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-The Project Gutenberg eBook of El libro de las tierras vírgenes, by
-Rudyard Kipling
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: El libro de las tierras vírgenes
-
-Author: Rudyard Kipling
-
-Translator: Ramón D. Perés
-
-Illustrator: José Triadó
-
-Release Date: December 15, 2022 [eBook #69552]
-
-Language: Spanish
-
-Produced by: Carlos Colon, Andrés V. Galia, Penn State University and
- the Online Distributed Proofreading Team at
- https://www.pgdp.net (This book was produced from images
- made available by the HathiTrust Digital Library.)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL LIBRO DE LAS TIERRAS
-VÍRGENES ***
-
-
-
- NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
-
-Esta transcripción es la traducción al castellano de la obra de Rudyard
-Kipling "The Jungle Book".
-
-En la versión de texto sin formatear, el texto en cursiva está
-encerrado entre guiones bajos (_cursiva_), las versalitas se
-representan con mayúsculas, como en VERSALITAS, las palabras en
-negritas están representadas como =negritas=, y el signo ^o representa
-el superíndice o"
-
-El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción ha sido el
-de respetar las reglas de la Real Academia Española vigentes cuando
-la presente edición de esta obra fue publicada. El lector interesado
-puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia
-Española.
-
-En referencia a lo mencionado en el párrafo precedente, cabe destacar
-que palabras como vió, fué, dió, por ejemplo, que en la actualidad se
-escriben sin acento, en esa época llevaban acento ortográfico y por
-esa razón se han mantenido con esa ortografís. Lo mismo cabe para la
-preposición "a" y las conjunciones "e", "o" y "u", que en esa época
-llevaban acento ortográfico y en consecuencia se ha mantenido el acento.
-
-En la presente transcripción también se adecuó la ortografía de las
-mayúsculas acentuadas a las reglas indicadas por la RAE, que establecen
-que el acento ortográfico debe utilizarse, incluso si la vocal
-acentuada está en mayúsculas.
-
-La obra impresa incluye una Fe de Erratas, que se ha mantenido en esta
-transcripción. Sin embargo las correcciones listadas allí no se han
-incluido en el texto.
-
-La cubierta del libro fue creada por el transcriptor y ha sido añadida
-al dominio publico.
-
-El Índice y la Fe de Erratas han sido reposicionados al principio de la
-obra.
-
-Se han corregido errores evidentes de puntuación y otros errores de
-imprenta y ortografía.
-
-
- * * * * *
-
-
-
-
- El Libro
- de las
- Tierras Vírgenes
-
-
- Rudyard Kipling
-
-
- Traducido del inglés directamente,
- con autorización del autor, por
-
- Ramón D. Perés
-
- Ilustraciones de
-
- José Triadó
-
- Tercera edición
-
- [Ilustración]
-
- GUSTAVO GILI, Editor, Universidad, 45. Barcelona
-
- MCMXVIII
-
-
- ES PROPIEDAD
-
- Derechos reservados.
- Queda hecho el depósito
- que marca la Ley.
-
- Imprenta Moderna de Guinart y Pujolar, Bruch, 63--Barcelona.
-
-
- OBRAS DEL TRADUCTOR
-
- =CANTOS MODERNOS= (1.ª serie), con ilustraciones
- de APELES MESTRES.--1 vol.--3 pesetas.
-
- =NORTE Y SUR= (2.ª serie de Cantos modernos)
- con ilustraciones de APELES MESTRES.--1
- vol.--3 pesetas.
-
- =Á DOS VIENTOS.= Críticas y semblanzas.
- Literatura castellana.--Literatura catalana.--1
- vol.--3 pesetas.
-
- =BOCETOS INGLESES.=--1 vol.--2'50 pesetas.
- (Quedan pocos ejemplares).
-
- =MUSGO= (poesías).--1 vol.--3 pesetas.
-
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- ÍNDICE
-
- Págs.
-
- Prólogo del Traductor 1
-
- Prólogo del Autor 11
-
- LOS HERMANOS DE MOWGLI 13
- _Canción de caza de la manada de Seeonee_ 43
-
- LA CAZA DE KAA 45
- _Canción de los Bandar-log al ponerse en camino_ 82
-
- ¡AL TIGRE! ¡AL TIGRE! 83
- _Canción de Mowgli al bailar sobre la piel de
- Shere Khan en la Peña del Consejo_ 109
-
- LA FOCA BLANCA 111
- _Lukannon_ 141
-
- RIKKI-TIKKI-TAVI 143
- _Cántico de Darzee en honor de Rikki-tikki-tavi_ 167
-
- TOOMAI, EL DE LOS ELEFANTES 169
- _Siva y el saltamontes_ 198
-
- LOS SERVIDORES DE SU MAJESTAD 201
- _Canción de los animales del campamento al
- reunirse en la parada_ 226
-
- DE CÓMO VINO EL MIEDO 229
- _La Ley de la Selva_ 255
-
- EL MILAGRO DE PURUN BHAGAT 257
- _Canción al estilo de Kabir_ 280
-
-
- LA SELVA INVASORA 281
- _Canción de Mowgli contra los hombres_ 323
-
-
- LOS ENTERRADORES 325
- _La canción de la ola_ 359
-
- EL "ANKUS" DEL REY 361
- _La canción del cazador_ 389
-
- QUIQUERN 391
- _Angutivaun taina_ 427
-
- LOS PERROS JAROS 429
- _La canción de Chil_ 466
-
- CORRETEOS PRIMAVERALES 469
- _La canción final_ 500
-
-
-
-
- ERRATAS Y ENMIENDAS
-
- PÁG. LÍNEA DICE DEBE DECIR
- 13 2 Mang, el murciélago Mang, el murciélago,
- 15 10 Kan Khan
- 52 18 Por divertirse Por entretenimiento
- 54 28 y 29 Millas y millas Leguas y leguas
- 70 30 Podía oir Oía
- 73 33 Podían engañarse Se engañaban
- 85 35 Cama roja barnizada, una Cama roja barnizada; una
- 104 9 Tocaban las campanas y Tocaban las campanas, y
- soplaban soplaban
- 135 7 Siguióles Siguiólas
- 166 12 Todas las mangustas Las mangustas
- 180 9 Vislo Visto
- 261 1 Maleta Muleta
- 289 26 Había Habían
- 308 29 Y tu manada --Y tu manada
- 313 23 Arador Arado
- 416 4 La colocó derecha La colocó
- 423 5 Cambiar Alterar
- 454 1 Á luz del sol Á la luz del sol
- 470 30 Burbujantes Burbujeantes
-
-
-
-
- PRÓLOGO DEL TRADUCTOR
-
-_El libro de las tierras vírgenes_, que no tengo noticia de que se haya
-traducido antes de ahora al castellano, lleva en inglés los títulos de
-_The Jungle Book_ y _The Second Jungle Book_, pues se halla dividido en
-dos series, cada una de las cuales forma un tomo aparte. Háse creído
-más conveniente reunirlas aquí en un sólo volumen, y como en castellano
-no se usa la palabra _jungle_, que posee el francés, por ejemplo,
-el traductor ha considerado que, para el título del libro, la mejor
-versión de aquel vocablo era algo que abarcara todos los significados
-que quiere darle el autor. Son éstos bastante diversos y aun bastante
-vagos, pues lo mismo puede traducirse por _selva_, que por tierra
-inculta y llena de maleza; lo mismo podría aplicarse á la _manigua_
-cubana, que le sirve al autor para hablarnos de grandes extensiones
-de la abrasada India ó de las que están cubiertas por los hielos á
-poca distancia del Polo; del propio modo se refiere á la tierra, en
-este libro, que á sus habituales pobladores... y aun Kipling llega,
-arrastrado por su imaginación de poeta, á hacer de la _Jungle_, con
-mayúscula, una entidad tan importante como la Sociedad humana, con sus
-leyes, usos y costumbres, lenguaje, etc.
-
-En el texto de la obra yo he escrito, generalmente, _selva_ donde decía
-_jungle_, y, acomodándome al espíritu del autor, he acudido también
-á la majestuosa mayúscula siempre que se ha tratado de dar á aquella
-palabra cierto sentido enfático digno de los graves y trascendentales
-asuntos que aquí se dilucidan entre osos, lobos, tigres, panteras,
-elefantes, cocodrilos, chacales, monos, serpientes, pájaros y demás
-personajes importantes con quienes ha de trabar conocimiento quien
-siga leyendo atentamente las páginas de este volumen, el cual es, en
-su mayor parte, _el libro de las selvas Indias_, y así podría haberse
-llamado en castellano, si cuanto el autor nos cuenta ocurriera en la
-India y entre sus selvas.
-
-_The Jungle Book_ es famoso en Inglaterra y en los países de lengua
-inglesa, y más de un crítico, no siempre benévolo con el autor, lo
-considera como la mejor obra de éste.
-
-Desde 1894, en que se publicó la primera edición de la serie inicial de
-estos cuentos, se han agotado ya varias de aquéllas, y la _Société du
-Mercure de France_, incluyendo la obra en la lista de las que publica
-de autores extranjeros, ha contribuído también grandemente á propagarla
-entre los que no suelen leer libros ingleses y están al tanto de
-las últimas novedades parisienses[1]. Kipling merece en verdad ser
-traducido, ya que es uno de los autores más populares de Inglaterra,
-una de las más potentes figuras literarias de hoy, y, sin duda, la que
-mejor puede vanagloriarse de ser, entre las gentes de su raza, gloria
-de la literatura al propio tiempo que fuerza política, fuerza que él
-ha conquistado y sostenido por medio de la pluma. No es Kipling uno de
-esos autores refinados que escriben pensando más en el arte que en el
-público que ha de leer sus trabajos. Por el contrario, se le ha dicho
-que es una especie de periodista que busca los asuntos palpitantes y
-hace de sus grandes dotes literarias arma de combate. Tiene el fuerte y
-pesado puño de la raza anglo-sajona pura, sin influencias debilitantes
-que vengan á suavizar asperezas, y hay que tomarle como él es: como
-tipo representativo de la gran familia de que forma parte, como
-condensación de todas las buenas y malas cualidades que pasean por el
-mundo, con aire sereno y triunfal á la vez, muchos millones de hombres
-que han creado y extienden por todas partes una civilización poderosa,
-personal, dominadora, pero que lleva en el fondo un gran sedimento de
-libertad para todo el que forma parte integrante de ella, no para el
-que estorbe su marcha ambiciosa, incansable.
-
-Es difícil adivinar si todos los paladares españoles gustarán por igual
-del manjar exótico que entre el editor y yo les ofrecemos con el título
-de _El libro de las tierras vírgenes_. Yo creo que toda persona de
-cultivado gusto hallará en esos cuentos de Kipling mucho que admirar, y
-que no será acogida con indiferencia, en España y en la América que fué
-española, obra que reune tan grandes condiciones para quedar como una
-de las más típicas muestras de la literatura inglesa contemporánea, y
-una, también, de las más artísticas que se han escrito con la intención
-de que puedan servir, lo mismo para instructivo solaz de los niños,
-que para inofensivo regalo de personas mayores que sepan deleitarse
-viendo el fondo intencionado de lo que sólo parece dirigido á despertar
-juveniles imaginaciones y á mantener más ó menos viva su curiosidad. En
-la literatura de todo el mundo hay ya otras obras que son infantiles
-sólo por el aspecto, y que los hombres citan con respeto, porque quien
-las escribió demostró en ellas ser consumado artista, poeta y pensador.
-
-Yo espero que á la lista de esas obras las futuras historias de la
-literatura añadirán _The Jungle Book_ de Rudyard Kipling, y que la
-única duda que se ofrecerá á los historiadores será la de si es una
-obra realmente escrita para niños ó una juguetona y sonriente serie
-de sátiras sociales encubiertas y de estupendas descripciones para
-personas mayores que tengan alma poética é inclinada á soñar en lo
-lejano, lo nuevo y lo raro.
-
-Esas tres cualidades reune la obra que presento al lector. Posee el
-prestigioso aroma de lo lejano y poco semejante á lo nuestro; la
-novedad, porque no es frecuente que un gran escritor nos dé una larga
-serie de narraciones para contarnos la fantástica y casi humana vida
-de las fieras en la India ó en otros apartados y más ó menos salvajes
-países; posee también la rareza, que, si para unos es cualidad, para
-otros es defecto; pero que saben apreciar en la justa medida los
-que comprenden que por debajo de ella corre, como fecundante río,
-la originalidad, signo de un cerebro fuerte y creador, incapaz de
-sujetarse á estrechos límites ni de seguir caminos trillados. La
-personalidad de Kipling no es de las que esperan modestamente que el
-beneplácito de los críticos les diga cómo y sobre qué deben escribir,
-sino de las que traen dentro de sí un mundo y lo van esparciendo
-á pedazos para que los demás aprendan algo que ignoraban ó que no
-pensaron nunca que pudiera ser tan bello iluminado á plena luz. Rudyard
-Kipling es de los reveladores, de los que llegan al alma de las cosas
-y sorprenden allí leyes y armonías de las que ve el poeta, y que si no
-son la verdad son una apariencia de ella, más hermosa, á veces, que la
-verdad misma.
-
-La literatura inglesa tiene más tendencia al cosmopolitismo que la
-nuestra. Viajan los ingleses mucho más que nosotros; como gente
-muy convencida de su fuerza, no temen que nadie les robe su propia
-personalidad, y así como muy fácilmente introducen en su lenguaje voces
-de idiomas extranjeros sin tomarse el trabajo de subrayarlas siquiera
-cuando las escriben, y sin esperar á que ninguna Academia de la Lengua
-(que no poseen) les dé permiso para ello, así también hallan especial
-encanto en que no sólo los libros de viajes les hablen de las más
-apartadas regiones del planeta que habitamos, sino, además, las obras
-del género novelesco, que satisfacen así mejor cierta innata sed de
-romanticismo que hay en el alma inglesa bajo la grave y fría, ó quizá
-mejor, _serena_, cubierta exterior.
-
-Son frecuentísimas las novelas inglesas de asunto extranjero; y en
-terreno tan bien preparado para el cultivo ha ido á sembrar Kipling sus
-narraciones de asunto indio, su gran especialidad, ó aquéllas en que
-intervienen principalmente marineros, soldados, tipos de aventureros
-de las colonias, etc., etc., gente, en suma, que nació muy lejos ó que
-muy lejos ha ido á parar con frecuencia en su vida, como al mismo autor
-le ocurre, aunque por distintos motivos. La India tiene, sin embargo,
-doble interés para los ingleses, porque al romántico júntase también
-el político. Del último carecerá en absoluto el lector español; pero,
-aun así, creo yo que si fuere niño leerá este libro con más interés,
-por lo general, que ciertos insustanciales cuentos de hadas, y si
-fuere hombre se sentirá agradablemente sorprendido ante el profundo
-conocimiento que de la vida de los animales muestra el autor; ante
-su habilidad en ponerlos en escena prestando á sus actos hondo valor
-psicológico; ante el poder de evocación de cosas que, sin duda, ha
-presenciado, ó el de imaginar las que no ha visto, aunque acerca de
-ellas posea datos propios ó ajenos, aquellos datos de primera mano
-que parecen ser privilegio de los naturalistas, de los hombres del
-campo, de los cazadores... de todos los que gozan de la doble vista que
-comunica el diario contacto con la naturaleza y son, como si dijéramos,
-los zahoríes de ella. Poned á cada uno de los animales de que nos
-habla el autor en esta obra un nombre humano, referid á nuestra propia
-vida no pocas de las escenas que él describe, y el literato, y el
-político, y el soldado, los hombres de todos los oficios y caracteres,
-se reconocerán á sí mismos en este libro, ó, si para ello les falta
-valor y sinceridad, reconocerán al vecino, sea amigo ó enemigo, y más
-si es lo segundo que lo primero. De mí sé decir que, con la sonrisa
-en los labios, porque hay aquí su parte de humorismo, me ha parecido
-algunas veces descubrir la más sorprendente semejanza entre algunos
-de los caballeros que andan por el mundo mostrando satisfechos su
-maldad ó su tontería y los que Kipling nos presenta haciendo con poca
-diferencia lo mismo. Y si á la vida literaria aplicáramos todo eso
-¡oh! qué despiadada sátira contra los falsos dioses; los impotentes;
-los envidiosos; los que á sabiendas faltan á la verdad para que el
-efecto redunde en propia ventaja; los que chillan, se disputan y
-se exhiben como monos para que alguien se fije en ellos por lo que
-bullen, ya que no por lo que valen; los que como el chacal adulan sólo
-con la intención de sacar algo, y cuando nada consiguen devoran al
-adulado si la ocasión se ofrece; los que como el tigre (Shere Khan)
-se convierten en una especie de caciques de pueblo á quienes todo el
-mundo debe sumisión incondicional, ó pretenden ellos que se la debe,
-hasta que, al fin, viene un hombre verdaderamente libre y los manda
-enhoramala, y les arranca la piel para que sirva de lección á los que
-vengan detrás... ¡Y qué bello y significativo aquel tipo de Mowgli, que
-es, como de Segismundo dicen los versos de Calderón, «un hombre entre
-las fieras--y una fiera entre los hombres»! La idea de patria late en
-fiel fondo de esa figurilla de muchacho, y al mismo tiempo, y como
-burla burlando, infinidad de problemas de la educación, de la mezcla de
-razas, de la emigración... problemas que se ofrecen continuamente á los
-que por unas ú otras razones han hallado en el mundo más de una patria,
-ó así, al menos, se lo parece á ellos. ¡Y aquella manada de lobos que
-mata constantemente á su jefe cuando ya no le sirve, porque la edad
-le ha hecho poco apto para la caza!... ¿No os parece que se trata de
-políticos, artistas, literatos, pensadores, _hombres_ en fin? Y hasta
-la foca que, por nacer blanca, constituye una excepción desagradable
-para su raza, y aun para su propia familia, y más cuando se le antoja
-reformar inveteradas tradiciones y descubrir nuevas tierras para los
-que se hallan ya perfectamente con las que poseen, sean buenas ó
-malas... ¿quién no la ha conocido á esa pobre foca blanca, ó quién
-con sólo hurgar en su propia conciencia no la ha descubierto allí muy
-escondida, por poco que no piense en todo como las mayorías, como las
-multitudes suelen pensar?
-
-Sería interminable la tarea de poner comentarios á este libro, que
-á mí me parece una gran fábula con que un escritor se venga de los
-que le han hecho sufrir, y el modesto papel de traductor me impone
-ciertos límites á los que he de procurar ajustarme, no sin dificultad.
-Los comentarios que yo no hago, los hará, seguramente, más de un
-lector que lea la obra como debe leerse la de un autor cuya gloria no
-necesita de más aplausos ni recomendaciones que los que hace años está
-acostumbrado á oir. Claro es que también ha oído censuras, unas debidas
-á la desigualdad que se nota á veces en sus trabajos, y otras á su
-_imperialismo_ fogoso (de _brutal_ lo ha calificado un poeta inglés),
-que si le ha hecho más popular en Inglaterra en época reciente, le ha
-convertido también en blanco de la prensa política en los países en que
-se combate encarnizadamente aquella tendencia. Acaso alguien espere
-que hable yo aquí largo y tendido de ese _imperialismo_ de Kipling y
-que me detenga á combatirlo, como hacen otros, con ensañamiento, por
-sanguinario y poco escrupuloso. No voy á complacerles, porque no me
-preocupa eso tanto como á ellos. Los países fuertes han tenido siempre,
-en todas las épocas, tendencia á tratar de demostrar que el mundo les
-pertenece por derecho propio; así como los débiles han protestado,
-también siempre, en nombre de la justicia y del derecho. Pero pierde
-el tiempo quien crea que á las naciones les importa mucho la opinión
-ajena cuando tratan de engrandecerse é imponerse. Por otra parte: no
-debe inmiscuirse el lector de una obra literaria en averiguar si las
-ideas políticas del autor coinciden ó no con las suyas. Juzgue sobre
-la belleza ó fealdad de la obra que se le ofrece, y deje lo demás para
-otra ocasión, ó para que sea discutido en las columnas de la prensa á
-la que esto interesa.
-
-Rudyard Kipling, á pesar de lo mucho que lleva escrito y de su extensa
-reputación, es aun joven, pues nació en Bombay en 1865. Pasó allí
-con sus padres sus primeros años, hasta que le llevaron á Inglaterra
-dejándole con unos parientes para que se educara. Era sobrino del
-célebre pintor Burne Jones, y esto le facilitó el conocer á no pocas
-personalidades distinguidas, y entre ellas al famoso William Morris. Á
-los diez y siete años regresó á la India, y, gracias á la influencia de
-su padre, entró en el periodismo, al que se entregó con pasión y en el
-cual dejó buenos recuerdos. El padre de Kipling era también persona muy
-conocida y respetada: hábil dibujante, ilustró parte de las dos series
-de este mismo libro; fué profesor de la Escuela de Bellas Artes de
-Bombay, y estuvo encargado luego del Museo establecido por el Gobierno
-inglés en Lahore; publicó en 1891 una obra titulada «Fieras y hombres
-en la India», y no sería de extrañar que á su padre le debiera nuestro
-autor algunos de los conocimientos de que da fe _The Jungle Book_.
-Juan Lockwood Kipling es su nombre, y hay quien pretende, sin que yo
-pueda afirmarlo, que el de su hijo fué primitivamente José Rudyard
-Kipling, desapareciendo muy pronto el José y quedando al fin sólo el
-Rudyard, único que he visto mencionado en biografías suyas que conozco.
-_Rudyard_ es intraducible: es uno de tantos nombres de pila que se
-usan en Inglaterra y que no recuerdan á un santo, sino al sitio en que
-nació el que lo lleva, ó únicamente al capricho de su familia. _Rudyard
-Lake_, en el Staffordshire, es el punto en que por primera vez vió el
-padre de Kipling á la que debía después ser su esposa, y el nombre de
-aquel lago quiso que se perpetuara, dándoselo á su hijo que, realmente,
-ha hecho que no se olvidara en el mundo.
-
-La reputación literaria de Kipling comenzó en la India, y allí,
-exclusivamente, publicó sus primeros libros, que iban de mano en mano
-entre los ingleses residentes en el país. En 1889 emprendió un viaje á
-Inglaterra, y, de vuelta del mismo, estuvo en el Japón y en la América
-del Norte, donde no halló un sólo editor para sus obras quien pocos
-años después había de verse solicitado por todos, y con ofrecimientos
-tan increíbles para nosotros como el de un chelín por cada palabra que
-escribiera formando parte de una de sus narraciones. Aquel mismo año
-se estableció en Londres, donde no tardó en hacerse popular. Desde
-entonces ha vivido unas veces en Inglaterra, otras en los Estados
-Unidos, y ha viajado mucho por África y Oceanía. En una visita que
-hizo á Nueva York, en 1899, enfermó gravemente, y los periódicos de
-más circulación de Londres publicaban hojas extraordinarias para dar
-cuenta de la marcha de la enfermedad, mientras los norteamericanos
-le dedicaban sus artículos de fondo y por las calles de Nueva York
-voceaban los vendedores de periódicos los números diciendo que
-contenían «las últimas noticias sobre Rudyard Kipling». Celebridad más
-rápida y completa pocas veces se ha visto. El Emperador de Alemania
-dijo entonces, en una carta que dirigió á la esposa del escritor,
-interesándose por la salud de éste, que era entusiasta admirador suyo,
-y que en él veía al cantor de los grandes hechos de «la raza común»
-que en el fondo forman ingleses y alemanes. La raza era entonces la
-que hablaba, y ha hablado siempre en los grandes entusiasmos por
-Kipling, que parecen inexplicables porque otros autores de valía no los
-despiertan con tanta facilidad en el público. La multitud había hallado
-su verbo y temía perderlo antes de tiempo.
-
-Kipling es un escritor fecundo. Trabaja mucho, con regularidad, y ha
-habido año en que ha publicado hasta siete libros. Quizá de ello se
-resienta su producción. Es, además de prosista, poeta y aun dibujante,
-habiendo escrito un tomo de cuentos para niños que está ilustrado por
-él mismo. Como poeta es muy popular, casi tanto como cuentista, y si
-puede discutirse su inspiración, es, en cambio, un versificador hábil
-que sabe producir efecto pulsando la cuerda sensible del patriotismo.
-Esa facilidad que tiene para versificar es, sin duda (además de ciertos
-ejemplos de Walter Scott), la que le induce muchas veces á entreverar
-en sus libros la prosa con el verso, no siempre con buen acuerdo, en
-mi humilde opinión. En este mismo libro, sus composiciones (que los
-niños pueden pasar por alto, si gustan) son, con frecuencia, alardes
-métricos, en los cuales dice lo que quiere y como quiere, jugando con
-las palabras y escribiendo lo que en España no se está generalmente
-acostumbrado á considerar como susceptible de ser poetizado. Traduzco
-estas poesías en verso, _cuando así están escritas_, porque éste creo
-que es mi deber, no por gusto, pues las dificultades que ofrece su
-adaptación á un idioma tan poco parecido al inglés como el castellano,
-son grandes, y, con frecuencia, casi invencibles[2].
-
-Espero que el lector discreto se hará cargo de que no es fácil tarea
-la de hinchar un perro, como dijo Cervantes, y que no me achacará á
-mí más faltas que las que me correspondan, comprendiendo que ni la
-poesía inglesa de Kipling es como la de Zorrilla, Campoamor y Nuñez
-de Arce, ni mis pobres traducciones han de obrar milagros y hacer que
-lo que sea una imitación de la musa popular parezca lleno del mismo
-aroma al ser trasplantado aquí, y lo que imite al caprichoso y extraño
-poeta norteamericano Walt Whitman lo halle de perlas quien nunca haya
-leído en el original una línea de aquel poeta... sin rimas, ni leyes,
-ni grandes respetos humanos, autor que á los que no han visto mucho
-mundo... literario y creen que todas las razas han de ser como la suya
-les parece un loco; pero que á los más entendidos se les antoja un
-genio. No debemos los latinos medir con nuestro rasero á los pueblos
-septentrionales, porque ni ellos tienen nuestra ligereza, nuestro
-gusto é impresionabilidad, ni nosotros su fuerza incontrastable, fría,
-calmosa, audaz, poco amiga de detenerse ante ciertos reparos que
-paralizan á veces nuestra acción.
-
-Como libro útil para la educación de la voluntad en los niños yo no
-dudo en recomendar éste de un hombre de voluntad de hierro. De igual
-modo podría un médico prescribir un tónico y mucho ejercicio al aire
-libre á quien él viera que lleva en el rostro el sello de la anemia.
-
- [Ilustración]
-
-
- NOTAS:
-
-[1] En la versión francesa, que está hecha con inteligencia, hay varias
-supresiones, que juzgo inmotivadas, y algún error en que he procurado
-no incurrir en la mía. Faltan, á veces, párrafos enteros del original.
-
-[2] Kipling es difícil de traducir hasta escribiendo en prosa. Un
-crítico inglés preguntaba si era posible que un extranjero entendiera y
-saboreara al leerlas las obras del reputado autor.
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- PRÓLOGO DEL AUTOR
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-Numerosas son las consultas á especialistas generosos que exige una
-obra como la presente, y el Autor faltaría, á todas luces, al deber que
-le impone el modo cómo aquéllas han sido contestadas, si dejaba aquí de
-hacer constar su gratitud para que tenga la mayor publicidad posible.
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-Debe dar gracias, en primer término, al sabio y distinguido Bahadur
-Shah, elefante destinado á la conducción de bagajes, que lleva el
-número 174 en el libro de registro oficial de la India, el cual, junto
-con su amable hermana Pudmini, suministró con la mayor galantería
-la historia de _Toomai el de los elefantes_ y buena parte de la
-información contenida en _Los servidores de Su Majestad_. Las aventuras
-de Mowgli fueron recogidas, en varias épocas y lugares, de multitud
-de fuentes, sobre las cuales desean los interesados que se guarde el
-más estricto incógnito. Sin embargo, á tanta distancia, el Autor se
-considera en libertad para dar las gracias, también, á un caballero
-indio de los de vieja cepa, á un apreciable habitante de las más
-altas lomas de Jakko, por su persuasiva aunque algo mordaz crítica
-de los rasgos típicos de su raza: los présbitas[3]. Sahi, sabio
-diligentísimo y hábil, miembro de una disuelta manada que vagaba por
-las tierras de Seeonee, y un artista conocidísimo en la mayor parte
-de las ferias locales de la India meridional, donde atrae á toda la
-juventud y á cuanto hay de bello y culto en muchas aldeas, bailando,
-puesto el bozal, con su amo, han contribuído también á este libro
-con valiosísimos datos sobre gentes, maneras y costumbres. De éstos
-se ha usado abundantemente en las narraciones tituladas: «¡Al tigre!
-¡Al tigre!», «La caza de Kaa», y «Los hermanos de Mowgli». Deber
-de gratitud es igualmente para el Editor el confesar que el cuento
-«Rikki-tikki-tavi» es, en sus líneas generales, el mismo que le
-relató uno de los principales herpetólogos de la India septentrional,
-atrevido é independiente investigador que, resuelto «no á vivir, sino
-á saber,» sacrificó su vida al estudio incansable de la _Thanatofidia_
-oriental. Una feliz casualidad permitió al Autor, viajando á bordo del
-_Emperatriz de la India_, ser útil á uno de sus compañeros de viaje.
-Quienes leyeren el cuento «La foca blanca» podrán juzgar por sí mismos
-si no es éste espléndido pago á sus pobres servicios.
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- [Ilustración]
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- NOTAS:
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-[3] «Género de mamíferos cuadrumanos cuya especie típica vive en
-Sumatra».--N. del T.
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- [Ilustración]
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- LOS HERMANOS DE MOWGLI
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- Suelta á la noche Mang, el murciélago,
- tráela en sus alas Rann, el milano;
- ya en sus corrales las vacas duermen,
- de los corderos duerme el rebaño,
- tras las cerradas puertas se esconden
- porque hasta al alba libres vagamos.
- Ésta es la hora: fuerza y orgullo;
- garra afilada, silencio cauto.
- ¡Ya el grito suena! ¡Caza abundante
- para el que observa la ley que amamos!
-
- _Canción nocturna en la selva._
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-Eran las siete de una calurosa tarde en las colinas de Seeonee, cuando
-papá Lobo despertó de su sueño diurno, rascóse, bostezó y estiró las
-patas una tras otra para quitarse de encima la pesadez que en ellas
-sentía aún. Mamá Loba estaba echada, caído el grande hocico de color
-gris sobre sus cuatro vacilantes y chillones lobatos, mientras la luna
-brillaba á la entrada de la caverna donde todos ellos vivían.
-
---_¡Augr!_[4] dijo el lobo padre, ya es hora de volver á cazar. E iba
-á lanzarse por la ladera cuando una sombra, no muy grande y provista de
-espesa cola, atravesó el umbral y exclamó con plañidera voz:
-
---¡Buena suerte, Jefe de los lobos, y que no sea peor la de tus nobles
-hijos! ¡Buenos dientes les crezcan, y que jamás se les olvide el tener
-hambre en este mundo!
-
-Quien así hablaba era el chacal (Tabaqui, el lameplatos), y los lobos
-en la India desprecian á Tabaqui porque anda siempre enredando de un
-lado á otro, metiendo chismes, comiendo andrajos y pedazos de cuero
-de los montones de basura que hay en las calles de los pueblos. Pero
-aunque le desprecien le temen, porque Tabaqui, más que nadie en la
-selva toda, tiene propensión á perder la cabeza, y entonces se olvida
-de que jamás haya tenido miedo y corre por la espesura mordiendo cuanto
-encuentra al paso. Hasta el tigre se esconde cuando Tabaqui se vuelve
-loco, porque la locura es lo más deshonroso que puede ocurrirle á un
-animal salvaje. Nosotros le damos el nombre de hidrofobia, pero ellos
-le llaman _dewanee_ (la locura) y huyen al decirlo.
-
---Bueno; entra y busca, dijo papá Lobo; pero te advierto que aquí no
-hay comida.
-
---Para un lobo no, contestó Tabaqui, mas para un pobrecillo como yo
-hasta un hueso es exquisito banquete. ¿Quiénes somos nosotros, los
-_Gidur-log_ (el pueblo chacal), para andar escogiendo?
-
-Dirigióse á toda prisa hacia el fondo de la caverna, donde halló un
-hueso de gamo con algo de carne adherida á él, y se puso á romperlo
-alegremente.
-
---Muchísimas gracias por tan buena comida, dijo relamiéndose. ¡Qué
-hermosos son tus nobles hijos! ¡Qué ojos más grandes tienen! ¡Y á
-pesar de ser tan jovencitos! Por más que, verdaderamente, no debiera
-extrañarme, con sólo recordar que los hijos de los reyes son ya hombres
-desde que nacen.
-
-Excusado es decir que Tabaqui sabía, tan bien como cualquiera, que nada
-hay tan inoportuno como elogiar á los niños estando ellos delante, y
-que le divertía en extremo el ver en situación embarazosa, no sólo á
-mamá Loba, sino también al papá.
-
-Tabaqui se quedó inmóvil gozándose en el daño que había causado, y
-luego añadió con aire de despecho:
-
---Shere Kan, el Grande, ha cambiado de cazadero. Durante la próxima
-luna cazará, según me ha dicho, en estas colinas.
-
-Shere Khan era el tigre que vivía cerca del río Wainganga, á cinco
-leguas de distancia.
-
---No tiene ningún derecho á ello, dijo incomodado papá Lobo. Según la
-Ley de la Selva no puede cambiar de lugar sin advertirlo debidamente.
-Va á asustar á toda la caza en dos leguas y media á la redonda, y yo...
-yo he de trabajar doble en esos casos.
-
---Por algo le llamó su madre Lungri (el Cojo), dijo mamá Loba en voz
-baja: es cojo de nacimiento. Por eso no ha podido matar nunca más que
-ganado. Ahora, los campesinos de Wainganga le persiguen, y se ha venido
-aquí á molestar á los _nuestros_. Revolverán la selva en busca de él
-cuando estará ya lejos, pero nosotros y nuestros hijos tendremos que
-huir cuando peguen fuego á la maleza. ¡Te aseguro que le estamos muy
-agradecidos á Shere Khan!
-
---¿Queréis que se lo diga? contestó Tabaqui.
-
---¡Fuera de aquí! replicó enfadado papá Lobo. ¡Fuera de aquí y vete á
-cazar con tu amo! Ya has hecho bastante daño por esta noche.
-
---Ya me voy, dijo con suave tono Tabaqui. Desde aquí se oye á Shere
-Khan allá abajo, en la espesura. Podía haberme ahorrado el traeros la
-noticia.
-
-Púsose á escuchar papá Lobo, y en el valle que descendía hasta el río
-oyó el seco, rabioso, pérfido lamento que canturrea el tigre cuando no
-ha podido apoderarse ni de una sola pieza, y poco le importa ya que la
-selva toda se entere de ello.
-
---¡Imbécil! exclamó papá Lobo. ¡Vaya un modo de comenzar el trabajo
-metiendo semejante ruido! ¿Si se figurará que nuestros gamos son como
-sus gordos bueyes de Wainganga?
-
---¡Chist! No son bueyes ni gamos lo que caza esta noche, contestó mamá
-Loba. Lo que busca es el Hombre. El plañidero grito se había trocado ya
-en una especie de zumbante ronquido que parecía venir de todo el ámbito
-del país. Era aquel ruido especial que desconcierta á los leñadores y á
-toda la gente errante que duerme al raso, haciéndoles correr, á veces,
-tan desatentados que se arrojan en las mismas fauces del tigre.
-
---¡El Hombre! dijo papá Lobo enseñando la doble hilera de blanquísimos
-dientes. _¡Faug!_ ¿Acaso no hay bastantes escarabajos y ranas en
-las cisternas, que ahora se le ocurre comer carne humana? ¡Y, por
-añadidura, en terreno nuestro!
-
-La Ley de la Selva, que nunca ordena algo sin tener motivos para ello,
-prohibe á toda fiera el comer _Hombre_, excepto en el caso de que ésta
-mate para enseñar á sus pequeñuelos á matar, y aun así es preciso
-que cace fuera del cazadero de su manada ó tribu. La verdadera razón
-que hay para disponerlo de esta suerte es que toda humana matanza
-significa, tarde ó temprano, la llegada de hombres blancos, montados en
-elefantes y armados de fusiles, en compañía de algunos centenares de
-hombres de color con _gongos_, cohetes y antorchas. Á todo el mundo en
-la selva le toca sufrir entonces. En cuanto á la razón que entre sí se
-dan las fieras, es que el Hombre es el más débil é indefenso de todos
-los seres vivientes, y no es digno de un cazador el poner mano en él.
-Dicen también (y es cierto), que los devoradores de hombres se vuelven
-sarnosos y pierden los dientes.
-
-El ronquido fué haciéndose más intenso y terminó, al fin, en el
-_¡Aaar!_ á plena voz que lanza el tigre en el momento en que ataca.
-
-Oyóse entonces un aullido (impropio de un tigre), lanzado por Shere
-Khan.
-
---Ha errado el golpe, dijo mamá Loba. ¿Qué ocurre?
-
-Corrió hacia fuera papá Lobo, á la distancia de algunos pasos, y oyó á
-Shere Khan murmurando y gruñendo furiosamente, mientras se revoleaba
-entre la maleza.
-
---Á ese estúpido se le ha ocurrido nada menos que saltar por encima del
-fuego de unos leñadores, y se le han quemado las patas, dijo papá Lobo
-gruñendo con malhumor. Tabaqui está allí, con él.
-
---Algo sube por la colina, observó mamá Loba levantando una oreja.
-Prepárate.
-
-Crujieron levemente los matorrales en la espesura y papá Lobo agachóse,
-con el cuarto trasero junto á la tierra, pronto á dar el salto. Á haber
-estado allí en acecho, hubiérais visto entonces la cosa más estupenda
-de este mundo: el lobo se detuvo en el preciso momento de estar
-saltando. Brincó antes de haber visto contra qué se lanzaba, y, de
-pronto, trató de pararse. El resultado fué salir disparado en dirección
-vertical hasta un metro ó metro y medio de altura, volviendo á caer
-casi en el mismo sitio.
-
---¡Un hombre! exclamó con disgusto. Un cachorro humano. ¡Mira!
-
-Frente á frente de él, apoyándose sobre una rama baja, erguíase,
-completamente desnudo, un niño moreno que apenas sabía andar: la cosa
-más mona y pequeña, más fina y regordeta que jamás se había presentado,
-de noche, ante la caverna de un lobo. Miró á éste cara á cara, y se rió.
-
---¿Es esto un _cachorro de hombre_? dijo mamá Loba. Nunca he visto
-ninguno: tráelo.
-
-Acostumbrado á mover de un lado á otro sus propios pequeñuelos puede
-un lobo, si es preciso, llevar un huevo en la boca sin romperlo, y
-así, aunque se juntaron sobre la espalda del niño ambas quijadas de
-papá Lobo, ni un solo diente le arañó la piel, que apareció intacta al
-colocarle éste entre los lobatos.
-
---¡Qué pequeño! ¡Qué desnudo! Y... ¡qué valiente! dijo con dulzura mamá
-Loba. El niño se abría paso por entre los cachorros para arrimarse al
-calor de la piel. ¡Ajá! Ahora come con los demás. De modo que éste es
-un _cachorro de hombre_ ¿eh? Pues á ver si ha habido nunca lobo que
-pudiera vanagloriarse de contar uno entre sus hijos.
-
---De eso he oído hablar algunas veces, pero nunca refiriéndolo á
-nuestra manada ni á mis tiempos, contestó papá Lobo. Está completamente
-desprovisto de pelo, y bastaría que lo tocara con el pie para matarlo.
-Pero observa: nos está mirando y ni siquiera tiene miedo.
-
-El resplandor de la luna, que penetraba por la boca de la caverna,
-quedó interceptado, de pronto, por la enorme cabeza cuadrada y por los
-hombros de Shere Khan que se asomaba á la entrada. Tabaqui, detrás de
-él, le decía con voz chillona:
-
---¡Señor, señor, se ha metido aquí.
-
---Shere Khan nos honra en extremo con su visita, dijo papá Lobo,
-mientras le desmentían sus iracundos ojos. ¿Qué desea Shere Khan?
-
---Mi presa. Un cachorro humano ha pasado por aquí. Sus padres han
-huído. Dámelo.
-
-Shere Khan había saltado por encima de un fuego de leñadores, como dijo
-papá Lobo, y estaba furioso por el dolor de las quemaduras que tenía en
-las patas. Pero papá Lobo sabía perfectamente que la boca de la caverna
-era harto estrecha para que por ella pudiera pasar un tigre. Aun en el
-sitio donde Shere Khan estaba, sus hombros y patas delanteras tenían
-que encogerse penosamente, como le ocurriría al hombre que intentara
-pelearse con otro dentro de una cuba.
-
---Los lobos son un pueblo libre, dijo papá Lobo. Obedecen las órdenes
-del Jefe de su manada, y no las de un pintarrajeado cazador de reses
-como tú. El cachorro de hombre es nuestro... para matarlo si se nos
-antoja.
-
---¡Si se nos antoja! ¡Si se nos antoja! ¿Qué es eso de antojárseos ó
-no? ¡Por el toro que maté, que es cosa de preguntar hasta cuándo he de
-estar oliendo vuestra perruna guarida, para obtener lo que en justicia
-se me debe! ¡Soy yo, Shere Khan, el que os habla!
-
-Tronó por los ámbitos de la caverna el rugido del tigre. Mamá Loba
-separóse de los lobatos y se adelantó, fijando en los llameantes ojos
-de Shere Khan los suyos, semejantes á dos verdes lunas brillando en la
-oscuridad.
-
---Y soy yo, Raksha (el Demonio), quien te contesta. El cachorro
-humano es mío, Lungri, mío y muy mío. No se le matará. Vivirá para
-correr junto con nuestra manada y para cazar con ella; y, al fin y al
-cabo, mire _vuesa merced_, señor cazador de desnudos cachorrillos...
-devorador de ranas... matador de peces..., al fin y al cabo, él será
-quien, á su vez, le cace. Con que ahora apártese, ó por el _sambhur_
-que maté (yo no como ganado hambriento), le aseguro, fiera chamuscada
-de estas selvas, que va á volver _vuesa merced_ al regazo de su madre,
-más coja aún que al venir al mundo. ¡Márchese!
-
-Papá Lobo miró con aire estupefacto. Había casi olvidado ya aquellos
-tiempos en que ganó á mamá Loba en liza abierta contra otros cinco
-lobos, cuando ella tomaba parte en las correrías de la manada, y
-el llamarla el _Demonio_ no era un mero cumplido. Shere Khan acaso
-hubiera desafiado á papá Lobo, pero no podía resistirse contra mamá
-Loba, porque sabía que, en el sitio en que se hallaban, todas las
-ventajas eran para ella, y que lucharía hasta morir. Retiróse, pues,
-refunfuñando, de la boca de la caverna, y cuando se vió libre, gritó:
-
---¡Cada perro ladra en su cubil! Ya veremos lo que dice la manada
-respecto á eso de criar cachorros humanos. El cachorro es mío, y al fin
-vendrá á parar á mis dientes, ¡rabosos! ¡ladrones!
-
-Dejóse caer jadeante mamá Loba, entre sus lobatos, y díjole gravemente
-papá Lobo:
-
---Mucho hay de verdad en lo que ha hablado Shere Khan. Es preciso
-enseñar á la manada el cachorro ese. ¿Persistes aún en guardártelo,
-mamá?
-
---¡Guardarlo! contestó ella suspirando. Desnudo vino, de noche, sólo
-y hambriento, y, sin embargo, no tenía miedo. Mira: ha echado ya á
-un lado á uno de mis hijos. ¡Y ese carnicero cojo hubiese querido
-matarlo y escaparse después al Wainganga, mientras los campesinos, en
-venganza, venían aquí al ojeo en nuestros cubiles! ¡Guardarlo! ¡Vaya
-si lo guardaré! Acuéstate quietecito, renacuajo. Tiempo vendrá, Mowgli
-(porque Mowgli, la rana, le llamaré á _vuesa merced_ en adelante), en
-que no sea el cazado por Shere Khan, sino quien le cace á él.
-
---Pero ¿qué va á decir nuestra manada? dijo papá Lobo.
-
-La Ley de la Selva prescribe terminantemente que cualquier lobo, al
-casarse, puede retirarse de la manada á que pertenece; pero que, tan
-pronto como sus cachorros tienen edad suficiente para sostenerse de
-pie, debe llevarlos al Consejo de la manada, que se celebra una vez
-cada mes, al resplandor de la luna llena, con el fin de que los demás
-lobos puedan identificarlos. Después de esta inspección, los lobatos
-quedan en libertad para correr por donde quieran, y, hasta que no hayan
-matado el primer gamo, no se admite excusa alguna en favor del lobo
-de la manada que sea ya mayor y mate á alguno de aquéllos. La pena de
-muerte es el castigo que se da al asesino donde pueda hallársele; y, si
-pensáis sobre esto un momento, veréis que es, realmente, justo.
-
-Esperó papá Lobo á que sus cachorros pudieran corretear poco ó mucho, y
-entonces, la noche de la reunión de toda la manada, cogiólos, junto con
-Mowgli y con mamá Loba, y llevóselos á la Peña del Consejo, una cima
-cubierta de piedras y guijarros, donde podían ocultarse un centenar
-de lobos. Akela, el enorme y gris Lobo Solitario que había llegado á
-ser jefe de la manada gracias á su fuerza y habilidad, estaba echado
-cuan largo era sobre su peña, y más abajo se sentaban unos cuarenta
-lobos de todos tamaños y colores, desde los veteranos de color de tejón
-que podían habérselas á solas con un gamo, hasta los de tres años de
-edad que sólo presumían que habían de poder. El Lobo Solitario los
-guiaba á todos desde hacía un año. Dos veces había caído en una trampa
-allá en su juventud, y otra había sido apaleado hasta darlo ya por
-muerto: bien sabía, pues, los usos y costumbres de los hombres. Muy
-poco se habló en la reunión de la Peña. Los lobatos tropezaban unos
-con otros, cayéndose, en el centro del círculo donde sus respectivos
-padres y madres se sentaban, y de vez en cuando un lobo anciano se
-dirigía silenciosamente hacia uno de los cachorros, lo miraba con
-gran atención, y se volvía á su sitio sin producir el menor ruido. De
-pronto empujaba una madre su lobato hacia la luz de la luna para tener
-la seguridad de que no había pasado inadvertido. Desde su peña, Akela
-gritaba: «Ya sabéis lo que dice la Ley; ya lo sabéis. ¡Mirad bien,
-lobos!» Y las ansiosas madres repetían: «¡Mirad! ¡Mirad bien, lobos!»
-
-Al fin (y en aquel momento se le erizaron á mamá Loba todos los pelos
-del cuello), empujó papá Lobo á «Mowgli, la rana», como le llamaban,
-hacia el centro, donde se sentó, riendo y jugando con algunos guijarros
-que la luz de la luna hacía brillar.
-
-Akela, sin levantar la cabeza, que tenía puesta sobre las patas,
-continuó con su monótono grito: «¡Mirad bien!» Sordo rugido se elevó
-por detrás de las rocas; era la voz de Shere Khan que gritaba á su vez:
-
---El cachorro es mío, dádmelo. ¿Qué tiene que ver el Pueblo Libre con
-un cachorro humano?
-
-Akela no movía ni las orejas. No hizo más que decir:
-
---¡Mirad bien, lobos! ¿Qué tiene que ver el Pueblo Libre con los
-mandatos de cualquiera que no sea el mismo Pueblo? ¡Miradlo bien!
-
-Alzóse un coro de gruñidos, y un lobo joven, de unos cuatro años,
-recogió la pregunta de Shere Khan, dirigiéndose otra vez á Akela:
-
---¿Qué tiene que ver el Pueblo Libre con un cachorro humano?
-
-Ahora bien: la Ley de la Selva prescribe que, en el caso de
-disputársele á un cachorro el derecho á ser admitido por la manada, han
-de defenderle por lo menos dos de los miembros de ésta, que no sean su
-padre ó su madre.
-
- [Ilustración]
-
---¿Quién habla en favor de este cachorro? dijo Akela. ¿Quién, que
-pertenezca al Pueblo Libre, habla en favor suyo?
-
-Nadie contestó, y mamá Loba preparóse para lo que ya sabía ella que
-sería su última pelea, si al terreno de la lucha era preciso llegar.
-
-Entonces, el único animal de otra especie á quien se le permite tomar
-parte en el Consejo de la manada, Baloo, el soñoliento oso pardo, que
-enseña á los lobatos la Ley de la Selva, el viejo Baloo que puede ir y
-venir por donde se le antoja porque no come más que nueces, raíces y
-miel, se levantó en dos patas y gruñó.
-
---¿El cachorro humano...? dijo. Yo hablo en favor del cachorro. Ningún
-mal puede hacernos. No poseo el don de la palabra, pero digo la verdad.
-Dejadle correr con la manada, y contadlo como uno de tantos. Yo mismo
-le enseñaré.
-
---Necesitamos ahora que hable otro, dijo Akela. Baloo lo ha hecho ya, y
-él es el maestro de nuestros lobatos. ¿Quién toma la palabra además de
-él?
-
-Una sombra negra deslizóse hacia el círculo. Era Bagheera, la pantera
-negra, de un negro de tinta toda ella, pero con marcas en la piel,
-propias de la pantera, que según como les daba la luz parecían las
-aguas que llevan en la trama ciertas sedas. Todo el mundo conocía á
-Bagheera, y nadie gustaba de atravesarse en su camino, porque era tan
-astuta como Tabaqui, tan atrevida como el búfalo salvaje y tan sin
-freno como el elefante herido. Pero, con todo eso, tenía una voz suave
-como la miel silvestre que gota á gota se desprende de un árbol, y piel
-más fina que plumón.
-
---¡Akela, dijo como susurrando, y vosotros, Pueblo Libre! Yo no tengo
-derecho á mezclarme en vuestra asamblea; pero la Ley de la Selva dice
-que si alguna duda ocurre, que no sea relativa á alguna muerte,
-respecto á un nuevo cachorro, la vida de éste puede comprarse mediante
-un precio estipulado. Y la Ley no dice quién puede, ó no, pagar este
-precio. ¿Estoy en lo cierto?
-
---¡Bien, bien! dijeron los lobos más jóvenes, hambrientos siempre. ¡Que
-se oiga á Bagheera! El cachorro puede comprarse mediante un precio
-estipulado. La Ley lo dice.
-
---Como sé que no tengo derecho á hablar aquí, pido, para hacerlo,
-vuestro permiso.
-
---¡Habla, pues! gritaron á la vez veinte voces.
-
---Matar á un cachorro desnudo es una vergüenza. Por otra parte, puede
-seros muy útil en la caza cuando sea mayor. Baloo ha hablado ya en su
-defensa. Pues bien: á lo que él ha dicho añadiré yo la oferta de un
-toro, gordo, acabado de matar, á poca distancia de aquí, si aceptáis al
-cachorro humano, de acuerdo con lo que dice la Ley. ¿Tenéis algo qué
-objetar?
-
-Levantóse un clamor de docenas de voces que decían:
-
---¡Qué importa! ya se morirá cuando lleguen las lluvias del invierno.
-Ya le abrasarán vivo los rayos del sol. ¿En qué puede perjudicarnos una
-rana desnuda, como ésta? Dejadle que se junte á la manada. ¿Dónde está
-el toro, Bagheera? Aceptémoslo.
-
-Y entonces se oyó el profundo ladrido de Akela que decía:
-
---¡Miradlo bien, miradlo bien, lobos!
-
-Tan entretenido estaba Mowgli en jugar con los guijarros que no observó
-el acercársele de los lobos uno por uno y mirarle atentamente. Al fin,
-descendieron todos de la colina, en busca del toro muerto, exceptuando
-únicamente Akela, Bagheera, Baloo y los lobos de Mowgli.
-
-Shere Khan rugía aún? entre las sombras de la noche, rabioso por no
-haber logrado que le entregaran á Mowgli.
-
---¡Sí! ¡Ruge, ruge cuanto quieras! díjole Bagheera en sus propias
-barbas: ó yo no sé nada de lo que son hombres, ó vendrá día en que esa
-cosa que está ahí tan desnuda le hará á _vuesa merced_ rugir en muy
-distinto tono.
-
---Bien hemos hecho, dijo Akela. Los hombres y sus cachorros saben
-mucho. Con el tiempo podría ayudarnos.
-
---Verdaderamente... Puede ser nuestro apoyo en caso de necesidad;
-porque nadie es capaz de forjarse la ilusión de ser siempre director de
-la manada, dijo Bagheera.
-
-Akela no contestó. Pensaba en aquel tiempo que llega, al fin, para todo
-jefe de manada, en que las fuerzas le abandonan, en que se halla más
-débil cada día, hasta que, al cabo, lo matan los otros lobos, y viene
-un nuevo jefe á ocupar su puesto... para que lo maten también, cuando
-le toca el turno.
-
---Llévatelo, dijo á papá Lobo, y adiéstralo en cuanto debe saber quien
-pertenece al Pueblo Libre.
-
-Y así fué como Mowgli entró á formar parte de la manada de lobos de
-Seeonee, siendo un toro el precio pagado por su vida, y Baloo su
-defensor.
-
- * * * * *
-
-Ahora, contentaos con saltar diez ú once años y con adivinar lo
-estupenda que sería la vida de Mowgli entre los lobos, porque, á tener
-que escribirla, sabe Dios los libros que llenaría. Creció junto con los
-lobatos, aunque, naturalmente, ellos eran ya lobos hechos y derechos,
-antes de que hubiera salido él de la primera infancia, y papá Lobo le
-enseñó su oficio y el significado de cuanto en la selva había, hasta
-que cada crujido bajo la yerba; cada soplo del tibio aire de la noche;
-cada nota lanzada por el buho sobre su cabeza; cada ruido que producen
-los murciélagos, arañando, al descansar por un momento en un árbol;
-cada rumor que causa el pececillo al saltar en una balsa, significaron
-para él tanto como el trabajo de su oficina significa para el hombre de
-negocios. Cuando no aprendía algo se sentaba á tomar el sol ó dormía, y
-luego á comer y á dormir de nuevo; cuando sentía necesidad de limpieza,
-ó le molestaba el calor, se iba á nadar en las lagunas del bosque; en
-fin, cuando necesitaba miel (Baloo le había dicho que miel con nueces
-era comida tan delicada como la carne cruda), se encaramaba á los
-árboles para buscarla, y quien le enseñó á hacer esto fué Bagheera.
-
-Tendíase la pantera sobre una rama y le llamaba diciendo: «Ven acá,
-Hermanito,» y al principio Mowgli se agarraba torpemente, como el
-_perezoso_; mas luego saltaba por entre las ramas, de una á otra,
-con todo el aplomo de un mono gris. Ocupó, también, su puesto en el
-Consejo de la Peña, al reunirse la manada, y allí descubrió que mirando
-fijamente á un lobo le obligaba á bajar los ojos, lo que fué causa de
-que lo hiciera á menudo por mera diversión. Otras veces arrancaba de
-la piel de sus amigos las largas espinas que se les clavaban en ella;
-porque los lobos sufren horriblemente con las espinas y cadillos que
-se les quedan entre las lanas. Descendía también por la ladera de
-la colina, en plena noche, hasta llegar á las tierras de cultivo, y
-miraba curiosamente á los campesinos en sus chozas; pero desconfiaba
-de ellos, porque Bagheera le había enseñado una caja cuadrada con una
-puerta que se hundía al pisarla, y con tanta habilidad colocada entre
-la maleza que casi cayó él dentro. Bagheera le dijo que era una trampa.
-Nada fué tan de su gusto como perderse con la pantera por entre las
-tibias profundidades del bosque, dormir durante todo el pesado día, y
-contemplar por la noche cómo Bagheera se dedicaba á la caza. Mataba
-ella á diestro y siniestro según su apetito, y lo mismo hacía Mowgli,
-con una sola excepción. En cuanto tuvo suficiente edad para hacerse
-cargo de las cosas, Bagheera le dijo que se abstuviera de poner mano
-en cabeza alguna de ganado, porque su propia vida había sido rescatada
-mediante la entrega de un toro.
-
---Tuyo es cuanto hay en la selva, díjole Bagheera, y puedes matar todo
-lo que tus fuerzas te permitan; pero, por la memoria del toro que
-sirvió para comprar tu vida, no has de poner mano nunca en res alguna,
-ni aun para comerla, sea joven ó vieja. Esto es lo que prescribe la Ley
-de la Selva.
-
-Mowgli obedeció estrictamente lo que se le mandaba.
-
-Y creció, creció tan fuerte como debe de crecer el niño que no ha de
-preocuparse en estudiar las lecciones que por modo natural aprende, y
-para quién no hay otros cuidados que el de procurarse comida.
-
-Una ó dos veces díjole mamá Loba que desconfiara de Shere Khan, y
-que un día ú otro tendría que matarlo; pero, si un lobato se hubiera
-acordado de este consejo á cada momento, Mowgli lo olvidó por completo,
-como niño que era... aunque indudablemente él se hubiera calificado á
-sí mismo de lobo á haber podido hablar en lengua alguna de las que usan
-los hombres.
-
-Continuamente Shere Khan le salía al paso, porque como Akela se hacía
-ya viejo y perdía fuerzas cada día, el tigre cojo había llegado á tener
-gran amistad con los lobos más jóvenes de la manada que le seguían para
-recoger sus sobras, cosa que Akela no hubiera nunca tolerado á haberse
-atrevido á ejercer su autoridad llevándola hasta el extremo.
-
-En tales ocasiones, Shere Khan les halagaba manifestándose sorprendido
-de que tan jóvenes y excelentes cazadores se dejaran guiar por un lobo
-que estaba ya medio muerto y por un cachorro humano.
-
---Cuéntanme, les decía Shere Khan, que al hombrecito no os atrevéis á
-mirarle en los ojos cuando os reunís en el Consejo.
-
-Y los lobos le contestaban gruñendo, erizado el pelo.
-
-Bagheera, que parecía estar en todas partes viéndolo y oyéndolo todo,
-llegó á saber algo de esto, y más de una vez le explicó á Mowgli, en
-pocas palabras, que Shere Khan había de matarle algún día; á lo que
-Mowgli contestaba riéndose:
-
---Cuento con la manada y contigo; y hasta Baloo, con toda su pereza, no
-dejaría de dar algunos golpes en mi defensa. ¿Á qué inquietarme, pues?
-
-Un día en que el calor era extremado, ocurriósele á Bagheera una nueva
-idea, nacida de algo que había oído. Tal vez á Ikki, el puerco espín,
-debía la noticia, pero ello fué que dijo á Mowgli, cuando ambos estaban
-en lo más profundo de la selva, y mientras el muchacho reclinaba la
-cabeza sobre la hermosa, negra piel de Bagheera:
-
---¿Cuántas veces te he dicho, Hermanito, que Shere Khan es enemigo tuyo?
-
---Tantas como frutos tiene esta palmera, contestó Mowgli que,
-naturalmente, no sabía contar. ¡Bueno! ¡Y qué! tengo sueño, Bagheera, y
-Shere Khan no tiene más que mucha cola y muchas palabras... como Mao,
-el pavo real.
-
---No es ésta hora de dormir. Baloo sabe lo que te digo; lo sabe la
-manada, y sábenlo hasta los infelices, los simplícisimos ciervos. Á tí
-mismo, además, te lo ha dicho Tabaqui.
-
---¡Oh! contestó Mowgli. Vínome, no ha mucho, con impertinencias de
-que si yo era un desnudo _cachorro de hombre_ y que no servía ni para
-desenterrar raíces; pero lo cogí por la cola y le dí contra una palmera
-un par de veces para enseñarle á tener mejores modales.
-
---¡Valiente tontería! Porque aunque Tabaqui es un chismoso, te hubiera
-dicho algo que te interesa mucho. ¡Abre esos ojos, Hermanito! Shere
-Khan no se atreve á matarte en la selva; pero acuérdate de que Akela es
-ya muy viejo, y no tardará en llegar el día en que le será imposible
-cazar un sólo gamo. Ese día dejará de ser jefe. Muchos de los lobos
-que te admitieron cuando fuíste presentado al Consejo son ya viejos
-también, y los jóvenes creen, porque así se lo ha enseñado Shere Khan,
-que un cachorro humano no tiene derecho á estar en la manada. Dentro de
-poco serás ya un hombre.
-
---¿Qué es, pues, un hombre, que no puede juntarse con sus hermanos?
-dijo Mowgli. En la selva nací; su Ley he obedecido, y no hay un sólo
-lobo, entre los nuestros, de cuyas patas no haya yo arrancado alguna
-espina. ¿Cómo dudar de que son mis hermanos?
-
-Tendióse Bagheera cuan larga era, y, con los ojos medio cerrados, dijo:
-
---Toca ahí, Hermanito, bajo mi quijada.
-
-Levantó Mowgli su áspera y tostada mano, y debajo mismo de la sedosa
-barbilla de Bagheera, donde los enormes y rodantes músculos quedaban
-ocultos por el luciente pelo, halló un espacio raído.
-
---Nadie, en toda la extensión de la selva, sabe que yo, Bagheera, tenga
-esta marca... la marca que deja el collar; y, sin embargo, Hermanito,
-yo nací entre los hombres, y entre ellos murió mi madre... en las
-jaulas del Palacio Real, en Oodeypore. Este fué el motivo que me indujo
-á pagar por tí el precio convenido en el Consejo cuando no eras más que
-un desnudo cachorrillo. Sí, también yo nací entre los hombres. La selva
-era desconocida para mí.
-
-Alimentábanme en gamellas de hierro tras los barrotes de la jaula,
-hasta que una noche despertó en mí el sentimiento de que yo era
-Bagheera, la pantera, y no un juguete para diversión de los hombres,
-y entonces rompí de un zarpazo el estúpido cerrojo y me escapé; y
-precisamente porque había aprendido las costumbres de los hombres
-llegué á infundir en la selva más terror que Shere Khan. ¿No es cierto?
-
---Sí, dijo Mowgli: todos en la selva temen á Bagheera..., todos,
-excepto Mowgli.
-
---¡Oh!... Tú eres un cachorro humano, dijo con gran ternura la pantera
-negra, y del propio modo que yo he vuelto á mi selva, así debes tú
-volver, al fin, á donde están los hombres... los hombres que son tus
-hermanos. Esto, si no te matan antes en el Consejo.
-
---Pero ¿por qué? ¿Por qué ha de querer nadie matarme? dijo Mowgli.
-
---Mírame, contestóle Bagheera. Y Mowgli la miró fijamente en los ojos.
-La enorme pantera volvió, al cabo de algunos momentos, la cabeza.
-
---Por _esto_, dijo mudando de posición una de sus patas y colocándola
-sobre un lecho de hojas. Hasta á mí me es imposible mirarte en los
-ojos, y eso que yo nací entre los hombres, y te quiero, Hermanito. Los
-otros te odian porque su mirada no puede resistir el choque de la tuya;
-porque eres sabio; porque has arrancado espinas de sus patas... porque
-eres un hombre.
-
---No sabía nada de eso, contestó con aspereza Mowgli, arrugando las
-negras y pobladas cejas.
-
---¿Cuál es la Ley de la Selva? Pega primero y avisa después. Hasta por
-tu propio descuido conocen que eres un hombre. Pero sé prudente. Me da
-el corazón que en cuanto á Akela se le escape el primer gamo sobre el
-cual se arroje (y cada día va haciéndosele más difícil el apoderarse
-de los gamos que persigue), la manada se pondrá en contra de él y de
-tí. Celebraráse un Consejo de la Selva en la Peña, y entonces... y
-entonces... Ya tengo una idea, dijo Bagheera levantándose de un salto.
-Vete inmediatamente á donde los hombres tienen sus chozas, allá en el
-valle, y coge una parte de la Flor Roja que allí cultivan, á fin de que
-en el momento oportuno puedas contar con un apoyo más fuerte que yo, ó
-que Baloo, ó los que bien te quieren en la manada. Anda, ve á buscar la
-Flor Roja.
-
-Lo que Bagheera quería significar al hablar de la Flor Roja era el
-fuego; pero no hay en toda la selva ser viviente que quiera llamar al
-fuego por su nombre. Sienten ante él todas las fieras un miedo mortal,
-é inventan cien maneras diferentes de describir lo que tal pavor les
-causa.
-
---¿La Flor Roja? dijo Mowgli. Es la que á la hora del crepúsculo crece
-fuera de las chozas. Yo la cogeré.
-
---Así deben hablar los cachorros de los hombres, dijo Bagheera con
-orgullo. Acuérdate de que la flor crece en unas macetas pequeñas.
-Arrebatas una y la guardas para cuando llegue la hora en que puedas
-necesitarla.
-
---¡Bueno! dijo Mowgli. Allá voy. Pero ¿estás segura, ¡Bagheera mía! (y
-al decir esto le deslizó un brazo en torno del espléndido cuello y la
-miró profundamente en los grandes ojos), estás segura de que todo esto
-es obra de Shere Khan?
-
---Por el Cerrojo que me dió la libertad, te aseguro que sí, Hermanito.
-
---Pues, entonces, por el Toro que sirvió para comprar mi vida, te
-prometo que voy á saldar mis cuentas con Shere Khan, y es posible que
-le pague aun algo más de lo que le debo. Al decir esto salió disparado.
-
---He aquí á un hombre... todo un hombre, dijo, entre sí, Bagheera,
-tendiéndose en el suelo nuevamente. ¡Ah, Shere Khan, nunca te metiste
-en más funesta cacería que en la de esta rana, diez años atrás!
-
-Mowgli había ido alejándose por el interior del bosque, á todo correr,
-ardiéndole el corazón en el pecho. Llegó á la cueva á la hora en que
-comenzaba á elevarse la niebla vespertina, paróse para tomar aliento,
-y miró hacia el fondo del valle. Los lobatos habían salido, pero mamá
-Loba, desde las profundidades de la caverna, conoció por el modo de
-respirar que algo le pasaba á su _rana_.
-
---¿Qué hay, hijo? exclamó.
-
---Charlatanismos, propios de murciélago, de ese Shere Khan, respondió
-Mowgli. Esta noche cazo en terreno labrantío, añadió, y enseguida
-hundióse entre los arbustos, dirigiéndose hacia el sitio por donde
-corrían las aguas en el fondo del valle. Detúvose allí porque oyó los
-salvajes alaridos de la cacería en que se hallaba la manada; el mugido
-del _sambhur_ cuando le persiguen; el resoplar del gamo que se ve
-acorralado. Entonces resonó un coro de perversos é insultantes aullidos
-que partían de los lobos más jóvenes:
-
---¡Akela! ¡Akela! Dejad que el Lobo Solitario muestre su fuerza,
-decían. ¡Paso al Jefe de la manada! ¡Salta, Akela!
-
-El Lobo Solitario debió de saltar, sin duda, equivocando el golpe,
-porque Mowgli oyó el castañeteo de los dientes y luego una especie de
-ladrido cuando el _sambhur_ le hizo rodar por el suelo empujándole con
-las patas delanteras.
-
-No esperó ya más para ver lo que sucedía. Siguió adelante, y los
-gritos fueron oyéndose cada vez más débiles á medida que se alejaba en
-dirección á las tierras de labor, en las cuales vivían los campesinos.
-
---Bagheera estaba en lo cierto, dijo resollando fuerte, mientras se
-arrellanaba sobre unos forrajes que halló bajo la ventana de una choza.
-Mañana será un día importante para Akela y para mí.
-
-Pegó, entonces, la cara á la ventana, y miró el fuego que ardía en el
-suelo. Vió á la mujer del labriego levantarse y arrojar, por la noche,
-sobre las llamas, unos pedazos de algo negro; y al llegar la mañana,
-cuando todo estaba envuelto en blanca y fría neblina, vió á un rapaz,
-hijo del campesino, coger una especie de maceta de mimbres, enjalbegada
-interiormente con tierra, llenarla de encendidas brasas, colocarla bajo
-una manta, y salir para cuidar de las vacas en el establo.
-
---¿Y esto es todo? dijo Mowgli. Si un cachorro como éste puede hacerlo,
-entonces nada hay que temer. Dobló la esquina de la casa, corrió hacia
-el muchacho, le arrebató aquélla especie de maceta y desapareció
-con ella entre la niebla, mientras el chico se quedaba chillando
-atemorizado.
-
---Mucho se me parecen, dijo Mowgli, soplando en la maceta, como había
-visto que la mujer hacía. Esto se me va á morir si no lo alimento,
-añadió. Y comenzó á arrojar ramitas de árbol y cortezas secas sobre
-aquella materia de un rojo tan vivo. Hacia media colina hallóse con
-Bagheera, cuya piel, con el rocío matinal, parecía salpicada de piedras
-preciosas.
-
---Akela ha errado el golpe; dijo la pantera. Á no haber sido porque te
-necesitaban también á tí, lo hubieran muerto ayer noche. En busca tuya
-fueron á la colina.
-
---Yo andaba, entonces, por las tierras de labor. Ya estoy listo. ¡Mira!
-
-Y Mowgli levantó la especie de maceta llena de fuego.
-
---¡Bien! Ahora falta otra cosa: yo he visto á los hombres arrojar una
-rama seca sobre esto, y al poco rato la Flor Roja se abría al extremo
-de la rama. ¿No tienes miedo de hacer otro tanto?
-
---No. ¿Por qué he de tenerlo? Recuerdo ahora (si no es todo ello
-un sueño) como, antes de ser lobo, me acosté junto á la Flor Roja,
-hallándola caliente y agradable.
-
-Todo el día lo pasó Mowgli sentado en la caverna, cuidando de su maceta
-y metiendo en ella ramas secas, para ver el efecto que producían
-después. Halló una á su gusto, y, al anochecer, cuando Tabaqui llegó á
-la cueva y le dijo, con harta rudeza, que le necesitaban en el Consejo
-de la Peña, se estuvo riendo hasta que Tabaqui echó á correr. Entonces
-se dirigió hacia el Consejo, pero riéndose aún.
-
-Akela, el Lobo Solitario, estaba echado junto á su roca, como signo de
-que la jefatura de la manada se hallaba vacante, y Shere Khan, con su
-cohorte de lobos ahitos de sus sobras, paseábase de un lado á otro con
-aire resuelto y satisfecho. Bagheera estaba echada junto á Mowgli, y
-éste tenía, entre las piernas, la maceta del fuego. Cuando estuvieron
-todos reunidos, Shere Khan empezó á hablar, lo que jamás se hubiera
-atrevido á hacer en los buenos tiempos de Akela.
-
---No tiene derecho á esto, murmuró Bagheera. Díselo. Ese es de casta de
-perro: verás como se atemoriza.
-
-Mowgli púsose en pie.
-
---¡Pueblo libre! gritó, ¿es, acaso, Shere Khan quien dirige la manada?
-¿Qué tiene que ver un tigre con nuestra jefatura?
-
---Viendo que el puesto está vacante, y habiéndoseme suplicado que
-hablara... comenzó á decir Shere Khan.
-
---¿Quién lo ha suplicado? ¿Por ventura nos hemos vuelto todos chacales
-para estar adulando á este carnicero, matador de reses? La jefatura de
-la manada pertenece exclusivamente á miembros de la manada misma.
-
-Oyéronse feroces aullidos que significaban:
-
---¡Silencio, _cachorro de hombre_!
-
---Dejadle hablar. Ha observado fielmente nuestra Ley.
-
-Al fin los ancianos de la manada gritaron con voz tonante:
-
---¡Dejad que hable el Lobo Muerto!
-
-Cuando un jefe de la manada ha errado el golpe en la caza, dejando de
-matar á la pieza que perseguía, recibe el nombre de Lobo Muerto en todo
-lo que le queda de vida, que no es mucho por regla general.
-
-Akela levantó con aire de fatiga la cabeza en que la vejez había
-impreso su sello:
-
---¡Pueblo Libre, dijo, y vosotros también, chacales de Shere Khan!
-Durante doce estaciones os he llevado á la caza, y de ella os he
-vuelto sin que ni uno de vosotros cayera en trampa alguna ó quedara
-inutilizado. Ahora he errado el golpe. Bien sabéis cómo vosotros mismos
-me llevasteis á atacar á un gamo que no había sido corrido previamente,
-para que así se viera más clara mi debilidad. Hábiles han sido vuestros
-manejos. Tenéis derecho á matarme ahora mismo, aquí, en el Consejo de
-la Peña. Por lo tanto no pregunto más que esto: ¿quién es el que va á
-quitar la vida al Lobo Solitario? Porque también á mí me asiste otro
-derecho, según la Ley de la Selva: el de exigir que os acerquéis á mí
-uno á uno.
-
-Reinó entonces prolongado silencio, porque á ningún lobo le parecía muy
-agradable el tener un duelo á muerte con Akela.
-
-De pronto Shere Khan rugió:
-
---¡Bah! ¿Qué nos importa lo que diga ese viejo chocho y sin dientes?
-¡No tardará en morirse! El hombrecito ese es quien ha vivido ya
-demasiado... ¡Pueblo Libre! Mi presa fué desde el primer día: dádmelo.
-Cansado estoy ya de ese loco empeño de hacer de él un hombre-lobo.
-Durante diez estaciones no ha hecho más que molestar á todo el mundo
-en la Selva. Dadme á ese hombrecito, ó de lo contrario os prometo que
-he de cazar siempre aquí y no he de daros ni un solo hueso. El es un
-hombre, un chiquillo de los que los hombres tienen, y yo le odio hasta
-los tuétanos.
-
-Entonces, más de la mitad de los lobos que formaban la manada aulló:
-
---¡Un hombre! ¡Un hombre! ¿Qué tiene que ver con nosotros hombre
-alguno? ¡Qué se vaya con los suyos!
-
---¿Y que vaya á alzar contra vosotros á toda la gente de los pueblos?
-No: dádmelo á mí. Es un hombre, y ninguno de nosotros puede mirarle de
-hito en hito en los ojos.
-
-Akela levantó de nuevo la cabeza y dijo:
-
---De lo nuestro ha comido; con nosotros durmió hasta hoy; nos ha
-proporcionado caza; nada ha hecho que sea contrario á la Ley de la
-Selva...
-
---Además, yo pagué por él un toro cuando se le aceptó. Poco vale
-un toro; pero el honor de Bagheera es algo por lo cual acaso esté
-dispuesta á pelearse, dijo la pantera con voz que suavizó cuanto pudo.
-
---¡Un toro que fué pagado diez años atrás! gruñeron entre dientes los
-lobos de la manada. ¡Qué nos importan unos huesos roídos hace ya diez
-años!
-
---¿O, mejor, qué os importa una promesa? dijo Bagheera mostrando sus
-blancos dientes por debajo del labio. ¡Bien os sienta ese nombre de
-Pueblo Libre!
-
---Un cachorro humano no puede juntarse con el Pueblo de la Selva, rugió
-Shere Khan. ¡Entregádmelo!
-
---Por todo es nuestro hermano, excepto por la sangre, siguió diciendo
-Akela. ¡Y vosotros quisierais matarle aquí! En verdad que harto he
-vivido. Algunos de vosotros se alimentan de ganado, y de otros he oído
-decir que, bajo la dirección de Shere Khan, van de noche, protegidos
-por la oscuridad, á robar niños á las mismas puertas de las aldeas.
-De ello deduzco que sois cobardes, y que á cobardes estoy hablando.
-Cierto que he de morir, y mi vida carece ya de valor, mas, á tenerlo,
-yo la ofrecería en lugar de la del hombrecito. Pero por el honor de la
-manada (una bagatela de la cual os habéis olvidado desde que estáis
-sin jefe), yo os prometo que, si dejáis á ese hombre-cachorro volver
-con los suyos, no he de enseñaros los dientes cuando me llegue la hora
-de morir. Esperaré la muerte sin resistencia. Lo menos tres vidas se
-ahorrarán así. No puedo hacer más; pero si asentís á lo que os digo, no
-pasaréis por la vergüenza de matar á un hermano que ningún delito ha
-cometido... un hermano cuya vida fué defendida y comprada, de acuerdo
-con la Ley de la Selva, cuando se le incorporó á nuestra manada.
-
---¡Es un hombre... un hombre... un hombre! gruñeron los lobos, y la
-mayor parte de ellos comenzó á agruparse en torno de Shere Khan, que se
-azotaba los ijares con la cola.
-
---En tus manos está ahora el asunto, dijo Bagheera á Mowgli. Ni tú ni
-yo podemos hacer ya más que luchar contra todos.
-
-Púsose Mowgli en pie llevando entre las manos la maceta del fuego.
-Estiró los brazos y bostezó mirando hacia el Consejo; pero estaba loco
-de ira y de pena al ver que los lobos, procediendo como lo que eran, le
-habían ocultado siempre el odio que por él sentían.
-
---¡Escuchadme! gritó. Ninguna necesidad hay de que estéis aquí
-charlando como si fuerais perros. Tantas veces me habéis dicho ya esta
-noche que soy un hombre (y en verdad que, por mi gusto, hubiera sido
-un lobo hasta el fin de mi vida), que empiezo á comprender que estáis
-en lo cierto. En adelante, no os llamaré ya hermanos míos, sino _sag_
-(perros) como os llamaría un hombre. Lo que haréis, ó dejaréis de
-hacer, no sois vosotros los llamados á decirlo. Asunto es éste que me
-corresponde á mí; y para que podáis haceros cargo de él más claramente,
-yo, el hombre, he traído aquí una pequeña porción de la Flor Roja que
-tanto os atemoriza á vosotros, como perros que sois.
-
-Arrojó al suelo la maceta del fuego, y algunas de las brasas prendieron
-en un montón de seco musgo, que ardió al punto, mientras todo el
-Consejo retrocedía aterrorizado al ver elevarse las llamas.
-
-Lanzó Mowgli sobre el fuego la rama que llevaba, y cuando ésta se
-encendió chisporroteando, comenzó á agitarla rápidamente por encima de
-los acobardados lobos.
-
---Ya no hay aquí más amo que tú, dijo Bagheera en voz baja. Salva la
-vida á Akela: fué siempre tu amigo.
-
-Akela, el serio y ya viejo lobo que en su vida había pedido á nadie
-misericordia, dirigió á Mowgli una triste mirada, mientras éste se
-erguía completamente desnudo, la larga y negra cabellera caída sobre
-los hombros, iluminado por las llamas de la encendida rama que agitaba
-las sombras y las hacía temblar.
-
---¡Bueno! dijo Mowgli tendiendo pausadamente la mirada en torno suyo.
-Veo que no sois más que unos perros. Os dejo para irme con mi gente...
-si hay en el mundo semejante cosa. La selva es desde hoy campo vedado
-para mí, y es fuerza que olvide vuestra amistad; pero voy á mostrarme
-más generoso que vosotros: por la sola razón de que, exceptuando el ser
-hermano por la sangre, yo lo he sido todo para vosotros, os prometo
-que, cuando sea un hombre entre los hombres, no he de haceros traición,
-como vosotros me la habéis hecho á mí.
-
-Dió al fuego un puntapié, y el aire se llenó de chispas.
-
---No habrá guerra, prosiguió, entre nosotros. Pero antes de dejaros,
-he de solventar una deuda. Dirigióse á grandes pasos hacia el sitio
-donde Shere Khan estaba sentado sobre sus patas, parpadeando con aire
-atontado al mirar las llamas, y cogióle por el puñado de pelo que tenía
-bajo la barba. Bagheera siguió á entrambos, en previsión de lo que
-pudiera ocurrir.
-
---¡Levántate, perro! gritó Mowgli. ¡Levántate cuando te habla un
-hombre, ó, de lo contrario, te abraso la piel!
-
-Shere Khan bajó las orejas hasta dejarlas como aplastadas sobre su
-cabeza, y cerró los ojos, porque vió muy cerca de él la rama ardiendo.
-
---Ese cazador de reses dijo que me mataría en el Consejo, porque no
-pudo matarme cuando yo no era más que un cachorro. Así es como nosotros
-pagamos á los perros cuando llegamos á ser hombres. ¡Mueve no más que
-uno de tus bigotes, Lungri, y te hundo la Flor Roja en el gaznate!
-
-Pególe á Shere Khan en la cabeza con la rama, y el tigre gimoteó con
-plañidera voz, como agonizante de terror.
-
---¡Bah! ¡Anda ahora, chamuscado gato de la Selva! Pero acuérdate de lo
-que te digo: cuando yo vuelva al Consejo de la Peña, como es bien que
-un hombre vuelva, será cubriendo mi cabeza con tu piel. Por lo demás,
-Akela queda en libertad de vivir, y del modo que mejor guste. No le
-mataréis, porque no es ésta mi voluntad. Ni pienso, tampoco, que vais á
-estar aquí más tiempo con la lengua colgando, como si fuerais algo más
-que perros que yo arrojo de este lugar... Por lo tanto ¡largo de ahí!
-
-Ardía furiosamente el extremo de la rama, y Mowgli comenzó á vapulear
-con ella, á derecha é izquierda, á los que formaban el círculo, con lo
-cual echaron á correr los lobos aullando, al sentir que las chispas les
-quemaban el pelo. No quedaron, al fin, más que Akela, Bagheera y unos
-diez lobos que se habían puesto del lado de Mowgli. Entonces sintió
-éste en su interior una pena como jamás la había experimentado antes,
-y, tomando aliento, sollozó, y las lágrimas corrieron por su rostro.
-
---¿Qué es eso?... ¿Qué es eso? dijo. No quisiera abandonar la Selva, y
-no sé qué es lo que me ocurre. ¿Me estoy muriendo, acaso, Bagheera?
-
---No, Hermanito. Eso no son más que lágrimas, como las que derraman los
-hombres, díjole Bagheera. Ahora sí que eres _un hombre_, y no ya un
-cachorro humano, como antes. En verdad que la Selva se ha cerrado para
-tí desde hoy. Déjalas correr, Mowgli: no son más que lágrimas.
-
-Sentóse, pues, Mowgli, y lloró como si el corazón fuera á rompérsele á
-pedazos. Era la primera vez que lloraba.
-
---Ahora, dijo, me voy con los hombres. Pero antes he de despedirme de
-mi madre; y así diciendo fuése á la caverna donde ella vivía junto con
-papá Lobo, y sobre su piel derramó nuevas lágrimas, mientras los cuatro
-lobatos aullaban tristemente.
-
---¿No me olvidaréis? dijo Mowgli.
-
---Nunca, mientras podamos seguir una pista, dijeron los cachorros.
-Cuando seas un hombre, ven hasta el pie de la colina y hablaremos
-contigo. Nosotros iremos también, de noche, á las tierras de cultivo, y
-allí jugaremos juntos.
-
---¡Vuelve pronto! dijo papá Lobo. ¡Vuelve pronto, ranita sabia, porque
-tanto tu madre como yo somos ya viejos!
-
---¡Vuelve pronto! repitió mamá Loba, desnudito hijo mío; porque... oye
-lo que voy á decirte... siempre te he querido á tí más, con todo y ser
-hijo de un hombre, que á mis cachorros.
-
---Sin duda que volveré, dijo Mowgli; y cuando lo haga será para tender
-sobre la Peña del Consejo la piel de Shere Khan. ¡No me olvidéis!
-¡Decidles á todos en la Selva que tampoco me olviden nunca!
-
-Rayaba el alba cuando Mowgli bajó de la colina, completamente solo,
-para ir en busca de esos misteriosos seres que se llaman hombres[5].
-
-
- =Canción de caza de la manada de Seeonee=
-
- Al rayar la aurora--el _sambhur_ baló
- ¡una, dos veces, tres!
- y del lago donde--va el ciervo á beber
- un gamo saltó--un gamo saltó.
- Yo sólo, en acecho,--lo he podido ver,
- ¡una, dos veces, tres!
-
- Al rayar la aurora--el _sambhur_ baló
- ¡una, dos veces, tres!
- Y atrás volvió un lobo,--volvió un lobo atrás
- la nueva llevando--pronto á los demás:
- de la hallada pista--nos vamos detrás,
- ¡una, dos veces, tres!
-
- Al rayar la aurora--la tribu rugió
- ¡una, dos veces, tres!
- ¡Pies que van pisando--sin huella dejar!...
- ¡Ojos que en la noche--ven claro al mirar!...
- ¡Y gritos y estruendo--y torna á escuchar!...
- ¡Una, dos veces, tres!
-
- [Ilustración]
-
-
- NOTAS:
-
-[4] Usa el autor palabras de su invención para remedar las voces de
-los animales. Consérvolas lo mismo, ó casi lo mismo, en la traducción,
-suprimiendo, á veces, alguna letra, inútil en castellano.--N. DEL T.
-
-[5] No es éste el único cuento del _Libro de las tierras vírgenes_
-en que aparece la figura de Mowgli. Repetidas veces la pone el autor
-en escena, sin seguir un riguroso orden, saltando de unos á otros
-asuntos en cada cuento. Fácilmente hubieran podido agruparse todos
-los relativos á Mowgli formando serie, y tengo noticia de que hay
-una edición norteamericana de esta obra que así lo ha hecho. Aquí se
-publican en la misma forma en que se hallan en las obras completas del
-autor. (Macmillan and C.^o, Londres, 1899).
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LA CAZA DE KAA
-
- Sus manchas son orgullo del Leopardo,
- sus cuernos son del búfalo el honor.
- Sé limpio, que la fuerza del que caza
- se juzga de la piel por el color.
- Si te ocurre que un toro te voltea,
- ó pruebas del _sambhur_ una cornada,
- no dejes el trabajo por contarlo,
- que es cosa que tenemos ya olvidada.
- Nunca maltrates al cachorro ajeno;
- mírale como á un hijo de tu padre,
- que, aunque pequeño y torpe, es muy posible,
- que á una osa, tal vez, tenga por madre.
- ¡No hay nadie como yo! dice el cachorro,
- cuando derriba la primera pieza;
- pero grande es la Selva y él pequeño;
- deja que piense en calma, que ahora empieza.
-
- _Máximas de Baloo._
-
-
-Cuanto aquí se refiere ocurrió algún tiempo antes de que Mowgli fuera
-arrojado de la manada de lobos de Seeonee, y se vengara de Shere Khan,
-el tigre. Era en la época en que Baloo le enseñaba la Ley de la Selva.
-El serio, viejo y enorme oso pardo estaba contentísimo con un discípulo
-tan listo, porque los lobatos no quieren aprender de la Ley de la Selva
-más que lo que se refiere á su propia manada y tribu; escapándose en
-cuanto saben de memoria estas palabras de la «Canción de caza»: «Pies
-que no causan el menor ruido; ojos que ven en la oscuridad; orejas que
-pueden oir los diferentes vientos desde el cubil; blancos y afilados
-dientes: todo esto son señales características de nuestros hermanos,
-exceptuando á Tabaqui, el Chacal, y á la Hiena, que odiamos».
-
-Pero Mowgli, que era un hombrecito, tuvo que aprender bastante más.
-Algunas veces Bagheera, la pantera negra, se acercaba, curioseando por
-la selva, para ver cómo le iba á su niño mimado, y, apoyando la cabeza
-contra un árbol, escuchaba, con sordo ronquido, la lección que Mowgli
-recitaba á Baloo. Sabía el muchacho trepar á los árboles casi tan bien
-como nadar, y nadar casi con igual habilidad que correr; por lo cual
-Baloo, el Maestro de la Ley, le enseñó las del Bosque y del Agua: cómo
-puede distinguirse una rama carcomida de otra sana; cómo tenía que
-hablar cortesmente á las abejas silvestres cuando encontrara una de sus
-colmenas á quince metros sobre el nivel del suelo; qué es lo que había
-de decir á Mang, el murciélago, cuando fuera á molestarle entre las
-ramas en mitad del día; cómo tenía que avisar á las serpientes de agua
-que viven en las lagunas, antes de lanzarse al agua entre ellas. Ni uno
-sólo de los habitantes de la Selva gusta de que le molesten, y todos
-están siempre muy dispuestos á arrojarse sobre los intrusos. Después de
-esto, aprendió Mowgli también la «Consigna del cazador forastero», que
-hay que ir repitiendo en alta voz hasta que sea contestada, siempre que
-alguno de los habitantes de la Selva caza fuera de su propio terreno.
-Traducida la consigna, significa: «Dame permiso para cazar aquí, porque
-tengo hambre». Y la respuesta dice: «Caza, pues, para buscar comida,
-pero no para tu recreo».
-
-Todo esto os demostrará las muchas cosas que tuvo que aprender Mowgli
-de memoria, llegando á cansarse ya de tanto repetir lo mismo más de
-cien veces; pero es lo que le dijo Baloo á Bagheera un día en que hubo
-que pegarle y el muchacho se marchó malhumorado:
-
---Un cachorro humano es un cachorro humano, y tengo el deber de
-enseñarle _toda_ la Ley de la Selva.
-
---Pero ten presente lo pequeño que es, dijo la pantera negra, que
-hubiera echado á perder á Mowgli si ella hubiera podido educarle á su
-modo. ¿Cómo pueden caber en cabeza tan chica todos tus largos paliques?
-
---¿Hay, acaso, en la Selva cosa alguna que de puro pequeña no pueda
-matarse? No. Pues bien: por esta razón le enseño todo eso, y por lo
-mismo le pego, con mucha suavidad, cuando se le olvida algo.
-
---¡Con suavidad! ¿Qué sabes tú de suavidades, viejo Patas-de-hierro?
-gruñó Bagheera. Toda la cara le has llenado hoy de cardenales con tu...
-suavidad. ¡Uf!...
-
---Valdría más que estuviera lleno de cardenales de cabeza á pies,
-mientras fueran causados por mí, que le quiero, que no que le ocurriera
-alguna desgracia por ignorancia, contestó Baloo con suma gravedad.
-Ahora le estoy enseñando las Palabras Mágicas de la Selva, que han
-de protegerle contra los pájaros, contra el Pueblo de las Serpientes
-y contra todo cuadrúpedo que caza, excepto contra su propia manada.
-Desde hoy, con sólo recordar tales palabras, podrá ya pedir protección
-á todos los habitantes de la Selva. ¿No vale esto la pena de recibir
-algunos golpes?
-
---Bien, pero cuidado con matar al hombrecito. No es ningún tronco de
-árbol para que vayas á afilar en él tus embotadas garras. Pero, dime,
-¿qué Palabras Mágicas son ésas de que estás hablando? Más probable es
-que tenga yo que prestar ayuda á alguien, que pedirla (y, al decir
-esto, estiró Bagheera una de sus patas, contemplando con admiración
-los acerados cinceles de sus garras); sin embargo, añadió, me gustaría
-saberlo.
-
---Llamaré á Mowgli y él te dirá esas palabras... si se le antoja. ¡Ven,
-Hermanito!
-
---Tengo la cabeza como un árbol lleno de abejas que zumban, dijo por
-encima de los que hablaban una vocecilla malhumorada, y Mowgli, en el
-colmo de la indignación, se deslizó por el tronco de un árbol añadiendo
-al echar pie á tierra:
-
---¡Si vengo es por Bagheera y no por tí, Baloo, viejo gordiflón!
-
---Lo mismo me da, dijo Baloo, aunque le hiriera en lo vivo y le apenara
-la contestación. Dile, pues, á Bagheera las Palabras Mágicas de la
-Selva, que te he enseñado hoy.
-
---¿Las Palabras Mágicas... para qué Pueblo? dijo Mowgli contentísimo al
-ver la ocasión que se le ofrecía para exhibirse. En la Selva hay muchos
-lenguajes. Yo los sé todos.
-
---Algo de ellos sabes, pero no mucho. ¿Ves, Bagheera? Nunca se muestran
-agradecidos con quien les enseña. Jamás un sólo lobato ha venido á dar
-las gracias á Baloo por sus enseñanzas. Vamos, dí, pues, las palabras
-para el Pueblo Cazador... ¡gran sabio!
-
---«Tú y yo somos de la misma sangre», dijo Mowgli dando á las palabras
-el acento especial de oso que usan todos los que cazan allí.
-
---Bueno. Ahora las que sirven para los pájaros.
-
-Repitiólas Mowgli, terminando la frase con el silbido característico
-del milano.
-
---Ahora las que son para el Pueblo de las Serpientes, dijo Bagheera.
-
-La contestación fué un silbido indescriptible, tras el cual hizo
-Mowgli una salvaje pirueta, batió palmas para celebrar su propia
-habilidad y de un salto se colocó sobre el lomo de Bagheera, sentándose
-de medio lado y dándole con los talones sobre la reluciente piel,
-mientras le hacía á Baloo las más horrorosas muecas.
-
---¡Ea! ¡Ea! ¡Bien merecido tenías el cardenal! dijo, con ternura,
-el oso pardo. Algún día me lo agradecerás. Volvióse, entonces, para
-decirle á Bagheera cómo había pedido á Hathi, el Elefante Salvaje, que
-sabe todas esas cosas, que le dijera las Palabras Mágicas, y, cómo
-Hathi llevó á Mowgli á una laguna para obtener de una serpiente de agua
-la Palabra que sirve para todas las Serpientes, porque Baloo no podía
-pronunciarla; finalmente, cómo Mowgli podía considerarse ya á salvo de
-todas las eventualidades que pudieran presentársele en la Selva, porque
-ni serpientes, ni pájaros, ni fieras le causarían daño alguno.
-
---No hay que temer á nadie, dedujo de lo expuesto Baloo, dándose suaves
-golpecitos con aire de orgullo sobre el enorme y peludo vientre.
-
---Excepto á los de su propia tribu, dijo Bagheera para sí. Y añadió
-luego, en voz alta, dirigiéndose á Mowgli:
-
---¡Ten un poco de cuidado con mis costillas, Hermanito! ¿Qué significa
-tanto bailoteo?
-
-Mowgli había intentado repetidas veces hacerse oir estirándole á
-Bagheera la piel del hombro y dándole fuertemente con los pies.
-
-Cuando los dos le escucharon gritó á voz en cuello:
-
---De modo que yo tendré una tribu de mi propiedad y la dirigiré por
-entre las ramas durante todo el día.
-
---¿Qué nueva locura es ésa? ¿Ya estás haciendo castillos en el aire?
-dijo Bagheera.
-
---Sí, y le tiraré ramas y porquería al viejo Baloo, continuó diciendo
-Mowgli. Me lo han prometido. ¡Ah!
-
---_¡Woof!_ La gruesa pata de Baloo arrojó á Mowgli del sitio en que
-estaba sentado sobre la espalda de Bagheera, y desde el suelo donde,
-frente á sus patas delanteras, quedó tendido, pudo ver que el oso
-estaba incomodado.
-
---Mowgli, dijo Baloo, tú has hablado con los _Bandar-log_ (el Pueblo de
-los Monos).
-
-Mowgli miró á Bagheera para ver si la pantera se había incomodado
-también, y vió que los ojos de ésta tenían tan dura expresión como si
-fueran dos piedras de jade.
-
---Tú has estado con el Pueblo de los Monos... con los monos grises...
-el pueblo sin Ley... los que comen cuanto se les presenta. ¡Qué
-vergüenza!
-
---Cuando Baloo me hizo daño en la cabeza, dijo Mowgli que seguía aún
-tendido de espaldas, me marché, y entonces los monos grises bajaron de
-los árboles y se acercaron compadeciéndome. Nadie más que ellos me hizo
-caso. Y al decirlo, su voz se alteró un poco.
-
---¡La piedad del Pueblo de los Monos! refunfuñó Baloo. ¡La quietud del
-torrente que baja del monte! ¡El fresco de un sol de verano! ¿Y qué
-ocurrió después, hombrecito?
-
---Después... después... Diéronme nueces y muy buenas cosas que comer,
-y... y me llevaron en brazos á lo más alto de los árboles... y dijeron
-que yo era su hermano, que éramos de la misma sangre, sólo que yo no
-tenía cola, y que algún día sería su jefe.
-
---No tienen jefe, dijo Bagheera. Mienten. Siempre han mentido.
-
---Conmigo fueron muy amables y me rogaron que volviera á verles. ¿Por
-qué no me habéis llevado nunca á donde está el Pueblo de los Monos?
-Andan en dos pies como yo. No me pegan, no tienen las patas duras...
-Juegan todo el día. ¡Dejadme subir á donde están ellos! ¡Baloo, malo!
-¡Déjame subir! Jugaremos otra vez.
-
---Oye, hombrecito, dijo el oso, y su voz retumbó como un trueno en
-noche calurosa. Te he enseñado toda la Ley de la Selva para que te
-sirva con todos los pueblos que en la selva existen... excepto el de
-los Monos que viven en los árboles. Esos no tienen Ley. Esos son los
-repudiados de todo el mundo. No poseen lenguaje propio, sino que usan
-palabras robadas que oyen por casualidad cuando escuchan, y atisban, y
-están en acecho allá arriba en las ramas. Su camino no es el nuestro.
-No tienen jefes. No tienen memoria. Presumen, y charlan, y pretenden
-ser un gran pueblo ocupado en asuntos importantísimos; pero la caída
-de una nuez desde el árbol les provoca la risa y basta para que todo
-lo olviden. Nosotros, los de la Selva, no nos tratamos con ellos. No
-bebemos donde los monos beben; no vamos á donde los monos van; no
-cazamos donde ellos cazan; no morimos donde ellos mueren. ¿Me has oído
-antes de ahora hablar de los _Bandar-log_?
-
---No, dijo Mowgli en voz muy baja, pues el silencio fué completo en el
-bosque, en cuanto calló Baloo.
-
---El Pueblo de la Selva los tiene desterrados de su boca y de su
-pensamiento. Son muchísimos, malos, sucios, desvergonzados, y desean,
-si es que puede decirse de ellos que tengan algún deseo fijo, llamar
-nuestra atención. Pero nosotros no les hacemos caso, ni siquiera cuando
-arrojan sobre nuestras cabezas nueces é inmundicias.
-
-Apenas había acabado de hablar cuando una lluvia de nueces y de ramas
-cayó desde las copas de los árboles, mientras se oían toses, aullidos y
-rumor de saltos por entre el ramaje.
-
---Al Pueblo de la Selva, dijo Baloo, le está _prohibido_ todo trato
-con el Pueblo de los Monos. Acuérdate.
-
---_Prohibido_, dijo Bagheera; pero paréceme que Baloo debía haberte
-prevenido antes contra ellos.
-
---¿Yo?... ¿Yo? ¿Cómo podía yo adivinar que iba á ocurrírsele el jugar
-con gentuza de esta calaña? ¡El Pueblo de los Monos! ¡Qué asco!
-
-Nueva lluvia cayó sobre ellos, y ambos echaron á correr hacia otro
-sitio, llevándose consigo á Mowgli.
-
-Lo que Baloo había dicho de los monos era la pura verdad. Ellos vivían
-en las copas de los árboles, y como las fieras rara vez miran hacia lo
-alto, no se ofrecía nunca la ocasión de que se cruzaran en el mismo
-camino. Pero siempre que veían un lobo enfermo, un tigre herido ó
-un oso, los monos se divertían en atormentarle, y arrojaban palos y
-nueces á cualquier fiera, sólo por divertirse y por el gusto de llamar
-la atención. Entonces aullaban, chillaban luego canciones sin sentido
-alguno, invitando al Pueblo de la Selva á encaramarse en sus árboles
-para pelear, ó bien se enredaban en furiosas batallas entre ellos
-mismos por cualquier fruslería, y dejaban después los muertos donde el
-Pueblo de la Selva pudiera verlos. Siempre estaban á punto de tener un
-jefe, de poseer leyes y usos propios, pero nunca lo lograban, porque de
-un día al otro se les borraba todo de la memoria, y así se contentaban
-con decir constantemente esta misma frase: «Lo que los _Bandar-log_
-piensan ahora toda la Selva lo pensará después,» y esta idea les
-consolaba. Ninguna de las fieras podía llegar hasta sus alturas; pero,
-por otra parte, ninguna se fijaba en ellos, y de ahí su alegría cuando
-vieron que Mowgli iba á buscarles para mezclarse en sus juegos y que
-esto irritaba grandemente á Baloo.
-
-No se propusieron pasar de ahí, porque los _Bandar-log_ nunca se
-proponen nada; pero ocurriósele á uno de ellos una idea que le pareció
-magnífica, y la expuso á los demás, persuadiéndoles de que convenía á
-la tribu conservar á una persona tan útil como Mowgli, porque él sabía
-entrelazar ramas de modo que protegieran contra el viento, y así, si le
-cogían, podrían obligarle á que les enseñara. Claro es que Mowgli, como
-hijo de leñador, había heredado de su padre toda clase de instintivas
-habilidades, y solía construir chozas con las ramas caídas, sin pensar
-siquiera en que tal cosa supiese hacer; mas el Pueblo de los Monos,
-observándolo desde los árboles, consideraba aquel simple juego como una
-maravilla. Lo que es esta vez, decían, iban, verdaderamente, á tener
-un jefe, y á ser el pueblo más sabio de toda la Selva... tan sabio que
-á todos causaría admiración y envidia. Siguieron, como consecuencia de
-todo esto, con el mayor sigilo, á Baloo, Bagheera y Mowgli á través de
-la selva, hasta que llegó la hora de la siesta, y Mowgli, que se sentía
-en realidad avergonzado de sí mismo, se durmió entre la pantera y el
-oso, resolviendo no tener más tratos con el Pueblo de los Monos.
-
-Después de esto, lo único que recordó fué el haber sentido el contacto
-de unas manos sobre sus piernas y brazos (manos duras, fuertes y
-chiquitas), y en seguida el choque de unas ramas en la cara, y luego
-el hallarse mirando hacia abajo á través del movedizo ramaje, mientras
-Baloo despertaba á toda la selva con sus roncos gritos y Bagheera
-saltaba tronco arriba del árbol, enseñando todos los dientes. Aullaron
-los _Bandar-log_ con aire de triunfo, y se acogieron, jugueteando, á
-las más altas ramas, donde Bagheera no se atrevió á seguirlos. Entre
-tanto gritaban:
-
---¡Se ha fijado en nosotros! ¡Bagheera se ha fijado en nosotros! ¡Todo
-el Pueblo de la Selva nos admira por nuestra habilidad y astucia!
-
-Comenzaron, entonces, su huída, y esa huída del Pueblo de los
-Monos á través del país arbóreo es una de las cosas verdaderamente
-indescriptibles. Tienen sus caminos reales y sus atajos, sus subidas y
-bajadas, todo trazado á quince, veinte ó treinta metros sobre el nivel
-del suelo, y por allí pueden viajar hasta de noche, si es preciso.
-Dos de los monos más fuertes cogieron á Mowgli por los sobacos, y se
-lo llevaron atravesando las copas de los árboles, dando saltos de
-una altura como de seis metros. Á haber ido completamente libres, su
-velocidad hubiera sido mayor; pero el peso del muchacho les embarazaba
-y detenía algo. Por más que se sintiera mareado y medio enfermo, Mowgli
-no pudo menos de deleitarse en aquella loca carrera, aunque los trozos
-de tierra que vislumbraba allá abajo le aterrorizaban, y aquel pararse
-y partir de nuevo al fin de cada balanceo en el vacío le tenía con el
-alma en un hilo. Llevábanle sus acompañantes hacia lo más alto de la
-copa de un árbol, hasta que sentía crujir y doblarse con su peso las
-más delgadas ramas de la cima, y entonces, con un fuerte resoplido, se
-arrojaban al aire, avanzando y descendiendo á la vez, para elevarse
-de nuevo y quedar colgados, por las manos ó por los pies, de las
-ramas más bajas del próximo árbol. Á veces divisaba millas y millas
-de extensión en que todo era quieta y verde selva, de igual modo que
-un hombre encaramado en un mástil abarca con la mirada, en el mar,
-millas enteras, y entonces el ramaje le sacudía la cara, y él y su guía
-llegaban casi al nivel del suelo. De tal suerte, saltando, y haciendo
-ruido, y resoplando fuertemente, y dando chillidos, la tribu entera
-de los _Bandar-log_ pasó por sus caminos trazados en los árboles,
-llevando prisionero á Mowgli.
-
-Hubo un momento en que temió éste que le dejaran caer, y entonces
-comenzó á ponerse de malhumor; pero, como era demasiado listo para
-rebelarse abiertamente, se limitó á pensar qué haría. Lo primero que se
-le ocurrió fué avisar á Baloo y á Bagheera, porque, al ver la velocidad
-con que huían los monos, bien se le alcanzaba que sus amigos iban á
-quedarse muy rezagados. Era completamente inútil mirar hacia abajo,
-pues nada podía ver más que las puntas de las ramas á uno y otro lado,
-y así dirigió hacia arriba sus miradas, logrando divisar á lo lejos,
-en la azul inmensidad, á Rann, el milano, balanceándose y describiendo
-curvas en el aire, mientras vigilaba la selva, esperando que los seres
-se murieran en ella. Vió Rann que los monos se habían apoderado de
-algo que se llevaban, y abatió el vuelo algunos centenares de metros
-para averiguar si aquella presa era comestible. Al ver á Mowgli
-arrastrado hasta lo más alto de la copa de un árbol, y al oirle gritar,
-sorprendióse no poco el milano y le contestó con un silbido: «Tú y yo
-somos de la misma sangre». La oleada de las ramas cerróse por encima
-del muchacho; pero Rann se apartó con un balanceo hasta el árbol más
-próximo en el preciso momento en que asomaba de nuevo la carita morena
-de Mowgli.
-
---¡Sigue mi pista! gritó éste. ¡Avisa á Baloo, de la manada de Seeonee,
-y á Bagheera, del Consejo de la Peña!
-
---¿En nombre de quién, hermano? dijo Rann, que nunca había visto á
-Mowgli, aunque claro está que había oído hablar de él.
-
---En nombre de Mowgli, la Rana. ¡_El hombrecito_ es como me llaman!
-¡Sigue mi pist...a!
-
-Las últimas palabras las chilló cuando ya le balanceaban en el aire;
-pero Rann movió la cabeza en señal de asentimiento, y se elevó hasta
-que no parecía ya mayor que un grano de polvo, y allí cernióse
-observando con el telescopio de sus ojos el moverse de las copas de los
-árboles, al paso de la escolta de monos que conducía á Mowgli.
-
---No se alejarán mucho, no, dijo con risa ahogada. Nunca llevan á feliz
-término lo que comienzan á realizar. Los _Bandar-log_ andan siempre
-picoteando aquí y allá cosas nuevas. Pero lo que es esta vez, ó yo
-estoy ciego, ó han picado en algo que va á darles qué hacer, porque
-Baloo no es ningún polluelo que se caiga del nido, y bien sé yo que
-Bagheera es muy capaz de matar algo más que cabras. Así diciendo,
-mecióse en el aire, abiertas las alas, recogidas bajo el cuerpo las
-patas, y esperó.
-
-Entre tanto, Baloo y Bagheera andaban locos de furor y de pena.
-Bagheera se encaramó á los árboles hasta donde nunca se atreviera á
-llegar antes; pero quebráronse bajo su peso las delgadas ramas, y
-resbaló hasta el suelo, llenas las garras de cortezas.
-
---¿Por qué no se lo advertiste al hombrecito? le decía rugiendo al
-pobre Baloo, que sostenía un trote algo pesado, con la esperanza de
-adelantarse á los monos. ¿De qué ha servido el que casi le mataras á
-golpes si no habías de prevenirle contra esto?
-
---¡Date prisa! ¡Date prisa! Aún... aún podría ser que les alcanzáramos,
-dijo Baloo jadeando.
-
---¡Al paso que vamos! No cansaría ni á una vaca herida. Maestro de la
-Ley... azota-cachorros... con que tuvieras que agitarte del modo que lo
-haces, durante un cuarto de legua de distancia, tendrías bastante para
-reventar. ¡Descansa y piensa! Traza un plan. No es éste el momento de
-perseguirles. Si les seguimos muy de cerca podrían dejarle caer.
-
---_¡Arrula! ¡Woo!_ Quizá lo han hecho ya, cansados de llevarle. ¿Quién
-se fía de los _Bandar-log_? ¡Pon murciélagos muertos sobre mi cabeza!
-¡Dame por toda comida huesos negros! ¡Méteme en una colmena de abejas
-silvestres para que me piquen hasta matarme, y entiérrame luego al lado
-de una hiena, porque soy el más desgraciado de cuantos osos existen!
-_¡Arulala! ¡Wahooa!_ ¡Ah! ¡Mowgli, Mowgli! ¿Por qué no te previne
-contra el Pueblo de los Monos, en vez de romperte la cabeza? ¿Quién
-sabe, si á golpes le saqué de la memoria la lección del día, y se
-hallará sólo en la selva, sin la ayuda de las Palabras Mágicas?
-
-Baloo cogióse la cabeza entre las patas y se arrastró gimoteando.
-
---Cuando menos, hace un momento me dijo á mí todas las palabras
-correctamente, replicó Bagheera con impaciencia. Baloo, continuó, tú
-has perdido la memoria y el propio respeto. ¿Qué pensaría de mí la
-Selva toda si yo, la pantera negra, me hiciera una pelota como Ikki, el
-puerco espín, y empezara á aullar?
-
---¿Qué me importa á mí lo que la Selva piense? Á estas horas quizá él
-ha muerto ya.
-
---Á no ser que le dejaran caer por juego, ó que le mataran por pereza,
-no creo yo que haya que temer por el hombrecito. Él es listo, y bien
-enseñado está, y, sobre todo, cuenta con sus ojos, que atemorizan á
-todo el Pueblo de la Selva. Pero (y hay que reconocer que grave mal
-es éste) se halla en poder de los _Bandar-log_, que como viven en los
-árboles, no tienen miedo á nuestra gente. Bagheera se lamió, al decir
-esto, una de sus patas delanteras con aire preocupado.
-
---¡Tonto de mí! ¡Oh! ¡Cuán obeso, moreno y estúpido desenterrador de
-raíces soy! dijo Baloo desenroscándose de un brinco. Gran verdad es
-lo que afirma Hathi, el elefante salvaje, cuando dice que «cada uno
-tiene su miedo peculiar». Pues bien: ellos, los _Bandar-log_ temen á
-Kaa, la serpiente de la Peña. Se encarama tan bien como ellos; les roba
-sus pequeñuelos por la noche... Su sólo nombre basta para helarles de
-espanto hasta las endiabladas colas. Vamos á ver á Kaa.
-
---¿Y qué va á hacer? No es de nuestra tribu, puesto que no tiene
-patas... y, además, la maldad está escrita en sus ojos, dijo Bagheera.
-
---Es muy vieja y muy astuta. Ante todo hay que pensar en que siempre
-está hambrienta, contestó Baloo esperanzado. Prométele muchas cabras.
-
---En cuanto come una, duerme un mes entero. Bien pudiera ser que
-estuviera durmiendo ahora; pero ¿y si se le antojara preferir el matar
-las cabras por su propia cuenta? Bagheera, que sabía muy poco de Kaa,
-se inclinaba, naturalmente, á la desconfianza.
-
---En tal caso, tú y yo juntos, vieja cazadora, la haríamos entrar en
-razón. Aquí Baloo frotó su hombro, de desteñido color moreno, contra la
-pantera, y ambos se alejaron en busca de Kaa, la serpiente pitón de la
-Peña.
-
-Halláronla tendida al sol en el tibio reborde de una roca, recreándose
-en la contemplación de su hermosa piel nueva, porque acababa de pasar,
-cambiándola, diez días en el más completo retiro, y ahora estaba
-verdaderamente espléndida, con la enorme cabeza roma á lo largo del
-suelo, enroscado en fantásticos nudos y curvas el cuerpo de nueve
-metros de largo, y relamiéndose al pensar en la próxima comida.
-
---Está en ayunas, dijo Baloo con un gruñido de satisfacción, en cuanto
-vió la hermosa piel moteada de amarillo y de color de tierra. ¡Mucho
-cuidado, Bagheera! Queda siempre medio ciega después del cambio de
-piel, y ataca con la mayor facilidad.
-
-No era Kaa serpiente venenosa (y la verdad es que despreciaba por
-cobardes á las de tal clase); pero su poder estribaba en su fuerza de
-presión, y cuando ella había envuelto á alguien en sus enormes anillos,
-bien podía darse ya por terminada toda lucha.
-
---¡Buena caza! gritó Baloo sentándose sobre sus cuartos traseros. Como
-todas las serpientes de su especie, Kaa era bastante sorda y no oyó
-bien, al principio, lo que le decían. Enrollóse en forma de espiral por
-lo que pudiera ocurrir, conservando baja la cabeza.
-
---¡Buena caza para todos! contestó. ¡Ah! ¿Eres tú, Baloo? ¿Y qué haces
-aquí? ¡Buena caza, Bagheera! Cuando menos uno de nosotros necesita
-comer. ¿Sabéis si hay por ahí algo á mano? ¿Algún gamo, por ejemplo,
-aunque sea joven? Estoy vacía como un pozo seco.
-
---De caza vamos, dijo Baloo como al descuido, porque bien sabía que con
-Kaa no hay que apresurarse: es harto grande para andar con prisas.
-
---Permitidme que vaya con vosotros, dijo Kaa. Un zarpazo de más ó
-de menos nada significa para Bagheera y Baloo; pero yo... yo he de
-esperar días y días en alguna senda del bosque, ó pasar media noche
-encaramándome á los árboles, para tener la suerte de tropezar con algún
-mono joven. _¡Pss naw!_ Las ramas no son ya como cuando yo era joven.
-Las más tiernas están podridas, y secas las mayores.
-
---Acaso tu enorme peso tenga algo que ver con este asunto, dijo Baloo.
-
---Sí, no me falta longitud...no me falta... contestó Kaa con cierto
-orgullo. Pero, con todo, no es mía la culpa, sino del ramaje nuevo.
-En mi última cacería poco faltó... muy poco... para que me cayera, y,
-como mi cola no rodeaba el tronco del árbol, el ruido que produje
-despertó á los _Bandar-log_, que comenzaron á insultarme.
-
---Lombriz de tierra, amarilla y sin patas, dijo, entre dientes,
-Bagheera, como si tratara de recordar algo.
-
---_¡Sssss!_ ¿Me han llamado eso alguna vez? dijo Kaa.
-
---Algo parecido es lo que nos gritaron á nosotros en el último cuarto
-de luna que ha pasado, pero ningún caso les hicimos. Son capaces
-de decir cualquier cosa... hasta que te has quedado sin dientes,
-y que no te atreves á hacer frente á cualquier cosa que sea mayor
-que un cabrito, porque... (vamos que esos _Bandar-log_ son unos
-desvergonzados)... porque les tienes miedo á los cuernos, siguió
-diciendo con suavidad Bagheera.
-
-Ahora bien: una serpiente, sobre todo una tan circunspecta serpiente
-pitón como era Kaa, raras veces da muestras de estar incomodada; pero
-Baloo y Bagheera pudieron ver entonces cómo se movían é hinchaban á
-cada lado del cuello de Kaa sus enormes músculos.
-
---Los _Bandar-log_ han huído de su acostumbrado terreno, dijo con voz
-baja. Cuando hoy salí á tomar el sol, oí sus gritos entre las copas de
-los árboles.
-
---Precisamente... precisamente vamos siguiendo su pista, contestó
-Baloo; pero las palabras se le atascaron en la garganta, porque
-aquélla era la primera vez, si la memoria no le engañaba, que alguien
-perteneciente al Pueblo de la Selva confesaba su interés por algo que
-pudieran hacer los monos.
-
---Indudablemente no dejará de ser importante lo que obliga á dos
-cazadores como vosotros, que sois jefes y directores entre los
-vuestros, á seguir los pasos de los _Bandar-log_, replicó Kaa
-cortesmente, llena de curiosidad.
-
---En honor de la verdad, comenzó á decir Baloo, yo no soy más que
-el anciano, y á veces bastante tonto, Maestro de la Ley, encargado
-de enseñársela á los lobatos de Seeonee, y Bagheera que aquí está
-presente...
-
---Es Bagheera, dijo la pantera negra, cerrando ambas quijadas con un
-castañeteo, porque no estaba ella para modestias. Lo que nos ocurre es
-esto, Kaa: esos ladrones de nueces y de hojas de palmera nos han robado
-á nuestro hombrecito, del cual acaso hayas oido hablar.
-
---Algo le oí á Ikki (cuyas púas le hacen ser muy presuntuoso) de una
-especie de hombre que fué admitido en una manada de lobos; pero yo no
-creí nada de eso. Ikki anda siempre con cuentos que oye mal y cuenta
-peor.
-
---Pero en este caso ha dicho la verdad. El hombrecito es tal que jamás
-hubo otro como él, dijo Baloo. El mejor, el más listo y más gallardo de
-todos... mi discípulo, que hará famoso en todas las selvas el nombre de
-Baloo... y, vaya, que yo... ó, mejor dicho, que nosotros... le queremos
-de veras, Kaa.
-
---_¡Ts! ¡Ts!_ contestó ésta sacudiendo la cabeza; también yo he sabido
-lo que es querer. ¡Podría contaros cosas que...!
-
---Que reclaman una noche clara y el estómago lleno para apreciarlas
-debidamente, dijo con prontitud Bagheera. Nuestro hombrecito está ahora
-en poder de los _Bandar-log_, y nos consta que de todo el Pueblo de la
-Selva no temen ellos á nadie más que á Kaa.
-
---Á nadie más que á mí. Y no les falta razón, dijo Kaa. Charlatanes,
-locos y vanos... vanos, locos y charlatanes: así son los monos. Pero si
-algo humano se halla entre ellos, está en peligro. La nuez que cogen
-les cansa pronto, y la tiran. Llevarán una rama durante medio día,
-proponiéndose hacer con ella grandes cosas, y luego la partirán en dos
-pedazos. En verdad que el hombrecito ese no es digno de envidia. Al
-insultarme ¿no me llamaron también _pez amarillo_...? ¿eh?
-
---Lombriz... lombriz... lombriz de tierra, dijo Bagheera,... y otras
-cosas más que no puedo repetir ahora por vergüenza.
-
---Habrá que enseñarles á hablar con más respeto de su maestro.
-_¡Aaa-sss!_ Tendremos que refrescarles algo la memoria. Pero, decidme
-¿y á donde se os llevaron el cachorro?
-
---Sólo la selva puede saberlo. Creo que hacia el lado por donde se pone
-el sol. Pensábamos nosotros que tú lo sabrías, Kaa.
-
---¿Yo? ¿Y cómo? Suelo apoderarme de ellos cuando se me ponen al paso,
-pero no voy á cazar á los _Bandar-log_, ni á las ranas... ó á esa
-espuma verde que hay en las lagunas, y que, para el caso, es lo mismo.
-
---¡Eh!, ¡eh!, ¡eh!, ¡Arriba!, ¡arriba! ¡Mira hacia arriba, Baloo, de la
-manada de Seeonee!
-
-Baloo miró hacia lo alto para ver de donde venía la voz que le llamaba,
-y vió á Rann, el milano, que descendía barriendo el espacio con las
-alas desplegadas, en cuyos bordes, vueltos hacia arriba, brillaba
-la luz del sol. Era ya casi para Rann la hora del sueño, pero hasta
-entonces había estado buscando á Baloo por toda la selva, sin lograr
-hallarle, por culpa de lo espeso que era el ramaje.
-
---¿Qué hay?, dijo Baloo.
-
---He visto á Mowgli entre los _Bandar-log_. El mismo me encargó que
-te lo dijera. He estado en acecho: se lo han llevado al otro lado del
-río... á la ciudad de los monos... á las Moradas Frías. Lo mismo pueden
-quedarse allí una noche que diez, ó que un rato. He encargado á los
-murciélagos que vigilaran durante las horas de obscuridad. Esto es
-cuanto tengo que decirte. ¡Buena suerte para todos!
-
---¡Buena suerte, que te llenes el buche y duermas bien, Rann!, gritó
-Bagheera. No me olvidaré de tí en mi próxima caza: la cabeza de lo que
-mate, para tí quedará reservada, porque eres el mejor de todos los
-milanos.
-
---Lo que he hecho no es nada... no es nada. El muchacho se acordó de
-decir las _Palabras Mágicas_, y yo no podía menos de cumplir con mi
-deber, contestó Rann elevándose por los aires trazando círculos, para
-dirigirse luego á su escondrijo.
-
---¡Vamos, veo que no ha perdido la lengua!, dijo Baloo, con sonrisa de
-satisfacción y orgullo. ¡Y pensar que, siendo tan joven, se ha acordado
-de las _Palabras Mágicas_ que sirven para los pájaros, en el preciso
-instante en que le llevaban á través de los árboles!
-
---¡Bien se lo metiste en la cabeza!, contestó Bagheera. Pero estoy
-orgullosa de él. Y ahora vamos á las Moradas Frías.
-
-Todo el Pueblo de la Selva sabía donde estaba este sitio, pero ninguno
-de ellos iba nunca allí, porque lo que llamaban las Moradas Frías era
-una antigua ciudad abandonada, perdida y enterrada en la selva, y pocas
-veces se ve que las fieras usen un sitio donde antes estuvieron los
-hombres. Lo hará el jabalí; pero no las tribus cazadoras. Por otra
-parte, los mismos monos vivían allí tan poco como en cualquier otro
-punto fijo, y ningún animal que se respetara algo se hubiera acercado
-hasta la distancia que alcanza la vista, excepto en épocas de sequía,
-cuando las medio arruinadas cisternas y los estanques conservaban un
-poco de agua.
-
---La jornada se nos llevará media noche... yendo á toda velocidad,
-dijo Bagheera, con lo cual Baloo se puso muy serio.
-
---Iré tan aprisa como pueda, contestó lleno de ansiedad.
-
---No nos atrevemos á esperarte: síguenos, Baloo. Kaa y yo no podemos ir
-á paso tardo.
-
---Tenga pies ó no, puedo yo correr tanto como tú con los cuatro que
-tienes, dijo Kaa lacónicamente.
-
-Esforzóse Baloo en acelerar el paso; pero tuvo que sentarse echando los
-bofes; y así, le dejaron para que fuera más despacio, mientras Bagheera
-se adelantaba con el rápido galope propio de la pantera. Kaa no dijo
-una palabra; pero por mucho que corriera Bagheera, la enorme serpiente
-pitón de la Peña no se dejaba adelantar. Venció Bagheera al llegar á
-un torrente lleno de agua, porque ella lo pasó de un salto, mientras
-Kaa tenía que nadar, fuera del agua la cabeza y una pequeña parte del
-cuello; pero, al llegar á tierra, pronto la serpiente recuperó lo
-perdido.
-
---¡Por el cerrojo que me dió la libertad (dijo Bagheera al desvanecerse
-la última luz del crepúsculo), te aseguro que eres buena andadora!
-
---Tengo hambre, dijo Kaa. Por otra parte, me han llamado rana con
-manchas...
-
---Lombriz... lombriz de tierra... y amarilla por añadidura.
-
---Lo mismo da. Sigamos. Y Kaa parecía derramarse toda ella por
-encima de la tierra, buscando con ojo seguro el camino más corto, y
-siguiéndolo estrictamente.
-
-Allá en las Moradas Frías, en lo que menos podían pensar los monos era
-en los amigos de Mowgli. Lleváronse al muchacho á la ciudad perdida, y
-con eso se quedaron muy satisfechos de momento. No había visto Mowgli,
-hasta entonces, ninguna ciudad india, y aunque aquélla no fuera ya más
-que un montón de ruinas, túvola por espléndida y maravillosa. Edificóla
-un rey, tiempo atrás, en la cumbre de una colina, y aún podían
-adivinarse las calzadas de piedra que conducían á las destrozadas
-puertas, cuyas últimas astillas colgaban de los goznes, comidos por el
-moho. Crecían árboles á uno y otro lado de las paredes; caídas y hechas
-pedazos estaban las almenas, y silvestres enredaderas pendían de las
-ventanas, á lo largo de los muros, en grandes y apretadas masas.
-
-Coronaba la colina un gran palacio sin techo; el mármol de los patios
-y fuentes estaba rajado y cubierto de manchas rojas y verdes; y hasta
-en los mismos sitios empedrados de los patios donde solían vivir los
-elefantes del rey, las piedras habían sido separadas unas de otras
-por la hierba y por los árboles nuevos que entre ellas crecían. Desde
-el palacio podían verse innumerables hileras de casas sin techo, que
-habían constituído la ciudad y eran ahora como destapadas colmenas
-que sólo llenaban negras sombras; la informe piedra que había sido un
-ídolo, en la plaza donde cuatro avenidas desembocaban; los hoyos y
-hoyuelos en las esquinas de las calles, donde existieron en otro tiempo
-los pozos públicos; y las rotas cúpulas de los templos con higueras
-silvestres que crecían á los lados. Llamaban los monos á este sitio
-su ciudad, y despreciaban al Pueblo de la Selva porque vivía en el
-bosque. Y, sin embargo, jamás supieron para qué se habían levantado
-aquellos edificios ni cómo habían de usarlos. Sentábanse formando
-círculos en la antecámara de la real sala del Consejo, y se rascaban
-buscando pulgas y echándoselas de hombres; ó bien entraban y salían,
-corriendo, de aquellas casas sin techo, y recogían pedazos de yeso y
-ladrillos viejos, llevándolos á un rincón, para olvidarse después del
-sitio donde los habían escondido y comenzar á pelearse y á gritar en
-vacilantes grupos, poniéndose luego, de pronto, á jugar, subiendo y
-bajando de las terrazas del jardín real, y sacudiendo los rosales y los
-naranjos por diversión, para ver caer las flores y los frutos. Habían
-explorado todos los pasadizos y caminos subterráneos que existían en el
-palacio, los centenares de obscuras salitas; pero jamás se acordaron
-de lo que habían visto ó dejado de ver, y así se paseaban de uno en
-uno, de dos en dos ó por grupos, diciéndose unos á otros que hacían
-lo mismo que los hombres hacen. Bebían en las cisternas, ensuciaban
-el agua, armaban peleas por ello, y luego, en montón, lanzábanse
-juntos gritando: «No hay nadie en la selva tan sabio, tan bueno, tan
-listo, tan fuerte y comedido como los _Bandar-log_». Entonces volvían
-á las andadas, hasta que, al fin, se cansaban de estar en la ciudad,
-y regresaban á las copas de los árboles, con la esperanza de que el
-Pueblo de la Selva se fijaría en ellos.
-
-Á Mowgli, que había sido educado conforme á la Ley de la Selva, no
-le gustó este género de vida, ni llegó á entenderla. La tarde tocaba
-ya á su fin cuando los monos se lo llevaron á las Moradas Frías, y
-en vez de irse á dormir, como Mowgli hubiera hecho después del largo
-viaje, cogiéronse de las manos y comenzaron á bailar y á cantar las
-más descabelladas canciones. Uno de los monos les echó un discurso, en
-el cual les dijo que la captura de Mowgli marcaba una nueva etapa en
-la historia de los _Bandar-log_, porque iba á enseñarles el modo de
-formar, juntando palos y cañas, un refugio contra la lluvia y el frío.
-Mowgli cogió algunas enredaderas y comenzó á entretejerlas, al paso que
-los monos trataban de imitarle; pero, al cabo de pocos minutos, había
-dejado ya de interesarles aquello, y se estiraban unos á otros la
-cola, ó saltaban puestos de cuatro patas y tosiendo.
-
---Quisiera comer, dijo Mowgli. En esta parte de la selva soy forastero.
-Dadme, pues, comida ó permiso para cazar aquí.
-
-Veinte ó treinta monos saltaron en seguida fuera del recinto, para
-traerle nueces y papayas silvestres; pero se enredaron en una pelea
-por el camino, y les pareció luego demasiada molestia el volver con
-los restos de aquellos frutos. Mowgli sentía el cuerpo adolorido,
-estaba tan malhumorado como hambriento, y anduvo errante por la
-ciudad abandonada, lanzando de cuando en cuando el grito de caza de
-los forasteros; pero, como nadie le contestara, se convenció de que
-verdaderamente había ido á parar á malísimo sitio.
-
---Cuanto dijo Baloo respecto á los _Bandar-log_ no es más que la
-verdad, pensó. No tienen Ley, ni grito de caza, ni jefes... nada más
-que loca palabrería y unas manos muy pequeñas y muy ladronas. Por lo
-tanto, si me matan de hambre, ó de cualquier otro modo, á nadie podré
-culpar más que á mí mismo. Pero yo he de hacer lo posible para volver
-á mi propia selva. Baloo me pegará, de fijo, mas prefiero eso que ir á
-caza de pétalos de rosa en compañía de los _Bandar-log_.
-
-No bien hubo llegado á las murallas de la ciudad, hiciéronle retroceder
-los monos, diciéndole que no sabía él la felicidad que le había caído
-con estar allí, y pellizcándole para enseñarle á ser agradecido. Apretó
-él los dientes y nada dijo; pero fué, entre el alboroto producido por
-los monos, á una terraza colocada sobre los depósitos de piedra roja
-destinados al agua, y que se hallaban entonces á medio llenar. Había
-allí, en mitad de la terraza, una glorieta de mármol blanco construída
-para uso de reinas que murieron cien años ha. El techo, en forma de
-cúpula, estaba medio hundido, y, al caer, había cerrado el pasadizo
-subterráneo que comunicaba con el palacio, abierto, en otro tiempo,
-para que por él pudieran pasar las reinas; pero las paredes estaban
-hechas de una especie de biombos de mármol recortado, hermosísima
-labor cincelada, blanca como la leche, y con incrustaciones de ágata,
-cornalina, jaspe y lapislázuli; y cuando la luna se asomó por detrás
-de la colina, brilló á través de los calados, proyectando sobre el
-suelo sombras parecidas á un bordado de terciopelo negro. Por más
-derrengado, soñoliento y muerto de hambre que estuviera Mowgli no pudo
-menos de reirse cuando veinte, á la vez, de los _Bandar-log_ comenzaron
-á decirle lo grandes, sabios, fuertes y discretos que eran, y la locura
-que él había cometido al intentar separarse de ellos.
-
---Somos grandes; somos libres; somos admirables. Somos el más admirable
-pueblo que hay en toda la Selva. Todos lo decimos, y, por lo tanto, no
-puede menos de ser verdad, gritaban. Ahora bien: como es la primera
-vez que puedes escucharnos y has de tener ocasión de repetir nuestras
-palabras al Pueblo de la Selva para que en lo futuro se fije en
-nosotros, vamos á decirte cuanto se refiere á nuestras importantísimas
-personalidades.
-
-Nada objetó Mowgli á esto, y los monos se reunieron por centenares en
-la terraza para escuchar á sus propios oradores, que cantaban alabanzas
-á los _Bandar-log_, y cuantas veces ocurría que uno de los oradores
-callara, por un instante, para tomar aliento, gritaban todos á la vez:
-
---¡Cierto es! ¡Lo mismo opinamos nosotros! Mowgli movía la cabeza
-en señal de asentimiento y parpadeaba, añadiendo un _sí_ cuando le
-preguntaban algo y sentía que la cabeza se le iba, aturdido por el
-alboroto.
-
---Tabaqui, el chacal, debe de haber mordido á todos éstos, y ahora se
-han vuelto locos. Verdaderamente eso es _dewanee_, la locura. ¿Pero
-esta gente no duerme? Por allá asoma una nube que cubrirá á la luna. Si
-la nube fuera bastante grande, quizá podría escaparme valiéndome de la
-obscuridad. Pero me siento fatigado.
-
-También dos amigos de Mowgli contemplaban aquella misma nube desde los
-medio cegados fosos que circundaban las murallas de la ciudad, porque,
-sabiendo lo peligroso que era el habérselas con el Pueblo de los Monos
-cuando éstos se juntaban en crecido número, Bagheera y Kaa no querían
-arriesgarse demasiado. Jamás los monos aceptan la lucha como no sea en
-la proporción de ciento contra uno, y pocos son en la Selva los que se
-avienen con tan desiguales condiciones.
-
---Iré hacia el lado oeste de la muralla, dijo Kaa en voz tan baja que
-parecía leve susurro, y desde allí me lanzaré rápidamente aprovechando
-el declive del terreno. Á mí no podrán echárseme encima á centenares;
-pero...
-
---Ya sé lo que hay qué hacer. ¡Si Baloo estuviera aquí!... Mas habrá
-que limitarse á lo que se pueda. Cuando esa nube pase por delante de la
-luna, cubriéndola, yo iré á la terraza. Allí celebran una especie de
-Consejo para hablar del muchacho.
-
---¡Buena caza! dijo Kaa con aire feroz, y se deslizó suavemente hacia
-el lado occidental del muro. Casualmente era éste el que se hallaba
-en mejor estado, y la enorme serpiente tardó algo en hallar camino
-practicable por entre las piedras.
-
-La luna quedó cubierta por la nube, y cuando Mowgli se preguntaba qué
-iba á pasar allí entonces, oyó los pasos ligerísimos de Bagheera que
-estaba ya en la terraza. La pantera negra había subido el declive casi
-sin ruido alguno, y empezó á repartir golpes (porque comprendió que
-morder era perder el tiempo) á diestro y siniestro entre la multitud
-de monos, que se hallaban sentados alrededor de Mowgli en círculos de
-cincuenta ó sesenta de fondo. Sonó un aullido general de miedo y de
-rabia, y entonces, como Bagheera tropezara con los cuerpos que rodaban
-por el suelo pateando debajo del suyo, uno de los monos gritó:
-
---¡No es más que uno sólo! ¡Matadle! ¡Matadle!
-
-Desordenada masa de monos, mordiendo, arañando, rasgando y arrancando
-cuanto podía, precipitóse sobre Bagheera, mientras cinco ó seis se
-apoderaban de Mowgli, lo arrastraban hacia lo alto de la glorieta, y
-lo metían por el agujero de la rota cúpula, dejándole caer. Cualquier
-muchacho educado entre los hombres hubiérase lastimado grandemente,
-porque la caída era desde cuatro metros de altura, por lo menos; pero
-Mowgli cayó como Baloo le había enseñado á hacer: de pie.
-
---Quédate aquí, le gritaron los monos, hasta que hayamos matado á tus
-amigos, y más tarde vendremos á jugar contigo... si el Pueblo Venenoso
-te ha dejado con vida.
-
---¡Vosotros y yo somos de la misma sangre! dijo Mowgli, apresurándose á
-pronunciar las Palabras Mágicas que sirven para las serpientes. Podía
-oir distintamente roces y silbidos entre los escombros que le rodeaban,
-y así, para mejor asegurarse, volvió á gritar lo mismo.
-
---¡Verdad _esss_! ¡Abajo las capuchas, vosotras! dijeron media docena
-de voces muy bajas (cada sitio en ruinas se convierte en la India,
-tarde ó temprano, en morada de serpientes, y la antigua glorieta estaba
-hecha un hormiguero de cobras). Estate quieto, Hermanito, porque tus
-pies podrían lastimarnos.
-
-Mowgli procuró no moverse lo más mínimo, mirando á través de los
-calados de mármol y escuchando el ruido de la furiosa lucha contra la
-pantera negra: los aullidos, el rechinar de dientes y el golpear de la
-refriega, el hondo, ronco resoplido de Bagheera mientras retrocedía,
-avanzaba, revolvíase ó se hundía bajo las enormes masas de sus
-enemigos. Por la primera vez en su vida, Bagheera no luchaba ya más que
-para salvar su pellejo.
-
---Baloo debe de andar por ahí cerca, porque Bagheera no se hubiera
-atrevido á venir sola, pensó Mowgli; y entonces gritó:
-
---¡Á las cisternas, Bagheera, á las cisternas! ¡Vé y zambúllete dentro!
-¡Al agua!
-
-Oyó Bagheera la voz, y, comprendiendo que Mowgli estaba á salvo, sintió
-renacer sus fuerzas. Desesperadamente, palmo á palmo, abrióse camino en
-dirección de las cisternas, repartiendo golpes en silencio. Entonces,
-desde el muro en ruinas más próximo á la selva, elevóse el rugiente
-grito de guerra de Baloo. El buen oso había hecho todo lo posible;
-pero, aún así, no pudo llegar antes.
-
---¡Bagheera, aquí estoy! gritó. ¡Ya subo! ¡Corro á ayudarte!
-_¡Ahuwora!_ ¡Resbalan las piedras bajo mis plantas; pero espérame! ¡Oh,
-infames _Bandar-log_!
-
-Llegó, casi sin aliento, á la terraza, y su cuerpo desapareció, en
-seguida, hasta la altura de la cabeza, en una verdadera oleada de
-monos; pero plantóse resueltamente en dos pies, y, abriendo los brazos,
-cogió entre ellos el mayor número posible de enemigos, y comenzó á
-golpearlos con un continuo _¡paf! ¡paf! ¡paf!_, parecido al chapoteo
-de una rueda de palas. El ruido de algo que cae en el agua advirtió
-á Mowgli de que Bagheera se había abierto paso hasta llegar á la
-cisterna, en la cual no podían ya perseguirla los monos.
-
-Estaba echada la pantera, con agua hasta el cuello, respirando
-ansiosamente por la abierta boca, mientras los monos la vigilaban,
-desde los rojos escalones, en filas de á tres de fondo, subiendo y
-bajando rabiosamente, prontos á saltar sobre ella, desde todos los
-lados á la vez, en cuanto intentara salir para ir en ayuda de Baloo.
-Entonces fué cuando levantó Bagheera la cabeza, chorreándole el agua
-desde la barba, y, perdida ya toda esperanza, lanzó, en busca de
-protección, el grito que sirve para las serpientes: «Tú y yo somos de
-la misma sangre», porque creyó que, en el último momento, Kaa se había
-vuelto atrás. Hasta Baloo, medio ahogado bajo la masa de monos que le
-detenía en el borde de la terraza, no pudo menos de reirse cuando oyó á
-la pantera negra pidiendo auxilio.
-
-Estaba Kaa, en aquellos precisos instantes, acabando de abrirse paso
-por entre el muro situado hacia el oeste, y, con el último esfuerzo que
-hizo para trasponerlo, produjo el desprendimiento de una de las piedras
-de la albardilla, que fué á parar al foso. No quería desperdiciar ni
-una sola de las ventajas que le proporcionaba el terreno, y así se
-enroscó y desenroscó una ó dos veces, para cerciorarse de que todo su
-larguísimo cuerpo estaba en disposición de trabajar con lucimiento.
-
-Hizo esto mientras se verificaba la lucha en que Baloo representaba el
-principal papel; mientras aullaban los monos en la cisterna alrededor
-de Bagheera, y Mang, el murciélago, volando de un lado á otro, esparcía
-noticias de la gran batalla por toda la Selva, de tal suerte que hasta
-Hathi, el elefante salvaje, comenzó á dar bramidos, y, á lo lejos,
-dispersos grupos de monos que despertaron fueron, brincando por los
-árboles, á ayudar á sus compañeros de las Moradas Frías, al propio
-tiempo que todas las aves diurnas de algunas leguas á la redonda
-poníanse alerta. Entonces Kaa atacó en línea recta, rápidamente,
-sintiendo el vivo deseo de matar. Todo el poder que en la lucha tiene
-una serpiente pitón estriba en el empuje con que su cabeza embiste,
-apoyada por el fuerte y pesado cuerpo. Si os imagináis una lanza, un
-ariete ó un martillo que pese media tonelada y pueda ser movido por
-una inteligencia fría, calmosa, que viva en el asta ó mango, tendréis
-aproximada idea de lo que era Kaa en el terreno de la lucha. Una
-serpiente pitón que mida nada más que un metro ó metro y medio de
-longitud puede muy bien derribar á un hombre, si se lanza contra él
-de frente, dándole en mitad del pecho, y ya recordaréis que Kaa tenía
-nueve metros de largo. Su primera embestida fué contra el centro de la
-imponente masa que rodeaba á Baloo: fué una embestida á boca cerrada,
-silenciosa, y no necesitó ir acompañada de la segunda. Los monos
-huyeron á la desbandada, gritando: ¡Kaa! ¡Es Kaa! ¡Corred! ¡Corred!
-
-Generaciones enteras de monos habían aprendido á portarse debidamente
-gracias á los cuentos que de Kaa les contaban sus mayores, de aquella
-ladrona nocturna que podía deslizarse á lo largo de las ramas con el
-mismo silencio con que el musgo crece, y llevarse consigo el mono más
-fuerte de cuantos jamás vivieron en el mundo; de la vieja Kaa, que tan
-fácilmente podía tomar el aspecto de una rama muerta ó de un carcomido
-tronco de árbol, de tal suerte que los más hábiles podían engañarse,
-hasta que la rama se apoderaba de ellos. Kaa era para los monos lo
-más temible de toda la selva, porque ninguno de ellos sabía hasta
-donde llegaba su poderío; ninguno se atrevía á mirarla cara á cara; y
-ninguno, tampoco, salió nunca con vida de entre sus anillos. Así fué
-que, muertos de miedo, huyeron hacia los muros ó los techos de las
-casas, y Baloo pudo respirar, al fin. Su piel era más gruesa que la de
-Bagheera; pero había sufrido gravemente en la lucha. Abrió entonces Kaa
-la boca, por primera vez, produjo largo silbido, que era una de sus
-palabras, y los monos que desde lejos acudían presurosos en defensa
-de sus compañeros de las Moradas Frías, quedáronse en el mismo sitio
-donde se hallaban, completamente acobardados, hasta que con su peso
-dobláronse y crujieron las ramas. Los que estaban sobre los muros y
-casas vacías cesaron en su gritería, y en medio del reposo que reinó en
-la ciudad, Mowgli pudo oir á Bagheera sacudiéndose de encima el agua,
-al salir de la cisterna.
-
-Estalló, entonces, de nuevo, el clamoreo de antes. Encaramáronse por
-las paredes los monos á mayor altura; agarráronse al cuello de los
-grandes ídolos de piedra, y chillaron saltando por los almenados muros;
-mientras Mowgli, bailoteando en la glorieta, miraba por los calados de
-mármol, y graznaba como un buho en son de burla y para demostrar su
-alegría.
-
---Saca al hombrecito fuera de esa trampa, que yo nada más puedo hacer
-ya, dijo Bagheera sin aliento casi. Cojámoslo y vamos. Podría ser que
-volvieran á atacarnos.
-
---No se moverán hasta que yo se lo mande. ¡Quietos!; _¡Asssí!_ Silbó
-Kaa estas palabras, y la ciudad quedó en silencio una vez más. Y
-continuó Kaa, dirigiéndose á Bagheera:
-
---No pude venir antes, hermana; pero me parece que te oí llamar...
-
---Acaso... acaso haya gritado en medio de la refriega, contestó
-Bagheera. Baloo ¿te han hecho daño?
-
---No estoy muy seguro de que, de tanto estirarme, no me hayan
-convertido en un centenar de diminutos oseznos, contestó gravemente
-Baloo, alargando primero una pata y después otra. _¡Wow!_ Tengo todo el
-cuerpo adolorido... Creo que á tí, Kaa, te debemos la vida Bagheera y
-yo...
-
---No importa. ¿Donde está el hombrecito?
-
---¡Aquí, en la trampa! No puedo encaramarme para salir de ella, gritó
-Mowgli, que veía sobre su cabeza la curva de la rota cúpula.
-
---Sacadle de aquí. Está bailando como Mao, el pavo real, y va á
-aplastar á nuestros pequeñuelos, dijeron desde adentro las cobras.
-
---¡Ja¡ ¡Ja! exclamó Kaa riendo, en todas partes tiene amigos este
-hombrecito. Échate un poco para atrás. Y vosotros, Pueblo Venenoso,
-escondeos. Voy á derribar la pared.
-
-Practicó Kaa un detenido examen hasta descubrir en los calados de
-mármol una grieta que indicaba un punto débil; dió encima dos ó tres
-golpecitos con la cabeza para calcular así la distancia conveniente,
-y entonces, levantando del suelo por completo el cuerpo, en una
-longitud de cerca de dos metros, dió con toda su fuerza media docena
-de terribles golpes en que la nariz fué lo primero que pegó contra
-el mármol. La glorieta se hizo pedazos, que cayeron envueltos en una
-nube de polvo y de escombros, y Mowgli saltó por el boquete abierto,
-arrojándose entre Baloo y Bagheera, y pasando un brazo alrededor del
-cuello de cada uno.
-
---¿Te han hecho daño? dijo Baloo, abrazándole tiernamente.
-
---Todo el cuerpo me duele, tengo hambre y estoy lleno de cardenales;
-pero ¡oh! ¡cómo os han puesto á vosotros! Estáis cubiertos de sangre.
-
---También otros lo están, contestó Bagheera relamiéndose y mirando el
-gran número de monos muertos que había en la terraza, en torno de la
-cisterna.
-
---¡Eso no es nada... no es nada! ¡Lo principal es que tú te hayas
-salvado, ranita mía, orgullo mío!
-
---Ya hablaremos de eso después, dijo Bagheera, tan secamente que no
-gustó á Mowgli poco ni mucho. Pero ahí está Kaa, á la cual debemos, tú
-la vida, y nosotros el haber ganado la batalla. Dale las gracias, según
-nuestra costumbre, Mowgli.
-
-Volvióse éste y vió, á poquísima distancia de su cabeza, á la gran
-serpiente pitón, que balanceaba la suya.
-
---De modo que éste es el hombrecito, dijo Kaa. Muy fina tiene la piel,
-y en realidad no deja de parecerse algo á los _Bandar-log_. Cuida,
-hombrecito, de que algún día, allá á la hora del crepúsculo, al acabar
-de cambiar yo la piel, no me equivoque y te tome por un mono.
-
---Tú y yo somos de la misma sangre, contestó Mowgli. La vida me
-salvaste esta noche; lo que yo mate en la caza será para tí, Kaa,
-siempre que sientas hambre.
-
---Mil gracias, Hermanito, dijo Kaa, cuyos ojos brillaron
-maliciosamente. ¿Y qué es lo que puede matar tan fiero cazador? Desde
-ahora pido permiso para seguirle cuando vaya de cacería.
-
---Nada mato... soy demasiado pequeño para ello... pero acorralo las
-cabras haciéndolas ir hacia el sitio en que están los que pueden
-apoderarse de ellas. Cuando tengas el vientre vacío vente conmigo y
-verás si te engaño. Tengo cierta destreza en el manejo de éstas (y al
-decirlo mostraba sus manos), y, si algún día llegas á caer en una
-trampa, podría ser que te pagara entonces la deuda que tengo contraída
-contigo, con Bagheera y con Baloo, aquí presentes. ¡Buena suerte para
-todos, maestros míos!
-
- [Ilustración]
-
---¡Bien dicho! gruñó Baloo, al ver la habilidad con que Mowgli había
-dado las gracias. En cuanto á la serpiente pitón, dejó caer por un
-momento y muy blandamente su cabeza sobre el hombro del muchacho,
-diciéndole:
-
---Tan grande tienes el corazón como cortés es tu lengua. Ambos han de
-llevarte muy lejos en la Selva, hombrecito; pero ahora márchate pronto
-de aquí con tus amigos. Márchate y vete á dormir, porque la luna va á
-dejarnos ya, y no es bien que veas lo que va á suceder.
-
-Hundíase la luna tras las colinas, y las filas de monos, temblando de
-miedo, agrupados sobre los muros y almenas, parecían entonces la rota
-y movible orla de aquel escenario. Baloo dirigióse á la cisterna para
-beber; Bagheera comenzó á alisarse la piel, y Kaa se deslizó hasta el
-centro de la terraza, cerrando la boca con sonoro chasquido que atrajo
-las miradas de todos los monos.
-
---La luna se esconde, dijo. ¿Queda aún suficiente luz para que me veáis?
-
-Llegó de los muros una especie de gemido semejante al que produce el
-viento en las copas de los árboles:
-
---Ya te vemos, Kaa, se oyó.
-
---Bien. Ahora empieza la danza... la Danza del Hambre de Kaa. Estaos
-quietos y mirad.
-
-Enroscóse dos ó tres veces en forma de enorme círculo, balanceando la
-cabeza de derecha á izquierda. Luego púsose á formar con el cuerpo
-óvalos y ochos, viscosos triángulos de vértices romos que se convertían
-en cuadrados y pentágonos, y torres hechas de anillos, no descansando
-un momento, no apresurándose nunca, ni cesando el zumbido de su canción
-especial. Fué oscureciendo más y más, hasta que, al fin, dejaron de
-verse las cambiantes ondulaciones de la serpiente; pero podía aún oirse
-el ruido que producían sus escamas.
-
-Quedáronse parados Baloo y Bagheera como si de piedra fueran, lanzando
-sordos aullidos guturales, y erizados los pelos del cuello. Mowgli
-miraba sorprendido.
-
---_Bandar-log_, dijo, al fin, Kaa, ¿podéis mover pie ni mano sin que yo
-os lo mande? ¡Hablad!
-
---Sin orden tuya no podemos, Kaa.
-
---¡Bien! Dad un paso. Acercaos.
-
-Las hileras de monos se inclinaron, sin fuerzas ya, hacia adelante, y
-al propio tiempo que ellas, Baloo y Bagheera dieron también un paso
-inconscientemente.
-
---¡Más cerca! silbó Kaa, y todos se movieron de nuevo.
-
-Puso Mowgli las manos sobre Baloo y Bagheera para apartarles de allí, y
-las dos enormes fieras echaron á andar como si despertaran de un sueño.
-
---No separes de mi hombro tu mano, murmuró Bagheera. No la separes, ó
-tendré que retroceder... tendré que ir á donde está Kaa. _¡Aah!_
-
---Pero si no hace más que trazar círculos sobre el suelo, dijo Mowgli.
-Vámonos. Y los tres se escaparon por un boquete abierto en las
-murallas, dirigiéndose á la selva.
-
---_¡Woof!_ dijo Baloo, al hallarse otra vez bajo los árboles. Nunca más
-buscaré á Kaa para aliada. Y sacudió todo su cuerpo.
-
---Sabe más que nosotros, dijo Bagheera temblando. Si llego á quedarme
-allí un rato más, voy á parar derecha á su garganta.
-
---Muchos serán los que á ella vayan á parar antes de que vuelva á salir
-la luna, dijo Baloo. ¡Bien va á cazar... á su modo!
-
---Pero ¿qué significaba todo aquello? preguntó Mowgli, que ignoraba
-el poder de fascinación que poseía Kaa. Yo no ví más que una enorme
-serpiente que trazaba círculos del modo más estúpido, hasta que
-quedamos en la obscuridad. Y tenía la nariz muy hinchada. ¡Jo! ¡Jo!
-
---Mowgli, díjole de muy mal humor Bagheera, si su nariz estaba
-hinchada, por tu culpa era, como, por tu culpa también, están mis
-orejas, mis costados, mis patas, y el cuello y hombros de Baloo llenos
-de mordiscos. Ni Baloo ni Bagheera podrán cazar á gusto en bastantes
-días.
-
---No importa, contestó Baloo, hemos recobrado al hombrecito.
-
---Cierto; pero nuestro tiempo nos cuesta, que hubiéramos podido emplear
-mucho mejor en una buena cacería; nuestras heridas; nuestro pelo (yo
-tengo medio pelada la espalda), y, finalmente, nuestra honra. Porque,
-acuérdate, Mowgli, de que yo, la pantera negra, me ví obligada á llamar
-en auxilio mío á Kaa, y Baloo y yo quedamos atontados como pajarillos
-al ver la Danza del Hambre, y todo eso, hombrecito, por haber ido tú á
-jugar con los _Bandar-log_.
-
---Es cierto, es cierto, dijo tristemente Mowgli. Soy un hombrecito muy
-malo, y aquí, en el estómago, siento la tristeza de haberlo sido.
-
---¡Je! ¿Qué dice la Ley de la Selva, Baloo?
-
-No deseaba éste acumular más disgustos sobre Mowgli; pero tampoco podía
-jugar con la Ley, y así murmuró:
-
---El arrepentimiento no libra del castigo. Pero acuérdate, Bagheera, de
-que es aún muy pequeño, añadió.
-
---Ya me acuerdo; pero ha cometido una falta, y hay que pegarle. ¿Tienes
-algo que decir, Mowgli?
-
---Nada. Hice mal. Baloo y tú estáis heridos. Es justo.
-
-Dióle entonces Bagheera media docena de golpes, ligeros y cariñosos
-juzgándolos con criterio de pantera y teniendo en cuenta que apenas
-hubieran despabilado á uno de sus cachorros; pero para un muchacho de
-siete años, era aquello tan fenomenal paliza que no la quisiérais,
-de fijo, para vosotros. Cuando hubo terminado, estornudó Mowgli y
-enderezóse nuevamente, sin decir palabra.
-
---Ahora, dijo Bagheera, siéntate en mi espalda, Hermanito, y volveremos
-á casa.
-
-Una de las bellezas que pueden notarse en la Ley de la Selva es que el
-castigo salda definitivamente todas las cuentas pendientes, y no se
-vuelve ya á hablar del asunto.
-
-Apoyó Mowgli la cabeza sobre la espalda de Bagheera y durmióse tan
-profundamente que ni siquiera despertó cuando le pusieron junto á mamá
-Loba en la caverna donde tenía su hogar.
-
- [Ilustración]
-
-
- =Canción de los Bandar-log al ponerse en camino.=
-
-
- ¡Hénos aquí como un festón flotante
- lanzado hacia la luna que le envidia!
- ¿No quisiérais ser uno de los nuestros?
- ¡Tener más de dos manos! ¡Qué delicia!
- ¿No envidiáis esta cola que parece
- un arco, el de Cupido? ¿Os gustaría?
- Consolaos, _hermanos:
- en vuestra espalda el rabo se adivina_.
-
- ¡Hénos aquí, sobre el ramaje quietos,
- bellezas meditando, en largas filas;
- soñando en grandes cosas, que al instante
- veréis en realidades convertidas;
- algo que ha de ser noble, y grande, y bueno...
- que sólo con quererlo se conquista.
- ¡Ya veréis!... Más, _hermanos,
- en vuestra espalda el rabo se adivina_.
-
- Cuantas voces de fieras ó de aves,
- ó bien de los murciélagos que chillan
- (de animales de escamas, pluma ó pelo)
- hayamos escuchado en nuestra vida,
- mezclémoslas, digámoslas cien veces
- en rápida y confusa algarabía.
- ¡Magnífico, excelente! Procedemos
- como los hombres, al hablar, harían.
- ¿No lo somos?... _Hermanos,
- en vuestra espalda el rabo se adivina_.
-
- Del Pueblo de los Monos
- usanzas éstas son, y ésta es la vida.
-
- ¡Venid entre los pinos, buscad la uva silvestre,
- venid, pues, con nosotros, formad en nuestras filas:
- notad, al despertarnos, el ruido que metemos
- y no dudéis que vamos á hacer cosas magníficas.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- ¡AL TIGRE! ¡AL TIGRE!
-
- --¿Cómo fué la caza, fiero cazador?
- --Muy largo el acecho, y el frío era atroz.
- --¿Dónde está la pieza que fuíste á matar?
- --En la selva, hermano, pienso que estará.
- --¿Dónde está tu orgullo, dónde tu poder?
- --Por la herida huyeron ambos á la vez.
- --¿Por qué así corriendo vienes hacia mí?
- --¡Ay, hermano! Corro á casa... á morir.
-
-
-Hemos de retroceder ahora hasta la época del primer cuento. Cuando
-abandonó Mowgli la caverna de los lobos, después de la lucha que
-sostuvo con la manada en el Consejo de la Peña, fuése hacia las tierras
-de labor donde vivían los campesinos; pero no quiso quedarse allí por
-hallarse demasiado cerca de la selva y por saber que en el Consejo
-había dejado, por lo menos, un enemigo acérrimo. Así, pues, apretó el
-paso siguiendo un mal camino que iba á parar hasta el valle, y no lo
-abandonó, corriendo al trote largo durante cosa de unas cinco leguas,
-hasta que llegó á un país que le era desconocido. El valle se abría
-allí convirtiéndose en gran llanura, salpicada de rocas y cortada
-á trechos por barrancos. Á un extremo veíase una aldea, y al otro
-la espesa selva descendía súbitamente hasta las tierras de pastos,
-parándose de golpe como si la hubieran cortado con la azada. Por
-toda la llanura pacían búfalos y ganado, y cuando los muchachos que
-los cuidaban vieron á Mowgli, comenzaron á gritar huyendo, mientras
-los amarillos perros vagabundos que andan siempre alrededor de toda
-aldea india pusiéronse á ladrar. Siguió Mowgli adelante, porque se
-sentía hambriento, y al llegar á la entrada del lugarejo, vió que el
-gran arbusto espinoso que colocaban frente á ella al oscurecer, para
-interceptar el paso, estaba entonces corrido hacia á un lado.
-
---¡Je! exclamó, porque más de una vez había ya tropezado con barreras
-semejantes en sus nocturnas correrías, cuando iba en busca de algo que
-comer. ¡De modo que también aquí tienen los hombres miedo del Pueblo de
-la Selva!
-
-Sentóse junto á la entrada, y cuando vió venir á un hombre, levantóse,
-abrió la boca y señaló hacia el interior de ella para significar que
-necesitaba comida. Miró el hombre y retrocedió corriendo por la única
-calle de la aldea, llamando á grandes voces al sacerdote, que era alto
-y gordo, iba vestido de blanco y llevaba en la frente una señal roja
-y amarilla. Acudió éste, y con él unas cien personas más, mirando,
-hablando y dando gritos mientras señalaban hacia Mowgli.
-
---¡Qué mal educado está el Pueblo de los Hombres! se dijo el muchacho.
-Sólo los monos grises harían semejantes cosas. Así, apartó hacia atrás
-su larga cabellera, y púsose á mirarles ceñudo, malhumorado.
-
---¿Pero de qué tenéis miedo, dijo el sacerdote? Mirad esas señales que
-tiene en los brazos y en las piernas: son cicatrices de los mordiscos
-que le han dado los lobos. Él mismo no es más que un niño-lobo que se
-ha escapado de la selva.
-
-Como puede suponerse, al jugar juntos, los lobatos habían, no pocas
-veces, mordido á Mowgli más profundamente de lo que creían, y de ahí
-las blancas cicatrices que se veían en sus miembros. Pero él hubiera
-sido la última persona de este mundo que se atreviera á llamar á
-aquello mordiscos, porque bien sabía lo que verdaderamente era _morder_.
-
---_¡Arré! ¡Arré!_ exclamaron á la vez dos ó tres mujeres. ¡Mordido por
-los lobos! ¡Pobrecillo! ¡Un muchacho tan hermoso! Tiene unos ojos como
-brasas. Te juro, Messua, que se parece al niño que te robó el tigre.
-
---Déjame mirarlo bien, dijo una mujer que llevaba pesados brazaletes
-de cobre en las muñecas y en los tobillos. Y púsose á observarlo con
-curiosidad, haciendo pantalla de su mano puesta sobre la frente. De
-veras que se le parece, continuó. Es más flaco, pero tiene el mismo
-aspecto de mi niño.
-
-Era el sacerdote hombre listo, y sabía que Messua era esposa del
-aldeano más rico del lugar. Así, mirando antes al cielo por un momento,
-dijo solemnemente:
-
---Lo que la selva te quitó, la selva te lo devuelve. Llévate al
-muchacho á tu casa, hermana mía, y no te olvides de honrar al sacerdote
-cuya mirada tan adentro penetra en la vida de los hombres.
-
---¡Por el toro que me rescató!, dijo Mowgli entre sí, que toda esa
-charla no es más que una especie de examen como el que me hicieron
-sufrir en la manada. ¡Bueno! Si soy un hombre, hombre he de volverme,
-al fin y al cabo.
-
-Disolvióse el grupo al ver que la mujer hacía señas á Mowgli para que
-se dirigiera con ella á su choza, donde había una cama roja barnizada,
-una gran caja de tierra cocida para guardar granos, adornada con
-curiosos dibujos en relieve; media docena de cacerolas de cobre; la
-imagen de un dios indio, en un pequeño dormitorio; y sobre la pared un
-espejo, un espejo de veras, como los que venden en las ferias rurales.
-
-Dióle la mujer un buen trago de leche y un poco de pan, y, hecho esto,
-colocóle la mano sobre la cabeza y le miró en los ojos, pensando en si
-realmente sería su hijo que volvía de la selva, á donde el tigre se lo
-había llevado.
-
---¡Nathoo! ¡Nathoo! le llamó. Pero Mowgli no dió señal alguna de
-conocer este nombre.
-
---¿No te acuerdas de aquel día en que te regalé un par de zapatos
-nuevos?
-
-Tocó el pie del muchacho y lo halló tan duro casi como si estuviese
-revestido de una superficie córnea.
-
---No, dijo tristemente, esos pies no han llevado nunca zapatos... Pero
-tú te pareces mucho á mi Nathoo, y de todos modos serás mi hijo.
-
-Hallábase Mowgli violento porque jamás se había visto antes bajo
-techado; pero, mirando á la cubierta de bálago que tenía la choza,
-pensó en que podría romperla cuando se le antojara escaparse, y,
-además, la ventana carecía de pestillo.
-
---¿De qué sirve ser hombre, preguntóse, cuando no entiende uno el
-lenguaje que los hombres usan? Estoy hecho un bobo y un sordo, como le
-ocurriría también á cualquier hombre que estuviera en la selva entre
-nosotros. No tengo más remedio que aprender ese lenguaje.
-
-No en balde se había ejercitado, cuando vivía con los lobos, en imitar
-el grito de alerta que da el gamo en la selva, y el gruñido del jabato.
-Así, en cuanto Messua pronunciaba una palabra, Mowgli la imitaba
-también, casi con perfección, y, antes de que oscureciera, ya había
-aprendido los nombres de muchas cosas de las que en la choza había.
-
-Surgió alguna dificultad á la hora de acostarse, porque se resistía
-Mowgli á dormir bajo un techo que tanto se parecía á una trampa de las
-que se usan para cazar panteras, y, en cuanto cerraron la puerta, salió
-por la ventana.
-
---Déjale que haga su voluntad, dijo el marido de Messua. Piensa que
-no es posible que sepa lo que es dormir en una cama. Si realmente nos
-ha sido enviado para que sustituyera á nuestro hijo, no temas que se
-escape.
-
-Así, pues, tendióse Mowgli sobre la alta y limpia yerba que crecía al
-extremo del campo; pero, antes que hubiera podido cerrar los ojos, un
-gris y suave hocico vino á tocarle bajo la barba.
-
---¡Fú! exclamó el Hermano Gris (que era el mayor de los cachorros
-que tenía Mamá Loba). ¡Vaya un premio que me das por haberte estado
-siguiendo durante veinte leguas. Apestas á humo de leña y á ganado...
-ni más ni menos que un hombre. ¡Vaya, despiértate, Hermanito! ¡Traigo
-noticias!
-
---¿Están todos buenos en la selva? preguntó Mowgli dándole un abrazo.
-
---Todos, excepto los lobos que recibieron quemaduras de la Flor roja.
-Ahora, oye; Shere Khan se ha ido á cazar á otra parte, muy lejos, hasta
-que vuelva á crecerle el pelo, porque lo tiene todo chamuscado. Jura
-que cuando vuelva enterrará tus huesos en el Wainganga.
-
---Somos dos los que hemos de hablar en este asunto. También yo he
-jurado algo. Pero las noticias son siempre agradables. Cansado estoy
-esta noche..... muy cansado con las novedades que me ocurren..... mas
-vengan noticias.
-
---¿No te olvidarás de que eres un lobo? ¿No te harán los hombres
-olvidarte de ello? dijo el Hermano Gris con la mayor ansiedad.
-
---Nunca. Siempre he de acordarme de que te quiero á tí, y de que os
-quiero á todos los de nuestra cueva; pero también me acordaré siempre
-de que se me ha arrojado de la manada.
-
---Mira que no te arrojen ahora de otra. Los hombres son hombres y nada
-más, Hermanito, y su charla es como la de las ranas en las charcas.
-Cuando vuelva por aquí te esperaré entre los bambúes, al extremo de la
-pradera.
-
-En tres meses, á contar desde aquella noche, apenas salió Mowgli de
-la aldea: tan ocupado estaba aprendiendo los usos y costumbres de los
-hombres. Primero tuvo que acostumbrarse á llevar el cuerpo envuelto en
-una tela, lo que le molestaba grandemente; luego hubo de aprender el
-valor de la moneda, que no lograba entender poco ni mucho; finalmente,
-tuvo que arar, labor cuya utilidad no se le alcanzaba. Además, los
-chiquillos de la aldea le molestaban en extremo. Por fortuna, la Ley
-de la Selva le había enseñado á dominar su genio, porque allí la vida
-y la alimentación dependen precisamente de esa cualidad; pero cuando
-se burlaban de él porque no jugaba ni sabía hacer volar una cometa,
-ó porque pronunciaba mal alguna palabra, sólo el recuerdo de que era
-indigno de un cazador el matar á desnudos cachorrillos le impedía
-realizar su impulso de cogerlos y partirlos en dos.
-
-Él mismo no tenía conciencia de su propia fuerza. En la selva bien
-sabía él su debilidad si se comparaba con las fieras; pero en la aldea
-decía la gente que era tan fuerte como un toro.
-
-Tampoco Mowgli tenía la menor idea de las diferencias que las castas
-establecen entre los hombres. Cuando el borriquillo del alfarero
-resbalaba y se hundía en el barrizal, él iba, y, cogiéndolo por la
-cola, lo sacaba fuera, ayudando, además, á amontonar los cacharros
-para llevarlos al mercado de Khanhiwara. Y esto eran cosas altamente
-ofensivas para las buenas costumbres, porque el alfarero es de casta
-inferior, y su borriquillo mucho peor aún. Cuando el sacerdote le
-reprendió por ello, amenazóle Mowgli con ponerlo á él también sobre
-el pollino, lo que decidió al sacerdote á decir al marido de Messua
-que, cuanto antes, pusiera á trabajar á aquel muchacho, y el que hacía
-de jefe en la aldea le mandó á Mowgli que al día siguiente fuera
-á apacentar los búfalos. Nada podía ser tan agradable para Mowgli
-como esto, y aquella misma noche, considerándose ya, realmente, como
-encargado de uno de los servicios de la aldea, se dirigió á una reunión
-que se verificaba diariamente, desde el oscurecer, en una plataforma de
-ladrillos, á la sombra de una gran higuera. Venía á ser como el casino
-de la aldea, y en él el jefe, el vigilante, el barbero (que estaba
-enterado de todos los chismes locales) y el viejo Buldeo, cazador del
-lugar, que poseía un antiguo mosquete, se reunían y fumaban. Los monos
-sentábanse también y charlaban en las ramas superiores de la higuera,
-y debajo de la plataforma había un agujero en el cual vivía una
-serpiente cobra, que, por ser tenida como sagrada, recibía cada noche
-su cuenco de leche. Tomaban asiento los viejos alrededor del árbol,
-y comenzaba la conversación acompañada de chupetones á las grandes
-_hukas_ ó pipas, durando esto hasta muy entrada la noche. Contábanse
-allí historias estupendas de dioses, hombres y duendes; pero las que
-refería Buldeo sobre costumbres de las fieras en la selva sobrepujaban
-á las demás, hasta el punto de que, al oirlas, los ojos se les saltaban
-de las órbitas á los chiquillos que se sentaban fuera del círculo
-para escuchar. La mayor parte de aquellos relatos eran relativos á
-animales, porque como tenían la selva á sus puertas, como quien dice,
-era lo que más les interesaba. Ciervos y jabalíes destrozaban á menudo
-sus cosechas, y, de vez en cuando, un tigre se llevaba á alguno de sus
-hombres, hacia el oscurecer, á la vista misma de los que vivían en la
-aldea.
-
-Mowgli que, como es natural, conocía algo á fondo el asunto de que
-hablaban, tenía que taparse la cara para que no le vieran reirse,
-y mientras Buldeo, con el viejo mosquete sobre las rodillas, iba
-enredándose de uno en otro cuento maravilloso, al muchacho le temblaban
-los hombros con los esfuerzos que hacía para contenerse.
-
-Explicaba Buldeo cómo el tigre que había robado al hijo de Messua
-era un tigre-duende, en cuyo cuerpo habitaba el alma de un malvado
-usurero, muerto hacía algunos años. Y no me cabe de ello la menor duda,
-añadía, porque Purun Dass cojeaba siempre, de un golpe que recibió en
-un tumulto, cuando le pegaron fuego á sus libros de caja, y el tigre
-de que hablo cojea también, porque las huellas que deja al andar son
-desiguales.
-
---¡Es cierto! ¡Es cierto! ¡Esa es la pura verdad! dijeron los viejos
-con ademanes de aprobación.
-
---¿Y todos vuestros cuentos son así: un tejido de embustes y de sueños?
-exclamó Mowgli. Ese tigre cojea porque cojo nació, como todo el mundo
-sabe. Venir á hablarnos de que el alma de un avaro se ha refugiado en
-el cuerpo de una fiera como ésa, que tiene menos valor que cualquier
-chacal, es completamente infantil.
-
-Quedóse Buldeo mudo de sorpresa por un momento, y el jefe miró
-fijamente al muchacho.
-
---¡Ah! Tú eres el rapaz que ha venido de la selva, ¿verdad? Pues si
-tanto sabes llévanos la piel de ese tigre á Khanhiwara, porque el
-gobierno tiene ofrecidas cien rupias al que lo mate. Pero más vale que
-te calles y respetes á las personas mayores.
-
-Mowgli púsose en pie para marcharse.
-
---En tanto rato como estoy aquí escuchando, dijo desdeñosamente,
-mirando por encima del hombro, no ha dicho Buldeo, hecha una ó dos
-excepciones, palabra de verdad respecto á la selva, que tan cerca
-tiene. ¿Cómo voy á creer, pues, esos cuentos de duendes, y dioses, y
-toda clase de espíritus que él dice haber visto?
-
---Ya es hora de que el muchacho ese vaya á guardar el ganado, indicó el
-jefe, mientras Buldeo daba bufidos de rabia al ver la impertinencia de
-Mowgli.
-
-Es costumbre en las aldeas indias que algunos muchachos lleven el
-ganado y los búfalos á pacer en las primeras horas de la mañana,
-volviendo á traerlos por la noche; y los mismos animales que
-pisotearían á un hombre blanco hasta matarlo, dejan que les golpeen,
-gobiernen y griten chiquillos que á duras penas les llegan al hocico.
-Mientras los muchachos no se aparten del ganado están en salvo, pues
-ni los tigres se atreven entonces á atacar á aquella gran masa. Pero
-en cuanto se desvían para coger flores ó cazar lagartos corren el
-peligro de desaparecer para siempre. Pasó Mowgli por la calle de la
-aldea, al rayar el alba, sentado sobre los lomos de Rama, el gran toro
-del rebaño, y los búfalos, de un color azulado de pizarra, de largos
-cuernos colgando hacia atrás y de ojos feroces, se levantaron de sus
-establos, uno á uno, y le siguieron, demostrando bien claramente Mowgli
-á los chiquillos que le rodeaban que él era allí el que mandaba. Golpeó
-á los búfalos con una larga caña de bambú, y dijo á Kamya, uno de los
-muchachos, que cuidara del ganado mientras él se iba con los búfalos;
-pero que por nada se alejara del rebaño.
-
-Una pradera en la India es un terreno lleno de rocas, de matojos y
-de quebraduras, por donde se esparcen y desaparecen los rebaños.
-Generalmente, los búfalos se quedan en las lagunas y tierras
-pantanosas, donde se echan, revolcándose ó tomando el sol, metidos
-en el fango durante horas enteras. Mowgli los llevó al extremo de la
-llanura, donde el rio Wainganga desembocaba, procedente de la selva, y
-entonces, apeándose de Rama, corrió hacia un grupo de bambúes, hallando
-allí al Hermano Gris.
-
---¡Ah! exclamó éste. Te estoy esperando aquí desde hace muchos días. ¿Y
-qué significa eso de que vayas con el ganado?
-
---Me han dado esta orden. Soy pastor, por ahora. ¿Y qué noticias me
-traes de Shere Khan?
-
---Ha vuelto á este país, y ha estado mucho tiempo buscándote. Hoy se
-ha marchado, porque la caza escasea aquí; pero tiene la intención de
-matarte.
-
---Perfectamente, dijo Mowgli. Mientras no vuelva, procurad, tú ó uno
-de tus hermanos, poneros sobre esta roca de modo que yo pueda veros
-al salir de la aldea. En cuanto él esté aquí, espérame en el barranco
-donde está aquel árbol de _dhâk_, en el centro de la llanura. No hay
-ninguna necesidad de que nosotros mismos nos metamos en la boca de
-Shere Khan.
-
-Dicho esto buscó Mowgli un sitio en que hubiera sombra, acostóse y
-durmió mientras los búfalos pacían en torno suyo. El pastoreo, en
-la India, es uno de los oficios más perezosos de este mundo. Cambia
-el ganado de sitio, masca, se echa, vuelve á levantarse, y ni muge
-siquiera. No hace más que gemir sordamente, y, en cuanto á los búfalos,
-muchas veces, ni aun eso, sino que se hunden en los pantanos, uno tras
-otro, ábrense paso entre el fango hasta no dejar ver en la superficie
-más que el hocico y los fijos, azules ojos, y así se quedan como
-unos leños. El sol parece que haga vibrar las rocas en la atmósfera
-caliginosa, y los chiquillos que guardan el ganado oyen, de cuando en
-cuando, á un milano (nunca á más de uno) que silba desde casi invisible
-altura, y saben que si ellos, ó alguna vaca, murieran, aquel milano
-lanzaríase allí en el acto, mientras el más próximo, á algunas leguas
-de distancia, vería su rápido descenso, y otros y otros se enterarían
-desde muy lejos, hasta el punto de que, casi sin dar tiempo de que se
-acabaran de morir, más de veinte milanos hambrientos se presentarían
-sin que se supiera de donde habían salido. Unas veces los chiquillos
-duermen, se despiertan, vuelven á dormirse; tejen cestitas con hierba
-seca y meten saltamontes dentro; cojen dos insectos de los llamados
-_mantas religiosas_ y hacen que se peleen; forman collares con nueces
-de la selva, rojas y negras; observan á un lagarto que toma el sol
-sobre una roca; ó, finalmente, miran como junto á los pantanos alguna
-serpiente da caza á una rana. Otras veces cantan largas, larguísimas
-canciones con unos trinos al final muy típicos del país, y oyendo
-aquello parece el día más largo que la vida de la mayoría de las
-personas; ó fabrican con el fango castillos, con hombres, caballos y
-búfalos, y, poniendo cañas en las manos de aquéllos, suponen que son
-reyes rodeados de sus ejércitos, ó dioses que reclaman adoración.
-
-Á todo eso llega la noche, y, á los gritos de los chiquillos,
-levántanse los búfalos pesadamente de entre el pegajoso barro,
-produciendo ruidos semejantes á sucesivos disparos de armas de fuego, y
-en larga fila se dirigen, á través de la llanura gris, hacia el sitio
-donde parpadean las luces de la aldea.
-
-Día tras día llevó Mowgli á los búfalos á aquellos pantanos; día tras
-día vió al Hermano Gris, á una legua y media de distancia, en la
-extensa llanura (con lo cual sabía que Shere Khan no había vuelto aún);
-y día tras día acostóse, también, sobre la yerba, escuchando los ruidos
-y soñando en su pasada vida, allá en la selva. Si Shere Khan hubiera
-dado, con su pata coja, uno de sus inseguros pasos en los bosques que
-dominan el Wainganga, no hay duda que Mowgli lo hubiera oído: tal era
-la quietud de aquellas interminables mañanas.
-
-Llegó, al fin, un día en que no vió al Hermano Gris en el sitio
-convenido, y, riéndose, condujo entonces á los búfalos por el barranco
-en que estaba el árbol de _dhâk_, cubierto materialmente de flores de
-un color rojo dorado. Allí encontró al Hermano Gris, erizados cuantos
-pelos tenía en la espalda.
-
---Se ha escondido durante un mes para despistarte. Anoche cruzó por los
-campos, acompañado de Tabaqui, siguiéndote de cerca los pasos, dijo el
-lobo, perdido casi el resuello.
-
-Mowgli arrugó el entrecejo.
-
---No le tengo miedo á Shere Khan, contestó, pero conozco la astucia de
-Tabaqui.
-
---No le temas, dijo el Hermano Gris relamiéndose un poco. Yo encontré
-á Tabaqui al rayar el alba. Que les cuente ahora á los milanos toda su
-sabiduría; pero antes me la contó _á mí_..... antes de que le partiera
-el espinazo. El plan que ha tramado Shere Khan consiste en esperarte á
-la entrada de la aldea, esta noche..... á tí, y sólo á tí. Está ahora
-echado en el gran barranco seco del Wainganga.
-
---¿Ha comido hoy, ó caza con el estómago vacío? preguntó Mowgli, porque
-de la contestación dependía su vida.
-
---Mató algo al amanecer..... un jabalí..... y también ha bebido.
-Acuérdate de que Shere Khan jamás pudo ayunar, ni siquiera cuando
-convenía á sus propósitos de venganza.
-
---¡Ah, imbécil! ¡Imbécil! ¡Eso es ser dos veces niño! ¡Bien comido,
-bien bebido, y aún cree que voy á dejarle dormir! ¡Á ver! ¿Dónde dices
-que se echa? Si fuéramos siquiera diez lo cojíamos y lo arrastrábamos
-hasta aquí. Estos búfalos no querrán embestirlo como no sientan el
-rastro, y yo no sé hablar su lenguaje. ¿Podríamos colocarnos detrás de
-él, de modo que, olfateando, pudieran ellos seguir su pista?
-
---Siguió á nado la corriente del río Wainganga, para evitar toda
-posibilidad de que hiciéramos esto.
-
---Tabaqui se lo aconsejó, estoy segurísimo. Á él nunca se le hubiera
-ocurrido eso.
-
-Quedóse Mowgli pensando, con un dedo en la boca.
-
---El gran barranco seco del Wainganga, dijo, desemboca en la llanura
-á menos de media legua de aquí. Puedo conducir el rebaño á través de
-la selva, hasta la parte superior del barranco, y luego lanzarlo hacia
-abajo..... pero entonces se escaparía por la parte inferior. Hay que
-cerrar ese extremo. Hermano Gris ¿no puedes dividirme en dos el rebaño?
-
---Yo quizás no; pero he traído conmigo quien me ayude.
-
-Corrió el Hermano Gris y se metió en un agujero. Salió de allí entonces
-una enorme cabeza gris, que Mowgli conocía perfectamente, y llenó el
-cálido ambiente el más desolado grito que puede oirse en la selva: el
-aullido de caza de un lobo resonando en mitad del día.
-
---¡Akela! ¡Akela! exclamó Mowgli, palmoteando. No sé cómo no se me
-ocurrió pensar que no me olvidarías. Traemos entre manos un trabajo
-muy importante. Divide en dos el rebaño, Akela. Ponme á un lado á las
-vacas y terneros, y déjame solos á los toros y á los búfalos de labor.
-
-Corrieron los dos lobos, entrando y saliendo, como por juego, del
-rebaño, el cual, dando bufidos y levantando á la vez las cabezas, se
-separó en dos grupos. En uno de ellos las hembras de los búfalos, con
-sus pequeñuelos colocados en el centro, miraban furiosas y pateaban,
-prontas á embestir al primer lobo que se estuviera quieto un momento y
-á quitarle la vida aplastándolo. En otro grupo, los toros y novillos
-resoplaban también y golpeaban el suelo con las patas; pero, aunque
-su aspecto fuera más imponente, ellos eran allí los menos temibles,
-pues no tenían terneros que proteger. Ni seis hombres juntos hubieran
-dividido tan bien el ganado.
-
---¿Qué mandas ahora? dijo Akela, jadeante. Intentan reunirse otra vez.
-
-Montó Mowgli sobre Rama y contestó:
-
---Llévate los toros hacia la izquierda, Akela. Y tú, Hermano Gris,
-cuando nos hayamos ido, cuida de que no se separen las vacas, y
-llévalas al pie del barranco.
-
---¿Hasta donde? dijo el Hermano Gris, jadeando, también, y dando
-bocados.
-
---Hasta donde veas que los lados tienen más altura que la que puede
-saltar Shere Khan, gritó Mowgli. Tenlas allí hasta que nosotros bajemos.
-
-Partieron los toros al oir ladrar á Akela, y quedóse el Hermano Gris
-frente á las vacas. Embistiéronle éstas, y entonces corrió, siempre
-delante de ellas, hasta llegar al pie del barranco, mientras Akela se
-llevaba á los toros hacia la izquierda.
-
---¡Muy bien! Otra embestida y están ya á punto. ¡Cuidado ahora.....
-cuidado, Akela! Con que te equivoques y des una dentellada de más,
-embisten los toros. _¡Hujah!_ Más pesado es este trabajo que el de
-acorralar gamos negros. ¿Te imaginaste nunca que animales como éstos
-pudieran correr tanto? gritó Mowgli.
-
---Los he cazado..... los he cazado también, en mis buenos tiempos,
-susurró débilmente Akela, cubierto de una nube de polvo. ¿Los lanzo
-hacia la selva?
-
---¡Sí, lánzalos! ¡Lánzalos pronto! Rama está furioso. ¡Ah! ¡Si yo
-pudiera darle á entender para qué lo necesito hoy!
-
-Los toros fueron dirigidos entonces hacia la derecha y penetraron en la
-espesura aplastándolo todo. En cuanto á los demás muchachos encargados
-del pastoreo, que, cuidando su ganado á media legua de distancia,
-contemplaban lo que ocurría, fuéronse á todo correr hacia la aldea
-gritando que los búfalos se habían vuelto locos y habíanse escapado.
-
-Pero el plan de Mowgli era sencillísimo. Consistía su propósito en
-trazar un gran círculo al subir, llegar á la parte alta del barranco,
-y entonces hacerlo descender á los toros, cogiendo á Shere Khan entre
-éstos y las vacas; porque sabía perfectamente que, después de haber
-comido y bebido bien, no estaría en disposición el tigre de luchar ni
-de encaramarse por los lados del barranco. Amansaba ahora á los búfalos
-con sus voces, y Akela se había quedado bastante rezagado, no ladrando
-más que una ó dos veces para que la retaguardia apretara el paso.
-
-El círculo que trazaban era enorme, vastísimo, porque no querían
-acercarse demasiado al barranco y advertir á Shere Khan de su
-presencia. Al fin reunió Mowgli en torno suyo el azorado rebaño en lo
-alto del barranco, sobre una rápida pendiente cubierta de yerba, que
-iba á confundirse, en su extremo, con el mismo barranco.
-
-Desde aquella altura, y mirando por encima de las copas de los
-árboles, podía verse abajo la extensión del llano; pero lo que Mowgli
-miró entonces fueron los lados del barranco, viendo con no poca
-satisfacción que se elevaban casi perpendicularmente, y que las vides y
-enredaderas que de ellos colgaban no podían prestar apoyo suficiente á
-un tigre, en el caso de que por allí quisiera huir.
-
---Déjalos resollar, Akela, dijo levantando una mano. No han hallado aun
-el rastro. Déjalos resollar. Tengo que anunciarle á Shere Khan lo que
-se le viene encima. Ya lo hemos cogido en la trampa.
-
-Hizo bocina de sus manos, gritó hacia el barranco (lo cual era
-casi como gritar en la boca de un túnel), y el eco de su voz fué
-repercutiendo de roca en roca.
-
-Al cabo de largo rato contestó el vago, soñoliento gruñido de un tigre,
-harto ya y que despierta de su sueño.
-
---¿Quién llama? dijo Shere Khan. Y á su voz un espléndido pavo real
-voló desde el fondo del barranco dando chillidos al huir.
-
---Yo, Mowgli. ¡Ladrón de reses, ya es hora de que te vengas conmigo al
-Consejo de la Peña! ¡Ahí va! ¡Lánzalos, Akela! ¡Abajo, Rama, abajo!
-
-El rebaño quedóse un instante quieto al borde de la pendiente; pero
-Akela lanzó á plenos pulmones su grito de guerra, y se precipitaron
-todos, uno tras otro, como navíos que se lanzan á una corriente,
-mientras la arena y las piedras saltaban en torno suyo. Una vez
-comenzada la carrera no había modo de pararla, y, aún antes de llegar
-al cauce del torrente, Rama sintió ya el rastro de Shere Khan, y mugió.
-
- [Ilustración]
-
---¡Ah! dijo Mowgli, que iba en él montado. ¿Por fin te enteras, eh?
-Y el alud de negros cuernos, hocicos espumajeantes y ojos de mirada
-fija pasó rápido por el torrente, como arrancados peñascos en épocas
-de avenida, mientras los búfalos más débiles eran empujados hacia los
-lados, donde, al pasar, arrancaban las enredaderas. Ya sabían todos
-qué clase de labor les esperaba: era aquello la terrible embestida de
-un rebaño de búfalos, contra la cual no hay tigre que pueda pensar
-siquiera en resistir. Oyó Shere Khan el ruido atronador de las pezuñas,
-levantóse y caminó con pesadez torrente abajo, mirando á ambos costados
-en busca de huída; pero los lados del torrente parecían cortados á
-pico, y tuvo que quedarse allí sintiendo el abotagamiento producido por
-la comida y la bebida, deseando entonces cualquier cosa menos tener
-que batirse. El rebaño pasó chapoteando por la laguna que él acababa
-de abandonar, mugiendo hasta hacer retumbar todo el estrecho recinto.
-Mowgli oyó otro mugido que contestaba desde el extremo inferior del
-barranco; vió á Shere Khan volverse (el tigre sabía que en último
-caso era mejor esperar á los toros que habérselas con las vacas y
-terneros); y entonces Rama echó por tierra algo, tropezó con ello, y
-siguió adelante, pasando por encima de una masa blanda, y con los demás
-toros detrás, que iban pisándole casi, cayó sobre el otro rebaño, con
-tal furia que los más débiles búfalos fueron levantados al aire por
-completo con el choque que se produjo al encontrarse todos.
-
-La embestida arrastró ambos rebaños hacia la llanura, dando cornadas,
-coces y bufidos. Esperó Mowgli el momento oportuno, y, apeándose de
-Rama, comenzó á repartir golpes á diestro y siniestro con el palo que
-llevaba.
-
---¡Pronto, Akela! ¡Divídelos! ¡Sepáralos, ó si no van á pelearse unos
-con otros! ¡Llévatelos, Akela! ¡_Hai_, Rama! _¡Hai! ¡Hai! ¡Hai!_ hijos
-míos. ¡Poco á poco, ahora, poco á poco! Ya ha terminado todo.
-
-Akela y el Hermano Gris corrieron de un lado á otro mordiéndoles las
-patas á los búfalos, y, aunque el rebaño se volvió en redondo, con
-intención de embestir de nuevo, torrente arriba, Mowgli logró hacerle
-dar la vuelta á Rama, y los demás lo siguieron hacia los pantanos.
-
-No hacía falta que pisotearan más á Shere Khan. Estaba muerto, y los
-milanos iban acudiendo ya para devorarlo.
-
---¡Hermanos! Como un perro ha muerto, dijo Mowgli buscando el cuchillo
-que, desde que vivía entre los hombres, llevaba siempre pendiente del
-cuello y metido en una vaina. Pero tampoco se hubiera batido cara á
-cara. Buen efecto va á hacer su piel puesta sobre la Peña del Consejo.
-Manos á la obra y pronto.
-
-Jamás á un muchacho criado entre los hombres hubiérasele ocurrido ni
-por sueño desollar él solo un tigre que medía tres metros de largo;
-pero, mejor que nadie, sabía Mowgli cómo está pegada al cuerpo la piel
-de un animal, y, por lo tanto, el modo de arrancarla. No obstante, como
-la labor era ruda, Mowgli cortó y desgarró regañando entre dientes
-por espacio de una hora, mientras los lobos lo contemplaban con la
-lengua colgando, ó se acercaban para dar tirones á la piel cuando él lo
-mandaba.
-
-De pronto, apoyóse en su hombro una mano, y, levantando los ojos, vió á
-Buldeo con el viejo mosquete. Habían contado en la aldea los chiquillos
-el pánico que se apoderó de los búfalos, y Buldeo salió malhumorado,
-movido sólo por el vivo deseo de imponer á Mowgli un correctivo por
-no haber cuidado mejor del rebaño. Los lobos se eclipsaron en cuanto
-vieron venir al hombre.
-
---¿Qué locura es ésa? dijo Buldeo incomodado. ¿Y te figuras que tú
-vas á poder desollar un tigre? ¿Dónde lo mataron los búfalos? Y por
-añadidura es el tigre cojo, por cuya cabeza se han ofrecido cien
-rupias. ¡Bien, bien! Haremos la vista gorda en eso de que hayas dejado
-escaparse el rebaño, y tal vez te dé yo una de las rupias como premio
-cuando haya llevado la piel á Khanhiwara. Tanteóse la ropa buscando un
-pedazo de acero y un pedernal, y se agachó para quemarle los bigotes
-á Shere Khan. La mayor parte de los cazadores indígenas practica esta
-operación para evitar que el espíritu que habita en el tigre los
-persiga luego.
-
---¡Je! dijo Mowgli entre dientes mientras arrancaba la piel de una de
-las patas del tigre. ¿De modo que piensas llevarte la piel á Khanhiwara
-para recibir el premio, y luego tal vez me des una rupia? Pues bien:
-antójaseme que esa piel voy á necesitarla yo para mi propio uso. ¡Ea,
-viejo, aparta ese fuego!
-
---¿Y así es como hablas al jefe de los cazadores de la aldea? Á la
-suerte y á la ayuda que te ha prestado la imbecilidad de tus búfalos
-debes cuanto has hecho. Bien se ve que el tigre acababa de darse un
-hartazgo, ó de lo contrario estaría ahora á cinco leguas de distancia
-de este sitio. ¡Ni siquiera puedes desollarlo bien, y, á pesar de eso,
-tú, que no eres más que un pillete, vienes á decirme á mí, á Buldeo,
-que no le queme los bigotes! Mira, Mowgli: no voy á darte ni un _anna_
-como premio; lo que te daré será una buena paliza. ¡Suelta el tigre!
-
---¡Por el toro que me rescató! dijo Mowgli que estaba entonces luchando
-por llegar hasta el hombro de la fiera, ¿te figuras que voy á estar
-toda la tarde charlando contigo, mono viejo? ¡Ven acá, Akela! Líbrame
-de este hombre que me está molestando.
-
-Buldeo, que continuaba aún inclinado sobre la cabeza de Shere Khan,
-hallóse de pronto tendido sobre la yerba con un lobo gris encima,
-mientras Mowgli seguía desollando como si en toda la India no hubiera
-nadie más que él.
-
---Sí, dijo éste entre dientes, tienes muchísima razón, Buldeo. Nunca
-habrás de darme ni un _anna_ en premio. Entre este tigre cojo y yo
-había un duelo pendiente... un duelo antiguo, muy antiguo... y... yo he
-vencido.
-
-Hablando con entera imparcialidad, hay que reconocer que, si Buldeo
-hubiera tenido diez años menos, habría medido sus fuerzas con las de
-Akela á haberse hallado con él entre los bosques; pero un lobo que
-obedecía las órdenes de aquel muchacho (que tenía duelos pendientes
-con tigres devoradores de hombres), no era un animal como los demás.
-Aquello era arte de encantamiento, magia de la de peor clase, pensó
-Buldeo, y tuvo sus dudas respecto á si el amuleto que llevaba al cuello
-bastaría para protegerle. Quedóse, pues, tendido, como paralizado,
-esperando á cada instante ver á Mowgli convertirse también en tigre.
-
---_¡Maharaj!_ ¡Gran Rey! dijo, por fin, con voz ronca y tan bajo que
-parecía un susurro.
-
---¿Qué? contestó Mowgli sin volver la cabeza, sonriéndose un poco con
-aire satisfecho.
-
---Soy un anciano. Ignoraba que fueras algo más que un zagal. ¿Me
-permites que me levante y me vaya, ó va á hacerme pedazos ese servidor
-que tienes á tus órdenes?
-
---Vete, vete en paz. Pero otra vez no te metas con mi caza. ¡Suéltalo,
-Akela!
-
-Fuése Buldeo cojeando hacia la aldea, tan aprisa como pudo,
-mirando hacia atrás, por encima del hombro, para ver si Mowgli se
-metamorfoseaba en algo que causara espanto. Luego, al llegar, refirió
-un cuento de magia, y encantamientos, y brujerías que hizo que el
-sacerdote se pusiera muy serio.
-
-Mowgli siguió en su labor, pero se acercaba ya el anochecer cuando
-entre él y los lobos acabaron de separar del cuerpo del tigre la enorme
-y vistosa piel.
-
-Ahora, hay que esconder eso y volver los búfalos á casa. Ayúdame á
-reunirlos, Akela.
-
-Agrupóse el rebaño, á la luz dudosa del crepúsculo, y dirigióse hacia
-la aldea; pero al llegar cerca de ella vió Mowgli algunas luces, y oyó
-cómo en el templo tocaban las campanas y soplaban, además, en caracoles
-marinos. La mitad de la población parecía esperarle á las puertas del
-lugar.
-
---Esto será porque he matado á Shere Khan, dijo entre sí Mowgli; pero
-una lluvia de piedras silbó en sus oídos al mismo tiempo que los
-aldeanos le gritaban:
-
---¡Hechicero! ¡Hijo de una loba! ¡Diablo de la selva! ¡Márchate!
-¡Márchate de aquí en seguida, si no quieres que el sacerdote te cambie
-otra vez en lobo! ¡Dispara, Buldeo, dispara!
-
-Hizo fuego el mosquete, con gran estruendo, y uno de los búfalos
-jóvenes lanzó un mugido de dolor.
-
---¡Otro hechizo! gritaron los aldeanos. ¡El ha desviado la bala! ¡Ese
-búfalo es el tuyo, Buldeo!
-
---Pero ¿qué significa eso? dijo Mowgli azorado al ver que arreciaba la
-lluvia de piedras.
-
---No dejan de parecerse á los de la manada esos hermanos tuyos, dijo
-Akela, sentándose gravemente. Antójaseme que, si las balas tienen algún
-significado, la intención de esta gente es la de arrojarte fuera del
-lugar.
-
---¡Lobo! ¡Lobato! ¡Márchate! gritó el sacerdote agitando una ramita de
-la planta sagrada que llaman _tulsi_.
-
---¡Ah! ¿otra vez? La anterior fué porque era un hombre. Ésta porque soy
-un lobo. Vámonos, Akela.
-
-Una mujer, Messua, corrió hacia el rebaño y gritó:
-
---¡Hijo mío! ¡Hijo mío! Dicen que eres un hechicero que si quiere
-puede transformarse en fiera. Yo no lo creo, pero márchate, porque si
-no te van á matar. Buldeo dice que eres un brujo; pero yo sé que tú no
-has hecho más que vengar la muerte de Nathoo.
-
---¡Atrás, Messua! ¡Vuelve atrás ó te apedreamos! gritó entonces la
-multitud.
-
-Mowgli sonrióse con sonrisa forzada y breve, porque una piedra acababa
-de darle en la boca.
-
---Retrocede, Messua, añadió. Eso es uno de aquellos estúpidos cuentos
-que inventan al anochecer, bajo la sombra del árbol. Al menos te habré
-pagado la vida de tu hijo. ¡Adios! Y corre cuanto puedas, porque voy
-á lanzar el rebaño contra ellos con más velocidad que la que llevan
-los pedazos de ladrillo que me arrojan. No soy ningún brujo, Messua.
-¡Adios! Ahora, Akela, júntame otra vez el rebaño, gritó.
-
-No ansiaban los búfalos otra cosa más que volver á la aldea. Apenas si
-necesitaron que los azuzara Akela para lanzarse como un torbellino á
-través de las puertas, dispersando á la multitud á derecha é izquierda.
-
---¡Contadlos! gritó Mowgli con aire desdeñoso. Podría ser que os
-hubiera robado alguno. Contadlos, porque ésta es la última vez que he
-de apacentarlos. ¡Quedad con Dios, hijos de los hombres, y agradecedle
-á Messua que no vaya yo también con mis lobos á cazaros en mitad de
-vuestra calle!
-
-Volvió la espalda y echó á andar junto con el Lobo Solitario, y,
-como se le ocurriera mirar á las estrellas, sintióse, entonces,
-verdaderamente feliz.
-
---Se acabó para mí el dormir dentro de una trampa, Akela. Recojamos la
-piel de Shere Khan y vámonos. No causemos á la aldea el menor daño:
-tengamos en consideración lo bien que Messua se ha portado conmigo.
-
-Al elevarse la luna sobre la llanura, dando á todas las cosas un tinte
-algo lechoso, vieron con terror los aldeanos cómo Mowgli, acompañado
-de dos lobos y con un fardo sobre su cabeza, corría á campo travieso
-con aquel trote característico del lobo, que se traga las leguas como
-nada. Entonces echaron á vuelo las campanas y soplaron en los caracoles
-marinos con más fuerza que nunca; lloró Messua, y Buldeo comenzó á
-adornar con tales primores la historia de sus aventuras en la selva que
-acabó por decir que Akela se había erguido en dos pies hablando como un
-hombre.
-
-Empezaba á descender la luna cuando Mowgli y los dos lobos llegaron
-á la colina en que estaba la Peña del Consejo y se pararon ante la
-caverna de mamá Loba.
-
---Me han arrojado de la manada de los hombres, madre, gritó Mowgli,
-pero he cumplido mi palabra, y vengo con la piel de Shere Khan.
-
-Salió mamá Loba de la caverna, andando como con dificultad, y llevando
-tras sí los cachorros, y sus ojos brillaron vivamente en cuanto vió la
-piel.
-
---Ya le dije aquel día en que metió la cabeza y los hombros en esta
-caverna yendo en tu busca para matarte, renacuajo mío, ya le dije que
-el cazador sería cazado un día ú otro. ¡Bien lo has hecho!
-
---¡Muy bien, Hermanito! dijo una voz profunda, allá en la espesura.
-¡Ya te echábamos de menos en la selva! Y Bagheera vino, corriendo,
-hasta á tocar los desnudos pies de Mowgli. Juntos subieron á la Peña
-del Consejo, y, sobre la roca llana en que solía ponerse Akela, tendió
-Mowgli la piel, sujetándola, luego, con cuatro pedazos de bambú. Echóse
-sobre ella Akela, y lanzó el antiguo grito del Consejo:--¡Mirad, lobos,
-mirad bien!--exactamente como dijo cuando por primera vez le llevaron
-allí á Mowgli.
-
-Desde el día en que Akela había sido destituído, la manada se había
-quedado sin jefe, cazando y luchando como mejor le parecía. Pero aun
-contestaban á aquel grito por costumbre, y aunque fueran, algunos,
-cojos por culpa de las trampas en que habían caído, y otros arrastraran
-una pata por haber sido heridos en ella de un balazo, ó estuvieran
-sarnosos por haber comido algo malo, ó, finalmente, se hubieran
-extraviado, los que quedaban vinieron todos al Consejo de la Peña,
-y vieron la piel rayada de Shere Khan tendida sobre la roca, y las
-enormes garras colgando al extremo de las patas, que se balanceaban
-vacías. Entonces fué cuando Mowgli compuso una canción sin rimas,
-una canción que se le vino á los labios espontáneamente, y comenzó á
-cantarla á grades voces, arrojándose sobre la piel y llevando el compás
-con los talones, hasta que se le acabó el aliento, y mientras tanto el
-Hermano Gris y Akela aullaban entre las estrofas.
-
---¡Mirad bien, lobos, mirad bien! dijo Mowgli cuando hubo acabado. ¿He
-cumplido mi palabra? Y los lobos, ladrando como perros, dijeron: ¡sí! y
-uno de ellos, lleno de cicatrices y desgarrones en la piel, aulló:
-
---¡Vuelve á guiarnos, Akela! Vuelve á guiarnos, hombrecito, porque
-ya estamos aburridos de vivir sin Ley, y quisiéramos ser de nuevo el
-Pueblo Libre de otros tiempos.
-
---No, murmuró Bagheera, bien pudiera ser que os equivocárais. Cuando
-estéis hartos, acaso os vuelva la locura de antes. No en balde os
-llaman el Pueblo Libre. Por la libertad luchásteis y vuestra es.
-Devoradla, lobos.
-
---De la manada de los hombres y de la de los lobos me arrojaron, dijo
-Mowgli. En adelante cazaré sólo en la selva.
-
---Y nosotros contigo, dijeron los cuatro lobatos.
-
-Así pues, marchóse Mowgli y cazó con ellos en la selva á partir de
-aquel día. Pero no siempre estuvo sólo, pues algunos años después,
-cuando se hizo hombre, se casó.
-
-Mas desde entonces su historia es ya para personas mayores.
-
- [Ilustración]
-
-
- =Canción de Mowgli al bailar sobre la piel de Shere Khan en la
- Peña del Consejo=[6]
-
-
-La canción de Mowgli es ésta.--Yo, el mismo Mowgli, soy quien la canta.
-Que la selva preste oído á lo que he hecho.
-
-Shere Khan dijo que me mataría--¡que me mataría! ¡que ante las puertas
-de la aldea, á la luz de la luna, mataría á Mowgli, la Rana!
-
-Comió y bebió. ¡Bebed mucho, Shere Khan! porque ¿cuándo será que
-volváis á beber? Dormid, y soñad en mi muerte.
-
-Solo estoy entre los prados. ¡Hermano Gris, vente conmigo! Ven, Lobo
-Solitario, que hay aquí caza mayor.
-
-Recoge á los enormes búfalos machos, á los toros de piel azul y ojos
-coléricos. Llévalos de un lado á otro obedeciendo mis órdenes.
-
-¿Vuesa merced duerme aún, Shere Khan? ¡Despertad! ¡Ah! ¡Despertaos!
-¡Estoy yo aquí, y detrás de mí están los búfalos!
-
-Rama, el rey de ellos, hirió el suelo con una de sus patas. Aguas del
-Wainganga ¿á dónde fué Shere Khan?
-
-No es él como Ikki, que puede agujerear la tierra, ni como Mao, el pavo
-real, para poder volar. No es como Mang, el murciélago, que se cuelga
-de las ramas. ¡Bambúes que crujís todos á la vez, decidme á dónde fué á
-esconderse!
-
-_¡Ow!_ Allí está. _¡Ahoo!_ Allí está. Bajo las patas de Rama yace el
-tigre cojo. ¡Levantaos, Shere Khan! ¡Levantaos y matad! Ahí tenéis
-carne: rompedles el cuello á los toros.
-
-¡Chist! Duerme. No lo despertaremos, porque grande es su fuerza.
-Bajaron los milanos á verlo; subieron las negras hormigas á enterarse
-de ello. Gran asamblea se ha reunido en su honor.
-
-_¡Alala!_ No tengo ropas en que envolverme. Los milanos verán que estoy
-desnudo. Me avergüenzo de encontrarme ante toda esa gente.
-
-Prestadme vuestra piel, Shere Khan. Prestadme vuestra piel
-pintarrajeada para que pueda ir al Consejo de la Peña.
-
-Por el toro que me rescató hice una promesa... una pequeñísima promesa.
-Sólo que ahora me hace falta vuestra piel para cumplir mi palabra.
-
-Armado con el cuchillo (con el cuchillo que usan los hombres), armado
-con el cuchillo de cazador, me bajaré á recoger mi botín.
-
-Aguas del Wainganga, sed testigos de que Shere Khan me da su piel por
-el cariño que me tiene. ¡Tira, Hermano Gris! ¡Tira, Akela! ¡Bien pesada
-es la piel de Shere Khan!
-
-Furiosa está la manada de los hombres. Apedréanme todos ellos y hablan
-como chiquillos. Mi boca sangra. Huyamos.
-
-Á través de las tinieblas de la noche, de la cálida noche, corred
-conmigo velozmente, hermanos míos. Dejaremos atrás las luces de la
-aldea é iremos en dirección al sitio desde donde alumbra la luna, que
-está baja.
-
-Aguas del Wainganga, la manada de los hombres me ha arrojado de su
-seno. Ningún daño les hice; pero me tenían miedo. ¿Por qué?
-
-Manada de los lobos, también tú me has arrojado de tu seno. La selva se
-ha cerrado para mí, y cerradas están también las puertas de la aldea.
-¿Por qué?
-
-Como Mang vuela entre las fieras y los pájaros, así vuelo yo entre la
-aldea y la selva. ¿Por qué?
-
-Bailo sobre la piel de Shere Khan; pero mi corazón está triste. Herida,
-rota tengo mi boca con las piedras que me arrojaron desde la aldea,
-pero estoy alegre por haber vuelto á la selva. ¿Por qué?
-
-Luchan en mí ambos sentimientos como luchan dos serpientes en la
-primavera.
-
-Brota el llanto de mis ojos, y, sin embargo, río mientras él va
-corriendo. ¿Por qué?
-
-Hay en mi dos Mowglis; pero la piel de Shere Khan está bajo mis pies.
-
-Toda la selva sabe que he dado muerte á Shere Khan. ¡Mirad!... ¡Mirad
-bien, lobos!
-
-_¡Ahac!_ Tengo el corazón oprimido por todas las cosas que no llego á
-entender.
-
- [Ilustración]
-
-
- NOTAS:
-
-[6] Esta poesía, sin rimas y sin metro en el original, es,
-principalmente, una imitación de la manera característica de Walt
-Whitman, y en ello estriba su sabor primitivo, apropiado aquí, y algo
-entre homérico y ossiánico.--N. del T.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LA FOCA BLANCA
-
- ¡Duérmete, mi niño! La noche ha llegado,
- y negra es el agua que verde brillaba:
- la luna, al alzarse por entre las olas,
- nos mira en su seno dormir recostadas.
-
- Donde chocan unas con otras revueltas
- pon allí tu lecho, ve y allí descansa,
- revuélcate á gusto, la cola torciendo:
- no ha de despertarte la tormenta airada:
- no hará en tí su presa tiburón osado
- ¡duérmete, mi niño! ¡duérmete en el agua!
- ¡duérmete al arrullo del mar que te mece!
- ¡duérmete en los brazos de las olas mansas!
-
- (_Canción con que arrullan las focas á sus pequeñuelos_).
-
-
-Cuanto voy á referir ocurrió, muchos años hace, en un lugar llamado
-Novastoshnah ó Cabo del Noreste, en la isla de San Pablo, allá por
-el mar de Behring. Contóme ese cuento Limmershin, el reyezuelo de
-invierno, en ocasión en que el viento lo arrojó contra la arboladura
-de un barco que iba al Japón, y en que yo me lo llevé á mi camarote,
-calentándolo y alimentándolo durante un par de días, hasta que se halló
-en disposición de tender el vuelo y regresar á San Pablo. Limmershin
-es un pajarillo de genio bastante raro; pero tiene la cualidad de no
-saber mentir.
-
-Nadie va á Novastoshnah como no sea para negocios, y las únicas que los
-tienen allí constantes son las focas. Acuden en los meses de verano por
-centenares y por miles, saliendo del mar frío y gris, pues saben que la
-playa de Novastoshnah posee, para hospedar focas, mejores cualidades
-que ningún otro sitio del mundo.
-
-Gancho de Mar estaba enterado de esto, y cada primavera, desde el punto
-en que se hallara, se iba nadando hasta Novastoshnah, en línea recta,
-como si fuera un torpedero, y allí pasaba un mes luchando con sus
-colegas por conservar un buen sitio en las rocas, lo más cerca del mar
-que le fuera posible. Gancho de Mar tenía quince años y era una enorme
-foca macho, de color gris, con una piel sobre los hombros que parecía
-crín, y unos dientes caninos largos, amenazadores. Cuando se levantaba
-sobre sus extremidades anteriores elevábase á más de un metro de altura
-sobre el suelo, y si alguien se hubiera atrevido á pesarlo habría
-hallado que su peso era casi de unas setecientas libras. Estaba lleno
-de cicatrices, consecuencia de salvajes luchas; pero, á pesar de eso,
-mostrábase siempre dispuesto á aceptar nuevas peleas. Ladeaba en tales
-casos la cabeza como si no se atreviera á mirar á su enemiga cara á
-cara; pero de pronto caía sobre ella como un rayo, y cuando sus enormes
-dientes se habían clavado fuertemente en el cuello de la otra foca,
-podía ésta escapársele si lo lograba, pero no sería ciertamente Gancho
-de Mar quien la ayudara á ello.
-
-Sin embargo, lo que nunca hizo fué atacar á una foca herida ya
-por otras, porque esto era contrario á las reglas de la Playa. No
-necesitaba más que un sitio para su prole, junto al mar; pero como
-ocurría que cuarenta ó cincuenta mil focas más luchaban por lo mismo
-cada primavera, el silbar, bramar, rugir y resoplar que se oían en
-aquella playa eran algo verdaderamente horroroso.
-
-Desde una colina, llamada de Hutchinson, divisábase una extensión de
-tierra de cerca de una legua, completamente cubierta de focas que
-peleaban unas con otras, y, á la hora de la resaca, la playa quedaba
-toda salpicada de puntos que eran las cabezas de otras muchas focas
-que se apresuraban á ir á tierra para unirse á las que combatían.
-Luchaban sobre las rompientes, luchaban en la arena y hasta sobre
-las desgastadas rocas de basalto donde tenían sus viveros: eran tan
-estúpidas y tan poco complacientes como si fueran hombres. Las hembras,
-sus esposas, nunca iban á la isla hasta fines de Mayo ó primeros de
-Junio, porque les hacía poca gracia la perspectiva de que las hicieran
-pedazos en aquellas batallas; y en cuanto á los pequeñuelos de dos,
-tres ó cuatro años, que no sabían aún lo que era el sostener una
-familia, se iban tierra adentro, á alguna distancia, atravesando las
-filas de combatientes para ponerse á jugar sobre las dunas en grupos ó
-formando verdaderas legiones que destruían cuanta planta verde crecía
-por allí.
-
-Llamábanlos los _holluschickie_ (la gente moza) y de ellos había, en
-Novastoshnah sólo, quizá dos ó tres cientos mil.
-
-Un día de primavera, acababa Gancho de Mar de poner término á su pelea
-número cuarenta y cinco, cuando Matkah, su dulce y suave esposa de
-lánguida mirada, salió del mar, y en el mismo instante cogióla él
-por el pescuezo y la plantó en el espacio de terreno que se había
-reservado, mientras le decía refunfuñando:
-
---¡Tarde, como de costumbre! ¿Dónde has estado?
-
-No solía Gancho de Mar comer nada en los cuatro meses que se pasaba
-en la playa, y así estaba, generalmente, de muy mal humor. Matkah no
-contestó á la pregunta: sabía que esto era lo mejor que podía hacer.
-Tendió la mirada en torno suyo, y dijo muy tierna y suavemente:
-
---¡Qué atención has tenido conmigo! Has tomado nuestro sitio de otras
-veces.
-
---¡Pues ya lo creo que sí! contestó Gancho de Mar. ¡Mírame!
-
-Estaba lleno de arañazos, y la sangre le corría de veinte heridas
-distintas; tenía un ojo hundido y ambos costados hechos una lástima,
-con la piel colgando á pedazos.
-
---¡Ah! ¡Lo que sois los hombres! dijo Matkah abanicándose con la aleta
-de una de sus patas posteriores. Pero ¿por qué no podéis ser razonables
-y repartiros los sitios en paz? ¡Cómo estás! ¡Parece que te hayas
-peleado con el _Cetáceo Carnicero_!
-
---No he hecho otra cosa más que pelear, desde mediados de Mayo. La
-playa está tan llena esta temporada que es una vergüenza. Lo menos he
-tropezado con cien focas de la playa de Lukannon que iban buscando
-alojamiento. ¿Por qué no podría quedarse la gente en su propia casa?
-
---No pocas veces se me ha ocurrido la idea de que viviríamos mucho más
-felices en la isla de Otter que en un lugar tan concurrido como éste,
-dijo Matkah.
-
---¡Bah! Los _holluschickie_ son los únicos que van á la isla de Otter.
-Si fuéramos nosotros, dirían que lo hacemos por miedo. Hay que guardar
-las apariencias, hija mía.
-
-Hundió Gancho de Mar la orgullosa cabeza entre los gruesos hombros,
-y durante algunos minutos hizo como que dormía; pero no dejó ni un
-momento de estar ojo avizor para el caso de que tuviera que comenzar
-otra lucha. Ahora que todas las focas machos, con sus respectivas
-hembras, estaban ya en tierra, su clamoreo podía oirse en algunas
-leguas mar adentro, dominando el ruido de los más furiosos vendabales.
-Contando por lo bajo, bien podía decirse que había allí, sobre
-la playa, más de un millón de focas (focas viejas, focas madres,
-pequeñuelos y _holluschickie_, peleándose, retozando, dando balidos,
-arrastrándose y jugando), y ese millón iba y volvía del mar á la
-playa y de la playa al mar en grupos, y, á veces, formando verdaderos
-ejércitos, sin dejar ni un palmo de tierra donde no fueran á echarse
-en toda la extensión que podía abarcar la vista, y entreteniéndose en
-continuas escaramuzas á través de la niebla. En Novastoshnah hayla
-casi siempre, excepción hecha de las raras ocasiones en que brilla por
-un momento el sol y hace que aparezca todo como cuajado de perlas y
-matizado con los colores del iris.
-
-En medio de ese barullo había nacido Kotick, el pequeñuelo de Matkah,
-y era todo cabeza y hombros, con ojos claros, de un azul de agua, como
-corresponde que sean los de las focas pequeñas; pero algo había en su
-piel que era causa de que su madre lo mirara con profunda atención.
-
---¡Gancho de Mar, dijo al fin, nuestro hijo va á ser blanco!
-
---¡Caracoles! refunfuñó aquel. Nunca se ha visto en el mundo cosa tan
-rara. ¡Una foca blanca!
-
---Pues no sé que decirte; ahora se verá.
-
-Y comenzó á cantar en voz baja y berreante la canción de las focas, que
-todas las que son madres cantan á sus hijos:
-
- No nades nunca hasta las seis semanas
- si no quieres hundirte sin remedio;
- tormentas estivales y cetáceos
- son un peligro cierto.
-
- Son peligrosos, ratoncillo mío,
- muy peligrosos para el que es pequeño;
- pero báñate, y crece, y hazte fuerte...
- y no tengas ya miedo,
- ¡y atrévete ya entonces,
- hijo del mar inmenso!
-
-Por supuesto que el chiquitín no entendía, al principio, aquellas
-palabras. Chapoteaba en el agua, ó andaba á gatas por el suelo al lado
-de su madre, é iba aprendiendo á escaparse, tropezando más ó menos,
-cuando veía que su padre se peleaba con otra foca y ambos rodaban con
-feroces bramidos por encima de las resbaladizas rocas. Matkah solía ir
-al mar á buscar comida, y el pequeñín no se alimentaba más que una sola
-vez cada dos días; pero entonces comía cuanto le era posible, y así iba
-creciendo.
-
-Lo primero que hizo fué ir gateando tierra adentro, y allí encontró
-miles y miles de pequeñuelos de su misma edad, jugando todos como
-cachorrillos, durmiendo sobre la limpia arena, y jugando de nuevo
-después. La gente vieja, en los viveros, no hacía caso de ellos, y los
-_holluschickie_ no se movían de su propio terreno, con lo cual los
-chiquitines podían jugar á sus anchas.
-
-Al volver Matkah de su pesca en alta mar, íbase en dirección al
-sitio en que tales juegos se verificaban, y, balando como la oveja
-que llama á su corderillo, esperaba hasta que otro balido de Kotick
-le contestara. Entonces, íbase hacia él en línea recta, tan recta
-que no podía serlo más, abriéndose paso con las aletas de sus patas
-delanteras, dando golpes y revolcando por el suelo, á derecha é
-izquierda, á toda la chiquillería aquélla que le estorbaba. Siempre
-había algunos centenares de madres que iban en busca de sus hijos,
-á través del sitio destinado á jugar, y así puede decirse que los
-pequeñuelos tenían allí una vida muy animada, muy _movida_; pero, como
-le dijo Matkah á Kotick: «Mientras no te eches sobre el fango y cojas
-sarna; mientras no vayas á restregarte alguna cortadura ó arañazo
-contra la dura arena; y mientras, finalmente, no se te ocurra nadar
-cuando la mar está picada, nada puede dañarte aquí en lo más mínimo».
-
-Cuando las focas son pequeñas no saben nadar, lo propio que les ocurre
-á los niños; pero no están contentas hasta que aprenden. La primera
-vez que Kotick se echó al mar vino una ola y se lo llevó á donde había
-mucha más profundidad de lo que era conveniente para él, y su gruesa
-cabeza se hundió, al paso que sus pequeñas aletas posteriores fuéronse
-en alto por encima del agua, exactamente como le había dicho que le
-sucedería su madre, al cantarle la canción que hemos copiado; y gracias
-que otra ola lo recogió, lanzándolo de nuevo á la playa, pues, de no
-ser así, se hubiera ahogado.
-
-Aprendió, después de esto, á estarse tendido en un charco de la playa
-y esperar que las oleadas le cubrieran y lo levantaran mientras él
-chapoteaba, pero siempre anduvo ya alerta para el caso que vinieran
-olas muy grandes, de las que pueden hacer daño. Dos semanas estuvo
-aprendiendo el modo de usar sus aletas, y durante todo este tiempo
-entraba y salía del agua deslizándose, y tosía, gruñía, se arrastraba
-por la playa y dormitaba sobre la arena, hasta que luego volvía á las
-andadas. Así se convenció de que el agua era verdaderamente su elemento.
-
-Entonces, bien podéis imaginaros lo que se divertiría con sus
-compañeros, dando chapuzones para pasar por debajo de las olas, ó
-llegando á la playa sobre la cresta de una de ellas y cayendo con sordo
-ruido, resoplando para no ahogarse, mientras la enorme ola subía como
-un torbellino por la arena; ó alzándose sobre la cola y rascándose
-la cabeza, como veía él que la gente madura hacía; ó jugando á «yo
-soy el Rey del castillo[7]» sobre las resbaladizas rocas, llenas de
-vegetaciones, que asomaban á flor de agua. De vez en cuando veía una
-delgada aleta semejante á la de un enorme tiburón, que iba costeando,
-costeando, y como no se le ocultaba que aquello era el _Cetáceo
-Carnicero_, el delfín, que se come á las focas pequeñas cuando puede
-apoderarse de ellas, Kotick se iba como una flecha hacia la playa, y la
-aleta se alejaba bailando lentamente sobre el agua como si nada hubiera
-ido á buscar por allí.
-
-Hacia fines de Octubre comenzaron las focas á abandonar la isla de San
-Pablo para internarse en alta mar, yendo reunidas en familias y tribus,
-cesando en sus peleas por culpa de los viveros, y los _holluschickie_
-podían ya jugar en todas partes donde se les antojara. «Para el año que
-viene, dijo Matkah á Kotick, tú también serás un _holluschickie_; pero
-este año tienes aún que aprender cómo se cazan los peces».
-
-Partieron juntos, pues, atravesando el Pacífico, y Matkah le enseñó á
-Kotick á dormir de espalda, con las aletas plegadas á los lados y la
-naricita asomándose á flor de agua. No hay cuna tan cómoda como resulta
-serlo el continuado balanceo de las olas en el mar Pacífico. Cuando
-Kotick comenzó á sentir en la piel cierto hormigueo, Matkah le dijo que
-entonces empezaba á experimentar _la sensación del agua_, y que esos
-hormigueos y pinchazos en la piel anunciaban mal tiempo, por lo cual
-había que darse prisa en nadar y alejarse.
-
-
-Dentro de poco sabrás también hacia donde has de dirigirte cuando
-nades; pero, por ahora, seguiremos al puerco marino, al marsuino,
-que sabe mucho. Toda una escuela de marsuinos se agitaba por allí,
-chapuzándose en el agua, dando carreras de un lado para otro, y Kotick
-los siguió con toda la velocidad que le fué posible.
-
---¿Cómo os arregláis para saber hacia dónde tenéis que dirigiros?
-preguntó anhelante.
-
-Movió los blancos ojos hacia todos lados el director de la escuela y se
-lanzó de cabeza bajo el agua.
-
---Siento hormigueos en la cola, muchacho, le contestó. Significa esto
-que detrás de mí viene un temporal. ¡Vámonos! Cuando uno se halla al
-Sur del Mar Pegajoso (quería decir el Ecuador) y nota picazón en la
-cola, es anuncio de que se te viene de frente el temporal, y hay que
-dirigirse hacia el Norte. ¡Ven! La mar está aquí muy picada.
-
-Fué ésta una de las muchas cosas que Kotick aprendió, y el aprender era
-en él tarea constante. Matkah le enseñó á perseguir los bacalaos y las
-platijas á lo largo de los bancos de arena y á arrancar el esperinque
-de sus agujeros cubiertos de yerbas; cómo ir bordeando los restos de
-naufragios medio enterrados á cien brazas bajo el agua, y lanzarse con
-la rapidez de una bala entrando por una de las portas y saliendo por
-la otra, según hacen los peces; cómo sostenerse sobre la cresta de las
-olas cuando los rayos cruzaban el espacio, y saludar cortesmente á la
-albatros, de corta y ancha cola, ó á la fragata, al verlas pasar por
-los aires siguiendo la dirección del viento; cómo saltar fuera del
-agua á la altura de tres ó cuatro pies, á la manera de los delfines,
-apretadas á los lados las aletas y encorvada la cola...
-
-Enseñóle también á dejar tranquilos á los peces voladores, porque no
-tienen más que espinas; á arrancar de un bocado un pedazo de espalda á
-un bacalao corriendo á toda velocidad, á diez brazas bajo la superficie
-del mar; y á no pararse nunca á mirar un bote ó un buque, pero
-principalmente ningún barco de remos. Al cabo de seis meses, lo que
-Kotick no sabía sobre la pesca en alta mar era porque no valía la pena
-de saberse, y durante todo este tiempo nunca sus aletas tocaron tierra
-seca.
-
-Un día, sin embargo, mientras estaba dormitando en el agua, tibia
-entonces, en un sitio cercano á la isla de Juan Fernández, sintió una
-dejadez en el cuerpo y un mareo como los que suelen sentir las personas
-al llegar la primavera, y viniéronsele á la memoria las dulces y
-seguras playas de Novastoshnah, á siete mil millas de distancia; los
-juegos de sus compañeros; el olor de las plantas marinas; el bramar de
-las focas, y las continuas luchas. En aquel mismo instante hizo rumbo
-hacia el Norte, nadando pausadamente, y á poco hallóse con bastantes
-docenas de compañeros que llevaban también la misma dirección.
-
---¡Salud, Kotick! le dijeron.
-
-Este año somos todos _holluschickie_, y podemos bailar la _danza del
-fuego_ en las rompientes frente á Lukannon, y jugar sobre la yerba.
-Pero ¿de dónde has sacado esa piel?
-
-Era ahora la piel de Kotick casi completamente blanca, y, aunque se
-sintiera orgulloso de ella, no contestó más que:
-
---¡Nadad aprisa! Los huesos me duelen y deseo llegar á tierra.
-
-Y así fuéronse todos á las playas en que habían nacido, y oyeron á sus
-padres, las focas viejas, peleándose entre la niebla.
-
-Aquella noche Kotick bailó la _danza del fuego_ con las focas
-que contaban un año de edad. En todo el espacio que media entre
-Novastoshnah y Lukannon el mar está lleno de fuego en las noches
-de verano, y cada foca deja en pos de sí una estela como de aceite
-hirviendo, lanza flamígeros chispazos al saltar en el agua, y las
-olas rompen unas contra otras en grandes, fosforescentes rayas y
-remolinos. Después fuéronse tierra adentro, hacia el sitio reservado á
-los _holluschickie_, revolcáronse en el recien nacido trigo silvestre,
-y refirieron cuentos de lo que habían hecho durante el tiempo de su
-estancia en el mar. Hablaban del Pacífico como hablarían unos niños
-del bosque en que han estado jugando y cogiendo los frutos de los
-árboles, y, si alguien hubiera podido oirles, con los datos por ellos
-suministrados habría podido trazar un mapa tan detallado como jamás
-hubo otro alguno. Los _holluschickie_ de tres y de cuatro años de edad
-se precipitaron desde la colina de Hutchinson gritando:
-
---¡Largo de ahí, muchachos! El mar es hondo y no sabéis aun todo lo que
-guarda. Esperad hasta que hayáis doblado el Cabo. ¡Ja! ¡Ja! ¡Chiquitín!
-¿Dónde te has encontrado esa piel tan blanca?
-
---No la he encontrado en ninguna parte, dijo Kotick. Ha crecido sola.
-Y cuando se preparaba ya á darle un revolcón al que acababa de hablar,
-dos hombres de negro cabello y rojas caras aplastadas salieron de
-detrás de una duna, y Kotick, que nunca había visto á un hombre, tosió
-y bajó la cabeza. Los _holluschickie_ se replegaron formando un pelotón
-á algunos metros de distancia, y se quedaron quietos mirando con aire
-estúpido. Los dos hombres eran nada menos que Kerick Booterin, el jefe
-de los cazadores de focas de la isla, y Patalamon, su hijo. Venían de
-la aldea situada á cosa de media legua del vivero de focas, y estaban
-discutiendo cuáles escogerían para llevárselas al matadero (porque las
-focas se dejan llevar como corderos) y convertirlas, más tarde, en
-chaquetas de piel de las que usan las señoras.
-
---¡Oh! ¡Mira! dijo Patalamon. Hay una foca blanca.
-
-Kerick Booterin palideció hasta quedarse casi completamente blanco él
-también bajo la capa de aceite y de humo de que iba cubierto, porque
-era un aléuta, y los habitantes de las islas Aléutas no se distinguen
-por la limpieza. Después comenzó á murmurar una oración.
-
---No la toques, Patalamon, dijo. No se ha visto una foca blanca
-desde... desde mi nacimiento acá. Tal vez es el alma del viejo Zaharrof
-que ha tomado esta forma. Desapareció el año pasado en medio de aquella
-horrorosa tempestad que hubo.
-
---No, no me acerco á ella, contestó Patalamon. Es de mal agüero. ¿Te
-parece que será verdaderamente el alma del viejo Zaharrof que vuelve
-del otro mundo? Yo le debo algunos huevos de gaviota.
-
---No la mires, dijo Kerick. Llévate ese rebaño de las de cuatro años.
-Nuestros hombres debieran desollar hoy doscientas, pero estamos á
-principios de temporada y les falta práctica. Con cien bastarán.
-¡Despacha!
-
-Hizo sonar Patalamon un par de omoplatos de foca, dándole al uno contra
-el otro, en frente de la manada de _holluschickie_, y quedáronse todos
-quietos como muertos, y soplando con fuerza. Adelantó entonces algunos
-pasos, y las focas comenzaron á moverse, y Kerick fué guiándolas tierra
-adentro, sin que intentaran volverse atrás para reunirse con sus
-compañeras.
-
-[Ilustración] En número de centenares de miles viéronlas las otras
-focas alejarse conducidas por el hombre, pero siguieron jugando como si
-tal cosa. Sólo Kotick hizo algunas preguntas, á las que nadie supo qué
-contestar, como no fuera que, cada año, se llevaban los hombres algunas
-focas de aquel modo, por espacio de seis semanas ó de dos meses.
-
---Pues yo me voy detrás, dijo, y los ojos se le saltaban casi,
-siguiendo la pista del rebaño.
-
---La foca blanca nos sigue, gritó Patalamon. Ésta es la primera vez que
-una foca ha venido al matadero por sí sola.
-
---¡Chist! ¡No mires hacia atrás! dijo Kerick. No hay duda de que es el
-alma de Zaharrof. Tengo que hablarle de esto al sacerdote.
-
-La distancia que mediaba hasta llegar al matadero no era más que de
-unos ochocientos metros, pero tardóse una hora en recorrerla, porque
-bien sabía Kerick que si las focas iban demasiado aprisa se acalorarían
-más de lo conveniente, y luego, al desollarlas, la piel saldría á
-pedazos. Así, pues, fueron muy despacio, pasando por la _Garganta del
-León Marino_ y por la _Casa de Webster_, hasta que llegaron á la _Casa
-de la Sal_, completamente fuera del alcance de las miradas de las focas
-que en la playa quedaban. Kotick iba siguiendo, anhelante y pasmado
-de cuanto veía. Creyó hallarse en el fin del mundo, pero los bramidos
-que se oían detrás de él, procedentes de los viveros de las focas,
-resonaban con tanta fuerza como el estruendo de un tren al pasar por un
-túnel. Kerick sentóse sobre el musgo, sacó un pesado reloj de peltre, y
-dejó que el rebaño se enfriara algo por espacio de media hora, durante
-la cual podía oir Kotick cómo iban cayendo de la gorra de aquel hombre
-gotas del agua que la niebla había dejado en ella. Luego, diez ó doce
-hombres, cada uno armado de una cachiporra recubierta de hierro y
-midiendo cosa de un metro de largo, llegaron, y Kerick les señaló á una
-ó dos focas del rebaño que habían sido mordidas por sus compañeras, ó
-no se habían enfriado bastante, por lo que los hombres las apartaron
-del rebaño, dándoles puntapiés con sus pesadas botas, hechas de piel de
-morsa, y entonces dijo Kerick:
-
---¡Ahora!
-
-Inmediatamente comenzaron los hombres á dar golpes en la cabeza á las
-focas, con toda la rapidez posible.
-
-Diez minutos después, Kotick no pudo ya reconocer á las que fueron sus
-compañeras, pues sus pieles habían sido arrancadas, desde el hocico
-hasta las aletas posteriores, secadas y puestas sobre el suelo en un
-gran montón.
-
-No quiso ver más. Volvióse Kotick en redondo y galopó hacia el mar
-(porque una foca puede galopar muy velozmente durante breve rato),
-erizados por el terror sus nacientes bigotes. En la _Garganta del León
-Marino_, donde esos animales descansan junto al sitio hasta donde llega
-la resaca, lanzóse de cabeza, aletas en alto, en el agua fresca, y allí
-se balanceó, suspirando tristemente.
-
---¿Quién anda ahí? gruñó un león de mar, porque generalmente no gustan
-éstos de más sociedad que la de sus iguales.
-
---_¡Scoochnie! ¡Ochen scoochnie!_ (Estoy sólo, muy sólo!) dijo Kotick.
-¡Están matando á _todos_ los _holluschickie_ en _todas_ las playas!
-
-El león marino volvió la cabeza en dirección de tierra.
-
---¡Qué disparate! dijo. ¿No oyes á tus amigos alborotando como de
-costumbre? De fijo que habrás visto á ese viejo de Kerick despachando
-una manada. Treinta años ha que no hace otra cosa.
-
---¡Eso es horrible! dijo Kotick nadando hacia atrás en el momento en
-que quedaba cubierto por una ola, y afirmando el cuerpo por medio de
-un movimiento en espiral de sus aletas, que lo levantó completamente
-erguido y á tres pulgadas de distancia del borde dentado de una roca.
-
---¡Bien! ¡No lo has hecho mal para tu edad! dijo el león marino que era
-buen juez en materia de natación. Y luego añadió:
-
---Supongo que debe de ser horrible para tí, juzgando lo que ocurre bajo
-el aspecto que tú lo juzgas; pero si vosotras las focas os empeñáis en
-venir aquí año tras año, es natural que los hombres se enteren, y lo
-que es como no lleguéis á encontrar una isla á la cual no vayan nunca
-ellos, siempre os veréis perseguidas.
-
---¿Y no hay ninguna isla de esta clase?
-
---He perseguido al _poltoos_ (la platija) por espacio de veinte años,
-y no puedo decir aún que haya hallado una isla así. Pero, mira...
-(ya que observo que te gusta conversar con tus superiores), podrías
-ir al islote del _Caballo Marino_ y hablar á _Sea Vitch_. Tal vez él
-sepa algo. Y no salgas disparado de ese modo. De aquí á allá hay seis
-millas, y antes de nadar tan largo trecho, si yo fuera de tí, echaría
-un sueñecito, chiquitín.
-
-Parecióle bien el consejo á Kotick, y así nadó hasta su propia
-playa, saltó á tierra y durmió, por espacio de media hora, con
-extremecimientos en todo el cuerpo, como suelen hacer las focas.
-Despues salió en dirección del islote del _Caballo Marino_, pedazo
-de isla, pequeño y lleno de rocas, situado casi al Noreste de
-Novastoshnah, sembrado de picos y de nidos de gaviota, donde las morsas
-solían reunirse sin más compañía que la de ellas mismas.
-
-Saltó á tierra junto al viejo _Sea Vitch_, el enorme, feo, hinchado,
-granujiento caballo marino del Norte del Pacífico, ancho de cuello, de
-largos colmillos, sin más modales que los que tiene cuando duerme....
-que es lo que hacía entonces, con las aletas posteriores mitad fuera y
-mitad dentro del agua.
-
---¡Despiértate! le dijo Kotick, casi ladrando, para que lo oyera,
-porque las gaviotas metían gran ruido.
-
---¡Ah! ¡Oh!... ¿Qué?... ¿Qué hay? dijo _Sea Vitch_, y le pegó á la
-morsa que tenía al lado un golpe con los colmillos despertándola, y
-aquélla otro á la más próxima, y así fueron siguiendo, hasta estar
-todas despiertas y mirando fijamente en todas direcciones, excepto en
-la que debían.
-
---¡Je! Soy yo, dijo Kotick agitándose en la orilla, donde ofrecía todo
-el aspecto de una diminuta babosa blanca.
-
---¡Vaya! ¡Que me desuellen vivo si...! exclamó _Sea Vitch_, y en
-seguida comenzaron todos á mirar á Kotick como puede imaginarse uno que
-los soñolientos viejos, socios de algún casino, mirarían á un niño que
-cayera entre ellos. En cuanto oyó lo de desollar, no quiso Kotick que
-le hablaran más de esto, pues bien harto de ver desollar estaba, y así
-empezó á decir á gritos:
-
---¿No hay ningún sitio á donde puedan ir las focas, sin peligro de
-encontrarse con hombres?
-
---Anda á buscarlo tú, dijo _Sea Vitch_ cerrando los ojos. ¡Márchate,
-que aquí tenemos que hacer!
-
-Dió Kotick un salto en el aire al estilo de los delfines, y púsose á
-gritar á plenos pulmones:
-
---¡Zampa-ostras! ¡Zampa-ostras!
-
-Estaba él enterado de que _Sea Vitch_ no había cogido un pez en toda su
-vida, sino que se limitaba á hozar buscando ostras y plantas marinas,
-aunque se las echara de terrible, pretendiendo ser lo contrario de
-lo que era. Naturalmente, sucedió entonces que los _chickies_, los
-_gooverooskies_ y los _epatkas_, las gaviotas de todas clases y los
-mergos, que están siempre en acecho de cuantas ocasiones se les
-presenten para mostrar su mala educación, hicieron coro repitiendo
-aquellas palabras, y (al menos así me lo contó Limmershin) por espacio
-de cinco minutos no hubiera podido oirse el disparo de una escopeta en
-todo el islote del _Caballo marino_. Cuantos en él vivían gritaban á
-voz en cuello:
-
---¡Zampa-ostras! _¡Stareek!_ (viejo).
-
-Entre tanto _Sea Vitch_ se movía de un lado á otro refunfuñando y
-tosiendo.
-
---¿Hablarás ahora? dijo Kotick casi perdido el aliento.
-
---Anda y pregúntale á la _Vaca marina_ lo que quieres saber, contestó
-_Sea Vitch_. Si aún vive, ella podrá decírtelo.
-
---¿Y cómo conoceré á la _Vaca marina_ cuando la encuentre? dijo Kotick,
-marchándose ya.
-
---Es lo más feo de cuanto vive en el mar después de _Sea Vitch_, gritó
-una gaviota deslizándose ante las mismas barbas de éste... lo más feo y
-de peores modales. _¡Stareek!_
-
-Nadó otra vez Kotick hacia Novastoshnah dejando á las gaviotas
-gritar cuanto quisieran. Llegado allí, vió que nadie tomaba el menor
-interés en sus tentativas por descubrir un sitio donde pudieran vivir
-tranquilamente las focas. Dijéronle que siempre los hombres se habían
-llevado con ellos á los _holluschickie_, que esto formaba parte de su
-diaria labor, y que si no quería ver cosas desagradables, no tenía para
-qué haber ido al matadero. Pero ninguna de las otras focas había visto
-las matanzas aquéllas, y en el no haberlo visto estribaba la diferencia
-entre él y sus compañeras. Además, Kotick era una foca blanca.
-
---Lo que has de hacer, dijo Gancho de Mar después de haber oído el
-relato de las aventuras de su hijo, es crecer, convertirte en una
-foca tan grande como tu padre, y tener un vivero en la playa: verás,
-entonces, como te dejan en paz. De aquí á cinco años debieras hallarte
-ya en disposición de luchar y defenderte solo.
-
-Hasta la amable Matkah, su madre, le dijo:
-
---No podrás evitar nunca esas matanzas. Anda y vete á jugar en el mar,
-Kotick. Y, efectivamente, fuése y bailó la _danza del fuego_, pero con
-el corazón muy oprimido por la tristeza.
-
-Abandonó la playa aquel otoño tan pronto como pudo, y púsose en
-marcha completamente solo, porque en su cabecita bullía una idea. Iba
-en busca de la _Vaca marina_, si era verdad que existía en el mar
-semejante personaje, y hallaría después una isla tranquila, rodeada
-de playas seguras donde pudieran vivir las focas sin que los hombres
-llegaran hasta ellas. Con tal motivo exploró uno y otro día desde
-el Norte al Sur del Pacífico, llegando á nadar hasta trescientas
-millas en el espacio de veinticuatro horas. Es imposible referir sus
-innumerables aventuras, pero bastará decir que estuvo á punto de ser
-devorado por los tiburones y por el pez martillo, tropezando con todos
-los más peligrosos malhechores que vagan por los mares, con enormes
-é inofensivos peces, y con las conchas manchadas de color escarlata
-que están como ancladas en un mismo sitio por centenares de años y en
-ello cifran todo su orgullo... Á quien nunca encontró fué á la _Vaca
-marina_, ni tampoco una isla como la que él soñaba. Cuando la playa
-era excelente, dura, con su poco de declive, tierra adentro, para que
-las focas pudieran jugar en él, siempre se divisaba en el horizonte la
-columna de humo de un ballenero que estaba hirviendo grasa, y Kotick
-sabía lo que _eso_ significaba. O bien notaba claras huellas de que en
-la isla había habido focas, que fueron muertas por los hombres, y donde
-éstos habían puesto una vez los pies, pensaba él, bien podían ponerlos
-dos.
-
-Juntóse con una vieja albatros que le dijo que la isla de Kerguelen era
-el mejor sitio para vivir en paz y tranquilidad, y cuando se dirigió
-Kotick hacia allí, por poco queda hecho pedazos contra la negra y
-acantilada costa, en una fuerte tormenta de granizo acompañada de rayos
-y truenos. Y, no obstante, luchando contra el viento, pudo ver que
-hasta allí había habido, tiempo atrás, un vivero de focas. Lo mismo
-ocurría en cuantas islas visitó.
-
-Limmershin díjome los nombres de todas y formaban larga lista,
-porque, según él afirmó, pasóse Kotick cinco estaciones explorando
-continuamente, á excepción de un descanso anual de cuatro meses en
-Novastoshnah, durante el cual solían los _holluschickie_ burlarse de
-él y de sus islas imaginarias. Estuvo en Galápagos, en el Ecuador,
-sitio horrorosamente seco donde le pareció que le cocían vivo; fué á
-las islas Georgias, á las Orcadas, á la isla de la Esmeralda, á la del
-Ruiseñor, á la de Gough, á la de Bouvet, á la de Crossets, y hasta á
-una islita, del tamaño de una mancha, que existe al Sur del Cabo de
-Buena Esperanza. Pero en todas partes le dijeron lo mismo. En tiempos
-inmemoriales las focas habían ido á aquellas islas, siendo perseguidas
-y exterminadas por los hombres. Hasta un día en que se alejó del
-Pacífico algunos miles de millas y llegó á un sitio llamado _Cabo
-Corrientes_ (y esto fué cuando volvía de la isla de Gough), hallóse con
-algunos centenares de focas sarnosas que estaban descansando en una
-roca, y le dijeron que también allí iban los hombres.
-
-Entristecióle esto tan profundamente que hizo rumbo hacia el Cabo para
-volver á sus propias playas, y por el camino abordó á una isla llena de
-verdes árboles, donde halló una foca vieja, muy vieja, moribunda, para
-la cual buscó algunos peces, contándole después todas sus penas.
-
---Ahora, dijo Kotick, vuelvo á Novastoshnah, y si se me llevan al
-matadero con los _holluschickie_ poco me importa ya.
-
---Prueba otra vez, contestóle la foca vieja. Yo soy la última de la
-perdida tribu de Masafuera, y, en los tiempos en que los hombres solían
-matarnos á centenares de miles, referíase en las playas la conseja de
-que algún día una foca blanca, venida del Norte, llevaría al pueblo de
-las focas á un lugar tranquilo. Vieja soy y no he de ver ya ese día;
-pero otras lo verán. Prueba una vez más.
-
-Retorcióse Kotick los bigotes (que los tenía muy hermosos), y dijo:
-
---Yo soy la única foca blanca que ha nacido en playa alguna, y soy
-también la única, blanca ó negra, que ha pensado en descubrir nuevas
-islas.
-
-Animóle muchísimo este encuentro, y, aquel verano, cuando volvió
-á Novastoshnah, rogóle Matkah, su madre, que se casara y viviera
-tranquilo, porque no era ya un _holluschick_, sino todo un Gancho de
-Mar, hecho y derecho, con su blanca melena rizada sobre la espalda, y
-tan espesa, larga y de feroz aspecto como la de su padre.
-
---Dame una temporada más de espera, dijo él. Acuérdate, madre, de que
-siempre es la séptima la ola que más lejos llega en la playa.
-
-Dió la casualidad de que había otra foca que también pensó en aplazar
-el casarse hasta el año próximo, y Kotick bailó con ella la _danza del
-fuego_, en toda la extensión de la playa de Lukannon, la noche antes
-de partir para el último de sus viajes exploradores.
-
-Dirigióse esta vez hacia el Oeste porque acababa de descubrir el rastro
-de un gran número de platijas que tal rumbo llevaban, y él necesitaba,
-por lo menos, un centenar de libras de pescado para mantenerse en buena
-salud. Persiguiólas hasta cansarse, y, entonces, enroscóse y se durmió
-en uno de los hoyos que deja en la tierra la resaca, en dirección de la
-isla del Cobre.
-
-Conocía perfectamente aquella costa, y así, hacia media noche, al
-sentirse caer blandamente sobre un lecho de plantas marinas, exclamó:
-
---¡Uy! La marea sube muy rápida esta noche. Y dando media vuelta
-bajo el agua, abrió los ojos calmosamente y se desperezó. Pero, de
-pronto, brincó como un gato, porque acababa de ver algo enorme que iba
-olfateando por encima de los bajíos y engulléndose grandes flecos de
-algas.
-
---¡Por las olas del Estrecho de Magallanes!... dijo entre sí. ¿Quién
-son esas gentes?
-
-No se parecían ni á los caballos marinos, ni á los leones ó á los
-osos de mar, ni á las focas, ballenas, tiburones, peces ó conchas que
-Kotick estaba acostumbrado á ver. Tenían de seis á nueve metros de
-largo y carecían de aletas posteriores, pero poseían, en cambio, una
-cola, en forma de pala, que no parecía sino que había sido recortada
-de un pedazo de cuero mojado. Su cabeza ofrecía el más marcado aire de
-estupidez que puede imaginarse, y balanceaban el cuerpo en el agua,
-sobre el extremo de la cola, cuando no comían, saludándose unos á otros
-con gran solemnidad y agitando sus aletas delanteras como hombres muy
-gruesos que movieran los brazos.
-
---¡Ejem! dijo Kotick. ¿Pinta bien la suerte, caballeros? Y aquellos
-seres enormes contestaron saludando y agitando las aletas, á la manera
-de lo que hacía _Frog-Footman_[8]. Cuando volvieron á comer notó Kotick
-que tenían el labio superior partido en dos pedazos, que podían separar
-uno de otro á cosa de medio metro de distancia, y volverlos á juntar
-después, sosteniendo entre ambos pedazos más de media fanega de algas.
-Metíanlas en la boca y las mascaban con toda solemnidad.
-
---Sucio modo de comer es ese, exclamó Kotick. Y como le saludaran
-nuevamente, comenzó á perder ya la paciencia.
-
---¡Bueno! dijo. Si, por lo visto, tenéis en las aletas delanteras
-una articulación más que los otros, no por eso habéis de estarlo
-demostrando de ese modo. Ya veo que saludáis con muchísima gracia, pero
-preferiría que me dijerais cómo os llamáis.
-
-Los labios partidos moviéronse y se separaron; los vítreos y verdes
-ojos miraron fijamente; pero sus dueños no dijeron una palabra.
-
---¡Vaya! dijo Kotick, vosotros sois la única gente que he encontrado
-más feos que _Sea Vitch_... y más mal educados aún que él.
-
-Vínosele entonces á la memoria, con la prontitud de un relámpago, lo
-que le había dicho la gaviota en la isla del _Caballo Marino_ cuando
-no tenía más que un año, y dejóse caer de espalda en el agua, contento
-porque veía claramente que acababa de hallar, por fin, á la _Vaca
-marina_.
-
-Continuaron éstas (porque realmente lo eran) buscando algas y
-mascándolas como queda dicho, y, entre tanto, fué Kotick haciéndoles
-preguntas en cada uno de los idiomas que había aprendido en sus viajes,
-que no eran pocos, pues el _Pueblo de los mares_ usa casi tantos
-lenguajes como los seres humanos. Pero las vacas marinas no hablan,
-y así no le contestaron. Tienen únicamente seis huesos en el cuello
-en vez de siete, y las gentes del mundo submarino dicen que esto les
-impide hablar hasta á los de su misma clase. Sin embargo, como hemos
-dicho anteriormente, poseen una articulación de más en sus aletas
-delanteras, y, moviéndolas de arriba abajo y de un lado para otro,
-forman así una especie de torpe clave telegráfica que les sirve para
-entenderse.
-
-Al hacerse de día pudo verse que la melena de Kotick estaba
-completamente erizada. En cuanto á su paciencia había ido ya á parar
-á donde van los cangrejos cuando mueren. De pronto, las vacas marinas
-comenzaron á hacer rumbo hacia el Norte con gran calma, parándose de
-cuando en cuando para verificar absurdos conciliábulos en que no hacían
-más que saludarse de cuando en cuando, y Kotick las siguió, diciéndose:
-
---Gente tan estúpida como ésta hace mucho tiempo que hubiera sido ya
-exterminada, á no haber hallado alguna isla en que pudiera vivir sin
-cuidado; y lo que es bastante bueno para la Vaca marina, lo es también
-para Gancho de mar. Sea como fuere, ojalá que despacharan de una vez.
-
-Era aquello para Kotick pesadísimo trabajo. La manada no recorría más
-que cuarenta ó cincuenta millas cada día, se paraba de noche para
-comer, y tenía buen cuidado de no apartarse mucho de la playa, al paso
-que Kotick nadaba en torno suyo, y por encima, y por debajo, sin que
-lograra hacerles ir ni media milla más aprisa.
-
-Al alejarse más hacia el Norte volvieron á tener otros de sus
-conciliábulos, con intervalos de unas cuantas horas, y Kotick se
-arrancaba casi los bigotes de tanto mordérselos con impaciencia, hasta
-que, al fin, vió que remontaban una corriente de agua tibia, y entonces
-sintió por aquellos seres algo más de respeto.
-
-Una noche hundiéronse á través del agua reluciente (un modo de hundirse
-como si fueran piedras), y, por primera vez desde que él las había
-conocido, comenzaron á nadar con gran rapidez. Siguióles Kotick y tanta
-celeridad le dejó pasmado, porque nunca pudo ocurrírsele la idea de que
-una vaca marina fuera tan excelente nadadora. Dirigiéronse á un sitio
-acantilado de la costa, que se hundía en el agua, y se zambulleron en
-un agujero que había al pie, á veinte brazas bajo el nivel del mar.
-Metiéronse por un obscuro túnel, y Kotick, que las siguió, se ahogaba,
-por falta de aire fresco que respirar, después de tanto rato de estar
-nadando.
-
---¡Por vida de...! exclamó dando boqueadas y resoplando al salir, por
-el lado opuesto, al mar abierto y libre. ¡El chapuzón ha sido largo,
-pero valía la pena de soportarlo!
-
-Habíanse separado unas de otras las vacas marinas, y comían
-perezosamente á la orilla de las más hermosas playas que Kotick viera
-en su vida. Había allí grandes extensiones de roca viva y desgastada,
-pulida, que se prolongaban durante millas enteras, lo más apropiadas
-que podía imaginarse para viveros de focas; otras formadas de dura
-arena, detrás de las primeras, y en declive que miraba tierra adentro,
-buenas para jugar en ellas; y rompientes para bailar las focas sobre el
-agua; y blanda yerba para revolcarse; y dunas para trepar por la arena,
-descendiendo luego; y, sobre todo, Kotick conoció con sólo tocar el
-agua, que nunca engaña á un verdadero Gancho de mar, lo más importante:
-que jamás el hombre había llegado hasta allí.
-
-Su primer cuidado fué asegurarse de que la pesca podía hacerse en
-buenas condiciones, y luego nadó bordeando la orilla, y contó los
-deliciosos, bajos islotes de arena, medio escondidos en la pintoresca
-y rastrera niebla. Á lo lejos, hacia el Norte, veíase una línea de
-bancos de arena, de escollos y de rocas que no hubieran dejado á ningún
-barco acercarse á menos de seis millas de la playa, y entre las islas
-y la tierra firme había un profundo canal que llegaba á tocar los
-acantilados perpendiculares de la costa, debajo de los cuales se abría
-la boca del túnel.
-
---Esto es un segundo Novastoshnah, dijo Kotick, pero diez veces mejor
-que el primero. La Vaca marina debe de ser mucho más lista de lo que
-yo creía. Por los acantilados no podrían bajar los hombres aunque
-los hubiera, y los escollos del lado que mira hacia el mar harían
-pronto de cualquier barco un montón de astillas. Si hay rincón seguro,
-indudablemente que es éste.
-
-Acordóse de la foca que había dejado esperándole; pero aunque por ello
-quisiera apresurarse á volver á Novastoshnah, exploró detenidamente
-aquel nuevo país, á fin de poder contestar á cuantas preguntas se le
-hicieran. Luego zambullóse en el agua y se metió en la boca del túnel,
-nadando en él rápidamente en dirección del Sur. Sólo una vaca marina ó
-una foca hubiera imaginado que podía existir sitio semejante, y cuando,
-ya lejos, volvióse para mirar hacia los acantilados, hasta el mismo
-Kotick se maravillaba de que hubiera estado allí debajo.
-
-Seis días tardó en regresar á su país, aunque distaba mucho de nadar
-despacio, y, al tocar á tierra por la _Garganta del León marino_, á
-quien primero vió fué á la foca que le esperaba, y que por la alegría
-reflejada en los ojos de Kotick comprendió que, al fin, había éste
-hallado la isla deseada.
-
-Pero los _holluschickie_, y Gancho de mar, su propio padre, y todas
-las demás focas, se burlaron de él cuando les dijo lo que acababa de
-descubrir, contestándole así una de las focas de su misma edad:
-
---Muy bien está todo eso que dices, Kotick, pero hazte cargo de que el
-que vengas tú ahora desde quien sabe dónde y nos mandes que abandonemos
-este sitio es absurdo. Acuérdate de que hemos estado luchando largo
-tiempo por nuestros viveros, y he aquí algo que no podrás decir tú, que
-has preferido pasar el tiempo buscando por esos mares.
-
-Riéronse las otras focas al oir esto, y la foca joven movió la cabeza
-de derecha á izquierda. Habíase casado aquel mismo año, y dábase por
-ello grande importancia.
-
---Yo no tengo vivero que defender, contestó Kotick. No deseo más que
-enseñaros un sitio donde podréis vivir tranquilos. ¿Á qué estar siempre
-luchando?
-
---¡Oh! Si tratas de huir por la tangente claro está que nada tengo que
-añadir, dijo la foca acompañando sus palabras con una risita sarcástica.
-
---¿Vendrás si lucho contigo y te venzo? dijo Kotick. Y una luz verde
-brilló en su mirada, porque estaba verdaderamente furioso de tener que
-batirse.
-
---Perfectamente, contestó la foca joven, con cierto descuido. Si me
-vences iré contigo.
-
-No tuvo ni tiempo de cambiar de opinión, porque ya Kotick alargaba
-la cabeza y sus dientes se clavaban en la gordura del cuello de la
-foca. Después echóse hacia atrás y arrastró á su enemiga por la playa,
-sacudióla, y, dándole un golpe, la revolcó por el suelo. Entonces,
-dirigiéndose á las focas, díjoles rugiendo:
-
---Durante las últimas cinco estaciones he hecho en favor vuestro cuanto
-he podido. Os he hallado la isla en que podréis vivir seguros, pero
-como no os arranquen del cuello la estúpida cabeza no queréis creer lo
-que os dicen. Ahora voy á daros una lección. ¡En guardia!
-
-Contóme Limmershin que nunca en su vida (y él ve cada año diez mil
-focas viejas en luchas continuas), que nunca en su vida (algo corta)
-había visto cosa semejante á la embestida que dió Kotick contra los
-viveros. Arrojóse sobre el mayor de los _ganchos de mar_ que pudo
-hallar á su alcance, cogiólo por el pescuezo, ahogándolo casi, y lo
-zarandeó y golpeó de lo lindo, hasta que pidió que le perdonara la
-vida, tras de lo cual cogiólo para echarlo á un lado, y embistió al
-más próximo. Y se comprende que hiciera todo esto: no se había pasado
-cuatro meses ayunando como las focas grandes hacían cada año; sus
-viajes á nado en alta mar le conservaban en excelentes condiciones, y,
-lo que es aun más importante, nunca se había peleado antes. Su blanca
-melena estaba erizada de coraje, llameaban sus ojos, brillaban sus
-grandes caninos, y, en suma, ofrecía magnífico aspecto.
-
-Gancho de mar, el viejo, su padre, le vió batiéndose desenfrenadamente,
-arrastrando por el suelo, como si fueran platijas, á focas cuyo pelo
-comenzaba ya á encanecer, revolcando por todos lados á las más jóvenes,
-y entonces dió un gran bramido y gritó:
-
---Será todo lo tonto que se quiera, pero es el mejor luchador de estas
-playas. ¡No te pelees con tu padre, hijo mío! ¡Lo tienes ya de tu parte!
-
-Contestó Kotick con otro bramido, y Gancho de mar, el viejo, andando
-como los patos y resoplando como una locomotora, fué á mezclarse en
-la lucha, mientras Matkah y la foca que había de casarse con Kotick
-contemplaban, agachadas, á sus hombres. La pelea fué admirable, porque
-las dos focas lucharon hasta que no hubo ya ninguna que osara levantar
-la cabeza frente á ellas, y entonces se pasearon orgullosamente de un
-extremo á otro de la playa, emparejadas y mugiendo.
-
-Por la noche, cuando la aurora boreal parpadeaba lanzando vivos
-destellos á través de la niebla, subió Kotick á una desnuda roca y
-miró hacia abajo, hacia los destruidos viveros y los despedazados,
-sangrientos cuerpos de las focas.
-
---Ahora, dijo, os he dado ya la lección que necesitabais.
-
---¡Por vida mía! exclamó Gancho de mar, el viejo, enderezando el cuerpo
-trabajosamente, porque se hallaba por completo derrengado. Ni el mismo
-_Cetáceo Carnicero_ les hubiera causado mayor daño. ¡Hijo mío, siento
-orgullo al mirarte, y lo que es más, iré contigo á tu isla... si es
-verdad que existe!
-
---¡Á ver, piara de cerdos marinos! ¿Quién se viene conmigo al túnel de
-la Vaca marina? ¡Contestad ó vuelvo á empezar! rugió Kotick.
-
-Prodújose entonces un murmullo como el suave rumor de la marea cuando
-sube ó baja por las playas.
-
---Nosotras iremos contigo, dijeron miles de voces fatigadas. Nosotras
-estamos dispuestas á seguir á Kotick, la Foca blanca.
-
-Hundió entonces Kotick la cabeza entre los hombros y cerró
-orgullosamente los ojos. No era ya una foca blanca, sino roja de cabeza
-á pies. Pero no importaba; hubiérase avergonzado de mirar, siquiera, ó
-de tocar á una sola de sus heridas.
-
-Al cabo de una semana él y su ejército (casi diez mil focas, entre los
-_holluschickie_ y las viejas), salieron en dirección del Norte hacia el
-túnel de la Vaca marina, dirigiéndolas á todas Kotick, mientras las que
-se quedaban en Novastoshnah les llamaban estúpidas. Pero á la primavera
-siguiente, cuando se encontraron todas en las pesqueras del Pacífico,
-las focas de Kotick contaron tales maravillas de las nuevas playas, al
-otro lado del túnel de la Vaca marina, que se aumentó cada día más el
-número de las que habían abandonado las playas de Novastoshnah.
-
-Por supuesto, no se hicieron tales cosas de golpe, porque las focas
-necesitan mucho tiempo para darle vueltas á una idea en su cabeza;
-pero cada año había más que se marchaban de Novastoshnah, de Lukannon
-y de los otros viveros, para ir á las seguras y abrigadas playas en
-que Kotick pasa todo el verano, creciendo, engordando y poniéndose más
-robusto á cada año que transcurre, mientras los _holluschickie_ juegan
-en torno suyo en aquel mar que no visita ni un solo hombre.
-
- [Ilustración]
-
-
- =Lukannon=
-
-(Ésta es la gran canción que todas las focas de San Pablo cantan en
-alta mar cuando van de regreso á sus playas en el verano. Es una
-especie de himno nacional muy triste).[9]
-
-
- Hallé muy de mañana á mis amigas
- (pero ¡ay! ¡qué vieja que me he vuelto ya!)
- donde rugen las olas en verano
- contra cien arrecifes al chocar.
-
- Cantando á coro las oí: sus voces
- la del mar sofocaban, y eran más
- de un millón las que el coro de las playas
- de Lukannon cantaban sin cesar.
-
- _La canción del reposo junto al lago,
- de dunas en que juega un escuadrón,
- de las danzas nocturnas entre el fuego
- del mar, que el hombre aun no profanó._
-
- Hallé muy de mañana á mis amigas
- (á las que nunca he de encontrar ya más);
- la costa ennegrecían sus legiones
- de un lado yendo á otro con afán.
-
- Y á través de la espuma, mar adentro,
- desde donde la voz puede llegar
- su entrada saludábamos á gritos
- mientras iban subiendo el arenal.
-
- _¡Las playas de Lukannon!... donde crece
- la yerba que la niebla humedeció,
- donde jugamos en pulidas rocas,
- donde todas nacimos... ¡nuestro amor!_
-
- Hoy hallé de mañana á mis amigas...
- ¡deshecho el triste bando estaba ya!
- Cazábanlas los hombres en el agua,
- ya en tierra, golpeaban sin piedad.
-
- Como mansos y estúpidos corderos
- á morir las llevaban... pero aun ¡ay!
- cantamos á las playas de Lukannon...
- antes que el hombre las viniera á hollar.
-
- _Parte con rumbo al Sur ¡oh Gooverooska!
- dí á los reyes del mar nuestro dolor:
- ¡pronto estarán vacías nuestras playas
- como huevo de muerto tiburón!_[10]
-
- [Ilustración]
-
-
- NOTAS:
-
-[7] Juego infantil, muy popular en Inglaterra. En él los niños forman
-grandes montones de arena, por ejemplo, y uno de ellos se encarama en
-la cima cantando una cancioncilla cuyas primeras palabras son las que
-aquí se citan.--N. DEL. T.
-
-[8] Personaje de un libro muy popular en Inglaterra: _Alice's
-Adventures in Wonderland_, original de Lewis Carroll.--N. DEL T.
-
-[9] El autor no dice, por _tristísimo_ que sea este himno nacional (de
-ningún aficionado conocido, de seguro), que puede cantarse muy bien en
-el original inglés con música de la canción «Mambrú se fué á la guerra»
-y con la de otra, que es inglesa y bastante alegre, cuyas primeras
-palabras son: _We won't go home till morning._--N. DEL T.
-
-[10] Los naturalistas se quejan de la bárbara caza de focas á que se
-dedican los marineros, é indican que el día de la desaparición total de
-la especie está cercano.--N. del T.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- RIKKI-TIKKI-TAVI
-
- Desde el hueco en que ella entró
- Rikki-tikki llamó á Nag,
- y escuchad lo que le dijo:
- «ven con la Muerte á bailar».
-
- Ojo á ojo, testa á testa,
- (_bien pegada, y ¡baila Nag!_)
- Si uno muere el baile acaba,
- (_cuanto quieras durará_).
-
- Vuelta á un lado, vuelta á otro...
- (_Corre ya á esconderte, Nag._)
- ¡Ah! ¡La Muerte te ha vencido!
- (_¡Qué mala fortuna, Nag!_)
-
-
-Ésta es la historia de la gran guerra que Rikki-tikki-tavi sostuvo, con
-su solo esfuerzo, en los cuartos de baño de la gran _bungalow_[11],
-en el acantonamiento militar de Segowlee. Ayudóla Darzee, el pájaro
-tejedor, y Chuchundra, el almizclero, que no anda nunca por en medio
-del piso, sino que se arrastra arrimado á las paredes, fué quien la
-aconsejó; mas Rikki-tikki llevó todo el peso de la lucha.
-
-Era una mangusta, muy parecida á un diminuto gato en la piel y en la
-cola; pero mucho más semejante á una comadreja por la cabeza y por las
-costumbres.
-
-Los ojos y el extremo de su inquieto hocico teníalos de color de
-rosa; podía rascarse donde se le antojara con cualquiera de sus patas
-que quisiera usar, fueran las anteriores ó las posteriores; sabía
-enderezar la cola poniéndola de modo que pareciera un escobillón,
-y su grito de guerra mientras se deslizaba por la yerba era:
-_Rikk-tikk-tikki-tikki-tchik_.
-
-Un día, una de las grandes avenidas del verano llevósela de la
-madriguera en que vivía con sus padres, y la arrastró, pateando y
-cloqueando como una gallina, hasta una zanja abierta al borde de un
-camino. Encontró allí un hacecillo de yerbas que flotaba en el agua y
-se cogió á él, permaneciendo así hasta que perdió el sentido. Al volver
-en sí estaba echada al sol en mitad de uno de los caminillos de un
-jardín, muy mal cuidado, por cierto, y un niño decía junto á ella:
-
---Aquí hay una mangusta muerta. Vamos á enterrarla.
-
---No, dijo su madre. Vamos á llevarla adentro para secarla. Tal vez no
-esté muerta aún.
-
-Lleváronla á la casa, donde un hombre grueso la cogió con el pulgar y
-el índice, y dijo que no estaba muerta, sino medio ahogada, por lo cual
-la envolvieron en algodón, la calentaron, y ella entonces abrió los
-ojos y estornudó.
-
---Ahora, dijo el hombre grueso (un inglés que acababa de mudarse á la
-_bungalow_) no la asustéis, para que no se escape, y luego veremos lo
-que hacemos con ella.
-
-Asustar á una mangusta es la cosa más difícil de este mundo, porque,
-desde la cabeza hasta la cola, se la come viva la curiosidad.
-
-El lema de toda la familia de mangustas es «corre y busca», y
-Rikki-tikki hacía honor á su familia. Miró el algodón, juzgó que no
-servía para comestible, correteó por la mesa, sentóse, se alisó la
-piel, rascóse, y, de un salto, se colocó sobre el hombro del niño.
-
---No tengas miedo, Teddy, le dijo su padre. Eso es que quiere hacerse
-amiga tuya.
-
---¡Ay! Me hace cosquillas en la barba, exclamó Teddy.
-
-Rikki-tikki curioseó un poco por el cuello del niño mirando hacia
-dentro, le olió una oreja, y saltó al suelo restregándose el hocico.
-
---¡Jesús! ¿Y eso es un animal salvaje? dijo la madre de Teddy. Debe de
-ser tan manso porque ve que lo tratamos bien.
-
---Todas las mangustas son así, contestó el marido. Si á Teddy no se le
-ocurre cogerla por la cola ó probar de enjaularla, entrará y saldrá de
-la casa todo el día como si tal cosa. Vamos á darle algo que comer.
-
-Diéronle un pedacito de carne cruda, que á Rikki-tikki le gustó
-muchísimo, y, cuando lo hubo comido, fuése á la galería de la casa, se
-sentó al sol y erizó todos los pelos de su piel para que se secaran
-hasta la raíz. Y hecho esto, sintióse mejor.
-
---Hay en esta casa más cosas que descubrir, se dijo, que cuantas
-pudiera hallar toda mi familia en su vida. Yo aquí me quedo, para irlo
-inspeccionando todo.
-
-El día entero lo pasó dando vueltas por la casa. En poco estuvo que no
-se ahogara en las bañeras; metió en la tinta el hocico, sobre la mesa
-de escribir, y se lo chamuscó luego con la punta del cigarro que fumaba
-el hombre grueso, porque se le ocurrió subírsele á la rodilla con la
-intención de ver lo que era escribir. Al anochecer fuése al cuarto
-de Teddy para observar cómo se encendían las lámparas, y, cuando el
-niño se acostó, Rikki-tikki encaramóse también en su cama; pero era un
-compañero que no podía estarse nunca quieto, porque á cada ruido se
-ponía alerta y no paraba hasta averiguar lo que lo había producido. Á
-última hora entraron en el cuarto los padres de Teddy para ver á su
-hijo, y allí estaba Rikki-tikki despierto y puesto sobre la almohada.
-
---No me gusta eso, dijo la madre: podría morder á la pobre criatura.
-
---No lo hará, contestó el padre. Más seguro está Teddy con esa
-fierecilla al lado que si tuviera un perro de presa vigilándolo. Si
-entrara ahora en el cuarto alguna serpiente...
-
-Pero la madre de Teddy no quería ni pensar en tan horrible cosa.
-
-Á las primeras horas de la mañana siguiente Rikki-tikki fuése á
-almorzar á la galería yendo colocada sobre el hombro del niño; comió
-allí plátano y huevo pasado por agua, y púsose sucesivamente sobre las
-rodillas de todos, porque no hay mangusta bien educada que no sienta
-siempre la esperanza de llegar á convertirse algún día en animal
-doméstico, teniendo á su disposición salas en que corretear, y, además,
-la madre de Rikki-tikki (que había vivido en la casa del General, en
-Segowlee), tuvo buen cuidado de enseñarle lo que había de hacer si
-algún día se hallaba entre hombres blancos.
-
-Luego fuése Rikki-tikki al jardín para ver cuanto hubiera en él digno
-de ser visto. Era el jardín vasto, á medio cultivar, con espesos
-rosales de los llamados «Mariscal Niel», grandes como glorietas;
-naranjos y limeros; grupos de bambúes y montones de yerba alta.
-Rikki-tikki se relamió de gusto.
-
---Esto es un magnífico cazadero, se dijo, y la cola se le puso, hacia
-la punta, como un escobillón, con sólo pensarlo. Comenzó luego á correr
-de un extremo á otro, husmeando aquí y allá, hasta que oyó plañideras
-voces dentro de un espino.
-
-Los que las producían eran Darzee, el pájaro tejedor, y su esposa.
-Habían construído un nido precioso con sólo juntar dos grandes hojas,
-coser los bordes con fibras y llenar el hueco con algodón y pelusa,
-blanda como pluma finísima. El nido se balanceaba, mientras ellos
-estaban sobre el borde lamentándose.
-
---¿Qué ocurre? preguntó Rikki-tikki.
-
---Estamos inconsolables, dijo Darzee. Uno de nuestros cuatro
-pequeñuelos se cayó ayer del nido, y Nag se lo comió.
-
---¡Ah! Triste caso es éste, contestó Rikki-tikki... Pero yo soy aquí
-forastera. Decidme: ¿quién es Nag?
-
-En vez de contestar, Darzee y su esposa desaparecieron metiéndose en
-el nido, porque de la espesa yerba que crecía al pie del arbusto salió
-sordo silbido... algo horrible, frío, que hizo saltar hacia atrás á
-Rikki-tikki, á medio metro de distancia. Entonces fueron saliendo de
-la yerba, por pulgadas, la erguida cabeza y la extendida capucha de
-Nag, la gruesa cobra negra, y su longitud era de un metro y medio
-desde la lengua hasta la cola. Cuando hubo levantado del suelo una
-tercera parte de su cuerpo se quedó balanceándose, ni más ni menos que
-como se balancea en el aire un corimbo de _dientes de león_, y miró á
-Rikki-tikki con aquellos ojos malvados de las serpientes, que nunca
-cambian de expresión, sea lo que fuere lo que la serpiente piense.
-
---¿Quién es Nag? dijo. Soy yo. El gran dios Brahma puso sobre nuestra
-gente su sello cuando la primera cobra extendió su capucha para que el
-sol no tocara á Brahma mientras dormía. ¡Mírame, y tiembla!
-
-Ensanchó entonces más que nunca su capuchón, y Rikki-tikki vió detrás
-de él una señal como de unos espejuelos, comparable exactamente á la
-hembra en que encajan los corchetes. Tuvo miedo por un instante; pero
-es imposible que á una mangusta le duren los sustos mucho más, y, por
-otra parte, aunque Rikki-tikki no había visto nunca una cobra viva, su
-madre la había alimentado con cobras muertas, y sabía perfectamente
-que la misión de una mangusta grande en este mundo es pelearse con
-serpientes, y comérselas. También Nag estaba enterada de esto, y, en el
-fondo de su helado corazón, no era menor el miedo que sentía.
-
---¡Bueno! dijo Rikki-tikki (y su cola empezó á erizarse de nuevo):
-tanto si tienes esas señales como si no ¿crees tú que está bien el
-comerse á los pajarillos que se caen del nido?
-
-Nag parecía pensativa y observaba el menor movimiento que se produjera
-en la yerba detrás de Rikki-tikki. Comprendía que el haber mangustas en
-aquel jardín significaba la muerte más ó menos próxima para ella y para
-su familia; pero deseaba coger á Rikki-tikki descuidada y no en guardia
-como estaba ahora. Así bajó un poco la cabeza y la echó hacia un lado.
-
---Hablemos, dijo. Tú comes huevos; pues bien: ¿por qué no he de comer
-yo pájaros?
-
---¡Mira hacia atrás! ¡Mira hacia atrás! cantó entonces Darzee.
-
-Era Rikki-tikki demasiado lista para perder tiempo mirando. Pegó un
-brinco en el aire, tan alto como le fué posible, y precisamente en
-aquel momento pasó por debajo de ella, silbando, la cabeza de Nagaina,
-la malvada esposa de Nag. Habíase deslizado detrás de la mangusta,
-mientras estaba ésta hablando, con intención de matarla, y Rikki-tikki
-oyó su rabioso silbido por haber errado el golpe. Saltó ésta casi
-atravesada, sobre su espalda, y, si hubiera sido una mangusta vieja,
-habría comprendido que aquel era el momento de partirle el espinazo
-de una sola dentellada; pero tuvo miedo del terrible latigazo que con
-la cola daba la cobra. Mordió, eso sí, pero no hizo durar bastante el
-mordisco, y saltó fuera del alcance de aquella cola, dejando á Nagaina
-herida y furiosa.
-
---¡Darzee! ¡Malo! ¡Malvado! dijo Nag, azotando el aire, á tanta altura
-como le fué posible, en dirección del nido que había en el espino; pero
-Darzee lo había construído fuera del alcance de las serpientes, y así
-no hizo más que balancearse.
-
-Rikki-tikki sintió que los ojos le ardían y se le inyectaban de sangre
-(señal de ira en las mangustas), y se sentó sobre la cola y las patas
-traseras como un diminuto kanguro, mirando en torno suyo y rechinando
-los dientes con rabia. Pero Nag y Nagaina habían desaparecido ya entre
-la yerba. Cuando una serpiente yerra el golpe enmudece de momento y no
-da señal alguna de lo que piensa hacer después. Rikki-tikki no sintió
-el menor deseo de seguir á aquéllas, porque no estaba muy segura de
-que pudiera batirse con dos serpientes á la vez. Así, fuése hacia el
-caminillo enarenado, cerca de la casa, y sentóse allí para pensar. El
-asunto era para ella de excepcional importancia.
-
-Si leéis antiguos libros de Historia Natural hallaréis en ellos
-escrito que cuando una mangusta se bate con una serpiente y es mordida
-por ésta, vase corriendo y come una yerba que la cura. No es esto
-cierto. La victoria estriba únicamente en la rapidez de miradas y de
-movimientos (á cada golpe de la serpiente un salto de la mangusta),
-y como no hay ojo que pueda seguir el moverse de la cabeza de una
-serpiente al atacar, de ahí que las cosas ocurran de un modo mucho
-más maravilloso que si interviniera en ellas ninguna yerba mágica.
-Rikki-tikki era joven, y esto le hacía alegrarse aún mucho más al
-pensar que había logrado evitar un golpe dirigido por la espalda. Dióle
-ello confianza en sí misma, y, cuando Teddy vino corriendo por el
-caminillo, estaba ya Rikki-tikki en disposición de que la acariciaran.
-
-Pero, precisamente en el momento en que Teddy se agachaba, hubo algo
-que se movió un poco entre el polvo, y una débil voz dijo:
-
---¡Cuidado! Yo soy la Muerte.
-
-Era Karait, la minúscula serpiente de color de tierra, que gusta de
-echarse entre el polvo, y cuya mordedura es mortífera como la de la
-cobra. Pero es tan pequeña que nadie piensa en ella, y así resulta
-mucho más dañina.
-
-Los ojos de Rikki-tikki se inyectaron de nuevo, y dirigióse, como
-bailando, hacia Karait, con aquel balanceo extraño y aquella ondulante
-marcha que había heredado de su familia. Ofrece el más raro aspecto;
-pero está tan perfectamente medida y equilibrada aquella marcha, que
-desde cualquier ángulo de la misma puede salirse disparado cuando se
-quiere, y esto es una ventaja para habérselas con una serpiente. No
-sabía Rikki-tikki que se había metido en empresa mucho más peligrosa
-que la de batirse con Nag, porque Karait es tan pequeña y puede
-revolverse con tanta facilidad que, como Rikki no acertara á morderla
-precisamente detrás de la cabeza, recibiría ella la picada sobre un
-ojo ó un labio. Rikki, ignorando esto, tenía los ojos como ascuas, y
-se balanceaba de atrás hacia adelante, buscando con la mirada un buen
-sitio donde hacer presa. Karait atacó de pronto. Saltó de lado Rikki
-y trató de lanzarse sobre ella; pero la mal intencionada cabeza, gris
-y polvorienta, embistió, tocándole casi el hombro, y entonces vióse
-obligada á saltar por encima del cuerpo, mientras la cabeza seguía muy
-de cerca sus patas.
-
-Teddy gritó á la gente de la casa: ¡Mirad, mirad! Nuestra mangusta está
-matando una serpiente.
-
-Rikki-tikki oyó un grito de la madre de Teddy, y el padre salió
-provisto de un bastón; pero durante el tiempo que tardó en llegar,
-Karait había dado una embestida poco prudente, y Rikki-tikki saltó;
-arrojóse sobre la espalda de la serpiente; bajó la cabeza cuanto pudo
-entre las patas delanteras; hincó los dientes, lo más alto posible, en
-la espalda, y cayó rodando á alguna distancia. Aquel mordisco había
-dejado completamente inmóvil á Karait, y Rikki-tikki se preparaba ya á
-devorarla, empezando por la cola, según costumbre de la familia á la
-hora de la comida, cuando se acordó de que lo que hace á una mangusta
-sentirse algo pesada es el comer en abundancia, y que para conservar
-toda su fuerza y agilidad necesitaba estar flaca.
-
-Fuése, pues, á tomar un baño de polvo á la sombra de unas matas de
-ricino, mientras el padre de Teddy golpeaba á la muerta Karait.
-
-¿De qué sirve eso? pensó Rikki-tikki. Yo lo he dejado ya todo listo.
-
-Entonces, la madre de Teddy la levantó del polvo, acariciándola y
-diciendo que había salvado la vida de su hijo; el padre calificó á todo
-aquello de providencial, y Teddy mismo miraba la escena con grandes y
-espantados ojos. Mucho le divertía eso á Rikki-tikki, y, por supuesto,
-no entendía una palabra.
-
-La mamá de Teddy podía haberla acariciado lo mismo por haberla visto
-jugar en el polvo: para ella hubiera sido igual. Rikki-tikki se
-regodeaba, en aquel momento, de lo lindo.
-
-Al anochecer, á la hora de la comida, mientras caminaba por entre las
-copas de vino que había en la mesa, hubiera podido atiborrarse á su
-gusto, tres veces más de lo que necesitaba, comiendo muy buenas cosas,
-pero se acordó de Nag y de Nagaina, y aunque fuera muy agradable el
-verse halagada y acariciada por la madre de Teddy, ó ponerse en el
-hombro de éste, los ojos se le inyectaban de cuando en cuando, y
-lanzaba su largo grito de guerra: _¡Rikk-tikk-tikki-tikki-tchik!_
-
-Llevósela Teddy á su cama, y se empeñó en que durmiera debajo de su
-barba. Era Rikki-tikki harto bien educada para morderle ó arañarle;
-pero, en cuanto Teddy hubo conciliado el sueño, marchóse ella á dar su
-acostumbrado paseo alrededor de la casa, y en la obscuridad tropezó
-con Chuchundra, el almizclero, que se arrastraba junto á una pared.
-Es Chuchundra un animalito que vive desconsolado. Llora y se queja
-durante toda la noche intentando atreverse á correr por el centro de
-las habitaciones; pero nunca logra llegar hasta allí.
-
---No me mates, dijo Chuchundra, casi sollozando. Rikki-tikki, no me
-mates.
-
---¿Te figuras tú que el que mata serpientes mata almizcleros? preguntó
-Rikki-tikki desdeñosamente.
-
---Los que matan serpientes serán muertos también por ellas, observó
-Chuchundra con aire más triste que nunca. ¿Y cómo he de tener yo
-la seguridad de que Nag no se equivocará alguna noche obscura
-confundiéndome contigo?
-
---No hay cuidado, ni remotamente, de que ocurra, contestó Rikki-tikki.
-Pero Nag está en el jardín, y yo sé que tú no te asomas por allí.
-
---Mi prima Chua, la rata, me habló... dijo Chuchundra, y de pronto se
-quedó callado.
-
---¿Te habló de qué?
-
---¡Chito! Nag está en todas partes, Rikki-tikki. Tú debías haber
-hablado con Chua, allá en el jardín.
-
---Pues no lo hice... y por lo tanto eres tú quien va á hablar ahora.
-¡Pronto, Chuchundra, ó te muerdo!
-
-Sentóse Chuchundra y se puso á llorar de tal modo que las lágrimas le
-corrían por los bigotes.
-
---Soy un pobre desgraciado, exclamó sollozando. Jamás tuve la fortaleza
-de espíritu necesaria para correr por el centro de una sala. ¡Chito!
-Nada debo decirte. ¿No oyes, Rikki-tikki?
-
-Púsose éste á escuchar entonces. La casa estaba completamente
-tranquila; pero le pareció que oía un _rac-rac_ suavísimo, muy apagado
-(un ruido como el que causa una avispa caminando por el cristal de
-una ventana), el seco rumor que produce una serpiente al rozar sobre
-ladrillos.
-
---Esto es Nag ó Nagaina, pensó, que se introducen en la compuerta del
-cuarto de baño. Tienes razón, Chuchundra, dijo: debía haber hablado con
-Chua.
-
-Fuése, deslizándose silenciosamente, al cuarto de baño de Teddy; pero
-como nada vió allí, dirigióse al de la madre del niño. En la parte baja
-de una de las paredes de estuco había un ladrillo levantado para que
-sirviera de compuerta por donde penetrara el agua del baño, y cuando
-Rikki-tikki entró, pasando por la orilla de los bordillos de cal y
-canto sobre los cuales está el baño, oyó á Nag y á Nagaina que hablaban
-muy bajo en la parte de afuera, á la luz de la luna.
-
---Cuando la casa esté vacía, dijo Nagaina á su marido, _ella_ se verá
-precisada á marcharse, y entonces el jardín volverá á ser nuestro.
-Entra sin hacer ruido, y acuérdate de que el primero á quien hay que
-morder es al hombre que mató á Karait. Luego sal, ven á decírmelo, y
-juntos daremos caza á Rikki-tikki.
-
---Pero ¿estás segura de que ganaremos algo matando á la gente? preguntó
-Nag.
-
---Lo ganaremos todo. Cuando no había nadie en la _bungalow_ ¿teníamos,
-acaso, alguna mangusta en el jardín? Mientras la _bungalow_ esté
-deshabitada nosotros seremos aquí el rey y la reina; y acuérdate de
-que en cuanto los huevos que hemos puesto en el melonar se rompan y
-nazcan nuestros pequeñuelos (cosa que podría ocurrir mañana mismo),
-necesitaremos más espacio y mayor tranquilidad.
-
---No se me había ocurrido eso, dijo Nag. Iré; pero no es preciso que
-demos caza á Rikki-tikki. Mataré al hombre grueso y á su mujer, y hasta
-al niño si puedo, después de lo cual me iré tranquilamente. Entonces,
-como quedará vacía la _bungalow_, Rikki-tikki se marchará.
-
-Rikki-tikki se estremeció toda ella de coraje y de odio al oir esto,
-y en aquel momento apareció por la compuerta la cabeza de Nag, y, á
-continuación, el helado cuerpo de metro y medio de largo. Rabiosa y
-todo como estaba, sintió Rikki-tikki profundo miedo al ver el gran
-tamaño de la cobra. Nag se enroscó en espiral, levantó la cabeza y miró
-el cuarto de baño en medio de la obscuridad, en la cual Rikki pudo ver
-como brillaban sus ojos.
-
---Ahora, si la mato aquí, Nagaina lo sabrá, y si la ataco en campo
-abierto, en mitad del suelo del cuarto, todas las probabilidades están
-en su favor. ¿Qué haré? díjose Rikki-tikki-tavi.
-
-Balanceóse Nag, y luego oyóla Rikki-tikki beber en la jarra más grande
-que servía para llenar el baño.
-
---Está bien, dijo la serpiente. Ahora, veamos: cuando mataron á Karait,
-el hombre grueso llevaba un bastón. Es posible que lo tenga aún; pero
-cuando venga á bañarse por la mañana, no lo llevará. Estaré esperando
-aquí hasta que entre. ¿Oyes, Nagaina? Esperaré aquí, al fresco, hasta
-que sea de día.
-
-Nada contestaron desde fuera, y, por lo tanto, Rikki-tikki comprendió
-que Nagaina se había marchado. Nag enroscó sus anillos, uno á uno,
-alrededor del fondo de la jarra, y Rikki-tikki quedóse quieta como una
-muerta. Al cabo de una hora comenzó á moverse, músculo por músculo, en
-dirección de la jarra. Nag dormía, y Rikki-tikki contempló su ancha
-espalda, pensando en cuál sería el mejor sitio para pegarle un buen
-mordisco.
-
---Si no le rompo el espinazo al primer salto, díjose Rikki, podrá aún
-batirse, y si se bate... ¡ay, Rikki!
-
-Fijóse en la parte más gruesa del cuello, bajo la capucha; pero era
-aquello demasiado ancho para él; y en cuanto á una dentellada cerca de
-la cola, no serviría más que para enfurecer á Nag.
-
---Es preciso atacar á la cabeza, dijo por fin; á la cabeza, por encima
-de la capucha, y, una vez haya hincado allí el diente, no he de soltar
-la presa.
-
-Entonces saltó sobre la cobra. Tenía ésta la mandíbula inferior apoyada
-en el suelo, un poco apartada de la jarra, bajo la curva que formaba
-el vientre de ésta, y, en cuanto clavó los dientes, Rikki pegó el
-cuerpo al rojo recipiente de tierra para mejor sostener contra el suelo
-aquella cabeza. Dióle esto un momento de ventaja, que ella empleó tan
-bien como le fué posible. Luego vióse sacudida de un lado á otro como
-ratón cogido por un perro... de aquí para allá, de arriba abajo, y
-dando vueltas, describiendo grandes círculos; pero sus ojos estaban
-completamente inyectados de sangre, y no soltó la presa, aunque el
-cuerpo de la serpiente azotara el suelo como un látigo de carretero,
-tirando un pote de hojalata, la jabonera y un cepillo para friccionar
-la piel, y aunque la golpeara contra las paredes metálicas del baño.
-Rikki, al aguantarse firme, apretaba cada vez más, porque estaba
-segurísima de recibir algún golpe que acabara con ella, y por el honor
-de la familia deseaba que la hallaran, al menos, así, con los dientes
-bien apretados. Mareada, con todo el cuerpo adolorido, parecíale que
-estaban ya descuartizándola, cuando, de pronto, estalló algo muy
-semejante á un trueno, precisamente detrás de ella, y un aire caliente
-la hizo rodar sin sentido, mientras un fuego muy rojo le quemaba la
-piel. Con el ruido anterior habíase despertado el hombre grueso, yendo
-á disparar los dos cañones de una escopeta de caza precisamente detrás
-de la capucha de Nag.
-
-Rikki-tikki continuó sin soltar su presa; pero con los ojos cerrados,
-porque estaba completamente convencida de haber quedado muerta. Sin
-embargo, la cabeza no se movía, y entonces el hombre grueso cogió al
-animalito y dijo:
-
---Alicia, mira... nuestra mangusta... La pobrecita nos ha salvado ahora
-la vida _á nosotros_.
-
-Entró entonces la madre de Teddy, muy pálida, y vió los restos de Nag,
-mientras Rikki-tikki se arrastraba hasta el cuarto del niño, y acababa
-de pasar la noche mitad descansando y mitad sacudiéndose suavemente,
-para ver si, en realidad, estaba ó no rota en cincuenta pedazos, como
-se había imaginado.
-
-Al llegar la mañana apenas podía moverse; pero se sentía satisfecha de
-lo que había hecho.
-
---Ahora me falta todavía arreglar cuentas con Nagaina, y ella será
-aún peor que cinco Nags juntas. Y no hay que decir lo que sucederá al
-empezar á romperse los huevos de que habló. ¡Santos cielos! No tengo
-más remedio que ir á hablar con Darzee, se dijo.
-
-Sin esperar á que llegara la hora del almuerzo, corrió Rikki-tikki
-hacia el espino donde se hallaba Darzee cantando á voz en cuello una
-canción triunfal. La noticia de la muerte de Nag habíase extendido ya
-por todo el jardín, porque el hombre que barría la casa había arrojado
-el cuerpo al estercolero.
-
---¡Imbécil montón de plumas! dijo Rikki-tikki incomodada. ¿Ésta es hora
-de cantar?
-
---¡Nag ha muerto!... ¡Nag ha muerto!... ¡Nag ha muerto!... cantó
-Darzee. ¡La valiente Rikki-tikki le clavó los dientes en la cabeza y no
-soltó la presa! ¡El hombre grueso trajo aquel palo que produce tanto
-estruendo, y Nag cayó hecha pedazos! No volverá ya á comérseme mis
-pequeñuelos.
-
---Verdad es todo eso; pero ¿dónde está Nagaina? contestó Rikki-tikki
-mirando cuidadosamente en torno suyo.
-
---Nagaina fué á la compuerta del cuarto de baño y llamó á Nag, siguió
-diciendo Darzee, y Nag salió puesta en el extremo de un bastón...
-porque el hombre que barre la recogió de ese modo, y la echó al
-estercolero. Cantemos á la grande Rikki-tikki de ojos de color de
-sangre. Y Darzee hinchó el cuello y cantó.
-
---¡Si pudiera llegar á ese nido tuyo te echaba abajo á todos tus
-chiquillos! dijo Rikki-tikki. No sabes hacer las cosas con oportunidad
-ni discreción. Tú estás muy seguro en tu nido; pero yo aquí, abajo, soy
-quien paso las cosas. Deja de cantar por un momento, Darzee.
-
---Por complacer á la grande, á la hermosa Rikki-tikki, pararé de
-cantar, dijo Darzee. ¿Qué hay, matadora de la terrible Nag?
-
---Por tercera vez: ¿dónde está Nagaina?
-
---Entre el estiércol del establo, llorando la muerte de Nag. ¡Grande es
-Rikki-tikki, la de los blancos dientes!
-
---¡Vete á paseo, y deja tranquilos á mis blancos dientes! ¿Has oído
-decir alguna vez dónde guarda sus huevos?
-
---En el melonar, hacia el extremo que está más cerca de la pared, donde
-el sol da casi todo el día. Allí los escondió hace algunas semanas.
-
---¿Y no se te ocurrió que valía la pena de decírmelo?... ¿En el lado
-que está más cerca de la pared, hacia el extremo, dices?
-
---Rikki-tikki, ¿no se te antojará ahora ir allá á comerte sus huevos?
-
---No, á comerlos, precisamente, no. Darzee, si tienes pizca de sentido
-común, volarás ahora hacia el establo y fingirás que se te ha roto un
-ala, dejando que Nagaina te persiga hasta este arbusto. ¿Lo harás? Yo
-tengo que ir al melonar; pero, si fuera ahora, ella me vería.
-
-Era Darzee una personilla de tan escaso seso que jamás pudo tener en
-la cabeza dos ideas al mismo tiempo; y precisamente porque sabía que
-los pequeñuelos de Nagaina nacían de huevos, lo mismo que los suyos, no
-creyó al principio que estuviera bien eso de matarlos. Pero su esposa
-era un pájaro discreto, y sabía que los huevos de cobra significan
-cobras pequeñas para dentro de algún tiempo; por lo tanto, saltó del
-nido y dejó que Darzee cuidara de conservar el calor de los chiquitines
-y continuara su canción sobre la muerte de Nag. Darzee se parecía
-extraordinariamente á un hombre en algunas de sus cosas.
-
-Fué, pues, su hembra la que comenzó á revolotear por delante de Nagaina
-en el estercolero, gritando:
-
---¡Ay! Tengo un ala rota. El niño que vive en la
-
-[Ilustración] casa me ha tirado una piedra y me la ha partido. Y dicho
-esto, púsose á aletear más desesperadamente que nunca.
-
-Levantó la cabeza Nagaina y silbó estas palabras:
-
---Tú advertiste á Rikki-tikki el peligro que corría en ocasión en que
-yo hubiera podido matarla. La verdad es, pues, que has escogido mal
-sitio para venir á cojear. Y dirigióse hacia la esposa de Darzee,
-deslizándose por encima del polvo.
-
---El niño me la ha roto de una pedrada, chilló aquélla.
-
---¡Bueno! Sírvate de consuelo, para cuando estés muerta; el saber que
-yo le arreglaré después las cuentas al muchacho. Mi marido yace esta
-mañana sobre el estercolero, pero, antes de que llegue la noche, el
-niño de la casa yacerá también en el más absoluto reposo. ¿De qué sirve
-que te escapes? Segura estoy de cogerte. ¡Tonta! ¡Mírame!
-
-Era demasiado lista la esposa de Darzee para hacer tal cosa, porque
-el pájaro que fija los ojos en los de una serpiente se asusta tanto
-que queda como paralizado. La compañera de Darzee siguió revoloteando
-y piando dolorosamente, sin apartarse nunca del suelo, y Nagaina fué
-corriendo cada vez con mayor velocidad.
-
-Oyólos Rikki-tikki seguir el caminillo que conducía del establo á la
-casa, y fuése entonces, apresuradamente, hacia la parte del melonar más
-cercana á la pared. Allí, en tibio lecho de paja, entre los melones,
-y ocultos hábilmente, encontró veinticinco huevos, poco más ó menos
-del tamaño de los de una gallina de Bantam, pero cubiertos de una piel
-blanquecina, que hacía las veces de cáscara.
-
---He llegado con gran oportunidad, dijo, porque á través de la piel
-veía ya dentro de los huevos las diminutas cobras enroscadas, y no
-ignoraba que, en el instante mismo de nacer, cada cobra de aquéllas
-podía ya matar á un hombre ó á una mangusta. Mordió el extremo de los
-huevos con toda la rapidez posible, cuidando de aplastar á las cobras,
-y revolvió, de cuando en cuando y por todos lados, el lecho para ver
-si se le había quedado á medio romper algún huevo. Al fin, quedaron
-únicamente tres, y Rikki-tikki comenzaba á gozarse en su hazaña, cuando
-oyó que la esposa de Darzee le gritaba:
-
---Rikki-tikki, he llevado á Nagaina en dirección de la casa; y se ha
-metido en la galería; y ahora... ¡oh! ¡ven, corre!... va á matar á
-alguien.
-
-Aplastó Rikki-tikki dos de los huevos y saltó del melonar hacia atrás
-con el tercero en la boca, corriendo en dirección á la galería tan
-aprisa como sus patas quisieron llevarla. Teddy, su madre y su padre
-se hallaban allí, sentados á la mesa para tomar el desayuno; pero
-Rikki-tikki vió que nada comían. Dijérase que estaban petrificados,
-y su rostro era intensamente pálido. Nagaina, enroscada en forma de
-espiral sobre la estera, á poca distancia de la desnuda pierna de
-Teddy, se balanceaba, cantando con aire triunfal.
-
---¡Hijo del hombre que mató á Nag! silbó, no te muevas. No estoy
-preparada aún. Espera un poco. No os mováis ninguno de vosotros. Al
-menor movimiento que hagáis os salto encima... y si no os movéis,
-también. ¡Oh, gente estúpida, que mató á mi Nag!...
-
-Los ojos de Teddy estaban como clavados en los de su padre, y éste no
-podía hacer más que murmurar:
-
---Estate quieto, Teddy. Conviene que no te muevas. Estate quieto.
-
-En aquel momento apareció Rikki-tikki, y gritó:
-
---¡Vuélvete, Nagaina, vuélvete y ven á batirte conmigo!
-
---Cada cosa á su tiempo, contestó aquélla, sin mover los ojos. Ya
-arreglaré cuentas _contigo_ de aquí á un rato. Mira á tus amigos,
-Rikki-tikki: ahí los tienes inmóviles y pálidos. Es que me temen. No se
-atreven á moverse, y si llegas á dar un paso más hacia mí, salto y les
-muerdo.
-
---Da una ojeada á tus huevos, dijo Rikki-tikki; allá en el melonar,
-junto á la pared. Anda y míralos, Nagaina.
-
-Volvióse á medias la enorme serpiente y vió el huevo sobre el suelo de
-la galería.
-
---¡Ah! ¡Dámelo! dijo.
-
-Puso Rikki-tikki sus patas una á cada lado del huevo, y con los ojos
-inyectados, contestó:
-
---¿Cuánto me dan por un huevo de serpiente? ¿Por una cobra chiquita?
-¿Por una cobra de rey, menudita? ¿Por la última, la última de una
-nidada? Las hormigas se están ya comiendo á las otras allá en el
-melonar.
-
-Volvióse entonces en redondo Nagaina, olvidándose de todo por aquel
-único huevo; y Rikki-tikki vió como el padre de Teddy alargaba su
-fuerte y ancha mano, cogía al niño por un hombro, y, levantándolo por
-encima de la mesita y de las tazas del te, lo ponía fuera del alcance
-de Nagaina.
-
---¡Te he engañado! ¡Te he engañado! ¡Te he engañado! _Rikk-tick-tick_,
-dijo Rikki-tikki riendo. El niño se ha salvado, y yo... _¡yo!_...
-_¡yo!_... soy la que cogí ayer noche por la capucha á Nag en el cuarto
-de baño.
-
-Entonces comenzó á dar saltos, con las cuatro patas á la vez y baja la
-cabeza, al ras del suelo casi.
-
---Me tiró por todos lados; pero no logró desprenderse de mí. Ya estaba
-muerta antes de que viniera el hombre grueso á hacerla pedazos. Yo lo
-hice. _¡Rikki-tikki-tick-tick!_ ¡Anda, ven, pues, Nagaina! ¡Ven á
-luchar conmigo! Te aseguro que no te durará mucho el ser viuda.
-
-Vió Nagaina que había perdido la ocasión oportuna de matar á Teddy,
-y, entre tanto, el huevo continuaba en el suelo, entre las patas de
-Rikki-tikki.
-
---Dame el huevo, le dijo. Dame el último que queda de mis huevos, y me
-marcharé, y no volveré nunca más. Y al decirlo bajaba la capucha.
-
---Sí, te irás y no volverás nunca, porque has de ir á parar al
-estercolero con Nag. ¡Defiéndete, viuda! El hombre grueso ha ido ya á
-buscar la escopeta. ¡Defiéndete!
-
-Rikki-tikki saltaba alrededor de Nagaina, procurando únicamente
-mantenerse fuera del alcance de sus golpes, los ojillos reluciéndole
-como dos ascuas. Replegóse Nagaina sobre sí misma y se lanzó contra
-ella. Rikki-tikki saltó en el aire, echándose hacia atrás. Una y otra
-vez atacó la serpiente, y su cabeza dió con sordo ruido contra la
-estera de la galería, enroscándose luego el cuerpo como la espiral de
-un reloj. Entonces, púsose á saltar Rikki-tikki, describiendo círculos
-para llegar á colocarse detrás de Nagaina, y ésta giraba en redondo
-para que su cabeza y la de su enemiga quedaran siempre frente á frente,
-con lo cual el ruido que sobre la estera producía su cola era como el
-de las hojas secas arrastradas por el viento.
-
-No se acordaba ya del huevo. Allí quedaba aún sobre el suelo de la
-galería, y Nagaina iba acercándose más á él, hasta que, al fin,
-mientras Rikki-tikki se detenía para tomar aliento, lo cogió en la
-boca, volvióse hacia los escalones que daban acceso á la galería,
-y se lanzó como una flecha al estrecho caminillo, perseguida por
-Rikki-tikki. Cuando una cobra huye para salvar su vida en peligro,
-parece la punta de un látigo en el momento en que el carretero la hace
-chasquear sobre el caballo.
-
-No se le ocultaba á Rikki-tikki que no tenía, entonces, más remedio que
-coger á la serpiente, porque de lo contrario, todo su trabajo habría
-sido inútil y tendría que volver á empezarlo. Dirigióse aquélla, en
-línea recta, hacia la yerba alta que crecía junto al espino, y al pasar
-corriendo oyó Rikki-tikki á Darzee que entonaba aún su estúpido himno
-triunfal. Pero la esposa de Darzee era más discreta que él. Arrojóse
-del nido en el instante mismo de pasar Nagaina, y empezó á revolotear
-sobre la cabeza de la serpiente. Si Darzee hubiera prestado también su
-ayuda hubiera sido posible que la hicieran retroceder; pero entonces no
-hizo Nagaina más que bajar su capucha y seguir adelante. Sin embargo,
-el momento que perdió al hacer esto permitió á Rikki-tikki acercarse
-más, y cuando la fugitiva se metió en la madriguera, semejante á la
-boca de un nido de ratas, en que ella y Nag solían vivir, los blancos
-dientes de su perseguidora se clavaron en la cola de Nagaina, y ambas
-entraron juntas en la madriguera... cosa que ninguna mangusta, por
-vieja y lista que sea, se atreve á hacer. En el agujero aquél reinaba
-completa obscuridad, y Rikki-tikki no sabía si se ensancharía de
-pronto, ofreciendo á Nagaina el espacio necesario para revolverse
-y morderle. Aguantó firme, y clavó las patas en el suelo para que
-hicieran de freno en la obscura pendiente de aquella tibia y húmeda
-tierra.
-
-Luego, la yerba que crecía á la entrada del agujero dejó ya de moverse,
-y Darzee dijo:
-
---Todo ha terminado para Rikki-tikki. Entonemos himnos á su muerte.
-¡La valiente Rikki-tikki ha muerto! Porque no hay duda que Nagaina la
-matará allí, bajo tierra.
-
-Así, pues, púsose á cantar una triste melodía que improvisó inspirado
-por la impresión del momento, y precisamente cuando llegaba á la parte
-más patética, movióse otra vez la yerba, y Rikki-tikki, cubierta de
-polvo, se arrastró pausadamente fuera del agujero, relamiéndose los
-bigotes. Darzee callóse en seguida, dando un grito. Sacudióse un poco
-el polvo Rikki-tikki, y estornudó.
-
---Todo ha terminado, dijo. Nunca más saldrá ya de aquí la viuda.
-
-Y las hormigas rojas que viven entre los tallos de la yerba la oyeron,
-y comenzaron á ir en largas hileras á ver si era verdad lo que decía.
-
-Rikki-tikki se enroscó sobre la yerba... y durmió, durmió hasta muy
-entrada la tarde, porque bien pesada había sido su labor aquel día.
-
---Ahora, dijo al despertarse, volveré á la casa. ¡Darzee! Cuéntale al
-_calderero_ lo ocurrido, y él le contará, después, á todo el jardín que
-Nagaina ha muerto.
-
-El _calderero_ es un pájaro que produce un ruido semejante, de todo
-punto, al de un martillo que pegara sobre un caldero de cobre; y el
-motivo de que esté produciéndolo constantemente es porque él es el
-pregonero de todo jardín indio, y le cuenta las últimas noticias á
-quien quiera oirlas. Al pasar Rikki-tikki por el caminillo que conducía
-á la casa oyó sus notas de _¡alerta!_ parecidas á las de un diminuto
-_gongo_ de los que sirven para anunciar la hora de la comida; y después
-el acompasado _¡din-don-tock!_ «Nag ha muerto... _¡don!_» «¡Nagaina
-ha muerto... _din-don-tock!_» Al oirlo, todos los pájaros del jardín
-prorrumpieron en cantos, y las ranas siguieron su ejemplo; porque Nag
-y Nagaina no sólo tenían la costumbre de comer pájaros, sino ranas
-también.
-
-Cuando llegó Rikki-tikki á la casa, Teddy, su madre (la cual estaba
-aún muy pálida, porque se había desmayado), y el padre, salieron y
-casi derramaron sobre ella lágrimas de agradecimiento; y aquella noche
-comió cuanto le dieron hasta que ya no pudo más, y entonces, llevada
-por Teddy sobre el hombro, fuése á la cama. Allí la halló la madre del
-niño, cuando á última hora fué á verle dormir.
-
---Ha salvado nuestra vida y la de Teddy, le dijo á su marido.
-¡Figúrate! Nos ha salvado la vida á todos.
-
-Rikki-tikki despertó entonces sobresaltada, porque todas las mangustas
-tienen muy ligero el sueño.
-
---¡Ah! ¿Sois vosotros? ¿Á qué venís á molestarme? Todas las cobras
-están ya muertas; y si alguna quedara, para eso estoy yo aquí.
-
-Tenía Rikki-tikki derecho á sentirse orgullosa de sí misma; pero no se
-ensoberbeció más de lo justo, y conservó el jardín como debe hacerlo
-una mangusta, defendiéndolo con los dientes, y á saltos, y de todos
-modos, hasta lograr que ni una sola cobra se atreviera á asomar la
-cabeza en el recinto cercado por las cuatro paredes.
-
- [Ilustración]
-
-
- =Cántico de Darzee en honor de Rikki-tikki-tavi=
-
-
- Soy pájaro y tejedor,
- dobles son mis alegrías:
- gozo al cruzar por los aires,
- gozo al tejer mi casita.
-
- Sube y baja el compás de mi canto,
- sube y baja mi casa que oscila.
-
- Alza la frente y entona
- ¡oh madre! tu cancioncilla;
- ya no existe nuestro azote,
- ya ha muerto la Muerte misma.
-
- Sobre el polvo y estiércol se pudre
- la que oculta entre rosas vivía.
-
- ¿Quién de ella nos ha librado?
- Que su nombre se repita:
- Rikki, la valiente, ha sido,
- de ojos que cual ascuas brillan.
-
- Rikki-tikki, de dientes ebúrneos,
- Rikki-tik, de mirada encendida.
-
- Que le den gracias las aves
- con sus colas extendidas,
- bajas las frentes, cantando
- cual ruiseñor cantaría.
-
- Pero no, que yo soy quien la canta.
- ¡Escuchad mi alabanza á la invicta!...
-
-(_Aquí interrumpió Darzee su canción, y el resto de ella se ha
-perdido._)
-
- [Ilustración]
-
-
- NOTAS:
-
-[11] Casa de campo en las Indias inglesas.--N. del T.
-
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- TOOMAI, EL DE LOS ELEFANTES
-
- Pensar quiero en lo que fuí
- y olvidar que estoy atado;
- y recordar el pasado,
- y cuanto en el bosque ví.
-
- No quiero al hombre venderme
- por un puñado de caña,
- sino huir á la montaña
- y entre los míos perderme.
-
- Quiero, hasta el alba vagando,
- ir el beso recibiendo
- del aire que va corriendo,
- del agua que va pasando.
-
- Quiero olvidar mis pesadas
- cadenas y mis dolores;
- ver á mis viejos amores
- y á mis libres camaradas.
-
-
-Kala Nag, que significa la _serpiente negra_, había servido al Gobierno
-de la India, de todos los modos posibles para un elefante, por espacio
-de cuarenta y siete años, y como ya tenía veinte bien cumplidos cuando
-lo cazaron, arroja la suma un total de cerca de setenta años... la edad
-madura para un elefante.
-
-Acordábase de haber tirado, con un gran cojín de cuero en la frente,
-de un cañón que se había atascado en el barro, y ocurrió esto antes
-de la guerra del Afganistán que hubo en 1842, cuando él no había
-adquirido aún todo su desarrollo. Su madre, Radha Pyari (_Radha,
-la niña mimada_) que fué cogida con Kala Nag en la misma cacería,
-díjole, antes de que mudara los colmillos de leche, que los elefantes
-que tienen miedo acaban siempre por hacerse daño; y Kala Nag estaba
-convencido de la bondad de este consejo, porque la primera vez que vió
-estallar una bomba retrocedió, dando gritos, hacia un sitio en que
-había unos fusiles formando pabellón, y las bayonetas se le clavaron en
-todas las más blandas partes de su cuerpo. Así, pues, antes de cumplir
-los veinticinco años, no tenía ya miedo, y, como consecuencia, era el
-elefante más querido y bien cuidado de cuantos estaban al servicio del
-Gobierno en la India. Había llevado á cuestas infinidad de tiendas
-(nada menos que mil doscientas libras de peso), en la marcha á través
-de la India septentrional; lo izaron á un barco, al extremo de una
-grúa de vapor, llevándolo luego días y días por el mar, y obligándole
-á transportar un mortero, colocado sobre su espalda, en país extraño
-y lleno de rocas, que se hallaba á larga distancia de la India; vió
-al emperador Teodoro tendido sin vida allá en Magdala; y había vuelto
-en el barco, con méritos suficientes, al decir de los soldados, para
-que le dieran la medalla de la guerra de Abisinia. Hubo de ver á
-otros elefantes, compañeros suyos, morir de frío, de epilepsia, de
-hambre ó de insolación en un sitio llamado Ali Musjid, diez años más
-tarde; y luego lo habían mandado á centenares de leguas hacia el Sur
-para acarrear enormes vigas de madera de _tec_, en los almacenes de
-Moulmein. Allí dejó casi medio muerto á un elefante joven que se
-insubordinó resistiéndose al trabajo.
-
-Después de esto lo separaron de aquella ocupación de acarrear madera
-y lo pusieron, junto con unos pocos más que estaban ya acostumbrados
-al oficio, á ayudar en la caza de elefantes salvajes, allá entre las
-colinas de Garo. El Gobierno de la India cuida muy escrupulosamente de
-cuanto se refiere á los elefantes. Hay todo un departamento especial
-que no hace otra cosa más que perseguirlos, cogerlos, domarlos, y
-mandarlos de un lado á otro del país cuando sus servicios se necesitan
-para algún trabajo.
-
-Medía Kala Nag, á la altura de los hombros, tres metros bien cumplidos,
-y sus colmillos habían sido cortados, dejándoles sólo un pedazo de
-cosa de un metro y medio de largo, el cual, para que no se rajara, iba
-cubierto en el extremo con unas tiras de cobre; pero ello es que podía
-hacer mucho más él con aquel par de trozos que cualquier elefante no
-adiestrado con enteros y afilados colmillos.
-
-Cuando tras largas semanas de vigilante labor acorralando á sus
-semejantes esparcidos por las montañas, los cuarenta ó cincuenta
-monstruos salvajes se veían obligados á entrar en la última empalizada,
-y la enorme puerta, hecha de troncos de árbol unidos, después de
-levantada, caía con estrépito detrás de ellos, Kala Nag, obedeciendo á
-una voz de mando, penetraba en aquel movedizo y bramador _pandemonium_
-(generalmente de noche, cuando la vacilante luz de las antorchas hacía
-difícil el calcular las distancias), y cogiendo por su cuenta al mayor,
-más salvaje de los elefantes, y de más largos colmillos, lo golpeaba y
-perseguía hasta reducirlo al silencio y quietud más completos, mientras
-los hombres, montados en los otros elefantes, lanzaban cuerdas sobre
-los más pequeños y los ataban.
-
-En cuestión de luchas nada había que pudiera ocultársele á Kala Nag, la
-vieja y avisada _serpiente negra_, porque más de una vez, en sus buenos
-tiempos, resistiera la embestida del tigre herido, y, enroscando la
-suave trompa para que quedara fuera de peligro, había lanzado al aire,
-de medio lado, á la fiera, en el momento de saltar, verificando esto
-con un rápido movimiento de cabeza, parecido al de una hoz al segar, é
-inventado por él mismo; habíala revolcado por el suelo y arrodilládose
-encima, manteniendo allí sus enormes rodillas hasta que la vida
-abandonara el cuerpo, acompañada de un suspiro y un rugido, y dejando
-sólo sobre el suelo una masa fofa y rayada, que Kala Nag arrastraba
-cogiéndola por la cola.
-
---Sí, dijo Toomai grande, su cornaca, el hijo de Toomai el Negro, que
-lo llevó á Abisinia, y nieto de Toomai el de los elefantes, que lo
-había visto coger; nada hay que cause miedo á la _Serpiente Negra_,
-excepto yo. Ha visto tres generaciones de nuestra familia que lo han
-alimentado y cuidado, y vivirá hasta llegar á ver la cuarta.
-
---También _á mí_ me teme, dijo Toomai chico, poniéndose de pie para
-mostrarse en toda su altura, de poco más de un metro, liado al cuerpo
-únicamente un trapo. El hijo mayor de Toomai grande tenía diez años de
-edad, y, según la costumbre establecida, sustituiría á su padre, en el
-sitio que éste ocupaba sobre el cuello de Kala Nag, cuando fuera más
-crecido, empuñando entonces el pesado _ankus_ de hierro, la aguijada
-para elefantes, cuya punta habían gastado ya con el uso su padre, su
-abuelo y su bisabuelo. Bien sabía el muchacho lo que decía; porque á
-la sombra de Kala Nag había nacido; con el extremo de su trompa jugaba
-antes de dar los primeros pasos; condújole al abrevadero en cuanto pudo
-andar, y tan imposible era que á Kala Nag se le antojara desobedecer
-sus chillonas vocecitas de mando, como que hubiera soñado, siquiera,
-en matarle, aquel día en que Toomai grande puso á su recien nacido
-y moreno niño bajo los colmillos de Kala Nag, diciéndole á éste que
-saludara á su futuro amo.
-
---Sí, dijo Toomai chico, _me_ teme. Y dió largos pasos en dirección de
-Kala Nag, le llamó _cerdo cebado_ y le hizo levantar las patas una tras
-otra. ¡Vaya! añadió, eres un elefante enorme. Y movió la desgreñada
-cabeza, repitiendo lo que le había oído decir á su padre:
-
---Bien puede el Gobierno pagar por los elefantes; pero la verdad es que
-ellos son nuestros, son de los _mahouts_. Cuando serás viejo, Kala Nag,
-vendrá algún rajah rico y te comprará al Gobierno, por el tamaño que
-tienes y por lo bien que te hemos educado, y entonces nada tendrás que
-hacer, como no sea llevar aretes de oro en las orejas, un pabellón de
-oro sobre la espalda y una tela roja á los lados, cubierta también de
-oro, abriendo así la marcha en las procesiones del Rey. Entonces, Kala
-Nag, me sentaré yo sobre el cuello de vuesa merced, llevando un _ankus_
-de plata, y unos hombres correrán delante de nosotros con bastones
-dorados, y gritando: «¡paso al elefante del Rey!» Bueno será eso, Kala
-Nag; pero no tan bueno como nuestras cacerías por las selvas.
-
---¡Psche! dijo Toomai grande. No eres más que un chiquillo, y tan
-salvaje como un búfalo joven. Ese correr de un lado para otro entre
-montañas no es el mejor de los servicios que prestamos al Gobierno. Yo
-voy envejeciendo ya, y no gusto de los elefantes salvajes. Que me den
-establos de ladrillo con un compartimento para cada elefante; gruesas
-estacas para amarrarlos fuertemente; y llanos, anchos caminos para
-hacerlos maniobrar, en vez de ese continuo ir y venir, acampando hoy en
-un sitio y mañana en otro. ¡Ah! ¡Los cuarteles de Cawnpore sí que eran
-buenos! Tocando con ellos había un bazar, y sólo teníamos tres horas
-diarias de trabajo.
-
-Acordóse Toomai chico de los locales para elefantes en Cawnpore y nada
-contestó. Á él le gustaba mucho más la vida de campamento, y odiaba
-esos caminos llanos, anchos; la diaria obligación de ir á forrajear en
-el sitio destinado á ello; las interminables horas en que nada había
-que hacer, como no fuera mirar á Kala Nag moviéndose impaciente, atado
-á sus estacas.
-
-Lo que á Toomai chico le encantaba era encaramarse por caminos
-difíciles, que sólo un elefante podía seguir; luego, el hundirse en el
-valle que se abría bajo sus pies; el entrever allá, á lo lejos, los
-elefantes salvajes, paciendo á pocas leguas de distancia; la huída
-del jabalí asustado, ó del pavo real, casi á los pies de Kala Nag;
-las lluvias calientes, que le ciegan á uno, cuando montes y valles
-humean todos; las hermosas mañanas de niebla en que nadie sabía aún
-donde acamparía aquella noche; la constante, cautelosa persecución
-de los elefantes salvajes, y la loca carrera, las llamaradas y el
-barullo de la última noche de caza, cuando los elefantes acorralados
-se precipitaban dentro de la empalizada, como desprendidas peñas en
-algún hundimiento de terreno, y, al ver que no podían salir de allí,
-se arrojaban contra los pesados troncos, para no apartarse de ellos
-más que á fuerza de gritarles, de blandir llameantes antorchas y de
-disparar cartuchos cargados con pólvora sola.
-
-Hasta un chiquillo podía ser allí útil, y Toomai lo era tanto que valía
-por tres. Empuñaba su antorcha y la agitaba en el aire, gritando de
-tal modo que pocos le aventajaban. Pero el mejor tiempo era aquel en
-que empezaban á sacarse fuera los elefantes, y la _keddah_ (ó sea la
-empalizada) parecía un cuadro en que estuviera pintado el fin del
-mundo, teniendo los hombres que entenderse por signos, porque no podían
-oirse unos á otros. Encaramábase, entonces, Toomai chico al extremo
-de uno de los vacilantes troncos de la empalizada, tendidos sobre los
-hombros los cabellos castaños, requemados, desteñidos por el sol hasta
-hacerlos blanquear, en todo semejante á un duende iluminado por las
-llamas de las antorchas; y, en cuanto se apaciguaba algo el tumulto,
-podían oirse las chillonas voces con que animaba á Kala Nag, dominando
-bramidos, crujidos, chasquear de cuerdas y gruñir de los atados
-elefantes.
-
---_¡Maîl, Maîl, Kala Nag!_ (¡Sigue, sigue _serpiente negra_!) _¡Dant
-do!_ (¡Dale con el colmillo!) _¡Somalo! ¡Somalo!_ (¡Cuidado! ¡Cuidado!)
-_¡Maro! ¡Mar!_ (¡Duro! ¡duro!) ¡Cuidado con el palo! _¡Arre! ¡Arre!
-¡Hai! ¡Yai! ¡Kya-a-ah!_--gritaba el muchacho, y la gran lucha entre
-Kala Nag y el elefante salvaje era sostenida tan pronto en un lado
-como en otro, dentro de la empalizada, y los cazadores de elefantes se
-enjugaban el sudor que les caía por los ojos, no olvidándose de dirigir
-un saludo de aprobación á Toomai chico, que bailaba de alegría sobre el
-extremo de los troncos.
-
-Pero algo más que bailar hizo. Dejóse resbalar una noche del tronco en
-que estaba, y se mezcló entre los elefantes, para arrojarle el cabo de
-una cuerda, caída en el suelo, á uno de los cazadores que intentaba
-lanzarla á la pata de uno de los elefantes más jóvenes, mientras éste
-coceaba (siempre los pequeños dan más trabajo que los ya crecidos).
-Viólo Kala Nag, cogiólo con la trompa y se lo pasó á Toomai grande, el
-cual le dió algunos pescozones y volvió á colocarlo sobre el tronco.
-
-Á la mañana siguiente riñóle diciéndole:
-
---¿No te basta con tener buenos establos de ladrillo para los
-elefantes y con acarrear tiendas de un lado á otro, que ahora necesitas
-ponerte á coger elefantes por tu propia cuenta, como un perdido? Para
-que lo sepas, los cazadores, esos locos, que tienen menos salario que
-yo, le han hablado ya del asunto á Petersen Sahib.
-
-Toomai chico tuvo miedo. No se le alcanzaba mucho respecto á los
-hombres blancos; pero, á Petersen Sahib se lo imaginaba como el más
-grande de todos los de este mundo. Era el jefe de las operaciones de la
-_keddah_: el encargado de coger elefantes para el Gobierno de la India,
-y el que estaba mejor enterado que nadie de sus costumbres.
-
---Y ¿qué es... qué es lo que ocurrirá?
-
---¿Lo que ocurrirá? Lo peor. Petersen Sahib es un loco. ¿Crees tú que
-si no lo fuera iría á caza de esos diablos? En lo posible está que
-se le ocurra hasta el emplearte á tí como cazador de elefantes, y
-hacerte dormir en cualquier parte de esas selvas que están llenas de
-fiebres, para que, al fin, te pateen, hasta matarte, en la _keddah_.
-Afortunadamente, todas estas bromas terminan ahora, sin accidentes
-que lamentar. La semana próxima se acaba la cacería, y á nosotros, la
-gente del llano, nos mandan otra vez á nuestros puestos. Entonces,
-podremos andar por buenos caminos, y olvidaremos todas esas cosas.
-Pero, hijo mío, me duele que te mezcles en un asunto que está reservado
-á esas sucias gentes de la selva que se llaman asameses. Kala Nag no
-obedece á nadie más que á mí, y, por lo tanto, véome yo obligado á ir
-con él á la _keddah_; pero él no es más que un elefante de combate, y
-no ayuda á atar á los demás. Por esto, yo permanezco sentado con toda
-comodidad, como le corresponde á un _mahout_ (y no á un mero cazador),
-á un _mahout_, digo, á un hombre que disfrutará de una pensión al
-terminar el servicio. ¿Te parece si la familia de Toomai, el de los
-elefantes, merece que la pisoteen entre el polvo de una _keddah_? ¡Mal
-hijo! ¡Pillo! ¡Perdido! Anda, y lava á Kala Nag, límpiale las orejas, y
-mira que no tenga espinas en las patas, ó de lo contrario, entonces sí
-que, con toda seguridad, te coge Petersen Sahib y hace de tí un cazador
-medio salvaje... un perseguidor de elefantes, uno de ésos que siguen
-sus huellas, un oso de la selva. ¡Oh! ¡Qué vergüenza! ¡Márchate de mi
-vista!
-
-Alejóse Toomai chico sin decir palabra; pero le contó á Kala Nag sus
-penas, mientras estaba examinándole las patas.
-
---¡No importa! dijo el muchacho, levantándole la punta de la oreja
-derecha. Le han dicho mi nombre á Petersen Sahib, y tal vez... tal
-vez... tal vez... ¿quién sabe?... ¡Hola! ¡Mira que espina tan grande te
-he arrancado!
-
-Los primeros días que siguieron á aquel se emplearon en juntar á todos
-los elefantes; en obligar á caminar á los salvajes, que acababan de ser
-cogidos, entre otros dos que estaban ya domesticados, á fin de que no
-dieran luego tanto que hacer al emprender la marcha descendente hacia
-los llanos; finalmente en recoger mantas, cuerdas ú otras cosas, que
-quedaron estropeadas ó se habían perdido en el bosque.
-
-Llegó Petersen Sahib montado en su diestro elefante hembra llamado
-Pudmini. Había visitado ya otros de los campamentos, situados entre
-las montañas, para verificar los pagos, porque la estación tocaba á su
-fin, y bajo un árbol, sentado á una mesa, veíase á un dependiente suyo,
-indígena, que iba entregando á los cazadores, uno por uno, su salario.
-En cuanto había cobrado, volvíase cada hombre al lado de su elefante, y
-se juntaba á la fila que estaba próxima á partir.
-
-Los ojeadores, cazadores y domadores, los hombres empleados
-constantemente en la keddah, que de cada dos años pasan uno en la
-selva, iban sentados á la espalda de los elefantes que formaban parte
-de las fuerzas permanentes de Petersen Sahib, ó se recostaban contra
-los árboles con el fusil al brazo, burlándose de los cornacas que se
-iban, y riendo cuando los elefantes recién cazados rompían las filas y
-comenzaban á correr.
-
-Toomai grande dirigióse al dependiente que arreglaba las cuentas,
-llevando detrás de él á Toomai chico, y Machua Appa, el jefe de los
-ojeadores, dijo en voz baja á uno de sus amigos:
-
---¡Ahí va uno que sirve de veras para cazar elefantes! ¡Qué lástima que
-á ese gallito de la selva lo manden ahora á mudar la pluma allá en los
-llanos!
-
-Pues bien: tenía Petersen Sahib finísimo el oído, como corresponde
-á un hombre avezado á escuchar al más silencioso de todos los seres
-vivientes: el elefante salvaje, y dió media vuelta sobre la espalda de
-Pudmini, donde estaba echado, preguntando:
-
---¿Qué estáis diciendo? No sabía que entre los cornacas del llano
-hubiera ninguno que sirviera ni para atar á un elefante muerto.
-
---No hablamos de un hombre, sino de un niño. Se metió en la _keddah_,
-durante la última cacería, y le arrojó la cuerda á Barmao cuando
-queríamos separar de la madre á aquel elefante joven que tiene una
-pústula en el hombro.
-
-Señaló Machua Appa hacia el sitio donde estaba Toomai chico, miró
-Petersen Sahib, y el muchacho saludó hasta tocar al suelo.
-
---¿El, arrojar una cuerda? Si es más pequeño que una estaca.
-¡Chiquillo! ¿Cómo te llamas? dijo Petersen Sahib.
-
-Estaba Toomai chico demasiado asustado para hablar; pero á su espalda
-tenía á Kala Nag, y Toomai le hizo un signo con la mano, por lo cual el
-elefante lo cogió con la trompa, levantándolo á la altura de la cabeza
-de Pudmini, frente á frente del gran Petersen Sahib. Toomai chico
-cubrióse en aquel momento la cara con las manos, porque, al fin y al
-cabo, no era más que un chiquillo, y, excepto para todo lo concerniente
-á elefantes, era tan tímido como pudiera serlo cualquier otro muchacho.
-
---¡Ah! dijo Petersen Sahib sonriéndose, ¿y por qué le has enseñado á
-tu elefante á hacer esto? ¿Para que te ayudara á robar el trigo verde,
-puesto á secar sobre el techo de las casas?
-
---Trigo verde, no, Protector de los pobres,... melones, sí, contestó
-Toomai chico, y, al oirlo, cuantos hombres había allí prorrumpieron
-en ruidosa carcajada. En su infancia, la mayor parte de ellos había
-enseñado á hacer lo mismo á sus elefantes. Toomai chico estaba como
-colgando en el aire á la altura de dos metros y medio; pero hubiera
-querido, en aquel momento, estar á igual profundidad bajo tierra.
-
---Es Toomai, mi hijo, Sahib, dijo Toomai grande arrugando el entrecejo.
-Es un chiquillo muy malo que acabará en presidio, Sahib.
-
---¡Oh! Respecto á eso, lo dudo, contestó Petersen Sahib. El muchacho
-que se atreve, á su edad, á meterse en una _keddah_ en pleno, no va
-á parar á ningún presidio. Mira, chiquillo, ahí tienes cuatro annas
-para gastar en dulces, porque veo que bajo ese montón de cabello se
-esconde realmente una cabecita. Con el tiempo, podría ser que también
-tú llegaras á ser cazador.
-
-Toomai grande frunció las cejas con mayor fuerza que nunca.
-
-Acuérdate, sin embargo, de que las _keddahs_ no son sitio adecuado para
-que los niños jueguen allí, continuó Petersen Sahib.
-
---¿Y no me permitirán ir á ellas, Sahib? preguntó Toomai chico,
-acompañando la pregunta con un gran suspiro.
-
---Sí. Y Petersen Sahib sonrió de nuevo. Cuando hayas visto bailar á los
-elefantes. Entonces será el momento oportuno. Lo que es _cuando los
-hayas visto bailar_ ven á encontrarme, y te dejaré entrar en todas las
-_keddahs_.
-
-Hubo entonces otra explosión de carcajadas, porque era aquélla una
-de las bromas que usan los cazadores de elefantes, y equivale,
-precisamente, á decir _nunca_. Hay en los bosques, grandes y llanos
-claros, escondidos en ellos, que se llaman salones de baile de los
-elefantes; pero hasta el hallarlos no es más que pura casualidad, y no
-hay hombre que haya visto nunca cómo los elefantes bailan allí. Cuando
-un cornaca alaba demasiado su propia habilidad y valor, suelen decirle
-los otros:
-
---¿Y cuando fué que viste bailar á los elefantes?
-
-Puso Kala Nag en el suelo á Toomai chico, y éste volvió á saludar
-profundamente; marchóse con su padre; dió la pieza de cuatro annas
-á su madre, que criaba á un hermanito del muchacho; subieron todos
-sobre la espalda de Kala Nag; y la fila de elefantes, gruñendo y dando
-agudos gritos, bajó, por un atajo de la montaña, hacia la llanura. Fué
-la marcha sumamente animada, porque los elefantes nuevos suscitaban
-grandes dificultades á cada vado, y había que acariciarlos ó pegarles
-continuamente.
-
-Toomai grande conducía á Kala Nag con aire de despecho, pues estaba de
-malísimo humor; pero Toomai chico sentíase tan feliz que ni tenía ganas
-de hablar. Petersen Sahib se había fijado en él, habíale dado dinero,
-y, como consecuencia, experimentaba el muchacho la misma impresión de
-un soldado raso á quien hubieran hecho salir de las filas para recibir
-los elogios del general en jefe.
-
---¿Qué quería decir Petersen Sahib con aquello del baile de los
-elefantes? dijo, por fin, en voz baja, dirigiéndose á su madre.
-
-Oyólo Toomai grande, y refunfuñó:
-
---Que no has de ser nunca uno de esos búfalos montañeses que hacen de
-ojeadores. Eso es lo que quería decir. ¡Eh! ¡Vosotros! ¡Ahí delante!
-¿Qué es lo que nos cierra el paso?
-
-Volvióse en redondo, con malhumor, un cornaca asamés, que iba á la
-distancia de dos ó tres elefantes delante de él, y gritó:
-
---Trae á Kala Nag, y haz obedecer á este elefante mío. ¡No sé por qué
-Petersen Sahib ha tenido que escogerme á mí para ir con vosotros,
-burros de los arrozales! Pon de lado á tu animal, Toomai, y déjale que
-empuje con los colmillos. ¡Por todos los dioses de las montañas te juro
-que esos elefantes tienen los diablos en el cuerpo, ú olfatean á sus
-compañeros de la selva!
-
-Pególe Kala Nag en las costillas al elefante nuevo y le metió el
-resuello en el cuerpo, mientras Toomai grande decía:
-
---En la última cacería hemos limpiado de elefantes salvajes todas las
-montañas. Lo que hay es que conducís muy mal. ¡Á ver si querréis que
-conserve yo el orden en toda la fila!
-
---Pero ¿no oís lo que dice? contestó el otro cornaca. ¡_Hemos_ limpiado
-de elefantes las montañas! Lo que es vosotros, hombres del llano, sois
-muy sabios. Cualquiera que no sea una de esas cabezas vacías que nunca
-han visto la selva sabe que _ellos_ ya están enterados de que las
-cacerías han terminado para toda la temporada actual. Por lo tanto,
-esta noche, todos los elefantes salvajes... pero ¿á qué perder el
-tiempo enseñándole lo que yo sé á esa tortuga de río?...
-
---¿Que esta noche los elefantes... qué? gritó Toomai chico.
-
---¡Hola, muchacho! ¿Estás tú ahí? Bueno ¿pues á tí te lo diré, porque
-tú tienes la cabeza bien organizada. Esta noche bailarán, y valdría
-más que tu padre, que ha _limpiado_ de elefantes _todas_ las montañas,
-doblara el número de cadenas que se atan á las estacas.
-
---¿Qué estás ahí charlando? Cuarenta años hace que entre mi padre y
-yo hemos cuidado elefantes y nunca hemos oído esos cuentos de que sea
-verdad que bailen.
-
---Sí, pero un hombre del llano, que vive en su barraca, no conoce nada
-más que las cuatro paredes de esa barraca. ¡Bueno! Deja libres á tus
-elefantes esta noche, y verás lo que ocurre. En cuanto al baile, yo
-he visto donde... _¡Bapree-Bap!_ ¿Cuántos recodos más tiene este río
-Dihang? Aquí hay otro vado, y ahora tendremos que hacer nadar á los
-pequeños. ¡Paraos, vosotros, los que venís detrás!
-
-Y por ese estilo, hablando, y disputándose, y chapoteando en el río,
-verificóse la primera marcha hacia una especie de campamento en que se
-recibían los elefantes nuevos; pero, mucho antes de llegar allí, habían
-ya perdido cien veces la paciencia.
-
-Luego, los elefantes fueron sujetados por las patas traseras por medio
-de cadenas fijas á las estacas, añadiéndose, además, á los nuevos,
-un refuerzo de cuerdas; púsoseles delante su montón de forraje; y
-los cornacas montañeses regresaron, para juntarse á Petersen Sahib,
-aprovechando las últimas horas de claridad de la tarde, y encargando
-á los cornacas del llano que tuvieran más cuidado que nunca aquella
-noche, riéndose cuando éstos les preguntaban el motivo.
-
-Toomai chico cuidó de la comida de Kala Nag, y luego, como oscureciera
-ya, comenzó á vagar por el campamento, poseído de inefable alegría, y
-buscando un _tam-tam_. Cuando un muchacho indio siente que su corazón
-rebosa de felicidad no corretea de un lado á otro ni hace ruido de un
-modo irregular. Siéntase solo y se regala á sí mismo con una especie
-de fiesta. ¡Y á Toomai chico le había hablado nada menos que Petersen
-Sahib! Si no hubiera podido hallar lo que buscaba, la misma alegría
-contenida tal vez le hubiese causado la muerte. Pero el vendedor de
-dulces que había en el campamento le prestó un _tam-tam_, un tamboril
-que se tocaba dándole con la palma de la mano, y entonces él sentóse,
-cruzadas las piernas, frente á Kala Nag, mientras en el cielo iban
-apareciendo las estrellas. Con el _tam-tam_ sobre las rodillas, estuvo
-toca que toca, y cuanto más pensaba en el grandísimo honor que se le
-había dispensado más tocaba, solo, completamente solo, entre el forraje
-de los elefantes. No había en su música melodía alguna ni palabras;
-pero tocando el tamboril se sentía feliz.
-
-Los elefantes nuevos tiraban de las cuerdas, daban gritos ó bramidos de
-cuando en cuando, y á ratos podía él oir también á su madre, allá en
-la barraca del campamento, que adormecía á su hermanito cantándole una
-antigua, muy antigua canción sobre el gran dios Siva, que indicó una
-vez á todos los animales lo que debían comer. Es una cancioncilla muy
-tierna cuyas primeras estrofas dicen:
-
- Siva, que manda al hombre las cosechas,
- y hace que sople el viento,
- sentado en el umbral de un claro día,
- ha de ello mucho tiempo,
- repartió su porción, á cada uno,
- de pan, trabajo y duelos,
- desde el Rey, que en el _guddee_ se reclina,
- al pobre pordiosero.
-
- Hízolo todo Siva, el que proteje,
- sí, todo, _¡Mahadeo!_
- dió el espino al camello, al buey forraje,
- y á tí, mi niño, por cojín mi pecho.
-
-Acompañó Toomai chico cada estrofa con un alegre tamborileo al
-terminarse, hasta que él mismo sintió sueño y se tendió sobre el
-forraje, al lado de Kala Nag.
-
-Al fin, los elefantes comenzaron á echarse, uno tras otro, según
-su costumbre, hasta que sólo Kala Nag quedó en pie á la derecha de
-la fila, y, entonces, balanceóse suavemente, con las orejas hacia
-delante, para prestar oído á los rumores que llevara el viento de la
-noche, al soplar blandamente por entre las montañas. El aire venía
-impregnado de aquellos ruidos nocturnos que, juntos, producen un solo
-é inmenso silencio: el golpear de un bambú contra otro; el correr de
-algo vivo por entre los matorrales; el arañar y los ahogados chillidos
-del pájaro medio despierto (los pájaros se despiertan de noche con
-mucha más frecuencia de lo que nosotros imaginamos); y el caer del
-agua, allá lejos, muy lejos. Toomai chico durmió durante algún tiempo,
-y, al despertar, la luna brillaba ya en toda su fuerza, y Kala Nag
-estaba aún de pie con las orejas hacia delante. Volvióse Toomai chico,
-haciendo crujir el forraje, y observó la curva de la enorme espalda
-proyectándose contra el fondo del cielo y contra la mitad de las
-estrellas que en él había; pero, mientras observaba esto, oyó, tan
-lejos que dijérase que á aquel gran silencio lo atravesaba sólo la
-punta de un alfiler, el _huut-tuut_, el grito parecido al sonar de un
-cuerno de caza, que lanzaba un elefante salvaje.
-
-Cuantos elefantes había en las filas saltaron como si les hubieran
-disparado un tiro, y sus gruñidos despertaron, al fin, á los _mahouts_,
-que salieron y comenzaron á dar martillazos sobre las estacas con
-enormes mazos, ataron mejor unas cuerdas é hicieron nudos en otras,
-hasta que todo volvió á quedar tranquilo. Había uno de los elefantes
-nuevos arrancado, casi, su estaca, y Toomai grande le quitó entonces
-á Kala Nag la cadena que llevaba sujeta á una pata, y con ella ató
-las posteriores del otro elefante á las anteriores; pero le pasó á
-Kala Nag, en el sitio donde había estado la cadena, un lazo hecho de
-yerba retorcida, y díjole que se acordara de que quedaba bien atado.
-Centenares de veces habían hecho lo mismo, con buen resultado, su padre
-y su abuelo. Kala Nag no contestó á aquella orden con su _glu-glu_
-habitual. Continuó de pie, mirando á lo lejos, á favor de la clara
-luz de la luna, algo levantada la cabeza y extendidas las orejas como
-abiertos abanicos, en dirección de los grandes repliegues que forman
-las montañas de Garo.
-
---Observa si le aumenta la intranquilidad, más entrada la noche,
-dijo Toomai grande al chico, y después de esto fuése á la barraca y
-durmióse. Iba ya á dormirse, también, Toomai chico, cuando oyó que la
-cuerda de fibras de coco se rompía, produciendo leve, casi metálico
-ruido; y Kala Nag avanzó, desde el sitio en que estaban las estacas,
-tan pausada y silenciosamente como nube que se desliza fuera de la
-embocadura de un valle. Corrió Toomai chico detrás de él, descalzos los
-pies, por el camino, que bañaba la luz de la luna, y en voz muy baja le
-dijo:
-
---¡Kala Nag! ¡Kala Nag! ¡Llévame contigo, Kala Nag! Volvióse el
-elefante sin hacer el menor ruido, dió tres grandes pasos hacia el
-muchacho, bajó la trompa, se lo montó en el cuello, y, casi sin dar á
-Toomai chico el tiempo preciso de colocar bien las piernas, se deslizó
-hacia el bosque.
-
-Vino, entonces, de las filas de elefantes, como una ráfaga de furiosos
-bramidos, y luego volvió á reinar el silencio sobre todas las cosas, y
-Kala Nag comenzó la marcha. Algunas veces un montón de yerbas altas le
-acariciaba los costados como una ola acaricia los de un barco, y otras
-un colgante racimo de pimienta silvestre le arañaba la espalda, ó un
-bambú se quebraba por el sitio donde él lo había tocado con el hombro;
-pero en los intervalos avanzaba sin producir, absolutamente, rumor
-alguno, resbalando como el humo á través del espeso bosque de Garo.
-Iba monte arriba; pero, aunque Toomai chico mirara á las estrellas por
-entre los claros de los árboles, no podía decir en qué dirección.
-
-De pronto, Kala Nag llegó á la cima de la pendiente, y se paró por un
-momento, durante el cual pudo ver Toomai chico las copas de los árboles
-como manchas, ó como grandes pieles tendidas á la luz de la luna, en
-el espacio de infinidad de leguas de terreno, y la niebla, de un color
-blanco azulado, flotando sobre el río, allá en la hondonada. Apoyóse
-Toomai en el cuello del elefante, y, recostado, miró, sintiendo que
-todo el bosque velaba allá abajo, que todo él velaba, y vivía, y estaba
-lleno de multitud de seres. Un grande y pardo murciélago de los que se
-alimentan de frutos pasó rozándole una oreja; las púas de un puerco
-espín sonaron, chocando unas contra otras en la espesura; y allá en la
-obscuridad, entre los troncos de los árboles, oyó á un jabalí hurgando
-en la tierra, húmeda y tibia, y oliendo, resoplando al hacerlo.
-
-Luego volvieron á cerrarse las ramas sobre su cabeza, y Kala Nag
-comenzó á bajar hacia el valle, no suavemente, como antes, sino como
-cañón que se soltara por empinado terraplén: de una sola embestida.
-Movíanse los enormes músculos con la rapidez de pistones, abarcando á
-cada paso la distancia de unos dos metros y medio, y la arrugada piel
-de los hombros crujía sobre las puntas de los huesos. Á cada lado de
-él se abría violentamente la maleza, con un ruido como el de rajado
-cañamazo, y los rebrotes que apartaba á derecha é izquierda con los
-hombros saltaban de nuevo hacia atrás, pegándole en los costados,
-mientras grandes colgajos de enredaderas, mezcladas en montón,
-pendían de sus colmillos al mover él la cabeza hacia uno y otro lado,
-abriéndose camino. Entonces, Toomai chico tendióse, bien apretado
-contra el gran cuello, para que alguna de las ramas que se balanceaban
-no lo arrojara al suelo, y, en su interior, se dijo que ojalá no se
-hubiera movido del sitio donde se hallaban los otros elefantes.
-
-La yerba empezaba á estar húmeda, las patas de Kala Nag se hundían
-al pisar, y la neblina de la noche helaba á Toomai chico. Oyóse un
-chapoteo, luego ruido de agua, y Kala Nag entró á grandes pasos en
-el lecho de un río, tanteando á cada zancada el camino que había de
-seguir. Dominando el rumor del agua que se arremolinaba en torno á las
-piernas del elefante, podía oir Toomai chico más chapoteos y algunos
-bramidos, que venían tanto de uno como de otro extremo del río, grandes
-gruñidos y ronquidos de cólera; y toda la neblina que flotaba en el
-aire parecía estar llena de movibles, vacilantes sombras.
-
---¡Ah! dijo á media voz y dando diente con diente. Todo el pueblo de
-los elefantes se ha echado fuera esta noche. Realmente, va á haber,
-pues, _el baile_.
-
-Salió Kala Nag del río con gran ruido; hizo sonar la trompa, soplando
-para limpiarla del agua, y comenzó á subir por otra cuesta; pero esta
-vez no iba solo, ni tenía que abrirse camino; estaba ya abierto, y con
-una anchura de cerca de dos metros, frente á él, donde la yerba de la
-selva probaba de erguirse nuevamente. Por aquel sitio debían de haber
-pasado, pocos minutos hacía, innumerables elefantes. Miró hacia atrás
-Toomai chico, y á su espalda, uno salvaje, de enormes colmillos, con
-los ojuelos de cerdo brillándole como ascuas, salía del río entre la
-neblina. Luego, volvió á cerrarse el ramaje de los árboles, y siguieron
-adelante, subiendo, entre bramidos y entre estallidos de las ramas que
-se rompían á su paso.
-
-Al fin, Kala Nag se paró junto á dos troncos de árboles, en la cumbre
-misma de la montaña. Formaban aquéllos parte de un grupo que se elevaba
-alrededor de un espacio irregular de unas ciento cincuenta áreas, y,
-en todo este espacio, pudo ver Toomai chico que la tierra había sido
-apisonada hasta quedar tan dura como un ladrillo. En el centro de aquel
-claro crecían algunos árboles; pero su corteza había desaparecido
-por el roce, y la madera blanca que quedaba al descubierto aparecía
-brillante, y como pulimentada á trechos, á la luz de la luna. De
-las ramas más altas colgaban enredaderas, cuyas flores, en forma de
-campanilla, grandes, blancas, como de cera, y semejantes á clemátides,
-colgaban también, profundamente dormidas; pero, dentro de los límites
-del claro aquel, no crecía ni un solo tallo de yerba: nada había más
-que la tierra apisonada.
-
-La luna daba á ésta un color gris de hierro, excepto donde se veían,
-de pie, algunos elefantes, cuya sombra era negra como tinta. Miró
-Toomai chico, aguantando el aliento, con los ojos que se le saltaban
-de las órbitas, y, mientras miraba, más y más elefantes salían,
-balanceándose, de entre los árboles, y penetraban en aquel espacio
-abierto. No podía Toomai chico contar más que hasta el número diez, y
-contó, entonces, y volvió á contar, con los dedos, hasta que perdió la
-cuenta de tantos dieces, y la cabeza comenzó á darle vueltas. Fuera del
-claro, oía los chasquidos de la maleza al romperse, cuando pasaban los
-elefantes, subiendo por la montaña; pero, en cuanto estaban dentro del
-círculo que formaban los troncos de los árboles, se movían como si no
-fueran más que sombras.
-
- [Ilustración]
-
-Había allí machos salvajes, de blancos colmillos, con hojas, frutos y
-ramitas que se les habían quedado entre las arrugas del cuello ó los
-pliegues de las orejas; gruesas hembras de pesado andar, con inquietos
-pequeñuelos, de un color negro algo rosado, que no medían más que cosa
-de un metro de altura y correteaban por debajo del vientre de aquéllas;
-elefantes jóvenes, cuyos colmillos apuntaban apenas, y que se sentían
-ya muy orgullosos de tenerlos; hembras flacas, demacradas, que se
-habían quedado solteronas, con caras ansiosas, hundidas, y trompas que
-parecían ásperas cortezas; salvajes y viejos elefantes luchadores,
-cubiertos de cicatrices desde la paletilla hasta el costado, con
-grandes verdugones y mal cerradas heridas de las pasadas luchas, y el
-barro de sus solitarios baños colgando, endurecido, á cada lado de los
-hombros; y uno había, finalmente, con un colmillo roto y las señales,
-el terrible vaciado, que deja en la piel la garra del tigre.
-
-Estaban todos de pie, frente á frente; caminaban de un lado á otro por
-aquel pedazo de terreno, de dos en dos; ó se mecían solitarios... Y
-había allí docenas y más docenas de elefantes.
-
-Sabía Toomai que mientras él se estuviera acostado y bien quieto
-sobre el cuello de Kala Nag, nada le ocurriría; porque, hasta en las
-embestidas y luchas de una _keddah_, ningún elefante salvaje coge
-con la trompa á un hombre para desmontarlo del cuello de un elefante
-domesticado; y, además, aquellos elefantes ni se acordaban siquiera de
-los hombres, en tal noche. Por un momento se pusieron alerta, con las
-orejas hacia delante, al oir sonar unos hierros en el bosque; pero era
-Pudmini, el elefante mimado de Petersen Sahib, que había arrancado por
-completo su cadena y llegaba gruñendo, resoplando, montaña arriba. De
-fijo que habría roto sus estacas y se habría ido en derechura hacia
-aquel sitio, desde el campamento de Petersen Sahib. Toomai chico vió
-también otro elefante, uno que no conocía, con hondas desolladuras
-en la piel de la espalda y del pecho, causadas por cuerdas. También
-él debía de haberse escapado de algún campamento situado entre las
-montañas.
-
-Al fin, no se oyeron ya, en el bosque, más ruidos de elefantes, y Kala
-Nag avanzó, desde el sitio en que estaba parado entre los árboles,
-hasta el centro del grupo, produciendo una especie de cloqueo y de
-sonidos guturales, tras de lo cual, todos los elefantes empezaron á
-moverse y á hablar en su lenguaje.
-
-Echado aún como estaba, vió Toomai chico centenares de anchas espaldas,
-orejas balanceándose, trompas que se movían, y ojillos que rodaban en
-sus cuencas. Oyó el golpear de los colmillos chocando casualmente unos
-con otros; el seco rozar de las trompas enlazadas; el de los enormes
-costados y hombros en medio de aquella muchedumbre, y el incesante
-chasquido ó zumbido de las grandes colas. Luego, una nube pasó por
-delante de la luna, y él se quedó en la más completa obscuridad; pero
-el callado rozar, empujar y producir sordos ruidos guturales continuó
-del mismo modo. Sabía el muchacho que en torno de Kala Nag había
-multitud de elefantes, y que no existía la menor probabilidad de
-sacarle de aquella asamblea; así, pues, apretó los dientes y se echó á
-temblar. Al menos en una _keddah_ había luz de antorchas y gritería;
-pero aquí se hallaba completamente solo y á obscuras, y hubo un momento
-en que sintió junto á una rodilla el contacto de una trompa.
-
-Después, bramó un elefante, y todos se pusieron á imitarle por espacio
-de cinco ó de diez terribles segundos. El rocío cayó desde los árboles
-como lluvia sobre las invisibles espaldas, y comenzó á oirse un ruido
-sordo, muy bajo al principio, y que Toomai chico no podía saber de
-donde provenía; pero creció y creció, y Kala Nag levantó una de sus
-patas delanteras, después la otra, y las dejó caer sobre el suelo...
-(¡una, dos! ¡una, dos!) con tanta fuerza como si fueran gruesos
-martillos de herrería. Los elefantes pateaban, ahora, todos á la vez,
-y el ruido sonaba como tambor de guerra que alguien tocara á la boca
-de una caverna. Siguió el rocío cayendo de los árboles hasta que no
-quedó ya más; el estruendo continuó; la tierra retemblaba, y Toomai
-chico púsose las manos sobre los oídos para amortiguar el ruido. Pero
-aquel golpear de centenares de pesadas patas sobre la desnuda tierra
-era tan gigantesco, desapacible y repetido que le parecía que todo
-su cuerpo vibraba por entero. Una ó dos veces sintió como Kala Nag y
-todos los demás elefantes se adelantaban algunos pasos, y el pisar se
-convertía en rumor de cosas verdes, jugosas, que eran aplastadas; pero,
-un minuto ó dos más tarde, el violento moverse de las patas sobre la
-dura tierra comenzaba de nuevo. Crujía, y parecía quejarse, un árbol,
-á poca distancia de él. Alargó el brazo y tocó la corteza; pero Kala
-Nag siguió adelante, pateando aún, y no pudo él darse cuenta del sitio
-en que se hallaba. Ningún sonido producían los elefantes, excepto una
-vez, cuando dos ó tres de los más jóvenes chillaron al mismo tiempo. De
-pronto, oyó pesado golpe y un rumor como de confusión y desorden, y el
-patear continuó. Debió de durar dos horas bien cumplidas, y á Toomai
-chico dolíanle ya todos los nervios del cuerpo; pero por el olor del
-aire de la noche adivinaba la proximidad de la mañana.
-
-Rayó el alba, tendiendo un manto de amarillo claro por detrás de las
-montañas, y, con el primer rayo de luz, paróse el estruendo como á
-un mandato. Antes de que á Toomai chico hubieran dejado de zumbarle
-los oídos, y hasta antes de que hubiera tenido tiempo de cambiar de
-posición, no quedó ya ningún elefante á la vista, excepto Kala Nag,
-Pudmini y el elefante que mostraba las desolladuras producidas por las
-cuerdas; y no se observó el más leve signo, ni roce ó murmullo en las
-vertientes de las montañas, que indicara á dónde habían ido los otros.
-
-Miró fijamente Toomai chico una y otra vez. El claro aquel, por lo que
-él recordaba, había crecido durante la noche. En el centro veíanse más
-árboles; pero la maleza y la yerba, á los lados, habían retrocedido.
-Toomai chico volvió á mirar atentamente. Ahora comprendía el continuo
-apisonar. Los elefantes habían agrandado el sitio pateándolo todo: la
-espesa yerba y los jugosos juncos de Indias habían sido convertidos en
-una masa inmunda, la masa en tiras, las tiras en fibras delgadísimas, y
-las fibras en dura tierra.
-
---¡Ah! dijo Toomai chico, sintiendo que los ojos se le cerraban,
-Kala Nag, señor mío, juntémonos con Pudmini y vamos al campamento de
-Petersen Sahib, porque, si no, me caigo de tu cuello al suelo.
-
-Miró el tercer elefante alejarse juntos á los otros dos, resopló, dió
-media vuelta, y siguió, solo, su dirección propia. Debía de pertenecer
-á alguno de los reyezuelos indígenas, que estaría á diez, veinte ó
-treinta leguas de distancia.
-
-Dos horas más tarde, mientras Petersen Sahib se desayunaba, los
-elefantes, que habían sido atados aquella noche con dobles cadenas,
-comenzaron á dar grandes bramidos, y Pudmini, llena de barro hasta los
-hombros, acompañada de Kala Nag, que tenía las patas muy adoloridas,
-entró, bamboleándose, en el campamento.
-
-La carita de Toomai chico estaba casi gris de tan pálida, y muy
-hundida, llevando el muchacho el cabello lleno de hojas y empapado en
-rocío; pero, haciendo un esfuerzo, saludó á Petersen Sahib y gritó con
-apagada voz:
-
---¡El baile!... ¡el baile de los elefantes!... ¡Yo lo he visto... y...
-me estoy muriendo!... Y como Kala Nag se echara, resbaló él desde su
-cuello, presa de mortal desmayo.
-
-Pero como los niños indígenas no tienen nervios, ó no vale la pena de
-hablar de los que tengan, al cabo de dos horas estaba ya acostado,
-muy contento, en la hamaca de Petersen Sahib, con el capote de caza
-perteneciente á éste bajo la cabeza, y en el estómago un vaso de
-leche caliente, un poco de _brandy_ y una pequeña dosis de quinina; y
-mientras los viejos cazadores de las selvas, velludos y cubiertos de
-cicatrices, estaban sentados, á tres de fondo, delante de él, mirándolo
-como si fuera un aparecido, refirió el muchacho lo que tenía que
-contar, en breves palabras, como hacen los niños, y terminó con las
-siguientes:
-
---Ahora, si hay algo de lo que he dicho que os parezca mentira, mandad
-hombres para que lo vean, y hallarán que el pueblo de los elefantes
-ha apisonado un espacio mucho mayor que el que existía en su salón
-de baile, y hallarán diez... y diez... y muchas veces diez pistas
-que conducen á este salón. Ensancharon el sitio con las patas. Yo lo
-he visto. Kala Nag me llevó, y yo lo ví. También Kala Nag tiene muy
-cansadas las piernas.
-
-Tendióse Toomai chico y durmió durante toda la tarde, hasta que
-llegó el anochecer, y, mientras dormía, Petersen Sahib y Machua Appa
-siguieron la pista de los dos elefantes, durante cuatro leguas, á
-través de los montes. Había pasado Petersen Sahib diez y ocho años
-cazando elefantes, y sólo un _salón de baile_ como aquél había visto
-con anterioridad.
-
-No tuvo Machua Appa que dar más que una ojeada al claro para ver lo que
-habían hecho allí, ni necesitó arañar más que una vez con el dedo del
-pie la tierra compacta, apretada.
-
---Verdad es lo que habla el muchacho, dijo. Todo esto se hizo ayer
-noche, y yo he contado setenta pistas diferentes que cruzaban el río.
-¡Mirad, Sahib, como los hierros de Pudmini cortaron la corteza de este
-árbol! Sí; también estaba en la reunión.
-
-Miráronse uno á otro, de arriba abajo, pasmados, porque las cosas de
-los elefantes exceden en profundidad á cuanto puede imaginar cualquier
-hombre, sea blanco ó negro.
-
---Cuarenta y cinco años hace, dijo Machua Appa, que sigo á los señores
-elefantes; pero nunca oí que ningún hombre de mujer nacido viera lo
-que ha visto este muchacho. Por todos los dioses de las montañas os
-digo que esto es... ¿cómo podremos llamarlo?... y, sin acabar la frase,
-limitóse á sacudir la cabeza.
-
-Cuando estuvieron de vuelta en el campamento era ya la hora de la
-cena. Comió Petersen Sahib solo, en su tienda; pero dió orden de
-que á su gente, allí acampada, se le dieran dos corderos y algunos
-pollos, además de doble ración de harina, arroz y sal, porque era
-imprescindible algo de banquete.
-
-Á paso más que regular había llegado Toomai grande del otro campamento,
-en la llanura, yendo en busca de su hijo y de su elefante, y, al
-hallarlos, los contempló á uno y otro de tal modo que no parecía sino
-que le causaban miedo. Celebróse una fiesta, junto á las llameantes
-hogueras, frente á las filas de atados elefantes, siendo Toomai chico
-el héroe de ella; y los grandes cazadores, los ojeadores, cornacas y
-laceros, los hombres que conocían todos los secretos para domar los más
-bravos elefantes, se lo pasaron de uno á otro, y marcaron su frente
-con sangre tomada del pecho de un «gallo de la selva» recién muerto,
-queriendo indicar con esto que era un habitante de los bosques, un
-iniciado, y libre, por lo tanto, en toda la extensión que abarcan las
-selvas.
-
-Al fin, cuando las llamas empezaron ya á apagarse y la roja luz de
-los tizones daba á los elefantes un aspecto que no parecía sino que
-también ellos estuvieran empapados en sangre, Machua Appa, el jefe de
-todos los cornacas de todas las _keddahs_; Machua Appa, el _alter ego_
-de Petersen Sahib, que por espacio de cuarenta años no había visto un
-camino hecho por mano de hombres; Machua Appa, cuya grandeza era tanta
-que nadie sabía que tuviera otro nombre más que el de Machua Appa,
-saltó, y, poniéndose de pie, levantando en el aire á Toomai chico, por
-encima de su cabeza, gritó:
-
---Oidme, hermanos míos. Oidme también vosotros, señores, señores míos
-que estáis ahí en las filas: ¡soy yo, Machua Appa, quien os habla!
-Este pequeñín no se llamará ya de aquí en adelante Toomai chico, sino
-Toomai, el de los elefantes, como antes que á él se llamó ya á su
-bisabuelo. Lo que jamás vió hombre alguno lo ha visto él durante toda
-una noche, porque es el favorito del pueblo de los elefantes, y, al
-par, de los dioses de todas las selvas, que con él están. Llegará á
-ser un gran ojeador; llegará á ser más grande que yo mismo, más que yo
-mismo: Machua Appa. Sabrá seguir la pista reciente, y la medio borrada,
-y la mixta, con ojo seguro. Ningún daño recibirá en la _keddah_
-cuando corra por debajo de los elefantes salvajes para atarlos, y si
-por casualidad resbalara y cayera frente á un elefante feroz, en el
-momento de embestir éste, sabiendo la fiera quien es él no se atreverá
-á aplastarlo. _¡Aihai!_ señores míos que estáis ahí entre cadenas...
-(y al decirlo dió una vuelta hacia las filas de estacas), ante
-vosotros tenéis al pequeñuelo que ha visto los bailes que celebráis en
-escondidos sitios... lo que jamás vió ningún hombre. ¡Prestadle vuestro
-homenaje, señores míos ¡_Salaam karo_, hijos míos! ¡Saludad á Toomai,
-el de los elefantes! ¡Gunga Pershad, _ahaa_! ¡Hira Guj, Birchi Guj,
-Kuttar Guj, _ahaa_! ¡Pudmini (tú que le has visto en el baile, y tú
-también, Kala Nag, perla de los elefantes)! _¡ahaa!_ ¡Todos á la vez!
-¡Á Toomai, el de los elefantes! _¡Barrao!_
-
-Y al oir el último de estos salvajes gritos, la fila entera de
-elefantes lanzó al aire las trompas, hasta hacer que los extremos
-tocaran las frentes, y prorrumpió en el gran saludo, el trompetear
-atronador que sólo oye el Virrey de la India, el _Salaamut_ de la
-_keddah_.
-
-Pero todo esto se hacía, únicamente, por Toomai chico, que había visto
-lo que jamás vió antes hombre alguno: ¡el baile de los elefantes, por
-la noche, y solo, en el corazón de las montañas de Garo!
-
- [Ilustración]
-
-
- =Siva y el saltamontes=
-
-(_Canción que la madre de Toomai le cantaba á su hijo menor_).
-
-
- Siva, que manda al hombre las cosechas,
- y hace que sople el viento,
- sentado en el umbral de un claro día,
- ha de ello mucho tiempo,
- repartió su porción, á cada uno,
- de pan, trabajo y duelos,
- desde el Rey, que en el _guddee_ se reclina,
- al pobre pordiosero.
-
- Hízolo todo Siva, el que proteje,
- sí, todo _¡Mahadeo!_
- dió el espino al camello, al buey forraje,
- y á tí, mi niño, por cojín mi pecho.
-
- Al rico dióle trigo, mijo al pobre;
- al santón que pidiendo
- de puerta en puerta va, dióle mendrugos;
- reses al tigre hambriento,
- carroña dió al milano, y á los lobos
- que van rondando fieros
- en torno á los poblados, por la noche,
- dióles trapos y huesos.
-
- Á todo atendió él, de lo más alto
- hasta lo más pequeño;
- pero Parbati, su mujer, burlarle
- quiso como por juego,
- en tan diversas cosas ocupado
- al gran esposo viendo,
- y así robando al dios un saltamontes
- escondiólo en su pecho.
-
- Tal hizo su mujer á Siva, el Grande,
- _¡Mahadeo! ¡Mahadeo!_
- ¡Tratárase de un buey!... Mas, hijo mío,
- no se trataba más que de un insecto.
-
- Terminado el reparto, sonriente
- dijo ella á su dueño:
- --¿De entre un millón de bocas no habrá una,
- Señor, sin alimento?
-
- Ni una, dijo Siva, ni siquiera,
- añadió sonriendo,
- la diminuta que ocultaste, ha poco,
- aquí, junto á tu pecho.
-
- Sacó entonces Parbati, la ladrona,
- el escondido insecto
- y vió que hasta él comía verde hojuela
- nacida aquel momento.
-
- Viólo asombrada, y á los pies de Siva
- temblorosa cayendo,
- rezó al dios que, en verdad, á cuanto existe
- dió apropiado sustento.
-
- Hízolo todo Siva, el que protege,
- sí, todo... _¡Mahadeo!_
- dió el espino al camello, al buey forraje,
- y á tí, mi niño, por cojín mi pecho.
-
- [Ilustración]
-
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LOS SERVIDORES DE SU MAJESTAD
-
- Resolvedlo por quebrados
- ó bien por regla de tres:
- Tweedle-dum no será nunca
- Tweedle-dee: ya lo veréis.
-
- Dadle vueltas al problema,
- retorcedlo sin cesar:
- la vía de Pilly-Winky
- no es la que á Winkie-Pop va.
-
-
-Había estado lloviendo copiosamente durante un mes entero... lloviendo
-sobre un campamento de treinta mil hombres, millares de camellos,
-elefantes, caballos, bueyes y mulas, todo ello reunido, en un sitio
-llamado Rawal Pindi, para que lo revistara el Virrey de la India.
-Recibía éste la visita del Emir del Afganistán, rey salvaje de un
-salvajísimo país, y el Emir había traído consigo, como escolta,
-ochocientos hombres y otros tantos caballos que jamás habían visto en
-su vida un campamento ó una locomotora: hombres y caballos salvajes,
-también, sacados de algún sitio en el corazón del Asia Central. No
-pasaba una noche sin que un pelotón de esos caballos rompiera las
-cuerdas con que estaban atados, y se lanzara con estrépito de un
-lado á otro del campamento, por entre el barro y en medio de la
-obscuridad, ó bien sin que los camellos se desataran y corrieran por
-allí, tropezando con las cuerdas que sostenían las tiendas, y ya puede
-imaginarse lo agradable que esto sería para la gente que intentaba
-entregarse al sueño. Estaba mi tienda lejos de las filas de camellos, y
-creía yo que el sitio era seguro; pero una noche asomó un hombre, por
-aquélla, la cabeza, y me gritó:
-
---¡Salid pronto, que vienen! Á mí me han derribado ya la tienda.
-
-Ya sabía yo quienes eran los que venían, y así púseme las botas,
-echéme el impermeable y salí corriendo por el lodo. Vixen, mi perrita
-_fox-terrier_, salió por el otro lado; y á poco se oían bramidos,
-gruñidos y burbujeos, tras de lo cual hundióse la tienda, por haber
-saltado hecho astillas el palo que la sostenía, y comenzó á bailar como
-duende loco. Un camello se había metido y enredado en ella, y á pesar
-de mi malhumor y de la mojadura, no pude menos de reirme. Luego seguí
-corriendo, porque no sabía cuántos eran los camellos que se habían
-soltado, y al cabo de poco rato perdí de vista el campamento, caminando
-con dificultad por entre el barro.
-
-Caí, al fin, sobre la cureña de un cañón, y esto fué para mí indicio de
-que me hallaba cerca del sitio en que acampaba la artillería y donde
-las piezas eran colocadas por la noche. Como no quería seguir vagando
-bajo la lluvia y en medio de la obscuridad, puse mi impermeable sobre
-la boca de uno de los cañones, formé así una especie de choza con dos ó
-tres atacadores que hallé á mano, y me tendí sobre la cureña de otro de
-aquéllos, preguntándome por dónde debía de andar Vixen y dónde yo mismo
-estaría.
-
-Cuando iba ya á dormirme oí ruido de arreos y una especie de gruñido,
-tras de lo cual pasó junto á mí un mulo sacudiendo las mojadas orejas.
-Pertenecía á una batería de cañones atornillables ó de montaña,
-porque así me lo indicaba el ruido de las correas, anillas, cadenas y
-demás pegando sobre el basto. Estos cañones, cómodos y pequeños, se
-componen de dos piezas que se unen en el momento de usarlos, pudiendo
-así llevarse fácilmente, por las montañas, donde los mulos hallen un
-sendero, por lo cual prestan grandes servicios en todos los países en
-que abundan las rocas[12].
-
-Venía detrás del mulo un camello cuyas enormes y blancas patas se
-hundían y resbalaban en el barro, mientras su cuello se balanceaba,
-dirigiéndose hacia todos lados como el de una gallina perdida.
-Afortunadamente conocía yo lo bastante el lenguaje de los animales (no
-el de los salvajes, por supuesto, sino el de los que se hallan en los
-campamentos, que había aprendido de los indígenas), para saber lo que
-decía entonces.
-
-Debía de ser el mismo que entró en mi tienda, porque le gritó al mulo:
-
---¿Qué haré? ¿Á dónde iré? Me he peleado con una cosa blanca que
-se movía, y la cosa cogió un palo y me pegó un golpe en el cuello.
-(Referíase al palo roto de mi tienda, y yo me alegré mucho de oirlo).
-¿Seguiremos corriendo?
-
---¡Ah! ¿Sois tú y tus amigos los que habéis venido á turbar la
-tranquilidad del campamento? Perfectamente. Ya te lo pagarán con una
-paliza en cuanto se haga de día; pero, de todos modos, voy á darte yo
-algo á cuenta.
-
-Oí entonces el ruido de los arreos al retroceder el mulo, y el camello
-recibió un par de coces en las costillas, que resonaron como un tambor.
-
---Otra vez, dijo el mulo, lo pensarás mejor antes de pasar corriendo
-por entre una batería, de noche, y como si gritaras: ¡ladrones! ¡fuego!
-Échate y no muevas más ese estúpido cuello.
-
-Doblóse el camello como suelen hacerlo éstos, en forma de escuadra, y
-se echó dando gemidos.
-
-Oyóse acompasado ruido de cascos en medio de la obscuridad, y un
-gran caballo de los del ejército se acercó galopando con la misma
-regularidad que si estuviera en una parada, saltó por encima de una
-cureña y se paró junto al mulo.
-
---¡Eso es una vergüenza! exclamó, dando resoplidos. Ya han empezado
-esos camellos á meter bulla por entre nuestras filas... y es la tercera
-vez en lo que va de semana. ¿Cómo puede conservarse bien un caballo si
-no le dejan dormir por la noche?... ¿Quién anda por ahí?
-
---Soy el mulo que lleva la pieza de culata del cañón número dos de la
-primera batería de montaña, dijo el mulo, y aquel es uno de vuestros
-amigos. También á mí me ha despertado. ¿Quién sois vos?
-
---El número quince, compañía _E_, del noveno de lanceros... Soy el
-caballo de Dick Cunliffe. Echaos un poco hacia allá. Así.
-
---¡Oh! ¡Mil perdones! contestó el mulo. Está tan obscuro que no se
-distingue casi nada. Yo me marché de mi fila para ver si aquí podía
-tener un poco de paz y de tranquilidad.
-
---Señores míos, dijo el camello humildemente, tuvimos esta noche una
-pesadilla que nos atemorizó muchísimo. Yo no soy más que uno de los
-camellos de carga del treinta y nueve de la infantería indígena, y no
-tengo el valor que poseéis vosotros, señores míos.
-
---Entonces, ¿por qué demonio no te quedas en tu sitio y llevas el
-bagaje del treinta y nueve de la infantería indígena, en vez de estar
-corriendo por todo el campamento? repuso el mulo.
-
---¡Es que la pesadilla era tan horrible! Yo siento lo ocurrido. Pero,
-¡escuchad! ¿Qué es eso? ¿Empezaremos á correr otra vez?
-
---¡Échate! dijo el mulo, ó si no vas á romperte esas piernas tan
-largas, tropezando con los cañones. Enderezó una de las orejas y púsose
-á escuchar, ¡Bueyes! exclamó. Los bueyes que arrastran los cañones.
-¡Por vida de!... que entre tú y tus amigos habéis despertado á todo
-el campamento. Se necesita alborotar mucho para lograr que uno de los
-bueyes de las baterías se levante.
-
-Oí una cadena que se arrastraba por el suelo, y una de las parejas
-de enormes y tercos bueyes blancos que arrastran los pesados cañones
-de sitio cuando los elefantes no se atreven á acercarse ya más á los
-fuegos del enemigo, llegó, empujando el hombro uno contra otro; y,
-casi pisando la cadena, venía también un mulo de los de las baterías,
-llamando á grandes voces á Billy.
-
---Este es uno de nuestros reclutas, dijo el mulo viejo al caballo. Me
-está llamando. ¡Aquí estoy, muchacho! ¡Basta de chillar! La obscuridad
-no hizo nunca daño á nadie.
-
-Echáronse juntos los bueyes y comenzaron á rumiar; pero el mulo joven
-se precipitó junto á Billy.
-
---¡Qué cosas! exclamó. ¡Qué horribles y espantables cosas, Billy!
-Viniéronse á nuestras filas mientras estábamos durmiendo. ¿Crees que
-nos matarán?
-
---¡Me están dando unas ganas de largarte una coz de padre y señor mío!
-¡Mira que ocurrírsele á un mulo de tu estampa, y tan bien enseñado como
-tú, venir á deshonrar la batería delante de estos caballeros!...
-
---¡Poco á poco! dijo el caballo. Acordaos de que, al principio,
-todos son siempre así. La primera vez que yo ví á un hombre (era en
-Australia, cuando tenía tres años de edad), estuve corriendo por
-espacio de medio día, y, si hubiera visto un camello, estaría corriendo
-aún á estas horas.
-
-Casi todos los caballos que sirven para la caballería inglesa en la
-India son llevados allí desde Australia, y domados por los mismos
-soldados.
-
---¡Verdad es! asintió Billy. No tiembles más, muchacho. La primera vez
-que me enjaezaron á mí por completo, con todas las cadenas colgándome
-desde la espalda, me puse en dos pies, los delanteros, y á coces lo
-hice todo pedazos. No sabía aún entonces la verdadera ciencia de
-cocear; pero cuantos formaban parte de la batería dijeron que no habían
-visto nunca cosa semejante.
-
---Pero lo que se oía ahora no era ruido de arreos ni retintín alguno,
-dijo el muleto. Ya sabes que esto no me impresiona ya. Eran cosas
-parecidas á árboles, y caían por entre las filas burbujeando; y á mí se
-me rompió el cabestro, y no pudiendo hallar ni al que me cuidaba ni á
-tí, Billy, me escapé con... con estos caballeros.
-
---¡Je! exclamó Billy. Yo, en cuanto oí que los camellos se habían
-soltado, me fuí por mi cuenta, sin alborotar. Cuando un mulo de una
-batería... de una batería de cañones de montaña... llama caballeros á
-los bueyes que arrastran cañones de la otra clase, es preciso que esté
-bajo el peso de profunda emoción. ¿Quién sois vosotros, buena gente,
-que estáis ahí echados?
-
-Dejaron de rumiar los bueyes por un momento, y contestaron á la vez:
-
---La séptima pareja del primer cañón de la batería de los grandes.
-Estábamos durmiendo cuando llegaron los camellos; pero, al sentir que
-nos pisoteaban, levantámonos y nos fuimos. Más vale tenderse en paz
-sobre el barro que sentir que le molestan á uno estando sobre un buen
-lecho. Á tu amigo, que está aquí presente, le dijimos que no había para
-qué asustarse; pero sabe tanto que opinó todo lo contrario. ¡Bueno!
-
-Y continuaron rumiando.
-
---Ahí tienes lo que pasa cuando se tiene miedo. Se burlan de tí hasta
-los bueyes que arrastran los cañones. Me parece que estarás satisfecho,
-muchacho.
-
-El muleto rechinó los dientes, y oí que algo decía sobre el poco miedo
-que le inspiraban todos los cochinos bueyes de este mundo, todos esos
-montones de carne; pero los bueyes no hicieron más que chocar los
-cuernos, uno contra otro, y seguir rumiando.
-
---No vengas ahora á incomodarte después de haber tenido miedo: mira
-que es ésta la peor clase de cobardía, dijo el caballo. Á cualquiera
-puede perdonársele el azorarse un poco de noche (ó al menos así lo creo
-yo), cuando ve cosas que le parecen incomprensibles. Nosotros (los
-cuatrocientos cincuenta que somos), hemos roto innumerables veces las
-ataduras que nos retenían á las estacas, sólo porque algún _recluta_
-venía á contarnos cuentos de látigos que se habían vuelto serpientes,
-allá en su tierra, en Australia, y, después de oirlo, nos asustaban
-horriblemente hasta los colgantes cabos de nuestros cabestros.
-
---Todo esto está muy bien en el campamento, afirmó Billy. Yo mismo
-confieso que siento ganas de salir escapado, sólo por el gusto de
-hacerlo, cuando he estado sin andar uno ó dos días; pero ¿qué es lo que
-vos hacéis cuando estáis en servicio activo?
-
---¡Ah! Eso es harina de otro costal, dijo el caballo. Entonces llevo
-encima á Dick Cunliffe, y él me aprieta las rodillas á los lados,
-reduciéndose cuanto he de hacer á mirar bien donde pongo los pies,
-conservar las patas traseras dobladas bajo el cuerpo, y obedecer al
-freno.
-
---Y ¿qué es obedecer al freno? preguntó el muleto.
-
---¡Por los gomeros azules de mi tierra! relinchó el caballo. ¿Acaso
-no te enseñan á tí también eso en el oficio que tú desempeñas? ¿Cómo
-puedes hacer nada si no sabes volverte en redondo, de pronto, al sentir
-que te aprietan la rienda sobre el cuello? Para el hombre que va
-contigo es cuestión de vida ó muerte, y, por supuesto, también lo es
-para tí. Da la vuelta sobre las patas traseras, bien recogidas, en el
-mismo momento en que sientas la rienda sobre el pescuezo. Si no tienes
-sitio para revolverte bien, levántate de manos, y gira, entonces, sobre
-los cuartos posteriores. Esto es lo que se llama obedecer al freno.
-
---Á nosotros no nos enseñan así, dijo Billy, el mulo, con gran
-frialdad. Lo que aprendemos es á acatar las órdenes del hombre que
-nos guía: dar un paso hacia aquí ó hacia allí, según él nos mande. Al
-fin, creo que todo será, poco más ó menos, lo mismo. Pero con tanta
-fantasía, y tanto empinarse, lo que debe de ser muy malo para vuestros
-corvejones ¿queréis decirme qué es lo que _realmente_ hacéis?
-
---Eso es según los casos, dijo el caballo. Generalmente tengo que
-ir entre una infinidad de hombres desgreñados, que gritan y llevan
-cuchillos (unos cuchillos largos y brillantes, peores que los del
-albeitar) y he de atender á que la bota de Dick toque exactamente la
-del hombre que está á su lado; pero sin apretarla. Veo la lanza de
-Dick cerca de mi ojo derecho, y sé, entonces, que no hay cuidado. No
-quisiera ser del hombre ó del caballo que se nos pusiera delante, á
-Dick y á mí, cuando tenemos prisa.
-
---¿Y los cuchillos no hacen daño? preguntó el muleto.
-
---Te diré... á mí me hirieron una vez en el pecho; pero no fué culpa de
-Dick.
-
---¡Poco me importaría á mí de quien era la culpa si me hirieran!
-exclamó el muleto.
-
---Pues ha de importarte, contestó el caballo. Para no tener confianza
-en _tu hombre_, tanto da que te escapes de una vez. Esto es lo que
-hacen algunos de nuestros caballos, y yo me guardaré de censurarlos.
-Como decía, la culpa no fué de Dick. Había un hombre tendido en el
-suelo, y yo me alargué cuanto pude para no pisarlo; pero él me tiró un
-tajo. Otra vez que haya de pasar sobre un hombre tendré buen cuidado de
-pisarlo... y apretaré de firme.
-
---¡Je! dijo Billy, todo eso son locuras. Los cuchillos son siempre una
-cosa muy fea. Lo bonito es encaramarse por una montaña, bien ensillado,
-agarrarse fuerte, con las cuatro patas y hasta con las orejas, y
-trepar, arrastrarse, moverse de todas las maneras posibles, hasta que
-se llega á algunas docenas de metros por encima de la altura á que
-cualquiera otro pueda hallarse, sobre un reborde del terreno en que no
-hay más sitio que el preciso para poner los cascos. Entonces te paras,
-te estás quieto (no le pidas nunca á ningún hombre que te tenga del
-cabestro), te estás quieto mientras ponen en orden los cañones, y,
-luego, miras como las bombas, que parecen diminutas adormideras, caen
-entre las copas de los árboles, allá abajo, lejos, muy lejos.
-
---¿Y no dáis nunca un paso en falso? preguntó el caballo.
-
---Dicen que cuando un mulo lo dé será cuando pueda rasgársele una
-oreja á una gallina, contestó Billy. Alguna vez que otra, _acaso_, por
-culpa de un basto mal puesto, podrá caerse un mulo; pero ocurre esto
-rarísimas veces. Quisiera poderos enseñar cómo trabajamos. Es cosa
-hermosísima. ¡Con decir que me costó tres años el llegar á adivinar
-para qué teníamos hombres que nos dirigieran!... Toda la ciencia
-consiste en procurar que el cuerpo no se destaque como una mancha
-contra el cielo, porque, de no hacerlo así, serviría uno de blanco y
-podrían tirarle. Acuérdate de esto, muchacho. Escóndete siempre tanto
-como puedas, aunque para ello tengas que dar un rodeo de un cuarto de
-legua. Yo soy el que dirige la batería cuando hay que hacer alguna de
-esas ascensiones.
-
---¡Que le tiren á uno, sin dejarle siquiera la posibilidad de arrojarse
-sobre el que dispara! dijo el caballo, profundamente pensativo. ¡No
-podría sufrir yo eso! ¡Me moriría de ganas de atacar, junto con Dick!
-
---¡Ca! ¡No lo creáis! Ya sabemos nosotros que, en cuanto estén
-colocados todos los cañones, ellos serán los que se encarguen del
-ataque. Esto es científico y elegante; pero los cuchillos... ¡qué asco!
-
-Rato hacía que el camello estaba balanceando la cabeza con el vivo
-deseo de meter baza en la conversación. Al fin, le oí decir, mientras
-carraspeaba nerviosamente:
-
---Yo... yo... yo he entrado también en batalla, más ó menos; pero no
-trepando ni corriendo, como vosotros.
-
---Sin duda. Ahora que hablas de ello, noto que á tí no debieron de
-hacerte ni para trepar ni para correr mucho. Bueno, vamos á ver, ¿cómo
-fué eso, costal de paja.
-
---Fué... como debe ser: nos echamos todos...
-
---¡Por vida de mi pretal y mi grupera! dijo entre dientes el caballo...
-¿Os echasteis?...
-
---Nos echamos... y éramos cien... siguió diciendo
-
-[Ilustración] el camello, formando un gran cuadro, después de lo cual
-amontonaron los hombres nuestros fardos y sillas, fuera del cuadro, y
-pusiéronse á disparar, por encima de nosotros, desde los cuatro lados á
-la vez.
-
---¿Qué clase de hombres eran? ¿Los primeros transeuntes...? preguntó el
-caballo. Enséñannos también, en la escuela de equitación, á tendernos y
-dejar que nuestros amos disparen por encima de nosotros; pero el único
-hombre á quien le permitiría yo hacer eso es Dick Cunliffe. Me molesta,
-haciéndome cosquillas junto á la cincha, y, además, con la cabeza en el
-suelo no puedo ver nada.
-
---¿Y qué importa quién es el que dispara por encima de uno? dijo el
-camello. Infinidad de hombres y de camellos tiene uno al lado, é
-infinidad de nubes de humo también. Entonces no tengo yo miedo. Me
-estoy quieto y espero.
-
---Y, sin embargo, repuso Billy, tienes pesadillas por la noche y
-alborotas todo el campamento. ¡Vaya! ¡Vaya! Antes de que yo me
-tendiera (nada digo ya de echarme á medias), y le permitiera á ningún
-hombre disparar por encima de mí, mis patas y su cabeza me parece que
-trabarían conocimiento. ¿Cuando oyó nadie cosa tan horrible como ésta?
-
-Reinó largo silencio. Al cabo, uno de los bueyes levantó la enorme
-cabeza y dijo:
-
---Todo eso es verdaderamente absurdo. No hay más que un modo de entrar
-en lucha.
-
---¡Ah! ¡Vamos! ¡Sigue, sigue! contestó Billy. No hagas caso de que
-esté yo delante. ¡Hazme este favor! Supongo que vosotros, buena gente,
-tomáis parte en el combate sosteniéndoos sobre la punta del rabo.
-
---No hay más que un modo, repitieron ambos á la vez. (De fijo que eran
-gemelos). Y el modo es éste: uncirnos, las veinte parejas que formamos
-nosotros, al cañón grande, en cuanto empieza á tocar la trompa _El de
-las dos colas_. (_El de las dos colas_ es, en el lenguaje vulgar de los
-campamentos, el elefante).
-
---¿Y por qué toca él la trompa? preguntó el muleto.
-
---Para significar que no quiere ya acercarse más al humo que hay
-del lado de allá. _El de las dos colas_ es un grandísimo cobarde.
-Entonces empujamos todos juntos el cañón grande... _¡Heya! ¡Hullah!
-¡Heeyah! ¡Hullah!_ Lo que es _nosotros_ no nos encaramamos como
-gatos ni corremos como terneros. Atravesamos la llanura, la tierra
-nivelada, veinte parejas de frente, hasta que nos desuncen de nuevo, y,
-entonces... á pacer, mientras los cañones grandes tienen la palabra, y
-se la dirigen, á través del llano, á alguna ciudad de paredes de tapia,
-las cuales van cayendo en grandes pedazos, y nubes de polvo se elevan
-por el aire como al regresar de innumerables rebaños.
-
---¡Ah! ¿Y aquel es el momento que aprovecháis vosotros para pacer? dijo
-el muleto.
-
---Aquel, ó cualquier otro. El comer siempre es agradable. Nosotros
-vamos comiendo, hasta que nos uncen de nuevo, y arrastramos otra vez
-el cañón hacia donde _El de las dos colas_ está esperándolo. Hay, á
-veces, en la ciudad, cañones de grandes dimensiones que contestan á los
-nuestros y matan á algunos de nosotros; pero así es más abundante el
-pasto para los que quedan. Eso es cosa del Destino... Nada más que del
-Destino. Pero sea como fuere, _El de las dos colas_ es un grandísimo
-cobarde. Ese es el verdadero modo de combatir. Nosotros dos somos
-hermanos, somos hijos de Hapur. Nuestro padre era uno de los bueyes
-sagrados de Siva. Hemos dicho.
-
---¡Bueno! En verdad que algo he aprendido esta noche, afirmó el
-caballo. ¿Y vosotros, caballeros de la batería de cañones de montaña,
-también os sentís en disposición de comer cuando los cañones disparan
-contra vosotros y tenéis á retaguardia al _de las dos colas_?
-
---Tan poco, casi, como pocas son las ganas que tenemos de echarnos y de
-dejar que los hombres se tiendan sobre nosotros, ó bien de lanzarnos
-sobre gentes que empuñan cuchillos. Jamás oí semejantes simplezas. El
-borde de un precipicio en una montaña; una carga en que el peso esté
-bien distribuído; un mozo de quien pueda uno estar seguro de que le
-dejará ir por donde quiera... dénme eso y cuenten conmigo; pero lo que
-es lo demás... no, dijo Billy pegando en el suelo una patada.
-
---Por supuesto, contestó el caballo, no todos somos de la misma pasta,
-y bien adivino que á vuestra familia, por la línea paterna, debía de
-costarle mucho el entender ciertas cosas.
-
---Dejad tranquila á mi familia y á su línea paterna dijo Billy
-incomodado (porque no hay mulo al cual no le disguste el que le
-recuerden que su padre era un asno). Fué mi padre un caballero del Sur,
-y podía, si se le antojaba, derribar, morder, y reducir á piltrafas,
-de puro darle de coces, á cualquier caballo que se le atravesara en el
-camino. ¡Tenlo presente, gran _Brumby_!
-
-Significa _Brumby_ un caballo salvaje, sin crianza. Imaginad lo que
-sentiría el noble bruto, vencedor en las carreras, que se oyera tratar
-de acémila por uno que arrastrara un carro, y tendréis idea de la
-impresión que recibiría en aquel momento el caballo australiano. Ví
-como el blanco de los ojos le brillaba en la sombra.
-
---Mira, hijo de un borrico traído de Málaga, exclamó, apretando los
-dientes, voy á tener que enseñarte que yo desciendo por la línea
-materna de Carbine, la que ganó la _copa de Melbourne_; y que en
-mi tierra no estamos acostumbrados á dejarnos pisotear por un mulo,
-que, si charla como un loro, tiene tanta cabeza como un cerdo, y
-que no pertenece más que á una batería de cerbatanas para jugar los
-chiquillos. ¡Ponte en guardia!
-
---¡Y tú en dos pies! chilló Billy.
-
-Hiciéronlo así ambos, puestos frente á frente, y ya esperaba yo asistir
-á una furiosa lucha, cuando, en medio de la obscuridad, y en dirección
-hacia la derecha, oyóse una voz gutural y profunda que decía:
-
---Pero, hijos, y ¿por qué os peleáis ahora? Estaos quietos.
-
-Bajaron las patas ambos animales con un ronquido de disgusto, porque no
-hay caballo ni mulo alguno que pueda sufrir la voz del elefante.
-
---¡Es _El de las dos colas_! dijo el primero. ¡No puedo resistirlo!
-¡Una cola á cada extremo! ¡Eso no es jugar limpio!
-
---Es lo que yo pienso, contestó Billy, apretándose contra el caballo
-para sentirse más acompañado. En ciertas cosas nos parecemos bastante.
-
---Las habremos heredado de nuestras madres, dijo el caballo. ¡Vaya! No
-vale la pena de que nos peleemos. ¡Eh, tú! _¡Dos colas!_ ¿Estás atado?
-
---Sí, contestó el interpelado con una risa que parecía írsele subiendo
-trompa arriba. Estoy sujeto para toda la noche. Ya he oído lo que
-habéis estado hablando. Pero no tengáis miedo: no voy á acercarme.
-
-Los bueyes y el camello dijeron entonces, casi en alta voz:
-
---¡Tenerle miedo al _de las dos colas_! ¡Qué bobería!
-
-Y los bueyes prosiguieron:
-
---Sentimos que lo hayas oído; pero es la verdad. Dínos, _Dos colas_,
-¿por qué les temes á los cañones cuando disparan?
-
---Veréis... dijo _El de las dos colas_, frotando una de sus patas
-traseras contra la otra, ni más ni menos que lo que suele hacer con las
-piernas un chico que recita unos versos: no estoy muy seguro de que me
-entendáis si os lo explico.
-
---No, no lo entenderemos; pero ello es que tenemos que arrastrar los
-cañones, dijeron los bueyes.
-
---Sí, ya lo sé. Y también sé que sois mucho más valientes de lo que os
-figuráis. Pero yo soy distinto. El capitán de mi batería me llamó, uno
-de estos días, _anacronismo paquidermatoso_.
-
---Esto será otra nueva manera de combatir, supongo yo; dijo Billy que
-empezaba á recobrar el uso de sus facultades.
-
---Tú no sabes lo que eso significa, por supuesto; pero yo sí. Significa
-una cosa que está entre dos aguas, ó entre dos luces, indecisa, y
-así estoy yo, precisamente. Yo veo claro dentro de mi cabeza lo que
-ocurrirá cuando reviente una bomba, y vosotros, bueyes, no podéis verlo.
-
---Pues yo sí puedo, dijo el caballo. Por lo menos, en parte. Y hago
-todo lo posible para no pensar en ello.
-
---Yo alcanzo á verlo mejor que tú, y ¡vaya si lo pienso!... Sé que hay
-en mí un buen corpachón que cuidar, y sé también que nadie sabe cómo
-curarme cuando estoy enfermo. Todo lo más que hacen es quitarle el
-salario á mi cornaca hasta que vuelvo á estar bien, y lo que es en él
-ninguna confianza puedo yo tener.
-
---¡Ah! contestó el caballo. Ahí está la clave de todo. Yo puedo fiarme
-de Dick.
-
---Pues lo que es á mí, podrías ponerme encima todo un regimiento de
-Dicks sin que me encontrara poco ni mucho mejor. Sé lo suficiente para
-no hallarme muy á gusto, y no lo necesario para seguir adelante, á
-pesar de todo.
-
---No lo entendemos, dijeron los bueyes.
-
---Ya sé que no. No es á vosotros á quienes me dirijo. Vosotros no
-sabéis lo que es sangre.
-
---Pues lo sabemos. Es una cosa roja á la que chupa la tierra, y que
-huele.
-
-El caballo dió una coz, un salto y relinchó.
-
---No me habléis de eso, dijo. Me parece que la estoy oliendo ahora,
-con sólo imaginármela. Me da ganas de correr... cuando no llevo á Dick
-montado sobre mí.
-
---¡Pero si aquí no la hay! dijeron el camello y los bueyes. ¡No seas
-tan tonto!
-
---¡Es vil cosa!... dijo Billy. Á mí no me da ganas de correr; pero no
-quiero hablar de ella.
-
---¡Esa es la fija! exclamó _El de las dos colas_, moviendo la suya como
-para explicar mejor sus palabras.
-
---Sí, sin duda. Pero los fijos somos nosotros que hemos estado aquí
-toda la noche, dijeron los bueyes.
-
-_El de las dos colas_ dió una patada en el suelo, haciendo resonar su
-anillo de hierro.
-
---No os hablo á _vosotros_, dijo. No podéis ver lo que pasa dentro de
-vuestra cabeza.
-
---No. No vemos más que lo que pasa fuera, y cuatro ojos tenemos para
-ello. No vemos más que lo que está delante de nosotros.
-
---Si yo pudiera limitarme á hacer esto, no se os necesitaría á vosotros
-para que arrastrarais los cañones de grandes dimensiones. Si fuera
-como mi capitán (que ve las cosas en su cabeza antes de que empiece el
-fuego, y tiembla todo él, pero sabe demasiado para que se le ocurra
-la idea de escaparse), si yo fuera como él, entonces sí que podría
-arrastrar los cañones. Pero á ser tan sabio, no estaría, tampoco, aquí.
-Sería rey en la selva, como fuí en otro tiempo, durmiendo durante la
-mitad del día, y bañándome siempre que se me antojara. Hace un mes que
-no he podido bañarme á gusto.
-
---Muy bonito es todo eso, dijo Billy, pero el darle á las cosas
-rimbombantes nombres no las mejora en lo más mínimo.
-
---¡Chitón! contestó el caballo. Yo creo que entiendo lo que quiere
-decir _Dos colas_.
-
---Me entenderás de aquí á un instante, dijo este último de mal humor.
-¡Á ver! ¿Quieres explicarme por qué á tí no te gusta esto?
-
-Y comenzó entonces á hacer sonar furiosamente su trompa.
-
---¡Basta! ¡Basta! ¡Calla! exclamaron Billy y el caballo al mismo tiempo.
-
-Yo oí como pateaban y temblaban, porque el trompeteo de un elefante es
-siempre desagradable, y sobre todo de noche.
-
---¡No quiero callar! dijo _El de las dos colas_. ¿Me haréis ahora el
-favor de explicarme esto? _¡Rrrumf! ¡Rrrert! ¡Rrrumf! ¡Rrrah!_ Paróse,
-luego, de pronto, y pude yo oir en medio de la obscuridad algo que se
-quejaba, algo que pronto adiviné ser Vixen, que me había hallado, al
-fin. Sabía ella, tan bien como yo, que á nada teme tanto un elefante
-como á un perrito que ladra; por lo cual se paró, para molestar al
-_de las dos colas_, en el sitio donde estaba atado, y allí se estuvo
-ladrando entre sus enormes pies. _Dos colas_ se agitó, queriendo huir,
-y comenzó á chillar.
-
---¡Márchate, perro! exclamó. No me vengas á oler los zancajos si no
-quieres recibir una patada. ¡Perrito bueno... perrito mono! ¡Vete!
-¡Anda á tu casa, maldito animal que no para de ladrar! Pero ¿por qué no
-lo apartan de ahí? ¡Va á acabar por morderme!
-
---Paréceme, dijo Billy dirigiéndose al caballo, que nuestro amigo _Dos
-colas_ tiene miedo de infinidad de cosas. Si á mí me dieran un buen
-pienso por cada perro que he lanzado, de una coz, al otro lado del
-campo de maniobras, estaría casi tan gordo como _Dos colas_.
-
-Dí un silbido, y Vixen vino corriendo hacia mí, llena de barro toda
-ella, me lamió la nariz y contóme un larguísimo relato de sus aventuras
-en el campamento, mientras iba en mi busca. Nunca le había dicho que
-entendiera el lenguaje de los animales, porque, de lo contrario, se
-habría tomado conmigo toda clase de libertades. Así, pues, me contenté
-con ponérmela sobre el pecho, abotonando por encima de ella mi
-sobretodo, y _El de las colas_ se movió cuanto quiso, pateó y gruñó,
-solo ya.
-
---¡Cosa más rara! dijo. ¡Es extraordinario! Viene ya de familia. Pero
-¡á ver! ¿dónde se ha metido ahora aquel diablo de animalejo?
-
-Oíle que iba tanteando con la trompa.
-
---De uno ú otro modo, todos parecemos tener algún punto flaco,
-prosiguió, soplando para limpiarse la nariz. Ustedes, caballeros, se
-alarmaron un poco, me parece, cuando oyeron el sonido de mi trompa
-¿verdad?
-
---Alarmarnos, precisamente, no; pero á mí me causó la impresión de que
-me picaban algunos tábanos en el sitio en que otras veces llevo la
-silla. No vuelvas á empezar.
-
---Á mí me da miedo un perrito, y al camello que ahí está le asustan las
-pesadillas que tiene por la noche.
-
---¡Fortuna que no tenemos que combatir todos del mismo modo! dijo el
-caballo.
-
---Lo que yo quisiera saber, observó el mulo, que había estado callado
-durante largo tiempo, lo que yo quisiera saber es por qué tenemos que
-combatir, sea del modo que fuere.
-
---Porque nos lo mandan, dijo el caballo con un ronquido de desprecio.
-
---Una orden que nos dan, añadió el mulo. Y rechinó los dientes al
-decirlo.
-
---_¡Hukm hai!_ (es una orden), dijo el camello con un ruido gutural, y
-_Dos colas_ y los bueyes repitieron _¡Hukm hai!_
-
---Sí; pero ¿quién es que da las órdenes, dijo, entonces, el muleto, el
-recluta.
-
---El hombre que va á tu lado... ó se te sienta encima... ó sostiene
-la cuerda que te atan á la nariz... ó te retuerce la cola... dijeron,
-sucesivamente, Billy, el caballo, el camello y los bueyes.
-
---Pero ¿quién les da á ellos las órdenes?
-
---Eso es querer saber demasiado, joven, dijo Billy, y es exponerse á
-recibir una coz. Tú no has de hacer más que obedecer al hombre que te
-guía, y no meterte á preguntar nada.
-
---Tiene razón, dijo _El de las dos colas_. Yo no siempre puedo
-obedecer, porque estoy como entre la espada y la pared; pero ello es
-que Billy tiene razón. Obedece al hombre que tienes al lado y que te da
-la orden, ó, de lo contrario, toda la batería tendrá que pararse por tu
-culpa; esto sin contar la paliza que te llevarás.
-
-Levantáronse los bueyes para marcharse.
-
---La mañana se acerca, dijeron. Nos volvemos á nuestros puestos. Es
-cierto que nosotros no vemos más que con los ojos, y que no nos pasamos
-de listos; pero, así y todo, somos, esta noche, los únicos que no hemos
-tenido miedo. ¡Buenas noches, valientes!
-
-Nadie contestó, y el caballo dijo, entonces, para mudar de conversación:
-
---¿Dónde está el perrito aquel? Un perro significa siempre que no anda
-lejos un hombre.
-
---Aquí estoy, ladró Vixen... bajo la cureña, con mi amo. ¡Como tú,
-camello, gran bestia, atolondrado, fuíste y nos echaste á rodar la
-tienda!... Mi amo está muy incomodado contigo.
-
---¡Psché! dijeron los bueyes. ¡Debe de ser un blanco!
-
---Por supuesto que sí. Pues ¿qué os figuráis? ¿Que á mí me cuida algún
-boyero negro?
-
---_¡Huah! ¡Ouach! ¡Ug!_ dijeron los bueyes. Vámonos pronto.
-
-Lanzáronse por entre el barro, y con tan poco acierto que, sin saber
-como, metieron por el yugo que llevaban la lanza de un carro de
-municiones y se quedaron allí cogidos.
-
---Os habéis lucido, dijo con gran calma Billy. No forcejéis. Aquí os
-toca estar hasta que se haga de día. Pero ¿qué diablos os pasa ahora?
-
-Lanzaron los bueyes aquellos largos y silbantes ronquidos que suele dar
-el ganado en India, y empujáronse, chocaron uno contra otro, dieron
-vueltas, patearon, resbalaron, y casi cayeron en el barro, gruñendo con
-salvaje furia.
-
---Mirad que vais á romperos el pescuezo, dijo el caballo. ¿Qué tenéis
-con los hombres blancos? Yo vivo con ellos.
-
---¡Se... nos... comen! ¡Tira! ¡Tira! contestó el buey que más cerca
-estaba. Saltó á pedazos el yugo, y ellos marcháronse juntos, andando
-pesadamente.
-
-Hasta entonces no supe por qué el ganado indio le teme tanto á los
-ingleses: nosotros comemos buey, (cosa á la que nunca toca allí un
-boyero), y, por supuesto, al ganado no le gusta eso.
-
---Que me azoten con las mismas cadenas de mi basto si podía yo pensar
-que dos enormes pedazos de carne como ésos iban á perder la cabeza de
-tal modo, dijo Billy.
-
---No importa. Yo voy á ver á ese hombre. Sé que la mayor parte de los
-blancos llevan cosas en los bolsillos.
-
---Pues entonces te dejo. No soy muy aficionado á ellos. Por otra parte,
-hombres blancos que no tengan un sitio en que dormir es casi seguro
-que serán ladrones, y yo llevo encima una parte, bastante regular, de
-propiedad del Gobierno. Ven, muchacho: vámonos á nuestros puestos.
-¡Buenas noches, Australia! Supongo que nos encontraremos mañana en
-la parada. ¡Buenas noches, costal de paja, y procura dominar un poco
-tus impresiones! ¿eh? ¡Buenas noches, _Dos colas_! Si nos encontramos
-mañana en el campo de maniobras no vayas á hacer sonar la trompa. Nos
-desbaratarías todas las filas.
-
-Marchóse Billy, el mulo, renqueando un poco y balanceándose con el
-aire de un veterano, mientras la cabeza del caballo venía á oliscar
-en mi pecho. Dile bizcochos, y Vixen, que es una de las perritas más
-vanidosas que he visto, le contó infinidad de mentiras sobre las
-docenas de caballos que entre ella y yo poseíamos.
-
---Mañana iré á ver la parada en mi carruaje, en mi _dog-cart_, dijo.
-¿Dónde estaréis?
-
---Á la izquierda del segundo escuadrón. Yo marco el paso para toda mi
-compañía, damisela, dijo él muy cortesmente. Pero tengo que volver á
-donde está Dick. Mi cola está hecha una lástima de barro, y lo menos,
-trabajando mucho, necesitará él dos horas para ponerme en disposición
-de ir á la parada.
-
-Ésta, la gran parada de treinta mil hombres, verificóse aquella tarde,
-y en ella Vixen y yo ocupamos excelente sitio, junto al Virrey y el
-Emir del Afganistán, el cual llevaba su alto y enorme gorro negro de
-astracán con la gran estrella de diamantes en el centro. Todo sol fué
-la primera parte de la revista. Los regimientos fueron desfilando como
-oleadas de piernas que se movieran todas á la vez, y como multitud de
-fusiles puestos en línea, hasta que, al fin, los ojos se nos iban ya
-al mirarlos. Entonces llegó la caballería, al compás de la hermosa
-música para medio galope llamada _Bonnie Dundee_, y Vixen enderezó una
-de sus orejas, allá en el sitio del _dog-cart_ en que iba sentada. El
-segundo escuadrón de lanceros pasó rápidamente, y allí estaba nuestro
-caballo, con la cola como seda acabada de hilar; la cabeza inclinada
-sobre el pecho; una oreja hacia delante y otra hacia atrás; marcando el
-compás para todo el escuadrón; moviendo las piernas con tanta suavidad
-como se mueven las notas de un vals. Vinieron, luego, los cañones de
-grandes dimensiones, y ví al _de las dos colas_, y á dos elefantes más,
-enganchados en fila á un cañón de sitio de los de cuarenta, mientras
-veinte parejas de bueyes caminaban detrás. La séptima pareja llevaba un
-yugo nuevo, y parecía estar cansada, moverse con cierta dificultad. Al
-fin venían los cañones de montaña, y Billy, el mulo, iba como si fuera
-él quien tuviera el mando de todas las tropas, llevando los arreos tan
-limpios y relucientes, gracias á una capa de aceite, que despedían luz.
-En mi interior llegué yo á vitorear á Billy, el mulo; pero él no se
-dignó mirar á derecha ni á izquierda.
-
-Comenzó á llover de nuevo, y, durante algún tiempo, la neblina impidió
-ver lo que las tropas hacían. Habían formado un gran semicírculo en la
-llanura, y se desplegaban, luego, en línea recta. Fué creciendo ésta,
-creciendo, creciendo, hasta que llegó á ocupar cerca de un cuarto
-de legua desde una á otra ala, formando como sólido muro de hombres,
-caballos y cañones. Dirigióse, entonces, hacia el Virrey y el Emir, y,
-al estar cerca, la tierra empezó á temblar como la cubierta de un vapor
-que va á toda máquina.
-
-Á no haberlo visto allí mismo, no podréis nunca formaros idea del
-pavoroso efecto que causa ese firme avance de tropas hacia los
-espectadores, aún cuando saben éstos que aquello no es más que una
-parada. Miré al Emir. Hasta entonces no había dado muestras de
-sentir el menor asombro, ni nada; pero, en aquel instante, sus ojos
-comenzaron á agrandarse, más y más cada vez, y, echando mano á las
-riendas de su caballo, miró hacia atrás. Pareció, por un momento, que
-iba á desenvainar el sable y á abrirse paso por entre los ingleses é
-inglesas que ocupaban los carruajes colocados detrás de él. Luego,
-el avance paró de pronto; la tierra quedó quieta; la línea entera
-saludó; y treinta bandas de música rompieron á tocar. Era esto el final
-de la revista, y los regimientos volviéronse, bajo la lluvia, á sus
-campamentos, mientras una banda de infantería tocaba:
-
- De dos en dos los animales
- ¡Hurra!
- de dos en dos iban marchando,
- así elefantes como mulas...
- ¡y se metieron en el Arca
- para guardarse de la lluvia!
-
-Entonces oí como uno de los jefes asiáticos, de larga y entrecana
-cabellera, que había venido junto con el Emir, hacía algunas preguntas
-á un oficial indígena.
-
---Ahora, dijo, explicadme por qué medios ha podido llevarse á cabo tan
-sorprendente cosa.
-
-Y contestó el oficial:
-
---Dióse una orden, y la obedecieron.
-
---Pero ¿es que tanto saben los animales como los hombres? dijo el jefe.
-
---Ellos obedecen, del mismo modo que los hombres. El mulo, el caballo,
-el elefante, el buey, obedecen al que los guía, y éste á su sargento,
-y el sargento al teniente, y el teniente al capitán, y el capitán al
-_mayor_[13], y el _mayor_ al coronel, y el coronel al brigadier al
-mando de tres regimientos, y el brigadier al general, el cual, por su
-parte, obedece al Virrey, que es servidor de la Emperatriz. Así es como
-se hace esto.
-
---¡Ojalá sucediera lo mismo en el Afganistán! dijo el jefe, porque lo
-que es allí no obedecemos á nadie más que á nuestra propia voluntad.
-
---Y por esta razón, dijo el oficial indígena retorciéndose el bigote,
-vuestro Emir, al cual no obedecéis, tiene que venir aquí y recibir
-órdenes de nuestro Virrey.
-
-[Ilustración]
-
-
- =Canción de los animales del campamento al reunirse en la parada=
-
- Los elefantes que arrastran los cañones
-
- Un Hércules hicimos de Alejandro
- con nuestra habilidad, con nuestra fuerza;
- desde entonces, al yugo sometidos,
- no levantamos, libres, la cabeza.
- ¡Paso! ¡Dejadles paso á los cañones,
- á los grandes cañones de cuarenta!
-
-
- Los bueyes
-
- Esos héroes de arreos ostentosos
- ante una bala de cañón ¡bien tiemblan!
- ¡Son demasiado sabios! Á nosotros
- nos toca entrar entonces en escena...
- ¡Paso! ¡Dejad que pasen las diez yuntas
- de los grandes cañones de cuarenta!
-
-
- Los caballos
-
- ¡Por la señal que el hierro nos dejara
- que la marcha mejor es esta nuestra,
- la de húsares, dragones y lanceros,
- la de _Bonnie Dundee_, que tan bien suena!
-
- Dadnos pienso, domadnos y pulidnos,
- dadnos buenos ginetes y ancha tierra,
- tocad _Bonnie Dundee_... y allá volando
- van nuestros escuadrones en hileras.
-
-
- Los mulos de las baterías de montaña
-
- Al ir subiendo montaña arriba
- por el atajo lleno de piedras
- bien forcejeamos; pero ¡no importa!
- ¡Subir! ¡Qué gozo! ¡Nos sobran piernas!
-
- Bendito, entonces, cada sargento
- que á gusto y solos marchar nos deja,
- maldito el torpe que no ha sabido
- la carga atarnos, que á un lado cuelga.
-
- Porque nosotros por las montañas
- mejor subimos que otro cualquiera:
- las altas cumbres ¡oh! ¡qué delicia!
- para ganarlas nos sobran piernas.
-
-
- Los camellos
-
- Nosotros no tenemos
- canción que llamar nuestra
- podamos y en la marcha
- á reanimarnos venga,
- mas hacen nuestros cuellos
- de trompas y ¡bien suenan!
- ¡Ra-ta-ta-ta-! Marchando
- nuestra canción es ésta:
-
- ¡Sí! ¡No! ¡Sí! ¡No! ¡No quiero!
- ¡Sí! ¡No! No puedo ¡ea!
- Que toda nuestra fila
- repítalo con fuerza.
-
- Cayó de uno la carga
- (¡así la mía fuera!)
- Parémonos gritando:
- _¡Urr! ¡Yarr!_... Á alguien golpean.
-
-
- Todos los animales juntos
-
- Los hijos del campamento
- somos todos: los que llevan
- el yugo, basto ó arreos,
- los que ante la aijada tiemblan.
-
- ¡Mirad sobre la llanura
- nuestra fila que semeja
- una maniota doblada
- que barre el suelo en que rueda!
-
- Entre tanto, polvorientos,
- callados, á nuestra vera
- van los hombres... y no hay nadie
- que por qué marchamos sepa.
-
- Los hijos del campamento
- somos todos: los que llevan
- el yugo, basto ó arreos,
- los que ante la aijada tiemblan.
-
- [Ilustración]
-
-
- NOTAS:
-
-[12] En países generalmente llanos, como Inglaterra, el lector no está
-tan acostumbrado como nosotros á ver cañones de montaña.--N. DEL T.
-
-[13] Cargo del ejército inglés, inferior al de teniente coronel, pero
-superior al de capitán. N. del T.
-
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- DE CÓMO VINO EL MIEDO
-
- Seco el arroyo, la laguna seca,
- tú y yo somos hermanos;
- confundidos nos ven estas orillas,
- febril la boca, polvoriento el flanco,
- sin pensar en la caza,
- y por igual temor paralizados.
-
- Junto á su madre, el cervatillo puede
- tímido ver al lobo demacrado;
- sin miedo, los colmillos
- que á su padre mataron mira el gamo.
-
- Secos los charcos, los arroyos secos,
- tú y yo somos hermanos,
- hasta que alguna nube á romper venga
- la gran «tregua del agua» que observamos,
- y nos mande la lluvia
- y con ella la caza, nuestro encanto.
-
-
-La Ley de la Selva (que es la más antigua ley del mundo) ha previsto
-casi todos los casos que á su Pueblo pudieran presentarse, de tal
-suerte que constituye hoy un código tan cercano á la perfección como
-el tiempo y la costumbre pueden llegar á hacerlo. Si habéis leído las
-anteriores narraciones relativas á Mowgli, recordaréis que pasó éste
-gran parte de su vida en la manada de lobos de Seeonee, aprendiendo
-la Ley con Baloo, el oso pardo; y el mismo Baloo fué quien le dijo,
-cuando el muchacho empezó á impacientarse con tanto recibir órdenes
-constantemente, que la Ley era como la Enredadera Gigante, porque
-alcanza á todas las espaldas, y no hay una que pueda escaparse de que
-sobre ella caiga.
-
---Cuando hayas vivido tanto como yo, Hermanito, verás que toda la Selva
-obedece, cuando menos, á una Ley, dijo Baloo. Y no te parecerá esto muy
-agradable, añadió.
-
-Entróle esta conversación al chico por un oído y le salió por el otro,
-porque al muchacho que pasa su vida entre comer y dormir pocos cuidados
-le inspiran todas las demás cosas, hasta que llega la hora de tener que
-mirarlas cara á cara. Pero hubo un año en que resultó que las palabras
-de Baloo eran exactísimas: entonces pudo ver Mowgli á toda la Selva
-bajo el poder de la Ley.
-
-Comenzó á ocurrir esto cuando las lluvias del invierno faltaron casi
-por completo, y cuando Ikki, el puerco espín, hallando á Mowgli entre
-unos bambúes, le dijo que las batatas silvestres se secaban. Ahora
-bien: todo el mundo sabe que Ikki es lo más ridículamente escrupuloso
-que darse pueda en punto á escoger lo que come, y sólo elige las cosas
-mejores y más en sazón. Así, pues, Mowgli se rió y le dijo:
-
---¿Á mí qué me importa de eso?
-
---_Por ahora_, no mucho, contestó Ikki, haciendo sonar sus púas muy
-estirado y violento; pero lo que es más tarde, veremos. ¿Sigues aún
-dando chapuzones en la laguna que hay en la roca, allá en las Peñas de
-las Abejas, Hermanito?
-
---No. El agua es tan tonta que se va marchando, y no tengo ganas de
-romperme la cabeza, dijo Mowgli, que en aquella época creía saber
-tanto como cinco juntos de cuantos formaban el Pueblo de la Selva.
-
---Pues todo eso te pierdes. Si te la rompieras un poco, quizá por la
-abertura te entraría algo de juicio.
-
-Echó á correr Ikki, bajando la cabeza para que Mowgli no le estirara
-las cerdas del hocico, y el muchacho le contó luego á Baloo lo que
-aquél había dicho. Púsose el oso muy serio, y murmuró entre dientes:
-
---Si estuviera solo cambiaría ahora de cazadero, antes de que
-empezaran los demás á cavilar. Sin embargo, el cazar en país forastero
-acaba siempre en lucha, y bien podría ser que le hicieran daño al
-Hombre-cachorro. Hay que esperar y ver cómo florece el _mohwa_.
-
-Aquella primavera, el árbol de _mohwa_, al que tanto cariño tenía
-Baloo, no floreció. Los verdosos, lácteos capullos, semejantes á la
-cera, murieron antes de nacer, á consecuencia del calor, y sólo algunos
-mal olientes pétalos cayeron cuando él sacudió el árbol, puesto en dos
-patas contra el tronco. Luego, el incesante calor fué entrando, pulgada
-á pulgada, en el corazón de la Selva, volviéndolo todo amarillo,
-primero, de color de tierra, después, y, por fin, negro. La maleza que
-crecía á los lados de los torrentes fué secándose hasta convertirse en
-algo semejante á rotos alambres, y en enroscadas fibras de una materia
-muerta; las escondidas lagunas fueron perdiendo gradualmente el agua
-y se quedaron llenas de barro, conservando en los bordes hasta la más
-leve huella, como si hubiera sido vaciada en un molde de hierro; las
-enredaderas de jugoso tronco cayeron de los árboles desde los cuales
-colgaban, y se murieron al pie de ellos; los bambúes se secaron,
-produciendo agudo ruido cuando el viento caliente soplaba; y el musgo
-comenzó á morirse, dejando desnudas las rocas, hasta en el corazón
-de la Selva, tanto que quedaron peladas y ardientes como los azules
-guijarros que centelleaban en los cauces.
-
-Desde los comienzos del año los pájaros y los monos emigraron hacia el
-Norte, porque sabían lo que iba á venir; y el ciervo y el jabalí se
-internaron por entre los muertos campos de los aldeanos, muriéndose
-ellos también, algunas veces, á la vista de los hombres, que se
-hallaban demasiado débiles para matarlos. Chil, el milano, quedóse, y
-con ello tuvo ocasión de engordarse, porque hubo carroña para él en
-abundancia, y cada tarde les llevaba la noticia á las fieras, cuya
-postración impedía que buscaran nuevos cazaderos, de que el sol estaba
-matando á toda la Selva en una extensión de tres días de estar volando,
-desde allí, en todas direcciones.
-
-Mowgli, que nunca había sabido lo que significaba el tener hambre de
-veras, tuvo que echar mano de miel vieja, de tres años, raspada de
-abandonadas colmenas hechas en la roca... miel negra como la endrina
-y espolvoreada toda ella con azúcar seco. Dedicóse también á cazar
-gusanillos de los que taladran la corteza de los árboles, y les robó no
-pocas veces á las avispas sus avisperos. Toda la caza que había en la
-Selva no era más que piel y huesos, y Bagheera mataba tres veces en una
-sola noche sin llegar á obtener apenas lo que necesitaba para saciar su
-apetito. Pero lo peor de todo era la falta de agua, porque aunque el
-Pueblo de la Selva bebe raras veces, ha de beber, sin embargo, en gran
-cantidad cada vez.
-
-Y el calor fué siguiendo, y secó toda humedad, hasta que, al fin,
-el álveo del rio Wainganga fué el único sitio por donde pasara un
-hilillo de agua entre las muertas márgenes; y cuando Hathi, el
-elefante salvaje, que puede vivir hasta cien años ó más, vió un largo,
-descarnado y azul banco de piedra asomar, completamente seco, en el
-centro mismo de la corriente, comprendió que aparecía ante su vista la
-Peña de la Paz, y, de cuando en cuando, levantó la trompa y proclamó
-la Tregua del Agua, como su padre la había proclamado antes que él,
-cincuenta años atrás. El ciervo, el jabalí y el búfalo hicieron
-coro con ronca voz; y Chil, el milano, voló en todas direcciones,
-describiendo círculos, silbando y chillando, para extender la noticia.
-
-Según la Ley de la Selva, se castiga con pena de muerte al que mata en
-los sitios destinados á beber, desde el momento en que la Tregua del
-Agua ha sido proclamada. La razón que para esto hay es que el beber
-es antes que el comer. Cualquiera puede ir pasando en la Selva, más
-ó menos bien, cuando sólo es la caza lo que escasea; pero el agua es
-el agua, y cuando no hay más que un manantial donde pueda obtenerse,
-toda caza queda suspendida, mientras el Pueblo de la Selva tenga que
-ir allí por necesidad. En las estaciones buenas, cuando el agua era
-abundante, los que iban á beber al río Wainganga (ó á cualquier otro
-sitio, que para el caso era lo mismo), lo verificaban arriesgando la
-vida, y este riesgo contribuía, en no pequeña parte, al atractivo de
-las excursiones nocturnas. Moverse con tal habilidad que ni una hoja
-temblara al paso; cruzar á vado, hundiéndose hasta la rodilla, en los
-sitios en que el agua es baja y cuyo ruido apaga todo otro rumor;
-beber, mirando hacia atrás por encima de un hombro, con cada músculo
-pronto para dar el primer desesperado salto de loco terror; revolcarse
-sobre la arena de la orilla y regresar después, con el hocico húmedo y
-bien repleto el vientre, á la manada que os admira... todo eso, para el
-gamo joven y dotado de buenos cuernos, era cosa deliciosa, precisamente
-porque todos sabían que, cuando menos pensaran, Bagheera ó Shere
-Khan se lanzarían, acaso, sobre ellos y les quitarían la vida. Pero,
-ahora, todo ese juego, que podía ser mortal, había terminado: el Pueblo
-de la Selva llegaba, hambriento y triste, al río cuyo cauce parecía
-haberse encogido, y el tigre, el oso, el ciervo, el búfalo, el jabalí,
-todos juntos, bebían en las sucias aguas y se quedaban allí mismo, sin
-fuerzas para moverse.
-
-Yendo de un lado á otro habían estado todo el día, en busca de algo
-mejor que cortezas secas y hojas muertas, el ciervo y el jabalí.
-Los búfalos no hallaron ni lodazales en que refrescarse, ni verdes
-sembrados en que entrar á saco. Abandonaron la Selva las serpientes
-y descendieron al río, con la esperanza de encontrar allí alguna
-rana perdida. Enroscábanse en torno de alguna piedra húmeda, y ni
-hacían frente al jabalí cuando el hocico de éste iba á sacarlas de su
-sitio. Las tortugas de río, tiempo hacía que habían sido exterminadas
-por Bagheera, cazadora habilísima, y los peces se habían enterrado
-profundamente ellos mismos en el seco barro. Sólo la Peña de la Paz se
-extendía á través del agua poco profunda, como si fuera larga sierpe,
-y las leves, fatigadas ondulaciones de la corriente, silbaban al dar
-contra sus cálidos costados y evaporarse.
-
-Allí iba cada noche Mowgli en busca de fresco y de compañía. El
-más hambriento de todos sus enemigos apenas hubiera hecho caso,
-entonces, del muchacho. Su desnuda piel le hacía parecer aun más
-flaco y miserable que ninguno de sus compañeros. El cabello habíasele
-descolorido, con el sol, hasta parecer estopa; destacábansele las
-costillas como si fueran los mimbres de un cesto, y los bultos que le
-habían crecido en las rodillas y en los codos, por la costumbre de
-arrastrarlos por el suelo caminando á gatas, daban á sus reducidos
-miembros el aspecto de manojos de yerbas trenzadas. Pero, bajo aquella
-melena enredada y como entretejida, veíanse unos ojos fríos, reposados,
-porque Bagheera, que era su consejera en aquellos tristes días, le
-advirtió que anduviera calmosamente, cazara despacio, y nunca, por
-ningún motivo, se incomodara.
-
---Malos tiempos son éstos, dijo la pantera negra una noche en que el
-calor era como el de un horno; pero ya pasarán, si no nos morimos
-antes. ¿Te has llenado el estómago, hombrecito?
-
---Algo metí en él; pero no me aprovecha. ¿No te parece, Bagheera, que
-las lluvias se han olvidado de nosotros y que no volverán ya más?
-
---¡No! Aún veremos florecer el _mohwa_, y engordarse los cervatos con
-la yerba fresca. Vente á la Peña de la Paz á saber noticias. Súbete á
-mi espalda, Hermanito.
-
---No es ésta época de cargar pesos. Aún puedo tenerme en pie sin que me
-ayuden; pero la verdad es que ni tú ni yo nos parecemos, por lo gordos,
-á los bueyes bien cebados.
-
---Miróse Bagheera los costados, verdaderos harapos cubiertos de polvo,
-y murmuró:
-
---Ayer noche maté un buey uncido al yugo. Tan pocas fuerzas me quedaban
-que creo que no me hubiera atrevido á saltarle encima si le hubiese
-visto en libertad. _¡Wou!_
-
-Mowgli se rió y dijo:
-
---Sí, buen par de cazadores estamos ahora tú y yo. Yo soy audacísimo
-para comer gusanillos. Y ambos se fueron, á través de la crujiente
-maleza, hacia la orilla del río, junto á la labor de encaje que
-formaban los montones de arena que, por todos lados, habían salido de
-él.
-
---El agua no puede ya durar mucho, dijo Baloo juntándose á ellos. Mirad
-hacia allá. Al otro lado se ven hileras de huellas que se parecen á
-los caminos que trazan los hombres.
-
-Sobre el llano que se extendía á la orilla opuesta, la yerba, erguida,
-se había muerto, y quedaba como momificada. Las trilladas pistas del
-ciervo y del jabalí, todas en dirección del río, habían rayado la
-descolorida llanura con polvorientas ramblas, abiertas en la yerba de
-tres metros de altura, y, á pesar de ser temprano, cada larga avenida
-estaba ya llena de los que se apresuraban á ser los primeros en llegar
-al agua. Podía oirse á las hembras de los gamos y á los cervatos
-tosiendo, á consecuencia del polvo, del mismo modo que si éste fuera
-rapé.
-
-Río arriba, en la curva que formaba el agua perezosa alrededor de la
-Peña de la Paz, y convertido en Guardián de la Tregua del Agua, estaba
-Hathi, el elefante salvaje, con sus hijos, demacrados, de color gris,
-balanceando el cuerpo á la luz de la luna... siempre balanceándolo.
-Algo más abajo estaba la vanguardia de los ciervos; descendiendo más
-aun, los jabalíes y los búfalos salvajes; y en la orilla opuesta,
-donde los árboles llegaban hasta tocar el agua, estaba el sitio aparte
-destinado á los carnívoros: el tigre, los lobos, la pantera, el oso, y
-los demás.
-
---En verdad que estamos bajo el peso de una sola Ley, dijo Bagheera,
-vadeando la corriente y mirando hacia las filas de cuernos, que
-chocaban unos con otros, y á los inquietos ojos que se veían en el
-lugar donde ciervos y jabalíes se empujaban. ¡Buena suerte á todos
-los de mi sangre, añadió, tendiéndose cuan larga era, con uno de sus
-costados fuera del agua, y luego entre dientes:
-
---¡Buena suerte sería la del que pudiera cazar aquí, á no ser por eso
-que se llama la Ley!
-
-Al oído finísimo de los ciervos no se escaparon las últimas palabras,
-y rumor de azoramiento corrió á lo largo de las filas.
-
---¡La Tregua! ¡Acuérdate de la Tregua! exclamaron.
-
---¡Orden, orden! dijo con voz gutural Hathi, el elefante salvaje. La
-Tregua subsiste, Bagheera. No es ésta ocasión de hablar de caza.
-
---Nadie lo sabe mejor que yo, contestó Bagheera, dirigiendo sus miradas
-río arriba. No devoro más que tortugas... no soy más que una pescadora
-de ranas. _¡Ñaayah!_ ¡Quisiera poder alimentarme únicamente de ramas!
-
---También nosotros quisiéramos que lo hicieras, y mucho que nos
-gustaría, dijo, balando, un cervato nacido aquella misma primavera, y
-al cual Bagheera no le caía en gracia. Por muy abatido que estuviera el
-Pueblo de la Selva, nadie, ni aun el mismo Hathi, pudo menos de reirse
-con disimulo, mientras Mowgli, echado de codos sobre el agua, que
-estaba caliente, soltaba la carcajada y golpeaba la espuma con los pies.
-
---¡Bien has hablado, cornamenta en capullo! murmuró Bagheera. Cuando
-haya terminado la Tregua se te tendrá esto en cuenta.
-
-Y le clavó los ojos, á través de las sombras, para tener la seguridad
-de reconocer al cervato.
-
-Poco á poco la conversación se fué generalizando por todos lados en los
-sitios destinados á beber. Podía oirse al quisquilloso jabalí pedir
-con sus sordos ronquidos que le dejaran mayor espacio; á los búfalos
-gruñendo entre ellos, al andar al sesgo por los bancos de arena; á los
-ciervos contando lastimosos cuentos de sus largas y fatigosas caminatas
-en busca de comida. De cuando en cuando, dirigían alguna pregunta, en
-demanda de noticias, á los carnívoros que estaban al otro lado del río;
-pero las noticias eran siempre malas, y el bramador viento caliente
-de la Selva iba y venía por entre las rocas y las zumbantes ramas,
-esparciendo pedazos de las más jóvenes y polvo por encima del agua.
-
---También los hombres se mueren junto á sus arados, dijo un _sambhur_
-joven. Yo he encontrado á tres, entre la hora del crepúsculo y la
-noche. Estaban tendidos, completamente quietos, y sus bueyes con ellos,
-á su lado. Así estaremos nosotros, bien quietos y tendidos, dentro de
-poco.
-
---El río ha bajado desde ayer noche, dijo Baloo. Hathi ¿has visto nunca
-sequía como ésta?
-
---Ya pasará, ya pasará, contestó Hathi, lanzando agua al aire para que
-le cayera sobre la espalda y costados.
-
---Tenemos aquí alguien que no podrá resistir mucho tiempo, observó
-Baloo, y al decirlo miró en dirección del muchacho á quien tanto quería.
-
---¿Quién? ¿Yo? dijo indignado Mowgli, sentándose sobre el agua. Yo no
-tengo largo pelo con que cubrir mis huesos; pero... pero ¿y si se te
-quitara á tí la piel, Baloo?
-
-Hathi tembló nada más que de pensarlo, y Baloo dijo con aire severo:
-
---Hombrecito, eso no está bien que se lo digas á un Maestro de la Ley.
-_Nunca_ me ha visto nadie sin piel.
-
---Bien, yo no quise decir nada malo, Baloo; sino únicamente que tú
-eres, por decirlo así, como un coco con cáscara, y yo soy como uno que
-no la tuviera. Ahora bien, esa cáscara parda que tú tienes...
-
-Estaba Mowgli sentado con las piernas cruzadas, razonando, como
-de costumbre, con el índice levantado, cuando, de pronto, alargó
-suavemente Bagheera una pata, y lo tiró de espaldas en el agua.
-
---Vamos de mal en peor, dijo la pantera negra al levantarse el
-muchacho farfullando algunas palabras. Primero, que hay que quitarle la
-piel á Baloo; luego, que es un coco... Pues mira, cuida que no haga él
-lo que hacen los cocos maduros.
-
---Y ¿qué es eso? preguntó Mowgli, á quien por un momento cogió
-distraído la advertencia y no la comprendió, aunque era uno de los más
-hábiles adivinadores de la Selva.
-
---Romperte la cabeza, contestó suavemente Bagheera, dándole otro
-empujón.
-
---No está bien que bromees á costa de tu maestro, dijo el oso, á la
-tercera vez de ir á parar Mowgli bajo el agua.
-
---¡No está bien! Pues ¿qué quisieras? Esa cosa desnuda, que anda
-corriendo siempre de aquí para allá, bromea, como los monos, con los
-que un tiempo fueron buenos cazadores, y nos tira de los bigotes, por
-juego, á los mejores de entre nosotros.
-
-Quien así hablaba era Shere Khan, el tigre cojo, que descendía hacia
-el agua. Quedóse plantado un momento para disfrutar con la impresión
-que su vista producía á los ciervos al otro lado del río, y, luego,
-dejó caer la cuadrada cabeza llena de arrugas, comenzó á beber á
-lengüetadas, y refunfuñó:
-
---La Selva se ha convertido ahora en criadero de cachorros desnudos.
-¡Mírame, hombrecito!
-
-Miró Mowgli, clavó los ojos, mejor dicho, con el aire más insolente
-que le fué posible, y, al cabo de un instante, Shere Khan volvióse con
-visible malestar.
-
---¡Hombrecito por aquí... hombrecito por allá!... rugió sordamente,
-mientras seguía bebiendo. ¡Ea! El cachorro ese no es ni hombre ni
-cachorro, porque, de lo contrario, hubiera tenido miedo. En la estación
-próxima tendré yo que pedirle permiso para que me deje beber. _¡Augr!_
-
---Bien podría ser que ocurriera esto, dijo Bagheera mirándole fijamente
-en los ojos. Bien podría ser. ¡Fú! ¡Shere Khan! ¿Qué abominable cosa es
-ésa que ahí nos traes?
-
-Había el tigre cojo hundido la barba y la quijada en el agua, y
-oscuras, oleosas rayas flotaban, á partir de donde él bebía, siguiendo
-corriente abajo.
-
---¡Un hombre! dijo fríamente Shere Khan. Hace una hora que maté á un
-hombre.
-
-Y siguió murmurando y rugiendo entre dientes.
-
-Toda la fila de animales se estremeció, moviéndose presa de agitación,
-y por ella comenzó á correr un murmullo que, al fin, se convirtió en
-grito:
-
---¡Un hombre! ¡Un hombre! ¡Ha matado á un hombre!
-
-Entonces, miraron todos hacia Hathi, el elefante salvaje; pero él
-parecía, en aquel momento, no oir. Nunca hace nada Hathi hasta que
-llega la hora, y ésta es una de las razones de que su vida sea tan
-larga.
-
---¡Matar á un hombre en esta estación! ¿Es que no tenías otra caza á
-mano? exclamó Bagheera, saliendo del agua teñida de rojo y sacudiéndose
-cada pata, como un gato, al salir.
-
---Maté por gusto, no porque necesitara carne.
-
-Comenzó nuevamente el murmullo de horror, y el vigilante ojillo blanco
-de Hathi miró en dirección de Shere Khan.
-
---Por gusto, repitió lentamente Shere Khan. Y ahora vengo á beber y á
-limpiarme. ¿Hay alguien que se oponga á ello?
-
-La espalda de Bagheera comenzó á encorvarse como un bambú cuando sopla
-fuerte viento; pero Hathi levantó la trompa y habló con calma.
-
---¿Has matado por gusto? preguntó. Y, cuando Hathi pregunta algo, lo
-mejor que puede hacerse es contestarle.
-
---Eso es. Tenía derecho á hacerlo, porque esta noche es _mía_. Tú lo
-sabes, Hathi.
-
-Shere Khan hablaba casi cortesmente.
-
---Sí, ya sé, contestó Hathi. Y, después de breve silencio, añadió:
-
---¿Has bebido todo lo que necesitabas?
-
---Por esta noche sí.
-
---Pues, márchate. El río es para beber, y no para ensuciarlo. Nadie más
-que el Tigre Cojo hubiera hecho gala de su derecho en esta estación en
-que... en que sufrimos todos... tanto los hombres como el Pueblo de la
-Selva. Limpio ó sucio ¡vuélvete á tu cubil, Shere Khan!
-
-Las últimas palabras resonaron como si fueran trompetas de plata, y
-los tres hijos de Hathi se adelantaron cosa de un paso, aunque ninguna
-necesidad hubiera de ello. Escurrióse Shere Khan sin atreverse ni á
-dar siquiera un gruñido, porque bien sabía lo que para nadie es cosa
-ignorada: que en último resultado el amo de la Selva es Hathi.
-
---¿Qué derecho es ese de que habla Shere Khan? murmuró Mowgli al oído
-de Bagheera. Matar á un hombre es _siempre_ cosa vergonzosa. La Ley lo
-prescribe así. Y, sin embargo, dice Hathi...
-
---Pregúntaselo á él. Yo no lo sé Hermanito. Pero tenga ó no derecho, á
-no haber hablado Hathi ya le habría dado yo á ese carnicero cojo una
-lección. Venir á la Peña de la Paz poco después de matar á un hombre...
-y luego hacer gala de ello... eso es acción digna sólo de un chacal. Y
-además ha venido á ensuciar el agua.
-
-Esperó Mowgli un minuto para darse ánimo, porque nadie se atrevía á
-hablar á Hathi directamente, y luego gritó:
-
---¿Cuál es el derecho que tiene Shere Khan, Hathi?
-
-En ambas orillas hallaron eco sus palabras, porque el Pueblo de la
-Selva es curiosísimo, y acababan de presenciar algo que nadie, excepto
-Baloo, muy pensativo entonces, parecía entender.
-
---Es una antigua historia, dijo Hathi; una historia más vieja que la
-Selva. Callaos todos, en ésta y la otra orilla, y yo os la contaré.
-
-Hubo uno ó dos minutos de barullo, pues los jabalíes y los búfalos
-se empujaban unos á otros, y, al fin, los que dirigían las manadas
-gruñeron, sucesivamente:
-
---Estamos esperando.
-
-Hathi se adelantó, metiéndose, casi hasta las rodillas, en la laguna
-que se formaba junto á la Peña de la Paz.
-
-Flaco y arrugado, como estaba, y con los colmillos amarillentos, su
-aspecto era, sin embargo, el que le correspondía: el del amo de la
-Selva, lo que todos sabían que era.
-
---«Bien sabéis, hijos míos, comenzó, que, de todas las cosas, la que
-más teméis es el hombre».
-
-Oyóse un murmullo de aprobación.
-
---Este cuento reza contigo, Hermanito, dijo Bagheera á Mowgli.
-
---¿Conmigo? Yo pertenezco á la manada... soy un cazador del Pueblo
-Libre, contestó Mowgli. ¿Qué tengo yo que ver con los hombres?
-
---«¿Y no sabéis por qué le tenéis miedo al Hombre? continuó Hathi. Pues
-he aquí la razón: en el principio de la Selva, y nadie sabe cuando fué
-esto, los que de ella formábamos parte, andábamos juntos, sin sentir
-ningún temor unos de otros. En aquellos tiempos no había sequías, y
-hojas, flores y frutos crecían en el mismo árbol, no comiendo nosotros
-nada más que hojas, flores, yerbas, frutos y cortezas».
-
- [Ilustración]
-
---Me alegro de no haber nacido en aquellos tiempos, dijo Bagheera. Las
-cortezas no sirven más que para afilar las garras en ellas.
-
---«Y el Señor de la Selva era Tha, el primer elefante. Él sacó á la
-Selva de las profundas aguas con su trompa; y, donde él trazó surcos
-en la tierra con sus colmillos, allí corren los ríos; y, donde él pegó
-con el pie, allí brotaron manantiales de agua potable; y cuando él hizo
-sonar la trompa... así... cayeron los árboles. De este modo fué hecha
-la Selva por Tha; y de esta suerte me contaron á mí el cuento».
-
---Pues no ha perdido nada en el tamaño al pasar de boca en boca,
-murmuró Bagheera, y Mowgli se tapó la cara con la mano para que no le
-vieran reir.
-
---«En aquellos tiempos no había trigo, ni melones, ni pimienta, ni
-cañas de azúcar, ni había tampoco chozas como las que todos vosotros
-habéis visto, y el Pueblo de la Selva no sabía una palabra del Hombre,
-y vivía en común, formando un solo pueblo. Pero, á poco empezaron las
-disputas por la comida, aunque hubiera pastos suficientes para todos.
-Eran unos holgazanes. Cada uno de ellos quería comer donde estaba
-echado, como, á veces, podemos hacer nosotros cuando las lluvias de
-la primavera son abundantes. Tha, el primer elefante, andaba ocupado
-creando nuevas selvas y encauzando ríos. No podía estar en todas
-partes, y, así, nombró al primer tigre dueño y juez de la Selva, con la
-obligación de que dirimiera todas las cuestiones que el Pueblo tenía
-el deber de someter á su juicio. En aquellos tiempos el primer tigre
-comía fruta y yerba, como todos los demás. Tenía igual tamaño que yo
-y era hermosísimo, todo él del color de las flores de _la enredadera
-amarilla_. No había rayas en su piel, en aquellos felices tiempos en
-que la Selva era joven. El Pueblo de la Selva en masa acudió ante él
-sin ningún temor, y su palabra era para todos la Ley. Acordaos de que
-os he dicho que no formábamos entonces más que un sólo pueblo.
-
-Pero una noche hubo una disputa entre dos gamos (una pendencia por
-cuestión de pastos, como las que hoy solventáis con los cuernos y las
-patas), y dicen que, al hablar, ambos á la vez, ante el primer tigre,
-que estaba echado entre las flores, uno de los gamos le empujó con los
-cuernos, y el primer tigre se olvidó entonces de que era el dueño y el
-juez de la Selva, y, saltando sobre el gamo, le rompió el pescuezo.
-
-Hasta aquella noche, ninguno de nosotros había muerto, y el primer
-tigre, al ver lo que había hecho, y enloquecido por el olor de la
-sangre, huyó hacia los pantanos del Norte, y nosotros, los de la Selva,
-al quedarnos sin juez, dimos en luchar unos con otros, y Tha que oyó
-el ruido, volvió entonces. Dijímosle unos esto, y otros lo otro; pero
-él vió al gamo muerto entre las flores, y preguntó quién lo había
-matado, y nosotros, los de la Selva, no quisimos decírselo, porque el
-olor de la sangre nos había enloquecido también. Corrimos de un lado
-á otro formando círculos, brincando, dando gritos y sacudiendo la
-cabeza. Entonces Tha dió á los árboles que tenían ramas bajas y á las
-enredaderas de la Selva la orden de que marcaran al matador del gamo de
-modo que él pudiera reconocerlo, y añadió:
-
---¿Quién quiere ser, ahora, dueño del Pueblo de la Selva?
-
-Saltó en seguida el mono gris, que vive entre las ramas, y dijo:
-
---Yo quiero ser dueño de la Selva.
-
-Rióse Tha al oirlo, y contestó:
-
---Así sea.
-
-Después de lo cual marchóse de muy mal humor.
-
-Hijos míos, ya conocéis al mono gris. Era entonces lo que es ahora. Al
-principio tuvo toda la compostura de un sabio; pero, al cabo de poco
-tiempo, comenzó á rascarse y á saltar, y, cuando Tha volvió, hallóle
-colgando, cabeza abajo, de una rama, burlándose de los que estaban en
-el suelo, y éstos, á su vez, se burlaban de él. Así pues, no había Ley
-en la Selva... sino únicamente estúpida charla y palabras sin sentido.
-
-Entonces Tha nos llamó á todos y dijo:
-
---El primero de vuestros dueños trajo á la Selva la Muerte, y el
-segundo la Vergüenza. Pues bien: ya es hora de que tengáis una Ley, y
-una Ley á la que no podáis faltar. Ahora conoceréis al Miedo, y, una
-vez lo hayáis conocido, sabréis que él es vuestro amo, y todo lo demás
-vendrá por sí solo. Entonces nosotros, los de la Selva, dijimos:
-
---¿Qué es miedo?
-
-Y Tha contestó:
-
---Buscadlo hasta que lo encontréis.
-
-Fuimos, por lo tanto, de un lado á otro de la Selva buscando al Miedo,
-y de pronto los búfalos...
-
---¡Uf! dijo Mysa, el que dirigía á los búfalos, desde el banco de arena
-en que se hallaban.
-
---«Sí, Mysa, eran los búfalos. Volvieron, pues, con la noticia de que
-en una caverna, en la Selva, estaba sentado el Miedo, y de que no tenía
-pelo en el cuerpo, caminando sólo con las patas posteriores. Entonces,
-nosotros, los de la Selva, seguimos al rebaño hasta llegar á aquella
-caverna, y allí estaba el Miedo, de pie en la entrada, y tenía, como
-habían dicho los búfalos, la piel desnuda de pelo, y caminaba sólo con
-las piernas de atrás. Al vernos gritó, y su voz nos llenó de temor,
-del temor que nos inspira hoy esa voz cuando la oimos, y nosotros,
-entonces, atropellándonos unos á otros y haciéndonos daño, huímos,
-porque teníamos miedo. Aquella noche (así me lo dijeron), los de la
-Selva no nos echamos ya juntos como solíamos, sino que cada tribu
-fué por sí sola... el jabalí con el jabalí, el ciervo con el ciervo;
-cuernos con cuernos, cascos con cascos..., cada uno con su semejante, y
-así se acostaron todos en la selva, presa de agitación.
-
-El único que no estaba con nosotros era el primer tigre, porque se
-ocultaba aún en los pantanos del Norte, y, cuando llegó hasta él el
-rumor de lo que habíamos visto en la caverna, dijo:
-
---Iré á donde está _eso_, y le romperé el cuello.
-
-Corrió, pues, toda la noche hasta llegar á la caverna; pero los árboles
-y las enredaderas que hallaba al paso, recordando la orden que les
-había dado Tha, bajaron sus ramas y tallos y marcaron su piel mientras
-corría, dibujando las huellas de sus dedos en la espalda, costados,
-frente y quijadas del tigre. En cualquier sitio que lo tocaran quedaba
-una mancha y una raya sobre la amarilla piel. _¡Y éstas rayas son las
-que aun hoy llevan sus hijos!_ Cuando llegó á la caverna, el Miedo, _el
-de la piel desnuda_, tendió la mano y le llamó _el rayado, el cazador
-nocturno_, y el primer tigre sintió miedo ante _el de la piel desnuda_,
-y se volvió, rugiendo, á los pantanos».
-
-Al llegar aquí, Mowgli se rió disimuladamente, hundida su barba en el
-agua.
-
---«Tan fuertes eran los rugidos que llegó á oirlos Tha y dijo:
-
---¿Qué desgracia ocurre?
-
-Y el primer tigre, levantando el hocico al cielo, recién hecho entonces
-y tan viejo ahora, dijo:
-
---¡Oh, Tha! Devuélveme mi antiguo poder. Ante toda la Selva me
-avergonzaste, llegué á huir de quien tiene la piel desnuda, y aun me ha
-llamado lo que es para mí un oprobio.
-
---¿Y por qué? dijo Tha.
-
---Porque voy manchado con el fango de los pantanos.
-
---Nada, pues; revuélcate luego sobre la yerba mojada, y, si es fango,
-limpio quedarás de él, dijo Tha. Y el primer tigre nadó, y revolcóse
-cien y cien veces sobre la yerba, hasta que le pareció que la Selva
-comenzaba á dar vueltas y más vueltas ante su vista; pero ni una
-sola rayita de su piel cambió en lo más mínimo, y Tha, que lo estaba
-observando, se rió. Entonces, dijo el primer tigre:
-
---¿Qué he hecho yo para que me ocurra tal cosa?
-
-Á lo que contestó Tha:
-
---Diste muerte á un gamo; con ello tuvo franca entrada en la Selva la
-Muerte, y con la Muerte vino el Miedo, hasta el punto de que las gentes
-de la Selva se temen ya unos á otros, de la propia suerte que le temes
-tú _al de la piel desnuda_.
-
-El primer tigre dijo á esto:
-
---Á mí no me tendrán miedo nunca, porque los conocí desde el principio.
-
-Repuso Tha:
-
---Anda á verlo.
-
-Y el primer tigre corrió de un lado á otro llamando á voces al ciervo,
-al jabalí, al _sambhur_, al puerco espín y á todos los Pueblos de la
-Selva, y todos huyeron de él, que había sido su juez, porque le tenían
-miedo.
-
-Volvióse entonces el primer tigre, vencido su orgullo, y dando de
-cabezadas contra el suelo, desgarró la tierra con sus uñas, replicando:
-
---Acuérdate que hubo un tiempo en que fuí el dueño de la Selva. ¡No me
-olvides, Tha! ¡Permite que mis hijos recuerden que algún día no supe lo
-que era vergüenza, ni lo que era miedo!
-
-Y Tha le contestó:
-
---He aquí lo que por tí haré, porque tú y yo juntos vimos nacer la
-Selva. Por espacio de una noche cada año, las cosas volverán á ser lo
-que fueron antes de que muriera el gamo... y esto no será más que para
-tí y tus hijos. Durante aquella noche, si tropiezas con _el de la piel
-desnuda_ (y su nombre es _el Hombre_) no le temerás tú á él, sino que
-él te temerá á tí, como si tú y los tuyos fuerais jueces de la Selva y
-dueños de todas las cosas. Ten misericordia de él esta noche cuando le
-veas atemorizado, porque también tú conoces al Miedo.
-
-Entonces contestó el primer tigre:
-
---Contento estoy.
-
-Pero cuando, poco después, fué á beber, y vió las rayas negras sobre
-sus costillas é ijadas, cuando se acordó del nombre que _el de la piel
-desnuda_ le había dado, entonces se encolerizó. Durante un año vivió en
-los pantanos, esperando á que Tha cumpliera su promesa. Una noche, al
-fin, cuando _el Chacal de la Luna_ (la estrella vespertina) brilló con
-clara luz sobre la Selva, sintió él que su noche había llegado, y fuése
-á la caverna en busca de _el de la piel desnuda_. Ocurrieron, entonces,
-las cosas como Tha había ofrecido, porque aquél cayó ante la fiera y
-se quedó en el suelo tendido, y el primer tigre le hirió, rompiéndole
-el espinazo, porque creyó que en toda la Selva no había más que uno de
-estos seres, y que matándole á él había dado muerte al Miedo. Entonces,
-mientras olfateaba al muerto, oyó á Tha que descendía de los bosques
-del Norte, y á poco la voz del primer elefante, que es la voz que oimos
-también ahora...»
-
-Retumbaba el trueno por las secas colinas; pero no trajo con él la
-lluvia (sino únicamente relámpagos de calor que temblaban por detrás
-de la cordillera) y Hathi continuó:
-
---«He aquí la voz que oyó, y la voz decía:
-
---¿Es ésta la misericordia que tú muestras?
-
-El primer tigre se relamió contestando:
-
---¿Qué importa? He muerto al Miedo.
-
-Y replicóle Tha:
-
---¡Ah, ciego y loco! Le has quitado á la Muerte las cadenas que
-detenían sus pies, y ella seguirá tus huellas hasta que mueras. Tú
-enseñaste al hombre á matar.
-
-El primer tigre, erguido junto al cadáver, dijo entonces:
-
---Está como estaba el gamo. Ya no existe el Miedo. Ahora juzgaré de
-nuevo á los Pueblos de la Selva.
-
-Mas respondió Tha:
-
---Jamás volverán á buscarte los Pueblos de la Selva. Nunca cruzarán
-tu camino, ni dormirán cerca de tí, ni seguirán tus pasos, ni pacerán
-junto á tu cubil. Sólo el Miedo te seguirá, y con invisibles golpes
-te hará estar á merced suya. Él hará que la tierra se abra bajo tus
-pies; que la enredadera se enrosque á tu cuello; que los troncos de
-los árboles crezcan en grupos frente á tí, á mayor altura de la que
-tú puedes saltar; y, al fin, echará mano de tu piel para envolver á
-sus cachorros cuando tengan frío. Tú no le has tenido misericordia, y
-ninguna, tampoco, te tendrá él á tí.
-
-Sintióse el primer tigre lleno de audacia, porque _su noche_ no había
-pasado aún, y dijo:
-
---Lo prometido es deuda para Tha. ¿Me privará él de mi noche?
-
-Y contestóle Tha:
-
---La noche que te concedí es tuya, como te dije; pero tienes que pagar
-algo por ella. Tú enseñaste al Hombre á matar, y él es discípulo que
-pronto aprende.
-
-Continuó el primer tigre:
-
---Aquí está, bajo mi garra, y con el espinazo roto. Haz saber á la
-Selva que yo maté al Miedo.
-
-Rióse entonces Tha, y dijo:
-
---Has matado á uno de tantos; pero tú mismo se lo contarás á la
-Selva... porque tu noche ha terminado ya.
-
-Entonces se hizo de día, y de la boca de la caverna salió otro de _los
-de la piel desnuda_, vió el cadáver en el camino y al primer tigre
-sobre él, y cogió un bastón puntiagudo...»
-
---Ahora arrojan unas cosas cortantes; dijo Ikki bajando á la orilla y
-haciendo ruido con sus púas, porque Ikki era considerado como manjar
-muy fino por los gondos[14] (que le llamaban _Ho-Iggoo_) y algo sabía
-él del hacha malvada, pequeñita, que hacen girar rápidamente, á través
-de un claro en el bosque, como si fuera un _caballito del diablo_.
-
---«Era un bastón puntiagudo, como los que ponen en el fondo de los
-hoyos que sirven de trampa, dijo Hathi, y arrojándolo hirió al primer
-tigre en el costado. Así, ocurrieron las cosas tal como había dicho
-Tha, porque el tigre fué corriendo por la Selva dando rugidos, hasta
-que logró arrancarse el palo aquel, y todos supieron que _el de la
-piel desnuda_ podía herir á distancia, por lo cual le temieron más
-que antes. Así, también, vino á resultar que el primer tigre enseñó
-_al de la piel desnuda_ á matar (y ya sabéis el daño que ha causado
-esto, desde entonces, á todos nuestros pueblos) por medio de lazos, de
-trampas y de bastones que vuelan, y por medio de la mosca de punzante
-aguijón que sale del humo blanco (Hathi aludía aquí al rifle), y de la
-Flor Roja, que nos obliga á huir hacia el terreno abierto y despejado.
-Y, sin embargo, una noche durante cada año, _el de la piel desnuda_
-teme al tigre, como Tha prometió que sucedería, y nunca la fiera le
-ha dado motivo para perder ese miedo. Donde lo encuentra lo mata,
-acordándose de la vergüenza por que tuvo que pasar el primer tigre.
-Durante el resto del año, el Miedo se pasea por la Selva lo mismo de
-día que de noche».
-
---_¡Ahi! ¡Au!_ dijo el ciervo, pensando en lo que todo esto significaba
-para ellos.
-
---«Y sólo cuando un gran Miedo se cierne sobre todas las cosas, como
-ocurre ahora, podemos los de la Selva dejar á un lado todos nuestros
-temores de poca monta y juntarnos en un mismo sitio, como actualmente
-hacemos».
-
---¿Nada más que durante una noche le tiene miedo el Hombre al Tigre?
-dijo Mowgli.
-
---«Sólo durante una noche, contestó Hathi».
-
---Pero yo... pero vosotros... pero toda la Selva sabe que Shere Khan
-mata hombres dos y tres veces en lo que dura una misma luna.
-
---«Así es. _Entonces_ ataca por la espalda y vuelve la cabeza al
-saltar, porque está lleno de miedo... Si el Hombre llegara á mirarlo,
-el tigre echaría á correr. Pero durante la noche que es _suya_ va á
-cara descubierta hacia el pueblo, se pasea entre las filas de casas
-y asoma la cabeza á las puertas, y los hombres caen entonces de cara
-al suelo y allí es dónde y cuando mata él. Una muerte durante aquella
-noche».
-
---¡Ah! dijo entre sí Mowgli, revolcándose en el agua. _Ahora_ comprendo
-por qué Shere Khan me retó á que le mirara. No ganó mucho con ello,
-porque no pudo resistir mi mirada, y... y yo la verdad es que no caí
-á sus pies. Pero hay que tener en cuenta que yo no soy un hombre, pues
-pertenezco al Pueblo Libre.
-
---¡Je! exclamó Bagheera desde lo más profundo de su garganta. ¿Sabe el
-tigre cual es _su noche_?
-
---«Nunca hasta que el Chacal de la Luna brilla claramente, elevándose
-por encima de la niebla vespertina. Cae á veces en la sequía del verano
-y á veces en la época de las lluvias... esa noche del tigre. Pero, á no
-ser por el primero, nunca hubiera ocurrido nada de eso, ni ninguno de
-nosotros hubiera conocido el miedo».
-
-Gimió tristemente el ciervo, y los labios de Bagheera se movieron para
-sonreir con una sonrisa irónica.
-
---¿Saben los hombres este cuento? preguntó.
-
---«Nadie lo sabía más que los tigres, y nosotros, los elefantes... los
-hijos de Tha. Ahora ya lo sabéis, también, todos los que estáis por ahí
-en las lagunas. _He dicho._»
-
-Hundió Hathi la trompa en el agua, como demostrando que no quería
-hablar más.
-
---Pero... pero... pero... dijo Mowgli, volviéndose hacia Baloo, ¿por
-qué el primer tigre no siguió comiendo yerba, hojas y árboles? Después
-de todo, no hizo más que romperle el pescuezo al gamo: no lo devoró.
-¿Qué es lo que le hizo aficionarse á comer carne caliente?
-
---Los árboles y las enredaderas le llenaron el cuerpo de señales,
-Hermanito, é hicieron de él esa cosa rayada que hoy vemos. Nunca más
-quiso él comer sus frutos, sino que desde aquel día vengó la afrenta en
-el ciervo, y en los demás que son de _los que comen yerba_, contestó
-Baloo.
-
---Pues entonces _tú_ sabías también el cuento ¿eh? ¿Cómo no te lo oí
-nunca?
-
---Porque la Selva está llena de cuentos así. Si empezara á contártelos
-no acabaría nunca. Vamos, suéltame la oreja, Hermanito.
-
- [Ilustración]
-
-
- =La Ley de la Selva=
-
-
-(Sólo con el fin de dar idea de la inmensa variedad de la Ley de la
-Selva he traducido en verso porque Baloo los recitaba siempre como
-una especie de cantinela) algunos de los preceptos relativos á los
-lobos. Por supuesto que existen aún no pocos centenares parecidos; pero
-bastarán éstos como muestra de los más sencillos).
-
- He aquí la Ley que en nuestra Selva rige,
- y que es antigua como el mismo cielo;
- prosperarán los lobos que la cumplan,
- mas aquél que la infrinja será muerto.
-
- Cual planta trepadora envuelve al árbol
- así á todos la Ley nos tiene envueltos;
- porque el lobo da fuerza á la manada,
- mas la manada á él fuerte le ha hecho.
-
- Del hocico á la cola cada día
- lávate, y bebe siempre sin exceso,
- pero no escasamente, y no lo olvides,
- da la noche á la caza, el día al sueño.
-
- Puede el chacal, en busca de despojos
- que el tigre deje, irse tras él hambriento,
- mas tú, lobato, cazador de raza,
- mata, si puedes, por tu cuenta y riesgo.
-
- Con el tigre, y el oso, y la pantera,
- que siempre de la Selva han sido dueños,
- vive en paz, y al buen Hathi no molestes
- ni al feroz jabalí vayas con juegos.
-
- Cuando en la Selva dos manadas chocan
- y un mismo rastro siguen con empeño
- échate y deja que los jefes hablen,
- que así, tal vez, se llegue á algún acuerdo.
-
- Cuando ataques á un lobo, no te batas
- si no está solo y su manada lejos,
- pues si ella se mezclare en vuestra lucha
- disminuirá, sin duda, con los muertos.
-
- Para el lobo el cubil es su refugio,
- es su hogar, y no hay nadie con derecho
- á entrar en él por fuerza, ni aun el Jefe
- de la manada misma, ni el Consejo.
-
- Refugio es el cubil de cada lobo,
- mas, si no supo, cual se debe, hacerlo,
- á buscar otro se verá obligado
- si tal orden recibe del Consejo.
-
- Cuando sin ser aún la media noche
- algo logres matar, mata en silencio,
- para que así los ciervos no despierten...
- y tengan que ayunar tus compañeros.
-
- Para tí y tus cachorros matar puedes
- ó bien para tu hermano, justo es ello;
- mas no mates por gusto, y _nunca, nunca_,
- des caza al Hombre con ningún pretexto.
-
- Si su botín á otro más débil robas
- no pretendas de todo hacerte dueño:
- la manada proteje al más humilde;
- déjale, pues, cabeza y piel, al menos.
-
- Lo que matare la manada, piensa
- que es su comida, y déjala en su puesto:
- nadie puede llevársela á otro sitio,
- y quien tal infringiere será muerto.
-
- Lo que el Lobo mató cómalo el Lobo
- y use de ello á su gusto: es su derecho;
- mas, sin permiso suyo, la manada
- no ha de poder tocarlo ni comerlo.
-
- Derecho del cachorro es el que tiene
- el lobato de un año: cuando ha muerto
- alguien de la manada alguna pieza
- puede hartarse el cachorro, si está hambriento.
-
- Derecho de camada es el que tiene
- la madre, que exigir al compañero
- de su edad misma (y nadie ha de negarlo)
- puede una pierna de lo que haya muerto.
-
- Derecho de caverna es el del padre,
- que es de cazar para los suyos dueño,
- y libre se halla ya de la manada,
- sin más juez de sus actos que el Consejo.
-
- Por su edad y su astucia, por la fuerza
- de su acerada garra, el Lobo viejo,
- el Jefe, es el que en casos no previstos
- á cada cual le fija su derecho.
-
- He aquí de nuestra Ley los numerosos,
- los sabios y muy útiles preceptos;
- mas todo en uno solo se concreta:
- _¡obedece!_ La Ley no es más que esto.
-
- [Ilustración]
-
-
- NOTAS:
-
-[14] Raza de los primeros pobladores del Gondwana, región del Indostán
-central. Son de baja estatura; su nombre significa en sánscrito
-«habitante de las cuevas», y sus armas son el hacha y la lanza. Sus
-sacerdotes suelen ser hechiceros.--N. del T.
-
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- EL MILAGRO DE PURUN BHAGAT
-
- La noche que sentimos
- que iba la tierra á abrirse
- partir de allí le hicimos
- y en pos nuestro venirse,
- porque él logró inspirarnos
- aquel cariño rudo
- que llega á dominarnos
- incomprensible y mudo.
-
- Y cuando el estallido
- se oyó de la montaña,
- y todo hubo caído
- como una lluvia extraña,
- nosotros le salvamos,
- nosotros, pobre gente;
- mas ¡ay! que no le hallamos
- y siempre está ya ausente.
-
- ¡Llorad! Sus salvadores
- nosotros sólo fuimos:
- también aquí hay amores,
- también aquí sentimos;
- mas duerme nuestro hermano
- y no ha de despertarse...
- ¡y aún viene el pueblo humano
- del sitio á apoderarse!
-
- (_Canto elegíaco de los langures_)
-
-
-Hubo una vez en la India un hombre que era Primer Ministro de uno
-de los semi-independientes estados que hay en la parte noroeste del
-país. Era un brahmán, de tan alta casta, que estaba ya por encima
-de cuantos límites supone la división en _castas_, y su padre había
-ocupado un importante empleo entre la gentuza de vistosos ropajes y
-los descamisados que formaban parte de una corte india montada á la
-antigua. Pero, al ir creciendo Purun Dass, notó que el acostumbrado
-orden de cosas iba cambiando, y que quien quisiera elevarse era preciso
-que estuviera bien con los ingleses é imitara cuanto á éstos les
-parecía bueno. Al propio tiempo, era conveniente que todo funcionario
-supiera captarse y conservar las simpatías de su amo. Algo difícil
-resultaba el compaginar ambas cosas; pero el callado, reservadísimo
-brahmancito, ayudado por una buena educación inglesa recibida en la
-Universidad de Bombay, se arregló de modo que lo lograra, y elevóse
-paso á paso, hasta llegar á ser Primer Ministro del reino, es decir,
-disfrutó de un poder más real y verdadero que el de su amo, el
-Maharajah.
-
-Cuando el rey, ya viejo (y siempre receloso de los ingleses, de sus
-ferrocarriles y de sus telégrafos), murió, Purun Dass conservó toda
-su influencia con el sucesor, joven que había sido educado por un
-inglés; y entre uno y otro, aunque siempre cuidó él muy especialmente
-de que su amo se llevara la gloria, establecieron escuelas para niñas,
-construyeron caminos, fundaron hospitales, hicieron exposiciones de
-instrumentos agrícolas, publicaron anualmente una información, ó
-_libro azul_, sobre «El progreso moral y material del Estado», y así
-el Ministerio de Negocios Extranjeros inglés, y el Gobierno de la
-India estaban contentísimos. Muy pocos son los Estados indígenas que
-aceptan en conjunto los progresos ingleses, porque no creen, como Purun
-Dass demostró creer, que lo que sea bueno para un inglés debe serlo
-doblemente para un asiático. Llegó el Primer Ministro á ser amigo
-muy considerado de Virreyes, Gobernadores y Secretarios; de médicos
-encargados de misiones especiales; de los acostumbrados misioneros; de
-oficiales ingleses, ginetes excelentes que iban á cazar en los terrenos
-del Estado; y de todo un ejército de viajeros que recorría la India en
-la estación fría dando á la gente lecciones de cómo habían de hacerse
-las cosas. Á ratos perdidos fundaba bolsas para el estudio de la
-Medicina y de la Industria, siguiendo para ello exactamente los modelos
-ingleses, y escribía cartas al «Explorador», el mayor de los periódicos
-indios, explicando las ideas y propósitos de su amo.
-
-Hizo, en fin, un viaje á Inglaterra, y, al volver á su país, tuvo que
-pagar enormes sumas á los sacerdotes, porque hasta un brahmán de tan
-elevada casta como Purun Dass quedaba degradado al cruzar el negro
-mar. En Londres vió y habló á cuanta gente valía la pena de conocer,
-á personas cuya nombradía vuela por todo el mundo, y bastante más
-tuvo ocasión de ver de lo que él contaba. Sabias universidades le
-concedieron títulos académicos honorarios, é hizo discursos y habló de
-reformas sociales en la India á señoras vestidas de etiqueta, hasta que
-todo Londres acabó por decir: «Es el hombre más agradable con quien
-jamás se sentó alguien á manteles desde que éstos existen».
-
-Al volver á la India vióse rodeado de una aureola de gloria, porque el
-Virrey en persona hizo una visita al Maharajah para concederle la Gran
-Cruz de la Estrella de la India (toda diamantes, cintas y esmalte); y
-en la misma ceremonia, mientras tronaban los cañones, Purun Dass fué
-proclamado Comendador de la Orden del Imperio Indio, con lo cual su
-nombre se transformó en _Sir Purun Dass, K. C. I. E._[15]
-
-Aquella tarde, á la hora de la comida en la gran tienda del Virrey,
-levantóse llevando sobre el pecho la placa y el collar de la Orden, y,
-contestando al brindis en honor de su amo, pronunció un discurso que
-pocos ingleses hubieran superado.
-
-Al mes siguiente, cuando la ciudad había vuelto ya á su reposo, tostada
-por el sol, hizo algo que á ningún inglés se le hubiera ocurrido nunca
-ni por soñación, pues murió para todo lo concerniente á los negocios
-de este mundo. Las ricas insignias de la orden que le habían sido
-concedidas volvieron al Gobierno de la India; nombróse á otro Primer
-Ministro que se encargara de los negocios, y entre los empleados
-subalternos se armó una de comunicaciones y de idas y venidas que
-parecía que jugaran á Correos. Los sacerdotes sabían lo que había
-ocurrido, y el pueblo lo adivinaba; pero la India es el único país del
-mundo en que un hombre puede hacer lo que se le antoje sin que nadie
-pregunte por qué lo hace, y el de que _Dewan Sir Purun Dass, K. C. I.
-E._ hubiera renunciado á su posición, á su palacio y á su poderío,
-adoptando el cuenco y el vestido de color de ocre de un _sunnyasi_
-ó santón, no parecía á nadie cosa extraordinaria. Había sido, como
-recomienda la Antigua Ley, luchador durante los veinte años de la
-juventud (aunque nunca llevó consigo arma alguna), y, durante otros
-veinte, cabeza de familia. Había usado su riqueza y poderío en cosas
-cuya utilidad le constaba; recibió honores cuando le salieron al paso;
-vió hombres y ciudades de los que cerca tenía y de los que estaban
-lejos, y hombres y ciudades se levantaron para honrarle. Ahora se
-desprendía de todo eso como quien deja caer un manto que ya no necesita.
-
-Á su espalda, mientras cruzaba las puertas de la ciudad llevando bajo
-el brazo una piel de antílope y una maleta con atravesaño de cobre, y
-en la mano un moreno cuenco pulimentado, hecho de _coco de mar_[16],
-desnudos los pies, solo, clavados los ojos en el suelo... á su espalda,
-retumbaban las salvas de los baluartes en honor del que había tenido la
-fortuna de sustituirle. Purun Dass saludó. Aquella clase de vida había
-ya terminado para él, y no le tenía mejor ni peor voluntad de la que
-puede tenerle un hombre á un incoloro sueño que pasó con la noche. El
-era un _sunnyasi_... un mendigo errante, sin casa ni hogar, que recibía
-del prójimo el pan cotidiano; y, mientras haya en la India un mendrugo
-que partir, ni sacerdotes ni mendigos se mueren de hambre. No había
-probado carne en su vida, y hasta el pescado lo probaba raras veces. Un
-billete de cinco libras esterlinas le hubiera bastado para cubrir todos
-sus gastos personales, en punto á comida, durante cualquiera de los
-muchos años en que había sido dueño absoluto de millones en metálico.
-Hasta en Londres, cuando hicieron de él el hombre de moda, jamás perdió
-de vista su sueño de paz y de reposo... el largo, blanco, polvoriento
-camino indio, lleno de huellas de desnudos pies; el incesante, calmoso
-tráfico, y el acre olor de la leña quemada cuyo humo se eleva en
-espirales bajo las higueras, á la luz de la luna, en los sitios donde
-los caminantes se sientan á cenar.
-
-Cuando llegó el momento de realizar este sueño, el Primer Ministro tomó
-sus disposiciones, y, al cabo de tres días, hubiera sido más fácil
-hallar una burbuja de agua en las profundidades interminables del
-Atlántico que á Purun Dass entre los errantes millones de hombres en la
-India, que ora se reúnen, ora se separan.
-
-Tendía, para dormir, su piel de antílope en el sitio donde se le hacía
-de noche, unas veces en un monasterio de _sunnyasis_ que estuviera
-junto á un camino, otras, arrimado á una columna de tapia de algún
-templo en Kala Pir, donde los _joguis_, que son otro nebuloso grupo
-de santones, lo recibían como hacen los que saben qué valor tiene
-eso de las castas y los grupos; muchas veces en las afueras de algún
-pueblecillo indio, á donde los niños acudían con la comida preparada
-por sus padres; y no pocas, finalmente, en lo más alto de desnudas
-tierras de pastos, donde la llama del fuego que encendía con leña
-menuda despertaba á los adormecidos camellos. Todo le era igual á
-Purun Dass... ó á Purun Bhagat, como se llamaba él á sí mismo ahora.
-Tierra... gente... comida... todo era lo mismo. Pero inconscientemente
-fué caminando hacia el Norte y hacia el Este; desde el Sur hacia
-Rohtak; de Rohtak á Kurnool; de Kurnool al arruinado Samanah, y de allí
-subiendo por el seco cauce del río Gugger, que sólo se llena cuando
-llueve en las montañas vecinas, hasta que un día vió la lejana línea
-del Himalaya.
-
-Sonrióse entonces Purun Bhagat, porque se acordó de que su madre era de
-origen brahmánico, de la raza de los rajhputras, allá por el camino de
-Kulu (una montañesa que siempre echaba de menos las nieves...) y basta
-que un hombre lleve en sus venas una gota de sangre montañesa para que,
-al fin, vuelva al sitio de donde salió.
-
---Allá abajo, dijo Purun Bhagat emprendiendo de frente la subida de las
-primeras lomas de los montes Sewaliks, donde los cactus se yerguen como
-candelabros de siete brazos... allá abajo me sentaré á meditar. Y el
-fresco viento del Himalaya silbó en sus oídos al andar por el camino
-que conduce á Simla.
-
-La última vez que había pasado por allí era con grande pompa y
-aparato, acompañado de una ruidosa escolta de caballería, para visitar
-al más cortés y amable de todos los virreyes; y ambos estuvieron
-hablando, durante una hora, de los amigos de Londres y de las opiniones
-que de mil cosas tiene la gente del pueblo en la India. Esta vez Purun
-Bhagat no hizo visita alguna, sino que se recostó sobre una verja del
-paseo, contemplando la magnífica vista de las llanuras que se extendían
-debajo, en una extensión de diez leguas; hasta que, al fin, un policía
-mahometano de los del país le dijo que interrumpía la circulación; y
-Purun Bhagat saludó al representante de la Ley con gran respeto, porque
-sabía el valor de aquélla é iba en busca de una que fuera propia,
-suya. Siguió, pues, adelante, y durmió aquella noche en una cabaña
-abandonada, en Chota Simia, lugar que tiene todo el aspecto de ser el
-fin del mundo; pero que no era más que el principio de su viaje.
-
-Siguió el camino del Himalaya al Thibet, la vía de tres metros de
-ancho abierta á fuerza de barrenos en la roca viva, ó apuntalada con
-maderos sobre abismos de trescientos metros de profundidad; que se
-hunde en tibios, húmedos, cerrados valles, ó trepa á través de colinas
-desnudas de árboles y con algo de yerba, en las que pega el sol como
-los rayos de un espejo ustorio; que caracolea á través de espesos,
-obscuros bosques donde los helechos arborescentes cubren de alto á bajo
-los troncos de los árboles, y donde el faisán llama á su compañera.
-Hallóse con pastores del Thibet, acompañados de sus perros y rebaños de
-carneros, cada carnero provisto de una bolsita con bórax que llevaba
-á la espalda; con leñadores errantes; con lamas del Thibet cubiertos
-de mantos y abrigos, que llegaban en peregrinación á la India; con
-enviados de pequeños y solitarios Estados, perdidos entre montañas,
-que corrían la posta desesperadamente en caballitos cebrados ó píos,
-ó bien con la cabalgata de un rajah que iba á hacer una visita;
-finalmente, durante todo un largo y claro día no vió más que un oso
-negro, gruñendo y desenterrando raíces allá abajo, en el valle. Durante
-las primeras jornadas, los rumores mundanales resonaban aún en sus
-oídos, como el estruendo de un tren al pasar un túnel quédase aún
-sonando largo tiempo después que el tren sale de él; pero cuando hubo
-dejado tras de sí el paso de Mutteeanee todo terminó, y Purun Bhagat
-quedóse á solas consigo mismo, caminando, vagabundeando pensativo,
-clavados los ojos en el suelo y por las nubes las ideas.
-
-Una tarde cruzó el más alto desfiladero que había hallado hasta
-entonces (dos días de ascensión costóle el llegar allí) y se encontró
-frente á una línea de nevados picos que ceñían todo el horizonte;
-montañas de cinco á seis mil metros de altura que parecían estar
-tan cerca que una pedrada podía alcanzarlas, aunque se hallaran, en
-realidad, á catorce ó quince leguas de distancia. Estaba coronado
-el desfiladero por un espeso, sombrío bosque formado de _deodoras_,
-castaños, cerezos silvestres, olivos y perales silvestres también;
-pero principalmente _deodoras_, que son los cedros del Himalaya, y
-á la sombra de estos árboles se elevaba un templo abandonado que se
-construyó en honor de Kali... el cual es Durga... el cual es, á su vez,
-Sitala, y que es adorado por su virtud contra la viruela.
-
-Barrió Purun Dass el empedrado suelo; sonrió á la estatua que parecía
-hacerle una mueca; se arregló con barro un hogar detrás del templo;
-extendió su piel de antílope sobre un lecho de pinocha verde; se apretó
-bien su _bairagi_ (su muleta con atravesaño de cobre) bajo uno de los
-sobacos, y sentóse á descansar.
-
-Junto á él, casi á sus plantas, tenía el declive de la montaña,
-desnudo, pelado, en una altura de cuatrocientos metros, donde un
-pueblecillo de casas hechas de piedra con techos de tierra amasada
-parecía colgar de la escarpada pendiente. Alrededor, pedazos de tierra
-en forma de terraplenes se extendían como si fueran delantales hechos
-de retazos y colocados sobre la falda de la montaña, y vacas, que no
-parecían mayores que escarabajos, pacían entre los círculos, empedrados
-de bruñidas piedras, que servían de eras. Mirando á través del valle
-se engañaba la vista al juzgar el tamaño de las cosas, y no podía, al
-principio, convencerse de que lo que tenía el aspecto de arbustos,
-al otro lado de la montaña, era en realidad un bosque de pinos de
-treinta metros de alto. Purun Bhagat vió pasar un águila hundiéndose
-en la inmensa hondonada; pero la enorme ave fué disminuyendo pronto de
-tamaño, hasta no parecer más que una virgulilla antes de que llegara
-á la mitad del camino. Algunos grupos de nubes se enfilaban por el
-valle, enredándose cerca de la cima de una montaña, ó elevándose para
-desvanecerse al llegar á la altura de los picos en los desfiladeros. Y
-Purun Bhagat se dijo: aquí hallaré la paz que ando buscando.
-
-Ahora bien: para un montañés, unas cuantas docenas de metros más abajo
-ó más arriba no significan nada, y, en cuanto los aldeanos vieron humo
-en el templo abandonado, el sacerdote del pueblecillo subió por la
-ladera llena de terraplenes, y fué á saludar al forastero.
-
-Al clavar la mirada en los ojos de Purun Bhagat (ojos acostumbrados á
-mandar á miles de hombres) inclinóse hasta el suelo, cogió el cuenco,
-sin decir palabra, y volvióse á la aldea diciendo:
-
---Por fin tenemos un santón. Jamás ví á un hombre como éste. Es un
-hijo de los llanos, pero de color pálido... es la quinta esencia de un
-brahmán.
-
-Á lo cual todas las mujeres de la aldea contestaron:
-
---¿Creéis que estará entre nosotros mucho tiempo?
-
-Y cada una de ellas hizo cuanto pudo para cocinarle los más sabrosos
-manjares. La comida montañesa es sencillísima; pero con alforfón, maíz,
-pimentón; pescado del río cuyas aguas corren por el valle; miel de las
-colmenas fabricadas en forma de chimeneas sobre las paredes de piedra;
-albaricoques secos; azafrán de Indias; jengibre silvestre, y tortas de
-harina de trigo, una mujer que quiera lucirse puede hacer algo bueno,
-y cuando el sacerdote volvió con el cuenco para entregárselo á Bhagat
-traíalo bien colmado.
-
---¿Pensaba quedarse allí? preguntó. ¿Necesitaría un _chela_ (un
-discípulo) que fuera mendigando para él? ¿Tenía una manta para
-abrigarse cuando hiciera frío? ¿Le gustaba la comida aquélla?
-
-Comió Purun Bhagat y dió gracias al donante. Su intención era quedarse;
-al oir lo cual el sacerdote dijo que le bastaba con saber esto. No
-tenía más que dejar el cuenco fuera del templo abandonado, en el
-hueco que formaban dos raíces retorcidas, y diariamente recibiría su
-alimento, porque el pueblo se tenía por muy honrado con que un hombre
-como él (y al decirlo miró tímidamente á Bhagat en el rostro) se
-quedara entre ellos.
-
-Aquel día terminó para Purun Bhagat el andar vagabundo. Había llegado
-al sitio que le estaba destinado... á un lugar todo silencio y espacio.
-Después de esto paróse el tiempo, y él mismo, sentado á la entrada
-del templo, no podía decir si estaba vivo ó muerto; si era un hombre
-cuya voluntad mandaba en los miembros de su cuerpo, ó si formaba parte
-integrante de las montañas, de las nubes, de la mudable lluvia y de la
-luz del sol. Se repetía á sí mismo dulcemente un _Nombre_ centenares y
-centenares de veces, hasta que, á cada repetición, parecía separarse
-más y más del cuerpo, y llegar, deslizándose, á las puertas de alguna
-tremenda revelación; pero, en el preciso instante de abrirse la puerta,
-le arrastraba hacia atrás el cuerpo, y con dolor se sentía otra vez
-atado á la carne y á los huesos de Purun Bhagat.
-
-Cada mañana el cuenco lleno era colocado en silencio sobre la especie
-de muleta que formaban las retorcidas raíces fuera del templo. Traíalo,
-algunas veces, el sacerdote; otras un mercader ladakhi que paraba en
-el pueblo, y que, ganoso de hacer méritos, subía trabajosamente por
-el atajo; pero, con más frecuencia, la portadora era la misma mujer
-que había cocinado la comida la noche antes, y murmuraba, tan bajo que
-apenas se la oía:
-
---Interceded por mí ante los dioses, Bhagat. Rogad por Fulana, la mujer
-de Mengano.
-
-De cuando en cuando, á algún muchacho atrevido se le permitía igual
-honor, y Purun Bhagat le oía poner el cuenco y echar á correr tan
-aprisa como sus piernecitas le permitían; pero el Bhagat nunca
-descendió hasta el pueblo. Veíalo extendido como un mapa, á sus pies.
-Podía ver también las reuniones que en él se celebraban, al caer de
-la tarde, en el círculo donde estaban las eras, porque era éste el
-único terreno llano que allí había; contemplar el estupendo y poco
-nombrado verdor del arroz cuando es joven; los tonos de azul de añil
-que mostraba el maíz; los pedazos de terreno en que se cultivaba el
-alforfón, semejantes á diques; y, en su estación propia, la roja flor
-del amaranto, cuyas diminutas semillas, por no ser grano ni legumbre,
-constituyen un alimento que puede tomar, sin faltar por ello en lo más
-mínimo, todo indio en época de ayuno.
-
-Cuando el año tocaba ya á su fin, los techos de las chozas parecían
-cuadros llenos de purísimo oro, porque sobre los techos era donde
-ponían los aldeanos las mazorcas de maíz para que se secaran. La cría
-de abejas y la recolección de los granos; la siembra del arroz y su
-descascarillado, fueron pasando ante su vista; todo ello como bordado
-allá abajo, en los pedazos de campo de mil distintas orientaciones.
-Y él meditó sobre cuanto se ofrecía á su vista, preguntándose á qué
-conducía todo aquello en último, definitivo resultado.
-
-Hasta en los sitios poblados de la India, no puede un hombre estarse
-sentado y completamente quieto durante un día entero, sin que los
-animales salvajes corran por encima de su cuerpo como si fuera una
-roca; y en aquella soledad pronto ellos, que conocían perfectamente el
-templo de Kali, fueron llegando para ver al intruso. Los _langures_,
-los grandes monos del Himalaya, de grises patillas, fueron, como
-es natural, los primeros, porque andan siempre devorados por la
-curiosidad; y una vez hubieron tirado el cuenco, haciéndolo rodar por
-el suelo, y probaron la fuerza de sus dientes sobre el atravesaño de
-cobre de la muleta, y le hubieron estado haciendo muecas á la piel de
-antílope, decidieron que aquel ser humano, que estaba allí sentado tan
-quieto, era inofensivo. Al caer de la tarde saltaban desde los pinos,
-pedían con las manos algo de comida, y luego se alejaban, balanceándose
-en graciosas curvas. Gustábales también el calor del fuego, y se
-apiñaban alrededor de él, hasta que Purun Bhagat se veía obligado á
-empujarlos á un lado para echar leña, y más de una vez se había hallado
-por la mañana con que un mono compartía con él su manta. Durante todo
-el día, uno ú otro de la tribu se sentaba á su lado, mirando fijamente
-hacia la nieve, dando gritos, y poniendo una cara de expresión
-indeciblemente sabia y triste.
-
-Después de los monos llegó el _barasing_, un ciervo
-
-[Ilustración] de especie parecida á los nuestros; pero con más fuerza.
-Iba allí para restregar los aterciopelados cuernos contra las frías
-piedras de la estatua de Kali, y pateó al ver en el templo á un hombre.
-Pero Purun Bhagat no se movió, y, poco á poco, el magnífico ciervo fué
-avanzando oblícuamente y le tocó en un hombro con el hocico. Deslizó
-Purun Bhagat una de sus frías manos sobre las tibias astas, y el
-contacto pareció refrescar al animal cuya sangre ardía, y que bajó la
-cabeza, con lo cual siguió Purun Bhagat restregando muy suavemente y
-quitando la aterciopelada capa. Trajo luego el _barasing_ su hembra
-y su cervato, mansos animales que se ponían á mascar sobre la manta
-del santón, y otras veces venía solo, de noche, reluciéndole los ojos
-con reflejos verdosos á la vacilante luz de la hoguera, para recibir
-su porción de nueces tiernas. Al fin, el ciervo almizclero, el más
-tímido y casi el menor de los ciervos, acudió también, erguidas sus
-grandes orejas, que recuerdan las del conejo; y hasta el abigarrado,
-silencioso _mushick-nabha_ sintió el deseo de averiguar qué era lo
-que significaba la luz que brillaba en el templo, y puso su hocico,
-parecido al del anta, sobre las rodillas de Purun Bhagat, yendo y
-viniendo con las sombras que producía el fuego. Á todos los llamaba
-Purun Bhagat «mis hermanos», y su grito de _¡Bahi! ¡Bahi!_ lanzado en
-voz baja, tenía el poder de sacarlos del bosque por las tardes, si se
-hallaban á distancia en que pudieran oirlo. El oso negro del Himalaya,
-sombrío y malicioso (Sona, que lleva impresa bajo la barba una señal
-blanca en forma de V) pasó por allí más de una vez, y como el Bhagat no
-demostró tenerle miedo, tampoco Sona se mostró malhumorado, sino que
-estuvo observándolo, se acercó luego y pidió su parte de caricias, un
-pedazo de pan ó bayas silvestres. Muy a menudo, en la callada hora del
-amanecer, cuando el Bhagat subía hasta lo más alto del desfiladero
-para ver como el rojo día andaba por los nevados picos, hallábase á
-Sona arrastrando las patas y gruñendo á sus plantas; metiendo una mano
-curiosa bajo los caídos troncos y volviendo á sacarla con un _¡uuuf!_
-de impaciencia; ó bien sus pasos despertaban en aquella hora al oso,
-que dormía enroscado, y el enorme animal levantábase erguido, pensando
-que se trataba de prepararse á la lucha, hasta que oía la voz del
-Bhagat y reconocía, entonces, á su mejor amigo.
-
-Casi todos los ermitaños y santones que viven separados de las grandes
-ciudades tienen fama de obrar milagros con los animales; pero el
-milagro consiste únicamente en estarse muy quieto, en no hacer nunca ni
-un solo movimiento precipitado, y por largo rato, cuando menos, en no
-mirar directamente al recién llegado. Vieron los aldeanos la silueta
-del _barasing_ caminando altanero y como una sombra á través del
-obscuro bosque que estaba detrás del templo; al _minaul_, el faisán del
-Himalaya, luciendo sus hermosos colores ante la estatua de Kali, y á
-los _langures_ sentados dentro y jugando con cáscaras de nuez. Algunos
-muchachos habían oído también á Sona, canturreando algo para sí mismo,
-como suelen hacer los osos, y con todo ello la reputación de milagrero
-que adquirió el Bhagat fué afirmándose más y más.
-
-Y, sin embargo, nada más lejos de sus propósitos que el obrar milagros.
-Creía él que todas las cosas son un enorme milagro, y cuando un
-hombre llega á saber esto, sabe ya algo que le sirve de base. Estaba
-firmemente persuadido de que nada había grande ni pequeño en el mundo,
-y día y noche luchaba para llegar á penetrar en el corazón mismo de las
-cosas, volviendo al sitio de donde su alma había salido.
-
-Dominado así por sus pensamientos, el descuidado cabello comenzó á
-caerle por encima de los hombros; en la losa que tenía al lado de la
-piel de antílope se hizo un agujerito con el continuo roce del extremo
-de la muleta que sobre ella se apoyaba; el sitio, entre los troncos de
-los árboles, donde día tras día descansaba el cuenco se hundió y fué
-gastándose, hasta llegar á ser un hueco tan pulimentado como la misma
-cáscara de color de tierra que allí se ponía; y cada animal sabía ya
-de memoria el lugar exacto que le correspondía junto al fuego. Con las
-estaciones cambiaron de color los campos; llenáronse y se vaciaron las
-eras, y volvieron una y otra vez á llenarse; y, al llegar el invierno,
-saltaron los _langures_ por entre las ramas cubiertas de ligera capa
-de nieve, hasta que, con la primavera, trajeron las monas desde valles
-más cálidos á sus pequeñuelos de lánguida mirada. En cuanto al pueblo,
-pocos cambios hubo en él. El sacerdote había envejecido; muchos de
-los que, siendo niños, solían venir con el cuenco, mandaban ahora á
-sus propios hijos; y cuando alguien preguntaba á los aldeanos cuanto
-tiempo había vivido su santón en el templo de Kali, allá al extremo del
-desfiladero, contestaban aquéllos: «siempre».
-
-Llegaron entonces más lluvias de verano, tales como jamás se vieron
-en aquellas montañas durante muchas estaciones. Por tres meses bien
-cumplidos el valle se vió envuelto en nubes y húmeda niebla... y el
-agua caía continua, sin parar, sucediéndose las tormentas una tras
-otra. El templo de Kali se quedaba generalmente por encima de las
-nubes, y hubo un mes entero en que el Bhagat no pudo ver ni por un
-momento la aldea. Estaba aquélla envuelta por una blanca cubierta de
-nubes que se balanceaba, mudaba de sitio, rodaba sobre sí misma, ó se
-arqueaba hacia arriba, pero que nunca se desprendía de sus estribos,
-los flancos del valle.
-
-Durante todo este tiempo no oyó más que los millones de ruidos que
-hacía el agua por encima de las copas de los árboles; por debajo, y
-siguiendo el suelo; atravesando la pinocha, cayendo gota á gota de
-las mil lenguas de los enlodados helechos, y lanzándose, en fangosos
-canales que acababan de abrirse, por todos los declives. Entonces
-salió el sol é hizo elevarse de los _deodoras_ y de los redodendros
-su agradable aroma, y con él vino aquel lejano, purísimo olor al
-que llaman los montañeses «el olor de las nieves». Duró el sol una
-semana, y, entonces, juntóse la lluvia en un último diluvio, y el agua
-empezó á caer formando sábanas que quitaron la corteza de la tierra
-y la hicieron, de nuevo, convertirse en barro. Purun Bhagat encendió
-aquella noche un gran fuego, porque estaba seguro de que sus hermanos
-necesitarían calor; pero ni un solo animal acudió al templo, por más
-que él llamara y llamara, hasta quedarse dormido, preocupado por la
-idea de lo que habría ocurrido en los bosques.
-
-Era ya plena noche y caía la lluvia, produciendo el ruido de mil
-tambores á la vez, cuando fué despertado por unos tirones que daban
-á su manta, y, alargando la mano, hallóse con la muy pequeña de un
-_langur_.
-
---Mejor se está aquí que entre los árboles, dijo soñoliento, levantando
-un poco la mano. Toma y caliéntate.
-
-El mono le cogió la mano y tiró de ella con fuerza.
-
---¿Qué quieres, pues, comida? dijo Purun Bhagat. Espera un rato y te la
-prepararé.
-
-Como se arrodillara para echar leña al fuego, corrió el _langur_ hasta
-la puerta del templo, lloriqueó allí á gritos, y volvió corriendo,
-tirándole al hombre de la rodilla.
-
---¿Qué hay? ¿Qué te ocurre, hermano? dijo Purun Bhagat, porque vió que
-los ojos del _langur_ estaban preñados de cosas que no podía decir.
-Como no sea que alguno de tu casta haya caído en una trampa (y aquí
-no las pone nadie) no estoy dispuesto á salir con ese tiempo. ¡Mira,
-hermano, hasta el _barasing_ viene aquí á buscar refugio!
-
-Las astas del ciervo, al entrar á grandes pasos en el templo, chocaron
-contra la grotesca estatua de Kali. Bajólas en dirección de Purun
-Bhagat y pateó como sintiéndose violento, resoplando con fuerza por las
-contraídas narices.
-
---¡Ea! ¡Ea! ¡Ea! exclamó el Bhagat haciendo castañetear los dedos.
-¿Este es el pago que me das por hospedarte una noche?
-
-Pero el ciervo lo empujó hacia la puerta, y, al hacer esto, oyó
-Purun Bhagat el ruido de algo que se abría y vió dos losas del suelo
-separarse una de otra, mientras la pegajosa tierra formaba una boca
-cuyos labios se apartaban con un chasquido.
-
---Ya lo veo, ya, ahora, dijo Purun Bhagat. No es extraño que mis
-hermanos no se sentaran alrededor del fuego esta noche. La montaña se
-hunde. Y, sin embargo... ¿á qué marcharme?
-
-Fijó los ojos sobre el cuenco vacío y la expresión de su cara cambió
-por completo.
-
---Hanme dado comida diariamente desde... desde que vine, y si no me doy
-prisa no quedará mañana ni un alma en todo el valle. Indudablemente,
-tengo el deber de ir y advertirles á todos los que en él viven lo que
-pasa. ¡Atrás, hermano! Déjame llegar hasta el fuego.
-
-Retrocedió de mala gana el _barasing_ y Purun Bhagat cogió un pedazo de
-tea, hundiéndolo en las llamas y revolviéndolo hasta que estuvo bien
-encendido.
-
---¡Ah! ¿Vinísteis á avisarme? Pues ahora haremos algo que será aún
-mucho mejor, mucho mejor. Vamos afuera, y préstame tu pescuezo,
-hermano, porque yo no tengo más que dos pies.
-
-Agarró al _barasing_ por la cerdosa crucera con la mano derecha,
-sostuvo la tea, que le servía de antorcha, con la izquierda, y salió
-del templo, hundiéndose en la obscuridad de la noche, que era terrible.
-No se sentía ni un soplo de viento, pero la lluvia apagaba casi la
-vacilante luz al lanzarse el gran ciervo por la pendiente, dejándose
-resbalar sobre las ancas. En cuanto salieron del bosque, otros de los
-hermanos del Bhagat se reunieron con él. Oyó, aunque no pudiera verlo,
-que los _langures_ se apiñaban en torno suyo, y detrás sonaba el _¡uh!
-¡uh!_ de Sona. La lluvia tejió sus largas guedejas de tal modo que
-parecían cuerdas; el agua le salpicaba al poner los desnudos pies en el
-suelo, y su amarillo ropaje se le pegaba al frágil cuerpo envejecido;
-pero él siguió andando con firme paso, apoyándose en el _barasing_. No
-era ya un santón, sinó _Sir Purun Dass, K. C. I. E._, Primer Ministro
-de un Estado que nada tenía de pequeño, hombre acostumbrado á mandar,
-y que iba entonces á salvar no pocas vidas. Por el fangoso y rápido
-sendero descendieron juntos el Bhagat y sus hermanos hasta que las
-patas del ciervo tropezaron contra el muro de una era, y dió aquél un
-bufido, porque su olfato le indicaba que por allí estaba el Hombre.
-Hallábanse ya al extremo de la única y tortuosa calle de la aldea, y
-el Bhagat golpeó con su muleta las cerradas ventanas de la casa donde
-vivía el herrero, mientras la tea que le servía de antorcha llameaba al
-abrigo del alero de aquélla.
-
---¡Levantaos y á la calle! gritó Purun Bhagat, y él mismo no reconoció
-su propia voz, porque años hacía que no hablaba en voz alta á ningún
-hombre. ¡La montaña se hunde! ¡La montaña se hunde! ¡Levantaos y echaos
-fuera todos los que estéis en las casas!
-
---Es nuestro Bhagat, dijo la mujer del herrero. Viene rodeado de sus
-animales. ¡Recoje á los pequeños y da la voz de alarma!
-
-Corrió ésta de casa en casa, mientras los animales apiñados en la
-estrecha vía chocaban unos con otros y se atropellaban en torno del
-Bhagat, y Sona resoplaba con impaciencia.
-
-Precipitóse á la calle toda la gente (no eran juntos más que unas
-setenta personas), y, á la luz de antorchas, vieron á su Bhagat,
-que aguantaba, para que no se escapara, al aterrorizado _barasing_,
-mientras los monos se cogían con aspecto lastimoso á la ropa de aquel y
-Sona se sentaba y comenzaba á dar bramidos.
-
---¡Atravesad el valle y subid á la montaña opuesta! gritó con fuerte
-voz Purun Bhagat. ¡Que no se quede nadie rezagado! ¡Nosotros iremos
-detrás!
-
-Corrió, entonces, la gente como sólo los montañeses son capaces de
-correr, porque sabían que en un hundimiento de tierras lo que había que
-hacer era subirse al sitio más alto, al otro lado del valle. Huyeron,
-lanzándose al estrecho río que había al extremo, y subieron, sin
-aliento casi, por los terraplenados campos del otro lado, mientras el
-Bhagat y sus _hermanos_ los seguían. Fueron ascendiendo por la montaña
-opuesta, llamándose unos á otros por su nombre (el modo de tocar
-llamada en la aldea), y, pisándoles los talones, subía trabajosamente
-el gran _barasing_, sobre el cual pesaba el cuerpo casi desfallecido
-de Purun Bhagat. Por fin, paróse el ciervo á la sombra de un espeso
-bosque de pinos, á ciento cincuenta metros de altura en la vertiente.
-Su instinto, que le advirtió del próximo hundimiento, díjole también
-que allí se hallaba seguro.
-
-Junto á él dejóse caer casi desmayado Purun Bhagat, porque el
-enfriamiento ocasionado por la lluvia y aquella desesperada ascensión
-lo estaban matando; pero antes había dicho á los portadores de
-antorchas desparramados por la vanguardia:
-
---Paraos, y contad cuantos sois.
-
-Luego, añadió en voz baja dirigiéndose al ciervo, al ver que las luces
-se agrupaban:
-
---Quédate conmigo, hermano. Quédate... hasta... que... me muera.
-
-Oyóse en el aire un ruido leve como un suspiro, que se convirtió en
-murmullo; luego un murmullo que fué creciendo hasta parecer rugido;
-y el rugido traspasó todos los límites de lo que puede resistir el
-oido humano, y la vertiente en que los aldeanos se hallaban recibió
-un choque en medio de la obscuridad, retemblando sobre sus cimientos.
-Entonces una nota firme, profunda, clara como un _do_ grave arrancado
-á un órgano, sofocó todo otro ruido por espacio, quizás, de cinco
-minutos, y, mientras duró, hasta las mismas raíces de los pinos
-temblaban. Pasó, y el rumor de la lluvia, cayendo sobre innumerables
-metros de tierra dura y de yerba, cambióse en ahogado tamborileo del
-agua sobre tierra blanda. Esto sólo bastaba para explicarlo todo.
-
-Ni un solo aldeano (ni siquiera el mismo sacerdote) tuvo suficiente
-valor para hablar al Bhagat, que les había salvado á todos la vida.
-Acurrucáronse bajo los pinos, y allí esperaron hasta que se hizo de
-día. Cuando llegó éste miraron á través del valle, y vieron que lo que
-había sido bosque, y campos de cultivo, y tierras de pasto cruzadas
-de senderos, era ahora informe y sucio montón, pelado, rojo, en forma
-de abanico, con unos pocos árboles tirados con la copa hacia abajo
-sobre el declive. Subía esta masa roja hasta muy arriba de la montaña
-donde ellos buscaron refugio, deteniendo la corriente del estrecho
-río, que había comenzado ya á ensancharse, formando un lago de color
-de ladrillo. De la aldea, del camino que conducía al templo, y aun del
-templo mismo y del bosque situado á su espalda, no quedaba ni rastro.
-En el espacio de un cuarto de legua de ancho, y á más de seiscientos
-metros de profundidad, todo el flanco de la montaña había materialmente
-desaparecido, alisado por completo de arriba abajo.
-
-Y los aldeanos, uno á uno, se acercaron á su Bhagat, á través del
-bosque, sin hacer ruido, para rezar ante él. Vieron entonces al
-_barasing_ de pie, á su lado, y escapándose en cuanto estuvieron cerca;
-oyeron á los _langures_ lamentándose por entre las ramas, y á Sona
-quejándose tristemente montaña arriba; pero su Bhagat estaba muerto,
-sentado, con las piernas cruzadas, apoyada la espalda en el tronco
-de un árbol, la muleta bajo el sobaco, y el rostro vuelto hacia el
-Noroeste.
-
-El sacerdote les dijo:
-
---¡Mirad: he aquí un milagro tras otro, porque precisamente en esta
-actitud deben ser enterrados todos los _sunnyasis_! Así, pues, donde
-ahora está es donde elevaremos un templo á nuestro santón.
-
-Antes de terminarse el año había sido ya edificado ese templo (un
-santuario pequeño, de piedra y de fango) y llamaron á la montaña la
-Montaña del Bhagat, adorándolo allí y llevándole luces, flores y
-dádivas, lo que continúa hasta hoy. Pero lo que no saben los aldeanos
-es que el santo de su devoción es el difunto _Sir Purun Dass, K. C. I.
-E., D. C. L., Ph. D._,[17] etc., que fué un tiempo Primer Ministro
-del ilustrado y progresivo Estado de Mohiniwala, y miembro honorario ó
-correspondiente de muchas más sabias y científicas sociedades de las
-que se necesitan para hacer algo de provecho en este mundo...
-
- [Ilustración]
-
-
- =Canción al estilo de Kabir=[18]
-
-
- Leve peso era el mundo entre sus manos,
- insoportable carga sus riquezas:
- al _guddee_ ha preferido la mortaja
- y cual _bairagi_[19] vaga por la tierra.
-
- No posa ya sus pies en otra alfombra
- que el polvo del camino, aquel que lleva
- á Delhi, y en el cual sólo le guardan
- el _sal_ y el _kikar_ cuando el sol le quema.
-
- Su casa es el lugar en que reposa,
- ya entre las gentes ó en desiertos duerma,
- y él prosigue su vía, aquella vía
- de perfección con que el _bairagi_ sueña.
-
- Ha clavado en el Hombre su mirada
- y ha visto clara la verdad entera:
- un Dios hubo, un Dios hay: no más que uno
- Kabir, el gran Kabir, dijo que hubiera.
-
- Todo el problema de la acción lo mira
- cual leve nube, no cual ancha niebla
- roja, extendida, como en otro tiempo...
- y él vaga, cual _bairagi_, por la tierra.
-
- Quiere aprender á amar á sus hermanos
- el césped, y Dios mismo, y aun las fieras:
- deja el poder y la mortaja toma:
- (¿no oís, dice Kabir?)--_bairagi_ queda.
-
- [Ilustración]
-
-
- NOTAS:
-
-[15] Iniciales del título: _Knight Commander of the Order of the Indian
-Empire_.--N. del T.
-
-[16] _Coco de mar_ es el nombre vulgar de la _Lodoicea Secheyllarum_,
-planta que pertenece al género de las monocotiledóneas, familia de las
-palmeras. El fruto de este árbol es enorme. Del hueso hacen los indios
-vasijas.--N. del T.
-
-[17] D. C. L. y Ph. D. son las iniciales de los títulos: _Doctor of
-Civil Law y Doctor of Philosophy_ (Doctor en Derecho Civil y Doctor en
-Filosofía).--N. del T.
-
-[18] Kabir es el nombre del más original é influyente de los
-reformadores religiosos de la India. Es una especie de Mahoma. Aún hoy
-se cuentan por miles los que «siguen el camino de Kabir», y la secta
-que él fundó cuenta con importantes monasterios.--N. del T.
-
-[19] Usa aquí el autor la palabra _bairagi_ en otro sentido distinto
-del que le da anteriormente en este mismo cuento, pero sin explicarlo,
-y dejándolo á la penetración del lector, como tantos otros vocablos
-exóticos que emplea deliberadamente.--N. del T.
-
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LA SELVA INVASORA
-
- Yerba, flor y enredadera,
- tiende sobre todo un velo:
- que de esa raza se borre
- hasta el más leve recuerdo;
- que cubra negra ceniza
- los altares y que en ellos
- los blancos pies de la lluvia
- pongan su huella en silencio;
- que en el campo yermo pueda
- tener el gamo su lecho,
- y nadie á asustarle vaya
- ni á azorar sus pequeñuelos;
- que los muros se derrumben
- por ceder al propio peso,
- y que ni lo sepa nadie,
- ni nadie en pie vuelva á verlos.
-
-
-Recordaréis, si leisteis los primeros cuentos de esta obra, que después
-que Mowgli hubo clavado en la Peña del Consejo la piel de Shere Khan
-dijo á cuantos quedaban en la manada de Seeonee que, en adelante,
-cazaría solo en la Selva, y los cuatro hijos de Papá Lobo y de su
-esposa afirmaron que ellos cazarían también en su compañía. Pero
-no es muy fácil cambiar de vida en un momento... sobre todo en la
-Selva. Lo primero que hizo Mowgli cuando la manada se hubo dispersado,
-marchándose los que la formaban, fué irse á la cueva donde había tenido
-su hogar, y dormir allí durante un día y una noche. Luego, contóles
-á Papá Lobo y á la Mamá todo lo que creyó que podrían entender de
-cuantas aventuras había corrido entre los hombres, pero cuando, por la
-mañana, se entretuvo en hacer que el sol se reflejara en la hoja de su
-cuchillo (el mismo que le sirvió para desollar á Shere Khan), entonces
-confesaron que algo había aprendido. Luego, Akela y el _Hermano Gris_
-tuvieron que contar cómo habían tomado parte en la gran embestida de
-los búfalos en el torrente; Baloo subió con pena la montaña para oirlo
-todo, y Bagheera se rascaba de gusto al ver de qué modo había Mowgli
-dirigido su batalla.
-
-Rato hacía que había salido el sol, y nadie pensaba aún en irse á
-dormir, antes bien, de cuando en cuando, durante el relato, levantaba
-Mamá Loba la cabeza y olfateaba profundamente y con satisfacción cuando
-el viento le llevaba el olor de la piel del tigre desde la Peña del
-Consejo.
-
---Á no ayudarme Akela y el _Hermano Gris_, nada habría podido hacer,
-dijo Mowgli al terminar. ¡Ah, madre, madre! ¡Si hubieras visto á
-aquellos toros negros bajar por el torrente, ó precipitarse por las
-puertas de la aldea cuando me apedreaba la _manada_ de hombres!
-
---Me alegro de no haber visto esto último, dijo muy tiesa Mamá Loba. No
-entra en mis costumbres el permitir que traten á mis cachorros como si
-fueran chacales. Buen desquite hubiera yo tomado de la manada humana;
-pero perdonando á la mujer que te dió la leche. Sí, lo que es á ella la
-hubiera perdonado... sólo á ella.
-
---¡Calma, calma, Raksha! dijo perezosamente Papá Lobo. Nuestra _rana_
-ha vuelto... y tan sabia que hasta su propio padre tiene que lamerle
-los pies... Después de esto ¿qué significa una cicatriz más ó menos en
-la cabeza? Deja en paz á los hombres.
-
-Y Baloo y Bagheera juntos repitieron como un eco:
-
---Deja en paz á los hombres.
-
-Mowgli, colocada la cabeza sobre uno de los lados de Mamá Loba, sonrió
-tranquilamente, y dijo que, por su parte, no deseaba ver ú oir á hombre
-alguno, ni husmearlo siquiera.
-
---Pero (contestó Akela levantando una oreja), pero ¿y si fueran los
-hombres los que no te dejaran á tí en paz, Hermanito?
-
---_Cinco_ somos... dijo el Hermano Gris mirando á los allí reunidos y
-castañeteando los dientes al pronunciar la última palabra.
-
---También nosotros podríamos tomar parte en la caza, añadió Bagheera
-sacudiendo un poco la cola y mirando á Baloo. Pero ¿por qué pensar
-ahora en los hombres, Akela?
-
---Por esta razón, contestó el Lobo Solitario: cuando la amarilla piel
-de ese ladrón estuvo extendida sobre la peña volví yo, siguiendo
-nuestra acostumbrada pista, hacia la aldea, pisando en mis mismas
-huellas, volviéndome de lado y echándome, para que así se perdiera el
-rastro, si alguien intentaba seguirnos. Pero cuando hube enmarañado de
-tal modo ese rastro que ni yo mismo era capaz de reconocerlo, Mang,
-el murciélago, llegó, vagando por entre los árboles, y se puso á
-revolotear en el sitio en que yo estaba. Díjome entonces:
-
---La aldea en que vive la manada de hombres que arrojó al _cachorro
-humano_ está como un avispero.
-
---Es que la piedra que les tiré yo era gorda, dijo, riéndose, Mowgli,
-que muchas veces se había divertido en tirar papayas secas á los
-avisperos, echando luego á correr hasta la laguna más próxima antes de
-que los avispones se le echaran encima.
-
---Preguntéle á Mang qué es lo que había visto. Díjome que á la puerta
-de la aldea florecía la Flor Roja, y que, en torno suyo, se sentaban
-hombres que llevaban escopetas. Ahora bien, yo sé, porque mis razones
-tengo para ello (y Akela miró, al decirlo, á las antiguas cicatrices
-que tenía en los lados é ijadas), que los hombres no llevan escopetas
-sólo por el gusto de llevarlas. No pasará mucho tiempo, Hermanito,
-antes de que un hombre nos siga el rastro... si no lo está haciendo ya.
-
---Pero ¿por qué ha de seguirlo? Los hombres me han arrojado de su seno.
-¿Qué más quieren? dijo, incomodado, Mowgli.
-
---Un hombre eres, Hermanito, contestó Akela. No somos _nosotros_, los
-Cazadores Libres, los que hemos de decirte lo que hacen los de tu
-casta, ni las razones que para ello tengan.
-
-Apenas si tuvo tiempo de levantar una pata y ya el cuchillo de Mowgli
-se clavaba en el suelo, en el sitio en que había estado aquélla. El
-muchacho dió el golpe con mucha más presteza de lo que el ojo humano
-está acostumbrado á ver y á seguir; pero Akela era un lobo; y hasta un
-perro, que dista ya bastante de los lobos salvajes, sus abuelos, puede
-despertar de profundo sueño al sentir que la rueda de un carro le toca
-en un lado, y escaparse ileso antes de que aquélla le pase por encima.
-
---Otra vez, dijo Mowgli con calma, volviendo el cuchillo á la vaina,
-procura pensarlo dos veces antes de hablar de la _manada de los
-hombres_ y de mí.
-
---¡Pché! Afilado está ese diente, contestó Akela, olfateando el corte
-que la hoja había hecho en el suelo; pero al vivir con la manada de
-los hombres has perdido el buen ojo, Hermanito. Con el tiempo que has
-necesitado tú para dejar caer el cuchillo hubiera tenido yo bastante
-para matar á un gamo.
-
-De un salto púsose Bagheera en pie, levantó la cabeza tanto como pudo,
-resopló, y cada curva de su cuerpo pareció ponerse tirante. Pronto
-siguió su ejemplo el Hermano Gris, echándose un poco hacia la izquierda
-para mejor recibir el viento que soplaba de la derecha; y, entre tanto,
-Akela saltaba á una distancia de cerca de cincuenta metros y se quedaba
-medio agachado, tirantes también todos sus músculos. Mowgli sintió
-envidia al mirarlos. Tenía él tan fino el olfato como pocos hombres
-puedan tenerlo; pero nunca había podido llegar á aquella extremada
-finura característica de toda nariz perteneciente al Pueblo de la Selva
-y que hace que cada una se asemeje á un gatillo sensible hasta á la
-presión de un cabello. Además, los tres meses pasados en la ahumada
-aldea habían embotado grandemente su facilidad para percibir olores.
-Sea como fuere, humedeció un dedo, frotólo contra la nariz y se irguió
-para mejor tomar el viento alto, que aunque es el más débil, es, sin
-embargo, el que no engaña.
-
---¡El hombre! gruñó Akela, dejándose caer sobre las ancas.
-
---¡Buldeo! dijo Mowgli, sentándose. Sigue nuestro rastro; allá abajo
-veo brillar al sol su escopeta. ¡Mirad!
-
-No fué más que una chispa de luz, que no duró ni un segundo y que
-brotó de las lañas de latón del viejo mosquete; pero nada hay en la
-Selva que brille de aquel modo, con tal chispazo, excepto cuando las
-nubes emprenden la carrera por el cielo. Entonces un pedazo de mica,
-un charco de agua ó hasta una hoja muy barnizada brillan como un
-heliógrafo. Pero aquel día no se veían nubes y todo estaba en calma.
-
---Ya sabía yo que los hombres seguirían el rastro. Por algo he dirigido
-á la manada.
-
-Nada dijeron los cuatro cachorros; pero echaron montaña abajo, casi
-aplastados contra el suelo, y parecieron fundirse con los espinos y
-malezas, como un topo desaparece bajo la tierra de un prado.
-
---¿Á dónde vais, así, y sin decir palabra? gritóles Mowgli.
-
---¡Chis! Antes de mediodía haremos rodar por aquí su cráneo, contestó
-el Hermano Gris.
-
---¡Atrás! ¡Atrás! ¡Esperad! ¡Los hombres no se comen unos á otros!
-chilló Mowgli.
-
---¿Y quién, si no tú, es el que hace un momento quería ser lobo? ¿Quién
-el que me tiró una cuchillada por creer yo que podía él ser hombre?
-dijo Akela, mientras los cuatro lobos volvían de mala gana y se dejaban
-caer sobre las patas traseras.
-
---¿Tengo, acaso, que explicar los motivos de todo lo que se me antoje
-hacer? contestó, furioso, Mowgli.
-
---¡Ya apareció el Hombre! ¡Así es como los hombres hablan! murmuró
-entre dientes Bagheera. ¡Así hablaban alrededor de las jaulas del Rey
-en Oodeypore! Á nosotros, los de la Selva, nos consta que el hombre es
-el más sabio de todos los seres creados. Pero, si diéramos siempre fe
-á nuestros propios oídos, nos convenceríamos de que es lo más tonto de
-este mundo.
-
-Elevando la voz añadió:
-
---El _hombrecito_ tiene en esto razón. Los hombres cazan en cuadrilla.
-Matar á uno, mientras no sepamos qué es lo que van á hacer los demás,
-es cazar mal. Venid, vamos á ver qué es lo que ése hacer contra
-nosotros.
-
---No iremos, refunfuñó el Hermano Gris. Caza solo, Hermanito.
-_Nosotros_... sabemos lo que queremos. Ya hubiera estado ahora el
-cráneo á punto de traerlo aquí.
-
-Miraba Mowgli ya á uno ya á otro de sus amigos, palpitante el pecho y
-llenos de lágrimas los ojos. Adelantóse á grandes pasos hacia los lobos
-é hincando una rodilla dijo:
-
---¿Por ventura no sé yo lo que quiero? ¡Miradme!
-
-Miráronle con cierto embarazo, y cuando sus ojos se desviaron volvió
-á llamarles él una y otra vez, hasta que se les erizó el pelo en
-todo el cuerpo, y les temblaron los miembros, mientras Mowgli seguía
-clavándoles la vista.
-
---Ahora, les dijo, de nosotros cinco ¿quién es aquí el jefe?
-
---Tú, Hermanito, dijo el Hermano Gris, y se acercó á lamer el pie de
-Mowgli.
-
---Seguidme, pues, contestó éste. Y los cuatro le siguieron, pisándole
-los talones y con la cola entre piernas.
-
---Esa es la consecuencia de haber vivido con la manada de los hombres,
-dijo Bagheera deslizándose tras ellos. Hay ahora en la Selva algo más
-que su Ley, Baloo.
-
-Nada contestó el oso; pero quedóse pensando infinidad de cosas.
-
-Cortó Mowgli á través de la Selva sin producir el menor ruido, en
-ángulo recto con el camino que seguía Buldeo, hasta que, separando
-la maleza, vió al viejo con el mosquete al hombro, y siguiendo á un
-trotecillo como de perro el rastro de la noche anterior.
-
-Recordaréis que Mowgli abandonó la aldea llevando á cuestas la pesada
-carga de la piel sin adobar de Shere Khan, mientras Akela y el Hermano
-Gris corrían detrás, de modo que el triple rastro quedaba marcado
-con toda claridad. De pronto llegó Buldeo al sitio en que Akela había
-retrocedido, como ya sabéis, y embrollado todas las señales de la
-pista. Sentóse, entonces, tosió y refunfuñó, dió rápidas ojeadas, en
-torno suyo y en dirección de la Selva, para recobrar el perdido rastro,
-y durante todo el tiempo que estuvo haciendo esto hubiera podido tocar
-con una pedrada á los que estaban observándole. Nadie puede hacer las
-cosas tan silenciosamente como un lobo cuando no quiere él que le
-oigan, y, en cuanto á Mowgli, aunque sus compañeros creyeran que se
-movía muy pesadamente, ello es que sabía deslizarse como una sombra.
-Rodeaban todos al viejo como una manada de puercos marinos rodea á un
-vapor que va á toda máquina, y, mientras lo tenían encerrado en un
-círculo, hablaban descuidadamente, porque se mantenían á un diapasón
-muy por debajo de lo que ineducados oídos humanos pueden llegar á
-percibir. (Al otro extremo de la escala se halla el agudo chillido de
-Mang, el murciélago, que innumerables personas no oyen poco ni mucho.
-De esta nota participan el lenguaje de los pájaros, de los murciélagos
-y de los insectos).
-
---Más divertido es esto que la misma caza, dijo el Hermano Gris al ver
-que Buldeo se agachaba, miraba á hurtadillas y resollaba fuertemente.
-Parece un cerdo perdido en las selvas de la orilla del río. ¿Qué es lo
-que dice? añadió al ver que Buldeo murmuraba algo con aire furioso.
-
-Mowgli tradujo entonces:
-
---Dice que manadas enteras de lobos debieron de bailar en torno mío...
-y que en toda su vida no vió jamás un rastro así... y que está cansado.
-
---Ya descansará antes de que haya podido desembrollar la pista, dijo
-fríamente Bagheera dando la vuelta al tronco de un árbol como si
-estuvieran todos jugando á la gallina ciega. Y _ahora_ ¿qué es lo que
-hace ese viejo flacucho?
-
---Comer ó sacar humo por la boca. Los hombres siempre juegan con ella,
-dijo Mowgli. Y los silenciosos ojeadores vieron cómo el viejo llenaba,
-encendía y chupaba una pipa de las de agua, y se fijaron especialmente
-en el olor del tabaco para por él estar seguros de reconocer á Buldeo,
-si era preciso, aunque fuése en mitad de la más obscura noche.
-
-Descendió, entonces, por el camino un grupo de carboneros, y,
-naturalmente, se pararon á hablar á Buldeo, cuya fama de cazador
-se extendía lo menos cinco leguas á la redonda. Sentáronse todos y
-fumaron, acercándose Bagheera y los demás para observarlos, mientras
-Buldeo comenzó á contar la historia de Mowgli, el niño-diablo, de cabo
-á rabo, con adiciones y mentiras. Hablóles de cómo él mismo había
-matado realmente á Shere Khan; de cómo Mowgli se había convertido en
-lobo, luchando con él toda la tarde, y transformádose luego nuevamente
-en muchacho, y embrujádole el rifle á Buldeo, de tal modo que cuando
-éste se lo apuntó á Mowgli la bala dió media vuelta y fué á matar á uno
-de los búfalos del propio Buldeo; finalmente, de cómo sabiendo los de
-la aldea que era él el más bravo de todos los cazadores de Seeonee le
-había comisionado para que fuera en busca del niño-diablo y lo matara.
-Pero, entretanto, los aldeanos habían cogido á Messua y á su marido,
-que eran, indudablemente, los padres del niño-diablo, y habíanlos
-encerrado en su propia choza, y dentro de poco los someterían al
-tormento, para hacerles confesar que él era un brujo, y una bruja ella,
-tras de lo cual los quemarían vivos.
-
---¿Cuándo? dijeron los carboneros, porque ellos deseaban muchísimo
-estar presentes á la ceremonia.
-
-Contestó Buldeo que nada se haría hasta que él volviera, porque en la
-aldea deseaban que matara antes al Niño de la Selva. Después de esto
-despacharían á Messua y á su marido, y dividirían sus tierras y sus
-búfalos entre los habitantes de la aldea. Por cierto que el marido
-de Messua tenía algunos búfalos magníficos. Era muy conveniente, en
-opinión de Buldeo, el ir quitando de en medio á todos los hechiceros,
-y esa gente que mantiene niños-lobos sacados de la Selva, constituía,
-evidentemente, la peor clase de brujos.
-
---Pero ¿qué ocurriría si se enteraban de eso los ingleses? dijeron los
-carboneros. Los ingleses, según ellos habían oido decir, eran gente de
-tan poco seso que no querían permitir que honrados labradores mataran
-en paz á sus brujos.
-
---¿Y qué? contestó Buldeo: el jefe de la aldea daría parte de que
-Messua y su marido habían muerto de la picadura de una serpiente.
-En cuanto á _eso_ podía decirse que era ya cosa hecha; lo único que
-faltaba ahora era matar al niño-lobo. ¿No habían visto ellos, por
-casualidad, á aquel engendro?
-
-Miraron á uno y otro lado los carboneros, y dieron gracias á su
-buena estrella de que pudieran decir que no; pero manifestaron que,
-indudablemente, Buldeo, cuyo valor era de todos conocido, podría
-encontrarle mejor que nadie. El sol iba ya al ocaso, y pensaban ellos
-que acaso podrían darse una vuelta por la aldea de Buldeo para ver á
-aquella bruja malvada. Á esto contestó el cazador que, aunque su deber
-era matar al niño-diablo, no podía permitir que un grupo de hombres que
-no iban armados atravesara la selva sin ir escoltado por él, cuando
-de donde menos se pensara podía salir á cada momento el niño-diablo.
-Por lo tanto, él les acompañaría, y si el hijo de los hechiceros se
-presentaba... ya les enseñaría él como se las había con tal clase de
-seres el mejor cazador de Seeonee. El brahmán, dijo, le había dado un
-amuleto para protegerse contra aquel maligno espíritu, con lo cual nada
-había, pues, que temer.
-
---¿Qué dice? ¿Qué dice? ¿Qué dice? repetían los lobos cada cinco
-minutos, y Mowgli iba traduciendo, hasta que llegó á aquella parte del
-relato en que se hablaba de la bruja, y que era algo superior á sus
-facultades, por lo que dijo que el hombre y la mujer que tan amables
-habían sido con él estaban metidos en una trampa.
-
---¿Pero es que los hombres se encierran unos á otros en trampas?
-
---Eso dice él. No entiendo su charla. Se han vuelto locos todos. ¿Qué
-tienen que ver conmigo Messua y su marido para que los metan en una
-trampa, y qué significa todo eso que dice de la Flor Roja? Tendré que
-ver lo que es. De todos modos, sea lo que fuere lo que le hagan á
-Messua, nada realizarán hasta que vuelva Buldeo. Por lo tanto...
-
-Quedóse Mowgli pensando profundamente, mientras sus dedos jugaban con
-el mango del cuchillo, y, entre tanto, Buldeo y los carboneros se
-alejaron tranquilos, formando una hilera.
-
---Me vuelvo corriendo á la manada de los hombres, dijo, al fin, Mowgli.
-
---¿Y ésos? preguntó el Hermano Gris, mirando como hambriento hacia los
-carboneros.
-
---Cantadles un poco mientras regresan á casa, contestó Mowgli
-sonriendo. No quisiera que llegaran á las puertas de la aldea hasta que
-fuera de noche. ¿No podéis vosotros entretenerlos?
-
-El Hermano Gris enseñó los dientes con aire despreciativo.
-
---O yo no sé lo que son hombres, ó podemos hacerles dar vueltas y
-vueltas como cabras atadas á una cuerda...
-
---No es esto lo que necesito. Cantadles un poco para que no hallen tan
-solitario el camino; y la canción que cantéis, Hermano Gris, ninguna
-necesidad hay de que sea de las más dulces. Acompáñalos, Bagheera, y
-ayuda á entonar la canción. Cuando haya oscurecido ven á encontrarme
-junto á la aldea... el Hermano Gris sabe dónde.
-
---No es leve trabajo el de cazar para el _Hombrecito_. ¿Y cuándo
-dormiré? dijo Bagheera bostezando, aunque en los ojos se le viera la
-alegría con que se prestaba á aquel juego. ¡Cantarles yo á hombres
-desnudos! Pero probemos.
-
-Bajó la cabeza para que el sonido llegara más lejos, y lanzó un
-larguísimo grito de: _¡Buena suerte!_..., un grito para ser lanzado
-en mitad de la noche y que ahora, por la tarde, no dejaba de sonar de
-un modo horrible, sobre todo, como comienzo. Mowgli le oyó retumbar,
-elevarse, caer, extinguirse, al fin, en una especie de lamento que
-parecía arrastrarse, y sonrió á solas, al ir corriendo á través de la
-Selva. Distinguía perfectamente á los carboneros agrupados en círculo,
-mientras el cañón de la escopeta de Buldeo se balanceaba como una hoja
-de plátano, tan pronto hacia uno como hacia otro de los cuatro puntos
-cardinales. Entonces, lanzó el Hermano Gris el _¡ya-la-hi! ¡yalaha!_,
-el grito de caza para los gamos, cuando la manada corre detrás del
-_nilghai_, la gran vaca azul, y pareció que el grito venía del fin
-del mundo, acercándose, acercándose cada vez más, hasta que terminó,
-al fin, en un chillido bruscamente cortado. Contestaron al lobo los
-otros tres, de tal modo que hasta el mismo Mowgli podía haber jurado
-que la manada entera gritaba á la vez, y entonces, todos juntos,
-prorrumpieron en la magnífica _Canción matutina en la Selva_, con
-todas las variaciones, preludios y demás que sabe hacer la potente
-voz de un lobo de los de la manada. He aquí la canción groseramente
-traducida á nuestro lenguaje; pero imaginaos cómo debe de sonar al
-romper el silencio de la tarde, en la Selva:
-
- Sobre la llanura no vagaban sombras
- ha sólo un instante,
- de ésas que tan negras tras de nuestra pista
- parecen lanzarse.
-
- Las rocas y arbustos, en medio al reposo
- matinal del aire,
- con duros contornos se ven dibujados
- y se alzan gigantes.
-
- Llegó ya el momento de gritar: ¡Descansen
- cuantos con cuidado nuestra Ley guardaren!
-
- Recógense ahora todos nuestros pueblos
- y van á ocultarse;
- los fieros varones que la Selva tiene
- se arrastran cobardes,
- ó allá en sus guaridas permanecen quietos,
- mientras el buey sale
- y uncido en parejas arrastra el arado
- que cien surcos abre.
-
- Desnuda y temible la Aurora al alzarse
- sobre el horizonte parece que arde.
-
- ¡Á nuestros cubiles! que el sol ya despierta
- la yerba brillante,
- y entre los bambúes se oyen ya susurros
- que llevan los aires.
-
- Al cruzar los bosques, que ilumina el día
- ¡qué raro contraste!
- Los ojos nos duelen, y casi cerrarlos
- tanta luz nos hace.
-
- Entonces, volando va el pato salvaje
- y--¡Hombres, es de día!--grita al alejarse.
-
- Seco en vuestras pieles está ya el rocío
- que mojólas antes;
- secos los caminos que él humedecía,
- y en los barrizales
- los charcos se truecan en frágil arcilla
- que cruje al quebrarse.
- La Noche, traidora, revela las huellas
- que ocultaba, y parte.
-
- Por eso nosotros gritamos: ¡Descansen
- todos los que fieles nuestra Ley guardaren!
-
-Pero no hay traducción que pueda darnos exacta idea del efecto que la
-canción producía, ni de los desdeñosos aullidos con que _los Cuatro_
-iban diciendo cada palabra de la misma, al oir que las ramas crujían
-cuando, á toda prisa, se encaramaban los hombres á ellas, mientras
-Buldeo comenzaba á repetir encantos y maleficios. Después de esto,
-echáronse y durmieron, porque, como todos los que viven gracias al
-propio esfuerzo, eran de carácter metódico, y nadie puede trabajar bien
-sin dormir.
-
-Entre tanto, iba Mowgli devorando leguas, más de dos por hora,
-balanceando el cuerpo, contentísimo por hallarse tan ágil después de
-todos los meses de sujeción que había pasado entre los hombres. Su idea
-fija era sacar á Messua y á su marido de la trampa, fuera de la clase
-que fuera, porque á él le inspiraban natural desconfianza todas las
-trampas. Más tarde, prometíase pagar con creces las deudas que tenía
-pendientes con la aldea.
-
-Era ya el anochecer cuando vió las tierras de pastos que tan bien
-recordaba, y el árbol de _dhâk_, donde el Hermano Gris le había
-esperado aquella mañana en que mató á Shere Khan. Incomodado, como
-estaba, con toda la raza humana, sintió que algo le oprimía la garganta
-y le obligaba á recobrar con fuerza el perdido resuello cuando tendió
-la vista sobre los tejados de la aldea. Observó que todo el mundo había
-vuelto del campo á hora más temprana de lo acostumbrado, y que en vez
-de ir á cuidar de la cena se reunían en un gran grupo bajo el árbol de
-la aldea, hablando y gritando.
-
---Está visto que los hombres no están contentos más que cuando pueden
-construir trampas para sus semejantes, dijo Mowgli. La otra noche era
-yo... pero de aquella noche parecen haber pasado ya muchas _lluvias_.
-Esta noche son Messua y _su hombre_. Mañana (y muchas noches más
-después de mañana), le llegará otra vez el turno á Mowgli.
-
-Arrastróse á lo largo de la parte exterior del muro hasta llegar á la
-choza de Messua, y, una vez allí, miró por la ventana hacia el interior
-de la habitación. En ella estaba echada Messua, amordazada, atados pies
-y manos, respirando fuertemente y dando gemidos; mientras á su marido
-se le veía amarrado á la cama pintada de alegres colores. La puerta
-de la choza que daba á la calle estaba fuertemente cerrada, y tres ó
-cuatro personas se sentaban con la espalda contra ella.
-
-Conocía Mowgli bastante bien los usos y costumbres de los aldeanos.
-Dedujo, pues, de sus observaciones que mientras pudieran aquéllos
-comer, charlar y fumar nada más que esto habían de hacer; pero en
-cuanto estuvieran hartos comenzarían á ser peligrosos. Dentro de poco
-estaría de vuelta Buldeo, y si su escolta había cumplido con su deber,
-el cazador tendría un interesantísimo cuento más que referir. Así,
-pues, entró por la ventana, y, agachándose junto al hombre y la mujer,
-cortó las ataduras, quitó la mordaza, y buscó en la choza un poco de
-leche.
-
-Estaba Messua medio loca de dolor y de miedo (durante toda la mañana
-había sido apaleada y apedreada), y púsole Mowgli la mano en la boca en
-el preciso momento en que iba ella á dar un chillido, que así se evitó.
-En cuanto á su esposo, no estaba más que desconcertado y colérico á la
-vez, y se sentó limpiándose el polvo é inmundicias que tenía adheridos
-á la barba, medio arrancada.
-
---Ya sabía yo... ya sabía yo que vendría, dijo, al fin, Messua
-sollozando. ¡Ahora sí que sé positivamente que es mi hijo! Y, al
-decirlo, apretaba á Mowgli contra su corazón.
-
-Hasta aquel momento había estado el muchacho completamente sereno;
-pero, entonces, comenzó, de pronto, á temblarle todo el cuerpo, y
-grande fué su sorpresa al notarlo.
-
---¿Qué significan esas ligaduras? ¿Por qué te han atado? preguntó,
-después de un rato de pausa.
-
---¡Verse á punto de morir por haberte hecho nuestro hijo!... ¿Qué otra
-cosa quieres que sea? dijo el hombre con aspereza. ¡Mira! ¡Sangre!
-
-Nada dijo Messua, pero las heridas que Mowgli miraba eran las de ella,
-y ambos, marido y mujer, le oyeron rechinar los dientes cuando vió la
-sangre que de aquéllas manaba.
-
---¿Quién ha hecho esto? dijo. Quien lo haya hecho lo pagará caro.
-
---Toda la aldea ha sido. Era yo demasiado rico. Tenía demasiado ganado.
-_Por lo tanto_, ella y yo somos brujos, por haberte acogido bajo
-nuestro techo.
-
---No lo entiendo. Que me lo cuente Messua.
-
---Yo te dí leche, Natoo. ¿Te acuerdas? dijo Messua con timidez. Te
-la dí porque eras mi hijo, el que el tigre me arrebató, y porque te
-quería de verdad. Dijeron, entonces, que yo era tu madre, la madre de
-un diablo, y que, por lo tanto, merecía la muerte.
-
---Y ¿qué es un diablo? preguntó Mowgli. En cuanto á la muerte la he
-visto ya.
-
-Miró el hombre al muchacho con aire lúgubre, pero Messua se rió.
-
---¿Ves? le dijo á su marido. Ya lo sabía yo... ya decía yo que no era
-él ningún hechicero. ¡Es mi hijo... mi hijo!
-
---Hijo ó hechicero... ¿de qué ha de servirnos ya? contestó el hombre.
-Lo que es nosotros podemos darnos por muertos.
-
---Ahí está el camino de la Selva... dijo Mowgli, señalando á través de
-la ventana. Libres tenéis ya manos y pies. Marchaos ahora mismo.
-
---No conocemos nosotros la Selva, hijo mío, como... como la conoces tú,
-comenzó á decir Messua. No creo, tampoco, que pudiera yo llegar muy
-lejos.
-
---Y hombres y mujeres nos seguirían para arrastrarnos nuevamente hasta
-aquí, añadió el marido.
-
---¡Pché! contestó Mowgli, mientras se hacía cosquillas en la palma de
-la mano con la punta de su cuchillo: no tengo ningunas ganas de causar
-á nadie en la aldea el menor daño... _todavía_; pero no creo que á
-vosotros os detengan. De aquí á un momento tendrán otras muchas cosas
-en que pensar. ¡Ah! añadió levantando la cabeza y escuchando los gritos
-y el ruido de pasos fuera de la casa. ¡De modo que, por fin, han dejado
-volver á Buldeo!
-
---Mandáronle esta mañana para que te matara, gritó llorando Messua. ¿No
-lo encontraste?
-
---Sí... lo encontramos... lo encontré yo. Tiene algo que contar, y,
-mientras lo cuenta, tiempo hay para hacer mucho. Pero antes tengo que
-enterarme de sus propósitos. Pensad á donde queréis ir, y decídmelo
-cuando vuelva.
-
-Saltó por la ventana y corrió, nuevamente, á lo largo del muro de
-la aldea, por su parte exterior, hasta llegar á la distancia en que
-pudiera oir á la muchedumbre reunida alrededor del árbol comunal.
-Buldeo estaba echado en el suelo, tosiendo y gimoteando, y todos le
-agobiaban á preguntas. Llevaba el cabello caído sobre los hombros;
-destrozada la piel de manos y piernas, con tanto encaramarse á los
-árboles; apenas podía hablar; pero estaba profundamente poseído de la
-importancia de su situación. De cuando en cuando pronunciaba algunas
-palabras, hablando de diablos, de canciones por ellos entonadas y de
-encantamientos, lo suficiente para que la muchedumbre fuera haciendo
-boca y preparándose para lo que iba á venir después. Á continuación
-pidió que le trajeran agua.
-
---¡Bah! exclamó Mowgli. ¡Charla... charla! ¡Habladurías! Los hombres
-son hermanos de los _Bandar-log_. Ahora necesita enjuagarse la boca con
-agua; después querrá echar humo por ella; y, cuando haya acabado de
-hacer todo eso, le quedará aún el cuento por contar. Son los hombres
-muy avisados... Nadie será capaz de guardar á Messua, hasta que tengan
-todos bien atiborrados los oídos de las mentiras que cuenta Buldeo.
-Y... y yo me estoy volviendo ya tan perezoso como ellos.
-
-Sacudió el cuerpo, deslizándose, nuevamente, en dirección de la choza.
-Estaba ya sobre la ventana cuando sintió el contacto de algo contra su
-pie.
-
---Madre, dijo, porque inmediatamente comprendió que le tocaba una
-lengua no desconocida para él, ¿qué estás haciendo ahí?
-
---Oí cantar á mis hijos en el bosque, y le seguí los pasos al que
-quiero yo más que á todos. Oye, ranita: tengo deseos de ver á la mujer
-que te dió la leche, dijo Mamá Loba, que venía empapada toda ella de
-rocío.
-
---La han atado y quieren matarla. Pero yo he cortado las ligaduras, y
-ella se escapará con su hombre hacia la Selva.
-
---Yo iré detrás, también. Vieja soy; pero aún tengo dientes.
-
-Enderezóse Mamá Loba sobre sus patas traseras, y miró por la ventana
-hacia el interior de la obscura choza.
-
-Dejóse caer sin ruido al cabo de unos momentos, y no dijo más que esto:
-
---Yo fuí quien te dió la primera leche; pero verdad es lo que dice
-Bagheera: el Hombre siempre vuelve al Hombre.
-
---Es posible, contestó Mowgli descompuesto el rostro, que tomó
-desagradable aspecto; pero lo que es esta noche disto mucho de seguir
-esa pista. Espérame aquí, y procura que no te vea _ella_.
-
---Tú sí que nunca me tuviste miedo, renacuajo mío, añadió Mamá Loba,
-retrocediendo hasta donde crecía la yerba, alta y espesa, y hundiéndose
-allí, para ocultarse como tan bien sabía hacer.
-
---Y ahora, dijo alegremente Mowgli al saltar, de nuevo, dentro de la
-choza, allí están todos, sentados alrededor de Buldeo, que les cuenta
-lo que no ocurrió. Para cuando haya acabado, dicen que seguramente
-vendrán aquí con la Flor... con fuego, quiero decir, y os quemarán á
-los dos. ¿Y entonces?
-
---Ya le he hablado á mi hombre, dijo Messua. Khanhiwara está á siete
-leguas de aquí... pero allí podríamos encontrarnos con los ingleses...
-
---Y ¿de qué manada son éstos? dijo Mowgli.
-
---No sé. Son blancos, y dícese que gobiernan toda esta tierra, y no
-permiten que las gentes se quemen, ó se peguen unos á otros, sin tener
-testigos. Si podemos llegar allí esta noche, viviremos; pero, de lo
-contrario, podemos darnos por muertos.
-
---Vivid, pues. Nadie pasará esta noche por las puertas de la aldea.
-Pero... ¿qué es lo que está haciendo _él_, tu hombre?
-
-El marido de Messua, á gatas, cavaba la tierra en un rincón de la choza.
-
---Son sus ahorrillos, dijo Messua. Es lo único que podemos llevarnos.
-
---¡Ah!... ¡Ya!... Eso que pasa de mano en mano, y siempre está frío.
-¿Es que también fuera de este lugar lo necesitan? dijo Mowgli.
-
-Miróle el hombre fijamente y con aire de malhumor.
-
---Ese es un tonto, y no un diablo, murmuró. Con el dinero podré
-comprar un caballo. Tenemos el cuerpo demasiado adolorido para caminar
-muy lejos, y dentro de una hora toda la aldea se nos vendrá detrás,
-persiguiéndonos.
-
---Pues yo digo que no os seguirán hasta que á mí se me antoje; pero
-no está mal el pensar en procurarse un caballo, porque Messua está
-fatigada.
-
-Levantóse el marido, y ató la última de sus rupias entre la ropa que
-llevaba ceñida á la cintura. Ayudó Mowgli á Messua para que pasara por
-la ventana, y el fresco aire de la noche pareció animarla; pero, á la
-luz de las estrellas, la Selva quedaba muy obscura, y ofrecía temeroso
-aspecto.
-
---¿Sabéis la pista que conduce á Khanhiwara? susurró Mowgli.
-
-Contestaron ellos con un movimiento de cabeza.
-
---Bueno. Tened presente que no habéis de tener miedo. Y ninguna
-necesidad hay de apresurarse. Sólo que... sólo que podría ser que,
-delante y detrás de vosotros, hubiera su poquito de canturreo en la
-Selva.
-
---¿Crees tú que nos hubiéramos arriesgado á pasar una noche en ella por
-nada de este mundo, si no fuera el temor de ser quemados? Al fin y al
-cabo, más vale que le maten á uno las fieras que los hombres, dijo el
-marido de Messua; pero ésta miró á Mowgli y sonrió.
-
---Digo (continuó Mowgli lo mismo que si él fuera Baloo y estuviera
-repitiendo alguna antigua ley de la Selva, por centésima vez, á un
-cachorro algo obtuso), digo que ni un sólo diente de cuantos hay en la
-Selva se clavará en vuestra piel; ni una sola garra se levantará contra
-vosotros. No os cerrarán el paso hombres ni fieras antes de llegar á la
-vista de Khanhiwara. Ya tendréis quien os vigile.
-
-Volvióse Mowgli prontamente hacia Messua y añadió:
-
---_Él_ no me cree; pero tú, al menos, ¿me querrás creer?
-
---¡Ay, hijo mío! Con toda el alma. Seas hombre, duende ó lobo de la
-Selva, yo te creo.
-
---_Él_ tendrá miedo cuando oiga cantar á mi gente. Tú, enterada ya, lo
-comprenderás. Andad ahora, y despacio, porque ninguna necesidad hay de
-apresurarse. Las puertas de la aldea están cerradas.
-
-Arrojóse Messua sollozando á los pies de Mowgli; pero él la levantó
-en seguida, sintiendo como un escalofrío. Echóle ella, entonces, los
-brazos al cuello, y colmóle de bendiciones en cuantas formas se le
-ocurrieron; pero, entre tanto, su marido miró con envidiosos ojos hacia
-sus propios campos y dijo:
-
---Como logremos llegar á Khanhiwara y me haga yo oir de los ingleses,
-les pongo un pleito al brahmán, al viejo Buldeo y á los demás, que se
-va á comer vivos á todos los de la aldea. ¡Ya les haré yo pagar doble
-de lo que valen mis cosechas abandonadas y mis búfalos sin cuidar! Haré
-en ellos un escarmiento: justicia seca.
-
-Mowgli echóse á reir.
-
---No sé, dijo, lo que justicia sea; pero... volved aquí para las
-próximas lluvias y veréis lo que habrá quedado.
-
-Alejáronse en dirección de la Selva, y Mamá Loba saltó entonces del
-sitio en que estaba escondida.
-
---¡Síguelos! ordenóle Mowgli, y cuida de que sepa toda la Selva que
-éstos dos han de pasar sanos y salvos. Haz que corra la voz. Yo
-llamaría á Bagheera.
-
-El largo, grave aullido alzóse y se extinguió luego, y Mowgli vió como
-el esposo de Messua vacilaba y se volvía en redondo, casi decidido á
-echar á correr, retrocediendo á la choza.
-
---¡Adelante! gritó alegremente Mowgli. Ya os dije que habría su
-poquillo de canto. Este grito os irá siguiendo hasta que lleguéis á
-Khanhiwara. Es una prueba de amistad que os da la Selva.
-
-Hizo Messua que su marido siguiera adelante, y se perdieron en la
-obscuridad ellos y Mamá Loba, mientras Bagheera se levantaba del suelo,
-casi á los pies de Mowgli, temblorosa del júbilo que le inspiraba la
-noche, que posee la virtud de volver feroz al Pueblo de la Selva.
-
---Estoy avergonzada de ver qué hermanos tienes, dijo con susurro de
-gata.
-
---¿Qué? ¿No era dulce la canción que le cantaron á Buldeo? contestó
-Mowgli.
-
---¡Demasiado! ¡Demasiado! Hasta á mí me hicieron olvidarme de mi
-dignidad, y,--¡por el cerrojo que me libertó!--te aseguro que también
-yo fuí cantando por la Selva, ni más ni menos que si estuviera haciendo
-el amor en la primavera. ¿No me oiste?
-
- [Ilustración]
-
---Otra caza traía yo entre manos. Pregúntale á Buldeo si le gusta la
-canción. Pero ¿dónde están _los Cuatro_? No quiero que ni uno de los de
-la manada humana cruce esta noche las puertas de la aldea.
-
---¿Para qué se necesitan, pues, _los Cuatro_? dijo Bagheera preparando
-las garras, llameándole los ojos y subiendo de tono más que nunca
-su sordo ronquido. Yo puedo detener á quien sea preciso, Hermanito.
-¿Habrá, que matar á alguien, al fin? El cantar y la vista de los
-hombres encaramándose á los árboles me han puesto en muy buena
-disposición para ello. ¿Y quién es el Hombre para que le guardemos
-consideraciones... ese cavador moreno y desnudo... que ni tiene pelo ni
-dientes... y que se alimenta de tierra? Yo lo he seguido todo el día...
-por la tarde... á la blanca luz del sol. Yo le he hecho ir delante
-de mí como los lobos hacen con el gamo. ¡Yo soy Bagheera! ¡Bagheera!
-¡Bagheera! ¡Como bailo con mi sombra así bailaba con aquellos hombres!
-¡Mira!
-
-La enorme pantera saltó como salta un gatito para cojer la hoja seca
-que da vueltas por encima de su cabeza; dió zarpazos en el aire á
-derecha é izquierda, haciendo silbar aquel con los golpes; se dejó
-caer de nuevo, sin el menor ruido, y volvió á saltar una y otra
-vez, mientras la especie de ronquido ó de gruñido que producía iba
-creciendo, como el vapor que ruge sordamente dentro de una caldera.
-
---Soy Bagheera... en medio de la Selva... en plena noche, y estoy en
-posesión de todas mis fuerzas. ¿Quién me resiste al atacar? Hombrecito,
-de un zarpazo podría echarte al suelo la cabeza, tan aplastada como si
-fuera una rana muerta en mitad del verano.
-
---¡Pega, pues! dijo Mowgli en el dialecto de la aldea, no en
-el lenguaje de la Selva, y las palabras humanas hicieron parar
-instantáneamente á Bagheera, obligándola á sentarse temblando y
-con la cabeza al mismo nivel que la de Mowgli. Una vez más miróla
-éste fijamente (como había mirado antes á los cachorros cuando se
-le rebelaron), en mitad de los ojos, de un color verde de berilo,
-hasta que la roja, deslumbradora llamarada que parecía brillar detrás
-del verde se extinguió, como la luz de un faro que apagan á larga
-distancia; hasta que los ojos se bajaron, y, con ellos, la enorme
-cabeza fué inclinándose también... baja... más baja á cada instante, y
-el encarnado rallo de una lengua vino á frotar el pie de Mowgli por el
-empeine.
-
---¡Hermana! ¡Hermana! ¡Hermana! murmuraba el muchacho acariciando
-con firmeza y suavidad á la vez á la pantera, desde el cuello hasta
-la espalda, que con la caricia se arqueaba. ¡Estate quieta! ¡Estate
-quieta! No es culpa tuya, sino de la noche.
-
---Sí, los olores de la noche, dijo Bagheera con aspecto de
-arrepentimiento. Este aire parece que me esté hablando á gritos. Pero
-¿y _tú_ cómo sabes eso?
-
-Claro está que, alrededor de una aldea india, hállase el aire
-impregnado de toda clase de olores, y para cualquier animal que tiene
-el olfato casi como único vehículo del pensamiento, los olores poseen
-la virtud de enloquecer, casi tanto como la música y ciertas drogas
-la tienen respecto á los seres humanos. Mowgli acarició á la pantera
-durante algunos minutos más, y ésta se tendió como un gato ante el
-fuego, metidas las patas bajo el pecho, y medio cerrados los ojos.
-
---Tú eres y _no eres_ uno de los de la Selva, dijo, al fin. Y yo no soy
-más que una pantera negra. Pero te quiero, Hermanito.
-
---Mucho se prolonga la conversación de ésos, allá á la sombra del
-árbol, dijo Mowgli sin prestar atención á las últimas palabras de la
-pantera. Buldeo debe de haberles contado infinidad de cuentos. Pronto
-vendrán á sacar de la trampa á la mujer y al hombre para ponerlos
-sobre la Flor Roja; pero se encontrarán con que la trampa se ha
-abierto. ¡Ja! ¡Ja!
-
---¡Vaya, escucha! dijo Bagheera. Ya se me ha pasado la fiebre.
-Permíteme ir á allí para que cuando vayan ellos se encuentren conmigo.
-Pocos serían los que salieran de sus casas después de verme á mí. No
-será esta la primera vez que me he visto metida en una jaula, y no creo
-que á mí me amarren con cuerdas.
-
---Pues ten juicio, contestó Mowgli riendo, porque empezaba él mismo á
-sentirse tan atrevido como la pantera, que se había ya deslizado dentro
-de la choza.
-
---¡Uf! gruñó Bagheera. Este sitio apesta á Hombre; pero aquí veo una
-cama parecida precisamente á la que me dieron para que me acostara en
-las jaulas de Oodeypore. Deja que me eche en ella.
-
-Mowgli oyó crugir las cuerdas de la cama, que formaban el fondo de
-ésta, con el peso de la enorme fiera, al tenderse encima.
-
---Por el cerrojo que me libertó, te aseguro, continuó, que han de decir
-que ésta es caza mayor. Ven y siéntate á mi lado, Hermanito, que así
-les gritaremos juntos: «¡Buena suerte!»
-
---No; otra idea me bulle á mí en la cabeza. No ha de saber la manada de
-los hombres la parte que tengo yo en ese juego. Caza tú sola. No quiero
-verlos.
-
---¡Sea! dijo Bagheera. ¡Ah! Ahora vienen.
-
-La conferencia celebrada á la sombra del árbol, allá al extremo de la
-aldea, había ido convirtiéndose en ruidosísima. Estalló, al fin, en
-salvajes alaridos y en una especie de alud de hombres y mujeres que
-remontaban la calle blandiendo garrotes, bambúes, hoces y cuchillos. Al
-frente iban Buldeo y el brahmán; pero la turba los seguía pisándoles
-los talones y gritando:
-
---¡Á la bruja y al brujo! ¡Vamos á ver si la moneda enrojecida al
-fuego les hará confesar! ¡Ya les enseñaremos á recoger lobos ó diablos!
-¡No, mejor será apalearlos primero! ¡Antorchas! ¡Más antorchas!
-¡Calienta el cañón de la escopeta, Buldeo!
-
-Surgió aquí una pequeña dificultad: el pestillo de la puerta estaba
-cerrado y asegurado fuertemente; pero la multitud lo arrancó por
-completo, precipitándose la luz de las antorchas en la habitación
-donde, tendida cuan larga era sobre la cama, cruzadas las patas, y
-colgando un poco hacia un lado, negra como el abismo y terrible como un
-diablo, estaba Bagheera. Hubo, entonces, cosa de medio minuto de mortal
-silencio, mientras los de las primeras filas de la multitud, para
-abrirse paso, clavaban las uñas en los que tenían detrás, retrocediendo
-desde el umbral, y en aquel mismo instante levantó Bagheera la
-cabeza y bostezó... bostezó trabajosa, cuidadosamente, con verdadera
-ostentación, como tenía por costumbre hacer cuando quería insultar
-á alguno de sus iguales. Sus labios se encogieron y levantaron; su
-roja lengua se enroscó; su quijada inferior fué bajándose, bajándose,
-hasta mostrar la mitad del hirviente gaznate, y los enormes caninos se
-destacaron en las encías, hasta que los superiores y los inferiores
-sonaron con metálico ruido al chocar, como las aceradas guardas de una
-cerradura que vuelven á su sitio en los bordes de un arca. Un momento
-después la calle estaba vacía; Bagheera había saltado otra vez por la
-ventana y se hallaba al lado de Mowgli; y, entre tanto, un verdadero
-torrente de personas huía dando alaridos, gritando desaforadamente,
-atropellándose unos á otros, con el pánico que les dominaba y la prisa
-para llegar cada uno á su propia choza.
-
---No se moverán de allí hasta que se haga de día, dijo suavemente
-Bagheera. ¿Y ahora, qué más?
-
-Parecía como si el silencio de la siesta se hubiera apoderado de la
-aldea; pero, escuchando atentamente, oyeron el ruido de pesadas cajas
-de las que sirven para guardar el grano, y que eran arrastradas sobre
-suelos de tierra para colocarlas contra las puertas. Tenía razón
-Bagheera: la gente de la aldea no se movería ya más hasta que se
-hiciera de día. Mowgli se sentó en silencio y púsose á pensar, mientras
-su rostro iba adquiriendo á cada momento tinte más sombrío.
-
---Pero ¿qué he hecho yo? dijo Bagheera, por fin, echándose á sus pies
-con aire zalamero.
-
---Nada más que un gran bien. Obsérvalos hasta que apunte el día. Yo me
-voy á dormir.
-
-Corrió Mowgli hacia la Selva y dejóse caer como muerto sobre una roca,
-donde durmió, sin interrupción, todo el día y toda la noche siguiente.
-
-Al despertarse, Bagheera estaba á su lado, y á los pies tenía un gamo
-que aquélla acababa de matar. Miraba la pantera curiosamente, mientras
-Mowgli comenzó á manejar el cuchillo, comió, bebió, y volvióse, al fin,
-de lado, con la barba apoyada en las manos.
-
---El hombre y la mujer han llegado sanos y salvos á la vista de
-Khanhiwara, dijo Bagheera. Tu madre mandó el aviso por medio de Chil,
-el milano. Hallaron un caballo antes de media noche (de la noche en que
-quedaron libres), y pudieron así alejarse con toda velocidad. ¿No te
-alegras de eso?
-
---Bien está, contestó Mowgli.
-
-Y tu manada humana, allá en la aldea, no se ha movido hasta que el
-sol estaba ya alto, esta mañana. Entonces, tomaron su alimento, y
-corrieron, de nuevo, hacia sus casas.
-
---¿Te vieron, por casualidad?
-
---Es posible. Estaba yo revolcándome á la hora del alba ante la puerta,
-y podría ser, también, que hubiera cantado un poco por divertirme.
-Ahora, Hermanito, no queda ya más que hacer. Vente á cazar conmigo y
-con Baloo. Ha hallado unas colmenas nuevas que quiere enseñar, y todos
-nosotros deseamos que vuelvas, como antes, á estar en nuestra compañía.
-¡No mires así, que hasta á mí me das miedo! Ni el hombre ni la mujer
-serán puestos ya sobre la Flor Roja, y todo va bien ahora en la Selva.
-¿No es cierto? Olvidemos á la manada de los hombres.
-
---La olvidaremos de aquí á un rato. ¿Dónde comerá esta noche Hathi?
-
---Donde se le antoje. ¿Quién es capaz de decir lo que hará el
-Silencioso? Pero ¿por qué lo preguntas? ¿Qué puede hacer aquí Hathi que
-no podamos nosotros?
-
---Dile que venga con sus tres hijos á encontrarme.
-
---Pero... verdaderamente, Hermanito... no está bien que se le diga
-á Hathi: «ven», ó «márchate». Acuérdate de que él es el dueño de la
-Selva, y de que antes que la manada de los hombres cambiara el aspecto
-de tu rostro, él te enseñó las _palabras mágicas_ de la Selva.
-
---Lo mismo da. Yo tengo ahora una _palabra mágica_ contra él. Dile que
-venga á encontrar á Mowgli, la Rana; y, si no te escucha á la primera
-vez, dile que venga _por la destrucción de los campos de Bhurtpore_.
-
---_La destrucción de los campos de Bhurtpore_, repitió Bagheera dos ó
-tres veces, para estar segura de recordar las palabras. Voy en seguida,
-continuó. Lo peor que puede suceder es que Hathi se enfade, y daría yo
-toda la caza que puedo matar desde una luna á otra para oir una palabra
-mágica que pudiera obligar al Silencioso á hacer algo.
-
-Marchóse, pues, dejando á Mowgli ocupado en dar furiosas cuchilladas
-á la tierra con su cuchillo de desollador. No había visto Mowgli en
-su vida sangre humana hasta que vió, y (lo que para él significaba
-mucho más) olió la sangre de Messua sobre las ligaduras con que la
-ataron. Y Messua había sido bondadosa con él, y, en cuanto al muchacho
-se le alcanzaba del cariño, la quería tan de veras como de verdad
-odiaba á todo el resto de la humanidad. Pero por profundo que fuera su
-aborrecimiento á los hombres, á su charla, su crueldad y su cobardía,
-por nada de cuanto pudiera ofrecerle la Selva se hubiera él decidido á
-arrebatar una sola vida humana, y á sentir ese terrible olor de sangre,
-fijo en su olfato nuevamente. Mucho más sencillo era su plan; pero
-mucho más completo también, y, á solas, se reía él cuando pensaba que,
-precisamente, uno de los cuentos que refería Buldeo bajo el árbol, al
-caer de la tarde, era lo que le había suscitado la idea.
-
---Verdaderamente fué una palabra mágica, murmuró á su oido Bagheera.
-Estaban comiendo junto al río, y obedecieron como si fueran bueyes.
-Míralos: ya vienen.
-
-Habían llegado Hathi y sus tres hijos del modo que era en ellos
-habitual: sin producir el menor ruido. En los costados llevaban aun
-fresco el barro del río, y Hathi mascaba pensativo el verde tallo de
-un plátano que acababa de arrancar con los colmillos. Pero no había en
-todo su enorme cuerpo una sola línea que no le demostrara á Bagheera
-(capaz de ver las cosas con claridad cuando las tenía delante) que
-no asistía á una entrevista entre el dueño de la Selva y un humano
-cachorro, sino entre alguien que se presentaba con miedo y otro que
-carecía de él en absoluto. Los tres hijos se balanceaban, uno al lado
-de otro, detrás de su padre.
-
-Mowgli levantó apenas la cabeza cuando Hathi le saludó con el grito
-de: _¡Buena suerte!_ Túvole mucho rato, antes de hablar, meciéndose,
-levantando una pata y después otra; y, al fin, cuando despegó los
-labios, fué para dirigirse á Bagheera, no á los elefantes.
-
---Voy á contar un cuento que me refirió á mí el cazador que fuíste tú á
-cazar hoy, dijo Mowgli. Es relativo á un elefante, viejo y sabio; que
-cayó en una trampa, y al cual el palo afilado que había en el fondo de
-ella le produjo una herida desde un poco más arriba de una pata hasta
-la parte alta del hombro, dejándole una señal blanca.
-
-Tendió aquí Mowgli la mano, y, como Hathi se moviera, la luz de la luna
-hizo visible una larga cicatriz blanca sobre el costado de color de
-pizarra, cicatriz semejante á la que podría dejar un látigo metálico
-calentado al rojo.
-
---Unos hombres vinieron á sacarle de la trampa, continuó Mowgli; pero
-él rompió las cuerdas con que lo ataron, porque fuerzas tenía para
-ello, y se marchó, esperando, luego, á que se le hubiera cerrado
-la herida. Entonces volvió, furioso, de noche, á los campos de los
-cazadores aquéllos. Y ahora recuerdo que tenía tres hijos. Todo eso
-sucedió hace muchas, muchísimas _lluvias_, y lejos, muy lejos, allá por
-los campos de Bhurtpore. ¿Qué ocurrió en esos campos al venir la época
-de la siega, Hathi?
-
---Que los había ya segado yo, junto con mis tres hijos, contestó Hathi.
-
---¿Y respecto á la labor de arado que sigue á la siega? dijo Mowgli.
-
---Que no se dió, dijo Hathi.
-
---¿Y en cuanto á los hombres que viven cerca de los verdes cultivos que
-sustenta la tierra? preguntó Mowgli.
-
---Se marcharon.
-
---¿Y qué fué de las chozas en que dormían los hombres? dijo Mowgli.
-
---Sus techos, los hicimos pedazos nosotros, y la Selva se tragó las
-paredes, contestó Hathi.
-
---Y ¿qué más? dijo Mowgli.
-
---Tanto terreno cultivable como puedo yo recorrer en dos noches, yendo
-de Este á Oeste, y en tres, de Norte á Sur, pasó á ser dominio de la
-Selva. Sobre cinco aldeas arrojamos nosotros á los que la pueblan; y
-en ellas, y en sus terrenos, sean de los de pastos ó de los de labor,
-no hay hoy un solo hombre que se alimente de lo que produce la tierra.
-Esto fué _la destrucción de los campos de Bhurtpore_, realizada por mí
-y por mis tres hijos; y ahora te pregunto yo, Hombrecito, añadió Hathi
-¿cómo tuviste tú noticia de todo esto?
-
---Un hombre fué quien me lo dijo, y ahora observo que hasta él, Buldeo,
-es capaz de decir la verdad. Bien hiciste las cosas, Hathi, el de la
-cicatriz blanca; pero la segunda vez se harán aun mejor, porque habrá
-un hombre que las dirija. ¿Conoces la aldea en que vive la manada
-humana que me arrojó á mí de aquélla? Todos son allí perezosos, sin
-sentido común y crueles; se entretienen en jugar con la boca y no matan
-al débil para comérselo, sino por diversión. Cuando están hartos serían
-capaces de echar sobre la Flor Roja á sus propios hijos. Yo lo he
-visto. No está bien que sigan viviendo aquí por más tiempo. ¡Les tengo
-odio!
-
---¡Mata, pues! dijo el más joven de los hijos de Hathi cogiendo un
-manojo de yerba, sacudiéndolo entre sus patas delanteras y arrojándolo
-lejos, mientras sus ojos, pequeños y rojizos, miraban de soslayo á uno
-y otro lado.
-
---¿Y para qué necesito yo huesos blancos? contestó Mowgli con malhumor.
-¿Soy acaso algún lobato para entretenerme jugando al sol con algún
-cráneo? Maté á Shere Khan, y su piel se pudre allá sobre la Peña del
-Consejo; pero... pero no sé adonde ha ido á parar él, y vacío de su
-carne tengo aun el estómago. Esta vez quiero algo que pueda yo verlo y
-tocarlo. ¡Lanza á la Selva en masa contra la aldea, Hathi!
-
-Al oir esto estremecióse Bagheera y se acurrucó. Comprendía ella,
-suponiendo que se llevaran las cosas hasta el extremo, una rápida
-embestida por la calle del pueblo y unos cuantos golpes repartidos á
-diestro y siniestro entre la multitud, ó bien el matar por astutos
-medios á algunos hombres, mientras araban, allá á la hora del
-crepúsculo; pero ese proyecto de borrar deliberadamente de la vista de
-hombres y de fieras á toda una aldea la aterrorizaba. Ahora comprendía
-porque Mowgli había mandado llamar á Hathi. Nadie más que el elefante,
-que tan larga vida contaba, podía trazar el plan de semejante guerra y
-llevarla á cabo.
-
---Que corran como corrieron los hombres que cultivaban los campos de
-Bhurtpore, hasta que el agua de lluvia sea el único arador que trabaje
-la tierra... hasta que el ruido de aquélla, al caer sobre las hojas,
-venga á reemplazar al del huso... hasta que Bagheera y yo podamos
-echarnos en la casa del brahmán, y el gamo vaya á beber en el estanque
-que hay detrás del templo... ¡Lanza sobre esa gente á toda la Selva,
-Hathi!
-
---Pero yo... pero nosotros no tenemos cuestión alguna pendiente con
-ellos, y es preciso sentir toda la rabia que un gran dolor da para
-destrozar los sitios donde los hombres duermen, dijo Hathi dudando.
-
---¿Sois vosotros, acaso, los únicos que coméis yerba en la Selva?
-Trae á todas tus gentes. Deja que se encarguen de ello el ciervo, el
-jabalí y el _nilghai_. No tenéis vosotros necesidad ni de que os vean
-un palmo de piel hasta que los campos hayan quedado ya completamente
-limpios. ¡Lanza á toda la Selva allí, Hathi!
-
---¿No habrá matanza? Rojos de sangre tenía los colmillos cuando la
-destrucción de los campos de Bhurtpore, y no quisiera despertar
-nuevamente el olor que sentí entonces.
-
---Ni yo tampoco. No desearía ni ver siquiera cómo sus huesos andan
-esparcidos por la desnuda tierra. Que se vayan y busquen nuevos
-cubiles: no pueden quedarse aquí. He visto, he sentido el olor de la
-sangre de la mujer que me alimentó... de la mujer á quien hubieran
-matado ellos á no haber sido por mí. Sólo el olor de la yerba fresca
-creciendo sobre los umbrales de sus casas puede borrar de mi memoria el
-otro. Parece como que me queme la boca. ¡Lanza sobre ellos á toda la
-Selva, Hathi!
-
---¡Ah! dijo éste, así me quemaba á mí la piel la herida que me hizo
-aquella estaca, hasta que vimos como desaparecían las aldeas con el
-crecimiento de la vegetación en la primavera. Ahora me hago cargo de
-todo. Tu guerra la considero ya como nuestra. ¡Lanzaremos á toda la
-Selva sobre ellos!
-
-Apenas tuvo Mowgli tiempo de recobrar el perdido aliento (todo él
-temblaba de coraje y de odio) cuando ya el sitio donde habían estado
-los elefantes se hallaba vacío, y Bagheera le contemplaba á él como
-aterrorizada.
-
---¡Por el cerrojo que me dejó escapar!... dijo, al fin, la pantera
-negra, ¿eres tú aquella cosita desnuda en favor de la cual hablé en la
-manada cuando todas las cosas eran más jóvenes que ahora? ¡Dueño de la
-Selva, cuando pierda yo mis fuerzas habla en favor mío... habla también
-en favor de Baloo... defiéndenos á todos nosotros! ¡Ante tí no somos
-más que cachorros... ranillas que tu pie destroza... cervatos que han
-perdido á su madre!
-
-La idea de que Bagheera fuera un cervatillo perdido causó tal impresión
-en Mowgli que se echó á reir, perdió el aliento, volvió á recobrarlo y
-á perderlo, riéndose siempre, hasta que, al fin, tuvo que zambullirse
-en una laguna para que se le parara la risa. Entonces, púsose á nadar
-dando vueltas en ella, hundiéndose en el agua, de cuando en cuando, ora
-á la luz de la luna, ora fuera de ella, como una rana, como el animal
-que lleva el mismo nombre que á él le daban.
-
-Entretanto, Hathi y sus tres hijos habían partido separados, en
-dirección de los cuatro puntos cardinales, y se alejaban á grandes
-pasos por los valles, á un cuarto de legua de distancia. Siguieron
-andando así durante dos días (ó sea anduvieron más de quince leguas)
-á través de la Selva; y cada paso que dieron y cada balanceo de sus
-trompas era visto, observado cuidadosamente y comentado por Mang, Chil,
-el Pueblo de los monos y todos los pájaros. Luego empezaron á comer, y
-comieron tranquilamente por espacio de una semana, ó cosa así. Hathi
-y sus hijos son parecidos á Kaa, la serpiente pitón de la Peña: no se
-apresuran, más que cuando hay necesidad de hacerlo.
-
-Pasado este tiempo, y sin que nadie supiera el origen del rumor,
-comenzó á esparcirse por la Selva el de que en tal ó cual valle podían
-hallarse mejor comida y agua de lo acostumbrado. Los jabalíes (que son
-capaces de ir al fin del mundo para procurarse algo bueno que comer)
-empezaron á marcharse por grandes grupos, empujándose unos á otros
-por encima de las rocas; siguiéronles los ciervos, con las pequeñas y
-salvajes zorras que viven de los muertos y moribundos que hay en las
-manadas de aquéllos; el _nilghai_, de pesados hombros, marchó en línea
-paralela con los ciervos, y los búfalos que viven en los pantanos
-fuéronse también detrás del _nilghai_. La cosa más insignificante
-hubiera bastado para hacer que se volvieran las esparcidas é indóciles
-manadas, que pacían de cuando en cuando, vagaban de una parte á otra,
-bebían, y volvían á pacer; pero, siempre que se producía alguna alarma,
-no faltaba quien se encargara de apaciguarlos á todos. Unas veces
-era Sahi, el puerco espín, que venía con grandes noticias de cosas
-excelentes que podían comerse con sólo ir un poco más hacia adelante;
-otras era Mang el que gritaba dando ánimos, y se lanzaba por un claro
-de bosque para enseñar que nada había que estorbara el paso; ó Baloo,
-llena la boca de raíces, caminaba, bamboleándose, á lo largo de alguna
-indecisa fila, y, mitad asustando á todos, mitad retozando con ellos,
-les obligaba á tomar el verdadero camino. Muchos de los animales se
-volvieron atrás, se escaparon, ó dejaron de sentir ya interés por
-aquella marcha; pero también quedaron otros muchos decididos á seguir
-adelante. Al cabo de unos diez días, la situación era la siguiente:
-los ciervos, jabalíes, y _nilghais_ iban pulverizándolo todo, en un
-círculo de dos leguas ó dos leguas y media de radio, mientras los
-animales carnívoros libraban sus escaramuzas en los bordes de aquel
-gran círculo. Y el centro de éste era la aldea; y alrededor de ella
-iban madurando las cosechas; y en medio de los campos que las contenían
-había hombres sentados en lo que allí se llaman _machans_ (plataformas
-parecidas á palomares, hechas de palos colocados sobre cuatro puntales)
-para espantar á los pájaros y á los ladrones de otra clase. Entonces
-no hubo ya más contemplaciones con los ciervos: los carnívoros,
-colocándose detrás de ellos, los empujaron hacia adelante, al propio
-tiempo que hacia lo interior del círculo.
-
-Cuando Hathi y sus tres hijos llegaron de la Selva, como deslizándose,
-y rompieron con la trompa los puntales de los _machans_, era una noche
-obscura. Cayeron éstos como si fueran rotos tallos de cicuta en flor,
-y los hombres que junto con ellos vinieron al suelo se encontraron
-con que á su lado resonaba el ruido gutural que hacen los elefantes.
-Entonces, la vanguardia de los azorados ejércitos de ciervos lanzóse,
-como una inundación, sobre las tierras de pastos y de cultivo,
-pertenecientes á la aldea; el jabalí de agudas pezuñas é inclinado á
-hozar, fuése, también, con ellos, con lo cual lo que el ciervo dejaba
-lo estropeaba él; y, de cuando en cuando, algún alboroto producido por
-los lobos agitaba á todas las manadas y las hacía correr de un lado á
-otro como locas, pisoteando la cebada verde y cegando las acequias.
-Antes de que apuntara el alba, la presión sobre la parte exterior del
-círculo cedió en uno de los puntos de éste. Los carnívoros habían
-retrocedido, dejando abierto el paso en dirección al Sur, y por allí se
-escapaban los gamos á manadas.
-
-De los demás animales, otros, más atrevidos, se tendían entre los
-matorrales para terminar la comida á la noche siguiente.
-
-Pero el trabajo puede decirse que estaba ya hecho. Cuando los aldeanos
-miraron hacia sus campos, por la mañana, vieron que las cosechas
-estaban perdidas. Y eso significaba que la muerte se hallaba cercana
-para ellos si no se marchaban, porque, un año sí y otro no, vivían tan
-próximos á morirse de hambre como próxima á ellos tenían la Selva.
-Al mandar á los búfalos para que fueran á pacer, los hambrientos
-animales se hallaron con que los ciervos habían dejado ya limpias todas
-las tierras de pastos, y así vagaron de un lado á otro por la Selva
-esparciéndose y yendo á juntarse con sus semejantes no domesticados;
-luego, al llegar la hora del crepúsculo, los tres ó cuatro caballitos
-que había en la aldea fueron hallados muertos en sus establos, con la
-cabeza destrozada. Sólo Bagheera podía haber dado golpes como aquéllos,
-y sólo á ella se le hubiera ocurrido la insolente idea de arrastrar el
-último cuerpo muerto hasta la calle.
-
-No les quedaron á los aldeanos ánimos para encender fogatas en los
-campos aquella noche, y así Hathi y sus tres hijos fueron espigando
-entre lo que había quedado, y donde espiguea Hathi no hay necesidad de
-que nadie vaya detrás de él. Decidieron los hombres vivir del trigo
-que guardaban para semilla, hasta que vinieran las lluvias, y entonces
-ponerse á servir como criados para recuperar, con lo que ganaran, lo
-perdido aquel año; pero mientras el negociante de granos estaba ya
-pensando en sus repletos graneros y en los precios que podría obtener
-al vender lo almacenado, los afilados colmillos de Hathi arrancaban
-toda una esquina de su casa, hecha de tapia, y rompían la gran arca
-de mimbres, cubierta de amontonado estiércol de vaca, en la cual se
-guardaba el precioso grano.
-
-Al descubrirse esta última pérdida llegó para el brahmán el momento
-oportuno de hablar. Hasta entonces había estado rezándoles á sus
-propios dioses sin obtener de ellos contestación. Podría ser, dijo,
-que, inadvertidamente, hubiera la aldea ofendido á alguno de los dioses
-de la Selva, porque era indudable que ésta se había puesto en contra de
-ellos. Como consecuencia de tales palabras mandaron á buscar al jefe
-de la más próxima tribu de gondos errantes (gente pequeña, lista y muy
-negra de color, que vive, dedicándose á la caza, en el corazón de la
-Selva, y cuyos antepasados fueron la raza más antigua de la India), los
-propietarios aborígenes de aquella tierra. Obsequiaron al gondo con lo
-poco que les quedaba, y él sosteníase sobre una pierna, arco en mano,
-y atravesados en el moño que formaban sus recogidos cabellos dos ó tres
-dardos envenenados, siendo su aspecto de temor y desprecio, á la vez,
-hacia los aldeanos, que le miraban ansiosos, y hacia sus destruidos
-campos. Deseaban saber, los que le consultaban, si sus dioses (los
-antiguos dioses) estaban incomodados con ellos, y qué sacrificios
-había que ofrecerles. El gondo no dijo una palabra, pero cogió unos
-sarmientos de _karela_, la especie de vid que produce amargas calabazas
-silvestres, y los puso entrelazados sobre la puerta del templo, frente
-á la cara de la roja imagen india cuyos ojos parecían mirar fijamente.
-Entonces, hizo un signo, como empujando con la mano en el espacio, en
-dirección del camino que conducía á Khanhiwara, y volvióse á su Selva,
-observando á los animales que la poblaban moverse en todas direcciones
-á través de ella. Bien sabía que cuando toda la Selva empieza á ponerse
-en movimiento sólo los hombres blancos son capaces de meterla en
-cintura.
-
-No había necesidad de preguntar lo que significaba la predicción. Las
-calabazas silvestres crecerían en adelante en el sitio donde habían
-ellos adorado á su dios, y, cuanto antes mejor, convenía que todos se
-pusieran en salvo.
-
-Pero es difícil arrancar á una aldea en masa del sitio en que parece
-estar sujeta con amarras. Allí siguieron sus habitantes mientras les
-quedaron comestibles de los usados en verano, y hasta probaron de
-alimentarse recogiendo nueces en la Selva; pero unas sombras de ojos
-brillantes les observaban, pasando ante ellos aun en mitad del día; y,
-cuando retrocedían corriendo hasta las paredes de sus chozas, notaban
-que los troncos de los árboles, por delante de los cuales habían pasado
-hacía menos de cinco minutos, tenían la corteza arrancada á tiras,
-y aparecían llenos de señales, hechas, como á cincel, por alguna
-enorme garra. Cuanto más se encerraban en su aldea, más atrevidas
-se volvían las fieras, que corrían por los prados rugiendo, junto
-al río Wainganga. Ni tiempo les quedaba para recomponer las paredes
-posteriores de los establos que daban hacia la Selva: el jabalí las
-pisoteaba; las vides silvestres, de nudosas raíces, se apresuraban,
-luego, á clavar sus codos sobre la tierra que acababan de conquistar,
-y, al fin, la gruesa yerba erizaba allí sus puntas, como las lanzas de
-un ejército de fantasmas que persiguiera á otro en retirada.
-
-Los hombres solteros fueron los primeros en huir, y esparcieron por
-todas partes la noticia de que la aldea estaba condenada á desaparecer.
-¿Quién podía luchar, decían, contra la Selva, ó contra sus dioses,
-cuando hasta la misma cobra de la aldea había abandonado el agujero que
-ocupaba en la plataforma, bajo el árbol á cuya sombra se celebraban
-las reuniones? Así, el escaso comercio que allí se practicaba con el
-mundo exterior fué reduciéndose, como los caminos trillados, en los
-claros de la maleza, fueron disminuyendo y borrándose. Al fin, los
-trompeteos nocturnos de Hathi y de sus tres hijos dejaron de molestar
-á los aldeanos, porque nada les quedaba ya que pudiera serles robado.
-La cosecha que había sobre la tierra y la semilla enterrada bajo ella
-habían desaparecido por igual. Los campos distantes perdían su antigua
-forma, y la hora había ya llegado de acogerse á la caridad de los
-ingleses que vivían en Khanhiwara.
-
-Siguiendo la costumbre indígena, retrasaron los aldeanos su partida,
-dejándola de un día para otro, hasta que las primeras lluvias les
-cogieron desprevenidos; los abandonados techos de las chozas dieron
-paso á torrentes de agua; las tierras destinadas á pastos se inundaron
-hasta la altura del tobillo; y toda vida pareció renacer allí con
-fuerza tras los calores del verano. Entonces echaron á andar por el
-barro (hombres, mujeres y niños), bajo la lluvia matinal que les
-cegaba; pero se volvieron, por un impulso natural, para dar el último
-adiós á sus hogares.
-
-En el momento en que atravesaba las puertas de la aldea la última
-familia, agobiada bajo el peso de los fardos, oyóse ruido de bigas y
-techos de bálago que se hundían detrás de los muros. Vieron entonces
-una trompa negra y brillante, parecida á una serpiente, levantada
-en alto por un momento y ocupada en esparcir el bálago hervido.
-Desapareció, y pronto pudo oirse el ruido de otro hundimiento al que
-siguió un agudo grito. Hathi había estado arrancando techos de las
-chozas como quien arranca nenúfares, y una biga le había alcanzado
-al caer. No necesitaba más que esto para mostrar toda su contenida
-fuerza, porque, de cuantos seres hay en la Selva, el elefante salvaje,
-cuando está furioso, es el más destructor por maldad, por gusto. Dió
-una patada á una pared de tapia, que se deshizo con el golpe, y,
-desmenuzándose, se convirtió en amarillo barro, gracias al torrente de
-agua que caía. Entonces, volvióse en redondo, y, dando agudos gritos,
-lanzóse á través de las estrechas calles, apoyándose fuertemente contra
-las chozas á derecha é izquierda, destrozando las desvencijadas puertas
-y aplastando los aleros, mientras sus tres hijos corrían detrás de él,
-como habían corrido cuando la destrucción de los campos de Bhurtpore.
-
---La Selva se tragará esas cáscaras que quedan, dijo una voz reposada,
-entre las ruinas. Lo que ahora hay que echar abajo es el muro exterior,
-añadió, y, en aquel momento, Mowgli, chorreándole la lluvia por los
-desnudos hombros y brazos, saltó desde una pared, que se venía al
-suelo como un búfalo cansado.
-
---Llegas oportunamente, dijo Hathi jadeante. ¡Oh! ¡Pero en Bhurtpore
-tenía yo los colmillos rojos de sangre!... ¡Al muro exterior, hijos
-míos! ¡Con la cabeza! ¡Todos á la vez! ¡Ahora!
-
-Empujaron los cuatro, puestos uno al lado de otro; hizo comba la pared,
-rajóse, y cayó, mientras los aldeanos, mudos de terror, veían las
-feroces cabezas de los destructores, rayadas de arcilla, apareciendo
-por el roto boquete. Entonces huyeron, sin hogar ya y sin alimentos,
-por el valle, contemplando como la aldea, hecha pedazos esparcidos y
-pisoteados, se desvanecía á su espalda.
-
-Un mes después, el lugar era un otero lleno de hoyos y cubierto de
-blanda, verde yerba recién nacida, y al terminar las lluvias, la Selva
-entera rugía á plenos pulmones en el sitio donde aun no hacía seis
-meses que el arado solía remover la tierra.
-
-[Ilustración]
-
-
- =Canción de Mowgli contra los hombres=
-
- ¡Sobre vosotros lanzaré las vides
- de pies veloces, y á la Selva entera
- mandaré luego que hasta el mismo rastro
- que en pos vuestro dejéis á borrar vaya!
-
- Ante ella se hundirán todos los techos,
- quedarán sin sostén los viejos muros,
- y la amarga _karela_, como un manto
- irá á cubrirlo todo con sus hojas.
-
- Donde á reuniros vais irán los míos
- á aullar sin tregua, y del dintel colgantes
- se verán en la puerta del granero
- á los grandes murciélagos inmóviles;
- y tendréis por guardiana á la serpiente
- que en vuestro hogar reposará tranquila,
- y la amarga _karela_ irá á dar fruto
- donde hoy en lechos os tendéis vosotros.
-
- Yo haré que aunque sin ver á mis amigos
- sintáis su azote y les oigáis temblando:
- de noche he de mandarlos, cuando el suelo
- no ilumina la luna todavía.
-
- Yo os daré por pastor al fiero lobo
- que en no acotados campos irá á erguirse,
- y la amarga _karela_ sus simientes
- esparcerá donde el amor gozasteis.
-
- Yo en vuestros campos lanzaré á mi pueblo
- y, al frente de él, aun antes que vosotros,
- iré á segarlos, y, ya el pan perdido,
- tendréis que ir á espigar tras nuestras huellas.
-
- Serán de hoy más los ciervos vuestras yuntas
- para labrar las tierras devastadas,
- que donde alzarse vuestro hogar solía
- sólo abrirá sus hojas la _karela_.
-
- Sobre vosotros lanzaré las vides
- de pies que lejos van: vuestros linderos
- los borrará la Selva al invadiros
- y el bosque ha de reinar en vuestros prados.
-
- Los techos se hundirán en vuestras casas,
- quedarán sin sostén los viejos muros
- y la amarga _karela_ con sus hojas
- irá á cubriros para siempre á todos.
-
- [Ilustración]
-
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LOS ENTERRADORES
-
-
- Quien al chacal le llame «hermano mío»
- y parta su comida con la hiena,
- es como aquel que con Jacala, el vientre
- que en cuatro patas corre, pacte tregua.
-
- _(Ley de la Selva)._
-
-
---¡Respetad á los ancianos!
-
-La voz que esto decía era una voz pastosa (fangosa, más bien, y que os
-hubiera hecho estremecer si la hubieseis oído)... una voz que parecía
-el rumor de algo muy blando que se partiera en dos pedazos. Había en
-ella un quiebro especial que la hacía participar del graznido y del
-lamento.
-
---¡Respetad á los ancianos, compañeros del río!... ¡Respetad á los
-ancianos!
-
-Nada podía verse en toda la ancha extensión ocupada por el cauce,
-exceptuando una flotilla de gabarras, de velas cuadradas y clavijas de
-madera, cargada de piedras para edificaciones, y que acababa de llegar
-bajo el puente del ferrocarril, siguiendo corriente abajo. Hicieron
-jugar los toscos timones para evitar el banco de arena que había
-formado el agua al rozar contra los estribos del puente, y mientras
-pasaban, á tres de fondo, la horrible voz comenzó de nuevo á decir:
-
---¡Brahmanes del río, respetad á los ancianos y achacosos!
-
-Volvióse uno de los barqueros, que iba sentado en la regala de uno
-de los barcos, levantó la mano, dijo algo, que no era precisamente
-una bendición, y los botes siguieron adelante, crujiendo de cuando
-en cuando, iluminados por la luna. El ancho río indio, que tenía más
-bien el aspecto de una cadena formada por lagos pequeños que el de una
-verdadera corriente continua, era terso como un cristal, reflejando en
-el centro el cielo de color de arena roja, pero mostrándose salpicado
-de manchas amarillentas y de un color de púrpura obscuro cerca de
-sus bajas orillas, y aun tocando con ellas. En la estación lluviosa
-formábanse calas en el río; pero ahora sus secas bocas quedaban muy
-por encima de la superficie del agua. Sobre la orilla izquierda, casi
-bajo el puente del ferrocarril, veíase una aldea edificada con fango y
-ladrillos, con bálago y palos, cuya principal calle, llena de ganado
-que volvía á sus establos, iba en línea recta hasta el río, y terminaba
-en una especie de tosco desembarcadero de ladrillo, en el que la gente
-que necesitaba lavar podía meterse en el agua paso á paso. Este sitio
-se llamaba el _Ghaut_ de la aldea de _Mugger-Ghaut_[20].
-
-Caía la noche á más andar sobre los campos de lentejas, arroz y
-algodón, en las tierras bajas, anualmente inundadas por el río; sobre
-los cañaverales que bordeaban el vértice del recodo que aquél formaba,
-y sobre la enmarañada maleza que crecía en las tierras de pastos,
-detrás de las adormecidas cañas. Los papagayos y los cuervos, que
-estuvieron charlando y dando gritos al ir á beber por la tarde, como de
-costumbre, habían volado ya tierra adentro para ir á dormir, cruzándose
-con los batallones de murciélagos que entonces salían; y nubes de aves
-acuáticas venían silbando á buscar el abrigo de los cañaverales. Había
-gansos de cabeza casi cilíndrica y de negra espalda, cercetas, patos
-silbadores, lavancos, tadornas, chorlitos, y, de cuando en cuando, un
-flamenco.
-
-Cerraba pesadamente la marcha una grulla de las llamadas _ayudantes_,
-que volaba como si cada uno de sus aletazos fuera el último que iba á
-dar en su vida.
-
---¡Respetad á los ancianos!... ¡Brahmanes del río... respetad á los
-ancianos!
-
-La grulla volvió á medias la cabeza, desvióse un poco en dirección de
-la voz y fué á pararse muy tiesa en el banco de arena que había debajo
-del puente. Entonces pudo verse bien su aire brutal y rufianesco. Por
-detrás parecía de gran respetabilidad, porque medía casi dos metros de
-alto, y su aspecto ofrecía bastante semejanza con el de un correctísimo
-pastor protestante de gran calva. Por delante era distinto, porque
-su cabeza á lo _Ally Sloper_[21] y su cuello no tenían ni una sola
-pluma, y en aquél llevaba una horrible bolsa de desnuda piel... á donde
-iba á parar cuanto su largo y afilado pico robaba. Eran sus patas
-largas, flacas y descarnadas; pero las movía con gran suavidad y las
-contemplaba con orgullo al alisarse las plumas de la cola, mirando de
-soslayo por encima del hombro y cuadrándose luego, como si obedeciera
-al grito de: «¡firmes!»
-
-Un chacal pequeño y sarnoso que había estado ladrando como perrito
-hambriento allá en una hondonada, levantó las orejas y la cola y corrió
-al encuentro de la grulla.
-
-Era el ser más bajo de toda su casta (y no quiere decir esto que en los
-mejores chacales haya mucho bueno, sino que éste era una especialidad
-en lo de la bajeza, por ser mitad mendigo y mitad criminal), dedicado
-á limpiar los montones de basura de la aldea, exageradamente tímido
-ó temerariamente fiero, con hambre perpetua, y lleno de astucia, que
-jamás le sirvió para maldita la cosa.
-
---¡Uf! dijo, sacudiéndose con aire lastimoso, al pararse. ¡Así la sarna
-se coma á los perros de la aldea! Tres mordidas me han dado por cada
-pulga que llevo encima, y todo porque miré (nada más que mirar, fijaos
-bien) un zapato viejo que había en un corral de vacas. Pues ¿qué he de
-comer? ¿Barro? Al decir esto se rascó debajo de la oreja izquierda.
-
---Oí yo, contestó la grulla con voz que parecía el ruido de una sierra
-embotada pasando á través de una gruesa tabla, oí yo decir que había un
-perrillo recién nacido dentro de ese zapato.
-
---Del dicho al hecho hay gran trecho, repuso el chacal que conocía
-bastantes refranes, aprendidos escuchando las conversaciones que tenían
-los hombres alrededor de las fogatas, al caer de la tarde.
-
---Cierto que sí. Y por esto, para estar yo segura de la verdad, me
-quedé cuidando á ese cachorro mientras los perros estaban ocupados en
-otro sitio.
-
---Estaban _muy_ ocupados, dijo el chacal. Bueno: no he de ir á caza de
-lo que sobre en la aldea por algún tiempo. ¿De modo que de veras había
-un perrillo ciego dentro de aquel zapato?
-
---Aquí está, contestó la grulla mirando por encima del pico á su bolsa
-que estaba llena. Poca cosa es, pero muy aceptable en estos tiempos en
-que la caridad ha muerto en este mundo.
-
---¡Ay! El mundo es duro como el hierro, en nuestros tiempos, exclamó
-el chacal gimiendo. En aquel instante sus inquietos ojos notaron una
-levísima ondulación en el agua, y se apresuró á decir, continuando:
-
---La vida es muy dura para todos nosotros, y no dudo de que hasta
-nuestro excelente amo, orgullo del _Ghaut_ y envidia del río...
-
---Un embustero, un adulador y un chacal son tres cosas que salieron á
-la vez de un mismo huevo, dijo la grulla sin dirigirse á nadie de un
-modo determinado, porque también era ella una grandísima embustera,
-cuando quería tomarse esa molestia.
-
---Sí, la envidia del río..., repitió el chacal elevando la voz. Hasta
-él mismo opina, sin duda, que desde que se construyó el puente es
-más escasa la buena comida. Pero, por otra parte, aunque no quisiera
-yo decirle esto en su propia y nobilísima cara, es él tan sabio y
-virtuoso... como poco... ¡ay! tengo yo de ambas cosas...
-
---Cuando el chacal confiesa que es gris muy negro debe de ser, murmuró
-la grulla, á la cual no se le alcanzaba, entonces, lo que iba á suceder.
-
---Que no le falte nunca la comida á él, y, como consecuencia...
-
-Oyóse un ruido sordo de algo que rozaba, como si un bote acabara de
-tocar en sitio donde el agua fuera poco profunda. Volvióse en redondo
-el chacal y se encaró (al fin más vale siempre hacerlo así), con
-el animal de quien había estado hablando en aquellos momentos. Era
-un cocodrilo de más de siete metros de largo, encerrado en lo que
-bien podía compararse á una plancha de caldera de triples remaches,
-claveteada, carenada y adornada luego con una especie de cresta;
-con unos dientes amarillos cuyas puntas colgaban desde la mandíbula
-superior, pasando sobre la inferior, hermosamente terminada en una
-especie de pico de flauta. Era el achatado _Mugger_, ó _bocón_, de
-la aldea de _Mugger-Ghaut_, más viejo que ninguno de los aldeanos,
-que había dado su nombre al lugar, y algo como el diablo de aquel
-río, en su parte vadeable, antes de que se construyera el puente del
-ferrocarril: un asesino, un devorador de carne humana, y un fetiche
-local, todo en una pieza. Quedóse tendido, con la barba en la orilla
-del agua, conservándose en esta posición gracias á una casi invisible
-ondulación de la cola, y bien sabía el chacal que bastaría un solo
-golpe de esta última, dado en el agua, para que el _Mugger_ se elevara
-por la orilla con la velocidad de una máquina de vapor.
-
---¡Feliz encuentro, protector de los pobres!, dijo con servil
-adulación, retrocediendo un poco á cada palabra. Oimos una voz
-deliciosa y nos acercamos con la esperanza de un poco de conversación
-agradable. Mi presunción desmesurada me indujo, mientras esperábamos, á
-hablar de vos. Espero que nada se habrá oído por casualidad.
-
-Ahora bien, el chacal había hablado precisamente para que le oyeran,
-porque sabía que la adulación era el mejor medio de procurarse algo
-para comer; y el _Mugger_ sabía que únicamente con tal fin había
-hablado el chacal; y el chacal no ignoraba que el _Mugger_ lo supiera;
-y éste sabía que el chacal estaba seguro de que lo sabía él; pero, á
-pesar de ello, quedábanse todos tan contentos.
-
-El viejísimo animal adelantóse, jadeando y gruñendo, sobre la orilla,
-mientras farfullaba sus acostumbradas palabras:
-
---¡Respetad á los viejos y achacosos!
-
-Durante todo este tiempo sus ojillos brillaban como brasas bajo los
-pesados, córneos párpados, encima mismo de su triangular cabeza, al
-paso que iba arrastrando el cuerpo, hinchado como un barril, entre
-sus patas ganchosas. Al fin, se paró, y acostumbrado y todo, como
-estaba el chacal, á sus maneras, no pudo evitar un estremecimiento,
-que experimentaba ya por centésima vez, cuando vió cuan exactamente
-se parecía el _Mugger_ á un leño arrojado junto á la orilla del río.
-Hasta había tenido el cuidado de tenderse formando, precisamente, con
-el agua el mismo ángulo que, al encallar naturalmente, formaría un
-madero, teniendo en cuenta cómo era la corriente en aquella época y
-lugar. Todo esto no era, por supuesto, más que cuestión de hábito,
-porque el _Mugger_ había venido á tierra únicamente por gusto; pero
-nunca un cocodrilo está bastante harto, y si el chacal hubiera llegado
-á equivocarse, tomándolo por lo que parecía y no por lo que era, no
-habría quedado con vida para seguir filosofando sobre este asunto.
-
---Hijo mío, no he oído nada, dijo el _Mugger_ cerrando un ojo. Nada
-podía oir, porque el agua me lo impedía, y, por otra parte, el hambre
-me tenía desfallecido. Desde que se construyó el puente del ferrocarril
-la gente de mi aldea ha dejado ya de quererme, y esto me tiene con el
-corazón traspasado de dolor.
-
---¡Qué vergüenza! dijo el chacal. ¡Un corazón tan noble como el
-vuestro! Pero los hombres son todos parecidos, por lo que á mí se me
-alcanza.
-
---Nada de eso. Hay entre ellos muy grandes diferencias, por cierto,
-contestó el _Mugger_ con dulzura. Unos son flacos como bicheros de
-bote; otros, gordos como cachorros de chac... digo, de perro. Jamás
-quisiera yo hablar mal de los hombres sin motivo para ello. Los hay de
-muy diversas clases; pero los años me han demostrado que, en general,
-son muy buenos. Ni en los hombres, ni en las mujeres, ni en los niños,
-hallo yo nada que reprochar. Y acuérdate, hijo mío, de que aquel que
-desprecia al mundo será despreciado por él.
-
---La adulación es peor que una lata vacía en el estómago; pero la
-verdad es que lo que acabo de oir no es más que sabiduría pura, dijo la
-grulla, bajando una de sus patas.
-
---Considerad, sin embargo, lo ingratos que son con quien es tan
-bondadoso, comenzó á decir el chacal muy tiernamente.
-
---¡No, no, no son ingratos! contestó el _Mugger_. Es que no piensan
-en los demás: no otra cosa. Pero yo he notado, estando fijo en mi
-puesto allá por debajo del vado, que las escaleras del puente nuevo
-son tan difíciles de subir que es una crueldad el obligar á pasar por
-ellas á los ancianos y á los niños. Los primeros no son, en realidad,
-tan dignos de consideración; pero los que á mí me apenan (me apenan
-verdaderamente), son los niños que están gordos. Sin embargo, paréceme
-que, á no tardar, cuando haya pasado ya la novedad ésa del puente,
-veremos á mis gentes chapoteando por el agua del vado como antes,
-valerosamente, desnuda la morena pierna. Entonces el viejo _Mugger_ se
-verá honrado otra vez.
-
---Pero yo estoy seguro de haber visto guirnaldas de caléndulas flotando
-en el borde del _Ghaut_ esta misma tarde, dijo la grulla.
-
-Las guirnaldas de caléndulas son una muestra de veneración en toda la
-India.
-
---Error... error. Era la mujer del vendedor de confituras. Va perdiendo
-la vista cada año más, y no es capaz ya de distinguir entre un madero y
-yo... el _Mugger_ del _Ghaut_. Ya ví la equivocación cuando arrojó la
-guirnalda, porque estaba echado al pie mismo del _Ghaut_, y, si llega á
-dar un paso más, le hubiera demostrado que había un poco de diferencia
-entre lo que á ella le parecía igual. Mas, en fin, la intención era
-buena y hay que considerar el espíritu de la ofrenda y no otra cosa.
-
---¿De qué sirven las guirnaldas de caléndulas cuando está uno ya en el
-estercolero? dijo el chacal dedicándose á cogerse las pulgas; pero no
-quitando ojo, con cierto aburrimiento, de su Protector de los pobres.
-
---Cierto, pero no han empezado aún á hacer el estercolero al cual he de
-ir á parar yo. Cinco veces he visto el río retroceder desde la aldea y
-dejar al descubierto nueva tierra, al pie de la calle. Cinco veces he
-visto reedificar la aldea sobre las orillas, y la veré reedificar aun
-cinco veces más. No soy yo un inconstante gavial[22], que se dedica á
-coger peces, hoy en Kasi y mañana en Prayag, como dice el proverbio,
-sino el verdadero y continuo vigilante del vado. Por algo, muchacho,
-por algo lleva mi nombre la aldea, y «quien mucho vigila», como suele
-decirse, «obtendrá, al fin, su galardón».
-
---Mucho he vigilado yo... mucho... casi toda mi vida, y el premio que
-he recibido son mordiscos y cardenales, dijo el chacal.
-
---¡Ja, ja, ja! contestó soltando la carcajada la grulla.
-
- Nació el chacal en Agosto
- y en Septiembre son las lluvias...
- ¡y él dice que _no recuerda_
- ver llover como hoy diluvia!
-
-Tiene la grulla ayudante una particularidad muy desagradable. En
-épocas que se reproducen con irregularidad sufre de agudos ataques
-de hormigueos ó calambres en las piernas, y aunque tenga la virtud
-de la resistencia en mayor grado que cualquiera de las otras clases
-de grullas, que, sin embargo, muestran siempre un aire de inmensa
-impasibilidad, se echa á revolotear en salvajes danzas guerreras
-bailadas en su especie de zancos torcidos, abriendo á medias las alas
-y moviendo de arriba abajo su cabeza calva; y mientras esto hace, por
-motivos que ella sabrá, sin duda, cuida grandemente de que sus más
-fuertes ataques vayan acompañados de sus más acerbas críticas. Al
-terminar la última palabra de su cantar cuadróse de nuevo muy tiesa,
-diez veces más digna que nunca del nombre de _ayudante_, que llevaba.
-
-El chacal retrocedió acobardado, aunque había visto ya sucederse en su
-vida tres estaciones del año; pero no puede uno darse fácilmente por
-ofendido y contestar á un insulto cuando proviene éste de quien posee
-un pico de un metro de largo y el poder de clavarlo como una jabalina.
-La grulla se distinguía por lo cobarde; pero el chacal era aun peor que
-ella.
-
---Hay que vivir para aprender, dijo el _Mugger_, y bien puede afirmarse
-lo siguiente: los chacales pequeños abundan mucho; pero un _bocón_ como
-yo es raro. Á pesar de ello no soy yo orgulloso, porque el orgullo
-conduce á la propia perdición; mas, fíjate bien, eso es cosa del Hado,
-y contra el Hado ni uno solo de los que nadan, caminan ó corren debiera
-decir palabra. Yo estoy contento del Hado. Con buena suerte, buen ojo y
-la costumbre de asegurarse de que está libre la salida antes de que te
-metas en alguna cala ó remanso, mucho puede hacerse.
-
---Oí decir una vez que hasta el Protector de los pobres se equivocó,
-dijo el chacal, maliciosamente.
-
---Cierto, pero hasta entonces vino el Hado en mi ayuda. Era antes de
-que hubiera adquirido todo mi desarrollo... tres hambres antes de la
-última que ha habido. (¡Por la margen derecha é izquierda del Ganges
-que la corriente de los ríos era enorme en aquellos tiempos!) Pues
-sí, era yo joven y atolondrado, y al venir la inundación que hubo
-¿quién más contento que yo? Con poca cosa me bastaba entonces para
-considerarme muy dichoso. La aldea estaba completamente inundada, y yo
-nadé por encima del _Ghaut_ yéndome tierra adentro, hasta llegar á los
-campos de arroz, que encontré llenos de barro. Acuérdome también de
-un par de brazaletes (por cierto que eran de cristal y no les hice el
-menor caso) que encontré aquella tarde. Sí, brazaletes de cristal, y,
-si la memoria no me es infiel, también hallé un zapato. Debiera haber
-sacudido aquel zapato... y el otro, pues había dos; pero estaba yo
-hambriento. Más tarde aprendí á proceder mejor. ¡Ah, sí! Comí, pues, y
-descansé; mas, cuando me disponía á volver al río, la inundación había
-bajado ya mucho de nivel, y yo pasé caminando por el barro de la calle
-principal. ¿Quién sino yo hubiera hecho esto? Acudió toda mi gente,
-sacerdotes, mujeres y niños, y yo los miré con benevolencia. El fango
-no se presta para que uno pueda combatir bien. Uno de los barqueros
-dijo:
-
---Id á buscar hachas y matadlo, que es el _Mugger_ del vado.
-
---Nada de eso. ¡Mirad! Se lleva por delante la inundación. Es el dios
-que protege á la aldea.
-
-Entonces me arrojaron gran cantidad de flores, y alguien tuvo la feliz
-ocurrencia de ponerme una cabra en mitad del camino.
-
---¡Qué buena!... ¡Pero qué buena es la cabra! exclamó el chacal.
-
---Tiene muchos pelos... muchos pelos... y cuando se la encuentra uno en
-el agua es más que probable que dentro de ella haya escondido algún
-anzuelo en forma de cruz. Pero lo que es aquella cabra la acepté, y
-me fuí, triunfalmente, hasta el _Ghaut_. Más tarde, el Hado hizo que
-cayera en mi poder aquel barquero que había querido cortarme la cola
-con un hacha. Su bote embarrancó en un banco de que vosotros no os
-acordaríais ahora, aunque os dijera dónde está.
-
---No _todos_ somos aquí chacales, dijo la grulla. ¿Era el banco que se
-formó donde se fueron á pique los barcos que acarreaban piedras, el año
-de la gran sequía... un banco de arena muy largo que duró por espacio
-de tres inundaciones?
-
---Había dos, dijo el _Mugger_: uno más arriba y otro más abajo.
-
---¡Ah, sí! Se me había olvidado. Un canal los separaba, y más tarde
-se secó también, dijo la grulla, que se sentía orgullosa de su buena
-memoria.
-
---En el banco de abajo fué á embarrancar la barca del hombre que tan
-buenas intenciones tenía respecto á mí. Estaba durmiendo en la proa,
-y, medio despierto, saltó al agua, que le llegaba hasta la cintura (ó
-no, no más que hasta las rodillas) para empujar la embarcación. Ésta,
-vacía, siguió adelante, yendo á tocar de nuevo en la tierra del próximo
-recodo que la corriente formaba entonces. Yo fuí siguiendo también,
-porque sabía que no faltarían hombres que salieran para arrastrar el
-barco hasta la playa.
-
---¿Y sucedió así? preguntó el chacal un poco despavorido.
-
-Era éste un modo de cazar tan en grande que le causaba profunda
-impresión.
-
---Acudieron los hombres allí y más abajo también. No fuí ya más lejos;
-pero esto me permitió apoderarme de tres en un día... tres _manjis_
-(barqueros) bien gordos, y, excepto el último (con el cual tuve ya
-menos cuidado que con los otros), ni uno pudo gritar para advertir á
-los que se hallaban en la orilla del río.
-
---¡Ah! ¡Qué modo de cazar! ¡Con qué nobleza! ¡Pero cuánta habilidad y
-qué superior juicio reclama! dijo el chacal.
-
---No, habilidad no, muchacho, sino solamente pensar un poco. El pensar
-es á la vida lo que la sal al arroz, como dicen los barqueros, y yo he
-pensado siempre profundamente. El gavial, mi primo, el que se alimenta
-de peces, me tiene dicho cuán difícil es para él el seguirlos, y
-cuánto difieren unos de otros, y cómo él necesita conocerlos á todos
-en conjunto y á cada uno por separado. Á esto le llamo yo sabiduría;
-pero, por otra parte, hay que tener en cuenta que mi primo, el gavial,
-vive entre su gente. _Mi_ gente no nada por bandadas, con la boca fuera
-del agua, como hace _Rewa_; ni sale constantemente á la superficie del
-agua, ni se vuelve de lado, como suelen _Mohoo_ y el diminuto _Chapta_;
-ni se junta en los bancos de arena después de una inundación, como
-_Batchua_ y _Chilva_.
-
---Todos son manjares exquisitos, dijo la grulla, acompañando las
-palabras con un chasquido del pico.
-
---Eso dice mi primo, y convierte en ocupación muy seria el cazarlos;
-pero ellos no se le encaraman por los bancos de arena para escaparse
-de sus dientes. _Mi_ gente es muy distinta. Vive en la tierra, en
-casas, entre sus ganados. Yo necesito saber lo que hacen y hasta lo
-que piensan hacer; y así poniendo primero la trompa del elefante, y
-luego la cola, como suele decirse, reconstruyo el elefante entero. ¿Qué
-cuelga de una puerta una rama verde con un anillo de hierro? Pues el
-viejo _Mugger_ sabe que ha nacido un niño en aquella casa y que algún
-día vendrá al _Ghaut_ á jugar. ¿Va á casarse una doncella? Pues el
-viejo _Mugger_ lo sabe, porque ve cómo los hombres van y vienen con
-regalos; y, al fin, ella, también, acude al _Ghaut_ para bañarse antes
-de la boda, y... allí está él. ¿Qué ha cambiado el río su curso y ha
-dejado nuevas tierras donde antes no había más que arena? El _Mugger_
-lo sabe igualmente.
-
---Bien, ¿y de qué sirve el saber esto? dijo el chacal. El río ha
-cambiado de sitio hasta durante mi corta vida.
-
-Los ríos en la India están casi siempre mudando su curso, y se desvían
-á veces hasta media legua ó más en una sola estación, inundando los
-campos de una de las orillas y esparciendo fertilizante cieno sobre la
-opuesta.
-
- [Ilustración]
-
---No hay conocimiento más útil que éste, dijo el _Mugger_, porque
-á tierra nueva, nuevas pendencias. El _Mugger_ lo sabe... ¡oh, lo
-sabe perfectamente! En cuanto el agua se ha retirado, arrástrase él
-por las estrechas grietas que los hombres creen que no son bastante
-anchas para que en ellas pueda esconderse ni un perro, y allí espera.
-Á poco aparece un labriego diciendo que plantará aquí cohombros, y
-allí melones, en la tierra nueva que el río le ha dado. Con los pies
-desnudos tantea aquel cieno excelente. Á los pocos instantes llega
-otro, diciendo que él cultivará allí cebollas, zanahorias y caña de
-azúcar, en tal y tal sitio. Se acercan como dos botes que tuercen
-el rumbo hacia igual punto, y, al acercarse, cada uno de ellos mira
-al otro con ojos que parecen rodar bajo el enorme turbante azul. El
-viejo _Mugger_ ve y oye. Danse mútuamente el nombre de _hermano_, y
-van á amojonar la nueva tierra. El _Mugger_ corre, detrás de ellos,
-de un lado á otro, deslizándose, muy aplastado contra el suelo, por
-entre el barro. ¡Ahora empiezan á disputarse! ¡Ya se insultan! ¡Ahora
-se arrancan los turbantes! ¡Ya levantan sus _lathis_ (garrotes), y,
-por fin, cae uno de espaldas en el fango y el otro se va corriendo.
-Cuando vuelve, la cuestión queda definitivamente zanjada, y de ello
-puede dar fe el bambú herrado del vencido. Y aun no le agradecen nada
-al _Mugger_. No; gritan: ¡un asesinato! y las familias se pelean á
-garrotazos, veinte de este bando y veinte del otro. Mi gente son muy
-buena gente... _jats_ de las montañas... _malwais_ del Bêt. Cuando
-pegan, no pegan por juego, y una vez ha terminado la lucha, el viejo
-_Mugger_ espera allá lejos en el río, donde no se le puede ver desde
-la aldea, detrás de las matas de _kikar_ que hay por allá. Entonces,
-bajan mis _jats_ de anchos hombros, ocho ó nueve juntos, á la luz de
-las estrellas, conduciendo al muerto, colocado sobre una cama. Son
-viejos de barba gris y de voz tan profunda como la mía. Encienden un
-fuego (¡ah! ¡cómo conozco yo ese fuego!), tragan tabaco, formando un
-círculo mueven la cabeza todos á la vez hacia delante, ó hacia un lado,
-en dirección del muerto que está sobre la orilla. Dicen que las leyes
-inglesas arreglarán aquello por medio de la horca, y que la familia del
-matador tendrá que pasar por la vergüenza de ver cómo lo cuelgan en el
-gran patio de la cárcel. Entonces, contestan los amigos del muerto:
-«pues que lo ahorquen», y la conversación vuelve á empezar de nuevo...
-una, dos, veinte veces durante la interminable noche. Al fin, dice uno:
-
---La lucha fué cara á cara, con nobleza. Tomemos el dinero que nos
-ofrecen y un poco más, y no digamos palabra de lo sucedido.
-
-Y empiezan á regatear sobre el dinero, porque el muerto era hombre
-robusto y ha dejado muchos hijos. Pero todavía antes del _amratvela_
-(la salida del sol), lo queman un poco con el fuego preparado al
-efecto, según la costumbre, y el muerto viene á parar á mí, y lo que
-es él no dirá ya nada sobre el asunto. ¡Ah! hijos míos, el _Mugger_
-sabe... sabe muchas cosas... y los _Malwah Jats_ son muy buena gente.
-
---Tienen el puño demasiado cerrado... son harto mezquinos para llenarme
-el buche, dijo graznando la grulla. Ellos sí que no gastan inútilmente
-el lustre poniéndolo en los cuernos de la vaca, como suele decirse;
-y, á ver, quisiera yo que me dijeran ¿quién es el que puede espigar
-después que ha pasado un _Malwah_?
-
---¡Ah, yo!... yo espigueo... los _espigueo_ á ellos, dijo el _Mugger_.
-
---Pues bien: en Calcuta del Sur, antes, siguió diciendo la grulla, todo
-lo tiraban á la calle, y nosotros podíamos escoger y revolverlo todo.
-¡Esos sí que eran buenos tiempos! Pero hoy... hoy las calles están
-mondas como la cáscara de un huevo, y mi gente vuela hacia otro sitio.
-Una cosa es ser limpio, y otra quitar el polvo, barrer y regar siete
-veces cada día: eso aburre hasta á los mismos dioses.
-
---Contóme un día un chacal de las tierras bajas que en Calcuta del Sur
-todos los nuestros estaban gordos como nutrias en la estación de las
-lluvias, dijo el chacal, haciéndosele la boca agua sólo con pensarlo.
-
---¡Ah! Pero allí están los de la cara blanca... los ingleses, y ellos
-llevan consigo unos perros gordos, que conducen de no sé donde, allá,
-río abajo, en unos barcos, y que cuidan de que esos mismos chacales de
-que hablas estén flacos, replicó la grulla.
-
---¿Tienen, pues, tan duro el corazón como esa gente? Debía haberlo
-supuesto. Ni la tierra, ni el cielo, ni el agua se muestran caritativos
-con el chacal. Yo ví las tiendas de uno de los de la cara blanca, en la
-última estación, después de las lluvias, y además le cogí unas riendas
-nuevas, amarillas, para comérmelas. Los blancos no saben preparar bien
-las pieles. Aquellas riendas me pusieron muy enfermo.
-
---Peor es lo que me sucedió á mí, dijo la grulla. Cuando no contaba yo
-más que tres estaciones y era tan joven como atrevida, fuíme al sitio
-del río en que atracan los barcos grandes. Los barcos de los ingleses
-tienen triple tamaño que esta aldea.
-
---Ésta, por lo visto, ha estado en Delhi y quiere hacernos creer que
-allí la gente anda cabeza abajo, murmuró el chacal.
-
-El _Mugger_ abrió el ojo izquierdo y miró fijamente á la grulla.
-
---Pues es verdad, dijo la enorme ave insistiendo. Un embustero no
-miente más que cuando tiene la esperanza de que le van á creer. Pues
-bien: nadie que no hubiera visto aquellos barcos podría dar fe á esta
-verdad que digo.
-
---Esto es ya algo más puesto en razón, contestó el _Mugger_. ¿Y qué más?
-
---De las profundidades de uno de aquellos barcos estaban sacando
-grandes pedazos de una materia blanca que, al cabo de muy poco rato,
-se deshacía, convirtiéndose en agua. Buena parte de los pedazos se
-desmenuzó, cayendo sobre la orilla, y el resto lo colocaron prontamente
-en una casa de gruesas paredes. Pero un barquero cogió, riéndose, uno
-de aquellos trozos, que no era mayor que un perrillo, y me lo tiró.
-Yo (como todos los míos) trago sin reflexionar, y también me tragué
-aquello, según nuestra costumbre. Inmediatamente sentí un gran frío
-que, empezando en el buche, me corría hasta la punta de los dedos, y
-aun de hablar me privaba, mientras los barqueros se estaban burlando de
-mí. En mi vida he sentido frío igual. Con el dolor y el aturdimiento
-que experimentaba púseme á bailar hasta que pude recobrar el perdido
-aliento, y entonces volví á bailar, protestando á gritos contra la
-falsedad de este mundo, mientras los barqueros seguían riéndose de mí,
-hasta caerse por el suelo. ¡Lo más estupendo de todo, dejando aparte
-aquel frío maravilloso, es que nada, absolutamente, había en mi buche
-cuando hube terminado mis lamentaciones!
-
-La grulla había hecho todo lo posible para describir lo que sintió
-después de tragarse un pedazo de hielo de siete libras, que provenía
-del lago de Wenham, traído de allí por un barco americano de los
-dedicados á aquel transporte, en los tiempos en que Calcuta no
-fabricaba aun con máquina el hielo; pero, como la grulla no sabía lo
-que esta materia era, y como aun lo sabían menos el _Mugger_ y el
-chacal, el cuento no les produjo el debido efecto.
-
---Cualquier cosa, dijo el _Mugger_ cerrando nuevamente el ojo
-izquierdo... _cualquier cosa_ es posible cuando la origina un barco
-que tiene tres veces el tamaño de _Mugger-Ghaut_. Mi aldea no peca de
-pequeña.
-
-Oyóse un silbido por encima del puente, y el tren correo de Delhi pasó
-por él, llenos de luz todos los coches y siguiéndolos fielmente las
-sombras á lo largo del río. Hundióse de nuevo, con estruendo, en la
-obscuridad; pero el _Mugger_ y el chacal estaban tan acostumbrados á
-oirlo que ni siquiera movieron la cabeza.
-
---¿Acaso es eso menos maravilloso que un barco de triple tamaño que
-_Mugger-Ghaut_? dijo el ave mirando hacia arriba.
-
---Yo ví edificar eso, joven. Piedra por piedra ví cómo se elevaban
-los estribos del puente, y cuando los hombres se caían desde ellos
-(generalmente tenían maravillosa destreza para no poner el pie en
-falso... pero, en fin, cuando se caían) allí estaba yo alerta. Desde
-que el primer estribo estuvo hecho no se acordaron ya más de ir
-corriente abajo, en busca de los cadáveres, para quemarlos. Con esto me
-evitaron no pocas molestias. Por lo demás, nada hubo de extraño en la
-construcción del puente, añadió el _Mugger_.
-
---Pero ¿y eso que pasa por encima de él arrastrando los carros
-cubiertos con techos? ¡Eso sí que es extraño! repitió la grulla.
-
---Es, sin ningún género de duda, un buey de una nueva especie.
-Algún día sucederá que no podrá sentar bien el pie, y, perdiendo el
-equilibrio, se caerá del mismo modo que hicieron los hombres. El viejo
-_Mugger_ estará entonces, también, alerta.
-
-El chacal miró á la grulla, y ésta al chacal. Si de algo estaban
-seguros en este mundo era de que la máquina podía ser cualquier cosa
-menos un buey. El chacal la había estado mirando repetidas veces desde
-las matas de aloe que bordeaban la línea, y, en cuanto á la grulla,
-estaba acostumbrada á ver locomotoras desde la primera que hubo en la
-India. Pero el _Mugger_ no había visto la máquina más que desde abajo,
-y la cupulilla de bronce le parecía la especie de joroba de un buey más
-pronunciada.
-
---Sí, un buey de nueva especie repitió el _Mugger_ pesando las palabras
-como para persuadirse á sí mismo, y el chacal contestó:
-
---Cierto que sí: es un buey.
-
---Y también podría ser... comenzó á decir el _Mugger_ con cierta
-aspereza.
-
---Cierto... cierto que sí, interrumpió el chacal sin esperar á que el
-otro hubiera terminado.
-
---¿Qué? dijo el _Mugger_ incomodado, porque adivinaba que los demás
-sabían más que él. ¿Qué es lo que podría ser? No había yo aun acabado
-de hablar. Tú dijiste que era un buey.
-
---Es lo que el Protector de los pobres quiera. Yo soy su servidor... y
-no el de esa cosa que atraviesa el río.
-
---Sea lo que fuere, es obra de los de la cara blanca, dijo la grulla,
-y, por mi parte, no quisiera yo echarme en sitio que está tan cerca de
-eso como este banco de arena.
-
---Tú no conoces á los ingleses como yo, contestó el _Mugger_. Cuando
-construían el puente había aquí un blanco que se metía en un bote,
-muchas veces, á la caída de la tarde, y golpeaba con los pies las
-tablas del fondo, diciendo en voz baja: ¿Está aquí? ¿Está allí? Traedme
-la escopeta. Yo le oí aun antes de verle... oí cada ruido que hizo...
-los crujidos, el resollar, cada golpecito dado en la escopeta, yendo
-río arriba y río abajo. Tanto como era cierto que yo le había privado
-de uno de sus obreros, evitando así un gran gasto de leña que hubieran
-necesitado para quemarlo, era, también, constante su empeño en venirse
-hasta el _ghaut_, y decir á gritos que me iba á matar, librando de
-esta suerte al río de _mi_ presencia... ¡de la presencia del _Mugger_
-de _Mugger-Ghaut_! ¡Á _mí_! Hijos míos, yo nadé horas y horas bajo la
-quilla de su bote, y le oí disparar su escopeta á algunos leños; y,
-cuando estaba bien seguro de su cansancio, me levantaba junto á él y
-hacía castañetear mis dientes frente á su misma cara. Cuando el puente
-estuvo listo se marchó el inglés. Todos cazan de este modo, excepto
-cuando son ellos los cazados.
-
---¿Quién caza ahora á los de la cara blanca? ladró el chacal sumamente
-excitado.
-
---Ahora nadie; pero yo los he cazado en mis buenos tiempos.
-
---Algo recuerdo de esa caza. Entonces era yo joven, dijo la grulla
-haciendo sonar su pico de un modo muy significativo.
-
---Estaba yo aquí perfectamente establecido. Mi aldea se reedificaba por
-tercera vez, á lo que recuerdo, cuando mi primo, el gavial, trájome
-noticias de unas aguas muy ricas que había más arriba de Benares. Al
-principio no quise ir, porque mi primo, que no come más que peces, no
-sabe, á menudo, distinguir lo bueno de lo malo; pero oí á mi gente
-hablar por las tardes, y lo que dijeron me decidió.
-
---¿Y qué es lo que dijeron? preguntó el chacal.
-
---Lo suficiente para que yo, el _Mugger_ de _Mugger-Ghaut_, me saliera
-del agua y echara á andar. Partí á pie, de noche, metiéndome hasta en
-los más pequeños arroyos á medida que se me iban presentando; pero era
-entonces el comienzo de la estación calurosa y todos llevaban muy poca
-agua. Crucé caminos llenos de polvo; atravesé altas masas de yerba;
-me encaramé por las montañas á la luz de la luna. Hasta por las rocas
-trepé, hijos míos... fijaos bien en lo que os digo. Crucé el extremo
-del río Sirhind, el seco, antes de que pudiera encontrar la serie de
-ríos pequeños que van á desembocar al Ganges. Había un mes de estar
-viajando para regresar á donde se hallaban mi gente y el río que yo
-conocía. ¡Fué aquello cosa maravillosa!
-
---Y la comida ¿cómo iba durante el camino? dijo el chacal, que no tenía
-más alma que el estómago y no se sentía impresionado lo más mínimo por
-los viajes terrestres del _Mugger_.
-
---Comía lo que encontraba... _primo_, dijo el _Mugger_ muy
-pausadamente, como arrastrando cada palabra.
-
-Ahora bien: no se llama _primo_ á nadie en la India más que en el
-caso de que pueda uno llegar á establecer con esta persona cierto
-parentesco, y como sólo en antiguos cuentos de hadas se casa el
-_Mugger_ con algún chacal, el nuestro comprendió por qué motivo se
-había visto elevado de pronto á formar parte de la parentela del
-_Mugger_.
-
-Á haber estado solos no le hubiera importado; pero los ojos de la
-grulla centellearon de gozo al oir la pesada broma.
-
---La verdad es, padre, que debía haberlo sabido.
-
-No le gusta á ningún cocodrilo que le llamen padre de ningún chacal, y
-el _Mugger_ de _Mugger-Ghaut_ contestó, entonces, mucho más de lo que
-conviene repetir aquí.
-
---El Protector de los pobres fué quién me llamó pariente. ¿Puedo yo
-acordarme del grado exacto de parentesco que haya entre nosotros? Á
-mayor abundamiento, comemos la misma clase de comida. El lo ha dicho,
-repuso el chacal.
-
-Vino esto á agravar aun mucho más las cosas, porque á lo que tiraba el
-chacal era á indicar que el _Mugger_ debía de haber devorado la comida
-fresca cada día, en aquella marcha á pie, en vez de guardarla junto á
-sí hasta que estuviera en el verdadero estado en que él la necesita,
-como hacen todos los _muggers_ que se respetan algo, y también la mayor
-parte de las fieras cuando les es posible. Á decir verdad, uno de los
-mayores insultos que pueden dirigirse en toda la extensión del cauce
-del río es el calificar de «devorador de carne fresca». Es casi una
-cosa tan mala como el llamarle á un hombre caníbal.
-
---Comida fué aquella carne hace treinta estaciones, dijo con toda
-tranquilidad la grulla. Aunque estuviéramos hablando treinta estaciones
-más no volveríamos á verla ya. Cuéntanos, ahora, lo que ocurrió cuando
-llegaste á aquellas aguas tan buenas, después de tu sorprendente viaje
-por tierra. Si fuéramos á escuchar todos los aullidos de cada chacal,
-los negocios de la ciudad quedarían pronto paralizados, como dice el
-proverbio.
-
-El _Mugger_ debió de agradecer la interrupción, porque continuó
-precipitadamente:
-
---¡Por las dos orillas del Ganges! ¡Cuando llegué allí me encontré con
-unas aguas como no las había visto nunca parecidas!
-
---¿Eran mejores que la gran inundación que hubo en la estación última?
-dijo el chacal.
-
---¡Mejores! Esa inundación no fué más que lo que ocurre cada cinco
-años: un puñado de forasteros ahogados, algunas gallinas, y un buey
-muerto que se queda en el agua cenagosa, gracias á las corrientes
-cruzadas. Pero en la estación de que me he acordado ahora, el río
-estaba bajo, el agua corría mansa, igual siempre, y, como ya me había
-advertido el gavial, los ingleses bajaban por ella tocando uno con
-otro. En aquella estación fué cuando engordé y crecí. Desde Agra, cerca
-de Etawah y del sitio en que se ensancha la corriente no muy lejos de
-Allahabad...
-
---¡Oh! ¡Qué remolino se formó bajo los muros del fuerte de
-Allahabad!... dijo la grulla. Acudieron allí como los patos á los
-juncales, y bailaban dando vueltas... así.
-
-Empezó otra vez su horrible danza, mientras el chacal miraba con
-envidia. Como era natural, él no se acordaba del terrible año de que
-hablaban, del «año de la Insurrección». El _Mugger_ continuó:
-
---Sí, cerca de Allahabad, se tendía uno en el agua mansa, y dejaba que
-pasaran veinte para escoger uno de ellos; y había allí, principalmente,
-la ventaja de que los ingleses no iban llenos de joyas y de anillos
-en la nariz y en los tobillos, como mis mujeres van hoy. El que gusta
-demasiado de adornos acaba con una cuerda al cuello por único collar,
-como dice el refrán. Todos los cocodrilos que existían en todos los
-ríos engordaron entonces; pero mi Hado quiso que yo engordara más que
-ninguno de ellos. Las noticias que teníamos eran de que se cazaba á los
-ingleses arrojándolos á los ríos, y ¡por las dos orillas del Ganges!
-os aseguro que á nosotros nos pareció que ésa era la verdad. Así lo
-creí yo durante todo el tiempo que fuí en dirección del Sur, y eso que
-llegué, siguiendo la corriente, hasta más allá de Monghyr y de las
-tumbas que dominan el río.
-
---Ya conozco el sitio. Desde entonces es Monghyr una ciudad casi
-abandonada. Poquísimos son los que viven allí ahora.
-
-Después de esto, fuíme corriente arriba muy despacio, perezosamente,
-y un poco más arriba de Monghyr me encontré con un bote lleno de
-blancos... ¡pero vivos! Eran, bien me acuerdo, mujeres, echadas bajo
-una tela sostenida por unos palos, é iban llorando á gritos. Nunca
-nos disparaba entonces nadie ningún tiro: nosotros éramos los únicos
-guardianes de los vados en aquellos tiempos. Todas las armas de fuego
-estaban ocupadas en otra parte. Las oíamos día y noche allá, tierra
-adentro, y el estruendo llegaba ó se iba según de donde soplaba el
-viento. Me levanté por completo frente al bote, porque nunca había
-visto vivos á los de las caras blancas, aunque bien los conocía... de
-otra suerte. Un niño blanco, desnudo, estaba de rodillas en uno de los
-costados del bote, é inclinando el cuerpo por encima, se le antojó
-arrastrar lentamente las manos por las aguas del río. Es hermoso el
-ver con qué alegría juega un niño con toda agua que corre. Yo había
-comido ya aquel día; pero aún me quedaba un rinconcillo vacío. Sin
-embargo, más que para llenarlo, por juego, me levanté hasta tocar casi
-las manos del niño. Ofrecían un blanco tan fácil que ni siquiera tuve
-que mirarlas cuando cerré la boca; pero, tan pequeñas eran que, aunque
-mis quijadas se cerraron debidamente (bien seguro estoy de ello),
-el niño retiró con rapidez las manos sin que hubieran recibido el
-menor daño. Debieron de pasar por el espacio que media entre diente y
-diente... las manecitas aquéllas, tan blancas. Hubiera podido cogerle
-entonces por los codos; pero, como he dicho, sólo por juego y por el
-deseo de ver cosas nuevas me había yo acercado allí. Cuantos iban en el
-bote gritaron, y al cabo de poco rato volví yo á levantarme del agua
-para observarlos. El barco pesaba demasiado para hacerle zozobrar.
-No eran más que mujeres las que en él iban; pero quien se fíe de una
-mujer puede decirse que camina sobre las yerbas que ocultan el agua de
-una laguna, como enseña el proverbio, y... ¡por las dos orillas del
-Ganges... que es eso gran verdad!
-
---Una vez una mujer me dió á mí una piel seca haciendo ver que era
-un pescado, dijo el chacal. Desde entonces estoy esperando poderle
-hincar el diente á su niño; pero, en fin, más vale comer la carne de un
-caballo que recibir de él una coz, como dice el refrán. ¿Y qué es lo
-que vuestra mujer hizo?
-
---Me disparó con una escopeta muy corta, de una clase que nunca había
-visto yo antes, ni volví á ver después. Cinco veces seguidas hizo fuego
-(no es difícil adivinar que el _Mugger_ tuvo que habérselas con algún
-revólver antiguo) y yo me quedé con la boca abierta, como bostezando,
-con una nube de humo alrededor de mi cabeza. Nunca ví cosa igual á
-aquélla. ¡Cinco veces, y con tanta presteza como cuando muevo yo la
-cola... así!
-
-El chacal, que se iba sintiendo cada vez más interesado por el relato,
-tuvo apenas tiempo de saltar hacia atrás en el instante mismo en que la
-cola cortaba el aire como una guadaña.
-
---Hasta que no hubo sonado el quinto disparo (dijo el _Mugger_ con la
-tranquilidad del que nunca ha pensado en causar el menor daño á sus
-oyentes), hasta que no hubo sonado el quinto disparo no me hundí en el
-agua, y volví á salir de ella en el preciso momento en que un barquero
-les decía á todas aquellas mujeres blancas que, sin duda, había quedado
-yo muerto. Una de las balas incrustóse en mi cuello. No sé si aun está
-allí, por la razón de que no puedo volver la cabeza. Ven y míralo
-tú, muchacho. Así se demostrará que la historia que os he contado es
-verídica.
-
---¿Yo? dijo el chacal. ¿Acaso quien está acostumbrado á comer zapatos
-viejos y á romper huesos, como yo, podrá dudar de la palabra del que es
-la _envidia del río_? ¡Que cachorrillos ciegos se me coman la cola si
-por mi pobre entendimiento ha pasado ni la sombra de semejante idea!
-El Protector de los pobres se ha dignado contarme, á mí, que soy su
-esclavo, que una vez en su vida ha sido herido por una mujer. Con esto
-basta, y yo les contaré el cuento á todos mis hijos, sin pedir prueba
-alguna de la verdad que encierra.
-
---La excesiva urbanidad es, á veces, tan mala como la excesiva
-descortesía, porque, como dice el proverbio, hasta con requesones puede
-ahogarse á un convidado. _No_ deseo ni remotamente que ningún hijo tuyo
-sepa que el _Mugger_ de _Mugger-Ghaut_ recibió de una mujer la única
-herida que tiene en el cuerpo. Otras muchas cosas tendrán en que pensar
-tus hijos si han de procurarse la comida por tan tristes medios como su
-padre.
-
---¡Queda olvidado, y desde hace mucho tiempo! ¡No se ha dicho nunca!
-¡Jamás existió ninguna mujer blanca! ¡Ni siquiera hubo barco alguno!
-¡Nada, absolutamente, sucedió!
-
-Movió el chacal la cola, como barriendo el suelo, para demostrar cuán
-en absoluto quedaba todo borrado de su memoria, y se sentó dándose aire
-importante.
-
---La verdad es que sucedieron muchas cosas, dijo el _Mugger_, al
-cual le había salido mal, por segunda vez, aquella noche, el querer
-llevarle ventaja á su amigo. (Ni uno ni otro, sin embargo, tenían mala
-intención. El comer y ser comido era cosa completamente legal en toda
-la extensión del río, y el chacal había venido allí para recoger las
-sobras de la comida del _Mugger_, cuando éste la hubiera terminado).
-
---Abandoné aquel bote, continuó, y fuíme corriente arriba, y cuando
-llegué á Arrah y á las aguas que están situadas detrás, no hallé ya más
-ingleses muertos. Durante cierto tiempo el río estuvo completamente
-vacío. Luego volvieron á verse uno ó dos cadáveres con chaquetas
-encarnadas; pero no ingleses, sino todos de una misma clase (del
-Indostán y _purbeeahs_)... después cinco ó seis de frente, y, al fin,
-desde Arrah hasta el Norte, más allá de Agra, parecía que pueblos
-enteros se habían arrojado al agua. Salían de las calas uno tras otro
-como bajan los maderos en la época de las lluvias. Cuando se levantaba
-el río también se levantaban ellos, por compañías enteras, de los
-bancos de arena en que habían estado reposando; y, al bajar el agua de
-la corriente, los arrastraba con ella por los cabellos á través de los
-campos y de la tierra virgen. Toda la noche, también, yendo hacia el
-Norte, oí los disparos de las armas de fuego, y durante el día el ruido
-de calzados pies de hombres que atravesaban los vados, ó aquel otro
-que producen las ruedas de un pesado carro al rodar sobre la arena por
-debajo del agua... y cada ola traía nuevos cadáveres. Al fin, hasta yo
-mismo tuve miedo, porque dije: si esto les ocurre á los hombres ¿cómo
-podrá salvarse el _Mugger_ de _Mugger-Ghaut_? Había, también, barcos
-que venían detrás de mí, corriente arriba, ardiendo continuamente, como
-arden, á veces, las embarcaciones que llevan algodón; pero sin jamás
-hundirse.
-
---¡Ah! dijo la grulla; barcos como los que van á Calcuta del Sur. Son
-altos y negros, tienen una cola que golpea el agua por detrás, y...
-
---Y son tres veces tan grandes como mi aldea, ¿eh? _Mis_ barcos eran
-bajos y blancos; golpeaban el agua á cada lado, y no eran más grandes
-de lo que deben ser los de cualquiera que cuente las cosas sujetándose
-á la verdad. Á mí me atemorizaron mucho, por lo que abandoné aquellas
-aguas y me vine á este río mío, ocultándome de día y caminando de noche
-cuando no podía hallar arroyos que me ayudaran. Volvíme á mi aldea;
-pero sin la esperanza de hallar en ella á ninguno de los de mi gente.
-Y, sin embargo, aquí estaban, arando, sembrando y segando, luego, las
-mieses, y yendo de un lado á otro por sus campos tan tranquilamente
-como sus ganados.
-
---¿Y había aún buena comida en el río? dijo el chacal.
-
---Más de la que podía yo desear. Hasta... y eso que yo no como barro...
-hasta estaba cansado, y, por lo que recuerdo, un poco asustado de aquel
-constante bajar por el río gente silenciosa. Á los de mi aldea les oí
-decir que todos los ingleses habían muerto; pero los que llegaban,
-boca abajo, por la corriente, no eran ingleses, como los de mi mismo
-pueblo pudieron ver. Entonces, mi gente dijo que lo mejor era no hablar
-palabra, pagar la contribución y arar la tierra. Al cabo de mucho
-tiempo, el río fué quedando limpio de cadáveres, y los que por él
-bajaban eran, sin ninguna duda, ahogados procedentes de inundaciones,
-como perfectamente podía ver yo, y aunque no era tan fácil, entonces,
-el procurarse comida, cordialmente me alegraba de ello. Que haya
-su poco de matanza de cuando en cuando no es malo... pero hasta el
-_Mugger_ puede llegar á hartarse, como ya dice el refrán.
-
---¡Todo eso es maravilloso, verdaderamente maravilloso! exclamó el
-chacal. Yo me he engordado nada más que de tanto oir hablar de comer.
-Y después de esto ¿puedo atreverme á preguntar qué es lo que hizo el
-Protector de los pobres?
-
---Me dije á mí mismo (¡y por las dos orillas del Ganges que me he
-mantenido firme en lo que entonces juré!) me dije á mí mismo que nunca
-más volvería á ir vagabundo de aquel modo. Así, pues, he vivido junto
-al _Ghaut_; bien cerca de mi gente, y los he vigilado año tras año,
-y tanto han llegado á quererme que hasta me echaban guirnaldas de
-caléndulas cada vez que me veían levantar la cabeza del agua. Sí, mi
-Hado ha sido muy bueno conmigo, y el río entero tiene la bondad de
-respetarme aunque débil y enfermo; sólo que...
-
---Nadie es feliz por entero, desde el pico hasta la cola, dijo la
-grulla con simpatía. ¿Qué más necesita el _Mugger_ de _Mugger-Ghaut_?
-
---Aquel niño tan pequeño y tan blanco del cual no pude apoderarme,
-dijo el _Mugger_ lanzando un profundo suspiro. Muy pequeño era, pero
-no me he olvidado de él. Aunque soy viejo, no quisiera morirme sin
-probar algo nuevo. Verdad que son gente de pies pesados, y medio locos,
-y así poco juego darían al cazarlos; pero aún me acuerdo de aquellos
-tiempos que pasé algo más lejos de Benares, y, si el niño vive, aún se
-acordará, también, él. Es muy posible que se pasee por la orilla de
-algún río diciendo que una vez pasó las manos por entre los dientes del
-_Mugger_ de _Mugger-Ghaut_, y que quedó vivo y en disposición de hacer
-de ello un cuento que contar. Mi Hado ha sido muy bueno conmigo; pero,
-á veces, en sueños, me molesta eso... la idea de aquel niñito blanco
-que iba en el bote.
-
-Bostezó y cerró las quijadas.
-
---Y ahora, continuó, quiero descansar y pensar. Guardad silencio,
-hijos míos, y respetad á los ancianos.
-
-Volvióse con dificultad y se arrastró hasta lo alto del banco de arena,
-mientras el chacal se retiraba, con la grulla, detrás de un árbol que
-había quedado detenido en el río, en el extremo más cerca del puente
-del ferrocarril.
-
---He aquí una vida agradable y provechosa, dijo con sardónica risa,
-mirando con ademán interrogante al ave, que le dominaba desde su
-altura. Y fíjate en que, ni una vez, le pareció oportuno decirme dónde
-podía hallar un bocado, por casualidad, en algún banco de arena. Y, sin
-embargo, cien veces le he indicado yo á él muy buenas cosas que estaban
-entre el barro, allá, corriente abajo. ¡Cuán cierto es el proverbio que
-dice: nadie se acuerda del chacal ni del barbero una vez ha sabido por
-ellos las noticias! ¡Ahora se va á dormir! _¡Aaah!_
-
---¿Y cómo puede un chacal cazar junto con un cocodrilo? dijo la grulla,
-fríamente. El uno es un ladrón de los grandes; el otro de los pequeños:
-no es muy difícil el adivinar quién es el que se lleva los mejores
-bocados.
-
-Volvióse el chacal, gimiendo con rabia, é iba á enroscarse bajo el
-tronco del árbol cuando, de pronto, se acurrucó y púsose á mirar, á
-través de las ramas, hacia el puente, que estaba, casi, encima de su
-cabeza.
-
---¿Qué ocurre ahora? preguntó la grulla, abriendo las alas, algo
-inquieta.
-
---Espera un poco y lo veremos. El viento sopla desde aquí, donde
-estamos nosotros, hacia donde están ellos; pero no es á nosotros á
-quien buscan esos dos hombres.
-
---¿Hombres son? Mi oficio me proteje. Todo el mundo en la India sabe
-que soy sagrada.
-
-La grulla, que es allí un excelente basurero, se mete por todas partes
-sin que nadie la moleste, y, así, la nuestra no se acobardaba nunca.
-
---En cuanto á mí, no valgo la pena de que me den más golpe que el que
-puede dar algún zapato viejo, dijo el chacal poniéndose á escuchar de
-nuevo. ¿Oyes estos pasos? continuó. Este ruido no es el que produce el
-cuero de los zapatos del país, sino que es debido al pie calzado de un
-blanco. ¡Escucha, otra vez! ¡Ruido de hierro contra hierro! ¡Es una
-escopeta! Amiga, esos locos ingleses de pesados pies vienen á hablar
-con el _Mugger_.
-
---Adviérteselo, pues. No hace más que un rato que alguien, que me
-parece que era un chacal hambriento, le llamaba «Protector de los
-pobres».
-
---Deja que mi primo cuide él mismo de conservar la piel. Mil veces me
-ha dicho que nada hay que temer de los blancos. Pues blancos deben de
-ser éstos. Ninguno de los aldeanos de _Mugger-Ghaut_ se atrevería á
-perseguirle. ¡Mira! ¡Ya te lo dije que había una escopeta! Ahora, por
-poco que la suerte nos ayude, podremos alimentarnos antes de que apunte
-el día. Fuera del agua no oye él bien... ¡y lo que es ésta vez no
-tendrá que habérselas con una mujer!
-
-Brilló un momento el cañón de una escopeta sobre las traviesas del
-puente. El _Mugger_ estaba echado sobre el banco de arena, tan quieto
-como su propia sombra, un poco esparrancadas las patas delanteras;
-caída la cabeza entre ellas; roncando como... un cocodrilo.
-
-Sobre el puente, una voz murmuró:
-
---El tiro resulta un poco raro... casi en dirección perpendicular...
-pero tan seguro como la colocación de un capital que se invirtiera
-en casas. Lo mejor será apuntarle detrás del cuello. ¡Caramba! ¡Qué
-enorme es el animal! ¡Y qué furiosos se van á poner los de la aldea
-cuando lo vean muerto! Como que es el _deota_, el dios de estos lugares.
-
---Me importa un comino, contestó otra voz. Me quitó unos quince de mis
-mejores _coolies_[23] mientras se construía el puente, y es ya hora
-de acabar con él. He estado persiguiéndolo en bote durante semanas
-enteras. Prepare V. el Martini[24] para cuando haya disparado yo los
-dos cañones de mi escopeta.
-
---Cuidado con el culatazo, pues. Un doble disparo con calibre cuatro no
-es cosa de broma.
-
---Eso es él quién ha de decirlo, y no yo. ¡Allá va!
-
-Oyóse un estruendo como el que podría producir el disparo de un cañón
-de pequeñas dimensiones (las mayores escopetas que se usan para la caza
-de elefantes no se diferencian mucho de las piezas de artillería más
-pequeñas), y vióse una doble llamarada, seguida de la detonación seca
-y penetrante de un Martini, para cuya larga bala no ofrece la menor
-dificultad el atravesar las gruesas placas de un cocodrilo. Pero las
-balas explosivas habían hecho ya cuanto podía hacerse. Una de ellas dió
-precisamente detrás del cuello, un poco hacia la izquierda de la espina
-dorsal, mientras la otra reventaba algo más abajo, donde comienza la
-cola. De cien casos, en noventa y nueve puede un cocodrilo mortalmente
-herido arrastrarse hasta el agua, en los sitios de alguna profundidad,
-y escaparse así; pero el _Mugger_ de _Mugger-Ghaut_ estaba roto,
-literalmente, en tres pedazos. Apenas movió la cabeza, antes de quedar
-sin vida, y tan tendido estaba en el suelo como el mismísimo chacal.
-
---¡Rayos y truenos! dijo el pobre animalejo. ¿Es que aquella cosa tan
-rara que arrastra por encima del puente los coches cubiertos se ha
-venido abajo, por fin?
-
---No es más que el disparo de una escopeta, dijo la grulla (aunque
-hasta las plumas de la cola le temblaban), nada más que una escopeta.
-No hay duda que ha quedado muerto. Ahí vienen los blancos.
-
-Los dos ingleses habían bajado del puente á toda prisa y cruzado el
-banco de arena, donde se pararon á admirar la longitud del _Mugger_.
-Entonces, un indígena provisto de un hacha cortó la enorme cabeza, y
-cuatro hombres la arrastraron á través de la lengua de tierra que allí
-había.
-
---La última vez que tuve la mano en la boca de un cocodrilo, dijo
-uno de los ingleses, agachándose (era el mismo que había dirigido la
-construcción del puente), fué cuando tenía yo unos cinco años de edad,
-bajando en bote por el río en dirección de Monghyr. Era yo uno de «los
-niños del tiempo de la Insurrección,» como les llaman. Mi pobre madre
-estaba en el bote, también, y muchas veces me había contado que disparó
-con un revólver á la cabeza del animal.
-
---Vaya, ¡pues bien se ha vengado V. de esto en el principal de todos
-los de la familia!... aunque el culatazo le haya á V. hecho arrojar
-sangre por la nariz. ¡Eh, barqueros! Arrastrad esa cabeza fuera
-de aquí, y la herviremos para conservar la calavera. La piel está
-demasiado agujereada para que podamos guardarla. Vamos ahora á dormir.
-Lo que hemos hecho bien valía la pena de estar levantado toda la noche,
-¿verdad?
-
- * * * * *
-
-Y fué, realmente, curioso que el chacal y la grulla hicieran también la
-mismísima observación, dos ó tres minutos después de haberse ido los
-hombres.
-
- [Ilustración]
-
-
- =La canción de la ola=
-
-
- Por el vado cruzó un día
- la corriente una doncella
- cuando el sol ya se ponía,
- y á besar su mano bella
- fué una ola enamorada,
- fué y hablóle de esta suerte:
- --Quédate, niña, parada,
- y aguarda, que soy la Muerte.
-
- --Á donde el amor me invita
- voy y no quiero que aguarde;
- pez que en el agua se agita,
- no espera si llego tarde.
-
- --Pie ligero, pecho hermoso,
- cruza el río de otra suerte,
- cruza en barco y con reposo,
- mira que yo soy la Muerte.
-
- --Amor me llama y no espero,
- que el Desdén nunca se casa...
- mas á su talle ligero
- llega ya el agua que pasa.
- .............................
- ¡Ah fiel y hermosa loquilla!...
- Ya la ola rueda lejos...
- Nunca tocará á la orilla...
- Sangrientos son sus reflejos...
-
- [Ilustración]
-
-
- NOTAS:
-
-[20] Viene á significar este nombre «el lugar en que vivía el
-cocodrilo».--N. del T.
-
-[21] Tipo popularísimo de la literatura inglesa, que da nombre á un
-periódico humorístico, y es sumamente feo y ridículo.--N. DEL T.
-
-[22] Nombre específico del cocodrilo del Ganges.--N. del T.
-
-[23] Faquines ó jornaleros indios.--N. del T.
-
-[24] Antiguo fusil de reglamento en el ejército inglés.--N. DEL T.
-
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- EL "ANKUS" DEL REY
-
- Cuatro insaciables cosas tiene el mundo:
- la boca de Jacala[25] es lo primero;
- el buche del milano, lo segundo;
- las manos de los monos, lo tercero;
- y, como nunca logra verse harto,
- el ojo humano siempre fué lo cuarto.
-
- _Adagio de la Selva._
-
-
-Kaa, la enorme serpiente pitón de la Peña, acababa de mudar la piel, lo
-que acaso le había ocurrido ya doscientas veces desde su nacimiento,
-y Mowgli, que no olvidó nunca que le debía la vida, por lo mucho que
-trabajó una noche en las Moradas Frías (como tal vez recordaréis), fué
-á felicitarla. El mudar la piel pone siempre á una serpiente en un
-estado de irritabilidad y de depresión que dura hasta que la piel nueva
-empieza á mostrarse brillante y hermosa. No volvió Kaa á burlarse ya de
-Mowgli, sino que le aceptó, del propio modo que hacían los demás del
-Pueblo de la Selva, como al amo y señor de ésta, llevándole cuantas
-noticias era natural que oyera una serpiente pitón de su tamaño.
-Lo que Kaa ignorase acerca de _la Selva media_, como era costumbre
-llamarla allí (la vida que se desliza por encima ó por debajo de la
-tierra, entre guijarros, madrigueras y troncos de árbol), podría
-escribirse sobre la más pequeña de sus escamas.
-
-Aquella tarde estaba Mowgli sentado en el espacio que quedaba libre
-entre los grandes repliegues del cuerpo de Kaa, manoseando la rota piel
-vieja de ésta, que estaba aun tendida formando eses y enroscada, tal
-como la dejó la serpiente. Como muestra de atención, Kaa se había hecho
-un ovillo bajo los anchos y desnudos hombros de Mowgli, de modo que el
-muchacho descansaba, realmente, sobre una especie de sillón vivo.
-
---Hasta las escamas de los ojos están perfectamente conservadas, dijo
-Mowgli, entre dientes, jugando con la piel vieja. ¡Qué extraño es eso
-de ver á los pies de uno mismo la cubierta de la propia cabeza!
-
---Sí, pero yo no tengo pies, dijo Kaa, y como que es la costumbre entre
-toda mi gente, no lo hallo extraño. ¿Es que á tí no se te vuelve la
-piel vieja y áspera?
-
---Entonces voy y me lavo, Cabeza-aplastada; pero, es cierto, en los
-grandes calores, algunas veces he deseado poder, como tú, mudar sin
-dolor la piel, y correr, luego, sin ella.
-
---Pues yo me lavo, y, _además_, me quito la piel. ¿Qué te parece mi
-traje nuevo?
-
-Mowgli pasó la mano sobre la diagonal labor de taracea de aquella
-inmensa espalda.
-
---La tortuga tiene más dura la superficie; pero de colores menos
-alegres, dijo sentenciosamente. La rana, mi tocaya, los tiene más
-alegres; pero no es tan dura. El aspecto es hermosísimo... se parece á
-las manchas que hay en el interior de los lirios.
-
---Necesita agua. Una piel nueva no llega nunca á adquirir su verdadero
-color antes del primer baño. Vamos á bañarnos.
-
---Yo te llevaré, dijo Mowgli, y se agachó, riendo, para levantar por el
-medio el enorme cuerpo de Kaa, precisamente por donde era más grueso.
-De igual modo podía un hombre haber probado de levantar un tubo para
-la conducción de agua que midiera más de medio metro de ancho, y así
-Kaa se quedó tendida muy quieta, soplando tranquilamente y en extremo
-regocijada. Entonces empezó el acostumbrado juego de todas las tardes
-(el muchacho con todo su vigor, que era mucho, y la serpiente pitón,
-con su magnífica piel nueva, luchando cara á cara uno contra otro)...
-juego que constituía una prueba en que se ejercitaban por igual el
-ojo y el esfuerzo. Por supuesto, que Kaa podía haber aplastado á una
-docena como Mowgli, si hubiera querido; pero procedía con cuidado y
-no empleaba ni la décima parte de su fuerza. En cuanto Mowgli tuvo
-la suficiente para resistir la rudeza del juego, Kaa se lo enseñó, y
-con ello sus miembros ganaron en elasticidad mejor que con otra cosa
-alguna. Á veces Mowgli, de pie y envuelto, casi, hasta el cuello por
-los movedizos anillos de Kaa, se esforzaba en sacar un brazo y cogerla
-por la garganta. Entonces Kaa cedía suavemente, y Mowgli, con ambos
-pies, de agilidad extrema, intentaba paralizar todo movimiento de la
-enorme cola, que retrocedía buscando una roca ó el tronco de un árbol.
-Balanceábanse, también, pegada la cabeza del muchacho contra la de la
-serpiente, cada uno de ellos esperando el momento oportuno del ataque,
-hasta que el hermoso grupo, parecido á una estatua, se deshacía,
-convirtiéndose en torbellino de negros y amarillentos anillos y de
-piernas y brazos que luchaban, para levantarse, de nuevo, una y otra
-vez.
-
---¡Toma! ¡Toma! ¡Toma! decía Kaa, dirigiendo fintas con la cabeza, que
-ni la mano rapidísima de Mowgli podía desviar. ¡Mira! ¡Ahora te toco
-aquí, hermanito! ¡Ahora aquí, y aquí! ¿Tienes las manos entumecidas?
-¡Ya te he tocado otra vez!
-
-Terminaba siempre el juego de igual modo: con un golpe en línea recta
-y arrastrando, que arrojaba al muchacho al suelo dando tumbos. Mowgli
-no pudo aprender nunca el modo de ponerse en guardia contra esa
-especie de estocada, rápida como el rayo, y, según opinión de Kaa, era
-completamente inútil que lo probara.
-
---¡Buena caza! gruñó, por fin, Kaa; y Mowgli, como de costumbre,
-cayó disparado á más de cinco metros de distancia, sin aliento, pero
-riéndose. Levantóse, con las manos llenas de yerba, y siguió á Kaa
-hacia el bañadero favorito de la serpiente: una laguna negra como la
-brea, rodeada de rocas, y á la que prestaban cierta variedad hundidos
-troncos de árbol. Metióse el muchacho en el agua, como era costumbre
-en la Selva, sin ruido, y la cruzó buceando; salió á la superficie
-silenciosamente, también, y se tendió de espalda, cruzados los brazos
-bajo la cabeza, mirando como la luna se elevaba por encima de las
-rocas, y gozándose en quebrar con los dedos de los pies el reflejo
-de los rayos en el agua. La cabeza de Kaa, de forma parecida á la
-de un diamante, cortó la superficie del agua como una navaja y fué
-á descansar sobre el hombro de Mowgli. En esta posición se quedaron
-quietos, voluptuosamente embebidos en la agradable impresión del agua
-fría.
-
---¡Qué bien se está así! dijo Mowgli, al fin, medio adormecido. Pues
-mira: en la manada de los hombres, á esta misma hora, si mal no
-recuerdo, se tendían sobre unos pedazos de madera muy duros, en el
-interior de una trampa hecha de barro, y, después de haber cerrado,
-para que no entrara el aire puro de afuera, se echaban por encima de la
-casi medio atontada cabeza una tela sucia, y cantaban con la nariz unas
-canciones muy feas. Mucho mejor se está en la Selva.
-
-Una cobra se deslizó precipitadamente por encima de una roca, bebió,
-deseóles «buena suerte» y marchóse.
-
---_¡Ssss!_ dijo Kaa, como si de pronto se acordara de algo. ¿De modo
-que en la Selva hallas cuanto tú puedes desear, Hermanito?
-
---No todo, contestó Mowgli, riendo, porque para ello sería preciso que
-hubiera un nuevo y fuerte Shere Khan que matar á cada cambio de luna.
-Lo que es ahora podría matarlo con mis propias manos, sin necesitar que
-me ayudaran los búfalos. Además de esto, he deseado también, muchas
-veces, que brillara el sol en medio de las lluvias, y, otras, que las
-lluvias taparan al sol en lo más caluroso del verano; y, además, nunca
-me he sentido con el estómago vacío sin desear haber matado á una
-cabra; y nunca he matado á una cabra sin desear que fuera un gamo; ni á
-un gamo sin sentir que no hubiera sido un _nilghai_. Pero lo mismo nos
-ocurre á todos nosotros.
-
---¿Y nada más deseas? preguntó la enorme serpiente.
-
---¿Qué más puedo desear? Tengo la Selva y en ella se me mira con buenos
-ojos. ¿Hay, acaso, algo más en algún otro sitio, en lo que va de la
-salida á la puesta del sol?
-
---Pues bien, la cobra dijo... empezó Kaa...
-
---¿Qué cobra? La que ahora mismo se fué no dijo nada. Estaba cazando.
-
---Fué otra.
-
---¿Tratas tú mucho á las del pueblo venenoso? Yo les dejo bien libre
-el camino. Llevan la muerte en los dientes delanteros y eso es mala
-cosa... porque son muy pequeñas. Pero ¿qué cobra es ésa con la que tú
-has hablado?
-
-Revolvióse Kaa muy despacio en el agua, como un barco de vapor que las
-olas del mar baten de través.
-
---Hace cuatro ó cinco lunas, dijo, que cacé en las Moradas Frías, sitio
-que no has olvidado. Lo que yo perseguía se escapó chillando más allá
-de las cisternas, y, yendo á aquella casa de la cual, por culpa tuya,
-hice yo pedazos uno de los lados, se hundió en el suelo.
-
---Pero la gente de las Moradas Frías no vive en madrigueras, dijo
-Mowgli, que sabía que Kaa hablaba del Pueblo de los monos.
-
---Aquello no _vivía_ allí, sino que allí fué para conservar la vida,
-contestó Kaa moviendo rápidamente la lengua. Metióse en una madriguera,
-prosiguió, muy profunda. Fuíme yo detrás, y, una vez lo hube muerto, me
-dormí. Cuando desperté fuí internándome más.
-
---¿Bajo tierra?
-
---Eso es. Halléme allí, por fin, con una _Capucha Blanca_ (una cobra
-blanca) que habló de cosas superiores á todos mis conocimientos, y me
-enseñó muchas que nunca había visto antes.
-
---¿Caza nueva? ¿Se mataba con facilidad?
-
-Al decir esto, volvióse Mowgli de lado con la mayor rapidez.
-
---No eran piezas de caza, y, además, me hubieran roto todos los
-dientes. Pero la _Capucha Blanca_ dijo que un hombre (y hablaba como
-quien conoce á fondo la especie), que un hombre hubiera dado con gusto
-la vida nada más que por mirar todo aquello.
-
---Ya lo veremos, dijo Mowgli. Ahora recuerdo que hubo un tiempo en que
-fuí hombre.
-
---¡Calma!... ¡Calma! La prisa fué la que mató á la Serpiente Amarilla
-que se comió al sol. Hablamos nosotras dos bajo tierra, y yo hice
-mención de tí, diciendo que eras un hombre. Dijo, entonces, la _Capucha
-Blanca_ (y advierte que ella es, en verdad, tan vieja como la misma
-Selva):
-
---Mucho tiempo hace que no he visto á un hombre. Que venga, y
-contemplará todas esas cosas, por la más insignificante de las cuales
-se dejarían matar muchísimos como él.
-
---Eso ha de ser, por fuerza, algún nuevo género de caza. Y, sin
-embargo, el Pueblo Venenoso no suele decirnos dónde hay alguna pieza de
-que apoderarse; son gente enemiga.
-
---Que no se trata de pieza ninguna, te he dicho. Es... es... no puedo
-decir lo que es.
-
---Iremos allá. Nunca he visto á una _Capucha Blanca_, y además deseo
-ver las otras cosas. ¿Las mató ella?
-
---Cosas muertas son. Dice que es la guardiana de todas.
-
---¡Ah!... Del mismo modo que un lobo vigila la carne que se ha llevado
-á su cubil. Vamos.
-
-Nadó Mowgli hacia la orilla, revolcóse sobre la yerba para secarse, y
-ambos partieron en dirección de las Moradas Frías, la ciudad desierta
-de la cual cabe suponer que estáis enterados. No tenía Mowgli,
-entonces, el menor miedo del Pueblo de los Monos, pero, en cambio, éste
-sentía por él vivísimo horror. Sea como fuere, sus tribus corrían á la
-sazón por la Selva, y así las Moradas Frías se hallaban completamente
-solitarias y silenciosas, iluminadas por la luna. Kaa iba delante, y,
-dirigiéndose hacia las ruinas del pabellón de la reina que se elevaban
-sobre la terraza, deslizóse por encima de los escombros y se hundió en
-la casi enterrada escalera subterránea que descendía del centro del
-pabellón. Mowgli lanzó el grito que servía para las serpientes («tú
-y yo somos de la misma sangre») y siguió, sirviéndose, para andar,
-de las manos y de las rodillas. Arrastráronse durante largo espacio
-por un pasadizo inclinado, de innumerables vueltas y revueltas, y,
-por fin, llegaron á un sitio en el que la raíz de algún árbol muy
-grande, que crecía á más de nueve metros por encima de la altura en
-que se hallaban, había arrancado una de las pesadas piedras de la
-pared. Metiéronse por el hueco y se hallaron en una gran caverna, cuyo
-techo abovedado estaba, también, roto, en ciertos puntos, por raíces
-de árboles, de tal suerte que algunos rayos de luz penetraban en la
-obscuridad.
-
---He aquí un cubil bien seguro, dijo Mowgli enderezándose; pero está
-demasiado lejos para visitarlo diariamente. Y ahora ¿qué es lo que aquí
-se ve?
-
---¿No soy yo nada? dijo una voz, en medio de la caverna. Y Mowgli vió
-algo blanco que se movía, hasta que, poco á poco, irguióse ante él la
-más enorme cobra que jamás vieran sus ojos... un animal de cerca de
-dos metros y medio de largo, y descolorido, por estar siempre en la
-obscuridad, hasta haber adquirido color de marfil viejo. Aun las mismas
-marcas, como de espejuelos, que ostentaba en su extendida capucha,
-se habían desteñido, mostrándose ahora de un amarillo pálido. Tenía
-los ojos del color de rubíes, y, en suma, ofrecía el más sorprendente
-aspecto que pueda darse.
-
---¡Buena suerte! dijo Mowgli, que no abandonaba nunca ni los buenos
-modales ni el cuchillo.
-
---¿Qué noticias me traes de la ciudad? preguntó la cobra blanca sin
-contestar al saludo. ¿Qué me cuentas de la inmensa ciudad amurallada...
-la ciudad de cien elefantes, veinte mil caballos y tantas reses que no
-cabe el contarlas... la ciudad del Rey de veinte reyes? Yo me vuelvo
-sorda aquí, y mucho tiempo ha pasado ya desde que oí sus _gongos_[26]
-de guerra.
-
---Sobre nuestras cabezas no se extiende más que la Selva, dijo Mowgli.
-Entre los elefantes, conozco únicamente á Hathi y á sus hijos. Bagheera
-ha despaldillado á todos los caballos de una aldea, y... dime... ¿qué
-es un Rey?
-
---Ya te expliqué, dijo Kaa con suavidad á la cobra, ya te expliqué,
-desde hace cuatro lunas, que la ciudad no existía.
-
---La ciudad... la gran ciudad del bosque, cuyas puertas están guardadas
-por las torres del Rey... no puede perecer nunca. ¡La edificaron antes
-que el padre de mi padre saliera del huevo, y durará, aún, cuando
-los hijos de mis hijos sean tan blancos como yo! Salomdhi, hijo de
-Chandrabija, el cual era hijo de Viyeja, hijo, á su vez, de Yegasuri,
-fué quien la edificó en la época de Bappa Rawal. ¿Quién es el dueño del
-rebaño á que pertenecen _vuesas mercedes_?
-
---Eso es como un rastro perdido, dijo Mowgli volviéndose hacia Kaa. No
-entiendo su lenguaje.
-
---Ni yo. Es muy vieja. Madre de las cobras, aquí no hay más que la
-Selva, y así fué desde el principio.
-
---Pues entonces ¿quién es _éste_, preguntó la cobra blanca, que está
-sentado delante de mí, sin tenerme miedo, sin saber el nombre del Rey,
-y que habla nuestro lenguaje, valiéndose para ello de labios humanos?
-
-¿Quién es éste que va armado de cuchillo y tiene lengua de serpiente?
-
---Mowgli me llaman, fué la respuesta. Pertenezco á la Selva. Los lobos
-son mi gente, y Kaa, que aquí ves, es mi hermana. Madre de las cobras
-¿quién eres tú?
-
---Yo soy la Guardiana del tesoro del Rey. Kurrun Raja puso la piedra
-que está ahí arriba, en los tiempos en que mi piel era obscura, á fin
-de que enseñara yo lo que es la muerte á los que vinieran aquí para
-robar. Luego bajaron el tesoro, levantando la piedra, y oí el canto de
-los brahmanes, mis amos.
-
---¡Uy! dijo entre sí Mowgli: yo he tenido ya que habérmelas con un
-brahmán, en la manada de los hombres, y... sé, acerca de él, lo que sé.
-Aquí va á pasar algo, muy pronto.
-
---Cinco veces, desde que vine á este sitio, han levantado la piedra;
-pero siempre para traer más, nunca para sacar algo. No hay riquezas
-como éstas: son los tesoros de cien reyes. Pero ha transcurrido mucho,
-muchísimo tiempo desde la última vez que levantaron la piedra, y creo
-que mi ciudad se ha olvidado ya de lo que aquí existe.
-
---No hay tal ciudad. Mira hacia arriba. Verás allí raíces de grandes
-árboles que separan las piedras. Pues bien: no crecen juntos árboles y
-hombres, volvió á decir Kaa.
-
---Dos, y hasta tres veces, han hallado los hombres manera de llegar
-hasta aquí, contestó airada la cobra blanca; pero nunca hablaron
-hasta que yo me les eché encima, mientras iban ellos tanteando en
-medio de la obscuridad, y aun entonces gritaron sólo breve rato. Mas
-_vuesas mercedes_ vienen ambos con mentiras, lo mismo el Hombre que
-la Serpiente, y quisieran hacerme creer que la ciudad no existe y que
-mi misión de guardiana ha terminado. Poco cambian los hombres en el
-transcurso de los años. En cuanto á mí... yo no cambio jamás. Hasta que
-la piedra vuelva á ser levantada, y desciendan los brahmanes cantando
-canciones que yo sé, y me alimenten con leche caliente, y me saquen de
-nuevo á la luz, yo... _yo_... y nadie más que _yo_, seré la Guardiana
-del tesoro del Rey. ¿Decís que la ciudad ha muerto, y que ahí están las
-raíces de los árboles? Agachaos, pues, y coged lo que queráis. No tiene
-la tierra tesoros como éste. ¡Hombre con lengua de serpiente, si puedes
-salir con vida por el mismo camino que entraste, todos los reyezuelos
-del país serán tus vasallos!
-
---Ya se embrolló otra vez la pista, dijo fríamente Mowgli. ¿Acaso algún
-chacal habrá llegado á meterse en estas profundidades y mordido á la
-gran _Capucha Blanca_? De fijo que le ha pegado la rabia[27]. Madre de
-las cobras, nada veo yo aquí que pueda llevarme.
-
---¡Por los dioses del Sol y de la Luna que el muchacho está loco de
-remate! silbó la cobra. Antes que tus ojos se cierren para siempre voy
-á hacerte un favor: mira, y contempla lo que jamás vió hasta ahora
-hombre alguno.
-
---No suele irles muy bien en la Selva á aquéllos que le hablan á Mowgli
-de favores, dijo el muchacho entre dientes. Pero la obscuridad lo
-cambia todo: bien lo sé yo. Miraré, pues, para complacerte.
-
-Miró, en efecto, con los ojos medio cerrados, alrededor de la caverna,
-y luego levantó del suelo un puñado de algo que brillaba.
-
---¡Oh! exclamó, esto es como aquello con que juegan en la manada de
-los hombres; sólo que esto es amarillo, y aquello era de color obscuro.
-
-Dejó caer las monedas de oro, y siguió adelante. El suelo de la
-caverna hallábase cubierto por una capa de oro y plata acuñados, de un
-espesor de más de metro y medio. Había estado al principio en sacos,
-que se rompieron, luego, esparciendo el metal, y, con los años, fuése
-éste apretando y sentando, como la arena durante el reflujo. Encima,
-dentro, y surgiendo de aquella masa, como restos de un naufragio que
-se levantan sobre la arena, había pabellones de elefante con joyas
-incrustadas en realces de plata, con planchas de oro forjado y adornos
-de rubíes y turquesas. Veíanse palanquines y literas destinados á
-llevar reinas, y cuyos marcos y correas eran plateados y con esmaltes,
-las varas con cabos de jade, y anillos de ámbar para las cortinas;
-había candeleros de oro con agujereadas esmeraldas colgantes, que
-temblaban sobre cada uno de los brazos; adornadas imágenes de olvidados
-dioses, de metro y medio de alto, todas ellas de plata y teniendo por
-ojos piedras preciosas; cotas de malla con incrustaciones de oro sobre
-el acero y guarnecidas de aljófar, ya cubierto de moho y ennegrecido;
-yelmos con cimeras y sartas de rubíes que tenían el color de la sangre
-de palomo; escudos de laca, de concha y de piel de rinoceronte, con
-tiras y tachones de oro rojo y esmeraldas en el borde; montones de
-espadas, dagas y cuchillos de caza con puño ó mango guarnecido de
-diamantes; vasos y cucharas de oro para los sacrificios, y altares
-portátiles de una forma que jamás se vé á la luz del día; tazas y
-brazaletes de jade; incensarios, peines y potes para perfumes y polvos,
-destinados al tocado femenino, todo ello en oro repujado; anillos para
-la nariz, brazales, diademas, anillos para los dedos y ceñidores, en
-tan gran número que era imposible contarlos; cinturones de siete dedos
-de ancho con diamantes y rubíes escuadrados, y cajas de madera, con
-triples grapas de hierro, en que las tablas se habían reducido ya á
-polvo mostrando en el interior los montones de zafiros orientales y
-comunes, ópalos, ágatas, rubíes, diamantes, esmeraldas y granates.
-
-Tenía razón la cobra blanca. No había dinero que bastara ni para
-empezar á pagar el valor de aquel tesoro, escogido producto de siglos
-de guerra, saqueo, comercio y tributos. Sin contar las piedras
-preciosas, las monedas solas eran ya de inestimable precio, y el peso
-en bruto del oro y de la plata, únicamente, podía muy bien llegar á
-dos ó trescientas toneladas. Cada uno de los gobernantes indígenas en
-la India tiene hoy, por pobre que sea, un tesoro escondido al cual va
-añadiendo siempre algo; y aunque alguna vez, en el espacio de muchos
-años, tal ó cual príncipe instruido mande cuarenta ó cincuenta carretas
-de bueyes cargadas de plata para que se las cambien por títulos de la
-Deuda, la mayoría guarda su tesoro, y el secreto de que exista, con
-grandísimo cuidado, y exclusivamente para sí propio.
-
-Como era natural que sucediera, Mowgli no entendió el significado de
-todo aquello. Los cuchillos despertaron algo su curiosidad; pero no le
-parecieron de tan fácil manejo como el suyo, y, por lo tanto, pronto
-los soltó. Halló, por fin, algo que realmente le sedujo, al verlo sobre
-un pabellón para elefante, medio enterrado entre las monedas. Era un
-_ankus_ de cerca de un metro de largo, ó sea una aijada como las que
-se emplean, también, para elefantes, algo que tenía cierta semejanza
-con un bichero pequeño. El extremo superior era un redondo y brillante
-rubí, debajo del cual venían ocho pulgadas de mango tachonadas de
-turquesas en bruto, casi tocando una con otra, lo que ofrecía
-segurísimo asidero. Más abajo había un cerco de jade con un dibujo de
-flores que lo adornaba... sólo que tenía la particularidad de que las
-hojas eran esmeraldas, y las corolas rubíes hundidos en la fría y verde
-piedra. El resto del mango era una vara de purísimo marfil, mientras el
-extremo agudo (la punta y el gancho) era de acero con incrustaciones
-de oro, representando escenas de la caza del elefante, y esos dibujos
-atrajeron de modo especial á Mowgli, que vió en ellos algo que tenía
-más ó menos relación con Hathi el Silencioso.
-
-La cobra blanca había estado, entre tanto, siguiéndole muy de cerca.
-
---¿No vale esto la pena de morir con tal de contemplarlo? dijo. ¿No te
-he hecho un grandísimo favor?
-
---No te entiendo, contestó Mowgli. Todas esas cosas son duras y frías,
-y no pueden servir, en modo alguno, para comer. Pero esto (y levantó el
-_ankus_), esto deseo sacarlo de aquí para verlo á la luz del sol. ¿No
-decías que cuanto te rodea es tuyo? ¿Quieres darme esto sólo, y yo te
-traeré ranas para que las comas?
-
-La cobra blanca se estremeció, llena de malvado júbilo.
-
---Vaya si te lo daré, dijo. Todo voy á dártelo... hasta el momento de
-irte.
-
---Pero si me voy ahora. Este sitio es obscuro y frío, y deseo llevarme
-á la Selva eso que tiene una punta como de espina.
-
---¡Mira á tus pies! ¿Qué hay junto á ellos?
-
-Cogió Mowgli algo blanco y liso.
-
---Es el cráneo de un hombre, dijo en voz baja. Y aquí hay dos más.
-
- [Ilustración]
-
---Vinieron para llevarse el tesoro hace muchos años. Yo les hablé en
-medio de la obscuridad, y se quedaron quietos para siempre.
-
---Pero ¿para qué necesito yo eso que se llama tesoro? Si me quieres dar
-el _ankus_ para llevármelo, ya habré cazado todo lo que deseo. Si no,
-me es igual. Yo no me bato con los del Pueblo Venenoso, y, además, ya
-me enseñaron la palabra mágica para los de tu tribu.
-
---¡Aquí no hay más palabra mágica que una, y ésta es la mía!
-
-Lanzóse Kaa hacia adelante con los ojos echando llamas.
-
---¿Quién me invitó á traer al Hombre á este sitio? dijo silbando.
-
---Yo, no hay duda, balbuceó la vieja cobra. Hace mucho tiempo que no he
-visto al hombre, y, además, éste conoce nuestro lenguaje.
-
---Pero no se habló de matar. ¿Cómo puedo yo ahora volver á la Selva
-diciendo que le he traído aquí á morir? dijo Kaa.
-
---Yo no hablo de matar hasta que llega la hora. Y respecto á irte ó
-no irte tú, ahí está el agujero en la pared. Déjame, pues, en paz,
-matadora de monos. No tengo que hacer más que tocarte en el cuello, y
-la Selva no volverá ya á tener noticias tuyas. Jamás entró aquí hombre
-alguno que volviera á salir con vida. Yo soy la Guardiana del tesoro
-perteneciente á la ciudad del Rey.
-
---Pero si te digo, gusano blanco de esas tinieblas, que no hay ya Rey
-ni ciudad. ¡La Selva es la que reina en torno nuestro!
-
---Aún existe el tesoro. Mas verás lo que podemos hacer: espera un
-poco, Kaa de las Peñas, y mira cómo corre el muchacho. Hay aquí sitio
-suficiente para entregarnos á ese juego. La vida es algo bueno. ¡Corre
-de un lado á otro, y juguemos, muchacho!
-
-Mowgli colocó, calmosamente, la mano sobre la cabeza de Kaa.
-
---Esa cosa blanca no ha tratado hasta ahora más que con hombres de los
-que forman parte de la manada humana. Á mí no me conoce, murmuró. Ella
-misma ha pedido esa clase de caza; otorguémosela, pues.
-
-Había estado Mowgli, todo ese tiempo, de pie, sosteniendo el _ankus_
-con la punta hacia abajo. Arrojólo lejos de sí, con gran rapidez, y
-fué aquél á caer de lado, precisamente detrás de la capucha de la gran
-serpiente, clavando á ésta en el suelo. Como una exhalación lanzó Kaa
-todo su peso sobre aquel cuerpo que se retorcía, inmovilizándolo hasta
-la cola. Los colorados ojos parecían de fuego, y las seis pulgadas
-de la cabeza que quedaban libres golpeaban furiosamente á derecha é
-izquierda.
-
---¡Mata! dijo Kaa en el instante en que Mowgli echaba mano al cuchillo.
-
---No, contestó él, al sacarlo, nunca más mataré como no sea para
-procurarme comida. Pero ¡mira Kaa!
-
-Cogió á la serpiente por detrás de la capucha, le abrió violentamente
-la boca con la hoja de acero, y mostró los terribles colmillos
-venenosos de la mandíbula superior, ya negros y consumidos en la encía.
-La cobra blanca había sobrevivido á su veneno, como les ocurre á las
-serpientes.
-
---_Thuu_ (está seco)[28] dijo Mowgli; y, haciendo seña á Kaa para que
-se alejara, cogió el _ankus_, dejando á la cobra en libertad.
-
---El tesoro del Rey necesita un nuevo guardián, dijo con gravedad.
-_Thuu_, has hecho mal. ¡Corre de un lado á otro y juguemos, _Thuu_!
-
---¡Qué vergüenza para mí! ¡Mátame! silbó la cobra blanca.
-
---Demasiado hemos hablado ya aquí de matar. Ahora nos iremos. Me llevo
-esa cosa de punta de espina, _Thuu_, porque con ella he peleado y te he
-vencido.
-
---Cuida, pues, de que esa cosa no te mate, al fin, á tí. ¡Es la muerte!
-¡Acuérdate de lo que te digo: es la muerte! Hay en ella lo suficiente
-para quitar la vida á todos los hombres de mi ciudad. No estará mucho
-tiempo en tu poder, hombre de la selva, ni tampoco en el del que de tí
-lo tome. ¡Por ello se matarán sin cesar unos á otros! Mi fuerza se ha
-consumido; pero el _ankus_ continuará mi tarea. ¡Es la muerte!... ¡La
-muerte!... ¡La muerte!
-
-Arrastróse Mowgli por el agujero hasta llegar de nuevo al pasadizo,
-y lo último que desde allí vió fué cómo la cobra blanca golpeaba
-furiosamente con sus inofensivos colmillos las estúpidas caras doradas
-de los dioses tendidos en el suelo, silbando al propio tiempo: «¡es la
-muerte!»
-
-Alegráronse de ver una vez más la claridad del día, y, cuando se
-hallaron de vuelta en la propia Selva y Mowgli hizo brillar el _ankus_
-con los reflejos de la luz matinal, estuvo casi tan contento como si
-hubiera hallado un ramo de flores nuevas que prenderse en el cabello.
-
---Esto brilla aun más que los ojos de Bagheera, dijo, con verdadero
-júbilo, al dar vueltas rápidamente al rubí. Se lo enseñaré; pero ¿qué
-es lo que quiso decir la _Thuu_ cuando habló de la muerte?
-
---Lo ignoro. Lo que siento con todo mi cuerpo, desde la cabeza hasta la
-punta de la cola, es que no le hicieras probar tu cuchillo. Siempre hay
-algo malo en las Moradas Frías... sobre el suelo ó por debajo de él.
-Pero, tengo ahora hambre. ¿Cazas conmigo esta mañana? dijo Kaa.
-
---No: Bagheera ha de ver esto. ¡Buena suerte!
-
-Marchóse Mowgli bailando, blandiendo el gran _ankus_ y parándose, de
-cuando en cuando, para admirarlo, hasta que llegó á aquella parte de la
-Selva donde solía estar con preferencia Bagheera, y la halló bebiendo,
-después de haber cazado, no sin cierta fatiga. Contóle Mowgli todas sus
-aventuras, desde el principio hasta al fin, y, de cuando en cuando,
-olfateaba Bagheera el _ankus_. Al llegar Mowgli á las últimas palabras
-de la cobra blanca la pantera lanzó un susurro especial de aprobación.
-
---¿Entonces, la cobra blanca dijo lo que realmente es? preguntó, en
-seguida, Mowgli.
-
---Nací en las jaulas del Rey de Oodeypore, y tengo la seguridad de
-conocer un poco á los hombres. Muchísimos de ellos darían muerte á tres
-de sus semejantes en una sola noche nada más que por tener esa gran
-piedra roja.
-
---Pero esa piedra no hace otra cosa que añadir peso. Mi brillante
-cuchillo, aunque pequeño, es mejor; y además... ¡mira! la piedra roja
-no sirve para comer. Por lo tanto ¿para qué esas muertes que dices?
-
---Mowgli, vete á dormir. Has vivido entre los hombres, y...
-
---Ya me acuerdo. Los hombres matan cuando no van de caza... matan por
-ociosidad y por gusto. Despiértate, Bagheera. ¿Á qué uso destinaron esa
-cosa con punta de espina, cuando la hicieron?
-
-Abrió á medias los ojos Bagheera (que tenía mucho sueño) y guiñó
-maliciosamente.
-
---La hicieron los hombres para meterla en la cabeza de los hijos de
-Hathi, de modo que la sangre corriera. Yo he visto una semejante en la
-calle de Oodeypore, delante de nuestras jaulas. Cosa es ésta que ha
-probado la sangre de muchos como Hathi.
-
---Pero ¿por qué se la meten en la cabeza á los elefantes?
-
---Para enseñarles la Ley del Hombre. Como no tienen garras ni dientes,
-los hombres fabrican esas cosas... y aun otras peores.
-
---Siempre sangre y más sangre, aun en aquello que hizo la manada
-humana, dijo Mowgli con ademán de asco, y comenzando ya á sentirse algo
-cansado de sostener el peso del _ankus_.
-
---Si hubiera sabido eso no me lo llevo. Primero, sangre de Messua sobre
-sus ataduras, y ahora sangre de Hathi. No quiero usarlo más. ¡Mira!
-
-Voló el _ankus_ por los aires, lanzando chispas de luz, y se clavó de
-punta á más de veinticinco metros de distancia, entre los troncos de
-los árboles.
-
---Así quedan mis manos limpias de toda muerte, dijo Mowgli, frotando
-las palmas de aquéllas contra la fresca, húmeda tierra. Dijo la _Thuu_
-que la Muerte seguiría mis pasos. Es vieja, y blanca, y está loca.
-
---Sea blanca ó negra, trátese de muerte ó de vida, lo que es yo me voy
-á dormir, Hermanito. No puedo estar cazando toda la noche y aullando
-todo el día, como hacen algunos.
-
-Marchóse Bagheera á un cubil que conocía, y usaba al ir de caza, á
-media legua de distancia. Mowgli encaramóse á un árbol que le pareció
-apropiado, anudó allí tres ó cuatro enredaderas, y, en menos tiempo
-del que se emplea en decirlo, se balanceaba ya en una hamaca, á quince
-metros sobre el nivel del suelo. Aunque no le molestara realmente la
-fuerte luz del día, Mowgli, siguiendo en esto la costumbre de sus
-amigos, la usaba tan poco como le era posible. Al despertarse entre el
-coro de chillonas voces de los habitantes de los árboles, era ya otra
-vez la hora del crepúsculo, y recordó haber soñado en las hermosas
-piedrecillas que acababa de tirar.
-
---Cuando menos, volveré á contemplar aquello una vez más, dijo, y se
-deslizó por una enredadera hasta tocar el suelo.
-
-Ante él estaba Bagheera. Mowgli podía oirla olfatear en medio de la
-relativa obscuridad que reinaba.
-
---¿Dónde está aquello que tiene punta de espina? gritó Mowgli.
-
---Se lo ha llevado un hombre. Ahí está el rastro.
-
---Ahora veremos si la _Thuu_ dijo la verdad. Si esa cosa puntiaguda es
-la Muerte, ese hombre morirá. Sigámosle.
-
---Mata primero, contestó Bagheera. Con el estómago vacío no se
-tiene muy buen ojo. Andan los hombres muy despacio, y la Selva está
-suficientemente húmeda para conservar hasta la más ligera señal del que
-haya pasado.
-
-Mataron lo más pronto que les fué posible; pero casi tres horas habían
-transcurrido cuando hubieron terminado la comida, bebido y preparádose
-á seguir la pista. El Pueblo de la Selva sabe que no hay nada que
-compense el daño causado por la precipitación en las comidas.
-
---¿Crees tú que aquella cosa puntiaguda se volverá en las mismas manos
-del hombre contra él y lo matará? preguntó Mowgli. La _Thuu_ dijo que
-era la Muerte.
-
---Ya lo veremos al llegar, contestó Bagheera, siguiendo al trote con
-la cabeza baja. No hay más que _un pie_ (quería decir que no había más
-que un solo hombre) y el peso de esa cosa le ha hecho apretar el talón
-profundamente en el suelo.
-
---Efectivamente: esto es claro como un relámpago de verano, contestó
-Mowgli.
-
-Y ambos tomaron el cortado y rápido trote con que se sigue un rastro,
-metiéndose ya dentro de los trozos de tierra iluminados por la luna, ya
-saliendo fuera, siempre tras las huellas de aquellos dos pies desnudos.
-
---Ahora corre muy aprisa, dijo Mowgli. Las señales de los dedos están
-muy separadas.
-
-Siguieron por una tierra húmeda.
-
---Y ahora ¿por qué tuerce hacia á un lado?
-
---¡Espera! dijo Bagheera, y lanzóse hacia delante de un salto
-magnífico, que procuró fuera lo más largo posible.
-
-Lo primero que hay que hacer cuando una pista deja de ser clara y
-explicable es ir hacia delante, sin dejar en el suelo las propias
-huellas, que acabarían de confundir. Volvióse Bagheera en cuanto tocó á
-tierra, y dirigiéndose al muchacho gritó:
-
---Ahí viene otro rastro á encontrarse con el primero. Es de un pie más
-pequeño, y las marcas de los dedos están vueltas hacia dentro.
-
-Corrió, entonces, Mowgli y miró á su vez.
-
---Es el pie de un cazador gondo, dijo. ¡Mira! Aquí ha arrastrado el
-arco por encima de la yerba. Por esto el primer rastro torcía hacia
-un lado tan rápidamente. _Pie grande_ quería esconderse, viéndose
-perseguido por _Pie pequeño_.
-
---Es verdad, dijo Bagheera. Ahora, para que no ocurra que cruzando
-el rastro del uno con el del otro embrollemos las señales, vamos á
-seguir cada uno el suyo. Yo soy _Pie grande_, Hermanito, y tú eres _Pie
-pequeño_, el gondo.
-
-Saltó Bagheera hacia atrás, volviendo á tomar el primer rastro, y
-dejando á Mowgli agachado curiosamente sobre las estrechas huellas del
-salvaje habitante de los bosques.
-
---Ahora, dijo Bagheera, siguiendo paso á paso la hilera de huellas, yo,
-_Pie grande_, tuerzo aquí hacia un lado. Ahora me escondo detrás de
-una roca y me estoy quieto, sin atreverme á levantar ni un pie. Dí tú
-cómo es tu rastro, Hermanito.
-
-Ahora yo, _Pie pequeño_, llego á la roca, dijo, á su vez, Mowgli,
-siguiendo la pista. Ahora me siento debajo de ella, apoyándome sobre la
-mano derecha y descansando el arco entre los dedos de los pies. Espero
-largo rato, porque mis huellas son aquí profundas.
-
---Lo propio me ocurre á mí, observó Bagheera, que estoy escondido
-detrás de la roca. Espero, descansando sobre ella el extremo del objeto
-que llevo, y que tiene punta de espina. Resbala, porque aquí hay una
-raya sobre la piedra. Dí tú ahora tu pista, Hermanito.
-
---Una... dos ramillas... y una rama grande... se ven aquí rotas, fué
-diciendo Mowgli en voz baja. ¿Y cómo explicaré ahora esto? ¡Ah! Ya lo
-veo claro. Yo, _Pie pequeño_, me voy, haciendo ruido y pisando fuerte,
-á fin de que _Pie grande_ pueda oirme.
-
-Apartóse, entonces, de la roca, paso á paso, por entre los árboles,
-elevando la voz, desde lejos, al irse acercando á una cascada pequeña,
-y diciendo:
-
---Yo... me voy... muy lejos... al sitio... donde... el... ruido... del
-agua... que cae... apaga... mi propio... ruido... y... aquí... espero.
-¡Dí tú ahora tu pista, Bagheera, _Pie grande_!
-
-La pantera había estado saltando en todas direcciones para ver cómo el
-rastro de _Pie grande_ se apartaba de la roca. Al fin gritó:
-
---Salgo de detrás de la roca, caminando á gatas y arrastrando el objeto
-que tiene punta de espina, y no viendo á nadie echo á correr. Yo, Pie
-grande corro velozmente. El rastro está aquí claro. Sigamos cada uno el
-suyo. ¡Yo voy corriendo!
-
-Hizo Bagheera lo que decía, siguiendo el rastro claramente marcado, y,
-entre tanto, Mowgli siguió los pasos del gondo. Reinó por algún tiempo
-el silencio en la Selva.
-
---¿Dónde estás, _Pie pequeño_? gritó Bagheera. La voz de Mowgli le
-contestó á unos cuarenta metros de distancia hacia la derecha.
-
---¡Je! exclamó la pantera tosiendo con una tos profunda. Ambos corren,
-uno al lado de otro, y acercándose.
-
-Continuó la carrera durante un rato, conservándose los dos casi á la
-misma distancia, hasta que Mowgli, que no tenía la cabeza tan cerca del
-suelo como Bagheera, gritó:
-
---Ya se han encontrado. ¡Buena ha sido la caza!... ¡Mira! Aquí se paró
-_Pie pequeño_, con la rodilla puesta sobre una roca... y más allá está,
-realmente, _Pie grande_.
-
-Frente á ellos, á menos de nueve metros, tendido sobre un montón de
-rocas desmenuzadas, veíase el cuerpo de un aldeano de la comarca,
-atravesados espalda y pecho por un largo dardo de plumas muy cortas,
-como los que usan los gondos.
-
---¿Merecía la _Thuu_ que se la calificara de vieja y de loca,
-Hermanito? dijo Bagheera muy suavemente. Cuando menos ya hemos
-encontrado un muerto.
-
---Sigue hacia adelante. Pero ¿dónde está lo que bebe la sangre de los
-elefantes... la espina que tiene un ojo colorado?
-
---_Pie pequeño_ la tiene... tal vez. De nuevo, no se ve ya más que un
-solo pie.
-
-El rastro único de un hombre muy ligero, que había estado corriendo con
-gran velocidad, llevando un peso sobre el hombro izquierdo, continuaba
-alrededor de una larga y baja tira de yerba seca, que ofrecía la forma
-de una espuela, y en la cual cada pisada parecía, á los penetrantes
-ojos de los que iban siguiendo la pista, como impresa con un hierro
-candente.
-
-Ni uno ni otro dijo una palabra más, hasta que el rastro les llevó á un
-sitio donde se veían las cenizas de una hoguera, ocultas en el fondo de
-un barranco.
-
---¡Otra vez! exclamó Bagheera parándose, de pronto, como petrificada.
-
-El cuerpo de un gondo, pequeño y apergaminado, yacía allí, puestos los
-pies sobre las cenizas, y, al verlo, levantó Bagheera los ojos hacia
-Mowgli como interrogándole.
-
---La muerte ha sido causada con un bambú, dijo el muchacho después de
-lanzar una ojeada. Yo lo usé también para ir con los búfalos, cuando
-servía en la manada de los hombres. La Madre de las cobras (y ahora
-siento haberme burlado de ella) conocía á fondo la raza, como debía
-haberla conocido yo. ¿No dije yo mismo que los hombres mataban por
-culpa de la ociosidad?
-
---La verdad es que han matado, en este caso, por culpa de las piedras
-rojas y azules, contestó Bagheera. Acuérdate de que yo estuve en las
-jaulas del Rey, en Oodeypore.
-
---Uno, dos, tres, cuatro rastros diferentes, dijo Mowgli, agachándose
-sobre las cenizas. Cuatro rastros de hombres con los pies calzados. No
-van éstos tan aprisa como los gondos. Pero ¿qué daño les había hecho
-ese hombrecillo de las selvas? Mira: los cinco habían estado juntos,
-hablando, antes de que lo mataran. Volvámonos, Bagheera. Tengo lleno el
-estómago, y, sin embargo, lo siento moverse, subiendo y bajando como el
-nido de una oropéndola en la punta de una rama.
-
---No es cazar bien el dejar de pie una pieza. ¡Sigue! exclamó la
-pantera. No han ido muy lejos esos ocho pies calzados.
-
-Nada más hablaron por espacio de una hora, mientras iban siguiendo el
-ancho rastro dejado por los cuatro hombres.
-
-La luz del día era ya clara y el sol calentaba, cuando Bagheera dijo:
-
---Siento olor de humo.
-
---Siempre están los hombres más dispuestos á comer que á correr,
-contestó Mowgli, describiendo curvas por entre los arbustos bajos de
-la nueva selva que exploraban. Bagheera, algo hacia la izquierda del
-muchacho, producía un ruido gutural indescriptible.
-
---Aquí hay uno que no comerá ya más, dijo aquel.
-
-Bajo un arbusto veíase un montón de ropas de vivos colores, y alrededor
-alguna harina esparcida.
-
---También esta muerte fué causada con un bambú, observó Mowgli. ¡Mira!
-Ese polvo blanco es lo que comen los hombres. Le han quitado su presa
-(él era quién llevaba los comestibles de todos) para convertirle á él
-mismo en presa de Chil, el milano.
-
---Este es el tercero, dijo Bagheera.
-
---Le llevaré ranas, lo más grandes posible, á la Madre de las cobras,
-para engordarla, pensó Mowgli. Eso que bebe la sangre de los elefantes
-es la Muerte misma... pero, á pesar de todo, hay algo que no entiendo.
-
---¡Sigue adelante! dijo Bagheera.
-
-No habían andado aun un cuarto de legua cuando oyeron ya á Ko, el
-cuervo, cantando la canción de la Muerte en la punta de un tamarisco,
-á cuya sombra yacían los cadáveres de tres hombres. En el centro del
-círculo humeaba un fuego medio apagado, sobre el cual había un plato
-de hierro que contenía una torta negra y quemada, hecha de pan ázimo.
-Junto al fuego, y brillando á la luz del sol, estaba el _ankus_ de los
-rubíes y turquesas.
-
---Muy aprisa trabaja eso: todo termina aquí, dijo Bagheera. Y éstos
-¿cómo murieron, Mowgli? En ninguno de ellos se vé señal que lo indique.
-
-Llega un habitante de la Selva á aprender, por medio de la experiencia,
-tanto como lo que muchos médicos saben acerca de las propiedades de
-ciertas plantas y frutos venenosos. Olió Mowgli el humo que se elevaba
-del fuego, partió un pedazo del ennegrecido pan, probólo, y lo escupió
-en seguida.
-
---La manzana de la Muerte, dijo. El primero debió de mezclarla en la
-comida para éstos, que lo mataron á él, después de haber matado al
-gondo.
-
---En verdad, que buena ha sido la cacería. Las muertes se suceden, y
-muy cerca unas de otras, dijo Bagheera.
-
-«La manzana de la Muerte» es lo que en la Selva se llama manzana
-espinosa ó _datura_, el veneno más activo que existe en toda la India.
-
---¿Y ahora? dijo la pantera. ¿Qué haremos? ¿Matarnos uno á otro por ese
-asesino del ojo colorado, que está ahí en el suelo?
-
---¿Puede hablar? preguntó Mowgli en voz tan baja que parecía leve
-susurro. ¿Le ofendí al tirarlo? Á nosotros dos no puede ya causarnos
-daño, porque no deseamos lo que desean los hombres. Si lo dejamos aquí,
-de fijo que seguirá matándolos uno tras otro, tan aprisa como caen las
-nueces cuando sopla el huracán. No siento yo cariño por los hombres;
-pero, aun así, no quisiera ver muy á menudo eso de que mueran seis en
-una noche.
-
---¿Qué importa? No son más que hombres. Se mataron unos á otros, y
-con ello quedaron muy satisfechos, dijo Bagheera. El primero, el
-hombrecillo de las selvas, cazaba bien.
-
---Á pesar de todo, no son más que cachorros; y un cachorro sería capaz
-de ahogarse por el gusto de pegarle un mordisco á la luz de la luna
-reflejada en el agua. La culpa la tuve yo, dijo Mowgli, que hablaba
-como si supiera cuanto hay que saber sobre todo lo de este mundo. Nunca
-más traeré á la Selva cosas extrañas... aunque fueran tan hermosas como
-las flores. Esto (y al decirlo manejaba cautelosamente el _ankus_), va
-á volver á donde está la Madre de las cobras. Pero antes tenemos que
-dormir, y no podemos hacerlo junto á durmientes como éstos. Además,
-hemos de enterrarle también á _él_, para que no se escape y mate á seis
-más. Hazme un hoyo bajo ese árbol.
-
---Pero, Hermanito, dijo Bagheera, dirigiéndose al sitio que se le
-indicaba, yo te aseguro que la culpa no la tiene ese bebedor de sangre.
-El mal proviene de los hombres.
-
---Lo mismo da, contestó Mowgli. Haz el hoyo bien hondo. Cuando nos
-despertemos, cogeré eso é iré á devolverlo.
-
- * * * * *
-
-Dos noches después, mientras la cobra blanca estaba entre la obscuridad
-de la caverna, desolada, solitaria, llena de vergüenza por haber sido
-robada, el _ankus_ de las turquesas pasó, dando vueltas, por el agujero
-que había en la pared, y cayó, con estrépito, sobre el suelo, cubierto
-de monedas de oro.
-
---Madre de las cobras, dijo Mowgli, que tuvo buen cuidado de quedarse
-al otro lado de la pared, busca entre las de tu raza alguna más joven y
-más á propósito que tú para que te ayude á guardar el tesoro del Rey,
-de modo que no te suceda más que otro hombre salga de aquí vivo.
-
---¡Ah! ¿Con que vuelve eso? Ya te dije que era la muerte. ¿Y cómo tú
-estás aun vivo? murmuró la cobra vieja, enroscándose amorosamente al
-mango del _ankus_.
-
---¡Por el buey que me rescató te aseguro que no lo sé! Esa cosa ha
-matado seis veces en una sola noche. No la dejes salir de aquí nunca
-más.
-
-
- =La canción del cazador=
-
-
- Antes que Mor, el pavo real, las alas
- bata, y el Pueblo de los monos grite,
- y aun antes que el milano, Chil, se arroje
- por el espacio inmenso y adormido,
- á través de la Selva suavemente
- vuela un susurro y una sombra corre:
- es él, que pasa ¡oh cazador!... el Miedo,
- es el Miedo que cruza por la Selva.
-
- Por los claros del bosque se desliza
- poco á poco una sombra vigilante
- que á ratos se detiene, y el murmullo
- va extendiéndose, entonces, blando, lento.
- Va extendiéndose, entonces, mientras baña
- con sudores de angustia nuestra frente:
- es él, que pasa ¡oh cazador!... el Miedo,
- es el Miedo que cruza por la Selva.
-
- Antes que suba al árida montaña
- la blanca luna y en las rocas ponga
- vivo festón de luz, cuando sombríos
- están los hondos, húmedos senderos,
- llega á tu espalda, cazador, un soplo
- que á través de la noche va volando:
- es él, que pasa ¡oh cazador!... el Miedo,
- es el Miedo que cruza por la Selva.
-
- ¡De rodillas, y el arco bien tendido!
- ¡Lanza al punto la flecha penetrante!
- Hunde tu lanza en las tinieblas, y hazlo
- aunque de tí se estén burlando mudas.
- Pero tus manos el temblor agita
- y hasta la sangre de tu rostro ha huído:
- es él, que pasa ¡oh cazador!... el Miedo,
- es el Miedo que cruza por la Selva.
-
- Cuando la tempestad recorre el aire
- y los pinos arranca de los montes,
- cuando el agua desciende de los cielos
- y el rostro azota y sin piedad nos ciega,
- á través del estruendo, más robusta
- que todas las demás una voz ruge:
- es él, que pasa ¡oh cazador!... el Miedo,
- es el Miedo que cruza por la Selva.
-
- Ya en los cauces las aguas se desbordan,
- derrúmbanse las peñas desprendidas,
- y á la luz del relámpago, en las plantas
- hasta los nervios de las hojas vense;
- mas, seca tu garganta y seco el labio,
- sientes latir el corazón con fuerza
- como martillo que percute: entonces
- sabes ¡oh cazador! lo que es el Miedo.
-
- [Ilustración]
-
-
- NOTAS:
-
-[25] La boca del cocodrilo.--N. del T.
-
-[26] _Gongo_, que he usado ya anteriormente en este libro, no es
-palabra admitida por la Academia española. Se halla en el Diccionario
-inglés-español de Lopez y Bensley (quizá sea americanismo) y significa
-lo mismo que _batintín_, que es el vocablo adoptado por la Academia.
-Con perdón sea dicho, paréceme á mí mucho mejor _gongo_ para traducir
-el _gong_ inglés (y también francés) que ese _batintín_ que no da idea
-del sonido especial, profundo, del objeto á que se aplica.--N. del T.
-
-[27] La misma palabra que significa en inglés _locura_ puede significar
-también _rabia_ ó _hidrofobia_. El autor la usa en este doble
-sentido.--N. del T.
-
-[28] Literalmente: es un tronco podrido.--N. del A.
-
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- QUIQUERN
-
- La gente de los hielos orientales
- es cual nieve que pronto se derrite:
- danles azúcar y café los blancos,
- y sin temor les siguen.
- Los hombres de los hielos de Occidente
- gustan más de robar y resistirse:
- venden pieles en cada factoría...
- y el alma, si es posible.
- En los hielos del Sur los balleneros
- son sólo los que el tráfico persiguen:
- muchos cintajos las mujeres llevan
- mas ¡qué miseria existe!
-
- Pero en el hielo primitivo, al Norte,
- donde no hay hombres blancos que dominen,
- con huesos de narval se hacen las lanzas
- y allí se ve del hombre el postrer límite.
-
-
---Ha abierto los ojos. ¡Mira!
-
---Vuelve á meterlo en la piel. ¡Buen perro va á ser! Cuando tenga
-cuatro meses le pondremos el nombre.
-
---¿Y para quién será? dijo Amoraq.
-
-Tendió la mirada Kadlu en torno de la choza de nieve forrada de pieles
-y la posó sobre Kotuko, muchacho de catorce años que estaba sentado
-sobre el banco que servía de cama, entreteniéndose en convertir en
-botón un diente de morsa.
-
---Para mí, contestó Kotuko haciendo una mueca que quería ser una
-sonrisa. Algún día lo necesitaré.
-
-Sonrió á su vez Kadlu de tal modo que sus ojos parecían enterrados
-en las gruesas mejillas, y asintió con una inclinación de cabeza
-dirigiéndose á Amoraq, mientras la feroz madre del cachorro gruñía al
-ver al pequeñuelo agitarse fuera de su alcance en la bolsita de piel
-de foca que estaba colgada sobre la lámpara de grasa de ballena para
-que se calentara. Siguió Kotuko cortando el marfil, y Kadlu arrojó un
-montón de arreos para perros á un cuartito abierto en uno de los lados
-de la choza, quitóse el pesado traje de caza hecho de piel de reno,
-lo metió en una red tejida con delgadas ballenas que estaba colgada
-sobre otra lámpara, y se echó sobre el banco-cama para cortar un pedazo
-de carne de foca helada, mientras esperaba que Amoraq, su mujer, le
-trajera la acostumbrada comida, que se componía de carne hervida y de
-una sopa de sangre.
-
-Había salido al rayar el alba dirigiéndose á unos agujeros de los que
-forman las focas, situados á dos leguas de distancia, y al regresar á
-su choza llevaba tres focas grandes. Hacia la mitad del largo y bajo
-pasadizo de nieve, semejante á un túnel, que conducía á la puerta
-interior de la choza, se oían ladridos y el rumor de una lucha á
-mordiscos, cuya causa era que los perros del trineo, libres ya de su
-cotidiana labor, se disputaban los sitios calientes.
-
-Cuando los ladridos molestaron demasiado, Kotuko se deslizó
-perezosamente desde el banco-cama al suelo y cogió un látigo, con
-elástico mango de ballena de medio metro de largo y más de siete de
-cuerda, que por ser ésta de cuero trenzado pesaba bastante. Metióse
-entonces en el corredor, donde, por el ruido, parecía que los perros
-se lo comían vivo; pero no era todo aquello más que su modo habitual
-de dar gracias á Dios por la comida que iban á recibir. Cuando llegó
-arrastrándose al otro extremo, media docena de peludas cabezas espiaban
-todos sus movimientos, mientras él se dirigía á una especie de horca
-hecha de quijadas de ballena, en la cual se colgaba la carne destinada
-á los perros; arrancaba grandes pedazos helados valiéndose de un arpón
-de ancha punta, y se quedaba luego de pie con el látigo en una mano
-y la carne en la otra. Llamó á cada animal por su nombre, empezando
-por los más débiles, y pobre del perro que se hubiera movido antes
-de que le tocara el turno, porque la deshilachada punta del látigo,
-restallando con la rapidez del rayo, le habría arrancado una pulgada ó
-más de pelo y de piel. Cada animal gruñía primero, mordía después su
-ración correspondiente y se atragantaba al devorarla, apresurándose á
-guarecerse en el pasadizo, mientras el muchacho, de pie sobre la nieve
-é iluminado por la vivísima luz de la aurora boreal, distribuía á cada
-uno lo suyo con arreglo á estricta justicia. El último llamado fué un
-gran perro negro que dirigía á los demás en el tiro y mantenía el orden
-entre ellos cuando llevaban los arreos, y á éste dióle Kotuko doble
-ración acompañada de un chasquido del látigo.
-
---¡Ah! exclamó el muchacho recogiendo la punta de aquel: tengo allá
-sobre la lámpara un pequeñuelo que también gruñirá de firme. _¡Sarpok!_
-¡Adentro!
-
-Volvió atrás pasando á gatas por encima de los perros; limpióse la
-nieve que tenía sobre el traje de pieles con un sacudidor de ballena
-que Amoraq guardaba detrás de la puerta; golpeó ligeramente las pieles
-de que estaba forrado el techo de la choza para que se desprendieran
-los carámbanos que podían haber caído sobre ellas desde la bóveda de
-nieve que estaba encima; y luego se acostó, hecho una bola, sobre
-el banco. Los perros que estaban en el pasadizo empezaron á roncar y
-á dar leves gemidos mientras dormían; el niño más pequeño de Amoraq,
-metido en la honda capucha de pieles de ésta, pateó y lloró hasta
-ahogarse casi, y la madre del cachorro al que acababan de poner nombre
-permaneció echada al lado de Kotuko, fijos los ojos en la bolsa de piel
-de foca colocada en sitio seguro y caliente sobre la ancha y amarilla
-llama de la lámpara.
-
-Y todo esto sucedía muy lejos, hacia el Norte, más allá del Labrador
-y del Estrecho de Hudson, donde las grandes mareas levantan masas de
-hielo; al Norte de la península de Melville y hasta de los pequeños
-estrechos de Fury y de Hecla; sobre la playa septentrional de la Tierra
-de Baffin; donde la isla de Bylot se eleva por encima de los hielos del
-estrecho de Lancaster como el molde de un pastel puesto boca abajo. Más
-allá de este último estrecho es muy poco lo que se conoce, excepción
-hecha de Devon del Norte y la Tierra de Ellesmere; pero, aun allí,
-viven desparramadas algunas gentes, á las mismas puertas, por decirlo
-así, del Polo.
-
-Kadlu era un _inuit_ (lo que vosotros llamaríais un esquimal) y
-su tribu, de unas treinta personas en junto, pertenecía á los
-_tununirmiut_, ó sea, traduciendo literalmente, que Kadlu era «del
-país que está situado detrás de algo». En los mapas, aquellas costas
-desiertas reciben el nombre de Ensenada del Consejo de Marina; pero
-el nombre de _inuit_ es preferible, porque, realmente, de aquella
-tierra puede decirse que está situada _detrás de todas las cosas de
-este mundo_. Durante nueve meses no hay allí más que hielo y nieve,
-sucediéndose los huracanes casi sin interrupción, y siendo tan
-intenso el frío que no puede formarse idea de él quien no haya visto
-el termómetro cuando menos á diez y ocho grados centígrados bajo
-cero[29]. De esos nueve meses, seis transcurren en la obscuridad, y
-esto es lo que hace ser más horrible aquel país. En los tres meses de
-verano no hiela más que cada noche, y, durante el día, de cada dos
-hay helada en uno. Entonces empieza á desaparecer la nieve en las
-pendientes expuestas al Sur; algunos sauces bajos muestran sus lanosas
-yemas; tal ó cual diminuta piñuela[30] parece que va á florecer;
-playas enteras de arena fina y de guijarros descienden hasta el mar, y
-piedras bruñidas y veteadas rocas se levantan por encima de la nieve
-congelada en forma de granos. Pero todo esto desaparece en pocas
-semanas, y el fiero invierno vuelve á cerrar los claros que hay sobre
-la tierra, mientras en el mar el hielo sube ó baja, roto en pedazos, á
-lo lejos, apretándose, chocando, rajándose, rozando, y, entre tanto,
-pulverizándose, y, por decirlo así, varando, hasta que, al fin, se
-hiela todo junto, á una profundidad de tres metros, desde la tierra
-hasta donde más honda es el agua.
-
-En la estación invernal, Kadlu perseguía á las focas hasta los últimos
-confines de aquellas tierras, ó mejor de aquellos hielos, clavándoles
-el arpón en cuanto salían á respirar en sus agujeros. Necesitan las
-focas agua en que puedan estar en libertad y alimentarse en ella de
-peces, y en el corazón del invierno ocurría allí, á menudo, que el
-hielo se corría, sin rajarse, en un espacio de veinte leguas á partir
-de la playa más próxima. En la primavera él y los suyos se retiraban
-de los hielos amontonados en el mar y se dirigían á las rocas de la
-tierra firme, donde levantaban tiendas hechas de pieles y cazaban con
-lazo aves marinas, ó lanzaban arpones á las focas jóvenes que tomaban
-el sol sobre las playas. Más tarde íbanse hacia el Sur, á la Tierra
-de Baffin, para dedicarse á la caza del reno y hacer su provisión
-anual de salmón en los centenares de pequeños ríos y de lagos que
-había en el interior, regresando al Norte en Septiembre ú Octubre para
-cazar toros almizclados y para la acostumbrada matanza de focas del
-invierno. Todos estos viajes se hacían en trineos que recorrían seis ó
-siete leguas cada día, ó bien, á veces, siguiendo la costa en grandes
-«barcos de mujeres», como les llaman, que están hechos de pieles, y
-en los cuales niños y perros se echan á los pies de los remeros, y
-las mujeres entonan canciones, mientras la embarcación se desliza
-de cabo en cabo por las frías y cristalinas aguas. Cuantos objetos
-algo refinados conocían los _tununirmiut_ provenían del Sur, como por
-ejemplo: maderos acarreados por el agua y que servían para los trineos;
-hierro en barras para la punta de los arpones; cuchillos de acero;
-cacerolas de estaño en las que se cocía la comida mucho mejor que en
-los antiguos utensilios de cocina hechos de esteatita; pedernal, acero
-y hasta fósforos; así como también cintas de colores para el cabello de
-las mujeres; espejillos baratos, y paño rojo para orlas de chaquetas
-de piel de reno. Dedicábase Kadlu al valioso tráfico de blanquísimos y
-retorcidos cuernos de narval y de dientes de toro almizclado (que se
-pagan tanto como las perlas) y que él vendía á los _inuit_ del Sur, los
-cuales, á su vez, traficaban con los balleneros y con las factorías
-que los misioneros tienen en los estrechos de Exeter y de Cumberland,
-y de tal modo se iban encadenando las cosas que, al fin, la cacerola
-comprada por el cocinero de algún barco en el bazar de Bendy bien podía
-ser que fuera á parar, cuando vieja, á recibir la llama de una lámpara
-de grasa de ballena en el sitio más fresco del Círculo Polar Ártico.
-
-Como buen cazador, Kadlu poseía gran número de arpones de hierro,
-de cuchillos para cortar la nieve, de dardos para cazar pájaros, y
-de cuantas otras cosas hacen fácil la vida en medio de los grandes
-fríos; á lo que hay que añadir que era el jefe de su tribu, ó, como
-ellos dicen, «el hombre que todo lo sabe por propia experiencia».
-Ninguna autoridad le daba esto, excepto el permitirle que, de cuando
-en cuando, aconsejara á sus amigos que cambiaran de cazadero; mas
-Kotuko se aprovechaba de aquella circunstancia para mandar un poco, del
-perezoso modo que es característico de los gordos _inuit_, á los demás
-muchachos, cuando salían por la noche para jugar á pelota á la luz de
-la luna ó para cantar la «Canción del niño á la Aurora Boreal».
-
-Pero á los catorce años un _inuit_ se considera ya hombre, y Kotuko
-estaba aburrido de preparar lazos para coger aves silvestres y zorras
-azules, y más aún de tener que ayudar á las mujeres en la operación
-de mascar pieles de foca y de reno (procedimiento que las ablanda
-mejor que nada) durante todo el largo día, mientras los hombres están
-de caza. Quería ir al _quaggi_, la Casa del Canto, para ver cómo se
-reunían en ella los cazadores para celebrar allí sus misterios y
-cómo el _angekok_, el hechicero, después de apagar las lámparas, les
-infundía un terror que hallaban delicioso, evocando el Espíritu del
-Reno y haciéndole patear sobre el techo, ó arrojando una lanza contra
-las sombras de la noche y viéndola volver atrás cubierta de sangre,
-caliente aún. Quería poder echar sus grandes botas, como hacía su
-padre, en la red, mostrando, al hacerlo, el cansado aspecto del jefe
-de la familia, y jugar con los cazadores cuando iban á verlos por la
-noche y se entretenían con una especie de ruleta improvisada por ellos
-mismos con un pote de estaño y un clavo. Á centenares eran las cosas
-que quería hacer; pero los hombres se reían de él y le decían:
-
---Espera á que hayas tomado parte en la lucha. No todo se reduce en la
-caza á cobrar piezas.
-
-Ahora que su padre acababa de ponerle nombre á un cachorro,
-destinándoselo á él, las cosas se presentaban ya algo más risueñas.
-Un _inuit_ no le regala un buen perro á su hijo hasta que el muchacho
-sabe algo respecto al modo de educarlo; y Kotuko estaba firmemente
-convencido de que sabía mucho más de lo que es necesario.
-
-Si el cachorro no hubiera estado dotado de una naturaleza de hierro
-se hubiera muerto por exceso de comida y de manoseo. Hízole Kotuko
-unos diminutos arreos con sus correspondientes tirantes y lo llevaba
-arrastrando por el suelo de la choza, gritándole:
-
---_¡Aua! ¡Ja aua!_ (¡Hacia la derecha!) _¡Choiachoi! ¡Ja Choiachoi!_
-(¡Hacia la izquierda!) _¡Ohaha!_ (¡Párate!)
-
-Al cachorro no le divertía eso lo más mínimo, pero tales juegos no
-eran nada comparados con el susto que se llevó la primera vez que lo
-pusieron á tirar de un trineo. Lo primero que hizo fué sentarse sobre
-la nieve y ponerse á jugar con el tirante de piel de foca que iba desde
-sus arreos hasta el _pitu_, la gran correa de los arcos del trineo.
-Arrancó el tiro de los demás perros, y al cachorro le pasó por encima
-el vehículo de tres metros de largo, arrastrándolo por la nieve,
-mientras Kotuko reía hasta saltársele las lágrimas. Vinieron luego
-interminables días en que oía continuamente el chasquido del cruel
-látigo que silba como el viento cuando pasa sobre el hielo, y además
-sus compañeros le mordían porque no sabía trabajar como ellos, y el
-roce de los arreos lo desollaba vivo, y no se le permitía ya dormir con
-Kotuko, sino que se veía obligado á quedarse en el sitio más frío del
-pasadizo. Eran aquéllos, para el cachorro, tiempos durísimos.
-
-Tan aprisa como el perro, aprendía, también, el muchacho, aunque un
-trineo tirado por perros es dificilísimo de manejar. Cada animal (y
-es de notar que los más débiles van más cerca de quien guía) lleva un
-tirante separado que pasa por debajo de la pata anterior izquierda
-y va á parar á la correa principal, donde se sujeta por medio de
-una especie de botón y de una presilla, que puede quitarse con un
-movimiento especial de la muñeca y dejar así en libertad á cada perro
-cuando se quiera. Es esto muy conveniente, porque con frecuencia ocurre
-á los perros más jóvenes que se les pone el tirante entre las patas
-posteriores, donde les causa cortaduras tales que llegan al hueso.
-Y todos, sin excepción, tienen la costumbre, al correr, de buscarle
-juegos al que tienen al lado, saltando por entre los tirantes. Luego
-se pelean, y el resultado es que se arma allí un embrollo más difícil
-de desenredar que sedal de pescador que se dejara mojado hasta el día
-siguiente de la pesca. Muchas de estas molestias puede evitarlas el
-diestro uso del látigo. Cada muchacho _inuit_ se considera maestro en
-el manejo de aquél; pero si es fácil darle un trallazo á cualquier
-objeto colocado en el suelo, resulta difícil, al inclinarse desde el
-trineo que corre á toda velocidad, el tocar precisamente detrás de los
-hombros, con la punta del látigo, á un perro rehacio. Si reñís á uno
-llamándolo por su nombre y el látigo á él dirigido toca por casualidad
-á otro, ambos se pelean en el acto y obligan á pararse á todos los
-demás del tiro. Además, si viajáis con un amigo y empezáis á hablar,
-ó bien si, yendo solo, se os ocurre poneros á cantar, los perros se
-paran, vuélvense en redondo y se sientan para escucharos. Á Kotuko se
-le escapó el trineo una ó dos veces por haberse olvidado de poner un
-estorbo delante al pararlo, rompiendo muchos látigos y echando á perder
-no pocas correas antes de que se le pudiera confiar un tiro completo de
-ocho perros y el trineo más rápido. Entonces consideróse una persona
-importante, y sobre la lisa, obscura superficie del hielo se deslizaba
-ligero y atrevido con la rapidez de una jauría lanzada en persecución
-de alguna pieza. Recorría hasta dos leguas y media para llegar á los
-agujeros donde salían á respirar las focas, y, una vez en el cazadero,
-soltaba una de las correas del _pitu_ y dejaba libre al perrazo negro
-que dirigía el tiro, y que era el más listo de todos. Tan pronto
-como le veía olfatear en alguno de los agujeros, Kotuko volcaba el
-trineo y clavaba en la nieve un par de aserradas astas que se elevaban
-del respaldo como los hierros de un cochecillo de niño que sirven
-para empujarlo, con lo cual lograba que todo el tiro de los perros
-no pudiera moverse. Entonces avanzaba arrastrándose, de pulgada en
-pulgada, y quedábase esperando á que la foca se asomara para respirar.
-Luego lanzaba rápidamente hacia abajo el arpón con la cuerda á él
-atada, y al poco rato subía, tirando de aquélla, una foca herida, que
-cuando llegaba á la superficie del hielo era arrastrada, con ayuda del
-perrazo negro, hasta el trineo. Era aquel el momento crítico en que los
-demás perros del tiro aullaban rabiosos, presa de la mayor agitación;
-pero Kotuko les daba de latigazos en la cara, con aquella tralla que
-parecía una barra de hierro candente, hasta que el cuerpo de la foca
-quedaba helado, rígido. Lo más pesado era el regreso á casa. Había que
-arrastrar el trineo cargado por la dura superficie del hielo, y en vez
-de ponerse á tirar sentábanse los perros y miraban hambrientos á la
-foca. Al fin partían, sin embargo, por el camino trillado de todos los
-trineos que iban á la aldea, y trotaban por el hielo, que resonaba como
-si fuera metálico, baja la cabeza, las colas en alto, mientras Kotuko
-rompía á cantar el _An-gutivaun tai-na tau-na-ne taina_ (la Canción del
-cazador que regresa), y de todas las casas que hallaban al paso salían
-voces que le llamaban bajo aquel vasto cielo sombrío, sin más luz que
-la de las estrellas.
-
-También Kotuko, el perro, se divertía á su modo cuando hubo llegado
-á su completo desarrollo. Bravamente, lucha tras lucha, consiguió ir
-ascendiendo en importancia entre los otros perros que formaban parte
-del tiro, hasta que una tarde, por cuestión de comida, agarróse con el
-perrazo negro que hacía de director de los demás (mientras Kotuko, el
-muchacho, era testigo de que la pelea se verificaba con toda lealtad)
-y, como dicen allí, lo relegó al segundo lugar en vez del primero. Así,
-pues, fué elevado al puesto de perro director, y, unido á la larga
-correa que le hacía correr á un metro y medio delante de los demás,
-tuvo desde entonces la obligación de poner término á toda pelea que
-se iniciara, ya llevando los arreos ó sin ellos, y usó desde entonces
-un collar hecho de alambre de cobre, sumamente grueso y pesado. En
-ciertas ocasiones se le servían cocidos los alimentos y en el interior
-de la casa, permitiéndosele, además, algunas veces, dormir en el mismo
-banco de Kotuko. Era un buen perro para cazar focas, y sabía acorralar
-á cualquier buey almizclado corriendo en torno de él y mordiscándole
-las patas. Era capaz (y para un perro de trineo es esto la mayor
-prueba de bravura que darse puede)) hasta de desafiar al flaco lobo
-del Polo Ártico, al que, por lo general, todos los perros del Norte
-temen más que á otro cualquier animal de cuantos viven en las nieves.
-El y su amo (pues no contaban como compañía la de los demás perros del
-trineo) cazaron juntos día tras día y noche tras noche, el muchacho
-envuelto completamente en pieles, y su feroz compañero con el pelo
-largo y amarillo, los ojos pequeños, blanquísimos los colmillos. Todo
-el trabajo de un _inuit_ se reduce á procurarse comida y pieles para
-él y para su familia. Las mujeres cuidan de transformar las pieles en
-trajes, y, si se ofrece, ayudan á poner trampas para coger piezas de
-caza menor; pero la base de su alimentación (y comen de un modo enorme)
-deben proporcionársela los hombres. Si las provisiones faltan no hay
-allí nadie á quien comprar ó pedir prestado: no hay otro remedio que
-morirse de hambre.
-
-Un _inuit_ no piensa en este riesgo hasta que se ve obligado á ello.
-Kadlu, Kotuko, Amoraq, y el chiquitín que pateaba dentro de la capucha
-de pieles de aquélla última, mascando durante todo el día pedazos de
-grasa de ballena, vivían juntos tan felices como otra cualquier familia
-puede serlo en este mundo. Procedían de una raza de carácter muy suave
-(raras veces se altera un _inuit_ y casi nunca se le ve pegar á un
-chiquillo), raza de la que podía decirse que ignoraba realmente lo que
-era mentir, y más aun lo que era robar. Contentábase con arrancar á
-arponazos lo que constituía su vida del corazón helado, sin esperanzas,
-de una tierra que era la misma frialdad; con mostrar sus sonrisas
-oleosas; con referir extraños cuentos de aparecidos y de hadas, por
-las noches; con comer hasta no poder más; con cantar, en fin, la
-interminable canción de sus mujeres: _Amna aya, aya amna, ¡ah! ¡ah!_
-durante todo el largo día, á la luz de la lámpara, mientras ellas les
-cosían la ropa y los arreos para la caza.
-
-Pero un invierno, que fué terrible, pareció que todo se conjuraba
-contra ellos. Volvieron los _tununirmiut_ de su pesca anual del
-salmón, y construyeron sus casas sobre los primeros hielos, al Norte de
-la Isla de Bylot, preparándose á salir en persecución de las focas en
-cuanto el mar estuviera helado. Pero el otoño, que había venido pronto,
-fué malísimo. Durante todo el mes de Septiembre reinaron continuos
-vendabales que rompieron la lisa superficie del hielo, que buscan las
-focas, cuando no tenía más que un metro ó metro y medio de espesor, y,
-lanzándolo hacia tierra, lo amontonaron formando una gran barrera de
-unas cinco leguas de ancho, llena de pedazos, y tiras, y carámbanos de
-hielo que hacían imposible el pasar por allí con trineos. El borde del
-banco flotante desde el cual las focas salían para apoderarse de los
-peces en invierno quedaba, tal vez, á otras cinco leguas de distancia
-al otro lado de la barrera, y fuera del alcance de los _tununirmiut_.
-Así y todo, tal vez hubieran podido arreglarse para pasar el invierno
-con su provisión de salmón helado y de grasa en conserva, ayudándose
-con lo que las trampas que ponían les proporcionaban; pero en Diciembre
-uno de sus cazadores tropezó con una _tupik_ (una tienda hecha con
-pieles) en que halló casi muertas á tres mujeres y á una niña que
-habían venido acompañando á los hombres de su familia desde lo más
-remoto del Norte, viendo como aquéllos morían aplastados en sus botes
-de pieles, pequeños y construídos expresamente para la caza, mientras
-iban en persecución del narval de único y largo cuerno. Kadlu, por
-supuesto, no tuvo más remedio que distribuir las mujeres entre las
-chozas de aquella aldea de invierno, porque nunca un _inuit_ se niega
-á partir su comida con un extranjero: no sabe cuando le llegará á él
-el turno de tener que aceptarla. Amoraq quedóse con la niña, que tenía
-unos catorce años, en su casa, haciendo de ella una especie de criada.
-Juzgando por el corte de su puntiaguda capucha y por los dibujos en
-forma de diamante prolongado que tenían sus blancas polainas de piel de
-reno, supusieron que era originaria de la Tierra de Ellesmere. Jamás
-había visto cacerolas de metal ó trineos en que se usara la madera para
-cortar el hielo; pero á Kotuko, el muchacho, y á Kotuko, el perro, les
-cayó en gracia y le tenían bastante cariño.
-
-Luego, todas las zorras fuéronse hacia el Sur, y hasta el volverena, el
-gruñón y obtuso ladronzuelo de las nieves, no quiso tomarse la molestia
-de pasar por la hilera de trampas que Kotuko puso. La tribu perdió un
-par de sus mejores cazadores que quedaron grandemente lastimados en
-una lucha con un buey almizclado, y esto acumuló más trabajo sobre los
-restantes. Kotuko salió uno y otro día con un trineo ligero y seis ó
-siete de los perros más fuertes, mirando por todas partes hasta dolerle
-los ojos para ver si podía descubrir alguna extensión de hielo limpio
-y claro en la cual alguna foca hubiera abierto por casualidad uno de
-sus agujeros para respirar. Kotuko, el perro, vagaba libremente por
-todos lados, y, en medio de la mortal quietud de los hielos, Kotuko,
-el muchacho, oía su sordo y nervioso gemido sobre algún agujero de
-aquéllos, situado á más de media legua de distancia, tan claramente
-como si estuviera á su lado. Cuando el perro hallaba una de las tales
-aberturas en el hielo solía el muchacho construirse un corto y bajo
-muro de nieve para resguardarse algo del fuerte viento, y allí esperaba
-diez, doce, veinte horas si era preciso, hasta que la foca saliera á
-respirar, pegados materialmente los ojos á la diminuta señal que él
-había hecho sobre el agujero para guiar la puntería cuando arrojara
-el arpón, y colocada bajo los pies una alfombrita de piel de foca,
-mientras tenía las piernas atadas con el _tutareang_ (la hebilla de
-que hablaban los antiguos cazadores). Sirve ésta para evitar que se
-le encojan las piernas al hombre que se pasa horas y horas esperando á
-que se asomen las focas, de oído finísimo. Aunque el trabajo no exige
-esfuerzo, fácilmente se comprende que el estar sentado completamente
-inmóvil y metido en la hebilla, con el termómetro tal vez á cuarenta
-grados bajo cero[31], es la ocupación más pesada de cuantas conoce un
-_inuit_. Cuando se cogía una foca Kotuko, el perro, se lanzaba hacia
-adelante, con la correa arrastrando detrás de él, y ayudaba á arrastrar
-el cuerpo hasta el trineo, en el cual los otros perros, cansados y
-hambrientos, se tendían con aire sombrío al abrigo de los rotos pedazos
-del hielo.
-
-Una foca no era comida que pudiera durar mucho tiempo, porque cada
-boca en la aldehuela tenía derecho á que le dieran su porción, y ni
-huesos, ni piel, ni tendones se desperdiciaban. La carne destinada á
-los perros se empleaba como alimento humano, y á aquéllos Amoraq les
-hacía comer pedazos viejos de las tiendas de pieles usadas en verano
-y arrancados del banco que servía para dormir, con lo cual aullaban y
-aullaban continuamente los animales, despertándose de noche para aullar
-de nuevo, siempre hambrientos. Con sólo ver las lámparas de esteatita
-en las chozas no era difícil adivinar que el hambre se acercaba. En las
-buenas épocas, cuando la grasa era abundante, la luz de las lámparas
-en forma de bote tenía más de medio metro de alto, elevándose alegre,
-como untuosa, amarilla. Ahora apenas si medía unas seis pulgadas, pues
-Amoraq bajaba cuidadosamente la mecha de musgo cuando alguna llamarada
-se elevaba más de lo debido por un momento, y en esta operación seguían
-atentamente su mano los ojos de toda la familia. Lo más horroroso
-del hambre allá en aquellos grandes fríos no es tanto la muerte
-considerada en sí misma como el morir en medio de la obscuridad. Todo
-_inuit_ teme grandemente á esta última, que pesa sobre él, sin cesar,
-durante seis meses del año, y cuando las lámparas están bajas en las
-casas, la inteligencia de las personas comienza á estar algo turbada y
-confusa.
-
-Pero peores cosas habían de suceder aún.
-
-Los mal alimentados perros mordían y gruñían en los corredores,
-lanzando furiosas miradas á las frías é indiferentes estrellas y
-husmeando hacia el lado de donde soplaba el viento una y otra noche.
-Cuando el aullar paraba, el silencio descendía nuevamente tan sólido
-y pesado como una masa de nieve que la tormenta arroja contra una
-puerta, y los hombres oían entonces el latir de las venas en los
-estrechos conductos de la oreja y el golpear de sus propios corazones,
-que resonaba como el ruido del tambor que los hechiceros tocan sobre
-la nieve. Una noche Kotuko, el perro, que había estado de un malhumor
-poco frecuente al llevar los arreos, saltó de pronto y apretó la cabeza
-contra la rodilla de Kotuko. Acariciólo éste, pero el perro siguió
-apretando ciegamente hacia delante y muy manso. Entonces despertóse
-Kadlu, cogióle la pesada cabeza, parecida á la de un lobo, y le clavó
-los ojos en los suyos, vidriosos. El perro gimió y se puso á temblar
-entre las rodillas de Kadlu. Erizósele el pelo en torno al cuello y
-gruñó como si algún forastero acabara de llegar á la puerta de la casa,
-después de lo cual ladró alegremente, arrastróse por el suelo y comenzó
-á morderle una bota á Kotuko como suelen hacer los cachorros.
-
---¿Qué le ocurre? preguntó Kotuko, que comenzaba ya á sentir miedo.
-
---Tiene la enfermedad, contestó Kadlu: la enfermedad de los perros.
-
-Kotuko, el perro, levantó entonces el hocico y púsose á aullar.
-
---Nunca había visto esto. ¿Y qué hará ahora? dijo Kotuko.
-
-Encogió un hombro Kadlu y atravesó la choza en busca de su arpón
-más corto y afilado. El enorme perro le miró, volvió á aullar, y se
-deslizó por el corredor hacia afuera, mientras sus otros compañeros se
-retiraban á derecha é izquierda para abrirle ancho paso. Al hallarse
-fuera, sobre la nieve, ladró furiosamente, como si le siguiera el
-rastro á algún buey almizclado, y ladrando, dando saltos y haciendo
-cabriolas, desapareció. Lo que tenía no era hidrofobia, sino
-sencillamente locura. El frío, el hambre, y sobre todo la obscuridad,
-le habían atacado al cerebro, y cuando esa terrible enfermedad de
-los perros aparece entre los que constituyen el tiro de un trineo se
-propaga como el fuego. Al siguiente día de caza otro perro enfermó y
-fué muerto en seguida por Kotuko al ver que mordía y forcejeaba entre
-los arreos. Luego el perro negro que hacía de segundo, y que había sido
-el que dirigía antiguamente, de pronto comenzó á ladrar como siguiendo
-la pista de un reno imaginario, y cuando lo hubieron soltado del _pitu_
-se lanzó contra un gran montón de hielo, huyendo á poco como había
-hecho el que dirigía el tiro, con los arreos colgando. Después de esto
-nadie quiso ya volver á salir con los perros. Necesitábanlos para
-algo más, y bien lo comprendían ellos, por lo que, aunque estuvieran
-atados y recibieran los alimentos de mano de sus dueños, en los ojos
-se les veía la desesperación y el miedo de que estaban poseídos. Para
-acabar de empeorar las cosas, comenzaron las viejas á contar cuentos
-de aparecidos y á decir que ellas habían visto los espíritus de los
-cazadores que desaparecieron durante aquel otoño, los cuales les
-habían profetizado horribles sucesos.
-
-Sintió Kotuko más que nada la pérdida de su perro, porque aunque un
-_inuit_ coma enormemente, también cuando conviene, sabe ayunar. Pero
-el hambre, la obscuridad, el frío y las intemperies fueron minando su
-naturaleza, y empezó á oir voces interiores en su cerebro y á ver gente
-que no tenía delante, que estaba fuera del alcance de sus miradas.
-Una noche (en que acababa de quitarse la _hebilla_, después de diez
-horas de estar esperando sobre uno de los agujeros de focas llamados
-_ciegos_, y se encaminaba á la aldea con paso vacilante, muy débil,
-desvanecido casi) paróse para apoyarse de espaldas contra una peña que
-daba la casualidad de estar sostenida, como las rocas que se balancean,
-sobre un solo punto saliente del hielo. Su peso destruyó el equilibrio
-gracias al cual se sostenía la peña, ésta cayó rodando pesadamente,
-y, mientras Kotuko saltaba hacia un lado para evitar que le tocara,
-resbaló en dirección de él, con un chirrido y silbando, luego, por el
-hielo, en forma de talud.
-
-Con esto le bastó á Kotuko. Había sido educado en la creencia de que
-cada roca ó peña tenía su dueño (su _inua_) que era, generalmente,
-una cosa parecida á una mujer y con un solo ojo, la cual recibía el
-nombre de _tornaq_, y cuando una _tornaq_ quería ayudar á un hombre
-rodaba tras de él dentro de su casa de piedra y le preguntaba si quería
-tomarla como á su espíritu protector. (En los deshielos del verano
-las rocas y peñas que el hielo sostiene ruedan y resbalan por toda la
-superficie del terreno, por lo cual no es difícil comprender cómo nació
-la idea de piedras que viven). Kotuko sintió que la sangre le latía
-en las orejas, cosa que había sentido ya durante todo el día, y pensó
-que aquello era la _tornaq_ de la piedra, que le estaba hablando. Aún
-antes de llegar á su casa estaba ya convencido por completo de que
-había sostenido con aquélla una larga conversación, y, como todos los
-suyos creían en la posibilidad de que tal cosa ocurriera, nadie le
-llevó la contraria.
-
---Díjome: «me lanzo, me lanzo desde el sitio que ocupaba en la nieve»
-repetía Kotuko con los ojos hundidos é inclinándose hacia delante en
-la mal alumbrada choza. Dijo: «yo seré tu guía, yo te conduciré á los
-mejores agujeros de los que hacen las focas». Mañana salgo de caza, y
-la _tornaq_ me guiará.
-
-Luego vino el _angekok_, el hechicero de la aldea, y Kotuko refirió
-el mismo cuento por segunda vez. No perdió en lo más mínimo al ser
-repetido.
-
---Sigue á los _tornait_ (los espíritus de las piedras) y ellos volverán
-á darte comida, dijo el _angekok_.
-
-Ahora bien: la muchacha, procedente del Norte, que había sido recogida
-en la casa, solía estar echada junto á la lámpara, comiendo poco y
-hablando menos durante días enteros; pero cuando Amoraq y Kadlu, á la
-mañana siguiente, comenzaron á cargar y á atar un pequeño trineo de
-mano para Kotuko con todos los útiles de caza y cuanta grasa y carne
-de foca helada les fué posible, ella cogió la cuerda que servía para
-arrastrar el vehículo y se colocó valientemente al lado del muchacho.
-
---Vuestra casa es la mía, dijo, mientras el trineo chirriaba vacilante
-al deslizarse detrás de ellos en la terrible noche ártica.
-
---Mi casa es tu casa, dijo Kotuko, pero yo creo que á donde iremos
-ahora nosotros dos será á Sedna.
-
-Sedna es la Señora del _mundo inferior_, y todo _inuit_ cree que cada
-persona que muere ha de pasar un año en el horrible país de aquélla
-antes de ir á Quadliparmiut, el _lugar de la felicidad_, donde no se
-conoce el hielo y donde los gordos renos se acercan á uno en cuanto
-les llama.
-
-Allá en la aldea oíase á la gente gritar:
-
---Los _tornait_ han hablado á Kotuko... Le enseñarán el hielo libre...
-Volverá trayéndonos focas...
-
-Las voces se perdieron pronto en la fría é inmensa obscuridad, mientras
-Kotuko y la niña se acercaban, hombro contra hombro, al tirar de la
-cuerda ó al empujar el trineo por el hielo en dirección del mar Polar.
-Kotuko se empeñó en que la _tornaq_ de la piedra le había dicho que
-fuera hacia el Norte, y hacia el Norte fueron, caminando bajo la
-constelación de _Tuktuqdjung_, el Reno, ó sea, lo que nosotros llamamos
-la Osa Mayor.
-
-Ningún europeo hubiera sido capaz de caminar más de una legua cada día
-sobre pedazos pequeños de hielo y sobre montones de afiladas aristas;
-pero aquella pareja conocía con toda exactitud el movimiento especial
-de muñeca que obliga á un trineo á dar la vuelta en torno de una de
-esas aglomeraciones de hielo; el tirón repentino que casi lo levanta
-sobre una quebradura de la superficie; la cantidad de esfuerzo que
-requieren los pocos y mesurados arponazos que abren un camino cuando
-toda esperanza de hallarlo parece ya perdida.
-
-La muchacha no decía una palabra, pero bajaba la cabeza, y la orla
-de piel de volverena que adornaba su capucha de armiño caía sobre su
-cara ancha y obscura. El cielo se extendía sobre la pareja, negro, con
-negrura intensa y aterciopelada, que se transformaba en el horizonte en
-tiras de color rojo, y sobre el negro fondo brillaban grandes estrellas
-como si fueran faroles. De cuando en cuando, una oleada de luz verdosa
-de la aurora boreal se deslizaba por las profundidades del alto cielo,
-ondeaba como una bandera y desaparecía, ó bien algún meteoro estallaba
-hundiéndose en las tinieblas y esparciendo tras de él lluvia de
-chispas. Entonces veían la ondulada superficie de los flotantes hielos
-del mar con ribetes y adornos de extraños colores: rojos, cobrizos y
-azulados; pero á la ordinaria luz de las estrellas todo adquiría un
-color gris mortecino. Ya recordaréis que los hielos del mar habían sido
-sacudidos y aglomerados por los vientos del otoño, y, gracias á ellos,
-parecía que hubiera pasado por allí un temblor de tierra helándose,
-después, todo.
-
-Veíanse canales, barrancos y hoyos semejantes á cascajares abiertos
-en el hielo; pedazos más ó menos grandes de éste que se habían
-quedado sobre la primitiva superficie total; otros negros comparables
-á pústulas, que habían sido arrojados bajo la gran masa de hielos
-flotantes por algún vendabal y vueltos á levantar después; verdaderas
-piñas de hielo de forma redondeada; crestas como dientes de sierra, que
-habían sido hechas por la nieve que va volando delante del viento; y,
-en fin, verdaderos pozos de hundidas paredes en los cuales, lo menos en
-una extensión de hectárea ó hectárea y media, el nivel del suelo estaba
-mucho más bajo que en el resto del terreno. Á cierta distancia bien
-podían tomarse los pedazos de hielo por focas ó morsas, por trineos
-puestos boca abajo, ó por hombres ocupados en una expedición de caza,
-y aun podía imaginarse que eran el mismísimo gran fantasma blanco del
-Oso de diez patas; pero á pesar de todas esas formas fantásticas, que
-se dijera que estaban á punto de adquirir vida, no se oía un solo
-ruido, ni siquiera el eco levísimo de lejano rumor. Y á través de
-este silencio y de esta soledad, donde repentinas luces se agitaban
-y desaparecían nuevamente, el trineo y los dos que lo empujaban iban
-arrastrándose como visiones de una pesadilla... una pesadilla sobre
-cosas del fin del mundo, que precisamente en el fin del mundo ocurría.
-
-Cuando la pareja se sentía cansada Kotuko construía lo que los
-cazadores llaman una _media casa_, una pequeñísima choza hecha de
-nieve, en la cual se metían, muy apretados uno contra otro, con la
-lámpara de viaje, é intentaban deshelar la carne de foca que llevaban.
-Una vez habían dormido comenzaban nuevamente la marcha... para andar
-unas siete leguas diarias y no acercarse al Norte más que dos leguas
-y media. La muchacha iba siempre silenciosa, pero Kotuko hablaba
-sólo algunas veces y prorrumpía, á lo mejor, en canciones que había
-aprendido en la _Casa de Canto_ (canciones sobre el verano, los renos y
-el salmón), todas ellas de horrible inoportunidad en aquella estación.
-Decía que había oido á la _tornaq_ hablándole malhumorada, y corría
-furioso contra un montón de hielo, retorciéndose los brazos y hablando
-á gritos y en tono amenazador. Á decir verdad Kotuko estaba casi loco
-en aquella época; pero la muchacha se hallaba completamente segura de
-que un espíritu que lo guardaba le servía entonces de guía y de que
-todo iba á terminar felizmente. No sintió, pues, la menor sorpresa
-cuando al fin de la cuarta jornada Kotuko, cuyos ojos brillaban como
-dos bolas de fuego, le dijo que su _tornaq_ los seguía á través de la
-nieve, en forma de un perro con dos cabezas. Miró la niña hacia el
-sitio que le señalaba Kotuko, y algo parecióle ver que se deslizaba
-hacia un barranco. La aparición no revestía, ciertamente, humana
-forma, pero bien sabían todos que los _tornait_ preferían adoptar la
-apariencia de osos, focas, y otros animales.
-
- [Ilustración]
-
-Podía ser aquello el mismo fantasma blanco del Oso de las diez patas,
-ó cualquiera otra cosa, porque Kotuko y su compañera estaban tan
-hambrientos que no se podía ya prestar fe á lo que decían ver. Nada
-habían cazado con las trampas que ponían, ni descubrieron rastro
-alguno de caza desde que abandonaron la aldea; además, su escasa
-comida apenas si les duraría otra semana, y una nueva borrasca se
-les venía encima. Una tempestad en el Polo puede durar diez días sin
-interrupción, y en todo este tiempo es segura la muerte para aquél á
-quien coja fuera de casa. Kotuko construyó una casa de nieve de tamaño
-suficiente para contener el trineo de mano (porque nunca debe separarse
-uno de su comida), y, mientras estaba dando forma regular al pedazo
-de hielo que sirve de clave de la bóveda, vió _algo_ que le estaba
-mirando desde un abrupto montón de hielo, á unos ochocientos metros de
-distancia. El aire era pesado, como neblina, y aquella cosa fantástica
-parecía tener doce metros de ancho por tres de alto, con seis metros de
-cola y una forma indecisa, de contornos indefinidos, temblorosos. La
-muchacha vióla también, pero en vez de ponerse á gritar aterrorizada,
-dijo en voz baja:
-
---Esto es Quiquern. ¿Qué es lo que ocurrirá después?
-
---Que me hablará, dijo Kotuko.
-
-Pero el cuchillo con que cortaba el hielo tembló en su mano mientras
-esto decía, porque, por mucho que un hombre crea que tiene amistad
-con raros y feos espíritus, pocas veces gusta de que sus palabras
-parezcan resultar verdad. Además, Quiquern es el fantasma de un perro
-gigantesco, sin dientes ni pelo, que se supone que vive en el lejano
-Norte, y que vaga por el país aquél precisamente poco antes de que algo
-ocurra. Lo mismo puede ser esto anuncio de cosas agradables que de
-desagradables, pero ni á los hechiceros les gusta hablar de Quiquern.
-Él es quien da á los perros la locura. Como el Oso-Fantasma, tiene
-muchas patas (seis ú ocho pares) y lo que es aquella cosa fantástica
-que se movía en la neblina tenía, también, muchas más patas de las que
-necesita ningún perro de carne y hueso. Kotuko y la niña corrieron á
-refugiarse en su choza apretándose uno contra otro. Por supuesto que si
-Quiquern les hubiera necesitado para algo no habría dejado de hacer que
-el techo se hundiera sobre su cabeza; pero el saber que entre ellos y
-la malvada obscuridad se interponía un muro de nieve de palmo y medio
-de grueso les servía de consuelo.
-
-La tempestad estalló al fin con ruido estridente del viento, parecido
-al de un tren, y durante tres días y tres noches continuó sin variar ni
-un momento, sin atenuarse en lo más mínimo ni por un minuto. La pareja
-fué cuidando de mantener encendida la lámpara que sostenía entre las
-rodillas, mascullando tibios pedacitos de carne de foca, y mirando
-cómo el negro hollín se acumulaba en el techo durante setenta y dos
-interminables horas. La muchacha hizo el recuento de la comida que
-les quedaba aún en el trineo: no había más que para dos días. Kotuko
-examinó las puntas de hierro y las ataduras, hechas de tendones de
-reno, de su arpón, de su lanza especial para focas y de su dardo para
-cazar pájaros. Nada más podía hacer.
-
---Pronto iremos á Sedna... muy pronto, murmuró la niña. De aquí á tres
-días no nos quedará más que echarnos... y partir. ¿No hará algo por
-nosotros tu _tornaq_? Cántale una canción de _angekok_ para hacerla
-venir.
-
-Comenzó el muchacho á cantar en el tono altísimo de aullido que suelen
-tener las canciones mágicas, y al propio tiempo la furia de la tormenta
-empezó á ceder. En mitad de la canción estremecióse la niña, y en
-seguida colocó, sobre el hielo que formaba el piso de la choza, primero
-la mano, que cubría un mitón, y luego la cabeza. Siguió Kotuko su
-ejemplo, y los dos se arrodillaron, fija la mirada del uno en la del
-otro y escuchando con toda la tensión nerviosa de que eran capaces.
-Después arrancó él una delgada tira de ballena de un lazo para cazar
-pájaros, que tenía en el trineo, y, enderezándola la colocó derecha en
-un agujerito que hizo en el hielo, afirmándola con su mitón. Quedó casi
-tan delicadamente ajustada como la aguja de una brújula, y, una vez
-hecho esto, en lugar de seguir la pareja escuchando, miró atentamente.
-La delgada varilla tembló un poco... vibró de modo casi imperceptible;
-después la vibración se hizo ya más firme durante algunos segundos...
-desapareció... y, al fin, volvió á aparecer, pero esta vez señalando
-hacia otro punto de aquella especie de brújula.
-
---¡Demasiado pronto! exclamó Kotuko. Alguna gran porción de hielo
-flotante se ha roto, lejos, allá fuera.
-
-La muchacha señaló hacia la varilla y sacudió la cabeza.
-
---Es que se rompe todo, dijo. Escucha el ruido en el suelo. Suenan
-golpes.
-
-Al arrodillarse esta vez oyeron extrañísimos y sordos rumores, como
-frecuente golpear que resonara bajo sus mismos pies. Parecía ora que
-algún cachorrillo chillaba colocado sobre la luz de la lámpara; ya
-que alguien afilaba una piedra sobre el duro hielo; ora que tocaban
-un tambor cubierto con algo; pero todos esos rumores sonaban como muy
-prolongados y disminuidos, como si vibraran, pasando á través de un
-cuerno muy pequeño, durante larga y fatigosa distancia.
-
---No iremos á Sedna echados, dijo Kotuko. Esto es el deshielo. La
-_tornaq_ nos ha engañado. Vamos á morir.
-
-Todo esto podrá parecer absurdo, pero ello es que la pareja se hallaba
-frente á un peligro muy real. Los tres días de viento habían barrido
-hacia el Sur el agua de la bahía de Baffin amontonándola contra el
-extremo de la gran extensión de hielo que iba desde la isla de Bylot
-hacia el Oeste. Además, la fuerte corriente que va hacia el Este
-desde el Estrecho de Lancaster llevaba durante algunas millas lo que
-llaman _hielo en pacas_ (hielo tosco y áspero que no se ha convertido
-aún en llana superficie), y estas _pacas_ caían como bombas sobre la
-masa de hielos flotantes, al mismo tiempo que el flujo y reflujo del
-tempestuoso mar la minaba y la iba haciendo cada vez más débil. Lo que
-Kotuko y la niña habían oído eran los ecos lejanos de aquella lucha
-que se verificaba á ocho ó diez leguas de distancia, y la indiscreta
-varilla se estremecía al choque de aquel continuo batallar.
-
-Ahora bien: como dicen los _inuit_, una vez el hielo se ha despertado
-de su largo sueño del invierno no es ya posible saber lo que puede
-ocurrir, porque, aunque sólido, cambia de forma casi tan pronto como
-una nube. El vendabal era, sin duda, uno de los de primavera que había
-llegado fuera de tiempo, y cualquier cosa podía considerarse posible.
-
-Á pesar de todo, la pareja se sentía algo más animada que antes. Si el
-hielo se rompía no tendría que esperar y sufrir más. Los espíritus,
-duendes y demás habitantes del mundo de los encantamientos andaban
-sueltos por el movedizo hielo, y tal vez les ocurriría á los dos
-muchachos que junto con ellos entraran en el país de Sedna toda
-clase de extraordinarios seres llenos aún de loca exaltación. Cuando
-abandonaron la choza, después de pasada la tormenta, el ruido crecía
-más y más allá en el horizonte y la dura masa de hielo gemía y zumbaba
-en torno suyo.
-
---Aún está esperando, dijo Kotuko.
-
-Sobre la cima de un gran montón de hielo estaba sentada ó acurrucada
-aquella _cosa_ fantástica de ocho patas que habían visto tres días
-antes... y entonces aullaba de un modo horrible.
-
---Sigamos, dijo la muchacha. Quizá conozca algún camino que no conduzca
-á Sedna.
-
-Pero al coger la cuerda del trineo se sintió desfallecer. La _cosa_
-aquélla se movía alejándose despacio y torpemente por encima de los
-picos del hielo, dirigiéndose siempre hacia el Oeste y hacia la tierra,
-y ellos siguieron también en la propia dirección, mientras el ruido
-atronador que se oía en el borde de la gran masa de hielo flotante
-allá en el mar se acercaba cada vez más. La masa estaba ya rajada en
-todos sentidos en el espacio de una legua en dirección de tierra, y
-grandes capas como de tres metros de grueso y que ora medían unos pocos
-metros cuadrados, ora unas ocho hectáreas, saltaban, y se hundían, y
-chocaban unas con otras, ó con la porción de masa total que aún no
-estaba rota, al ser cogidas y sacudidas por el revuelto oleaje que se
-agitaba entre ellas. Este ariete del hielo era, por decirlo así, la
-avanzada del ejército que el mar lanzaba contra sus hielos flotantes.
-El continuo romperse y chocar de los pedazos ahogaba, casi, el chirrido
-de la especie de láminas arrojadas enteras bajo la gran masa como
-baraja escondida á toda prisa bajo el tapete de una mesa. Donde el
-agua era poco profunda estas láminas se amontonaban una sobre otra
-hasta que las inferiores llegaban á tocar el fango, á quince metros
-de profundidad, y el mar descolorido hacía de dique tras el sucio
-hielo hasta que la presión creciente volvía á arrojarlo todo hacia
-delante. Además del hielo flotante y del otro en bruto ó _en pacas_,
-el vendabal y las corrientes hacían descender verdaderos aludes,
-especie de montañas movibles arrancadas de las costas de Groenlandia
-ó de la playa septentrional de la bahía de Melville. Llegaban pesada
-y solemnemente, mientras las olas rompían en blanca espuma en torno
-suyo y avanzaban en dirección de la gran masa como una antigua flota
-navegando á toda vela. Tal ó cual alud que parecía venir preparado
-para llevarse de calle el mundo entero, fondeaba como sin fuerzas en
-el agua, comenzaba á dar vueltas, y acababa revolcándose en la espuma
-y en el fango, envuelto en una nube de voladoras y heladas chispas,
-mientras otro mucho más pequeño y bajo rajaba la aplastada masa y
-se metía dentro de ella, arrojando á cada lado toneladas de hielo y
-abriendo una vía de más de ochocientos metros antes de que se parara.
-Caían unos como espadas, cortando canales de sinuosos bordes; otros
-se rompían en una lluvia de pedazos que pesaban docenas de toneladas
-cada uno y se arremolinaban con estruendo; otros, en fin, levantábanse
-enteros fuera del agua al juntarse, se retorcían como atormentados por
-el sufrimiento y caían pesadamente sobre uno de sus lados, mientras el
-mar pasaba sacudiendo su espalda. Toda esta labor continua de prensar,
-amontonar, doblar y retorcer el hielo en todas las formas posibles, se
-verificaba á tanta distancia como la vista podía alcanzar á lo largo de
-la línea septentrional de la masa flotante. Desde el sitio en que se
-hallaban Kotuko y la niña aquel caos no parecía más que un movimiento
-de ondulación y de arrastre que se verificaba allá en el horizonte;
-pero se acercaba á ellos por momentos, y lejos, hacia el lado de la
-tierra, oían como fuerte bramido comparable á estruendo de artillería
-que resonara á través de la niebla. Indicaba esto que la gran masa de
-hielo flotante que había sobre el mar era empujada contra los férreos
-acantilados de la costa de la isla de Bylot, la tierra que se hallaba
-hacia el Sur, detrás de ellos.
-
---Esto no se ha visto nunca, exclamó Kotuko, mirando con aire
-estupefacto. Ésta no es la época en que ocurre. ¿Cómo puede ser que el
-hielo se rompa ahora?
-
---Ve siguiendo á aquello, gritó la muchacha señalando á la fantástica
-aparición que medio cojeando y medio corriendo se alejaba en insensata
-carrera delante de ellos. Siguiéronla, en efecto, tirando con toda
-su fuerza del trineo, y, al mismo tiempo, oían cada vez más cerca
-el avance ruidoso del hielo. Al fin los campos que en torno suyo se
-extendían rajáronse en todas direcciones, y las rajaduras se abrían
-con estallidos semejantes al castañeteo de los dientes del lobo. Pero
-donde _la cosa fantástica_ se apoyaba, sobre una especie de baluarte de
-pedazos de hielo esparcidos que medía una altura de unos quince metros,
-ningún movimiento se notaba. Kotuko saltó impetuosamente hacia delante,
-llevando tras de sí á su compañera, y subió arrastrándose hasta el pie
-del baluarte. La voz del hielo se hacía cada vez más fuerte en torno
-suyo, pero aquella fortaleza no se rendía, y, como la joven mirara á
-su compañero, levantó éste el codo derecho apartándolo del cuerpo al
-mismo tiempo de levantarlo y haciendo así la señal que usa todo _inuit_
-para indicar que ha descubierto tierra y que ésta tiene la forma de
-una isla. Y, verdaderamente, hacia la tierra les había llevado aquella
-fantástica aparición de las ocho patas que andaba cojeando: hacia un
-islote de granítica base y de arenosas playas, cubierto, enfundado y
-como enmascarado por el hielo, hasta el punto de no haber hombre capaz
-de distinguirlo de la masa helada que flotaba sobre el mar; pero, por
-debajo, tierra sólida era y no hielo movible. El romperse y rebotar de
-los pedazos flotantes al chocar con el islote marcaba las orillas del
-mismo, y un protector banco de arena arrancaba desde él en dirección
-del Norte, desviando la furia de los más pesados montones de hielo,
-ni más ni menos que como la reja de un arado voltea grandes pedazos
-de marga. Por supuesto que existía el peligro de que alguna gran
-extensión de hielo, obedeciendo á enorme presión, remontara la playa
-é hiciera desaparecer por completo la parte alta del islote; pero la
-idea no preocupó á Kotuko ni á la muchacha mientras construían su casa
-de nieve y comenzaban á comer, oyendo como el hielo golpeaba la playa
-y se arrastraba por ella. La _cosa fantástica_ había desaparecido
-y Kotuko hablaba, muy excitado, del poder que él tenía sobre los
-espíritus, mientras, al propio tiempo, se acurrucaba junto á la
-lámpara. Precisamente cuando se hallaba en lo mejor de sus insensatas
-afirmaciones la muchacha comenzó á reirse y á balancearse de delante á
-atrás y de atrás á delante.
-
-Á su espalda, avanzando cautelosamente hacia el interior de la choza,
-veíanse dos cabezas, una amarilla y otra negra, pertenecientes á dos
-perros que ofrecían el aspecto más triste y avergonzado que imaginarse
-pueda: el uno era Kotuko, el perro, y el otro el que había dirigido el
-trineo. Ambos estaban ahora gordos, con buena salud y completamente
-curados de su locura; pero iban unidos uno á otro del modo más extraño.
-Cuando el negro, que dirigía el trineo, se escapó, ya recordaréis
-que llevaba aun colgando los arreos. Debió de encontrar á Kotuko, el
-perro, y jugar con él ó pelearse, porque el lazo que tenía pasado por
-los hombros se le enganchó en los alambres de cobre retorcido que
-llevaba Kotuko en el collar, y se había enredado de tal modo y tan
-fuertemente que ni uno ni otro podía coger la correa con los dientes
-para separarla, sino que cada uno quedaba atado por el cuello á lo
-largo del cuerpo de su vecino. Esto, junto con la libertad de cazar por
-su cuenta, debió de contribuir grandemente á curarles de su locura.
-Estaban completamente en sano juicio.
-
-La muchacha empujó á los avergonzados animales hacia Kotuko y muerta de
-risa gritó:
-
---Esto es Quiquern, el que nos ha conducido á la tierra firme. ¡Mira
-las ocho patas y las dos cabezas!
-
-Cortó Kotuko la correa, devolviéndoles así la libertad, y ambos se
-precipitaron en sus brazos, el amarillo y el negro al mismo tiempo,
-como queriendo explicar de qué modo habían recobrado la razón. Kotuko
-les pasó la mano por los costados, que estaban bien llenos y con el
-pelo reluciente.
-
---Han encontrado comida, dijo sonriendo. No creo que vayamos tan pronto
-á Sedna. Mi _tornaq_ los ha mandado. Ya se les ha curado la enfermedad.
-
-En cuanto hubieron acariciado á Kotuko, los dos animales, que se habían
-visto obligados á dormir, comer y cazar juntos durante las últimas
-semanas, lanzáronse el uno contra el otro, y hubo entonces una gran
-batalla en el interior de la casa de nieve.
-
---Los perros no se pelean cuando tienen vacío el estómago, dijo Kotuko.
-Han encontrado alguna foca. Durmamos, que no nos faltará comida.
-
-Cuando se despertaron el agua del mar había quedado ya libre en la
-playa septentrional del islote, y todo el hielo suelto había sido
-lanzado hacia la tierra. Un _inuit_ considera siempre como deliciosos
-los primeros rumores de la marea alta, porque le advierten que la
-primavera se acerca. Kotuko y la niña cogiéronse de las manos y
-sonrieron, porque el claro y fuerte ruido que producía el mar entre el
-hielo les recordaba el tiempo de la pesca del salmón, de la caza del
-reno, y el olor de los sauces rastreros cuando están en flor. Hasta en
-aquel mismo momento el mar comenzó á espesarse casi congelado, entre
-los flotantes témpanos de hielo: tan intenso era el frío; pero en el
-horizonte se veía una ancha y roja claridad que era la luz del hundido
-sol. Parecía aquello, más bien, un bostezo en mitad de su sueño que su
-verdadero levantarse, y la claridad no duró más que algunos minutos,
-pero ello es que marcaba el cambio del año hacia la mejor estación.
-Nada podía cambiar el curso de las cosas.
-
-Halló Kotuko á los perros peleándose sobre el cuerpo de una foca recién
-muerta, la cual había ido siguiendo á los peces que una tormenta hace
-siempre cambiar de lugar. Era la primera de unas veinte ó treinta que
-llegaron al islote durante aquel día, y hasta que el mar se hubo helado
-fuertemente fueron á centenares las vivas cabezas negras que se veían,
-gozándose en disfrutar del agua libre, poco profunda, y flotando entre
-los témpanos de hielo.
-
-Era un gusto para nuestra pareja el poder comer otra vez hígado de
-foca; el llenar las lámparas de grasa sin tener que ir con miedo y el
-ver cómo la llama se elevaba á un metro de altura; pero tan pronto
-como apareció el hielo nuevo en el mar, Kotuko y su compañera cargaron
-el trineo de mano é hicieron tirar de él á los dos perros como nunca
-en la vida habían tirado, porque no estaban muy tranquilos ambos
-muchachos respecto á lo que hubiera podido ocurrir en su aldea. El
-tiempo continuaba tan implacable como de costumbre; pero es más fácil
-arrastrar un trineo cargado de víveres que cazar muriéndose de hambre.
-Dejaron los cadáveres de veinticinco focas enterrados en el hielo de la
-playa y prontos para ser usados, después de lo cual se apresuraron á
-regresar al seno de su familia. Los perros les enseñaron el camino en
-cuanto Kotuko les indicó lo que deseaba que hicieran, y, aunque ninguna
-señal hubiera del camino que debían seguir, en dos días se hallaban
-ya dando voces á la entrada de la casa de Kadlu. Sólo tres perros les
-contestaron. En cuanto á los otros habían sido comidos, y las casas se
-hallaban sumidas en la obscuridad. Pero cuando Kotuko gritó: _«¡ojo!»_
-(esto es _carne hervida_) algunas voces débiles le contestaron, y al
-llamar á los habitantes de la aldea por sus nombres, con voz bien
-clara, no hubo nadie que faltase.
-
-Una hora después brillaban las lámparas en la casa de Kadlu; el agua,
-de nieve derretida, se calentaba sobre el fuego; hervían las cacerolas,
-y del techo iba goteando el hielo, mientras Amoraq cocinaba una comida
-para toda la aldea; el chiquitín que estaba metido en la capucha de
-pieles mascaba un pedazo de grasa que tenía gusto de nueces, y los
-cazadores iban atiborrándose metódica y pausadamente de carne de foca.
-Kotuko y la niña refirieron sus aventuras. Entre ellos se sentaron
-los dos perros, y cada vez que oían pronunciar su nombre en el relato
-enderezaban una oreja y parecían lo más avergonzados de sí mismos que
-imaginarse pueda. El perro que haya enloquecido una vez y curádose
-luego, queda, en opinión de los _inuit_, inmune contra posteriores
-ataques.
-
---Ya veis, pues, que la _tornaq_ no se ha olvidado de nosotros, dijo
-Kotuko. Sopló el vendaval, rompióse el hielo y las focas viniéronse
-detrás de los peces asustados por la tempestad. Ahora los nuevos
-agujeros que estas focas han hecho están á una distancia de aquí que no
-llega á dos días de viaje. Que vayan mañana los mejores cazadores y que
-traigan las focas que yo he muerto: veinticinco, que están enterradas
-en el hielo. Cuando las hayamos comido iremos todos á caza de otras.
-
---¿Y vosotros qué es lo que vais á hacer ahora? preguntó el hechicero á
-Kadlu en el tono que usaba para hablar con él, porque era el más rico
-de los _tununirmiut_.
-
-Kadlu miró á la muchacha, á la hija de los países del Norte, y dijo
-calmosamente:
-
---Nosotros vamos á construir una casa.
-
-Al decir esto señaló hacia el lado Noroeste de la suya, porque en este
-lado es donde suelen vivir allí el hijo ó la hija casados.
-
-La joven levantó, entonces, las manos, vueltas las palmas hacia arriba,
-y sacudió ligeramente la cabeza como con aire incrédulo. Era ella una
-extranjera, dijo, que habían recogido hambrienta, y nada podía traer
-como dote á la casa.
-
-Saltó, entonces, Amoraq del banco en que estaba sentada y comenzó á
-arrojar multitud de cosas en la falda de la niña: lámparas de piedra,
-raederas de hierro para las pieles, cafeteras de hoja de lata, pieles
-de reno con bordados hechos de dientes de buey almizclado, y verdaderas
-agujas capoteras como las que usan los marineros para coser las velas.
-Dote tan bueno como aquel jamás había sido entregado en los confines
-del Círculo Polar Ártico, y, al recibirlo, la joven del Norte inclinó
-la cabeza hasta tocar al suelo.
-
---¡También esto! dijo Kotuko riendo y señalando á los perros, que
-acercaron sus fríos hocicos á la cara de la niña.
-
---¡Ah! exclamó el _angekok_, tosiendo con aire importante, como si
-todo aquello lo tuviera ya él previsto. En cuanto Kotuko abandonó la
-aldea fuíme yo á la _Casa del Canto_ y entoné canciones de magia. Pasé
-las noches cantando é invoqué al espíritu del Reno. Mis cantos fueron
-los que hicieron soplar el vendaval que rompió el hielo, y los que
-atrajeron á los dos perros hacia el sitio en que se hallaba Kotuko
-cuando estuvo á punto de morir aplastado. Una de mis canciones fué la
-que hizo que la foca siguiera detrás del roto hielo. Mi cuerpo reposaba
-inmóvil en el _quaggi_, pero mi espíritu vagaba lejos de él y guiaba á
-Kotuko y á los perros en todo cuanto hicieron. Yo lo hice todo.
-
-Como cuantos se hallaban presentes estaban ya hartos de comida
-y soñolientos nadie se tomó el trabajo de contradecir aquellas
-afirmaciones, y el _angekok_, en virtud del privilegio que le daba su
-oficio, se sirvió aun otro pedazo de carne hervida, y se acostó, luego,
-con los demás en la tibia é iluminada casa que olía á aceite.
-
- * * * * *
-
-Ahora bien: Kotuko, que dibujaba perfectamente á lo _inuit_, grabó
-ciertos cuadros, que representaban todas las anteriores aventuras, en
-un largo pedazo de marfil en forma de plancha y con un agujero en uno
-de los extremos. Cuando en compañía de la muchacha fué hacia el Norte,
-á la Tierra de Ellesmere, en el año llamado del _invierno maravilloso_,
-dejó aquel cuadro, que era como una historia, á Kadlu, el cual lo
-perdió entre los guijarros un verano en que se le rompió el trineo,
-allá en la orilla del lago Netilling, en Nikosiring, y allí lo encontró
-uno de los habitantes del país á la primavera siguiente, vendiéndoselo
-en Imigen á un hombre que era intérprete de un ballenero del Estrecho
-de Cumberland, y éste, á su vez, se lo vendió á Hans Olsen, que fué
-después contramaestre de un vapor que llevaba viajeros al Cabo Norte en
-Noruega. Cuando terminó la estación de moda para estos viajes el vapor
-dedicóse á hacer la travesía entre Londres y Australia, con escala en
-Ceylán, y allí Olsen vendió la plancha de marfil á un joyero cingalés
-por zafiros falsos. Yo la encontré, finalmente, entre un montón de
-cosas inútiles en una casa de Colombo, y la he ido descifrando y
-traduciendo aquí de cabo á rabo.
-
- [Ilustración]
-
-
- =An-gutivaun taina=
-
-(Lo que sigue es traducción muy libre de la «Canción del Cazador que
-regresa», según los hombres solían cantarla después de perseguir á las
-focas. El _inuit_ repite siempre mil veces lo mismo).
-
-
- Endurecidos por la sangre helada
- nuestros guantes están, y por la nieve
- que en montones se junta sobre el suelo
- nuestros trajes de pieles.
-
- De cazar focas regresamos... focas
- que en los bancos de hielo vivir suelen.
-
- _¡Au jana! ¡Aua!... ¡Oha! ¡Haq!_ Veloces
- pasan trineos que volar parecen,
- y al chasquido de látigos, los perros,
- ladrando, al hogar vuelven.
-
- De cazar focas regresamos... focas
- que en los bancos de hielo vivir suelen.
-
- Nosotros las seguimos paso á paso
- á nuestras focas que se esconden siempre,
- y al oir que escarbaban bajo tierra,
- tendidos en la nieve,
- las acechamos y al salir, la lanza
- les arrojamos, como tantas veces...
- así... y así... de tal manera hiriendo,
- matando de tal suerte.
-
- La sangre helada nuestros guantes cubre,
- pésanos en los párpados la nieve...
- pero á la esposa y al hogar volvemos
- de los hielos perennes.
-
- _¡Au jana! ¡Aua!... ¡Oha! ¡Haq!_ Cargados
- van los trineos que volar parecen;
- ya la esposa aguardando está al esposo
- cuando él de los perpetuos hielos vuelve.
-
- [Ilustración]
-
-
- NOTAS:
-
-[29] Equivalen á cero del termómetro Fahrenheit, que es el que cita el
-autor.--N. del T.
-
-[30] En Botánica se llama así á una planta parecida á la
-siempreviva.--N. del T.
-
-[31] El autor se refiere al termómetro Fahrenheit.--N. del T.
-
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LOS PERROS JAROS
-
- ¡Por nuestras claras, deliciosas noches
- en que libres corremos y cazamos!
- ¡Por el aroma matinal del aire
- que humedece el rocío, no secado!
-
- ¡Por el placer de perseguir las piezas
- que locas huyen con terror incauto!
- ¡Por los gritos de nuestros compañeros
- que al vencido _sambhur_ tienen cercado!
-
- ¡Por los dulces peligros de la noche!
- ¡Por el dormir de día, dulce y grato,
- allá á la entrada del cubil! ¡Por todo,
- guerra á muerte juramos!
-
-
-No empezó para Mowgli la parte más agradable de su vida hasta después
-de la invasión verificada por la Selva. Tranquila su conciencia por
-considerar que había pagado sus deudas, y amigo de cuantos en la Selva
-vivían, era mirado por todos con un poco de temor. Lo que hizo, vió y
-oyó vagando solo ó con sus cuatro compañeros bastaría para escribir
-innumerables cuentos, cada uno de ellos tan largo como el presente.
-Así, pues, dejaré de referiros su encuentro con el Elefante Loco de
-Mandla, que mató veintidós bueyes que conducían once carros llenos de
-plata acuñada, perteneciente al Tesoro nacional, y esparció por el
-polvo las brillantes rupias; su lucha con Jacala, el cocodrilo, durante
-toda una noche, en los Pantanos del Norte, y cómo rompió su cuchillo
-de desollador en las placas de la espalda del animal; cómo halló otro
-cuchillo nuevo que llevaba pendiente del cuello un hombre que había
-sido muerto por un oso, tras de lo cual siguió él las huellas de éste
-y lo mató para que fuera el justo precio pagado por el cuchillo; cómo
-quedó cogido una vez, durante la época llamada de la Gran Hambre, entre
-los rebaños de ciervos que emigraban, y fué casi aplastado por ellos;
-cómo salvó á Hathi, el Silencioso, del peligro de caer por segunda vez
-en una trampa de las que tienen un palo afilado en el fondo, y cómo, al
-día siguiente, cayó él mismo en otra de las que sirven para leopardos,
-rompiendo entonces Hathi las gruesas barras de madera que la formaban;
-finalmente, cómo pudo ordeñar las hembras de los búfalos salvajes en
-los terrenos pantanosos, y cómo... Pero no pueden contarse varios
-cuentos á la vez y hay que limitarse á uno.
-
-Murieron Papá Lobo y Mamá Loba, colocando entonces Mowgli una gran
-piedra contra la boca de la cueva y entonando allí, entre sollozos, la
-Canción de la Muerte; Baloo era ya muy viejo y apenas podía moverse,
-y hasta Bagheera, que tenía nervios de acero y férreos músculos,
-comenzaba ya á mostrar menos agilidad cuando se trataba de matar alguna
-pieza. Con los años, de gris que era, volvióse Akela blanco como la
-leche, con las costillas salientes, caminando como si su cuerpo fuera
-de madera, y Mowgli tenía que cazar para él. Pero los lobos jóvenes,
-los hijos de la deshecha manada de Seeonee, crecían y se multiplicaban,
-y cuando llegaron á ser unos cuarenta, de cinco años, sin amo, con
-excelentes pulmones y ligeros pies, Akela les dijo que debían juntarse,
-obedecer la Ley, y estar bajo la dirección de uno, como correspondía á
-los del Pueblo Libre.
-
-No se metió Mowgli en este asunto, porque, como él dijo, ya sabía lo
-que eran frutas agrias y en qué árboles se cogían; pero cuando Fao,
-hijo de Faona (cuyo padre era el que indicaba las pistas en los tiempos
-de la jefatura de Akela) ganó en buena lid el derecho de dirigir la
-manada, de acuerdo con la Ley de la Selva, y cuando, á la luz de las
-estrellas, resonaron una vez más los antiguos gritos y canciones,
-Mowgli volvió á asistir al Consejo de la Peña, como en memoria de
-tiempos que pasaron. Si se le antojaba hablar, la manada aguardaba
-hasta que hubiera terminado, y se sentaba en la peña al lado de Akela,
-más arriba del sitio ocupado por Fao. Eran, aquéllos, días en que se
-cazaba bien y se dormía mejor. Ningún forastero se atrevía á entrar en
-las selvas que pertenecían al _pueblo_ de Mowgli, como llamaban á la
-manada; los lobos más jóvenes crecían más fuertes y gordos, y abundaban
-los lobatos que había que llevar á la Peña para que los inspeccionaran.
-Iba siempre Mowgli á estas reuniones, acordándose de aquella noche en
-que una pantera negra compró á la manada la vida de un chiquillo moreno
-y desnudo, y al prolongado grito de: «Mirad, mirad bien, lobos», latía
-con fuerza su corazón. Otras veces se alejaba, internándose en la Selva
-con los que él consideraba como sus cuatro hermanos, probando, tocando
-y viendo toda clase de cosas nuevas.
-
-Una tarde, á la hora del anochecer, mientras caminaba distraidamente
-por los bosques para ir á dar á Akela la mitad de un gamo que acababa
-de matar, mientras _los cuatro_ se empujaban, medio riñendo y
-revolcándose por juego, oyó un grito como nunca se había vuelto á oir
-allí desde los tiempos en que vivía Shere Khan. Era lo que llaman
-en la Selva el _feeal_, una especie de horroroso chillido que da el
-chacal cuando caza siguiendo á un tigre, ó cuando tiene caza mayor á la
-vista. Si imagináis una mezcla de odio, de aire triunfal, de miedo y
-de desesperación, en un solo grito desgarrador, tendréis una idea del
-_feeal_ que se oyó entonces elevarse, descender y vibrar en el aire,
-á lo lejos, del otro lado del Wainganga. Los cuatro lobos dejaron de
-jugar en el acto, con los pelos erizados y gruñendo. Mowgli echó mano
-al cuchillo y se paró, congestionado el rostro, arrugado el entrecejo.
-
---No hay por aquí ningún _rayado_ que se atreva á matar... dijo.
-
---No es éste el grito del Explorador, contestó el Hermano Gris. Eso es
-alguna gran cacería. ¡Escucha!
-
-Resonó de nuevo el grito, mitad parecido á un sollozo y mitad á una
-risa ahogada, ni más ni menos que si el chacal tuviera flexibles
-labios humanos. Respiró entonces Mowgli con fuerza y echó á correr en
-dirección de la Peña del Consejo, adelantándose por el camino á los
-lobos de la manada que también corrían hacia el mismo sitio. Fao y
-Akela estaban juntos sobre la Peña, y más abajo que ellos veíanse á
-los demás, sentados y con todos los nervios en tensión. Las madres y
-sus lobatos corrían hacia sus cubiles, porque cuando el _feeal_ suena
-conviene que los débiles se hallen recogidos.
-
-Nada se oía más que el rumor del Wainganga, corriendo entre la
-obscuridad, y las ligeras brisas del anochecer pasando entre las copas
-de los árboles, cuando de pronto, al otro lado del río, aulló un lobo.
-No era ninguno que perteneciera á la manada, porque éstos se hallaban
-todos alrededor de la Peña. El aullido se fué prolongando, adquiriendo
-un tono como de desesperación. «_¡Dhole!_», decía, «_¡Dhole! ¡Dhole!
-¡Dhole!_» Oyóse ruido de cansados pasos por entre las rocas, y un
-demacrado lobo, con los costados llenos de rayas rojas, destrozada una
-de sus patas delanteras y cubiertas de espuma las quijadas, lanzóse en
-mitad del círculo y se echó jadeante á los pies de Mowgli.
-
---¡Buena suerte! ¿Quién es tu jefe? le preguntó gravemente Fao.
-
---¡Buena suerte! Soy _Won-tolla_, contestó el recién llegado.
-
-Quería decir con esto que era un lobo solitario, que atendía á su
-defensa, á la de su compañera y pequeñuelos en algún aislado cubil,
-como hacen algunos lobos en la parte meridional del país. _Won-tolla_
-significa uno que no forma parte de ninguna manada. Al acabar de hablar
-quedóse jadeando, y con tal fuerza le latía el corazón que á cada
-latido todo su cuerpo se movía.
-
---¿Quién anda por ahí? dijo Fao, porque esto es lo que todos preguntan
-en la Selva en cuanto se oye el _feeal_.
-
---¡Los _dholes_, los _dholes_ del Dekkan... los Perros Jaros, los
-Asesinos! Fueron desde el Sur hacia el Norte, diciendo que en el Dekkan
-no se encontraba nada y matándolo todo por donde pasaban. Cuando
-esta luna era luna nueva tenía yo cuatro de los míos: mi compañera y
-tres lobatos. Ella les enseñaba á cazar sobre las llanuras cubiertas
-de yerba, escondiéndose para apoderarse de los gamos, como hacemos
-nosotros, los que cazamos en campo abierto. Á media noche les oí pasar,
-siguiendo, con grandes ladridos, un rastro. Al soplar la brisa matutina
-hallé á los míos yertos sobre la yerba... los cuatro, Pueblo libre,
-los cuatro... y esto ocurrió cuando esta luna era luna nueva. Entonces
-hice uso del Derecho de la Sangre y fuí en busca de los _dholes_.
-
---¿Cuántos eran? preguntó rápidamente Mowgli, mientras la manada gruñía
-rabiosamente.
-
---No lo sé. Tres de ellos no matarán ya á nadie más; pero al fin me
-persiguieron como á un gamo, haciéndome correr con sólo las tres patas
-que me quedan. ¡Mira, Pueblo Libre!
-
-Adelantó entonces su destrozada pata, ennegrecida con la sangre que se
-había secado ya. Tenía en los costados terribles mordiscos, y el cuello
-herido, desgarrado.
-
---¡Come! le dijo Akela, levantándose de encima de la carne que Mowgli
-le había traído, é inmediatamente lanzóse sobre ella el solitario.
-
---No perderéis lo que me dáis, dijo humildemente cuando hubo satisfecho
-un poco el hambre. Préstame fuerzas, Pueblo Libre, y también yo mataré
-luego. Vacío está mi cubil, antes lleno, y la Deuda de Sangre no está
-pagada aún del todo.
-
-Fao oyó cómo sus dientes crujían sobre un hueso, y gruñó con aire de
-aprobación.
-
---Esas quijadas tuyas han de sernos útiles, dijo. ¿Iban cachorros con
-los _dholes_?
-
---No, no. Todos eran _cazadores rojos_, perros de manada, grandes y
-fuertes, aunque allá en el Dekkan suelen alimentarse comiendo lagartos.
-
-Lo que acababa de decir Won-tolla significaba que los _dholes_, los
-rojos perros cazadores del Dekkan, iban de paso en busca de algo que
-matar, y los lobos de la manada sabían perfectamente que hasta el tigre
-les cede su presa á los _dholes_. Suelen cazar éstos corriendo en línea
-recta por la Selva, lanzándose sobre cuanto hallan y despedazándolo
-todo. Aunque no tengan el tamaño ni la astucia del lobo son muy fuertes
-y en gran número. No comienzan á considerar que forman manada hasta
-que se ha reunido un centenar de ellos; mientras que con cuarenta lobos
-basta y sobra para lo mismo. El haber ido errante Mowgli de un lado
-á otro le llevó hacia los confines de los grandes prados del Dekkan,
-donde vió á los fieros _dholes_ durmiendo, jugando y rascándose en los
-hoyos y matojos que usan como cubiles. Despreciábalos y odiábalos él
-porque no olían como el Pueblo Libre; porque no vivían en cavernas, y,
-sobre todo, porque les crecía el pelo entre los dedos de las patas,
-mientras que á él y á sus amigos no les ocurría eso. Pero no se le
-ocultaba, por habérselo dicho Hathi, lo terrible que es una manada de
-_dholes_ cuando va de caza. Aun el mismo Hathi les deja libre el paso,
-y ellos siguen adelante, hasta que los matan ó hasta que escasea ya la
-caza.
-
-Algo sabía, también, Akela respecto á los perros jaros, porque dijo en
-voz baja á Mowgli:
-
---Más vale morir entre todos los de la manada que sin guía y solo.
-Ésta es una cacería magnífica... y será la última en que yo tome
-parte. Pero, á juzgar por los años que suelen vivir los hombres, á tí,
-Hermanito, te quedan aún muchas noches y muchos días de vida. Vete
-hacia el Norte y acuéstate allí, y si alguien queda vivo después del
-paso de los _dholes_ ya irá á llevarte noticias del resultado de la
-lucha.
-
---¡Ah! contestó Mowgli con toda la gravedad posible, ¿es que he de irme
-á coger pececillos en las lagunas y á dormir en un árbol, ó quieres
-que pida á los _Bandar-log_ que me ayuden á cascar nueces mientras la
-manada queda ahí abajo batiéndose?
-
---La lucha será á muerte. Tú no te has encontrado nunca con los
-_dholes_... con _los Asesinos rojos_. Hasta _el rayado_...
-
---_¡Aowa! ¡Aowa!_ exclamó Mowgli con mal humor. Yo maté á un mono
-rayado, Shere Khan, y estoy seguro que lo que es él hubiera sido
-capaz de abandonar á su propia compañera, para que se la comieran los
-_dholes_, si el viento hubiese llegado á traerle el olor de la manada,
-aunque entre ambos se hallaran tres bosques de por medio. Pues bien,
-escucha: hubo una vez un lobo que era mi padre, y una loba que era mi
-madre, y otro lobo viejo y gris (no muy discreto á veces, y blanco
-ahora) que era para mí como mi padre y mi madre juntos. Así, pues (y
-aquí levantó más la voz) yo afirmo que cuando vengan los _dholes_, si
-vienen, Mowgli y el Pueblo Libre lucharán como iguales contra ellos;
-y digo, por el toro que me rescató (por aquel toro que Bagheera pagó
-por mí en aquellos tiempos de que ya no os acordáis los de la manada),
-digo... para que lo tengan presente los árboles y el río que me oyen,
-si es que yo lo olvido... que este cuchillo que ves será para la manada
-como un colmillo más con que ha de contar... y no me parece, en verdad,
-que su filo esté muy embotado. Eso es cuanto he de decir, y ésa la
-palabra que empeño.
-
---No conoces tú á los _dholes_, hombre que hablas como los lobos,
-dijo Won-tolla. Yo no deseo más que pagar la deuda de sangre que con
-ellos tengo pendiente antes de que me hagan pedazos. Avanzan despacio,
-matando á medida que se alejan, y dentro de dos días habré recobrado ya
-algo las fuerzas perdidas, con lo cual podré volver á la lucha. Pero en
-cuanto á vosotros, Pueblo Libre, mi opinión es que os vayáis hacia el
-Norte y que os contentéis con comer poco durante el tiempo que tarden
-en pasar los _dholes_. Es ésta una cacería en que no hay que buscar
-carne.
-
---¡Mirad con qué sale ahora el solitario! exclamó Mowgli riendo.
-¡Pueblo Libre! ¡Tenemos que huir hacia el Norte y dedicarnos á coger
-lagartos y ratas por miedo de tropezar con algún _dhole_! Hay que
-dejarles á ellos que maten todo lo que quieran en nuestros cazaderos,
-mientras nosotros nos escondemos en el Norte hasta que se les antoje
-devolvernos lo que es nuestro. ¡No son más que unos perros (y mejor
-dicho unos cachorros), rojos, con el vientre amarillo, sin cubiles, y
-con pelos que les crecen entre los dedos de las patas! En sus camadas
-vénse seis ú ocho pequeñuelos, como en las de Chikai, el diminuto
-ratoncillo saltador. ¡Es indudable que hemos de huir, Pueblo Libre,
-y pedirles por favor á los del Norte que nos dejen comer alguna res
-muerta! Ya sabéis el adagio: «en el Norte hay miseria; en el Sur
-piojos. En cuanto á _nosotros_, somos la Selva». Escoged, pues,
-escoged. ¡La cacería ha de valer la pena! ¡Por la manada... por toda
-la manada; por los cubiles y las carnadas; por lo que se mata dentro
-y fuera de aquéllos; por la compañera que persigue al gamo y por los
-más pequeños de los lobatos que estén en las cavernas... juremos la
-lucha... juremos... juremos!
-
-Contestó la manada con un ladrido profundo, que estalló resonando en la
-noche como si fuera el ruido de la caída de un árbol enorme.
-
---¡Lo juramos! gritaron los lobos.
-
---Quedaos con ellos, dijo Mowgli á _los cuatro_. No habrá diente que no
-haga aquí falta. Fao y Akela que lo preparen todo para la batalla. Yo
-voy á contar los perros.
-
---¡Eso es la muerte! gritó Won-tolla, levantándose á medias. ¿Qué
-puede hacer ése, que ni siquiera tiene pelo, contra los perros jaros?
-Acordaos de que hasta _el Rayado_...
-
---Vamos, que eres un verdadero solitario, repuso Mowgli; pero ya
-hablaremos de esto cuando los _dholes_ estén muertos. ¡Buena suerte
-para todos!
-
-Echó á correr por entre la obscuridad, presa de tal agitación que
-apenas miraba donde ponía los pies, y la natural consecuencia de ello
-fué el caerse cuan largo era sobre los grandes anillos de Kaa, la
-serpiente pitón, en el sitio donde ésta estaba echada al acecho frente
-á un sendero frecuentado por los ciervos cerca del río.
-
---_¡Kscha!_ dijo Kaa malhumorada. ¿Es proceder al estilo de la Selva el
-venir aquí haciendo ese ruido con los pies, caminando tan torpemente,
-para estropearle á uno el trabajo de toda una noche... y precisamente
-cuando la caza se presentaba tan bien?
-
---Confieso que he estado torpe, dijo Mowgli levantándose.
-Verdaderamente, en tu busca iba, Cabeza Chata; pero cada vez que nos
-encontramos te has engordado y has crecido un pedazo tan largo como uno
-de mis brazos. No hay en la Selva nadie como tú, discreta, anciana,
-fuerte y hermosísima Kaa.
-
---Á ver... ¿á donde vas á parar por este camino? dijo Kaa con voz algo
-más suavizada. No ha cambiado aún la luna desde que un _hombrecito_
-armado de un cuchillo me tiraba piedras á la cabeza llenándome de
-insultos, más furioso que un gato montés, porque yo dormía al raso.
-
---Sí, y espantabas á todos los ciervos que Mowgli venía persiguiendo,
-y esa Cabeza Chata estaba tan sorda que ni oía mis silbidos para que
-dejara libre el camino por donde los ciervos pasan, contestó Mowgli con
-gran calma, sentándose entre los pintados anillos de la serpiente.
-
---Y ahora este mismo hombrecito viene con palabras suaves y halagadoras
-diciéndole á aquella misma Cabeza Chata que es discreta, y fuerte, y
-hermosa, y ella se deja persuadir, y le hace sitio... así... á aquel
-que le tiraba piedras, y... ¿Estás bien? ¿Podría Bagheera ofrecerte
-asiento tan cómodo?
-
-Como de costumbre, bajo el peso del cuerpo de Mowgli, Kaa había
-convertido el suyo en una especie de blanda hamaca. Tendióse el
-muchacho, en medio de la obscuridad, y se enroscó sobre aquel cuello
-flexible, semejante á un cable, hasta lograr que la cabeza de Kaa
-descansara sobre su hombro, y entonces le refirió cuanto había pasado
-en la Selva aquella noche.
-
---Lista puedo ser, dijo Kaa cuando hubo terminado él, pero lo que es
-sorda también lo soy, sin ningún género de duda. De lo contrario,
-hubiera oído el _feeal_. Ya no me extraña que los que viven de hierba
-se hallen tan inquietos. ¿Cuántos son los _dholes_?
-
---No lo he visto aún. Vine corriendo á encontrarte. Tú eres más vieja
-que Hathi. Pero, Kaa... (y al decir esto temblaba Mowgli de puro
-contento) ¡qué magnífica cacería va á ser! Pocos de nosotros vivirán
-cuando cambie la luna.
-
---¿Es que tú también vas á tomar parte en esto? Acuérdate de que eres
-un hombre, y de cuál fué la manada que te arrojó de ella. Deja que el
-Lobo y el Perro se arreglen. Tú eres un hombre.
-
---Las nueces de antaño son ogaño tierra negra, contestó Mowgli. Cierto
-que soy un hombre, pero paréceme haber dicho esta noche que era un
-lobo. Por testigos puse al río y á los árboles. Pertenezco al Pueblo
-Libre, Kaa, hasta que hayan pasado los _dholes_.
-
---¡Pueblo Libre! murmuró Kaa... Dí, más bien, pandilla suelta de
-ladrones. ¿Y tú te has ligado á ellos, en busca de una muerte segura,
-sólo por la memoria de aquellos lobos que ya no existen? Eso no es
-saber cazar.
-
---He dado mi palabra. Los árboles lo saben y el río también. Hasta que
-el _dhole_ se haya ido no quedaré libre del compromiso.
-
---¡Ah! La cosa cambia, así, por completo. Pensé llevarte conmigo á
-los pantanos del Norte, pero palabra es palabra, aunque sea la de un
-hombrecito desnudo y sin pelo como tú. Así, pues, yo, Kaa, digo á esto
-que...
-
---Piensa bien lo que vas á decir, Cabeza Chata, para que no resulte que
-también tú te has ligado más de lo conveniente. No necesito que me des
-palabra de hacer nada, porque bien sé que...
-
---Bueno: sea, contestó Kaa. No daré palabra alguna; pero ¿qué piensas
-hacer cuando vengan los _dholes_?
-
---Tienen que pasar á nado el Wainganga. Pues bien: yo pensaba salirles
-al encuentro, cuchillo en mano, cuando crucen algún sitio de poca
-agua, y llevar detrás de mí á la manada, para que, á cuchilladas y
-atacados por los míos, tuvieran que retroceder un poco río abajo ó ir á
-refrescarse el gaznate.
-
---Los _dholes_ no retroceden, y, en cuanto á su gaznate, hierve
-siempre, contestó Kaa. Cuando esta cacería termine no quedará ya
-hombrecito ni lobato, sino únicamente los huesos.
-
---_¡Alala!_ Si morimos moriremos. Será una cacería magnífica. Pero soy
-joven y no he visto aún muchas lluvias. Ni sé mucho ni soy fuerte.
-¿Tienes tú, Kaa, algún plan mejor?
-
---Yo he visto centenares y centenares de lluvias. Antes de que Hathi
-hubiera mudado los colmillos de leche, el rastro que yo dejaba en el
-polvo al pasar era enorme. Por el primer huevo que hubo en el mundo te
-aseguro que soy más vieja que muchos árboles, y que he visto todo lo
-que la Selva ha hecho.
-
---Pero éste es un caso nuevo. Nunca los _dholes_ se han cruzado en
-nuestro camino.
-
---Lo que es ha sido, también, antes. Lo que será no es más que un año
-olvidado que hiere mirando hacia atrás. Estate quieto mientras yo
-cuento esos años que tengo.
-
-Durante más de una hora estuvo echado Mowgli sobre los anillos de la
-serpiente, mientras Kaa, con la cabeza inmóvil sobre el suelo, pensaba
-en todo lo que había visto y aprendido desde el día en que salió del
-huevo. Sus ojos parecieron extinguirse, y, ya sin luz, semejaban viejos
-ópalos, mientras, de cuando en cuando, daba una especie de torpes
-estocadas con la cabeza, á derecha é izquierda, como si estuviera
-cazando en sueños. Mowgli dormitaba, porque sabía que nada prepara tan
-bien para la caza como el dormir, y estaba acostumbrado á hacerlo á
-cualquier hora del día ó de la noche.
-
-De pronto sintió que el cuerpo de Kaa crecía y se ensanchaba bajo el
-suyo, mientras la enorme serpiente pitón soplaba, silbando con el ruido
-de una espada que alguien sacara de una vaina de acero.
-
---He visto todas las estaciones del año que pasaron, dijo, al fin
-Kaa; los árboles enormes, los viejos elefantes, y las rocas desnudas
-y ásperas cuando aun el musgo no las vestía. ¿Estás vivo todavía,
-hombrecito?
-
---No hace más que un momento que desapareció la luna en el horizonte,
-dijo Mowgli. No entiendo...
-
---_¡Hisch!_ Ya vuelvo á ser Kaa. Ya sabía que no hacía más que un
-momento, como dices. Ahora iremos al río y te enseñaré cómo hay que
-proceder contra los _dholes_.
-
-Volvióse la serpiente y se dirigió, recta como una flecha, hacia el
-cauce del Wainganga, hundiéndose en el agua un poco antes de llegar á
-la laguna que oculta la Roca de la Paz, y llevando á Mowgli á su lado.
-
---No, no nades. Yo me deslizaré rápidamente. Ponte sobre mi espalda,
-Hermanito.
-
-Apretó Mowgli el brazo izquierdo alrededor del cuello de Kaa, dejó caer
-el derecho, bien pegado al cuerpo, y puso los pies de punta. Entonces
-Kaa embistió contra la corriente como sólo ella era capaz de hacer,
-mientras la ondulación del agua formaba en torno del cuello de Mowgli
-como una gorguera y sus pies se balanceaban en el remolino que se veía
-á cada lado de la serpiente. Á un kilómetro ó dos más arriba de la
-Roca de la Paz, el Wainganga se estrecha al pasar por una garganta que
-forman unas rocas de mármol de veinticinco á treinta metros de altura,
-y la corriente se desliza como por el canal de un molino entre toda
-clase de pedruscos. Pero Mowgli no hizo caso del agua: poca habría en
-el mundo que llegara á preocuparle ni por un momento por el miedo que
-le causara. Miraba á cada lado de aquella estrecha garganta y resollaba
-fuertemente como molestado, porque se sentía en el aire un olor, mitad
-como de algo dulce y mitad como de algo agrio, que era muy parecido al
-olor de un gran hormiguero en día caluroso. Instintivamente metióse
-todo él bajo el agua, levantando sólo la cabeza, de cuando en cuando,
-para respirar, y entonces Kaa ancló, por medio de una doble torsión de
-la cola en torno de una roca hundida, sosteniendo á Mowgli en el hueco
-que formaban sus anillos, mientras el agua corría.
-
---Esto es la Morada de la Muerte, dijo el muchacho. ¿Por qué hemos
-venido aquí?
-
---Duermen, dijo Kaa. Hathi no tuerce su camino cuando ve al _Rayado_.
-Y, sin embargo, tanto Hathi como el mismo Rayado se apartan cuando
-vienen los _dholes_, pero de éstos se dice que no cambian de dirección
-por nada. Ahora bien: ¿ante quién retrocede el diminuto Pueblo de las
-Rocas? Dime, amo de la Selva, ¿quién es el verdadero amo?
-
---Éstas, susurró Mowgli. Aquí mora la Muerte. Vámonos.
-
---No, mira bien, porque ahora están durmiendo. Todo está como estaba
-cuando yo no era más larga de lo que es tu brazo.
-
-Las rajadas y carcomidas rocas de aquella garganta del Wainganga
-habían servido desde el principio de la Selva para el diminuto Pueblo
-de las Rocas: las laboriosas y feroces abejas negras de la India; y,
-como Mowgli sabía perfectamente, todo rastro de animal torcía hacia
-un lado ú otro á más de ochocientos metros antes de llegar á aquel
-sitio. Durante siglos, el Pueblo Diminuto había tenido allí sus
-enjambres y pululado de grieta en grieta, juntándose una y otra vez,
-manchando el blanco mármol con miel seca y fabricando sus panales,
-altos y profundos, en la obscuridad de las cavernas interiores, donde
-ni los animales, ni el fuego, ni el agua pudieran llegar nunca. En
-toda su longitud, la garganta parecía adornada con negras cortinas
-de terciopelo de un brillo débil, y Mowgli se sintió desfallecer al
-verlo, porque aquella especie de cortinas eran los millones de abejas
-amontonadas que allí dormían. Había, además, otros pedazos, y adornos,
-y cosas que parecían carcomidos troncos de árbol prendidos sobre la
-superficie de las rocas, restos viejos, abandonados, ó nuevas ciudades
-fabricadas al abrigo de aquella garganta resguardada del viento;
-y enormes masas de esponjosos panales, ya podridos, habían rodado
-desde lo alto, pegándose entre los árboles y enredaderas que parecían
-agarrarse á la superficie de las rocas. Como se pusiera el muchacho
-á escuchar oyó más de una vez el ruido que producían, al deslizarse,
-los panales repletos de miel, cayéndose allá adentro, en las obscuras
-galerías; luego rumor de alas batiendo furiosamente, y el gotear de
-la miel esparcida que iba corriendo hasta llegar al borde de alguna
-abertura al aire libre, desde la cual chorreaba lentamente sobre hojas
-y ramas. Había, á un lado del río, una especie de playa pequeñísima,
-de menos de un metro y medio de ancho, y estaba llena de desechos
-acumulados allí durante innumerables años. Abejas muertas, basura,
-colmenas viejas, alas de mariposillas merodeadoras que habían ido á
-perderse en aquel sitio en busca de miel, todo estaba amontonado,
-formando finísimo polvo negro. El solo olor penetrante de aquel
-conjunto bastaba para asustar á cualquier ser viviente que careciera de
-alas y supiese lo que era el Pueblo Diminuto.
-
-De nuevo dirigióse Kaa corriente arriba hasta que llegó á un banco de
-arena que se hallaba al extremo de aquella garganta.
-
---Aquí está lo que han muerto en esta estación, dijo. ¡Mira!
-
-Sobre el banco se veían los esqueletos de un par de ciervos y de un
-búfalo. Mowgli vió que ni lobos ni chacales habían tocado sus huesos,
-que estaban sobre el suelo en la posición natural.
-
---Traspasaron el lindero, no conociendo la Ley, murmuró Mowgli, y el
-Pueblo Diminuto los mató. Vámonos antes de que despierte.
-
---No despierta hasta que llega la aurora, dijo Kaa. Ahora voy á
-contarte una cosa. Venía un gamo perseguido desde el Sur, en dirección
-á este sitio, hace de ello muchas, muchas lluvias, sin conocer la Selva
-y llevando tras de sí á toda una manada que seguía su rastro. Ciego de
-miedo, saltó desde lo alto, mientras la manada iba siguiéndole sólo con
-la vista, porque corría desatinadamente tras de él, ciega también. El
-sol estaba ya alto y el Pueblo Diminuto era numeroso y se hallaba muy
-enfurecido. Numerosos fueron, igualmente, los de la manada que saltaron
-al Wainganga; pero antes de que llegaran al agua estaban ya muertos.
-Los que no saltaron murieron también en las rocas, allá arriba. En
-cuanto al gamo quedó vivo.
-
---¿Y cómo fué esto?
-
---Porque él llegó primero, corriendo para salvar la vida, y saltó antes
-de que el Pueblo Diminuto estuviera prevenido, hallándose ya en el río
-cuando las abejas se juntaron para matarlo. Pero la manada que venía
-detrás se perdió por completo bajo el peso de aquéllas.
-
---¿Y el gamo vivió? dijo pausadamente Mowgli, insistiendo en la misma
-idea.
-
---Cuando menos no murió entonces, aunque no tuviera nadie que, al caer,
-lo esperara para recibirlo sobre un cuerpo bastante fuerte que lo
-protegiera contra el agua, como esta gruesa, sorda y amarilla Cabeza
-Chata está pronta á hacer por cierto _hombrecito_... sí, aunque detrás
-de él fueran todos los _dholes_ del Dekkan siguiéndole el rastro. ¿Qué
-te parece esto?
-
-La cabeza de Kaa estaba pegada á la oreja de Mowgli. Algún tiempo
-transcurrió antes de que el muchacho contestara.
-
---Es jugar con la Muerte, pero... verdaderamente, Kaa, tú eres quien
-más sabe en toda la Selva.
-
---Eso me han dicho muchos. Pues bien, mira: si los _dholes_ te siguen...
-
---Como me seguirán, con toda seguridad... ¡Oh! Mi lengua sabrá lanzar
-espinas agudísimas que irán á clavárseles.
-
---Pues si te siguen furiosos, ciegos, sin mirar á ningún lado, fija
-sólo la vista en tí, los que no mueran arriba caerán al agua aquí ó más
-abajo, porque el Pueblo Diminuto levantará el vuelo y toda la manada
-quedará cubierta por él. Las aguas del Wainganga tienen siempre hambre,
-y ellos no contarán con ninguna Kaa que vaya á sostenerlos cuando
-caigan, sino que, los que vivan, serán arrastrados por la corriente
-hasta los bajíos, allá por los Cubiles de Seeonee, y en aquel sitio
-podría tu manada salirles al encuentro y arrojarse sobre ellos.
-
---_¡Ahai! ¡Eowawa!_ Ni una lluvia cayendo á tiempo en mitad de la
-estación seca es mejor que este plan. No queda nada por decidir más que
-la cuestión insignificante de la carrera y del salto. Ya iré yo á que
-me vean y conozcan los _dholes_, á fin de que me persigan muy de cerca.
-
---¿Has visto las rocas que están ahí arriba?... ¿Las has visto desde la
-tierra?
-
---¡Ah! no. No se me había ocurrido esto.
-
---Anda á verlas. La tierra está como podrida, llena de grietas y
-agujeros. Con que pusieras en falso uno de tus torpes pies la cacería
-habría terminado. Mira, voy á dejarte aquí y hacer por tí una cosa: ir
-á contarles á los de la manada lo que hemos dicho, para que sepan dónde
-podrán encontrar á los _dholes_. Lo que es por mí, nada tengo yo que
-ver con ningún lobo.
-
-Cuando á Kaa no le gustaba una amistad mostraba su desagrado con más
-rudeza que nadie en toda la Selva, excepción hecha, quizá, de Bagheera.
-Nadó río abajo, y frente á la Peña encontróse con Fao y con Akela que
-estaban escuchando los ruidos nocturnos.
-
---_¡Hisch!_ ¡Perros! dijo alegremente; los _dholes_ bajarán por el río.
-Si no les tenéis miedo podréis matarlos en los bajíos.
-
---¿Cuándo vendrán? dijo Fao.
-
---¿Y dónde está mi _hombre-cachorro_? preguntó Akela.
-
---Vendrán cuando vengan, contestó Kaa. Espéralos y lo verás. En cuanto
-á tu _hombre-cachorro_, al cual le has hecho empeñar su palabra, y que
-has conducido así á la Muerte... _tu_ hombrecito está conmigo, y si no
-está ya muerto ahora mismo no tienes tú la culpa, ¡perro blanqueado!
-Espera aquí á los _dholes_, y alégrate de que el _hombre-cachorro_ y yo
-peleemos á tu lado.
-
-Volvió Kaa á remontar con rapidez la corriente y dió fondo en mitad
-de la estrecha garganta, mirando hacia arriba, hacia el borde de los
-acantilados. De pronto vió la cabeza de Mowgli proyectándose contra las
-estrellas, luego oyóse un rumor, como un silbido, en el aire, el agudo
-_schloop_ de un cuerpo que caía de pie, y un momento después hallábase
-el muchacho descansando nuevamente sobre los anillos del cuerpo de Kaa.
-
---Este salto no es nada, de noche, dijo Mowgli tranquilamente. Yo he
-saltado desde doble altura, sólo por gusto; pero ahí arriba sí que es
-mal sitio: todo son arbustos bajos y zanjas muy profundas, llenos unos
-y otras de Pueblo Diminuto. Yo he colocado grandes piedras superpuestas
-en el borde de tres zanjas. Al correr les daré con el pie y las lanzaré
-abajo y todo el Pueblo Diminuto se levantará detrás de mí, furioso.
-
---Esto son habladurías y astucias de hombre, dijo Kaa. Tú eres listo,
-pero ese Pueblo está enfurecido siempre.
-
---No, al anochecer todas las alas descansan un rato, las que están
-lejos y las que están cerca. Yo me entretendré con los _dholes_ á esa
-hora, porque sé que ellos suelen cazar mejor de día. Ahora siguen el
-rastro de sangre que ha dejado Won-tolla.
-
---Ni Chil deja nunca un buey muerto, ni los _dholes_ un rastro de
-sangre, dijo Kaa.
-
---Pues entonces, yo les daré otro nuevo, hecho con su propia sangre,
-si me es posible, y les haré morder el polvo. ¿Te quedarás aquí, Kaa,
-hasta que vuelva con mis _dholes_?
-
---Sí, pero ¿y si te matan en la Selva, ó si es el Pueblo Diminuto el
-que te quita la vida antes de que puedas saltar al río?
-
---Cuando llegue mañana cazaremos según lo que mañana exija, contestó
-Mowgli, citando, al decirlo, una frase de uso común en la Selva, y
-luego añadió: que me canten la Canción de la Muerte cuando muerto esté.
-¡Buena suerte, Kaa!
-
-Apartó su brazo del cuello de la serpiente y descendió por la garganta
-que formaba el río como si fuera un madero arrastrado por una avenida,
-chapoteando en dirección de la lejana orilla, donde el agua corría
-más tranquila, y riéndose á carcajadas de puro gozo. Nada había que
-le gustara tanto á Mowgli, según él mismo había dicho, como jugar con
-la Muerte, y demostrar á la Selva que él era allí no el amo, sino el
-archiamo. Con frecuencia había ido á robar, ayudado por Baloo, colmenas
-de las que las abejas fabrican en árboles aislados, y gracias á ello
-sabía que el Pueblo Diminuto no puede sufrir el olor del ajo silvestre.
-Así, pues, recogió un hacecillo de esta planta, lo ató con una tira de
-corteza, y luego comenzó á seguir el rastro de sangre de Won-tolla, en
-dirección del Sur, á partir desde los cubiles, por espacio de más de
-una legua, mirando á los árboles con la cabeza inclinada á un lado, y
-riéndose como loco, al mirar.
-
---He sido Mowgli, la Rana, decía entre sí; y he dicho que era Mowgli,
-el Lobo. Ahora me toca ser Mowgli, el Mono, antes de que llegue á
-convertirme en Mowgli, el Gamo. Al fin, acabaré por ser Mowgli, el
-Hombre. ¡Oh! Y al decirlo pasó el dedo pulgar por la hoja de su
-cuchillo, de diez y siete pulgadas de largo.
-
-El rastro de Won-tolla, todo él una línea de obscuras manchas negras,
-corría por debajo de un bosque de copudos árboles muy apiñados que se
-extendía en dirección noreste y que iba clareando, gradualmente, desde
-la distancia de media legua antes de llegar á las Rocas de las Abejas.
-Á partir del último árbol hasta llegar á la broza baja de dichas rocas
-era campo abierto, donde apenas habría logrado esconderse un lobo.
-Corrió, Mowgli, por debajo de los árboles, calculando las distancias
-entre rama y rama, ó, de cuando en cuando, encaramándose á un tronco,
-y saltando, por vía de ensayo, de un árbol á otro, hasta que llegó al
-campo abierto, que estuvo estudiando cuidadosamente por espacio de una
-hora. Luego volvióse, tomó nuevamente el rastro de Won-tolla donde lo
-había dejado, acomodóse en un árbol que tenía una rama saliente á unos
-dos metros y medio del suelo, y allí se quedó sentado tranquilamente,
-afilando su cuchillo en la planta del pie y canturreando.
-
-Poco antes del mediodía, cuando el calor del sol era extremado, oyó
-ruido de pasos y sintió el abominable olor de la manada de _dholes_
-que iba siguiendo con aire feroz el rastro de Won-tolla. Vistos desde
-cierta altura, los perros jaros no parecen tener ni la mitad del tamaño
-de un lobo; pero Mowgli sabía perfectamente la fuerza que en sus patas
-y quijadas tenían. Estuvo observando la cabeza puntiaguda y de color
-bayo del que los dirigía, ocupado en olfatear la pista, y le gritó:
-
---¡Buena suerte!
-
-Miró hacia arriba la fiera, y sus compañeros se pararon detrás de él,
-docenas y más docenas de perros jaros, de largas y colgantes colas,
-de sólidas espaldas, débiles patas traseras, y ensangrentadas bocas.
-Por lo general, son los _dholes_ muy silenciosos y muy poco amigos de
-guardar buenas formas, aun entre los suyos. Unos doscientos debían de
-ser, cuando menos, los que se juntaron á los pies del muchacho; pero
-notó que los delanteros olfateaban con aire de hambrientos el rastro
-de Won-tolla é intentaban hacer seguir hacia delante á toda la manada.
-Esto no le convenía, porque así llegarían á los cubiles en pleno día, y
-la intención de Mowgli era entretenerlos allí, bajo el árbol, hasta el
-anochecer.
-
---¿Con qué permiso venís á este sitio? les dijo.
-
---Todas las Selvas son nuestras, fué la contestación que obtuvo, y el
-_dhole_ que se la dió lo hizo enseñándole los dientes. Miró Mowgli
-hacia abajo sonriendo, é imitó perfectamente los agudos chillidos de
-Chikai, el ratón saltador del Dekkan, queriendo significar con esto á
-los _dholes_ que les tenía en tan poco como al mismo Chikai. Agrupóse,
-entonces, la manada alrededor del tronco del árbol, y el que la dirigía
-ladró furiosamente llamándole á Mowgli mono. Por toda respuesta alargó
-el muchacho una de sus desnudas piernas y agitó los dedos del pie,
-precisamente sobre la cabeza del perro. No se necesitaba más para poner
-fuera de sí á toda la manada. Los que tienen pelo entre los dedos
-no gustan de que alguien se lo recuerde ni indirectamente. Apartó
-Mowgli su pie en el momento en que el jefe de la manada saltaba para
-mordérselo, y díjole con gran suavidad:
-
---¡Perro, perro jaro! Vuélvete al Dekkan á comer lagartos. ¡Vete con
-Chikai, tu hermano... perro, perro... jaro, perro jaro! ¡Tienes pelo
-entre todos tus dedos! Y, al decirlo, agitó los suyos por segunda vez.
-
---¡Baja de ahí, antes que te sitiemos por hambre, mono pelón! aulló
-toda la manada, y eso era precisamente lo que el muchacho quería.
-
- [Ilustración]
-
-Acostóse á lo largo de la rama, puesto un carrillo contra la corteza,
-libre el brazo derecho, y en esta posición dijo á la manada cuanto le
-vino en mientes sobre ellos, sus maneras, sus costumbres, compañeros
-y pequeñuelos. No hay en el mundo lenguaje tan rencoroso y ofensivo
-como el que usa el Pueblo de la Selva para manifestar su desdén y el
-sentimiento de su superioridad. Si os tomáis la molestia de pensar
-un rato comprenderéis que así sea. Como Mowgli le había dicho á
-Kaa, tenía en la lengua espinas muy punzantes, y poco á poco, pero
-deliberadamente, llevó á los _dholes_ desde el silencio á los gruñidos,
-de éstos al aullar, y del aullar á la más sorda é impotente rabia.
-Probaron de contestar á sus insultos; pero de igual modo hubiera podido
-intentar hacerlo un cachorro al cual hubiese enfurecido con su lenguaje
-Kaa, y durante este tiempo la mano derecha de Mowgli estuvo siempre
-junto al costado, encogida, pronta á la acción, mientras los pies se
-cruzaban en torno de la rama. El enorme perro de color bayo había
-saltado muchas veces en el aire; pero Mowgli no quería arriesgarse á
-dar un golpe en falso. Al fin, enfurecido hasta un punto que parecía
-indecible, saltó el animal á más de dos metros desde el nivel del
-suelo. Entonces la mano del muchacho lanzóse tan rápidamente sobre
-aquél como si fuera la cabeza de una de las serpientes que viven en
-los árboles, lo cogió por la piel del pescuezo, y la rama dióle tal
-sacudida, con el peso de los cuerpos por ella sostenidos, que casi
-arrojó á Mowgli contra el suelo. Pero no soltó el muchacho su presa,
-y, pulgada por pulgada, fué levantando, hasta donde él se hallaba,
-al perro, que colgaba de su mano como un chacal ahogado. Con la mano
-izquierda empuñó el cuchillo y cortó la roja y peluda cola, arrojando
-al suelo, después, al _dhole_. No necesitaba hacer más que lo que había
-hecho. La manada no seguiría ya adelante, tras el rastro de Won-tolla,
-hasta entablar con Mowgli un duelo á muerte. Viólos éste sentarse
-formando círculos, y con un temblor en las ancas que significaba que
-allí iban á quedarse, por lo cual encaramóse á un sitio más alto donde
-se cruzaban dos ramas, y entre ellas colocó la espalda con toda
-comodidad, quedándose dormido.
-
-Despertóse, al cabo de tres ó cuatro horas, y contó los perros que
-había en la manada. Allí estaban aún todos, silenciosos, con aspecto
-feroz, secas las fauces y duro el mirar de sus ojos de acero. El sol
-comenzaba á hundirse en el horizonte. Dentro de media hora el Pueblo
-Diminuto, allá en las rocas, terminaría su labor, y, como queda dicho,
-los _dholes_ no pelean tan bien como en mitad del día á la hora del
-obscurecer.
-
---No necesitaba tan buenos vigilantes, dijo con irónica cortesía,
-poniéndose de pie sobre una rama; pero ya me acordaré de esto. Sois
-verdaderos _dholes_, pero, en mi opinión, demostráis todos demasiado
-celo. Por este motivo no le devuelvo su cola á ese gran devorador de
-lagartos. ¿No estás contento, perro jaro?
-
---Yo mismo seré quien te saque las tripas, aulló el que dirigía la
-manada, arañando al pie del árbol.
-
---No serás, y, en vez de hacer eso, piensa un poco, rata sabia del
-Dekkan. Ya verás, ahora, cuántas camadas va á haber de perrillos jaros
-que nacerán sin cola, sí, y con unos muñoncitos rojos en carne viva que
-les escocerán cuando la arena arda, calentada por el sol. Vuélvete á
-tu casa, perro jaro, y cuenta á voz en cuello que un mono te ha puesto
-como estás. ¿No quieres irte? ¡Pues ven conmigo, y yo te enseñaré á ser
-discreto!
-
-Saltó entonces Mowgli, al estilo de los _Bandar-log_, al árbol más
-próximo, de aquél al siguiente, y así al otro, y al de más allá,
-siguiéndole siempre los perros, con la cabeza levantada, hambrientos.
-De cuando en cuando fingía caerse, y todos los de la manada tropezaban,
-entonces, unos con otros, con la prisa que se daban para llegar al
-sitio donde podrían matarlo. Curioso era el espectáculo que ofrecían
-el muchacho saltando por las ramas más altas de los árboles, con el
-cuchillo brillándole á luz del sol, muy bajo ya, y la silenciosa
-manada de rojizo pelo, que parecía de fuego, apiñándose y siguiéndolo
-desde abajo. Al llegar al último árbol cogió los ajos que llevaba y se
-frotó con ellos el cuerpo cuidadosamente, mientras, al verlo, aullaban
-los _dholes_ con aire de desprecio.
-
---Mono que tienes lengua de lobo ¿crees que así vas á hacernos perder
-tu rastro? le dijeron. Te seguiremos hasta matarte.
-
---Tomad la cola, repuso Mowgli, arrojando hacia atrás lo que había
-cortado, mientras continuaba huyendo.
-
-Instintivamente lanzóse la manada sobre aquélla.
-
---Y ahora seguidme... hasta la muerte, añadió.
-
-Habíase ya deslizado desde el tronco de un árbol hasta el suelo,
-lanzándose, desnudos los pies y ligero como el viento, en dirección de
-las Rocas de las Abejas, antes de que los _dholes_ pudieran adivinar lo
-que iba á hacer.
-
-Lanzaron éstos un profundo aullido, y comenzaron á correr con aquel
-largo y pesado medio galope que acaba por rendir, al fin, á cuanto
-corra delante de ellos. Sabía Mowgli que su velocidad, cuando iban
-todos juntos en la manada, era muy inferior á la de los lobos, ó
-de lo contrario nunca se hubiera arriesgado á una carrera de media
-legua en campo abierto. Ellos, estaban seguros de que, al fin, se
-apoderarían del muchacho, y él lo estaba también de que ahora podría
-jugar con ellos como se le antojara. Todo su trabajo se reducía á
-mantenerlos suficientemente excitados para evitar que abandonaran su
-persecución antes de tiempo. Corría metódicamente, con paso igual y
-gran elasticidad en los miembros, llevando al jefe de la manada, sin
-cola, á unos cinco metros detrás de él, y á los demás siguiendo en un
-espacio de terreno que medía, tal vez, cuatrocientos, locos, ciegos
-de coraje todos los _dholes_, y con el ansia de matar. El muchacho
-conservóse siempre á parecida distancia valiéndose únicamente del oido
-para juzgarla, y reservando su último esfuerzo para cuando se lanzara
-por entre las Rocas de las Abejas.
-
-El Pueblo Diminuto se había entregado al sueño al comenzar la hora del
-crepúsculo, porque no era aquélla la estación de las flores que se
-abren tarde; pero en cuanto sonaron los primeros pasos de Mowgli sobre
-el suelo hueco, oyó tal ruido que no parecía sino que la tierra entera
-zumbara. Entonces corrió como nunca había corrido en su vida; dió un
-puntapié á uno de los montones de piedras... y luego á otro... y á
-otro... arrojándolos en las obscuras grietas de las que se desprendía
-un olor dulzón; oyó una especie de bramido semejante al del mar
-entrando en una caverna; mirando por el rabillo del ojo vió que el aire
-se obscurecía á su espalda; vió también la corriente del Wainganga allá
-abajo, y, sobre el agua, una cabeza chata de forma parecida á la de los
-diamantes; saltó en el vacío con toda su fuerza, sintiendo, mientras
-estaba en el aire, como el _dhole_ sin cola cerraba la boca tras de su
-hombro, queriendo morderle; y, al fin, cayó el muchacho sobre el río,
-de pie, en salvo ya, sin aliento y triunfante. Ni una picada tenía en
-el cuerpo, porque el olor del ajo había mantenido á distancia al Pueblo
-Diminuto durante los pocos segundos en que pasó por entre las abejas.
-
-Cuando surgió á la superficie del agua, los anillos de Kaa le sostenían
-y multitud de cosas caían desde el borde del acantilado: grandes
-montones, que eran, al parecer, abejas apiñadas, y descendían como
-plomos de sondas; pero antes de que cualquiera de aquellos montones
-tocara el agua, las abejas emprendían el vuelo hacia arriba, y el
-cuerpo de un _dhole_ caía dando vueltas sobre la corriente, que lo
-arrastraba. Allá, sobre su cabeza, oía furiosos y breves aullidos,
-ahogados pronto por una especie de bramido, como el del mar al romperse
-contra los escollos: era el inmenso rumor que producían las alas del
-Pueblo de las Rocas. Algunos de los _dholes_ habían caído hasta en las
-grandes grietas que comunicaban con las cavernas subterráneas, y allí,
-ahogándose, se peleaban y mordían rodeados de panales caídos, para, al
-fin, levantados, hasta cuando ya estaban muertos, por las ascendentes
-oleadas de abejas que había debajo de ellos, ir á parar á algún agujero
-frente al río, desde donde eran lanzados á los negros montones de
-basura. Otros de los _dholes_ habían saltado sobre los árboles que
-crecían en los acantilados, y las abejas cubrían sus cuerpos, borrando
-hasta los contornos de los mismos; pero la mayoría, locos por las
-picadas recibidas, se lanzaron al río, y, como Kaa había dicho, el
-Wainganga está siempre hambriento.
-
-Sostuvo Kaa á Mowgli fuertemente hasta que el muchacho hubo recobrado
-el aliento.
-
---Más vale que no nos quedemos aquí, dijo. El Pueblo Diminuto anda
-verdaderamente alborotado. ¡Ven!
-
-Nadando tan aplastado contra el agua como le era posible y
-zambulléndose con la mayor frecuencia, descendió Mowgli la corriente,
-cuchillo en mano.
-
---¡Despacio, despacio! díjole Kaa. Para matar á un centenar no basta
-un solo diente, como no sea el de una cobra, y muchos de los _dholes_
-se arrojaron, sin pérdida de tiempo, al agua cuando vieron que todo el
-Pueblo Diminuto echaba á volar.
-
---Pues con eso tendrá más trabajo mi cuchillo. _¡Fai!_ ¡Cómo nos siguen
-las abejas!
-
-Mowgli volvió á zambullirse. La superficie del agua estaba cubierta de
-aquéllas, que susurraban irritadas y picaban cuanto hallaban al paso.
-
---Nada se pierde nunca con guardar silencio, dijo Kaa (cuyas escamas no
-había aguijón que pudiera atravesar), y toda la noche tienes de tiempo
-para tu cacería. ¡Escucha como aullan!
-
-Casi la mitad de la manada se había dado cuenta á tiempo de la trampa
-en que sus compañeros acababan de caer, y volviéndose rápidamente á un
-lado había ido á arrojarse al agua donde la estrecha garganta formaba
-como unos ribazos. Sus gritos de rabia, sus amenazas contra el «mono
-de los bosques» que acababa de engañarles vergonzosamente llevándolos
-á aquel sitio, se confundían con los aullidos y el gruñir de los que
-habían sido picados por el Pueblo Diminuto. Quedarse en la ribera
-era entregarse á una muerte segura, y bien lo sabía cada uno de los
-_dholes_. Su manada iba río abajo, arrastrada por la corriente, hasta
-los profundos remansos de la Laguna de la Paz; pero, aun allí, las
-furiosas abejas la perseguían y la obligaban á volver á la corriente.
-Oía Mowgli la voz del jefe sin cola que animaba á los suyos y les decía
-que mataran á todos los lobos de Seeonee; mas no perdió el tiempo
-escuchándola.
-
---¡Alguien mata en la obscuridad, detrás de nosotros! ladró uno de los
-_dholes_. ¡La sangre tiñe el agua!
-
-Mowgli habíase zambullido avanzando al mismo tiempo, como si fuera
-una nutria, había arrastrado bajo el agua á uno de los _dholes_ antes
-de que tuviera tiempo ni de abrir la boca, y unos círculos obscuros
-surgieron á la superficie del agua al reaparecer el cuerpo dando media
-vuelta hacia un lado. Los _dholes_ habían probado de retroceder; pero
-la corriente se lo impedía; el Pueblo Diminuto seguía picándoles en la
-cabeza y en las orejas, y, además, allá en la obscuridad creciente,
-oían cada vez más fuerte el vocerío amenazador de la manada de Seeonee.
-Volvió Mowgli á zambullirse, y de nuevo otro _dhole_ fué á parar bajo
-el agua, surgiendo á la superficie muerto; de nuevo estalló el clamoreo
-entre los rezagados de la manada, aullando unos que más valía ganar
-la orilla; otros llamando á su jefe y pidiéndole que los volviera al
-Dekkan; otros, finalmente, desafiando á Mowgli á que se presentara,
-para matarlo.
-
---Esos vienen á la pelea con pensamientos diferentes y muchas voces
-que hablan á la vez. Lo que falta hacer corresponde á los de tu raza,
-allá abajo. El Pueblo Diminuto vuelve á irse á dormir. Ya nos han
-perseguido bastante lejos. Yo también me vuelvo, porque no soy de la
-misma clase que los lobos. ¡Buena suerte, Hermanito! y acuérdate de que
-los _dholes_ dirigen bajos sus mordiscos.
-
-Llegó un lobo corriendo en tres patas por la margen del río, ora
-saltando, ora poniendo de lado y aplastada contra el suelo la cabeza,
-ya encorvando la espalda, ya brincando á tanta altura como le era
-posible, ni más ni menos que si estuviera jugando con sus cachorros.
-Era Won-tolla, el solitario, y en silencio continuó su horrible juego
-persiguiendo á los _dholes_. Hacía ya rato que éstos estaban en el
-agua, y nadaban fatigados, pesándoles el mojado pelo, las gruesas
-colas colgando como esponjas, tan rendidos que también ellos guardaban
-silencio, mirando aquel par de ojos llameantes que se movían siempre
-frente á ellos.
-
---¡Eso no es cazar bien! dijo uno jadeando.
-
---¡Buena suerte! exclamó Mowgli, surgiendo del agua valerosamente
-al lado mismo de la fiera, clavándole su largo cuchillo detrás de
-un hombro y apretando cuanto pudo para evitar que en la agonía le
-mordiera.
-
---¿Estás ahí, Hombre-cachorro? dijo Won-tolla desde la orilla.
-
---Pregúntaselo á los muertos, solitario, contestó Mowgli. ¿No has visto
-bajar ninguno por el río? ¡Bien les he hecho morder el polvo á esos
-perros! Les he engañado en plena luz del día, y su jefe se ha quedado
-sin cola; pero aun tendrás algunos para entretenerte. ¿Hacia dónde
-quieres que les obligue á ir?
-
---Esperaré, dijo Won-tolla. Tengo aun toda la noche de tiempo.
-
-Cada vez se oían más cerca los ladridos de los lobos de Seeonee.
-
---¡Por la manada! ¡Por la manada en pleno lo hemos jurado!
-
-Y un recodo del río lanzó á los _dholes_ entre la arena y los bajíos
-que había frente á los Cubiles.
-
-Pronto notaron su error. Debieron haber saltado á tierra unos
-ochocientos metros más arriba y atacar á los lobos en terreno seco.
-Ahora era ya tarde para ello. La orilla estaba llena de ojos que
-parecían de fuego, y exceptuando el horrible _feeal_, que no se había
-interrumpido ni un momento desde la puesta del sol, no se oía el menor
-ruido en la Selva. Dijérase que Won-tolla no había estado haciendo otra
-cosa que atraerlos hacia aquel sitio para tomar tierra allí.
-
---¡Dad la vuelta y atacad! dijo el que dirigía á los _dholes_.
-
-La manada entera se lanzó á la playa, chapoteando por los bajíos hasta
-que toda la superficie del Wainganga se agitó y cubrió de blanca
-espuma, formando el agua círculos que iban de un lado á otro del río
-como al paso de un barco. Siguió Mowgli la embestida, acuchillando á
-los _dholes_ mientras corrían apiñados por la orilla como una ola.
-
-Entonces comenzó la gran lucha, ya levantándose, ya aplanándose, ya
-haciéndose pedazos unos á otros, por grupos ó diseminados, á lo largo
-de la roja, húmeda arena, por encima ó entre las enredadas raíces de
-los árboles, á través ó en medio de los matorrales, entrando y saliendo
-por los sitios que cubría la yerba, pues, hasta entonces, eran tantos
-los _dholes_, que se hallaban en la proporción de dos contra uno,
-comparados con los lobos. Pero éstos luchaban por cuanto constituía la
-razón de ser de la manada, y no eran ya, únicamente, los flacos y altos
-cazadores de otras veces, de pecho hundido y blancos colmillos, sino
-que á ellos se juntaban las _lahinis_ de mirada ansiosa (las lobas de
-cubil, como suelen llamarse), luchando por sus camadas, y acompañadas,
-de cuando en cuando, por algún lobo de un año, de piel lanosa aun,
-como que no había mudado el pelo, y que iba á su lado tirando y
-agarrándose de ellas. Un lobo (bien debéis saberlo) ataca arrojándose
-á la garganta ó mordiendo hacia los costados, mientras que un _dhole_
-procura, generalmente, morder en el vientre, de modo que cuando estos
-últimos peleaban fuera del agua, y tenían que levantar la cabeza para
-ello, los lobos llevaban ventaja. Sobre la tierra seca hallábanse,
-por el contrario, en condiciones de inferioridad; pero, fuera en el
-agua ó en la tierra, el cuchillo de Mowgli no descansaba un momento.
-_Los cuatro_ habíanse, al fin, abierto paso hasta llegar á su lado. El
-Hermano Gris, agachado entre las rodillas del muchacho, le amparaba los
-golpes dirigidos al vientre, mientras los demás le guardaban la espalda
-y los costados, ó le cubrían con su cuerpo cuando la sacudida de un
-_dhole_, que se había lanzado con toda su fuerza contra la resistente
-hoja del cuchillo, al saltar aullando le arrastraba al suelo en su
-caída. En cuanto á los demás que combatían no eran más que una masa
-desordenada y confusa, una apretada y ondulante multitud, que ora
-iba de derecha á izquierda, ora de izquierda á derecha, á lo largo de
-la orilla del río, ó bien giraba pausadamente, una y otra vez, sobre
-su propio centro. Aquí, se elevaba como una trinchera, se hinchaba
-como una burbuja de agua en un torbellino, y la burbuja se rompía y
-lanzaba al aire cuatro ó cinco perros heridos, cada uno de los cuales
-se esforzaba en volver al centro; allá, veíase á un lobo solo, vencido
-por dos ó tres _dholes_, y arrastrándoles hacia delante trabajosamente,
-cayéndose rendido con el esfuerzo; más allá, un cachorro de un año
-quedaba sostenido en el aire por la presión de los que le rodeaban,
-aunque rato hacía que estaba muerto, mientras su madre, loca de coraje,
-silenciosa, pasaba y volvía á pasar, mordiendo siempre; y, en medio
-de la pelea, sucedía, tal vez, que un lobo y un _dhole_, olvidándose
-de todos los demás, se preparaban hábilmente para ver quién sería el
-primero en morder, hasta que, de pronto, un verdadero torbellino de
-furiosos combatientes se los llevaba á ambos. Una vez, pasó Mowgli
-junto á Akela, que llevaba á cada lado un _dhole_ y apretaba en aquel
-momento las quijadas, casi sin dientes ya, sobre los ijares de un
-tercero; otra vez, vió á Fao con los dientes clavados en la garganta
-de un _dhole_, arrastrándolo por fuerza hacia delante, hasta llevarlo
-á donde los lobos de un año pudieran acabar con él. Pero lo principal
-de la lucha no era más que ciega confusión y un continuo ahogarse en
-medio de la obscuridad; dar golpes, pernear, caerse, ladrar, gruñir y
-mucho morder y desgarrar en torno suyo y por todos lados. Al avanzar
-la noche, el rápido é insoportable movimiento giratorio aumentó aún.
-Los _dholes_, acobardados, no se atrevían á atacar á los lobos, más
-fuertes que ellos; pero tampoco se atrevían á huir. Adivinó Mowgli que
-la pelea tocaba á su fin, y contentóse ya no más que con herir, para
-dejar inutilizadas á sus víctimas. Los lobos de un año iban haciéndose
-más atrevidos á cada momento; de cuando en cuando era ya posible tomar
-algún respiro, hablar con el compañero que estaba al lado, y el solo
-brillar del cuchillo bastaba á veces para hacer retroceder á alguno de
-los perros.
-
---Casi no falta más que el hueso por roer, gritó el Hermano Gris, que
-iba manando sangre por veinte heridas á la vez.
-
---Pero hay que roerlo, contestó Mowgli. _¡Eowawa!_ ¡Así hacemos las
-cosas en la Selva!
-
-Y al decir esto, la ensangrentada hoja del cuchillo, brillando como
-una llama, fué á hundirse en los ijares de un _dhole_ cuyos cuartos
-posteriores quedaban ocultos por el cuerpo de un lobo que lo tenía
-agarrado.
-
---¡Es mi presa! gruñó el lobo arrugando la nariz. ¡Déjamelo!
-
---¿Tienes aún vacío el vientre, solitario? preguntóle Mowgli.
-
-Won-tolla estaba tan lleno de heridas que su aspecto horrorizaba, pero,
-así y todo, tenía como paralizado al _dhole_ bajo sus garras, y éste no
-podía volverse para morderle.
-
---¡Por el toro que me rescató! dijo Mowgli con amarga sonrisa. ¡Si es
-el rabón!
-
-Y, en efecto, era el perro de color bayo que dirigía la manada.
-
---No es discreto el matar cachorros y _lahinis_ (dijo Mowgli
-filosóficamente y enjugándose la sangre que le cubría los ojos), como
-no sea que uno haya matado también al solitario; y mucho me parece que
-esta vez va á ser Won-tolla quien te mate á tí.
-
-Acudió en aquel momento un perro en ayuda de su jefe; pero, antes de
-que hubiera clavado los dientes en el costado de Won-tolla, el cuchillo
-de Mowgli se había clavado en su garganta, y el Hermano Gris se
-encargó de rematarlo.
-
---Así es como hacemos las cosas en la Selva, repitió Mowgli.
-
-Won-tolla nada dijo: únicamente sus quijadas fueron apretándose cada
-vez más sobre el espinazo del _dhole_, al paso que su propia vida
-tocaba á su fin. Estremecióse el perro, inclinó la cabeza y quedó
-tendido, inmóvil, mientras el mismo Won-tolla caía también sobre su
-cuerpo.
-
---_¡Huh!_ La deuda de sangre queda ya pagada, dijo Mowgli. Canta la
-canción, Won-tolla.
-
---No cazará ya más, observó el Hermano Gris. Ni Akela tampoco,
-continuó, porque hace mucho rato que guarda silencio.
-
---¡Hemos roído ya el hueso! gritó con voz de trueno Fao, el hijo de
-Faona. ¡Ya huyen! ¡Matadlos, exterminadlos á todos, cazadores del
-Pueblo Libre!
-
-Uno tras otro, iban retirándose paulatinamente los _dholes_ de aquella
-obscura y ensangrentada arena hacia el río, hacia la espesa Selva,
-corriente arriba ó corriente abajo, según donde hallaban despejado el
-camino.
-
---¡La deuda! ¡La deuda! gritó Mowgli. ¡Hay que hacérsela pagar! ¡Han
-asesinado al solitario! ¡No dejéis escapar ni á uno con vida!
-
-Corría como una exhalación hacia el río, cuchillo en mano, para detener
-á cualquiera de los perros jaros que intentara arrojarse al agua,
-cuando, bajo un montón de nueve cadáveres, vió surgir la cabeza y los
-cuartos anteriores de Akela. Mowgli dejóse caer de rodillas al lado del
-lobo.
-
---¿No te dije que ésta sería mi última lucha? dijo Akela jadeando. La
-cacería ha sido buena... ¿Y tú, Hermanito?
-
---Yo estoy vivo, y he matado á muchos.
-
---¡Bien! Yo me muero y... y quisiera morir á tu lado, Hermanito.
-
-Cogió Mowgli la cabeza, llena de horrorosas heridas, colocóla sobre sus
-rodillas y le echó al animal los brazos al cuello, desgarrado también.
-
---¡Cuánto tiempo ha pasado desde aquéllos en que vivía Shere Khan y en
-que un Hombre-cachorro se revolcaba desnudo por el polvo!
-
---¡No! ¡No! Yo soy un lobo. Yo soy de la misma raza que el Pueblo
-Libre, dijo Mowgli llorando. ¡No quiero ser un hombre!
-
---Un hombre eres, Hermanito, lobato á quien he vigilado. Eres un
-hombre, ó de lo contrario la manada hubiera huído frente á los
-_dholes_. Te debo la vida, y hoy nos has salvado á todos, de igual
-suerte que yo te salvé á tí. ¿Lo has olvidado? Todas las deudas quedan
-ya satisfechas. Vete con tu propia gente. Te repito, luz de mis ojos,
-que la cacería ha terminado. Vuélvete á donde están los tuyos.
-
---No iré nunca. Cazaré solo en la Selva. Ya lo he dicho.
-
---Tras el verano vienen las lluvias, y tras las lluvias la primavera.
-Vuélvete antes de que te veas obligado á hacerlo.
-
---¿Y quién me obligará?
-
---Mowgli mismo obligará á Mowgli.
-
---Pues cuando Mowgli sea quien obligue á Mowgli á marcharse entonces me
-iré, contestó el muchacho.
-
---Nada más tengo que decirte respecto á esto, continuó Akela.
-Hermanito, ¿no podrías levantarme y ponerme en pie? También yo fuí jefe
-del Pueblo Libre.
-
-Con el mayor cuidado y muy suavemente levantó y apartó Mowgli los
-cuerpos amontonados, puso en pie á Akela, abrazándolo, y el Lobo
-Solitario resolló con fuerza y comenzó á cantar la Canción de la
-Muerte que todo jefe de manada debe cantar al morir. Fué adquiriendo
-mayor fuerza por momentos, elevándose, elevándose, resonando á través
-del río, hasta llegar al grito final de: _¡Buena suerte!_ Entonces,
-arrancóse Akela por un instante de los brazos de Mowgli, y, saltando en
-el aire, cayó de espalda sobre su postrera y más temible víctima.
-
-Sentóse Mowgli con la cabeza entre las rodillas, sin prestar atención á
-otra cosa alguna, mientras los rezagados de los _dholes_ que huían eran
-perseguidos y destrozados por las implacables _lahinis_. Poco á poco,
-fueron cesando los gritos y los lobos volvieron cojeando, porque sus
-heridas les molestaban más y más por momentos, para hacerse cargo de
-las bajas que habían tenido. Quince de los de la manada y media docena
-de _lahinis_ quedaban muertos junto al río, y de los restantes ni uno
-estaba ileso. Mowgli quedóse allí sentado hasta la hora del alba,
-cuando el húmedo y enrojecido hocico de Fao fué á ponerse sobre una de
-sus manos, y entonces apartóse el muchacho para mostrarle el demacrado
-cuerpo de Akela.
-
---¡Buena suerte! dijo Fao, como si Akela estuviera aun vivo, y luego,
-hablando á los otros por encima del hombro ensangrentado, gritó:
-
---¡Aullad, perros! ¡Esta noche ha muerto un Lobo!
-
-Pero de toda la manada de doscientos _dholes_ aptos para la lucha, que
-se vanagloriaban de ser dueños de todas las Selvas y de que no había
-ser viviente que pudiera batirse con ellos, ni uno volvió al Dekkan
-para repetir las palabras de Fao.
-
- [Ilustración]
-
-
- =La canción de Chil=
-
-(Ésta es la canción que entonó Chil cuando los milanos fueron
-descendiendo uno tras otro al cauce del río, una vez terminada la gran
-lucha. Chil es amigo de todo el mundo, pero su corazón es un pedazo de
-hielo, porque sabe que casi todos en la Selva van á parar á él un día ú
-otro).
-
- Mis compañeros eran y frente á mí corrían
- (frente á Chil, el milano);
- mas hoy sobre sus cuerpos resuenan mis silbidos,
- pues todo ha terminado.
-
- Como vanguardias mías, donde botín hubiera
- solían avisármelo,
- y allá desde las nubes también yo les mostraba
- los escondidos gamos.
-
- Mas ya han enmudecido mis viejos compañeros
- y todo ha terminado.
- ..........................................
- Los que de la manada eran los viejos guías
- (frente á Chil, el milano),
- los que al _sambhur_ ligero acorralar lograban
- (vanguardias que he mandado),
- los que explorar solían, los otros, perezosos,
- y siempre rezagados,
- no cazarán ya juntos, no seguirán más pistas:
- aquí termina el rastro.
- .........................................
- Mis compañeros eran y frente á mí corrían
- (frente á Chil, el milano).
- ¡Han muerto! En su alabanza se elevan mis canciones,
- memorias del pasado.
-
- Montones de cadáveres son sólo mis amigos;
- abierta está su boca, los ojos ya vaciados;
- y cúbrelos la sangre... y todo aquí termina...
- ¡van á quedar los míos, con tanta carne, hartos!
-
- [Ilustración]
-
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- CORRETEOS PRIMAVERALES
-
- ¡El Hombre vuelve al Hombre! Decídselo á la Selva:
- el que era nuestro hermano de nuevo va á partir.
- ¿Quién puede detenerle ni quién tras de sus pasos
- irá, si parte al fin?
-
- ¡El Hombre vuelve al Hombre! Las lágrimas le ahogan
- y en nuestra compañía no puede ya vivir.
- ¡El Hombre vuelve al Hombre! ¡Y tanto que nosotros
- le amábamos!... Seguirle no es ya posible allí.
-
-
-Diez y siete años debía de tener Mowgli al cumplirse dos después de
-la gran lucha contra los perros jaros y de la muerte de Akela. Alguna
-más edad representaba, porque el rudo ejercicio, los buenos alimentos,
-y los baños, siempre que el calor ó el polvo le molestaban, habíanle
-dado fuerzas y desarrollo superiores á su edad. Podía balancearse, sin
-parar, durante media hora, colgando de una rama sostenido sólo por una
-mano, cuando se le antojaba curiosear por entre los árboles. No le era
-difícil parar á un gamo en su carrera y tumbarlo, cogiéndolo por la
-cabeza. Se atrevía á voltear hasta á los grandes y feroces jabalíes
-azulados que viven en los Pantanos del Norte. El Pueblo de la Selva,
-que solía temerle antes por su ingenio, le temía ahora por su fuerza, y
-cuando andaba él ocupado en sus correrías silenciosas, el mero rumor de
-que se acercaba era suficiente para dejar despejados todos los senderos
-del bosque. Y, sin embargo, sus ojos miraban siempre bondadosamente.
-Hasta en plena lucha no despedían nunca aquellas llamaradas de los
-de Bagheera. Habíanse vuelto tan sólo más atentos y mostraban mayor
-excitación, siendo esto, precisamente, una de las cosas que la pantera
-no llegaba á entender.
-
-Hízole alguna pregunta acerca de ello, y el muchacho se rió,
-contestando:
-
---Al errar un golpe me incomodo; cuando me ocurre tener que estar un
-par de días sin comer me incomodo aun más. ¿No se me ve, entonces, en
-los ojos el malhumor?
-
---Tu boca puede sentir hambre, repuso Bagheera, pero tus ojos no lo
-revelan. Cazando, comiendo ó nadando, siempre están lo mismo... como
-las piedras, tanto si hay sequía como si llueve.
-
-Miróla Mowgli con aire perezoso á través de sus largas pestañas, y,
-como de costumbre, bajó la pantera la cabeza. Bagheera sabía que aquel
-era su amo.
-
-Estaban los dos solos, tendidos cerca de la cumbre de una colina que
-dominaba al río Wainganga, y la niebla matutina se veía allá abajo,
-á sus pies, colgando en tiras blancas y verdes. Al elevarse por el
-horizonte cambióse en burbujantes mares de un color rojo dorado, se
-deshizo, y dejó paso á los rayos, que fueron á trazar luminosas franjas
-sobre la yerba seca en el sitio en que Mowgli y Bagheera estaban
-recostados. La estación fría tocaba entonces á su fin; las hojas y
-los árboles parecían gastados y marchitos, y, al soplar el viento,
-oíase un rumor seco y un tic-tac por todas partes. Una hojilla comenzó
-á golpear furiosamente contra una rama, como suele hacer toda hoja
-agitada por una corriente de aire. Á Bagheera logró despabilarla,
-porque se puso á olfatear el aire matinal con profundo y cavernoso
-ronquido, tendióse de espaldas, y con las patas delanteras golpeó
-también la hojilla que se movía sobre su cabeza.
-
---El año va á cambiar, dijo. La Selva avanza. La época del _Nuevo
-Lenguaje_ se acerca. Esa hojuela lo sabe. ¡Qué bien!
-
---La yerba está seca, contestó Mowgli, arrancando un puñado. Hasta
-los _ojos de primavera_ (que son unas flores rojas, como de cera, en
-forma de trompetillas, y que crecen entre la yerba), hasta los _ojos de
-primavera_ no se han abierto aún, y... Oye Bagheera ¿te parece que está
-bien que la pantera negra esté echada así de espaldas, y se entretenga
-en dar manotazos en el aire como si fuera un gato montés?
-
---_¡Aoh!_ se limitó á decir Bagheera, que parecía distraída.
-
---Digo que si te parece que esté bien que la pantera negra se
-entretenga en abrir la boca, y dar ronquidos, y aullar, y revolcarse.
-Acuérdate de que tú y yo somos los amos de la Selva.
-
---Sí, es verdad. Ya te escucho, Hombre-cachorro.
-
-Dió media vuelta Bagheera rápidamente y se sentó, cubiertos de polvo
-los raídos y negros ijares. (Estaba entonces mudando la piel del
-invierno).
-
---¡Seguramente que somos los amos de la Selva! continuó. ¿Quién hay que
-sea tan fuerte como Mowgli? ¿Quién que sepa tanto como él?
-
-Había en la voz con que lo dijo un modo especial de arrastrar las
-palabras que hizo á Mowgli volverse para ver si había querido la
-pantera burlarse de él, porque la Selva está llena de vocablos que
-suenan de muy distinto modo de lo que significan.
-
---He dicho que sin ningún género de duda somos los amos de la Selva,
-repitió Bagheera. ¿He hecho mal? No sabía que el Hombre-cachorro no se
-echaba ya sobre la tierra. ¿Qué hace, pues? ¿Vuela?
-
-Sentóse Mowgli con los codos apoyados sobre las rodillas, mirando
-á través del valle, á lo lejos, la luz del día. En algún rincón de
-los bosques que se veían en lo hondo, un pájaro ensayaba con ronca
-y aflautada voz las primeras notas de su canción primaveral. No era
-aquello más que una sombra del torrente de armonías que lanzaría más
-tarde; pero no escapó al oído de Bagheera.
-
---Dije que la época del _Nuevo Lenguaje_ está cerca, gruñó la pantera,
-azotándose los ijares con la cola.
-
---Ya lo oigo, contestó Mowgli. Pero, Bagheera, ¿por qué te tiembla todo
-el cuerpo? El sol quema.
-
---Este es Ferao, el picamaderos de color escarlata, dijo Bagheera. Lo
-que es él no ha olvidado nada. Ahora, también á mí me toca probar si me
-acuerdo de mi canción. Al decirlo comenzó á producir un susurro como
-de gato y á berrear, escuchándose á sí misma, una y otra vez, con aire
-poco satisfecho.
-
---No hay ninguna pieza de caza á la vista, dijo Mowgli.
-
---Pero, Hermanito ¿estás completamente sordo? Esto no es un grito de
-caza, sino mi canción, que estoy ensayando para cuando la necesite.
-
---Se me había olvidado. Yo sabré cuándo llega la época del _Lenguaje
-Nuevo_, porque, entonces, tú y los otros me abandonaréis todos y os
-escaparéis. Dijo esto Mowgli con visible malhumor.
-
---Pero no siempre, Hermanito, repuso Bagheera... La verdad es que no
-siempre...
-
---Te digo que sí, contestó Mowgli con imperativo gesto de cólera. Os
-escapáis, y yo, que soy el dueño de la Selva, tengo que pasearme solo.
-¿Qué ocurrió en la última estación, cuando quería yo recoger cañas
-de azúcar en los campos de una de las _manadas_ de hombres? Mandé un
-mensajero... ¡te mandé á tí!... á hablar con Hathi, diciéndole que
-viniera tal noche y que me arrancara con su trompa algunas de aquellas
-yerbas dulces...
-
---Sólo tardó en llegar dos noches más de lo que tú querías, dijo
-Bagheera, agachándose un poco, con miedo; y de aquella larga y dulce
-yerba que tanto te gustaba cogió mucha más cantidad de lo que cualquier
-Hombre-cachorro podría comer durante todas las noches de la temporada
-de lluvias. No tuve yo la culpa de aquello.
-
---No vino la noche que yo le dije. No, estaba ocupado trompeteando,
-corriendo, dando bramidos por los valles, á la luz de la luna. Su
-rastro era como el que dejan tres elefantes juntos, porque no se
-escondía, entonces, entre los árboles. Bailaba frente á las casas de la
-manada de los hombres. Yo le ví, y, á pesar de todo, no quiso venir á
-donde yo estaba... ¡y yo soy el amo de la Selva!
-
---Era aquélla la época del _Lenguaje Nuevo_, dijo la pantera, muy
-humilde siempre. Tal vez, Hermanito, no empleaste entonces, para
-llamarle, ninguna palabra mágica. ¡Escucha á Ferao, y diviértete!
-
-El malhumor de Mowgli parecía haberse evaporado ya. Acostóse con la
-cabeza apoyada sobre los brazos, cerrados los ojos.
-
---No sé... ni me importa averiguarlo, dijo soñoliento. Durmamos,
-Bagheera. ¡Siento una cosa en el pecho! Déjame reclinar la cabeza
-contra tu cuerpo.
-
-Echóse la pantera, de nuevo, dando un suspiro, porque oía á Ferao
-ensayando una y otra vez su canción para la época de primavera, ó del
-_Lenguaje Nuevo_, como ellos dicen.
-
-En las selvas indias, las estaciones se deslizan pasando de una á otra
-casi sin que se note separación entre ellas. No parece haber más que
-dos: la húmeda y la seca; pero mirando atentamente, por debajo de los
-torrentes de lluvia, y de las nubes de polvo, y de cosas carbonizadas,
-notaréis que las cuatro van sucediéndose según el ciclo acostumbrado.
-La primavera es la más admirable, porque no tiene que cubrir de
-hojas nuevas y de flores un campo limpio y desnudo, sino llevarse y
-arrinconar los montones de cosas medio verdes que sobreviven y cuelgan
-aún, respetadas por el suave invierno, y hacer, de paso, que la tierra
-envejecida vuelva á sentirse nueva y joven una vez más. Y esto, de tal
-modo lo hace que no existe en el mundo primavera que pueda compararse
-con la de la Selva.
-
-Hay un día en que todas las cosas parecen fatigadas, y hasta los mismos
-olores, al elevarse por el pesado aire, dijérase que han envejecido,
-que están ya harto usados. Es una sensación inexplicable, pero que se
-experimenta. Luego, llega otro día (y es de advertir que para la vista
-nada ha cambiado) en que todos los olores son nuevos y deliciosos, y,
-al sentirlos, al Pueblo de la Selva le tiemblan los bigotes hasta las
-mismas raíces, comenzando á caérsele de los ijares el pelo del invierno
-en largos y sucios mechones. Entonces, si por casualidad llueve un
-poco, todos los árboles y matorrales, todos los bambúes, y musgos, y
-plantas de hojas jugosas, despiertan de sus sueños con unos rumores y
-un desarrollo súbito que casi podría decirse que se les oye crecer, y
-por debajo de todo esto corre día y noche otro rumor, una especie de
-profundo zumbido. Es el susurro de la primavera: algo que vibra en el
-aire, y que no es ruido de abejas, ni de agua que cae, ni de viento en
-las copas de los árboles, sino la especie de arrullo del mundo que se
-siente feliz.
-
-Hasta aquel año Mowgli había disfrutado siempre con el cambio de las
-estaciones. El era, generalmente, el que antes que nadie veía el primer
-_ojo de primavera_ escondido entre la yerba, y la primera aglomeración
-de nubes primaverales, que son características en la Selva. Su voz
-podía oirse en todas partes, en los sitios húmedos, donde brillaban las
-estrellas, donde hubiera algo que floreciera, uniéndose al coro de las
-ranas, ó imitando á los buhos pequeños que graznan, haciendo las cosas
-al revés, durante las noches claras. Como todos los suyos, escogía
-para sus correrías la estación primaveral, yendo de un sitio á otro
-por el mero placer de ir corriendo y de sentir el aire tibio durante
-ocho, diez, ó más leguas, entre la hora del crepúsculo y la del alba,
-volviendo luego jadeante, sonriente y coronado de extrañas flores. _Los
-cuatro_ no le seguían en sus salvajes correrías por la Selva, sino que
-iban á cantar sus canciones con los otros lobos. El Pueblo de la Selva
-suele estar muy ocupado en la primavera, y Mowgli le oía gruñir, gritar
-ó silbar según la especie á que pertenecían sus individuos. Su voz es
-en aquella época diferente de lo que suele ser en otras, y ésta es una
-de las razones que existen para que en la Selva se llame la primavera
-la época del _Lenguaje Nuevo_.
-
-Pero en aquella ocasión, según Mowgli le dijo á Bagheera, _su pecho_
-había cambiado. Desde que los brotes del bambú habían adquirido un
-color moreno, lleno de manchas, que estaba él esperando que llegara la
-mañana en que cambiaran todos los olores. Pero cuando esa mañana llegó,
-y Mor, el pavo real, resplandeciente en sus luminosos colores bronce,
-azul y oro, lanzó su agudo grito desde los bosques, y Mowgli abrió la
-boca para contestar con otro suyo, las palabras se le quedaron entre
-los dientes, y experimentó una sensación que empezó en los dedos de
-los pies y acabó en el cabello... una sensación de malestar, de tan
-hondo aplanamiento, que se examinó cuidadosamente para asegurarse de
-que no había pisado ninguna espina. Dió Mor el grito que señalaba los
-nuevos olores, repitiéronlo las demás aves, y allá por las rocas del
-Wainganga oyó el muchacho resonar el ronco grito de Bagheera, algo
-que participaba del del águila y del relincho del caballo. En las
-ramas cubiertas de retoños, situadas sobre la cabeza de Mowgli, hubo
-chillidos y fugas de _Bandar-log_, mientras él se quedaba allí de pie,
-lleno del deseo de contestar á Mor, y no haciendo más que prorrumpir en
-sollozos que el sentimiento de su infelicidad le arrancaba.
-
-Tendía en torno suyo la mirada, pero nada más veía que los burlones
-_Bandar-log_ correteando por entre los árboles y Mor haciendo la rueda,
-brillando en todo su esplendor, allá abajo, en los declives.
-
---¡Los olores han cambiado! gritaba Mor. ¡Buena suerte, Hermanito! ¿Por
-qué no contestas?
-
---¡Hermanito, buena suerte! silbaron Chil, el milano, y su compañera,
-descendiendo juntos por el aire en rápido vuelo. Ambos pasaron tan
-cerca de Mowgli que, al rozar con él, algo de suave y blanco plumón se
-desprendió de sus alas.
-
-Ligera lluvia primaveral (lluvia de elefante, como ellos dicen allí)
-pasó á través de la Selva, formando una faja de más de medio kilómetro
-de ancho, dejó tras de sí mojadas las hojas y moviéndose, y, al fin,
-terminó con un doble arco iris y algunos truenos. El zumbido especial
-de la primavera rompió todo freno por un momento y después quedó en
-silencio; pero todos los habitantes de la Selva parecían gritar á la
-vez. Sólo faltaba que á ellos se sumara Mowgli.
-
---He comido buenos alimentos, dijo éste entre sí, y buena agua he
-bebido. No arde mi garganta ni parece cerrarse, como cuando mordí la
-raíz de manchas azuladas que Oo, la tortuga, me dijo que era alimento
-sano. Pero siento el pecho oprimido, y he hablado con violencia á
-Bagheera y á otros, á los de la Selva, en general, y á los míos. Por
-otra parte, ya siento calor, ya frío, ó bien ni calor ni frío, pero
-malhumor contra algo que no acierto á ver. _¡Huhu!_ ¡Hora es ya de
-correr! Esta noche atravesaré los campos; sí, emprenderé mi carrera
-primaveral á los Pantanos del Norte, y volveré aquí otra vez. Hace
-demasiado tiempo que cazo con harta comodidad. _Los cuatro_ vendrán
-conmigo, porque se están poniendo gordos como gorgojos.
-
-Llamólos entonces, pero ninguno de los cuatro le contestó. Hallábanse
-donde no podían oirle, cantando las canciones de primavera (las de la
-Luna y del _Sambhur_) con los lobos de la manada; porque en la estación
-primaveral el Pueblo de la Selva no halla, apenas, diferencia entre
-el día y la noche. Dió el agudo grito semejante á un ladrido, pero la
-única contestación que obtuvo fué el burlón _miau_ del pequeño gato
-montés moteado, que se arrastraba tortuosamente por entre las ramas,
-buscando nidos tempranos. Al oirlo tembló de coraje y echó mano al
-cuchillo. Luego adoptó un continente altivo, aunque nadie había allí
-que pudiera verlo, y bajó á grandes pasos y muy serio por la falda de
-la colina, alta la barbilla y fruncidas las cejas. Pero ni uno de los
-suyos le hizo la menor pregunta, porque harto ocupados estaban todos
-con sus propios asuntos.
-
---Sí, dijo entre sí Mowgli, aunque en el fondo de su pecho bien
-veía que no tenía razón: que vengan del Dekkan los perros jaros, ó
-que se agite la Flor Roja entre los bambúes, y toda la Selva corre
-lloriqueando á precipitarse á los pies de Mowgli, dándole grandes
-calificativos como si fuera un elefante. Pero ahora, porque los _ojos
-de primavera_ se han vuelto rojos, y á Mor se le ocurre enseñar las
-desnudas piernas en sus danzas de primavera, la Selva se vuelve loca,
-como Tabaqui... ¡Por el toro que me rescató! ¿Soy ó no soy el amo de la
-Selva? ¡Silencio! ¿Qué es lo que hacéis ahí?
-
-Por uno de los senderos descendían corriendo dos lobos jóvenes
-pertenecientes á la manada, buscando campo abierto en que poder luchar.
-(Ya recordaréis que la Ley de la Selva prohibe el pelearse donde
-pueda verlo el resto de la manada). Tenían los pelos del pescuezo
-erizados, como si fueran alambres, y ladraban furiosamente, acercándose
-agachados uno á otro, prontos á dar la primera acometida. Dió Mowgli
-un salto hacia delante y cogió con cada mano uno de aquellos estirados
-pescuezos, creyendo poder lanzar hacia atrás ambos animales, como había
-hecho muy á menudo en juegos ó cacerías de la manada. Pero nunca había
-tenido que intervenir en ninguna de las luchas de primavera. Ambos
-saltaron hacia delante y lo echaron al suelo, después de lo cual, y
-sin perder tiempo en decir nada, se agarraron, y así fueron rodando y
-rodando.
-
-Casi antes de llegar al suelo estaba ya Mowgli de pie, desnudo el
-cuchillo, enseñando los dientes, y deseando en aquel momento matarlos á
-uno y otro, nada más que por luchar cuando él quería que se estuvieran
-quietos, aunque según la Ley, todo lobo tiene el indiscutible derecho
-de pelearse. Dió vueltas en torno de los dos, encogidos los hombros,
-temblorosa la mano, preparándose á darles de cuchilladas cuando hubiera
-pasado la primera furia del ataque; pero, esperando, sus fuerzas
-parecieron abandonarle, la punta del cuchillo fué bajándose, y acabó
-por volverlo á la vaina y quedarse mirando.
-
---No hay duda que he comido algo que es veneno, dijo, al fin,
-suspirando. Desde que interrumpí el Consejo con la Flor Roja... desde
-que maté á Shere Khan... ni uno sólo de los de la manada era capaz de
-echarme al suelo. ¡Y éstos no son más que zagueros de la manada...
-cazadores sin importancia! He perdido la fuerza, y no tardaré en
-morirme. ¡Ah! ¿Por qué, Mowgli, no los matas á los dos?
-
-Continuó la lucha hasta que uno de ambos lobos huyó, y el muchacho se
-quedó solo, sobre aquella tierra removida y ensangrentada, mirando
-ora su cuchillo, ora sus piernas y brazos, mientras la sensación
-de profundo aplanamiento, de honda infelicidad que jamás había
-experimentado hasta entonces, pesaba sobre él como el agua pesa sobre
-un leño que cubre.
-
-Cazó temprano aquella noche y no comió más que un poco, á fin de
-hallarse en disposición de emprender su carrera primaveral, comiendo
-ese poco él solo, porque todo el Pueblo de la Selva se hallaba lejos,
-cantando ó luchando unos con otros. La noche, magnífica, era una de
-aquéllas que ellos llaman blancas. Todas las plantas parecían haber
-crecido tanto desde la mañana como si hubiera ya transcurrido un
-mes. La rama que el día antes mostraba hojas amarillas dejaba correr
-ahora la savia al romperla Mowgli. Los musgos se enroscaban tibios y
-mullidos, por encima de sus pies; la yerba nueva no cortaba aún al
-tocarla, y todas las voces de la Selva resonaban como una sola cuerda
-de arpa que la luna pulsara... la Luna de la temporada del _Lenguaje
-Nuevo_, que lanzaba de lleno su luz sobre las rocas y las lagunas, la
-deslizaba entre los troncos y las enredaderas, y la filtraba á través
-de millones de hojas. Olvidándose de lo desdichado que le parecía
-ser, Mowgli cantaba en alta voz con el más puro júbilo al emprender su
-carrera. Tenía ésta, más bien, algo del vuelo, porque había él escogido
-como punto de partida la larga y rápida pendiente que conduce á los
-Pantanos del Norte, atravesando por el corazón de la Selva, donde el
-terreno, verdaderamente elástico, por la yerba, amortiguaba el ruido
-de sus pasos. Un hombre que hubiera sido educado entre los hombres
-habría tenido en su camino no pocos tropiezos, engañado por la vaga luz
-de la luna; pero los músculos de Mowgli, adiestrados ya por los años
-de experiencia que tenía, le sostuvieron con la misma facilidad que
-si fuera una pluma. Cuando algún leño podrido ó una piedra escondida
-se torcían bajo sus plantas, él seguía adelante como si tal cosa, sin
-moderar su velocidad, sin el menor esfuerzo, ni preocuparse lo más
-mínimo. Cuando estaba cansado de caminar por el suelo echaba al aire
-las manos, asiéndose como un mono de algunas de las enredaderas más
-próximas, y parecía flotar, más bien que encaramarse, llegando hasta
-las más delgadas ramas de los árboles, desde donde seguía alguno de
-los _caminos arbóreos_, hasta que cambiaba de idea y se lanzaba al
-suelo otra vez, describiendo una larga curva. Había sitios silenciosos,
-cálidos y profundos, rodeados de húmedas rocas, donde casi no podía
-respirar por los fuertes olores que se desprendían de las flores
-nocturnas y de los capullos de las enredaderas; obscuras avenidas en
-que la luz de la luna formaba sobre el suelo brillantes fajas, puestas
-con la misma regularidad que si fueran piezas de mármol colocadas en
-la nave de una iglesia; espesos y húmedos matorrales en que los nuevos
-brotes le llegaban al pecho y parecían echarle los brazos alrededor
-de la cintura; cimas de montaña coronadas de rocas hechas pedazos,
-donde saltaba de piedra en piedra por encima de las zorreras en que
-las raposas pequeñas se ocultaban asustadas. Oía, á veces, muy débil y
-lejano, el _chug-drug_, el ruido, de un jabalí afilando sus colmillos
-contra un tronco, y se encontraba con el enorme animal arañando y
-arrancando la corteza de un altísimo árbol, llena de espumarajos la
-boca y echando llamas los ojos. O bien se desviaba algo al oir un ruido
-de cuernos chocando y silbantes gruñidos, y pasaba como una exhalación
-por delante de un par de _sambhurs_ enfurecidos que se movían como
-vacilantes, baja la cabeza, cubiertos de rayas de sangre que á la luz
-de la luna parecían negras. Finalmente, en algún vado oía á Jacala,
-el cocodrilo, dando bramidos como un buey, ó separaba á una pareja
-perteneciente al Pueblo venenoso; pero antes de que pudieran picarle
-estaba ya lejos, cruzando por los brillantes guijarros, y se internaba
-de nuevo en la Selva.
-
-Así fué corriendo, unas veces gritando, otras cantando, sintiéndose ya
-entonces el más feliz de cuantos seres viven allí, hasta que, al fin,
-el olor de las flores le indicó que se hallaba cerca de los pantanos,
-y éstos estaban mucho más lejos de los límites de su acostumbrado
-cazadero.
-
-Aquí, también, cualquier hombre entre los hombres educado habríase
-hundido hasta el cuello á los tres pasos; pero dijérase que Mowgli
-tenía ojos en los pies y que aquéllos lo llevaban de mata en mata
-movediza, vacilante, sin necesidad de pedir auxilio á los ojos de la
-cara. Corrió hacia el centro de la ciénaga, asustando á los patos
-al pasar, y se sentó sobre un tronco de árbol cubierto de musgo y
-caído sobre el agua negruzca. Todos los moradores del pantano estaban
-despiertos en torno suyo, porque en la Primavera el Pueblo de los
-pájaros tiene muy ligero el sueño, y así toda la noche estuvieron
-yendo de un lado á otro en gran número. Pero ninguno de ellos hizo
-el menor caso de Mowgli que, sentado entre las altas cañas, susurraba
-canciones sin palabras y se miraba las plantas de los pies, morenos y
-endurecidos, para ver si le había quedado clavada allí alguna espina.
-Toda su infelicidad parecía haberla dejado atrás, en la Selva; pero
-comenzaba, precisamente, á entonar una de sus canciones á grito pelado
-cuando volvió á apoderarse de él... y diez veces peor que antes.
-
-Lo que es entonces sintió miedo Mowgli.
-
---¡También está aquí! dijo casi en alta voz. ¡Me ha seguido! Y miró por
-encima del hombro para ver si _aquello_ estaba, realmente, allí, á su
-espalda. No hay nadie, añadió.
-
-Los ruidos nocturnos del pantano continuaron, mas ni un ave, ni una
-fiera, le dijeron nada, y el sentimiento de tristeza que le embargaba
-fué aumentando.
-
---De seguro que estoy envenenado, dijo con voz que reflejaba el
-terror que sentía. Habré tragado algún veneno inadvertidamente, y he
-perdido las fuerzas. Sentí miedo (y, sin embargo, no era yo el que lo
-sentía)... Mowgli tuvo miedo cuando los dos lobos se peleaban. Akela,
-y hasta el mismo Fao, los hubieran reducido á la obediencia, y, no
-obstante, Mowgli se acobardó. Esto es señal indudable de que he tragado
-algún veneno... Pero ¿qué les importa á los de la Selva? Cantan,
-aullan, luchan unos con otros y corren en cuadrillas á la luz de la
-luna, mientras yo... _¡Hai-mai!_... yo me estoy muriendo aquí, en los
-pantanos, víctima de ese veneno que he tragado.
-
-Tal compasión sentía por sí mismo que casi lloraba al decir estas
-palabras.
-
---Y luego, continuó, me encontrarán echado sobre esa agua negra. No,
-volveré á mi Selva y moriré sobre la Peña del Consejo, y Bagheera, á
-quien quiero... si es que no anda gritando por el valle... tal vez
-vigilará algún rato lo que de mí quede, para que Chil no haga conmigo
-lo que hizo con Akela.
-
-Gruesa y tibia lágrima fué á caer sobre su rodilla, y, á pesar de
-lo triste que se hallaba, Mowgli sentía algo como el placer de su
-desgracia, si es que cabe explicar y entender esa clase de felicidad al
-revés.
-
---Sí, lo que Chil, el milano, hizo con Akela, repitió, aquella noche en
-que yo salvé de los perros jaros á la manada.
-
-Quedóse un rato callado, pensando en las últimas palabras del Lobo
-Solitario, de que, por supuesto, os acordaréis.
-
---Pues bien: Akela me dijo infinidad de tonterías antes de morir,
-porque cuando nos morimos lo que tenemos en el pecho cambia
-completamente. Dijo... pero no importa; á pesar de todo, yo pertenezco
-á la Selva.
-
-En medio de la excitación que sentía al recordar la lucha en las
-orillas del Wainganga, pronunció Mowgli las últimas palabras gritando,
-y la hembra de un búfalo salvaje que estaba entre las cañas levantóse
-del suelo, poniéndose sobre las rodillas, y dijo dando un bufido:
-
---¡Un hombre!
-
---_¡Uh!_ contestó Mysa, el búfalo (Mowgli lo oía moverse en su charco),
-eso no es un hombre. No es más que el lobo pelón de la manada de
-Seeonee. En noches como ésta anda corriendo de un lado á otro.
-
---_¡Uh!_ dijo, también, la hembra, bajando otra vez la cabeza para
-pacer: creí que era un hombre.
-
---Te digo que no. ¡Mowgli! ¿Hay algún peligro? mugió entonces Mysa.
-
---¡Mowgli! ¿Hay algún peligro? repitió el muchacho burlándose. ¡Eso es
-lo único que piensa Mysa: si hay algún peligro! Pero de Mowgli, que va
-por la noche de un lado á otro vigilando ¿qué se le importa?
-
---¡Cómo grita! exclamó la hembra.
-
---Así gritan, dijo Mysa con aire despreciativo, los que cuando han
-arrancado la yerba no saben luego cómo arreglarse para comerla.
-
---Por mucho menos que esto, dijo entre sí Mowgli, por mucho menos, en
-la época de las lluvias, hubiera yo pinchado á Mysa hasta sacarlo de su
-charco, y, montado en él, lo hubiera llevado á través del pantano atado
-con una cuerda de juncos.
-
-Tendió la mano para romper uno de éstos, pero volvió á retirarla dando
-un suspiro. Mysa siguió rumiando imperturbable, y la larga yerba iba
-clareando donde el búfalo pacía.
-
---No quiero morir aquí, dijo Mowgli incomodado. Mysa, que es de la
-misma sangre de Jacala y del jabalí, me vería. Vamos más allá de los
-pantanos á ver qué ocurre. Nunca he emprendido una carrera como ésta:
-siento frío y calor á la vez. ¡Animo, Mowgli!
-
-No pudo resistir á la tentación de deslizarse, escondido entre los
-juncos, hasta llegar á donde estaba Mysa y darle un pinchazo con la
-punta de su cuchillo. El enorme búfalo salió, chorreando, de su charco,
-como una bomba al explotar, mientras á Mowgli fué tal la risa que le
-acometió que tuvo que sentarse.
-
---Anda ahora y dí que el lobo pelón de la manada de Seeonee te ha
-tratado como á un búfalo de rebaño, Mysa, gritó.
-
---¿Lobo, tú? dijo, dando bufidos, el búfalo y pateando sobre el barro.
-Toda la Selva sabe que guardabas ganado... que eres un rapaz como ésos
-que gritan entre el polvo, allá lejos, en los campos. ¿Tú, uno de los
-de la Selva?... ¿Qué cazador se hubiera arrastrado como una serpiente
-entre sanguijuelas, y, por una broma indigna... por una broma de
-chacal... me habría avergonzado delante de mi hembra? Sal afuera, á la
-tierra firme, y verás... verás lo que te hago...
-
-Lanzaba el animal espumarajos de rabia, porque Mysa es tal vez quien
-peor genio tiene en toda la Selva. Mowgli mirábale con ojos que
-reflejaban inalterable calma, mientras el otro daba bufidos. Cuando
-pudo hacerse oir entre el ruido del barro que saltaba en chispas, dijo:
-
---¿Qué manada de Hombres hay por aquí, cerca de los pantanos, Mysa? Yo
-no conozco esta parte de la Selva.
-
---Vete hacia el Norte, pues, bramó furioso el búfalo, porque el
-pinchazo de Mowgli había sido bastante fuerte. Eso ha sido una burla
-digna de un vaquero como tú. Anda y cuéntasela á los de la aldea, allá
-al extremo del pantano.
-
---Á las manadas de hombres no les gustan los cuentos de la Selva, y
-no me parece, Mysa, que porque muestres un arañazo más ó menos en la
-piel es cuestión de reunir un consejo. Pero iré á dar un vistazo á
-esa aldea. Sí, iré. ¡Calma, ahora, calma! No se ofrece cada noche la
-ocasión de que el dueño de la Selva venga á guardarte mientras paces.
-
-Saltó sobre la tierra movediza al extremo del pantano, sabiendo
-perfectamente que Mysa no le embestiría allí, y echó á correr, riéndose
-al pensar en lo rabioso que se había puesto el búfalo.
-
---No he perdido aún toda la fuerza, dijo. Tal vez el veneno no me ha
-llegado todavía hasta los huesos. Allá lejos hay una estrella, muy baja.
-
-Al decirlo, miróla por entre las manos casi cerradas.
-
---¡Por el toro que me rescató! ¡Es la Flor Roja!... la Flor Roja junto
-á la cual me senté yo antes... antes de ir á unirme á la primera manada
-de Seeonee. Ahora que lo he visto daré aquí por acabada mi carrera.
-
-El pantano terminaba en una ancha llanura en la cual parpadeaba una
-luz. Largo tiempo había transcurrido desde la última vez que Mowgli se
-mezcló en los asuntos de los hombres, pero aquella noche el resplandor
-de la Flor Roja le indujo á seguir adelante.
-
---Daré una ojeada, se dijo, como otra vez en tiempos pasados, y veré si
-la manada humana ha cambiado mucho.
-
-Olvidándose de que no se hallaba ya en su Selva, donde podía hacer
-cuanto se le antojara, comenzó á correr descuidadamente por la yerba,
-húmeda de rocío, hasta que llegó á la choza donde ardía la luz. Tres ó
-cuatro perros avisaron su llegada ladrando, pues se hallaba ya en los
-alrededores de una aldea.
-
---¡Eh! dijo Mowgli, sentándose sin producir el menor ruido, después de
-lanzar un aullido de lobo que redujo al silencio á los gozques. Suceda
-lo que suceda. Mowgli ¿qué tienes tú que ver con los cubiles en que
-vive la manada de los hombres?
-
-Pasóse, al decirlo, la mano por la boca, acordándose de que una piedra
-fué á herirla, años atrás, cuando la otra manada humana le arrojó de su
-seno.
-
-Abrióse la puerta de una choza y apareció una mujer que miró hacia la
-obscuridad de afuera. Lloró un chiquillo, y la mujer dijo por encima
-del hombro:
-
---Duerme. No era más que un chacal que despertó á los perros. Pronto se
-hará de día.
-
-Mowgli, oculto en la yerba, comenzó á temblar como atacado de fiebre.
-Conocía perfectamente aquella voz; pero, para estar más seguro, gritó
-suavemente, sorprendido él mismo de la facilidad con que podía aún
-hacer uso del lenguaje de los hombres:
-
---¡Messua! ¡Messua!
-
---¿Quién llama? preguntó la mujer con voz temblorosa.
-
-[Ilustración]
-
---¿Me has olvidado ya? dijo Mowgli, que al hablar sentía completamente
-seca la garganta.
-
---Si eres tú ¿cuál es el nombre que te dí? ¡Dime!
-
-Había entornado la puerta y apretaba una de sus manos contra el pecho.
-
---¡Nathoo! ¡Nathoo! dijo Mowgli, porque, como recordaréis, éste era
-el nombre que le dió Messua cuando fué por primera vez á unirse á la
-manada de los hombres.
-
---Ven, hijo mío, gritó ella, y Mowgli, adelantándose hacia la luz, miró
-cara á cara á Messua, la mujer que tan bondadosa había sido con él y
-cuya vida salvó el muchacho, en pago, largo tiempo hacía. Hallóla más
-vieja, con el cabello gris, pero ni sus ojos ni su voz habían cambiado.
-Como mujer que era, esperaba ver á Mowgli tal como cuando le dejó, y su
-mirada vagaba perpleja desde el pecho de aquél á la cabeza, que llegaba
-al dintel de la puerta.
-
---¡Hijo mío! balbuceó; y luego, echándose á sus pies, siguió diciendo:
-
---Pero ya no eres ahora mi hijo, sino un dios de los bosques ¡ay!
-
-De pie como estaba; alumbrado por la roja luz de la lámpara de aceite;
-fornido, alto, hermoso; cayéndole sobre los hombros el largo cabello
-negro; pendiente de su cuello el cuchillo, que se balanceaba; coronada
-de blancos jazmines la cabeza, fácilmente podía tomársele por alguno
-de los dioses de que hablan las leyendas de la Selva. El chiquillo,
-medio dormido en su cuna, se levantó, comenzando á gritar aterrorizado.
-Volvióse Messua para apaciguarlo, mientras Mowgli se quedaba inmóvil,
-parado, mirando los jarros y las cacerolas, el arcón del grano y todos
-los otros útiles que usan los hombres y que él vió que recordaba
-perfectamente.
-
---¿Quieres comer ó beber algo? dijo Messua como susurrando las
-palabras. Todo esto es tuyo. Nosotros te debemos la vida. Pero ¿de
-veras eres tú aquél á quien yo llamé Nathoo, ó bien un dios?
-
---Soy Nathoo, contestó Mowgli. He ido á parar muy lejos de mis propios
-lugares. Ví esta luz y vine. No sabía que estuvieras tú aquí.
-
---Después de habernos ido á Khanhiwara, dijo Messua tímidamente, los
-ingleses se prestaron á ayudarnos para ir contra aquella gente que nos
-quería quemar. ¿Te acuerdas?
-
---¡Ya lo creo! No lo he olvidado.
-
---Pero cuando la ley inglesa lo tuvo todo preparado fuimos á la aldea
-de aquella gente tan mala y nos hallamos con que no existía ya.
-
---También de eso me acuerdo, dijo Mowgli acompañando las palabras con
-un ligero estremecimiento de las ventanas de la nariz.
-
---Mi hombre, pues, púsose á trabajar en los campos al servicio de otro,
-y, al fin (porque realmente era hombre muy fuerte), tuvimos alguna
-porción de tierra propia. No es tan buena como la de la otra aldea,
-pero no necesitamos mucho... los dos.
-
---¿Dónde está él... el hombre que escarbaba en la tierra cuando tenía
-miedo... aquella noche?
-
---Está muerto... hace un año.
-
---¿Y éste? dijo Mowgli señalando al chiquillo.
-
---Es mi hijo, que nació dos _lluvias_ hace. Si tú eres un dios haz que
-la Selva lo proteja, que no le ocurra nunca nada entre tu... entre tu
-gente, del mismo modo que nos protegiste aquella noche.
-
-Levantó en brazos al niño, que, olvidándose ya del pasado miedo, se
-abalanzó al cuchillo que colgaba del cuello de Mowgli y se puso á jugar
-con la hoja, por lo que éste le apartó los deditos con gran cuidado.
-
---Y si tú eres Nathoo, el que el tigre se llevó, siguió diciendo
-Messua, ahogando un sollozo, entonces él es tu hermanito. Dale tu
-bendición como hermano mayor.
-
---_¡Hai-mai!_ ¿Y qué sé yo de eso que se llama _bendición_? Yo no soy
-ni un dios ni tampoco su hermano y... ¡oh, madre, madre! tengo el
-corazón oprimido...
-
-Al colocar al chiquillo en el suelo Mowgli sintió un estremecimiento.
-
---¡Claro está! dijo Messua, muy atareada con sus cacerolas. Esto
-proviene de ir corriendo por los pantanos, de noche. No hay duda de que
-las fiebres se han apoderado de tí hasta los huesos.
-
-Sonrióse Mowgli ante la idea de que hubiera algo en la Selva que
-pudiera hacerle daño.
-
---Voy á encender fuego y beberás leche caliente. Quítate la corona de
-jazmines: el olor es demasiado fuerte para sitio tan pequeño como éste.
-
-Sentóse Mowgli, hablando entre dientes y ocultando la cara entre
-las manos. Toda suerte de extrañas sensaciones nunca experimentadas
-antes por él, le asaltaban ahora, ni más ni menos que si estuviera
-envenenado, sintiendo mareo. Bebió la leche caliente á grandes sorbos,
-mientras Messua le daba de cuando en cuando con la mano cariñosos
-golpecitos en el hombro, no muy segura de si aquél era su hijo Nathoo,
-el de pasados tiempos, ó algún ser maravilloso venido de la Selva; pero
-de todos modos alegrándose de que, cuando menos, fuera de carne y hueso.
-
---Hijo, exclamó al fin (y al decirlo sus ojos brillaban de orgullo) ¿no
-te ha dicho nadie que eres hermoso, más hermoso que todos los hombres?
-
---¿Eh? contestó Mowgli, porque, naturalmente, nunca había oído
-semejante cosa.
-
-Rióse Messua cariñosamente y con aire de felicidad. Con la expresión
-que en la cara de él se descubría le bastaba.
-
---¿Yo soy la primera, pues? Es justo, aunque pocas veces ocurra, que
-una madre diga estas cosas agradables á su hijo. Eres hermoso. Nunca he
-visto un hombre que lo fuera tanto.
-
-Volvió Mowgli la cabeza intentando mirarse por encima del robusto
-hombro, y Messua rióse, nuevamente, durante tanto rato que Mowgli, sin
-saber por qué, tuvo que imitarla, y el chiquillo corría de uno á otro,
-riendo también.
-
---No, tú no te has de reir de tu hermano, dijo Messua cogiéndolo y
-acercándolo á su pecho. Cuando tengas nada más que la mitad de su
-hermosura te casaremos con la más joven de las hijas de un rey, y
-entonces irás montado en grandes elefantes.
-
-No entendía Mowgli ni una palabra de todo esto, y como, por otra parte,
-la leche caliente comenzaba á producirle efecto después de una carrera
-tan larga, acomodóse para entregarse al sueño, y al cabo de un minuto
-se quedó profundamente dormido, mientras Messua le apartaba el cabello
-que tenía caído sobre los ojos, lo cubría con un pedazo de tela, y
-se sentía feliz al contemplarle. Según costumbre en la Selva, durmió
-Mowgli lo que faltaba para terminar aquella noche y además todo el día
-siguiente, pues el instinto, nunca del todo adormecido, le advertía
-que nada tenía que temer. Al fin, despertóse dando un salto que hizo
-temblar la choza, porque la tela que sentía sobre la cara le había
-hecho soñar que caía en alguna trampa, y, así, se quedó de pie, puesta
-la mano en el cuchillo, llenos aún de sueño los asustados ojos, pronto
-para cualquier lucha que se ofreciera.
-
-Rióse Messua y puso frente á él la comida de la tarde. No la
-constituían más que algunas bastas tortas, cocidas sobre un fuego
-que las dejó ahumadas, un poco de arroz y otro poco de conserva agria
-hecha de tamarindos: nada más que lo suficiente para esperar á que
-pudiera cazar algo por la noche. El olor del rocío en los pantanos
-le había abierto el apetito y excitado sus nervios. Deseaba terminar
-su interrumpida carrera primaveral; pero empeñóse el chiquillo en
-que lo tuviera en brazos y Messua en que, de todos modos, había de
-peinarle ella á su Nathoo el largo cabello de color de ala de cuervo.
-Púsose, pues, la mujer á peinarlo mientras cantaba cancioncillas sin
-sentido para dormir chiquillos, ya llamando á Mowgli hijo suyo, ya
-suplicándole que le diera á su niño un poco de su poder sobrenatural.
-La puerta de la choza estaba cerrada, pero Mowgli oyó un ruido que
-conocía perfectamente, y vió como el rostro de Messua se desencajaba
-horrorizado, al notar que una enorme pata pasaba por debajo de la
-puerta y al oir que, del otro lado de ésta, á fuera, sonaba un gemido
-ronco y lastimero en el que se mezclaban el arrepentimiento, la
-ansiedad y el temor.
-
---¡Quédate ahí y espera! Cuando llamé no quisiste venir... dijo
-Mowgli en el lenguaje de la Selva, sin volver la cabeza, y entonces
-desapareció la gran pata gris.
-
---No... no traigas contigo á tus... á tus servidores, dijo Messua.
-Yo... nosotros... hemos vivido siempre en paz con los de la Selva.
-
---En son de paz viene, contestó Mowgli levantándose. Acuérdate de
-aquella noche que pasaste en el camino de Khanhiwara. En torno tuyo
-había docenas como éste. Pero veo que hasta en la época de la primavera
-no siempre olvida el Pueblo de la Selva. Madre, me voy.
-
-Apartóse Messua humildemente (no hay duda, pensó, de que es un dios de
-los bosques); pero al poner Mowgli la mano sobre la puerta pudieron
-más que nada en la pobre mujer sus sentimientos de madre y le arrojó
-los brazos al cuello una y otra vez.
-
---¡Vuelve! murmuró. Seas ó no hijo mío, vuelve, porque te quiero...
-Mira, hasta él también siente que te vayas, añadió señalando al
-chiquillo.
-
-Lloraba éste porque veía que el hombre que llevaba aquel cuchillo
-brillante se iba.
-
---Vuelve alguna otra vez, repitió Messua. Ni de día ni de noche estará
-cerrada esta puerta para tí.
-
-Sentía Mowgli como si con cuerdas le tiraran de la garganta, y su voz
-pareció salir de ella como arrancada con dificultad, al contestar:
-
---Con seguridad que volveré. Y ahora, añadió, dirigiéndose al lobo
-y apartándole la cabeza, que se acercaba á él cariñosamente cuando
-trasponía ya el umbral, ahora tengo una queja que darte, Hermano Gris.
-¿Por qué no acudisteis _los cuatro_ juntos cuando os llamé hace tanto
-tiempo?
-
---¿Tanto tiempo? Si no fué más que ayer noche. Yo... nosotros...
-estábamos cantando en la Selva las nuevas canciones, porque ésta es la
-época del Lenguaje Nuevo. ¿Te acuerdas?
-
---Es verdad, es verdad.
-
---Y en cuanto hubimos cantado las canciones, siguió diciendo
-prontamente el Hermano Gris, yo me fuí tras de tu rastro. Me adelanté á
-todos los demás y seguí sin parar un momento. Pero, Hermanito ¿qué has
-hecho viniéndote á comer y á dormir con la manada de los hombres?
-
---Si hubieseis venido cuando os llamé no hubiera ocurrido esto, dijo
-Mowgli, corriendo mucho más aprisa.
-
---¿Y ahora que va á suceder? preguntó el Hermano Gris.
-
-Iba Mowgli á contestar cuando una joven vestida de blanco comenzó á
-descender por un camino que venía desde un extremo de la aldea. El
-Hermano Gris desapareció inmediatamente, y Mowgli retrocedió, sin
-producir el menor ruido, hasta llegar á unos altos sembrados. Hubiera
-podido casi tocar á la muchacha con sólo alargar la mano cuando los
-tibios y verdes tallos se juntaron frente al rostro de él y le hicieron
-desaparecer como un fantasma. Chilló la joven, porque creyó haber visto
-un duende, y después dió un suspiro. Mowgli separó los tallos con las
-manos, y se quedó mirándola hasta que estuvo fuera del alcance de su
-vista.
-
---Y ahora no sé... dijo, suspirando á su vez. Pero ¿_por qué_ no
-vinisteis cuando os llamé?
-
---Nosotros te seguimos... te seguimos siempre, murmuró el Hermano Gris,
-lamiéndole los talones á Mowgli... te seguimos siempre, excepto en la
-época del Lenguaje Nuevo.
-
---¿Y me seguirías tú hasta la manada de los hombres? dijo en voz muy
-baja Mowgli.
-
---¿No te seguí aquella noche en que nuestra manada te expulsó? ¿Quién
-fué á despertarte cuando tú dormías entre los sembrados?
-
---Sí, pero ¿volverías á hacerlo?
-
---¿No te he seguido esta noche?
-
---Sí, pero una... y otra vez... y quizá alguna más... Hermano Gris.
-
-Quedóse éste callado. Cuando, por fin, rompió el silencio, fué para
-decir como hablando consigo mismo:
-
---_La Negra_ estaba en lo cierto.
-
---¿Y qué es lo que dijo?
-
---Que, al fin, el hombre vuelve siempre al hombre. Raksha, nuestra
-madre, dijo...
-
---También Akela, aquella noche de los perros jaros... murmuró Mowgli.
-
---Lo mismo dice Kaa, que sabe más que todos nosotros.
-
---¿Y tú? ¿qué opinas, Hermano gris?
-
---Te expulsaron una vez llenándote de insultos. Hiriéronte en la boca
-con una piedra. Mandaron á Buldeo para que te asesinara. Te hubieran
-arrojado sobre la Flor Roja. Tú mismo (y no yo) has dicho que son malos
-y necios. Tú, y no yo... (porque yo no hice más que seguir á los míos),
-tú fuíste quien lanzó á la Selva contra ellos. Tú, y no yo, inventaste
-una canción contra los hombres, más amarga aun que la nuestra contra
-los perros jaros.
-
---Te pregunto qué es lo que tú opinas.
-
-Hablaban ambos mientras iban corriendo. El Hermano Gris galopó aún un
-rato más sin contestar, y, al fin, dijo entre salto y salto:
-
---Hombre-cachorro... Dueño de la Selva... Hijo de Raksha, hermano
-mío... aunque sea algo olvidadizo en primavera, tu rastro es el mío,
-tu cubil es mi cubil, tu caza es la mía, y donde tú mueras luchando,
-moriré yo. Hablo, también, en nombre de los otros tres. Pero ¿y qué vas
-á decirle ahora á la Selva?
-
---Bien pensado. Entre ver una pieza y el acto de matarla no conviene
-que pase mucho rato. Adelántate y llámalos á todos para que asistan
-al Consejo de la Peña, y yo les diré entonces lo que aquí en el pecho
-siento. Pero tal vez no acudirán al llamamiento... como estamos en la
-época del Lenguaje Nuevo, quizá me olvidarán.
-
---¿Es que tú no te has olvidado alguna vez de algo? ladró el Hermano
-Gris, volviendo la cabeza mientras corría á galope y Mowgli le seguía
-pensativo.
-
-En cualquiera otra época la noticia hubiera atraído á todos los
-habitantes de la Selva, que se hubieran presentado juntos, erizados
-todos los pelos del cuello; pero ahora se hallaban muy ocupados
-cazando, peleándose, y cantando. De uno á otro fué corriendo el Hermano
-Gris, gritando:
-
---¡El Amo de la Selva se vuelve con los hombres! ¡Venid al Consejo de
-la Peña!
-
-Y todos, alegres, pletóricos de vida, le contestaban únicamente:
-
---Ya volverá con los calores del verano. Las lluvias le traerán
-nuevamente al cubil. Ven á correr y á cantar con nosotros, Hermano Gris.
-
---Pero es que el Dueño de la Selva vuelve á irse con los hombres,
-repetía el Hermano Gris.
-
---_¡Eee-Yoawa!_ ¿Acaso es menos dulce por esto la época del Lenguaje
-Nuevo? le contestaban.
-
-Como consecuencia, cuando Mowgli, con el corazón oprimido, subió por
-entre las rocas que tan bien conocía, al sitio en que, en otro tiempo,
-le presentaron al Consejo, no halló allí más que á _los cuatro_,
-Baloo, que estaba ya casi ciego con los años, y la pesada y fría Kaa,
-enroscada en el puesto que solía ocupar Akela.
-
---¿Termina, pues, aquí tu rastro, Hombrecito? dijo Kaa cuando Mowgli se
-arrojó al suelo con el rostro entre las manos. Lanza tu grito: somos de
-la misma sangre tú y yo... el hombre y la serpiente.
-
---¿Por qué no me mataron los perros jaros? gimió el muchacho. Mi
-fuerza me ha abandonado, y no es ningún veneno la causa. De día y de
-noche oigo unos pasos que van siguiendo los míos. Si vuelvo la cabeza
-paréceme que en aquel mismo instante alguien se esconde para que no le
-vea. Voy á ver si está detrás de los árboles, y nadie hay allí. Llamo,
-y nadie me responde: pero creo que alguien me escucha y se guarda la
-respuesta. Echome, y no puedo descansar. Corro, como corremos en la
-primavera, pero no me siento por ello más calmado. Báñome, pero el
-baño no me refresca. Disgústame el matar, y, con todo, no me atrevo á
-luchar más que cuando, al fin, mato. La Flor Roja está en mi cuerpo...
-mis huesos se han vuelto como el agua... y... no sé lo que me pasa.
-
---¿Qué necesidad hay de que hablemos? dijo Baloo muy reposadamente,
-volviendo la cabeza hacia el sitio en que estaba echado Mowgli. Akela,
-allá junto al río, dijo que Mowgli arrastraría á Mowgli nuevamente
-hacia la manada de los hombres. Yo lo dije también. Pero ¿quién escucha
-ahora á Baloo? Bagheera... ¿dónde está Bagheera esta noche?... Ella lo
-sabe igualmente. Es la Ley.
-
---Cuando nos encontramos en las Moradas Frías, Hombrecito, ya lo sabía
-yo, dijo Kaa, volviéndose un poco, enroscada en sus potentes anillos.
-Al fin, el Hombre siempre vuelve al Hombre, aunque la Selva no lo
-arroje de su seno.
-
-_Los cuatro_ miráronse uno á otro y luego á Mowgli, perplejos, pero
-prontos á obedecer.
-
---¿Entonces, la Selva no me expulsa, pues? balbuceó Mowgli.
-
-El Hermano gris y los otros tres lobos gruñeron furiosos, y comenzaron
-á decir:
-
---Mientras nosotros estemos vivos nadie se atreverá...
-
-Pero Baloo los hizo callar en seguida.
-
---Yo te enseñé la Ley. Á mí es á quien toca hablar, dijo, y, aunque no
-vea ya ni las rocas que tengo delante, _veo_ muy lejos. _Ranita_, sigue
-tu rastro; haz tu cubil entre los de tu propia sangre, entre los de tu
-manada, entre tu propia gente; pero cuando necesites comida, ó quieras
-que te ayudemos con los dientes, con los ojos ó llevando rápidamente,
-por la noche, alguna orden tuya, acuérdate, Dueño de la Selva, de que
-ésta está pronta á obedecerte.
-
---También la Selva _media_ es tuya, dijo Kaa. Ten en cuenta que no
-hablo en nombre de gente sin importancia.
-
---_¡Hai-mai!_ hermanos míos, exclamó Mowgli, echando los brazos al aire
-y sollozando. ¡No sé ya lo que deseo! No quisiera irme, pero se me
-van los pies, contra mi voluntad. ¿Cómo podré renunciar á esas noches
-nuestras?
-
---Vamos, levanta los ojos, Hermanito, repuso Baloo. No hay aquí nada
-de que avergonzarse. Cuando hemos comido la miel es natural que
-abandonemos la colmena vacía.
-
---Una vez tirada la piel no solemos ponérnosla de nuevo, observó Kaa.
-Esa es la Ley.
-
---Escucha. Te quiero sobre todas las cosas, dijo Baloo; pero no hay
-palabra ni voluntad alguna que pueda detenerte aquí. ¡Levanta los
-ojos! ¿Quién se atrevería á hacer preguntas al Dueño de la Selva? Yo
-te ví jugando entre los blancos guijarros, ahí, un poco más lejos de
-donde estamos, cuando no eras más que un renacuajo, y Bagheera, que
-te rescató, pagando por tí un toro recién muerto, te vió también. De
-aquella inspección que se verificó entonces no quedan más testigos que
-nosotros dos, porque Raksha, tu madre adoptiva, murió, lo mismo que
-tu padre putativo; los lobos que antiguamente formaban la manada hace
-también mucho tiempo que murieron; tú sabes lo que fué de Shere Khan;
-y, en cuanto á Akela, murió entre los _dholes_, donde si no hubiera
-sido por tu habilidad y tu fuerza hubiera perecido también la segunda
-manada de Seeonee. Nada queda más que huesos viejos. No puede decirse
-ya que el Hombre-cachorro venga á pedirle permiso á su manada para
-marcharse, sino que ahora el Dueño de la Selva cambia de rastro. ¿Quién
-se atreve á preguntarle al Hombre la razón de lo que haga?
-
---Pero Bagheera y el toro que me rescató... dijo Mowgli. No quisiera...
-
-Sus palabras fueron interrumpidas por un rugido y por el rumor de algo
-que caía en los matorrales vecinos, y un instante después, ligera,
-fuerte, terrible como de costumbre, apareció frente á él Bagheera.
-
---Por esto, dijo estirando una de sus patas que chorreaba sangre,
-no vine antes. La caza fué larga, pero ahí, entre las matas, queda
-muerto... Es un toro de dos años... el toro que te devuelve la
-libertad, Hermanito. Todas las deudas quedan ya pagadas. Por lo demás,
-yo no digo otra cosa que lo que Baloo diga.
-
-Lamióle el pie á Mowgli y luego gritó, desapareciendo de un salto:
-
---Acuérdate de que Bagheera te quería.
-
-Cuando estaba ya al pie de la colina gritó, nuevamente, con fuerza:
-
---¡Buena suerte en el nuevo rastro que sigues, Dueño de la Selva!
-Acuérdate de que Bagheera te quería.
-
---Ya lo has oido, dijo Baloo. No hay más: vete ahora. Pero antes
-acércateme, ven, _Ranita Sabia_.
-
---Siempre cuesta el mudar de piel, observó Kaa mientras Mowgli
-sollozaba largo rato, puesta la cabeza sobre el costado del oso ciego
-y anudados los brazos á su cuello, mientras Baloo intentaba débilmente
-lamerle los pies.
-
---Las estrellas se apagan, dijo el Hermano Gris, olfateando el viento
-del alba. ¿Dónde dormiremos hoy? Porque desde ahora vamos á seguir
-nuevas pistas.
-
- * * * * *
-
-Y aquí termina la última de las narraciones relativas á Mowgli.
-
- [Ilustración]
-
-
- =La canción final=
-
-(He aquí la canción que Mowgli oyó resonar á su espalda mientras
-regresaba al hogar de Messua).
-
-
- Baloo
-
- ¡Por el amor de aquel que en otro tiempo
- á su _ranita_ dirigir solía,
- guarda la ley del hombre cual la nuestra,
- oye al viejo Baloo: jamás la infrinjas.
-
- Ya sea antigua ya nueva, clara ó turbia,
- síguela con afán como una pista,
- sin mirar á los lados mientras corras,
- sin pararte de noche ni de día.
-
- Por el amor de aquel que bien te quiere,
- que te ama más que á todo ser con vida,
- cuando te hagan sufrir en tu manada
- dí sólo: «ya Tabaqui resucita»;
- cuando algún daño á amenazarte venga
- dí que Shere Khan no ha muerto todavía,
- cuando, pronto á matar, luzca el cuchillo
- guarda tu ley y la pendencia evita.
-
- (Miel, raíces y palmas hacen siempre
- que los cachorros ningún mal reciban).
- ¡La gracia de la Selva te acompañe,
- la del Bosque, del Agua y de la Brisa!
-
-
- Kaa
-
- Del malhumor nace el miedo
- y el ojo que ve más claro
- es el sin párpados. Piensa
- que nunca nadie ha curado
- de las picadas de cobra,
- y aun su hablar hiere cual dardo.
- Si el que es más franco es más fuerte,
- ser cortés nunca fué malo.
-
- No quieras llegar más lejos
- de lo que alcance tu brazo,
- ni en la rama carcomida
- busques sostén por lograrlo.
-
- Mide sin error tu hambre
- si codicias cabra ó gamo,
- que á veces el ojo engaña
- y se atraganta el bocado.
-
- Si harto ya, dormir quisieras,
- en oculto lugar hazlo,
- donde no pueda cogerte
- tu enemigo, descuidado.
-
- Que á los cuatro vientos luzcas,
- limpio el cuerpo, el hablar cauto,
- y desde lejos te siga
- la _Selva media_ los pasos.
-
- ¡Que el Bosque, el Agua y el Viento
- te libren de todo daño!
-
-
- Bagheera
-
- En una jaula comenzó mi vida:
- bien lo que el hombre vale se me alcanza.
- ¡Por el cerrojo que rompí!... ¡No fíes,
- Hombre-cachorro, en gente de tu casta!
-
- Cuando á la luz de las estrellas caces
- busca la pista recta y no embrollada.
- Ya sea en el cubil, ya en cacería,
- teme al Hombre-chacal: su amistad es mala.
-
- Si «vente con nosotros», te dijeran,
- «que ganarás con ello», escucha y calla;
- si te piden ayuda contra el débil
- oye en silencio, sin jamás prestarla.
-
- Deja la presunción para los monos:
- mata la pieza, que con esto basta,
- y no lo cuentes luego. En tu camino
- no retrocedas, al cazar, por nada.
-
- (¡Oh nieblas matinales! Envolvedle,
- protectoras del ciervo y sus guardianas).
- ¡Que el favor de la Selva te acompañe,
- el del Viento, el del Bosque, y el del Agua!
-
-
- Los tres
-
- En el rastro que siguieres
- hasta pisar los umbrales
- donde la Flor que tememos
- sus rojos capullos abre;
- en las noches en que duermas
- aprisionado y sin aire,
- sin ver el materno cielo
- mientras vamos á rondarte;
- en las auroras que ansíes
- salir de tu dura cárcel,
- y en que la nostalgia sientas
- de la Selva que dejaste,
- ¡que el Bosque, el Agua y el Viento
- te protejan ó acompañen;
- Saber, Fuerza y Cortesía
- vayan contigo y te amparen!
- [Ilustración]
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL LIBRO DE LAS TIERRAS
-VÍRGENES ***
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