo quería
+llevarlo para donde mí; pero le cayó una suerte muy grande; la señora
+marquesa lo recogió y lo criaba ella y lo tuvo en una hartura muy
+grandísima. Ahora será un caballero.
+
+Juan calló. La amargura se desbordaba en su alma. Pensaba que podría
+haber sido el prohijado de aquella aldeana, vivir con ella, ayudarla á
+segar la mies, no conocer otros afanes ni otros deseos. Dejándose caer
+al suelo, en el mismo sitio donde le habían encontrado, pegó la faz á
+la tierra, y sus lágrimas la empaparon lentamente.
+
+
+
+
+ EL CAMAFEO
+
+
+Mientras corrió su primera juventud, Antón Carranza se creyó nacido y
+predestinado para el arte. El arte le atraía como el acero al imán, y
+le fascinaba como el espejuelo á la alondra. Donde sus ojos encontraban
+una línea elegante, una forma bella, un tono de color intenso y
+original, allí se quedaban cautivos, en éxtasis de admiración, mientras
+luchaban en su alma noble pena de no haber sido el creador de aquella
+hermosura, y una ilusión arrogante de llegar á producirla mayor, más
+original y poderosa, por medio del estudio y el trabajo.
+
+Años y desengaños necesitó para adquirir el triste convencimiento
+de que carecía de inspiración, de genio artístico. Sus tentativas
+fueron reiteradas, insistentes, infructuosas. Crispáronse en vano sus
+dedos alrededor del pincel, de la gubia, del palillo, del buril, del
+barro húmedo. Si no podía ser pintor ni escultor, á lo menos quería
+descollar como adornista, como grabador, como tallista; por último,
+desesperanzado ya, intentó resucitar los primores de orfebrería de
+Benvenuto Cellini; y si bien por cuenta propia no hizo nada digno
+de eterno loor, con la joyería su vocación artística desalentada
+se convirtió en provechosa especulación industrial; se asoció á un
+joyero de fama, montó el taller á gran altura y se dedicó á negociar,
+escondiendo la incurable herida de su ardiente aspiración y de sus mil
+fracasos.
+
+El joyero que recibió de socio á Antón Carranza tenía una hija, cuyo
+enlace con el artista fué base de la nueva razón social. Luisa, la
+esposa de Carranza, no era bonita, ni aun agraciada: la desfiguraban
+su tez amarillenta, sus facciones angulosas y una cojera muy visible.
+Carranza, con todo, aceptó el trato sin repugnancia alguna; su futura
+le inspiraba, á falta de sentimientos más vehementes, simpatía y
+cariño. Como suele suceder á los hombres excesivamente poseídos de la
+fiebre artística, desconocía Carranza otras pasiones; la mujer era para
+él una necesidad momentánea, y el matrimonio una prudente garantía de
+paz y de afecto. Casóse, pues, satisfecho y tranquilo, y se condujo
+como marido bueno y leal.
+
+Rico y en situación de satisfacer sus caprichos, Carranza rebuscó y
+adquirió preciosidades; ya que no acertaba á modelar estatuas, las hizo
+desenterrar en Nápoles y Grecia, y pudo colocar en su despacho-taller
+un lindo _Fauno_, una curiosa _Belona_ policromada, encanto de los
+arqueólogos, y varios fragmentos de mérito é interés.
+
+Conocida su afición, presentáronle los vendedores medallas de relevado
+cuño y piedras grabadas, y entre varios ejemplares que no rebasaban
+del límite de lo usual y corriente, la lúcida ojeada del artista
+malogrado descubrió un camafeo griego que desde luego reconoció y
+diputó por pieza única tal vez en el mundo. Ni el famoso, contemporáneo
+de Alejandro, que representa á Psiquis y el Amor; ni la Venus marina,
+de Glicón; ni la célebre sardónica de la galería Farnesio, podían
+eclipsar á aquel sencillo camafeo, que sólo ostentaba una cabeza de
+mujer, ó mejor dicho de diosa. La ignorancia relativa del traficante
+cedió la divinidad por un precio irrisorio, atendida la importancia
+del camafeo, y Antón Carranza, dueño del inestimable tesoro, lo guardó
+con transporte en una caja de malaquita y pedrería, de donde lo sacaba
+mañana, tarde y noche, para contemplarlo á su sabor.
+
+¡Qué sobriedad y pureza de líneas, qué misteriosa vida respiraba
+aquella cabeza! Cuatro rasgos, unos planos que apenas se indican,
+unas superpuestas capas de ágata que se matizan insensiblemente...
+y una obra maestra, digna de conservar un nombre al través de los
+siglos, una obra que fija y encarna la idea de una beldad sublime.
+¿Por qué no había acertado jamás él, Antón Carranza, á concebir nada
+que se asemejase á aquel camafeo prodigioso? Una obra así bastaría
+para hacerle feliz toda la vida, colmando su anhelo y realizando su
+destino...; ¡y nunca, nunca de sus dedos torpes y su estéril fantasía
+había de brotar algo que se pareciese al camafeo!
+
+Su entusiasmo por la piedra adquirió carácter extraño y enfermizo. Con
+fijeza más propia de la perturbación mental que de la cordura, pasábase
+Carranza horas enteras mirando el portento y tratando de explicarse
+qué secreta fuerza, qué rayo luminoso llevaba en sí el desconocido que
+hacía tantos siglos produjo aquel milagro. Quizás ni él mismo sospechó
+el valor de la huella genial que imprimió en la dura ágata su diestra
+paciente y firme. Quizás alguna joven de Mitilene ó de Samos lució en
+el anular ó colgó á su garganta el camafeo, sin conocer que poseía una
+riqueza ideal. Ni los que lo habían desenterrado y vendido ahora, en
+el siglo presente, comprendieron lo que tenían entre manos. El primer
+verdadero poseedor de la joya era Antón Carranza... Y en arrebato
+nervioso de desordenada pasión, Carranza pegaba los labios al camafeo,
+lo estrechaba contra su pecho, queriendo incrustarlo en él, adherirlo á
+su carne...
+
+Notó por fin Luisa, y notaron todos los de la casa, dependientes y
+amigos, clientes y corresponsales, alarmantes síntomas en Antonio; y
+los que le veían de cerca se asustaron de su afición á la soledad, su
+hábito ya adquirido de encerrarse á deshora, su silencio en la mesa, y
+le tuvieron por maniático, opinando que los intereses comerciales de
+la sociedad peligraban en su poder. Era para Luisa doblemente triste
+que se hubiese anublado la razón de su esposo, ahora que, cumplidos sus
+más dulces deseos, se sentía encinta y soñaba en el momento inefable de
+estrechar á la criatura que esperaba... Consultado el médico acerca del
+estado de Carranza, y habiéndole observado despacio, con persistencia
+y disimulo, su fallo fué terrible: tratábase de un caso de monomanía
+tenaz, acompañada de graves desórdenes en las funciones del hígado y
+del corazón; y para salvar la razón y acaso la vida del enfermo, era
+preciso encerrarle sin tardanza en una casa de salud, sujetándole á un
+método riguroso.
+
+No hubo más remedio que acceder, y Carranza, una mañanita, fué
+conducido al triste asilo donde, separado de los que le amaban, iba á
+verse abandonado del mundo... Con peregrina indiferencia se dejó llevar
+el maniático; tenía consigo el camafeo, y nada más necesitaba para ser
+dichoso en la región de sus delirios. Luisa iba á verle con frecuencia;
+pero se interrumpieron sus visitas cuando llegó el esperado trance;
+el nacimiento de una niña puso su existencia en peligro, dejándola
+semiparalítica y sujeta á ataques dolorosos, y transcurrió largo tiempo
+sin que pudiese ver al pobre recluso. Decía el médico que Carranza
+mejoraba y pronto saldría de su encierro; pero corrían meses y años y
+no llegaba el momento feliz.
+
+Luisa, que amaba á su marido tiernamente, no tenía otro consuelo sino
+ver crecer á su hija, y envanecerse de su sorprendente hermosura. La
+niña, en efecto, era una perla. No se parecía á su madre ni á su
+padre: ni el más mínimo rasgo de sus facciones recordaba á los que la
+habían dado el ser. Las líneas de su rostro, puras y correctísimas,
+desesperarían á un escultor por su incopiable elegancia y delicadeza;
+y los rizos que se agrupaban sobre su frente y caían sobre su cuello
+torneado, tenían una colocación graciosa y noble, como sólo la obtiene
+el arte.
+
+Un día, Luisa, sintiéndose algo aliviada, se metió en un coche con su
+hija y se apeó á la puerta del asilo. Al penetrar en la habitación
+que ocupaba su esposo, al mirarle, exhaló un grito de terror y pena:
+pálido, demacrado, con la mirada fija, Carranza contemplaba un objeto,
+y de esta contemplación nada podía distraerle: era el camafeo... y
+siempre el camafeo. Luisa comprendió con espanto que el enfermo no
+la reconocía, y herida en el alma, guiada por su instinto de madre,
+presentó, elevó á la niña en alto. Carranza dejó caer sobre ella una
+mirada indiferente... De súbito, sus ojos se animaron, brillaron,
+recobraron la luz de la inteligencia y del amor; sus brazos se
+abrieron, sus dedos soltaron el camafeo mágico y fatal, sus lágrimas
+brotaron, y, como el que se despierta, corrió hacia su mujer y su
+hija... Acababa de advertir que la faz de la niña era la misma faz de
+la diosa grabada en la piedra dura... ¡y comprendía que, sin saberlo,
+había prestado ser y realidad, carne y hueso, á la belleza soberana!
+
+
+
+
+ VOZ DE LA SANGRE
+
+
+Si hubo matrimonios felices, pocos tanto como el de Sabino y Leonarda.
+Conformes en gustos, edad y hacienda; de alegre humor y rebosando
+salud, lo único que les faltaba--al decir de la gente, que anda siempre
+ocupadísima en perfeccionar la dicha ajena, mientras labra la desdicha
+propia--era un hijo. Es de advertir que los cónyuges no echaban de
+menos la sucesión, pensando con buen juicio que, cuando Dios no se la
+otorgaba, Él sabría por qué. Ni una sola vez había tenido Leonarda que
+enjugar esas lágrimas furtivas de rabia y humillación que arrancan á
+las esposas ciertos reproches de los esposos.
+
+Un día alteró la tranquilidad de Leonarda y Sabino la llegada
+intempestiva de la única hermana de Leonarda, que vivía en ciudad
+distante, al cuidado de una tía ya muy anciana, señora de severos
+principios religiosos. Venía la joven pálida, desfigurada, llorosa y
+triste, y apenas descansó del viaje, se encerró con sus hermanos, y la
+entrevista duró una hora larga.
+
+Á los tres ó cuatro días salieron juntos la señorita y el matrimonio á
+pasar una temporada en la casa de campo de Sabino, posesión solitaria
+y amenísima. Nadie extrañó esta resolución, porque á fines de abril la
+tal quinta es un oasis, y más explicable pareció todavía la excursión
+de recreo que en septiembre emprendieron los consortes, los cuales
+no regresaron de Francia y de Inglaterra hasta el año siguiente. Lo
+que se comentó bastante fué que al volver trajesen consigo una niña
+preciosa, con la cual se volvía loca Leonarda, que aseguraba haberla
+dado á luz en París. Como nunca faltan maliciosos, alguien encontró á
+la nena excesivamente desarrollada para la edad de cuatro meses que
+la atribuían sus padres: hubo chismes, murmuraciones, cuentas por
+los dedos, sonrisitas y hasta indignaciones y _tole tole_ furioso.
+Pero corrió el tiempo, ejerciendo su oficio de aplicar el bálsamo del
+olvido bienhechor; la hermana de Leonarda se sepultó en un convento de
+Carmelitas; el retoño creció; los esposos le manifestaron cada día más
+amor paternal... y las hablillas, cansadas de sí propias, se durmieron
+en brazos de la indiferencia.
+
+La verdad es que cualquiera se enorgullecería de tener una hija como
+Aurora--este nombre pusieron Leonarda y Sabino á su vástago--. Nunca
+se justificaron mejor las preocupaciones del vulgo respecto á las
+criaturas cuyo nacimiento rodean circunstancias misteriosas, dramas
+de amor y de honor. Una belleza singular, excesivamente delicada tal
+vez; una inteligencia, una dulzura, una discreción que asombraban,
+suma habilidad, exquisito gusto, y sobre todo esto, que es concreto
+y puede expresarse con palabras, algo que no se define: el _ángel_,
+el encanto, el don de atraer y de embelesar, de llevar consigo la
+animación, creando, como dijo Byron de Haydea, «una atmósfera de vida»;
+esto poseía Aurora, y no es milagro que Sabino y Leonarda estuviesen
+literalmente chochitos con ella.
+
+Pagábales la criatura en la mejor moneda del mundo. Su amor filial
+tenía caracteres de pasión, y solía decir Aurora que no pensaba casarse
+nunca, no por no abandonar á sus padres--que sería imposible ni pensar
+en ello--sino por no tener que repartir y dividir con nadie el ardiente
+cariño que les consagraba. Los que oían de tan rosada y linda boca
+estas paradojas é hipérboles del afecto, envidiaban á Leonarda y Sabino
+la hija hurtada.
+
+Habían pasado años sin que Aurora aceptase los homenajes de ningún
+pretendiente, cuando apareció cierta mañana en casa de Sabino un
+caballero que podemos calificar de gallo con espolones, pero apuesto,
+elegante, con trazas de adinerado, aspecto muy simpático y ese aire
+de dominio peculiar de los hombres que han ocupado altos puestos
+ó conseguido grandes triunfos de amor propio, viviendo siempre
+lisonjeados y felices. Solicitó el caballero hablar á solas con Sabino
+y Leonarda; pero como hubiesen salido, rogó se le permitiese ver un
+instante á la señorita Aurora. La muchacha le recibió en la sala,
+sin turbarse, y le dió conversación un rato, ruborizándose cuando el
+desconocido le dirigió alabanzas en las cuales se revelaba profundo,
+vivo y secreto interés. La entrevista duró poco; llegaron los padres
+de Aurora, y con ellos se encerró el galán, cuyas primeras palabras
+fueron para decir, inclinándose hasta el suelo, que allí tenían á un
+gran culpable, al seductor de su hermana y padre de Aurora--dispuesto
+á reparar en lo posible sus yerros y delitos, recogiendo á la niña y
+ofreciéndola amparo, fortuna y nombre.
+
+Sabino meditó algunos instantes antes de responder; luego cruzó
+con Leonarda una mirada expresiva, y volviéndole al recién llegado
+pronunció serenamente:
+
+--Queremos á Aurora bastante más que si la hubiésemos engendrado; es
+nuestro único hechizo, la alegría de nuestra vejez, que ya se acerca;
+pero le aseguro á usted que la dejaremos libre. Si ella quiere, con
+usted se irá. Si ella no quiere, prométanos que la niña se quedará con
+nosotros para toda la vida y usted no pensará en reclamarla. Y para que
+vea usted que no influimos en su determinación, escóndase detrás de ese
+cortinaje y oirá cómo la interrogamos y lo que responde.
+
+Accedió el caballero y se ocultó. De allí á pocos instantes entraba
+Aurora, y Sabino la dirigió el siguiente interrogatorio:
+
+--¿Qué te ha parecido ese señor que vino á hablarnos?
+
+--¿Digo la verdad, papá, como de costumbre? ¿La verdad enterita?
+
+--¡Ya se sabe que sí!
+
+--¡Pues me ha parecido muy bien! Me ha parecido la persona más... más
+agradable... que he visto en mi vida, papá.
+
+--¿Tanto como eso?
+
+--Sí por cierto. Me ha fascinado... ¿No me mandas que hable con
+franqueza?
+
+--¿Le preferirías á nosotros? Sigue siendo franca.
+
+--Es distinto lo que siento por vosotros. Él me gusta... de otra manera.
+
+--¿Vivirías contenta con él?
+
+--¡Mira, papá..., puede que sí!
+
+--Piénsalo bien, niña.
+
+--No hay que pensarlo. Es un sentimiento, y lo que de veras se siente
+no se piensa. Nunca he sentido así. Yo también he de preguntar: qué,
+¿este señor... os ha pedido... mi mano?
+
+--¡Tu mano! ¡Tu mano! ¡No se trata de eso!--gritó con espanto Leonarda.
+
+--¿Pues... entonces? No entiendo--murmuró Aurora afligida.
+
+--¡Figúrate... es una suposición... que ese señor fuese... tu padre!
+¡tu verdadero padre!
+
+--¿Mi padre? ¡Eso sí que no puedo figurármelo! ¡Como padre, ni le he
+mirado... ni podría mirarle nunca! ¡Ya os he dicho que es distinto; que
+á vosotros os quiero de otro modo!
+
+--Vete, hija mía--murmuró Sabino confuso y consternado, creyendo oir
+detrás de la cortina un gemido triste. Y así que se retiró Aurora,
+obediente, cabizbaja y muda, el desconocido salió, mostrando un rostro
+color de cera y unos ojos alocados.
+
+--No les molesto á ustedes más--murmuró en ronco acento--. Ya sé cuál
+es mi castigo. Procuré estudiar el modo de inspirar cierta clase de
+sentimientos... y los inspiro con una facilidad que ha llegado á
+infundirme tedio y horror. Midas todo lo convertía en oro... yo todo
+lo convierto en pecado. El cariño puro, el sagrado cariño de padre veo
+que no lo mereceré nunca. Borren ustedes mi recuerdo de la imaginación
+de Aurora, y ¡que no sepa jamás mi nombre, ni lo que realmente soy para
+ella!
+
+--Tal vez--indicó la compasiva Leonarda--el atractivo que ejerce usted
+sobre esa criatura, tan indiferente con los demás, sea voz de la sangre.
+
+--Si es voz de la sangre, es voz que maldice--respondió el Tenorio
+saludando respetuosamente y saliendo abrumado por el dolor.
+
+
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75814 ***
diff --git a/75814-h/75814-h.htm b/75814-h/75814-h.htm
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+ <title>
+ En tranvía | Project Gutenberg
+ </title>
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+
+/* Transcriber's notes */
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+<div style='text-align:center'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75814 ***</div>
+
+
+<figure class="figcenter illowe45" id="cover">
+ <img class="w100" src="images/cover.jpg" alt="cubierta" title="ilocubierta">
+</figure>
+
+<div class="chapter">
+<div class="tnote">
+ <p class="center big2">NOTAS DEL TRANSCRIPTOR</p>
+
+<p>En la versión de texto sin formatear el texto en <em>cursiva</em> está
+encerrado entre guiones bajos (_cursiva_) y el texto en <span class="smcap">Versalitas</span> se
+representa en mayúsculas como en VERSALITAS.</p>
+
+<p>La ortografía del texto que compone la serie de cuentos que se
+incluyen no sigue las reglas actuales de la lengua española, sino las
+que estaban vigentes cuando la edición usada para la transcripción de
+esta obra fue publicada. El lector interesado puede consultar el mapa
+de Diccionarios Académicos de la Real Academia Española.</p>
+
+<p>En la presente transcripción se adecuó la ortografía de las mayúsculas
+acentuadas a las reglas indicadas por la RAE, que establecen que el
+acento ortográfico debe utilizarse, incluso si la vocal acentuada está
+en mayúsculas.</p>
+
+<p>Se han corregido errores evidentes de puntuación y otros errores
+tipográficos y de ortografía.</p>
+
+<p>El Índice con los títulos de las historias fue reubicado al principio
+de la obra.</p>
+
+<p>La portada de este libro electrónico fue modificada por el transcriptor
+y ha sido incluida en el dominio público.</p>
+</div>
+
+
+<hr class="tb x-ebookmaker-drop">
+</div>
+
+<div class="chapter">
+<p class="half-title"><small>OBRAS COMPLETAS</small><br>
+<small>DE</small><br>
+EMILIA PARDO-BAZÁN<br>
+<br>
+<small>CONDESA DE PARDO-BAZÁN</small><br>
+<br>
+EN TRANVÍA<br>
+<small>(CUENTOS DRAMÁTICOS)</small></p>
+</div>
+
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p class="center p2 big3">
+<span class="smcap big1">EMILIA PARDO-BAZÁN</span><br>
+<br>
+<small>CONDESA DE PARDO-BAZÁN</small><br>
+<br>
+OBRAS COMPLETAS.—TOMO XXIII</p>
+
+<h1>EN TRANVÍA<br>
+<small>(CUENTOS DRAMÁTICOS)</small></h1>
+<br>
+<figure class="figcenter illowe4" id="ilotp">
+ <img class="w100" src="images/ilotp.jpg" alt="ilotp" title="tpilo">
+</figure><br>
+<br>
+<p class="center p2">RENACIMIENTO<br>
+SOCIEDAD ANÓNIMA EDITORIAL<br>
+Calle de Pontejos, 8, 1.º<br>
+MADRID</p>
+</div>
+
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p class="center p2 p6b">
+Es propiedad.<br>
+<br>
+Queda hecho el depósito que<br>
+marca la ley.<br>
+<br>
+<br>
+Imprenta de Prudencio Pérez de Velasco, Campomanes, 4.</p>
+</div>
+
+
+<div class="chapter">
+<p class="center p4 big2">ÍNDICE</p>
+
+<table class="autotable">
+<tr>
+<td class="tdl"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;</td>
+<td class="tdr">Pág.</td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">En tranvía</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_5">5</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Adriana</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_15">15</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Vitorio</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_23">23</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Las desnudadas</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_31">31</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Semilla heroica</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_39">39</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Justiciero</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_45">45</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Elección</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_53">53</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">La chucha</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_61">61</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">El vino del mar</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_73">73</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Fuego á bordo</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_79">79</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">La paz</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_103">103</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Suerte macabra</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_111">111</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">El guardapelo</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_119">119</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">La ventana cerrada</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_125">125</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Infidelidad</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_133">133</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">De vieja raza</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_139">139</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Benito de Palermo</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_145">145</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Ley natural</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_153">153</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">El comadrón</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_159">159</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">El voto de Rosiña</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_167">167</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Vivo retrato</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_173">173</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">El décimo</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_179">179</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">La puñalada</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_183">183</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">En el Santo</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_191">191</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Santos Bueno</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_197">197</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Sustitución</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_201">201</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">La compaña</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_209">209</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">La dentadura</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_215">215</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Inspiración</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_221">221</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Oscuramente</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_227">227</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">El ahogado</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_233">233</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">El molino</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_239">239</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Aventura</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_249">249</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">El oficio de difuntos</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_257">257</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Juan Trigo</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_265">265</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">El camafeo</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_273">273</a> </td>
+</tr>
+
+<tr>
+<td class="tdl">Voz de la sangre</td>
+<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_279">279</a> </td>
+</tr>
+</table>
+</div>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_5">[Pg 5]</span></p>
+<h2 class="nobreak" id="EN_TRANVIA">EN TRANVÍA</h2>
+</div>
+
+
+<p>Los últimos fríos del invierno ceden el paso
+á la estación primaveral, y algo de flúido
+germinador flota en la atmósfera y sube al purísimo
+azul del firmamento. La gente, volviendo
+de misa ó del matinal correteo por las calles,
+asalta en la Puerta del Sol el tranvía del barrio
+de Salamanca. Llevan las señoras sencillos trajes
+de mañana; la blonda de la mantilla envuelve
+en su penumbra el brillo de las pupilas negras;
+arrollado á la muñeca, el rosario; en la
+mano enguantada, ocultando el puño del <em>encas</em>,
+un haz de lilas ó un cucurucho de dulces, pendiente
+por una cintita del dedo meñique. Algunas
+van acompañadas de sus niños; ¡y qué
+niños tan elegantes, tan bonitos, tan bien tratados!
+Dan ganas de comérselos á besos; entran
+impulsos invencibles de juguetear, enredando
+los dedos en la ondeante y pesada guedeja rubia
+que les cuelga por las espaldas.</p>
+
+<p>En primer término, casi frente á mí, descuella<span class="pagenum" id="Page_6">[Pg 6]</span>
+un <em>bebé</em> de pocos meses. No se ve en él,
+aparte de la carita regordeta y las rosadas manos,
+sino encajes, tiras bordadas de ojetes, lazos
+de cinta, blanco todo, y dos bolas envueltas
+en lana blanca también, bolas impacientes y
+danzarinas, que son los piececillos. Se empina
+sobre ellos, pega brincos de gozo, y cuando un
+caballero cuarentón que va á su lado—probablemente
+el papá—le hace una carantoña ó le
+enciende un fósforo, el mamón se ríe con toda
+su boca de viejo, babosa y desdentada, irradiando
+luz del cielo en sus ojos puros. Más allá,
+una niña como de nueve años se arrellana en
+postura desdeñosa é indolente, cruzando las
+piernas, luciendo la fina canilla cubierta con la
+estirada media de seda negra, y columpiando el
+pie calzado con zapato inglés de charol. La futura
+mujer hermosa tiene ya su dosis de coquetería;
+sabe que la miran y la admiran, y se deja
+mirar y admirar con oculta é íntima complacencia,
+haciendo un mohín equivalente á «Ya
+sé que os gusto; ya sé que me contempláis». Su
+cabellera, apenas ondeada, limpia, igual, frondosa,
+magnífica, la envuelve y la rodea de un
+halo de oro, flotando bajo el sombrero ancho
+de fieltro, nubado por la gran pluma gris.
+Apretado contra el pecho lleva un envoltorio
+de papel de seda, probablemente algún juguete
+fino para el hermano menor, alguna sorpresa
+para la mamá, algún lazo ó moño que la impulsó
+á adquirir su tempranera presunción. Más
+allá de este capullo cerrado va otro que se entreabre
+ya, la hermana tal vez, linda criatura<span class="pagenum" id="Page_7">[Pg 7]</span>
+como de veinte años, tipo afinado de morena
+madrileña, sencillamente vestida, tocada con
+una capotita casi invisible que realza su perfil
+delicado y serio. No lejos de ella, una matrona
+arrogante, recién empolvada de arroz, baja los
+ojos y se reconcentra como para soñar ó recordar.</p>
+
+<p>Con semejante tripulación, el plebeyo tranvía
+reluce orgullosamente al sol, ni más ni menos
+que si fuese landó forrado de rasolís, arrastrado
+por un tronco inglés legítimo. Sus vidrios
+parecen diáfanos; sus botones de metal deslumbran;
+sus mulas trotan briosas y gallardas; el
+conductor arrea con voz animosa, y el cobrador
+pide los billetes atento y solícito, ofreciendo
+en ademán cortés el pedacillo de papel blanco
+ó rosa. En vez del olor chotuno que suelen
+exhalar los cargamentos de obreros allá en las
+líneas del Pacífico y del Hipódromo, vagan por
+la atmósfera del tranvía emanaciones de flores,
+vaho de cuerpos limpios y brisas del iris de la
+ropa blanca. Si al hacerse el pago cae al suelo
+una moneda, al buscarla se entreven piececitos
+chicos, tacones Luis XV, encajes de enaguas y
+tobillos menudos. Á medida que el coche avanza
+por la calle de Alcalá arriba, el sol irradia
+más é infunde mayor alborozo el bullicio dominguero,
+el gentío que hierve en las aceras, el
+rápido cruzar de los coches, la claridad del día
+y la templanza del aire. ¡Ah, qué alegre el domingo
+madrileño, qué aristocrático el tranvía
+á aquella hora en que por todas las casas del
+barrio se oye el choque de platos, nuncio del<span class="pagenum" id="Page_8">[Pg 8]</span>
+almuerzo, y los fruteros de cristal del comedor
+sólo aguardan la escogida fruta ó el apetitoso
+dulce que la dueña en persona eligió en casa de
+Martinho ó de Prast!</p>
+
+<p>Una sola mancha noté en la composición del
+tranvía. Es cierto que era negrísima y feísima,
+aunque acaso lo pareciese más en virtud del
+contraste. Una mujer del pueblo se acurrucaba
+en una esquina, agasajando entre sus brazos á
+una criatura. No cabía precisar la edad de la
+mujer; lo mismo podía frisar en los treinta y
+tantos que en los cincuenta y pico. Flaca como
+una espina, su mantón parduzco, tan traído
+como llevado, marcaba la exigüidad de sus
+miembros: diríase que iba colgado en una percha.
+El mantón de la mujer del pueblo de Madrid
+tiene fisonomía, es elocuente y delator; si
+no hay prenda que mejor realce las airosas formas,
+que mejor acentúe el provocativo meneo
+de cadera de la arrebatada chula, tampoco la
+hay que más revele la sórdida miseria, el cansado
+desaliento de una vida aperreada y angustiosa,
+el encogimiento del hambre, el supremo
+indiferentismo del dolor, la absoluta carencia
+de pretensiones de la mujer á quien marchitó
+la adversidad, y que ha renunciado por completo,
+no sólo á la esperanza de agradar, sino al
+prestigio del sexo.</p>
+
+<p>Sospeché que aquella mujer del mantón ceniza,
+pobre de solemnidad sin duda alguna, padecía
+amarguras más crueles aún que la miseria.
+La miseria á secas la acepta con feliz resignación
+el pueblo español, hasta poco hace ajeno á<span class="pagenum" id="Page_9">[Pg 9]</span>
+reivindicaciones socialistas. Pobreza es el sino
+del pobre, y á nada conduce protestar. Lo que vi
+escrito sobre aquella faz, más que pálida, lívida;
+en aquella boca sumida por los cantos, donde
+la risa parecía no haber jugado nunca; en
+aquellos ojos de párpados encarnizados y sanguinolentos,
+abrasados ya y sin llanto refrigerante,
+era cosa más terrible, más excepcional
+que la miseria: era la desesperación.</p>
+
+<p>El niño dormía. Comparado con el pelaje de
+la mujer, el de la criatura era flamante y decoroso.
+Sus medias de lana no tenían desgarrones;
+sus zapatos bastos, pero fuertes, se hallaban
+en buen estado de conservación; su chaqueta
+gorda sin duda le preservaba bien del
+frío, y lo que se veía de su cara, un cachetito
+sofocado por el sueño, parecía limpio y lucio.
+Una boina colorada le cubría la pelona. Dormía
+tranquilamente; ni se le sentía la respiración.
+La mujer, de tiempo en tiempo, y como por
+instinto, apretaba contra sí al chico, palpándole
+suavemente con su mano descarnada, denegrida
+y temblorosa.</p>
+
+<p>El cobrador se acercó librillo en mano, revolviendo
+en la cartera la calderilla. La mujer
+se estremeció como si despertase de un sueño, y
+registrando en su bolsillo, sacó, después de exploraciones
+muy largas, una moneda de cobre.</p>
+
+<p>—¿Adónde?</p>
+
+<p>—Al final.</p>
+
+<p>—Son quince céntimos desde la Puerta del
+Sol, señora—advirtió el cobrador, entre regañón
+y compadecido—y aquí me da usted diez.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_10">[Pg 10]</span></p>
+
+<p>—¡Diez!...—repitió vagamente la mujer,
+como si pensase en otra cosa.—Diez...</p>
+
+<p>—Diez, sí; un perro grande... ¿No lo está usted
+viendo?</p>
+
+<p>—Pues no tengo más—replicó la mujer con
+dulzura é indiferencia.</p>
+
+<p>—Pues quince hay que pagar—advirtió el
+cobrador con alguna severidad, sin resolverse á
+gruñir demasiado, porque la compasión se lo
+vedaba.</p>
+
+<p>Á todo esto, la gente del tranvía comenzaba
+á enterarse del episodio, y una señora buscaba
+ya su portamonedas para enjugar aquel insignificante
+déficit.</p>
+
+<p>—No tengo más—repetía la mujer porfiadamente,
+sin irritarse ni afligirse. Aun antes de
+que la señora alargase el perro chico, el cobrador
+volvió la espalda encogiéndose de hombros,
+como quien dice: «De estos casos se ven algunos».
+De repente, cuando menos se lo esperaba
+nadie, la mujer, sin soltar á su hijo, y echando
+llamas por los ojos, se incorporó, y con acento
+furioso exclamó dirigiéndose á los circunstantes:</p>
+
+<p>—¡Mi marido se me ha ido con otra!</p>
+
+<p>Éste frunció el ceño, aquél reprimió la risa;
+al pronto creímos que se había vuelto loca la
+infeliz, para gritar tan desaforadamente y decir
+semejante incongruencia; pero ella ni siquiera
+advirtió el movimiento de extrañeza del auditorio.</p>
+
+<p>—Se me ha ido con otra—repitió entre el silencio
+y la curiosidad general.—Una ladronaza<span class="pagenum" id="Page_11">[Pg 11]</span>
+pintá y rebocá como una paré. Con ella se ha
+ido. Y á ella la da cuanto gana, y á mí me hartó
+de palos. En la cabeza me dió un palo. La
+tengo rota. Lo peor, que se ha ido. No sé dónde
+está. ¡Ya van dos meses que no sé!</p>
+
+<p>Dicho esto, cayó en su rincón desplomada,
+ajustándose maquinalmente el pañuelo de algodón
+que llevaba atado bajo la barbilla. Temblaba
+como si un huracán interior la sacudiese,
+y de sus sanguinolentos ojos caían por las
+demacradas mejillas dos ardientes y chicas lágrimas.
+Su lengua articulaba por lo bajo palabras
+confusas, el resto de la queja, los detalles
+crueles del drama doméstico. Oí al señor cuarentón,
+que encendía fósforos para entretener
+al mamoncillo, murmurar al oído de la dama
+que iba á su lado.</p>
+
+<p>—La desdichada ésa... Comprendo al marido.
+Parece un trapo viejo. ¡Con esa jeta y ese
+ojo de perdiz que tiene!</p>
+
+<p>La dama tiró suavemente de la manga al cobrador,
+y le entregó algo. El cobrador se acercó
+á la mujer y la puso en las manos la dádiva.</p>
+
+<p>—Tome usted... Aquella señora la regala
+una peseta.</p>
+
+<p>El contagio obró instantáneamente. La tripulación
+entera del tranvía se sintió acometida del
+ansia de dar. Salieron á relucir portamonedas,
+carteras y saquitos. La colecta fué tan repentina
+como relativamente abundante.</p>
+
+<p>Fuese porque el acento desesperado de la mujer
+había ablandado y estremecido todos los corazones,
+fuese porque es más difícil abrir la<span class="pagenum" id="Page_12">[Pg 12]</span>
+voluntad á soltar la primer peseta que á tirar
+el último duro, todo el mundo quiso correrse,
+y hasta la desdeñosa chiquilla de la gran melena
+rubia, comprendiendo tal vez, en medio de
+su inocencia, que allí había un gran dolor que
+consolar, hizo un gesto monísimo, lleno de seriedad
+y de elegancia, y dijo á la hermanita
+mayor: «María, algo para la pobre». Lo raro
+fué que la mujer ni manifestó contento ni gratitud
+por aquel maná que le caía encima. Su
+pena se contaba, sin duda, en el número de las
+que no alivia el rocío de plata. Guardó, sí, el
+dinero que el cobrador la puso en las manos, y
+con un movimiento de cabeza indicó que se enteraba
+de la limosna: nada más. No era desdén,
+no era soberbia, no era incapacidad moral de
+reconocer el beneficio: era absorción en un dolor
+más grande, en una idea fija que la mujer
+seguía al través del espacio, con mirada visionaria
+y el cuerpo en epiléptica trepidación.</p>
+
+<p>Así y todo, su actitud hizo que se calmase
+inmediatamente la emoción compasiva. El que
+da limosna es casi siempre un egoistón de marca
+que se perece por el golpe de varilla transformador
+de lágrimas en regocijo. La desesperación
+absoluta le desorienta, y hasta llega á
+mortificarle en su amor propio, á título de declaración
+de independencia que se permite el
+desgraciado. Diríase que aquellas gentes del
+tranvía se avergonzaban unas miajas de su piadoso
+arranque al advertir que después de una
+lluvia de pesetas y dobles pesetas, entre las cuales
+relucía un duro nuevecito, del nene, la mujer<span class="pagenum" id="Page_13">[Pg 13]</span>
+no se reanimaba poco ni mucho, ni les hacía
+pizca de caso, Claro está que este pensamiento
+no es de los que se comunican en voz
+alta, y por lo tanto, nadie se lo dijo á nadie; todos
+se lo guardaron para sí y fingieron indiferencia,
+aparentando una distración de buen género
+y hablando de cosas que ninguna relación
+tenían con lo ocurrido—. «No te arrimes, que
+me estropeas las lilas»—. «¡Qué gran día
+hace!»—. «¡Ay! la una ya: cómo estará tío Julio
+con sus prisas para el almuerzo...»—Charlando
+así, encubrían el hallarse avergonzados,
+no de la buena acción, sino del error ó chasco
+sentimental que se la había sugerido.</p>
+
+<p>Poco á poco fué descargándose el tranvía. En
+la bocacalle de Goya soltó ya mucha gente. Salían
+con rapidez, como quien suelta un peso y
+termina una situación embarazosa, y evitando
+mirar á la mujer inmóvil en su rincón, siempre
+trémula, que dejaba marchar á sus momentáneos
+bienhechores, sin decirles siquiera: «Dios
+se lo pague». ¿Notaría que el coche iba quedándose
+desierto? No pude menos de llamarle la
+atención:</p>
+
+<p>—¿Adónde va usted? Mire que nos acercamos
+al término del trayecto. No se distraiga y
+vaya á pasar de su casa.</p>
+
+<p>Tampoco me contestó; pero con una cabezada
+fatigosa, me dijo claramente: «¡Quiá! Si voy
+mucho más lejos... Sabe Dios, desde el cocherón,
+lo que andaré á pie todavía».</p>
+
+<p>El diablo (que también se mezcla á veces en
+estos asuntos compasivos) me tentó á probar si<span class="pagenum" id="Page_14">[Pg 14]</span>
+las palabras aventajarían á las monedas en calmar
+algún tanto la ulceración de aquel alma en
+carne viva.</p>
+
+<p>—Tenga ánimo, mujer—le dije enérgicamente—.Si
+su marido es un mal hombre, usted
+por eso no se abata. Lleva usted un niño en
+brazos... para él debe usted trabajar y vivir.
+Por esa criaturita debe usted intentar lo que no
+intentaría por sí misma. Mañana el chico aprenderá
+un oficio y la servirá á usted de amparo.
+Las madres no tienen derecho á entregarse á la
+desesperación mientras sus hijos viven.</p>
+
+<p>De esta vez la mujer salió de su estupor; volvióse
+y clavó en mí sus ojos irritados y secos,
+de horrible párpado ensangrentado y colgante.
+Su mirada fija removía el alma. El niño, entretanto,
+se había despertado y estirado los bracitos,
+bostezando perezosamente. Y la mujer, agarrando
+á la criatura, la levantó en vilo y me la
+presentó. La luz del sol alumbraba de lleno su
+cara y sus pupilas, abiertas de par en par.
+Abiertas, pero blancas, cuajadas, inmóviles. El
+hijo de la abandonada era ciego.</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_15">[Pg 15]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >ADRIANA</h2>
+</div>
+
+
+<p>Dejé caer el periódico, exclamando con
+sorpresa dolorosa:</p>
+
+<p>—¡Pero esa pobre Adriana! Morirse así, del
+corazón, casi de repente... ¡Nadie estaba enterado
+que padeciese tal enfermedad!</p>
+
+<p>—Yo sí lo sabía—declaró el vizconde de Tresmes—,
+y aun sabía más: sabía cuándo y cómo
+adquirió el padecimiento, y es cosa curiosa.</p>
+
+<p>—Entérenos usted—suplicamos todos—. Y
+el vizconde, que rabiaba siempre por enterar,
+nos contó la historia siguiente:</p>
+
+<p>Adriana Carvajal, casada con Pedro Gomara,
+vivía dichosísima. Los esposos reunían
+cuanto se requiere para disfrutar la felicidad
+posible en el mundo: juventud y amor, salud y
+dinero, que son la salsa ó condimento de los
+dos primeros platos, sin él desabridos, amargos
+á veces. Faltábales, sin embargo, un heredero,
+un niño en quien mirarse; pero la suerte no había
+de mostrarse avara en esto, y les envió, por
+fin, el rapaz más lindo que pudo soñar la fantasía
+de una madre, apasionada y loca ya desde<span class="pagenum" id="Page_16">[Pg 16]</span>
+antes de la maternidad, como era Adriana. Al
+nacer el chico (á quien pusieron por nombre
+Ventura, en señal de la que les prometía su nacimiento)
+Adriana estuvo en grave peligro, y el
+doctor declaró que no volvería á tener sucesión.
+El delirio con que marido y mujer amaban á su
+Venturita, fué causa de que oyesen complacidos
+el vaticinio del doctor. ¡Un solo hijo, y todo
+para él! ¡Adriana libre ya por siempre de riesgos
+y trabajos! Tanto mejor... y á vivir y á
+cuidar del retoño.</p>
+
+<p>Este se crió hermoso y lozano como una rosa.
+Yo, que no soy nada aficionado á chicos—advirtió
+sonriendo el vizconde de Tresmes—, confieso
+que aquél me hacía muchísima gracia.
+Aparte de su lindeza—parecía uno de los angelitos
+que pintaba Murillo, morenos y de pelo
+obscuro—, tenía un no sé qué simpático, una
+mezcla de inocencia y de picardía, una risa tan
+fresca, unas acciones tan imprevistas y tan originales,
+una precocidad—pero no de esas precocidades
+empalagosas de chiquillo sabio y serio,
+que me revientan, sino la precocidad de un
+diablillo con un ingenio celestial—, que, vamos,
+no había más remedio que llevarle juguetes
+y dulces, por el gusto de sentarle un rato
+sobre las rodillas.</p>
+
+<p>De la chifladura de sus padres sería inútil hablar,
+porque ustedes la adivinan. Estaban chochitos;
+no conocían otro Dios que el tal muñeco.
+Adriana no se había apartado un instante
+de su cuna, vigilando á la nodriza, arrebatándola
+el pequeño así que acababa de mamar, vistiéndole,<span class="pagenum" id="Page_17">[Pg 17]</span>
+desnudándole, bañándole y guardándole
+el sueño... Y así que empezó á interesarse
+por el mundo exterior, á tender las manitas y á
+pedir <em>tochas</em>, les faltó tiempo para darle cuanto
+deseaba y mil objetos más, que ni se le ocurrían
+ni podían ocurrírsele. La hermosa casa
+antigua con jardín que habitaban los Gomara se
+llenó de cachivaches. ¡Y bichos! El arca de Noé.
+Los caballos de cartón andaban mezclados con
+los pájaros vivos; sobre un ferrocarril mecánico
+veríais un pulcro galguito de carne y hueso; el
+coche tirado por carneros era abandonado por
+una gran caja dé soldados autómatas, que hacían
+el ejercicio... Crea usted que derrochaban
+dinero en semejantes chucherías, y yo le dije
+alguna vez á Adriana, porque tenía confianza
+con ella:</p>
+
+<p>—Hija, estáis malcriando á este pequeñín...</p>
+
+<p>—Déjale que se divierta ahora—me contestaba—; demasiado
+rabiará algún día... Ojalá
+pueda ofrecerle siempre lo que le haga dichoso.</p>
+
+<p>El repertorio de los juguetes y sorpresas se
+agota pronto, y no sabía ya Adriana qué nueva
+emoción dar á Ventura, cuando el cocinero de
+la casa, que había andado embarcado diez años
+y conservaba amigotes en todas las regiones del
+planeta, se descolgó un día regalando al chico
+un mono. Soy poco inteligente en Historia Natural,
+y no me pidan ustedes que clasifique la
+alimaña; sólo les diré que ni era de esos monazos
+indecorosos y feroces que nadie se atreve á
+tener en las casas, como el orangután, ni tampoco
+de esos titíes engurruminados y frioleros<span class="pagenum" id="Page_18">[Pg 18]</span>
+que se pasan la vida tiritando entre algodón en
+rama. Más bien era grande que pequeño; tenía
+el pelaje gris verdoso, y el hocico de un rojo
+mate, como el del hierro oxidado; se veía que
+estaba en la juventud y rebosando fuerza, y
+aunque goloso y travieso como toda la gente de
+su casta, no era maligno. Inteligente é imitador
+en grado sumo, no podía hacerse delante de él
+cosa que no parodiase, y su agilidad y presteza
+nos divertían muchísimo; era cosa de risa verle
+fingir que fregaba platos ó que rallaba pan en
+la cocina, y saltar sobre el lomo de los caballos
+para ayudar al lacayo en sus faenas de limpieza.</p>
+
+<p>Á pesar de la índole relativamente benigna
+del mono, su inquietud y su vivacidad obligaban
+á tenerle preso en una caseta con fuerte cadenilla,
+porque ya dos veces se había escapado
+á corretear por árboles y chimeneas; cuando se
+le soltaba había que vigilarle, y á Venturita,
+que acababa de cumplir los tres años y que idolatraba
+en el mono, era preciso guardarle también
+para que no desatase la cadenilla, pues lo
+hacía con habilidad singular.</p>
+
+<p>Una tarde que había yo almorzado en casa de
+Gomara y estábamos tomando café en un cenador
+del jardín—me acuerdo como si fuese ahora
+mismo, porque hay cosas que impresionan
+aunque uno no quiera—vimos cruzar como un
+rayo al mono; tan como un rayo, que más bien
+le adivinamos que le vimos. «Adiós, ya se ha
+escapado ese maldito de cocer», dijo Pedro
+Gomara levantándose; y Adriana, con sobresalto<span class="pagenum" id="Page_19">[Pg 19]</span>
+instintivo, lo primero que exclamó fué:
+«¿Dónde estará Ventura?». «Ése le habrá soltado,
+de fijo», respondió Pedro, que frunció el entrecejo
+ligeramente. En el mismo instante resonó
+un agudo chillido de mujer: un chillido
+que revelaba tal espanto, que nos heló la sangre;
+y voces de hombres, las voces de los criados
+que nos servían y que corrían hacia el cenador
+clamando con angustia: «señorito, señorito»,
+nos obligaron á precipitarnos fuera.
+Adriana nos siguió sin decir palabra: un grupo
+formado por los sirvientes y la desesperada niñera
+nos rodeó, señalando hacia el tejado de la
+casa; y allí, al borde de la última hilera de tejas,
+sentado en el conducto de zinc que recogía
+las aguas de lluvia, estaba el mono con el niño
+en brazos.</p>
+
+<p>El padre, con ademanes de loco, iba á precipitarse
+al zaguán para subir á las buhardillas y
+salir al tejado; yo pedía ya una escalera para
+intentar el desatino de subir por ella á la formidable
+altura de tres pisos, cuando Adriana,
+muy pálida—¡qué palidez la suya, Dios!—y
+con los ojos fuera de las órbitas, nos contuvo,
+murmurando en voz sorda y cavernosa, una voz
+que sonaba como si pasase al través de trapos
+húmedos:</p>
+
+<p>—Por la Virgen... quietos... todos quietos...
+no se mueva nadie... Y silencio... no chillar...
+no chillar... hagan como yo... Quietos... si le
+asustamos le tira...</p>
+
+<p>Sentimos instantáneamente que tenía razón
+la madre, y quedamos lo mismo que estatuas.<span class="pagenum" id="Page_20">[Pg 20]</span>
+Era el mayor absurdo que intentásemos luchar
+en agilidad y en vigor, sobre un tejado, con un
+mono. Antes que nos acercásemos estaría al
+otro extremo del tejado, y el niño estrellado en
+el pavimento.</p>
+
+<p>Era preciso jugar aquella horrible partida:
+aguardar á que el mono, por su libre voluntad,
+se bajase con el niño. Yo miraba á Adriana; su
+palidez, por instantes, se convertía en un color
+azulado, pero no pestañeaba. El mono nos hacía
+gestos y muecas estrafalarias, apretando y
+zarandeando á su presa, y de improviso se oyó
+distintamente el llanto de la criatura, llanto
+amarguísimo, de terror; sin duda acababa de
+sentir que estaba en peligro, aunque no lo pudiese
+comprender claramente. La madre tembló
+con todo su cuerpo, y el padre, inclinándose
+hacia mí, sollozó estas palabras:</p>
+
+<p>—Tresmes, usted, que es buen tirador... Una
+bala en la cabeza... Voy por la carabina.</p>
+
+<p>Idea insensata, delirante, porque aun siendo
+yo un Guillermo Tell, al matar al mono hacíamos
+caer al niño; pero no tuve tiempo de negarme;
+intervino Adriana con un <em>no</em> tan enérgico,
+que su marido se mordió los puños... Y
+la madre, terriblemente serena, añadió en seguida:</p>
+
+<p>—Si le miramos, nunca bajará... Hay que
+retirarse... Hay que esconderse; que no nos
+vea.</p>
+
+<p>Nos recogimos al cenador, desgarramos la
+pared de enredaderas, y desde allí, como se pudo,
+espiamos al enemigo. ¿Les estremece á ustedes<span class="pagenum" id="Page_21">[Pg 21]</span>
+la situación? ¡Pues estremézcanse más!
+Duró veinte minutos. Sí; los conté por mi reloj.
+En esos veinte minutos el mono depositó al niño
+en el tejado, le acarició como había visto hacer
+á la niñera, le obligó á pasear cogido de la
+mano, le aupó sobre la chimenea y le llevó á
+cuestas, á caballito—un sainete, que en otra
+ocasión nos haría desternillarnos.—Durante
+esos veinte minutos, Pedro anhelaba; á Adriana
+no se la oía ni respirar. Por fin el mono miró
+hacia abajo, hizo varios visajes, y cogiendo á
+Ventura, se descolgó rápidamente con su carga
+lo mismo que un funámbulo sin cuerda, al jardín...
+Entonces salimos con explosión todos—todos,
+menos la madre, que había caído redonda—y
+el animal, asustado, soltó al chico ileso
+y se refugió en su caseta...</p>
+
+<p>Aquella tarde Adriana sufrió dos sangrías,
+que no sacaron más que gotas negras—y desde
+entonces padeció del corazón—. Parecía que se
+había repuesto mucho en estos últimos años,
+pero ¡bah! la herida era mortal, y ella no lo
+ignoraba...</p>
+
+<p>—¿Y qué fué del mono?—preguntamos como
+chiquillos.</p>
+
+<p>—Tuve yo que pegarle el tiro... ¡Si viesen
+ustedes que me daba lástima!—repuso el vizconde.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_22">[Pg 22]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_23">[Pg 23]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >VITORIO</h2>
+</div>
+
+
+<p>Sí, señores míos—dijo el viejo marqués, sorbiendo
+fina pulgarada de <em>cucarachero</em>, golpeando
+con las yemas de los dedos la cajita de
+concha, lo mismo que si la acariciase—. Yo
+fuí, no sólo amigo, sino defensor y encubridor
+de un capitán de gavilla. ¿No lo creen ustedes?
+¡Histórico, histórico! Á mi ladrón le ahorcaron
+en Lugo, y consta en autos.</p>
+
+<p>Lo que se ignoró siempre (los jueces, en ese
+punto, no consiguieron hacer ni tanto así de
+luz) es el verdadero nombre que llevaba el ladrón,
+allá en sus mocedades, antes de dedicarse
+á tan infamante oficio, cuando se educaba conmigo
+en el Colegio de Nobles de Monforte. Desde
+que se metió á capitán de forajidos, le conocieron
+por <em>Vitorio</em>: así le llamaremos: ¡líbreme
+Dios de echar baldón sobre una familia antigua
+é ilustre, y deshacer lo que el pobrecillo
+llevó á cabo con el valor que ustedes verán, si
+me atienden!</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_24">[Pg 24]</span></p>
+
+<p>Les aseguro que en el Colegio de Nobles no
+tuve compañero que me pareciese más simpático.
+De carácter vivo y vehemente, de inteligencia
+clara y feliz memoria, estudiaba con
+suma facilidad; los maestros estaban encantados
+de él. Al mismo tiempo, travesura que en
+el colegio se ejecutase, era sabido: ¿quién la discurrió?
+Vitorio. No sé qué maña se daba, que
+siempre era cabeza de motín, y todos nos poníamos
+á sus órdenes, reconociendo su iniciativa
+y su autoridad. Era en sus resoluciones tenacísimo
+y violento, pero pundonoroso hasta
+dejárselo de sobra, y, si alguien me dice entonces
+que Vitorio pararía en ladrón, creo que al
+tal le deshago yo la cara á bofetones.</p>
+
+<p>Como siempre fuí enclenque y enfermizo, Vitorio
+me había tomado bajo su protección, y
+más de una vez escarmentó á los colegiales que
+me jugaban pasaditas. Esto, y el ascendiente
+que ejercía por su manera de ser, hicieron que
+yo fuese consagrando á Vitorio apasionada
+adhesión.</p>
+
+<p>Un día recibió Vitorio cartas de su casa, y
+con ellas la amarguísima noticia de que su padre,
+que era viudo, se disponía á contraer segundas
+nupcias. El paroxismo de ira del muchacho,
+que adoraba en el recuerdo de su madre,
+fué tremebundo; espumaba de rabia, se retorcía,
+se quería romper la cabeza contra la pared
+del dormitorio. Le consolé lo mejor que
+supe, y, cuando ya le creía aplacado, he aquí
+que se levanta de noche y me propone que nos
+descolguemos por la ventana, atando las sábanas<span class="pagenum" id="Page_25">[Pg 25]</span>
+unas á otras, y que andando diez leguas,
+lleguemos á tiempo de impedir la boda de su
+padre. La fascinación de Vitorio era tal, que al
+pronto consentí en el absurdo proyecto, y si invencibles
+dificultades materiales no nos lo estorbasen,
+creo que lo realizamos.</p>
+
+<p>Poco tardé en salir del Colegio, y en bastantes
+años nada supe de Vitorio. Estudié Derecho
+en Compostela, me casé, enviudé, y, teniendo
+que arreglar cuestiones de intereses, me establecí
+en mi casa de aldea de los Adrales, situada
+entre Monforte y Lugo, en país montuoso.</p>
+
+<p>Hablábase mucho, en las veladas junto al
+fuego, de la gavilla que recorría aquellas inmediaciones,
+y de la original conducta de su
+jefe. Contábase que tenía prohibido matar y
+atormentar, á menos que le hiciesen resistencia;
+que jamás despojaba por completo una casa,
+sino que siempre cuidaba de dejar algún dinero
+á los robados, para que no careciesen de todo
+en los primeros instantes; que algunas veces sus
+robos llenaban el fin de reparar antojos de
+la suerte, pues daba al pobre lo del rico, al segundón
+lo del mayorazgo, al seminarista lo del
+racionero y al arrendatario lo del señor. Añadían
+que era galante con las damas, y que éstas,
+aunque robadas, no le querían mal, ni mucho
+menos. En resumen, la clásica silueta del
+<em>bandido generoso</em>; y si de Vitorio no hubiese más
+que decir, se podía ahorrar el relato ó sustituirlo
+por historias muy análogas, verbigracia, la
+de José María.</p>
+
+<p>Aun cuando yo, por precisión, guardaba en<span class="pagenum" id="Page_26">[Pg 26]</span>
+casa dinero (entonces no era tan fácil como hoy
+ponerlo á buen recaudo), y aunque no alardeo
+de valiente, ello es que las noticias referentes á
+la gavilla me alarmaron poco, y seguí cenando
+siempre con las ventanas abiertas—era muy calurosa
+la estación—y quedándome entretenido
+en leer hasta que me entraba sueño, sin pensar
+en cerrarlas. Una noche, estando bien descuidado,
+cátate, que, lo mismo que una bala, cae
+á mis pies un hombre, pálido, demacrado, con
+la ropa hecha trizas, y sin que yo tuviera tiempo
+á nada, exclama, cogiéndome de un hombro,
+en tono lastimero: «¡Sálvame, Jerónimo! Soy
+Fulano... tu compañero, tu antiguo amigo. Me
+persiguen. Mi vida está en tus manos».</p>
+
+<p>Le hice seña de que no temiese; corrí á atrancar
+la ventana con barra doble; cerré también
+las puertas, y tendí los brazos á Vitorio, porque
+ya le había reconocido. Aunque desfigurado y
+muy variado por la edad, reconstruí aquella
+cabeza hermosa, morena, de facciones tan delicadas
+y de tan viril expresión. No sin gran sorpresa
+mía, Vitorio se resistió á abrazarme, y
+murmuró fatigosamente: «Dame algo...; hace
+tres días que no pruebo alimento». Le serví de
+la cena que aún estaba allí sin recoger, y así
+que reparó sus fuerzas, me dijo: «No me abraces,
+Jerónimo. Soy el capitán de gavilla de
+quien tanto habrás oído, y por milagro no estoy
+en poder de los que quieren ahorcarme. Si me
+conservas algún cariño, ocúltame y déjame dormir;
+si no, échame, pero no digas á nadie cómo
+y dónde me conociste...».</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_27">[Pg 27]</span></p>
+
+<p>Existía en los Adrales un precioso escondrijo
+antiguo, una especie de desván practicado
+bajo otro desván, oculto por un segundo tabique,
+y con salida á una escalerilla recatada en
+el hueco de la pared, y que moría al pie del bosque.
+Allí metí á Vitorio, y aunque la fuerza que
+le perseguía rodeó mi casa, y aunque se la dejé
+registrar sin oponer reparo, no encontraron al
+fugitivo, ni era posible, á no estar en el secreto,
+que sólo sabíamos el mayordomo y yo. Conjurado
+el peligro, no quise que se alejase Vitorio
+hasta que descansó bien, se lavó, se afeitó, se
+vistió con ropa mía y tuvo en el cinto dos ricas
+pistolas inglesas y en la bolsa oro. No le pregunté
+palabra, no le dirigí observaciones ni le
+di consejos, y esta delicadeza fué, sin duda, la
+que le movió á decirme poco antes de marchar:
+«Jerónimo, ¿te acuerdas de la boda de mi padre
+y de aquel disparate que queríamos hacer en el
+colegio? Pues de no hacerlo vino mi perdición.
+Cuando llegué á mi casa, encontré dueña de ella
+á una madrastra que obligaba á mi hermana á
+que la sirviese, y que hasta la pegaba delante
+de mí, ¡delante de mí!,—tú me has conocido...
+Recordarás mi carácter... ¡Asómbrate! Yo, al
+pronto, supe reprimirme, y hablé á mi padre
+como un hombre habla á otro hombre. Le dije
+que quería llevarme á mi hermana, y que sólo
+le pedía algún auxilio en dinero para que ella
+no se muriese de hambre. Me contestó con desprecio,
+con enojo, y me ordenó que respetase á
+mi madrastra. Entonces, fuera de mí, le dije que
+mi madrastra no merecía respeto, y que se lo<span class="pagenum" id="Page_28">[Pg 28]</span>
+demostraría antes de un año. Y así fué, Jerónimo;
+á los pocos meses mi madrastra y yo...
+¿Entiendes? ¡Me lo propuse y lo conseguí... lo
+conseguí! Por <em>aquello</em>, y no por <em>lo de ahora</em>, merezco
+que me cojan y me ahorquen... En fin,
+lo cierto es que mi padre no pudo dudar de su
+afrenta, y me echó de casa maldiciéndome,
+apaleándome y prohibiéndome que usase su
+nombre jamás. El resto ya lo sabes... Adiós;
+voy á reunirme con mi gente, que andará esparcida
+por la montaña».</p>
+
+<p>Desapareció, y supe que la gavilla se había
+retirado de aquellos contornos, metiéndose sierra
+adentro, por sitios casi inaccesibles. Dos
+años después del imprevisto lance, se habló mucho
+de un robo cometido por Vitorio en casa de
+un señor canónigo de Lugo. Consistía la originalidad
+en que el robo lo había realizado Vitorio
+solo, en una ciudad y á las doce del día. Hallábanse
+juntos el buen canónigo y cierto clérigo
+de misa y olla, jugando al tute, por más señas,
+cuando vieron entrar á un caballero apersonado
+y galán, que les saludó muy cortesmente. «Soy
+Vitoro»—dijo—«pero no se asusten ustedes,
+que no traigo ánimo de hacerles ningún mal.
+Entendámonos como se entiende la gente de
+buena educación; vengo por los cinco mil duros
+en onzas de oro que el señor canónigo guarda
+ahí, debajo de esa arquilla; con levantar un ladrillo
+numerado, aparecerá el escondrijo».
+«¡Cinco mil duros!» gritó el canónigo más muerto
+que vivo. «Pero, señor de Vitorio, ¡si jamás
+he poseído esa suma!». Y el clérigo, oficiosamente,<span class="pagenum" id="Page_29">[Pg 29]</span>
+exclamaba: «Ea, señor canónigo, no
+haya más; dé usted al señor de Vitorio esos
+cuartos, siquiera por la gracia, y la amabilidad
+con que los pide». «Déselos usted si los tiene, y
+no disponga de caudales ajenos», replicaba afligido
+el canónigo. Y Vitorio, siempre afable,
+añadía:—«Bien dice el señor canónigo; este
+cura, mientras le aconseja á usted que se desprenda
+de tan gruesa suma, se está escondiendo
+en la pretina una tabaquera de plata, como
+si Vitorio fuese algún ratero que cogiese porquerías
+semejantes. Pero señor canónigo, yo sé
+que los cinco mil duros ahí están; yo me veo en
+un grave apuro (que si no, no molestaría á persona
+tan respetable como usted). Buen ánimo;
+si puedo, he de restituírselos». Y con gallardo
+ademán entreabrió su abrigo, viéndose relucir
+la culata de unas pistolas (quizá las mías). El
+trémulo canónigo y el abochornado clérigo alzaron
+el ladrillo y entregaron á Vitorio los talegones.
+El forajido se inclinó, hizo mil cortesías,
+y los dos hombres, que con un grito hubieran
+podido perderle, se quedaron más de
+diez minutos sin habla, mientras él, tranquilamente,
+bajaba las escaleras.</p>
+
+<p>Sin embargo, el clérigo, que era sañudo y
+rencoroso, la tuvo guardada, como suele decirse.
+Un día de feria, saliendo de la catedral,
+creyó reconocer á Vitorio en un aldeano que
+llevaba á vender una pareja de bueyes, y le siguió
+con cautela. Notó que el aldeano tenía las
+manos blancas y finas, y corrió á delatarle. Hizo
+rodear la taberna donde había observado que<span class="pagenum" id="Page_30">[Pg 30]</span>
+entraba, y así cogieron en la ratonera al célebre
+capitán, á quien ya sin esperanzas de alcanzarle
+perseguían por montes y breñas.</p>
+
+<p>La causa de Vitorio tardó mucho en fallarse.
+Se susurraba que, por ser de muy esclarecida y
+calificada familia, no se atrevían los jueces á
+mandarle ahorcar, y que si revelaba su verdadero
+nombre, se le dejaría evadirse ó le indultaría
+la reina. Yo me encontraba entonces lejos
+de mi país, y las noticias en aquel tiempo
+no volaban como ahora. Por casualidad llegué
+á Lugo el mismo día en que pusieron en capilla
+á Vitorio. Corrí á verle, afectadísimo. Habíanme
+asegurado que la noche anterior una dama
+muy tapada, penetrando en la prisión, habló
+largo tiempo con Vitorio, y sospechando amoríos,
+compromisos, lazos que quedaban en el
+mundo, pregunté á mi antiguo compañero si
+tenía algo que encargarme para alguna mujer.
+«No, respondió sonriendo con calma; no tengo
+á nadie que me llore; la señora que estuvo á
+verme ocultando el rostro es mi hermana, á
+quien he prometido solemnemente dejarme
+ahorcar, sin que me arranquen mi nombre de
+familia. Y éste es el único favor que te pido,
+Jerónimo; ¡que nadie, nadie sepa nunca!... No
+he de deshonrar á mi padre dos veces».</p>
+
+<p>En efecto, Vitorio murió callando; el clérigo
+de la tabaquera de plata acudió á presenciar
+cómo perneaba en la horca; pero el señor canónigo,
+que no podía olvidar los finos modales con
+que le habían quitado sus cinco mil duros, aplicó
+muchas misas por el alma del infeliz.</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_31">[Pg 31]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >LAS DESNUDADAS</h2>
+</div>
+
+
+<p>Una tarde gris, en el campo, mientras las
+primeras hojas que arranca el vendaval
+de otoño caían blandamente á nuestros pies, recuerdo
+que, predispuestos á la melancolía y á
+la meditación por este espectáculo, hablamos
+de la fatalidad, y hubo quien defendió el irresistible
+influjo de las circunstancias y de fuerzas
+externas sobre el alma humana, y nos comparó
+á nosotros, depositarios de un destello de
+la Divinidad, con la piedra que, impelida por
+leyes mecánicas, va derecha al abismo. Pero
+Lucio Sagris, el constante abogado de la espiritualidad
+y del libre albeldrío, protestó, y después
+de lucirse con una disertación brillante,
+anunció que, para demostrar lo absurdo de las
+teorías fatalistas, iba á referirnos una historia
+muy negra, por la cual veríamos que, bajo la
+influencia de un mismo terrible suceso, cada
+espíritu conserva su espontaneidad y escoge,
+mediante su iniciativa propia, el camino—,<span class="pagenum" id="Page_32">[Pg 32]</span>
+bueno ó malo, que en esto precisamente estriba
+la libertad.</p>
+
+<p>Pertenece mi historia—añadió—, á un cruento
+período de nuestras luchas civiles, después de
+la revolución de 1868; y evoca la siniestra
+figura de uno de esos hombres en quienes la
+inevitable crueldad y fiereza del guerrillero se
+exaspera al sentir en derredor la hostilidad y la
+enemiga de un país donde todos le aborrecen:
+hablo del contraguerrillero, tipo digno de estudio,
+que mueve á piedad y á horror. Mientras
+el guerrillero, bien acogido en pueblos y aldeas,
+encontraba raciones para su partida y confidencias
+para huir de la tropa ó sorprenderla descuidada,
+el contraguerrillero, recibido como un
+perro, sólo por el terror conseguía imponerse;
+siempre le acechaban la traición y la delación;
+siempre oía en la sombra el resuello del odio.
+En guerras tales, el país está de parte de los
+guerrilleros; ó, por mejor decir, las guerrillas
+son el país alzado en armas, y el contraguerrillero
+es el Judas contra el cual todo parece lícito,
+y hasta loable.</p>
+
+<p>Ahora, pues, el contraguerrillero de mi historia—supongamos
+que se llamaba el <em>Manco de
+Alzaur</em>—, había conseguido realizar el triste
+ideal de esta clase de héroes; al oir su nombre,
+persignábanse las mujeres y rompían á llorar
+los chicos. Interpelado el Gobierno en pleno
+Parlamento acerca de algunas atrocidades de
+aquel tigre, protestó de que eran falsas, y que,
+si fuesen verdad, recibirían condigno castigo;
+pero, realmente, las instrucciones secretas dadas<span class="pagenum" id="Page_33">[Pg 33]</span>
+al general encargado de pacificar el territorio
+en que funcionaba la contraguerrilla del
+<em>Manco</em>, encerraban la cláusula de dejarle terrorizar
+á su gusto, y cuanto más, mejor. Sin embargo,
+el general, á quien repugnaban y estremecían
+ciertos actos de barbarie, y que además
+tenía hijas y era padre tiernísimo, solía encargar
+mucho al contraguerrillero que, al menos,
+no se oprimiese violentamente á las mujeres; y
+el <em>Manco</em> se comprometió á ello, jurando que si
+alguno de su partida incurría en tal delito, le
+cortaría inmediatamente las dos orejas. Los
+contraguerrilleros, que conocían las malas pulgas
+de su jefe, se guardaban bien de contravenir
+á lo mandado.</p>
+
+<p>Si en alguna ocasión lamentó el <em>Manco</em> haber
+empeñado su formidable palabra al general, fué
+el día en que, evacuado por las fuerzas de Radica
+y Ollo el pueblo de Urdazpi, penetró la
+contraguerrilla en este foco del carlismo. Es de
+saber que el párroco de Urdazpi se encontraba
+desde hacía año y medio al frente de una partidilla,
+tan escasa en número como resuelta y
+hazañosa, y más de diez veces había puesto la
+ceniza en la frente al <em>Manco</em>, yéndole á los alcances,
+batiéndole, cogiéndole prisioneros y
+dispersando á su gente, con harto corrimiento
+y rabia del contraguerrillero. El odio al cura
+de Urdazpi era ya como un frenesí en el <em>Manco</em>,
+y en Urdazpi vivían cinco lindas y honestas
+muchachas, carlistas y devotas, sobrinas del
+párroco faccioso, hijas de su única hermana,
+fusilada por los liberales en la anterior guerra.<span class="pagenum" id="Page_34">[Pg 34]</span>
+Cuando trajeron ante el <em>Manco</em>, amarillas cual
+la muerte y tan sobrecogidas que ni podían llorar,
+á las cinco infelices, se alzó un tumulto en
+el alma feroz del contraguerrillero; la promesa
+al general combatía los ímpetus salvajes de un
+corazón sediento de venganza, la venganza inicua
+de ensañarse en la familia de su enemigo,
+y devolvérsela vilipendiada y manchada, como
+se devuelve un trapo que ha limpiado el suelo
+de la cámara donde se celebra orgía impura.
+Meditó un instante, frunciendo las hirsutas cejas,
+bajo las cuales escandecían dos ojos de
+brasa; de pronto, una sonrisa feroz dilató su
+boca; había encontrado el medio de no faltar á
+su palabra, y al mismo tiempo de mancillar al
+cura en la persona de sus sobrinas. Dió en vascuence
+una orden terminente, y poco después
+las cinco doncellas, enteramente despojadas de
+sus ropas, eran paseadas y empujadas al través
+de las calles del pueblo, entre rechifla, denuestos,
+golpes y groseros equívocos de los inhumanos
+que las rodeaban, ebrios de vino y de
+sangre. El <em>Manco</em> había anunciado que sería
+reo de pena capital cualquiera de sus contraguerrilleros
+que no se limitase á mofarse de la
+desnudez de aquellas desdichadas vírgenes, las
+cuales, estúpidas de vergüenza, intentando velarse
+el rostro con el pelo, echándose por tierra
+para que el fango de las calles las sirviese
+de vestido, pedían con llanto entrecortado y
+desgarrador que las devolviesen su ropa y las
+fusilasen pronto; y al verlas como estatuas de
+dolorido é injuriado mármol, el <em>Manco</em> en persona,<span class="pagenum" id="Page_35">[Pg 35]</span>
+ó satisfecho ó ablandado ya, escupió á los
+desnudos y mórbidos hombros de la más joven,
+y dijo con bestial risa:</p>
+
+<p>—Ahora, ya pueden volverse á su madriguera
+estas carcundas.</p>
+
+<p>Considerar el estado de ánimo de las sobrinas
+del cura después del afrentoso suplicio, es
+como si nos asomásemos á un abismo de desesperación.
+Nótese que eran mujeres de intachable
+conducta, de grave recato, de profunda religiosidad,
+más bien exaltada; que las respetaban
+en el pueblo por honradas y las celebraban por
+hermosas; que á pesar de su fe no tenían vocación
+monástica, y entre los mozos incorporados
+á la partida del cura, más de uno rondaba sus
+ventanas y pensaba en bodas á la conclusión de
+la guerra. Pero después del horrible atropello
+del <em>Manco</em>, para las sobrinas del párroco de Urdazpi
+se había cerrado el horizonte, se habían
+acabado las perspectivas de la vida y del mundo.
+La gente, al hablar de ellas, sólo las llamaba
+<em>las desnudadas</em>, y este apodo infamante era
+como inmensa mancha extendida sobre su piel,
+quemada por tantos impuros ojos. Abrumadas
+bajo la carga de la desventura, permanecían
+recluidas en casa, sin asomarse á la ventana siquiera,
+sin salir ni á la iglesia: ¡la iglesia, que
+es el refugio de todos los dolores! Como si estuviesen
+contaminadas de lepra, como á los lazarados
+que la Edad Media aislaba, les traía
+una amiga, movida á compasión, lo necesario
+para su sustento, y se lo dejaba en el portal,
+en un cesto, diariamente, pues ni aun de ella<span class="pagenum" id="Page_36">[Pg 36]</span>
+consentían ser vistas y habladas. Así vivieron
+un año...</p>
+
+<p>—Pues por ahora—dijimos á Lucio Sagris
+interrumpiéndole—su historia de usted demuestra
+que sometidas á unas mismas circunstancias,
+las cinco sobrinas del cura de Urdazpi
+adoptaron un género de vida absolutamente
+idéntico.</p>
+
+<p>—¡Aguarden, aguarden!—clamó Lucio—.
+No se ha concluido el episodio. Al año, la consabida
+amiga avisó para el entierro de una de
+las sobrinas, la menor: aquélla á cuyos cándidos
+hombros desnudos había escupido el <em>Manco</em>.
+Enferma de tristeza desde el día de su desgracia,
+había ocultado su padecimiento por no ver
+al médico, ó más bien porque el médico no la
+viese; y la primer salida de <em>la desnudada</em> fué
+con los pies para adelante, camino del cementerio.
+Pocos días después dejó la casa otra <em>desnudada</em>,
+la mayor: hizo su viaje de noche, con
+la cara envuelta en tupido velo, y apareció en
+Vitoria, en la casa matriz de las religiosas de
+una orden que tiene por misión asistir á los enfermos
+y amparar á los niños abandonados.</p>
+
+<p>Quedaban solamente en Urdazpi tres de las
+sobrinas del cura; pero de allí á medio año escapáronse
+juntas dos de ellas, y se incorporaron
+á la partida, que por entonces recorría las cercanías
+en triunfo. Una de las muchachas tuvo
+ocasión de pelear como un hombre, con denuedo
+rabioso, contra las tropas liberales, hasta
+que una bala le atravesó el fémur y pereció
+desangrada; en cuanto á la otra...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_37">[Pg 37]</span></p>
+
+<p>—¿Murió también?—preguntamos.</p>
+
+<p>—Peor que si muriese—contestó melancólicamente
+el narrador.—No sé qué será de ella;
+rodará por Bilbao; es lo probable. Ésa no supo
+comprender que por mucho que desnuden el
+cuerpo, el pudor y el decoro sólo se pierden
+cuando se desnuda el alma.</p>
+
+<p>—¿Y la quinta sobrina del cura de Urdazpi?</p>
+
+<p>—¡Ah! Ésa vive hoy al lado de su tío, que se
+acogió á indulto al terminar la guerra civil.
+Humilde y resignada, ya madura, atendiendo á
+sus labores domésticas y á sus devociones, no
+parece recordar que en algún tiempo quiso vivir
+apartada de sus semejantes... Y en el pueblo
+la respetan, ¡vaya si la respetan! Á pesar
+de que no puede olvidarse la espantosa acción
+del <em>Manco</em>, nadie se atrevería á llamarla <em>desnudada</em>
+en alta voz.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_38">[Pg 38]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_39">[Pg 39]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >SEMILLA HEROICA</h2>
+</div>
+
+
+<p>Si la santidad de la causa es la que hace al
+mártir, lo mismo podremos decir del héroe—declaró
+Méndez Relosa, el joven médico
+que desde un rincón de provincia empezaba á
+conquistar fama envidiable.—Sólo es héroe el
+que se inmola á algo grande y noble. Por eso aquel
+pobre arrapiezo, á quien asistí y que tanto me
+conmovió, no merece el nombre de héroe. Á lo
+sumo fué una semilla que, plantada en buena
+tierra, germinaría y produciría heroísmo...</p>
+
+<p>—Con todo—objeté—si respecto al mártir
+las enseñanzas de la Iglesia nos sacan de dudas,
+sobre el héroe cabe discutir. El concepto del
+heroísmo varía en cada época y en cada pueblo.
+Acciones fueron heroicas para los antiguos, que
+hoy llamaríamos estúpidas y bárbaras. Hasta
+que los ingleses lo prohibieron, en la India se
+creía—y se creerá aún, es lo probable—que
+constituye un rasgo sublime, edificante, gratísimo
+al cielo, el que una mujer se achicharre
+viva sobre el cadáver de su marido.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_40">[Pg 40]</span></p>
+
+<p>—No niego—declaró Méndez—que la gente
+llama heroísmo á lo que realiza su ideal, y que
+el ideal de unos puede ser hasta abominable
+para otros. El embrión de héroe cuya sencilla
+historia contaré, estuvo al diapasón de ciertos
+sentimientos arraigados en nuestra raza. Lo
+que le causó esa efervescencia que hace despreciar
+la muerte, fué <em>algo</em> que embriaga siempre
+al pueblo español. Lo único que revela
+que el ideal á que aludo es un ideal inferior,
+por decirlo así, es que para sus héroes, aclamados
+y adorados en vida, no hay posteridad; no
+se les elevan monumentos, no se ensalza su memoria...</p>
+
+<p>—Las plazas de toros—continuó después de
+una breve pausa—han cundido tanto en el período
+de reacción que siguió á la revolución de
+septiembre, que hasta nuestra buena ciudad de
+H*** se permitió el lujo de construir la suya,—á
+la malicia, de madera, pero vistosa.—Cuando
+se anunció que el célebre <em>Moñitos</em>, con su cuadrilla,
+estrenaría la Plaza durante las fiestas de
+nuestra patrona la Virgen del Mar, despertóse en
+H*** más que entusiasmo, delirio. No se habló
+de otra cosa desde un mes antes; y al llegar la
+gente torera, nos dió—no me exceptúo—por jalearla,
+obsequiarla, convidarla y traerla en palmitas
+desde la mañana hasta la noche. Les abrimos
+cuenta en el café, les abrumamos á cigarros
+y les inundamos de jerez y manzanilla.
+Nos cautivaba su trato franco y gravemente
+afable, aunque tosco; nos hacía gracia su ingenuidad
+infantil, su calma moruna, aquel fatalismo<span class="pagenum" id="Page_41">[Pg 41]</span>
+que les permitía arrostrar el peligro impávidos,
+y, en suma, aquel estilo plebeyo, pero
+castizo, de grato sabor nacional. En pocos días
+cobramos afición á unos hombres tan desprendidos
+y caritativos, valientes hasta la temeridad
+y nunca fanfarrones, creyendo descubrir
+en ellos cualidades que atraían y justificaban
+la simpatía con que en todas partes son acogidos.</p>
+
+<p>Yo me aficioné especialmente á un mocito
+como de quince años, pálido, desmedrado, nervioso,
+que atendía por el alias de <em>Cominiyo</em>.
+Venía la criatura con los toreros en calidad de
+<em>mono sabio</em>, y era la perla de su oficio: un chulapillo
+vivo y ágil como un tití, que parecía volar.
+Desde la primera de las cuatro corridas de
+aquella temporada en H***, <em>Cominiyo</em> llamó la
+atención y se ganó una especie de popularidad
+por su arrojo, su agilidad de tigre, sus gestos
+cómicos y su oportunidad en acudir adonde hacía
+falta. La parte que representaba <em>Cominiyo</em>
+en el drama desarrollado en el redondel era bien
+insignificante; pero él se ingeniaba para realzar
+un papel tan secundario, y cuando de los tendidos
+brotaban frases de elogio para el rapaz, sus
+macilentas mejillas se iluminaban con pasajero
+rubor de orgullo, y sus ojos negros, ricamente
+guarnecidos de sedosas pestañas, irradiaban
+triunfal lumbre.</p>
+
+<p><em>Cominiyo</em> me había confiado sus secretas ambiciones.
+Como el poeta de bohardilla sueña la
+coronación en el Capitolio; como el recluta sueña
+los tres entorchados; como obscuro escribiente<span class="pagenum" id="Page_42">[Pg 42]</span>
+la poltrona, <em>Cominiyo</em> soñaba ser picador.
+En vez de ir á las ancas del caballo, quería
+ir delante, luciendo la fastuosa chaquetilla
+de doradas hombreras, el ancho sombrerón de
+fieltro, los calzones de ante, el rígido atavío de
+esos hombres curtidos y recios, de piel de badana,
+en que no hacen mella los batacazos.
+Pero, ¿cuándo lograría <em>Cominiyo</em> ascender tan
+alto? Probablemente así que hubiese demostrado
+de una manera indudable su gran corazón;
+así que hiciese «una hombrá». Y dispuesto estaba
+á hacerla á cualquier hora, y más que dispuesto
+deseoso, que el valor pide ocasión y
+tiempo.</p>
+
+<p>En la cuarta corrida presentóse la ocasión
+tan anhelada, y por cierto que con trágico aparato.
+El tercer toro, hermoso bicho, de gran poder,
+dió un juego tal desde que salió á la plaza,
+que llegó á causar cierto pánico: como aquél
+pocos. Después de destripar por los aires á dos
+caballos, la emprendió con el que montaba el
+picador Bayeta, y en un santiamén dejó al jinete
+aplastado bajo la cabalgadura, en la cual se
+ensañó y cebó furioso. Crítica era la situación
+del picador: el peso del jaco le asfixiaba, y si se
+rebullese, con él la emprendería el toro. En
+vano la cuadrilla, á capotazos, quería engañar
+y distraer á la fiera, y Bayeta, ahogándose, asomaba
+la cabeza por detrás del espinazo del jaco
+moribundo. Ya el toro se lanzaba hacia la nueva
+presa, y ya el picador se veía recogido y
+despedido hasta las nubes, cuando una figurilla
+menuda apareció firmemente plantada sobre el<span class="pagenum" id="Page_43">[Pg 43]</span>
+vientre del tendido caballo, y, retando al toro
+con temeraria bizarría, le hirió repetidas veces
+con la mano en el inflamado morro y hasta osó
+juguetear con los agudos cuernos... mientras
+salvaban al picador. <em>Cominiyo</em>, que realizada la
+proeza intentaba salir escapado, saltó hacia
+atrás, resbaló en la viscosa sangre, un charco
+rojo que el caballo había soltado de los pulmones,
+y el toro le pilló allí mismo, contra las tablas,
+y le enganchó y levantó en alto y le dejó
+caer inerte.</p>
+
+<p>Corrí á la enfermería y reconocí la herida del
+muchacho, comprobando una cosa horrible que,
+á pesar de la impasibilidad profesional, me causó
+grima. El toro había cogido á <em>Cominiyo</em> por
+la espalda, en la región lumbar; sin duda la fiera
+tenía astillado el cuerno, y en la astilla sacó un
+jirón del hígado, una sangrienta piltrafa. <em>Cominiyo</em>
+no tenía salvación, y su lucha con la
+muerte, sostenida por la juventud y la índole de
+la misma lesión, fué larga y cruel. Ocho días
+le devoró la fiebre inflamatoria, y como él ignoraba
+la gravedad de la herida, se agitaba en
+un frenesí de alegres esperanzas y de ambiciosas
+aspiraciones. La ovación tributada á su hazaña
+le tenía borracho de gozo, y me decía entusiasmado,
+mientras yo trataba de calmar sus
+dolores, que eran atroces, sobre todo al principio:</p>
+
+<p>—Me he portao como los hombres. Digasté,
+¿seré picador?</p>
+
+<p>El día en que le acompañamos al cementerio,
+yo, al ver que le echaban encima la húmeda<span class="pagenum" id="Page_44">[Pg 44]</span>
+tierra, pensé mucho sobre el heroísmo. Sería
+una irrisión plantar laureles en la sepultura del
+rapaz... y, sin embargo, á mí me parecía que
+de la misma madera del alma de <em>Cominiyo</em> están
+hechas las almas de algunos que podrían reclamar
+la sombra del árbol sagrado para su
+tumba.</p>
+
+<p>Mientras regresábamos comentando la suerte
+del atrevido mono sabio, yo recordaba una copla
+popular:</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 1em;">Hasta la leña en el monte</span><br>
+tiene su separación:<br>
+una sirve para santos,<br>
+otra para hacer carbón.</p>
+</div>
+</div>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_45">[Pg 45]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >JUSTICIERO</h2>
+</div>
+
+
+<p>De vuelta del viaje, acababa el <em>Verdello</em>
+de despachar la cena, regada con abundantes
+tragos del mejor Avia, cuando llamaron
+á la puerta de la cocina y se levantó á abrir la
+vieja, que, al ver á su nieto, soltó un chillido
+de gozo.</p>
+
+<p>En cambio, <em>Verdello</em>, el padre, se quedó sorprendido,
+y, arrugando el entrecejo severamente,
+esperó á que el muchacho se explicase.
+¿Cómo se aparecía así, á tales horas de la noche,
+sin haber avisado, sin más ni más? ¿Cómo
+abandonaba, y no en víspera de día festivo, su
+obligación en Auriabella, la tienda de paños y
+lanería, donde era dependiente, para presentarse
+en Avia con cara compungida, que no auguraba
+nada bueno? ¿Qué cara era aquélla, rayo?
+Y el <em>Verdello</em>, hinchando de cólera su cuello de
+toro, iba á interpelar rudamente al chico, si no
+se interpone la abuela, besuqueando al recién
+venido y ofreciéndole un plato de guiso de bacalao
+con patatas, oloroso y todavía caliente.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_46">[Pg 46]</span></p>
+
+<p>El muchacho se sentó á la mesa frente á su
+padre. Engullía de un modo maquinal: conocíase
+que traía hambre, el desfallecimiento físico
+de la caminata á pie, en un día frío de enero;
+al empezar á tragar daba diente con diente,
+y el castañeteo era más sonoro contra el vidrio
+del vaso donde el vino rojeaba. El padre, picando
+una tagarnina con la uña de luto, dejaba
+al rapaz reparar sus fuerzas. Que comiese...
+que comiese... Ya llegaría la hora de las preguntas.</p>
+
+<p>No tenía otro hijo varón; una hija, ya talluda,
+se había casado allá en Meirelle ¡lejos! Este
+chico, Leandro, endeble nació y endeble se
+crió. Al cabo, fruto de una madre tísica. Para
+proporcionarles bienestar á la madre y al hijo,
+el <em>Verdello</em> trajinaba día y noche por anchas
+carreteras y senderos impracticables, ejercitando
+con ardor su tráfico de arriería, comprando
+en las bodegas de los señores cosecheros y revendiendo
+en figones y tabernas el rico zumo
+de las vides avienses. Vino que catase y adquiriese
+el <em>Verdello</em>, vino era ¡voto al rayo! y vino
+de recibo en color y sabor. No necesitaba el
+arriero, para apreciar la calidad del líquido,
+beber de él: se desdeñaría de hacer tal cosa. Le
+bastaba, estando en ayunas, echar dos ó tres
+gotas en la punta de la lengua, esto para el
+sabor: y para el color, otras tantas en la manga
+de la camisa, arremangada sobre el fornido
+brazo. Tal mancha, tal calidad. Y allí quedaban
+las manchas color de violeta, como armas
+parlantes de la arriería. El <em>Verdello</em> podía decir,<span class="pagenum" id="Page_47">[Pg 47]</span>
+con sólo mirar á las manchas, qué bodegas
+del Avia daban el vino más honradamente
+moro.</p>
+
+<p>¡Buen oficio el de arriero! ¡Buen oficio para
+el hombre que gasta pelos en el corazón, que
+de nada se asusta y se lleva en el cinto sus cuatro
+docenas de onzas, ó, ahora que no hay onzas,
+su fajo de billetes de á cien, y como seguro
+de las onzas y los billetes, en un bolsillo del
+chaquetón el revólver cargado, y en el otro la
+navaja, amén de la vara de aguijón con puño y
+á veces la escopeta de tirar á las perdices en
+tiempo de vacaciones! Porque hay sitios de la
+carretera que se pueden pasar durmiendo; pero
+los hay que es poco rezar el Credo, y conviene
+estar dispuesto á santiguar á tiros á los bromistas.
+Ya se habían querido divertir con <em>Verdello</em>,
+y un corte de hoz y dos abolladuras de estacazo
+tenía en la cabeza; pero llevó qué contar el
+gracioso. Mejor dicho, no lo contó más que una
+semana.</p>
+
+<p>Y sólo un <em>Verdello</em> es capaz de andar siempre
+atravesado por los caminos, sin parar y
+aguantando heladas, lluvias y calores. Así es
+que no quiso que Leandro siguiera el perro oficio.
+El muchacho estaría mejor á la sombra,
+bajo tejas, abrigado y comiendo á sus horas. Y
+así que cumplió los trece años, le colocó en una
+tienda de Auriabella, una casa muy decente.
+Al despedirse del chico con efusión de cariño
+brusco y bárbaro, medio á pescozones, el padre
+le leyó la cartilla: «Aquí se cumple... Aquí el
+hombre se porta, y si no, ojo conmigo... Honradez...<span class="pagenum" id="Page_48">[Pg 48]</span>
+Trabajar... Como te descuides en lo
+menor, ya puedes prepararte, ¡rayo!».</p>
+
+<p>No hubo necesidad de desplegar rigor. El
+principal de Leandro escribía satisfecho. Era
+listo el chiquillo, sabía despachar, complacer,
+y ascendía poco á poco desde la escoba de barrer
+la tienda y las cabezas de cardo de alzar el
+pelo á los paños, al libro de contabilidad. Con
+el tiempo vendría á ser el alma del establecimiento.
+La mujer del <em>Verdello</em>, devorada por la
+consunción, murió tranquila respecto al porvenir
+de su hijo, viéndole ya en su fantasía tendero
+acomodado, grueso, tranquilo, de levita
+los domingos y en el bolsillo del chaleco su
+buen reloj de oro.</p>
+
+<p>Viudo, sin más compañía que la vieja, el <em>Verdello</em>,
+aunque robusto y atlético, no pensaba en
+volver á casarse. Que se casase el rapaz, que
+ya tenía sus diecinueve años. Alusiones y reticencias
+del principal habían puesto al padre en
+sospechas de que Leandro andaba en pasos algo
+libres. ¡Cosas de la edad! Que no le distrajesen
+de la obligación... y lo demás no importa. ¿Á
+qué venía el ceño del patrón, cuando reconocía
+que el chico no faltaba de su sitio nunca, y ni
+el mostrador ni la caja quedaban desamparados
+ni un minuto? ¿Pues acaso él, el propio <em>Verdello</em>,
+si rodaba por mesones y tugurios de ciudades,
+no tenía sus desahogos, sin otras consecuencias?
+¡Bah! Un hombre es un hombre... y
+con más motivo, un rapaz.</p>
+
+<p>Sin embargo, al verle llegar así, á horas impensadas,
+cabizbajo, desencajado, el padre sintió<span class="pagenum" id="Page_49">[Pg 49]</span>
+allá dentro algo cortante y frío, como el golpe
+de un puñal. ¿Qué sucedía? ¿Qué embuchado
+era aquél, demonio? Y la mirada de sus pupilas
+fieras se clavaba en Leandro, queriendo encontrar
+otras pupilas que rastreaban por el plato,
+mientras los blancos dientes seguían castañeteando,
+ó de miedo ó de frío...</p>
+
+<p>Acabóse la cena y salió abuela á preparar la
+cama, á rebuscar un jergón y una manta, proyectando
+la añadidura de sus refajos colorados,
+¡helaba tanto aquella noche—! y sólo ya el padre
+con el hijo, salió disparada la pregunta.</p>
+
+<p>—¿Tú qué hiciste? ¡Rayo! ¿Tú qué hiciste?
+Sin mentir...</p>
+
+<p>Como el muchacho callase, dando mayores
+señales de abatimiento, el <em>Verdello</em> pateó, y en
+un arranque, soltó la bomba:</p>
+
+<p>—¡Tú has robado! ¡Tú has robado!</p>
+
+<p>Con inmensa angustia, con movimiento infantil,
+Leandro quiso echarse en brazos del
+padre; pero éste le rechazó de un modo instintivo
+y violento, lanzándole contra la pared. El
+muchacho rompió á sollozar, mientras el arriero,
+entre juramentos y blasfemias, repetía:</p>
+
+<p>—¡Has robado... cochino! Robaste la caja,
+robaste á tu principal... ¡Para pintureros vicios!
+Y ahora lloras... ¡Rayo de Judas! ¡Me...!</p>
+
+<p>Echaba espuma por la boca, braceaba, cerraba
+los puños... De repente se aquietó. Para quien le
+conociese, era aquella quietud muy mala señal.
+Callado, derecho en medio de la cocina, alumbrado
+por el hediendo quinqué de petróleo y las
+llamas del hogar, parecía una grosera estatua<span class="pagenum" id="Page_50">[Pg 50]</span>
+de barro pintado, con trágicos rasgos en el rostro,
+donde se traslucían los negros pensares.
+¡Tener un ladrón en casa! Él, el <em>Verdello</em>, había
+sido toda la vida hombre de bien á carta cabal:
+su palabra valía oro, sus tratos no necesitaban
+papel sellado, ni señal siquiera. Palabra dicha,
+palabra cumplida. En las bodegas y las tabernas
+ya conocían al <em>Verdello</em>. Traficar y ganar;
+pero con vergüenza, sin la indecencia de quitar
+un ochavo á nadie... ¿Quién se fiaría ya del padre
+de un ladrón? ¡Rayos! Y con desdén glacial,
+como si escupiese un resto de colilla, arrojó al
+rostro del muchacho la frase:</p>
+
+<p>—El robar no te viene de casta.</p>
+
+<p>No hubo más respuesta que sollozos, y el padre
+añadió con la misma frialdad:</p>
+
+<p>—¿Cuánto cogiste? Porque mañana temprano
+salgo yo á devolverlo.</p>
+
+<p>Alentó algo el culpable, y tratando de asegurar
+la voz, murmuró débilmente y entre
+hipos:</p>
+
+<p>—Ciento noventa y siete pesos y dos reales...</p>
+
+<p>No pestañeó el arriero. Podía pagar. Se quedaba
+sin economías, pero... ¡Dios delante! Eso,
+en comparanza de otras cosas... Mientras echaba
+sus cuentas, con la mano derecha se registraba
+faja y bolsos, sin duda requisando el capital
+que guardaba allí, fruto de las ventas realizadas
+en Cebre y en Parmonde... Acabado el
+registro, se volvió hacia el muchacho, y señaló
+á la puerta trasera de la cocina:</p>
+
+<p>—Anda ahí fuera. ¡Listo!</p>
+
+<p>¿Fuera? ¿Á qué? No servía replicar. Leandro<span class="pagenum" id="Page_51">[Pg 51]</span>
+obedeció. ¡Qué bocanada de hielo al entrar en
+la corraliza! La noche era de las de órdago: las
+estrellas competían en brillar en el cielo, la escarcha
+en el suelo, y el pilón del lavadero se
+acaramelaba en la superficie. El mastín de
+guarda ladró al divisar á los dos hombres; pero
+su fiel memoria afectiva le iluminó al instante,
+y loco de alegría se arrojó á Leandro, apoyándole
+en el pecho las patas. Y cuando padre é
+hijo pasaron el portón de la corraliza, el can
+echó detrás, meneando todavía la cola, brincando
+de gozo. Anduvieron por sembrados y
+maizales cosa de un cuarto de hora, hasta
+que el <em>Verdello</em> hizo alto al pie de las tapias de
+un huerto, derruidas ellas y abandonado él.
+Y empujando al muchacho, le arrimó al tapial,
+y se colocó enfrente, ya empuñado el revólver.</p>
+
+<p>Leandro se desvió con un salto rápido, de
+instinto animal. Comprendía, y su juventud, la
+savia de los veinte años, protestaba sublevándose.
+¡No, morir no! Quiso correr, huir á campo
+traviesa. Y aquel temblor de antes, el de los
+dientes, el de las manos, descendió á sus piernas
+flacuchas de mozo enviciado en mujerzuelas,
+y le doblegó, y le hizo caer postrado, medio de
+rodillas, balbuceando:</p>
+
+<p>—¡Perdón! ¡Perdón!</p>
+
+<p>El padre se acercó; vió á la semiclaridad de
+los astros dos ojos dilatados por el terror, que
+imploraban... é hizo fuego, justamente allí,
+entre los dos ojos, cuya última mirada de súplica
+se le quedó presente, imborrable. Cayó el<span class="pagenum" id="Page_52">[Pg 52]</span>
+cuerpo boca abajo, y el golpe sordo y mate
+contra la tierra endurecida por la helada sonó
+extrañamente; el perro exhaló un largo aullido,
+y el arriero se inclinó; ya no respiraba aquella
+mala semilla.</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_53">[Pg 53]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >ELECCIÓN</h2>
+</div>
+
+
+<p>Lentamente iba subiendo la cuesta el carro
+vacío, de retorno, y sus ruedas producían
+ese chirrido estridente y prolongado que no carece
+de un encanto melancólico cuando se oye
+á lo lejos. Para el labriego, es causa de engreimiento
+la agria queja del carro—pero esta vez,
+en el corazón de Telme, resonaba con honda
+tristeza—. Á cada áspero gemido sangraba una
+fibra. Tranquilos en su vigor, los bueyes pujaban,
+venciendo el repecho; la querencia les decía
+que por allí iban derechos al brazado de
+hierba, acabado de apañar. Sus hocicos babosos,
+recalentados por la caminata, se estremecían
+aspirando la brisa del anochecer, en que
+flotaba el delicioso perfume de la pradería.</p>
+
+<p>Á la puerta de la casucha esperaba la mujer
+de Telme, la tía Pilara, seca, negruzca, desfigurada,
+más que por la maternidad y los años,
+por las rudas faenas campestres. Ayudó Pilara
+á su marido á desuncir el carro, y mientras él
+encendía un cigarrillo, acomodó los bueyes en<span class="pagenum" id="Page_54">[Pg 54]</span>
+el establo, separado por un tabique del <em>leito</em>
+conyugal. No cruzaron palabra. No era que no
+se quisieran; al contrario, queríanse bien aquellos
+dos seres, á su modo; sino que el labriego
+es lacónico de suyo, y la absoluta comunidad
+de intereses hace entenderse sin gastar saliva.
+La actitud de Telme y su gesto decían á Pilara
+cuanto la importaba saber. El hijo había salido
+útil, según el reconocimiento... y por ende ya
+era <em>del rey</em>; era soldado.</p>
+
+<p>Con un nudo á la garganta, con escozor en los
+párpados, dispuso Pilara la cena, colocando sobre
+la artesa las dos escudillas de humeante
+caldo <em>de pote</em>. Las despacharon, y, ahorrando
+luz, se acostaron al punto. Oíase el rumiar de
+los bueyes, moliendo la hierba jugosa, y no se
+oía á marido y mujer rumiar la pena, atravesada
+en el gaznate. Dieron vueltas. Suspiró Pilara;
+Telme gruñó. ¡Vete noramala, sueño de
+esta noche! De pronto—aún no pensaban en
+cantar los gallos—saltó de la celdilla que sirve
+de cama al campesino mariñán, y encendiendo un
+<em>misto</em> y la candileja de petróleo, pasó al establo
+y se dispuso á sacar la yunta. Pilara, sorprendida,
+medio soñolienta, le siguió. ¿Qué era
+aquello? ¿Iba á la feria, por fin? Que esperase
+tan siquiera hasta que ella trajese para los animales
+otra carga de <em>herbiña</em>... Y el labriego,
+brusco y sombrío, respondió á media habla:</p>
+
+<p>—No es menester... No van con el carro...
+No llevan más labor que echar una pata delante
+de otra...</p>
+
+<p>La mujer se quedó como de piedra. No insistió<span class="pagenum" id="Page_55">[Pg 55]</span>
+¿Para qué? Sobraban las explicaciones. Había
+comprendido. La limitada vida del labriego
+se compone de hechos de significación indudable.
+Quien lleva á la feria la yunta sin el
+carro, va á venderla. Á eso iba Telme: á deshacerse
+de sus hermosos bueyes para librar al
+mozo.</p>
+
+<p>Pasado el primer instante, como barril de
+mosto al que le quitan el tapón, se soltó á chorros
+la aflicción de Pilara. La marcha de los
+bueyes, para no volver más, era cosa tan dura,
+que la aldeana sintió un dolor físico en las entrañas:
+la arrancaban lo mejor de su casa, lo
+mejor de la parroquia, lo bueno del mundo. ¡En
+cuatro leguas <em>de arredor</em> no había yunta como
+aquélla, bueyes tan parejos, tan rojos, de un
+rojo brillante como el limpio cobre, tan gordos,
+tan grandes, de tanta ley para el trabajo, y tan
+mansos y amorosos, que un chiquillo de siete
+años los lindaba!</p>
+
+<p>Verdad que tampoco se conocía otro rapaz
+como Andresiño, más garrido, más sano, más
+hombre... ¡Y también querían arrebatárselo!
+¡Nuestra Señora nos ayude, San Antonio nos
+valga! Pilara sollozaba á gritos, arañándose el
+atezado rostro.</p>
+
+<p>Telme, entretanto, en la corraliza, pasaba el
+<em>adival</em> por entre las astas de los bueyes, y rezongaba,
+rechazando á su desconsolada mujer.</p>
+
+<p>—¡Pues ó los bueyes ó el mozo! Una de dos.</p>
+
+<p>Echó la aldeana los brazos al buey de la izquierda,
+el Marelo—el más guapo y forzudo, el
+que lucía una estrellita blanca en el testuz—y<span class="pagenum" id="Page_56">[Pg 56]</span>
+á su manera, torpemente y hociqueando, besó los
+anchos ojos, tibios y pestañudos, de la bestia.</p>
+
+<p>La caricia equivalía á una despedida: la madre,
+lo mismo que el padre, <em>escogían</em> al suyo,
+al hijo: no querían enviarlo allá, á las islas del
+demonio, donde la fiebre y la peste chupan á los
+hombres y el machete los descuartiza. ¡Asus
+mío! Pero una cosa es <em>escoger</em> á quien cumple
+que se escoja, y otra no tener ley á la yunta,
+¡que para no tenérsela, había que ser de palo!
+Porque, á más de que aquella yunta le ponía la
+ceniza en la frente á todas las de la Marina, se
+ha de mirar de que Pilara y Telme llevaban
+años quitándose el mendrugo de la boca para
+dárselo á los bueyes. La corteza de borona, la
+encaldada de patatas, calabazo y berza, son
+alimentos que comparten el labrador y el buey;
+lo que hace encaldada para el animal hace caldo
+para el dueño. Si el buey engorda, es que el
+labrador se priva, mermando su ración. La vanidad,
+ese tenacísimo sentimiento humano, que
+nunca pierde sus derechos, también alienta en
+los labradores. Toda la parroquia envidiaba la
+yunta, hasta tal extremo, que Pilara les había
+colgado de las astas, de suerte que cayese en el
+remolino central del testuz, un Evangelio y
+dos dientes de ajo encerrados en una bolsa, remedio
+contra la <em>envidia</em>, que para el aldeano
+es una fuerza misteriosa, capaz de maleficiar.
+Pero, aunque dañina, la envidia es lisonjera.
+Telme iba por el camino real con sus bueyes,
+que ni el Papa en su silla. Y ahora... ni fachenda,
+ni provecho, ni orgullo, ni labranza; al agua<span class="pagenum" id="Page_57">[Pg 57]</span>
+todo. EL carro, perpetuamente inmóvil y en la
+corraliza; las tierras, sin arar; los lucrativos
+<em>carretos</em> de piedra y arena, para otros... No había
+remedio. ¡La elección estaba hecha!</p>
+
+<p>Así que se alejó Telme y dejó de oirse el paso
+acompasado de la yunta, Pilara secó con el
+dorso de la áspera mano los últimos lagrimones,
+y, resignadamente, se puso á disponer lo
+necesario para la cocedura. Con llorar no se
+calienta el horno, ni se amasa la harina.</p>
+
+<p>La aldeana bregó sin descanso. Mientras partía
+y disponía la leña y sobaba la masa con las
+obscuras manos, la congoja iba calmándose.
+Adiós los bueyes... pero ya vendría el rapaz.
+Si buena era la yunta, Andresillo mejor. Á forzudo
+y á voluntario ninguno le ganaba. En un
+día despabilaba él más obra que en una semana
+otros. Y ni pinga de vino, ni camorrista, ni amigo
+de ir de tuna. Ganas tenía de arrendar un
+lugar y casarse; pero ahora que sus padres se
+quedaban por él sin la luz de los santos ojos...
+ya les ayudaría á juntar para otra pareja. Con
+lo que tenían guardado en el pico del arca y
+el jornal de Andrés, en dos ó tres años...</p>
+
+<p>No pasaba de medio día cuando regresó Telme,
+cabizbajo, solo ya, con las manos vacías,
+enrollado el <em>adival</em> alrededor del cuerpo. Esta
+vez, Pilara preguntó ansiosa: ¿cuánto? ¿cuánto?
+Telme tardó en responder. Al cabo, mohíno, al
+sentarse á comer el pote con unto rancio y la
+<em>borona</em> enmohecida—la <em>bolla</em> fresca no había
+salido aún del horno, ni saldría hasta la tarde—desató
+la lengua, entre reniegos, porque ya<span class="pagenum" id="Page_58">[Pg 58]</span>
+sabía Telme que lo que bajase de cinco mil y
+pico era regalar la yunta; y en aquella maldita
+feria no parece sino que se habían juramentado
+los compradores para no ofrecer arriba de
+cuatro mil. Y era pillada y <em>mala idea</em>, porque
+tan pronto como se los dejó á un chalán desconocido,
+con acento andaluz, en cuatro mil y pico,
+otro de Breanda le dió ventaja al chalán y
+se los llevó. ¡Pero tenían que ir al arca...! Y
+pronto, pronto. Que él pediría emprestada la
+burra á Gorio de Quintás, y á las tres, Dios
+mediante, había de estar en Marineda, depositando
+el dinero á cambio del hijo...</p>
+
+<p>Abrieron el arca, como si se hubiesen abierto
+las venas. Pilara cruzaba las manos, gemía bajito,
+alzaba al cielo los ojos, se cogía la cabeza,
+al volver del revés sobre la artesa el calcetín
+de lana gorda: los ahorriños de tanto tiempo.
+Estaban en moneda sonante, en metálico: el
+labriego no quiere guardar papel. Había duros
+relucientes del nene, otros oxidados, mucha peseta,
+calderilla roñosa. Aunque sabían al dedillo
+la cantidad, recontaron: sobraba un pico.
+Telme añudó lo necesario en un pañuelo de algodón
+azul, por no mezclarlo con lo de la venta,
+que iba casi todo en billetes de á cien, oculto
+á raíz de la carne. Hecho esto, salió en demanda
+de la pollina.</p>
+
+<p>Pilara aguardó, aguardó hasta las altas horas.
+No sabía si su hombre dormía aquella noche
+en Marineda, para volver con el mozo,
+temprano. Se acostó al fin. Á cosa de la una
+oyó llamar á voces, y conoció la de Telme. La<span class="pagenum" id="Page_59">[Pg 59]</span>
+sangre le dió una vuelta. Saltó en camisa, encendió
+la candileja, abrió: Telme, con la cara
+color de difunto, estaba delante de ella. ¡Madre
+mía de las Angustias! ¿Qué pasaba! ¿Y Andresiño?</p>
+
+<p>—¡Calla!—profirió Telme—; no me hables,
+que pego fuego á la casa, y te parto los lomos
+y se los parto al mismísimo divino Dios... Ya
+hemos quedado solos, mujer, sin bueyes y sin
+hijo. ¡El chalán de la feria... me metió cuatro
+billetes falsos!</p>
+
+<p>Y el padre, en vez de realizar sus amenazas
+de partir los lomos á todo el mundo, se dejó caer
+al suelo y se arrancó el pelo á puñados, llorando
+como las mujeres.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_60">[Pg 60]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_61">[Pg 61]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >LA CHUCHA</h2>
+</div>
+
+
+<p>Lo primerito que José San Juan—conocido
+por el <em>Carpintero</em>—hizo al salir de la penitenciaría
+de Alcalá, fué presentarse en el despacho
+del director.</p>
+
+<p>Era José un mocetón de bravía cabeza, con
+la cara gris mate, color de seis años de encierro,
+en los cuales sólo había visto la luz del sol
+dorando los aleros del tejado. La blusa nueva
+no se amoldaba á su cuerpo, habituado al chaquetón
+del presidio; andaba torpemente, y la
+gorra flamante, que torturaba con las manos,
+parecía causarle extrañeza, acostumbrado como
+estaba al antipático birrete.</p>
+
+<p>—Venía á despedirme del señor director—dijo
+humildemente al entrar.</p>
+
+<p>—Bien, hombre; se agradece la atención—contestó
+el funcionario—. Ahora á ser bueno, á
+ser honrado, á trabajar. Eres de los menos malos;
+te has visto aquí por un arrebato, por delito<span class="pagenum" id="Page_62">[Pg 62]</span>
+de sangre, y sólo con que recuerdes estos
+seis años, procurarás no volver... Que te vaya
+bien. ¿Quieres algo de mí?</p>
+
+<p>—¡Si usted fuera tan amable, señor director...
+si usted quisiera!...</p>
+
+<p>Animado por la benévola sonrisa del jefe soltó
+su pretensión.</p>
+
+<p>—Deseo ver á una reclusa.</p>
+
+<p>—Es tu <em>chucha</em>, ¿verdad?... Bueno: la verás.</p>
+
+<p>Y escribió una orden para que dejasen entrar
+á Pepe el <em>Carpintero</em> en el locutorio del presidio
+de mujeres. Bien sabía el director lo que significaban
+aquellas relaciones entre penados, los
+galateos á distancia y sin verse, de <em>chuchos</em> y
+<em>chuchas</em>; el amor, rey del mundo, que se filtra
+por todas partes como el sol, y llega donde éste
+no llegó nunca, perforando muros, atravesando
+rejas.</p>
+
+<p>Tenían casi todos los penados en la penitenciaría
+de mujeres una <em>galeriana</em> que por cariño
+remendaba y lavaba su ropa; una compañera
+de infortunio á la cual no habían visto nunca v
+cuyas atenciones pagaban con cartas, rebosando
+sentimentalismo ridículo... pero sincero. Era
+el sacro amor, introduciéndose en aquel infierno
+para burlarse de la severidad de las leyes
+humanas; la vida y sus afectos floreciendo allí,
+donde el castigo social quiere convertir á los
+réprobos en cadáveres con apariencia de vida.
+El presidio, un convento vetusto, y el penal de
+mujeres, soberbio y flamante, contemplábanse
+desde cerca, mudos, inmutables—pero un soplo
+de pasión contenida y ardiente, de primavera<span class="pagenum" id="Page_63">[Pg 63]</span>
+amorosa, germinando entre la mugre de la <em>casa
+muerta</em>, iba de uno á otro edificio como la caricia
+fecundadora que por el aire se envían las
+palmeras de distinto sexo.</p>
+
+<p>Tan grande emoción embargaba á Pepe al
+dirigirse al locutorio de mujeres, que sus piernas
+temblorosas acortaban el paso... ¿Cómo
+sería su <em>chucha</em>? ¡Por fin iba á verla! Y pensando
+en las formas de que la había revestido su
+imaginación en las noches de insomnio ó en los
+solitarios paseos patio abajo y arriba, todo el
+pasado revivía de golpe en su memoria. Para
+comenzar, su entrada en presidio, resultado de
+tener mal vino y pronta la mano; los primeros
+meses de sorda excitación, de huraño aislamiento,
+viendo deslizarse los días como pesadas ondulaciones
+de un río gris y triste. Después,
+cuando hizo amigos, extrañáronse de que un
+muchacho cual él, guapo y terne, que si estaba
+en trabajo era por ser muy hombre, no tuviera
+su <em>chucha</em>, su <em>chucha</em> como los demás. Ellos
+se encargaban del arreglo: escribirían á sus
+amigas, y no faltaría en la casa de enfrente
+quien atendiese á tan buen mozo. Un día le dijeron
+que su <em>chucha</em> se llamaba Lucía, más conocida
+por el apodo de la <em>Pelusa</em>, y Pepe la escribió,
+encontrando dulce satisfacción en saber
+que más allá de aquellos muros había alguien
+que pensaba en él y se interesaba por su vida.
+Pronto á este goce espiritual se unieron satisfacciones
+del egoísmo; alababan la limpieza de
+su ropa blanca y sentían envidia al ver ciertos
+manjares, obra todo de la <em>Pelusa</em>, de la enamorada<span class="pagenum" id="Page_64">[Pg 64]</span>
+<em>chucha</em>, que, invisible como un duende,
+tenía para él cuidados maternales.</p>
+
+<p>—Pero, camarada, y qué suerte la tuya—le
+decían los compañeros de pelotón con mal encubierta
+envidia.</p>
+
+<p>—Esa <em>Pelusa</em> es de oro—añadía un veterano
+del presidio, oráculo de la gente joven.—Consérvala,
+chaval, que mujeres así entran pocas
+en libra.</p>
+
+<p>—Pero ¿cómo es?—preguntaba Pepe con creciente
+curiosidad.—¿Es joven? ¿Por qué está
+presa?</p>
+
+<p>—Algo mayor que tú debe de ser, pues creo
+que no es ésta la primera vez que visita la
+casa... Pero ¿qué te importa que sea joven ó
+vieja? Tú déjate querer, que ésa es la obligación
+de los buenos mozos, y cuando salgas en
+libertad búscate otra que te atienda lo mismo.</p>
+
+<p>Pepe protestaba. Sentía duplicarse el agradecimiento
+hacia aquella mujer; las relaciones,
+que al principio le parecían cosa de risa—buena
+únicamente para distraer el tedio del encierro—le
+llegaban muy adentro ya, y la gratitud
+se volvía atracción, viendo que no pasaba día
+sin que en el rastrillo entregasen para él paquetes
+de tabaco, prendas de ropa ó algo de comer
+que le sostenía fuerte y robusto y sano, librándole
+del rancho insípido del penal, la peor engañifa
+para el hambre.</p>
+
+<p>Pocos días dejaban de escribirse. Las primeras
+cartas respiraban ese énfasis amoroso
+aprendido en los epistolarios populares; pero
+fueron haciéndose más sinceras según los dos<span class="pagenum" id="Page_65">[Pg 65]</span>
+amantes, por aquel reiterado contacto de alma,
+iban conociéndose. Hablaban de su situación,
+de la desgracia en que se veían, en términos
+vagos—como si les causara rubor decir por qué
+y de qué modo—y contaban fecha tras fecha el
+tiempo que les faltaba para cumplir. Él saldría
+libre un año antes que ella... ¡Con qué tristeza
+lo repetía la pobre <em>chucha</em>! Y José protestaba
+con entereza de muchacho enérgico, caballeresco
+á su manera, incapaz de faltar á la palabra.
+Él esperaría á que saliera ella; se casarían
+y serían felices; lo decía de corazón, sintiéndose
+ligado para toda su vida por el reconocimiento
+á sacrificios que habían endulzado sus
+amargas horas.</p>
+
+<p>No sabía si aquello era amor; realmente
+nunca se había sentido dominado por mujer alguna;
+no recordaba más que lances fáciles, los
+encuentros casuales de su época obrera; pero á
+su <em>chucha</em>... la quería sin conocerla y juraba
+no abandonarla jamás. No porque estuviese en
+presidio era un canalla capaz de olvidar á
+aquella mujer que pensaba en él á cada momento
+y trabajaba porque nada le faltase. Consistía
+su única preocupación en saber algo de la
+historia ó del aspecto de su <em>chucha</em>. Por desgracia,
+los mandaderos no la conocían; en la
+Galera, regida por monjas, no entraba otro
+hombre sino el director; y con escrupulosa delicadeza,
+ni él ni ella se atrevían en sus cartas
+á hablar del pasado ni de sus personas, como
+temiendo que al entrar luz se rasgara el ambiente
+del misterio amoroso y se disipase el hechizo.<span class="pagenum" id="Page_66">[Pg 66]</span>
+Los últimos días, ¡qué turbación tan intensa!...
+Pepe hablaba entusiasmado de la próxima
+salida, y ella contestaba lacónicamente;
+sus palabras respiraban tristeza, casi se lamentaba
+de que el hombre amado recobrase la
+libertad, recelando despertar del ensueño de
+seis años. Y la misma impaciencia de sus últimos
+días de escribir dominaba á Pepe cuando
+entró en el locutorio de las penadas. Después
+de entregar la orden del director, quedóse solo,
+hasta que por fin, á través de la tupida reja, oyó
+suaves pisadas femeniles. Dos monjas se apostaron
+inmóviles en el fondo de la galería, donde
+no podían oir las palabras, pero sí seguir con la
+vista todos los movimientos de la que ocupaba
+el locutorio; y una galeriana fué aproximándose
+con paso torpe, cual si la asustase llegar á
+la reja.</p>
+
+<p>No hizo Pepe movimiento alguno. ¡Las monjas
+no le habían entendido! Aquella mujer no
+era la que él buscaba; y miró con extrañeza á
+la reclusa, especie de payaso de la miseria disfrazado
+con faldas grises; criatura exigua, demacrada,
+encogida, los ojos saltones veteados
+de sangre, el pelo canoso, cerril y escaso, alborotado
+sobre la frente, y asomando entre los labios
+lívidos una dentadura enorme, amarillenta,
+de caballo viejo. La mujer aparecía además
+mal pergeñada, sucia, como si enfaenada en la
+furia del trabajo se hubiese olvidado de sí misma.
+Se miraron algunos instantes con extrañeza,
+y acabaron sonriendo, convencidos de la
+equivocación.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_67">[Pg 67]</span></p>
+
+<p>—No; no es usted—dijo Pepe.—Yo busco á
+la <em>Pelusa</em>. Me acaban de poner en libertad y
+vengo á conocerla.</p>
+
+<p>La galeriana se hizo atrás con rápido movimiento
+de mujer cuyo sistema nervioso está en
+perpetua tensión por el género de vida.</p>
+
+<p>—¿Eres tú... tú!... ¡Pepe!</p>
+
+<p>Y se lanzó contra los hierros, como si buscase
+verle mejor, devorarle con los ojos.</p>
+
+<p>Permanecieron silenciosos breves instantes.
+Ella, pasada la primera impresión, mostró profundo
+desaliento; sus ojos se llenaban de lágrimas,
+tributo pagado á la decepción horrible. Él
+absorbía con la mirada la degradación de aquella
+ruina, que parecía haber recogido en su persona
+la vejez y la inmundicia de todo el presidio...
+¡Dios, cuán fea era! Tragándose el llanto,
+sofocando su tristeza, la <em>Pelusa</em> fué la primera
+en romper el silencio, como si deseara terminar
+cuanto antes aquella escena penosa y difícil.</p>
+
+<p>—¿Vienes á despedirte?... Bien hecho; se estima.
+Mira: yo mientras viva, no te olvidaré.</p>
+
+<p>Y bajó la cabeza para no mirarle: dijérase
+que su presencia la causaba daño, revolviendo
+el rescoldo de su cariño de la entraña... condenado
+á extinguirse.</p>
+
+<p>—No, Lucía; vengo no más á verte. Ni me
+despido ni me voy... Vengo á decirte... que soy
+el mismo... y á cumplirte la palabra.</p>
+
+<p>Pepe profirió esto con fuerza, con acometividad,
+ofendiéndole la sospecha de que aquella
+entrevista pudiese ser la última. Entonces la
+<em>chucha</em> se atrevió á contemplarle: pero con expresión<span class="pagenum" id="Page_68">[Pg 68]</span>
+de tierna lástima, á estilo de madre que
+agradece dulces mentiras del hijo.</p>
+
+<p>—No quieres darme mal rato... Bien, hombre... Dios
+te lo pague; pero ya ves cómo soy:
+vieja, un susto, y además poca salud... ¡Si supieras
+qué guerra les doy á las pobres hermanas
+con este corazón que siempre me está doliendo!...</p>
+
+<p>Se detuvo al llegar aquí, cual si se avergonzase.
+Su cara, de una palidez blancuzca, tono
+de cera amasada con arcilla, se coloreó, animándose.
+Hizo un esfuerzo y continuó:</p>
+
+<p>—Estoy aquí por ladrona; no he hecho otra
+cosa en mi vida sino robar... Y á ti ¡basta verte!
+tienes cara de bueno; habrás venido por alguna
+desgracia... vamos, por bronca ó cosa parecida.
+No me engañes ¿para qué?... No vas á
+salir con que me quieres, hijo... Mírame bien...
+¡Si puedo ser tu madre!</p>
+
+<p>Impresionado por las palabras de la reclusa,
+Pepe quería discutirlas, y las acogía con furiosos
+movimientos de cabeza; pero Lucía prosiguió
+sin darle tiempo á que protestase:</p>
+
+<p>—Estoy más enferma de lo que parece; después
+de este trago, ya sé que no salgo de aquí
+con vida, ¡ay cómo me duele el perro corazón!...
+Es que me han engañado; yo creí que
+eras uno de tantos, un verdadero chucho, uno
+del presidio... Y por eso te quise. ¡Nada, cosas
+que se la ponen á una en la cabeza; humo que
+se le mete allí!... ¡Y estaba yo más atontecida!
+Ea, hombre, márchate y no te acuerdes del santo
+de mi nombre. Dios te dé suerte, cuanta mereces,<span class="pagenum" id="Page_69">[Pg 69]</span>
+y que encuentres una mujer según necesitas...
+Porque tú vales un imperio... ¡Eres
+mucho mozo, caramba!</p>
+
+<p>Lo murmuraba con el alma entera, pegando
+su pobre cabeza de caricatura á los hierros,
+apretando contra ellos sus manos descarnadas,
+ansiosas de tocar al deseado de sus ensueños,
+que se presentaba en la realidad, joven, arrogante
+y con aquel aire de bondad y simpatía...</p>
+
+<p>—No, <em>Pelusa</em>—contestó el mocetón con entereza—.Yo
+soy muy hombre, y los hombres sólo
+tenemos una palabra. Prometí casarme contigo,
+y esperaré á que salgas. No vengo á despedidas,
+sino á que me conozcas... y á decirte hasta
+luego. Si te creerás que se olvidan seis años de
+sacrificios, de vestirme y matarme el hambre,
+mientras tú sabe Dios lo que comerías y cómo
+vivirías?... Pues ni que fuera yo un señorito de
+ésos que viven estrujando á las mujeres...</p>
+
+<p>Seguía la <em>Pelusa</em> agarrada á los hierros, y vacilaba
+lo mismo que si aquellas palabras cayesen
+con tremenda pesadumbre sobre su cuerpo
+endeble.</p>
+
+<p>—¿Pero va de veras?—murmuró con voz ronca—¿Serás
+capaz de quererme así como soy?...
+¿Vas á esperarme todo un año?</p>
+
+<p>—Mira, <em>Pelusa</em>—continuó el muchacho—.Yo
+no sé si te quiero como á las otras mujeres. Lo
+que te digo es que no pienso irme y no me iré...
+¿Que no eres guapa, guapa? Conformes. ¿Pero
+es que en el mundo sólo las guapas han de encontrar
+quien las quiera? No me importa lo que
+fuiste ni por qué entraste aquí: á mi lado serás<span class="pagenum" id="Page_70">[Pg 70]</span>
+otra cosa. Esperaré trabajo; el director, que
+es bueno, me empleará en las obras de la casa;
+si es preciso pasaré necesidad, pediré limosna...
+Lo que te aseguro es que no me largo, y que
+ahora soy yo, ¡yo! quien traerá á su <em>chucha</em>
+ropa y comida.</p>
+
+<p>Lucía cerraba los ojos. Parecía que la deslumbraban
+las fogosas palabras de aquel hombre,
+y echaba atrás el rostro contraído por grotesca
+mueca, que expresaba asombro y felicidad.</p>
+
+<p>—Tengo aquí clavado el agradecimiento—prosiguió
+Pepe—y ganas de llorar cuando pienso
+en lo que has hecho por mí. ¿Dices que podrías
+ser mi madre? Lo serás si quieres; yo no
+he conocido á la mía. Sales y viviremos juntos;
+trabajaré para ti sin pensar más en copas ni en
+amigos; á mi lado engordarás, te remozarás, y
+¡á no acordarse de este sitio! Tú aquí encontraste
+un hombre de bien, y yo la primera mujer de
+mi vida.</p>
+
+<p>—¡Dios mío!... ¡Virgen santísima! ¡Virgen!...</p>
+
+<p>Era la <em>Pelusa</em>, que se desplomaba lentamente,
+mientras sus manos se cubrían de arañazos
+al desasirse y deslizarse por el enrejado duro y
+pinchador.</p>
+
+<p>Cayó como un fardo de harapos, estremeciéndose,
+balbuceando entre convulsiones, con vocecilla
+infantil:</p>
+
+<p>—¡Pepe, Pepe mío!</p>
+
+<p>Las dos monjas, mudos testigos de la entrevista,
+vieron caer á la <em>Pelusa</em> y corrieron para
+recoger del suelo aquel montón de infelicidad.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_71">[Pg 71]</span></p>
+
+<p>Otras monjas, atraídas por los gritos, comenzaron
+por expulsar á Pepe del locutorio; á pesar
+de sus ruegos y exclamaciones, las hermanas no
+se daban cuenta de lo ocurrido. Si gustaba, podía
+volver otro día, con permiso del director...</p>
+
+<p>Pero ni lo pidió ni tuvo que buscar trabajo...
+¿Para qué? Al día siguiente la <em>Pelusa</em> era borrada
+del registro del penal. El soplo de ventura
+y de vida que el <em>chucho</em> había llevado consigo
+al locutorio, rompió el corazón de la miserable
+y la hizo libre.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_72">[Pg 72]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_73">[Pg 73]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >EL VINO DEL MAR</h2>
+</div>
+
+
+<p>Al reunirse en el embarcadero para estibar
+el balandro <em>Mascota</em>, los cinco tripulantes
+salían de la taberna disfrazada de café, llamada
+de <em>América</em> y agazapada bajo los soportales
+de la marina fronterizos al Espolón; tugurio
+donde la gentualla del muelle, marineros, boteros,
+cargadores y <em>lulos</em>, acostumbra juntarse
+al anochecer. De cien palabras que se pronuncien
+en el recinto obscuro, mal oliente, que
+tiene el piso sembrado de gargajos y colillas y
+el techo ahumado á redondeles por las lámparas
+apestosas, cincuenta son blasfemias y juramentos,
+otras cincuenta suposiciones y conjeturas
+acerca del tiempo que hará y los vientos
+reinantes. Sin embargo, no se charla en <em>América</em>
+á proporción de lo que se bebe; la chusma
+de zuecos puntiagudos, anguarina embreada y
+gorro catalán es lacónica, y si fuéseis á juzgar
+de su corazón y sus creencias por los palabrones
+obscenos y sucios que sus bocas escupen,
+os equivocaríais como si formaseis idea del profundo
+océano por los espumarajos que suelta
+contra el peñasco.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_74">[Pg 74]</span></p>
+
+<p>Acababan de sonar las ocho en el reloj del
+instituto, cuando acometieron aquellos valientes
+la faena de la estibadura, entre gruñidos de
+discordia. Y no era para menos. ¿Pues no se
+emperraba el terco del patrón en que la carga
+de bocoyes de vino, si había de ir como siempre
+en la cala, fuese sobre cubierta? Aquello no
+lo tragaba un marinero de fundamento como
+tío Reimundo, alias <em>Finisterre</em>, que había visto
+tanta mar de Dios. Ahí topa la diferencia entre
+los que navegaron en mares de verdad, donde
+hay tiburones y huracanes, y los que toda la
+vida chapaletearon en una ponchera. ¡Zantellas
+del podrido rayo! ¿Quería el patrón que el barco
+se les pusiese por sombrero? ¡Era menester
+estar loco de la cabeza, corcias! ¡Para más, en
+noche semejante, con lo falsa que es esa costa
+de Penalongueira, y habiendo empezado á soplar
+el sur, un viento traidor que lleva de la
+mano el cambiazo al <em>nordés</em>! No se la pegaba
+al tío Reimundo la calma de la bahía, sobre
+cuya extensión tersa y plácida prolongaban las
+mil luces de la ciudad brillantes rieles de oro;
+al viejo le daba en la nariz el aire <em>de allá</em>, de
+mar adentro, la palpitación del oleaje excitado
+por la mordedura de la brisa. Todo esto, á su
+manera, broncamente, á media habla, lo dijo
+<em>Finisterre</em>. El <em>Zopo</em>, otro experto, listo de manos
+y contrahecho de pies, opinaba lo mismo.</p>
+
+<p>Pero Adrián y el <em>Xurel</em>—mozalbetes que acababan
+de alegrarse unas miajas con tres copas
+de caña legítima, y sentían duplicados sus
+bríos—ya estaban rodando los bocoyes para encima<span class="pagenum" id="Page_75">[Pg 75]</span>
+de la <em>Mascota</em>. Sabedores de que aquellos
+toneles encerraban vino, los manejaban con fiebre
+de alegría codiciosa, calculando la suma
+de goces que encerraban en sus panzas colosales.
+¿Á ellos qué les importaban los gruñidos
+de <em>Finisterre</em>? Donde hay patrón no manda marinero.</p>
+
+<p>Entre gritos furiosos para pujar mejor, el
+<em>¡ahiaaá!</em> y el <em>¡eieiea!</em> del esfuerzo, acabóse la
+estibadura en una hora escasa. Sobre el cielo,
+antes despejado, se condensaban nubes sombrías,
+redondas, de feo cariz. Un soplo frío rizaba
+la placa lisa del agua. Juró <em>Finisterre</em> entre
+dientes, y renegó el patrón de los agoreros
+miedosos. Mejor si se levantaba viento; ¡así
+irían con la vela tan ricamente! El balandro no
+era una pluma, y necesitaba ayuda, ¡carandia!
+Y ocupó su lugar, empuñando el timón. ¡Ea,
+ala, rumbo avante!</p>
+
+<p>Como por un lago de aceite marcharon mientras
+no salieron de la bahía. Según disminuía
+y se alejaba la concha orlada de resplandor y
+el rojo farol del Espolón llegaba á parecer un
+punto imperceptible, y otro la luz verde del
+puerto, el vientecillo terral insistía, vivaracho,
+como niño juguetón. Habían izado la cangreja,
+y la <em>Mascota</em> cortó el oleaje más aprisa, no sin
+cabecear. Descansaban los remeros, bromeando.
+Sólo <em>Finisterre</em> se ponía fosco. Á cada balance
+de la embarcación le parecía ver desequilibrarse
+la carga.</p>
+
+<p>Ya trasponían la barra, y el alta mar luminosa,
+agitada por la resaca, se extendía á su<span class="pagenum" id="Page_76">[Pg 76]</span>
+alrededor. Para <em>ponchera</em>, según el despreciativo
+dicho del tío Reimundo, la ponchera «metía
+respeto». El patrón, á quien se le iba disipando
+el humo de la caña, fruncía las cejas,
+sintiendo amagos de inquietud. Puede que tuviese
+razón aquel roñicas de <em>Finisterre</em>; la mar,
+sin saber por qué, no le parecía <em>mar de gusto</em>...
+Tenía cara de zorra, cara de dar un chasco la
+maldita...</p>
+
+<p>Al vientecillo se le antojó dormirse, y una
+especie de calma de plomo, siniestra, abrumadora,
+cayó encima. Fué preciso apretar en los
+remos, porque la vela apenas atiesaba. El balandro
+gemía, crujía, en el penoso arranque
+de su marcha lenta. Súbitas rachas, inflando
+la cangreja un momento, impulsaban la embarcación,
+dejándola caer después más fatigada,
+como espíritu que desmaya al perder una
+esperanza viva. Y cuando ya veían á estribor
+la costa peligrosa de Penalongueira, que era
+preciso bordear para llegarse al puertecillo de
+Dumia y desembarcar el género, se incorporó
+de golpe <em>Finisterre</em>, soltando un terno feroz.
+Acababa de percibir, allá á lo lejos, ese ruido
+sordo y fragoroso de la tempestad repentina,
+del salto del aire que azota de pronto la masa
+líquida y desata su furor. El patrón, enterado,
+gritaba ya la orden de arriar la vela. Aquello
+fué ni visto ni oído.</p>
+
+<p>Enormes olas, empujándose y persiguiéndose
+como leonas enemigas, jugaban ya con el
+balandro llevándolo al abismo ó subiéndolo á
+la cresta espantosa. De cabeza se precipitaba<span class="pagenum" id="Page_77">[Pg 77]</span>
+la embarcación para ascender oblicuamente al
+punto. El patrón, sintiendo su inmensa responsabilidad,
+hacía milagros, animando, dirigiendo.
+¡La tormenta! ¡Bah! Otras había pasado y
+salido con bien, gracias á Dios y á nuestra Señora
+de la Guía, de quien se acordaba mucho
+entonces, con ofrecimientos de misas y exvotos
+de barquitos, retratos de la <em>Mascota</em> para colgar
+en el techo del santuario... Verdad; no era
+el primer temporal que corrían; pero... no llevaban
+la carga estibada sobre cubierta, sino en
+el fondo de la cala, bien apañadita, como Dios
+manda y se requiere entre la gente del oficio. Y
+los que habían cometido aquella barbaridad supina,
+ahora, á pesar de las furiosas voces de
+mando del patrón, perdían los ánimos para remar,
+como si sintieran en las atezadas mejillas
+el húmedo beso de la muerte... Sólo una resolución
+podía salvarles. <em>Finisterre</em> la sugirió,
+mezclando las interjecciones con rudas plegarias.
+El patrón resistía, pero el cariño á la vida tira
+mucho, y por unanimidad se resolvió largar al
+agua los maldecidos bocoyes. ¡Afuera con ellos,
+antes que se corriesen á una banda y sucediese
+lo que se estaba viendo venir! Sin más ceremonias
+empujaron una de las barricas para lanzarla
+por encima de la borda...</p>
+
+<p>Los que intentaron la faena sólo tuvieron
+tiempo de retroceder á saltos. La barrica andaba;
+la barrica se les venía encima, ella sola.
+Y las demás, como rebaño de monstruos panzudos,
+la seguían. Corrían, rodaban, locas de
+vértigo, á hacinarse sobre la banda de babor, y<span class="pagenum" id="Page_78">[Pg 78]</span>
+el balandro, hocicando, con la proa recta á la
+sima, daba espantoso salto, el <em>pinche-carneiro</em>
+vaticinado por <em>Finisterre</em>, y soltando en las olas
+toda su carga, barricas y hombres, flotaba quilla
+arriba, como una cáscara de nuez.</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>La primer noticia del naufragio se supo en el
+puertecillo de Ángeles, frontero á la bahía, porque
+dos bocoyes salieron allí, á la madrugada,
+y quedaron varados en la playa al retirarse la
+marea. Corrió el rumor de la presa, y se apiñaron
+en la orilla más de cien personas—pescadores,
+aldeanos, carreteros, carabineros, sardineras,
+mujerucas, chiquillería—. Nadie ignoraba
+lo que significa la aparición de bocoyes llenos
+en una playa de la costa. Aún les retumbaba
+en los oídos el bramar de la tormenta. Pero
+ahora hacía un sol hermoso, un día magnífico,
+<em>criador</em>. Era domingo; por la tarde bailarían en
+el castañal; y con la presa, no había de faltar
+vino para remojar la gorja. Nadie hizo comentarios
+tristes sino los pescadores—que, sin
+embargo, se consolaron pensando en el rico
+vientre de las barricas...! Sólo una vejezuela,
+que había perdido á su mozo, su hijo, de veinte
+años, en un lance de mar, escapó de la playa
+dando alaridos, y apostada cerca del carro en
+el cual fueron llevados los toneles al campo de
+la romería, chillaba:</p>
+
+<p>—¡No bebades, no bebades! Ese vino sabe á la
+sangre de los hombres y al amarguío de la mar.</p>
+
+<p>La hicieron el mismo caso que los tripulantes
+del balandro á <em>Finisterre</em>.</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_79">[Pg 79]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >FUEGO Á BORDO</h2>
+</div>
+
+
+<p>Cuando salimos del puerto de Marineda—serían,
+á todo ser, las diez de la mañana—no
+corría temporal, sólo estaba la mar rizada
+y de un verde... vamos, un verde sospechoso.
+Á las once servimos el almuerzo, y fueron
+muchos pasajeros retirándose á sus camarotes,
+porque el oleaje, no bien salimos á alta
+mar, dió en ponerse grueso, y el buque cabeceaba
+de veras. Algunos del servicio nos reunimos
+en el comedor, y mientras llegaba la hora
+de preparar la comida, nos divertíamos en tocar
+el acordeón y hacer bailar al pinche, un
+negrito muy feo: y nos reíamos como locos,
+porque el negro, con las cabezadas de la embarcación
+y sus propios saltos, se daba mil coscorrones
+contra el tabique. En esto, uno de los
+muchachos camareros, que les dicen <em>estuarts</em>, se
+llega á mí.</p>
+
+<p>—Cocinero, dos fundas limpias, que las necesito.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_80">[Pg 80]</span></p>
+
+<p>—Pues vaya usted al ropero, y cójalas,
+hombre.</p>
+
+<p>—Allá voy.</p>
+
+<p>Y sin más, entra y enciende un cabo de vela
+para escoger las fundas.</p>
+
+<p>¡Aquel cabo de vela! Nadie me quitará de la
+cabeza que el condenado... Dios me perdone, el
+infeliz del camarero lo dejó encendido, arrimado
+á los montones de ropa blanca. Como un
+barco grande requiere tanta blancura, además
+de las estanterías llenas y atestadas de manteles,
+sábanas y servilletas, había en el <em>San Gregorio</em>
+rimeros de paños de cocina, altos así, que
+llegaban á la cintura de un hombre. Por fuerza
+el cabo se quedó pegadito á uno de ellos, ó cayó
+de la mesa, encendido, sobre la ropa. En fin,
+era nuestra suerte, que estaba así preparada.</p>
+
+<p>Yo no sé qué cosa me daba á mí el cuerpo ya
+cuando salimos de Marineda. Siempre que embarco
+estoy ocho días antes alegre como unas
+castañuelas, y hasta parece que me pide el
+cuerpo algo de broma con los amigos y la familia.
+Pues de esta vez... tan cierto como que
+nos hemos de morir... tenía yo el viaje atravesado
+en el gaznate, y ni reía ni apenas hablaba.
+La víspera del embarque le dije á mi esposa:</p>
+
+<p>—Mujer, mañana tempranito me aplancharás
+una camisola, que quiero ir limpio á bordo.</p>
+
+<p>Por la mañana entró con la camisola, y le
+dije:</p>
+
+<p>—Mujer, tráeme el pequeño que mama.</p>
+
+<p>Vino el chiquillo y le di un beso, y mandé que
+me lo quitasen pronto de allí, porque las entrañas<span class="pagenum" id="Page_81">[Pg 81]</span>
+me dolían y el corazón se me subía á la
+garganta. También la víspera fuí á casa del segundo
+oficial, el señorito de Armero, y estaba
+la familia á la mesa; y la madre que es así una
+señora muy franca, no ofendiendo lo presente,
+me dijo:</p>
+
+<p>—Tome usted esta yema, Salgado.</p>
+
+<p>—Mil gracias, señora, no tengo voluntad.</p>
+
+<p>—Pues lléveles éstas á los niños... ¿Y qué le
+pasa á usted, que está qué sé yo cómo?</p>
+
+<p>—Pasar, nada.</p>
+
+<p>—¿Y qué le parece del viaje, Salgado?</p>
+
+<p>—Señora, la mar está bella, y no hay queja
+del tiempo.</p>
+
+<p>—No, pues usted no las tiene todas consigo.
+Le noto algo en la cara.</p>
+
+<p>Para aquel viaje había yo comprado todos
+los chismes del oficio; por cierto que en la compra
+se me fué lo último que me quedaba: setenta
+duretes. Los chismes eran preciosos: cuchillos
+de lo mejor, moldes superiores, herramientas
+muy finas de picar y adornar; porque
+en el barco, ya se sabe: le dan á uno buena batería
+de cocina, grandes cazos y sartenes, carbón
+cuanto pida, y víveres á patadas; pero ciertas
+monaditas de repostería y de capricho, si no
+se lleva con qué hacerlas... Y como yo tengo
+este pundonor de que me gusta sobresalir en mi
+arte y que nadie me pueda enseñar un plato...
+Por cierto que esta vanidad fué mi perdición
+cuando sostuve <em>restaurant</em> abierto. Me daba
+vergüenza que estuviese desairado el escaparate,
+sin una buena polla en galantina, ó solomillo<span class="pagenum" id="Page_82">[Pg 82]</span>
+mechado, ó jamón en dulce, ó chuletas bien
+panadas y con su papillotito de papel en el hueso...
+Y los parroquianos no acudían; y los platos
+se morían de viejos allí; y cuando empezaban
+á oler, nos los comíamos por recurso: mis
+chiquillos andaban mantenidos con trufas y
+jamón, y el bolsillo se desangraba... Si no levanto
+el <em>restaurant</em>, no sé qué sería de mí: de
+manera que encontrar colocación en el barco y
+admitirla fué todo uno. Pensaba yo para mi
+chaleco:—Ánimo, Salgado: de veintiocho duros
+que te ofrecen al mes, mal será que no puedas
+enviarle doce ó quince á la familia. No es
+la primera vez que te embarcas: vámonos á
+Manila, ¿quién sabe si allí te ajustas en alguna
+fonda y te dan mil ó mil quinientos reales mensuales
+y eres un señor? Lo dicho: la suerte, que
+arregla á su modo nuestros pasos... Estaba de
+Dios que yo había de perder mis chismes, y
+pasar lo que pasé, y volver á Marineda desnudo.</p>
+
+<p>¿En qué íbamos? Sí, ya me acuerdo. Faltaría
+hora y media para la comida, cuando nos pareció
+que por la puerta del ropero salía humo. El
+que primero lo notó no se atrevía á decirlo: nos
+mirábamos unos á otros, y nadie rompía á gritar.
+Por fin, casi á un tiempo, chillamos:</p>
+
+<p>—¡Fuego! ¡Fuego á bordo!</p>
+
+<p>Mire usted, no cabe duda; lo peor, en esos
+momentos en que se suceden cosas horrorosas,
+es aturdirse y perder la sangre fría. Si cuando
+corrió el aviso se pudiese dominar el pánico y
+mantener el orden; si media docena de hombres
+serenos tomasen la dirección imponiéndose, y<span class="pagenum" id="Page_83">[Pg 83]</span>
+aislasen el fuego en las tripas del barco, estoy
+seguro de que el siniestro se evitaba. Yo, que
+todo lo presencié, que no perdí detalle, puedo
+jurar que no entiendo cómo en un minuto se
+esparció la noticia y ya no se vieron sino gentes
+que corrían de aquí para allí, locas de miedo.
+Para mayor desdicha empezaba á anochecer,
+y la mar cada vez más gruesa y el temporal
+cada vez más recio aumentaban el susto.
+Aquello se convirtió en una Babel, donde nadie
+se entendía ni obedecía á las voces de
+mando.</p>
+
+<p>El capitán, que en paz descanse, era un mallorquín
+de pelo en pecho, valentón, y no tiene
+que dar cuenta á Dios de nada, pues el pobrecillo
+hizo cuanto estuvo en su mano; pero le
+atendían bien poco. Acaso debió levantar la
+tapa de los sesos á alguno para que los demás
+aprendiesen; bueno, no lo hizo; él fué el primero
+á pagarlo, ¡cómo ha de ser! Nos metimos
+él y yo por el corredor de popa, con objeto de
+ver qué importancia tenía el incendio; y apenas
+abrimos la puerta de hierro, nos salió al paso
+tal columna de humo y tal cortina de llamas,
+que apenas tuvimos tiempo á retroceder, cerrar
+y apoyarnos, chamuscados y á medio asfixiar,
+en la pared. Yo le grité al capitán:</p>
+
+<p>—Don Raimundo, mire que se deben cerrar
+también las puertas de hierro á la parte de proa.</p>
+
+<p>Él daría la orden á cualquiera de los que andaban
+por allí atortolados; puede que al tercero
+de á bordo; no sé; lo cierto es que no se
+cumplió, y en no cumplirse estuvo la mitad de<span class="pagenum" id="Page_84">[Pg 84]</span>
+la desgracia. Nosotros, á toda prisa, nos dedicamos
+á refrescar con chorros de agua las puertas
+de hierro, para que el horno espantoso de
+dentro no las fundiese y saltasen dejando paso
+á las llamas. ¿De qué nos sirvió? Lo que no sucedió
+por allí sucedió por otro lado. Nos pasamos
+no sé cuánto tiempo remojando la placa,
+envueltos en humareda y vapor; mas al oir que
+por la proa salían las llamas ya, se nos cansaron
+los brazos, y huyendo de aquel infierno
+pasamos á la cubierta.</p>
+
+<p>Verdaderamente cesó desde entonces la batalla
+con el fuego y las esperanzas de atajarlo,
+y no se pensó más que en el salvamento; en
+librar, si era posible, la piel: eso, los que aún
+eran capaces de pensar; porque muchísimos se
+tiraron en el suelo, ó se metieron á arrancarse
+el pelo por los rincones, ó se quedaron hechos
+estatuas, como el tercero de á bordo, que tan
+pronto se declaró el incendio se sentó en un
+rollo de cuerdas, y ni dijo media palabra, ni se
+meneó, ni soñó en ayudarnos.</p>
+
+<p>Á las dos horas de notarse el fuego, la máquina
+se paró. Si no se para, tenemos la salvación
+casi segura; ardiendo y todo, llegaríamos
+al puerto. Lo que recelábamos era que el vapor
+comprimido y sin desahogo hiciese estallar la
+caldera. Todos preguntábamos al <em>engineer</em>, un
+inglés muy tieso, muy callado y con un corazón
+más grande que la máquina. No se meneaba
+de su sitio, ni se demudó poco ni mucho;
+abrió todas las válvulas, y nos dijo con
+flema:</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_85">[Pg 85]</span></p>
+
+<p>—Mi responde con mi <em>head</em>, máquina <em>very-good</em>,
+seguros por ella no explosión.</p>
+
+<p>Al ver que la pobre de la máquina se paraba,
+nos quedamos, si cabe, más aterrados; no creímos
+que el incendio llegase hasta donde, por lo
+visto, llegaba ya: comprendimos que el fuego
+no estaba localizado y contenido, sino que era
+dueño de todo el interior del buque y no había
+más remedio que cruzarse de brazos y dejarle
+hacer su capricho.</p>
+
+<p>—¡Barco perdido, D. Raimundo!—dije al capitán.</p>
+
+<p>—Barco perdido, Salgado.</p>
+
+<p>—¿Y nosotros?</p>
+
+<p>—Perdidos también.</p>
+
+<p>—Esperanza en Dios, D. Raimundo.</p>
+
+<p>Y él se echó las manos á la cabeza y dijo de
+un modo que nunca se me olvida:</p>
+
+<p>—¡Dios!</p>
+
+<p>Yo no sé qué le habíamos hecho á Dios los
+trescientos cristianos que en aquel barco íbamos;
+pero algún pecado muy gordo debió de
+ser el nuestro, para que así nos juntase castigos
+y calamidades. De cuantas noches de temporal
+recuerdo—y mire usted que algo se ha navegado—ninguna
+más atroz, más furiosa que aquella
+noche. Una marejada frenética; el barco no
+se sostenía: ola por aquí, ola por acullá: montes
+de agua y de espuma que nos cubrían: ya no
+era balancearse; era despeñarse, caer en un
+precipicio: parecía que la tormenta gozaba en
+movernos y abanicarnos para avivar el incendio.
+Soplaba un viento iracundo; llovía sin cesar:<span class="pagenum" id="Page_86">[Pg 86]</span>
+y la noche tan negra, tan negra, que sobre
+cubierta no nos veíamos las caras. Unos lloraban
+de un modo que partía el corazón; otros
+blasfemaban; muchos decían:—¡Ay mis pobres
+hijos!—No entiendo cómo el timonel era capaz
+de estarse tan quieto en su puesto de honor,
+manteniendo fijo el rumbo del barco para que
+no rodase como una pelota por aquel mar loco.</p>
+
+<p>Pronto empezaron á alumbrarnos las llamas,
+que salían por la proa no ya á intervalos, sino
+continuamente, igual que si desde adentro las
+soplasen con fuelles de fragua. Lo tremendo de
+la marejada hizo que no se pensase en esquifes;
+meterse en ellos se reducía á adelantar la muerte.
+En esto gritaron que se veía embarcación á
+sotavento.</p>
+
+<p>¡Un buque! Desde que se declaró el incendio
+no habíamos cesado de disparar cohetes y fuegos
+de bengala con objeto de que los buques, al
+pasar cerca de nosotros, comprendiesen que el
+barco incendiado contenía gente necesitada de
+socorro. Y vea usted cómo Dios, á pesar de lo
+que dije antes, nunca amontona todas las desgracias
+juntas. Aún tenemos que agradecerle
+que el sitio del siniestro es un punto de cruce,
+donde se encuentran las embarcaciones que hacen
+rumbo al Atlántico y al Mediterráneo. Pocas
+millas más adelante ya no sería fácil hallar
+quien nos socorriese.</p>
+
+<p>Al ver el buque, la gente se alborotó, y los
+más resueltos arriaron los esquifes en un minuto.
+Allí no había capitán, ni oficiales, ni autoridad
+de ninguna especie: los contramaestres se<span class="pagenum" id="Page_87">[Pg 87]</span>
+cogieron el esquife mejor, y cabiendo en él
+treinta personas, resultó que lo ocuparon sólo
+cinco. Ya se sabe lo que hace el miedo á morir:
+ni se repara en el peligro, ni hay compasión,
+ni prójimo. Sin mirar lo furioso del oleaje y lo
+imposible que era nadar allí, se echaron al mar
+muchísimas personas, por meterse en los esquifes.
+Aún parece que oigo las voces con que decían
+al contramaestre:</p>
+
+<p>—¡Espere, nuestramo Nicolás, espere por la
+madre que le parió; la mano, nuestramo!</p>
+
+<p>Y él, en su maldita jerga catalana, respondía:</p>
+
+<p>—<em>N’om fa rés; no’m fa rés.</em></p>
+
+<p>Y cuando los infelices querían halarse al esquife
+y se agarraban á la borda, los de dentro,
+desenvainando los cuchillos, amenazaban coserles
+á puñaladas.</p>
+
+<p>De esta vez hubo ya bastantes víctimas: los
+esquifes se alejaron y nuestra esperanza con
+ellos. Después de recoger á aquellos primeros
+náufragos, el buque siguió su rumbo, porque
+no le permitía mantenerse al pairo el temporal.</p>
+
+<p>¡Á todo esto, si viese usted cómo iba poniéndose
+la cubierta! Oíamos el roncar del incendio,
+que parecía el resoplido de un animalazo feroz,
+y á cada instante esperábamos ver salir
+las llamas por el centro del buque y hundirse
+la cubierta. Nos arrimábamos cuanto podíamos
+á la parte de popa, pues además el calor del
+suelo se hacía insoportable, y del piso de hierro
+cubierto con planchas de madera salían, por los
+agujeros de los tornillos, llamitas cortas, igual<span class="pagenum" id="Page_88">[Pg 88]</span>
+que si á un tiempo se inflamasen varias docenas
+de fósforos sembrados aquí y acullá. Ya ni el
+frío ni la obscuridad eran de temer: ¡qué disparate!
+buena obscuridad nos dé Dios: la popa algunas
+veces estaba tan clara como un salón de
+baile: iluminación completa: daba gusto ver el
+horizonte cerrado por unas olas inmensas, verdes
+y negruzcas, que se venían encima, y sobre
+las cuales volaba una orillita de espuma más
+blanca que la nieve. También divisamos otro
+buque, un paquete de vapor, que se paraba, sin
+duda, para auxiliarnos. ¡Estaba tan lejos! Con
+todo, la gente se animó. El segundo, el señorito
+de Armero, se llegó á mí y me tocó en el
+hombro.</p>
+
+<p>—Salgado, ¿puede usted bajar á la cámara?
+Necesito un farol.</p>
+
+<p>—Mi segundo, estoy casi ciego... Con el calor
+y el humo, me va faltando la vista.</p>
+
+<p>—Aunque sea á tientas... Quiero un farol.</p>
+
+<p>Vaya, no sé yo mismo cómo gateé por las
+escaleras; la cámara era un horno, el farol todavía
+estaba encendido; lo descolgué y se lo
+entregué al segundo, convencido de que le daba
+el pasaporte para la eternidad, pues el esquife
+en que él y otros cuantos se decidieron á meterse
+era el más chico y estaba muy deteriorado.
+Lo arriaron, y por milagro consiguieron
+sentarse en él sin que zozobrase. Entonces empezó
+la gente á lanzarse al mar para salvarse
+en el esquife, y pude notar que, apenas caían
+al agua, morían todos. Alguno se rompió la cabeza
+contra los costados del buque; pero la mayor<span class="pagenum" id="Page_89">[Pg 89]</span>
+parte, sin tropezar en nada, expiró instantáneamente.
+¿Era que hervía el agua con el calor
+del incendio y los cocía? ¿Era que se les acababa
+las fuerzas? Lo cierto es que daban dos paladitas
+muy suaves para nadar, subían de pronto
+las rodillas á la altura de la boca, y flotaban
+ya cadáveres.</p>
+
+<p>Los del esquife remaban desesperadamente
+hacia el barco salvador. Supe después que, á la
+mitad del camino, notaron que el esquife, roto
+por el fondo, hacía agua y se sumergía; que pusieron
+en la abertura sus chaquetas, sus botas,
+cuanto pudieron encontrar; y no bastando aún,
+el señorito de Armero, que es muy resuelto,
+cogió á un marinerillo, lo sentó ó, por mejor
+decir, lo embutió en el boquete y le dijo (con
+perdón):</p>
+
+<p>—¡No te menees y tapa con el...!</p>
+
+<p>Gracias á lo cual llegaron al buque y les pudimos
+ver ascendiendo sobre cubierta. No sé si
+nos pesaba ó no el habernos quedado allí sin
+probar el salvamento. ¡Los muertos ya estaban
+en paz, y los salvados... qué felices! El buque
+aquel tampoco se detenía; era necesario aguardar
+á que Dios nos mandase otro, y resistir
+como pudiésemos todo el tiempo que tardase.
+Es verdad que nuestro <em>San Gregorio</em> aún podía
+durar. Al fin era un gran vapor de línea, con su
+cargamento, y daba qué hacer á las llamas. El
+caso era refugiarse en alguna esquina, para no
+perecer abrasados.</p>
+
+<p>Al capitán se le ocurrió la idea de trepar á la
+cofa del gran árbol de hierro, del palo mayor.<span class="pagenum" id="Page_90">[Pg 90]</span>
+Mientras el barco ardía, creyó él poder mantenerse
+allí, seguro y libre de las llamas, como un
+canario en su jaula. Yo, que le vi acercarse al
+palo, le cogí del brazo en seguida.</p>
+
+<p>—No suba usted, capitán; ¿pues no ve que el
+palo se tiene que doblar en cuanto se ponga
+candente?</p>
+
+<p>El pobre hombre, enamorado del proyecto,
+daba vueltas alrededor del palo, estudiando su
+resistencia. Creo que si más pronto le anuncio
+la catástrofe, más pronto sucede. ¡El árbol...
+pim! se dobló de pronto, lo mismo que el dedo
+de una persona, y arrastrado por su peso, besó
+el suelo con la cima. Por listo que anduvo el
+capitán, como estaba cerca, un alambre candente
+de la plataforma le cogió el pie por cerca
+del tobillo, y se lo tronzó sin sacarle gota de
+sangre, haciendo á un tiempo mismo la amputación
+y el cauterio: respondo de que ningún cirujano
+se lo cortaba con más limpieza.</p>
+
+<p>Le levantamos como se pudo, y colocando un
+sofá al extremo de la popa, le instalamos del mejor
+modo para que estuviese descansado. Se quejaba
+muy bajito, entre dientes, como si masticase
+el dolor, y medio le oí: «¡Mi pobre mujer!,
+mis hijitos queridos, ¿qué será de ellos?». Pero de
+repente, sin más ni más, empezó á gritar como
+un condenado, pidiendo socorro y medicina.
+¡Sí, medicina! ¡Para medicinas estábamos! Ya
+el fuego había llegado á la cámara, y á pesar
+del ruido de la tormenta, oíamos estallar los
+frascos del botiquín, la cristalería y la vajilla.
+Entonces el desdichado comenzó á rogar,<span class="pagenum" id="Page_91">[Pg 91]</span>
+con palabras muy tristes, que le echásemos al
+agua, y usando, por última vez, de su autoridad
+á bordo, mandó que le atásemos un peso
+al cuerpo. Nos disculpamos con que no había
+con qué atarle, y él, que al mismo tiempo estaba
+sereno, recordó que en la bitácora existe
+una barra muy gruesa de plomo, porque allí
+no puede entrar hierro ni otro metal que haga
+desviar la aguja imantada. Por más que nos
+resistimos, fué preciso arrancarla y colgársela
+del cuello, y como el peso era grande y le obligaba
+á bajar la cabeza, tuvo que sostenerlo con
+las dos manos, recostándose en el respaldo del
+sofá. Como llevaba en el bolsillo su revólver,
+lo armó, y suplicó que le permitiesen pegarse
+un tiro y le arrojasen al mar después. ¡Naturalmente
+que nos opusimos! Le instamos para
+que dejase amanecer; con el día se calmaría la
+tormenta, y algún barco de los muchos que
+cruzaban nos salvaría á todos. Le porfiábamos
+y le hacíamos reflexiones de que el mayor valor
+era sufrir. Por último, desmontó y guardó el
+revólver, declarando que lo hacía por sus hijos
+nada más. Se quejó despacito y se empeñó en
+que habíamos de buscar y enseñarle el pie que
+le faltaba. ¿Querrá usted creer que anduvimos
+tras del pie por toda la cubierta y no pudimos
+cumplirle aquel gusto?</p>
+
+<p>Después del lance del capitán, ocurrió el del
+oficial tercero, y se me figura que de todos los
+horrores de la noche fué el que más me afectó.
+¡Lo que somos, lo que somos! Nada: una miseria.
+El tercero era un joven que tenía su novia,<span class="pagenum" id="Page_92">[Pg 92]</span>
+y había de casarse con ella al volver del viaje.
+La quería muchísimo, ¡vaya si la quería! Como
+que en el viaje anterior le trajo de Manila preciosidades
+en pañuelos, en abanicos de sándalo,
+en cajitas, en mil monadas. No obstante...
+ó por lo mismo... en fin, ¡qué sé yo! Desgracias
+y flaquezas de los mortales... el pobre andaba
+triste, preocupado, desde tiempo atrás.
+Nadie me convencerá de que lo que hizo no lo
+hizo <em>queriendo</em>, porque ya lo tenía pensado de
+antes y porque le pareció buena la ocasión de
+realizarlo. Si no, ¿qué trabajo le costaba intentar
+el salvamento con el señorito de Armero?
+Ya determinado á morir, tanto le daba de un
+modo como de otro, y al menos podía suceder
+que en el esquife consiguiese librar la piel.
+Bien, no cavilemos. Él no dió señales de pretender
+combatir el fuego, y mientras nosotros
+manejábamos el <em>caballo</em> y soltábamos mangas
+de agua contra las puertas, envueltos en llamas
+y humo, él quietecito y como atontado. Al
+marcharse el señorito de Armero, le llamó á la
+cámara para entregarle su reloj—un reloj precioso
+con tapa de brillantes—y dos sortijas muy
+buenas también, encargándole que se las llevase
+á su novia como recuerdo y despedida. Lo
+que yo digo: el hombre se encontraba resuelto
+á morir. Luego subió á popa, y le vi sentado,
+muy taciturno, con la cabeza entre las manos.
+Á dos pasos me coloqué yo. Él se volvió y me
+dijo:</p>
+
+<p>—Cocinero ¿tiene usted ahí un cigarro?</p>
+
+<p>—Mi oficial, sólo tengo picadura en el bolsillo<span class="pagenum" id="Page_93">[Pg 93]</span>
+del chaquetón... Pero éste tiene tabacos, de seguro...—añadí,
+señalando á un camarero que
+estaba allí cerca.—¿Querrá usted creer que el
+bruto del camarero se resistía á meter la mano
+en el bolsillo y soltar el cigarro? Animal—le
+grité—no seas tacaño ahora; ¿de qué te servirá
+el tabaco si vamos todos á perecer?—En vista
+de mis gritos, el hombre aflojó el cigarro. El
+tercero lo encendió, y daría, á todo dar, tres
+chupadas; á cada una le veía yo la cara con la
+lumbre del cigarro: un gesto que ponía miedo.
+Á la tercer chupada, acercó á la sien el revólver,
+y oímos el tiro. Cayó redondo, sin un <em>ay</em>.</p>
+
+<p>Nadie se asustó, nadie gritó: casi puedo decir
+que nadie se movió: estábamos ya de tal manera,
+que todo nos era indiferente. Sólo el capitán
+preguntó desde el sofá.—¿Qué es eso? ¿qué
+ocurre?—El tercero que se acaba de levantar la
+tapa de los sesos.—¡Hizo bien!—De allí á poco
+rato murmuró.—Echarle al mar.—Obedecimos,
+y á ninguno se le ocurrió rezar el <em>Padre
+nuestro</em>.</p>
+
+<p>¡Es que se vuelve uno estúpido en ocasiones
+semejantes! Figúrese usted que en los primeros
+instantes, recogió el capitán, de la caja, seis mil
+duros y pico en oro y billetes; seis mil duros y
+pico que anduvieron rodando por allí, sobre cubierta,
+sin que nadie les hiciese caso, ni los
+mirase. En cambio, al piloto se le había metido
+en la cabeza buscar el cuaderno de bitácora,
+y se desdichaba todo porque no daba con él, lo
+mismo que si fuese indispensable apuntar á qué
+altura y latitud dejábamos el pellejo. Pues otra<span class="pagenum" id="Page_94">[Pg 94]</span>
+rareza. En todo aquel desastre, ¿quién pensará
+usted que me infundía más lástima? El perro
+del capitán, un terranova precioso, que días
+atrás se había roto una pata y la tenía entablillada:
+el animalito, echado junto al timón, remedaba
+á su amo: los dos iguales, inválidos y
+aguardando por la muerte. ¡Si seré majadero!
+El perro me daba más pena.</p>
+
+<p>Ya las llamas salían por sotavento, y la mañana
+se iba acercando. ¡Qué amanecer, Virgen
+Santa! Todos estábamos desfallecidos, muertos
+de sed, de frío, de calor, de hambre, de cansancio
+y de cuanto hay que padecer en la vida. Algunos
+dormitaban. Al asomar la claridad del
+día, salió del centro del barco una hoguera
+enorme: por el hueco del palo mayor se habían
+abierto paso las llamas, y la cubierta iba sin
+duda á hundirse, descubriendo el volcán. Contábamos
+con el suceso, y á pesar de que contábamos,
+nos sorprendió terriblemente. Empezamos
+á clamar al cielo, y muchos á enseñarle el
+puño cerrado, preguntando á Dios:</p>
+
+<p>—¿Pero qué te hicimos?</p>
+
+<p>El capitán, que tiritaba de fiebre, me dijo gimiendo:</p>
+
+<p>—¡Agua! ¡por caridad, un sorbo de agua!</p>
+
+<p>¡Agua! Puede que la hubiese en el aljibe. Así
+que lo pensé fuí hacia él y se me agregaron varios
+sedientos, poniendo la boca en unos remates
+que tiene el aljibe y son como biberones por
+donde sale el agua. ¡Qué de juramentos soltaron!
+El agua, al salir hirviendo, les abrasó la
+boca. Yo tuve la precaución de recibirla en mi<span class="pagenum" id="Page_95">[Pg 95]</span>
+casquete y dejarla enfriar. El capitán continuaba
+con sus gemidos. Tuve que dársela medio
+templada aún. ¡Me miró con unos ojos!</p>
+
+<p>—Gracias, Salgado.</p>
+
+<p>—No hay de qué, capitán... ¡Se hace lo que
+se puede!</p>
+
+<p>La tormenta, en vez de ir á menos, hasta parece
+que arreciaba desde que era de día. Para
+no caer al mar, nos cogíamos á la barandilla.
+Pasó un barco y por más señales que le hicimos,
+no se detuvo: y debió de vernos, pues cruzó
+á poca distancia. Á mí me dolían de un
+modo cruel los ojos, secos por el fuego, y cuanto
+más descubría el sol, menos veía yo, no distinguiendo
+los objetos sino como al través de
+una niebla. Por otra parte, me sentía desmayar,
+pues desde el almuerzo de la víspera no
+había comido bocado, y se me iba el sentido.
+Casualmente se encontraban sobre cubierta,
+descuartizadas y colgadas, las reses muertas
+para el consumo del buque, y con el calor del
+incendio estaban algo asadas ya. Los que nos
+caíamos de necesidad nos echábamos sobre
+aquel gigantesco rosbif, medio crudo, y refrescamos
+la boca con la sangre que soltaba. Nos
+reanimamos un poco.</p>
+
+<p>Á medio día sucedió lo que temíamos: quedó
+cortada la comunicación entre la proa y la
+popa, derrumbándose con gran estrépito media
+cubierta y viéndose el brasero que formaba
+todo el centro del barco. Salieron las llamas
+altísimas, como salen de los volcanes, y recomendamos
+el alma á Dios, porque creímos<span class="pagenum" id="Page_96">[Pg 96]</span>
+que iban á alcanzarnos. No sucedió esto por
+dos razones: primera, por tener el buque, en
+vez de obra muerta de madera, barandilla de
+hierro; segunda, por estar las puertas de hierro
+cerradas hacia la parte de popa, lo cual
+contuvo el incendio por allí, obligándole á cebarse
+en la proa. De todas maneras, no debían
+las llamas de andar muy lejos de nuestras personas,
+ya que á eso de las tres de la tarde empezamos
+á advertir que el piso nos tostaba las
+plantas de los pies. Atamos á una cuerda un
+cubo, y lo subíamos lleno de agua de mar,
+vertiéndolo por el suelo para refrescarlo un
+poco. Ya comprendíamos lo estéril del recurso,
+y en medio de lo apurados que estábamos, no
+faltó quien se riese viendo que era menester levantar
+primero un pie y luego bajar aquél y
+levantar el otro, para no achicharrarse. Serían
+las tres. El capitán me llamó despacito.</p>
+
+<p>—Salgado, ¡cuánto mejor era morir de una
+vez!</p>
+
+<p>—Para morir siempre hay tiempo, mi capitán.
+Aún puede que la Virgen Santísima nos
+saque de este apuro.</p>
+
+<p>Claro que yo se lo decía para darle ánimos:
+allá en mi interior calculaba que era preciso
+hacer la maleta para el último viaje. Bien sabe
+Dios que ni pensaba en las herramientas que había
+perdido, ni en mi propia muerte, sino sólo
+en los chiquillos que quedaban en tierra. ¿Cómo
+los trataría su padrastro? ¿Quién les ganaría el
+pan? ¿Saldrían á pedir limosna por las calles?
+Á lo que yo estaba resuelto era á no morir asado.<span class="pagenum" id="Page_97">[Pg 97]</span>
+Miré dos ó tres veces al mar, reflexionando
+cómo me tiraría para no romperme la cabeza
+contra el casco y no sufrir más martirio que el
+del agua cuando me entrase en la boca. Para
+acabar de quitarnos el valor, pasó un barco sin
+hacer caso de nuestras señales. Le enseñamos
+el puño y hubo quien le gritó:—Permita Dios
+que te veas como nos vemos.</p>
+
+<p>Ya nos rendía los brazos la faena de bajar y
+subir baldes de agua, que era lo mismo que
+querer apagar con saliva una hoguera grande:
+y convencidos de que perdíamos el tiempo y
+que era igual perecer un cuarto de hora antes
+ó después, el que más y el que menos empezó á
+pensar cómo se las arreglaría para hacer sin
+gran molestia la travesía al otro barrio. Yo me
+persigné, con ánimo de arrojarme en seguida
+al mar. ¡Qué casualidades! Hete aquí que aparece
+una embarcación, y en vez de pasar de
+largo, se detiene.</p>
+
+<p>Ya estaba el barco al habla con nosotros:
+una goleta inglesa, una hermosa goleta que desafiaba
+la tempestad manteniéndose al pairo.
+Los que conservaban ojos sanos pudieron leer
+en su proa, escrito con letras de oro, Duncan.
+Empezamos á gritar en inglés, como locos desesperados:</p>
+
+<p>—<em>¡Schooner! ¡Schooner! ¡Come near!</em></p>
+
+<p>—<em>¡Throw to the water!</em> nos respondían á voces,
+sin atreverse á acercarse. ¡Echarnos al
+agua! ¡No quedaba otro recurso, y éste era tan
+arriesgado! En fin, qué remedio: los esquifes no
+podían aproximarse, por el temporal, y el buque<span class="pagenum" id="Page_98">[Pg 98]</span>
+menos aún. Nuestro <em>San Gregorio</em>, cercado
+por todas partes de llamas inmensas, ponía
+miedo. Había que escoger entre dos muertes,
+una segura y otra dudosa. Nos dispusimos á
+beber el sorbo de agua salada.</p>
+
+<p>El primer chaleco salvavidas que nos arrojaron
+al extremo de un cabo, se lo ofrecimos al
+capitán.</p>
+
+<p>—Ánimo, le dijimos. Póngase usted el chaleco
+y al mar: mal será que no bracee usted
+hasta la goleta.</p>
+
+<p>—¡No puedo, no puedo!</p>
+
+<p>—Vaya, un poco de resolución.</p>
+
+<p>Se lo puso y medio murmuró, gimiendo:</p>
+
+<p>—Tanto da así como de otro modo.</p>
+
+<p>Y acertaba. Aquello fué adelantar el desenlace
+y nada más. Se conoce que ó la humedad
+del agua ó el sacudimiento de la caída le abrieron
+las arterias del pie tronzado y se desangró
+en un decir Jesús; ó acaso el frío le produjo
+calambre; no sé: el caso es que le vimos alzar
+los brazos, juntarlos en el aire, y colarse por
+ojo del salvavidas al fondo del mar. Quedaron
+flotando el chaleco y la gorra: á él no le vimos
+ya más en este mundo.</p>
+
+<p>Seguían echándonos, desde la goleta, cabos
+y salvavidas, y la gente, visto el caso del capitán,
+recelaba aprovecharlos. Yo me decidí primero
+que nadie. Ya quería, de un modo ó de
+otro, salir del paso. Pero antes de dar el salto
+mortal, reflexioné un poco y determiné echarme
+de soslayo, como los buzos, para que la corriente,
+en vez de batirme contra el buque, me<span class="pagenum" id="Page_99">[Pg 99]</span>
+ayudase á desviarme de él. Así lo hice, y en
+efecto, tras de la zambullida, fuí á salir bastante
+lejos del <em>San Gregorio</em>. Oía los gritos con que
+desde el <em>schooner</em> me animaban, y oí también el
+último alarido de algunos de mis compañeros,
+á quienes se tragó el agua ó zapatearon las olas
+contra los buques. Yo choqué con la espalda en
+el casco del <em>Duncan</em>: un golpe terrible, que me
+dejó atontado. Cuando me halaron, caí sobre
+cubierta como un pez muerto.</p>
+
+<p>Acordé rodeado de ingleses. Me decían: <em>¡go!
+¡cook! ¡go!</em> ¡á la cámara! Me incorporé y quise
+ir adonde me mandaban, pero no veía nada, y
+después de tantos horrores me eché á llorar por
+primera vez, exclamando:</p>
+
+<p>—<em>My no look</em>... ciego... enséñenme el camino...</p>
+
+<p>Me levantaron entre dos y me abracé al primero
+que tropecé, que era un grumete y rompió
+también á llorar como un tonto. No sé las
+cosas que hicieron conmigo los buenos de los
+ingleses. Me obligaron á beber de un trago una
+copa enorme de <em>brandy</em>, me pusieron un traje
+de franela, me dieron fricciones, me acostaron,
+me echaron encima qué sé yo cuántas mantas,
+y me dejaron solito.</p>
+
+<p>¿Qué sentí aquella noche? Verá usted... Cosas
+muy raras; no fué delirar, pero se le parecía
+mucho. Al principio sudaba algo y no tenía
+valor para mover un dedo, de puro feliz que me
+encontraba. Después, al oir el ruido del mar, me
+parecía que aún estaba dentro de él, y que las
+olas me batían y me empujaban aquí y allí. Luego<span class="pagenum" id="Page_100">[Pg 100]</span>
+iban desfilando muchas caras: mis compañeros,
+el tercero á la luz del cigarro, el capitán, y
+gentes que no veía hacía tiempo, y hasta un
+chiquillo que se me había muerto años antes...</p>
+
+<p>En fin, por acabar luego: llegamos á Newcastle,
+se me alivió la vista, el cónsul nos dió
+una guinea para tabaco, y á los pocos días nos
+embarcamos en un barco español con rumbo á
+Marineda. ¡Qué diferencia del buque inglés!
+Nuestros paisanos nos hicieron dormir en el
+pañol de las velas, sobre un pedazo de lona:
+apenas conseguimos un poco de rancho y galleta
+por comida: como si fuésemos perros.</p>
+
+<p>De la llegada, ¿qué quiere usted que diga? Á
+mi mujer le habían dado por cierta mi muerte;
+en la calle le cantaban los chiquillos coplas
+anunciándosela. Supóngase usted cómo estaba,
+y cómo me recibió. Ahora he de ir al santuario
+de la Guardia: no tengo dinero para misas; pero
+iré á pie, descalzo, con el mismo traje que tenía
+cuando me halaron sobre la cubierta del <em>Duncan</em>:
+chaleco roto por los garfios del salvavidas,
+pantalón chamuscado, y la cabeza en pelo;
+se reirán de verme en tal facha: no me importa:
+quiero besar el manto de la Virgen, y rezar
+allí una <em>Salve</em>.</p>
+
+<p>Me faltará para pan, pero no para comprar
+una fotografía del <em>San Gregorio</em>... ¿Ha visto
+usted cómo quedó? El casco parece un esqueleto
+de persona, y aún humea: el cargamento de
+algodón arde todavía: dentro se ve un charco
+negro, cosas de vidrio y de metal fundidas y
+torcidas... ¡Imponente!</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_101">[Pg 101]</span></p>
+
+<p>¿Que si me da miedo volver á embarcarme?...
+¡Bah! ¡Lo que está de Dios... por mucho que el
+hombre se defienda...! Ya tengo colocación buscada.
+¿Quiere usted algo para Manila? ¿Que le
+traiga á usted algún juguete de los que hacen
+los chinos? El domingo saldremos...</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Di al cocinero del <em>San Gregorio</em> unos cuantos
+puros. Tiene el cocinero del <em>San Gregorio</em>
+buena sombra y arte para narrar con viveza y
+colorido. Durante la narración, vi acudir varias
+veces las lágrimas á sus ojos azules, ya sanos
+del todo.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_102">[Pg 102]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_103">[Pg 103]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >LA PAZ</h2>
+</div>
+
+
+<p>Declarada la guerra entre los dos bandos
+enemigos, cada cual pensó en armarse.
+La elección de jefes no ofrecía dificultad: Pepito
+Lancín era aclamado por los de los bancos de la
+izquierda, y Riquito (Federico) Polastres por
+los de la derecha. Merecían los dos caudillos
+tan honorífico puesto.</p>
+
+<p>Con su travesura y su viveza de ingenio inagotable,
+Pepito Lancín conseguía siempre divertir
+á los compañeros de colegio, discurriendo
+cada día alguna saladísima diablura, y volviendo
+loco al catedrático de Historia, don Cleto
+Mosconazo, á quien había tomado por víctima.
+Ya le metía dentro del tintero una rana
+viva; ya le disparaba con la cerbatana garbanzos
+y guisantes; ya le untaba de pez el asiento,
+para que se le quedasen pegadas las faldillas
+del gabán; ya le colocaba un alfiler punta arriba
+en el brazo del sillón, donde el señor de Mosconazo
+tenía costumbre de pegar con la mano<span class="pagenum" id="Page_104">[Pg 104]</span>
+abierta mientras explicaba á tropezones las
+proezas de Aníbal ó las heroicidades de Viriato
+el pastor. Verdad que, después de cada gracia,
+Pepito Lancín «se cargaba» su castigo correspondiente:
+ya el tirón de orejas, ya el encierro
+á pan y agua, ya la hora de brazos abiertos
+ó de rodillas; y cuando algún disparo de la
+cerbatana hacía blanco en la nariz del profesor,
+éste recogía el proyectil y lo deslizaba debajo
+de la rótula del delincuente arrodillado. Parece
+poca cosa estarse de rodillas sobre un garbanzo
+una horita, ¿eh? ¡Pues hagan la prueba y verán
+lo que es bueno!</p>
+
+<p>Lejos de mermar el prestigio de Pepito Lancín,
+los castigos sufridos con estoicismo alegre,
+mezclando las muecas de burla con las contracciones
+del dolor, le hacían más popular entre
+los muchachos. En cuanto á Riquito Polastres,
+su fama reconocía otro origen: las cualidades
+morales é intelectuales, la constancia y
+la agudeza eran privilegio de Lancín; de Polastres,
+la fuerza física, unos puños como pesas de
+gimnasia y un pecho como la proa de un navío.
+El diminutivo de Federiquito parecía un epigrama,
+mirando aquel corpachón y aquellas
+manazas descomunales, y presenciando cómo
+el muchacho, de una puñada, hacía astillas el
+pupitre, y de una morrada deshacía una jeta <em>de
+hombre</em>: porque en esto se fundaba la gloria,
+la prez de Riquito; á los doce años había calentado
+los morros al asistente del papá de su novia,
+que quería espantarle del portal como se
+espanta á un perro faldero. Sí; ¡buen faldero te<span class="pagenum" id="Page_105">[Pg 105]</span>
+dé Dios! Aún tenía el zanguango del asistente
+un ojo hecho una lástima y un carrillo inflado,
+de resultas de la trompada fenomenal que le
+atizó Riquito...</p>
+
+<p>Esta contraposición de aptitudes que se observaba
+en los dos jefes de bando, provocó la declaración
+de guerra, porque cada día se chungueaban
+los izquierdos á cuenta de los derechos,
+tratando á Riquito de <em>mulo</em> y de <em>zoquete</em>,
+y los derechos acusaban á los izquierdos de <em>gallinas</em>
+y de <em>señoritas almidonadas</em>, lo cual es altamente
+ofensivo y no puede quedar impune.
+Nada, nada, á armar una guerra; el campo de
+batalla sería el descampado fronterizo al hospital
+y á espaldas del cuartel nuevo; allí se vería
+quién es quién, y si los de la izquierda gastan
+enaguas ó pantalones. No ha de ser una pedrea
+vulgar, como otras veces, sino una batalla
+en regla, igual que las que traen los periódicos;
+se emplearán armas blancas y de fuego;
+cada cual recogerá en su casa lo que encuentre,
+y los dos bandos se encontrarán á las seis de la
+mañana, una hora antes de entrar en clase—porque
+después pasa gente y andan cerca «los
+del orden»—en el sitio señalado, al mando de
+sus jefes respectivos.</p>
+
+<p>Ni un combatiente faltó de las filas.</p>
+
+<p>El entusiasmo, el ardor bélico, se reflejaban
+en todos los semblantes. De armamento, á decir
+verdad, andábamos medianamente: éste traía
+una pistola de salón descargada, aquél un cuchillo
+de mesa; lo que más abundaba eran las
+navajas y los cortaplumas, los sables de juguete<span class="pagenum" id="Page_106">[Pg 106]</span>
+y algún bastón de estoque sustraído á papá.
+Sin embargo, Pepito Lancín, entreabriendo su
+americana, mostró con orgullosa sonrisa un
+cinturón de cuero, y atravesado en él un magnífico
+revólver de níquel. Riquito se retorció de
+envidia. ¡Un revólver como Dios manda, un
+revólver de verdad! Para aplastar completamente
+á su adversario, Lancín dijo con fatuidad
+suma:</p>
+
+<p>—Cargadito con seis tiros... Y en el bolsillo
+cápsulas.</p>
+
+<p>Sonrió Riquito con desprecio. No necesitaba
+armas, le bastaban sus puños. Así lo declaró
+en alta voz; las armas para los cobardes, para
+los gallinas de la izquierda del colegio. Los dos
+bandos se hicieron muecas y cruzaron los insultos
+de costumbre; después, á la voz severa
+de los jefes, se replegaron para situarse en
+línea de batalla. De pronto, el denodado Lancín
+se adelantó al centro del espacio libre, y
+encarándose otra vez con Riquito, exclamó perentoriamente:</p>
+
+<p>—Ahora veréis lo que es el valor de los españoles.
+¡Muchachos! ¡Viva España! ¡Á la bayoneta!</p>
+
+<p>El caso es que Riquito era tan cerrado de
+meollo, que al pronto no entendió la significación
+de aquel grito, y lo repitió inconscientemente,
+haciendo coro á su enemigo. ¿Que viviese
+España? ¡Claro! ¿Eso qué tenía de particular?
+Los murmullos de su tropa le sorprendieron.
+¿Por qué protestaban? ¿Por qué chillaban
+y enseñaban los puños, no á los <em>izquierdos</em>,<span class="pagenum" id="Page_107">[Pg 107]</span>
+sino á él, á su excelencia el general Polastres?
+Por qué repetían: «No nos da la gana, barajas.
+¡Eso no, contra!». Para comprender lo que sucedía,
+fué preciso que uno de los más despabilados
+<em>derechos</em>, metiéndole los dedos por los
+ojos á su jefe, le gritase:</p>
+
+<p>—¡Barajas, tonto, que no queremos ser nosotros
+los mambises y que ellos sean los españoles!</p>
+
+<p>Tenía razón; ¿cómo no se le había ocurrido
+inmediatamente? ¡Aquel tunarra de Lancín los
+quería fastidiar! ¡Ah, granuja! Rebosando indignación,
+echando chispas, Polastres corrió
+hasta el general enemigo, sin temor á que le
+envolviesen y le hiciesen prisionero viéndole
+solo. Sentíase capaz de hundir paredes con la
+frente: iba ciego, frenético, por lo sangriento
+de la burla. Por instinto de caballerosidad, los
+adversarios aguardaron á que se explicase.</p>
+
+<p>—Oyes tú, Lancín, ¿quién éramos nosotros?</p>
+
+<p>—¡Anda éste! Érais los mambises—respondió
+Pepito, apretando la culata de su revolver,
+por el fino gusto de acariciarla.</p>
+
+<p>—¿Y vosotros?</p>
+
+<p>—Éramos los españoles, ya se sabe. ¿Qué habíamos
+de ser?</p>
+
+<p>—¡Claro, como que íbamos á entrar así! No
+vale. ¡No se nos antoja, barajas! ¿Piensas que
+te moneas conmigo?</p>
+
+<p>—Y entonces, ¿cómo va á ser, bruto, animal?
+Si no éramos contrarios, cata que no había
+guerra.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_108">[Pg 108]</span></p>
+
+<p>—¡Pues que la haya ó que no la haya! Eres
+muy listo tú. Déjanos á nosotros ser españoles,
+y ser vosotros los enemigos.</p>
+
+<p>—No puedo—objetó con suprema dignidad
+Lancín.</p>
+
+<p>—¿No? ¡Verás si puedes, rayo! Del lapo que
+te voy á soltar... te dejo negro, y estarás muy
+propio.</p>
+
+<p>—¡Pero, adoquín, si tengo la bandera ya!—contestó
+riendo triunfalmente el general Pepito,
+que sacó del bolsillo un trapo de percalina
+amarillo y rojo, resto probablemente de algún
+adorno de mástil en las últimas fiestas que había
+celebrado la ciudad, y lo tremoló orgulloso
+en el aire, repitiendo el patriótico grito lanzado
+momentos antes y contestado antes y ahora
+por los dos ejércitos. Al escucharlo por segunda
+vez, al ver ondear la bandera, la hueste de
+Riquito se precipitó y rodeó á Lancín, aclamando
+lo mismo que él aclamaba con voces
+atipladas y roncas, pero con una cordialidad y
+alegría que revelaba disposiciones pacíficas; y
+el jefe, confuso, no encontrando solución al
+problema—más fácil le parecía arremeter contra
+todos, contra el enemigo y contra los que
+se le pasaban traidoramente—exclamó avergonzado,
+llorando como un becerro:</p>
+
+<p>—Me has partido... Esto <em>no sirve</em>... No puede
+haber batalla... Si todos éramos españoles, no
+nos podíamos pegar... También te aseguro que
+cuando yo te pille y no esté delante nadie y no
+tengas bandera...</p>
+
+<p>—¡Vaya una gracia que harás! Tienes una<span class="pagenum" id="Page_109">[Pg 109]</span>
+fuerza que pareces un buey—contestó altivamente
+Lancín disparando su revólver al aire,
+mientras los dos ejércitos fraternizaban, y Riquito
+se arrepentía ya de su amenaza poco generosa.</p>
+
+<p>Las mamás de los guerreros nunca supieron
+de la que habían escapado.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_110">[Pg 110]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_111">[Pg 111]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >SUERTE MACABRA</h2>
+</div>
+
+
+<p>Queréis saber por qué don Donato, el de
+los carrillos bermejos y la risueña y
+regordeta boca, se puso abatido, se quedó color
+de tierra y acabó muriéndose de ictericia? Fué
+que—oídlo bien—le cayó el premio gordo de
+Navidad, los millones de pesetas...</p>
+
+<p>Antes de este acontecimiento, don Donato era
+un hombre que podía llamarse feliz, si tal adjetivo
+no pareciese un reto al destino, que siempre
+está enseñando los dientes á los mortales.
+Encerrado en su droguería y herboristería de la
+calle de Jacometrezo, haciendo todos los días á
+la misma hora las mismas cosas insípidas y rutinarias,
+don Donato era plácidamente optimista:
+sus excesos y lujos consistían en alguna escapatoria
+á los teatrillos alegres, porque don
+Donato aborrecía la literatura triste—al teatro
+se va á reir—y sus derroches en traerse á casa
+las mejores frutas y legumbres del mercado del<span class="pagenum" id="Page_112">[Pg 112]</span>
+Carmen, pues adoraba, á fuer de obeso, los alimentos
+flojos.</p>
+
+<p>Jugador empedernido de lotería, nunca perdió
+sorteo, y no sólo se arriesgaba él sino que
+tomaba parte con amigos, y hasta les encomendaba
+la adquisición de décimos en administraciones
+que por cualquier motivo juzgaba afortunadas,
+dentro de las laboriosas combinaciones
+que realizaba para perseguir y acorralar á la
+suerte, á quien un día ú otro estaba cierto de
+coger por las alas. ¿En qué se fundaba tal seguridad?
+No podía decirlo, pero le alentaba una fe
+robusta, un instinto ó presentimiento—llámenle
+los escépticos como quieran—. Supersticioso
+y calculista pueril, sucedíale á veces pararse en
+seco ante el número de una casa ó el de un coche
+simón, y correr á la administración á pedir
+el mismo número. Lo que más le confirmaba en
+su manía, era una circunstancia que realmente
+parecerá extraña á todo el que conozca la lotería
+un poco: en la ya larga existencia de jugador
+de don Donato, que jugaba en cada sorteo,
+en algunos doble y triple, no le había caído, no
+digamos un premio regular, pero ni una aproximación,
+ni un reintegro en Nochebuena, ni
+nada, nada, nada... Esta singular reserva de la
+fortuna le parecía á don Donato signo infalible
+de que sólo se ocultaba para venir un día de
+pronto, fulminante, terrible, con los brazos
+abiertos y las manos tendidas, llenas de oro.</p>
+
+<p>Hará dos años, estudiando don Donato la
+marcha del <em>gordo</em>, del premio deslumbrador de
+Navidad, observó que desde tiempo inmemorial<span class="pagenum" id="Page_113">[Pg 113]</span>
+no había caído en M...; y, herida su imaginación
+por esta circunstancia, encargó á un amigo
+y corresponsal que allí tenía que le tomase
+<em>un billete</em> nada menos. Á vuelta de correo recibió
+la respuesta y el número del billete adquirido,
+en el cual el comprador se reservaba
+un décimo. Giró el dinero don Donato;
+guardó como oro en paño el número y la carta
+comprobante, y esperó el sorteo con fatalismo
+de musulmán. Sin emoción compró la lista
+cuando la oyó vocear, y al fijar los ojos en el
+glorioso número, una oleada de sangre afluyó á
+su cabeza... Era el número adquirido en M...;
+el propio número... el suyo, el esperado, el de
+los millones... allí estaba, claro como la luz.
+¡El premio, el premio... La fortuna, abierta de
+brazos, derramando oro con sus anchas manos
+pródigas!</p>
+
+<p>Se repuso pronto don Donato. ¿Pues qué, no
+contaba con aquello, desde tantos años hacía?
+¡Era lógico que al fin viniese! Una alegría intensa,
+serena, le embargaba plácidamente, mientras
+corría á cerciorarse... aunque estaba seguro
+de que resultaría verdad.—Y verdad resultó.
+No quedaba más que recoger, cobrar y disfrutar
+á pulso lo cobrado.</p>
+
+<p>No queriendo hacer pública su dicha, por quitarse
+de murgas y sablazos; pensando que nadie
+ejecuta las cosas mejor que el interesado,
+aquella misma noche tomó el tren y no paró
+hasta dar con su cuerpo en M... Llegó á hora
+avanzada de la noche siguiente, molido y asendereado,
+como sedentario que viaja sin ganas<span class="pagenum" id="Page_114">[Pg 114]</span>
+y por precisión, y hubo de recogerse á una
+posada, para aguardar con la luz del día la
+hora de presentarse á su corresponsal y reclamar
+el billete. Al acostarse pensó madrugar,
+mas de puro quebrantado le tomó el sueño, y
+despertó muy tarde. Vistióse, y con indefinible
+sobresalto corrió á casa del amigo en cuyas
+manos se encontraba el tesoro. En la esquina
+de la calle vió gentío; monagos, mujerucas que
+lanzaban exclamaciones de compasión; escuchó
+las notas del piporro, la salmodia de los curas;
+rompió por entre la compacta muchedumbre,
+se abrió paso hasta el portal, y al querer enfilar
+la escalera, tropezó con un ataúd que bajaba
+en hombros... Ya lo adivinas, lector: encerraba
+el cadáver del poseedor del billete premiado...</p>
+
+<p>Después de cortos momentos de angustia
+cruel, don Donato se resolvió á penetrar, sin encomendarse
+á Dios ni al diablo, hasta el gabinete
+donde lloraba la viuda. Brutalmente—millones
+quitan escrúpulos—formuló la cuestión
+y reclamó el billete. Era de temer un desmayo:
+no lo hubo; la viuda, digna y tranquila, franqueó
+á don Donato el mueble donde el difunto
+guardaba sus papeles de mayor interés. Á las
+primeras de cambio encontraron en el cajón central
+una cédula de letra del muerto, que decía
+así: «Día tantos... he comprado para el señor
+don Donato Galíndez, droguero en Madrid, un
+billete entero de lotería, número tantos, que
+conservo en mi poder...». Y debajo: «Día tantos,
+recibida letra importe billete, menos un décimo<span class="pagenum" id="Page_115">[Pg 115]</span>
+que reservo para mí...». Abrió tanto ojo la viuda
+con lo del décimo, y desde aquel mismo instante
+se consagraron ella y don Donato, rivalizando
+en celo, á registrar la casa de abajo arriba;
+pero aun cuando gastaron tres días en pesquisas
+minuciosas, nada pudieron encontrar.
+El billete había desaparecido.</p>
+
+<p>Al cuarto día, don Donato, que ya tenía fiebre
+y estaba medio loco, iba á retirarse amenazando
+con la Justicia, cuando la viuda, llamándole
+á un rincón y titubeando, le dijo quedamente:</p>
+
+<p>—¿Sabe usted... que... que pienso una cosa?
+Se me ha clavado aquí—y apoyaba el índice en
+el entrecejo.</p>
+
+<p>—¿Qué cosa, señora mía?</p>
+
+<p>—Que... que tal vez... ese... ese billete...
+esté... Sí, casi de fijo está...</p>
+
+<p>—¿Dónde, voto á mil pares?...</p>
+
+<p>—¡Está... enterrado... con mi esposo!...</p>
+
+<p>—¡Enterrado!—exclamó don Donato, á punto
+de que lo enterrasen también.</p>
+
+<p>¿Lo creerán ustedes? Si no lo creen hacen mal.
+El terror á los muertos era tan profundo en don
+Donato, que si no le anima y envalentona la
+viuda, tal vez renuncia entonces á perseguir su
+billete. «No dude que está allí—insistía ella
+más resuelta cada vez—, porque <em>llevó puesta</em> su
+levita buena, la de paño fino, y es la misma
+que usó tres ó cuatro días antes de morir... Juraría
+que el billete va en el bolsillo. Como mi
+esposo falleció casi de repente...».</p>
+
+<p>Azuzado por la valerosa señora, don Donato<span class="pagenum" id="Page_116">[Pg 116]</span>
+se enteró de las formalidades necesarias para
+hacer exhumar judicialmente un cadáver, y pareciéndole
+empresa erizada de dificultades y
+hasta de peligros, resolvió echar por la calle
+de en medio y sobornar al encargado de la custodia
+del cementerio, para que abriese el nicho
+y el ataúd. Encuéntrase el cementerio de M...
+situado á orillas del mar, y la noche en que se
+realizó la lúgubre hazaña era de tormenta horrible;
+silbaba el viento entre los negros cipreses,
+y el sordo é imponente murmurio del océano
+tenía tonos de queja, de maldición y de llanto;
+clamores sobrehumanos por lo amenazadores
+y tristes, parecidos á un coro de voces de
+muertos. Á don Donato le corría el sudor, en
+frías gotas, desde el cráneo hasta la nuca; sus
+dientes castañeteaban, y sus piernas flaqueaban
+como si fuesen de algodón. Destapiaron el nicho;
+para sacar la caja, tuvo el droguero que
+ayudar, pues pesaba bastante; y cuando se alzó
+la tapa de zinc, la primer bocanada de putrefacción,
+el hedor cadavérico, dió, más que en
+las narices, en el alma á don Donato. La viuda,
+siempre animosa, le dijo al oído:</p>
+
+<p>—Ea... registre usted; no vaya á creer, si registro
+yo, que le engaño.</p>
+
+<p>Acercó el sepulturero la linterna; don Donato,
+con esfuerzo sobrehumano, se inclinó sobre
+la caja; vió una cara espantosa, verde ya, unos
+ojos abiertos, vidriados y aterradores, una barba
+fosca, unos labios lívidos... y sólo cuando la
+viuda repitió con energía:</p>
+
+<p>—¡Pero regístrele usted!</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_117">[Pg 117]</span></p>
+
+<p>Sólo entonces, lo repito, se dió cuenta de lo
+más horroroso... ¿Qué había de registrar? ¡El
+cadáver estaba desnudo! Cayó desplomado el
+droguero, mientras la viuda, con acento de desesperación,
+exclamaba:</p>
+
+<p>—¡Estúpida de mí! ¡Por qué no picaría yo á
+tijeretazos la ropa! ¡Cuando la ven entera, se la
+llevan, los muy ladrones!</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Se dió el oportuno aviso á la policía: se registraron
+las casas de empeño y préstamos de toda
+España, mas no pareció el siniestro billete, y
+el premio se lo guardó la Hacienda frotándose
+las manos (es una manera de decir). Probablemente,
+el ladrón de la levita arrojó al mar, sin
+examinarlos, los papeles que halló en los bolsillos,
+por temor á que le comprometiesen...
+Lo cierto es que don Donato, á su vez, cayó enfermo
+y murió consumido de hipocondría, enseñando
+los puños á una figura imaginaria,
+que debía de ser la descarada, la indinota de la
+suerte.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_118">[Pg 118]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_119">[Pg 119]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >EL GUARDAPELO</h2>
+</div>
+
+
+<p>Aunque son raros los casos que pueden citarse
+de maridos enamorados que no
+trocarían á su mujer por ninguna otra de las
+infinitas que en el mundo existen, alguno se encuentra,
+como se encuentra en Asia la perfecta
+mandrágora y en Oceanía el pájaro lira ó menurio.
+¡Dichoso quien sorprende una de estas
+notables maravillas de la naturaleza y tiene al
+menos la satisfacción de contemplarla!</p>
+
+<p>Del número de tan inestimables esposos fué
+Sergio Cañizares, unido á Matilde Arenas. Su
+ilusión de los primeros días no se parecía á esa
+efímera vegetación primaveral que agostan y
+secan los calores tempranos, sino al verdor
+constante de húmeda pradera, donde jamás faltan
+florecillas ni escasean perfumes. Cultivó su
+cariño Sergio partiendo de la inquebrantable
+convicción de que no había quien valiese lo que
+Matilde, y todos los encantos y atractivos de la<span class="pagenum" id="Page_120">[Pg 120]</span>
+mujer se cifraban en ella formando incomparable
+conjunto. Matilde era para Sergio la más
+hermosa, la más distinguida, donosa y elegante,
+la más discreta y simpática, y también, por
+añadidura, la más honesta, firme y leal. Con
+esta persuasión él viviría completamente venturoso,
+á no existir en el cielo de su dicha—es
+ley inexorable—una nubecilla tamaña como
+una almendra, que fué creciendo y creciendo y
+ennegreciéndose y amenazando cubrir y asombrar
+por completo aquella extensión azul, tan
+radiante, tan despejada á todas horas, ya reflejase
+las suaves claridades del amanecer, ya las
+rojas y flamígeras luminarias del ocaso.</p>
+
+<p>La diminuta nube que oscurecía el cielo de
+Sergio era un dije de oro, un minúsculo guardapelo
+que, pendiente de una cadenita ligera,
+llevaba constantemente al cuello Matilde... Ni
+un segundo lo soltaba; no se lo quitaba ni para
+bañarse—con exageración tal, que como un día
+se hubiese roto la cadena cayendo al suelo el
+dije, Matilde, pensando haberlo perdido, se puso
+frenética de susto y dolor; hasta que, encontrándolo,
+manifestó exaltado júbilo—. Desde el
+primer momento de intimidad conyugal, que
+permitió á Sergio ver brillar sobre el blanco raso
+del cutis de Matilde el punto de oro del guardapelo,
+aquel punto se le clavó en el alma, atrayendo
+sus ojos como si le hipnotizase. No llevaba
+Matilde cerca del corazón otra alhajilla, ni
+escapulario, ni cruz, ni medalla, y Sergio, deseando
+arrojar de sí vagos temores, supuso
+buenamente que el guardapelo encerraría algún<span class="pagenum" id="Page_121">[Pg 121]</span>
+emblema religioso. Alzándolo como al descuido,
+preguntó:</p>
+
+<p>—¿Tienes aquí una virgen?</p>
+
+<p>—No—respondió lacónicamente Matilde.</p>
+
+<p>—¿Algún santo de tu devoción?</p>
+
+<p>—Tampoco.</p>
+
+<p>—¡Ah!—murmuró el esposo.—Y se mordió
+los labios. Hay en el amor verdadero un instinto
+de delicadeza y altivez que impone la discreción:
+cuanto más crece el ansia de <em>saber</em>,
+mayor es la exigencia de que sea franco y sincero,
+y que lo sea espontáneamente, el ser querido;
+se desea deber la tranquilidad á una expansión
+de cariño y ternura. Sergio sintió que
+su dignidad amorosa no le permitía insistir en
+la pregunta, y fingió olvidarse de ella; pero le
+quedó la espina hincada muy adentro. Aparentó
+estar alegre cuando realmente se encontraba
+abatido y melancólico, y apenas acertaba á
+pensar sino en el guardapelo de su esposa. ¿Qué
+contenía? Hubiese dado la vida por salir de dudas...
+pero oyéndolo de boca de ella misma, de
+sus dulces labios, en uno de esos arranques
+leales y divinos en que los espíritus se besan,
+entrelazan y funden. Mas como Matilde, aunque
+siempre zalamera y halagadora, continuaba
+callándose lo del guardapelo, Sergio comprendió
+que se confundía su razón, que padecía
+mucho, y que, cuando tenía delante á su mujer,
+linda, adornada, dispuesta á amantes expansiones,
+en vez de ver su codiciada hermosura,
+sólo veía el siniestro punto de oro, el guardapelo
+fatal.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_122">[Pg 122]</span></p>
+
+<p>Matilde notó por fin la preocupación de su
+marido, y con coqueterías y mimos quiso arrancarle
+la confesión de sus causas. Un día, tanto
+apretó, que Sergio, vencido—el que ama fácilmente
+se rinde—, reclinando la cabeza en el
+seno de su mujer, declaró que le atormentaba
+ignorar lo que contenía aquel tan estimado
+guardapelo.</p>
+
+<p>—¿Y era eso?—respondió Matilde sonriente—¡Válgame
+Dios! ¿Por qué no lo dijiste más
+pronto? En este guardapelo... hay un mechón
+de pelo de mi padre.</p>
+
+<p>La explicación parecía muy satisfactoria, y,
+sin embargo, Sergio, al oirla, sintió hondo estremecimiento
+allá en lo íntimo de su conciencia.
+No le había sonado bien la voz de Matilde;
+no encontraba en ella ese timbre claro, que es
+como el eco de la verdad. Por primera vez desde
+su boda tuvo un violento arranque, y señalando
+á la cadena, ordenó:</p>
+
+<p>—Abre ese guardapelo.</p>
+
+<p>Leve palidez se extendió por las mejillas de
+Matilde, pero obedeció; apretó el resorte y Sergio
+divisó, tras su cristal, un mechón de pelo
+fino, de un rubio ceniza... En vez de echar los
+brazos al cuello de su mujer, que repetía: «¿Lo
+ves?» Sergio volvió á percibir otro golpe, otra
+fría puñalada... Retiróse lentamente, y aquel
+día los esposos no se hablaron. Matilde, quejándose
+de jaqueca, se acostó á medio día, y
+Sergio salió al campo á pasear.</p>
+
+<p>Cavilaba, discurría. Su suegro, ya difunto, y
+á quien había conocido calvo, con cerquillo de<span class="pagenum" id="Page_123">[Pg 123]</span>
+pelos grises, ¿sería en su juventud tan rubio?
+La cosa era bastante difícil de averiguar. Probablemente
+nadie recordaba ese detalle, pues
+para nadie tenía importancia, sino para él, Sergio,
+en aquella hora de su vida. ¿Quién le diría
+la verdad? Los días siguientes, disimulando la
+inquietud, preguntó á troche y moche, frecuentó
+el trato de los contemporáneos de su suegro,
+revisó retratos antiguos, fotografías, una miniatura...
+Nada logró sacar en limpio, más que
+noticias contradictorias.—Por fin, recordó que
+hacía pocos meses Matilde le había interesado
+en una recomendación á favor de un quinto,
+nieto de cierta buena mujer que había sido niñera
+de su padre, y que vivía aún, en una aldea
+cercana. Sergio, afanoso, ensilló el caballo y
+no paró hasta apearse ante la cabaña de la viejecita.
+Ésta, que frisaba en los ochenta y tres
+años, estaba impedida, medio ciega y casi sorda.
+Costóle gran trabajo á Sergio hacer comprender
+á la anciana su extraña pregunta. ¿De
+qué color tenía el pelo su suegro cuando era
+niño? Al fin, la vieja, meneando la cabeza decrépita,
+respondió en cascada voz, alzando el
+dedo índice:</p>
+
+<p>—¿El pelo? Lo tenía negrito, negrito como la
+endrina. ¡Ay! Era muy guapo.</p>
+
+<p>Sergio, que al pronto se quedó convertido en
+piedra, salió después corriendo como un loco.
+Matilde había mentido. ¡La condenaba aquel
+testimonio irrecusable! No podía ser recuerdo
+filial el mechón rubio.</p>
+
+<p>Una semana tardó Sergio en volver á su hogar.<span class="pagenum" id="Page_124">[Pg 124]</span>
+Anduvo errante, desatinado, y durante
+aquella semana puede decirse que recorrió el
+ciclo de la vida del sentimiento y que agotó entera
+la copa de la duda y la desesperación, sufriendo
+la profunda miseria moral que acompaña
+á los celos. Los dos primeros días dió por
+seguro que Matilde era una gran culpable y decidió
+matarla.—Los dos siguientes supuso que
+el mechón no recordaba sino algún inocente
+amorío de la adolescencia. Y al correr los tres
+últimos empezó á sonreirle una hipótesis que á
+cada paso se le figuraba más cuerda y razonable:
+la anciana, chocha ya, se había equivocado,
+como se equivocan hasta en lo más patente
+otras dos centenarias temblonas, la historia y
+la tradición. Al séptimo día, en el alma de Sergio
+el amor consiguió reconstruir su mundo
+ideal: la condenada vieja mentía, era una bellaca
+embustera y maliciosa; el padre de Matilde
+tenía el pelo rubio, muy rubio, y en último caso,
+si aquel mechón fuese <em>una memoria</em>... ¿qué importaba?
+No hay mujer que no conserve un
+guardapelo y lo lleve, si no al cuello en el corazón,
+lo cual es peor, ¡peor infinitamente!—Y
+Sergio, dolorido, pero resignado y ferviente,
+volvió al lado de Matilde, acostumbrado ya al
+brillo siniestro del punto de oro.</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_125">[Pg 125]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >LA VENTANA CERRADA</h2>
+</div>
+
+
+<p>Si alguna febril curiosidad he padecido en
+mi vida—declaró Pepe Olivar, el original
+escritor que hizo ilustre el prosaico seudónimo
+de <em>Aceituno</em>—; si me convencí prácticamente de
+que por la curiosidad se puede llegar á la pasión,
+fué debido al enigma de una ventana cerrada
+siempre, y detrás de la cual supuse que
+vivía—ó más bien que moría—una mujer á
+quien no conseguí ver nunca... ¡Nunca!</p>
+
+<p>—Eso parece leyenda de antaño, cuento misterioso
+de la época romántica—exclamó uno de
+nosotros.</p>
+
+<p>—¡Y tú te figuras, incauto—repuso <em>Aceituno</em>
+sarcásticamente—que ha inventado algo el romanticismo?
+¿Supones que no hubo románticos
+sino allá por los años del 30 al 40? ¿Desconoces
+el romanticismo natural, que no se aprende?
+¿Piensas que la imaginación puede sobrepujar
+á la realidad? Las infinitas combinaciones de los<span class="pagenum" id="Page_126">[Pg 126]</span>
+sucesos producen lo que ni aun entrevé la inspiración
+literaria. De esto he tenido en mi vida
+muchas pruebas; pero la historia de la ventana...
+¡ah! ésa pertenece, no al género espeluznante,
+sino á otro, poco lisonjero ciertamente
+para mí... Con todo, no careció de poesía: poesía
+fueron, y poesía de gran vibración, las violentas
+emociones que logró producirme.</p>
+
+<p>Supón que yo era muy muchacho: iba á cumplir
+los diecinueve, y desde C... acababa de
+trasladarme á Madrid para completar mis estudios
+en la facultad de Medicina y «despabilarme»
+(así decía mi padre, que me tenía por un
+rapaz encogido y torpe). Es frecuente que los
+chicos, por exceso de sensibilidad, parezcan lerdos;
+así me pasaba á mí; andaba por el mundo
+como dormido, mientras en mi interior se representaban
+novelas, dramas y tragedias, siempre
+con el mismo protagonista; el pobre estudiante
+de medicina, que desde el balcón de una
+casa de huéspedes de las más baratas, miraba
+pasar el torbellino de la corte, el descenso de
+los elegantes trenes hacia el paseo y los toros,
+el movimiento incesante, vertiginoso, de una de
+las grandes arterias madrileñas.</p>
+
+<p>Dominaba mi balcón del cuarto piso, no sólo
+la ancha calle que sabéis, sino las estufas, dependencias
+y jardines de cierto magnífico palacio.
+Cuando el bullicio callejero me aburría;
+cuando, rendido de estudiar para prepararme á
+los exámenes, ó de tragar libros y almacenar
+conocimientos, ó de darme un atracón de versos,
+soñaba con siestas en el campo y excursiones<span class="pagenum" id="Page_127">[Pg 127]</span>
+al través de las rientes campiñas galaicas,
+reposaba fijando la vista en lo que familiarmente
+llamaba «mi jardín». Dada la penuria de vegetación
+del interior de Madrid, el tal jardín se
+me figuraba un oasis consolador de la estrechez
+de mi cuarto, del tiesto de albahaca tísica que
+cultivaba mi patrona, de la falta de dinero para
+salir al campo los domingos. Frondosos y crecidos
+eran los árboles que sombreaban la fachada
+del palacio; pero, en otoño, los de hoja caduca,
+al despojarse de su rozagante vestido verde,
+me descubrían, en el segundo piso, en el ángulo
+del edificio, muy distante del pórtico por donde
+salían los carruajes, <em>la ventana</em>...</p>
+
+<p>Al pronto, no extrañé que aquella ventana,
+alta y rasgada, fuese la sola que jamás se abría,
+la única que, protegida siempre por el abrigo
+de su tupido cortinaje de seda, permanecía velada
+como un santuario y cerrada como la reja
+de una prisión. Así que caí en la cuenta, lo
+único que me atraía del palacio espléndido era
+la ventana dichosa. Mi vista, que antes registraba
+afanosamente los dorados salones, las
+bien decoradas estancias, los gabinetes llenos
+de delicados chirimbolos, el lujo severo del comedor,
+con sus bandejas de plata repujada y
+sus flamencos tapices—cosas que daban idea de
+una vida superior, desconocida para mí—, ahora
+desdeñaba tal espectáculo, y «atraída por un
+imán más poderoso», como dice Hamleto, no
+se apartaba del ángulo del edificio, de la ventana
+nunca abierta.</p>
+
+<p>Con insinuantes preguntas á mi patrona; haciendo<span class="pagenum" id="Page_128">[Pg 128]</span>
+charlar á mis compañeros de hospedaje
+y café, que se jactaban de conocer á fondo la
+crónica madrileña—quise averiguar la biografía
+de los moradores del palacio. Si bien todos
+afirmaban saberla á ciencia cierta y con pelos y
+señales, al precisar sólo obtuve datos truncados
+y hasta contradictorios, que me pusieron en
+mayor confusión.</p>
+
+<p>El dueño del palacio era un opulento magnate
+que había pasado larguísimas temporadas
+en el extranjero, desempeñando altos puestos
+diplomáticos. Por su alejamiento de la patria y
+por su carácter reservado y altanero, tenía en
+Madrid escasos amigos y contadas relaciones,
+y era de los que ni se dejan ver ni quieren gente.
+Al tratarse de la familia del señorón, empezaban
+las opuestas versiones y las noticias novelescas.
+Según unos, el magnate estaba viudo
+de cierta bellísima inglesa, y tenía consigo á
+una hija no menos hermosa, único fruto de su
+enlace; según otros, la inglesa no había muerto
+y residía en el palacio, secuestrada por los bárbaros
+celos del esposo... Gentes de imaginación
+volcánica aseguraban que la dama emparedada
+del palacio no era sino una odalisca robada en
+Constantinopla, y muchos la convertían en
+princesa circasiana venida de los países donde
+es más puro el tipo humano en la raza blanca,
+y donde la mujer, satisfecha con tener á su lado
+al señor y dueño, no aspira ni á sentar en las
+losas de la calle su diminuta babucha bordada
+de perlas... Estas suposiciones me derramaron
+en las venas vitriolo y fuego. ¡Recuerdo que<span class="pagenum" id="Page_129">[Pg 129]</span>
+frisaba yo en los veinte años, y que no había
+amado aún! Noches enteras me pasé fantaseando
+la ventana cerrada, que guardaba, á mi parecer,
+la clave de mi destino. Con el corazón
+palpitante espiaba la aparición de la mujer que
+alguna vez, fatalmente, entreabriría el cortinaje
+y pagaría mis miradas con una sola, resumen
+de la dicha... No me cabía duda; la primer
+ojeada de la cautiva sería chispa de rayo,
+premio de mi insensata y romancesca devoción...
+Me procuré unos gemelos marinos para
+mejor escrutar el arcano de la ventana. Conté
+las mallas del encaje del trasparente, las bellotas
+de pasamanería del cortinaje doble, los arabescos
+del brocado... Cuando se encendían dentro
+las lámparas, yo veía pasar y repasar una
+sombra gallarda, esbelta, ya arrastrando flotante
+bata, ya ceñida por severo traje oscuro; sombra
+divina, cuerpo de mi ensueño loco... ¿Lo
+creerán ó dirán que exagero? Hasta tal punto
+me sacaban de quicio la dama invisible y la
+ventana cerrada, que eran indiferentes á mi
+juventud fogosa todas las mujeres y se me hacía
+aborrecible la lectura, como no encontrase en
+los libros alguna situación semejante á la mía...</p>
+
+<p>¡Los planes que forjé! ¡Los delirios que se me
+ocurrieron! ¿Por qué secuestraban á aquella
+mujer celestial? ¿Qué tirano, qué verdugo era
+el magnate? ¿Qué nombre daba á sus derechos?
+¿Padre? ¿Marido? ¿Raptor y amante celoso?
+¿Había yo de tolerar el crimen? ¿No podría el
+oscuro estudiante, el cero social, libertar á la
+prisionera? ¿Tanto costaba escalar la tapia, salvar<span class="pagenum" id="Page_130">[Pg 130]</span>
+la puerta, aprovechar descuidos de los servidores,
+deslizarme escalera arriba, aparecer
+de súbito en el cuarto de la hermosa, caer á sus
+pies y decir en voz conmovida: «Aquí me tienes;
+el cielo te depara un redentor».</p>
+
+<p>Sólo que del pensamiento al hecho... Á pesar
+de mi fiebre amorosa y heroica, el aspecto señorial
+del palacio, la gravedad del portero de
+librea de gala, lo sólido del enverjado, los ladridos
+roncos de un colosal dogo de Ulm, la
+saludable memoria del Código y también la
+certidumbre de mi bolsillo vacío—-no hay cosa
+que así cohiba—, hacían que mis propósitos se
+desvaneciesen como el humo. Y quiso la pícara
+casualidad que una mañana que me levanté
+muy resuelto, al mirar al jardín y al palacio
+pensé que me daba un accidente... La ventana,
+¡la ventana! estaba abierta de par en par.</p>
+
+<p>Exhalé un grito, asesté los gemelos... La habitación,
+un elegante y muelle <em>boudoir</em> femenino,
+se encontraba vacía, desierta, solitaria...
+Recorrí las demás ventanas del palacio, todas
+abiertas, y en los salones ni alma viviente... El
+portero, ya sin librea, fumaba en el jardín; dos
+mozos retiraban plantas y jarrones á la estufa.
+Bajé mis cuatro pisos, crucé la calle, me llegué
+á la verja, tiré de la campana, pregunté... Los
+señores, la víspera, se habían marchado á Berlín.</p>
+
+<p>—¿Y llegaste á averiguar, oh insigne <em>Aceituno</em>,
+quién era la dama secuestrada?</p>
+
+<p>Pepe Olivar sonrió con ironía y humorismo,
+no sin mezcla de tristeza y nostalgia—su sonrisa
+propia, la marca de su estilo.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_131">[Pg 131]</span></p>
+
+<p>—Reíos también, ¡es muy chusco! Era la esposa
+del magnate, una inglesa... y secuestrada,
+ya lo creo... pero por su propia voluntad, único
+medio de que no rompa sus hierros una mujer.
+Ésta padecía una enfermedad de la piel;
+una de esas afecciones tercas y repugnantes, que
+desfiguran el rostro. De flor de Albión se había
+convertido en berenjena madura... y como la
+prescripción era evitar la más leve corriente del
+aire, no salía del tocador... Por otra parte, no
+quería que la viese nadie con la cara echada á
+perder. Un doctor alemán restauró las rosas y
+la nieve de aquella faz, que yo adoré sin haberla
+visto.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_132">[Pg 132]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_133">[Pg 133]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >INFIDELIDAD</h2>
+</div>
+
+
+<p>Con gran sorpresa oyó Isabel de boca de su
+amiga Claudia—mujer formal entre todas,
+y en quien la belleza sirve de realce á la
+virtud, como al azul esmalte el rico marco de
+oro—la confesión siguiente:</p>
+
+<p>—Aquí donde me ves, he cometido una infidelidad
+cruelísima, y si hoy soy tan firme y
+perseverante en mis afectos, es precisamente
+porque me aleccionaron las tristes consecuencias
+de aquel capricho.</p>
+
+<p>—¡Capricho tú!—repitió Isabel atónita.</p>
+
+<p>—Yo, hija mía... Perfecto, sólo Dios. Y gracias
+cuando los errores nos enseñan y nos depuran
+el alma.</p>
+
+<p>Con levadura de malignidad, pensó Isabel
+para su bata de encaje:</p>
+
+<p>—Te veo, pajarita... ¡Fíese usted de las moscas
+muertas! Buenas cosas habrás hecho á cencerros<span class="pagenum" id="Page_134">[Pg 134]</span>
+tapados... Si cuentas ésta, es á fin de
+que creamos en tu conversión.</p>
+
+<p>Y, despierta una empecatada curiosidad y
+una complacencia diabólica, volvióse la amiga
+toda oídos... Las primeras frases de Claudia
+fueron alarmantes.</p>
+
+<p>—Cuando sucedió estaba yo soltera todavía...
+La inocencia no siempre nos escuda contra los
+errores sentimentales. Una chiquilla de dieciséis
+años ignora el alcance de sus acciones; juega
+con fuego sobre barriles atestados de pólvora,
+y no es capaz de compasión, por lo mismo
+que no ha sufrido...</p>
+
+<p>La fisonomía de Claudia expresó, al decir así,
+tanta tristeza, que Isabel vió escrita en la hermosa
+cara la historia de las continuas y desvergonzadas
+traiciones que al esposo de su amiga
+achacaba con sobrado fundamento la voz
+pública. Y sin apiadarse, Isabel murmuró interiormente:</p>
+
+<p>—Prepara, sí, prepara la rebaja... Ya conocemos
+estas semiconfesiones con reservas mentales
+y excusas confitadas... El maridito se
+aprovecha, pero por lo visto has madrugado
+tú... Pues por mí, absolución sin penitencia,
+hija... ¡Y cómo sabe revestirse de contrición!</p>
+
+<p>En electo; Claudia, cabizbaja, entornaba los
+brillantes ojos, velados por una humareda oscura,
+profundamente melancólica.</p>
+
+<p>—Dieciséis años; era mi edad... y había un
+ser á quien entonces quería acaso más que á
+ninguno. Todos los momentos de que podía disponer,
+los dedicaba á acariciarle, á hacerle demostraciones<span class="pagenum" id="Page_135">[Pg 135]</span>
+de ternura, que él pagaba con
+otras, mil veces más apasionadas y alegres...</p>
+
+<p>—¡¡Claudita!!—esclamó Isabel con pudibundo
+mohín.</p>
+
+<p>—Isabel...—repuso ésta—tranquilízate, y
+que no te parezca cómica la revelación... ¡Si
+vieses qué lejos de mí está el tomar á broma
+este episodio! ¡Ojalá pudiese! El ser querido era
+un perro...</p>
+
+<p>—¡Ah!—gritó Isabel, que no pecaba de necia—Debí
+figurármelo... Sólo un perro justifica
+el lirismo con que te expresabas... Sólo el
+corazón del perro encierra lealtad, sinceridad y
+nobleza bastante para satisfacer á una soñadora
+como tú...</p>
+
+<p>—Y ahí está la razón de mis remordimientos...—afirmó
+seriamente Claudia—Si yo hubiese
+vendido á un ser capaz de venderme...
+mi conciencia estaría casi tranquila. Habría
+arriesgado algo, me habría expuesto á represalias...
+mientras que así...</p>
+
+<p>—Comprendo, comprendo—balbució Isabel,
+conmovida á pesar suyo.</p>
+
+<p>—Á pesar del tiempo transcurrido, aún me
+persiguen los recuerdos de mi maldad... Los
+años nos hacen más blandos de corazón; la juventud
+ve delante de sí tantas esperanzas, que
+no quiere mirar al dolor, ni apiadarse del daño
+que aturdidamente ocasiona... Mi error no tuvo
+disculpa, ni siquiera la del buen gusto. Ivanhoe,
+mi primer favorito, era un perrazo magnífico,
+un terranova de pelo ensortijado y negrísimo,
+como denso tapiz de alto astracán. De cabeza<span class="pagenum" id="Page_136">[Pg 136]</span>
+noble é inteligente, el mirar de sus grandes
+ojos de venturina destellaba una bondad ideal;
+¡decía un mundo de cosas! Cuando venia á descansar
+la cabezota en mi regazo, y fijaba en
+mis pupilas las suyas magnéticas, yo leía en
+ellas la resolución de morir por mí, si fuese
+preciso. La sombra de un peligro, la entrada
+de una persona desconocida, contraían con repentina
+ferocidad el hocico de Ivanhoe, que enseñaba
+sus blancos dientes amenazándoles, gruñendo
+sordamente. De día, me seguía paso á
+paso; de noche, dormía atravesado en el umbral
+de mi puerta. Mi pureza no necesitaba otro
+guardián, y mis padres acostumbraban decir
+que con Ivanhoe iba yo más defendida que con
+tres criados.</p>
+
+<p>En esto sucedió que vino de París mi tía la
+de Bellver, y me trajo un regalo carísimo. Empezaban
+á ponerse de moda los grifones, y dentro
+del manguito me presentó uno, diminuto
+hasta la ridiculez y feo hasta la sublimidad:
+«una delicia», voz unánime de cuantos le admiraron
+en la tertulia. Un matorral de pelo gris
+sucio se cruzaba y confundía en la cara del animalejo,
+escondiendo sus ojos desproporcionados,
+parecidos á enormes cuentas de azabache
+y descubriendo sólo la nariz, trufita húmeda,
+reluciente y donosa hasta la caricatura. <em>Clown</em>—así
+se llamaba el bichejo—fué nuestro juguete,
+frágil, original y envidiado, porque no se
+conocía otro en Madrid; y la miseria de mi vanidad
+me incitó á consagrar á Clown exclusivamente
+todos mis halagos, á no separarle de mí,<span class="pagenum" id="Page_137">[Pg 137]</span>
+á adoptarle por favorito, olvidando enteramente
+á Ivanhoe. Es más; llegué á expulsar á Ivanhoe
+de mi presencia y de mi cuarto, porque
+asustaba al grifón, el cual, muy tembleque,
+como todos los perros chiquitines, se convertía
+en azogado al ver al colosal terranova. Me entregué
+sin reparo al nuevo cariño, y si no le
+encargué á Clown un <em>trousseau</em> lujosísimo de
+sedas, encajes y plumas (ya sabes que esto se
+hace hoy, como que existen modistas especiales
+y hasta figurines para perros), al menos me dediqué
+á lavarle, peinarle, perfumarle y atusarle,
+y le construí un collarín precioso de perlitas,
+sacrificando mi mejor brazalete para los pasadores
+de diamantes. Mis amigas rabiaban por no
+tener otro Clown; yo le sacaba en carruaje, en
+el manguito ó en el rincón de mi chaqueta, entre
+el brazo y el seno; y al lucir tan gracioso
+dije viviente, al ostentarlo como una niña ostenta
+una muñeca más cara que todas, me pavoneaba
+y me hinchaba de orgullo, sin pensar
+ni un instante en el olvidado...</p>
+
+<p>El olvidado había procedido con la mayor
+dignidad, con la delicadeza más absoluta. Bastaríale
+mover una pataza para aplastar al rival
+intruso, pero se desdeñó hasta de ladrarle: tan
+mezquino enemigo no merecía los honores del
+ataque y de la protesta. Si se hubiese tratado
+de un perrazo... ya Ivanhoe disputaría mi ternura
+á dentelladas. Ante aquel ser exiguo,
+Ivanhoe comprendió que no le tocaba descender
+á ningún extremo celoso; se abatió, encogió
+la cola, agachó la cabeza, y resignadamente<span class="pagenum" id="Page_138">[Pg 138]</span>
+descendió á la cuadra, donde los cocheros se
+encargaron de cuidarle.</p>
+
+<p>—Ese perro era <em>un caballero</em>—interrumpió
+Isabel.</p>
+
+<p>—Y yo... <em>¡una infame!</em>—declaró amargamente
+Claudia.—Ivanhoe, solo, enfermo, abandonado
+entre gente grosera y estúpida... No me
+enteré sino cuando no había remedio.—Tiene
+la rabia mansa—me dijeron—y aunque no hace
+daño ni muerde, habrá que pegarle un tiro.—Sentí
+un golpe repentino en el corazón; me escapé,
+me escurrí furtivamente hasta la cuadra,
+y me acerqué al montón de paja mal oliente en
+que yacía tendido Ivanhoe. Á mi voz, entreabrió
+las pupilas y meneó débilmente la cola, como
+diciendo: «Gracias, soy tu amigo, soy aquel
+mismo, á pesar de todo...». Habían notado mi
+escapatoria y me arrancaron de allí deshecha
+en llanto, ahogada por los sollozos, convulsa;
+me encerraron en mi habitación, y á la media
+hora oí en el patio dos detonaciones de arma
+de fuego...</p>
+
+<p>Claudia calló y apretó en silencio, enérgicamente,
+la mano de Isabel. Después de una pausa,
+dijo sonriendo:</p>
+
+<p>—Ivanhoe me perdonó, porque en él no cabía
+otra cosa; ¡quien no me ha perdonado ha sido
+el destino... el gran vengador! No me ha traído
+suerte la infidelidad... El que á hierro mata...</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_139">[Pg 139]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >DE VIEJA RAZA</h2>
+</div>
+
+
+<p>Á cada salto de la carreta en los baches de
+las calles enlodadas y sucias, las sentenciadas
+á muerte se estremecían y cruzaban largas
+miradas de infinito terror. Sí, preciso
+es confesarlo: las infelices mujeres no querían
+que las degollasen. Aunque por entonces
+se ejercitaba una especie de gimnasia estoica y
+se aprendía á sonreir y hasta á lucir el ingenio
+soltando agudezas frente á la guillotina, en esto
+como en todo las provincias se quedaban atrasadas
+de moda, y los que presentaban su cabeza
+al verdugo en aquella ciudad del Poitou no
+solían hacerlo con el elegante desdén de los de
+la «hornada» parisiense.—Además, las víctimas
+hacinadas en la carreta no se contaban en el
+número de las viriles amazonas del ejército de
+Lescure, ni habían galopado trabuco en bandolera
+con las partidas del <em>Gars</em> y de Cathelineau.
+Señoras pacíficas sorprendidas en sus castillos
+hereditarios por la revolución y la guerra,
+briznas de paja arrebatadas por el torrente,<span class="pagenum" id="Page_140">[Pg 140]</span>
+no se daban cuenta exacta de por qué era
+preciso beber tan amargo cáliz. ¿Ellas qué habían
+hecho? Nacer en una clase social determinada—ser
+aristócratas, como se decía entonces—.
+Nada más. Los cuatro cuarteles de su escudo
+las empujaban al cadalso. No lo encontraban
+justo. No comprendían. Eran <em>sospechosas</em>, al
+decir del tribunal; <em>malas patriotas</em>. ¿Por qué?
+Ellas deseaban á su patria toda clase de bienes;
+jamás habían conspirado. No entendían de política.
+¡Y dentro de un cuarto de hora...!</p>
+
+<p>Cinco mujeres iban en la carreta: dos hermanas
+solteronas, viejísimas, las que mayor resignación
+demostraban en el trance; una dama
+como de treinta años, esposa de un guerrillero,
+separada de él desde el mismo día de sus bodas,
+que no le había visto nunca más porque no podía
+sufrirle, y pagaba ahora el delito de llevar
+tal nombre; una viuda, la condesa de L’Hermine,
+y su hija Ivona, criatura de dieciocho años,
+de primaveral frescura y perfecta belleza. Bajo
+el gorrillo ó cofia de blancos vuelos, el pelo
+suelto y rubio de la niña se escapaba formando
+aureola á la cara cubierta de mortal palidez,
+y en que las pupilas color de violeta y los
+cárdenos labios parecían toques de sombra sepulcral.
+Las manos, atadas atrás, temblaban;
+los dientes castañeteaban; doblábase desmayado
+el cuerpo.</p>
+
+<p>Sin embargo, desde la mitad del camino—que
+era largo, por encontrarse la prisión en las
+afueras de la ciudad y en el centro la plaza—,
+Ivona de L’Hermine, enderezándose, demostró<span class="pagenum" id="Page_141">[Pg 141]</span>
+inquietud nerviosa, delatora de una esperanza.
+Dos veces el oficial que mandaba la escolta
+de <em>azules</em> á caballo se había acercado á la
+carreta y murmurado al oído de Ivona algunas
+palabras, un cuchicheo. Tiñó el carmín las mejillas
+descoloridas de la doncella: no era el rubor
+de la modestia, ni el dulce sofoco de la pasión;
+no eran los sentimientos que en un alma
+joven despiertan las expresiones del amoroso
+rendimiento. Por más que el oficial fuese mozo
+y gallardo, Ivona no reparaba en su apuesta figura.
+Otra cosa encendía su rostro; la vida, la
+mágica vida, la vida que no había saboreado y
+que iba á perder. Al casi paralizado corazón
+acudía de nuevo la sangre, y los ojos de violeta
+recobraban su luz. ¡No morir!</p>
+
+<p>Instintivamente, desde que Ivona oyó la primer
+frase balbuceada por el oficial, trató de
+desviar el rostro, evitando el de su madre.
+Ésta, en cambio, clavaba en Ivona los ojos,
+fijos, ardientes, interrogadores. Ya á la salida
+de la cárcel pudo notar la impresión producida
+en el oficial por la hermosura de Ivona. La
+condesa no tenía ideas políticas; no la importaba
+Luis XVII martirizado en el Temple; mal
+de su grado se veía envuelta por los sucesos;
+deber la vida á un republicano no la parecía
+humillante. Se la debería gustosísima, aceptaría
+la de su hija, pero... ¿y la honra?—Por espacio
+de largos años, recluida en sus haciendas,
+lejos del mundo, sólo había atendido la condesa
+á educar á Ivona con máximas de honestidad
+y de recato, cultivándola entre blancuras<span class="pagenum" id="Page_142">[Pg 142]</span>
+de azucena, fortificándola por el ejemplo de la
+más casta viudez. La corrupción de la corte espantaba
+á la condesa, y hasta había momentos
+en que, recordando á Luis XV, justificaba la
+revolución y la consideraba castigo divino, merecido
+y necesario. La fe y el culto supersticioso
+de aquella mujer no eran la monarquía ni
+el antiguo régimen, sino la pureza, la religión
+del armiño que llevaba en su título nobiliario
+y en la empresa de su blasón. Y al observar
+cómo el oficial devoraba con la mirada á Ivona,
+al ver que deslizaba en su oído palabras
+que la reanimaban instantáneamente, pensó
+para sí: «Quiere salvarla. ¿Á ella sola? ¿Á qué
+precio?</p>
+
+<p>Increíble parece que una idea triunfe del horror
+que nos domina, al ver abierta la negra
+boca del no ser, las fauces de la eternidad. La
+condesa, en tan decisivos momentos, olvidando
+el miedo, sólo pensaba en Ivona ultrajada, mancillada,
+llevada por el oficial á su pabellón
+como una mujerzuela, después de que la hubiese
+arrebatado al patíbulo. Y no cabía duda:
+la niña aceptaba el trato: quizá su inocencia ignorase
+las condiciones; pero lo admitía: era vivir,
+era evitar el amargo trance. Mientras la
+indignación hervía en el alma de la madre, la
+hija volvía la cabeza para buscar con sus ojos,
+antes amortiguados, resplandecientes ahora, suplicantes,
+agradecidos, al jefe de la escolta, que
+la dirigía una sonrisa tranquilizadora, de inteligencia...
+Y ya llegaban; todo iba á consumarse;
+la carreta empezaba á abrirse paso difícilmente<span class="pagenum" id="Page_143">[Pg 143]</span>
+por entre las oleadas de la multitud que
+llenaba la plaza, en cuyo centro, siniestra y rígida
+silueta, se alzaba la guillotina, recogiendo
+un rayo de sol en su cuchilla de acero...</p>
+
+<p>Al detenerse la carreta, los soldados, atentos
+á una orden del oficial, hicieron bajar á la condesa
+y á Ivona. Quedaron las demás sentenciadas
+dentro, aguardando su turno: rezando las
+viejas, la esposa del guerrillero renegando de
+su suerte y pidiendo compasión. La condesa
+advirtió que la llevaban á ella primero y que su
+hija quedaba como rezagada al pie de la escalera,
+medio perdida ya entre el gentío. El hielo
+del espanto, el estremecimiento que la vista del
+patíbulo había derramado en sus venas, provocando
+un sudor frío instantáneo, se convirtieron
+en una especie de furor silencioso, de desesperada
+vergüenza. Ya veía los dedos del
+oficial desordenando los rizos rubios de Ivona,
+y la imagen sensible, la representación de la
+afrenta, era más cruel y más amarga que la del
+suplicio. «No lo conseguirá», decidió con resolución
+terrible. Acordóse de que por descuido
+ó transigencia la habían dejado desatadas las
+manos. Como si quisiese confortarse el corazón,
+deslizó la mano por la apertura de su corpiño.
+Algo sacó oculto en el hueco de la mano. Y
+cuando el verdugo se acercó á sostenerla para
+que subiese los peldaños de la escalerilla, en
+rápida confidencia le dijo no se sabe qué, deslizándole
+en la diestra un puñado de oro. Se ignorará
+lo que dijo... pero, por los resultados, se
+adivina.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_144">[Pg 144]</span></p>
+
+<p>Sucedió una cosa que al pronto no acertaron
+á explicarse los que presenciaban la escena tristísima,
+y en aquellos tiempos ya casi indiferente
+á fuerza de ser habitual. Y fué que el verdurgo,
+retrocediendo, cogió brutalmente á la
+señorita de L’Hermine por el talle, por donde
+pudo, y en un segundo la empujó á la escalera,
+y á empellones la subió á la plataforma. La condesa
+le ayudaba, se hacía atrás, impulsaba también
+á su hija y la arrojaba á los brazos del ejecutor
+de la ley. Hízose tan rápidamente la maniobra,
+y era tal el oleaje del pueblo, que rugía
+é insultaba, la confusión en que la escolta se
+había apelotonado, que cuando el oficial, atónito,
+se precipitó, quiso intervenir, Ivona caía en
+la báscula, y la media luna se deslizaba mordiendo
+la garganta torneada, contraída por el
+espasmo del terror supremo, que ni gritar permite...
+El verdugo agarró por los mechones largos
+y rubios la lívida cabeza de la niña, que destilaba
+sangre, y la presentó á los espectadores.
+Y la condesa de L’Hermine, al acercarse sin
+resistencia para recibir la misma muerte, pensaba
+con satisfacción heroica:</p>
+
+<p>—¡Gracias que pude esconder en el pecho las
+monedas!</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_145">[Pg 145]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >BENITO DE PALERMO</h2>
+</div>
+
+
+<p>Preguntáronle sus amigos al marqués de
+Bahama—riquísimo criollo conocido por
+su fausto, sus derroches y su aristocrática manía
+de defender la esclavitud—por qué singular
+capricho llevaba á su lado en el coche y sentaba
+á su mesa á cierto negrazo horrible, de lanuda
+testa y morros bestiales, y por contera siempre
+ebrio, siempre exhalando tufaradas de aguardiente,
+que no lograban encubrir el característico
+olorcillo de la raza de Cam.—Hay—le decían—negros
+graciosos, bien configurados, de
+dientes bonitos, de piel de ébano, de formas esculturales;
+pero éste da grima; más que negro
+es verde violeta; es una pesadilla.—Y el Marqués,
+sonriendo, defendía á su negrazo con algunas
+frases de conmiseración indolente: «¡Pobrecillo!
+¡Qué diantre!... Yo soy así».</p>
+
+<p>Al cabo, en una alegre cena donde se calentaron
+las cabezas, merced á que se bebió más
+champagne y más manzanilla y más licores de<span class="pagenum" id="Page_146">[Pg 146]</span>
+lo ordinario, y lo ordinario no era poco; viendo
+yo al marqués animado, decidor—en plata, algo
+chispo—aproveché la ocasión de repetir la pregunta.
+¿Por qué Benito de Palermo—así se llamaba
+el negrazo—gozaba de tan extraordinarias
+franquicias? Y el marqués, á quien le relucían
+los hermosos ojos negros, de pupila ancha, contestó
+sonriendo y señalando á Benito, que yacía
+bajo la mesa, completamente beodo:</p>
+
+<p>—Por borracho, cabal; por borracho.</p>
+
+<p>No logré que entonces se explicase más. Parecióme
+tan rara la causa de privanza de Benito,
+como la privanza misma. De allí á dos días,
+paseando juntos, recordé al marqués su extraña
+contestación, y él, arrojando el magnífico
+<em>recorte</em> que chupaba distraídamente, murmuró
+con entonación perezosa:</p>
+
+<p>—Bueno; pues ya que solté esa prenda, diré
+lo que falta... Ahora se sabrá cómo si no es la
+borrachera de Benito, estoy yo muerto hace
+años, y de la muerte más horrorosa y cruel.</p>
+
+<p>No ignora usted que me he educado en los
+Estados Unidos, y me aficioné á los viajes desde
+la niñez, porque allí el viajar se considera
+complemento de toda escogida educación. Antes
+de cumplir los veinticinco años había recorrido
+las principales ciudades de Francia, Inglaterra
+y Alemania; sabía cómo se vive en
+cada nación culta; en París, sobre todo, me había
+pasado inviernos enteros. Sin embargo, la
+monotonía de la civilización empezaba á causarme
+tedio, y me hurgaba el caprichillo de ver
+países menos cultos á la moderna. Dediqué unos<span class="pagenum" id="Page_147">[Pg 147]</span>
+meses á registrar la hermosa Italia, parando mucho
+en Roma y consagrando temporaditas á Florencia,
+Nápoles, Sicilia, Malta y Córcega; y engolosinado
+ya—Italia siempre será un paraíso—propúseme
+realizar al año siguiente otro
+delicioso viaje, el de Oriente: Grecia, Turquía
+y Palestina. Para venir á lo que importa de este
+cuento, lleguemos ya á Atenas, donde, por recomendaciones
+que llevaba, encontré excelente
+acogida en el cuerpo diplomático y en la corte,
+lo cual, y otra cosa que añadiré, contribuyó á
+que se prolongase mi estancia en la capital de
+Grecia bastante más de lo que pensaba.</p>
+
+<p>Es el caso que en una fonda magnífica de Florencia
+había yo visto, por espacio de pocas horas,
+á una hermosísima inglesa, la cual grabó
+en mi espíritu una impresión que no habían
+conseguido borrar el tiempo ni la distancia. Era
+de esas mujeres que no se olvidan, porque á la
+belleza plástica, incomparable, reunía una gracia,
+una viveza y una originalidad excéntrica y
+picante, que empeñaban en perseguirla y adorarla.
+El vulgo cree que todas las inglesas son
+sosas; pero yo le aseguro á usted que la que
+sale donosa, vale por diez. Eva... (suponga usted
+que se llamaba así) era viuda, y viajaba
+con una dama de compañía, sin rumbo fijo,
+adonde la llevaba su imaginación artística y fogosa.
+En los cortos momentos que conseguí hablarle,
+volvióme loco. No me atreví á galantearla
+abiertamente, y sólo con los ojos le
+revelé el efecto que en mí causaba. Debo advertir
+que no me hizo maldito el caso, que me toreó,<span class="pagenum" id="Page_148">[Pg 148]</span>
+y en una vuelta que di me encontré con
+que había desaparecido, sin que me fuese posible
+acertar con ella, por más que la busqué
+desalado al través de toda Italia.</p>
+
+<p>Calcule usted mi sorpresa y mi emoción,
+cuando en el primer sarao á que asisto en la
+embajada inglesa en Atenas, me encuentro á
+Eva radiante de hermosura, divinamente prendida
+y dispuesta á valsar. Excuso decir que inmediatamente
+me dediqué á cortejarla, y á
+fuerza de atenciones logré algunas ligeras señales
+de complacencia, pequeños indicios de
+que no la era desagradable mi persona. Sin embargo,
+en los saraos sucesivos, y en todos los lugares
+donde yo procuraba encontrarme con Eva y
+acompañarla, noté cuán difícil era ganar terreno
+en aquel corazón caprichoso y rebelde. Eva
+me desesperaba con sus coqueterías y sus arrechuchos;
+nunca estaba yo seguro de llegar á
+vencerla; si me veía alegre, me quería triste; si
+yo decía negro, ella respondía blanco. Creo que
+este sistema me trastornaba más, y ya me encontraba
+á punto de darme á todos los demonios,
+cuando...</p>
+
+<p>—Pero—interrumpí—lo que no sale á relucir
+es Benito de Palermo; y confieso que Benito
+me importa más que la hermosa Eva.</p>
+
+<p>—Cachaza, ya llegaremos á Benito—respondió
+sonriendo el marqués—. Iba á decir que
+por entonces fué cuando parte de la colonia inglesa
+que se encontraba en Atenas dispuso organizar
+una excursión á caballo y en coche, con
+objeto de visitar la célebre llanura de Maratón.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_149">[Pg 149]</span></p>
+
+<p>—¡Ah!—exclamé estremeciéndome involuntariamente.—¡Ya
+sé, ya sé! ¡Conque le tocó á
+usted ese chinazo! ¡Qué cosa tan horrible!</p>
+
+<p>—Veo que recuerda usted el episodio. ¡No es
+para olvidado, no! Toda la prensa europea habló
+de eso detenidamente, publicando grabados,
+retratos y pormenores, día por día. Pues
+sepa usted que la expedición se combinó en
+la embajada, entre un rigodón y un vals de
+Strauss. La colonia acogió la idea con fruición
+y entusiasmo; las mujeres, sobre todo, estaban
+alborotadísimas. Pero yo, que había conversado
+largamente con palikaros, intérpretes y comerciantes
+judíos, recordé las noticias que me
+habían dado sobre una gavilla de bandoleros
+que infestaba las inmediaciones de Atenas, y
+cuyo número, arrojo y sanguinarias costumbres
+eran motivo suficiente para alarmarse y
+reflexionar. Emití un dictamen de prudencia,
+indicando que convendría, ó llevar numerosa y
+bien armada escolta, ó renunciar al proyecto.
+Y entonces adquirí la persuasión de que todos los
+ingleses tienen vena. Lord *** y los demás, que
+formaron parte de la fatal expedición, sonrieron
+desdeñosamente cuando les hablé de peligros;
+y á aquella sonrisa, que ya me encendió
+la sangre, correspondió Eva con algunas frases
+tan secas y burlonas, que me restallaron como
+latigazos sobre las mejillas. Vino á decir que el
+que no se sintiese con ánimos para arrostrar el
+riesgo, haría mucho mejor en quedarse, pues
+las inglesas no quieren compañía sino de gente
+resuelta, capaz de no achicarse ante los bandidos,<span class="pagenum" id="Page_150">[Pg 150]</span>
+caso de haberlos, que eso estaba por ver. El
+que recuerde los veintiséis años que yo tenía, y
+lo enamorado que andaba de Eva, comprenderá
+que me propuse formar parte de la expedición,
+aunque supusiese que nos acechaban todos
+los salteadores del mundo. ¡Ir con Eva de viaje!
+¡Galopar á su lado! ¡Qué felicidad!—Y ella, al
+conocer mi propósito, giró como una veletilla,
+me sonrió, y estuvo conmigo insinuante,
+coqueta, hasta mimosa. La excursión quedó
+fijada para la mañana siguiente: al despuntar
+el día nos reuniríamos en un punto dado, fuera
+de las murallas de Atenas, llevando cada cual
+ó coche ó caballo, provisiones y armas. De los
+guías se encargaba lord ***.</p>
+
+<p>Aquí aparece Benito de Palermo: no se impaciente
+usted, que ya sale el figurón.—Nacido
+en casa de mis padres, yo le llevaba conmigo
+como quien lleva un perro de lanas, porque la
+verdad es que no me servía para maldita la
+cosa, pues siempre ha sido torpón y desidioso.
+Escondiéndole la bebida, aún se lograba hacer
+carrera de él; pero en cuanto lo cataba, un
+cepo, una piedra. En Atenas, á fuerza de prohibir
+yo en el hotel que le diesen á probar ni vino
+ni alcohólicos, íbamos saliendo del paso.—Al
+regresar de la embajada, la víspera de la excursión,
+llamo al bueno de Benito, le doy órdenes
+y las llaves, y le encargo repetidamente
+que al rayar el día tenga mi caballo ensillado y
+preparadas mis armas, y me despierte aunque
+sea á trompicones: hecho lo cual, me adormezco
+pensando en Eva.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_151">[Pg 151]</span></p>
+
+<p>Cuando abro los ojos, el sol entra á torrentes
+en mi cuarto. Despavorido, me echo de la cama
+y miro el reloj; marcaba las once. Grito como
+un insensato llamando á Benito: Benito no contesta.
+Salgo al cuarto de tocador, de allí al pasillo...
+y tropiezo con un bulto negro, una bestia
+que ronca... Es Benito, ¡Benito, más borracho
+que un pellejo! Comprendo instantáneamente...
+Dueño de mis llaves, había asaltado un
+armario donde yo guardaba, entre mis trastos,
+una <em>cave à liqueurs</em>, y á aquellas horas la cabalgata
+se encontraría cerca de Maratón, y yo sería
+para Eva el ser más despreciable y más ridículo.</p>
+
+<p>Desde que estaba en el viejo continente, no
+había empleado el bejuco. Cegué, y arremetiendo
+contra el negro, le di tal soba, que volvió
+en sí llorando y gimiendo que le asesinaban.
+Cuando me harté de pegarle, pensé en ensillar
+el caballo y reunirme á la comitiva... Pero era
+preciso buscar guía, pues de otro modo, ¿cómo
+orientarme en la planicie?—Y antes de que el
+guía pareciese, ya se divulgaba por Atenas la
+noticia espantosa: los bandoleros habían copado
+la expedición, cogiendo prisioneros á los expedicionarios,
+después de una heroica resistencia
+y de herir gravemente á alguno; las mujeres
+habían sufrido peor suerte, escarnecidas á la
+vista de sus maridos y hermanos, que atados de
+pies y manos no las podían defender... Ya supone
+usted cual me quedaría; no he sufrido nunca
+impresión más atroz.</p>
+
+<p>—Recuerdo el caso... Se llevaron á los ingleses,<span class="pagenum" id="Page_152">[Pg 152]</span>
+exigiendo un enorme rescate y amenazando
+con atormentarles mientras el rescate no
+llegara... Si no me equivoco, á lord *** le fueron
+mechando y cortando en pedacitos: no hay
+idea de martirio semejante...</p>
+
+<p>—Ea, pues de eso me libré yo por estar Benito
+borracho perdido—afirmó el marqués requiriendo
+la petaca—. Desde entonces le dejo
+beber lo que quiera... y el amo, aquí, es él.</p>
+
+<p>—Según eso, ¿habrá usted comprendido que
+un hombre de color no es un perro?</p>
+
+<p>—Claro que no. Los perros no se emborrachan
+nunca.</p>
+
+<p>—¿Y Eva? ¿Sufrió el destino de las otras? Estaría
+muy bien empleado.</p>
+
+<p>—¡Pues ahora caigo en que falta lo mejor!-exclamó
+el marqués—. Eva, por un antojito,
+porque no la gustaba su traje de amazona, también
+se había quedado en Atenas... ¡y si Benito
+me despierta y acierto á ir con la expedición,
+no sólo pierdo la vida, sino los deliciosos ratos
+que debí á Eva después... cuando ya se ablandó
+su corazón intrépido!</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_153">[Pg 153]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >LEY NATURAL</h2>
+</div>
+
+
+<p>Voy á escribir una historieta de amores. Á
+pesar de la ciencia, de la economía política,
+de la política contra la economía, de los
+problemas militares, de las huelgas y las manifestaciones,
+el amor conserva aún su atractivo
+pueril, su gracia patética ó sonriente. Es el
+amor todavía un angélico revoltoso, salado y
+dulce, y el aire de sus rizadas alitas, durante
+las abrasadas siestas del verano, refresca las
+sienes de mucha gente moza.—Fáltale al amor
+actualidad, pero le sobra eternidad.—Mi cuento
+demostrará por millonésima vez que el dominio
+del amor se extiende á todas las criaturas
+y que, según á porfía repiten poetas y autores
+dramáticos, no hay para el amor desigualdades
+sociales.</p>
+
+<p>Llamábase mi heroína Muff, que en alemán
+quiere decir <em>manguito</em>, y la pusieron tal nombre
+porque, en efecto, el fino pelaje que la revestía
+daba á su diminuto corpezuelo cierta semejanza<span class="pagenum" id="Page_154">[Pg 154]</span>
+con un manguito de rica piel gris.
+Dama hubo que se equivocó y echó mano á
+Muff; pero la dueña de la lindísima grifona intervino
+exclamando:</p>
+
+<p>—Cuidado... que salgo perdiendo yo. No hay
+manguitos de ese precio.</p>
+
+<p>Verdad indiscutible, de las que se demuestran
+con cifras. Hasta dos mil francos puede
+costar un manguito, si es de chinchilla de primera,
+y por Muff se pagaron al contado tres mil.
+Hoy las pieles han subido: me refiero á los precios
+de entonces. Todavía es preciso agregar al
+coste de Muff el importe de sus joyas: dos collares
+<em>chien</em>, de perlitas uno, otro de coral rosa con
+pasadores de diamantes, y un par de cascabeles
+de oro incrustados de rosas y zafiros—dije útil,
+pues revelaba con su tilinteo la presencia de Muff
+y la salvaba de morir aplastada de un pisotón—.
+No omitamos tampoco en el presupuesto de
+Muff—nada hay que omitir tratándose de presupuestos—el
+valor del elegante <em>trousseau</em> remitido
+de París, donde existen modistas y talleres
+especialmente dedicados á este ramo. Poseía
+Muff y lucía con frecuencia, según la estación,
+sus mantas acolchadas de terciopelo, raso
+y gro Pompadour, con bolsillito para el microscópico
+pañuelo perfumado de <em>lilas blanc</em>,
+sus botas de caucho ó cabritilla, sus collarines
+de rizada pluma, y creo ocioso añadir que dormía
+en lecho de edredón con múltiples cojines
+bordados y blasonados.</p>
+
+<p>¡Ah! Si las riquezas, la ostentación, el lujo,
+la vanidad bastasen á los corazones sensibles,<span class="pagenum" id="Page_155">[Pg 155]</span>
+¡quién más feliz que Muff! Era su existencia la
+realización de un cuento de hadas. Habitaba un
+palacio lleno de preciosidades artísticas, tenía á
+su servicio una doncella, diligente, cuidadosa y
+mimosa, la Paquita, que después de bañar á
+Muff en agua tibia, frotarla con jabón exquisito,
+enjuagarla con suave lienzo y peinarla hasta
+esponjar sus plateadas sedas, le servía en cuencos
+de porcelana golosinas selectas, y, terminada
+la refacción, frotaba los dientecillos de su
+ama con un cepillo empapado en elixir, á fin de
+que tuviese el aliento balsámico y fresca la boca.
+Si Muff salía, iba en coche, por supuesto, enganchado
+para ella expresamente; llevábanla al
+Retiro, y el lacayo, bajándola en el punto más
+solitario y de aire más puro, la dejaba brincar
+y correr, hacer ejercicio higiénico, solazarse á
+su libertad. Tampoco faltaban á Muff satisfacciones
+de amor propio. Cuantos la veían, extasiábanse
+con la monada del manguito vivo y
+alababan el pelo argentado, los ojos negros, inmensos,
+medio velados por las revueltas sedas,
+el hociquito diminuto, semejante á una trufa,
+la jeta encantadora. Así y todo, entre tantos
+mimos y esplendores, andaba mustia la grifona
+y á veces sus vastas pupilas expresaban nostálgica
+aspiración...</p>
+
+<p>Cuando Dios creó á los seres allá en las frondas
+tupidas del Edén, clavóles adentro, muy
+adentro, en lo íntimo y profundo de la voluntad,
+un aguijón, un estímulo, especie de alfiler
+que sin cesar punza y se hinca y no consiente
+minuto de sosiego. Reclinada en sus fofos almohadones<span class="pagenum" id="Page_156">[Pg 156]</span>
+de seda ó agasajada en brazos del
+lacayo, acariciada por Paquita ó correteando
+por las sendas enarenadas del Retiro, Muff sentía
+la punta aguzada hincarse más hondo. «No
+eres feliz, pobre Muff; te falta la sal de la vida,
+la esencia del licor», sugería el alfiler por medio
+de tenaces picaduras reiteradas; y Muff, en
+lánguida postura, con el hocico ladeado y una
+patita péndula, suspiraba, y al anhelar de su
+pecho, el cascabel de oro del collar hacía misterioso
+<em>tilín</em>. Un sagaz observador comprendería
+al punto lo que le dolía á Muff; pero no supieron
+entenderlo sus poseedores—ó no quisieron,
+si se da crédito á versiones que parecen autorizadas.
+En consejo de familia fué sentenciada
+Muff á ignorar eternamente las alegrías amorosas
+y las sublimes pero arduas faenas de la maternidad.
+Objeto de lujo, primoroso <em>bibelot</em>, no
+debía estropearse. Y al notarla melancólica, decía
+la Paquita, presentando tentador plato de
+dorados bizcochos:</p>
+
+<p>—¡Anda, monina, tontina, no <em>pienses</em> en <em>eso</em>!</p>
+
+<p>Un atardecer, al bajarse Muff de su coche en
+las umbrías del Retiro, vió que se acercaba á
+ella, muy brincador y animado, feísimo perrucho.
+Era un ruin gozquejo callejero, de ésos que
+por turno mendigan y muerden, que rebuscan
+ávidamente piltrafas entre la basura, y perecen
+extrangulados á manos de laceros municipales.
+Al ver al chucho, con su zalea amarillenta y sucia,
+el primer movimiento de Muff fué un remilguito
+desdeñoso. Viólo el lacayo y atizó al gozque
+soberano puntapié, que le hizo exhalar un<span class="pagenum" id="Page_157">[Pg 157]</span>
+alarido doliente. La compasión reemplazó al
+desdén, y Muff corrió hacia el lastimado, deseosa
+de consolarle.</p>
+
+<p>Ya él volvía, sin miedo ni rencor, á rabisalsear
+en torno de Muff. Empezó el juego con
+amistosos ladridos, mordisquillos en chanza,
+hociqueos y otras manifestaciones expresivas é
+indiscretas de la cordialidad perruna. Los separaron,
+y Muff fué recogida á casa; pero al siguiente
+día, apenas descendió del coche, halló
+de nuevo al gozquecillo, alegre, insinuante, porfiado
+como él solo. Quiso la maliciosa casualidad
+que también el lacayo guardián de Muff
+tuviese un encuentro, el de su paisana la niñera
+Lucía, muchacha rubia, de buen palmito.
+Mientras los dos paisanos pegaban la hebra, la
+aristocrática grifona y el can plebeyo se entendían
+gustosos. Quizá la sentimental perrita confesó
+sus aspiraciones románticas y el vacío de
+su dorada esclavitud; acaso el pobrete apasionado
+de aquella beldad de alto coturno refirió
+sus luchas por la existencia, sus días de inanición,
+la vagancia, los palos recibidos, el poema
+de una miseria sufrida con estoico desprecio.
+Lo cierto es que, insensiblemente, aprovechando
+la distracción de su custodio, Muff se apartó
+del coche, y guiada por el perrucho, perdióse
+entre las alamedas y macizos de árboles, en dirección
+á la salida del Retiro, hacia Atocha.
+¡El seductor iba delante, enseñando el camino;
+Muff le seguía, intrépida, sin volver el hocico
+atrás; y al rápido trotecillo de sus menudas
+patitas, tilinteaba suavemente, en ritmo musical,<span class="pagenum" id="Page_158">[Pg 158]</span>
+con una especie de emoción, el áureo cascabel,
+al cual enviaba corrientes de electricidad
+el corazón venturoso!</p>
+
+<p>Todos los periódicos anuncian la pérdida de
+Muff. La gratificación ofrecida es cuantiosa.
+Muff, sin embargo, no parece. ¿Qué ha sido del
+manguito viviente, del rebujo de argentadas sedas,
+entre las cuales lucen las negrísimas pupilas
+enormes? ¿Qué hicieron de Muff la vida nómada,
+el abandono, la necesidad? ¿La robó un
+aficionado, y no quiere restituirla? ¿Yace en la
+alcantarilla, tiesa, helada, despojada de su collar
+y su cascabel de oro y piedras? ¿Ó aceptando
+su humilde destino, ha dejado voluntariamente
+las galas de la riqueza, y, tiritando,
+acompaña á su esposo, ronda con él al amanecer,
+y hoza en los montones de estiércol para
+engañar el hambre—el hambre, enemigo del
+amor, severo juez que inflexible lo castiga,
+verdugo que lo mata?</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_159">[Pg 159]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >EL COMADRÓN</h2>
+</div>
+
+
+<p>Era la noche más espantosa de todo el invierno.
+Silbaba el viento huracanado tronchando
+el seco ramaje, desatábase la lluvia y el
+granizo bombardeaba los vidrios. Así es que el
+comadrón, hundiéndose con delicia en la mullida
+cama, dijo confidencialmente á su esposa:</p>
+
+<p>—Hoy me dejarán en paz. Dormiré sosegado
+hasta las nueve. ¿Á qué loca se le va á ocurrir
+dar á luz con este tiempo tan fatal?</p>
+
+<p>Desmintiendo los augurios del facultativo,
+hacia las cinco el viento amainó, se interrumpió
+el eterno <em>flac</em> de la lluvia, y un aura serena
+y dulce pareció entrar al través de los vidrios,
+con las primeras azuladas claridades del amanecer.
+Al mismo tiempo retumbaron en la puerta
+apresurados aldabonazos, los perros ladraron
+con frenesí, y el comadrón, refunfuñando, se
+incorporó en el lecho aquel tan caliente y tan
+fofo. ¡Vamos, milagro que un día le permitiesen
+vivir tranquilo! Y de seguro el lance ocurría<span class="pagenum" id="Page_160">[Pg 160]</span>
+en el campo, lejos; habría que pisar barro
+y mascar niebla... Á ver, medias de abrigo,
+botas fuertes... ¡Condenada especie humana, y
+qué manía de no acabarse, qué tenacidad en reproducirse!</p>
+
+<p>La criada, que subía anhelosa, dió las señas
+del cliente; un caballero respetable, muy embozado
+en capa oscura, chorreando agua y dando
+prisa. ¡Sin duda el padre de la parturienta!
+La mujer del comadrón, alma compasiva, murmuró
+frases de lástima y apuró á su marido.
+Éste despachó el café, frío como hielo, se arrolló
+el tapabocas, se enfundó en el impermeable,
+agarró la caja de los instrumentos y bajó gruñendo
+y tiritando. El cliente esperaba ya, montado
+en blanca yegua. Cabalgó el comadrón su
+jacucho y emprendieron la caminata.</p>
+
+<p>Apenas el sol alumbró claramente, el comadrón
+miró al desconocido y quedó subyugado
+por su aspecto de majestad. Una frente ancha,
+unos ojos ardientes é imperiosos, una barba
+gris que ondeaba sobre el pecho, un aire indefinible
+de dignidad y tristeza, hacían imponente
+á aquel hombre. Con humildad involuntaria
+se decidió el comadrón á preguntar lo de costumbre:
+si la casa adonde iban estaba próxima
+y si era primeriza la paciente. En pocas y bien
+medidas palabras respondió el desconocido que
+el castillo distaba mucho; que la mujer era primeriza,
+y el trance tan duro y difícil, que no
+creía posible salir de él. «Sólo nos importa la
+criatura», añadió con energía, como el que da
+una orden para que se obedezca sin réplica.<span class="pagenum" id="Page_161">[Pg 161]</span>
+Pero el comadrón, persona compasiva y piadosa,
+formó el propósito de salvar á la madre, y
+picó al rocín, deseoso de llegar más pronto.</p>
+
+<p>Anduvieron y anduvieron, patullando las
+monturas en el barro pegajoso, cruzando bosques
+sin hoja, vadeando un río, salvando una
+montañita y no parando hasta un valle, donde
+los grisáceos torreones del castillo se destacaban
+con vigoroso y escueto dibujo. El comadrón,
+poseído de respeto inexplicable, se apeó
+en el ancho patio de honor, y guiado por el desconocido,
+entró por una puertecilla lateral, directamente,
+á una cámara baja de la torre de
+levante, donde, sobre una cama antigua y rica,
+yacía una bellísima mujer, descolorida é inmóvil.
+Al acercarse, observó el facultativo que
+aquella desdichada estaba muerta; y sin conocerla,
+se entristeció. ¡Es que era tan hermosa!
+Las hebras del pelo, tendido y ondeante, parecían
+marco dorado alrededor de una efigie de
+marfil; los labios color de violeta, flores marchitas;
+y los ojos, entreabiertos y azules, dos
+piedras preciosas engastadas en el cerco de oro
+de las pestañas densas. La voz del desconocido
+resonó, firme y categórica:</p>
+
+<p>—No haga usted caso de ese cadáver. Es preciso
+salvar á la criatura.</p>
+
+<p>De mala gana se determinó el comadrón á
+cumplir los deberes de su oficio. Le parecía un
+crimen, aunque fuese con buen fin, lacerar
+aquel divino cuerpo. Obedeció, no obstante,
+porque el desconocido repetía con acento persuasivo
+y terrible, tuteando al médico:</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_162">[Pg 162]</span></p>
+
+<p>—No la respetes por hermosa. Está muerta,
+y nada muerto es hermoso sino en apariencia y
+por breves instantes. La realidad ahí es descomposición
+y sepulcro. ¡Nunca veneres lo que ha
+muerto! ¡Inclínate ante la vida!</p>
+
+<p>Y de pronto, en el instante mismo en que el
+facultativo se disponía á emplear el acero, el
+extraño cliente le cogió de la mano, susurrándole
+al oído:</p>
+
+<p>—¡Cuidado! Conviene que sepas lo que haces.
+Ese seno que vas á abrir encierra, no un ser
+humano, no una criatura, sino <em>una verdad</em>. Fíjate
+bien. Te lo advierto. ¿Sabes lo que es <em>una
+verdad</em>? Una fiera suelta que puede acabar con
+nosotros, y acaso con el mundo. ¿Te atreves,
+oh, comadrón heroico, á sacar á luz <em>una
+verdad</em>?</p>
+
+<p>El comadrón vaciló; el frío del instrumento
+que empuñaba se comunicaba á sus venas y á
+sus huesos. Castañeteaban sus dientes; temblaba
+de cobardía y de egoísmo. <em>¡Una verdad!</em> Ni
+hay tea que así incendie, ni rayo que así parta,
+ni torrente que así devaste, ni peste tan contagiosa.
+¿Y quién le había de agradecer que cooperase
+al feliz nacimiento de una verdad? ¿Qué
+mayor delito para su mujer, sus amigos, su
+pueblo, su nación tal vez? ¿Qué crimen se paga
+tan caro? Quería arrojar el bisturí... Por último,
+la conciencia profesional triunfó. ¡El deber,
+el deber! No se podía dejar morir al engendro.—Y
+después de una faena angustiosa, realizada
+con seguro pulso y mano certera, presentó al
+desconocido una criatura extraña y repugnante:<span class="pagenum" id="Page_163">[Pg 163]</span>
+una especie de escuerzo, de trazas ridículas,
+negruzco, flaco, informe.</p>
+
+<p>—Este monigote no puede ser <em>una verdad</em>—exclamó
+respirando á gusto el facultativo.</p>
+
+<p>—Porque es <em>verdad</em> te parece fea al nacer—declaró
+el desconocido, que miraba con transporte
+á la criatura—. Cuando las verdades nacen,
+horrorizan á los que las contemplan. Hasta
+que las abrigamos en nuestro pecho; hasta
+que las damos el calor de nuestra vida y el
+jugo de nuestra sangre; hasta que afirmamos
+su belleza como si existiese; hasta que nos
+cuestan mucho, no son hermosas. Ésta—ya lo
+ves—ha acabado con su madre... ¡No se lleva
+impunemente en las entrañas una verdad! Y
+ahora la verdad queda huérfana; queda abandonada.
+Yo no he de ampararla. Obligaciones
+estrechas me llaman á otra parte. Soy el que
+anuncia, no el que protege y salva. ¿Quieres tú
+encargarte de la recién nacida? ¿Tienes valor?
+¿Eres digno de proteger á la verdad?</p>
+
+<p>Cuando así le interpelan, no hay hombre que
+no guste de fanfarronear un poco. En el alma
+se despierta la viril arrogancia y responde al
+llamamiento, como el corcel de batalla al toque
+penetrante del clarín. Hace la vanidad oficio
+de resolución, y por un instante es sincero
+el deseo de la gloriosa batalla y el ansia del
+sacrificio. El comadrón tendió los brazos, recibió
+en ellos al raquítico ser, y declaró gallardamente:</p>
+
+<p>—Ya tiene padre.</p>
+
+<p>El desconocido le echó una ojeada especial,<span class="pagenum" id="Page_164">[Pg 164]</span>
+seria, escrutadora, hondísima—ojeada de abismo
+abierto. ¿Reconvención ó alabanza? ¿Duda
+ó fe? Nunca se supo.—Lo cierto es que el comadrón
+envolvió en paños blancos á la recién nacida;
+que comió pan y bebió vino, para reconfortarse;
+que ensilló otra vez su rocín, y con
+la criatura en brazos, y tapada y agasajada,
+emprendió la vuelta.</p>
+
+<p>Declinaba la tarde; los rayos oblicuos del sol
+eran como miradas de severos ojos, nublados
+por el desengaño y enrojecidos por la indignación
+secreta. Las aves callaban, las pocas aves
+que se ven en los últimos meses del invierno;
+pero no tardaría el mochuelo en exhalar su
+queja ronca, porque ya se acercaba la mala
+consejera—la noche.</p>
+
+<p>Y el comadrón, sin dejar de apurar á su montura,
+pensaba en la llegada. ¡Presentarse así,
+llevando en brazos un crío! ¡Si al menos fuese
+un angelito, una monada, una manteca con hoyuelos,
+una peloncita rubia ya sedosa, dispuesta
+á encresparse en sortijillas! ¡Pero aquel
+monstruo! Desvió los paños, contempló la criatura...
+Ya no estaba amoratada. Respiraba bien.
+Parecía más fuerte y más grande. Entre sus
+labios lucían ¡qué asombro! cuatro blancos
+dientes. ¡Qué robusta nacía la maldita!—Y cual
+si quisiese demostrar el brío y el ansia vital
+con que salía al mundo, la recién nacida buscó
+el dedo del comadrón y lo mordió. Después
+rompió á llorar, con llanto vehemente, ávido,
+que aturdía.</p>
+
+<p>El comadrón sintió impaciencia y enojo. ¿De<span class="pagenum" id="Page_165">[Pg 165]</span>
+qué manera acallaría el grito de la verdad, ese
+grito tan molesto, capaz de atraer á los malhechores?
+Tapar la boca... Primero apoyó la
+palma de la mano; después furioso porque seguía
+el escándalo, envolvió la cabeza de la criatura
+en la vuelta del impermeable; y, por último,
+apretó, apretó, hasta que lentamente se
+apagaron los quejidos... Cayó la noche; llegó
+el momento de vadear el río; y como la criatura,
+silenciosa ya, estorbaba en brazos, el comadrón
+desenvolvió el abrigo, cogió el cuerpo, lo
+balanceó y lo arrojó á la corriente.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_166">[Pg 166]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_167">[Pg 167]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >EL VOTO DE ROSIÑA</h2>
+</div>
+
+
+<p>Si hay luchas electorales reñidas y encarnizadas,
+ninguna como la que presenció en
+el memorable año de 18... el distrito de Palizás
+(no se busque en ningún mapa). Digo que la
+presenció, y digo mal, porque en efecto la representó
+á lo vivo, y aun, con mayor exactitud,
+la padeció, sangró de ella por todas las venas.
+Cuando obtuvo la victoria el candidato ministerial,
+hecho trizas quedó el distrito. Piérdese
+la cuenta de los atropellos, desafueros, barrabasadas,
+iniquidades y trapisondas que costó
+«sacar» al joven Sixto Dávila, protegido á capa
+y espada por el ministro, pero combatido á degüello
+por el señor don Francisco Javier Magnabreva,
+conspicuo personaje de la anterior situación.</p>
+
+<p>Sixto Dávila, muchacho simpático y ambiciosillo,
+había aceptado aquel distrito de batalla...
+entre varias razones de peso, porque no le daban
+otro; y contando con su actividad y denuedo,<span class="pagenum" id="Page_168">[Pg 168]</span>
+impulsado por las brisas favorables que
+siempre soplan en la juventud—ya se sabe que
+no es amiga de viejos la señora fortuna—, se
+propuso trabajar la elección, estar en todo y no
+perder ripio. Á caballo desde las cinco de la mañana
+hasta las altas horas de la noche; ayunando
+al traspaso ó comiendo lo que saltaba; descabezando
+una siesta cuando podía, afrentando
+con su intacto capital de salud y vigor los reumatismos
+y la apoltronada pachorra de su contrincante,
+Sixto incubó su acta hasta sacarla
+del cascarón vivita y en regular estado de limpieza.</p>
+
+<p>No fueron únicamente energías físicas las que
+derrochó el mozo candidato. También hizo despilfarro
+oportuno de frases amables, persuasivas
+y discretas. Con un instinto y una habilidad
+que presagiaban brillante porvenir, Sixto
+Dávila supo decir á cada cual lo que más podía
+gustarle, y se captó amigos gastando esa moneda
+que el aire acuña: la palabra.</p>
+
+<p>Aunque la gente de Palizás es suspicaz y ladina
+y no se deja engatusar fácilmente, la labia
+de Sixto dió frutos, especialmente al dirigirse á
+una mitad del género humano que no entiende
+de política y obedece á las impresiones del corazón.
+Sabía el candidato ministerial presentar
+á los electores las doradas perspectivas y los
+horizontes risueños del favor y la influencia,
+pero se excedía á sí mismo al hablar á las mujeres
+halagando su amor propio. Hay quien opina
+que Sixto, al desplegar tales recursos, no
+hacía sino practicar una asignatura que tenía<span class="pagenum" id="Page_169">[Pg 169]</span>
+muy cursada, y es posible que así fuese—lo
+cual en nada amengua el mérito del muchacho.</p>
+
+<p>Como suele suceder á los grandes actores,
+que hasta sin querer están en escena, Sixto,
+durante su <em>tournée</em> electoral, solía gastar pólvora
+en salvas, regalando miel sólo por regalar,
+sin miras interesadas y egoístas. Así, verbigracia,
+con Rosiña la tejedora.—Era Rosiña una
+pobre huérfana; no pudiendo cultivar la tierra
+por falta de hombres en su casa, y reducida á
+sacar á pastar una vaca por las lindes, se ganaba
+la vida con un telar primitivo y rudo, tejiendo
+el lino que ella misma tascaba y hasta
+hilaba pacientemente á la luz del candil en invierno.
+¿Qué necesitaba Rosiña para subsistir?
+Un mendrugo de borona, un pote de coles, una
+manzana verde, una sardina salada, una taza
+de leche «presa...». Dios, que viste á los lirios
+del campo, más holgazanes que Rosiña, pues
+nos consta que no hilan ni tejen, había adornado
+á la humilde <em>tecelana</em> con una primavera
+en las mejillas y un apretado haz de rayos de
+sol en la trenza doble que colgaba hasta sus caderas,
+y al pasar Sixto por delante de la choza
+y oir el <em>run, run</em>... del telar activo, y divisar á
+la laboriosa muchacha—, aunque sabía perfectamente
+que no tenía padre, hermano ni novio
+que pudiesen votarle—se detuvo, se bajó del
+jaco, pidió agua «de la ferrada» ó leche «de la
+vaquiña», bebió, alabó, agradeció y sostuvo
+con Rosa una plática que sólo podrían narrar
+las ramas del cerezo que sombrea arroyo más el
+cercano...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_170">[Pg 170]</span></p>
+
+<p>Ocurrió este pequeño episodio dos días antes
+de que cierto formidable cacique, al servicio y
+devoción del señor de Magnabreva, se decidiese,
+desesperado ya, á jugar el todo por el todo, á
+fin de salvar la elección comprometidísima y á
+dos dedos de perderse irremisiblemente. Lo
+apurado del caso le sugería un supremo recurso,
+que el desalmado vacilaba en emplear, porque
+hay remedios heroicos que pueden ser funestos,
+sobre todo cuando no se administran
+desde las alturas del poder... Más que el inminente
+triunfo de Sixto, tentó al cacique la ciega
+confianza del joven candidato. «No quiero ser
+cunero antipático, diputado impuesto, sino popular
+y querido», decía Sixto, gozándose en
+aparecer donde menos se contaba con él, en
+sorprender á sus partidarios con iniciativas
+propias... Esto decidió al enemigo. El golpe se
+tramó en una tabernucha, cuyo dueño era de
+los contrarios de Sixto; la taberna se alzaba al
+borde de la carretera, no lejos de la choza de
+Rosiña. Habíanse reunido allí los más ternes,
+los capaces de hacer una hombrada dejándose
+encausar después, seguros de que mano próvida,
+y que alcanzaba muy lejos, les había de mullir
+colchón para que no les doliese el porrazo. Uno
+de los conspiradores, conocido por varias siniestras
+fechorías, era radical: quería «dejar
+seco» á Sixto Dávila; otro proponía un secuestro;
+pero el cacique, prudente y cauto, emitió
+distinto parecer: nada de navajazos, nada de
+armas de fuego, que hacen ruido y alarman;
+nada de escopetas, ni siquiera de garrotes.<span class="pagenum" id="Page_171">[Pg 171]</span>
+«Aquí lo que interesa es que se inutilice... para
+la elección, vamos... para estos días; que no
+pueda menearse, porque... si sigue meneándose
+y apretando, ¡nos revienta! Tú, Gallo—ordenó
+al primero—, me vas á traer hoy un carreto
+de arena fina de la mar..., ¡qué así como así,
+te hace falta para echar á la heredad del trigo!
+Tú...—mandó al dueño de la taberna—le dices
+á la mujer que amañe unos sacos de lienzo bien
+hechitos y larguitos y fuertes... Él ha de pasar
+por aquí mañana al anochecer, para ir á Doas
+á casa del cura... ¡Y cuidado! muchos golpes
+en la espalda... pero á modo, á modo, como
+quien no hace daño...».</p>
+
+<p>La mañana que siguió al conciliábulo, Rosiña
+fué llamada por la tabernera para que suministrase
+el lienzo y cortase y cosiese y rellenase
+los sacos... Nadie desconfiaba de la rapaza, á
+quien la tabernera, además, encargó el mayor
+sigilo. «Son para hacerle unos cariños á un galopín,
+mujer...». Por alusiones é indiscreciones,
+Rosiña adivinó quién sería el acariciado; y temblando
+lo mismo que la vara verde, empezó su
+faena. La mano no acertaba á manejar la aguja,
+los ojos se nublaban. Demasiado sabía ella los
+<em>cariños</em> que con los sacos de arena se hacen. El
+que los recibe no dura mucho, no... Al pronto
+sólo advierte gran postración, profundo decaimiento;
+queda molido, rendido, deseoso únicamente
+de extenderse en la cama, pero sin dolor
+alguno, sin enfermedad; y pasan días, y no recobra
+el apetito, y palidece, y arroja sangre por
+la boca, hasta que al fin... Y Rosiña veía al señorito<span class="pagenum" id="Page_172">[Pg 172]</span>
+guapo y llano y de palabreo tierno que
+le había pedido agua de la <em>ferrada</em>, tendido
+entre cuatro cirios, menos amarillos que su
+rostro...</p>
+
+<p>Al anochecer, como Sixto, al galope de su caballejo
+se aproximase á la taberna, el jaco pegó
+un respingo, y el jinete vió surgir de pronto una
+mujer que se agarró á la brida con fuerza. Reconoció
+á Rosiña la tejedora..., y sus primeras
+frases fueron alegres galanterías. Pero la moza
+balbuciente de terror, pidió atención, refirió
+un historia... Sixto—después de vacilar un instante—,
+echó pie á tierra, y con el caballo del
+diestro, emparejando con Rosiña, guiado por
+ella, callados los dos, tomó á campo traviesa en
+busca de un sendero oculto por los árboles.—Para
+volver atrás era tarde, y seguir adelante,
+una temeridad insensata. Su vida peligraba, y
+con horrible peligro... «No tenga miedo, señorito,
+que en mi casa no le buscan», advirtió la
+moza, al disponerse á dar acomodo en el establo
+de su vaca á la montura del candidato...</p>
+
+<p>En efecto, nadie le buscó allí; á la mañana,
+la Guardia civil, avisada por Rosiña, le recogió
+y escoltó hasta dejarle en salvo. Y Sixto
+Dávila venció en toda la línea; pero no sospecha
+nadie en Gobernación ni en los pasillos del
+Congreso, que el triunfo se debió al voto de Rosiña
+la tejedora.</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_173">[Pg 173]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >VIVO RETRATO</h2>
+</div>
+
+
+<p>Los sentimientos más nobles pueden pecar
+por exceso; lo malo es que esta verdad á
+duras penas la aprende el corazón... y la razón
+sirve de poco, en conflictos del orden sentimental.
+Oid un caso... no tan raro como parece.</p>
+
+<p>Gonzalo de Acosta era modelo de hijos buenos,
+amantes, fanáticos. Huérfano de padre
+desde muy niño, se había criado en las faldas
+de su madre; ella le cuidó, le educó, le sacó al
+mundo, le formó, por decirlo así, á su imagen
+y semejanza. Entró en la vida Gonzalo dominado
+por una convicción arraigadísima: la de
+que todas las mujeres pueden ser débiles y falsas,
+salvo la que nos llevó en su seno. Lo que
+ayudaba á confirmar á Gonzalo en su idolatría
+filial, era la aprobación, la simpatía de la gente.
+Por el hecho de respetar á su madre, el mundo
+le respetaba á él, y las niñas casaderas le
+ponían azucarado gesto, y las mamás le sonreían<span class="pagenum" id="Page_174">[Pg 174]</span>
+con más benevolencia. Cuando pasaba
+por la calle llevando á su madre del brazo, una
+atmósfera de aprobación y de consideración
+halagadora le acariciaba suavemente.</p>
+
+<p>Á la edad en que se asimilan los elementos
+de cultura y se forma el criterio propio, Gonzalo,
+á pesar de sus dudas sobre ciertas materias
+arduas, se mantuvo en buen terreno, confesando
+que lo hacía principalmente por no desconsolar
+y escandalizar á su santa madre. Con
+ella oía misa muchas veces: por ella llevaba al
+cuello un escapulario de los Dolores; y hasta
+cuando ella no estaba presente, por ella hacía
+Gonzalo, sin analizarlas, mil graciosas y dulces
+niñerías.</p>
+
+<p>Frisaba ya Gonzalo en los veintiocho, y su
+madre comenzó á insinuarle que pensase en
+bodas. La casualidad le hizo conocer entonces
+á una señorita hermosa, discreta, bien educada,
+rica; un fénix que ni escogido con la mano. La
+misma madre de Gonzalo fué quien le obligó á
+observar las perfecciones de Casilda, y le sugirió
+pretenderla. Casilda aceptó con franca alegría
+y expansión los obsequios de Gonzalo, y á
+los seis meses de conocerse los futuros, bendijo
+la Iglesia su matrimonio.</p>
+
+<p>En una de esas largas y trascendentales conversaciones
+que se entretejen durante el primer
+cuarto de la luna de miel, y que tanto descubren
+los caracteres y los pensamientos, Gonzalo
+habló largamente de su madre y del puesto
+que ocupaba en sus afectos y en su existencia.
+Casilda escuchaba, primero sonriente,<span class="pagenum" id="Page_175">[Pg 175]</span>
+después reflexiva y grave. Impulsado por la
+plenitud del corazón, Gonzalo confesó que había
+pretendido á Casilda atendiendo á las indicaciones
+maternales, y que por eso mismo creía
+segura la dicha, puesto que en su madre no cabía
+error. Al oir esto relampaguearon los preciosos
+ojos de Casilda; y apartando el brazo
+con que rodeaba el cuello de su esposo, dijo
+firmemente estas ó parecidas razones:</p>
+
+<p>—Has hecho mal en todo eso, Gonzalo; muy
+mal. No he de limitar el cariño que tu madre
+te inspira, pero creo que no te es lícito quererla
+más que á mí, y que en algo tan personal y tan
+íntimo como el lazo de unión entre esposos, la
+iniciativa no puede ser ajena, sino propia. Á los
+padres no los escogemos, pero el que hemos de
+amar toda la vida, el dueño de nuestro albedrío,
+es un rey electivo, y somos responsables
+de la elección. Por lo que veo, tú no me elegiste.
+Para tu modo de entender el matrimonio,
+debiste buscar siquiera una niña apática, que
+se contentase con un amor reflejo de otro amor;
+yo soy una mujer que sabe amar y exige el
+pago; que quiere ser honrada y aspira á encontrar
+en su esposo toda la felicidad á que tiene
+derecho. Lo absurdo de tu modo de sentir engendra
+en mí otro absurdo semejante; y es que
+de hoy más sentiré celos de tu madre, celos del
+alma... y ya no viviremos en paz nunca; lo conozco,
+porque me conozco.</p>
+
+<p>Gonzalo, aunque sorprendido, no dió gran
+importancia á las expansiones de su mujer. Con
+halagos y ternezas probó á calmarla, y se creyó<span class="pagenum" id="Page_176">[Pg 176]</span>
+victorioso así que reconquistó el brazo de Casilda,
+aquél que se había desviado de su cuello.
+Pero un brazo no es un alma.</p>
+
+<p>Desde el instante funesto, la luna de miel
+tuvo velo de nubes. No tardó en ver Gonzalo
+que Casilda buscaba las distracciones, la sociedad
+y el bullicio, como si quisiese aturdirse, ó
+explorase horizontes nuevos. Poco á poco, Gonzalo,
+en su pesimismo, comenzó á dudar, primero
+del cariño, y después de la fidelidad de
+Casilda. Herido, ulcerado, rebosando humillación,
+fué á refugiarse en el único sitio donde
+creía poder desahogar sus penas: el seno de su
+madre. Y al abrazarla, y al bañarla el rostro
+de lágrimas ardientes, exclamaba el hijo: «No
+hay más mujer buena que tú, mamá. Debí no
+repartir mi amor; debí conservarlo para ti sola.
+Perdóname, y vivamos como si nada hubiese
+sucedido». En efecto; aquel mismo día se separaron
+los esposos. Casilda se fué á vivir á París.</p>
+
+<p>De allí á un año ó poco más recibió Gonzalo
+dos golpes terribles. Perdió á su madre... y
+supo que Casilda tenía una niña, nacida á los
+seis meses de la separación.</p>
+
+<p>Pasado el primer estupor, una claridad repentina
+iluminó su espíritu, haciéndole ver todo de
+distinta manera que antes. La muerte de su
+madre le enseñaba cómo el amor filial, con ser
+tan puro y tan sagrado, no puede, por su esencia
+misma, acompañarnos hasta el sepulcro, de
+suerte que la <em>compañera</em> es únicamente la esposa;
+y el nacimiento de aquella niña le decía
+á las claras que el amor es antorcha que las generaciones<span class="pagenum" id="Page_177">[Pg 177]</span>
+se transmiten de mano en mano, y
+el que nos dieron nuestras madres, se lo restituimos
+á nuestros hijos después.</p>
+
+<p>Lo tremendo de la situación de Gonzalo consistía
+en que, á pesar de la agitación y la emoción
+profundísima que el nacimiento de la niña
+le causaba, su desconfianza mortal y las apariencias
+de última hora no le permitían creer
+que fuese realmente su sangre. Le enloquecía
+la idea de paternidad representada por aquella
+niña; pero faltábale la fe, primera virtud del
+padre, base de su felicidad inmensa. El silencio
+de Casilda, el tiempo que iba transcurriendo
+sin nuevas de París, ayudaron al convencimiento
+amargo y vergonzoso de Gonzalo. Solo,
+dolorido, misántropo, fué dejando correr su
+edad viril entre desabridas diversiones y trasnochadas
+aventuras.</p>
+
+<p>Hacía quince años que arrastraba vivir tan
+intolerable, cuando una noche, en el teatro de
+la Comedia, mirando por casualidad á un palco
+entresuelo, se creyó víctima de un error de los
+sentidos: tal vuelco dió su sangre, viendo á la
+muchacha encantadora que acababa de dejar
+los gemelos sobre el antepecho y se inclinaba
+para mirar hacia las butacas, sonriente. La muchacha
+era el retrato vivo, animado, de la madre
+de Gonzalo, tal cual la representaba precioso
+lienzo de Madrazo, con la frescura de la
+primera juventud. Si la figura se hubiese bajado
+del cuadro, no podría ser más asombrosa la
+semejanza, ayudada por el parecido de la moda
+actual con la moda de 1830. Trémulo, espantado,<span class="pagenum" id="Page_178">[Pg 178]</span>
+al mismo tiempo que frenético de alegría,
+Gonzalo entrevió, en el asiento de respeto del
+palco, otra cabeza de mujer que conoció, á pesar
+del estrago del tiempo transcurrido: su esposa,
+Casilda.—Y la conciencia de que aquella
+jovencita era su hija del corazón, le inundó
+como una ola que lo arrebata todo, dudas, penas,
+el pasado entero.</p>
+
+<p>Habría que gastar muchas páginas en referir
+los pasos que dió Gonzalo, la suma de actividad
+que desplegó para conseguir que le fuese permitido
+vivir cerca de la hija revelada y adorada
+en un minuto, el minuto divino de verla.
+¡Inútil esfuerzo, lucha estéril en que consumió
+sus últimas energías! Una carta decisiva, escrita
+por Casilda algunas horas antes de regresar
+á Francia, decía, sobre poco más ó menos,
+lo siguiente: «Nuestra hija me quiere á mí como
+tú quisiste á tu madre. Si la separas de mí, no
+lo resistirá. Es tarde para todo: resígnate, como
+yo me resigné en otra edad más difícil. Lo único
+que me dejaste es la niña: no la cedo».</p>
+
+<p>Y Gonzalo, mordiendo de dolor el pañuelo
+con que enjugaba sus ojos, murmuró:</p>
+
+<p>—Es justo.</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_179">[Pg 179]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >EL DÉCIMO</h2>
+</div>
+
+
+<p>¿La historia de mi boda?</p>
+
+<p>Oíganla ustedes: no deja de ser rara.</p>
+
+<p>Una escuálida chiquilla de pelo greñoso, de
+raído mantón, fué la que me vendió el décimo
+de billete de lotería, á la puerta de un café, á las
+altas horas de la noche. La di de prima una
+enorme cantidad, un duro. ¡Con qué humilde y
+graciosa sonrisa recompensó mi largueza!</p>
+
+<p>—Se lleva usted la suerte, señorito—afirmó
+con la insinuante y clara pronunciación de las
+muchachas del pueblo de Madrid.</p>
+
+<p>—¿Estás segura?—la pregunté en broma,
+mientras deslizaba el décimo en el bolsillo del
+gabán entretelado y subía la chalina de seda
+que me servía de tapabocas, á fin de preservarme
+de las pulmonías que auguraba el remusguillo
+barbero de diciembre.</p>
+
+<p>—¡Yaya si estoy segura! Como que el décimo
+ése se lo lleva usted por no tener yo cuartos,
+señorito. El número... ya lo mirará usted cuando<span class="pagenum" id="Page_180">[Pg 180]</span>
+salga... es el 1.420: los años que tengo, catorce,
+y los días del mes que tengo sobre los
+años, veinte justos. Ya ve si compraría yo todo
+el billete.</p>
+
+<p>—Pues, hija—respondí echándomelas de generoso,
+con la tranquilidad del jugador empedernido
+que sabe que no le ha caído jamás ni
+una aproximación, ni un mal reintegro—, no
+te apures: si el billete saca premio... la mitad
+del décimo, para ti. Jugamos á medias.</p>
+
+<p>Una alegría loca se pintó en las demacradas
+facciones de la billetera, y con la fe más absoluta,
+agarrándome de una manga, exclamó:</p>
+
+<p>—¡Señorito! por su padre y por su madre,
+deme su nombre y las señas de su casa. Yo sé
+que de aquí á cuatro días, cobramos.</p>
+
+<p>Un tanto arrepentido ya, le dije como me llamo
+y dónde vivía; y diez minutos después, al
+subir á buen paso por la Puerta del Sol á la calle
+de la Montera, ni recordaba el incidente.</p>
+
+<p>Pasados cuatro días, estando en la cama, oí
+vocear «la lista grande». Despaché á mi criado
+á que la comprase, y cuando me la subió, mis
+ojos tropezaron inmediatamente con la cifra
+del premio gordo: creí soñar: no soñaba: allí
+decía realmente 1.420... mi décimo, la edad de
+la billetera, ¡la suerte para ella y para mí! Eran
+muchos miles de duros lo que representaban
+aquellos benditos guarismos, y un deslumbramiento
+me asaltó al levantarme, mientras mis
+piernas flaqueaban y un sudor ligero enfriaba
+mis sienes. Hágame justicia el lector: ni se me
+ocurrió renegar de mi ofrecimiento... La chiquilla<span class="pagenum" id="Page_181">[Pg 181]</span>
+me había traído la suerte, había sido mi
+«mascota...». Era una asociación en que yo sólo
+figuraba como socio industrial. Nada más justo
+que partir las ganancias.</p>
+
+<p>Al punto deseé sentir en los dedos el contacto
+del mágico papelito. Me acordaba bien: lo había
+guardado en el bolsillo exterior del gabán,
+por no desabrocharme. ¿Dónde estaba el gabán?
+¡Ah! allí, colgado en la percha... Á ver... Tienta
+de aquí, registra de acullá... Ni rastro del
+décimo.</p>
+
+<p>Llamo al criado con furia, y le pregunto si
+ha sacudido el gabán por la ventana... ¡Ya lo
+creo que lo ha sacudido y vareado! Pero no ha
+visto caer nada de los bolsillos; nada absolutamente...
+Le miro á la cara: su rostro expresa
+veracidad y honradez. En cinco años que hace
+que está á mi servicio no le he cogido jamás en
+ningún gatuperio chico ni grande... Me sonroja
+lo que se me ocurre, las amenazas, las injurias,
+las barbaridades que suben á mis labios...</p>
+
+<p>Desesperado ya, enciendo una bujía, escudriño
+los rincones, desbarato armarios, paso
+revista al cesto de los papeles viejos, interrogo
+á la canasta de la basura... ¡Nada y nada: estoy
+solo con la fiebre de mis manos, la sequedad de
+mi amarga boca y la rabia de mi corazón!</p>
+
+<p>Á la tarde, cuando ya me había tendido sobre
+la cama á fumar, para ver de ir tragando y digiriendo
+la decepción horrible, suena un campanillazo
+vivo y fuerte, oigo en la puerta discusión,
+alboroto, protestas de alguien que se empeña
+en entrar, y al punto veo ante mí á la<span class="pagenum" id="Page_182">[Pg 182]</span>
+billetera que se arroja en mis brazos, gritando
+con muchas lágrimas:</p>
+
+<p>—¡Señorito, señorito! ¿Lo ve usted? Hemos
+sacado el gordo.</p>
+
+<p>¡Infeliz de mí! Creía haber pasado lo peor del
+disgusto, y me faltaba este cruel y afrentoso
+trance: tener que decir, balbuceando como un
+criminal, que se había extraviado el billete, que
+no lo encontraba en parte alguna, y que por
+consecuencia nada tenía que esperar de mí la
+pobre muchacha, en cuyos ojos negros, ariscos,
+temí ver relampaguear la duda y la desconfianza
+más infamatoria...</p>
+
+<p>Pero la billetera, alzándolos todavía húmedos,
+me miró serenamente y dijo encogiéndose
+de hombros:</p>
+
+<p>—¡Vaya por la Virgen! Señorito... no nacimos
+ni usted ni yo pa millonarios.</p>
+
+<p>¿Cómo podía recompensar la confianza de
+aquella desinteresada criatura? ¿Cómo indemnizarla
+de lo que la debía—sí, de lo que la debía?
+Mis remordimientos y la convicción de mi
+grave responsabilidad pesaban sobre mí de tal
+suerte, que la traje á casa, la amparé, la eduqué
+y por último me casé con ella.</p>
+
+<p>Lo más notable de esta historia es que he sido
+feliz.</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_183">[Pg 183]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >LA PUÑALADA</h2>
+</div>
+
+
+<p>Mucho se hablaba en el barrio de la modistilla
+y el carpintero.</p>
+
+<p>Cada domingo se les veía salir juntos, tomar
+el tranvía, irse de paseo y volver tarde, de
+bracete, muy pegados, con ese paso ajustado y
+armonioso que sólo llevan los amantes.</p>
+
+<p>Formaban contraste vivo. Ella era una mujercita
+pequeña, de negros ojazos, de cintura
+delgada, de turgente pecho; él un mocetón sano
+y fuerte, de aborrascados rizos, de hercúleos
+puños—un bruto laborioso y apasionado—. De
+su buen jornal sacaba lo indispensable para las
+atenciones más precisas; el resto lo invertía en
+finezas para su Claudia. Aunque tosco y mal
+hablado, sabía discurrir cosas galantes, obsequios
+bonitos. Hoy un imperdible, mañana un
+ramo, al otro día un lazo ó un pañuelo. Claudia,
+mujer hasta la punta del pelo, coqueta, vanidosa,
+se moría por regalos. En el obrador de su
+maestra los lucía, causando dentera á sus compañeritas,<span class="pagenum" id="Page_184">[Pg 184]</span>
+que rabiaban por «un novio» como
+Onofre.</p>
+
+<p>«Novio»... precisamente novio no se le podía
+llamar. Era difícil, no ya lo de las bendiciones,
+sino hasta reunirse en una casa, una mesa y un
+lecho, porque ¿y las madres? La de Onofre vieja,
+impedida; además, un hermano chico, aprendiz,
+que no ganaba aún. Así y todo Onofre se
+hubiese llevado á Claudia en triunfo á su hogar,
+si no es la madre de la modista, asistenta
+de oficio, más despabilada que un candil. Cuando
+en momentos de tierna expansión Onofre insinuaba
+á Claudia algo de bodas... ó cosa para
+él equivalente, Claudia, respingando, contestaba
+en tono de enojo y susto:</p>
+
+<p>—¿Estás bebido? Hijo, ¿y mi madre? ¿La suelto
+en el arroyo como á un perro? Con la triste
+peseta que ella se gana un día no y otro tampoco,
+¿va á comer pan si yo la falto? Déjate de
+eso, vamos... ¡Que se te quite de la cabeza!</p>
+
+<p>No se le quitaba. Pasar con Claudia ratos de
+violenta felicidad, era bueno; pero cuánto mejor
+sería tenerla siempre consigo, á toda hora,
+sin tapujos... sin que pudiese la madre cortarles
+las comunicaciones, como había hecho ya en
+momentos de enfado. Además, teniendo á Claudia
+á su vera, públicamente suya, tal vez se le
+curasen los celos. Los padecía, en accesos de
+furor que trataba de ocultar. Claudia era una
+gran chica, con su aire de señorita, su talle que
+un dependiente de comercio había llamado de
+palmera... y él, él, ¡tan basto, tan encallecido,
+que ni firmar sabía! Verdad que tenía fuerza en<span class="pagenum" id="Page_185">[Pg 185]</span>
+los brazos y calor en el alma... y coraje para
+matarse con cualquiera, eso sí... ¿Bastaba?</p>
+
+<p>Debía bastar, en ley de Dios; sino que ¡se ven
+tales cosas! Ya dos veces había observado Onofre
+un hecho extraño. Al rondar la casa de
+Claudia (aquella maldita casa tenía imán), veía
+en el portal á la madre, señá Dolores, secreteando
+con un caballero muy bien portado, de
+gabán de pieles. ¿Era figuración de Onofre? Al
+divisarle la vieja daba señales de inquietud y el
+señor se despedía atropelladamente. No importa,
+no se le despintaba; entre mil de su casta le
+conocería. Algo grueso, nariz de cotorra, patillas
+grises, ojos vivos... ¿Qué embuchado se
+traían? ¿Se trataba de Claudia?—«Muy tonto
+soy—pensó Onofre—pero ¡Cristo! el dedo en la
+boca no han de metérmelo».</p>
+
+<p>Esto ocurrió hacia Pascua florida. Después
+de un invierno riguroso y tristón, la primavera
+desentumecía los cuerpos: los árboles echaban
+hojas y flores á granel, el sol picaba y reía. El
+año anterior, ¡Onofre no lo olvidaba! Claudia,
+al principiar el buen tiempo, había querido pasear
+todas las tardes, sin faltar una. Salían temprano,
+él del taller y ella del obrador, y se iban
+por ahí hasta las diez dadas. La convidaba á merendar,
+la hartaba de pájaros fritos y de fresilla.
+¡Un despilfarro! Y este año apenas conseguía
+decidirla á vagabundear dos días por semana.
+Rehacia andaba la chica. ¡Atención, Onofre!</p>
+
+<p>—¿Quién te ha dado ese dije de oro?—preguntó
+de repente, parándose en la mitad de la
+calle, el carpintero á su compañera.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_186">[Pg 186]</span></p>
+
+<p>—¿De oro? Si es de «dublé...»—murmuró
+ella, azorada.</p>
+
+<p>—Á un hombre no se le miente, y si me vuelves
+á salir por «dublé» te meto en casa de mi
+compadre el platero y te abochorno la cara.
+¡Oro con piedras! ¡Copones! ¿Se puede saber
+por qué has mentido?</p>
+
+<p>—Verás—balbuceó Claudia.—Es que... por
+si te enfadabas... Tenía ahorrados unos cuartos...
+Lo compré de lance...</p>
+
+<p>—¿Enfadarme yo? ¿Cuándo has visto que me
+mezcle en tus gastos, hija? ¿Lo compraste? ¿Dónde?
+¿Á quién?</p>
+
+<p>—Me lo vendió la corredora, la Chivita...
+¿No la conoces tú? Es una con pelos en la
+barba...</p>
+
+<p>Calló Onofre. Un relámpago de lucidez horrible
+acababa de cegarle. ¡Aquello era otro embuste!
+¡Una fila de embustes! ¿Con que la Chivita?
+Él la encontraría aquella misma noche...</p>
+
+<p>Pasaban por la plazuela de Santa Ana. Los
+árboles del jardín convidaban á descansar á su
+sombra, de poblados y de verdes que los tenía
+el abril. Risas de chiquillería, llamadas de niñeras,
+se confundían con los trinos de los canarios
+y jilgueros «maestros» colgados en jaulas,
+á las puertas de las tiendas de pájaros y perros.
+Claudia se paró delante de una de estas tiendas;
+lo acostumbraba; la gustaban mucho los bichos.
+Hizo fiestas á un loro, á un gato de Angora,
+á un falderín, y se entretuvo más con las
+palomas. ¡Qué ricas! Las había moñudas, de
+cuello empavonado, de patas calzadas...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_187">[Pg 187]</span></p>
+
+<p>—¡Ay!—exclamó—¡Ésa tiene sangre!...
+Está herida.</p>
+
+<p>Era una paloma de la casta conocida por «de
+la puñalada». Sobre el buche, curvo y blanquísimo,
+un trazo rojo imitaba perfectamente la
+herida fresca.</p>
+
+<p>—La habrá dado un corte su palomo—dijo
+gravemente Onofre—. También los palomos serán
+capaces de barbaridades si otros les festejan
+la hembra.</p>
+
+<p>Claudia apartó los ojos y se coloreó. El dicho
+de Onofre, sin tener nada de particular, le
+sonaba de un modo raro. ¡Á saber si era la
+conciencia! No se tranquilizó, ni mucho menos,
+cuando Onofre insistió, poniéndose pesado,
+en regalarla aquella paloma de la cortadura.
+¡Si no la podía cuidar, si no la podía mantener!
+¡Si apenas tenía tiempo de echar cordilla al
+gato! ¡Si faltaba jaula!</p>
+
+<p>—También compro la jaula. No te apures.
+Hermosa, yo no te podré ofrecer de lo que vende
+Ansorena... ¡pero vamos, que una pobre
+paloma! ¿Me vas á desairar? ¿No quieres nada
+mío?</p>
+
+<p>Hablaba en irritada voz. Claudia no se atrevió
+á negarse. Cargó Onofre con la jaula de
+mimbres y acompañó hasta su puerta á la muchacha.
+De allí, derecho, en busca de la corredora.
+La encontró luego; casualmente estaba
+en casa. Y sin duda el carpintero, en su interrogatorio,
+se clareó, descubrió lo que traía
+entre cejas... porque la Chivita, avezada á tales
+indagatorias, imperturbable y con el tono más<span class="pagenum" id="Page_188">[Pg 188]</span>
+persuasivo, contestó que sí, que ella había vendido
+á Claudia el dije.</p>
+
+<p>—¿Qué día? insistió Onofre, tozudo.</p>
+
+<p>—¡Ay, hijo! ¡Pues no es usted poco curioso?
+Si una se fuese á acordar, con tanto como
+vende...</p>
+
+<p>—¿Qué costó? ¿Tampoco lo sabe?</p>
+
+<p>—¡Jesús! Aunque me pidiese declaración el
+señor juez... Veremos si me acuerdo mañana...</p>
+
+<p>Desde la escalera, volviéndose hacia la puerta
+mugrienta de la Chivita y cerrando los puños,
+el mocetón rugió entre dientes, con ira inmensa:</p>
+
+<p>—Condenada de al... ¡Todos conchavados
+para mentirme...!</p>
+
+<p>De casa de la Chivita se fué Onofre á la taberna
+que encontró más á mano. Era sobrio; no
+le divertía achisparse. Sólo que hay casos en
+que un hombre... Pidió aguardiente: lo que emborrachase
+más pronto. Necesitaba convertirse
+en cepo, no pensar, hasta el otro día. Y echó
+copa tras copa; por fin se quedó amodorrado,
+con la cabeza caída sobre la sucia mesa de la
+tasca.</p>
+
+<p>Á la mañana siguiente, á eso de las ocho, salía
+Claudia para ir, como siempre, al obrador.
+Era la última vez; se despediría de la maestra,
+de las compañeras, de la labor, de los pinchazos
+en la yema del dedo. «Aquel señor»—el del
+dije, el de las grises patillas—las quería en su
+casa, á ella y á su madre, tratadas como reinas.
+La madre ama de llaves, la hija ama... ¡de
+todo! Proposiciones así no se desechan. ¿Y Onofre?...<span class="pagenum" id="Page_189">[Pg 189]</span>
+En primer lugar, Onofre no sabía las señas
+del caballero. Hasta que las averiguase.
+Después... pasado tiempo... Onofre se resignaría.
+Así y todo, Claudia llevaba el corazón
+apretado. Miedo, miedo—un miedo invencible—.
+Al entrar con la jaula de la paloma, señá
+Dolores había gritado alarmada: «Fuera con
+eso, mujer; si parece que tiene una puñalá de
+veras... ¡Vaya un regalo, la Virgen!». Y en sueños,
+revolviéndose en la estrecha cama, la puñalada
+sangrienta en el pecho blanco perseguía
+á Claudia. La parecía que la herida estaba en su
+propio seno, y que la sangre, en hilos, manaba
+y empapaba lentamente las sábanas y el colchón.
+La pesadilla duró hasta el amanecer.</p>
+
+<p>Ahora iba aprisa. Recogería el jornal, la almohadilla,
+los avíos—y abur, señora. ¡Aire! Á
+descansar, á comer bien, á vestir seda, en vez
+de coserla para otras mujeres menos guapas.
+Claudia corría, deseosa de llegar. En la esquina,
+distraídamente, tropezó, resbaló, quiso incorporarse.
+Una mano ruda la sujetó al suelo;
+una hoja de cuchillo brilló sobre sus ojos, y se
+le hundió, como en blanda pasta, en el busto,
+cerca del corazón. Y el asesino, estúpido, quieto,
+no secundó el golpe—ni era necesario—. La
+sangre se extendía, formando un charco alrededor
+de la cabeza lívida, inclinada hacia el
+borde de la acera; y Onofre, cruzado de brazos,
+aguardaba á que le prendiesen, mirando cómo
+del charco se extendían arroyillos rojos, coagulados
+rápidamente.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_190">[Pg 190]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_191">[Pg 191]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >EN EL SANTO</h2>
+</div>
+
+
+<p>Menudo embeleco—había exclamado colérica
+la Manuela cuando Lucas ordenó á
+Sidoro que se pusiese la chaqueta nueva para
+bajar á la pradera de San Isidro.</p>
+
+<p>En cambio, Sidoro sintió palpitar de alegría
+su corazoncito de seis años, encogido por la
+constante aspereza del trato feroz que le daba
+su madrastra... ó lo que fuese: la Manuela, la
+mujerona con quien ahora vivía Lucas. En la
+infancia, decir novedad y cambio es decir esperanza
+ilimitada y hermosa. ¡Bajar al santo!
+¿Quién sabe lo que el santo guardaba en sus
+manos benditas para los niños sin madre, para
+los niños apaleados y hambrientos?</p>
+
+<p>Loco de contento se incorporó Sidoro al grupo,
+si bien le agrió ya el primer gozo tener que
+cargar con un cestillo atestado de provisiones.
+Pesaba mucho, y Sidoro hubiese implorado que
+le aliviasen la carga, á no temer uno de los pellizcos
+de bruja, retorcidos y rabiosos, con que<span class="pagenum" id="Page_192">[Pg 192]</span>
+la Manuela le señalaba cardenal para medio
+mes. Suspirando, alzó el cestillo como pudo, y
+salieron calle de Toledo abajo, por entre olas
+de gente, con un sol capaz de freír magras, un
+sol más canicular que primaveral.</p>
+
+<p>Tragando el polvo que soliviantaban ómnibus,
+carricoches y simones, pasaron el puente
+de Toledo y llegaron al cerro, donde hervía más
+compacta la alegre multitud. Lucas habló de
+entrar á rezarle al santo; pero la Manuela, levantando
+de un puntillón á Sidoro, que había
+caído empujado por el remolino y agobiado por
+el peso, renegó de la idea y prefirió comprar
+torrados, avellanas y rosquillas, y buscar dónde
+merendar. La sed les resecaba el gaznate, y
+Lucas, portador de la colmada bota, notando su
+grata turgencia entre el brazo y las costillas,
+aprobó la determinación.</p>
+
+<p>No fué fácil encontrar sitio conveniente á la
+sombra y cerca del río. Los rincones agradables
+andaban muy solicitados. Por fin, bastante
+tarde, descubrieron un ruin arbolillo, y se acomodaron
+al pie, forjándose la ilusión de que las
+ramas les abrigaban la cabeza. Sidoro, derrengado,
+soltó la cesta; Manuela fué sacando vituallas,
+y allí empezó el embaular y los besos
+á la del tinto. Lucas se acordó de echarle á su
+hijo un pedazo de tortilla y una hogaza, como
+quien echa un hueso á un cachorro; después...
+no pensaron más en la criatura; y como el vinazo
+y el hartazgo quitan la vergüenza, Lucas
+le tomó la cara á Manuela, allí mismo, sin pizca
+de reparo. Con torpes pies, por llevar tan calientes<span class="pagenum" id="Page_193">[Pg 193]</span>
+los cascos, la pareja rompió á andar hacia
+el cerro, donde era mayor el bullicio, y
+donde los tíos-vivos y los merenderos y barracones
+convidaban al jolgorio; el niño, al tratar
+de seguirles, se halló detenido por un corro formado
+alrededor de un ciego coplero y guitarrista;
+y cuando quiso reunirse con su gente,
+incorporarse, encontróse solo entre la multitud,
+portador del cesto ya vacío y la bota floja
+y huera...</p>
+
+<p>Se echó á llorar. Duros y malos como eran,
+aquel hombre y aquella mujer le amparaban.
+Se sintió abandonado, náufrago en un mar muy
+crespo, muy profundo y tormentoso. El gentío
+pasaba sin hacer caso del chiquillo: éste le empujaba,
+el otro le desviaba con lástima, y una
+mano pronta y desconocida le arrebató la boina
+de la cabeza... Nadie le preguntaba la causa de
+su llanto; ¡para eso estaban! Entre el infernal
+bureo de la romería, cualquiera atiende al
+llanto de un rapaz. El tecleo de los pianos mecánicos,
+el rasguear de los guitarros, los cantares
+de los beodos, los pregones de las rosquilleras,
+los mil ruidos que exhala una muchedumbre
+apiñada, harta, jaranera, procaz, en
+plena juerga al aire libre, exasperada por el
+olor de aceite rancio de las buñolerías y el vaho
+tabernario de las barracas-bodegones, ahogaban
+los sollozos del niño, como la viviente oleada
+de la multitud envolvía y absorbía y arrastraba
+mecánicamente su cuerpo...</p>
+
+<p>Por instinto, Sidoro se dejó llevar. Andando,
+andando, podría encontrar tal vez á la pareja,<span class="pagenum" id="Page_194">[Pg 194]</span>
+ó ¿quién sabe? al santo en persona. Pues si en
+la romería no se encontraba al santo, ¿á qué
+venía toda aquella gente? Y el santo sería muy
+bueno, que para eso era santo, y por eso le rezaban
+y le retrataban en figuritas de barro, y
+por eso los ángeles le ayudaban á arar. ¿Dónde
+estaba el santo? Sidoro recordaba que Lucas,
+antes de buscar sitio para la merienda, había
+hablado de ir á la ermita. ¿Qué será la ermita?
+De seguro un sitio en que recogen y consuelan
+á los niños abandonados...</p>
+
+<p>Mientras buscaba al glorioso labrador, Sidoro,
+á pesar suyo, miraba los puestos, los centenares
+de tinglados, donde se exhiben y despachan
+los maravillosos pitos, que adornan rosetones
+de plata y florones de papel rojo, las
+efigies pintorreadas de esmeralda, cobalto y bermellón,
+las medallas y escapularios, la grosera
+loza, las figuritas de toreros y picadores, los
+monigotes con cabeza de ministros, los grupos
+de ratas, las caricaturas escatológicas, los jarros
+atestados de claveles de violento aroma,
+las hiladas de botijos bermejos y blancos, las
+apetitosas rosquillas, los puestos de avellaneros,
+con sus balanzas relucientes y sus sacos
+entreabiertos, rebosando, tentando á la mano
+del niño... Y aquella orgía de colorines fuertes
+y chillones, aquel vaivén incesante de la muchedumbre,
+aquellos sonidos discordantes, el
+sentirse impulsado, zarandeado, arrebatado
+como una paja por el torrente humano, la asfixiante
+atmósfera que respiraba, la desolación
+misma de su abandono, en vez de arrancar lágrimas<span class="pagenum" id="Page_195">[Pg 195]</span>
+á la criatura, secaron las que corrían
+de sus ojos, y le produjeron una especie de embriaguez
+febril. Sin cuidarse de responsabilidades,
+abandonó la bota y el cestillo, y se dejó
+caer en tierra, á la puerta de un merendero
+donde bebían y cantaban canciones picantes,
+ininteligibles para Sidoro. Una moza, sofocada,
+sentada en el suelo, daba la teta á una criatura.
+Sidoro vió esta escena, el grupo siempre
+conmovedor y sagrado, y confusas reminiscencias,
+no de la memoria, sino de los sentidos y
+de la sensibilidad, más concreta en la niñez, le
+recordaron que también á él le había estrechado
+una mujer contra su seno amoroso; que también
+á él le habían arrullado con palabras de
+azúcar y de delirio, las palabras inefables de la
+maternidad, y un rostro amado, un rostro que
+no podía olvidarse, surgió de entre la niebla
+del pasado... ¡pasado tan corto y tan reciente!
+Y entonces, una de esas penas sin límites que
+sufren los niños, cayó sobre el alma del huérfano.</p>
+
+<p>En un instante, con el recuerdo del cariño y
+la ternura de su madre, á quien no había vuelto
+á ver nunca, Sidoro evocó las crueldades y
+desamor de la Manuela, y toda su carne tembló,
+pues no había en ella lugar donde las despiadadas
+uñas de la mujerona no hubiesen dejado
+rastro de tortura... Y la criatura, en su desconsuelo
+infinito, mientras la tarde caía y las
+luces de los puestos comenzaban á abrir su pupila
+de llama, se revolcó sobre el árido suelo,
+con muchas ganas de dormirse en un sueño<span class="pagenum" id="Page_196">[Pg 196]</span>
+largo, largo, largo, y despertarse al lado de su
+madre, ó de san Isidro, ó de alguien que tuviese
+entrañas para los pequeños y los débiles. Á
+fuerza de aturdimiento, de cansancio, de calor,
+de susto, de tristeza, se quedó, efectivamente,
+dormido... Despertó porque le aporreaban y le
+tiraban del pelo á puñados. Era la Manuela,
+gritando enronquecida y furiosa.</p>
+
+<p>—Á este maldito sí le encontramos... pero ¿y
+la bota nueva, y mi cestillo, y la servilleta, y el
+vaso que venían en él? ¡Condenao, verás en
+cuanto lleguemos á casa!</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_197">[Pg 197]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >SANTOS BUENO</h2>
+</div>
+
+
+<p>Hacía tiempo—muchos meses—que no le
+veía yo por ninguna parte: ni en la calle,
+ni en el casino de la Amistad, ni en la Pecera, ni
+siquiera en la barriada nueva que se está construyendo—porque
+Santos Bueno es de los que
+tienen afición á ver edificar y gustan de plantarse
+delante de los andamios con las manos á
+la espalda, diciendo sentenciosamente: «Éstas
+sí que son vigas de recibo; no pandearán».</p>
+
+<p>Extrañando tan largo eclipse; temiendo que
+Santos Bueno estuviese enfermo de cuidado,
+resolví buscarle en su casa, donde le encontré
+entregado á sus habituales tareas, apacible y
+afable como de costumbre.</p>
+
+<p>—¿Qué es esto? ¿Se ha metido usted cartujo?
+¿Es voto de clausura?</p>
+
+<p>—No, señor... ¡no, señor!—respondió sonriendo
+Santos—Si yo salgo y me paseo. No parece
+sino que vivo encerrado.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_198">[Pg 198]</span></p>
+
+<p>—¿Que sale usted? Pues no le veo nunca.</p>
+
+<p>—Porque salgo un poco tarde... á las horas
+en que no hay gente.</p>
+
+<p>—Esconderse se llama esa figura.</p>
+
+<p>Volvió Santos á sonreir con aquella su indescriptible
+expresión enigmática, y dijo tranquilamente:</p>
+
+<p>—Pues ha acertado usted. Hay ocasiones en
+que... se encuentra uno muy á gusto escondido.</p>
+
+<p>Adiviné que bajo la teoría de las ventajas del
+escondite se ocultaba alguna crisis dolorosa de
+la vida de Santos Bueno.</p>
+
+<p>Yo creía conocerle, y además sabía su historia
+y sus aspiraciones, como se sabe en un pueblo
+pequeño las de cada hijo de vecino. Santos
+Bueno era un burgués modesto, sin grandes
+aspiraciones; ni pobre ni rico, poseía un capitalito,
+producto de la afortunada venta de unos
+bienes patrimoniales, lindantes con el prado de
+un indianete, que por tal circunstancia los había
+pagado á peso de oro.</p>
+
+<p>Con estos caudales, Santos proyectaba realizar
+un sueño ya muy antiguo: construirse en
+las afueras de la ciudad una casita que tuviese
+jardín y vivir en ella sin emociones, pero sin
+desazones, cultivando legumbres y rosas. Es de
+advertir que la casita con jardín es la bella ilusión
+de los marinedinos.</p>
+
+<p>No sé por qué se me vino á la imaginación
+que con aquellos dineros podrían relacionarse
+la actitud y el retraimiento de Santos, y movido
+de una curiosidad compasiva, le interrogué.</p>
+
+<p>—¿Y esa casita, ese <em>chalet</em>, cuándo lo empezamos?<span class="pagenum" id="Page_199">[Pg 199]</span>
+¿Me convida usted á café en el jardín
+para el día de su santo del año que viene?</p>
+
+<p>Demudóse el rostro de Santos, y hasta se me
+figuró que en sus ojos temblaba el reflejo cristalino
+que indica que se humedecen...</p>
+
+<p>—Ya no hago la casita—murmuró con abatimiento.</p>
+
+<p>—¿Que no la hace usted? ¿Cómo es eso? ¿Se
+ha jugado usted los capitales?</p>
+
+<p>—Bien sabe usted que no me da por ahí...</p>
+
+<p>—¿Pues qué ocurre? ¿Ha pensado usted en
+otra inversión? ¿Ha emprendido algún negocio?</p>
+
+<p>—Si usted me promete no decir nada á nadie...</p>
+
+<p>—Pierda usted cuidado, don Santos. La tumba
+es una cotorra comparada conmigo.</p>
+
+<p>—Pues es el caso que... que he... prestado...
+esa suma.</p>
+
+<p>—¿Prestado? ¿Al cien por cien mensual? ¿Con
+garantía? ¡Ah, usurero!</p>
+
+<p>—Déjese de bromas. Garantía... Tengo la de
+la honradez de mi deudor.</p>
+
+<p>—¡Ay, pobre don Santos! ¿Quién me lo ha
+engañado?</p>
+
+<p>—No, le advierto á usted que es persona que
+goza de excelente fama... Para ser franco: mi
+ánimo no era prestar, ni á ése ni á nadie. Me
+cogió desprevenido: no pude negarme; á él le
+constaba que tenía yo fondos: vi un padre de
+familia en aprieto, en compromiso, en vergüenza...
+me prometió amortizar cada mes... ¡En
+fin, que no tengo el corazón de bronce!</p>
+
+<p>—¿Conque prestamitos á padres de familia<span class="pagenum" id="Page_200">[Pg 200]</span>
+pobres, pero bribones? ¿Y qué tal? ¿Amortiza?
+¿Amortiza?</p>
+
+<p>—Por ahora... no.</p>
+
+<p>—¿Cuántos meses han pasado?</p>
+
+<p>—Seis... es decir, hoy se cumplen siete...</p>
+
+<p>—Y usted, después de haber hecho esa obra
+benéfica y desinteresada, ¿por qué se esconde?
+Eso sí que quisiera saberlo.</p>
+
+<p>—Le diré... Son tonterías de mi carácter...
+¡Rarezas...! Es que, hace algún tiempo, me encontré
+en la calle á mi deudor, y le pedí... vamos
+con muy buenos modos... que empezase á amortizar...
+lo que pudiese... nada más que lo que
+pudiese... Y me contestó de una manera..., en
+fin, que me negó lo prometido, y casi, casi, me
+negó la deuda misma... Y desde entonces no
+salgo á la calle... porque si me lo encuentro,
+me dará vergüenza, y tendré que hacer como
+si no le viese! Sí, vergüenza... Porque es fea su
+acción, ¿verdad?</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_201">[Pg 201]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >SUSTITUCIÓN</h2>
+</div>
+
+
+<p>No hay nadie que no se haya visto en el
+caso de tener que dar, con suma precaución
+y en la forma que menos duela, una mala
+noticia. Á mí me encomendaron por primera
+vez esta desagradable tarea, cuando falleció repentinamente
+la viuda de Lasmarcas, única
+hermana de don Ambrosio Corchado.</p>
+
+<p>Yo no conocía á don Ambrosio; en cambio
+era uno de los tres ó cuatro amigos fieles del
+difunto Lasmarcas, y que visitaban con asiduidad
+á su viuda, recibiendo siempre acogida
+franca y cariñosa. Las noches de invierno nos
+servía de asilo la salita de la señora, donde ardía
+un brasero bien pasado, y las dobles cortinas
+y las recias maderas no dejaban penetrar
+ni corrientes de aire ni el ruido de la lluvia.
+Instalado cada cual en el asiento y en el rincón
+que prefería, charlábamos animadamente hasta
+la hora de un té modesto y fino, con galletas y<span class="pagenum" id="Page_202">[Pg 202]</span>
+bollos hechos en casa, tal vez por razones de
+economía.</p>
+
+<p>Nos sabía á gloria el té casero, y concluíamos
+la velada satisfechos y en paz, porque la
+viuda de Lasmarcas era una mujer de excelente
+trato, ni encogida, ni entrometida, ni maliciosa
+en extremo, ni neciamente cándida, y en
+cuanto amiga, segura y leal como ¡ojalá! fuesen
+todos los hombres. Al saber que había aparecido
+muerta en su cama, fulminada por un
+derrame seroso, sentimos el frío penetrante del
+<em>más allá</em>, el estremecimiento que causa una ráfaga
+de aire glacial que nos azota el rostro al
+entrar en un panteón. ¡Así nos vamos, así se
+desvanece en un soplo nuestra vida, al parecer
+tan activa y tan llena de planes, de esperanzas
+y de tenaces intereses! Precisamente la noche
+anterior habíamos ido de tertulia á casa de la
+señora de Lasmarcas; aún nos parecía verla
+ofreciéndonos un trozo de bizcochada, que alababa
+asegurando ser receta dada por las monjas
+de la Anunciación...</p>
+
+<p>Advertidos de la desgracia los amigos íntimos,
+se decidió que yo me encargaría de avisar
+al hermano de la difunta. Don Ambrosio Corchado
+no vivía en la misma ciudad que su hermana,
+sino á dos leguas, en una posesión de
+donde no salía jamás, y donde la viuda residía
+en la temporada de verano. Rico y poco sociable,
+don Ambrosio realizaba el tipo del solterón: no
+quería molestar al mundo, y menos toleraba que
+el mundo le molestase á él. Á su manera, lo
+pasaba perfectamente, introduciendo mejoras<span class="pagenum" id="Page_203">[Pg 203]</span>
+en su finca, dirigiendo la labranza y cebando
+gallinas y cerdos. Es cuanto sabíamos de don
+Ambrosio. Para cumplir sin tardanza mi cometido,
+encargué un coche, y á los tres cuartos
+de hora lo tenía ante la puerta, con repique de
+cascabeles y traqueteo de ruedas chirriantes.</p>
+
+<p>Entré en el desvencijado vehículo y tomamos
+la dirección de la finca. Era preciosa la mañana,
+vibrante, alegre, llena de sol y luz, preludiando
+la primavera, que se acercaba ya. Reclinado
+en el fondo del birlocho, viendo desaparecer
+por la ventanilla el pintoresco paisaje,
+me entró, á pesar del buen tiempo y del aire
+puro y vivo, una dolorosa melancolía, una especie
+de aprensión y de timidez violenta.</p>
+
+<p>El corazón se me encogió, pensando en lo que
+debía participar á don Ambrosio, y en cómo
+empezaría á hacerle paladear el trago, para que
+sintiese menos su amargor. Me representaba
+con eficacia lo dramático del momento. Don
+Ambrosio no tenía otra hermana, ni más familia
+en el mundo. La señora de Lasmarcas no
+dejaba hijos que pudiese recoger su hermano
+y que alegrasen su solitaria vejez. ¡Una hermana!
+El ser á quien acompañamos desde la
+cuna; con quien hemos jugado de niños; ser
+que lleva nuestra sangre; que ha compartido
+nuestros primeros inocentes goces, nuestros primeros
+berrinches; que ha sido nuestro confidente,
+nuestro encubridor, que vió nuestras
+travesuras y se emocionó con nuestros amoríos
+infantiles; la mamá pequeña, la amiga natural,
+la cómplice desinteresada, la defensora. El que<span class="pagenum" id="Page_204">[Pg 204]</span>
+no conoce otro afecto; el que de todos los suyos
+conserva una hermana, ¡qué sentirá al saber
+que la ha perdido! Sin duda alguna, lo que el
+árbol cuando le hincan el hacha en mitad del
+tronco, cuando lo hienden y parten. Además,
+¡era tan súbita la muerte! Tal vez don Ambrosio
+se había forjado mil veces la ilusión de que
+su hermana, más joven que él, le cerraría los
+ojos...</p>
+
+<p>Estos pensamientos, exaltando mi imaginación,
+me causaron tan indefinible angustia, que
+al pararse el coche ante el portón de la finca
+llevaba yo los ojos humedecidos de lágrimas.
+Dominé mi debilidad, salté á tierra, y al preguntar
+por don Ambrosio á un hombre que
+igualaba la arena del patio, soltó él de muy
+buena gana el escardillo y me guió, pasando
+por hermosos jardines adornados con fuentes y
+por un huerto de frutales, á una pradería, donde
+varios gañanes trabajaban en segar hierba
+y amontonarla en carros, bajo la inspección de
+un vejete de antiparras azules y sombrero de
+paja.—Era don Ambrosio en persona.—Me saludó
+con sorpresa y, al decirle que venía por un
+asunto de cierta importancia, mostró bastante
+amabilidad. Explicóme que el pradito aquel
+rendía todos los años más de treinta carros de
+hierba seca, que se vendía como pan bendito; y
+cediendo á la propensión de hablar sólo de lo
+que se roza con preocupaciones del orden práctico,
+añadió que temía que viniese á llover, y
+activaba la faena á fin de recoger la hierba en
+buenas condiciones. Después me señaló á una<span class="pagenum" id="Page_205">[Pg 205]</span>
+esquina del prado, que cruzaba un límpido riachuelo,
+y me preguntó si creía la fuerza del
+agua suficiente para hacer mover un molino
+harinero que pensaba instalar allí. Su cara
+arrugadilla y su cascada voz adquirían gravedad
+al enunciar estos propósitos. Yo, entretanto,
+buscaba sitio por donde herirle; pero dos ó
+tres insinuaciones acerca de la mala salud de la
+viuda, no arrancaron más que un distraído
+«vaya, vaya». Entonces resolví apretar, y entré
+en materia: venía precisamente porque la
+señora, algo enferma desde ayer... «Sí, molestias
+del invierno, catarrillos», respondió maquinalmente.
+Me sublevó la salida, y solté las dos
+palabras «enfermedad grave»... Al través de
+los azules vidrios noté que parpadeaba el viejo.
+—«¿Grave? Y el médico, ¿qué dice?».</p>
+
+<p>—No hubo tiempo de consultarle...—exclamé—Ya
+ve usted, las cosas repentinas...</p>
+
+<p>—Pues que se consulte, que se consulte—repitió
+volviéndose para ver pasar un carro
+cargado á colmo—. ¡Eh—gritó dirigiéndose á
+los gañanes—, brutos, que se os cae la mitad de
+la hierba! ¡Sujetar bien la carga, por Cristo!</p>
+
+<p>—¿No le digo á usted—interrumpí alzando
+también la voz—que no dió lugar á consultar
+nada? Fué de pronto... la...</p>
+
+<p>Se me atragantaba la palabra terrible, pero
+al fin la solté:</p>
+
+<p>—¡La... la muerte!</p>
+
+<p>Don Ambrosio hizo un movimiento hacia
+atrás. Sus vidrios azules centellearon al sol.
+Titubeando, murmuró:</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_206">[Pg 206]</span></p>
+
+<p>—De manera... que... que...</p>
+
+<p>—Que ha fallecido su hermana de usted, sí,
+señor; esta mañana se la encontraron cadáver...
+en la cama... Un derrame seroso.</p>
+
+<p>El viejo guardó silencio, columpiando la cabeza.
+Después de una pausa, tosiqueó y dijo
+tranquilamente:</p>
+
+<p>—¡Válgate Dios! Le llegó su hora á la pobre...
+Bueno, si hay cualquier dificultad para el
+entierro, que... que cuenten conmigo... Por
+poco más... ¿sabe usted? que se haga todo con
+decencia... En cien duros arriba ó abajo no deben
+ustedes reparar.</p>
+
+<p>—¿No vendrá usted al funeral?—pregunté
+devorando al viejo con los ojos.</p>
+
+<p>—Verá usted... Con el prado á medio segar y
+este tiempo tan á propósito... imposible. ¡Bueno
+andaría esto si faltase yo! Mañana justamente
+viene el maestro de obras para tratar lo del
+molino... Hay que rumiar el contrato, porque
+si no esas gentes le pelan á uno. ¿Y usted qué
+opina? ¿Tendrá fuerza el agua? Ahora en primavera,
+no hay cuidado; ¿pero en otoño?</p>
+
+<p>Salí de allí en tal estado de exasperación,
+que batí la portezuela del coche al cerrarla,
+contribuyendo á desbaratar el fementido birlocho.
+Otra vez me dominaba una tristeza invencible;
+me sentía ridículo, y la miseria de nuestra
+condición me abrumaba al pensar en aquel
+vejete insensible como una roca, que sólo se
+ocupaba en el prado y el molino y se olvidaba
+de la proximidad de la muerte. ¡Valiente necedad
+mis precauciones y mis recelos para darle la<span class="pagenum" id="Page_207">[Pg 207]</span>
+noticia! De pronto se me ocurrió una idea singular.
+Mi acceso de sensibilidad compensaba la
+indiferencia de don Ambrosio.—El verdadero
+<em>hermano</em> de la pobre muerta era yo, yo que había
+sentido el dolor fraternal, yo que me había
+sustituido, con la voluntad y el sentimiento, al
+hermano según la carne. En el mundo moral
+como en el físico nada se pierde, y todos los que
+tienen derecho á una suma de cariño, la cobran,
+si no del que se la debe, de otro generoso pagador.
+Consolado al discurrir así, saqué la cabeza
+por la ventanilla y dije al cochero (de veras que
+se lo dije): «Más aprisa, que necesito disponer
+el funeral de mi hermana».</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_208">[Pg 208]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_209">[Pg 209]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >LA COMPAÑA</h2>
+</div>
+
+
+<p>Invierno. Después de un día corto, lluvioso y
+triste, la noche es clara, de luna; la helada
+prende en sus cristales, resbaladizos y brillantes
+como espejos, el agua de las charcas y ciénagas,
+y en la ladera más abrupta de la montaña
+se oye el <em>oubear</em> del lobo hambriento. Dentro
+de la casuca del <em>rueiro</em> humilde, la llama de
+la ramalla de pino derrama la dulce tibieza de
+sus efluvios resinosos, y el glu-glu del pote conforta
+el estómago engañando la necesidad, pues
+el pobre caldo de berzas sólo mantiene porque
+abriga.</p>
+
+<p>Desviada de la aldea por el soto de altos castaños,
+próxima á la iglesia y al cementerio, la
+ruin casuca de la vieja señora Claudia—alias
+<em>Cometerra</em>, porque en sus juventudes mascaba
+á puñados la arcilla del monte Couto—también
+siente el bienestar del cariñoso fuego.
+Todo el día, calándose hasta las medulas, ha
+trabajado su nieto Caridad, y el brazado de ramalla<span class="pagenum" id="Page_210">[Pg 210]</span>
+y la leña todavía húmeda y la hierba que
+rumia la becerrita roja, él se las ha agenciado...
+No preguntéis dónde. Quien no tiene bosque ni
+pradería suya, ha de merodear por tierras de
+otro. ¿Qué señor le arrienda un lugar á un mocoso
+de quince, hijo de un presidiario muerto
+en Ceuta? El colono ha de ser libre de quintas,
+casado y de buena casta. ¡Valiente adquisición
+la de aquella bruja que pedía por las puertas
+una espiga de maíz ó una corteza mohosa, y la
+de aquel galopín que no dejaba en los términos
+de la parroquia cosa á vida! También hay clases
+en la aldea... Y los hijos de dos ó tres labradores
+de los más acomodados, de pan y puerco,
+se la tenían jurada á Caridad. Porque puede
+pasar el esquilmo de la rama y del tojo, y hasta
+el apañar hierba en linderos que tienen dueño;
+pero arrancar la patata ya en sazón ó desvalijar
+un painel del hórreo... eso son palabras mayores,
+y como le pillasen... ¡guarda el escarmiento!</p>
+
+<p>Caridad, entretanto, traía á casa bien repleto
+su <em>paje</em> de mimbres. Aquel día formaban el botín
+golpe de castañas maduras, bellotas, y ¡presa
+extraordinaria!, tres ó cuatro hermosos huevos
+frescales... Cuando tenía suerte en su caza
+de víveres, ¡la abuela le pagaba tan bien! Inagotable
+repertorio de consejas, tradiciones y patrañas,
+<em>Cometerra</em>, acurrucada en el rincón del
+lar, mientras con mano temblona pelaba las patatas
+ó desgranaba las espigas rubias, hablaba,
+narraba, ensartaba sus cuentos de mil mentiras...
+Y Caridad no conocía otro goce. Las historias<span class="pagenum" id="Page_211">[Pg 211]</span>
+de la abuela eran á la vez su única escuela
+y su único teatro, el pasto de su imaginación
+virgen, fresca, insaciable, de chiquillo
+que no sabe leer, y que presiente la novela y la
+poesía, identificándolas, en su ignorancia, con
+la vida y la realidad.</p>
+
+<p>Tal vez, en aquel precoz enfermizo desarrollo
+de la fantasía influyese el mismo aislamiento á
+que le condenaban sus menudos latrocinios y la
+azarosa suerte y las fechorías del padre. Es lo
+cierto que Caridad creía á puño cerrado... ¿qué
+es creer?, <em>veía</em>. El mundo triste y agorero de la
+vieja mitología galaica le rodeaba á todas horas.
+El miedo á lo desconocido encogía su alma
+y derramaba hielo de mortal pavor en sus venas,
+atrayéndole, sin embargo, con misterioso
+atractivo, llamándole. Temía y deseaba la aparición
+sobrenatural, y mientras sus manos, mecánicamente,
+cogían lo ajeno, su espíritu inculto
+sentía el escalofrío del mundo invisible
+que nos rodea, y cuyo hálito quejoso se percibe
+en los murmullos del bosque y en el fluyente
+llanto del agua...</p>
+
+<p>Esta noche de invierno, cercana ya la vigilia
+de los difuntos, <em>Cometerra</em> explica á su nieto lo
+que es la <em>Compaña</em> ó <em>Hueste</em>. Es una legión de
+muertos que, dejando sus sepulturas, llevando
+cada cual en la descarnada mano un cirio, cruzan
+la montaña, allá á lo lejos, visibles sólo
+por la vaga blancura de los sudarios y por el
+pálido reflejo del cirio desfalleciente. ¡Ay del
+que ve la <em>Compaña</em>! ¡Ay del que pisa la tierra
+en que se proyecta su sombra! Si no se muere<span class="pagenum" id="Page_212">[Pg 212]</span>
+en el acto, la vida se le secará para siempre á
+modo de hierba que cortó la <em>fouce</em>. Quebrantado,
+sin fuerzas, tocado de extraño mal, contra
+el cual no existen remedios, irá encaminándose
+poco á poco á la cueva, porque la <em>Hueste</em> recluta
+así á los que encuentra en el camino, los alista
+en sus filas, refuerza su ejército de espectros...
+¡Infeliz del que ve la <em>Compaña</em>!</p>
+
+<p>En su pobre y frío lecho de hojas de maíz,
+Caridad se revuelve pensando en la fúnebre procesión.
+El fuego del lar se ha extinguido; la
+abuela ronca acurrucada á pocos pasos; se escucha
+fuera el gañir del lobo y la queja casi
+humana del mochuelo... La tentación es demasiado
+fuerte. De seguro que á estas horas desfila
+por el monte, en doble hilera de luces, la
+gente del otro mundo. ¡Verla! Caridad no se
+acuerda de que verla es morir. Quizá no le importa.
+El apego á la vida no nace temprano; el
+arbolillo sin raíces no se agarra á la corteza terrestre.
+El miedo, en Caridad, es como un espasmo:
+su alma estremecida teme y desea á la vez.
+Y deslizándose de la dura cama, á tientas va hacia
+la puerta, abre el cancel, se asoma y mira.</p>
+
+<p>Velada la luna, antes esplendente, por nubarrones
+de trágica forma, negrísimos, los objetos
+aparecen confusos, las manchas de la arboleda
+se pierden entre la turbieza gris de la lejanía.
+Caridad, tiritando, echa á andar en dirección
+á la iglesia. Sin darse cuenta del porqué,
+supone que la <em>Hueste</em> ronda las tapias del cementerio.
+Lo singular es que, al ir en busca de
+la procesión de las almas, el chiquillo tiembla,<span class="pagenum" id="Page_213">[Pg 213]</span>
+sus dientes castañetean, sus pupilas se dilatan,
+su sangre se cuaja, su corazón por momentos
+cesa de latir. Y, sin embargo, anda, anda, fascinado;
+ansioso, pisando la escarcha con descalzos
+pies, amoratados y rígidos. Allá donde se
+alza el muro del camposanto, una claridad difusa,
+unos lampos de luz verdosa le llaman con
+palpitaciones de mortaja flotante y con humaredas
+de cirio que se extingue. Allí está de seguro
+la <em>Hueste</em>... Ya cree verla, verla distintamente,
+y hasta escucha reprimidos sollozos,
+ahogados gritos que pueden confundirse con la
+ironía de la carcajada brutal... Sin transición,
+sin espacio á decir Jesús, á llamar á su madre
+como la llaman los heridos de muerte, Caridad
+se desploma. Á un mismo tiempo le ha partido
+la cabeza un garrotazo y le ha abierto la garganta
+el corvo filo de una céltica <em>bisarma</em>, que
+á la vez que degüella sujeta á la víctima. La
+sangre, caliente, se coagula sobre la helada superficie
+del terruño. Los mozos se retiran, dejando
+tieso allí al ladronzuelo, y murmurando,
+serios ya—porque no habían pensado ir tan
+lejos, ni hubiesen ido á no mediar el mosto
+nuevo y la vieja <em>caña</em>:</p>
+
+<p>—Quedas escarmentado.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_214">[Pg 214]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_215">[Pg 215]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >LA DENTADURA</h2>
+</div>
+
+
+<p>Al recibir la cartita, Águeda pensó desmayarse.
+Enfriáronse sus manos, sus oídos
+zumbaron levemente, sus arterias latieron y
+veló sus ojos una nube. ¡Había deseado tanto,
+soñado tanto con aquella declaración!</p>
+
+<p>Enamorada en secreto de Fausto Arrayán, el
+apuesto mozo y brillantísimo estudiante, probablemente
+no supo ocultarlo; la delató su turbación
+cuando él entraba en la tertulia, su encendido
+rubor cuando él la miraba, su silencio
+preñado de pensamientos cuando le oía nombrar;
+y Fausto, que estaba en la edad glotona,
+la edad en que se devora amor sin miedo á indigestarse,
+quiso recoger aquella florecilla
+semicampestre, la más perfumada del vergel
+femenino—un corazón de veinte años, nutrido
+de ilusiones, en un pueblo de provincia: medio
+ambiente excitante, si los hay, para la imaginación
+y las pasiones.</p>
+
+<p>Los amoríos entre Fausto y Águeda, al principio,
+fueron un dúo en que ella cantaba con
+toda su voz y su entusiasmo, y él, <em>reservándose</em>
+como los grandes tenores, en momentos<span class="pagenum" id="Page_216">[Pg 216]</span>
+dados emitía una nota que arrebataba. Águeda
+se sentía vivir y morir; su alma, palacio mágico
+siempre iluminado para solemne fiesta
+nupcial, resplandecía y se abrasaba, y una plenitud
+inmensa de sentimiento la hacía olvidarse
+de las realidades y de cuanto no fuese su dicha,
+sus pláticas inocentes con Fausto, su carteo, su
+ventaneo, su idilio en fin. Sin embargo, las
+personas delicadas—y Águeda lo era mucho—no
+pueden absorberse por completo en el egoísmo;
+no saben ser felices sin pagar generosamente
+la felicidad. Águeda adivinaba en Fausto
+la oculta indiferencia; conocía por momentos
+cierta sequedad de mal agüero; no ignoraba
+que á las primeras brisas otoñales el predilecto
+emigraría á Madrid, donde sus aptitudes artísticas
+le prometían fama y triunfos; y en medio
+de la mayor exaltación, advertía en sí misma
+repentino decaimiento, la convicción de lo efímero
+de su ventura.</p>
+
+<p>Un día estrechó á Fausto con preguntas apremiantes:
+«¿Me quieres de veras, de veras? ¿Te
+gusto? ¿Soy yo la mujer que más te gusta? Háblame
+claro, francamente... Prometo no enfadarme
+ni afligirme». Fausto, sonriente, halagador,
+galante al pronto, acabó por soltar parte
+de la verdad en una aseveración exactísima.
+«¡Guedita, eres muy mona... muy guapa, sin
+adulación... Tienes una tez de leche y rosas,
+unas facciones torneadas, unos ojos de terciopelo
+negro, un talle que se puede abarcar con
+un brazalete... Lo único que te desmerece...
+así... un poquito... es la pícara dentadura. Es
+<span class="pagenum" id="Page_217">[Pg 217]</span>
+que á no ser por la dentadura... chica, un cuadro
+de Murillo!».</p>
+
+<p>Calló Águeda contrita y avergonzada, pero
+apenas se hubo despedido Fausto, corrió al espejo.
+¡Exactísimo! Los dientes de Águeda, aunque
+sanos y blancos, eran salientes, anchos á
+guisa de paletas, y su defectuosa colocación
+imponía á la boca un gesto empalagoso y mohín.
+¿Cómo no había advertido Águeda tan notable
+falta? Creía ver ahora por primera vez la
+fea caja de su dentadura, y un pesar intenso,
+cruel, la abrumaba... Lágrimas ardientes fluyeron
+por sus mejillas, y aquella noche no pegó
+ojo, dando vueltas, entre el ardor de la fiebre,
+á la triste idea... «Fausto ni me quiere ni puede
+quererme. ¡Con unos dientes así!».</p>
+
+<p>Desde el instante en que Águeda se dió cuenta
+de que en realidad tenía una dentadura mal
+encajada y deforme, acabóse su alegría y vinieron
+á tierra los castillos de naipe de sus ensueñas.
+Rota la gasa dorada del amor, veía confirmados
+sus temores relativos á la frialdad de
+Fausto; mas como el espíritu no quiere abandonar
+sus quimeras, y un corazón enamorado
+y noble no se aviene á creer que su mismo exceso
+de ternura puede engendrar indiferencia,
+dió en achacar su desgracia á los dientes malditos.
+«Con otros dientes, Fausto sería mío quizás».
+Y germinó en su mente un extraño y atrevido
+propósito.</p>
+
+<p>Sólo el que conozca la vida estrecha y rutinaria
+de los pueblos pequeños; la alarma que
+produce en los hogares modestos la perspectiva<span class="pagenum" id="Page_218">[Pg 218]</span>
+de cualquier gasto que no sea de estricta utilidad;
+la costumbre de que las muchachas nada
+resuelvan ni emprendan, dejándolo todo á la
+iniciativa de los mayores—comprenderá lo que
+empleó Águeda de voluntad, maña y firmeza
+hasta conseguir dinero y licencia para realizar
+sus planes... Fausto había volado ya á Madrid;
+el pueblo dormitaba en su modorra invernal,
+y Águeda, levantándose cada día con la misma
+idea fija, suplicaba, rogaba, imploraba á su
+madre, á su padrino, á sus hermanas, sacando
+á aquélla una pequeña cantidad, á aquél un lucido
+pico, á éstas de la alcancía los ahorros..., hasta
+juntar una suma, con la cual, llegada la primavera,
+tomó el camino de la capital de la
+provincia...—Iba resuelta á arrancarse todos los
+dientes y ponerse una dentadura ideal, perfecta.</p>
+
+<p>Águeda era muy mujer, tímida y medrosa: no
+se preciaba de heroína, y la espantaba el sufrimiento;
+un escalofrío recorrió sus venas cuando,
+discutido y convenido con el dentista el precio
+de la cruenta operación, se instaló en la silla
+de resortes, y encomendándose á Dios, echó la
+cabeza atrás... No se conocían por entonces en
+España los anestésicos que hoy suelen emplearse
+para extracciones dolorosas, y aunque se tuviese
+noticia de ellos, nadie se atrevía á usarlos,
+arrostrando el peligro y el descrédito que originaría
+el menor desliz en tan delicada materia.
+Tenía, pues, Águeda que afrontar el dolor
+con los ojos abiertos y el espíritu vigilante, y
+dominar sus nervios de niña para que no se
+sublevasen ante el atroz martirio. Desviados,<span class="pagenum" id="Page_219">[Pg 219]</span>
+salientes y grandes eran sus dientes todos: había
+que desarraigarlos uno por uno. Águeda,
+cerrando los ojos, fijó el pensamiento en Fausto;
+temblorosa, yerta de pavor, abrió la boca,
+y sufrió la primer tortura, la segunda, la tercera...
+Á la cuarta, como se viese cubierta de
+sangre, cayó con un síncope mortal. «Descanse
+usted en su casa», opinó el dentista.</p>
+
+<p>Volvió, sin embargo, á la faena al día siguiente,
+porque los fondos de que disponía estaban
+contados y la urgía regresar al pueblo... No
+resistió más que dos extracciones; pero al otro
+día, deseosa de acabar cuanto antes, soportó
+hasta cuatro, bien que padeciendo una congoja
+al fin; pero según disminuían sus fuerzas se
+exaltaba su espíritu, y en tres sesiones más
+quedó su boca limpia como la de un recién nacido,
+rasa, sanguinolenta... Apenas cicatrizadas
+las encías, ajustáronle la dentadura nueva,
+menuda, fina, igual, divinamente colocada: dos
+hileritas de perlas. Se miró al espejo de la fonda;
+se sonrió; estaba realmente transformada
+con aquellos dientes; sus labios ahora tenían
+expresión, dulzura, morbidez, una voluptuosa
+turgencia y gracia que se comunicaba á toda la
+fisonomía... Águeda, en medio de su regocijo,
+sentía mortal cansancio; apresuróse á volver á
+su pueblo, y á los dos días de llegar, violenta
+fiebre nerviosa ponía en riesgo su vida.</p>
+
+<p>Salió del trance; convaleció, y su belleza, refloreciendo
+con la salud, sorprendió á los vecinos.
+Un acaudalado cosechero, que la vió en la
+feria, la pidió en matrimonio; pero Águeda ni<span class="pagenum" id="Page_220">[Pg 220]</span>
+aun quiso oir hablar de tal proposición, que
+apoyaban con ahinco sus padres. Lozana y
+adornada esperó la vuelta de Fausto Arrayán,
+que se apareció muy entrado el verano, lleno
+de cortesanas esperanzas y vivos recuerdos de
+recientes aventuras. No obstante, la hermosura
+de Águeda despertó en él memorias frescas
+aún, y se renovaron con mayor animación por
+parte del galán los diálogos y los ventaneos y
+los paseos y las ternezas. Águeda le parecía
+doblemente linda y atractiva que antes, y un
+fueguecillo impetuoso empezaba á comunicarse
+á sus sentidos. Cierto día que, hablando con uno
+de sus amigos de la niñez, manifestó la impresión
+que le causaba la belleza de Águeda, el
+amigo respondió:</p>
+
+<p>—¡Ya lo creo! Ha ganado un cien por cien
+desde que se puso dientes nuevos.</p>
+
+<p>Atónito quedó Fausto. ¿Cómo? ¿Los dientes?
+¿Todos, sin faltar uno? ¡Cuánto trastorna la vanidad
+femenil! Y soltó una carcajada de humorístico
+desengaño...</p>
+
+<p>Cuando, años después, le preguntó alguien
+por qué había roto tan completamente con
+aquella Águeda, que aún permanecía soltera y
+llevaba trazas de seguir así toda la vida, Fausto
+Arrayán—ya célebre, glorioso, dueño del
+presente y del porvenir—respondió, después de
+hacer memoria un instante:</p>
+
+<p>—¿Águeda...? ¡Ah, sí! Ahora recuerdo...
+¡Porque no es posible que entusiasme una muchacha
+sabiendo que lleva todos los dientes postizos...!</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_221">[Pg 221]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >INSPIRACIÓN</h2>
+</div>
+
+
+<p>El taller, á aquella hora—las once de la mañana—tenía
+aspecto alegre y hasta cierta
+paz doméstica: limpio aún, barrido, no manchado
+por las colillas y los fósforos, los fragmentos
+de lápiz de color y el barro de las botas, con la
+alegre luz solar que entraba por el gran medio
+punto, acariciaba los muebles y arrancaba reflejos
+á los herrajes del bargueño, á los clavos
+de asterisco de los fraileros, y á los estofados
+del manto de la gótica Nuestra Señora. La horrible
+careta nipona reía de oreja á oreja, benévolamente,
+y <em>Kruger</em>, el enorme y lustroso
+dogo de Ulm, echado sobre un rebujo de telas
+de casulla, deliciosas por sus tonos nacarados
+que suavizaba el tiempo, dormitaba tranquilo,
+reservando sus arrebatos de cariño, expresados
+con dentelladas y rabotadas, para la tarde.</p>
+
+<p>Luchaba desesperadamente Aurelio Rogel,
+instalado ante el caballete y el lienzo limpio,
+con una de esas crisis de desaliento que asaltan<span class="pagenum" id="Page_222">[Pg 222]</span>
+al artista en nuestra época sobresaturada de
+crítica y recargada con el peso de tantos ideales
+y tantas teorías y tantas exigencias de los
+sentidos gastados y del cerebro antojadizo.
+¿Qué pondría en aquella tela rasa y agranitada;
+á qué expresión responderían las manchas
+de los colores que aguardaban en fila, al margen
+de la bruñida paleta, como soldados dispuestos
+á entrar en combate? Sentíase cansado
+Aurelio de <em>academias y estudios</em>; del eterno
+dibujar por dibujar, persiguiendo de cerca á la
+línea y al contorno, sin saber para qué, con la
+falta de finalidad del avaro que atesora, pero
+no hace circular la riqueza. Aquella ciencia del
+dibujo, en que Aurelio se preciaba de haber
+vencido y superado á todos sus compatriotas,
+tildados de malos dibujantes; aquel dominio de
+la forma, en tal momento, le parecía estéril,
+vano, si no podía servirle para encarnar una
+idea.—Y la idea, la veía surgir, como vapor luminoso,
+flotando ante sus ojos soñadores, sin
+lograr que se concretase y definiese; así es
+que, descorazonado, no se resolvía á coger el
+lápiz.</p>
+
+<p>¿Qué iba á hacer? Dentro de un cuarto de
+hora aparecería el modelo, el eterno modelo;
+uno de los eternos modelos, mejor dicho.—Ó
+el tagarote aguardentoso, velludo y bestial;
+ó la moza flamenca y zafia, que dejaba en el taller
+olor á bravío y á jabón barato; ó el mozalbete
+achulado, afeminado, el <em>pâle voyou</em>; serie
+de cuerpos plebeyos y viciosos, cuya vista había
+llegado á irritar los nervios de Aurelio hasta<span class="pagenum" id="Page_223">[Pg 223]</span>
+el punto de enfurecerle. ¿Dónde estaba la
+Belleza? «La crearé sin modelo alguno—pensaba—;
+la sacaré de mi mente, de mis aspiraciones,
+de mi corazón, de mi sensibilidad artística...».
+Pero á la vez que afirmaba este programa,
+se daba cuenta de que no podía realizarlo:
+que le sujetaban lazos técnicos, la costumbre
+idiota de mirar hacia un objeto, la fidelidad escrupulosa,
+la impotencia para trasladar al lienzo
+lo que los ojos no hubiesen visto y estudiado
+en la realidad.</p>
+
+<p>Así es que, cuando sonó la campanilla anunciando
+la llegada del modelo—segura á tales
+horas—el pintor sintió un estremecimiento de
+repugnancia invencible. «Hoy le despido»; resolvió;
+y, de mal talante, salió á abrir. Hizo un
+movimiento de sorpresa: la persona que llamaba
+era desconocida, una joven; casi una niña;
+representaba quince años á lo sumo. Á la interrogación
+de Aurelio, respondió la muchacha
+dando señales de temor y cortedad:</p>
+
+<p>—Vengo... porque me ha dicho tío Onofre, el
+<em>curda</em>... ¿no sabe usté? pues que como está muy
+malísimo... y dijo que usté le aguardaba pa retratarle...
+le traigo el recao que no vendrá.</p>
+
+<p>—Bien, hija—contestó Aurelio satisfecho y
+como libre de una carga.—¿Y qué tiene tío
+Onofre?</p>
+
+<p>—Eso del trancazo—declaró la muchacha—.
+En la cama está hace tres días, y paece que le
+han molío toós los huesos.</p>
+
+<p>Y como á pesar de que en apariencia estaba
+cumplida la misión de la chiquilla, ésta no se<span class="pagenum" id="Page_224">[Pg 224]</span>
+quitaba del marco de la puerta; el pintor, compadecido,
+la apartó diciendo:</p>
+
+<p>—Pasa, hija. Ven, te daré un poco de vino de
+Málaga...</p>
+
+<p>Entró la niña tímidamente, pero sin remilgos
+ni dificultades, y ya en el taller, miró alrededor
+con ojos asombrados, que expresaban el respeto
+por lo que no se comprende, y un vago
+susto. De pronto sus pupilas tropezaron con un
+desnudo de mujer: el de la mocetona flamenca
+y zafia, representada en una contorsión de ménade,
+sobre el mismo rebujo de telas antiguas
+en que <em>Kruger</em> dormitaba ahora. Y Aurelio,
+que examinaba á la chiquilla, ya fuera de la penumbra
+de la antesala, con esa ojeada del artista
+que sin querer detalla y desmenuza, se
+echó atrás y se fijó lleno de interés. La palidez
+clorótica de la niña, al aspecto del «estudio de
+mujer», se había transformado en el color suave
+de la rosa que las floristas llaman <em>carne doncella</em>,
+pasando poco á poco, mediante una gradación
+bien caracterizada, á tonos cuya belleza
+recordaba la de las nubes en las puestas de sol.
+Como si invisibles ventosas atrajesen la poca
+sangre de las venas y las arterias á la piel, subieron
+las ondas, primero rosadas y luego de
+carmín, á las mejillas, á la frente, á las sienes,
+á toda la faz de la criatura; y en el pasmo de su
+inocente mirar, y en la expresión de indecible
+sorpresa de su boca, se reveló una belleza interior
+tan grande, que Aurelio estuvo á punto de
+caer de rodillas.</p>
+
+<p>Nada dijo la niña; nada el pintor tampoco.<span class="pagenum" id="Page_225">[Pg 225]</span>
+Sólo cuando la oleada de vergüenza empezó á
+descender también gradualmente, preguntó Aurelio,
+tímido á su vez:</p>
+
+<p>—¿Eres tú hija de tío Onofre?</p>
+
+<p>—No, señor... Soy su ahijá. No tengo padre
+ni madre.</p>
+
+<p>—¿Con quién vives?</p>
+
+<p>—¡Con tío Onofre!</p>
+
+<p>—¿Le sirves de criada? ¿Trabajas?</p>
+
+<p>—Trabajo lo que puedo—fué la respuesta
+humilde—. Hay mucha necesiá... Si no fuera
+por los señoritos que retratan á tío Onofre, no
+sé cómo saldríamos del apuro. Y ahora, con la
+enfermedá...</p>
+
+<p>Envalentonada por la dulzura con que Aurelio
+la había hablado, prosiguió la niña:</p>
+
+<p>—Nos vamos á ver negros. En casa, señorito,
+no hay una peseta. Como tío Onofre tiene
+ese mal costumbre de la bebía... Si no es la bebía,
+hombre más bueno no se encuentra en tó
+Madrí. Pero el maldito amílico... que le tiene
+corroías las entrañas... Y como tío Onofre sabe
+que usté y el otro señorito pintor que vive en
+el Pasaje son tan caritativos...; pues me dijo,
+dice: «Te vas allá, Selma, y que en igual de retratarme
+á mí, te retraten á ti por unos días..., porque
+al fin ellos lo que quieren es retratar á cualquiera
+sinfinidá de veces..., y la guita que te la
+den por adelantao... y á ver si nos remediamos».</p>
+
+<p>Contempló Aurelio al nuevo modelo que se le
+ofrecía, con la mirada involuntariamente dura
+y cruel del chalán y del inteligente en el mercado.
+Al través de la pobre falda de zaraza y<span class="pagenum" id="Page_226">[Pg 226]</span>
+del roto casaquillo, adivinó las líneas. Eran seguramente
+adorables, delicadas y firmes á la
+vez, con la pureza del capullo cerrado y la gracia
+de la juventud, que lo convertirá pronto en
+flor gallarda, de incitadora frescura. La proporción
+del cuerpo, la redondez del talle, la elegancia
+del busto, la gracia de la cabeza, todo
+prometía un modelo delicioso, de los que no se
+encuentran ni pagados. Aurelio se regocijó.
+¡Quizás estaba allí la inspiración de la obra
+maestra!—Pero cuando iba á pronunciar el sacramental:
+«Desnúdate...» el recuerdo de la
+ola de sangre inundando el rostro, ascendiendo
+hasta la frente y las sienes, borrando con su
+matiz de carmín las facciones, le detuvo, apagando
+en su garganta el sonido. Se sintió enrojecer,
+á su turno; le pareció haber cometido,
+allá interiormente, alguna acción vergonzosa.
+Y acercándose á la niña, fué esto lo que dijo:</p>
+
+<p>—Te retrataré, pero con la condición de que
+no te retrate nadie más que yo. ¿Entiendes?
+Pago doble... No vas á casa de ningún otro señorito.
+Yo te daré dinero... Ahora, hija mía...
+para que te retrate... te colocarás así... así...
+mirando á esa figura. ¿Quieres?</p>
+
+<p>Y, mientras á las mejillas de la niña y á sus
+sienes virginales subía otra vez, ante el impúdico
+y vigoroso <em>estudio</em> de la Ménade, la ola de
+vergüenza, Aurelio, con nerviosa vehemencia
+primero, con pulso seguro después, manchaba
+el lienzo bocetando su cuadro «Pudor», que le
+valió en la Exposición el primer triunfo, una
+segunda medalla.</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_227">[Pg 227]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >OSCURAMENTE</h2>
+</div>
+
+
+<p>La casuca, al borde del camino, separada
+de la cuneta por un jardín no mayor que
+un pañuelo, era simpática, enyesada, con ventanas
+pintadas de azul ultramar rabioso, y un
+saledizo de madera que decoraban pabellones
+de rubias espigas de maíz. En el jardín no dejaban
+cosa á vida las gallinas y el gallo, escarbando
+ellas con humilde solicitud y él con arrogante
+desprecio; pero así y todo, los rosales
+<em>lunarios</em> se cubrían de finas rosas lánguidas, las
+hortensias erguían sus copos celestes, y un cerezo
+enorme, amaneradamente puesto por casualidad
+á la izquierda de la casa, daba fresca
+sombra. Aquella vista podía ser asunto de país
+de abanico, y mejor si la animaba la presencia
+de la chiquilla alegre y reidora en quien la vida
+amanecía con lozanos brotes y florescencias primaverales.</p>
+
+<p>Huérfana era Minga, pero no había notado la
+soledad ni el abandono, gracias á su hermano<span class="pagenum" id="Page_228">[Pg 228]</span>
+Martín, que le prodigó mimos de madraza y protección
+de padre. La niñez no siente nostalgias
+de lo pasado cuando es dulce lo presente. Minga
+no recordaba el regazo maternal. Era Martín—solían
+repetirlo los demás mozos de la aldea,
+y no siempre con piadosa intención—como una
+mujer. Él sabía amañar el caldo y arrimar el
+pote á la lumbre; él lavaba, torcía y tendía la
+ropa; él vendía en la feria la manteca, la legumbre,
+los huevos; él vestía y desnudaba á
+Minga mientras fué muy pequeña, y la tomaba
+en brazos y la sonaba y la desenredaba la vedija
+de seda blonda, luminosa y vaporosa como un
+nimbo de santidad... También la llevaba de la
+mano á la iglesia, porque Martín era algo sacristancillo.
+Ayudaba al señor cura, y su vaga
+aspiración, si no hubiese tenido que dedicarse á
+cuidar de su hermana, sería cantar misa, adornar
+mucho los altares, ponerle á su virgen flores,
+colgarle arracadas de perlas.</p>
+
+<p>La condición de Martín, su índole afeminada
+y pulcra, se conocía en lo limpio de la casuca
+enyesada y reluciente, en la ocurrencia de rodearla
+de jardín, en el primoroso seto de cañas,
+en el vestir de Minga, siempre aseada y hasta
+engalanada con pañolitos de seda los días festivos,
+y en cierta cortesía humilde que Martín
+mostraba á todos, á la gente de la aldea y al señorío,
+multiplicando las fórmulas obsequiosas
+los «vayan con salud» y los «Dios les acompañe».
+No hubo sombrerón de fieltro menos pegado
+á la cabeza que el de Martín, ni <em>rapaz</em> más
+enemigo de <em>parrandas</em> y <em>tunas</em>, ni que así aborreciese<span class="pagenum" id="Page_229">[Pg 229]</span>
+el cigarro y la <em>perrita</em>, ni que con tal
+premura se escabullese del atrio ó de la robleda
+al presentir que iba á armarse «una de palos».
+Rozándole ó empujándole pasaban las mozas
+jaraneras y comprometedoras, que en todas
+partes las hay, y Martín no apartaba los ojos
+del suelo. Únicamente sonreía á las muchachas
+cuando ellas cogían por banda á Minga y la hartaban
+de rosquillonas, duras como guijarros, ó
+de <em>zonchos</em> fríos, ó de caramelos pringosos. La
+cuerda de aquel cariño fraternal, casi paternal
+por la diferencia de edades, era lo que vibraba
+en Martín con vibraciones hondas, con latidos
+de corazón inmenso.</p>
+
+<p>¡Qué rechifla se levantó en la aldea al saberse
+cómo Martín había caído soldado! ¡Soldado
+aquella madamita, aquel miedoso, aquél que sabía
+coser y planchar y lavar como las hembras!
+¡Aquél que ni gastaba navaja, ni bisarma, ni
+una triste vara aguijadora! No hubo quien no se
+riese: los viejos con bocas desdentadas, las mozas
+con bocas frescachonas de duros dientes. Sin
+embargo, prodújose la reacción. Los pobres tienen
+prójimo: las comadres de la aldea, las que
+han enviado hijos al servicio del Rey, son piadosas.
+Y al ver á Martín tan pasmado, tan alicaído,
+tan encogido de alma, las buenas comadres
+probaron á consolarle á su modo con
+palabras de resignación, de esperanza quimérica,
+fantaseando intervenciones de santos y milagros
+sin pizca de verosimilitud. Martín agachaba
+la cabeza, cruzaba las manos, miraba á
+Minga y callaba... Él sabía que era forzoso ir,<span class="pagenum" id="Page_230">[Pg 230]</span>
+no sólo al cuartel, sino á algo más terrible, que
+no se explicaba, que tenía para él mucho de
+misterio y más de horror, de eso que se ve en
+las ansias de la pesadilla... ¡La guerra...! ¡La
+guerra lejos, lejísimos... más allá de los mares!</p>
+
+<p>Pasábamos una tarde por delante de la casucha,
+y el señor cura, que nos acompañaba, señaló
+hacia la cerrada puerta, el jardín comido
+por las ortigas y zarzales, el balcón sin sus ristras
+de espigas, todo solitario y muerto, con esa
+muerte de los objetos que indica la ausencia del
+espíritu, de la actividad humana, vivificadora.
+¡Ay! El señor cura no se consolaba de la falta
+de Martín. ¿Dónde encontraría otro así para
+ayudar á misa, encender y despabilar velas, doblar
+y guardar las vestiduras, otro madamita
+igual, mañoso, dócil, bien hablado, bien mandado?...
+¡Y pensar que se lo habían llevado á pelear
+con los negros! ¡Qué cosas! ¡Qué desdichas!</p>
+
+<p>—¿Y la niña, la hermanita?—pregunté recordando
+una cabeza con aureola de rizos alborotados
+de un rubio blanquecino, una risa infantil,
+unos labios de cereza, unos ojos celestes.</p>
+
+<p>—¡La niña!—repitió el cura—¡Ésa... ya ni se
+acuerda de tal hermano! La recogió la tabernera,
+¿no sabe? la mujer del <em>Xuncras</em>... y como
+no tienen chiquillos, están con ella que no atinan
+dónde la pongan. Hay criaturas así, que
+son las hijas de la suerte. Figúrese lo que le esperaba
+á la chiquilla. Ó meterse á servir (¿y de
+qué sirve una criada de once años?) ó ir al Hospicio,
+ó dedicarse á pedir limosna... Y por cuánto
+la víspera de la marcha de Martín, al pobre<span class="pagenum" id="Page_231">[Pg 231]</span>
+rapaz le tienta Dios á entrar en el tabernáculo
+del <em>Xuncras</em> para echar unos vasos y quitarse
+las melancolías; y le sacan vino, y caña, y bala
+rasa, ¡yo qué sé! y á los pocos tragos—como él
+nunca lo cataba—se le sube á la cabeza y rompe
+á llorar y á gritar y á decir que le daba el
+corazón que no volvería y que Minga se moriría
+de necesidad... Y resulta que la tabernera,
+un corazón de mantequilla de Soria, también
+suelta el trapo, se le agarra al cuello, y le ofrece
+cargar con Minga... El marido se oponía; pero
+la mujer le convenció de que allí se necesitaba
+una rapaza para fregar los vasos y barrer... Y
+quien friega y barre es la tabernera, y Minga
+está como la reina, mano sobre mano y bien
+regalada, y riéndose y cantando... Es alegre
+como unas pascuas. ¡Buen cascabel se prepara
+ahí! ¡Si da grima ver aquella cara tan satisfecha
+y al mismo tiempo la ropa de luto!</p>
+
+<p>Y al notar mi sorpresa el cura, prosiguió:</p>
+
+<p>—¿No lo sabía? ¡Claro que sí! al instante... Si
+fuese un holgazán, un vicioso, un quimerista, un
+bocarrota, aquí volvería sano y salvo... Como
+era tan modosiño y doblaba tan bien las casullas,
+¡duro en él! Fué una de esas cosas de pronto,
+sin chiste... Una emboscada, una trampa en
+que cayó el destacamento. Lo supe por carta
+que se recibió en Marineda, de un sargento que
+escapó con vida. Diez ó doce murieron, y entre
+ellos Martín. No lo trajeron los periódicos; ¡si
+fuesen á traer las menudencias!... Á Martín le
+saltaron á la cara dos negrotes. Lo particular
+es que aseguran que se defendió como una fiera.<span class="pagenum" id="Page_232">[Pg 232]</span>
+Estoy por no creerlo. ¡Pobre madamita! Milagro
+si no se puso de rodillas á que le perdonasen.
+El sargento parece de Sevilla. ¿Pues no
+dice que Martín envió al otro barrio á uno de
+los mambises, que era un animal atroz? ¿Y no
+cuenta que casi podía con el segundo, y si no
+fuese porque tropezó y resbaló y el otro se le
+echó sobre el cuerpo y con todo el peso, lo acaba?
+¡Bah! ¡bah! El asunto es que á Martín...</p>
+
+<p>Un gesto expresivo, una mano girando con
+rapidez alrededor de la garganta, completaron
+la frase.</p>
+
+<p>—Y aún ayer apliqué por él la misa—añadió
+el señor cura cuando ya doblábamos el pinar.</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_233">[Pg 233]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >EL AHOGADO</h2>
+</div>
+
+
+<p>Atacado de hipocondría y roído de tedio;
+cansado del mundo, de los hombres, de
+las mujeres y hasta de los caballos; agotados los
+nervios y vacía el alma, Tristán decidió morir.
+¡Bueno fuera quedarse, porque sí, en un mundo
+tan patoso y de tan poca lacha; un mundo en
+que los goces se resuelven en bostezos, y en
+desencantos las ilusiones! Acabar de una vez;
+dormir un sueño que no tuviese el contrapeso
+del despertar probable.—Y Tristán, resuelto ya
+á la acción, empezó á pensar en el <em>modo</em>.</p>
+
+<p>La verdad ha de decirse: el pícaro <em>modo</em> era
+como un hueso que se le atragantaba á Tristán.
+Entre el sincero deseo de dejar la vida y el acto
+de quitársela, media un solo movimiento; ¡pero
+qué movimiento, señores! Comparado con éste,
+parece fácil el de levantar en peso una montaña... Las
+indecisiones de Hamleto, tortas y pan
+pintado en comparación de las de muchos infelices
+hijos de este siglo, á un tiempo codiciosos<span class="pagenum" id="Page_234">[Pg 234]</span>
+y temerosos del no ser. Ni pizca de cobarde tenía
+Tristán; pero el valor no es cantidad fija:
+hay quien no teme á un león y se pone pálido
+al ver una cucaracha. Nervioso, de imaginación
+cruel, Tristán se horripilaba del instante fugacísimo
+en que la bala del revólver destrozase
+la masa de su cerebro, ó la cuerda estrujase
+brutalmente su garganta. Por extraña contradicción,
+convencido del aniquilamiento final,
+hasta le preocupaba lo que sucedería <em>después</em> á
+su cuerpo, y veía la escena póstuma, el grupo
+formado alrededor de su cadáver, y oía las frases
+triviales, las inevitables reflexiones lastimosas
+de amigos y sirvientes—todo ello ridículo,
+semigrotesco, parodia de algo trágico y grande
+no realizado—. Su buen gusto se sublevaba contra
+semejante final. «Morir, sí, pero morir sin
+dar espectáculo; irse de la vida como quien se
+retira de un salón, discretamente». Maduro el
+propósito, Tristán discurrió que el lugar más
+oportuno de ponerlo por obra era un viejo castillo
+que poseía á orillas del mar. Recogiéndose
+allí algún tiempo, la sociedad, si al pronto extrañaría
+su falta, ya le habría olvidado cuando
+sucediese lo que debía suceder... El caso era no
+dejar rastro alguno. «Como averigüen Perico
+Gonzalvo y Manolo Lanzafuerte mi paradero,
+allí se descuelgan á pretexto de cazar ó pescar...».
+Y rodeó su último y solitario viaje del
+complicado misterio propio de otras escapatorias
+más gratas. «Creerán que mi fuga tiene
+cómplice...», se dijo á sí propio, con irónica
+tristeza, el futuro suicida.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_235">[Pg 235]</span></p>
+
+<p>Al verse en el castillo, antiguo solar de su familia,
+Tristán comprendió que no cabía mejor
+fondo para el sombrío cuadro que intentaba
+pintar. Las abruptas montañas, las denegridas
+piedras, los paredones que la hiedra asaltaba,
+la costa erizada de escollos, la playa siempre
+azotada por el recio oleaje, la torre donde anidaban
+lechuzas y búhos, respiraban desolación
+y fúnebre melancolía. Acrecentaba el horror
+del paisaje la estación, que era la del equinoccio
+de otoño, con sus furiosas tempestades y
+los frecuentes naufragios de las embarcaciones
+que, extraviadas por la niebla, empujadas por
+el temporal, venían á encallar y á deshacerse
+en los traidores bajíos de la <em>Corvera</em>, próximos
+á la playa que se extendía á los pies de la residencia
+de Tristán. El incesante y ronco mugido
+del oleaje; el horizonte cerrado en brumas ó
+surcado por lívidas exhalaciones; la tierra empapada
+en agua; el arenal sembrado de despojos,
+tablas y barricas, cuando no de cadáveres,
+armonizaban tan bien con el estado de ánimo
+y los proyectos de Tristán, que decidió buscar
+reposo en el fondo de las aguas, haciendo creer
+que le había arrebatado una ola. Y para familiarizarse
+con la idea, bajaba á la playa diariamente,
+sintiendo que se apoderaba de su alma
+el vértigo de lo desmesurado y la atracción del
+hondo abismo. Su plan de suicidio se concretaba
+aprisa, y se le agarraba al espíritu de tal
+manera, que ya soñaba con él lo mismo que se
+sueña en la primer cita de una mujer hermosa
+y adorada.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_236">[Pg 236]</span></p>
+
+<p>Una tarde de horrible tempestad, en que el
+huracán sacudía las veletas del castillo y retorcía
+los árboles desmelenando locamente el ramaje,
+creyó Tristán que era llegado el momento
+de ejecutar su determinación, y descendió,
+ó mejor dicho, se despeñó al arenal, luchando
+á brazo partido con el viento y alumbrado por
+el repentino fulgor de los relámpagos. Uno que
+encendió el horizonte le mostró, sobre la cresta
+de enorme ola, algo que podía ser ó profecía ó
+imagen fiel de su destino: era el cuerpo de un
+hombre, un ahogado, que flotando venía á ser
+despedido contra los escollos. «Me pondré un
+buen peso á la garganta para no sobrenadar»,
+calculó Tristán al divisar al muerto que se acercaba;
+y dos minutos después, la ola gigantesca,
+rompiéndose en las rocas á flor de tierra ya,
+depositaba sobre la arena al ahogado.</p>
+
+<p>Tristán se precipitó hacia él por instinto, y
+alzando el cadáver, lo arrastró hacia el fondo
+del arenal, reclinándolo en una peña. Á la claridad
+macilenta del poniente, pudo observar que
+era un hombre joven y robusto. «¡Cuánto habrá
+luchado éste—pensó—para evitar lo que yo
+busco á todo trance!». Palpó el torso desnudo,
+magullado por las piedras, y no creyó advertir
+en él la rigidez de la muerte. Hasta le pareció
+percibir un resto de calor vital. Sintió una sacudida
+eléctrica. «¡Vive! ¡Este hombre vive
+aún!». Temblando de emoción, recordando los
+primeros socorros que deben prestarse á los
+ahogados, colocó al hombre con la cabeza alta,
+le inclinó hacia el lado derecho, y le sacudió<span class="pagenum" id="Page_237">[Pg 237]</span>
+reiteradamente hasta que hubo arrojado un
+chorro de agua por la boca. Volvió á hincar la
+palma sobre la tetilla izquierda, y creyó notar
+un débil latido del corazón, que le hizo exhalar
+un grito de alegría. Con sobrehumano vigor,
+cargando á hombros el cuerpo inerte, se lanzó
+por la cuesta que trepaba al castillo. El peso
+era grande: á mitad de la cuesta notó Tristán
+que la respiración le faltaba; detúvose un instante,
+y con doblados bríos siguió después, sin
+detenerse hasta soltar al ahogado en la cocina
+del castillo, donde ardía un buen fuego de leña.
+«Pronto—gritó Tristán á sus servidores—vengan
+mantas; á calentar ladrillos y á llenar botellas
+de agua hirviendo; á traer un colchón;
+¿hay aguardiente?». Y mientras corrían para facilitarle
+lo que reclamaba, Tristán, inclinado
+sobre el cuerpo, veía con inquietud la azulada
+palidez del rostro, señal cierta de la asfixia, y
+creía que la chispa de vida, la débil llama, iba
+á extinguirse. «Hay que intentar el gran remedio».
+Y con más ilusión que nunca había probado
+al acercar sus labios á los de ninguna mujer,
+pegó su boca á la boca yerta del ahogado,
+acechando el primer soplo de aire, mientras sus
+manos fuertes y elásticas oprimían rítmicamente
+el esternón y el vientre, provocando por medio
+de enérgicas tracciones la respiración artificial.
+Palpitante de esperanza y de caridad, se
+regocijaba cuando á la boca fría asomaban buches
+de agua amarga, mezclados con impurezas.
+¿Si era que ya penetraba en los pulmones
+el aire bienhechor? De súbito, percibió bajo sus<span class="pagenum" id="Page_238">[Pg 238]</span>
+labios un estremecimiento ligero: no cabía duda,
+¡el hombre respiraba! Afanoso, redobló la espiración,
+enviando aquella onda tibia que era la
+existencia, la resurrección, la salvación del moribundo...
+Y así que el rostro de éste se coloreó
+ligeramente, así que se entreabrieron sus párpados,
+Tristán, rendido, sin darse cuenta de lo
+que hacía, cayó de rodillas, cruzó las manos, y
+dos lágrimas pequeñas, dulces, frescas, se descolgaron
+de sus lagrimales...</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Á estas horas, Tristán no se ha suicidado, ni
+es de creer que piense en suicidarse. ¿Consistirá
+en que apreció la vida cuando la dió envuelta
+en su aliento? ¿Será que el tedio se disipa con la
+primer buena obra, como el fantasma al canto
+del gallo?</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_239">[Pg 239]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >EL MOLINO</h2>
+</div>
+
+
+<p>Desde lejos no lo veríais, porque lo tapa
+densa cortina de castaños, y grupos de
+salces y mimbreras, cuyo fino verdor gris armoniza
+con la pálida esmeralda del prado. Pero
+acercaos, y os prende y cautiva la gracia del
+molino rústico; delante la <em>represa</em>, festoneada
+de espadañas, poas, lirios morados y amarilla
+cicuta; la <em>represa</em> con su agua dormida, su fondo
+de limo en que se crían anguilas gordas y cuarreadoras
+ranas; luego, las cuatro paredes blancas
+de la casuca, su rojo techo, su rueda negruzca
+que bate el agua con sordo resuello y
+fragor... Y en la puerta, de pie, con las abiertas
+palmas apoyadas en las macizas caderas, iluminado
+el moreno rostro por los garzos ojos
+y los labios de guinda, empolvado á lo Luis XV
+el revuelto pelo rizoso, divisáis á Mariniña, la
+molinera, que mira hacia la vereda del soto,
+esperanzada de que no tardará en asomar por
+ella Chinto Moure...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_240">[Pg 240]</span></p>
+
+<p>Para ir al molino jamás faltan pretextos;
+siempre hay un ferrado de millo, un saco de
+trigo que moler con destino á la hornada de la
+semana. Los de la aldea ya lo saben: Chinto
+está dispuesto á desempeñar la comisión, dando
+las gracias encima. Provisto de una aguijada
+con que pica á su caballejo y de un luengo <em>adival</em>
+para amarrarle los sacos al lomo; descalzo
+en verano, calzado en invierno con gruesos
+borceguíes de suela de palo, Chinto emprende
+su caminata desde la parroquia de Sentrove
+hasta el molino de Carazás, por ver un rato á
+Mariniña y gustar con ella sabroso parrafeo,
+entre el revolar de las finas nubes del moyuelo
+y la música uniforme del rodicio que tritura el
+grano incesantemente.</p>
+
+<p>¿Por qué, si tenían sus pensares tan juntos y
+sus corazones tan allegados como la blanca
+muela y el rubio maíz, no disponían casarse la
+Mariniña y el Chinto?—Nadie lo ignoraba en la
+parroquia: Chinto no había entrado aún en
+suerte; y su terror del cuartel y del uniforme
+era tal, que si le tocaba un mal número, había
+resuelto largarse á la América del Sur en el
+primer barco que del puerto de Marineda saliese...
+Y aun por eso se burlaban y hacían chacota
+larga de Mariniña los mozos de Carazás y
+los de las circunvecinas parroquias, anunciándola
+que con un amante y esposo tan cobarde y
+apocado, mal defendidos andarían el día de
+mañana la mujer y el molino, mal cobradas las
+maquilas, mal reprimidos los intentos de retozo
+con la frescachona y rozagante molinera.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_241">[Pg 241]</span></p>
+
+<p>El exterior de Chinto no puede negarse que
+prestaba fundamento á estas suposiciones y augurios
+del porvenir. De estatura mediana, esbelto,
+con una cabeza ensortijada semejante á
+la de los santos del retablo de la iglezuela románica
+en que oyen misa los de Carazás, Chinto
+parecía linda doncella disfrazada en hábito de
+varón; su voz era suave, su acento humilde, sus
+modales tímidos y corteses. El trabajo del campo
+no había sido bastante para curtir su piel, y
+al entreabrirse su camisa de estopa descubría
+un blanco cutis, raso y terso, una dulce seda
+que enloquecía á Mariniña... Porque conviene
+saber que la molinera, aquella moza resuelta y
+enérgicamente laboriosa, «una loba», como decían
+las comadres del <em>rueiro</em>, se enternecía, se
+bababa de gusto, se moría, en fin, de amor por
+el mozo delicado y aniñado—hasta afeminado
+podría decirse—que todas las noches andaba y
+desandaba la vereda del molino.</p>
+
+<p>No es que á Mariniña le faltasen otras proporciones.
+Al contrario: mujer más rondada y
+pretendida no existía en tres leguas á la redonda,
+desde la orillamar y los puertecillos de pesca
+que bañan las plateadas ondas de la ría, hasta
+los cerros de Britón, donde empiezan á erguirse
+los rudos peñascos célticos entre sombríos
+pinares. No consistía tanto en las turgentes
+formas y las floridas mejillas de la molinera,
+como en el maldito señuelo de la molienda, en
+la complicidad del rodicio, en la familiaridad
+de la maquila. En la aldea no hay <em>Casinos</em> ni <em>Veloces</em>,
+no se sabe qué sea un sarao ni un <em>raout</em>;<span class="pagenum" id="Page_242">[Pg 242]</span>
+pero no os fiéis: lo que pasa en la corte entre
+paredes vestidas de seda, ocurre allí en el atrio
+de la iglesia á la salida de la misa mayor, en la
+<em>desfolla</em>, en el campo de la romería ó en las
+noches del molino...</p>
+
+<p>Sobre todo, en las noches del molino; en verano,
+á la clara luz de la luna; en invierno, á
+la dudosa claridad de la candileja de petróleo,
+conciértanse las voluntades y se teje la guirnalda
+de amapolas y manzanilla del rústico
+amor.—La prisa, la aglomeración del trabajo,
+obligan á moler la noche entera, y esperando
+su saco se juntan allí rapaces y rapazas,
+cruzando coplas de <em>enchoyada</em>, vivo diálogo
+galante, de finezas y desdenes, de sátira y
+picardía, que á veces acompaña la pandereta en
+argentino repique.—Y en la atmósfera caldeada
+del <em>salón</em> campesino, Mariniña reina y atrae
+las voluntades: ya arisca, ya risueña; pronta á
+la chanza; instantánea en reprimir á los obsequiadores
+desmandados y sueltos de manos en
+demasía; activa y fuerte en el trabajo, animosa
+y de recios puños para erguir el saco lleno ó
+ayudar á descargarlo y á vaciarlo... no hay
+mozo, de los que al molino concurren, que no
+piense en la molinera, y no le profese ojeriza y
+tirria á Chinto, murmurando de él con frases
+despreciativas é irónicas: «¡Vaya un gusto raro,
+ir á antojarse de aquel papirrubio, de aquella
+madamita, á quien le venían las sayas antes
+que el calzón! ¡Uno capaz de desfondarse de
+miedo á la idea de servir al rey! ¡Uno que hasta
+no fumaba, ni gastaba navajilla, ni <em>echaba palabras<span class="pagenum" id="Page_243">[Pg 243]</span></em>,
+ni el día de la fiesta cataba el aguardiente!
+¡Un <em>papulito</em> que nunca había arrimado
+un palo á nadie, ni sabía romper una cabeza á
+golpe de <em>bisarma</em>!».</p>
+
+<p>La rabia de los desairados pretendientes contra
+el afortunado Chinto les inspiró una idea
+diabólica. Entraron en la conjura Santiago de
+Andrea, Mingos el de Sentrove, <em>Calros</em> Antelo,
+Raposín... la <em>trinca</em> de calaverones de
+montera que solían recorrer las aldeas en son
+de parranda y tuna, pegando <em>atruxos</em> retadores
+y arrimándose á la cancilla de las <em>raparigas</em>
+casaderas, para disparar coplas picantes...
+Sucedía esto allá por noviembre, cuando
+la senda que guía al molino se empapaba en
+rocío glacial, y las caídas hojas de los castaños
+formaban mullido tapiz, y los cendales de la
+niebla, envolviendo el paisaje en velo espeso,
+dejaban entrever las siluetas descarnadas de los
+árboles, parecidas á espectros de luengos brazos.—Sabedores
+los conjurados de que Chinto
+pasaría en dirección al molino á eso de la media
+noche, envolviéronse en blancas sábanas, encasquetáronse
+en la cabeza ollas con un par de
+agujeros cada una, y dentro sendos cabos de
+vela de sebo; retorcieron haces de paja, y se
+apostaron en la linde del castañal, á la hora
+en que la luna se esconde y el mochuelo saluda
+á las tinieblas con su queja lúgubre.</p>
+
+<p>Tardaba Chinto en llegar; no se oía rumor alguno
+en el sendero, sino á lo lejos el sollozo del
+molino, y el frío y la impaciencia producían
+honda desazón en los conspiradores. Al principio<span class="pagenum" id="Page_244">[Pg 244]</span>
+habían reído y bromeado, celebrando la
+ocurrencia, que era, como ellos decían, ¡<em>una
+pava</em> preciosa! Remedar una procesión de fantasmas,
+de almas del otro mundo, la fúnebre
+<em>compaña</em>; encender el cabo de sebo y los haces
+de paja, y desfilar así ante el medroso Chinto...
+¡para reventar de risa! Pero transcurría la vigilia;
+el rocío, lento y helado, impregnaba los
+huesos; á lo lejos fanfarroneaba el cántico del
+gallo... y ni señales de Chinto. Empezaban á
+deliberar si convendría retirarse, á tiempo que
+allá de lo oscuro del bosque, salió un gemido,
+una queja sobrenatural. Otra queja más doliente,
+si cabe, respondió á la primera, y los cabellos
+de los conspiradores se erizaron al divisar
+dos blancos bultos que surgían de entre los castaños
+y avanzaban lentamente con sepulcral
+majestad... Los más, remangando el sabanón,
+echaron á correr; Mingos, el de Sentrove, cayó
+accidentado; Carlos Antelo se postró de rodillas
+y empezó á confesarse y pedir perdón de
+sus culpas; Santiago de Andrea fué el único que
+quiso arremeter contra los aparecidos; y lo hiciera,
+si una pedrada certerísima, dándole en
+mitad de la frente, no le tumba en el suelo medio
+muerto de veras...</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Sábese todo en las aldeas, y á vueltas de mil
+supersticiosas invenciones y cuentos de <em>trasnos</em>
+y brujas, se averiguó la verdad, y se solazaron
+en el molino á expensas de los burlados burladores.
+Porque era la avisada y traviesa Mariniña,
+y era Chinto, por ella prevenido y aleccionado,<span class="pagenum" id="Page_245">[Pg 245]</span>
+quienes con el disfraz de fantasmas y con
+un buen fragmento de cuarzo de la carretera
+habían dispersado la hueste y santiguado al de
+Andrea, el más terco de los rondadores que á
+la molinera asediaban.—La rabia, el despecho,
+la vergüenza, inspiraron al mozo un ansia terrible
+de vengarse, y de vengarse donde todos lo
+viesen, á la faz de la parroquia. Resolvió, pues,
+la primer noche que en el molino estuviese reunida
+gente bastante para servir de testigos,
+desafiar á Chinto y sentarle la mano á bofetadas
+y coces, hasta desbaratarle.</p>
+
+<p>Á tiempo que con tan sañudos propósitos entraba
+en el molino Santiago (pocos días después
+de Reyes), hallábanse Mariniña y su mozo ocupados
+en colocar un saco de harina, riendo
+tiernamente cuando sus dedos se tropezaban ó
+sus rostros se aproximaban, en el calor de la
+tarea. Al punto conoció la molinera que el desdeñado
+y apedreado galán venía pendenciero, y
+con disimulada seña ordenó á Chinto que se
+apartase. La angustia y el temor de que pudiesen
+llegar los desquites á poner en riesgo la
+vida de Chinto, prestaron á Mariniña, en aquel
+instante, una rapidez de concepción y una energía
+de acción mayor aún de la acostumbrada.
+Encarándose con Santiago y riendo y provocándole,
+le propuso <em>loitar</em>.</p>
+
+<p>Esta costumbre de la lucha, que ya va desapareciendo,
+subsiste aún en algunas comarcas
+galaicas, resto quizás de un estado social belicoso
+en que la mujer combatía al lado del varón.
+Luchan todavía las mozas entre sí, y hasta<span class="pagenum" id="Page_246">[Pg 246]</span>
+desafían al mozo, degenerando entonces la
+batalla en deleitable juego. Pero desde el instante
+en que Santiago—cuya sangre ardía en
+tumultuosa ebullición—se arrodilló frente á Mariniña
+también arrodillada, comprendió por
+instinto que aquella lucha no sería como otras;
+que iba de veras. Sólo con ver el movimiento
+de la moza al arremangarse, el brillo de sus ojos
+orgullosos, la rigidez de su talle, la dura barra
+de su entrecejo, se adivinaba la <em>loita</em> seria, en
+que se trata de derrengar al contrario, empleando
+todo el vigor de los músculos y toda la resolución
+del alma.</p>
+
+<p>Mientras Chinto, pálido y tembloroso, se acogía
+á un rincón, los adversarios se asían de las
+manos, poniendo en tensión el antebrazo y
+acercándose hasta mezclar el afanoso aliento.
+Mozos y mozas, en corro, se empujaban por ver
+mejor, apostaban y discutían.—Santiago desplegaba
+plenamente su fuerza, al notar que
+Mariniña, por momentos, le dominaba el pulso.
+Rojo el semblante, sudoroso el cutis, pugnaba
+el rapaz, en tanto que la amazona, firme y recia,
+sostenía su empuje ganando terreno. Tenerla
+así, tan cerca, turbaba á Santiago, quitándole
+el sentido; y ella, indiferente, atenta sólo á vencer,
+aprovechaba el trastorno de su adversario,
+é insensiblemente se le imponía. Al fin giró
+en el vacío la muñeca derecha del varón; doblóse
+el brazo; el izquierdo también cedió al
+pujante impulso de la mujer... y Santiago, dando
+el <em>pinche</em>, fué lanzado hocico contra tierra,
+sujetándole la triunfante Mariniña, que sin piedad<span class="pagenum" id="Page_247">[Pg 247]</span>
+le hartaba de mojicones, le molía á puñadas
+en la nuca y en los lomos, le refregaba el
+rostro en el salvado y la harina que cubrían el
+piso, y no le permitía levantarse hasta que se
+confesaba rendido, vencido, dispuesto á aceptar
+la paz bajo cualquier condición que se le ofreciese.</p>
+
+<p>Apenas se alzó Santiago magullado, enharinado
+y con careta, Mariniña lo sacó á la represa
+del molino, donde mojando su delantal le
+lavó ella misma la cara. Y mimosa y dulce,
+como es siempre la gallega por forzuda y briosa
+que la haya criado Dios, dijo á su enemigo
+derrotado:</p>
+
+<p>—Por la madre que te ha parido no me has
+de espantar á Chinto, <em>pobriño</em>, que el infeliz no
+sirve para hacer <em>barbaridás</em> como tú y más yo,
+y es un santo, sin mala intención, que con su
+sangre se pueden componer medicinas... Y si él
+es medroso yo soy valiente, diaño... Y no he de
+casar más que con él, y si cae soldado se vende
+el molino y se compra hombre... Si me tienes
+ley, Santiaguiño, con Chinto no te metas...
+¿Palabra?</p>
+
+<p>Suspiró el mozo, y acaso no sería porque le
+doliesen los arañazos ni los chichones; miró á
+Mariniña, toda roja aún de la lucha; la dió un
+cachete familiar, de cariño y resignación, y respondió
+lacónicamente, secándose con el pico
+del mandil que no se había humedecido en la
+represa:</p>
+
+<p>—Palabra.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_248">[Pg 248]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_249">[Pg 249]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >AVENTURA</h2>
+</div>
+
+
+<p>La señora de Anstalt, mujer de un banquero
+opulentísimo, nerviosa y antojadiza,
+agonizaba de aburrimiento el domingo de Carnaval,
+después del almuerzo, á las dos de la
+tarde. ¡Qué horas de tedio iba á pasar! ¿En qué
+las emplearía? No tenía nada que hacer, y la idea
+de mandar que enganchasen para dar vueltas á
+la noria del eterno Recoletos, contestando á las
+insipideces ó humoradas de los tres ó cuatro
+muchachos de la crema que acostumbraban
+destrozar su landó tumbándose sobre la capota;
+la perspectiva del bolsón de raso pintado, lleno
+de caramelos y <em>fondants</em>; lo manido y trivial de
+la diversión, le hacía bostezar anticipadamente.
+¿Se decidiría por la casa de campo ó la Moncloa?
+¡Qué melancolía, qué humedad palúdica,
+qué frío sutil de febrero, de ése que mete en
+los tuétanos el reuma! No; hasta abril la naturaleza
+es avinagrada y dura. «¡Lástima no ser<span class="pagenum" id="Page_250">[Pg 250]</span>
+muy devota!—pensó Clara Anstalt—porque me
+refugiaría en una iglesia...».</p>
+
+<p>Mujer que se aburre en toda regla, y no es
+devota, y es neurótica á ratos, está en peligro
+inminente de cometer la mayor extravagancia.
+Clara, de súbito, se incorporó, tocó el timbre,
+y la doncella se presentó; al oir la orden de su
+ama hizo un mohín de asombro; pero obedeció
+en el acto, sin preguntas ni objeciones de ninguna
+especie; salió y volvió al poco rato, trayendo
+en una cesta mucha ropa doblada.</p>
+
+<p>—¿Está usted segura, Rita, de que es la librea
+nueva, la que no se ha estrenado aún?</p>
+
+<p>—¡Señora! Como que ni la ha visto Feliciano:
+la trajo el sastre ayer anoche, la recogí yo
+de manos del portero, y pensaba entregársela
+ahora...</p>
+
+<p>—Que no sepa que ha venido. Deje usted esa
+cesta en mi tocador, y vaya usted á comprarme
+una cabeza entera de cartón, la más fea y
+la más cómoda que se encuentre... Una que no
+me impida respirar... ¿El señor ha salido ya?</p>
+
+<p>—Hace rato.</p>
+
+<p>—Pues todo en silencio, chitito... ¿eh?</p>
+
+<p>Regresó Rita prontamente, con sobrealiento;
+Clara se impacientaba, corría de aquí para allí
+y reía en alto, como los niños cuando se prometen
+una diversión loca, incalculable. Encerráronse
+en el tocador ama y criada, y ésta recogió
+á aquélla el sedoso pelo, y la calzó las botas
+de campana del lacayillo, después de vestirla
+el calzón de punto y la levita corta y ceñirla
+el cinturón de cuero. Por último afianzó en sus<span class="pagenum" id="Page_251">[Pg 251]</span>
+hombros la careta enorme. Desfigurada así,
+con la vestimenta que se adaptaba exactamente
+á sus formas gráciles, esbeltas y sin turgencia,
+parecía un señorito fino que por ocultarse
+mejor ha pedido prestada la librea al mozo de
+cuadra.—Clara brincó de júbilo. La asaltó la
+idea de si podrían maltratarla, y pensó llevar
+un arma; pero recordando una frase favorita de
+su marido: «No hay bala que alcance como un
+billete de mil», sacó de su <em>secretaire</em> bastante
+dinero, y lo echó en el fondo de un saco de
+brocatel, cubriendo la boca con una capa de
+confites y escarchadas violetas. «Saldré por las
+habitaciones del señor al jardín. Traiga usted
+la llave y mire si anda alguno que me vea». Y
+ya en la verja, que caía á una calle solitaria,
+Clara, una vez más, se volvió hacia Rita aplicando
+el dedo á los labios de cartón, como si
+repitiese: «¡Silencio!».</p>
+
+<p>Al verse en la calle, primero anduvo muy
+aprisa; después acortó el paso, saboreando su
+regocijo. ¡Verse libre, sola, ignorada, perdida
+entre la multitud, sin trabas ni convenciones
+sociales; dueña de ir á donde quisiese, de entretenerse
+en un espectáculo nuevo y original,
+el de la gente pobre, el populacho, en cuyo
+oleaje empezaba á sumergirse! En efecto; encontrábase
+Clara á la entrada de la calle de Génova,
+por donde descendían hacia el paseo de coches
+abigarrados grupos, una corriente no interrumpida
+de gentuza, que arrastraba pilluelos
+y mascarones desarrapados. Envueltas en la raída
+colcha y enarbolando la destrozada escoba ó<span class="pagenum" id="Page_252">[Pg 252]</span>
+el pelado plumero; embutidos en la lustrina
+verde, colorada ó negruzca de los diablos rabudos;
+ostentando la blusita del bebé ó agitando
+á cada movimiento millones de tiras de papel
+de colorines chillones que de arriba abajo los
+cubrían, los mascarones pasaban alegres y bullangueros,
+charlando en falsete, requebrando
+á las chulas de complicado moño, literalmente
+oculto bajo una densa capa de <em>confetti</em> multicolores,
+que volaban en derredor á cada movimiento
+de la airosa cabeza. Algunas de aquellas
+mocitas de rompe y rasga, al pasar cerca de
+Clara, tomándola, como era natural, por un lacayito
+atildado y mono, la provocaban, la requebraban
+con pullas picantes. Clara se reía:
+no recordaba haberse divertido tanto desde hacía
+mucho tiempo. La animación del Carnaval
+callejero se le subía á la cabeza, como se sube
+el mosto ordinario, pero fresco y vivo, de una
+fiesta popular. Encontraba el día hermoso, la
+vida buena, y un aire de primavera, al través
+de los agujeros de la máscara, acariciaba su
+boca y sus ojos. «Si lo saben y me despellejan»—pensaba—,
+«peor para ellos... Yo habré pasado
+una tarde encantadora. Ahora me acerco
+al paseo y me entretengo en insultar á todos
+mis amiguitos y amiguitas... ¡Valientes infelices!
+Allí estarán aguantando jaquecas y comiendo
+pato»... Cuando discurría así, una vocecilla
+aguda resonó á sus pies, y unas manos
+débiles y tenaces se agarraron á sus botas.</p>
+
+<p>—Oye, tú... dame una limosna, por amor
+de Dios, que tengo mucha hambre.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_253">[Pg 253]</span></p>
+
+<p>Clara bajó la vista. Cien veces había oído el
+mismo sonsonete, y una moneda de cobre bastaba
+para desembarazarla del mendiguillo.
+«Éste se me pega como una garrapata»—pensó—«No
+tiene ganas de soltarme...». Sacó del
+bolsillo del levitín una peseta, y la presentó al
+niño. Esperaba una expresión de júbilo, frases
+truhanescas y desenfadadas, de ésas que saben
+decir los pordioserines del arroyo... Con gran
+asombro vió que el chico, al tomar la peseta,
+cogía aprisa la mano del supuesto lacayo y la
+besaba humilde. Una especie de vergüenza y
+de pena desconocida hasta entonces penetró
+en el alma de la opulenta señora de Anstalt.
+¡No había pensado nunca que con una peseta—cantidad
+para ella sin valor apreciable, como
+para otros el céntimo—se podía hacer brotar
+un chorro de agradecimiento tan ardoroso y tan
+espontáneo! Bajó los ojos trabajosamente con el
+estorbo de la cabeza de cartón, y tomando al
+chico en brazos, lo alzó en vilo.</p>
+
+<p>—Pequeño, ¿de quién eres hijo? Á ver.</p>
+
+<p>—De nadie—contestó el pilluelo.</p>
+
+<p>—¿Cómo es eso? ¿De nadie? ¿No tienes padre?</p>
+
+<p>—No sé... no le conozco.</p>
+
+<p>—¿Y madre?</p>
+
+<p>—Sá muerto hace ocho días de una enfermedá
+muy mala.</p>
+
+<p>—¿Y tú?</p>
+
+<p>—Á mí... querían llevarme al asilo, pero me
+escapé, y ando así por la calle. De noche me
+meto en el rincón de una puerta... De día pido
+limosna.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_254">[Pg 254]</span></p>
+
+<p>Clara reflexionó un momento. Después dejó
+en el suelo al chico, y le acarició la cabeza con
+la mano.</p>
+
+<p>—¿Te quieres venir á una casa donde te darán
+de comer y dormirás en cama buena y caliente?</p>
+
+<p>El chiquillo, al pronto, no respondió. Precoz
+instinto de independencia absoluta se alzaba sin
+duda en su espíritu, y las ventajas materiales
+del ofrecimiento no le tentaban; sin duda su endeble
+pescuezo advertía ya la molestia del yugo,
+y sus manos descarnadas, vivo testimonio
+de la miseria fisiológica de un organismo sometido
+á las privaciones, se revelaban contra los
+grillos y las esposas que pretendían ponerle
+en nombre del bienestar... Mientras dudaba y
+se sentía inclinado á escaparse corriendo, á fin
+de que no lo llevasen á ningún lugar que tuviese
+techo y paredes, la mano de Clara, despojada
+del rudo guante, suave, femenil, halagaba
+el pelo enmarañado y golpeaba amorosa las escuálidas
+mejillas del granuja... Y éste, magnetizado
+de pronto, exclamó:</p>
+
+<p>—Vamos, vamos á esa casa... ¡si estás tú en
+ella!</p>
+
+<p>Á la efusión del chico respondió inmediatamente,
+como un chispazo eléctrico al contacto
+de los alambres, el impulso ardoroso, irresistible,
+maternal, de la señora, que volvió á coger
+en brazos al pequeño, y no pudiendo besarle,
+le apretó contra su corazón.</p>
+
+<p>—Sí, hijo mío... Estaré... ¡Verás cómo he de
+quererte!</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_255">[Pg 255]</span></p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Para que la resolución de Clara sea más meritoria,
+el mundo la ha calumniado, suponiendo
+que la criatura que recogió y que tan cariñosamente
+cuida y educa es un hijo hurtado, un contrabando
+doméstico... ¿Qué le importa á Clara?
+Ya no bosteza de tedio ninguna tarde del año.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_256">[Pg 256]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_257">[Pg 257]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >EL OFICIO DE DIFUNTOS</h2>
+</div>
+
+
+<p>Cree usted—me preguntó el catedrático de
+Medicina—en algún presagio? ¿Cabe en
+su alma la superstición?</p>
+
+<p>Cuando me lo dijo, nos encontrábamos sentados
+tomando el fresco á la puerta de la bodega.
+La frondosa parra que entolda una de las
+fachadas del Pazo rojeaba ya, encendida por el
+otoño. Parte de sus festoneadas hojas alfombraba
+el suelo, vistiendo de púrpura la tierra seca,
+resquebrajada por el calor asfixiante del medio
+día. Los viñadores, llamados «carretones», entraban
+y salían, soltando al pie del lagar su
+carga de uvas, vaciando el hondo cestón del
+cual salía una cascada de racimos color violeta,
+de gordos y apretados granos. ¡Famosa cosecha!
+Yo veía ya el vino que de allí iba á salir,
+el mejor, el más estimado del Borde... Y
+medio distraída, respondí:</p>
+
+<p>—¿Presagios? No... Á no ser que... ¡Ah! Sí:
+un hecho le contaría...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_258">[Pg 258]</span></p>
+
+<p>—¿Algo que le haya «sucedido» á usted?</p>
+
+<p>—¿Á mí?... No. Se me figura—no me pregunte
+usted la causa de esta figuración—que á
+mí «no puede» sucederme nada. Y efectivamente,
+en toda mi vida...</p>
+
+<p>—Entonces permítame que no haga caso de
+los cuentos que traen personas impresionables...
+ó embusteras.</p>
+
+<p>—No es cuento—afirmé, olvidándome ya de
+la interesante faena de la vendimia que presenciaba,
+y retrocediendo con el pensamiento á
+tiempos juveniles.—Es un caso que presencié.
+Así que usted lo oiga, comprenderá cómo no
+hubo farsa ni mentira. La explicación... no la
+alcanzo. En estas materias, ni soy crédula y
+medrosa, ni escéptica á puño cerrado. ¡Qué
+quiere usted! Vivimos envueltos en el misterio.
+Misterio es el nacer, misterio el vivir, misterio
+el morir, y el mundo, ¡un misterio muy grande!
+Caminamos entre sombras, y el guía que
+llevamos... es un guía ciego: la fe. Porque la
+ciencia es admirable, pero limitada. Y acaso
+nunca penetrará en lo hondo de las cosas.</p>
+
+<p>Sacudió el catedrático su cabeza encanecida,
+sonrió, y apoyando la barba en la cayada del
+bastón, se dispuso á escucharme—y á pulverizarme
+después—, porque suponía que iba á referirle
+algún sueño. Los artistas no somos de
+fiar: vivimos esclavizados por la imaginación y
+cumpliendo sus antojos.</p>
+
+<p>—¿Ha conocido usted á Ramoniña Novoa?—principié
+yo.</p>
+
+<p>—¿Que si la he conocido? Me llamaron á consulta<span class="pagenum" id="Page_259">[Pg 259]</span>
+el año pasado, cuando la operaron en Compostela,
+de un sarcoma en el pecho izquierdo.
+Por señas que desaprobé la operación, que sirvió
+para adelantar la muerte algunos días. Allí
+sólo cabía dejar marchar las cosas á su desenlace
+inevitable.</p>
+
+<p>—Pues sepa usted que Ramoniña, en sus mocedades,
+fué la chica más alegre y bailadora de
+todo el Borde. Su padre, don Ramón Novoa de
+Vindome, tenía el prurito de divertirla; la vestía
+muy maja; no la negaba capricho alguno.
+Adoraba en ella, porque era vivo retrato de su
+difunta mujer, á quien había profesado una especie
+de devoción y culto.</p>
+
+<p>No se concebía función ni feria sin que Ramoniña
+Novoa se presentase á lucir su mantón de
+flores—era la moda—, su traje de seda con volantes,
+su mantilla de casco. Los señoritos del
+Borde la obsequiaban mucho, y ella coqueteaba
+con unos y con otros, sin decidirse ni acabar de
+escoger, según deseaba don Ramón, que, al estilo
+antiguo y patriarcal, rabiaba por un nieto.</p>
+
+<p>Creían los antiguos que cuando quiere castigarnos
+Dios, realiza nuestros deseos insensatos.
+De improviso, Ramoniña, dejándose de coqueteos
+y bromas, se enamoró hasta los tuétanos—¿y
+de quién? De un pobrete estudiante, hijo
+de un cirujano romancista y sobrino del cura
+de Cebre—un perdido gracioso, que hacía versos
+y tocaba la pandereta con las rodillas y los
+codos. ¡Valiente boda para la mayorazga de
+Novoa de Vindome, del solar de Fajardo! El padre,
+inquieto al principio, furioso después, hizo<span class="pagenum" id="Page_260">[Pg 260]</span>
+la oposición á rajatabla, y no perdonó medio de
+quitarle á Ramoniña de la cabeza semejante locura.
+La encerró en casa; la llevó á Auriabella;
+rogó; avisó; amenazó; puso en juego á los frailes,
+al confesor, á los parientes, á las amigas,
+al señor obispo... En vano. La cosa estaba muy
+adelantada ya; la libertad del campo y la falta
+de sospecha en los primeros tiempos habían estrechado
+el lazo y arraigado la pasión en el
+alma de la señorita... y una noche se escapó
+con el estudiantillo, dejando á su padre en la
+mayor aflicción y vergüenza.</p>
+
+<p>—Hemos concluido. Que se casen—decidió el
+señor de Novoa.—Le entregaré la dote de su
+madre á mi hija... y que no vuelva yo jamás á
+oir nombrarla, ni á verla delante de mis ojos.</p>
+
+<p>Ya sabe usted lo que suele suceder. El panal
+de miel robada al principio es dulce, pero acaba
+en hieles. El estudiante no varió de condición
+al casarse; con la dote de la esposa creyó
+poder darse vida cómoda y alegre, y no miró lo
+que gastaba, creyendo que, al acabarse, el señor
+de Novoa remediaría. Mas éste fué inflexible,
+y cerró la puerta y la bolsa. Los esposos se
+habían ido á vivir en Auriabella, y Ramoniña,
+triste y preocupada por más de un motivo—se
+decía que el marido tocaba la pandereta en
+sus carnes y la zurraba de firme—escribió al
+padre carta sobre carta, sin obtener respuesta.
+Había nacido un chiquitín—aquel heredero tan
+deseado—y cuando la criatura tuvo tres años
+y Ramoniña tres mil desengaños, vino á verme,
+para rogarme que la acompañase en la expedición<span class="pagenum" id="Page_261">[Pg 261]</span>
+que pensaba emprender al Pazo de Vindome,
+con propósito de echarse á los pies de don
+Ramón, presentarle la criatura y lograr el abrazo
+de reconciliación y paz. «Si no veo á papá—decía—creo
+que me muero».</p>
+
+<p>—No vaya usted—aconsejé á Ramoniña—.
+No la recibirá don Ramón. Mire usted que le he
+hablado poco hace, y está firme en que no ha
+de cruzar con usted palabra en este mundo.
+«Sólo en la hora de la muerte la perdonaría...».
+Son sus palabras. Y la hora de la muerte anda
+lejos. El señor de Novoa parece un mozo: está
+fuerte, come bien, sale á cazar, no le duele
+nada: hasta parece que piensa en volver á casarse.
+Dicen que se ha propuesto tener un hijo
+varón. Sesenta años mejor llevados, no los hay
+en todo el Borde.</p>
+
+<p>Ramoniña me miró con expresión de honda
+ansiedad, de infinita angustia, é insistió en que
+deseaba «probar la suerte». Como la vi tan
+afligida, tan consumida por las penas, no supe
+negarme, y dispusimos la marcha.</p>
+
+<p>Salimos de Auriabella á la una de la tarde,
+en uno de los días más largos del año: el 20 de
+junio. Íbamos á caballo, porque no existe carretera
+entre Auriabella y el Pazo de Vindome.
+Nuestras cabalgaduras, unos jacuchos del país,
+trotaban duro: delante, un criado llevaba al
+arzón al niño; detrás, nosotras dos y un espolique;
+Ramoniña encaramada en el albardón, no
+sin miedo, porque ya se encontraba algo adelantado
+su segundo embarazo. El camino... ¿Usted
+bien conoce el camino de Auriabella á Vindome?<span class="pagenum" id="Page_262">[Pg 262]</span>
+Hasta el alto de las Taboadas, regular,
+pero en llegando á la iglesia de Martiñós, un
+puro derrumbadero. Se le va á uno la cabeza si
+mira hacia el valle, allá en el fondo; y se marea
+si contempla las revueltas de un sendero estrechísimo.
+Es hermoso, pero imponente.</p>
+
+<p>Por eso, sin duda, según llegábamos adonde
+se divisa ya el campanario de Martiñós, gritó
+Ramoniña que quería bajarse y andar á pie el
+trecho que faltaba hasta el Pazo. Accedí á su
+deseo, natural en su estado y situación de ánimo,
+y dejando á las monturas adelantarse con
+el espolique, nos quedamos algo rezagadas, andando
+despacio. El sol se ponía, y allá en el valle
+empezaba á condensarse la niebla. Á aquel
+paso llegaríamos á Vindome al anochecer. Ramoniña
+me preguntaba afanosa:</p>
+
+<p>—¿Cree usted que mi padre no me dejará siquiera
+dormir en casa esta noche?</p>
+
+<p>Se me han fijado, como si los estuviese presenciando
+ahora, los detalles de aquel suceso.
+Llegábamos junto á un pinar que se llama de
+las Moiras, y como se había levantado brisa,
+me puse el abrigo que llevaba al brazo. En esto
+se alzó la voz de Ramoniña, exclamando con
+acento de profundo terror:</p>
+
+<p>—¡Jesús! ¡Jesús! ¿Oye usted? ¿Oye usted?
+¡Jesús, María!</p>
+
+<p>—¿Qué he de oir?</p>
+
+<p>—Ahí... Á la parte de Martiñós... En la
+iglesia...</p>
+
+<p>—¿Pero qué?—repetí alarmada, tal era el espanto
+que la voz de mi compañera revelaba.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_263">[Pg 263]</span></p>
+
+<p>—¡El oficio de difuntos! ¡Lo están cantando!
+¡Lo están cantando!</p>
+
+<p>Atendí á pesar mío. No se escuchaba sino el
+largo y quejoso murmurio de la brisa de la tarde
+en las copas de los pinos, y el trote, ya distante,
+de nuestras cabalgaduras. Así se lo dije
+á Ramoniña, riéndome. Pero ella, abrazándose
+á mí, ocultando la cara en mi pecho, temblando,
+deshecha en sollozos, repetía:</p>
+
+<p>—¡Es el oficio de difuntos! ¡Si se oye perfectamente!...
+Son muchas voces... ¡Lo cantan! ¡Lo
+cantan!... ¡Jesús!</p>
+
+<p>Hice una pausa, y el catedrático me interrumpió:</p>
+
+<p>—Bien, ¿y qué? Una alucinación del oído. En
+estado de embarazo, es lo más frecuente...</p>
+
+<p>—Sí—objeté yo—; pero sepa usted que, cuando
+llegamos al Pazo de Vindome, nos encontramos
+con que don Ramón acababa de morir súbitamente,
+de apoplejía; que su cuerpo estaba
+caliente aún; que ni aquel día ni los anteriores
+se había cantado el oficio de difuntos en la
+iglesia de Martiñós; y que Ramoniña lo oyó
+distintamente desde el pinar de las Moiras;—¿ve
+usted? hacia allí...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_264">[Pg 264]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_265">[Pg 265]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >JUAN TRIGO</h2>
+</div>
+
+
+<p>El héroe de mi cuento nació... no es posible
+saber dónde; lo único que dice Clío,
+musa de la historia, es que cierta tarde del mes
+de julio apareció recostado sobre las amapolas,
+desnudito como un gusano, al margen de
+un trigal, en el tiempo de la siega. Por poco
+más le dejan en mitad del sendero, donde lo
+aplastasen al pasar los inmensos carros cargados
+de rubia mies.</p>
+
+<p>Vieron los segadores y segadoras á la criatura
+dormida en su santa inocencia, y la recogieron
+con ternura, bromeando entre sí, poniendo
+al nene el nombre de <em>Juan Trigo</em> y asegurándole
+una suerte loca, como de quien empieza su
+vida entre la misma abundancia.</p>
+
+<p>Sin dilación pareció cumplirse el vaticinio.
+No había en la aldea—¡rarísima casualidad!—ninguna
+mujer que estuviese criando; pero la
+esposa del señor marqués, dueño del campo de
+trigo y de otros muchísimos, y de la más hermosa<span class="pagenum" id="Page_266">[Pg 266]</span>
+quinta en seis leguas á la redonda, acababa
+precisamente de dar á luz una niña muerta,
+y se temía por la madre si no desahogaba la
+leche agolpada á su seno. El médico aconsejó
+que la noble dama criase al niño abandonado,
+y éste encontró así, desde el primer instante,
+sustento, regalo y amor. Le envolvieron en
+finos pañales, le trataron á cuerpo de rey y creció
+hermoso y fuerte, rebosando viveza y alegría.
+La marquesa le cobró tierno afecto, más
+que de nodriza, de madre, y como no se creía
+que aquellos señores pudiesen ya tener sucesión,
+todos presumían que <em>Juan Trigo</em> iba á ser
+el heredero de su caudal y nombre. Á deshora,
+corridos más de diez años, la naturaleza sorprendió
+al marqués con otra niña y á la marquesa
+con la muerte, causada por el difícil y
+trasnochado lance: y aunque Juan, como muchacho,
+no comprendió del todo lo que perdía,
+lo sintió y adivinó, y se le vió muchos meses
+extrañamente abatido y triste.</p>
+
+<p>No obstante, su situación, al parecer, no había
+cambiado. Ó en memoria de su esposa ó
+por verdadero cariño, el marqués seguía tratándole
+como antes: hasta le demostraba preferencia,
+con tal extremo, que empezó á divulgarse
+la conseja de que Juan era verdadero hijo del
+marqués, fruto de secretos amoríos, y que le correspondería
+«hoy ó mañana» una buena parte
+de herencia. Confirmó tal suposición el ver
+que Juan fué enviado á un aristocrático y famoso
+colegio inglés, donde cursó estudios más
+brillantes que útiles, y del cual volvió á los<span class="pagenum" id="Page_267">[Pg 267]</span>
+veintitrés años hecho un cumplido <em>gentleman</em>.
+Acogióle la sociedad con halagos y sonrisas,
+aunque á sus espaldas se comentase lo ambiguo
+de su posición; y como era gallardo y simpático
+y tenía hasta el prestigio de la leyenda y del
+misterio, las señoras le recibieron con sumo
+agrado, demostrando claramente que la presencia
+de Juan no les infundía horror, ni cosa
+que lo valga. En aquella ocasión, si Juan hubiese
+tenido afición á las flores, sin gran esfuerzo
+reúne un lindo ramillete de rosas, pensamientos
+y <em>no me olvides</em>, cuyo aroma seguiría
+aspirando con la memoria en la edad madura;
+pero Juan estaba enamorado—enamorado, callada
+y tenazmente—de la hija del marqués,
+Dolores, en quien reconocía las facciones de la
+que le había servido de madre: niña de sorprendente
+hermosura, que, según la frase del
+Libro Santo, había robado el corazón de Juan
+con sólo el crujir de sus zapatitos—unos zapatos
+de fino charol, prolongados y lustrosos sobre
+la transparente media de seda.—Crujir que
+Juan reconocía entre los mil ruidos de la creación,
+lo mismo que reconocía las cascaditas de
+su reir juvenil, el roce de su falda corta, el perfume
+tenue de su flotante melena, y el <em>¡rissch!</em>
+de su abaniquillo al abrirlo la impaciente mano.</p>
+
+<p>Creyó Juan que no se le conocía el loco deseo;
+pero las chiquillas son en esto linces, y
+Dolores notó que la querían, y no sólo lo notó,
+sino que mostró tal inclinación á Juan, que
+éste, vencido, confesó de plano. La niña, más
+inexperta, más vehemente, más ignorante de las<span class="pagenum" id="Page_268">[Pg 268]</span>
+terribles consecuencias de un mal paso, arregló
+entonces la escapatoria, combinando y facilitando
+las cosas de tal manera, que, dado el escándalo,
+el padre no tuviese más arbitrio que
+otorgar su consentimiento.</p>
+
+<p>Se urdió el complot sin que nadie sospechase
+palabra; mas la víspera del día señalado, Juan,
+descolorido y trémulo, se echó á los pies del
+marqués y le reveló la trama. Como todo el
+que quiere de veras, prefería su propia desventura
+al daño ajeno; anteponía al egoísmo de su
+pasión el honor y la felicidad de Dolores. Así
+pagaba el pobre expósito su deuda á la casa
+donde le acogieron y ampararon; así reconocía,
+al través de la tumba, los cuidados maternales
+recibidos de la señora á quien no podía
+olvidar. Al consumar el sacrificio, su alma sangraba;
+y cuando el marqués, alabando mucho
+su honrada sinceridad, le tomó, por primera
+providencia, el billete para Londres, Juan, en
+vez de salir hacia el tren, cayó en la cama, donde
+le postró una fiebre ardentísima.</p>
+
+<p>Hizo el marqués que le cuidasen; puso entre
+tanto á Dolores en un convento de monjas, graves
+y buenas guardianas; y ya en franca convalecencia
+Juan, para mayor cautela—porque
+todas las precauciones son pocas, y quien una
+vez tropieza expuesto está á caer—solicitó para
+el mozo un puesto lejos, lejos... lo más lejos posible.
+Y se lo concedieron en ultramar, y tan
+pingüe, que á ser Juan de otra condición, á la
+vuelta de pocos años tendría hecha la suerte.
+Hasta el codo se podía meter la mano en aquella<span class="pagenum" id="Page_269">[Pg 269]</span>
+bendita prebenda administrativa, y es de
+creer que, al otorgársela, se contaba con que
+la aprovechase; porque el padre de Dolores,
+que, á pesar de las hablillas, no tenía con Juan
+más parentesco que el puramente moral de haberle
+protegido, sentía cierto remordimiento al
+desampararle, y encomendaba á la generosidad
+de nuestro presupuesto el porvenir del mozo,
+sin darse cuenta de que éste, á falta de claro
+abolengo, poseía enérgica honradez. Lo único
+que trajo Juan de ultramar, á la vuelta de cuatro
+años, fueron unos mezquinos ahorros, que
+gastó en intentar la curación de un padecimiento
+hepático; y como el marqués había fallecido
+y estaba casada Dolores, se encontró Juan, al
+empezar á bajar la árida cuesta de la edad madura,
+solo y pobre como cuando le recogieron
+en el trigal.</p>
+
+<p>Entonces—sin explicarse la razón—sintió un
+deseo inexplicable de volver á ver el sitio y la
+quinta donde había pasado una niñez relativamente
+tan dichosa. Llegó á aquellos lugares
+por la tarde, á pie, apoyado en un bastón grueso;
+lo primero que hizo fué dar la vuelta á la
+tapia de la quinta, evocando mil recuerdos que
+surgían en tropel al aspecto de cada árbol y
+ante la figura de cada piedra. Su corazón latió
+de pronto con ímpetu: en el vetusto mirador,
+enramado de rosales, suspendido sobre el camino,
+acababa de ver á una señora y dos niños,
+ella haciendo labor, los chicos observando con
+curiosidad al pasajero encorvado y triste, de
+amarillento rostro. La señora, avisada por los<span class="pagenum" id="Page_270">[Pg 270]</span>
+chicos, levantó la cabeza, y fijó en Juan la
+ojeada inerte que se concede al desconocido.
+Juan huyó: los ojos de Dolores, mirándole de
+aquel modo, le cortaban el alma. No paró hasta
+llegar á un campo de trigo, á la sazón maduro,
+salpicado de amapolas, como cuentas de coral
+sobre una trenza rubia. Los segadores, cantando
+alegremente, habían iniciado su faena, y
+los haces se amontonaban ya en un ángulo de
+la heredad; pero acercábase la puesta del sol, y
+pronto se retirarían á sus casuchas. Juan se
+aproximó á una mujer y preguntó con ansia:</p>
+
+<p>—¿Es en este campo donde hace muchos años
+recogieron á un niño?</p>
+
+<p>—Allí, señor—respondió la mujer con esa
+complacencia solícita de los aldeanos, soltando
+su hoz y levantándose para preceder á Juan y
+enseñarle el camino. Como unos diez minutos
+habrían andado, cuando la segadora se paró é
+hirió con el pie la orilla del sendero, pronunciando:</p>
+
+<p>—Aquí mismo. Estaba en pelota, como lo
+parieron. Mire si lo sabré bien, que yo era entonces
+moza y fuí la primera que cogió al rapaz
+en brazos. Y mi hermano, que lo vió así,
+entre la abundancia, le puso <em>Juan Trigo</em>. Nos
+daba mucha lástima, ¡ángel de Dios!... Las que
+andábamos segando lo queríamos mantener
+con leche de vaca, y yo quería llevarlo para
+donde mí; pero le cayó una suerte muy grande;
+la señora marquesa lo recogió y lo criaba ella
+y lo tuvo en una hartura muy grandísima.
+Ahora será un caballero.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_271">[Pg 271]</span></p>
+
+<p>Juan calló. La amargura se desbordaba en
+su alma. Pensaba que podría haber sido el prohijado
+de aquella aldeana, vivir con ella, ayudarla
+á segar la mies, no conocer otros afanes
+ni otros deseos. Dejándose caer al suelo, en el
+mismo sitio donde le habían encontrado, pegó
+la faz á la tierra, y sus lágrimas la empaparon
+lentamente.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_272">[Pg 272]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_273">[Pg 273]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >EL CAMAFEO</h2>
+</div>
+
+
+<p>Mientras corrió su primera juventud, Antón
+Carranza se creyó nacido y predestinado
+para el arte. El arte le atraía como el acero
+al imán, y le fascinaba como el espejuelo á
+la alondra. Donde sus ojos encontraban una línea
+elegante, una forma bella, un tono de color
+intenso y original, allí se quedaban cautivos, en
+éxtasis de admiración, mientras luchaban en su
+alma noble pena de no haber sido el creador de
+aquella hermosura, y una ilusión arrogante de
+llegar á producirla mayor, más original y poderosa,
+por medio del estudio y el trabajo.</p>
+
+<p>Años y desengaños necesitó para adquirir el
+triste convencimiento de que carecía de inspiración,
+de genio artístico. Sus tentativas fueron
+reiteradas, insistentes, infructuosas. Crispáronse
+en vano sus dedos alrededor del pincel, de la
+gubia, del palillo, del buril, del barro húmedo.
+Si no podía ser pintor ni escultor, á lo menos<span class="pagenum" id="Page_274">[Pg 274]</span>
+quería descollar como adornista, como grabador,
+como tallista; por último, desesperanzado
+ya, intentó resucitar los primores de orfebrería
+de Benvenuto Cellini; y si bien por cuenta propia
+no hizo nada digno de eterno loor, con la
+joyería su vocación artística desalentada se convirtió
+en provechosa especulación industrial; se
+asoció á un joyero de fama, montó el taller á
+gran altura y se dedicó á negociar, escondiendo
+la incurable herida de su ardiente aspiración y
+de sus mil fracasos.</p>
+
+<p>El joyero que recibió de socio á Antón Carranza
+tenía una hija, cuyo enlace con el artista
+fué base de la nueva razón social. Luisa, la
+esposa de Carranza, no era bonita, ni aun agraciada:
+la desfiguraban su tez amarillenta, sus
+facciones angulosas y una cojera muy visible.
+Carranza, con todo, aceptó el trato sin repugnancia
+alguna; su futura le inspiraba, á falta de
+sentimientos más vehementes, simpatía y cariño.
+Como suele suceder á los hombres excesivamente
+poseídos de la fiebre artística, desconocía
+Carranza otras pasiones; la mujer era
+para él una necesidad momentánea, y el matrimonio
+una prudente garantía de paz y de
+afecto. Casóse, pues, satisfecho y tranquilo, y
+se condujo como marido bueno y leal.</p>
+
+<p>Rico y en situación de satisfacer sus caprichos,
+Carranza rebuscó y adquirió preciosidades;
+ya que no acertaba á modelar estatuas, las
+hizo desenterrar en Nápoles y Grecia, y pudo
+colocar en su despacho-taller un lindo <em>Fauno</em>,
+una curiosa <em>Belona</em> policromada, encanto de los<span class="pagenum" id="Page_275">[Pg 275]</span>
+arqueólogos, y varios fragmentos de mérito é
+interés.</p>
+
+<p>Conocida su afición, presentáronle los vendedores
+medallas de relevado cuño y piedras grabadas,
+y entre varios ejemplares que no rebasaban
+del límite de lo usual y corriente, la lúcida
+ojeada del artista malogrado descubrió un camafeo
+griego que desde luego reconoció y diputó
+por pieza única tal vez en el mundo. Ni el
+famoso, contemporáneo de Alejandro, que representa
+á Psiquis y el Amor; ni la Venus marina,
+de Glicón; ni la célebre sardónica de la
+galería Farnesio, podían eclipsar á aquel sencillo
+camafeo, que sólo ostentaba una cabeza de
+mujer, ó mejor dicho de diosa. La ignorancia
+relativa del traficante cedió la divinidad por un
+precio irrisorio, atendida la importancia del camafeo,
+y Antón Carranza, dueño del inestimable
+tesoro, lo guardó con transporte en una caja
+de malaquita y pedrería, de donde lo sacaba
+mañana, tarde y noche, para contemplarlo á su
+sabor.</p>
+
+<p>¡Qué sobriedad y pureza de líneas, qué misteriosa
+vida respiraba aquella cabeza! Cuatro rasgos,
+unos planos que apenas se indican, unas
+superpuestas capas de ágata que se matizan insensiblemente...
+y una obra maestra, digna de
+conservar un nombre al través de los siglos,
+una obra que fija y encarna la idea de una beldad
+sublime. ¿Por qué no había acertado jamás
+él, Antón Carranza, á concebir nada que se asemejase
+á aquel camafeo prodigioso? Una obra
+así bastaría para hacerle feliz toda la vida, colmando<span class="pagenum" id="Page_276">[Pg 276]</span>
+su anhelo y realizando su destino...; ¡y
+nunca, nunca de sus dedos torpes y su estéril
+fantasía había de brotar algo que se pareciese
+al camafeo!</p>
+
+<p>Su entusiasmo por la piedra adquirió carácter
+extraño y enfermizo. Con fijeza más propia
+de la perturbación mental que de la cordura,
+pasábase Carranza horas enteras mirando el
+portento y tratando de explicarse qué secreta
+fuerza, qué rayo luminoso llevaba en sí el desconocido
+que hacía tantos siglos produjo aquel
+milagro. Quizás ni él mismo sospechó el valor
+de la huella genial que imprimió en la dura ágata
+su diestra paciente y firme. Quizás alguna joven
+de Mitilene ó de Samos lució en el anular ó
+colgó á su garganta el camafeo, sin conocer que
+poseía una riqueza ideal. Ni los que lo habían
+desenterrado y vendido ahora, en el siglo presente,
+comprendieron lo que tenían entre manos.
+El primer verdadero poseedor de la joya era Antón
+Carranza... Y en arrebato nervioso de desordenada
+pasión, Carranza pegaba los labios al
+camafeo, lo estrechaba contra su pecho, queriendo
+incrustarlo en él, adherirlo á su carne...</p>
+
+<p>Notó por fin Luisa, y notaron todos los de la
+casa, dependientes y amigos, clientes y corresponsales,
+alarmantes síntomas en Antonio; y
+los que le veían de cerca se asustaron de su
+afición á la soledad, su hábito ya adquirido de
+encerrarse á deshora, su silencio en la mesa, y
+le tuvieron por maniático, opinando que los
+intereses comerciales de la sociedad peligraban
+en su poder. Era para Luisa doblemente triste<span class="pagenum" id="Page_277">[Pg 277]</span>
+que se hubiese anublado la razón de su esposo,
+ahora que, cumplidos sus más dulces deseos, se
+sentía encinta y soñaba en el momento inefable
+de estrechar á la criatura que esperaba...
+Consultado el médico acerca del estado de Carranza,
+y habiéndole observado despacio, con
+persistencia y disimulo, su fallo fué terrible:
+tratábase de un caso de monomanía tenaz,
+acompañada de graves desórdenes en las funciones
+del hígado y del corazón; y para salvar la
+razón y acaso la vida del enfermo, era preciso
+encerrarle sin tardanza en una casa de salud,
+sujetándole á un método riguroso.</p>
+
+<p>No hubo más remedio que acceder, y Carranza,
+una mañanita, fué conducido al triste asilo
+donde, separado de los que le amaban, iba á
+verse abandonado del mundo... Con peregrina
+indiferencia se dejó llevar el maniático; tenía
+consigo el camafeo, y nada más necesitaba para
+ser dichoso en la región de sus delirios. Luisa
+iba á verle con frecuencia; pero se interrumpieron
+sus visitas cuando llegó el esperado trance;
+el nacimiento de una niña puso su existencia en
+peligro, dejándola semiparalítica y sujeta á ataques
+dolorosos, y transcurrió largo tiempo sin
+que pudiese ver al pobre recluso. Decía el médico
+que Carranza mejoraba y pronto saldría de
+su encierro; pero corrían meses y años y no llegaba
+el momento feliz.</p>
+
+<p>Luisa, que amaba á su marido tiernamente,
+no tenía otro consuelo sino ver crecer á su
+hija, y envanecerse de su sorprendente hermosura.
+La niña, en efecto, era una perla. No<span class="pagenum" id="Page_278">[Pg 278]</span>
+se parecía á su madre ni á su padre: ni el más
+mínimo rasgo de sus facciones recordaba á los
+que la habían dado el ser. Las líneas de su rostro,
+puras y correctísimas, desesperarían á un
+escultor por su incopiable elegancia y delicadeza;
+y los rizos que se agrupaban sobre su frente
+y caían sobre su cuello torneado, tenían una
+colocación graciosa y noble, como sólo la obtiene
+el arte.</p>
+
+<p>Un día, Luisa, sintiéndose algo aliviada, se
+metió en un coche con su hija y se apeó á la
+puerta del asilo. Al penetrar en la habitación
+que ocupaba su esposo, al mirarle, exhaló un
+grito de terror y pena: pálido, demacrado, con
+la mirada fija, Carranza contemplaba un objeto,
+y de esta contemplación nada podía distraerle:
+era el camafeo... y siempre el camafeo.
+Luisa comprendió con espanto que el enfermo
+no la reconocía, y herida en el alma, guiada
+por su instinto de madre, presentó, elevó á la
+niña en alto. Carranza dejó caer sobre ella una
+mirada indiferente... De súbito, sus ojos se animaron,
+brillaron, recobraron la luz de la inteligencia
+y del amor; sus brazos se abrieron, sus dedos
+soltaron el camafeo mágico y fatal, sus lágrimas
+brotaron, y, como el que se despierta,
+corrió hacia su mujer y su hija... Acababa de
+advertir que la faz de la niña era la misma faz
+de la diosa grabada en la piedra dura... ¡y comprendía
+que, sin saberlo, había prestado ser y
+realidad, carne y hueso, á la belleza soberana!</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_279">[Pg 279]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >VOZ DE LA SANGRE</h2>
+</div>
+
+
+<p>Si hubo matrimonios felices, pocos tanto
+como el de Sabino y Leonarda. Conformes
+en gustos, edad y hacienda; de alegre humor y
+rebosando salud, lo único que les faltaba—al
+decir de la gente, que anda siempre ocupadísima
+en perfeccionar la dicha ajena, mientras
+labra la desdicha propia—era un hijo. Es de
+advertir que los cónyuges no echaban de menos
+la sucesión, pensando con buen juicio que, cuando
+Dios no se la otorgaba, Él sabría por qué. Ni
+una sola vez había tenido Leonarda que enjugar
+esas lágrimas furtivas de rabia y humillación
+que arrancan á las esposas ciertos reproches de
+los esposos.</p>
+
+<p>Un día alteró la tranquilidad de Leonarda y
+Sabino la llegada intempestiva de la única hermana
+de Leonarda, que vivía en ciudad distante,
+al cuidado de una tía ya muy anciana, señora
+de severos principios religiosos. Venía la joven<span class="pagenum" id="Page_280">[Pg 280]</span>
+pálida, desfigurada, llorosa y triste, y apenas
+descansó del viaje, se encerró con sus hermanos,
+y la entrevista duró una hora larga.</p>
+
+<p>Á los tres ó cuatro días salieron juntos la señorita
+y el matrimonio á pasar una temporada
+en la casa de campo de Sabino, posesión solitaria
+y amenísima. Nadie extrañó esta resolución,
+porque á fines de abril la tal quinta es un oasis,
+y más explicable pareció todavía la excursión
+de recreo que en septiembre emprendieron los
+consortes, los cuales no regresaron de Francia
+y de Inglaterra hasta el año siguiente. Lo que
+se comentó bastante fué que al volver trajesen
+consigo una niña preciosa, con la cual se volvía
+loca Leonarda, que aseguraba haberla dado á
+luz en París. Como nunca faltan maliciosos, alguien
+encontró á la nena excesivamente desarrollada
+para la edad de cuatro meses que la
+atribuían sus padres: hubo chismes, murmuraciones,
+cuentas por los dedos, sonrisitas y hasta
+indignaciones y <em>tole tole</em> furioso. Pero corrió
+el tiempo, ejerciendo su oficio de aplicar el bálsamo
+del olvido bienhechor; la hermana de
+Leonarda se sepultó en un convento de Carmelitas;
+el retoño creció; los esposos le manifestaron
+cada día más amor paternal... y las hablillas,
+cansadas de sí propias, se durmieron en
+brazos de la indiferencia.</p>
+
+<p>La verdad es que cualquiera se enorgullecería
+de tener una hija como Aurora—este nombre
+pusieron Leonarda y Sabino á su vástago—.
+Nunca se justificaron mejor las preocupaciones
+del vulgo respecto á las criaturas cuyo<span class="pagenum" id="Page_281">[Pg 281]</span>
+nacimiento rodean circunstancias misteriosas,
+dramas de amor y de honor. Una belleza singular,
+excesivamente delicada tal vez; una inteligencia,
+una dulzura, una discreción que
+asombraban, suma habilidad, exquisito gusto,
+y sobre todo esto, que es concreto y puede expresarse
+con palabras, algo que no se define: el
+<em>ángel</em>, el encanto, el don de atraer y de embelesar,
+de llevar consigo la animación, creando,
+como dijo Byron de Haydea, «una atmósfera de
+vida»; esto poseía Aurora, y no es milagro que
+Sabino y Leonarda estuviesen literalmente chochitos
+con ella.</p>
+
+<p>Pagábales la criatura en la mejor moneda
+del mundo. Su amor filial tenía caracteres de
+pasión, y solía decir Aurora que no pensaba
+casarse nunca, no por no abandonar á sus padres—que
+sería imposible ni pensar en ello—sino
+por no tener que repartir y dividir con nadie
+el ardiente cariño que les consagraba. Los
+que oían de tan rosada y linda boca estas paradojas
+é hipérboles del afecto, envidiaban á Leonarda
+y Sabino la hija hurtada.</p>
+
+<p>Habían pasado años sin que Aurora aceptase
+los homenajes de ningún pretendiente, cuando
+apareció cierta mañana en casa de Sabino un
+caballero que podemos calificar de gallo con
+espolones, pero apuesto, elegante, con trazas
+de adinerado, aspecto muy simpático y ese aire
+de dominio peculiar de los hombres que han
+ocupado altos puestos ó conseguido grandes
+triunfos de amor propio, viviendo siempre lisonjeados
+y felices. Solicitó el caballero hablar<span class="pagenum" id="Page_282">[Pg 282]</span>
+á solas con Sabino y Leonarda; pero como hubiesen
+salido, rogó se le permitiese ver un instante
+á la señorita Aurora. La muchacha le
+recibió en la sala, sin turbarse, y le dió conversación
+un rato, ruborizándose cuando el desconocido
+le dirigió alabanzas en las cuales se revelaba
+profundo, vivo y secreto interés. La
+entrevista duró poco; llegaron los padres de
+Aurora, y con ellos se encerró el galán, cuyas
+primeras palabras fueron para decir, inclinándose
+hasta el suelo, que allí tenían á un gran
+culpable, al seductor de su hermana y padre de
+Aurora—dispuesto á reparar en lo posible sus
+yerros y delitos, recogiendo á la niña y ofreciéndola
+amparo, fortuna y nombre.</p>
+
+<p>Sabino meditó algunos instantes antes de responder;
+luego cruzó con Leonarda una mirada
+expresiva, y volviéndole al recién llegado pronunció
+serenamente:</p>
+
+<p>—Queremos á Aurora bastante más que si la
+hubiésemos engendrado; es nuestro único hechizo,
+la alegría de nuestra vejez, que ya se
+acerca; pero le aseguro á usted que la dejaremos
+libre. Si ella quiere, con usted se irá. Si
+ella no quiere, prométanos que la niña se quedará
+con nosotros para toda la vida y usted no
+pensará en reclamarla. Y para que vea usted
+que no influimos en su determinación, escóndase
+detrás de ese cortinaje y oirá cómo la interrogamos
+y lo que responde.</p>
+
+<p>Accedió el caballero y se ocultó. De allí á
+pocos instantes entraba Aurora, y Sabino la
+dirigió el siguiente interrogatorio:</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_283">[Pg 283]</span></p>
+
+<p>—¿Qué te ha parecido ese señor que vino á
+hablarnos?</p>
+
+<p>—¿Digo la verdad, papá, como de costumbre?
+¿La verdad enterita?</p>
+
+<p>—¡Ya se sabe que sí!</p>
+
+<p>—¡Pues me ha parecido muy bien! Me ha parecido
+la persona más... más agradable... que
+he visto en mi vida, papá.</p>
+
+<p>—¿Tanto como eso?</p>
+
+<p>—Sí por cierto. Me ha fascinado... ¿No me
+mandas que hable con franqueza?</p>
+
+<p>—¿Le preferirías á nosotros? Sigue siendo
+franca.</p>
+
+<p>—Es distinto lo que siento por vosotros. Él
+me gusta... de otra manera.</p>
+
+<p>—¿Vivirías contenta con él?</p>
+
+<p>—¡Mira, papá..., puede que sí!</p>
+
+<p>—Piénsalo bien, niña.</p>
+
+<p>—No hay que pensarlo. Es un sentimiento,
+y lo que de veras se siente no se piensa. Nunca
+he sentido así. Yo también he de preguntar:
+qué, ¿este señor... os ha pedido... mi mano?</p>
+
+<p>—¡Tu mano! ¡Tu mano! ¡No se trata de eso!—gritó
+con espanto Leonarda.</p>
+
+<p>—¿Pues... entonces? No entiendo—murmuró
+Aurora afligida.</p>
+
+<p>—¡Figúrate... es una suposición... que ese
+señor fuese... tu padre! ¡tu verdadero padre!</p>
+
+<p>—¿Mi padre? ¡Eso sí que no puedo figurármelo!
+¡Como padre, ni le he mirado... ni podría
+mirarle nunca! ¡Ya os he dicho que es distinto;
+que á vosotros os quiero de otro modo!</p>
+
+<p>—Vete, hija mía—murmuró Sabino confuso<span class="pagenum" id="Page_284">[Pg 284]</span>
+y consternado, creyendo oir detrás de la cortina
+un gemido triste. Y así que se retiró Aurora,
+obediente, cabizbaja y muda, el desconocido
+salió, mostrando un rostro color de cera y
+unos ojos alocados.</p>
+
+<p>—No les molesto á ustedes más—murmuró
+en ronco acento—. Ya sé cuál es mi castigo.
+Procuré estudiar el modo de inspirar cierta clase
+de sentimientos... y los inspiro con una facilidad
+que ha llegado á infundirme tedio y horror.
+Midas todo lo convertía en oro... yo todo lo convierto
+en pecado. El cariño puro, el sagrado
+cariño de padre veo que no lo mereceré nunca.
+Borren ustedes mi recuerdo de la imaginación
+de Aurora, y ¡que no sepa jamás mi nombre,
+ni lo que realmente soy para ella!</p>
+
+<p>—Tal vez—indicó la compasiva Leonarda—el
+atractivo que ejerce usted sobre esa criatura,
+tan indiferente con los demás, sea voz de la
+sangre.</p>
+
+<p>—Si es voz de la sangre, es voz que maldice—respondió
+el Tenorio saludando respetuosamente
+y saliendo abrumado por el dolor.<span class="pagenum" id="Page_286">[Pg 286]</span>
+</p>
+<div style='text-align:center'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75814 ***</div>
+</body>
+</html>
+
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