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-The Project Gutenberg eBook of Cuentos ilustrados, by Nilo María
-Fabra
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
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-using this eBook.
-
-Title: Cuentos ilustrados
-
-Author: Nilo María Fabra
-
-Release Date: January 24, 2023 [eBook #69873]
-
-Language: Spanish
-
-Produced by: Ramón Pajares Box. (This file was produced from images
- generously made available by Biblioteca Digital
- Hispánica/Biblioteca Nacional de España.)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS ILUSTRADOS ***
-
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han
- convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
-
- * Las rayas intrapárrafos han sido espaciadas según los modernos usos
- ortotipográficos.
-
- * Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas tras el
- párrafo en que aparece su llamada.
-
- * Se han desplazado muy ligeramente algunas ilustraciones para su
- mejor encaje en el texto circundante.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-
- CUENTOS ILUSTRADOS
-
-
-
-
- NILO MARÍA FABRA
-
- CUENTOS ILUSTRADOS
-
- DIBUJOS DE
-
- MASRIERA, José, Francisco y Luis
- PELLICER, J. Luis
- LUCAS VILLAMIL, E. — QUEROL, Agustín — MARQUÉS, J. M.
- ERIZ, Pedro — CABRINETY, José
- FUSTER, Mariano — ÁLVAREZ MASÓ, Rafael
- FABRA, Jorge
-
-
- BARCELONA — 1895
- Imprenta de Henrich y C.ª, en comandita
- Pasaje Escudillers, 4
-
-
-
-
- ES PROPIEDAD. — Quedan hechos
- los depósitos que marca la ley.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-DEL CIELO A ESPAÑA
-
-PRIMERA PARTE
-
-
-I
-
-Dios, Nuestro Señor, daba un día audiencia a los santos que iban a
-interceder por sus devotos, por los pueblos que patrocinaban y por
-todos los pecadores. La Santísima Virgen, sentada al lado de su querido
-y Hijo, recomendaba los múltiples memoriales de los visitantes, a los
-cuales acogía el Ser Supremo con la bondad del que es fuente de todas
-las misericordias. Fueron entrando en el salón del trono del Altísimo
-santos y más santos, basta que le tocó el turno a Santiago el Mayor.
-
-—¡Hola, Jaime! —le dijo el Todopoderoso—: ¿qué te trae por aquí?
-¡Cosas de España, tal vez! ¿Qué pasa por aquella tierra? ¿Están en paz
-tus clientes?
-
-—Bien sabe Vuestra Divina Majestad, —contestó el Apóstol, haciendo tan
-profunda reverencia que el sombrero lleno de conchas y reliquias que
-tenía en la mano barrió el suelo—, que aquello anda malillo, y que,
-si Dios no pone remedio, yo no sé lo que va a ser de España, de los
-españoles y de sus descendientes, que se han establecido en el Nuevo
-Mundo, a todos los cuales protejo y amparo en sus cuitas; porque, eso
-sí, ni unos ni otros nos han perdido la afición, y si no, aquí está la
-excelsa Madre de Vuestra Divina Majestad, patrona de las Españas y de
-las Indias, que no me dejará decir una cosa por otra.
-
-—Cierto es —dijo Nuestra Señora—, que en pocas partes del mundo se me
-venera tanto como en las tierras de que habla Santiago, y, a decir
-verdad, yo quisiera hacer hasta los imposibles a favor de aquellos para
-mí muy amados hijos.
-
-—¡Vamos, di lo que solicitas, Diego —exclamó el Eterno dando una
-cariñosa palmada en la mejilla del santo—; basta que mi amantísima
-Madre sea intercesora, para que yo te conceda cuanto desees, con tal
-que no me pidas gollerías.
-
-—Señor —contestó el Apóstol algo perplejo—, yo no sé cómo decírselo a
-Vuestra Divina Majestad... El caso es que... Ello es... Vaya, que no me
-atrevo.
-
-—¡Ánimo! ¡Habla!
-
-—Como a Vuestra Divina Majestad no se le oculta nada, bien sabe lo que
-yo quiero para los españoles.
-
-Sonriose el Todopoderoso, pues Él ya sabía de antaño lo que pensaba
-Santiago, porque, ya se ve, ¿qué se le ha de ocultar a quien no ignora
-cuanto pasó, pasa y pasará?; y poniendo ambas manos sobre la esclavina
-del bienaventurado, le contestó:
-
-—En verdad te digo, querido Jacobo, que lo que pretendes es harto
-difícil; pero, en fin, exprésalo en breves palabras.
-
-—Pues bien, Señor, lo que yo quiero para los españoles es lo que se
-llama sentido común...
-
-—¡Sentido común! —replicó el Omnipotente—: ¡sentido común! Pues ¿no
-sabes tú que lo que los hombres denominan así, es el menos común de los
-sentidos?
-
-—Vuestra Divina Majestad me entiende, y no digo más.
-
-—¡Hijo mío! —dijo con voz suplicante la Reina de los Ángeles—; vuelve
-tus ojos misericordiosos hacia aquel pueblo desdichado, y concédele lo
-que más le convenga.
-
-—¡Bueno! —contestó Nuestro Señor—; voy a hacer por España lo que no
-he hecho por nadie, aunque me cueste privarme por algunos días de
-la compañía de un hijo predilecto como este. Vuelve a la Península,
-Santiago, con amplios poderes míos. Te doy facultades para hacer
-milagros, sin que puedas, empero, mover y forzar la voluntad de los
-hombres, porque ya sabes que quiero que sea libre su albedrío. Te doy
-el don de hacerte invisible y de tomar la forma que quisieres. Ve allí
-y haz de nuevo gala de tus dotes oratorias, a ver si tu elocuencia, que
-hizo cristianos a los españoles, más o menos pecadores, que sobre esto
-hay mucho que hablar, consigue ahora darles el mejor discernimiento en
-las cosas terrenales.
-
-Dio el Apóstol gracias a Dios Nuestro Señor y a su Santísima Madre, y
-fuese en derechura al vestíbulo del Cielo donde pidió a San Pedro, con
-grande admiración de este, que le franquease la salida.
-
-—¡Qué es esto, colega! —exclamó el portero mayor del Paraíso.
-
-—Que me voy otra vez a predicar.
-
-—Mira, aquí entre apóstoles sea dicho, vas a que te crucifiquen como
-hacen aquellos bárbaros con todos los que les dicen verdades.
-
-—Estos tiempos no son los nuestros, Perico, gracias a nosotros, que
-civilizamos al mundo. Verdad es que por allí hay quien no se acuerda
-de esto, y nos pone como chupa de dómine; pero a lo menos ya no le
-desuellan a uno vivo sino de boquilla.
-
-—Ciertamente esto se ha ganado, pero ha sido a costa de las tiras
-de piel verdadera que hemos dejado por allá; y si no, dígalo nuestro
-compañero Bartolomé; pero, ¿qué digo piel?: carne y huesos, que todavía
-me parece que me duelen las palmas de las manos de aquellos clavos con
-que me crucificaron, cabeza abajo; y todo ¿por qué?: porque sacaba del
-error a los hombres. ¡Si serán estúpidos!
-
-—Tienes razón, mala cosa son los hombres; pero algo hay que hacer por
-ellos. Allá me vuelvo. ¡Abre, Perico, la puerta, y hasta luego!
-
-—¿Pero vas a pie?
-
-—¡Hombre, sí! ¡Buena idea! Tomaré la jaca. ¡Cómo estará de brava a puro
-holgar! Ya se ve, como ahora no necesitan de mí los españoles para
-regir sus ejércitos, teniendo tantos generales...
-
-—Por brava que esté, ¿qué te importa, si no hay mejor jinete que tú en
-cielo y tierra, si eres el Santo caballero por excelencia?
-
-—Claro está; ¡como que soy el patrón de los españoles!... pero abre
-mientras voy por la jaca.
-
-Soltó San Pedro las cadenas de oro del puente levadizo de la celeste
-mansión, el cual vínose abajo con grande estrépito, y al breve espacio
-cruzó por él Santiago, caballero en su blanco corcel, echando no
-diablos, porque en el Paraíso no los hay, sino rayos y truenos que
-estremecieron el aire, azotaron el firmamento y retumbaron por el
-espacio infinito.
-
-
-II
-
-No sé el tiempo que empleó el Apóstol desde la Gloria a la Península,
-porque ignoro la distancia que separa a los españoles de la
-bienaventuranza, aunque entiendo que debe ser poca, pues aquella misma
-tarde apareció Santiago en mitad de un camino real de España.
-
-El cual debía de atravesar la Mancha, porque ni un solo árbol se
-descubría en medio de la soledad de una vastísima llanura, que más
-semejaba mar desecado que otra cosa alguna.
-
-—¡Qué gentes estas! —exclamaba el Santo para su esclavina—. ¡Están
-dejadas de la mano de Dios! ¿Qué mal les han hecho los árboles? ¡No
-parece sino que, hartos de destruirse unos a otros, han declarado cruda
-guerra a la naturaleza!
-
-Y pensando en esto, iba camino adelante al paso de su caballo, cuando
-de pronto vio venir hacia él a dos hombres cubiertos con amplios
-sombreros, como los del Padre Eterno, muy ceñidas las vestiduras con
-unas correas sobre el pecho, las manos dentro de fundas blancas, y
-llevando cada uno al hombro gruesos bastones rematados en punta de
-hierro, que el Santo creyó bordones de peregrino de nueva usanza.
-
-—¡Vaya, serán colegas míos —dijo para sí— que irán de romería a algún
-santuario! Ya tengo compañía.
-
-Los cuales supuestos peregrinos íbanse acercando fijos los ojos en el
-jinete, y apenas llegaron junto a él, diéronle la voz de alto.
-
-Detuvo el Apóstol las riendas a su caballo, y preguntó a la pareja qué
-quería.
-
-—La cédula de vecindad —dijo uno.
-
-—¡La cédula! ¿Qué es eso?
-
-—Por lo visto, es usted nuevo aquí...
-
-—Sí, señor, soy forastero.
-
-—Pues bien, aquí nadie viaja sin ese documento.
-
-—No le tengo.
-
-—Entonces dese usted preso.
-
-—De modo que en España ¿se necesita patente de hombre de bien para
-andar suelto?
-
-—Y para todo.
-
-—En este caso, no habrá malhechor que carezca de semejante requisito.
-
-—En efecto, señor peregrino, todavía no hemos topado con ningún
-criminal que no esté provisto por lo menos de una cédula.
-
-—¿Para qué sirve, pues?
-
-—Yo le diré a usted; es un recurso de la Hacienda como otro cualquiera.
-
-—¡Ah, ya! Es un tributo sobre la libertad personal.
-
-—Sea lo que fuere, nuestra obligación es detener a los indocumentados.
-
-—Pero, hombre de Dios, si yo soy un caminante pacífico y nunca he hecho
-mal al prójimo.
-
-—No lo dudamos, mas tenemos que cumplir con la consigna. Quien manda,
-manda. Tenga usted, pues, la bondad de venirse con nosotros.
-
-—Por lo menos —dijo el Santo para su sayal— aquí se prende con cortesía.
-
-Y como era muy celoso de la disciplina militar, aunque patrón de
-España, añadió, dirigiéndose a la pareja, acortando razones:
-
-—Vamos a donde ustedes quieran.
-
-—Al pueblo que deja usted a retaguardia.
-
-—¡Andando!
-
-Y así diciendo volvió grupas, y seguido de los guardias civiles, que
-tales eran los aprehensores, encaminose a un lugar que allí cerca
-estaba y en el cual no había parado mientes.
-
-A tiempo que anochecía entraron los tres en el pueblo, donde reinaba
-el mayor sosiego a pesar de ser víspera de elecciones municipales. El
-alcalde, que iba de ceca en meca muñendo a los electores a casa hita,
-en la calle y en la taberna, y no podía, por lo tanto, perder el tiempo
-en bagatelas, en cuanto vio a los recién llegados, y sin preguntar a
-los guardias por qué traían a aquel hombre, dijo con voz de autoridad:
-
-—¡A la cárcel con él, y el caballo a mi cuadra!
-
-Y dicho y hecho, y he aquí cómo la primera noche de su vuelta a España,
-Santiago se la pasó enterita en la cárcel.
-
-
-III
-
-Aquel siervo de Dios, en lugar de hacer milagros y de salirse del
-inmundo aposento donde encerrado estaba, porque con decir que era
-cárcel de pueblo, y de pueblo de la Mancha, está dicho todo, púsose
-a rezar y a rezar hasta que le sorprendió la vaga claridad del alba
-entrando por una rendija o gatera, que en esto no estoy muy seguro,
-pero sí de que no tenía más ventilación el calabozo.
-
-En esto oyose ruido de llaves en la premiosa cerradura; rechinaron los
-goznes, y abriéndose pausadamente la puerta, apareció bajo el dintel
-la majestuosa figura del alguacil, barbero, sangrador y peatón en una
-pieza.
-
-—¡Sal! —dijo con ademán imperativo y voz bronca, porque acababa de
-matar el gusanillo: y luego añadió que le siguiese.
-
-Hízolo así Santiago, y subiendo una estrecha escalera, fue introducido
-en el salón del concejo, que iba a servir además de colegio electoral,
-a juzgar por una grande urna que puesta sobre la mesa estaba. Una
-silla, tres bancos y el retrato del Rey, pegado con obleas o pan
-mascado en la pared, completaban el ajuar de aquel augusto recinto,
-al cual prestaba mayor solemnidad en aquel momento la presencia del
-Alcalde, muellemente sentado en la silla, extendidas las piernas,
-sueltos los brazos, caída la cabeza, terciado el calañés y chupando un
-cigarrillo mugriento, apagado y casi deshecho.
-
-—¡Hola, perillán! —exclamó la autoridad popular a guisa de saludo—.
-¿Quién te manda ir de romería a caballo? ¿Dónde lo has robado, cuatrero?
-
-—Yo soy un hombre de bien. El caballo es mío —contestó el Santo.
-
-—¡A mí con esas! Ea, a ver la cédula.
-
-—No la tengo.
-
-—¿De dónde eres?
-
-—Nací en Bethsaida.
-
-—¡Saida! Alguacil, ¿dónde está este pueblo?
-
-—Lo que es en la Mancha no está —contestó el interpelado, que, como
-cartero, tenía sus ínfulas de perito geógrafo—. Este nombre me huele
-así a cosa de África.
-
-—¡África, eh! ¡Bueno! ¿Tu nombre, peregrino?
-
-—Santiago.
-
-—¿Apellido paterno y materno?
-
-—Mi padre se llamaba Zebedeo y mi madre Salomé —dijo el Apóstol que no
-sabía decir una cosa por otra.
-
-—Bien, pues decreto al canto: Habiendo sido preso por indocumentado
-Santiago Zebedeo y Salomé, de profesión romero, con un caballo que
-no debe ser suyo, ordeno y mando: primero, que el caballo quede en
-mi cuadra a las resultas; y segundo, que el susodicho Santiago sea
-conducido por tránsitos de justicia a disposición del señor Gobernador
-civil de la provincia de Santander.
-
-—¡De Santander! —exclamó el alguacil—; pues si Santander está al Norte,
-y el África, de donde parece este buen hombre, cae hacia el Mediodía.
-
-—Precisamente —contestó el presidente de la corporación municipal dando
-un puñetazo en la mesa—; precisamente por eso. Así se trata a los
-vagos. O soy o no soy alcalde... ¡No faltaba más! Llévate a ese hombre
-y entrégalo a la pareja.
-
-Salieron ambos, y ya en la calle, el alguacil, hablando muy quedito al
-oído del Santo, le dijo:
-
-—Mira, nación (en aquel pueblo designan con esta palabra a los
-extranjeros), todo se puede arreglar con una friolera. Con que me des
-para echar unas copas... En fin, hay que untar el carro... Ya sabes
-aquel refrán: «Por bueno o por malo, el escribano de tu mano».
-
-—Sí, y también conozco aquel otro que dice: «Ni hagas cohecho ni
-pierdas derecho».
-
-—Pues con tu pan te lo comas —replicó el agente de la autoridad dando
-un empellón al Santo y encerrándole en la cárcel—. Aquí te estarás
-hasta que pase la pareja.
-
-
-IV
-
-Entonces el siervo de Dios creyó llegado el momento de hacer un
-milagro, pues le apretaba el deseo de dar comienzo a su terrenal
-apostolado y devolver bien por mal al lugar a que le trajeron, no sus
-pecados, como decirse suele, pues siendo santo ¿qué pecados había de
-tener? sino los altos e inescrutables designios de la Providencia; y
-así, por un simple acto de su voluntad tornose de pronto invisible, y
-saliendo del calabozo por el resquicio de la puerta, se fue a la calle,
-recorrió el pueblo, y penetrando en todas partes sin ser de nadie visto
-ni oído, escudriñó a su sabor cuanto allí pasaba.
-
-Hacíase cruces a cada paso al descubrir las miserias humanas; pero lo
-que mayormente llamó su atención fue el aflictivo y ruinoso estado de
-la Hacienda municipal, bajo el poder de aquel cacique de campanario,
-que aspiraba a la reelección del cargo concejil. ¡Qué de cabildeos,
-qué de amaños, qué de promesas, a costa, por supuesto, de los bienes
-comunes, para conjurar las ruines rivalidades de unos cuantos
-electores, en medio de la estúpida indiferencia de los demás!
-
-Tocaron en esto a misa, y por ser domingo, los lugareños juntáronse
-en la plaza de la iglesia, esperando la última campanada, como si
-quisieran tasar el tiempo destinado a las cosas santas, nada piadosa
-costumbre, que disgustó al Apóstol que en volandas había acudido al
-templo a oír los divinos oficios.
-
-Apenas terminados estos, los hombres volvieron en tropel a la plaza,
-mientras las mujeres salían poco a poco de la casa del Señor con la
-mantilla muy ceñida, los ojos bajos y el rosario en la mano.
-
-Quedose Santiago algún tiempo en la iglesia, rezando muchos
-Padre-nuestros a sus predilectos compañeros de Gloria, y al retirarse,
-en el acto de abrir la cancela, le asaltó una idea que llevó en seguida
-a efecto, y fue nada menos que tomar la misma figura del boticario
-del pueblo, ausente a la sazón, con una semejanza tal, que era el más
-perfecto trasunto que imaginarse puede; y de esta suerte se presentó en
-la plaza.
-
-Todos los que se hallaban allí cayeron en el engaño, y fueron a él y le
-saludaron con mucha cortesía y afectado cariño, porque el farmacéutico,
-aunque tenía fama de socarrón, entrometido y mordaz, era, si no bien
-quisto, considerado con el respeto que se merece una mala lengua.
-
-Como en semejantes casos suele acontecer, comenzose a hablar de la
-salud y del tiempo, de lo cual tomaron pie los labradores, que lo eran
-casi todos, para echar su cuarto a espadas sobre la cosecha, siempre
-mala, si no detestable, en boca de campesinos.
-
-—¡De esto tenéis la culpa vosotros! —exclamó Santiago.
-
-—¿Nosotros?
-
-—Sí, vosotros.
-
-—¿Por qué? —preguntó uno.
-
-—Vamos a ver, ¿qué es lo que hace buenas las cosechas después del
-trabajo del hombre?
-
-—¡Toma! —contestó otro a quien llamaban por apodo el tío Solón o
-Salomón—, la buena tierra y el agua.
-
-—Siendo así, ¿por qué os empeñáis en hacer mala la tierra y en alejar
-de ella la humedad?
-
-—¡Nosotros! —exclamaron todos con irónica sonrisa, mirándose unos a
-otros, como quien dice: este hombre no está en su juicio.
-
-—¡Sí, vosotros, con la insensata guerra que hacéis al arbolado!
-Fomentadlo, y la tierra será cada vez mejor, y la lluvia visitará con
-más frecuencia los campos, derramando sobre ellos sus inapreciables
-dones.
-
-—¡Ah, señor farmacéutico! —exclamó el tío Solón—, ¡qué engañado está
-usted! Esto lo rezan los libros, pero nosotros entendemos más de
-labranza que esos señoritos de las ciudades que inventan estas cosas, y
-que no son más que unos saca-dineros. ¡Árboles, eh!
-
-—¿Qué mal os han hecho?
-
-—Mire usted; cuando yo era mozo —replicó el tío Solón—, había en el
-prado de propios hasta seis docenas de pinos: ¿y sabe usted para qué
-servían? Para que los muchachos se comiesen los piñones. Semejante
-escándalo llamó la atención del concejo, que se reunió para tratar
-sobre la materia. Opinaban unos que debía nombrarse un guarda y otros
-que era mejor cortar los árboles, y después de maduro examen, por
-mayoría de votos se decidió lo último, y así se dio fin al escándalo.
-
-No quiso Santiago refutar tales razones, que no eran para contestadas,
-y encarándose con otro Licurgo del lugar que atentamente escuchaba sin
-decir esta boca es mía, le preguntó:
-
-—¿Y usted también cree inútil el arbolado?
-
-—¡Qué inútil —contestó el segundo sabio—, perjudicial, y perjudicial
-de todo punto! Y si no, vamos a ver: ¿quién se come el grano antes de
-la cosecha? Algunos pájaros, como los gorriones, ¿no es verdad? ¿Quién
-atrae a los gorriones? El arbolado, ¿no es cierto? Luego destruyendo a
-este contribuimos a extinguir aquella plaga.
-
-—¡Bien dicho! —exclamaron todos dando calurosas muestras de
-asentimiento, creyendo confundido al supuesto boticario.
-
-El cual, después de breve pausa, replicó:
-
-—Pues yo os pregunto: ¿qué plaga es mayor, la de los insectos o la de
-los pájaros?
-
-—¡Toma! —contestó otro labriego—, la de los insectos, porque siendo
-innumerables y pequeñísimos, no basta la mano del hombre para
-aniquilarlos.
-
-—Entonces —dijo el Santo—, si no os bastáis para combatir a estos
-casi invisibles enemigos, justo sería que respetaseis y aun dierais
-recompensa a vuestros mejores auxiliares, y si no; decidme: por cada
-grano de trigo que os quita un gorrión, ¿de cuántos millares de
-insectos no habrá limpiado vuestros campos?
-
-Esperaba el Apóstol que este sencillo razonamiento abriría los ojos de
-aquellos labradores; pero lejos de ser así, ninguno dio muestras de
-dejarse convencer ni aun por el mismo Dios que bajase en persona, y
-como Santiago se sabía muy bien de memoria aquel refrán de que no hay
-peor sordo que el que no quiere oír, dio el pleito por perdido; mas
-quiso probar si sacaba mejor fruto hablándoles de la cosa pública, y
-encaminando la plática en este sentido, les espetó una de verdades que
-había que oírle. ¡Qué de cosas salieron de aquellos santos labios, como
-de quien sabía los más recónditos secretos de todo el lugar!
-
-—¡Muy bien! —exclamó un mozalbete que había estudiado en Madrid hasta
-dos años en la Escuela de Veterinaria, siendo suspenso en el segundo—;
-¡muy bien, señor farmacéutico! Me place ver a usted entrar por tan
-buen camino y salir de la actitud de expectante benevolencia para con
-el Ayuntamiento, en que hasta ahora se había colocado. Cuente usted
-conmigo, con mi apoyo incondicional, a fin de coronar el edificio de
-la regeneración de nuestra querida patria, digna de mejor suerte y de
-los más altos destinos. Unámonos todos en apretado haz para sacudir el
-yugo de la opresión y de la tiranía; proclamemos con entusiasmo nuestro
-ideal político...
-
-—Pero, ¡hombre de Dios! —exclamó interrumpiéndole Santiago—. ¿Qué
-tienen que ver tus ideales políticos con la policía urbana, la hacienda
-municipal y los chanchullos de los fielatos?
-
-Y hablándole aparte añadió:
-
-—Calla, si no quieres que cuente tus trapisondas de la época en que
-eras secretario del anterior alcalde, por cuya candidatura trabajas
-ahora.
-
-Corriose el mozo, y hecho una grana, escurrió el bulto, dirigiéndose a
-la Casa de la Villa, donde en aquel momento se constituía solemnemente
-la mesa electoral.
-
-Entretanto, el Apóstol no cesaba de exhortar a aquellos rústicos,
-que embebidos y suspensos le escuchaban, a que cumpliesen sincera y
-honradamente sus deberes de buenos ciudadanos; y cuando creía haberles
-persuadido de todo punto, el tío Solón le interrumpió diciendo:
-
-—Yo no quito ni pongo rey.
-
-—Ni mi padre ni mi abuelo —añadió uno—, dieron jamás su voto, y yo no
-hago usos nuevos.
-
-—¡Al concejo, ni verlo! —exclamó otro.
-
-—¡Allá ellos! —dijo un cuarto.
-
-—Mire usted, señor boticario —prosiguió el tío Solón—, quien sirve al
-común, sirve a ningún. Así, no se canse usted, que ni queremos votar ni
-ser votados.
-
-—¿Para qué? —repuso un quinto—; ¿para que nos roan los zancajos y no
-hagamos nada de provecho? Y si no, pon lo tuyo en concejo, y unos dirán
-que es blanco y otros que es negro.
-
-Y todos por este estilo fueron contestando a Santiago, el cual, sin
-querer oír más razones, se marchó del lugar.
-
-Uno de los del corro, empero, tuvo un arranque de valor cívico, y
-exclamó:
-
-—¡Pues yo voto! ¡Algo hay que hacer por el pueblo!
-
-Y dirigiéndose al colegio electoral, se votó a sí mismo.
-
-
-V
-
-La nueva de la actitud tomada por el supuesto farmacéutico, y digo
-actitud, porque empleó esta palabra el veterinario en embrión, cayó
-como una bomba en medio del campo alcaldesco, que había sentado sus
-reales en el salón consistorial y ya se regodeaba con la confianza
-de una victoria decisiva, a pesar de que el bando contrario, de que
-era firme apoyo y activo paladín el molzalbete de la plaza, había
-conseguido intervenir la mesa electoral, circunstancia que no permitía
-al presidente de ella trasegar el censo completo a las listas de
-votantes, como en otras no menos gloriosas batallas por él libradas.
-Mas como el común peligro fue siempre medianero de unión y de concordia
-entre los desavenidos, apenas se supo por boca del exsecretario que
-en aquellos momentos históricos se estaba formando el partido de
-los _independientes_, que con tal nombre bautizaron en el acto a
-los del corro de la plaza, el Alcalde, que no se dignaba inclinar
-su erguida y majestuosa frente, ni aun en señal de saludo, ante sus
-concejiles adversarios, dando rienda suelta al noble y generoso impulso
-de su pecho, propuso a la mesa la formación de una candidatura de
-transacción y de conciliación, en la cual estuviesen representadas
-las dos colectividades que, ya a regañadientes, ya a palo limpio, se
-disputaban el gobierno y el pueblo.
-
-Ardua era de suyo la empresa, porque de los siete concejales que debían
-elegirse para la renovación del Ayuntamiento, no ofrecía el alcalde más
-que tres puestos a los adversarios. Porfiaban estos que querían cinco,
-y en este regateo les sorprendió el elector independiente de que he
-hablado.
-
-A su presencia turbose el Alcalde, y viendo en su imaginación llover
-electores sobre el colegio seguidos del notario para que diese
-testimonio del escrutinio, por si no se jugaba limpio, cedió en el acto
-a las exigencias del contrario bando y se prestó a todo: que de leves
-causas proceden muchas veces las graves resoluciones y los sucesos
-trascendentales.
-
-Conciliadas las opuestas parcialidades y convenida la fórmula, seis
-hombres de corazón luciéronse fuertes en la estrecha escalera que
-daba acceso al colegio electoral, resueltos a defender aquel sagrado
-recinto de los ojos profanos, indiscretos o curiosos que pretendiesen
-turbar la majestad del escrutinio; arrellanose el Alcalde en la silla
-presidencial, repartió cigarrillos a los interventores, y dando un palo
-a la mesa con el bastón de autoridad, exclamó:
-
-—¡Que vengan electores!
-
-Entretanto los secretarios procedían a la redacción del acta, en la
-cual aparecían como votantes cuantos electores arrojaba el censo,
-incluso los difuntos; que aquella gente no reparaba en cosas de poca
-monta cuando tenía las manos en la masa.
-
-
-VI
-
-Cantaba el gallo de San Pedro, claro indicio de que rayaba el día,
-cuando Santiago, puesto sobre su caballo blanco, que había recuperado
-sin ser de nadie visto, llegó al glacis del Alcázar celeste, defendido
-por una legión de ángeles que revoloteaban de aquí para allí gritando:
-¡centinela alerta! y el lejano eco repetía: ¡centinela alerta!
-
-—¿Quién vive? —gritó una voz, en cuanto el Apóstol se acercó al puente
-levadizo.
-
-—El Paraíso —contestó aquel.
-
-—¿Qué gente?
-
-—Santiago el Mayor.
-
-—¡Alto! ¡Cabo de guardia!
-
-Y salió la ronda menor, compuesta del cabo y de dos números, que eran
-gentiles mancebos resplandecientes de hermosura con unas alas muy
-anchas y extendidas, vestidos de blanco y finísimo ropaje, y blandiendo
-en la diestra sendas espadas que, a pesar de la tenue claridad del
-naciente día, brillaban como inextinguibles centellas.
-
-El cabo pidió el santo, seña y contraseña, y rindiolas el recién
-llegado, diciendo: «_Santo Espíritu, Espacio Eterno._»
-
-Previas estas formalidades que prescribe la celestial ordenanza, se
-fue el cabo a prevenir al oficial de guardia, y este a San Pedro, que
-a fuer de madrugador, merced a su gallo, en la muralla del venturoso
-Alcázar se estaba solazando.
-
-Acudió solícito el príncipe de los Apóstoles a abrir a su compañero, y
-exclamó:
-
-—¿Ya de vuelta, querido Santiago?
-
-—Aquí me tienes, Perico, —contestó este, apeándose del caballo y
-estrechando entre sus brazos al portero mayor de la Gloria.
-
-—Vamos, cuenta: ¿cómo te ha ido por allá?
-
-—Llegué, y me prendieron.
-
-—¿Y tú qué hiciste?
-
-—Salirme de la cárcel por milagro. En España se suele salir así de
-semejante sitio.
-
-—¿Y después?
-
-—Traté de inculcar las nociones más rudimentarias de agricultura a
-gentes que no viven más que de ella.
-
-—¿Y se convencieron?
-
-—Se encogieron de hombros.
-
-—¿Y te volviste?
-
-—No. Tropecé con un rebaño conducido por lobos y quise persuadir a las
-ovejas de que eligiesen otros pastores.
-
-—¿Y bien?
-
-—Nada, que prefirieron seguir siendo comidas.
-
-—Ya sabes que nunca he tenido fe en el sentido práctico de tus
-clientes; pero jamás creí que llegase hasta tal punto la insensatez
-humana.
-
-—Más que insensatez descubrí en el fondo de todo grande apatía
-intelectual. Gentes son las que encontré, que por ahorrarse el trabajo
-de pensar, dieran de buen grado al maestro de escuela que tenían, y aun
-todas las universidades de añadidura.
-
-—Conozco el género. Son los hombres más difíciles de convertir: los
-holgazanes contumaces del entendimiento.
-
-
-
-
-DEL CIELO A ESPAÑA
-
-SEGUNDA PARTE
-
-
-I
-
-Santiago, por conducto del Arcángel San Miguel, jefe del cuarto militar
-de Dios Nuestro Señor, pidió una audiencia a su Divina Majestad, y al
-día siguiente recibió un B. L. M., en el cual se le anunciaba que a las
-tres de la tarde sería introducido ante el trono del Altísimo.
-
-—¡Ya de vuelta, Jaime! —exclamó el Todopoderoso, al ver entrar al
-Apóstol. —¡Bien venido! —dijo la Santísima Virgen, muy contenta del
-regreso de su predilecto devoto—. ¿Cómo dejas a mis hijos los españoles?
-
-—En cuanto a religiosos, que es lo principal, no hay nada que decir.
-Bien puedo asegurar a Vuestra Divina Majestad y a su excelsa Madre
-que, a despecho de las maquinaciones del enemigo malo, la veneración,
-el amor y la popularidad de que somos objeto en aquella bendita tierra
-no menguan ni se debilitan, antes más bien parece que se afianzan y
-robustecen de día en día.
-
-—¿Y en cuanto a lo demás? —preguntó el Omnipotente.
-
-—Señor —contestó el Santo, algo turbado, porque siendo tan amante de
-España no se atrevía a decir nada en su menoscabo—, confieso que en mi
-patria adoptiva quedan algunas cosillas por arreglar, y que los poderes
-que obtuve de Vuestra Divina Majestad no dieron el resultado apetecido.
-
-—Si Yo pudiese dudar de algo —dijo el Eterno—, nunca hubiera tenido
-confianza en el éxito de tu empresa. Ya lo has visto por tus propios
-ojos. Aquella es gente incorregible en las cosas terrenas, y por lo
-tanto hablemos de asuntos menos enojosos...
-
-—Señor, implorando la misericordia de Vuestra Divina Majestad, le ruego
-encarecidamente que se sirva oírme, porque no he perdido del todo la
-esperanza...
-
-—¿Qué esperanza, Jaime? ¡Por Mí, ponte en razón! ¿Crees posible que
-aquellas gentes se corrijan? Ni por milagro.
-
-—¡Ah, Señor! Si yo pudiese siquiera hacer uno, moviendo y forzando la
-voluntad del Gobierno que rige a mis clientes, ¡cuán felices no serían
-estos!
-
-—Ya sabes que no quiero en manera alguna que se tuerza el libre
-albedrío de los hombres.
-
-—¡Por una vez! —exclamó la Virgen María.
-
-—Pues bueno; sea. Basta que me lo pida mi adorada Madre. Vuelve a
-España, Jaime; hazte invisible, estudia a los españoles, infórmate
-de sus deseos, líbrales de lo que más censuren y otórgales lo que
-ambicionen. Al efecto doyte la facultad de rendir a tu antojo, mas
-por una sola vez, la voluntad del poder supremo de la nación, y si te
-arrepintieres del resultado de tu propia obra, concédote el don de
-anularla por completo.
-
-—¡Señor! —exclamó Santiago, con grandes muestras de regocijo—; ¡se lo
-agradeceré toda mi eternidad! Gracias, gracias, Dios mío.
-
-Y dirigiéndose a Nuestra Señora, añadió:
-
-—¡Gracias, oh tú, la más bendita de las mujeres!
-
-—Ve conmigo, y hasta la vuelta.
-
-—Adiós, Santiago —dijo la Reina de los Ángeles.
-
-Y el Apóstol, haciendo genuflexiones, salió del salón del Trono,
-acompañado del Arcángel San Rafael, Grande del Paraíso, de primera
-clase, ayudante de campo de su Divina Majestad e introductor de Santos.
-
-
-II
-
-A pie salió esta vez de la celeste mansión el abogado de España,
-y emprendiendo el camino del sistema solar, echó una ojeada a los
-diferentes planetas que giran en torno del astro del día. Pronto
-distinguió al nuestro por la luz azulada que despide, y dirigiendo
-a él sus pasos, detúvose a cosa de 20.000 kilómetros de buen andar,
-del término de su cósmico viaje. A distancia semejante, parecía el
-globo terrestre tan grande como la bóveda del cielo vista desde una
-eminencia de la Tierra. En aquella sazón, puesto el Santo de espaldas
-al sol, vio ante sí el hemisferio del Nuevo Continente, que destacábase
-brillante en medio de las manchas oscuras formadas por los Océanos
-Atlántico y Pacífico. América parecía un inmenso pie, cuya punta
-amenazaba al Mundo Antiguo, el cual asomó después por la izquierda.
-Aparecieron primero: hacia el Norte la Rusia asiática, al Sur la
-Australia y Nueva Guinea en el Ecuador, luego el Japón y las islas
-Filipinas, y sucesivamente China, Borneo, los Estrechos, la Indo-China,
-el Indostán, la Arabia y la costa oriental de África.
-
-De pronto, púsose el Apóstol de rodillas en medio de la inmensidad del
-espacio, extendió los brazos y dobló la frente en señal de profundísima
-veneración: en aquel momento presentábase a su vista la Tierra Santa.
-
-Rusia, Turquía, Austria, Alemania, el África Central, Italia, Francia,
-mostráronse después, y por fin, la Península Ibérica a manera de una
-gran piel de toro. Destacábase en medio de ella un punto apenas
-perceptible junto a una línea oscura formada por los valles de la
-Cordillera Carpetana: aquel punto era Madrid.
-
-Entonces Santiago quedó invisible, y siguiendo su viaje, no paró hasta
-hacer pie en la Puerta del Sol.
-
-
-III
-
-A decir verdad, lector benévolo que has llegado hasta este punto de
-la narración de mi cuento, desesperé de darle fin, pues si bien me
-hallaba en la corte de España cuando estuvo en ella nuestro Santo
-Patrón, no parecía sino que mi memoria, de suyo flaca y endeble, ni
-aun reminiscencias conservaba de los sucesos a que dio lugar tan
-extraordinario acontecimiento.
-
-En vano con diligente solicitud traté de buscar y adquirir informes; en
-vano consulté las colecciones de los periódicos, que en estos tiempos
-son la crónica más o menos concienzuda y verídica de los sucesos; en
-vano apelé al testimonio de mis convecinos: los primeros guardaban
-profundo silencio, y los últimos juzgábanme fuera de juicio cuando les
-preguntaba:
-
-—¿Presenciaron ustedes lo que pasó en Madrid cuando vino Santiago?
-
-Resuelto estaba ya a no escribir la segunda parte de este cuento,
-conseja o pasatiempo infantil, como quieras llamarlo, porque no hallaba
-medio de darle remate, cuando una noche, olvidado ya este asunto, soñé
-lo que a continuación vas a leer. Si tienes la paciencia de llegar
-hasta el fin, sabrás la causa de que nadie recuerde el peregrino suceso
-que voy a referirte, a pesar de que acaeció en época muy reciente.
-
-Parece ser que Santiago estuvo varios días en Madrid y en otras
-poblaciones de la Península, y conservando el riguroso incógnito
-de su invisibilidad, dedicose con especial cuidado a averiguar los
-pensamientos y deseos de la mayoría de los españoles en los asuntos
-concernientes a la cosa pública.
-
-«¿De qué se quejan estas gentes? —decía para sí después de maduro
-examen—. Del Ministerio, sea el que fuere, y de cuanto de él depende.
-
-»¿Qué ambicionan? Vivir a costa del presupuesto, gozando del mayor
-sueldo y del menor trabajo posibles.
-
-»Pues suprimamos lo primero y demos la mayor extensión imaginable
-a las clases pasivas. Si faltan recursos pecuniarios, yo puedo
-proporcionarlos inagotables.»
-
-Hecho este razonamiento, llevó a efecto el milagro más sorprendente que
-imaginarse puede.
-
-Facultado por Dios Nuestro Señor para realizar uno, forzando y
-moviendo la voluntad del Gobierno, una noche en que se celebraba
-Consejo de Ministros presidido por el Rey don Alfonso XII, entrose
-bonitamente en la Cámara real, y disponiendo del albedrío de cuantos
-allí estaban, hizo que aquellos sometieran al Monarca, y este aprobase,
-el siguiente
-
-«REAL DECRETO
-
-»De acuerdo con el Consejo de Ministros,
-
-»Vengo en jubilar, con el haber de 30.000 pesetas anuales, a todos los
-funcionarios que cobran del Estado y de las Corporaciones populares, y
-en conceder la licencia absoluta, el retiro y la situación de reserva
-respectivamente a los soldados, oficiales, jefes y generales de todas
-las armas e institutos, con el mismo haber de 30.000 pesetas.
-
-»Vengo en conceder una pensión vitalicia anual de 30.000 pesetas a
-todos los españoles de ambos sexos no comprendidos en el párrafo
-anterior.
-
-»Dado en Palacio a 29 de febrero de 1881. — ALFONSO. — El Presidente
-del Consejo de Ministros, _Práxedes Mateo Sagasta_.»
-
-
-IV
-
-Este decreto, firmado por el Rey a la una de la madrugada del 29 de
-febrero, apareció en la Gaceta de Madrid repartida al amanecer del
-mismo día.
-
-La nueva de la disposición oficial cundió por la corte con la rapidez
-del rayo. Los barrenderos de la Villa, ebrios de gozo, abandonaron
-al punto su matutina faena para entregarse a copiosas libaciones
-a cuenta de la jubilación; las placeras, arrojando las mercancías
-al arroyo, desgañitábanse dando desaforados vivas al Gobierno por
-la merced recibida; las criadas de servir tiraban los cestos de la
-compra, y las más acudían presurosas a los alrededores de los cuarteles
-para cerciorarse de que la gracia era extensiva al elemento militar;
-los soldados, licenciados por sus jefes, dejaban los fusiles para
-fraternizar con aquellas; los cocheros de plaza despedían a los
-viajeros, y confiando los vehículos al instinto de los caballos,
-se declaraban en huelga; retirábanse los alguaciles y agentes de
-orden público, considerándose jubilados; muchos de los habituales
-concurrentes a los garitos no corrían, volaban en busca de usureros
-que les prestaran algunas sumas con retención de la paga; aparecían
-en las puertas de las tiendas rótulos diciendo: _Cerrada por cesación
-de comercio_; parábanse las fábricas y los talleres; quedábanse las
-casas sin criados ni porteros; los Ministerios, huérfanos de empleados
-y hasta de pretendientes; detenidos los trenes en las estaciones por
-falta de personal; y solitarias la Universidad y las escuelas; en fin,
-nadie quería dedicarse al trabajo, creyendo su subsistencia asegurada
-con las 30.000 pesetas anuales.
-
-Varios prestamistas, sin embargo, de suyo codiciosos, creyeron que
-aquella era la ocasión propicia de estrujar al prójimo, y pusieron
-grandes carteles, escritos a mano, porque no había ninguna imprenta
-abierta, anunciando que daban dinero sobre pensiones. Al punto sus
-casas fueron un jubileo, y a medida que la demanda aumentaba, por la
-ley natural de las transacciones, el interés del dinero fue subiendo
-hasta llegar a 5.000 por 100.
-
-Trataron los periódicos de dar un suplemento; pero ¿cómo, si no se
-encontraba un cajista por un ojo de la cara? Por favor especial un
-diario popular consiguió reunir tres de aquellos y dos marcadores, pero
-tuvo que pagar a duro la línea y a peseta cada ejemplar de la tirada.
-
-Seguían entretanto sin lumbre los hogares, y eran pocos los madrileños
-que habían conseguido desayunarse. En vano acudían muchos a las fondas,
-cafés y tabernas; los dueños se habían visto obligados a cerrar sus
-establecimientos hallándose sin camareros y con las provisiones
-agotadas.
-
-A todo esto dieron las dos de la tarde, y Madrid tenía hambre, pero
-hambre de rico, y para satisfacerla no quedaba más recurso que apelar
-a la violencia. «¡A saquear las tahonas y las lonjas de ultramarinos!»
-gritaban algunos, y la cuestión de orden público se presentaba
-imponente y aterradora. Mas el pueblo, contenido aún por la gratitud,
-siendo tan reciente el beneficio que debía al Poder, oponíase a todo
-procedimiento de fuerza. ¿Qué hacer? No había autoridades; todas
-estaban jubiladas.
-
-«¡Acudamos al Rey!» dijeron algunos; y la muchedumbre que recorría las
-calles encaminose a la Plaza de Oriente.
-
-El Monarca se asomó al balcón que cae sobre la puerta del Príncipe, y
-la mirante turba prorrumpió en atronadoras aclamaciones.
-
-Una Comisión representando al pueblo allí congregado subió a las reales
-habitaciones para pedir al Soberano que nombrase autoridades; pero
-había surgido un conflicto constitucional irresoluble. En virtud del
-Código fundamental, los mandatos del Rey no pueden llevarse a efecto
-si no están refrendados por un Ministro. No existía ninguno desde que
-el Gabinete Sagasta había sido jubilado, como los demás funcionarios
-públicos, y por lo tanto no había medio de que la Corona hiciera uso de
-su libérrima prerrogativa.
-
-Mas como sucede en estos casos de justicias populares, en el asalto de
-las tahonas, lonjas y tabernas fueron más los productos alimenticios
-y el vino que se perdieron lastimosamente, que los que llegaron a la
-boca de la mayoría de los madrileños, la cual ya entrada la noche,
-seguía desfallecida de hambre, mientras que los más fuertes y atrevidos
-desperezábanse de puro hartos.
-
-Y a todo esto, Madrid estaba sepultado en la oscuridad más profunda,
-porque aquella no era noche de luna,[1] y los empleados del gas se
-habían declarado en huelga.
-
- [1] El día anterior a las 11 y 18 minutos de la mañana había sido
- luna nueva. Quien dude de la veracidad de este detalle, puede
- consultar el calendario de dicho año.
-
-Recorrían las gentes las calles a tientas, dando y recibiendo fuertes
-tropezones, y las más de aquellas, deseando ver el término de
-situación tan crítica y angustiosa, encaminábanse a la Plaza de Oriente
-para hacer una manifestación respetuosa contra el párrafo segundo
-del art. 49 de la Constitución del Estado,[2] y suplicar al Rey que
-convocase Cortes, y en unión y de acuerdo con estas, decretase y
-sancionase una adición a la Constitución para poder suspender siquiera
-por una vez los efectos de dicho artículo.
-
- [2] Dice así: «Ningún mandato del Rey puede llevarse a efecto si
- no está refrendado por un Ministro, que por solo este hecho se
- hace responsable.»
-
-Mas ¿cómo se expedía el decreto de convocatoria sin faltar al precepto
-constitucional, no existiendo Ministro que lo refrendase?
-
-La situación no podía, pues, resolverse por los trámites legales.
-
-Los presidentes de las Cámaras, a la sazón suspendidas, fueron llamados
-a Palacio para que emitiesen su opinión.
-
-Ambos, empleando una frase de un célebre exministro, se encogían de
-hombros y se limitaban a decir: «Las cosas se resuelven por sí mismas.»
-
-Así fue; porque Santiago, autorizado por Dios para anular su
-milagro, deseoso de que no se infringiese una vez más un precepto
-constitucional, y persuadido de que la felicidad de los españoles
-no dependía del presupuesto, ni aun disponiendo este de recursos
-inagotables, hizo que al dar la primera campanada de las doce de la
-noche, todo el mundo olvidase lo que había sucedido durante el 29 de
-febrero y que volviesen las cosas al mismo ser y estado que tenían al
-terminar el día anterior.
-
-En prueba de ello, si tú, lector, que has llegado hasta el final de
-este cuento, te tomas la molestia de ojear la colección de la Gaceta de
-Madrid, verás que falta el número de dicho día, del cual no ha quedado
-ninguna huella en los anales de la Historia.
-
-
-
-
-UN DIÁLOGO EN EL ESPACIO
-
-
-¡Espíritu extraño a mi familia planetaria, que, como yo, vagas por la
-inmensidad buscando el término del pavoroso viaje de las almas, detén
-un momento el raudo vuelo y fija tu penetrante vista, ajena a las
-imperfecciones de los carnales sentidos, en aquel astro que frontero
-a nosotros se presenta, girando pausado al rededor de uno de los
-innumerables soles de la Vía Láctea!
-
-—¡Sombra a la par que yo desvanecida de la materia, cuya cósmica unidad
-descubro claramente!, di, ¿por qué apartas mi atención, absorta ante
-las grandiosas maravillas del Universo, fijándola en cuerpo celeste
-tan raquítico, pobre y diminuto, sol extinguido, esqueleto de una
-estrella, pigmeo que pasea su mortaja por los insondables abismos del
-espacio?
-
-—¡Ah! Aquel planeta fue mi patria.
-
-—¿Tu patria? ¿Patria del espíritu un átomo?
-
-—¡La patria del cuerpo que animé!
-
-—Di mejor tu destierro.
-
-—Treinta años vi correr en ella, ¡un instante apenas!, y siento el
-dolor de la partida.
-
-—¡Cuán apacible deslizarase la vida del polvo animado en esa esfera,
-anónima para mí, cuando de tal suerte lloras su ausencia!
-
-—La dicha, el placer, la bienandanza son allí risueñas ficciones:
-nombres, como la oscuridad, que afirman una negación.
-
-—¿Que te aqueja, pues?
-
-—El grato recuerdo de un ser amado.
-
-—¿Luego existe la dicha?
-
-—Existe el más dulce y cruel de los dolores.
-
-—Me asalta el deseo de conocer mundo semejante. ¿Qué hiciste en tu
-sepulcro carnal? ¿A qué frívolos pasatiempos se entregaron tus iguales?
-¿Cómo vive la materia en acción?
-
-—¿Quieres saberlo? Sígueme y tus ojos te darán testimonio de ello.
-Trasladémonos sin tiempo alguno a la estrella Polar, y, merced a la
-lentitud de la luz, verás los reflejos de mi mundo, la Tierra, durante
-los treinta años que di vida a deleznable arcilla.[3]
-
- [3] La luz recorre 300.000 kilómetros por segundo, y si fuese
- posible observar la Tierra desde la estrella Polar, dada la
- distancia que nos separa de esta, la luz del sol reflejada por
- nuestro planeta sería vista allí treinta años y medio después.
-
-—Sea.
-
-—Ya estamos. Nos hemos adelantado treinta años y medio a la marcha de
-la luz, y desde aquí, si te place, puedes presenciar el espectáculo
-de mi vida corpórea. Cuando te enoje aquel y quieras acelerarlo, nos
-bastará movernos en dirección a la Tierra.
-
-—Detengámonos un momento aquí, desde donde observo perfectamente el
-hemisferio boreal. Noto en el centro una mancha blanquecina.
-
-—Fórmanla los hielos acumulados en el Polo: el calor desaparece
-paulatinamente de aquellas regiones como de las extremidades de un
-moribundo.
-
-—A esta mancha siguen alrededor otras más oscuras, de color azulado,
-interrumpidas por espacios brillantes.
-
-—Aquellas son mares, enormes masas líquidas condenadas en breve a la
-rigidez de la muerte, y estos, continentes e islas, mansión de la
-materia, pasajeramente vivificada por los espíritus inmortales.
-
-—Quiero presenciar la aparición de la tuya sobre el planeta.
-Detengámonos a 30 años de distancia de él, tomando por medida la
-velocidad de la luz.
-
-—Mira: en este momento los que fueron mis ojos terrenales se abren por
-vez primera. ¡Ah! ¡Si llegase hasta aquí el sonido, cómo oirías las
-tristes quejas del que despierta en una cárcel! ¿No ves a mi madre? ¿No
-observas la palidez en sus mejillas, la fatiga en su agitado pecho,
-el desfallecimiento en sus entreabiertos ojos, la expresión de acerbo
-dolor en su cuerpo inerte? ¡Cuánto sufrió!... ¡Cuán a punto estuvo de
-perder la existencia por dármela a mí! ¡No parece sino que una vida ha
-de surgir a costa de otra!
-
-—¡La humanidad es hija del dolor!
-
-—¡Cuán grande, terrible e incesante lucha me espera! La lucha de la
-vida por la vida, a costa de otras existencias o de los gérmenes de
-estas.
-
-—¡El más fuerte está condenado a crueldad perpetua!
-
-—¡Cuántos peligros me rodean por todas partes! ¡El aire, mezcla de
-fluidos sutiles, lleva en su seno el principio vital y la muerte; el
-agua, compuesto líquido de dos gases tenues, sustenta invisibles y
-formidables adversarios; la tierra, conjunto de elementos limitados
-y de combinaciones infinitas, da de sí, en pródiga abundancia, el
-maternal sustento de sus fecundas entrañas y la alevosa ponzoña!
-
-—¡La eterna contradicción de la materia!
-
-—¿No observas cómo me defiendo en esta guerra continua, silenciosa e
-inexorable? Parece que unas veces desfallezco y caigo; pero recobro
-fuerzas y me levanto y crezco, y cada vez con más vigor desafío los
-ocultos ministros de la muerte que me acechan, acosan y persiguen sin
-tregua ni descanso.
-
-—Sigamos adelante, y abreviemos el término de la representación de tu
-efímera estancia en aquella partícula de polvo cósmico.
-
-—Ya se ilumina mi inteligencia, y apenas da señales de sí, pónenla en
-tortura, y surge un nuevo combate en el cual batallan la inercia de
-la materia o la frivolidad de la pueril imaginación contra el estudio
-arduo y escabroso de la ciencia humana.
-
-—¡Ciencia humana; rudimentaria sabiduría!
-
-—Despiertan las calladas pasiones, enciéndense inquietos deseos,
-vértigo inefable se apodera de todo mi ser: nace el amor, y comienza
-una guerra cruenta y despiadada, que tiene por campeón el fuego y por
-botín la indiferencia.
-
-—¡Mísera humanidad! ¡Tus luchas son el infinito; tus triunfos el
-vacío!... Pero ¿qué nubes blanquecinas y rastreras asombran ahora las
-tierras y aun los mares?
-
-—Se están riñendo batallas. No le basta al hombre la perenne guerra
-contra la naturaleza y consigo mismo a que está condenado: necesita
-satisfacer su ciego instinto a costa de sus semejantes, y la lucha que
-comenzó siendo individual, ha degenerado en colectiva. ¿No observas
-cómo aplican allí al arte de la destrucción la imperfecta ciencia
-reservada a los mortales? El estado más poderoso es el que supera a los
-demás en instrumentos de ruina.
-
-—Mas ya se disipan las nubes, y las apretadas falanges, que se
-arrojaban con furor unas contra otras, retroceden y se disuelven.
-
-—Cierto. Hase convenido lo que los hombres llaman una paz definitiva
-y perpetua. ¡Breve armisticio! ¡En cuanto la Tierra dé algunas
-revoluciones sobre su eje, renacerá el combate, y siempre con más
-encarnizamiento y más perfección en la ciencia de la muerte!
-
-—¿Los hombres, por lo visto, tienen una idea errónea del tiempo, cuando
-soportan penalidades tantas en pos de ilusorias recompensas?
-
-—Unos cierran los ojos de la razón, de miedo de ver el corto camino que
-tienen delante; otros fundan la inmortalidad en la perpetuación del
-nombre con que les han designado en la tierra. Se contentan con poco:
-les basta dejar tras sí un sonido articulado.
-
-—¡Pueril vanidad, cuando la misma Tierra ha de perecer en breve!
-
-—Esta a lo menos es la más disculpable de las vanidades. ¡Cuán
-irrisorias las que se fundan en un supuesto bien presente! ¡Los
-menguados que atesoran para gozar de la envidia ajena! ¡Los insensatos
-que buscan la propia satisfacción en la servil obediencia de sus
-semejantes! ¡Cuánta demencia en unos, y cuántas humillaciones para los
-otros, que han de convertirse en esclavos de un tercero, siéndolo este
-a su vez de las colectividades: la mayor de las servidumbres!
-
-—¡Mísera humanidad, en tus manos se empequeñece hasta la soberbia!...
-La vista de tu Tierra se va haciendo enojosa.
-
-—¡Adiós, seres amados! ¡Un instante no más y os juntaréis conmigo!
-
-—Antes de alejarnos de aquí desearía saber quiénes son esos hombres
-que dirigen constantemente los ojos hacia nosotros. ¡Qué de peligros
-arrostran algunos en medio de aquellas regiones salvajes! ¿Buscan
-también oro?
-
-—No. Aquellos que allí ves son los justos, que no obran por el estímulo
-de la terrenal recompensa, ni aun de la vanagloria. Hacen el bien por
-el bien, y remontando su alma a estas tranquilas y serenas regiones,
-fundan solo en ellas el término de sus sonrientes esperanzas.
-
-—¡Felices vosotros, oscuros e ignorados héroes del espíritu, que
-alcanzáis la mayor de las victorias reservada a los mortales: señorear
-la materia y acercaros a Aquel que resume en sí la más sublime y
-abstracta de las perfecciones!
-
-—¡Volemos hacia Él, que es grande su clemencia!
-
-—¡Atrás, satélites, planetas, soles, constelaciones, nebulosas, polvo
-cósmico, infusorios del vacío! ¡A ti acudimos, Omnipotente Espíritu que
-lo llenas todo y ante quien hasta parece pequeño el infinito!...
-
-* * *
-
-Dijeron... y rasgose el velo del supremo arcano.
-
-
-
-
-LA CAJA DE CERILLAS
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-Rico, viejo, achacoso, sin hijos que le heredasen, y solo con
-parientes, lejanos y codiciosos, era Samuel Rodríguez el más infeliz
-de los avaros. Ni el afán de acapararlo todo, ni el placer de contar y
-recontar el fruto de sus granjerías, ni la necia vanidad de que podía
-poseer lo que otros inútilmente ambicionaban, hacíanle llevaderas las
-angustias, zozobras y fatigas que producía en su ánimo, naturalmente
-pusilánime, el temor de perder el bien alcanzado con tantas privaciones.
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-* * *
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-No ha mucho tiempo que Samuel recorría a pie una comarca, donde acababa
-de sentar los reales para esquilmarla y empobrecerla con sus negocios
-usurarios, cuando le sorprendió la noche junto a un río, a la sazón
-infranqueable sin el auxilio de barca, porque repentina avenida había
-destruido el puente o inutilizado el vado. Lleno de mortal congoja,
-temiendo a cada paso la sorpresa de imaginarios bandoleros, pues
-llevaba en el seno un fajo de billetes de Banco, seguía la margen
-del río, hasta que la suerte le deparó una barca medio varada en la
-arena. Su primer intento fue ponerla a flote; mas faltándole fuerzas,
-y coligiendo por varios y manifiestos indicios que aquel debía de
-ser lugar frecuentado de pescadores, comenzó a dar voces en demanda
-de socorro. Acudió solícito a prestarlo uno de aquellos, dueño de la
-barca, a quien Samuel, con lágrimas en los ojos, suplicó que, por
-caridad y amor de Dios, le pasase a la orilla opuesta. Era el barquero
-muy pobre, y de suyo compasivo para con los menesterosos, y tomando por
-tal a Rodríguez, a juzgar por lo roto, raído y mugriento del traje,
-accedió, sin estipendio alguno, a lo que pedía, y comenzó a poner en
-obra su buena intención.
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-* * *
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-Venía muy crecido el río, y a fuerza de remos llegó la barca a la mitad
-de aquel; pero de pronto, cogiéndola a través, la volcó, dando en el
-agua con el avaro y el barquero. No sin gran trabajo lograron ambos
-asirse a la barca, la cual quedó con la quilla al sol, y poniéndose
-sobre ella a horcajadas se vieron a merced de la corriente, cada vez
-más rápida e impetuosa.
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-—¡Estamos perdidos —exclamó el barquero—; la presa del molino dista
-poco de aquí, y si Dios no hace un milagro, nos estrellaremos contra
-las rocas!
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-Enmudeció de espanto Rodríguez, y pensando en el fajo de billetes que
-llevaba cosido al forro del chaleco, dijo para sí:
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-—¿Qué va a ser de vosotros, amigos del alma, con tantos sudores, ansias
-y angustias alcanzados? ¡Si perezco en este horroroso trance, tal vez
-halle mi cuerpo algún malvado y descubriendo el fruto de mis desvelos,
-se enriquezca a costa mía, y gaste, triunfe y despilfarre! ¡Ah! ¡Si
-a lo menos me enterrasen con mi tesoro!... ¿Pero qué digo? En este
-caso, el Banco resultaría poseedor de lo que es mío, exclusivamente
-mío... No, jamás, jamás. ¡Ah!, ¡si este pobre pescador me salvase, yo
-compartiría con él mi hacienda!...
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-—¡Queda una esperanza de salvación! —repuso el barquero.
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-—¡Una esperanza! —contestó Samuel, dando un grito de júbilo.
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-—Sí, que la corriente, en lugar de despeñarnos por el salto de la
-presa, nos conduzca al canal del molino.
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-—Pero, ¡desdichados de nosotros!, siendo así, la barca se hará pedazos
-entre las ruedas...
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-—No, porque el molino es de turbina, y el agua penetra en ella a través
-de enrejados.
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-Respiró Samuel, y continuó razonando así:
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-—¿He dicho la mitad de mi hacienda? ¡Qué disparate! Basta la mitad
-de los billetes de Banco que traigo aquí... Pero suman una fortuna...
-cinco mil pesetas nada menos... Le daré la mitad de la mitad, o sea la
-cuarta parte: mil doscientas cincuenta pesetas...
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-—¡Vamos bien! —añadió el pescador.
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-—Pero no quedarán para mí más que tres mil setecientas cincuenta
-pesetas —observó el avaro—; con el pico, con las doscientas cincuenta
-pesetas, será feliz ese pobre hombre.
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-—¡Pronto embocaremos el canal! —exclamó el barquero.
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-—¡Qué necio soy! —prosiguió Samuel—. ¿Regalar yo doscientas cincuenta
-pesetas? ¿Y todo por qué? Porque ese prójimo ha expuesto su vida por
-prestarme un servicio.... Como si todos los días no arrostrara mayores
-peligros... Si le doy cincuenta pesetas, queda más que recompensado.
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-—¡Nos hemos salvado! —gritó el pescador.
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-—¡Cincuenta pesetas! ¡Diez duros! ¡Doscientos reales! ¡Sería el colmo
-de la generosidad! —pensó el avaro—. ¿Y todo por qué? Por el barcaje.
-El precio corriente son cinco céntimos: si doy diez, pago el doble de
-lo que debo; pero ¿vamos a cuentas? La obligación del barquero era
-dejarme sano y salvo en la orilla opuesta. Por su torpeza he caído al
-agua. Mis vestidos se han deteriorado y he perdido tiempo. No, no,
-nada le debo... Ni siquiera agradecimiento... Más bien él me debe una
-indemnización. Yo soy acreedor, él deudor.
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-* * *
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-La barca choca con la compuerta del canal, a medio cerrar, y caen los
-náufragos otra vez al agua. El barquero, buen nadador, conoce el río en
-aquel paraje, y puede fácilmente ponerse en salvo; mas Samuel, a quien
-los años debilitaran las fuerzas, se va al fondo, agitando los brazos
-con la desesperación del que lucha entre la vida y la muerte. Ya la
-cree inevitable, pero tropieza con un peñasco, y poniéndose sobre él de
-puntillas, queda con el agua al cuello.
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-—¡Socorro! —grita con lastimeras voces—. ¡Socorro! ¡Socorro!...
-¡Ampárame, Virgen Santa del Monte, que yo daré cuanto tengo, cuanto
-poseo, a la persona que me salve, y alumbraré con cien luces tu
-venerada imagen!
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-Y sus gritos desgarradores se pierden y confunden en medio del
-incesante y estrepitoso golpear del agua, que rebosa del dique, y cae,
-y rueda, y se despeña formando bullidoras cascadas.
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-De pronto, Rodríguez divisa una sombra confusa que, flotando sobre la
-superficie del río, se acerca lentamente. Quiere abalanzarse a ella, es
-su salvación sin duda, y perdiendo pie, cae arrollado al fondo.
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-El barquero conduce al molino el cuerpo exánime del avaro, y lo coloca
-junto al hogar, donde chisporrotea el nudoso tronco de una encina.
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-A los rojizos y vacilantes resplandores que despide la hoguera, el
-pescador, fijos los ojos en los cerrados párpados del usurero, las
-manos cogidas en las suyas, el oído atento y el ánimo confuso y
-suspenso, aguarda con viva solicitud que aquel dé señales de vida
-mientras que el molinero y su familia rodean a ambos. De pronto abre
-Samuel los ojos, mira al que cree su salvador, aparta la diestra, y
-llevándosela al seno, tienta el escondido tesoro, lo aprieta convulso
-contra su pecho, se convence de que está allí, intacto y oculto, y
-lanza un suspiro.
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-Quiere hablar y no puede, e iluminándose poco a poco su memoria como
-si despertase de profundo sueño, recuerda sus últimos ofrecimientos, y
-comienza a razonar así:
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-—¿He de dar cuanto tengo, cuanto poseo? ¡No, no, en mi vida! Lo he
-jurado... ¿pero sabía acaso lo que juraba en aquel trance mortal? Debo,
-sin embargo, gratitud a ese hombre. Ciertamente y le recompensaré
-con esplendidez. Le regalaré un billete, sí, un billete... ¿pero de
-cuánto?... ¿De mil pesetas?... ¡Locura sería!... ¡Jamás ha visto ese
-infeliz tanto dinero! ¡No sabría en qué emplearlo! ¿De quinientas?...
-¡Tal vez sería su perdición! ¿De doscientas cincuenta?... Para que
-lo gaste en la taberna... ¿De cien? Todavía me parece mucho... ¿De
-cincuenta? No deja de ser una gruesa suma, diez monedas de cinco
-pesetas: cinco mil céntimos de peseta... ¿De veinticinco entonces?...
-No habrá más remedio. Dije un billete: cumpliré mi promesa... ¿Por qué
-no emite el Banco billetes de una peseta?...
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-—De buena te has librado, buen hombre —dice el pescador al advertir que
-Samuel recobra el conocimiento.
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-—Gracias —contesta el usurero.
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-—Hice cuanto pude para salvarte —prosigue aquel—; pero no me permitían
-verte ni oírte la oscuridad y el ruido del agua, y a no ser por el
-perro que te sacó de ella, no podrías contarlo.
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-—¡Un perro!
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-—Sí, un perro de Terranova que anda perdido por esta ribera.
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-Y Rodríguez respira, se considera libre de toda deuda para con los
-hombres, y pensando en el perro, exclama:
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-—¡Generoso animal, corresponderé con largueza a tu noble acción! Yo
-te recojo, amparo y protejo. Durante el día gozarás a tus anchas del
-bien inapreciable de la libertad, para que tengas ocasión de buscar el
-natural sustento, y por las noches guardarás mi huerta.
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-* * *
-
-Poco tiempo después, de vuelta a su casa, repuesto del pasado
-accidente, satisfecho de haber salido de él con el bolsillo intacto,
-pasaba el avaro las noches en vela acometido de terrible pensamiento:
-había hecho voto de poner cien luces a la Virgen del Monte, cuya
-milagrosa efigie se venera en una ermita; pero el cerero no quería
-vender menos de a real las velas más pequeñas.
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-—¡Cien reales en cera! —exclamaba Rodríguez—. ¡Qué despilfarro!...
-¡pero no hay más remedio! ¿Por qué no ofrecí cien salves o cien
-padrenuestros, aunque hubiesen sido cien rosarios?...
-
-Al levantarse cada mañana, después de prolongado insomnio, se proponía
-comprar las velas; pero pudiendo más su sórdida avaricia que la piadosa
-obligación, en cuanto divisaba la casa del cerero, retrocedía espantado
-a la suya.
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-Y pasaban días y días y no descansaba un punto, poniendo en tortura su
-entendimiento a fin de encontrar una razón que le permitiese eludir
-su ofrenda; pero ninguna de las argucias que le sugería el deseo era
-bastante poderosa para convencerle, a pesar de la buena voluntad y
-egoísta complacencia con que buscaba el propio engaño.
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-Al cabo creyó descubrir el medio de aquietar su conciencia a poca
-costa, y tuvo un arranque de generosidad.
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-Compró una caja de cerillas y las dedicó a la Virgen.
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-Diariamente, aprovechando la ausencia de los fieles, encendía una ante
-la sagrada imagen.
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-Consumida la centésima cerilla, guardó la caja. ¿Había de perder el
-cartón?
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-Y aun se acusaba a sí propio de derrochador.
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-¡Desperdició los cabos de las cerillas! Con ellos, apurándolos menos,
-y unas ruedecitas de cartón, hubiera podido hacer cien mariposas de
-lamparilla.
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-CUATRO SIGLOS DE BUEN GOBIERNO
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-CUENTO DE LA EDAD MODERNA
-
-
-I
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-El príncipe don Juan, único hijo varón de los Reyes Católicos, bajó
-al sepulcro el 4 de octubre de 1497, y su hermana mayor, Doña Isabel,
-reina de Portugal, sucediole en el derecho de heredar el trono de
-Castilla, según las leyes de este reino; lo cual no impidió que Felipe
-_el Hermoso_, casado con Doña Juana, hija segunda de aquellos monarcas,
-reclamara para sí y para su esposa el título de Príncipes de Asturias.
-
-Los soberanos españoles apresuráronse a protestar contra tan
-injustificada pretensión, y resueltos a destruirla por completo,
-llamaron a sus hijos, los de Portugal, y en 29 de abril de 1498
-hicieron reconocer y jurar por las Cortes, reunidas en Toledo, a Doña
-Isabel, esposa del rey don Manuel, por sucesora legítima de la corona
-de Castilla; mientras don Fernando convocaba, para el 2 de junio del
-mismo año, las Cortes aragonesas, a fin de que estas, por la parte
-referente a aquel reino, tomaran el mismo acuerdo.
-
-Graves dificultades opusieron las de Zaragoza a los deseos de la
-familia Real, que de propósito había ido a dicha ciudad, pues la mayor
-parte de los representantes, invocando las leyes de Aragón, a pesar de
-ejemplos contrarios, profesaban el principio de que las hembras eran
-excluidas en la sucesión del trono. Después de prolija controversia,
-decidiose diferir la resolución hasta que ocurriese el alumbramiento de
-la hija mayor de los Reyes, que se hallaba encinta; con objeto, en el
-caso de nacer un niño, de proclamar a este por heredero de la corona,
-en virtud de la disposición testamentaria de don Juan II, según la cual
-a falta de hijos varones se reconocía el derecho de sucesión a los
-descendientes varones de las hijas del monarca.
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-Conciliados sobre este punto los opuestos pareceres, no suscitó
-oposición alguna el reconocimiento del príncipe don Miguel, a quien dio
-a luz, a costa de su vida, la virtuosa princesa Doña Isabel el 23 de
-agosto de 1498, en la misma ciudad de Zaragoza. Los cuatro brazos del
-reino de Aragón, reunidos el 22 de septiembre, confirmaron su acuerdo
-con la jura solemne del tierno nieto de los Reyes Católicos o hijo
-primogénito de los de Portugal.
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-En los primeros días del siguiente año, las Cortes de Castilla,
-congregadas en Ocaña, y en 17 de marzo las de Portugal en Lisboa,
-declararon a don Miguel legítimo heredero de los respectivos reinos.
-
-. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
-
-Don Miguel I[4] fue proclamado rey de Castilla en 1504, por muerte de
-Doña Isabel _la Católica_; de Aragón en 1516, al expirar don Fernando,
-y de Portugal, en 1521, en cuya época ocurrió el fallecimiento de don
-Manuel _el Grande_.
-
- [4] El príncipe don Miguel, a quien hace reinar el autor de esta
- pseudohistoria, murió en Granada el día 20 de julio de 1500, a la
- temprana edad de dos años, por desgracia de España, que cifraba
- en aquel niño las más halagüeñas esperanzas.
-
-Frisaba con los veinticuatro años el ilustre nieto de los Reyes
-Católicos, cuando juntó las coronas de Castilla, Aragón, Portugal y
-Navarra, en la Península, y fuera de ella, las de Nápoles y Sicilia;
-con las colonias de las Indias Orientales y Occidentales, que a la
-sazón acrecentaban con pasmosa rapidez los navegantes españoles y
-portugueses.
-
-Era don Miguel un monarca de ánimo esforzado, de actividad incansable
-y de reflexivo y cultivado entendimiento. De su abuelo don Fernando
-heredó aquella sagacidad y diplomacia que hicieron de él uno de los
-más hábiles políticos de su tiempo; de su abuela, la Reina Católica,
-los generosos impulsos y la tenaz perseverancia que dieron un mundo a
-España y completaron la obra de la Reconquista; de su madre la piadosa
-Doña Isabel, los más puros sentimientos religiosos, aunque ajenos de
-superstición y fanatismo, y por fin, de su padre el rey don Manuel,
-aquel incesante deseo y noble ardimiento con que protegía y estimulaba
-las atrevidas empresas encaminadas a coronar la obra iniciada en
-Occidente por el genio portentoso de Cristóbal Colón, y en Oriente por
-la constancia indomable de Vasco de Gama.
-
-Mas sobre tan relevantes cualidades descollaban en el joven soberano
-otras superiores a ellas, en una época en que las tendencias de un
-orden sentimental ahogaban la voz de la razón y de la conveniencia,
-y eran el sentido práctico, el claro y recto juicio y el espíritu
-eminentemente utilitario que presidían a todos los actos de su política.
-
-Abatida la grandeza turbulenta en el anterior reinado; reducidos a
-la impotencia aquellos soberbios magnates que ultrajaban la majestad
-del solio; respetado en todas partes el poder Real; reformadas las
-órdenes religiosas, merced al cristiano celo de Isabel, secundado por
-la austera energía de Cisneros, que durante la menor edad del Rey
-intervino en la gobernación de Castilla; organizada la Santa Hermandad,
-milicia creada para la defensa del orden social, que convirtiose en
-vigoroso campeón del trono contra las demasías de la nobleza, el gran
-rey don Miguel comprendió que el reposo, la prosperidad y la ventura
-de su dilatada monarquía estribaban en el respeto de las venerandas
-instituciones populares y en el paulatino desenvolvimiento de estas,
-unidas en estrecho o indisoluble vínculo con la Corona.
-
-Era al propio tiempo forzoso dar cierta unidad a aquellos Estados
-peninsulares, que discrepaban entre sí por sus leyes, usos,
-costumbres, y hasta por su lengua, y al efecto, con prudentes medidas,
-sin lastimar las preocupaciones locales, fue preparando el camino del
-sistema que alcanza tan alto grado de perfección en nuestros días,
-gracias al unánime concurso del cuerpo electoral, al desinterés de los
-representantes del país, y a la sinceridad y rectitud de los gobiernos:
-lógica consecuencia de los progresos de las costumbres políticas,
-después de tantos siglos, sin solución de continuidad, de un régimen
-encarnado en el espíritu de la nación ibérica.
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-En medio del caos en que estaban sumidas entonces las ciencias
-económicas, dio don Miguel un raro ejemplo de previsión, facilitando
-el libre tráfico entre todos los reinos europeos sometidos a su cetro,
-haciendo extensivos a los puertos de los mismos el privilegio, de que
-disfrutaban Sevilla y Lisboa, de contratar con las Indias, y por fin,
-autorizando, aunque con algunas restricciones, el comercio exterior.
-Si bien rindiendo tributo a las ideas proteccionistas de la época, o
-acaso impulsado por un móvil de alta política, prohibió en absoluto
-toda comunicación entre las colonias y los puertos extranjeros,
-permitió, en cambio, la extracción del oro y de la plata de la
-Metrópoli; metales que, abundando con exceso desde el descubrimiento
-del Nuevo Mundo, encarecían las mercancías y la mano de obra. Los
-resultados de esta sabia medida fueron tan inmediatos como eficaces:
-derramándose el numerario sobrante por Europa, abrió vastísimo
-mercado a las transacciones, acrecentose en extremo con los retornos
-la riqueza pública, y restableciose el perdido equilibrio de la
-balanza mercantil, librándose la nación de verse pobre en medio de la
-superabundancia de aquellos metales preciosos estancados.
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-La supresión de las trabas impuestas al comercio colonial, y la
-concesión a todos los puertos de la Monarquía, de las franquicias
-que gozaban solo Sevilla y Lisboa, contribuyeron en gran parte al
-afianzamiento de la unidad nacional; porque eran tan pingües los
-beneficios que reportaba el tráfico con los países ultramarinos a
-la industria y a la agricultura, que los diferentes reinos quedaron
-ligados entre sí en inquebrantable lazo por el derecho recíproco,
-la utilitaria conveniencia y la asociación de intereses materiales:
-vínculos más estrechos y poderosos que los creados por las
-combinaciones políticas, el espíritu regional o la fuerza de las armas.
-
-Además, con esta reforma acelerose el desarrollo y la prosperidad de
-las colonias, porque la emulación y la competencia, que nacieron al
-amparo del libre comercio, confirmaron pronto la bondad de una ley
-económica revelada palpablemente por la experiencia.
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-Tal fue en resumen la política interior del rey don Miguel.
-
-En cuanto a la exterior, tuvo por constante objetivo los altos
-intereses del cristianismo y de la civilización, la defensa de la
-unidad nacional, el bienestar de sus súbditos y la seguridad del
-tráfico. Atento sobre todo a la situación geográfica de la Península,
-que constituía el núcleo de sus vastos dominios; con sobradas tierras,
-en los extremos Oriente y Occidente, por colonizar: con un enemigo en
-la costa opuesta del Mediterráneo a quien someter, comprendió que
-Iberia debía vivir, en lo posible, alejada de toda injerencia en el
-resto de Europa, prescindiendo de aquellos derechos señoriales que
-no afectasen de un modo directo al porvenir de la patria. Así es que
-no mostró empeño en conservar el reino de Nápoles, eterna causa de
-discordias con Francia, seguro de que la posesión de aquel territorio
-pudiérale distraer de empresas más provechosas. En cambio retuvo y
-fortificó a Sicilia, que por su carácter insular era más fácil poner
-a cubierto de los ataques enemigos, y que por su posición estratégica
-constituía uno de los fuertes destacados para proseguir la guerra
-contra el islamismo.
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-Vencer a este y conquistar aquellos países, separados de España por
-un brazo de mar, fue el propósito de toda su existencia, y a esta
-política, con perseverancia seguida en los siglos posteriores, débese
-la formación del grande estado ibero-africano, que tiene por linderos,
-al Norte, el Garona; al Sur, el Atlas, y al Este, el desierto de la
-Libia.
-
-Para el logro de tan altos fines, y sobre todo para la defensa de
-las apartadas colonias, dedicose, con particular predilección, al
-fomento de la armada y a la creación de ejércitos permanentes, obra
-patriótica que con el mismo ardor continuaron sus sucesores, y así,
-ni los venecianos y turcos primero, ni los holandeses e ingleses
-después, pudieron hacer frente al poder marítimo de Iberia, la cual
-consiguió de esta suerte, no solo dar feliz remate a la obra de la
-conquista de África, sino también salvar de la rapacidad extranjera
-las dilatadas colonias de la América del Sur, y sobre todo, el rico
-imperio indostánico, donde los portugueses habían fundado las primeras
-factorías.
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-Sobre tales cimientos asentada la política de la nación; sinceramente
-unida la dinastía tradicional con las instituciones populares;
-hermanado el trono con las libertades públicas, que el espíritu de
-los tiempos ha venido perfeccionando sin revoluciones ni violencias;
-inspirados los altos poderes en los grandes intereses del país; seguida
-sin interrupción, en el espacio de cuatro siglos, la senda trazada por
-don Miguel I, ¿debe sorprendernos acaso que Iberia, a pesar de sus
-vicisitudes, de sus crisis y de los grandes conflictos surgidos en
-Europa y América, sea todavía la primera potencia del mundo?
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-Aquel gran Monarca, imitando a sus ilustres abuelos los Reyes
-Católicos, no tuvo residencia fija en ninguna de las ciudades de la
-Península; pero en el reinado siguiente tratose de designar la capital
-definitiva de la Monarquía. Era este punto motivo de rivalidades y
-de discordias entre varias poblaciones de los antiguos reinos, y el
-Soberano no quiso tomar resolución alguna sin el concurso de las
-Cortes. Con este motivo convocó por primera vez, en un solo Cuerpo, las
-de los diferentes reinos, dando además voto a las ciudades y pueblos
-importantes que carecían de él. Esta novedad, recibida con universal
-beneplácito, fue un gran paso hacia el perfeccionamiento del sistema
-parlamentario.
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-Congregáronse las Cortes en Toledo, y después de animados debates
-prevaleció el dictamen de la conveniencia pública, sustentado
-especialmente por los procuradores de los pueblos que por primera vez
-hacían uso del derecho de representación.
-
-Toledo fue declarada capital de Iberia.
-
-Las Cortes, no obstante, al proponer al Rey esta medida, le suplicaron
-encarecidamente que visitase con mucha frecuencia las grandes
-poblaciones de los antiguos reinos, para ver de cerca sus necesidades.
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-Situada Toledo en la margen de un río caudaloso, en el centro de la
-Península, con una extensa vega, numeroso vecindario, florecientes
-industrias y activo comercio, abundante de buenos materiales de
-construcción, próxima al delicioso sitio de Aranjuez, llena de
-monumentos que atestiguaban sus antiguas glorias, y residencia del
-primado de España, parecía el punto destinado a ser el corazón de una
-gran potencia.
-
-Acordose que en lo sucesivo se reunirían en Toledo los procuradores de
-todos los reinos, cuando fuesen convocados por el Monarca para tratar
-de asuntos de interés general, sin perjuicio de las juntas parciales
-de cada uno de ellos en las cuestiones de carácter regional; y después
-las Cortes votaron un impuesto destinado a la construcción en la vega
-del soberbio edificio, asombro de propios y extraños, donde todavía
-celebran sus sesiones las Cámaras del reino.
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-En torno de aquel monumento, símbolo de las libertades patrias,
-repartida en anchas plazas y espaciosas calles tiradas a cordel, se
-fue edificando la ciudad moderna. Allí, en las márgenes del Tajo, se
-admiran en el día las casas solariegas, propiedad de las más ilustres
-familias del país; numerosas y artísticas iglesias del estilo del
-Renacimiento; el Palacio Real, situado en la orilla izquierda del
-río, que deja atrás al Louvre y a las Tullerías por su extensión y
-magnificencia; grandes museos, donde descuellan las obras del genio
-ibérico y se estudian los progresos de sus civilizadoras conquistas;
-la Universidad y considerables establecimientos de enseñanza, que
-ofrecen a la juventud, sin estipendio alguno, el pan del alma, y al
-verdadero mérito y al probado saber, justa y liberal recompensa;
-vastos cuarteles, albergue de los que en extranjero suelo esgrimen las
-armas, jamás manchadas de española sangre; suntuosos Tribunales de
-justicia, amparo solícito y diligente de la razón atropellada; la casa
-del Ayuntamiento, centro de noble desinterés y cívica perseverancia;
-cómodos y elegantes coliseos, palenques solo del arte nacional; los
-Ministerios, término glorioso de la reconocida competencia y de la
-acrisolada rectitud; la grandiosa Bolsa, mercado universal de valores
-y santuario de la probidad y de la buena fe; el Banco, activo servidor
-del crédito ajeno y fiel guardián del propio; parques y paseos, con
-profusión de estatuas erigidas a los preclaros hijos de Iberia, y en
-magnífica abundancia, elegantes fuentes y murmuradoras cascadas; una
-campiña poblada de árboles seculares y de pintorescas quintas, donde
-el ánimo fatigado halla el dulce reposo del hogar en el seno de la
-Naturaleza; numerosas fábricas, cuyas humeantes chimeneas glorifican la
-conquista del hombre sobre la materia, y por fin, la soberbia ciudad
-de tres millones de almas, digna capital del mayor y más poderoso de
-los imperios, que eclipsa con su grandeza a París y a Londres.
-
-A tal prosperidad contribuyó en extremo la canalización del Tajo desde
-Aranjuez hasta su desembocadura, en cuya obra colosal, sobre todo para
-la época en que se llevó a cabo, invirtiose una parte de los beneficios
-de las minas de las colonias, que correspondían al Estado. A fines del
-siglo XVI terminaron los trabajos, y desde entonces pueden
-remontar el río hasta Toledo buques de 200 toneladas.
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-La invención de los ferrocarriles, que comenzaron a construirse en
-la Península en el segundo tercio de este siglo, fue también poderoso
-auxiliar al engrandecimiento de Toledo, y especialmente de su industria
-y comercio. El plan de las vías férreas respondió a las necesidades
-generales del país: los trazados acomodáronse a ellas y a la economía,
-sin tenerse para nada en cuenta las influencias personales o de
-localidad, y obtúvose de esta suerte una gran baratura en las tarifas
-de transportes. Así es que los carbones de Puerto Llano y Bélmez se
-colocan en Toledo a tan bajo precio, que compiten con los ingleses
-traídos por la vía fluvial.
-
-Gracias a esta facilidad de comunicaciones, renacieron y se
-desarrollaron en el centro de la Península las industrias que de
-antiguo existían, las cuales librándose de inminente ruina, evitaron el
-empobrecimiento de unas provincias que, poseyendo, en lo general, un
-suelo ingrato, necesitan el concurso de la fábrica para no arrastrar
-vida trabajosa y miserable.
-
-La elección de capital, aunque parece un simple incidente histórico,
-ejerció grande influencia en los destinos de nuestra patria, pues
-estableciéndose aquella en un centro donde pudieron desarrollarse en
-grande escala el comercio, la industria y la agricultura, infundió a
-la gobernación del Estado sentido utilitario y práctico, dio al resto
-del país constante ejemplo de amor al trabajo, abrió ancho campo a la
-iniciativa individual, y alejó a la ambición, que veía ante sí más
-dilatados horizontes, de las estériles luchas de la política y de las
-esperanzas burocráticas.
-
-En el segundo capítulo daremos a conocer cómo salió el reino de
-las grandes crisis que surgieron en el mundo, y particularmente de
-la producida por la emancipación de los Estados sud-americanos, y
-veremos el prodigioso incremento que tomó la riqueza pública en toda
-la Península al amparo de la paz interior y de la sabia política de
-la dinastía nacional, fiel intérprete de los altos intereses, de las
-tradicionales necesidades y de las verdaderas aspiraciones de la
-sociedad ibérica.
-
-
-
-
-CUATRO SIGLOS DE BUEN GOBIERNO
-
-CUENTO DE LA EDAD MODERNA
-
-
-II
-
-El sentimiento religioso, que tendía a la unidad, los odios populares
-contra los enemigos de la fe, y acaso la influencia de errores y
-preocupaciones económicas, produjeron durante el reinado de Isabel
-y Fernando la proscripción de España de la raza hebrea. Expulsados
-fueron también, en gran parte, los moriscos de Granada, a pesar de
-las capitulaciones de la Vega, violadas primero por aquellos con sus
-turbulencias y rebeldías.
-
-No podían ocultarse al claro talento y al buen juicio de don Miguel,
-aunque heredó de su madre la aversión a los judíos,[5] los grandes
-perjuicios que ocasionaba al comercio y a la riqueza pública el
-destierro de aquellos industriosos habitantes, y así no es de extrañar
-que, obrando como hábil político, abandonara en este asunto el sistema
-de la intransigencia y del rigor, ejemplo seguido más tarde por
-Francia, Inglaterra e Italia, que, después de arrojar de su territorio
-a los hijos de Israel, volvieron a admitirlos y a tolerarlos.
-
- [5] La princesa Doña Isabel, hija de los Reyes Católicos, antes
- de dar su mano al rey don Manuel de Portugal, impuso a este la
- condición de que desterraría del reino a los judíos.
-
-Harto más peligrosa era la permanencia en la Península de los
-moriscos, porque aquella gente ruda, ignorante y levantisca amenazaba
-constantemente el general sosiego; pero el Gran Monarca, sin discordias
-intestinas que aplacar, ni guerras europeas que entretener, ni
-disputados derechos señoriales que amparar; seguro del poderío que le
-daba la concentración de su política eminentemente nacional, no turbada
-ni menoscabada por influencias exóticas; armado de sobrados medios
-materiales para reducir a la impotencia todo acto de fuerza, inauguró
-un procedimiento que con el transcurso de los años había de unir y
-confundir aquella raza con la ibérica. A la crueldad opresora opuso la
-generosa tolerancia, a la arbitraria persecución, solícita justicia; al
-forzoso bautismo, cristiana persuasión; a los planes de exterminio, las
-puras máximas del Evangelio; a la espada, la cruz.
-
-Preciso fue crear misioneros especiales, instruirlos en la lengua
-de los moriscos, ilustrar a estos, cuyo apego a las groseras
-supersticiones nacía de su rústica condición; vencer preocupaciones
-populares, extirpar abusos y facilitar los matrimonios mixtos.
-
-Gracias al celo perseverante de la Corona, secundado por muchos
-prelados que, enemigos de la expulsión, pedían el empleo de medios
-suaves para convertir y catequizar a los descendientes de los moros, se
-evitó la ruina de la agricultura y el empobrecimiento y despoblación de
-la Península. ¡Notable triunfo del sentido práctico sobre un fanatismo
-acaso disculpable después de la lucha religiosa de ocho siglos!
-
-Consecuencia de esta lucha fue el establecimiento del Santo Oficio
-en tiempo de los Reyes Católicos; mas don Miguel, aunque no pudo
-sustraerse por completo al espíritu de su época, procuró impedir los
-rigores de aquella institución, accediendo a las súplicas de las
-Cortes, que pedían al Monarca «que mandara proveer de manera que en
-el oficio de la Santa Inquisición se hiciese justicia, guardando los
-sacros cánones y el derecho común, y que los obispos fuesen los jueces,
-conforme a justicia».
-
-También atajó con prudentes medidas el incremento de la amortización
-eclesiástica, dando satisfacción a los procuradores de las ciudades,
-que se expresaban en estos términos: «Que ninguno pueda mandar bienes
-raíces a ninguna iglesia, monasterio, hospital ni cofradía, ni ellos
-los puedan heredar ni comprar, porque, si se permitiese, en breve
-tiempo sería todo suyo.»
-
-La aparición de la Reforma en Alemania y las pavorosas guerras
-religiosas que trajo consigo la plaga de las herejías, no dejaron de
-inspirar profunda inquietud al soberano que regía los destinos de
-Iberia; mas pronto la experiencia le demostró que, sin necesidad de
-encender las hogueras inquisitoriales, no echaría raíces en nuestro
-suelo el principio del libre examen, doctrina que no ha encontrado
-jamás verdadera resonancia en los pueblos meridionales.
-
-Los príncipes católicos solicitaron la alianza peninsular para
-combatir a los rebeldes sectarios, y aunque encontraron siempre
-decidido apoyo moral, no obtuvieron jamás auxilios materiales de la
-dinastía miguelina, fiel a su política de abstención en las contiendas
-europeas. ¿Acaso no ofrecía más provechoso campo a su actividad, y más
-conforme con las tradiciones nacionales, la guerra incesante contra
-el mahometismo? ¿No debía absorber toda su fuerza y virilidad la
-conversión y conquista de los vastos territorios del extremo Oriente,
-cuya vía marítima hallaron los portugueses, y del Mundo Occidental,
-descubierto por los españoles en medio de las soledades del Océano?
-
-La rivalidad entre Iberia e Inglaterra, siendo ambas potencias
-colonizadoras, no pudo menos de dar por fruto repetidas y encarnizadas
-luchas en el mar y en las colonias; pero, como la primera aventajaba
-en fuerzas navales a las demás naciones, merced a la superioridad de
-recursos vio siempre coronadas por el éxito sus campañas, haciendo
-vanos los esfuerzos de la soberbia Albión, que codiciaba el rico
-Imperio indostánico. El resultado fue que esta, reconociendo al fin su
-impotencia, limitárase a la colonización de la América del Norte.
-
-Celosa también Francia de nuestro engrandecimiento, invocando sus
-ilusorios derechos sobre el Rosellón y sobre Navarra, intentó,
-en distintas ocasiones, invadir aquellos territorios, sin que
-jamás consiguiese salvar la frontera; la cual se encontraba tan
-bien defendida por un sistema de fortificaciones constantemente
-perfeccionado según los adelantos del arte militar, que hacía
-invulnerable la sagrada tierra de la patria.
-
-Estos ataques infructuosos, unidos a los reveses que, tomando la
-ofensiva, hicieron sufrir nuestras armas a las de la nación vecina en
-las vertientes septentrionales del Pirineo, acabaron por convencer al
-Gobierno de París de cuánto le importaba la amistad de un Estado tan
-poderoso, el cual, por otra parte, ni se inmiscuía en asuntos ajenos,
-ni atizaba la tea de la discordia en Europa, ni reivindicaba para sí
-derechos en la Península itálica, donde Alemania, Francia y Venecia
-desangrábanse en perpetuas luchas.
-
-Mientras las demás naciones, confundiendo lastimosamente los derechos
-señoriales de los soberanos con la conveniencia de los pueblos,
-disputábanse la posesión de territorios, muchas veces sin valor
-intrínseco ni estratégico; mientras declinaba rápidamente a su ocaso la
-República comercial de Venecia, porque los descubrimientos marítimos
-habían producido una revolución en el tráfico, el Imperio ibérico
-proseguía con ardor la guerra contra la Media Luna, la colonización de
-sus vastas y dilatadas provincias ultramarinas, y, a la sombra de una
-paz interior jamás turbada, el fomento de sus intereses materiales.
-
-Si la emigración a las Indias arrebataba brazos a las artes, el
-Gobierno, siguiendo la senda trazada por los Reyes Católicos,
-estimulaba la naturalización de los extranjeros, y si la experiencia
-ponía de manifiesto errores económicos y abusos administrativos, con
-solícito celo acudía al pronto remedio el poder Real, ajeno a la
-cortesana molicie, sordo a las influencias personales, refractario al
-yugo de los validos, y atento solo a las necesidades de los pueblos,
-fielmente reflejadas en las representaciones de las Cortes.
-
-Esta institución debía necesariamente adquirir notable desarrollo y
-perfeccionamiento después de varios siglos de práctica no interrumpida
-ni falseada, y por lo tanto, no es de extrañar que los principios de
-la Revolución francesa, que perturbaron a Europa y a América, apenas
-encontrasen eco en Iberia, pues aquí se habían implantado, por medio de
-una serie de evoluciones lentas y progresivas, derechos y libertades
-que en otras partes solo pudieron ser conquistados por la violencia.
-
-Mas, si en la esfera de las ideas no ejerció aquel acontecimiento
-considerable influencia en la Península, túvola, y grande, en la
-política exterior de la corte de Toledo. En vano intentó esta
-perseverar en su constante propósito de vivir alejada de las contiendas
-europeas. Cuando vio amenazadas sus colonias por una propaganda
-cosmopolita que no había afectado a la Metrópoli, cuando persuadiose
-de las arterías de la vecina nación y de los manejos de los Estados de
-la América del Norte, que acababan de emanciparse de Inglaterra, para
-producir un levantamiento en el Sur contra la madre patria, entonces y
-solo entonces, echó su espada en la balanza de los destinos de Europa,
-y su entrada en la Santa Alianza bastó para aniquilar y destruir aquel
-genio de la guerra, que asombraba al mundo con sus proezas.
-
-Gracias a esta intervención material, la Monarquía ibérica ensanchó
-sus fronteras hasta el Garona; pero, en cambio, tuvo que resignarse a
-perder sus extensas provincias del continente americano, donde el fuego
-de la insurrección se había propagado de una manera formidable durante
-la guerra con Francia.
-
-La campaña fue encarnizada, aunque corta, pues pronto el Gobierno se
-convenció de la inutilidad de prolongar una lucha que comprometía sus
-futuros intereses en la América latina. Entonces, en vez de avivar los
-odios y rencores con insensatas intransigencias entre las colonias
-emancipadas y la antigua Metrópoli, propúsose con hábil política
-suavizar asperezas, vencer obstáculos o infundir a las nacientes
-repúblicas sentimientos de paz y de concordia.
-
-Animado de este espíritu de conciliación, apresurose a reconocer la
-independencia de aquellas, alentándolas en los primeros pasos de la
-vida política, uniéndolas a la Península con tratados de comercio y
-de alianza ofensiva y defensiva, juntándolas en una confederación
-sud-americana, y solo reservando para sí algunas islas en el Golfo
-Mexicano, a fin de que sirviesen de perpetuo vínculo de una misma raza
-entre el Nuevo y Viejo Mundo.
-
-Esta política, basada en el principio del amparo común y de la defensa
-recíproca, dio por resultado impedir que los Estados Unidos del Norte,
-cuando llegaron a verse fuertes y poderosos, lograran dilatar sus
-límites, como codiciaban, a costa de los ricos territorios de la Alta
-California y de Tejas; y así la rapacidad de la raza anglo-sajona
-estrellose ante la unión inquebrantable de la ibérica de ambos
-hemisferios.
-
-Al amparo maternal de Iberia, las nuevas repúblicas americanas
-crecieron y se desarrollaron sin discordias intestinas y sin las
-convulsiones inherentes a los Estados donde no se han arraigado las
-costumbres políticas; y en el espacio de breves lustros, merced a
-la riqueza de su suelo, a la inmigración estimulada por la paz, al
-perfeccionamiento del sistema económico y a los progresos de la
-civilización, llegaron al más alto grado de prosperidad y de grandeza
-en el orden moral y material. Así vemos hoy día cruzada la América del
-Sur por una vasta red de ferrocarriles; explotados los inagotables
-tesoros de las ricas, vastas y diferentes regiones que se extienden
-desde el río Sacramento y las Antillas hasta el Cabo de Hornos;
-surcados los mares por numerosas escuadras mercantiles que enarbolan
-la estrellada bandera de la gran Confederación meridional; respetada
-esta por todas las naciones, y viviendo a cubierto de las impertinentes
-reclamaciones y enojosas oficiosidades de Inglaterra, de Francia o de
-los Estados Unidos: establecidas industrias para el consumo interior,
-que han anulado la exportación de las manufacturas extranjeras; abierta
-la cordillera de los Andes, siguiendo el desfiladero de Bariloche, por
-medio de la vía férrea que une las florecientes repúblicas del Plata
-con su hermana la culta y civilizada Chile; y, finalmente, roto a la
-navegación interoceánica el istmo de Panamá, merced a la iniciativa
-ibero-americana, sin necesidad de ajeno concurso ni de protección
-extraña.
-
-¿Deben maravillarnos tales prodigios, si la madre patria, acostumbrada
-al gobierno de sí misma, legó a la América latina el sentido práctico,
-la iniciativa individual, la libertad del trabajo, la emancipación
-del comercio y las costumbres políticas, producto de una serie no
-interrumpida de sabias y prudentes reformas, que habían convertido a la
-sociedad ibérica en la más perfecta de Europa, por sus adelantos desde
-el punto de vista moral y de sus progresos materiales?
-
-Mas, apartando los ojos de las naciones de allende el Atlántico, que
-son ser de nuestro ser y sangre de nuestra sangre, y rindiéndoles
-de pasada el tributo de nuestra eterna simpatía, volvámoslos a este
-pequeño mar Mediterráneo, cuna de la civilización, que, con el
-transcurso del tiempo y por la fuerza incontrastable de las cosas,
-nuestra patria, fiel a su tradicional política, estaba llamada a
-redimir de la barbarie del islamismo.
-
-Mientras adelantaba la conquista y colonización de la costa
-septentrional africana, la necesidad de la defensa exigió la ocupación
-de varias islas de Levante, que fueron a manera de fuertes destacados
-sobre el Imperio Otomano. Como base de operaciones sirvió en gran parte
-Sicilia, que ya pertenecía a la corona aragonesa antes de la unión de
-los reinos peninsulares. Las islas Jónicas, de Creta, de Rodas y otras
-del Archipiélago, y, por fin, la de Chipre, constituyeron el premio de
-las victorias navales de Iberia, cuyas escuadras acabaron por destruir
-el poder marítimo de la Sublime Puerta.
-
-Y cuando Turquía, carcomido tronco de árbol plantado en tierra estéril,
-dio manifiestos indicios de su total ruina; cuando se alzaron los
-oprimidos vasallos cristianos al grito de independencia, a nuestro
-auxilio debieron la libertad Grecia, Servia, Bulgaria y aquel noble
-pueblo rumano, que blasona con legítimo orgullo de su antigua alcurnia
-española.
-
-Si estas conquistas al Este del Mediterráneo eran de escaso valor
-mercantil, como puntos de escala, mientras el enemigo impedía el
-libre tráfico con el extremo Oriente por el mar Rojo, adquirieron una
-importancia de primer orden desde que se abrió esta vía al comercio, y
-sobre todo cuando el canal de Suez puso a la Península a veinte días de
-navegación directa de sus posesiones indostánicas.
-
-La constante protección dispensada por los gobiernos ibéricos a las
-empresas de general utilidad y conveniencia, produjo la canalización
-del Tajo, de que hablamos en el capítulo precedente; la del
-Guadalquivir hasta Córdoba, la del Ebro hasta Zaragoza, y la de muchos
-otros ríos, ya para la navegación, ya para el riego.
-
-Conforme venían reclamando las Cortes desde el siglo XVI,
-pidiendo «que se plantasen montes por todo el reino y se guardaran las
-ordenanzas de los que había», se fomentó en grande escala el arbolado;
-previsora medida que redundó en provecho de la agricultura, cada vez
-más próspera y floreciente, incluso en las extensas llanuras de la
-Mancha y de Castilla la Vieja, donde con el transcurso de los años,
-gracias a la influencia de aquel, mejoraron las condiciones productivas
-del suelo. Innumerables carreteras y caminos en perfecto estado de
-conservación facilitaron el tráfico por todas partes, y cuando se
-inventaron los ferrocarriles, Iberia fue una de las primeras naciones
-en adoptarlos, construyendo en el espacio de cinco lustros muchos miles
-de kilómetros, sin necesidad de ajeno auxilio; tal era la masa de
-capitales que encerraba en su seno, y tal el espíritu emprendedor de
-sus hijos.
-
-Abierto el canal de Suez, las transacciones de la Península con nuestro
-imperio del Indostán y el extremo Oriente convirtieron a Barcelona
-en el primer puerto del mundo, por el gran número de buques que lo
-visitaban, y en el centro industrial más importante, llegando su
-engrandecimiento al punto de componerse hoy la población de aquella
-célebre ciudad de dos millones y medio de habitantes. A la vez
-prosperaron Tarragona, Valencia, Alicante, Cartagena y los demás
-puertos del litoral mediterráneo, enriquecidos principalmente con el
-comercio de Levante, mientras que Cádiz, Sevilla, Lisboa, Oporto,
-Vigo y toda la costa cantábrica entretenían activísimo tráfico con
-los Estados de la América latina y con nuestras colonias del África
-occidental.
-
-En las altas esferas del poder domina un sentido político superior
-a todo encarecimiento, y no se presenta o propone reforma útil y de
-prácticos resultados, que no se lleve a cabo sin especiosos pretextos,
-ni negligente abandono, ni parlamentarios entorpecimientos, ni livianos
-y ridículos temores.
-
-La incompatibilidad de todo cargo público con el de diputado a Cortes
-ha venido rigiendo desde el siglo XVI, conforme con los
-deseos expresados por las mismas, a las cuales atendió siempre la
-Corona con solícito celo.[6] También procuró esta que las elecciones
-se verificasen con la mayor libertad, sin influir ni directa ni
-indirectamente en el nombramiento de representantes.
-
- [6] Las peticiones de las Cortes a que alude el autor son
- hechos históricos, aunque no los resultados de aquellas. Los
- procuradores de las Cortes de Castilla se expresaban así en 1573:
- «Otrosí, porque de venir por procuradores de Cortes algunos
- criados de V. M. y ministros de justicia y otras personas que
- llevan sus gajes, se sigue que les parezca que tienen poca
- libertad para proponer y votar lo que conviene al bien del Reino,
- y aun otro gran inconveniente, que es que siempre son tenidos
- entre los demás procuradores por sospechosos, y causan entre
- ellos desconformidad, a V. M. suplicamos mande que los susodichos
- no puedan ser ni sean elegidos para el dicho oficio.»
-
-Así es que las Cortes vivieron siempre rodeadas del prestigio que les
-daba su autoridad e independencia, porque el pueblo veía en ellas
-el fiel reflejo de las aspiraciones de la opinión pública y de las
-necesidades o intereses del país.
-
-Mas si tales progresos políticos y materiales se han realizado en
-nuestra patria en el transcurso de cuatro siglos, ¡cuán grandes
-infortunios no lloraríamos ahora si la muerte, arrebatando en flor
-a don Miguel I, último vástago varón de las dinastías nacionales,
-hubiese elevado al trono español a la casa de Austria, convirtiendo
-a la nación, señora de tantos pueblos, en feudo de una familia ajena
-a nuestras costumbres, de distinta raza, enemiga de las libertades
-populares, obligada a amparar derechos patrimoniales en Europa que
-ni directa ni indirectamente afectaban a la Península, encarnación
-del despotismo que inmolaba la razón de Estado a un derecho personal,
-blanco de los odios y rencores de príncipes poderosos, obligada a
-defender los disgregados territorios de su herencia, y en fin, sin
-abnegación ni alteza de miras bastantes para deponer el interés
-privado en aras del vital principio de la nacionalidad ibérica y del
-afianzamiento de su unidad política y geográfica!
-
-Acaso entonces no se hubiera podido completar definitivamente la fusión
-de los antiguos reinos, ni se hubiera constituido esta gran potencia
-europeo-africana, que la locomotora recorre hoy desde las verdes
-campiñas girondinas hasta las abrasadas regiones del Sahara, salvando
-el Estrecho de Gibraltar merced a un túnel submarino de veinte
-kilómetros de longitud.
-
-¡Obra gigantesca reservada solo al genio ibérico, como perpetuo
-testimonio de su elevada y civilizadora misión en el continente
-africano!
-
-
-
-
-LA TAZA DE LECHE
-
-
-Asturias es una de las comarcas de la Península ibérica más dignas de
-ser visitadas.
-
-El viajero que recorra aquella privilegiada provincia, admirará por
-todas partes soberbios monumentos y venerandas ruinas, brillantes
-páginas de la gloriosa historia de la Reconquista; risueños valles
-circundados por elevadas y caprichosas montañas, en cuyas laderas la
-Naturaleza, pródiga y liberal, ha derramado sus variados y magníficos
-dones; bullidoras cascadas que se precipitan de las quiebras de las
-rocas, formando cristalinos arroyos y pausados ríos que culebrean
-por las verdes hondonadas; blancas y extendidas playas que en suave
-declive penetran en el mar, casi siempre agitado, flanqueadas por una
-costa, ya acantilada, ya compuesta de hacinados y cavernosos peñascos,
-contra los cuales se estrellan furiosas las olas; y, salpicados sobre
-tan hermoso panorama, ricos pueblos, risueñas aldeas, y pintorescos
-caseríos que habitan gente de cariñoso trato, alegre carácter y dulce
-lenguaje. Y mientras suspende los sentidos la contemplación de tantas
-bellezas, el aire puro del Océano, saturado de las emanaciones de una
-flora exuberante, renueva suave la escondida llama de la existencia,
-y un cielo rara vez despejado, con sus opacas nubes que se ciernen en
-el espacio, y sus flotantes nieblas que cortan el horizonte, convida
-blandamente a la concentración del espíritu y a ese apacible bienestar,
-a esa vaga transición que separa la vigilia del sueño; reflejo acaso de
-la eterna dicha que espera el alma, libre de sus carnales lazos.
-
-¡Oh! ¡cuán triste la ausencia para el que ha nacido en aquella
-venturosa tierra, y desde extraño suelo aviva la memoria del bien
-perdido, recordando el añoso castaño que sombrea la rústica casita;
-el hórreo o la panera sobre toscos pilares de piedra sustentados; la
-fuente murmuradora que se desliza por el copioso prado; la enhiesta
-torre de la antigua iglesia, por donde trepa la hiedra, asomando por
-las grietas el verde helecho; la lejana y escueta cumbre del elevado
-monte; la frondosa colina cuajada de manzanos; los oscuros robles de
-aterciopeladas hojas, notables por su altura y corpulencia; el fúnebre
-ciprés y el poético sauce, que a veces turban la monotonía del bosque;
-los cercados maizales que generosamente ofrecen el pan del campesino;
-la casi siempre solitaria higuera, el humilde avellano y el altanero
-y pomposo nogal, cuyos gustosos y abundantes frutos son el regalo
-del rico y el alimento del pobre; la conseja, al amor de la lumbre,
-referida por un anciano, mientras chisporrotea el nudoso tronco de una
-encina; el familiar regocijo con que sangran allí el tonel repleto de
-sazonada sidra; las alegres y animadas ferias y romerías al son de los
-tambores, las gaitas y las panderetas; los cadenciosos bailes populares
-y el antiquísimo de la Danza prima, acompañado de canto melodioso; los
-sencillos goces de la infancia placentera, los tiernos afectos que a su
-calor nacieron, y en fin a la patria remota, que la imaginación reviste
-de sus más brillantes colores, y que no se aparta jamás del santuario
-del pensamiento!
-
-Tan dulces recuerdos contristaban el corazón de Casimiro. Era este
-un joven de débil complexión y de enérgico espíritu, hijo de honrados
-y pobres labradores de la Riera, en el concejo de Cangas de Onís, el
-cual, llevado del propósito de aliviar la mísera condición de sus
-ancianos padres, se acogió al remedio a que apelan todos los años
-millares de españoles deseosos de mejor fortuna, que es el pasarse a
-las repúblicas de la América latina o a la isla de Cuba.
-
-A esta última llegó nuestro asturiano cuando contaba apenas tres
-lustros, y a fuerza de trabajos sin cuento, de indomable perseverancia
-y de paciente resignación, al frisar con los veinticinco años viose
-dueño de 15.000 pesos, mezquino caudal a los ojos del rico y del
-ambicioso, y considerable para el pobre que ha pasado una existencia
-llena de privaciones, y cifra su ventura en vivir modestamente en
-el rincón de una provincia. Mas las fatigas con tan firme voluntad
-arrostradas, robando al sueño y al esparcimiento del ánimo sus
-naturales fueros, y, sobre todo, la idea fija de la patria lejana,
-minaron lentamente aquella naturaleza raquítica y gastada; y a la
-nostalgia, dolencia a que tanto propenden los emigrados de nuestras
-provincias del Norte, siguió la calentura que resiste a todos los
-febrífugos, la calentura terrible de la tisis, casi siempre mensajera
-de la muerte.
-
-No la creía cercana Casimiro, porque se despertó en él una confianza
-absoluta, una fe ciega en el remedio de sus males: la patria. Allí
-estaban la alegría, la salud, la vida.
-
-Volver a ella, abrazar a sus ancianos padres, cobijarse bajo el humilde
-techo de la casa solariega; recrear la vista en los seres y en los
-objetos inanimados, confidentes y testigos de su infancia; sentir el
-dulce calor del propio hogar; respirar el perfumado ambiente de los
-aires nativos; ir al cercano santuario de Covadonga, y allí sentarse a
-la mesa de piedra, al pie de la gigantesca Cueva, junto a la bullente
-cascada, y beber una taza de leche servida, como en sus años juveniles,
-por su adorada madre: tal era el ardiente anhelo del pobre enfermo.
-¡Inmensa dicha, felicidad suprema para aquel desterrado, consumido por
-fiebre lenta e incesante!
-
-En vano el solícito ruego de la amistad y el porfiado consejo de la
-ciencia pretendieron librarle de los azares de larga navegación,
-mayormente por coincidir con la época del equinoccio: Casimiro tomó
-la vuelta de España, y al rayar el alba de uno de los primeros días
-del mes de octubre avistaba desde el vapor el promontorio a cuyos pies
-se asienta Gijón, el gran centro industrial, marítimo y mercantil de
-Asturias.
-
-¿Cómo describir la emoción del viajero al saludar las costas de su
-patria después de tan larga ausencia? De pechos sobre la obra muerta,
-fija la mirada, llorosos los ojos, anhelante el aliento, suspenso
-el ánimo, contemplaba aquella bendita tierra que óptica ilusión iba
-acercando poco a poco hacia él, mientras el buque, a impulsos del
-comprimido vapor, avanzaba majestuosamente. No parecía sino que los
-abruptos y salientes cabos de Torres y de San Lorenzo, que flanquean
-la ancha y espaciosa concha, en cuyo centro se alza la península de
-Santa Catalina, eran dos gigantescos brazos que se extendían en medio
-de la inmensidad del Océano para dar la bienvenida al recién llegado,
-y que el Sol, al asomarse por los balcones orientales, rasgando las
-blancas brumas que invadían el horizonte, señalaba, allende los montes
-cubiertos de espléndida verdura que a la izquierda mano se mostraban,
-el venturoso y suspirado término del viaje.
-
-Mas ¡cuán lenta es la marcha del tiempo a medida que nos aproxima al
-bien que ansiamos! ¡Qué distancia no separa al fervoroso deseo de su
-próxima y segura satisfacción! Soporta resignado el navegante largas y
-mortales horas de mar, pero no puede resistir sin impaciencia la última.
-
-Rechinó por fin el cabrestante del ancla, la cual, desprendiéndose
-de proa, sumergiose con grande estrépito en el mar, estremeciendo la
-flotante mole con el rápido rodar de la pesada cadena.
-
-Casimiro lanzó un grito de inefable gozo. Allí, en el muelle, con los
-brazos extendidos hacia él, preñados los ojos de lágrimas, temblando
-de emoción, enajenados de alegría, le aguardaban sus ancianos padres.
-Quiso gritar pronunciando este dulce nombre, y no pudo; pretendió
-arrojarse a la escala, y una fuerza irresistible paralizó sus miembros;
-intentó respirar, y parecía que hasta el aire le negaba el vital
-aliento, y sin ser poderoso a otra cosa, cayó de golpe desmayado sobre
-la cubierta del buque.
-
-La noche que sobrevino a aquel día, con tanto afán esperado, sorprendió
-al mísero enfermo tendido en el lecho en una modesta casa de la villa.
-Sus padres, dominados por medrosa ansiedad, llenos de tierna solicitud,
-clavada la vista en aquel cuerpo exánime, aguardaban anhelantes y
-suspensos que volviera a la vida.
-
-De pronto, dando un profundo suspiro, abriendo los ojos como atónito
-y embelesado, y cogiendo con crispada mano la que su madre le tendía,
-comenzó a hablar de esta suerte:
-
-«—¡Madre!... ¡Me ahogo!... ¡Siento las ansias de la muerte... pero
-todavía puedo sanar!... ¡Partamos, partamos en seguida!... ¡Tú puedes
-devolverme la vida!... ¡Tú puedes renovar la llama de esta existencia
-que se extingue!... ¿Te acuerdas de Covadonga?... ¿Recuerdas las
-placenteras horas que pasaba en tu regazo a la sombra de aquella cueva
-altísima?... ¿Se han borrado de tu memoria los besos que te prodigaba
-cuando tú, al verme jugar al borde de la oscura poza, cuna del Deva,
-me llamabas sobresaltada y yo corría a arrojarme a tus brazos?... ¿Has
-olvidado aquel día en que mi padre compró cerca del santuario la vaca
-blanca, y tú quisiste que yo fuera el primero en gustar del sabroso
-licor de sus henchidas ubres?... ¡Ah! ¡Me parece que lo estoy viendo
-con los ojos del alma! Allí, en el fondo del anfiteatro que forman
-los montes al cerrar estrecha cañada, destácase la gigantesca cueva
-en las entrañas de elevado peñasco que le sirve de cúpula colosal, y
-suspendida en mitad de aquella, como el nido de la mística paloma,
-la capilla de la Virgen milagrosa. De la inmensa cavidad, en cuyas
-grietas crecen innumerables arbustos y hierbas que con su diversa
-verdura y varias formas contrastan con los tonos de las rocas ya
-peladas y escuetas, ya cubiertas de húmedo musgo, salta el agua pura y
-transparente, que, formando bullidoras cascadas y escalonados remansos,
-se precipita al hondo valle, llevando la vida, la fertilidad y la
-abundancia a la tierra, y la admiración y el asombro a los sentidos...
-Yo estaba allí sentado en duro banco, blando y mullido para el cansado
-peregrino que va a apagar la sed en el santo manantial que brota
-copioso; bañaba el Sol los agrestes contornos del sagrado recinto; el
-sordo y cavernoso ruido del agua despeñada juntábase con el pausado
-son de la campana de la iglesia, y a lo lejos y a intervalos oíase
-el lastimero balido de descarriada ovejuela; por la ladera del monte
-frontero trepaba una robusta aldeana con paso pausado, arqueados los
-brazos, la cabeza erguida, y sobre ella, sosteniendo en equilibrio
-la cónica ferrada; en un sotillo de la revuelta del río, el toro y
-el caballo partían fraternalmente, sin recelo alguno, la abundante
-hierba que liberal les ofrecía el suelo; conducía una rapaza por un
-verde sendero un hato de tiernos novillos, que triscaban alegres y
-juguetones; un anciano, encorvado bajo el peso de los años, vestido de
-groseras pieles, subía, apoyándose en tosco cayado, el áspero camino
-del vecino puerto; un romero, con el bordón en la mano y el sombrero
-y la esclavina cuajados de conchas, dirigíase con grave y mesurado
-andar a la venerada mansión que la piedad de los fieles ha consagrado a
-Nuestra Señora: todo era paz, todo ventura, todo apacible bienestar y
-dulce recogimiento.
-
-»Convaleciente de grave dolencia; fatigado de la penosa cuesta que,
-bordeando el riachuelo, conduce al santuario; débil y desmayado el
-cuerpo y atento el ánimo contemplando el magnífico panorama que se
-ofrecía a mi vista, acometiome profundo y deleitoso sueño, del que me
-sacó tu voz, tu dulce voz, madre querida, y el suave aliento de tus
-puros labios al depositar un ardoroso beso en mi mejilla helada.
-
-»—¡Pobre hijo mío! —exclamaste—. ¡Estás yerto! Espera un instante y
-devolveré el calor a tu cuerpo frío. — Y solícita y diligente, me
-trajiste la escudilla de leche de la vaca blanca. ¡Delicioso instante
-aquel! ¡Cómo apuré el tibio y espumoso licor por tus manos servido!
-¡Cómo confortó mis fuerzas con su virtud reparadora y su calor suave!
-¡Cómo sentí restaurar en mí el vital sostén, pujante y vigoroso!...
-Mas también ahora lo recobraré... ¡Partamos, partamos a Covadonga! Vea
-yo aquellos santos lugares, aspire las balsámicas auras de nuestro
-escondido valle, sacie mi sed en la rica leche de las vacas que se
-apacientan en sus fértiles y accidentadas praderas, y volverán la dicha
-y el placer a mi contristado espíritu, y la salud y la vida a mi cuerpo
-enfermo y desfallecido!»
-
-* * *
-
-Casimiro consiguió ver el estrecho y sonriente valle que sin cesar se
-representaba en su memoria, y la casita humilde donde abrió los ojos
-a la luz del día, y el encendido hogar, piadoso asilo en las largas
-horas de invierno, y el hórreo pintoresco suspendido en el aire como
-arca santa que guarda el fruto de la madre tierra, y las corrientes y
-cristalinas aguas del encauzado Deva, y las agrestes montañas, testigos
-mudos y poderosos auxiliares de la primera victoria de la restauración
-cristiana y de la independencia de un pueblo, y la célebre y sagrada
-Cueva, amparo de los débiles y oprimidos, refugio de la fe, asombro de
-la Historia y veneración del mundo.
-
-Extenuado por la terrible dolencia, sin vigor en los flacos miembros,
-ni brillo en los ojos desencajados, ni color en las mejillas enjutas
-y hundidas, trepó, con la ayuda de los temblorosos brazos de sus
-padres, la larga escalera de piedra, que, flanqueando aquella rocosa
-e imponente cavidad, conduce a la capilla, suspendida sobre el abismo.
-Detúvose un instante en el balcón que precede al pequeño templo,
-bajó la vista al fondo, y sintió el horror del vacío que seduce y
-atrae y turba los sentidos; admiró las maravillas debidas al ardiente
-o incansable celo de un prelado,[7] reparando las injusticias de los
-tiempos, la indolencia del poder y el olvido de los españoles; y puesto
-de hinojos ante el sagrado altar, elevó tierna plegaria al cielo, lleno
-de fervor, de unción y de místico recogimiento.
-
- [7] El Excmo. Sr. don Benito Sanz y Forés, obispo que fue de Oviedo,
- y actualmente cardenal y arzobispo de Sevilla, a quien se debe
- principalmente la restauración del santuario de Covadonga.
-
-En tanto, las cóncavas peñas repercutían el eco de la campana herida,
-y el sol coronaba la alta cumbre del frontero monte; y el hondo valle
-inundábase de luz radiante y de extendidas sombras; y retumbaban las
-cascadas del naciente río; y los operarios de la basílica que se está
-alzando en una eminencia cercana, entregábanse al trabajo hormigueando
-por las tortuosas veredas; y el viento, ligeramente alterado,
-estremecía las ramas y las hojas de una vegetación espléndida; por
-todas partes, en el cielo, en el aire, en la tierra, el movimiento y la
-vida, menos en el sin ventura Casimiro.
-
-—¡Dadme una taza de leche!... —exclamó, sintiéndose desvanecer—. ¡Aún
-es tiempo!... ¡Aún puedo recobrar la salud!
-
-Y le bajaron a la entrada de la Cueva, y sentado a la mesa de piedra,
-cogiendo con ambas manos la taza que su madre le presentaba, apurola
-con avidez y delicia, y exhaló un profundo suspiro, que fue el
-postrero. ¡Grata emoción que aceleró las contadas horas del apasionado
-amante de su patria, quien vivió bien ajeno de que en el placer de
-recobrarla hallaría la verdadera!
-
-
-
-
-EL PADRE CARMELO
-
-
-En el convento de Carmelitas Descalzos de Madrid, sobre cuyo solar se
-levanta ahora el teatro de Apolo, había a principios de este siglo un
-fraile de los de más campanillas que vieron los pasados tiempos.
-
-Era, según el vulgo, un pozo de ciencia; los padres graves le llamaban
-la lumbrera de la orden, y los legos y novicios, en sus arrebatos de
-fervor doméstico y de espíritu de corporación, solían darle el dictado
-de asombro de las gentes y pasmo del mundo.
-
-Y sin embargo, el padre Carmelo, que así se llamaba aquel prodigio
-enclaustrado, ni en la cátedra del Espíritu Santo, que no ocupó jamás,
-ni en la sala capitular, donde guardaba absoluto silencio, ni aun en el
-trato familiar, en el cual, con aparente modestia, parecía conformarse
-siempre con la opinión ajena, sin revelar la propia, tuvo ocasión de
-poner de manifiesto el claro entendimiento, la vasta erudición y la
-profunda sabiduría que le atribuían sus hermanos de religión y el
-concepto público.
-
-El padre Carmelo debía su fama y la dispensa que le relevaba de asistir
-al coro de madrugada, a la fecundidad de su pluma.
-
-Verdad es que nadie había leído sus escritos; pero las largas horas
-de reclusión en la celda, las resmas de papel de barba consumidas y
-los estantes llenos de voluminosos tomos, cuidadosamente numerados,
-que aumentaban de día en día, ofrecían vehementes indicios de la
-laboriosidad incansable de aquel siervo de Dios, que, humilde entre los
-humildes, hizo voto de no gozar en vida de las dulzuras de la gloria
-científica y literaria.
-
-El célebre e inédito escritor carmelita, era, pues, un pozo de ciencia,
-cerrado a cal y canto; una lumbrera que, como las linternas sordas,
-alumbraba solo por dentro; la representación viviente de la sabiduría
-oculta y subjetiva.
-
-Las gentes creían, sin embargo, en ella de la misma suerte que tienen
-fe ciega en otras muchas cosas que están fuera del orden natural o del
-verdadero sentimiento religioso, siempre respetable; es decir, por un
-acto de la voluntad o por costumbre fuertemente arraigada, de todo
-punto ajenos a la reflexión o al raciocinio.
-
-—¡Oh, el padre Carmelo! —exclamaban los frailes del convento de la
-calle de Alcalá, esquina a la del Barquillo—. ¡Oh, el padre Carmelo!
-—repetía el vulgo de Madrid. Y esta frase ganó las tapias de la
-capital de España, y propagándose por la Península e islas adyacentes,
-acabó por adquirir carta de naturaleza, no solo en nuestros dominios
-ultramarinos, sino también en cuantos países del Nuevo Mundo conservan
-el mermado tesoro de la lengua castellana.
-
-¡Qué gloria para las letras patrias, y sobre todo para la excelsa Orden
-a que pertenecía su autor, cuando saliesen a luz las magistrales obras
-del gran Carmelo, émulo del celebérrimo Tostado! ¿Eclipsaríase la fama
-de este insigne obispo? ¿Substituiríase la frase vulgar de «ha escrito
-más que el Tostado» por la de «ha escrito más que Carmelo»? ¡Problema
-de la acción reformadora del tiempo!
-
-Por fin, después de larga vida consagrada, al parecer, a la meditación,
-al estudio y sobre todo a escribir, gastando resmas y más resmas de
-papel de barba, el padre Carmelo prolongó un día, más que de ordinario,
-las horas de siesta, porque no volvió a despertar.
-
-La noticia de su muerte produjo universal expectación; iban a conocerse
-las obras del nuevo Bossuet, del águila de la calle de Alcalá.
-
-Celebráronse con pompa extraordinaria los funerales, y después la
-comunidad se trasladó procesionalmente a la celda del difunto, para
-proceder al inventario de sus numerosos manuscritos. Rotas las
-cerraduras de los estantes, por no encontrarse la llave, se sacaron
-de aquellos hasta quinientos veintisiete tomos, numerados y puestos
-con el mayor orden, los cuales fueron conducidos en triunfo a la sala
-capitular, donde el padre prior anunció que iba a leer el primer
-volumen.
-
-La ansiedad pintada en todos los semblantes; fijos los ojos del
-venerable cónclave en las rugosas manos del superior del convento,
-quien temblaba de emoción y al peso de los años; su hábito blanco y
-castaño oscuro, iluminado por un polvoriento rayo de sol que descendía
-a través de ojival ventana, y en la pared frontera un lienzo al óleo
-representando a San Elías, que, con su actitud y la inmovilidad de sus
-pupilas parecía fascinar al monacal concurso: tal era el cuadro.
-
-El prior sacó de la manga un pañuelo de hierbas, limpiose el copioso
-sudor de la calva, se puso los anteojos, tosió, y señalando los tomos
-colocados sobre varias mesas, dijo:
-
-—Vamos a recoger la herencia, fruto de la labor infatigable, de los
-desvelos y vigilias, del claro entendimiento y de la profunda sabiduría
-de aquel eminente varón que fue nuestro hermano, y que goza ahora de la
-bienaventuranza eterna.
-
-—Amén —contestó la comunidad.
-
-—Como la lectura ha de durar algunos meses, procedamos con orden;
-leeremos un volumen cada día. He aquí el primero. Sentaos.
-
-Y todos se sentaron.
-
-Y el padre prior asió un monumental infolio, y doblando la primera
-hoja, leyó:
-
-«OBRAS COMPLETAS DEL PADRE CARMELO, DE LA ORDEN DEL CARMEN. — TOMO
-PRIMERO. — CAPÍTULO PRIMERO Y ÚNICO. — _De la extraña facilidad
-con que se engañan los hombres._»
-
-El resto del volumen y los otros quinientos veintiséis, estaban en
-blanco.
-
-Y los frailes, no pudiendo tener la risa, salieron a la desbandada de
-la sala capitular, exclamando:
-
-—¡Qué padre Carmelo!
-
-* * *
-
-Tal es el origen, alterada por un metaplasmo (síncopa), de la voz
-CAMELO.
-
-
-
-
-EL TRIUNFO DE LA IGUALDAD
-
-
-La insensata tiranía de las masas inconscientes, ciegas y fanáticas,
-amenazaba a Europa en el orden económico. Los hijos de la industria
-miraban con recelo la perfección de la máquina, destinada a substituir
-o a simplificar la fuerza humana. La oposición que en los talleres de
-la fabril Cataluña despertaba cada adelanto en los medios de producción
-trascendía a los ricos campos jerezanos, donde proferíanse amenazas
-de muerte contra el trabajador que emplease en las faenas agrícolas
-aquellos instrumentos manuales de uso más fácil y expedito.
-
-A la utilidad egoísta, acaso momentánea, intentábase sacrificar
-el porvenir de la industria; al temor irreflexivo de un exceso de
-producción, la baratura del género, y a las asociaciones opresoras,
-fraguadas tal vez en el misterio, merced a la intimidación, la
-libertad individual y el espíritu de iniciativa, inagotables fuentes de
-riqueza y de progreso.
-
-La propia voluntad y generosos impulsos del obrero supeditábanse al
-capricho de las colectividades veleidosas, y ante ellas enmudecía el
-sentimiento de justicia, y ante ellas, la razón, el sentido práctico, y
-hasta el personal interés, no se atrevían a levantar voces de protesta;
-que a tal obcecación conduce el espíritu de clase en las perturbadas
-inteligencias.
-
-A los delirios de los fundadores de las escuelas socialistas de
-este siglo sucedieron las extravagancias del vulgo ignorante; a las
-atrevidas concepciones de la imaginación creadora, el bajo instinto
-de la torpe envidia; a las brillantes teorías del visionario, hijas
-quizá de un sentimiento generoso, la pasión desenfrenada, ávida tan
-solo del botín; a la revolución social, basada en sistemas quiméricos,
-las concupiscencias de la plebe, el vértigo de lo desconocido, la
-fascinación de la anarquía, la atracción del caos.
-
-Entregado una noche a tales reflexiones, y meditando sobre las
-consecuencias que podría tener el reparto de la riqueza pública que
-acaricia la imaginación del vulgo, lentamente desvaneciéronse las ideas
-en mi cerebro, y tomando formas vagas, incoloras y difusas, no sé si
-de pronto o al cabo de un buen espacio —porque es imposible medir la
-misteriosa cadena que enlaza la vigilia con el sueño— me hallé en ese
-mundo lleno de claridades en medio de las tinieblas, de olvidados
-recuerdos que despiertan, de obstáculos que se allanan, de marchitas
-esperanzas que reverdecen, de acontecimientos que surgen sin lugar ni
-tiempo, de conceptos lógicamente enlazados o de pronto interrumpidos
-con extravagantes ideas; en ese estado, en fin, en que descansa la
-razón y vela la locura.
-
-Imaginé que me hallaba en una tribuna del Congreso. Las Cortes
-españolas acababan de votar la nivelación social. No más ricos, ni
-pobres, ni propiedad: todos los españoles de ambos hemisferios debíamos
-ser iguales ante la fortuna: la demencia del equilibrio de la suerte
-era señora del mundo.
-
-Mas ¿cómo hacer el reparto? He aquí el difícil, arduo y pavoroso
-problema que absorbía por entero la atención de los legisladores y del
-pueblo.
-
-Elocuentes discursos resonaban en el augusto recinto; frenéticos
-aplausos recompensaban los arranques oratorios de la gloriosa tribuna
-española, sin rival por la majestad y la grandeza; las pesadas máquinas
-tipográficas, a las cuales aligera el tenue vapor, giraban incesantes
-despidiendo la palabra escrita; el pueblo se apoderaba con ansia del
-delgado papel mensajero de la buena nueva; la plaza pública convertíase
-en palenque de controversia, y con aquella emulaban la cátedra, el
-palacio, el círculo y la humilde vivienda del jornalero; cantaba el
-poeta, en inspiradas estrofas, el triunfo de la igualdad; el estadista
-ponía en tortura su inteligencia, buscando una fórmula de todo punto
-niveladora; meditaban los sabios; la osada presunción daba a los
-vientos de la publicidad las más peregrinas soluciones; conmovíase
-el país desde sus cimientos; la nación en masa deliberaba; pero la
-resolución del problema, el procedimiento verdaderamente igualador
-seguía en pie.
-
-Los altos poderes, en los cuales reside la facultad de hacer las leyes,
-acordaron que el Estado se incautase de todo, obra hacedera en quien
-disponía de la fuerza; pero el Estado, a su vez, debía repartir la
-masa común entre los españoles, en proporciones completamente iguales;
-empresa ante la cual mostrábanse perplejas las Cortes, indeciso el
-Gobierno, impaciente la plebe y suspensos los ánimos de todos.
-
-Proponían unos que la riqueza se repartiese a prorrata; pero ¿cómo se
-dividía una ciudad, por ejemplo, aunque no fuese más que entre sus
-habitantes, dadas las diferentes condiciones de los edificios, ni aun
-una casa entre sus inquilinos, variando el valor de cada piso, ni una
-comarca, en vista de la discrepancia de los terrenos, ni siquiera una
-propiedad rural, cuando las divisiones no podían ser homogéneas?
-
-Pedían otros, entre los cuales predominaba el elemento ministerial, que
-el Estado repartiese los bienes según las obras de cada uno; pero ¿qué
-orden, qué equidad ni qué justicia presidirían a la distribución en un
-país donde la mayor parte de los destinos públicos, los ascensos y las
-mercedes venían siendo, más que recompensa del mérito, de la virtud o
-de los servicios, producto de la cábala política, del ciego favor o del
-nepotismo erigido en sistema? Semejante medio pugnaba con el principio
-nivelador votado por las Cortes, pues constituiría, al cabo, el más
-irritante de los privilegios: el privilegio del valimiento.
-
-¿Y qué diré de los que querían apelar a la insaculación para el
-reparto, creando la aristocracia del azar?
-
-Un partido numeroso inclinábase al comunismo _icario_ de Cabet,
-confiando al Estado las funciones de curador de todos los españoles;
-pero ¿qué fuera de estos a merced de la omnipotencia administrativa
-con todo el lujo de expedientes inacabables, de resoluciones
-contradictorias y de leyes y reglamentos arbitrariamente interpretados?
-¿Qué de la libertad individual en perpetua tutela de una burocracia
-opresora e indolente?
-
-Los _sansimonianos_, que también los había, proclamaban la excelencia
-de sus doctrinas; mas ¿qué igualdad era de esperar en un sistema
-eminentemente jerárquico?
-
-Los _falansterianos_ pretendían, en vano, levantar cabeza. El pueblo
-mostrábase refractario a la vida monacal laica.
-
-Triunfante la negación, que constituía la base del socialismo, ni los
-legisladores, ni la prensa, ni el instinto del pueblo presentaban una
-afirmación práctica que obtuviese la aquiescencia del mayor número.
-
-Agolpábase la multitud en la plaza de las Cortes, y pedía a voces que
-estas diesen inmediata solución al asunto entonces objeto de caluroso
-debate, y la fórmula igualadora, con tanto afán buscada, no adelantaba
-un paso.
-
-Crecía la inquieta muchedumbre allí reunida; cual río desbordado, las
-oleadas de gente invadían el peristilo; desgajábanse los árboles al
-peso de la curiosa juventud; el popular tumulto ensordecía el aire, y
-todo era confusión, bullicio, despecho y desenfreno en la plaza, y
-sobresalto, duda, miedo e incertidumbre, dentro del augusto recinto de
-la Cámara.
-
-De pronto rechinaron los goznes de la puerta principal, que permanece
-generalmente cerrada, abriéronse de par en par las macizas hojas,
-y apareció bajo el dintel un anciano decrépito, de grave aspecto y
-reposado continente.
-
-Era un diputado, objeto de universal consideración, aunque no siempre
-oído por el Congreso.
-
-A su presencia apaciguáronse algún tanto los ánimos; retrocedieron las
-invasoras turbas, dejando libres las gradas del Palacio; poco a poco
-se fue apagando el clamoreo, y por fin, al levantar el viejo la mano
-en actitud de que iba a hablar, hízose la calma en medio de la apiñada
-muchedumbre.
-
-Reinaba profundo silencio, interrumpido tan solo por el aire al azotar
-la gloriosa bandera enhiesta en lo más alto del monumental edificio,
-cuando el venerable anciano, adelantándose hasta el borde de la meseta,
-soltó la voz a semejantes razones:
-
-«Ciudadanos: Las Cortes, doblegándose a vuestra voluntad, votaron la
-nivelación de los bienes de fortuna; pero las Cortes, en su elevada
-sabiduría, no encuentran ¿a qué negarlo? el medio práctico, ordenado y
-pacífico de dar cumplimiento a su acuerdo.
-
-»La propiedad, como la naturaleza, es varia y múltiple en sus
-diferentes manifestaciones, y distribuirla por igual entre todos los
-españoles, pretensión que no cabe más que en la desordenada fantasía de
-los dementes, en la cándida ignorancia de los ilusos, o en la torcida
-intención de los malvados.
-
-»Mas aunque fuese obra fácil y hacedera esa distribución de bienes,
-¿olvidáis acaso que, apenas conseguida, produciría forzosamente una
-reacción, dando al traste con la igualdad, el trabajo sobreponiéndose a
-la pereza, la inteligencia a la ignorancia, la economía al despilfarro,
-y el espíritu esforzado e iniciador al instinto pusilánime y rutinario?
-
-»No os queda, pues, más recurso que apelar al Estado, para que este
-distribuya equitativamente el producto del capital y del trabajo entre
-todos los españoles.
-
-»Pues bien: quiero admitir en ellos una perfección ajena a la
-naturaleza humana. Supongamos que seguirán trabajando en provecho de
-la comunidad con el mismo ardor y constancia con que se sacrifican
-por el propio interés, por el de sus familias y por el porvenir de
-sus hijos; supongamos una organización administrativa superior a todo
-encarecimiento en el Estado, y supongamos, en fin, que este recaude
-íntegramente cuantos beneficios obtengan los españoles de ambos
-hemisferios en concepto de rentas, sueldos, jornales, honorarios, etc.,
-y que después distribuya el total por partes iguales: ¿sabéis cuánto
-corresponde a cada individuo?
-
-»Voy a demostrároslo con la elocuente lógica de las cifras.
-
-»No hay en España datos oficiales bastantes para poder apreciar con
-exactitud los beneficios del capital y del trabajo; pero tomando
-por punto de partida el presupuesto, no será aventurado suponer que
-ascienden aquellos a una cantidad diez veces mayor que la recaudación
-obtenida por el Estado.
-
-»Los presupuestos de la Península y Ultramar se elevan a las siguientes
-cifras:
-
- Pesetas
-
- Península. 802.876.886
- Cuba. 179.301.248
- Filipinas. 81.079.367
- Puerto Rico. 19.323.072
- Fernando Poo. 373.420
-
- TOTAL. 1.082.453.993
-
-»Si esta es la décima parte de las utilidades de todos los españoles,
-resulta que aquellas ascienden a la cifra anual de 10.824.589.930
-pesetas.
-
-»Y tened en cuenta que si de algo peco en este cálculo, es de
-exageración; pues en Francia, con un presupuesto de 3.561.978.092
-francos, los beneficios por todos conceptos obtenidos por los
-habitantes de aquella República se evalúan solo en unos 20.000
-millones.
-
-»Admitamos, sin embargo, la cifra de 10.824.539.980 pesetas. Esto es en
-último caso (y suponiendo que todos sigan trabajando como hasta ahora)
-lo que puede repartirse anualmente entre los españoles.»
-
-La muchedumbre, que durante el discurso del orador había dado varias
-veces muestras de impaciencia, al oír la enorme cifra de diez mil
-ochocientos y pico de millones anuales a repartir, prorrumpió en
-frenéticos aplausos.
-
-«¡Ya tenemos la solución! —decían las gentes—; ¡ya está resuelto el
-problema! ¡Que se incaute el Estado de cuanto perciban los españoles
-por el capital y por el trabajo en todas sus manifestaciones, y que lo
-distribuya por igual entre los ciudadanos! ¡Esta sí que es la verdadera
-nivelación!»
-
-Los aplausos atronaban el aire; los espectadores abrazábanse unos a
-otros; los periódicos preparaban suplementos; la oficiosidad novelera
-corría desaforada, anunciando por doquier la forma niveladora; el
-telégrafo no se daba punto de reposo, transmitiendo a las provincias y
-a los remotos dominios españoles la buena nueva; todo era algazara y
-regocijo, y fiestas, y entusiasmo indescriptible.
-
-El anciano, entretanto, indiferente al general alborozo, de pie en el
-peristilo del Congreso, cruzados los brazos, miraba con irónica sonrisa
-al agitado auditorio que invadía la plaza y sus avenidas.
-
-Al cabo de buen espacio de tiempo restableciose la calma y el orador
-prosiguió su discurso.
-
-«Vamos a ver, dijo, el número de españoles que existen, según los
-últimos datos estadísticos oficiales, y la cantidad que a cada uno
-corresponde.
-
-»Debo advertir que incluyo a todos, pues ante la igualdad, lo mismo
-debemos considerar al prócer que al humilde indio que en las apartadas
-regiones del extremo Oriente contribuye con su sangre y con el sudor de
-su frente a la defensa y a la prosperidad de la patria común.
-
-»La población de España y de sus dominios de Ultramar es la siguiente:
-
- Habitantes
-
- Península, islas adyacentes y posesiones
- de la costa septentrional de África. 16.625.860
- Filipinas. 5.561.232
- Cuba. 1.449.182
- Puerto Rico. 754.313
- Posesiones del Golfo de Guinea. 35.000
-
- TOTAL HABITANTES. 24.425.587
-
-»Hay que dividir, pues, las 10.824.539.993 pesetas que obtienen de
-beneficio los habitantes de España y de sus Indias, por 24.425.587 a
-que ascienden estos, lo cual nos da un cociente de 443 pesetas 163
-milésimas.
-
-»Esto es lo que correspondería a cada español al año si no tuviésemos
-deudas sagradas, contraídas con extranjeros, las cuales nuestra
-honradez y nuestra hidalguía nos obligan a satisfacer.
-
-»Dichas deudas representan los siguientes intereses anuales:
-
- Pesetas
-
- Intereses de la renta al 3 por 100, reconocida
- al Gobierno de Dinamarca. 97.500
- Idem de la deuda perpetua al 4 por 100
- exterior. 78.846.040
- Idem del 2 por 100 exterior. 6.529.135
- Anualidad del empréstito Rothschild. 3.750.000
- Idem del anticipo Fould. 2.575.000
- 3 por 100 exterior no convertido. 900.000
-
- TOTAL. 92.697.675
-
-»Si dividimos estas 92.697.675 pesetas por los 24.425.587 habitantes de
-España y de sus provincias ultramarinas, resulta que cada uno debería
-contribuir para el pago de las deudas exteriores con 4 pesetas 122
-milésimas.
-
-»Deduciendo esta cantidad de las 443 pesetas y 163 milésimas, quedan
-439 pesetas y 40 milésimas.
-
-»Tal es la asignación anual, dentro del criterio más optimista, a que
-tendríais derecho, en la suposición quimérica de que no variasen las
-condiciones del trabajo desde el momento en que el producto de este
-fuese propiedad del Estado.
-
-»A lo sumo, pues, corresponderían a cada español 439 pesetas y 40
-milésimas al año, o sea UNA PESETA Y VEINTE CÉNTIMOS próximamente al
-día.
-
-»¡Tal es la verdad! ¿Os conformáis con este jornal?...»
-
-—¡Jamás! ¡Jamás! ¡Abajo la verdad! ¡Fuera! ¡Fuera! —gritó la
-muchedumbre indignada, arrojándose sobre el indefenso y venerable
-anciano...
-
-* * *
-
-Y desperté cuando la Verdad, investida con el carácter de legislador,
-era atacada por las ciegas pasiones de la plebe; y al encontrarme otra
-vez en el mundo real, seguía el atropello.
-
-
-
-
-EL HOMBRE ÚNICO
-
-
-En una isla de la Polinesia, que por su pequeñez ni siquiera consta
-en los mapas, reinaba, sin oposición ni émulos platónicos, un jefe
-de tribu, que, en las alocuciones y mensajes dirigidos a sus fieles
-súbditos, dábase a sí propio el dictado de Emperador del mundo.
-Un navegante europeo que por acaso abordó aquellas playas, trató
-de disuadir a Su Majestad Universal de sus errores geográficos;
-mas este se limitó a contestarle: «No existe ni puede existir otro
-mundo fuera de mi isla, porque sé de muy buena tinta que el Sol, mi
-ilustre antecesor, fundó aquí su única casa solariega, y no tiene más
-descendientes que yo y mis vasallos: por lo tanto, los que venís en el
-buque debéis ser espectros en figura humana.»
-
-La persona que te voy a presentar, lector benévolo, sin los
-conocimientos genealógicos de aquel monarca de antiquísima alcurnia, ni
-pretender compartir con él tan claro linaje, fue más allá en su opinión
-sobre sus semejantes.
-
-Poseído de extraña aberración mental, que no reveló jamás, porque
-fue loco vergonzante, antojósele que en el mundo no existía más
-personalidad corpórea que la suya, y que los hombres y los demás seres
-animados eran vanos fantasmas hechos para su servicio, mortificación o
-entretenimiento.
-
-Algunas veces extremaba su extravagante hipótesis, juzgando quiméricos
-cuantos objetos herían sus sentidos, de lo cual deducía que él
-monopolizaba el mundo de las ilusiones. A decir verdad, no tuvo sobre
-este punto opinión constante, fija y concreta, pero sí sobre lo
-primero, que llegó a ser para él verdad inconcusa.
-
-No conoció a sus padres, porque los había perdido siendo muy niño;
-circunstancia que le libró de la dura necesidad de no creer en ellos y
-de sacrificarlos al principio fundamental de sus convicciones.
-
-Era español, y llamábase Tomás Solitario.
-
-Como el mundo había sido hecho para su uso exclusivo, propendía
-naturalmente a la vanidad, al orgullo y a la soberbia; llegando a
-tanto su locura, que se creyó inmortal, sospechando que sus ilusorios
-prójimos simulaban la muerte solo para engañarle sobre la caducidad de
-la vida.
-
-Sin miedo ni temor alguno a seres que se disipaban apenas volvía
-las espaldas o cerraba los ojos, nada era capaz de oponerse a los
-arrebatados ímpetus de su valor temerario.
-
-Cauteloso y taimado como quien temía siempre ser víctima del dolo
-de fantasmas astutos creados para molestarle, revelaba un carácter
-prudente, mesurado y taciturno; hablaba poco, se reía menos, aquilataba
-las palabras y medía su significación, y aun así, muchas noches antes
-de dormirse se arrepentía de algunas indiscreciones; tal es la funesta
-propensión humana a la locuacidad, que aun los más precavidos, el tipo
-más acabado de la prudencia, han de confesarse con la almohada y expiar
-la culpa a costa del sueño.
-
-Muy pronto dio claros indicios de sus felices disposiciones para el
-mando; pues en los juegos infantiles representaba siempre el principio
-de autoridad entre sus tiernos compañeros, ora a guisa de cochero, ora
-con la investidura de capitán, si no de general.
-
-Consideraba como la peor de las malas sombras hechas para su tormento
-a un tío suyo, y tutor a la vez, el cual, harto de semejante sobrino,
-no tuvo punto de reposo hasta que lo vio en el colegio de cadetes de
-Toledo.
-
-Los antiguos pusieron a duras pruebas la paciencia del _apóstol_, como
-llamaban allí a los nuevos; pero Tomás Solitario opuso tal resistencia
-a las novatadas, que a los pocos días de su ingreso en el colegio era
-considerado como el prototipo del valor y del arrojo. Verdad es que
-esta fama la obtuvo a costa de sus costillas; pero como era hombre de
-suyo sufrido y resignado, hubiera preferido perder la inmortalidad a
-expresar una queja. Con todo, alguna vez flaqueó su ánimo, abrumado
-por el dolor, y acaso entonces le asaltaba la duda de si los golpes
-que había recibido su humanidad unipersonal procedían de espíritus
-deletéreos o de hombres como él, de carne y hueso; aunque nada he
-hallado que confirme esta suposición mía, fundada en la poderosa virtud
-del palo, ese don del Cielo, como le llamaban los antiguos, para poner
-en razón a los cuerdos y amansar a los locos rematados.
-
-La declaración de la guerra de Marruecos en 1859 coincidió con la
-promoción a subteniente de nuestro personaje, por lo cual deducirá el
-lector que se trata de un contemporáneo. Incorporado a un batallón
-de cazadores, dirigiose a Málaga, donde vio por vez primera el mar.
-Al contemplar aquella inmensa y líquida llanura, llevado de su rara
-demencia, decía para sí: «¿Es esto verdad, o mis mentidos semejantes me
-presentan una decoración de teatro para hacerme creer que los mapas no
-discrepan un punto de lo que me enseñaron en el colegio?»
-
-Embarcose en aquel puerto, y con los brazos sobre la obra muerta
-del buque, y los ojos fijos en las ondulantes aguas, pasó la noche
-reflexionando acerca de las causas que producen aquel movimiento;
-y perturbado tal vez por el mareo, antojósele que entre las
-fosforescentes olas veía vagar las sombras de los que consideraba
-como enemigos suyos, que se entretenían en mover el mar con objeto de
-mortificarle y para que la ilusión del viaje fuese completa.
-
-«¡Pronto —decía para su poncho— harán salir al Sol con la regularidad
-de todos los días, y me presentarán una tierra, a la cual debo llamar
-Continente africano, y en ella comparsas de fantasmas con el nombre
-de moros, con los cuales debo batirme! ¡Necios, si creéis que vais a
-amedrentarme! ¡Conozco vuestro juego, hombres en apariencia, espíritus
-burlones, vanas sombras, que me juzgáis condenado a perpetuo engaño!
-¿Quién es más fuerte aquí? ¿Los que me consideran víctima de sus
-maquinaciones, o yo, que las adiviné desde que tuve uso de razón?»
-
-Desembarcó en Ceuta, y a los pocos días tomó parte en las primeras
-acciones de guerra de aquella gloriosísima campaña, distinguiéndose
-de tal suerte, que obtuvo cruces, grados y ascensos, y renombre de
-bizarro, siendo proverbial su valor en todo el ejército. ¿Era acaso de
-extrañar tanto denuedo en quien no creía en la muerte y juzgaba en su
-extravagante desvarío cadáveres o heridos simulados a cuantos caían en
-la pelea?
-
-Tanto pudo su locura, que una noche, estando de servicio en las
-avanzadas, echose junto a un montón de cadáveres insepultos, y
-fingiéndose dormido, miraba con el rabillo del ojo a aquellos
-fantásticos muertos para ver si, creyéndole desprevenido, variaban de
-postura; mas como no daban la menor señal de vida, exclamaba para sí:
-«¡Qué taimados! ¡Capaces son de no moverse hasta la consumación de los
-siglos, y hacer que se pudren y se convierten en polvo si saben que he
-de volver a pasar por este sitio! ¡Qué admirable tenacidad! ¿Qué poder
-sobrenatural rige y gobierna esa aparente humanidad, esa ilusión que
-me persigue por todas partes, ese espejismo maravilloso que miente sin
-cesar en medio del árido desierto de mi vida?»
-
-Donde tuvo empero uno de los mayores raptos de enajenación mental fue
-en el campamento del Hambre. Una cena opípara que siguió a tres días
-de privaciones y de insomnio, perturbó de tal manera su cerebro que,
-saliendo de la tienda a tomar el aire, veía todos los objetos dobles,
-y meditando sobre el caso se decía: «¡Yo siempre he creído en un mundo
-ilusorio, pero no en dos! Ahora me parece que coexisten. ¡Si tendrá el
-mundo el don de la ubicuidad!»
-
-Con tan raros pensamientos echose a dormir, y a la mañana siguiente,
-reflexionando sobre lo que le aconteció por la noche, discurría de esta
-manera disparatada: «La embriaguez me hizo ver los objetos dobles;
-ordinariamente los veo sencillos; luego en estado normal soy víctima de
-una alucinación a medias.»
-
-En fin, sus heroicos hechos, y jamás el bajo valimiento, eleváronle
-a los primeros puestos de la milicia. Terminada la guerra, era ya
-comandante, y las contiendas civiles que sobrevinieron algunos años
-después a nuestra patria sin ventura, fueron grande parte para que
-tuviese ocasión de completar su merecido encumbramiento.
-
-Cuando yo le conocí en el _Casino de Madrid_, ceñía la faja de general.
-Hasta entonces no comenzó a figurar en la política.
-
-Antojósele ser diputado, y no faltaron electores fantásticos que le
-votasen.
-
-Como hablaba poco y su continente era grave, todo el mundo le tenía por
-político ducho y de talla, y cierto periódico habló de él como de un
-hombre providencial, llamándole «rayo de luz en medio de las tinieblas
-que envolvían los destinos de la nación», y «áncora salvadora con que
-íbamos a dar fondo en el seguro puerto de la felicidad de la patria».
-
-Estas figuras retóricas produjeron su efecto, porque el Ministerio que
-había logrado antes aquel puerto entendió que hombre tan extraordinario
-era muy a propósito para dar lustre al nombre español en extranjeras
-tierras; y así, antes de que se formase el partido de los _solitarios_,
-proyecto que estaba ya en gestación, propuso a nuestro héroe un
-cargo diplomático en una de las principales cortes de Europa. El cual
-fue aceptado sin modestas resistencias. ¿Quién era superior a él?
-¡Los grandes hombres de Estado, los reyes, los emperadores, se le
-representaban a sus ojos como espíritus aventajados, como eminentes
-artistas, como primeros actores del teatro en que se consideraba único
-espectador!
-
-Desempeñó su embajada, y fue tenido por el primer diplomático de su
-tiempo. Había resuelto el gran problema: no decir más que lo que
-quería. Nadie pudo competir con él en arte tan de suyo difícil.
-
-En la corte donde estaba acreditado, conoció a una gentil doncella, la
-más hermosa entre las beldades de aquel reino. Sin amarla quiso casarse
-con ella: aspiraba a la envidia universal, si aquellos duendes podían
-envidiarle.
-
-Consiguió su objeto; pero no contaba con el huésped en forma de suegra,
-el más horroroso de los fantasmas, el _spirito folletto_, la pesadilla
-de la humanidad-yerno.
-
-Y huyendo de aquel azote, renunció el destino y vínose a Madrid.
-
-Y el Ministerio tembló, y los periodistas no dieron paz a la pluma.
-
-Pero aquel hombre era muy otro. No quería nada. El tedio, esa crónica
-dolencia de los hombres extraordinarios, minaba su alma. La idea de la
-inmortalidad le infundía espanto.
-
-Deseaba tener sucesión, y la esterilidad de su espiritual consorte
-causábale profunda pesadumbre.
-
-«¡Es claro —decía para sí—, los seres producen otros seres a ellos
-semejantes! ¿Qué ha de nacer de un hombre y de un espectro? Sería un
-producto híbrido no previsto por la naturaleza, si existe algo que
-merezca este nombre.»
-
-Una noche, al volver más temprano que de costumbre a casa, sorprendió a
-su esposa de tertulia con un apuesto joven. Aquella se turbó al pronto;
-pero repuesta del sobresalto, con la sonrisa en los labios, exclamó:
-
-—¡Tomás, te presento a mi primo Rafael!
-
-Y Solitario no dudó de aquel vínculo de familia.
-
-Mas como para esto le era forzoso admitir la posibilidad de parentesco
-entre los espíritus, inventó, en consonancia con su disparatada
-hipótesis, una teoría sobre la afinidad de determinados fluidos
-psíquicos.
-
-. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
-
-Vivió hasta el fin de sus días sospechando de todo, menos de la virtud
-de su mujer.
-
-¡Estaba predestinado a tener fe ciega en lo que nadie creía!
-
-* * *
-
-¡Cuántos como Tomás Solitario son externos de los manicomios porque
-sienten el rubor de sus íntimos desvaríos!
-
-¡Si saliese a luz toda la demencia latente en los cerebros humanos, tal
-vez sería imposible encontrar loqueros!...
-
-
-
-
-LO PRESENTE
-
-JUZGADO POR LO PORVENIR
-
-EN EL SIGLO XX
-
-
-El vapor con sus múltiples aplicaciones constituyó la principal gloria
-del siglo XIX. La aplicación de la electricidad como fuerza
-motriz es, sin duda alguna, la verdadera causa del progreso que, en el
-orden material, hemos alcanzado en el siglo XX.
-
-A los ferrocarriles, obras costosísimas y largas, particularmente
-en los terrenos quebrados, han sucedido las vías férreas aéreas,
-sostenidas por esbeltas columnas, sobre las cuales, salvando agrias
-pendientes que hacen innecesarios los túneles y las curvas, deslízanse
-coches colgantes arrastrados por aparatos eléctricos, con velocidad
-vertiginosa. Los buques de vapor, que requerían grandes depósitos de
-carbón y máquinas pesadísimas, han cedido el puesto a las ligeras
-naves que hoy surcan todos los mares, impulsadas por la electricidad
-acumulada, merced a un sencillo artificio que ocupa poco espacio
-y desarrolla considerable fuerza. Utilizada esta por todas las
-industrias y la agricultura, perfeccionados los procedimientos de
-la fabricación, reducidos en extremo los precios de transporte, los
-productos manufacturados y naturales han disminuido de tal suerte de su
-valor, que muchos de ellos calificados de lujo en el siglo precedente,
-se han puesto en el nuestro al alcance de las más modestas fortunas,
-demostrando así que artículos o mejoras que en una época se juzgan como
-exceso y demasía en el regalo, los convierte después la baratura en
-objeto de general consumo.
-
-Nuestros abuelos habían creído realizar un gran progreso con los
-ferrocarriles. Lo eran en efecto, si se comparan aquellos medios de
-locomoción con las diligencias, que a su vez habían sido un notable
-adelanto comparadas con las galeras aceleradas; pero ¿qué dirían los
-hombres del siglo XIX si resucitasen ahora, a mediados del
-XX, y viesen en la práctica las varias y múltiples invenciones
-basadas en el motor eléctrico? En aquella época se empleaban, por
-ejemplo, treinta y tres horas mortales en recorrer la distancia que
-separa a Madrid de París, y para hacer el viaje era preciso sujetarse
-al reglamentarismo de las Compañías, a la tiranía de sus itinerarios
-y a todas las incomodidades que trae consigo vivir o viajar en
-colectividad, siquiera sea por breve espacio de tiempo, cuando hoy se
-toma un vagón _a la hora_, como antiguamente se tomaban los coches de
-plaza, y de sol a sol se puede hacer una excursión de ida y vuelta
-entre las capitales de España y Francia.
-
-El principal defecto de que, en nuestro entender, adolecía el siglo
-anterior, era que se sacrificaba el individuo a la colectividad. El
-ómnibus, el tranvía, el tren, el buque de pasajeros, la mesa redonda,
-el taller, la fábrica, constituían una verdadera esclavitud para el
-individuo, que debía humillarse ante la inflexible autoridad del
-silbato o de la campana. Nuestra época, con sus grandes progresos
-materiales, ha contribuido a fundar la verdadera libertad, la que hace
-al hombre señor de sí mismo y le emancipa en cuanto cabe dentro del
-orden social, en que forzosamente hemos de vivir, del despotismo de la
-asociación.
-
-Hasta la cuestión de las clases obreras, pavoroso problema que
-embargaba el ánimo de nuestros abuelos, se ha resuelto con el
-fraccionamiento y baratura de la fuerza y la subdivisión del trabajo
-hasta sus últimos límites, con lo cual las casas de los operarios
-se han convertido en verdaderas fábricas, anulando así los grandes
-establecimientos industriales.
-
-Como nada contribuye tanto a los adelantos morales de un pueblo como
-el progreso material, no deben sorprendernos los que en el espacio de
-cincuenta años se han realizado en nuestra España.
-
-La situación de esta, considerada desde el punto de vista político,
-era, a los ojos de la severa crítica, harto lamentable en el último
-tercio del siglo XIX.
-
-Si se ponía término a las contiendas civiles que fácilmente encendían
-el carácter belicoso y aventurero de las masas, la ardiente sed del
-ideal en unos, la esperanza de medro personal en otros, seducidos por
-perniciosos ejemplos, y siempre el espíritu de rebelión encarnado en
-un pueblo víctima de los caprichos del poder, de la lentitud de la
-justicia, de la inercia de la administración y de las durísimas cargas
-del Estado; imperaba la guerra mansa de las parcialidades políticas,
-que se disputaban con ensañamiento el manejo de la cosa pública, sin
-reparar en promesas para alcanzarlo.
-
-Y mientras los gobiernos, obligados por el instinto de la propia
-conservación y por el interés de bandería, gastaban su actividad y su
-fuerza en esas luchas intestinas, otras potencias de Europa marchaban
-resueltamente en pos de sus ideales, desenvolviendo una política
-internacional con la diplomacia y con las armas, que debía tener por
-coronamiento la constitución de grandes nacionalidades fundadas en la
-unidad geográfica y en la necesidad estratégica.
-
-Los nobles propósitos con que algunos estadistas ilustres pretendían
-sacar a España de su postración, degeneraban en cruel escepticismo:
-si tenían fuerza para restablecer el orden material, retrocedían
-pusilánimes ante la empresa de volver, sin lastimosas hipocresías, por
-los fueros del sentido moral y del sentido jurídico.
-
-Los adversarios del sistema que constituía la base de la organización
-del Estado, achacaban a aquel los defectos que acaso no tenían más
-origen que las flaquezas de los gobernantes.
-
-Estos a su vez, alardeando siempre de profundo respeto a la legalidad,
-apelaban con frecuencia a medidas arbitrarias; y si alguno sentíase
-acometido de remordimientos, quizá tranquilizaba fácilmente su
-conciencia política considerando lícito extralimitarse en la aplicación
-de las leyes y aun falsearlas, suponiendo a los administrados sin
-virtudes cívicas y de suyo propensos a eludir y a no respetar aquellas.
-
-Los que aceptaban un mismo principio fundamental y disentían en los
-de orden secundario, reñían incesantes batallas, más enconadas cuanto
-más afines eran los contendientes, creyendo con dudosa buena fe que
-defendían ideas, cuando en el fondo no disputaban más que personas.
-
-En esta época en que se ha realizado un gran progreso en las
-costumbres políticas y en la administración pública, no puede menos de
-maravillarnos la perversión y falta completa de todo sentimiento de
-justicia que presidían a la provisión de los destinos públicos y a las
-relaciones entre el Estado y el ciudadano. El valimiento, el favor y
-la recomendación eran la fuerza suprema que daba movimiento e impulso
-a aquel mecanismo oficial. Aun los espíritus más rectos y justicieros
-no podían sustraerse al medio ambiente en que vivían, y acaso sin
-darse cuenta de ello muchas veces se hacían cómplices de la iniquidad
-cediendo a un falso deber de agradecimiento, a una exigencia de la
-amistad o a una atención de la galantería.
-
-El caciquismo que imperaba en los pueblos enseñoreándose de los
-Ayuntamientos y de las Diputaciones provinciales, a su calor nacidos,
-sometía a la dura ley del vencedor al adversario político o personal,
-con el encarnizamiento y el encono propios de las luchas locales; y
-el representante del poder central en las provincias, que no podía
-prescindir de estas fuerzas para el triunfo de los candidatos que
-recomendaba el Gobierno, transigía fácilmente con ellas, y las más
-veces era en vano reclamar justicia de quien carecía de autoridad moral
-para aplicarla.
-
-Los ciudadanos acabaron por perder la fe en la justicia administrativa,
-creyendo solo en la eficacia de las influencias, habiéndose impuesto
-de tal suerte la costumbre de las recomendaciones, aun con los más
-frívolos pretextos, que hubiera parecido notable falta de cortesía
-en un hombre urbano no prestarles por lo menos hipócrita atención y
-aparente acogida. Y ese afán de apelar al favor lo invadía todo: sus
-importunidades ni siquiera respetaban la santidad de los tribunales,
-a los que se reclamaba justicia con la imposición de influencias
-políticas o sociales, como si aquella pudiera torcerse y quebrantarse,
-lo cual en el fondo argüía una grave ofensa a la rectitud de los
-magistrados.
-
-Debe, sin embargo, negarse, y dicho sea en honor de la verdad, que los
-hombres públicos se convirtiesen en dóciles instrumentos de injustas
-pretensiones, cediendo al torpe móvil de la codicia: sus debilidades
-nacían del interés político, del espíritu de parcialidad, de una deuda
-de gratitud, del amor de familia o de la benevolencia del afecto. Los
-caracteres más refractarios a la venalidad del favor, prestaban fácil
-oído al soborno del sentimiento.
-
-Y mientras el arte de la política se basaba en las complacencias
-personales, la administración arrastraba vida lánguida y perezosa,
-siendo la inestabilidad burocrática el más funesto de sus males.
-Acrecentábanse de día en día los gastos del Estado, porque no había
-ministro con fuerza ni voluntad bastantes para reorganizar de una
-manera radical los servicios, ante el temor de enajenarse el apoyo
-de los régulos del Parlamento, de herir intereses de localidad, de
-lastimar el espíritu de clase, mayormente si se trataba de institutos
-armados o de evocar el más pavoroso de los fantasmas: la cuestión de
-orden público.
-
-Tal era el miedo que esta inspiraba, que casi todas las iniquidades
-cometidas por los Gobiernos y su falta de iniciativa para corregir
-ciertos abusos, no reconocían más causa que el recelo de conflictos
-acaso más imaginarios que reales.
-
-La autoridad, el prestigio, la fama de hacendista buscábanse, no en el
-planteamiento de reformas trascendentales que cambiasen los gastados
-organismos, base de una administración anacrónica, indolente y a veces
-absurda, sino en los arrebatos y en las audacias, encaminados a vejar
-más y más al país, agobiado bajo el peso de tributos superiores a sus
-agotadas fuerzas.
-
-La obstinación que engendra la ajena resistencia, el amor propio que se
-complace solo en las satisfacciones del orgullo, el falso sentimiento
-de la realidad que ciega y perturba las más claras inteligencias,
-eran poderosa parte para que, en aquellas batallas continuas entre
-gobernantes y gobernados, el poder degenerase en arbitrario, caprichoso
-y tiránico, imponiendo su voluntad a las clases contribuyentes, a
-despecho de las quejas generales de estas, que pedían en vano ministros
-de Hacienda prácticos, equitativos administradores del Estado, y no
-agentes ejecutivos, más atentos al éxito del momento, al aplauso de la
-especulación bursátil y a la alabanza de la exótica conveniencia que
-a las necesidades de lo porvenir y al respeto y consideración de la
-inmensa mayoría de los ciudadanos.
-
-Y para conseguir tales triunfos, de los cuales eran ostentoso
-trofeo los estados de recaudación en la _Gaceta_, falsos a veces,
-amañados otras y artificiosos casi siempre, se apelaba a irritantes
-procedimientos, inspirados en las argucias y sutilezas de la mala fe
-vergonzante.
-
-Ya se vulneraba el espíritu y la letra de las leyes votadas en Cortes,
-con reglamentos dando torcida interpretación a aquellas; ya se
-encarecía a los empleados del fisco la necesidad de que desplegasen
-exagerado e inicuo celo en sus funciones; ya se aplazaba, sin
-miramiento a la justicia, la resolución o el pago de créditos contra
-el Tesoro; o ya se entorpecían, en fin, con manifiesta malicia, las
-reclamaciones de las víctimas de la burocracia fiscal o acaso del odio
-de los adversarios políticos.
-
-Parecía natural que las leyes tributarias fuesen redactadas con la
-mayor claridad; pero de intento, al parecer, los mismos ministros que
-debían reglamentarlas, llevados del afán de favorecer los intereses de
-la Hacienda, procuraban sembrar la confusión en su propia obra, para
-dejar abierto y expedito el camino de las más caprichosas y exageradas
-interpretaciones.
-
-Los preámbulos y exposiciones de las leyes y decretos se repetían con
-la misma monotonía, los mismos lugares comunes y la misma vaguedad
-en los conceptos. Si aquellos documentos, en los cuales se ofrecía
-a manos llenas la felicidad al país o el perfeccionamiento de la
-administración, carecían generalmente de sinceridad, en cambio
-faltaba en los lectores el propósito de dejarse convencer. ¡Estéril
-convencionalismo! ¡Conjunto de frases, sin el encanto siquiera de la
-forma, arrojadas al universal escepticismo! ¡Tal era casi siempre la
-literatura oficial!
-
-La oratoria de las Cortes españolas no tenía rival en el mundo
-civilizado; pero si rayaba a la mayor altura en el grandioso concepto
-del arte, jamás fue más sospechosa su utilidad en los asuntos
-económicos. Si se discutían los presupuestos, para lo cual el tiempo
-apremiaba siempre, los oradores eminentes mostraban viva repulsión a
-descender al árido terreno de la aritmética.
-
-¡Y sin embargo, el sentido utilitario y práctico debía imponerse al fin
-en los destinos de España!
-
-No en vano era esta una nación europea, y por lo tanto estaba condenada
-a perecer, o a seguir la suerte y las vicisitudes del resto del
-Continente.
-
-Al socialismo de Estado, consecuencia lógica y natural de los grandes
-armamentos, sucedió la miseria inevitable de los pueblos; y el ejemplo,
-el pernicioso ejemplo de arriba, trascendiendo a las clases obreras,
-conmovió los cimientos sobre los cuales descansa la obra secular de
-las sociedades civilizadas. Somos el Estado, dijeron la política,
-la milicia y la burocracia, y queremos ser el Estado, repitió el
-proletariado; pero cuando este, fiando en el número, se proclamaba
-vencedor, la discordia puso de manifiesto la inestabilidad de las
-agrupaciones humanas que no se fundan en el principio del orden y de la
-disciplina.
-
-Vencida la causa que tantos temores y sobresaltos inspiraba a fines
-del siglo XIX; el progreso de las ciencias; la facilidad,
-rapidez y baratura de las comunicaciones; la subdivisión del trabajo,
-que recobró el carácter doméstico en las industrias que lo permitían;
-la depreciación creciente del capital con el aumento del ahorro y de
-la riqueza; el desarrollo considerable de la instrucción pública; el
-sentimiento del deber y de la propia conciencia inculcado en el corazón
-del pueblo, y sobre todo el sentido práctico y el espíritu de rectitud,
-de justicia y de equidad que lograron imponerse en las esferas del
-poder, contribuyeron en gran manera a la regeneración de nuestra
-patria; verificándose entonces el consorcio admirable y armónico,
-gloria de la edad presente, del Estado, representación sincera y
-genuina de todas las clases, de todos los intereses y de las generales
-aspiraciones, con la libertad individual, en su concepto más elevado,
-dentro del derecho.
-
-
-
-
-UN VIAJE A LA REPÚBLICA ARGENTINA
-
-EN EL SIGLO XXI
-
-
-Residía en Madrid. El reloj eléctrico y a la vez calendario perpetuo
-de mi despacho señalaba y anunciaba las 5 de la tarde del 9 de mayo
-de 2003. Me acerqué al teléfono y pedí comunicación telefónica y
-_neumática_ con la _Compañía del expreso hispano-argentino_.
-
-—¿Qué quiere? —murmuró el reóforo a mi oído.
-
-—Un billete de ida y vuelta a Buenos Aires. ¿Cuánto es?
-
-—Mil quinientas pesetas.
-
-—Quiero además una carta de crédito de veinte mil.
-
-—Corriente.
-
-—Por el tubo neumático remitiré un talón contra el Banco y mi equipaje.
-
-—Está bien. ¿Se le ofrece algo más?
-
-—Nada, gracias.
-
-—A la orden de usted.
-
-Al cuarto de hora el tubo neumático, que pone en comunicación mi casa
-con todos los abonados de Madrid, me traía una medalla de níquel
-señalada con el número 5, letra _M_.
-
-Esta medalla me daba derecho a un viaje redondo a Buenos Aires, y a un
-crédito de cuatro mil pesos oro en todas las estaciones de la línea.
-
-A las siete menos diez minutos subí por el ascensor a la azotea de mi
-casa y esperé el paso del tranvía electro-aéreo. Ocho minutos después
-me hallaba en la estación central de los _aluminio-carriles_, y me
-instalaba en el tren expreso hispano-argentino.
-
-Componíase este de seis soberbios vagones-palacios, precedidos de
-una potente máquina eléctrica. Estaba el primero destinado a cocinas
-y dependencias, a comedor el segundo, a salón y biblioteca los dos
-inmediatos, y a camarotes los restantes.
-
-El ancho de la vía era de seis metros y el de los coches de nueve. Los
-carriles de aluminio asentábanse sobre largueros de madera revestida
-de una materia elástica que amortiguaba el ruido y la trepidación del
-tren en movimiento. Seguía casi siempre el trayecto la línea recta,
-sin grandes desmontes ni terraplenes y con cortos túneles, porque las
-perfeccionadas máquinas de tracción salvaban con facilidad las más
-agrias pendientes.
-
-Lujo artístico y comodidad refinada reinaban en aquel suntuoso recinto.
-Ricas y exóticas maderas talladas, obra de célebres escultores,
-ostentaba en sus muebles el comedor; del techo pendían riquísimas
-lámparas de cristal de roca que reflejaban los rayos de centenares
-de luces eléctricas; el servicio de mesa era de Sèvres con elegantes
-pinturas, representando los principales paisajes de la línea; los
-asientos y respaldos de las sillas, de fino tafilete maqueado; los
-manjares y los vinos, delicados aquellos y exquisitos estos; las
-fuentes y las botellas, movidas por misterioso artificio, circulaban
-profusamente por la mesa, deslizándose sobre carriles de plata; las
-dulces notas de los cantores y de la orquesta de una ópera que en aquel
-momento se representaba en el teatro de Apolo de Roma, reproducidas
-por un _megáfono_, recreaban el oído de los viajeros durante la hora
-de la comida; la aguja de un cuadrante colocado en la pared señalaba
-los kilómetros recorridos y las estaciones por donde pasaba el tren;
-un termómetro automático, combinado con caloríferos y frigoríferos,
-mantenía siempre la misma temperatura dentro de los coches; un reloj
-señalaba la hora del meridiano de Madrid en una esfera, y en otra, por
-ingenioso mecanismo, la que correspondía al punto donde nos hallábamos;
-en fin, cuanto pudo imaginar el espíritu utilitario, el gusto artístico
-y el genio de la invención para comodidad, deleite y regalo del
-viajero, estaba encerrado en el palacio ambulante que con rapidez
-vertiginosa recorría llanuras, cruzaba valles, vadeaba ríos y salvaba
-montañas, sin notarse apenas el acompasado ruido de las ruedas, ni la
-estridente vibración de los rieles, ni los vaivenes de las curvas,
-ni los saltos del paso de agujas, ni ninguna de aquellas innumerables
-molestias de los primitivos y rudimentarios ferrocarriles.
-
-El salón que seguía al comedor superaba a este en magnificencia.
-Durante el día la luz cenital y durante la noche potentes focos
-eléctricos, velados por cristales opacos ligeramente sonrosados,
-prestaban a todos los objetos un aspecto mágico y sorprendente. En
-las paredes alternaban los tapices antiguos, venerables restos de las
-pasadas grandezas de la sangre, hoy al servicio de la aristocracia del
-capital, con los cuadros de los más célebres pintores contemporáneos,
-llenos de riqueza de detalles, sentidos de color y rebosando vida y
-movimiento. El piso, compuesto de la reunión de pequeños fragmentos de
-madera de diversas clases y múltiples y brillantes colores, constituía
-uno de los más notables mosaicos que vieron jamás los afamados talleres
-de Roma. Anchas y cómodas butacas articuladas, de dorado cuero cordobés
-unas, de seda suave o de terciopelo finísimo otras, convidaban al
-descanso del cuerpo y a la plácida y reparadora somnolencia del
-espíritu. Ocultos resortes que cedían al menor esfuerzo daban a
-estos muebles la inclinación o la postura que de ellos solicitaba el
-viajero. Destacábase en el centro un gran velador de malaquita con
-incrustaciones de oro, representando las armas de los zares, despojo
-que arrojó al mercado la revolución de Rusia del siglo XX
-y mudo testigo del incendio y el saqueo del palacio de Invierno por
-la enfurecida plebe. ¡Inestable fortuna! Todo cambia de destino,
-todo obedece a la eterna ley de la evolución. ¡De las ricas joyas y
-preciados ornamentos de la corte imperial no queda más que lo útil al
-servicio tal vez del primer advenedizo!
-
-Inmediata al salón, hallábase la biblioteca, iluminada como aquel por
-luz cenital. Llenaban los estantes centenares de volúmenes colocados
-por orden de materias, manuales casi todos, de esmerada y clara
-impresión y con numerosos grabados intercalados en el texto. En sitio
-preferente veíanse las Enciclopedias y el _Diccionario ilustrado de la
-Academia Española_, notable por las viñetas y cromos que daban clara
-idea de los vocablos que permitían su representación gráfica. En dos
-de los ángulos de la biblioteca veíanse dos globos, terráqueo el uno y
-celeste el otro, ambos de metro y medio de diámetro y transparentes;
-luces eléctricas interiores permitían durante la noche observar
-los menores detalles. Un mecanismo también eléctrico hacía girar
-al celeste, dando una revolución cada veinticuatro horas. Al mismo
-tiempo producía un movimiento de inclinación en correspondencia con la
-latitud geográfica del tren. La otra esfera tenía también movimiento de
-inclinación y traslación, presentando en su parte superior el punto de
-la tierra en que se encontraba el viajero. Atriles mecánicos destinados
-a los lectores, sin más trabajo para estos que oprimir un pedal,
-doblaban automáticamente las hojas de los libros. Lo más peregrino
-empero era el _Diccionario-fonógrafo_. Tenía este aparato un teclado
-con todas las letras del alfabeto, y bastaba oprimir la correspondiente
-a una palabra para que el fonógrafo recitase en el acto la definición
-del vocablo. Sobre una mesa estaba puesto otro fonógrafo en relación
-con los alambres exteriores, merced a los cuales el tren comunicaba
-con la red universal telefónica. En dicho aparato, que hacía las veces
-de periódico, se imprimían silenciosamente noticias del mundo entero,
-y a voluntad del viajero funcionaba para reproducirlas. Me acerqué al
-_Noticiero parlante_, que así se llamaba aquella ingeniosa máquina, y
-vi que tenía una serie de botoncitos, junto a cada uno de los cuales
-se leía en letras de metal: _Europa_, _Asia_, _África_, _América_,
-_Oceanía_, _Bolsas_, _Mercados_, _Miscelánea_. Oprimí el primer botón,
-y el fonógrafo habló de esta manera:
-
-«_Madrid_, 8 noche. — La _Academia Española_ abre un certamen para
-premiar el mejor discurso parlamentario. Se preferirá el de estilo más
-lacónico. No se admiten solecismos.»
-
-«_París_, 8,35 noche. — La Cámara de Diputados ha aprobado una
-proposición eximiendo a sus individuos del deber de asistir a las
-sesiones. Podrán hablar desde sus casas por medio del fonógrafo
-parlamentario. Habrá aparatos especiales para uso de los diputados que
-quieran interrumpir al orador.»
-
-«_Londres_, 8,15 noche. — Se está desguazando el último blindado de
-vapor que conservaba como reliquia la Marina inglesa. Era un pequeño
-buque de 18.000 toneladas, que solo podía navegar a flote.»
-
-«_Roma_, 9 noche. — La Sociedad Universal de Teléfonos y Fonógrafos
-abre un abono a audiciones perpetuas de ópera. La diferencia de
-meridiano de las diferentes ciudades del mundo donde se representan
-esta clase de espectáculos, permite a la Compañía ofrecer esta ventaja
-al público.»
-
-«_Viena_, 9,30 noche. — La cuestión de los Balkanes...»
-
-—Basta —dije para mí, y puse el dedo en el último botón.
-
-«_Madrid_, 8,5 noche (continuó el eco). — El crimen de la calle de...»
-
-—¡Todavía! —exclamé, oprimiendo el cuarto botón.
-
-«_Lima_, 3,5 tarde (dijo la voz del fonógrafo). — Se han presentado
-los presupuestos en la Cámara de Representantes con un _superávit_ de
-98 millones de soles. El último plazo de la indemnización de guerra
-pagada por los Estados Unidos, se aplicará a la completa extinción de
-la deuda del Perú.»
-
-«_Santiago de Chile_, 3,12 tarde. — Los viajeros del tren relámpago
-procedente de Montevideo han sido indemnizados con 150 pesos cada uno
-por haber llegado aquel con un retraso de 15 minutos. El Supremo Jurado
-sienta la jurisprudencia de que la indemnización sea a razón de 10
-pesos por minuto perdido en la marcha.»
-
-«_Buenos Aires_, 5,15 tarde. — Ha fallecido esta tarde el célebre
-almirante argentino López, que mandando la escuadra submarina de los
-aliados de la América latina, aniquiló en el golfo de México el poder
-marítimo de los Estados Unidos. Por disposición del finado, la familia
-no recibirá comunicaciones telefónicas de pésame.»
-
-«_Bogotá_, 6,24 tarde. — El Gobierno ha resuelto sustituir los antiguos
-cañones de 250 toneladas que defendían el canal de Panamá, con máquinas
-eléctricas lanzarrayos.»
-
-«_México_, 3 tarde. — El general mexicano Victoria telefonea que hoy ha
-ocupado San Francisco de California en virtud del tratado de paz con
-los Estados Unidos. La noticia produce aquí entusiasmo indescriptible.
-Esta noche se iluminará la ciudad con quinientos poderosos focos
-eléctricos suspendidos por globos cautivos. Hoy se firmará el pacto de
-la confederación latino-americana...»
-
-Iba a proseguir interrogando al misterioso confidente, cuando noté que
-el tren reducía su marcha. Fijé la vista en la esfera que señalaba
-nuestra situación geográfica, y vi que nos encontrábamos cerca de
-Gibraltar, hermosa ciudad que España recobró después de la guerra
-de la coalición continental contra los ingleses. Detúvose el tren,
-y asomándome al mirador situado en el testero del último coche, se
-presentó a mis ojos uno de los espectáculos más sorprendentes que
-imaginarse pueden.
-
-El enorme peñón, a cuyos pies se asienta la gran ciudad de Gibraltar,
-y los demás montes que ciñen la anchurosa bahía de Algeciras, parecían
-ríos de lava de un volcán en ignición. Focos eléctricos de diversos
-colores, artísticamente combinados, llenaban el espacio comprendido
-entre Punta de Europa y Punta Carnero. En cada una de estas destacábase
-una gigantesca columna luminosa con la inscripción _Plus ultra_. Sobre
-la ladera del Peñón se leía con enormes caracteres de fuego: ¡_Viva
-la raza latina_! ¡_Viva la Confederación latino-americana_! y debajo
-veíanse como entrelazadas la bandera española y las de todos los
-Estados de América de origen ibérico.
-
-Así la madre patria celebraba la fausta nueva que la electricidad
-había transmitido a todos los ámbitos de la tierra. La raza ibérica,
-representada en el Nuevo Mundo por 300 millones de almas, sellaba con
-el pacto fraternal de la «Unidad en la variedad» su inquebrantable
-propósito de vivir confundida en un solo sentimiento y en una sola
-aspiración y robustecer sus fuerzas ante el coloso del Norte, que
-intentó, aunque en vano, extender sus dilatados dominios por el resto
-de América o someterlo a vergonzosa tutela. La venerable España, que
-veía renacer en sus hijos emancipados de allende los mares las glorias
-de su raza imperecedera, declaraba aquel día fiesta nacional, y la
-fecha del 9 de mayo de 2003 se inscribía en letras de oro en el salón
-de sesiones de las Cortes.
-
-El tren se puso en movimiento, y la oscuridad exterior y un ruido
-sordo y prolongado me advirtieron que en aquel momento penetrábamos
-por el túnel submarino de 15 kilómetros que pone en comunicación la
-red de aluminio-carriles de Europa con la de África. Minutos después
-avistábamos a nuestra derecha a Tánger, iluminado también como
-Gibraltar y Algeciras, y sin detenernos proseguimos nuestra rápida
-marcha a través del antiguo imperio de Marruecos, hoy floreciente
-provincia española.
-
-A las once de la mañana del siguiente día, después de salvar la
-cordillera del Atlas por el túnel de Afifen, hacíamos alto en Cabo
-Juby. Los viajeros de Canarias se embarcaron allí en el buque
-eléctrico que debía trasladarlos a aquel Archipiélago. A la sazón
-no estaba terminado el puente de aluminio entre las islas Canarias y
-el continente africano. Los estudios hechos por los ingenieros para
-unirlos por medio de túneles submarinos fueron abandonados a causa de
-las grandes perturbaciones volcánicas que ofrece el fondo del mar en
-aquella parte.
-
-Nos encontrábamos en pleno desierto. La temperatura era sofocante en
-lo exterior, pero deliciosa dentro del tren, hasta el punto de que
-el termómetro seguía invariable. A través de los tubos que sirvieron
-de caloríferos a la salida de Madrid, circulaba entonces aire frío
-producido por una máquina heladora.
-
-En la madrugada del día 11 nos encontrábamos en Dakar (Senegal),
-habiendo recorrido desde Madrid 3.622 kilómetros de aluminio-carril.
-Detúvose el tren cinco minutos, y púsose luego lentamente en marcha por
-un muelle metálico, al extremo del cual estaba atracado por la popa
-un buque eléctrico submarino de 60.000 toneladas. Sobresalía este 15
-metros sobre el nivel del mar, y en su parte posterior, a manera de la
-entrada de un túnel, tenía una inmensa abertura por la cual penetró
-todo el tren. Apenas quedó dentro, púsose en movimiento una poderosa
-máquina hidráulica que cerró herméticamente la comunicación exterior.
-Al cabo de algunos minutos un estremecimiento general nos anunció que
-el barco soltaba las amarras y se ponía en marcha.
-
-Dos días mortales empleamos en la travesía entre Dakar y el cabo de San
-Roque, o sea la parte de la costa del Brasil que más se aproxima al
-Continente africano; y digo mortales, porque a pesar de los progresos
-de la industria naval, el hombre no ha podido domeñar la fuerza
-impetuosa de las olas, ni los adelantos de la medicina han encontrado
-remedio a las angustias del mareo. Así se explica que ínterin se
-tienden puentes metálicos de 1.500 metros de luz sobre el Océano, se
-procure limitar todo lo posible las travesías marítimas. Navegaba
-nuestro buque unas veces sobre la superficie de las olas y otras a
-cierta profundidad, según el estado del mar; pero los balances y las
-cabezadas eran verdaderamente insoportables.
-
-Por fin, a los cuatro días y medio de nuestra salida de Madrid
-atracamos en el espacioso puerto que la _Compañía universal de trenes
-expresos_ ha construido en el cabo de San Roque. Fondear el submarino,
-abrirse la compuerta que cerraba la abertura de la proa, a semejanza de
-la del lado opuesto, salir el tren y lanzarse este a toda electricidad
-por la vía americana, fue obra de un momento.
-
-Inútil es advertir que no tuvimos registro de equipajes, ni
-reconocimiento de pasaportes, ni ninguna de aquellas infinitas trabas,
-eterna pesadilla de nuestros bisabuelos, víctimas de la transición
-industrial y política del siglo XIX, cuando la defensa de
-la propia producción y el interés del orden público obligaban a las
-naciones a poner cortapisas al comercio y a la libertad humana.
-
-En la mañana del día 14 de mayo de 2003 hacíamos alto en la hermosa
-ciudad de Río Janeiro, cuya población excede actualmente de 2 millones
-de almas.
-
-De Río Janeiro salen dos líneas con dirección al Río de la Plata:
-la de la costa, que se dirige a Montevideo, uno de los puertos más
-florecientes de la América latina, que cuenta ya con 3 millones de
-habitantes, y la del interior, que va a buscar la confluencia del
-Uruguay y el Panamá. Nuestro tren siguió la última, y antes de rayar
-el día 15 atravesábamos los indicados ríos, un poco más arriba de su
-confluencia, por dos soberbios túneles subfluviales.
-
-Al despuntar el alba hicimos nuestra entrada en la gran capital de la
-República Argentina, término de nuestro viaje.
-
-Describir la floreciente ciudad de Buenos Aires, emporio del
-comercio y de las artes, con sus magníficos monumentos, sus ricos
-museos de pinturas, sus bibliotecas, que cuentan por centenares los
-_libros-fonógrafos_; sus calles, terrestres y aéreas, tiradas a cordel;
-su magnífico puerto poblado de buques submarinos, con muelles que
-comienzan cerca de la antigua estación de Rivadavia y terminan más
-abajo de Riachuelo; su magnificencia y grandiosidad, pues su actual
-superficie excede a la del antiguo distrito federal, no es empresa para
-mi pluma, ni la permiten las dimensiones de este artículo. Baste decir
-que San José de Flores es hoy el centro de la ciudad y que de allí
-radian los aluminio-carriles subterráneos y los tranvías electro-aéreos
-que llevan con rapidez vertiginosa la exuberante vida social y
-mercantil a todas partes. El aumento incesante de la inmigración
-europea y el natural desarrollo de la población, han elevado la de
-Buenos Aires a 4.122.307 almas, según la estadística del mes de abril
-de 2003.
-
-* * *
-
-Antes de poner término a este artículo, fuerza es que diga siquiera
-breves palabras acerca de los notables cambios que en el orden político
-se han operado en el Nuevo Mundo.
-
-Los Estados Unidos del Norte adquirieron durante la pasada centuria
-enorme crecimiento, hasta el punto de que su inmenso territorio apenas
-bastaba para contener la población, y amenazaban con un desbordamiento
-a costa de los países de origen latino.
-
-México, las repúblicas del Centro y Colombia, como más directamente
-interesadas, la primera porque veía en peligro sus fronteras
-septentrionales, y las restantes porque so pretexto de los canales
-interoceánicos, el Gobierno de Washington pretendía someterlas a una
-tutela, que rechazaba la dignidad nacional, dieron la voz de alerta y
-reclamaron el auxilio de los demás Estados americanos.
-
-Las notas diplomáticas que los representantes de aquellas repúblicas
-dirigieron a sus hermanas, fueron acogidas al principio con marcada
-tibieza, porque nadie creía el riesgo cercano; pero la noticia de que
-los anglo-americanos habían violado el territorio de México, y de que
-pretendían enviar un ejército de ocupación a Nicaragua, Costa Rica y
-Panamá, produjo un grito unánime de indignación desde Río Grande del
-Norte hasta el Cabo de Hornos. Todos los gobiernos, impulsados por el
-generoso y espontáneo movimiento de la opinión pública, pactaron una
-alianza ofensiva y defensiva, y aprestaron sus formidables huestes y
-sus escuadras submarinas para salvar la independencia de la América
-latina y la exclusiva preponderancia en ella de la raza ibérica.
-
-España, que no podía permanecer indiferente a una lucha gigantesca en
-la cual se ponía en tela de juicio el principio de raza, de lengua y
-de costumbres que eran las suyas propias, prestó desinteresado y noble
-concurso a sus hijas americanas, y de Cádiz salió la escuadra submarina
-que, en unión de las demás aliadas, contribuyó al desastre de la
-poderosa armada de los Estados Unidos.
-
-Entretanto, las márgenes de Río Grande del Norte eran teatro de las
-más encarnizadas batallas que vieron los siglos. Todos los medios de
-destrucción que el moderno arte de la guerra arrancó a la ciencia
-y a la industria, se juntaron allí: cañones de 300 toneladas;
-proyectiles explosivos con substancias hasta entonces desconocidas;
-máquinas eléctricas arrastrando las piezas; verdaderas fortificaciones
-ambulantes que marchaban sobre rieles, a medida que lo exigía el
-ataque o la defensa; reductos cubiertos que se ocultaban y a voluntad
-salían a flor de tierra para disparar su artillería; trincheras que
-parecían montañas, y montañas que allanaba el asiduo trabajo de zapa
-y el incesante reventar de las minas. La guerra cuerpo a cuerpo no
-puede existir en manera alguna; la infantería y la caballería han
-desaparecido, pero no el recuerdo de sus bizarras empresas, en que
-en tan alto grado campeaba el valor individual. La lucha ya no es de
-hombres contra hombres, sino de máquinas contra máquinas. Imposibles
-las batallas a campo raso y sobre la superficie de los mares; la
-guerra, según una frase del general ruso Arbaff, se convierte en
-subterránea y submarina.
-
-Vencidos los Estados Unidos en esta memorable campaña, viéronse
-obligados a firmar un tratado de paz, comprometiéndose al pago de una
-indemnización de diez mil millones de pesos, que se repartieron los
-aliados; a limitar sus fuerzas navales y terrestres, y a devolver
-a México los territorios que inicuamente le usurparon en el siglo
-XIX.
-
-Entonces los Estados de la América latina, para afianzar su
-independencia y oponer inquebrantable valladar a la invasión de la raza
-anglo-sajona, pactaron la confederación sin el predominio de ninguno, y
-conservando todos sus leyes o instituciones particulares.
-
-Bajo estos auspicios se abre una nueva era de paz y prosperidad; y
-como si los progresos en el orden material, obtenidos durante los
-siglos XIX y XX, no fueran bastantes a satisfacer las aspiraciones de
-la humanidad, en los albores del XXI se descubre al fin, con éxito
-completo y admirable, la dirección de los aeróstatos, con lo cual
-resultan inútiles los aluminio-carriles para el transporte de viajeros.
-
-
-
-
-LA VERDAD DESNUDA
-
-RELACIÓN DE UN TRAPERO
-
-
-Primero fui bachiller, lo cual basta y sobra para ser hombre político,
-empleado después, que es lo mismo que decir español; pero le salió un
-sobrino a un subsecretario amante de su familia, y entonces la mano
-despiadada del destino me privó del mío.
-
-Aburrido y cansado de pretender; con el hambre de media España, es
-decir, hambre de cesante; perdida por completo la esperanza de recoger
-una nueva credencial, vine a parar al bajo y humilde oficio de trapero:
-al fin todo es recoger.
-
-Discurría por mi barrio noches pasadas, tartamudo en el andar, como
-quien va a pie por las enguijarradas calles de Madrid, fija la vista en
-el suelo como doncella de antaño, con más pensamientos y cavilaciones
-que un Ministro de Hacienda al preparar los presupuestos, con un
-gancho en la mano a guisa de fundador de sociedades de crédito, y con
-una carga al hombro más pesada que la de un marido con hijos muchos,
-esperanzas pocas y un empleo pretérito.
-
-—¿Será posible —decía para mí— que la suerte no me depare algún
-venturoso hallazgo como el que tanto alegró el corazón de Sancho
-Panza en el de Sierra Morena? ¿Acaso ya no hay quien pierda el seso
-por mal de amores, hasta el punto de abandonar una maleta con un
-buen montoncillo de escudos de oro? ¡Oh felicísimo Sancho, que tras
-repetidos palos y aporreamientos, viniste a dar, si no con el verdadero
-fin de tus esperanzas, con algo que las hacía más llevaderas!
-
-Pero ya que lo limitado de mis pensamientos no despierta en mí el
-deseo del gobierno de una ínsula, pretensión, por otra parte, fácil y
-hacedera en los benditos tiempos que corremos, otórgame al menos, ¡oh
-destino!, si es que tengo alguno, cosa que alivie la escasez que estoy
-sufriendo.
-
-Años ha que, imagen verdadera del que va en pos de la constancia de una
-mujer, de la fidelidad de un amigo, de la gratitud de un deudor y de la
-baratura de un Gobierno, recorro las calles de la corte buscando lo que
-no encuentro. En mal hora y en menguados tiempos vine al mundo.
-
-Rendido por el cansancio solté el cesto que sustentaban mis hombros, y
-ocultándome a las recelosas miradas del sereno, que con sus ronquidos
-daba claros indicios de la vigilancia urbana, senteme en el batiente
-de una puerta, y alargando el gancho comencé a revolver los varios y
-diversos objetos que en el cesto traía.
-
-—¡Oh, si hablaran —exclamé fijando en ellos mis ojos—, qué de cosas
-dirían! ¿Qué sería escuchar esta faja de Gobernador, condenada al
-desprecio por el uso? ¿Qué este pedazo de sable, probablemente en cien
-pronunciamientos desenvainado? ¿Qué esta pluma, vendida tal vez al
-mejor postor? ¿Qué esta charretera, quizás por no muy gloriosos caminos
-alcanzada? ¿Qué esta espuela, acaso testigo mudo y auxiliar poderoso
-de fugas vergonzosas? ¿Qué dirían tantos despojos aquí aglomerados,
-revueltos y confundidos?... ¡Ah, si la verdad no anduviese tan
-escondida o con tanto artificio disfrazada! . . .
- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
-
-Mis párpados se fueron cerrando insensiblemente. El ayuno prolongado,
-que avivaba en mi memoria el dulce recuerdo del bien perdido, y
-la frescura precursora de la mañana, que yo, enemigo de la luz,
-veía acercarse como la nube preñada de granizo el labriego, como
-al recaudador de impuestos el propietario o el industrial, como el
-vencimiento del cupón el Ministro de Hacienda, fueron parte para que me
-asaltase un sueño profundísimo.
-
-Acababa de cerrar los ojos, cuando imaginé que se alzaba del fondo
-de mi cesto una figura de humanas formas. Mortal palidez cubría su
-semblante, una sonrisa helada vagaba en sus labios, sus ojos brillaban
-con la claridad de los astros, y su continente era tranquilo y mesurado.
-
-Dirigiome una mirada grave y compasiva, y con voz clara y sonora se
-expresó de esta suerte:
-
-—Yo soy la Verdad, por muchos pretendida, pero por pocos buscada con
-amor. Nací libre, pero la mano del hombre me sujeta a dura opresión y
-martirio. Ora al despótico yugo me sujetan, ora me disfrazan hasta
-confundirme con la mentira. Me viste con el traje de la virtud la
-mujer infiel; con afeites me acicala la entrada en años; me oculta
-con la máscara del patriotismo el mercader político, y con la de la
-libertad el ambicioso que quiere encumbrarse por torcidos caminos.
-Con fiera crueldad me sacrifican pomposos anuncios que ofrecen oro a
-manos llenas; palabras deleitosas que arrullan el oído cortesano, y
-pensamientos que al calor de la ardiente imaginación se fraguan.
-
-Soy poderosa y bella; pero pocos se avasallan a mi imperio y rinden
-culto a mi hermosura deslumbradora. Muchos me siguen cuando alzo el
-vuelo a altísimas regiones y dejo en pos de mí los lindes terrenales;
-pero ¿quién puede gloriarse de conocerme siempre?
-
-¿Pretendiste oír mi voz? ¿Has querido que salga del fondo de tu cesto
-miserable? Aquí me tienes. Yo te diré cuanto saber deseas. ¡La escoria
-social presentaré a tu vista: el ladrón que roba y es ensalzado; el
-que aleve mata y en medio de la opulencia vive; el perjuro que inspira
-confianza con el testimonio divino; el que con sangre humana comercia;
-el que seduce a la virtud y trafica con el vicio: cuantas miserias
-echan raíces a la sombra de la ambición y de la codicia!
-
-Antes, empero, ya que quieres conocer historias ajenas, debes comenzar
-por recordar la propia.
-
-Pobres y honrados padres diéronte al mundo, y por no ser lo primero,
-tuviste a menos la virtud que te legaron. El ejemplo de locas
-ambiciones satisfechas y de rápidos o inmerecidos encumbramientos,
-fueron grande parte para que la envidia, por la ruindad de tus
-pensamientos concebida, hiciera remontar el vuelo de tu vana presunción
-y estúpida arrogancia. Diste oídos a los seductores halagos del
-interés, y a él sacrificaste el pundonor; codiciaste el bien ajeno y
-perdiste el propio al azar; contrajiste deudas sagradas, profanando la
-palabra con el torpe propósito de no cumplirla; atento solo al logro
-del deseo inmoderado, renunciaste el apacible goce de la paz del alma,
-y al verte ahora abandonado de la fortuna, miserable y harapiento,
-condenado a una existencia triste y errante, sueñas aún en la dicha.
-¡Vana quimera! ¡Consuelo que engendra la desesperación! ¡Inútil porfía!
-
-—¡Basta, basta! —exclamé intentando apartar de mí aquella visión—. ¡Más
-me valiera no haberte conocido!...
-
-Los primeros rayos del sol, dando de lleno en mi rostro, me despertaron.
-
-Recogí el cesto, y retirándome a mi buhardilla, decía para mí:
-
-—Mis ilusiones se parecen a las de muchos españoles, que comen a medias
-y huelgan por entero: hasta tal punto les preocupa la esperanza de un
-destino, o de un premio de la lotería.
-
-¡Si sueñan alguna vez en el desengaño, no despiertan nunca con el
-sentimiento de la realidad!
-
-
-
-
-LA LOCURA DEL ANARQUISMO
-
-Cartas del doctor Occipucio al abogado Verboso
-
-
-_Manila, 28 de Mayo de 18..._
-
-Al dar fondo en este puerto, tomo la pluma, mi querido amigo, para
-reiterarle el testimonio de la gratitud más sincera y de la admiración
-más entusiasta por el grande y nunca, como se debe, bastante alabado
-servicio que la elocuencia arrebatadora de usted prestó a la noble
-causa de la ciencia y de la humanidad doliente.
-
-Todavía resuenan en mi oído aquellos conmovedores y magistrales
-discursos, en los cuales de manera tan admirable supo usted hermanar la
-dialéctica irrefutable con la fuerza de expresión persuasiva, probando
-la irresponsabilidad de los anarquistas autores y cómplices de la
-espantosa catástrofe de Blandebuena. ¡Con qué claridad y precisión,
-y al alcance de la indocta multitud, expuso usted las teorías de la
-moderna ciencia frenológica! ¡Oh! ¡Cómo puso usted de manifiesto, con
-el compás en la mano, la configuración craneal de los acusados, y el
-desequilibrio completo que en ellos se advierte! «¡Circunferencia
-máxima, 54 centímetros; diámetro máximo, 18; altura, 15; distancia
-máxima de parietal a parietal, 15; tales son los caracteres distintivos
-de la mayor parte de los desdichados que se sientan en ese banquillo!»
-exclamaba usted, y luego proseguía: «Veamos en cambio los datos
-conocidos de una de nuestras cabezas más perfectas, la de don Emilio
-Castelar. Circunferencia máxima, 59 centímetros; diámetro máximo,
-21,50; altura, 16; distancia máxima de parietal a parietal, 16.[8]
-¡Qué enorme diferencia entre la parte más noble del cuerpo de aquel
-eminente tribuno, gloria de España y admiración del mundo, y esos
-cráneos raquíticos, pobres, sin las ordinarias proporciones, ni el
-auxilio siquiera del temperamento! Bajo el primero, reside señora,
-grande y portentosa la inteligencia, y en los que tenéis delante, tan
-solo se cobija la locura. Sí; la locura he dicho, porque mis defendidos
-pertenecen al grupo que la ciencia frenopática designa con el nombre de
-locos conscientes. Y si no basta la configuración craneal, el proceso
-arroja evidentes testimonios de las excitaciones inmotivadas, los
-vértigos, los estigmas físicos, y otros caracteres patológicos de los
-acusados.» ¡Qué período tan asombroso el del epílogo, cuando usted,
-dirigiéndose al Jurado, habló de los tremendos crímenes jurídicos
-perpetrados por el desconocimiento, el olvido o el desprecio de la
-ciencia!
-
- [8] Estas cifras son exactas, según me asegura un entusiasta
- partidario de la frenología. — _N. del A._
-
-¡Subyugar y mover a piedad al auditorio, que había aplaudido
-estrepitosamente la acusación fiscal; convencer y persuadir al Jurado y
-arrancar de manos del verdugo a veinte seres humanos! ¡Jamás la palabra
-alcanzó mayor triunfo!
-
-Reconocida la irresponsabilidad de los reos, el tribunal, como usted
-sabe, dispuso que fuesen encerrados en un manicomio; pero el Gobierno,
-usando de facultades extraordinarias, ordenó su deportación a las islas
-Carolinas, donde se fundará una colonia con destino a los anarquistas
-declarados locos por veredicto del Jurado.
-
-El ministro de la Gobernación, accediendo a mis reiteradas instancias,
-me autorizó a acompañar a los deportados y a prestarles los auxilios de
-la ciencia.
-
-Todos hemos llegado sin novedad a Manila a bordo de un crucero de
-guerra; y después de proveernos de víveres y carbón y de recibir
-órdenes del capitán general de Filipinas, proseguiremos nuestro viaje a
-Tomil, en la isla de Yap, capital de las Carolinas Occidentales.
-
-Durante la travesía de Barcelona a Manila, intentaron amotinarse varios
-deportados, y el comandante del crucero, que es un señor que rehúye
-toda conversación conmigo, pero que suele sonreírse al verme, mandó
-que aquellos infelices dementes fuesen puestos a la barra. Yo quise
-protestar en nombre de la ciencia; pero mi colega, el médico de a
-bordo, me disuadió de ello diciéndome:
-
-—¡Cuidado, compañero, que las ordenanzas de la Armada son muy severas;
-no se ponga usted en el caso de que le apliquen el mismo castigo que a
-sus clientes! Además, debe usted saber que la barra es un medicamento
-sedativo muy eficaz y muy recomendado para calmar las excitaciones
-cerebrales en la terapéutica oficial de las sociedades _flotantes_.
-
-* * *
-
-_Tomil (isla de Yap), 20 de Junio de 18..._
-
-¡Qué viaje el de Manila a esta isla! ¡No lo olvidaré jamás! En la
-mañana del 12 del corriente mis pobres enfermos, a causa tal vez de
-la influencia del clima, dieron muestras de verdaderos arrebatos de
-demencia, rompiendo varias tablas del sollado donde estaban encerrados,
-y arrojándose de improviso sobre los centinelas. Por fortuna tuvieron
-estos tiempo de hacer fuego, y tomando las armas la tripulación, que
-estaba sobre cubierta ocupada en el baldeo, logró sofocar el motín y
-reducir a los revoltosos.
-
-En el acto se formó sumaria, resultando de ella el descubrimiento de
-una conspiración entre algunos deportados para volar el crucero. Se
-probó también que abrigaban el propósito de apoderarse de los botes y
-ponerse a salvo. ¡A pesar de su locura, no habían perdido el instinto
-de conservación!
-
-Reuniose poco después el Consejo de guerra, actuando de presidente el
-comandante del barco, de fiscal un teniente de navío, y de defensor un
-alférez, siendo condenados a muerte cinco de los reos, oído el dictamen
-del médico de a bordo, quien sostuvo que todos gozaban de cabal juicio.
-
-Al conocer la sentencia, dirigí una carta al comandante exponiéndole
-las opiniones incontrovertibles del doctor Lombroso en su notable
-estudio antropológico y médico legal _El criminal_, y protestando en
-formas corteses y muy respetuosas contra el fallo, que, en mi concepto,
-recaía en personas reconocidamente faltas de juicio, no pudiéndose
-suponer en ellas el libre albedrío, so pena de incurrir en grave error
-metafísico.
-
-El comandante contestó a mi carta imponiéndome tres días de barra, y
-los cinco reos, sujetos con fuertes ligaduras a las serviolas, fueron
-pasados por las armas.
-
-Los otros deportados, testigos de aquel terrible espectáculo, lejos de
-excitarse más y más, como yo temía, sobrecogidos de espanto, dieron
-manifiestos indicios de lucidez durante el resto del viaje, lo cual me
-ha sugerido la publicación de un opúsculo con el título de _Influencia
-del miedo en los enajenados o La razón al alcance de los dementes, por
-temor al castigo_.
-
-* * *
-
-_Colonia de la Anarquía (isla de Yap), 21 de Junio de 18..._
-
-Hoy queda instalada esta colonia en el centro de la isla, sobre una
-eminencia, rodeada de magníficos cocoteros, donde se levanta un
-edificio de madera con destino a los deportados. El destacamento de
-tropa que nos acompañó hasta aquí, regresa a Tomil, dejándonos víveres
-abundantes, aperos de labranza y semillas para el cultivo.
-
-Tengo un vasto proyecto de colonización, pero me faltan mujeres: todos
-los deportados son solteros. He estudiado frenológicamente a las
-indígenas, y me he persuadido de que no deben en manera alguna unirse
-con los deportados: resultaría una prole monstruosa de dementes. Yo
-creo y entiendo que la primera obligación de la ciencia es impedirlo
-y procurar el perfeccionamiento de la especie humana y que la razón
-se perpetúe sobre la tierra por medio de matrimonios fundados en la
-organización cerebral de los contrayentes. ¡Ah! ¡De otra suerte andaría
-la humanidad, si las autoridades que intervienen en la celebración
-de aquellos, exigiesen previamente a los novios certificados de los
-peritos frenólogos; pero nuestros legisladores no se ocupan mas que
-en política, y no han caído aún en la cuenta de los funestos efectos
-del atavismo! — ¡Si deseáis mejorar la sociedad, les diría yo: si
-queréis impedir los tremendos crímenes que llenan de espanto al mundo
-civilizado, no debéis pensar en leyes represivas, sino en corregir la
-configuración de los futuros cráneos!
-
-Creo, por lo tanto, que convendría la inserción en varios periódicos
-del siguiente anuncio:
-
-[Ilustración: Señoritas que deseen contraer matrimonio. — Se necesitan
-quince de diez y seis a treinta años. — Condiciones craneoscópicas que
-se exigen: Circunferencia mínima, 56 centímetros; diámetro, 19; altura,
-15; distancia de parietal a parietal, 15.
-
-Para más detalles, dirigirise al DOCTOR OCCIPUCIO. — Isla de Yap
-(_Carolinas Occidentales_)]
-
-_Colonia de la Anarquía, 1.º de Agosto de 18..._
-
-En cuanto se alejó el destacamento de esta colonia agrícola, mis
-enfermos, tranquilos y al parecer resignados desde su llegada a la
-isla, negáronse a trabajar, y poseídos de violento arrebato de locura,
-acabaron por declararse en abierta rebelión, saqueando el depósito
-de provisiones y destruyendo cuanto les vino a mano. Intentaba
-reducirlos a la razón, ya con ruegos, ya con amenazas, cuando de
-pronto me echaron sobre una manta, y comenzando a levantarme en alto,
-se holgaron conmigo, hasta que, rendidos y cansados ellos, y molido y
-estropeado yo, dieron con mi cuerpo en el suelo, y por fin me dejaron
-solo en medio de estas soledades. ¿Cabe prueba mayor de su demencia?
-¡Abandonarme y tratarme de tal suerte, cuando soy su amigo, su
-protector, casi un padre para todos ellos!
-
-Hoy he recibido la visita de fray José, de la misión de San Francisco
-de Goror, por cuyo conducto remito esta carta a Tomil. Este santo
-varón, que conoce la lengua del país, y que con gran celo apostólico
-se dedica a la obra de la conversión, me refiere que los deportados
-merodean por el interior de la isla, saqueando y destruyendo las
-chozas de los naturales, a quienes llaman burgueses en estado salvaje.
-¡Burgueses ellos, que no tienen nada, absolutamente nada, ni siquiera
-un pedazo de trapo con que cubrir sus cuerpos!
-
-* * *
-
-_Colonia de la Anarquía, 3 de Agosto de 18..._
-
-Los carolinos, víctimas de los atropellos, persecuciones y crueldades
-de los anarquistas, se han levantado en armas contra estos,
-obligándoles, mal de su grado, a regresar a la Colonia, donde reina el
-mayor desorden y confusión.
-
-Un indígena, converso, que habla con bastante corrección el castellano,
-alumno de los Padres Capuchinos, se ha presentado aquí esta mañana:
-viene en calidad de parlamentario, y dice que los _pilums_ o régulos
-de las tribus vecinas celebraron consejo, acordando dar muerte a los
-deportados si estos salen de los límites de la Colonia.
-
-—En esta mano traigo la paz, y en esta la guerra —dijo el
-parlamentario, mostrando en la derecha una cruz toscamente labrada y en
-la izquierda una flecha—. ¿Qué queréis?
-
-—Convertiros al anarquismo —contestó uno de los deportados.
-
-—¿Qué significa eso?
-
-—Que debéis negar a Dios.
-
-—Pues qué, ¿debemos creer como nuestros padres en los espíritus
-malignos?
-
-—Ni en estos ni en Aquel.
-
-—¿Por qué?
-
-—Porque no existen.
-
-—¿En qué os fundáis?
-
-—En que nadie los ha visto.
-
-—Tampoco hemos visto a España, y sin embargo creemos en ella, porque
-vemos su fuerza y su poder en los barcos que llegan a Tomil y en los
-soldados que la defienden.
-
-—Dios no os envía barcos ni soldados.
-
-—Pero nos presenta pruebas mayores de su grandeza y de su bondad.
-¿Quién produce la lluvia, el trueno, el rayo? ¿Quién mueve el mar?
-¿Quién hace crecer esos árboles cuyo dulce fruto nos sustenta?
-
-—Todo depende del calor, del viento, de las semillas o de otras causas
-naturales que no podéis comprender.
-
-—¿Quién ha hecho el calor, el viento, la primera semilla o esas causas
-naturales que, según decís, no entendemos?
-
-—Es preciso además que no seáis burgueses.
-
-—¿Qué quieres decir con eso?
-
-—Que renunciéis a la propiedad.
-
-—Aquí la tierra es de todos.
-
-—Sí; mas cogéis sus frutos y traficáis con ellos.
-
-—Harto nos cuesta alcanzarlos trepando por los árboles, y es justo que
-nuestro trabajo obtenga recompensa.
-
-—Guardáis lo sobrante.
-
-—¿Hemos de ser menos previsores que las hormigas?
-
-—Vivís en colectividad formando tribus.
-
-—¿Cómo nos ayudaríamos, si no, unos a otros?
-
-—Reconocéis a jefes o _pilums_.
-
-—¡Alguien nos ha de guiar; alguien ha de dirimir nuestras contiendas!
-
-—Tenéis mujeres propias.
-
-—¡Si ellas quieren así a sus maridos!
-
-—Dais oídos a los misioneros.
-
-—Porque nos enseñan el bien y saben más que el _Matsé-Mats_,[9] que no
-ha salido nunca de las espesuras de estas selvas.
-
- [9] Especie de anacoreta, que pretende evocar los espíritus,
- objeto de general veneración por parte de los indígenas de Yap no
- convertidos al catolicismo.
-
-—Pues nosotros queremos que no creáis en Dios, y que renunciéis a la
-propiedad, a la familia y a la tribu, y que neguéis la obediencia a
-vuestros _pilums_ y al gobernador español, y sobre todo que despreciéis
-a los misioneros.
-
-[Ilustración]
-
-—¿Y cómo vais a conseguirlo?
-
-—Con la fuerza; derribando vuestras chozas, incendiando los bosques
-de cocoteros, arrasándolo todo y pasando a cuchillo cuantos hombres,
-mujeres y niños caigan en nuestras manos.
-
-—¿Es así como convertís a las gentes? ¡Con el fuego, la devastación y
-el asesinato, destruyendo el bien que recibimos del cielo y derramando
-sangre inocente!
-
-—Así y solo así, si os oponéis a vuestra regeneración.
-
-—Entonces nos defenderemos hasta convertiros en polvo. Tenemos la razón
-de nuestra parte, y somos más que vosotros.
-
-—Pero ha de poder más el terror, arma suprema que amedrenta a nuestros
-enemigos y hasta a nuestros jueces.
-
-—¡El terror! Aquí no lo sienten más que débiles mujeres, y estas
-no combaten ni hacen justicia. ¿De qué sirve la flecha en mano que
-tiembla? ¿Quién da en el blanco con lágrimas en los ojos? En nuestras
-tribus pueden los hombres ceder a la fuerza, pero nunca al miedo.
-
-Dichas estas palabras, el indígena arrojó al suelo la flecha que
-llevaba en la mano izquierda, y besando la cruz se alejó de la Colonia.
-
-* * *
-
-CARTA DE MI CORRESPONSAL EN MANILA
-
-Un vapor de guerra, procedente de Carolinas, trae noticias de los
-anarquistas deportados a la isla de Yap. En vista de los excesos
-cometidos por estos en el interior del país contra las personas,
-las chozas y los bosques de los indígenas, apelando al incendio y
-al asesinato, el gobernador de las Carolinas occidentales organizó
-una pequeña columna, la cual con el auxilio de los naturales, logró
-prender a los desalmados que vagaban dispersos por las selvas,
-conduciéndolos a Tomil. El mismo día de su llegada se constituyó el
-Consejo de guerra. Seis de los reos fueron condenados a muerte, y los
-restantes a cadena perpetua.
-
-Los médicos de la isla reconocieron unánimemente que entre los
-deportados no había más loco que el loquero. Titúlase este doctor,
-aunque carece de título, y ha dado en llamarse Occipucio, siendo su
-verdadero nombre Juan Fernández. Ayer llegó a Manila, y por orden
-superior está recluido en el manicomio.
-
-Padece el infeliz una monomanía incurable; cree en la infalibilidad de
-la ciencia frenológica.
-
-Llevado de tan extraña locura, sostiene que debe aplicarse la
-frenología, no solo para probar la irresponsabilidad de los acusados
-ante los tribunales, sino también para la recusación de los jueces.
-
-¿Por qué los médicos forenses, dice, no han de declarar previamente
-que los individuos que componen un tribunal tienen una organización
-cerebral idónea? ¿Acaso el órgano decimonono, de los 39 que admiten
-ahora los frenólogos, el cual produce el sentimiento de la justicia,
-el respeto al derecho, la conciencia del deber y el amor a la verdad,
-está tan desarrollado en nuestros cerebros? ¿No puede suceder, además,
-que entre los honrados vecinos, llamados a formar parte del Jurado,
-haya muchos que por exceso en el órgano decimocuarto, donde reside la
-circunspección, pequen de irresolutos, pusilánimes y hasta de cobardes,
-y falten a la justicia, pactando con el miedo y cediendo al temor de la
-venganza?
-
-Se advierte también en el titulado doctor Occipucio tenaz resistencia a
-citar por sus nombres a los anarquistas.
-
-—¿Por qué obra usted así? —le preguntó hoy el director del manicomio—.
-¿Teme usted tal vez comprometer a sus antiguos amigos?
-
-—No, señor —contestó Occipucio—, porque estoy en el secreto. Los
-anarquistas tienen la locura de la notoriedad. En aras de ella lo
-sacrifican todo, hasta la propia vida. Destruid el ídolo, condenad a
-perpetuo silencio los nombres de sus fanáticos y ciegos adoradores, y
-estos volverán a la razón. El anarquismo es una demencia contagiosa que
-se empeñan en propagar los cuerdos.
-
-
-
-
-LAS TIJERAS
-
-
-A fines del siglo XIX eran inquilinos de una misma casa en
-Madrid dos jóvenes de veinte años: Pedro y Fortunato.
-
-Vivía aquel en la buhardilla, sin más bienes de fortuna que el oficio
-de sastre, y este en el cuarto principal, disfrutando de una renta de
-cuarenta mil pesetas anuales que le legó un tío suyo; pero solo en
-usufructo, en títulos del cuatro por ciento interior perpetuo, o sea un
-capital nominal de un millón de pesetas.
-
-La necesidad, eterno acicate del pobre, el temor de los azares y
-contingencia de lo porvenir y la propia satisfacción de la recompensa,
-eran poderosa parte para que Pedro, sin desfallecer un punto no se lo
-diese de reposo en su honrado oficio: mientras que Fortunato, sin el
-apremio de la lucha por la existencia, seguro de su renta, con ciega
-fe en la solvencia del Estado, ajeno a toda inquietud y zozobra, se
-entregaba a los frívolos placeres de una vida regalada y elegante,
-mirando con menosprecio al trabajo en sus múltiples manifestaciones.
-
-* * *
-
-Y pasaron cinco años y no estalló ninguna revolución, ni siquiera un
-pronunciamiento; las cosechas fueron abundantísimas; la exportación
-adquirió considerable incremento, se nivelaron los cambios, la
-circulación fiduciaria quedó reducida a sus naturales límites, y por
-primera vez gozó la nación de un buen gobierno.
-
-El 4 por 100 interior subió sobre la par, y el Estado, siguiendo el
-ejemplo de Inglaterra, Francia y otros países prósperos, ofreció a sus
-acreedores el reintegro del capital o reducir la deuda del 4 a 3 por
-100, y se llevó a cabo la conversión, dentro del derecho perfecto y con
-beneplácito general.
-
-La renta de que Fortunato disponía en usufructo, quedó reducida a
-treinta mil pesetas. Cuando todo prosperaba, él, acreedor del Estado,
-venía a menos y veíase obligado a suprimir el coche.
-
-Entretanto, por una ley natural que se observa en las naciones ricas,
-aumentaba el precio de la mano de obra, y Pedro conseguía lo que
-Enrique IV de Francia ambicionó para sus súbditos: la gallina una vez
-por semana en el puchero.
-
-* * *
-
-Al terminar el primer quinquenio del siglo XX, el 3 por 100
-interior perpetuo se cotizaba a 115 y las Cortes aprobaron un proyecto
-de ley convirtiendo dicho valor en 2 por 100.
-
-Fortunato cobró entonces veinte mil pesetas de renta y no tuvo más
-remedio que mudarse al piso segundo, mientras que Pedro, gracias al
-aumento creciente de su jornal, pudo trasladarse al cuarto.
-
-* * *
-
-Cinco años después una gran transformación social se había producido en
-el mundo civilizado, transformación debida a un movimiento evolutivo,
-que no se escapó a la perspicacia y previsión de muchos sociólogos
-y estadistas del siglo anterior. Las asociaciones de trabajadores,
-cada vez más perfeccionadas; la propaganda en las comarcas agrícolas,
-que permanecieron al principio ajenas al clamoreo de las clases
-proletarias; las manifestaciones del 1.º de Mayo, que trascendían a las
-aldeas más apartadas; las huelgas frecuentes que imponían la voluntad
-del trabajo sobre el capital; el creciente triunfo de los candidatos
-obreros en las elecciones legislativas; el Estado, por la fuerza de las
-cosas y por la imposición del mayor número arrojándose en brazos del
-socialismo, habían modificado lentamente la legislación secular y los
-antiguos organismos; pero, ¡cosa rara en la historia de los pueblos!,
-sin disturbios ni violencias y respetando el principio del derecho a la
-posesión legítima.
-
-Merced a este espíritu de justicia que prevaleció en los altos poderes,
-se reconocieron en toda su integridad los derechos de los acreedores
-del Estado; pero el valor del capital mermaba de día en día, y el 2 por
-100 interior obtuvo cambios superiores a la par; entonces se decretó la
-conversión voluntaria en el 1 por 100.
-
-La renta usufructuaria de Fortunato bajó a 10.000 pesetas, y como al
-propio tiempo se encarecían los salarios, aquel tuvo que renunciar
-al servicio de su criado, mientras que Pedro ganaba un jornal de 12
-pesetas.
-
-* * *
-
-En 1915 el 1 por 100 interior era convertido en ½ por 100, y
-Fortunato, con sus 5.000 pesetas de renta, alquiló el piso tercero de
-la derecha, y Pedro pudo ocupar el inmediato de la izquierda, pues su
-salario ascendía ya a 15 pesetas diarias, o sea 5.000 pesetas anuales
-próximamente, descontando los días festivos.
-
-* * *
-
-El ½ por 100 se redujo en la misma forma y por idénticas
-circunstancias en ¼ por 100 al expirar la segunda década del siglo
-XX. Fortunato vio mermada su renta a la mitad, bastando apenas
-para cubrir las necesidades más apremiantes de la vida: tal era el
-incremento del precio de las cosas, producto del trabajo. En tanto que
-él, usufructuario de un millón de pesetas, tenía que apelar al Rastro
-para vestirse, Pedro, con el sueldo de cortador de sastrería, pudo
-permitirse el lujo en invierno de un gabán de pieles.
-
-* * *
-
-El interés del millón de pesetas quedó limitado a 1.250 pesetas en el
-año 1925 por la reducción del ¼ en ⅛ por 100, y Fortunato pasó a
-ocupar el piso cuarto, cuando el sastre bajaba al segundo.
-
-* * *
-
-Por fin, en 1930 se llevó a cabo la última conversión del ⅛ por 100
-en ¹⁄₁₆, gracias a la depreciación progresiva del capital.
-
-Fortunato el millonario disponía solo de 625 pesetas de renta al año.
-Era casi un pobre de solemnidad y se resignó a subir a la buhardilla y
-a trabajar cuando frisaba con los 55 años. No había querido estudiar
-profesión alguna ni aprender oficio, y tuvo que acogerse a la escoba
-municipal.
-
-Pedro, aprovechando los progresos de la subdivisión del trabajo,
-había llegado a ser un especialista en el corte de chalecos, y los
-principales sastres de Madrid acudían a él para la preparación de
-aquellas prendas. Ganaba 40.000 pesetas al año, y en el espacio de
-treinta y cinco logró bajar de la buhardilla al principal.
-
-* * *
-
-Las tijeras del sastre, cortando paño, habían vencido a las tijeras del
-rentista, cortando cupones.
-
-
-
-
-EN EL PLANETA MARTE
-
-Periódicos parlantes. — Supresión por inútil de la enseñanza del
-arte de leer y escribir. — Medios de locomoción. — Unidad política,
-lingüistica y religiosa. — Artículo de un periódico. — Noticias de la
-Tierra. — Parangón entre esta y Marte. — Prodigios de las ciencias. —
-Oración de los martícolas.
-
-
-_RESONANCIA UNIVERSAL_ es el nombre del periódico más oído del
-planeta Marte.
-
-Para los suscriptores hay fonógrafos a casa hita, que, sin más trabajo
-que oprimir un botoncito, repiten los telefonemas impresos o grabados
-en el peregrino confidente.
-
-Al público en general, para enterarse de las diarias noticias, le
-basta depositar una moneda en aparatos que abundan en calles, plazas y
-caminos. Apenas cae la moneda dentro del ingenioso fonógrafo, habla
-este en voz baja, a través de reducida abertura, de modo que solo pueda
-valerse de él una persona, y no resulten defraudados los intereses de
-la empresa.
-
-Los decretos, órdenes, reglamentos y bandos de las autoridades son
-pregonados en todas partes por megáfonos, que sustituyen las campanas
-en las torres de los templos, y los relojes dan la hora imitando la voz
-humana.
-
-Tanta perfección han alcanzado allí el fonógrafo y el teléfono, que
-el arte de leer y escribir está en desuso. El Supremo Consejo de
-Instrucción Pública acaba de suprimirlo de las escuelas, limitando su
-enseñanza a la Diplomática.
-
-Compónense las calles, las carreteras, y aun los caminos vecinales,
-de dos series de plataformas que se deslizan en opuesto sentido; cada
-una de las últimas tiene velocidad diferente; de modo que cuando los
-martícolas quieren trasladarse de un punto a otro, se colocan sobre la
-más lenta, y si desean acelerar la marcha, pueden pasar sucesivamente a
-la más rápida, que tiene un movimiento de 250 kilómetros por hora.
-
-Centenares de canales, cuyo principal objeto es evitar los estragos
-de las inundaciones periódicas producidas por la fusión de los hielos
-aglomerados en los polos, cruzan los continentes en todos sentidos,
-facilitando al mismo tiempo la navegación de buques eléctricos, que
-surcan las aguas con rapidez vertiginosa.
-
-Esta facilidad de comunicaciones ha producido con el transcurso del
-tiempo, como no podía menos de acontecer, no solo la unidad política,
-sino también la lingüística y hasta la religiosa. Allí no hay más que
-un Estado, un idioma y una creencia. De tal suerte se arraigó esta en
-el corazón de los marcianos con el cultivo de las ciencias, que la
-palabra ateísmo y las de ella derivadas no existen en los diccionarios
-fonográficos de aquel feliz y venturoso mundo.
-
-Y cuenta que su idioma es tan rico por la variedad y abundancia de sus
-voces, que las personas instruidas hablan con claridad y concisión
-admirables. No tienen que perder el tiempo en el estudio de otras
-lenguas muertas o vivas, y ni siquiera de la ortografía del propio
-idioma, por la razón que antes he indicado.
-
-* * *
-
-Y sin más preámbulos digo que _Resonancia Universal_, diario parlante
-del planeta Marte, sorprendió ha pocos días a sus oyentes con este
-estupendo artículo:
-
-«Sabido es por todo el mundo (allí también hay un mundo tan grande como
-un planeta y un planeta de los de menor cuantía del sistema solar), que
-los observatorios astronómicos costeados liberalmente por el Estado en
-interés de la noble causa de la ciencia, descubrieron, a principios
-del siglo, que estaba habitado nuestro vecino y colega el astro opaco
-número tres, conocido vulgarmente con el nombre de _Azul_. Desde
-entonces se organizó, merced a la generosidad de los poderes públicos,
-un sistema de señales luminosas, por medio de inmensos focos eléctricos
-situados a grandes distancias, a fin de ver si aquellos telescópicos
-seres querían ponerse en relación con nuestros sabios. Pues bien; al
-cabo de muchos años de tentativas infructuosas, según un telefonema
-que acabamos de recibir, los astrónomos de aquí han logrado tener
-un diálogo con sus colegas del otro mundo, los cuales, advirtiendo
-nuestras señales, adoptaron un sistema análogo para contestarnos. Al
-efecto establecieron un telégrafo óptico compuesto de tres inmensos
-focos de luz eléctrica formando un triángulo equilátero, de un décimo
-de meridiano cada lado, de manera que aquellos proyectaran destellos a
-intervalos y constituyesen una especie de alfabeto. La interpretación
-fue al principio dificultosa; pero algunos arqueólogos versados en el
-conocimiento de las escrituras antiguas cayeron en la cuenta de que
-los signos de los habitantes del _Azul_ para representar las letras
-tenían muchos puntos de semejanza con los que emplearon ha bastantes
-siglos nuestros antepasados, cuando el telégrafo estaba en la infancia.
-Más ardua fue la empresa de adoptar un lenguaje convencional; pero
-cuando tanto se ha progresado en los procedimientos inductivos, ¿puede
-sorprender a nadie que los sabios de ambos cuerpos celestes llegaran a
-entenderse hasta el punto de sostener conversaciones interplanetarias?
-
-»Gracias a ellas se ha descorrido el velo del astro misterioso, objeto
-durante tantos siglos de las cavilaciones de los astrónomos. Ya
-sabemos que al planeta que nosotros designamos con el nombre de _Azul_
-le llaman sus naturales _Tierra_, y que el habitado por nosotros es
-conocido por ellos con la denominación de _Marte_.
-
-»Pueblan aquel globo 1.400 millones de seres humanos, según la opinión
-de varios geógrafos, aunque otros reducen esta cifra, de lo cual se
-infiere lo atrasada que anda allí la estadística.
-
-»La inmensa mayoría de sus habitantes vive sumida en la más vergonzosa
-barbarie, y el resto, que blasona de civilizado, se encuentra, a lo
-sumo, en el grado de perfección y adelantamiento que teníamos hace diez
-siglos, en aquella era histórica que calificamos de semiculta.
-
-»Aunque de pocos años a esta parte se han realizado algunos progresos,
-los medios de comunicación son toscos e imperfectos. Los terrícolas
-emplean todavía el vapor de agua, lo cual exige máquinas complicadas,
-y, sobre todo, pesadísimas y costosas. La ciencia eléctrica está en
-la infancia. No han encontrado el procedimiento práctico y económico
-de utilizar la electricidad como única fuerza motriz. Desconocen
-en absoluto el fluido _vital_ y el que llamamos _innominado_, cuyo
-descubrimiento tan gran revolución produjo en la mecánica.
-
-»Las dificultades de la locomoción, inherentes al atraso de la Física,
-unidas a la extraña organización de sociedades que no reconocen en
-el individuo el derecho de viajar gratuitamente, como sucede aquí,
-en transportes que constituyen un servicio público, obligan a la
-generalidad de dichos seres a vivir adheridos a la tierra que los vio
-nacer, y de aquí que el medio ambiente ejerza tanta influencia sobre
-ellos, hasta el punto de que para muchos el concepto de la patria se
-limita a la reunión de unos cuantos edificios, y, a lo sumo, a un
-accidente geográfico o histórico.
-
-»Esta forzada vida sedentaria da lugar a que subsistan aún en la
-_Tierra_ numerosas nacionalidades con sendas lenguas, variedad de
-costumbres y diversos Estados.
-
-»¡Cuán imperfecta la organización de estos!
-
-»Los más bárbaros están regidos por el capricho de un individuo, y los
-más adelantados por las pasiones de unos cuantos; pero en todos los
-países siempre son los gobiernos los que viven a costa de los pueblos:
-les falta descubrir el sistema de que sea el pueblo el que viva a costa
-de su gobierno.
-
-»Las rivalidades de los Estados, hijas casi siempre de la codicia del
-bien ajeno, engendran frecuentes y desastrosas guerras, que acaban
-con la ruina del vencido; pero aún hay una cosa peor que la guerra: el
-miedo de ella, que aniquila a todos a fuerza de aprestos militares.
-
-»Nada más primitivo que la indumentaria. Se visten de telas, toscamente
-tejidas, producto de filamentos de tallos de plantas, de los gérmenes
-de estas, de los capullos de un gusano o de la tonsura de cuadrúpedos,
-a los cuales se despoja del abrigo que les dio la Naturaleza para su
-propio y no ajeno uso.
-
-»Viven en tal atraso, que no han inventado, como nosotros, el sistema
-de caldear la atmósfera en la estación del frío, y de aquí que el
-vestido, acaso más caprichoso que racional, responda a la necesidad de
-defenderse de las inclemencias del cielo, cuando en nosotros no obedece
-más que a las leyes del decoro. Inútil es añadir que los terrícolas
-no han descubierto las finísimas telas que fabricamos, producto de
-microscópicos y flexibles hilos de diversos metales.
-
-»Tan escasos son los progresos realizados por la síntesis química en
-la Tierra, que sus habitantes, para sustentarse, no tienen más remedio
-que destruir millones de millones de semillas de plantas, y sacrificar
-inmenso número de animales. No han encontrado, como nosotros, la manera
-de formar los compuestos necesarios a la nutrición, y reducir su
-principio activo a cantidades que, en pequeñas dosis, basten no solo
-para el sostén, sino hasta para el regalo del individuo.
-
-»La organización social es, si cabe, más deficiente que la del Estado.
-La forzosa ley de la desigualdad que la Naturaleza impone a los
-individuos, lejos de atenuarse con sabias y previsoras medidas, y,
-sobre todo, con los nobles y levantados fines de la sublime caridad,
-adquiere cada vez mayor incremento, y de aquí que los odios, rencores y
-rivalidades, engendrados por la envidia y la miseria, amenacen la paz
-interior de las naciones. Existe además una causa que agrava de día
-en día estos males, llamada a producir la más tremenda de las crisis,
-y es que el aumento de la producción de los artículos necesarios a la
-existencia de los habitantes de la Tierra, no está en relación con el
-progresivo desarrollo de la población. Añádase a esto que los notables
-adelantos de la Medicina y de la Higiene, que tienden a aumentar el
-término medio de la vida humana, no están tampoco en relación con los
-de las demás ciencias, encaminados a que los alimentos y el bienestar
-material resulten fáciles y económicos.
-
-»Para tener una idea de la constitución de la familia en la mayor parte
-de aquel mundo, preciso nos sería remontarnos a la época de nuestros
-aborígenes, cuando imperaba solo el derecho brutal de la fuerza. En
-los países bárbaros, que son la inmensa mayoría, la mujer, víctima del
-despotismo, de la violencia y de la esclavitud, no tiene más armas
-para su defensa que la hipocresía, mientras que en los demás suele
-vivir resignada, pero no satisfecha, con los mermados derechos que le
-conceden la legislación y las costumbres.
-
-»La enseñanza se encuentra aún en estado rudimentario. La lozana
-inteligencia o inquieta atención de la juventud, entregadas a constante
-tortura, necesitan años y años para el estudio y provechoso cultivo
-de asignaturas a veces de utilidad discutible, o acaso de lenguas
-muertas, ajenas a los fines profesionales; cuando nosotros sometemos
-a los escolares al sueño hipnótico para sugerirles en deleitoso y
-plácido arrobamiento cuanto requiere la ciencia o arte a que muestran
-particular predilección desde su tierna infancia.
-
-»Nos dicen que en la _Tierra_ hay a veces justicia, pero que resulta
-lenta y costosa; como si el más primordial de los deberes de un Estado
-no consistiera en administrarla pronta y cumplida, y como si no fuese
-el colmo de la iniquidad, por parte del fisco, explotar la razón en
-tela de juicio. ¿Cuándo alcanzarán los terrícolas nuestra perfección
-forense? ¿Cuándo renunciarán a enojosas o interminables escrituras,
-y confiando las partes la simple exposición de hechos al teléfono,
-esperarán tranquilamente el fallo de los jueces, entregados durante
-las horas de audiencia al sueño hipnótico? Si bien parece un tribunal
-grave, circunspecto, solemne, estamos más seguros de su acierto al
-verle en el estado de reposo que constituye la genuina representación
-de la Justicia.
-
-»Allí hasta los hombres más civilizados viven en jaulas, que no otro
-nombre merecen para nosotros sus hacinadas, incómodas y pequeñas casas,
-toscamente labradas con pesados materiales de hierro, madera, piedra o
-tierra cocida. La arquitectura, a la cual le falta el auxilio eficaz
-de los adelantos científicos, no puede construir los edificios de
-aluminio, ligeros, suntuosos, esbeltos y elegantes, que son el encanto
-y ornamento, no solo de nuestras ciudades, sino también de nuestras
-aldeas, ni los palacios ambulantes, levantados sobre las plataformas
-movedizas de los caminos, que brindan gratuita hospitalidad al viajero
-durante sus excursiones a través de los continentes.
-
-»El terrícola ignora en qué consiste la verdadera libertad individual.
-Acontece que, cuanto más culto, mayor suele ser la tiranía que sobre
-él ejercen los deberes sociales. Víctima del reloj en los actos más
-vulgares de la vida, y casi siempre de la impertinencia ajena, solo
-hacen soportable el tormento de la comunidad la tolerancia recíproca,
-la benevolencia aparente y el convencionalismo perpetuo. En cambio,
-¿necesitamos nosotros la asociación, ni siquiera en las horas del
-ordinario sustento, cuando una cajita de píldoras puede proporcionarlo
-durante veinte días? ¡A qué coches, tranvías, trenes, ni la eterna
-esclavitud de la campana, cuando aquí sirven de vehículo las mismas
-calles y caminos, cuyo pavimento se mueve sin cesar!
-
-»Disfrutamos de las diversiones públicas sin encerrarnos en estrechos
-locales, donde tal vez la incomodidad del cuerpo no compensaría los
-placeres del espíritu, pues ¿quién no dispone a su sabor de un megáfono
-y de un _telefoteidoscopio_[10] para recrear el oído y la vista con
-los maravillosos espectáculos que costea pródiga y liberalmente la
-munificencia del Gobierno?
-
- [10] Esta palabra no se encuentra todavía en ningún diccionario, pero
- espero que el de la _Real Academia Española_ podrá publicar un día
- esta o parecida definición:
-
- TELEFOTEIDOSCOPIO (del gr. τελε, lejos; φῶς, φωτός, luz;
- εἶδος, imagen; y σκοπέω, yo veo o yo examino), m. Aparato que por
- medio de hilos eléctricos reproduce las imágenes en un espejo,
- por grande que sea la distancia entre aquellas y este. — (N. del
- A.)
-
-»Los amantes a quienes separa la distancia apelan al
-_telefoteidoscopio_ y al teléfono, para verse con el uno y para
-transmitirse con el otro las jamás enojosas y nunca inútilmente
-reiteradas protestas de amor, cambiando entre sí las corrientes del
-fluido vital (que apenas presienten los terrícolas), el cual sumerge a
-ambos en deleitoso éxtasis, produciendo en los sujetos el maravilloso
-fenómeno de la unidad y simultaneidad de ideas y sensaciones.
-
-»La poesía, amenazada, al parecer, de muerte a medida que lo útil y lo
-práctico prevalecía en nuestras costumbres, renace pujante y vigorosa,
-hallando inagotable manantial de inspiraciones en los secretos
-arrancados a la Naturaleza, en la contemplación de las admirables
-leyes que rigen al Universo, en la armonía asombrosa de los espacios
-siderales y en el esplendor y magnificencia de las obras del Altísimo.
-
-»¡Y en tanto que la poesía filosófica remonta el vuelo a lo infinito,
-existe aquella que vivirá eternamente, mientras la perpetuación de
-nuestra especie dependa de la dulce y misteriosa atracción de dos seres
-racionales, y mientras el amor maternal subsista sobre la faz de los
-mundos!
-
-»¡Benditos vosotros, nobles campeones de la ciencia, que tanto
-contribuisteis a nuestro bienestar material, a la independencia
-y autonomía del individuo y, sobre todo, a la paz indestructible
-cimentada en el derecho y en la unidad política del planeta! ¡Siglo
-dichoso este, que ve surgir la edad a la cual los antiguos, en su
-sencilla y grosera ignorancia, llamaron dorada, y no porque volvamos al
-idilio de los tiempos primitivos soñado por los poetas, sino porque
-los adelantos físicos han traído consigo el mejoramiento moral o
-intelectual de la familia humana!...»
-
-* * *
-
-Los megáfonos de todos los templos de la capital de Marte anunciaron la
-hora de la oración, y descubriéndose la gente con religioso respeto,
-alzando los ojos al cielo, repetía esta plegaria, que aquellas máquinas
-pronunciaban desde lo alto de las torres con voz grave, reposada y
-solemne:
-
-«Padre común de los mortales, Creador y Señor de cuanto existe en
-el espacio y del mismo espacio, bendito y alabado sea tu nombre
-eternamente.
-
-«Consérvanos, Señor, ante todo la inteligencia, destello solo de la
-tuya, a fin de que dominemos la materia y las fuerzas naturales que
-para el perfeccionamiento del espíritu en la lucha con ellas pusiste en
-torno nuestro.
-
-»Que al perdonar a nuestros deudores encontremos el premio de tu bondad
-sin límites, y apártanos de la soberbia, porque nuestras pobres obras
-nada son, nada valen, ni nada significan comparadas con la grandeza
-inconmensurable de las tuyas.
-
-«Líbranos del mal y concede el bien a nuestros enemigos, y cuando
-llegue el término de la vida planetaria, otórganos la eterna con el
-goce de tu amor infinito.»
-
-Y las voces de los megáfonos resonaban en plazas y calles, y en medio
-de la soledad de los campos y de los mares, infundiendo en todos los
-corazones religioso recogimiento, purísimo amor al Omnipotente y la
-dulce esperanza del bien futuro e imperecedero.
-
-
-
-
-EL DRAGÓN DE MONTESA
-
-O LOS RECTOS JUICIOS DE LA POSTERIDAD
-
-
-Al caer de una crudísima y ventosa tarde de enero, un dragón de
-Montesa, puesto sobre un caballo tordillo, calado el reluciente casco,
-el cuello del capote hasta las sienes, pendiente del cinto el largo
-sable y afianzada la tercerola, hacía centinela en la Plaza de Oriente
-de Madrid, junto a la estatua de don Sancho el Bravo, cuando de pronto
-jinete y cabalgadura quedaron muertos de frío.
-
-En esto comenzó a nevar copiosamente y a descender el termómetro, hasta
-el punto de que, algunas horas después, señalaba 55 grados centígrados
-bajo cero.
-
-Y sobrevino una noche horrorosa, que se prolongó por espacio de tres
-meses.
-
-Europa, el Norte de África, la Australia y una parte de Asia y América
-fueron sepultadas bajo un sudario de nieve de muchos metros de espesor;
-el Atlántico, el Pacífico, el Océano Índico y el mar de la China se
-precipitaron furiosos sobre islas y continentes, dejando solo al
-descubierto las cumbres del Himalaya, y los 1.400 millones de seres
-humanos que poblaban la Tierra quedaron reducidos a unas cuantas
-tribus nómadas semisalvajes e ignorantes de la civilización europea,
-que habitaban las elevadas mesetas de la gran cordillera asiática.
-
-La aproximación de un cometa perturbando el movimiento rotativo de la
-Tierra había variado de súbito su eje.
-
-La Península ibérica pasó a ser una región del polo boreal.
-
-Madrid se encontraba a los 85 grados y 27 minutos de latitud Norte.
-
-* * *
-
-Transcurren años y años y siglos y siglos; los mares se retiran a sus
-antiguos límites; las tierras anegadas reaparecen y los polos vuelven a
-su primer estado.
-
-La acción solar recobra su perdido imperio en la desierta España, y
-comienzan a liquidarse las enormes masas de nieve helada aglomeradas en
-los valles.
-
-De las cordilleras de la Península se desprenden aludes como montañas,
-que bajan despeñados para sumergirse en las turbulentas aguas que
-cubren las hondonadas, y aparecer luego sobre la superficie de aquellas
-a manera de grandes islas flotantes.
-
-El exuberante raudal, siguiendo las antiguas cuencas, ora formando
-inmensos lagos, ora anchurosos y dilatados ríos, se precipita entre
-abruptas y colosales moles de brillantes facetas cubiertas de
-cristalinos carámbanos.
-
-Por todas partes el hielo ofrece en magnífica abundancia y grandiosa
-perspectiva las múltiples obras y variados estilos que pudo inventar
-el genio de la arquitectura. Aquí la pagoda india de sobrepuestos
-pisos, el esbelto minarete árabe, la severa columna dórica, la afilada
-aguja del obelisco, el imponente torreón del castillo feudal, el
-gótico campanario coronado de afiligranadas torrecillas, la cúpula
-majestuosa del Renacimiento y la bóveda atrevida del arte ojival, y
-allí el corvo espolón de un buque blindado, la proa lanzada de un barco
-de vela, el hondo foso y la empinada contraescarpa de una fortaleza.
-Más allá masas confusas, aglomeraciones ciclópeas, cerros cortados
-a pico, inclinados, que se juntan por las cimas, dejando entre sí
-espaciosas y profundísimas cavernas donde penetran lejanos rayos de
-luz, reflejándose y descomponiéndose con todos los colores del iris.
-
-Doquiera el incesante estrépito de témpanos que resbalan por las
-laderas de los montes y en progresivo movimiento ruedan al fondo, de
-rugientes cataratas que se desprenden de considerable altura, y de
-informes bloques de hielo que se dislocan y rajan y al propio peso se
-desploman.
-
-El Atlántico invade la desembocadura del Tajo, y juntando sus aguas
-con las de la gran arteria fluvial que dilata las orillas hasta las
-altas sierras, recibe en su seno enormes bancos de hielo, los cuales,
-a impulsos del viento, surcan las olas del mar espacioso, hasta
-liquidarse en las calientes zonas.
-
-Un barco ballenero aborda acaso la errante isla, cuyas entrañas
-encierran todavía vestigios de la que fue capital de España. La acción
-del frío ha conservado momificados, a través de los siglos, al dragón
-de Montesa y el caballo sorprendidos por la ventisca a la puerta del
-Real Palacio.[11] Junto a ellos yacen hacinados los restos de la garita
-de caballería, el puesto de agua y fragmentos de la estatua de don
-Sancho el Bravo. Encuentran los pescadores estas reliquias de una época
-que se pierde en la noche de los tiempos, y solícitos las recogen, y
-con la preciosa carga se hacen a la vela con rumbo a la antigua costa
-del Senegal.
-
- [11] A fines del siglo XVIII se encontró en Siberia
- entre el hielo, conservada por la acción del frío, la momia de un
- _mamuth_, cuya especie ha desaparecido.
-
-Existe allí un pueblo, descendiente como el resto de la humanidad, de
-las hordas que se salvaron del nuevo diluvio en las altas mesetas del
-Himalaya, pueblo tan de suyo pacífico, que apenas conserva nociones
-del arte militar, aunque cuenta con una legión de sabios pletóricos de
-erudición, devorados por la sed de las investigaciones.
-
-Todos ellos acogen con júbilo aquel tesoro de la edad prehistórica, y a
-porfía tratan de reconstituir los valiosos objetos que han de figurar
-en preferente sitio en el Museo Arqueológico. Algunos están hechos
-pedazos, deteriorados otros, incompletos los demás; pero no faltarán
-hábiles restauradores que los compongan, dando a los remiendos hasta la
-pátina antediluviana.
-
-Por fin llega el deseado día en que los representantes de la sabiduría
-oficial dan a luz el luminoso informe confiado a su reconocida
-competencia o indiscutible autoridad, y presentan, reconstituidos y
-restaurados ante el más selecto de los auditorios, los preciosos y sin
-par ejemplares de un hombre, un caballo y diversos objetos de la más
-remota antigüedad.
-
-«En primer lugar —dice el ponente de la comisión informadora—, han
-llamado nuestra atención la cabeza y el brazo derecho de una estatua
-de piedra. La expresión majestuosa de aquella, la actitud enérgica del
-segundo, extendido hacia el cielo, han confirmado plenamente nuestra
-primera impresión, de que nos encontrábamos en presencia de un ídolo. Y
-si no, juzgad vosotros.»
-
-(Enseña los dos fragmentos de la estatua de don Sancho. El auditorio da
-muestras de aprobación.)
-
-«Siendo este un ídolo —prosigue— hay motivos para creer que ese mueble
-pintado de blanco, símbolo de la pureza, y con rayas azules, color del
-cielo, es el altar.»
-
-(Y señala el puesto de agua restaurado.)
-
-«Y que era altar destinado a los sacrificios, lo atestigua esta
-plancha de metal blanco, que cubre el ara, para recoger la sangre de
-las víctimas con pulcritud y sin detrimento de la madera.»
-
-(Y pone la mano sobre el cinc de la mesa.)
-
-«Tenemos, pues, el ídolo, el altar y el ara de los sacrificios;
-pero estos ejemplares de la época anterior al diluvio, nada valen
-comparados con los notables objetos que vamos a exponeros. El hallazgo
-ha sido tal, que hasta nos ha permitido reconstituir parte del
-santuario del ídolo. Vedlo.»
-
-(Y muestra con orgullo la garita de caballería, convertida en pagoda
-por obra y arte de los restauradores.)
-
-«En cuanto al caballo, la comisión opina que era la víctima destinada
-al sacrificio, pues la costumbre de inmolar estos animales se pierde en
-la oscuridad de los tiempos más remotos. En prueba de ello recordaréis
-que, según la tradición transmitida por las tribus indias que se
-salvaron en los valles superiores del Himalaya del casi universal
-diluvio, y de las cuales descendemos todos, Vichnu, segundo término
-de la trinidad bráhmica, en una de sus primeras encarnaciones tomó la
-forma de enano para confundir a Balí, quien _había sacrificado cien
-caballos_ para tener derecho al trono de Indra.
-
-»Hay además otro indicio que no podemos menos de someter a vuestra
-consideración. El caballo es tordo claro, casi blanco, y nadie ignora
-que este último era el color propicio a los dioses.
-
-»Reconocido el caballo como la víctima que iba a ser inmolada en aras
-del ídolo, hemos deducido naturalmente que este hombre de tan extraña
-manera vestido, cubierto con largo ropaje, tal vez el de ceremonias,
-era el sacerdote sacrificador.»
-
-(Y presenta la momia del dragón de Montesa.)
-
-«Como si no fuera bastante lo expuesto, a los pies del sacerdote se
-encontró un pedazo de la cuchilla de los sacrificios.»
-
-(Y blande un fragmento del sable.)
-
-«Por cierto que esta cuchilla tiene junto a la empuñadura una
-inscripción con caracteres para nosotros desconocidos, la cual debe ser
-una invocación a la Divinidad.»
-
-(La inscripción dice: FÁBRICA DE TOLEDO.)
-
-«En uno de los bolsillos del sacerdote hemos encontrado un documento
-importante. Va encabezado con caracteres parecidos a los de la
-cuchilla, que tampoco hemos podido descifrar por no tener ninguna
-analogía con las escrituras conocidas; pero siguen a ellos columnas de
-números iguales a los que nuestros antepasados aprendieron de una tribu
-musulmana. ¿Qué significa este documento prehistórico? ¿Será aventurado
-suponer que nos encontramos en presencia de la _Tabla cabalística
-de los augures_, o tal vez de la _Clave de los sagrados misterios_,
-reservada solo a una casta sacerdotal?»
-
-(Y ante el atónito auditorio exhibe un _Suplemento a El Tío Jindama_,
-con la lista de los números premiados en un sorteo de la lotería de
-Madrid.)
-
-«¿A qué religión pertenecía este sacerdote? Pregunta es esta a la cual
-no nos atrevemos a contestar de una manera categórica; pero desde luego
-afirmamos que hemos encontrado algunas reminiscencias del brahmanismo.
-Sabido es, por ejemplo, que los _vichnu-baktas_, o sectarios de Vichnu,
-llevaban sobre el pecho una especie de medalla de cobre en la cual
-estaba grabada la imagen del mono Anumanta. Pues bien, junto a los
-restos del altar se encontró este pedazo de vidrio, con un papel a él
-adherido representando al mismo animal.»
-
-(Mientras habla así, somete al examen del auditorio un fragmento de
-botella de _Anís del Mono_ procedente del puesto de agua.)
-
-«Este feliz hallazgo dará ocasión a uno de nuestros más ilustres
-colegas para escribir un interesante libro con el título de _Influencia
-del brahmanismo en las religiones de los pueblos antediluvianos de
-Occidente_.
-
-»Vamos a exponeros otros objetos de inapreciable mérito arqueológico.
-He aquí una lámpara votiva.»
-
-(Y enseña con algunos remiendos y añadiduras de los restauradores, el
-casco invertido del soldado de caballería.)
-
-«Que era aquel un pueblo adelantado en el orden científico, lo
-demuestra este fragmento del pararrayos del santuario.»
-
-(Alude a un trozo del cañón de la tercerola.)
-
-«Aquí tenéis el cepillo de las ofrendas. Ofrece una particularidad:
-es de cristal para que aquellas fuesen públicas. Así se estimulaba
-la largueza de los fieles, se ponía de manifiesto la ruindad de los
-avaros, y se fiscalizaba a los servidores del culto. ¡Elocuente
-testimonio de la previsión prehistórica!»
-
-(Saca la caja de vidrio y hoja de lata donde la aguadora guardaba los
-azucarillos.)
-
-«En el seno de la comisión investigadora han surgido dudas respecto de
-la procedencia de esta momia humana. Algunos dignísimos individuos, en
-vista del color negro del pelo y de la barba, sostenían que aquella
-era originaria de un clima caliente, o por lo menos templado. Otros,
-no menos respetables por su saber y acreditada competencia en materias
-antropológicas, objetaban, fundándose en las prendas de vestir y en el
-sitio donde fue hallada, que procedía de un país septentrional. Varios
-conciliaban las opuestas opiniones con este razonamiento: “Esta momia
-perteneció a una casta sacerdotal; las clases sacerdotales residían en
-las zonas templadas más civilizadas, donde debieron tener su origen,
-y acaso enviaban misioneros a los pueblos menos cultos del Norte.
-¿No podría ser por lo tanto un hombre meridional que se encontrase
-accidentalmente ejerciendo sus funciones sagradas en una comarca
-extraordinariamente fría?” Cuando era más acalorada la controversia,
-vino a darle término un feliz hallazgo, poniendo de acuerdo los
-contrarios pareceres. La momia tuvo el pelo y la barba rubios, como
-suelen tenerlo los hijos del Norte, pero se teñía de negro. Sí,
-señores, se teñía de negro, y llevaba consigo una bolsa con varios
-artículos de tocador. Helos aquí: un peine, un cepillo, y en una cajita
-el cosmético. ¡Señores, qué adquisición! ¡El cosmético fósil!»
-
-(Y presenta la caja de betún hallada en la bolsa de _trastes_ del
-exdragón de Montesa.)
-
-«Pero como si no bastaran tantas riquezas, la suerte nos deparaba un
-objeto de más valor: un ejemplar numismático. ¡El único, prehistórico,
-que existe en el mundo! Es una medalla de cobre. En el anverso hay
-una matrona sentada, con el brazo extendido en actitud enérgica, y
-en el reverso un arrogante león con las manos levantadas haciendo
-equilibrios, apoyándose en un aro. Todos vosotros habréis adivinado
-el objeto y significación de esta preciosa y sin igual reliquia
-arqueológica, que hemos clasificado así: _Medalla conmemorativa de una
-domadora de leones._»
-
-(Y el docto auditorio admira aquel prodigio numismático, y el Museo
-Arqueológico se enriquece con el último perro chico de la pobre
-España.)
-
-
-
-
-EL MONSTRUO
-
-
-Don Santiago, el tendero de ultramarinos de la calle del Lobo, a
-fuerza de economías, sin defraudar en el peso ni en la calidad de los
-artículos, porque era hombre muy de bien, logró, al cabo de veinticinco
-años de trabajo y perseverancia, retirarse por completo de los
-negocios, reuniendo un caudal de cien mil pesetas.
-
-¿En qué iba a emplear el laborioso fruto de sus afanes? — ¿En qué
-colocaré mi dinero? —se preguntaba todas las noches al acostarse, y
-esta idea fija en su imaginación no le permitía conciliar el sueño—.
-¿En acciones del Banco de España? — ¡Se cotizan ya tan altas! — ¿En
-papel del Estado? — ¡Si todo se lo ha de llevar la trampa! — ¿En
-empresas particulares? — ¡Buenos están el comercio y la industria!
-—¿En acciones u obligaciones de ferrocarriles? — ¡Quién viaja en este
-desdichado país! — Cuando las transacciones mercantiles vienen a menos,
-¡cómo ha de haber tráfico!
-
-Por fin tomó una resolución y fue apelar al consejo de su amigo don
-Frutos, concejal, diputado a Cortes y hombre ducho en los negocios.
-
-—Si no fueses tan caviloso y pusilánime —le contestó don Frutos—, mi
-opinión sería que adquirieses papel del Estado, y hasta que doblases
-la renta por medio del sistema de las pignoraciones o haciendo alguna
-jugadita de Bolsa; pero para esto se necesita corazón, o por lo menos,
-desconocimiento del peligro. Como careces de estas circunstancias, y
-además deseas ante todo la tranquilidad y no te ciega la ambición,
-creo que lo menos malo que puedes hacer es fincarte en Madrid. Los
-terrenos del Ensanche ganan de día en día; compra un solar, labra una
-casita económica y resérvate un cuartito a tu gusto, y así tú y la
-familia tendréis albergue y una renta, aunque modestísima, suficiente
-a vuestras limitadas necesidades, sin veros obligados a acudir al
-préstamo o a mermar el capital, para atender a las exigencias de la
-vida.
-
-El consejo sedujo a don Santiago. ¡Qué feliz iba a ser con su casita!
-¡Haría los planos a su gusto, y dirigiría las obras! ¡Nada de
-contratistas! ¡Todo por administración! ¡A él no le engañaba nadie!
-¡Mucha economía y al mismo tiempo perfecta solidez! En los cimientos
-emplearíanse el pedernal de Vicálvaro, el mejor ladrillo santo y buen
-mortero: todo a fuerza de pisón. Después se asentaría la fábrica de
-ladrillo recocho, muy cocido, hasta enrasar con la calle. En la fachada
-dos hiladas de granito de Colmenar, y ladrillo fino y prensado en el
-paramento para evitar así los gastos de revoque. ¡Será una fachada
-_irrevocable_! —decía el extendero—. En las crujías y medianerías,
-entramados de excelente madera de Cuenca, tabicados de ladrillo pintón.
-Nada de cascote en las medianerías: esto ya no se usa. Los pisos habían
-de ser de hierro en la planta baja, pintados de minio, a prueba de
-humedades, y de bovedilla, con entarimado. Los demás, de viguetas de
-madera de Cuenca, forjados y solados con baldosín fino de Ariza. ¿Y
-la distribución de la casa? Ya la tenía trazada en su imaginación el
-futuro casero, antes de conocer la figura geométrica del solar.
-
-Hechas estas prevenciones, aunque hombre de suyo prudente y reflexivo,
-adquirió a diez reales el pie el primer terreno que le ofrecieron en el
-barrio de Salamanca: tal le apretaba el deseo de verse propietario.
-Era un solar situado en una de esas calles sin servicios municipales,
-que no figuran más que en los planos; solo medía cuatro mil pies
-cuadrados, y sobre él levantó don Santiago el suntuoso alcázar de sus
-ilusiones.
-
-Pero pronto comenzaron estas a desvanecerse.
-
-El novel propietario vio defraudados sus inexpertos cálculos sobre la
-construcción de la obra, y no tuvo en cuenta la paternal solicitud que
-el Estado y el Ayuntamiento de Madrid dispensan a los que, si bien
-movidos por un interés particular, contribuyen al aumento de la riqueza
-imponible, proporcionando vida a muchas industrias, el pan a numerosos
-obreros, la higiene a la población y comodidad a sus habitantes.
-
-¡Qué de gabelas sin fin desde la compra del solar hasta que la finca
-está en condiciones de reportar productos! ¡Papel sellado, derechos de
-transmisión de dominio, tira de cuerdas, licencias de edificación, de
-valla y de acometida a la alcantarilla, arbitrio sobre materiales de
-construcción, permiso para alquilar y timbre de contratos y recibos!
-¡Y esto prescindiendo de otros gastos naturales, como el notario y
-registrador de la propiedad!
-
-—¡Pero hombre, —exclamaba don Santiago, hablando con don Frutos—: el
-Estado y el Ayuntamiento me saquean cuando yo no gano todavía nada!
-
-—No te quejes —contestaba el diputado concejal—. El Estado y el
-Ayuntamiento son previsores: si te imponen estos gravámenes en
-la construcción de la casa, en cambio te eximirán del pago de la
-contribución durante el primer año.
-
-—Sí; pero mi capital no produce interés durante los dos años de las
-obras.
-
-—No hay más remedio —replicaba don Frutos—, es preciso vigorizar la
-Hacienda pública. ¿Cómo se satisfacen si no las crecientes atenciones
-municipales, y las enormes obligaciones del Estado? Hay que buscar
-el dinero donde se encuentra de una manera manifiesta y tangible,
-donde no pueda escapar a los ojos del fisco, como por ejemplo, en la
-propiedad y en la industria, y prescindir de ciertas teorías sobre
-la equidad en el reparto de los impuestos, muy buenas sin duda para
-leídas, pero sin resultado en el terreno de la experiencia, mayormente
-en este desdichado país donde no existe el sentido moral por parte del
-contribuyente en sus relaciones con la Administración.
-
-—¡Pero no te parece a ti que sería mejor que esta comenzase dando
-el ejemplo, mostrándose justa, equitativa y paternal para con los
-administrados!
-
-* * *
-
-Durante el verano de 1873 quedó completamente terminada la casa de don
-Santiago, quien se trasladó a ella, ocupando la más modesta de sus
-habitaciones, en compañía de un hijo, la esposa de este, tres sobrinos
-(que constituían toda la familia), y una criada.
-
-La obra, a pesar de que fue preciso renunciar a las vigas de hierro, a
-la madera nueva de Cuenca y al ladrillo fino, y sustituir las primeras
-con materiales procedentes de derribos, importó noventa mil pesetas,
-que unidas a las diez mil del solar, hicieron ascender el valor de la
-casa a cien mil pesetas.
-
-El producto neto de la renta anual, calculada al principio en cinco mil
-quinientas pesetas, quedó reducido a cuatro mil quinientas.
-
-* * *
-
-A los seis años bajó al sepulcro el extendero, víctima de la tisis,
-azote de su familia, y en el espacio de catorce fueron heredando
-sucesivamente la finca, el hijo, la nuera, los tres sobrinos y la
-criada.
-
-Poco ha que falleció esta, habiendo testado en favor de su alma.
-
-Don Frutos, constante amigo de la casa y habitual concurrente a
-ella, fue el paño de lágrimas de todos, desempeñando en las diversas
-testamentarías las funciones de albacea y llevando su generosidad hasta
-el punto de prestar a módico interés las cantidades que devengó la
-Hacienda por diferentes conceptos.
-
-Al proceder a la liquidación general para saldar su cuenta, resultó que
-don Frutos había entregado al fisco las siguientes cantidades:
-
- Derechos reales por la compra del solar, que costó
- 10.000 pesetas (3 por 100) 300
- Transmisiones de dominio de la casa, tasada en
- 100.000 pesetas: Al heredar el hijo (1 por 100) 1.000
- Idem la esposa de este (3 por 100) 3.000
- Idem el hermano de la anterior, que era además sobrina
- de don Santiago (4 por 100) 4.000
- Idem un sobrino carnal del último testador (5 por 100) 5.000
- Idem un primo hermano del precedente (6 por 100) 6.000
- Idem la criada (9 por 100, entre extraños) 9.000
- Idem el alma de la criada (8 por 100, según la ley de
- 5 de agosto de 1893) 8.000
-
- _Total._ 36.300
-
- Además el 1½ de premio de liquidación de las diferentes
- transmisiones (que percibe el Estado en las capitales
- de provincia) 544
-
- _Total por derechos reales._ 36.844
-
- Contribución territorial, con el gravamen correspondiente
- y el recargo del Ensanche, durante el tiempo que don
- Santiago y su familia disfrutaron de la casa 24.096
-
- _Total devengado por la Hacienda._ 60.940
-
-Agregando a esta cifra los arbitrios municipales que afectan
-directamente a la propiedad, don Frutos dedujo que el Estado y el
-Municipio consumieron en el espacio de veinte años dos terceras partes
-del valor de la finca.
-
-* * *
-
-Proudhon pedía solo para el Estado la sexta parte de los alquileres y
-arrendamientos (sesión de la Asamblea Constituyente francesa de 31 de
-Julio de 1848); pero don Frutos deja muy atrás al padre de la anarquía
-contemporánea al votar todos los años los presupuestos en las Cortes
-y en el Ayuntamiento de Madrid. A semejanza del personaje de Molière,
-que hablaba en prosa, sin saberlo, todavía ignora que el deseo de dar
-pasto a la voracidad insaciable de la Hacienda, le ha convertido en
-entusiasta campeón del socialismo de Estado.
-
-En las discusiones políticas, empero, se revuelve airado contra
-los enemigos del orden social, que amenazan destruir la libertad
-individual, la propiedad, la familia, el santuario de las conciencias y
-la paz de los espíritus.
-
-* * *
-
-La casa que edificó don Santiago fue puesta a subasta por el juzgado.
-A falta de postores, don Frutos tuvo que resignarse a ser propietario,
-para reintegrarse así de las cantidades por él anticipadas y los
-intereses correspondientes.
-
-De la familia del modesto industrial de la calle del Lobo (hoy
-Echegaray), ni siquiera queda el recuerdo. El microbio de la tisis
-acabó con aquella, y el monstruo del Estado, después de devorar el
-modesto patrimonio, adquirido a costa de tantos trabajos y privaciones,
-hasta se ensañó con el alma de la criada.
-
-
-
-
-EL FIN DE BARCELONA
-
-
-Gozaba el Dr. Puff fama universal por sus profundos conocimientos
-geológicos, meteorológicos y astronómicos, y nadie le aventajó en la
-ciencia de predecir los trastornos de la naturaleza. Era el verdadero
-Zaragozano de la lluvia y del buen tiempo, y el único Zaragozano para
-profetizar los fenómenos sísmicos y las erupciones volcánicas.
-
-El terremoto de Krakatoa, que sepultó en el mar una parte de aquella
-isla, causa de tantas muertes, males y ruinas y objeto general de
-conmiseración y espanto, era considerado por el eminente sabio
-como el primero de sus triunfos, pues él y solo él, a despecho de
-la incredulidad de las academias y de la indiferencia del público,
-pronosticó y hasta consiguió fijar con precisión matemática el día, la
-hora, el minuto y el lugar de la catástrofe.
-
-Desde entonces, la autoridad y el prestigio del Dr. Puff fueron
-indiscutibles: había descubierto el secreto de las sacudidas
-geogénicas, las leyes a que obedecen y las causas que en determinadas
-circunstancias las producen.
-
-Consagrado única y exclusivamente a la ciencia por él creada, ajeno
-a las pompas y vanidades del mundo, recluido en su observatorio, en
-medio de las asperezas y soledades de Monte Gray en los Estados Unidos,
-atento solo al bien de sus semejantes, no se daba punto de reposo
-en sus difíciles e intrincados cálculos para anunciar con exactitud
-los terremotos y poner así a cubierto de todo riesgo las vidas de
-innumerables seres humanos.
-
-Una noche, después de largo y laborioso estudio, invertido
-principalmente en una serie inacabable de operaciones aritméticas y
-algebraicas, extendió sobre la mesa de su despacho una gran carta de
-la cuenca del Mediterráneo, midió con el compás algunas distancias,
-y fijándose de pronto en un punto que correspondía al meridiano de
-Barcelona, a tres millas al Sur de aquel puerto, exclamó dándose una
-palmada en la frente:
-
-—¡No hay duda, aquí va a ser! ¡Pobre ciudad! ¡Infelices habitantes!
-Pero yo puedo salvarlos... es mi deber profesional... corramos... aún
-es tiempo...
-
-Y en el acto se puso delante del aparato telefónico, levantó los
-auriculares, oprimió el botón, sonó el timbre, pidió comunicación con
-el periódico _El Heraldo_, de Nueva York, y gritó:
-
-—¡Heraldo! ¡Heraldo! Anuncie usted para mañana viernes, a la una y
-seis minutos de la tarde, un espantoso temblor de tierra en la costa
-de Cataluña. Máximum de intensidad: en el mar a tres millas al Sur
-de Barcelona. — Duración: seis segundos. — Como en la catástrofe del
-Callao de 1746, una ola, cuya altura no ha de bajar de veintisiete
-metros, invadirá momentáneamente la población, arrasándola toda. Los
-pueblos del litoral, desde Blanes a Tarragona, están amenazados. ¡Que
-se pongan en salvo sus habitantes!
-
-El _Heraldo_ de Nueva York publicó el viernes por la mañana este
-_telefonema_, el cual fue reexpedido por telégrafo a Europa, pudiendo
-aparecer en todos los periódicos del antiguo mundo el mismo día,
-gracias a la diferencia de meridiano.
-
-¿Cuál no sería el estupor de los habitantes de Barcelona al leer esta
-noticia en la sección telegráfica de los diarios locales? Tomáronla
-algunos a broma, dudaron otros; pero los más dieron crédito al
-pronóstico, porque recordaban la profecía de San Vicente Ferrer, y por
-la autoridad inconcusa de que disfrutaba sobre la redondez de la tierra
-el eminente sabio americano, desde que los resultados experimentales
-elevaron la ciencia por él descubierta a la categoría de infalible.
-
-Al estupor, primer impulso de resistencia que oponemos a la sorpresa,
-sucedió el pánico, el terrible pánico que se manifiesta de pronto en
-los espíritus débiles, hace vacilar los fuertes, y perturbando la
-razón, cunde y se propaga por todas partes con la rapidez del rayo.
-
-Eran las diez de la mañana, y la pluma se resiste a describir el
-conmovedor o imponente espectáculo que ofrecía la ciudad condal.
-
-Confusa, revuelta y varia multitud de gentes a las cuales el común
-peligro contagiaba el espanto, corría desolada y despavorida buscando
-en los vecinos montes momentáneo refugio a la próxima o inevitable
-catástrofe.
-
-Aquí una madre, indiferente al propio y general peligro y solo atenta
-a la salvación del tierno fruto de sus entrañas, lo apretaba en sus
-brazos y huía jadeante a todo el correr de sus débiles fuerzas. Allí
-un enfermo demacrado, a quien se las prestaba el supremo instinto de
-conservación, pugnaba con vacilante paso por seguir a la muchedumbre
-fugitiva. Más allá un fuerte mancebo cargaba sobre sus robustos hombros
-el cuerpo inerte de decrépito y paralítico anciano, y con la pesada
-carga se esforzaba en vano en aligerar los pies. Un viejo devorado por
-la avaricia se encerraba en su casa atrancando la puerta, resuelto a
-perder la vida antes que abandonar el escondido tesoro; que a tales
-aberraciones conduce la senil pasión de la riqueza. En la puerta de un
-cuartel permanecía firme en su puesto el centinela, más temeroso de la
-ordenanza que de la muerte. Numerosas personas, juzgándola inevitable,
-caían de rodillas en mitad de la calle, y elevando sus suplicantes
-ojos al cielo imploraban su postrer auxilio. Acudían otras presurosas
-a los templos buscando bajo sus sagradas bóvedas el supremo refugio
-de la esperanza. Atronaban el espacio los gritos de desesperación
-lanzados por millares de mujeres, en tanto que los hombres, silenciosos
-y cabizbajos, pretendían inútilmente oponer la viril energía a las
-ruidosas expansiones del dolor. Las autoridades, sorprendidas por el
-inesperado suceso, cruzábanse de brazos luchando con la perplejidad y
-la impotencia. A toda prisa los buques zarpaban en el puerto haciendo
-rumbo a alta mar, porque, a semejanza de lo que sucedió en el Callao,
-corrían peligro de ser arrojados por la enorme ola a dos o tres
-kilómetros tierra adentro. Desordenadas masas atropellábanse en agitado
-remolino para tomar al asalto trenes, tranvías, ómnibus y cuantos
-medios de transporte facilitasen la fuga. Por todas partes movimiento,
-confusión, desenfreno, voces ensordecedoras, la lucha brutal y egoísta
-por la existencia y el paroxismo de la locura del pánico.
-
-A la una de la tarde la mayoría de los habitantes de Barcelona y de
-su llano coronaban los montes que, formando grandioso anfiteatro, lo
-circundan, ciñen y rodean desde Montjuich hasta Moncada.
-
-Faltaban cinco minutos; se acercaba el momento supremo; los corazones
-latían con violencia; los ojos, como fascinados por el mar, fijábanse
-en su tersa y tranquila superficie, sobre la cual rielaban los
-brillantes rayos del sol, y profundo, imponente y aterrador silencio
-reinaba en medio de la atónita y suspensa muchedumbre.
-
-Era un hermoso y espléndido día de primavera. Ni una nube en el
-transparente y claro azul del cielo, ni un soplo de aire moviendo
-blandamente las hojas de los árboles. Todo reposo y calma en la
-apacible e indiferente naturaleza; todo zozobra, inquietud y miedo en
-los atribulados espíritus.
-
-Mas cuando la aterrada multitud esperaba sentir de pronto temblar
-el suelo y conmoverse el firmamento; oír el formidable estampido
-del trueno en el abismo, y el prolongado fragor de edificios que
-repentinamente vacilan sobre sus cimientos, se desploman, caen y
-derrumban; y ver la tierra convertida en trágico teatro de desolación
-y ruina, y el mar, rompiendo sus naturales lindes, envolver, sumergir
-y arrasar con el flujo y reflujo de sus turbulentas olas la gran
-ciudad, orgullo de sus hijos, gloria de España y admiración del mundo,
-estremecieron el aire voces infantiles, que en diversos puntos sin
-cesar gritaban:
-
-«¡_El Extraordinario_, con el último parte del doctor Puff!»
-
-La gente arrebataba de manos de los vendedores el delgado papel, y
-leía el siguiente despacho telegráfico:
-
-«Observatorio de Monte Gray, 4 mañana. (Debe tenerse en cuenta la
-diferencia de meridiano.) — He pasado la noche rectificando mis
-cálculos. — La catástrofe de Barcelona es, por desgracia, segura; pero,
-por error de suma, anticipé la fecha cien mil años. — _Puff._»
-
-
-
-
-ÍNDICE
-
-
- PÁGINAS
-
- Del Cielo a España. 7
-
- Un diálogo en el espacio. 53
-
- La caja de cerillas. 61
-
- Cuatro siglos de buen gobierno. 75
-
- La taza de leche. 105
-
- El Padre Carmelo. 123
-
- El triunfo de la Igualdad. 129
-
- El hombre único. 143
-
- Lo presente juzgado por lo porvenir. 157
-
- Un viaje a la República Argentina. 169
-
- La Verdad desnuda. 187
-
- La locura del anarquismo. 195
-
- Las tijeras. 211
-
- En el planeta Marte. 217
-
- El dragón de Montesa, o los rectos juicios
- de la posteridad. 231
-
- El Monstruo. 245
-
- El fin de Barcelona. 255
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS ILUSTRADOS ***
-
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-even without complying with the full terms of this agreement. See
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-electronic works. See paragraph 1.E below.
-
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation (“the
-Foundation” or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
-of Project Gutenberg™ electronic works. Nearly all the individual
-works in the collection are in the public domain in the United
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-must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any
-additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
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-posted with the permission of the copyright holder found at the
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