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(This file was produced from images - generously made available by Biblioteca Digital - Hispánica/Biblioteca Nacional de España.) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS ILUSTRADOS *** - - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han - convertido a MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos. - - * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con - las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española. - - * Las rayas intrapárrafos han sido espaciadas según los modernos usos - ortotipográficos. - - * Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas tras el - párrafo en que aparece su llamada. - - * Se han desplazado muy ligeramente algunas ilustraciones para su - mejor encaje en el texto circundante. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - - CUENTOS ILUSTRADOS - - - - - NILO MARÍA FABRA - - CUENTOS ILUSTRADOS - - DIBUJOS DE - - MASRIERA, José, Francisco y Luis - PELLICER, J. Luis - LUCAS VILLAMIL, E. — QUEROL, Agustín — MARQUÉS, J. M. - ERIZ, Pedro — CABRINETY, José - FUSTER, Mariano — ÁLVAREZ MASÓ, Rafael - FABRA, Jorge - - - BARCELONA — 1895 - Imprenta de Henrich y C.ª, en comandita - Pasaje Escudillers, 4 - - - - - ES PROPIEDAD. — Quedan hechos - los depósitos que marca la ley. - - - - -[Ilustración] - - - - -DEL CIELO A ESPAÑA - -PRIMERA PARTE - - -I - -Dios, Nuestro Señor, daba un día audiencia a los santos que iban a -interceder por sus devotos, por los pueblos que patrocinaban y por -todos los pecadores. La Santísima Virgen, sentada al lado de su querido -y Hijo, recomendaba los múltiples memoriales de los visitantes, a los -cuales acogía el Ser Supremo con la bondad del que es fuente de todas -las misericordias. Fueron entrando en el salón del trono del Altísimo -santos y más santos, basta que le tocó el turno a Santiago el Mayor. - -—¡Hola, Jaime! —le dijo el Todopoderoso—: ¿qué te trae por aquí? -¡Cosas de España, tal vez! ¿Qué pasa por aquella tierra? ¿Están en paz -tus clientes? - -—Bien sabe Vuestra Divina Majestad, —contestó el Apóstol, haciendo tan -profunda reverencia que el sombrero lleno de conchas y reliquias que -tenía en la mano barrió el suelo—, que aquello anda malillo, y que, -si Dios no pone remedio, yo no sé lo que va a ser de España, de los -españoles y de sus descendientes, que se han establecido en el Nuevo -Mundo, a todos los cuales protejo y amparo en sus cuitas; porque, eso -sí, ni unos ni otros nos han perdido la afición, y si no, aquí está la -excelsa Madre de Vuestra Divina Majestad, patrona de las Españas y de -las Indias, que no me dejará decir una cosa por otra. - -—Cierto es —dijo Nuestra Señora—, que en pocas partes del mundo se me -venera tanto como en las tierras de que habla Santiago, y, a decir -verdad, yo quisiera hacer hasta los imposibles a favor de aquellos para -mí muy amados hijos. - -—¡Vamos, di lo que solicitas, Diego —exclamó el Eterno dando una -cariñosa palmada en la mejilla del santo—; basta que mi amantísima -Madre sea intercesora, para que yo te conceda cuanto desees, con tal -que no me pidas gollerías. - -—Señor —contestó el Apóstol algo perplejo—, yo no sé cómo decírselo a -Vuestra Divina Majestad... El caso es que... Ello es... Vaya, que no me -atrevo. - -—¡Ánimo! ¡Habla! - -—Como a Vuestra Divina Majestad no se le oculta nada, bien sabe lo que -yo quiero para los españoles. - -Sonriose el Todopoderoso, pues Él ya sabía de antaño lo que pensaba -Santiago, porque, ya se ve, ¿qué se le ha de ocultar a quien no ignora -cuanto pasó, pasa y pasará?; y poniendo ambas manos sobre la esclavina -del bienaventurado, le contestó: - -—En verdad te digo, querido Jacobo, que lo que pretendes es harto -difícil; pero, en fin, exprésalo en breves palabras. - -—Pues bien, Señor, lo que yo quiero para los españoles es lo que se -llama sentido común... - -—¡Sentido común! —replicó el Omnipotente—: ¡sentido común! Pues ¿no -sabes tú que lo que los hombres denominan así, es el menos común de los -sentidos? - -—Vuestra Divina Majestad me entiende, y no digo más. - -—¡Hijo mío! —dijo con voz suplicante la Reina de los Ángeles—; vuelve -tus ojos misericordiosos hacia aquel pueblo desdichado, y concédele lo -que más le convenga. - -—¡Bueno! —contestó Nuestro Señor—; voy a hacer por España lo que no -he hecho por nadie, aunque me cueste privarme por algunos días de -la compañía de un hijo predilecto como este. Vuelve a la Península, -Santiago, con amplios poderes míos. Te doy facultades para hacer -milagros, sin que puedas, empero, mover y forzar la voluntad de los -hombres, porque ya sabes que quiero que sea libre su albedrío. Te doy -el don de hacerte invisible y de tomar la forma que quisieres. Ve allí -y haz de nuevo gala de tus dotes oratorias, a ver si tu elocuencia, que -hizo cristianos a los españoles, más o menos pecadores, que sobre esto -hay mucho que hablar, consigue ahora darles el mejor discernimiento en -las cosas terrenales. - -Dio el Apóstol gracias a Dios Nuestro Señor y a su Santísima Madre, y -fuese en derechura al vestíbulo del Cielo donde pidió a San Pedro, con -grande admiración de este, que le franquease la salida. - -—¡Qué es esto, colega! —exclamó el portero mayor del Paraíso. - -—Que me voy otra vez a predicar. - -—Mira, aquí entre apóstoles sea dicho, vas a que te crucifiquen como -hacen aquellos bárbaros con todos los que les dicen verdades. - -—Estos tiempos no son los nuestros, Perico, gracias a nosotros, que -civilizamos al mundo. Verdad es que por allí hay quien no se acuerda -de esto, y nos pone como chupa de dómine; pero a lo menos ya no le -desuellan a uno vivo sino de boquilla. - -—Ciertamente esto se ha ganado, pero ha sido a costa de las tiras -de piel verdadera que hemos dejado por allá; y si no, dígalo nuestro -compañero Bartolomé; pero, ¿qué digo piel?: carne y huesos, que todavía -me parece que me duelen las palmas de las manos de aquellos clavos con -que me crucificaron, cabeza abajo; y todo ¿por qué?: porque sacaba del -error a los hombres. ¡Si serán estúpidos! - -—Tienes razón, mala cosa son los hombres; pero algo hay que hacer por -ellos. Allá me vuelvo. ¡Abre, Perico, la puerta, y hasta luego! - -—¿Pero vas a pie? - -—¡Hombre, sí! ¡Buena idea! Tomaré la jaca. ¡Cómo estará de brava a puro -holgar! Ya se ve, como ahora no necesitan de mí los españoles para -regir sus ejércitos, teniendo tantos generales... - -—Por brava que esté, ¿qué te importa, si no hay mejor jinete que tú en -cielo y tierra, si eres el Santo caballero por excelencia? - -—Claro está; ¡como que soy el patrón de los españoles!... pero abre -mientras voy por la jaca. - -Soltó San Pedro las cadenas de oro del puente levadizo de la celeste -mansión, el cual vínose abajo con grande estrépito, y al breve espacio -cruzó por él Santiago, caballero en su blanco corcel, echando no -diablos, porque en el Paraíso no los hay, sino rayos y truenos que -estremecieron el aire, azotaron el firmamento y retumbaron por el -espacio infinito. - - -II - -No sé el tiempo que empleó el Apóstol desde la Gloria a la Península, -porque ignoro la distancia que separa a los españoles de la -bienaventuranza, aunque entiendo que debe ser poca, pues aquella misma -tarde apareció Santiago en mitad de un camino real de España. - -El cual debía de atravesar la Mancha, porque ni un solo árbol se -descubría en medio de la soledad de una vastísima llanura, que más -semejaba mar desecado que otra cosa alguna. - -—¡Qué gentes estas! —exclamaba el Santo para su esclavina—. ¡Están -dejadas de la mano de Dios! ¿Qué mal les han hecho los árboles? ¡No -parece sino que, hartos de destruirse unos a otros, han declarado cruda -guerra a la naturaleza! - -Y pensando en esto, iba camino adelante al paso de su caballo, cuando -de pronto vio venir hacia él a dos hombres cubiertos con amplios -sombreros, como los del Padre Eterno, muy ceñidas las vestiduras con -unas correas sobre el pecho, las manos dentro de fundas blancas, y -llevando cada uno al hombro gruesos bastones rematados en punta de -hierro, que el Santo creyó bordones de peregrino de nueva usanza. - -—¡Vaya, serán colegas míos —dijo para sí— que irán de romería a algún -santuario! Ya tengo compañía. - -Los cuales supuestos peregrinos íbanse acercando fijos los ojos en el -jinete, y apenas llegaron junto a él, diéronle la voz de alto. - -Detuvo el Apóstol las riendas a su caballo, y preguntó a la pareja qué -quería. - -—La cédula de vecindad —dijo uno. - -—¡La cédula! ¿Qué es eso? - -—Por lo visto, es usted nuevo aquí... - -—Sí, señor, soy forastero. - -—Pues bien, aquí nadie viaja sin ese documento. - -—No le tengo. - -—Entonces dese usted preso. - -—De modo que en España ¿se necesita patente de hombre de bien para -andar suelto? - -—Y para todo. - -—En este caso, no habrá malhechor que carezca de semejante requisito. - -—En efecto, señor peregrino, todavía no hemos topado con ningún -criminal que no esté provisto por lo menos de una cédula. - -—¿Para qué sirve, pues? - -—Yo le diré a usted; es un recurso de la Hacienda como otro cualquiera. - -—¡Ah, ya! Es un tributo sobre la libertad personal. - -—Sea lo que fuere, nuestra obligación es detener a los indocumentados. - -—Pero, hombre de Dios, si yo soy un caminante pacífico y nunca he hecho -mal al prójimo. - -—No lo dudamos, mas tenemos que cumplir con la consigna. Quien manda, -manda. Tenga usted, pues, la bondad de venirse con nosotros. - -—Por lo menos —dijo el Santo para su sayal— aquí se prende con cortesía. - -Y como era muy celoso de la disciplina militar, aunque patrón de -España, añadió, dirigiéndose a la pareja, acortando razones: - -—Vamos a donde ustedes quieran. - -—Al pueblo que deja usted a retaguardia. - -—¡Andando! - -Y así diciendo volvió grupas, y seguido de los guardias civiles, que -tales eran los aprehensores, encaminose a un lugar que allí cerca -estaba y en el cual no había parado mientes. - -A tiempo que anochecía entraron los tres en el pueblo, donde reinaba -el mayor sosiego a pesar de ser víspera de elecciones municipales. El -alcalde, que iba de ceca en meca muñendo a los electores a casa hita, -en la calle y en la taberna, y no podía, por lo tanto, perder el tiempo -en bagatelas, en cuanto vio a los recién llegados, y sin preguntar a -los guardias por qué traían a aquel hombre, dijo con voz de autoridad: - -—¡A la cárcel con él, y el caballo a mi cuadra! - -Y dicho y hecho, y he aquí cómo la primera noche de su vuelta a España, -Santiago se la pasó enterita en la cárcel. - - -III - -Aquel siervo de Dios, en lugar de hacer milagros y de salirse del -inmundo aposento donde encerrado estaba, porque con decir que era -cárcel de pueblo, y de pueblo de la Mancha, está dicho todo, púsose -a rezar y a rezar hasta que le sorprendió la vaga claridad del alba -entrando por una rendija o gatera, que en esto no estoy muy seguro, -pero sí de que no tenía más ventilación el calabozo. - -En esto oyose ruido de llaves en la premiosa cerradura; rechinaron los -goznes, y abriéndose pausadamente la puerta, apareció bajo el dintel -la majestuosa figura del alguacil, barbero, sangrador y peatón en una -pieza. - -—¡Sal! —dijo con ademán imperativo y voz bronca, porque acababa de -matar el gusanillo: y luego añadió que le siguiese. - -Hízolo así Santiago, y subiendo una estrecha escalera, fue introducido -en el salón del concejo, que iba a servir además de colegio electoral, -a juzgar por una grande urna que puesta sobre la mesa estaba. Una -silla, tres bancos y el retrato del Rey, pegado con obleas o pan -mascado en la pared, completaban el ajuar de aquel augusto recinto, -al cual prestaba mayor solemnidad en aquel momento la presencia del -Alcalde, muellemente sentado en la silla, extendidas las piernas, -sueltos los brazos, caída la cabeza, terciado el calañés y chupando un -cigarrillo mugriento, apagado y casi deshecho. - -—¡Hola, perillán! —exclamó la autoridad popular a guisa de saludo—. -¿Quién te manda ir de romería a caballo? ¿Dónde lo has robado, cuatrero? - -—Yo soy un hombre de bien. El caballo es mío —contestó el Santo. - -—¡A mí con esas! Ea, a ver la cédula. - -—No la tengo. - -—¿De dónde eres? - -—Nací en Bethsaida. - -—¡Saida! Alguacil, ¿dónde está este pueblo? - -—Lo que es en la Mancha no está —contestó el interpelado, que, como -cartero, tenía sus ínfulas de perito geógrafo—. Este nombre me huele -así a cosa de África. - -—¡África, eh! ¡Bueno! ¿Tu nombre, peregrino? - -—Santiago. - -—¿Apellido paterno y materno? - -—Mi padre se llamaba Zebedeo y mi madre Salomé —dijo el Apóstol que no -sabía decir una cosa por otra. - -—Bien, pues decreto al canto: Habiendo sido preso por indocumentado -Santiago Zebedeo y Salomé, de profesión romero, con un caballo que -no debe ser suyo, ordeno y mando: primero, que el caballo quede en -mi cuadra a las resultas; y segundo, que el susodicho Santiago sea -conducido por tránsitos de justicia a disposición del señor Gobernador -civil de la provincia de Santander. - -—¡De Santander! —exclamó el alguacil—; pues si Santander está al Norte, -y el África, de donde parece este buen hombre, cae hacia el Mediodía. - -—Precisamente —contestó el presidente de la corporación municipal dando -un puñetazo en la mesa—; precisamente por eso. Así se trata a los -vagos. O soy o no soy alcalde... ¡No faltaba más! Llévate a ese hombre -y entrégalo a la pareja. - -Salieron ambos, y ya en la calle, el alguacil, hablando muy quedito al -oído del Santo, le dijo: - -—Mira, nación (en aquel pueblo designan con esta palabra a los -extranjeros), todo se puede arreglar con una friolera. Con que me des -para echar unas copas... En fin, hay que untar el carro... Ya sabes -aquel refrán: «Por bueno o por malo, el escribano de tu mano». - -—Sí, y también conozco aquel otro que dice: «Ni hagas cohecho ni -pierdas derecho». - -—Pues con tu pan te lo comas —replicó el agente de la autoridad dando -un empellón al Santo y encerrándole en la cárcel—. Aquí te estarás -hasta que pase la pareja. - - -IV - -Entonces el siervo de Dios creyó llegado el momento de hacer un -milagro, pues le apretaba el deseo de dar comienzo a su terrenal -apostolado y devolver bien por mal al lugar a que le trajeron, no sus -pecados, como decirse suele, pues siendo santo ¿qué pecados había de -tener? sino los altos e inescrutables designios de la Providencia; y -así, por un simple acto de su voluntad tornose de pronto invisible, y -saliendo del calabozo por el resquicio de la puerta, se fue a la calle, -recorrió el pueblo, y penetrando en todas partes sin ser de nadie visto -ni oído, escudriñó a su sabor cuanto allí pasaba. - -Hacíase cruces a cada paso al descubrir las miserias humanas; pero lo -que mayormente llamó su atención fue el aflictivo y ruinoso estado de -la Hacienda municipal, bajo el poder de aquel cacique de campanario, -que aspiraba a la reelección del cargo concejil. ¡Qué de cabildeos, -qué de amaños, qué de promesas, a costa, por supuesto, de los bienes -comunes, para conjurar las ruines rivalidades de unos cuantos -electores, en medio de la estúpida indiferencia de los demás! - -Tocaron en esto a misa, y por ser domingo, los lugareños juntáronse -en la plaza de la iglesia, esperando la última campanada, como si -quisieran tasar el tiempo destinado a las cosas santas, nada piadosa -costumbre, que disgustó al Apóstol que en volandas había acudido al -templo a oír los divinos oficios. - -Apenas terminados estos, los hombres volvieron en tropel a la plaza, -mientras las mujeres salían poco a poco de la casa del Señor con la -mantilla muy ceñida, los ojos bajos y el rosario en la mano. - -Quedose Santiago algún tiempo en la iglesia, rezando muchos -Padre-nuestros a sus predilectos compañeros de Gloria, y al retirarse, -en el acto de abrir la cancela, le asaltó una idea que llevó en seguida -a efecto, y fue nada menos que tomar la misma figura del boticario -del pueblo, ausente a la sazón, con una semejanza tal, que era el más -perfecto trasunto que imaginarse puede; y de esta suerte se presentó en -la plaza. - -Todos los que se hallaban allí cayeron en el engaño, y fueron a él y le -saludaron con mucha cortesía y afectado cariño, porque el farmacéutico, -aunque tenía fama de socarrón, entrometido y mordaz, era, si no bien -quisto, considerado con el respeto que se merece una mala lengua. - -Como en semejantes casos suele acontecer, comenzose a hablar de la -salud y del tiempo, de lo cual tomaron pie los labradores, que lo eran -casi todos, para echar su cuarto a espadas sobre la cosecha, siempre -mala, si no detestable, en boca de campesinos. - -—¡De esto tenéis la culpa vosotros! —exclamó Santiago. - -—¿Nosotros? - -—Sí, vosotros. - -—¿Por qué? —preguntó uno. - -—Vamos a ver, ¿qué es lo que hace buenas las cosechas después del -trabajo del hombre? - -—¡Toma! —contestó otro a quien llamaban por apodo el tío Solón o -Salomón—, la buena tierra y el agua. - -—Siendo así, ¿por qué os empeñáis en hacer mala la tierra y en alejar -de ella la humedad? - -—¡Nosotros! —exclamaron todos con irónica sonrisa, mirándose unos a -otros, como quien dice: este hombre no está en su juicio. - -—¡Sí, vosotros, con la insensata guerra que hacéis al arbolado! -Fomentadlo, y la tierra será cada vez mejor, y la lluvia visitará con -más frecuencia los campos, derramando sobre ellos sus inapreciables -dones. - -—¡Ah, señor farmacéutico! —exclamó el tío Solón—, ¡qué engañado está -usted! Esto lo rezan los libros, pero nosotros entendemos más de -labranza que esos señoritos de las ciudades que inventan estas cosas, y -que no son más que unos saca-dineros. ¡Árboles, eh! - -—¿Qué mal os han hecho? - -—Mire usted; cuando yo era mozo —replicó el tío Solón—, había en el -prado de propios hasta seis docenas de pinos: ¿y sabe usted para qué -servían? Para que los muchachos se comiesen los piñones. Semejante -escándalo llamó la atención del concejo, que se reunió para tratar -sobre la materia. Opinaban unos que debía nombrarse un guarda y otros -que era mejor cortar los árboles, y después de maduro examen, por -mayoría de votos se decidió lo último, y así se dio fin al escándalo. - -No quiso Santiago refutar tales razones, que no eran para contestadas, -y encarándose con otro Licurgo del lugar que atentamente escuchaba sin -decir esta boca es mía, le preguntó: - -—¿Y usted también cree inútil el arbolado? - -—¡Qué inútil —contestó el segundo sabio—, perjudicial, y perjudicial -de todo punto! Y si no, vamos a ver: ¿quién se come el grano antes de -la cosecha? Algunos pájaros, como los gorriones, ¿no es verdad? ¿Quién -atrae a los gorriones? El arbolado, ¿no es cierto? Luego destruyendo a -este contribuimos a extinguir aquella plaga. - -—¡Bien dicho! —exclamaron todos dando calurosas muestras de -asentimiento, creyendo confundido al supuesto boticario. - -El cual, después de breve pausa, replicó: - -—Pues yo os pregunto: ¿qué plaga es mayor, la de los insectos o la de -los pájaros? - -—¡Toma! —contestó otro labriego—, la de los insectos, porque siendo -innumerables y pequeñísimos, no basta la mano del hombre para -aniquilarlos. - -—Entonces —dijo el Santo—, si no os bastáis para combatir a estos -casi invisibles enemigos, justo sería que respetaseis y aun dierais -recompensa a vuestros mejores auxiliares, y si no; decidme: por cada -grano de trigo que os quita un gorrión, ¿de cuántos millares de -insectos no habrá limpiado vuestros campos? - -Esperaba el Apóstol que este sencillo razonamiento abriría los ojos de -aquellos labradores; pero lejos de ser así, ninguno dio muestras de -dejarse convencer ni aun por el mismo Dios que bajase en persona, y -como Santiago se sabía muy bien de memoria aquel refrán de que no hay -peor sordo que el que no quiere oír, dio el pleito por perdido; mas -quiso probar si sacaba mejor fruto hablándoles de la cosa pública, y -encaminando la plática en este sentido, les espetó una de verdades que -había que oírle. ¡Qué de cosas salieron de aquellos santos labios, como -de quien sabía los más recónditos secretos de todo el lugar! - -—¡Muy bien! —exclamó un mozalbete que había estudiado en Madrid hasta -dos años en la Escuela de Veterinaria, siendo suspenso en el segundo—; -¡muy bien, señor farmacéutico! Me place ver a usted entrar por tan -buen camino y salir de la actitud de expectante benevolencia para con -el Ayuntamiento, en que hasta ahora se había colocado. Cuente usted -conmigo, con mi apoyo incondicional, a fin de coronar el edificio de -la regeneración de nuestra querida patria, digna de mejor suerte y de -los más altos destinos. Unámonos todos en apretado haz para sacudir el -yugo de la opresión y de la tiranía; proclamemos con entusiasmo nuestro -ideal político... - -—Pero, ¡hombre de Dios! —exclamó interrumpiéndole Santiago—. ¿Qué -tienen que ver tus ideales políticos con la policía urbana, la hacienda -municipal y los chanchullos de los fielatos? - -Y hablándole aparte añadió: - -—Calla, si no quieres que cuente tus trapisondas de la época en que -eras secretario del anterior alcalde, por cuya candidatura trabajas -ahora. - -Corriose el mozo, y hecho una grana, escurrió el bulto, dirigiéndose a -la Casa de la Villa, donde en aquel momento se constituía solemnemente -la mesa electoral. - -Entretanto, el Apóstol no cesaba de exhortar a aquellos rústicos, -que embebidos y suspensos le escuchaban, a que cumpliesen sincera y -honradamente sus deberes de buenos ciudadanos; y cuando creía haberles -persuadido de todo punto, el tío Solón le interrumpió diciendo: - -—Yo no quito ni pongo rey. - -—Ni mi padre ni mi abuelo —añadió uno—, dieron jamás su voto, y yo no -hago usos nuevos. - -—¡Al concejo, ni verlo! —exclamó otro. - -—¡Allá ellos! —dijo un cuarto. - -—Mire usted, señor boticario —prosiguió el tío Solón—, quien sirve al -común, sirve a ningún. Así, no se canse usted, que ni queremos votar ni -ser votados. - -—¿Para qué? —repuso un quinto—; ¿para que nos roan los zancajos y no -hagamos nada de provecho? Y si no, pon lo tuyo en concejo, y unos dirán -que es blanco y otros que es negro. - -Y todos por este estilo fueron contestando a Santiago, el cual, sin -querer oír más razones, se marchó del lugar. - -Uno de los del corro, empero, tuvo un arranque de valor cívico, y -exclamó: - -—¡Pues yo voto! ¡Algo hay que hacer por el pueblo! - -Y dirigiéndose al colegio electoral, se votó a sí mismo. - - -V - -La nueva de la actitud tomada por el supuesto farmacéutico, y digo -actitud, porque empleó esta palabra el veterinario en embrión, cayó -como una bomba en medio del campo alcaldesco, que había sentado sus -reales en el salón consistorial y ya se regodeaba con la confianza -de una victoria decisiva, a pesar de que el bando contrario, de que -era firme apoyo y activo paladín el molzalbete de la plaza, había -conseguido intervenir la mesa electoral, circunstancia que no permitía -al presidente de ella trasegar el censo completo a las listas de -votantes, como en otras no menos gloriosas batallas por él libradas. -Mas como el común peligro fue siempre medianero de unión y de concordia -entre los desavenidos, apenas se supo por boca del exsecretario que -en aquellos momentos históricos se estaba formando el partido de -los _independientes_, que con tal nombre bautizaron en el acto a -los del corro de la plaza, el Alcalde, que no se dignaba inclinar -su erguida y majestuosa frente, ni aun en señal de saludo, ante sus -concejiles adversarios, dando rienda suelta al noble y generoso impulso -de su pecho, propuso a la mesa la formación de una candidatura de -transacción y de conciliación, en la cual estuviesen representadas -las dos colectividades que, ya a regañadientes, ya a palo limpio, se -disputaban el gobierno y el pueblo. - -Ardua era de suyo la empresa, porque de los siete concejales que debían -elegirse para la renovación del Ayuntamiento, no ofrecía el alcalde más -que tres puestos a los adversarios. Porfiaban estos que querían cinco, -y en este regateo les sorprendió el elector independiente de que he -hablado. - -A su presencia turbose el Alcalde, y viendo en su imaginación llover -electores sobre el colegio seguidos del notario para que diese -testimonio del escrutinio, por si no se jugaba limpio, cedió en el acto -a las exigencias del contrario bando y se prestó a todo: que de leves -causas proceden muchas veces las graves resoluciones y los sucesos -trascendentales. - -Conciliadas las opuestas parcialidades y convenida la fórmula, seis -hombres de corazón luciéronse fuertes en la estrecha escalera que -daba acceso al colegio electoral, resueltos a defender aquel sagrado -recinto de los ojos profanos, indiscretos o curiosos que pretendiesen -turbar la majestad del escrutinio; arrellanose el Alcalde en la silla -presidencial, repartió cigarrillos a los interventores, y dando un palo -a la mesa con el bastón de autoridad, exclamó: - -—¡Que vengan electores! - -Entretanto los secretarios procedían a la redacción del acta, en la -cual aparecían como votantes cuantos electores arrojaba el censo, -incluso los difuntos; que aquella gente no reparaba en cosas de poca -monta cuando tenía las manos en la masa. - - -VI - -Cantaba el gallo de San Pedro, claro indicio de que rayaba el día, -cuando Santiago, puesto sobre su caballo blanco, que había recuperado -sin ser de nadie visto, llegó al glacis del Alcázar celeste, defendido -por una legión de ángeles que revoloteaban de aquí para allí gritando: -¡centinela alerta! y el lejano eco repetía: ¡centinela alerta! - -—¿Quién vive? —gritó una voz, en cuanto el Apóstol se acercó al puente -levadizo. - -—El Paraíso —contestó aquel. - -—¿Qué gente? - -—Santiago el Mayor. - -—¡Alto! ¡Cabo de guardia! - -Y salió la ronda menor, compuesta del cabo y de dos números, que eran -gentiles mancebos resplandecientes de hermosura con unas alas muy -anchas y extendidas, vestidos de blanco y finísimo ropaje, y blandiendo -en la diestra sendas espadas que, a pesar de la tenue claridad del -naciente día, brillaban como inextinguibles centellas. - -El cabo pidió el santo, seña y contraseña, y rindiolas el recién -llegado, diciendo: «_Santo Espíritu, Espacio Eterno._» - -Previas estas formalidades que prescribe la celestial ordenanza, se -fue el cabo a prevenir al oficial de guardia, y este a San Pedro, que -a fuer de madrugador, merced a su gallo, en la muralla del venturoso -Alcázar se estaba solazando. - -Acudió solícito el príncipe de los Apóstoles a abrir a su compañero, y -exclamó: - -—¿Ya de vuelta, querido Santiago? - -—Aquí me tienes, Perico, —contestó este, apeándose del caballo y -estrechando entre sus brazos al portero mayor de la Gloria. - -—Vamos, cuenta: ¿cómo te ha ido por allá? - -—Llegué, y me prendieron. - -—¿Y tú qué hiciste? - -—Salirme de la cárcel por milagro. En España se suele salir así de -semejante sitio. - -—¿Y después? - -—Traté de inculcar las nociones más rudimentarias de agricultura a -gentes que no viven más que de ella. - -—¿Y se convencieron? - -—Se encogieron de hombros. - -—¿Y te volviste? - -—No. Tropecé con un rebaño conducido por lobos y quise persuadir a las -ovejas de que eligiesen otros pastores. - -—¿Y bien? - -—Nada, que prefirieron seguir siendo comidas. - -—Ya sabes que nunca he tenido fe en el sentido práctico de tus -clientes; pero jamás creí que llegase hasta tal punto la insensatez -humana. - -—Más que insensatez descubrí en el fondo de todo grande apatía -intelectual. Gentes son las que encontré, que por ahorrarse el trabajo -de pensar, dieran de buen grado al maestro de escuela que tenían, y aun -todas las universidades de añadidura. - -—Conozco el género. Son los hombres más difíciles de convertir: los -holgazanes contumaces del entendimiento. - - - - -DEL CIELO A ESPAÑA - -SEGUNDA PARTE - - -I - -Santiago, por conducto del Arcángel San Miguel, jefe del cuarto militar -de Dios Nuestro Señor, pidió una audiencia a su Divina Majestad, y al -día siguiente recibió un B. L. M., en el cual se le anunciaba que a las -tres de la tarde sería introducido ante el trono del Altísimo. - -—¡Ya de vuelta, Jaime! —exclamó el Todopoderoso, al ver entrar al -Apóstol. —¡Bien venido! —dijo la Santísima Virgen, muy contenta del -regreso de su predilecto devoto—. ¿Cómo dejas a mis hijos los españoles? - -—En cuanto a religiosos, que es lo principal, no hay nada que decir. -Bien puedo asegurar a Vuestra Divina Majestad y a su excelsa Madre -que, a despecho de las maquinaciones del enemigo malo, la veneración, -el amor y la popularidad de que somos objeto en aquella bendita tierra -no menguan ni se debilitan, antes más bien parece que se afianzan y -robustecen de día en día. - -—¿Y en cuanto a lo demás? —preguntó el Omnipotente. - -—Señor —contestó el Santo, algo turbado, porque siendo tan amante de -España no se atrevía a decir nada en su menoscabo—, confieso que en mi -patria adoptiva quedan algunas cosillas por arreglar, y que los poderes -que obtuve de Vuestra Divina Majestad no dieron el resultado apetecido. - -—Si Yo pudiese dudar de algo —dijo el Eterno—, nunca hubiera tenido -confianza en el éxito de tu empresa. Ya lo has visto por tus propios -ojos. Aquella es gente incorregible en las cosas terrenas, y por lo -tanto hablemos de asuntos menos enojosos... - -—Señor, implorando la misericordia de Vuestra Divina Majestad, le ruego -encarecidamente que se sirva oírme, porque no he perdido del todo la -esperanza... - -—¿Qué esperanza, Jaime? ¡Por Mí, ponte en razón! ¿Crees posible que -aquellas gentes se corrijan? Ni por milagro. - -—¡Ah, Señor! Si yo pudiese siquiera hacer uno, moviendo y forzando la -voluntad del Gobierno que rige a mis clientes, ¡cuán felices no serían -estos! - -—Ya sabes que no quiero en manera alguna que se tuerza el libre -albedrío de los hombres. - -—¡Por una vez! —exclamó la Virgen María. - -—Pues bueno; sea. Basta que me lo pida mi adorada Madre. Vuelve a -España, Jaime; hazte invisible, estudia a los españoles, infórmate -de sus deseos, líbrales de lo que más censuren y otórgales lo que -ambicionen. Al efecto doyte la facultad de rendir a tu antojo, mas -por una sola vez, la voluntad del poder supremo de la nación, y si te -arrepintieres del resultado de tu propia obra, concédote el don de -anularla por completo. - -—¡Señor! —exclamó Santiago, con grandes muestras de regocijo—; ¡se lo -agradeceré toda mi eternidad! Gracias, gracias, Dios mío. - -Y dirigiéndose a Nuestra Señora, añadió: - -—¡Gracias, oh tú, la más bendita de las mujeres! - -—Ve conmigo, y hasta la vuelta. - -—Adiós, Santiago —dijo la Reina de los Ángeles. - -Y el Apóstol, haciendo genuflexiones, salió del salón del Trono, -acompañado del Arcángel San Rafael, Grande del Paraíso, de primera -clase, ayudante de campo de su Divina Majestad e introductor de Santos. - - -II - -A pie salió esta vez de la celeste mansión el abogado de España, -y emprendiendo el camino del sistema solar, echó una ojeada a los -diferentes planetas que giran en torno del astro del día. Pronto -distinguió al nuestro por la luz azulada que despide, y dirigiendo -a él sus pasos, detúvose a cosa de 20.000 kilómetros de buen andar, -del término de su cósmico viaje. A distancia semejante, parecía el -globo terrestre tan grande como la bóveda del cielo vista desde una -eminencia de la Tierra. En aquella sazón, puesto el Santo de espaldas -al sol, vio ante sí el hemisferio del Nuevo Continente, que destacábase -brillante en medio de las manchas oscuras formadas por los Océanos -Atlántico y Pacífico. América parecía un inmenso pie, cuya punta -amenazaba al Mundo Antiguo, el cual asomó después por la izquierda. -Aparecieron primero: hacia el Norte la Rusia asiática, al Sur la -Australia y Nueva Guinea en el Ecuador, luego el Japón y las islas -Filipinas, y sucesivamente China, Borneo, los Estrechos, la Indo-China, -el Indostán, la Arabia y la costa oriental de África. - -De pronto, púsose el Apóstol de rodillas en medio de la inmensidad del -espacio, extendió los brazos y dobló la frente en señal de profundísima -veneración: en aquel momento presentábase a su vista la Tierra Santa. - -Rusia, Turquía, Austria, Alemania, el África Central, Italia, Francia, -mostráronse después, y por fin, la Península Ibérica a manera de una -gran piel de toro. Destacábase en medio de ella un punto apenas -perceptible junto a una línea oscura formada por los valles de la -Cordillera Carpetana: aquel punto era Madrid. - -Entonces Santiago quedó invisible, y siguiendo su viaje, no paró hasta -hacer pie en la Puerta del Sol. - - -III - -A decir verdad, lector benévolo que has llegado hasta este punto de -la narración de mi cuento, desesperé de darle fin, pues si bien me -hallaba en la corte de España cuando estuvo en ella nuestro Santo -Patrón, no parecía sino que mi memoria, de suyo flaca y endeble, ni -aun reminiscencias conservaba de los sucesos a que dio lugar tan -extraordinario acontecimiento. - -En vano con diligente solicitud traté de buscar y adquirir informes; en -vano consulté las colecciones de los periódicos, que en estos tiempos -son la crónica más o menos concienzuda y verídica de los sucesos; en -vano apelé al testimonio de mis convecinos: los primeros guardaban -profundo silencio, y los últimos juzgábanme fuera de juicio cuando les -preguntaba: - -—¿Presenciaron ustedes lo que pasó en Madrid cuando vino Santiago? - -Resuelto estaba ya a no escribir la segunda parte de este cuento, -conseja o pasatiempo infantil, como quieras llamarlo, porque no hallaba -medio de darle remate, cuando una noche, olvidado ya este asunto, soñé -lo que a continuación vas a leer. Si tienes la paciencia de llegar -hasta el fin, sabrás la causa de que nadie recuerde el peregrino suceso -que voy a referirte, a pesar de que acaeció en época muy reciente. - -Parece ser que Santiago estuvo varios días en Madrid y en otras -poblaciones de la Península, y conservando el riguroso incógnito -de su invisibilidad, dedicose con especial cuidado a averiguar los -pensamientos y deseos de la mayoría de los españoles en los asuntos -concernientes a la cosa pública. - -«¿De qué se quejan estas gentes? —decía para sí después de maduro -examen—. Del Ministerio, sea el que fuere, y de cuanto de él depende. - -»¿Qué ambicionan? Vivir a costa del presupuesto, gozando del mayor -sueldo y del menor trabajo posibles. - -»Pues suprimamos lo primero y demos la mayor extensión imaginable -a las clases pasivas. Si faltan recursos pecuniarios, yo puedo -proporcionarlos inagotables.» - -Hecho este razonamiento, llevó a efecto el milagro más sorprendente que -imaginarse puede. - -Facultado por Dios Nuestro Señor para realizar uno, forzando y -moviendo la voluntad del Gobierno, una noche en que se celebraba -Consejo de Ministros presidido por el Rey don Alfonso XII, entrose -bonitamente en la Cámara real, y disponiendo del albedrío de cuantos -allí estaban, hizo que aquellos sometieran al Monarca, y este aprobase, -el siguiente - -«REAL DECRETO - -»De acuerdo con el Consejo de Ministros, - -»Vengo en jubilar, con el haber de 30.000 pesetas anuales, a todos los -funcionarios que cobran del Estado y de las Corporaciones populares, y -en conceder la licencia absoluta, el retiro y la situación de reserva -respectivamente a los soldados, oficiales, jefes y generales de todas -las armas e institutos, con el mismo haber de 30.000 pesetas. - -»Vengo en conceder una pensión vitalicia anual de 30.000 pesetas a -todos los españoles de ambos sexos no comprendidos en el párrafo -anterior. - -»Dado en Palacio a 29 de febrero de 1881. — ALFONSO. — El Presidente -del Consejo de Ministros, _Práxedes Mateo Sagasta_.» - - -IV - -Este decreto, firmado por el Rey a la una de la madrugada del 29 de -febrero, apareció en la Gaceta de Madrid repartida al amanecer del -mismo día. - -La nueva de la disposición oficial cundió por la corte con la rapidez -del rayo. Los barrenderos de la Villa, ebrios de gozo, abandonaron -al punto su matutina faena para entregarse a copiosas libaciones -a cuenta de la jubilación; las placeras, arrojando las mercancías -al arroyo, desgañitábanse dando desaforados vivas al Gobierno por -la merced recibida; las criadas de servir tiraban los cestos de la -compra, y las más acudían presurosas a los alrededores de los cuarteles -para cerciorarse de que la gracia era extensiva al elemento militar; -los soldados, licenciados por sus jefes, dejaban los fusiles para -fraternizar con aquellas; los cocheros de plaza despedían a los -viajeros, y confiando los vehículos al instinto de los caballos, -se declaraban en huelga; retirábanse los alguaciles y agentes de -orden público, considerándose jubilados; muchos de los habituales -concurrentes a los garitos no corrían, volaban en busca de usureros -que les prestaran algunas sumas con retención de la paga; aparecían -en las puertas de las tiendas rótulos diciendo: _Cerrada por cesación -de comercio_; parábanse las fábricas y los talleres; quedábanse las -casas sin criados ni porteros; los Ministerios, huérfanos de empleados -y hasta de pretendientes; detenidos los trenes en las estaciones por -falta de personal; y solitarias la Universidad y las escuelas; en fin, -nadie quería dedicarse al trabajo, creyendo su subsistencia asegurada -con las 30.000 pesetas anuales. - -Varios prestamistas, sin embargo, de suyo codiciosos, creyeron que -aquella era la ocasión propicia de estrujar al prójimo, y pusieron -grandes carteles, escritos a mano, porque no había ninguna imprenta -abierta, anunciando que daban dinero sobre pensiones. Al punto sus -casas fueron un jubileo, y a medida que la demanda aumentaba, por la -ley natural de las transacciones, el interés del dinero fue subiendo -hasta llegar a 5.000 por 100. - -Trataron los periódicos de dar un suplemento; pero ¿cómo, si no se -encontraba un cajista por un ojo de la cara? Por favor especial un -diario popular consiguió reunir tres de aquellos y dos marcadores, pero -tuvo que pagar a duro la línea y a peseta cada ejemplar de la tirada. - -Seguían entretanto sin lumbre los hogares, y eran pocos los madrileños -que habían conseguido desayunarse. En vano acudían muchos a las fondas, -cafés y tabernas; los dueños se habían visto obligados a cerrar sus -establecimientos hallándose sin camareros y con las provisiones -agotadas. - -A todo esto dieron las dos de la tarde, y Madrid tenía hambre, pero -hambre de rico, y para satisfacerla no quedaba más recurso que apelar -a la violencia. «¡A saquear las tahonas y las lonjas de ultramarinos!» -gritaban algunos, y la cuestión de orden público se presentaba -imponente y aterradora. Mas el pueblo, contenido aún por la gratitud, -siendo tan reciente el beneficio que debía al Poder, oponíase a todo -procedimiento de fuerza. ¿Qué hacer? No había autoridades; todas -estaban jubiladas. - -«¡Acudamos al Rey!» dijeron algunos; y la muchedumbre que recorría las -calles encaminose a la Plaza de Oriente. - -El Monarca se asomó al balcón que cae sobre la puerta del Príncipe, y -la mirante turba prorrumpió en atronadoras aclamaciones. - -Una Comisión representando al pueblo allí congregado subió a las reales -habitaciones para pedir al Soberano que nombrase autoridades; pero -había surgido un conflicto constitucional irresoluble. En virtud del -Código fundamental, los mandatos del Rey no pueden llevarse a efecto -si no están refrendados por un Ministro. No existía ninguno desde que -el Gabinete Sagasta había sido jubilado, como los demás funcionarios -públicos, y por lo tanto no había medio de que la Corona hiciera uso de -su libérrima prerrogativa. - -Mas como sucede en estos casos de justicias populares, en el asalto de -las tahonas, lonjas y tabernas fueron más los productos alimenticios -y el vino que se perdieron lastimosamente, que los que llegaron a la -boca de la mayoría de los madrileños, la cual ya entrada la noche, -seguía desfallecida de hambre, mientras que los más fuertes y atrevidos -desperezábanse de puro hartos. - -Y a todo esto, Madrid estaba sepultado en la oscuridad más profunda, -porque aquella no era noche de luna,[1] y los empleados del gas se -habían declarado en huelga. - - [1] El día anterior a las 11 y 18 minutos de la mañana había sido - luna nueva. Quien dude de la veracidad de este detalle, puede - consultar el calendario de dicho año. - -Recorrían las gentes las calles a tientas, dando y recibiendo fuertes -tropezones, y las más de aquellas, deseando ver el término de -situación tan crítica y angustiosa, encaminábanse a la Plaza de Oriente -para hacer una manifestación respetuosa contra el párrafo segundo -del art. 49 de la Constitución del Estado,[2] y suplicar al Rey que -convocase Cortes, y en unión y de acuerdo con estas, decretase y -sancionase una adición a la Constitución para poder suspender siquiera -por una vez los efectos de dicho artículo. - - [2] Dice así: «Ningún mandato del Rey puede llevarse a efecto si - no está refrendado por un Ministro, que por solo este hecho se - hace responsable.» - -Mas ¿cómo se expedía el decreto de convocatoria sin faltar al precepto -constitucional, no existiendo Ministro que lo refrendase? - -La situación no podía, pues, resolverse por los trámites legales. - -Los presidentes de las Cámaras, a la sazón suspendidas, fueron llamados -a Palacio para que emitiesen su opinión. - -Ambos, empleando una frase de un célebre exministro, se encogían de -hombros y se limitaban a decir: «Las cosas se resuelven por sí mismas.» - -Así fue; porque Santiago, autorizado por Dios para anular su -milagro, deseoso de que no se infringiese una vez más un precepto -constitucional, y persuadido de que la felicidad de los españoles -no dependía del presupuesto, ni aun disponiendo este de recursos -inagotables, hizo que al dar la primera campanada de las doce de la -noche, todo el mundo olvidase lo que había sucedido durante el 29 de -febrero y que volviesen las cosas al mismo ser y estado que tenían al -terminar el día anterior. - -En prueba de ello, si tú, lector, que has llegado hasta el final de -este cuento, te tomas la molestia de ojear la colección de la Gaceta de -Madrid, verás que falta el número de dicho día, del cual no ha quedado -ninguna huella en los anales de la Historia. - - - - -UN DIÁLOGO EN EL ESPACIO - - -¡Espíritu extraño a mi familia planetaria, que, como yo, vagas por la -inmensidad buscando el término del pavoroso viaje de las almas, detén -un momento el raudo vuelo y fija tu penetrante vista, ajena a las -imperfecciones de los carnales sentidos, en aquel astro que frontero -a nosotros se presenta, girando pausado al rededor de uno de los -innumerables soles de la Vía Láctea! - -—¡Sombra a la par que yo desvanecida de la materia, cuya cósmica unidad -descubro claramente!, di, ¿por qué apartas mi atención, absorta ante -las grandiosas maravillas del Universo, fijándola en cuerpo celeste -tan raquítico, pobre y diminuto, sol extinguido, esqueleto de una -estrella, pigmeo que pasea su mortaja por los insondables abismos del -espacio? - -—¡Ah! Aquel planeta fue mi patria. - -—¿Tu patria? ¿Patria del espíritu un átomo? - -—¡La patria del cuerpo que animé! - -—Di mejor tu destierro. - -—Treinta años vi correr en ella, ¡un instante apenas!, y siento el -dolor de la partida. - -—¡Cuán apacible deslizarase la vida del polvo animado en esa esfera, -anónima para mí, cuando de tal suerte lloras su ausencia! - -—La dicha, el placer, la bienandanza son allí risueñas ficciones: -nombres, como la oscuridad, que afirman una negación. - -—¿Que te aqueja, pues? - -—El grato recuerdo de un ser amado. - -—¿Luego existe la dicha? - -—Existe el más dulce y cruel de los dolores. - -—Me asalta el deseo de conocer mundo semejante. ¿Qué hiciste en tu -sepulcro carnal? ¿A qué frívolos pasatiempos se entregaron tus iguales? -¿Cómo vive la materia en acción? - -—¿Quieres saberlo? Sígueme y tus ojos te darán testimonio de ello. -Trasladémonos sin tiempo alguno a la estrella Polar, y, merced a la -lentitud de la luz, verás los reflejos de mi mundo, la Tierra, durante -los treinta años que di vida a deleznable arcilla.[3] - - [3] La luz recorre 300.000 kilómetros por segundo, y si fuese - posible observar la Tierra desde la estrella Polar, dada la - distancia que nos separa de esta, la luz del sol reflejada por - nuestro planeta sería vista allí treinta años y medio después. - -—Sea. - -—Ya estamos. Nos hemos adelantado treinta años y medio a la marcha de -la luz, y desde aquí, si te place, puedes presenciar el espectáculo -de mi vida corpórea. Cuando te enoje aquel y quieras acelerarlo, nos -bastará movernos en dirección a la Tierra. - -—Detengámonos un momento aquí, desde donde observo perfectamente el -hemisferio boreal. Noto en el centro una mancha blanquecina. - -—Fórmanla los hielos acumulados en el Polo: el calor desaparece -paulatinamente de aquellas regiones como de las extremidades de un -moribundo. - -—A esta mancha siguen alrededor otras más oscuras, de color azulado, -interrumpidas por espacios brillantes. - -—Aquellas son mares, enormes masas líquidas condenadas en breve a la -rigidez de la muerte, y estos, continentes e islas, mansión de la -materia, pasajeramente vivificada por los espíritus inmortales. - -—Quiero presenciar la aparición de la tuya sobre el planeta. -Detengámonos a 30 años de distancia de él, tomando por medida la -velocidad de la luz. - -—Mira: en este momento los que fueron mis ojos terrenales se abren por -vez primera. ¡Ah! ¡Si llegase hasta aquí el sonido, cómo oirías las -tristes quejas del que despierta en una cárcel! ¿No ves a mi madre? ¿No -observas la palidez en sus mejillas, la fatiga en su agitado pecho, -el desfallecimiento en sus entreabiertos ojos, la expresión de acerbo -dolor en su cuerpo inerte? ¡Cuánto sufrió!... ¡Cuán a punto estuvo de -perder la existencia por dármela a mí! ¡No parece sino que una vida ha -de surgir a costa de otra! - -—¡La humanidad es hija del dolor! - -—¡Cuán grande, terrible e incesante lucha me espera! La lucha de la -vida por la vida, a costa de otras existencias o de los gérmenes de -estas. - -—¡El más fuerte está condenado a crueldad perpetua! - -—¡Cuántos peligros me rodean por todas partes! ¡El aire, mezcla de -fluidos sutiles, lleva en su seno el principio vital y la muerte; el -agua, compuesto líquido de dos gases tenues, sustenta invisibles y -formidables adversarios; la tierra, conjunto de elementos limitados -y de combinaciones infinitas, da de sí, en pródiga abundancia, el -maternal sustento de sus fecundas entrañas y la alevosa ponzoña! - -—¡La eterna contradicción de la materia! - -—¿No observas cómo me defiendo en esta guerra continua, silenciosa e -inexorable? Parece que unas veces desfallezco y caigo; pero recobro -fuerzas y me levanto y crezco, y cada vez con más vigor desafío los -ocultos ministros de la muerte que me acechan, acosan y persiguen sin -tregua ni descanso. - -—Sigamos adelante, y abreviemos el término de la representación de tu -efímera estancia en aquella partícula de polvo cósmico. - -—Ya se ilumina mi inteligencia, y apenas da señales de sí, pónenla en -tortura, y surge un nuevo combate en el cual batallan la inercia de -la materia o la frivolidad de la pueril imaginación contra el estudio -arduo y escabroso de la ciencia humana. - -—¡Ciencia humana; rudimentaria sabiduría! - -—Despiertan las calladas pasiones, enciéndense inquietos deseos, -vértigo inefable se apodera de todo mi ser: nace el amor, y comienza -una guerra cruenta y despiadada, que tiene por campeón el fuego y por -botín la indiferencia. - -—¡Mísera humanidad! ¡Tus luchas son el infinito; tus triunfos el -vacío!... Pero ¿qué nubes blanquecinas y rastreras asombran ahora las -tierras y aun los mares? - -—Se están riñendo batallas. No le basta al hombre la perenne guerra -contra la naturaleza y consigo mismo a que está condenado: necesita -satisfacer su ciego instinto a costa de sus semejantes, y la lucha que -comenzó siendo individual, ha degenerado en colectiva. ¿No observas -cómo aplican allí al arte de la destrucción la imperfecta ciencia -reservada a los mortales? El estado más poderoso es el que supera a los -demás en instrumentos de ruina. - -—Mas ya se disipan las nubes, y las apretadas falanges, que se -arrojaban con furor unas contra otras, retroceden y se disuelven. - -—Cierto. Hase convenido lo que los hombres llaman una paz definitiva -y perpetua. ¡Breve armisticio! ¡En cuanto la Tierra dé algunas -revoluciones sobre su eje, renacerá el combate, y siempre con más -encarnizamiento y más perfección en la ciencia de la muerte! - -—¿Los hombres, por lo visto, tienen una idea errónea del tiempo, cuando -soportan penalidades tantas en pos de ilusorias recompensas? - -—Unos cierran los ojos de la razón, de miedo de ver el corto camino que -tienen delante; otros fundan la inmortalidad en la perpetuación del -nombre con que les han designado en la tierra. Se contentan con poco: -les basta dejar tras sí un sonido articulado. - -—¡Pueril vanidad, cuando la misma Tierra ha de perecer en breve! - -—Esta a lo menos es la más disculpable de las vanidades. ¡Cuán -irrisorias las que se fundan en un supuesto bien presente! ¡Los -menguados que atesoran para gozar de la envidia ajena! ¡Los insensatos -que buscan la propia satisfacción en la servil obediencia de sus -semejantes! ¡Cuánta demencia en unos, y cuántas humillaciones para los -otros, que han de convertirse en esclavos de un tercero, siéndolo este -a su vez de las colectividades: la mayor de las servidumbres! - -—¡Mísera humanidad, en tus manos se empequeñece hasta la soberbia!... -La vista de tu Tierra se va haciendo enojosa. - -—¡Adiós, seres amados! ¡Un instante no más y os juntaréis conmigo! - -—Antes de alejarnos de aquí desearía saber quiénes son esos hombres -que dirigen constantemente los ojos hacia nosotros. ¡Qué de peligros -arrostran algunos en medio de aquellas regiones salvajes! ¿Buscan -también oro? - -—No. Aquellos que allí ves son los justos, que no obran por el estímulo -de la terrenal recompensa, ni aun de la vanagloria. Hacen el bien por -el bien, y remontando su alma a estas tranquilas y serenas regiones, -fundan solo en ellas el término de sus sonrientes esperanzas. - -—¡Felices vosotros, oscuros e ignorados héroes del espíritu, que -alcanzáis la mayor de las victorias reservada a los mortales: señorear -la materia y acercaros a Aquel que resume en sí la más sublime y -abstracta de las perfecciones! - -—¡Volemos hacia Él, que es grande su clemencia! - -—¡Atrás, satélites, planetas, soles, constelaciones, nebulosas, polvo -cósmico, infusorios del vacío! ¡A ti acudimos, Omnipotente Espíritu que -lo llenas todo y ante quien hasta parece pequeño el infinito!... - -* * * - -Dijeron... y rasgose el velo del supremo arcano. - - - - -LA CAJA DE CERILLAS - - -Rico, viejo, achacoso, sin hijos que le heredasen, y solo con -parientes, lejanos y codiciosos, era Samuel Rodríguez el más infeliz -de los avaros. Ni el afán de acapararlo todo, ni el placer de contar y -recontar el fruto de sus granjerías, ni la necia vanidad de que podía -poseer lo que otros inútilmente ambicionaban, hacíanle llevaderas las -angustias, zozobras y fatigas que producía en su ánimo, naturalmente -pusilánime, el temor de perder el bien alcanzado con tantas privaciones. - -* * * - -No ha mucho tiempo que Samuel recorría a pie una comarca, donde acababa -de sentar los reales para esquilmarla y empobrecerla con sus negocios -usurarios, cuando le sorprendió la noche junto a un río, a la sazón -infranqueable sin el auxilio de barca, porque repentina avenida había -destruido el puente o inutilizado el vado. Lleno de mortal congoja, -temiendo a cada paso la sorpresa de imaginarios bandoleros, pues -llevaba en el seno un fajo de billetes de Banco, seguía la margen -del río, hasta que la suerte le deparó una barca medio varada en la -arena. Su primer intento fue ponerla a flote; mas faltándole fuerzas, -y coligiendo por varios y manifiestos indicios que aquel debía de -ser lugar frecuentado de pescadores, comenzó a dar voces en demanda -de socorro. Acudió solícito a prestarlo uno de aquellos, dueño de la -barca, a quien Samuel, con lágrimas en los ojos, suplicó que, por -caridad y amor de Dios, le pasase a la orilla opuesta. Era el barquero -muy pobre, y de suyo compasivo para con los menesterosos, y tomando por -tal a Rodríguez, a juzgar por lo roto, raído y mugriento del traje, -accedió, sin estipendio alguno, a lo que pedía, y comenzó a poner en -obra su buena intención. - -* * * - -Venía muy crecido el río, y a fuerza de remos llegó la barca a la mitad -de aquel; pero de pronto, cogiéndola a través, la volcó, dando en el -agua con el avaro y el barquero. No sin gran trabajo lograron ambos -asirse a la barca, la cual quedó con la quilla al sol, y poniéndose -sobre ella a horcajadas se vieron a merced de la corriente, cada vez -más rápida e impetuosa. - -—¡Estamos perdidos —exclamó el barquero—; la presa del molino dista -poco de aquí, y si Dios no hace un milagro, nos estrellaremos contra -las rocas! - -Enmudeció de espanto Rodríguez, y pensando en el fajo de billetes que -llevaba cosido al forro del chaleco, dijo para sí: - -—¿Qué va a ser de vosotros, amigos del alma, con tantos sudores, ansias -y angustias alcanzados? ¡Si perezco en este horroroso trance, tal vez -halle mi cuerpo algún malvado y descubriendo el fruto de mis desvelos, -se enriquezca a costa mía, y gaste, triunfe y despilfarre! ¡Ah! ¡Si -a lo menos me enterrasen con mi tesoro!... ¿Pero qué digo? En este -caso, el Banco resultaría poseedor de lo que es mío, exclusivamente -mío... No, jamás, jamás. ¡Ah!, ¡si este pobre pescador me salvase, yo -compartiría con él mi hacienda!... - -—¡Queda una esperanza de salvación! —repuso el barquero. - -—¡Una esperanza! —contestó Samuel, dando un grito de júbilo. - -—Sí, que la corriente, en lugar de despeñarnos por el salto de la -presa, nos conduzca al canal del molino. - -—Pero, ¡desdichados de nosotros!, siendo así, la barca se hará pedazos -entre las ruedas... - -—No, porque el molino es de turbina, y el agua penetra en ella a través -de enrejados. - -Respiró Samuel, y continuó razonando así: - -—¿He dicho la mitad de mi hacienda? ¡Qué disparate! Basta la mitad -de los billetes de Banco que traigo aquí... Pero suman una fortuna... -cinco mil pesetas nada menos... Le daré la mitad de la mitad, o sea la -cuarta parte: mil doscientas cincuenta pesetas... - -—¡Vamos bien! —añadió el pescador. - -—Pero no quedarán para mí más que tres mil setecientas cincuenta -pesetas —observó el avaro—; con el pico, con las doscientas cincuenta -pesetas, será feliz ese pobre hombre. - -—¡Pronto embocaremos el canal! —exclamó el barquero. - -—¡Qué necio soy! —prosiguió Samuel—. ¿Regalar yo doscientas cincuenta -pesetas? ¿Y todo por qué? Porque ese prójimo ha expuesto su vida por -prestarme un servicio.... Como si todos los días no arrostrara mayores -peligros... Si le doy cincuenta pesetas, queda más que recompensado. - -—¡Nos hemos salvado! —gritó el pescador. - -—¡Cincuenta pesetas! ¡Diez duros! ¡Doscientos reales! ¡Sería el colmo -de la generosidad! —pensó el avaro—. ¿Y todo por qué? Por el barcaje. -El precio corriente son cinco céntimos: si doy diez, pago el doble de -lo que debo; pero ¿vamos a cuentas? La obligación del barquero era -dejarme sano y salvo en la orilla opuesta. Por su torpeza he caído al -agua. Mis vestidos se han deteriorado y he perdido tiempo. No, no, -nada le debo... Ni siquiera agradecimiento... Más bien él me debe una -indemnización. Yo soy acreedor, él deudor. - -* * * - -La barca choca con la compuerta del canal, a medio cerrar, y caen los -náufragos otra vez al agua. El barquero, buen nadador, conoce el río en -aquel paraje, y puede fácilmente ponerse en salvo; mas Samuel, a quien -los años debilitaran las fuerzas, se va al fondo, agitando los brazos -con la desesperación del que lucha entre la vida y la muerte. Ya la -cree inevitable, pero tropieza con un peñasco, y poniéndose sobre él de -puntillas, queda con el agua al cuello. - -—¡Socorro! —grita con lastimeras voces—. ¡Socorro! ¡Socorro!... -¡Ampárame, Virgen Santa del Monte, que yo daré cuanto tengo, cuanto -poseo, a la persona que me salve, y alumbraré con cien luces tu -venerada imagen! - -Y sus gritos desgarradores se pierden y confunden en medio del -incesante y estrepitoso golpear del agua, que rebosa del dique, y cae, -y rueda, y se despeña formando bullidoras cascadas. - -De pronto, Rodríguez divisa una sombra confusa que, flotando sobre la -superficie del río, se acerca lentamente. Quiere abalanzarse a ella, es -su salvación sin duda, y perdiendo pie, cae arrollado al fondo. - -El barquero conduce al molino el cuerpo exánime del avaro, y lo coloca -junto al hogar, donde chisporrotea el nudoso tronco de una encina. - -A los rojizos y vacilantes resplandores que despide la hoguera, el -pescador, fijos los ojos en los cerrados párpados del usurero, las -manos cogidas en las suyas, el oído atento y el ánimo confuso y -suspenso, aguarda con viva solicitud que aquel dé señales de vida -mientras que el molinero y su familia rodean a ambos. De pronto abre -Samuel los ojos, mira al que cree su salvador, aparta la diestra, y -llevándosela al seno, tienta el escondido tesoro, lo aprieta convulso -contra su pecho, se convence de que está allí, intacto y oculto, y -lanza un suspiro. - -Quiere hablar y no puede, e iluminándose poco a poco su memoria como -si despertase de profundo sueño, recuerda sus últimos ofrecimientos, y -comienza a razonar así: - -—¿He de dar cuanto tengo, cuanto poseo? ¡No, no, en mi vida! Lo he -jurado... ¿pero sabía acaso lo que juraba en aquel trance mortal? Debo, -sin embargo, gratitud a ese hombre. Ciertamente y le recompensaré -con esplendidez. Le regalaré un billete, sí, un billete... ¿pero de -cuánto?... ¿De mil pesetas?... ¡Locura sería!... ¡Jamás ha visto ese -infeliz tanto dinero! ¡No sabría en qué emplearlo! ¿De quinientas?... -¡Tal vez sería su perdición! ¿De doscientas cincuenta?... Para que -lo gaste en la taberna... ¿De cien? Todavía me parece mucho... ¿De -cincuenta? No deja de ser una gruesa suma, diez monedas de cinco -pesetas: cinco mil céntimos de peseta... ¿De veinticinco entonces?... -No habrá más remedio. Dije un billete: cumpliré mi promesa... ¿Por qué -no emite el Banco billetes de una peseta?... - -—De buena te has librado, buen hombre —dice el pescador al advertir que -Samuel recobra el conocimiento. - -—Gracias —contesta el usurero. - -—Hice cuanto pude para salvarte —prosigue aquel—; pero no me permitían -verte ni oírte la oscuridad y el ruido del agua, y a no ser por el -perro que te sacó de ella, no podrías contarlo. - -—¡Un perro! - -—Sí, un perro de Terranova que anda perdido por esta ribera. - -Y Rodríguez respira, se considera libre de toda deuda para con los -hombres, y pensando en el perro, exclama: - -—¡Generoso animal, corresponderé con largueza a tu noble acción! Yo -te recojo, amparo y protejo. Durante el día gozarás a tus anchas del -bien inapreciable de la libertad, para que tengas ocasión de buscar el -natural sustento, y por las noches guardarás mi huerta. - -* * * - -Poco tiempo después, de vuelta a su casa, repuesto del pasado -accidente, satisfecho de haber salido de él con el bolsillo intacto, -pasaba el avaro las noches en vela acometido de terrible pensamiento: -había hecho voto de poner cien luces a la Virgen del Monte, cuya -milagrosa efigie se venera en una ermita; pero el cerero no quería -vender menos de a real las velas más pequeñas. - -—¡Cien reales en cera! —exclamaba Rodríguez—. ¡Qué despilfarro!... -¡pero no hay más remedio! ¿Por qué no ofrecí cien salves o cien -padrenuestros, aunque hubiesen sido cien rosarios?... - -Al levantarse cada mañana, después de prolongado insomnio, se proponía -comprar las velas; pero pudiendo más su sórdida avaricia que la piadosa -obligación, en cuanto divisaba la casa del cerero, retrocedía espantado -a la suya. - -Y pasaban días y días y no descansaba un punto, poniendo en tortura su -entendimiento a fin de encontrar una razón que le permitiese eludir -su ofrenda; pero ninguna de las argucias que le sugería el deseo era -bastante poderosa para convencerle, a pesar de la buena voluntad y -egoísta complacencia con que buscaba el propio engaño. - -Al cabo creyó descubrir el medio de aquietar su conciencia a poca -costa, y tuvo un arranque de generosidad. - -Compró una caja de cerillas y las dedicó a la Virgen. - -Diariamente, aprovechando la ausencia de los fieles, encendía una ante -la sagrada imagen. - -Consumida la centésima cerilla, guardó la caja. ¿Había de perder el -cartón? - -Y aun se acusaba a sí propio de derrochador. - -¡Desperdició los cabos de las cerillas! Con ellos, apurándolos menos, -y unas ruedecitas de cartón, hubiera podido hacer cien mariposas de -lamparilla. - - - - -CUATRO SIGLOS DE BUEN GOBIERNO - -CUENTO DE LA EDAD MODERNA - - -I - -El príncipe don Juan, único hijo varón de los Reyes Católicos, bajó -al sepulcro el 4 de octubre de 1497, y su hermana mayor, Doña Isabel, -reina de Portugal, sucediole en el derecho de heredar el trono de -Castilla, según las leyes de este reino; lo cual no impidió que Felipe -_el Hermoso_, casado con Doña Juana, hija segunda de aquellos monarcas, -reclamara para sí y para su esposa el título de Príncipes de Asturias. - -Los soberanos españoles apresuráronse a protestar contra tan -injustificada pretensión, y resueltos a destruirla por completo, -llamaron a sus hijos, los de Portugal, y en 29 de abril de 1498 -hicieron reconocer y jurar por las Cortes, reunidas en Toledo, a Doña -Isabel, esposa del rey don Manuel, por sucesora legítima de la corona -de Castilla; mientras don Fernando convocaba, para el 2 de junio del -mismo año, las Cortes aragonesas, a fin de que estas, por la parte -referente a aquel reino, tomaran el mismo acuerdo. - -Graves dificultades opusieron las de Zaragoza a los deseos de la -familia Real, que de propósito había ido a dicha ciudad, pues la mayor -parte de los representantes, invocando las leyes de Aragón, a pesar de -ejemplos contrarios, profesaban el principio de que las hembras eran -excluidas en la sucesión del trono. Después de prolija controversia, -decidiose diferir la resolución hasta que ocurriese el alumbramiento de -la hija mayor de los Reyes, que se hallaba encinta; con objeto, en el -caso de nacer un niño, de proclamar a este por heredero de la corona, -en virtud de la disposición testamentaria de don Juan II, según la cual -a falta de hijos varones se reconocía el derecho de sucesión a los -descendientes varones de las hijas del monarca. - -Conciliados sobre este punto los opuestos pareceres, no suscitó -oposición alguna el reconocimiento del príncipe don Miguel, a quien dio -a luz, a costa de su vida, la virtuosa princesa Doña Isabel el 23 de -agosto de 1498, en la misma ciudad de Zaragoza. Los cuatro brazos del -reino de Aragón, reunidos el 22 de septiembre, confirmaron su acuerdo -con la jura solemne del tierno nieto de los Reyes Católicos o hijo -primogénito de los de Portugal. - -En los primeros días del siguiente año, las Cortes de Castilla, -congregadas en Ocaña, y en 17 de marzo las de Portugal en Lisboa, -declararon a don Miguel legítimo heredero de los respectivos reinos. - -. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . - -Don Miguel I[4] fue proclamado rey de Castilla en 1504, por muerte de -Doña Isabel _la Católica_; de Aragón en 1516, al expirar don Fernando, -y de Portugal, en 1521, en cuya época ocurrió el fallecimiento de don -Manuel _el Grande_. - - [4] El príncipe don Miguel, a quien hace reinar el autor de esta - pseudohistoria, murió en Granada el día 20 de julio de 1500, a la - temprana edad de dos años, por desgracia de España, que cifraba - en aquel niño las más halagüeñas esperanzas. - -Frisaba con los veinticuatro años el ilustre nieto de los Reyes -Católicos, cuando juntó las coronas de Castilla, Aragón, Portugal y -Navarra, en la Península, y fuera de ella, las de Nápoles y Sicilia; -con las colonias de las Indias Orientales y Occidentales, que a la -sazón acrecentaban con pasmosa rapidez los navegantes españoles y -portugueses. - -Era don Miguel un monarca de ánimo esforzado, de actividad incansable -y de reflexivo y cultivado entendimiento. De su abuelo don Fernando -heredó aquella sagacidad y diplomacia que hicieron de él uno de los -más hábiles políticos de su tiempo; de su abuela, la Reina Católica, -los generosos impulsos y la tenaz perseverancia que dieron un mundo a -España y completaron la obra de la Reconquista; de su madre la piadosa -Doña Isabel, los más puros sentimientos religiosos, aunque ajenos de -superstición y fanatismo, y por fin, de su padre el rey don Manuel, -aquel incesante deseo y noble ardimiento con que protegía y estimulaba -las atrevidas empresas encaminadas a coronar la obra iniciada en -Occidente por el genio portentoso de Cristóbal Colón, y en Oriente por -la constancia indomable de Vasco de Gama. - -Mas sobre tan relevantes cualidades descollaban en el joven soberano -otras superiores a ellas, en una época en que las tendencias de un -orden sentimental ahogaban la voz de la razón y de la conveniencia, -y eran el sentido práctico, el claro y recto juicio y el espíritu -eminentemente utilitario que presidían a todos los actos de su política. - -Abatida la grandeza turbulenta en el anterior reinado; reducidos a -la impotencia aquellos soberbios magnates que ultrajaban la majestad -del solio; respetado en todas partes el poder Real; reformadas las -órdenes religiosas, merced al cristiano celo de Isabel, secundado por -la austera energía de Cisneros, que durante la menor edad del Rey -intervino en la gobernación de Castilla; organizada la Santa Hermandad, -milicia creada para la defensa del orden social, que convirtiose en -vigoroso campeón del trono contra las demasías de la nobleza, el gran -rey don Miguel comprendió que el reposo, la prosperidad y la ventura -de su dilatada monarquía estribaban en el respeto de las venerandas -instituciones populares y en el paulatino desenvolvimiento de estas, -unidas en estrecho o indisoluble vínculo con la Corona. - -Era al propio tiempo forzoso dar cierta unidad a aquellos Estados -peninsulares, que discrepaban entre sí por sus leyes, usos, -costumbres, y hasta por su lengua, y al efecto, con prudentes medidas, -sin lastimar las preocupaciones locales, fue preparando el camino del -sistema que alcanza tan alto grado de perfección en nuestros días, -gracias al unánime concurso del cuerpo electoral, al desinterés de los -representantes del país, y a la sinceridad y rectitud de los gobiernos: -lógica consecuencia de los progresos de las costumbres políticas, -después de tantos siglos, sin solución de continuidad, de un régimen -encarnado en el espíritu de la nación ibérica. - -En medio del caos en que estaban sumidas entonces las ciencias -económicas, dio don Miguel un raro ejemplo de previsión, facilitando -el libre tráfico entre todos los reinos europeos sometidos a su cetro, -haciendo extensivos a los puertos de los mismos el privilegio, de que -disfrutaban Sevilla y Lisboa, de contratar con las Indias, y por fin, -autorizando, aunque con algunas restricciones, el comercio exterior. -Si bien rindiendo tributo a las ideas proteccionistas de la época, o -acaso impulsado por un móvil de alta política, prohibió en absoluto -toda comunicación entre las colonias y los puertos extranjeros, -permitió, en cambio, la extracción del oro y de la plata de la -Metrópoli; metales que, abundando con exceso desde el descubrimiento -del Nuevo Mundo, encarecían las mercancías y la mano de obra. Los -resultados de esta sabia medida fueron tan inmediatos como eficaces: -derramándose el numerario sobrante por Europa, abrió vastísimo -mercado a las transacciones, acrecentose en extremo con los retornos -la riqueza pública, y restableciose el perdido equilibrio de la -balanza mercantil, librándose la nación de verse pobre en medio de la -superabundancia de aquellos metales preciosos estancados. - -La supresión de las trabas impuestas al comercio colonial, y la -concesión a todos los puertos de la Monarquía, de las franquicias -que gozaban solo Sevilla y Lisboa, contribuyeron en gran parte al -afianzamiento de la unidad nacional; porque eran tan pingües los -beneficios que reportaba el tráfico con los países ultramarinos a -la industria y a la agricultura, que los diferentes reinos quedaron -ligados entre sí en inquebrantable lazo por el derecho recíproco, -la utilitaria conveniencia y la asociación de intereses materiales: -vínculos más estrechos y poderosos que los creados por las -combinaciones políticas, el espíritu regional o la fuerza de las armas. - -Además, con esta reforma acelerose el desarrollo y la prosperidad de -las colonias, porque la emulación y la competencia, que nacieron al -amparo del libre comercio, confirmaron pronto la bondad de una ley -económica revelada palpablemente por la experiencia. - -Tal fue en resumen la política interior del rey don Miguel. - -En cuanto a la exterior, tuvo por constante objetivo los altos -intereses del cristianismo y de la civilización, la defensa de la -unidad nacional, el bienestar de sus súbditos y la seguridad del -tráfico. Atento sobre todo a la situación geográfica de la Península, -que constituía el núcleo de sus vastos dominios; con sobradas tierras, -en los extremos Oriente y Occidente, por colonizar: con un enemigo en -la costa opuesta del Mediterráneo a quien someter, comprendió que -Iberia debía vivir, en lo posible, alejada de toda injerencia en el -resto de Europa, prescindiendo de aquellos derechos señoriales que -no afectasen de un modo directo al porvenir de la patria. Así es que -no mostró empeño en conservar el reino de Nápoles, eterna causa de -discordias con Francia, seguro de que la posesión de aquel territorio -pudiérale distraer de empresas más provechosas. En cambio retuvo y -fortificó a Sicilia, que por su carácter insular era más fácil poner -a cubierto de los ataques enemigos, y que por su posición estratégica -constituía uno de los fuertes destacados para proseguir la guerra -contra el islamismo. - -Vencer a este y conquistar aquellos países, separados de España por -un brazo de mar, fue el propósito de toda su existencia, y a esta -política, con perseverancia seguida en los siglos posteriores, débese -la formación del grande estado ibero-africano, que tiene por linderos, -al Norte, el Garona; al Sur, el Atlas, y al Este, el desierto de la -Libia. - -Para el logro de tan altos fines, y sobre todo para la defensa de -las apartadas colonias, dedicose, con particular predilección, al -fomento de la armada y a la creación de ejércitos permanentes, obra -patriótica que con el mismo ardor continuaron sus sucesores, y así, -ni los venecianos y turcos primero, ni los holandeses e ingleses -después, pudieron hacer frente al poder marítimo de Iberia, la cual -consiguió de esta suerte, no solo dar feliz remate a la obra de la -conquista de África, sino también salvar de la rapacidad extranjera -las dilatadas colonias de la América del Sur, y sobre todo, el rico -imperio indostánico, donde los portugueses habían fundado las primeras -factorías. - -Sobre tales cimientos asentada la política de la nación; sinceramente -unida la dinastía tradicional con las instituciones populares; -hermanado el trono con las libertades públicas, que el espíritu de -los tiempos ha venido perfeccionando sin revoluciones ni violencias; -inspirados los altos poderes en los grandes intereses del país; seguida -sin interrupción, en el espacio de cuatro siglos, la senda trazada por -don Miguel I, ¿debe sorprendernos acaso que Iberia, a pesar de sus -vicisitudes, de sus crisis y de los grandes conflictos surgidos en -Europa y América, sea todavía la primera potencia del mundo? - -Aquel gran Monarca, imitando a sus ilustres abuelos los Reyes -Católicos, no tuvo residencia fija en ninguna de las ciudades de la -Península; pero en el reinado siguiente tratose de designar la capital -definitiva de la Monarquía. Era este punto motivo de rivalidades y -de discordias entre varias poblaciones de los antiguos reinos, y el -Soberano no quiso tomar resolución alguna sin el concurso de las -Cortes. Con este motivo convocó por primera vez, en un solo Cuerpo, las -de los diferentes reinos, dando además voto a las ciudades y pueblos -importantes que carecían de él. Esta novedad, recibida con universal -beneplácito, fue un gran paso hacia el perfeccionamiento del sistema -parlamentario. - -Congregáronse las Cortes en Toledo, y después de animados debates -prevaleció el dictamen de la conveniencia pública, sustentado -especialmente por los procuradores de los pueblos que por primera vez -hacían uso del derecho de representación. - -Toledo fue declarada capital de Iberia. - -Las Cortes, no obstante, al proponer al Rey esta medida, le suplicaron -encarecidamente que visitase con mucha frecuencia las grandes -poblaciones de los antiguos reinos, para ver de cerca sus necesidades. - -Situada Toledo en la margen de un río caudaloso, en el centro de la -Península, con una extensa vega, numeroso vecindario, florecientes -industrias y activo comercio, abundante de buenos materiales de -construcción, próxima al delicioso sitio de Aranjuez, llena de -monumentos que atestiguaban sus antiguas glorias, y residencia del -primado de España, parecía el punto destinado a ser el corazón de una -gran potencia. - -Acordose que en lo sucesivo se reunirían en Toledo los procuradores de -todos los reinos, cuando fuesen convocados por el Monarca para tratar -de asuntos de interés general, sin perjuicio de las juntas parciales -de cada uno de ellos en las cuestiones de carácter regional; y después -las Cortes votaron un impuesto destinado a la construcción en la vega -del soberbio edificio, asombro de propios y extraños, donde todavía -celebran sus sesiones las Cámaras del reino. - -En torno de aquel monumento, símbolo de las libertades patrias, -repartida en anchas plazas y espaciosas calles tiradas a cordel, se -fue edificando la ciudad moderna. Allí, en las márgenes del Tajo, se -admiran en el día las casas solariegas, propiedad de las más ilustres -familias del país; numerosas y artísticas iglesias del estilo del -Renacimiento; el Palacio Real, situado en la orilla izquierda del -río, que deja atrás al Louvre y a las Tullerías por su extensión y -magnificencia; grandes museos, donde descuellan las obras del genio -ibérico y se estudian los progresos de sus civilizadoras conquistas; -la Universidad y considerables establecimientos de enseñanza, que -ofrecen a la juventud, sin estipendio alguno, el pan del alma, y al -verdadero mérito y al probado saber, justa y liberal recompensa; -vastos cuarteles, albergue de los que en extranjero suelo esgrimen las -armas, jamás manchadas de española sangre; suntuosos Tribunales de -justicia, amparo solícito y diligente de la razón atropellada; la casa -del Ayuntamiento, centro de noble desinterés y cívica perseverancia; -cómodos y elegantes coliseos, palenques solo del arte nacional; los -Ministerios, término glorioso de la reconocida competencia y de la -acrisolada rectitud; la grandiosa Bolsa, mercado universal de valores -y santuario de la probidad y de la buena fe; el Banco, activo servidor -del crédito ajeno y fiel guardián del propio; parques y paseos, con -profusión de estatuas erigidas a los preclaros hijos de Iberia, y en -magnífica abundancia, elegantes fuentes y murmuradoras cascadas; una -campiña poblada de árboles seculares y de pintorescas quintas, donde -el ánimo fatigado halla el dulce reposo del hogar en el seno de la -Naturaleza; numerosas fábricas, cuyas humeantes chimeneas glorifican la -conquista del hombre sobre la materia, y por fin, la soberbia ciudad -de tres millones de almas, digna capital del mayor y más poderoso de -los imperios, que eclipsa con su grandeza a París y a Londres. - -A tal prosperidad contribuyó en extremo la canalización del Tajo desde -Aranjuez hasta su desembocadura, en cuya obra colosal, sobre todo para -la época en que se llevó a cabo, invirtiose una parte de los beneficios -de las minas de las colonias, que correspondían al Estado. A fines del -siglo XVI terminaron los trabajos, y desde entonces pueden -remontar el río hasta Toledo buques de 200 toneladas. - -La invención de los ferrocarriles, que comenzaron a construirse en -la Península en el segundo tercio de este siglo, fue también poderoso -auxiliar al engrandecimiento de Toledo, y especialmente de su industria -y comercio. El plan de las vías férreas respondió a las necesidades -generales del país: los trazados acomodáronse a ellas y a la economía, -sin tenerse para nada en cuenta las influencias personales o de -localidad, y obtúvose de esta suerte una gran baratura en las tarifas -de transportes. Así es que los carbones de Puerto Llano y Bélmez se -colocan en Toledo a tan bajo precio, que compiten con los ingleses -traídos por la vía fluvial. - -Gracias a esta facilidad de comunicaciones, renacieron y se -desarrollaron en el centro de la Península las industrias que de -antiguo existían, las cuales librándose de inminente ruina, evitaron el -empobrecimiento de unas provincias que, poseyendo, en lo general, un -suelo ingrato, necesitan el concurso de la fábrica para no arrastrar -vida trabajosa y miserable. - -La elección de capital, aunque parece un simple incidente histórico, -ejerció grande influencia en los destinos de nuestra patria, pues -estableciéndose aquella en un centro donde pudieron desarrollarse en -grande escala el comercio, la industria y la agricultura, infundió a -la gobernación del Estado sentido utilitario y práctico, dio al resto -del país constante ejemplo de amor al trabajo, abrió ancho campo a la -iniciativa individual, y alejó a la ambición, que veía ante sí más -dilatados horizontes, de las estériles luchas de la política y de las -esperanzas burocráticas. - -En el segundo capítulo daremos a conocer cómo salió el reino de -las grandes crisis que surgieron en el mundo, y particularmente de -la producida por la emancipación de los Estados sud-americanos, y -veremos el prodigioso incremento que tomó la riqueza pública en toda -la Península al amparo de la paz interior y de la sabia política de -la dinastía nacional, fiel intérprete de los altos intereses, de las -tradicionales necesidades y de las verdaderas aspiraciones de la -sociedad ibérica. - - - - -CUATRO SIGLOS DE BUEN GOBIERNO - -CUENTO DE LA EDAD MODERNA - - -II - -El sentimiento religioso, que tendía a la unidad, los odios populares -contra los enemigos de la fe, y acaso la influencia de errores y -preocupaciones económicas, produjeron durante el reinado de Isabel -y Fernando la proscripción de España de la raza hebrea. Expulsados -fueron también, en gran parte, los moriscos de Granada, a pesar de -las capitulaciones de la Vega, violadas primero por aquellos con sus -turbulencias y rebeldías. - -No podían ocultarse al claro talento y al buen juicio de don Miguel, -aunque heredó de su madre la aversión a los judíos,[5] los grandes -perjuicios que ocasionaba al comercio y a la riqueza pública el -destierro de aquellos industriosos habitantes, y así no es de extrañar -que, obrando como hábil político, abandonara en este asunto el sistema -de la intransigencia y del rigor, ejemplo seguido más tarde por -Francia, Inglaterra e Italia, que, después de arrojar de su territorio -a los hijos de Israel, volvieron a admitirlos y a tolerarlos. - - [5] La princesa Doña Isabel, hija de los Reyes Católicos, antes - de dar su mano al rey don Manuel de Portugal, impuso a este la - condición de que desterraría del reino a los judíos. - -Harto más peligrosa era la permanencia en la Península de los -moriscos, porque aquella gente ruda, ignorante y levantisca amenazaba -constantemente el general sosiego; pero el Gran Monarca, sin discordias -intestinas que aplacar, ni guerras europeas que entretener, ni -disputados derechos señoriales que amparar; seguro del poderío que le -daba la concentración de su política eminentemente nacional, no turbada -ni menoscabada por influencias exóticas; armado de sobrados medios -materiales para reducir a la impotencia todo acto de fuerza, inauguró -un procedimiento que con el transcurso de los años había de unir y -confundir aquella raza con la ibérica. A la crueldad opresora opuso la -generosa tolerancia, a la arbitraria persecución, solícita justicia; al -forzoso bautismo, cristiana persuasión; a los planes de exterminio, las -puras máximas del Evangelio; a la espada, la cruz. - -Preciso fue crear misioneros especiales, instruirlos en la lengua -de los moriscos, ilustrar a estos, cuyo apego a las groseras -supersticiones nacía de su rústica condición; vencer preocupaciones -populares, extirpar abusos y facilitar los matrimonios mixtos. - -Gracias al celo perseverante de la Corona, secundado por muchos -prelados que, enemigos de la expulsión, pedían el empleo de medios -suaves para convertir y catequizar a los descendientes de los moros, se -evitó la ruina de la agricultura y el empobrecimiento y despoblación de -la Península. ¡Notable triunfo del sentido práctico sobre un fanatismo -acaso disculpable después de la lucha religiosa de ocho siglos! - -Consecuencia de esta lucha fue el establecimiento del Santo Oficio -en tiempo de los Reyes Católicos; mas don Miguel, aunque no pudo -sustraerse por completo al espíritu de su época, procuró impedir los -rigores de aquella institución, accediendo a las súplicas de las -Cortes, que pedían al Monarca «que mandara proveer de manera que en -el oficio de la Santa Inquisición se hiciese justicia, guardando los -sacros cánones y el derecho común, y que los obispos fuesen los jueces, -conforme a justicia». - -También atajó con prudentes medidas el incremento de la amortización -eclesiástica, dando satisfacción a los procuradores de las ciudades, -que se expresaban en estos términos: «Que ninguno pueda mandar bienes -raíces a ninguna iglesia, monasterio, hospital ni cofradía, ni ellos -los puedan heredar ni comprar, porque, si se permitiese, en breve -tiempo sería todo suyo.» - -La aparición de la Reforma en Alemania y las pavorosas guerras -religiosas que trajo consigo la plaga de las herejías, no dejaron de -inspirar profunda inquietud al soberano que regía los destinos de -Iberia; mas pronto la experiencia le demostró que, sin necesidad de -encender las hogueras inquisitoriales, no echaría raíces en nuestro -suelo el principio del libre examen, doctrina que no ha encontrado -jamás verdadera resonancia en los pueblos meridionales. - -Los príncipes católicos solicitaron la alianza peninsular para -combatir a los rebeldes sectarios, y aunque encontraron siempre -decidido apoyo moral, no obtuvieron jamás auxilios materiales de la -dinastía miguelina, fiel a su política de abstención en las contiendas -europeas. ¿Acaso no ofrecía más provechoso campo a su actividad, y más -conforme con las tradiciones nacionales, la guerra incesante contra -el mahometismo? ¿No debía absorber toda su fuerza y virilidad la -conversión y conquista de los vastos territorios del extremo Oriente, -cuya vía marítima hallaron los portugueses, y del Mundo Occidental, -descubierto por los españoles en medio de las soledades del Océano? - -La rivalidad entre Iberia e Inglaterra, siendo ambas potencias -colonizadoras, no pudo menos de dar por fruto repetidas y encarnizadas -luchas en el mar y en las colonias; pero, como la primera aventajaba -en fuerzas navales a las demás naciones, merced a la superioridad de -recursos vio siempre coronadas por el éxito sus campañas, haciendo -vanos los esfuerzos de la soberbia Albión, que codiciaba el rico -Imperio indostánico. El resultado fue que esta, reconociendo al fin su -impotencia, limitárase a la colonización de la América del Norte. - -Celosa también Francia de nuestro engrandecimiento, invocando sus -ilusorios derechos sobre el Rosellón y sobre Navarra, intentó, -en distintas ocasiones, invadir aquellos territorios, sin que -jamás consiguiese salvar la frontera; la cual se encontraba tan -bien defendida por un sistema de fortificaciones constantemente -perfeccionado según los adelantos del arte militar, que hacía -invulnerable la sagrada tierra de la patria. - -Estos ataques infructuosos, unidos a los reveses que, tomando la -ofensiva, hicieron sufrir nuestras armas a las de la nación vecina en -las vertientes septentrionales del Pirineo, acabaron por convencer al -Gobierno de París de cuánto le importaba la amistad de un Estado tan -poderoso, el cual, por otra parte, ni se inmiscuía en asuntos ajenos, -ni atizaba la tea de la discordia en Europa, ni reivindicaba para sí -derechos en la Península itálica, donde Alemania, Francia y Venecia -desangrábanse en perpetuas luchas. - -Mientras las demás naciones, confundiendo lastimosamente los derechos -señoriales de los soberanos con la conveniencia de los pueblos, -disputábanse la posesión de territorios, muchas veces sin valor -intrínseco ni estratégico; mientras declinaba rápidamente a su ocaso la -República comercial de Venecia, porque los descubrimientos marítimos -habían producido una revolución en el tráfico, el Imperio ibérico -proseguía con ardor la guerra contra la Media Luna, la colonización de -sus vastas y dilatadas provincias ultramarinas, y, a la sombra de una -paz interior jamás turbada, el fomento de sus intereses materiales. - -Si la emigración a las Indias arrebataba brazos a las artes, el -Gobierno, siguiendo la senda trazada por los Reyes Católicos, -estimulaba la naturalización de los extranjeros, y si la experiencia -ponía de manifiesto errores económicos y abusos administrativos, con -solícito celo acudía al pronto remedio el poder Real, ajeno a la -cortesana molicie, sordo a las influencias personales, refractario al -yugo de los validos, y atento solo a las necesidades de los pueblos, -fielmente reflejadas en las representaciones de las Cortes. - -Esta institución debía necesariamente adquirir notable desarrollo y -perfeccionamiento después de varios siglos de práctica no interrumpida -ni falseada, y por lo tanto, no es de extrañar que los principios de -la Revolución francesa, que perturbaron a Europa y a América, apenas -encontrasen eco en Iberia, pues aquí se habían implantado, por medio de -una serie de evoluciones lentas y progresivas, derechos y libertades -que en otras partes solo pudieron ser conquistados por la violencia. - -Mas, si en la esfera de las ideas no ejerció aquel acontecimiento -considerable influencia en la Península, túvola, y grande, en la -política exterior de la corte de Toledo. En vano intentó esta -perseverar en su constante propósito de vivir alejada de las contiendas -europeas. Cuando vio amenazadas sus colonias por una propaganda -cosmopolita que no había afectado a la Metrópoli, cuando persuadiose -de las arterías de la vecina nación y de los manejos de los Estados de -la América del Norte, que acababan de emanciparse de Inglaterra, para -producir un levantamiento en el Sur contra la madre patria, entonces y -solo entonces, echó su espada en la balanza de los destinos de Europa, -y su entrada en la Santa Alianza bastó para aniquilar y destruir aquel -genio de la guerra, que asombraba al mundo con sus proezas. - -Gracias a esta intervención material, la Monarquía ibérica ensanchó -sus fronteras hasta el Garona; pero, en cambio, tuvo que resignarse a -perder sus extensas provincias del continente americano, donde el fuego -de la insurrección se había propagado de una manera formidable durante -la guerra con Francia. - -La campaña fue encarnizada, aunque corta, pues pronto el Gobierno se -convenció de la inutilidad de prolongar una lucha que comprometía sus -futuros intereses en la América latina. Entonces, en vez de avivar los -odios y rencores con insensatas intransigencias entre las colonias -emancipadas y la antigua Metrópoli, propúsose con hábil política -suavizar asperezas, vencer obstáculos o infundir a las nacientes -repúblicas sentimientos de paz y de concordia. - -Animado de este espíritu de conciliación, apresurose a reconocer la -independencia de aquellas, alentándolas en los primeros pasos de la -vida política, uniéndolas a la Península con tratados de comercio y -de alianza ofensiva y defensiva, juntándolas en una confederación -sud-americana, y solo reservando para sí algunas islas en el Golfo -Mexicano, a fin de que sirviesen de perpetuo vínculo de una misma raza -entre el Nuevo y Viejo Mundo. - -Esta política, basada en el principio del amparo común y de la defensa -recíproca, dio por resultado impedir que los Estados Unidos del Norte, -cuando llegaron a verse fuertes y poderosos, lograran dilatar sus -límites, como codiciaban, a costa de los ricos territorios de la Alta -California y de Tejas; y así la rapacidad de la raza anglo-sajona -estrellose ante la unión inquebrantable de la ibérica de ambos -hemisferios. - -Al amparo maternal de Iberia, las nuevas repúblicas americanas -crecieron y se desarrollaron sin discordias intestinas y sin las -convulsiones inherentes a los Estados donde no se han arraigado las -costumbres políticas; y en el espacio de breves lustros, merced a -la riqueza de su suelo, a la inmigración estimulada por la paz, al -perfeccionamiento del sistema económico y a los progresos de la -civilización, llegaron al más alto grado de prosperidad y de grandeza -en el orden moral y material. Así vemos hoy día cruzada la América del -Sur por una vasta red de ferrocarriles; explotados los inagotables -tesoros de las ricas, vastas y diferentes regiones que se extienden -desde el río Sacramento y las Antillas hasta el Cabo de Hornos; -surcados los mares por numerosas escuadras mercantiles que enarbolan -la estrellada bandera de la gran Confederación meridional; respetada -esta por todas las naciones, y viviendo a cubierto de las impertinentes -reclamaciones y enojosas oficiosidades de Inglaterra, de Francia o de -los Estados Unidos: establecidas industrias para el consumo interior, -que han anulado la exportación de las manufacturas extranjeras; abierta -la cordillera de los Andes, siguiendo el desfiladero de Bariloche, por -medio de la vía férrea que une las florecientes repúblicas del Plata -con su hermana la culta y civilizada Chile; y, finalmente, roto a la -navegación interoceánica el istmo de Panamá, merced a la iniciativa -ibero-americana, sin necesidad de ajeno concurso ni de protección -extraña. - -¿Deben maravillarnos tales prodigios, si la madre patria, acostumbrada -al gobierno de sí misma, legó a la América latina el sentido práctico, -la iniciativa individual, la libertad del trabajo, la emancipación -del comercio y las costumbres políticas, producto de una serie no -interrumpida de sabias y prudentes reformas, que habían convertido a la -sociedad ibérica en la más perfecta de Europa, por sus adelantos desde -el punto de vista moral y de sus progresos materiales? - -Mas, apartando los ojos de las naciones de allende el Atlántico, que -son ser de nuestro ser y sangre de nuestra sangre, y rindiéndoles -de pasada el tributo de nuestra eterna simpatía, volvámoslos a este -pequeño mar Mediterráneo, cuna de la civilización, que, con el -transcurso del tiempo y por la fuerza incontrastable de las cosas, -nuestra patria, fiel a su tradicional política, estaba llamada a -redimir de la barbarie del islamismo. - -Mientras adelantaba la conquista y colonización de la costa -septentrional africana, la necesidad de la defensa exigió la ocupación -de varias islas de Levante, que fueron a manera de fuertes destacados -sobre el Imperio Otomano. Como base de operaciones sirvió en gran parte -Sicilia, que ya pertenecía a la corona aragonesa antes de la unión de -los reinos peninsulares. Las islas Jónicas, de Creta, de Rodas y otras -del Archipiélago, y, por fin, la de Chipre, constituyeron el premio de -las victorias navales de Iberia, cuyas escuadras acabaron por destruir -el poder marítimo de la Sublime Puerta. - -Y cuando Turquía, carcomido tronco de árbol plantado en tierra estéril, -dio manifiestos indicios de su total ruina; cuando se alzaron los -oprimidos vasallos cristianos al grito de independencia, a nuestro -auxilio debieron la libertad Grecia, Servia, Bulgaria y aquel noble -pueblo rumano, que blasona con legítimo orgullo de su antigua alcurnia -española. - -Si estas conquistas al Este del Mediterráneo eran de escaso valor -mercantil, como puntos de escala, mientras el enemigo impedía el -libre tráfico con el extremo Oriente por el mar Rojo, adquirieron una -importancia de primer orden desde que se abrió esta vía al comercio, y -sobre todo cuando el canal de Suez puso a la Península a veinte días de -navegación directa de sus posesiones indostánicas. - -La constante protección dispensada por los gobiernos ibéricos a las -empresas de general utilidad y conveniencia, produjo la canalización -del Tajo, de que hablamos en el capítulo precedente; la del -Guadalquivir hasta Córdoba, la del Ebro hasta Zaragoza, y la de muchos -otros ríos, ya para la navegación, ya para el riego. - -Conforme venían reclamando las Cortes desde el siglo XVI, -pidiendo «que se plantasen montes por todo el reino y se guardaran las -ordenanzas de los que había», se fomentó en grande escala el arbolado; -previsora medida que redundó en provecho de la agricultura, cada vez -más próspera y floreciente, incluso en las extensas llanuras de la -Mancha y de Castilla la Vieja, donde con el transcurso de los años, -gracias a la influencia de aquel, mejoraron las condiciones productivas -del suelo. Innumerables carreteras y caminos en perfecto estado de -conservación facilitaron el tráfico por todas partes, y cuando se -inventaron los ferrocarriles, Iberia fue una de las primeras naciones -en adoptarlos, construyendo en el espacio de cinco lustros muchos miles -de kilómetros, sin necesidad de ajeno auxilio; tal era la masa de -capitales que encerraba en su seno, y tal el espíritu emprendedor de -sus hijos. - -Abierto el canal de Suez, las transacciones de la Península con nuestro -imperio del Indostán y el extremo Oriente convirtieron a Barcelona -en el primer puerto del mundo, por el gran número de buques que lo -visitaban, y en el centro industrial más importante, llegando su -engrandecimiento al punto de componerse hoy la población de aquella -célebre ciudad de dos millones y medio de habitantes. A la vez -prosperaron Tarragona, Valencia, Alicante, Cartagena y los demás -puertos del litoral mediterráneo, enriquecidos principalmente con el -comercio de Levante, mientras que Cádiz, Sevilla, Lisboa, Oporto, -Vigo y toda la costa cantábrica entretenían activísimo tráfico con -los Estados de la América latina y con nuestras colonias del África -occidental. - -En las altas esferas del poder domina un sentido político superior -a todo encarecimiento, y no se presenta o propone reforma útil y de -prácticos resultados, que no se lleve a cabo sin especiosos pretextos, -ni negligente abandono, ni parlamentarios entorpecimientos, ni livianos -y ridículos temores. - -La incompatibilidad de todo cargo público con el de diputado a Cortes -ha venido rigiendo desde el siglo XVI, conforme con los -deseos expresados por las mismas, a las cuales atendió siempre la -Corona con solícito celo.[6] También procuró esta que las elecciones -se verificasen con la mayor libertad, sin influir ni directa ni -indirectamente en el nombramiento de representantes. - - [6] Las peticiones de las Cortes a que alude el autor son - hechos históricos, aunque no los resultados de aquellas. Los - procuradores de las Cortes de Castilla se expresaban así en 1573: - «Otrosí, porque de venir por procuradores de Cortes algunos - criados de V. M. y ministros de justicia y otras personas que - llevan sus gajes, se sigue que les parezca que tienen poca - libertad para proponer y votar lo que conviene al bien del Reino, - y aun otro gran inconveniente, que es que siempre son tenidos - entre los demás procuradores por sospechosos, y causan entre - ellos desconformidad, a V. M. suplicamos mande que los susodichos - no puedan ser ni sean elegidos para el dicho oficio.» - -Así es que las Cortes vivieron siempre rodeadas del prestigio que les -daba su autoridad e independencia, porque el pueblo veía en ellas -el fiel reflejo de las aspiraciones de la opinión pública y de las -necesidades o intereses del país. - -Mas si tales progresos políticos y materiales se han realizado en -nuestra patria en el transcurso de cuatro siglos, ¡cuán grandes -infortunios no lloraríamos ahora si la muerte, arrebatando en flor -a don Miguel I, último vástago varón de las dinastías nacionales, -hubiese elevado al trono español a la casa de Austria, convirtiendo -a la nación, señora de tantos pueblos, en feudo de una familia ajena -a nuestras costumbres, de distinta raza, enemiga de las libertades -populares, obligada a amparar derechos patrimoniales en Europa que -ni directa ni indirectamente afectaban a la Península, encarnación -del despotismo que inmolaba la razón de Estado a un derecho personal, -blanco de los odios y rencores de príncipes poderosos, obligada a -defender los disgregados territorios de su herencia, y en fin, sin -abnegación ni alteza de miras bastantes para deponer el interés -privado en aras del vital principio de la nacionalidad ibérica y del -afianzamiento de su unidad política y geográfica! - -Acaso entonces no se hubiera podido completar definitivamente la fusión -de los antiguos reinos, ni se hubiera constituido esta gran potencia -europeo-africana, que la locomotora recorre hoy desde las verdes -campiñas girondinas hasta las abrasadas regiones del Sahara, salvando -el Estrecho de Gibraltar merced a un túnel submarino de veinte -kilómetros de longitud. - -¡Obra gigantesca reservada solo al genio ibérico, como perpetuo -testimonio de su elevada y civilizadora misión en el continente -africano! - - - - -LA TAZA DE LECHE - - -Asturias es una de las comarcas de la Península ibérica más dignas de -ser visitadas. - -El viajero que recorra aquella privilegiada provincia, admirará por -todas partes soberbios monumentos y venerandas ruinas, brillantes -páginas de la gloriosa historia de la Reconquista; risueños valles -circundados por elevadas y caprichosas montañas, en cuyas laderas la -Naturaleza, pródiga y liberal, ha derramado sus variados y magníficos -dones; bullidoras cascadas que se precipitan de las quiebras de las -rocas, formando cristalinos arroyos y pausados ríos que culebrean -por las verdes hondonadas; blancas y extendidas playas que en suave -declive penetran en el mar, casi siempre agitado, flanqueadas por una -costa, ya acantilada, ya compuesta de hacinados y cavernosos peñascos, -contra los cuales se estrellan furiosas las olas; y, salpicados sobre -tan hermoso panorama, ricos pueblos, risueñas aldeas, y pintorescos -caseríos que habitan gente de cariñoso trato, alegre carácter y dulce -lenguaje. Y mientras suspende los sentidos la contemplación de tantas -bellezas, el aire puro del Océano, saturado de las emanaciones de una -flora exuberante, renueva suave la escondida llama de la existencia, -y un cielo rara vez despejado, con sus opacas nubes que se ciernen en -el espacio, y sus flotantes nieblas que cortan el horizonte, convida -blandamente a la concentración del espíritu y a ese apacible bienestar, -a esa vaga transición que separa la vigilia del sueño; reflejo acaso de -la eterna dicha que espera el alma, libre de sus carnales lazos. - -¡Oh! ¡cuán triste la ausencia para el que ha nacido en aquella -venturosa tierra, y desde extraño suelo aviva la memoria del bien -perdido, recordando el añoso castaño que sombrea la rústica casita; -el hórreo o la panera sobre toscos pilares de piedra sustentados; la -fuente murmuradora que se desliza por el copioso prado; la enhiesta -torre de la antigua iglesia, por donde trepa la hiedra, asomando por -las grietas el verde helecho; la lejana y escueta cumbre del elevado -monte; la frondosa colina cuajada de manzanos; los oscuros robles de -aterciopeladas hojas, notables por su altura y corpulencia; el fúnebre -ciprés y el poético sauce, que a veces turban la monotonía del bosque; -los cercados maizales que generosamente ofrecen el pan del campesino; -la casi siempre solitaria higuera, el humilde avellano y el altanero -y pomposo nogal, cuyos gustosos y abundantes frutos son el regalo -del rico y el alimento del pobre; la conseja, al amor de la lumbre, -referida por un anciano, mientras chisporrotea el nudoso tronco de una -encina; el familiar regocijo con que sangran allí el tonel repleto de -sazonada sidra; las alegres y animadas ferias y romerías al son de los -tambores, las gaitas y las panderetas; los cadenciosos bailes populares -y el antiquísimo de la Danza prima, acompañado de canto melodioso; los -sencillos goces de la infancia placentera, los tiernos afectos que a su -calor nacieron, y en fin a la patria remota, que la imaginación reviste -de sus más brillantes colores, y que no se aparta jamás del santuario -del pensamiento! - -Tan dulces recuerdos contristaban el corazón de Casimiro. Era este -un joven de débil complexión y de enérgico espíritu, hijo de honrados -y pobres labradores de la Riera, en el concejo de Cangas de Onís, el -cual, llevado del propósito de aliviar la mísera condición de sus -ancianos padres, se acogió al remedio a que apelan todos los años -millares de españoles deseosos de mejor fortuna, que es el pasarse a -las repúblicas de la América latina o a la isla de Cuba. - -A esta última llegó nuestro asturiano cuando contaba apenas tres -lustros, y a fuerza de trabajos sin cuento, de indomable perseverancia -y de paciente resignación, al frisar con los veinticinco años viose -dueño de 15.000 pesos, mezquino caudal a los ojos del rico y del -ambicioso, y considerable para el pobre que ha pasado una existencia -llena de privaciones, y cifra su ventura en vivir modestamente en -el rincón de una provincia. Mas las fatigas con tan firme voluntad -arrostradas, robando al sueño y al esparcimiento del ánimo sus -naturales fueros, y, sobre todo, la idea fija de la patria lejana, -minaron lentamente aquella naturaleza raquítica y gastada; y a la -nostalgia, dolencia a que tanto propenden los emigrados de nuestras -provincias del Norte, siguió la calentura que resiste a todos los -febrífugos, la calentura terrible de la tisis, casi siempre mensajera -de la muerte. - -No la creía cercana Casimiro, porque se despertó en él una confianza -absoluta, una fe ciega en el remedio de sus males: la patria. Allí -estaban la alegría, la salud, la vida. - -Volver a ella, abrazar a sus ancianos padres, cobijarse bajo el humilde -techo de la casa solariega; recrear la vista en los seres y en los -objetos inanimados, confidentes y testigos de su infancia; sentir el -dulce calor del propio hogar; respirar el perfumado ambiente de los -aires nativos; ir al cercano santuario de Covadonga, y allí sentarse a -la mesa de piedra, al pie de la gigantesca Cueva, junto a la bullente -cascada, y beber una taza de leche servida, como en sus años juveniles, -por su adorada madre: tal era el ardiente anhelo del pobre enfermo. -¡Inmensa dicha, felicidad suprema para aquel desterrado, consumido por -fiebre lenta e incesante! - -En vano el solícito ruego de la amistad y el porfiado consejo de la -ciencia pretendieron librarle de los azares de larga navegación, -mayormente por coincidir con la época del equinoccio: Casimiro tomó -la vuelta de España, y al rayar el alba de uno de los primeros días -del mes de octubre avistaba desde el vapor el promontorio a cuyos pies -se asienta Gijón, el gran centro industrial, marítimo y mercantil de -Asturias. - -¿Cómo describir la emoción del viajero al saludar las costas de su -patria después de tan larga ausencia? De pechos sobre la obra muerta, -fija la mirada, llorosos los ojos, anhelante el aliento, suspenso -el ánimo, contemplaba aquella bendita tierra que óptica ilusión iba -acercando poco a poco hacia él, mientras el buque, a impulsos del -comprimido vapor, avanzaba majestuosamente. No parecía sino que los -abruptos y salientes cabos de Torres y de San Lorenzo, que flanquean -la ancha y espaciosa concha, en cuyo centro se alza la península de -Santa Catalina, eran dos gigantescos brazos que se extendían en medio -de la inmensidad del Océano para dar la bienvenida al recién llegado, -y que el Sol, al asomarse por los balcones orientales, rasgando las -blancas brumas que invadían el horizonte, señalaba, allende los montes -cubiertos de espléndida verdura que a la izquierda mano se mostraban, -el venturoso y suspirado término del viaje. - -Mas ¡cuán lenta es la marcha del tiempo a medida que nos aproxima al -bien que ansiamos! ¡Qué distancia no separa al fervoroso deseo de su -próxima y segura satisfacción! Soporta resignado el navegante largas y -mortales horas de mar, pero no puede resistir sin impaciencia la última. - -Rechinó por fin el cabrestante del ancla, la cual, desprendiéndose -de proa, sumergiose con grande estrépito en el mar, estremeciendo la -flotante mole con el rápido rodar de la pesada cadena. - -Casimiro lanzó un grito de inefable gozo. Allí, en el muelle, con los -brazos extendidos hacia él, preñados los ojos de lágrimas, temblando -de emoción, enajenados de alegría, le aguardaban sus ancianos padres. -Quiso gritar pronunciando este dulce nombre, y no pudo; pretendió -arrojarse a la escala, y una fuerza irresistible paralizó sus miembros; -intentó respirar, y parecía que hasta el aire le negaba el vital -aliento, y sin ser poderoso a otra cosa, cayó de golpe desmayado sobre -la cubierta del buque. - -La noche que sobrevino a aquel día, con tanto afán esperado, sorprendió -al mísero enfermo tendido en el lecho en una modesta casa de la villa. -Sus padres, dominados por medrosa ansiedad, llenos de tierna solicitud, -clavada la vista en aquel cuerpo exánime, aguardaban anhelantes y -suspensos que volviera a la vida. - -De pronto, dando un profundo suspiro, abriendo los ojos como atónito -y embelesado, y cogiendo con crispada mano la que su madre le tendía, -comenzó a hablar de esta suerte: - -«—¡Madre!... ¡Me ahogo!... ¡Siento las ansias de la muerte... pero -todavía puedo sanar!... ¡Partamos, partamos en seguida!... ¡Tú puedes -devolverme la vida!... ¡Tú puedes renovar la llama de esta existencia -que se extingue!... ¿Te acuerdas de Covadonga?... ¿Recuerdas las -placenteras horas que pasaba en tu regazo a la sombra de aquella cueva -altísima?... ¿Se han borrado de tu memoria los besos que te prodigaba -cuando tú, al verme jugar al borde de la oscura poza, cuna del Deva, -me llamabas sobresaltada y yo corría a arrojarme a tus brazos?... ¿Has -olvidado aquel día en que mi padre compró cerca del santuario la vaca -blanca, y tú quisiste que yo fuera el primero en gustar del sabroso -licor de sus henchidas ubres?... ¡Ah! ¡Me parece que lo estoy viendo -con los ojos del alma! Allí, en el fondo del anfiteatro que forman -los montes al cerrar estrecha cañada, destácase la gigantesca cueva -en las entrañas de elevado peñasco que le sirve de cúpula colosal, y -suspendida en mitad de aquella, como el nido de la mística paloma, -la capilla de la Virgen milagrosa. De la inmensa cavidad, en cuyas -grietas crecen innumerables arbustos y hierbas que con su diversa -verdura y varias formas contrastan con los tonos de las rocas ya -peladas y escuetas, ya cubiertas de húmedo musgo, salta el agua pura y -transparente, que, formando bullidoras cascadas y escalonados remansos, -se precipita al hondo valle, llevando la vida, la fertilidad y la -abundancia a la tierra, y la admiración y el asombro a los sentidos... -Yo estaba allí sentado en duro banco, blando y mullido para el cansado -peregrino que va a apagar la sed en el santo manantial que brota -copioso; bañaba el Sol los agrestes contornos del sagrado recinto; el -sordo y cavernoso ruido del agua despeñada juntábase con el pausado -son de la campana de la iglesia, y a lo lejos y a intervalos oíase -el lastimero balido de descarriada ovejuela; por la ladera del monte -frontero trepaba una robusta aldeana con paso pausado, arqueados los -brazos, la cabeza erguida, y sobre ella, sosteniendo en equilibrio -la cónica ferrada; en un sotillo de la revuelta del río, el toro y -el caballo partían fraternalmente, sin recelo alguno, la abundante -hierba que liberal les ofrecía el suelo; conducía una rapaza por un -verde sendero un hato de tiernos novillos, que triscaban alegres y -juguetones; un anciano, encorvado bajo el peso de los años, vestido de -groseras pieles, subía, apoyándose en tosco cayado, el áspero camino -del vecino puerto; un romero, con el bordón en la mano y el sombrero -y la esclavina cuajados de conchas, dirigíase con grave y mesurado -andar a la venerada mansión que la piedad de los fieles ha consagrado a -Nuestra Señora: todo era paz, todo ventura, todo apacible bienestar y -dulce recogimiento. - -»Convaleciente de grave dolencia; fatigado de la penosa cuesta que, -bordeando el riachuelo, conduce al santuario; débil y desmayado el -cuerpo y atento el ánimo contemplando el magnífico panorama que se -ofrecía a mi vista, acometiome profundo y deleitoso sueño, del que me -sacó tu voz, tu dulce voz, madre querida, y el suave aliento de tus -puros labios al depositar un ardoroso beso en mi mejilla helada. - -»—¡Pobre hijo mío! —exclamaste—. ¡Estás yerto! Espera un instante y -devolveré el calor a tu cuerpo frío. — Y solícita y diligente, me -trajiste la escudilla de leche de la vaca blanca. ¡Delicioso instante -aquel! ¡Cómo apuré el tibio y espumoso licor por tus manos servido! -¡Cómo confortó mis fuerzas con su virtud reparadora y su calor suave! -¡Cómo sentí restaurar en mí el vital sostén, pujante y vigoroso!... -Mas también ahora lo recobraré... ¡Partamos, partamos a Covadonga! Vea -yo aquellos santos lugares, aspire las balsámicas auras de nuestro -escondido valle, sacie mi sed en la rica leche de las vacas que se -apacientan en sus fértiles y accidentadas praderas, y volverán la dicha -y el placer a mi contristado espíritu, y la salud y la vida a mi cuerpo -enfermo y desfallecido!» - -* * * - -Casimiro consiguió ver el estrecho y sonriente valle que sin cesar se -representaba en su memoria, y la casita humilde donde abrió los ojos -a la luz del día, y el encendido hogar, piadoso asilo en las largas -horas de invierno, y el hórreo pintoresco suspendido en el aire como -arca santa que guarda el fruto de la madre tierra, y las corrientes y -cristalinas aguas del encauzado Deva, y las agrestes montañas, testigos -mudos y poderosos auxiliares de la primera victoria de la restauración -cristiana y de la independencia de un pueblo, y la célebre y sagrada -Cueva, amparo de los débiles y oprimidos, refugio de la fe, asombro de -la Historia y veneración del mundo. - -Extenuado por la terrible dolencia, sin vigor en los flacos miembros, -ni brillo en los ojos desencajados, ni color en las mejillas enjutas -y hundidas, trepó, con la ayuda de los temblorosos brazos de sus -padres, la larga escalera de piedra, que, flanqueando aquella rocosa -e imponente cavidad, conduce a la capilla, suspendida sobre el abismo. -Detúvose un instante en el balcón que precede al pequeño templo, -bajó la vista al fondo, y sintió el horror del vacío que seduce y -atrae y turba los sentidos; admiró las maravillas debidas al ardiente -o incansable celo de un prelado,[7] reparando las injusticias de los -tiempos, la indolencia del poder y el olvido de los españoles; y puesto -de hinojos ante el sagrado altar, elevó tierna plegaria al cielo, lleno -de fervor, de unción y de místico recogimiento. - - [7] El Excmo. Sr. don Benito Sanz y Forés, obispo que fue de Oviedo, - y actualmente cardenal y arzobispo de Sevilla, a quien se debe - principalmente la restauración del santuario de Covadonga. - -En tanto, las cóncavas peñas repercutían el eco de la campana herida, -y el sol coronaba la alta cumbre del frontero monte; y el hondo valle -inundábase de luz radiante y de extendidas sombras; y retumbaban las -cascadas del naciente río; y los operarios de la basílica que se está -alzando en una eminencia cercana, entregábanse al trabajo hormigueando -por las tortuosas veredas; y el viento, ligeramente alterado, -estremecía las ramas y las hojas de una vegetación espléndida; por -todas partes, en el cielo, en el aire, en la tierra, el movimiento y la -vida, menos en el sin ventura Casimiro. - -—¡Dadme una taza de leche!... —exclamó, sintiéndose desvanecer—. ¡Aún -es tiempo!... ¡Aún puedo recobrar la salud! - -Y le bajaron a la entrada de la Cueva, y sentado a la mesa de piedra, -cogiendo con ambas manos la taza que su madre le presentaba, apurola -con avidez y delicia, y exhaló un profundo suspiro, que fue el -postrero. ¡Grata emoción que aceleró las contadas horas del apasionado -amante de su patria, quien vivió bien ajeno de que en el placer de -recobrarla hallaría la verdadera! - - - - -EL PADRE CARMELO - - -En el convento de Carmelitas Descalzos de Madrid, sobre cuyo solar se -levanta ahora el teatro de Apolo, había a principios de este siglo un -fraile de los de más campanillas que vieron los pasados tiempos. - -Era, según el vulgo, un pozo de ciencia; los padres graves le llamaban -la lumbrera de la orden, y los legos y novicios, en sus arrebatos de -fervor doméstico y de espíritu de corporación, solían darle el dictado -de asombro de las gentes y pasmo del mundo. - -Y sin embargo, el padre Carmelo, que así se llamaba aquel prodigio -enclaustrado, ni en la cátedra del Espíritu Santo, que no ocupó jamás, -ni en la sala capitular, donde guardaba absoluto silencio, ni aun en el -trato familiar, en el cual, con aparente modestia, parecía conformarse -siempre con la opinión ajena, sin revelar la propia, tuvo ocasión de -poner de manifiesto el claro entendimiento, la vasta erudición y la -profunda sabiduría que le atribuían sus hermanos de religión y el -concepto público. - -El padre Carmelo debía su fama y la dispensa que le relevaba de asistir -al coro de madrugada, a la fecundidad de su pluma. - -Verdad es que nadie había leído sus escritos; pero las largas horas -de reclusión en la celda, las resmas de papel de barba consumidas y -los estantes llenos de voluminosos tomos, cuidadosamente numerados, -que aumentaban de día en día, ofrecían vehementes indicios de la -laboriosidad incansable de aquel siervo de Dios, que, humilde entre los -humildes, hizo voto de no gozar en vida de las dulzuras de la gloria -científica y literaria. - -El célebre e inédito escritor carmelita, era, pues, un pozo de ciencia, -cerrado a cal y canto; una lumbrera que, como las linternas sordas, -alumbraba solo por dentro; la representación viviente de la sabiduría -oculta y subjetiva. - -Las gentes creían, sin embargo, en ella de la misma suerte que tienen -fe ciega en otras muchas cosas que están fuera del orden natural o del -verdadero sentimiento religioso, siempre respetable; es decir, por un -acto de la voluntad o por costumbre fuertemente arraigada, de todo -punto ajenos a la reflexión o al raciocinio. - -—¡Oh, el padre Carmelo! —exclamaban los frailes del convento de la -calle de Alcalá, esquina a la del Barquillo—. ¡Oh, el padre Carmelo! -—repetía el vulgo de Madrid. Y esta frase ganó las tapias de la -capital de España, y propagándose por la Península e islas adyacentes, -acabó por adquirir carta de naturaleza, no solo en nuestros dominios -ultramarinos, sino también en cuantos países del Nuevo Mundo conservan -el mermado tesoro de la lengua castellana. - -¡Qué gloria para las letras patrias, y sobre todo para la excelsa Orden -a que pertenecía su autor, cuando saliesen a luz las magistrales obras -del gran Carmelo, émulo del celebérrimo Tostado! ¿Eclipsaríase la fama -de este insigne obispo? ¿Substituiríase la frase vulgar de «ha escrito -más que el Tostado» por la de «ha escrito más que Carmelo»? ¡Problema -de la acción reformadora del tiempo! - -Por fin, después de larga vida consagrada, al parecer, a la meditación, -al estudio y sobre todo a escribir, gastando resmas y más resmas de -papel de barba, el padre Carmelo prolongó un día, más que de ordinario, -las horas de siesta, porque no volvió a despertar. - -La noticia de su muerte produjo universal expectación; iban a conocerse -las obras del nuevo Bossuet, del águila de la calle de Alcalá. - -Celebráronse con pompa extraordinaria los funerales, y después la -comunidad se trasladó procesionalmente a la celda del difunto, para -proceder al inventario de sus numerosos manuscritos. Rotas las -cerraduras de los estantes, por no encontrarse la llave, se sacaron -de aquellos hasta quinientos veintisiete tomos, numerados y puestos -con el mayor orden, los cuales fueron conducidos en triunfo a la sala -capitular, donde el padre prior anunció que iba a leer el primer -volumen. - -La ansiedad pintada en todos los semblantes; fijos los ojos del -venerable cónclave en las rugosas manos del superior del convento, -quien temblaba de emoción y al peso de los años; su hábito blanco y -castaño oscuro, iluminado por un polvoriento rayo de sol que descendía -a través de ojival ventana, y en la pared frontera un lienzo al óleo -representando a San Elías, que, con su actitud y la inmovilidad de sus -pupilas parecía fascinar al monacal concurso: tal era el cuadro. - -El prior sacó de la manga un pañuelo de hierbas, limpiose el copioso -sudor de la calva, se puso los anteojos, tosió, y señalando los tomos -colocados sobre varias mesas, dijo: - -—Vamos a recoger la herencia, fruto de la labor infatigable, de los -desvelos y vigilias, del claro entendimiento y de la profunda sabiduría -de aquel eminente varón que fue nuestro hermano, y que goza ahora de la -bienaventuranza eterna. - -—Amén —contestó la comunidad. - -—Como la lectura ha de durar algunos meses, procedamos con orden; -leeremos un volumen cada día. He aquí el primero. Sentaos. - -Y todos se sentaron. - -Y el padre prior asió un monumental infolio, y doblando la primera -hoja, leyó: - -«OBRAS COMPLETAS DEL PADRE CARMELO, DE LA ORDEN DEL CARMEN. — TOMO -PRIMERO. — CAPÍTULO PRIMERO Y ÚNICO. — _De la extraña facilidad -con que se engañan los hombres._» - -El resto del volumen y los otros quinientos veintiséis, estaban en -blanco. - -Y los frailes, no pudiendo tener la risa, salieron a la desbandada de -la sala capitular, exclamando: - -—¡Qué padre Carmelo! - -* * * - -Tal es el origen, alterada por un metaplasmo (síncopa), de la voz -CAMELO. - - - - -EL TRIUNFO DE LA IGUALDAD - - -La insensata tiranía de las masas inconscientes, ciegas y fanáticas, -amenazaba a Europa en el orden económico. Los hijos de la industria -miraban con recelo la perfección de la máquina, destinada a substituir -o a simplificar la fuerza humana. La oposición que en los talleres de -la fabril Cataluña despertaba cada adelanto en los medios de producción -trascendía a los ricos campos jerezanos, donde proferíanse amenazas -de muerte contra el trabajador que emplease en las faenas agrícolas -aquellos instrumentos manuales de uso más fácil y expedito. - -A la utilidad egoísta, acaso momentánea, intentábase sacrificar -el porvenir de la industria; al temor irreflexivo de un exceso de -producción, la baratura del género, y a las asociaciones opresoras, -fraguadas tal vez en el misterio, merced a la intimidación, la -libertad individual y el espíritu de iniciativa, inagotables fuentes de -riqueza y de progreso. - -La propia voluntad y generosos impulsos del obrero supeditábanse al -capricho de las colectividades veleidosas, y ante ellas enmudecía el -sentimiento de justicia, y ante ellas, la razón, el sentido práctico, y -hasta el personal interés, no se atrevían a levantar voces de protesta; -que a tal obcecación conduce el espíritu de clase en las perturbadas -inteligencias. - -A los delirios de los fundadores de las escuelas socialistas de -este siglo sucedieron las extravagancias del vulgo ignorante; a las -atrevidas concepciones de la imaginación creadora, el bajo instinto -de la torpe envidia; a las brillantes teorías del visionario, hijas -quizá de un sentimiento generoso, la pasión desenfrenada, ávida tan -solo del botín; a la revolución social, basada en sistemas quiméricos, -las concupiscencias de la plebe, el vértigo de lo desconocido, la -fascinación de la anarquía, la atracción del caos. - -Entregado una noche a tales reflexiones, y meditando sobre las -consecuencias que podría tener el reparto de la riqueza pública que -acaricia la imaginación del vulgo, lentamente desvaneciéronse las ideas -en mi cerebro, y tomando formas vagas, incoloras y difusas, no sé si -de pronto o al cabo de un buen espacio —porque es imposible medir la -misteriosa cadena que enlaza la vigilia con el sueño— me hallé en ese -mundo lleno de claridades en medio de las tinieblas, de olvidados -recuerdos que despiertan, de obstáculos que se allanan, de marchitas -esperanzas que reverdecen, de acontecimientos que surgen sin lugar ni -tiempo, de conceptos lógicamente enlazados o de pronto interrumpidos -con extravagantes ideas; en ese estado, en fin, en que descansa la -razón y vela la locura. - -Imaginé que me hallaba en una tribuna del Congreso. Las Cortes -españolas acababan de votar la nivelación social. No más ricos, ni -pobres, ni propiedad: todos los españoles de ambos hemisferios debíamos -ser iguales ante la fortuna: la demencia del equilibrio de la suerte -era señora del mundo. - -Mas ¿cómo hacer el reparto? He aquí el difícil, arduo y pavoroso -problema que absorbía por entero la atención de los legisladores y del -pueblo. - -Elocuentes discursos resonaban en el augusto recinto; frenéticos -aplausos recompensaban los arranques oratorios de la gloriosa tribuna -española, sin rival por la majestad y la grandeza; las pesadas máquinas -tipográficas, a las cuales aligera el tenue vapor, giraban incesantes -despidiendo la palabra escrita; el pueblo se apoderaba con ansia del -delgado papel mensajero de la buena nueva; la plaza pública convertíase -en palenque de controversia, y con aquella emulaban la cátedra, el -palacio, el círculo y la humilde vivienda del jornalero; cantaba el -poeta, en inspiradas estrofas, el triunfo de la igualdad; el estadista -ponía en tortura su inteligencia, buscando una fórmula de todo punto -niveladora; meditaban los sabios; la osada presunción daba a los -vientos de la publicidad las más peregrinas soluciones; conmovíase -el país desde sus cimientos; la nación en masa deliberaba; pero la -resolución del problema, el procedimiento verdaderamente igualador -seguía en pie. - -Los altos poderes, en los cuales reside la facultad de hacer las leyes, -acordaron que el Estado se incautase de todo, obra hacedera en quien -disponía de la fuerza; pero el Estado, a su vez, debía repartir la -masa común entre los españoles, en proporciones completamente iguales; -empresa ante la cual mostrábanse perplejas las Cortes, indeciso el -Gobierno, impaciente la plebe y suspensos los ánimos de todos. - -Proponían unos que la riqueza se repartiese a prorrata; pero ¿cómo se -dividía una ciudad, por ejemplo, aunque no fuese más que entre sus -habitantes, dadas las diferentes condiciones de los edificios, ni aun -una casa entre sus inquilinos, variando el valor de cada piso, ni una -comarca, en vista de la discrepancia de los terrenos, ni siquiera una -propiedad rural, cuando las divisiones no podían ser homogéneas? - -Pedían otros, entre los cuales predominaba el elemento ministerial, que -el Estado repartiese los bienes según las obras de cada uno; pero ¿qué -orden, qué equidad ni qué justicia presidirían a la distribución en un -país donde la mayor parte de los destinos públicos, los ascensos y las -mercedes venían siendo, más que recompensa del mérito, de la virtud o -de los servicios, producto de la cábala política, del ciego favor o del -nepotismo erigido en sistema? Semejante medio pugnaba con el principio -nivelador votado por las Cortes, pues constituiría, al cabo, el más -irritante de los privilegios: el privilegio del valimiento. - -¿Y qué diré de los que querían apelar a la insaculación para el -reparto, creando la aristocracia del azar? - -Un partido numeroso inclinábase al comunismo _icario_ de Cabet, -confiando al Estado las funciones de curador de todos los españoles; -pero ¿qué fuera de estos a merced de la omnipotencia administrativa -con todo el lujo de expedientes inacabables, de resoluciones -contradictorias y de leyes y reglamentos arbitrariamente interpretados? -¿Qué de la libertad individual en perpetua tutela de una burocracia -opresora e indolente? - -Los _sansimonianos_, que también los había, proclamaban la excelencia -de sus doctrinas; mas ¿qué igualdad era de esperar en un sistema -eminentemente jerárquico? - -Los _falansterianos_ pretendían, en vano, levantar cabeza. El pueblo -mostrábase refractario a la vida monacal laica. - -Triunfante la negación, que constituía la base del socialismo, ni los -legisladores, ni la prensa, ni el instinto del pueblo presentaban una -afirmación práctica que obtuviese la aquiescencia del mayor número. - -Agolpábase la multitud en la plaza de las Cortes, y pedía a voces que -estas diesen inmediata solución al asunto entonces objeto de caluroso -debate, y la fórmula igualadora, con tanto afán buscada, no adelantaba -un paso. - -Crecía la inquieta muchedumbre allí reunida; cual río desbordado, las -oleadas de gente invadían el peristilo; desgajábanse los árboles al -peso de la curiosa juventud; el popular tumulto ensordecía el aire, y -todo era confusión, bullicio, despecho y desenfreno en la plaza, y -sobresalto, duda, miedo e incertidumbre, dentro del augusto recinto de -la Cámara. - -De pronto rechinaron los goznes de la puerta principal, que permanece -generalmente cerrada, abriéronse de par en par las macizas hojas, -y apareció bajo el dintel un anciano decrépito, de grave aspecto y -reposado continente. - -Era un diputado, objeto de universal consideración, aunque no siempre -oído por el Congreso. - -A su presencia apaciguáronse algún tanto los ánimos; retrocedieron las -invasoras turbas, dejando libres las gradas del Palacio; poco a poco -se fue apagando el clamoreo, y por fin, al levantar el viejo la mano -en actitud de que iba a hablar, hízose la calma en medio de la apiñada -muchedumbre. - -Reinaba profundo silencio, interrumpido tan solo por el aire al azotar -la gloriosa bandera enhiesta en lo más alto del monumental edificio, -cuando el venerable anciano, adelantándose hasta el borde de la meseta, -soltó la voz a semejantes razones: - -«Ciudadanos: Las Cortes, doblegándose a vuestra voluntad, votaron la -nivelación de los bienes de fortuna; pero las Cortes, en su elevada -sabiduría, no encuentran ¿a qué negarlo? el medio práctico, ordenado y -pacífico de dar cumplimiento a su acuerdo. - -»La propiedad, como la naturaleza, es varia y múltiple en sus -diferentes manifestaciones, y distribuirla por igual entre todos los -españoles, pretensión que no cabe más que en la desordenada fantasía de -los dementes, en la cándida ignorancia de los ilusos, o en la torcida -intención de los malvados. - -»Mas aunque fuese obra fácil y hacedera esa distribución de bienes, -¿olvidáis acaso que, apenas conseguida, produciría forzosamente una -reacción, dando al traste con la igualdad, el trabajo sobreponiéndose a -la pereza, la inteligencia a la ignorancia, la economía al despilfarro, -y el espíritu esforzado e iniciador al instinto pusilánime y rutinario? - -»No os queda, pues, más recurso que apelar al Estado, para que este -distribuya equitativamente el producto del capital y del trabajo entre -todos los españoles. - -»Pues bien: quiero admitir en ellos una perfección ajena a la -naturaleza humana. Supongamos que seguirán trabajando en provecho de -la comunidad con el mismo ardor y constancia con que se sacrifican -por el propio interés, por el de sus familias y por el porvenir de -sus hijos; supongamos una organización administrativa superior a todo -encarecimiento en el Estado, y supongamos, en fin, que este recaude -íntegramente cuantos beneficios obtengan los españoles de ambos -hemisferios en concepto de rentas, sueldos, jornales, honorarios, etc., -y que después distribuya el total por partes iguales: ¿sabéis cuánto -corresponde a cada individuo? - -»Voy a demostrároslo con la elocuente lógica de las cifras. - -»No hay en España datos oficiales bastantes para poder apreciar con -exactitud los beneficios del capital y del trabajo; pero tomando -por punto de partida el presupuesto, no será aventurado suponer que -ascienden aquellos a una cantidad diez veces mayor que la recaudación -obtenida por el Estado. - -»Los presupuestos de la Península y Ultramar se elevan a las siguientes -cifras: - - Pesetas - - Península. 802.876.886 - Cuba. 179.301.248 - Filipinas. 81.079.367 - Puerto Rico. 19.323.072 - Fernando Poo. 373.420 - - TOTAL. 1.082.453.993 - -»Si esta es la décima parte de las utilidades de todos los españoles, -resulta que aquellas ascienden a la cifra anual de 10.824.589.930 -pesetas. - -»Y tened en cuenta que si de algo peco en este cálculo, es de -exageración; pues en Francia, con un presupuesto de 3.561.978.092 -francos, los beneficios por todos conceptos obtenidos por los -habitantes de aquella República se evalúan solo en unos 20.000 -millones. - -»Admitamos, sin embargo, la cifra de 10.824.539.980 pesetas. Esto es en -último caso (y suponiendo que todos sigan trabajando como hasta ahora) -lo que puede repartirse anualmente entre los españoles.» - -La muchedumbre, que durante el discurso del orador había dado varias -veces muestras de impaciencia, al oír la enorme cifra de diez mil -ochocientos y pico de millones anuales a repartir, prorrumpió en -frenéticos aplausos. - -«¡Ya tenemos la solución! —decían las gentes—; ¡ya está resuelto el -problema! ¡Que se incaute el Estado de cuanto perciban los españoles -por el capital y por el trabajo en todas sus manifestaciones, y que lo -distribuya por igual entre los ciudadanos! ¡Esta sí que es la verdadera -nivelación!» - -Los aplausos atronaban el aire; los espectadores abrazábanse unos a -otros; los periódicos preparaban suplementos; la oficiosidad novelera -corría desaforada, anunciando por doquier la forma niveladora; el -telégrafo no se daba punto de reposo, transmitiendo a las provincias y -a los remotos dominios españoles la buena nueva; todo era algazara y -regocijo, y fiestas, y entusiasmo indescriptible. - -El anciano, entretanto, indiferente al general alborozo, de pie en el -peristilo del Congreso, cruzados los brazos, miraba con irónica sonrisa -al agitado auditorio que invadía la plaza y sus avenidas. - -Al cabo de buen espacio de tiempo restableciose la calma y el orador -prosiguió su discurso. - -«Vamos a ver, dijo, el número de españoles que existen, según los -últimos datos estadísticos oficiales, y la cantidad que a cada uno -corresponde. - -»Debo advertir que incluyo a todos, pues ante la igualdad, lo mismo -debemos considerar al prócer que al humilde indio que en las apartadas -regiones del extremo Oriente contribuye con su sangre y con el sudor de -su frente a la defensa y a la prosperidad de la patria común. - -»La población de España y de sus dominios de Ultramar es la siguiente: - - Habitantes - - Península, islas adyacentes y posesiones - de la costa septentrional de África. 16.625.860 - Filipinas. 5.561.232 - Cuba. 1.449.182 - Puerto Rico. 754.313 - Posesiones del Golfo de Guinea. 35.000 - - TOTAL HABITANTES. 24.425.587 - -»Hay que dividir, pues, las 10.824.539.993 pesetas que obtienen de -beneficio los habitantes de España y de sus Indias, por 24.425.587 a -que ascienden estos, lo cual nos da un cociente de 443 pesetas 163 -milésimas. - -»Esto es lo que correspondería a cada español al año si no tuviésemos -deudas sagradas, contraídas con extranjeros, las cuales nuestra -honradez y nuestra hidalguía nos obligan a satisfacer. - -»Dichas deudas representan los siguientes intereses anuales: - - Pesetas - - Intereses de la renta al 3 por 100, reconocida - al Gobierno de Dinamarca. 97.500 - Idem de la deuda perpetua al 4 por 100 - exterior. 78.846.040 - Idem del 2 por 100 exterior. 6.529.135 - Anualidad del empréstito Rothschild. 3.750.000 - Idem del anticipo Fould. 2.575.000 - 3 por 100 exterior no convertido. 900.000 - - TOTAL. 92.697.675 - -»Si dividimos estas 92.697.675 pesetas por los 24.425.587 habitantes de -España y de sus provincias ultramarinas, resulta que cada uno debería -contribuir para el pago de las deudas exteriores con 4 pesetas 122 -milésimas. - -»Deduciendo esta cantidad de las 443 pesetas y 163 milésimas, quedan -439 pesetas y 40 milésimas. - -»Tal es la asignación anual, dentro del criterio más optimista, a que -tendríais derecho, en la suposición quimérica de que no variasen las -condiciones del trabajo desde el momento en que el producto de este -fuese propiedad del Estado. - -»A lo sumo, pues, corresponderían a cada español 439 pesetas y 40 -milésimas al año, o sea UNA PESETA Y VEINTE CÉNTIMOS próximamente al -día. - -»¡Tal es la verdad! ¿Os conformáis con este jornal?...» - -—¡Jamás! ¡Jamás! ¡Abajo la verdad! ¡Fuera! ¡Fuera! —gritó la -muchedumbre indignada, arrojándose sobre el indefenso y venerable -anciano... - -* * * - -Y desperté cuando la Verdad, investida con el carácter de legislador, -era atacada por las ciegas pasiones de la plebe; y al encontrarme otra -vez en el mundo real, seguía el atropello. - - - - -EL HOMBRE ÚNICO - - -En una isla de la Polinesia, que por su pequeñez ni siquiera consta -en los mapas, reinaba, sin oposición ni émulos platónicos, un jefe -de tribu, que, en las alocuciones y mensajes dirigidos a sus fieles -súbditos, dábase a sí propio el dictado de Emperador del mundo. -Un navegante europeo que por acaso abordó aquellas playas, trató -de disuadir a Su Majestad Universal de sus errores geográficos; -mas este se limitó a contestarle: «No existe ni puede existir otro -mundo fuera de mi isla, porque sé de muy buena tinta que el Sol, mi -ilustre antecesor, fundó aquí su única casa solariega, y no tiene más -descendientes que yo y mis vasallos: por lo tanto, los que venís en el -buque debéis ser espectros en figura humana.» - -La persona que te voy a presentar, lector benévolo, sin los -conocimientos genealógicos de aquel monarca de antiquísima alcurnia, ni -pretender compartir con él tan claro linaje, fue más allá en su opinión -sobre sus semejantes. - -Poseído de extraña aberración mental, que no reveló jamás, porque -fue loco vergonzante, antojósele que en el mundo no existía más -personalidad corpórea que la suya, y que los hombres y los demás seres -animados eran vanos fantasmas hechos para su servicio, mortificación o -entretenimiento. - -Algunas veces extremaba su extravagante hipótesis, juzgando quiméricos -cuantos objetos herían sus sentidos, de lo cual deducía que él -monopolizaba el mundo de las ilusiones. A decir verdad, no tuvo sobre -este punto opinión constante, fija y concreta, pero sí sobre lo -primero, que llegó a ser para él verdad inconcusa. - -No conoció a sus padres, porque los había perdido siendo muy niño; -circunstancia que le libró de la dura necesidad de no creer en ellos y -de sacrificarlos al principio fundamental de sus convicciones. - -Era español, y llamábase Tomás Solitario. - -Como el mundo había sido hecho para su uso exclusivo, propendía -naturalmente a la vanidad, al orgullo y a la soberbia; llegando a -tanto su locura, que se creyó inmortal, sospechando que sus ilusorios -prójimos simulaban la muerte solo para engañarle sobre la caducidad de -la vida. - -Sin miedo ni temor alguno a seres que se disipaban apenas volvía -las espaldas o cerraba los ojos, nada era capaz de oponerse a los -arrebatados ímpetus de su valor temerario. - -Cauteloso y taimado como quien temía siempre ser víctima del dolo -de fantasmas astutos creados para molestarle, revelaba un carácter -prudente, mesurado y taciturno; hablaba poco, se reía menos, aquilataba -las palabras y medía su significación, y aun así, muchas noches antes -de dormirse se arrepentía de algunas indiscreciones; tal es la funesta -propensión humana a la locuacidad, que aun los más precavidos, el tipo -más acabado de la prudencia, han de confesarse con la almohada y expiar -la culpa a costa del sueño. - -Muy pronto dio claros indicios de sus felices disposiciones para el -mando; pues en los juegos infantiles representaba siempre el principio -de autoridad entre sus tiernos compañeros, ora a guisa de cochero, ora -con la investidura de capitán, si no de general. - -Consideraba como la peor de las malas sombras hechas para su tormento -a un tío suyo, y tutor a la vez, el cual, harto de semejante sobrino, -no tuvo punto de reposo hasta que lo vio en el colegio de cadetes de -Toledo. - -Los antiguos pusieron a duras pruebas la paciencia del _apóstol_, como -llamaban allí a los nuevos; pero Tomás Solitario opuso tal resistencia -a las novatadas, que a los pocos días de su ingreso en el colegio era -considerado como el prototipo del valor y del arrojo. Verdad es que -esta fama la obtuvo a costa de sus costillas; pero como era hombre de -suyo sufrido y resignado, hubiera preferido perder la inmortalidad a -expresar una queja. Con todo, alguna vez flaqueó su ánimo, abrumado -por el dolor, y acaso entonces le asaltaba la duda de si los golpes -que había recibido su humanidad unipersonal procedían de espíritus -deletéreos o de hombres como él, de carne y hueso; aunque nada he -hallado que confirme esta suposición mía, fundada en la poderosa virtud -del palo, ese don del Cielo, como le llamaban los antiguos, para poner -en razón a los cuerdos y amansar a los locos rematados. - -La declaración de la guerra de Marruecos en 1859 coincidió con la -promoción a subteniente de nuestro personaje, por lo cual deducirá el -lector que se trata de un contemporáneo. Incorporado a un batallón -de cazadores, dirigiose a Málaga, donde vio por vez primera el mar. -Al contemplar aquella inmensa y líquida llanura, llevado de su rara -demencia, decía para sí: «¿Es esto verdad, o mis mentidos semejantes me -presentan una decoración de teatro para hacerme creer que los mapas no -discrepan un punto de lo que me enseñaron en el colegio?» - -Embarcose en aquel puerto, y con los brazos sobre la obra muerta -del buque, y los ojos fijos en las ondulantes aguas, pasó la noche -reflexionando acerca de las causas que producen aquel movimiento; -y perturbado tal vez por el mareo, antojósele que entre las -fosforescentes olas veía vagar las sombras de los que consideraba -como enemigos suyos, que se entretenían en mover el mar con objeto de -mortificarle y para que la ilusión del viaje fuese completa. - -«¡Pronto —decía para su poncho— harán salir al Sol con la regularidad -de todos los días, y me presentarán una tierra, a la cual debo llamar -Continente africano, y en ella comparsas de fantasmas con el nombre -de moros, con los cuales debo batirme! ¡Necios, si creéis que vais a -amedrentarme! ¡Conozco vuestro juego, hombres en apariencia, espíritus -burlones, vanas sombras, que me juzgáis condenado a perpetuo engaño! -¿Quién es más fuerte aquí? ¿Los que me consideran víctima de sus -maquinaciones, o yo, que las adiviné desde que tuve uso de razón?» - -Desembarcó en Ceuta, y a los pocos días tomó parte en las primeras -acciones de guerra de aquella gloriosísima campaña, distinguiéndose -de tal suerte, que obtuvo cruces, grados y ascensos, y renombre de -bizarro, siendo proverbial su valor en todo el ejército. ¿Era acaso de -extrañar tanto denuedo en quien no creía en la muerte y juzgaba en su -extravagante desvarío cadáveres o heridos simulados a cuantos caían en -la pelea? - -Tanto pudo su locura, que una noche, estando de servicio en las -avanzadas, echose junto a un montón de cadáveres insepultos, y -fingiéndose dormido, miraba con el rabillo del ojo a aquellos -fantásticos muertos para ver si, creyéndole desprevenido, variaban de -postura; mas como no daban la menor señal de vida, exclamaba para sí: -«¡Qué taimados! ¡Capaces son de no moverse hasta la consumación de los -siglos, y hacer que se pudren y se convierten en polvo si saben que he -de volver a pasar por este sitio! ¡Qué admirable tenacidad! ¿Qué poder -sobrenatural rige y gobierna esa aparente humanidad, esa ilusión que -me persigue por todas partes, ese espejismo maravilloso que miente sin -cesar en medio del árido desierto de mi vida?» - -Donde tuvo empero uno de los mayores raptos de enajenación mental fue -en el campamento del Hambre. Una cena opípara que siguió a tres días -de privaciones y de insomnio, perturbó de tal manera su cerebro que, -saliendo de la tienda a tomar el aire, veía todos los objetos dobles, -y meditando sobre el caso se decía: «¡Yo siempre he creído en un mundo -ilusorio, pero no en dos! Ahora me parece que coexisten. ¡Si tendrá el -mundo el don de la ubicuidad!» - -Con tan raros pensamientos echose a dormir, y a la mañana siguiente, -reflexionando sobre lo que le aconteció por la noche, discurría de esta -manera disparatada: «La embriaguez me hizo ver los objetos dobles; -ordinariamente los veo sencillos; luego en estado normal soy víctima de -una alucinación a medias.» - -En fin, sus heroicos hechos, y jamás el bajo valimiento, eleváronle -a los primeros puestos de la milicia. Terminada la guerra, era ya -comandante, y las contiendas civiles que sobrevinieron algunos años -después a nuestra patria sin ventura, fueron grande parte para que -tuviese ocasión de completar su merecido encumbramiento. - -Cuando yo le conocí en el _Casino de Madrid_, ceñía la faja de general. -Hasta entonces no comenzó a figurar en la política. - -Antojósele ser diputado, y no faltaron electores fantásticos que le -votasen. - -Como hablaba poco y su continente era grave, todo el mundo le tenía por -político ducho y de talla, y cierto periódico habló de él como de un -hombre providencial, llamándole «rayo de luz en medio de las tinieblas -que envolvían los destinos de la nación», y «áncora salvadora con que -íbamos a dar fondo en el seguro puerto de la felicidad de la patria». - -Estas figuras retóricas produjeron su efecto, porque el Ministerio que -había logrado antes aquel puerto entendió que hombre tan extraordinario -era muy a propósito para dar lustre al nombre español en extranjeras -tierras; y así, antes de que se formase el partido de los _solitarios_, -proyecto que estaba ya en gestación, propuso a nuestro héroe un -cargo diplomático en una de las principales cortes de Europa. El cual -fue aceptado sin modestas resistencias. ¿Quién era superior a él? -¡Los grandes hombres de Estado, los reyes, los emperadores, se le -representaban a sus ojos como espíritus aventajados, como eminentes -artistas, como primeros actores del teatro en que se consideraba único -espectador! - -Desempeñó su embajada, y fue tenido por el primer diplomático de su -tiempo. Había resuelto el gran problema: no decir más que lo que -quería. Nadie pudo competir con él en arte tan de suyo difícil. - -En la corte donde estaba acreditado, conoció a una gentil doncella, la -más hermosa entre las beldades de aquel reino. Sin amarla quiso casarse -con ella: aspiraba a la envidia universal, si aquellos duendes podían -envidiarle. - -Consiguió su objeto; pero no contaba con el huésped en forma de suegra, -el más horroroso de los fantasmas, el _spirito folletto_, la pesadilla -de la humanidad-yerno. - -Y huyendo de aquel azote, renunció el destino y vínose a Madrid. - -Y el Ministerio tembló, y los periodistas no dieron paz a la pluma. - -Pero aquel hombre era muy otro. No quería nada. El tedio, esa crónica -dolencia de los hombres extraordinarios, minaba su alma. La idea de la -inmortalidad le infundía espanto. - -Deseaba tener sucesión, y la esterilidad de su espiritual consorte -causábale profunda pesadumbre. - -«¡Es claro —decía para sí—, los seres producen otros seres a ellos -semejantes! ¿Qué ha de nacer de un hombre y de un espectro? Sería un -producto híbrido no previsto por la naturaleza, si existe algo que -merezca este nombre.» - -Una noche, al volver más temprano que de costumbre a casa, sorprendió a -su esposa de tertulia con un apuesto joven. Aquella se turbó al pronto; -pero repuesta del sobresalto, con la sonrisa en los labios, exclamó: - -—¡Tomás, te presento a mi primo Rafael! - -Y Solitario no dudó de aquel vínculo de familia. - -Mas como para esto le era forzoso admitir la posibilidad de parentesco -entre los espíritus, inventó, en consonancia con su disparatada -hipótesis, una teoría sobre la afinidad de determinados fluidos -psíquicos. - -. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . - -Vivió hasta el fin de sus días sospechando de todo, menos de la virtud -de su mujer. - -¡Estaba predestinado a tener fe ciega en lo que nadie creía! - -* * * - -¡Cuántos como Tomás Solitario son externos de los manicomios porque -sienten el rubor de sus íntimos desvaríos! - -¡Si saliese a luz toda la demencia latente en los cerebros humanos, tal -vez sería imposible encontrar loqueros!... - - - - -LO PRESENTE - -JUZGADO POR LO PORVENIR - -EN EL SIGLO XX - - -El vapor con sus múltiples aplicaciones constituyó la principal gloria -del siglo XIX. La aplicación de la electricidad como fuerza -motriz es, sin duda alguna, la verdadera causa del progreso que, en el -orden material, hemos alcanzado en el siglo XX. - -A los ferrocarriles, obras costosísimas y largas, particularmente -en los terrenos quebrados, han sucedido las vías férreas aéreas, -sostenidas por esbeltas columnas, sobre las cuales, salvando agrias -pendientes que hacen innecesarios los túneles y las curvas, deslízanse -coches colgantes arrastrados por aparatos eléctricos, con velocidad -vertiginosa. Los buques de vapor, que requerían grandes depósitos de -carbón y máquinas pesadísimas, han cedido el puesto a las ligeras -naves que hoy surcan todos los mares, impulsadas por la electricidad -acumulada, merced a un sencillo artificio que ocupa poco espacio -y desarrolla considerable fuerza. Utilizada esta por todas las -industrias y la agricultura, perfeccionados los procedimientos de -la fabricación, reducidos en extremo los precios de transporte, los -productos manufacturados y naturales han disminuido de tal suerte de su -valor, que muchos de ellos calificados de lujo en el siglo precedente, -se han puesto en el nuestro al alcance de las más modestas fortunas, -demostrando así que artículos o mejoras que en una época se juzgan como -exceso y demasía en el regalo, los convierte después la baratura en -objeto de general consumo. - -Nuestros abuelos habían creído realizar un gran progreso con los -ferrocarriles. Lo eran en efecto, si se comparan aquellos medios de -locomoción con las diligencias, que a su vez habían sido un notable -adelanto comparadas con las galeras aceleradas; pero ¿qué dirían los -hombres del siglo XIX si resucitasen ahora, a mediados del -XX, y viesen en la práctica las varias y múltiples invenciones -basadas en el motor eléctrico? En aquella época se empleaban, por -ejemplo, treinta y tres horas mortales en recorrer la distancia que -separa a Madrid de París, y para hacer el viaje era preciso sujetarse -al reglamentarismo de las Compañías, a la tiranía de sus itinerarios -y a todas las incomodidades que trae consigo vivir o viajar en -colectividad, siquiera sea por breve espacio de tiempo, cuando hoy se -toma un vagón _a la hora_, como antiguamente se tomaban los coches de -plaza, y de sol a sol se puede hacer una excursión de ida y vuelta -entre las capitales de España y Francia. - -El principal defecto de que, en nuestro entender, adolecía el siglo -anterior, era que se sacrificaba el individuo a la colectividad. El -ómnibus, el tranvía, el tren, el buque de pasajeros, la mesa redonda, -el taller, la fábrica, constituían una verdadera esclavitud para el -individuo, que debía humillarse ante la inflexible autoridad del -silbato o de la campana. Nuestra época, con sus grandes progresos -materiales, ha contribuido a fundar la verdadera libertad, la que hace -al hombre señor de sí mismo y le emancipa en cuanto cabe dentro del -orden social, en que forzosamente hemos de vivir, del despotismo de la -asociación. - -Hasta la cuestión de las clases obreras, pavoroso problema que -embargaba el ánimo de nuestros abuelos, se ha resuelto con el -fraccionamiento y baratura de la fuerza y la subdivisión del trabajo -hasta sus últimos límites, con lo cual las casas de los operarios -se han convertido en verdaderas fábricas, anulando así los grandes -establecimientos industriales. - -Como nada contribuye tanto a los adelantos morales de un pueblo como -el progreso material, no deben sorprendernos los que en el espacio de -cincuenta años se han realizado en nuestra España. - -La situación de esta, considerada desde el punto de vista político, -era, a los ojos de la severa crítica, harto lamentable en el último -tercio del siglo XIX. - -Si se ponía término a las contiendas civiles que fácilmente encendían -el carácter belicoso y aventurero de las masas, la ardiente sed del -ideal en unos, la esperanza de medro personal en otros, seducidos por -perniciosos ejemplos, y siempre el espíritu de rebelión encarnado en -un pueblo víctima de los caprichos del poder, de la lentitud de la -justicia, de la inercia de la administración y de las durísimas cargas -del Estado; imperaba la guerra mansa de las parcialidades políticas, -que se disputaban con ensañamiento el manejo de la cosa pública, sin -reparar en promesas para alcanzarlo. - -Y mientras los gobiernos, obligados por el instinto de la propia -conservación y por el interés de bandería, gastaban su actividad y su -fuerza en esas luchas intestinas, otras potencias de Europa marchaban -resueltamente en pos de sus ideales, desenvolviendo una política -internacional con la diplomacia y con las armas, que debía tener por -coronamiento la constitución de grandes nacionalidades fundadas en la -unidad geográfica y en la necesidad estratégica. - -Los nobles propósitos con que algunos estadistas ilustres pretendían -sacar a España de su postración, degeneraban en cruel escepticismo: -si tenían fuerza para restablecer el orden material, retrocedían -pusilánimes ante la empresa de volver, sin lastimosas hipocresías, por -los fueros del sentido moral y del sentido jurídico. - -Los adversarios del sistema que constituía la base de la organización -del Estado, achacaban a aquel los defectos que acaso no tenían más -origen que las flaquezas de los gobernantes. - -Estos a su vez, alardeando siempre de profundo respeto a la legalidad, -apelaban con frecuencia a medidas arbitrarias; y si alguno sentíase -acometido de remordimientos, quizá tranquilizaba fácilmente su -conciencia política considerando lícito extralimitarse en la aplicación -de las leyes y aun falsearlas, suponiendo a los administrados sin -virtudes cívicas y de suyo propensos a eludir y a no respetar aquellas. - -Los que aceptaban un mismo principio fundamental y disentían en los -de orden secundario, reñían incesantes batallas, más enconadas cuanto -más afines eran los contendientes, creyendo con dudosa buena fe que -defendían ideas, cuando en el fondo no disputaban más que personas. - -En esta época en que se ha realizado un gran progreso en las -costumbres políticas y en la administración pública, no puede menos de -maravillarnos la perversión y falta completa de todo sentimiento de -justicia que presidían a la provisión de los destinos públicos y a las -relaciones entre el Estado y el ciudadano. El valimiento, el favor y -la recomendación eran la fuerza suprema que daba movimiento e impulso -a aquel mecanismo oficial. Aun los espíritus más rectos y justicieros -no podían sustraerse al medio ambiente en que vivían, y acaso sin -darse cuenta de ello muchas veces se hacían cómplices de la iniquidad -cediendo a un falso deber de agradecimiento, a una exigencia de la -amistad o a una atención de la galantería. - -El caciquismo que imperaba en los pueblos enseñoreándose de los -Ayuntamientos y de las Diputaciones provinciales, a su calor nacidos, -sometía a la dura ley del vencedor al adversario político o personal, -con el encarnizamiento y el encono propios de las luchas locales; y -el representante del poder central en las provincias, que no podía -prescindir de estas fuerzas para el triunfo de los candidatos que -recomendaba el Gobierno, transigía fácilmente con ellas, y las más -veces era en vano reclamar justicia de quien carecía de autoridad moral -para aplicarla. - -Los ciudadanos acabaron por perder la fe en la justicia administrativa, -creyendo solo en la eficacia de las influencias, habiéndose impuesto -de tal suerte la costumbre de las recomendaciones, aun con los más -frívolos pretextos, que hubiera parecido notable falta de cortesía -en un hombre urbano no prestarles por lo menos hipócrita atención y -aparente acogida. Y ese afán de apelar al favor lo invadía todo: sus -importunidades ni siquiera respetaban la santidad de los tribunales, -a los que se reclamaba justicia con la imposición de influencias -políticas o sociales, como si aquella pudiera torcerse y quebrantarse, -lo cual en el fondo argüía una grave ofensa a la rectitud de los -magistrados. - -Debe, sin embargo, negarse, y dicho sea en honor de la verdad, que los -hombres públicos se convirtiesen en dóciles instrumentos de injustas -pretensiones, cediendo al torpe móvil de la codicia: sus debilidades -nacían del interés político, del espíritu de parcialidad, de una deuda -de gratitud, del amor de familia o de la benevolencia del afecto. Los -caracteres más refractarios a la venalidad del favor, prestaban fácil -oído al soborno del sentimiento. - -Y mientras el arte de la política se basaba en las complacencias -personales, la administración arrastraba vida lánguida y perezosa, -siendo la inestabilidad burocrática el más funesto de sus males. -Acrecentábanse de día en día los gastos del Estado, porque no había -ministro con fuerza ni voluntad bastantes para reorganizar de una -manera radical los servicios, ante el temor de enajenarse el apoyo -de los régulos del Parlamento, de herir intereses de localidad, de -lastimar el espíritu de clase, mayormente si se trataba de institutos -armados o de evocar el más pavoroso de los fantasmas: la cuestión de -orden público. - -Tal era el miedo que esta inspiraba, que casi todas las iniquidades -cometidas por los Gobiernos y su falta de iniciativa para corregir -ciertos abusos, no reconocían más causa que el recelo de conflictos -acaso más imaginarios que reales. - -La autoridad, el prestigio, la fama de hacendista buscábanse, no en el -planteamiento de reformas trascendentales que cambiasen los gastados -organismos, base de una administración anacrónica, indolente y a veces -absurda, sino en los arrebatos y en las audacias, encaminados a vejar -más y más al país, agobiado bajo el peso de tributos superiores a sus -agotadas fuerzas. - -La obstinación que engendra la ajena resistencia, el amor propio que se -complace solo en las satisfacciones del orgullo, el falso sentimiento -de la realidad que ciega y perturba las más claras inteligencias, -eran poderosa parte para que, en aquellas batallas continuas entre -gobernantes y gobernados, el poder degenerase en arbitrario, caprichoso -y tiránico, imponiendo su voluntad a las clases contribuyentes, a -despecho de las quejas generales de estas, que pedían en vano ministros -de Hacienda prácticos, equitativos administradores del Estado, y no -agentes ejecutivos, más atentos al éxito del momento, al aplauso de la -especulación bursátil y a la alabanza de la exótica conveniencia que -a las necesidades de lo porvenir y al respeto y consideración de la -inmensa mayoría de los ciudadanos. - -Y para conseguir tales triunfos, de los cuales eran ostentoso -trofeo los estados de recaudación en la _Gaceta_, falsos a veces, -amañados otras y artificiosos casi siempre, se apelaba a irritantes -procedimientos, inspirados en las argucias y sutilezas de la mala fe -vergonzante. - -Ya se vulneraba el espíritu y la letra de las leyes votadas en Cortes, -con reglamentos dando torcida interpretación a aquellas; ya se -encarecía a los empleados del fisco la necesidad de que desplegasen -exagerado e inicuo celo en sus funciones; ya se aplazaba, sin -miramiento a la justicia, la resolución o el pago de créditos contra -el Tesoro; o ya se entorpecían, en fin, con manifiesta malicia, las -reclamaciones de las víctimas de la burocracia fiscal o acaso del odio -de los adversarios políticos. - -Parecía natural que las leyes tributarias fuesen redactadas con la -mayor claridad; pero de intento, al parecer, los mismos ministros que -debían reglamentarlas, llevados del afán de favorecer los intereses de -la Hacienda, procuraban sembrar la confusión en su propia obra, para -dejar abierto y expedito el camino de las más caprichosas y exageradas -interpretaciones. - -Los preámbulos y exposiciones de las leyes y decretos se repetían con -la misma monotonía, los mismos lugares comunes y la misma vaguedad -en los conceptos. Si aquellos documentos, en los cuales se ofrecía -a manos llenas la felicidad al país o el perfeccionamiento de la -administración, carecían generalmente de sinceridad, en cambio -faltaba en los lectores el propósito de dejarse convencer. ¡Estéril -convencionalismo! ¡Conjunto de frases, sin el encanto siquiera de la -forma, arrojadas al universal escepticismo! ¡Tal era casi siempre la -literatura oficial! - -La oratoria de las Cortes españolas no tenía rival en el mundo -civilizado; pero si rayaba a la mayor altura en el grandioso concepto -del arte, jamás fue más sospechosa su utilidad en los asuntos -económicos. Si se discutían los presupuestos, para lo cual el tiempo -apremiaba siempre, los oradores eminentes mostraban viva repulsión a -descender al árido terreno de la aritmética. - -¡Y sin embargo, el sentido utilitario y práctico debía imponerse al fin -en los destinos de España! - -No en vano era esta una nación europea, y por lo tanto estaba condenada -a perecer, o a seguir la suerte y las vicisitudes del resto del -Continente. - -Al socialismo de Estado, consecuencia lógica y natural de los grandes -armamentos, sucedió la miseria inevitable de los pueblos; y el ejemplo, -el pernicioso ejemplo de arriba, trascendiendo a las clases obreras, -conmovió los cimientos sobre los cuales descansa la obra secular de -las sociedades civilizadas. Somos el Estado, dijeron la política, -la milicia y la burocracia, y queremos ser el Estado, repitió el -proletariado; pero cuando este, fiando en el número, se proclamaba -vencedor, la discordia puso de manifiesto la inestabilidad de las -agrupaciones humanas que no se fundan en el principio del orden y de la -disciplina. - -Vencida la causa que tantos temores y sobresaltos inspiraba a fines -del siglo XIX; el progreso de las ciencias; la facilidad, -rapidez y baratura de las comunicaciones; la subdivisión del trabajo, -que recobró el carácter doméstico en las industrias que lo permitían; -la depreciación creciente del capital con el aumento del ahorro y de -la riqueza; el desarrollo considerable de la instrucción pública; el -sentimiento del deber y de la propia conciencia inculcado en el corazón -del pueblo, y sobre todo el sentido práctico y el espíritu de rectitud, -de justicia y de equidad que lograron imponerse en las esferas del -poder, contribuyeron en gran manera a la regeneración de nuestra -patria; verificándose entonces el consorcio admirable y armónico, -gloria de la edad presente, del Estado, representación sincera y -genuina de todas las clases, de todos los intereses y de las generales -aspiraciones, con la libertad individual, en su concepto más elevado, -dentro del derecho. - - - - -UN VIAJE A LA REPÚBLICA ARGENTINA - -EN EL SIGLO XXI - - -Residía en Madrid. El reloj eléctrico y a la vez calendario perpetuo -de mi despacho señalaba y anunciaba las 5 de la tarde del 9 de mayo -de 2003. Me acerqué al teléfono y pedí comunicación telefónica y -_neumática_ con la _Compañía del expreso hispano-argentino_. - -—¿Qué quiere? —murmuró el reóforo a mi oído. - -—Un billete de ida y vuelta a Buenos Aires. ¿Cuánto es? - -—Mil quinientas pesetas. - -—Quiero además una carta de crédito de veinte mil. - -—Corriente. - -—Por el tubo neumático remitiré un talón contra el Banco y mi equipaje. - -—Está bien. ¿Se le ofrece algo más? - -—Nada, gracias. - -—A la orden de usted. - -Al cuarto de hora el tubo neumático, que pone en comunicación mi casa -con todos los abonados de Madrid, me traía una medalla de níquel -señalada con el número 5, letra _M_. - -Esta medalla me daba derecho a un viaje redondo a Buenos Aires, y a un -crédito de cuatro mil pesos oro en todas las estaciones de la línea. - -A las siete menos diez minutos subí por el ascensor a la azotea de mi -casa y esperé el paso del tranvía electro-aéreo. Ocho minutos después -me hallaba en la estación central de los _aluminio-carriles_, y me -instalaba en el tren expreso hispano-argentino. - -Componíase este de seis soberbios vagones-palacios, precedidos de -una potente máquina eléctrica. Estaba el primero destinado a cocinas -y dependencias, a comedor el segundo, a salón y biblioteca los dos -inmediatos, y a camarotes los restantes. - -El ancho de la vía era de seis metros y el de los coches de nueve. Los -carriles de aluminio asentábanse sobre largueros de madera revestida -de una materia elástica que amortiguaba el ruido y la trepidación del -tren en movimiento. Seguía casi siempre el trayecto la línea recta, -sin grandes desmontes ni terraplenes y con cortos túneles, porque las -perfeccionadas máquinas de tracción salvaban con facilidad las más -agrias pendientes. - -Lujo artístico y comodidad refinada reinaban en aquel suntuoso recinto. -Ricas y exóticas maderas talladas, obra de célebres escultores, -ostentaba en sus muebles el comedor; del techo pendían riquísimas -lámparas de cristal de roca que reflejaban los rayos de centenares -de luces eléctricas; el servicio de mesa era de Sèvres con elegantes -pinturas, representando los principales paisajes de la línea; los -asientos y respaldos de las sillas, de fino tafilete maqueado; los -manjares y los vinos, delicados aquellos y exquisitos estos; las -fuentes y las botellas, movidas por misterioso artificio, circulaban -profusamente por la mesa, deslizándose sobre carriles de plata; las -dulces notas de los cantores y de la orquesta de una ópera que en aquel -momento se representaba en el teatro de Apolo de Roma, reproducidas -por un _megáfono_, recreaban el oído de los viajeros durante la hora -de la comida; la aguja de un cuadrante colocado en la pared señalaba -los kilómetros recorridos y las estaciones por donde pasaba el tren; -un termómetro automático, combinado con caloríferos y frigoríferos, -mantenía siempre la misma temperatura dentro de los coches; un reloj -señalaba la hora del meridiano de Madrid en una esfera, y en otra, por -ingenioso mecanismo, la que correspondía al punto donde nos hallábamos; -en fin, cuanto pudo imaginar el espíritu utilitario, el gusto artístico -y el genio de la invención para comodidad, deleite y regalo del -viajero, estaba encerrado en el palacio ambulante que con rapidez -vertiginosa recorría llanuras, cruzaba valles, vadeaba ríos y salvaba -montañas, sin notarse apenas el acompasado ruido de las ruedas, ni la -estridente vibración de los rieles, ni los vaivenes de las curvas, -ni los saltos del paso de agujas, ni ninguna de aquellas innumerables -molestias de los primitivos y rudimentarios ferrocarriles. - -El salón que seguía al comedor superaba a este en magnificencia. -Durante el día la luz cenital y durante la noche potentes focos -eléctricos, velados por cristales opacos ligeramente sonrosados, -prestaban a todos los objetos un aspecto mágico y sorprendente. En -las paredes alternaban los tapices antiguos, venerables restos de las -pasadas grandezas de la sangre, hoy al servicio de la aristocracia del -capital, con los cuadros de los más célebres pintores contemporáneos, -llenos de riqueza de detalles, sentidos de color y rebosando vida y -movimiento. El piso, compuesto de la reunión de pequeños fragmentos de -madera de diversas clases y múltiples y brillantes colores, constituía -uno de los más notables mosaicos que vieron jamás los afamados talleres -de Roma. Anchas y cómodas butacas articuladas, de dorado cuero cordobés -unas, de seda suave o de terciopelo finísimo otras, convidaban al -descanso del cuerpo y a la plácida y reparadora somnolencia del -espíritu. Ocultos resortes que cedían al menor esfuerzo daban a -estos muebles la inclinación o la postura que de ellos solicitaba el -viajero. Destacábase en el centro un gran velador de malaquita con -incrustaciones de oro, representando las armas de los zares, despojo -que arrojó al mercado la revolución de Rusia del siglo XX -y mudo testigo del incendio y el saqueo del palacio de Invierno por -la enfurecida plebe. ¡Inestable fortuna! Todo cambia de destino, -todo obedece a la eterna ley de la evolución. ¡De las ricas joyas y -preciados ornamentos de la corte imperial no queda más que lo útil al -servicio tal vez del primer advenedizo! - -Inmediata al salón, hallábase la biblioteca, iluminada como aquel por -luz cenital. Llenaban los estantes centenares de volúmenes colocados -por orden de materias, manuales casi todos, de esmerada y clara -impresión y con numerosos grabados intercalados en el texto. En sitio -preferente veíanse las Enciclopedias y el _Diccionario ilustrado de la -Academia Española_, notable por las viñetas y cromos que daban clara -idea de los vocablos que permitían su representación gráfica. En dos -de los ángulos de la biblioteca veíanse dos globos, terráqueo el uno y -celeste el otro, ambos de metro y medio de diámetro y transparentes; -luces eléctricas interiores permitían durante la noche observar -los menores detalles. Un mecanismo también eléctrico hacía girar -al celeste, dando una revolución cada veinticuatro horas. Al mismo -tiempo producía un movimiento de inclinación en correspondencia con la -latitud geográfica del tren. La otra esfera tenía también movimiento de -inclinación y traslación, presentando en su parte superior el punto de -la tierra en que se encontraba el viajero. Atriles mecánicos destinados -a los lectores, sin más trabajo para estos que oprimir un pedal, -doblaban automáticamente las hojas de los libros. Lo más peregrino -empero era el _Diccionario-fonógrafo_. Tenía este aparato un teclado -con todas las letras del alfabeto, y bastaba oprimir la correspondiente -a una palabra para que el fonógrafo recitase en el acto la definición -del vocablo. Sobre una mesa estaba puesto otro fonógrafo en relación -con los alambres exteriores, merced a los cuales el tren comunicaba -con la red universal telefónica. En dicho aparato, que hacía las veces -de periódico, se imprimían silenciosamente noticias del mundo entero, -y a voluntad del viajero funcionaba para reproducirlas. Me acerqué al -_Noticiero parlante_, que así se llamaba aquella ingeniosa máquina, y -vi que tenía una serie de botoncitos, junto a cada uno de los cuales -se leía en letras de metal: _Europa_, _Asia_, _África_, _América_, -_Oceanía_, _Bolsas_, _Mercados_, _Miscelánea_. Oprimí el primer botón, -y el fonógrafo habló de esta manera: - -«_Madrid_, 8 noche. — La _Academia Española_ abre un certamen para -premiar el mejor discurso parlamentario. Se preferirá el de estilo más -lacónico. No se admiten solecismos.» - -«_París_, 8,35 noche. — La Cámara de Diputados ha aprobado una -proposición eximiendo a sus individuos del deber de asistir a las -sesiones. Podrán hablar desde sus casas por medio del fonógrafo -parlamentario. Habrá aparatos especiales para uso de los diputados que -quieran interrumpir al orador.» - -«_Londres_, 8,15 noche. — Se está desguazando el último blindado de -vapor que conservaba como reliquia la Marina inglesa. Era un pequeño -buque de 18.000 toneladas, que solo podía navegar a flote.» - -«_Roma_, 9 noche. — La Sociedad Universal de Teléfonos y Fonógrafos -abre un abono a audiciones perpetuas de ópera. La diferencia de -meridiano de las diferentes ciudades del mundo donde se representan -esta clase de espectáculos, permite a la Compañía ofrecer esta ventaja -al público.» - -«_Viena_, 9,30 noche. — La cuestión de los Balkanes...» - -—Basta —dije para mí, y puse el dedo en el último botón. - -«_Madrid_, 8,5 noche (continuó el eco). — El crimen de la calle de...» - -—¡Todavía! —exclamé, oprimiendo el cuarto botón. - -«_Lima_, 3,5 tarde (dijo la voz del fonógrafo). — Se han presentado -los presupuestos en la Cámara de Representantes con un _superávit_ de -98 millones de soles. El último plazo de la indemnización de guerra -pagada por los Estados Unidos, se aplicará a la completa extinción de -la deuda del Perú.» - -«_Santiago de Chile_, 3,12 tarde. — Los viajeros del tren relámpago -procedente de Montevideo han sido indemnizados con 150 pesos cada uno -por haber llegado aquel con un retraso de 15 minutos. El Supremo Jurado -sienta la jurisprudencia de que la indemnización sea a razón de 10 -pesos por minuto perdido en la marcha.» - -«_Buenos Aires_, 5,15 tarde. — Ha fallecido esta tarde el célebre -almirante argentino López, que mandando la escuadra submarina de los -aliados de la América latina, aniquiló en el golfo de México el poder -marítimo de los Estados Unidos. Por disposición del finado, la familia -no recibirá comunicaciones telefónicas de pésame.» - -«_Bogotá_, 6,24 tarde. — El Gobierno ha resuelto sustituir los antiguos -cañones de 250 toneladas que defendían el canal de Panamá, con máquinas -eléctricas lanzarrayos.» - -«_México_, 3 tarde. — El general mexicano Victoria telefonea que hoy ha -ocupado San Francisco de California en virtud del tratado de paz con -los Estados Unidos. La noticia produce aquí entusiasmo indescriptible. -Esta noche se iluminará la ciudad con quinientos poderosos focos -eléctricos suspendidos por globos cautivos. Hoy se firmará el pacto de -la confederación latino-americana...» - -Iba a proseguir interrogando al misterioso confidente, cuando noté que -el tren reducía su marcha. Fijé la vista en la esfera que señalaba -nuestra situación geográfica, y vi que nos encontrábamos cerca de -Gibraltar, hermosa ciudad que España recobró después de la guerra -de la coalición continental contra los ingleses. Detúvose el tren, -y asomándome al mirador situado en el testero del último coche, se -presentó a mis ojos uno de los espectáculos más sorprendentes que -imaginarse pueden. - -El enorme peñón, a cuyos pies se asienta la gran ciudad de Gibraltar, -y los demás montes que ciñen la anchurosa bahía de Algeciras, parecían -ríos de lava de un volcán en ignición. Focos eléctricos de diversos -colores, artísticamente combinados, llenaban el espacio comprendido -entre Punta de Europa y Punta Carnero. En cada una de estas destacábase -una gigantesca columna luminosa con la inscripción _Plus ultra_. Sobre -la ladera del Peñón se leía con enormes caracteres de fuego: ¡_Viva -la raza latina_! ¡_Viva la Confederación latino-americana_! y debajo -veíanse como entrelazadas la bandera española y las de todos los -Estados de América de origen ibérico. - -Así la madre patria celebraba la fausta nueva que la electricidad -había transmitido a todos los ámbitos de la tierra. La raza ibérica, -representada en el Nuevo Mundo por 300 millones de almas, sellaba con -el pacto fraternal de la «Unidad en la variedad» su inquebrantable -propósito de vivir confundida en un solo sentimiento y en una sola -aspiración y robustecer sus fuerzas ante el coloso del Norte, que -intentó, aunque en vano, extender sus dilatados dominios por el resto -de América o someterlo a vergonzosa tutela. La venerable España, que -veía renacer en sus hijos emancipados de allende los mares las glorias -de su raza imperecedera, declaraba aquel día fiesta nacional, y la -fecha del 9 de mayo de 2003 se inscribía en letras de oro en el salón -de sesiones de las Cortes. - -El tren se puso en movimiento, y la oscuridad exterior y un ruido -sordo y prolongado me advirtieron que en aquel momento penetrábamos -por el túnel submarino de 15 kilómetros que pone en comunicación la -red de aluminio-carriles de Europa con la de África. Minutos después -avistábamos a nuestra derecha a Tánger, iluminado también como -Gibraltar y Algeciras, y sin detenernos proseguimos nuestra rápida -marcha a través del antiguo imperio de Marruecos, hoy floreciente -provincia española. - -A las once de la mañana del siguiente día, después de salvar la -cordillera del Atlas por el túnel de Afifen, hacíamos alto en Cabo -Juby. Los viajeros de Canarias se embarcaron allí en el buque -eléctrico que debía trasladarlos a aquel Archipiélago. A la sazón -no estaba terminado el puente de aluminio entre las islas Canarias y -el continente africano. Los estudios hechos por los ingenieros para -unirlos por medio de túneles submarinos fueron abandonados a causa de -las grandes perturbaciones volcánicas que ofrece el fondo del mar en -aquella parte. - -Nos encontrábamos en pleno desierto. La temperatura era sofocante en -lo exterior, pero deliciosa dentro del tren, hasta el punto de que -el termómetro seguía invariable. A través de los tubos que sirvieron -de caloríferos a la salida de Madrid, circulaba entonces aire frío -producido por una máquina heladora. - -En la madrugada del día 11 nos encontrábamos en Dakar (Senegal), -habiendo recorrido desde Madrid 3.622 kilómetros de aluminio-carril. -Detúvose el tren cinco minutos, y púsose luego lentamente en marcha por -un muelle metálico, al extremo del cual estaba atracado por la popa -un buque eléctrico submarino de 60.000 toneladas. Sobresalía este 15 -metros sobre el nivel del mar, y en su parte posterior, a manera de la -entrada de un túnel, tenía una inmensa abertura por la cual penetró -todo el tren. Apenas quedó dentro, púsose en movimiento una poderosa -máquina hidráulica que cerró herméticamente la comunicación exterior. -Al cabo de algunos minutos un estremecimiento general nos anunció que -el barco soltaba las amarras y se ponía en marcha. - -Dos días mortales empleamos en la travesía entre Dakar y el cabo de San -Roque, o sea la parte de la costa del Brasil que más se aproxima al -Continente africano; y digo mortales, porque a pesar de los progresos -de la industria naval, el hombre no ha podido domeñar la fuerza -impetuosa de las olas, ni los adelantos de la medicina han encontrado -remedio a las angustias del mareo. Así se explica que ínterin se -tienden puentes metálicos de 1.500 metros de luz sobre el Océano, se -procure limitar todo lo posible las travesías marítimas. Navegaba -nuestro buque unas veces sobre la superficie de las olas y otras a -cierta profundidad, según el estado del mar; pero los balances y las -cabezadas eran verdaderamente insoportables. - -Por fin, a los cuatro días y medio de nuestra salida de Madrid -atracamos en el espacioso puerto que la _Compañía universal de trenes -expresos_ ha construido en el cabo de San Roque. Fondear el submarino, -abrirse la compuerta que cerraba la abertura de la proa, a semejanza de -la del lado opuesto, salir el tren y lanzarse este a toda electricidad -por la vía americana, fue obra de un momento. - -Inútil es advertir que no tuvimos registro de equipajes, ni -reconocimiento de pasaportes, ni ninguna de aquellas infinitas trabas, -eterna pesadilla de nuestros bisabuelos, víctimas de la transición -industrial y política del siglo XIX, cuando la defensa de -la propia producción y el interés del orden público obligaban a las -naciones a poner cortapisas al comercio y a la libertad humana. - -En la mañana del día 14 de mayo de 2003 hacíamos alto en la hermosa -ciudad de Río Janeiro, cuya población excede actualmente de 2 millones -de almas. - -De Río Janeiro salen dos líneas con dirección al Río de la Plata: -la de la costa, que se dirige a Montevideo, uno de los puertos más -florecientes de la América latina, que cuenta ya con 3 millones de -habitantes, y la del interior, que va a buscar la confluencia del -Uruguay y el Panamá. Nuestro tren siguió la última, y antes de rayar -el día 15 atravesábamos los indicados ríos, un poco más arriba de su -confluencia, por dos soberbios túneles subfluviales. - -Al despuntar el alba hicimos nuestra entrada en la gran capital de la -República Argentina, término de nuestro viaje. - -Describir la floreciente ciudad de Buenos Aires, emporio del -comercio y de las artes, con sus magníficos monumentos, sus ricos -museos de pinturas, sus bibliotecas, que cuentan por centenares los -_libros-fonógrafos_; sus calles, terrestres y aéreas, tiradas a cordel; -su magnífico puerto poblado de buques submarinos, con muelles que -comienzan cerca de la antigua estación de Rivadavia y terminan más -abajo de Riachuelo; su magnificencia y grandiosidad, pues su actual -superficie excede a la del antiguo distrito federal, no es empresa para -mi pluma, ni la permiten las dimensiones de este artículo. Baste decir -que San José de Flores es hoy el centro de la ciudad y que de allí -radian los aluminio-carriles subterráneos y los tranvías electro-aéreos -que llevan con rapidez vertiginosa la exuberante vida social y -mercantil a todas partes. El aumento incesante de la inmigración -europea y el natural desarrollo de la población, han elevado la de -Buenos Aires a 4.122.307 almas, según la estadística del mes de abril -de 2003. - -* * * - -Antes de poner término a este artículo, fuerza es que diga siquiera -breves palabras acerca de los notables cambios que en el orden político -se han operado en el Nuevo Mundo. - -Los Estados Unidos del Norte adquirieron durante la pasada centuria -enorme crecimiento, hasta el punto de que su inmenso territorio apenas -bastaba para contener la población, y amenazaban con un desbordamiento -a costa de los países de origen latino. - -México, las repúblicas del Centro y Colombia, como más directamente -interesadas, la primera porque veía en peligro sus fronteras -septentrionales, y las restantes porque so pretexto de los canales -interoceánicos, el Gobierno de Washington pretendía someterlas a una -tutela, que rechazaba la dignidad nacional, dieron la voz de alerta y -reclamaron el auxilio de los demás Estados americanos. - -Las notas diplomáticas que los representantes de aquellas repúblicas -dirigieron a sus hermanas, fueron acogidas al principio con marcada -tibieza, porque nadie creía el riesgo cercano; pero la noticia de que -los anglo-americanos habían violado el territorio de México, y de que -pretendían enviar un ejército de ocupación a Nicaragua, Costa Rica y -Panamá, produjo un grito unánime de indignación desde Río Grande del -Norte hasta el Cabo de Hornos. Todos los gobiernos, impulsados por el -generoso y espontáneo movimiento de la opinión pública, pactaron una -alianza ofensiva y defensiva, y aprestaron sus formidables huestes y -sus escuadras submarinas para salvar la independencia de la América -latina y la exclusiva preponderancia en ella de la raza ibérica. - -España, que no podía permanecer indiferente a una lucha gigantesca en -la cual se ponía en tela de juicio el principio de raza, de lengua y -de costumbres que eran las suyas propias, prestó desinteresado y noble -concurso a sus hijas americanas, y de Cádiz salió la escuadra submarina -que, en unión de las demás aliadas, contribuyó al desastre de la -poderosa armada de los Estados Unidos. - -Entretanto, las márgenes de Río Grande del Norte eran teatro de las -más encarnizadas batallas que vieron los siglos. Todos los medios de -destrucción que el moderno arte de la guerra arrancó a la ciencia -y a la industria, se juntaron allí: cañones de 300 toneladas; -proyectiles explosivos con substancias hasta entonces desconocidas; -máquinas eléctricas arrastrando las piezas; verdaderas fortificaciones -ambulantes que marchaban sobre rieles, a medida que lo exigía el -ataque o la defensa; reductos cubiertos que se ocultaban y a voluntad -salían a flor de tierra para disparar su artillería; trincheras que -parecían montañas, y montañas que allanaba el asiduo trabajo de zapa -y el incesante reventar de las minas. La guerra cuerpo a cuerpo no -puede existir en manera alguna; la infantería y la caballería han -desaparecido, pero no el recuerdo de sus bizarras empresas, en que -en tan alto grado campeaba el valor individual. La lucha ya no es de -hombres contra hombres, sino de máquinas contra máquinas. Imposibles -las batallas a campo raso y sobre la superficie de los mares; la -guerra, según una frase del general ruso Arbaff, se convierte en -subterránea y submarina. - -Vencidos los Estados Unidos en esta memorable campaña, viéronse -obligados a firmar un tratado de paz, comprometiéndose al pago de una -indemnización de diez mil millones de pesos, que se repartieron los -aliados; a limitar sus fuerzas navales y terrestres, y a devolver -a México los territorios que inicuamente le usurparon en el siglo -XIX. - -Entonces los Estados de la América latina, para afianzar su -independencia y oponer inquebrantable valladar a la invasión de la raza -anglo-sajona, pactaron la confederación sin el predominio de ninguno, y -conservando todos sus leyes o instituciones particulares. - -Bajo estos auspicios se abre una nueva era de paz y prosperidad; y -como si los progresos en el orden material, obtenidos durante los -siglos XIX y XX, no fueran bastantes a satisfacer las aspiraciones de -la humanidad, en los albores del XXI se descubre al fin, con éxito -completo y admirable, la dirección de los aeróstatos, con lo cual -resultan inútiles los aluminio-carriles para el transporte de viajeros. - - - - -LA VERDAD DESNUDA - -RELACIÓN DE UN TRAPERO - - -Primero fui bachiller, lo cual basta y sobra para ser hombre político, -empleado después, que es lo mismo que decir español; pero le salió un -sobrino a un subsecretario amante de su familia, y entonces la mano -despiadada del destino me privó del mío. - -Aburrido y cansado de pretender; con el hambre de media España, es -decir, hambre de cesante; perdida por completo la esperanza de recoger -una nueva credencial, vine a parar al bajo y humilde oficio de trapero: -al fin todo es recoger. - -Discurría por mi barrio noches pasadas, tartamudo en el andar, como -quien va a pie por las enguijarradas calles de Madrid, fija la vista en -el suelo como doncella de antaño, con más pensamientos y cavilaciones -que un Ministro de Hacienda al preparar los presupuestos, con un -gancho en la mano a guisa de fundador de sociedades de crédito, y con -una carga al hombro más pesada que la de un marido con hijos muchos, -esperanzas pocas y un empleo pretérito. - -—¿Será posible —decía para mí— que la suerte no me depare algún -venturoso hallazgo como el que tanto alegró el corazón de Sancho -Panza en el de Sierra Morena? ¿Acaso ya no hay quien pierda el seso -por mal de amores, hasta el punto de abandonar una maleta con un -buen montoncillo de escudos de oro? ¡Oh felicísimo Sancho, que tras -repetidos palos y aporreamientos, viniste a dar, si no con el verdadero -fin de tus esperanzas, con algo que las hacía más llevaderas! - -Pero ya que lo limitado de mis pensamientos no despierta en mí el -deseo del gobierno de una ínsula, pretensión, por otra parte, fácil y -hacedera en los benditos tiempos que corremos, otórgame al menos, ¡oh -destino!, si es que tengo alguno, cosa que alivie la escasez que estoy -sufriendo. - -Años ha que, imagen verdadera del que va en pos de la constancia de una -mujer, de la fidelidad de un amigo, de la gratitud de un deudor y de la -baratura de un Gobierno, recorro las calles de la corte buscando lo que -no encuentro. En mal hora y en menguados tiempos vine al mundo. - -Rendido por el cansancio solté el cesto que sustentaban mis hombros, y -ocultándome a las recelosas miradas del sereno, que con sus ronquidos -daba claros indicios de la vigilancia urbana, senteme en el batiente -de una puerta, y alargando el gancho comencé a revolver los varios y -diversos objetos que en el cesto traía. - -—¡Oh, si hablaran —exclamé fijando en ellos mis ojos—, qué de cosas -dirían! ¿Qué sería escuchar esta faja de Gobernador, condenada al -desprecio por el uso? ¿Qué este pedazo de sable, probablemente en cien -pronunciamientos desenvainado? ¿Qué esta pluma, vendida tal vez al -mejor postor? ¿Qué esta charretera, quizás por no muy gloriosos caminos -alcanzada? ¿Qué esta espuela, acaso testigo mudo y auxiliar poderoso -de fugas vergonzosas? ¿Qué dirían tantos despojos aquí aglomerados, -revueltos y confundidos?... ¡Ah, si la verdad no anduviese tan -escondida o con tanto artificio disfrazada! . . . - . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . - . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . - -Mis párpados se fueron cerrando insensiblemente. El ayuno prolongado, -que avivaba en mi memoria el dulce recuerdo del bien perdido, y -la frescura precursora de la mañana, que yo, enemigo de la luz, -veía acercarse como la nube preñada de granizo el labriego, como -al recaudador de impuestos el propietario o el industrial, como el -vencimiento del cupón el Ministro de Hacienda, fueron parte para que me -asaltase un sueño profundísimo. - -Acababa de cerrar los ojos, cuando imaginé que se alzaba del fondo -de mi cesto una figura de humanas formas. Mortal palidez cubría su -semblante, una sonrisa helada vagaba en sus labios, sus ojos brillaban -con la claridad de los astros, y su continente era tranquilo y mesurado. - -Dirigiome una mirada grave y compasiva, y con voz clara y sonora se -expresó de esta suerte: - -—Yo soy la Verdad, por muchos pretendida, pero por pocos buscada con -amor. Nací libre, pero la mano del hombre me sujeta a dura opresión y -martirio. Ora al despótico yugo me sujetan, ora me disfrazan hasta -confundirme con la mentira. Me viste con el traje de la virtud la -mujer infiel; con afeites me acicala la entrada en años; me oculta -con la máscara del patriotismo el mercader político, y con la de la -libertad el ambicioso que quiere encumbrarse por torcidos caminos. -Con fiera crueldad me sacrifican pomposos anuncios que ofrecen oro a -manos llenas; palabras deleitosas que arrullan el oído cortesano, y -pensamientos que al calor de la ardiente imaginación se fraguan. - -Soy poderosa y bella; pero pocos se avasallan a mi imperio y rinden -culto a mi hermosura deslumbradora. Muchos me siguen cuando alzo el -vuelo a altísimas regiones y dejo en pos de mí los lindes terrenales; -pero ¿quién puede gloriarse de conocerme siempre? - -¿Pretendiste oír mi voz? ¿Has querido que salga del fondo de tu cesto -miserable? Aquí me tienes. Yo te diré cuanto saber deseas. ¡La escoria -social presentaré a tu vista: el ladrón que roba y es ensalzado; el -que aleve mata y en medio de la opulencia vive; el perjuro que inspira -confianza con el testimonio divino; el que con sangre humana comercia; -el que seduce a la virtud y trafica con el vicio: cuantas miserias -echan raíces a la sombra de la ambición y de la codicia! - -Antes, empero, ya que quieres conocer historias ajenas, debes comenzar -por recordar la propia. - -Pobres y honrados padres diéronte al mundo, y por no ser lo primero, -tuviste a menos la virtud que te legaron. El ejemplo de locas -ambiciones satisfechas y de rápidos o inmerecidos encumbramientos, -fueron grande parte para que la envidia, por la ruindad de tus -pensamientos concebida, hiciera remontar el vuelo de tu vana presunción -y estúpida arrogancia. Diste oídos a los seductores halagos del -interés, y a él sacrificaste el pundonor; codiciaste el bien ajeno y -perdiste el propio al azar; contrajiste deudas sagradas, profanando la -palabra con el torpe propósito de no cumplirla; atento solo al logro -del deseo inmoderado, renunciaste el apacible goce de la paz del alma, -y al verte ahora abandonado de la fortuna, miserable y harapiento, -condenado a una existencia triste y errante, sueñas aún en la dicha. -¡Vana quimera! ¡Consuelo que engendra la desesperación! ¡Inútil porfía! - -—¡Basta, basta! —exclamé intentando apartar de mí aquella visión—. ¡Más -me valiera no haberte conocido!... - -Los primeros rayos del sol, dando de lleno en mi rostro, me despertaron. - -Recogí el cesto, y retirándome a mi buhardilla, decía para mí: - -—Mis ilusiones se parecen a las de muchos españoles, que comen a medias -y huelgan por entero: hasta tal punto les preocupa la esperanza de un -destino, o de un premio de la lotería. - -¡Si sueñan alguna vez en el desengaño, no despiertan nunca con el -sentimiento de la realidad! - - - - -LA LOCURA DEL ANARQUISMO - -Cartas del doctor Occipucio al abogado Verboso - - -_Manila, 28 de Mayo de 18..._ - -Al dar fondo en este puerto, tomo la pluma, mi querido amigo, para -reiterarle el testimonio de la gratitud más sincera y de la admiración -más entusiasta por el grande y nunca, como se debe, bastante alabado -servicio que la elocuencia arrebatadora de usted prestó a la noble -causa de la ciencia y de la humanidad doliente. - -Todavía resuenan en mi oído aquellos conmovedores y magistrales -discursos, en los cuales de manera tan admirable supo usted hermanar la -dialéctica irrefutable con la fuerza de expresión persuasiva, probando -la irresponsabilidad de los anarquistas autores y cómplices de la -espantosa catástrofe de Blandebuena. ¡Con qué claridad y precisión, -y al alcance de la indocta multitud, expuso usted las teorías de la -moderna ciencia frenológica! ¡Oh! ¡Cómo puso usted de manifiesto, con -el compás en la mano, la configuración craneal de los acusados, y el -desequilibrio completo que en ellos se advierte! «¡Circunferencia -máxima, 54 centímetros; diámetro máximo, 18; altura, 15; distancia -máxima de parietal a parietal, 15; tales son los caracteres distintivos -de la mayor parte de los desdichados que se sientan en ese banquillo!» -exclamaba usted, y luego proseguía: «Veamos en cambio los datos -conocidos de una de nuestras cabezas más perfectas, la de don Emilio -Castelar. Circunferencia máxima, 59 centímetros; diámetro máximo, -21,50; altura, 16; distancia máxima de parietal a parietal, 16.[8] -¡Qué enorme diferencia entre la parte más noble del cuerpo de aquel -eminente tribuno, gloria de España y admiración del mundo, y esos -cráneos raquíticos, pobres, sin las ordinarias proporciones, ni el -auxilio siquiera del temperamento! Bajo el primero, reside señora, -grande y portentosa la inteligencia, y en los que tenéis delante, tan -solo se cobija la locura. Sí; la locura he dicho, porque mis defendidos -pertenecen al grupo que la ciencia frenopática designa con el nombre de -locos conscientes. Y si no basta la configuración craneal, el proceso -arroja evidentes testimonios de las excitaciones inmotivadas, los -vértigos, los estigmas físicos, y otros caracteres patológicos de los -acusados.» ¡Qué período tan asombroso el del epílogo, cuando usted, -dirigiéndose al Jurado, habló de los tremendos crímenes jurídicos -perpetrados por el desconocimiento, el olvido o el desprecio de la -ciencia! - - [8] Estas cifras son exactas, según me asegura un entusiasta - partidario de la frenología. — _N. del A._ - -¡Subyugar y mover a piedad al auditorio, que había aplaudido -estrepitosamente la acusación fiscal; convencer y persuadir al Jurado y -arrancar de manos del verdugo a veinte seres humanos! ¡Jamás la palabra -alcanzó mayor triunfo! - -Reconocida la irresponsabilidad de los reos, el tribunal, como usted -sabe, dispuso que fuesen encerrados en un manicomio; pero el Gobierno, -usando de facultades extraordinarias, ordenó su deportación a las islas -Carolinas, donde se fundará una colonia con destino a los anarquistas -declarados locos por veredicto del Jurado. - -El ministro de la Gobernación, accediendo a mis reiteradas instancias, -me autorizó a acompañar a los deportados y a prestarles los auxilios de -la ciencia. - -Todos hemos llegado sin novedad a Manila a bordo de un crucero de -guerra; y después de proveernos de víveres y carbón y de recibir -órdenes del capitán general de Filipinas, proseguiremos nuestro viaje a -Tomil, en la isla de Yap, capital de las Carolinas Occidentales. - -Durante la travesía de Barcelona a Manila, intentaron amotinarse varios -deportados, y el comandante del crucero, que es un señor que rehúye -toda conversación conmigo, pero que suele sonreírse al verme, mandó -que aquellos infelices dementes fuesen puestos a la barra. Yo quise -protestar en nombre de la ciencia; pero mi colega, el médico de a -bordo, me disuadió de ello diciéndome: - -—¡Cuidado, compañero, que las ordenanzas de la Armada son muy severas; -no se ponga usted en el caso de que le apliquen el mismo castigo que a -sus clientes! Además, debe usted saber que la barra es un medicamento -sedativo muy eficaz y muy recomendado para calmar las excitaciones -cerebrales en la terapéutica oficial de las sociedades _flotantes_. - -* * * - -_Tomil (isla de Yap), 20 de Junio de 18..._ - -¡Qué viaje el de Manila a esta isla! ¡No lo olvidaré jamás! En la -mañana del 12 del corriente mis pobres enfermos, a causa tal vez de -la influencia del clima, dieron muestras de verdaderos arrebatos de -demencia, rompiendo varias tablas del sollado donde estaban encerrados, -y arrojándose de improviso sobre los centinelas. Por fortuna tuvieron -estos tiempo de hacer fuego, y tomando las armas la tripulación, que -estaba sobre cubierta ocupada en el baldeo, logró sofocar el motín y -reducir a los revoltosos. - -En el acto se formó sumaria, resultando de ella el descubrimiento de -una conspiración entre algunos deportados para volar el crucero. Se -probó también que abrigaban el propósito de apoderarse de los botes y -ponerse a salvo. ¡A pesar de su locura, no habían perdido el instinto -de conservación! - -Reuniose poco después el Consejo de guerra, actuando de presidente el -comandante del barco, de fiscal un teniente de navío, y de defensor un -alférez, siendo condenados a muerte cinco de los reos, oído el dictamen -del médico de a bordo, quien sostuvo que todos gozaban de cabal juicio. - -Al conocer la sentencia, dirigí una carta al comandante exponiéndole -las opiniones incontrovertibles del doctor Lombroso en su notable -estudio antropológico y médico legal _El criminal_, y protestando en -formas corteses y muy respetuosas contra el fallo, que, en mi concepto, -recaía en personas reconocidamente faltas de juicio, no pudiéndose -suponer en ellas el libre albedrío, so pena de incurrir en grave error -metafísico. - -El comandante contestó a mi carta imponiéndome tres días de barra, y -los cinco reos, sujetos con fuertes ligaduras a las serviolas, fueron -pasados por las armas. - -Los otros deportados, testigos de aquel terrible espectáculo, lejos de -excitarse más y más, como yo temía, sobrecogidos de espanto, dieron -manifiestos indicios de lucidez durante el resto del viaje, lo cual me -ha sugerido la publicación de un opúsculo con el título de _Influencia -del miedo en los enajenados o La razón al alcance de los dementes, por -temor al castigo_. - -* * * - -_Colonia de la Anarquía (isla de Yap), 21 de Junio de 18..._ - -Hoy queda instalada esta colonia en el centro de la isla, sobre una -eminencia, rodeada de magníficos cocoteros, donde se levanta un -edificio de madera con destino a los deportados. El destacamento de -tropa que nos acompañó hasta aquí, regresa a Tomil, dejándonos víveres -abundantes, aperos de labranza y semillas para el cultivo. - -Tengo un vasto proyecto de colonización, pero me faltan mujeres: todos -los deportados son solteros. He estudiado frenológicamente a las -indígenas, y me he persuadido de que no deben en manera alguna unirse -con los deportados: resultaría una prole monstruosa de dementes. Yo -creo y entiendo que la primera obligación de la ciencia es impedirlo -y procurar el perfeccionamiento de la especie humana y que la razón -se perpetúe sobre la tierra por medio de matrimonios fundados en la -organización cerebral de los contrayentes. ¡Ah! ¡De otra suerte andaría -la humanidad, si las autoridades que intervienen en la celebración -de aquellos, exigiesen previamente a los novios certificados de los -peritos frenólogos; pero nuestros legisladores no se ocupan mas que -en política, y no han caído aún en la cuenta de los funestos efectos -del atavismo! — ¡Si deseáis mejorar la sociedad, les diría yo: si -queréis impedir los tremendos crímenes que llenan de espanto al mundo -civilizado, no debéis pensar en leyes represivas, sino en corregir la -configuración de los futuros cráneos! - -Creo, por lo tanto, que convendría la inserción en varios periódicos -del siguiente anuncio: - -[Ilustración: Señoritas que deseen contraer matrimonio. — Se necesitan -quince de diez y seis a treinta años. — Condiciones craneoscópicas que -se exigen: Circunferencia mínima, 56 centímetros; diámetro, 19; altura, -15; distancia de parietal a parietal, 15. - -Para más detalles, dirigirise al DOCTOR OCCIPUCIO. — Isla de Yap -(_Carolinas Occidentales_)] - -_Colonia de la Anarquía, 1.º de Agosto de 18..._ - -En cuanto se alejó el destacamento de esta colonia agrícola, mis -enfermos, tranquilos y al parecer resignados desde su llegada a la -isla, negáronse a trabajar, y poseídos de violento arrebato de locura, -acabaron por declararse en abierta rebelión, saqueando el depósito -de provisiones y destruyendo cuanto les vino a mano. Intentaba -reducirlos a la razón, ya con ruegos, ya con amenazas, cuando de -pronto me echaron sobre una manta, y comenzando a levantarme en alto, -se holgaron conmigo, hasta que, rendidos y cansados ellos, y molido y -estropeado yo, dieron con mi cuerpo en el suelo, y por fin me dejaron -solo en medio de estas soledades. ¿Cabe prueba mayor de su demencia? -¡Abandonarme y tratarme de tal suerte, cuando soy su amigo, su -protector, casi un padre para todos ellos! - -Hoy he recibido la visita de fray José, de la misión de San Francisco -de Goror, por cuyo conducto remito esta carta a Tomil. Este santo -varón, que conoce la lengua del país, y que con gran celo apostólico -se dedica a la obra de la conversión, me refiere que los deportados -merodean por el interior de la isla, saqueando y destruyendo las -chozas de los naturales, a quienes llaman burgueses en estado salvaje. -¡Burgueses ellos, que no tienen nada, absolutamente nada, ni siquiera -un pedazo de trapo con que cubrir sus cuerpos! - -* * * - -_Colonia de la Anarquía, 3 de Agosto de 18..._ - -Los carolinos, víctimas de los atropellos, persecuciones y crueldades -de los anarquistas, se han levantado en armas contra estos, -obligándoles, mal de su grado, a regresar a la Colonia, donde reina el -mayor desorden y confusión. - -Un indígena, converso, que habla con bastante corrección el castellano, -alumno de los Padres Capuchinos, se ha presentado aquí esta mañana: -viene en calidad de parlamentario, y dice que los _pilums_ o régulos -de las tribus vecinas celebraron consejo, acordando dar muerte a los -deportados si estos salen de los límites de la Colonia. - -—En esta mano traigo la paz, y en esta la guerra —dijo el -parlamentario, mostrando en la derecha una cruz toscamente labrada y en -la izquierda una flecha—. ¿Qué queréis? - -—Convertiros al anarquismo —contestó uno de los deportados. - -—¿Qué significa eso? - -—Que debéis negar a Dios. - -—Pues qué, ¿debemos creer como nuestros padres en los espíritus -malignos? - -—Ni en estos ni en Aquel. - -—¿Por qué? - -—Porque no existen. - -—¿En qué os fundáis? - -—En que nadie los ha visto. - -—Tampoco hemos visto a España, y sin embargo creemos en ella, porque -vemos su fuerza y su poder en los barcos que llegan a Tomil y en los -soldados que la defienden. - -—Dios no os envía barcos ni soldados. - -—Pero nos presenta pruebas mayores de su grandeza y de su bondad. -¿Quién produce la lluvia, el trueno, el rayo? ¿Quién mueve el mar? -¿Quién hace crecer esos árboles cuyo dulce fruto nos sustenta? - -—Todo depende del calor, del viento, de las semillas o de otras causas -naturales que no podéis comprender. - -—¿Quién ha hecho el calor, el viento, la primera semilla o esas causas -naturales que, según decís, no entendemos? - -—Es preciso además que no seáis burgueses. - -—¿Qué quieres decir con eso? - -—Que renunciéis a la propiedad. - -—Aquí la tierra es de todos. - -—Sí; mas cogéis sus frutos y traficáis con ellos. - -—Harto nos cuesta alcanzarlos trepando por los árboles, y es justo que -nuestro trabajo obtenga recompensa. - -—Guardáis lo sobrante. - -—¿Hemos de ser menos previsores que las hormigas? - -—Vivís en colectividad formando tribus. - -—¿Cómo nos ayudaríamos, si no, unos a otros? - -—Reconocéis a jefes o _pilums_. - -—¡Alguien nos ha de guiar; alguien ha de dirimir nuestras contiendas! - -—Tenéis mujeres propias. - -—¡Si ellas quieren así a sus maridos! - -—Dais oídos a los misioneros. - -—Porque nos enseñan el bien y saben más que el _Matsé-Mats_,[9] que no -ha salido nunca de las espesuras de estas selvas. - - [9] Especie de anacoreta, que pretende evocar los espíritus, - objeto de general veneración por parte de los indígenas de Yap no - convertidos al catolicismo. - -—Pues nosotros queremos que no creáis en Dios, y que renunciéis a la -propiedad, a la familia y a la tribu, y que neguéis la obediencia a -vuestros _pilums_ y al gobernador español, y sobre todo que despreciéis -a los misioneros. - -[Ilustración] - -—¿Y cómo vais a conseguirlo? - -—Con la fuerza; derribando vuestras chozas, incendiando los bosques -de cocoteros, arrasándolo todo y pasando a cuchillo cuantos hombres, -mujeres y niños caigan en nuestras manos. - -—¿Es así como convertís a las gentes? ¡Con el fuego, la devastación y -el asesinato, destruyendo el bien que recibimos del cielo y derramando -sangre inocente! - -—Así y solo así, si os oponéis a vuestra regeneración. - -—Entonces nos defenderemos hasta convertiros en polvo. Tenemos la razón -de nuestra parte, y somos más que vosotros. - -—Pero ha de poder más el terror, arma suprema que amedrenta a nuestros -enemigos y hasta a nuestros jueces. - -—¡El terror! Aquí no lo sienten más que débiles mujeres, y estas -no combaten ni hacen justicia. ¿De qué sirve la flecha en mano que -tiembla? ¿Quién da en el blanco con lágrimas en los ojos? En nuestras -tribus pueden los hombres ceder a la fuerza, pero nunca al miedo. - -Dichas estas palabras, el indígena arrojó al suelo la flecha que -llevaba en la mano izquierda, y besando la cruz se alejó de la Colonia. - -* * * - -CARTA DE MI CORRESPONSAL EN MANILA - -Un vapor de guerra, procedente de Carolinas, trae noticias de los -anarquistas deportados a la isla de Yap. En vista de los excesos -cometidos por estos en el interior del país contra las personas, -las chozas y los bosques de los indígenas, apelando al incendio y -al asesinato, el gobernador de las Carolinas occidentales organizó -una pequeña columna, la cual con el auxilio de los naturales, logró -prender a los desalmados que vagaban dispersos por las selvas, -conduciéndolos a Tomil. El mismo día de su llegada se constituyó el -Consejo de guerra. Seis de los reos fueron condenados a muerte, y los -restantes a cadena perpetua. - -Los médicos de la isla reconocieron unánimemente que entre los -deportados no había más loco que el loquero. Titúlase este doctor, -aunque carece de título, y ha dado en llamarse Occipucio, siendo su -verdadero nombre Juan Fernández. Ayer llegó a Manila, y por orden -superior está recluido en el manicomio. - -Padece el infeliz una monomanía incurable; cree en la infalibilidad de -la ciencia frenológica. - -Llevado de tan extraña locura, sostiene que debe aplicarse la -frenología, no solo para probar la irresponsabilidad de los acusados -ante los tribunales, sino también para la recusación de los jueces. - -¿Por qué los médicos forenses, dice, no han de declarar previamente -que los individuos que componen un tribunal tienen una organización -cerebral idónea? ¿Acaso el órgano decimonono, de los 39 que admiten -ahora los frenólogos, el cual produce el sentimiento de la justicia, -el respeto al derecho, la conciencia del deber y el amor a la verdad, -está tan desarrollado en nuestros cerebros? ¿No puede suceder, además, -que entre los honrados vecinos, llamados a formar parte del Jurado, -haya muchos que por exceso en el órgano decimocuarto, donde reside la -circunspección, pequen de irresolutos, pusilánimes y hasta de cobardes, -y falten a la justicia, pactando con el miedo y cediendo al temor de la -venganza? - -Se advierte también en el titulado doctor Occipucio tenaz resistencia a -citar por sus nombres a los anarquistas. - -—¿Por qué obra usted así? —le preguntó hoy el director del manicomio—. -¿Teme usted tal vez comprometer a sus antiguos amigos? - -—No, señor —contestó Occipucio—, porque estoy en el secreto. Los -anarquistas tienen la locura de la notoriedad. En aras de ella lo -sacrifican todo, hasta la propia vida. Destruid el ídolo, condenad a -perpetuo silencio los nombres de sus fanáticos y ciegos adoradores, y -estos volverán a la razón. El anarquismo es una demencia contagiosa que -se empeñan en propagar los cuerdos. - - - - -LAS TIJERAS - - -A fines del siglo XIX eran inquilinos de una misma casa en -Madrid dos jóvenes de veinte años: Pedro y Fortunato. - -Vivía aquel en la buhardilla, sin más bienes de fortuna que el oficio -de sastre, y este en el cuarto principal, disfrutando de una renta de -cuarenta mil pesetas anuales que le legó un tío suyo; pero solo en -usufructo, en títulos del cuatro por ciento interior perpetuo, o sea un -capital nominal de un millón de pesetas. - -La necesidad, eterno acicate del pobre, el temor de los azares y -contingencia de lo porvenir y la propia satisfacción de la recompensa, -eran poderosa parte para que Pedro, sin desfallecer un punto no se lo -diese de reposo en su honrado oficio: mientras que Fortunato, sin el -apremio de la lucha por la existencia, seguro de su renta, con ciega -fe en la solvencia del Estado, ajeno a toda inquietud y zozobra, se -entregaba a los frívolos placeres de una vida regalada y elegante, -mirando con menosprecio al trabajo en sus múltiples manifestaciones. - -* * * - -Y pasaron cinco años y no estalló ninguna revolución, ni siquiera un -pronunciamiento; las cosechas fueron abundantísimas; la exportación -adquirió considerable incremento, se nivelaron los cambios, la -circulación fiduciaria quedó reducida a sus naturales límites, y por -primera vez gozó la nación de un buen gobierno. - -El 4 por 100 interior subió sobre la par, y el Estado, siguiendo el -ejemplo de Inglaterra, Francia y otros países prósperos, ofreció a sus -acreedores el reintegro del capital o reducir la deuda del 4 a 3 por -100, y se llevó a cabo la conversión, dentro del derecho perfecto y con -beneplácito general. - -La renta de que Fortunato disponía en usufructo, quedó reducida a -treinta mil pesetas. Cuando todo prosperaba, él, acreedor del Estado, -venía a menos y veíase obligado a suprimir el coche. - -Entretanto, por una ley natural que se observa en las naciones ricas, -aumentaba el precio de la mano de obra, y Pedro conseguía lo que -Enrique IV de Francia ambicionó para sus súbditos: la gallina una vez -por semana en el puchero. - -* * * - -Al terminar el primer quinquenio del siglo XX, el 3 por 100 -interior perpetuo se cotizaba a 115 y las Cortes aprobaron un proyecto -de ley convirtiendo dicho valor en 2 por 100. - -Fortunato cobró entonces veinte mil pesetas de renta y no tuvo más -remedio que mudarse al piso segundo, mientras que Pedro, gracias al -aumento creciente de su jornal, pudo trasladarse al cuarto. - -* * * - -Cinco años después una gran transformación social se había producido en -el mundo civilizado, transformación debida a un movimiento evolutivo, -que no se escapó a la perspicacia y previsión de muchos sociólogos -y estadistas del siglo anterior. Las asociaciones de trabajadores, -cada vez más perfeccionadas; la propaganda en las comarcas agrícolas, -que permanecieron al principio ajenas al clamoreo de las clases -proletarias; las manifestaciones del 1.º de Mayo, que trascendían a las -aldeas más apartadas; las huelgas frecuentes que imponían la voluntad -del trabajo sobre el capital; el creciente triunfo de los candidatos -obreros en las elecciones legislativas; el Estado, por la fuerza de las -cosas y por la imposición del mayor número arrojándose en brazos del -socialismo, habían modificado lentamente la legislación secular y los -antiguos organismos; pero, ¡cosa rara en la historia de los pueblos!, -sin disturbios ni violencias y respetando el principio del derecho a la -posesión legítima. - -Merced a este espíritu de justicia que prevaleció en los altos poderes, -se reconocieron en toda su integridad los derechos de los acreedores -del Estado; pero el valor del capital mermaba de día en día, y el 2 por -100 interior obtuvo cambios superiores a la par; entonces se decretó la -conversión voluntaria en el 1 por 100. - -La renta usufructuaria de Fortunato bajó a 10.000 pesetas, y como al -propio tiempo se encarecían los salarios, aquel tuvo que renunciar -al servicio de su criado, mientras que Pedro ganaba un jornal de 12 -pesetas. - -* * * - -En 1915 el 1 por 100 interior era convertido en ½ por 100, y -Fortunato, con sus 5.000 pesetas de renta, alquiló el piso tercero de -la derecha, y Pedro pudo ocupar el inmediato de la izquierda, pues su -salario ascendía ya a 15 pesetas diarias, o sea 5.000 pesetas anuales -próximamente, descontando los días festivos. - -* * * - -El ½ por 100 se redujo en la misma forma y por idénticas -circunstancias en ¼ por 100 al expirar la segunda década del siglo -XX. Fortunato vio mermada su renta a la mitad, bastando apenas -para cubrir las necesidades más apremiantes de la vida: tal era el -incremento del precio de las cosas, producto del trabajo. En tanto que -él, usufructuario de un millón de pesetas, tenía que apelar al Rastro -para vestirse, Pedro, con el sueldo de cortador de sastrería, pudo -permitirse el lujo en invierno de un gabán de pieles. - -* * * - -El interés del millón de pesetas quedó limitado a 1.250 pesetas en el -año 1925 por la reducción del ¼ en ⅛ por 100, y Fortunato pasó a -ocupar el piso cuarto, cuando el sastre bajaba al segundo. - -* * * - -Por fin, en 1930 se llevó a cabo la última conversión del ⅛ por 100 -en ¹⁄₁₆, gracias a la depreciación progresiva del capital. - -Fortunato el millonario disponía solo de 625 pesetas de renta al año. -Era casi un pobre de solemnidad y se resignó a subir a la buhardilla y -a trabajar cuando frisaba con los 55 años. No había querido estudiar -profesión alguna ni aprender oficio, y tuvo que acogerse a la escoba -municipal. - -Pedro, aprovechando los progresos de la subdivisión del trabajo, -había llegado a ser un especialista en el corte de chalecos, y los -principales sastres de Madrid acudían a él para la preparación de -aquellas prendas. Ganaba 40.000 pesetas al año, y en el espacio de -treinta y cinco logró bajar de la buhardilla al principal. - -* * * - -Las tijeras del sastre, cortando paño, habían vencido a las tijeras del -rentista, cortando cupones. - - - - -EN EL PLANETA MARTE - -Periódicos parlantes. — Supresión por inútil de la enseñanza del -arte de leer y escribir. — Medios de locomoción. — Unidad política, -lingüistica y religiosa. — Artículo de un periódico. — Noticias de la -Tierra. — Parangón entre esta y Marte. — Prodigios de las ciencias. — -Oración de los martícolas. - - -_RESONANCIA UNIVERSAL_ es el nombre del periódico más oído del -planeta Marte. - -Para los suscriptores hay fonógrafos a casa hita, que, sin más trabajo -que oprimir un botoncito, repiten los telefonemas impresos o grabados -en el peregrino confidente. - -Al público en general, para enterarse de las diarias noticias, le -basta depositar una moneda en aparatos que abundan en calles, plazas y -caminos. Apenas cae la moneda dentro del ingenioso fonógrafo, habla -este en voz baja, a través de reducida abertura, de modo que solo pueda -valerse de él una persona, y no resulten defraudados los intereses de -la empresa. - -Los decretos, órdenes, reglamentos y bandos de las autoridades son -pregonados en todas partes por megáfonos, que sustituyen las campanas -en las torres de los templos, y los relojes dan la hora imitando la voz -humana. - -Tanta perfección han alcanzado allí el fonógrafo y el teléfono, que -el arte de leer y escribir está en desuso. El Supremo Consejo de -Instrucción Pública acaba de suprimirlo de las escuelas, limitando su -enseñanza a la Diplomática. - -Compónense las calles, las carreteras, y aun los caminos vecinales, -de dos series de plataformas que se deslizan en opuesto sentido; cada -una de las últimas tiene velocidad diferente; de modo que cuando los -martícolas quieren trasladarse de un punto a otro, se colocan sobre la -más lenta, y si desean acelerar la marcha, pueden pasar sucesivamente a -la más rápida, que tiene un movimiento de 250 kilómetros por hora. - -Centenares de canales, cuyo principal objeto es evitar los estragos -de las inundaciones periódicas producidas por la fusión de los hielos -aglomerados en los polos, cruzan los continentes en todos sentidos, -facilitando al mismo tiempo la navegación de buques eléctricos, que -surcan las aguas con rapidez vertiginosa. - -Esta facilidad de comunicaciones ha producido con el transcurso del -tiempo, como no podía menos de acontecer, no solo la unidad política, -sino también la lingüística y hasta la religiosa. Allí no hay más que -un Estado, un idioma y una creencia. De tal suerte se arraigó esta en -el corazón de los marcianos con el cultivo de las ciencias, que la -palabra ateísmo y las de ella derivadas no existen en los diccionarios -fonográficos de aquel feliz y venturoso mundo. - -Y cuenta que su idioma es tan rico por la variedad y abundancia de sus -voces, que las personas instruidas hablan con claridad y concisión -admirables. No tienen que perder el tiempo en el estudio de otras -lenguas muertas o vivas, y ni siquiera de la ortografía del propio -idioma, por la razón que antes he indicado. - -* * * - -Y sin más preámbulos digo que _Resonancia Universal_, diario parlante -del planeta Marte, sorprendió ha pocos días a sus oyentes con este -estupendo artículo: - -«Sabido es por todo el mundo (allí también hay un mundo tan grande como -un planeta y un planeta de los de menor cuantía del sistema solar), que -los observatorios astronómicos costeados liberalmente por el Estado en -interés de la noble causa de la ciencia, descubrieron, a principios -del siglo, que estaba habitado nuestro vecino y colega el astro opaco -número tres, conocido vulgarmente con el nombre de _Azul_. Desde -entonces se organizó, merced a la generosidad de los poderes públicos, -un sistema de señales luminosas, por medio de inmensos focos eléctricos -situados a grandes distancias, a fin de ver si aquellos telescópicos -seres querían ponerse en relación con nuestros sabios. Pues bien; al -cabo de muchos años de tentativas infructuosas, según un telefonema -que acabamos de recibir, los astrónomos de aquí han logrado tener -un diálogo con sus colegas del otro mundo, los cuales, advirtiendo -nuestras señales, adoptaron un sistema análogo para contestarnos. Al -efecto establecieron un telégrafo óptico compuesto de tres inmensos -focos de luz eléctrica formando un triángulo equilátero, de un décimo -de meridiano cada lado, de manera que aquellos proyectaran destellos a -intervalos y constituyesen una especie de alfabeto. La interpretación -fue al principio dificultosa; pero algunos arqueólogos versados en el -conocimiento de las escrituras antiguas cayeron en la cuenta de que -los signos de los habitantes del _Azul_ para representar las letras -tenían muchos puntos de semejanza con los que emplearon ha bastantes -siglos nuestros antepasados, cuando el telégrafo estaba en la infancia. -Más ardua fue la empresa de adoptar un lenguaje convencional; pero -cuando tanto se ha progresado en los procedimientos inductivos, ¿puede -sorprender a nadie que los sabios de ambos cuerpos celestes llegaran a -entenderse hasta el punto de sostener conversaciones interplanetarias? - -»Gracias a ellas se ha descorrido el velo del astro misterioso, objeto -durante tantos siglos de las cavilaciones de los astrónomos. Ya -sabemos que al planeta que nosotros designamos con el nombre de _Azul_ -le llaman sus naturales _Tierra_, y que el habitado por nosotros es -conocido por ellos con la denominación de _Marte_. - -»Pueblan aquel globo 1.400 millones de seres humanos, según la opinión -de varios geógrafos, aunque otros reducen esta cifra, de lo cual se -infiere lo atrasada que anda allí la estadística. - -»La inmensa mayoría de sus habitantes vive sumida en la más vergonzosa -barbarie, y el resto, que blasona de civilizado, se encuentra, a lo -sumo, en el grado de perfección y adelantamiento que teníamos hace diez -siglos, en aquella era histórica que calificamos de semiculta. - -»Aunque de pocos años a esta parte se han realizado algunos progresos, -los medios de comunicación son toscos e imperfectos. Los terrícolas -emplean todavía el vapor de agua, lo cual exige máquinas complicadas, -y, sobre todo, pesadísimas y costosas. La ciencia eléctrica está en -la infancia. No han encontrado el procedimiento práctico y económico -de utilizar la electricidad como única fuerza motriz. Desconocen -en absoluto el fluido _vital_ y el que llamamos _innominado_, cuyo -descubrimiento tan gran revolución produjo en la mecánica. - -»Las dificultades de la locomoción, inherentes al atraso de la Física, -unidas a la extraña organización de sociedades que no reconocen en -el individuo el derecho de viajar gratuitamente, como sucede aquí, -en transportes que constituyen un servicio público, obligan a la -generalidad de dichos seres a vivir adheridos a la tierra que los vio -nacer, y de aquí que el medio ambiente ejerza tanta influencia sobre -ellos, hasta el punto de que para muchos el concepto de la patria se -limita a la reunión de unos cuantos edificios, y, a lo sumo, a un -accidente geográfico o histórico. - -»Esta forzada vida sedentaria da lugar a que subsistan aún en la -_Tierra_ numerosas nacionalidades con sendas lenguas, variedad de -costumbres y diversos Estados. - -»¡Cuán imperfecta la organización de estos! - -»Los más bárbaros están regidos por el capricho de un individuo, y los -más adelantados por las pasiones de unos cuantos; pero en todos los -países siempre son los gobiernos los que viven a costa de los pueblos: -les falta descubrir el sistema de que sea el pueblo el que viva a costa -de su gobierno. - -»Las rivalidades de los Estados, hijas casi siempre de la codicia del -bien ajeno, engendran frecuentes y desastrosas guerras, que acaban -con la ruina del vencido; pero aún hay una cosa peor que la guerra: el -miedo de ella, que aniquila a todos a fuerza de aprestos militares. - -»Nada más primitivo que la indumentaria. Se visten de telas, toscamente -tejidas, producto de filamentos de tallos de plantas, de los gérmenes -de estas, de los capullos de un gusano o de la tonsura de cuadrúpedos, -a los cuales se despoja del abrigo que les dio la Naturaleza para su -propio y no ajeno uso. - -»Viven en tal atraso, que no han inventado, como nosotros, el sistema -de caldear la atmósfera en la estación del frío, y de aquí que el -vestido, acaso más caprichoso que racional, responda a la necesidad de -defenderse de las inclemencias del cielo, cuando en nosotros no obedece -más que a las leyes del decoro. Inútil es añadir que los terrícolas -no han descubierto las finísimas telas que fabricamos, producto de -microscópicos y flexibles hilos de diversos metales. - -»Tan escasos son los progresos realizados por la síntesis química en -la Tierra, que sus habitantes, para sustentarse, no tienen más remedio -que destruir millones de millones de semillas de plantas, y sacrificar -inmenso número de animales. No han encontrado, como nosotros, la manera -de formar los compuestos necesarios a la nutrición, y reducir su -principio activo a cantidades que, en pequeñas dosis, basten no solo -para el sostén, sino hasta para el regalo del individuo. - -»La organización social es, si cabe, más deficiente que la del Estado. -La forzosa ley de la desigualdad que la Naturaleza impone a los -individuos, lejos de atenuarse con sabias y previsoras medidas, y, -sobre todo, con los nobles y levantados fines de la sublime caridad, -adquiere cada vez mayor incremento, y de aquí que los odios, rencores y -rivalidades, engendrados por la envidia y la miseria, amenacen la paz -interior de las naciones. Existe además una causa que agrava de día -en día estos males, llamada a producir la más tremenda de las crisis, -y es que el aumento de la producción de los artículos necesarios a la -existencia de los habitantes de la Tierra, no está en relación con el -progresivo desarrollo de la población. Añádase a esto que los notables -adelantos de la Medicina y de la Higiene, que tienden a aumentar el -término medio de la vida humana, no están tampoco en relación con los -de las demás ciencias, encaminados a que los alimentos y el bienestar -material resulten fáciles y económicos. - -»Para tener una idea de la constitución de la familia en la mayor parte -de aquel mundo, preciso nos sería remontarnos a la época de nuestros -aborígenes, cuando imperaba solo el derecho brutal de la fuerza. En -los países bárbaros, que son la inmensa mayoría, la mujer, víctima del -despotismo, de la violencia y de la esclavitud, no tiene más armas -para su defensa que la hipocresía, mientras que en los demás suele -vivir resignada, pero no satisfecha, con los mermados derechos que le -conceden la legislación y las costumbres. - -»La enseñanza se encuentra aún en estado rudimentario. La lozana -inteligencia o inquieta atención de la juventud, entregadas a constante -tortura, necesitan años y años para el estudio y provechoso cultivo -de asignaturas a veces de utilidad discutible, o acaso de lenguas -muertas, ajenas a los fines profesionales; cuando nosotros sometemos -a los escolares al sueño hipnótico para sugerirles en deleitoso y -plácido arrobamiento cuanto requiere la ciencia o arte a que muestran -particular predilección desde su tierna infancia. - -»Nos dicen que en la _Tierra_ hay a veces justicia, pero que resulta -lenta y costosa; como si el más primordial de los deberes de un Estado -no consistiera en administrarla pronta y cumplida, y como si no fuese -el colmo de la iniquidad, por parte del fisco, explotar la razón en -tela de juicio. ¿Cuándo alcanzarán los terrícolas nuestra perfección -forense? ¿Cuándo renunciarán a enojosas o interminables escrituras, -y confiando las partes la simple exposición de hechos al teléfono, -esperarán tranquilamente el fallo de los jueces, entregados durante -las horas de audiencia al sueño hipnótico? Si bien parece un tribunal -grave, circunspecto, solemne, estamos más seguros de su acierto al -verle en el estado de reposo que constituye la genuina representación -de la Justicia. - -»Allí hasta los hombres más civilizados viven en jaulas, que no otro -nombre merecen para nosotros sus hacinadas, incómodas y pequeñas casas, -toscamente labradas con pesados materiales de hierro, madera, piedra o -tierra cocida. La arquitectura, a la cual le falta el auxilio eficaz -de los adelantos científicos, no puede construir los edificios de -aluminio, ligeros, suntuosos, esbeltos y elegantes, que son el encanto -y ornamento, no solo de nuestras ciudades, sino también de nuestras -aldeas, ni los palacios ambulantes, levantados sobre las plataformas -movedizas de los caminos, que brindan gratuita hospitalidad al viajero -durante sus excursiones a través de los continentes. - -»El terrícola ignora en qué consiste la verdadera libertad individual. -Acontece que, cuanto más culto, mayor suele ser la tiranía que sobre -él ejercen los deberes sociales. Víctima del reloj en los actos más -vulgares de la vida, y casi siempre de la impertinencia ajena, solo -hacen soportable el tormento de la comunidad la tolerancia recíproca, -la benevolencia aparente y el convencionalismo perpetuo. En cambio, -¿necesitamos nosotros la asociación, ni siquiera en las horas del -ordinario sustento, cuando una cajita de píldoras puede proporcionarlo -durante veinte días? ¡A qué coches, tranvías, trenes, ni la eterna -esclavitud de la campana, cuando aquí sirven de vehículo las mismas -calles y caminos, cuyo pavimento se mueve sin cesar! - -»Disfrutamos de las diversiones públicas sin encerrarnos en estrechos -locales, donde tal vez la incomodidad del cuerpo no compensaría los -placeres del espíritu, pues ¿quién no dispone a su sabor de un megáfono -y de un _telefoteidoscopio_[10] para recrear el oído y la vista con -los maravillosos espectáculos que costea pródiga y liberalmente la -munificencia del Gobierno? - - [10] Esta palabra no se encuentra todavía en ningún diccionario, pero - espero que el de la _Real Academia Española_ podrá publicar un día - esta o parecida definición: - - TELEFOTEIDOSCOPIO (del gr. τελε, lejos; φῶς, φωτός, luz; - εἶδος, imagen; y σκοπέω, yo veo o yo examino), m. Aparato que por - medio de hilos eléctricos reproduce las imágenes en un espejo, - por grande que sea la distancia entre aquellas y este. — (N. del - A.) - -»Los amantes a quienes separa la distancia apelan al -_telefoteidoscopio_ y al teléfono, para verse con el uno y para -transmitirse con el otro las jamás enojosas y nunca inútilmente -reiteradas protestas de amor, cambiando entre sí las corrientes del -fluido vital (que apenas presienten los terrícolas), el cual sumerge a -ambos en deleitoso éxtasis, produciendo en los sujetos el maravilloso -fenómeno de la unidad y simultaneidad de ideas y sensaciones. - -»La poesía, amenazada, al parecer, de muerte a medida que lo útil y lo -práctico prevalecía en nuestras costumbres, renace pujante y vigorosa, -hallando inagotable manantial de inspiraciones en los secretos -arrancados a la Naturaleza, en la contemplación de las admirables -leyes que rigen al Universo, en la armonía asombrosa de los espacios -siderales y en el esplendor y magnificencia de las obras del Altísimo. - -»¡Y en tanto que la poesía filosófica remonta el vuelo a lo infinito, -existe aquella que vivirá eternamente, mientras la perpetuación de -nuestra especie dependa de la dulce y misteriosa atracción de dos seres -racionales, y mientras el amor maternal subsista sobre la faz de los -mundos! - -»¡Benditos vosotros, nobles campeones de la ciencia, que tanto -contribuisteis a nuestro bienestar material, a la independencia -y autonomía del individuo y, sobre todo, a la paz indestructible -cimentada en el derecho y en la unidad política del planeta! ¡Siglo -dichoso este, que ve surgir la edad a la cual los antiguos, en su -sencilla y grosera ignorancia, llamaron dorada, y no porque volvamos al -idilio de los tiempos primitivos soñado por los poetas, sino porque -los adelantos físicos han traído consigo el mejoramiento moral o -intelectual de la familia humana!...» - -* * * - -Los megáfonos de todos los templos de la capital de Marte anunciaron la -hora de la oración, y descubriéndose la gente con religioso respeto, -alzando los ojos al cielo, repetía esta plegaria, que aquellas máquinas -pronunciaban desde lo alto de las torres con voz grave, reposada y -solemne: - -«Padre común de los mortales, Creador y Señor de cuanto existe en -el espacio y del mismo espacio, bendito y alabado sea tu nombre -eternamente. - -«Consérvanos, Señor, ante todo la inteligencia, destello solo de la -tuya, a fin de que dominemos la materia y las fuerzas naturales que -para el perfeccionamiento del espíritu en la lucha con ellas pusiste en -torno nuestro. - -»Que al perdonar a nuestros deudores encontremos el premio de tu bondad -sin límites, y apártanos de la soberbia, porque nuestras pobres obras -nada son, nada valen, ni nada significan comparadas con la grandeza -inconmensurable de las tuyas. - -«Líbranos del mal y concede el bien a nuestros enemigos, y cuando -llegue el término de la vida planetaria, otórganos la eterna con el -goce de tu amor infinito.» - -Y las voces de los megáfonos resonaban en plazas y calles, y en medio -de la soledad de los campos y de los mares, infundiendo en todos los -corazones religioso recogimiento, purísimo amor al Omnipotente y la -dulce esperanza del bien futuro e imperecedero. - - - - -EL DRAGÓN DE MONTESA - -O LOS RECTOS JUICIOS DE LA POSTERIDAD - - -Al caer de una crudísima y ventosa tarde de enero, un dragón de -Montesa, puesto sobre un caballo tordillo, calado el reluciente casco, -el cuello del capote hasta las sienes, pendiente del cinto el largo -sable y afianzada la tercerola, hacía centinela en la Plaza de Oriente -de Madrid, junto a la estatua de don Sancho el Bravo, cuando de pronto -jinete y cabalgadura quedaron muertos de frío. - -En esto comenzó a nevar copiosamente y a descender el termómetro, hasta -el punto de que, algunas horas después, señalaba 55 grados centígrados -bajo cero. - -Y sobrevino una noche horrorosa, que se prolongó por espacio de tres -meses. - -Europa, el Norte de África, la Australia y una parte de Asia y América -fueron sepultadas bajo un sudario de nieve de muchos metros de espesor; -el Atlántico, el Pacífico, el Océano Índico y el mar de la China se -precipitaron furiosos sobre islas y continentes, dejando solo al -descubierto las cumbres del Himalaya, y los 1.400 millones de seres -humanos que poblaban la Tierra quedaron reducidos a unas cuantas -tribus nómadas semisalvajes e ignorantes de la civilización europea, -que habitaban las elevadas mesetas de la gran cordillera asiática. - -La aproximación de un cometa perturbando el movimiento rotativo de la -Tierra había variado de súbito su eje. - -La Península ibérica pasó a ser una región del polo boreal. - -Madrid se encontraba a los 85 grados y 27 minutos de latitud Norte. - -* * * - -Transcurren años y años y siglos y siglos; los mares se retiran a sus -antiguos límites; las tierras anegadas reaparecen y los polos vuelven a -su primer estado. - -La acción solar recobra su perdido imperio en la desierta España, y -comienzan a liquidarse las enormes masas de nieve helada aglomeradas en -los valles. - -De las cordilleras de la Península se desprenden aludes como montañas, -que bajan despeñados para sumergirse en las turbulentas aguas que -cubren las hondonadas, y aparecer luego sobre la superficie de aquellas -a manera de grandes islas flotantes. - -El exuberante raudal, siguiendo las antiguas cuencas, ora formando -inmensos lagos, ora anchurosos y dilatados ríos, se precipita entre -abruptas y colosales moles de brillantes facetas cubiertas de -cristalinos carámbanos. - -Por todas partes el hielo ofrece en magnífica abundancia y grandiosa -perspectiva las múltiples obras y variados estilos que pudo inventar -el genio de la arquitectura. Aquí la pagoda india de sobrepuestos -pisos, el esbelto minarete árabe, la severa columna dórica, la afilada -aguja del obelisco, el imponente torreón del castillo feudal, el -gótico campanario coronado de afiligranadas torrecillas, la cúpula -majestuosa del Renacimiento y la bóveda atrevida del arte ojival, y -allí el corvo espolón de un buque blindado, la proa lanzada de un barco -de vela, el hondo foso y la empinada contraescarpa de una fortaleza. -Más allá masas confusas, aglomeraciones ciclópeas, cerros cortados -a pico, inclinados, que se juntan por las cimas, dejando entre sí -espaciosas y profundísimas cavernas donde penetran lejanos rayos de -luz, reflejándose y descomponiéndose con todos los colores del iris. - -Doquiera el incesante estrépito de témpanos que resbalan por las -laderas de los montes y en progresivo movimiento ruedan al fondo, de -rugientes cataratas que se desprenden de considerable altura, y de -informes bloques de hielo que se dislocan y rajan y al propio peso se -desploman. - -El Atlántico invade la desembocadura del Tajo, y juntando sus aguas -con las de la gran arteria fluvial que dilata las orillas hasta las -altas sierras, recibe en su seno enormes bancos de hielo, los cuales, -a impulsos del viento, surcan las olas del mar espacioso, hasta -liquidarse en las calientes zonas. - -Un barco ballenero aborda acaso la errante isla, cuyas entrañas -encierran todavía vestigios de la que fue capital de España. La acción -del frío ha conservado momificados, a través de los siglos, al dragón -de Montesa y el caballo sorprendidos por la ventisca a la puerta del -Real Palacio.[11] Junto a ellos yacen hacinados los restos de la garita -de caballería, el puesto de agua y fragmentos de la estatua de don -Sancho el Bravo. Encuentran los pescadores estas reliquias de una época -que se pierde en la noche de los tiempos, y solícitos las recogen, y -con la preciosa carga se hacen a la vela con rumbo a la antigua costa -del Senegal. - - [11] A fines del siglo XVIII se encontró en Siberia - entre el hielo, conservada por la acción del frío, la momia de un - _mamuth_, cuya especie ha desaparecido. - -Existe allí un pueblo, descendiente como el resto de la humanidad, de -las hordas que se salvaron del nuevo diluvio en las altas mesetas del -Himalaya, pueblo tan de suyo pacífico, que apenas conserva nociones -del arte militar, aunque cuenta con una legión de sabios pletóricos de -erudición, devorados por la sed de las investigaciones. - -Todos ellos acogen con júbilo aquel tesoro de la edad prehistórica, y a -porfía tratan de reconstituir los valiosos objetos que han de figurar -en preferente sitio en el Museo Arqueológico. Algunos están hechos -pedazos, deteriorados otros, incompletos los demás; pero no faltarán -hábiles restauradores que los compongan, dando a los remiendos hasta la -pátina antediluviana. - -Por fin llega el deseado día en que los representantes de la sabiduría -oficial dan a luz el luminoso informe confiado a su reconocida -competencia o indiscutible autoridad, y presentan, reconstituidos y -restaurados ante el más selecto de los auditorios, los preciosos y sin -par ejemplares de un hombre, un caballo y diversos objetos de la más -remota antigüedad. - -«En primer lugar —dice el ponente de la comisión informadora—, han -llamado nuestra atención la cabeza y el brazo derecho de una estatua -de piedra. La expresión majestuosa de aquella, la actitud enérgica del -segundo, extendido hacia el cielo, han confirmado plenamente nuestra -primera impresión, de que nos encontrábamos en presencia de un ídolo. Y -si no, juzgad vosotros.» - -(Enseña los dos fragmentos de la estatua de don Sancho. El auditorio da -muestras de aprobación.) - -«Siendo este un ídolo —prosigue— hay motivos para creer que ese mueble -pintado de blanco, símbolo de la pureza, y con rayas azules, color del -cielo, es el altar.» - -(Y señala el puesto de agua restaurado.) - -«Y que era altar destinado a los sacrificios, lo atestigua esta -plancha de metal blanco, que cubre el ara, para recoger la sangre de -las víctimas con pulcritud y sin detrimento de la madera.» - -(Y pone la mano sobre el cinc de la mesa.) - -«Tenemos, pues, el ídolo, el altar y el ara de los sacrificios; -pero estos ejemplares de la época anterior al diluvio, nada valen -comparados con los notables objetos que vamos a exponeros. El hallazgo -ha sido tal, que hasta nos ha permitido reconstituir parte del -santuario del ídolo. Vedlo.» - -(Y muestra con orgullo la garita de caballería, convertida en pagoda -por obra y arte de los restauradores.) - -«En cuanto al caballo, la comisión opina que era la víctima destinada -al sacrificio, pues la costumbre de inmolar estos animales se pierde en -la oscuridad de los tiempos más remotos. En prueba de ello recordaréis -que, según la tradición transmitida por las tribus indias que se -salvaron en los valles superiores del Himalaya del casi universal -diluvio, y de las cuales descendemos todos, Vichnu, segundo término -de la trinidad bráhmica, en una de sus primeras encarnaciones tomó la -forma de enano para confundir a Balí, quien _había sacrificado cien -caballos_ para tener derecho al trono de Indra. - -»Hay además otro indicio que no podemos menos de someter a vuestra -consideración. El caballo es tordo claro, casi blanco, y nadie ignora -que este último era el color propicio a los dioses. - -»Reconocido el caballo como la víctima que iba a ser inmolada en aras -del ídolo, hemos deducido naturalmente que este hombre de tan extraña -manera vestido, cubierto con largo ropaje, tal vez el de ceremonias, -era el sacerdote sacrificador.» - -(Y presenta la momia del dragón de Montesa.) - -«Como si no fuera bastante lo expuesto, a los pies del sacerdote se -encontró un pedazo de la cuchilla de los sacrificios.» - -(Y blande un fragmento del sable.) - -«Por cierto que esta cuchilla tiene junto a la empuñadura una -inscripción con caracteres para nosotros desconocidos, la cual debe ser -una invocación a la Divinidad.» - -(La inscripción dice: FÁBRICA DE TOLEDO.) - -«En uno de los bolsillos del sacerdote hemos encontrado un documento -importante. Va encabezado con caracteres parecidos a los de la -cuchilla, que tampoco hemos podido descifrar por no tener ninguna -analogía con las escrituras conocidas; pero siguen a ellos columnas de -números iguales a los que nuestros antepasados aprendieron de una tribu -musulmana. ¿Qué significa este documento prehistórico? ¿Será aventurado -suponer que nos encontramos en presencia de la _Tabla cabalística -de los augures_, o tal vez de la _Clave de los sagrados misterios_, -reservada solo a una casta sacerdotal?» - -(Y ante el atónito auditorio exhibe un _Suplemento a El Tío Jindama_, -con la lista de los números premiados en un sorteo de la lotería de -Madrid.) - -«¿A qué religión pertenecía este sacerdote? Pregunta es esta a la cual -no nos atrevemos a contestar de una manera categórica; pero desde luego -afirmamos que hemos encontrado algunas reminiscencias del brahmanismo. -Sabido es, por ejemplo, que los _vichnu-baktas_, o sectarios de Vichnu, -llevaban sobre el pecho una especie de medalla de cobre en la cual -estaba grabada la imagen del mono Anumanta. Pues bien, junto a los -restos del altar se encontró este pedazo de vidrio, con un papel a él -adherido representando al mismo animal.» - -(Mientras habla así, somete al examen del auditorio un fragmento de -botella de _Anís del Mono_ procedente del puesto de agua.) - -«Este feliz hallazgo dará ocasión a uno de nuestros más ilustres -colegas para escribir un interesante libro con el título de _Influencia -del brahmanismo en las religiones de los pueblos antediluvianos de -Occidente_. - -»Vamos a exponeros otros objetos de inapreciable mérito arqueológico. -He aquí una lámpara votiva.» - -(Y enseña con algunos remiendos y añadiduras de los restauradores, el -casco invertido del soldado de caballería.) - -«Que era aquel un pueblo adelantado en el orden científico, lo -demuestra este fragmento del pararrayos del santuario.» - -(Alude a un trozo del cañón de la tercerola.) - -«Aquí tenéis el cepillo de las ofrendas. Ofrece una particularidad: -es de cristal para que aquellas fuesen públicas. Así se estimulaba -la largueza de los fieles, se ponía de manifiesto la ruindad de los -avaros, y se fiscalizaba a los servidores del culto. ¡Elocuente -testimonio de la previsión prehistórica!» - -(Saca la caja de vidrio y hoja de lata donde la aguadora guardaba los -azucarillos.) - -«En el seno de la comisión investigadora han surgido dudas respecto de -la procedencia de esta momia humana. Algunos dignísimos individuos, en -vista del color negro del pelo y de la barba, sostenían que aquella -era originaria de un clima caliente, o por lo menos templado. Otros, -no menos respetables por su saber y acreditada competencia en materias -antropológicas, objetaban, fundándose en las prendas de vestir y en el -sitio donde fue hallada, que procedía de un país septentrional. Varios -conciliaban las opuestas opiniones con este razonamiento: “Esta momia -perteneció a una casta sacerdotal; las clases sacerdotales residían en -las zonas templadas más civilizadas, donde debieron tener su origen, -y acaso enviaban misioneros a los pueblos menos cultos del Norte. -¿No podría ser por lo tanto un hombre meridional que se encontrase -accidentalmente ejerciendo sus funciones sagradas en una comarca -extraordinariamente fría?” Cuando era más acalorada la controversia, -vino a darle término un feliz hallazgo, poniendo de acuerdo los -contrarios pareceres. La momia tuvo el pelo y la barba rubios, como -suelen tenerlo los hijos del Norte, pero se teñía de negro. Sí, -señores, se teñía de negro, y llevaba consigo una bolsa con varios -artículos de tocador. Helos aquí: un peine, un cepillo, y en una cajita -el cosmético. ¡Señores, qué adquisición! ¡El cosmético fósil!» - -(Y presenta la caja de betún hallada en la bolsa de _trastes_ del -exdragón de Montesa.) - -«Pero como si no bastaran tantas riquezas, la suerte nos deparaba un -objeto de más valor: un ejemplar numismático. ¡El único, prehistórico, -que existe en el mundo! Es una medalla de cobre. En el anverso hay -una matrona sentada, con el brazo extendido en actitud enérgica, y -en el reverso un arrogante león con las manos levantadas haciendo -equilibrios, apoyándose en un aro. Todos vosotros habréis adivinado -el objeto y significación de esta preciosa y sin igual reliquia -arqueológica, que hemos clasificado así: _Medalla conmemorativa de una -domadora de leones._» - -(Y el docto auditorio admira aquel prodigio numismático, y el Museo -Arqueológico se enriquece con el último perro chico de la pobre -España.) - - - - -EL MONSTRUO - - -Don Santiago, el tendero de ultramarinos de la calle del Lobo, a -fuerza de economías, sin defraudar en el peso ni en la calidad de los -artículos, porque era hombre muy de bien, logró, al cabo de veinticinco -años de trabajo y perseverancia, retirarse por completo de los -negocios, reuniendo un caudal de cien mil pesetas. - -¿En qué iba a emplear el laborioso fruto de sus afanes? — ¿En qué -colocaré mi dinero? —se preguntaba todas las noches al acostarse, y -esta idea fija en su imaginación no le permitía conciliar el sueño—. -¿En acciones del Banco de España? — ¡Se cotizan ya tan altas! — ¿En -papel del Estado? — ¡Si todo se lo ha de llevar la trampa! — ¿En -empresas particulares? — ¡Buenos están el comercio y la industria! -—¿En acciones u obligaciones de ferrocarriles? — ¡Quién viaja en este -desdichado país! — Cuando las transacciones mercantiles vienen a menos, -¡cómo ha de haber tráfico! - -Por fin tomó una resolución y fue apelar al consejo de su amigo don -Frutos, concejal, diputado a Cortes y hombre ducho en los negocios. - -—Si no fueses tan caviloso y pusilánime —le contestó don Frutos—, mi -opinión sería que adquirieses papel del Estado, y hasta que doblases -la renta por medio del sistema de las pignoraciones o haciendo alguna -jugadita de Bolsa; pero para esto se necesita corazón, o por lo menos, -desconocimiento del peligro. Como careces de estas circunstancias, y -además deseas ante todo la tranquilidad y no te ciega la ambición, -creo que lo menos malo que puedes hacer es fincarte en Madrid. Los -terrenos del Ensanche ganan de día en día; compra un solar, labra una -casita económica y resérvate un cuartito a tu gusto, y así tú y la -familia tendréis albergue y una renta, aunque modestísima, suficiente -a vuestras limitadas necesidades, sin veros obligados a acudir al -préstamo o a mermar el capital, para atender a las exigencias de la -vida. - -El consejo sedujo a don Santiago. ¡Qué feliz iba a ser con su casita! -¡Haría los planos a su gusto, y dirigiría las obras! ¡Nada de -contratistas! ¡Todo por administración! ¡A él no le engañaba nadie! -¡Mucha economía y al mismo tiempo perfecta solidez! En los cimientos -emplearíanse el pedernal de Vicálvaro, el mejor ladrillo santo y buen -mortero: todo a fuerza de pisón. Después se asentaría la fábrica de -ladrillo recocho, muy cocido, hasta enrasar con la calle. En la fachada -dos hiladas de granito de Colmenar, y ladrillo fino y prensado en el -paramento para evitar así los gastos de revoque. ¡Será una fachada -_irrevocable_! —decía el extendero—. En las crujías y medianerías, -entramados de excelente madera de Cuenca, tabicados de ladrillo pintón. -Nada de cascote en las medianerías: esto ya no se usa. Los pisos habían -de ser de hierro en la planta baja, pintados de minio, a prueba de -humedades, y de bovedilla, con entarimado. Los demás, de viguetas de -madera de Cuenca, forjados y solados con baldosín fino de Ariza. ¿Y -la distribución de la casa? Ya la tenía trazada en su imaginación el -futuro casero, antes de conocer la figura geométrica del solar. - -Hechas estas prevenciones, aunque hombre de suyo prudente y reflexivo, -adquirió a diez reales el pie el primer terreno que le ofrecieron en el -barrio de Salamanca: tal le apretaba el deseo de verse propietario. -Era un solar situado en una de esas calles sin servicios municipales, -que no figuran más que en los planos; solo medía cuatro mil pies -cuadrados, y sobre él levantó don Santiago el suntuoso alcázar de sus -ilusiones. - -Pero pronto comenzaron estas a desvanecerse. - -El novel propietario vio defraudados sus inexpertos cálculos sobre la -construcción de la obra, y no tuvo en cuenta la paternal solicitud que -el Estado y el Ayuntamiento de Madrid dispensan a los que, si bien -movidos por un interés particular, contribuyen al aumento de la riqueza -imponible, proporcionando vida a muchas industrias, el pan a numerosos -obreros, la higiene a la población y comodidad a sus habitantes. - -¡Qué de gabelas sin fin desde la compra del solar hasta que la finca -está en condiciones de reportar productos! ¡Papel sellado, derechos de -transmisión de dominio, tira de cuerdas, licencias de edificación, de -valla y de acometida a la alcantarilla, arbitrio sobre materiales de -construcción, permiso para alquilar y timbre de contratos y recibos! -¡Y esto prescindiendo de otros gastos naturales, como el notario y -registrador de la propiedad! - -—¡Pero hombre, —exclamaba don Santiago, hablando con don Frutos—: el -Estado y el Ayuntamiento me saquean cuando yo no gano todavía nada! - -—No te quejes —contestaba el diputado concejal—. El Estado y el -Ayuntamiento son previsores: si te imponen estos gravámenes en -la construcción de la casa, en cambio te eximirán del pago de la -contribución durante el primer año. - -—Sí; pero mi capital no produce interés durante los dos años de las -obras. - -—No hay más remedio —replicaba don Frutos—, es preciso vigorizar la -Hacienda pública. ¿Cómo se satisfacen si no las crecientes atenciones -municipales, y las enormes obligaciones del Estado? Hay que buscar -el dinero donde se encuentra de una manera manifiesta y tangible, -donde no pueda escapar a los ojos del fisco, como por ejemplo, en la -propiedad y en la industria, y prescindir de ciertas teorías sobre -la equidad en el reparto de los impuestos, muy buenas sin duda para -leídas, pero sin resultado en el terreno de la experiencia, mayormente -en este desdichado país donde no existe el sentido moral por parte del -contribuyente en sus relaciones con la Administración. - -—¡Pero no te parece a ti que sería mejor que esta comenzase dando -el ejemplo, mostrándose justa, equitativa y paternal para con los -administrados! - -* * * - -Durante el verano de 1873 quedó completamente terminada la casa de don -Santiago, quien se trasladó a ella, ocupando la más modesta de sus -habitaciones, en compañía de un hijo, la esposa de este, tres sobrinos -(que constituían toda la familia), y una criada. - -La obra, a pesar de que fue preciso renunciar a las vigas de hierro, a -la madera nueva de Cuenca y al ladrillo fino, y sustituir las primeras -con materiales procedentes de derribos, importó noventa mil pesetas, -que unidas a las diez mil del solar, hicieron ascender el valor de la -casa a cien mil pesetas. - -El producto neto de la renta anual, calculada al principio en cinco mil -quinientas pesetas, quedó reducido a cuatro mil quinientas. - -* * * - -A los seis años bajó al sepulcro el extendero, víctima de la tisis, -azote de su familia, y en el espacio de catorce fueron heredando -sucesivamente la finca, el hijo, la nuera, los tres sobrinos y la -criada. - -Poco ha que falleció esta, habiendo testado en favor de su alma. - -Don Frutos, constante amigo de la casa y habitual concurrente a -ella, fue el paño de lágrimas de todos, desempeñando en las diversas -testamentarías las funciones de albacea y llevando su generosidad hasta -el punto de prestar a módico interés las cantidades que devengó la -Hacienda por diferentes conceptos. - -Al proceder a la liquidación general para saldar su cuenta, resultó que -don Frutos había entregado al fisco las siguientes cantidades: - - Derechos reales por la compra del solar, que costó - 10.000 pesetas (3 por 100) 300 - Transmisiones de dominio de la casa, tasada en - 100.000 pesetas: Al heredar el hijo (1 por 100) 1.000 - Idem la esposa de este (3 por 100) 3.000 - Idem el hermano de la anterior, que era además sobrina - de don Santiago (4 por 100) 4.000 - Idem un sobrino carnal del último testador (5 por 100) 5.000 - Idem un primo hermano del precedente (6 por 100) 6.000 - Idem la criada (9 por 100, entre extraños) 9.000 - Idem el alma de la criada (8 por 100, según la ley de - 5 de agosto de 1893) 8.000 - - _Total._ 36.300 - - Además el 1½ de premio de liquidación de las diferentes - transmisiones (que percibe el Estado en las capitales - de provincia) 544 - - _Total por derechos reales._ 36.844 - - Contribución territorial, con el gravamen correspondiente - y el recargo del Ensanche, durante el tiempo que don - Santiago y su familia disfrutaron de la casa 24.096 - - _Total devengado por la Hacienda._ 60.940 - -Agregando a esta cifra los arbitrios municipales que afectan -directamente a la propiedad, don Frutos dedujo que el Estado y el -Municipio consumieron en el espacio de veinte años dos terceras partes -del valor de la finca. - -* * * - -Proudhon pedía solo para el Estado la sexta parte de los alquileres y -arrendamientos (sesión de la Asamblea Constituyente francesa de 31 de -Julio de 1848); pero don Frutos deja muy atrás al padre de la anarquía -contemporánea al votar todos los años los presupuestos en las Cortes -y en el Ayuntamiento de Madrid. A semejanza del personaje de Molière, -que hablaba en prosa, sin saberlo, todavía ignora que el deseo de dar -pasto a la voracidad insaciable de la Hacienda, le ha convertido en -entusiasta campeón del socialismo de Estado. - -En las discusiones políticas, empero, se revuelve airado contra -los enemigos del orden social, que amenazan destruir la libertad -individual, la propiedad, la familia, el santuario de las conciencias y -la paz de los espíritus. - -* * * - -La casa que edificó don Santiago fue puesta a subasta por el juzgado. -A falta de postores, don Frutos tuvo que resignarse a ser propietario, -para reintegrarse así de las cantidades por él anticipadas y los -intereses correspondientes. - -De la familia del modesto industrial de la calle del Lobo (hoy -Echegaray), ni siquiera queda el recuerdo. El microbio de la tisis -acabó con aquella, y el monstruo del Estado, después de devorar el -modesto patrimonio, adquirido a costa de tantos trabajos y privaciones, -hasta se ensañó con el alma de la criada. - - - - -EL FIN DE BARCELONA - - -Gozaba el Dr. Puff fama universal por sus profundos conocimientos -geológicos, meteorológicos y astronómicos, y nadie le aventajó en la -ciencia de predecir los trastornos de la naturaleza. Era el verdadero -Zaragozano de la lluvia y del buen tiempo, y el único Zaragozano para -profetizar los fenómenos sísmicos y las erupciones volcánicas. - -El terremoto de Krakatoa, que sepultó en el mar una parte de aquella -isla, causa de tantas muertes, males y ruinas y objeto general de -conmiseración y espanto, era considerado por el eminente sabio -como el primero de sus triunfos, pues él y solo él, a despecho de -la incredulidad de las academias y de la indiferencia del público, -pronosticó y hasta consiguió fijar con precisión matemática el día, la -hora, el minuto y el lugar de la catástrofe. - -Desde entonces, la autoridad y el prestigio del Dr. Puff fueron -indiscutibles: había descubierto el secreto de las sacudidas -geogénicas, las leyes a que obedecen y las causas que en determinadas -circunstancias las producen. - -Consagrado única y exclusivamente a la ciencia por él creada, ajeno -a las pompas y vanidades del mundo, recluido en su observatorio, en -medio de las asperezas y soledades de Monte Gray en los Estados Unidos, -atento solo al bien de sus semejantes, no se daba punto de reposo -en sus difíciles e intrincados cálculos para anunciar con exactitud -los terremotos y poner así a cubierto de todo riesgo las vidas de -innumerables seres humanos. - -Una noche, después de largo y laborioso estudio, invertido -principalmente en una serie inacabable de operaciones aritméticas y -algebraicas, extendió sobre la mesa de su despacho una gran carta de -la cuenca del Mediterráneo, midió con el compás algunas distancias, -y fijándose de pronto en un punto que correspondía al meridiano de -Barcelona, a tres millas al Sur de aquel puerto, exclamó dándose una -palmada en la frente: - -—¡No hay duda, aquí va a ser! ¡Pobre ciudad! ¡Infelices habitantes! -Pero yo puedo salvarlos... es mi deber profesional... corramos... aún -es tiempo... - -Y en el acto se puso delante del aparato telefónico, levantó los -auriculares, oprimió el botón, sonó el timbre, pidió comunicación con -el periódico _El Heraldo_, de Nueva York, y gritó: - -—¡Heraldo! ¡Heraldo! Anuncie usted para mañana viernes, a la una y -seis minutos de la tarde, un espantoso temblor de tierra en la costa -de Cataluña. Máximum de intensidad: en el mar a tres millas al Sur -de Barcelona. — Duración: seis segundos. — Como en la catástrofe del -Callao de 1746, una ola, cuya altura no ha de bajar de veintisiete -metros, invadirá momentáneamente la población, arrasándola toda. Los -pueblos del litoral, desde Blanes a Tarragona, están amenazados. ¡Que -se pongan en salvo sus habitantes! - -El _Heraldo_ de Nueva York publicó el viernes por la mañana este -_telefonema_, el cual fue reexpedido por telégrafo a Europa, pudiendo -aparecer en todos los periódicos del antiguo mundo el mismo día, -gracias a la diferencia de meridiano. - -¿Cuál no sería el estupor de los habitantes de Barcelona al leer esta -noticia en la sección telegráfica de los diarios locales? Tomáronla -algunos a broma, dudaron otros; pero los más dieron crédito al -pronóstico, porque recordaban la profecía de San Vicente Ferrer, y por -la autoridad inconcusa de que disfrutaba sobre la redondez de la tierra -el eminente sabio americano, desde que los resultados experimentales -elevaron la ciencia por él descubierta a la categoría de infalible. - -Al estupor, primer impulso de resistencia que oponemos a la sorpresa, -sucedió el pánico, el terrible pánico que se manifiesta de pronto en -los espíritus débiles, hace vacilar los fuertes, y perturbando la -razón, cunde y se propaga por todas partes con la rapidez del rayo. - -Eran las diez de la mañana, y la pluma se resiste a describir el -conmovedor o imponente espectáculo que ofrecía la ciudad condal. - -Confusa, revuelta y varia multitud de gentes a las cuales el común -peligro contagiaba el espanto, corría desolada y despavorida buscando -en los vecinos montes momentáneo refugio a la próxima o inevitable -catástrofe. - -Aquí una madre, indiferente al propio y general peligro y solo atenta -a la salvación del tierno fruto de sus entrañas, lo apretaba en sus -brazos y huía jadeante a todo el correr de sus débiles fuerzas. Allí -un enfermo demacrado, a quien se las prestaba el supremo instinto de -conservación, pugnaba con vacilante paso por seguir a la muchedumbre -fugitiva. Más allá un fuerte mancebo cargaba sobre sus robustos hombros -el cuerpo inerte de decrépito y paralítico anciano, y con la pesada -carga se esforzaba en vano en aligerar los pies. Un viejo devorado por -la avaricia se encerraba en su casa atrancando la puerta, resuelto a -perder la vida antes que abandonar el escondido tesoro; que a tales -aberraciones conduce la senil pasión de la riqueza. En la puerta de un -cuartel permanecía firme en su puesto el centinela, más temeroso de la -ordenanza que de la muerte. Numerosas personas, juzgándola inevitable, -caían de rodillas en mitad de la calle, y elevando sus suplicantes -ojos al cielo imploraban su postrer auxilio. Acudían otras presurosas -a los templos buscando bajo sus sagradas bóvedas el supremo refugio -de la esperanza. Atronaban el espacio los gritos de desesperación -lanzados por millares de mujeres, en tanto que los hombres, silenciosos -y cabizbajos, pretendían inútilmente oponer la viril energía a las -ruidosas expansiones del dolor. Las autoridades, sorprendidas por el -inesperado suceso, cruzábanse de brazos luchando con la perplejidad y -la impotencia. A toda prisa los buques zarpaban en el puerto haciendo -rumbo a alta mar, porque, a semejanza de lo que sucedió en el Callao, -corrían peligro de ser arrojados por la enorme ola a dos o tres -kilómetros tierra adentro. Desordenadas masas atropellábanse en agitado -remolino para tomar al asalto trenes, tranvías, ómnibus y cuantos -medios de transporte facilitasen la fuga. Por todas partes movimiento, -confusión, desenfreno, voces ensordecedoras, la lucha brutal y egoísta -por la existencia y el paroxismo de la locura del pánico. - -A la una de la tarde la mayoría de los habitantes de Barcelona y de -su llano coronaban los montes que, formando grandioso anfiteatro, lo -circundan, ciñen y rodean desde Montjuich hasta Moncada. - -Faltaban cinco minutos; se acercaba el momento supremo; los corazones -latían con violencia; los ojos, como fascinados por el mar, fijábanse -en su tersa y tranquila superficie, sobre la cual rielaban los -brillantes rayos del sol, y profundo, imponente y aterrador silencio -reinaba en medio de la atónita y suspensa muchedumbre. - -Era un hermoso y espléndido día de primavera. Ni una nube en el -transparente y claro azul del cielo, ni un soplo de aire moviendo -blandamente las hojas de los árboles. Todo reposo y calma en la -apacible e indiferente naturaleza; todo zozobra, inquietud y miedo en -los atribulados espíritus. - -Mas cuando la aterrada multitud esperaba sentir de pronto temblar -el suelo y conmoverse el firmamento; oír el formidable estampido -del trueno en el abismo, y el prolongado fragor de edificios que -repentinamente vacilan sobre sus cimientos, se desploman, caen y -derrumban; y ver la tierra convertida en trágico teatro de desolación -y ruina, y el mar, rompiendo sus naturales lindes, envolver, sumergir -y arrasar con el flujo y reflujo de sus turbulentas olas la gran -ciudad, orgullo de sus hijos, gloria de España y admiración del mundo, -estremecieron el aire voces infantiles, que en diversos puntos sin -cesar gritaban: - -«¡_El Extraordinario_, con el último parte del doctor Puff!» - -La gente arrebataba de manos de los vendedores el delgado papel, y -leía el siguiente despacho telegráfico: - -«Observatorio de Monte Gray, 4 mañana. (Debe tenerse en cuenta la -diferencia de meridiano.) — He pasado la noche rectificando mis -cálculos. — La catástrofe de Barcelona es, por desgracia, segura; pero, -por error de suma, anticipé la fecha cien mil años. — _Puff._» - - - - -ÍNDICE - - - PÁGINAS - - Del Cielo a España. 7 - - Un diálogo en el espacio. 53 - - La caja de cerillas. 61 - - Cuatro siglos de buen gobierno. 75 - - La taza de leche. 105 - - El Padre Carmelo. 123 - - El triunfo de la Igualdad. 129 - - El hombre único. 143 - - Lo presente juzgado por lo porvenir. 157 - - Un viaje a la República Argentina. 169 - - La Verdad desnuda. 187 - - La locura del anarquismo. 195 - - Las tijeras. 211 - - En el planeta Marte. 217 - - El dragón de Montesa, o los rectos juicios - de la posteridad. 231 - - El Monstruo. 245 - - El fin de Barcelona. 255 - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS ILUSTRADOS *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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