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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..d7b82bc --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,4 @@ +*.txt text eol=lf +*.htm text eol=lf +*.html text eol=lf +*.md text eol=lf diff --git a/75814-0.txt b/75814-0.txt new file mode 100644 index 0000000..be8351d --- /dev/null +++ b/75814-0.txt @@ -0,0 +1,6472 @@ + +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75814 *** + + + + NOTAS DEL TRANSCRIPTOR + +En la versión de texto sin formatear el texto en cursiva está +encerrado entre guiones bajos (_cursiva_) y el texto en Versalitas se +representa en mayúsculas como en VERSALITAS. + +La ortografía del texto que compone la serie de cuentos que se incluyen +no sigue las reglas actuales de la lengua española, sino las que +estaban vigentes cuando la edición usada para la transcripción de esta +obra fue publicada. El lector interesado puede consultar el mapa de +Diccionarios Académicos de la Real Academia Española. + +En la presente transcripción se adecuó la ortografía de las mayúsculas +acentuadas a las reglas indicadas por la RAE, que establecen que el +acento ortográfico debe utilizarse, incluso si la vocal acentuada está +en mayúsculas. + +Se han corregido errores evidentes de puntuación y otros errores +tipográficos y de ortografía. + +El Índice con los títulos de las historias fue reubicado al principio +de la obra. + +La portada de este libro electrónico fue modificada por el transcriptor +y ha sido incluida en el dominio público. + + + * * * * * + + + OBRAS COMPLETAS + DE + EMILIA PARDO-BAZÁN + + CONDESA DE PARDO-BAZÁN + + + EN TRANVÍA + (CUENTOS DRAMÁTICOS) + + + EMILIA PARDO-BAZÁN + CONDESA DE PARDO-BAZÁN + + OBRAS COMPLETAS.--TOMO XXIII + + + + + EN TRANVÍA + (CUENTOS DRAMÁTICOS) + + [Ilustración] + + RENACIMIENTO + SOCIEDAD ANÓNIMA EDITORIAL + Calle de Pontejos, 8, 1.º + MADRID + + + Es propiedad. + + Queda hecho el depósito que + marca la ley. + + + Imprenta de Prudencio Pérez de Velasco, Campomanes, 4. + + + + + ÍNDICE + + + Pág. + + En tranvía 5 + + Adriana 15 + + Vitorio 23 + + Las desnudadas 31 + + Semilla heroica 39 + + Justiciero 45 + + Elección 53 + + La chucha 61 + + El vino del mar 73 + + Fuego á bordo 79 + + La paz 103 + + Suerte macabra 111 + + El guardapelo 119 + + La ventana cerrada 125 + + Infidelidad 133 + + De vieja raza 139 + + Benito de Palermo 145 + + Ley natural 153 + + El comadrón 159 + + El voto de Rosiña 167 + + Vivo retrato 173 + + El décimo 179 + + La puñalada 183 + + En el Santo 191 + + Santos Bueno 197 + + Sustitución 201 + + La compaña 209 + + La dentadura 215 + + Inspiración 221 + + Oscuramente 227 + + El ahogado 233 + + El molino 239 + + Aventura 249 + + El oficio de difuntos 257 + + Juan Trigo 265 + + El camafeo 273 + + Voz de la sangre 279 + + + + + EN TRANVÍA + +Los últimos fríos del invierno ceden el paso á la estación primaveral, +y algo de flúido germinador flota en la atmósfera y sube al purísimo +azul del firmamento. La gente, volviendo de misa ó del matinal correteo +por las calles, asalta en la Puerta del Sol el tranvía del barrio de +Salamanca. Llevan las señoras sencillos trajes de mañana; la blonda de +la mantilla envuelve en su penumbra el brillo de las pupilas negras; +arrollado á la muñeca, el rosario; en la mano enguantada, ocultando el +puño del _encas_, un haz de lilas ó un cucurucho de dulces, pendiente +por una cintita del dedo meñique. Algunas van acompañadas de sus +niños; ¡y qué niños tan elegantes, tan bonitos, tan bien tratados! Dan +ganas de comérselos á besos; entran impulsos invencibles de juguetear, +enredando los dedos en la ondeante y pesada guedeja rubia que les +cuelga por las espaldas. + +En primer término, casi frente á mí, descuella un _bebé_ de pocos +meses. No se ve en él, aparte de la carita regordeta y las rosadas +manos, sino encajes, tiras bordadas de ojetes, lazos de cinta, +blanco todo, y dos bolas envueltas en lana blanca también, bolas +impacientes y danzarinas, que son los piececillos. Se empina sobre +ellos, pega brincos de gozo, y cuando un caballero cuarentón que va á +su lado--probablemente el papá--le hace una carantoña ó le enciende +un fósforo, el mamón se ríe con toda su boca de viejo, babosa y +desdentada, irradiando luz del cielo en sus ojos puros. Más allá, una +niña como de nueve años se arrellana en postura desdeñosa é indolente, +cruzando las piernas, luciendo la fina canilla cubierta con la estirada +media de seda negra, y columpiando el pie calzado con zapato inglés +de charol. La futura mujer hermosa tiene ya su dosis de coquetería; +sabe que la miran y la admiran, y se deja mirar y admirar con oculta +é íntima complacencia, haciendo un mohín equivalente á «Ya sé que +os gusto; ya sé que me contempláis». Su cabellera, apenas ondeada, +limpia, igual, frondosa, magnífica, la envuelve y la rodea de un halo +de oro, flotando bajo el sombrero ancho de fieltro, nubado por la gran +pluma gris. Apretado contra el pecho lleva un envoltorio de papel de +seda, probablemente algún juguete fino para el hermano menor, alguna +sorpresa para la mamá, algún lazo ó moño que la impulsó á adquirir su +tempranera presunción. Más allá de este capullo cerrado va otro que se +entreabre ya, la hermana tal vez, linda criatura como de veinte años, +tipo afinado de morena madrileña, sencillamente vestida, tocada con una +capotita casi invisible que realza su perfil delicado y serio. No lejos +de ella, una matrona arrogante, recién empolvada de arroz, baja los +ojos y se reconcentra como para soñar ó recordar. + +Con semejante tripulación, el plebeyo tranvía reluce orgullosamente al +sol, ni más ni menos que si fuese landó forrado de rasolís, arrastrado +por un tronco inglés legítimo. Sus vidrios parecen diáfanos; sus +botones de metal deslumbran; sus mulas trotan briosas y gallardas; el +conductor arrea con voz animosa, y el cobrador pide los billetes atento +y solícito, ofreciendo en ademán cortés el pedacillo de papel blanco +ó rosa. En vez del olor chotuno que suelen exhalar los cargamentos de +obreros allá en las líneas del Pacífico y del Hipódromo, vagan por la +atmósfera del tranvía emanaciones de flores, vaho de cuerpos limpios y +brisas del iris de la ropa blanca. Si al hacerse el pago cae al suelo +una moneda, al buscarla se entreven piececitos chicos, tacones Luis XV, +encajes de enaguas y tobillos menudos. Á medida que el coche avanza por +la calle de Alcalá arriba, el sol irradia más é infunde mayor alborozo +el bullicio dominguero, el gentío que hierve en las aceras, el rápido +cruzar de los coches, la claridad del día y la templanza del aire. ¡Ah, +qué alegre el domingo madrileño, qué aristocrático el tranvía á aquella +hora en que por todas las casas del barrio se oye el choque de platos, +nuncio del almuerzo, y los fruteros de cristal del comedor sólo +aguardan la escogida fruta ó el apetitoso dulce que la dueña en persona +eligió en casa de Martinho ó de Prast! + +Una sola mancha noté en la composición del tranvía. Es cierto que +era negrísima y feísima, aunque acaso lo pareciese más en virtud +del contraste. Una mujer del pueblo se acurrucaba en una esquina, +agasajando entre sus brazos á una criatura. No cabía precisar la edad +de la mujer; lo mismo podía frisar en los treinta y tantos que en +los cincuenta y pico. Flaca como una espina, su mantón parduzco, tan +traído como llevado, marcaba la exigüidad de sus miembros: diríase que +iba colgado en una percha. El mantón de la mujer del pueblo de Madrid +tiene fisonomía, es elocuente y delator; si no hay prenda que mejor +realce las airosas formas, que mejor acentúe el provocativo meneo de +cadera de la arrebatada chula, tampoco la hay que más revele la sórdida +miseria, el cansado desaliento de una vida aperreada y angustiosa, +el encogimiento del hambre, el supremo indiferentismo del dolor, la +absoluta carencia de pretensiones de la mujer á quien marchitó la +adversidad, y que ha renunciado por completo, no sólo á la esperanza de +agradar, sino al prestigio del sexo. + +Sospeché que aquella mujer del mantón ceniza, pobre de solemnidad sin +duda alguna, padecía amarguras más crueles aún que la miseria. La +miseria á secas la acepta con feliz resignación el pueblo español, +hasta poco hace ajeno á reivindicaciones socialistas. Pobreza es el +sino del pobre, y á nada conduce protestar. Lo que vi escrito sobre +aquella faz, más que pálida, lívida; en aquella boca sumida por los +cantos, donde la risa parecía no haber jugado nunca; en aquellos ojos +de párpados encarnizados y sanguinolentos, abrasados ya y sin llanto +refrigerante, era cosa más terrible, más excepcional que la miseria: +era la desesperación. + +El niño dormía. Comparado con el pelaje de la mujer, el de la criatura +era flamante y decoroso. Sus medias de lana no tenían desgarrones; +sus zapatos bastos, pero fuertes, se hallaban en buen estado de +conservación; su chaqueta gorda sin duda le preservaba bien del frío, +y lo que se veía de su cara, un cachetito sofocado por el sueño, +parecía limpio y lucio. Una boina colorada le cubría la pelona. Dormía +tranquilamente; ni se le sentía la respiración. La mujer, de tiempo en +tiempo, y como por instinto, apretaba contra sí al chico, palpándole +suavemente con su mano descarnada, denegrida y temblorosa. + +El cobrador se acercó librillo en mano, revolviendo en la cartera la +calderilla. La mujer se estremeció como si despertase de un sueño, y +registrando en su bolsillo, sacó, después de exploraciones muy largas, +una moneda de cobre. + +--¿Adónde? + +--Al final. + +--Son quince céntimos desde la Puerta del Sol, señora--advirtió el +cobrador, entre regañón y compadecido--y aquí me da usted diez. + +--¡Diez!...--repitió vagamente la mujer, como si pensase en otra +cosa.--Diez... + +--Diez, sí; un perro grande... ¿No lo está usted viendo? + +--Pues no tengo más--replicó la mujer con dulzura é indiferencia. + +--Pues quince hay que pagar--advirtió el cobrador con alguna severidad, +sin resolverse á gruñir demasiado, porque la compasión se lo vedaba. + +Á todo esto, la gente del tranvía comenzaba á enterarse del episodio, y +una señora buscaba ya su portamonedas para enjugar aquel insignificante +déficit. + +--No tengo más--repetía la mujer porfiadamente, sin irritarse ni +afligirse. Aun antes de que la señora alargase el perro chico, el +cobrador volvió la espalda encogiéndose de hombros, como quien dice: +«De estos casos se ven algunos». De repente, cuando menos se lo +esperaba nadie, la mujer, sin soltar á su hijo, y echando llamas por +los ojos, se incorporó, y con acento furioso exclamó dirigiéndose á los +circunstantes: + +--¡Mi marido se me ha ido con otra! + +Éste frunció el ceño, aquél reprimió la risa; al pronto creímos que se +había vuelto loca la infeliz, para gritar tan desaforadamente y decir +semejante incongruencia; pero ella ni siquiera advirtió el movimiento +de extrañeza del auditorio. + +--Se me ha ido con otra--repitió entre el silencio y la curiosidad +general.--Una ladronaza pintá y rebocá como una paré. Con ella se ha +ido. Y á ella la da cuanto gana, y á mí me hartó de palos. En la cabeza +me dió un palo. La tengo rota. Lo peor, que se ha ido. No sé dónde +está. ¡Ya van dos meses que no sé! + +Dicho esto, cayó en su rincón desplomada, ajustándose maquinalmente +el pañuelo de algodón que llevaba atado bajo la barbilla. Temblaba +como si un huracán interior la sacudiese, y de sus sanguinolentos ojos +caían por las demacradas mejillas dos ardientes y chicas lágrimas. Su +lengua articulaba por lo bajo palabras confusas, el resto de la queja, +los detalles crueles del drama doméstico. Oí al señor cuarentón, que +encendía fósforos para entretener al mamoncillo, murmurar al oído de la +dama que iba á su lado. + +--La desdichada ésa... Comprendo al marido. Parece un trapo viejo. ¡Con +esa jeta y ese ojo de perdiz que tiene! + +La dama tiró suavemente de la manga al cobrador, y le entregó algo. El +cobrador se acercó á la mujer y la puso en las manos la dádiva. + +--Tome usted... Aquella señora la regala una peseta. + +El contagio obró instantáneamente. La tripulación entera del tranvía +se sintió acometida del ansia de dar. Salieron á relucir portamonedas, +carteras y saquitos. La colecta fué tan repentina como relativamente +abundante. + +Fuese porque el acento desesperado de la mujer había ablandado y +estremecido todos los corazones, fuese porque es más difícil abrir la +voluntad á soltar la primer peseta que á tirar el último duro, todo el +mundo quiso correrse, y hasta la desdeñosa chiquilla de la gran melena +rubia, comprendiendo tal vez, en medio de su inocencia, que allí había +un gran dolor que consolar, hizo un gesto monísimo, lleno de seriedad y +de elegancia, y dijo á la hermanita mayor: «María, algo para la pobre». +Lo raro fué que la mujer ni manifestó contento ni gratitud por aquel +maná que le caía encima. Su pena se contaba, sin duda, en el número +de las que no alivia el rocío de plata. Guardó, sí, el dinero que el +cobrador la puso en las manos, y con un movimiento de cabeza indicó que +se enteraba de la limosna: nada más. No era desdén, no era soberbia, no +era incapacidad moral de reconocer el beneficio: era absorción en un +dolor más grande, en una idea fija que la mujer seguía al través del +espacio, con mirada visionaria y el cuerpo en epiléptica trepidación. + +Así y todo, su actitud hizo que se calmase inmediatamente la emoción +compasiva. El que da limosna es casi siempre un egoistón de marca +que se perece por el golpe de varilla transformador de lágrimas +en regocijo. La desesperación absoluta le desorienta, y hasta +llega á mortificarle en su amor propio, á título de declaración de +independencia que se permite el desgraciado. Diríase que aquellas +gentes del tranvía se avergonzaban unas miajas de su piadoso arranque +al advertir que después de una lluvia de pesetas y dobles pesetas, +entre las cuales relucía un duro nuevecito, del nene, la mujer no +se reanimaba poco ni mucho, ni les hacía pizca de caso, Claro está +que este pensamiento no es de los que se comunican en voz alta, y por +lo tanto, nadie se lo dijo á nadie; todos se lo guardaron para sí y +fingieron indiferencia, aparentando una distración de buen género y +hablando de cosas que ninguna relación tenían con lo ocurrido--. «No +te arrimes, que me estropeas las lilas»--. «¡Qué gran día hace!»--. +«¡Ay! la una ya: cómo estará tío Julio con sus prisas para el +almuerzo...»--Charlando así, encubrían el hallarse avergonzados, no de +la buena acción, sino del error ó chasco sentimental que se la había +sugerido. + +Poco á poco fué descargándose el tranvía. En la bocacalle de Goya +soltó ya mucha gente. Salían con rapidez, como quien suelta un peso y +termina una situación embarazosa, y evitando mirar á la mujer inmóvil +en su rincón, siempre trémula, que dejaba marchar á sus momentáneos +bienhechores, sin decirles siquiera: «Dios se lo pague». ¿Notaría que +el coche iba quedándose desierto? No pude menos de llamarle la atención: + +--¿Adónde va usted? Mire que nos acercamos al término del trayecto. No +se distraiga y vaya á pasar de su casa. + +Tampoco me contestó; pero con una cabezada fatigosa, me dijo +claramente: «¡Quiá! Si voy mucho más lejos... Sabe Dios, desde el +cocherón, lo que andaré á pie todavía». + +El diablo (que también se mezcla á veces en estos asuntos compasivos) +me tentó á probar si las palabras aventajarían á las monedas en calmar +algún tanto la ulceración de aquel alma en carne viva. + +--Tenga ánimo, mujer--le dije enérgicamente--.Si su marido es un mal +hombre, usted por eso no se abata. Lleva usted un niño en brazos... +para él debe usted trabajar y vivir. Por esa criaturita debe usted +intentar lo que no intentaría por sí misma. Mañana el chico aprenderá +un oficio y la servirá á usted de amparo. Las madres no tienen derecho +á entregarse á la desesperación mientras sus hijos viven. + +De esta vez la mujer salió de su estupor; volvióse y clavó en mí sus +ojos irritados y secos, de horrible párpado ensangrentado y colgante. +Su mirada fija removía el alma. El niño, entretanto, se había +despertado y estirado los bracitos, bostezando perezosamente. Y la +mujer, agarrando á la criatura, la levantó en vilo y me la presentó. +La luz del sol alumbraba de lleno su cara y sus pupilas, abiertas de +par en par. Abiertas, pero blancas, cuajadas, inmóviles. El hijo de la +abandonada era ciego. + + + + + ADRIANA + + +Dejé caer el periódico, exclamando con sorpresa dolorosa: + +--¡Pero esa pobre Adriana! Morirse así, del corazón, casi de repente... +¡Nadie estaba enterado que padeciese tal enfermedad! + +--Yo sí lo sabía--declaró el vizconde de Tresmes--, y aun sabía más: +sabía cuándo y cómo adquirió el padecimiento, y es cosa curiosa. + +--Entérenos usted--suplicamos todos--. Y el vizconde, que rabiaba +siempre por enterar, nos contó la historia siguiente: + +Adriana Carvajal, casada con Pedro Gomara, vivía dichosísima. Los +esposos reunían cuanto se requiere para disfrutar la felicidad posible +en el mundo: juventud y amor, salud y dinero, que son la salsa ó +condimento de los dos primeros platos, sin él desabridos, amargos á +veces. Faltábales, sin embargo, un heredero, un niño en quien mirarse; +pero la suerte no había de mostrarse avara en esto, y les envió, por +fin, el rapaz más lindo que pudo soñar la fantasía de una madre, +apasionada y loca ya desde antes de la maternidad, como era Adriana. +Al nacer el chico (á quien pusieron por nombre Ventura, en señal de +la que les prometía su nacimiento) Adriana estuvo en grave peligro, +y el doctor declaró que no volvería á tener sucesión. El delirio con +que marido y mujer amaban á su Venturita, fué causa de que oyesen +complacidos el vaticinio del doctor. ¡Un solo hijo, y todo para él! +¡Adriana libre ya por siempre de riesgos y trabajos! Tanto mejor... y á +vivir y á cuidar del retoño. + +Este se crió hermoso y lozano como una rosa. Yo, que no soy nada +aficionado á chicos--advirtió sonriendo el vizconde de Tresmes--, +confieso que aquél me hacía muchísima gracia. Aparte de su +lindeza--parecía uno de los angelitos que pintaba Murillo, morenos y de +pelo obscuro--, tenía un no sé qué simpático, una mezcla de inocencia y +de picardía, una risa tan fresca, unas acciones tan imprevistas y tan +originales, una precocidad--pero no de esas precocidades empalagosas +de chiquillo sabio y serio, que me revientan, sino la precocidad de un +diablillo con un ingenio celestial--, que, vamos, no había más remedio +que llevarle juguetes y dulces, por el gusto de sentarle un rato sobre +las rodillas. + +De la chifladura de sus padres sería inútil hablar, porque ustedes +la adivinan. Estaban chochitos; no conocían otro Dios que el tal +muñeco. Adriana no se había apartado un instante de su cuna, vigilando +á la nodriza, arrebatándola el pequeño así que acababa de mamar, +vistiéndole, desnudándole, bañándole y guardándole el sueño... Y así +que empezó á interesarse por el mundo exterior, á tender las manitas +y á pedir _tochas_, les faltó tiempo para darle cuanto deseaba y +mil objetos más, que ni se le ocurrían ni podían ocurrírsele. La +hermosa casa antigua con jardín que habitaban los Gomara se llenó +de cachivaches. ¡Y bichos! El arca de Noé. Los caballos de cartón +andaban mezclados con los pájaros vivos; sobre un ferrocarril mecánico +veríais un pulcro galguito de carne y hueso; el coche tirado por +carneros era abandonado por una gran caja dé soldados autómatas, que +hacían el ejercicio... Crea usted que derrochaban dinero en semejantes +chucherías, y yo le dije alguna vez á Adriana, porque tenía confianza +con ella: + +--Hija, estáis malcriando á este pequeñín... + +--Déjale que se divierta ahora--me contestaba--; demasiado rabiará +algún día... Ojalá pueda ofrecerle siempre lo que le haga dichoso. + +El repertorio de los juguetes y sorpresas se agota pronto, y no sabía +ya Adriana qué nueva emoción dar á Ventura, cuando el cocinero de +la casa, que había andado embarcado diez años y conservaba amigotes +en todas las regiones del planeta, se descolgó un día regalando al +chico un mono. Soy poco inteligente en Historia Natural, y no me +pidan ustedes que clasifique la alimaña; sólo les diré que ni era de +esos monazos indecorosos y feroces que nadie se atreve á tener en las +casas, como el orangután, ni tampoco de esos titíes engurruminados +y frioleros que se pasan la vida tiritando entre algodón en rama. +Más bien era grande que pequeño; tenía el pelaje gris verdoso, y el +hocico de un rojo mate, como el del hierro oxidado; se veía que estaba +en la juventud y rebosando fuerza, y aunque goloso y travieso como +toda la gente de su casta, no era maligno. Inteligente é imitador en +grado sumo, no podía hacerse delante de él cosa que no parodiase, y su +agilidad y presteza nos divertían muchísimo; era cosa de risa verle +fingir que fregaba platos ó que rallaba pan en la cocina, y saltar +sobre el lomo de los caballos para ayudar al lacayo en sus faenas de +limpieza. + +Á pesar de la índole relativamente benigna del mono, su inquietud y su +vivacidad obligaban á tenerle preso en una caseta con fuerte cadenilla, +porque ya dos veces se había escapado á corretear por árboles y +chimeneas; cuando se le soltaba había que vigilarle, y á Venturita, +que acababa de cumplir los tres años y que idolatraba en el mono, era +preciso guardarle también para que no desatase la cadenilla, pues lo +hacía con habilidad singular. + +Una tarde que había yo almorzado en casa de Gomara y estábamos tomando +café en un cenador del jardín--me acuerdo como si fuese ahora mismo, +porque hay cosas que impresionan aunque uno no quiera--vimos cruzar +como un rayo al mono; tan como un rayo, que más bien le adivinamos que +le vimos. «Adiós, ya se ha escapado ese maldito de cocer», dijo Pedro +Gomara levantándose; y Adriana, con sobresalto instintivo, lo primero +que exclamó fué: «¿Dónde estará Ventura?». «Ése le habrá soltado, de +fijo», respondió Pedro, que frunció el entrecejo ligeramente. En el +mismo instante resonó un agudo chillido de mujer: un chillido que +revelaba tal espanto, que nos heló la sangre; y voces de hombres, +las voces de los criados que nos servían y que corrían hacia el +cenador clamando con angustia: «señorito, señorito», nos obligaron á +precipitarnos fuera. Adriana nos siguió sin decir palabra: un grupo +formado por los sirvientes y la desesperada niñera nos rodeó, señalando +hacia el tejado de la casa; y allí, al borde de la última hilera de +tejas, sentado en el conducto de zinc que recogía las aguas de lluvia, +estaba el mono con el niño en brazos. + +El padre, con ademanes de loco, iba á precipitarse al zaguán para subir +á las buhardillas y salir al tejado; yo pedía ya una escalera para +intentar el desatino de subir por ella á la formidable altura de tres +pisos, cuando Adriana, muy pálida--¡qué palidez la suya, Dios!--y con +los ojos fuera de las órbitas, nos contuvo, murmurando en voz sorda +y cavernosa, una voz que sonaba como si pasase al través de trapos +húmedos: + +--Por la Virgen... quietos... todos quietos... no se mueva nadie... Y +silencio... no chillar... no chillar... hagan como yo... Quietos... si +le asustamos le tira... + +Sentimos instantáneamente que tenía razón la madre, y quedamos lo +mismo que estatuas. Era el mayor absurdo que intentásemos luchar +en agilidad y en vigor, sobre un tejado, con un mono. Antes que nos +acercásemos estaría al otro extremo del tejado, y el niño estrellado en +el pavimento. + +Era preciso jugar aquella horrible partida: aguardar á que el mono, +por su libre voluntad, se bajase con el niño. Yo miraba á Adriana; +su palidez, por instantes, se convertía en un color azulado, pero +no pestañeaba. El mono nos hacía gestos y muecas estrafalarias, +apretando y zarandeando á su presa, y de improviso se oyó distintamente +el llanto de la criatura, llanto amarguísimo, de terror; sin duda +acababa de sentir que estaba en peligro, aunque no lo pudiese +comprender claramente. La madre tembló con todo su cuerpo, y el padre, +inclinándose hacia mí, sollozó estas palabras: + +--Tresmes, usted, que es buen tirador... Una bala en la cabeza... Voy +por la carabina. + +Idea insensata, delirante, porque aun siendo yo un Guillermo Tell, al +matar al mono hacíamos caer al niño; pero no tuve tiempo de negarme; +intervino Adriana con un _no_ tan enérgico, que su marido se mordió los +puños... Y la madre, terriblemente serena, añadió en seguida: + +--Si le miramos, nunca bajará... Hay que retirarse... Hay que +esconderse; que no nos vea. + +Nos recogimos al cenador, desgarramos la pared de enredaderas, y desde +allí, como se pudo, espiamos al enemigo. ¿Les estremece á ustedes +la situación? ¡Pues estremézcanse más! Duró veinte minutos. Sí; los +conté por mi reloj. En esos veinte minutos el mono depositó al niño +en el tejado, le acarició como había visto hacer á la niñera, le +obligó á pasear cogido de la mano, le aupó sobre la chimenea y le +llevó á cuestas, á caballito--un sainete, que en otra ocasión nos +haría desternillarnos.--Durante esos veinte minutos, Pedro anhelaba; +á Adriana no se la oía ni respirar. Por fin el mono miró hacia abajo, +hizo varios visajes, y cogiendo á Ventura, se descolgó rápidamente con +su carga lo mismo que un funámbulo sin cuerda, al jardín... Entonces +salimos con explosión todos--todos, menos la madre, que había caído +redonda--y el animal, asustado, soltó al chico ileso y se refugió en su +caseta... + +Aquella tarde Adriana sufrió dos sangrías, que no sacaron más que gotas +negras--y desde entonces padeció del corazón--. Parecía que se había +repuesto mucho en estos últimos años, pero ¡bah! la herida era mortal, +y ella no lo ignoraba... + +--¿Y qué fué del mono?--preguntamos como chiquillos. + +--Tuve yo que pegarle el tiro... ¡Si viesen ustedes que me daba +lástima!--repuso el vizconde. + + + + + VITORIO + + +Sí, señores míos--dijo el viejo marqués, sorbiendo fina pulgarada +de _cucarachero_, golpeando con las yemas de los dedos la cajita de +concha, lo mismo que si la acariciase--. Yo fuí, no sólo amigo, sino +defensor y encubridor de un capitán de gavilla. ¿No lo creen ustedes? +¡Histórico, histórico! Á mi ladrón le ahorcaron en Lugo, y consta en +autos. + +Lo que se ignoró siempre (los jueces, en ese punto, no consiguieron +hacer ni tanto así de luz) es el verdadero nombre que llevaba el +ladrón, allá en sus mocedades, antes de dedicarse á tan infamante +oficio, cuando se educaba conmigo en el Colegio de Nobles de Monforte. +Desde que se metió á capitán de forajidos, le conocieron por _Vitorio_: +así le llamaremos: ¡líbreme Dios de echar baldón sobre una familia +antigua é ilustre, y deshacer lo que el pobrecillo llevó á cabo con el +valor que ustedes verán, si me atienden! + +Les aseguro que en el Colegio de Nobles no tuve compañero que me +pareciese más simpático. De carácter vivo y vehemente, de inteligencia +clara y feliz memoria, estudiaba con suma facilidad; los maestros +estaban encantados de él. Al mismo tiempo, travesura que en el colegio +se ejecutase, era sabido: ¿quién la discurrió? Vitorio. No sé qué +maña se daba, que siempre era cabeza de motín, y todos nos poníamos +á sus órdenes, reconociendo su iniciativa y su autoridad. Era en sus +resoluciones tenacísimo y violento, pero pundonoroso hasta dejárselo de +sobra, y, si alguien me dice entonces que Vitorio pararía en ladrón, +creo que al tal le deshago yo la cara á bofetones. + +Como siempre fuí enclenque y enfermizo, Vitorio me había tomado bajo su +protección, y más de una vez escarmentó á los colegiales que me jugaban +pasaditas. Esto, y el ascendiente que ejercía por su manera de ser, +hicieron que yo fuese consagrando á Vitorio apasionada adhesión. + +Un día recibió Vitorio cartas de su casa, y con ellas la amarguísima +noticia de que su padre, que era viudo, se disponía á contraer segundas +nupcias. El paroxismo de ira del muchacho, que adoraba en el recuerdo +de su madre, fué tremebundo; espumaba de rabia, se retorcía, se quería +romper la cabeza contra la pared del dormitorio. Le consolé lo mejor +que supe, y, cuando ya le creía aplacado, he aquí que se levanta de +noche y me propone que nos descolguemos por la ventana, atando las +sábanas unas á otras, y que andando diez leguas, lleguemos á tiempo de +impedir la boda de su padre. La fascinación de Vitorio era tal, que al +pronto consentí en el absurdo proyecto, y si invencibles dificultades +materiales no nos lo estorbasen, creo que lo realizamos. + +Poco tardé en salir del Colegio, y en bastantes años nada supe de +Vitorio. Estudié Derecho en Compostela, me casé, enviudé, y, teniendo +que arreglar cuestiones de intereses, me establecí en mi casa de aldea +de los Adrales, situada entre Monforte y Lugo, en país montuoso. + +Hablábase mucho, en las veladas junto al fuego, de la gavilla que +recorría aquellas inmediaciones, y de la original conducta de su jefe. +Contábase que tenía prohibido matar y atormentar, á menos que le +hiciesen resistencia; que jamás despojaba por completo una casa, sino +que siempre cuidaba de dejar algún dinero á los robados, para que no +careciesen de todo en los primeros instantes; que algunas veces sus +robos llenaban el fin de reparar antojos de la suerte, pues daba al +pobre lo del rico, al segundón lo del mayorazgo, al seminarista lo +del racionero y al arrendatario lo del señor. Añadían que era galante +con las damas, y que éstas, aunque robadas, no le querían mal, ni +mucho menos. En resumen, la clásica silueta del _bandido generoso_; y +si de Vitorio no hubiese más que decir, se podía ahorrar el relato ó +sustituirlo por historias muy análogas, verbigracia, la de José María. + +Aun cuando yo, por precisión, guardaba en casa dinero (entonces no +era tan fácil como hoy ponerlo á buen recaudo), y aunque no alardeo +de valiente, ello es que las noticias referentes á la gavilla me +alarmaron poco, y seguí cenando siempre con las ventanas abiertas--era +muy calurosa la estación--y quedándome entretenido en leer hasta +que me entraba sueño, sin pensar en cerrarlas. Una noche, estando +bien descuidado, cátate, que, lo mismo que una bala, cae á mis pies +un hombre, pálido, demacrado, con la ropa hecha trizas, y sin que +yo tuviera tiempo á nada, exclama, cogiéndome de un hombro, en tono +lastimero: «¡Sálvame, Jerónimo! Soy Fulano... tu compañero, tu antiguo +amigo. Me persiguen. Mi vida está en tus manos». + +Le hice seña de que no temiese; corrí á atrancar la ventana con barra +doble; cerré también las puertas, y tendí los brazos á Vitorio, porque +ya le había reconocido. Aunque desfigurado y muy variado por la edad, +reconstruí aquella cabeza hermosa, morena, de facciones tan delicadas y +de tan viril expresión. No sin gran sorpresa mía, Vitorio se resistió +á abrazarme, y murmuró fatigosamente: «Dame algo...; hace tres días +que no pruebo alimento». Le serví de la cena que aún estaba allí +sin recoger, y así que reparó sus fuerzas, me dijo: «No me abraces, +Jerónimo. Soy el capitán de gavilla de quien tanto habrás oído, y por +milagro no estoy en poder de los que quieren ahorcarme. Si me conservas +algún cariño, ocúltame y déjame dormir; si no, échame, pero no digas á +nadie cómo y dónde me conociste...». + +Existía en los Adrales un precioso escondrijo antiguo, una especie de +desván practicado bajo otro desván, oculto por un segundo tabique, y +con salida á una escalerilla recatada en el hueco de la pared, y que +moría al pie del bosque. Allí metí á Vitorio, y aunque la fuerza que +le perseguía rodeó mi casa, y aunque se la dejé registrar sin oponer +reparo, no encontraron al fugitivo, ni era posible, á no estar en el +secreto, que sólo sabíamos el mayordomo y yo. Conjurado el peligro, +no quise que se alejase Vitorio hasta que descansó bien, se lavó, se +afeitó, se vistió con ropa mía y tuvo en el cinto dos ricas pistolas +inglesas y en la bolsa oro. No le pregunté palabra, no le dirigí +observaciones ni le di consejos, y esta delicadeza fué, sin duda, la +que le movió á decirme poco antes de marchar: «Jerónimo, ¿te acuerdas +de la boda de mi padre y de aquel disparate que queríamos hacer en +el colegio? Pues de no hacerlo vino mi perdición. Cuando llegué á mi +casa, encontré dueña de ella á una madrastra que obligaba á mi hermana +á que la sirviese, y que hasta la pegaba delante de mí, ¡delante de +mí!,--tú me has conocido... Recordarás mi carácter... ¡Asómbrate! Yo, +al pronto, supe reprimirme, y hablé á mi padre como un hombre habla á +otro hombre. Le dije que quería llevarme á mi hermana, y que sólo le +pedía algún auxilio en dinero para que ella no se muriese de hambre. +Me contestó con desprecio, con enojo, y me ordenó que respetase á mi +madrastra. Entonces, fuera de mí, le dije que mi madrastra no merecía +respeto, y que se lo demostraría antes de un año. Y así fué, Jerónimo; +á los pocos meses mi madrastra y yo... ¿Entiendes? ¡Me lo propuse y lo +conseguí... lo conseguí! Por _aquello_, y no por _lo de ahora_, merezco +que me cojan y me ahorquen... En fin, lo cierto es que mi padre no pudo +dudar de su afrenta, y me echó de casa maldiciéndome, apaleándome y +prohibiéndome que usase su nombre jamás. El resto ya lo sabes... Adiós; +voy á reunirme con mi gente, que andará esparcida por la montaña». + +Desapareció, y supe que la gavilla se había retirado de aquellos +contornos, metiéndose sierra adentro, por sitios casi inaccesibles. +Dos años después del imprevisto lance, se habló mucho de un robo +cometido por Vitorio en casa de un señor canónigo de Lugo. Consistía +la originalidad en que el robo lo había realizado Vitorio solo, en +una ciudad y á las doce del día. Hallábanse juntos el buen canónigo y +cierto clérigo de misa y olla, jugando al tute, por más señas, cuando +vieron entrar á un caballero apersonado y galán, que les saludó muy +cortesmente. «Soy Vitoro»--dijo--«pero no se asusten ustedes, que no +traigo ánimo de hacerles ningún mal. Entendámonos como se entiende +la gente de buena educación; vengo por los cinco mil duros en onzas +de oro que el señor canónigo guarda ahí, debajo de esa arquilla; con +levantar un ladrillo numerado, aparecerá el escondrijo». «¡Cinco +mil duros!» gritó el canónigo más muerto que vivo. «Pero, señor de +Vitorio, ¡si jamás he poseído esa suma!». Y el clérigo, oficiosamente, +exclamaba: «Ea, señor canónigo, no haya más; dé usted al señor de +Vitorio esos cuartos, siquiera por la gracia, y la amabilidad con que +los pide». «Déselos usted si los tiene, y no disponga de caudales +ajenos», replicaba afligido el canónigo. Y Vitorio, siempre afable, +añadía:--«Bien dice el señor canónigo; este cura, mientras le aconseja +á usted que se desprenda de tan gruesa suma, se está escondiendo en +la pretina una tabaquera de plata, como si Vitorio fuese algún ratero +que cogiese porquerías semejantes. Pero señor canónigo, yo sé que +los cinco mil duros ahí están; yo me veo en un grave apuro (que si +no, no molestaría á persona tan respetable como usted). Buen ánimo; +si puedo, he de restituírselos». Y con gallardo ademán entreabrió su +abrigo, viéndose relucir la culata de unas pistolas (quizá las mías). +El trémulo canónigo y el abochornado clérigo alzaron el ladrillo y +entregaron á Vitorio los talegones. El forajido se inclinó, hizo +mil cortesías, y los dos hombres, que con un grito hubieran podido +perderle, se quedaron más de diez minutos sin habla, mientras él, +tranquilamente, bajaba las escaleras. + +Sin embargo, el clérigo, que era sañudo y rencoroso, la tuvo guardada, +como suele decirse. Un día de feria, saliendo de la catedral, creyó +reconocer á Vitorio en un aldeano que llevaba á vender una pareja de +bueyes, y le siguió con cautela. Notó que el aldeano tenía las manos +blancas y finas, y corrió á delatarle. Hizo rodear la taberna donde +había observado que entraba, y así cogieron en la ratonera al célebre +capitán, á quien ya sin esperanzas de alcanzarle perseguían por montes +y breñas. + +La causa de Vitorio tardó mucho en fallarse. Se susurraba que, por ser +de muy esclarecida y calificada familia, no se atrevían los jueces á +mandarle ahorcar, y que si revelaba su verdadero nombre, se le dejaría +evadirse ó le indultaría la reina. Yo me encontraba entonces lejos de +mi país, y las noticias en aquel tiempo no volaban como ahora. Por +casualidad llegué á Lugo el mismo día en que pusieron en capilla á +Vitorio. Corrí á verle, afectadísimo. Habíanme asegurado que la noche +anterior una dama muy tapada, penetrando en la prisión, habló largo +tiempo con Vitorio, y sospechando amoríos, compromisos, lazos que +quedaban en el mundo, pregunté á mi antiguo compañero si tenía algo +que encargarme para alguna mujer. «No, respondió sonriendo con calma; +no tengo á nadie que me llore; la señora que estuvo á verme ocultando +el rostro es mi hermana, á quien he prometido solemnemente dejarme +ahorcar, sin que me arranquen mi nombre de familia. Y éste es el único +favor que te pido, Jerónimo; ¡que nadie, nadie sepa nunca!... No he de +deshonrar á mi padre dos veces». + +En efecto, Vitorio murió callando; el clérigo de la tabaquera de plata +acudió á presenciar cómo perneaba en la horca; pero el señor canónigo, +que no podía olvidar los finos modales con que le habían quitado sus +cinco mil duros, aplicó muchas misas por el alma del infeliz. + + + + + LAS DESNUDADAS + + +Una tarde gris, en el campo, mientras las primeras hojas que arranca +el vendaval de otoño caían blandamente á nuestros pies, recuerdo que, +predispuestos á la melancolía y á la meditación por este espectáculo, +hablamos de la fatalidad, y hubo quien defendió el irresistible influjo +de las circunstancias y de fuerzas externas sobre el alma humana, y +nos comparó á nosotros, depositarios de un destello de la Divinidad, +con la piedra que, impelida por leyes mecánicas, va derecha al abismo. +Pero Lucio Sagris, el constante abogado de la espiritualidad y del +libre albeldrío, protestó, y después de lucirse con una disertación +brillante, anunció que, para demostrar lo absurdo de las teorías +fatalistas, iba á referirnos una historia muy negra, por la cual +veríamos que, bajo la influencia de un mismo terrible suceso, cada +espíritu conserva su espontaneidad y escoge, mediante su iniciativa +propia, el camino--, bueno ó malo, que en esto precisamente estriba la +libertad. + +Pertenece mi historia--añadió--, á un cruento período de nuestras +luchas civiles, después de la revolución de 1868; y evoca la siniestra +figura de uno de esos hombres en quienes la inevitable crueldad +y fiereza del guerrillero se exaspera al sentir en derredor la +hostilidad y la enemiga de un país donde todos le aborrecen: hablo +del contraguerrillero, tipo digno de estudio, que mueve á piedad y á +horror. Mientras el guerrillero, bien acogido en pueblos y aldeas, +encontraba raciones para su partida y confidencias para huir de la +tropa ó sorprenderla descuidada, el contraguerrillero, recibido como +un perro, sólo por el terror conseguía imponerse; siempre le acechaban +la traición y la delación; siempre oía en la sombra el resuello del +odio. En guerras tales, el país está de parte de los guerrilleros; +ó, por mejor decir, las guerrillas son el país alzado en armas, y el +contraguerrillero es el Judas contra el cual todo parece lícito, y +hasta loable. + +Ahora, pues, el contraguerrillero de mi historia--supongamos que se +llamaba el _Manco de Alzaur_--, había conseguido realizar el triste +ideal de esta clase de héroes; al oir su nombre, persignábanse las +mujeres y rompían á llorar los chicos. Interpelado el Gobierno en pleno +Parlamento acerca de algunas atrocidades de aquel tigre, protestó de +que eran falsas, y que, si fuesen verdad, recibirían condigno castigo; +pero, realmente, las instrucciones secretas dadas al general encargado +de pacificar el territorio en que funcionaba la contraguerrilla del +_Manco_, encerraban la cláusula de dejarle terrorizar á su gusto, +y cuanto más, mejor. Sin embargo, el general, á quien repugnaban +y estremecían ciertos actos de barbarie, y que además tenía hijas +y era padre tiernísimo, solía encargar mucho al contraguerrillero +que, al menos, no se oprimiese violentamente á las mujeres; y el +_Manco_ se comprometió á ello, jurando que si alguno de su partida +incurría en tal delito, le cortaría inmediatamente las dos orejas. +Los contraguerrilleros, que conocían las malas pulgas de su jefe, se +guardaban bien de contravenir á lo mandado. + +Si en alguna ocasión lamentó el _Manco_ haber empeñado su formidable +palabra al general, fué el día en que, evacuado por las fuerzas de +Radica y Ollo el pueblo de Urdazpi, penetró la contraguerrilla en este +foco del carlismo. Es de saber que el párroco de Urdazpi se encontraba +desde hacía año y medio al frente de una partidilla, tan escasa en +número como resuelta y hazañosa, y más de diez veces había puesto la +ceniza en la frente al _Manco_, yéndole á los alcances, batiéndole, +cogiéndole prisioneros y dispersando á su gente, con harto corrimiento +y rabia del contraguerrillero. El odio al cura de Urdazpi era ya +como un frenesí en el _Manco_, y en Urdazpi vivían cinco lindas y +honestas muchachas, carlistas y devotas, sobrinas del párroco faccioso, +hijas de su única hermana, fusilada por los liberales en la anterior +guerra. Cuando trajeron ante el _Manco_, amarillas cual la muerte +y tan sobrecogidas que ni podían llorar, á las cinco infelices, se +alzó un tumulto en el alma feroz del contraguerrillero; la promesa +al general combatía los ímpetus salvajes de un corazón sediento de +venganza, la venganza inicua de ensañarse en la familia de su enemigo, +y devolvérsela vilipendiada y manchada, como se devuelve un trapo +que ha limpiado el suelo de la cámara donde se celebra orgía impura. +Meditó un instante, frunciendo las hirsutas cejas, bajo las cuales +escandecían dos ojos de brasa; de pronto, una sonrisa feroz dilató su +boca; había encontrado el medio de no faltar á su palabra, y al mismo +tiempo de mancillar al cura en la persona de sus sobrinas. Dió en +vascuence una orden terminente, y poco después las cinco doncellas, +enteramente despojadas de sus ropas, eran paseadas y empujadas al +través de las calles del pueblo, entre rechifla, denuestos, golpes y +groseros equívocos de los inhumanos que las rodeaban, ebrios de vino +y de sangre. El _Manco_ había anunciado que sería reo de pena capital +cualquiera de sus contraguerrilleros que no se limitase á mofarse de +la desnudez de aquellas desdichadas vírgenes, las cuales, estúpidas +de vergüenza, intentando velarse el rostro con el pelo, echándose por +tierra para que el fango de las calles las sirviese de vestido, pedían +con llanto entrecortado y desgarrador que las devolviesen su ropa y las +fusilasen pronto; y al verlas como estatuas de dolorido é injuriado +mármol, el _Manco_ en persona, ó satisfecho ó ablandado ya, escupió +á los desnudos y mórbidos hombros de la más joven, y dijo con bestial +risa: + +--Ahora, ya pueden volverse á su madriguera estas carcundas. + +Considerar el estado de ánimo de las sobrinas del cura después +del afrentoso suplicio, es como si nos asomásemos á un abismo de +desesperación. Nótese que eran mujeres de intachable conducta, de grave +recato, de profunda religiosidad, más bien exaltada; que las respetaban +en el pueblo por honradas y las celebraban por hermosas; que á pesar +de su fe no tenían vocación monástica, y entre los mozos incorporados +á la partida del cura, más de uno rondaba sus ventanas y pensaba en +bodas á la conclusión de la guerra. Pero después del horrible atropello +del _Manco_, para las sobrinas del párroco de Urdazpi se había cerrado +el horizonte, se habían acabado las perspectivas de la vida y del +mundo. La gente, al hablar de ellas, sólo las llamaba _las desnudadas_, +y este apodo infamante era como inmensa mancha extendida sobre su +piel, quemada por tantos impuros ojos. Abrumadas bajo la carga de la +desventura, permanecían recluidas en casa, sin asomarse á la ventana +siquiera, sin salir ni á la iglesia: ¡la iglesia, que es el refugio de +todos los dolores! Como si estuviesen contaminadas de lepra, como á +los lazarados que la Edad Media aislaba, les traía una amiga, movida á +compasión, lo necesario para su sustento, y se lo dejaba en el portal, +en un cesto, diariamente, pues ni aun de ella consentían ser vistas y +habladas. Así vivieron un año... + +--Pues por ahora--dijimos á Lucio Sagris interrumpiéndole--su historia +de usted demuestra que sometidas á unas mismas circunstancias, las +cinco sobrinas del cura de Urdazpi adoptaron un género de vida +absolutamente idéntico. + +--¡Aguarden, aguarden!--clamó Lucio--. No se ha concluido el episodio. +Al año, la consabida amiga avisó para el entierro de una de las +sobrinas, la menor: aquélla á cuyos cándidos hombros desnudos había +escupido el _Manco_. Enferma de tristeza desde el día de su desgracia, +había ocultado su padecimiento por no ver al médico, ó más bien porque +el médico no la viese; y la primer salida de _la desnudada_ fué con los +pies para adelante, camino del cementerio. Pocos días después dejó la +casa otra _desnudada_, la mayor: hizo su viaje de noche, con la cara +envuelta en tupido velo, y apareció en Vitoria, en la casa matriz de +las religiosas de una orden que tiene por misión asistir á los enfermos +y amparar á los niños abandonados. + +Quedaban solamente en Urdazpi tres de las sobrinas del cura; pero de +allí á medio año escapáronse juntas dos de ellas, y se incorporaron á +la partida, que por entonces recorría las cercanías en triunfo. Una +de las muchachas tuvo ocasión de pelear como un hombre, con denuedo +rabioso, contra las tropas liberales, hasta que una bala le atravesó el +fémur y pereció desangrada; en cuanto á la otra... + +--¿Murió también?--preguntamos. + +--Peor que si muriese--contestó melancólicamente el narrador.--No +sé qué será de ella; rodará por Bilbao; es lo probable. Ésa no supo +comprender que por mucho que desnuden el cuerpo, el pudor y el decoro +sólo se pierden cuando se desnuda el alma. + +--¿Y la quinta sobrina del cura de Urdazpi? + +--¡Ah! Ésa vive hoy al lado de su tío, que se acogió á indulto al +terminar la guerra civil. Humilde y resignada, ya madura, atendiendo á +sus labores domésticas y á sus devociones, no parece recordar que en +algún tiempo quiso vivir apartada de sus semejantes... Y en el pueblo +la respetan, ¡vaya si la respetan! Á pesar de que no puede olvidarse la +espantosa acción del _Manco_, nadie se atrevería á llamarla _desnudada_ +en alta voz. + + + + + SEMILLA HEROICA + + +Si la santidad de la causa es la que hace al mártir, lo mismo podremos +decir del héroe--declaró Méndez Relosa, el joven médico que desde un +rincón de provincia empezaba á conquistar fama envidiable.--Sólo es +héroe el que se inmola á algo grande y noble. Por eso aquel pobre +arrapiezo, á quien asistí y que tanto me conmovió, no merece el nombre +de héroe. Á lo sumo fué una semilla que, plantada en buena tierra, +germinaría y produciría heroísmo... + +--Con todo--objeté--si respecto al mártir las enseñanzas de la Iglesia +nos sacan de dudas, sobre el héroe cabe discutir. El concepto del +heroísmo varía en cada época y en cada pueblo. Acciones fueron heroicas +para los antiguos, que hoy llamaríamos estúpidas y bárbaras. Hasta que +los ingleses lo prohibieron, en la India se creía--y se creerá aún, es +lo probable--que constituye un rasgo sublime, edificante, gratísimo +al cielo, el que una mujer se achicharre viva sobre el cadáver de su +marido. + +--No niego--declaró Méndez--que la gente llama heroísmo á lo que +realiza su ideal, y que el ideal de unos puede ser hasta abominable +para otros. El embrión de héroe cuya sencilla historia contaré, estuvo +al diapasón de ciertos sentimientos arraigados en nuestra raza. Lo que +le causó esa efervescencia que hace despreciar la muerte, fué _algo_ +que embriaga siempre al pueblo español. Lo único que revela que el +ideal á que aludo es un ideal inferior, por decirlo así, es que para +sus héroes, aclamados y adorados en vida, no hay posteridad; no se les +elevan monumentos, no se ensalza su memoria... + +--Las plazas de toros--continuó después de una breve pausa--han +cundido tanto en el período de reacción que siguió á la revolución de +septiembre, que hasta nuestra buena ciudad de H*** se permitió el lujo +de construir la suya,--á la malicia, de madera, pero vistosa.--Cuando +se anunció que el célebre _Moñitos_, con su cuadrilla, estrenaría +la Plaza durante las fiestas de nuestra patrona la Virgen del Mar, +despertóse en H*** más que entusiasmo, delirio. No se habló de otra +cosa desde un mes antes; y al llegar la gente torera, nos dió--no me +exceptúo--por jalearla, obsequiarla, convidarla y traerla en palmitas +desde la mañana hasta la noche. Les abrimos cuenta en el café, les +abrumamos á cigarros y les inundamos de jerez y manzanilla. Nos +cautivaba su trato franco y gravemente afable, aunque tosco; nos hacía +gracia su ingenuidad infantil, su calma moruna, aquel fatalismo que +les permitía arrostrar el peligro impávidos, y, en suma, aquel estilo +plebeyo, pero castizo, de grato sabor nacional. En pocos días cobramos +afición á unos hombres tan desprendidos y caritativos, valientes +hasta la temeridad y nunca fanfarrones, creyendo descubrir en ellos +cualidades que atraían y justificaban la simpatía con que en todas +partes son acogidos. + +Yo me aficioné especialmente á un mocito como de quince años, pálido, +desmedrado, nervioso, que atendía por el alias de _Cominiyo_. Venía la +criatura con los toreros en calidad de _mono sabio_, y era la perla de +su oficio: un chulapillo vivo y ágil como un tití, que parecía volar. +Desde la primera de las cuatro corridas de aquella temporada en H***, +_Cominiyo_ llamó la atención y se ganó una especie de popularidad por +su arrojo, su agilidad de tigre, sus gestos cómicos y su oportunidad +en acudir adonde hacía falta. La parte que representaba _Cominiyo_ en +el drama desarrollado en el redondel era bien insignificante; pero +él se ingeniaba para realzar un papel tan secundario, y cuando de +los tendidos brotaban frases de elogio para el rapaz, sus macilentas +mejillas se iluminaban con pasajero rubor de orgullo, y sus ojos +negros, ricamente guarnecidos de sedosas pestañas, irradiaban triunfal +lumbre. + +_Cominiyo_ me había confiado sus secretas ambiciones. Como el poeta de +bohardilla sueña la coronación en el Capitolio; como el recluta sueña +los tres entorchados; como obscuro escribiente la poltrona, _Cominiyo_ +soñaba ser picador. En vez de ir á las ancas del caballo, quería ir +delante, luciendo la fastuosa chaquetilla de doradas hombreras, el +ancho sombrerón de fieltro, los calzones de ante, el rígido atavío de +esos hombres curtidos y recios, de piel de badana, en que no hacen +mella los batacazos. Pero, ¿cuándo lograría _Cominiyo_ ascender tan +alto? Probablemente así que hubiese demostrado de una manera indudable +su gran corazón; así que hiciese «una hombrá». Y dispuesto estaba á +hacerla á cualquier hora, y más que dispuesto deseoso, que el valor +pide ocasión y tiempo. + +En la cuarta corrida presentóse la ocasión tan anhelada, y por cierto +que con trágico aparato. El tercer toro, hermoso bicho, de gran poder, +dió un juego tal desde que salió á la plaza, que llegó á causar cierto +pánico: como aquél pocos. Después de destripar por los aires á dos +caballos, la emprendió con el que montaba el picador Bayeta, y en un +santiamén dejó al jinete aplastado bajo la cabalgadura, en la cual se +ensañó y cebó furioso. Crítica era la situación del picador: el peso +del jaco le asfixiaba, y si se rebullese, con él la emprendería el +toro. En vano la cuadrilla, á capotazos, quería engañar y distraer á la +fiera, y Bayeta, ahogándose, asomaba la cabeza por detrás del espinazo +del jaco moribundo. Ya el toro se lanzaba hacia la nueva presa, y ya +el picador se veía recogido y despedido hasta las nubes, cuando una +figurilla menuda apareció firmemente plantada sobre el vientre del +tendido caballo, y, retando al toro con temeraria bizarría, le hirió +repetidas veces con la mano en el inflamado morro y hasta osó juguetear +con los agudos cuernos... mientras salvaban al picador. _Cominiyo_, +que realizada la proeza intentaba salir escapado, saltó hacia atrás, +resbaló en la viscosa sangre, un charco rojo que el caballo había +soltado de los pulmones, y el toro le pilló allí mismo, contra las +tablas, y le enganchó y levantó en alto y le dejó caer inerte. + +Corrí á la enfermería y reconocí la herida del muchacho, comprobando +una cosa horrible que, á pesar de la impasibilidad profesional, me +causó grima. El toro había cogido á _Cominiyo_ por la espalda, en la +región lumbar; sin duda la fiera tenía astillado el cuerno, y en la +astilla sacó un jirón del hígado, una sangrienta piltrafa. _Cominiyo_ +no tenía salvación, y su lucha con la muerte, sostenida por la juventud +y la índole de la misma lesión, fué larga y cruel. Ocho días le +devoró la fiebre inflamatoria, y como él ignoraba la gravedad de la +herida, se agitaba en un frenesí de alegres esperanzas y de ambiciosas +aspiraciones. La ovación tributada á su hazaña le tenía borracho de +gozo, y me decía entusiasmado, mientras yo trataba de calmar sus +dolores, que eran atroces, sobre todo al principio: + +--Me he portao como los hombres. Digasté, ¿seré picador? + +El día en que le acompañamos al cementerio, yo, al ver que le echaban +encima la húmeda tierra, pensé mucho sobre el heroísmo. Sería una +irrisión plantar laureles en la sepultura del rapaz... y, sin embargo, +á mí me parecía que de la misma madera del alma de _Cominiyo_ están +hechas las almas de algunos que podrían reclamar la sombra del árbol +sagrado para su tumba. + +Mientras regresábamos comentando la suerte del atrevido mono sabio, yo +recordaba una copla popular: + + Hasta la leña en el monte + tiene su separación: + una sirve para santos, + otra para hacer carbón. + + + + + JUSTICIERO + + +De vuelta del viaje, acababa el _Verdello_ de despachar la cena, regada +con abundantes tragos del mejor Avia, cuando llamaron á la puerta de la +cocina y se levantó á abrir la vieja, que, al ver á su nieto, soltó un +chillido de gozo. + +En cambio, _Verdello_, el padre, se quedó sorprendido, y, arrugando el +entrecejo severamente, esperó á que el muchacho se explicase. ¿Cómo se +aparecía así, á tales horas de la noche, sin haber avisado, sin más ni +más? ¿Cómo abandonaba, y no en víspera de día festivo, su obligación en +Auriabella, la tienda de paños y lanería, donde era dependiente, para +presentarse en Avia con cara compungida, que no auguraba nada bueno? +¿Qué cara era aquélla, rayo? Y el _Verdello_, hinchando de cólera su +cuello de toro, iba á interpelar rudamente al chico, si no se interpone +la abuela, besuqueando al recién venido y ofreciéndole un plato de +guiso de bacalao con patatas, oloroso y todavía caliente. + +El muchacho se sentó á la mesa frente á su padre. Engullía de un modo +maquinal: conocíase que traía hambre, el desfallecimiento físico de +la caminata á pie, en un día frío de enero; al empezar á tragar daba +diente con diente, y el castañeteo era más sonoro contra el vidrio del +vaso donde el vino rojeaba. El padre, picando una tagarnina con la +uña de luto, dejaba al rapaz reparar sus fuerzas. Que comiese... que +comiese... Ya llegaría la hora de las preguntas. + +No tenía otro hijo varón; una hija, ya talluda, se había casado allá en +Meirelle ¡lejos! Este chico, Leandro, endeble nació y endeble se crió. +Al cabo, fruto de una madre tísica. Para proporcionarles bienestar á +la madre y al hijo, el _Verdello_ trajinaba día y noche por anchas +carreteras y senderos impracticables, ejercitando con ardor su tráfico +de arriería, comprando en las bodegas de los señores cosecheros y +revendiendo en figones y tabernas el rico zumo de las vides avienses. +Vino que catase y adquiriese el _Verdello_, vino era ¡voto al rayo! +y vino de recibo en color y sabor. No necesitaba el arriero, para +apreciar la calidad del líquido, beber de él: se desdeñaría de hacer +tal cosa. Le bastaba, estando en ayunas, echar dos ó tres gotas en la +punta de la lengua, esto para el sabor: y para el color, otras tantas +en la manga de la camisa, arremangada sobre el fornido brazo. Tal +mancha, tal calidad. Y allí quedaban las manchas color de violeta, +como armas parlantes de la arriería. El _Verdello_ podía decir, con +sólo mirar á las manchas, qué bodegas del Avia daban el vino más +honradamente moro. + +¡Buen oficio el de arriero! ¡Buen oficio para el hombre que gasta pelos +en el corazón, que de nada se asusta y se lleva en el cinto sus cuatro +docenas de onzas, ó, ahora que no hay onzas, su fajo de billetes de á +cien, y como seguro de las onzas y los billetes, en un bolsillo del +chaquetón el revólver cargado, y en el otro la navaja, amén de la vara +de aguijón con puño y á veces la escopeta de tirar á las perdices en +tiempo de vacaciones! Porque hay sitios de la carretera que se pueden +pasar durmiendo; pero los hay que es poco rezar el Credo, y conviene +estar dispuesto á santiguar á tiros á los bromistas. Ya se habían +querido divertir con _Verdello_, y un corte de hoz y dos abolladuras de +estacazo tenía en la cabeza; pero llevó qué contar el gracioso. Mejor +dicho, no lo contó más que una semana. + +Y sólo un _Verdello_ es capaz de andar siempre atravesado por los +caminos, sin parar y aguantando heladas, lluvias y calores. Así es que +no quiso que Leandro siguiera el perro oficio. El muchacho estaría +mejor á la sombra, bajo tejas, abrigado y comiendo á sus horas. Y así +que cumplió los trece años, le colocó en una tienda de Auriabella, una +casa muy decente. Al despedirse del chico con efusión de cariño brusco +y bárbaro, medio á pescozones, el padre le leyó la cartilla: «Aquí se +cumple... Aquí el hombre se porta, y si no, ojo conmigo... Honradez... +Trabajar... Como te descuides en lo menor, ya puedes prepararte, +¡rayo!». + +No hubo necesidad de desplegar rigor. El principal de Leandro escribía +satisfecho. Era listo el chiquillo, sabía despachar, complacer, y +ascendía poco á poco desde la escoba de barrer la tienda y las cabezas +de cardo de alzar el pelo á los paños, al libro de contabilidad. Con +el tiempo vendría á ser el alma del establecimiento. La mujer del +_Verdello_, devorada por la consunción, murió tranquila respecto al +porvenir de su hijo, viéndole ya en su fantasía tendero acomodado, +grueso, tranquilo, de levita los domingos y en el bolsillo del chaleco +su buen reloj de oro. + +Viudo, sin más compañía que la vieja, el _Verdello_, aunque robusto y +atlético, no pensaba en volver á casarse. Que se casase el rapaz, que +ya tenía sus diecinueve años. Alusiones y reticencias del principal +habían puesto al padre en sospechas de que Leandro andaba en pasos algo +libres. ¡Cosas de la edad! Que no le distrajesen de la obligación... y +lo demás no importa. ¿Á qué venía el ceño del patrón, cuando reconocía +que el chico no faltaba de su sitio nunca, y ni el mostrador ni la +caja quedaban desamparados ni un minuto? ¿Pues acaso él, el propio +_Verdello_, si rodaba por mesones y tugurios de ciudades, no tenía sus +desahogos, sin otras consecuencias? ¡Bah! Un hombre es un hombre... y +con más motivo, un rapaz. + +Sin embargo, al verle llegar así, á horas impensadas, cabizbajo, +desencajado, el padre sintió allá dentro algo cortante y frío, como +el golpe de un puñal. ¿Qué sucedía? ¿Qué embuchado era aquél, demonio? +Y la mirada de sus pupilas fieras se clavaba en Leandro, queriendo +encontrar otras pupilas que rastreaban por el plato, mientras los +blancos dientes seguían castañeteando, ó de miedo ó de frío... + +Acabóse la cena y salió abuela á preparar la cama, á rebuscar un jergón +y una manta, proyectando la añadidura de sus refajos colorados, ¡helaba +tanto aquella noche--! y sólo ya el padre con el hijo, salió disparada +la pregunta. + +--¿Tú qué hiciste? ¡Rayo! ¿Tú qué hiciste? Sin mentir... + +Como el muchacho callase, dando mayores señales de abatimiento, el +_Verdello_ pateó, y en un arranque, soltó la bomba: + +--¡Tú has robado! ¡Tú has robado! + +Con inmensa angustia, con movimiento infantil, Leandro quiso echarse +en brazos del padre; pero éste le rechazó de un modo instintivo y +violento, lanzándole contra la pared. El muchacho rompió á sollozar, +mientras el arriero, entre juramentos y blasfemias, repetía: + +--¡Has robado... cochino! Robaste la caja, robaste á tu principal... +¡Para pintureros vicios! Y ahora lloras... ¡Rayo de Judas! ¡Me...! + +Echaba espuma por la boca, braceaba, cerraba los puños... De repente +se aquietó. Para quien le conociese, era aquella quietud muy mala +señal. Callado, derecho en medio de la cocina, alumbrado por el +hediendo quinqué de petróleo y las llamas del hogar, parecía una +grosera estatua de barro pintado, con trágicos rasgos en el rostro, +donde se traslucían los negros pensares. ¡Tener un ladrón en casa! +Él, el _Verdello_, había sido toda la vida hombre de bien á carta +cabal: su palabra valía oro, sus tratos no necesitaban papel sellado, +ni señal siquiera. Palabra dicha, palabra cumplida. En las bodegas y +las tabernas ya conocían al _Verdello_. Traficar y ganar; pero con +vergüenza, sin la indecencia de quitar un ochavo á nadie... ¿Quién se +fiaría ya del padre de un ladrón? ¡Rayos! Y con desdén glacial, como si +escupiese un resto de colilla, arrojó al rostro del muchacho la frase: + +--El robar no te viene de casta. + +No hubo más respuesta que sollozos, y el padre añadió con la misma +frialdad: + +--¿Cuánto cogiste? Porque mañana temprano salgo yo á devolverlo. + +Alentó algo el culpable, y tratando de asegurar la voz, murmuró +débilmente y entre hipos: + +--Ciento noventa y siete pesos y dos reales... + +No pestañeó el arriero. Podía pagar. Se quedaba sin economías, pero... +¡Dios delante! Eso, en comparanza de otras cosas... Mientras echaba +sus cuentas, con la mano derecha se registraba faja y bolsos, sin duda +requisando el capital que guardaba allí, fruto de las ventas realizadas +en Cebre y en Parmonde... Acabado el registro, se volvió hacia el +muchacho, y señaló á la puerta trasera de la cocina: + +--Anda ahí fuera. ¡Listo! + +¿Fuera? ¿Á qué? No servía replicar. Leandro obedeció. ¡Qué bocanada +de hielo al entrar en la corraliza! La noche era de las de órdago: las +estrellas competían en brillar en el cielo, la escarcha en el suelo, +y el pilón del lavadero se acaramelaba en la superficie. El mastín +de guarda ladró al divisar á los dos hombres; pero su fiel memoria +afectiva le iluminó al instante, y loco de alegría se arrojó á Leandro, +apoyándole en el pecho las patas. Y cuando padre é hijo pasaron el +portón de la corraliza, el can echó detrás, meneando todavía la cola, +brincando de gozo. Anduvieron por sembrados y maizales cosa de un +cuarto de hora, hasta que el _Verdello_ hizo alto al pie de las tapias +de un huerto, derruidas ellas y abandonado él. Y empujando al muchacho, +le arrimó al tapial, y se colocó enfrente, ya empuñado el revólver. + +Leandro se desvió con un salto rápido, de instinto animal. Comprendía, +y su juventud, la savia de los veinte años, protestaba sublevándose. +¡No, morir no! Quiso correr, huir á campo traviesa. Y aquel temblor +de antes, el de los dientes, el de las manos, descendió á sus piernas +flacuchas de mozo enviciado en mujerzuelas, y le doblegó, y le hizo +caer postrado, medio de rodillas, balbuceando: + +--¡Perdón! ¡Perdón! + +El padre se acercó; vió á la semiclaridad de los astros dos ojos +dilatados por el terror, que imploraban... é hizo fuego, justamente +allí, entre los dos ojos, cuya última mirada de súplica se le quedó +presente, imborrable. Cayó el cuerpo boca abajo, y el golpe sordo y +mate contra la tierra endurecida por la helada sonó extrañamente; el +perro exhaló un largo aullido, y el arriero se inclinó; ya no respiraba +aquella mala semilla. + + + + + ELECCIÓN + + +Lentamente iba subiendo la cuesta el carro vacío, de retorno, y sus +ruedas producían ese chirrido estridente y prolongado que no carece +de un encanto melancólico cuando se oye á lo lejos. Para el labriego, +es causa de engreimiento la agria queja del carro--pero esta vez, en +el corazón de Telme, resonaba con honda tristeza--. Á cada áspero +gemido sangraba una fibra. Tranquilos en su vigor, los bueyes pujaban, +venciendo el repecho; la querencia les decía que por allí iban +derechos al brazado de hierba, acabado de apañar. Sus hocicos babosos, +recalentados por la caminata, se estremecían aspirando la brisa del +anochecer, en que flotaba el delicioso perfume de la pradería. + +Á la puerta de la casucha esperaba la mujer de Telme, la tía Pilara, +seca, negruzca, desfigurada, más que por la maternidad y los años, por +las rudas faenas campestres. Ayudó Pilara á su marido á desuncir el +carro, y mientras él encendía un cigarrillo, acomodó los bueyes en +el establo, separado por un tabique del _leito_ conyugal. No cruzaron +palabra. No era que no se quisieran; al contrario, queríanse bien +aquellos dos seres, á su modo; sino que el labriego es lacónico de +suyo, y la absoluta comunidad de intereses hace entenderse sin gastar +saliva. La actitud de Telme y su gesto decían á Pilara cuanto la +importaba saber. El hijo había salido útil, según el reconocimiento... +y por ende ya era _del rey_; era soldado. + +Con un nudo á la garganta, con escozor en los párpados, dispuso Pilara +la cena, colocando sobre la artesa las dos escudillas de humeante +caldo _de pote_. Las despacharon, y, ahorrando luz, se acostaron al +punto. Oíase el rumiar de los bueyes, moliendo la hierba jugosa, y +no se oía á marido y mujer rumiar la pena, atravesada en el gaznate. +Dieron vueltas. Suspiró Pilara; Telme gruñó. ¡Vete noramala, sueño de +esta noche! De pronto--aún no pensaban en cantar los gallos--saltó de +la celdilla que sirve de cama al campesino mariñán, y encendiendo un +_misto_ y la candileja de petróleo, pasó al establo y se dispuso á +sacar la yunta. Pilara, sorprendida, medio soñolienta, le siguió. ¿Qué +era aquello? ¿Iba á la feria, por fin? Que esperase tan siquiera hasta +que ella trajese para los animales otra carga de _herbiña_... Y el +labriego, brusco y sombrío, respondió á media habla: + +--No es menester... No van con el carro... No llevan más labor que +echar una pata delante de otra... + +La mujer se quedó como de piedra. No insistió ¿Para qué? Sobraban las +explicaciones. Había comprendido. La limitada vida del labriego se +compone de hechos de significación indudable. Quien lleva á la feria la +yunta sin el carro, va á venderla. Á eso iba Telme: á deshacerse de sus +hermosos bueyes para librar al mozo. + +Pasado el primer instante, como barril de mosto al que le quitan el +tapón, se soltó á chorros la aflicción de Pilara. La marcha de los +bueyes, para no volver más, era cosa tan dura, que la aldeana sintió +un dolor físico en las entrañas: la arrancaban lo mejor de su casa, +lo mejor de la parroquia, lo bueno del mundo. ¡En cuatro leguas _de +arredor_ no había yunta como aquélla, bueyes tan parejos, tan rojos, +de un rojo brillante como el limpio cobre, tan gordos, tan grandes, de +tanta ley para el trabajo, y tan mansos y amorosos, que un chiquillo de +siete años los lindaba! + +Verdad que tampoco se conocía otro rapaz como Andresiño, más garrido, +más sano, más hombre... ¡Y también querían arrebatárselo! ¡Nuestra +Señora nos ayude, San Antonio nos valga! Pilara sollozaba á gritos, +arañándose el atezado rostro. + +Telme, entretanto, en la corraliza, pasaba el _adival_ por entre las +astas de los bueyes, y rezongaba, rechazando á su desconsolada mujer. + +--¡Pues ó los bueyes ó el mozo! Una de dos. + +Echó la aldeana los brazos al buey de la izquierda, el Marelo--el más +guapo y forzudo, el que lucía una estrellita blanca en el testuz--y +á su manera, torpemente y hociqueando, besó los anchos ojos, tibios y +pestañudos, de la bestia. + +La caricia equivalía á una despedida: la madre, lo mismo que el padre, +_escogían_ al suyo, al hijo: no querían enviarlo allá, á las islas +del demonio, donde la fiebre y la peste chupan á los hombres y el +machete los descuartiza. ¡Asus mío! Pero una cosa es _escoger_ á quien +cumple que se escoja, y otra no tener ley á la yunta, ¡que para no +tenérsela, había que ser de palo! Porque, á más de que aquella yunta +le ponía la ceniza en la frente á todas las de la Marina, se ha de +mirar de que Pilara y Telme llevaban años quitándose el mendrugo de +la boca para dárselo á los bueyes. La corteza de borona, la encaldada +de patatas, calabazo y berza, son alimentos que comparten el labrador +y el buey; lo que hace encaldada para el animal hace caldo para el +dueño. Si el buey engorda, es que el labrador se priva, mermando su +ración. La vanidad, ese tenacísimo sentimiento humano, que nunca pierde +sus derechos, también alienta en los labradores. Toda la parroquia +envidiaba la yunta, hasta tal extremo, que Pilara les había colgado de +las astas, de suerte que cayese en el remolino central del testuz, un +Evangelio y dos dientes de ajo encerrados en una bolsa, remedio contra +la _envidia_, que para el aldeano es una fuerza misteriosa, capaz de +maleficiar. Pero, aunque dañina, la envidia es lisonjera. Telme iba por +el camino real con sus bueyes, que ni el Papa en su silla. Y ahora... +ni fachenda, ni provecho, ni orgullo, ni labranza; al agua todo. EL +carro, perpetuamente inmóvil y en la corraliza; las tierras, sin arar; +los lucrativos _carretos_ de piedra y arena, para otros... No había +remedio. ¡La elección estaba hecha! + +Así que se alejó Telme y dejó de oirse el paso acompasado de la yunta, +Pilara secó con el dorso de la áspera mano los últimos lagrimones, y, +resignadamente, se puso á disponer lo necesario para la cocedura. Con +llorar no se calienta el horno, ni se amasa la harina. + +La aldeana bregó sin descanso. Mientras partía y disponía la leña y +sobaba la masa con las obscuras manos, la congoja iba calmándose. +Adiós los bueyes... pero ya vendría el rapaz. Si buena era la yunta, +Andresillo mejor. Á forzudo y á voluntario ninguno le ganaba. En un día +despabilaba él más obra que en una semana otros. Y ni pinga de vino, ni +camorrista, ni amigo de ir de tuna. Ganas tenía de arrendar un lugar +y casarse; pero ahora que sus padres se quedaban por él sin la luz de +los santos ojos... ya les ayudaría á juntar para otra pareja. Con lo +que tenían guardado en el pico del arca y el jornal de Andrés, en dos ó +tres años... + +No pasaba de medio día cuando regresó Telme, cabizbajo, solo ya, con +las manos vacías, enrollado el _adival_ alrededor del cuerpo. Esta vez, +Pilara preguntó ansiosa: ¿cuánto? ¿cuánto? Telme tardó en responder. Al +cabo, mohíno, al sentarse á comer el pote con unto rancio y la _borona_ +enmohecida--la _bolla_ fresca no había salido aún del horno, ni saldría +hasta la tarde--desató la lengua, entre reniegos, porque ya sabía +Telme que lo que bajase de cinco mil y pico era regalar la yunta; y +en aquella maldita feria no parece sino que se habían juramentado los +compradores para no ofrecer arriba de cuatro mil. Y era pillada y _mala +idea_, porque tan pronto como se los dejó á un chalán desconocido, con +acento andaluz, en cuatro mil y pico, otro de Breanda le dió ventaja +al chalán y se los llevó. ¡Pero tenían que ir al arca...! Y pronto, +pronto. Que él pediría emprestada la burra á Gorio de Quintás, y á las +tres, Dios mediante, había de estar en Marineda, depositando el dinero +á cambio del hijo... + +Abrieron el arca, como si se hubiesen abierto las venas. Pilara cruzaba +las manos, gemía bajito, alzaba al cielo los ojos, se cogía la cabeza, +al volver del revés sobre la artesa el calcetín de lana gorda: los +ahorriños de tanto tiempo. Estaban en moneda sonante, en metálico: +el labriego no quiere guardar papel. Había duros relucientes del +nene, otros oxidados, mucha peseta, calderilla roñosa. Aunque sabían +al dedillo la cantidad, recontaron: sobraba un pico. Telme añudó lo +necesario en un pañuelo de algodón azul, por no mezclarlo con lo de la +venta, que iba casi todo en billetes de á cien, oculto á raíz de la +carne. Hecho esto, salió en demanda de la pollina. + +Pilara aguardó, aguardó hasta las altas horas. No sabía si su hombre +dormía aquella noche en Marineda, para volver con el mozo, temprano. +Se acostó al fin. Á cosa de la una oyó llamar á voces, y conoció la +de Telme. La sangre le dió una vuelta. Saltó en camisa, encendió la +candileja, abrió: Telme, con la cara color de difunto, estaba delante +de ella. ¡Madre mía de las Angustias! ¿Qué pasaba! ¿Y Andresiño? + +--¡Calla!--profirió Telme--; no me hables, que pego fuego á la casa, y +te parto los lomos y se los parto al mismísimo divino Dios... Ya hemos +quedado solos, mujer, sin bueyes y sin hijo. ¡El chalán de la feria... +me metió cuatro billetes falsos! + +Y el padre, en vez de realizar sus amenazas de partir los lomos á +todo el mundo, se dejó caer al suelo y se arrancó el pelo á puñados, +llorando como las mujeres. + + + + + LA CHUCHA + + +Lo primerito que José San Juan--conocido por el _Carpintero_--hizo al +salir de la penitenciaría de Alcalá, fué presentarse en el despacho del +director. + +Era José un mocetón de bravía cabeza, con la cara gris mate, color +de seis años de encierro, en los cuales sólo había visto la luz del +sol dorando los aleros del tejado. La blusa nueva no se amoldaba á +su cuerpo, habituado al chaquetón del presidio; andaba torpemente, +y la gorra flamante, que torturaba con las manos, parecía causarle +extrañeza, acostumbrado como estaba al antipático birrete. + +--Venía á despedirme del señor director--dijo humildemente al entrar. + +--Bien, hombre; se agradece la atención--contestó el funcionario--. +Ahora á ser bueno, á ser honrado, á trabajar. Eres de los menos malos; +te has visto aquí por un arrebato, por delito de sangre, y sólo con +que recuerdes estos seis años, procurarás no volver... Que te vaya +bien. ¿Quieres algo de mí? + +--¡Si usted fuera tan amable, señor director... si usted quisiera!... + +Animado por la benévola sonrisa del jefe soltó su pretensión. + +--Deseo ver á una reclusa. + +--Es tu _chucha_, ¿verdad?... Bueno: la verás. + +Y escribió una orden para que dejasen entrar á Pepe el _Carpintero_ +en el locutorio del presidio de mujeres. Bien sabía el director lo +que significaban aquellas relaciones entre penados, los galateos á +distancia y sin verse, de _chuchos_ y _chuchas_; el amor, rey del +mundo, que se filtra por todas partes como el sol, y llega donde éste +no llegó nunca, perforando muros, atravesando rejas. + +Tenían casi todos los penados en la penitenciaría de mujeres una +_galeriana_ que por cariño remendaba y lavaba su ropa; una compañera de +infortunio á la cual no habían visto nunca v cuyas atenciones pagaban +con cartas, rebosando sentimentalismo ridículo... pero sincero. Era +el sacro amor, introduciéndose en aquel infierno para burlarse de la +severidad de las leyes humanas; la vida y sus afectos floreciendo allí, +donde el castigo social quiere convertir á los réprobos en cadáveres +con apariencia de vida. El presidio, un convento vetusto, y el penal +de mujeres, soberbio y flamante, contemplábanse desde cerca, mudos, +inmutables--pero un soplo de pasión contenida y ardiente, de primavera +amorosa, germinando entre la mugre de la _casa muerta_, iba de uno á +otro edificio como la caricia fecundadora que por el aire se envían las +palmeras de distinto sexo. + +Tan grande emoción embargaba á Pepe al dirigirse al locutorio de +mujeres, que sus piernas temblorosas acortaban el paso... ¿Cómo sería +su _chucha_? ¡Por fin iba á verla! Y pensando en las formas de que +la había revestido su imaginación en las noches de insomnio ó en los +solitarios paseos patio abajo y arriba, todo el pasado revivía de +golpe en su memoria. Para comenzar, su entrada en presidio, resultado +de tener mal vino y pronta la mano; los primeros meses de sorda +excitación, de huraño aislamiento, viendo deslizarse los días como +pesadas ondulaciones de un río gris y triste. Después, cuando hizo +amigos, extrañáronse de que un muchacho cual él, guapo y terne, que si +estaba en trabajo era por ser muy hombre, no tuviera su _chucha_, su +_chucha_ como los demás. Ellos se encargaban del arreglo: escribirían +á sus amigas, y no faltaría en la casa de enfrente quien atendiese á +tan buen mozo. Un día le dijeron que su _chucha_ se llamaba Lucía, más +conocida por el apodo de la _Pelusa_, y Pepe la escribió, encontrando +dulce satisfacción en saber que más allá de aquellos muros había +alguien que pensaba en él y se interesaba por su vida. Pronto á este +goce espiritual se unieron satisfacciones del egoísmo; alababan la +limpieza de su ropa blanca y sentían envidia al ver ciertos manjares, +obra todo de la _Pelusa_, de la enamorada _chucha_, que, invisible +como un duende, tenía para él cuidados maternales. + +--Pero, camarada, y qué suerte la tuya--le decían los compañeros de +pelotón con mal encubierta envidia. + +--Esa _Pelusa_ es de oro--añadía un veterano del presidio, oráculo de +la gente joven.--Consérvala, chaval, que mujeres así entran pocas en +libra. + +--Pero ¿cómo es?--preguntaba Pepe con creciente curiosidad.--¿Es joven? +¿Por qué está presa? + +--Algo mayor que tú debe de ser, pues creo que no es ésta la primera +vez que visita la casa... Pero ¿qué te importa que sea joven ó vieja? +Tú déjate querer, que ésa es la obligación de los buenos mozos, y +cuando salgas en libertad búscate otra que te atienda lo mismo. + +Pepe protestaba. Sentía duplicarse el agradecimiento hacia aquella +mujer; las relaciones, que al principio le parecían cosa de risa--buena +únicamente para distraer el tedio del encierro--le llegaban muy adentro +ya, y la gratitud se volvía atracción, viendo que no pasaba día sin que +en el rastrillo entregasen para él paquetes de tabaco, prendas de ropa +ó algo de comer que le sostenía fuerte y robusto y sano, librándole del +rancho insípido del penal, la peor engañifa para el hambre. + +Pocos días dejaban de escribirse. Las primeras cartas respiraban ese +énfasis amoroso aprendido en los epistolarios populares; pero fueron +haciéndose más sinceras según los dos amantes, por aquel reiterado +contacto de alma, iban conociéndose. Hablaban de su situación, de la +desgracia en que se veían, en términos vagos--como si les causara rubor +decir por qué y de qué modo--y contaban fecha tras fecha el tiempo que +les faltaba para cumplir. Él saldría libre un año antes que ella... +¡Con qué tristeza lo repetía la pobre _chucha_! Y José protestaba +con entereza de muchacho enérgico, caballeresco á su manera, incapaz +de faltar á la palabra. Él esperaría á que saliera ella; se casarían +y serían felices; lo decía de corazón, sintiéndose ligado para toda +su vida por el reconocimiento á sacrificios que habían endulzado sus +amargas horas. + +No sabía si aquello era amor; realmente nunca se había sentido +dominado por mujer alguna; no recordaba más que lances fáciles, los +encuentros casuales de su época obrera; pero á su _chucha_... la quería +sin conocerla y juraba no abandonarla jamás. No porque estuviese en +presidio era un canalla capaz de olvidar á aquella mujer que pensaba +en él á cada momento y trabajaba porque nada le faltase. Consistía +su única preocupación en saber algo de la historia ó del aspecto de +su _chucha_. Por desgracia, los mandaderos no la conocían; en la +Galera, regida por monjas, no entraba otro hombre sino el director; y +con escrupulosa delicadeza, ni él ni ella se atrevían en sus cartas +á hablar del pasado ni de sus personas, como temiendo que al entrar +luz se rasgara el ambiente del misterio amoroso y se disipase el +hechizo. Los últimos días, ¡qué turbación tan intensa!... Pepe hablaba +entusiasmado de la próxima salida, y ella contestaba lacónicamente; +sus palabras respiraban tristeza, casi se lamentaba de que el hombre +amado recobrase la libertad, recelando despertar del ensueño de seis +años. Y la misma impaciencia de sus últimos días de escribir dominaba á +Pepe cuando entró en el locutorio de las penadas. Después de entregar +la orden del director, quedóse solo, hasta que por fin, á través de +la tupida reja, oyó suaves pisadas femeniles. Dos monjas se apostaron +inmóviles en el fondo de la galería, donde no podían oir las palabras, +pero sí seguir con la vista todos los movimientos de la que ocupaba el +locutorio; y una galeriana fué aproximándose con paso torpe, cual si la +asustase llegar á la reja. + +No hizo Pepe movimiento alguno. ¡Las monjas no le habían entendido! +Aquella mujer no era la que él buscaba; y miró con extrañeza á la +reclusa, especie de payaso de la miseria disfrazado con faldas grises; +criatura exigua, demacrada, encogida, los ojos saltones veteados de +sangre, el pelo canoso, cerril y escaso, alborotado sobre la frente, y +asomando entre los labios lívidos una dentadura enorme, amarillenta, +de caballo viejo. La mujer aparecía además mal pergeñada, sucia, como +si enfaenada en la furia del trabajo se hubiese olvidado de sí misma. +Se miraron algunos instantes con extrañeza, y acabaron sonriendo, +convencidos de la equivocación. + +--No; no es usted--dijo Pepe.--Yo busco á la _Pelusa_. Me acaban de +poner en libertad y vengo á conocerla. + +La galeriana se hizo atrás con rápido movimiento de mujer cuyo sistema +nervioso está en perpetua tensión por el género de vida. + +--¿Eres tú... tú!... ¡Pepe! + +Y se lanzó contra los hierros, como si buscase verle mejor, devorarle +con los ojos. + +Permanecieron silenciosos breves instantes. Ella, pasada la primera +impresión, mostró profundo desaliento; sus ojos se llenaban de +lágrimas, tributo pagado á la decepción horrible. Él absorbía con la +mirada la degradación de aquella ruina, que parecía haber recogido en +su persona la vejez y la inmundicia de todo el presidio... ¡Dios, cuán +fea era! Tragándose el llanto, sofocando su tristeza, la _Pelusa_ fué +la primera en romper el silencio, como si deseara terminar cuanto antes +aquella escena penosa y difícil. + +--¿Vienes á despedirte?... Bien hecho; se estima. Mira: yo mientras +viva, no te olvidaré. + +Y bajó la cabeza para no mirarle: dijérase que su presencia la causaba +daño, revolviendo el rescoldo de su cariño de la entraña... condenado á +extinguirse. + +--No, Lucía; vengo no más á verte. Ni me despido ni me voy... Vengo á +decirte... que soy el mismo... y á cumplirte la palabra. + +Pepe profirió esto con fuerza, con acometividad, ofendiéndole la +sospecha de que aquella entrevista pudiese ser la última. Entonces +la _chucha_ se atrevió á contemplarle: pero con expresión de tierna +lástima, á estilo de madre que agradece dulces mentiras del hijo. + +--No quieres darme mal rato... Bien, hombre... Dios te lo pague; pero +ya ves cómo soy: vieja, un susto, y además poca salud... ¡Si supieras +qué guerra les doy á las pobres hermanas con este corazón que siempre +me está doliendo!... + +Se detuvo al llegar aquí, cual si se avergonzase. Su cara, de una +palidez blancuzca, tono de cera amasada con arcilla, se coloreó, +animándose. Hizo un esfuerzo y continuó: + +--Estoy aquí por ladrona; no he hecho otra cosa en mi vida sino +robar... Y á ti ¡basta verte! tienes cara de bueno; habrás venido por +alguna desgracia... vamos, por bronca ó cosa parecida. No me engañes +¿para qué?... No vas á salir con que me quieres, hijo... Mírame bien... +¡Si puedo ser tu madre! + +Impresionado por las palabras de la reclusa, Pepe quería discutirlas, y +las acogía con furiosos movimientos de cabeza; pero Lucía prosiguió sin +darle tiempo á que protestase: + +--Estoy más enferma de lo que parece; después de este trago, ya sé +que no salgo de aquí con vida, ¡ay cómo me duele el perro corazón!... +Es que me han engañado; yo creí que eras uno de tantos, un verdadero +chucho, uno del presidio... Y por eso te quise. ¡Nada, cosas que se la +ponen á una en la cabeza; humo que se le mete allí!... ¡Y estaba yo +más atontecida! Ea, hombre, márchate y no te acuerdes del santo de mi +nombre. Dios te dé suerte, cuanta mereces, y que encuentres una mujer +según necesitas... Porque tú vales un imperio... ¡Eres mucho mozo, +caramba! + +Lo murmuraba con el alma entera, pegando su pobre cabeza de caricatura +á los hierros, apretando contra ellos sus manos descarnadas, ansiosas +de tocar al deseado de sus ensueños, que se presentaba en la realidad, +joven, arrogante y con aquel aire de bondad y simpatía... + +--No, _Pelusa_--contestó el mocetón con entereza--.Yo soy muy hombre, +y los hombres sólo tenemos una palabra. Prometí casarme contigo, y +esperaré á que salgas. No vengo á despedidas, sino á que me conozcas... +y á decirte hasta luego. Si te creerás que se olvidan seis años de +sacrificios, de vestirme y matarme el hambre, mientras tú sabe Dios lo +que comerías y cómo vivirías?... Pues ni que fuera yo un señorito de +ésos que viven estrujando á las mujeres... + +Seguía la _Pelusa_ agarrada á los hierros, y vacilaba lo mismo que +si aquellas palabras cayesen con tremenda pesadumbre sobre su cuerpo +endeble. + +--¿Pero va de veras?--murmuró con voz ronca--¿Serás capaz de quererme +así como soy?... ¿Vas á esperarme todo un año? + +--Mira, _Pelusa_--continuó el muchacho--.Yo no sé si te quiero como á +las otras mujeres. Lo que te digo es que no pienso irme y no me iré... +¿Que no eres guapa, guapa? Conformes. ¿Pero es que en el mundo sólo las +guapas han de encontrar quien las quiera? No me importa lo que fuiste +ni por qué entraste aquí: á mi lado serás otra cosa. Esperaré trabajo; +el director, que es bueno, me empleará en las obras de la casa; si es +preciso pasaré necesidad, pediré limosna... Lo que te aseguro es que no +me largo, y que ahora soy yo, ¡yo! quien traerá á su _chucha_ ropa y +comida. + +Lucía cerraba los ojos. Parecía que la deslumbraban las fogosas +palabras de aquel hombre, y echaba atrás el rostro contraído por +grotesca mueca, que expresaba asombro y felicidad. + +--Tengo aquí clavado el agradecimiento--prosiguió Pepe--y ganas de +llorar cuando pienso en lo que has hecho por mí. ¿Dices que podrías +ser mi madre? Lo serás si quieres; yo no he conocido á la mía. Sales +y viviremos juntos; trabajaré para ti sin pensar más en copas ni en +amigos; á mi lado engordarás, te remozarás, y ¡á no acordarse de este +sitio! Tú aquí encontraste un hombre de bien, y yo la primera mujer de +mi vida. + +--¡Dios mío!... ¡Virgen santísima! ¡Virgen!... + +Era la _Pelusa_, que se desplomaba lentamente, mientras sus manos se +cubrían de arañazos al desasirse y deslizarse por el enrejado duro y +pinchador. + +Cayó como un fardo de harapos, estremeciéndose, balbuceando entre +convulsiones, con vocecilla infantil: + +--¡Pepe, Pepe mío! + +Las dos monjas, mudos testigos de la entrevista, vieron caer á +la _Pelusa_ y corrieron para recoger del suelo aquel montón de +infelicidad. + +Otras monjas, atraídas por los gritos, comenzaron por expulsar á Pepe +del locutorio; á pesar de sus ruegos y exclamaciones, las hermanas no +se daban cuenta de lo ocurrido. Si gustaba, podía volver otro día, con +permiso del director... + +Pero ni lo pidió ni tuvo que buscar trabajo... ¿Para qué? Al día +siguiente la _Pelusa_ era borrada del registro del penal. El soplo de +ventura y de vida que el _chucho_ había llevado consigo al locutorio, +rompió el corazón de la miserable y la hizo libre. + + + + + EL VINO DEL MAR + + +Al reunirse en el embarcadero para estibar el balandro _Mascota_, los +cinco tripulantes salían de la taberna disfrazada de café, llamada de +_América_ y agazapada bajo los soportales de la marina fronterizos al +Espolón; tugurio donde la gentualla del muelle, marineros, boteros, +cargadores y _lulos_, acostumbra juntarse al anochecer. De cien +palabras que se pronuncien en el recinto obscuro, mal oliente, que +tiene el piso sembrado de gargajos y colillas y el techo ahumado á +redondeles por las lámparas apestosas, cincuenta son blasfemias y +juramentos, otras cincuenta suposiciones y conjeturas acerca del +tiempo que hará y los vientos reinantes. Sin embargo, no se charla +en _América_ á proporción de lo que se bebe; la chusma de zuecos +puntiagudos, anguarina embreada y gorro catalán es lacónica, y si +fuéseis á juzgar de su corazón y sus creencias por los palabrones +obscenos y sucios que sus bocas escupen, os equivocaríais como si +formaseis idea del profundo océano por los espumarajos que suelta +contra el peñasco. + +Acababan de sonar las ocho en el reloj del instituto, cuando +acometieron aquellos valientes la faena de la estibadura, entre +gruñidos de discordia. Y no era para menos. ¿Pues no se emperraba el +terco del patrón en que la carga de bocoyes de vino, si había de ir +como siempre en la cala, fuese sobre cubierta? Aquello no lo tragaba +un marinero de fundamento como tío Reimundo, alias _Finisterre_, que +había visto tanta mar de Dios. Ahí topa la diferencia entre los que +navegaron en mares de verdad, donde hay tiburones y huracanes, y los +que toda la vida chapaletearon en una ponchera. ¡Zantellas del podrido +rayo! ¿Quería el patrón que el barco se les pusiese por sombrero? +¡Era menester estar loco de la cabeza, corcias! ¡Para más, en noche +semejante, con lo falsa que es esa costa de Penalongueira, y habiendo +empezado á soplar el sur, un viento traidor que lleva de la mano el +cambiazo al _nordés_! No se la pegaba al tío Reimundo la calma de la +bahía, sobre cuya extensión tersa y plácida prolongaban las mil luces +de la ciudad brillantes rieles de oro; al viejo le daba en la nariz el +aire _de allá_, de mar adentro, la palpitación del oleaje excitado por +la mordedura de la brisa. Todo esto, á su manera, broncamente, á media +habla, lo dijo _Finisterre_. El _Zopo_, otro experto, listo de manos y +contrahecho de pies, opinaba lo mismo. + +Pero Adrián y el _Xurel_--mozalbetes que acababan de alegrarse unas +miajas con tres copas de caña legítima, y sentían duplicados sus +bríos--ya estaban rodando los bocoyes para encima de la _Mascota_. +Sabedores de que aquellos toneles encerraban vino, los manejaban con +fiebre de alegría codiciosa, calculando la suma de goces que encerraban +en sus panzas colosales. ¿Á ellos qué les importaban los gruñidos de +_Finisterre_? Donde hay patrón no manda marinero. + +Entre gritos furiosos para pujar mejor, el _¡ahiaaá!_ y el _¡eieiea!_ +del esfuerzo, acabóse la estibadura en una hora escasa. Sobre el cielo, +antes despejado, se condensaban nubes sombrías, redondas, de feo cariz. +Un soplo frío rizaba la placa lisa del agua. Juró _Finisterre_ entre +dientes, y renegó el patrón de los agoreros miedosos. Mejor si se +levantaba viento; ¡así irían con la vela tan ricamente! El balandro +no era una pluma, y necesitaba ayuda, ¡carandia! Y ocupó su lugar, +empuñando el timón. ¡Ea, ala, rumbo avante! + +Como por un lago de aceite marcharon mientras no salieron de la bahía. +Según disminuía y se alejaba la concha orlada de resplandor y el rojo +farol del Espolón llegaba á parecer un punto imperceptible, y otro +la luz verde del puerto, el vientecillo terral insistía, vivaracho, +como niño juguetón. Habían izado la cangreja, y la _Mascota_ cortó el +oleaje más aprisa, no sin cabecear. Descansaban los remeros, bromeando. +Sólo _Finisterre_ se ponía fosco. Á cada balance de la embarcación le +parecía ver desequilibrarse la carga. + +Ya trasponían la barra, y el alta mar luminosa, agitada por la resaca, +se extendía á su alrededor. Para _ponchera_, según el despreciativo +dicho del tío Reimundo, la ponchera «metía respeto». El patrón, á +quien se le iba disipando el humo de la caña, fruncía las cejas, +sintiendo amagos de inquietud. Puede que tuviese razón aquel roñicas +de _Finisterre_; la mar, sin saber por qué, no le parecía _mar de +gusto_... Tenía cara de zorra, cara de dar un chasco la maldita... + +Al vientecillo se le antojó dormirse, y una especie de calma de plomo, +siniestra, abrumadora, cayó encima. Fué preciso apretar en los remos, +porque la vela apenas atiesaba. El balandro gemía, crujía, en el penoso +arranque de su marcha lenta. Súbitas rachas, inflando la cangreja +un momento, impulsaban la embarcación, dejándola caer después más +fatigada, como espíritu que desmaya al perder una esperanza viva. Y +cuando ya veían á estribor la costa peligrosa de Penalongueira, que era +preciso bordear para llegarse al puertecillo de Dumia y desembarcar el +género, se incorporó de golpe _Finisterre_, soltando un terno feroz. +Acababa de percibir, allá á lo lejos, ese ruido sordo y fragoroso de +la tempestad repentina, del salto del aire que azota de pronto la masa +líquida y desata su furor. El patrón, enterado, gritaba ya la orden de +arriar la vela. Aquello fué ni visto ni oído. + +Enormes olas, empujándose y persiguiéndose como leonas enemigas, +jugaban ya con el balandro llevándolo al abismo ó subiéndolo á la +cresta espantosa. De cabeza se precipitaba la embarcación para +ascender oblicuamente al punto. El patrón, sintiendo su inmensa +responsabilidad, hacía milagros, animando, dirigiendo. ¡La tormenta! +¡Bah! Otras había pasado y salido con bien, gracias á Dios y á +nuestra Señora de la Guía, de quien se acordaba mucho entonces, con +ofrecimientos de misas y exvotos de barquitos, retratos de la _Mascota_ +para colgar en el techo del santuario... Verdad; no era el primer +temporal que corrían; pero... no llevaban la carga estibada sobre +cubierta, sino en el fondo de la cala, bien apañadita, como Dios manda +y se requiere entre la gente del oficio. Y los que habían cometido +aquella barbaridad supina, ahora, á pesar de las furiosas voces de +mando del patrón, perdían los ánimos para remar, como si sintieran +en las atezadas mejillas el húmedo beso de la muerte... Sólo una +resolución podía salvarles. _Finisterre_ la sugirió, mezclando las +interjecciones con rudas plegarias. El patrón resistía, pero el cariño +á la vida tira mucho, y por unanimidad se resolvió largar al agua los +maldecidos bocoyes. ¡Afuera con ellos, antes que se corriesen á una +banda y sucediese lo que se estaba viendo venir! Sin más ceremonias +empujaron una de las barricas para lanzarla por encima de la borda... + +Los que intentaron la faena sólo tuvieron tiempo de retroceder á +saltos. La barrica andaba; la barrica se les venía encima, ella sola. +Y las demás, como rebaño de monstruos panzudos, la seguían. Corrían, +rodaban, locas de vértigo, á hacinarse sobre la banda de babor, y el +balandro, hocicando, con la proa recta á la sima, daba espantoso salto, +el _pinche-carneiro_ vaticinado por _Finisterre_, y soltando en las +olas toda su carga, barricas y hombres, flotaba quilla arriba, como una +cáscara de nuez. + + * * * * * + +La primer noticia del naufragio se supo en el puertecillo de +Ángeles, frontero á la bahía, porque dos bocoyes salieron allí, á +la madrugada, y quedaron varados en la playa al retirarse la marea. +Corrió el rumor de la presa, y se apiñaron en la orilla más de cien +personas--pescadores, aldeanos, carreteros, carabineros, sardineras, +mujerucas, chiquillería--. Nadie ignoraba lo que significa la aparición +de bocoyes llenos en una playa de la costa. Aún les retumbaba en los +oídos el bramar de la tormenta. Pero ahora hacía un sol hermoso, un +día magnífico, _criador_. Era domingo; por la tarde bailarían en el +castañal; y con la presa, no había de faltar vino para remojar la +gorja. Nadie hizo comentarios tristes sino los pescadores--que, sin +embargo, se consolaron pensando en el rico vientre de las barricas...! +Sólo una vejezuela, que había perdido á su mozo, su hijo, de veinte +años, en un lance de mar, escapó de la playa dando alaridos, y apostada +cerca del carro en el cual fueron llevados los toneles al campo de la +romería, chillaba: + +--¡No bebades, no bebades! Ese vino sabe á la sangre de los hombres y +al amarguío de la mar. + +La hicieron el mismo caso que los tripulantes del balandro á +_Finisterre_. + + + + + FUEGO Á BORDO + + +Cuando salimos del puerto de Marineda--serían, á todo ser, las diez +de la mañana--no corría temporal, sólo estaba la mar rizada y de un +verde... vamos, un verde sospechoso. Á las once servimos el almuerzo, y +fueron muchos pasajeros retirándose á sus camarotes, porque el oleaje, +no bien salimos á alta mar, dió en ponerse grueso, y el buque cabeceaba +de veras. Algunos del servicio nos reunimos en el comedor, y mientras +llegaba la hora de preparar la comida, nos divertíamos en tocar el +acordeón y hacer bailar al pinche, un negrito muy feo: y nos reíamos +como locos, porque el negro, con las cabezadas de la embarcación y sus +propios saltos, se daba mil coscorrones contra el tabique. En esto, uno +de los muchachos camareros, que les dicen _estuarts_, se llega á mí. + +--Cocinero, dos fundas limpias, que las necesito. + +--Pues vaya usted al ropero, y cójalas, hombre. + +--Allá voy. + +Y sin más, entra y enciende un cabo de vela para escoger las fundas. + +¡Aquel cabo de vela! Nadie me quitará de la cabeza que el condenado... +Dios me perdone, el infeliz del camarero lo dejó encendido, arrimado +á los montones de ropa blanca. Como un barco grande requiere tanta +blancura, además de las estanterías llenas y atestadas de manteles, +sábanas y servilletas, había en el _San Gregorio_ rimeros de paños de +cocina, altos así, que llegaban á la cintura de un hombre. Por fuerza +el cabo se quedó pegadito á uno de ellos, ó cayó de la mesa, encendido, +sobre la ropa. En fin, era nuestra suerte, que estaba así preparada. + +Yo no sé qué cosa me daba á mí el cuerpo ya cuando salimos de Marineda. +Siempre que embarco estoy ocho días antes alegre como unas castañuelas, +y hasta parece que me pide el cuerpo algo de broma con los amigos y la +familia. Pues de esta vez... tan cierto como que nos hemos de morir... +tenía yo el viaje atravesado en el gaznate, y ni reía ni apenas +hablaba. La víspera del embarque le dije á mi esposa: + +--Mujer, mañana tempranito me aplancharás una camisola, que quiero ir +limpio á bordo. + +Por la mañana entró con la camisola, y le dije: + +--Mujer, tráeme el pequeño que mama. + +Vino el chiquillo y le di un beso, y mandé que me lo quitasen pronto +de allí, porque las entrañas me dolían y el corazón se me subía á +la garganta. También la víspera fuí á casa del segundo oficial, el +señorito de Armero, y estaba la familia á la mesa; y la madre que es +así una señora muy franca, no ofendiendo lo presente, me dijo: + +--Tome usted esta yema, Salgado. + +--Mil gracias, señora, no tengo voluntad. + +--Pues lléveles éstas á los niños... ¿Y qué le pasa á usted, que está +qué sé yo cómo? + +--Pasar, nada. + +--¿Y qué le parece del viaje, Salgado? + +--Señora, la mar está bella, y no hay queja del tiempo. + +--No, pues usted no las tiene todas consigo. Le noto algo en la cara. + +Para aquel viaje había yo comprado todos los chismes del oficio; por +cierto que en la compra se me fué lo último que me quedaba: setenta +duretes. Los chismes eran preciosos: cuchillos de lo mejor, moldes +superiores, herramientas muy finas de picar y adornar; porque en el +barco, ya se sabe: le dan á uno buena batería de cocina, grandes +cazos y sartenes, carbón cuanto pida, y víveres á patadas; pero +ciertas monaditas de repostería y de capricho, si no se lleva con qué +hacerlas... Y como yo tengo este pundonor de que me gusta sobresalir en +mi arte y que nadie me pueda enseñar un plato... Por cierto que esta +vanidad fué mi perdición cuando sostuve _restaurant_ abierto. Me daba +vergüenza que estuviese desairado el escaparate, sin una buena polla +en galantina, ó solomillo mechado, ó jamón en dulce, ó chuletas bien +panadas y con su papillotito de papel en el hueso... Y los parroquianos +no acudían; y los platos se morían de viejos allí; y cuando empezaban á +oler, nos los comíamos por recurso: mis chiquillos andaban mantenidos +con trufas y jamón, y el bolsillo se desangraba... Si no levanto +el _restaurant_, no sé qué sería de mí: de manera que encontrar +colocación en el barco y admitirla fué todo uno. Pensaba yo para mi +chaleco:--Ánimo, Salgado: de veintiocho duros que te ofrecen al mes, +mal será que no puedas enviarle doce ó quince á la familia. No es la +primera vez que te embarcas: vámonos á Manila, ¿quién sabe si allí te +ajustas en alguna fonda y te dan mil ó mil quinientos reales mensuales +y eres un señor? Lo dicho: la suerte, que arregla á su modo nuestros +pasos... Estaba de Dios que yo había de perder mis chismes, y pasar lo +que pasé, y volver á Marineda desnudo. + +¿En qué íbamos? Sí, ya me acuerdo. Faltaría hora y media para la +comida, cuando nos pareció que por la puerta del ropero salía humo. +El que primero lo notó no se atrevía á decirlo: nos mirábamos unos á +otros, y nadie rompía á gritar. Por fin, casi á un tiempo, chillamos: + +--¡Fuego! ¡Fuego á bordo! + +Mire usted, no cabe duda; lo peor, en esos momentos en que se suceden +cosas horrorosas, es aturdirse y perder la sangre fría. Si cuando +corrió el aviso se pudiese dominar el pánico y mantener el orden; si +media docena de hombres serenos tomasen la dirección imponiéndose, +y aislasen el fuego en las tripas del barco, estoy seguro de que el +siniestro se evitaba. Yo, que todo lo presencié, que no perdí detalle, +puedo jurar que no entiendo cómo en un minuto se esparció la noticia +y ya no se vieron sino gentes que corrían de aquí para allí, locas de +miedo. Para mayor desdicha empezaba á anochecer, y la mar cada vez más +gruesa y el temporal cada vez más recio aumentaban el susto. Aquello se +convirtió en una Babel, donde nadie se entendía ni obedecía á las voces +de mando. + +El capitán, que en paz descanse, era un mallorquín de pelo en pecho, +valentón, y no tiene que dar cuenta á Dios de nada, pues el pobrecillo +hizo cuanto estuvo en su mano; pero le atendían bien poco. Acaso debió +levantar la tapa de los sesos á alguno para que los demás aprendiesen; +bueno, no lo hizo; él fué el primero á pagarlo, ¡cómo ha de ser! +Nos metimos él y yo por el corredor de popa, con objeto de ver qué +importancia tenía el incendio; y apenas abrimos la puerta de hierro, +nos salió al paso tal columna de humo y tal cortina de llamas, que +apenas tuvimos tiempo á retroceder, cerrar y apoyarnos, chamuscados y á +medio asfixiar, en la pared. Yo le grité al capitán: + +--Don Raimundo, mire que se deben cerrar también las puertas de hierro +á la parte de proa. + +Él daría la orden á cualquiera de los que andaban por allí atortolados; +puede que al tercero de á bordo; no sé; lo cierto es que no se cumplió, +y en no cumplirse estuvo la mitad de la desgracia. Nosotros, á toda +prisa, nos dedicamos á refrescar con chorros de agua las puertas +de hierro, para que el horno espantoso de dentro no las fundiese y +saltasen dejando paso á las llamas. ¿De qué nos sirvió? Lo que no +sucedió por allí sucedió por otro lado. Nos pasamos no sé cuánto tiempo +remojando la placa, envueltos en humareda y vapor; mas al oir que por +la proa salían las llamas ya, se nos cansaron los brazos, y huyendo de +aquel infierno pasamos á la cubierta. + +Verdaderamente cesó desde entonces la batalla con el fuego y las +esperanzas de atajarlo, y no se pensó más que en el salvamento; en +librar, si era posible, la piel: eso, los que aún eran capaces de +pensar; porque muchísimos se tiraron en el suelo, ó se metieron á +arrancarse el pelo por los rincones, ó se quedaron hechos estatuas, +como el tercero de á bordo, que tan pronto se declaró el incendio se +sentó en un rollo de cuerdas, y ni dijo media palabra, ni se meneó, ni +soñó en ayudarnos. + +Á las dos horas de notarse el fuego, la máquina se paró. Si no se para, +tenemos la salvación casi segura; ardiendo y todo, llegaríamos al +puerto. Lo que recelábamos era que el vapor comprimido y sin desahogo +hiciese estallar la caldera. Todos preguntábamos al _engineer_, un +inglés muy tieso, muy callado y con un corazón más grande que la +máquina. No se meneaba de su sitio, ni se demudó poco ni mucho; abrió +todas las válvulas, y nos dijo con flema: + +--Mi responde con mi _head_, máquina _very-good_, seguros por ella no +explosión. + +Al ver que la pobre de la máquina se paraba, nos quedamos, si cabe, +más aterrados; no creímos que el incendio llegase hasta donde, por lo +visto, llegaba ya: comprendimos que el fuego no estaba localizado y +contenido, sino que era dueño de todo el interior del buque y no había +más remedio que cruzarse de brazos y dejarle hacer su capricho. + +--¡Barco perdido, D. Raimundo!--dije al capitán. + +--Barco perdido, Salgado. + +--¿Y nosotros? + +--Perdidos también. + +--Esperanza en Dios, D. Raimundo. + +Y él se echó las manos á la cabeza y dijo de un modo que nunca se me +olvida: + +--¡Dios! + +Yo no sé qué le habíamos hecho á Dios los trescientos cristianos +que en aquel barco íbamos; pero algún pecado muy gordo debió de +ser el nuestro, para que así nos juntase castigos y calamidades. +De cuantas noches de temporal recuerdo--y mire usted que algo se +ha navegado--ninguna más atroz, más furiosa que aquella noche. Una +marejada frenética; el barco no se sostenía: ola por aquí, ola +por acullá: montes de agua y de espuma que nos cubrían: ya no era +balancearse; era despeñarse, caer en un precipicio: parecía que la +tormenta gozaba en movernos y abanicarnos para avivar el incendio. +Soplaba un viento iracundo; llovía sin cesar: y la noche tan +negra, tan negra, que sobre cubierta no nos veíamos las caras. Unos +lloraban de un modo que partía el corazón; otros blasfemaban; muchos +decían:--¡Ay mis pobres hijos!--No entiendo cómo el timonel era capaz +de estarse tan quieto en su puesto de honor, manteniendo fijo el rumbo +del barco para que no rodase como una pelota por aquel mar loco. + +Pronto empezaron á alumbrarnos las llamas, que salían por la proa no +ya á intervalos, sino continuamente, igual que si desde adentro las +soplasen con fuelles de fragua. Lo tremendo de la marejada hizo que +no se pensase en esquifes; meterse en ellos se reducía á adelantar la +muerte. En esto gritaron que se veía embarcación á sotavento. + +¡Un buque! Desde que se declaró el incendio no habíamos cesado de +disparar cohetes y fuegos de bengala con objeto de que los buques, al +pasar cerca de nosotros, comprendiesen que el barco incendiado contenía +gente necesitada de socorro. Y vea usted cómo Dios, á pesar de lo que +dije antes, nunca amontona todas las desgracias juntas. Aún tenemos +que agradecerle que el sitio del siniestro es un punto de cruce, donde +se encuentran las embarcaciones que hacen rumbo al Atlántico y al +Mediterráneo. Pocas millas más adelante ya no sería fácil hallar quien +nos socorriese. + +Al ver el buque, la gente se alborotó, y los más resueltos arriaron +los esquifes en un minuto. Allí no había capitán, ni oficiales, ni +autoridad de ninguna especie: los contramaestres se cogieron el +esquife mejor, y cabiendo en él treinta personas, resultó que lo +ocuparon sólo cinco. Ya se sabe lo que hace el miedo á morir: ni se +repara en el peligro, ni hay compasión, ni prójimo. Sin mirar lo +furioso del oleaje y lo imposible que era nadar allí, se echaron al mar +muchísimas personas, por meterse en los esquifes. Aún parece que oigo +las voces con que decían al contramaestre: + +--¡Espere, nuestramo Nicolás, espere por la madre que le parió; la +mano, nuestramo! + +Y él, en su maldita jerga catalana, respondía: + +--_N’om fa rés; no’m fa rés._ + +Y cuando los infelices querían halarse al esquife y se agarraban á la +borda, los de dentro, desenvainando los cuchillos, amenazaban coserles +á puñaladas. + +De esta vez hubo ya bastantes víctimas: los esquifes se alejaron y +nuestra esperanza con ellos. Después de recoger á aquellos primeros +náufragos, el buque siguió su rumbo, porque no le permitía mantenerse +al pairo el temporal. + +¡Á todo esto, si viese usted cómo iba poniéndose la cubierta! Oíamos el +roncar del incendio, que parecía el resoplido de un animalazo feroz, +y á cada instante esperábamos ver salir las llamas por el centro del +buque y hundirse la cubierta. Nos arrimábamos cuanto podíamos á la +parte de popa, pues además el calor del suelo se hacía insoportable, +y del piso de hierro cubierto con planchas de madera salían, por los +agujeros de los tornillos, llamitas cortas, igual que si á un tiempo +se inflamasen varias docenas de fósforos sembrados aquí y acullá. +Ya ni el frío ni la obscuridad eran de temer: ¡qué disparate! buena +obscuridad nos dé Dios: la popa algunas veces estaba tan clara como +un salón de baile: iluminación completa: daba gusto ver el horizonte +cerrado por unas olas inmensas, verdes y negruzcas, que se venían +encima, y sobre las cuales volaba una orillita de espuma más blanca +que la nieve. También divisamos otro buque, un paquete de vapor, que +se paraba, sin duda, para auxiliarnos. ¡Estaba tan lejos! Con todo, la +gente se animó. El segundo, el señorito de Armero, se llegó á mí y me +tocó en el hombro. + +--Salgado, ¿puede usted bajar á la cámara? Necesito un farol. + +--Mi segundo, estoy casi ciego... Con el calor y el humo, me va +faltando la vista. + +--Aunque sea á tientas... Quiero un farol. + +Vaya, no sé yo mismo cómo gateé por las escaleras; la cámara era un +horno, el farol todavía estaba encendido; lo descolgué y se lo entregué +al segundo, convencido de que le daba el pasaporte para la eternidad, +pues el esquife en que él y otros cuantos se decidieron á meterse era +el más chico y estaba muy deteriorado. Lo arriaron, y por milagro +consiguieron sentarse en él sin que zozobrase. Entonces empezó la gente +á lanzarse al mar para salvarse en el esquife, y pude notar que, apenas +caían al agua, morían todos. Alguno se rompió la cabeza contra los +costados del buque; pero la mayor parte, sin tropezar en nada, expiró +instantáneamente. ¿Era que hervía el agua con el calor del incendio y +los cocía? ¿Era que se les acababa las fuerzas? Lo cierto es que daban +dos paladitas muy suaves para nadar, subían de pronto las rodillas á la +altura de la boca, y flotaban ya cadáveres. + +Los del esquife remaban desesperadamente hacia el barco salvador. Supe +después que, á la mitad del camino, notaron que el esquife, roto por +el fondo, hacía agua y se sumergía; que pusieron en la abertura sus +chaquetas, sus botas, cuanto pudieron encontrar; y no bastando aún, +el señorito de Armero, que es muy resuelto, cogió á un marinerillo, +lo sentó ó, por mejor decir, lo embutió en el boquete y le dijo (con +perdón): + +--¡No te menees y tapa con el...! + +Gracias á lo cual llegaron al buque y les pudimos ver ascendiendo sobre +cubierta. No sé si nos pesaba ó no el habernos quedado allí sin probar +el salvamento. ¡Los muertos ya estaban en paz, y los salvados... qué +felices! El buque aquel tampoco se detenía; era necesario aguardar á +que Dios nos mandase otro, y resistir como pudiésemos todo el tiempo +que tardase. Es verdad que nuestro _San Gregorio_ aún podía durar. Al +fin era un gran vapor de línea, con su cargamento, y daba qué hacer á +las llamas. El caso era refugiarse en alguna esquina, para no perecer +abrasados. + +Al capitán se le ocurrió la idea de trepar á la cofa del gran árbol +de hierro, del palo mayor. Mientras el barco ardía, creyó él poder +mantenerse allí, seguro y libre de las llamas, como un canario en su +jaula. Yo, que le vi acercarse al palo, le cogí del brazo en seguida. + +--No suba usted, capitán; ¿pues no ve que el palo se tiene que doblar +en cuanto se ponga candente? + +El pobre hombre, enamorado del proyecto, daba vueltas alrededor del +palo, estudiando su resistencia. Creo que si más pronto le anuncio la +catástrofe, más pronto sucede. ¡El árbol... pim! se dobló de pronto, +lo mismo que el dedo de una persona, y arrastrado por su peso, besó +el suelo con la cima. Por listo que anduvo el capitán, como estaba +cerca, un alambre candente de la plataforma le cogió el pie por cerca +del tobillo, y se lo tronzó sin sacarle gota de sangre, haciendo á +un tiempo mismo la amputación y el cauterio: respondo de que ningún +cirujano se lo cortaba con más limpieza. + +Le levantamos como se pudo, y colocando un sofá al extremo de la popa, +le instalamos del mejor modo para que estuviese descansado. Se quejaba +muy bajito, entre dientes, como si masticase el dolor, y medio le oí: +«¡Mi pobre mujer!, mis hijitos queridos, ¿qué será de ellos?». Pero de +repente, sin más ni más, empezó á gritar como un condenado, pidiendo +socorro y medicina. ¡Sí, medicina! ¡Para medicinas estábamos! Ya el +fuego había llegado á la cámara, y á pesar del ruido de la tormenta, +oíamos estallar los frascos del botiquín, la cristalería y la vajilla. +Entonces el desdichado comenzó á rogar, con palabras muy tristes, +que le echásemos al agua, y usando, por última vez, de su autoridad á +bordo, mandó que le atásemos un peso al cuerpo. Nos disculpamos con +que no había con qué atarle, y él, que al mismo tiempo estaba sereno, +recordó que en la bitácora existe una barra muy gruesa de plomo, +porque allí no puede entrar hierro ni otro metal que haga desviar la +aguja imantada. Por más que nos resistimos, fué preciso arrancarla y +colgársela del cuello, y como el peso era grande y le obligaba á bajar +la cabeza, tuvo que sostenerlo con las dos manos, recostándose en el +respaldo del sofá. Como llevaba en el bolsillo su revólver, lo armó, +y suplicó que le permitiesen pegarse un tiro y le arrojasen al mar +después. ¡Naturalmente que nos opusimos! Le instamos para que dejase +amanecer; con el día se calmaría la tormenta, y algún barco de los +muchos que cruzaban nos salvaría á todos. Le porfiábamos y le hacíamos +reflexiones de que el mayor valor era sufrir. Por último, desmontó y +guardó el revólver, declarando que lo hacía por sus hijos nada más. Se +quejó despacito y se empeñó en que habíamos de buscar y enseñarle el +pie que le faltaba. ¿Querrá usted creer que anduvimos tras del pie por +toda la cubierta y no pudimos cumplirle aquel gusto? + +Después del lance del capitán, ocurrió el del oficial tercero, y se me +figura que de todos los horrores de la noche fué el que más me afectó. +¡Lo que somos, lo que somos! Nada: una miseria. El tercero era un +joven que tenía su novia, y había de casarse con ella al volver del +viaje. La quería muchísimo, ¡vaya si la quería! Como que en el viaje +anterior le trajo de Manila preciosidades en pañuelos, en abanicos de +sándalo, en cajitas, en mil monadas. No obstante... ó por lo mismo... +en fin, ¡qué sé yo! Desgracias y flaquezas de los mortales... el pobre +andaba triste, preocupado, desde tiempo atrás. Nadie me convencerá de +que lo que hizo no lo hizo _queriendo_, porque ya lo tenía pensado de +antes y porque le pareció buena la ocasión de realizarlo. Si no, ¿qué +trabajo le costaba intentar el salvamento con el señorito de Armero? +Ya determinado á morir, tanto le daba de un modo como de otro, y al +menos podía suceder que en el esquife consiguiese librar la piel. Bien, +no cavilemos. Él no dió señales de pretender combatir el fuego, y +mientras nosotros manejábamos el _caballo_ y soltábamos mangas de agua +contra las puertas, envueltos en llamas y humo, él quietecito y como +atontado. Al marcharse el señorito de Armero, le llamó á la cámara para +entregarle su reloj--un reloj precioso con tapa de brillantes--y dos +sortijas muy buenas también, encargándole que se las llevase á su novia +como recuerdo y despedida. Lo que yo digo: el hombre se encontraba +resuelto á morir. Luego subió á popa, y le vi sentado, muy taciturno, +con la cabeza entre las manos. Á dos pasos me coloqué yo. Él se volvió +y me dijo: + +--Cocinero ¿tiene usted ahí un cigarro? + +--Mi oficial, sólo tengo picadura en el bolsillo del chaquetón... Pero +éste tiene tabacos, de seguro...--añadí, señalando á un camarero que +estaba allí cerca.--¿Querrá usted creer que el bruto del camarero se +resistía á meter la mano en el bolsillo y soltar el cigarro? Animal--le +grité--no seas tacaño ahora; ¿de qué te servirá el tabaco si vamos +todos á perecer?--En vista de mis gritos, el hombre aflojó el cigarro. +El tercero lo encendió, y daría, á todo dar, tres chupadas; á cada una +le veía yo la cara con la lumbre del cigarro: un gesto que ponía miedo. +Á la tercer chupada, acercó á la sien el revólver, y oímos el tiro. +Cayó redondo, sin un _ay_. + +Nadie se asustó, nadie gritó: casi puedo decir que nadie se movió: +estábamos ya de tal manera, que todo nos era indiferente. Sólo el +capitán preguntó desde el sofá.--¿Qué es eso? ¿qué ocurre?--El tercero +que se acaba de levantar la tapa de los sesos.--¡Hizo bien!--De allí +á poco rato murmuró.--Echarle al mar.--Obedecimos, y á ninguno se le +ocurrió rezar el _Padre nuestro_. + +¡Es que se vuelve uno estúpido en ocasiones semejantes! Figúrese usted +que en los primeros instantes, recogió el capitán, de la caja, seis mil +duros y pico en oro y billetes; seis mil duros y pico que anduvieron +rodando por allí, sobre cubierta, sin que nadie les hiciese caso, ni +los mirase. En cambio, al piloto se le había metido en la cabeza buscar +el cuaderno de bitácora, y se desdichaba todo porque no daba con él, +lo mismo que si fuese indispensable apuntar á qué altura y latitud +dejábamos el pellejo. Pues otra rareza. En todo aquel desastre, ¿quién +pensará usted que me infundía más lástima? El perro del capitán, un +terranova precioso, que días atrás se había roto una pata y la tenía +entablillada: el animalito, echado junto al timón, remedaba á su +amo: los dos iguales, inválidos y aguardando por la muerte. ¡Si seré +majadero! El perro me daba más pena. + +Ya las llamas salían por sotavento, y la mañana se iba acercando. ¡Qué +amanecer, Virgen Santa! Todos estábamos desfallecidos, muertos de sed, +de frío, de calor, de hambre, de cansancio y de cuanto hay que padecer +en la vida. Algunos dormitaban. Al asomar la claridad del día, salió +del centro del barco una hoguera enorme: por el hueco del palo mayor se +habían abierto paso las llamas, y la cubierta iba sin duda á hundirse, +descubriendo el volcán. Contábamos con el suceso, y á pesar de que +contábamos, nos sorprendió terriblemente. Empezamos á clamar al cielo, +y muchos á enseñarle el puño cerrado, preguntando á Dios: + +--¿Pero qué te hicimos? + +El capitán, que tiritaba de fiebre, me dijo gimiendo: + +--¡Agua! ¡por caridad, un sorbo de agua! + +¡Agua! Puede que la hubiese en el aljibe. Así que lo pensé fuí hacia él +y se me agregaron varios sedientos, poniendo la boca en unos remates +que tiene el aljibe y son como biberones por donde sale el agua. ¡Qué +de juramentos soltaron! El agua, al salir hirviendo, les abrasó la +boca. Yo tuve la precaución de recibirla en mi casquete y dejarla +enfriar. El capitán continuaba con sus gemidos. Tuve que dársela medio +templada aún. ¡Me miró con unos ojos! + +--Gracias, Salgado. + +--No hay de qué, capitán... ¡Se hace lo que se puede! + +La tormenta, en vez de ir á menos, hasta parece que arreciaba desde que +era de día. Para no caer al mar, nos cogíamos á la barandilla. Pasó +un barco y por más señales que le hicimos, no se detuvo: y debió de +vernos, pues cruzó á poca distancia. Á mí me dolían de un modo cruel +los ojos, secos por el fuego, y cuanto más descubría el sol, menos veía +yo, no distinguiendo los objetos sino como al través de una niebla. Por +otra parte, me sentía desmayar, pues desde el almuerzo de la víspera no +había comido bocado, y se me iba el sentido. Casualmente se encontraban +sobre cubierta, descuartizadas y colgadas, las reses muertas para el +consumo del buque, y con el calor del incendio estaban algo asadas ya. +Los que nos caíamos de necesidad nos echábamos sobre aquel gigantesco +rosbif, medio crudo, y refrescamos la boca con la sangre que soltaba. +Nos reanimamos un poco. + +Á medio día sucedió lo que temíamos: quedó cortada la comunicación +entre la proa y la popa, derrumbándose con gran estrépito media +cubierta y viéndose el brasero que formaba todo el centro del +barco. Salieron las llamas altísimas, como salen de los volcanes, y +recomendamos el alma á Dios, porque creímos que iban á alcanzarnos. +No sucedió esto por dos razones: primera, por tener el buque, en +vez de obra muerta de madera, barandilla de hierro; segunda, por +estar las puertas de hierro cerradas hacia la parte de popa, lo cual +contuvo el incendio por allí, obligándole á cebarse en la proa. De +todas maneras, no debían las llamas de andar muy lejos de nuestras +personas, ya que á eso de las tres de la tarde empezamos á advertir +que el piso nos tostaba las plantas de los pies. Atamos á una cuerda +un cubo, y lo subíamos lleno de agua de mar, vertiéndolo por el suelo +para refrescarlo un poco. Ya comprendíamos lo estéril del recurso, y +en medio de lo apurados que estábamos, no faltó quien se riese viendo +que era menester levantar primero un pie y luego bajar aquél y levantar +el otro, para no achicharrarse. Serían las tres. El capitán me llamó +despacito. + +--Salgado, ¡cuánto mejor era morir de una vez! + +--Para morir siempre hay tiempo, mi capitán. Aún puede que la Virgen +Santísima nos saque de este apuro. + +Claro que yo se lo decía para darle ánimos: allá en mi interior +calculaba que era preciso hacer la maleta para el último viaje. Bien +sabe Dios que ni pensaba en las herramientas que había perdido, ni en +mi propia muerte, sino sólo en los chiquillos que quedaban en tierra. +¿Cómo los trataría su padrastro? ¿Quién les ganaría el pan? ¿Saldrían +á pedir limosna por las calles? Á lo que yo estaba resuelto era á no +morir asado. Miré dos ó tres veces al mar, reflexionando cómo me +tiraría para no romperme la cabeza contra el casco y no sufrir más +martirio que el del agua cuando me entrase en la boca. Para acabar de +quitarnos el valor, pasó un barco sin hacer caso de nuestras señales. +Le enseñamos el puño y hubo quien le gritó:--Permita Dios que te veas +como nos vemos. + +Ya nos rendía los brazos la faena de bajar y subir baldes de agua, +que era lo mismo que querer apagar con saliva una hoguera grande: y +convencidos de que perdíamos el tiempo y que era igual perecer un +cuarto de hora antes ó después, el que más y el que menos empezó á +pensar cómo se las arreglaría para hacer sin gran molestia la travesía +al otro barrio. Yo me persigné, con ánimo de arrojarme en seguida al +mar. ¡Qué casualidades! Hete aquí que aparece una embarcación, y en vez +de pasar de largo, se detiene. + +Ya estaba el barco al habla con nosotros: una goleta inglesa, una +hermosa goleta que desafiaba la tempestad manteniéndose al pairo. Los +que conservaban ojos sanos pudieron leer en su proa, escrito con letras +de oro, Duncan. Empezamos á gritar en inglés, como locos desesperados: + +--_¡Schooner! ¡Schooner! ¡Come near!_ + +--_¡Throw to the water!_ nos respondían á voces, sin atreverse á +acercarse. ¡Echarnos al agua! ¡No quedaba otro recurso, y éste era tan +arriesgado! En fin, qué remedio: los esquifes no podían aproximarse, +por el temporal, y el buque menos aún. Nuestro _San Gregorio_, cercado +por todas partes de llamas inmensas, ponía miedo. Había que escoger +entre dos muertes, una segura y otra dudosa. Nos dispusimos á beber el +sorbo de agua salada. + +El primer chaleco salvavidas que nos arrojaron al extremo de un cabo, +se lo ofrecimos al capitán. + +--Ánimo, le dijimos. Póngase usted el chaleco y al mar: mal será que no +bracee usted hasta la goleta. + +--¡No puedo, no puedo! + +--Vaya, un poco de resolución. + +Se lo puso y medio murmuró, gimiendo: + +--Tanto da así como de otro modo. + +Y acertaba. Aquello fué adelantar el desenlace y nada más. Se conoce +que ó la humedad del agua ó el sacudimiento de la caída le abrieron +las arterias del pie tronzado y se desangró en un decir Jesús; ó acaso +el frío le produjo calambre; no sé: el caso es que le vimos alzar los +brazos, juntarlos en el aire, y colarse por ojo del salvavidas al fondo +del mar. Quedaron flotando el chaleco y la gorra: á él no le vimos ya +más en este mundo. + +Seguían echándonos, desde la goleta, cabos y salvavidas, y la gente, +visto el caso del capitán, recelaba aprovecharlos. Yo me decidí primero +que nadie. Ya quería, de un modo ó de otro, salir del paso. Pero +antes de dar el salto mortal, reflexioné un poco y determiné echarme +de soslayo, como los buzos, para que la corriente, en vez de batirme +contra el buque, me ayudase á desviarme de él. Así lo hice, y en +efecto, tras de la zambullida, fuí á salir bastante lejos del _San +Gregorio_. Oía los gritos con que desde el _schooner_ me animaban, y oí +también el último alarido de algunos de mis compañeros, á quienes se +tragó el agua ó zapatearon las olas contra los buques. Yo choqué con +la espalda en el casco del _Duncan_: un golpe terrible, que me dejó +atontado. Cuando me halaron, caí sobre cubierta como un pez muerto. + +Acordé rodeado de ingleses. Me decían: _¡go! ¡cook! ¡go!_ ¡á la cámara! +Me incorporé y quise ir adonde me mandaban, pero no veía nada, y +después de tantos horrores me eché á llorar por primera vez, exclamando: + +--_My no look_... ciego... enséñenme el camino... + +Me levantaron entre dos y me abracé al primero que tropecé, que era un +grumete y rompió también á llorar como un tonto. No sé las cosas que +hicieron conmigo los buenos de los ingleses. Me obligaron á beber de un +trago una copa enorme de _brandy_, me pusieron un traje de franela, me +dieron fricciones, me acostaron, me echaron encima qué sé yo cuántas +mantas, y me dejaron solito. + +¿Qué sentí aquella noche? Verá usted... Cosas muy raras; no fué +delirar, pero se le parecía mucho. Al principio sudaba algo y no tenía +valor para mover un dedo, de puro feliz que me encontraba. Después, al +oir el ruido del mar, me parecía que aún estaba dentro de él, y que +las olas me batían y me empujaban aquí y allí. Luego iban desfilando +muchas caras: mis compañeros, el tercero á la luz del cigarro, el +capitán, y gentes que no veía hacía tiempo, y hasta un chiquillo que se +me había muerto años antes... + +En fin, por acabar luego: llegamos á Newcastle, se me alivió la vista, +el cónsul nos dió una guinea para tabaco, y á los pocos días nos +embarcamos en un barco español con rumbo á Marineda. ¡Qué diferencia +del buque inglés! Nuestros paisanos nos hicieron dormir en el pañol +de las velas, sobre un pedazo de lona: apenas conseguimos un poco de +rancho y galleta por comida: como si fuésemos perros. + +De la llegada, ¿qué quiere usted que diga? Á mi mujer le habían dado +por cierta mi muerte; en la calle le cantaban los chiquillos coplas +anunciándosela. Supóngase usted cómo estaba, y cómo me recibió. Ahora +he de ir al santuario de la Guardia: no tengo dinero para misas; pero +iré á pie, descalzo, con el mismo traje que tenía cuando me halaron +sobre la cubierta del _Duncan_: chaleco roto por los garfios del +salvavidas, pantalón chamuscado, y la cabeza en pelo; se reirán de +verme en tal facha: no me importa: quiero besar el manto de la Virgen, +y rezar allí una _Salve_. + +Me faltará para pan, pero no para comprar una fotografía del _San +Gregorio_... ¿Ha visto usted cómo quedó? El casco parece un esqueleto +de persona, y aún humea: el cargamento de algodón arde todavía: +dentro se ve un charco negro, cosas de vidrio y de metal fundidas y +torcidas... ¡Imponente! + +¿Que si me da miedo volver á embarcarme?... ¡Bah! ¡Lo que está de +Dios... por mucho que el hombre se defienda...! Ya tengo colocación +buscada. ¿Quiere usted algo para Manila? ¿Que le traiga á usted algún +juguete de los que hacen los chinos? El domingo saldremos... + + * * * * * + +Di al cocinero del _San Gregorio_ unos cuantos puros. Tiene el cocinero +del _San Gregorio_ buena sombra y arte para narrar con viveza y +colorido. Durante la narración, vi acudir varias veces las lágrimas á +sus ojos azules, ya sanos del todo. + + + + + LA PAZ + + +Declarada la guerra entre los dos bandos enemigos, cada cual pensó en +armarse. La elección de jefes no ofrecía dificultad: Pepito Lancín era +aclamado por los de los bancos de la izquierda, y Riquito (Federico) +Polastres por los de la derecha. Merecían los dos caudillos tan +honorífico puesto. + +Con su travesura y su viveza de ingenio inagotable, Pepito Lancín +conseguía siempre divertir á los compañeros de colegio, discurriendo +cada día alguna saladísima diablura, y volviendo loco al catedrático +de Historia, don Cleto Mosconazo, á quien había tomado por víctima. +Ya le metía dentro del tintero una rana viva; ya le disparaba con la +cerbatana garbanzos y guisantes; ya le untaba de pez el asiento, para +que se le quedasen pegadas las faldillas del gabán; ya le colocaba +un alfiler punta arriba en el brazo del sillón, donde el señor de +Mosconazo tenía costumbre de pegar con la mano abierta mientras +explicaba á tropezones las proezas de Aníbal ó las heroicidades de +Viriato el pastor. Verdad que, después de cada gracia, Pepito Lancín +«se cargaba» su castigo correspondiente: ya el tirón de orejas, ya el +encierro á pan y agua, ya la hora de brazos abiertos ó de rodillas; +y cuando algún disparo de la cerbatana hacía blanco en la nariz del +profesor, éste recogía el proyectil y lo deslizaba debajo de la rótula +del delincuente arrodillado. Parece poca cosa estarse de rodillas sobre +un garbanzo una horita, ¿eh? ¡Pues hagan la prueba y verán lo que es +bueno! + +Lejos de mermar el prestigio de Pepito Lancín, los castigos sufridos +con estoicismo alegre, mezclando las muecas de burla con las +contracciones del dolor, le hacían más popular entre los muchachos. +En cuanto á Riquito Polastres, su fama reconocía otro origen: las +cualidades morales é intelectuales, la constancia y la agudeza eran +privilegio de Lancín; de Polastres, la fuerza física, unos puños como +pesas de gimnasia y un pecho como la proa de un navío. El diminutivo +de Federiquito parecía un epigrama, mirando aquel corpachón y aquellas +manazas descomunales, y presenciando cómo el muchacho, de una puñada, +hacía astillas el pupitre, y de una morrada deshacía una jeta _de +hombre_: porque en esto se fundaba la gloria, la prez de Riquito; á los +doce años había calentado los morros al asistente del papá de su novia, +que quería espantarle del portal como se espanta á un perro faldero. +Sí; ¡buen faldero te dé Dios! Aún tenía el zanguango del asistente un +ojo hecho una lástima y un carrillo inflado, de resultas de la trompada +fenomenal que le atizó Riquito... + +Esta contraposición de aptitudes que se observaba en los dos jefes de +bando, provocó la declaración de guerra, porque cada día se chungueaban +los izquierdos á cuenta de los derechos, tratando á Riquito de _mulo_ +y de _zoquete_, y los derechos acusaban á los izquierdos de _gallinas_ +y de _señoritas almidonadas_, lo cual es altamente ofensivo y no puede +quedar impune. Nada, nada, á armar una guerra; el campo de batalla +sería el descampado fronterizo al hospital y á espaldas del cuartel +nuevo; allí se vería quién es quién, y si los de la izquierda gastan +enaguas ó pantalones. No ha de ser una pedrea vulgar, como otras veces, +sino una batalla en regla, igual que las que traen los periódicos; se +emplearán armas blancas y de fuego; cada cual recogerá en su casa lo +que encuentre, y los dos bandos se encontrarán á las seis de la mañana, +una hora antes de entrar en clase--porque después pasa gente y andan +cerca «los del orden»--en el sitio señalado, al mando de sus jefes +respectivos. + +Ni un combatiente faltó de las filas. + +El entusiasmo, el ardor bélico, se reflejaban en todos los semblantes. +De armamento, á decir verdad, andábamos medianamente: éste traía una +pistola de salón descargada, aquél un cuchillo de mesa; lo que más +abundaba eran las navajas y los cortaplumas, los sables de juguete y +algún bastón de estoque sustraído á papá. Sin embargo, Pepito Lancín, +entreabriendo su americana, mostró con orgullosa sonrisa un cinturón +de cuero, y atravesado en él un magnífico revólver de níquel. Riquito +se retorció de envidia. ¡Un revólver como Dios manda, un revólver de +verdad! Para aplastar completamente á su adversario, Lancín dijo con +fatuidad suma: + +--Cargadito con seis tiros... Y en el bolsillo cápsulas. + +Sonrió Riquito con desprecio. No necesitaba armas, le bastaban sus +puños. Así lo declaró en alta voz; las armas para los cobardes, para +los gallinas de la izquierda del colegio. Los dos bandos se hicieron +muecas y cruzaron los insultos de costumbre; después, á la voz severa +de los jefes, se replegaron para situarse en línea de batalla. De +pronto, el denodado Lancín se adelantó al centro del espacio libre, y +encarándose otra vez con Riquito, exclamó perentoriamente: + +--Ahora veréis lo que es el valor de los españoles. ¡Muchachos! ¡Viva +España! ¡Á la bayoneta! + +El caso es que Riquito era tan cerrado de meollo, que al pronto +no entendió la significación de aquel grito, y lo repitió +inconscientemente, haciendo coro á su enemigo. ¿Que viviese España? +¡Claro! ¿Eso qué tenía de particular? Los murmullos de su tropa le +sorprendieron. ¿Por qué protestaban? ¿Por qué chillaban y enseñaban los +puños, no á los _izquierdos_, sino á él, á su excelencia el general +Polastres? Por qué repetían: «No nos da la gana, barajas. ¡Eso no, +contra!». Para comprender lo que sucedía, fué preciso que uno de los +más despabilados _derechos_, metiéndole los dedos por los ojos á su +jefe, le gritase: + +--¡Barajas, tonto, que no queremos ser nosotros los mambises y que +ellos sean los españoles! + +Tenía razón; ¿cómo no se le había ocurrido inmediatamente? ¡Aquel +tunarra de Lancín los quería fastidiar! ¡Ah, granuja! Rebosando +indignación, echando chispas, Polastres corrió hasta el general +enemigo, sin temor á que le envolviesen y le hiciesen prisionero +viéndole solo. Sentíase capaz de hundir paredes con la frente: iba +ciego, frenético, por lo sangriento de la burla. Por instinto de +caballerosidad, los adversarios aguardaron á que se explicase. + +--Oyes tú, Lancín, ¿quién éramos nosotros? + +--¡Anda éste! Érais los mambises--respondió Pepito, apretando la culata +de su revolver, por el fino gusto de acariciarla. + +--¿Y vosotros? + +--Éramos los españoles, ya se sabe. ¿Qué habíamos de ser? + +--¡Claro, como que íbamos á entrar así! No vale. ¡No se nos antoja, +barajas! ¿Piensas que te moneas conmigo? + +--Y entonces, ¿cómo va á ser, bruto, animal? Si no éramos contrarios, +cata que no había guerra. + +--¡Pues que la haya ó que no la haya! Eres muy listo tú. Déjanos á +nosotros ser españoles, y ser vosotros los enemigos. + +--No puedo--objetó con suprema dignidad Lancín. + +--¿No? ¡Verás si puedes, rayo! Del lapo que te voy á soltar... te dejo +negro, y estarás muy propio. + +--¡Pero, adoquín, si tengo la bandera ya!--contestó riendo +triunfalmente el general Pepito, que sacó del bolsillo un trapo de +percalina amarillo y rojo, resto probablemente de algún adorno de +mástil en las últimas fiestas que había celebrado la ciudad, y lo +tremoló orgulloso en el aire, repitiendo el patriótico grito lanzado +momentos antes y contestado antes y ahora por los dos ejércitos. Al +escucharlo por segunda vez, al ver ondear la bandera, la hueste de +Riquito se precipitó y rodeó á Lancín, aclamando lo mismo que él +aclamaba con voces atipladas y roncas, pero con una cordialidad y +alegría que revelaba disposiciones pacíficas; y el jefe, confuso, +no encontrando solución al problema--más fácil le parecía arremeter +contra todos, contra el enemigo y contra los que se le pasaban +traidoramente--exclamó avergonzado, llorando como un becerro: + +--Me has partido... Esto _no sirve_... No puede haber batalla... Si +todos éramos españoles, no nos podíamos pegar... También te aseguro que +cuando yo te pille y no esté delante nadie y no tengas bandera... + +--¡Vaya una gracia que harás! Tienes una fuerza que pareces un +buey--contestó altivamente Lancín disparando su revólver al aire, +mientras los dos ejércitos fraternizaban, y Riquito se arrepentía ya de +su amenaza poco generosa. + +Las mamás de los guerreros nunca supieron de la que habían escapado. + + + + + SUERTE MACABRA + + +Queréis saber por qué don Donato, el de los carrillos bermejos y la +risueña y regordeta boca, se puso abatido, se quedó color de tierra y +acabó muriéndose de ictericia? Fué que--oídlo bien--le cayó el premio +gordo de Navidad, los millones de pesetas... + +Antes de este acontecimiento, don Donato era un hombre que podía +llamarse feliz, si tal adjetivo no pareciese un reto al destino, que +siempre está enseñando los dientes á los mortales. Encerrado en su +droguería y herboristería de la calle de Jacometrezo, haciendo todos +los días á la misma hora las mismas cosas insípidas y rutinarias, don +Donato era plácidamente optimista: sus excesos y lujos consistían +en alguna escapatoria á los teatrillos alegres, porque don Donato +aborrecía la literatura triste--al teatro se va á reir--y sus derroches +en traerse á casa las mejores frutas y legumbres del mercado del +Carmen, pues adoraba, á fuer de obeso, los alimentos flojos. + +Jugador empedernido de lotería, nunca perdió sorteo, y no sólo se +arriesgaba él sino que tomaba parte con amigos, y hasta les encomendaba +la adquisición de décimos en administraciones que por cualquier motivo +juzgaba afortunadas, dentro de las laboriosas combinaciones que +realizaba para perseguir y acorralar á la suerte, á quien un día ú otro +estaba cierto de coger por las alas. ¿En qué se fundaba tal seguridad? +No podía decirlo, pero le alentaba una fe robusta, un instinto ó +presentimiento--llámenle los escépticos como quieran--. Supersticioso +y calculista pueril, sucedíale á veces pararse en seco ante el número +de una casa ó el de un coche simón, y correr á la administración á +pedir el mismo número. Lo que más le confirmaba en su manía, era una +circunstancia que realmente parecerá extraña á todo el que conozca la +lotería un poco: en la ya larga existencia de jugador de don Donato, +que jugaba en cada sorteo, en algunos doble y triple, no le había +caído, no digamos un premio regular, pero ni una aproximación, ni un +reintegro en Nochebuena, ni nada, nada, nada... Esta singular reserva +de la fortuna le parecía á don Donato signo infalible de que sólo se +ocultaba para venir un día de pronto, fulminante, terrible, con los +brazos abiertos y las manos tendidas, llenas de oro. + +Hará dos años, estudiando don Donato la marcha del _gordo_, del premio +deslumbrador de Navidad, observó que desde tiempo inmemorial no había +caído en M...; y, herida su imaginación por esta circunstancia, encargó +á un amigo y corresponsal que allí tenía que le tomase _un billete_ +nada menos. Á vuelta de correo recibió la respuesta y el número del +billete adquirido, en el cual el comprador se reservaba un décimo. +Giró el dinero don Donato; guardó como oro en paño el número y la +carta comprobante, y esperó el sorteo con fatalismo de musulmán. Sin +emoción compró la lista cuando la oyó vocear, y al fijar los ojos en +el glorioso número, una oleada de sangre afluyó á su cabeza... Era el +número adquirido en M...; el propio número... el suyo, el esperado, +el de los millones... allí estaba, claro como la luz. ¡El premio, el +premio... La fortuna, abierta de brazos, derramando oro con sus anchas +manos pródigas! + +Se repuso pronto don Donato. ¿Pues qué, no contaba con aquello, desde +tantos años hacía? ¡Era lógico que al fin viniese! Una alegría intensa, +serena, le embargaba plácidamente, mientras corría á cerciorarse... +aunque estaba seguro de que resultaría verdad.--Y verdad resultó. No +quedaba más que recoger, cobrar y disfrutar á pulso lo cobrado. + +No queriendo hacer pública su dicha, por quitarse de murgas y sablazos; +pensando que nadie ejecuta las cosas mejor que el interesado, aquella +misma noche tomó el tren y no paró hasta dar con su cuerpo en M... +Llegó á hora avanzada de la noche siguiente, molido y asendereado, como +sedentario que viaja sin ganas y por precisión, y hubo de recogerse á +una posada, para aguardar con la luz del día la hora de presentarse á +su corresponsal y reclamar el billete. Al acostarse pensó madrugar, mas +de puro quebrantado le tomó el sueño, y despertó muy tarde. Vistióse, +y con indefinible sobresalto corrió á casa del amigo en cuyas manos se +encontraba el tesoro. En la esquina de la calle vió gentío; monagos, +mujerucas que lanzaban exclamaciones de compasión; escuchó las notas +del piporro, la salmodia de los curas; rompió por entre la compacta +muchedumbre, se abrió paso hasta el portal, y al querer enfilar la +escalera, tropezó con un ataúd que bajaba en hombros... Ya lo adivinas, +lector: encerraba el cadáver del poseedor del billete premiado... + +Después de cortos momentos de angustia cruel, don Donato se resolvió á +penetrar, sin encomendarse á Dios ni al diablo, hasta el gabinete donde +lloraba la viuda. Brutalmente--millones quitan escrúpulos--formuló la +cuestión y reclamó el billete. Era de temer un desmayo: no lo hubo; +la viuda, digna y tranquila, franqueó á don Donato el mueble donde +el difunto guardaba sus papeles de mayor interés. Á las primeras de +cambio encontraron en el cajón central una cédula de letra del muerto, +que decía así: «Día tantos... he comprado para el señor don Donato +Galíndez, droguero en Madrid, un billete entero de lotería, número +tantos, que conservo en mi poder...». Y debajo: «Día tantos, recibida +letra importe billete, menos un décimo que reservo para mí...». Abrió +tanto ojo la viuda con lo del décimo, y desde aquel mismo instante se +consagraron ella y don Donato, rivalizando en celo, á registrar la +casa de abajo arriba; pero aun cuando gastaron tres días en pesquisas +minuciosas, nada pudieron encontrar. El billete había desaparecido. + +Al cuarto día, don Donato, que ya tenía fiebre y estaba medio loco, iba +á retirarse amenazando con la Justicia, cuando la viuda, llamándole á +un rincón y titubeando, le dijo quedamente: + +--¿Sabe usted... que... que pienso una cosa? Se me ha clavado aquí--y +apoyaba el índice en el entrecejo. + +--¿Qué cosa, señora mía? + +--Que... que tal vez... ese... ese billete... esté... Sí, casi de fijo +está... + +--¿Dónde, voto á mil pares?... + +--¡Está... enterrado... con mi esposo!... + +--¡Enterrado!--exclamó don Donato, á punto de que lo enterrasen también. + +¿Lo creerán ustedes? Si no lo creen hacen mal. El terror á los muertos +era tan profundo en don Donato, que si no le anima y envalentona la +viuda, tal vez renuncia entonces á perseguir su billete. «No dude que +está allí--insistía ella más resuelta cada vez--, porque _llevó puesta_ +su levita buena, la de paño fino, y es la misma que usó tres ó cuatro +días antes de morir... Juraría que el billete va en el bolsillo. Como +mi esposo falleció casi de repente...». + +Azuzado por la valerosa señora, don Donato se enteró de las +formalidades necesarias para hacer exhumar judicialmente un cadáver, +y pareciéndole empresa erizada de dificultades y hasta de peligros, +resolvió echar por la calle de en medio y sobornar al encargado de +la custodia del cementerio, para que abriese el nicho y el ataúd. +Encuéntrase el cementerio de M... situado á orillas del mar, y la noche +en que se realizó la lúgubre hazaña era de tormenta horrible; silbaba +el viento entre los negros cipreses, y el sordo é imponente murmurio +del océano tenía tonos de queja, de maldición y de llanto; clamores +sobrehumanos por lo amenazadores y tristes, parecidos á un coro de +voces de muertos. Á don Donato le corría el sudor, en frías gotas, +desde el cráneo hasta la nuca; sus dientes castañeteaban, y sus piernas +flaqueaban como si fuesen de algodón. Destapiaron el nicho; para sacar +la caja, tuvo el droguero que ayudar, pues pesaba bastante; y cuando +se alzó la tapa de zinc, la primer bocanada de putrefacción, el hedor +cadavérico, dió, más que en las narices, en el alma á don Donato. La +viuda, siempre animosa, le dijo al oído: + +--Ea... registre usted; no vaya á creer, si registro yo, que le engaño. + +Acercó el sepulturero la linterna; don Donato, con esfuerzo +sobrehumano, se inclinó sobre la caja; vió una cara espantosa, verde +ya, unos ojos abiertos, vidriados y aterradores, una barba fosca, unos +labios lívidos... y sólo cuando la viuda repitió con energía: + +--¡Pero regístrele usted! + +Sólo entonces, lo repito, se dió cuenta de lo más horroroso... ¿Qué +había de registrar? ¡El cadáver estaba desnudo! Cayó desplomado el +droguero, mientras la viuda, con acento de desesperación, exclamaba: + +--¡Estúpida de mí! ¡Por qué no picaría yo á tijeretazos la ropa! +¡Cuando la ven entera, se la llevan, los muy ladrones! + + * * * * * + +Se dió el oportuno aviso á la policía: se registraron las casas de +empeño y préstamos de toda España, mas no pareció el siniestro billete, +y el premio se lo guardó la Hacienda frotándose las manos (es una +manera de decir). Probablemente, el ladrón de la levita arrojó al mar, +sin examinarlos, los papeles que halló en los bolsillos, por temor á +que le comprometiesen... Lo cierto es que don Donato, á su vez, cayó +enfermo y murió consumido de hipocondría, enseñando los puños á una +figura imaginaria, que debía de ser la descarada, la indinota de la +suerte. + + + + + EL GUARDAPELO + + +Aunque son raros los casos que pueden citarse de maridos enamorados +que no trocarían á su mujer por ninguna otra de las infinitas que en +el mundo existen, alguno se encuentra, como se encuentra en Asia la +perfecta mandrágora y en Oceanía el pájaro lira ó menurio. ¡Dichoso +quien sorprende una de estas notables maravillas de la naturaleza y +tiene al menos la satisfacción de contemplarla! + +Del número de tan inestimables esposos fué Sergio Cañizares, unido +á Matilde Arenas. Su ilusión de los primeros días no se parecía á +esa efímera vegetación primaveral que agostan y secan los calores +tempranos, sino al verdor constante de húmeda pradera, donde jamás +faltan florecillas ni escasean perfumes. Cultivó su cariño Sergio +partiendo de la inquebrantable convicción de que no había quien +valiese lo que Matilde, y todos los encantos y atractivos de la +mujer se cifraban en ella formando incomparable conjunto. Matilde era +para Sergio la más hermosa, la más distinguida, donosa y elegante, +la más discreta y simpática, y también, por añadidura, la más +honesta, firme y leal. Con esta persuasión él viviría completamente +venturoso, á no existir en el cielo de su dicha--es ley inexorable--una +nubecilla tamaña como una almendra, que fué creciendo y creciendo y +ennegreciéndose y amenazando cubrir y asombrar por completo aquella +extensión azul, tan radiante, tan despejada á todas horas, ya reflejase +las suaves claridades del amanecer, ya las rojas y flamígeras +luminarias del ocaso. + +La diminuta nube que oscurecía el cielo de Sergio era un dije de oro, +un minúsculo guardapelo que, pendiente de una cadenita ligera, llevaba +constantemente al cuello Matilde... Ni un segundo lo soltaba; no se +lo quitaba ni para bañarse--con exageración tal, que como un día se +hubiese roto la cadena cayendo al suelo el dije, Matilde, pensando +haberlo perdido, se puso frenética de susto y dolor; hasta que, +encontrándolo, manifestó exaltado júbilo--. Desde el primer momento de +intimidad conyugal, que permitió á Sergio ver brillar sobre el blanco +raso del cutis de Matilde el punto de oro del guardapelo, aquel punto +se le clavó en el alma, atrayendo sus ojos como si le hipnotizase. +No llevaba Matilde cerca del corazón otra alhajilla, ni escapulario, +ni cruz, ni medalla, y Sergio, deseando arrojar de sí vagos temores, +supuso buenamente que el guardapelo encerraría algún emblema +religioso. Alzándolo como al descuido, preguntó: + +--¿Tienes aquí una virgen? + +--No--respondió lacónicamente Matilde. + +--¿Algún santo de tu devoción? + +--Tampoco. + +--¡Ah!--murmuró el esposo.--Y se mordió los labios. Hay en el amor +verdadero un instinto de delicadeza y altivez que impone la discreción: +cuanto más crece el ansia de _saber_, mayor es la exigencia de que sea +franco y sincero, y que lo sea espontáneamente, el ser querido; se +desea deber la tranquilidad á una expansión de cariño y ternura. Sergio +sintió que su dignidad amorosa no le permitía insistir en la pregunta, +y fingió olvidarse de ella; pero le quedó la espina hincada muy +adentro. Aparentó estar alegre cuando realmente se encontraba abatido +y melancólico, y apenas acertaba á pensar sino en el guardapelo de su +esposa. ¿Qué contenía? Hubiese dado la vida por salir de dudas... pero +oyéndolo de boca de ella misma, de sus dulces labios, en uno de esos +arranques leales y divinos en que los espíritus se besan, entrelazan +y funden. Mas como Matilde, aunque siempre zalamera y halagadora, +continuaba callándose lo del guardapelo, Sergio comprendió que se +confundía su razón, que padecía mucho, y que, cuando tenía delante á +su mujer, linda, adornada, dispuesta á amantes expansiones, en vez de +ver su codiciada hermosura, sólo veía el siniestro punto de oro, el +guardapelo fatal. + +Matilde notó por fin la preocupación de su marido, y con coqueterías +y mimos quiso arrancarle la confesión de sus causas. Un día, tanto +apretó, que Sergio, vencido--el que ama fácilmente se rinde--, +reclinando la cabeza en el seno de su mujer, declaró que le atormentaba +ignorar lo que contenía aquel tan estimado guardapelo. + +--¿Y era eso?--respondió Matilde sonriente--¡Válgame Dios! ¿Por qué no +lo dijiste más pronto? En este guardapelo... hay un mechón de pelo de +mi padre. + +La explicación parecía muy satisfactoria, y, sin embargo, Sergio, al +oirla, sintió hondo estremecimiento allá en lo íntimo de su conciencia. +No le había sonado bien la voz de Matilde; no encontraba en ella ese +timbre claro, que es como el eco de la verdad. Por primera vez desde su +boda tuvo un violento arranque, y señalando á la cadena, ordenó: + +--Abre ese guardapelo. + +Leve palidez se extendió por las mejillas de Matilde, pero obedeció; +apretó el resorte y Sergio divisó, tras su cristal, un mechón de pelo +fino, de un rubio ceniza... En vez de echar los brazos al cuello de su +mujer, que repetía: «¿Lo ves?» Sergio volvió á percibir otro golpe, +otra fría puñalada... Retiróse lentamente, y aquel día los esposos no +se hablaron. Matilde, quejándose de jaqueca, se acostó á medio día, y +Sergio salió al campo á pasear. + +Cavilaba, discurría. Su suegro, ya difunto, y á quien había conocido +calvo, con cerquillo de pelos grises, ¿sería en su juventud tan +rubio? La cosa era bastante difícil de averiguar. Probablemente nadie +recordaba ese detalle, pues para nadie tenía importancia, sino para +él, Sergio, en aquella hora de su vida. ¿Quién le diría la verdad? Los +días siguientes, disimulando la inquietud, preguntó á troche y moche, +frecuentó el trato de los contemporáneos de su suegro, revisó retratos +antiguos, fotografías, una miniatura... Nada logró sacar en limpio, más +que noticias contradictorias.--Por fin, recordó que hacía pocos meses +Matilde le había interesado en una recomendación á favor de un quinto, +nieto de cierta buena mujer que había sido niñera de su padre, y que +vivía aún, en una aldea cercana. Sergio, afanoso, ensilló el caballo y +no paró hasta apearse ante la cabaña de la viejecita. Ésta, que frisaba +en los ochenta y tres años, estaba impedida, medio ciega y casi sorda. +Costóle gran trabajo á Sergio hacer comprender á la anciana su extraña +pregunta. ¿De qué color tenía el pelo su suegro cuando era niño? Al +fin, la vieja, meneando la cabeza decrépita, respondió en cascada voz, +alzando el dedo índice: + +--¿El pelo? Lo tenía negrito, negrito como la endrina. ¡Ay! Era muy +guapo. + +Sergio, que al pronto se quedó convertido en piedra, salió después +corriendo como un loco. Matilde había mentido. ¡La condenaba aquel +testimonio irrecusable! No podía ser recuerdo filial el mechón rubio. + +Una semana tardó Sergio en volver á su hogar. Anduvo errante, +desatinado, y durante aquella semana puede decirse que recorrió el +ciclo de la vida del sentimiento y que agotó entera la copa de la duda +y la desesperación, sufriendo la profunda miseria moral que acompaña +á los celos. Los dos primeros días dió por seguro que Matilde era una +gran culpable y decidió matarla.--Los dos siguientes supuso que el +mechón no recordaba sino algún inocente amorío de la adolescencia. Y +al correr los tres últimos empezó á sonreirle una hipótesis que á cada +paso se le figuraba más cuerda y razonable: la anciana, chocha ya, se +había equivocado, como se equivocan hasta en lo más patente otras dos +centenarias temblonas, la historia y la tradición. Al séptimo día, +en el alma de Sergio el amor consiguió reconstruir su mundo ideal: +la condenada vieja mentía, era una bellaca embustera y maliciosa; el +padre de Matilde tenía el pelo rubio, muy rubio, y en último caso, si +aquel mechón fuese _una memoria_... ¿qué importaba? No hay mujer que no +conserve un guardapelo y lo lleve, si no al cuello en el corazón, lo +cual es peor, ¡peor infinitamente!--Y Sergio, dolorido, pero resignado +y ferviente, volvió al lado de Matilde, acostumbrado ya al brillo +siniestro del punto de oro. + + + + + LA VENTANA CERRADA + + +Si alguna febril curiosidad he padecido en mi vida--declaró Pepe +Olivar, el original escritor que hizo ilustre el prosaico seudónimo de +_Aceituno_--; si me convencí prácticamente de que por la curiosidad +se puede llegar á la pasión, fué debido al enigma de una ventana +cerrada siempre, y detrás de la cual supuse que vivía--ó más bien que +moría--una mujer á quien no conseguí ver nunca... ¡Nunca! + +--Eso parece leyenda de antaño, cuento misterioso de la época +romántica--exclamó uno de nosotros. + +--¡Y tú te figuras, incauto--repuso _Aceituno_ sarcásticamente--que ha +inventado algo el romanticismo? ¿Supones que no hubo románticos sino +allá por los años del 30 al 40? ¿Desconoces el romanticismo natural, +que no se aprende? ¿Piensas que la imaginación puede sobrepujar á la +realidad? Las infinitas combinaciones de los sucesos producen lo que +ni aun entrevé la inspiración literaria. De esto he tenido en mi vida +muchas pruebas; pero la historia de la ventana... ¡ah! ésa pertenece, +no al género espeluznante, sino á otro, poco lisonjero ciertamente para +mí... Con todo, no careció de poesía: poesía fueron, y poesía de gran +vibración, las violentas emociones que logró producirme. + +Supón que yo era muy muchacho: iba á cumplir los diecinueve, y desde +C... acababa de trasladarme á Madrid para completar mis estudios en la +facultad de Medicina y «despabilarme» (así decía mi padre, que me tenía +por un rapaz encogido y torpe). Es frecuente que los chicos, por exceso +de sensibilidad, parezcan lerdos; así me pasaba á mí; andaba por el +mundo como dormido, mientras en mi interior se representaban novelas, +dramas y tragedias, siempre con el mismo protagonista; el pobre +estudiante de medicina, que desde el balcón de una casa de huéspedes de +las más baratas, miraba pasar el torbellino de la corte, el descenso +de los elegantes trenes hacia el paseo y los toros, el movimiento +incesante, vertiginoso, de una de las grandes arterias madrileñas. + +Dominaba mi balcón del cuarto piso, no sólo la ancha calle que sabéis, +sino las estufas, dependencias y jardines de cierto magnífico palacio. +Cuando el bullicio callejero me aburría; cuando, rendido de estudiar +para prepararme á los exámenes, ó de tragar libros y almacenar +conocimientos, ó de darme un atracón de versos, soñaba con siestas en +el campo y excursiones al través de las rientes campiñas galaicas, +reposaba fijando la vista en lo que familiarmente llamaba «mi jardín». +Dada la penuria de vegetación del interior de Madrid, el tal jardín +se me figuraba un oasis consolador de la estrechez de mi cuarto, del +tiesto de albahaca tísica que cultivaba mi patrona, de la falta de +dinero para salir al campo los domingos. Frondosos y crecidos eran +los árboles que sombreaban la fachada del palacio; pero, en otoño, +los de hoja caduca, al despojarse de su rozagante vestido verde, me +descubrían, en el segundo piso, en el ángulo del edificio, muy distante +del pórtico por donde salían los carruajes, _la ventana_... + +Al pronto, no extrañé que aquella ventana, alta y rasgada, fuese la +sola que jamás se abría, la única que, protegida siempre por el abrigo +de su tupido cortinaje de seda, permanecía velada como un santuario +y cerrada como la reja de una prisión. Así que caí en la cuenta, lo +único que me atraía del palacio espléndido era la ventana dichosa. Mi +vista, que antes registraba afanosamente los dorados salones, las bien +decoradas estancias, los gabinetes llenos de delicados chirimbolos, +el lujo severo del comedor, con sus bandejas de plata repujada y +sus flamencos tapices--cosas que daban idea de una vida superior, +desconocida para mí--, ahora desdeñaba tal espectáculo, y «atraída por +un imán más poderoso», como dice Hamleto, no se apartaba del ángulo del +edificio, de la ventana nunca abierta. + +Con insinuantes preguntas á mi patrona; haciendo charlar á mis +compañeros de hospedaje y café, que se jactaban de conocer á fondo +la crónica madrileña--quise averiguar la biografía de los moradores +del palacio. Si bien todos afirmaban saberla á ciencia cierta y con +pelos y señales, al precisar sólo obtuve datos truncados y hasta +contradictorios, que me pusieron en mayor confusión. + +El dueño del palacio era un opulento magnate que había pasado +larguísimas temporadas en el extranjero, desempeñando altos puestos +diplomáticos. Por su alejamiento de la patria y por su carácter +reservado y altanero, tenía en Madrid escasos amigos y contadas +relaciones, y era de los que ni se dejan ver ni quieren gente. Al +tratarse de la familia del señorón, empezaban las opuestas versiones +y las noticias novelescas. Según unos, el magnate estaba viudo de +cierta bellísima inglesa, y tenía consigo á una hija no menos hermosa, +único fruto de su enlace; según otros, la inglesa no había muerto y +residía en el palacio, secuestrada por los bárbaros celos del esposo... +Gentes de imaginación volcánica aseguraban que la dama emparedada del +palacio no era sino una odalisca robada en Constantinopla, y muchos la +convertían en princesa circasiana venida de los países donde es más +puro el tipo humano en la raza blanca, y donde la mujer, satisfecha con +tener á su lado al señor y dueño, no aspira ni á sentar en las losas de +la calle su diminuta babucha bordada de perlas... Estas suposiciones +me derramaron en las venas vitriolo y fuego. ¡Recuerdo que frisaba +yo en los veinte años, y que no había amado aún! Noches enteras me +pasé fantaseando la ventana cerrada, que guardaba, á mi parecer, la +clave de mi destino. Con el corazón palpitante espiaba la aparición +de la mujer que alguna vez, fatalmente, entreabriría el cortinaje y +pagaría mis miradas con una sola, resumen de la dicha... No me cabía +duda; la primer ojeada de la cautiva sería chispa de rayo, premio de mi +insensata y romancesca devoción... Me procuré unos gemelos marinos para +mejor escrutar el arcano de la ventana. Conté las mallas del encaje +del trasparente, las bellotas de pasamanería del cortinaje doble, los +arabescos del brocado... Cuando se encendían dentro las lámparas, yo +veía pasar y repasar una sombra gallarda, esbelta, ya arrastrando +flotante bata, ya ceñida por severo traje oscuro; sombra divina, +cuerpo de mi ensueño loco... ¿Lo creerán ó dirán que exagero? Hasta +tal punto me sacaban de quicio la dama invisible y la ventana cerrada, +que eran indiferentes á mi juventud fogosa todas las mujeres y se me +hacía aborrecible la lectura, como no encontrase en los libros alguna +situación semejante á la mía... + +¡Los planes que forjé! ¡Los delirios que se me ocurrieron! ¿Por qué +secuestraban á aquella mujer celestial? ¿Qué tirano, qué verdugo era +el magnate? ¿Qué nombre daba á sus derechos? ¿Padre? ¿Marido? ¿Raptor +y amante celoso? ¿Había yo de tolerar el crimen? ¿No podría el oscuro +estudiante, el cero social, libertar á la prisionera? ¿Tanto costaba +escalar la tapia, salvar la puerta, aprovechar descuidos de los +servidores, deslizarme escalera arriba, aparecer de súbito en el cuarto +de la hermosa, caer á sus pies y decir en voz conmovida: «Aquí me +tienes; el cielo te depara un redentor». + +Sólo que del pensamiento al hecho... Á pesar de mi fiebre amorosa y +heroica, el aspecto señorial del palacio, la gravedad del portero de +librea de gala, lo sólido del enverjado, los ladridos roncos de un +colosal dogo de Ulm, la saludable memoria del Código y también la +certidumbre de mi bolsillo vacío---no hay cosa que así cohiba--, hacían +que mis propósitos se desvaneciesen como el humo. Y quiso la pícara +casualidad que una mañana que me levanté muy resuelto, al mirar al +jardín y al palacio pensé que me daba un accidente... La ventana, ¡la +ventana! estaba abierta de par en par. + +Exhalé un grito, asesté los gemelos... La habitación, un elegante y +muelle _boudoir_ femenino, se encontraba vacía, desierta, solitaria... +Recorrí las demás ventanas del palacio, todas abiertas, y en los +salones ni alma viviente... El portero, ya sin librea, fumaba en el +jardín; dos mozos retiraban plantas y jarrones á la estufa. Bajé mis +cuatro pisos, crucé la calle, me llegué á la verja, tiré de la campana, +pregunté... Los señores, la víspera, se habían marchado á Berlín. + +--¿Y llegaste á averiguar, oh insigne _Aceituno_, quién era la dama +secuestrada? + +Pepe Olivar sonrió con ironía y humorismo, no sin mezcla de tristeza y +nostalgia--su sonrisa propia, la marca de su estilo. + +--Reíos también, ¡es muy chusco! Era la esposa del magnate, una +inglesa... y secuestrada, ya lo creo... pero por su propia voluntad, +único medio de que no rompa sus hierros una mujer. Ésta padecía una +enfermedad de la piel; una de esas afecciones tercas y repugnantes, +que desfiguran el rostro. De flor de Albión se había convertido en +berenjena madura... y como la prescripción era evitar la más leve +corriente del aire, no salía del tocador... Por otra parte, no quería +que la viese nadie con la cara echada á perder. Un doctor alemán +restauró las rosas y la nieve de aquella faz, que yo adoré sin haberla +visto. + + + + + INFIDELIDAD + + +Con gran sorpresa oyó Isabel de boca de su amiga Claudia--mujer formal +entre todas, y en quien la belleza sirve de realce á la virtud, como al +azul esmalte el rico marco de oro--la confesión siguiente: + +--Aquí donde me ves, he cometido una infidelidad cruelísima, y si hoy +soy tan firme y perseverante en mis afectos, es precisamente porque me +aleccionaron las tristes consecuencias de aquel capricho. + +--¡Capricho tú!--repitió Isabel atónita. + +--Yo, hija mía... Perfecto, sólo Dios. Y gracias cuando los errores nos +enseñan y nos depuran el alma. + +Con levadura de malignidad, pensó Isabel para su bata de encaje: + +--Te veo, pajarita... ¡Fíese usted de las moscas muertas! Buenas cosas +habrás hecho á cencerros tapados... Si cuentas ésta, es á fin de que +creamos en tu conversión. + +Y, despierta una empecatada curiosidad y una complacencia diabólica, +volvióse la amiga toda oídos... Las primeras frases de Claudia fueron +alarmantes. + +--Cuando sucedió estaba yo soltera todavía... La inocencia no siempre +nos escuda contra los errores sentimentales. Una chiquilla de dieciséis +años ignora el alcance de sus acciones; juega con fuego sobre barriles +atestados de pólvora, y no es capaz de compasión, por lo mismo que no +ha sufrido... + +La fisonomía de Claudia expresó, al decir así, tanta tristeza, que +Isabel vió escrita en la hermosa cara la historia de las continuas +y desvergonzadas traiciones que al esposo de su amiga achacaba con +sobrado fundamento la voz pública. Y sin apiadarse, Isabel murmuró +interiormente: + +--Prepara, sí, prepara la rebaja... Ya conocemos estas semiconfesiones +con reservas mentales y excusas confitadas... El maridito se aprovecha, +pero por lo visto has madrugado tú... Pues por mí, absolución sin +penitencia, hija... ¡Y cómo sabe revestirse de contrición! + +En electo; Claudia, cabizbaja, entornaba los brillantes ojos, velados +por una humareda oscura, profundamente melancólica. + +--Dieciséis años; era mi edad... y había un ser á quien entonces quería +acaso más que á ninguno. Todos los momentos de que podía disponer, los +dedicaba á acariciarle, á hacerle demostraciones de ternura, que él +pagaba con otras, mil veces más apasionadas y alegres... + +--¡¡Claudita!!--esclamó Isabel con pudibundo mohín. + +--Isabel...--repuso ésta--tranquilízate, y que no te parezca cómica la +revelación... ¡Si vieses qué lejos de mí está el tomar á broma este +episodio! ¡Ojalá pudiese! El ser querido era un perro... + +--¡Ah!--gritó Isabel, que no pecaba de necia--Debí figurármelo... +Sólo un perro justifica el lirismo con que te expresabas... Sólo el +corazón del perro encierra lealtad, sinceridad y nobleza bastante para +satisfacer á una soñadora como tú... + +--Y ahí está la razón de mis remordimientos...--afirmó seriamente +Claudia--Si yo hubiese vendido á un ser capaz de venderme... mi +conciencia estaría casi tranquila. Habría arriesgado algo, me habría +expuesto á represalias... mientras que así... + +--Comprendo, comprendo--balbució Isabel, conmovida á pesar suyo. + +--Á pesar del tiempo transcurrido, aún me persiguen los recuerdos de +mi maldad... Los años nos hacen más blandos de corazón; la juventud +ve delante de sí tantas esperanzas, que no quiere mirar al dolor, ni +apiadarse del daño que aturdidamente ocasiona... Mi error no tuvo +disculpa, ni siquiera la del buen gusto. Ivanhoe, mi primer favorito, +era un perrazo magnífico, un terranova de pelo ensortijado y negrísimo, +como denso tapiz de alto astracán. De cabeza noble é inteligente, el +mirar de sus grandes ojos de venturina destellaba una bondad ideal; +¡decía un mundo de cosas! Cuando venia á descansar la cabezota en +mi regazo, y fijaba en mis pupilas las suyas magnéticas, yo leía en +ellas la resolución de morir por mí, si fuese preciso. La sombra de +un peligro, la entrada de una persona desconocida, contraían con +repentina ferocidad el hocico de Ivanhoe, que enseñaba sus blancos +dientes amenazándoles, gruñendo sordamente. De día, me seguía paso á +paso; de noche, dormía atravesado en el umbral de mi puerta. Mi pureza +no necesitaba otro guardián, y mis padres acostumbraban decir que con +Ivanhoe iba yo más defendida que con tres criados. + +En esto sucedió que vino de París mi tía la de Bellver, y me trajo un +regalo carísimo. Empezaban á ponerse de moda los grifones, y dentro del +manguito me presentó uno, diminuto hasta la ridiculez y feo hasta la +sublimidad: «una delicia», voz unánime de cuantos le admiraron en la +tertulia. Un matorral de pelo gris sucio se cruzaba y confundía en la +cara del animalejo, escondiendo sus ojos desproporcionados, parecidos +á enormes cuentas de azabache y descubriendo sólo la nariz, trufita +húmeda, reluciente y donosa hasta la caricatura. _Clown_--así se +llamaba el bichejo--fué nuestro juguete, frágil, original y envidiado, +porque no se conocía otro en Madrid; y la miseria de mi vanidad me +incitó á consagrar á Clown exclusivamente todos mis halagos, á no +separarle de mí, á adoptarle por favorito, olvidando enteramente á +Ivanhoe. Es más; llegué á expulsar á Ivanhoe de mi presencia y de mi +cuarto, porque asustaba al grifón, el cual, muy tembleque, como todos +los perros chiquitines, se convertía en azogado al ver al colosal +terranova. Me entregué sin reparo al nuevo cariño, y si no le encargué +á Clown un _trousseau_ lujosísimo de sedas, encajes y plumas (ya sabes +que esto se hace hoy, como que existen modistas especiales y hasta +figurines para perros), al menos me dediqué á lavarle, peinarle, +perfumarle y atusarle, y le construí un collarín precioso de perlitas, +sacrificando mi mejor brazalete para los pasadores de diamantes. Mis +amigas rabiaban por no tener otro Clown; yo le sacaba en carruaje, en +el manguito ó en el rincón de mi chaqueta, entre el brazo y el seno; +y al lucir tan gracioso dije viviente, al ostentarlo como una niña +ostenta una muñeca más cara que todas, me pavoneaba y me hinchaba de +orgullo, sin pensar ni un instante en el olvidado... + +El olvidado había procedido con la mayor dignidad, con la delicadeza +más absoluta. Bastaríale mover una pataza para aplastar al rival +intruso, pero se desdeñó hasta de ladrarle: tan mezquino enemigo no +merecía los honores del ataque y de la protesta. Si se hubiese tratado +de un perrazo... ya Ivanhoe disputaría mi ternura á dentelladas. Ante +aquel ser exiguo, Ivanhoe comprendió que no le tocaba descender á +ningún extremo celoso; se abatió, encogió la cola, agachó la cabeza, y +resignadamente descendió á la cuadra, donde los cocheros se encargaron +de cuidarle. + +--Ese perro era _un caballero_--interrumpió Isabel. + +--Y yo... _¡una infame!_--declaró amargamente Claudia.--Ivanhoe, solo, +enfermo, abandonado entre gente grosera y estúpida... No me enteré sino +cuando no había remedio.--Tiene la rabia mansa--me dijeron--y aunque +no hace daño ni muerde, habrá que pegarle un tiro.--Sentí un golpe +repentino en el corazón; me escapé, me escurrí furtivamente hasta la +cuadra, y me acerqué al montón de paja mal oliente en que yacía tendido +Ivanhoe. Á mi voz, entreabrió las pupilas y meneó débilmente la cola, +como diciendo: «Gracias, soy tu amigo, soy aquel mismo, á pesar de +todo...». Habían notado mi escapatoria y me arrancaron de allí deshecha +en llanto, ahogada por los sollozos, convulsa; me encerraron en mi +habitación, y á la media hora oí en el patio dos detonaciones de arma +de fuego... + +Claudia calló y apretó en silencio, enérgicamente, la mano de Isabel. +Después de una pausa, dijo sonriendo: + +--Ivanhoe me perdonó, porque en él no cabía otra cosa; ¡quien no me +ha perdonado ha sido el destino... el gran vengador! No me ha traído +suerte la infidelidad... El que á hierro mata... + + + + + DE VIEJA RAZA + + +Á cada salto de la carreta en los baches de las calles enlodadas y +sucias, las sentenciadas á muerte se estremecían y cruzaban largas +miradas de infinito terror. Sí, preciso es confesarlo: las infelices +mujeres no querían que las degollasen. Aunque por entonces se +ejercitaba una especie de gimnasia estoica y se aprendía á sonreir y +hasta á lucir el ingenio soltando agudezas frente á la guillotina, +en esto como en todo las provincias se quedaban atrasadas de moda, +y los que presentaban su cabeza al verdugo en aquella ciudad del +Poitou no solían hacerlo con el elegante desdén de los de la «hornada» +parisiense.--Además, las víctimas hacinadas en la carreta no se +contaban en el número de las viriles amazonas del ejército de Lescure, +ni habían galopado trabuco en bandolera con las partidas del _Gars_ +y de Cathelineau. Señoras pacíficas sorprendidas en sus castillos +hereditarios por la revolución y la guerra, briznas de paja arrebatadas +por el torrente, no se daban cuenta exacta de por qué era preciso +beber tan amargo cáliz. ¿Ellas qué habían hecho? Nacer en una clase +social determinada--ser aristócratas, como se decía entonces--. Nada +más. Los cuatro cuarteles de su escudo las empujaban al cadalso. No lo +encontraban justo. No comprendían. Eran _sospechosas_, al decir del +tribunal; _malas patriotas_. ¿Por qué? Ellas deseaban á su patria toda +clase de bienes; jamás habían conspirado. No entendían de política. ¡Y +dentro de un cuarto de hora...! + +Cinco mujeres iban en la carreta: dos hermanas solteronas, viejísimas, +las que mayor resignación demostraban en el trance; una dama como de +treinta años, esposa de un guerrillero, separada de él desde el mismo +día de sus bodas, que no le había visto nunca más porque no podía +sufrirle, y pagaba ahora el delito de llevar tal nombre; una viuda, +la condesa de L’Hermine, y su hija Ivona, criatura de dieciocho años, +de primaveral frescura y perfecta belleza. Bajo el gorrillo ó cofia +de blancos vuelos, el pelo suelto y rubio de la niña se escapaba +formando aureola á la cara cubierta de mortal palidez, y en que las +pupilas color de violeta y los cárdenos labios parecían toques de +sombra sepulcral. Las manos, atadas atrás, temblaban; los dientes +castañeteaban; doblábase desmayado el cuerpo. + +Sin embargo, desde la mitad del camino--que era largo, por encontrarse +la prisión en las afueras de la ciudad y en el centro la plaza--, Ivona +de L’Hermine, enderezándose, demostró inquietud nerviosa, delatora +de una esperanza. Dos veces el oficial que mandaba la escolta de +_azules_ á caballo se había acercado á la carreta y murmurado al oído +de Ivona algunas palabras, un cuchicheo. Tiñó el carmín las mejillas +descoloridas de la doncella: no era el rubor de la modestia, ni el +dulce sofoco de la pasión; no eran los sentimientos que en un alma +joven despiertan las expresiones del amoroso rendimiento. Por más que +el oficial fuese mozo y gallardo, Ivona no reparaba en su apuesta +figura. Otra cosa encendía su rostro; la vida, la mágica vida, la vida +que no había saboreado y que iba á perder. Al casi paralizado corazón +acudía de nuevo la sangre, y los ojos de violeta recobraban su luz. ¡No +morir! + +Instintivamente, desde que Ivona oyó la primer frase balbuceada por el +oficial, trató de desviar el rostro, evitando el de su madre. Ésta, en +cambio, clavaba en Ivona los ojos, fijos, ardientes, interrogadores. +Ya á la salida de la cárcel pudo notar la impresión producida en el +oficial por la hermosura de Ivona. La condesa no tenía ideas políticas; +no la importaba Luis XVII martirizado en el Temple; mal de su grado +se veía envuelta por los sucesos; deber la vida á un republicano no +la parecía humillante. Se la debería gustosísima, aceptaría la de su +hija, pero... ¿y la honra?--Por espacio de largos años, recluida en sus +haciendas, lejos del mundo, sólo había atendido la condesa á educar +á Ivona con máximas de honestidad y de recato, cultivándola entre +blancuras de azucena, fortificándola por el ejemplo de la más casta +viudez. La corrupción de la corte espantaba á la condesa, y hasta había +momentos en que, recordando á Luis XV, justificaba la revolución y la +consideraba castigo divino, merecido y necesario. La fe y el culto +supersticioso de aquella mujer no eran la monarquía ni el antiguo +régimen, sino la pureza, la religión del armiño que llevaba en su +título nobiliario y en la empresa de su blasón. Y al observar cómo el +oficial devoraba con la mirada á Ivona, al ver que deslizaba en su oído +palabras que la reanimaban instantáneamente, pensó para sí: «Quiere +salvarla. ¿Á ella sola? ¿Á qué precio? + +Increíble parece que una idea triunfe del horror que nos domina, al +ver abierta la negra boca del no ser, las fauces de la eternidad. La +condesa, en tan decisivos momentos, olvidando el miedo, sólo pensaba +en Ivona ultrajada, mancillada, llevada por el oficial á su pabellón +como una mujerzuela, después de que la hubiese arrebatado al patíbulo. +Y no cabía duda: la niña aceptaba el trato: quizá su inocencia ignorase +las condiciones; pero lo admitía: era vivir, era evitar el amargo +trance. Mientras la indignación hervía en el alma de la madre, la +hija volvía la cabeza para buscar con sus ojos, antes amortiguados, +resplandecientes ahora, suplicantes, agradecidos, al jefe de la +escolta, que la dirigía una sonrisa tranquilizadora, de inteligencia... +Y ya llegaban; todo iba á consumarse; la carreta empezaba á abrirse +paso difícilmente por entre las oleadas de la multitud que llenaba +la plaza, en cuyo centro, siniestra y rígida silueta, se alzaba la +guillotina, recogiendo un rayo de sol en su cuchilla de acero... + +Al detenerse la carreta, los soldados, atentos á una orden del oficial, +hicieron bajar á la condesa y á Ivona. Quedaron las demás sentenciadas +dentro, aguardando su turno: rezando las viejas, la esposa del +guerrillero renegando de su suerte y pidiendo compasión. La condesa +advirtió que la llevaban á ella primero y que su hija quedaba como +rezagada al pie de la escalera, medio perdida ya entre el gentío. +El hielo del espanto, el estremecimiento que la vista del patíbulo +había derramado en sus venas, provocando un sudor frío instantáneo, +se convirtieron en una especie de furor silencioso, de desesperada +vergüenza. Ya veía los dedos del oficial desordenando los rizos rubios +de Ivona, y la imagen sensible, la representación de la afrenta, era +más cruel y más amarga que la del suplicio. «No lo conseguirá», decidió +con resolución terrible. Acordóse de que por descuido ó transigencia +la habían dejado desatadas las manos. Como si quisiese confortarse +el corazón, deslizó la mano por la apertura de su corpiño. Algo +sacó oculto en el hueco de la mano. Y cuando el verdugo se acercó á +sostenerla para que subiese los peldaños de la escalerilla, en rápida +confidencia le dijo no se sabe qué, deslizándole en la diestra un +puñado de oro. Se ignorará lo que dijo... pero, por los resultados, se +adivina. + +Sucedió una cosa que al pronto no acertaron á explicarse los que +presenciaban la escena tristísima, y en aquellos tiempos ya casi +indiferente á fuerza de ser habitual. Y fué que el verdurgo, +retrocediendo, cogió brutalmente á la señorita de L’Hermine por el +talle, por donde pudo, y en un segundo la empujó á la escalera, y á +empellones la subió á la plataforma. La condesa le ayudaba, se hacía +atrás, impulsaba también á su hija y la arrojaba á los brazos del +ejecutor de la ley. Hízose tan rápidamente la maniobra, y era tal +el oleaje del pueblo, que rugía é insultaba, la confusión en que la +escolta se había apelotonado, que cuando el oficial, atónito, se +precipitó, quiso intervenir, Ivona caía en la báscula, y la media luna +se deslizaba mordiendo la garganta torneada, contraída por el espasmo +del terror supremo, que ni gritar permite... El verdugo agarró por los +mechones largos y rubios la lívida cabeza de la niña, que destilaba +sangre, y la presentó á los espectadores. Y la condesa de L’Hermine, +al acercarse sin resistencia para recibir la misma muerte, pensaba con +satisfacción heroica: + +--¡Gracias que pude esconder en el pecho las monedas! + + + + + BENITO DE PALERMO + + +Preguntáronle sus amigos al marqués de Bahama--riquísimo criollo +conocido por su fausto, sus derroches y su aristocrática manía de +defender la esclavitud--por qué singular capricho llevaba á su lado en +el coche y sentaba á su mesa á cierto negrazo horrible, de lanuda testa +y morros bestiales, y por contera siempre ebrio, siempre exhalando +tufaradas de aguardiente, que no lograban encubrir el característico +olorcillo de la raza de Cam.--Hay--le decían--negros graciosos, +bien configurados, de dientes bonitos, de piel de ébano, de formas +esculturales; pero éste da grima; más que negro es verde violeta; +es una pesadilla.--Y el Marqués, sonriendo, defendía á su negrazo +con algunas frases de conmiseración indolente: «¡Pobrecillo! ¡Qué +diantre!... Yo soy así». + +Al cabo, en una alegre cena donde se calentaron las cabezas, merced +á que se bebió más champagne y más manzanilla y más licores de lo +ordinario, y lo ordinario no era poco; viendo yo al marqués animado, +decidor--en plata, algo chispo--aproveché la ocasión de repetir la +pregunta. ¿Por qué Benito de Palermo--así se llamaba el negrazo--gozaba +de tan extraordinarias franquicias? Y el marqués, á quien le relucían +los hermosos ojos negros, de pupila ancha, contestó sonriendo y +señalando á Benito, que yacía bajo la mesa, completamente beodo: + +--Por borracho, cabal; por borracho. + +No logré que entonces se explicase más. Parecióme tan rara la causa +de privanza de Benito, como la privanza misma. De allí á dos días, +paseando juntos, recordé al marqués su extraña contestación, y él, +arrojando el magnífico _recorte_ que chupaba distraídamente, murmuró +con entonación perezosa: + +--Bueno; pues ya que solté esa prenda, diré lo que falta... Ahora se +sabrá cómo si no es la borrachera de Benito, estoy yo muerto hace años, +y de la muerte más horrorosa y cruel. + +No ignora usted que me he educado en los Estados Unidos, y me +aficioné á los viajes desde la niñez, porque allí el viajar se +considera complemento de toda escogida educación. Antes de cumplir +los veinticinco años había recorrido las principales ciudades de +Francia, Inglaterra y Alemania; sabía cómo se vive en cada nación +culta; en París, sobre todo, me había pasado inviernos enteros. Sin +embargo, la monotonía de la civilización empezaba á causarme tedio, +y me hurgaba el caprichillo de ver países menos cultos á la moderna. +Dediqué unos meses á registrar la hermosa Italia, parando mucho en +Roma y consagrando temporaditas á Florencia, Nápoles, Sicilia, Malta y +Córcega; y engolosinado ya--Italia siempre será un paraíso--propúseme +realizar al año siguiente otro delicioso viaje, el de Oriente: Grecia, +Turquía y Palestina. Para venir á lo que importa de este cuento, +lleguemos ya á Atenas, donde, por recomendaciones que llevaba, encontré +excelente acogida en el cuerpo diplomático y en la corte, lo cual, y +otra cosa que añadiré, contribuyó á que se prolongase mi estancia en la +capital de Grecia bastante más de lo que pensaba. + +Es el caso que en una fonda magnífica de Florencia había yo visto, por +espacio de pocas horas, á una hermosísima inglesa, la cual grabó en +mi espíritu una impresión que no habían conseguido borrar el tiempo +ni la distancia. Era de esas mujeres que no se olvidan, porque á la +belleza plástica, incomparable, reunía una gracia, una viveza y una +originalidad excéntrica y picante, que empeñaban en perseguirla y +adorarla. El vulgo cree que todas las inglesas son sosas; pero yo +le aseguro á usted que la que sale donosa, vale por diez. Eva... +(suponga usted que se llamaba así) era viuda, y viajaba con una dama de +compañía, sin rumbo fijo, adonde la llevaba su imaginación artística y +fogosa. En los cortos momentos que conseguí hablarle, volvióme loco. +No me atreví á galantearla abiertamente, y sólo con los ojos le revelé +el efecto que en mí causaba. Debo advertir que no me hizo maldito el +caso, que me toreó, y en una vuelta que di me encontré con que había +desaparecido, sin que me fuese posible acertar con ella, por más que la +busqué desalado al través de toda Italia. + +Calcule usted mi sorpresa y mi emoción, cuando en el primer sarao á que +asisto en la embajada inglesa en Atenas, me encuentro á Eva radiante de +hermosura, divinamente prendida y dispuesta á valsar. Excuso decir que +inmediatamente me dediqué á cortejarla, y á fuerza de atenciones logré +algunas ligeras señales de complacencia, pequeños indicios de que no la +era desagradable mi persona. Sin embargo, en los saraos sucesivos, y en +todos los lugares donde yo procuraba encontrarme con Eva y acompañarla, +noté cuán difícil era ganar terreno en aquel corazón caprichoso y +rebelde. Eva me desesperaba con sus coqueterías y sus arrechuchos; +nunca estaba yo seguro de llegar á vencerla; si me veía alegre, me +quería triste; si yo decía negro, ella respondía blanco. Creo que este +sistema me trastornaba más, y ya me encontraba á punto de darme á todos +los demonios, cuando... + +--Pero--interrumpí--lo que no sale á relucir es Benito de Palermo; y +confieso que Benito me importa más que la hermosa Eva. + +--Cachaza, ya llegaremos á Benito--respondió sonriendo el marqués--. +Iba á decir que por entonces fué cuando parte de la colonia inglesa que +se encontraba en Atenas dispuso organizar una excursión á caballo y en +coche, con objeto de visitar la célebre llanura de Maratón. + +--¡Ah!--exclamé estremeciéndome involuntariamente.--¡Ya sé, ya sé! +¡Conque le tocó á usted ese chinazo! ¡Qué cosa tan horrible! + +--Veo que recuerda usted el episodio. ¡No es para olvidado, no! Toda +la prensa europea habló de eso detenidamente, publicando grabados, +retratos y pormenores, día por día. Pues sepa usted que la expedición +se combinó en la embajada, entre un rigodón y un vals de Strauss. La +colonia acogió la idea con fruición y entusiasmo; las mujeres, sobre +todo, estaban alborotadísimas. Pero yo, que había conversado largamente +con palikaros, intérpretes y comerciantes judíos, recordé las noticias +que me habían dado sobre una gavilla de bandoleros que infestaba +las inmediaciones de Atenas, y cuyo número, arrojo y sanguinarias +costumbres eran motivo suficiente para alarmarse y reflexionar. Emití +un dictamen de prudencia, indicando que convendría, ó llevar numerosa +y bien armada escolta, ó renunciar al proyecto. Y entonces adquirí la +persuasión de que todos los ingleses tienen vena. Lord *** y los demás, +que formaron parte de la fatal expedición, sonrieron desdeñosamente +cuando les hablé de peligros; y á aquella sonrisa, que ya me encendió +la sangre, correspondió Eva con algunas frases tan secas y burlonas, +que me restallaron como latigazos sobre las mejillas. Vino á decir que +el que no se sintiese con ánimos para arrostrar el riesgo, haría mucho +mejor en quedarse, pues las inglesas no quieren compañía sino de gente +resuelta, capaz de no achicarse ante los bandidos, caso de haberlos, +que eso estaba por ver. El que recuerde los veintiséis años que yo +tenía, y lo enamorado que andaba de Eva, comprenderá que me propuse +formar parte de la expedición, aunque supusiese que nos acechaban +todos los salteadores del mundo. ¡Ir con Eva de viaje! ¡Galopar á su +lado! ¡Qué felicidad!--Y ella, al conocer mi propósito, giró como +una veletilla, me sonrió, y estuvo conmigo insinuante, coqueta, +hasta mimosa. La excursión quedó fijada para la mañana siguiente: +al despuntar el día nos reuniríamos en un punto dado, fuera de las +murallas de Atenas, llevando cada cual ó coche ó caballo, provisiones y +armas. De los guías se encargaba lord ***. + +Aquí aparece Benito de Palermo: no se impaciente usted, que ya sale +el figurón.--Nacido en casa de mis padres, yo le llevaba conmigo +como quien lleva un perro de lanas, porque la verdad es que no me +servía para maldita la cosa, pues siempre ha sido torpón y desidioso. +Escondiéndole la bebida, aún se lograba hacer carrera de él; pero en +cuanto lo cataba, un cepo, una piedra. En Atenas, á fuerza de prohibir +yo en el hotel que le diesen á probar ni vino ni alcohólicos, íbamos +saliendo del paso.--Al regresar de la embajada, la víspera de la +excursión, llamo al bueno de Benito, le doy órdenes y las llaves, y le +encargo repetidamente que al rayar el día tenga mi caballo ensillado y +preparadas mis armas, y me despierte aunque sea á trompicones: hecho lo +cual, me adormezco pensando en Eva. + +Cuando abro los ojos, el sol entra á torrentes en mi cuarto. +Despavorido, me echo de la cama y miro el reloj; marcaba las once. +Grito como un insensato llamando á Benito: Benito no contesta. Salgo +al cuarto de tocador, de allí al pasillo... y tropiezo con un bulto +negro, una bestia que ronca... Es Benito, ¡Benito, más borracho que +un pellejo! Comprendo instantáneamente... Dueño de mis llaves, había +asaltado un armario donde yo guardaba, entre mis trastos, una _cave +à liqueurs_, y á aquellas horas la cabalgata se encontraría cerca de +Maratón, y yo sería para Eva el ser más despreciable y más ridículo. + +Desde que estaba en el viejo continente, no había empleado el bejuco. +Cegué, y arremetiendo contra el negro, le di tal soba, que volvió +en sí llorando y gimiendo que le asesinaban. Cuando me harté de +pegarle, pensé en ensillar el caballo y reunirme á la comitiva... Pero +era preciso buscar guía, pues de otro modo, ¿cómo orientarme en la +planicie?--Y antes de que el guía pareciese, ya se divulgaba por Atenas +la noticia espantosa: los bandoleros habían copado la expedición, +cogiendo prisioneros á los expedicionarios, después de una heroica +resistencia y de herir gravemente á alguno; las mujeres habían sufrido +peor suerte, escarnecidas á la vista de sus maridos y hermanos, que +atados de pies y manos no las podían defender... Ya supone usted cual +me quedaría; no he sufrido nunca impresión más atroz. + +--Recuerdo el caso... Se llevaron á los ingleses, exigiendo un +enorme rescate y amenazando con atormentarles mientras el rescate no +llegara... Si no me equivoco, á lord *** le fueron mechando y cortando +en pedacitos: no hay idea de martirio semejante... + +--Ea, pues de eso me libré yo por estar Benito borracho perdido--afirmó +el marqués requiriendo la petaca--. Desde entonces le dejo beber lo que +quiera... y el amo, aquí, es él. + +--Según eso, ¿habrá usted comprendido que un hombre de color no es un +perro? + +--Claro que no. Los perros no se emborrachan nunca. + +--¿Y Eva? ¿Sufrió el destino de las otras? Estaría muy bien empleado. + +--¡Pues ahora caigo en que falta lo mejor!-exclamó el marqués--. Eva, +por un antojito, porque no la gustaba su traje de amazona, también se +había quedado en Atenas... ¡y si Benito me despierta y acierto á ir con +la expedición, no sólo pierdo la vida, sino los deliciosos ratos que +debí á Eva después... cuando ya se ablandó su corazón intrépido! + + + + + LEY NATURAL + + +Voy á escribir una historieta de amores. Á pesar de la ciencia, de la +economía política, de la política contra la economía, de los problemas +militares, de las huelgas y las manifestaciones, el amor conserva aún +su atractivo pueril, su gracia patética ó sonriente. Es el amor todavía +un angélico revoltoso, salado y dulce, y el aire de sus rizadas alitas, +durante las abrasadas siestas del verano, refresca las sienes de mucha +gente moza.--Fáltale al amor actualidad, pero le sobra eternidad.--Mi +cuento demostrará por millonésima vez que el dominio del amor se +extiende á todas las criaturas y que, según á porfía repiten poetas y +autores dramáticos, no hay para el amor desigualdades sociales. + +Llamábase mi heroína Muff, que en alemán quiere decir _manguito_, y la +pusieron tal nombre porque, en efecto, el fino pelaje que la revestía +daba á su diminuto corpezuelo cierta semejanza con un manguito de rica +piel gris. Dama hubo que se equivocó y echó mano á Muff; pero la dueña +de la lindísima grifona intervino exclamando: + +--Cuidado... que salgo perdiendo yo. No hay manguitos de ese precio. + +Verdad indiscutible, de las que se demuestran con cifras. Hasta dos mil +francos puede costar un manguito, si es de chinchilla de primera, y +por Muff se pagaron al contado tres mil. Hoy las pieles han subido: me +refiero á los precios de entonces. Todavía es preciso agregar al coste +de Muff el importe de sus joyas: dos collares _chien_, de perlitas uno, +otro de coral rosa con pasadores de diamantes, y un par de cascabeles +de oro incrustados de rosas y zafiros--dije útil, pues revelaba con su +tilinteo la presencia de Muff y la salvaba de morir aplastada de un +pisotón--. No omitamos tampoco en el presupuesto de Muff--nada hay que +omitir tratándose de presupuestos--el valor del elegante _trousseau_ +remitido de París, donde existen modistas y talleres especialmente +dedicados á este ramo. Poseía Muff y lucía con frecuencia, según la +estación, sus mantas acolchadas de terciopelo, raso y gro Pompadour, +con bolsillito para el microscópico pañuelo perfumado de _lilas blanc_, +sus botas de caucho ó cabritilla, sus collarines de rizada pluma, y +creo ocioso añadir que dormía en lecho de edredón con múltiples cojines +bordados y blasonados. + +¡Ah! Si las riquezas, la ostentación, el lujo, la vanidad bastasen á +los corazones sensibles, ¡quién más feliz que Muff! Era su existencia +la realización de un cuento de hadas. Habitaba un palacio lleno de +preciosidades artísticas, tenía á su servicio una doncella, diligente, +cuidadosa y mimosa, la Paquita, que después de bañar á Muff en agua +tibia, frotarla con jabón exquisito, enjuagarla con suave lienzo y +peinarla hasta esponjar sus plateadas sedas, le servía en cuencos de +porcelana golosinas selectas, y, terminada la refacción, frotaba los +dientecillos de su ama con un cepillo empapado en elixir, á fin de que +tuviese el aliento balsámico y fresca la boca. Si Muff salía, iba en +coche, por supuesto, enganchado para ella expresamente; llevábanla al +Retiro, y el lacayo, bajándola en el punto más solitario y de aire más +puro, la dejaba brincar y correr, hacer ejercicio higiénico, solazarse +á su libertad. Tampoco faltaban á Muff satisfacciones de amor propio. +Cuantos la veían, extasiábanse con la monada del manguito vivo y +alababan el pelo argentado, los ojos negros, inmensos, medio velados +por las revueltas sedas, el hociquito diminuto, semejante á una trufa, +la jeta encantadora. Así y todo, entre tantos mimos y esplendores, +andaba mustia la grifona y á veces sus vastas pupilas expresaban +nostálgica aspiración... + +Cuando Dios creó á los seres allá en las frondas tupidas del Edén, +clavóles adentro, muy adentro, en lo íntimo y profundo de la voluntad, +un aguijón, un estímulo, especie de alfiler que sin cesar punza y +se hinca y no consiente minuto de sosiego. Reclinada en sus fofos +almohadones de seda ó agasajada en brazos del lacayo, acariciada por +Paquita ó correteando por las sendas enarenadas del Retiro, Muff sentía +la punta aguzada hincarse más hondo. «No eres feliz, pobre Muff; te +falta la sal de la vida, la esencia del licor», sugería el alfiler por +medio de tenaces picaduras reiteradas; y Muff, en lánguida postura, +con el hocico ladeado y una patita péndula, suspiraba, y al anhelar +de su pecho, el cascabel de oro del collar hacía misterioso _tilín_. +Un sagaz observador comprendería al punto lo que le dolía á Muff; +pero no supieron entenderlo sus poseedores--ó no quisieron, si se da +crédito á versiones que parecen autorizadas. En consejo de familia fué +sentenciada Muff á ignorar eternamente las alegrías amorosas y las +sublimes pero arduas faenas de la maternidad. Objeto de lujo, primoroso +_bibelot_, no debía estropearse. Y al notarla melancólica, decía la +Paquita, presentando tentador plato de dorados bizcochos: + +--¡Anda, monina, tontina, no _pienses_ en _eso_! + +Un atardecer, al bajarse Muff de su coche en las umbrías del Retiro, +vió que se acercaba á ella, muy brincador y animado, feísimo perrucho. +Era un ruin gozquejo callejero, de ésos que por turno mendigan y +muerden, que rebuscan ávidamente piltrafas entre la basura, y perecen +extrangulados á manos de laceros municipales. Al ver al chucho, con +su zalea amarillenta y sucia, el primer movimiento de Muff fué un +remilguito desdeñoso. Viólo el lacayo y atizó al gozque soberano +puntapié, que le hizo exhalar un alarido doliente. La compasión +reemplazó al desdén, y Muff corrió hacia el lastimado, deseosa de +consolarle. + +Ya él volvía, sin miedo ni rencor, á rabisalsear en torno de Muff. +Empezó el juego con amistosos ladridos, mordisquillos en chanza, +hociqueos y otras manifestaciones expresivas é indiscretas de la +cordialidad perruna. Los separaron, y Muff fué recogida á casa; +pero al siguiente día, apenas descendió del coche, halló de nuevo +al gozquecillo, alegre, insinuante, porfiado como él solo. Quiso la +maliciosa casualidad que también el lacayo guardián de Muff tuviese un +encuentro, el de su paisana la niñera Lucía, muchacha rubia, de buen +palmito. Mientras los dos paisanos pegaban la hebra, la aristocrática +grifona y el can plebeyo se entendían gustosos. Quizá la sentimental +perrita confesó sus aspiraciones románticas y el vacío de su dorada +esclavitud; acaso el pobrete apasionado de aquella beldad de alto +coturno refirió sus luchas por la existencia, sus días de inanición, +la vagancia, los palos recibidos, el poema de una miseria sufrida con +estoico desprecio. Lo cierto es que, insensiblemente, aprovechando +la distracción de su custodio, Muff se apartó del coche, y guiada +por el perrucho, perdióse entre las alamedas y macizos de árboles, +en dirección á la salida del Retiro, hacia Atocha. ¡El seductor iba +delante, enseñando el camino; Muff le seguía, intrépida, sin volver el +hocico atrás; y al rápido trotecillo de sus menudas patitas, tilinteaba +suavemente, en ritmo musical, con una especie de emoción, el áureo +cascabel, al cual enviaba corrientes de electricidad el corazón +venturoso! + +Todos los periódicos anuncian la pérdida de Muff. La gratificación +ofrecida es cuantiosa. Muff, sin embargo, no parece. ¿Qué ha sido del +manguito viviente, del rebujo de argentadas sedas, entre las cuales +lucen las negrísimas pupilas enormes? ¿Qué hicieron de Muff la vida +nómada, el abandono, la necesidad? ¿La robó un aficionado, y no quiere +restituirla? ¿Yace en la alcantarilla, tiesa, helada, despojada de su +collar y su cascabel de oro y piedras? ¿Ó aceptando su humilde destino, +ha dejado voluntariamente las galas de la riqueza, y, tiritando, +acompaña á su esposo, ronda con él al amanecer, y hoza en los montones +de estiércol para engañar el hambre--el hambre, enemigo del amor, +severo juez que inflexible lo castiga, verdugo que lo mata? + + + + + EL COMADRÓN + + +Era la noche más espantosa de todo el invierno. Silbaba el viento +huracanado tronchando el seco ramaje, desatábase la lluvia y el granizo +bombardeaba los vidrios. Así es que el comadrón, hundiéndose con +delicia en la mullida cama, dijo confidencialmente á su esposa: + +--Hoy me dejarán en paz. Dormiré sosegado hasta las nueve. ¿Á qué loca +se le va á ocurrir dar á luz con este tiempo tan fatal? + +Desmintiendo los augurios del facultativo, hacia las cinco el viento +amainó, se interrumpió el eterno _flac_ de la lluvia, y un aura serena +y dulce pareció entrar al través de los vidrios, con las primeras +azuladas claridades del amanecer. Al mismo tiempo retumbaron en la +puerta apresurados aldabonazos, los perros ladraron con frenesí, y el +comadrón, refunfuñando, se incorporó en el lecho aquel tan caliente y +tan fofo. ¡Vamos, milagro que un día le permitiesen vivir tranquilo! +Y de seguro el lance ocurría en el campo, lejos; habría que pisar +barro y mascar niebla... Á ver, medias de abrigo, botas fuertes... +¡Condenada especie humana, y qué manía de no acabarse, qué tenacidad en +reproducirse! + +La criada, que subía anhelosa, dió las señas del cliente; un caballero +respetable, muy embozado en capa oscura, chorreando agua y dando +prisa. ¡Sin duda el padre de la parturienta! La mujer del comadrón, +alma compasiva, murmuró frases de lástima y apuró á su marido. Éste +despachó el café, frío como hielo, se arrolló el tapabocas, se enfundó +en el impermeable, agarró la caja de los instrumentos y bajó gruñendo y +tiritando. El cliente esperaba ya, montado en blanca yegua. Cabalgó el +comadrón su jacucho y emprendieron la caminata. + +Apenas el sol alumbró claramente, el comadrón miró al desconocido y +quedó subyugado por su aspecto de majestad. Una frente ancha, unos ojos +ardientes é imperiosos, una barba gris que ondeaba sobre el pecho, +un aire indefinible de dignidad y tristeza, hacían imponente á aquel +hombre. Con humildad involuntaria se decidió el comadrón á preguntar lo +de costumbre: si la casa adonde iban estaba próxima y si era primeriza +la paciente. En pocas y bien medidas palabras respondió el desconocido +que el castillo distaba mucho; que la mujer era primeriza, y el trance +tan duro y difícil, que no creía posible salir de él. «Sólo nos importa +la criatura», añadió con energía, como el que da una orden para que se +obedezca sin réplica. Pero el comadrón, persona compasiva y piadosa, +formó el propósito de salvar á la madre, y picó al rocín, deseoso de +llegar más pronto. + +Anduvieron y anduvieron, patullando las monturas en el barro pegajoso, +cruzando bosques sin hoja, vadeando un río, salvando una montañita y +no parando hasta un valle, donde los grisáceos torreones del castillo +se destacaban con vigoroso y escueto dibujo. El comadrón, poseído de +respeto inexplicable, se apeó en el ancho patio de honor, y guiado por +el desconocido, entró por una puertecilla lateral, directamente, á una +cámara baja de la torre de levante, donde, sobre una cama antigua y +rica, yacía una bellísima mujer, descolorida é inmóvil. Al acercarse, +observó el facultativo que aquella desdichada estaba muerta; y sin +conocerla, se entristeció. ¡Es que era tan hermosa! Las hebras del +pelo, tendido y ondeante, parecían marco dorado alrededor de una efigie +de marfil; los labios color de violeta, flores marchitas; y los ojos, +entreabiertos y azules, dos piedras preciosas engastadas en el cerco +de oro de las pestañas densas. La voz del desconocido resonó, firme y +categórica: + +--No haga usted caso de ese cadáver. Es preciso salvar á la criatura. + +De mala gana se determinó el comadrón á cumplir los deberes de su +oficio. Le parecía un crimen, aunque fuese con buen fin, lacerar aquel +divino cuerpo. Obedeció, no obstante, porque el desconocido repetía con +acento persuasivo y terrible, tuteando al médico: + +--No la respetes por hermosa. Está muerta, y nada muerto es hermoso +sino en apariencia y por breves instantes. La realidad ahí es +descomposición y sepulcro. ¡Nunca veneres lo que ha muerto! ¡Inclínate +ante la vida! + +Y de pronto, en el instante mismo en que el facultativo se disponía á +emplear el acero, el extraño cliente le cogió de la mano, susurrándole +al oído: + +--¡Cuidado! Conviene que sepas lo que haces. Ese seno que vas á abrir +encierra, no un ser humano, no una criatura, sino _una verdad_. Fíjate +bien. Te lo advierto. ¿Sabes lo que es _una verdad_? Una fiera suelta +que puede acabar con nosotros, y acaso con el mundo. ¿Te atreves, oh, +comadrón heroico, á sacar á luz _una verdad_? + +El comadrón vaciló; el frío del instrumento que empuñaba se comunicaba +á sus venas y á sus huesos. Castañeteaban sus dientes; temblaba de +cobardía y de egoísmo. _¡Una verdad!_ Ni hay tea que así incendie, +ni rayo que así parta, ni torrente que así devaste, ni peste tan +contagiosa. ¿Y quién le había de agradecer que cooperase al feliz +nacimiento de una verdad? ¿Qué mayor delito para su mujer, sus amigos, +su pueblo, su nación tal vez? ¿Qué crimen se paga tan caro? Quería +arrojar el bisturí... Por último, la conciencia profesional triunfó. +¡El deber, el deber! No se podía dejar morir al engendro.--Y después +de una faena angustiosa, realizada con seguro pulso y mano certera, +presentó al desconocido una criatura extraña y repugnante: una especie +de escuerzo, de trazas ridículas, negruzco, flaco, informe. + +--Este monigote no puede ser _una verdad_--exclamó respirando á gusto +el facultativo. + +--Porque es _verdad_ te parece fea al nacer--declaró el desconocido, +que miraba con transporte á la criatura--. Cuando las verdades nacen, +horrorizan á los que las contemplan. Hasta que las abrigamos en +nuestro pecho; hasta que las damos el calor de nuestra vida y el jugo +de nuestra sangre; hasta que afirmamos su belleza como si existiese; +hasta que nos cuestan mucho, no son hermosas. Ésta--ya lo ves--ha +acabado con su madre... ¡No se lleva impunemente en las entrañas una +verdad! Y ahora la verdad queda huérfana; queda abandonada. Yo no he de +ampararla. Obligaciones estrechas me llaman á otra parte. Soy el que +anuncia, no el que protege y salva. ¿Quieres tú encargarte de la recién +nacida? ¿Tienes valor? ¿Eres digno de proteger á la verdad? + +Cuando así le interpelan, no hay hombre que no guste de fanfarronear +un poco. En el alma se despierta la viril arrogancia y responde al +llamamiento, como el corcel de batalla al toque penetrante del clarín. +Hace la vanidad oficio de resolución, y por un instante es sincero el +deseo de la gloriosa batalla y el ansia del sacrificio. El comadrón +tendió los brazos, recibió en ellos al raquítico ser, y declaró +gallardamente: + +--Ya tiene padre. + +El desconocido le echó una ojeada especial, seria, escrutadora, +hondísima--ojeada de abismo abierto. ¿Reconvención ó alabanza? ¿Duda +ó fe? Nunca se supo.--Lo cierto es que el comadrón envolvió en +paños blancos á la recién nacida; que comió pan y bebió vino, para +reconfortarse; que ensilló otra vez su rocín, y con la criatura en +brazos, y tapada y agasajada, emprendió la vuelta. + +Declinaba la tarde; los rayos oblicuos del sol eran como miradas +de severos ojos, nublados por el desengaño y enrojecidos por la +indignación secreta. Las aves callaban, las pocas aves que se ven en +los últimos meses del invierno; pero no tardaría el mochuelo en exhalar +su queja ronca, porque ya se acercaba la mala consejera--la noche. + +Y el comadrón, sin dejar de apurar á su montura, pensaba en la llegada. +¡Presentarse así, llevando en brazos un crío! ¡Si al menos fuese un +angelito, una monada, una manteca con hoyuelos, una peloncita rubia ya +sedosa, dispuesta á encresparse en sortijillas! ¡Pero aquel monstruo! +Desvió los paños, contempló la criatura... Ya no estaba amoratada. +Respiraba bien. Parecía más fuerte y más grande. Entre sus labios +lucían ¡qué asombro! cuatro blancos dientes. ¡Qué robusta nacía la +maldita!--Y cual si quisiese demostrar el brío y el ansia vital con +que salía al mundo, la recién nacida buscó el dedo del comadrón y lo +mordió. Después rompió á llorar, con llanto vehemente, ávido, que +aturdía. + +El comadrón sintió impaciencia y enojo. ¿De qué manera acallaría +el grito de la verdad, ese grito tan molesto, capaz de atraer á los +malhechores? Tapar la boca... Primero apoyó la palma de la mano; +después furioso porque seguía el escándalo, envolvió la cabeza de la +criatura en la vuelta del impermeable; y, por último, apretó, apretó, +hasta que lentamente se apagaron los quejidos... Cayó la noche; +llegó el momento de vadear el río; y como la criatura, silenciosa +ya, estorbaba en brazos, el comadrón desenvolvió el abrigo, cogió el +cuerpo, lo balanceó y lo arrojó á la corriente. + + + + + EL VOTO DE ROSIÑA + + +Si hay luchas electorales reñidas y encarnizadas, ninguna como la que +presenció en el memorable año de 18... el distrito de Palizás (no se +busque en ningún mapa). Digo que la presenció, y digo mal, porque +en efecto la representó á lo vivo, y aun, con mayor exactitud, la +padeció, sangró de ella por todas las venas. Cuando obtuvo la victoria +el candidato ministerial, hecho trizas quedó el distrito. Piérdese +la cuenta de los atropellos, desafueros, barrabasadas, iniquidades +y trapisondas que costó «sacar» al joven Sixto Dávila, protegido á +capa y espada por el ministro, pero combatido á degüello por el señor +don Francisco Javier Magnabreva, conspicuo personaje de la anterior +situación. + +Sixto Dávila, muchacho simpático y ambiciosillo, había aceptado aquel +distrito de batalla... entre varias razones de peso, porque no le daban +otro; y contando con su actividad y denuedo, impulsado por las brisas +favorables que siempre soplan en la juventud--ya se sabe que no es +amiga de viejos la señora fortuna--, se propuso trabajar la elección, +estar en todo y no perder ripio. Á caballo desde las cinco de la mañana +hasta las altas horas de la noche; ayunando al traspaso ó comiendo +lo que saltaba; descabezando una siesta cuando podía, afrentando con +su intacto capital de salud y vigor los reumatismos y la apoltronada +pachorra de su contrincante, Sixto incubó su acta hasta sacarla del +cascarón vivita y en regular estado de limpieza. + +No fueron únicamente energías físicas las que derrochó el mozo +candidato. También hizo despilfarro oportuno de frases amables, +persuasivas y discretas. Con un instinto y una habilidad que +presagiaban brillante porvenir, Sixto Dávila supo decir á cada cual lo +que más podía gustarle, y se captó amigos gastando esa moneda que el +aire acuña: la palabra. + +Aunque la gente de Palizás es suspicaz y ladina y no se deja engatusar +fácilmente, la labia de Sixto dió frutos, especialmente al dirigirse á +una mitad del género humano que no entiende de política y obedece á las +impresiones del corazón. Sabía el candidato ministerial presentar á los +electores las doradas perspectivas y los horizontes risueños del favor +y la influencia, pero se excedía á sí mismo al hablar á las mujeres +halagando su amor propio. Hay quien opina que Sixto, al desplegar +tales recursos, no hacía sino practicar una asignatura que tenía muy +cursada, y es posible que así fuese--lo cual en nada amengua el mérito +del muchacho. + +Como suele suceder á los grandes actores, que hasta sin querer están +en escena, Sixto, durante su _tournée_ electoral, solía gastar pólvora +en salvas, regalando miel sólo por regalar, sin miras interesadas y +egoístas. Así, verbigracia, con Rosiña la tejedora.--Era Rosiña una +pobre huérfana; no pudiendo cultivar la tierra por falta de hombres en +su casa, y reducida á sacar á pastar una vaca por las lindes, se ganaba +la vida con un telar primitivo y rudo, tejiendo el lino que ella misma +tascaba y hasta hilaba pacientemente á la luz del candil en invierno. +¿Qué necesitaba Rosiña para subsistir? Un mendrugo de borona, un pote +de coles, una manzana verde, una sardina salada, una taza de leche +«presa...». Dios, que viste á los lirios del campo, más holgazanes que +Rosiña, pues nos consta que no hilan ni tejen, había adornado á la +humilde _tecelana_ con una primavera en las mejillas y un apretado haz +de rayos de sol en la trenza doble que colgaba hasta sus caderas, y al +pasar Sixto por delante de la choza y oir el _run, run_... del telar +activo, y divisar á la laboriosa muchacha--, aunque sabía perfectamente +que no tenía padre, hermano ni novio que pudiesen votarle--se detuvo, +se bajó del jaco, pidió agua «de la ferrada» ó leche «de la vaquiña», +bebió, alabó, agradeció y sostuvo con Rosa una plática que sólo podrían +narrar las ramas del cerezo que sombrea arroyo más el cercano... + +Ocurrió este pequeño episodio dos días antes de que cierto formidable +cacique, al servicio y devoción del señor de Magnabreva, se decidiese, +desesperado ya, á jugar el todo por el todo, á fin de salvar la +elección comprometidísima y á dos dedos de perderse irremisiblemente. +Lo apurado del caso le sugería un supremo recurso, que el desalmado +vacilaba en emplear, porque hay remedios heroicos que pueden ser +funestos, sobre todo cuando no se administran desde las alturas del +poder... Más que el inminente triunfo de Sixto, tentó al cacique la +ciega confianza del joven candidato. «No quiero ser cunero antipático, +diputado impuesto, sino popular y querido», decía Sixto, gozándose en +aparecer donde menos se contaba con él, en sorprender á sus partidarios +con iniciativas propias... Esto decidió al enemigo. El golpe se tramó +en una tabernucha, cuyo dueño era de los contrarios de Sixto; la +taberna se alzaba al borde de la carretera, no lejos de la choza de +Rosiña. Habíanse reunido allí los más ternes, los capaces de hacer +una hombrada dejándose encausar después, seguros de que mano próvida, +y que alcanzaba muy lejos, les había de mullir colchón para que no +les doliese el porrazo. Uno de los conspiradores, conocido por varias +siniestras fechorías, era radical: quería «dejar seco» á Sixto Dávila; +otro proponía un secuestro; pero el cacique, prudente y cauto, emitió +distinto parecer: nada de navajazos, nada de armas de fuego, que hacen +ruido y alarman; nada de escopetas, ni siquiera de garrotes. «Aquí +lo que interesa es que se inutilice... para la elección, vamos... +para estos días; que no pueda menearse, porque... si sigue meneándose +y apretando, ¡nos revienta! Tú, Gallo--ordenó al primero--, me vas á +traer hoy un carreto de arena fina de la mar..., ¡qué así como así, te +hace falta para echar á la heredad del trigo! Tú...--mandó al dueño de +la taberna--le dices á la mujer que amañe unos sacos de lienzo bien +hechitos y larguitos y fuertes... Él ha de pasar por aquí mañana al +anochecer, para ir á Doas á casa del cura... ¡Y cuidado! muchos golpes +en la espalda... pero á modo, á modo, como quien no hace daño...». + +La mañana que siguió al conciliábulo, Rosiña fué llamada por la +tabernera para que suministrase el lienzo y cortase y cosiese y +rellenase los sacos... Nadie desconfiaba de la rapaza, á quien la +tabernera, además, encargó el mayor sigilo. «Son para hacerle unos +cariños á un galopín, mujer...». Por alusiones é indiscreciones, +Rosiña adivinó quién sería el acariciado; y temblando lo mismo que +la vara verde, empezó su faena. La mano no acertaba á manejar la +aguja, los ojos se nublaban. Demasiado sabía ella los _cariños_ que +con los sacos de arena se hacen. El que los recibe no dura mucho, +no... Al pronto sólo advierte gran postración, profundo decaimiento; +queda molido, rendido, deseoso únicamente de extenderse en la cama, +pero sin dolor alguno, sin enfermedad; y pasan días, y no recobra el +apetito, y palidece, y arroja sangre por la boca, hasta que al fin... +Y Rosiña veía al señorito guapo y llano y de palabreo tierno que le +había pedido agua de la _ferrada_, tendido entre cuatro cirios, menos +amarillos que su rostro... + +Al anochecer, como Sixto, al galope de su caballejo se aproximase á la +taberna, el jaco pegó un respingo, y el jinete vió surgir de pronto +una mujer que se agarró á la brida con fuerza. Reconoció á Rosiña la +tejedora..., y sus primeras frases fueron alegres galanterías. Pero +la moza balbuciente de terror, pidió atención, refirió un historia... +Sixto--después de vacilar un instante--, echó pie á tierra, y con el +caballo del diestro, emparejando con Rosiña, guiado por ella, callados +los dos, tomó á campo traviesa en busca de un sendero oculto por los +árboles.--Para volver atrás era tarde, y seguir adelante, una temeridad +insensata. Su vida peligraba, y con horrible peligro... «No tenga +miedo, señorito, que en mi casa no le buscan», advirtió la moza, al +disponerse á dar acomodo en el establo de su vaca á la montura del +candidato... + +En efecto, nadie le buscó allí; á la mañana, la Guardia civil, avisada +por Rosiña, le recogió y escoltó hasta dejarle en salvo. Y Sixto Dávila +venció en toda la línea; pero no sospecha nadie en Gobernación ni en +los pasillos del Congreso, que el triunfo se debió al voto de Rosiña la +tejedora. + + + + + VIVO RETRATO + + +Los sentimientos más nobles pueden pecar por exceso; lo malo es que +esta verdad á duras penas la aprende el corazón... y la razón sirve de +poco, en conflictos del orden sentimental. Oid un caso... no tan raro +como parece. + +Gonzalo de Acosta era modelo de hijos buenos, amantes, fanáticos. +Huérfano de padre desde muy niño, se había criado en las faldas de su +madre; ella le cuidó, le educó, le sacó al mundo, le formó, por decirlo +así, á su imagen y semejanza. Entró en la vida Gonzalo dominado por +una convicción arraigadísima: la de que todas las mujeres pueden ser +débiles y falsas, salvo la que nos llevó en su seno. Lo que ayudaba +á confirmar á Gonzalo en su idolatría filial, era la aprobación, la +simpatía de la gente. Por el hecho de respetar á su madre, el mundo +le respetaba á él, y las niñas casaderas le ponían azucarado gesto, +y las mamás le sonreían con más benevolencia. Cuando pasaba por la +calle llevando á su madre del brazo, una atmósfera de aprobación y de +consideración halagadora le acariciaba suavemente. + +Á la edad en que se asimilan los elementos de cultura y se forma +el criterio propio, Gonzalo, á pesar de sus dudas sobre ciertas +materias arduas, se mantuvo en buen terreno, confesando que lo hacía +principalmente por no desconsolar y escandalizar á su santa madre. Con +ella oía misa muchas veces: por ella llevaba al cuello un escapulario +de los Dolores; y hasta cuando ella no estaba presente, por ella hacía +Gonzalo, sin analizarlas, mil graciosas y dulces niñerías. + +Frisaba ya Gonzalo en los veintiocho, y su madre comenzó á insinuarle +que pensase en bodas. La casualidad le hizo conocer entonces á una +señorita hermosa, discreta, bien educada, rica; un fénix que ni +escogido con la mano. La misma madre de Gonzalo fué quien le obligó á +observar las perfecciones de Casilda, y le sugirió pretenderla. Casilda +aceptó con franca alegría y expansión los obsequios de Gonzalo, y á los +seis meses de conocerse los futuros, bendijo la Iglesia su matrimonio. + +En una de esas largas y trascendentales conversaciones que se +entretejen durante el primer cuarto de la luna de miel, y que tanto +descubren los caracteres y los pensamientos, Gonzalo habló largamente +de su madre y del puesto que ocupaba en sus afectos y en su existencia. +Casilda escuchaba, primero sonriente, después reflexiva y grave. +Impulsado por la plenitud del corazón, Gonzalo confesó que había +pretendido á Casilda atendiendo á las indicaciones maternales, y que +por eso mismo creía segura la dicha, puesto que en su madre no cabía +error. Al oir esto relampaguearon los preciosos ojos de Casilda; +y apartando el brazo con que rodeaba el cuello de su esposo, dijo +firmemente estas ó parecidas razones: + +--Has hecho mal en todo eso, Gonzalo; muy mal. No he de limitar el +cariño que tu madre te inspira, pero creo que no te es lícito quererla +más que á mí, y que en algo tan personal y tan íntimo como el lazo de +unión entre esposos, la iniciativa no puede ser ajena, sino propia. Á +los padres no los escogemos, pero el que hemos de amar toda la vida, +el dueño de nuestro albedrío, es un rey electivo, y somos responsables +de la elección. Por lo que veo, tú no me elegiste. Para tu modo de +entender el matrimonio, debiste buscar siquiera una niña apática, que +se contentase con un amor reflejo de otro amor; yo soy una mujer que +sabe amar y exige el pago; que quiere ser honrada y aspira á encontrar +en su esposo toda la felicidad á que tiene derecho. Lo absurdo de tu +modo de sentir engendra en mí otro absurdo semejante; y es que de hoy +más sentiré celos de tu madre, celos del alma... y ya no viviremos en +paz nunca; lo conozco, porque me conozco. + +Gonzalo, aunque sorprendido, no dió gran importancia á las expansiones +de su mujer. Con halagos y ternezas probó á calmarla, y se creyó +victorioso así que reconquistó el brazo de Casilda, aquél que se había +desviado de su cuello. Pero un brazo no es un alma. + +Desde el instante funesto, la luna de miel tuvo velo de nubes. No tardó +en ver Gonzalo que Casilda buscaba las distracciones, la sociedad +y el bullicio, como si quisiese aturdirse, ó explorase horizontes +nuevos. Poco á poco, Gonzalo, en su pesimismo, comenzó á dudar, primero +del cariño, y después de la fidelidad de Casilda. Herido, ulcerado, +rebosando humillación, fué á refugiarse en el único sitio donde creía +poder desahogar sus penas: el seno de su madre. Y al abrazarla, y al +bañarla el rostro de lágrimas ardientes, exclamaba el hijo: «No hay más +mujer buena que tú, mamá. Debí no repartir mi amor; debí conservarlo +para ti sola. Perdóname, y vivamos como si nada hubiese sucedido». En +efecto; aquel mismo día se separaron los esposos. Casilda se fué á +vivir á París. + +De allí á un año ó poco más recibió Gonzalo dos golpes terribles. +Perdió á su madre... y supo que Casilda tenía una niña, nacida á los +seis meses de la separación. + +Pasado el primer estupor, una claridad repentina iluminó su espíritu, +haciéndole ver todo de distinta manera que antes. La muerte de su +madre le enseñaba cómo el amor filial, con ser tan puro y tan sagrado, +no puede, por su esencia misma, acompañarnos hasta el sepulcro, de +suerte que la _compañera_ es únicamente la esposa; y el nacimiento +de aquella niña le decía á las claras que el amor es antorcha que +las generaciones se transmiten de mano en mano, y el que nos dieron +nuestras madres, se lo restituimos á nuestros hijos después. + +Lo tremendo de la situación de Gonzalo consistía en que, á pesar de +la agitación y la emoción profundísima que el nacimiento de la niña +le causaba, su desconfianza mortal y las apariencias de última hora +no le permitían creer que fuese realmente su sangre. Le enloquecía +la idea de paternidad representada por aquella niña; pero faltábale +la fe, primera virtud del padre, base de su felicidad inmensa. El +silencio de Casilda, el tiempo que iba transcurriendo sin nuevas de +París, ayudaron al convencimiento amargo y vergonzoso de Gonzalo. Solo, +dolorido, misántropo, fué dejando correr su edad viril entre desabridas +diversiones y trasnochadas aventuras. + +Hacía quince años que arrastraba vivir tan intolerable, cuando una +noche, en el teatro de la Comedia, mirando por casualidad á un palco +entresuelo, se creyó víctima de un error de los sentidos: tal vuelco +dió su sangre, viendo á la muchacha encantadora que acababa de dejar +los gemelos sobre el antepecho y se inclinaba para mirar hacia las +butacas, sonriente. La muchacha era el retrato vivo, animado, de la +madre de Gonzalo, tal cual la representaba precioso lienzo de Madrazo, +con la frescura de la primera juventud. Si la figura se hubiese bajado +del cuadro, no podría ser más asombrosa la semejanza, ayudada por el +parecido de la moda actual con la moda de 1830. Trémulo, espantado, al +mismo tiempo que frenético de alegría, Gonzalo entrevió, en el asiento +de respeto del palco, otra cabeza de mujer que conoció, á pesar del +estrago del tiempo transcurrido: su esposa, Casilda.--Y la conciencia +de que aquella jovencita era su hija del corazón, le inundó como una +ola que lo arrebata todo, dudas, penas, el pasado entero. + +Habría que gastar muchas páginas en referir los pasos que dió Gonzalo, +la suma de actividad que desplegó para conseguir que le fuese permitido +vivir cerca de la hija revelada y adorada en un minuto, el minuto +divino de verla. ¡Inútil esfuerzo, lucha estéril en que consumió sus +últimas energías! Una carta decisiva, escrita por Casilda algunas +horas antes de regresar á Francia, decía, sobre poco más ó menos, lo +siguiente: «Nuestra hija me quiere á mí como tú quisiste á tu madre. Si +la separas de mí, no lo resistirá. Es tarde para todo: resígnate, como +yo me resigné en otra edad más difícil. Lo único que me dejaste es la +niña: no la cedo». + +Y Gonzalo, mordiendo de dolor el pañuelo con que enjugaba sus ojos, +murmuró: + +--Es justo. + + + + + EL DÉCIMO + + +¿La historia de mi boda? + +Oíganla ustedes: no deja de ser rara. + +Una escuálida chiquilla de pelo greñoso, de raído mantón, fué la que me +vendió el décimo de billete de lotería, á la puerta de un café, á las +altas horas de la noche. La di de prima una enorme cantidad, un duro. +¡Con qué humilde y graciosa sonrisa recompensó mi largueza! + +--Se lleva usted la suerte, señorito--afirmó con la insinuante y clara +pronunciación de las muchachas del pueblo de Madrid. + +--¿Estás segura?--la pregunté en broma, mientras deslizaba el décimo +en el bolsillo del gabán entretelado y subía la chalina de seda que me +servía de tapabocas, á fin de preservarme de las pulmonías que auguraba +el remusguillo barbero de diciembre. + +--¡Yaya si estoy segura! Como que el décimo ése se lo lleva usted por +no tener yo cuartos, señorito. El número... ya lo mirará usted cuando +salga... es el 1.420: los años que tengo, catorce, y los días del mes +que tengo sobre los años, veinte justos. Ya ve si compraría yo todo el +billete. + +--Pues, hija--respondí echándomelas de generoso, con la tranquilidad +del jugador empedernido que sabe que no le ha caído jamás ni una +aproximación, ni un mal reintegro--, no te apures: si el billete saca +premio... la mitad del décimo, para ti. Jugamos á medias. + +Una alegría loca se pintó en las demacradas facciones de la billetera, +y con la fe más absoluta, agarrándome de una manga, exclamó: + +--¡Señorito! por su padre y por su madre, deme su nombre y las señas de +su casa. Yo sé que de aquí á cuatro días, cobramos. + +Un tanto arrepentido ya, le dije como me llamo y dónde vivía; y diez +minutos después, al subir á buen paso por la Puerta del Sol á la calle +de la Montera, ni recordaba el incidente. + +Pasados cuatro días, estando en la cama, oí vocear «la lista grande». +Despaché á mi criado á que la comprase, y cuando me la subió, mis ojos +tropezaron inmediatamente con la cifra del premio gordo: creí soñar: +no soñaba: allí decía realmente 1.420... mi décimo, la edad de la +billetera, ¡la suerte para ella y para mí! Eran muchos miles de duros +lo que representaban aquellos benditos guarismos, y un deslumbramiento +me asaltó al levantarme, mientras mis piernas flaqueaban y un sudor +ligero enfriaba mis sienes. Hágame justicia el lector: ni se me ocurrió +renegar de mi ofrecimiento... La chiquilla me había traído la suerte, +había sido mi «mascota...». Era una asociación en que yo sólo figuraba +como socio industrial. Nada más justo que partir las ganancias. + +Al punto deseé sentir en los dedos el contacto del mágico papelito. Me +acordaba bien: lo había guardado en el bolsillo exterior del gabán, +por no desabrocharme. ¿Dónde estaba el gabán? ¡Ah! allí, colgado en la +percha... Á ver... Tienta de aquí, registra de acullá... Ni rastro del +décimo. + +Llamo al criado con furia, y le pregunto si ha sacudido el gabán por la +ventana... ¡Ya lo creo que lo ha sacudido y vareado! Pero no ha visto +caer nada de los bolsillos; nada absolutamente... Le miro á la cara: +su rostro expresa veracidad y honradez. En cinco años que hace que +está á mi servicio no le he cogido jamás en ningún gatuperio chico ni +grande... Me sonroja lo que se me ocurre, las amenazas, las injurias, +las barbaridades que suben á mis labios... + +Desesperado ya, enciendo una bujía, escudriño los rincones, desbarato +armarios, paso revista al cesto de los papeles viejos, interrogo á la +canasta de la basura... ¡Nada y nada: estoy solo con la fiebre de mis +manos, la sequedad de mi amarga boca y la rabia de mi corazón! + +Á la tarde, cuando ya me había tendido sobre la cama á fumar, para +ver de ir tragando y digiriendo la decepción horrible, suena un +campanillazo vivo y fuerte, oigo en la puerta discusión, alboroto, +protestas de alguien que se empeña en entrar, y al punto veo ante mí á +la billetera que se arroja en mis brazos, gritando con muchas lágrimas: + +--¡Señorito, señorito! ¿Lo ve usted? Hemos sacado el gordo. + +¡Infeliz de mí! Creía haber pasado lo peor del disgusto, y me faltaba +este cruel y afrentoso trance: tener que decir, balbuceando como un +criminal, que se había extraviado el billete, que no lo encontraba en +parte alguna, y que por consecuencia nada tenía que esperar de mí la +pobre muchacha, en cuyos ojos negros, ariscos, temí ver relampaguear la +duda y la desconfianza más infamatoria... + +Pero la billetera, alzándolos todavía húmedos, me miró serenamente y +dijo encogiéndose de hombros: + +--¡Vaya por la Virgen! Señorito... no nacimos ni usted ni yo pa +millonarios. + +¿Cómo podía recompensar la confianza de aquella desinteresada criatura? +¿Cómo indemnizarla de lo que la debía--sí, de lo que la debía? Mis +remordimientos y la convicción de mi grave responsabilidad pesaban +sobre mí de tal suerte, que la traje á casa, la amparé, la eduqué y por +último me casé con ella. + +Lo más notable de esta historia es que he sido feliz. + + + + + LA PUÑALADA + + +Mucho se hablaba en el barrio de la modistilla y el carpintero. + +Cada domingo se les veía salir juntos, tomar el tranvía, irse de paseo +y volver tarde, de bracete, muy pegados, con ese paso ajustado y +armonioso que sólo llevan los amantes. + +Formaban contraste vivo. Ella era una mujercita pequeña, de negros +ojazos, de cintura delgada, de turgente pecho; él un mocetón sano y +fuerte, de aborrascados rizos, de hercúleos puños--un bruto laborioso +y apasionado--. De su buen jornal sacaba lo indispensable para las +atenciones más precisas; el resto lo invertía en finezas para su +Claudia. Aunque tosco y mal hablado, sabía discurrir cosas galantes, +obsequios bonitos. Hoy un imperdible, mañana un ramo, al otro día un +lazo ó un pañuelo. Claudia, mujer hasta la punta del pelo, coqueta, +vanidosa, se moría por regalos. En el obrador de su maestra los lucía, +causando dentera á sus compañeritas, que rabiaban por «un novio» como +Onofre. + +«Novio»... precisamente novio no se le podía llamar. Era difícil, no +ya lo de las bendiciones, sino hasta reunirse en una casa, una mesa y +un lecho, porque ¿y las madres? La de Onofre vieja, impedida; además, +un hermano chico, aprendiz, que no ganaba aún. Así y todo Onofre se +hubiese llevado á Claudia en triunfo á su hogar, si no es la madre de +la modista, asistenta de oficio, más despabilada que un candil. Cuando +en momentos de tierna expansión Onofre insinuaba á Claudia algo de +bodas... ó cosa para él equivalente, Claudia, respingando, contestaba +en tono de enojo y susto: + +--¿Estás bebido? Hijo, ¿y mi madre? ¿La suelto en el arroyo como á un +perro? Con la triste peseta que ella se gana un día no y otro tampoco, +¿va á comer pan si yo la falto? Déjate de eso, vamos... ¡Que se te +quite de la cabeza! + +No se le quitaba. Pasar con Claudia ratos de violenta felicidad, era +bueno; pero cuánto mejor sería tenerla siempre consigo, á toda hora, +sin tapujos... sin que pudiese la madre cortarles las comunicaciones, +como había hecho ya en momentos de enfado. Además, teniendo á Claudia +á su vera, públicamente suya, tal vez se le curasen los celos. Los +padecía, en accesos de furor que trataba de ocultar. Claudia era una +gran chica, con su aire de señorita, su talle que un dependiente +de comercio había llamado de palmera... y él, él, ¡tan basto, tan +encallecido, que ni firmar sabía! Verdad que tenía fuerza en los +brazos y calor en el alma... y coraje para matarse con cualquiera, eso +sí... ¿Bastaba? + +Debía bastar, en ley de Dios; sino que ¡se ven tales cosas! Ya dos +veces había observado Onofre un hecho extraño. Al rondar la casa de +Claudia (aquella maldita casa tenía imán), veía en el portal á la +madre, señá Dolores, secreteando con un caballero muy bien portado, +de gabán de pieles. ¿Era figuración de Onofre? Al divisarle la vieja +daba señales de inquietud y el señor se despedía atropelladamente. No +importa, no se le despintaba; entre mil de su casta le conocería. Algo +grueso, nariz de cotorra, patillas grises, ojos vivos... ¿Qué embuchado +se traían? ¿Se trataba de Claudia?--«Muy tonto soy--pensó Onofre--pero +¡Cristo! el dedo en la boca no han de metérmelo». + +Esto ocurrió hacia Pascua florida. Después de un invierno riguroso y +tristón, la primavera desentumecía los cuerpos: los árboles echaban +hojas y flores á granel, el sol picaba y reía. El año anterior, ¡Onofre +no lo olvidaba! Claudia, al principiar el buen tiempo, había querido +pasear todas las tardes, sin faltar una. Salían temprano, él del +taller y ella del obrador, y se iban por ahí hasta las diez dadas. La +convidaba á merendar, la hartaba de pájaros fritos y de fresilla. ¡Un +despilfarro! Y este año apenas conseguía decidirla á vagabundear dos +días por semana. Rehacia andaba la chica. ¡Atención, Onofre! + +--¿Quién te ha dado ese dije de oro?--preguntó de repente, parándose en +la mitad de la calle, el carpintero á su compañera. + +--¿De oro? Si es de «dublé...»--murmuró ella, azorada. + +--Á un hombre no se le miente, y si me vuelves á salir por «dublé» te +meto en casa de mi compadre el platero y te abochorno la cara. ¡Oro con +piedras! ¡Copones! ¿Se puede saber por qué has mentido? + +--Verás--balbuceó Claudia.--Es que... por si te enfadabas... Tenía +ahorrados unos cuartos... Lo compré de lance... + +--¿Enfadarme yo? ¿Cuándo has visto que me mezcle en tus gastos, hija? +¿Lo compraste? ¿Dónde? ¿Á quién? + +--Me lo vendió la corredora, la Chivita... ¿No la conoces tú? Es una +con pelos en la barba... + +Calló Onofre. Un relámpago de lucidez horrible acababa de cegarle. +¡Aquello era otro embuste! ¡Una fila de embustes! ¿Con que la Chivita? +Él la encontraría aquella misma noche... + +Pasaban por la plazuela de Santa Ana. Los árboles del jardín convidaban +á descansar á su sombra, de poblados y de verdes que los tenía el +abril. Risas de chiquillería, llamadas de niñeras, se confundían con +los trinos de los canarios y jilgueros «maestros» colgados en jaulas, á +las puertas de las tiendas de pájaros y perros. Claudia se paró delante +de una de estas tiendas; lo acostumbraba; la gustaban mucho los bichos. +Hizo fiestas á un loro, á un gato de Angora, á un falderín, y se +entretuvo más con las palomas. ¡Qué ricas! Las había moñudas, de cuello +empavonado, de patas calzadas... + +--¡Ay!--exclamó--¡Ésa tiene sangre!... Está herida. + +Era una paloma de la casta conocida por «de la puñalada». Sobre el +buche, curvo y blanquísimo, un trazo rojo imitaba perfectamente la +herida fresca. + +--La habrá dado un corte su palomo--dijo gravemente Onofre--. También +los palomos serán capaces de barbaridades si otros les festejan la +hembra. + +Claudia apartó los ojos y se coloreó. El dicho de Onofre, sin tener +nada de particular, le sonaba de un modo raro. ¡Á saber si era la +conciencia! No se tranquilizó, ni mucho menos, cuando Onofre insistió, +poniéndose pesado, en regalarla aquella paloma de la cortadura. ¡Si no +la podía cuidar, si no la podía mantener! ¡Si apenas tenía tiempo de +echar cordilla al gato! ¡Si faltaba jaula! + +--También compro la jaula. No te apures. Hermosa, yo no te podré +ofrecer de lo que vende Ansorena... ¡pero vamos, que una pobre paloma! +¿Me vas á desairar? ¿No quieres nada mío? + +Hablaba en irritada voz. Claudia no se atrevió á negarse. Cargó Onofre +con la jaula de mimbres y acompañó hasta su puerta á la muchacha. De +allí, derecho, en busca de la corredora. La encontró luego; casualmente +estaba en casa. Y sin duda el carpintero, en su interrogatorio, se +clareó, descubrió lo que traía entre cejas... porque la Chivita, +avezada á tales indagatorias, imperturbable y con el tono más +persuasivo, contestó que sí, que ella había vendido á Claudia el dije. + +--¿Qué día? insistió Onofre, tozudo. + +--¡Ay, hijo! ¡Pues no es usted poco curioso? Si una se fuese á acordar, +con tanto como vende... + +--¿Qué costó? ¿Tampoco lo sabe? + +--¡Jesús! Aunque me pidiese declaración el señor juez... Veremos si me +acuerdo mañana... + +Desde la escalera, volviéndose hacia la puerta mugrienta de la Chivita +y cerrando los puños, el mocetón rugió entre dientes, con ira inmensa: + +--Condenada de al... ¡Todos conchavados para mentirme...! + +De casa de la Chivita se fué Onofre á la taberna que encontró más á +mano. Era sobrio; no le divertía achisparse. Sólo que hay casos en +que un hombre... Pidió aguardiente: lo que emborrachase más pronto. +Necesitaba convertirse en cepo, no pensar, hasta el otro día. Y echó +copa tras copa; por fin se quedó amodorrado, con la cabeza caída sobre +la sucia mesa de la tasca. + +Á la mañana siguiente, á eso de las ocho, salía Claudia para ir, como +siempre, al obrador. Era la última vez; se despediría de la maestra, +de las compañeras, de la labor, de los pinchazos en la yema del dedo. +«Aquel señor»--el del dije, el de las grises patillas--las quería en +su casa, á ella y á su madre, tratadas como reinas. La madre ama de +llaves, la hija ama... ¡de todo! Proposiciones así no se desechan. ¿Y +Onofre?... En primer lugar, Onofre no sabía las señas del caballero. +Hasta que las averiguase. Después... pasado tiempo... Onofre se +resignaría. Así y todo, Claudia llevaba el corazón apretado. Miedo, +miedo--un miedo invencible--. Al entrar con la jaula de la paloma, +señá Dolores había gritado alarmada: «Fuera con eso, mujer; si parece +que tiene una puñalá de veras... ¡Vaya un regalo, la Virgen!». Y en +sueños, revolviéndose en la estrecha cama, la puñalada sangrienta en el +pecho blanco perseguía á Claudia. La parecía que la herida estaba en su +propio seno, y que la sangre, en hilos, manaba y empapaba lentamente +las sábanas y el colchón. La pesadilla duró hasta el amanecer. + +Ahora iba aprisa. Recogería el jornal, la almohadilla, los avíos--y +abur, señora. ¡Aire! Á descansar, á comer bien, á vestir seda, en vez +de coserla para otras mujeres menos guapas. Claudia corría, deseosa +de llegar. En la esquina, distraídamente, tropezó, resbaló, quiso +incorporarse. Una mano ruda la sujetó al suelo; una hoja de cuchillo +brilló sobre sus ojos, y se le hundió, como en blanda pasta, en el +busto, cerca del corazón. Y el asesino, estúpido, quieto, no secundó el +golpe--ni era necesario--. La sangre se extendía, formando un charco +alrededor de la cabeza lívida, inclinada hacia el borde de la acera; y +Onofre, cruzado de brazos, aguardaba á que le prendiesen, mirando cómo +del charco se extendían arroyillos rojos, coagulados rápidamente. + + + + + EN EL SANTO + + +Menudo embeleco--había exclamado colérica la Manuela cuando Lucas +ordenó á Sidoro que se pusiese la chaqueta nueva para bajar á la +pradera de San Isidro. + +En cambio, Sidoro sintió palpitar de alegría su corazoncito de seis +años, encogido por la constante aspereza del trato feroz que le daba su +madrastra... ó lo que fuese: la Manuela, la mujerona con quien ahora +vivía Lucas. En la infancia, decir novedad y cambio es decir esperanza +ilimitada y hermosa. ¡Bajar al santo! ¿Quién sabe lo que el santo +guardaba en sus manos benditas para los niños sin madre, para los niños +apaleados y hambrientos? + +Loco de contento se incorporó Sidoro al grupo, si bien le agrió ya el +primer gozo tener que cargar con un cestillo atestado de provisiones. +Pesaba mucho, y Sidoro hubiese implorado que le aliviasen la carga, á +no temer uno de los pellizcos de bruja, retorcidos y rabiosos, con que +la Manuela le señalaba cardenal para medio mes. Suspirando, alzó el +cestillo como pudo, y salieron calle de Toledo abajo, por entre olas +de gente, con un sol capaz de freír magras, un sol más canicular que +primaveral. + +Tragando el polvo que soliviantaban ómnibus, carricoches y simones, +pasaron el puente de Toledo y llegaron al cerro, donde hervía más +compacta la alegre multitud. Lucas habló de entrar á rezarle al santo; +pero la Manuela, levantando de un puntillón á Sidoro, que había +caído empujado por el remolino y agobiado por el peso, renegó de la +idea y prefirió comprar torrados, avellanas y rosquillas, y buscar +dónde merendar. La sed les resecaba el gaznate, y Lucas, portador +de la colmada bota, notando su grata turgencia entre el brazo y las +costillas, aprobó la determinación. + +No fué fácil encontrar sitio conveniente á la sombra y cerca del +río. Los rincones agradables andaban muy solicitados. Por fin, +bastante tarde, descubrieron un ruin arbolillo, y se acomodaron al +pie, forjándose la ilusión de que las ramas les abrigaban la cabeza. +Sidoro, derrengado, soltó la cesta; Manuela fué sacando vituallas, y +allí empezó el embaular y los besos á la del tinto. Lucas se acordó de +echarle á su hijo un pedazo de tortilla y una hogaza, como quien echa +un hueso á un cachorro; después... no pensaron más en la criatura; y +como el vinazo y el hartazgo quitan la vergüenza, Lucas le tomó la cara +á Manuela, allí mismo, sin pizca de reparo. Con torpes pies, por llevar +tan calientes los cascos, la pareja rompió á andar hacia el cerro, +donde era mayor el bullicio, y donde los tíos-vivos y los merenderos +y barracones convidaban al jolgorio; el niño, al tratar de seguirles, +se halló detenido por un corro formado alrededor de un ciego coplero +y guitarrista; y cuando quiso reunirse con su gente, incorporarse, +encontróse solo entre la multitud, portador del cesto ya vacío y la +bota floja y huera... + +Se echó á llorar. Duros y malos como eran, aquel hombre y aquella mujer +le amparaban. Se sintió abandonado, náufrago en un mar muy crespo, muy +profundo y tormentoso. El gentío pasaba sin hacer caso del chiquillo: +éste le empujaba, el otro le desviaba con lástima, y una mano pronta y +desconocida le arrebató la boina de la cabeza... Nadie le preguntaba +la causa de su llanto; ¡para eso estaban! Entre el infernal bureo de +la romería, cualquiera atiende al llanto de un rapaz. El tecleo de los +pianos mecánicos, el rasguear de los guitarros, los cantares de los +beodos, los pregones de las rosquilleras, los mil ruidos que exhala +una muchedumbre apiñada, harta, jaranera, procaz, en plena juerga al +aire libre, exasperada por el olor de aceite rancio de las buñolerías +y el vaho tabernario de las barracas-bodegones, ahogaban los sollozos +del niño, como la viviente oleada de la multitud envolvía y absorbía y +arrastraba mecánicamente su cuerpo... + +Por instinto, Sidoro se dejó llevar. Andando, andando, podría encontrar +tal vez á la pareja, ó ¿quién sabe? al santo en persona. Pues si +en la romería no se encontraba al santo, ¿á qué venía toda aquella +gente? Y el santo sería muy bueno, que para eso era santo, y por +eso le rezaban y le retrataban en figuritas de barro, y por eso los +ángeles le ayudaban á arar. ¿Dónde estaba el santo? Sidoro recordaba +que Lucas, antes de buscar sitio para la merienda, había hablado de ir +á la ermita. ¿Qué será la ermita? De seguro un sitio en que recogen y +consuelan á los niños abandonados... + +Mientras buscaba al glorioso labrador, Sidoro, á pesar suyo, miraba +los puestos, los centenares de tinglados, donde se exhiben y despachan +los maravillosos pitos, que adornan rosetones de plata y florones de +papel rojo, las efigies pintorreadas de esmeralda, cobalto y bermellón, +las medallas y escapularios, la grosera loza, las figuritas de toreros +y picadores, los monigotes con cabeza de ministros, los grupos de +ratas, las caricaturas escatológicas, los jarros atestados de claveles +de violento aroma, las hiladas de botijos bermejos y blancos, las +apetitosas rosquillas, los puestos de avellaneros, con sus balanzas +relucientes y sus sacos entreabiertos, rebosando, tentando á la mano +del niño... Y aquella orgía de colorines fuertes y chillones, aquel +vaivén incesante de la muchedumbre, aquellos sonidos discordantes, +el sentirse impulsado, zarandeado, arrebatado como una paja por el +torrente humano, la asfixiante atmósfera que respiraba, la desolación +misma de su abandono, en vez de arrancar lágrimas á la criatura, +secaron las que corrían de sus ojos, y le produjeron una especie de +embriaguez febril. Sin cuidarse de responsabilidades, abandonó la bota +y el cestillo, y se dejó caer en tierra, á la puerta de un merendero +donde bebían y cantaban canciones picantes, ininteligibles para Sidoro. +Una moza, sofocada, sentada en el suelo, daba la teta á una criatura. +Sidoro vió esta escena, el grupo siempre conmovedor y sagrado, y +confusas reminiscencias, no de la memoria, sino de los sentidos y de la +sensibilidad, más concreta en la niñez, le recordaron que también á él +le había estrechado una mujer contra su seno amoroso; que también á él +le habían arrullado con palabras de azúcar y de delirio, las palabras +inefables de la maternidad, y un rostro amado, un rostro que no podía +olvidarse, surgió de entre la niebla del pasado... ¡pasado tan corto y +tan reciente! Y entonces, una de esas penas sin límites que sufren los +niños, cayó sobre el alma del huérfano. + +En un instante, con el recuerdo del cariño y la ternura de su madre, +á quien no había vuelto á ver nunca, Sidoro evocó las crueldades y +desamor de la Manuela, y toda su carne tembló, pues no había en ella +lugar donde las despiadadas uñas de la mujerona no hubiesen dejado +rastro de tortura... Y la criatura, en su desconsuelo infinito, +mientras la tarde caía y las luces de los puestos comenzaban á abrir +su pupila de llama, se revolcó sobre el árido suelo, con muchas ganas +de dormirse en un sueño largo, largo, largo, y despertarse al lado +de su madre, ó de san Isidro, ó de alguien que tuviese entrañas para +los pequeños y los débiles. Á fuerza de aturdimiento, de cansancio, +de calor, de susto, de tristeza, se quedó, efectivamente, dormido... +Despertó porque le aporreaban y le tiraban del pelo á puñados. Era la +Manuela, gritando enronquecida y furiosa. + +--Á este maldito sí le encontramos... pero ¿y la bota nueva, y mi +cestillo, y la servilleta, y el vaso que venían en él? ¡Condenao, verás +en cuanto lleguemos á casa! + + + + + SANTOS BUENO + + +Hacía tiempo--muchos meses--que no le veía yo por ninguna parte: ni en +la calle, ni en el casino de la Amistad, ni en la Pecera, ni siquiera +en la barriada nueva que se está construyendo--porque Santos Bueno es +de los que tienen afición á ver edificar y gustan de plantarse delante +de los andamios con las manos á la espalda, diciendo sentenciosamente: +«Éstas sí que son vigas de recibo; no pandearán». + +Extrañando tan largo eclipse; temiendo que Santos Bueno estuviese +enfermo de cuidado, resolví buscarle en su casa, donde le encontré +entregado á sus habituales tareas, apacible y afable como de costumbre. + +--¿Qué es esto? ¿Se ha metido usted cartujo? ¿Es voto de clausura? + +--No, señor... ¡no, señor!--respondió sonriendo Santos--Si yo salgo y +me paseo. No parece sino que vivo encerrado. + +--¿Que sale usted? Pues no le veo nunca. + +--Porque salgo un poco tarde... á las horas en que no hay gente. + +--Esconderse se llama esa figura. + +Volvió Santos á sonreir con aquella su indescriptible expresión +enigmática, y dijo tranquilamente: + +--Pues ha acertado usted. Hay ocasiones en que... se encuentra uno muy +á gusto escondido. + +Adiviné que bajo la teoría de las ventajas del escondite se ocultaba +alguna crisis dolorosa de la vida de Santos Bueno. + +Yo creía conocerle, y además sabía su historia y sus aspiraciones, como +se sabe en un pueblo pequeño las de cada hijo de vecino. Santos Bueno +era un burgués modesto, sin grandes aspiraciones; ni pobre ni rico, +poseía un capitalito, producto de la afortunada venta de unos bienes +patrimoniales, lindantes con el prado de un indianete, que por tal +circunstancia los había pagado á peso de oro. + +Con estos caudales, Santos proyectaba realizar un sueño ya muy antiguo: +construirse en las afueras de la ciudad una casita que tuviese jardín y +vivir en ella sin emociones, pero sin desazones, cultivando legumbres y +rosas. Es de advertir que la casita con jardín es la bella ilusión de +los marinedinos. + +No sé por qué se me vino á la imaginación que con aquellos dineros +podrían relacionarse la actitud y el retraimiento de Santos, y movido +de una curiosidad compasiva, le interrogué. + +--¿Y esa casita, ese _chalet_, cuándo lo empezamos? ¿Me convida usted +á café en el jardín para el día de su santo del año que viene? + +Demudóse el rostro de Santos, y hasta se me figuró que en sus ojos +temblaba el reflejo cristalino que indica que se humedecen... + +--Ya no hago la casita--murmuró con abatimiento. + +--¿Que no la hace usted? ¿Cómo es eso? ¿Se ha jugado usted los +capitales? + +--Bien sabe usted que no me da por ahí... + +--¿Pues qué ocurre? ¿Ha pensado usted en otra inversión? ¿Ha emprendido +algún negocio? + +--Si usted me promete no decir nada á nadie... + +--Pierda usted cuidado, don Santos. La tumba es una cotorra comparada +conmigo. + +--Pues es el caso que... que he... prestado... esa suma. + +--¿Prestado? ¿Al cien por cien mensual? ¿Con garantía? ¡Ah, usurero! + +--Déjese de bromas. Garantía... Tengo la de la honradez de mi deudor. + +--¡Ay, pobre don Santos! ¿Quién me lo ha engañado? + +--No, le advierto á usted que es persona que goza de excelente fama... +Para ser franco: mi ánimo no era prestar, ni á ése ni á nadie. Me cogió +desprevenido: no pude negarme; á él le constaba que tenía yo fondos: +vi un padre de familia en aprieto, en compromiso, en vergüenza... me +prometió amortizar cada mes... ¡En fin, que no tengo el corazón de +bronce! + +--¿Conque prestamitos á padres de familia pobres, pero bribones? ¿Y +qué tal? ¿Amortiza? ¿Amortiza? + +--Por ahora... no. + +--¿Cuántos meses han pasado? + +--Seis... es decir, hoy se cumplen siete... + +--Y usted, después de haber hecho esa obra benéfica y desinteresada, +¿por qué se esconde? Eso sí que quisiera saberlo. + +--Le diré... Son tonterías de mi carácter... ¡Rarezas...! Es que, hace +algún tiempo, me encontré en la calle á mi deudor, y le pedí... vamos +con muy buenos modos... que empezase á amortizar... lo que pudiese... +nada más que lo que pudiese... Y me contestó de una manera..., en fin, +que me negó lo prometido, y casi, casi, me negó la deuda misma... +Y desde entonces no salgo á la calle... porque si me lo encuentro, +me dará vergüenza, y tendré que hacer como si no le viese! Sí, +vergüenza... Porque es fea su acción, ¿verdad? + + + + + SUSTITUCIÓN + + +No hay nadie que no se haya visto en el caso de tener que dar, con suma +precaución y en la forma que menos duela, una mala noticia. Á mí me +encomendaron por primera vez esta desagradable tarea, cuando falleció +repentinamente la viuda de Lasmarcas, única hermana de don Ambrosio +Corchado. + +Yo no conocía á don Ambrosio; en cambio era uno de los tres ó cuatro +amigos fieles del difunto Lasmarcas, y que visitaban con asiduidad á +su viuda, recibiendo siempre acogida franca y cariñosa. Las noches +de invierno nos servía de asilo la salita de la señora, donde ardía +un brasero bien pasado, y las dobles cortinas y las recias maderas +no dejaban penetrar ni corrientes de aire ni el ruido de la lluvia. +Instalado cada cual en el asiento y en el rincón que prefería, +charlábamos animadamente hasta la hora de un té modesto y fino, con +galletas y bollos hechos en casa, tal vez por razones de economía. + +Nos sabía á gloria el té casero, y concluíamos la velada satisfechos y +en paz, porque la viuda de Lasmarcas era una mujer de excelente trato, +ni encogida, ni entrometida, ni maliciosa en extremo, ni neciamente +cándida, y en cuanto amiga, segura y leal como ¡ojalá! fuesen todos +los hombres. Al saber que había aparecido muerta en su cama, fulminada +por un derrame seroso, sentimos el frío penetrante del _más allá_, el +estremecimiento que causa una ráfaga de aire glacial que nos azota el +rostro al entrar en un panteón. ¡Así nos vamos, así se desvanece en +un soplo nuestra vida, al parecer tan activa y tan llena de planes, +de esperanzas y de tenaces intereses! Precisamente la noche anterior +habíamos ido de tertulia á casa de la señora de Lasmarcas; aún nos +parecía verla ofreciéndonos un trozo de bizcochada, que alababa +asegurando ser receta dada por las monjas de la Anunciación... + +Advertidos de la desgracia los amigos íntimos, se decidió que yo me +encargaría de avisar al hermano de la difunta. Don Ambrosio Corchado +no vivía en la misma ciudad que su hermana, sino á dos leguas, en +una posesión de donde no salía jamás, y donde la viuda residía en la +temporada de verano. Rico y poco sociable, don Ambrosio realizaba el +tipo del solterón: no quería molestar al mundo, y menos toleraba que +el mundo le molestase á él. Á su manera, lo pasaba perfectamente, +introduciendo mejoras en su finca, dirigiendo la labranza y cebando +gallinas y cerdos. Es cuanto sabíamos de don Ambrosio. Para cumplir +sin tardanza mi cometido, encargué un coche, y á los tres cuartos de +hora lo tenía ante la puerta, con repique de cascabeles y traqueteo de +ruedas chirriantes. + +Entré en el desvencijado vehículo y tomamos la dirección de la +finca. Era preciosa la mañana, vibrante, alegre, llena de sol y luz, +preludiando la primavera, que se acercaba ya. Reclinado en el fondo del +birlocho, viendo desaparecer por la ventanilla el pintoresco paisaje, +me entró, á pesar del buen tiempo y del aire puro y vivo, una dolorosa +melancolía, una especie de aprensión y de timidez violenta. + +El corazón se me encogió, pensando en lo que debía participar á don +Ambrosio, y en cómo empezaría á hacerle paladear el trago, para que +sintiese menos su amargor. Me representaba con eficacia lo dramático +del momento. Don Ambrosio no tenía otra hermana, ni más familia en el +mundo. La señora de Lasmarcas no dejaba hijos que pudiese recoger su +hermano y que alegrasen su solitaria vejez. ¡Una hermana! El ser á +quien acompañamos desde la cuna; con quien hemos jugado de niños; ser +que lleva nuestra sangre; que ha compartido nuestros primeros inocentes +goces, nuestros primeros berrinches; que ha sido nuestro confidente, +nuestro encubridor, que vió nuestras travesuras y se emocionó con +nuestros amoríos infantiles; la mamá pequeña, la amiga natural, la +cómplice desinteresada, la defensora. El que no conoce otro afecto; +el que de todos los suyos conserva una hermana, ¡qué sentirá al saber +que la ha perdido! Sin duda alguna, lo que el árbol cuando le hincan el +hacha en mitad del tronco, cuando lo hienden y parten. Además, ¡era tan +súbita la muerte! Tal vez don Ambrosio se había forjado mil veces la +ilusión de que su hermana, más joven que él, le cerraría los ojos... + +Estos pensamientos, exaltando mi imaginación, me causaron tan +indefinible angustia, que al pararse el coche ante el portón de la +finca llevaba yo los ojos humedecidos de lágrimas. Dominé mi debilidad, +salté á tierra, y al preguntar por don Ambrosio á un hombre que +igualaba la arena del patio, soltó él de muy buena gana el escardillo +y me guió, pasando por hermosos jardines adornados con fuentes y por +un huerto de frutales, á una pradería, donde varios gañanes trabajaban +en segar hierba y amontonarla en carros, bajo la inspección de un +vejete de antiparras azules y sombrero de paja.--Era don Ambrosio en +persona.--Me saludó con sorpresa y, al decirle que venía por un asunto +de cierta importancia, mostró bastante amabilidad. Explicóme que el +pradito aquel rendía todos los años más de treinta carros de hierba +seca, que se vendía como pan bendito; y cediendo á la propensión de +hablar sólo de lo que se roza con preocupaciones del orden práctico, +añadió que temía que viniese á llover, y activaba la faena á fin de +recoger la hierba en buenas condiciones. Después me señaló á una +esquina del prado, que cruzaba un límpido riachuelo, y me preguntó +si creía la fuerza del agua suficiente para hacer mover un molino +harinero que pensaba instalar allí. Su cara arrugadilla y su cascada +voz adquirían gravedad al enunciar estos propósitos. Yo, entretanto, +buscaba sitio por donde herirle; pero dos ó tres insinuaciones acerca +de la mala salud de la viuda, no arrancaron más que un distraído «vaya, +vaya». Entonces resolví apretar, y entré en materia: venía precisamente +porque la señora, algo enferma desde ayer... «Sí, molestias del +invierno, catarrillos», respondió maquinalmente. Me sublevó la salida, +y solté las dos palabras «enfermedad grave»... Al través de los azules +vidrios noté que parpadeaba el viejo.--«¿Grave? Y el médico, ¿qué +dice?». + +--No hubo tiempo de consultarle...--exclamé--Ya ve usted, las cosas +repentinas... + +--Pues que se consulte, que se consulte--repitió volviéndose para +ver pasar un carro cargado á colmo--. ¡Eh--gritó dirigiéndose á los +gañanes--, brutos, que se os cae la mitad de la hierba! ¡Sujetar bien +la carga, por Cristo! + +--¿No le digo á usted--interrumpí alzando también la voz--que no dió +lugar á consultar nada? Fué de pronto... la... + +Se me atragantaba la palabra terrible, pero al fin la solté: + +--¡La... la muerte! + +Don Ambrosio hizo un movimiento hacia atrás. Sus vidrios azules +centellearon al sol. Titubeando, murmuró: + +--De manera... que... que... + +--Que ha fallecido su hermana de usted, sí, señor; esta mañana se la +encontraron cadáver... en la cama... Un derrame seroso. + +El viejo guardó silencio, columpiando la cabeza. Después de una pausa, +tosiqueó y dijo tranquilamente: + +--¡Válgate Dios! Le llegó su hora á la pobre... Bueno, si hay cualquier +dificultad para el entierro, que... que cuenten conmigo... Por poco +más... ¿sabe usted? que se haga todo con decencia... En cien duros +arriba ó abajo no deben ustedes reparar. + +--¿No vendrá usted al funeral?--pregunté devorando al viejo con los +ojos. + +--Verá usted... Con el prado á medio segar y este tiempo tan á +propósito... imposible. ¡Bueno andaría esto si faltase yo! Mañana +justamente viene el maestro de obras para tratar lo del molino... Hay +que rumiar el contrato, porque si no esas gentes le pelan á uno. ¿Y +usted qué opina? ¿Tendrá fuerza el agua? Ahora en primavera, no hay +cuidado; ¿pero en otoño? + +Salí de allí en tal estado de exasperación, que batí la portezuela del +coche al cerrarla, contribuyendo á desbaratar el fementido birlocho. +Otra vez me dominaba una tristeza invencible; me sentía ridículo, y +la miseria de nuestra condición me abrumaba al pensar en aquel vejete +insensible como una roca, que sólo se ocupaba en el prado y el molino +y se olvidaba de la proximidad de la muerte. ¡Valiente necedad mis +precauciones y mis recelos para darle la noticia! De pronto se me +ocurrió una idea singular. Mi acceso de sensibilidad compensaba la +indiferencia de don Ambrosio.--El verdadero _hermano_ de la pobre +muerta era yo, yo que había sentido el dolor fraternal, yo que me había +sustituido, con la voluntad y el sentimiento, al hermano según la +carne. En el mundo moral como en el físico nada se pierde, y todos los +que tienen derecho á una suma de cariño, la cobran, si no del que se la +debe, de otro generoso pagador. Consolado al discurrir así, saqué la +cabeza por la ventanilla y dije al cochero (de veras que se lo dije): +«Más aprisa, que necesito disponer el funeral de mi hermana». + + + + + LA COMPAÑA + + +Invierno. Después de un día corto, lluvioso y triste, la noche es +clara, de luna; la helada prende en sus cristales, resbaladizos y +brillantes como espejos, el agua de las charcas y ciénagas, y en +la ladera más abrupta de la montaña se oye el _oubear_ del lobo +hambriento. Dentro de la casuca del _rueiro_ humilde, la llama de la +ramalla de pino derrama la dulce tibieza de sus efluvios resinosos, y +el glu-glu del pote conforta el estómago engañando la necesidad, pues +el pobre caldo de berzas sólo mantiene porque abriga. + +Desviada de la aldea por el soto de altos castaños, próxima á +la iglesia y al cementerio, la ruin casuca de la vieja señora +Claudia--alias _Cometerra_, porque en sus juventudes mascaba á puñados +la arcilla del monte Couto--también siente el bienestar del cariñoso +fuego. Todo el día, calándose hasta las medulas, ha trabajado su nieto +Caridad, y el brazado de ramalla y la leña todavía húmeda y la hierba +que rumia la becerrita roja, él se las ha agenciado... No preguntéis +dónde. Quien no tiene bosque ni pradería suya, ha de merodear por +tierras de otro. ¿Qué señor le arrienda un lugar á un mocoso de quince, +hijo de un presidiario muerto en Ceuta? El colono ha de ser libre de +quintas, casado y de buena casta. ¡Valiente adquisición la de aquella +bruja que pedía por las puertas una espiga de maíz ó una corteza +mohosa, y la de aquel galopín que no dejaba en los términos de la +parroquia cosa á vida! También hay clases en la aldea... Y los hijos +de dos ó tres labradores de los más acomodados, de pan y puerco, se la +tenían jurada á Caridad. Porque puede pasar el esquilmo de la rama y +del tojo, y hasta el apañar hierba en linderos que tienen dueño; pero +arrancar la patata ya en sazón ó desvalijar un painel del hórreo... eso +son palabras mayores, y como le pillasen... ¡guarda el escarmiento! + +Caridad, entretanto, traía á casa bien repleto su _paje_ de mimbres. +Aquel día formaban el botín golpe de castañas maduras, bellotas, y +¡presa extraordinaria!, tres ó cuatro hermosos huevos frescales... +Cuando tenía suerte en su caza de víveres, ¡la abuela le pagaba tan +bien! Inagotable repertorio de consejas, tradiciones y patrañas, +_Cometerra_, acurrucada en el rincón del lar, mientras con mano +temblona pelaba las patatas ó desgranaba las espigas rubias, hablaba, +narraba, ensartaba sus cuentos de mil mentiras... Y Caridad no conocía +otro goce. Las historias de la abuela eran á la vez su única escuela y +su único teatro, el pasto de su imaginación virgen, fresca, insaciable, +de chiquillo que no sabe leer, y que presiente la novela y la poesía, +identificándolas, en su ignorancia, con la vida y la realidad. + +Tal vez, en aquel precoz enfermizo desarrollo de la fantasía influyese +el mismo aislamiento á que le condenaban sus menudos latrocinios y la +azarosa suerte y las fechorías del padre. Es lo cierto que Caridad +creía á puño cerrado... ¿qué es creer?, _veía_. El mundo triste y +agorero de la vieja mitología galaica le rodeaba á todas horas. El +miedo á lo desconocido encogía su alma y derramaba hielo de mortal +pavor en sus venas, atrayéndole, sin embargo, con misterioso atractivo, +llamándole. Temía y deseaba la aparición sobrenatural, y mientras sus +manos, mecánicamente, cogían lo ajeno, su espíritu inculto sentía el +escalofrío del mundo invisible que nos rodea, y cuyo hálito quejoso se +percibe en los murmullos del bosque y en el fluyente llanto del agua... + +Esta noche de invierno, cercana ya la vigilia de los difuntos, +_Cometerra_ explica á su nieto lo que es la _Compaña_ ó _Hueste_. Es +una legión de muertos que, dejando sus sepulturas, llevando cada cual +en la descarnada mano un cirio, cruzan la montaña, allá á lo lejos, +visibles sólo por la vaga blancura de los sudarios y por el pálido +reflejo del cirio desfalleciente. ¡Ay del que ve la _Compaña_! ¡Ay del +que pisa la tierra en que se proyecta su sombra! Si no se muere en el +acto, la vida se le secará para siempre á modo de hierba que cortó la +_fouce_. Quebrantado, sin fuerzas, tocado de extraño mal, contra el +cual no existen remedios, irá encaminándose poco á poco á la cueva, +porque la _Hueste_ recluta así á los que encuentra en el camino, los +alista en sus filas, refuerza su ejército de espectros... ¡Infeliz del +que ve la _Compaña_! + +En su pobre y frío lecho de hojas de maíz, Caridad se revuelve pensando +en la fúnebre procesión. El fuego del lar se ha extinguido; la abuela +ronca acurrucada á pocos pasos; se escucha fuera el gañir del lobo y +la queja casi humana del mochuelo... La tentación es demasiado fuerte. +De seguro que á estas horas desfila por el monte, en doble hilera +de luces, la gente del otro mundo. ¡Verla! Caridad no se acuerda de +que verla es morir. Quizá no le importa. El apego á la vida no nace +temprano; el arbolillo sin raíces no se agarra á la corteza terrestre. +El miedo, en Caridad, es como un espasmo: su alma estremecida teme y +desea á la vez. Y deslizándose de la dura cama, á tientas va hacia la +puerta, abre el cancel, se asoma y mira. + +Velada la luna, antes esplendente, por nubarrones de trágica forma, +negrísimos, los objetos aparecen confusos, las manchas de la arboleda +se pierden entre la turbieza gris de la lejanía. Caridad, tiritando, +echa á andar en dirección á la iglesia. Sin darse cuenta del porqué, +supone que la _Hueste_ ronda las tapias del cementerio. Lo singular +es que, al ir en busca de la procesión de las almas, el chiquillo +tiembla, sus dientes castañetean, sus pupilas se dilatan, su sangre +se cuaja, su corazón por momentos cesa de latir. Y, sin embargo, anda, +anda, fascinado; ansioso, pisando la escarcha con descalzos pies, +amoratados y rígidos. Allá donde se alza el muro del camposanto, una +claridad difusa, unos lampos de luz verdosa le llaman con palpitaciones +de mortaja flotante y con humaredas de cirio que se extingue. Allí está +de seguro la _Hueste_... Ya cree verla, verla distintamente, y hasta +escucha reprimidos sollozos, ahogados gritos que pueden confundirse +con la ironía de la carcajada brutal... Sin transición, sin espacio á +decir Jesús, á llamar á su madre como la llaman los heridos de muerte, +Caridad se desploma. Á un mismo tiempo le ha partido la cabeza un +garrotazo y le ha abierto la garganta el corvo filo de una céltica +_bisarma_, que á la vez que degüella sujeta á la víctima. La sangre, +caliente, se coagula sobre la helada superficie del terruño. Los mozos +se retiran, dejando tieso allí al ladronzuelo, y murmurando, serios +ya--porque no habían pensado ir tan lejos, ni hubiesen ido á no mediar +el mosto nuevo y la vieja _caña_: + +--Quedas escarmentado. + + + + + LA DENTADURA + + +Al recibir la cartita, Águeda pensó desmayarse. Enfriáronse sus manos, +sus oídos zumbaron levemente, sus arterias latieron y veló sus ojos una +nube. ¡Había deseado tanto, soñado tanto con aquella declaración! + +Enamorada en secreto de Fausto Arrayán, el apuesto mozo y brillantísimo +estudiante, probablemente no supo ocultarlo; la delató su turbación +cuando él entraba en la tertulia, su encendido rubor cuando él la +miraba, su silencio preñado de pensamientos cuando le oía nombrar; +y Fausto, que estaba en la edad glotona, la edad en que se devora +amor sin miedo á indigestarse, quiso recoger aquella florecilla +semicampestre, la más perfumada del vergel femenino--un corazón de +veinte años, nutrido de ilusiones, en un pueblo de provincia: medio +ambiente excitante, si los hay, para la imaginación y las pasiones. + +Los amoríos entre Fausto y Águeda, al principio, fueron un dúo en que +ella cantaba con toda su voz y su entusiasmo, y él, _reservándose_ +como los grandes tenores, en momentos dados emitía una nota que +arrebataba. Águeda se sentía vivir y morir; su alma, palacio mágico +siempre iluminado para solemne fiesta nupcial, resplandecía y se +abrasaba, y una plenitud inmensa de sentimiento la hacía olvidarse de +las realidades y de cuanto no fuese su dicha, sus pláticas inocentes +con Fausto, su carteo, su ventaneo, su idilio en fin. Sin embargo, las +personas delicadas--y Águeda lo era mucho--no pueden absorberse por +completo en el egoísmo; no saben ser felices sin pagar generosamente +la felicidad. Águeda adivinaba en Fausto la oculta indiferencia; +conocía por momentos cierta sequedad de mal agüero; no ignoraba que á +las primeras brisas otoñales el predilecto emigraría á Madrid, donde +sus aptitudes artísticas le prometían fama y triunfos; y en medio de +la mayor exaltación, advertía en sí misma repentino decaimiento, la +convicción de lo efímero de su ventura. + +Un día estrechó á Fausto con preguntas apremiantes: «¿Me quieres de +veras, de veras? ¿Te gusto? ¿Soy yo la mujer que más te gusta? Háblame +claro, francamente... Prometo no enfadarme ni afligirme». Fausto, +sonriente, halagador, galante al pronto, acabó por soltar parte de la +verdad en una aseveración exactísima. «¡Guedita, eres muy mona... muy +guapa, sin adulación... Tienes una tez de leche y rosas, unas facciones +torneadas, unos ojos de terciopelo negro, un talle que se puede abarcar +con un brazalete... Lo único que te desmerece... así... un poquito... +es la pícara dentadura. Es que á no ser por la dentadura... chica, un +cuadro de Murillo!». + +Calló Águeda contrita y avergonzada, pero apenas se hubo despedido +Fausto, corrió al espejo. ¡Exactísimo! Los dientes de Águeda, aunque +sanos y blancos, eran salientes, anchos á guisa de paletas, y su +defectuosa colocación imponía á la boca un gesto empalagoso y mohín. +¿Cómo no había advertido Águeda tan notable falta? Creía ver ahora por +primera vez la fea caja de su dentadura, y un pesar intenso, cruel, la +abrumaba... Lágrimas ardientes fluyeron por sus mejillas, y aquella +noche no pegó ojo, dando vueltas, entre el ardor de la fiebre, á la +triste idea... «Fausto ni me quiere ni puede quererme. ¡Con unos +dientes así!». + +Desde el instante en que Águeda se dió cuenta de que en realidad tenía +una dentadura mal encajada y deforme, acabóse su alegría y vinieron á +tierra los castillos de naipe de sus ensueñas. Rota la gasa dorada del +amor, veía confirmados sus temores relativos á la frialdad de Fausto; +mas como el espíritu no quiere abandonar sus quimeras, y un corazón +enamorado y noble no se aviene á creer que su mismo exceso de ternura +puede engendrar indiferencia, dió en achacar su desgracia á los dientes +malditos. «Con otros dientes, Fausto sería mío quizás». Y germinó en su +mente un extraño y atrevido propósito. + +Sólo el que conozca la vida estrecha y rutinaria de los pueblos +pequeños; la alarma que produce en los hogares modestos la perspectiva +de cualquier gasto que no sea de estricta utilidad; la costumbre +de que las muchachas nada resuelvan ni emprendan, dejándolo todo +á la iniciativa de los mayores--comprenderá lo que empleó Águeda +de voluntad, maña y firmeza hasta conseguir dinero y licencia para +realizar sus planes... Fausto había volado ya á Madrid; el pueblo +dormitaba en su modorra invernal, y Águeda, levantándose cada día +con la misma idea fija, suplicaba, rogaba, imploraba á su madre, á +su padrino, á sus hermanas, sacando á aquélla una pequeña cantidad, +á aquél un lucido pico, á éstas de la alcancía los ahorros..., hasta +juntar una suma, con la cual, llegada la primavera, tomó el camino de +la capital de la provincia...--Iba resuelta á arrancarse todos los +dientes y ponerse una dentadura ideal, perfecta. + +Águeda era muy mujer, tímida y medrosa: no se preciaba de heroína, +y la espantaba el sufrimiento; un escalofrío recorrió sus venas +cuando, discutido y convenido con el dentista el precio de la cruenta +operación, se instaló en la silla de resortes, y encomendándose á +Dios, echó la cabeza atrás... No se conocían por entonces en España +los anestésicos que hoy suelen emplearse para extracciones dolorosas, +y aunque se tuviese noticia de ellos, nadie se atrevía á usarlos, +arrostrando el peligro y el descrédito que originaría el menor desliz +en tan delicada materia. Tenía, pues, Águeda que afrontar el dolor +con los ojos abiertos y el espíritu vigilante, y dominar sus nervios +de niña para que no se sublevasen ante el atroz martirio. Desviados, +salientes y grandes eran sus dientes todos: había que desarraigarlos +uno por uno. Águeda, cerrando los ojos, fijó el pensamiento en Fausto; +temblorosa, yerta de pavor, abrió la boca, y sufrió la primer tortura, +la segunda, la tercera... Á la cuarta, como se viese cubierta de +sangre, cayó con un síncope mortal. «Descanse usted en su casa», opinó +el dentista. + +Volvió, sin embargo, á la faena al día siguiente, porque los fondos +de que disponía estaban contados y la urgía regresar al pueblo... No +resistió más que dos extracciones; pero al otro día, deseosa de acabar +cuanto antes, soportó hasta cuatro, bien que padeciendo una congoja al +fin; pero según disminuían sus fuerzas se exaltaba su espíritu, y en +tres sesiones más quedó su boca limpia como la de un recién nacido, +rasa, sanguinolenta... Apenas cicatrizadas las encías, ajustáronle +la dentadura nueva, menuda, fina, igual, divinamente colocada: dos +hileritas de perlas. Se miró al espejo de la fonda; se sonrió; estaba +realmente transformada con aquellos dientes; sus labios ahora tenían +expresión, dulzura, morbidez, una voluptuosa turgencia y gracia que +se comunicaba á toda la fisonomía... Águeda, en medio de su regocijo, +sentía mortal cansancio; apresuróse á volver á su pueblo, y á los dos +días de llegar, violenta fiebre nerviosa ponía en riesgo su vida. + +Salió del trance; convaleció, y su belleza, refloreciendo con la salud, +sorprendió á los vecinos. Un acaudalado cosechero, que la vió en la +feria, la pidió en matrimonio; pero Águeda ni aun quiso oir hablar de +tal proposición, que apoyaban con ahinco sus padres. Lozana y adornada +esperó la vuelta de Fausto Arrayán, que se apareció muy entrado el +verano, lleno de cortesanas esperanzas y vivos recuerdos de recientes +aventuras. No obstante, la hermosura de Águeda despertó en él memorias +frescas aún, y se renovaron con mayor animación por parte del galán los +diálogos y los ventaneos y los paseos y las ternezas. Águeda le parecía +doblemente linda y atractiva que antes, y un fueguecillo impetuoso +empezaba á comunicarse á sus sentidos. Cierto día que, hablando con uno +de sus amigos de la niñez, manifestó la impresión que le causaba la +belleza de Águeda, el amigo respondió: + +--¡Ya lo creo! Ha ganado un cien por cien desde que se puso dientes +nuevos. + +Atónito quedó Fausto. ¿Cómo? ¿Los dientes? ¿Todos, sin faltar uno? +¡Cuánto trastorna la vanidad femenil! Y soltó una carcajada de +humorístico desengaño... + +Cuando, años después, le preguntó alguien por qué había roto tan +completamente con aquella Águeda, que aún permanecía soltera y llevaba +trazas de seguir así toda la vida, Fausto Arrayán--ya célebre, +glorioso, dueño del presente y del porvenir--respondió, después de +hacer memoria un instante: + +--¿Águeda...? ¡Ah, sí! Ahora recuerdo... ¡Porque no es posible +que entusiasme una muchacha sabiendo que lleva todos los dientes +postizos...! + + + + + INSPIRACIÓN + + +El taller, á aquella hora--las once de la mañana--tenía aspecto alegre +y hasta cierta paz doméstica: limpio aún, barrido, no manchado por las +colillas y los fósforos, los fragmentos de lápiz de color y el barro +de las botas, con la alegre luz solar que entraba por el gran medio +punto, acariciaba los muebles y arrancaba reflejos á los herrajes del +bargueño, á los clavos de asterisco de los fraileros, y á los estofados +del manto de la gótica Nuestra Señora. La horrible careta nipona reía +de oreja á oreja, benévolamente, y _Kruger_, el enorme y lustroso +dogo de Ulm, echado sobre un rebujo de telas de casulla, deliciosas +por sus tonos nacarados que suavizaba el tiempo, dormitaba tranquilo, +reservando sus arrebatos de cariño, expresados con dentelladas y +rabotadas, para la tarde. + +Luchaba desesperadamente Aurelio Rogel, instalado ante el caballete y +el lienzo limpio, con una de esas crisis de desaliento que asaltan +al artista en nuestra época sobresaturada de crítica y recargada con +el peso de tantos ideales y tantas teorías y tantas exigencias de los +sentidos gastados y del cerebro antojadizo. ¿Qué pondría en aquella +tela rasa y agranitada; á qué expresión responderían las manchas de los +colores que aguardaban en fila, al margen de la bruñida paleta, como +soldados dispuestos á entrar en combate? Sentíase cansado Aurelio de +_academias y estudios_; del eterno dibujar por dibujar, persiguiendo +de cerca á la línea y al contorno, sin saber para qué, con la falta +de finalidad del avaro que atesora, pero no hace circular la riqueza. +Aquella ciencia del dibujo, en que Aurelio se preciaba de haber vencido +y superado á todos sus compatriotas, tildados de malos dibujantes; +aquel dominio de la forma, en tal momento, le parecía estéril, vano, si +no podía servirle para encarnar una idea.--Y la idea, la veía surgir, +como vapor luminoso, flotando ante sus ojos soñadores, sin lograr que +se concretase y definiese; así es que, descorazonado, no se resolvía á +coger el lápiz. + +¿Qué iba á hacer? Dentro de un cuarto de hora aparecería el modelo, el +eterno modelo; uno de los eternos modelos, mejor dicho.--Ó el tagarote +aguardentoso, velludo y bestial; ó la moza flamenca y zafia, que dejaba +en el taller olor á bravío y á jabón barato; ó el mozalbete achulado, +afeminado, el _pâle voyou_; serie de cuerpos plebeyos y viciosos, +cuya vista había llegado á irritar los nervios de Aurelio hasta el +punto de enfurecerle. ¿Dónde estaba la Belleza? «La crearé sin modelo +alguno--pensaba--; la sacaré de mi mente, de mis aspiraciones, de mi +corazón, de mi sensibilidad artística...». Pero á la vez que afirmaba +este programa, se daba cuenta de que no podía realizarlo: que le +sujetaban lazos técnicos, la costumbre idiota de mirar hacia un objeto, +la fidelidad escrupulosa, la impotencia para trasladar al lienzo lo que +los ojos no hubiesen visto y estudiado en la realidad. + +Así es que, cuando sonó la campanilla anunciando la llegada del +modelo--segura á tales horas--el pintor sintió un estremecimiento de +repugnancia invencible. «Hoy le despido»; resolvió; y, de mal talante, +salió á abrir. Hizo un movimiento de sorpresa: la persona que llamaba +era desconocida, una joven; casi una niña; representaba quince años á +lo sumo. Á la interrogación de Aurelio, respondió la muchacha dando +señales de temor y cortedad: + +--Vengo... porque me ha dicho tío Onofre, el _curda_... ¿no sabe usté? +pues que como está muy malísimo... y dijo que usté le aguardaba pa +retratarle... le traigo el recao que no vendrá. + +--Bien, hija--contestó Aurelio satisfecho y como libre de una +carga.--¿Y qué tiene tío Onofre? + +--Eso del trancazo--declaró la muchacha--. En la cama está hace tres +días, y paece que le han molío toós los huesos. + +Y como á pesar de que en apariencia estaba cumplida la misión de la +chiquilla, ésta no se quitaba del marco de la puerta; el pintor, +compadecido, la apartó diciendo: + +--Pasa, hija. Ven, te daré un poco de vino de Málaga... + +Entró la niña tímidamente, pero sin remilgos ni dificultades, y ya +en el taller, miró alrededor con ojos asombrados, que expresaban el +respeto por lo que no se comprende, y un vago susto. De pronto sus +pupilas tropezaron con un desnudo de mujer: el de la mocetona flamenca +y zafia, representada en una contorsión de ménade, sobre el mismo +rebujo de telas antiguas en que _Kruger_ dormitaba ahora. Y Aurelio, +que examinaba á la chiquilla, ya fuera de la penumbra de la antesala, +con esa ojeada del artista que sin querer detalla y desmenuza, se echó +atrás y se fijó lleno de interés. La palidez clorótica de la niña, al +aspecto del «estudio de mujer», se había transformado en el color suave +de la rosa que las floristas llaman _carne doncella_, pasando poco á +poco, mediante una gradación bien caracterizada, á tonos cuya belleza +recordaba la de las nubes en las puestas de sol. Como si invisibles +ventosas atrajesen la poca sangre de las venas y las arterias á la +piel, subieron las ondas, primero rosadas y luego de carmín, á las +mejillas, á la frente, á las sienes, á toda la faz de la criatura; y en +el pasmo de su inocente mirar, y en la expresión de indecible sorpresa +de su boca, se reveló una belleza interior tan grande, que Aurelio +estuvo á punto de caer de rodillas. + +Nada dijo la niña; nada el pintor tampoco. Sólo cuando la oleada de +vergüenza empezó á descender también gradualmente, preguntó Aurelio, +tímido á su vez: + +--¿Eres tú hija de tío Onofre? + +--No, señor... Soy su ahijá. No tengo padre ni madre. + +--¿Con quién vives? + +--¡Con tío Onofre! + +--¿Le sirves de criada? ¿Trabajas? + +--Trabajo lo que puedo--fué la respuesta humilde--. Hay mucha +necesiá... Si no fuera por los señoritos que retratan á tío Onofre, no +sé cómo saldríamos del apuro. Y ahora, con la enfermedá... + +Envalentonada por la dulzura con que Aurelio la había hablado, +prosiguió la niña: + +--Nos vamos á ver negros. En casa, señorito, no hay una peseta. +Como tío Onofre tiene ese mal costumbre de la bebía... Si no es la +bebía, hombre más bueno no se encuentra en tó Madrí. Pero el maldito +amílico... que le tiene corroías las entrañas... Y como tío Onofre +sabe que usté y el otro señorito pintor que vive en el Pasaje son tan +caritativos...; pues me dijo, dice: «Te vas allá, Selma, y que en igual +de retratarme á mí, te retraten á ti por unos días..., porque al fin +ellos lo que quieren es retratar á cualquiera sinfinidá de veces..., y +la guita que te la den por adelantao... y á ver si nos remediamos». + +Contempló Aurelio al nuevo modelo que se le ofrecía, con la mirada +involuntariamente dura y cruel del chalán y del inteligente en el +mercado. Al través de la pobre falda de zaraza y del roto casaquillo, +adivinó las líneas. Eran seguramente adorables, delicadas y firmes á +la vez, con la pureza del capullo cerrado y la gracia de la juventud, +que lo convertirá pronto en flor gallarda, de incitadora frescura. La +proporción del cuerpo, la redondez del talle, la elegancia del busto, +la gracia de la cabeza, todo prometía un modelo delicioso, de los que +no se encuentran ni pagados. Aurelio se regocijó. ¡Quizás estaba allí +la inspiración de la obra maestra!--Pero cuando iba á pronunciar el +sacramental: «Desnúdate...» el recuerdo de la ola de sangre inundando +el rostro, ascendiendo hasta la frente y las sienes, borrando con su +matiz de carmín las facciones, le detuvo, apagando en su garganta el +sonido. Se sintió enrojecer, á su turno; le pareció haber cometido, +allá interiormente, alguna acción vergonzosa. Y acercándose á la niña, +fué esto lo que dijo: + +--Te retrataré, pero con la condición de que no te retrate nadie +más que yo. ¿Entiendes? Pago doble... No vas á casa de ningún otro +señorito. Yo te daré dinero... Ahora, hija mía... para que te +retrate... te colocarás así... así... mirando á esa figura. ¿Quieres? + +Y, mientras á las mejillas de la niña y á sus sienes virginales subía +otra vez, ante el impúdico y vigoroso _estudio_ de la Ménade, la ola de +vergüenza, Aurelio, con nerviosa vehemencia primero, con pulso seguro +después, manchaba el lienzo bocetando su cuadro «Pudor», que le valió +en la Exposición el primer triunfo, una segunda medalla. + + + + + OSCURAMENTE + + +La casuca, al borde del camino, separada de la cuneta por un jardín no +mayor que un pañuelo, era simpática, enyesada, con ventanas pintadas de +azul ultramar rabioso, y un saledizo de madera que decoraban pabellones +de rubias espigas de maíz. En el jardín no dejaban cosa á vida las +gallinas y el gallo, escarbando ellas con humilde solicitud y él con +arrogante desprecio; pero así y todo, los rosales _lunarios_ se cubrían +de finas rosas lánguidas, las hortensias erguían sus copos celestes, y +un cerezo enorme, amaneradamente puesto por casualidad á la izquierda +de la casa, daba fresca sombra. Aquella vista podía ser asunto de país +de abanico, y mejor si la animaba la presencia de la chiquilla alegre +y reidora en quien la vida amanecía con lozanos brotes y florescencias +primaverales. + +Huérfana era Minga, pero no había notado la soledad ni el abandono, +gracias á su hermano Martín, que le prodigó mimos de madraza y +protección de padre. La niñez no siente nostalgias de lo pasado cuando +es dulce lo presente. Minga no recordaba el regazo maternal. Era +Martín--solían repetirlo los demás mozos de la aldea, y no siempre con +piadosa intención--como una mujer. Él sabía amañar el caldo y arrimar +el pote á la lumbre; él lavaba, torcía y tendía la ropa; él vendía en +la feria la manteca, la legumbre, los huevos; él vestía y desnudaba +á Minga mientras fué muy pequeña, y la tomaba en brazos y la sonaba +y la desenredaba la vedija de seda blonda, luminosa y vaporosa como +un nimbo de santidad... También la llevaba de la mano á la iglesia, +porque Martín era algo sacristancillo. Ayudaba al señor cura, y su vaga +aspiración, si no hubiese tenido que dedicarse á cuidar de su hermana, +sería cantar misa, adornar mucho los altares, ponerle á su virgen +flores, colgarle arracadas de perlas. + +La condición de Martín, su índole afeminada y pulcra, se conocía en +lo limpio de la casuca enyesada y reluciente, en la ocurrencia de +rodearla de jardín, en el primoroso seto de cañas, en el vestir de +Minga, siempre aseada y hasta engalanada con pañolitos de seda los +días festivos, y en cierta cortesía humilde que Martín mostraba á +todos, á la gente de la aldea y al señorío, multiplicando las fórmulas +obsequiosas los «vayan con salud» y los «Dios les acompañe». No hubo +sombrerón de fieltro menos pegado á la cabeza que el de Martín, ni +_rapaz_ más enemigo de _parrandas_ y _tunas_, ni que así aborreciese +el cigarro y la _perrita_, ni que con tal premura se escabullese del +atrio ó de la robleda al presentir que iba á armarse «una de palos». +Rozándole ó empujándole pasaban las mozas jaraneras y comprometedoras, +que en todas partes las hay, y Martín no apartaba los ojos del +suelo. Únicamente sonreía á las muchachas cuando ellas cogían por +banda á Minga y la hartaban de rosquillonas, duras como guijarros, +ó de _zonchos_ fríos, ó de caramelos pringosos. La cuerda de aquel +cariño fraternal, casi paternal por la diferencia de edades, era lo +que vibraba en Martín con vibraciones hondas, con latidos de corazón +inmenso. + +¡Qué rechifla se levantó en la aldea al saberse cómo Martín había +caído soldado! ¡Soldado aquella madamita, aquel miedoso, aquél que +sabía coser y planchar y lavar como las hembras! ¡Aquél que ni gastaba +navaja, ni bisarma, ni una triste vara aguijadora! No hubo quien +no se riese: los viejos con bocas desdentadas, las mozas con bocas +frescachonas de duros dientes. Sin embargo, prodújose la reacción. Los +pobres tienen prójimo: las comadres de la aldea, las que han enviado +hijos al servicio del Rey, son piadosas. Y al ver á Martín tan pasmado, +tan alicaído, tan encogido de alma, las buenas comadres probaron +á consolarle á su modo con palabras de resignación, de esperanza +quimérica, fantaseando intervenciones de santos y milagros sin pizca +de verosimilitud. Martín agachaba la cabeza, cruzaba las manos, miraba +á Minga y callaba... Él sabía que era forzoso ir, no sólo al cuartel, +sino á algo más terrible, que no se explicaba, que tenía para él mucho +de misterio y más de horror, de eso que se ve en las ansias de la +pesadilla... ¡La guerra...! ¡La guerra lejos, lejísimos... más allá de +los mares! + +Pasábamos una tarde por delante de la casucha, y el señor cura, que +nos acompañaba, señaló hacia la cerrada puerta, el jardín comido +por las ortigas y zarzales, el balcón sin sus ristras de espigas, +todo solitario y muerto, con esa muerte de los objetos que indica la +ausencia del espíritu, de la actividad humana, vivificadora. ¡Ay! El +señor cura no se consolaba de la falta de Martín. ¿Dónde encontraría +otro así para ayudar á misa, encender y despabilar velas, doblar y +guardar las vestiduras, otro madamita igual, mañoso, dócil, bien +hablado, bien mandado?... ¡Y pensar que se lo habían llevado á pelear +con los negros! ¡Qué cosas! ¡Qué desdichas! + +--¿Y la niña, la hermanita?--pregunté recordando una cabeza con aureola +de rizos alborotados de un rubio blanquecino, una risa infantil, unos +labios de cereza, unos ojos celestes. + +--¡La niña!--repitió el cura--¡Ésa... ya ni se acuerda de tal hermano! +La recogió la tabernera, ¿no sabe? la mujer del _Xuncras_... y como +no tienen chiquillos, están con ella que no atinan dónde la pongan. +Hay criaturas así, que son las hijas de la suerte. Figúrese lo que le +esperaba á la chiquilla. Ó meterse á servir (¿y de qué sirve una criada +de once años?) ó ir al Hospicio, ó dedicarse á pedir limosna... Y por +cuánto la víspera de la marcha de Martín, al pobre rapaz le tienta +Dios á entrar en el tabernáculo del _Xuncras_ para echar unos vasos y +quitarse las melancolías; y le sacan vino, y caña, y bala rasa, ¡yo +qué sé! y á los pocos tragos--como él nunca lo cataba--se le sube á la +cabeza y rompe á llorar y á gritar y á decir que le daba el corazón que +no volvería y que Minga se moriría de necesidad... Y resulta que la +tabernera, un corazón de mantequilla de Soria, también suelta el trapo, +se le agarra al cuello, y le ofrece cargar con Minga... El marido +se oponía; pero la mujer le convenció de que allí se necesitaba una +rapaza para fregar los vasos y barrer... Y quien friega y barre es la +tabernera, y Minga está como la reina, mano sobre mano y bien regalada, +y riéndose y cantando... Es alegre como unas pascuas. ¡Buen cascabel se +prepara ahí! ¡Si da grima ver aquella cara tan satisfecha y al mismo +tiempo la ropa de luto! + +Y al notar mi sorpresa el cura, prosiguió: + +--¿No lo sabía? ¡Claro que sí! al instante... Si fuese un holgazán, un +vicioso, un quimerista, un bocarrota, aquí volvería sano y salvo... +Como era tan modosiño y doblaba tan bien las casullas, ¡duro en él! +Fué una de esas cosas de pronto, sin chiste... Una emboscada, una +trampa en que cayó el destacamento. Lo supe por carta que se recibió en +Marineda, de un sargento que escapó con vida. Diez ó doce murieron, y +entre ellos Martín. No lo trajeron los periódicos; ¡si fuesen á traer +las menudencias!... Á Martín le saltaron á la cara dos negrotes. Lo +particular es que aseguran que se defendió como una fiera. Estoy por +no creerlo. ¡Pobre madamita! Milagro si no se puso de rodillas á que +le perdonasen. El sargento parece de Sevilla. ¿Pues no dice que Martín +envió al otro barrio á uno de los mambises, que era un animal atroz? ¿Y +no cuenta que casi podía con el segundo, y si no fuese porque tropezó +y resbaló y el otro se le echó sobre el cuerpo y con todo el peso, lo +acaba? ¡Bah! ¡bah! El asunto es que á Martín... + +Un gesto expresivo, una mano girando con rapidez alrededor de la +garganta, completaron la frase. + +--Y aún ayer apliqué por él la misa--añadió el señor cura cuando ya +doblábamos el pinar. + + + + + EL AHOGADO + + +Atacado de hipocondría y roído de tedio; cansado del mundo, de los +hombres, de las mujeres y hasta de los caballos; agotados los nervios +y vacía el alma, Tristán decidió morir. ¡Bueno fuera quedarse, porque +sí, en un mundo tan patoso y de tan poca lacha; un mundo en que los +goces se resuelven en bostezos, y en desencantos las ilusiones! Acabar +de una vez; dormir un sueño que no tuviese el contrapeso del despertar +probable.--Y Tristán, resuelto ya á la acción, empezó á pensar en el +_modo_. + +La verdad ha de decirse: el pícaro _modo_ era como un hueso que se le +atragantaba á Tristán. Entre el sincero deseo de dejar la vida y el +acto de quitársela, media un solo movimiento; ¡pero qué movimiento, +señores! Comparado con éste, parece fácil el de levantar en peso +una montaña... Las indecisiones de Hamleto, tortas y pan pintado en +comparación de las de muchos infelices hijos de este siglo, á un +tiempo codiciosos y temerosos del no ser. Ni pizca de cobarde tenía +Tristán; pero el valor no es cantidad fija: hay quien no teme á un +león y se pone pálido al ver una cucaracha. Nervioso, de imaginación +cruel, Tristán se horripilaba del instante fugacísimo en que la bala +del revólver destrozase la masa de su cerebro, ó la cuerda estrujase +brutalmente su garganta. Por extraña contradicción, convencido del +aniquilamiento final, hasta le preocupaba lo que sucedería _después_ +á su cuerpo, y veía la escena póstuma, el grupo formado alrededor de +su cadáver, y oía las frases triviales, las inevitables reflexiones +lastimosas de amigos y sirvientes--todo ello ridículo, semigrotesco, +parodia de algo trágico y grande no realizado--. Su buen gusto se +sublevaba contra semejante final. «Morir, sí, pero morir sin dar +espectáculo; irse de la vida como quien se retira de un salón, +discretamente». Maduro el propósito, Tristán discurrió que el lugar más +oportuno de ponerlo por obra era un viejo castillo que poseía á orillas +del mar. Recogiéndose allí algún tiempo, la sociedad, si al pronto +extrañaría su falta, ya le habría olvidado cuando sucediese lo que +debía suceder... El caso era no dejar rastro alguno. «Como averigüen +Perico Gonzalvo y Manolo Lanzafuerte mi paradero, allí se descuelgan á +pretexto de cazar ó pescar...». Y rodeó su último y solitario viaje del +complicado misterio propio de otras escapatorias más gratas. «Creerán +que mi fuga tiene cómplice...», se dijo á sí propio, con irónica +tristeza, el futuro suicida. + +Al verse en el castillo, antiguo solar de su familia, Tristán +comprendió que no cabía mejor fondo para el sombrío cuadro que +intentaba pintar. Las abruptas montañas, las denegridas piedras, los +paredones que la hiedra asaltaba, la costa erizada de escollos, la +playa siempre azotada por el recio oleaje, la torre donde anidaban +lechuzas y búhos, respiraban desolación y fúnebre melancolía. +Acrecentaba el horror del paisaje la estación, que era la del +equinoccio de otoño, con sus furiosas tempestades y los frecuentes +naufragios de las embarcaciones que, extraviadas por la niebla, +empujadas por el temporal, venían á encallar y á deshacerse en los +traidores bajíos de la _Corvera_, próximos á la playa que se extendía +á los pies de la residencia de Tristán. El incesante y ronco mugido +del oleaje; el horizonte cerrado en brumas ó surcado por lívidas +exhalaciones; la tierra empapada en agua; el arenal sembrado de +despojos, tablas y barricas, cuando no de cadáveres, armonizaban tan +bien con el estado de ánimo y los proyectos de Tristán, que decidió +buscar reposo en el fondo de las aguas, haciendo creer que le había +arrebatado una ola. Y para familiarizarse con la idea, bajaba á la +playa diariamente, sintiendo que se apoderaba de su alma el vértigo de +lo desmesurado y la atracción del hondo abismo. Su plan de suicidio +se concretaba aprisa, y se le agarraba al espíritu de tal manera, que +ya soñaba con él lo mismo que se sueña en la primer cita de una mujer +hermosa y adorada. + +Una tarde de horrible tempestad, en que el huracán sacudía las veletas +del castillo y retorcía los árboles desmelenando locamente el ramaje, +creyó Tristán que era llegado el momento de ejecutar su determinación, +y descendió, ó mejor dicho, se despeñó al arenal, luchando á brazo +partido con el viento y alumbrado por el repentino fulgor de los +relámpagos. Uno que encendió el horizonte le mostró, sobre la cresta de +enorme ola, algo que podía ser ó profecía ó imagen fiel de su destino: +era el cuerpo de un hombre, un ahogado, que flotando venía á ser +despedido contra los escollos. «Me pondré un buen peso á la garganta +para no sobrenadar», calculó Tristán al divisar al muerto que se +acercaba; y dos minutos después, la ola gigantesca, rompiéndose en las +rocas á flor de tierra ya, depositaba sobre la arena al ahogado. + +Tristán se precipitó hacia él por instinto, y alzando el cadáver, +lo arrastró hacia el fondo del arenal, reclinándolo en una peña. Á +la claridad macilenta del poniente, pudo observar que era un hombre +joven y robusto. «¡Cuánto habrá luchado éste--pensó--para evitar lo +que yo busco á todo trance!». Palpó el torso desnudo, magullado por +las piedras, y no creyó advertir en él la rigidez de la muerte. Hasta +le pareció percibir un resto de calor vital. Sintió una sacudida +eléctrica. «¡Vive! ¡Este hombre vive aún!». Temblando de emoción, +recordando los primeros socorros que deben prestarse á los ahogados, +colocó al hombre con la cabeza alta, le inclinó hacia el lado derecho, +y le sacudió reiteradamente hasta que hubo arrojado un chorro de agua +por la boca. Volvió á hincar la palma sobre la tetilla izquierda, y +creyó notar un débil latido del corazón, que le hizo exhalar un grito +de alegría. Con sobrehumano vigor, cargando á hombros el cuerpo inerte, +se lanzó por la cuesta que trepaba al castillo. El peso era grande: á +mitad de la cuesta notó Tristán que la respiración le faltaba; detúvose +un instante, y con doblados bríos siguió después, sin detenerse hasta +soltar al ahogado en la cocina del castillo, donde ardía un buen fuego +de leña. «Pronto--gritó Tristán á sus servidores--vengan mantas; á +calentar ladrillos y á llenar botellas de agua hirviendo; á traer un +colchón; ¿hay aguardiente?». Y mientras corrían para facilitarle lo que +reclamaba, Tristán, inclinado sobre el cuerpo, veía con inquietud la +azulada palidez del rostro, señal cierta de la asfixia, y creía que la +chispa de vida, la débil llama, iba á extinguirse. «Hay que intentar +el gran remedio». Y con más ilusión que nunca había probado al acercar +sus labios á los de ninguna mujer, pegó su boca á la boca yerta del +ahogado, acechando el primer soplo de aire, mientras sus manos fuertes +y elásticas oprimían rítmicamente el esternón y el vientre, provocando +por medio de enérgicas tracciones la respiración artificial. Palpitante +de esperanza y de caridad, se regocijaba cuando á la boca fría +asomaban buches de agua amarga, mezclados con impurezas. ¿Si era que +ya penetraba en los pulmones el aire bienhechor? De súbito, percibió +bajo sus labios un estremecimiento ligero: no cabía duda, ¡el hombre +respiraba! Afanoso, redobló la espiración, enviando aquella onda tibia +que era la existencia, la resurrección, la salvación del moribundo... +Y así que el rostro de éste se coloreó ligeramente, así que se +entreabrieron sus párpados, Tristán, rendido, sin darse cuenta de lo +que hacía, cayó de rodillas, cruzó las manos, y dos lágrimas pequeñas, +dulces, frescas, se descolgaron de sus lagrimales... + + * * * * * + +Á estas horas, Tristán no se ha suicidado, ni es de creer que piense en +suicidarse. ¿Consistirá en que apreció la vida cuando la dió envuelta +en su aliento? ¿Será que el tedio se disipa con la primer buena obra, +como el fantasma al canto del gallo? + + + + + EL MOLINO + + +Desde lejos no lo veríais, porque lo tapa densa cortina de castaños, +y grupos de salces y mimbreras, cuyo fino verdor gris armoniza con +la pálida esmeralda del prado. Pero acercaos, y os prende y cautiva +la gracia del molino rústico; delante la _represa_, festoneada de +espadañas, poas, lirios morados y amarilla cicuta; la _represa_ con +su agua dormida, su fondo de limo en que se crían anguilas gordas y +cuarreadoras ranas; luego, las cuatro paredes blancas de la casuca, su +rojo techo, su rueda negruzca que bate el agua con sordo resuello y +fragor... Y en la puerta, de pie, con las abiertas palmas apoyadas en +las macizas caderas, iluminado el moreno rostro por los garzos ojos y +los labios de guinda, empolvado á lo Luis XV el revuelto pelo rizoso, +divisáis á Mariniña, la molinera, que mira hacia la vereda del soto, +esperanzada de que no tardará en asomar por ella Chinto Moure... + +Para ir al molino jamás faltan pretextos; siempre hay un ferrado de +millo, un saco de trigo que moler con destino á la hornada de la +semana. Los de la aldea ya lo saben: Chinto está dispuesto á desempeñar +la comisión, dando las gracias encima. Provisto de una aguijada con que +pica á su caballejo y de un luengo _adival_ para amarrarle los sacos al +lomo; descalzo en verano, calzado en invierno con gruesos borceguíes +de suela de palo, Chinto emprende su caminata desde la parroquia de +Sentrove hasta el molino de Carazás, por ver un rato á Mariniña y +gustar con ella sabroso parrafeo, entre el revolar de las finas nubes +del moyuelo y la música uniforme del rodicio que tritura el grano +incesantemente. + +¿Por qué, si tenían sus pensares tan juntos y sus corazones tan +allegados como la blanca muela y el rubio maíz, no disponían casarse +la Mariniña y el Chinto?--Nadie lo ignoraba en la parroquia: Chinto no +había entrado aún en suerte; y su terror del cuartel y del uniforme +era tal, que si le tocaba un mal número, había resuelto largarse á +la América del Sur en el primer barco que del puerto de Marineda +saliese... Y aun por eso se burlaban y hacían chacota larga de +Mariniña los mozos de Carazás y los de las circunvecinas parroquias, +anunciándola que con un amante y esposo tan cobarde y apocado, mal +defendidos andarían el día de mañana la mujer y el molino, mal cobradas +las maquilas, mal reprimidos los intentos de retozo con la frescachona +y rozagante molinera. + +El exterior de Chinto no puede negarse que prestaba fundamento á estas +suposiciones y augurios del porvenir. De estatura mediana, esbelto, +con una cabeza ensortijada semejante á la de los santos del retablo de +la iglezuela románica en que oyen misa los de Carazás, Chinto parecía +linda doncella disfrazada en hábito de varón; su voz era suave, su +acento humilde, sus modales tímidos y corteses. El trabajo del campo no +había sido bastante para curtir su piel, y al entreabrirse su camisa +de estopa descubría un blanco cutis, raso y terso, una dulce seda que +enloquecía á Mariniña... Porque conviene saber que la molinera, aquella +moza resuelta y enérgicamente laboriosa, «una loba», como decían las +comadres del _rueiro_, se enternecía, se bababa de gusto, se moría, en +fin, de amor por el mozo delicado y aniñado--hasta afeminado podría +decirse--que todas las noches andaba y desandaba la vereda del molino. + +No es que á Mariniña le faltasen otras proporciones. Al contrario: +mujer más rondada y pretendida no existía en tres leguas á la redonda, +desde la orillamar y los puertecillos de pesca que bañan las plateadas +ondas de la ría, hasta los cerros de Britón, donde empiezan á erguirse +los rudos peñascos célticos entre sombríos pinares. No consistía tanto +en las turgentes formas y las floridas mejillas de la molinera, como en +el maldito señuelo de la molienda, en la complicidad del rodicio, en la +familiaridad de la maquila. En la aldea no hay _Casinos_ ni _Veloces_, +no se sabe qué sea un sarao ni un _raout_; pero no os fiéis: lo que +pasa en la corte entre paredes vestidas de seda, ocurre allí en el +atrio de la iglesia á la salida de la misa mayor, en la _desfolla_, en +el campo de la romería ó en las noches del molino... + +Sobre todo, en las noches del molino; en verano, á la clara luz +de la luna; en invierno, á la dudosa claridad de la candileja de +petróleo, conciértanse las voluntades y se teje la guirnalda de +amapolas y manzanilla del rústico amor.--La prisa, la aglomeración +del trabajo, obligan á moler la noche entera, y esperando su saco se +juntan allí rapaces y rapazas, cruzando coplas de _enchoyada_, vivo +diálogo galante, de finezas y desdenes, de sátira y picardía, que á +veces acompaña la pandereta en argentino repique.--Y en la atmósfera +caldeada del _salón_ campesino, Mariniña reina y atrae las voluntades: +ya arisca, ya risueña; pronta á la chanza; instantánea en reprimir á +los obsequiadores desmandados y sueltos de manos en demasía; activa y +fuerte en el trabajo, animosa y de recios puños para erguir el saco +lleno ó ayudar á descargarlo y á vaciarlo... no hay mozo, de los que +al molino concurren, que no piense en la molinera, y no le profese +ojeriza y tirria á Chinto, murmurando de él con frases despreciativas +é irónicas: «¡Vaya un gusto raro, ir á antojarse de aquel papirrubio, +de aquella madamita, á quien le venían las sayas antes que el calzón! +¡Uno capaz de desfondarse de miedo á la idea de servir al rey! ¡Uno +que hasta no fumaba, ni gastaba navajilla, ni _echaba palabras_, ni +el día de la fiesta cataba el aguardiente! ¡Un _papulito_ que nunca +había arrimado un palo á nadie, ni sabía romper una cabeza á golpe de +_bisarma_!». + +La rabia de los desairados pretendientes contra el afortunado Chinto +les inspiró una idea diabólica. Entraron en la conjura Santiago de +Andrea, Mingos el de Sentrove, _Calros_ Antelo, Raposín... la _trinca_ +de calaverones de montera que solían recorrer las aldeas en son de +parranda y tuna, pegando _atruxos_ retadores y arrimándose á la +cancilla de las _raparigas_ casaderas, para disparar coplas picantes... +Sucedía esto allá por noviembre, cuando la senda que guía al molino se +empapaba en rocío glacial, y las caídas hojas de los castaños formaban +mullido tapiz, y los cendales de la niebla, envolviendo el paisaje en +velo espeso, dejaban entrever las siluetas descarnadas de los árboles, +parecidas á espectros de luengos brazos.--Sabedores los conjurados de +que Chinto pasaría en dirección al molino á eso de la media noche, +envolviéronse en blancas sábanas, encasquetáronse en la cabeza ollas +con un par de agujeros cada una, y dentro sendos cabos de vela de sebo; +retorcieron haces de paja, y se apostaron en la linde del castañal, á +la hora en que la luna se esconde y el mochuelo saluda á las tinieblas +con su queja lúgubre. + +Tardaba Chinto en llegar; no se oía rumor alguno en el sendero, sino á +lo lejos el sollozo del molino, y el frío y la impaciencia producían +honda desazón en los conspiradores. Al principio habían reído y +bromeado, celebrando la ocurrencia, que era, como ellos decían, ¡_una +pava_ preciosa! Remedar una procesión de fantasmas, de almas del otro +mundo, la fúnebre _compaña_; encender el cabo de sebo y los haces de +paja, y desfilar así ante el medroso Chinto... ¡para reventar de risa! +Pero transcurría la vigilia; el rocío, lento y helado, impregnaba los +huesos; á lo lejos fanfarroneaba el cántico del gallo... y ni señales +de Chinto. Empezaban á deliberar si convendría retirarse, á tiempo que +allá de lo oscuro del bosque, salió un gemido, una queja sobrenatural. +Otra queja más doliente, si cabe, respondió á la primera, y los +cabellos de los conspiradores se erizaron al divisar dos blancos bultos +que surgían de entre los castaños y avanzaban lentamente con sepulcral +majestad... Los más, remangando el sabanón, echaron á correr; Mingos, +el de Sentrove, cayó accidentado; Carlos Antelo se postró de rodillas +y empezó á confesarse y pedir perdón de sus culpas; Santiago de Andrea +fué el único que quiso arremeter contra los aparecidos; y lo hiciera, +si una pedrada certerísima, dándole en mitad de la frente, no le tumba +en el suelo medio muerto de veras... + + * * * * * + +Sábese todo en las aldeas, y á vueltas de mil supersticiosas +invenciones y cuentos de _trasnos_ y brujas, se averiguó la verdad, +y se solazaron en el molino á expensas de los burlados burladores. +Porque era la avisada y traviesa Mariniña, y era Chinto, por ella +prevenido y aleccionado, quienes con el disfraz de fantasmas y con un +buen fragmento de cuarzo de la carretera habían dispersado la hueste +y santiguado al de Andrea, el más terco de los rondadores que á la +molinera asediaban.--La rabia, el despecho, la vergüenza, inspiraron +al mozo un ansia terrible de vengarse, y de vengarse donde todos lo +viesen, á la faz de la parroquia. Resolvió, pues, la primer noche que +en el molino estuviese reunida gente bastante para servir de testigos, +desafiar á Chinto y sentarle la mano á bofetadas y coces, hasta +desbaratarle. + +Á tiempo que con tan sañudos propósitos entraba en el molino Santiago +(pocos días después de Reyes), hallábanse Mariniña y su mozo ocupados +en colocar un saco de harina, riendo tiernamente cuando sus dedos se +tropezaban ó sus rostros se aproximaban, en el calor de la tarea. Al +punto conoció la molinera que el desdeñado y apedreado galán venía +pendenciero, y con disimulada seña ordenó á Chinto que se apartase. +La angustia y el temor de que pudiesen llegar los desquites á poner +en riesgo la vida de Chinto, prestaron á Mariniña, en aquel instante, +una rapidez de concepción y una energía de acción mayor aún de la +acostumbrada. Encarándose con Santiago y riendo y provocándole, le +propuso _loitar_. + +Esta costumbre de la lucha, que ya va desapareciendo, subsiste aún en +algunas comarcas galaicas, resto quizás de un estado social belicoso +en que la mujer combatía al lado del varón. Luchan todavía las mozas +entre sí, y hasta desafían al mozo, degenerando entonces la batalla +en deleitable juego. Pero desde el instante en que Santiago--cuya +sangre ardía en tumultuosa ebullición--se arrodilló frente á Mariniña +también arrodillada, comprendió por instinto que aquella lucha no sería +como otras; que iba de veras. Sólo con ver el movimiento de la moza +al arremangarse, el brillo de sus ojos orgullosos, la rigidez de su +talle, la dura barra de su entrecejo, se adivinaba la _loita_ seria, en +que se trata de derrengar al contrario, empleando todo el vigor de los +músculos y toda la resolución del alma. + +Mientras Chinto, pálido y tembloroso, se acogía á un rincón, los +adversarios se asían de las manos, poniendo en tensión el antebrazo +y acercándose hasta mezclar el afanoso aliento. Mozos y mozas, en +corro, se empujaban por ver mejor, apostaban y discutían.--Santiago +desplegaba plenamente su fuerza, al notar que Mariniña, por momentos, +le dominaba el pulso. Rojo el semblante, sudoroso el cutis, pugnaba +el rapaz, en tanto que la amazona, firme y recia, sostenía su empuje +ganando terreno. Tenerla así, tan cerca, turbaba á Santiago, quitándole +el sentido; y ella, indiferente, atenta sólo á vencer, aprovechaba el +trastorno de su adversario, é insensiblemente se le imponía. Al fin +giró en el vacío la muñeca derecha del varón; doblóse el brazo; el +izquierdo también cedió al pujante impulso de la mujer... y Santiago, +dando el _pinche_, fué lanzado hocico contra tierra, sujetándole la +triunfante Mariniña, que sin piedad le hartaba de mojicones, le molía +á puñadas en la nuca y en los lomos, le refregaba el rostro en el +salvado y la harina que cubrían el piso, y no le permitía levantarse +hasta que se confesaba rendido, vencido, dispuesto á aceptar la paz +bajo cualquier condición que se le ofreciese. + +Apenas se alzó Santiago magullado, enharinado y con careta, Mariniña lo +sacó á la represa del molino, donde mojando su delantal le lavó ella +misma la cara. Y mimosa y dulce, como es siempre la gallega por forzuda +y briosa que la haya criado Dios, dijo á su enemigo derrotado: + +--Por la madre que te ha parido no me has de espantar á Chinto, +_pobriño_, que el infeliz no sirve para hacer _barbaridás_ como tú y +más yo, y es un santo, sin mala intención, que con su sangre se pueden +componer medicinas... Y si él es medroso yo soy valiente, diaño... Y +no he de casar más que con él, y si cae soldado se vende el molino y +se compra hombre... Si me tienes ley, Santiaguiño, con Chinto no te +metas... ¿Palabra? + +Suspiró el mozo, y acaso no sería porque le doliesen los arañazos ni +los chichones; miró á Mariniña, toda roja aún de la lucha; la dió un +cachete familiar, de cariño y resignación, y respondió lacónicamente, +secándose con el pico del mandil que no se había humedecido en la +represa: + +--Palabra. + + + + + AVENTURA + + +La señora de Anstalt, mujer de un banquero opulentísimo, nerviosa y +antojadiza, agonizaba de aburrimiento el domingo de Carnaval, después +del almuerzo, á las dos de la tarde. ¡Qué horas de tedio iba á pasar! +¿En qué las emplearía? No tenía nada que hacer, y la idea de mandar +que enganchasen para dar vueltas á la noria del eterno Recoletos, +contestando á las insipideces ó humoradas de los tres ó cuatro +muchachos de la crema que acostumbraban destrozar su landó tumbándose +sobre la capota; la perspectiva del bolsón de raso pintado, lleno +de caramelos y _fondants_; lo manido y trivial de la diversión, le +hacía bostezar anticipadamente. ¿Se decidiría por la casa de campo ó +la Moncloa? ¡Qué melancolía, qué humedad palúdica, qué frío sutil de +febrero, de ése que mete en los tuétanos el reuma! No; hasta abril la +naturaleza es avinagrada y dura. «¡Lástima no ser muy devota!--pensó +Clara Anstalt--porque me refugiaría en una iglesia...». + +Mujer que se aburre en toda regla, y no es devota, y es neurótica á +ratos, está en peligro inminente de cometer la mayor extravagancia. +Clara, de súbito, se incorporó, tocó el timbre, y la doncella se +presentó; al oir la orden de su ama hizo un mohín de asombro; pero +obedeció en el acto, sin preguntas ni objeciones de ninguna especie; +salió y volvió al poco rato, trayendo en una cesta mucha ropa doblada. + +--¿Está usted segura, Rita, de que es la librea nueva, la que no se ha +estrenado aún? + +--¡Señora! Como que ni la ha visto Feliciano: la trajo el sastre ayer +anoche, la recogí yo de manos del portero, y pensaba entregársela +ahora... + +--Que no sepa que ha venido. Deje usted esa cesta en mi tocador, y vaya +usted á comprarme una cabeza entera de cartón, la más fea y la más +cómoda que se encuentre... Una que no me impida respirar... ¿El señor +ha salido ya? + +--Hace rato. + +--Pues todo en silencio, chitito... ¿eh? + +Regresó Rita prontamente, con sobrealiento; Clara se impacientaba, +corría de aquí para allí y reía en alto, como los niños cuando se +prometen una diversión loca, incalculable. Encerráronse en el tocador +ama y criada, y ésta recogió á aquélla el sedoso pelo, y la calzó las +botas de campana del lacayillo, después de vestirla el calzón de punto +y la levita corta y ceñirla el cinturón de cuero. Por último afianzó +en sus hombros la careta enorme. Desfigurada así, con la vestimenta +que se adaptaba exactamente á sus formas gráciles, esbeltas y sin +turgencia, parecía un señorito fino que por ocultarse mejor ha pedido +prestada la librea al mozo de cuadra.--Clara brincó de júbilo. La +asaltó la idea de si podrían maltratarla, y pensó llevar un arma; pero +recordando una frase favorita de su marido: «No hay bala que alcance +como un billete de mil», sacó de su _secretaire_ bastante dinero, y +lo echó en el fondo de un saco de brocatel, cubriendo la boca con una +capa de confites y escarchadas violetas. «Saldré por las habitaciones +del señor al jardín. Traiga usted la llave y mire si anda alguno que +me vea». Y ya en la verja, que caía á una calle solitaria, Clara, una +vez más, se volvió hacia Rita aplicando el dedo á los labios de cartón, +como si repitiese: «¡Silencio!». + +Al verse en la calle, primero anduvo muy aprisa; después acortó el +paso, saboreando su regocijo. ¡Verse libre, sola, ignorada, perdida +entre la multitud, sin trabas ni convenciones sociales; dueña de ir á +donde quisiese, de entretenerse en un espectáculo nuevo y original, el +de la gente pobre, el populacho, en cuyo oleaje empezaba á sumergirse! +En efecto; encontrábase Clara á la entrada de la calle de Génova, +por donde descendían hacia el paseo de coches abigarrados grupos, +una corriente no interrumpida de gentuza, que arrastraba pilluelos y +mascarones desarrapados. Envueltas en la raída colcha y enarbolando la +destrozada escoba ó el pelado plumero; embutidos en la lustrina verde, +colorada ó negruzca de los diablos rabudos; ostentando la blusita +del bebé ó agitando á cada movimiento millones de tiras de papel de +colorines chillones que de arriba abajo los cubrían, los mascarones +pasaban alegres y bullangueros, charlando en falsete, requebrando á +las chulas de complicado moño, literalmente oculto bajo una densa capa +de _confetti_ multicolores, que volaban en derredor á cada movimiento +de la airosa cabeza. Algunas de aquellas mocitas de rompe y rasga, al +pasar cerca de Clara, tomándola, como era natural, por un lacayito +atildado y mono, la provocaban, la requebraban con pullas picantes. +Clara se reía: no recordaba haberse divertido tanto desde hacía +mucho tiempo. La animación del Carnaval callejero se le subía á la +cabeza, como se sube el mosto ordinario, pero fresco y vivo, de una +fiesta popular. Encontraba el día hermoso, la vida buena, y un aire +de primavera, al través de los agujeros de la máscara, acariciaba su +boca y sus ojos. «Si lo saben y me despellejan»--pensaba--, «peor para +ellos... Yo habré pasado una tarde encantadora. Ahora me acerco al +paseo y me entretengo en insultar á todos mis amiguitos y amiguitas... +¡Valientes infelices! Allí estarán aguantando jaquecas y comiendo +pato»... Cuando discurría así, una vocecilla aguda resonó á sus pies, y +unas manos débiles y tenaces se agarraron á sus botas. + +--Oye, tú... dame una limosna, por amor de Dios, que tengo mucha +hambre. + +Clara bajó la vista. Cien veces había oído el mismo sonsonete, y una +moneda de cobre bastaba para desembarazarla del mendiguillo. «Éste se +me pega como una garrapata»--pensó--«No tiene ganas de soltarme...». +Sacó del bolsillo del levitín una peseta, y la presentó al niño. +Esperaba una expresión de júbilo, frases truhanescas y desenfadadas, +de ésas que saben decir los pordioserines del arroyo... Con gran +asombro vió que el chico, al tomar la peseta, cogía aprisa la mano del +supuesto lacayo y la besaba humilde. Una especie de vergüenza y de pena +desconocida hasta entonces penetró en el alma de la opulenta señora de +Anstalt. ¡No había pensado nunca que con una peseta--cantidad para ella +sin valor apreciable, como para otros el céntimo--se podía hacer brotar +un chorro de agradecimiento tan ardoroso y tan espontáneo! Bajó los +ojos trabajosamente con el estorbo de la cabeza de cartón, y tomando al +chico en brazos, lo alzó en vilo. + +--Pequeño, ¿de quién eres hijo? Á ver. + +--De nadie--contestó el pilluelo. + +--¿Cómo es eso? ¿De nadie? ¿No tienes padre? + +--No sé... no le conozco. + +--¿Y madre? + +--Sá muerto hace ocho días de una enfermedá muy mala. + +--¿Y tú? + +--Á mí... querían llevarme al asilo, pero me escapé, y ando así por +la calle. De noche me meto en el rincón de una puerta... De día pido +limosna. + +Clara reflexionó un momento. Después dejó en el suelo al chico, y le +acarició la cabeza con la mano. + +--¿Te quieres venir á una casa donde te darán de comer y dormirás en +cama buena y caliente? + +El chiquillo, al pronto, no respondió. Precoz instinto de independencia +absoluta se alzaba sin duda en su espíritu, y las ventajas materiales +del ofrecimiento no le tentaban; sin duda su endeble pescuezo advertía +ya la molestia del yugo, y sus manos descarnadas, vivo testimonio de +la miseria fisiológica de un organismo sometido á las privaciones, +se revelaban contra los grillos y las esposas que pretendían ponerle +en nombre del bienestar... Mientras dudaba y se sentía inclinado á +escaparse corriendo, á fin de que no lo llevasen á ningún lugar que +tuviese techo y paredes, la mano de Clara, despojada del rudo guante, +suave, femenil, halagaba el pelo enmarañado y golpeaba amorosa las +escuálidas mejillas del granuja... Y éste, magnetizado de pronto, +exclamó: + +--Vamos, vamos á esa casa... ¡si estás tú en ella! + +Á la efusión del chico respondió inmediatamente, como un chispazo +eléctrico al contacto de los alambres, el impulso ardoroso, +irresistible, maternal, de la señora, que volvió á coger en brazos al +pequeño, y no pudiendo besarle, le apretó contra su corazón. + +--Sí, hijo mío... Estaré... ¡Verás cómo he de quererte! + + * * * * * + +Para que la resolución de Clara sea más meritoria, el mundo la +ha calumniado, suponiendo que la criatura que recogió y que tan +cariñosamente cuida y educa es un hijo hurtado, un contrabando +doméstico... ¿Qué le importa á Clara? Ya no bosteza de tedio ninguna +tarde del año. + + + + + EL OFICIO DE DIFUNTOS + + +Cree usted--me preguntó el catedrático de Medicina--en algún presagio? +¿Cabe en su alma la superstición? + +Cuando me lo dijo, nos encontrábamos sentados tomando el fresco á la +puerta de la bodega. La frondosa parra que entolda una de las fachadas +del Pazo rojeaba ya, encendida por el otoño. Parte de sus festoneadas +hojas alfombraba el suelo, vistiendo de púrpura la tierra seca, +resquebrajada por el calor asfixiante del medio día. Los viñadores, +llamados «carretones», entraban y salían, soltando al pie del lagar su +carga de uvas, vaciando el hondo cestón del cual salía una cascada de +racimos color violeta, de gordos y apretados granos. ¡Famosa cosecha! +Yo veía ya el vino que de allí iba á salir, el mejor, el más estimado +del Borde... Y medio distraída, respondí: + +--¿Presagios? No... Á no ser que... ¡Ah! Sí: un hecho le contaría... + +--¿Algo que le haya «sucedido» á usted? + +--¿Á mí?... No. Se me figura--no me pregunte usted la causa de esta +figuración--que á mí «no puede» sucederme nada. Y efectivamente, en +toda mi vida... + +--Entonces permítame que no haga caso de los cuentos que traen personas +impresionables... ó embusteras. + +--No es cuento--afirmé, olvidándome ya de la interesante faena de +la vendimia que presenciaba, y retrocediendo con el pensamiento á +tiempos juveniles.--Es un caso que presencié. Así que usted lo oiga, +comprenderá cómo no hubo farsa ni mentira. La explicación... no la +alcanzo. En estas materias, ni soy crédula y medrosa, ni escéptica á +puño cerrado. ¡Qué quiere usted! Vivimos envueltos en el misterio. +Misterio es el nacer, misterio el vivir, misterio el morir, y el +mundo, ¡un misterio muy grande! Caminamos entre sombras, y el guía que +llevamos... es un guía ciego: la fe. Porque la ciencia es admirable, +pero limitada. Y acaso nunca penetrará en lo hondo de las cosas. + +Sacudió el catedrático su cabeza encanecida, sonrió, y apoyando +la barba en la cayada del bastón, se dispuso á escucharme--y á +pulverizarme después--, porque suponía que iba á referirle algún sueño. +Los artistas no somos de fiar: vivimos esclavizados por la imaginación +y cumpliendo sus antojos. + +--¿Ha conocido usted á Ramoniña Novoa?--principié yo. + +--¿Que si la he conocido? Me llamaron á consulta el año pasado, cuando +la operaron en Compostela, de un sarcoma en el pecho izquierdo. Por +señas que desaprobé la operación, que sirvió para adelantar la muerte +algunos días. Allí sólo cabía dejar marchar las cosas á su desenlace +inevitable. + +--Pues sepa usted que Ramoniña, en sus mocedades, fué la chica más +alegre y bailadora de todo el Borde. Su padre, don Ramón Novoa de +Vindome, tenía el prurito de divertirla; la vestía muy maja; no la +negaba capricho alguno. Adoraba en ella, porque era vivo retrato de su +difunta mujer, á quien había profesado una especie de devoción y culto. + +No se concebía función ni feria sin que Ramoniña Novoa se presentase +á lucir su mantón de flores--era la moda--, su traje de seda con +volantes, su mantilla de casco. Los señoritos del Borde la obsequiaban +mucho, y ella coqueteaba con unos y con otros, sin decidirse ni +acabar de escoger, según deseaba don Ramón, que, al estilo antiguo y +patriarcal, rabiaba por un nieto. + +Creían los antiguos que cuando quiere castigarnos Dios, realiza +nuestros deseos insensatos. De improviso, Ramoniña, dejándose de +coqueteos y bromas, se enamoró hasta los tuétanos--¿y de quién? De un +pobrete estudiante, hijo de un cirujano romancista y sobrino del cura +de Cebre--un perdido gracioso, que hacía versos y tocaba la pandereta +con las rodillas y los codos. ¡Valiente boda para la mayorazga de Novoa +de Vindome, del solar de Fajardo! El padre, inquieto al principio, +furioso después, hizo la oposición á rajatabla, y no perdonó medio +de quitarle á Ramoniña de la cabeza semejante locura. La encerró en +casa; la llevó á Auriabella; rogó; avisó; amenazó; puso en juego á los +frailes, al confesor, á los parientes, á las amigas, al señor obispo... +En vano. La cosa estaba muy adelantada ya; la libertad del campo y la +falta de sospecha en los primeros tiempos habían estrechado el lazo +y arraigado la pasión en el alma de la señorita... y una noche se +escapó con el estudiantillo, dejando á su padre en la mayor aflicción y +vergüenza. + +--Hemos concluido. Que se casen--decidió el señor de Novoa.--Le +entregaré la dote de su madre á mi hija... y que no vuelva yo jamás á +oir nombrarla, ni á verla delante de mis ojos. + +Ya sabe usted lo que suele suceder. El panal de miel robada al +principio es dulce, pero acaba en hieles. El estudiante no varió de +condición al casarse; con la dote de la esposa creyó poder darse +vida cómoda y alegre, y no miró lo que gastaba, creyendo que, al +acabarse, el señor de Novoa remediaría. Mas éste fué inflexible, y +cerró la puerta y la bolsa. Los esposos se habían ido á vivir en +Auriabella, y Ramoniña, triste y preocupada por más de un motivo--se +decía que el marido tocaba la pandereta en sus carnes y la zurraba de +firme--escribió al padre carta sobre carta, sin obtener respuesta. +Había nacido un chiquitín--aquel heredero tan deseado--y cuando la +criatura tuvo tres años y Ramoniña tres mil desengaños, vino á verme, +para rogarme que la acompañase en la expedición que pensaba emprender +al Pazo de Vindome, con propósito de echarse á los pies de don Ramón, +presentarle la criatura y lograr el abrazo de reconciliación y paz. «Si +no veo á papá--decía--creo que me muero». + +--No vaya usted--aconsejé á Ramoniña--. No la recibirá don Ramón. Mire +usted que le he hablado poco hace, y está firme en que no ha de cruzar +con usted palabra en este mundo. «Sólo en la hora de la muerte la +perdonaría...». Son sus palabras. Y la hora de la muerte anda lejos. El +señor de Novoa parece un mozo: está fuerte, come bien, sale á cazar, no +le duele nada: hasta parece que piensa en volver á casarse. Dicen que +se ha propuesto tener un hijo varón. Sesenta años mejor llevados, no +los hay en todo el Borde. + +Ramoniña me miró con expresión de honda ansiedad, de infinita angustia, +é insistió en que deseaba «probar la suerte». Como la vi tan afligida, +tan consumida por las penas, no supe negarme, y dispusimos la marcha. + +Salimos de Auriabella á la una de la tarde, en uno de los días más +largos del año: el 20 de junio. Íbamos á caballo, porque no existe +carretera entre Auriabella y el Pazo de Vindome. Nuestras cabalgaduras, +unos jacuchos del país, trotaban duro: delante, un criado llevaba al +arzón al niño; detrás, nosotras dos y un espolique; Ramoniña encaramada +en el albardón, no sin miedo, porque ya se encontraba algo adelantado +su segundo embarazo. El camino... ¿Usted bien conoce el camino de +Auriabella á Vindome? Hasta el alto de las Taboadas, regular, pero en +llegando á la iglesia de Martiñós, un puro derrumbadero. Se le va á +uno la cabeza si mira hacia el valle, allá en el fondo; y se marea si +contempla las revueltas de un sendero estrechísimo. Es hermoso, pero +imponente. + +Por eso, sin duda, según llegábamos adonde se divisa ya el campanario +de Martiñós, gritó Ramoniña que quería bajarse y andar á pie el trecho +que faltaba hasta el Pazo. Accedí á su deseo, natural en su estado +y situación de ánimo, y dejando á las monturas adelantarse con el +espolique, nos quedamos algo rezagadas, andando despacio. El sol se +ponía, y allá en el valle empezaba á condensarse la niebla. Á aquel +paso llegaríamos á Vindome al anochecer. Ramoniña me preguntaba afanosa: + +--¿Cree usted que mi padre no me dejará siquiera dormir en casa esta +noche? + +Se me han fijado, como si los estuviese presenciando ahora, los +detalles de aquel suceso. Llegábamos junto á un pinar que se llama de +las Moiras, y como se había levantado brisa, me puse el abrigo que +llevaba al brazo. En esto se alzó la voz de Ramoniña, exclamando con +acento de profundo terror: + +--¡Jesús! ¡Jesús! ¿Oye usted? ¿Oye usted? ¡Jesús, María! + +--¿Qué he de oir? + +--Ahí... Á la parte de Martiñós... En la iglesia... + +--¿Pero qué?--repetí alarmada, tal era el espanto que la voz de mi +compañera revelaba. + +--¡El oficio de difuntos! ¡Lo están cantando! ¡Lo están cantando! + +Atendí á pesar mío. No se escuchaba sino el largo y quejoso murmurio +de la brisa de la tarde en las copas de los pinos, y el trote, ya +distante, de nuestras cabalgaduras. Así se lo dije á Ramoniña, +riéndome. Pero ella, abrazándose á mí, ocultando la cara en mi pecho, +temblando, deshecha en sollozos, repetía: + +--¡Es el oficio de difuntos! ¡Si se oye perfectamente!... Son muchas +voces... ¡Lo cantan! ¡Lo cantan!... ¡Jesús! + +Hice una pausa, y el catedrático me interrumpió: + +--Bien, ¿y qué? Una alucinación del oído. En estado de embarazo, es lo +más frecuente... + +--Sí--objeté yo--; pero sepa usted que, cuando llegamos al Pazo +de Vindome, nos encontramos con que don Ramón acababa de morir +súbitamente, de apoplejía; que su cuerpo estaba caliente aún; que ni +aquel día ni los anteriores se había cantado el oficio de difuntos en +la iglesia de Martiñós; y que Ramoniña lo oyó distintamente desde el +pinar de las Moiras;--¿ve usted? hacia allí... + + + + + JUAN TRIGO + + +El héroe de mi cuento nació... no es posible saber dónde; lo único que +dice Clío, musa de la historia, es que cierta tarde del mes de julio +apareció recostado sobre las amapolas, desnudito como un gusano, al +margen de un trigal, en el tiempo de la siega. Por poco más le dejan +en mitad del sendero, donde lo aplastasen al pasar los inmensos carros +cargados de rubia mies. + +Vieron los segadores y segadoras á la criatura dormida en su santa +inocencia, y la recogieron con ternura, bromeando entre sí, poniendo al +nene el nombre de _Juan Trigo_ y asegurándole una suerte loca, como de +quien empieza su vida entre la misma abundancia. + +Sin dilación pareció cumplirse el vaticinio. No había en la +aldea--¡rarísima casualidad!--ninguna mujer que estuviese criando; +pero la esposa del señor marqués, dueño del campo de trigo y de otros +muchísimos, y de la más hermosa quinta en seis leguas á la redonda, +acababa precisamente de dar á luz una niña muerta, y se temía por la +madre si no desahogaba la leche agolpada á su seno. El médico aconsejó +que la noble dama criase al niño abandonado, y éste encontró así, +desde el primer instante, sustento, regalo y amor. Le envolvieron en +finos pañales, le trataron á cuerpo de rey y creció hermoso y fuerte, +rebosando viveza y alegría. La marquesa le cobró tierno afecto, más +que de nodriza, de madre, y como no se creía que aquellos señores +pudiesen ya tener sucesión, todos presumían que _Juan Trigo_ iba á ser +el heredero de su caudal y nombre. Á deshora, corridos más de diez +años, la naturaleza sorprendió al marqués con otra niña y á la marquesa +con la muerte, causada por el difícil y trasnochado lance: y aunque +Juan, como muchacho, no comprendió del todo lo que perdía, lo sintió y +adivinó, y se le vió muchos meses extrañamente abatido y triste. + +No obstante, su situación, al parecer, no había cambiado. Ó en memoria +de su esposa ó por verdadero cariño, el marqués seguía tratándole como +antes: hasta le demostraba preferencia, con tal extremo, que empezó á +divulgarse la conseja de que Juan era verdadero hijo del marqués, fruto +de secretos amoríos, y que le correspondería «hoy ó mañana» una buena +parte de herencia. Confirmó tal suposición el ver que Juan fué enviado +á un aristocrático y famoso colegio inglés, donde cursó estudios más +brillantes que útiles, y del cual volvió á los veintitrés años hecho +un cumplido _gentleman_. Acogióle la sociedad con halagos y sonrisas, +aunque á sus espaldas se comentase lo ambiguo de su posición; y como +era gallardo y simpático y tenía hasta el prestigio de la leyenda y +del misterio, las señoras le recibieron con sumo agrado, demostrando +claramente que la presencia de Juan no les infundía horror, ni cosa +que lo valga. En aquella ocasión, si Juan hubiese tenido afición á +las flores, sin gran esfuerzo reúne un lindo ramillete de rosas, +pensamientos y _no me olvides_, cuyo aroma seguiría aspirando con la +memoria en la edad madura; pero Juan estaba enamorado--enamorado, +callada y tenazmente--de la hija del marqués, Dolores, en quien +reconocía las facciones de la que le había servido de madre: niña de +sorprendente hermosura, que, según la frase del Libro Santo, había +robado el corazón de Juan con sólo el crujir de sus zapatitos--unos +zapatos de fino charol, prolongados y lustrosos sobre la transparente +media de seda.--Crujir que Juan reconocía entre los mil ruidos de la +creación, lo mismo que reconocía las cascaditas de su reir juvenil, el +roce de su falda corta, el perfume tenue de su flotante melena, y el +_¡rissch!_ de su abaniquillo al abrirlo la impaciente mano. + +Creyó Juan que no se le conocía el loco deseo; pero las chiquillas +son en esto linces, y Dolores notó que la querían, y no sólo lo notó, +sino que mostró tal inclinación á Juan, que éste, vencido, confesó +de plano. La niña, más inexperta, más vehemente, más ignorante de +las terribles consecuencias de un mal paso, arregló entonces la +escapatoria, combinando y facilitando las cosas de tal manera, que, +dado el escándalo, el padre no tuviese más arbitrio que otorgar su +consentimiento. + +Se urdió el complot sin que nadie sospechase palabra; mas la víspera +del día señalado, Juan, descolorido y trémulo, se echó á los pies +del marqués y le reveló la trama. Como todo el que quiere de veras, +prefería su propia desventura al daño ajeno; anteponía al egoísmo de su +pasión el honor y la felicidad de Dolores. Así pagaba el pobre expósito +su deuda á la casa donde le acogieron y ampararon; así reconocía, al +través de la tumba, los cuidados maternales recibidos de la señora á +quien no podía olvidar. Al consumar el sacrificio, su alma sangraba; y +cuando el marqués, alabando mucho su honrada sinceridad, le tomó, por +primera providencia, el billete para Londres, Juan, en vez de salir +hacia el tren, cayó en la cama, donde le postró una fiebre ardentísima. + +Hizo el marqués que le cuidasen; puso entre tanto á Dolores en un +convento de monjas, graves y buenas guardianas; y ya en franca +convalecencia Juan, para mayor cautela--porque todas las precauciones +son pocas, y quien una vez tropieza expuesto está á caer--solicitó +para el mozo un puesto lejos, lejos... lo más lejos posible. Y se +lo concedieron en ultramar, y tan pingüe, que á ser Juan de otra +condición, á la vuelta de pocos años tendría hecha la suerte. +Hasta el codo se podía meter la mano en aquella bendita prebenda +administrativa, y es de creer que, al otorgársela, se contaba con +que la aprovechase; porque el padre de Dolores, que, á pesar de las +hablillas, no tenía con Juan más parentesco que el puramente moral +de haberle protegido, sentía cierto remordimiento al desampararle, y +encomendaba á la generosidad de nuestro presupuesto el porvenir del +mozo, sin darse cuenta de que éste, á falta de claro abolengo, poseía +enérgica honradez. Lo único que trajo Juan de ultramar, á la vuelta de +cuatro años, fueron unos mezquinos ahorros, que gastó en intentar la +curación de un padecimiento hepático; y como el marqués había fallecido +y estaba casada Dolores, se encontró Juan, al empezar á bajar la árida +cuesta de la edad madura, solo y pobre como cuando le recogieron en el +trigal. + +Entonces--sin explicarse la razón--sintió un deseo inexplicable +de volver á ver el sitio y la quinta donde había pasado una niñez +relativamente tan dichosa. Llegó á aquellos lugares por la tarde, á +pie, apoyado en un bastón grueso; lo primero que hizo fué dar la vuelta +á la tapia de la quinta, evocando mil recuerdos que surgían en tropel +al aspecto de cada árbol y ante la figura de cada piedra. Su corazón +latió de pronto con ímpetu: en el vetusto mirador, enramado de rosales, +suspendido sobre el camino, acababa de ver á una señora y dos niños, +ella haciendo labor, los chicos observando con curiosidad al pasajero +encorvado y triste, de amarillento rostro. La señora, avisada por los +chicos, levantó la cabeza, y fijó en Juan la ojeada inerte que se +concede al desconocido. Juan huyó: los ojos de Dolores, mirándole de +aquel modo, le cortaban el alma. No paró hasta llegar á un campo de +trigo, á la sazón maduro, salpicado de amapolas, como cuentas de coral +sobre una trenza rubia. Los segadores, cantando alegremente, habían +iniciado su faena, y los haces se amontonaban ya en un ángulo de la +heredad; pero acercábase la puesta del sol, y pronto se retirarían á +sus casuchas. Juan se aproximó á una mujer y preguntó con ansia: + +--¿Es en este campo donde hace muchos años recogieron á un niño? + +--Allí, señor--respondió la mujer con esa complacencia solícita de +los aldeanos, soltando su hoz y levantándose para preceder á Juan y +enseñarle el camino. Como unos diez minutos habrían andado, cuando la +segadora se paró é hirió con el pie la orilla del sendero, pronunciando: + +--Aquí mismo. Estaba en pelota, como lo parieron. Mire si lo sabré +bien, que yo era entonces moza y fuí la primera que cogió al rapaz en +brazos. Y mi hermano, que lo vió así, entre la abundancia, le puso +_Juan Trigo_. Nos daba mucha lástima, ¡ángel de Dios!... Las que +andábamos segando lo queríamos mantener con leche de vaca, y yo quería +llevarlo para donde mí; pero le cayó una suerte muy grande; la señora +marquesa lo recogió y lo criaba ella y lo tuvo en una hartura muy +grandísima. Ahora será un caballero. + +Juan calló. La amargura se desbordaba en su alma. Pensaba que podría +haber sido el prohijado de aquella aldeana, vivir con ella, ayudarla á +segar la mies, no conocer otros afanes ni otros deseos. Dejándose caer +al suelo, en el mismo sitio donde le habían encontrado, pegó la faz á +la tierra, y sus lágrimas la empaparon lentamente. + + + + + EL CAMAFEO + + +Mientras corrió su primera juventud, Antón Carranza se creyó nacido y +predestinado para el arte. El arte le atraía como el acero al imán, y +le fascinaba como el espejuelo á la alondra. Donde sus ojos encontraban +una línea elegante, una forma bella, un tono de color intenso y +original, allí se quedaban cautivos, en éxtasis de admiración, mientras +luchaban en su alma noble pena de no haber sido el creador de aquella +hermosura, y una ilusión arrogante de llegar á producirla mayor, más +original y poderosa, por medio del estudio y el trabajo. + +Años y desengaños necesitó para adquirir el triste convencimiento +de que carecía de inspiración, de genio artístico. Sus tentativas +fueron reiteradas, insistentes, infructuosas. Crispáronse en vano sus +dedos alrededor del pincel, de la gubia, del palillo, del buril, del +barro húmedo. Si no podía ser pintor ni escultor, á lo menos quería +descollar como adornista, como grabador, como tallista; por último, +desesperanzado ya, intentó resucitar los primores de orfebrería de +Benvenuto Cellini; y si bien por cuenta propia no hizo nada digno +de eterno loor, con la joyería su vocación artística desalentada +se convirtió en provechosa especulación industrial; se asoció á un +joyero de fama, montó el taller á gran altura y se dedicó á negociar, +escondiendo la incurable herida de su ardiente aspiración y de sus mil +fracasos. + +El joyero que recibió de socio á Antón Carranza tenía una hija, cuyo +enlace con el artista fué base de la nueva razón social. Luisa, la +esposa de Carranza, no era bonita, ni aun agraciada: la desfiguraban +su tez amarillenta, sus facciones angulosas y una cojera muy visible. +Carranza, con todo, aceptó el trato sin repugnancia alguna; su futura +le inspiraba, á falta de sentimientos más vehementes, simpatía y +cariño. Como suele suceder á los hombres excesivamente poseídos de la +fiebre artística, desconocía Carranza otras pasiones; la mujer era para +él una necesidad momentánea, y el matrimonio una prudente garantía de +paz y de afecto. Casóse, pues, satisfecho y tranquilo, y se condujo +como marido bueno y leal. + +Rico y en situación de satisfacer sus caprichos, Carranza rebuscó y +adquirió preciosidades; ya que no acertaba á modelar estatuas, las hizo +desenterrar en Nápoles y Grecia, y pudo colocar en su despacho-taller +un lindo _Fauno_, una curiosa _Belona_ policromada, encanto de los +arqueólogos, y varios fragmentos de mérito é interés. + +Conocida su afición, presentáronle los vendedores medallas de relevado +cuño y piedras grabadas, y entre varios ejemplares que no rebasaban +del límite de lo usual y corriente, la lúcida ojeada del artista +malogrado descubrió un camafeo griego que desde luego reconoció y +diputó por pieza única tal vez en el mundo. Ni el famoso, contemporáneo +de Alejandro, que representa á Psiquis y el Amor; ni la Venus marina, +de Glicón; ni la célebre sardónica de la galería Farnesio, podían +eclipsar á aquel sencillo camafeo, que sólo ostentaba una cabeza de +mujer, ó mejor dicho de diosa. La ignorancia relativa del traficante +cedió la divinidad por un precio irrisorio, atendida la importancia +del camafeo, y Antón Carranza, dueño del inestimable tesoro, lo guardó +con transporte en una caja de malaquita y pedrería, de donde lo sacaba +mañana, tarde y noche, para contemplarlo á su sabor. + +¡Qué sobriedad y pureza de líneas, qué misteriosa vida respiraba +aquella cabeza! Cuatro rasgos, unos planos que apenas se indican, +unas superpuestas capas de ágata que se matizan insensiblemente... +y una obra maestra, digna de conservar un nombre al través de los +siglos, una obra que fija y encarna la idea de una beldad sublime. +¿Por qué no había acertado jamás él, Antón Carranza, á concebir nada +que se asemejase á aquel camafeo prodigioso? Una obra así bastaría +para hacerle feliz toda la vida, colmando su anhelo y realizando su +destino...; ¡y nunca, nunca de sus dedos torpes y su estéril fantasía +había de brotar algo que se pareciese al camafeo! + +Su entusiasmo por la piedra adquirió carácter extraño y enfermizo. Con +fijeza más propia de la perturbación mental que de la cordura, pasábase +Carranza horas enteras mirando el portento y tratando de explicarse +qué secreta fuerza, qué rayo luminoso llevaba en sí el desconocido que +hacía tantos siglos produjo aquel milagro. Quizás ni él mismo sospechó +el valor de la huella genial que imprimió en la dura ágata su diestra +paciente y firme. Quizás alguna joven de Mitilene ó de Samos lució en +el anular ó colgó á su garganta el camafeo, sin conocer que poseía una +riqueza ideal. Ni los que lo habían desenterrado y vendido ahora, en +el siglo presente, comprendieron lo que tenían entre manos. El primer +verdadero poseedor de la joya era Antón Carranza... Y en arrebato +nervioso de desordenada pasión, Carranza pegaba los labios al camafeo, +lo estrechaba contra su pecho, queriendo incrustarlo en él, adherirlo á +su carne... + +Notó por fin Luisa, y notaron todos los de la casa, dependientes y +amigos, clientes y corresponsales, alarmantes síntomas en Antonio; y +los que le veían de cerca se asustaron de su afición á la soledad, su +hábito ya adquirido de encerrarse á deshora, su silencio en la mesa, y +le tuvieron por maniático, opinando que los intereses comerciales de +la sociedad peligraban en su poder. Era para Luisa doblemente triste +que se hubiese anublado la razón de su esposo, ahora que, cumplidos sus +más dulces deseos, se sentía encinta y soñaba en el momento inefable de +estrechar á la criatura que esperaba... Consultado el médico acerca del +estado de Carranza, y habiéndole observado despacio, con persistencia +y disimulo, su fallo fué terrible: tratábase de un caso de monomanía +tenaz, acompañada de graves desórdenes en las funciones del hígado y +del corazón; y para salvar la razón y acaso la vida del enfermo, era +preciso encerrarle sin tardanza en una casa de salud, sujetándole á un +método riguroso. + +No hubo más remedio que acceder, y Carranza, una mañanita, fué +conducido al triste asilo donde, separado de los que le amaban, iba á +verse abandonado del mundo... Con peregrina indiferencia se dejó llevar +el maniático; tenía consigo el camafeo, y nada más necesitaba para ser +dichoso en la región de sus delirios. Luisa iba á verle con frecuencia; +pero se interrumpieron sus visitas cuando llegó el esperado trance; +el nacimiento de una niña puso su existencia en peligro, dejándola +semiparalítica y sujeta á ataques dolorosos, y transcurrió largo tiempo +sin que pudiese ver al pobre recluso. Decía el médico que Carranza +mejoraba y pronto saldría de su encierro; pero corrían meses y años y +no llegaba el momento feliz. + +Luisa, que amaba á su marido tiernamente, no tenía otro consuelo sino +ver crecer á su hija, y envanecerse de su sorprendente hermosura. La +niña, en efecto, era una perla. No se parecía á su madre ni á su +padre: ni el más mínimo rasgo de sus facciones recordaba á los que la +habían dado el ser. Las líneas de su rostro, puras y correctísimas, +desesperarían á un escultor por su incopiable elegancia y delicadeza; +y los rizos que se agrupaban sobre su frente y caían sobre su cuello +torneado, tenían una colocación graciosa y noble, como sólo la obtiene +el arte. + +Un día, Luisa, sintiéndose algo aliviada, se metió en un coche con su +hija y se apeó á la puerta del asilo. Al penetrar en la habitación +que ocupaba su esposo, al mirarle, exhaló un grito de terror y pena: +pálido, demacrado, con la mirada fija, Carranza contemplaba un objeto, +y de esta contemplación nada podía distraerle: era el camafeo... y +siempre el camafeo. Luisa comprendió con espanto que el enfermo no +la reconocía, y herida en el alma, guiada por su instinto de madre, +presentó, elevó á la niña en alto. Carranza dejó caer sobre ella una +mirada indiferente... De súbito, sus ojos se animaron, brillaron, +recobraron la luz de la inteligencia y del amor; sus brazos se +abrieron, sus dedos soltaron el camafeo mágico y fatal, sus lágrimas +brotaron, y, como el que se despierta, corrió hacia su mujer y su +hija... Acababa de advertir que la faz de la niña era la misma faz de +la diosa grabada en la piedra dura... ¡y comprendía que, sin saberlo, +había prestado ser y realidad, carne y hueso, á la belleza soberana! + + + + + VOZ DE LA SANGRE + + +Si hubo matrimonios felices, pocos tanto como el de Sabino y Leonarda. +Conformes en gustos, edad y hacienda; de alegre humor y rebosando +salud, lo único que les faltaba--al decir de la gente, que anda siempre +ocupadísima en perfeccionar la dicha ajena, mientras labra la desdicha +propia--era un hijo. Es de advertir que los cónyuges no echaban de +menos la sucesión, pensando con buen juicio que, cuando Dios no se la +otorgaba, Él sabría por qué. Ni una sola vez había tenido Leonarda que +enjugar esas lágrimas furtivas de rabia y humillación que arrancan á +las esposas ciertos reproches de los esposos. + +Un día alteró la tranquilidad de Leonarda y Sabino la llegada +intempestiva de la única hermana de Leonarda, que vivía en ciudad +distante, al cuidado de una tía ya muy anciana, señora de severos +principios religiosos. Venía la joven pálida, desfigurada, llorosa y +triste, y apenas descansó del viaje, se encerró con sus hermanos, y la +entrevista duró una hora larga. + +Á los tres ó cuatro días salieron juntos la señorita y el matrimonio á +pasar una temporada en la casa de campo de Sabino, posesión solitaria +y amenísima. Nadie extrañó esta resolución, porque á fines de abril la +tal quinta es un oasis, y más explicable pareció todavía la excursión +de recreo que en septiembre emprendieron los consortes, los cuales +no regresaron de Francia y de Inglaterra hasta el año siguiente. Lo +que se comentó bastante fué que al volver trajesen consigo una niña +preciosa, con la cual se volvía loca Leonarda, que aseguraba haberla +dado á luz en París. Como nunca faltan maliciosos, alguien encontró á +la nena excesivamente desarrollada para la edad de cuatro meses que +la atribuían sus padres: hubo chismes, murmuraciones, cuentas por +los dedos, sonrisitas y hasta indignaciones y _tole tole_ furioso. +Pero corrió el tiempo, ejerciendo su oficio de aplicar el bálsamo del +olvido bienhechor; la hermana de Leonarda se sepultó en un convento de +Carmelitas; el retoño creció; los esposos le manifestaron cada día más +amor paternal... y las hablillas, cansadas de sí propias, se durmieron +en brazos de la indiferencia. + +La verdad es que cualquiera se enorgullecería de tener una hija como +Aurora--este nombre pusieron Leonarda y Sabino á su vástago--. Nunca +se justificaron mejor las preocupaciones del vulgo respecto á las +criaturas cuyo nacimiento rodean circunstancias misteriosas, dramas +de amor y de honor. Una belleza singular, excesivamente delicada tal +vez; una inteligencia, una dulzura, una discreción que asombraban, +suma habilidad, exquisito gusto, y sobre todo esto, que es concreto +y puede expresarse con palabras, algo que no se define: el _ángel_, +el encanto, el don de atraer y de embelesar, de llevar consigo la +animación, creando, como dijo Byron de Haydea, «una atmósfera de vida»; +esto poseía Aurora, y no es milagro que Sabino y Leonarda estuviesen +literalmente chochitos con ella. + +Pagábales la criatura en la mejor moneda del mundo. Su amor filial +tenía caracteres de pasión, y solía decir Aurora que no pensaba casarse +nunca, no por no abandonar á sus padres--que sería imposible ni pensar +en ello--sino por no tener que repartir y dividir con nadie el ardiente +cariño que les consagraba. Los que oían de tan rosada y linda boca +estas paradojas é hipérboles del afecto, envidiaban á Leonarda y Sabino +la hija hurtada. + +Habían pasado años sin que Aurora aceptase los homenajes de ningún +pretendiente, cuando apareció cierta mañana en casa de Sabino un +caballero que podemos calificar de gallo con espolones, pero apuesto, +elegante, con trazas de adinerado, aspecto muy simpático y ese aire +de dominio peculiar de los hombres que han ocupado altos puestos +ó conseguido grandes triunfos de amor propio, viviendo siempre +lisonjeados y felices. Solicitó el caballero hablar á solas con Sabino +y Leonarda; pero como hubiesen salido, rogó se le permitiese ver un +instante á la señorita Aurora. La muchacha le recibió en la sala, +sin turbarse, y le dió conversación un rato, ruborizándose cuando el +desconocido le dirigió alabanzas en las cuales se revelaba profundo, +vivo y secreto interés. La entrevista duró poco; llegaron los padres +de Aurora, y con ellos se encerró el galán, cuyas primeras palabras +fueron para decir, inclinándose hasta el suelo, que allí tenían á un +gran culpable, al seductor de su hermana y padre de Aurora--dispuesto +á reparar en lo posible sus yerros y delitos, recogiendo á la niña y +ofreciéndola amparo, fortuna y nombre. + +Sabino meditó algunos instantes antes de responder; luego cruzó +con Leonarda una mirada expresiva, y volviéndole al recién llegado +pronunció serenamente: + +--Queremos á Aurora bastante más que si la hubiésemos engendrado; es +nuestro único hechizo, la alegría de nuestra vejez, que ya se acerca; +pero le aseguro á usted que la dejaremos libre. Si ella quiere, con +usted se irá. Si ella no quiere, prométanos que la niña se quedará con +nosotros para toda la vida y usted no pensará en reclamarla. Y para que +vea usted que no influimos en su determinación, escóndase detrás de ese +cortinaje y oirá cómo la interrogamos y lo que responde. + +Accedió el caballero y se ocultó. De allí á pocos instantes entraba +Aurora, y Sabino la dirigió el siguiente interrogatorio: + +--¿Qué te ha parecido ese señor que vino á hablarnos? + +--¿Digo la verdad, papá, como de costumbre? ¿La verdad enterita? + +--¡Ya se sabe que sí! + +--¡Pues me ha parecido muy bien! Me ha parecido la persona más... más +agradable... que he visto en mi vida, papá. + +--¿Tanto como eso? + +--Sí por cierto. Me ha fascinado... ¿No me mandas que hable con +franqueza? + +--¿Le preferirías á nosotros? Sigue siendo franca. + +--Es distinto lo que siento por vosotros. Él me gusta... de otra manera. + +--¿Vivirías contenta con él? + +--¡Mira, papá..., puede que sí! + +--Piénsalo bien, niña. + +--No hay que pensarlo. Es un sentimiento, y lo que de veras se siente +no se piensa. Nunca he sentido así. Yo también he de preguntar: qué, +¿este señor... os ha pedido... mi mano? + +--¡Tu mano! ¡Tu mano! ¡No se trata de eso!--gritó con espanto Leonarda. + +--¿Pues... entonces? No entiendo--murmuró Aurora afligida. + +--¡Figúrate... es una suposición... que ese señor fuese... tu padre! +¡tu verdadero padre! + +--¿Mi padre? ¡Eso sí que no puedo figurármelo! ¡Como padre, ni le he +mirado... ni podría mirarle nunca! ¡Ya os he dicho que es distinto; que +á vosotros os quiero de otro modo! + +--Vete, hija mía--murmuró Sabino confuso y consternado, creyendo oir +detrás de la cortina un gemido triste. Y así que se retiró Aurora, +obediente, cabizbaja y muda, el desconocido salió, mostrando un rostro +color de cera y unos ojos alocados. + +--No les molesto á ustedes más--murmuró en ronco acento--. Ya sé cuál +es mi castigo. Procuré estudiar el modo de inspirar cierta clase de +sentimientos... y los inspiro con una facilidad que ha llegado á +infundirme tedio y horror. Midas todo lo convertía en oro... yo todo +lo convierto en pecado. El cariño puro, el sagrado cariño de padre veo +que no lo mereceré nunca. Borren ustedes mi recuerdo de la imaginación +de Aurora, y ¡que no sepa jamás mi nombre, ni lo que realmente soy para +ella! + +--Tal vez--indicó la compasiva Leonarda--el atractivo que ejerce usted +sobre esa criatura, tan indiferente con los demás, sea voz de la sangre. + +--Si es voz de la sangre, es voz que maldice--respondió el Tenorio +saludando respetuosamente y saliendo abrumado por el dolor. + + + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75814 *** diff --git a/75814-h/75814-h.htm b/75814-h/75814-h.htm new file mode 100644 index 0000000..78e830d --- /dev/null +++ b/75814-h/75814-h.htm @@ -0,0 +1,9376 @@ +<!DOCTYPE html> +<html lang="es"> +<head> + <meta charset="UTF-8"> + <title> + En tranvía | Project Gutenberg + </title> + <link rel="icon" href="images/cover.jpg" type="image/x-cover"> + <style> + +body { + margin-left: 10%; + margin-right: 10%; +} + + h1, h2 { + text-align: center; /* all headings centered */ + clear: both; +} + +h1 {margin-top: 4em; font-weight: normal;} + +h2 {margin-top: 4em; margin-bottom: 2em; font-weight: normal;} + + +p { + margin-top: .51em; + text-align: justify; + margin-bottom: .49em; +} + + +.p2 {margin-top: 2em;} +.p6b {margin-bottom: 6em;} +.p4 {margin-top: 4em;} + + +.half-title +{ + margin-top: 6em; + margin-bottom: 6em; + text-align: center; + font-size: 145%; +} + +.big1 { + font-size: 110%; + } + +.big2 { + font-size: 130%; + } + +.big3 { + font-size: 140%; + } + +hr.tb {width: 30%; margin-left: 35%; margin-right: 35%; margin-top: 1.5em; margin-bottom: 1.5em;} + + +div.chapter {page-break-before: always;} +h2.nobreak {page-break-before: avoid;} + + +table.autotable { + margin-left: 30%; + margin-right: 30%; + width: 40%; +} + +.x-ebookmaker .autotable {margin-right: 20%; width: 60%; margin-left: 20%;} + +table.autotable { border-collapse: collapse; } +table.autotable td, +table.autotable th { padding: 0.25em; } + +.tdl {text-align: left;} +.tdr {text-align: right;} + +.pagenum { /* uncomment the next line for invisible page numbers */ + /* visibility: hidden; */ + position: absolute; + left: 92%; + font-size: small; + text-align: right; + font-style: normal; + font-weight: normal; + font-variant: normal; + text-indent: 0; +} /* page numbers */ + + + + +.center {text-align: center;} + +.smcap {font-variant: small-caps;} + + + +/* Images */ + +img { + max-width: 100%; + height: auto; +} +img.w100 {width: 100%;} + + +.figcenter { + margin: auto; + text-align: center; + page-break-inside: avoid; + max-width: 100%; +} + +/* Poetry */ +/* uncomment the next line for centered poetry */ + .poetry-container {display: flex; justify-content: center;} +.poetry-container {text-align: center; margin-top: 1em; margin-bottom: 1em;} +.poetry {text-align: left; margin-left: 5%; margin-right: 5%;} + + +/* Transcriber's notes */ + .tnote {border: dashed 1px; margin-left: 10%; + margin-right: 10%; padding-bottom: 2em; padding-top: 2em; + padding-left: 2em; padding-right: 2em; margin-top: 4em; margin-bottom: 4em; } + +/* Illustration classes */ +.illowe4 {width: 4em;} +.illowe45 {width: 45em;} + + + </style> +</head> +<body> +<div style='text-align:center'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75814 ***</div> + + +<figure class="figcenter illowe45" id="cover"> + <img class="w100" src="images/cover.jpg" alt="cubierta" title="ilocubierta"> +</figure> + +<div class="chapter"> +<div class="tnote"> + <p class="center big2">NOTAS DEL TRANSCRIPTOR</p> + +<p>En la versión de texto sin formatear el texto en <em>cursiva</em> está +encerrado entre guiones bajos (_cursiva_) y el texto en <span class="smcap">Versalitas</span> se +representa en mayúsculas como en VERSALITAS.</p> + +<p>La ortografía del texto que compone la serie de cuentos que se +incluyen no sigue las reglas actuales de la lengua española, sino las +que estaban vigentes cuando la edición usada para la transcripción de +esta obra fue publicada. El lector interesado puede consultar el mapa +de Diccionarios Académicos de la Real Academia Española.</p> + +<p>En la presente transcripción se adecuó la ortografía de las mayúsculas +acentuadas a las reglas indicadas por la RAE, que establecen que el +acento ortográfico debe utilizarse, incluso si la vocal acentuada está +en mayúsculas.</p> + +<p>Se han corregido errores evidentes de puntuación y otros errores +tipográficos y de ortografía.</p> + +<p>El Índice con los títulos de las historias fue reubicado al principio +de la obra.</p> + +<p>La portada de este libro electrónico fue modificada por el transcriptor +y ha sido incluida en el dominio público.</p> +</div> + + +<hr class="tb x-ebookmaker-drop"> +</div> + +<div class="chapter"> +<p class="half-title"><small>OBRAS COMPLETAS</small><br> +<small>DE</small><br> +EMILIA PARDO-BAZÁN<br> +<br> +<small>CONDESA DE PARDO-BAZÁN</small><br> +<br> +EN TRANVÍA<br> +<small>(CUENTOS DRAMÁTICOS)</small></p> +</div> + + + + +<div class="chapter"> +<p class="center p2 big3"> +<span class="smcap big1">EMILIA PARDO-BAZÁN</span><br> +<br> +<small>CONDESA DE PARDO-BAZÁN</small><br> +<br> +OBRAS COMPLETAS.—TOMO XXIII</p> + +<h1>EN TRANVÍA<br> +<small>(CUENTOS DRAMÁTICOS)</small></h1> +<br> +<figure class="figcenter illowe4" id="ilotp"> + <img class="w100" src="images/ilotp.jpg" alt="ilotp" title="tpilo"> +</figure><br> +<br> +<p class="center p2">RENACIMIENTO<br> +SOCIEDAD ANÓNIMA EDITORIAL<br> +Calle de Pontejos, 8, 1.º<br> +MADRID</p> +</div> + + + + +<div class="chapter"> +<p class="center p2 p6b"> +Es propiedad.<br> +<br> +Queda hecho el depósito que<br> +marca la ley.<br> +<br> +<br> +Imprenta de Prudencio Pérez de Velasco, Campomanes, 4.</p> +</div> + + +<div class="chapter"> +<p class="center p4 big2">ÍNDICE</p> + +<table class="autotable"> +<tr> +<td class="tdl"> </td> +<td class="tdr">Pág.</td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">En tranvía</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_5">5</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Adriana</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_15">15</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Vitorio</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_23">23</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Las desnudadas</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_31">31</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Semilla heroica</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_39">39</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Justiciero</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_45">45</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Elección</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_53">53</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">La chucha</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_61">61</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">El vino del mar</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_73">73</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Fuego á bordo</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_79">79</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">La paz</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_103">103</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Suerte macabra</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_111">111</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">El guardapelo</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_119">119</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">La ventana cerrada</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_125">125</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Infidelidad</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_133">133</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">De vieja raza</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_139">139</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Benito de Palermo</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_145">145</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Ley natural</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_153">153</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">El comadrón</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_159">159</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">El voto de Rosiña</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_167">167</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Vivo retrato</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_173">173</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">El décimo</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_179">179</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">La puñalada</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_183">183</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">En el Santo</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_191">191</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Santos Bueno</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_197">197</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Sustitución</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_201">201</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">La compaña</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_209">209</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">La dentadura</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_215">215</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Inspiración</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_221">221</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Oscuramente</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_227">227</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">El ahogado</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_233">233</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">El molino</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_239">239</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Aventura</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_249">249</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">El oficio de difuntos</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_257">257</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Juan Trigo</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_265">265</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">El camafeo</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_273">273</a> </td> +</tr> + +<tr> +<td class="tdl">Voz de la sangre</td> +<td class="tdr" style="padding-right: 0.5em;"><a href="#Page_279">279</a> </td> +</tr> +</table> +</div> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_5">[Pg 5]</span></p> +<h2 class="nobreak" id="EN_TRANVIA">EN TRANVÍA</h2> +</div> + + +<p>Los últimos fríos del invierno ceden el paso +á la estación primaveral, y algo de flúido +germinador flota en la atmósfera y sube al purísimo +azul del firmamento. La gente, volviendo +de misa ó del matinal correteo por las calles, +asalta en la Puerta del Sol el tranvía del barrio +de Salamanca. Llevan las señoras sencillos trajes +de mañana; la blonda de la mantilla envuelve +en su penumbra el brillo de las pupilas negras; +arrollado á la muñeca, el rosario; en la +mano enguantada, ocultando el puño del <em>encas</em>, +un haz de lilas ó un cucurucho de dulces, pendiente +por una cintita del dedo meñique. Algunas +van acompañadas de sus niños; ¡y qué +niños tan elegantes, tan bonitos, tan bien tratados! +Dan ganas de comérselos á besos; entran +impulsos invencibles de juguetear, enredando +los dedos en la ondeante y pesada guedeja rubia +que les cuelga por las espaldas.</p> + +<p>En primer término, casi frente á mí, descuella<span class="pagenum" id="Page_6">[Pg 6]</span> +un <em>bebé</em> de pocos meses. No se ve en él, +aparte de la carita regordeta y las rosadas manos, +sino encajes, tiras bordadas de ojetes, lazos +de cinta, blanco todo, y dos bolas envueltas +en lana blanca también, bolas impacientes y +danzarinas, que son los piececillos. Se empina +sobre ellos, pega brincos de gozo, y cuando un +caballero cuarentón que va á su lado—probablemente +el papá—le hace una carantoña ó le +enciende un fósforo, el mamón se ríe con toda +su boca de viejo, babosa y desdentada, irradiando +luz del cielo en sus ojos puros. Más allá, +una niña como de nueve años se arrellana en +postura desdeñosa é indolente, cruzando las +piernas, luciendo la fina canilla cubierta con la +estirada media de seda negra, y columpiando el +pie calzado con zapato inglés de charol. La futura +mujer hermosa tiene ya su dosis de coquetería; +sabe que la miran y la admiran, y se deja +mirar y admirar con oculta é íntima complacencia, +haciendo un mohín equivalente á «Ya +sé que os gusto; ya sé que me contempláis». Su +cabellera, apenas ondeada, limpia, igual, frondosa, +magnífica, la envuelve y la rodea de un +halo de oro, flotando bajo el sombrero ancho +de fieltro, nubado por la gran pluma gris. +Apretado contra el pecho lleva un envoltorio +de papel de seda, probablemente algún juguete +fino para el hermano menor, alguna sorpresa +para la mamá, algún lazo ó moño que la impulsó +á adquirir su tempranera presunción. Más +allá de este capullo cerrado va otro que se entreabre +ya, la hermana tal vez, linda criatura<span class="pagenum" id="Page_7">[Pg 7]</span> +como de veinte años, tipo afinado de morena +madrileña, sencillamente vestida, tocada con +una capotita casi invisible que realza su perfil +delicado y serio. No lejos de ella, una matrona +arrogante, recién empolvada de arroz, baja los +ojos y se reconcentra como para soñar ó recordar.</p> + +<p>Con semejante tripulación, el plebeyo tranvía +reluce orgullosamente al sol, ni más ni menos +que si fuese landó forrado de rasolís, arrastrado +por un tronco inglés legítimo. Sus vidrios +parecen diáfanos; sus botones de metal deslumbran; +sus mulas trotan briosas y gallardas; el +conductor arrea con voz animosa, y el cobrador +pide los billetes atento y solícito, ofreciendo +en ademán cortés el pedacillo de papel blanco +ó rosa. En vez del olor chotuno que suelen +exhalar los cargamentos de obreros allá en las +líneas del Pacífico y del Hipódromo, vagan por +la atmósfera del tranvía emanaciones de flores, +vaho de cuerpos limpios y brisas del iris de la +ropa blanca. Si al hacerse el pago cae al suelo +una moneda, al buscarla se entreven piececitos +chicos, tacones Luis XV, encajes de enaguas y +tobillos menudos. Á medida que el coche avanza +por la calle de Alcalá arriba, el sol irradia +más é infunde mayor alborozo el bullicio dominguero, +el gentío que hierve en las aceras, el +rápido cruzar de los coches, la claridad del día +y la templanza del aire. ¡Ah, qué alegre el domingo +madrileño, qué aristocrático el tranvía +á aquella hora en que por todas las casas del +barrio se oye el choque de platos, nuncio del<span class="pagenum" id="Page_8">[Pg 8]</span> +almuerzo, y los fruteros de cristal del comedor +sólo aguardan la escogida fruta ó el apetitoso +dulce que la dueña en persona eligió en casa de +Martinho ó de Prast!</p> + +<p>Una sola mancha noté en la composición del +tranvía. Es cierto que era negrísima y feísima, +aunque acaso lo pareciese más en virtud del +contraste. Una mujer del pueblo se acurrucaba +en una esquina, agasajando entre sus brazos á +una criatura. No cabía precisar la edad de la +mujer; lo mismo podía frisar en los treinta y +tantos que en los cincuenta y pico. Flaca como +una espina, su mantón parduzco, tan traído +como llevado, marcaba la exigüidad de sus +miembros: diríase que iba colgado en una percha. +El mantón de la mujer del pueblo de Madrid +tiene fisonomía, es elocuente y delator; si +no hay prenda que mejor realce las airosas formas, +que mejor acentúe el provocativo meneo +de cadera de la arrebatada chula, tampoco la +hay que más revele la sórdida miseria, el cansado +desaliento de una vida aperreada y angustiosa, +el encogimiento del hambre, el supremo +indiferentismo del dolor, la absoluta carencia +de pretensiones de la mujer á quien marchitó +la adversidad, y que ha renunciado por completo, +no sólo á la esperanza de agradar, sino al +prestigio del sexo.</p> + +<p>Sospeché que aquella mujer del mantón ceniza, +pobre de solemnidad sin duda alguna, padecía +amarguras más crueles aún que la miseria. +La miseria á secas la acepta con feliz resignación +el pueblo español, hasta poco hace ajeno á<span class="pagenum" id="Page_9">[Pg 9]</span> +reivindicaciones socialistas. Pobreza es el sino +del pobre, y á nada conduce protestar. Lo que vi +escrito sobre aquella faz, más que pálida, lívida; +en aquella boca sumida por los cantos, donde +la risa parecía no haber jugado nunca; en +aquellos ojos de párpados encarnizados y sanguinolentos, +abrasados ya y sin llanto refrigerante, +era cosa más terrible, más excepcional +que la miseria: era la desesperación.</p> + +<p>El niño dormía. Comparado con el pelaje de +la mujer, el de la criatura era flamante y decoroso. +Sus medias de lana no tenían desgarrones; +sus zapatos bastos, pero fuertes, se hallaban +en buen estado de conservación; su chaqueta +gorda sin duda le preservaba bien del +frío, y lo que se veía de su cara, un cachetito +sofocado por el sueño, parecía limpio y lucio. +Una boina colorada le cubría la pelona. Dormía +tranquilamente; ni se le sentía la respiración. +La mujer, de tiempo en tiempo, y como por +instinto, apretaba contra sí al chico, palpándole +suavemente con su mano descarnada, denegrida +y temblorosa.</p> + +<p>El cobrador se acercó librillo en mano, revolviendo +en la cartera la calderilla. La mujer +se estremeció como si despertase de un sueño, y +registrando en su bolsillo, sacó, después de exploraciones +muy largas, una moneda de cobre.</p> + +<p>—¿Adónde?</p> + +<p>—Al final.</p> + +<p>—Son quince céntimos desde la Puerta del +Sol, señora—advirtió el cobrador, entre regañón +y compadecido—y aquí me da usted diez.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_10">[Pg 10]</span></p> + +<p>—¡Diez!...—repitió vagamente la mujer, +como si pensase en otra cosa.—Diez...</p> + +<p>—Diez, sí; un perro grande... ¿No lo está usted +viendo?</p> + +<p>—Pues no tengo más—replicó la mujer con +dulzura é indiferencia.</p> + +<p>—Pues quince hay que pagar—advirtió el +cobrador con alguna severidad, sin resolverse á +gruñir demasiado, porque la compasión se lo +vedaba.</p> + +<p>Á todo esto, la gente del tranvía comenzaba +á enterarse del episodio, y una señora buscaba +ya su portamonedas para enjugar aquel insignificante +déficit.</p> + +<p>—No tengo más—repetía la mujer porfiadamente, +sin irritarse ni afligirse. Aun antes de +que la señora alargase el perro chico, el cobrador +volvió la espalda encogiéndose de hombros, +como quien dice: «De estos casos se ven algunos». +De repente, cuando menos se lo esperaba +nadie, la mujer, sin soltar á su hijo, y echando +llamas por los ojos, se incorporó, y con acento +furioso exclamó dirigiéndose á los circunstantes:</p> + +<p>—¡Mi marido se me ha ido con otra!</p> + +<p>Éste frunció el ceño, aquél reprimió la risa; +al pronto creímos que se había vuelto loca la +infeliz, para gritar tan desaforadamente y decir +semejante incongruencia; pero ella ni siquiera +advirtió el movimiento de extrañeza del auditorio.</p> + +<p>—Se me ha ido con otra—repitió entre el silencio +y la curiosidad general.—Una ladronaza<span class="pagenum" id="Page_11">[Pg 11]</span> +pintá y rebocá como una paré. Con ella se ha +ido. Y á ella la da cuanto gana, y á mí me hartó +de palos. En la cabeza me dió un palo. La +tengo rota. Lo peor, que se ha ido. No sé dónde +está. ¡Ya van dos meses que no sé!</p> + +<p>Dicho esto, cayó en su rincón desplomada, +ajustándose maquinalmente el pañuelo de algodón +que llevaba atado bajo la barbilla. Temblaba +como si un huracán interior la sacudiese, +y de sus sanguinolentos ojos caían por las +demacradas mejillas dos ardientes y chicas lágrimas. +Su lengua articulaba por lo bajo palabras +confusas, el resto de la queja, los detalles +crueles del drama doméstico. Oí al señor cuarentón, +que encendía fósforos para entretener +al mamoncillo, murmurar al oído de la dama +que iba á su lado.</p> + +<p>—La desdichada ésa... Comprendo al marido. +Parece un trapo viejo. ¡Con esa jeta y ese +ojo de perdiz que tiene!</p> + +<p>La dama tiró suavemente de la manga al cobrador, +y le entregó algo. El cobrador se acercó +á la mujer y la puso en las manos la dádiva.</p> + +<p>—Tome usted... Aquella señora la regala +una peseta.</p> + +<p>El contagio obró instantáneamente. La tripulación +entera del tranvía se sintió acometida del +ansia de dar. Salieron á relucir portamonedas, +carteras y saquitos. La colecta fué tan repentina +como relativamente abundante.</p> + +<p>Fuese porque el acento desesperado de la mujer +había ablandado y estremecido todos los corazones, +fuese porque es más difícil abrir la<span class="pagenum" id="Page_12">[Pg 12]</span> +voluntad á soltar la primer peseta que á tirar +el último duro, todo el mundo quiso correrse, +y hasta la desdeñosa chiquilla de la gran melena +rubia, comprendiendo tal vez, en medio de +su inocencia, que allí había un gran dolor que +consolar, hizo un gesto monísimo, lleno de seriedad +y de elegancia, y dijo á la hermanita +mayor: «María, algo para la pobre». Lo raro +fué que la mujer ni manifestó contento ni gratitud +por aquel maná que le caía encima. Su +pena se contaba, sin duda, en el número de las +que no alivia el rocío de plata. Guardó, sí, el +dinero que el cobrador la puso en las manos, y +con un movimiento de cabeza indicó que se enteraba +de la limosna: nada más. No era desdén, +no era soberbia, no era incapacidad moral de +reconocer el beneficio: era absorción en un dolor +más grande, en una idea fija que la mujer +seguía al través del espacio, con mirada visionaria +y el cuerpo en epiléptica trepidación.</p> + +<p>Así y todo, su actitud hizo que se calmase +inmediatamente la emoción compasiva. El que +da limosna es casi siempre un egoistón de marca +que se perece por el golpe de varilla transformador +de lágrimas en regocijo. La desesperación +absoluta le desorienta, y hasta llega á +mortificarle en su amor propio, á título de declaración +de independencia que se permite el +desgraciado. Diríase que aquellas gentes del +tranvía se avergonzaban unas miajas de su piadoso +arranque al advertir que después de una +lluvia de pesetas y dobles pesetas, entre las cuales +relucía un duro nuevecito, del nene, la mujer<span class="pagenum" id="Page_13">[Pg 13]</span> +no se reanimaba poco ni mucho, ni les hacía +pizca de caso, Claro está que este pensamiento +no es de los que se comunican en voz +alta, y por lo tanto, nadie se lo dijo á nadie; todos +se lo guardaron para sí y fingieron indiferencia, +aparentando una distración de buen género +y hablando de cosas que ninguna relación +tenían con lo ocurrido—. «No te arrimes, que +me estropeas las lilas»—. «¡Qué gran día +hace!»—. «¡Ay! la una ya: cómo estará tío Julio +con sus prisas para el almuerzo...»—Charlando +así, encubrían el hallarse avergonzados, +no de la buena acción, sino del error ó chasco +sentimental que se la había sugerido.</p> + +<p>Poco á poco fué descargándose el tranvía. En +la bocacalle de Goya soltó ya mucha gente. Salían +con rapidez, como quien suelta un peso y +termina una situación embarazosa, y evitando +mirar á la mujer inmóvil en su rincón, siempre +trémula, que dejaba marchar á sus momentáneos +bienhechores, sin decirles siquiera: «Dios +se lo pague». ¿Notaría que el coche iba quedándose +desierto? No pude menos de llamarle la +atención:</p> + +<p>—¿Adónde va usted? Mire que nos acercamos +al término del trayecto. No se distraiga y +vaya á pasar de su casa.</p> + +<p>Tampoco me contestó; pero con una cabezada +fatigosa, me dijo claramente: «¡Quiá! Si voy +mucho más lejos... Sabe Dios, desde el cocherón, +lo que andaré á pie todavía».</p> + +<p>El diablo (que también se mezcla á veces en +estos asuntos compasivos) me tentó á probar si<span class="pagenum" id="Page_14">[Pg 14]</span> +las palabras aventajarían á las monedas en calmar +algún tanto la ulceración de aquel alma en +carne viva.</p> + +<p>—Tenga ánimo, mujer—le dije enérgicamente—.Si +su marido es un mal hombre, usted +por eso no se abata. Lleva usted un niño en +brazos... para él debe usted trabajar y vivir. +Por esa criaturita debe usted intentar lo que no +intentaría por sí misma. Mañana el chico aprenderá +un oficio y la servirá á usted de amparo. +Las madres no tienen derecho á entregarse á la +desesperación mientras sus hijos viven.</p> + +<p>De esta vez la mujer salió de su estupor; volvióse +y clavó en mí sus ojos irritados y secos, +de horrible párpado ensangrentado y colgante. +Su mirada fija removía el alma. El niño, entretanto, +se había despertado y estirado los bracitos, +bostezando perezosamente. Y la mujer, agarrando +á la criatura, la levantó en vilo y me la +presentó. La luz del sol alumbraba de lleno su +cara y sus pupilas, abiertas de par en par. +Abiertas, pero blancas, cuajadas, inmóviles. El +hijo de la abandonada era ciego.</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_15">[Pg 15]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >ADRIANA</h2> +</div> + + +<p>Dejé caer el periódico, exclamando con +sorpresa dolorosa:</p> + +<p>—¡Pero esa pobre Adriana! Morirse así, del +corazón, casi de repente... ¡Nadie estaba enterado +que padeciese tal enfermedad!</p> + +<p>—Yo sí lo sabía—declaró el vizconde de Tresmes—, +y aun sabía más: sabía cuándo y cómo +adquirió el padecimiento, y es cosa curiosa.</p> + +<p>—Entérenos usted—suplicamos todos—. Y +el vizconde, que rabiaba siempre por enterar, +nos contó la historia siguiente:</p> + +<p>Adriana Carvajal, casada con Pedro Gomara, +vivía dichosísima. Los esposos reunían +cuanto se requiere para disfrutar la felicidad +posible en el mundo: juventud y amor, salud y +dinero, que son la salsa ó condimento de los +dos primeros platos, sin él desabridos, amargos +á veces. Faltábales, sin embargo, un heredero, +un niño en quien mirarse; pero la suerte no había +de mostrarse avara en esto, y les envió, por +fin, el rapaz más lindo que pudo soñar la fantasía +de una madre, apasionada y loca ya desde<span class="pagenum" id="Page_16">[Pg 16]</span> +antes de la maternidad, como era Adriana. Al +nacer el chico (á quien pusieron por nombre +Ventura, en señal de la que les prometía su nacimiento) +Adriana estuvo en grave peligro, y el +doctor declaró que no volvería á tener sucesión. +El delirio con que marido y mujer amaban á su +Venturita, fué causa de que oyesen complacidos +el vaticinio del doctor. ¡Un solo hijo, y todo +para él! ¡Adriana libre ya por siempre de riesgos +y trabajos! Tanto mejor... y á vivir y á +cuidar del retoño.</p> + +<p>Este se crió hermoso y lozano como una rosa. +Yo, que no soy nada aficionado á chicos—advirtió +sonriendo el vizconde de Tresmes—, confieso +que aquél me hacía muchísima gracia. +Aparte de su lindeza—parecía uno de los angelitos +que pintaba Murillo, morenos y de pelo +obscuro—, tenía un no sé qué simpático, una +mezcla de inocencia y de picardía, una risa tan +fresca, unas acciones tan imprevistas y tan originales, +una precocidad—pero no de esas precocidades +empalagosas de chiquillo sabio y serio, +que me revientan, sino la precocidad de un +diablillo con un ingenio celestial—, que, vamos, +no había más remedio que llevarle juguetes +y dulces, por el gusto de sentarle un rato +sobre las rodillas.</p> + +<p>De la chifladura de sus padres sería inútil hablar, +porque ustedes la adivinan. Estaban chochitos; +no conocían otro Dios que el tal muñeco. +Adriana no se había apartado un instante +de su cuna, vigilando á la nodriza, arrebatándola +el pequeño así que acababa de mamar, vistiéndole,<span class="pagenum" id="Page_17">[Pg 17]</span> +desnudándole, bañándole y guardándole +el sueño... Y así que empezó á interesarse +por el mundo exterior, á tender las manitas y á +pedir <em>tochas</em>, les faltó tiempo para darle cuanto +deseaba y mil objetos más, que ni se le ocurrían +ni podían ocurrírsele. La hermosa casa +antigua con jardín que habitaban los Gomara se +llenó de cachivaches. ¡Y bichos! El arca de Noé. +Los caballos de cartón andaban mezclados con +los pájaros vivos; sobre un ferrocarril mecánico +veríais un pulcro galguito de carne y hueso; el +coche tirado por carneros era abandonado por +una gran caja dé soldados autómatas, que hacían +el ejercicio... Crea usted que derrochaban +dinero en semejantes chucherías, y yo le dije +alguna vez á Adriana, porque tenía confianza +con ella:</p> + +<p>—Hija, estáis malcriando á este pequeñín...</p> + +<p>—Déjale que se divierta ahora—me contestaba—; demasiado +rabiará algún día... Ojalá +pueda ofrecerle siempre lo que le haga dichoso.</p> + +<p>El repertorio de los juguetes y sorpresas se +agota pronto, y no sabía ya Adriana qué nueva +emoción dar á Ventura, cuando el cocinero de +la casa, que había andado embarcado diez años +y conservaba amigotes en todas las regiones del +planeta, se descolgó un día regalando al chico +un mono. Soy poco inteligente en Historia Natural, +y no me pidan ustedes que clasifique la +alimaña; sólo les diré que ni era de esos monazos +indecorosos y feroces que nadie se atreve á +tener en las casas, como el orangután, ni tampoco +de esos titíes engurruminados y frioleros<span class="pagenum" id="Page_18">[Pg 18]</span> +que se pasan la vida tiritando entre algodón en +rama. Más bien era grande que pequeño; tenía +el pelaje gris verdoso, y el hocico de un rojo +mate, como el del hierro oxidado; se veía que +estaba en la juventud y rebosando fuerza, y +aunque goloso y travieso como toda la gente de +su casta, no era maligno. Inteligente é imitador +en grado sumo, no podía hacerse delante de él +cosa que no parodiase, y su agilidad y presteza +nos divertían muchísimo; era cosa de risa verle +fingir que fregaba platos ó que rallaba pan en +la cocina, y saltar sobre el lomo de los caballos +para ayudar al lacayo en sus faenas de limpieza.</p> + +<p>Á pesar de la índole relativamente benigna +del mono, su inquietud y su vivacidad obligaban +á tenerle preso en una caseta con fuerte cadenilla, +porque ya dos veces se había escapado +á corretear por árboles y chimeneas; cuando se +le soltaba había que vigilarle, y á Venturita, +que acababa de cumplir los tres años y que idolatraba +en el mono, era preciso guardarle también +para que no desatase la cadenilla, pues lo +hacía con habilidad singular.</p> + +<p>Una tarde que había yo almorzado en casa de +Gomara y estábamos tomando café en un cenador +del jardín—me acuerdo como si fuese ahora +mismo, porque hay cosas que impresionan +aunque uno no quiera—vimos cruzar como un +rayo al mono; tan como un rayo, que más bien +le adivinamos que le vimos. «Adiós, ya se ha +escapado ese maldito de cocer», dijo Pedro +Gomara levantándose; y Adriana, con sobresalto<span class="pagenum" id="Page_19">[Pg 19]</span> +instintivo, lo primero que exclamó fué: +«¿Dónde estará Ventura?». «Ése le habrá soltado, +de fijo», respondió Pedro, que frunció el entrecejo +ligeramente. En el mismo instante resonó +un agudo chillido de mujer: un chillido +que revelaba tal espanto, que nos heló la sangre; +y voces de hombres, las voces de los criados +que nos servían y que corrían hacia el cenador +clamando con angustia: «señorito, señorito», +nos obligaron á precipitarnos fuera. +Adriana nos siguió sin decir palabra: un grupo +formado por los sirvientes y la desesperada niñera +nos rodeó, señalando hacia el tejado de la +casa; y allí, al borde de la última hilera de tejas, +sentado en el conducto de zinc que recogía +las aguas de lluvia, estaba el mono con el niño +en brazos.</p> + +<p>El padre, con ademanes de loco, iba á precipitarse +al zaguán para subir á las buhardillas y +salir al tejado; yo pedía ya una escalera para +intentar el desatino de subir por ella á la formidable +altura de tres pisos, cuando Adriana, +muy pálida—¡qué palidez la suya, Dios!—y +con los ojos fuera de las órbitas, nos contuvo, +murmurando en voz sorda y cavernosa, una voz +que sonaba como si pasase al través de trapos +húmedos:</p> + +<p>—Por la Virgen... quietos... todos quietos... +no se mueva nadie... Y silencio... no chillar... +no chillar... hagan como yo... Quietos... si le +asustamos le tira...</p> + +<p>Sentimos instantáneamente que tenía razón +la madre, y quedamos lo mismo que estatuas.<span class="pagenum" id="Page_20">[Pg 20]</span> +Era el mayor absurdo que intentásemos luchar +en agilidad y en vigor, sobre un tejado, con un +mono. Antes que nos acercásemos estaría al +otro extremo del tejado, y el niño estrellado en +el pavimento.</p> + +<p>Era preciso jugar aquella horrible partida: +aguardar á que el mono, por su libre voluntad, +se bajase con el niño. Yo miraba á Adriana; su +palidez, por instantes, se convertía en un color +azulado, pero no pestañeaba. El mono nos hacía +gestos y muecas estrafalarias, apretando y +zarandeando á su presa, y de improviso se oyó +distintamente el llanto de la criatura, llanto +amarguísimo, de terror; sin duda acababa de +sentir que estaba en peligro, aunque no lo pudiese +comprender claramente. La madre tembló +con todo su cuerpo, y el padre, inclinándose +hacia mí, sollozó estas palabras:</p> + +<p>—Tresmes, usted, que es buen tirador... Una +bala en la cabeza... Voy por la carabina.</p> + +<p>Idea insensata, delirante, porque aun siendo +yo un Guillermo Tell, al matar al mono hacíamos +caer al niño; pero no tuve tiempo de negarme; +intervino Adriana con un <em>no</em> tan enérgico, +que su marido se mordió los puños... Y +la madre, terriblemente serena, añadió en seguida:</p> + +<p>—Si le miramos, nunca bajará... Hay que +retirarse... Hay que esconderse; que no nos +vea.</p> + +<p>Nos recogimos al cenador, desgarramos la +pared de enredaderas, y desde allí, como se pudo, +espiamos al enemigo. ¿Les estremece á ustedes<span class="pagenum" id="Page_21">[Pg 21]</span> +la situación? ¡Pues estremézcanse más! +Duró veinte minutos. Sí; los conté por mi reloj. +En esos veinte minutos el mono depositó al niño +en el tejado, le acarició como había visto hacer +á la niñera, le obligó á pasear cogido de la +mano, le aupó sobre la chimenea y le llevó á +cuestas, á caballito—un sainete, que en otra +ocasión nos haría desternillarnos.—Durante +esos veinte minutos, Pedro anhelaba; á Adriana +no se la oía ni respirar. Por fin el mono miró +hacia abajo, hizo varios visajes, y cogiendo á +Ventura, se descolgó rápidamente con su carga +lo mismo que un funámbulo sin cuerda, al jardín... +Entonces salimos con explosión todos—todos, +menos la madre, que había caído redonda—y +el animal, asustado, soltó al chico ileso +y se refugió en su caseta...</p> + +<p>Aquella tarde Adriana sufrió dos sangrías, +que no sacaron más que gotas negras—y desde +entonces padeció del corazón—. Parecía que se +había repuesto mucho en estos últimos años, +pero ¡bah! la herida era mortal, y ella no lo +ignoraba...</p> + +<p>—¿Y qué fué del mono?—preguntamos como +chiquillos.</p> + +<p>—Tuve yo que pegarle el tiro... ¡Si viesen +ustedes que me daba lástima!—repuso el vizconde.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_22">[Pg 22]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_23">[Pg 23]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >VITORIO</h2> +</div> + + +<p>Sí, señores míos—dijo el viejo marqués, sorbiendo +fina pulgarada de <em>cucarachero</em>, golpeando +con las yemas de los dedos la cajita de +concha, lo mismo que si la acariciase—. Yo +fuí, no sólo amigo, sino defensor y encubridor +de un capitán de gavilla. ¿No lo creen ustedes? +¡Histórico, histórico! Á mi ladrón le ahorcaron +en Lugo, y consta en autos.</p> + +<p>Lo que se ignoró siempre (los jueces, en ese +punto, no consiguieron hacer ni tanto así de +luz) es el verdadero nombre que llevaba el ladrón, +allá en sus mocedades, antes de dedicarse +á tan infamante oficio, cuando se educaba conmigo +en el Colegio de Nobles de Monforte. Desde +que se metió á capitán de forajidos, le conocieron +por <em>Vitorio</em>: así le llamaremos: ¡líbreme +Dios de echar baldón sobre una familia antigua +é ilustre, y deshacer lo que el pobrecillo +llevó á cabo con el valor que ustedes verán, si +me atienden!</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_24">[Pg 24]</span></p> + +<p>Les aseguro que en el Colegio de Nobles no +tuve compañero que me pareciese más simpático. +De carácter vivo y vehemente, de inteligencia +clara y feliz memoria, estudiaba con +suma facilidad; los maestros estaban encantados +de él. Al mismo tiempo, travesura que en +el colegio se ejecutase, era sabido: ¿quién la discurrió? +Vitorio. No sé qué maña se daba, que +siempre era cabeza de motín, y todos nos poníamos +á sus órdenes, reconociendo su iniciativa +y su autoridad. Era en sus resoluciones tenacísimo +y violento, pero pundonoroso hasta +dejárselo de sobra, y, si alguien me dice entonces +que Vitorio pararía en ladrón, creo que al +tal le deshago yo la cara á bofetones.</p> + +<p>Como siempre fuí enclenque y enfermizo, Vitorio +me había tomado bajo su protección, y +más de una vez escarmentó á los colegiales que +me jugaban pasaditas. Esto, y el ascendiente +que ejercía por su manera de ser, hicieron que +yo fuese consagrando á Vitorio apasionada +adhesión.</p> + +<p>Un día recibió Vitorio cartas de su casa, y +con ellas la amarguísima noticia de que su padre, +que era viudo, se disponía á contraer segundas +nupcias. El paroxismo de ira del muchacho, +que adoraba en el recuerdo de su madre, +fué tremebundo; espumaba de rabia, se retorcía, +se quería romper la cabeza contra la pared +del dormitorio. Le consolé lo mejor que +supe, y, cuando ya le creía aplacado, he aquí +que se levanta de noche y me propone que nos +descolguemos por la ventana, atando las sábanas<span class="pagenum" id="Page_25">[Pg 25]</span> +unas á otras, y que andando diez leguas, +lleguemos á tiempo de impedir la boda de su +padre. La fascinación de Vitorio era tal, que al +pronto consentí en el absurdo proyecto, y si invencibles +dificultades materiales no nos lo estorbasen, +creo que lo realizamos.</p> + +<p>Poco tardé en salir del Colegio, y en bastantes +años nada supe de Vitorio. Estudié Derecho +en Compostela, me casé, enviudé, y, teniendo +que arreglar cuestiones de intereses, me establecí +en mi casa de aldea de los Adrales, situada +entre Monforte y Lugo, en país montuoso.</p> + +<p>Hablábase mucho, en las veladas junto al +fuego, de la gavilla que recorría aquellas inmediaciones, +y de la original conducta de su +jefe. Contábase que tenía prohibido matar y +atormentar, á menos que le hiciesen resistencia; +que jamás despojaba por completo una casa, +sino que siempre cuidaba de dejar algún dinero +á los robados, para que no careciesen de todo +en los primeros instantes; que algunas veces sus +robos llenaban el fin de reparar antojos de +la suerte, pues daba al pobre lo del rico, al segundón +lo del mayorazgo, al seminarista lo del +racionero y al arrendatario lo del señor. Añadían +que era galante con las damas, y que éstas, +aunque robadas, no le querían mal, ni mucho +menos. En resumen, la clásica silueta del +<em>bandido generoso</em>; y si de Vitorio no hubiese más +que decir, se podía ahorrar el relato ó sustituirlo +por historias muy análogas, verbigracia, la +de José María.</p> + +<p>Aun cuando yo, por precisión, guardaba en<span class="pagenum" id="Page_26">[Pg 26]</span> +casa dinero (entonces no era tan fácil como hoy +ponerlo á buen recaudo), y aunque no alardeo +de valiente, ello es que las noticias referentes á +la gavilla me alarmaron poco, y seguí cenando +siempre con las ventanas abiertas—era muy calurosa +la estación—y quedándome entretenido +en leer hasta que me entraba sueño, sin pensar +en cerrarlas. Una noche, estando bien descuidado, +cátate, que, lo mismo que una bala, cae +á mis pies un hombre, pálido, demacrado, con +la ropa hecha trizas, y sin que yo tuviera tiempo +á nada, exclama, cogiéndome de un hombro, +en tono lastimero: «¡Sálvame, Jerónimo! Soy +Fulano... tu compañero, tu antiguo amigo. Me +persiguen. Mi vida está en tus manos».</p> + +<p>Le hice seña de que no temiese; corrí á atrancar +la ventana con barra doble; cerré también +las puertas, y tendí los brazos á Vitorio, porque +ya le había reconocido. Aunque desfigurado y +muy variado por la edad, reconstruí aquella +cabeza hermosa, morena, de facciones tan delicadas +y de tan viril expresión. No sin gran sorpresa +mía, Vitorio se resistió á abrazarme, y +murmuró fatigosamente: «Dame algo...; hace +tres días que no pruebo alimento». Le serví de +la cena que aún estaba allí sin recoger, y así +que reparó sus fuerzas, me dijo: «No me abraces, +Jerónimo. Soy el capitán de gavilla de +quien tanto habrás oído, y por milagro no estoy +en poder de los que quieren ahorcarme. Si me +conservas algún cariño, ocúltame y déjame dormir; +si no, échame, pero no digas á nadie cómo +y dónde me conociste...».</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_27">[Pg 27]</span></p> + +<p>Existía en los Adrales un precioso escondrijo +antiguo, una especie de desván practicado +bajo otro desván, oculto por un segundo tabique, +y con salida á una escalerilla recatada en +el hueco de la pared, y que moría al pie del bosque. +Allí metí á Vitorio, y aunque la fuerza que +le perseguía rodeó mi casa, y aunque se la dejé +registrar sin oponer reparo, no encontraron al +fugitivo, ni era posible, á no estar en el secreto, +que sólo sabíamos el mayordomo y yo. Conjurado +el peligro, no quise que se alejase Vitorio +hasta que descansó bien, se lavó, se afeitó, se +vistió con ropa mía y tuvo en el cinto dos ricas +pistolas inglesas y en la bolsa oro. No le pregunté +palabra, no le dirigí observaciones ni le +di consejos, y esta delicadeza fué, sin duda, la +que le movió á decirme poco antes de marchar: +«Jerónimo, ¿te acuerdas de la boda de mi padre +y de aquel disparate que queríamos hacer en el +colegio? Pues de no hacerlo vino mi perdición. +Cuando llegué á mi casa, encontré dueña de ella +á una madrastra que obligaba á mi hermana á +que la sirviese, y que hasta la pegaba delante +de mí, ¡delante de mí!,—tú me has conocido... +Recordarás mi carácter... ¡Asómbrate! Yo, al +pronto, supe reprimirme, y hablé á mi padre +como un hombre habla á otro hombre. Le dije +que quería llevarme á mi hermana, y que sólo +le pedía algún auxilio en dinero para que ella +no se muriese de hambre. Me contestó con desprecio, +con enojo, y me ordenó que respetase á +mi madrastra. Entonces, fuera de mí, le dije que +mi madrastra no merecía respeto, y que se lo<span class="pagenum" id="Page_28">[Pg 28]</span> +demostraría antes de un año. Y así fué, Jerónimo; +á los pocos meses mi madrastra y yo... +¿Entiendes? ¡Me lo propuse y lo conseguí... lo +conseguí! Por <em>aquello</em>, y no por <em>lo de ahora</em>, merezco +que me cojan y me ahorquen... En fin, +lo cierto es que mi padre no pudo dudar de su +afrenta, y me echó de casa maldiciéndome, +apaleándome y prohibiéndome que usase su +nombre jamás. El resto ya lo sabes... Adiós; +voy á reunirme con mi gente, que andará esparcida +por la montaña».</p> + +<p>Desapareció, y supe que la gavilla se había +retirado de aquellos contornos, metiéndose sierra +adentro, por sitios casi inaccesibles. Dos +años después del imprevisto lance, se habló mucho +de un robo cometido por Vitorio en casa de +un señor canónigo de Lugo. Consistía la originalidad +en que el robo lo había realizado Vitorio +solo, en una ciudad y á las doce del día. Hallábanse +juntos el buen canónigo y cierto clérigo +de misa y olla, jugando al tute, por más señas, +cuando vieron entrar á un caballero apersonado +y galán, que les saludó muy cortesmente. «Soy +Vitoro»—dijo—«pero no se asusten ustedes, +que no traigo ánimo de hacerles ningún mal. +Entendámonos como se entiende la gente de +buena educación; vengo por los cinco mil duros +en onzas de oro que el señor canónigo guarda +ahí, debajo de esa arquilla; con levantar un ladrillo +numerado, aparecerá el escondrijo». +«¡Cinco mil duros!» gritó el canónigo más muerto +que vivo. «Pero, señor de Vitorio, ¡si jamás +he poseído esa suma!». Y el clérigo, oficiosamente,<span class="pagenum" id="Page_29">[Pg 29]</span> +exclamaba: «Ea, señor canónigo, no +haya más; dé usted al señor de Vitorio esos +cuartos, siquiera por la gracia, y la amabilidad +con que los pide». «Déselos usted si los tiene, y +no disponga de caudales ajenos», replicaba afligido +el canónigo. Y Vitorio, siempre afable, +añadía:—«Bien dice el señor canónigo; este +cura, mientras le aconseja á usted que se desprenda +de tan gruesa suma, se está escondiendo +en la pretina una tabaquera de plata, como +si Vitorio fuese algún ratero que cogiese porquerías +semejantes. Pero señor canónigo, yo sé +que los cinco mil duros ahí están; yo me veo en +un grave apuro (que si no, no molestaría á persona +tan respetable como usted). Buen ánimo; +si puedo, he de restituírselos». Y con gallardo +ademán entreabrió su abrigo, viéndose relucir +la culata de unas pistolas (quizá las mías). El +trémulo canónigo y el abochornado clérigo alzaron +el ladrillo y entregaron á Vitorio los talegones. +El forajido se inclinó, hizo mil cortesías, +y los dos hombres, que con un grito hubieran +podido perderle, se quedaron más de +diez minutos sin habla, mientras él, tranquilamente, +bajaba las escaleras.</p> + +<p>Sin embargo, el clérigo, que era sañudo y +rencoroso, la tuvo guardada, como suele decirse. +Un día de feria, saliendo de la catedral, +creyó reconocer á Vitorio en un aldeano que +llevaba á vender una pareja de bueyes, y le siguió +con cautela. Notó que el aldeano tenía las +manos blancas y finas, y corrió á delatarle. Hizo +rodear la taberna donde había observado que<span class="pagenum" id="Page_30">[Pg 30]</span> +entraba, y así cogieron en la ratonera al célebre +capitán, á quien ya sin esperanzas de alcanzarle +perseguían por montes y breñas.</p> + +<p>La causa de Vitorio tardó mucho en fallarse. +Se susurraba que, por ser de muy esclarecida y +calificada familia, no se atrevían los jueces á +mandarle ahorcar, y que si revelaba su verdadero +nombre, se le dejaría evadirse ó le indultaría +la reina. Yo me encontraba entonces lejos +de mi país, y las noticias en aquel tiempo +no volaban como ahora. Por casualidad llegué +á Lugo el mismo día en que pusieron en capilla +á Vitorio. Corrí á verle, afectadísimo. Habíanme +asegurado que la noche anterior una dama +muy tapada, penetrando en la prisión, habló +largo tiempo con Vitorio, y sospechando amoríos, +compromisos, lazos que quedaban en el +mundo, pregunté á mi antiguo compañero si +tenía algo que encargarme para alguna mujer. +«No, respondió sonriendo con calma; no tengo +á nadie que me llore; la señora que estuvo á +verme ocultando el rostro es mi hermana, á +quien he prometido solemnemente dejarme +ahorcar, sin que me arranquen mi nombre de +familia. Y éste es el único favor que te pido, +Jerónimo; ¡que nadie, nadie sepa nunca!... No +he de deshonrar á mi padre dos veces».</p> + +<p>En efecto, Vitorio murió callando; el clérigo +de la tabaquera de plata acudió á presenciar +cómo perneaba en la horca; pero el señor canónigo, +que no podía olvidar los finos modales con +que le habían quitado sus cinco mil duros, aplicó +muchas misas por el alma del infeliz.</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_31">[Pg 31]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >LAS DESNUDADAS</h2> +</div> + + +<p>Una tarde gris, en el campo, mientras las +primeras hojas que arranca el vendaval +de otoño caían blandamente á nuestros pies, recuerdo +que, predispuestos á la melancolía y á +la meditación por este espectáculo, hablamos +de la fatalidad, y hubo quien defendió el irresistible +influjo de las circunstancias y de fuerzas +externas sobre el alma humana, y nos comparó +á nosotros, depositarios de un destello de +la Divinidad, con la piedra que, impelida por +leyes mecánicas, va derecha al abismo. Pero +Lucio Sagris, el constante abogado de la espiritualidad +y del libre albeldrío, protestó, y después +de lucirse con una disertación brillante, +anunció que, para demostrar lo absurdo de las +teorías fatalistas, iba á referirnos una historia +muy negra, por la cual veríamos que, bajo la +influencia de un mismo terrible suceso, cada +espíritu conserva su espontaneidad y escoge, +mediante su iniciativa propia, el camino—,<span class="pagenum" id="Page_32">[Pg 32]</span> +bueno ó malo, que en esto precisamente estriba +la libertad.</p> + +<p>Pertenece mi historia—añadió—, á un cruento +período de nuestras luchas civiles, después de +la revolución de 1868; y evoca la siniestra +figura de uno de esos hombres en quienes la +inevitable crueldad y fiereza del guerrillero se +exaspera al sentir en derredor la hostilidad y la +enemiga de un país donde todos le aborrecen: +hablo del contraguerrillero, tipo digno de estudio, +que mueve á piedad y á horror. Mientras +el guerrillero, bien acogido en pueblos y aldeas, +encontraba raciones para su partida y confidencias +para huir de la tropa ó sorprenderla descuidada, +el contraguerrillero, recibido como un +perro, sólo por el terror conseguía imponerse; +siempre le acechaban la traición y la delación; +siempre oía en la sombra el resuello del odio. +En guerras tales, el país está de parte de los +guerrilleros; ó, por mejor decir, las guerrillas +son el país alzado en armas, y el contraguerrillero +es el Judas contra el cual todo parece lícito, +y hasta loable.</p> + +<p>Ahora, pues, el contraguerrillero de mi historia—supongamos +que se llamaba el <em>Manco de +Alzaur</em>—, había conseguido realizar el triste +ideal de esta clase de héroes; al oir su nombre, +persignábanse las mujeres y rompían á llorar +los chicos. Interpelado el Gobierno en pleno +Parlamento acerca de algunas atrocidades de +aquel tigre, protestó de que eran falsas, y que, +si fuesen verdad, recibirían condigno castigo; +pero, realmente, las instrucciones secretas dadas<span class="pagenum" id="Page_33">[Pg 33]</span> +al general encargado de pacificar el territorio +en que funcionaba la contraguerrilla del +<em>Manco</em>, encerraban la cláusula de dejarle terrorizar +á su gusto, y cuanto más, mejor. Sin embargo, +el general, á quien repugnaban y estremecían +ciertos actos de barbarie, y que además +tenía hijas y era padre tiernísimo, solía encargar +mucho al contraguerrillero que, al menos, +no se oprimiese violentamente á las mujeres; y +el <em>Manco</em> se comprometió á ello, jurando que si +alguno de su partida incurría en tal delito, le +cortaría inmediatamente las dos orejas. Los +contraguerrilleros, que conocían las malas pulgas +de su jefe, se guardaban bien de contravenir +á lo mandado.</p> + +<p>Si en alguna ocasión lamentó el <em>Manco</em> haber +empeñado su formidable palabra al general, fué +el día en que, evacuado por las fuerzas de Radica +y Ollo el pueblo de Urdazpi, penetró la +contraguerrilla en este foco del carlismo. Es de +saber que el párroco de Urdazpi se encontraba +desde hacía año y medio al frente de una partidilla, +tan escasa en número como resuelta y +hazañosa, y más de diez veces había puesto la +ceniza en la frente al <em>Manco</em>, yéndole á los alcances, +batiéndole, cogiéndole prisioneros y +dispersando á su gente, con harto corrimiento +y rabia del contraguerrillero. El odio al cura +de Urdazpi era ya como un frenesí en el <em>Manco</em>, +y en Urdazpi vivían cinco lindas y honestas +muchachas, carlistas y devotas, sobrinas del +párroco faccioso, hijas de su única hermana, +fusilada por los liberales en la anterior guerra.<span class="pagenum" id="Page_34">[Pg 34]</span> +Cuando trajeron ante el <em>Manco</em>, amarillas cual +la muerte y tan sobrecogidas que ni podían llorar, +á las cinco infelices, se alzó un tumulto en +el alma feroz del contraguerrillero; la promesa +al general combatía los ímpetus salvajes de un +corazón sediento de venganza, la venganza inicua +de ensañarse en la familia de su enemigo, +y devolvérsela vilipendiada y manchada, como +se devuelve un trapo que ha limpiado el suelo +de la cámara donde se celebra orgía impura. +Meditó un instante, frunciendo las hirsutas cejas, +bajo las cuales escandecían dos ojos de +brasa; de pronto, una sonrisa feroz dilató su +boca; había encontrado el medio de no faltar á +su palabra, y al mismo tiempo de mancillar al +cura en la persona de sus sobrinas. Dió en vascuence +una orden terminente, y poco después +las cinco doncellas, enteramente despojadas de +sus ropas, eran paseadas y empujadas al través +de las calles del pueblo, entre rechifla, denuestos, +golpes y groseros equívocos de los inhumanos +que las rodeaban, ebrios de vino y de +sangre. El <em>Manco</em> había anunciado que sería +reo de pena capital cualquiera de sus contraguerrilleros +que no se limitase á mofarse de la +desnudez de aquellas desdichadas vírgenes, las +cuales, estúpidas de vergüenza, intentando velarse +el rostro con el pelo, echándose por tierra +para que el fango de las calles las sirviese +de vestido, pedían con llanto entrecortado y +desgarrador que las devolviesen su ropa y las +fusilasen pronto; y al verlas como estatuas de +dolorido é injuriado mármol, el <em>Manco</em> en persona,<span class="pagenum" id="Page_35">[Pg 35]</span> +ó satisfecho ó ablandado ya, escupió á los +desnudos y mórbidos hombros de la más joven, +y dijo con bestial risa:</p> + +<p>—Ahora, ya pueden volverse á su madriguera +estas carcundas.</p> + +<p>Considerar el estado de ánimo de las sobrinas +del cura después del afrentoso suplicio, es +como si nos asomásemos á un abismo de desesperación. +Nótese que eran mujeres de intachable +conducta, de grave recato, de profunda religiosidad, +más bien exaltada; que las respetaban +en el pueblo por honradas y las celebraban por +hermosas; que á pesar de su fe no tenían vocación +monástica, y entre los mozos incorporados +á la partida del cura, más de uno rondaba sus +ventanas y pensaba en bodas á la conclusión de +la guerra. Pero después del horrible atropello +del <em>Manco</em>, para las sobrinas del párroco de Urdazpi +se había cerrado el horizonte, se habían +acabado las perspectivas de la vida y del mundo. +La gente, al hablar de ellas, sólo las llamaba +<em>las desnudadas</em>, y este apodo infamante era +como inmensa mancha extendida sobre su piel, +quemada por tantos impuros ojos. Abrumadas +bajo la carga de la desventura, permanecían +recluidas en casa, sin asomarse á la ventana siquiera, +sin salir ni á la iglesia: ¡la iglesia, que +es el refugio de todos los dolores! Como si estuviesen +contaminadas de lepra, como á los lazarados +que la Edad Media aislaba, les traía +una amiga, movida á compasión, lo necesario +para su sustento, y se lo dejaba en el portal, +en un cesto, diariamente, pues ni aun de ella<span class="pagenum" id="Page_36">[Pg 36]</span> +consentían ser vistas y habladas. Así vivieron +un año...</p> + +<p>—Pues por ahora—dijimos á Lucio Sagris +interrumpiéndole—su historia de usted demuestra +que sometidas á unas mismas circunstancias, +las cinco sobrinas del cura de Urdazpi +adoptaron un género de vida absolutamente +idéntico.</p> + +<p>—¡Aguarden, aguarden!—clamó Lucio—. +No se ha concluido el episodio. Al año, la consabida +amiga avisó para el entierro de una de +las sobrinas, la menor: aquélla á cuyos cándidos +hombros desnudos había escupido el <em>Manco</em>. +Enferma de tristeza desde el día de su desgracia, +había ocultado su padecimiento por no ver +al médico, ó más bien porque el médico no la +viese; y la primer salida de <em>la desnudada</em> fué +con los pies para adelante, camino del cementerio. +Pocos días después dejó la casa otra <em>desnudada</em>, +la mayor: hizo su viaje de noche, con +la cara envuelta en tupido velo, y apareció en +Vitoria, en la casa matriz de las religiosas de +una orden que tiene por misión asistir á los enfermos +y amparar á los niños abandonados.</p> + +<p>Quedaban solamente en Urdazpi tres de las +sobrinas del cura; pero de allí á medio año escapáronse +juntas dos de ellas, y se incorporaron +á la partida, que por entonces recorría las cercanías +en triunfo. Una de las muchachas tuvo +ocasión de pelear como un hombre, con denuedo +rabioso, contra las tropas liberales, hasta +que una bala le atravesó el fémur y pereció +desangrada; en cuanto á la otra...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_37">[Pg 37]</span></p> + +<p>—¿Murió también?—preguntamos.</p> + +<p>—Peor que si muriese—contestó melancólicamente +el narrador.—No sé qué será de ella; +rodará por Bilbao; es lo probable. Ésa no supo +comprender que por mucho que desnuden el +cuerpo, el pudor y el decoro sólo se pierden +cuando se desnuda el alma.</p> + +<p>—¿Y la quinta sobrina del cura de Urdazpi?</p> + +<p>—¡Ah! Ésa vive hoy al lado de su tío, que se +acogió á indulto al terminar la guerra civil. +Humilde y resignada, ya madura, atendiendo á +sus labores domésticas y á sus devociones, no +parece recordar que en algún tiempo quiso vivir +apartada de sus semejantes... Y en el pueblo +la respetan, ¡vaya si la respetan! Á pesar +de que no puede olvidarse la espantosa acción +del <em>Manco</em>, nadie se atrevería á llamarla <em>desnudada</em> +en alta voz.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_38">[Pg 38]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_39">[Pg 39]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >SEMILLA HEROICA</h2> +</div> + + +<p>Si la santidad de la causa es la que hace al +mártir, lo mismo podremos decir del héroe—declaró +Méndez Relosa, el joven médico +que desde un rincón de provincia empezaba á +conquistar fama envidiable.—Sólo es héroe el +que se inmola á algo grande y noble. Por eso aquel +pobre arrapiezo, á quien asistí y que tanto me +conmovió, no merece el nombre de héroe. Á lo +sumo fué una semilla que, plantada en buena +tierra, germinaría y produciría heroísmo...</p> + +<p>—Con todo—objeté—si respecto al mártir +las enseñanzas de la Iglesia nos sacan de dudas, +sobre el héroe cabe discutir. El concepto del +heroísmo varía en cada época y en cada pueblo. +Acciones fueron heroicas para los antiguos, que +hoy llamaríamos estúpidas y bárbaras. Hasta +que los ingleses lo prohibieron, en la India se +creía—y se creerá aún, es lo probable—que +constituye un rasgo sublime, edificante, gratísimo +al cielo, el que una mujer se achicharre +viva sobre el cadáver de su marido.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_40">[Pg 40]</span></p> + +<p>—No niego—declaró Méndez—que la gente +llama heroísmo á lo que realiza su ideal, y que +el ideal de unos puede ser hasta abominable +para otros. El embrión de héroe cuya sencilla +historia contaré, estuvo al diapasón de ciertos +sentimientos arraigados en nuestra raza. Lo +que le causó esa efervescencia que hace despreciar +la muerte, fué <em>algo</em> que embriaga siempre +al pueblo español. Lo único que revela +que el ideal á que aludo es un ideal inferior, +por decirlo así, es que para sus héroes, aclamados +y adorados en vida, no hay posteridad; no +se les elevan monumentos, no se ensalza su memoria...</p> + +<p>—Las plazas de toros—continuó después de +una breve pausa—han cundido tanto en el período +de reacción que siguió á la revolución de +septiembre, que hasta nuestra buena ciudad de +H*** se permitió el lujo de construir la suya,—á +la malicia, de madera, pero vistosa.—Cuando +se anunció que el célebre <em>Moñitos</em>, con su cuadrilla, +estrenaría la Plaza durante las fiestas de +nuestra patrona la Virgen del Mar, despertóse en +H*** más que entusiasmo, delirio. No se habló +de otra cosa desde un mes antes; y al llegar la +gente torera, nos dió—no me exceptúo—por jalearla, +obsequiarla, convidarla y traerla en palmitas +desde la mañana hasta la noche. Les abrimos +cuenta en el café, les abrumamos á cigarros +y les inundamos de jerez y manzanilla. +Nos cautivaba su trato franco y gravemente +afable, aunque tosco; nos hacía gracia su ingenuidad +infantil, su calma moruna, aquel fatalismo<span class="pagenum" id="Page_41">[Pg 41]</span> +que les permitía arrostrar el peligro impávidos, +y, en suma, aquel estilo plebeyo, pero +castizo, de grato sabor nacional. En pocos días +cobramos afición á unos hombres tan desprendidos +y caritativos, valientes hasta la temeridad +y nunca fanfarrones, creyendo descubrir +en ellos cualidades que atraían y justificaban +la simpatía con que en todas partes son acogidos.</p> + +<p>Yo me aficioné especialmente á un mocito +como de quince años, pálido, desmedrado, nervioso, +que atendía por el alias de <em>Cominiyo</em>. +Venía la criatura con los toreros en calidad de +<em>mono sabio</em>, y era la perla de su oficio: un chulapillo +vivo y ágil como un tití, que parecía volar. +Desde la primera de las cuatro corridas de +aquella temporada en H***, <em>Cominiyo</em> llamó la +atención y se ganó una especie de popularidad +por su arrojo, su agilidad de tigre, sus gestos +cómicos y su oportunidad en acudir adonde hacía +falta. La parte que representaba <em>Cominiyo</em> +en el drama desarrollado en el redondel era bien +insignificante; pero él se ingeniaba para realzar +un papel tan secundario, y cuando de los tendidos +brotaban frases de elogio para el rapaz, sus +macilentas mejillas se iluminaban con pasajero +rubor de orgullo, y sus ojos negros, ricamente +guarnecidos de sedosas pestañas, irradiaban +triunfal lumbre.</p> + +<p><em>Cominiyo</em> me había confiado sus secretas ambiciones. +Como el poeta de bohardilla sueña la +coronación en el Capitolio; como el recluta sueña +los tres entorchados; como obscuro escribiente<span class="pagenum" id="Page_42">[Pg 42]</span> +la poltrona, <em>Cominiyo</em> soñaba ser picador. +En vez de ir á las ancas del caballo, quería +ir delante, luciendo la fastuosa chaquetilla +de doradas hombreras, el ancho sombrerón de +fieltro, los calzones de ante, el rígido atavío de +esos hombres curtidos y recios, de piel de badana, +en que no hacen mella los batacazos. +Pero, ¿cuándo lograría <em>Cominiyo</em> ascender tan +alto? Probablemente así que hubiese demostrado +de una manera indudable su gran corazón; +así que hiciese «una hombrá». Y dispuesto estaba +á hacerla á cualquier hora, y más que dispuesto +deseoso, que el valor pide ocasión y +tiempo.</p> + +<p>En la cuarta corrida presentóse la ocasión +tan anhelada, y por cierto que con trágico aparato. +El tercer toro, hermoso bicho, de gran poder, +dió un juego tal desde que salió á la plaza, +que llegó á causar cierto pánico: como aquél +pocos. Después de destripar por los aires á dos +caballos, la emprendió con el que montaba el +picador Bayeta, y en un santiamén dejó al jinete +aplastado bajo la cabalgadura, en la cual se +ensañó y cebó furioso. Crítica era la situación +del picador: el peso del jaco le asfixiaba, y si se +rebullese, con él la emprendería el toro. En +vano la cuadrilla, á capotazos, quería engañar +y distraer á la fiera, y Bayeta, ahogándose, asomaba +la cabeza por detrás del espinazo del jaco +moribundo. Ya el toro se lanzaba hacia la nueva +presa, y ya el picador se veía recogido y +despedido hasta las nubes, cuando una figurilla +menuda apareció firmemente plantada sobre el<span class="pagenum" id="Page_43">[Pg 43]</span> +vientre del tendido caballo, y, retando al toro +con temeraria bizarría, le hirió repetidas veces +con la mano en el inflamado morro y hasta osó +juguetear con los agudos cuernos... mientras +salvaban al picador. <em>Cominiyo</em>, que realizada la +proeza intentaba salir escapado, saltó hacia +atrás, resbaló en la viscosa sangre, un charco +rojo que el caballo había soltado de los pulmones, +y el toro le pilló allí mismo, contra las tablas, +y le enganchó y levantó en alto y le dejó +caer inerte.</p> + +<p>Corrí á la enfermería y reconocí la herida del +muchacho, comprobando una cosa horrible que, +á pesar de la impasibilidad profesional, me causó +grima. El toro había cogido á <em>Cominiyo</em> por +la espalda, en la región lumbar; sin duda la fiera +tenía astillado el cuerno, y en la astilla sacó un +jirón del hígado, una sangrienta piltrafa. <em>Cominiyo</em> +no tenía salvación, y su lucha con la +muerte, sostenida por la juventud y la índole de +la misma lesión, fué larga y cruel. Ocho días +le devoró la fiebre inflamatoria, y como él ignoraba +la gravedad de la herida, se agitaba en +un frenesí de alegres esperanzas y de ambiciosas +aspiraciones. La ovación tributada á su hazaña +le tenía borracho de gozo, y me decía entusiasmado, +mientras yo trataba de calmar sus +dolores, que eran atroces, sobre todo al principio:</p> + +<p>—Me he portao como los hombres. Digasté, +¿seré picador?</p> + +<p>El día en que le acompañamos al cementerio, +yo, al ver que le echaban encima la húmeda<span class="pagenum" id="Page_44">[Pg 44]</span> +tierra, pensé mucho sobre el heroísmo. Sería +una irrisión plantar laureles en la sepultura del +rapaz... y, sin embargo, á mí me parecía que +de la misma madera del alma de <em>Cominiyo</em> están +hechas las almas de algunos que podrían reclamar +la sombra del árbol sagrado para su +tumba.</p> + +<p>Mientras regresábamos comentando la suerte +del atrevido mono sabio, yo recordaba una copla +popular:</p> + +<div class="poetry-container"> +<div class="poetry"> +<p><span style="margin-left: 1em;">Hasta la leña en el monte</span><br> +tiene su separación:<br> +una sirve para santos,<br> +otra para hacer carbón.</p> +</div> +</div> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_45">[Pg 45]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >JUSTICIERO</h2> +</div> + + +<p>De vuelta del viaje, acababa el <em>Verdello</em> +de despachar la cena, regada con abundantes +tragos del mejor Avia, cuando llamaron +á la puerta de la cocina y se levantó á abrir la +vieja, que, al ver á su nieto, soltó un chillido +de gozo.</p> + +<p>En cambio, <em>Verdello</em>, el padre, se quedó sorprendido, +y, arrugando el entrecejo severamente, +esperó á que el muchacho se explicase. +¿Cómo se aparecía así, á tales horas de la noche, +sin haber avisado, sin más ni más? ¿Cómo +abandonaba, y no en víspera de día festivo, su +obligación en Auriabella, la tienda de paños y +lanería, donde era dependiente, para presentarse +en Avia con cara compungida, que no auguraba +nada bueno? ¿Qué cara era aquélla, rayo? +Y el <em>Verdello</em>, hinchando de cólera su cuello de +toro, iba á interpelar rudamente al chico, si no +se interpone la abuela, besuqueando al recién +venido y ofreciéndole un plato de guiso de bacalao +con patatas, oloroso y todavía caliente.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_46">[Pg 46]</span></p> + +<p>El muchacho se sentó á la mesa frente á su +padre. Engullía de un modo maquinal: conocíase +que traía hambre, el desfallecimiento físico +de la caminata á pie, en un día frío de enero; +al empezar á tragar daba diente con diente, +y el castañeteo era más sonoro contra el vidrio +del vaso donde el vino rojeaba. El padre, picando +una tagarnina con la uña de luto, dejaba +al rapaz reparar sus fuerzas. Que comiese... +que comiese... Ya llegaría la hora de las preguntas.</p> + +<p>No tenía otro hijo varón; una hija, ya talluda, +se había casado allá en Meirelle ¡lejos! Este +chico, Leandro, endeble nació y endeble se +crió. Al cabo, fruto de una madre tísica. Para +proporcionarles bienestar á la madre y al hijo, +el <em>Verdello</em> trajinaba día y noche por anchas +carreteras y senderos impracticables, ejercitando +con ardor su tráfico de arriería, comprando +en las bodegas de los señores cosecheros y revendiendo +en figones y tabernas el rico zumo +de las vides avienses. Vino que catase y adquiriese +el <em>Verdello</em>, vino era ¡voto al rayo! y vino +de recibo en color y sabor. No necesitaba el +arriero, para apreciar la calidad del líquido, +beber de él: se desdeñaría de hacer tal cosa. Le +bastaba, estando en ayunas, echar dos ó tres +gotas en la punta de la lengua, esto para el +sabor: y para el color, otras tantas en la manga +de la camisa, arremangada sobre el fornido +brazo. Tal mancha, tal calidad. Y allí quedaban +las manchas color de violeta, como armas +parlantes de la arriería. El <em>Verdello</em> podía decir,<span class="pagenum" id="Page_47">[Pg 47]</span> +con sólo mirar á las manchas, qué bodegas +del Avia daban el vino más honradamente +moro.</p> + +<p>¡Buen oficio el de arriero! ¡Buen oficio para +el hombre que gasta pelos en el corazón, que +de nada se asusta y se lleva en el cinto sus cuatro +docenas de onzas, ó, ahora que no hay onzas, +su fajo de billetes de á cien, y como seguro +de las onzas y los billetes, en un bolsillo del +chaquetón el revólver cargado, y en el otro la +navaja, amén de la vara de aguijón con puño y +á veces la escopeta de tirar á las perdices en +tiempo de vacaciones! Porque hay sitios de la +carretera que se pueden pasar durmiendo; pero +los hay que es poco rezar el Credo, y conviene +estar dispuesto á santiguar á tiros á los bromistas. +Ya se habían querido divertir con <em>Verdello</em>, +y un corte de hoz y dos abolladuras de estacazo +tenía en la cabeza; pero llevó qué contar el +gracioso. Mejor dicho, no lo contó más que una +semana.</p> + +<p>Y sólo un <em>Verdello</em> es capaz de andar siempre +atravesado por los caminos, sin parar y +aguantando heladas, lluvias y calores. Así es +que no quiso que Leandro siguiera el perro oficio. +El muchacho estaría mejor á la sombra, +bajo tejas, abrigado y comiendo á sus horas. Y +así que cumplió los trece años, le colocó en una +tienda de Auriabella, una casa muy decente. +Al despedirse del chico con efusión de cariño +brusco y bárbaro, medio á pescozones, el padre +le leyó la cartilla: «Aquí se cumple... Aquí el +hombre se porta, y si no, ojo conmigo... Honradez...<span class="pagenum" id="Page_48">[Pg 48]</span> +Trabajar... Como te descuides en lo +menor, ya puedes prepararte, ¡rayo!».</p> + +<p>No hubo necesidad de desplegar rigor. El +principal de Leandro escribía satisfecho. Era +listo el chiquillo, sabía despachar, complacer, +y ascendía poco á poco desde la escoba de barrer +la tienda y las cabezas de cardo de alzar el +pelo á los paños, al libro de contabilidad. Con +el tiempo vendría á ser el alma del establecimiento. +La mujer del <em>Verdello</em>, devorada por la +consunción, murió tranquila respecto al porvenir +de su hijo, viéndole ya en su fantasía tendero +acomodado, grueso, tranquilo, de levita +los domingos y en el bolsillo del chaleco su +buen reloj de oro.</p> + +<p>Viudo, sin más compañía que la vieja, el <em>Verdello</em>, +aunque robusto y atlético, no pensaba en +volver á casarse. Que se casase el rapaz, que +ya tenía sus diecinueve años. Alusiones y reticencias +del principal habían puesto al padre en +sospechas de que Leandro andaba en pasos algo +libres. ¡Cosas de la edad! Que no le distrajesen +de la obligación... y lo demás no importa. ¿Á +qué venía el ceño del patrón, cuando reconocía +que el chico no faltaba de su sitio nunca, y ni +el mostrador ni la caja quedaban desamparados +ni un minuto? ¿Pues acaso él, el propio <em>Verdello</em>, +si rodaba por mesones y tugurios de ciudades, +no tenía sus desahogos, sin otras consecuencias? +¡Bah! Un hombre es un hombre... y +con más motivo, un rapaz.</p> + +<p>Sin embargo, al verle llegar así, á horas impensadas, +cabizbajo, desencajado, el padre sintió<span class="pagenum" id="Page_49">[Pg 49]</span> +allá dentro algo cortante y frío, como el golpe +de un puñal. ¿Qué sucedía? ¿Qué embuchado +era aquél, demonio? Y la mirada de sus pupilas +fieras se clavaba en Leandro, queriendo encontrar +otras pupilas que rastreaban por el plato, +mientras los blancos dientes seguían castañeteando, +ó de miedo ó de frío...</p> + +<p>Acabóse la cena y salió abuela á preparar la +cama, á rebuscar un jergón y una manta, proyectando +la añadidura de sus refajos colorados, +¡helaba tanto aquella noche—! y sólo ya el padre +con el hijo, salió disparada la pregunta.</p> + +<p>—¿Tú qué hiciste? ¡Rayo! ¿Tú qué hiciste? +Sin mentir...</p> + +<p>Como el muchacho callase, dando mayores +señales de abatimiento, el <em>Verdello</em> pateó, y en +un arranque, soltó la bomba:</p> + +<p>—¡Tú has robado! ¡Tú has robado!</p> + +<p>Con inmensa angustia, con movimiento infantil, +Leandro quiso echarse en brazos del +padre; pero éste le rechazó de un modo instintivo +y violento, lanzándole contra la pared. El +muchacho rompió á sollozar, mientras el arriero, +entre juramentos y blasfemias, repetía:</p> + +<p>—¡Has robado... cochino! Robaste la caja, +robaste á tu principal... ¡Para pintureros vicios! +Y ahora lloras... ¡Rayo de Judas! ¡Me...!</p> + +<p>Echaba espuma por la boca, braceaba, cerraba +los puños... De repente se aquietó. Para quien le +conociese, era aquella quietud muy mala señal. +Callado, derecho en medio de la cocina, alumbrado +por el hediendo quinqué de petróleo y las +llamas del hogar, parecía una grosera estatua<span class="pagenum" id="Page_50">[Pg 50]</span> +de barro pintado, con trágicos rasgos en el rostro, +donde se traslucían los negros pensares. +¡Tener un ladrón en casa! Él, el <em>Verdello</em>, había +sido toda la vida hombre de bien á carta cabal: +su palabra valía oro, sus tratos no necesitaban +papel sellado, ni señal siquiera. Palabra dicha, +palabra cumplida. En las bodegas y las tabernas +ya conocían al <em>Verdello</em>. Traficar y ganar; +pero con vergüenza, sin la indecencia de quitar +un ochavo á nadie... ¿Quién se fiaría ya del padre +de un ladrón? ¡Rayos! Y con desdén glacial, +como si escupiese un resto de colilla, arrojó al +rostro del muchacho la frase:</p> + +<p>—El robar no te viene de casta.</p> + +<p>No hubo más respuesta que sollozos, y el padre +añadió con la misma frialdad:</p> + +<p>—¿Cuánto cogiste? Porque mañana temprano +salgo yo á devolverlo.</p> + +<p>Alentó algo el culpable, y tratando de asegurar +la voz, murmuró débilmente y entre +hipos:</p> + +<p>—Ciento noventa y siete pesos y dos reales...</p> + +<p>No pestañeó el arriero. Podía pagar. Se quedaba +sin economías, pero... ¡Dios delante! Eso, +en comparanza de otras cosas... Mientras echaba +sus cuentas, con la mano derecha se registraba +faja y bolsos, sin duda requisando el capital +que guardaba allí, fruto de las ventas realizadas +en Cebre y en Parmonde... Acabado el +registro, se volvió hacia el muchacho, y señaló +á la puerta trasera de la cocina:</p> + +<p>—Anda ahí fuera. ¡Listo!</p> + +<p>¿Fuera? ¿Á qué? No servía replicar. Leandro<span class="pagenum" id="Page_51">[Pg 51]</span> +obedeció. ¡Qué bocanada de hielo al entrar en +la corraliza! La noche era de las de órdago: las +estrellas competían en brillar en el cielo, la escarcha +en el suelo, y el pilón del lavadero se +acaramelaba en la superficie. El mastín de +guarda ladró al divisar á los dos hombres; pero +su fiel memoria afectiva le iluminó al instante, +y loco de alegría se arrojó á Leandro, apoyándole +en el pecho las patas. Y cuando padre é +hijo pasaron el portón de la corraliza, el can +echó detrás, meneando todavía la cola, brincando +de gozo. Anduvieron por sembrados y +maizales cosa de un cuarto de hora, hasta +que el <em>Verdello</em> hizo alto al pie de las tapias de +un huerto, derruidas ellas y abandonado él. +Y empujando al muchacho, le arrimó al tapial, +y se colocó enfrente, ya empuñado el revólver.</p> + +<p>Leandro se desvió con un salto rápido, de +instinto animal. Comprendía, y su juventud, la +savia de los veinte años, protestaba sublevándose. +¡No, morir no! Quiso correr, huir á campo +traviesa. Y aquel temblor de antes, el de los +dientes, el de las manos, descendió á sus piernas +flacuchas de mozo enviciado en mujerzuelas, +y le doblegó, y le hizo caer postrado, medio de +rodillas, balbuceando:</p> + +<p>—¡Perdón! ¡Perdón!</p> + +<p>El padre se acercó; vió á la semiclaridad de +los astros dos ojos dilatados por el terror, que +imploraban... é hizo fuego, justamente allí, +entre los dos ojos, cuya última mirada de súplica +se le quedó presente, imborrable. Cayó el<span class="pagenum" id="Page_52">[Pg 52]</span> +cuerpo boca abajo, y el golpe sordo y mate +contra la tierra endurecida por la helada sonó +extrañamente; el perro exhaló un largo aullido, +y el arriero se inclinó; ya no respiraba aquella +mala semilla.</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_53">[Pg 53]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >ELECCIÓN</h2> +</div> + + +<p>Lentamente iba subiendo la cuesta el carro +vacío, de retorno, y sus ruedas producían +ese chirrido estridente y prolongado que no carece +de un encanto melancólico cuando se oye +á lo lejos. Para el labriego, es causa de engreimiento +la agria queja del carro—pero esta vez, +en el corazón de Telme, resonaba con honda +tristeza—. Á cada áspero gemido sangraba una +fibra. Tranquilos en su vigor, los bueyes pujaban, +venciendo el repecho; la querencia les decía +que por allí iban derechos al brazado de +hierba, acabado de apañar. Sus hocicos babosos, +recalentados por la caminata, se estremecían +aspirando la brisa del anochecer, en que +flotaba el delicioso perfume de la pradería.</p> + +<p>Á la puerta de la casucha esperaba la mujer +de Telme, la tía Pilara, seca, negruzca, desfigurada, +más que por la maternidad y los años, +por las rudas faenas campestres. Ayudó Pilara +á su marido á desuncir el carro, y mientras él +encendía un cigarrillo, acomodó los bueyes en<span class="pagenum" id="Page_54">[Pg 54]</span> +el establo, separado por un tabique del <em>leito</em> +conyugal. No cruzaron palabra. No era que no +se quisieran; al contrario, queríanse bien aquellos +dos seres, á su modo; sino que el labriego +es lacónico de suyo, y la absoluta comunidad +de intereses hace entenderse sin gastar saliva. +La actitud de Telme y su gesto decían á Pilara +cuanto la importaba saber. El hijo había salido +útil, según el reconocimiento... y por ende ya +era <em>del rey</em>; era soldado.</p> + +<p>Con un nudo á la garganta, con escozor en los +párpados, dispuso Pilara la cena, colocando sobre +la artesa las dos escudillas de humeante +caldo <em>de pote</em>. Las despacharon, y, ahorrando +luz, se acostaron al punto. Oíase el rumiar de +los bueyes, moliendo la hierba jugosa, y no se +oía á marido y mujer rumiar la pena, atravesada +en el gaznate. Dieron vueltas. Suspiró Pilara; +Telme gruñó. ¡Vete noramala, sueño de +esta noche! De pronto—aún no pensaban en +cantar los gallos—saltó de la celdilla que sirve +de cama al campesino mariñán, y encendiendo un +<em>misto</em> y la candileja de petróleo, pasó al establo +y se dispuso á sacar la yunta. Pilara, sorprendida, +medio soñolienta, le siguió. ¿Qué era +aquello? ¿Iba á la feria, por fin? Que esperase +tan siquiera hasta que ella trajese para los animales +otra carga de <em>herbiña</em>... Y el labriego, +brusco y sombrío, respondió á media habla:</p> + +<p>—No es menester... No van con el carro... +No llevan más labor que echar una pata delante +de otra...</p> + +<p>La mujer se quedó como de piedra. No insistió<span class="pagenum" id="Page_55">[Pg 55]</span> +¿Para qué? Sobraban las explicaciones. Había +comprendido. La limitada vida del labriego +se compone de hechos de significación indudable. +Quien lleva á la feria la yunta sin el +carro, va á venderla. Á eso iba Telme: á deshacerse +de sus hermosos bueyes para librar al +mozo.</p> + +<p>Pasado el primer instante, como barril de +mosto al que le quitan el tapón, se soltó á chorros +la aflicción de Pilara. La marcha de los +bueyes, para no volver más, era cosa tan dura, +que la aldeana sintió un dolor físico en las entrañas: +la arrancaban lo mejor de su casa, lo +mejor de la parroquia, lo bueno del mundo. ¡En +cuatro leguas <em>de arredor</em> no había yunta como +aquélla, bueyes tan parejos, tan rojos, de un +rojo brillante como el limpio cobre, tan gordos, +tan grandes, de tanta ley para el trabajo, y tan +mansos y amorosos, que un chiquillo de siete +años los lindaba!</p> + +<p>Verdad que tampoco se conocía otro rapaz +como Andresiño, más garrido, más sano, más +hombre... ¡Y también querían arrebatárselo! +¡Nuestra Señora nos ayude, San Antonio nos +valga! Pilara sollozaba á gritos, arañándose el +atezado rostro.</p> + +<p>Telme, entretanto, en la corraliza, pasaba el +<em>adival</em> por entre las astas de los bueyes, y rezongaba, +rechazando á su desconsolada mujer.</p> + +<p>—¡Pues ó los bueyes ó el mozo! Una de dos.</p> + +<p>Echó la aldeana los brazos al buey de la izquierda, +el Marelo—el más guapo y forzudo, el +que lucía una estrellita blanca en el testuz—y<span class="pagenum" id="Page_56">[Pg 56]</span> +á su manera, torpemente y hociqueando, besó los +anchos ojos, tibios y pestañudos, de la bestia.</p> + +<p>La caricia equivalía á una despedida: la madre, +lo mismo que el padre, <em>escogían</em> al suyo, +al hijo: no querían enviarlo allá, á las islas del +demonio, donde la fiebre y la peste chupan á los +hombres y el machete los descuartiza. ¡Asus +mío! Pero una cosa es <em>escoger</em> á quien cumple +que se escoja, y otra no tener ley á la yunta, +¡que para no tenérsela, había que ser de palo! +Porque, á más de que aquella yunta le ponía la +ceniza en la frente á todas las de la Marina, se +ha de mirar de que Pilara y Telme llevaban +años quitándose el mendrugo de la boca para +dárselo á los bueyes. La corteza de borona, la +encaldada de patatas, calabazo y berza, son +alimentos que comparten el labrador y el buey; +lo que hace encaldada para el animal hace caldo +para el dueño. Si el buey engorda, es que el +labrador se priva, mermando su ración. La vanidad, +ese tenacísimo sentimiento humano, que +nunca pierde sus derechos, también alienta en +los labradores. Toda la parroquia envidiaba la +yunta, hasta tal extremo, que Pilara les había +colgado de las astas, de suerte que cayese en el +remolino central del testuz, un Evangelio y +dos dientes de ajo encerrados en una bolsa, remedio +contra la <em>envidia</em>, que para el aldeano +es una fuerza misteriosa, capaz de maleficiar. +Pero, aunque dañina, la envidia es lisonjera. +Telme iba por el camino real con sus bueyes, +que ni el Papa en su silla. Y ahora... ni fachenda, +ni provecho, ni orgullo, ni labranza; al agua<span class="pagenum" id="Page_57">[Pg 57]</span> +todo. EL carro, perpetuamente inmóvil y en la +corraliza; las tierras, sin arar; los lucrativos +<em>carretos</em> de piedra y arena, para otros... No había +remedio. ¡La elección estaba hecha!</p> + +<p>Así que se alejó Telme y dejó de oirse el paso +acompasado de la yunta, Pilara secó con el +dorso de la áspera mano los últimos lagrimones, +y, resignadamente, se puso á disponer lo +necesario para la cocedura. Con llorar no se +calienta el horno, ni se amasa la harina.</p> + +<p>La aldeana bregó sin descanso. Mientras partía +y disponía la leña y sobaba la masa con las +obscuras manos, la congoja iba calmándose. +Adiós los bueyes... pero ya vendría el rapaz. +Si buena era la yunta, Andresillo mejor. Á forzudo +y á voluntario ninguno le ganaba. En un +día despabilaba él más obra que en una semana +otros. Y ni pinga de vino, ni camorrista, ni amigo +de ir de tuna. Ganas tenía de arrendar un +lugar y casarse; pero ahora que sus padres se +quedaban por él sin la luz de los santos ojos... +ya les ayudaría á juntar para otra pareja. Con +lo que tenían guardado en el pico del arca y +el jornal de Andrés, en dos ó tres años...</p> + +<p>No pasaba de medio día cuando regresó Telme, +cabizbajo, solo ya, con las manos vacías, +enrollado el <em>adival</em> alrededor del cuerpo. Esta +vez, Pilara preguntó ansiosa: ¿cuánto? ¿cuánto? +Telme tardó en responder. Al cabo, mohíno, al +sentarse á comer el pote con unto rancio y la +<em>borona</em> enmohecida—la <em>bolla</em> fresca no había +salido aún del horno, ni saldría hasta la tarde—desató +la lengua, entre reniegos, porque ya<span class="pagenum" id="Page_58">[Pg 58]</span> +sabía Telme que lo que bajase de cinco mil y +pico era regalar la yunta; y en aquella maldita +feria no parece sino que se habían juramentado +los compradores para no ofrecer arriba de +cuatro mil. Y era pillada y <em>mala idea</em>, porque +tan pronto como se los dejó á un chalán desconocido, +con acento andaluz, en cuatro mil y pico, +otro de Breanda le dió ventaja al chalán y +se los llevó. ¡Pero tenían que ir al arca...! Y +pronto, pronto. Que él pediría emprestada la +burra á Gorio de Quintás, y á las tres, Dios +mediante, había de estar en Marineda, depositando +el dinero á cambio del hijo...</p> + +<p>Abrieron el arca, como si se hubiesen abierto +las venas. Pilara cruzaba las manos, gemía bajito, +alzaba al cielo los ojos, se cogía la cabeza, +al volver del revés sobre la artesa el calcetín +de lana gorda: los ahorriños de tanto tiempo. +Estaban en moneda sonante, en metálico: el +labriego no quiere guardar papel. Había duros +relucientes del nene, otros oxidados, mucha peseta, +calderilla roñosa. Aunque sabían al dedillo +la cantidad, recontaron: sobraba un pico. +Telme añudó lo necesario en un pañuelo de algodón +azul, por no mezclarlo con lo de la venta, +que iba casi todo en billetes de á cien, oculto +á raíz de la carne. Hecho esto, salió en demanda +de la pollina.</p> + +<p>Pilara aguardó, aguardó hasta las altas horas. +No sabía si su hombre dormía aquella noche +en Marineda, para volver con el mozo, +temprano. Se acostó al fin. Á cosa de la una +oyó llamar á voces, y conoció la de Telme. La<span class="pagenum" id="Page_59">[Pg 59]</span> +sangre le dió una vuelta. Saltó en camisa, encendió +la candileja, abrió: Telme, con la cara +color de difunto, estaba delante de ella. ¡Madre +mía de las Angustias! ¿Qué pasaba! ¿Y Andresiño?</p> + +<p>—¡Calla!—profirió Telme—; no me hables, +que pego fuego á la casa, y te parto los lomos +y se los parto al mismísimo divino Dios... Ya +hemos quedado solos, mujer, sin bueyes y sin +hijo. ¡El chalán de la feria... me metió cuatro +billetes falsos!</p> + +<p>Y el padre, en vez de realizar sus amenazas +de partir los lomos á todo el mundo, se dejó caer +al suelo y se arrancó el pelo á puñados, llorando +como las mujeres.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_60">[Pg 60]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_61">[Pg 61]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >LA CHUCHA</h2> +</div> + + +<p>Lo primerito que José San Juan—conocido +por el <em>Carpintero</em>—hizo al salir de la penitenciaría +de Alcalá, fué presentarse en el despacho +del director.</p> + +<p>Era José un mocetón de bravía cabeza, con +la cara gris mate, color de seis años de encierro, +en los cuales sólo había visto la luz del sol +dorando los aleros del tejado. La blusa nueva +no se amoldaba á su cuerpo, habituado al chaquetón +del presidio; andaba torpemente, y la +gorra flamante, que torturaba con las manos, +parecía causarle extrañeza, acostumbrado como +estaba al antipático birrete.</p> + +<p>—Venía á despedirme del señor director—dijo +humildemente al entrar.</p> + +<p>—Bien, hombre; se agradece la atención—contestó +el funcionario—. Ahora á ser bueno, á +ser honrado, á trabajar. Eres de los menos malos; +te has visto aquí por un arrebato, por delito<span class="pagenum" id="Page_62">[Pg 62]</span> +de sangre, y sólo con que recuerdes estos +seis años, procurarás no volver... Que te vaya +bien. ¿Quieres algo de mí?</p> + +<p>—¡Si usted fuera tan amable, señor director... +si usted quisiera!...</p> + +<p>Animado por la benévola sonrisa del jefe soltó +su pretensión.</p> + +<p>—Deseo ver á una reclusa.</p> + +<p>—Es tu <em>chucha</em>, ¿verdad?... Bueno: la verás.</p> + +<p>Y escribió una orden para que dejasen entrar +á Pepe el <em>Carpintero</em> en el locutorio del presidio +de mujeres. Bien sabía el director lo que significaban +aquellas relaciones entre penados, los +galateos á distancia y sin verse, de <em>chuchos</em> y +<em>chuchas</em>; el amor, rey del mundo, que se filtra +por todas partes como el sol, y llega donde éste +no llegó nunca, perforando muros, atravesando +rejas.</p> + +<p>Tenían casi todos los penados en la penitenciaría +de mujeres una <em>galeriana</em> que por cariño +remendaba y lavaba su ropa; una compañera +de infortunio á la cual no habían visto nunca v +cuyas atenciones pagaban con cartas, rebosando +sentimentalismo ridículo... pero sincero. Era +el sacro amor, introduciéndose en aquel infierno +para burlarse de la severidad de las leyes +humanas; la vida y sus afectos floreciendo allí, +donde el castigo social quiere convertir á los +réprobos en cadáveres con apariencia de vida. +El presidio, un convento vetusto, y el penal de +mujeres, soberbio y flamante, contemplábanse +desde cerca, mudos, inmutables—pero un soplo +de pasión contenida y ardiente, de primavera<span class="pagenum" id="Page_63">[Pg 63]</span> +amorosa, germinando entre la mugre de la <em>casa +muerta</em>, iba de uno á otro edificio como la caricia +fecundadora que por el aire se envían las +palmeras de distinto sexo.</p> + +<p>Tan grande emoción embargaba á Pepe al +dirigirse al locutorio de mujeres, que sus piernas +temblorosas acortaban el paso... ¿Cómo +sería su <em>chucha</em>? ¡Por fin iba á verla! Y pensando +en las formas de que la había revestido su +imaginación en las noches de insomnio ó en los +solitarios paseos patio abajo y arriba, todo el +pasado revivía de golpe en su memoria. Para +comenzar, su entrada en presidio, resultado de +tener mal vino y pronta la mano; los primeros +meses de sorda excitación, de huraño aislamiento, +viendo deslizarse los días como pesadas ondulaciones +de un río gris y triste. Después, +cuando hizo amigos, extrañáronse de que un +muchacho cual él, guapo y terne, que si estaba +en trabajo era por ser muy hombre, no tuviera +su <em>chucha</em>, su <em>chucha</em> como los demás. Ellos +se encargaban del arreglo: escribirían á sus +amigas, y no faltaría en la casa de enfrente +quien atendiese á tan buen mozo. Un día le dijeron +que su <em>chucha</em> se llamaba Lucía, más conocida +por el apodo de la <em>Pelusa</em>, y Pepe la escribió, +encontrando dulce satisfacción en saber +que más allá de aquellos muros había alguien +que pensaba en él y se interesaba por su vida. +Pronto á este goce espiritual se unieron satisfacciones +del egoísmo; alababan la limpieza de +su ropa blanca y sentían envidia al ver ciertos +manjares, obra todo de la <em>Pelusa</em>, de la enamorada<span class="pagenum" id="Page_64">[Pg 64]</span> +<em>chucha</em>, que, invisible como un duende, +tenía para él cuidados maternales.</p> + +<p>—Pero, camarada, y qué suerte la tuya—le +decían los compañeros de pelotón con mal encubierta +envidia.</p> + +<p>—Esa <em>Pelusa</em> es de oro—añadía un veterano +del presidio, oráculo de la gente joven.—Consérvala, +chaval, que mujeres así entran pocas +en libra.</p> + +<p>—Pero ¿cómo es?—preguntaba Pepe con creciente +curiosidad.—¿Es joven? ¿Por qué está +presa?</p> + +<p>—Algo mayor que tú debe de ser, pues creo +que no es ésta la primera vez que visita la +casa... Pero ¿qué te importa que sea joven ó +vieja? Tú déjate querer, que ésa es la obligación +de los buenos mozos, y cuando salgas en +libertad búscate otra que te atienda lo mismo.</p> + +<p>Pepe protestaba. Sentía duplicarse el agradecimiento +hacia aquella mujer; las relaciones, +que al principio le parecían cosa de risa—buena +únicamente para distraer el tedio del encierro—le +llegaban muy adentro ya, y la gratitud +se volvía atracción, viendo que no pasaba día +sin que en el rastrillo entregasen para él paquetes +de tabaco, prendas de ropa ó algo de comer +que le sostenía fuerte y robusto y sano, librándole +del rancho insípido del penal, la peor engañifa +para el hambre.</p> + +<p>Pocos días dejaban de escribirse. Las primeras +cartas respiraban ese énfasis amoroso +aprendido en los epistolarios populares; pero +fueron haciéndose más sinceras según los dos<span class="pagenum" id="Page_65">[Pg 65]</span> +amantes, por aquel reiterado contacto de alma, +iban conociéndose. Hablaban de su situación, +de la desgracia en que se veían, en términos +vagos—como si les causara rubor decir por qué +y de qué modo—y contaban fecha tras fecha el +tiempo que les faltaba para cumplir. Él saldría +libre un año antes que ella... ¡Con qué tristeza +lo repetía la pobre <em>chucha</em>! Y José protestaba +con entereza de muchacho enérgico, caballeresco +á su manera, incapaz de faltar á la palabra. +Él esperaría á que saliera ella; se casarían +y serían felices; lo decía de corazón, sintiéndose +ligado para toda su vida por el reconocimiento +á sacrificios que habían endulzado sus +amargas horas.</p> + +<p>No sabía si aquello era amor; realmente +nunca se había sentido dominado por mujer alguna; +no recordaba más que lances fáciles, los +encuentros casuales de su época obrera; pero á +su <em>chucha</em>... la quería sin conocerla y juraba +no abandonarla jamás. No porque estuviese en +presidio era un canalla capaz de olvidar á +aquella mujer que pensaba en él á cada momento +y trabajaba porque nada le faltase. Consistía +su única preocupación en saber algo de la +historia ó del aspecto de su <em>chucha</em>. Por desgracia, +los mandaderos no la conocían; en la +Galera, regida por monjas, no entraba otro +hombre sino el director; y con escrupulosa delicadeza, +ni él ni ella se atrevían en sus cartas +á hablar del pasado ni de sus personas, como +temiendo que al entrar luz se rasgara el ambiente +del misterio amoroso y se disipase el hechizo.<span class="pagenum" id="Page_66">[Pg 66]</span> +Los últimos días, ¡qué turbación tan intensa!... +Pepe hablaba entusiasmado de la próxima +salida, y ella contestaba lacónicamente; +sus palabras respiraban tristeza, casi se lamentaba +de que el hombre amado recobrase la +libertad, recelando despertar del ensueño de +seis años. Y la misma impaciencia de sus últimos +días de escribir dominaba á Pepe cuando +entró en el locutorio de las penadas. Después +de entregar la orden del director, quedóse solo, +hasta que por fin, á través de la tupida reja, oyó +suaves pisadas femeniles. Dos monjas se apostaron +inmóviles en el fondo de la galería, donde +no podían oir las palabras, pero sí seguir con la +vista todos los movimientos de la que ocupaba +el locutorio; y una galeriana fué aproximándose +con paso torpe, cual si la asustase llegar á +la reja.</p> + +<p>No hizo Pepe movimiento alguno. ¡Las monjas +no le habían entendido! Aquella mujer no +era la que él buscaba; y miró con extrañeza á +la reclusa, especie de payaso de la miseria disfrazado +con faldas grises; criatura exigua, demacrada, +encogida, los ojos saltones veteados +de sangre, el pelo canoso, cerril y escaso, alborotado +sobre la frente, y asomando entre los labios +lívidos una dentadura enorme, amarillenta, +de caballo viejo. La mujer aparecía además +mal pergeñada, sucia, como si enfaenada en la +furia del trabajo se hubiese olvidado de sí misma. +Se miraron algunos instantes con extrañeza, +y acabaron sonriendo, convencidos de la +equivocación.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_67">[Pg 67]</span></p> + +<p>—No; no es usted—dijo Pepe.—Yo busco á +la <em>Pelusa</em>. Me acaban de poner en libertad y +vengo á conocerla.</p> + +<p>La galeriana se hizo atrás con rápido movimiento +de mujer cuyo sistema nervioso está en +perpetua tensión por el género de vida.</p> + +<p>—¿Eres tú... tú!... ¡Pepe!</p> + +<p>Y se lanzó contra los hierros, como si buscase +verle mejor, devorarle con los ojos.</p> + +<p>Permanecieron silenciosos breves instantes. +Ella, pasada la primera impresión, mostró profundo +desaliento; sus ojos se llenaban de lágrimas, +tributo pagado á la decepción horrible. Él +absorbía con la mirada la degradación de aquella +ruina, que parecía haber recogido en su persona +la vejez y la inmundicia de todo el presidio... +¡Dios, cuán fea era! Tragándose el llanto, +sofocando su tristeza, la <em>Pelusa</em> fué la primera +en romper el silencio, como si deseara terminar +cuanto antes aquella escena penosa y difícil.</p> + +<p>—¿Vienes á despedirte?... Bien hecho; se estima. +Mira: yo mientras viva, no te olvidaré.</p> + +<p>Y bajó la cabeza para no mirarle: dijérase +que su presencia la causaba daño, revolviendo +el rescoldo de su cariño de la entraña... condenado +á extinguirse.</p> + +<p>—No, Lucía; vengo no más á verte. Ni me +despido ni me voy... Vengo á decirte... que soy +el mismo... y á cumplirte la palabra.</p> + +<p>Pepe profirió esto con fuerza, con acometividad, +ofendiéndole la sospecha de que aquella +entrevista pudiese ser la última. Entonces la +<em>chucha</em> se atrevió á contemplarle: pero con expresión<span class="pagenum" id="Page_68">[Pg 68]</span> +de tierna lástima, á estilo de madre que +agradece dulces mentiras del hijo.</p> + +<p>—No quieres darme mal rato... Bien, hombre... Dios +te lo pague; pero ya ves cómo soy: +vieja, un susto, y además poca salud... ¡Si supieras +qué guerra les doy á las pobres hermanas +con este corazón que siempre me está doliendo!...</p> + +<p>Se detuvo al llegar aquí, cual si se avergonzase. +Su cara, de una palidez blancuzca, tono +de cera amasada con arcilla, se coloreó, animándose. +Hizo un esfuerzo y continuó:</p> + +<p>—Estoy aquí por ladrona; no he hecho otra +cosa en mi vida sino robar... Y á ti ¡basta verte! +tienes cara de bueno; habrás venido por alguna +desgracia... vamos, por bronca ó cosa parecida. +No me engañes ¿para qué?... No vas á +salir con que me quieres, hijo... Mírame bien... +¡Si puedo ser tu madre!</p> + +<p>Impresionado por las palabras de la reclusa, +Pepe quería discutirlas, y las acogía con furiosos +movimientos de cabeza; pero Lucía prosiguió +sin darle tiempo á que protestase:</p> + +<p>—Estoy más enferma de lo que parece; después +de este trago, ya sé que no salgo de aquí +con vida, ¡ay cómo me duele el perro corazón!... +Es que me han engañado; yo creí que +eras uno de tantos, un verdadero chucho, uno +del presidio... Y por eso te quise. ¡Nada, cosas +que se la ponen á una en la cabeza; humo que +se le mete allí!... ¡Y estaba yo más atontecida! +Ea, hombre, márchate y no te acuerdes del santo +de mi nombre. Dios te dé suerte, cuanta mereces,<span class="pagenum" id="Page_69">[Pg 69]</span> +y que encuentres una mujer según necesitas... +Porque tú vales un imperio... ¡Eres +mucho mozo, caramba!</p> + +<p>Lo murmuraba con el alma entera, pegando +su pobre cabeza de caricatura á los hierros, +apretando contra ellos sus manos descarnadas, +ansiosas de tocar al deseado de sus ensueños, +que se presentaba en la realidad, joven, arrogante +y con aquel aire de bondad y simpatía...</p> + +<p>—No, <em>Pelusa</em>—contestó el mocetón con entereza—.Yo +soy muy hombre, y los hombres sólo +tenemos una palabra. Prometí casarme contigo, +y esperaré á que salgas. No vengo á despedidas, +sino á que me conozcas... y á decirte hasta +luego. Si te creerás que se olvidan seis años de +sacrificios, de vestirme y matarme el hambre, +mientras tú sabe Dios lo que comerías y cómo +vivirías?... Pues ni que fuera yo un señorito de +ésos que viven estrujando á las mujeres...</p> + +<p>Seguía la <em>Pelusa</em> agarrada á los hierros, y vacilaba +lo mismo que si aquellas palabras cayesen +con tremenda pesadumbre sobre su cuerpo +endeble.</p> + +<p>—¿Pero va de veras?—murmuró con voz ronca—¿Serás +capaz de quererme así como soy?... +¿Vas á esperarme todo un año?</p> + +<p>—Mira, <em>Pelusa</em>—continuó el muchacho—.Yo +no sé si te quiero como á las otras mujeres. Lo +que te digo es que no pienso irme y no me iré... +¿Que no eres guapa, guapa? Conformes. ¿Pero +es que en el mundo sólo las guapas han de encontrar +quien las quiera? No me importa lo que +fuiste ni por qué entraste aquí: á mi lado serás<span class="pagenum" id="Page_70">[Pg 70]</span> +otra cosa. Esperaré trabajo; el director, que +es bueno, me empleará en las obras de la casa; +si es preciso pasaré necesidad, pediré limosna... +Lo que te aseguro es que no me largo, y que +ahora soy yo, ¡yo! quien traerá á su <em>chucha</em> +ropa y comida.</p> + +<p>Lucía cerraba los ojos. Parecía que la deslumbraban +las fogosas palabras de aquel hombre, +y echaba atrás el rostro contraído por grotesca +mueca, que expresaba asombro y felicidad.</p> + +<p>—Tengo aquí clavado el agradecimiento—prosiguió +Pepe—y ganas de llorar cuando pienso +en lo que has hecho por mí. ¿Dices que podrías +ser mi madre? Lo serás si quieres; yo no +he conocido á la mía. Sales y viviremos juntos; +trabajaré para ti sin pensar más en copas ni en +amigos; á mi lado engordarás, te remozarás, y +¡á no acordarse de este sitio! Tú aquí encontraste +un hombre de bien, y yo la primera mujer de +mi vida.</p> + +<p>—¡Dios mío!... ¡Virgen santísima! ¡Virgen!...</p> + +<p>Era la <em>Pelusa</em>, que se desplomaba lentamente, +mientras sus manos se cubrían de arañazos +al desasirse y deslizarse por el enrejado duro y +pinchador.</p> + +<p>Cayó como un fardo de harapos, estremeciéndose, +balbuceando entre convulsiones, con vocecilla +infantil:</p> + +<p>—¡Pepe, Pepe mío!</p> + +<p>Las dos monjas, mudos testigos de la entrevista, +vieron caer á la <em>Pelusa</em> y corrieron para +recoger del suelo aquel montón de infelicidad.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_71">[Pg 71]</span></p> + +<p>Otras monjas, atraídas por los gritos, comenzaron +por expulsar á Pepe del locutorio; á pesar +de sus ruegos y exclamaciones, las hermanas no +se daban cuenta de lo ocurrido. Si gustaba, podía +volver otro día, con permiso del director...</p> + +<p>Pero ni lo pidió ni tuvo que buscar trabajo... +¿Para qué? Al día siguiente la <em>Pelusa</em> era borrada +del registro del penal. El soplo de ventura +y de vida que el <em>chucho</em> había llevado consigo +al locutorio, rompió el corazón de la miserable +y la hizo libre.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_72">[Pg 72]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_73">[Pg 73]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >EL VINO DEL MAR</h2> +</div> + + +<p>Al reunirse en el embarcadero para estibar +el balandro <em>Mascota</em>, los cinco tripulantes +salían de la taberna disfrazada de café, llamada +de <em>América</em> y agazapada bajo los soportales +de la marina fronterizos al Espolón; tugurio +donde la gentualla del muelle, marineros, boteros, +cargadores y <em>lulos</em>, acostumbra juntarse +al anochecer. De cien palabras que se pronuncien +en el recinto obscuro, mal oliente, que +tiene el piso sembrado de gargajos y colillas y +el techo ahumado á redondeles por las lámparas +apestosas, cincuenta son blasfemias y juramentos, +otras cincuenta suposiciones y conjeturas +acerca del tiempo que hará y los vientos +reinantes. Sin embargo, no se charla en <em>América</em> +á proporción de lo que se bebe; la chusma +de zuecos puntiagudos, anguarina embreada y +gorro catalán es lacónica, y si fuéseis á juzgar +de su corazón y sus creencias por los palabrones +obscenos y sucios que sus bocas escupen, +os equivocaríais como si formaseis idea del profundo +océano por los espumarajos que suelta +contra el peñasco.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_74">[Pg 74]</span></p> + +<p>Acababan de sonar las ocho en el reloj del +instituto, cuando acometieron aquellos valientes +la faena de la estibadura, entre gruñidos de +discordia. Y no era para menos. ¿Pues no se +emperraba el terco del patrón en que la carga +de bocoyes de vino, si había de ir como siempre +en la cala, fuese sobre cubierta? Aquello no +lo tragaba un marinero de fundamento como +tío Reimundo, alias <em>Finisterre</em>, que había visto +tanta mar de Dios. Ahí topa la diferencia entre +los que navegaron en mares de verdad, donde +hay tiburones y huracanes, y los que toda la +vida chapaletearon en una ponchera. ¡Zantellas +del podrido rayo! ¿Quería el patrón que el barco +se les pusiese por sombrero? ¡Era menester +estar loco de la cabeza, corcias! ¡Para más, en +noche semejante, con lo falsa que es esa costa +de Penalongueira, y habiendo empezado á soplar +el sur, un viento traidor que lleva de la +mano el cambiazo al <em>nordés</em>! No se la pegaba +al tío Reimundo la calma de la bahía, sobre +cuya extensión tersa y plácida prolongaban las +mil luces de la ciudad brillantes rieles de oro; +al viejo le daba en la nariz el aire <em>de allá</em>, de +mar adentro, la palpitación del oleaje excitado +por la mordedura de la brisa. Todo esto, á su +manera, broncamente, á media habla, lo dijo +<em>Finisterre</em>. El <em>Zopo</em>, otro experto, listo de manos +y contrahecho de pies, opinaba lo mismo.</p> + +<p>Pero Adrián y el <em>Xurel</em>—mozalbetes que acababan +de alegrarse unas miajas con tres copas +de caña legítima, y sentían duplicados sus +bríos—ya estaban rodando los bocoyes para encima<span class="pagenum" id="Page_75">[Pg 75]</span> +de la <em>Mascota</em>. Sabedores de que aquellos +toneles encerraban vino, los manejaban con fiebre +de alegría codiciosa, calculando la suma +de goces que encerraban en sus panzas colosales. +¿Á ellos qué les importaban los gruñidos +de <em>Finisterre</em>? Donde hay patrón no manda marinero.</p> + +<p>Entre gritos furiosos para pujar mejor, el +<em>¡ahiaaá!</em> y el <em>¡eieiea!</em> del esfuerzo, acabóse la +estibadura en una hora escasa. Sobre el cielo, +antes despejado, se condensaban nubes sombrías, +redondas, de feo cariz. Un soplo frío rizaba +la placa lisa del agua. Juró <em>Finisterre</em> entre +dientes, y renegó el patrón de los agoreros +miedosos. Mejor si se levantaba viento; ¡así +irían con la vela tan ricamente! El balandro no +era una pluma, y necesitaba ayuda, ¡carandia! +Y ocupó su lugar, empuñando el timón. ¡Ea, +ala, rumbo avante!</p> + +<p>Como por un lago de aceite marcharon mientras +no salieron de la bahía. Según disminuía +y se alejaba la concha orlada de resplandor y +el rojo farol del Espolón llegaba á parecer un +punto imperceptible, y otro la luz verde del +puerto, el vientecillo terral insistía, vivaracho, +como niño juguetón. Habían izado la cangreja, +y la <em>Mascota</em> cortó el oleaje más aprisa, no sin +cabecear. Descansaban los remeros, bromeando. +Sólo <em>Finisterre</em> se ponía fosco. Á cada balance +de la embarcación le parecía ver desequilibrarse +la carga.</p> + +<p>Ya trasponían la barra, y el alta mar luminosa, +agitada por la resaca, se extendía á su<span class="pagenum" id="Page_76">[Pg 76]</span> +alrededor. Para <em>ponchera</em>, según el despreciativo +dicho del tío Reimundo, la ponchera «metía +respeto». El patrón, á quien se le iba disipando +el humo de la caña, fruncía las cejas, +sintiendo amagos de inquietud. Puede que tuviese +razón aquel roñicas de <em>Finisterre</em>; la mar, +sin saber por qué, no le parecía <em>mar de gusto</em>... +Tenía cara de zorra, cara de dar un chasco la +maldita...</p> + +<p>Al vientecillo se le antojó dormirse, y una +especie de calma de plomo, siniestra, abrumadora, +cayó encima. Fué preciso apretar en los +remos, porque la vela apenas atiesaba. El balandro +gemía, crujía, en el penoso arranque +de su marcha lenta. Súbitas rachas, inflando +la cangreja un momento, impulsaban la embarcación, +dejándola caer después más fatigada, +como espíritu que desmaya al perder una +esperanza viva. Y cuando ya veían á estribor +la costa peligrosa de Penalongueira, que era +preciso bordear para llegarse al puertecillo de +Dumia y desembarcar el género, se incorporó +de golpe <em>Finisterre</em>, soltando un terno feroz. +Acababa de percibir, allá á lo lejos, ese ruido +sordo y fragoroso de la tempestad repentina, +del salto del aire que azota de pronto la masa +líquida y desata su furor. El patrón, enterado, +gritaba ya la orden de arriar la vela. Aquello +fué ni visto ni oído.</p> + +<p>Enormes olas, empujándose y persiguiéndose +como leonas enemigas, jugaban ya con el +balandro llevándolo al abismo ó subiéndolo á +la cresta espantosa. De cabeza se precipitaba<span class="pagenum" id="Page_77">[Pg 77]</span> +la embarcación para ascender oblicuamente al +punto. El patrón, sintiendo su inmensa responsabilidad, +hacía milagros, animando, dirigiendo. +¡La tormenta! ¡Bah! Otras había pasado y +salido con bien, gracias á Dios y á nuestra Señora +de la Guía, de quien se acordaba mucho +entonces, con ofrecimientos de misas y exvotos +de barquitos, retratos de la <em>Mascota</em> para colgar +en el techo del santuario... Verdad; no era +el primer temporal que corrían; pero... no llevaban +la carga estibada sobre cubierta, sino en +el fondo de la cala, bien apañadita, como Dios +manda y se requiere entre la gente del oficio. Y +los que habían cometido aquella barbaridad supina, +ahora, á pesar de las furiosas voces de +mando del patrón, perdían los ánimos para remar, +como si sintieran en las atezadas mejillas +el húmedo beso de la muerte... Sólo una resolución +podía salvarles. <em>Finisterre</em> la sugirió, +mezclando las interjecciones con rudas plegarias. +El patrón resistía, pero el cariño á la vida tira +mucho, y por unanimidad se resolvió largar al +agua los maldecidos bocoyes. ¡Afuera con ellos, +antes que se corriesen á una banda y sucediese +lo que se estaba viendo venir! Sin más ceremonias +empujaron una de las barricas para lanzarla +por encima de la borda...</p> + +<p>Los que intentaron la faena sólo tuvieron +tiempo de retroceder á saltos. La barrica andaba; +la barrica se les venía encima, ella sola. +Y las demás, como rebaño de monstruos panzudos, +la seguían. Corrían, rodaban, locas de +vértigo, á hacinarse sobre la banda de babor, y<span class="pagenum" id="Page_78">[Pg 78]</span> +el balandro, hocicando, con la proa recta á la +sima, daba espantoso salto, el <em>pinche-carneiro</em> +vaticinado por <em>Finisterre</em>, y soltando en las olas +toda su carga, barricas y hombres, flotaba quilla +arriba, como una cáscara de nuez.</p> + +<hr class="tb"> + +<p>La primer noticia del naufragio se supo en el +puertecillo de Ángeles, frontero á la bahía, porque +dos bocoyes salieron allí, á la madrugada, +y quedaron varados en la playa al retirarse la +marea. Corrió el rumor de la presa, y se apiñaron +en la orilla más de cien personas—pescadores, +aldeanos, carreteros, carabineros, sardineras, +mujerucas, chiquillería—. Nadie ignoraba +lo que significa la aparición de bocoyes llenos +en una playa de la costa. Aún les retumbaba +en los oídos el bramar de la tormenta. Pero +ahora hacía un sol hermoso, un día magnífico, +<em>criador</em>. Era domingo; por la tarde bailarían en +el castañal; y con la presa, no había de faltar +vino para remojar la gorja. Nadie hizo comentarios +tristes sino los pescadores—que, sin +embargo, se consolaron pensando en el rico +vientre de las barricas...! Sólo una vejezuela, +que había perdido á su mozo, su hijo, de veinte +años, en un lance de mar, escapó de la playa +dando alaridos, y apostada cerca del carro en +el cual fueron llevados los toneles al campo de +la romería, chillaba:</p> + +<p>—¡No bebades, no bebades! Ese vino sabe á la +sangre de los hombres y al amarguío de la mar.</p> + +<p>La hicieron el mismo caso que los tripulantes +del balandro á <em>Finisterre</em>.</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_79">[Pg 79]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >FUEGO Á BORDO</h2> +</div> + + +<p>Cuando salimos del puerto de Marineda—serían, +á todo ser, las diez de la mañana—no +corría temporal, sólo estaba la mar rizada +y de un verde... vamos, un verde sospechoso. +Á las once servimos el almuerzo, y fueron +muchos pasajeros retirándose á sus camarotes, +porque el oleaje, no bien salimos á alta +mar, dió en ponerse grueso, y el buque cabeceaba +de veras. Algunos del servicio nos reunimos +en el comedor, y mientras llegaba la hora +de preparar la comida, nos divertíamos en tocar +el acordeón y hacer bailar al pinche, un +negrito muy feo: y nos reíamos como locos, +porque el negro, con las cabezadas de la embarcación +y sus propios saltos, se daba mil coscorrones +contra el tabique. En esto, uno de los +muchachos camareros, que les dicen <em>estuarts</em>, se +llega á mí.</p> + +<p>—Cocinero, dos fundas limpias, que las necesito.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_80">[Pg 80]</span></p> + +<p>—Pues vaya usted al ropero, y cójalas, +hombre.</p> + +<p>—Allá voy.</p> + +<p>Y sin más, entra y enciende un cabo de vela +para escoger las fundas.</p> + +<p>¡Aquel cabo de vela! Nadie me quitará de la +cabeza que el condenado... Dios me perdone, el +infeliz del camarero lo dejó encendido, arrimado +á los montones de ropa blanca. Como un +barco grande requiere tanta blancura, además +de las estanterías llenas y atestadas de manteles, +sábanas y servilletas, había en el <em>San Gregorio</em> +rimeros de paños de cocina, altos así, que +llegaban á la cintura de un hombre. Por fuerza +el cabo se quedó pegadito á uno de ellos, ó cayó +de la mesa, encendido, sobre la ropa. En fin, +era nuestra suerte, que estaba así preparada.</p> + +<p>Yo no sé qué cosa me daba á mí el cuerpo ya +cuando salimos de Marineda. Siempre que embarco +estoy ocho días antes alegre como unas +castañuelas, y hasta parece que me pide el +cuerpo algo de broma con los amigos y la familia. +Pues de esta vez... tan cierto como que +nos hemos de morir... tenía yo el viaje atravesado +en el gaznate, y ni reía ni apenas hablaba. +La víspera del embarque le dije á mi esposa:</p> + +<p>—Mujer, mañana tempranito me aplancharás +una camisola, que quiero ir limpio á bordo.</p> + +<p>Por la mañana entró con la camisola, y le +dije:</p> + +<p>—Mujer, tráeme el pequeño que mama.</p> + +<p>Vino el chiquillo y le di un beso, y mandé que +me lo quitasen pronto de allí, porque las entrañas<span class="pagenum" id="Page_81">[Pg 81]</span> +me dolían y el corazón se me subía á la +garganta. También la víspera fuí á casa del segundo +oficial, el señorito de Armero, y estaba +la familia á la mesa; y la madre que es así una +señora muy franca, no ofendiendo lo presente, +me dijo:</p> + +<p>—Tome usted esta yema, Salgado.</p> + +<p>—Mil gracias, señora, no tengo voluntad.</p> + +<p>—Pues lléveles éstas á los niños... ¿Y qué le +pasa á usted, que está qué sé yo cómo?</p> + +<p>—Pasar, nada.</p> + +<p>—¿Y qué le parece del viaje, Salgado?</p> + +<p>—Señora, la mar está bella, y no hay queja +del tiempo.</p> + +<p>—No, pues usted no las tiene todas consigo. +Le noto algo en la cara.</p> + +<p>Para aquel viaje había yo comprado todos +los chismes del oficio; por cierto que en la compra +se me fué lo último que me quedaba: setenta +duretes. Los chismes eran preciosos: cuchillos +de lo mejor, moldes superiores, herramientas +muy finas de picar y adornar; porque +en el barco, ya se sabe: le dan á uno buena batería +de cocina, grandes cazos y sartenes, carbón +cuanto pida, y víveres á patadas; pero ciertas +monaditas de repostería y de capricho, si no +se lleva con qué hacerlas... Y como yo tengo +este pundonor de que me gusta sobresalir en mi +arte y que nadie me pueda enseñar un plato... +Por cierto que esta vanidad fué mi perdición +cuando sostuve <em>restaurant</em> abierto. Me daba +vergüenza que estuviese desairado el escaparate, +sin una buena polla en galantina, ó solomillo<span class="pagenum" id="Page_82">[Pg 82]</span> +mechado, ó jamón en dulce, ó chuletas bien +panadas y con su papillotito de papel en el hueso... +Y los parroquianos no acudían; y los platos +se morían de viejos allí; y cuando empezaban +á oler, nos los comíamos por recurso: mis +chiquillos andaban mantenidos con trufas y +jamón, y el bolsillo se desangraba... Si no levanto +el <em>restaurant</em>, no sé qué sería de mí: de +manera que encontrar colocación en el barco y +admitirla fué todo uno. Pensaba yo para mi +chaleco:—Ánimo, Salgado: de veintiocho duros +que te ofrecen al mes, mal será que no puedas +enviarle doce ó quince á la familia. No es +la primera vez que te embarcas: vámonos á +Manila, ¿quién sabe si allí te ajustas en alguna +fonda y te dan mil ó mil quinientos reales mensuales +y eres un señor? Lo dicho: la suerte, que +arregla á su modo nuestros pasos... Estaba de +Dios que yo había de perder mis chismes, y +pasar lo que pasé, y volver á Marineda desnudo.</p> + +<p>¿En qué íbamos? Sí, ya me acuerdo. Faltaría +hora y media para la comida, cuando nos pareció +que por la puerta del ropero salía humo. El +que primero lo notó no se atrevía á decirlo: nos +mirábamos unos á otros, y nadie rompía á gritar. +Por fin, casi á un tiempo, chillamos:</p> + +<p>—¡Fuego! ¡Fuego á bordo!</p> + +<p>Mire usted, no cabe duda; lo peor, en esos +momentos en que se suceden cosas horrorosas, +es aturdirse y perder la sangre fría. Si cuando +corrió el aviso se pudiese dominar el pánico y +mantener el orden; si media docena de hombres +serenos tomasen la dirección imponiéndose, y<span class="pagenum" id="Page_83">[Pg 83]</span> +aislasen el fuego en las tripas del barco, estoy +seguro de que el siniestro se evitaba. Yo, que +todo lo presencié, que no perdí detalle, puedo +jurar que no entiendo cómo en un minuto se +esparció la noticia y ya no se vieron sino gentes +que corrían de aquí para allí, locas de miedo. +Para mayor desdicha empezaba á anochecer, +y la mar cada vez más gruesa y el temporal +cada vez más recio aumentaban el susto. +Aquello se convirtió en una Babel, donde nadie +se entendía ni obedecía á las voces de +mando.</p> + +<p>El capitán, que en paz descanse, era un mallorquín +de pelo en pecho, valentón, y no tiene +que dar cuenta á Dios de nada, pues el pobrecillo +hizo cuanto estuvo en su mano; pero le +atendían bien poco. Acaso debió levantar la +tapa de los sesos á alguno para que los demás +aprendiesen; bueno, no lo hizo; él fué el primero +á pagarlo, ¡cómo ha de ser! Nos metimos +él y yo por el corredor de popa, con objeto de +ver qué importancia tenía el incendio; y apenas +abrimos la puerta de hierro, nos salió al paso +tal columna de humo y tal cortina de llamas, +que apenas tuvimos tiempo á retroceder, cerrar +y apoyarnos, chamuscados y á medio asfixiar, +en la pared. Yo le grité al capitán:</p> + +<p>—Don Raimundo, mire que se deben cerrar +también las puertas de hierro á la parte de proa.</p> + +<p>Él daría la orden á cualquiera de los que andaban +por allí atortolados; puede que al tercero +de á bordo; no sé; lo cierto es que no se +cumplió, y en no cumplirse estuvo la mitad de<span class="pagenum" id="Page_84">[Pg 84]</span> +la desgracia. Nosotros, á toda prisa, nos dedicamos +á refrescar con chorros de agua las puertas +de hierro, para que el horno espantoso de +dentro no las fundiese y saltasen dejando paso +á las llamas. ¿De qué nos sirvió? Lo que no sucedió +por allí sucedió por otro lado. Nos pasamos +no sé cuánto tiempo remojando la placa, +envueltos en humareda y vapor; mas al oir que +por la proa salían las llamas ya, se nos cansaron +los brazos, y huyendo de aquel infierno +pasamos á la cubierta.</p> + +<p>Verdaderamente cesó desde entonces la batalla +con el fuego y las esperanzas de atajarlo, +y no se pensó más que en el salvamento; en +librar, si era posible, la piel: eso, los que aún +eran capaces de pensar; porque muchísimos se +tiraron en el suelo, ó se metieron á arrancarse +el pelo por los rincones, ó se quedaron hechos +estatuas, como el tercero de á bordo, que tan +pronto se declaró el incendio se sentó en un +rollo de cuerdas, y ni dijo media palabra, ni se +meneó, ni soñó en ayudarnos.</p> + +<p>Á las dos horas de notarse el fuego, la máquina +se paró. Si no se para, tenemos la salvación +casi segura; ardiendo y todo, llegaríamos +al puerto. Lo que recelábamos era que el vapor +comprimido y sin desahogo hiciese estallar la +caldera. Todos preguntábamos al <em>engineer</em>, un +inglés muy tieso, muy callado y con un corazón +más grande que la máquina. No se meneaba +de su sitio, ni se demudó poco ni mucho; +abrió todas las válvulas, y nos dijo con +flema:</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_85">[Pg 85]</span></p> + +<p>—Mi responde con mi <em>head</em>, máquina <em>very-good</em>, +seguros por ella no explosión.</p> + +<p>Al ver que la pobre de la máquina se paraba, +nos quedamos, si cabe, más aterrados; no creímos +que el incendio llegase hasta donde, por lo +visto, llegaba ya: comprendimos que el fuego +no estaba localizado y contenido, sino que era +dueño de todo el interior del buque y no había +más remedio que cruzarse de brazos y dejarle +hacer su capricho.</p> + +<p>—¡Barco perdido, D. Raimundo!—dije al capitán.</p> + +<p>—Barco perdido, Salgado.</p> + +<p>—¿Y nosotros?</p> + +<p>—Perdidos también.</p> + +<p>—Esperanza en Dios, D. Raimundo.</p> + +<p>Y él se echó las manos á la cabeza y dijo de +un modo que nunca se me olvida:</p> + +<p>—¡Dios!</p> + +<p>Yo no sé qué le habíamos hecho á Dios los +trescientos cristianos que en aquel barco íbamos; +pero algún pecado muy gordo debió de +ser el nuestro, para que así nos juntase castigos +y calamidades. De cuantas noches de temporal +recuerdo—y mire usted que algo se ha navegado—ninguna +más atroz, más furiosa que aquella +noche. Una marejada frenética; el barco no +se sostenía: ola por aquí, ola por acullá: montes +de agua y de espuma que nos cubrían: ya no +era balancearse; era despeñarse, caer en un +precipicio: parecía que la tormenta gozaba en +movernos y abanicarnos para avivar el incendio. +Soplaba un viento iracundo; llovía sin cesar:<span class="pagenum" id="Page_86">[Pg 86]</span> +y la noche tan negra, tan negra, que sobre +cubierta no nos veíamos las caras. Unos lloraban +de un modo que partía el corazón; otros +blasfemaban; muchos decían:—¡Ay mis pobres +hijos!—No entiendo cómo el timonel era capaz +de estarse tan quieto en su puesto de honor, +manteniendo fijo el rumbo del barco para que +no rodase como una pelota por aquel mar loco.</p> + +<p>Pronto empezaron á alumbrarnos las llamas, +que salían por la proa no ya á intervalos, sino +continuamente, igual que si desde adentro las +soplasen con fuelles de fragua. Lo tremendo de +la marejada hizo que no se pensase en esquifes; +meterse en ellos se reducía á adelantar la muerte. +En esto gritaron que se veía embarcación á +sotavento.</p> + +<p>¡Un buque! Desde que se declaró el incendio +no habíamos cesado de disparar cohetes y fuegos +de bengala con objeto de que los buques, al +pasar cerca de nosotros, comprendiesen que el +barco incendiado contenía gente necesitada de +socorro. Y vea usted cómo Dios, á pesar de lo +que dije antes, nunca amontona todas las desgracias +juntas. Aún tenemos que agradecerle +que el sitio del siniestro es un punto de cruce, +donde se encuentran las embarcaciones que hacen +rumbo al Atlántico y al Mediterráneo. Pocas +millas más adelante ya no sería fácil hallar +quien nos socorriese.</p> + +<p>Al ver el buque, la gente se alborotó, y los +más resueltos arriaron los esquifes en un minuto. +Allí no había capitán, ni oficiales, ni autoridad +de ninguna especie: los contramaestres se<span class="pagenum" id="Page_87">[Pg 87]</span> +cogieron el esquife mejor, y cabiendo en él +treinta personas, resultó que lo ocuparon sólo +cinco. Ya se sabe lo que hace el miedo á morir: +ni se repara en el peligro, ni hay compasión, +ni prójimo. Sin mirar lo furioso del oleaje y lo +imposible que era nadar allí, se echaron al mar +muchísimas personas, por meterse en los esquifes. +Aún parece que oigo las voces con que decían +al contramaestre:</p> + +<p>—¡Espere, nuestramo Nicolás, espere por la +madre que le parió; la mano, nuestramo!</p> + +<p>Y él, en su maldita jerga catalana, respondía:</p> + +<p>—<em>N’om fa rés; no’m fa rés.</em></p> + +<p>Y cuando los infelices querían halarse al esquife +y se agarraban á la borda, los de dentro, +desenvainando los cuchillos, amenazaban coserles +á puñaladas.</p> + +<p>De esta vez hubo ya bastantes víctimas: los +esquifes se alejaron y nuestra esperanza con +ellos. Después de recoger á aquellos primeros +náufragos, el buque siguió su rumbo, porque +no le permitía mantenerse al pairo el temporal.</p> + +<p>¡Á todo esto, si viese usted cómo iba poniéndose +la cubierta! Oíamos el roncar del incendio, +que parecía el resoplido de un animalazo feroz, +y á cada instante esperábamos ver salir +las llamas por el centro del buque y hundirse +la cubierta. Nos arrimábamos cuanto podíamos +á la parte de popa, pues además el calor del +suelo se hacía insoportable, y del piso de hierro +cubierto con planchas de madera salían, por los +agujeros de los tornillos, llamitas cortas, igual<span class="pagenum" id="Page_88">[Pg 88]</span> +que si á un tiempo se inflamasen varias docenas +de fósforos sembrados aquí y acullá. Ya ni el +frío ni la obscuridad eran de temer: ¡qué disparate! +buena obscuridad nos dé Dios: la popa algunas +veces estaba tan clara como un salón de +baile: iluminación completa: daba gusto ver el +horizonte cerrado por unas olas inmensas, verdes +y negruzcas, que se venían encima, y sobre +las cuales volaba una orillita de espuma más +blanca que la nieve. También divisamos otro +buque, un paquete de vapor, que se paraba, sin +duda, para auxiliarnos. ¡Estaba tan lejos! Con +todo, la gente se animó. El segundo, el señorito +de Armero, se llegó á mí y me tocó en el +hombro.</p> + +<p>—Salgado, ¿puede usted bajar á la cámara? +Necesito un farol.</p> + +<p>—Mi segundo, estoy casi ciego... Con el calor +y el humo, me va faltando la vista.</p> + +<p>—Aunque sea á tientas... Quiero un farol.</p> + +<p>Vaya, no sé yo mismo cómo gateé por las +escaleras; la cámara era un horno, el farol todavía +estaba encendido; lo descolgué y se lo +entregué al segundo, convencido de que le daba +el pasaporte para la eternidad, pues el esquife +en que él y otros cuantos se decidieron á meterse +era el más chico y estaba muy deteriorado. +Lo arriaron, y por milagro consiguieron +sentarse en él sin que zozobrase. Entonces empezó +la gente á lanzarse al mar para salvarse +en el esquife, y pude notar que, apenas caían +al agua, morían todos. Alguno se rompió la cabeza +contra los costados del buque; pero la mayor<span class="pagenum" id="Page_89">[Pg 89]</span> +parte, sin tropezar en nada, expiró instantáneamente. +¿Era que hervía el agua con el calor +del incendio y los cocía? ¿Era que se les acababa +las fuerzas? Lo cierto es que daban dos paladitas +muy suaves para nadar, subían de pronto +las rodillas á la altura de la boca, y flotaban +ya cadáveres.</p> + +<p>Los del esquife remaban desesperadamente +hacia el barco salvador. Supe después que, á la +mitad del camino, notaron que el esquife, roto +por el fondo, hacía agua y se sumergía; que pusieron +en la abertura sus chaquetas, sus botas, +cuanto pudieron encontrar; y no bastando aún, +el señorito de Armero, que es muy resuelto, +cogió á un marinerillo, lo sentó ó, por mejor +decir, lo embutió en el boquete y le dijo (con +perdón):</p> + +<p>—¡No te menees y tapa con el...!</p> + +<p>Gracias á lo cual llegaron al buque y les pudimos +ver ascendiendo sobre cubierta. No sé si +nos pesaba ó no el habernos quedado allí sin +probar el salvamento. ¡Los muertos ya estaban +en paz, y los salvados... qué felices! El buque +aquel tampoco se detenía; era necesario aguardar +á que Dios nos mandase otro, y resistir +como pudiésemos todo el tiempo que tardase. +Es verdad que nuestro <em>San Gregorio</em> aún podía +durar. Al fin era un gran vapor de línea, con su +cargamento, y daba qué hacer á las llamas. El +caso era refugiarse en alguna esquina, para no +perecer abrasados.</p> + +<p>Al capitán se le ocurrió la idea de trepar á la +cofa del gran árbol de hierro, del palo mayor.<span class="pagenum" id="Page_90">[Pg 90]</span> +Mientras el barco ardía, creyó él poder mantenerse +allí, seguro y libre de las llamas, como un +canario en su jaula. Yo, que le vi acercarse al +palo, le cogí del brazo en seguida.</p> + +<p>—No suba usted, capitán; ¿pues no ve que el +palo se tiene que doblar en cuanto se ponga +candente?</p> + +<p>El pobre hombre, enamorado del proyecto, +daba vueltas alrededor del palo, estudiando su +resistencia. Creo que si más pronto le anuncio +la catástrofe, más pronto sucede. ¡El árbol... +pim! se dobló de pronto, lo mismo que el dedo +de una persona, y arrastrado por su peso, besó +el suelo con la cima. Por listo que anduvo el +capitán, como estaba cerca, un alambre candente +de la plataforma le cogió el pie por cerca +del tobillo, y se lo tronzó sin sacarle gota de +sangre, haciendo á un tiempo mismo la amputación +y el cauterio: respondo de que ningún cirujano +se lo cortaba con más limpieza.</p> + +<p>Le levantamos como se pudo, y colocando un +sofá al extremo de la popa, le instalamos del mejor +modo para que estuviese descansado. Se quejaba +muy bajito, entre dientes, como si masticase +el dolor, y medio le oí: «¡Mi pobre mujer!, +mis hijitos queridos, ¿qué será de ellos?». Pero de +repente, sin más ni más, empezó á gritar como +un condenado, pidiendo socorro y medicina. +¡Sí, medicina! ¡Para medicinas estábamos! Ya +el fuego había llegado á la cámara, y á pesar +del ruido de la tormenta, oíamos estallar los +frascos del botiquín, la cristalería y la vajilla. +Entonces el desdichado comenzó á rogar,<span class="pagenum" id="Page_91">[Pg 91]</span> +con palabras muy tristes, que le echásemos al +agua, y usando, por última vez, de su autoridad +á bordo, mandó que le atásemos un peso +al cuerpo. Nos disculpamos con que no había +con qué atarle, y él, que al mismo tiempo estaba +sereno, recordó que en la bitácora existe +una barra muy gruesa de plomo, porque allí +no puede entrar hierro ni otro metal que haga +desviar la aguja imantada. Por más que nos +resistimos, fué preciso arrancarla y colgársela +del cuello, y como el peso era grande y le obligaba +á bajar la cabeza, tuvo que sostenerlo con +las dos manos, recostándose en el respaldo del +sofá. Como llevaba en el bolsillo su revólver, +lo armó, y suplicó que le permitiesen pegarse +un tiro y le arrojasen al mar después. ¡Naturalmente +que nos opusimos! Le instamos para +que dejase amanecer; con el día se calmaría la +tormenta, y algún barco de los muchos que +cruzaban nos salvaría á todos. Le porfiábamos +y le hacíamos reflexiones de que el mayor valor +era sufrir. Por último, desmontó y guardó el +revólver, declarando que lo hacía por sus hijos +nada más. Se quejó despacito y se empeñó en +que habíamos de buscar y enseñarle el pie que +le faltaba. ¿Querrá usted creer que anduvimos +tras del pie por toda la cubierta y no pudimos +cumplirle aquel gusto?</p> + +<p>Después del lance del capitán, ocurrió el del +oficial tercero, y se me figura que de todos los +horrores de la noche fué el que más me afectó. +¡Lo que somos, lo que somos! Nada: una miseria. +El tercero era un joven que tenía su novia,<span class="pagenum" id="Page_92">[Pg 92]</span> +y había de casarse con ella al volver del viaje. +La quería muchísimo, ¡vaya si la quería! Como +que en el viaje anterior le trajo de Manila preciosidades +en pañuelos, en abanicos de sándalo, +en cajitas, en mil monadas. No obstante... +ó por lo mismo... en fin, ¡qué sé yo! Desgracias +y flaquezas de los mortales... el pobre andaba +triste, preocupado, desde tiempo atrás. +Nadie me convencerá de que lo que hizo no lo +hizo <em>queriendo</em>, porque ya lo tenía pensado de +antes y porque le pareció buena la ocasión de +realizarlo. Si no, ¿qué trabajo le costaba intentar +el salvamento con el señorito de Armero? +Ya determinado á morir, tanto le daba de un +modo como de otro, y al menos podía suceder +que en el esquife consiguiese librar la piel. +Bien, no cavilemos. Él no dió señales de pretender +combatir el fuego, y mientras nosotros +manejábamos el <em>caballo</em> y soltábamos mangas +de agua contra las puertas, envueltos en llamas +y humo, él quietecito y como atontado. Al +marcharse el señorito de Armero, le llamó á la +cámara para entregarle su reloj—un reloj precioso +con tapa de brillantes—y dos sortijas muy +buenas también, encargándole que se las llevase +á su novia como recuerdo y despedida. Lo +que yo digo: el hombre se encontraba resuelto +á morir. Luego subió á popa, y le vi sentado, +muy taciturno, con la cabeza entre las manos. +Á dos pasos me coloqué yo. Él se volvió y me +dijo:</p> + +<p>—Cocinero ¿tiene usted ahí un cigarro?</p> + +<p>—Mi oficial, sólo tengo picadura en el bolsillo<span class="pagenum" id="Page_93">[Pg 93]</span> +del chaquetón... Pero éste tiene tabacos, de seguro...—añadí, +señalando á un camarero que +estaba allí cerca.—¿Querrá usted creer que el +bruto del camarero se resistía á meter la mano +en el bolsillo y soltar el cigarro? Animal—le +grité—no seas tacaño ahora; ¿de qué te servirá +el tabaco si vamos todos á perecer?—En vista +de mis gritos, el hombre aflojó el cigarro. El +tercero lo encendió, y daría, á todo dar, tres +chupadas; á cada una le veía yo la cara con la +lumbre del cigarro: un gesto que ponía miedo. +Á la tercer chupada, acercó á la sien el revólver, +y oímos el tiro. Cayó redondo, sin un <em>ay</em>.</p> + +<p>Nadie se asustó, nadie gritó: casi puedo decir +que nadie se movió: estábamos ya de tal manera, +que todo nos era indiferente. Sólo el capitán +preguntó desde el sofá.—¿Qué es eso? ¿qué +ocurre?—El tercero que se acaba de levantar la +tapa de los sesos.—¡Hizo bien!—De allí á poco +rato murmuró.—Echarle al mar.—Obedecimos, +y á ninguno se le ocurrió rezar el <em>Padre +nuestro</em>.</p> + +<p>¡Es que se vuelve uno estúpido en ocasiones +semejantes! Figúrese usted que en los primeros +instantes, recogió el capitán, de la caja, seis mil +duros y pico en oro y billetes; seis mil duros y +pico que anduvieron rodando por allí, sobre cubierta, +sin que nadie les hiciese caso, ni los +mirase. En cambio, al piloto se le había metido +en la cabeza buscar el cuaderno de bitácora, +y se desdichaba todo porque no daba con él, lo +mismo que si fuese indispensable apuntar á qué +altura y latitud dejábamos el pellejo. Pues otra<span class="pagenum" id="Page_94">[Pg 94]</span> +rareza. En todo aquel desastre, ¿quién pensará +usted que me infundía más lástima? El perro +del capitán, un terranova precioso, que días +atrás se había roto una pata y la tenía entablillada: +el animalito, echado junto al timón, remedaba +á su amo: los dos iguales, inválidos y +aguardando por la muerte. ¡Si seré majadero! +El perro me daba más pena.</p> + +<p>Ya las llamas salían por sotavento, y la mañana +se iba acercando. ¡Qué amanecer, Virgen +Santa! Todos estábamos desfallecidos, muertos +de sed, de frío, de calor, de hambre, de cansancio +y de cuanto hay que padecer en la vida. Algunos +dormitaban. Al asomar la claridad del +día, salió del centro del barco una hoguera +enorme: por el hueco del palo mayor se habían +abierto paso las llamas, y la cubierta iba sin +duda á hundirse, descubriendo el volcán. Contábamos +con el suceso, y á pesar de que contábamos, +nos sorprendió terriblemente. Empezamos +á clamar al cielo, y muchos á enseñarle el +puño cerrado, preguntando á Dios:</p> + +<p>—¿Pero qué te hicimos?</p> + +<p>El capitán, que tiritaba de fiebre, me dijo gimiendo:</p> + +<p>—¡Agua! ¡por caridad, un sorbo de agua!</p> + +<p>¡Agua! Puede que la hubiese en el aljibe. Así +que lo pensé fuí hacia él y se me agregaron varios +sedientos, poniendo la boca en unos remates +que tiene el aljibe y son como biberones por +donde sale el agua. ¡Qué de juramentos soltaron! +El agua, al salir hirviendo, les abrasó la +boca. Yo tuve la precaución de recibirla en mi<span class="pagenum" id="Page_95">[Pg 95]</span> +casquete y dejarla enfriar. El capitán continuaba +con sus gemidos. Tuve que dársela medio +templada aún. ¡Me miró con unos ojos!</p> + +<p>—Gracias, Salgado.</p> + +<p>—No hay de qué, capitán... ¡Se hace lo que +se puede!</p> + +<p>La tormenta, en vez de ir á menos, hasta parece +que arreciaba desde que era de día. Para +no caer al mar, nos cogíamos á la barandilla. +Pasó un barco y por más señales que le hicimos, +no se detuvo: y debió de vernos, pues cruzó +á poca distancia. Á mí me dolían de un +modo cruel los ojos, secos por el fuego, y cuanto +más descubría el sol, menos veía yo, no distinguiendo +los objetos sino como al través de +una niebla. Por otra parte, me sentía desmayar, +pues desde el almuerzo de la víspera no +había comido bocado, y se me iba el sentido. +Casualmente se encontraban sobre cubierta, +descuartizadas y colgadas, las reses muertas +para el consumo del buque, y con el calor del +incendio estaban algo asadas ya. Los que nos +caíamos de necesidad nos echábamos sobre +aquel gigantesco rosbif, medio crudo, y refrescamos +la boca con la sangre que soltaba. Nos +reanimamos un poco.</p> + +<p>Á medio día sucedió lo que temíamos: quedó +cortada la comunicación entre la proa y la +popa, derrumbándose con gran estrépito media +cubierta y viéndose el brasero que formaba +todo el centro del barco. Salieron las llamas +altísimas, como salen de los volcanes, y recomendamos +el alma á Dios, porque creímos<span class="pagenum" id="Page_96">[Pg 96]</span> +que iban á alcanzarnos. No sucedió esto por +dos razones: primera, por tener el buque, en +vez de obra muerta de madera, barandilla de +hierro; segunda, por estar las puertas de hierro +cerradas hacia la parte de popa, lo cual +contuvo el incendio por allí, obligándole á cebarse +en la proa. De todas maneras, no debían +las llamas de andar muy lejos de nuestras personas, +ya que á eso de las tres de la tarde empezamos +á advertir que el piso nos tostaba las +plantas de los pies. Atamos á una cuerda un +cubo, y lo subíamos lleno de agua de mar, +vertiéndolo por el suelo para refrescarlo un +poco. Ya comprendíamos lo estéril del recurso, +y en medio de lo apurados que estábamos, no +faltó quien se riese viendo que era menester levantar +primero un pie y luego bajar aquél y +levantar el otro, para no achicharrarse. Serían +las tres. El capitán me llamó despacito.</p> + +<p>—Salgado, ¡cuánto mejor era morir de una +vez!</p> + +<p>—Para morir siempre hay tiempo, mi capitán. +Aún puede que la Virgen Santísima nos +saque de este apuro.</p> + +<p>Claro que yo se lo decía para darle ánimos: +allá en mi interior calculaba que era preciso +hacer la maleta para el último viaje. Bien sabe +Dios que ni pensaba en las herramientas que había +perdido, ni en mi propia muerte, sino sólo +en los chiquillos que quedaban en tierra. ¿Cómo +los trataría su padrastro? ¿Quién les ganaría el +pan? ¿Saldrían á pedir limosna por las calles? +Á lo que yo estaba resuelto era á no morir asado.<span class="pagenum" id="Page_97">[Pg 97]</span> +Miré dos ó tres veces al mar, reflexionando +cómo me tiraría para no romperme la cabeza +contra el casco y no sufrir más martirio que el +del agua cuando me entrase en la boca. Para +acabar de quitarnos el valor, pasó un barco sin +hacer caso de nuestras señales. Le enseñamos +el puño y hubo quien le gritó:—Permita Dios +que te veas como nos vemos.</p> + +<p>Ya nos rendía los brazos la faena de bajar y +subir baldes de agua, que era lo mismo que +querer apagar con saliva una hoguera grande: +y convencidos de que perdíamos el tiempo y +que era igual perecer un cuarto de hora antes +ó después, el que más y el que menos empezó á +pensar cómo se las arreglaría para hacer sin +gran molestia la travesía al otro barrio. Yo me +persigné, con ánimo de arrojarme en seguida +al mar. ¡Qué casualidades! Hete aquí que aparece +una embarcación, y en vez de pasar de +largo, se detiene.</p> + +<p>Ya estaba el barco al habla con nosotros: +una goleta inglesa, una hermosa goleta que desafiaba +la tempestad manteniéndose al pairo. +Los que conservaban ojos sanos pudieron leer +en su proa, escrito con letras de oro, Duncan. +Empezamos á gritar en inglés, como locos desesperados:</p> + +<p>—<em>¡Schooner! ¡Schooner! ¡Come near!</em></p> + +<p>—<em>¡Throw to the water!</em> nos respondían á voces, +sin atreverse á acercarse. ¡Echarnos al +agua! ¡No quedaba otro recurso, y éste era tan +arriesgado! En fin, qué remedio: los esquifes no +podían aproximarse, por el temporal, y el buque<span class="pagenum" id="Page_98">[Pg 98]</span> +menos aún. Nuestro <em>San Gregorio</em>, cercado +por todas partes de llamas inmensas, ponía +miedo. Había que escoger entre dos muertes, +una segura y otra dudosa. Nos dispusimos á +beber el sorbo de agua salada.</p> + +<p>El primer chaleco salvavidas que nos arrojaron +al extremo de un cabo, se lo ofrecimos al +capitán.</p> + +<p>—Ánimo, le dijimos. Póngase usted el chaleco +y al mar: mal será que no bracee usted +hasta la goleta.</p> + +<p>—¡No puedo, no puedo!</p> + +<p>—Vaya, un poco de resolución.</p> + +<p>Se lo puso y medio murmuró, gimiendo:</p> + +<p>—Tanto da así como de otro modo.</p> + +<p>Y acertaba. Aquello fué adelantar el desenlace +y nada más. Se conoce que ó la humedad +del agua ó el sacudimiento de la caída le abrieron +las arterias del pie tronzado y se desangró +en un decir Jesús; ó acaso el frío le produjo +calambre; no sé: el caso es que le vimos alzar +los brazos, juntarlos en el aire, y colarse por +ojo del salvavidas al fondo del mar. Quedaron +flotando el chaleco y la gorra: á él no le vimos +ya más en este mundo.</p> + +<p>Seguían echándonos, desde la goleta, cabos +y salvavidas, y la gente, visto el caso del capitán, +recelaba aprovecharlos. Yo me decidí primero +que nadie. Ya quería, de un modo ó de +otro, salir del paso. Pero antes de dar el salto +mortal, reflexioné un poco y determiné echarme +de soslayo, como los buzos, para que la corriente, +en vez de batirme contra el buque, me<span class="pagenum" id="Page_99">[Pg 99]</span> +ayudase á desviarme de él. Así lo hice, y en +efecto, tras de la zambullida, fuí á salir bastante +lejos del <em>San Gregorio</em>. Oía los gritos con que +desde el <em>schooner</em> me animaban, y oí también el +último alarido de algunos de mis compañeros, +á quienes se tragó el agua ó zapatearon las olas +contra los buques. Yo choqué con la espalda en +el casco del <em>Duncan</em>: un golpe terrible, que me +dejó atontado. Cuando me halaron, caí sobre +cubierta como un pez muerto.</p> + +<p>Acordé rodeado de ingleses. Me decían: <em>¡go! +¡cook! ¡go!</em> ¡á la cámara! Me incorporé y quise +ir adonde me mandaban, pero no veía nada, y +después de tantos horrores me eché á llorar por +primera vez, exclamando:</p> + +<p>—<em>My no look</em>... ciego... enséñenme el camino...</p> + +<p>Me levantaron entre dos y me abracé al primero +que tropecé, que era un grumete y rompió +también á llorar como un tonto. No sé las +cosas que hicieron conmigo los buenos de los +ingleses. Me obligaron á beber de un trago una +copa enorme de <em>brandy</em>, me pusieron un traje +de franela, me dieron fricciones, me acostaron, +me echaron encima qué sé yo cuántas mantas, +y me dejaron solito.</p> + +<p>¿Qué sentí aquella noche? Verá usted... Cosas +muy raras; no fué delirar, pero se le parecía +mucho. Al principio sudaba algo y no tenía +valor para mover un dedo, de puro feliz que me +encontraba. Después, al oir el ruido del mar, me +parecía que aún estaba dentro de él, y que las +olas me batían y me empujaban aquí y allí. Luego<span class="pagenum" id="Page_100">[Pg 100]</span> +iban desfilando muchas caras: mis compañeros, +el tercero á la luz del cigarro, el capitán, y +gentes que no veía hacía tiempo, y hasta un +chiquillo que se me había muerto años antes...</p> + +<p>En fin, por acabar luego: llegamos á Newcastle, +se me alivió la vista, el cónsul nos dió +una guinea para tabaco, y á los pocos días nos +embarcamos en un barco español con rumbo á +Marineda. ¡Qué diferencia del buque inglés! +Nuestros paisanos nos hicieron dormir en el +pañol de las velas, sobre un pedazo de lona: +apenas conseguimos un poco de rancho y galleta +por comida: como si fuésemos perros.</p> + +<p>De la llegada, ¿qué quiere usted que diga? Á +mi mujer le habían dado por cierta mi muerte; +en la calle le cantaban los chiquillos coplas +anunciándosela. Supóngase usted cómo estaba, +y cómo me recibió. Ahora he de ir al santuario +de la Guardia: no tengo dinero para misas; pero +iré á pie, descalzo, con el mismo traje que tenía +cuando me halaron sobre la cubierta del <em>Duncan</em>: +chaleco roto por los garfios del salvavidas, +pantalón chamuscado, y la cabeza en pelo; +se reirán de verme en tal facha: no me importa: +quiero besar el manto de la Virgen, y rezar +allí una <em>Salve</em>.</p> + +<p>Me faltará para pan, pero no para comprar +una fotografía del <em>San Gregorio</em>... ¿Ha visto +usted cómo quedó? El casco parece un esqueleto +de persona, y aún humea: el cargamento de +algodón arde todavía: dentro se ve un charco +negro, cosas de vidrio y de metal fundidas y +torcidas... ¡Imponente!</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_101">[Pg 101]</span></p> + +<p>¿Que si me da miedo volver á embarcarme?... +¡Bah! ¡Lo que está de Dios... por mucho que el +hombre se defienda...! Ya tengo colocación buscada. +¿Quiere usted algo para Manila? ¿Que le +traiga á usted algún juguete de los que hacen +los chinos? El domingo saldremos...</p> + +<hr class="tb"> + +<p>Di al cocinero del <em>San Gregorio</em> unos cuantos +puros. Tiene el cocinero del <em>San Gregorio</em> +buena sombra y arte para narrar con viveza y +colorido. Durante la narración, vi acudir varias +veces las lágrimas á sus ojos azules, ya sanos +del todo.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_102">[Pg 102]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_103">[Pg 103]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >LA PAZ</h2> +</div> + + +<p>Declarada la guerra entre los dos bandos +enemigos, cada cual pensó en armarse. +La elección de jefes no ofrecía dificultad: Pepito +Lancín era aclamado por los de los bancos de la +izquierda, y Riquito (Federico) Polastres por +los de la derecha. Merecían los dos caudillos +tan honorífico puesto.</p> + +<p>Con su travesura y su viveza de ingenio inagotable, +Pepito Lancín conseguía siempre divertir +á los compañeros de colegio, discurriendo +cada día alguna saladísima diablura, y volviendo +loco al catedrático de Historia, don Cleto +Mosconazo, á quien había tomado por víctima. +Ya le metía dentro del tintero una rana +viva; ya le disparaba con la cerbatana garbanzos +y guisantes; ya le untaba de pez el asiento, +para que se le quedasen pegadas las faldillas +del gabán; ya le colocaba un alfiler punta arriba +en el brazo del sillón, donde el señor de Mosconazo +tenía costumbre de pegar con la mano<span class="pagenum" id="Page_104">[Pg 104]</span> +abierta mientras explicaba á tropezones las +proezas de Aníbal ó las heroicidades de Viriato +el pastor. Verdad que, después de cada gracia, +Pepito Lancín «se cargaba» su castigo correspondiente: +ya el tirón de orejas, ya el encierro +á pan y agua, ya la hora de brazos abiertos +ó de rodillas; y cuando algún disparo de la +cerbatana hacía blanco en la nariz del profesor, +éste recogía el proyectil y lo deslizaba debajo +de la rótula del delincuente arrodillado. Parece +poca cosa estarse de rodillas sobre un garbanzo +una horita, ¿eh? ¡Pues hagan la prueba y verán +lo que es bueno!</p> + +<p>Lejos de mermar el prestigio de Pepito Lancín, +los castigos sufridos con estoicismo alegre, +mezclando las muecas de burla con las contracciones +del dolor, le hacían más popular entre +los muchachos. En cuanto á Riquito Polastres, +su fama reconocía otro origen: las cualidades +morales é intelectuales, la constancia y +la agudeza eran privilegio de Lancín; de Polastres, +la fuerza física, unos puños como pesas de +gimnasia y un pecho como la proa de un navío. +El diminutivo de Federiquito parecía un epigrama, +mirando aquel corpachón y aquellas +manazas descomunales, y presenciando cómo +el muchacho, de una puñada, hacía astillas el +pupitre, y de una morrada deshacía una jeta <em>de +hombre</em>: porque en esto se fundaba la gloria, +la prez de Riquito; á los doce años había calentado +los morros al asistente del papá de su novia, +que quería espantarle del portal como se +espanta á un perro faldero. Sí; ¡buen faldero te<span class="pagenum" id="Page_105">[Pg 105]</span> +dé Dios! Aún tenía el zanguango del asistente +un ojo hecho una lástima y un carrillo inflado, +de resultas de la trompada fenomenal que le +atizó Riquito...</p> + +<p>Esta contraposición de aptitudes que se observaba +en los dos jefes de bando, provocó la declaración +de guerra, porque cada día se chungueaban +los izquierdos á cuenta de los derechos, +tratando á Riquito de <em>mulo</em> y de <em>zoquete</em>, +y los derechos acusaban á los izquierdos de <em>gallinas</em> +y de <em>señoritas almidonadas</em>, lo cual es altamente +ofensivo y no puede quedar impune. +Nada, nada, á armar una guerra; el campo de +batalla sería el descampado fronterizo al hospital +y á espaldas del cuartel nuevo; allí se vería +quién es quién, y si los de la izquierda gastan +enaguas ó pantalones. No ha de ser una pedrea +vulgar, como otras veces, sino una batalla +en regla, igual que las que traen los periódicos; +se emplearán armas blancas y de fuego; +cada cual recogerá en su casa lo que encuentre, +y los dos bandos se encontrarán á las seis de la +mañana, una hora antes de entrar en clase—porque +después pasa gente y andan cerca «los +del orden»—en el sitio señalado, al mando de +sus jefes respectivos.</p> + +<p>Ni un combatiente faltó de las filas.</p> + +<p>El entusiasmo, el ardor bélico, se reflejaban +en todos los semblantes. De armamento, á decir +verdad, andábamos medianamente: éste traía +una pistola de salón descargada, aquél un cuchillo +de mesa; lo que más abundaba eran las +navajas y los cortaplumas, los sables de juguete<span class="pagenum" id="Page_106">[Pg 106]</span> +y algún bastón de estoque sustraído á papá. +Sin embargo, Pepito Lancín, entreabriendo su +americana, mostró con orgullosa sonrisa un +cinturón de cuero, y atravesado en él un magnífico +revólver de níquel. Riquito se retorció de +envidia. ¡Un revólver como Dios manda, un +revólver de verdad! Para aplastar completamente +á su adversario, Lancín dijo con fatuidad +suma:</p> + +<p>—Cargadito con seis tiros... Y en el bolsillo +cápsulas.</p> + +<p>Sonrió Riquito con desprecio. No necesitaba +armas, le bastaban sus puños. Así lo declaró +en alta voz; las armas para los cobardes, para +los gallinas de la izquierda del colegio. Los dos +bandos se hicieron muecas y cruzaron los insultos +de costumbre; después, á la voz severa +de los jefes, se replegaron para situarse en +línea de batalla. De pronto, el denodado Lancín +se adelantó al centro del espacio libre, y +encarándose otra vez con Riquito, exclamó perentoriamente:</p> + +<p>—Ahora veréis lo que es el valor de los españoles. +¡Muchachos! ¡Viva España! ¡Á la bayoneta!</p> + +<p>El caso es que Riquito era tan cerrado de +meollo, que al pronto no entendió la significación +de aquel grito, y lo repitió inconscientemente, +haciendo coro á su enemigo. ¿Que viviese +España? ¡Claro! ¿Eso qué tenía de particular? +Los murmullos de su tropa le sorprendieron. +¿Por qué protestaban? ¿Por qué chillaban +y enseñaban los puños, no á los <em>izquierdos</em>,<span class="pagenum" id="Page_107">[Pg 107]</span> +sino á él, á su excelencia el general Polastres? +Por qué repetían: «No nos da la gana, barajas. +¡Eso no, contra!». Para comprender lo que sucedía, +fué preciso que uno de los más despabilados +<em>derechos</em>, metiéndole los dedos por los +ojos á su jefe, le gritase:</p> + +<p>—¡Barajas, tonto, que no queremos ser nosotros +los mambises y que ellos sean los españoles!</p> + +<p>Tenía razón; ¿cómo no se le había ocurrido +inmediatamente? ¡Aquel tunarra de Lancín los +quería fastidiar! ¡Ah, granuja! Rebosando indignación, +echando chispas, Polastres corrió +hasta el general enemigo, sin temor á que le +envolviesen y le hiciesen prisionero viéndole +solo. Sentíase capaz de hundir paredes con la +frente: iba ciego, frenético, por lo sangriento +de la burla. Por instinto de caballerosidad, los +adversarios aguardaron á que se explicase.</p> + +<p>—Oyes tú, Lancín, ¿quién éramos nosotros?</p> + +<p>—¡Anda éste! Érais los mambises—respondió +Pepito, apretando la culata de su revolver, +por el fino gusto de acariciarla.</p> + +<p>—¿Y vosotros?</p> + +<p>—Éramos los españoles, ya se sabe. ¿Qué habíamos +de ser?</p> + +<p>—¡Claro, como que íbamos á entrar así! No +vale. ¡No se nos antoja, barajas! ¿Piensas que +te moneas conmigo?</p> + +<p>—Y entonces, ¿cómo va á ser, bruto, animal? +Si no éramos contrarios, cata que no había +guerra.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_108">[Pg 108]</span></p> + +<p>—¡Pues que la haya ó que no la haya! Eres +muy listo tú. Déjanos á nosotros ser españoles, +y ser vosotros los enemigos.</p> + +<p>—No puedo—objetó con suprema dignidad +Lancín.</p> + +<p>—¿No? ¡Verás si puedes, rayo! Del lapo que +te voy á soltar... te dejo negro, y estarás muy +propio.</p> + +<p>—¡Pero, adoquín, si tengo la bandera ya!—contestó +riendo triunfalmente el general Pepito, +que sacó del bolsillo un trapo de percalina +amarillo y rojo, resto probablemente de algún +adorno de mástil en las últimas fiestas que había +celebrado la ciudad, y lo tremoló orgulloso +en el aire, repitiendo el patriótico grito lanzado +momentos antes y contestado antes y ahora +por los dos ejércitos. Al escucharlo por segunda +vez, al ver ondear la bandera, la hueste de +Riquito se precipitó y rodeó á Lancín, aclamando +lo mismo que él aclamaba con voces +atipladas y roncas, pero con una cordialidad y +alegría que revelaba disposiciones pacíficas; y +el jefe, confuso, no encontrando solución al +problema—más fácil le parecía arremeter contra +todos, contra el enemigo y contra los que +se le pasaban traidoramente—exclamó avergonzado, +llorando como un becerro:</p> + +<p>—Me has partido... Esto <em>no sirve</em>... No puede +haber batalla... Si todos éramos españoles, no +nos podíamos pegar... También te aseguro que +cuando yo te pille y no esté delante nadie y no +tengas bandera...</p> + +<p>—¡Vaya una gracia que harás! Tienes una<span class="pagenum" id="Page_109">[Pg 109]</span> +fuerza que pareces un buey—contestó altivamente +Lancín disparando su revólver al aire, +mientras los dos ejércitos fraternizaban, y Riquito +se arrepentía ya de su amenaza poco generosa.</p> + +<p>Las mamás de los guerreros nunca supieron +de la que habían escapado.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_110">[Pg 110]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_111">[Pg 111]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >SUERTE MACABRA</h2> +</div> + + +<p>Queréis saber por qué don Donato, el de +los carrillos bermejos y la risueña y +regordeta boca, se puso abatido, se quedó color +de tierra y acabó muriéndose de ictericia? Fué +que—oídlo bien—le cayó el premio gordo de +Navidad, los millones de pesetas...</p> + +<p>Antes de este acontecimiento, don Donato era +un hombre que podía llamarse feliz, si tal adjetivo +no pareciese un reto al destino, que siempre +está enseñando los dientes á los mortales. +Encerrado en su droguería y herboristería de la +calle de Jacometrezo, haciendo todos los días á +la misma hora las mismas cosas insípidas y rutinarias, +don Donato era plácidamente optimista: +sus excesos y lujos consistían en alguna escapatoria +á los teatrillos alegres, porque don +Donato aborrecía la literatura triste—al teatro +se va á reir—y sus derroches en traerse á casa +las mejores frutas y legumbres del mercado del<span class="pagenum" id="Page_112">[Pg 112]</span> +Carmen, pues adoraba, á fuer de obeso, los alimentos +flojos.</p> + +<p>Jugador empedernido de lotería, nunca perdió +sorteo, y no sólo se arriesgaba él sino que +tomaba parte con amigos, y hasta les encomendaba +la adquisición de décimos en administraciones +que por cualquier motivo juzgaba afortunadas, +dentro de las laboriosas combinaciones +que realizaba para perseguir y acorralar á la +suerte, á quien un día ú otro estaba cierto de +coger por las alas. ¿En qué se fundaba tal seguridad? +No podía decirlo, pero le alentaba una fe +robusta, un instinto ó presentimiento—llámenle +los escépticos como quieran—. Supersticioso +y calculista pueril, sucedíale á veces pararse en +seco ante el número de una casa ó el de un coche +simón, y correr á la administración á pedir +el mismo número. Lo que más le confirmaba en +su manía, era una circunstancia que realmente +parecerá extraña á todo el que conozca la lotería +un poco: en la ya larga existencia de jugador +de don Donato, que jugaba en cada sorteo, +en algunos doble y triple, no le había caído, no +digamos un premio regular, pero ni una aproximación, +ni un reintegro en Nochebuena, ni +nada, nada, nada... Esta singular reserva de la +fortuna le parecía á don Donato signo infalible +de que sólo se ocultaba para venir un día de +pronto, fulminante, terrible, con los brazos +abiertos y las manos tendidas, llenas de oro.</p> + +<p>Hará dos años, estudiando don Donato la +marcha del <em>gordo</em>, del premio deslumbrador de +Navidad, observó que desde tiempo inmemorial<span class="pagenum" id="Page_113">[Pg 113]</span> +no había caído en M...; y, herida su imaginación +por esta circunstancia, encargó á un amigo +y corresponsal que allí tenía que le tomase +<em>un billete</em> nada menos. Á vuelta de correo recibió +la respuesta y el número del billete adquirido, +en el cual el comprador se reservaba +un décimo. Giró el dinero don Donato; +guardó como oro en paño el número y la carta +comprobante, y esperó el sorteo con fatalismo +de musulmán. Sin emoción compró la lista +cuando la oyó vocear, y al fijar los ojos en el +glorioso número, una oleada de sangre afluyó á +su cabeza... Era el número adquirido en M...; +el propio número... el suyo, el esperado, el de +los millones... allí estaba, claro como la luz. +¡El premio, el premio... La fortuna, abierta de +brazos, derramando oro con sus anchas manos +pródigas!</p> + +<p>Se repuso pronto don Donato. ¿Pues qué, no +contaba con aquello, desde tantos años hacía? +¡Era lógico que al fin viniese! Una alegría intensa, +serena, le embargaba plácidamente, mientras +corría á cerciorarse... aunque estaba seguro +de que resultaría verdad.—Y verdad resultó. +No quedaba más que recoger, cobrar y disfrutar +á pulso lo cobrado.</p> + +<p>No queriendo hacer pública su dicha, por quitarse +de murgas y sablazos; pensando que nadie +ejecuta las cosas mejor que el interesado, +aquella misma noche tomó el tren y no paró +hasta dar con su cuerpo en M... Llegó á hora +avanzada de la noche siguiente, molido y asendereado, +como sedentario que viaja sin ganas<span class="pagenum" id="Page_114">[Pg 114]</span> +y por precisión, y hubo de recogerse á una +posada, para aguardar con la luz del día la +hora de presentarse á su corresponsal y reclamar +el billete. Al acostarse pensó madrugar, +mas de puro quebrantado le tomó el sueño, y +despertó muy tarde. Vistióse, y con indefinible +sobresalto corrió á casa del amigo en cuyas +manos se encontraba el tesoro. En la esquina +de la calle vió gentío; monagos, mujerucas que +lanzaban exclamaciones de compasión; escuchó +las notas del piporro, la salmodia de los curas; +rompió por entre la compacta muchedumbre, +se abrió paso hasta el portal, y al querer enfilar +la escalera, tropezó con un ataúd que bajaba +en hombros... Ya lo adivinas, lector: encerraba +el cadáver del poseedor del billete premiado...</p> + +<p>Después de cortos momentos de angustia +cruel, don Donato se resolvió á penetrar, sin encomendarse +á Dios ni al diablo, hasta el gabinete +donde lloraba la viuda. Brutalmente—millones +quitan escrúpulos—formuló la cuestión +y reclamó el billete. Era de temer un desmayo: +no lo hubo; la viuda, digna y tranquila, franqueó +á don Donato el mueble donde el difunto +guardaba sus papeles de mayor interés. Á las +primeras de cambio encontraron en el cajón central +una cédula de letra del muerto, que decía +así: «Día tantos... he comprado para el señor +don Donato Galíndez, droguero en Madrid, un +billete entero de lotería, número tantos, que +conservo en mi poder...». Y debajo: «Día tantos, +recibida letra importe billete, menos un décimo<span class="pagenum" id="Page_115">[Pg 115]</span> +que reservo para mí...». Abrió tanto ojo la viuda +con lo del décimo, y desde aquel mismo instante +se consagraron ella y don Donato, rivalizando +en celo, á registrar la casa de abajo arriba; +pero aun cuando gastaron tres días en pesquisas +minuciosas, nada pudieron encontrar. +El billete había desaparecido.</p> + +<p>Al cuarto día, don Donato, que ya tenía fiebre +y estaba medio loco, iba á retirarse amenazando +con la Justicia, cuando la viuda, llamándole +á un rincón y titubeando, le dijo quedamente:</p> + +<p>—¿Sabe usted... que... que pienso una cosa? +Se me ha clavado aquí—y apoyaba el índice en +el entrecejo.</p> + +<p>—¿Qué cosa, señora mía?</p> + +<p>—Que... que tal vez... ese... ese billete... +esté... Sí, casi de fijo está...</p> + +<p>—¿Dónde, voto á mil pares?...</p> + +<p>—¡Está... enterrado... con mi esposo!...</p> + +<p>—¡Enterrado!—exclamó don Donato, á punto +de que lo enterrasen también.</p> + +<p>¿Lo creerán ustedes? Si no lo creen hacen mal. +El terror á los muertos era tan profundo en don +Donato, que si no le anima y envalentona la +viuda, tal vez renuncia entonces á perseguir su +billete. «No dude que está allí—insistía ella +más resuelta cada vez—, porque <em>llevó puesta</em> su +levita buena, la de paño fino, y es la misma +que usó tres ó cuatro días antes de morir... Juraría +que el billete va en el bolsillo. Como mi +esposo falleció casi de repente...».</p> + +<p>Azuzado por la valerosa señora, don Donato<span class="pagenum" id="Page_116">[Pg 116]</span> +se enteró de las formalidades necesarias para +hacer exhumar judicialmente un cadáver, y pareciéndole +empresa erizada de dificultades y +hasta de peligros, resolvió echar por la calle +de en medio y sobornar al encargado de la custodia +del cementerio, para que abriese el nicho +y el ataúd. Encuéntrase el cementerio de M... +situado á orillas del mar, y la noche en que se +realizó la lúgubre hazaña era de tormenta horrible; +silbaba el viento entre los negros cipreses, +y el sordo é imponente murmurio del océano +tenía tonos de queja, de maldición y de llanto; +clamores sobrehumanos por lo amenazadores +y tristes, parecidos á un coro de voces de +muertos. Á don Donato le corría el sudor, en +frías gotas, desde el cráneo hasta la nuca; sus +dientes castañeteaban, y sus piernas flaqueaban +como si fuesen de algodón. Destapiaron el nicho; +para sacar la caja, tuvo el droguero que +ayudar, pues pesaba bastante; y cuando se alzó +la tapa de zinc, la primer bocanada de putrefacción, +el hedor cadavérico, dió, más que en +las narices, en el alma á don Donato. La viuda, +siempre animosa, le dijo al oído:</p> + +<p>—Ea... registre usted; no vaya á creer, si registro +yo, que le engaño.</p> + +<p>Acercó el sepulturero la linterna; don Donato, +con esfuerzo sobrehumano, se inclinó sobre +la caja; vió una cara espantosa, verde ya, unos +ojos abiertos, vidriados y aterradores, una barba +fosca, unos labios lívidos... y sólo cuando la +viuda repitió con energía:</p> + +<p>—¡Pero regístrele usted!</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_117">[Pg 117]</span></p> + +<p>Sólo entonces, lo repito, se dió cuenta de lo +más horroroso... ¿Qué había de registrar? ¡El +cadáver estaba desnudo! Cayó desplomado el +droguero, mientras la viuda, con acento de desesperación, +exclamaba:</p> + +<p>—¡Estúpida de mí! ¡Por qué no picaría yo á +tijeretazos la ropa! ¡Cuando la ven entera, se la +llevan, los muy ladrones!</p> + +<hr class="tb"> + +<p>Se dió el oportuno aviso á la policía: se registraron +las casas de empeño y préstamos de toda +España, mas no pareció el siniestro billete, y +el premio se lo guardó la Hacienda frotándose +las manos (es una manera de decir). Probablemente, +el ladrón de la levita arrojó al mar, sin +examinarlos, los papeles que halló en los bolsillos, +por temor á que le comprometiesen... +Lo cierto es que don Donato, á su vez, cayó enfermo +y murió consumido de hipocondría, enseñando +los puños á una figura imaginaria, +que debía de ser la descarada, la indinota de la +suerte.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_118">[Pg 118]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_119">[Pg 119]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >EL GUARDAPELO</h2> +</div> + + +<p>Aunque son raros los casos que pueden citarse +de maridos enamorados que no +trocarían á su mujer por ninguna otra de las +infinitas que en el mundo existen, alguno se encuentra, +como se encuentra en Asia la perfecta +mandrágora y en Oceanía el pájaro lira ó menurio. +¡Dichoso quien sorprende una de estas +notables maravillas de la naturaleza y tiene al +menos la satisfacción de contemplarla!</p> + +<p>Del número de tan inestimables esposos fué +Sergio Cañizares, unido á Matilde Arenas. Su +ilusión de los primeros días no se parecía á esa +efímera vegetación primaveral que agostan y +secan los calores tempranos, sino al verdor +constante de húmeda pradera, donde jamás faltan +florecillas ni escasean perfumes. Cultivó su +cariño Sergio partiendo de la inquebrantable +convicción de que no había quien valiese lo que +Matilde, y todos los encantos y atractivos de la<span class="pagenum" id="Page_120">[Pg 120]</span> +mujer se cifraban en ella formando incomparable +conjunto. Matilde era para Sergio la más +hermosa, la más distinguida, donosa y elegante, +la más discreta y simpática, y también, por +añadidura, la más honesta, firme y leal. Con +esta persuasión él viviría completamente venturoso, +á no existir en el cielo de su dicha—es +ley inexorable—una nubecilla tamaña como +una almendra, que fué creciendo y creciendo y +ennegreciéndose y amenazando cubrir y asombrar +por completo aquella extensión azul, tan +radiante, tan despejada á todas horas, ya reflejase +las suaves claridades del amanecer, ya las +rojas y flamígeras luminarias del ocaso.</p> + +<p>La diminuta nube que oscurecía el cielo de +Sergio era un dije de oro, un minúsculo guardapelo +que, pendiente de una cadenita ligera, +llevaba constantemente al cuello Matilde... Ni +un segundo lo soltaba; no se lo quitaba ni para +bañarse—con exageración tal, que como un día +se hubiese roto la cadena cayendo al suelo el +dije, Matilde, pensando haberlo perdido, se puso +frenética de susto y dolor; hasta que, encontrándolo, +manifestó exaltado júbilo—. Desde el +primer momento de intimidad conyugal, que +permitió á Sergio ver brillar sobre el blanco raso +del cutis de Matilde el punto de oro del guardapelo, +aquel punto se le clavó en el alma, atrayendo +sus ojos como si le hipnotizase. No llevaba +Matilde cerca del corazón otra alhajilla, ni +escapulario, ni cruz, ni medalla, y Sergio, deseando +arrojar de sí vagos temores, supuso +buenamente que el guardapelo encerraría algún<span class="pagenum" id="Page_121">[Pg 121]</span> +emblema religioso. Alzándolo como al descuido, +preguntó:</p> + +<p>—¿Tienes aquí una virgen?</p> + +<p>—No—respondió lacónicamente Matilde.</p> + +<p>—¿Algún santo de tu devoción?</p> + +<p>—Tampoco.</p> + +<p>—¡Ah!—murmuró el esposo.—Y se mordió +los labios. Hay en el amor verdadero un instinto +de delicadeza y altivez que impone la discreción: +cuanto más crece el ansia de <em>saber</em>, +mayor es la exigencia de que sea franco y sincero, +y que lo sea espontáneamente, el ser querido; +se desea deber la tranquilidad á una expansión +de cariño y ternura. Sergio sintió que +su dignidad amorosa no le permitía insistir en +la pregunta, y fingió olvidarse de ella; pero le +quedó la espina hincada muy adentro. Aparentó +estar alegre cuando realmente se encontraba +abatido y melancólico, y apenas acertaba á +pensar sino en el guardapelo de su esposa. ¿Qué +contenía? Hubiese dado la vida por salir de dudas... +pero oyéndolo de boca de ella misma, de +sus dulces labios, en uno de esos arranques +leales y divinos en que los espíritus se besan, +entrelazan y funden. Mas como Matilde, aunque +siempre zalamera y halagadora, continuaba +callándose lo del guardapelo, Sergio comprendió +que se confundía su razón, que padecía +mucho, y que, cuando tenía delante á su mujer, +linda, adornada, dispuesta á amantes expansiones, +en vez de ver su codiciada hermosura, +sólo veía el siniestro punto de oro, el guardapelo +fatal.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_122">[Pg 122]</span></p> + +<p>Matilde notó por fin la preocupación de su +marido, y con coqueterías y mimos quiso arrancarle +la confesión de sus causas. Un día, tanto +apretó, que Sergio, vencido—el que ama fácilmente +se rinde—, reclinando la cabeza en el +seno de su mujer, declaró que le atormentaba +ignorar lo que contenía aquel tan estimado +guardapelo.</p> + +<p>—¿Y era eso?—respondió Matilde sonriente—¡Válgame +Dios! ¿Por qué no lo dijiste más +pronto? En este guardapelo... hay un mechón +de pelo de mi padre.</p> + +<p>La explicación parecía muy satisfactoria, y, +sin embargo, Sergio, al oirla, sintió hondo estremecimiento +allá en lo íntimo de su conciencia. +No le había sonado bien la voz de Matilde; +no encontraba en ella ese timbre claro, que es +como el eco de la verdad. Por primera vez desde +su boda tuvo un violento arranque, y señalando +á la cadena, ordenó:</p> + +<p>—Abre ese guardapelo.</p> + +<p>Leve palidez se extendió por las mejillas de +Matilde, pero obedeció; apretó el resorte y Sergio +divisó, tras su cristal, un mechón de pelo +fino, de un rubio ceniza... En vez de echar los +brazos al cuello de su mujer, que repetía: «¿Lo +ves?» Sergio volvió á percibir otro golpe, otra +fría puñalada... Retiróse lentamente, y aquel +día los esposos no se hablaron. Matilde, quejándose +de jaqueca, se acostó á medio día, y +Sergio salió al campo á pasear.</p> + +<p>Cavilaba, discurría. Su suegro, ya difunto, y +á quien había conocido calvo, con cerquillo de<span class="pagenum" id="Page_123">[Pg 123]</span> +pelos grises, ¿sería en su juventud tan rubio? +La cosa era bastante difícil de averiguar. Probablemente +nadie recordaba ese detalle, pues +para nadie tenía importancia, sino para él, Sergio, +en aquella hora de su vida. ¿Quién le diría +la verdad? Los días siguientes, disimulando la +inquietud, preguntó á troche y moche, frecuentó +el trato de los contemporáneos de su suegro, +revisó retratos antiguos, fotografías, una miniatura... +Nada logró sacar en limpio, más que +noticias contradictorias.—Por fin, recordó que +hacía pocos meses Matilde le había interesado +en una recomendación á favor de un quinto, +nieto de cierta buena mujer que había sido niñera +de su padre, y que vivía aún, en una aldea +cercana. Sergio, afanoso, ensilló el caballo y +no paró hasta apearse ante la cabaña de la viejecita. +Ésta, que frisaba en los ochenta y tres +años, estaba impedida, medio ciega y casi sorda. +Costóle gran trabajo á Sergio hacer comprender +á la anciana su extraña pregunta. ¿De +qué color tenía el pelo su suegro cuando era +niño? Al fin, la vieja, meneando la cabeza decrépita, +respondió en cascada voz, alzando el +dedo índice:</p> + +<p>—¿El pelo? Lo tenía negrito, negrito como la +endrina. ¡Ay! Era muy guapo.</p> + +<p>Sergio, que al pronto se quedó convertido en +piedra, salió después corriendo como un loco. +Matilde había mentido. ¡La condenaba aquel +testimonio irrecusable! No podía ser recuerdo +filial el mechón rubio.</p> + +<p>Una semana tardó Sergio en volver á su hogar.<span class="pagenum" id="Page_124">[Pg 124]</span> +Anduvo errante, desatinado, y durante +aquella semana puede decirse que recorrió el +ciclo de la vida del sentimiento y que agotó entera +la copa de la duda y la desesperación, sufriendo +la profunda miseria moral que acompaña +á los celos. Los dos primeros días dió por +seguro que Matilde era una gran culpable y decidió +matarla.—Los dos siguientes supuso que +el mechón no recordaba sino algún inocente +amorío de la adolescencia. Y al correr los tres +últimos empezó á sonreirle una hipótesis que á +cada paso se le figuraba más cuerda y razonable: +la anciana, chocha ya, se había equivocado, +como se equivocan hasta en lo más patente +otras dos centenarias temblonas, la historia y +la tradición. Al séptimo día, en el alma de Sergio +el amor consiguió reconstruir su mundo +ideal: la condenada vieja mentía, era una bellaca +embustera y maliciosa; el padre de Matilde +tenía el pelo rubio, muy rubio, y en último caso, +si aquel mechón fuese <em>una memoria</em>... ¿qué importaba? +No hay mujer que no conserve un +guardapelo y lo lleve, si no al cuello en el corazón, +lo cual es peor, ¡peor infinitamente!—Y +Sergio, dolorido, pero resignado y ferviente, +volvió al lado de Matilde, acostumbrado ya al +brillo siniestro del punto de oro.</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_125">[Pg 125]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >LA VENTANA CERRADA</h2> +</div> + + +<p>Si alguna febril curiosidad he padecido en +mi vida—declaró Pepe Olivar, el original +escritor que hizo ilustre el prosaico seudónimo +de <em>Aceituno</em>—; si me convencí prácticamente de +que por la curiosidad se puede llegar á la pasión, +fué debido al enigma de una ventana cerrada +siempre, y detrás de la cual supuse que +vivía—ó más bien que moría—una mujer á +quien no conseguí ver nunca... ¡Nunca!</p> + +<p>—Eso parece leyenda de antaño, cuento misterioso +de la época romántica—exclamó uno de +nosotros.</p> + +<p>—¡Y tú te figuras, incauto—repuso <em>Aceituno</em> +sarcásticamente—que ha inventado algo el romanticismo? +¿Supones que no hubo románticos +sino allá por los años del 30 al 40? ¿Desconoces +el romanticismo natural, que no se aprende? +¿Piensas que la imaginación puede sobrepujar +á la realidad? Las infinitas combinaciones de los<span class="pagenum" id="Page_126">[Pg 126]</span> +sucesos producen lo que ni aun entrevé la inspiración +literaria. De esto he tenido en mi vida +muchas pruebas; pero la historia de la ventana... +¡ah! ésa pertenece, no al género espeluznante, +sino á otro, poco lisonjero ciertamente +para mí... Con todo, no careció de poesía: poesía +fueron, y poesía de gran vibración, las violentas +emociones que logró producirme.</p> + +<p>Supón que yo era muy muchacho: iba á cumplir +los diecinueve, y desde C... acababa de +trasladarme á Madrid para completar mis estudios +en la facultad de Medicina y «despabilarme» +(así decía mi padre, que me tenía por un +rapaz encogido y torpe). Es frecuente que los +chicos, por exceso de sensibilidad, parezcan lerdos; +así me pasaba á mí; andaba por el mundo +como dormido, mientras en mi interior se representaban +novelas, dramas y tragedias, siempre +con el mismo protagonista; el pobre estudiante +de medicina, que desde el balcón de una +casa de huéspedes de las más baratas, miraba +pasar el torbellino de la corte, el descenso de +los elegantes trenes hacia el paseo y los toros, +el movimiento incesante, vertiginoso, de una de +las grandes arterias madrileñas.</p> + +<p>Dominaba mi balcón del cuarto piso, no sólo +la ancha calle que sabéis, sino las estufas, dependencias +y jardines de cierto magnífico palacio. +Cuando el bullicio callejero me aburría; +cuando, rendido de estudiar para prepararme á +los exámenes, ó de tragar libros y almacenar +conocimientos, ó de darme un atracón de versos, +soñaba con siestas en el campo y excursiones<span class="pagenum" id="Page_127">[Pg 127]</span> +al través de las rientes campiñas galaicas, +reposaba fijando la vista en lo que familiarmente +llamaba «mi jardín». Dada la penuria de vegetación +del interior de Madrid, el tal jardín se +me figuraba un oasis consolador de la estrechez +de mi cuarto, del tiesto de albahaca tísica que +cultivaba mi patrona, de la falta de dinero para +salir al campo los domingos. Frondosos y crecidos +eran los árboles que sombreaban la fachada +del palacio; pero, en otoño, los de hoja caduca, +al despojarse de su rozagante vestido verde, +me descubrían, en el segundo piso, en el ángulo +del edificio, muy distante del pórtico por donde +salían los carruajes, <em>la ventana</em>...</p> + +<p>Al pronto, no extrañé que aquella ventana, +alta y rasgada, fuese la sola que jamás se abría, +la única que, protegida siempre por el abrigo +de su tupido cortinaje de seda, permanecía velada +como un santuario y cerrada como la reja +de una prisión. Así que caí en la cuenta, lo +único que me atraía del palacio espléndido era +la ventana dichosa. Mi vista, que antes registraba +afanosamente los dorados salones, las +bien decoradas estancias, los gabinetes llenos +de delicados chirimbolos, el lujo severo del comedor, +con sus bandejas de plata repujada y +sus flamencos tapices—cosas que daban idea de +una vida superior, desconocida para mí—, ahora +desdeñaba tal espectáculo, y «atraída por un +imán más poderoso», como dice Hamleto, no +se apartaba del ángulo del edificio, de la ventana +nunca abierta.</p> + +<p>Con insinuantes preguntas á mi patrona; haciendo<span class="pagenum" id="Page_128">[Pg 128]</span> +charlar á mis compañeros de hospedaje +y café, que se jactaban de conocer á fondo la +crónica madrileña—quise averiguar la biografía +de los moradores del palacio. Si bien todos +afirmaban saberla á ciencia cierta y con pelos y +señales, al precisar sólo obtuve datos truncados +y hasta contradictorios, que me pusieron en +mayor confusión.</p> + +<p>El dueño del palacio era un opulento magnate +que había pasado larguísimas temporadas +en el extranjero, desempeñando altos puestos +diplomáticos. Por su alejamiento de la patria y +por su carácter reservado y altanero, tenía en +Madrid escasos amigos y contadas relaciones, +y era de los que ni se dejan ver ni quieren gente. +Al tratarse de la familia del señorón, empezaban +las opuestas versiones y las noticias novelescas. +Según unos, el magnate estaba viudo +de cierta bellísima inglesa, y tenía consigo á +una hija no menos hermosa, único fruto de su +enlace; según otros, la inglesa no había muerto +y residía en el palacio, secuestrada por los bárbaros +celos del esposo... Gentes de imaginación +volcánica aseguraban que la dama emparedada +del palacio no era sino una odalisca robada en +Constantinopla, y muchos la convertían en +princesa circasiana venida de los países donde +es más puro el tipo humano en la raza blanca, +y donde la mujer, satisfecha con tener á su lado +al señor y dueño, no aspira ni á sentar en las +losas de la calle su diminuta babucha bordada +de perlas... Estas suposiciones me derramaron +en las venas vitriolo y fuego. ¡Recuerdo que<span class="pagenum" id="Page_129">[Pg 129]</span> +frisaba yo en los veinte años, y que no había +amado aún! Noches enteras me pasé fantaseando +la ventana cerrada, que guardaba, á mi parecer, +la clave de mi destino. Con el corazón +palpitante espiaba la aparición de la mujer que +alguna vez, fatalmente, entreabriría el cortinaje +y pagaría mis miradas con una sola, resumen +de la dicha... No me cabía duda; la primer +ojeada de la cautiva sería chispa de rayo, +premio de mi insensata y romancesca devoción... +Me procuré unos gemelos marinos para +mejor escrutar el arcano de la ventana. Conté +las mallas del encaje del trasparente, las bellotas +de pasamanería del cortinaje doble, los arabescos +del brocado... Cuando se encendían dentro +las lámparas, yo veía pasar y repasar una +sombra gallarda, esbelta, ya arrastrando flotante +bata, ya ceñida por severo traje oscuro; sombra +divina, cuerpo de mi ensueño loco... ¿Lo +creerán ó dirán que exagero? Hasta tal punto +me sacaban de quicio la dama invisible y la +ventana cerrada, que eran indiferentes á mi +juventud fogosa todas las mujeres y se me hacía +aborrecible la lectura, como no encontrase en +los libros alguna situación semejante á la mía...</p> + +<p>¡Los planes que forjé! ¡Los delirios que se me +ocurrieron! ¿Por qué secuestraban á aquella +mujer celestial? ¿Qué tirano, qué verdugo era +el magnate? ¿Qué nombre daba á sus derechos? +¿Padre? ¿Marido? ¿Raptor y amante celoso? +¿Había yo de tolerar el crimen? ¿No podría el +oscuro estudiante, el cero social, libertar á la +prisionera? ¿Tanto costaba escalar la tapia, salvar<span class="pagenum" id="Page_130">[Pg 130]</span> +la puerta, aprovechar descuidos de los servidores, +deslizarme escalera arriba, aparecer +de súbito en el cuarto de la hermosa, caer á sus +pies y decir en voz conmovida: «Aquí me tienes; +el cielo te depara un redentor».</p> + +<p>Sólo que del pensamiento al hecho... Á pesar +de mi fiebre amorosa y heroica, el aspecto señorial +del palacio, la gravedad del portero de +librea de gala, lo sólido del enverjado, los ladridos +roncos de un colosal dogo de Ulm, la +saludable memoria del Código y también la +certidumbre de mi bolsillo vacío—-no hay cosa +que así cohiba—, hacían que mis propósitos se +desvaneciesen como el humo. Y quiso la pícara +casualidad que una mañana que me levanté +muy resuelto, al mirar al jardín y al palacio +pensé que me daba un accidente... La ventana, +¡la ventana! estaba abierta de par en par.</p> + +<p>Exhalé un grito, asesté los gemelos... La habitación, +un elegante y muelle <em>boudoir</em> femenino, +se encontraba vacía, desierta, solitaria... +Recorrí las demás ventanas del palacio, todas +abiertas, y en los salones ni alma viviente... El +portero, ya sin librea, fumaba en el jardín; dos +mozos retiraban plantas y jarrones á la estufa. +Bajé mis cuatro pisos, crucé la calle, me llegué +á la verja, tiré de la campana, pregunté... Los +señores, la víspera, se habían marchado á Berlín.</p> + +<p>—¿Y llegaste á averiguar, oh insigne <em>Aceituno</em>, +quién era la dama secuestrada?</p> + +<p>Pepe Olivar sonrió con ironía y humorismo, +no sin mezcla de tristeza y nostalgia—su sonrisa +propia, la marca de su estilo.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_131">[Pg 131]</span></p> + +<p>—Reíos también, ¡es muy chusco! Era la esposa +del magnate, una inglesa... y secuestrada, +ya lo creo... pero por su propia voluntad, único +medio de que no rompa sus hierros una mujer. +Ésta padecía una enfermedad de la piel; +una de esas afecciones tercas y repugnantes, que +desfiguran el rostro. De flor de Albión se había +convertido en berenjena madura... y como la +prescripción era evitar la más leve corriente del +aire, no salía del tocador... Por otra parte, no +quería que la viese nadie con la cara echada á +perder. Un doctor alemán restauró las rosas y +la nieve de aquella faz, que yo adoré sin haberla +visto.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_132">[Pg 132]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_133">[Pg 133]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >INFIDELIDAD</h2> +</div> + + +<p>Con gran sorpresa oyó Isabel de boca de su +amiga Claudia—mujer formal entre todas, +y en quien la belleza sirve de realce á la +virtud, como al azul esmalte el rico marco de +oro—la confesión siguiente:</p> + +<p>—Aquí donde me ves, he cometido una infidelidad +cruelísima, y si hoy soy tan firme y +perseverante en mis afectos, es precisamente +porque me aleccionaron las tristes consecuencias +de aquel capricho.</p> + +<p>—¡Capricho tú!—repitió Isabel atónita.</p> + +<p>—Yo, hija mía... Perfecto, sólo Dios. Y gracias +cuando los errores nos enseñan y nos depuran +el alma.</p> + +<p>Con levadura de malignidad, pensó Isabel +para su bata de encaje:</p> + +<p>—Te veo, pajarita... ¡Fíese usted de las moscas +muertas! Buenas cosas habrás hecho á cencerros<span class="pagenum" id="Page_134">[Pg 134]</span> +tapados... Si cuentas ésta, es á fin de +que creamos en tu conversión.</p> + +<p>Y, despierta una empecatada curiosidad y +una complacencia diabólica, volvióse la amiga +toda oídos... Las primeras frases de Claudia +fueron alarmantes.</p> + +<p>—Cuando sucedió estaba yo soltera todavía... +La inocencia no siempre nos escuda contra los +errores sentimentales. Una chiquilla de dieciséis +años ignora el alcance de sus acciones; juega +con fuego sobre barriles atestados de pólvora, +y no es capaz de compasión, por lo mismo +que no ha sufrido...</p> + +<p>La fisonomía de Claudia expresó, al decir así, +tanta tristeza, que Isabel vió escrita en la hermosa +cara la historia de las continuas y desvergonzadas +traiciones que al esposo de su amiga +achacaba con sobrado fundamento la voz +pública. Y sin apiadarse, Isabel murmuró interiormente:</p> + +<p>—Prepara, sí, prepara la rebaja... Ya conocemos +estas semiconfesiones con reservas mentales +y excusas confitadas... El maridito se +aprovecha, pero por lo visto has madrugado +tú... Pues por mí, absolución sin penitencia, +hija... ¡Y cómo sabe revestirse de contrición!</p> + +<p>En electo; Claudia, cabizbaja, entornaba los +brillantes ojos, velados por una humareda oscura, +profundamente melancólica.</p> + +<p>—Dieciséis años; era mi edad... y había un +ser á quien entonces quería acaso más que á +ninguno. Todos los momentos de que podía disponer, +los dedicaba á acariciarle, á hacerle demostraciones<span class="pagenum" id="Page_135">[Pg 135]</span> +de ternura, que él pagaba con +otras, mil veces más apasionadas y alegres...</p> + +<p>—¡¡Claudita!!—esclamó Isabel con pudibundo +mohín.</p> + +<p>—Isabel...—repuso ésta—tranquilízate, y +que no te parezca cómica la revelación... ¡Si +vieses qué lejos de mí está el tomar á broma +este episodio! ¡Ojalá pudiese! El ser querido era +un perro...</p> + +<p>—¡Ah!—gritó Isabel, que no pecaba de necia—Debí +figurármelo... Sólo un perro justifica +el lirismo con que te expresabas... Sólo el +corazón del perro encierra lealtad, sinceridad y +nobleza bastante para satisfacer á una soñadora +como tú...</p> + +<p>—Y ahí está la razón de mis remordimientos...—afirmó +seriamente Claudia—Si yo hubiese +vendido á un ser capaz de venderme... +mi conciencia estaría casi tranquila. Habría +arriesgado algo, me habría expuesto á represalias... +mientras que así...</p> + +<p>—Comprendo, comprendo—balbució Isabel, +conmovida á pesar suyo.</p> + +<p>—Á pesar del tiempo transcurrido, aún me +persiguen los recuerdos de mi maldad... Los +años nos hacen más blandos de corazón; la juventud +ve delante de sí tantas esperanzas, que +no quiere mirar al dolor, ni apiadarse del daño +que aturdidamente ocasiona... Mi error no tuvo +disculpa, ni siquiera la del buen gusto. Ivanhoe, +mi primer favorito, era un perrazo magnífico, +un terranova de pelo ensortijado y negrísimo, +como denso tapiz de alto astracán. De cabeza<span class="pagenum" id="Page_136">[Pg 136]</span> +noble é inteligente, el mirar de sus grandes +ojos de venturina destellaba una bondad ideal; +¡decía un mundo de cosas! Cuando venia á descansar +la cabezota en mi regazo, y fijaba en +mis pupilas las suyas magnéticas, yo leía en +ellas la resolución de morir por mí, si fuese +preciso. La sombra de un peligro, la entrada +de una persona desconocida, contraían con repentina +ferocidad el hocico de Ivanhoe, que enseñaba +sus blancos dientes amenazándoles, gruñendo +sordamente. De día, me seguía paso á +paso; de noche, dormía atravesado en el umbral +de mi puerta. Mi pureza no necesitaba otro +guardián, y mis padres acostumbraban decir +que con Ivanhoe iba yo más defendida que con +tres criados.</p> + +<p>En esto sucedió que vino de París mi tía la +de Bellver, y me trajo un regalo carísimo. Empezaban +á ponerse de moda los grifones, y dentro +del manguito me presentó uno, diminuto +hasta la ridiculez y feo hasta la sublimidad: +«una delicia», voz unánime de cuantos le admiraron +en la tertulia. Un matorral de pelo gris +sucio se cruzaba y confundía en la cara del animalejo, +escondiendo sus ojos desproporcionados, +parecidos á enormes cuentas de azabache +y descubriendo sólo la nariz, trufita húmeda, +reluciente y donosa hasta la caricatura. <em>Clown</em>—así +se llamaba el bichejo—fué nuestro juguete, +frágil, original y envidiado, porque no se +conocía otro en Madrid; y la miseria de mi vanidad +me incitó á consagrar á Clown exclusivamente +todos mis halagos, á no separarle de mí,<span class="pagenum" id="Page_137">[Pg 137]</span> +á adoptarle por favorito, olvidando enteramente +á Ivanhoe. Es más; llegué á expulsar á Ivanhoe +de mi presencia y de mi cuarto, porque +asustaba al grifón, el cual, muy tembleque, +como todos los perros chiquitines, se convertía +en azogado al ver al colosal terranova. Me entregué +sin reparo al nuevo cariño, y si no le +encargué á Clown un <em>trousseau</em> lujosísimo de +sedas, encajes y plumas (ya sabes que esto se +hace hoy, como que existen modistas especiales +y hasta figurines para perros), al menos me dediqué +á lavarle, peinarle, perfumarle y atusarle, +y le construí un collarín precioso de perlitas, +sacrificando mi mejor brazalete para los pasadores +de diamantes. Mis amigas rabiaban por no +tener otro Clown; yo le sacaba en carruaje, en +el manguito ó en el rincón de mi chaqueta, entre +el brazo y el seno; y al lucir tan gracioso +dije viviente, al ostentarlo como una niña ostenta +una muñeca más cara que todas, me pavoneaba +y me hinchaba de orgullo, sin pensar +ni un instante en el olvidado...</p> + +<p>El olvidado había procedido con la mayor +dignidad, con la delicadeza más absoluta. Bastaríale +mover una pataza para aplastar al rival +intruso, pero se desdeñó hasta de ladrarle: tan +mezquino enemigo no merecía los honores del +ataque y de la protesta. Si se hubiese tratado +de un perrazo... ya Ivanhoe disputaría mi ternura +á dentelladas. Ante aquel ser exiguo, +Ivanhoe comprendió que no le tocaba descender +á ningún extremo celoso; se abatió, encogió +la cola, agachó la cabeza, y resignadamente<span class="pagenum" id="Page_138">[Pg 138]</span> +descendió á la cuadra, donde los cocheros se +encargaron de cuidarle.</p> + +<p>—Ese perro era <em>un caballero</em>—interrumpió +Isabel.</p> + +<p>—Y yo... <em>¡una infame!</em>—declaró amargamente +Claudia.—Ivanhoe, solo, enfermo, abandonado +entre gente grosera y estúpida... No me +enteré sino cuando no había remedio.—Tiene +la rabia mansa—me dijeron—y aunque no hace +daño ni muerde, habrá que pegarle un tiro.—Sentí +un golpe repentino en el corazón; me escapé, +me escurrí furtivamente hasta la cuadra, +y me acerqué al montón de paja mal oliente en +que yacía tendido Ivanhoe. Á mi voz, entreabrió +las pupilas y meneó débilmente la cola, como +diciendo: «Gracias, soy tu amigo, soy aquel +mismo, á pesar de todo...». Habían notado mi +escapatoria y me arrancaron de allí deshecha +en llanto, ahogada por los sollozos, convulsa; +me encerraron en mi habitación, y á la media +hora oí en el patio dos detonaciones de arma +de fuego...</p> + +<p>Claudia calló y apretó en silencio, enérgicamente, +la mano de Isabel. Después de una pausa, +dijo sonriendo:</p> + +<p>—Ivanhoe me perdonó, porque en él no cabía +otra cosa; ¡quien no me ha perdonado ha sido +el destino... el gran vengador! No me ha traído +suerte la infidelidad... El que á hierro mata...</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_139">[Pg 139]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >DE VIEJA RAZA</h2> +</div> + + +<p>Á cada salto de la carreta en los baches de +las calles enlodadas y sucias, las sentenciadas +á muerte se estremecían y cruzaban largas +miradas de infinito terror. Sí, preciso +es confesarlo: las infelices mujeres no querían +que las degollasen. Aunque por entonces +se ejercitaba una especie de gimnasia estoica y +se aprendía á sonreir y hasta á lucir el ingenio +soltando agudezas frente á la guillotina, en esto +como en todo las provincias se quedaban atrasadas +de moda, y los que presentaban su cabeza +al verdugo en aquella ciudad del Poitou no +solían hacerlo con el elegante desdén de los de +la «hornada» parisiense.—Además, las víctimas +hacinadas en la carreta no se contaban en el +número de las viriles amazonas del ejército de +Lescure, ni habían galopado trabuco en bandolera +con las partidas del <em>Gars</em> y de Cathelineau. +Señoras pacíficas sorprendidas en sus castillos +hereditarios por la revolución y la guerra, +briznas de paja arrebatadas por el torrente,<span class="pagenum" id="Page_140">[Pg 140]</span> +no se daban cuenta exacta de por qué era +preciso beber tan amargo cáliz. ¿Ellas qué habían +hecho? Nacer en una clase social determinada—ser +aristócratas, como se decía entonces—. +Nada más. Los cuatro cuarteles de su escudo +las empujaban al cadalso. No lo encontraban +justo. No comprendían. Eran <em>sospechosas</em>, al +decir del tribunal; <em>malas patriotas</em>. ¿Por qué? +Ellas deseaban á su patria toda clase de bienes; +jamás habían conspirado. No entendían de política. +¡Y dentro de un cuarto de hora...!</p> + +<p>Cinco mujeres iban en la carreta: dos hermanas +solteronas, viejísimas, las que mayor resignación +demostraban en el trance; una dama +como de treinta años, esposa de un guerrillero, +separada de él desde el mismo día de sus bodas, +que no le había visto nunca más porque no podía +sufrirle, y pagaba ahora el delito de llevar +tal nombre; una viuda, la condesa de L’Hermine, +y su hija Ivona, criatura de dieciocho años, +de primaveral frescura y perfecta belleza. Bajo +el gorrillo ó cofia de blancos vuelos, el pelo +suelto y rubio de la niña se escapaba formando +aureola á la cara cubierta de mortal palidez, +y en que las pupilas color de violeta y los +cárdenos labios parecían toques de sombra sepulcral. +Las manos, atadas atrás, temblaban; +los dientes castañeteaban; doblábase desmayado +el cuerpo.</p> + +<p>Sin embargo, desde la mitad del camino—que +era largo, por encontrarse la prisión en las +afueras de la ciudad y en el centro la plaza—, +Ivona de L’Hermine, enderezándose, demostró<span class="pagenum" id="Page_141">[Pg 141]</span> +inquietud nerviosa, delatora de una esperanza. +Dos veces el oficial que mandaba la escolta +de <em>azules</em> á caballo se había acercado á la +carreta y murmurado al oído de Ivona algunas +palabras, un cuchicheo. Tiñó el carmín las mejillas +descoloridas de la doncella: no era el rubor +de la modestia, ni el dulce sofoco de la pasión; +no eran los sentimientos que en un alma +joven despiertan las expresiones del amoroso +rendimiento. Por más que el oficial fuese mozo +y gallardo, Ivona no reparaba en su apuesta figura. +Otra cosa encendía su rostro; la vida, la +mágica vida, la vida que no había saboreado y +que iba á perder. Al casi paralizado corazón +acudía de nuevo la sangre, y los ojos de violeta +recobraban su luz. ¡No morir!</p> + +<p>Instintivamente, desde que Ivona oyó la primer +frase balbuceada por el oficial, trató de +desviar el rostro, evitando el de su madre. +Ésta, en cambio, clavaba en Ivona los ojos, +fijos, ardientes, interrogadores. Ya á la salida +de la cárcel pudo notar la impresión producida +en el oficial por la hermosura de Ivona. La +condesa no tenía ideas políticas; no la importaba +Luis XVII martirizado en el Temple; mal +de su grado se veía envuelta por los sucesos; +deber la vida á un republicano no la parecía +humillante. Se la debería gustosísima, aceptaría +la de su hija, pero... ¿y la honra?—Por espacio +de largos años, recluida en sus haciendas, +lejos del mundo, sólo había atendido la condesa +á educar á Ivona con máximas de honestidad +y de recato, cultivándola entre blancuras<span class="pagenum" id="Page_142">[Pg 142]</span> +de azucena, fortificándola por el ejemplo de la +más casta viudez. La corrupción de la corte espantaba +á la condesa, y hasta había momentos +en que, recordando á Luis XV, justificaba la +revolución y la consideraba castigo divino, merecido +y necesario. La fe y el culto supersticioso +de aquella mujer no eran la monarquía ni +el antiguo régimen, sino la pureza, la religión +del armiño que llevaba en su título nobiliario +y en la empresa de su blasón. Y al observar +cómo el oficial devoraba con la mirada á Ivona, +al ver que deslizaba en su oído palabras +que la reanimaban instantáneamente, pensó +para sí: «Quiere salvarla. ¿Á ella sola? ¿Á qué +precio?</p> + +<p>Increíble parece que una idea triunfe del horror +que nos domina, al ver abierta la negra +boca del no ser, las fauces de la eternidad. La +condesa, en tan decisivos momentos, olvidando +el miedo, sólo pensaba en Ivona ultrajada, mancillada, +llevada por el oficial á su pabellón +como una mujerzuela, después de que la hubiese +arrebatado al patíbulo. Y no cabía duda: +la niña aceptaba el trato: quizá su inocencia ignorase +las condiciones; pero lo admitía: era vivir, +era evitar el amargo trance. Mientras la +indignación hervía en el alma de la madre, la +hija volvía la cabeza para buscar con sus ojos, +antes amortiguados, resplandecientes ahora, suplicantes, +agradecidos, al jefe de la escolta, que +la dirigía una sonrisa tranquilizadora, de inteligencia... +Y ya llegaban; todo iba á consumarse; +la carreta empezaba á abrirse paso difícilmente<span class="pagenum" id="Page_143">[Pg 143]</span> +por entre las oleadas de la multitud que +llenaba la plaza, en cuyo centro, siniestra y rígida +silueta, se alzaba la guillotina, recogiendo +un rayo de sol en su cuchilla de acero...</p> + +<p>Al detenerse la carreta, los soldados, atentos +á una orden del oficial, hicieron bajar á la condesa +y á Ivona. Quedaron las demás sentenciadas +dentro, aguardando su turno: rezando las +viejas, la esposa del guerrillero renegando de +su suerte y pidiendo compasión. La condesa +advirtió que la llevaban á ella primero y que su +hija quedaba como rezagada al pie de la escalera, +medio perdida ya entre el gentío. El hielo +del espanto, el estremecimiento que la vista del +patíbulo había derramado en sus venas, provocando +un sudor frío instantáneo, se convirtieron +en una especie de furor silencioso, de desesperada +vergüenza. Ya veía los dedos del +oficial desordenando los rizos rubios de Ivona, +y la imagen sensible, la representación de la +afrenta, era más cruel y más amarga que la del +suplicio. «No lo conseguirá», decidió con resolución +terrible. Acordóse de que por descuido +ó transigencia la habían dejado desatadas las +manos. Como si quisiese confortarse el corazón, +deslizó la mano por la apertura de su corpiño. +Algo sacó oculto en el hueco de la mano. Y +cuando el verdugo se acercó á sostenerla para +que subiese los peldaños de la escalerilla, en +rápida confidencia le dijo no se sabe qué, deslizándole +en la diestra un puñado de oro. Se ignorará +lo que dijo... pero, por los resultados, se +adivina.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_144">[Pg 144]</span></p> + +<p>Sucedió una cosa que al pronto no acertaron +á explicarse los que presenciaban la escena tristísima, +y en aquellos tiempos ya casi indiferente +á fuerza de ser habitual. Y fué que el verdurgo, +retrocediendo, cogió brutalmente á la +señorita de L’Hermine por el talle, por donde +pudo, y en un segundo la empujó á la escalera, +y á empellones la subió á la plataforma. La condesa +le ayudaba, se hacía atrás, impulsaba también +á su hija y la arrojaba á los brazos del ejecutor +de la ley. Hízose tan rápidamente la maniobra, +y era tal el oleaje del pueblo, que rugía +é insultaba, la confusión en que la escolta se +había apelotonado, que cuando el oficial, atónito, +se precipitó, quiso intervenir, Ivona caía en +la báscula, y la media luna se deslizaba mordiendo +la garganta torneada, contraída por el +espasmo del terror supremo, que ni gritar permite... +El verdugo agarró por los mechones largos +y rubios la lívida cabeza de la niña, que destilaba +sangre, y la presentó á los espectadores. +Y la condesa de L’Hermine, al acercarse sin +resistencia para recibir la misma muerte, pensaba +con satisfacción heroica:</p> + +<p>—¡Gracias que pude esconder en el pecho las +monedas!</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_145">[Pg 145]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >BENITO DE PALERMO</h2> +</div> + + +<p>Preguntáronle sus amigos al marqués de +Bahama—riquísimo criollo conocido por +su fausto, sus derroches y su aristocrática manía +de defender la esclavitud—por qué singular +capricho llevaba á su lado en el coche y sentaba +á su mesa á cierto negrazo horrible, de lanuda +testa y morros bestiales, y por contera siempre +ebrio, siempre exhalando tufaradas de aguardiente, +que no lograban encubrir el característico +olorcillo de la raza de Cam.—Hay—le decían—negros +graciosos, bien configurados, de +dientes bonitos, de piel de ébano, de formas esculturales; +pero éste da grima; más que negro +es verde violeta; es una pesadilla.—Y el Marqués, +sonriendo, defendía á su negrazo con algunas +frases de conmiseración indolente: «¡Pobrecillo! +¡Qué diantre!... Yo soy así».</p> + +<p>Al cabo, en una alegre cena donde se calentaron +las cabezas, merced á que se bebió más +champagne y más manzanilla y más licores de<span class="pagenum" id="Page_146">[Pg 146]</span> +lo ordinario, y lo ordinario no era poco; viendo +yo al marqués animado, decidor—en plata, algo +chispo—aproveché la ocasión de repetir la pregunta. +¿Por qué Benito de Palermo—así se llamaba +el negrazo—gozaba de tan extraordinarias +franquicias? Y el marqués, á quien le relucían +los hermosos ojos negros, de pupila ancha, contestó +sonriendo y señalando á Benito, que yacía +bajo la mesa, completamente beodo:</p> + +<p>—Por borracho, cabal; por borracho.</p> + +<p>No logré que entonces se explicase más. Parecióme +tan rara la causa de privanza de Benito, +como la privanza misma. De allí á dos días, +paseando juntos, recordé al marqués su extraña +contestación, y él, arrojando el magnífico +<em>recorte</em> que chupaba distraídamente, murmuró +con entonación perezosa:</p> + +<p>—Bueno; pues ya que solté esa prenda, diré +lo que falta... Ahora se sabrá cómo si no es la +borrachera de Benito, estoy yo muerto hace +años, y de la muerte más horrorosa y cruel.</p> + +<p>No ignora usted que me he educado en los +Estados Unidos, y me aficioné á los viajes desde +la niñez, porque allí el viajar se considera +complemento de toda escogida educación. Antes +de cumplir los veinticinco años había recorrido +las principales ciudades de Francia, Inglaterra +y Alemania; sabía cómo se vive en +cada nación culta; en París, sobre todo, me había +pasado inviernos enteros. Sin embargo, la +monotonía de la civilización empezaba á causarme +tedio, y me hurgaba el caprichillo de ver +países menos cultos á la moderna. Dediqué unos<span class="pagenum" id="Page_147">[Pg 147]</span> +meses á registrar la hermosa Italia, parando mucho +en Roma y consagrando temporaditas á Florencia, +Nápoles, Sicilia, Malta y Córcega; y engolosinado +ya—Italia siempre será un paraíso—propúseme +realizar al año siguiente otro +delicioso viaje, el de Oriente: Grecia, Turquía +y Palestina. Para venir á lo que importa de este +cuento, lleguemos ya á Atenas, donde, por recomendaciones +que llevaba, encontré excelente +acogida en el cuerpo diplomático y en la corte, +lo cual, y otra cosa que añadiré, contribuyó á +que se prolongase mi estancia en la capital de +Grecia bastante más de lo que pensaba.</p> + +<p>Es el caso que en una fonda magnífica de Florencia +había yo visto, por espacio de pocas horas, +á una hermosísima inglesa, la cual grabó +en mi espíritu una impresión que no habían +conseguido borrar el tiempo ni la distancia. Era +de esas mujeres que no se olvidan, porque á la +belleza plástica, incomparable, reunía una gracia, +una viveza y una originalidad excéntrica y +picante, que empeñaban en perseguirla y adorarla. +El vulgo cree que todas las inglesas son +sosas; pero yo le aseguro á usted que la que +sale donosa, vale por diez. Eva... (suponga usted +que se llamaba así) era viuda, y viajaba +con una dama de compañía, sin rumbo fijo, +adonde la llevaba su imaginación artística y fogosa. +En los cortos momentos que conseguí hablarle, +volvióme loco. No me atreví á galantearla +abiertamente, y sólo con los ojos le +revelé el efecto que en mí causaba. Debo advertir +que no me hizo maldito el caso, que me toreó,<span class="pagenum" id="Page_148">[Pg 148]</span> +y en una vuelta que di me encontré con +que había desaparecido, sin que me fuese posible +acertar con ella, por más que la busqué +desalado al través de toda Italia.</p> + +<p>Calcule usted mi sorpresa y mi emoción, +cuando en el primer sarao á que asisto en la +embajada inglesa en Atenas, me encuentro á +Eva radiante de hermosura, divinamente prendida +y dispuesta á valsar. Excuso decir que inmediatamente +me dediqué á cortejarla, y á +fuerza de atenciones logré algunas ligeras señales +de complacencia, pequeños indicios de +que no la era desagradable mi persona. Sin embargo, +en los saraos sucesivos, y en todos los lugares +donde yo procuraba encontrarme con Eva y +acompañarla, noté cuán difícil era ganar terreno +en aquel corazón caprichoso y rebelde. Eva +me desesperaba con sus coqueterías y sus arrechuchos; +nunca estaba yo seguro de llegar á +vencerla; si me veía alegre, me quería triste; si +yo decía negro, ella respondía blanco. Creo que +este sistema me trastornaba más, y ya me encontraba +á punto de darme á todos los demonios, +cuando...</p> + +<p>—Pero—interrumpí—lo que no sale á relucir +es Benito de Palermo; y confieso que Benito +me importa más que la hermosa Eva.</p> + +<p>—Cachaza, ya llegaremos á Benito—respondió +sonriendo el marqués—. Iba á decir que +por entonces fué cuando parte de la colonia inglesa +que se encontraba en Atenas dispuso organizar +una excursión á caballo y en coche, con +objeto de visitar la célebre llanura de Maratón.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_149">[Pg 149]</span></p> + +<p>—¡Ah!—exclamé estremeciéndome involuntariamente.—¡Ya +sé, ya sé! ¡Conque le tocó á +usted ese chinazo! ¡Qué cosa tan horrible!</p> + +<p>—Veo que recuerda usted el episodio. ¡No es +para olvidado, no! Toda la prensa europea habló +de eso detenidamente, publicando grabados, +retratos y pormenores, día por día. Pues +sepa usted que la expedición se combinó en +la embajada, entre un rigodón y un vals de +Strauss. La colonia acogió la idea con fruición +y entusiasmo; las mujeres, sobre todo, estaban +alborotadísimas. Pero yo, que había conversado +largamente con palikaros, intérpretes y comerciantes +judíos, recordé las noticias que me +habían dado sobre una gavilla de bandoleros +que infestaba las inmediaciones de Atenas, y +cuyo número, arrojo y sanguinarias costumbres +eran motivo suficiente para alarmarse y +reflexionar. Emití un dictamen de prudencia, +indicando que convendría, ó llevar numerosa y +bien armada escolta, ó renunciar al proyecto. +Y entonces adquirí la persuasión de que todos los +ingleses tienen vena. Lord *** y los demás, que +formaron parte de la fatal expedición, sonrieron +desdeñosamente cuando les hablé de peligros; +y á aquella sonrisa, que ya me encendió +la sangre, correspondió Eva con algunas frases +tan secas y burlonas, que me restallaron como +latigazos sobre las mejillas. Vino á decir que el +que no se sintiese con ánimos para arrostrar el +riesgo, haría mucho mejor en quedarse, pues +las inglesas no quieren compañía sino de gente +resuelta, capaz de no achicarse ante los bandidos,<span class="pagenum" id="Page_150">[Pg 150]</span> +caso de haberlos, que eso estaba por ver. El +que recuerde los veintiséis años que yo tenía, y +lo enamorado que andaba de Eva, comprenderá +que me propuse formar parte de la expedición, +aunque supusiese que nos acechaban todos +los salteadores del mundo. ¡Ir con Eva de viaje! +¡Galopar á su lado! ¡Qué felicidad!—Y ella, al +conocer mi propósito, giró como una veletilla, +me sonrió, y estuvo conmigo insinuante, +coqueta, hasta mimosa. La excursión quedó +fijada para la mañana siguiente: al despuntar +el día nos reuniríamos en un punto dado, fuera +de las murallas de Atenas, llevando cada cual +ó coche ó caballo, provisiones y armas. De los +guías se encargaba lord ***.</p> + +<p>Aquí aparece Benito de Palermo: no se impaciente +usted, que ya sale el figurón.—Nacido +en casa de mis padres, yo le llevaba conmigo +como quien lleva un perro de lanas, porque la +verdad es que no me servía para maldita la +cosa, pues siempre ha sido torpón y desidioso. +Escondiéndole la bebida, aún se lograba hacer +carrera de él; pero en cuanto lo cataba, un +cepo, una piedra. En Atenas, á fuerza de prohibir +yo en el hotel que le diesen á probar ni vino +ni alcohólicos, íbamos saliendo del paso.—Al +regresar de la embajada, la víspera de la excursión, +llamo al bueno de Benito, le doy órdenes +y las llaves, y le encargo repetidamente +que al rayar el día tenga mi caballo ensillado y +preparadas mis armas, y me despierte aunque +sea á trompicones: hecho lo cual, me adormezco +pensando en Eva.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_151">[Pg 151]</span></p> + +<p>Cuando abro los ojos, el sol entra á torrentes +en mi cuarto. Despavorido, me echo de la cama +y miro el reloj; marcaba las once. Grito como +un insensato llamando á Benito: Benito no contesta. +Salgo al cuarto de tocador, de allí al pasillo... +y tropiezo con un bulto negro, una bestia +que ronca... Es Benito, ¡Benito, más borracho +que un pellejo! Comprendo instantáneamente... +Dueño de mis llaves, había asaltado un +armario donde yo guardaba, entre mis trastos, +una <em>cave à liqueurs</em>, y á aquellas horas la cabalgata +se encontraría cerca de Maratón, y yo sería +para Eva el ser más despreciable y más ridículo.</p> + +<p>Desde que estaba en el viejo continente, no +había empleado el bejuco. Cegué, y arremetiendo +contra el negro, le di tal soba, que volvió +en sí llorando y gimiendo que le asesinaban. +Cuando me harté de pegarle, pensé en ensillar +el caballo y reunirme á la comitiva... Pero era +preciso buscar guía, pues de otro modo, ¿cómo +orientarme en la planicie?—Y antes de que el +guía pareciese, ya se divulgaba por Atenas la +noticia espantosa: los bandoleros habían copado +la expedición, cogiendo prisioneros á los expedicionarios, +después de una heroica resistencia +y de herir gravemente á alguno; las mujeres +habían sufrido peor suerte, escarnecidas á la +vista de sus maridos y hermanos, que atados de +pies y manos no las podían defender... Ya supone +usted cual me quedaría; no he sufrido nunca +impresión más atroz.</p> + +<p>—Recuerdo el caso... Se llevaron á los ingleses,<span class="pagenum" id="Page_152">[Pg 152]</span> +exigiendo un enorme rescate y amenazando +con atormentarles mientras el rescate no +llegara... Si no me equivoco, á lord *** le fueron +mechando y cortando en pedacitos: no hay +idea de martirio semejante...</p> + +<p>—Ea, pues de eso me libré yo por estar Benito +borracho perdido—afirmó el marqués requiriendo +la petaca—. Desde entonces le dejo +beber lo que quiera... y el amo, aquí, es él.</p> + +<p>—Según eso, ¿habrá usted comprendido que +un hombre de color no es un perro?</p> + +<p>—Claro que no. Los perros no se emborrachan +nunca.</p> + +<p>—¿Y Eva? ¿Sufrió el destino de las otras? Estaría +muy bien empleado.</p> + +<p>—¡Pues ahora caigo en que falta lo mejor!-exclamó +el marqués—. Eva, por un antojito, +porque no la gustaba su traje de amazona, también +se había quedado en Atenas... ¡y si Benito +me despierta y acierto á ir con la expedición, +no sólo pierdo la vida, sino los deliciosos ratos +que debí á Eva después... cuando ya se ablandó +su corazón intrépido!</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_153">[Pg 153]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >LEY NATURAL</h2> +</div> + + +<p>Voy á escribir una historieta de amores. Á +pesar de la ciencia, de la economía política, +de la política contra la economía, de los +problemas militares, de las huelgas y las manifestaciones, +el amor conserva aún su atractivo +pueril, su gracia patética ó sonriente. Es el +amor todavía un angélico revoltoso, salado y +dulce, y el aire de sus rizadas alitas, durante +las abrasadas siestas del verano, refresca las +sienes de mucha gente moza.—Fáltale al amor +actualidad, pero le sobra eternidad.—Mi cuento +demostrará por millonésima vez que el dominio +del amor se extiende á todas las criaturas +y que, según á porfía repiten poetas y autores +dramáticos, no hay para el amor desigualdades +sociales.</p> + +<p>Llamábase mi heroína Muff, que en alemán +quiere decir <em>manguito</em>, y la pusieron tal nombre +porque, en efecto, el fino pelaje que la revestía +daba á su diminuto corpezuelo cierta semejanza<span class="pagenum" id="Page_154">[Pg 154]</span> +con un manguito de rica piel gris. +Dama hubo que se equivocó y echó mano á +Muff; pero la dueña de la lindísima grifona intervino +exclamando:</p> + +<p>—Cuidado... que salgo perdiendo yo. No hay +manguitos de ese precio.</p> + +<p>Verdad indiscutible, de las que se demuestran +con cifras. Hasta dos mil francos puede +costar un manguito, si es de chinchilla de primera, +y por Muff se pagaron al contado tres mil. +Hoy las pieles han subido: me refiero á los precios +de entonces. Todavía es preciso agregar al +coste de Muff el importe de sus joyas: dos collares +<em>chien</em>, de perlitas uno, otro de coral rosa con +pasadores de diamantes, y un par de cascabeles +de oro incrustados de rosas y zafiros—dije útil, +pues revelaba con su tilinteo la presencia de Muff +y la salvaba de morir aplastada de un pisotón—. +No omitamos tampoco en el presupuesto de +Muff—nada hay que omitir tratándose de presupuestos—el +valor del elegante <em>trousseau</em> remitido +de París, donde existen modistas y talleres +especialmente dedicados á este ramo. Poseía +Muff y lucía con frecuencia, según la estación, +sus mantas acolchadas de terciopelo, raso +y gro Pompadour, con bolsillito para el microscópico +pañuelo perfumado de <em>lilas blanc</em>, +sus botas de caucho ó cabritilla, sus collarines +de rizada pluma, y creo ocioso añadir que dormía +en lecho de edredón con múltiples cojines +bordados y blasonados.</p> + +<p>¡Ah! Si las riquezas, la ostentación, el lujo, +la vanidad bastasen á los corazones sensibles,<span class="pagenum" id="Page_155">[Pg 155]</span> +¡quién más feliz que Muff! Era su existencia la +realización de un cuento de hadas. Habitaba un +palacio lleno de preciosidades artísticas, tenía á +su servicio una doncella, diligente, cuidadosa y +mimosa, la Paquita, que después de bañar á +Muff en agua tibia, frotarla con jabón exquisito, +enjuagarla con suave lienzo y peinarla hasta +esponjar sus plateadas sedas, le servía en cuencos +de porcelana golosinas selectas, y, terminada +la refacción, frotaba los dientecillos de su +ama con un cepillo empapado en elixir, á fin de +que tuviese el aliento balsámico y fresca la boca. +Si Muff salía, iba en coche, por supuesto, enganchado +para ella expresamente; llevábanla al +Retiro, y el lacayo, bajándola en el punto más +solitario y de aire más puro, la dejaba brincar +y correr, hacer ejercicio higiénico, solazarse á +su libertad. Tampoco faltaban á Muff satisfacciones +de amor propio. Cuantos la veían, extasiábanse +con la monada del manguito vivo y +alababan el pelo argentado, los ojos negros, inmensos, +medio velados por las revueltas sedas, +el hociquito diminuto, semejante á una trufa, +la jeta encantadora. Así y todo, entre tantos +mimos y esplendores, andaba mustia la grifona +y á veces sus vastas pupilas expresaban nostálgica +aspiración...</p> + +<p>Cuando Dios creó á los seres allá en las frondas +tupidas del Edén, clavóles adentro, muy +adentro, en lo íntimo y profundo de la voluntad, +un aguijón, un estímulo, especie de alfiler +que sin cesar punza y se hinca y no consiente +minuto de sosiego. Reclinada en sus fofos almohadones<span class="pagenum" id="Page_156">[Pg 156]</span> +de seda ó agasajada en brazos del +lacayo, acariciada por Paquita ó correteando +por las sendas enarenadas del Retiro, Muff sentía +la punta aguzada hincarse más hondo. «No +eres feliz, pobre Muff; te falta la sal de la vida, +la esencia del licor», sugería el alfiler por medio +de tenaces picaduras reiteradas; y Muff, en +lánguida postura, con el hocico ladeado y una +patita péndula, suspiraba, y al anhelar de su +pecho, el cascabel de oro del collar hacía misterioso +<em>tilín</em>. Un sagaz observador comprendería +al punto lo que le dolía á Muff; pero no supieron +entenderlo sus poseedores—ó no quisieron, +si se da crédito á versiones que parecen autorizadas. +En consejo de familia fué sentenciada +Muff á ignorar eternamente las alegrías amorosas +y las sublimes pero arduas faenas de la maternidad. +Objeto de lujo, primoroso <em>bibelot</em>, no +debía estropearse. Y al notarla melancólica, decía +la Paquita, presentando tentador plato de +dorados bizcochos:</p> + +<p>—¡Anda, monina, tontina, no <em>pienses</em> en <em>eso</em>!</p> + +<p>Un atardecer, al bajarse Muff de su coche en +las umbrías del Retiro, vió que se acercaba á +ella, muy brincador y animado, feísimo perrucho. +Era un ruin gozquejo callejero, de ésos que +por turno mendigan y muerden, que rebuscan +ávidamente piltrafas entre la basura, y perecen +extrangulados á manos de laceros municipales. +Al ver al chucho, con su zalea amarillenta y sucia, +el primer movimiento de Muff fué un remilguito +desdeñoso. Viólo el lacayo y atizó al gozque +soberano puntapié, que le hizo exhalar un<span class="pagenum" id="Page_157">[Pg 157]</span> +alarido doliente. La compasión reemplazó al +desdén, y Muff corrió hacia el lastimado, deseosa +de consolarle.</p> + +<p>Ya él volvía, sin miedo ni rencor, á rabisalsear +en torno de Muff. Empezó el juego con +amistosos ladridos, mordisquillos en chanza, +hociqueos y otras manifestaciones expresivas é +indiscretas de la cordialidad perruna. Los separaron, +y Muff fué recogida á casa; pero al siguiente +día, apenas descendió del coche, halló +de nuevo al gozquecillo, alegre, insinuante, porfiado +como él solo. Quiso la maliciosa casualidad +que también el lacayo guardián de Muff +tuviese un encuentro, el de su paisana la niñera +Lucía, muchacha rubia, de buen palmito. +Mientras los dos paisanos pegaban la hebra, la +aristocrática grifona y el can plebeyo se entendían +gustosos. Quizá la sentimental perrita confesó +sus aspiraciones románticas y el vacío de +su dorada esclavitud; acaso el pobrete apasionado +de aquella beldad de alto coturno refirió +sus luchas por la existencia, sus días de inanición, +la vagancia, los palos recibidos, el poema +de una miseria sufrida con estoico desprecio. +Lo cierto es que, insensiblemente, aprovechando +la distracción de su custodio, Muff se apartó +del coche, y guiada por el perrucho, perdióse +entre las alamedas y macizos de árboles, en dirección +á la salida del Retiro, hacia Atocha. +¡El seductor iba delante, enseñando el camino; +Muff le seguía, intrépida, sin volver el hocico +atrás; y al rápido trotecillo de sus menudas +patitas, tilinteaba suavemente, en ritmo musical,<span class="pagenum" id="Page_158">[Pg 158]</span> +con una especie de emoción, el áureo cascabel, +al cual enviaba corrientes de electricidad +el corazón venturoso!</p> + +<p>Todos los periódicos anuncian la pérdida de +Muff. La gratificación ofrecida es cuantiosa. +Muff, sin embargo, no parece. ¿Qué ha sido del +manguito viviente, del rebujo de argentadas sedas, +entre las cuales lucen las negrísimas pupilas +enormes? ¿Qué hicieron de Muff la vida nómada, +el abandono, la necesidad? ¿La robó un +aficionado, y no quiere restituirla? ¿Yace en la +alcantarilla, tiesa, helada, despojada de su collar +y su cascabel de oro y piedras? ¿Ó aceptando +su humilde destino, ha dejado voluntariamente +las galas de la riqueza, y, tiritando, +acompaña á su esposo, ronda con él al amanecer, +y hoza en los montones de estiércol para +engañar el hambre—el hambre, enemigo del +amor, severo juez que inflexible lo castiga, +verdugo que lo mata?</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_159">[Pg 159]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >EL COMADRÓN</h2> +</div> + + +<p>Era la noche más espantosa de todo el invierno. +Silbaba el viento huracanado tronchando +el seco ramaje, desatábase la lluvia y el +granizo bombardeaba los vidrios. Así es que el +comadrón, hundiéndose con delicia en la mullida +cama, dijo confidencialmente á su esposa:</p> + +<p>—Hoy me dejarán en paz. Dormiré sosegado +hasta las nueve. ¿Á qué loca se le va á ocurrir +dar á luz con este tiempo tan fatal?</p> + +<p>Desmintiendo los augurios del facultativo, +hacia las cinco el viento amainó, se interrumpió +el eterno <em>flac</em> de la lluvia, y un aura serena +y dulce pareció entrar al través de los vidrios, +con las primeras azuladas claridades del amanecer. +Al mismo tiempo retumbaron en la puerta +apresurados aldabonazos, los perros ladraron +con frenesí, y el comadrón, refunfuñando, se +incorporó en el lecho aquel tan caliente y tan +fofo. ¡Vamos, milagro que un día le permitiesen +vivir tranquilo! Y de seguro el lance ocurría<span class="pagenum" id="Page_160">[Pg 160]</span> +en el campo, lejos; habría que pisar barro +y mascar niebla... Á ver, medias de abrigo, +botas fuertes... ¡Condenada especie humana, y +qué manía de no acabarse, qué tenacidad en reproducirse!</p> + +<p>La criada, que subía anhelosa, dió las señas +del cliente; un caballero respetable, muy embozado +en capa oscura, chorreando agua y dando +prisa. ¡Sin duda el padre de la parturienta! +La mujer del comadrón, alma compasiva, murmuró +frases de lástima y apuró á su marido. +Éste despachó el café, frío como hielo, se arrolló +el tapabocas, se enfundó en el impermeable, +agarró la caja de los instrumentos y bajó gruñendo +y tiritando. El cliente esperaba ya, montado +en blanca yegua. Cabalgó el comadrón su +jacucho y emprendieron la caminata.</p> + +<p>Apenas el sol alumbró claramente, el comadrón +miró al desconocido y quedó subyugado +por su aspecto de majestad. Una frente ancha, +unos ojos ardientes é imperiosos, una barba +gris que ondeaba sobre el pecho, un aire indefinible +de dignidad y tristeza, hacían imponente +á aquel hombre. Con humildad involuntaria +se decidió el comadrón á preguntar lo de costumbre: +si la casa adonde iban estaba próxima +y si era primeriza la paciente. En pocas y bien +medidas palabras respondió el desconocido que +el castillo distaba mucho; que la mujer era primeriza, +y el trance tan duro y difícil, que no +creía posible salir de él. «Sólo nos importa la +criatura», añadió con energía, como el que da +una orden para que se obedezca sin réplica.<span class="pagenum" id="Page_161">[Pg 161]</span> +Pero el comadrón, persona compasiva y piadosa, +formó el propósito de salvar á la madre, y +picó al rocín, deseoso de llegar más pronto.</p> + +<p>Anduvieron y anduvieron, patullando las +monturas en el barro pegajoso, cruzando bosques +sin hoja, vadeando un río, salvando una +montañita y no parando hasta un valle, donde +los grisáceos torreones del castillo se destacaban +con vigoroso y escueto dibujo. El comadrón, +poseído de respeto inexplicable, se apeó +en el ancho patio de honor, y guiado por el desconocido, +entró por una puertecilla lateral, directamente, +á una cámara baja de la torre de +levante, donde, sobre una cama antigua y rica, +yacía una bellísima mujer, descolorida é inmóvil. +Al acercarse, observó el facultativo que +aquella desdichada estaba muerta; y sin conocerla, +se entristeció. ¡Es que era tan hermosa! +Las hebras del pelo, tendido y ondeante, parecían +marco dorado alrededor de una efigie de +marfil; los labios color de violeta, flores marchitas; +y los ojos, entreabiertos y azules, dos +piedras preciosas engastadas en el cerco de oro +de las pestañas densas. La voz del desconocido +resonó, firme y categórica:</p> + +<p>—No haga usted caso de ese cadáver. Es preciso +salvar á la criatura.</p> + +<p>De mala gana se determinó el comadrón á +cumplir los deberes de su oficio. Le parecía un +crimen, aunque fuese con buen fin, lacerar +aquel divino cuerpo. Obedeció, no obstante, +porque el desconocido repetía con acento persuasivo +y terrible, tuteando al médico:</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_162">[Pg 162]</span></p> + +<p>—No la respetes por hermosa. Está muerta, +y nada muerto es hermoso sino en apariencia y +por breves instantes. La realidad ahí es descomposición +y sepulcro. ¡Nunca veneres lo que ha +muerto! ¡Inclínate ante la vida!</p> + +<p>Y de pronto, en el instante mismo en que el +facultativo se disponía á emplear el acero, el +extraño cliente le cogió de la mano, susurrándole +al oído:</p> + +<p>—¡Cuidado! Conviene que sepas lo que haces. +Ese seno que vas á abrir encierra, no un ser +humano, no una criatura, sino <em>una verdad</em>. Fíjate +bien. Te lo advierto. ¿Sabes lo que es <em>una +verdad</em>? Una fiera suelta que puede acabar con +nosotros, y acaso con el mundo. ¿Te atreves, +oh, comadrón heroico, á sacar á luz <em>una +verdad</em>?</p> + +<p>El comadrón vaciló; el frío del instrumento +que empuñaba se comunicaba á sus venas y á +sus huesos. Castañeteaban sus dientes; temblaba +de cobardía y de egoísmo. <em>¡Una verdad!</em> Ni +hay tea que así incendie, ni rayo que así parta, +ni torrente que así devaste, ni peste tan contagiosa. +¿Y quién le había de agradecer que cooperase +al feliz nacimiento de una verdad? ¿Qué +mayor delito para su mujer, sus amigos, su +pueblo, su nación tal vez? ¿Qué crimen se paga +tan caro? Quería arrojar el bisturí... Por último, +la conciencia profesional triunfó. ¡El deber, +el deber! No se podía dejar morir al engendro.—Y +después de una faena angustiosa, realizada +con seguro pulso y mano certera, presentó al +desconocido una criatura extraña y repugnante:<span class="pagenum" id="Page_163">[Pg 163]</span> +una especie de escuerzo, de trazas ridículas, +negruzco, flaco, informe.</p> + +<p>—Este monigote no puede ser <em>una verdad</em>—exclamó +respirando á gusto el facultativo.</p> + +<p>—Porque es <em>verdad</em> te parece fea al nacer—declaró +el desconocido, que miraba con transporte +á la criatura—. Cuando las verdades nacen, +horrorizan á los que las contemplan. Hasta +que las abrigamos en nuestro pecho; hasta +que las damos el calor de nuestra vida y el +jugo de nuestra sangre; hasta que afirmamos +su belleza como si existiese; hasta que nos +cuestan mucho, no son hermosas. Ésta—ya lo +ves—ha acabado con su madre... ¡No se lleva +impunemente en las entrañas una verdad! Y +ahora la verdad queda huérfana; queda abandonada. +Yo no he de ampararla. Obligaciones +estrechas me llaman á otra parte. Soy el que +anuncia, no el que protege y salva. ¿Quieres tú +encargarte de la recién nacida? ¿Tienes valor? +¿Eres digno de proteger á la verdad?</p> + +<p>Cuando así le interpelan, no hay hombre que +no guste de fanfarronear un poco. En el alma +se despierta la viril arrogancia y responde al +llamamiento, como el corcel de batalla al toque +penetrante del clarín. Hace la vanidad oficio +de resolución, y por un instante es sincero +el deseo de la gloriosa batalla y el ansia del +sacrificio. El comadrón tendió los brazos, recibió +en ellos al raquítico ser, y declaró gallardamente:</p> + +<p>—Ya tiene padre.</p> + +<p>El desconocido le echó una ojeada especial,<span class="pagenum" id="Page_164">[Pg 164]</span> +seria, escrutadora, hondísima—ojeada de abismo +abierto. ¿Reconvención ó alabanza? ¿Duda +ó fe? Nunca se supo.—Lo cierto es que el comadrón +envolvió en paños blancos á la recién nacida; +que comió pan y bebió vino, para reconfortarse; +que ensilló otra vez su rocín, y con +la criatura en brazos, y tapada y agasajada, +emprendió la vuelta.</p> + +<p>Declinaba la tarde; los rayos oblicuos del sol +eran como miradas de severos ojos, nublados +por el desengaño y enrojecidos por la indignación +secreta. Las aves callaban, las pocas aves +que se ven en los últimos meses del invierno; +pero no tardaría el mochuelo en exhalar su +queja ronca, porque ya se acercaba la mala +consejera—la noche.</p> + +<p>Y el comadrón, sin dejar de apurar á su montura, +pensaba en la llegada. ¡Presentarse así, +llevando en brazos un crío! ¡Si al menos fuese +un angelito, una monada, una manteca con hoyuelos, +una peloncita rubia ya sedosa, dispuesta +á encresparse en sortijillas! ¡Pero aquel +monstruo! Desvió los paños, contempló la criatura... +Ya no estaba amoratada. Respiraba bien. +Parecía más fuerte y más grande. Entre sus +labios lucían ¡qué asombro! cuatro blancos +dientes. ¡Qué robusta nacía la maldita!—Y cual +si quisiese demostrar el brío y el ansia vital +con que salía al mundo, la recién nacida buscó +el dedo del comadrón y lo mordió. Después +rompió á llorar, con llanto vehemente, ávido, +que aturdía.</p> + +<p>El comadrón sintió impaciencia y enojo. ¿De<span class="pagenum" id="Page_165">[Pg 165]</span> +qué manera acallaría el grito de la verdad, ese +grito tan molesto, capaz de atraer á los malhechores? +Tapar la boca... Primero apoyó la +palma de la mano; después furioso porque seguía +el escándalo, envolvió la cabeza de la criatura +en la vuelta del impermeable; y, por último, +apretó, apretó, hasta que lentamente se +apagaron los quejidos... Cayó la noche; llegó +el momento de vadear el río; y como la criatura, +silenciosa ya, estorbaba en brazos, el comadrón +desenvolvió el abrigo, cogió el cuerpo, lo +balanceó y lo arrojó á la corriente.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_166">[Pg 166]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_167">[Pg 167]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >EL VOTO DE ROSIÑA</h2> +</div> + + +<p>Si hay luchas electorales reñidas y encarnizadas, +ninguna como la que presenció en +el memorable año de 18... el distrito de Palizás +(no se busque en ningún mapa). Digo que la +presenció, y digo mal, porque en efecto la representó +á lo vivo, y aun, con mayor exactitud, +la padeció, sangró de ella por todas las venas. +Cuando obtuvo la victoria el candidato ministerial, +hecho trizas quedó el distrito. Piérdese +la cuenta de los atropellos, desafueros, barrabasadas, +iniquidades y trapisondas que costó +«sacar» al joven Sixto Dávila, protegido á capa +y espada por el ministro, pero combatido á degüello +por el señor don Francisco Javier Magnabreva, +conspicuo personaje de la anterior situación.</p> + +<p>Sixto Dávila, muchacho simpático y ambiciosillo, +había aceptado aquel distrito de batalla... +entre varias razones de peso, porque no le daban +otro; y contando con su actividad y denuedo,<span class="pagenum" id="Page_168">[Pg 168]</span> +impulsado por las brisas favorables que +siempre soplan en la juventud—ya se sabe que +no es amiga de viejos la señora fortuna—, se +propuso trabajar la elección, estar en todo y no +perder ripio. Á caballo desde las cinco de la mañana +hasta las altas horas de la noche; ayunando +al traspaso ó comiendo lo que saltaba; descabezando +una siesta cuando podía, afrentando +con su intacto capital de salud y vigor los reumatismos +y la apoltronada pachorra de su contrincante, +Sixto incubó su acta hasta sacarla +del cascarón vivita y en regular estado de limpieza.</p> + +<p>No fueron únicamente energías físicas las que +derrochó el mozo candidato. También hizo despilfarro +oportuno de frases amables, persuasivas +y discretas. Con un instinto y una habilidad +que presagiaban brillante porvenir, Sixto +Dávila supo decir á cada cual lo que más podía +gustarle, y se captó amigos gastando esa moneda +que el aire acuña: la palabra.</p> + +<p>Aunque la gente de Palizás es suspicaz y ladina +y no se deja engatusar fácilmente, la labia +de Sixto dió frutos, especialmente al dirigirse á +una mitad del género humano que no entiende +de política y obedece á las impresiones del corazón. +Sabía el candidato ministerial presentar +á los electores las doradas perspectivas y los +horizontes risueños del favor y la influencia, +pero se excedía á sí mismo al hablar á las mujeres +halagando su amor propio. Hay quien opina +que Sixto, al desplegar tales recursos, no +hacía sino practicar una asignatura que tenía<span class="pagenum" id="Page_169">[Pg 169]</span> +muy cursada, y es posible que así fuese—lo +cual en nada amengua el mérito del muchacho.</p> + +<p>Como suele suceder á los grandes actores, +que hasta sin querer están en escena, Sixto, +durante su <em>tournée</em> electoral, solía gastar pólvora +en salvas, regalando miel sólo por regalar, +sin miras interesadas y egoístas. Así, verbigracia, +con Rosiña la tejedora.—Era Rosiña una +pobre huérfana; no pudiendo cultivar la tierra +por falta de hombres en su casa, y reducida á +sacar á pastar una vaca por las lindes, se ganaba +la vida con un telar primitivo y rudo, tejiendo +el lino que ella misma tascaba y hasta +hilaba pacientemente á la luz del candil en invierno. +¿Qué necesitaba Rosiña para subsistir? +Un mendrugo de borona, un pote de coles, una +manzana verde, una sardina salada, una taza +de leche «presa...». Dios, que viste á los lirios +del campo, más holgazanes que Rosiña, pues +nos consta que no hilan ni tejen, había adornado +á la humilde <em>tecelana</em> con una primavera +en las mejillas y un apretado haz de rayos de +sol en la trenza doble que colgaba hasta sus caderas, +y al pasar Sixto por delante de la choza +y oir el <em>run, run</em>... del telar activo, y divisar á +la laboriosa muchacha—, aunque sabía perfectamente +que no tenía padre, hermano ni novio +que pudiesen votarle—se detuvo, se bajó del +jaco, pidió agua «de la ferrada» ó leche «de la +vaquiña», bebió, alabó, agradeció y sostuvo +con Rosa una plática que sólo podrían narrar +las ramas del cerezo que sombrea arroyo más el +cercano...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_170">[Pg 170]</span></p> + +<p>Ocurrió este pequeño episodio dos días antes +de que cierto formidable cacique, al servicio y +devoción del señor de Magnabreva, se decidiese, +desesperado ya, á jugar el todo por el todo, á +fin de salvar la elección comprometidísima y á +dos dedos de perderse irremisiblemente. Lo +apurado del caso le sugería un supremo recurso, +que el desalmado vacilaba en emplear, porque +hay remedios heroicos que pueden ser funestos, +sobre todo cuando no se administran +desde las alturas del poder... Más que el inminente +triunfo de Sixto, tentó al cacique la ciega +confianza del joven candidato. «No quiero ser +cunero antipático, diputado impuesto, sino popular +y querido», decía Sixto, gozándose en +aparecer donde menos se contaba con él, en +sorprender á sus partidarios con iniciativas +propias... Esto decidió al enemigo. El golpe se +tramó en una tabernucha, cuyo dueño era de +los contrarios de Sixto; la taberna se alzaba al +borde de la carretera, no lejos de la choza de +Rosiña. Habíanse reunido allí los más ternes, +los capaces de hacer una hombrada dejándose +encausar después, seguros de que mano próvida, +y que alcanzaba muy lejos, les había de mullir +colchón para que no les doliese el porrazo. Uno +de los conspiradores, conocido por varias siniestras +fechorías, era radical: quería «dejar +seco» á Sixto Dávila; otro proponía un secuestro; +pero el cacique, prudente y cauto, emitió +distinto parecer: nada de navajazos, nada de +armas de fuego, que hacen ruido y alarman; +nada de escopetas, ni siquiera de garrotes.<span class="pagenum" id="Page_171">[Pg 171]</span> +«Aquí lo que interesa es que se inutilice... para +la elección, vamos... para estos días; que no +pueda menearse, porque... si sigue meneándose +y apretando, ¡nos revienta! Tú, Gallo—ordenó +al primero—, me vas á traer hoy un carreto +de arena fina de la mar..., ¡qué así como así, +te hace falta para echar á la heredad del trigo! +Tú...—mandó al dueño de la taberna—le dices +á la mujer que amañe unos sacos de lienzo bien +hechitos y larguitos y fuertes... Él ha de pasar +por aquí mañana al anochecer, para ir á Doas +á casa del cura... ¡Y cuidado! muchos golpes +en la espalda... pero á modo, á modo, como +quien no hace daño...».</p> + +<p>La mañana que siguió al conciliábulo, Rosiña +fué llamada por la tabernera para que suministrase +el lienzo y cortase y cosiese y rellenase +los sacos... Nadie desconfiaba de la rapaza, á +quien la tabernera, además, encargó el mayor +sigilo. «Son para hacerle unos cariños á un galopín, +mujer...». Por alusiones é indiscreciones, +Rosiña adivinó quién sería el acariciado; y temblando +lo mismo que la vara verde, empezó su +faena. La mano no acertaba á manejar la aguja, +los ojos se nublaban. Demasiado sabía ella los +<em>cariños</em> que con los sacos de arena se hacen. El +que los recibe no dura mucho, no... Al pronto +sólo advierte gran postración, profundo decaimiento; +queda molido, rendido, deseoso únicamente +de extenderse en la cama, pero sin dolor +alguno, sin enfermedad; y pasan días, y no recobra +el apetito, y palidece, y arroja sangre por +la boca, hasta que al fin... Y Rosiña veía al señorito<span class="pagenum" id="Page_172">[Pg 172]</span> +guapo y llano y de palabreo tierno que +le había pedido agua de la <em>ferrada</em>, tendido +entre cuatro cirios, menos amarillos que su +rostro...</p> + +<p>Al anochecer, como Sixto, al galope de su caballejo +se aproximase á la taberna, el jaco pegó +un respingo, y el jinete vió surgir de pronto una +mujer que se agarró á la brida con fuerza. Reconoció +á Rosiña la tejedora..., y sus primeras +frases fueron alegres galanterías. Pero la moza +balbuciente de terror, pidió atención, refirió +un historia... Sixto—después de vacilar un instante—, +echó pie á tierra, y con el caballo del +diestro, emparejando con Rosiña, guiado por +ella, callados los dos, tomó á campo traviesa en +busca de un sendero oculto por los árboles.—Para +volver atrás era tarde, y seguir adelante, +una temeridad insensata. Su vida peligraba, y +con horrible peligro... «No tenga miedo, señorito, +que en mi casa no le buscan», advirtió la +moza, al disponerse á dar acomodo en el establo +de su vaca á la montura del candidato...</p> + +<p>En efecto, nadie le buscó allí; á la mañana, +la Guardia civil, avisada por Rosiña, le recogió +y escoltó hasta dejarle en salvo. Y Sixto +Dávila venció en toda la línea; pero no sospecha +nadie en Gobernación ni en los pasillos del +Congreso, que el triunfo se debió al voto de Rosiña +la tejedora.</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_173">[Pg 173]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >VIVO RETRATO</h2> +</div> + + +<p>Los sentimientos más nobles pueden pecar +por exceso; lo malo es que esta verdad á +duras penas la aprende el corazón... y la razón +sirve de poco, en conflictos del orden sentimental. +Oid un caso... no tan raro como parece.</p> + +<p>Gonzalo de Acosta era modelo de hijos buenos, +amantes, fanáticos. Huérfano de padre +desde muy niño, se había criado en las faldas +de su madre; ella le cuidó, le educó, le sacó al +mundo, le formó, por decirlo así, á su imagen +y semejanza. Entró en la vida Gonzalo dominado +por una convicción arraigadísima: la de +que todas las mujeres pueden ser débiles y falsas, +salvo la que nos llevó en su seno. Lo que +ayudaba á confirmar á Gonzalo en su idolatría +filial, era la aprobación, la simpatía de la gente. +Por el hecho de respetar á su madre, el mundo +le respetaba á él, y las niñas casaderas le +ponían azucarado gesto, y las mamás le sonreían<span class="pagenum" id="Page_174">[Pg 174]</span> +con más benevolencia. Cuando pasaba +por la calle llevando á su madre del brazo, una +atmósfera de aprobación y de consideración +halagadora le acariciaba suavemente.</p> + +<p>Á la edad en que se asimilan los elementos +de cultura y se forma el criterio propio, Gonzalo, +á pesar de sus dudas sobre ciertas materias +arduas, se mantuvo en buen terreno, confesando +que lo hacía principalmente por no desconsolar +y escandalizar á su santa madre. Con +ella oía misa muchas veces: por ella llevaba al +cuello un escapulario de los Dolores; y hasta +cuando ella no estaba presente, por ella hacía +Gonzalo, sin analizarlas, mil graciosas y dulces +niñerías.</p> + +<p>Frisaba ya Gonzalo en los veintiocho, y su +madre comenzó á insinuarle que pensase en +bodas. La casualidad le hizo conocer entonces +á una señorita hermosa, discreta, bien educada, +rica; un fénix que ni escogido con la mano. La +misma madre de Gonzalo fué quien le obligó á +observar las perfecciones de Casilda, y le sugirió +pretenderla. Casilda aceptó con franca alegría +y expansión los obsequios de Gonzalo, y á +los seis meses de conocerse los futuros, bendijo +la Iglesia su matrimonio.</p> + +<p>En una de esas largas y trascendentales conversaciones +que se entretejen durante el primer +cuarto de la luna de miel, y que tanto descubren +los caracteres y los pensamientos, Gonzalo +habló largamente de su madre y del puesto +que ocupaba en sus afectos y en su existencia. +Casilda escuchaba, primero sonriente,<span class="pagenum" id="Page_175">[Pg 175]</span> +después reflexiva y grave. Impulsado por la +plenitud del corazón, Gonzalo confesó que había +pretendido á Casilda atendiendo á las indicaciones +maternales, y que por eso mismo creía +segura la dicha, puesto que en su madre no cabía +error. Al oir esto relampaguearon los preciosos +ojos de Casilda; y apartando el brazo +con que rodeaba el cuello de su esposo, dijo +firmemente estas ó parecidas razones:</p> + +<p>—Has hecho mal en todo eso, Gonzalo; muy +mal. No he de limitar el cariño que tu madre +te inspira, pero creo que no te es lícito quererla +más que á mí, y que en algo tan personal y tan +íntimo como el lazo de unión entre esposos, la +iniciativa no puede ser ajena, sino propia. Á los +padres no los escogemos, pero el que hemos de +amar toda la vida, el dueño de nuestro albedrío, +es un rey electivo, y somos responsables +de la elección. Por lo que veo, tú no me elegiste. +Para tu modo de entender el matrimonio, +debiste buscar siquiera una niña apática, que +se contentase con un amor reflejo de otro amor; +yo soy una mujer que sabe amar y exige el +pago; que quiere ser honrada y aspira á encontrar +en su esposo toda la felicidad á que tiene +derecho. Lo absurdo de tu modo de sentir engendra +en mí otro absurdo semejante; y es que +de hoy más sentiré celos de tu madre, celos del +alma... y ya no viviremos en paz nunca; lo conozco, +porque me conozco.</p> + +<p>Gonzalo, aunque sorprendido, no dió gran +importancia á las expansiones de su mujer. Con +halagos y ternezas probó á calmarla, y se creyó<span class="pagenum" id="Page_176">[Pg 176]</span> +victorioso así que reconquistó el brazo de Casilda, +aquél que se había desviado de su cuello. +Pero un brazo no es un alma.</p> + +<p>Desde el instante funesto, la luna de miel +tuvo velo de nubes. No tardó en ver Gonzalo +que Casilda buscaba las distracciones, la sociedad +y el bullicio, como si quisiese aturdirse, ó +explorase horizontes nuevos. Poco á poco, Gonzalo, +en su pesimismo, comenzó á dudar, primero +del cariño, y después de la fidelidad de +Casilda. Herido, ulcerado, rebosando humillación, +fué á refugiarse en el único sitio donde +creía poder desahogar sus penas: el seno de su +madre. Y al abrazarla, y al bañarla el rostro +de lágrimas ardientes, exclamaba el hijo: «No +hay más mujer buena que tú, mamá. Debí no +repartir mi amor; debí conservarlo para ti sola. +Perdóname, y vivamos como si nada hubiese +sucedido». En efecto; aquel mismo día se separaron +los esposos. Casilda se fué á vivir á París.</p> + +<p>De allí á un año ó poco más recibió Gonzalo +dos golpes terribles. Perdió á su madre... y +supo que Casilda tenía una niña, nacida á los +seis meses de la separación.</p> + +<p>Pasado el primer estupor, una claridad repentina +iluminó su espíritu, haciéndole ver todo de +distinta manera que antes. La muerte de su +madre le enseñaba cómo el amor filial, con ser +tan puro y tan sagrado, no puede, por su esencia +misma, acompañarnos hasta el sepulcro, de +suerte que la <em>compañera</em> es únicamente la esposa; +y el nacimiento de aquella niña le decía +á las claras que el amor es antorcha que las generaciones<span class="pagenum" id="Page_177">[Pg 177]</span> +se transmiten de mano en mano, y +el que nos dieron nuestras madres, se lo restituimos +á nuestros hijos después.</p> + +<p>Lo tremendo de la situación de Gonzalo consistía +en que, á pesar de la agitación y la emoción +profundísima que el nacimiento de la niña +le causaba, su desconfianza mortal y las apariencias +de última hora no le permitían creer +que fuese realmente su sangre. Le enloquecía +la idea de paternidad representada por aquella +niña; pero faltábale la fe, primera virtud del +padre, base de su felicidad inmensa. El silencio +de Casilda, el tiempo que iba transcurriendo +sin nuevas de París, ayudaron al convencimiento +amargo y vergonzoso de Gonzalo. Solo, +dolorido, misántropo, fué dejando correr su +edad viril entre desabridas diversiones y trasnochadas +aventuras.</p> + +<p>Hacía quince años que arrastraba vivir tan +intolerable, cuando una noche, en el teatro de +la Comedia, mirando por casualidad á un palco +entresuelo, se creyó víctima de un error de los +sentidos: tal vuelco dió su sangre, viendo á la +muchacha encantadora que acababa de dejar +los gemelos sobre el antepecho y se inclinaba +para mirar hacia las butacas, sonriente. La muchacha +era el retrato vivo, animado, de la madre +de Gonzalo, tal cual la representaba precioso +lienzo de Madrazo, con la frescura de la +primera juventud. Si la figura se hubiese bajado +del cuadro, no podría ser más asombrosa la +semejanza, ayudada por el parecido de la moda +actual con la moda de 1830. Trémulo, espantado,<span class="pagenum" id="Page_178">[Pg 178]</span> +al mismo tiempo que frenético de alegría, +Gonzalo entrevió, en el asiento de respeto del +palco, otra cabeza de mujer que conoció, á pesar +del estrago del tiempo transcurrido: su esposa, +Casilda.—Y la conciencia de que aquella +jovencita era su hija del corazón, le inundó +como una ola que lo arrebata todo, dudas, penas, +el pasado entero.</p> + +<p>Habría que gastar muchas páginas en referir +los pasos que dió Gonzalo, la suma de actividad +que desplegó para conseguir que le fuese permitido +vivir cerca de la hija revelada y adorada +en un minuto, el minuto divino de verla. +¡Inútil esfuerzo, lucha estéril en que consumió +sus últimas energías! Una carta decisiva, escrita +por Casilda algunas horas antes de regresar +á Francia, decía, sobre poco más ó menos, +lo siguiente: «Nuestra hija me quiere á mí como +tú quisiste á tu madre. Si la separas de mí, no +lo resistirá. Es tarde para todo: resígnate, como +yo me resigné en otra edad más difícil. Lo único +que me dejaste es la niña: no la cedo».</p> + +<p>Y Gonzalo, mordiendo de dolor el pañuelo +con que enjugaba sus ojos, murmuró:</p> + +<p>—Es justo.</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_179">[Pg 179]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >EL DÉCIMO</h2> +</div> + + +<p>¿La historia de mi boda?</p> + +<p>Oíganla ustedes: no deja de ser rara.</p> + +<p>Una escuálida chiquilla de pelo greñoso, de +raído mantón, fué la que me vendió el décimo +de billete de lotería, á la puerta de un café, á las +altas horas de la noche. La di de prima una +enorme cantidad, un duro. ¡Con qué humilde y +graciosa sonrisa recompensó mi largueza!</p> + +<p>—Se lleva usted la suerte, señorito—afirmó +con la insinuante y clara pronunciación de las +muchachas del pueblo de Madrid.</p> + +<p>—¿Estás segura?—la pregunté en broma, +mientras deslizaba el décimo en el bolsillo del +gabán entretelado y subía la chalina de seda +que me servía de tapabocas, á fin de preservarme +de las pulmonías que auguraba el remusguillo +barbero de diciembre.</p> + +<p>—¡Yaya si estoy segura! Como que el décimo +ése se lo lleva usted por no tener yo cuartos, +señorito. El número... ya lo mirará usted cuando<span class="pagenum" id="Page_180">[Pg 180]</span> +salga... es el 1.420: los años que tengo, catorce, +y los días del mes que tengo sobre los +años, veinte justos. Ya ve si compraría yo todo +el billete.</p> + +<p>—Pues, hija—respondí echándomelas de generoso, +con la tranquilidad del jugador empedernido +que sabe que no le ha caído jamás ni +una aproximación, ni un mal reintegro—, no +te apures: si el billete saca premio... la mitad +del décimo, para ti. Jugamos á medias.</p> + +<p>Una alegría loca se pintó en las demacradas +facciones de la billetera, y con la fe más absoluta, +agarrándome de una manga, exclamó:</p> + +<p>—¡Señorito! por su padre y por su madre, +deme su nombre y las señas de su casa. Yo sé +que de aquí á cuatro días, cobramos.</p> + +<p>Un tanto arrepentido ya, le dije como me llamo +y dónde vivía; y diez minutos después, al +subir á buen paso por la Puerta del Sol á la calle +de la Montera, ni recordaba el incidente.</p> + +<p>Pasados cuatro días, estando en la cama, oí +vocear «la lista grande». Despaché á mi criado +á que la comprase, y cuando me la subió, mis +ojos tropezaron inmediatamente con la cifra +del premio gordo: creí soñar: no soñaba: allí +decía realmente 1.420... mi décimo, la edad de +la billetera, ¡la suerte para ella y para mí! Eran +muchos miles de duros lo que representaban +aquellos benditos guarismos, y un deslumbramiento +me asaltó al levantarme, mientras mis +piernas flaqueaban y un sudor ligero enfriaba +mis sienes. Hágame justicia el lector: ni se me +ocurrió renegar de mi ofrecimiento... La chiquilla<span class="pagenum" id="Page_181">[Pg 181]</span> +me había traído la suerte, había sido mi +«mascota...». Era una asociación en que yo sólo +figuraba como socio industrial. Nada más justo +que partir las ganancias.</p> + +<p>Al punto deseé sentir en los dedos el contacto +del mágico papelito. Me acordaba bien: lo había +guardado en el bolsillo exterior del gabán, +por no desabrocharme. ¿Dónde estaba el gabán? +¡Ah! allí, colgado en la percha... Á ver... Tienta +de aquí, registra de acullá... Ni rastro del +décimo.</p> + +<p>Llamo al criado con furia, y le pregunto si +ha sacudido el gabán por la ventana... ¡Ya lo +creo que lo ha sacudido y vareado! Pero no ha +visto caer nada de los bolsillos; nada absolutamente... +Le miro á la cara: su rostro expresa +veracidad y honradez. En cinco años que hace +que está á mi servicio no le he cogido jamás en +ningún gatuperio chico ni grande... Me sonroja +lo que se me ocurre, las amenazas, las injurias, +las barbaridades que suben á mis labios...</p> + +<p>Desesperado ya, enciendo una bujía, escudriño +los rincones, desbarato armarios, paso +revista al cesto de los papeles viejos, interrogo +á la canasta de la basura... ¡Nada y nada: estoy +solo con la fiebre de mis manos, la sequedad de +mi amarga boca y la rabia de mi corazón!</p> + +<p>Á la tarde, cuando ya me había tendido sobre +la cama á fumar, para ver de ir tragando y digiriendo +la decepción horrible, suena un campanillazo +vivo y fuerte, oigo en la puerta discusión, +alboroto, protestas de alguien que se empeña +en entrar, y al punto veo ante mí á la<span class="pagenum" id="Page_182">[Pg 182]</span> +billetera que se arroja en mis brazos, gritando +con muchas lágrimas:</p> + +<p>—¡Señorito, señorito! ¿Lo ve usted? Hemos +sacado el gordo.</p> + +<p>¡Infeliz de mí! Creía haber pasado lo peor del +disgusto, y me faltaba este cruel y afrentoso +trance: tener que decir, balbuceando como un +criminal, que se había extraviado el billete, que +no lo encontraba en parte alguna, y que por +consecuencia nada tenía que esperar de mí la +pobre muchacha, en cuyos ojos negros, ariscos, +temí ver relampaguear la duda y la desconfianza +más infamatoria...</p> + +<p>Pero la billetera, alzándolos todavía húmedos, +me miró serenamente y dijo encogiéndose +de hombros:</p> + +<p>—¡Vaya por la Virgen! Señorito... no nacimos +ni usted ni yo pa millonarios.</p> + +<p>¿Cómo podía recompensar la confianza de +aquella desinteresada criatura? ¿Cómo indemnizarla +de lo que la debía—sí, de lo que la debía? +Mis remordimientos y la convicción de mi +grave responsabilidad pesaban sobre mí de tal +suerte, que la traje á casa, la amparé, la eduqué +y por último me casé con ella.</p> + +<p>Lo más notable de esta historia es que he sido +feliz.</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_183">[Pg 183]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >LA PUÑALADA</h2> +</div> + + +<p>Mucho se hablaba en el barrio de la modistilla +y el carpintero.</p> + +<p>Cada domingo se les veía salir juntos, tomar +el tranvía, irse de paseo y volver tarde, de +bracete, muy pegados, con ese paso ajustado y +armonioso que sólo llevan los amantes.</p> + +<p>Formaban contraste vivo. Ella era una mujercita +pequeña, de negros ojazos, de cintura +delgada, de turgente pecho; él un mocetón sano +y fuerte, de aborrascados rizos, de hercúleos +puños—un bruto laborioso y apasionado—. De +su buen jornal sacaba lo indispensable para las +atenciones más precisas; el resto lo invertía en +finezas para su Claudia. Aunque tosco y mal +hablado, sabía discurrir cosas galantes, obsequios +bonitos. Hoy un imperdible, mañana un +ramo, al otro día un lazo ó un pañuelo. Claudia, +mujer hasta la punta del pelo, coqueta, vanidosa, +se moría por regalos. En el obrador de su +maestra los lucía, causando dentera á sus compañeritas,<span class="pagenum" id="Page_184">[Pg 184]</span> +que rabiaban por «un novio» como +Onofre.</p> + +<p>«Novio»... precisamente novio no se le podía +llamar. Era difícil, no ya lo de las bendiciones, +sino hasta reunirse en una casa, una mesa y un +lecho, porque ¿y las madres? La de Onofre vieja, +impedida; además, un hermano chico, aprendiz, +que no ganaba aún. Así y todo Onofre se +hubiese llevado á Claudia en triunfo á su hogar, +si no es la madre de la modista, asistenta +de oficio, más despabilada que un candil. Cuando +en momentos de tierna expansión Onofre insinuaba +á Claudia algo de bodas... ó cosa para +él equivalente, Claudia, respingando, contestaba +en tono de enojo y susto:</p> + +<p>—¿Estás bebido? Hijo, ¿y mi madre? ¿La suelto +en el arroyo como á un perro? Con la triste +peseta que ella se gana un día no y otro tampoco, +¿va á comer pan si yo la falto? Déjate de +eso, vamos... ¡Que se te quite de la cabeza!</p> + +<p>No se le quitaba. Pasar con Claudia ratos de +violenta felicidad, era bueno; pero cuánto mejor +sería tenerla siempre consigo, á toda hora, +sin tapujos... sin que pudiese la madre cortarles +las comunicaciones, como había hecho ya en +momentos de enfado. Además, teniendo á Claudia +á su vera, públicamente suya, tal vez se le +curasen los celos. Los padecía, en accesos de +furor que trataba de ocultar. Claudia era una +gran chica, con su aire de señorita, su talle que +un dependiente de comercio había llamado de +palmera... y él, él, ¡tan basto, tan encallecido, +que ni firmar sabía! Verdad que tenía fuerza en<span class="pagenum" id="Page_185">[Pg 185]</span> +los brazos y calor en el alma... y coraje para +matarse con cualquiera, eso sí... ¿Bastaba?</p> + +<p>Debía bastar, en ley de Dios; sino que ¡se ven +tales cosas! Ya dos veces había observado Onofre +un hecho extraño. Al rondar la casa de +Claudia (aquella maldita casa tenía imán), veía +en el portal á la madre, señá Dolores, secreteando +con un caballero muy bien portado, de +gabán de pieles. ¿Era figuración de Onofre? Al +divisarle la vieja daba señales de inquietud y el +señor se despedía atropelladamente. No importa, +no se le despintaba; entre mil de su casta le +conocería. Algo grueso, nariz de cotorra, patillas +grises, ojos vivos... ¿Qué embuchado se +traían? ¿Se trataba de Claudia?—«Muy tonto +soy—pensó Onofre—pero ¡Cristo! el dedo en la +boca no han de metérmelo».</p> + +<p>Esto ocurrió hacia Pascua florida. Después +de un invierno riguroso y tristón, la primavera +desentumecía los cuerpos: los árboles echaban +hojas y flores á granel, el sol picaba y reía. El +año anterior, ¡Onofre no lo olvidaba! Claudia, +al principiar el buen tiempo, había querido pasear +todas las tardes, sin faltar una. Salían temprano, +él del taller y ella del obrador, y se iban +por ahí hasta las diez dadas. La convidaba á merendar, +la hartaba de pájaros fritos y de fresilla. +¡Un despilfarro! Y este año apenas conseguía +decidirla á vagabundear dos días por semana. +Rehacia andaba la chica. ¡Atención, Onofre!</p> + +<p>—¿Quién te ha dado ese dije de oro?—preguntó +de repente, parándose en la mitad de la +calle, el carpintero á su compañera.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_186">[Pg 186]</span></p> + +<p>—¿De oro? Si es de «dublé...»—murmuró +ella, azorada.</p> + +<p>—Á un hombre no se le miente, y si me vuelves +á salir por «dublé» te meto en casa de mi +compadre el platero y te abochorno la cara. +¡Oro con piedras! ¡Copones! ¿Se puede saber +por qué has mentido?</p> + +<p>—Verás—balbuceó Claudia.—Es que... por +si te enfadabas... Tenía ahorrados unos cuartos... +Lo compré de lance...</p> + +<p>—¿Enfadarme yo? ¿Cuándo has visto que me +mezcle en tus gastos, hija? ¿Lo compraste? ¿Dónde? +¿Á quién?</p> + +<p>—Me lo vendió la corredora, la Chivita... +¿No la conoces tú? Es una con pelos en la +barba...</p> + +<p>Calló Onofre. Un relámpago de lucidez horrible +acababa de cegarle. ¡Aquello era otro embuste! +¡Una fila de embustes! ¿Con que la Chivita? +Él la encontraría aquella misma noche...</p> + +<p>Pasaban por la plazuela de Santa Ana. Los +árboles del jardín convidaban á descansar á su +sombra, de poblados y de verdes que los tenía +el abril. Risas de chiquillería, llamadas de niñeras, +se confundían con los trinos de los canarios +y jilgueros «maestros» colgados en jaulas, +á las puertas de las tiendas de pájaros y perros. +Claudia se paró delante de una de estas tiendas; +lo acostumbraba; la gustaban mucho los bichos. +Hizo fiestas á un loro, á un gato de Angora, +á un falderín, y se entretuvo más con las +palomas. ¡Qué ricas! Las había moñudas, de +cuello empavonado, de patas calzadas...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_187">[Pg 187]</span></p> + +<p>—¡Ay!—exclamó—¡Ésa tiene sangre!... +Está herida.</p> + +<p>Era una paloma de la casta conocida por «de +la puñalada». Sobre el buche, curvo y blanquísimo, +un trazo rojo imitaba perfectamente la +herida fresca.</p> + +<p>—La habrá dado un corte su palomo—dijo +gravemente Onofre—. También los palomos serán +capaces de barbaridades si otros les festejan +la hembra.</p> + +<p>Claudia apartó los ojos y se coloreó. El dicho +de Onofre, sin tener nada de particular, le +sonaba de un modo raro. ¡Á saber si era la +conciencia! No se tranquilizó, ni mucho menos, +cuando Onofre insistió, poniéndose pesado, +en regalarla aquella paloma de la cortadura. +¡Si no la podía cuidar, si no la podía mantener! +¡Si apenas tenía tiempo de echar cordilla al +gato! ¡Si faltaba jaula!</p> + +<p>—También compro la jaula. No te apures. +Hermosa, yo no te podré ofrecer de lo que vende +Ansorena... ¡pero vamos, que una pobre +paloma! ¿Me vas á desairar? ¿No quieres nada +mío?</p> + +<p>Hablaba en irritada voz. Claudia no se atrevió +á negarse. Cargó Onofre con la jaula de +mimbres y acompañó hasta su puerta á la muchacha. +De allí, derecho, en busca de la corredora. +La encontró luego; casualmente estaba +en casa. Y sin duda el carpintero, en su interrogatorio, +se clareó, descubrió lo que traía +entre cejas... porque la Chivita, avezada á tales +indagatorias, imperturbable y con el tono más<span class="pagenum" id="Page_188">[Pg 188]</span> +persuasivo, contestó que sí, que ella había vendido +á Claudia el dije.</p> + +<p>—¿Qué día? insistió Onofre, tozudo.</p> + +<p>—¡Ay, hijo! ¡Pues no es usted poco curioso? +Si una se fuese á acordar, con tanto como +vende...</p> + +<p>—¿Qué costó? ¿Tampoco lo sabe?</p> + +<p>—¡Jesús! Aunque me pidiese declaración el +señor juez... Veremos si me acuerdo mañana...</p> + +<p>Desde la escalera, volviéndose hacia la puerta +mugrienta de la Chivita y cerrando los puños, +el mocetón rugió entre dientes, con ira inmensa:</p> + +<p>—Condenada de al... ¡Todos conchavados +para mentirme...!</p> + +<p>De casa de la Chivita se fué Onofre á la taberna +que encontró más á mano. Era sobrio; no +le divertía achisparse. Sólo que hay casos en +que un hombre... Pidió aguardiente: lo que emborrachase +más pronto. Necesitaba convertirse +en cepo, no pensar, hasta el otro día. Y echó +copa tras copa; por fin se quedó amodorrado, +con la cabeza caída sobre la sucia mesa de la +tasca.</p> + +<p>Á la mañana siguiente, á eso de las ocho, salía +Claudia para ir, como siempre, al obrador. +Era la última vez; se despediría de la maestra, +de las compañeras, de la labor, de los pinchazos +en la yema del dedo. «Aquel señor»—el del +dije, el de las grises patillas—las quería en su +casa, á ella y á su madre, tratadas como reinas. +La madre ama de llaves, la hija ama... ¡de +todo! Proposiciones así no se desechan. ¿Y Onofre?...<span class="pagenum" id="Page_189">[Pg 189]</span> +En primer lugar, Onofre no sabía las señas +del caballero. Hasta que las averiguase. +Después... pasado tiempo... Onofre se resignaría. +Así y todo, Claudia llevaba el corazón +apretado. Miedo, miedo—un miedo invencible—. +Al entrar con la jaula de la paloma, señá +Dolores había gritado alarmada: «Fuera con +eso, mujer; si parece que tiene una puñalá de +veras... ¡Vaya un regalo, la Virgen!». Y en sueños, +revolviéndose en la estrecha cama, la puñalada +sangrienta en el pecho blanco perseguía +á Claudia. La parecía que la herida estaba en su +propio seno, y que la sangre, en hilos, manaba +y empapaba lentamente las sábanas y el colchón. +La pesadilla duró hasta el amanecer.</p> + +<p>Ahora iba aprisa. Recogería el jornal, la almohadilla, +los avíos—y abur, señora. ¡Aire! Á +descansar, á comer bien, á vestir seda, en vez +de coserla para otras mujeres menos guapas. +Claudia corría, deseosa de llegar. En la esquina, +distraídamente, tropezó, resbaló, quiso incorporarse. +Una mano ruda la sujetó al suelo; +una hoja de cuchillo brilló sobre sus ojos, y se +le hundió, como en blanda pasta, en el busto, +cerca del corazón. Y el asesino, estúpido, quieto, +no secundó el golpe—ni era necesario—. La +sangre se extendía, formando un charco alrededor +de la cabeza lívida, inclinada hacia el +borde de la acera; y Onofre, cruzado de brazos, +aguardaba á que le prendiesen, mirando cómo +del charco se extendían arroyillos rojos, coagulados +rápidamente.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_190">[Pg 190]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_191">[Pg 191]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >EN EL SANTO</h2> +</div> + + +<p>Menudo embeleco—había exclamado colérica +la Manuela cuando Lucas ordenó á +Sidoro que se pusiese la chaqueta nueva para +bajar á la pradera de San Isidro.</p> + +<p>En cambio, Sidoro sintió palpitar de alegría +su corazoncito de seis años, encogido por la +constante aspereza del trato feroz que le daba +su madrastra... ó lo que fuese: la Manuela, la +mujerona con quien ahora vivía Lucas. En la +infancia, decir novedad y cambio es decir esperanza +ilimitada y hermosa. ¡Bajar al santo! +¿Quién sabe lo que el santo guardaba en sus +manos benditas para los niños sin madre, para +los niños apaleados y hambrientos?</p> + +<p>Loco de contento se incorporó Sidoro al grupo, +si bien le agrió ya el primer gozo tener que +cargar con un cestillo atestado de provisiones. +Pesaba mucho, y Sidoro hubiese implorado que +le aliviasen la carga, á no temer uno de los pellizcos +de bruja, retorcidos y rabiosos, con que<span class="pagenum" id="Page_192">[Pg 192]</span> +la Manuela le señalaba cardenal para medio +mes. Suspirando, alzó el cestillo como pudo, y +salieron calle de Toledo abajo, por entre olas +de gente, con un sol capaz de freír magras, un +sol más canicular que primaveral.</p> + +<p>Tragando el polvo que soliviantaban ómnibus, +carricoches y simones, pasaron el puente +de Toledo y llegaron al cerro, donde hervía más +compacta la alegre multitud. Lucas habló de +entrar á rezarle al santo; pero la Manuela, levantando +de un puntillón á Sidoro, que había +caído empujado por el remolino y agobiado por +el peso, renegó de la idea y prefirió comprar +torrados, avellanas y rosquillas, y buscar dónde +merendar. La sed les resecaba el gaznate, y +Lucas, portador de la colmada bota, notando su +grata turgencia entre el brazo y las costillas, +aprobó la determinación.</p> + +<p>No fué fácil encontrar sitio conveniente á la +sombra y cerca del río. Los rincones agradables +andaban muy solicitados. Por fin, bastante +tarde, descubrieron un ruin arbolillo, y se acomodaron +al pie, forjándose la ilusión de que las +ramas les abrigaban la cabeza. Sidoro, derrengado, +soltó la cesta; Manuela fué sacando vituallas, +y allí empezó el embaular y los besos +á la del tinto. Lucas se acordó de echarle á su +hijo un pedazo de tortilla y una hogaza, como +quien echa un hueso á un cachorro; después... +no pensaron más en la criatura; y como el vinazo +y el hartazgo quitan la vergüenza, Lucas +le tomó la cara á Manuela, allí mismo, sin pizca +de reparo. Con torpes pies, por llevar tan calientes<span class="pagenum" id="Page_193">[Pg 193]</span> +los cascos, la pareja rompió á andar hacia +el cerro, donde era mayor el bullicio, y +donde los tíos-vivos y los merenderos y barracones +convidaban al jolgorio; el niño, al tratar +de seguirles, se halló detenido por un corro formado +alrededor de un ciego coplero y guitarrista; +y cuando quiso reunirse con su gente, +incorporarse, encontróse solo entre la multitud, +portador del cesto ya vacío y la bota floja +y huera...</p> + +<p>Se echó á llorar. Duros y malos como eran, +aquel hombre y aquella mujer le amparaban. +Se sintió abandonado, náufrago en un mar muy +crespo, muy profundo y tormentoso. El gentío +pasaba sin hacer caso del chiquillo: éste le empujaba, +el otro le desviaba con lástima, y una +mano pronta y desconocida le arrebató la boina +de la cabeza... Nadie le preguntaba la causa de +su llanto; ¡para eso estaban! Entre el infernal +bureo de la romería, cualquiera atiende al +llanto de un rapaz. El tecleo de los pianos mecánicos, +el rasguear de los guitarros, los cantares +de los beodos, los pregones de las rosquilleras, +los mil ruidos que exhala una muchedumbre +apiñada, harta, jaranera, procaz, en +plena juerga al aire libre, exasperada por el +olor de aceite rancio de las buñolerías y el vaho +tabernario de las barracas-bodegones, ahogaban +los sollozos del niño, como la viviente oleada +de la multitud envolvía y absorbía y arrastraba +mecánicamente su cuerpo...</p> + +<p>Por instinto, Sidoro se dejó llevar. Andando, +andando, podría encontrar tal vez á la pareja,<span class="pagenum" id="Page_194">[Pg 194]</span> +ó ¿quién sabe? al santo en persona. Pues si en +la romería no se encontraba al santo, ¿á qué +venía toda aquella gente? Y el santo sería muy +bueno, que para eso era santo, y por eso le rezaban +y le retrataban en figuritas de barro, y +por eso los ángeles le ayudaban á arar. ¿Dónde +estaba el santo? Sidoro recordaba que Lucas, +antes de buscar sitio para la merienda, había +hablado de ir á la ermita. ¿Qué será la ermita? +De seguro un sitio en que recogen y consuelan +á los niños abandonados...</p> + +<p>Mientras buscaba al glorioso labrador, Sidoro, +á pesar suyo, miraba los puestos, los centenares +de tinglados, donde se exhiben y despachan +los maravillosos pitos, que adornan rosetones +de plata y florones de papel rojo, las +efigies pintorreadas de esmeralda, cobalto y bermellón, +las medallas y escapularios, la grosera +loza, las figuritas de toreros y picadores, los +monigotes con cabeza de ministros, los grupos +de ratas, las caricaturas escatológicas, los jarros +atestados de claveles de violento aroma, +las hiladas de botijos bermejos y blancos, las +apetitosas rosquillas, los puestos de avellaneros, +con sus balanzas relucientes y sus sacos +entreabiertos, rebosando, tentando á la mano +del niño... Y aquella orgía de colorines fuertes +y chillones, aquel vaivén incesante de la muchedumbre, +aquellos sonidos discordantes, el +sentirse impulsado, zarandeado, arrebatado +como una paja por el torrente humano, la asfixiante +atmósfera que respiraba, la desolación +misma de su abandono, en vez de arrancar lágrimas<span class="pagenum" id="Page_195">[Pg 195]</span> +á la criatura, secaron las que corrían +de sus ojos, y le produjeron una especie de embriaguez +febril. Sin cuidarse de responsabilidades, +abandonó la bota y el cestillo, y se dejó +caer en tierra, á la puerta de un merendero +donde bebían y cantaban canciones picantes, +ininteligibles para Sidoro. Una moza, sofocada, +sentada en el suelo, daba la teta á una criatura. +Sidoro vió esta escena, el grupo siempre +conmovedor y sagrado, y confusas reminiscencias, +no de la memoria, sino de los sentidos y +de la sensibilidad, más concreta en la niñez, le +recordaron que también á él le había estrechado +una mujer contra su seno amoroso; que también +á él le habían arrullado con palabras de +azúcar y de delirio, las palabras inefables de la +maternidad, y un rostro amado, un rostro que +no podía olvidarse, surgió de entre la niebla +del pasado... ¡pasado tan corto y tan reciente! +Y entonces, una de esas penas sin límites que +sufren los niños, cayó sobre el alma del huérfano.</p> + +<p>En un instante, con el recuerdo del cariño y +la ternura de su madre, á quien no había vuelto +á ver nunca, Sidoro evocó las crueldades y +desamor de la Manuela, y toda su carne tembló, +pues no había en ella lugar donde las despiadadas +uñas de la mujerona no hubiesen dejado +rastro de tortura... Y la criatura, en su desconsuelo +infinito, mientras la tarde caía y las +luces de los puestos comenzaban á abrir su pupila +de llama, se revolcó sobre el árido suelo, +con muchas ganas de dormirse en un sueño<span class="pagenum" id="Page_196">[Pg 196]</span> +largo, largo, largo, y despertarse al lado de su +madre, ó de san Isidro, ó de alguien que tuviese +entrañas para los pequeños y los débiles. Á +fuerza de aturdimiento, de cansancio, de calor, +de susto, de tristeza, se quedó, efectivamente, +dormido... Despertó porque le aporreaban y le +tiraban del pelo á puñados. Era la Manuela, +gritando enronquecida y furiosa.</p> + +<p>—Á este maldito sí le encontramos... pero ¿y +la bota nueva, y mi cestillo, y la servilleta, y el +vaso que venían en él? ¡Condenao, verás en +cuanto lleguemos á casa!</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_197">[Pg 197]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >SANTOS BUENO</h2> +</div> + + +<p>Hacía tiempo—muchos meses—que no le +veía yo por ninguna parte: ni en la calle, +ni en el casino de la Amistad, ni en la Pecera, ni +siquiera en la barriada nueva que se está construyendo—porque +Santos Bueno es de los que +tienen afición á ver edificar y gustan de plantarse +delante de los andamios con las manos á +la espalda, diciendo sentenciosamente: «Éstas +sí que son vigas de recibo; no pandearán».</p> + +<p>Extrañando tan largo eclipse; temiendo que +Santos Bueno estuviese enfermo de cuidado, +resolví buscarle en su casa, donde le encontré +entregado á sus habituales tareas, apacible y +afable como de costumbre.</p> + +<p>—¿Qué es esto? ¿Se ha metido usted cartujo? +¿Es voto de clausura?</p> + +<p>—No, señor... ¡no, señor!—respondió sonriendo +Santos—Si yo salgo y me paseo. No parece +sino que vivo encerrado.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_198">[Pg 198]</span></p> + +<p>—¿Que sale usted? Pues no le veo nunca.</p> + +<p>—Porque salgo un poco tarde... á las horas +en que no hay gente.</p> + +<p>—Esconderse se llama esa figura.</p> + +<p>Volvió Santos á sonreir con aquella su indescriptible +expresión enigmática, y dijo tranquilamente:</p> + +<p>—Pues ha acertado usted. Hay ocasiones en +que... se encuentra uno muy á gusto escondido.</p> + +<p>Adiviné que bajo la teoría de las ventajas del +escondite se ocultaba alguna crisis dolorosa de +la vida de Santos Bueno.</p> + +<p>Yo creía conocerle, y además sabía su historia +y sus aspiraciones, como se sabe en un pueblo +pequeño las de cada hijo de vecino. Santos +Bueno era un burgués modesto, sin grandes +aspiraciones; ni pobre ni rico, poseía un capitalito, +producto de la afortunada venta de unos +bienes patrimoniales, lindantes con el prado de +un indianete, que por tal circunstancia los había +pagado á peso de oro.</p> + +<p>Con estos caudales, Santos proyectaba realizar +un sueño ya muy antiguo: construirse en +las afueras de la ciudad una casita que tuviese +jardín y vivir en ella sin emociones, pero sin +desazones, cultivando legumbres y rosas. Es de +advertir que la casita con jardín es la bella ilusión +de los marinedinos.</p> + +<p>No sé por qué se me vino á la imaginación +que con aquellos dineros podrían relacionarse +la actitud y el retraimiento de Santos, y movido +de una curiosidad compasiva, le interrogué.</p> + +<p>—¿Y esa casita, ese <em>chalet</em>, cuándo lo empezamos?<span class="pagenum" id="Page_199">[Pg 199]</span> +¿Me convida usted á café en el jardín +para el día de su santo del año que viene?</p> + +<p>Demudóse el rostro de Santos, y hasta se me +figuró que en sus ojos temblaba el reflejo cristalino +que indica que se humedecen...</p> + +<p>—Ya no hago la casita—murmuró con abatimiento.</p> + +<p>—¿Que no la hace usted? ¿Cómo es eso? ¿Se +ha jugado usted los capitales?</p> + +<p>—Bien sabe usted que no me da por ahí...</p> + +<p>—¿Pues qué ocurre? ¿Ha pensado usted en +otra inversión? ¿Ha emprendido algún negocio?</p> + +<p>—Si usted me promete no decir nada á nadie...</p> + +<p>—Pierda usted cuidado, don Santos. La tumba +es una cotorra comparada conmigo.</p> + +<p>—Pues es el caso que... que he... prestado... +esa suma.</p> + +<p>—¿Prestado? ¿Al cien por cien mensual? ¿Con +garantía? ¡Ah, usurero!</p> + +<p>—Déjese de bromas. Garantía... Tengo la de +la honradez de mi deudor.</p> + +<p>—¡Ay, pobre don Santos! ¿Quién me lo ha +engañado?</p> + +<p>—No, le advierto á usted que es persona que +goza de excelente fama... Para ser franco: mi +ánimo no era prestar, ni á ése ni á nadie. Me +cogió desprevenido: no pude negarme; á él le +constaba que tenía yo fondos: vi un padre de +familia en aprieto, en compromiso, en vergüenza... +me prometió amortizar cada mes... ¡En +fin, que no tengo el corazón de bronce!</p> + +<p>—¿Conque prestamitos á padres de familia<span class="pagenum" id="Page_200">[Pg 200]</span> +pobres, pero bribones? ¿Y qué tal? ¿Amortiza? +¿Amortiza?</p> + +<p>—Por ahora... no.</p> + +<p>—¿Cuántos meses han pasado?</p> + +<p>—Seis... es decir, hoy se cumplen siete...</p> + +<p>—Y usted, después de haber hecho esa obra +benéfica y desinteresada, ¿por qué se esconde? +Eso sí que quisiera saberlo.</p> + +<p>—Le diré... Son tonterías de mi carácter... +¡Rarezas...! Es que, hace algún tiempo, me encontré +en la calle á mi deudor, y le pedí... vamos +con muy buenos modos... que empezase á amortizar... +lo que pudiese... nada más que lo que +pudiese... Y me contestó de una manera..., en +fin, que me negó lo prometido, y casi, casi, me +negó la deuda misma... Y desde entonces no +salgo á la calle... porque si me lo encuentro, +me dará vergüenza, y tendré que hacer como +si no le viese! Sí, vergüenza... Porque es fea su +acción, ¿verdad?</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_201">[Pg 201]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >SUSTITUCIÓN</h2> +</div> + + +<p>No hay nadie que no se haya visto en el +caso de tener que dar, con suma precaución +y en la forma que menos duela, una mala +noticia. Á mí me encomendaron por primera +vez esta desagradable tarea, cuando falleció repentinamente +la viuda de Lasmarcas, única +hermana de don Ambrosio Corchado.</p> + +<p>Yo no conocía á don Ambrosio; en cambio +era uno de los tres ó cuatro amigos fieles del +difunto Lasmarcas, y que visitaban con asiduidad +á su viuda, recibiendo siempre acogida +franca y cariñosa. Las noches de invierno nos +servía de asilo la salita de la señora, donde ardía +un brasero bien pasado, y las dobles cortinas +y las recias maderas no dejaban penetrar +ni corrientes de aire ni el ruido de la lluvia. +Instalado cada cual en el asiento y en el rincón +que prefería, charlábamos animadamente hasta +la hora de un té modesto y fino, con galletas y<span class="pagenum" id="Page_202">[Pg 202]</span> +bollos hechos en casa, tal vez por razones de +economía.</p> + +<p>Nos sabía á gloria el té casero, y concluíamos +la velada satisfechos y en paz, porque la +viuda de Lasmarcas era una mujer de excelente +trato, ni encogida, ni entrometida, ni maliciosa +en extremo, ni neciamente cándida, y en +cuanto amiga, segura y leal como ¡ojalá! fuesen +todos los hombres. Al saber que había aparecido +muerta en su cama, fulminada por un +derrame seroso, sentimos el frío penetrante del +<em>más allá</em>, el estremecimiento que causa una ráfaga +de aire glacial que nos azota el rostro al +entrar en un panteón. ¡Así nos vamos, así se +desvanece en un soplo nuestra vida, al parecer +tan activa y tan llena de planes, de esperanzas +y de tenaces intereses! Precisamente la noche +anterior habíamos ido de tertulia á casa de la +señora de Lasmarcas; aún nos parecía verla +ofreciéndonos un trozo de bizcochada, que alababa +asegurando ser receta dada por las monjas +de la Anunciación...</p> + +<p>Advertidos de la desgracia los amigos íntimos, +se decidió que yo me encargaría de avisar +al hermano de la difunta. Don Ambrosio Corchado +no vivía en la misma ciudad que su hermana, +sino á dos leguas, en una posesión de +donde no salía jamás, y donde la viuda residía +en la temporada de verano. Rico y poco sociable, +don Ambrosio realizaba el tipo del solterón: no +quería molestar al mundo, y menos toleraba que +el mundo le molestase á él. Á su manera, lo +pasaba perfectamente, introduciendo mejoras<span class="pagenum" id="Page_203">[Pg 203]</span> +en su finca, dirigiendo la labranza y cebando +gallinas y cerdos. Es cuanto sabíamos de don +Ambrosio. Para cumplir sin tardanza mi cometido, +encargué un coche, y á los tres cuartos +de hora lo tenía ante la puerta, con repique de +cascabeles y traqueteo de ruedas chirriantes.</p> + +<p>Entré en el desvencijado vehículo y tomamos +la dirección de la finca. Era preciosa la mañana, +vibrante, alegre, llena de sol y luz, preludiando +la primavera, que se acercaba ya. Reclinado +en el fondo del birlocho, viendo desaparecer +por la ventanilla el pintoresco paisaje, +me entró, á pesar del buen tiempo y del aire +puro y vivo, una dolorosa melancolía, una especie +de aprensión y de timidez violenta.</p> + +<p>El corazón se me encogió, pensando en lo que +debía participar á don Ambrosio, y en cómo +empezaría á hacerle paladear el trago, para que +sintiese menos su amargor. Me representaba +con eficacia lo dramático del momento. Don +Ambrosio no tenía otra hermana, ni más familia +en el mundo. La señora de Lasmarcas no +dejaba hijos que pudiese recoger su hermano +y que alegrasen su solitaria vejez. ¡Una hermana! +El ser á quien acompañamos desde la +cuna; con quien hemos jugado de niños; ser +que lleva nuestra sangre; que ha compartido +nuestros primeros inocentes goces, nuestros primeros +berrinches; que ha sido nuestro confidente, +nuestro encubridor, que vió nuestras +travesuras y se emocionó con nuestros amoríos +infantiles; la mamá pequeña, la amiga natural, +la cómplice desinteresada, la defensora. El que<span class="pagenum" id="Page_204">[Pg 204]</span> +no conoce otro afecto; el que de todos los suyos +conserva una hermana, ¡qué sentirá al saber +que la ha perdido! Sin duda alguna, lo que el +árbol cuando le hincan el hacha en mitad del +tronco, cuando lo hienden y parten. Además, +¡era tan súbita la muerte! Tal vez don Ambrosio +se había forjado mil veces la ilusión de que +su hermana, más joven que él, le cerraría los +ojos...</p> + +<p>Estos pensamientos, exaltando mi imaginación, +me causaron tan indefinible angustia, que +al pararse el coche ante el portón de la finca +llevaba yo los ojos humedecidos de lágrimas. +Dominé mi debilidad, salté á tierra, y al preguntar +por don Ambrosio á un hombre que +igualaba la arena del patio, soltó él de muy +buena gana el escardillo y me guió, pasando +por hermosos jardines adornados con fuentes y +por un huerto de frutales, á una pradería, donde +varios gañanes trabajaban en segar hierba +y amontonarla en carros, bajo la inspección de +un vejete de antiparras azules y sombrero de +paja.—Era don Ambrosio en persona.—Me saludó +con sorpresa y, al decirle que venía por un +asunto de cierta importancia, mostró bastante +amabilidad. Explicóme que el pradito aquel +rendía todos los años más de treinta carros de +hierba seca, que se vendía como pan bendito; y +cediendo á la propensión de hablar sólo de lo +que se roza con preocupaciones del orden práctico, +añadió que temía que viniese á llover, y +activaba la faena á fin de recoger la hierba en +buenas condiciones. Después me señaló á una<span class="pagenum" id="Page_205">[Pg 205]</span> +esquina del prado, que cruzaba un límpido riachuelo, +y me preguntó si creía la fuerza del +agua suficiente para hacer mover un molino +harinero que pensaba instalar allí. Su cara +arrugadilla y su cascada voz adquirían gravedad +al enunciar estos propósitos. Yo, entretanto, +buscaba sitio por donde herirle; pero dos ó +tres insinuaciones acerca de la mala salud de la +viuda, no arrancaron más que un distraído +«vaya, vaya». Entonces resolví apretar, y entré +en materia: venía precisamente porque la +señora, algo enferma desde ayer... «Sí, molestias +del invierno, catarrillos», respondió maquinalmente. +Me sublevó la salida, y solté las dos +palabras «enfermedad grave»... Al través de +los azules vidrios noté que parpadeaba el viejo. +—«¿Grave? Y el médico, ¿qué dice?».</p> + +<p>—No hubo tiempo de consultarle...—exclamé—Ya +ve usted, las cosas repentinas...</p> + +<p>—Pues que se consulte, que se consulte—repitió +volviéndose para ver pasar un carro +cargado á colmo—. ¡Eh—gritó dirigiéndose á +los gañanes—, brutos, que se os cae la mitad de +la hierba! ¡Sujetar bien la carga, por Cristo!</p> + +<p>—¿No le digo á usted—interrumpí alzando +también la voz—que no dió lugar á consultar +nada? Fué de pronto... la...</p> + +<p>Se me atragantaba la palabra terrible, pero +al fin la solté:</p> + +<p>—¡La... la muerte!</p> + +<p>Don Ambrosio hizo un movimiento hacia +atrás. Sus vidrios azules centellearon al sol. +Titubeando, murmuró:</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_206">[Pg 206]</span></p> + +<p>—De manera... que... que...</p> + +<p>—Que ha fallecido su hermana de usted, sí, +señor; esta mañana se la encontraron cadáver... +en la cama... Un derrame seroso.</p> + +<p>El viejo guardó silencio, columpiando la cabeza. +Después de una pausa, tosiqueó y dijo +tranquilamente:</p> + +<p>—¡Válgate Dios! Le llegó su hora á la pobre... +Bueno, si hay cualquier dificultad para el +entierro, que... que cuenten conmigo... Por +poco más... ¿sabe usted? que se haga todo con +decencia... En cien duros arriba ó abajo no deben +ustedes reparar.</p> + +<p>—¿No vendrá usted al funeral?—pregunté +devorando al viejo con los ojos.</p> + +<p>—Verá usted... Con el prado á medio segar y +este tiempo tan á propósito... imposible. ¡Bueno +andaría esto si faltase yo! Mañana justamente +viene el maestro de obras para tratar lo del +molino... Hay que rumiar el contrato, porque +si no esas gentes le pelan á uno. ¿Y usted qué +opina? ¿Tendrá fuerza el agua? Ahora en primavera, +no hay cuidado; ¿pero en otoño?</p> + +<p>Salí de allí en tal estado de exasperación, +que batí la portezuela del coche al cerrarla, +contribuyendo á desbaratar el fementido birlocho. +Otra vez me dominaba una tristeza invencible; +me sentía ridículo, y la miseria de nuestra +condición me abrumaba al pensar en aquel +vejete insensible como una roca, que sólo se +ocupaba en el prado y el molino y se olvidaba +de la proximidad de la muerte. ¡Valiente necedad +mis precauciones y mis recelos para darle la<span class="pagenum" id="Page_207">[Pg 207]</span> +noticia! De pronto se me ocurrió una idea singular. +Mi acceso de sensibilidad compensaba la +indiferencia de don Ambrosio.—El verdadero +<em>hermano</em> de la pobre muerta era yo, yo que había +sentido el dolor fraternal, yo que me había +sustituido, con la voluntad y el sentimiento, al +hermano según la carne. En el mundo moral +como en el físico nada se pierde, y todos los que +tienen derecho á una suma de cariño, la cobran, +si no del que se la debe, de otro generoso pagador. +Consolado al discurrir así, saqué la cabeza +por la ventanilla y dije al cochero (de veras que +se lo dije): «Más aprisa, que necesito disponer +el funeral de mi hermana».</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_208">[Pg 208]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_209">[Pg 209]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >LA COMPAÑA</h2> +</div> + + +<p>Invierno. Después de un día corto, lluvioso y +triste, la noche es clara, de luna; la helada +prende en sus cristales, resbaladizos y brillantes +como espejos, el agua de las charcas y ciénagas, +y en la ladera más abrupta de la montaña +se oye el <em>oubear</em> del lobo hambriento. Dentro +de la casuca del <em>rueiro</em> humilde, la llama de +la ramalla de pino derrama la dulce tibieza de +sus efluvios resinosos, y el glu-glu del pote conforta +el estómago engañando la necesidad, pues +el pobre caldo de berzas sólo mantiene porque +abriga.</p> + +<p>Desviada de la aldea por el soto de altos castaños, +próxima á la iglesia y al cementerio, la +ruin casuca de la vieja señora Claudia—alias +<em>Cometerra</em>, porque en sus juventudes mascaba +á puñados la arcilla del monte Couto—también +siente el bienestar del cariñoso fuego. +Todo el día, calándose hasta las medulas, ha +trabajado su nieto Caridad, y el brazado de ramalla<span class="pagenum" id="Page_210">[Pg 210]</span> +y la leña todavía húmeda y la hierba que +rumia la becerrita roja, él se las ha agenciado... +No preguntéis dónde. Quien no tiene bosque ni +pradería suya, ha de merodear por tierras de +otro. ¿Qué señor le arrienda un lugar á un mocoso +de quince, hijo de un presidiario muerto +en Ceuta? El colono ha de ser libre de quintas, +casado y de buena casta. ¡Valiente adquisición +la de aquella bruja que pedía por las puertas +una espiga de maíz ó una corteza mohosa, y la +de aquel galopín que no dejaba en los términos +de la parroquia cosa á vida! También hay clases +en la aldea... Y los hijos de dos ó tres labradores +de los más acomodados, de pan y puerco, +se la tenían jurada á Caridad. Porque puede +pasar el esquilmo de la rama y del tojo, y hasta +el apañar hierba en linderos que tienen dueño; +pero arrancar la patata ya en sazón ó desvalijar +un painel del hórreo... eso son palabras mayores, +y como le pillasen... ¡guarda el escarmiento!</p> + +<p>Caridad, entretanto, traía á casa bien repleto +su <em>paje</em> de mimbres. Aquel día formaban el botín +golpe de castañas maduras, bellotas, y ¡presa +extraordinaria!, tres ó cuatro hermosos huevos +frescales... Cuando tenía suerte en su caza +de víveres, ¡la abuela le pagaba tan bien! Inagotable +repertorio de consejas, tradiciones y patrañas, +<em>Cometerra</em>, acurrucada en el rincón del +lar, mientras con mano temblona pelaba las patatas +ó desgranaba las espigas rubias, hablaba, +narraba, ensartaba sus cuentos de mil mentiras... +Y Caridad no conocía otro goce. Las historias<span class="pagenum" id="Page_211">[Pg 211]</span> +de la abuela eran á la vez su única escuela +y su único teatro, el pasto de su imaginación +virgen, fresca, insaciable, de chiquillo +que no sabe leer, y que presiente la novela y la +poesía, identificándolas, en su ignorancia, con +la vida y la realidad.</p> + +<p>Tal vez, en aquel precoz enfermizo desarrollo +de la fantasía influyese el mismo aislamiento á +que le condenaban sus menudos latrocinios y la +azarosa suerte y las fechorías del padre. Es lo +cierto que Caridad creía á puño cerrado... ¿qué +es creer?, <em>veía</em>. El mundo triste y agorero de la +vieja mitología galaica le rodeaba á todas horas. +El miedo á lo desconocido encogía su alma +y derramaba hielo de mortal pavor en sus venas, +atrayéndole, sin embargo, con misterioso +atractivo, llamándole. Temía y deseaba la aparición +sobrenatural, y mientras sus manos, mecánicamente, +cogían lo ajeno, su espíritu inculto +sentía el escalofrío del mundo invisible +que nos rodea, y cuyo hálito quejoso se percibe +en los murmullos del bosque y en el fluyente +llanto del agua...</p> + +<p>Esta noche de invierno, cercana ya la vigilia +de los difuntos, <em>Cometerra</em> explica á su nieto lo +que es la <em>Compaña</em> ó <em>Hueste</em>. Es una legión de +muertos que, dejando sus sepulturas, llevando +cada cual en la descarnada mano un cirio, cruzan +la montaña, allá á lo lejos, visibles sólo +por la vaga blancura de los sudarios y por el +pálido reflejo del cirio desfalleciente. ¡Ay del +que ve la <em>Compaña</em>! ¡Ay del que pisa la tierra +en que se proyecta su sombra! Si no se muere<span class="pagenum" id="Page_212">[Pg 212]</span> +en el acto, la vida se le secará para siempre á +modo de hierba que cortó la <em>fouce</em>. Quebrantado, +sin fuerzas, tocado de extraño mal, contra +el cual no existen remedios, irá encaminándose +poco á poco á la cueva, porque la <em>Hueste</em> recluta +así á los que encuentra en el camino, los alista +en sus filas, refuerza su ejército de espectros... +¡Infeliz del que ve la <em>Compaña</em>!</p> + +<p>En su pobre y frío lecho de hojas de maíz, +Caridad se revuelve pensando en la fúnebre procesión. +El fuego del lar se ha extinguido; la +abuela ronca acurrucada á pocos pasos; se escucha +fuera el gañir del lobo y la queja casi +humana del mochuelo... La tentación es demasiado +fuerte. De seguro que á estas horas desfila +por el monte, en doble hilera de luces, la +gente del otro mundo. ¡Verla! Caridad no se +acuerda de que verla es morir. Quizá no le importa. +El apego á la vida no nace temprano; el +arbolillo sin raíces no se agarra á la corteza terrestre. +El miedo, en Caridad, es como un espasmo: +su alma estremecida teme y desea á la vez. +Y deslizándose de la dura cama, á tientas va hacia +la puerta, abre el cancel, se asoma y mira.</p> + +<p>Velada la luna, antes esplendente, por nubarrones +de trágica forma, negrísimos, los objetos +aparecen confusos, las manchas de la arboleda +se pierden entre la turbieza gris de la lejanía. +Caridad, tiritando, echa á andar en dirección +á la iglesia. Sin darse cuenta del porqué, +supone que la <em>Hueste</em> ronda las tapias del cementerio. +Lo singular es que, al ir en busca de +la procesión de las almas, el chiquillo tiembla,<span class="pagenum" id="Page_213">[Pg 213]</span> +sus dientes castañetean, sus pupilas se dilatan, +su sangre se cuaja, su corazón por momentos +cesa de latir. Y, sin embargo, anda, anda, fascinado; +ansioso, pisando la escarcha con descalzos +pies, amoratados y rígidos. Allá donde se +alza el muro del camposanto, una claridad difusa, +unos lampos de luz verdosa le llaman con +palpitaciones de mortaja flotante y con humaredas +de cirio que se extingue. Allí está de seguro +la <em>Hueste</em>... Ya cree verla, verla distintamente, +y hasta escucha reprimidos sollozos, +ahogados gritos que pueden confundirse con la +ironía de la carcajada brutal... Sin transición, +sin espacio á decir Jesús, á llamar á su madre +como la llaman los heridos de muerte, Caridad +se desploma. Á un mismo tiempo le ha partido +la cabeza un garrotazo y le ha abierto la garganta +el corvo filo de una céltica <em>bisarma</em>, que +á la vez que degüella sujeta á la víctima. La +sangre, caliente, se coagula sobre la helada superficie +del terruño. Los mozos se retiran, dejando +tieso allí al ladronzuelo, y murmurando, +serios ya—porque no habían pensado ir tan +lejos, ni hubiesen ido á no mediar el mosto +nuevo y la vieja <em>caña</em>:</p> + +<p>—Quedas escarmentado.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_214">[Pg 214]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_215">[Pg 215]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >LA DENTADURA</h2> +</div> + + +<p>Al recibir la cartita, Águeda pensó desmayarse. +Enfriáronse sus manos, sus oídos +zumbaron levemente, sus arterias latieron y +veló sus ojos una nube. ¡Había deseado tanto, +soñado tanto con aquella declaración!</p> + +<p>Enamorada en secreto de Fausto Arrayán, el +apuesto mozo y brillantísimo estudiante, probablemente +no supo ocultarlo; la delató su turbación +cuando él entraba en la tertulia, su encendido +rubor cuando él la miraba, su silencio +preñado de pensamientos cuando le oía nombrar; +y Fausto, que estaba en la edad glotona, +la edad en que se devora amor sin miedo á indigestarse, +quiso recoger aquella florecilla +semicampestre, la más perfumada del vergel +femenino—un corazón de veinte años, nutrido +de ilusiones, en un pueblo de provincia: medio +ambiente excitante, si los hay, para la imaginación +y las pasiones.</p> + +<p>Los amoríos entre Fausto y Águeda, al principio, +fueron un dúo en que ella cantaba con +toda su voz y su entusiasmo, y él, <em>reservándose</em> +como los grandes tenores, en momentos<span class="pagenum" id="Page_216">[Pg 216]</span> +dados emitía una nota que arrebataba. Águeda +se sentía vivir y morir; su alma, palacio mágico +siempre iluminado para solemne fiesta +nupcial, resplandecía y se abrasaba, y una plenitud +inmensa de sentimiento la hacía olvidarse +de las realidades y de cuanto no fuese su dicha, +sus pláticas inocentes con Fausto, su carteo, su +ventaneo, su idilio en fin. Sin embargo, las +personas delicadas—y Águeda lo era mucho—no +pueden absorberse por completo en el egoísmo; +no saben ser felices sin pagar generosamente +la felicidad. Águeda adivinaba en Fausto +la oculta indiferencia; conocía por momentos +cierta sequedad de mal agüero; no ignoraba +que á las primeras brisas otoñales el predilecto +emigraría á Madrid, donde sus aptitudes artísticas +le prometían fama y triunfos; y en medio +de la mayor exaltación, advertía en sí misma +repentino decaimiento, la convicción de lo efímero +de su ventura.</p> + +<p>Un día estrechó á Fausto con preguntas apremiantes: +«¿Me quieres de veras, de veras? ¿Te +gusto? ¿Soy yo la mujer que más te gusta? Háblame +claro, francamente... Prometo no enfadarme +ni afligirme». Fausto, sonriente, halagador, +galante al pronto, acabó por soltar parte +de la verdad en una aseveración exactísima. +«¡Guedita, eres muy mona... muy guapa, sin +adulación... Tienes una tez de leche y rosas, +unas facciones torneadas, unos ojos de terciopelo +negro, un talle que se puede abarcar con +un brazalete... Lo único que te desmerece... +así... un poquito... es la pícara dentadura. Es +<span class="pagenum" id="Page_217">[Pg 217]</span> +que á no ser por la dentadura... chica, un cuadro +de Murillo!».</p> + +<p>Calló Águeda contrita y avergonzada, pero +apenas se hubo despedido Fausto, corrió al espejo. +¡Exactísimo! Los dientes de Águeda, aunque +sanos y blancos, eran salientes, anchos á +guisa de paletas, y su defectuosa colocación +imponía á la boca un gesto empalagoso y mohín. +¿Cómo no había advertido Águeda tan notable +falta? Creía ver ahora por primera vez la +fea caja de su dentadura, y un pesar intenso, +cruel, la abrumaba... Lágrimas ardientes fluyeron +por sus mejillas, y aquella noche no pegó +ojo, dando vueltas, entre el ardor de la fiebre, +á la triste idea... «Fausto ni me quiere ni puede +quererme. ¡Con unos dientes así!».</p> + +<p>Desde el instante en que Águeda se dió cuenta +de que en realidad tenía una dentadura mal +encajada y deforme, acabóse su alegría y vinieron +á tierra los castillos de naipe de sus ensueñas. +Rota la gasa dorada del amor, veía confirmados +sus temores relativos á la frialdad de +Fausto; mas como el espíritu no quiere abandonar +sus quimeras, y un corazón enamorado +y noble no se aviene á creer que su mismo exceso +de ternura puede engendrar indiferencia, +dió en achacar su desgracia á los dientes malditos. +«Con otros dientes, Fausto sería mío quizás». +Y germinó en su mente un extraño y atrevido +propósito.</p> + +<p>Sólo el que conozca la vida estrecha y rutinaria +de los pueblos pequeños; la alarma que +produce en los hogares modestos la perspectiva<span class="pagenum" id="Page_218">[Pg 218]</span> +de cualquier gasto que no sea de estricta utilidad; +la costumbre de que las muchachas nada +resuelvan ni emprendan, dejándolo todo á la +iniciativa de los mayores—comprenderá lo que +empleó Águeda de voluntad, maña y firmeza +hasta conseguir dinero y licencia para realizar +sus planes... Fausto había volado ya á Madrid; +el pueblo dormitaba en su modorra invernal, +y Águeda, levantándose cada día con la misma +idea fija, suplicaba, rogaba, imploraba á su +madre, á su padrino, á sus hermanas, sacando +á aquélla una pequeña cantidad, á aquél un lucido +pico, á éstas de la alcancía los ahorros..., hasta +juntar una suma, con la cual, llegada la primavera, +tomó el camino de la capital de la +provincia...—Iba resuelta á arrancarse todos los +dientes y ponerse una dentadura ideal, perfecta.</p> + +<p>Águeda era muy mujer, tímida y medrosa: no +se preciaba de heroína, y la espantaba el sufrimiento; +un escalofrío recorrió sus venas cuando, +discutido y convenido con el dentista el precio +de la cruenta operación, se instaló en la silla +de resortes, y encomendándose á Dios, echó la +cabeza atrás... No se conocían por entonces en +España los anestésicos que hoy suelen emplearse +para extracciones dolorosas, y aunque se tuviese +noticia de ellos, nadie se atrevía á usarlos, +arrostrando el peligro y el descrédito que originaría +el menor desliz en tan delicada materia. +Tenía, pues, Águeda que afrontar el dolor +con los ojos abiertos y el espíritu vigilante, y +dominar sus nervios de niña para que no se +sublevasen ante el atroz martirio. Desviados,<span class="pagenum" id="Page_219">[Pg 219]</span> +salientes y grandes eran sus dientes todos: había +que desarraigarlos uno por uno. Águeda, +cerrando los ojos, fijó el pensamiento en Fausto; +temblorosa, yerta de pavor, abrió la boca, +y sufrió la primer tortura, la segunda, la tercera... +Á la cuarta, como se viese cubierta de +sangre, cayó con un síncope mortal. «Descanse +usted en su casa», opinó el dentista.</p> + +<p>Volvió, sin embargo, á la faena al día siguiente, +porque los fondos de que disponía estaban +contados y la urgía regresar al pueblo... No +resistió más que dos extracciones; pero al otro +día, deseosa de acabar cuanto antes, soportó +hasta cuatro, bien que padeciendo una congoja +al fin; pero según disminuían sus fuerzas se +exaltaba su espíritu, y en tres sesiones más +quedó su boca limpia como la de un recién nacido, +rasa, sanguinolenta... Apenas cicatrizadas +las encías, ajustáronle la dentadura nueva, +menuda, fina, igual, divinamente colocada: dos +hileritas de perlas. Se miró al espejo de la fonda; +se sonrió; estaba realmente transformada +con aquellos dientes; sus labios ahora tenían +expresión, dulzura, morbidez, una voluptuosa +turgencia y gracia que se comunicaba á toda la +fisonomía... Águeda, en medio de su regocijo, +sentía mortal cansancio; apresuróse á volver á +su pueblo, y á los dos días de llegar, violenta +fiebre nerviosa ponía en riesgo su vida.</p> + +<p>Salió del trance; convaleció, y su belleza, refloreciendo +con la salud, sorprendió á los vecinos. +Un acaudalado cosechero, que la vió en la +feria, la pidió en matrimonio; pero Águeda ni<span class="pagenum" id="Page_220">[Pg 220]</span> +aun quiso oir hablar de tal proposición, que +apoyaban con ahinco sus padres. Lozana y +adornada esperó la vuelta de Fausto Arrayán, +que se apareció muy entrado el verano, lleno +de cortesanas esperanzas y vivos recuerdos de +recientes aventuras. No obstante, la hermosura +de Águeda despertó en él memorias frescas +aún, y se renovaron con mayor animación por +parte del galán los diálogos y los ventaneos y +los paseos y las ternezas. Águeda le parecía +doblemente linda y atractiva que antes, y un +fueguecillo impetuoso empezaba á comunicarse +á sus sentidos. Cierto día que, hablando con uno +de sus amigos de la niñez, manifestó la impresión +que le causaba la belleza de Águeda, el +amigo respondió:</p> + +<p>—¡Ya lo creo! Ha ganado un cien por cien +desde que se puso dientes nuevos.</p> + +<p>Atónito quedó Fausto. ¿Cómo? ¿Los dientes? +¿Todos, sin faltar uno? ¡Cuánto trastorna la vanidad +femenil! Y soltó una carcajada de humorístico +desengaño...</p> + +<p>Cuando, años después, le preguntó alguien +por qué había roto tan completamente con +aquella Águeda, que aún permanecía soltera y +llevaba trazas de seguir así toda la vida, Fausto +Arrayán—ya célebre, glorioso, dueño del +presente y del porvenir—respondió, después de +hacer memoria un instante:</p> + +<p>—¿Águeda...? ¡Ah, sí! Ahora recuerdo... +¡Porque no es posible que entusiasme una muchacha +sabiendo que lleva todos los dientes postizos...!</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_221">[Pg 221]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >INSPIRACIÓN</h2> +</div> + + +<p>El taller, á aquella hora—las once de la mañana—tenía +aspecto alegre y hasta cierta +paz doméstica: limpio aún, barrido, no manchado +por las colillas y los fósforos, los fragmentos +de lápiz de color y el barro de las botas, con la +alegre luz solar que entraba por el gran medio +punto, acariciaba los muebles y arrancaba reflejos +á los herrajes del bargueño, á los clavos +de asterisco de los fraileros, y á los estofados +del manto de la gótica Nuestra Señora. La horrible +careta nipona reía de oreja á oreja, benévolamente, +y <em>Kruger</em>, el enorme y lustroso +dogo de Ulm, echado sobre un rebujo de telas +de casulla, deliciosas por sus tonos nacarados +que suavizaba el tiempo, dormitaba tranquilo, +reservando sus arrebatos de cariño, expresados +con dentelladas y rabotadas, para la tarde.</p> + +<p>Luchaba desesperadamente Aurelio Rogel, +instalado ante el caballete y el lienzo limpio, +con una de esas crisis de desaliento que asaltan<span class="pagenum" id="Page_222">[Pg 222]</span> +al artista en nuestra época sobresaturada de +crítica y recargada con el peso de tantos ideales +y tantas teorías y tantas exigencias de los +sentidos gastados y del cerebro antojadizo. +¿Qué pondría en aquella tela rasa y agranitada; +á qué expresión responderían las manchas +de los colores que aguardaban en fila, al margen +de la bruñida paleta, como soldados dispuestos +á entrar en combate? Sentíase cansado +Aurelio de <em>academias y estudios</em>; del eterno +dibujar por dibujar, persiguiendo de cerca á la +línea y al contorno, sin saber para qué, con la +falta de finalidad del avaro que atesora, pero +no hace circular la riqueza. Aquella ciencia del +dibujo, en que Aurelio se preciaba de haber +vencido y superado á todos sus compatriotas, +tildados de malos dibujantes; aquel dominio de +la forma, en tal momento, le parecía estéril, +vano, si no podía servirle para encarnar una +idea.—Y la idea, la veía surgir, como vapor luminoso, +flotando ante sus ojos soñadores, sin +lograr que se concretase y definiese; así es +que, descorazonado, no se resolvía á coger el +lápiz.</p> + +<p>¿Qué iba á hacer? Dentro de un cuarto de +hora aparecería el modelo, el eterno modelo; +uno de los eternos modelos, mejor dicho.—Ó +el tagarote aguardentoso, velludo y bestial; +ó la moza flamenca y zafia, que dejaba en el taller +olor á bravío y á jabón barato; ó el mozalbete +achulado, afeminado, el <em>pâle voyou</em>; serie +de cuerpos plebeyos y viciosos, cuya vista había +llegado á irritar los nervios de Aurelio hasta<span class="pagenum" id="Page_223">[Pg 223]</span> +el punto de enfurecerle. ¿Dónde estaba la +Belleza? «La crearé sin modelo alguno—pensaba—; +la sacaré de mi mente, de mis aspiraciones, +de mi corazón, de mi sensibilidad artística...». +Pero á la vez que afirmaba este programa, +se daba cuenta de que no podía realizarlo: +que le sujetaban lazos técnicos, la costumbre +idiota de mirar hacia un objeto, la fidelidad escrupulosa, +la impotencia para trasladar al lienzo +lo que los ojos no hubiesen visto y estudiado +en la realidad.</p> + +<p>Así es que, cuando sonó la campanilla anunciando +la llegada del modelo—segura á tales +horas—el pintor sintió un estremecimiento de +repugnancia invencible. «Hoy le despido»; resolvió; +y, de mal talante, salió á abrir. Hizo un +movimiento de sorpresa: la persona que llamaba +era desconocida, una joven; casi una niña; +representaba quince años á lo sumo. Á la interrogación +de Aurelio, respondió la muchacha +dando señales de temor y cortedad:</p> + +<p>—Vengo... porque me ha dicho tío Onofre, el +<em>curda</em>... ¿no sabe usté? pues que como está muy +malísimo... y dijo que usté le aguardaba pa retratarle... +le traigo el recao que no vendrá.</p> + +<p>—Bien, hija—contestó Aurelio satisfecho y +como libre de una carga.—¿Y qué tiene tío +Onofre?</p> + +<p>—Eso del trancazo—declaró la muchacha—. +En la cama está hace tres días, y paece que le +han molío toós los huesos.</p> + +<p>Y como á pesar de que en apariencia estaba +cumplida la misión de la chiquilla, ésta no se<span class="pagenum" id="Page_224">[Pg 224]</span> +quitaba del marco de la puerta; el pintor, compadecido, +la apartó diciendo:</p> + +<p>—Pasa, hija. Ven, te daré un poco de vino de +Málaga...</p> + +<p>Entró la niña tímidamente, pero sin remilgos +ni dificultades, y ya en el taller, miró alrededor +con ojos asombrados, que expresaban el respeto +por lo que no se comprende, y un vago +susto. De pronto sus pupilas tropezaron con un +desnudo de mujer: el de la mocetona flamenca +y zafia, representada en una contorsión de ménade, +sobre el mismo rebujo de telas antiguas +en que <em>Kruger</em> dormitaba ahora. Y Aurelio, +que examinaba á la chiquilla, ya fuera de la penumbra +de la antesala, con esa ojeada del artista +que sin querer detalla y desmenuza, se +echó atrás y se fijó lleno de interés. La palidez +clorótica de la niña, al aspecto del «estudio de +mujer», se había transformado en el color suave +de la rosa que las floristas llaman <em>carne doncella</em>, +pasando poco á poco, mediante una gradación +bien caracterizada, á tonos cuya belleza +recordaba la de las nubes en las puestas de sol. +Como si invisibles ventosas atrajesen la poca +sangre de las venas y las arterias á la piel, subieron +las ondas, primero rosadas y luego de +carmín, á las mejillas, á la frente, á las sienes, +á toda la faz de la criatura; y en el pasmo de su +inocente mirar, y en la expresión de indecible +sorpresa de su boca, se reveló una belleza interior +tan grande, que Aurelio estuvo á punto de +caer de rodillas.</p> + +<p>Nada dijo la niña; nada el pintor tampoco.<span class="pagenum" id="Page_225">[Pg 225]</span> +Sólo cuando la oleada de vergüenza empezó á +descender también gradualmente, preguntó Aurelio, +tímido á su vez:</p> + +<p>—¿Eres tú hija de tío Onofre?</p> + +<p>—No, señor... Soy su ahijá. No tengo padre +ni madre.</p> + +<p>—¿Con quién vives?</p> + +<p>—¡Con tío Onofre!</p> + +<p>—¿Le sirves de criada? ¿Trabajas?</p> + +<p>—Trabajo lo que puedo—fué la respuesta +humilde—. Hay mucha necesiá... Si no fuera +por los señoritos que retratan á tío Onofre, no +sé cómo saldríamos del apuro. Y ahora, con la +enfermedá...</p> + +<p>Envalentonada por la dulzura con que Aurelio +la había hablado, prosiguió la niña:</p> + +<p>—Nos vamos á ver negros. En casa, señorito, +no hay una peseta. Como tío Onofre tiene +ese mal costumbre de la bebía... Si no es la bebía, +hombre más bueno no se encuentra en tó +Madrí. Pero el maldito amílico... que le tiene +corroías las entrañas... Y como tío Onofre sabe +que usté y el otro señorito pintor que vive en +el Pasaje son tan caritativos...; pues me dijo, +dice: «Te vas allá, Selma, y que en igual de retratarme +á mí, te retraten á ti por unos días..., porque +al fin ellos lo que quieren es retratar á cualquiera +sinfinidá de veces..., y la guita que te la +den por adelantao... y á ver si nos remediamos».</p> + +<p>Contempló Aurelio al nuevo modelo que se le +ofrecía, con la mirada involuntariamente dura +y cruel del chalán y del inteligente en el mercado. +Al través de la pobre falda de zaraza y<span class="pagenum" id="Page_226">[Pg 226]</span> +del roto casaquillo, adivinó las líneas. Eran seguramente +adorables, delicadas y firmes á la +vez, con la pureza del capullo cerrado y la gracia +de la juventud, que lo convertirá pronto en +flor gallarda, de incitadora frescura. La proporción +del cuerpo, la redondez del talle, la elegancia +del busto, la gracia de la cabeza, todo +prometía un modelo delicioso, de los que no se +encuentran ni pagados. Aurelio se regocijó. +¡Quizás estaba allí la inspiración de la obra +maestra!—Pero cuando iba á pronunciar el sacramental: +«Desnúdate...» el recuerdo de la +ola de sangre inundando el rostro, ascendiendo +hasta la frente y las sienes, borrando con su +matiz de carmín las facciones, le detuvo, apagando +en su garganta el sonido. Se sintió enrojecer, +á su turno; le pareció haber cometido, +allá interiormente, alguna acción vergonzosa. +Y acercándose á la niña, fué esto lo que dijo:</p> + +<p>—Te retrataré, pero con la condición de que +no te retrate nadie más que yo. ¿Entiendes? +Pago doble... No vas á casa de ningún otro señorito. +Yo te daré dinero... Ahora, hija mía... +para que te retrate... te colocarás así... así... +mirando á esa figura. ¿Quieres?</p> + +<p>Y, mientras á las mejillas de la niña y á sus +sienes virginales subía otra vez, ante el impúdico +y vigoroso <em>estudio</em> de la Ménade, la ola de +vergüenza, Aurelio, con nerviosa vehemencia +primero, con pulso seguro después, manchaba +el lienzo bocetando su cuadro «Pudor», que le +valió en la Exposición el primer triunfo, una +segunda medalla.</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_227">[Pg 227]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >OSCURAMENTE</h2> +</div> + + +<p>La casuca, al borde del camino, separada +de la cuneta por un jardín no mayor que +un pañuelo, era simpática, enyesada, con ventanas +pintadas de azul ultramar rabioso, y un +saledizo de madera que decoraban pabellones +de rubias espigas de maíz. En el jardín no dejaban +cosa á vida las gallinas y el gallo, escarbando +ellas con humilde solicitud y él con arrogante +desprecio; pero así y todo, los rosales +<em>lunarios</em> se cubrían de finas rosas lánguidas, las +hortensias erguían sus copos celestes, y un cerezo +enorme, amaneradamente puesto por casualidad +á la izquierda de la casa, daba fresca +sombra. Aquella vista podía ser asunto de país +de abanico, y mejor si la animaba la presencia +de la chiquilla alegre y reidora en quien la vida +amanecía con lozanos brotes y florescencias primaverales.</p> + +<p>Huérfana era Minga, pero no había notado la +soledad ni el abandono, gracias á su hermano<span class="pagenum" id="Page_228">[Pg 228]</span> +Martín, que le prodigó mimos de madraza y protección +de padre. La niñez no siente nostalgias +de lo pasado cuando es dulce lo presente. Minga +no recordaba el regazo maternal. Era Martín—solían +repetirlo los demás mozos de la aldea, +y no siempre con piadosa intención—como una +mujer. Él sabía amañar el caldo y arrimar el +pote á la lumbre; él lavaba, torcía y tendía la +ropa; él vendía en la feria la manteca, la legumbre, +los huevos; él vestía y desnudaba á +Minga mientras fué muy pequeña, y la tomaba +en brazos y la sonaba y la desenredaba la vedija +de seda blonda, luminosa y vaporosa como un +nimbo de santidad... También la llevaba de la +mano á la iglesia, porque Martín era algo sacristancillo. +Ayudaba al señor cura, y su vaga +aspiración, si no hubiese tenido que dedicarse á +cuidar de su hermana, sería cantar misa, adornar +mucho los altares, ponerle á su virgen flores, +colgarle arracadas de perlas.</p> + +<p>La condición de Martín, su índole afeminada +y pulcra, se conocía en lo limpio de la casuca +enyesada y reluciente, en la ocurrencia de rodearla +de jardín, en el primoroso seto de cañas, +en el vestir de Minga, siempre aseada y hasta +engalanada con pañolitos de seda los días festivos, +y en cierta cortesía humilde que Martín +mostraba á todos, á la gente de la aldea y al señorío, +multiplicando las fórmulas obsequiosas +los «vayan con salud» y los «Dios les acompañe». +No hubo sombrerón de fieltro menos pegado +á la cabeza que el de Martín, ni <em>rapaz</em> más +enemigo de <em>parrandas</em> y <em>tunas</em>, ni que así aborreciese<span class="pagenum" id="Page_229">[Pg 229]</span> +el cigarro y la <em>perrita</em>, ni que con tal +premura se escabullese del atrio ó de la robleda +al presentir que iba á armarse «una de palos». +Rozándole ó empujándole pasaban las mozas +jaraneras y comprometedoras, que en todas +partes las hay, y Martín no apartaba los ojos +del suelo. Únicamente sonreía á las muchachas +cuando ellas cogían por banda á Minga y la hartaban +de rosquillonas, duras como guijarros, ó +de <em>zonchos</em> fríos, ó de caramelos pringosos. La +cuerda de aquel cariño fraternal, casi paternal +por la diferencia de edades, era lo que vibraba +en Martín con vibraciones hondas, con latidos +de corazón inmenso.</p> + +<p>¡Qué rechifla se levantó en la aldea al saberse +cómo Martín había caído soldado! ¡Soldado +aquella madamita, aquel miedoso, aquél que sabía +coser y planchar y lavar como las hembras! +¡Aquél que ni gastaba navaja, ni bisarma, ni +una triste vara aguijadora! No hubo quien no se +riese: los viejos con bocas desdentadas, las mozas +con bocas frescachonas de duros dientes. Sin +embargo, prodújose la reacción. Los pobres tienen +prójimo: las comadres de la aldea, las que +han enviado hijos al servicio del Rey, son piadosas. +Y al ver á Martín tan pasmado, tan alicaído, +tan encogido de alma, las buenas comadres +probaron á consolarle á su modo con +palabras de resignación, de esperanza quimérica, +fantaseando intervenciones de santos y milagros +sin pizca de verosimilitud. Martín agachaba +la cabeza, cruzaba las manos, miraba á +Minga y callaba... Él sabía que era forzoso ir,<span class="pagenum" id="Page_230">[Pg 230]</span> +no sólo al cuartel, sino á algo más terrible, que +no se explicaba, que tenía para él mucho de +misterio y más de horror, de eso que se ve en +las ansias de la pesadilla... ¡La guerra...! ¡La +guerra lejos, lejísimos... más allá de los mares!</p> + +<p>Pasábamos una tarde por delante de la casucha, +y el señor cura, que nos acompañaba, señaló +hacia la cerrada puerta, el jardín comido +por las ortigas y zarzales, el balcón sin sus ristras +de espigas, todo solitario y muerto, con esa +muerte de los objetos que indica la ausencia del +espíritu, de la actividad humana, vivificadora. +¡Ay! El señor cura no se consolaba de la falta +de Martín. ¿Dónde encontraría otro así para +ayudar á misa, encender y despabilar velas, doblar +y guardar las vestiduras, otro madamita +igual, mañoso, dócil, bien hablado, bien mandado?... +¡Y pensar que se lo habían llevado á pelear +con los negros! ¡Qué cosas! ¡Qué desdichas!</p> + +<p>—¿Y la niña, la hermanita?—pregunté recordando +una cabeza con aureola de rizos alborotados +de un rubio blanquecino, una risa infantil, +unos labios de cereza, unos ojos celestes.</p> + +<p>—¡La niña!—repitió el cura—¡Ésa... ya ni se +acuerda de tal hermano! La recogió la tabernera, +¿no sabe? la mujer del <em>Xuncras</em>... y como +no tienen chiquillos, están con ella que no atinan +dónde la pongan. Hay criaturas así, que +son las hijas de la suerte. Figúrese lo que le esperaba +á la chiquilla. Ó meterse á servir (¿y de +qué sirve una criada de once años?) ó ir al Hospicio, +ó dedicarse á pedir limosna... Y por cuánto +la víspera de la marcha de Martín, al pobre<span class="pagenum" id="Page_231">[Pg 231]</span> +rapaz le tienta Dios á entrar en el tabernáculo +del <em>Xuncras</em> para echar unos vasos y quitarse +las melancolías; y le sacan vino, y caña, y bala +rasa, ¡yo qué sé! y á los pocos tragos—como él +nunca lo cataba—se le sube á la cabeza y rompe +á llorar y á gritar y á decir que le daba el +corazón que no volvería y que Minga se moriría +de necesidad... Y resulta que la tabernera, +un corazón de mantequilla de Soria, también +suelta el trapo, se le agarra al cuello, y le ofrece +cargar con Minga... El marido se oponía; pero +la mujer le convenció de que allí se necesitaba +una rapaza para fregar los vasos y barrer... Y +quien friega y barre es la tabernera, y Minga +está como la reina, mano sobre mano y bien +regalada, y riéndose y cantando... Es alegre +como unas pascuas. ¡Buen cascabel se prepara +ahí! ¡Si da grima ver aquella cara tan satisfecha +y al mismo tiempo la ropa de luto!</p> + +<p>Y al notar mi sorpresa el cura, prosiguió:</p> + +<p>—¿No lo sabía? ¡Claro que sí! al instante... Si +fuese un holgazán, un vicioso, un quimerista, un +bocarrota, aquí volvería sano y salvo... Como +era tan modosiño y doblaba tan bien las casullas, +¡duro en él! Fué una de esas cosas de pronto, +sin chiste... Una emboscada, una trampa en +que cayó el destacamento. Lo supe por carta +que se recibió en Marineda, de un sargento que +escapó con vida. Diez ó doce murieron, y entre +ellos Martín. No lo trajeron los periódicos; ¡si +fuesen á traer las menudencias!... Á Martín le +saltaron á la cara dos negrotes. Lo particular +es que aseguran que se defendió como una fiera.<span class="pagenum" id="Page_232">[Pg 232]</span> +Estoy por no creerlo. ¡Pobre madamita! Milagro +si no se puso de rodillas á que le perdonasen. +El sargento parece de Sevilla. ¿Pues no +dice que Martín envió al otro barrio á uno de +los mambises, que era un animal atroz? ¿Y no +cuenta que casi podía con el segundo, y si no +fuese porque tropezó y resbaló y el otro se le +echó sobre el cuerpo y con todo el peso, lo acaba? +¡Bah! ¡bah! El asunto es que á Martín...</p> + +<p>Un gesto expresivo, una mano girando con +rapidez alrededor de la garganta, completaron +la frase.</p> + +<p>—Y aún ayer apliqué por él la misa—añadió +el señor cura cuando ya doblábamos el pinar.</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_233">[Pg 233]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >EL AHOGADO</h2> +</div> + + +<p>Atacado de hipocondría y roído de tedio; +cansado del mundo, de los hombres, de +las mujeres y hasta de los caballos; agotados los +nervios y vacía el alma, Tristán decidió morir. +¡Bueno fuera quedarse, porque sí, en un mundo +tan patoso y de tan poca lacha; un mundo en +que los goces se resuelven en bostezos, y en +desencantos las ilusiones! Acabar de una vez; +dormir un sueño que no tuviese el contrapeso +del despertar probable.—Y Tristán, resuelto ya +á la acción, empezó á pensar en el <em>modo</em>.</p> + +<p>La verdad ha de decirse: el pícaro <em>modo</em> era +como un hueso que se le atragantaba á Tristán. +Entre el sincero deseo de dejar la vida y el acto +de quitársela, media un solo movimiento; ¡pero +qué movimiento, señores! Comparado con éste, +parece fácil el de levantar en peso una montaña... Las +indecisiones de Hamleto, tortas y pan +pintado en comparación de las de muchos infelices +hijos de este siglo, á un tiempo codiciosos<span class="pagenum" id="Page_234">[Pg 234]</span> +y temerosos del no ser. Ni pizca de cobarde tenía +Tristán; pero el valor no es cantidad fija: +hay quien no teme á un león y se pone pálido +al ver una cucaracha. Nervioso, de imaginación +cruel, Tristán se horripilaba del instante fugacísimo +en que la bala del revólver destrozase +la masa de su cerebro, ó la cuerda estrujase +brutalmente su garganta. Por extraña contradicción, +convencido del aniquilamiento final, +hasta le preocupaba lo que sucedería <em>después</em> á +su cuerpo, y veía la escena póstuma, el grupo +formado alrededor de su cadáver, y oía las frases +triviales, las inevitables reflexiones lastimosas +de amigos y sirvientes—todo ello ridículo, +semigrotesco, parodia de algo trágico y grande +no realizado—. Su buen gusto se sublevaba contra +semejante final. «Morir, sí, pero morir sin +dar espectáculo; irse de la vida como quien se +retira de un salón, discretamente». Maduro el +propósito, Tristán discurrió que el lugar más +oportuno de ponerlo por obra era un viejo castillo +que poseía á orillas del mar. Recogiéndose +allí algún tiempo, la sociedad, si al pronto extrañaría +su falta, ya le habría olvidado cuando +sucediese lo que debía suceder... El caso era no +dejar rastro alguno. «Como averigüen Perico +Gonzalvo y Manolo Lanzafuerte mi paradero, +allí se descuelgan á pretexto de cazar ó pescar...». +Y rodeó su último y solitario viaje del +complicado misterio propio de otras escapatorias +más gratas. «Creerán que mi fuga tiene +cómplice...», se dijo á sí propio, con irónica +tristeza, el futuro suicida.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_235">[Pg 235]</span></p> + +<p>Al verse en el castillo, antiguo solar de su familia, +Tristán comprendió que no cabía mejor +fondo para el sombrío cuadro que intentaba +pintar. Las abruptas montañas, las denegridas +piedras, los paredones que la hiedra asaltaba, +la costa erizada de escollos, la playa siempre +azotada por el recio oleaje, la torre donde anidaban +lechuzas y búhos, respiraban desolación +y fúnebre melancolía. Acrecentaba el horror +del paisaje la estación, que era la del equinoccio +de otoño, con sus furiosas tempestades y +los frecuentes naufragios de las embarcaciones +que, extraviadas por la niebla, empujadas por +el temporal, venían á encallar y á deshacerse +en los traidores bajíos de la <em>Corvera</em>, próximos +á la playa que se extendía á los pies de la residencia +de Tristán. El incesante y ronco mugido +del oleaje; el horizonte cerrado en brumas ó +surcado por lívidas exhalaciones; la tierra empapada +en agua; el arenal sembrado de despojos, +tablas y barricas, cuando no de cadáveres, +armonizaban tan bien con el estado de ánimo +y los proyectos de Tristán, que decidió buscar +reposo en el fondo de las aguas, haciendo creer +que le había arrebatado una ola. Y para familiarizarse +con la idea, bajaba á la playa diariamente, +sintiendo que se apoderaba de su alma +el vértigo de lo desmesurado y la atracción del +hondo abismo. Su plan de suicidio se concretaba +aprisa, y se le agarraba al espíritu de tal +manera, que ya soñaba con él lo mismo que se +sueña en la primer cita de una mujer hermosa +y adorada.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_236">[Pg 236]</span></p> + +<p>Una tarde de horrible tempestad, en que el +huracán sacudía las veletas del castillo y retorcía +los árboles desmelenando locamente el ramaje, +creyó Tristán que era llegado el momento +de ejecutar su determinación, y descendió, +ó mejor dicho, se despeñó al arenal, luchando +á brazo partido con el viento y alumbrado por +el repentino fulgor de los relámpagos. Uno que +encendió el horizonte le mostró, sobre la cresta +de enorme ola, algo que podía ser ó profecía ó +imagen fiel de su destino: era el cuerpo de un +hombre, un ahogado, que flotando venía á ser +despedido contra los escollos. «Me pondré un +buen peso á la garganta para no sobrenadar», +calculó Tristán al divisar al muerto que se acercaba; +y dos minutos después, la ola gigantesca, +rompiéndose en las rocas á flor de tierra ya, +depositaba sobre la arena al ahogado.</p> + +<p>Tristán se precipitó hacia él por instinto, y +alzando el cadáver, lo arrastró hacia el fondo +del arenal, reclinándolo en una peña. Á la claridad +macilenta del poniente, pudo observar que +era un hombre joven y robusto. «¡Cuánto habrá +luchado éste—pensó—para evitar lo que yo +busco á todo trance!». Palpó el torso desnudo, +magullado por las piedras, y no creyó advertir +en él la rigidez de la muerte. Hasta le pareció +percibir un resto de calor vital. Sintió una sacudida +eléctrica. «¡Vive! ¡Este hombre vive +aún!». Temblando de emoción, recordando los +primeros socorros que deben prestarse á los +ahogados, colocó al hombre con la cabeza alta, +le inclinó hacia el lado derecho, y le sacudió<span class="pagenum" id="Page_237">[Pg 237]</span> +reiteradamente hasta que hubo arrojado un +chorro de agua por la boca. Volvió á hincar la +palma sobre la tetilla izquierda, y creyó notar +un débil latido del corazón, que le hizo exhalar +un grito de alegría. Con sobrehumano vigor, +cargando á hombros el cuerpo inerte, se lanzó +por la cuesta que trepaba al castillo. El peso +era grande: á mitad de la cuesta notó Tristán +que la respiración le faltaba; detúvose un instante, +y con doblados bríos siguió después, sin +detenerse hasta soltar al ahogado en la cocina +del castillo, donde ardía un buen fuego de leña. +«Pronto—gritó Tristán á sus servidores—vengan +mantas; á calentar ladrillos y á llenar botellas +de agua hirviendo; á traer un colchón; +¿hay aguardiente?». Y mientras corrían para facilitarle +lo que reclamaba, Tristán, inclinado +sobre el cuerpo, veía con inquietud la azulada +palidez del rostro, señal cierta de la asfixia, y +creía que la chispa de vida, la débil llama, iba +á extinguirse. «Hay que intentar el gran remedio». +Y con más ilusión que nunca había probado +al acercar sus labios á los de ninguna mujer, +pegó su boca á la boca yerta del ahogado, +acechando el primer soplo de aire, mientras sus +manos fuertes y elásticas oprimían rítmicamente +el esternón y el vientre, provocando por medio +de enérgicas tracciones la respiración artificial. +Palpitante de esperanza y de caridad, se +regocijaba cuando á la boca fría asomaban buches +de agua amarga, mezclados con impurezas. +¿Si era que ya penetraba en los pulmones +el aire bienhechor? De súbito, percibió bajo sus<span class="pagenum" id="Page_238">[Pg 238]</span> +labios un estremecimiento ligero: no cabía duda, +¡el hombre respiraba! Afanoso, redobló la espiración, +enviando aquella onda tibia que era la +existencia, la resurrección, la salvación del moribundo... +Y así que el rostro de éste se coloreó +ligeramente, así que se entreabrieron sus párpados, +Tristán, rendido, sin darse cuenta de lo +que hacía, cayó de rodillas, cruzó las manos, y +dos lágrimas pequeñas, dulces, frescas, se descolgaron +de sus lagrimales...</p> + +<hr class="tb"> + +<p>Á estas horas, Tristán no se ha suicidado, ni +es de creer que piense en suicidarse. ¿Consistirá +en que apreció la vida cuando la dió envuelta +en su aliento? ¿Será que el tedio se disipa con la +primer buena obra, como el fantasma al canto +del gallo?</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_239">[Pg 239]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >EL MOLINO</h2> +</div> + + +<p>Desde lejos no lo veríais, porque lo tapa +densa cortina de castaños, y grupos de +salces y mimbreras, cuyo fino verdor gris armoniza +con la pálida esmeralda del prado. Pero +acercaos, y os prende y cautiva la gracia del +molino rústico; delante la <em>represa</em>, festoneada +de espadañas, poas, lirios morados y amarilla +cicuta; la <em>represa</em> con su agua dormida, su fondo +de limo en que se crían anguilas gordas y cuarreadoras +ranas; luego, las cuatro paredes blancas +de la casuca, su rojo techo, su rueda negruzca +que bate el agua con sordo resuello y +fragor... Y en la puerta, de pie, con las abiertas +palmas apoyadas en las macizas caderas, iluminado +el moreno rostro por los garzos ojos +y los labios de guinda, empolvado á lo Luis XV +el revuelto pelo rizoso, divisáis á Mariniña, la +molinera, que mira hacia la vereda del soto, +esperanzada de que no tardará en asomar por +ella Chinto Moure...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_240">[Pg 240]</span></p> + +<p>Para ir al molino jamás faltan pretextos; +siempre hay un ferrado de millo, un saco de +trigo que moler con destino á la hornada de la +semana. Los de la aldea ya lo saben: Chinto +está dispuesto á desempeñar la comisión, dando +las gracias encima. Provisto de una aguijada +con que pica á su caballejo y de un luengo <em>adival</em> +para amarrarle los sacos al lomo; descalzo +en verano, calzado en invierno con gruesos +borceguíes de suela de palo, Chinto emprende +su caminata desde la parroquia de Sentrove +hasta el molino de Carazás, por ver un rato á +Mariniña y gustar con ella sabroso parrafeo, +entre el revolar de las finas nubes del moyuelo +y la música uniforme del rodicio que tritura el +grano incesantemente.</p> + +<p>¿Por qué, si tenían sus pensares tan juntos y +sus corazones tan allegados como la blanca +muela y el rubio maíz, no disponían casarse la +Mariniña y el Chinto?—Nadie lo ignoraba en la +parroquia: Chinto no había entrado aún en +suerte; y su terror del cuartel y del uniforme +era tal, que si le tocaba un mal número, había +resuelto largarse á la América del Sur en el +primer barco que del puerto de Marineda saliese... +Y aun por eso se burlaban y hacían chacota +larga de Mariniña los mozos de Carazás y +los de las circunvecinas parroquias, anunciándola +que con un amante y esposo tan cobarde y +apocado, mal defendidos andarían el día de +mañana la mujer y el molino, mal cobradas las +maquilas, mal reprimidos los intentos de retozo +con la frescachona y rozagante molinera.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_241">[Pg 241]</span></p> + +<p>El exterior de Chinto no puede negarse que +prestaba fundamento á estas suposiciones y augurios +del porvenir. De estatura mediana, esbelto, +con una cabeza ensortijada semejante á +la de los santos del retablo de la iglezuela románica +en que oyen misa los de Carazás, Chinto +parecía linda doncella disfrazada en hábito de +varón; su voz era suave, su acento humilde, sus +modales tímidos y corteses. El trabajo del campo +no había sido bastante para curtir su piel, y +al entreabrirse su camisa de estopa descubría +un blanco cutis, raso y terso, una dulce seda +que enloquecía á Mariniña... Porque conviene +saber que la molinera, aquella moza resuelta y +enérgicamente laboriosa, «una loba», como decían +las comadres del <em>rueiro</em>, se enternecía, se +bababa de gusto, se moría, en fin, de amor por +el mozo delicado y aniñado—hasta afeminado +podría decirse—que todas las noches andaba y +desandaba la vereda del molino.</p> + +<p>No es que á Mariniña le faltasen otras proporciones. +Al contrario: mujer más rondada y +pretendida no existía en tres leguas á la redonda, +desde la orillamar y los puertecillos de pesca +que bañan las plateadas ondas de la ría, hasta +los cerros de Britón, donde empiezan á erguirse +los rudos peñascos célticos entre sombríos +pinares. No consistía tanto en las turgentes +formas y las floridas mejillas de la molinera, +como en el maldito señuelo de la molienda, en +la complicidad del rodicio, en la familiaridad +de la maquila. En la aldea no hay <em>Casinos</em> ni <em>Veloces</em>, +no se sabe qué sea un sarao ni un <em>raout</em>;<span class="pagenum" id="Page_242">[Pg 242]</span> +pero no os fiéis: lo que pasa en la corte entre +paredes vestidas de seda, ocurre allí en el atrio +de la iglesia á la salida de la misa mayor, en la +<em>desfolla</em>, en el campo de la romería ó en las +noches del molino...</p> + +<p>Sobre todo, en las noches del molino; en verano, +á la clara luz de la luna; en invierno, á +la dudosa claridad de la candileja de petróleo, +conciértanse las voluntades y se teje la guirnalda +de amapolas y manzanilla del rústico +amor.—La prisa, la aglomeración del trabajo, +obligan á moler la noche entera, y esperando +su saco se juntan allí rapaces y rapazas, +cruzando coplas de <em>enchoyada</em>, vivo diálogo +galante, de finezas y desdenes, de sátira y +picardía, que á veces acompaña la pandereta en +argentino repique.—Y en la atmósfera caldeada +del <em>salón</em> campesino, Mariniña reina y atrae +las voluntades: ya arisca, ya risueña; pronta á +la chanza; instantánea en reprimir á los obsequiadores +desmandados y sueltos de manos en +demasía; activa y fuerte en el trabajo, animosa +y de recios puños para erguir el saco lleno ó +ayudar á descargarlo y á vaciarlo... no hay +mozo, de los que al molino concurren, que no +piense en la molinera, y no le profese ojeriza y +tirria á Chinto, murmurando de él con frases +despreciativas é irónicas: «¡Vaya un gusto raro, +ir á antojarse de aquel papirrubio, de aquella +madamita, á quien le venían las sayas antes +que el calzón! ¡Uno capaz de desfondarse de +miedo á la idea de servir al rey! ¡Uno que hasta +no fumaba, ni gastaba navajilla, ni <em>echaba palabras<span class="pagenum" id="Page_243">[Pg 243]</span></em>, +ni el día de la fiesta cataba el aguardiente! +¡Un <em>papulito</em> que nunca había arrimado +un palo á nadie, ni sabía romper una cabeza á +golpe de <em>bisarma</em>!».</p> + +<p>La rabia de los desairados pretendientes contra +el afortunado Chinto les inspiró una idea +diabólica. Entraron en la conjura Santiago de +Andrea, Mingos el de Sentrove, <em>Calros</em> Antelo, +Raposín... la <em>trinca</em> de calaverones de +montera que solían recorrer las aldeas en son +de parranda y tuna, pegando <em>atruxos</em> retadores +y arrimándose á la cancilla de las <em>raparigas</em> +casaderas, para disparar coplas picantes... +Sucedía esto allá por noviembre, cuando +la senda que guía al molino se empapaba en +rocío glacial, y las caídas hojas de los castaños +formaban mullido tapiz, y los cendales de la +niebla, envolviendo el paisaje en velo espeso, +dejaban entrever las siluetas descarnadas de los +árboles, parecidas á espectros de luengos brazos.—Sabedores +los conjurados de que Chinto +pasaría en dirección al molino á eso de la media +noche, envolviéronse en blancas sábanas, encasquetáronse +en la cabeza ollas con un par de +agujeros cada una, y dentro sendos cabos de +vela de sebo; retorcieron haces de paja, y se +apostaron en la linde del castañal, á la hora +en que la luna se esconde y el mochuelo saluda +á las tinieblas con su queja lúgubre.</p> + +<p>Tardaba Chinto en llegar; no se oía rumor alguno +en el sendero, sino á lo lejos el sollozo del +molino, y el frío y la impaciencia producían +honda desazón en los conspiradores. Al principio<span class="pagenum" id="Page_244">[Pg 244]</span> +habían reído y bromeado, celebrando la +ocurrencia, que era, como ellos decían, ¡<em>una +pava</em> preciosa! Remedar una procesión de fantasmas, +de almas del otro mundo, la fúnebre +<em>compaña</em>; encender el cabo de sebo y los haces +de paja, y desfilar así ante el medroso Chinto... +¡para reventar de risa! Pero transcurría la vigilia; +el rocío, lento y helado, impregnaba los +huesos; á lo lejos fanfarroneaba el cántico del +gallo... y ni señales de Chinto. Empezaban á +deliberar si convendría retirarse, á tiempo que +allá de lo oscuro del bosque, salió un gemido, +una queja sobrenatural. Otra queja más doliente, +si cabe, respondió á la primera, y los cabellos +de los conspiradores se erizaron al divisar +dos blancos bultos que surgían de entre los castaños +y avanzaban lentamente con sepulcral +majestad... Los más, remangando el sabanón, +echaron á correr; Mingos, el de Sentrove, cayó +accidentado; Carlos Antelo se postró de rodillas +y empezó á confesarse y pedir perdón de +sus culpas; Santiago de Andrea fué el único que +quiso arremeter contra los aparecidos; y lo hiciera, +si una pedrada certerísima, dándole en +mitad de la frente, no le tumba en el suelo medio +muerto de veras...</p> + +<hr class="tb"> + +<p>Sábese todo en las aldeas, y á vueltas de mil +supersticiosas invenciones y cuentos de <em>trasnos</em> +y brujas, se averiguó la verdad, y se solazaron +en el molino á expensas de los burlados burladores. +Porque era la avisada y traviesa Mariniña, +y era Chinto, por ella prevenido y aleccionado,<span class="pagenum" id="Page_245">[Pg 245]</span> +quienes con el disfraz de fantasmas y con +un buen fragmento de cuarzo de la carretera +habían dispersado la hueste y santiguado al de +Andrea, el más terco de los rondadores que á +la molinera asediaban.—La rabia, el despecho, +la vergüenza, inspiraron al mozo un ansia terrible +de vengarse, y de vengarse donde todos lo +viesen, á la faz de la parroquia. Resolvió, pues, +la primer noche que en el molino estuviese reunida +gente bastante para servir de testigos, +desafiar á Chinto y sentarle la mano á bofetadas +y coces, hasta desbaratarle.</p> + +<p>Á tiempo que con tan sañudos propósitos entraba +en el molino Santiago (pocos días después +de Reyes), hallábanse Mariniña y su mozo ocupados +en colocar un saco de harina, riendo +tiernamente cuando sus dedos se tropezaban ó +sus rostros se aproximaban, en el calor de la +tarea. Al punto conoció la molinera que el desdeñado +y apedreado galán venía pendenciero, y +con disimulada seña ordenó á Chinto que se +apartase. La angustia y el temor de que pudiesen +llegar los desquites á poner en riesgo la +vida de Chinto, prestaron á Mariniña, en aquel +instante, una rapidez de concepción y una energía +de acción mayor aún de la acostumbrada. +Encarándose con Santiago y riendo y provocándole, +le propuso <em>loitar</em>.</p> + +<p>Esta costumbre de la lucha, que ya va desapareciendo, +subsiste aún en algunas comarcas +galaicas, resto quizás de un estado social belicoso +en que la mujer combatía al lado del varón. +Luchan todavía las mozas entre sí, y hasta<span class="pagenum" id="Page_246">[Pg 246]</span> +desafían al mozo, degenerando entonces la +batalla en deleitable juego. Pero desde el instante +en que Santiago—cuya sangre ardía en +tumultuosa ebullición—se arrodilló frente á Mariniña +también arrodillada, comprendió por +instinto que aquella lucha no sería como otras; +que iba de veras. Sólo con ver el movimiento +de la moza al arremangarse, el brillo de sus ojos +orgullosos, la rigidez de su talle, la dura barra +de su entrecejo, se adivinaba la <em>loita</em> seria, en +que se trata de derrengar al contrario, empleando +todo el vigor de los músculos y toda la resolución +del alma.</p> + +<p>Mientras Chinto, pálido y tembloroso, se acogía +á un rincón, los adversarios se asían de las +manos, poniendo en tensión el antebrazo y +acercándose hasta mezclar el afanoso aliento. +Mozos y mozas, en corro, se empujaban por ver +mejor, apostaban y discutían.—Santiago desplegaba +plenamente su fuerza, al notar que +Mariniña, por momentos, le dominaba el pulso. +Rojo el semblante, sudoroso el cutis, pugnaba +el rapaz, en tanto que la amazona, firme y recia, +sostenía su empuje ganando terreno. Tenerla +así, tan cerca, turbaba á Santiago, quitándole +el sentido; y ella, indiferente, atenta sólo á vencer, +aprovechaba el trastorno de su adversario, +é insensiblemente se le imponía. Al fin giró +en el vacío la muñeca derecha del varón; doblóse +el brazo; el izquierdo también cedió al +pujante impulso de la mujer... y Santiago, dando +el <em>pinche</em>, fué lanzado hocico contra tierra, +sujetándole la triunfante Mariniña, que sin piedad<span class="pagenum" id="Page_247">[Pg 247]</span> +le hartaba de mojicones, le molía á puñadas +en la nuca y en los lomos, le refregaba el +rostro en el salvado y la harina que cubrían el +piso, y no le permitía levantarse hasta que se +confesaba rendido, vencido, dispuesto á aceptar +la paz bajo cualquier condición que se le ofreciese.</p> + +<p>Apenas se alzó Santiago magullado, enharinado +y con careta, Mariniña lo sacó á la represa +del molino, donde mojando su delantal le +lavó ella misma la cara. Y mimosa y dulce, +como es siempre la gallega por forzuda y briosa +que la haya criado Dios, dijo á su enemigo +derrotado:</p> + +<p>—Por la madre que te ha parido no me has +de espantar á Chinto, <em>pobriño</em>, que el infeliz no +sirve para hacer <em>barbaridás</em> como tú y más yo, +y es un santo, sin mala intención, que con su +sangre se pueden componer medicinas... Y si él +es medroso yo soy valiente, diaño... Y no he de +casar más que con él, y si cae soldado se vende +el molino y se compra hombre... Si me tienes +ley, Santiaguiño, con Chinto no te metas... +¿Palabra?</p> + +<p>Suspiró el mozo, y acaso no sería porque le +doliesen los arañazos ni los chichones; miró á +Mariniña, toda roja aún de la lucha; la dió un +cachete familiar, de cariño y resignación, y respondió +lacónicamente, secándose con el pico +del mandil que no se había humedecido en la +represa:</p> + +<p>—Palabra.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_248">[Pg 248]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_249">[Pg 249]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >AVENTURA</h2> +</div> + + +<p>La señora de Anstalt, mujer de un banquero +opulentísimo, nerviosa y antojadiza, +agonizaba de aburrimiento el domingo de Carnaval, +después del almuerzo, á las dos de la +tarde. ¡Qué horas de tedio iba á pasar! ¿En qué +las emplearía? No tenía nada que hacer, y la idea +de mandar que enganchasen para dar vueltas á +la noria del eterno Recoletos, contestando á las +insipideces ó humoradas de los tres ó cuatro +muchachos de la crema que acostumbraban +destrozar su landó tumbándose sobre la capota; +la perspectiva del bolsón de raso pintado, lleno +de caramelos y <em>fondants</em>; lo manido y trivial de +la diversión, le hacía bostezar anticipadamente. +¿Se decidiría por la casa de campo ó la Moncloa? +¡Qué melancolía, qué humedad palúdica, +qué frío sutil de febrero, de ése que mete en +los tuétanos el reuma! No; hasta abril la naturaleza +es avinagrada y dura. «¡Lástima no ser<span class="pagenum" id="Page_250">[Pg 250]</span> +muy devota!—pensó Clara Anstalt—porque me +refugiaría en una iglesia...».</p> + +<p>Mujer que se aburre en toda regla, y no es +devota, y es neurótica á ratos, está en peligro +inminente de cometer la mayor extravagancia. +Clara, de súbito, se incorporó, tocó el timbre, +y la doncella se presentó; al oir la orden de su +ama hizo un mohín de asombro; pero obedeció +en el acto, sin preguntas ni objeciones de ninguna +especie; salió y volvió al poco rato, trayendo +en una cesta mucha ropa doblada.</p> + +<p>—¿Está usted segura, Rita, de que es la librea +nueva, la que no se ha estrenado aún?</p> + +<p>—¡Señora! Como que ni la ha visto Feliciano: +la trajo el sastre ayer anoche, la recogí yo +de manos del portero, y pensaba entregársela +ahora...</p> + +<p>—Que no sepa que ha venido. Deje usted esa +cesta en mi tocador, y vaya usted á comprarme +una cabeza entera de cartón, la más fea y +la más cómoda que se encuentre... Una que no +me impida respirar... ¿El señor ha salido ya?</p> + +<p>—Hace rato.</p> + +<p>—Pues todo en silencio, chitito... ¿eh?</p> + +<p>Regresó Rita prontamente, con sobrealiento; +Clara se impacientaba, corría de aquí para allí +y reía en alto, como los niños cuando se prometen +una diversión loca, incalculable. Encerráronse +en el tocador ama y criada, y ésta recogió +á aquélla el sedoso pelo, y la calzó las botas +de campana del lacayillo, después de vestirla +el calzón de punto y la levita corta y ceñirla +el cinturón de cuero. Por último afianzó en sus<span class="pagenum" id="Page_251">[Pg 251]</span> +hombros la careta enorme. Desfigurada así, +con la vestimenta que se adaptaba exactamente +á sus formas gráciles, esbeltas y sin turgencia, +parecía un señorito fino que por ocultarse +mejor ha pedido prestada la librea al mozo de +cuadra.—Clara brincó de júbilo. La asaltó la +idea de si podrían maltratarla, y pensó llevar +un arma; pero recordando una frase favorita de +su marido: «No hay bala que alcance como un +billete de mil», sacó de su <em>secretaire</em> bastante +dinero, y lo echó en el fondo de un saco de +brocatel, cubriendo la boca con una capa de +confites y escarchadas violetas. «Saldré por las +habitaciones del señor al jardín. Traiga usted +la llave y mire si anda alguno que me vea». Y +ya en la verja, que caía á una calle solitaria, +Clara, una vez más, se volvió hacia Rita aplicando +el dedo á los labios de cartón, como si +repitiese: «¡Silencio!».</p> + +<p>Al verse en la calle, primero anduvo muy +aprisa; después acortó el paso, saboreando su +regocijo. ¡Verse libre, sola, ignorada, perdida +entre la multitud, sin trabas ni convenciones +sociales; dueña de ir á donde quisiese, de entretenerse +en un espectáculo nuevo y original, +el de la gente pobre, el populacho, en cuyo +oleaje empezaba á sumergirse! En efecto; encontrábase +Clara á la entrada de la calle de Génova, +por donde descendían hacia el paseo de coches +abigarrados grupos, una corriente no interrumpida +de gentuza, que arrastraba pilluelos +y mascarones desarrapados. Envueltas en la raída +colcha y enarbolando la destrozada escoba ó<span class="pagenum" id="Page_252">[Pg 252]</span> +el pelado plumero; embutidos en la lustrina +verde, colorada ó negruzca de los diablos rabudos; +ostentando la blusita del bebé ó agitando +á cada movimiento millones de tiras de papel +de colorines chillones que de arriba abajo los +cubrían, los mascarones pasaban alegres y bullangueros, +charlando en falsete, requebrando +á las chulas de complicado moño, literalmente +oculto bajo una densa capa de <em>confetti</em> multicolores, +que volaban en derredor á cada movimiento +de la airosa cabeza. Algunas de aquellas +mocitas de rompe y rasga, al pasar cerca de +Clara, tomándola, como era natural, por un lacayito +atildado y mono, la provocaban, la requebraban +con pullas picantes. Clara se reía: +no recordaba haberse divertido tanto desde hacía +mucho tiempo. La animación del Carnaval +callejero se le subía á la cabeza, como se sube +el mosto ordinario, pero fresco y vivo, de una +fiesta popular. Encontraba el día hermoso, la +vida buena, y un aire de primavera, al través +de los agujeros de la máscara, acariciaba su +boca y sus ojos. «Si lo saben y me despellejan»—pensaba—, +«peor para ellos... Yo habré pasado +una tarde encantadora. Ahora me acerco +al paseo y me entretengo en insultar á todos +mis amiguitos y amiguitas... ¡Valientes infelices! +Allí estarán aguantando jaquecas y comiendo +pato»... Cuando discurría así, una vocecilla +aguda resonó á sus pies, y unas manos +débiles y tenaces se agarraron á sus botas.</p> + +<p>—Oye, tú... dame una limosna, por amor +de Dios, que tengo mucha hambre.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_253">[Pg 253]</span></p> + +<p>Clara bajó la vista. Cien veces había oído el +mismo sonsonete, y una moneda de cobre bastaba +para desembarazarla del mendiguillo. +«Éste se me pega como una garrapata»—pensó—«No +tiene ganas de soltarme...». Sacó del +bolsillo del levitín una peseta, y la presentó al +niño. Esperaba una expresión de júbilo, frases +truhanescas y desenfadadas, de ésas que saben +decir los pordioserines del arroyo... Con gran +asombro vió que el chico, al tomar la peseta, +cogía aprisa la mano del supuesto lacayo y la +besaba humilde. Una especie de vergüenza y +de pena desconocida hasta entonces penetró +en el alma de la opulenta señora de Anstalt. +¡No había pensado nunca que con una peseta—cantidad +para ella sin valor apreciable, como +para otros el céntimo—se podía hacer brotar +un chorro de agradecimiento tan ardoroso y tan +espontáneo! Bajó los ojos trabajosamente con el +estorbo de la cabeza de cartón, y tomando al +chico en brazos, lo alzó en vilo.</p> + +<p>—Pequeño, ¿de quién eres hijo? Á ver.</p> + +<p>—De nadie—contestó el pilluelo.</p> + +<p>—¿Cómo es eso? ¿De nadie? ¿No tienes padre?</p> + +<p>—No sé... no le conozco.</p> + +<p>—¿Y madre?</p> + +<p>—Sá muerto hace ocho días de una enfermedá +muy mala.</p> + +<p>—¿Y tú?</p> + +<p>—Á mí... querían llevarme al asilo, pero me +escapé, y ando así por la calle. De noche me +meto en el rincón de una puerta... De día pido +limosna.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_254">[Pg 254]</span></p> + +<p>Clara reflexionó un momento. Después dejó +en el suelo al chico, y le acarició la cabeza con +la mano.</p> + +<p>—¿Te quieres venir á una casa donde te darán +de comer y dormirás en cama buena y caliente?</p> + +<p>El chiquillo, al pronto, no respondió. Precoz +instinto de independencia absoluta se alzaba sin +duda en su espíritu, y las ventajas materiales +del ofrecimiento no le tentaban; sin duda su endeble +pescuezo advertía ya la molestia del yugo, +y sus manos descarnadas, vivo testimonio +de la miseria fisiológica de un organismo sometido +á las privaciones, se revelaban contra los +grillos y las esposas que pretendían ponerle +en nombre del bienestar... Mientras dudaba y +se sentía inclinado á escaparse corriendo, á fin +de que no lo llevasen á ningún lugar que tuviese +techo y paredes, la mano de Clara, despojada +del rudo guante, suave, femenil, halagaba +el pelo enmarañado y golpeaba amorosa las escuálidas +mejillas del granuja... Y éste, magnetizado +de pronto, exclamó:</p> + +<p>—Vamos, vamos á esa casa... ¡si estás tú en +ella!</p> + +<p>Á la efusión del chico respondió inmediatamente, +como un chispazo eléctrico al contacto +de los alambres, el impulso ardoroso, irresistible, +maternal, de la señora, que volvió á coger +en brazos al pequeño, y no pudiendo besarle, +le apretó contra su corazón.</p> + +<p>—Sí, hijo mío... Estaré... ¡Verás cómo he de +quererte!</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_255">[Pg 255]</span></p> + +<hr class="tb"> + +<p>Para que la resolución de Clara sea más meritoria, +el mundo la ha calumniado, suponiendo +que la criatura que recogió y que tan cariñosamente +cuida y educa es un hijo hurtado, un contrabando +doméstico... ¿Qué le importa á Clara? +Ya no bosteza de tedio ninguna tarde del año.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_256">[Pg 256]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_257">[Pg 257]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >EL OFICIO DE DIFUNTOS</h2> +</div> + + +<p>Cree usted—me preguntó el catedrático de +Medicina—en algún presagio? ¿Cabe en +su alma la superstición?</p> + +<p>Cuando me lo dijo, nos encontrábamos sentados +tomando el fresco á la puerta de la bodega. +La frondosa parra que entolda una de las +fachadas del Pazo rojeaba ya, encendida por el +otoño. Parte de sus festoneadas hojas alfombraba +el suelo, vistiendo de púrpura la tierra seca, +resquebrajada por el calor asfixiante del medio +día. Los viñadores, llamados «carretones», entraban +y salían, soltando al pie del lagar su +carga de uvas, vaciando el hondo cestón del +cual salía una cascada de racimos color violeta, +de gordos y apretados granos. ¡Famosa cosecha! +Yo veía ya el vino que de allí iba á salir, +el mejor, el más estimado del Borde... Y +medio distraída, respondí:</p> + +<p>—¿Presagios? No... Á no ser que... ¡Ah! Sí: +un hecho le contaría...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_258">[Pg 258]</span></p> + +<p>—¿Algo que le haya «sucedido» á usted?</p> + +<p>—¿Á mí?... No. Se me figura—no me pregunte +usted la causa de esta figuración—que á +mí «no puede» sucederme nada. Y efectivamente, +en toda mi vida...</p> + +<p>—Entonces permítame que no haga caso de +los cuentos que traen personas impresionables... +ó embusteras.</p> + +<p>—No es cuento—afirmé, olvidándome ya de +la interesante faena de la vendimia que presenciaba, +y retrocediendo con el pensamiento á +tiempos juveniles.—Es un caso que presencié. +Así que usted lo oiga, comprenderá cómo no +hubo farsa ni mentira. La explicación... no la +alcanzo. En estas materias, ni soy crédula y +medrosa, ni escéptica á puño cerrado. ¡Qué +quiere usted! Vivimos envueltos en el misterio. +Misterio es el nacer, misterio el vivir, misterio +el morir, y el mundo, ¡un misterio muy grande! +Caminamos entre sombras, y el guía que +llevamos... es un guía ciego: la fe. Porque la +ciencia es admirable, pero limitada. Y acaso +nunca penetrará en lo hondo de las cosas.</p> + +<p>Sacudió el catedrático su cabeza encanecida, +sonrió, y apoyando la barba en la cayada del +bastón, se dispuso á escucharme—y á pulverizarme +después—, porque suponía que iba á referirle +algún sueño. Los artistas no somos de +fiar: vivimos esclavizados por la imaginación y +cumpliendo sus antojos.</p> + +<p>—¿Ha conocido usted á Ramoniña Novoa?—principié +yo.</p> + +<p>—¿Que si la he conocido? Me llamaron á consulta<span class="pagenum" id="Page_259">[Pg 259]</span> +el año pasado, cuando la operaron en Compostela, +de un sarcoma en el pecho izquierdo. +Por señas que desaprobé la operación, que sirvió +para adelantar la muerte algunos días. Allí +sólo cabía dejar marchar las cosas á su desenlace +inevitable.</p> + +<p>—Pues sepa usted que Ramoniña, en sus mocedades, +fué la chica más alegre y bailadora de +todo el Borde. Su padre, don Ramón Novoa de +Vindome, tenía el prurito de divertirla; la vestía +muy maja; no la negaba capricho alguno. +Adoraba en ella, porque era vivo retrato de su +difunta mujer, á quien había profesado una especie +de devoción y culto.</p> + +<p>No se concebía función ni feria sin que Ramoniña +Novoa se presentase á lucir su mantón de +flores—era la moda—, su traje de seda con volantes, +su mantilla de casco. Los señoritos del +Borde la obsequiaban mucho, y ella coqueteaba +con unos y con otros, sin decidirse ni acabar de +escoger, según deseaba don Ramón, que, al estilo +antiguo y patriarcal, rabiaba por un nieto.</p> + +<p>Creían los antiguos que cuando quiere castigarnos +Dios, realiza nuestros deseos insensatos. +De improviso, Ramoniña, dejándose de coqueteos +y bromas, se enamoró hasta los tuétanos—¿y +de quién? De un pobrete estudiante, hijo +de un cirujano romancista y sobrino del cura +de Cebre—un perdido gracioso, que hacía versos +y tocaba la pandereta con las rodillas y los +codos. ¡Valiente boda para la mayorazga de +Novoa de Vindome, del solar de Fajardo! El padre, +inquieto al principio, furioso después, hizo<span class="pagenum" id="Page_260">[Pg 260]</span> +la oposición á rajatabla, y no perdonó medio de +quitarle á Ramoniña de la cabeza semejante locura. +La encerró en casa; la llevó á Auriabella; +rogó; avisó; amenazó; puso en juego á los frailes, +al confesor, á los parientes, á las amigas, +al señor obispo... En vano. La cosa estaba muy +adelantada ya; la libertad del campo y la falta +de sospecha en los primeros tiempos habían estrechado +el lazo y arraigado la pasión en el +alma de la señorita... y una noche se escapó +con el estudiantillo, dejando á su padre en la +mayor aflicción y vergüenza.</p> + +<p>—Hemos concluido. Que se casen—decidió el +señor de Novoa.—Le entregaré la dote de su +madre á mi hija... y que no vuelva yo jamás á +oir nombrarla, ni á verla delante de mis ojos.</p> + +<p>Ya sabe usted lo que suele suceder. El panal +de miel robada al principio es dulce, pero acaba +en hieles. El estudiante no varió de condición +al casarse; con la dote de la esposa creyó +poder darse vida cómoda y alegre, y no miró lo +que gastaba, creyendo que, al acabarse, el señor +de Novoa remediaría. Mas éste fué inflexible, +y cerró la puerta y la bolsa. Los esposos se +habían ido á vivir en Auriabella, y Ramoniña, +triste y preocupada por más de un motivo—se +decía que el marido tocaba la pandereta en +sus carnes y la zurraba de firme—escribió al +padre carta sobre carta, sin obtener respuesta. +Había nacido un chiquitín—aquel heredero tan +deseado—y cuando la criatura tuvo tres años +y Ramoniña tres mil desengaños, vino á verme, +para rogarme que la acompañase en la expedición<span class="pagenum" id="Page_261">[Pg 261]</span> +que pensaba emprender al Pazo de Vindome, +con propósito de echarse á los pies de don +Ramón, presentarle la criatura y lograr el abrazo +de reconciliación y paz. «Si no veo á papá—decía—creo +que me muero».</p> + +<p>—No vaya usted—aconsejé á Ramoniña—. +No la recibirá don Ramón. Mire usted que le he +hablado poco hace, y está firme en que no ha +de cruzar con usted palabra en este mundo. +«Sólo en la hora de la muerte la perdonaría...». +Son sus palabras. Y la hora de la muerte anda +lejos. El señor de Novoa parece un mozo: está +fuerte, come bien, sale á cazar, no le duele +nada: hasta parece que piensa en volver á casarse. +Dicen que se ha propuesto tener un hijo +varón. Sesenta años mejor llevados, no los hay +en todo el Borde.</p> + +<p>Ramoniña me miró con expresión de honda +ansiedad, de infinita angustia, é insistió en que +deseaba «probar la suerte». Como la vi tan +afligida, tan consumida por las penas, no supe +negarme, y dispusimos la marcha.</p> + +<p>Salimos de Auriabella á la una de la tarde, +en uno de los días más largos del año: el 20 de +junio. Íbamos á caballo, porque no existe carretera +entre Auriabella y el Pazo de Vindome. +Nuestras cabalgaduras, unos jacuchos del país, +trotaban duro: delante, un criado llevaba al +arzón al niño; detrás, nosotras dos y un espolique; +Ramoniña encaramada en el albardón, no +sin miedo, porque ya se encontraba algo adelantado +su segundo embarazo. El camino... ¿Usted +bien conoce el camino de Auriabella á Vindome?<span class="pagenum" id="Page_262">[Pg 262]</span> +Hasta el alto de las Taboadas, regular, +pero en llegando á la iglesia de Martiñós, un +puro derrumbadero. Se le va á uno la cabeza si +mira hacia el valle, allá en el fondo; y se marea +si contempla las revueltas de un sendero estrechísimo. +Es hermoso, pero imponente.</p> + +<p>Por eso, sin duda, según llegábamos adonde +se divisa ya el campanario de Martiñós, gritó +Ramoniña que quería bajarse y andar á pie el +trecho que faltaba hasta el Pazo. Accedí á su +deseo, natural en su estado y situación de ánimo, +y dejando á las monturas adelantarse con +el espolique, nos quedamos algo rezagadas, andando +despacio. El sol se ponía, y allá en el valle +empezaba á condensarse la niebla. Á aquel +paso llegaríamos á Vindome al anochecer. Ramoniña +me preguntaba afanosa:</p> + +<p>—¿Cree usted que mi padre no me dejará siquiera +dormir en casa esta noche?</p> + +<p>Se me han fijado, como si los estuviese presenciando +ahora, los detalles de aquel suceso. +Llegábamos junto á un pinar que se llama de +las Moiras, y como se había levantado brisa, +me puse el abrigo que llevaba al brazo. En esto +se alzó la voz de Ramoniña, exclamando con +acento de profundo terror:</p> + +<p>—¡Jesús! ¡Jesús! ¿Oye usted? ¿Oye usted? +¡Jesús, María!</p> + +<p>—¿Qué he de oir?</p> + +<p>—Ahí... Á la parte de Martiñós... En la +iglesia...</p> + +<p>—¿Pero qué?—repetí alarmada, tal era el espanto +que la voz de mi compañera revelaba.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_263">[Pg 263]</span></p> + +<p>—¡El oficio de difuntos! ¡Lo están cantando! +¡Lo están cantando!</p> + +<p>Atendí á pesar mío. No se escuchaba sino el +largo y quejoso murmurio de la brisa de la tarde +en las copas de los pinos, y el trote, ya distante, +de nuestras cabalgaduras. Así se lo dije +á Ramoniña, riéndome. Pero ella, abrazándose +á mí, ocultando la cara en mi pecho, temblando, +deshecha en sollozos, repetía:</p> + +<p>—¡Es el oficio de difuntos! ¡Si se oye perfectamente!... +Son muchas voces... ¡Lo cantan! ¡Lo +cantan!... ¡Jesús!</p> + +<p>Hice una pausa, y el catedrático me interrumpió:</p> + +<p>—Bien, ¿y qué? Una alucinación del oído. En +estado de embarazo, es lo más frecuente...</p> + +<p>—Sí—objeté yo—; pero sepa usted que, cuando +llegamos al Pazo de Vindome, nos encontramos +con que don Ramón acababa de morir súbitamente, +de apoplejía; que su cuerpo estaba +caliente aún; que ni aquel día ni los anteriores +se había cantado el oficio de difuntos en la +iglesia de Martiñós; y que Ramoniña lo oyó +distintamente desde el pinar de las Moiras;—¿ve +usted? hacia allí...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_264">[Pg 264]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_265">[Pg 265]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >JUAN TRIGO</h2> +</div> + + +<p>El héroe de mi cuento nació... no es posible +saber dónde; lo único que dice Clío, +musa de la historia, es que cierta tarde del mes +de julio apareció recostado sobre las amapolas, +desnudito como un gusano, al margen de +un trigal, en el tiempo de la siega. Por poco +más le dejan en mitad del sendero, donde lo +aplastasen al pasar los inmensos carros cargados +de rubia mies.</p> + +<p>Vieron los segadores y segadoras á la criatura +dormida en su santa inocencia, y la recogieron +con ternura, bromeando entre sí, poniendo +al nene el nombre de <em>Juan Trigo</em> y asegurándole +una suerte loca, como de quien empieza su +vida entre la misma abundancia.</p> + +<p>Sin dilación pareció cumplirse el vaticinio. +No había en la aldea—¡rarísima casualidad!—ninguna +mujer que estuviese criando; pero la +esposa del señor marqués, dueño del campo de +trigo y de otros muchísimos, y de la más hermosa<span class="pagenum" id="Page_266">[Pg 266]</span> +quinta en seis leguas á la redonda, acababa +precisamente de dar á luz una niña muerta, +y se temía por la madre si no desahogaba la +leche agolpada á su seno. El médico aconsejó +que la noble dama criase al niño abandonado, +y éste encontró así, desde el primer instante, +sustento, regalo y amor. Le envolvieron en +finos pañales, le trataron á cuerpo de rey y creció +hermoso y fuerte, rebosando viveza y alegría. +La marquesa le cobró tierno afecto, más +que de nodriza, de madre, y como no se creía +que aquellos señores pudiesen ya tener sucesión, +todos presumían que <em>Juan Trigo</em> iba á ser +el heredero de su caudal y nombre. Á deshora, +corridos más de diez años, la naturaleza sorprendió +al marqués con otra niña y á la marquesa +con la muerte, causada por el difícil y +trasnochado lance: y aunque Juan, como muchacho, +no comprendió del todo lo que perdía, +lo sintió y adivinó, y se le vió muchos meses +extrañamente abatido y triste.</p> + +<p>No obstante, su situación, al parecer, no había +cambiado. Ó en memoria de su esposa ó +por verdadero cariño, el marqués seguía tratándole +como antes: hasta le demostraba preferencia, +con tal extremo, que empezó á divulgarse +la conseja de que Juan era verdadero hijo del +marqués, fruto de secretos amoríos, y que le correspondería +«hoy ó mañana» una buena parte +de herencia. Confirmó tal suposición el ver +que Juan fué enviado á un aristocrático y famoso +colegio inglés, donde cursó estudios más +brillantes que útiles, y del cual volvió á los<span class="pagenum" id="Page_267">[Pg 267]</span> +veintitrés años hecho un cumplido <em>gentleman</em>. +Acogióle la sociedad con halagos y sonrisas, +aunque á sus espaldas se comentase lo ambiguo +de su posición; y como era gallardo y simpático +y tenía hasta el prestigio de la leyenda y del +misterio, las señoras le recibieron con sumo +agrado, demostrando claramente que la presencia +de Juan no les infundía horror, ni cosa +que lo valga. En aquella ocasión, si Juan hubiese +tenido afición á las flores, sin gran esfuerzo +reúne un lindo ramillete de rosas, pensamientos +y <em>no me olvides</em>, cuyo aroma seguiría +aspirando con la memoria en la edad madura; +pero Juan estaba enamorado—enamorado, callada +y tenazmente—de la hija del marqués, +Dolores, en quien reconocía las facciones de la +que le había servido de madre: niña de sorprendente +hermosura, que, según la frase del +Libro Santo, había robado el corazón de Juan +con sólo el crujir de sus zapatitos—unos zapatos +de fino charol, prolongados y lustrosos sobre +la transparente media de seda.—Crujir que +Juan reconocía entre los mil ruidos de la creación, +lo mismo que reconocía las cascaditas de +su reir juvenil, el roce de su falda corta, el perfume +tenue de su flotante melena, y el <em>¡rissch!</em> +de su abaniquillo al abrirlo la impaciente mano.</p> + +<p>Creyó Juan que no se le conocía el loco deseo; +pero las chiquillas son en esto linces, y +Dolores notó que la querían, y no sólo lo notó, +sino que mostró tal inclinación á Juan, que +éste, vencido, confesó de plano. La niña, más +inexperta, más vehemente, más ignorante de las<span class="pagenum" id="Page_268">[Pg 268]</span> +terribles consecuencias de un mal paso, arregló +entonces la escapatoria, combinando y facilitando +las cosas de tal manera, que, dado el escándalo, +el padre no tuviese más arbitrio que +otorgar su consentimiento.</p> + +<p>Se urdió el complot sin que nadie sospechase +palabra; mas la víspera del día señalado, Juan, +descolorido y trémulo, se echó á los pies del +marqués y le reveló la trama. Como todo el +que quiere de veras, prefería su propia desventura +al daño ajeno; anteponía al egoísmo de su +pasión el honor y la felicidad de Dolores. Así +pagaba el pobre expósito su deuda á la casa +donde le acogieron y ampararon; así reconocía, +al través de la tumba, los cuidados maternales +recibidos de la señora á quien no podía +olvidar. Al consumar el sacrificio, su alma sangraba; +y cuando el marqués, alabando mucho +su honrada sinceridad, le tomó, por primera +providencia, el billete para Londres, Juan, en +vez de salir hacia el tren, cayó en la cama, donde +le postró una fiebre ardentísima.</p> + +<p>Hizo el marqués que le cuidasen; puso entre +tanto á Dolores en un convento de monjas, graves +y buenas guardianas; y ya en franca convalecencia +Juan, para mayor cautela—porque +todas las precauciones son pocas, y quien una +vez tropieza expuesto está á caer—solicitó para +el mozo un puesto lejos, lejos... lo más lejos posible. +Y se lo concedieron en ultramar, y tan +pingüe, que á ser Juan de otra condición, á la +vuelta de pocos años tendría hecha la suerte. +Hasta el codo se podía meter la mano en aquella<span class="pagenum" id="Page_269">[Pg 269]</span> +bendita prebenda administrativa, y es de +creer que, al otorgársela, se contaba con que +la aprovechase; porque el padre de Dolores, +que, á pesar de las hablillas, no tenía con Juan +más parentesco que el puramente moral de haberle +protegido, sentía cierto remordimiento al +desampararle, y encomendaba á la generosidad +de nuestro presupuesto el porvenir del mozo, +sin darse cuenta de que éste, á falta de claro +abolengo, poseía enérgica honradez. Lo único +que trajo Juan de ultramar, á la vuelta de cuatro +años, fueron unos mezquinos ahorros, que +gastó en intentar la curación de un padecimiento +hepático; y como el marqués había fallecido +y estaba casada Dolores, se encontró Juan, al +empezar á bajar la árida cuesta de la edad madura, +solo y pobre como cuando le recogieron +en el trigal.</p> + +<p>Entonces—sin explicarse la razón—sintió un +deseo inexplicable de volver á ver el sitio y la +quinta donde había pasado una niñez relativamente +tan dichosa. Llegó á aquellos lugares +por la tarde, á pie, apoyado en un bastón grueso; +lo primero que hizo fué dar la vuelta á la +tapia de la quinta, evocando mil recuerdos que +surgían en tropel al aspecto de cada árbol y +ante la figura de cada piedra. Su corazón latió +de pronto con ímpetu: en el vetusto mirador, +enramado de rosales, suspendido sobre el camino, +acababa de ver á una señora y dos niños, +ella haciendo labor, los chicos observando con +curiosidad al pasajero encorvado y triste, de +amarillento rostro. La señora, avisada por los<span class="pagenum" id="Page_270">[Pg 270]</span> +chicos, levantó la cabeza, y fijó en Juan la +ojeada inerte que se concede al desconocido. +Juan huyó: los ojos de Dolores, mirándole de +aquel modo, le cortaban el alma. No paró hasta +llegar á un campo de trigo, á la sazón maduro, +salpicado de amapolas, como cuentas de coral +sobre una trenza rubia. Los segadores, cantando +alegremente, habían iniciado su faena, y +los haces se amontonaban ya en un ángulo de +la heredad; pero acercábase la puesta del sol, y +pronto se retirarían á sus casuchas. Juan se +aproximó á una mujer y preguntó con ansia:</p> + +<p>—¿Es en este campo donde hace muchos años +recogieron á un niño?</p> + +<p>—Allí, señor—respondió la mujer con esa +complacencia solícita de los aldeanos, soltando +su hoz y levantándose para preceder á Juan y +enseñarle el camino. Como unos diez minutos +habrían andado, cuando la segadora se paró é +hirió con el pie la orilla del sendero, pronunciando:</p> + +<p>—Aquí mismo. Estaba en pelota, como lo +parieron. Mire si lo sabré bien, que yo era entonces +moza y fuí la primera que cogió al rapaz +en brazos. Y mi hermano, que lo vió así, +entre la abundancia, le puso <em>Juan Trigo</em>. Nos +daba mucha lástima, ¡ángel de Dios!... Las que +andábamos segando lo queríamos mantener +con leche de vaca, y yo quería llevarlo para +donde mí; pero le cayó una suerte muy grande; +la señora marquesa lo recogió y lo criaba ella +y lo tuvo en una hartura muy grandísima. +Ahora será un caballero.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_271">[Pg 271]</span></p> + +<p>Juan calló. La amargura se desbordaba en +su alma. Pensaba que podría haber sido el prohijado +de aquella aldeana, vivir con ella, ayudarla +á segar la mies, no conocer otros afanes +ni otros deseos. Dejándose caer al suelo, en el +mismo sitio donde le habían encontrado, pegó +la faz á la tierra, y sus lágrimas la empaparon +lentamente.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_272">[Pg 272]</span></p> + + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_273">[Pg 273]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >EL CAMAFEO</h2> +</div> + + +<p>Mientras corrió su primera juventud, Antón +Carranza se creyó nacido y predestinado +para el arte. El arte le atraía como el acero +al imán, y le fascinaba como el espejuelo á +la alondra. Donde sus ojos encontraban una línea +elegante, una forma bella, un tono de color +intenso y original, allí se quedaban cautivos, en +éxtasis de admiración, mientras luchaban en su +alma noble pena de no haber sido el creador de +aquella hermosura, y una ilusión arrogante de +llegar á producirla mayor, más original y poderosa, +por medio del estudio y el trabajo.</p> + +<p>Años y desengaños necesitó para adquirir el +triste convencimiento de que carecía de inspiración, +de genio artístico. Sus tentativas fueron +reiteradas, insistentes, infructuosas. Crispáronse +en vano sus dedos alrededor del pincel, de la +gubia, del palillo, del buril, del barro húmedo. +Si no podía ser pintor ni escultor, á lo menos<span class="pagenum" id="Page_274">[Pg 274]</span> +quería descollar como adornista, como grabador, +como tallista; por último, desesperanzado +ya, intentó resucitar los primores de orfebrería +de Benvenuto Cellini; y si bien por cuenta propia +no hizo nada digno de eterno loor, con la +joyería su vocación artística desalentada se convirtió +en provechosa especulación industrial; se +asoció á un joyero de fama, montó el taller á +gran altura y se dedicó á negociar, escondiendo +la incurable herida de su ardiente aspiración y +de sus mil fracasos.</p> + +<p>El joyero que recibió de socio á Antón Carranza +tenía una hija, cuyo enlace con el artista +fué base de la nueva razón social. Luisa, la +esposa de Carranza, no era bonita, ni aun agraciada: +la desfiguraban su tez amarillenta, sus +facciones angulosas y una cojera muy visible. +Carranza, con todo, aceptó el trato sin repugnancia +alguna; su futura le inspiraba, á falta de +sentimientos más vehementes, simpatía y cariño. +Como suele suceder á los hombres excesivamente +poseídos de la fiebre artística, desconocía +Carranza otras pasiones; la mujer era +para él una necesidad momentánea, y el matrimonio +una prudente garantía de paz y de +afecto. Casóse, pues, satisfecho y tranquilo, y +se condujo como marido bueno y leal.</p> + +<p>Rico y en situación de satisfacer sus caprichos, +Carranza rebuscó y adquirió preciosidades; +ya que no acertaba á modelar estatuas, las +hizo desenterrar en Nápoles y Grecia, y pudo +colocar en su despacho-taller un lindo <em>Fauno</em>, +una curiosa <em>Belona</em> policromada, encanto de los<span class="pagenum" id="Page_275">[Pg 275]</span> +arqueólogos, y varios fragmentos de mérito é +interés.</p> + +<p>Conocida su afición, presentáronle los vendedores +medallas de relevado cuño y piedras grabadas, +y entre varios ejemplares que no rebasaban +del límite de lo usual y corriente, la lúcida +ojeada del artista malogrado descubrió un camafeo +griego que desde luego reconoció y diputó +por pieza única tal vez en el mundo. Ni el +famoso, contemporáneo de Alejandro, que representa +á Psiquis y el Amor; ni la Venus marina, +de Glicón; ni la célebre sardónica de la +galería Farnesio, podían eclipsar á aquel sencillo +camafeo, que sólo ostentaba una cabeza de +mujer, ó mejor dicho de diosa. La ignorancia +relativa del traficante cedió la divinidad por un +precio irrisorio, atendida la importancia del camafeo, +y Antón Carranza, dueño del inestimable +tesoro, lo guardó con transporte en una caja +de malaquita y pedrería, de donde lo sacaba +mañana, tarde y noche, para contemplarlo á su +sabor.</p> + +<p>¡Qué sobriedad y pureza de líneas, qué misteriosa +vida respiraba aquella cabeza! Cuatro rasgos, +unos planos que apenas se indican, unas +superpuestas capas de ágata que se matizan insensiblemente... +y una obra maestra, digna de +conservar un nombre al través de los siglos, +una obra que fija y encarna la idea de una beldad +sublime. ¿Por qué no había acertado jamás +él, Antón Carranza, á concebir nada que se asemejase +á aquel camafeo prodigioso? Una obra +así bastaría para hacerle feliz toda la vida, colmando<span class="pagenum" id="Page_276">[Pg 276]</span> +su anhelo y realizando su destino...; ¡y +nunca, nunca de sus dedos torpes y su estéril +fantasía había de brotar algo que se pareciese +al camafeo!</p> + +<p>Su entusiasmo por la piedra adquirió carácter +extraño y enfermizo. Con fijeza más propia +de la perturbación mental que de la cordura, +pasábase Carranza horas enteras mirando el +portento y tratando de explicarse qué secreta +fuerza, qué rayo luminoso llevaba en sí el desconocido +que hacía tantos siglos produjo aquel +milagro. Quizás ni él mismo sospechó el valor +de la huella genial que imprimió en la dura ágata +su diestra paciente y firme. Quizás alguna joven +de Mitilene ó de Samos lució en el anular ó +colgó á su garganta el camafeo, sin conocer que +poseía una riqueza ideal. Ni los que lo habían +desenterrado y vendido ahora, en el siglo presente, +comprendieron lo que tenían entre manos. +El primer verdadero poseedor de la joya era Antón +Carranza... Y en arrebato nervioso de desordenada +pasión, Carranza pegaba los labios al +camafeo, lo estrechaba contra su pecho, queriendo +incrustarlo en él, adherirlo á su carne...</p> + +<p>Notó por fin Luisa, y notaron todos los de la +casa, dependientes y amigos, clientes y corresponsales, +alarmantes síntomas en Antonio; y +los que le veían de cerca se asustaron de su +afición á la soledad, su hábito ya adquirido de +encerrarse á deshora, su silencio en la mesa, y +le tuvieron por maniático, opinando que los +intereses comerciales de la sociedad peligraban +en su poder. Era para Luisa doblemente triste<span class="pagenum" id="Page_277">[Pg 277]</span> +que se hubiese anublado la razón de su esposo, +ahora que, cumplidos sus más dulces deseos, se +sentía encinta y soñaba en el momento inefable +de estrechar á la criatura que esperaba... +Consultado el médico acerca del estado de Carranza, +y habiéndole observado despacio, con +persistencia y disimulo, su fallo fué terrible: +tratábase de un caso de monomanía tenaz, +acompañada de graves desórdenes en las funciones +del hígado y del corazón; y para salvar la +razón y acaso la vida del enfermo, era preciso +encerrarle sin tardanza en una casa de salud, +sujetándole á un método riguroso.</p> + +<p>No hubo más remedio que acceder, y Carranza, +una mañanita, fué conducido al triste asilo +donde, separado de los que le amaban, iba á +verse abandonado del mundo... Con peregrina +indiferencia se dejó llevar el maniático; tenía +consigo el camafeo, y nada más necesitaba para +ser dichoso en la región de sus delirios. Luisa +iba á verle con frecuencia; pero se interrumpieron +sus visitas cuando llegó el esperado trance; +el nacimiento de una niña puso su existencia en +peligro, dejándola semiparalítica y sujeta á ataques +dolorosos, y transcurrió largo tiempo sin +que pudiese ver al pobre recluso. Decía el médico +que Carranza mejoraba y pronto saldría de +su encierro; pero corrían meses y años y no llegaba +el momento feliz.</p> + +<p>Luisa, que amaba á su marido tiernamente, +no tenía otro consuelo sino ver crecer á su +hija, y envanecerse de su sorprendente hermosura. +La niña, en efecto, era una perla. No<span class="pagenum" id="Page_278">[Pg 278]</span> +se parecía á su madre ni á su padre: ni el más +mínimo rasgo de sus facciones recordaba á los +que la habían dado el ser. Las líneas de su rostro, +puras y correctísimas, desesperarían á un +escultor por su incopiable elegancia y delicadeza; +y los rizos que se agrupaban sobre su frente +y caían sobre su cuello torneado, tenían una +colocación graciosa y noble, como sólo la obtiene +el arte.</p> + +<p>Un día, Luisa, sintiéndose algo aliviada, se +metió en un coche con su hija y se apeó á la +puerta del asilo. Al penetrar en la habitación +que ocupaba su esposo, al mirarle, exhaló un +grito de terror y pena: pálido, demacrado, con +la mirada fija, Carranza contemplaba un objeto, +y de esta contemplación nada podía distraerle: +era el camafeo... y siempre el camafeo. +Luisa comprendió con espanto que el enfermo +no la reconocía, y herida en el alma, guiada +por su instinto de madre, presentó, elevó á la +niña en alto. Carranza dejó caer sobre ella una +mirada indiferente... De súbito, sus ojos se animaron, +brillaron, recobraron la luz de la inteligencia +y del amor; sus brazos se abrieron, sus dedos +soltaron el camafeo mágico y fatal, sus lágrimas +brotaron, y, como el que se despierta, +corrió hacia su mujer y su hija... Acababa de +advertir que la faz de la niña era la misma faz +de la diosa grabada en la piedra dura... ¡y comprendía +que, sin saberlo, había prestado ser y +realidad, carne y hueso, á la belleza soberana!</p> + + +<div class="chapter"> +<p><span class="pagenum" id="Page_279">[Pg 279]</span></p> + +<h2 class="nobreak" >VOZ DE LA SANGRE</h2> +</div> + + +<p>Si hubo matrimonios felices, pocos tanto +como el de Sabino y Leonarda. Conformes +en gustos, edad y hacienda; de alegre humor y +rebosando salud, lo único que les faltaba—al +decir de la gente, que anda siempre ocupadísima +en perfeccionar la dicha ajena, mientras +labra la desdicha propia—era un hijo. Es de +advertir que los cónyuges no echaban de menos +la sucesión, pensando con buen juicio que, cuando +Dios no se la otorgaba, Él sabría por qué. Ni +una sola vez había tenido Leonarda que enjugar +esas lágrimas furtivas de rabia y humillación +que arrancan á las esposas ciertos reproches de +los esposos.</p> + +<p>Un día alteró la tranquilidad de Leonarda y +Sabino la llegada intempestiva de la única hermana +de Leonarda, que vivía en ciudad distante, +al cuidado de una tía ya muy anciana, señora +de severos principios religiosos. Venía la joven<span class="pagenum" id="Page_280">[Pg 280]</span> +pálida, desfigurada, llorosa y triste, y apenas +descansó del viaje, se encerró con sus hermanos, +y la entrevista duró una hora larga.</p> + +<p>Á los tres ó cuatro días salieron juntos la señorita +y el matrimonio á pasar una temporada +en la casa de campo de Sabino, posesión solitaria +y amenísima. Nadie extrañó esta resolución, +porque á fines de abril la tal quinta es un oasis, +y más explicable pareció todavía la excursión +de recreo que en septiembre emprendieron los +consortes, los cuales no regresaron de Francia +y de Inglaterra hasta el año siguiente. Lo que +se comentó bastante fué que al volver trajesen +consigo una niña preciosa, con la cual se volvía +loca Leonarda, que aseguraba haberla dado á +luz en París. Como nunca faltan maliciosos, alguien +encontró á la nena excesivamente desarrollada +para la edad de cuatro meses que la +atribuían sus padres: hubo chismes, murmuraciones, +cuentas por los dedos, sonrisitas y hasta +indignaciones y <em>tole tole</em> furioso. Pero corrió +el tiempo, ejerciendo su oficio de aplicar el bálsamo +del olvido bienhechor; la hermana de +Leonarda se sepultó en un convento de Carmelitas; +el retoño creció; los esposos le manifestaron +cada día más amor paternal... y las hablillas, +cansadas de sí propias, se durmieron en +brazos de la indiferencia.</p> + +<p>La verdad es que cualquiera se enorgullecería +de tener una hija como Aurora—este nombre +pusieron Leonarda y Sabino á su vástago—. +Nunca se justificaron mejor las preocupaciones +del vulgo respecto á las criaturas cuyo<span class="pagenum" id="Page_281">[Pg 281]</span> +nacimiento rodean circunstancias misteriosas, +dramas de amor y de honor. Una belleza singular, +excesivamente delicada tal vez; una inteligencia, +una dulzura, una discreción que +asombraban, suma habilidad, exquisito gusto, +y sobre todo esto, que es concreto y puede expresarse +con palabras, algo que no se define: el +<em>ángel</em>, el encanto, el don de atraer y de embelesar, +de llevar consigo la animación, creando, +como dijo Byron de Haydea, «una atmósfera de +vida»; esto poseía Aurora, y no es milagro que +Sabino y Leonarda estuviesen literalmente chochitos +con ella.</p> + +<p>Pagábales la criatura en la mejor moneda +del mundo. Su amor filial tenía caracteres de +pasión, y solía decir Aurora que no pensaba +casarse nunca, no por no abandonar á sus padres—que +sería imposible ni pensar en ello—sino +por no tener que repartir y dividir con nadie +el ardiente cariño que les consagraba. Los +que oían de tan rosada y linda boca estas paradojas +é hipérboles del afecto, envidiaban á Leonarda +y Sabino la hija hurtada.</p> + +<p>Habían pasado años sin que Aurora aceptase +los homenajes de ningún pretendiente, cuando +apareció cierta mañana en casa de Sabino un +caballero que podemos calificar de gallo con +espolones, pero apuesto, elegante, con trazas +de adinerado, aspecto muy simpático y ese aire +de dominio peculiar de los hombres que han +ocupado altos puestos ó conseguido grandes +triunfos de amor propio, viviendo siempre lisonjeados +y felices. Solicitó el caballero hablar<span class="pagenum" id="Page_282">[Pg 282]</span> +á solas con Sabino y Leonarda; pero como hubiesen +salido, rogó se le permitiese ver un instante +á la señorita Aurora. La muchacha le +recibió en la sala, sin turbarse, y le dió conversación +un rato, ruborizándose cuando el desconocido +le dirigió alabanzas en las cuales se revelaba +profundo, vivo y secreto interés. La +entrevista duró poco; llegaron los padres de +Aurora, y con ellos se encerró el galán, cuyas +primeras palabras fueron para decir, inclinándose +hasta el suelo, que allí tenían á un gran +culpable, al seductor de su hermana y padre de +Aurora—dispuesto á reparar en lo posible sus +yerros y delitos, recogiendo á la niña y ofreciéndola +amparo, fortuna y nombre.</p> + +<p>Sabino meditó algunos instantes antes de responder; +luego cruzó con Leonarda una mirada +expresiva, y volviéndole al recién llegado pronunció +serenamente:</p> + +<p>—Queremos á Aurora bastante más que si la +hubiésemos engendrado; es nuestro único hechizo, +la alegría de nuestra vejez, que ya se +acerca; pero le aseguro á usted que la dejaremos +libre. Si ella quiere, con usted se irá. Si +ella no quiere, prométanos que la niña se quedará +con nosotros para toda la vida y usted no +pensará en reclamarla. Y para que vea usted +que no influimos en su determinación, escóndase +detrás de ese cortinaje y oirá cómo la interrogamos +y lo que responde.</p> + +<p>Accedió el caballero y se ocultó. De allí á +pocos instantes entraba Aurora, y Sabino la +dirigió el siguiente interrogatorio:</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_283">[Pg 283]</span></p> + +<p>—¿Qué te ha parecido ese señor que vino á +hablarnos?</p> + +<p>—¿Digo la verdad, papá, como de costumbre? +¿La verdad enterita?</p> + +<p>—¡Ya se sabe que sí!</p> + +<p>—¡Pues me ha parecido muy bien! Me ha parecido +la persona más... más agradable... que +he visto en mi vida, papá.</p> + +<p>—¿Tanto como eso?</p> + +<p>—Sí por cierto. Me ha fascinado... ¿No me +mandas que hable con franqueza?</p> + +<p>—¿Le preferirías á nosotros? Sigue siendo +franca.</p> + +<p>—Es distinto lo que siento por vosotros. Él +me gusta... de otra manera.</p> + +<p>—¿Vivirías contenta con él?</p> + +<p>—¡Mira, papá..., puede que sí!</p> + +<p>—Piénsalo bien, niña.</p> + +<p>—No hay que pensarlo. Es un sentimiento, +y lo que de veras se siente no se piensa. Nunca +he sentido así. Yo también he de preguntar: +qué, ¿este señor... os ha pedido... mi mano?</p> + +<p>—¡Tu mano! ¡Tu mano! ¡No se trata de eso!—gritó +con espanto Leonarda.</p> + +<p>—¿Pues... entonces? No entiendo—murmuró +Aurora afligida.</p> + +<p>—¡Figúrate... es una suposición... que ese +señor fuese... tu padre! ¡tu verdadero padre!</p> + +<p>—¿Mi padre? ¡Eso sí que no puedo figurármelo! +¡Como padre, ni le he mirado... ni podría +mirarle nunca! ¡Ya os he dicho que es distinto; +que á vosotros os quiero de otro modo!</p> + +<p>—Vete, hija mía—murmuró Sabino confuso<span class="pagenum" id="Page_284">[Pg 284]</span> +y consternado, creyendo oir detrás de la cortina +un gemido triste. Y así que se retiró Aurora, +obediente, cabizbaja y muda, el desconocido +salió, mostrando un rostro color de cera y +unos ojos alocados.</p> + +<p>—No les molesto á ustedes más—murmuró +en ronco acento—. Ya sé cuál es mi castigo. +Procuré estudiar el modo de inspirar cierta clase +de sentimientos... y los inspiro con una facilidad +que ha llegado á infundirme tedio y horror. +Midas todo lo convertía en oro... yo todo lo convierto +en pecado. El cariño puro, el sagrado +cariño de padre veo que no lo mereceré nunca. +Borren ustedes mi recuerdo de la imaginación +de Aurora, y ¡que no sepa jamás mi nombre, +ni lo que realmente soy para ella!</p> + +<p>—Tal vez—indicó la compasiva Leonarda—el +atractivo que ejerce usted sobre esa criatura, +tan indiferente con los demás, sea voz de la +sangre.</p> + +<p>—Si es voz de la sangre, es voz que maldice—respondió +el Tenorio saludando respetuosamente +y saliendo abrumado por el dolor.<span class="pagenum" id="Page_286">[Pg 286]</span> +</p> +<div style='text-align:center'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75814 ***</div> +</body> +</html> + diff --git a/75814-h/images/cover.jpg b/75814-h/images/cover.jpg Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..e644121 --- /dev/null +++ b/75814-h/images/cover.jpg diff --git a/75814-h/images/ilotp.jpg b/75814-h/images/ilotp.jpg Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..9305cb9 --- /dev/null +++ b/75814-h/images/ilotp.jpg diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..b5dba15 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This book, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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