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Galia, Penn State University and - the Online Distributed Proofreading Team at - https://www.pgdp.net (This book was produced from images - made available by the HathiTrust Digital Library.) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL LIBRO DE LAS TIERRAS -VÍRGENES *** - - - - NOTAS DEL TRANSCRIPTOR - -Esta transcripción es la traducción al castellano de la obra de Rudyard -Kipling "The Jungle Book". - -En la versión de texto sin formatear, el texto en cursiva está -encerrado entre guiones bajos (_cursiva_), las versalitas se -representan con mayúsculas, como en VERSALITAS, las palabras en -negritas están representadas como =negritas=, y el signo ^o representa -el superíndice o" - -El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción ha sido el -de respetar las reglas de la Real Academia Española vigentes cuando -la presente edición de esta obra fue publicada. El lector interesado -puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia -Española. - -En referencia a lo mencionado en el párrafo precedente, cabe destacar -que palabras como vió, fué, dió, por ejemplo, que en la actualidad se -escriben sin acento, en esa época llevaban acento ortográfico y por -esa razón se han mantenido con esa ortografís. Lo mismo cabe para la -preposición "a" y las conjunciones "e", "o" y "u", que en esa época -llevaban acento ortográfico y en consecuencia se ha mantenido el acento. - -En la presente transcripción también se adecuó la ortografía de las -mayúsculas acentuadas a las reglas indicadas por la RAE, que establecen -que el acento ortográfico debe utilizarse, incluso si la vocal -acentuada está en mayúsculas. - -La obra impresa incluye una Fe de Erratas, que se ha mantenido en esta -transcripción. Sin embargo las correcciones listadas allí no se han -incluido en el texto. - -La cubierta del libro fue creada por el transcriptor y ha sido añadida -al dominio publico. - -El Índice y la Fe de Erratas han sido reposicionados al principio de la -obra. - -Se han corregido errores evidentes de puntuación y otros errores de -imprenta y ortografía. - - - * * * * * - - - - - El Libro - de las - Tierras Vírgenes - - - Rudyard Kipling - - - Traducido del inglés directamente, - con autorización del autor, por - - Ramón D. Perés - - Ilustraciones de - - José Triadó - - Tercera edición - - [Ilustración] - - GUSTAVO GILI, Editor, Universidad, 45. Barcelona - - MCMXVIII - - - ES PROPIEDAD - - Derechos reservados. - Queda hecho el depósito - que marca la Ley. - - Imprenta Moderna de Guinart y Pujolar, Bruch, 63--Barcelona. - - - OBRAS DEL TRADUCTOR - - =CANTOS MODERNOS= (1.ª serie), con ilustraciones - de APELES MESTRES.--1 vol.--3 pesetas. - - =NORTE Y SUR= (2.ª serie de Cantos modernos) - con ilustraciones de APELES MESTRES.--1 - vol.--3 pesetas. - - =Á DOS VIENTOS.= Críticas y semblanzas. - Literatura castellana.--Literatura catalana.--1 - vol.--3 pesetas. - - =BOCETOS INGLESES.=--1 vol.--2'50 pesetas. - (Quedan pocos ejemplares). - - =MUSGO= (poesías).--1 vol.--3 pesetas. - - - [Ilustración] - - - - - ÍNDICE - - Págs. - - Prólogo del Traductor 1 - - Prólogo del Autor 11 - - LOS HERMANOS DE MOWGLI 13 - _Canción de caza de la manada de Seeonee_ 43 - - LA CAZA DE KAA 45 - _Canción de los Bandar-log al ponerse en camino_ 82 - - ¡AL TIGRE! ¡AL TIGRE! 83 - _Canción de Mowgli al bailar sobre la piel de - Shere Khan en la Peña del Consejo_ 109 - - LA FOCA BLANCA 111 - _Lukannon_ 141 - - RIKKI-TIKKI-TAVI 143 - _Cántico de Darzee en honor de Rikki-tikki-tavi_ 167 - - TOOMAI, EL DE LOS ELEFANTES 169 - _Siva y el saltamontes_ 198 - - LOS SERVIDORES DE SU MAJESTAD 201 - _Canción de los animales del campamento al - reunirse en la parada_ 226 - - DE CÓMO VINO EL MIEDO 229 - _La Ley de la Selva_ 255 - - EL MILAGRO DE PURUN BHAGAT 257 - _Canción al estilo de Kabir_ 280 - - - LA SELVA INVASORA 281 - _Canción de Mowgli contra los hombres_ 323 - - - LOS ENTERRADORES 325 - _La canción de la ola_ 359 - - EL "ANKUS" DEL REY 361 - _La canción del cazador_ 389 - - QUIQUERN 391 - _Angutivaun taina_ 427 - - LOS PERROS JAROS 429 - _La canción de Chil_ 466 - - CORRETEOS PRIMAVERALES 469 - _La canción final_ 500 - - - - - ERRATAS Y ENMIENDAS - - PÁG. LÍNEA DICE DEBE DECIR - 13 2 Mang, el murciélago Mang, el murciélago, - 15 10 Kan Khan - 52 18 Por divertirse Por entretenimiento - 54 28 y 29 Millas y millas Leguas y leguas - 70 30 Podía oir Oía - 73 33 Podían engañarse Se engañaban - 85 35 Cama roja barnizada, una Cama roja barnizada; una - 104 9 Tocaban las campanas y Tocaban las campanas, y - soplaban soplaban - 135 7 Siguióles Siguiólas - 166 12 Todas las mangustas Las mangustas - 180 9 Vislo Visto - 261 1 Maleta Muleta - 289 26 Había Habían - 308 29 Y tu manada --Y tu manada - 313 23 Arador Arado - 416 4 La colocó derecha La colocó - 423 5 Cambiar Alterar - 454 1 Á luz del sol Á la luz del sol - 470 30 Burbujantes Burbujeantes - - - - - PRÓLOGO DEL TRADUCTOR - -_El libro de las tierras vírgenes_, que no tengo noticia de que se haya -traducido antes de ahora al castellano, lleva en inglés los títulos de -_The Jungle Book_ y _The Second Jungle Book_, pues se halla dividido en -dos series, cada una de las cuales forma un tomo aparte. Háse creído -más conveniente reunirlas aquí en un sólo volumen, y como en castellano -no se usa la palabra _jungle_, que posee el francés, por ejemplo, -el traductor ha considerado que, para el título del libro, la mejor -versión de aquel vocablo era algo que abarcara todos los significados -que quiere darle el autor. Son éstos bastante diversos y aun bastante -vagos, pues lo mismo puede traducirse por _selva_, que por tierra -inculta y llena de maleza; lo mismo podría aplicarse á la _manigua_ -cubana, que le sirve al autor para hablarnos de grandes extensiones -de la abrasada India ó de las que están cubiertas por los hielos á -poca distancia del Polo; del propio modo se refiere á la tierra, en -este libro, que á sus habituales pobladores... y aun Kipling llega, -arrastrado por su imaginación de poeta, á hacer de la _Jungle_, con -mayúscula, una entidad tan importante como la Sociedad humana, con sus -leyes, usos y costumbres, lenguaje, etc. - -En el texto de la obra yo he escrito, generalmente, _selva_ donde decía -_jungle_, y, acomodándome al espíritu del autor, he acudido también -á la majestuosa mayúscula siempre que se ha tratado de dar á aquella -palabra cierto sentido enfático digno de los graves y trascendentales -asuntos que aquí se dilucidan entre osos, lobos, tigres, panteras, -elefantes, cocodrilos, chacales, monos, serpientes, pájaros y demás -personajes importantes con quienes ha de trabar conocimiento quien -siga leyendo atentamente las páginas de este volumen, el cual es, en -su mayor parte, _el libro de las selvas Indias_, y así podría haberse -llamado en castellano, si cuanto el autor nos cuenta ocurriera en la -India y entre sus selvas. - -_The Jungle Book_ es famoso en Inglaterra y en los países de lengua -inglesa, y más de un crítico, no siempre benévolo con el autor, lo -considera como la mejor obra de éste. - -Desde 1894, en que se publicó la primera edición de la serie inicial de -estos cuentos, se han agotado ya varias de aquéllas, y la _Société du -Mercure de France_, incluyendo la obra en la lista de las que publica -de autores extranjeros, ha contribuído también grandemente á propagarla -entre los que no suelen leer libros ingleses y están al tanto de -las últimas novedades parisienses[1]. Kipling merece en verdad ser -traducido, ya que es uno de los autores más populares de Inglaterra, -una de las más potentes figuras literarias de hoy, y, sin duda, la que -mejor puede vanagloriarse de ser, entre las gentes de su raza, gloria -de la literatura al propio tiempo que fuerza política, fuerza que él -ha conquistado y sostenido por medio de la pluma. No es Kipling uno de -esos autores refinados que escriben pensando más en el arte que en el -público que ha de leer sus trabajos. Por el contrario, se le ha dicho -que es una especie de periodista que busca los asuntos palpitantes y -hace de sus grandes dotes literarias arma de combate. Tiene el fuerte y -pesado puño de la raza anglo-sajona pura, sin influencias debilitantes -que vengan á suavizar asperezas, y hay que tomarle como él es: como -tipo representativo de la gran familia de que forma parte, como -condensación de todas las buenas y malas cualidades que pasean por el -mundo, con aire sereno y triunfal á la vez, muchos millones de hombres -que han creado y extienden por todas partes una civilización poderosa, -personal, dominadora, pero que lleva en el fondo un gran sedimento de -libertad para todo el que forma parte integrante de ella, no para el -que estorbe su marcha ambiciosa, incansable. - -Es difícil adivinar si todos los paladares españoles gustarán por igual -del manjar exótico que entre el editor y yo les ofrecemos con el título -de _El libro de las tierras vírgenes_. Yo creo que toda persona de -cultivado gusto hallará en esos cuentos de Kipling mucho que admirar, y -que no será acogida con indiferencia, en España y en la América que fué -española, obra que reune tan grandes condiciones para quedar como una -de las más típicas muestras de la literatura inglesa contemporánea, y -una, también, de las más artísticas que se han escrito con la intención -de que puedan servir, lo mismo para instructivo solaz de los niños, -que para inofensivo regalo de personas mayores que sepan deleitarse -viendo el fondo intencionado de lo que sólo parece dirigido á despertar -juveniles imaginaciones y á mantener más ó menos viva su curiosidad. En -la literatura de todo el mundo hay ya otras obras que son infantiles -sólo por el aspecto, y que los hombres citan con respeto, porque quien -las escribió demostró en ellas ser consumado artista, poeta y pensador. - -Yo espero que á la lista de esas obras las futuras historias de la -literatura añadirán _The Jungle Book_ de Rudyard Kipling, y que la -única duda que se ofrecerá á los historiadores será la de si es una -obra realmente escrita para niños ó una juguetona y sonriente serie -de sátiras sociales encubiertas y de estupendas descripciones para -personas mayores que tengan alma poética é inclinada á soñar en lo -lejano, lo nuevo y lo raro. - -Esas tres cualidades reune la obra que presento al lector. Posee el -prestigioso aroma de lo lejano y poco semejante á lo nuestro; la -novedad, porque no es frecuente que un gran escritor nos dé una larga -serie de narraciones para contarnos la fantástica y casi humana vida -de las fieras en la India ó en otros apartados y más ó menos salvajes -países; posee también la rareza, que, si para unos es cualidad, para -otros es defecto; pero que saben apreciar en la justa medida los -que comprenden que por debajo de ella corre, como fecundante río, -la originalidad, signo de un cerebro fuerte y creador, incapaz de -sujetarse á estrechos límites ni de seguir caminos trillados. La -personalidad de Kipling no es de las que esperan modestamente que el -beneplácito de los críticos les diga cómo y sobre qué deben escribir, -sino de las que traen dentro de sí un mundo y lo van esparciendo -á pedazos para que los demás aprendan algo que ignoraban ó que no -pensaron nunca que pudiera ser tan bello iluminado á plena luz. Rudyard -Kipling es de los reveladores, de los que llegan al alma de las cosas -y sorprenden allí leyes y armonías de las que ve el poeta, y que si no -son la verdad son una apariencia de ella, más hermosa, á veces, que la -verdad misma. - -La literatura inglesa tiene más tendencia al cosmopolitismo que la -nuestra. Viajan los ingleses mucho más que nosotros; como gente -muy convencida de su fuerza, no temen que nadie les robe su propia -personalidad, y así como muy fácilmente introducen en su lenguaje voces -de idiomas extranjeros sin tomarse el trabajo de subrayarlas siquiera -cuando las escriben, y sin esperar á que ninguna Academia de la Lengua -(que no poseen) les dé permiso para ello, así también hallan especial -encanto en que no sólo los libros de viajes les hablen de las más -apartadas regiones del planeta que habitamos, sino, además, las obras -del género novelesco, que satisfacen así mejor cierta innata sed de -romanticismo que hay en el alma inglesa bajo la grave y fría, ó quizá -mejor, _serena_, cubierta exterior. - -Son frecuentísimas las novelas inglesas de asunto extranjero; y en -terreno tan bien preparado para el cultivo ha ido á sembrar Kipling sus -narraciones de asunto indio, su gran especialidad, ó aquéllas en que -intervienen principalmente marineros, soldados, tipos de aventureros -de las colonias, etc., etc., gente, en suma, que nació muy lejos ó que -muy lejos ha ido á parar con frecuencia en su vida, como al mismo autor -le ocurre, aunque por distintos motivos. La India tiene, sin embargo, -doble interés para los ingleses, porque al romántico júntase también -el político. Del último carecerá en absoluto el lector español; pero, -aun así, creo yo que si fuere niño leerá este libro con más interés, -por lo general, que ciertos insustanciales cuentos de hadas, y si -fuere hombre se sentirá agradablemente sorprendido ante el profundo -conocimiento que de la vida de los animales muestra el autor; ante -su habilidad en ponerlos en escena prestando á sus actos hondo valor -psicológico; ante el poder de evocación de cosas que, sin duda, ha -presenciado, ó el de imaginar las que no ha visto, aunque acerca de -ellas posea datos propios ó ajenos, aquellos datos de primera mano -que parecen ser privilegio de los naturalistas, de los hombres del -campo, de los cazadores... de todos los que gozan de la doble vista que -comunica el diario contacto con la naturaleza y son, como si dijéramos, -los zahoríes de ella. Poned á cada uno de los animales de que nos -habla el autor en esta obra un nombre humano, referid á nuestra propia -vida no pocas de las escenas que él describe, y el literato, y el -político, y el soldado, los hombres de todos los oficios y caracteres, -se reconocerán á sí mismos en este libro, ó, si para ello les falta -valor y sinceridad, reconocerán al vecino, sea amigo ó enemigo, y más -si es lo segundo que lo primero. De mí sé decir que, con la sonrisa -en los labios, porque hay aquí su parte de humorismo, me ha parecido -algunas veces descubrir la más sorprendente semejanza entre algunos -de los caballeros que andan por el mundo mostrando satisfechos su -maldad ó su tontería y los que Kipling nos presenta haciendo con poca -diferencia lo mismo. Y si á la vida literaria aplicáramos todo eso -¡oh! qué despiadada sátira contra los falsos dioses; los impotentes; -los envidiosos; los que á sabiendas faltan á la verdad para que el -efecto redunde en propia ventaja; los que chillan, se disputan y -se exhiben como monos para que alguien se fije en ellos por lo que -bullen, ya que no por lo que valen; los que como el chacal adulan sólo -con la intención de sacar algo, y cuando nada consiguen devoran al -adulado si la ocasión se ofrece; los que como el tigre (Shere Khan) -se convierten en una especie de caciques de pueblo á quienes todo el -mundo debe sumisión incondicional, ó pretenden ellos que se la debe, -hasta que, al fin, viene un hombre verdaderamente libre y los manda -enhoramala, y les arranca la piel para que sirva de lección á los que -vengan detrás... ¡Y qué bello y significativo aquel tipo de Mowgli, que -es, como de Segismundo dicen los versos de Calderón, «un hombre entre -las fieras--y una fiera entre los hombres»! La idea de patria late en -fiel fondo de esa figurilla de muchacho, y al mismo tiempo, y como -burla burlando, infinidad de problemas de la educación, de la mezcla de -razas, de la emigración... problemas que se ofrecen continuamente á los -que por unas ú otras razones han hallado en el mundo más de una patria, -ó así, al menos, se lo parece á ellos. ¡Y aquella manada de lobos que -mata constantemente á su jefe cuando ya no le sirve, porque la edad -le ha hecho poco apto para la caza!... ¿No os parece que se trata de -políticos, artistas, literatos, pensadores, _hombres_ en fin? Y hasta -la foca que, por nacer blanca, constituye una excepción desagradable -para su raza, y aun para su propia familia, y más cuando se le antoja -reformar inveteradas tradiciones y descubrir nuevas tierras para los -que se hallan ya perfectamente con las que poseen, sean buenas ó -malas... ¿quién no la ha conocido á esa pobre foca blanca, ó quién -con sólo hurgar en su propia conciencia no la ha descubierto allí muy -escondida, por poco que no piense en todo como las mayorías, como las -multitudes suelen pensar? - -Sería interminable la tarea de poner comentarios á este libro, que -á mí me parece una gran fábula con que un escritor se venga de los -que le han hecho sufrir, y el modesto papel de traductor me impone -ciertos límites á los que he de procurar ajustarme, no sin dificultad. -Los comentarios que yo no hago, los hará, seguramente, más de un -lector que lea la obra como debe leerse la de un autor cuya gloria no -necesita de más aplausos ni recomendaciones que los que hace años está -acostumbrado á oir. Claro es que también ha oído censuras, unas debidas -á la desigualdad que se nota á veces en sus trabajos, y otras á su -_imperialismo_ fogoso (de _brutal_ lo ha calificado un poeta inglés), -que si le ha hecho más popular en Inglaterra en época reciente, le ha -convertido también en blanco de la prensa política en los países en que -se combate encarnizadamente aquella tendencia. Acaso alguien espere -que hable yo aquí largo y tendido de ese _imperialismo_ de Kipling y -que me detenga á combatirlo, como hacen otros, con ensañamiento, por -sanguinario y poco escrupuloso. No voy á complacerles, porque no me -preocupa eso tanto como á ellos. Los países fuertes han tenido siempre, -en todas las épocas, tendencia á tratar de demostrar que el mundo les -pertenece por derecho propio; así como los débiles han protestado, -también siempre, en nombre de la justicia y del derecho. Pero pierde -el tiempo quien crea que á las naciones les importa mucho la opinión -ajena cuando tratan de engrandecerse é imponerse. Por otra parte: no -debe inmiscuirse el lector de una obra literaria en averiguar si las -ideas políticas del autor coinciden ó no con las suyas. Juzgue sobre -la belleza ó fealdad de la obra que se le ofrece, y deje lo demás para -otra ocasión, ó para que sea discutido en las columnas de la prensa á -la que esto interesa. - -Rudyard Kipling, á pesar de lo mucho que lleva escrito y de su extensa -reputación, es aun joven, pues nació en Bombay en 1865. Pasó allí -con sus padres sus primeros años, hasta que le llevaron á Inglaterra -dejándole con unos parientes para que se educara. Era sobrino del -célebre pintor Burne Jones, y esto le facilitó el conocer á no pocas -personalidades distinguidas, y entre ellas al famoso William Morris. Á -los diez y siete años regresó á la India, y, gracias á la influencia de -su padre, entró en el periodismo, al que se entregó con pasión y en el -cual dejó buenos recuerdos. El padre de Kipling era también persona muy -conocida y respetada: hábil dibujante, ilustró parte de las dos series -de este mismo libro; fué profesor de la Escuela de Bellas Artes de -Bombay, y estuvo encargado luego del Museo establecido por el Gobierno -inglés en Lahore; publicó en 1891 una obra titulada «Fieras y hombres -en la India», y no sería de extrañar que á su padre le debiera nuestro -autor algunos de los conocimientos de que da fe _The Jungle Book_. -Juan Lockwood Kipling es su nombre, y hay quien pretende, sin que yo -pueda afirmarlo, que el de su hijo fué primitivamente José Rudyard -Kipling, desapareciendo muy pronto el José y quedando al fin sólo el -Rudyard, único que he visto mencionado en biografías suyas que conozco. -_Rudyard_ es intraducible: es uno de tantos nombres de pila que se -usan en Inglaterra y que no recuerdan á un santo, sino al sitio en que -nació el que lo lleva, ó únicamente al capricho de su familia. _Rudyard -Lake_, en el Staffordshire, es el punto en que por primera vez vió el -padre de Kipling á la que debía después ser su esposa, y el nombre de -aquel lago quiso que se perpetuara, dándoselo á su hijo que, realmente, -ha hecho que no se olvidara en el mundo. - -La reputación literaria de Kipling comenzó en la India, y allí, -exclusivamente, publicó sus primeros libros, que iban de mano en mano -entre los ingleses residentes en el país. En 1889 emprendió un viaje á -Inglaterra, y, de vuelta del mismo, estuvo en el Japón y en la América -del Norte, donde no halló un sólo editor para sus obras quien pocos -años después había de verse solicitado por todos, y con ofrecimientos -tan increíbles para nosotros como el de un chelín por cada palabra que -escribiera formando parte de una de sus narraciones. Aquel mismo año -se estableció en Londres, donde no tardó en hacerse popular. Desde -entonces ha vivido unas veces en Inglaterra, otras en los Estados -Unidos, y ha viajado mucho por África y Oceanía. En una visita que -hizo á Nueva York, en 1899, enfermó gravemente, y los periódicos de -más circulación de Londres publicaban hojas extraordinarias para dar -cuenta de la marcha de la enfermedad, mientras los norteamericanos -le dedicaban sus artículos de fondo y por las calles de Nueva York -voceaban los vendedores de periódicos los números diciendo que -contenían «las últimas noticias sobre Rudyard Kipling». Celebridad más -rápida y completa pocas veces se ha visto. El Emperador de Alemania -dijo entonces, en una carta que dirigió á la esposa del escritor, -interesándose por la salud de éste, que era entusiasta admirador suyo, -y que en él veía al cantor de los grandes hechos de «la raza común» -que en el fondo forman ingleses y alemanes. La raza era entonces la -que hablaba, y ha hablado siempre en los grandes entusiasmos por -Kipling, que parecen inexplicables porque otros autores de valía no los -despiertan con tanta facilidad en el público. La multitud había hallado -su verbo y temía perderlo antes de tiempo. - -Kipling es un escritor fecundo. Trabaja mucho, con regularidad, y ha -habido año en que ha publicado hasta siete libros. Quizá de ello se -resienta su producción. Es, además de prosista, poeta y aun dibujante, -habiendo escrito un tomo de cuentos para niños que está ilustrado por -él mismo. Como poeta es muy popular, casi tanto como cuentista, y si -puede discutirse su inspiración, es, en cambio, un versificador hábil -que sabe producir efecto pulsando la cuerda sensible del patriotismo. -Esa facilidad que tiene para versificar es, sin duda (además de ciertos -ejemplos de Walter Scott), la que le induce muchas veces á entreverar -en sus libros la prosa con el verso, no siempre con buen acuerdo, en -mi humilde opinión. En este mismo libro, sus composiciones (que los -niños pueden pasar por alto, si gustan) son, con frecuencia, alardes -métricos, en los cuales dice lo que quiere y como quiere, jugando con -las palabras y escribiendo lo que en España no se está generalmente -acostumbrado á considerar como susceptible de ser poetizado. Traduzco -estas poesías en verso, _cuando así están escritas_, porque éste creo -que es mi deber, no por gusto, pues las dificultades que ofrece su -adaptación á un idioma tan poco parecido al inglés como el castellano, -son grandes, y, con frecuencia, casi invencibles[2]. - -Espero que el lector discreto se hará cargo de que no es fácil tarea -la de hinchar un perro, como dijo Cervantes, y que no me achacará á -mí más faltas que las que me correspondan, comprendiendo que ni la -poesía inglesa de Kipling es como la de Zorrilla, Campoamor y Nuñez -de Arce, ni mis pobres traducciones han de obrar milagros y hacer que -lo que sea una imitación de la musa popular parezca lleno del mismo -aroma al ser trasplantado aquí, y lo que imite al caprichoso y extraño -poeta norteamericano Walt Whitman lo halle de perlas quien nunca haya -leído en el original una línea de aquel poeta... sin rimas, ni leyes, -ni grandes respetos humanos, autor que á los que no han visto mucho -mundo... literario y creen que todas las razas han de ser como la suya -les parece un loco; pero que á los más entendidos se les antoja un -genio. No debemos los latinos medir con nuestro rasero á los pueblos -septentrionales, porque ni ellos tienen nuestra ligereza, nuestro -gusto é impresionabilidad, ni nosotros su fuerza incontrastable, fría, -calmosa, audaz, poco amiga de detenerse ante ciertos reparos que -paralizan á veces nuestra acción. - -Como libro útil para la educación de la voluntad en los niños yo no -dudo en recomendar éste de un hombre de voluntad de hierro. De igual -modo podría un médico prescribir un tónico y mucho ejercicio al aire -libre á quien él viera que lleva en el rostro el sello de la anemia. - - [Ilustración] - - - NOTAS: - -[1] En la versión francesa, que está hecha con inteligencia, hay varias -supresiones, que juzgo inmotivadas, y algún error en que he procurado -no incurrir en la mía. Faltan, á veces, párrafos enteros del original. - -[2] Kipling es difícil de traducir hasta escribiendo en prosa. Un -crítico inglés preguntaba si era posible que un extranjero entendiera y -saboreara al leerlas las obras del reputado autor. - - - - - PRÓLOGO DEL AUTOR - - -Numerosas son las consultas á especialistas generosos que exige una -obra como la presente, y el Autor faltaría, á todas luces, al deber que -le impone el modo cómo aquéllas han sido contestadas, si dejaba aquí de -hacer constar su gratitud para que tenga la mayor publicidad posible. - -Debe dar gracias, en primer término, al sabio y distinguido Bahadur -Shah, elefante destinado á la conducción de bagajes, que lleva el -número 174 en el libro de registro oficial de la India, el cual, junto -con su amable hermana Pudmini, suministró con la mayor galantería -la historia de _Toomai el de los elefantes_ y buena parte de la -información contenida en _Los servidores de Su Majestad_. Las aventuras -de Mowgli fueron recogidas, en varias épocas y lugares, de multitud -de fuentes, sobre las cuales desean los interesados que se guarde el -más estricto incógnito. Sin embargo, á tanta distancia, el Autor se -considera en libertad para dar las gracias, también, á un caballero -indio de los de vieja cepa, á un apreciable habitante de las más -altas lomas de Jakko, por su persuasiva aunque algo mordaz crítica -de los rasgos típicos de su raza: los présbitas[3]. Sahi, sabio -diligentísimo y hábil, miembro de una disuelta manada que vagaba por -las tierras de Seeonee, y un artista conocidísimo en la mayor parte -de las ferias locales de la India meridional, donde atrae á toda la -juventud y á cuanto hay de bello y culto en muchas aldeas, bailando, -puesto el bozal, con su amo, han contribuído también á este libro -con valiosísimos datos sobre gentes, maneras y costumbres. De éstos -se ha usado abundantemente en las narraciones tituladas: «¡Al tigre! -¡Al tigre!», «La caza de Kaa», y «Los hermanos de Mowgli». Deber -de gratitud es igualmente para el Editor el confesar que el cuento -«Rikki-tikki-tavi» es, en sus líneas generales, el mismo que le -relató uno de los principales herpetólogos de la India septentrional, -atrevido é independiente investigador que, resuelto «no á vivir, sino -á saber,» sacrificó su vida al estudio incansable de la _Thanatofidia_ -oriental. Una feliz casualidad permitió al Autor, viajando á bordo del -_Emperatriz de la India_, ser útil á uno de sus compañeros de viaje. -Quienes leyeren el cuento «La foca blanca» podrán juzgar por sí mismos -si no es éste espléndido pago á sus pobres servicios. - - [Ilustración] - - NOTAS: - -[3] «Género de mamíferos cuadrumanos cuya especie típica vive en -Sumatra».--N. del T. - - [Ilustración] - - - - - LOS HERMANOS DE MOWGLI - - Suelta á la noche Mang, el murciélago, - tráela en sus alas Rann, el milano; - ya en sus corrales las vacas duermen, - de los corderos duerme el rebaño, - tras las cerradas puertas se esconden - porque hasta al alba libres vagamos. - Ésta es la hora: fuerza y orgullo; - garra afilada, silencio cauto. - ¡Ya el grito suena! ¡Caza abundante - para el que observa la ley que amamos! - - _Canción nocturna en la selva._ - - -Eran las siete de una calurosa tarde en las colinas de Seeonee, cuando -papá Lobo despertó de su sueño diurno, rascóse, bostezó y estiró las -patas una tras otra para quitarse de encima la pesadez que en ellas -sentía aún. Mamá Loba estaba echada, caído el grande hocico de color -gris sobre sus cuatro vacilantes y chillones lobatos, mientras la luna -brillaba á la entrada de la caverna donde todos ellos vivían. - ---_¡Augr!_[4] dijo el lobo padre, ya es hora de volver á cazar. E iba -á lanzarse por la ladera cuando una sombra, no muy grande y provista de -espesa cola, atravesó el umbral y exclamó con plañidera voz: - ---¡Buena suerte, Jefe de los lobos, y que no sea peor la de tus nobles -hijos! ¡Buenos dientes les crezcan, y que jamás se les olvide el tener -hambre en este mundo! - -Quien así hablaba era el chacal (Tabaqui, el lameplatos), y los lobos -en la India desprecian á Tabaqui porque anda siempre enredando de un -lado á otro, metiendo chismes, comiendo andrajos y pedazos de cuero -de los montones de basura que hay en las calles de los pueblos. Pero -aunque le desprecien le temen, porque Tabaqui, más que nadie en la -selva toda, tiene propensión á perder la cabeza, y entonces se olvida -de que jamás haya tenido miedo y corre por la espesura mordiendo cuanto -encuentra al paso. Hasta el tigre se esconde cuando Tabaqui se vuelve -loco, porque la locura es lo más deshonroso que puede ocurrirle á un -animal salvaje. Nosotros le damos el nombre de hidrofobia, pero ellos -le llaman _dewanee_ (la locura) y huyen al decirlo. - ---Bueno; entra y busca, dijo papá Lobo; pero te advierto que aquí no -hay comida. - ---Para un lobo no, contestó Tabaqui, mas para un pobrecillo como yo -hasta un hueso es exquisito banquete. ¿Quiénes somos nosotros, los -_Gidur-log_ (el pueblo chacal), para andar escogiendo? - -Dirigióse á toda prisa hacia el fondo de la caverna, donde halló un -hueso de gamo con algo de carne adherida á él, y se puso á romperlo -alegremente. - ---Muchísimas gracias por tan buena comida, dijo relamiéndose. ¡Qué -hermosos son tus nobles hijos! ¡Qué ojos más grandes tienen! ¡Y á -pesar de ser tan jovencitos! Por más que, verdaderamente, no debiera -extrañarme, con sólo recordar que los hijos de los reyes son ya hombres -desde que nacen. - -Excusado es decir que Tabaqui sabía, tan bien como cualquiera, que nada -hay tan inoportuno como elogiar á los niños estando ellos delante, y -que le divertía en extremo el ver en situación embarazosa, no sólo á -mamá Loba, sino también al papá. - -Tabaqui se quedó inmóvil gozándose en el daño que había causado, y -luego añadió con aire de despecho: - ---Shere Kan, el Grande, ha cambiado de cazadero. Durante la próxima -luna cazará, según me ha dicho, en estas colinas. - -Shere Khan era el tigre que vivía cerca del río Wainganga, á cinco -leguas de distancia. - ---No tiene ningún derecho á ello, dijo incomodado papá Lobo. Según la -Ley de la Selva no puede cambiar de lugar sin advertirlo debidamente. -Va á asustar á toda la caza en dos leguas y media á la redonda, y yo... -yo he de trabajar doble en esos casos. - ---Por algo le llamó su madre Lungri (el Cojo), dijo mamá Loba en voz -baja: es cojo de nacimiento. Por eso no ha podido matar nunca más que -ganado. Ahora, los campesinos de Wainganga le persiguen, y se ha venido -aquí á molestar á los _nuestros_. Revolverán la selva en busca de él -cuando estará ya lejos, pero nosotros y nuestros hijos tendremos que -huir cuando peguen fuego á la maleza. ¡Te aseguro que le estamos muy -agradecidos á Shere Khan! - ---¿Queréis que se lo diga? contestó Tabaqui. - ---¡Fuera de aquí! replicó enfadado papá Lobo. ¡Fuera de aquí y vete á -cazar con tu amo! Ya has hecho bastante daño por esta noche. - ---Ya me voy, dijo con suave tono Tabaqui. Desde aquí se oye á Shere -Khan allá abajo, en la espesura. Podía haberme ahorrado el traeros la -noticia. - -Púsose á escuchar papá Lobo, y en el valle que descendía hasta el río -oyó el seco, rabioso, pérfido lamento que canturrea el tigre cuando no -ha podido apoderarse ni de una sola pieza, y poco le importa ya que la -selva toda se entere de ello. - ---¡Imbécil! exclamó papá Lobo. ¡Vaya un modo de comenzar el trabajo -metiendo semejante ruido! ¿Si se figurará que nuestros gamos son como -sus gordos bueyes de Wainganga? - ---¡Chist! No son bueyes ni gamos lo que caza esta noche, contestó mamá -Loba. Lo que busca es el Hombre. El plañidero grito se había trocado ya -en una especie de zumbante ronquido que parecía venir de todo el ámbito -del país. Era aquel ruido especial que desconcierta á los leñadores y á -toda la gente errante que duerme al raso, haciéndoles correr, á veces, -tan desatentados que se arrojan en las mismas fauces del tigre. - ---¡El Hombre! dijo papá Lobo enseñando la doble hilera de blanquísimos -dientes. _¡Faug!_ ¿Acaso no hay bastantes escarabajos y ranas en -las cisternas, que ahora se le ocurre comer carne humana? ¡Y, por -añadidura, en terreno nuestro! - -La Ley de la Selva, que nunca ordena algo sin tener motivos para ello, -prohibe á toda fiera el comer _Hombre_, excepto en el caso de que ésta -mate para enseñar á sus pequeñuelos á matar, y aun así es preciso -que cace fuera del cazadero de su manada ó tribu. La verdadera razón -que hay para disponerlo de esta suerte es que toda humana matanza -significa, tarde ó temprano, la llegada de hombres blancos, montados en -elefantes y armados de fusiles, en compañía de algunos centenares de -hombres de color con _gongos_, cohetes y antorchas. Á todo el mundo en -la selva le toca sufrir entonces. En cuanto á la razón que entre sí se -dan las fieras, es que el Hombre es el más débil é indefenso de todos -los seres vivientes, y no es digno de un cazador el poner mano en él. -Dicen también (y es cierto), que los devoradores de hombres se vuelven -sarnosos y pierden los dientes. - -El ronquido fué haciéndose más intenso y terminó, al fin, en el -_¡Aaar!_ á plena voz que lanza el tigre en el momento en que ataca. - -Oyóse entonces un aullido (impropio de un tigre), lanzado por Shere -Khan. - ---Ha errado el golpe, dijo mamá Loba. ¿Qué ocurre? - -Corrió hacia fuera papá Lobo, á la distancia de algunos pasos, y oyó á -Shere Khan murmurando y gruñendo furiosamente, mientras se revoleaba -entre la maleza. - ---Á ese estúpido se le ha ocurrido nada menos que saltar por encima del -fuego de unos leñadores, y se le han quemado las patas, dijo papá Lobo -gruñendo con malhumor. Tabaqui está allí, con él. - ---Algo sube por la colina, observó mamá Loba levantando una oreja. -Prepárate. - -Crujieron levemente los matorrales en la espesura y papá Lobo agachóse, -con el cuarto trasero junto á la tierra, pronto á dar el salto. Á haber -estado allí en acecho, hubiérais visto entonces la cosa más estupenda -de este mundo: el lobo se detuvo en el preciso momento de estar -saltando. Brincó antes de haber visto contra qué se lanzaba, y, de -pronto, trató de pararse. El resultado fué salir disparado en dirección -vertical hasta un metro ó metro y medio de altura, volviendo á caer -casi en el mismo sitio. - ---¡Un hombre! exclamó con disgusto. Un cachorro humano. ¡Mira! - -Frente á frente de él, apoyándose sobre una rama baja, erguíase, -completamente desnudo, un niño moreno que apenas sabía andar: la cosa -más mona y pequeña, más fina y regordeta que jamás se había presentado, -de noche, ante la caverna de un lobo. Miró á éste cara á cara, y se rió. - ---¿Es esto un _cachorro de hombre_? dijo mamá Loba. Nunca he visto -ninguno: tráelo. - -Acostumbrado á mover de un lado á otro sus propios pequeñuelos puede -un lobo, si es preciso, llevar un huevo en la boca sin romperlo, y -así, aunque se juntaron sobre la espalda del niño ambas quijadas de -papá Lobo, ni un solo diente le arañó la piel, que apareció intacta al -colocarle éste entre los lobatos. - ---¡Qué pequeño! ¡Qué desnudo! Y... ¡qué valiente! dijo con dulzura mamá -Loba. El niño se abría paso por entre los cachorros para arrimarse al -calor de la piel. ¡Ajá! Ahora come con los demás. De modo que éste es -un _cachorro de hombre_ ¿eh? Pues á ver si ha habido nunca lobo que -pudiera vanagloriarse de contar uno entre sus hijos. - ---De eso he oído hablar algunas veces, pero nunca refiriéndolo á -nuestra manada ni á mis tiempos, contestó papá Lobo. Está completamente -desprovisto de pelo, y bastaría que lo tocara con el pie para matarlo. -Pero observa: nos está mirando y ni siquiera tiene miedo. - -El resplandor de la luna, que penetraba por la boca de la caverna, -quedó interceptado, de pronto, por la enorme cabeza cuadrada y por los -hombros de Shere Khan que se asomaba á la entrada. Tabaqui, detrás de -él, le decía con voz chillona: - ---¡Señor, señor, se ha metido aquí. - ---Shere Khan nos honra en extremo con su visita, dijo papá Lobo, -mientras le desmentían sus iracundos ojos. ¿Qué desea Shere Khan? - ---Mi presa. Un cachorro humano ha pasado por aquí. Sus padres han -huído. Dámelo. - -Shere Khan había saltado por encima de un fuego de leñadores, como dijo -papá Lobo, y estaba furioso por el dolor de las quemaduras que tenía en -las patas. Pero papá Lobo sabía perfectamente que la boca de la caverna -era harto estrecha para que por ella pudiera pasar un tigre. Aun en el -sitio donde Shere Khan estaba, sus hombros y patas delanteras tenían -que encogerse penosamente, como le ocurriría al hombre que intentara -pelearse con otro dentro de una cuba. - ---Los lobos son un pueblo libre, dijo papá Lobo. Obedecen las órdenes -del Jefe de su manada, y no las de un pintarrajeado cazador de reses -como tú. El cachorro de hombre es nuestro... para matarlo si se nos -antoja. - ---¡Si se nos antoja! ¡Si se nos antoja! ¿Qué es eso de antojárseos ó -no? ¡Por el toro que maté, que es cosa de preguntar hasta cuándo he de -estar oliendo vuestra perruna guarida, para obtener lo que en justicia -se me debe! ¡Soy yo, Shere Khan, el que os habla! - -Tronó por los ámbitos de la caverna el rugido del tigre. Mamá Loba -separóse de los lobatos y se adelantó, fijando en los llameantes ojos -de Shere Khan los suyos, semejantes á dos verdes lunas brillando en la -oscuridad. - ---Y soy yo, Raksha (el Demonio), quien te contesta. El cachorro -humano es mío, Lungri, mío y muy mío. No se le matará. Vivirá para -correr junto con nuestra manada y para cazar con ella; y, al fin y al -cabo, mire _vuesa merced_, señor cazador de desnudos cachorrillos... -devorador de ranas... matador de peces..., al fin y al cabo, él será -quien, á su vez, le cace. Con que ahora apártese, ó por el _sambhur_ -que maté (yo no como ganado hambriento), le aseguro, fiera chamuscada -de estas selvas, que va á volver _vuesa merced_ al regazo de su madre, -más coja aún que al venir al mundo. ¡Márchese! - -Papá Lobo miró con aire estupefacto. Había casi olvidado ya aquellos -tiempos en que ganó á mamá Loba en liza abierta contra otros cinco -lobos, cuando ella tomaba parte en las correrías de la manada, y -el llamarla el _Demonio_ no era un mero cumplido. Shere Khan acaso -hubiera desafiado á papá Lobo, pero no podía resistirse contra mamá -Loba, porque sabía que, en el sitio en que se hallaban, todas las -ventajas eran para ella, y que lucharía hasta morir. Retiróse, pues, -refunfuñando, de la boca de la caverna, y cuando se vió libre, gritó: - ---¡Cada perro ladra en su cubil! Ya veremos lo que dice la manada -respecto á eso de criar cachorros humanos. El cachorro es mío, y al fin -vendrá á parar á mis dientes, ¡rabosos! ¡ladrones! - -Dejóse caer jadeante mamá Loba, entre sus lobatos, y díjole gravemente -papá Lobo: - ---Mucho hay de verdad en lo que ha hablado Shere Khan. Es preciso -enseñar á la manada el cachorro ese. ¿Persistes aún en guardártelo, -mamá? - ---¡Guardarlo! contestó ella suspirando. Desnudo vino, de noche, sólo -y hambriento, y, sin embargo, no tenía miedo. Mira: ha echado ya á -un lado á uno de mis hijos. ¡Y ese carnicero cojo hubiese querido -matarlo y escaparse después al Wainganga, mientras los campesinos, en -venganza, venían aquí al ojeo en nuestros cubiles! ¡Guardarlo! ¡Vaya -si lo guardaré! Acuéstate quietecito, renacuajo. Tiempo vendrá, Mowgli -(porque Mowgli, la rana, le llamaré á _vuesa merced_ en adelante), en -que no sea el cazado por Shere Khan, sino quien le cace á él. - ---Pero ¿qué va á decir nuestra manada? dijo papá Lobo. - -La Ley de la Selva prescribe terminantemente que cualquier lobo, al -casarse, puede retirarse de la manada á que pertenece; pero que, tan -pronto como sus cachorros tienen edad suficiente para sostenerse de -pie, debe llevarlos al Consejo de la manada, que se celebra una vez -cada mes, al resplandor de la luna llena, con el fin de que los demás -lobos puedan identificarlos. Después de esta inspección, los lobatos -quedan en libertad para correr por donde quieran, y, hasta que no hayan -matado el primer gamo, no se admite excusa alguna en favor del lobo -de la manada que sea ya mayor y mate á alguno de aquéllos. La pena de -muerte es el castigo que se da al asesino donde pueda hallársele; y, si -pensáis sobre esto un momento, veréis que es, realmente, justo. - -Esperó papá Lobo á que sus cachorros pudieran corretear poco ó mucho, y -entonces, la noche de la reunión de toda la manada, cogiólos, junto con -Mowgli y con mamá Loba, y llevóselos á la Peña del Consejo, una cima -cubierta de piedras y guijarros, donde podían ocultarse un centenar -de lobos. Akela, el enorme y gris Lobo Solitario que había llegado á -ser jefe de la manada gracias á su fuerza y habilidad, estaba echado -cuan largo era sobre su peña, y más abajo se sentaban unos cuarenta -lobos de todos tamaños y colores, desde los veteranos de color de tejón -que podían habérselas á solas con un gamo, hasta los de tres años de -edad que sólo presumían que habían de poder. El Lobo Solitario los -guiaba á todos desde hacía un año. Dos veces había caído en una trampa -allá en su juventud, y otra había sido apaleado hasta darlo ya por -muerto: bien sabía, pues, los usos y costumbres de los hombres. Muy -poco se habló en la reunión de la Peña. Los lobatos tropezaban unos -con otros, cayéndose, en el centro del círculo donde sus respectivos -padres y madres se sentaban, y de vez en cuando un lobo anciano se -dirigía silenciosamente hacia uno de los cachorros, lo miraba con -gran atención, y se volvía á su sitio sin producir el menor ruido. De -pronto empujaba una madre su lobato hacia la luz de la luna para tener -la seguridad de que no había pasado inadvertido. Desde su peña, Akela -gritaba: «Ya sabéis lo que dice la Ley; ya lo sabéis. ¡Mirad bien, -lobos!» Y las ansiosas madres repetían: «¡Mirad! ¡Mirad bien, lobos!» - -Al fin (y en aquel momento se le erizaron á mamá Loba todos los pelos -del cuello), empujó papá Lobo á «Mowgli, la rana», como le llamaban, -hacia el centro, donde se sentó, riendo y jugando con algunos guijarros -que la luz de la luna hacía brillar. - -Akela, sin levantar la cabeza, que tenía puesta sobre las patas, -continuó con su monótono grito: «¡Mirad bien!» Sordo rugido se elevó -por detrás de las rocas; era la voz de Shere Khan que gritaba á su vez: - ---El cachorro es mío, dádmelo. ¿Qué tiene que ver el Pueblo Libre con -un cachorro humano? - -Akela no movía ni las orejas. No hizo más que decir: - ---¡Mirad bien, lobos! ¿Qué tiene que ver el Pueblo Libre con los -mandatos de cualquiera que no sea el mismo Pueblo? ¡Miradlo bien! - -Alzóse un coro de gruñidos, y un lobo joven, de unos cuatro años, -recogió la pregunta de Shere Khan, dirigiéndose otra vez á Akela: - ---¿Qué tiene que ver el Pueblo Libre con un cachorro humano? - -Ahora bien: la Ley de la Selva prescribe que, en el caso de -disputársele á un cachorro el derecho á ser admitido por la manada, han -de defenderle por lo menos dos de los miembros de ésta, que no sean su -padre ó su madre. - - [Ilustración] - ---¿Quién habla en favor de este cachorro? dijo Akela. ¿Quién, que -pertenezca al Pueblo Libre, habla en favor suyo? - -Nadie contestó, y mamá Loba preparóse para lo que ya sabía ella que -sería su última pelea, si al terreno de la lucha era preciso llegar. - -Entonces, el único animal de otra especie á quien se le permite tomar -parte en el Consejo de la manada, Baloo, el soñoliento oso pardo, que -enseña á los lobatos la Ley de la Selva, el viejo Baloo que puede ir y -venir por donde se le antoja porque no come más que nueces, raíces y -miel, se levantó en dos patas y gruñó. - ---¿El cachorro humano...? dijo. Yo hablo en favor del cachorro. Ningún -mal puede hacernos. No poseo el don de la palabra, pero digo la verdad. -Dejadle correr con la manada, y contadlo como uno de tantos. Yo mismo -le enseñaré. - ---Necesitamos ahora que hable otro, dijo Akela. Baloo lo ha hecho ya, y -él es el maestro de nuestros lobatos. ¿Quién toma la palabra además de -él? - -Una sombra negra deslizóse hacia el círculo. Era Bagheera, la pantera -negra, de un negro de tinta toda ella, pero con marcas en la piel, -propias de la pantera, que según como les daba la luz parecían las -aguas que llevan en la trama ciertas sedas. Todo el mundo conocía á -Bagheera, y nadie gustaba de atravesarse en su camino, porque era tan -astuta como Tabaqui, tan atrevida como el búfalo salvaje y tan sin -freno como el elefante herido. Pero, con todo eso, tenía una voz suave -como la miel silvestre que gota á gota se desprende de un árbol, y piel -más fina que plumón. - ---¡Akela, dijo como susurrando, y vosotros, Pueblo Libre! Yo no tengo -derecho á mezclarme en vuestra asamblea; pero la Ley de la Selva dice -que si alguna duda ocurre, que no sea relativa á alguna muerte, -respecto á un nuevo cachorro, la vida de éste puede comprarse mediante -un precio estipulado. Y la Ley no dice quién puede, ó no, pagar este -precio. ¿Estoy en lo cierto? - ---¡Bien, bien! dijeron los lobos más jóvenes, hambrientos siempre. ¡Que -se oiga á Bagheera! El cachorro puede comprarse mediante un precio -estipulado. La Ley lo dice. - ---Como sé que no tengo derecho á hablar aquí, pido, para hacerlo, -vuestro permiso. - ---¡Habla, pues! gritaron á la vez veinte voces. - ---Matar á un cachorro desnudo es una vergüenza. Por otra parte, puede -seros muy útil en la caza cuando sea mayor. Baloo ha hablado ya en su -defensa. Pues bien: á lo que él ha dicho añadiré yo la oferta de un -toro, gordo, acabado de matar, á poca distancia de aquí, si aceptáis al -cachorro humano, de acuerdo con lo que dice la Ley. ¿Tenéis algo qué -objetar? - -Levantóse un clamor de docenas de voces que decían: - ---¡Qué importa! ya se morirá cuando lleguen las lluvias del invierno. -Ya le abrasarán vivo los rayos del sol. ¿En qué puede perjudicarnos una -rana desnuda, como ésta? Dejadle que se junte á la manada. ¿Dónde está -el toro, Bagheera? Aceptémoslo. - -Y entonces se oyó el profundo ladrido de Akela que decía: - ---¡Miradlo bien, miradlo bien, lobos! - -Tan entretenido estaba Mowgli en jugar con los guijarros que no observó -el acercársele de los lobos uno por uno y mirarle atentamente. Al fin, -descendieron todos de la colina, en busca del toro muerto, exceptuando -únicamente Akela, Bagheera, Baloo y los lobos de Mowgli. - -Shere Khan rugía aún? entre las sombras de la noche, rabioso por no -haber logrado que le entregaran á Mowgli. - ---¡Sí! ¡Ruge, ruge cuanto quieras! díjole Bagheera en sus propias -barbas: ó yo no sé nada de lo que son hombres, ó vendrá día en que esa -cosa que está ahí tan desnuda le hará á _vuesa merced_ rugir en muy -distinto tono. - ---Bien hemos hecho, dijo Akela. Los hombres y sus cachorros saben -mucho. Con el tiempo podría ayudarnos. - ---Verdaderamente... Puede ser nuestro apoyo en caso de necesidad; -porque nadie es capaz de forjarse la ilusión de ser siempre director de -la manada, dijo Bagheera. - -Akela no contestó. Pensaba en aquel tiempo que llega, al fin, para todo -jefe de manada, en que las fuerzas le abandonan, en que se halla más -débil cada día, hasta que, al cabo, lo matan los otros lobos, y viene -un nuevo jefe á ocupar su puesto... para que lo maten también, cuando -le toca el turno. - ---Llévatelo, dijo á papá Lobo, y adiéstralo en cuanto debe saber quien -pertenece al Pueblo Libre. - -Y así fué como Mowgli entró á formar parte de la manada de lobos de -Seeonee, siendo un toro el precio pagado por su vida, y Baloo su -defensor. - - * * * * * - -Ahora, contentaos con saltar diez ú once años y con adivinar lo -estupenda que sería la vida de Mowgli entre los lobos, porque, á tener -que escribirla, sabe Dios los libros que llenaría. Creció junto con los -lobatos, aunque, naturalmente, ellos eran ya lobos hechos y derechos, -antes de que hubiera salido él de la primera infancia, y papá Lobo le -enseñó su oficio y el significado de cuanto en la selva había, hasta -que cada crujido bajo la yerba; cada soplo del tibio aire de la noche; -cada nota lanzada por el buho sobre su cabeza; cada ruido que producen -los murciélagos, arañando, al descansar por un momento en un árbol; -cada rumor que causa el pececillo al saltar en una balsa, significaron -para él tanto como el trabajo de su oficina significa para el hombre de -negocios. Cuando no aprendía algo se sentaba á tomar el sol ó dormía, y -luego á comer y á dormir de nuevo; cuando sentía necesidad de limpieza, -ó le molestaba el calor, se iba á nadar en las lagunas del bosque; en -fin, cuando necesitaba miel (Baloo le había dicho que miel con nueces -era comida tan delicada como la carne cruda), se encaramaba á los -árboles para buscarla, y quien le enseñó á hacer esto fué Bagheera. - -Tendíase la pantera sobre una rama y le llamaba diciendo: «Ven acá, -Hermanito,» y al principio Mowgli se agarraba torpemente, como el -_perezoso_; mas luego saltaba por entre las ramas, de una á otra, -con todo el aplomo de un mono gris. Ocupó, también, su puesto en el -Consejo de la Peña, al reunirse la manada, y allí descubrió que mirando -fijamente á un lobo le obligaba á bajar los ojos, lo que fué causa de -que lo hiciera á menudo por mera diversión. Otras veces arrancaba de -la piel de sus amigos las largas espinas que se les clavaban en ella; -porque los lobos sufren horriblemente con las espinas y cadillos que -se les quedan entre las lanas. Descendía también por la ladera de -la colina, en plena noche, hasta llegar á las tierras de cultivo, y -miraba curiosamente á los campesinos en sus chozas; pero desconfiaba -de ellos, porque Bagheera le había enseñado una caja cuadrada con una -puerta que se hundía al pisarla, y con tanta habilidad colocada entre -la maleza que casi cayó él dentro. Bagheera le dijo que era una trampa. -Nada fué tan de su gusto como perderse con la pantera por entre las -tibias profundidades del bosque, dormir durante todo el pesado día, y -contemplar por la noche cómo Bagheera se dedicaba á la caza. Mataba -ella á diestro y siniestro según su apetito, y lo mismo hacía Mowgli, -con una sola excepción. En cuanto tuvo suficiente edad para hacerse -cargo de las cosas, Bagheera le dijo que se abstuviera de poner mano -en cabeza alguna de ganado, porque su propia vida había sido rescatada -mediante la entrega de un toro. - ---Tuyo es cuanto hay en la selva, díjole Bagheera, y puedes matar todo -lo que tus fuerzas te permitan; pero, por la memoria del toro que -sirvió para comprar tu vida, no has de poner mano nunca en res alguna, -ni aun para comerla, sea joven ó vieja. Esto es lo que prescribe la Ley -de la Selva. - -Mowgli obedeció estrictamente lo que se le mandaba. - -Y creció, creció tan fuerte como debe de crecer el niño que no ha de -preocuparse en estudiar las lecciones que por modo natural aprende, y -para quién no hay otros cuidados que el de procurarse comida. - -Una ó dos veces díjole mamá Loba que desconfiara de Shere Khan, y -que un día ú otro tendría que matarlo; pero, si un lobato se hubiera -acordado de este consejo á cada momento, Mowgli lo olvidó por completo, -como niño que era... aunque indudablemente él se hubiera calificado á -sí mismo de lobo á haber podido hablar en lengua alguna de las que usan -los hombres. - -Continuamente Shere Khan le salía al paso, porque como Akela se hacía -ya viejo y perdía fuerzas cada día, el tigre cojo había llegado á tener -gran amistad con los lobos más jóvenes de la manada que le seguían para -recoger sus sobras, cosa que Akela no hubiera nunca tolerado á haberse -atrevido á ejercer su autoridad llevándola hasta el extremo. - -En tales ocasiones, Shere Khan les halagaba manifestándose sorprendido -de que tan jóvenes y excelentes cazadores se dejaran guiar por un lobo -que estaba ya medio muerto y por un cachorro humano. - ---Cuéntanme, les decía Shere Khan, que al hombrecito no os atrevéis á -mirarle en los ojos cuando os reunís en el Consejo. - -Y los lobos le contestaban gruñendo, erizado el pelo. - -Bagheera, que parecía estar en todas partes viéndolo y oyéndolo todo, -llegó á saber algo de esto, y más de una vez le explicó á Mowgli, en -pocas palabras, que Shere Khan había de matarle algún día; á lo que -Mowgli contestaba riéndose: - ---Cuento con la manada y contigo; y hasta Baloo, con toda su pereza, no -dejaría de dar algunos golpes en mi defensa. ¿Á qué inquietarme, pues? - -Un día en que el calor era extremado, ocurriósele á Bagheera una nueva -idea, nacida de algo que había oído. Tal vez á Ikki, el puerco espín, -debía la noticia, pero ello fué que dijo á Mowgli, cuando ambos estaban -en lo más profundo de la selva, y mientras el muchacho reclinaba la -cabeza sobre la hermosa, negra piel de Bagheera: - ---¿Cuántas veces te he dicho, Hermanito, que Shere Khan es enemigo tuyo? - ---Tantas como frutos tiene esta palmera, contestó Mowgli que, -naturalmente, no sabía contar. ¡Bueno! ¡Y qué! tengo sueño, Bagheera, y -Shere Khan no tiene más que mucha cola y muchas palabras... como Mao, -el pavo real. - ---No es ésta hora de dormir. Baloo sabe lo que te digo; lo sabe la -manada, y sábenlo hasta los infelices, los simplícisimos ciervos. Á tí -mismo, además, te lo ha dicho Tabaqui. - ---¡Oh! contestó Mowgli. Vínome, no ha mucho, con impertinencias de -que si yo era un desnudo _cachorro de hombre_ y que no servía ni para -desenterrar raíces; pero lo cogí por la cola y le dí contra una palmera -un par de veces para enseñarle á tener mejores modales. - ---¡Valiente tontería! Porque aunque Tabaqui es un chismoso, te hubiera -dicho algo que te interesa mucho. ¡Abre esos ojos, Hermanito! Shere -Khan no se atreve á matarte en la selva; pero acuérdate de que Akela es -ya muy viejo, y no tardará en llegar el día en que le será imposible -cazar un sólo gamo. Ese día dejará de ser jefe. Muchos de los lobos -que te admitieron cuando fuíste presentado al Consejo son ya viejos -también, y los jóvenes creen, porque así se lo ha enseñado Shere Khan, -que un cachorro humano no tiene derecho á estar en la manada. Dentro de -poco serás ya un hombre. - ---¿Qué es, pues, un hombre, que no puede juntarse con sus hermanos? -dijo Mowgli. En la selva nací; su Ley he obedecido, y no hay un sólo -lobo, entre los nuestros, de cuyas patas no haya yo arrancado alguna -espina. ¿Cómo dudar de que son mis hermanos? - -Tendióse Bagheera cuan larga era, y, con los ojos medio cerrados, dijo: - ---Toca ahí, Hermanito, bajo mi quijada. - -Levantó Mowgli su áspera y tostada mano, y debajo mismo de la sedosa -barbilla de Bagheera, donde los enormes y rodantes músculos quedaban -ocultos por el luciente pelo, halló un espacio raído. - ---Nadie, en toda la extensión de la selva, sabe que yo, Bagheera, tenga -esta marca... la marca que deja el collar; y, sin embargo, Hermanito, -yo nací entre los hombres, y entre ellos murió mi madre... en las -jaulas del Palacio Real, en Oodeypore. Este fué el motivo que me indujo -á pagar por tí el precio convenido en el Consejo cuando no eras más que -un desnudo cachorrillo. Sí, también yo nací entre los hombres. La selva -era desconocida para mí. - -Alimentábanme en gamellas de hierro tras los barrotes de la jaula, -hasta que una noche despertó en mí el sentimiento de que yo era -Bagheera, la pantera, y no un juguete para diversión de los hombres, -y entonces rompí de un zarpazo el estúpido cerrojo y me escapé; y -precisamente porque había aprendido las costumbres de los hombres -llegué á infundir en la selva más terror que Shere Khan. ¿No es cierto? - ---Sí, dijo Mowgli: todos en la selva temen á Bagheera..., todos, -excepto Mowgli. - ---¡Oh!... Tú eres un cachorro humano, dijo con gran ternura la pantera -negra, y del propio modo que yo he vuelto á mi selva, así debes tú -volver, al fin, á donde están los hombres... los hombres que son tus -hermanos. Esto, si no te matan antes en el Consejo. - ---Pero ¿por qué? ¿Por qué ha de querer nadie matarme? dijo Mowgli. - ---Mírame, contestóle Bagheera. Y Mowgli la miró fijamente en los ojos. -La enorme pantera volvió, al cabo de algunos momentos, la cabeza. - ---Por _esto_, dijo mudando de posición una de sus patas y colocándola -sobre un lecho de hojas. Hasta á mí me es imposible mirarte en los -ojos, y eso que yo nací entre los hombres, y te quiero, Hermanito. Los -otros te odian porque su mirada no puede resistir el choque de la tuya; -porque eres sabio; porque has arrancado espinas de sus patas... porque -eres un hombre. - ---No sabía nada de eso, contestó con aspereza Mowgli, arrugando las -negras y pobladas cejas. - ---¿Cuál es la Ley de la Selva? Pega primero y avisa después. Hasta por -tu propio descuido conocen que eres un hombre. Pero sé prudente. Me da -el corazón que en cuanto á Akela se le escape el primer gamo sobre el -cual se arroje (y cada día va haciéndosele más difícil el apoderarse -de los gamos que persigue), la manada se pondrá en contra de él y de -tí. Celebraráse un Consejo de la Selva en la Peña, y entonces... y -entonces... Ya tengo una idea, dijo Bagheera levantándose de un salto. -Vete inmediatamente á donde los hombres tienen sus chozas, allá en el -valle, y coge una parte de la Flor Roja que allí cultivan, á fin de que -en el momento oportuno puedas contar con un apoyo más fuerte que yo, ó -que Baloo, ó los que bien te quieren en la manada. Anda, ve á buscar la -Flor Roja. - -Lo que Bagheera quería significar al hablar de la Flor Roja era el -fuego; pero no hay en toda la selva ser viviente que quiera llamar al -fuego por su nombre. Sienten ante él todas las fieras un miedo mortal, -é inventan cien maneras diferentes de describir lo que tal pavor les -causa. - ---¿La Flor Roja? dijo Mowgli. Es la que á la hora del crepúsculo crece -fuera de las chozas. Yo la cogeré. - ---Así deben hablar los cachorros de los hombres, dijo Bagheera con -orgullo. Acuérdate de que la flor crece en unas macetas pequeñas. -Arrebatas una y la guardas para cuando llegue la hora en que puedas -necesitarla. - ---¡Bueno! dijo Mowgli. Allá voy. Pero ¿estás segura, ¡Bagheera mía! (y -al decir esto le deslizó un brazo en torno del espléndido cuello y la -miró profundamente en los grandes ojos), estás segura de que todo esto -es obra de Shere Khan? - ---Por el Cerrojo que me dió la libertad, te aseguro que sí, Hermanito. - ---Pues, entonces, por el Toro que sirvió para comprar mi vida, te -prometo que voy á saldar mis cuentas con Shere Khan, y es posible que -le pague aun algo más de lo que le debo. Al decir esto salió disparado. - ---He aquí á un hombre... todo un hombre, dijo, entre sí, Bagheera, -tendiéndose en el suelo nuevamente. ¡Ah, Shere Khan, nunca te metiste -en más funesta cacería que en la de esta rana, diez años atrás! - -Mowgli había ido alejándose por el interior del bosque, á todo correr, -ardiéndole el corazón en el pecho. Llegó á la cueva á la hora en que -comenzaba á elevarse la niebla vespertina, paróse para tomar aliento, -y miró hacia el fondo del valle. Los lobatos habían salido, pero mamá -Loba, desde las profundidades de la caverna, conoció por el modo de -respirar que algo le pasaba á su _rana_. - ---¿Qué hay, hijo? exclamó. - ---Charlatanismos, propios de murciélago, de ese Shere Khan, respondió -Mowgli. Esta noche cazo en terreno labrantío, añadió, y enseguida -hundióse entre los arbustos, dirigiéndose hacia el sitio por donde -corrían las aguas en el fondo del valle. Detúvose allí porque oyó los -salvajes alaridos de la cacería en que se hallaba la manada; el mugido -del _sambhur_ cuando le persiguen; el resoplar del gamo que se ve -acorralado. Entonces resonó un coro de perversos é insultantes aullidos -que partían de los lobos más jóvenes: - ---¡Akela! ¡Akela! Dejad que el Lobo Solitario muestre su fuerza, -decían. ¡Paso al Jefe de la manada! ¡Salta, Akela! - -El Lobo Solitario debió de saltar, sin duda, equivocando el golpe, -porque Mowgli oyó el castañeteo de los dientes y luego una especie de -ladrido cuando el _sambhur_ le hizo rodar por el suelo empujándole con -las patas delanteras. - -No esperó ya más para ver lo que sucedía. Siguió adelante, y los -gritos fueron oyéndose cada vez más débiles á medida que se alejaba en -dirección á las tierras de labor, en las cuales vivían los campesinos. - ---Bagheera estaba en lo cierto, dijo resollando fuerte, mientras se -arrellanaba sobre unos forrajes que halló bajo la ventana de una choza. -Mañana será un día importante para Akela y para mí. - -Pegó, entonces, la cara á la ventana, y miró el fuego que ardía en el -suelo. Vió á la mujer del labriego levantarse y arrojar, por la noche, -sobre las llamas, unos pedazos de algo negro; y al llegar la mañana, -cuando todo estaba envuelto en blanca y fría neblina, vió á un rapaz, -hijo del campesino, coger una especie de maceta de mimbres, enjalbegada -interiormente con tierra, llenarla de encendidas brasas, colocarla bajo -una manta, y salir para cuidar de las vacas en el establo. - ---¿Y esto es todo? dijo Mowgli. Si un cachorro como éste puede hacerlo, -entonces nada hay que temer. Dobló la esquina de la casa, corrió hacia -el muchacho, le arrebató aquélla especie de maceta y desapareció -con ella entre la niebla, mientras el chico se quedaba chillando -atemorizado. - ---Mucho se me parecen, dijo Mowgli, soplando en la maceta, como había -visto que la mujer hacía. Esto se me va á morir si no lo alimento, -añadió. Y comenzó á arrojar ramitas de árbol y cortezas secas sobre -aquella materia de un rojo tan vivo. Hacia media colina hallóse con -Bagheera, cuya piel, con el rocío matinal, parecía salpicada de piedras -preciosas. - ---Akela ha errado el golpe; dijo la pantera. Á no haber sido porque te -necesitaban también á tí, lo hubieran muerto ayer noche. En busca tuya -fueron á la colina. - ---Yo andaba, entonces, por las tierras de labor. Ya estoy listo. ¡Mira! - -Y Mowgli levantó la especie de maceta llena de fuego. - ---¡Bien! Ahora falta otra cosa: yo he visto á los hombres arrojar una -rama seca sobre esto, y al poco rato la Flor Roja se abría al extremo -de la rama. ¿No tienes miedo de hacer otro tanto? - ---No. ¿Por qué he de tenerlo? Recuerdo ahora (si no es todo ello -un sueño) como, antes de ser lobo, me acosté junto á la Flor Roja, -hallándola caliente y agradable. - -Todo el día lo pasó Mowgli sentado en la caverna, cuidando de su maceta -y metiendo en ella ramas secas, para ver el efecto que producían -después. Halló una á su gusto, y, al anochecer, cuando Tabaqui llegó á -la cueva y le dijo, con harta rudeza, que le necesitaban en el Consejo -de la Peña, se estuvo riendo hasta que Tabaqui echó á correr. Entonces -se dirigió hacia el Consejo, pero riéndose aún. - -Akela, el Lobo Solitario, estaba echado junto á su roca, como signo de -que la jefatura de la manada se hallaba vacante, y Shere Khan, con su -cohorte de lobos ahitos de sus sobras, paseábase de un lado á otro con -aire resuelto y satisfecho. Bagheera estaba echada junto á Mowgli, y -éste tenía, entre las piernas, la maceta del fuego. Cuando estuvieron -todos reunidos, Shere Khan empezó á hablar, lo que jamás se hubiera -atrevido á hacer en los buenos tiempos de Akela. - ---No tiene derecho á esto, murmuró Bagheera. Díselo. Ese es de casta de -perro: verás como se atemoriza. - -Mowgli púsose en pie. - ---¡Pueblo libre! gritó, ¿es, acaso, Shere Khan quien dirige la manada? -¿Qué tiene que ver un tigre con nuestra jefatura? - ---Viendo que el puesto está vacante, y habiéndoseme suplicado que -hablara... comenzó á decir Shere Khan. - ---¿Quién lo ha suplicado? ¿Por ventura nos hemos vuelto todos chacales -para estar adulando á este carnicero, matador de reses? La jefatura de -la manada pertenece exclusivamente á miembros de la manada misma. - -Oyéronse feroces aullidos que significaban: - ---¡Silencio, _cachorro de hombre_! - ---Dejadle hablar. Ha observado fielmente nuestra Ley. - -Al fin los ancianos de la manada gritaron con voz tonante: - ---¡Dejad que hable el Lobo Muerto! - -Cuando un jefe de la manada ha errado el golpe en la caza, dejando de -matar á la pieza que perseguía, recibe el nombre de Lobo Muerto en todo -lo que le queda de vida, que no es mucho por regla general. - -Akela levantó con aire de fatiga la cabeza en que la vejez había -impreso su sello: - ---¡Pueblo Libre, dijo, y vosotros también, chacales de Shere Khan! -Durante doce estaciones os he llevado á la caza, y de ella os he -vuelto sin que ni uno de vosotros cayera en trampa alguna ó quedara -inutilizado. Ahora he errado el golpe. Bien sabéis cómo vosotros mismos -me llevasteis á atacar á un gamo que no había sido corrido previamente, -para que así se viera más clara mi debilidad. Hábiles han sido vuestros -manejos. Tenéis derecho á matarme ahora mismo, aquí, en el Consejo de -la Peña. Por lo tanto no pregunto más que esto: ¿quién es el que va á -quitar la vida al Lobo Solitario? Porque también á mí me asiste otro -derecho, según la Ley de la Selva: el de exigir que os acerquéis á mí -uno á uno. - -Reinó entonces prolongado silencio, porque á ningún lobo le parecía muy -agradable el tener un duelo á muerte con Akela. - -De pronto Shere Khan rugió: - ---¡Bah! ¿Qué nos importa lo que diga ese viejo chocho y sin dientes? -¡No tardará en morirse! El hombrecito ese es quien ha vivido ya -demasiado... ¡Pueblo Libre! Mi presa fué desde el primer día: dádmelo. -Cansado estoy ya de ese loco empeño de hacer de él un hombre-lobo. -Durante diez estaciones no ha hecho más que molestar á todo el mundo -en la Selva. Dadme á ese hombrecito, ó de lo contrario os prometo que -he de cazar siempre aquí y no he de daros ni un solo hueso. El es un -hombre, un chiquillo de los que los hombres tienen, y yo le odio hasta -los tuétanos. - -Entonces, más de la mitad de los lobos que formaban la manada aulló: - ---¡Un hombre! ¡Un hombre! ¿Qué tiene que ver con nosotros hombre -alguno? ¡Qué se vaya con los suyos! - ---¿Y que vaya á alzar contra vosotros á toda la gente de los pueblos? -No: dádmelo á mí. Es un hombre, y ninguno de nosotros puede mirarle de -hito en hito en los ojos. - -Akela levantó de nuevo la cabeza y dijo: - ---De lo nuestro ha comido; con nosotros durmió hasta hoy; nos ha -proporcionado caza; nada ha hecho que sea contrario á la Ley de la -Selva... - ---Además, yo pagué por él un toro cuando se le aceptó. Poco vale -un toro; pero el honor de Bagheera es algo por lo cual acaso esté -dispuesta á pelearse, dijo la pantera con voz que suavizó cuanto pudo. - ---¡Un toro que fué pagado diez años atrás! gruñeron entre dientes los -lobos de la manada. ¡Qué nos importan unos huesos roídos hace ya diez -años! - ---¿O, mejor, qué os importa una promesa? dijo Bagheera mostrando sus -blancos dientes por debajo del labio. ¡Bien os sienta ese nombre de -Pueblo Libre! - ---Un cachorro humano no puede juntarse con el Pueblo de la Selva, rugió -Shere Khan. ¡Entregádmelo! - ---Por todo es nuestro hermano, excepto por la sangre, siguió diciendo -Akela. ¡Y vosotros quisierais matarle aquí! En verdad que harto he -vivido. Algunos de vosotros se alimentan de ganado, y de otros he oído -decir que, bajo la dirección de Shere Khan, van de noche, protegidos -por la oscuridad, á robar niños á las mismas puertas de las aldeas. -De ello deduzco que sois cobardes, y que á cobardes estoy hablando. -Cierto que he de morir, y mi vida carece ya de valor, mas, á tenerlo, -yo la ofrecería en lugar de la del hombrecito. Pero por el honor de la -manada (una bagatela de la cual os habéis olvidado desde que estáis -sin jefe), yo os prometo que, si dejáis á ese hombre-cachorro volver -con los suyos, no he de enseñaros los dientes cuando me llegue la hora -de morir. Esperaré la muerte sin resistencia. Lo menos tres vidas se -ahorrarán así. No puedo hacer más; pero si asentís á lo que os digo, no -pasaréis por la vergüenza de matar á un hermano que ningún delito ha -cometido... un hermano cuya vida fué defendida y comprada, de acuerdo -con la Ley de la Selva, cuando se le incorporó á nuestra manada. - ---¡Es un hombre... un hombre... un hombre! gruñeron los lobos, y la -mayor parte de ellos comenzó á agruparse en torno de Shere Khan, que se -azotaba los ijares con la cola. - ---En tus manos está ahora el asunto, dijo Bagheera á Mowgli. Ni tú ni -yo podemos hacer ya más que luchar contra todos. - -Púsose Mowgli en pie llevando entre las manos la maceta del fuego. -Estiró los brazos y bostezó mirando hacia el Consejo; pero estaba loco -de ira y de pena al ver que los lobos, procediendo como lo que eran, le -habían ocultado siempre el odio que por él sentían. - ---¡Escuchadme! gritó. Ninguna necesidad hay de que estéis aquí -charlando como si fuerais perros. Tantas veces me habéis dicho ya esta -noche que soy un hombre (y en verdad que, por mi gusto, hubiera sido -un lobo hasta el fin de mi vida), que empiezo á comprender que estáis -en lo cierto. En adelante, no os llamaré ya hermanos míos, sino _sag_ -(perros) como os llamaría un hombre. Lo que haréis, ó dejaréis de -hacer, no sois vosotros los llamados á decirlo. Asunto es éste que me -corresponde á mí; y para que podáis haceros cargo de él más claramente, -yo, el hombre, he traído aquí una pequeña porción de la Flor Roja que -tanto os atemoriza á vosotros, como perros que sois. - -Arrojó al suelo la maceta del fuego, y algunas de las brasas prendieron -en un montón de seco musgo, que ardió al punto, mientras todo el -Consejo retrocedía aterrorizado al ver elevarse las llamas. - -Lanzó Mowgli sobre el fuego la rama que llevaba, y cuando ésta se -encendió chisporroteando, comenzó á agitarla rápidamente por encima de -los acobardados lobos. - ---Ya no hay aquí más amo que tú, dijo Bagheera en voz baja. Salva la -vida á Akela: fué siempre tu amigo. - -Akela, el serio y ya viejo lobo que en su vida había pedido á nadie -misericordia, dirigió á Mowgli una triste mirada, mientras éste se -erguía completamente desnudo, la larga y negra cabellera caída sobre -los hombros, iluminado por las llamas de la encendida rama que agitaba -las sombras y las hacía temblar. - ---¡Bueno! dijo Mowgli tendiendo pausadamente la mirada en torno suyo. -Veo que no sois más que unos perros. Os dejo para irme con mi gente... -si hay en el mundo semejante cosa. La selva es desde hoy campo vedado -para mí, y es fuerza que olvide vuestra amistad; pero voy á mostrarme -más generoso que vosotros: por la sola razón de que, exceptuando el ser -hermano por la sangre, yo lo he sido todo para vosotros, os prometo -que, cuando sea un hombre entre los hombres, no he de haceros traición, -como vosotros me la habéis hecho á mí. - -Dió al fuego un puntapié, y el aire se llenó de chispas. - ---No habrá guerra, prosiguió, entre nosotros. Pero antes de dejaros, -he de solventar una deuda. Dirigióse á grandes pasos hacia el sitio -donde Shere Khan estaba sentado sobre sus patas, parpadeando con aire -atontado al mirar las llamas, y cogióle por el puñado de pelo que tenía -bajo la barba. Bagheera siguió á entrambos, en previsión de lo que -pudiera ocurrir. - ---¡Levántate, perro! gritó Mowgli. ¡Levántate cuando te habla un -hombre, ó, de lo contrario, te abraso la piel! - -Shere Khan bajó las orejas hasta dejarlas como aplastadas sobre su -cabeza, y cerró los ojos, porque vió muy cerca de él la rama ardiendo. - ---Ese cazador de reses dijo que me mataría en el Consejo, porque no -pudo matarme cuando yo no era más que un cachorro. Así es como nosotros -pagamos á los perros cuando llegamos á ser hombres. ¡Mueve no más que -uno de tus bigotes, Lungri, y te hundo la Flor Roja en el gaznate! - -Pególe á Shere Khan en la cabeza con la rama, y el tigre gimoteó con -plañidera voz, como agonizante de terror. - ---¡Bah! ¡Anda ahora, chamuscado gato de la Selva! Pero acuérdate de lo -que te digo: cuando yo vuelva al Consejo de la Peña, como es bien que -un hombre vuelva, será cubriendo mi cabeza con tu piel. Por lo demás, -Akela queda en libertad de vivir, y del modo que mejor guste. No le -mataréis, porque no es ésta mi voluntad. Ni pienso, tampoco, que vais á -estar aquí más tiempo con la lengua colgando, como si fuerais algo más -que perros que yo arrojo de este lugar... Por lo tanto ¡largo de ahí! - -Ardía furiosamente el extremo de la rama, y Mowgli comenzó á vapulear -con ella, á derecha é izquierda, á los que formaban el círculo, con lo -cual echaron á correr los lobos aullando, al sentir que las chispas les -quemaban el pelo. No quedaron, al fin, más que Akela, Bagheera y unos -diez lobos que se habían puesto del lado de Mowgli. Entonces sintió -éste en su interior una pena como jamás la había experimentado antes, -y, tomando aliento, sollozó, y las lágrimas corrieron por su rostro. - ---¿Qué es eso?... ¿Qué es eso? dijo. No quisiera abandonar la Selva, y -no sé qué es lo que me ocurre. ¿Me estoy muriendo, acaso, Bagheera? - ---No, Hermanito. Eso no son más que lágrimas, como las que derraman los -hombres, díjole Bagheera. Ahora sí que eres _un hombre_, y no ya un -cachorro humano, como antes. En verdad que la Selva se ha cerrado para -tí desde hoy. Déjalas correr, Mowgli: no son más que lágrimas. - -Sentóse, pues, Mowgli, y lloró como si el corazón fuera á rompérsele á -pedazos. Era la primera vez que lloraba. - ---Ahora, dijo, me voy con los hombres. Pero antes he de despedirme de -mi madre; y así diciendo fuése á la caverna donde ella vivía junto con -papá Lobo, y sobre su piel derramó nuevas lágrimas, mientras los cuatro -lobatos aullaban tristemente. - ---¿No me olvidaréis? dijo Mowgli. - ---Nunca, mientras podamos seguir una pista, dijeron los cachorros. -Cuando seas un hombre, ven hasta el pie de la colina y hablaremos -contigo. Nosotros iremos también, de noche, á las tierras de cultivo, y -allí jugaremos juntos. - ---¡Vuelve pronto! dijo papá Lobo. ¡Vuelve pronto, ranita sabia, porque -tanto tu madre como yo somos ya viejos! - ---¡Vuelve pronto! repitió mamá Loba, desnudito hijo mío; porque... oye -lo que voy á decirte... siempre te he querido á tí más, con todo y ser -hijo de un hombre, que á mis cachorros. - ---Sin duda que volveré, dijo Mowgli; y cuando lo haga será para tender -sobre la Peña del Consejo la piel de Shere Khan. ¡No me olvidéis! -¡Decidles á todos en la Selva que tampoco me olviden nunca! - -Rayaba el alba cuando Mowgli bajó de la colina, completamente solo, -para ir en busca de esos misteriosos seres que se llaman hombres[5]. - - - =Canción de caza de la manada de Seeonee= - - Al rayar la aurora--el _sambhur_ baló - ¡una, dos veces, tres! - y del lago donde--va el ciervo á beber - un gamo saltó--un gamo saltó. - Yo sólo, en acecho,--lo he podido ver, - ¡una, dos veces, tres! - - Al rayar la aurora--el _sambhur_ baló - ¡una, dos veces, tres! - Y atrás volvió un lobo,--volvió un lobo atrás - la nueva llevando--pronto á los demás: - de la hallada pista--nos vamos detrás, - ¡una, dos veces, tres! - - Al rayar la aurora--la tribu rugió - ¡una, dos veces, tres! - ¡Pies que van pisando--sin huella dejar!... - ¡Ojos que en la noche--ven claro al mirar!... - ¡Y gritos y estruendo--y torna á escuchar!... - ¡Una, dos veces, tres! - - [Ilustración] - - - NOTAS: - -[4] Usa el autor palabras de su invención para remedar las voces de -los animales. Consérvolas lo mismo, ó casi lo mismo, en la traducción, -suprimiendo, á veces, alguna letra, inútil en castellano.--N. DEL T. - -[5] No es éste el único cuento del _Libro de las tierras vírgenes_ -en que aparece la figura de Mowgli. Repetidas veces la pone el autor -en escena, sin seguir un riguroso orden, saltando de unos á otros -asuntos en cada cuento. Fácilmente hubieran podido agruparse todos -los relativos á Mowgli formando serie, y tengo noticia de que hay -una edición norteamericana de esta obra que así lo ha hecho. Aquí se -publican en la misma forma en que se hallan en las obras completas del -autor. (Macmillan and C.^o, Londres, 1899). - - [Ilustración] - - - - - LA CAZA DE KAA - - Sus manchas son orgullo del Leopardo, - sus cuernos son del búfalo el honor. - Sé limpio, que la fuerza del que caza - se juzga de la piel por el color. - Si te ocurre que un toro te voltea, - ó pruebas del _sambhur_ una cornada, - no dejes el trabajo por contarlo, - que es cosa que tenemos ya olvidada. - Nunca maltrates al cachorro ajeno; - mírale como á un hijo de tu padre, - que, aunque pequeño y torpe, es muy posible, - que á una osa, tal vez, tenga por madre. - ¡No hay nadie como yo! dice el cachorro, - cuando derriba la primera pieza; - pero grande es la Selva y él pequeño; - deja que piense en calma, que ahora empieza. - - _Máximas de Baloo._ - - -Cuanto aquí se refiere ocurrió algún tiempo antes de que Mowgli fuera -arrojado de la manada de lobos de Seeonee, y se vengara de Shere Khan, -el tigre. Era en la época en que Baloo le enseñaba la Ley de la Selva. -El serio, viejo y enorme oso pardo estaba contentísimo con un discípulo -tan listo, porque los lobatos no quieren aprender de la Ley de la Selva -más que lo que se refiere á su propia manada y tribu; escapándose en -cuanto saben de memoria estas palabras de la «Canción de caza»: «Pies -que no causan el menor ruido; ojos que ven en la oscuridad; orejas que -pueden oir los diferentes vientos desde el cubil; blancos y afilados -dientes: todo esto son señales características de nuestros hermanos, -exceptuando á Tabaqui, el Chacal, y á la Hiena, que odiamos». - -Pero Mowgli, que era un hombrecito, tuvo que aprender bastante más. -Algunas veces Bagheera, la pantera negra, se acercaba, curioseando por -la selva, para ver cómo le iba á su niño mimado, y, apoyando la cabeza -contra un árbol, escuchaba, con sordo ronquido, la lección que Mowgli -recitaba á Baloo. Sabía el muchacho trepar á los árboles casi tan bien -como nadar, y nadar casi con igual habilidad que correr; por lo cual -Baloo, el Maestro de la Ley, le enseñó las del Bosque y del Agua: cómo -puede distinguirse una rama carcomida de otra sana; cómo tenía que -hablar cortesmente á las abejas silvestres cuando encontrara una de sus -colmenas á quince metros sobre el nivel del suelo; qué es lo que había -de decir á Mang, el murciélago, cuando fuera á molestarle entre las -ramas en mitad del día; cómo tenía que avisar á las serpientes de agua -que viven en las lagunas, antes de lanzarse al agua entre ellas. Ni uno -sólo de los habitantes de la Selva gusta de que le molesten, y todos -están siempre muy dispuestos á arrojarse sobre los intrusos. Después de -esto, aprendió Mowgli también la «Consigna del cazador forastero», que -hay que ir repitiendo en alta voz hasta que sea contestada, siempre que -alguno de los habitantes de la Selva caza fuera de su propio terreno. -Traducida la consigna, significa: «Dame permiso para cazar aquí, porque -tengo hambre». Y la respuesta dice: «Caza, pues, para buscar comida, -pero no para tu recreo». - -Todo esto os demostrará las muchas cosas que tuvo que aprender Mowgli -de memoria, llegando á cansarse ya de tanto repetir lo mismo más de -cien veces; pero es lo que le dijo Baloo á Bagheera un día en que hubo -que pegarle y el muchacho se marchó malhumorado: - ---Un cachorro humano es un cachorro humano, y tengo el deber de -enseñarle _toda_ la Ley de la Selva. - ---Pero ten presente lo pequeño que es, dijo la pantera negra, que -hubiera echado á perder á Mowgli si ella hubiera podido educarle á su -modo. ¿Cómo pueden caber en cabeza tan chica todos tus largos paliques? - ---¿Hay, acaso, en la Selva cosa alguna que de puro pequeña no pueda -matarse? No. Pues bien: por esta razón le enseño todo eso, y por lo -mismo le pego, con mucha suavidad, cuando se le olvida algo. - ---¡Con suavidad! ¿Qué sabes tú de suavidades, viejo Patas-de-hierro? -gruñó Bagheera. Toda la cara le has llenado hoy de cardenales con tu... -suavidad. ¡Uf!... - ---Valdría más que estuviera lleno de cardenales de cabeza á pies, -mientras fueran causados por mí, que le quiero, que no que le ocurriera -alguna desgracia por ignorancia, contestó Baloo con suma gravedad. -Ahora le estoy enseñando las Palabras Mágicas de la Selva, que han -de protegerle contra los pájaros, contra el Pueblo de las Serpientes -y contra todo cuadrúpedo que caza, excepto contra su propia manada. -Desde hoy, con sólo recordar tales palabras, podrá ya pedir protección -á todos los habitantes de la Selva. ¿No vale esto la pena de recibir -algunos golpes? - ---Bien, pero cuidado con matar al hombrecito. No es ningún tronco de -árbol para que vayas á afilar en él tus embotadas garras. Pero, dime, -¿qué Palabras Mágicas son ésas de que estás hablando? Más probable es -que tenga yo que prestar ayuda á alguien, que pedirla (y, al decir -esto, estiró Bagheera una de sus patas, contemplando con admiración -los acerados cinceles de sus garras); sin embargo, añadió, me gustaría -saberlo. - ---Llamaré á Mowgli y él te dirá esas palabras... si se le antoja. ¡Ven, -Hermanito! - ---Tengo la cabeza como un árbol lleno de abejas que zumban, dijo por -encima de los que hablaban una vocecilla malhumorada, y Mowgli, en el -colmo de la indignación, se deslizó por el tronco de un árbol añadiendo -al echar pie á tierra: - ---¡Si vengo es por Bagheera y no por tí, Baloo, viejo gordiflón! - ---Lo mismo me da, dijo Baloo, aunque le hiriera en lo vivo y le apenara -la contestación. Dile, pues, á Bagheera las Palabras Mágicas de la -Selva, que te he enseñado hoy. - ---¿Las Palabras Mágicas... para qué Pueblo? dijo Mowgli contentísimo al -ver la ocasión que se le ofrecía para exhibirse. En la Selva hay muchos -lenguajes. Yo los sé todos. - ---Algo de ellos sabes, pero no mucho. ¿Ves, Bagheera? Nunca se muestran -agradecidos con quien les enseña. Jamás un sólo lobato ha venido á dar -las gracias á Baloo por sus enseñanzas. Vamos, dí, pues, las palabras -para el Pueblo Cazador... ¡gran sabio! - ---«Tú y yo somos de la misma sangre», dijo Mowgli dando á las palabras -el acento especial de oso que usan todos los que cazan allí. - ---Bueno. Ahora las que sirven para los pájaros. - -Repitiólas Mowgli, terminando la frase con el silbido característico -del milano. - ---Ahora las que son para el Pueblo de las Serpientes, dijo Bagheera. - -La contestación fué un silbido indescriptible, tras el cual hizo -Mowgli una salvaje pirueta, batió palmas para celebrar su propia -habilidad y de un salto se colocó sobre el lomo de Bagheera, sentándose -de medio lado y dándole con los talones sobre la reluciente piel, -mientras le hacía á Baloo las más horrorosas muecas. - ---¡Ea! ¡Ea! ¡Bien merecido tenías el cardenal! dijo, con ternura, -el oso pardo. Algún día me lo agradecerás. Volvióse, entonces, para -decirle á Bagheera cómo había pedido á Hathi, el Elefante Salvaje, que -sabe todas esas cosas, que le dijera las Palabras Mágicas, y, cómo -Hathi llevó á Mowgli á una laguna para obtener de una serpiente de agua -la Palabra que sirve para todas las Serpientes, porque Baloo no podía -pronunciarla; finalmente, cómo Mowgli podía considerarse ya á salvo de -todas las eventualidades que pudieran presentársele en la Selva, porque -ni serpientes, ni pájaros, ni fieras le causarían daño alguno. - ---No hay que temer á nadie, dedujo de lo expuesto Baloo, dándose suaves -golpecitos con aire de orgullo sobre el enorme y peludo vientre. - ---Excepto á los de su propia tribu, dijo Bagheera para sí. Y añadió -luego, en voz alta, dirigiéndose á Mowgli: - ---¡Ten un poco de cuidado con mis costillas, Hermanito! ¿Qué significa -tanto bailoteo? - -Mowgli había intentado repetidas veces hacerse oir estirándole á -Bagheera la piel del hombro y dándole fuertemente con los pies. - -Cuando los dos le escucharon gritó á voz en cuello: - ---De modo que yo tendré una tribu de mi propiedad y la dirigiré por -entre las ramas durante todo el día. - ---¿Qué nueva locura es ésa? ¿Ya estás haciendo castillos en el aire? -dijo Bagheera. - ---Sí, y le tiraré ramas y porquería al viejo Baloo, continuó diciendo -Mowgli. Me lo han prometido. ¡Ah! - ---_¡Woof!_ La gruesa pata de Baloo arrojó á Mowgli del sitio en que -estaba sentado sobre la espalda de Bagheera, y desde el suelo donde, -frente á sus patas delanteras, quedó tendido, pudo ver que el oso -estaba incomodado. - ---Mowgli, dijo Baloo, tú has hablado con los _Bandar-log_ (el Pueblo de -los Monos). - -Mowgli miró á Bagheera para ver si la pantera se había incomodado -también, y vió que los ojos de ésta tenían tan dura expresión como si -fueran dos piedras de jade. - ---Tú has estado con el Pueblo de los Monos... con los monos grises... -el pueblo sin Ley... los que comen cuanto se les presenta. ¡Qué -vergüenza! - ---Cuando Baloo me hizo daño en la cabeza, dijo Mowgli que seguía aún -tendido de espaldas, me marché, y entonces los monos grises bajaron de -los árboles y se acercaron compadeciéndome. Nadie más que ellos me hizo -caso. Y al decirlo, su voz se alteró un poco. - ---¡La piedad del Pueblo de los Monos! refunfuñó Baloo. ¡La quietud del -torrente que baja del monte! ¡El fresco de un sol de verano! ¿Y qué -ocurrió después, hombrecito? - ---Después... después... Diéronme nueces y muy buenas cosas que comer, -y... y me llevaron en brazos á lo más alto de los árboles... y dijeron -que yo era su hermano, que éramos de la misma sangre, sólo que yo no -tenía cola, y que algún día sería su jefe. - ---No tienen jefe, dijo Bagheera. Mienten. Siempre han mentido. - ---Conmigo fueron muy amables y me rogaron que volviera á verles. ¿Por -qué no me habéis llevado nunca á donde está el Pueblo de los Monos? -Andan en dos pies como yo. No me pegan, no tienen las patas duras... -Juegan todo el día. ¡Dejadme subir á donde están ellos! ¡Baloo, malo! -¡Déjame subir! Jugaremos otra vez. - ---Oye, hombrecito, dijo el oso, y su voz retumbó como un trueno en -noche calurosa. Te he enseñado toda la Ley de la Selva para que te -sirva con todos los pueblos que en la selva existen... excepto el de -los Monos que viven en los árboles. Esos no tienen Ley. Esos son los -repudiados de todo el mundo. No poseen lenguaje propio, sino que usan -palabras robadas que oyen por casualidad cuando escuchan, y atisban, y -están en acecho allá arriba en las ramas. Su camino no es el nuestro. -No tienen jefes. No tienen memoria. Presumen, y charlan, y pretenden -ser un gran pueblo ocupado en asuntos importantísimos; pero la caída -de una nuez desde el árbol les provoca la risa y basta para que todo -lo olviden. Nosotros, los de la Selva, no nos tratamos con ellos. No -bebemos donde los monos beben; no vamos á donde los monos van; no -cazamos donde ellos cazan; no morimos donde ellos mueren. ¿Me has oído -antes de ahora hablar de los _Bandar-log_? - ---No, dijo Mowgli en voz muy baja, pues el silencio fué completo en el -bosque, en cuanto calló Baloo. - ---El Pueblo de la Selva los tiene desterrados de su boca y de su -pensamiento. Son muchísimos, malos, sucios, desvergonzados, y desean, -si es que puede decirse de ellos que tengan algún deseo fijo, llamar -nuestra atención. Pero nosotros no les hacemos caso, ni siquiera cuando -arrojan sobre nuestras cabezas nueces é inmundicias. - -Apenas había acabado de hablar cuando una lluvia de nueces y de ramas -cayó desde las copas de los árboles, mientras se oían toses, aullidos y -rumor de saltos por entre el ramaje. - ---Al Pueblo de la Selva, dijo Baloo, le está _prohibido_ todo trato -con el Pueblo de los Monos. Acuérdate. - ---_Prohibido_, dijo Bagheera; pero paréceme que Baloo debía haberte -prevenido antes contra ellos. - ---¿Yo?... ¿Yo? ¿Cómo podía yo adivinar que iba á ocurrírsele el jugar -con gentuza de esta calaña? ¡El Pueblo de los Monos! ¡Qué asco! - -Nueva lluvia cayó sobre ellos, y ambos echaron á correr hacia otro -sitio, llevándose consigo á Mowgli. - -Lo que Baloo había dicho de los monos era la pura verdad. Ellos vivían -en las copas de los árboles, y como las fieras rara vez miran hacia lo -alto, no se ofrecía nunca la ocasión de que se cruzaran en el mismo -camino. Pero siempre que veían un lobo enfermo, un tigre herido ó -un oso, los monos se divertían en atormentarle, y arrojaban palos y -nueces á cualquier fiera, sólo por divertirse y por el gusto de llamar -la atención. Entonces aullaban, chillaban luego canciones sin sentido -alguno, invitando al Pueblo de la Selva á encaramarse en sus árboles -para pelear, ó bien se enredaban en furiosas batallas entre ellos -mismos por cualquier fruslería, y dejaban después los muertos donde el -Pueblo de la Selva pudiera verlos. Siempre estaban á punto de tener un -jefe, de poseer leyes y usos propios, pero nunca lo lograban, porque de -un día al otro se les borraba todo de la memoria, y así se contentaban -con decir constantemente esta misma frase: «Lo que los _Bandar-log_ -piensan ahora toda la Selva lo pensará después,» y esta idea les -consolaba. Ninguna de las fieras podía llegar hasta sus alturas; pero, -por otra parte, ninguna se fijaba en ellos, y de ahí su alegría cuando -vieron que Mowgli iba á buscarles para mezclarse en sus juegos y que -esto irritaba grandemente á Baloo. - -No se propusieron pasar de ahí, porque los _Bandar-log_ nunca se -proponen nada; pero ocurriósele á uno de ellos una idea que le pareció -magnífica, y la expuso á los demás, persuadiéndoles de que convenía á -la tribu conservar á una persona tan útil como Mowgli, porque él sabía -entrelazar ramas de modo que protegieran contra el viento, y así, si le -cogían, podrían obligarle á que les enseñara. Claro es que Mowgli, como -hijo de leñador, había heredado de su padre toda clase de instintivas -habilidades, y solía construir chozas con las ramas caídas, sin pensar -siquiera en que tal cosa supiese hacer; mas el Pueblo de los Monos, -observándolo desde los árboles, consideraba aquel simple juego como una -maravilla. Lo que es esta vez, decían, iban, verdaderamente, á tener -un jefe, y á ser el pueblo más sabio de toda la Selva... tan sabio que -á todos causaría admiración y envidia. Siguieron, como consecuencia de -todo esto, con el mayor sigilo, á Baloo, Bagheera y Mowgli á través de -la selva, hasta que llegó la hora de la siesta, y Mowgli, que se sentía -en realidad avergonzado de sí mismo, se durmió entre la pantera y el -oso, resolviendo no tener más tratos con el Pueblo de los Monos. - -Después de esto, lo único que recordó fué el haber sentido el contacto -de unas manos sobre sus piernas y brazos (manos duras, fuertes y -chiquitas), y en seguida el choque de unas ramas en la cara, y luego -el hallarse mirando hacia abajo á través del movedizo ramaje, mientras -Baloo despertaba á toda la selva con sus roncos gritos y Bagheera -saltaba tronco arriba del árbol, enseñando todos los dientes. Aullaron -los _Bandar-log_ con aire de triunfo, y se acogieron, jugueteando, á -las más altas ramas, donde Bagheera no se atrevió á seguirlos. Entre -tanto gritaban: - ---¡Se ha fijado en nosotros! ¡Bagheera se ha fijado en nosotros! ¡Todo -el Pueblo de la Selva nos admira por nuestra habilidad y astucia! - -Comenzaron, entonces, su huída, y esa huída del Pueblo de los -Monos á través del país arbóreo es una de las cosas verdaderamente -indescriptibles. Tienen sus caminos reales y sus atajos, sus subidas y -bajadas, todo trazado á quince, veinte ó treinta metros sobre el nivel -del suelo, y por allí pueden viajar hasta de noche, si es preciso. -Dos de los monos más fuertes cogieron á Mowgli por los sobacos, y se -lo llevaron atravesando las copas de los árboles, dando saltos de -una altura como de seis metros. Á haber ido completamente libres, su -velocidad hubiera sido mayor; pero el peso del muchacho les embarazaba -y detenía algo. Por más que se sintiera mareado y medio enfermo, Mowgli -no pudo menos de deleitarse en aquella loca carrera, aunque los trozos -de tierra que vislumbraba allá abajo le aterrorizaban, y aquel pararse -y partir de nuevo al fin de cada balanceo en el vacío le tenía con el -alma en un hilo. Llevábanle sus acompañantes hacia lo más alto de la -copa de un árbol, hasta que sentía crujir y doblarse con su peso las -más delgadas ramas de la cima, y entonces, con un fuerte resoplido, se -arrojaban al aire, avanzando y descendiendo á la vez, para elevarse -de nuevo y quedar colgados, por las manos ó por los pies, de las -ramas más bajas del próximo árbol. Á veces divisaba millas y millas -de extensión en que todo era quieta y verde selva, de igual modo que -un hombre encaramado en un mástil abarca con la mirada, en el mar, -millas enteras, y entonces el ramaje le sacudía la cara, y él y su guía -llegaban casi al nivel del suelo. De tal suerte, saltando, y haciendo -ruido, y resoplando fuertemente, y dando chillidos, la tribu entera -de los _Bandar-log_ pasó por sus caminos trazados en los árboles, -llevando prisionero á Mowgli. - -Hubo un momento en que temió éste que le dejaran caer, y entonces -comenzó á ponerse de malhumor; pero, como era demasiado listo para -rebelarse abiertamente, se limitó á pensar qué haría. Lo primero que se -le ocurrió fué avisar á Baloo y á Bagheera, porque, al ver la velocidad -con que huían los monos, bien se le alcanzaba que sus amigos iban á -quedarse muy rezagados. Era completamente inútil mirar hacia abajo, -pues nada podía ver más que las puntas de las ramas á uno y otro lado, -y así dirigió hacia arriba sus miradas, logrando divisar á lo lejos, -en la azul inmensidad, á Rann, el milano, balanceándose y describiendo -curvas en el aire, mientras vigilaba la selva, esperando que los seres -se murieran en ella. Vió Rann que los monos se habían apoderado de -algo que se llevaban, y abatió el vuelo algunos centenares de metros -para averiguar si aquella presa era comestible. Al ver á Mowgli -arrastrado hasta lo más alto de la copa de un árbol, y al oirle gritar, -sorprendióse no poco el milano y le contestó con un silbido: «Tú y yo -somos de la misma sangre». La oleada de las ramas cerróse por encima -del muchacho; pero Rann se apartó con un balanceo hasta el árbol más -próximo en el preciso momento en que asomaba de nuevo la carita morena -de Mowgli. - ---¡Sigue mi pista! gritó éste. ¡Avisa á Baloo, de la manada de Seeonee, -y á Bagheera, del Consejo de la Peña! - ---¿En nombre de quién, hermano? dijo Rann, que nunca había visto á -Mowgli, aunque claro está que había oído hablar de él. - ---En nombre de Mowgli, la Rana. ¡_El hombrecito_ es como me llaman! -¡Sigue mi pist...a! - -Las últimas palabras las chilló cuando ya le balanceaban en el aire; -pero Rann movió la cabeza en señal de asentimiento, y se elevó hasta -que no parecía ya mayor que un grano de polvo, y allí cernióse -observando con el telescopio de sus ojos el moverse de las copas de los -árboles, al paso de la escolta de monos que conducía á Mowgli. - ---No se alejarán mucho, no, dijo con risa ahogada. Nunca llevan á feliz -término lo que comienzan á realizar. Los _Bandar-log_ andan siempre -picoteando aquí y allá cosas nuevas. Pero lo que es esta vez, ó yo -estoy ciego, ó han picado en algo que va á darles qué hacer, porque -Baloo no es ningún polluelo que se caiga del nido, y bien sé yo que -Bagheera es muy capaz de matar algo más que cabras. Así diciendo, -mecióse en el aire, abiertas las alas, recogidas bajo el cuerpo las -patas, y esperó. - -Entre tanto, Baloo y Bagheera andaban locos de furor y de pena. -Bagheera se encaramó á los árboles hasta donde nunca se atreviera á -llegar antes; pero quebráronse bajo su peso las delgadas ramas, y -resbaló hasta el suelo, llenas las garras de cortezas. - ---¿Por qué no se lo advertiste al hombrecito? le decía rugiendo al -pobre Baloo, que sostenía un trote algo pesado, con la esperanza de -adelantarse á los monos. ¿De qué ha servido el que casi le mataras á -golpes si no habías de prevenirle contra esto? - ---¡Date prisa! ¡Date prisa! Aún... aún podría ser que les alcanzáramos, -dijo Baloo jadeando. - ---¡Al paso que vamos! No cansaría ni á una vaca herida. Maestro de la -Ley... azota-cachorros... con que tuvieras que agitarte del modo que lo -haces, durante un cuarto de legua de distancia, tendrías bastante para -reventar. ¡Descansa y piensa! Traza un plan. No es éste el momento de -perseguirles. Si les seguimos muy de cerca podrían dejarle caer. - ---_¡Arrula! ¡Woo!_ Quizá lo han hecho ya, cansados de llevarle. ¿Quién -se fía de los _Bandar-log_? ¡Pon murciélagos muertos sobre mi cabeza! -¡Dame por toda comida huesos negros! ¡Méteme en una colmena de abejas -silvestres para que me piquen hasta matarme, y entiérrame luego al lado -de una hiena, porque soy el más desgraciado de cuantos osos existen! -_¡Arulala! ¡Wahooa!_ ¡Ah! ¡Mowgli, Mowgli! ¿Por qué no te previne -contra el Pueblo de los Monos, en vez de romperte la cabeza? ¿Quién -sabe, si á golpes le saqué de la memoria la lección del día, y se -hallará sólo en la selva, sin la ayuda de las Palabras Mágicas? - -Baloo cogióse la cabeza entre las patas y se arrastró gimoteando. - ---Cuando menos, hace un momento me dijo á mí todas las palabras -correctamente, replicó Bagheera con impaciencia. Baloo, continuó, tú -has perdido la memoria y el propio respeto. ¿Qué pensaría de mí la -Selva toda si yo, la pantera negra, me hiciera una pelota como Ikki, el -puerco espín, y empezara á aullar? - ---¿Qué me importa á mí lo que la Selva piense? Á estas horas quizá él -ha muerto ya. - ---Á no ser que le dejaran caer por juego, ó que le mataran por pereza, -no creo yo que haya que temer por el hombrecito. Él es listo, y bien -enseñado está, y, sobre todo, cuenta con sus ojos, que atemorizan á -todo el Pueblo de la Selva. Pero (y hay que reconocer que grave mal -es éste) se halla en poder de los _Bandar-log_, que como viven en los -árboles, no tienen miedo á nuestra gente. Bagheera se lamió, al decir -esto, una de sus patas delanteras con aire preocupado. - ---¡Tonto de mí! ¡Oh! ¡Cuán obeso, moreno y estúpido desenterrador de -raíces soy! dijo Baloo desenroscándose de un brinco. Gran verdad es -lo que afirma Hathi, el elefante salvaje, cuando dice que «cada uno -tiene su miedo peculiar». Pues bien: ellos, los _Bandar-log_ temen á -Kaa, la serpiente de la Peña. Se encarama tan bien como ellos; les roba -sus pequeñuelos por la noche... Su sólo nombre basta para helarles de -espanto hasta las endiabladas colas. Vamos á ver á Kaa. - ---¿Y qué va á hacer? No es de nuestra tribu, puesto que no tiene -patas... y, además, la maldad está escrita en sus ojos, dijo Bagheera. - ---Es muy vieja y muy astuta. Ante todo hay que pensar en que siempre -está hambrienta, contestó Baloo esperanzado. Prométele muchas cabras. - ---En cuanto come una, duerme un mes entero. Bien pudiera ser que -estuviera durmiendo ahora; pero ¿y si se le antojara preferir el matar -las cabras por su propia cuenta? Bagheera, que sabía muy poco de Kaa, -se inclinaba, naturalmente, á la desconfianza. - ---En tal caso, tú y yo juntos, vieja cazadora, la haríamos entrar en -razón. Aquí Baloo frotó su hombro, de desteñido color moreno, contra la -pantera, y ambos se alejaron en busca de Kaa, la serpiente pitón de la -Peña. - -Halláronla tendida al sol en el tibio reborde de una roca, recreándose -en la contemplación de su hermosa piel nueva, porque acababa de pasar, -cambiándola, diez días en el más completo retiro, y ahora estaba -verdaderamente espléndida, con la enorme cabeza roma á lo largo del -suelo, enroscado en fantásticos nudos y curvas el cuerpo de nueve -metros de largo, y relamiéndose al pensar en la próxima comida. - ---Está en ayunas, dijo Baloo con un gruñido de satisfacción, en cuanto -vió la hermosa piel moteada de amarillo y de color de tierra. ¡Mucho -cuidado, Bagheera! Queda siempre medio ciega después del cambio de -piel, y ataca con la mayor facilidad. - -No era Kaa serpiente venenosa (y la verdad es que despreciaba por -cobardes á las de tal clase); pero su poder estribaba en su fuerza de -presión, y cuando ella había envuelto á alguien en sus enormes anillos, -bien podía darse ya por terminada toda lucha. - ---¡Buena caza! gritó Baloo sentándose sobre sus cuartos traseros. Como -todas las serpientes de su especie, Kaa era bastante sorda y no oyó -bien, al principio, lo que le decían. Enrollóse en forma de espiral por -lo que pudiera ocurrir, conservando baja la cabeza. - ---¡Buena caza para todos! contestó. ¡Ah! ¿Eres tú, Baloo? ¿Y qué haces -aquí? ¡Buena caza, Bagheera! Cuando menos uno de nosotros necesita -comer. ¿Sabéis si hay por ahí algo á mano? ¿Algún gamo, por ejemplo, -aunque sea joven? Estoy vacía como un pozo seco. - ---De caza vamos, dijo Baloo como al descuido, porque bien sabía que con -Kaa no hay que apresurarse: es harto grande para andar con prisas. - ---Permitidme que vaya con vosotros, dijo Kaa. Un zarpazo de más ó -de menos nada significa para Bagheera y Baloo; pero yo... yo he de -esperar días y días en alguna senda del bosque, ó pasar media noche -encaramándome á los árboles, para tener la suerte de tropezar con algún -mono joven. _¡Pss naw!_ Las ramas no son ya como cuando yo era joven. -Las más tiernas están podridas, y secas las mayores. - ---Acaso tu enorme peso tenga algo que ver con este asunto, dijo Baloo. - ---Sí, no me falta longitud...no me falta... contestó Kaa con cierto -orgullo. Pero, con todo, no es mía la culpa, sino del ramaje nuevo. -En mi última cacería poco faltó... muy poco... para que me cayera, y, -como mi cola no rodeaba el tronco del árbol, el ruido que produje -despertó á los _Bandar-log_, que comenzaron á insultarme. - ---Lombriz de tierra, amarilla y sin patas, dijo, entre dientes, -Bagheera, como si tratara de recordar algo. - ---_¡Sssss!_ ¿Me han llamado eso alguna vez? dijo Kaa. - ---Algo parecido es lo que nos gritaron á nosotros en el último cuarto -de luna que ha pasado, pero ningún caso les hicimos. Son capaces -de decir cualquier cosa... hasta que te has quedado sin dientes, -y que no te atreves á hacer frente á cualquier cosa que sea mayor -que un cabrito, porque... (vamos que esos _Bandar-log_ son unos -desvergonzados)... porque les tienes miedo á los cuernos, siguió -diciendo con suavidad Bagheera. - -Ahora bien: una serpiente, sobre todo una tan circunspecta serpiente -pitón como era Kaa, raras veces da muestras de estar incomodada; pero -Baloo y Bagheera pudieron ver entonces cómo se movían é hinchaban á -cada lado del cuello de Kaa sus enormes músculos. - ---Los _Bandar-log_ han huído de su acostumbrado terreno, dijo con voz -baja. Cuando hoy salí á tomar el sol, oí sus gritos entre las copas de -los árboles. - ---Precisamente... precisamente vamos siguiendo su pista, contestó -Baloo; pero las palabras se le atascaron en la garganta, porque -aquélla era la primera vez, si la memoria no le engañaba, que alguien -perteneciente al Pueblo de la Selva confesaba su interés por algo que -pudieran hacer los monos. - ---Indudablemente no dejará de ser importante lo que obliga á dos -cazadores como vosotros, que sois jefes y directores entre los -vuestros, á seguir los pasos de los _Bandar-log_, replicó Kaa -cortesmente, llena de curiosidad. - ---En honor de la verdad, comenzó á decir Baloo, yo no soy más que -el anciano, y á veces bastante tonto, Maestro de la Ley, encargado -de enseñársela á los lobatos de Seeonee, y Bagheera que aquí está -presente... - ---Es Bagheera, dijo la pantera negra, cerrando ambas quijadas con un -castañeteo, porque no estaba ella para modestias. Lo que nos ocurre es -esto, Kaa: esos ladrones de nueces y de hojas de palmera nos han robado -á nuestro hombrecito, del cual acaso hayas oido hablar. - ---Algo le oí á Ikki (cuyas púas le hacen ser muy presuntuoso) de una -especie de hombre que fué admitido en una manada de lobos; pero yo no -creí nada de eso. Ikki anda siempre con cuentos que oye mal y cuenta -peor. - ---Pero en este caso ha dicho la verdad. El hombrecito es tal que jamás -hubo otro como él, dijo Baloo. El mejor, el más listo y más gallardo de -todos... mi discípulo, que hará famoso en todas las selvas el nombre de -Baloo... y, vaya, que yo... ó, mejor dicho, que nosotros... le queremos -de veras, Kaa. - ---_¡Ts! ¡Ts!_ contestó ésta sacudiendo la cabeza; también yo he sabido -lo que es querer. ¡Podría contaros cosas que...! - ---Que reclaman una noche clara y el estómago lleno para apreciarlas -debidamente, dijo con prontitud Bagheera. Nuestro hombrecito está ahora -en poder de los _Bandar-log_, y nos consta que de todo el Pueblo de la -Selva no temen ellos á nadie más que á Kaa. - ---Á nadie más que á mí. Y no les falta razón, dijo Kaa. Charlatanes, -locos y vanos... vanos, locos y charlatanes: así son los monos. Pero si -algo humano se halla entre ellos, está en peligro. La nuez que cogen -les cansa pronto, y la tiran. Llevarán una rama durante medio día, -proponiéndose hacer con ella grandes cosas, y luego la partirán en dos -pedazos. En verdad que el hombrecito ese no es digno de envidia. Al -insultarme ¿no me llamaron también _pez amarillo_...? ¿eh? - ---Lombriz... lombriz... lombriz de tierra, dijo Bagheera,... y otras -cosas más que no puedo repetir ahora por vergüenza. - ---Habrá que enseñarles á hablar con más respeto de su maestro. -_¡Aaa-sss!_ Tendremos que refrescarles algo la memoria. Pero, decidme -¿y á donde se os llevaron el cachorro? - ---Sólo la selva puede saberlo. Creo que hacia el lado por donde se pone -el sol. Pensábamos nosotros que tú lo sabrías, Kaa. - ---¿Yo? ¿Y cómo? Suelo apoderarme de ellos cuando se me ponen al paso, -pero no voy á cazar á los _Bandar-log_, ni á las ranas... ó á esa -espuma verde que hay en las lagunas, y que, para el caso, es lo mismo. - ---¡Eh!, ¡eh!, ¡eh!, ¡Arriba!, ¡arriba! ¡Mira hacia arriba, Baloo, de la -manada de Seeonee! - -Baloo miró hacia lo alto para ver de donde venía la voz que le llamaba, -y vió á Rann, el milano, que descendía barriendo el espacio con las -alas desplegadas, en cuyos bordes, vueltos hacia arriba, brillaba -la luz del sol. Era ya casi para Rann la hora del sueño, pero hasta -entonces había estado buscando á Baloo por toda la selva, sin lograr -hallarle, por culpa de lo espeso que era el ramaje. - ---¿Qué hay?, dijo Baloo. - ---He visto á Mowgli entre los _Bandar-log_. El mismo me encargó que -te lo dijera. He estado en acecho: se lo han llevado al otro lado del -río... á la ciudad de los monos... á las Moradas Frías. Lo mismo pueden -quedarse allí una noche que diez, ó que un rato. He encargado á los -murciélagos que vigilaran durante las horas de obscuridad. Esto es -cuanto tengo que decirte. ¡Buena suerte para todos! - ---¡Buena suerte, que te llenes el buche y duermas bien, Rann!, gritó -Bagheera. No me olvidaré de tí en mi próxima caza: la cabeza de lo que -mate, para tí quedará reservada, porque eres el mejor de todos los -milanos. - ---Lo que he hecho no es nada... no es nada. El muchacho se acordó de -decir las _Palabras Mágicas_, y yo no podía menos de cumplir con mi -deber, contestó Rann elevándose por los aires trazando círculos, para -dirigirse luego á su escondrijo. - ---¡Vamos, veo que no ha perdido la lengua!, dijo Baloo, con sonrisa de -satisfacción y orgullo. ¡Y pensar que, siendo tan joven, se ha acordado -de las _Palabras Mágicas_ que sirven para los pájaros, en el preciso -instante en que le llevaban á través de los árboles! - ---¡Bien se lo metiste en la cabeza!, contestó Bagheera. Pero estoy -orgullosa de él. Y ahora vamos á las Moradas Frías. - -Todo el Pueblo de la Selva sabía donde estaba este sitio, pero ninguno -de ellos iba nunca allí, porque lo que llamaban las Moradas Frías era -una antigua ciudad abandonada, perdida y enterrada en la selva, y pocas -veces se ve que las fieras usen un sitio donde antes estuvieron los -hombres. Lo hará el jabalí; pero no las tribus cazadoras. Por otra -parte, los mismos monos vivían allí tan poco como en cualquier otro -punto fijo, y ningún animal que se respetara algo se hubiera acercado -hasta la distancia que alcanza la vista, excepto en épocas de sequía, -cuando las medio arruinadas cisternas y los estanques conservaban un -poco de agua. - ---La jornada se nos llevará media noche... yendo á toda velocidad, -dijo Bagheera, con lo cual Baloo se puso muy serio. - ---Iré tan aprisa como pueda, contestó lleno de ansiedad. - ---No nos atrevemos á esperarte: síguenos, Baloo. Kaa y yo no podemos ir -á paso tardo. - ---Tenga pies ó no, puedo yo correr tanto como tú con los cuatro que -tienes, dijo Kaa lacónicamente. - -Esforzóse Baloo en acelerar el paso; pero tuvo que sentarse echando los -bofes; y así, le dejaron para que fuera más despacio, mientras Bagheera -se adelantaba con el rápido galope propio de la pantera. Kaa no dijo -una palabra; pero por mucho que corriera Bagheera, la enorme serpiente -pitón de la Peña no se dejaba adelantar. Venció Bagheera al llegar á -un torrente lleno de agua, porque ella lo pasó de un salto, mientras -Kaa tenía que nadar, fuera del agua la cabeza y una pequeña parte del -cuello; pero, al llegar á tierra, pronto la serpiente recuperó lo -perdido. - ---¡Por el cerrojo que me dió la libertad (dijo Bagheera al desvanecerse -la última luz del crepúsculo), te aseguro que eres buena andadora! - ---Tengo hambre, dijo Kaa. Por otra parte, me han llamado rana con -manchas... - ---Lombriz... lombriz de tierra... y amarilla por añadidura. - ---Lo mismo da. Sigamos. Y Kaa parecía derramarse toda ella por -encima de la tierra, buscando con ojo seguro el camino más corto, y -siguiéndolo estrictamente. - -Allá en las Moradas Frías, en lo que menos podían pensar los monos era -en los amigos de Mowgli. Lleváronse al muchacho á la ciudad perdida, y -con eso se quedaron muy satisfechos de momento. No había visto Mowgli, -hasta entonces, ninguna ciudad india, y aunque aquélla no fuera ya más -que un montón de ruinas, túvola por espléndida y maravillosa. Edificóla -un rey, tiempo atrás, en la cumbre de una colina, y aún podían -adivinarse las calzadas de piedra que conducían á las destrozadas -puertas, cuyas últimas astillas colgaban de los goznes, comidos por el -moho. Crecían árboles á uno y otro lado de las paredes; caídas y hechas -pedazos estaban las almenas, y silvestres enredaderas pendían de las -ventanas, á lo largo de los muros, en grandes y apretadas masas. - -Coronaba la colina un gran palacio sin techo; el mármol de los patios -y fuentes estaba rajado y cubierto de manchas rojas y verdes; y hasta -en los mismos sitios empedrados de los patios donde solían vivir los -elefantes del rey, las piedras habían sido separadas unas de otras -por la hierba y por los árboles nuevos que entre ellas crecían. Desde -el palacio podían verse innumerables hileras de casas sin techo, que -habían constituído la ciudad y eran ahora como destapadas colmenas -que sólo llenaban negras sombras; la informe piedra que había sido un -ídolo, en la plaza donde cuatro avenidas desembocaban; los hoyos y -hoyuelos en las esquinas de las calles, donde existieron en otro tiempo -los pozos públicos; y las rotas cúpulas de los templos con higueras -silvestres que crecían á los lados. Llamaban los monos á este sitio -su ciudad, y despreciaban al Pueblo de la Selva porque vivía en el -bosque. Y, sin embargo, jamás supieron para qué se habían levantado -aquellos edificios ni cómo habían de usarlos. Sentábanse formando -círculos en la antecámara de la real sala del Consejo, y se rascaban -buscando pulgas y echándoselas de hombres; ó bien entraban y salían, -corriendo, de aquellas casas sin techo, y recogían pedazos de yeso y -ladrillos viejos, llevándolos á un rincón, para olvidarse después del -sitio donde los habían escondido y comenzar á pelearse y á gritar en -vacilantes grupos, poniéndose luego, de pronto, á jugar, subiendo y -bajando de las terrazas del jardín real, y sacudiendo los rosales y los -naranjos por diversión, para ver caer las flores y los frutos. Habían -explorado todos los pasadizos y caminos subterráneos que existían en el -palacio, los centenares de obscuras salitas; pero jamás se acordaron -de lo que habían visto ó dejado de ver, y así se paseaban de uno en -uno, de dos en dos ó por grupos, diciéndose unos á otros que hacían -lo mismo que los hombres hacen. Bebían en las cisternas, ensuciaban -el agua, armaban peleas por ello, y luego, en montón, lanzábanse -juntos gritando: «No hay nadie en la selva tan sabio, tan bueno, tan -listo, tan fuerte y comedido como los _Bandar-log_». Entonces volvían -á las andadas, hasta que, al fin, se cansaban de estar en la ciudad, -y regresaban á las copas de los árboles, con la esperanza de que el -Pueblo de la Selva se fijaría en ellos. - -Á Mowgli, que había sido educado conforme á la Ley de la Selva, no -le gustó este género de vida, ni llegó á entenderla. La tarde tocaba -ya á su fin cuando los monos se lo llevaron á las Moradas Frías, y -en vez de irse á dormir, como Mowgli hubiera hecho después del largo -viaje, cogiéronse de las manos y comenzaron á bailar y á cantar las -más descabelladas canciones. Uno de los monos les echó un discurso, en -el cual les dijo que la captura de Mowgli marcaba una nueva etapa en -la historia de los _Bandar-log_, porque iba á enseñarles el modo de -formar, juntando palos y cañas, un refugio contra la lluvia y el frío. -Mowgli cogió algunas enredaderas y comenzó á entretejerlas, al paso que -los monos trataban de imitarle; pero, al cabo de pocos minutos, había -dejado ya de interesarles aquello, y se estiraban unos á otros la -cola, ó saltaban puestos de cuatro patas y tosiendo. - ---Quisiera comer, dijo Mowgli. En esta parte de la selva soy forastero. -Dadme, pues, comida ó permiso para cazar aquí. - -Veinte ó treinta monos saltaron en seguida fuera del recinto, para -traerle nueces y papayas silvestres; pero se enredaron en una pelea -por el camino, y les pareció luego demasiada molestia el volver con -los restos de aquellos frutos. Mowgli sentía el cuerpo adolorido, -estaba tan malhumorado como hambriento, y anduvo errante por la -ciudad abandonada, lanzando de cuando en cuando el grito de caza de -los forasteros; pero, como nadie le contestara, se convenció de que -verdaderamente había ido á parar á malísimo sitio. - ---Cuanto dijo Baloo respecto á los _Bandar-log_ no es más que la -verdad, pensó. No tienen Ley, ni grito de caza, ni jefes... nada más -que loca palabrería y unas manos muy pequeñas y muy ladronas. Por lo -tanto, si me matan de hambre, ó de cualquier otro modo, á nadie podré -culpar más que á mí mismo. Pero yo he de hacer lo posible para volver -á mi propia selva. Baloo me pegará, de fijo, mas prefiero eso que ir á -caza de pétalos de rosa en compañía de los _Bandar-log_. - -No bien hubo llegado á las murallas de la ciudad, hiciéronle retroceder -los monos, diciéndole que no sabía él la felicidad que le había caído -con estar allí, y pellizcándole para enseñarle á ser agradecido. Apretó -él los dientes y nada dijo; pero fué, entre el alboroto producido por -los monos, á una terraza colocada sobre los depósitos de piedra roja -destinados al agua, y que se hallaban entonces á medio llenar. Había -allí, en mitad de la terraza, una glorieta de mármol blanco construída -para uso de reinas que murieron cien años ha. El techo, en forma de -cúpula, estaba medio hundido, y, al caer, había cerrado el pasadizo -subterráneo que comunicaba con el palacio, abierto, en otro tiempo, -para que por él pudieran pasar las reinas; pero las paredes estaban -hechas de una especie de biombos de mármol recortado, hermosísima -labor cincelada, blanca como la leche, y con incrustaciones de ágata, -cornalina, jaspe y lapislázuli; y cuando la luna se asomó por detrás -de la colina, brilló á través de los calados, proyectando sobre el -suelo sombras parecidas á un bordado de terciopelo negro. Por más -derrengado, soñoliento y muerto de hambre que estuviera Mowgli no pudo -menos de reirse cuando veinte, á la vez, de los _Bandar-log_ comenzaron -á decirle lo grandes, sabios, fuertes y discretos que eran, y la locura -que él había cometido al intentar separarse de ellos. - ---Somos grandes; somos libres; somos admirables. Somos el más admirable -pueblo que hay en toda la Selva. Todos lo decimos, y, por lo tanto, no -puede menos de ser verdad, gritaban. Ahora bien: como es la primera -vez que puedes escucharnos y has de tener ocasión de repetir nuestras -palabras al Pueblo de la Selva para que en lo futuro se fije en -nosotros, vamos á decirte cuanto se refiere á nuestras importantísimas -personalidades. - -Nada objetó Mowgli á esto, y los monos se reunieron por centenares en -la terraza para escuchar á sus propios oradores, que cantaban alabanzas -á los _Bandar-log_, y cuantas veces ocurría que uno de los oradores -callara, por un instante, para tomar aliento, gritaban todos á la vez: - ---¡Cierto es! ¡Lo mismo opinamos nosotros! Mowgli movía la cabeza -en señal de asentimiento y parpadeaba, añadiendo un _sí_ cuando le -preguntaban algo y sentía que la cabeza se le iba, aturdido por el -alboroto. - ---Tabaqui, el chacal, debe de haber mordido á todos éstos, y ahora se -han vuelto locos. Verdaderamente eso es _dewanee_, la locura. ¿Pero -esta gente no duerme? Por allá asoma una nube que cubrirá á la luna. Si -la nube fuera bastante grande, quizá podría escaparme valiéndome de la -obscuridad. Pero me siento fatigado. - -También dos amigos de Mowgli contemplaban aquella misma nube desde los -medio cegados fosos que circundaban las murallas de la ciudad, porque, -sabiendo lo peligroso que era el habérselas con el Pueblo de los Monos -cuando éstos se juntaban en crecido número, Bagheera y Kaa no querían -arriesgarse demasiado. Jamás los monos aceptan la lucha como no sea en -la proporción de ciento contra uno, y pocos son en la Selva los que se -avienen con tan desiguales condiciones. - ---Iré hacia el lado oeste de la muralla, dijo Kaa en voz tan baja que -parecía leve susurro, y desde allí me lanzaré rápidamente aprovechando -el declive del terreno. Á mí no podrán echárseme encima á centenares; -pero... - ---Ya sé lo que hay qué hacer. ¡Si Baloo estuviera aquí!... Mas habrá -que limitarse á lo que se pueda. Cuando esa nube pase por delante de la -luna, cubriéndola, yo iré á la terraza. Allí celebran una especie de -Consejo para hablar del muchacho. - ---¡Buena caza! dijo Kaa con aire feroz, y se deslizó suavemente hacia -el lado occidental del muro. Casualmente era éste el que se hallaba -en mejor estado, y la enorme serpiente tardó algo en hallar camino -practicable por entre las piedras. - -La luna quedó cubierta por la nube, y cuando Mowgli se preguntaba qué -iba á pasar allí entonces, oyó los pasos ligerísimos de Bagheera que -estaba ya en la terraza. La pantera negra había subido el declive casi -sin ruido alguno, y empezó á repartir golpes (porque comprendió que -morder era perder el tiempo) á diestro y siniestro entre la multitud -de monos, que se hallaban sentados alrededor de Mowgli en círculos de -cincuenta ó sesenta de fondo. Sonó un aullido general de miedo y de -rabia, y entonces, como Bagheera tropezara con los cuerpos que rodaban -por el suelo pateando debajo del suyo, uno de los monos gritó: - ---¡No es más que uno sólo! ¡Matadle! ¡Matadle! - -Desordenada masa de monos, mordiendo, arañando, rasgando y arrancando -cuanto podía, precipitóse sobre Bagheera, mientras cinco ó seis se -apoderaban de Mowgli, lo arrastraban hacia lo alto de la glorieta, y -lo metían por el agujero de la rota cúpula, dejándole caer. Cualquier -muchacho educado entre los hombres hubiérase lastimado grandemente, -porque la caída era desde cuatro metros de altura, por lo menos; pero -Mowgli cayó como Baloo le había enseñado á hacer: de pie. - ---Quédate aquí, le gritaron los monos, hasta que hayamos matado á tus -amigos, y más tarde vendremos á jugar contigo... si el Pueblo Venenoso -te ha dejado con vida. - ---¡Vosotros y yo somos de la misma sangre! dijo Mowgli, apresurándose á -pronunciar las Palabras Mágicas que sirven para las serpientes. Podía -oir distintamente roces y silbidos entre los escombros que le rodeaban, -y así, para mejor asegurarse, volvió á gritar lo mismo. - ---¡Verdad _esss_! ¡Abajo las capuchas, vosotras! dijeron media docena -de voces muy bajas (cada sitio en ruinas se convierte en la India, -tarde ó temprano, en morada de serpientes, y la antigua glorieta estaba -hecha un hormiguero de cobras). Estate quieto, Hermanito, porque tus -pies podrían lastimarnos. - -Mowgli procuró no moverse lo más mínimo, mirando á través de los -calados de mármol y escuchando el ruido de la furiosa lucha contra la -pantera negra: los aullidos, el rechinar de dientes y el golpear de la -refriega, el hondo, ronco resoplido de Bagheera mientras retrocedía, -avanzaba, revolvíase ó se hundía bajo las enormes masas de sus -enemigos. Por la primera vez en su vida, Bagheera no luchaba ya más que -para salvar su pellejo. - ---Baloo debe de andar por ahí cerca, porque Bagheera no se hubiera -atrevido á venir sola, pensó Mowgli; y entonces gritó: - ---¡Á las cisternas, Bagheera, á las cisternas! ¡Vé y zambúllete dentro! -¡Al agua! - -Oyó Bagheera la voz, y, comprendiendo que Mowgli estaba á salvo, sintió -renacer sus fuerzas. Desesperadamente, palmo á palmo, abrióse camino en -dirección de las cisternas, repartiendo golpes en silencio. Entonces, -desde el muro en ruinas más próximo á la selva, elevóse el rugiente -grito de guerra de Baloo. El buen oso había hecho todo lo posible; -pero, aún así, no pudo llegar antes. - ---¡Bagheera, aquí estoy! gritó. ¡Ya subo! ¡Corro á ayudarte! -_¡Ahuwora!_ ¡Resbalan las piedras bajo mis plantas; pero espérame! ¡Oh, -infames _Bandar-log_! - -Llegó, casi sin aliento, á la terraza, y su cuerpo desapareció, en -seguida, hasta la altura de la cabeza, en una verdadera oleada de -monos; pero plantóse resueltamente en dos pies, y, abriendo los brazos, -cogió entre ellos el mayor número posible de enemigos, y comenzó á -golpearlos con un continuo _¡paf! ¡paf! ¡paf!_, parecido al chapoteo -de una rueda de palas. El ruido de algo que cae en el agua advirtió -á Mowgli de que Bagheera se había abierto paso hasta llegar á la -cisterna, en la cual no podían ya perseguirla los monos. - -Estaba echada la pantera, con agua hasta el cuello, respirando -ansiosamente por la abierta boca, mientras los monos la vigilaban, -desde los rojos escalones, en filas de á tres de fondo, subiendo y -bajando rabiosamente, prontos á saltar sobre ella, desde todos los -lados á la vez, en cuanto intentara salir para ir en ayuda de Baloo. -Entonces fué cuando levantó Bagheera la cabeza, chorreándole el agua -desde la barba, y, perdida ya toda esperanza, lanzó, en busca de -protección, el grito que sirve para las serpientes: «Tú y yo somos de -la misma sangre», porque creyó que, en el último momento, Kaa se había -vuelto atrás. Hasta Baloo, medio ahogado bajo la masa de monos que le -detenía en el borde de la terraza, no pudo menos de reirse cuando oyó á -la pantera negra pidiendo auxilio. - -Estaba Kaa, en aquellos precisos instantes, acabando de abrirse paso -por entre el muro situado hacia el oeste, y, con el último esfuerzo que -hizo para trasponerlo, produjo el desprendimiento de una de las piedras -de la albardilla, que fué á parar al foso. No quería desperdiciar ni -una sola de las ventajas que le proporcionaba el terreno, y así se -enroscó y desenroscó una ó dos veces, para cerciorarse de que todo su -larguísimo cuerpo estaba en disposición de trabajar con lucimiento. - -Hizo esto mientras se verificaba la lucha en que Baloo representaba el -principal papel; mientras aullaban los monos en la cisterna alrededor -de Bagheera, y Mang, el murciélago, volando de un lado á otro, esparcía -noticias de la gran batalla por toda la Selva, de tal suerte que hasta -Hathi, el elefante salvaje, comenzó á dar bramidos, y, á lo lejos, -dispersos grupos de monos que despertaron fueron, brincando por los -árboles, á ayudar á sus compañeros de las Moradas Frías, al propio -tiempo que todas las aves diurnas de algunas leguas á la redonda -poníanse alerta. Entonces Kaa atacó en línea recta, rápidamente, -sintiendo el vivo deseo de matar. Todo el poder que en la lucha tiene -una serpiente pitón estriba en el empuje con que su cabeza embiste, -apoyada por el fuerte y pesado cuerpo. Si os imagináis una lanza, un -ariete ó un martillo que pese media tonelada y pueda ser movido por -una inteligencia fría, calmosa, que viva en el asta ó mango, tendréis -aproximada idea de lo que era Kaa en el terreno de la lucha. Una -serpiente pitón que mida nada más que un metro ó metro y medio de -longitud puede muy bien derribar á un hombre, si se lanza contra él -de frente, dándole en mitad del pecho, y ya recordaréis que Kaa tenía -nueve metros de largo. Su primera embestida fué contra el centro de la -imponente masa que rodeaba á Baloo: fué una embestida á boca cerrada, -silenciosa, y no necesitó ir acompañada de la segunda. Los monos -huyeron á la desbandada, gritando: ¡Kaa! ¡Es Kaa! ¡Corred! ¡Corred! - -Generaciones enteras de monos habían aprendido á portarse debidamente -gracias á los cuentos que de Kaa les contaban sus mayores, de aquella -ladrona nocturna que podía deslizarse á lo largo de las ramas con el -mismo silencio con que el musgo crece, y llevarse consigo el mono más -fuerte de cuantos jamás vivieron en el mundo; de la vieja Kaa, que tan -fácilmente podía tomar el aspecto de una rama muerta ó de un carcomido -tronco de árbol, de tal suerte que los más hábiles podían engañarse, -hasta que la rama se apoderaba de ellos. Kaa era para los monos lo -más temible de toda la selva, porque ninguno de ellos sabía hasta -donde llegaba su poderío; ninguno se atrevía á mirarla cara á cara; y -ninguno, tampoco, salió nunca con vida de entre sus anillos. Así fué -que, muertos de miedo, huyeron hacia los muros ó los techos de las -casas, y Baloo pudo respirar, al fin. Su piel era más gruesa que la de -Bagheera; pero había sufrido gravemente en la lucha. Abrió entonces Kaa -la boca, por primera vez, produjo largo silbido, que era una de sus -palabras, y los monos que desde lejos acudían presurosos en defensa -de sus compañeros de las Moradas Frías, quedáronse en el mismo sitio -donde se hallaban, completamente acobardados, hasta que con su peso -dobláronse y crujieron las ramas. Los que estaban sobre los muros y -casas vacías cesaron en su gritería, y en medio del reposo que reinó en -la ciudad, Mowgli pudo oir á Bagheera sacudiéndose de encima el agua, -al salir de la cisterna. - -Estalló, entonces, de nuevo, el clamoreo de antes. Encaramáronse por -las paredes los monos á mayor altura; agarráronse al cuello de los -grandes ídolos de piedra, y chillaron saltando por los almenados muros; -mientras Mowgli, bailoteando en la glorieta, miraba por los calados de -mármol, y graznaba como un buho en son de burla y para demostrar su -alegría. - ---Saca al hombrecito fuera de esa trampa, que yo nada más puedo hacer -ya, dijo Bagheera sin aliento casi. Cojámoslo y vamos. Podría ser que -volvieran á atacarnos. - ---No se moverán hasta que yo se lo mande. ¡Quietos!; _¡Asssí!_ Silbó -Kaa estas palabras, y la ciudad quedó en silencio una vez más. Y -continuó Kaa, dirigiéndose á Bagheera: - ---No pude venir antes, hermana; pero me parece que te oí llamar... - ---Acaso... acaso haya gritado en medio de la refriega, contestó -Bagheera. Baloo ¿te han hecho daño? - ---No estoy muy seguro de que, de tanto estirarme, no me hayan -convertido en un centenar de diminutos oseznos, contestó gravemente -Baloo, alargando primero una pata y después otra. _¡Wow!_ Tengo todo el -cuerpo adolorido... Creo que á tí, Kaa, te debemos la vida Bagheera y -yo... - ---No importa. ¿Donde está el hombrecito? - ---¡Aquí, en la trampa! No puedo encaramarme para salir de ella, gritó -Mowgli, que veía sobre su cabeza la curva de la rota cúpula. - ---Sacadle de aquí. Está bailando como Mao, el pavo real, y va á -aplastar á nuestros pequeñuelos, dijeron desde adentro las cobras. - ---¡Ja¡ ¡Ja! exclamó Kaa riendo, en todas partes tiene amigos este -hombrecito. Échate un poco para atrás. Y vosotros, Pueblo Venenoso, -escondeos. Voy á derribar la pared. - -Practicó Kaa un detenido examen hasta descubrir en los calados de -mármol una grieta que indicaba un punto débil; dió encima dos ó tres -golpecitos con la cabeza para calcular así la distancia conveniente, -y entonces, levantando del suelo por completo el cuerpo, en una -longitud de cerca de dos metros, dió con toda su fuerza media docena -de terribles golpes en que la nariz fué lo primero que pegó contra -el mármol. La glorieta se hizo pedazos, que cayeron envueltos en una -nube de polvo y de escombros, y Mowgli saltó por el boquete abierto, -arrojándose entre Baloo y Bagheera, y pasando un brazo alrededor del -cuello de cada uno. - ---¿Te han hecho daño? dijo Baloo, abrazándole tiernamente. - ---Todo el cuerpo me duele, tengo hambre y estoy lleno de cardenales; -pero ¡oh! ¡cómo os han puesto á vosotros! Estáis cubiertos de sangre. - ---También otros lo están, contestó Bagheera relamiéndose y mirando el -gran número de monos muertos que había en la terraza, en torno de la -cisterna. - ---¡Eso no es nada... no es nada! ¡Lo principal es que tú te hayas -salvado, ranita mía, orgullo mío! - ---Ya hablaremos de eso después, dijo Bagheera, tan secamente que no -gustó á Mowgli poco ni mucho. Pero ahí está Kaa, á la cual debemos, tú -la vida, y nosotros el haber ganado la batalla. Dale las gracias, según -nuestra costumbre, Mowgli. - -Volvióse éste y vió, á poquísima distancia de su cabeza, á la gran -serpiente pitón, que balanceaba la suya. - ---De modo que éste es el hombrecito, dijo Kaa. Muy fina tiene la piel, -y en realidad no deja de parecerse algo á los _Bandar-log_. Cuida, -hombrecito, de que algún día, allá á la hora del crepúsculo, al acabar -de cambiar yo la piel, no me equivoque y te tome por un mono. - ---Tú y yo somos de la misma sangre, contestó Mowgli. La vida me -salvaste esta noche; lo que yo mate en la caza será para tí, Kaa, -siempre que sientas hambre. - ---Mil gracias, Hermanito, dijo Kaa, cuyos ojos brillaron -maliciosamente. ¿Y qué es lo que puede matar tan fiero cazador? Desde -ahora pido permiso para seguirle cuando vaya de cacería. - ---Nada mato... soy demasiado pequeño para ello... pero acorralo las -cabras haciéndolas ir hacia el sitio en que están los que pueden -apoderarse de ellas. Cuando tengas el vientre vacío vente conmigo y -verás si te engaño. Tengo cierta destreza en el manejo de éstas (y al -decirlo mostraba sus manos), y, si algún día llegas á caer en una -trampa, podría ser que te pagara entonces la deuda que tengo contraída -contigo, con Bagheera y con Baloo, aquí presentes. ¡Buena suerte para -todos, maestros míos! - - [Ilustración] - ---¡Bien dicho! gruñó Baloo, al ver la habilidad con que Mowgli había -dado las gracias. En cuanto á la serpiente pitón, dejó caer por un -momento y muy blandamente su cabeza sobre el hombro del muchacho, -diciéndole: - ---Tan grande tienes el corazón como cortés es tu lengua. Ambos han de -llevarte muy lejos en la Selva, hombrecito; pero ahora márchate pronto -de aquí con tus amigos. Márchate y vete á dormir, porque la luna va á -dejarnos ya, y no es bien que veas lo que va á suceder. - -Hundíase la luna tras las colinas, y las filas de monos, temblando de -miedo, agrupados sobre los muros y almenas, parecían entonces la rota -y movible orla de aquel escenario. Baloo dirigióse á la cisterna para -beber; Bagheera comenzó á alisarse la piel, y Kaa se deslizó hasta el -centro de la terraza, cerrando la boca con sonoro chasquido que atrajo -las miradas de todos los monos. - ---La luna se esconde, dijo. ¿Queda aún suficiente luz para que me veáis? - -Llegó de los muros una especie de gemido semejante al que produce el -viento en las copas de los árboles: - ---Ya te vemos, Kaa, se oyó. - ---Bien. Ahora empieza la danza... la Danza del Hambre de Kaa. Estaos -quietos y mirad. - -Enroscóse dos ó tres veces en forma de enorme círculo, balanceando la -cabeza de derecha á izquierda. Luego púsose á formar con el cuerpo -óvalos y ochos, viscosos triángulos de vértices romos que se convertían -en cuadrados y pentágonos, y torres hechas de anillos, no descansando -un momento, no apresurándose nunca, ni cesando el zumbido de su canción -especial. Fué oscureciendo más y más, hasta que, al fin, dejaron de -verse las cambiantes ondulaciones de la serpiente; pero podía aún oirse -el ruido que producían sus escamas. - -Quedáronse parados Baloo y Bagheera como si de piedra fueran, lanzando -sordos aullidos guturales, y erizados los pelos del cuello. Mowgli -miraba sorprendido. - ---_Bandar-log_, dijo, al fin, Kaa, ¿podéis mover pie ni mano sin que yo -os lo mande? ¡Hablad! - ---Sin orden tuya no podemos, Kaa. - ---¡Bien! Dad un paso. Acercaos. - -Las hileras de monos se inclinaron, sin fuerzas ya, hacia adelante, y -al propio tiempo que ellas, Baloo y Bagheera dieron también un paso -inconscientemente. - ---¡Más cerca! silbó Kaa, y todos se movieron de nuevo. - -Puso Mowgli las manos sobre Baloo y Bagheera para apartarles de allí, y -las dos enormes fieras echaron á andar como si despertaran de un sueño. - ---No separes de mi hombro tu mano, murmuró Bagheera. No la separes, ó -tendré que retroceder... tendré que ir á donde está Kaa. _¡Aah!_ - ---Pero si no hace más que trazar círculos sobre el suelo, dijo Mowgli. -Vámonos. Y los tres se escaparon por un boquete abierto en las -murallas, dirigiéndose á la selva. - ---_¡Woof!_ dijo Baloo, al hallarse otra vez bajo los árboles. Nunca más -buscaré á Kaa para aliada. Y sacudió todo su cuerpo. - ---Sabe más que nosotros, dijo Bagheera temblando. Si llego á quedarme -allí un rato más, voy á parar derecha á su garganta. - ---Muchos serán los que á ella vayan á parar antes de que vuelva á salir -la luna, dijo Baloo. ¡Bien va á cazar... á su modo! - ---Pero ¿qué significaba todo aquello? preguntó Mowgli, que ignoraba -el poder de fascinación que poseía Kaa. Yo no ví más que una enorme -serpiente que trazaba círculos del modo más estúpido, hasta que -quedamos en la obscuridad. Y tenía la nariz muy hinchada. ¡Jo! ¡Jo! - ---Mowgli, díjole de muy mal humor Bagheera, si su nariz estaba -hinchada, por tu culpa era, como, por tu culpa también, están mis -orejas, mis costados, mis patas, y el cuello y hombros de Baloo llenos -de mordiscos. Ni Baloo ni Bagheera podrán cazar á gusto en bastantes -días. - ---No importa, contestó Baloo, hemos recobrado al hombrecito. - ---Cierto; pero nuestro tiempo nos cuesta, que hubiéramos podido emplear -mucho mejor en una buena cacería; nuestras heridas; nuestro pelo (yo -tengo medio pelada la espalda), y, finalmente, nuestra honra. Porque, -acuérdate, Mowgli, de que yo, la pantera negra, me ví obligada á llamar -en auxilio mío á Kaa, y Baloo y yo quedamos atontados como pajarillos -al ver la Danza del Hambre, y todo eso, hombrecito, por haber ido tú á -jugar con los _Bandar-log_. - ---Es cierto, es cierto, dijo tristemente Mowgli. Soy un hombrecito muy -malo, y aquí, en el estómago, siento la tristeza de haberlo sido. - ---¡Je! ¿Qué dice la Ley de la Selva, Baloo? - -No deseaba éste acumular más disgustos sobre Mowgli; pero tampoco podía -jugar con la Ley, y así murmuró: - ---El arrepentimiento no libra del castigo. Pero acuérdate, Bagheera, de -que es aún muy pequeño, añadió. - ---Ya me acuerdo; pero ha cometido una falta, y hay que pegarle. ¿Tienes -algo que decir, Mowgli? - ---Nada. Hice mal. Baloo y tú estáis heridos. Es justo. - -Dióle entonces Bagheera media docena de golpes, ligeros y cariñosos -juzgándolos con criterio de pantera y teniendo en cuenta que apenas -hubieran despabilado á uno de sus cachorros; pero para un muchacho de -siete años, era aquello tan fenomenal paliza que no la quisiérais, -de fijo, para vosotros. Cuando hubo terminado, estornudó Mowgli y -enderezóse nuevamente, sin decir palabra. - ---Ahora, dijo Bagheera, siéntate en mi espalda, Hermanito, y volveremos -á casa. - -Una de las bellezas que pueden notarse en la Ley de la Selva es que el -castigo salda definitivamente todas las cuentas pendientes, y no se -vuelve ya á hablar del asunto. - -Apoyó Mowgli la cabeza sobre la espalda de Bagheera y durmióse tan -profundamente que ni siquiera despertó cuando le pusieron junto á mamá -Loba en la caverna donde tenía su hogar. - - [Ilustración] - - - =Canción de los Bandar-log al ponerse en camino.= - - - ¡Hénos aquí como un festón flotante - lanzado hacia la luna que le envidia! - ¿No quisiérais ser uno de los nuestros? - ¡Tener más de dos manos! ¡Qué delicia! - ¿No envidiáis esta cola que parece - un arco, el de Cupido? ¿Os gustaría? - Consolaos, _hermanos: - en vuestra espalda el rabo se adivina_. - - ¡Hénos aquí, sobre el ramaje quietos, - bellezas meditando, en largas filas; - soñando en grandes cosas, que al instante - veréis en realidades convertidas; - algo que ha de ser noble, y grande, y bueno... - que sólo con quererlo se conquista. - ¡Ya veréis!... Más, _hermanos, - en vuestra espalda el rabo se adivina_. - - Cuantas voces de fieras ó de aves, - ó bien de los murciélagos que chillan - (de animales de escamas, pluma ó pelo) - hayamos escuchado en nuestra vida, - mezclémoslas, digámoslas cien veces - en rápida y confusa algarabía. - ¡Magnífico, excelente! Procedemos - como los hombres, al hablar, harían. - ¿No lo somos?... _Hermanos, - en vuestra espalda el rabo se adivina_. - - Del Pueblo de los Monos - usanzas éstas son, y ésta es la vida. - - ¡Venid entre los pinos, buscad la uva silvestre, - venid, pues, con nosotros, formad en nuestras filas: - notad, al despertarnos, el ruido que metemos - y no dudéis que vamos á hacer cosas magníficas. - - [Ilustración] - - - - - ¡AL TIGRE! ¡AL TIGRE! - - --¿Cómo fué la caza, fiero cazador? - --Muy largo el acecho, y el frío era atroz. - --¿Dónde está la pieza que fuíste á matar? - --En la selva, hermano, pienso que estará. - --¿Dónde está tu orgullo, dónde tu poder? - --Por la herida huyeron ambos á la vez. - --¿Por qué así corriendo vienes hacia mí? - --¡Ay, hermano! Corro á casa... á morir. - - -Hemos de retroceder ahora hasta la época del primer cuento. Cuando -abandonó Mowgli la caverna de los lobos, después de la lucha que -sostuvo con la manada en el Consejo de la Peña, fuése hacia las tierras -de labor donde vivían los campesinos; pero no quiso quedarse allí por -hallarse demasiado cerca de la selva y por saber que en el Consejo -había dejado, por lo menos, un enemigo acérrimo. Así, pues, apretó el -paso siguiendo un mal camino que iba á parar hasta el valle, y no lo -abandonó, corriendo al trote largo durante cosa de unas cinco leguas, -hasta que llegó á un país que le era desconocido. El valle se abría -allí convirtiéndose en gran llanura, salpicada de rocas y cortada -á trechos por barrancos. Á un extremo veíase una aldea, y al otro -la espesa selva descendía súbitamente hasta las tierras de pastos, -parándose de golpe como si la hubieran cortado con la azada. Por -toda la llanura pacían búfalos y ganado, y cuando los muchachos que -los cuidaban vieron á Mowgli, comenzaron á gritar huyendo, mientras -los amarillos perros vagabundos que andan siempre alrededor de toda -aldea india pusiéronse á ladrar. Siguió Mowgli adelante, porque se -sentía hambriento, y al llegar á la entrada del lugarejo, vió que el -gran arbusto espinoso que colocaban frente á ella al oscurecer, para -interceptar el paso, estaba entonces corrido hacia á un lado. - ---¡Je! exclamó, porque más de una vez había ya tropezado con barreras -semejantes en sus nocturnas correrías, cuando iba en busca de algo que -comer. ¡De modo que también aquí tienen los hombres miedo del Pueblo de -la Selva! - -Sentóse junto á la entrada, y cuando vió venir á un hombre, levantóse, -abrió la boca y señaló hacia el interior de ella para significar que -necesitaba comida. Miró el hombre y retrocedió corriendo por la única -calle de la aldea, llamando á grandes voces al sacerdote, que era alto -y gordo, iba vestido de blanco y llevaba en la frente una señal roja -y amarilla. Acudió éste, y con él unas cien personas más, mirando, -hablando y dando gritos mientras señalaban hacia Mowgli. - ---¡Qué mal educado está el Pueblo de los Hombres! se dijo el muchacho. -Sólo los monos grises harían semejantes cosas. Así, apartó hacia atrás -su larga cabellera, y púsose á mirarles ceñudo, malhumorado. - ---¿Pero de qué tenéis miedo, dijo el sacerdote? Mirad esas señales que -tiene en los brazos y en las piernas: son cicatrices de los mordiscos -que le han dado los lobos. Él mismo no es más que un niño-lobo que se -ha escapado de la selva. - -Como puede suponerse, al jugar juntos, los lobatos habían, no pocas -veces, mordido á Mowgli más profundamente de lo que creían, y de ahí -las blancas cicatrices que se veían en sus miembros. Pero él hubiera -sido la última persona de este mundo que se atreviera á llamar á -aquello mordiscos, porque bien sabía lo que verdaderamente era _morder_. - ---_¡Arré! ¡Arré!_ exclamaron á la vez dos ó tres mujeres. ¡Mordido por -los lobos! ¡Pobrecillo! ¡Un muchacho tan hermoso! Tiene unos ojos como -brasas. Te juro, Messua, que se parece al niño que te robó el tigre. - ---Déjame mirarlo bien, dijo una mujer que llevaba pesados brazaletes -de cobre en las muñecas y en los tobillos. Y púsose á observarlo con -curiosidad, haciendo pantalla de su mano puesta sobre la frente. De -veras que se le parece, continuó. Es más flaco, pero tiene el mismo -aspecto de mi niño. - -Era el sacerdote hombre listo, y sabía que Messua era esposa del -aldeano más rico del lugar. Así, mirando antes al cielo por un momento, -dijo solemnemente: - ---Lo que la selva te quitó, la selva te lo devuelve. Llévate al -muchacho á tu casa, hermana mía, y no te olvides de honrar al sacerdote -cuya mirada tan adentro penetra en la vida de los hombres. - ---¡Por el toro que me rescató!, dijo Mowgli entre sí, que toda esa -charla no es más que una especie de examen como el que me hicieron -sufrir en la manada. ¡Bueno! Si soy un hombre, hombre he de volverme, -al fin y al cabo. - -Disolvióse el grupo al ver que la mujer hacía señas á Mowgli para que -se dirigiera con ella á su choza, donde había una cama roja barnizada, -una gran caja de tierra cocida para guardar granos, adornada con -curiosos dibujos en relieve; media docena de cacerolas de cobre; la -imagen de un dios indio, en un pequeño dormitorio; y sobre la pared un -espejo, un espejo de veras, como los que venden en las ferias rurales. - -Dióle la mujer un buen trago de leche y un poco de pan, y, hecho esto, -colocóle la mano sobre la cabeza y le miró en los ojos, pensando en si -realmente sería su hijo que volvía de la selva, á donde el tigre se lo -había llevado. - ---¡Nathoo! ¡Nathoo! le llamó. Pero Mowgli no dió señal alguna de -conocer este nombre. - ---¿No te acuerdas de aquel día en que te regalé un par de zapatos -nuevos? - -Tocó el pie del muchacho y lo halló tan duro casi como si estuviese -revestido de una superficie córnea. - ---No, dijo tristemente, esos pies no han llevado nunca zapatos... Pero -tú te pareces mucho á mi Nathoo, y de todos modos serás mi hijo. - -Hallábase Mowgli violento porque jamás se había visto antes bajo -techado; pero, mirando á la cubierta de bálago que tenía la choza, -pensó en que podría romperla cuando se le antojara escaparse, y, -además, la ventana carecía de pestillo. - ---¿De qué sirve ser hombre, preguntóse, cuando no entiende uno el -lenguaje que los hombres usan? Estoy hecho un bobo y un sordo, como le -ocurriría también á cualquier hombre que estuviera en la selva entre -nosotros. No tengo más remedio que aprender ese lenguaje. - -No en balde se había ejercitado, cuando vivía con los lobos, en imitar -el grito de alerta que da el gamo en la selva, y el gruñido del jabato. -Así, en cuanto Messua pronunciaba una palabra, Mowgli la imitaba -también, casi con perfección, y, antes de que oscureciera, ya había -aprendido los nombres de muchas cosas de las que en la choza había. - -Surgió alguna dificultad á la hora de acostarse, porque se resistía -Mowgli á dormir bajo un techo que tanto se parecía á una trampa de las -que se usan para cazar panteras, y, en cuanto cerraron la puerta, salió -por la ventana. - ---Déjale que haga su voluntad, dijo el marido de Messua. Piensa que -no es posible que sepa lo que es dormir en una cama. Si realmente nos -ha sido enviado para que sustituyera á nuestro hijo, no temas que se -escape. - -Así, pues, tendióse Mowgli sobre la alta y limpia yerba que crecía al -extremo del campo; pero, antes que hubiera podido cerrar los ojos, un -gris y suave hocico vino á tocarle bajo la barba. - ---¡Fú! exclamó el Hermano Gris (que era el mayor de los cachorros -que tenía Mamá Loba). ¡Vaya un premio que me das por haberte estado -siguiendo durante veinte leguas. Apestas á humo de leña y á ganado... -ni más ni menos que un hombre. ¡Vaya, despiértate, Hermanito! ¡Traigo -noticias! - ---¿Están todos buenos en la selva? preguntó Mowgli dándole un abrazo. - ---Todos, excepto los lobos que recibieron quemaduras de la Flor roja. -Ahora, oye; Shere Khan se ha ido á cazar á otra parte, muy lejos, hasta -que vuelva á crecerle el pelo, porque lo tiene todo chamuscado. Jura -que cuando vuelva enterrará tus huesos en el Wainganga. - ---Somos dos los que hemos de hablar en este asunto. También yo he -jurado algo. Pero las noticias son siempre agradables. Cansado estoy -esta noche..... muy cansado con las novedades que me ocurren..... mas -vengan noticias. - ---¿No te olvidarás de que eres un lobo? ¿No te harán los hombres -olvidarte de ello? dijo el Hermano Gris con la mayor ansiedad. - ---Nunca. Siempre he de acordarme de que te quiero á tí, y de que os -quiero á todos los de nuestra cueva; pero también me acordaré siempre -de que se me ha arrojado de la manada. - ---Mira que no te arrojen ahora de otra. Los hombres son hombres y nada -más, Hermanito, y su charla es como la de las ranas en las charcas. -Cuando vuelva por aquí te esperaré entre los bambúes, al extremo de la -pradera. - -En tres meses, á contar desde aquella noche, apenas salió Mowgli de -la aldea: tan ocupado estaba aprendiendo los usos y costumbres de los -hombres. Primero tuvo que acostumbrarse á llevar el cuerpo envuelto en -una tela, lo que le molestaba grandemente; luego hubo de aprender el -valor de la moneda, que no lograba entender poco ni mucho; finalmente, -tuvo que arar, labor cuya utilidad no se le alcanzaba. Además, los -chiquillos de la aldea le molestaban en extremo. Por fortuna, la Ley -de la Selva le había enseñado á dominar su genio, porque allí la vida -y la alimentación dependen precisamente de esa cualidad; pero cuando -se burlaban de él porque no jugaba ni sabía hacer volar una cometa, -ó porque pronunciaba mal alguna palabra, sólo el recuerdo de que era -indigno de un cazador el matar á desnudos cachorrillos le impedía -realizar su impulso de cogerlos y partirlos en dos. - -Él mismo no tenía conciencia de su propia fuerza. En la selva bien -sabía él su debilidad si se comparaba con las fieras; pero en la aldea -decía la gente que era tan fuerte como un toro. - -Tampoco Mowgli tenía la menor idea de las diferencias que las castas -establecen entre los hombres. Cuando el borriquillo del alfarero -resbalaba y se hundía en el barrizal, él iba, y, cogiéndolo por la -cola, lo sacaba fuera, ayudando, además, á amontonar los cacharros -para llevarlos al mercado de Khanhiwara. Y esto eran cosas altamente -ofensivas para las buenas costumbres, porque el alfarero es de casta -inferior, y su borriquillo mucho peor aún. Cuando el sacerdote le -reprendió por ello, amenazóle Mowgli con ponerlo á él también sobre -el pollino, lo que decidió al sacerdote á decir al marido de Messua -que, cuanto antes, pusiera á trabajar á aquel muchacho, y el que hacía -de jefe en la aldea le mandó á Mowgli que al día siguiente fuera -á apacentar los búfalos. Nada podía ser tan agradable para Mowgli -como esto, y aquella misma noche, considerándose ya, realmente, como -encargado de uno de los servicios de la aldea, se dirigió á una reunión -que se verificaba diariamente, desde el oscurecer, en una plataforma de -ladrillos, á la sombra de una gran higuera. Venía á ser como el casino -de la aldea, y en él el jefe, el vigilante, el barbero (que estaba -enterado de todos los chismes locales) y el viejo Buldeo, cazador del -lugar, que poseía un antiguo mosquete, se reunían y fumaban. Los monos -sentábanse también y charlaban en las ramas superiores de la higuera, -y debajo de la plataforma había un agujero en el cual vivía una -serpiente cobra, que, por ser tenida como sagrada, recibía cada noche -su cuenco de leche. Tomaban asiento los viejos alrededor del árbol, -y comenzaba la conversación acompañada de chupetones á las grandes -_hukas_ ó pipas, durando esto hasta muy entrada la noche. Contábanse -allí historias estupendas de dioses, hombres y duendes; pero las que -refería Buldeo sobre costumbres de las fieras en la selva sobrepujaban -á las demás, hasta el punto de que, al oirlas, los ojos se les saltaban -de las órbitas á los chiquillos que se sentaban fuera del círculo -para escuchar. La mayor parte de aquellos relatos eran relativos á -animales, porque como tenían la selva á sus puertas, como quien dice, -era lo que más les interesaba. Ciervos y jabalíes destrozaban á menudo -sus cosechas, y, de vez en cuando, un tigre se llevaba á alguno de sus -hombres, hacia el oscurecer, á la vista misma de los que vivían en la -aldea. - -Mowgli que, como es natural, conocía algo á fondo el asunto de que -hablaban, tenía que taparse la cara para que no le vieran reirse, -y mientras Buldeo, con el viejo mosquete sobre las rodillas, iba -enredándose de uno en otro cuento maravilloso, al muchacho le temblaban -los hombros con los esfuerzos que hacía para contenerse. - -Explicaba Buldeo cómo el tigre que había robado al hijo de Messua -era un tigre-duende, en cuyo cuerpo habitaba el alma de un malvado -usurero, muerto hacía algunos años. Y no me cabe de ello la menor duda, -añadía, porque Purun Dass cojeaba siempre, de un golpe que recibió en -un tumulto, cuando le pegaron fuego á sus libros de caja, y el tigre -de que hablo cojea también, porque las huellas que deja al andar son -desiguales. - ---¡Es cierto! ¡Es cierto! ¡Esa es la pura verdad! dijeron los viejos -con ademanes de aprobación. - ---¿Y todos vuestros cuentos son así: un tejido de embustes y de sueños? -exclamó Mowgli. Ese tigre cojea porque cojo nació, como todo el mundo -sabe. Venir á hablarnos de que el alma de un avaro se ha refugiado en -el cuerpo de una fiera como ésa, que tiene menos valor que cualquier -chacal, es completamente infantil. - -Quedóse Buldeo mudo de sorpresa por un momento, y el jefe miró -fijamente al muchacho. - ---¡Ah! Tú eres el rapaz que ha venido de la selva, ¿verdad? Pues si -tanto sabes llévanos la piel de ese tigre á Khanhiwara, porque el -gobierno tiene ofrecidas cien rupias al que lo mate. Pero más vale que -te calles y respetes á las personas mayores. - -Mowgli púsose en pie para marcharse. - ---En tanto rato como estoy aquí escuchando, dijo desdeñosamente, -mirando por encima del hombro, no ha dicho Buldeo, hecha una ó dos -excepciones, palabra de verdad respecto á la selva, que tan cerca -tiene. ¿Cómo voy á creer, pues, esos cuentos de duendes, y dioses, y -toda clase de espíritus que él dice haber visto? - ---Ya es hora de que el muchacho ese vaya á guardar el ganado, indicó el -jefe, mientras Buldeo daba bufidos de rabia al ver la impertinencia de -Mowgli. - -Es costumbre en las aldeas indias que algunos muchachos lleven el -ganado y los búfalos á pacer en las primeras horas de la mañana, -volviendo á traerlos por la noche; y los mismos animales que -pisotearían á un hombre blanco hasta matarlo, dejan que les golpeen, -gobiernen y griten chiquillos que á duras penas les llegan al hocico. -Mientras los muchachos no se aparten del ganado están en salvo, pues -ni los tigres se atreven entonces á atacar á aquella gran masa. Pero -en cuanto se desvían para coger flores ó cazar lagartos corren el -peligro de desaparecer para siempre. Pasó Mowgli por la calle de la -aldea, al rayar el alba, sentado sobre los lomos de Rama, el gran toro -del rebaño, y los búfalos, de un color azulado de pizarra, de largos -cuernos colgando hacia atrás y de ojos feroces, se levantaron de sus -establos, uno á uno, y le siguieron, demostrando bien claramente Mowgli -á los chiquillos que le rodeaban que él era allí el que mandaba. Golpeó -á los búfalos con una larga caña de bambú, y dijo á Kamya, uno de los -muchachos, que cuidara del ganado mientras él se iba con los búfalos; -pero que por nada se alejara del rebaño. - -Una pradera en la India es un terreno lleno de rocas, de matojos y -de quebraduras, por donde se esparcen y desaparecen los rebaños. -Generalmente, los búfalos se quedan en las lagunas y tierras -pantanosas, donde se echan, revolcándose ó tomando el sol, metidos -en el fango durante horas enteras. Mowgli los llevó al extremo de la -llanura, donde el rio Wainganga desembocaba, procedente de la selva, y -entonces, apeándose de Rama, corrió hacia un grupo de bambúes, hallando -allí al Hermano Gris. - ---¡Ah! exclamó éste. Te estoy esperando aquí desde hace muchos días. ¿Y -qué significa eso de que vayas con el ganado? - ---Me han dado esta orden. Soy pastor, por ahora. ¿Y qué noticias me -traes de Shere Khan? - ---Ha vuelto á este país, y ha estado mucho tiempo buscándote. Hoy se -ha marchado, porque la caza escasea aquí; pero tiene la intención de -matarte. - ---Perfectamente, dijo Mowgli. Mientras no vuelva, procurad, tú ó uno -de tus hermanos, poneros sobre esta roca de modo que yo pueda veros -al salir de la aldea. En cuanto él esté aquí, espérame en el barranco -donde está aquel árbol de _dhâk_, en el centro de la llanura. No hay -ninguna necesidad de que nosotros mismos nos metamos en la boca de -Shere Khan. - -Dicho esto buscó Mowgli un sitio en que hubiera sombra, acostóse y -durmió mientras los búfalos pacían en torno suyo. El pastoreo, en -la India, es uno de los oficios más perezosos de este mundo. Cambia -el ganado de sitio, masca, se echa, vuelve á levantarse, y ni muge -siquiera. No hace más que gemir sordamente, y, en cuanto á los búfalos, -muchas veces, ni aun eso, sino que se hunden en los pantanos, uno tras -otro, ábrense paso entre el fango hasta no dejar ver en la superficie -más que el hocico y los fijos, azules ojos, y así se quedan como -unos leños. El sol parece que haga vibrar las rocas en la atmósfera -caliginosa, y los chiquillos que guardan el ganado oyen, de cuando en -cuando, á un milano (nunca á más de uno) que silba desde casi invisible -altura, y saben que si ellos, ó alguna vaca, murieran, aquel milano -lanzaríase allí en el acto, mientras el más próximo, á algunas leguas -de distancia, vería su rápido descenso, y otros y otros se enterarían -desde muy lejos, hasta el punto de que, casi sin dar tiempo de que se -acabaran de morir, más de veinte milanos hambrientos se presentarían -sin que se supiera de donde habían salido. Unas veces los chiquillos -duermen, se despiertan, vuelven á dormirse; tejen cestitas con hierba -seca y meten saltamontes dentro; cojen dos insectos de los llamados -_mantas religiosas_ y hacen que se peleen; forman collares con nueces -de la selva, rojas y negras; observan á un lagarto que toma el sol -sobre una roca; ó, finalmente, miran como junto á los pantanos alguna -serpiente da caza á una rana. Otras veces cantan largas, larguísimas -canciones con unos trinos al final muy típicos del país, y oyendo -aquello parece el día más largo que la vida de la mayoría de las -personas; ó fabrican con el fango castillos, con hombres, caballos y -búfalos, y, poniendo cañas en las manos de aquéllos, suponen que son -reyes rodeados de sus ejércitos, ó dioses que reclaman adoración. - -Á todo eso llega la noche, y, á los gritos de los chiquillos, -levántanse los búfalos pesadamente de entre el pegajoso barro, -produciendo ruidos semejantes á sucesivos disparos de armas de fuego, y -en larga fila se dirigen, á través de la llanura gris, hacia el sitio -donde parpadean las luces de la aldea. - -Día tras día llevó Mowgli á los búfalos á aquellos pantanos; día tras -día vió al Hermano Gris, á una legua y media de distancia, en la -extensa llanura (con lo cual sabía que Shere Khan no había vuelto aún); -y día tras día acostóse, también, sobre la yerba, escuchando los ruidos -y soñando en su pasada vida, allá en la selva. Si Shere Khan hubiera -dado, con su pata coja, uno de sus inseguros pasos en los bosques que -dominan el Wainganga, no hay duda que Mowgli lo hubiera oído: tal era -la quietud de aquellas interminables mañanas. - -Llegó, al fin, un día en que no vió al Hermano Gris en el sitio -convenido, y, riéndose, condujo entonces á los búfalos por el barranco -en que estaba el árbol de _dhâk_, cubierto materialmente de flores de -un color rojo dorado. Allí encontró al Hermano Gris, erizados cuantos -pelos tenía en la espalda. - ---Se ha escondido durante un mes para despistarte. Anoche cruzó por los -campos, acompañado de Tabaqui, siguiéndote de cerca los pasos, dijo el -lobo, perdido casi el resuello. - -Mowgli arrugó el entrecejo. - ---No le tengo miedo á Shere Khan, contestó, pero conozco la astucia de -Tabaqui. - ---No le temas, dijo el Hermano Gris relamiéndose un poco. Yo encontré -á Tabaqui al rayar el alba. Que les cuente ahora á los milanos toda su -sabiduría; pero antes me la contó _á mí_..... antes de que le partiera -el espinazo. El plan que ha tramado Shere Khan consiste en esperarte á -la entrada de la aldea, esta noche..... á tí, y sólo á tí. Está ahora -echado en el gran barranco seco del Wainganga. - ---¿Ha comido hoy, ó caza con el estómago vacío? preguntó Mowgli, porque -de la contestación dependía su vida. - ---Mató algo al amanecer..... un jabalí..... y también ha bebido. -Acuérdate de que Shere Khan jamás pudo ayunar, ni siquiera cuando -convenía á sus propósitos de venganza. - ---¡Ah, imbécil! ¡Imbécil! ¡Eso es ser dos veces niño! ¡Bien comido, -bien bebido, y aún cree que voy á dejarle dormir! ¡Á ver! ¿Dónde dices -que se echa? Si fuéramos siquiera diez lo cojíamos y lo arrastrábamos -hasta aquí. Estos búfalos no querrán embestirlo como no sientan el -rastro, y yo no sé hablar su lenguaje. ¿Podríamos colocarnos detrás de -él, de modo que, olfateando, pudieran ellos seguir su pista? - ---Siguió á nado la corriente del río Wainganga, para evitar toda -posibilidad de que hiciéramos esto. - ---Tabaqui se lo aconsejó, estoy segurísimo. Á él nunca se le hubiera -ocurrido eso. - -Quedóse Mowgli pensando, con un dedo en la boca. - ---El gran barranco seco del Wainganga, dijo, desemboca en la llanura -á menos de media legua de aquí. Puedo conducir el rebaño á través de -la selva, hasta la parte superior del barranco, y luego lanzarlo hacia -abajo..... pero entonces se escaparía por la parte inferior. Hay que -cerrar ese extremo. Hermano Gris ¿no puedes dividirme en dos el rebaño? - ---Yo quizás no; pero he traído conmigo quien me ayude. - -Corrió el Hermano Gris y se metió en un agujero. Salió de allí entonces -una enorme cabeza gris, que Mowgli conocía perfectamente, y llenó el -cálido ambiente el más desolado grito que puede oirse en la selva: el -aullido de caza de un lobo resonando en mitad del día. - ---¡Akela! ¡Akela! exclamó Mowgli, palmoteando. No sé cómo no se me -ocurrió pensar que no me olvidarías. Traemos entre manos un trabajo -muy importante. Divide en dos el rebaño, Akela. Ponme á un lado á las -vacas y terneros, y déjame solos á los toros y á los búfalos de labor. - -Corrieron los dos lobos, entrando y saliendo, como por juego, del -rebaño, el cual, dando bufidos y levantando á la vez las cabezas, se -separó en dos grupos. En uno de ellos las hembras de los búfalos, con -sus pequeñuelos colocados en el centro, miraban furiosas y pateaban, -prontas á embestir al primer lobo que se estuviera quieto un momento y -á quitarle la vida aplastándolo. En otro grupo, los toros y novillos -resoplaban también y golpeaban el suelo con las patas; pero, aunque -su aspecto fuera más imponente, ellos eran allí los menos temibles, -pues no tenían terneros que proteger. Ni seis hombres juntos hubieran -dividido tan bien el ganado. - ---¿Qué mandas ahora? dijo Akela, jadeante. Intentan reunirse otra vez. - -Montó Mowgli sobre Rama y contestó: - ---Llévate los toros hacia la izquierda, Akela. Y tú, Hermano Gris, -cuando nos hayamos ido, cuida de que no se separen las vacas, y -llévalas al pie del barranco. - ---¿Hasta donde? dijo el Hermano Gris, jadeando, también, y dando -bocados. - ---Hasta donde veas que los lados tienen más altura que la que puede -saltar Shere Khan, gritó Mowgli. Tenlas allí hasta que nosotros bajemos. - -Partieron los toros al oir ladrar á Akela, y quedóse el Hermano Gris -frente á las vacas. Embistiéronle éstas, y entonces corrió, siempre -delante de ellas, hasta llegar al pie del barranco, mientras Akela se -llevaba á los toros hacia la izquierda. - ---¡Muy bien! Otra embestida y están ya á punto. ¡Cuidado ahora..... -cuidado, Akela! Con que te equivoques y des una dentellada de más, -embisten los toros. _¡Hujah!_ Más pesado es este trabajo que el de -acorralar gamos negros. ¿Te imaginaste nunca que animales como éstos -pudieran correr tanto? gritó Mowgli. - ---Los he cazado..... los he cazado también, en mis buenos tiempos, -susurró débilmente Akela, cubierto de una nube de polvo. ¿Los lanzo -hacia la selva? - ---¡Sí, lánzalos! ¡Lánzalos pronto! Rama está furioso. ¡Ah! ¡Si yo -pudiera darle á entender para qué lo necesito hoy! - -Los toros fueron dirigidos entonces hacia la derecha y penetraron en la -espesura aplastándolo todo. En cuanto á los demás muchachos encargados -del pastoreo, que, cuidando su ganado á media legua de distancia, -contemplaban lo que ocurría, fuéronse á todo correr hacia la aldea -gritando que los búfalos se habían vuelto locos y habíanse escapado. - -Pero el plan de Mowgli era sencillísimo. Consistía su propósito en -trazar un gran círculo al subir, llegar á la parte alta del barranco, -y entonces hacerlo descender á los toros, cogiendo á Shere Khan entre -éstos y las vacas; porque sabía perfectamente que, después de haber -comido y bebido bien, no estaría en disposición el tigre de luchar ni -de encaramarse por los lados del barranco. Amansaba ahora á los búfalos -con sus voces, y Akela se había quedado bastante rezagado, no ladrando -más que una ó dos veces para que la retaguardia apretara el paso. - -El círculo que trazaban era enorme, vastísimo, porque no querían -acercarse demasiado al barranco y advertir á Shere Khan de su -presencia. Al fin reunió Mowgli en torno suyo el azorado rebaño en lo -alto del barranco, sobre una rápida pendiente cubierta de yerba, que -iba á confundirse, en su extremo, con el mismo barranco. - -Desde aquella altura, y mirando por encima de las copas de los -árboles, podía verse abajo la extensión del llano; pero lo que Mowgli -miró entonces fueron los lados del barranco, viendo con no poca -satisfacción que se elevaban casi perpendicularmente, y que las vides y -enredaderas que de ellos colgaban no podían prestar apoyo suficiente á -un tigre, en el caso de que por allí quisiera huir. - ---Déjalos resollar, Akela, dijo levantando una mano. No han hallado aun -el rastro. Déjalos resollar. Tengo que anunciarle á Shere Khan lo que -se le viene encima. Ya lo hemos cogido en la trampa. - -Hizo bocina de sus manos, gritó hacia el barranco (lo cual era -casi como gritar en la boca de un túnel), y el eco de su voz fué -repercutiendo de roca en roca. - -Al cabo de largo rato contestó el vago, soñoliento gruñido de un tigre, -harto ya y que despierta de su sueño. - ---¿Quién llama? dijo Shere Khan. Y á su voz un espléndido pavo real -voló desde el fondo del barranco dando chillidos al huir. - ---Yo, Mowgli. ¡Ladrón de reses, ya es hora de que te vengas conmigo al -Consejo de la Peña! ¡Ahí va! ¡Lánzalos, Akela! ¡Abajo, Rama, abajo! - -El rebaño quedóse un instante quieto al borde de la pendiente; pero -Akela lanzó á plenos pulmones su grito de guerra, y se precipitaron -todos, uno tras otro, como navíos que se lanzan á una corriente, -mientras la arena y las piedras saltaban en torno suyo. Una vez -comenzada la carrera no había modo de pararla, y, aún antes de llegar -al cauce del torrente, Rama sintió ya el rastro de Shere Khan, y mugió. - - [Ilustración] - ---¡Ah! dijo Mowgli, que iba en él montado. ¿Por fin te enteras, eh? -Y el alud de negros cuernos, hocicos espumajeantes y ojos de mirada -fija pasó rápido por el torrente, como arrancados peñascos en épocas -de avenida, mientras los búfalos más débiles eran empujados hacia los -lados, donde, al pasar, arrancaban las enredaderas. Ya sabían todos -qué clase de labor les esperaba: era aquello la terrible embestida de -un rebaño de búfalos, contra la cual no hay tigre que pueda pensar -siquiera en resistir. Oyó Shere Khan el ruido atronador de las pezuñas, -levantóse y caminó con pesadez torrente abajo, mirando á ambos costados -en busca de huída; pero los lados del torrente parecían cortados á -pico, y tuvo que quedarse allí sintiendo el abotagamiento producido por -la comida y la bebida, deseando entonces cualquier cosa menos tener -que batirse. El rebaño pasó chapoteando por la laguna que él acababa -de abandonar, mugiendo hasta hacer retumbar todo el estrecho recinto. -Mowgli oyó otro mugido que contestaba desde el extremo inferior del -barranco; vió á Shere Khan volverse (el tigre sabía que en último -caso era mejor esperar á los toros que habérselas con las vacas y -terneros); y entonces Rama echó por tierra algo, tropezó con ello, y -siguió adelante, pasando por encima de una masa blanda, y con los demás -toros detrás, que iban pisándole casi, cayó sobre el otro rebaño, con -tal furia que los más débiles búfalos fueron levantados al aire por -completo con el choque que se produjo al encontrarse todos. - -La embestida arrastró ambos rebaños hacia la llanura, dando cornadas, -coces y bufidos. Esperó Mowgli el momento oportuno, y, apeándose de -Rama, comenzó á repartir golpes á diestro y siniestro con el palo que -llevaba. - ---¡Pronto, Akela! ¡Divídelos! ¡Sepáralos, ó si no van á pelearse unos -con otros! ¡Llévatelos, Akela! ¡_Hai_, Rama! _¡Hai! ¡Hai! ¡Hai!_ hijos -míos. ¡Poco á poco, ahora, poco á poco! Ya ha terminado todo. - -Akela y el Hermano Gris corrieron de un lado á otro mordiéndoles las -patas á los búfalos, y, aunque el rebaño se volvió en redondo, con -intención de embestir de nuevo, torrente arriba, Mowgli logró hacerle -dar la vuelta á Rama, y los demás lo siguieron hacia los pantanos. - -No hacía falta que pisotearan más á Shere Khan. Estaba muerto, y los -milanos iban acudiendo ya para devorarlo. - ---¡Hermanos! Como un perro ha muerto, dijo Mowgli buscando el cuchillo -que, desde que vivía entre los hombres, llevaba siempre pendiente del -cuello y metido en una vaina. Pero tampoco se hubiera batido cara á -cara. Buen efecto va á hacer su piel puesta sobre la Peña del Consejo. -Manos á la obra y pronto. - -Jamás á un muchacho criado entre los hombres hubiérasele ocurrido ni -por sueño desollar él solo un tigre que medía tres metros de largo; -pero, mejor que nadie, sabía Mowgli cómo está pegada al cuerpo la piel -de un animal, y, por lo tanto, el modo de arrancarla. No obstante, como -la labor era ruda, Mowgli cortó y desgarró regañando entre dientes -por espacio de una hora, mientras los lobos lo contemplaban con la -lengua colgando, ó se acercaban para dar tirones á la piel cuando él lo -mandaba. - -De pronto, apoyóse en su hombro una mano, y, levantando los ojos, vió á -Buldeo con el viejo mosquete. Habían contado en la aldea los chiquillos -el pánico que se apoderó de los búfalos, y Buldeo salió malhumorado, -movido sólo por el vivo deseo de imponer á Mowgli un correctivo por -no haber cuidado mejor del rebaño. Los lobos se eclipsaron en cuanto -vieron venir al hombre. - ---¿Qué locura es ésa? dijo Buldeo incomodado. ¿Y te figuras que tú -vas á poder desollar un tigre? ¿Dónde lo mataron los búfalos? Y por -añadidura es el tigre cojo, por cuya cabeza se han ofrecido cien -rupias. ¡Bien, bien! Haremos la vista gorda en eso de que hayas dejado -escaparse el rebaño, y tal vez te dé yo una de las rupias como premio -cuando haya llevado la piel á Khanhiwara. Tanteóse la ropa buscando un -pedazo de acero y un pedernal, y se agachó para quemarle los bigotes -á Shere Khan. La mayor parte de los cazadores indígenas practica esta -operación para evitar que el espíritu que habita en el tigre los -persiga luego. - ---¡Je! dijo Mowgli entre dientes mientras arrancaba la piel de una de -las patas del tigre. ¿De modo que piensas llevarte la piel á Khanhiwara -para recibir el premio, y luego tal vez me des una rupia? Pues bien: -antójaseme que esa piel voy á necesitarla yo para mi propio uso. ¡Ea, -viejo, aparta ese fuego! - ---¿Y así es como hablas al jefe de los cazadores de la aldea? Á la -suerte y á la ayuda que te ha prestado la imbecilidad de tus búfalos -debes cuanto has hecho. Bien se ve que el tigre acababa de darse un -hartazgo, ó de lo contrario estaría ahora á cinco leguas de distancia -de este sitio. ¡Ni siquiera puedes desollarlo bien, y, á pesar de eso, -tú, que no eres más que un pillete, vienes á decirme á mí, á Buldeo, -que no le queme los bigotes! Mira, Mowgli: no voy á darte ni un _anna_ -como premio; lo que te daré será una buena paliza. ¡Suelta el tigre! - ---¡Por el toro que me rescató! dijo Mowgli que estaba entonces luchando -por llegar hasta el hombro de la fiera, ¿te figuras que voy á estar -toda la tarde charlando contigo, mono viejo? ¡Ven acá, Akela! Líbrame -de este hombre que me está molestando. - -Buldeo, que continuaba aún inclinado sobre la cabeza de Shere Khan, -hallóse de pronto tendido sobre la yerba con un lobo gris encima, -mientras Mowgli seguía desollando como si en toda la India no hubiera -nadie más que él. - ---Sí, dijo éste entre dientes, tienes muchísima razón, Buldeo. Nunca -habrás de darme ni un _anna_ en premio. Entre este tigre cojo y yo -había un duelo pendiente... un duelo antiguo, muy antiguo... y... yo he -vencido. - -Hablando con entera imparcialidad, hay que reconocer que, si Buldeo -hubiera tenido diez años menos, habría medido sus fuerzas con las de -Akela á haberse hallado con él entre los bosques; pero un lobo que -obedecía las órdenes de aquel muchacho (que tenía duelos pendientes -con tigres devoradores de hombres), no era un animal como los demás. -Aquello era arte de encantamiento, magia de la de peor clase, pensó -Buldeo, y tuvo sus dudas respecto á si el amuleto que llevaba al cuello -bastaría para protegerle. Quedóse, pues, tendido, como paralizado, -esperando á cada instante ver á Mowgli convertirse también en tigre. - ---_¡Maharaj!_ ¡Gran Rey! dijo, por fin, con voz ronca y tan bajo que -parecía un susurro. - ---¿Qué? contestó Mowgli sin volver la cabeza, sonriéndose un poco con -aire satisfecho. - ---Soy un anciano. Ignoraba que fueras algo más que un zagal. ¿Me -permites que me levante y me vaya, ó va á hacerme pedazos ese servidor -que tienes á tus órdenes? - ---Vete, vete en paz. Pero otra vez no te metas con mi caza. ¡Suéltalo, -Akela! - -Fuése Buldeo cojeando hacia la aldea, tan aprisa como pudo, -mirando hacia atrás, por encima del hombro, para ver si Mowgli se -metamorfoseaba en algo que causara espanto. Luego, al llegar, refirió -un cuento de magia, y encantamientos, y brujerías que hizo que el -sacerdote se pusiera muy serio. - -Mowgli siguió en su labor, pero se acercaba ya el anochecer cuando -entre él y los lobos acabaron de separar del cuerpo del tigre la enorme -y vistosa piel. - -Ahora, hay que esconder eso y volver los búfalos á casa. Ayúdame á -reunirlos, Akela. - -Agrupóse el rebaño, á la luz dudosa del crepúsculo, y dirigióse hacia -la aldea; pero al llegar cerca de ella vió Mowgli algunas luces, y oyó -cómo en el templo tocaban las campanas y soplaban, además, en caracoles -marinos. La mitad de la población parecía esperarle á las puertas del -lugar. - ---Esto será porque he matado á Shere Khan, dijo entre sí Mowgli; pero -una lluvia de piedras silbó en sus oídos al mismo tiempo que los -aldeanos le gritaban: - ---¡Hechicero! ¡Hijo de una loba! ¡Diablo de la selva! ¡Márchate! -¡Márchate de aquí en seguida, si no quieres que el sacerdote te cambie -otra vez en lobo! ¡Dispara, Buldeo, dispara! - -Hizo fuego el mosquete, con gran estruendo, y uno de los búfalos -jóvenes lanzó un mugido de dolor. - ---¡Otro hechizo! gritaron los aldeanos. ¡El ha desviado la bala! ¡Ese -búfalo es el tuyo, Buldeo! - ---Pero ¿qué significa eso? dijo Mowgli azorado al ver que arreciaba la -lluvia de piedras. - ---No dejan de parecerse á los de la manada esos hermanos tuyos, dijo -Akela, sentándose gravemente. Antójaseme que, si las balas tienen algún -significado, la intención de esta gente es la de arrojarte fuera del -lugar. - ---¡Lobo! ¡Lobato! ¡Márchate! gritó el sacerdote agitando una ramita de -la planta sagrada que llaman _tulsi_. - ---¡Ah! ¿otra vez? La anterior fué porque era un hombre. Ésta porque soy -un lobo. Vámonos, Akela. - -Una mujer, Messua, corrió hacia el rebaño y gritó: - ---¡Hijo mío! ¡Hijo mío! Dicen que eres un hechicero que si quiere -puede transformarse en fiera. Yo no lo creo, pero márchate, porque si -no te van á matar. Buldeo dice que eres un brujo; pero yo sé que tú no -has hecho más que vengar la muerte de Nathoo. - ---¡Atrás, Messua! ¡Vuelve atrás ó te apedreamos! gritó entonces la -multitud. - -Mowgli sonrióse con sonrisa forzada y breve, porque una piedra acababa -de darle en la boca. - ---Retrocede, Messua, añadió. Eso es uno de aquellos estúpidos cuentos -que inventan al anochecer, bajo la sombra del árbol. Al menos te habré -pagado la vida de tu hijo. ¡Adios! Y corre cuanto puedas, porque voy -á lanzar el rebaño contra ellos con más velocidad que la que llevan -los pedazos de ladrillo que me arrojan. No soy ningún brujo, Messua. -¡Adios! Ahora, Akela, júntame otra vez el rebaño, gritó. - -No ansiaban los búfalos otra cosa más que volver á la aldea. Apenas si -necesitaron que los azuzara Akela para lanzarse como un torbellino á -través de las puertas, dispersando á la multitud á derecha é izquierda. - ---¡Contadlos! gritó Mowgli con aire desdeñoso. Podría ser que os -hubiera robado alguno. Contadlos, porque ésta es la última vez que he -de apacentarlos. ¡Quedad con Dios, hijos de los hombres, y agradecedle -á Messua que no vaya yo también con mis lobos á cazaros en mitad de -vuestra calle! - -Volvió la espalda y echó á andar junto con el Lobo Solitario, y, -como se le ocurriera mirar á las estrellas, sintióse, entonces, -verdaderamente feliz. - ---Se acabó para mí el dormir dentro de una trampa, Akela. Recojamos la -piel de Shere Khan y vámonos. No causemos á la aldea el menor daño: -tengamos en consideración lo bien que Messua se ha portado conmigo. - -Al elevarse la luna sobre la llanura, dando á todas las cosas un tinte -algo lechoso, vieron con terror los aldeanos cómo Mowgli, acompañado -de dos lobos y con un fardo sobre su cabeza, corría á campo travieso -con aquel trote característico del lobo, que se traga las leguas como -nada. Entonces echaron á vuelo las campanas y soplaron en los caracoles -marinos con más fuerza que nunca; lloró Messua, y Buldeo comenzó á -adornar con tales primores la historia de sus aventuras en la selva que -acabó por decir que Akela se había erguido en dos pies hablando como un -hombre. - -Empezaba á descender la luna cuando Mowgli y los dos lobos llegaron -á la colina en que estaba la Peña del Consejo y se pararon ante la -caverna de mamá Loba. - ---Me han arrojado de la manada de los hombres, madre, gritó Mowgli, -pero he cumplido mi palabra, y vengo con la piel de Shere Khan. - -Salió mamá Loba de la caverna, andando como con dificultad, y llevando -tras sí los cachorros, y sus ojos brillaron vivamente en cuanto vió la -piel. - ---Ya le dije aquel día en que metió la cabeza y los hombros en esta -caverna yendo en tu busca para matarte, renacuajo mío, ya le dije que -el cazador sería cazado un día ú otro. ¡Bien lo has hecho! - ---¡Muy bien, Hermanito! dijo una voz profunda, allá en la espesura. -¡Ya te echábamos de menos en la selva! Y Bagheera vino, corriendo, -hasta á tocar los desnudos pies de Mowgli. Juntos subieron á la Peña -del Consejo, y, sobre la roca llana en que solía ponerse Akela, tendió -Mowgli la piel, sujetándola, luego, con cuatro pedazos de bambú. Echóse -sobre ella Akela, y lanzó el antiguo grito del Consejo:--¡Mirad, lobos, -mirad bien!--exactamente como dijo cuando por primera vez le llevaron -allí á Mowgli. - -Desde el día en que Akela había sido destituído, la manada se había -quedado sin jefe, cazando y luchando como mejor le parecía. Pero aun -contestaban á aquel grito por costumbre, y aunque fueran, algunos, -cojos por culpa de las trampas en que habían caído, y otros arrastraran -una pata por haber sido heridos en ella de un balazo, ó estuvieran -sarnosos por haber comido algo malo, ó, finalmente, se hubieran -extraviado, los que quedaban vinieron todos al Consejo de la Peña, -y vieron la piel rayada de Shere Khan tendida sobre la roca, y las -enormes garras colgando al extremo de las patas, que se balanceaban -vacías. Entonces fué cuando Mowgli compuso una canción sin rimas, -una canción que se le vino á los labios espontáneamente, y comenzó á -cantarla á grades voces, arrojándose sobre la piel y llevando el compás -con los talones, hasta que se le acabó el aliento, y mientras tanto el -Hermano Gris y Akela aullaban entre las estrofas. - ---¡Mirad bien, lobos, mirad bien! dijo Mowgli cuando hubo acabado. ¿He -cumplido mi palabra? Y los lobos, ladrando como perros, dijeron: ¡sí! y -uno de ellos, lleno de cicatrices y desgarrones en la piel, aulló: - ---¡Vuelve á guiarnos, Akela! Vuelve á guiarnos, hombrecito, porque -ya estamos aburridos de vivir sin Ley, y quisiéramos ser de nuevo el -Pueblo Libre de otros tiempos. - ---No, murmuró Bagheera, bien pudiera ser que os equivocárais. Cuando -estéis hartos, acaso os vuelva la locura de antes. No en balde os -llaman el Pueblo Libre. Por la libertad luchásteis y vuestra es. -Devoradla, lobos. - ---De la manada de los hombres y de la de los lobos me arrojaron, dijo -Mowgli. En adelante cazaré sólo en la selva. - ---Y nosotros contigo, dijeron los cuatro lobatos. - -Así pues, marchóse Mowgli y cazó con ellos en la selva á partir de -aquel día. Pero no siempre estuvo sólo, pues algunos años después, -cuando se hizo hombre, se casó. - -Mas desde entonces su historia es ya para personas mayores. - - [Ilustración] - - - =Canción de Mowgli al bailar sobre la piel de Shere Khan en la - Peña del Consejo=[6] - - -La canción de Mowgli es ésta.--Yo, el mismo Mowgli, soy quien la canta. -Que la selva preste oído á lo que he hecho. - -Shere Khan dijo que me mataría--¡que me mataría! ¡que ante las puertas -de la aldea, á la luz de la luna, mataría á Mowgli, la Rana! - -Comió y bebió. ¡Bebed mucho, Shere Khan! porque ¿cuándo será que -volváis á beber? Dormid, y soñad en mi muerte. - -Solo estoy entre los prados. ¡Hermano Gris, vente conmigo! Ven, Lobo -Solitario, que hay aquí caza mayor. - -Recoge á los enormes búfalos machos, á los toros de piel azul y ojos -coléricos. Llévalos de un lado á otro obedeciendo mis órdenes. - -¿Vuesa merced duerme aún, Shere Khan? ¡Despertad! ¡Ah! ¡Despertaos! -¡Estoy yo aquí, y detrás de mí están los búfalos! - -Rama, el rey de ellos, hirió el suelo con una de sus patas. Aguas del -Wainganga ¿á dónde fué Shere Khan? - -No es él como Ikki, que puede agujerear la tierra, ni como Mao, el pavo -real, para poder volar. No es como Mang, el murciélago, que se cuelga -de las ramas. ¡Bambúes que crujís todos á la vez, decidme á dónde fué á -esconderse! - -_¡Ow!_ Allí está. _¡Ahoo!_ Allí está. Bajo las patas de Rama yace el -tigre cojo. ¡Levantaos, Shere Khan! ¡Levantaos y matad! Ahí tenéis -carne: rompedles el cuello á los toros. - -¡Chist! Duerme. No lo despertaremos, porque grande es su fuerza. -Bajaron los milanos á verlo; subieron las negras hormigas á enterarse -de ello. Gran asamblea se ha reunido en su honor. - -_¡Alala!_ No tengo ropas en que envolverme. Los milanos verán que estoy -desnudo. Me avergüenzo de encontrarme ante toda esa gente. - -Prestadme vuestra piel, Shere Khan. Prestadme vuestra piel -pintarrajeada para que pueda ir al Consejo de la Peña. - -Por el toro que me rescató hice una promesa... una pequeñísima promesa. -Sólo que ahora me hace falta vuestra piel para cumplir mi palabra. - -Armado con el cuchillo (con el cuchillo que usan los hombres), armado -con el cuchillo de cazador, me bajaré á recoger mi botín. - -Aguas del Wainganga, sed testigos de que Shere Khan me da su piel por -el cariño que me tiene. ¡Tira, Hermano Gris! ¡Tira, Akela! ¡Bien pesada -es la piel de Shere Khan! - -Furiosa está la manada de los hombres. Apedréanme todos ellos y hablan -como chiquillos. Mi boca sangra. Huyamos. - -Á través de las tinieblas de la noche, de la cálida noche, corred -conmigo velozmente, hermanos míos. Dejaremos atrás las luces de la -aldea é iremos en dirección al sitio desde donde alumbra la luna, que -está baja. - -Aguas del Wainganga, la manada de los hombres me ha arrojado de su -seno. Ningún daño les hice; pero me tenían miedo. ¿Por qué? - -Manada de los lobos, también tú me has arrojado de tu seno. La selva se -ha cerrado para mí, y cerradas están también las puertas de la aldea. -¿Por qué? - -Como Mang vuela entre las fieras y los pájaros, así vuelo yo entre la -aldea y la selva. ¿Por qué? - -Bailo sobre la piel de Shere Khan; pero mi corazón está triste. Herida, -rota tengo mi boca con las piedras que me arrojaron desde la aldea, -pero estoy alegre por haber vuelto á la selva. ¿Por qué? - -Luchan en mí ambos sentimientos como luchan dos serpientes en la -primavera. - -Brota el llanto de mis ojos, y, sin embargo, río mientras él va -corriendo. ¿Por qué? - -Hay en mi dos Mowglis; pero la piel de Shere Khan está bajo mis pies. - -Toda la selva sabe que he dado muerte á Shere Khan. ¡Mirad!... ¡Mirad -bien, lobos! - -_¡Ahac!_ Tengo el corazón oprimido por todas las cosas que no llego á -entender. - - [Ilustración] - - - NOTAS: - -[6] Esta poesía, sin rimas y sin metro en el original, es, -principalmente, una imitación de la manera característica de Walt -Whitman, y en ello estriba su sabor primitivo, apropiado aquí, y algo -entre homérico y ossiánico.--N. del T. - - [Ilustración] - - - - - LA FOCA BLANCA - - ¡Duérmete, mi niño! La noche ha llegado, - y negra es el agua que verde brillaba: - la luna, al alzarse por entre las olas, - nos mira en su seno dormir recostadas. - - Donde chocan unas con otras revueltas - pon allí tu lecho, ve y allí descansa, - revuélcate á gusto, la cola torciendo: - no ha de despertarte la tormenta airada: - no hará en tí su presa tiburón osado - ¡duérmete, mi niño! ¡duérmete en el agua! - ¡duérmete al arrullo del mar que te mece! - ¡duérmete en los brazos de las olas mansas! - - (_Canción con que arrullan las focas á sus pequeñuelos_). - - -Cuanto voy á referir ocurrió, muchos años hace, en un lugar llamado -Novastoshnah ó Cabo del Noreste, en la isla de San Pablo, allá por -el mar de Behring. Contóme ese cuento Limmershin, el reyezuelo de -invierno, en ocasión en que el viento lo arrojó contra la arboladura -de un barco que iba al Japón, y en que yo me lo llevé á mi camarote, -calentándolo y alimentándolo durante un par de días, hasta que se halló -en disposición de tender el vuelo y regresar á San Pablo. Limmershin -es un pajarillo de genio bastante raro; pero tiene la cualidad de no -saber mentir. - -Nadie va á Novastoshnah como no sea para negocios, y las únicas que los -tienen allí constantes son las focas. Acuden en los meses de verano por -centenares y por miles, saliendo del mar frío y gris, pues saben que la -playa de Novastoshnah posee, para hospedar focas, mejores cualidades -que ningún otro sitio del mundo. - -Gancho de Mar estaba enterado de esto, y cada primavera, desde el punto -en que se hallara, se iba nadando hasta Novastoshnah, en línea recta, -como si fuera un torpedero, y allí pasaba un mes luchando con sus -colegas por conservar un buen sitio en las rocas, lo más cerca del mar -que le fuera posible. Gancho de Mar tenía quince años y era una enorme -foca macho, de color gris, con una piel sobre los hombros que parecía -crín, y unos dientes caninos largos, amenazadores. Cuando se levantaba -sobre sus extremidades anteriores elevábase á más de un metro de altura -sobre el suelo, y si alguien se hubiera atrevido á pesarlo habría -hallado que su peso era casi de unas setecientas libras. Estaba lleno -de cicatrices, consecuencia de salvajes luchas; pero, á pesar de eso, -mostrábase siempre dispuesto á aceptar nuevas peleas. Ladeaba en tales -casos la cabeza como si no se atreviera á mirar á su enemiga cara á -cara; pero de pronto caía sobre ella como un rayo, y cuando sus enormes -dientes se habían clavado fuertemente en el cuello de la otra foca, -podía ésta escapársele si lo lograba, pero no sería ciertamente Gancho -de Mar quien la ayudara á ello. - -Sin embargo, lo que nunca hizo fué atacar á una foca herida ya -por otras, porque esto era contrario á las reglas de la Playa. No -necesitaba más que un sitio para su prole, junto al mar; pero como -ocurría que cuarenta ó cincuenta mil focas más luchaban por lo mismo -cada primavera, el silbar, bramar, rugir y resoplar que se oían en -aquella playa eran algo verdaderamente horroroso. - -Desde una colina, llamada de Hutchinson, divisábase una extensión de -tierra de cerca de una legua, completamente cubierta de focas que -peleaban unas con otras, y, á la hora de la resaca, la playa quedaba -toda salpicada de puntos que eran las cabezas de otras muchas focas -que se apresuraban á ir á tierra para unirse á las que combatían. -Luchaban sobre las rompientes, luchaban en la arena y hasta sobre -las desgastadas rocas de basalto donde tenían sus viveros: eran tan -estúpidas y tan poco complacientes como si fueran hombres. Las hembras, -sus esposas, nunca iban á la isla hasta fines de Mayo ó primeros de -Junio, porque les hacía poca gracia la perspectiva de que las hicieran -pedazos en aquellas batallas; y en cuanto á los pequeñuelos de dos, -tres ó cuatro años, que no sabían aún lo que era el sostener una -familia, se iban tierra adentro, á alguna distancia, atravesando las -filas de combatientes para ponerse á jugar sobre las dunas en grupos ó -formando verdaderas legiones que destruían cuanta planta verde crecía -por allí. - -Llamábanlos los _holluschickie_ (la gente moza) y de ellos había, en -Novastoshnah sólo, quizá dos ó tres cientos mil. - -Un día de primavera, acababa Gancho de Mar de poner término á su pelea -número cuarenta y cinco, cuando Matkah, su dulce y suave esposa de -lánguida mirada, salió del mar, y en el mismo instante cogióla él -por el pescuezo y la plantó en el espacio de terreno que se había -reservado, mientras le decía refunfuñando: - ---¡Tarde, como de costumbre! ¿Dónde has estado? - -No solía Gancho de Mar comer nada en los cuatro meses que se pasaba -en la playa, y así estaba, generalmente, de muy mal humor. Matkah no -contestó á la pregunta: sabía que esto era lo mejor que podía hacer. -Tendió la mirada en torno suyo, y dijo muy tierna y suavemente: - ---¡Qué atención has tenido conmigo! Has tomado nuestro sitio de otras -veces. - ---¡Pues ya lo creo que sí! contestó Gancho de Mar. ¡Mírame! - -Estaba lleno de arañazos, y la sangre le corría de veinte heridas -distintas; tenía un ojo hundido y ambos costados hechos una lástima, -con la piel colgando á pedazos. - ---¡Ah! ¡Lo que sois los hombres! dijo Matkah abanicándose con la aleta -de una de sus patas posteriores. Pero ¿por qué no podéis ser razonables -y repartiros los sitios en paz? ¡Cómo estás! ¡Parece que te hayas -peleado con el _Cetáceo Carnicero_! - ---No he hecho otra cosa más que pelear, desde mediados de Mayo. La -playa está tan llena esta temporada que es una vergüenza. Lo menos he -tropezado con cien focas de la playa de Lukannon que iban buscando -alojamiento. ¿Por qué no podría quedarse la gente en su propia casa? - ---No pocas veces se me ha ocurrido la idea de que viviríamos mucho más -felices en la isla de Otter que en un lugar tan concurrido como éste, -dijo Matkah. - ---¡Bah! Los _holluschickie_ son los únicos que van á la isla de Otter. -Si fuéramos nosotros, dirían que lo hacemos por miedo. Hay que guardar -las apariencias, hija mía. - -Hundió Gancho de Mar la orgullosa cabeza entre los gruesos hombros, -y durante algunos minutos hizo como que dormía; pero no dejó ni un -momento de estar ojo avizor para el caso de que tuviera que comenzar -otra lucha. Ahora que todas las focas machos, con sus respectivas -hembras, estaban ya en tierra, su clamoreo podía oirse en algunas -leguas mar adentro, dominando el ruido de los más furiosos vendabales. -Contando por lo bajo, bien podía decirse que había allí, sobre -la playa, más de un millón de focas (focas viejas, focas madres, -pequeñuelos y _holluschickie_, peleándose, retozando, dando balidos, -arrastrándose y jugando), y ese millón iba y volvía del mar á la -playa y de la playa al mar en grupos, y, á veces, formando verdaderos -ejércitos, sin dejar ni un palmo de tierra donde no fueran á echarse -en toda la extensión que podía abarcar la vista, y entreteniéndose en -continuas escaramuzas á través de la niebla. En Novastoshnah hayla -casi siempre, excepción hecha de las raras ocasiones en que brilla por -un momento el sol y hace que aparezca todo como cuajado de perlas y -matizado con los colores del iris. - -En medio de ese barullo había nacido Kotick, el pequeñuelo de Matkah, -y era todo cabeza y hombros, con ojos claros, de un azul de agua, como -corresponde que sean los de las focas pequeñas; pero algo había en su -piel que era causa de que su madre lo mirara con profunda atención. - ---¡Gancho de Mar, dijo al fin, nuestro hijo va á ser blanco! - ---¡Caracoles! refunfuñó aquel. Nunca se ha visto en el mundo cosa tan -rara. ¡Una foca blanca! - ---Pues no sé que decirte; ahora se verá. - -Y comenzó á cantar en voz baja y berreante la canción de las focas, que -todas las que son madres cantan á sus hijos: - - No nades nunca hasta las seis semanas - si no quieres hundirte sin remedio; - tormentas estivales y cetáceos - son un peligro cierto. - - Son peligrosos, ratoncillo mío, - muy peligrosos para el que es pequeño; - pero báñate, y crece, y hazte fuerte... - y no tengas ya miedo, - ¡y atrévete ya entonces, - hijo del mar inmenso! - -Por supuesto que el chiquitín no entendía, al principio, aquellas -palabras. Chapoteaba en el agua, ó andaba á gatas por el suelo al lado -de su madre, é iba aprendiendo á escaparse, tropezando más ó menos, -cuando veía que su padre se peleaba con otra foca y ambos rodaban con -feroces bramidos por encima de las resbaladizas rocas. Matkah solía ir -al mar á buscar comida, y el pequeñín no se alimentaba más que una sola -vez cada dos días; pero entonces comía cuanto le era posible, y así iba -creciendo. - -Lo primero que hizo fué ir gateando tierra adentro, y allí encontró -miles y miles de pequeñuelos de su misma edad, jugando todos como -cachorrillos, durmiendo sobre la limpia arena, y jugando de nuevo -después. La gente vieja, en los viveros, no hacía caso de ellos, y los -_holluschickie_ no se movían de su propio terreno, con lo cual los -chiquitines podían jugar á sus anchas. - -Al volver Matkah de su pesca en alta mar, íbase en dirección al -sitio en que tales juegos se verificaban, y, balando como la oveja -que llama á su corderillo, esperaba hasta que otro balido de Kotick -le contestara. Entonces, íbase hacia él en línea recta, tan recta -que no podía serlo más, abriéndose paso con las aletas de sus patas -delanteras, dando golpes y revolcando por el suelo, á derecha é -izquierda, á toda la chiquillería aquélla que le estorbaba. Siempre -había algunos centenares de madres que iban en busca de sus hijos, -á través del sitio destinado á jugar, y así puede decirse que los -pequeñuelos tenían allí una vida muy animada, muy _movida_; pero, como -le dijo Matkah á Kotick: «Mientras no te eches sobre el fango y cojas -sarna; mientras no vayas á restregarte alguna cortadura ó arañazo -contra la dura arena; y mientras, finalmente, no se te ocurra nadar -cuando la mar está picada, nada puede dañarte aquí en lo más mínimo». - -Cuando las focas son pequeñas no saben nadar, lo propio que les ocurre -á los niños; pero no están contentas hasta que aprenden. La primera -vez que Kotick se echó al mar vino una ola y se lo llevó á donde había -mucha más profundidad de lo que era conveniente para él, y su gruesa -cabeza se hundió, al paso que sus pequeñas aletas posteriores fuéronse -en alto por encima del agua, exactamente como le había dicho que le -sucedería su madre, al cantarle la canción que hemos copiado; y gracias -que otra ola lo recogió, lanzándolo de nuevo á la playa, pues, de no -ser así, se hubiera ahogado. - -Aprendió, después de esto, á estarse tendido en un charco de la playa -y esperar que las oleadas le cubrieran y lo levantaran mientras él -chapoteaba, pero siempre anduvo ya alerta para el caso que vinieran -olas muy grandes, de las que pueden hacer daño. Dos semanas estuvo -aprendiendo el modo de usar sus aletas, y durante todo este tiempo -entraba y salía del agua deslizándose, y tosía, gruñía, se arrastraba -por la playa y dormitaba sobre la arena, hasta que luego volvía á las -andadas. Así se convenció de que el agua era verdaderamente su elemento. - -Entonces, bien podéis imaginaros lo que se divertiría con sus -compañeros, dando chapuzones para pasar por debajo de las olas, ó -llegando á la playa sobre la cresta de una de ellas y cayendo con sordo -ruido, resoplando para no ahogarse, mientras la enorme ola subía como -un torbellino por la arena; ó alzándose sobre la cola y rascándose -la cabeza, como veía él que la gente madura hacía; ó jugando á «yo -soy el Rey del castillo[7]» sobre las resbaladizas rocas, llenas de -vegetaciones, que asomaban á flor de agua. De vez en cuando veía una -delgada aleta semejante á la de un enorme tiburón, que iba costeando, -costeando, y como no se le ocultaba que aquello era el _Cetáceo -Carnicero_, el delfín, que se come á las focas pequeñas cuando puede -apoderarse de ellas, Kotick se iba como una flecha hacia la playa, y la -aleta se alejaba bailando lentamente sobre el agua como si nada hubiera -ido á buscar por allí. - -Hacia fines de Octubre comenzaron las focas á abandonar la isla de San -Pablo para internarse en alta mar, yendo reunidas en familias y tribus, -cesando en sus peleas por culpa de los viveros, y los _holluschickie_ -podían ya jugar en todas partes donde se les antojara. «Para el año que -viene, dijo Matkah á Kotick, tú también serás un _holluschickie_; pero -este año tienes aún que aprender cómo se cazan los peces». - -Partieron juntos, pues, atravesando el Pacífico, y Matkah le enseñó á -Kotick á dormir de espalda, con las aletas plegadas á los lados y la -naricita asomándose á flor de agua. No hay cuna tan cómoda como resulta -serlo el continuado balanceo de las olas en el mar Pacífico. Cuando -Kotick comenzó á sentir en la piel cierto hormigueo, Matkah le dijo que -entonces empezaba á experimentar _la sensación del agua_, y que esos -hormigueos y pinchazos en la piel anunciaban mal tiempo, por lo cual -había que darse prisa en nadar y alejarse. - - -Dentro de poco sabrás también hacia donde has de dirigirte cuando -nades; pero, por ahora, seguiremos al puerco marino, al marsuino, -que sabe mucho. Toda una escuela de marsuinos se agitaba por allí, -chapuzándose en el agua, dando carreras de un lado para otro, y Kotick -los siguió con toda la velocidad que le fué posible. - ---¿Cómo os arregláis para saber hacia dónde tenéis que dirigiros? -preguntó anhelante. - -Movió los blancos ojos hacia todos lados el director de la escuela y se -lanzó de cabeza bajo el agua. - ---Siento hormigueos en la cola, muchacho, le contestó. Significa esto -que detrás de mí viene un temporal. ¡Vámonos! Cuando uno se halla al -Sur del Mar Pegajoso (quería decir el Ecuador) y nota picazón en la -cola, es anuncio de que se te viene de frente el temporal, y hay que -dirigirse hacia el Norte. ¡Ven! La mar está aquí muy picada. - -Fué ésta una de las muchas cosas que Kotick aprendió, y el aprender era -en él tarea constante. Matkah le enseñó á perseguir los bacalaos y las -platijas á lo largo de los bancos de arena y á arrancar el esperinque -de sus agujeros cubiertos de yerbas; cómo ir bordeando los restos de -naufragios medio enterrados á cien brazas bajo el agua, y lanzarse con -la rapidez de una bala entrando por una de las portas y saliendo por -la otra, según hacen los peces; cómo sostenerse sobre la cresta de las -olas cuando los rayos cruzaban el espacio, y saludar cortesmente á la -albatros, de corta y ancha cola, ó á la fragata, al verlas pasar por -los aires siguiendo la dirección del viento; cómo saltar fuera del -agua á la altura de tres ó cuatro pies, á la manera de los delfines, -apretadas á los lados las aletas y encorvada la cola... - -Enseñóle también á dejar tranquilos á los peces voladores, porque no -tienen más que espinas; á arrancar de un bocado un pedazo de espalda á -un bacalao corriendo á toda velocidad, á diez brazas bajo la superficie -del mar; y á no pararse nunca á mirar un bote ó un buque, pero -principalmente ningún barco de remos. Al cabo de seis meses, lo que -Kotick no sabía sobre la pesca en alta mar era porque no valía la pena -de saberse, y durante todo este tiempo nunca sus aletas tocaron tierra -seca. - -Un día, sin embargo, mientras estaba dormitando en el agua, tibia -entonces, en un sitio cercano á la isla de Juan Fernández, sintió una -dejadez en el cuerpo y un mareo como los que suelen sentir las personas -al llegar la primavera, y viniéronsele á la memoria las dulces y -seguras playas de Novastoshnah, á siete mil millas de distancia; los -juegos de sus compañeros; el olor de las plantas marinas; el bramar de -las focas, y las continuas luchas. En aquel mismo instante hizo rumbo -hacia el Norte, nadando pausadamente, y á poco hallóse con bastantes -docenas de compañeros que llevaban también la misma dirección. - ---¡Salud, Kotick! le dijeron. - -Este año somos todos _holluschickie_, y podemos bailar la _danza del -fuego_ en las rompientes frente á Lukannon, y jugar sobre la yerba. -Pero ¿de dónde has sacado esa piel? - -Era ahora la piel de Kotick casi completamente blanca, y, aunque se -sintiera orgulloso de ella, no contestó más que: - ---¡Nadad aprisa! Los huesos me duelen y deseo llegar á tierra. - -Y así fuéronse todos á las playas en que habían nacido, y oyeron á sus -padres, las focas viejas, peleándose entre la niebla. - -Aquella noche Kotick bailó la _danza del fuego_ con las focas -que contaban un año de edad. En todo el espacio que media entre -Novastoshnah y Lukannon el mar está lleno de fuego en las noches -de verano, y cada foca deja en pos de sí una estela como de aceite -hirviendo, lanza flamígeros chispazos al saltar en el agua, y las -olas rompen unas contra otras en grandes, fosforescentes rayas y -remolinos. Después fuéronse tierra adentro, hacia el sitio reservado á -los _holluschickie_, revolcáronse en el recien nacido trigo silvestre, -y refirieron cuentos de lo que habían hecho durante el tiempo de su -estancia en el mar. Hablaban del Pacífico como hablarían unos niños -del bosque en que han estado jugando y cogiendo los frutos de los -árboles, y, si alguien hubiera podido oirles, con los datos por ellos -suministrados habría podido trazar un mapa tan detallado como jamás -hubo otro alguno. Los _holluschickie_ de tres y de cuatro años de edad -se precipitaron desde la colina de Hutchinson gritando: - ---¡Largo de ahí, muchachos! El mar es hondo y no sabéis aun todo lo que -guarda. Esperad hasta que hayáis doblado el Cabo. ¡Ja! ¡Ja! ¡Chiquitín! -¿Dónde te has encontrado esa piel tan blanca? - ---No la he encontrado en ninguna parte, dijo Kotick. Ha crecido sola. -Y cuando se preparaba ya á darle un revolcón al que acababa de hablar, -dos hombres de negro cabello y rojas caras aplastadas salieron de -detrás de una duna, y Kotick, que nunca había visto á un hombre, tosió -y bajó la cabeza. Los _holluschickie_ se replegaron formando un pelotón -á algunos metros de distancia, y se quedaron quietos mirando con aire -estúpido. Los dos hombres eran nada menos que Kerick Booterin, el jefe -de los cazadores de focas de la isla, y Patalamon, su hijo. Venían de -la aldea situada á cosa de media legua del vivero de focas, y estaban -discutiendo cuáles escogerían para llevárselas al matadero (porque las -focas se dejan llevar como corderos) y convertirlas, más tarde, en -chaquetas de piel de las que usan las señoras. - ---¡Oh! ¡Mira! dijo Patalamon. Hay una foca blanca. - -Kerick Booterin palideció hasta quedarse casi completamente blanco él -también bajo la capa de aceite y de humo de que iba cubierto, porque -era un aléuta, y los habitantes de las islas Aléutas no se distinguen -por la limpieza. Después comenzó á murmurar una oración. - ---No la toques, Patalamon, dijo. No se ha visto una foca blanca -desde... desde mi nacimiento acá. Tal vez es el alma del viejo Zaharrof -que ha tomado esta forma. Desapareció el año pasado en medio de aquella -horrorosa tempestad que hubo. - ---No, no me acerco á ella, contestó Patalamon. Es de mal agüero. ¿Te -parece que será verdaderamente el alma del viejo Zaharrof que vuelve -del otro mundo? Yo le debo algunos huevos de gaviota. - ---No la mires, dijo Kerick. Llévate ese rebaño de las de cuatro años. -Nuestros hombres debieran desollar hoy doscientas, pero estamos á -principios de temporada y les falta práctica. Con cien bastarán. -¡Despacha! - -Hizo sonar Patalamon un par de omoplatos de foca, dándole al uno contra -el otro, en frente de la manada de _holluschickie_, y quedáronse todos -quietos como muertos, y soplando con fuerza. Adelantó entonces algunos -pasos, y las focas comenzaron á moverse, y Kerick fué guiándolas tierra -adentro, sin que intentaran volverse atrás para reunirse con sus -compañeras. - -[Ilustración] En número de centenares de miles viéronlas las otras -focas alejarse conducidas por el hombre, pero siguieron jugando como si -tal cosa. Sólo Kotick hizo algunas preguntas, á las que nadie supo qué -contestar, como no fuera que, cada año, se llevaban los hombres algunas -focas de aquel modo, por espacio de seis semanas ó de dos meses. - ---Pues yo me voy detrás, dijo, y los ojos se le saltaban casi, -siguiendo la pista del rebaño. - ---La foca blanca nos sigue, gritó Patalamon. Ésta es la primera vez que -una foca ha venido al matadero por sí sola. - ---¡Chist! ¡No mires hacia atrás! dijo Kerick. No hay duda de que es el -alma de Zaharrof. Tengo que hablarle de esto al sacerdote. - -La distancia que mediaba hasta llegar al matadero no era más que de -unos ochocientos metros, pero tardóse una hora en recorrerla, porque -bien sabía Kerick que si las focas iban demasiado aprisa se acalorarían -más de lo conveniente, y luego, al desollarlas, la piel saldría á -pedazos. Así, pues, fueron muy despacio, pasando por la _Garganta del -León Marino_ y por la _Casa de Webster_, hasta que llegaron á la _Casa -de la Sal_, completamente fuera del alcance de las miradas de las focas -que en la playa quedaban. Kotick iba siguiendo, anhelante y pasmado -de cuanto veía. Creyó hallarse en el fin del mundo, pero los bramidos -que se oían detrás de él, procedentes de los viveros de las focas, -resonaban con tanta fuerza como el estruendo de un tren al pasar por un -túnel. Kerick sentóse sobre el musgo, sacó un pesado reloj de peltre, y -dejó que el rebaño se enfriara algo por espacio de media hora, durante -la cual podía oir Kotick cómo iban cayendo de la gorra de aquel hombre -gotas del agua que la niebla había dejado en ella. Luego, diez ó doce -hombres, cada uno armado de una cachiporra recubierta de hierro y -midiendo cosa de un metro de largo, llegaron, y Kerick les señaló á una -ó dos focas del rebaño que habían sido mordidas por sus compañeras, ó -no se habían enfriado bastante, por lo que los hombres las apartaron -del rebaño, dándoles puntapiés con sus pesadas botas, hechas de piel de -morsa, y entonces dijo Kerick: - ---¡Ahora! - -Inmediatamente comenzaron los hombres á dar golpes en la cabeza á las -focas, con toda la rapidez posible. - -Diez minutos después, Kotick no pudo ya reconocer á las que fueron sus -compañeras, pues sus pieles habían sido arrancadas, desde el hocico -hasta las aletas posteriores, secadas y puestas sobre el suelo en un -gran montón. - -No quiso ver más. Volvióse Kotick en redondo y galopó hacia el mar -(porque una foca puede galopar muy velozmente durante breve rato), -erizados por el terror sus nacientes bigotes. En la _Garganta del León -Marino_, donde esos animales descansan junto al sitio hasta donde llega -la resaca, lanzóse de cabeza, aletas en alto, en el agua fresca, y allí -se balanceó, suspirando tristemente. - ---¿Quién anda ahí? gruñó un león de mar, porque generalmente no gustan -éstos de más sociedad que la de sus iguales. - ---_¡Scoochnie! ¡Ochen scoochnie!_ (Estoy sólo, muy sólo!) dijo Kotick. -¡Están matando á _todos_ los _holluschickie_ en _todas_ las playas! - -El león marino volvió la cabeza en dirección de tierra. - ---¡Qué disparate! dijo. ¿No oyes á tus amigos alborotando como de -costumbre? De fijo que habrás visto á ese viejo de Kerick despachando -una manada. Treinta años ha que no hace otra cosa. - ---¡Eso es horrible! dijo Kotick nadando hacia atrás en el momento en -que quedaba cubierto por una ola, y afirmando el cuerpo por medio de -un movimiento en espiral de sus aletas, que lo levantó completamente -erguido y á tres pulgadas de distancia del borde dentado de una roca. - ---¡Bien! ¡No lo has hecho mal para tu edad! dijo el león marino que era -buen juez en materia de natación. Y luego añadió: - ---Supongo que debe de ser horrible para tí, juzgando lo que ocurre bajo -el aspecto que tú lo juzgas; pero si vosotras las focas os empeñáis en -venir aquí año tras año, es natural que los hombres se enteren, y lo -que es como no lleguéis á encontrar una isla á la cual no vayan nunca -ellos, siempre os veréis perseguidas. - ---¿Y no hay ninguna isla de esta clase? - ---He perseguido al _poltoos_ (la platija) por espacio de veinte años, -y no puedo decir aún que haya hallado una isla así. Pero, mira... -(ya que observo que te gusta conversar con tus superiores), podrías -ir al islote del _Caballo Marino_ y hablar á _Sea Vitch_. Tal vez él -sepa algo. Y no salgas disparado de ese modo. De aquí á allá hay seis -millas, y antes de nadar tan largo trecho, si yo fuera de tí, echaría -un sueñecito, chiquitín. - -Parecióle bien el consejo á Kotick, y así nadó hasta su propia -playa, saltó á tierra y durmió, por espacio de media hora, con -extremecimientos en todo el cuerpo, como suelen hacer las focas. -Despues salió en dirección del islote del _Caballo Marino_, pedazo -de isla, pequeño y lleno de rocas, situado casi al Noreste de -Novastoshnah, sembrado de picos y de nidos de gaviota, donde las morsas -solían reunirse sin más compañía que la de ellas mismas. - -Saltó á tierra junto al viejo _Sea Vitch_, el enorme, feo, hinchado, -granujiento caballo marino del Norte del Pacífico, ancho de cuello, de -largos colmillos, sin más modales que los que tiene cuando duerme.... -que es lo que hacía entonces, con las aletas posteriores mitad fuera y -mitad dentro del agua. - ---¡Despiértate! le dijo Kotick, casi ladrando, para que lo oyera, -porque las gaviotas metían gran ruido. - ---¡Ah! ¡Oh!... ¿Qué?... ¿Qué hay? dijo _Sea Vitch_, y le pegó á la -morsa que tenía al lado un golpe con los colmillos despertándola, y -aquélla otro á la más próxima, y así fueron siguiendo, hasta estar -todas despiertas y mirando fijamente en todas direcciones, excepto en -la que debían. - ---¡Je! Soy yo, dijo Kotick agitándose en la orilla, donde ofrecía todo -el aspecto de una diminuta babosa blanca. - ---¡Vaya! ¡Que me desuellen vivo si...! exclamó _Sea Vitch_, y en -seguida comenzaron todos á mirar á Kotick como puede imaginarse uno que -los soñolientos viejos, socios de algún casino, mirarían á un niño que -cayera entre ellos. En cuanto oyó lo de desollar, no quiso Kotick que -le hablaran más de esto, pues bien harto de ver desollar estaba, y así -empezó á decir á gritos: - ---¿No hay ningún sitio á donde puedan ir las focas, sin peligro de -encontrarse con hombres? - ---Anda á buscarlo tú, dijo _Sea Vitch_ cerrando los ojos. ¡Márchate, -que aquí tenemos que hacer! - -Dió Kotick un salto en el aire al estilo de los delfines, y púsose á -gritar á plenos pulmones: - ---¡Zampa-ostras! ¡Zampa-ostras! - -Estaba él enterado de que _Sea Vitch_ no había cogido un pez en toda su -vida, sino que se limitaba á hozar buscando ostras y plantas marinas, -aunque se las echara de terrible, pretendiendo ser lo contrario de -lo que era. Naturalmente, sucedió entonces que los _chickies_, los -_gooverooskies_ y los _epatkas_, las gaviotas de todas clases y los -mergos, que están siempre en acecho de cuantas ocasiones se les -presenten para mostrar su mala educación, hicieron coro repitiendo -aquellas palabras, y (al menos así me lo contó Limmershin) por espacio -de cinco minutos no hubiera podido oirse el disparo de una escopeta en -todo el islote del _Caballo marino_. Cuantos en él vivían gritaban á -voz en cuello: - ---¡Zampa-ostras! _¡Stareek!_ (viejo). - -Entre tanto _Sea Vitch_ se movía de un lado á otro refunfuñando y -tosiendo. - ---¿Hablarás ahora? dijo Kotick casi perdido el aliento. - ---Anda y pregúntale á la _Vaca marina_ lo que quieres saber, contestó -_Sea Vitch_. Si aún vive, ella podrá decírtelo. - ---¿Y cómo conoceré á la _Vaca marina_ cuando la encuentre? dijo Kotick, -marchándose ya. - ---Es lo más feo de cuanto vive en el mar después de _Sea Vitch_, gritó -una gaviota deslizándose ante las mismas barbas de éste... lo más feo y -de peores modales. _¡Stareek!_ - -Nadó otra vez Kotick hacia Novastoshnah dejando á las gaviotas -gritar cuanto quisieran. Llegado allí, vió que nadie tomaba el menor -interés en sus tentativas por descubrir un sitio donde pudieran vivir -tranquilamente las focas. Dijéronle que siempre los hombres se habían -llevado con ellos á los _holluschickie_, que esto formaba parte de su -diaria labor, y que si no quería ver cosas desagradables, no tenía para -qué haber ido al matadero. Pero ninguna de las otras focas había visto -las matanzas aquéllas, y en el no haberlo visto estribaba la diferencia -entre él y sus compañeras. Además, Kotick era una foca blanca. - ---Lo que has de hacer, dijo Gancho de Mar después de haber oído el -relato de las aventuras de su hijo, es crecer, convertirte en una -foca tan grande como tu padre, y tener un vivero en la playa: verás, -entonces, como te dejan en paz. De aquí á cinco años debieras hallarte -ya en disposición de luchar y defenderte solo. - -Hasta la amable Matkah, su madre, le dijo: - ---No podrás evitar nunca esas matanzas. Anda y vete á jugar en el mar, -Kotick. Y, efectivamente, fuése y bailó la _danza del fuego_, pero con -el corazón muy oprimido por la tristeza. - -Abandonó la playa aquel otoño tan pronto como pudo, y púsose en -marcha completamente solo, porque en su cabecita bullía una idea. Iba -en busca de la _Vaca marina_, si era verdad que existía en el mar -semejante personaje, y hallaría después una isla tranquila, rodeada -de playas seguras donde pudieran vivir las focas sin que los hombres -llegaran hasta ellas. Con tal motivo exploró uno y otro día desde -el Norte al Sur del Pacífico, llegando á nadar hasta trescientas -millas en el espacio de veinticuatro horas. Es imposible referir sus -innumerables aventuras, pero bastará decir que estuvo á punto de ser -devorado por los tiburones y por el pez martillo, tropezando con todos -los más peligrosos malhechores que vagan por los mares, con enormes -é inofensivos peces, y con las conchas manchadas de color escarlata -que están como ancladas en un mismo sitio por centenares de años y en -ello cifran todo su orgullo... Á quien nunca encontró fué á la _Vaca -marina_, ni tampoco una isla como la que él soñaba. Cuando la playa -era excelente, dura, con su poco de declive, tierra adentro, para que -las focas pudieran jugar en él, siempre se divisaba en el horizonte la -columna de humo de un ballenero que estaba hirviendo grasa, y Kotick -sabía lo que _eso_ significaba. O bien notaba claras huellas de que en -la isla había habido focas, que fueron muertas por los hombres, y donde -éstos habían puesto una vez los pies, pensaba él, bien podían ponerlos -dos. - -Juntóse con una vieja albatros que le dijo que la isla de Kerguelen era -el mejor sitio para vivir en paz y tranquilidad, y cuando se dirigió -Kotick hacia allí, por poco queda hecho pedazos contra la negra y -acantilada costa, en una fuerte tormenta de granizo acompañada de rayos -y truenos. Y, no obstante, luchando contra el viento, pudo ver que -hasta allí había habido, tiempo atrás, un vivero de focas. Lo mismo -ocurría en cuantas islas visitó. - -Limmershin díjome los nombres de todas y formaban larga lista, -porque, según él afirmó, pasóse Kotick cinco estaciones explorando -continuamente, á excepción de un descanso anual de cuatro meses en -Novastoshnah, durante el cual solían los _holluschickie_ burlarse de -él y de sus islas imaginarias. Estuvo en Galápagos, en el Ecuador, -sitio horrorosamente seco donde le pareció que le cocían vivo; fué á -las islas Georgias, á las Orcadas, á la isla de la Esmeralda, á la del -Ruiseñor, á la de Gough, á la de Bouvet, á la de Crossets, y hasta á -una islita, del tamaño de una mancha, que existe al Sur del Cabo de -Buena Esperanza. Pero en todas partes le dijeron lo mismo. En tiempos -inmemoriales las focas habían ido á aquellas islas, siendo perseguidas -y exterminadas por los hombres. Hasta un día en que se alejó del -Pacífico algunos miles de millas y llegó á un sitio llamado _Cabo -Corrientes_ (y esto fué cuando volvía de la isla de Gough), hallóse con -algunos centenares de focas sarnosas que estaban descansando en una -roca, y le dijeron que también allí iban los hombres. - -Entristecióle esto tan profundamente que hizo rumbo hacia el Cabo para -volver á sus propias playas, y por el camino abordó á una isla llena de -verdes árboles, donde halló una foca vieja, muy vieja, moribunda, para -la cual buscó algunos peces, contándole después todas sus penas. - ---Ahora, dijo Kotick, vuelvo á Novastoshnah, y si se me llevan al -matadero con los _holluschickie_ poco me importa ya. - ---Prueba otra vez, contestóle la foca vieja. Yo soy la última de la -perdida tribu de Masafuera, y, en los tiempos en que los hombres solían -matarnos á centenares de miles, referíase en las playas la conseja de -que algún día una foca blanca, venida del Norte, llevaría al pueblo de -las focas á un lugar tranquilo. Vieja soy y no he de ver ya ese día; -pero otras lo verán. Prueba una vez más. - -Retorcióse Kotick los bigotes (que los tenía muy hermosos), y dijo: - ---Yo soy la única foca blanca que ha nacido en playa alguna, y soy -también la única, blanca ó negra, que ha pensado en descubrir nuevas -islas. - -Animóle muchísimo este encuentro, y, aquel verano, cuando volvió -á Novastoshnah, rogóle Matkah, su madre, que se casara y viviera -tranquilo, porque no era ya un _holluschick_, sino todo un Gancho de -Mar, hecho y derecho, con su blanca melena rizada sobre la espalda, y -tan espesa, larga y de feroz aspecto como la de su padre. - ---Dame una temporada más de espera, dijo él. Acuérdate, madre, de que -siempre es la séptima la ola que más lejos llega en la playa. - -Dió la casualidad de que había otra foca que también pensó en aplazar -el casarse hasta el año próximo, y Kotick bailó con ella la _danza del -fuego_, en toda la extensión de la playa de Lukannon, la noche antes -de partir para el último de sus viajes exploradores. - -Dirigióse esta vez hacia el Oeste porque acababa de descubrir el rastro -de un gran número de platijas que tal rumbo llevaban, y él necesitaba, -por lo menos, un centenar de libras de pescado para mantenerse en buena -salud. Persiguiólas hasta cansarse, y, entonces, enroscóse y se durmió -en uno de los hoyos que deja en la tierra la resaca, en dirección de la -isla del Cobre. - -Conocía perfectamente aquella costa, y así, hacia media noche, al -sentirse caer blandamente sobre un lecho de plantas marinas, exclamó: - ---¡Uy! La marea sube muy rápida esta noche. Y dando media vuelta -bajo el agua, abrió los ojos calmosamente y se desperezó. Pero, de -pronto, brincó como un gato, porque acababa de ver algo enorme que iba -olfateando por encima de los bajíos y engulléndose grandes flecos de -algas. - ---¡Por las olas del Estrecho de Magallanes!... dijo entre sí. ¿Quién -son esas gentes? - -No se parecían ni á los caballos marinos, ni á los leones ó á los -osos de mar, ni á las focas, ballenas, tiburones, peces ó conchas que -Kotick estaba acostumbrado á ver. Tenían de seis á nueve metros de -largo y carecían de aletas posteriores, pero poseían, en cambio, una -cola, en forma de pala, que no parecía sino que había sido recortada -de un pedazo de cuero mojado. Su cabeza ofrecía el más marcado aire de -estupidez que puede imaginarse, y balanceaban el cuerpo en el agua, -sobre el extremo de la cola, cuando no comían, saludándose unos á otros -con gran solemnidad y agitando sus aletas delanteras como hombres muy -gruesos que movieran los brazos. - ---¡Ejem! dijo Kotick. ¿Pinta bien la suerte, caballeros? Y aquellos -seres enormes contestaron saludando y agitando las aletas, á la manera -de lo que hacía _Frog-Footman_[8]. Cuando volvieron á comer notó Kotick -que tenían el labio superior partido en dos pedazos, que podían separar -uno de otro á cosa de medio metro de distancia, y volverlos á juntar -después, sosteniendo entre ambos pedazos más de media fanega de algas. -Metíanlas en la boca y las mascaban con toda solemnidad. - ---Sucio modo de comer es ese, exclamó Kotick. Y como le saludaran -nuevamente, comenzó á perder ya la paciencia. - ---¡Bueno! dijo. Si, por lo visto, tenéis en las aletas delanteras -una articulación más que los otros, no por eso habéis de estarlo -demostrando de ese modo. Ya veo que saludáis con muchísima gracia, pero -preferiría que me dijerais cómo os llamáis. - -Los labios partidos moviéronse y se separaron; los vítreos y verdes -ojos miraron fijamente; pero sus dueños no dijeron una palabra. - ---¡Vaya! dijo Kotick, vosotros sois la única gente que he encontrado -más feos que _Sea Vitch_... y más mal educados aún que él. - -Vínosele entonces á la memoria, con la prontitud de un relámpago, lo -que le había dicho la gaviota en la isla del _Caballo Marino_ cuando -no tenía más que un año, y dejóse caer de espalda en el agua, contento -porque veía claramente que acababa de hallar, por fin, á la _Vaca -marina_. - -Continuaron éstas (porque realmente lo eran) buscando algas y -mascándolas como queda dicho, y, entre tanto, fué Kotick haciéndoles -preguntas en cada uno de los idiomas que había aprendido en sus viajes, -que no eran pocos, pues el _Pueblo de los mares_ usa casi tantos -lenguajes como los seres humanos. Pero las vacas marinas no hablan, -y así no le contestaron. Tienen únicamente seis huesos en el cuello -en vez de siete, y las gentes del mundo submarino dicen que esto les -impide hablar hasta á los de su misma clase. Sin embargo, como hemos -dicho anteriormente, poseen una articulación de más en sus aletas -delanteras, y, moviéndolas de arriba abajo y de un lado para otro, -forman así una especie de torpe clave telegráfica que les sirve para -entenderse. - -Al hacerse de día pudo verse que la melena de Kotick estaba -completamente erizada. En cuanto á su paciencia había ido ya á parar -á donde van los cangrejos cuando mueren. De pronto, las vacas marinas -comenzaron á hacer rumbo hacia el Norte con gran calma, parándose de -cuando en cuando para verificar absurdos conciliábulos en que no hacían -más que saludarse de cuando en cuando, y Kotick las siguió, diciéndose: - ---Gente tan estúpida como ésta hace mucho tiempo que hubiera sido ya -exterminada, á no haber hallado alguna isla en que pudiera vivir sin -cuidado; y lo que es bastante bueno para la Vaca marina, lo es también -para Gancho de mar. Sea como fuere, ojalá que despacharan de una vez. - -Era aquello para Kotick pesadísimo trabajo. La manada no recorría más -que cuarenta ó cincuenta millas cada día, se paraba de noche para -comer, y tenía buen cuidado de no apartarse mucho de la playa, al paso -que Kotick nadaba en torno suyo, y por encima, y por debajo, sin que -lograra hacerles ir ni media milla más aprisa. - -Al alejarse más hacia el Norte volvieron á tener otros de sus -conciliábulos, con intervalos de unas cuantas horas, y Kotick se -arrancaba casi los bigotes de tanto mordérselos con impaciencia, hasta -que, al fin, vió que remontaban una corriente de agua tibia, y entonces -sintió por aquellos seres algo más de respeto. - -Una noche hundiéronse á través del agua reluciente (un modo de hundirse -como si fueran piedras), y, por primera vez desde que él las había -conocido, comenzaron á nadar con gran rapidez. Siguióles Kotick y tanta -celeridad le dejó pasmado, porque nunca pudo ocurrírsele la idea de que -una vaca marina fuera tan excelente nadadora. Dirigiéronse á un sitio -acantilado de la costa, que se hundía en el agua, y se zambulleron en -un agujero que había al pie, á veinte brazas bajo el nivel del mar. -Metiéronse por un obscuro túnel, y Kotick, que las siguió, se ahogaba, -por falta de aire fresco que respirar, después de tanto rato de estar -nadando. - ---¡Por vida de...! exclamó dando boqueadas y resoplando al salir, por -el lado opuesto, al mar abierto y libre. ¡El chapuzón ha sido largo, -pero valía la pena de soportarlo! - -Habíanse separado unas de otras las vacas marinas, y comían -perezosamente á la orilla de las más hermosas playas que Kotick viera -en su vida. Había allí grandes extensiones de roca viva y desgastada, -pulida, que se prolongaban durante millas enteras, lo más apropiadas -que podía imaginarse para viveros de focas; otras formadas de dura -arena, detrás de las primeras, y en declive que miraba tierra adentro, -buenas para jugar en ellas; y rompientes para bailar las focas sobre el -agua; y blanda yerba para revolcarse; y dunas para trepar por la arena, -descendiendo luego; y, sobre todo, Kotick conoció con sólo tocar el -agua, que nunca engaña á un verdadero Gancho de mar, lo más importante: -que jamás el hombre había llegado hasta allí. - -Su primer cuidado fué asegurarse de que la pesca podía hacerse en -buenas condiciones, y luego nadó bordeando la orilla, y contó los -deliciosos, bajos islotes de arena, medio escondidos en la pintoresca -y rastrera niebla. Á lo lejos, hacia el Norte, veíase una línea de -bancos de arena, de escollos y de rocas que no hubieran dejado á ningún -barco acercarse á menos de seis millas de la playa, y entre las islas -y la tierra firme había un profundo canal que llegaba á tocar los -acantilados perpendiculares de la costa, debajo de los cuales se abría -la boca del túnel. - ---Esto es un segundo Novastoshnah, dijo Kotick, pero diez veces mejor -que el primero. La Vaca marina debe de ser mucho más lista de lo que -yo creía. Por los acantilados no podrían bajar los hombres aunque -los hubiera, y los escollos del lado que mira hacia el mar harían -pronto de cualquier barco un montón de astillas. Si hay rincón seguro, -indudablemente que es éste. - -Acordóse de la foca que había dejado esperándole; pero aunque por ello -quisiera apresurarse á volver á Novastoshnah, exploró detenidamente -aquel nuevo país, á fin de poder contestar á cuantas preguntas se le -hicieran. Luego zambullóse en el agua y se metió en la boca del túnel, -nadando en él rápidamente en dirección del Sur. Sólo una vaca marina ó -una foca hubiera imaginado que podía existir sitio semejante, y cuando, -ya lejos, volvióse para mirar hacia los acantilados, hasta el mismo -Kotick se maravillaba de que hubiera estado allí debajo. - -Seis días tardó en regresar á su país, aunque distaba mucho de nadar -despacio, y, al tocar á tierra por la _Garganta del León marino_, á -quien primero vió fué á la foca que le esperaba, y que por la alegría -reflejada en los ojos de Kotick comprendió que, al fin, había éste -hallado la isla deseada. - -Pero los _holluschickie_, y Gancho de mar, su propio padre, y todas -las demás focas, se burlaron de él cuando les dijo lo que acababa de -descubrir, contestándole así una de las focas de su misma edad: - ---Muy bien está todo eso que dices, Kotick, pero hazte cargo de que el -que vengas tú ahora desde quien sabe dónde y nos mandes que abandonemos -este sitio es absurdo. Acuérdate de que hemos estado luchando largo -tiempo por nuestros viveros, y he aquí algo que no podrás decir tú, que -has preferido pasar el tiempo buscando por esos mares. - -Riéronse las otras focas al oir esto, y la foca joven movió la cabeza -de derecha á izquierda. Habíase casado aquel mismo año, y dábase por -ello grande importancia. - ---Yo no tengo vivero que defender, contestó Kotick. No deseo más que -enseñaros un sitio donde podréis vivir tranquilos. ¿Á qué estar siempre -luchando? - ---¡Oh! Si tratas de huir por la tangente claro está que nada tengo que -añadir, dijo la foca acompañando sus palabras con una risita sarcástica. - ---¿Vendrás si lucho contigo y te venzo? dijo Kotick. Y una luz verde -brilló en su mirada, porque estaba verdaderamente furioso de tener que -batirse. - ---Perfectamente, contestó la foca joven, con cierto descuido. Si me -vences iré contigo. - -No tuvo ni tiempo de cambiar de opinión, porque ya Kotick alargaba -la cabeza y sus dientes se clavaban en la gordura del cuello de la -foca. Después echóse hacia atrás y arrastró á su enemiga por la playa, -sacudióla, y, dándole un golpe, la revolcó por el suelo. Entonces, -dirigiéndose á las focas, díjoles rugiendo: - ---Durante las últimas cinco estaciones he hecho en favor vuestro cuanto -he podido. Os he hallado la isla en que podréis vivir seguros, pero -como no os arranquen del cuello la estúpida cabeza no queréis creer lo -que os dicen. Ahora voy á daros una lección. ¡En guardia! - -Contóme Limmershin que nunca en su vida (y él ve cada año diez mil -focas viejas en luchas continuas), que nunca en su vida (algo corta) -había visto cosa semejante á la embestida que dió Kotick contra los -viveros. Arrojóse sobre el mayor de los _ganchos de mar_ que pudo -hallar á su alcance, cogiólo por el pescuezo, ahogándolo casi, y lo -zarandeó y golpeó de lo lindo, hasta que pidió que le perdonara la -vida, tras de lo cual cogiólo para echarlo á un lado, y embistió al -más próximo. Y se comprende que hiciera todo esto: no se había pasado -cuatro meses ayunando como las focas grandes hacían cada año; sus -viajes á nado en alta mar le conservaban en excelentes condiciones, y, -lo que es aun más importante, nunca se había peleado antes. Su blanca -melena estaba erizada de coraje, llameaban sus ojos, brillaban sus -grandes caninos, y, en suma, ofrecía magnífico aspecto. - -Gancho de mar, el viejo, su padre, le vió batiéndose desenfrenadamente, -arrastrando por el suelo, como si fueran platijas, á focas cuyo pelo -comenzaba ya á encanecer, revolcando por todos lados á las más jóvenes, -y entonces dió un gran bramido y gritó: - ---Será todo lo tonto que se quiera, pero es el mejor luchador de estas -playas. ¡No te pelees con tu padre, hijo mío! ¡Lo tienes ya de tu parte! - -Contestó Kotick con otro bramido, y Gancho de mar, el viejo, andando -como los patos y resoplando como una locomotora, fué á mezclarse en -la lucha, mientras Matkah y la foca que había de casarse con Kotick -contemplaban, agachadas, á sus hombres. La pelea fué admirable, porque -las dos focas lucharon hasta que no hubo ya ninguna que osara levantar -la cabeza frente á ellas, y entonces se pasearon orgullosamente de un -extremo á otro de la playa, emparejadas y mugiendo. - -Por la noche, cuando la aurora boreal parpadeaba lanzando vivos -destellos á través de la niebla, subió Kotick á una desnuda roca y -miró hacia abajo, hacia los destruidos viveros y los despedazados, -sangrientos cuerpos de las focas. - ---Ahora, dijo, os he dado ya la lección que necesitabais. - ---¡Por vida mía! exclamó Gancho de mar, el viejo, enderezando el cuerpo -trabajosamente, porque se hallaba por completo derrengado. Ni el mismo -_Cetáceo Carnicero_ les hubiera causado mayor daño. ¡Hijo mío, siento -orgullo al mirarte, y lo que es más, iré contigo á tu isla... si es -verdad que existe! - ---¡Á ver, piara de cerdos marinos! ¿Quién se viene conmigo al túnel de -la Vaca marina? ¡Contestad ó vuelvo á empezar! rugió Kotick. - -Prodújose entonces un murmullo como el suave rumor de la marea cuando -sube ó baja por las playas. - ---Nosotras iremos contigo, dijeron miles de voces fatigadas. Nosotras -estamos dispuestas á seguir á Kotick, la Foca blanca. - -Hundió entonces Kotick la cabeza entre los hombros y cerró -orgullosamente los ojos. No era ya una foca blanca, sino roja de cabeza -á pies. Pero no importaba; hubiérase avergonzado de mirar, siquiera, ó -de tocar á una sola de sus heridas. - -Al cabo de una semana él y su ejército (casi diez mil focas, entre los -_holluschickie_ y las viejas), salieron en dirección del Norte hacia el -túnel de la Vaca marina, dirigiéndolas á todas Kotick, mientras las que -se quedaban en Novastoshnah les llamaban estúpidas. Pero á la primavera -siguiente, cuando se encontraron todas en las pesqueras del Pacífico, -las focas de Kotick contaron tales maravillas de las nuevas playas, al -otro lado del túnel de la Vaca marina, que se aumentó cada día más el -número de las que habían abandonado las playas de Novastoshnah. - -Por supuesto, no se hicieron tales cosas de golpe, porque las focas -necesitan mucho tiempo para darle vueltas á una idea en su cabeza; -pero cada año había más que se marchaban de Novastoshnah, de Lukannon -y de los otros viveros, para ir á las seguras y abrigadas playas en -que Kotick pasa todo el verano, creciendo, engordando y poniéndose más -robusto á cada año que transcurre, mientras los _holluschickie_ juegan -en torno suyo en aquel mar que no visita ni un solo hombre. - - [Ilustración] - - - =Lukannon= - -(Ésta es la gran canción que todas las focas de San Pablo cantan en -alta mar cuando van de regreso á sus playas en el verano. Es una -especie de himno nacional muy triste).[9] - - - Hallé muy de mañana á mis amigas - (pero ¡ay! ¡qué vieja que me he vuelto ya!) - donde rugen las olas en verano - contra cien arrecifes al chocar. - - Cantando á coro las oí: sus voces - la del mar sofocaban, y eran más - de un millón las que el coro de las playas - de Lukannon cantaban sin cesar. - - _La canción del reposo junto al lago, - de dunas en que juega un escuadrón, - de las danzas nocturnas entre el fuego - del mar, que el hombre aun no profanó._ - - Hallé muy de mañana á mis amigas - (á las que nunca he de encontrar ya más); - la costa ennegrecían sus legiones - de un lado yendo á otro con afán. - - Y á través de la espuma, mar adentro, - desde donde la voz puede llegar - su entrada saludábamos á gritos - mientras iban subiendo el arenal. - - _¡Las playas de Lukannon!... donde crece - la yerba que la niebla humedeció, - donde jugamos en pulidas rocas, - donde todas nacimos... ¡nuestro amor!_ - - Hoy hallé de mañana á mis amigas... - ¡deshecho el triste bando estaba ya! - Cazábanlas los hombres en el agua, - ya en tierra, golpeaban sin piedad. - - Como mansos y estúpidos corderos - á morir las llevaban... pero aun ¡ay! - cantamos á las playas de Lukannon... - antes que el hombre las viniera á hollar. - - _Parte con rumbo al Sur ¡oh Gooverooska! - dí á los reyes del mar nuestro dolor: - ¡pronto estarán vacías nuestras playas - como huevo de muerto tiburón!_[10] - - [Ilustración] - - - NOTAS: - -[7] Juego infantil, muy popular en Inglaterra. En él los niños forman -grandes montones de arena, por ejemplo, y uno de ellos se encarama en -la cima cantando una cancioncilla cuyas primeras palabras son las que -aquí se citan.--N. DEL. T. - -[8] Personaje de un libro muy popular en Inglaterra: _Alice's -Adventures in Wonderland_, original de Lewis Carroll.--N. DEL T. - -[9] El autor no dice, por _tristísimo_ que sea este himno nacional (de -ningún aficionado conocido, de seguro), que puede cantarse muy bien en -el original inglés con música de la canción «Mambrú se fué á la guerra» -y con la de otra, que es inglesa y bastante alegre, cuyas primeras -palabras son: _We won't go home till morning._--N. DEL T. - -[10] Los naturalistas se quejan de la bárbara caza de focas á que se -dedican los marineros, é indican que el día de la desaparición total de -la especie está cercano.--N. del T. - - [Ilustración] - - - - - RIKKI-TIKKI-TAVI - - Desde el hueco en que ella entró - Rikki-tikki llamó á Nag, - y escuchad lo que le dijo: - «ven con la Muerte á bailar». - - Ojo á ojo, testa á testa, - (_bien pegada, y ¡baila Nag!_) - Si uno muere el baile acaba, - (_cuanto quieras durará_). - - Vuelta á un lado, vuelta á otro... - (_Corre ya á esconderte, Nag._) - ¡Ah! ¡La Muerte te ha vencido! - (_¡Qué mala fortuna, Nag!_) - - -Ésta es la historia de la gran guerra que Rikki-tikki-tavi sostuvo, con -su solo esfuerzo, en los cuartos de baño de la gran _bungalow_[11], -en el acantonamiento militar de Segowlee. Ayudóla Darzee, el pájaro -tejedor, y Chuchundra, el almizclero, que no anda nunca por en medio -del piso, sino que se arrastra arrimado á las paredes, fué quien la -aconsejó; mas Rikki-tikki llevó todo el peso de la lucha. - -Era una mangusta, muy parecida á un diminuto gato en la piel y en la -cola; pero mucho más semejante á una comadreja por la cabeza y por las -costumbres. - -Los ojos y el extremo de su inquieto hocico teníalos de color de -rosa; podía rascarse donde se le antojara con cualquiera de sus patas -que quisiera usar, fueran las anteriores ó las posteriores; sabía -enderezar la cola poniéndola de modo que pareciera un escobillón, -y su grito de guerra mientras se deslizaba por la yerba era: -_Rikk-tikk-tikki-tikki-tchik_. - -Un día, una de las grandes avenidas del verano llevósela de la -madriguera en que vivía con sus padres, y la arrastró, pateando y -cloqueando como una gallina, hasta una zanja abierta al borde de un -camino. Encontró allí un hacecillo de yerbas que flotaba en el agua y -se cogió á él, permaneciendo así hasta que perdió el sentido. Al volver -en sí estaba echada al sol en mitad de uno de los caminillos de un -jardín, muy mal cuidado, por cierto, y un niño decía junto á ella: - ---Aquí hay una mangusta muerta. Vamos á enterrarla. - ---No, dijo su madre. Vamos á llevarla adentro para secarla. Tal vez no -esté muerta aún. - -Lleváronla á la casa, donde un hombre grueso la cogió con el pulgar y -el índice, y dijo que no estaba muerta, sino medio ahogada, por lo cual -la envolvieron en algodón, la calentaron, y ella entonces abrió los -ojos y estornudó. - ---Ahora, dijo el hombre grueso (un inglés que acababa de mudarse á la -_bungalow_) no la asustéis, para que no se escape, y luego veremos lo -que hacemos con ella. - -Asustar á una mangusta es la cosa más difícil de este mundo, porque, -desde la cabeza hasta la cola, se la come viva la curiosidad. - -El lema de toda la familia de mangustas es «corre y busca», y -Rikki-tikki hacía honor á su familia. Miró el algodón, juzgó que no -servía para comestible, correteó por la mesa, sentóse, se alisó la -piel, rascóse, y, de un salto, se colocó sobre el hombro del niño. - ---No tengas miedo, Teddy, le dijo su padre. Eso es que quiere hacerse -amiga tuya. - ---¡Ay! Me hace cosquillas en la barba, exclamó Teddy. - -Rikki-tikki curioseó un poco por el cuello del niño mirando hacia -dentro, le olió una oreja, y saltó al suelo restregándose el hocico. - ---¡Jesús! ¿Y eso es un animal salvaje? dijo la madre de Teddy. Debe de -ser tan manso porque ve que lo tratamos bien. - ---Todas las mangustas son así, contestó el marido. Si á Teddy no se le -ocurre cogerla por la cola ó probar de enjaularla, entrará y saldrá de -la casa todo el día como si tal cosa. Vamos á darle algo que comer. - -Diéronle un pedacito de carne cruda, que á Rikki-tikki le gustó -muchísimo, y, cuando lo hubo comido, fuése á la galería de la casa, se -sentó al sol y erizó todos los pelos de su piel para que se secaran -hasta la raíz. Y hecho esto, sintióse mejor. - ---Hay en esta casa más cosas que descubrir, se dijo, que cuantas -pudiera hallar toda mi familia en su vida. Yo aquí me quedo, para irlo -inspeccionando todo. - -El día entero lo pasó dando vueltas por la casa. En poco estuvo que no -se ahogara en las bañeras; metió en la tinta el hocico, sobre la mesa -de escribir, y se lo chamuscó luego con la punta del cigarro que fumaba -el hombre grueso, porque se le ocurrió subírsele á la rodilla con la -intención de ver lo que era escribir. Al anochecer fuése al cuarto -de Teddy para observar cómo se encendían las lámparas, y, cuando el -niño se acostó, Rikki-tikki encaramóse también en su cama; pero era un -compañero que no podía estarse nunca quieto, porque á cada ruido se -ponía alerta y no paraba hasta averiguar lo que lo había producido. Á -última hora entraron en el cuarto los padres de Teddy para ver á su -hijo, y allí estaba Rikki-tikki despierto y puesto sobre la almohada. - ---No me gusta eso, dijo la madre: podría morder á la pobre criatura. - ---No lo hará, contestó el padre. Más seguro está Teddy con esa -fierecilla al lado que si tuviera un perro de presa vigilándolo. Si -entrara ahora en el cuarto alguna serpiente... - -Pero la madre de Teddy no quería ni pensar en tan horrible cosa. - -Á las primeras horas de la mañana siguiente Rikki-tikki fuése á -almorzar á la galería yendo colocada sobre el hombro del niño; comió -allí plátano y huevo pasado por agua, y púsose sucesivamente sobre las -rodillas de todos, porque no hay mangusta bien educada que no sienta -siempre la esperanza de llegar á convertirse algún día en animal -doméstico, teniendo á su disposición salas en que corretear, y, además, -la madre de Rikki-tikki (que había vivido en la casa del General, en -Segowlee), tuvo buen cuidado de enseñarle lo que había de hacer si -algún día se hallaba entre hombres blancos. - -Luego fuése Rikki-tikki al jardín para ver cuanto hubiera en él digno -de ser visto. Era el jardín vasto, á medio cultivar, con espesos -rosales de los llamados «Mariscal Niel», grandes como glorietas; -naranjos y limeros; grupos de bambúes y montones de yerba alta. -Rikki-tikki se relamió de gusto. - ---Esto es un magnífico cazadero, se dijo, y la cola se le puso, hacia -la punta, como un escobillón, con sólo pensarlo. Comenzó luego á correr -de un extremo á otro, husmeando aquí y allá, hasta que oyó plañideras -voces dentro de un espino. - -Los que las producían eran Darzee, el pájaro tejedor, y su esposa. -Habían construído un nido precioso con sólo juntar dos grandes hojas, -coser los bordes con fibras y llenar el hueco con algodón y pelusa, -blanda como pluma finísima. El nido se balanceaba, mientras ellos -estaban sobre el borde lamentándose. - ---¿Qué ocurre? preguntó Rikki-tikki. - ---Estamos inconsolables, dijo Darzee. Uno de nuestros cuatro -pequeñuelos se cayó ayer del nido, y Nag se lo comió. - ---¡Ah! Triste caso es éste, contestó Rikki-tikki... Pero yo soy aquí -forastera. Decidme: ¿quién es Nag? - -En vez de contestar, Darzee y su esposa desaparecieron metiéndose en -el nido, porque de la espesa yerba que crecía al pie del arbusto salió -sordo silbido... algo horrible, frío, que hizo saltar hacia atrás á -Rikki-tikki, á medio metro de distancia. Entonces fueron saliendo de -la yerba, por pulgadas, la erguida cabeza y la extendida capucha de -Nag, la gruesa cobra negra, y su longitud era de un metro y medio -desde la lengua hasta la cola. Cuando hubo levantado del suelo una -tercera parte de su cuerpo se quedó balanceándose, ni más ni menos que -como se balancea en el aire un corimbo de _dientes de león_, y miró á -Rikki-tikki con aquellos ojos malvados de las serpientes, que nunca -cambian de expresión, sea lo que fuere lo que la serpiente piense. - ---¿Quién es Nag? dijo. Soy yo. El gran dios Brahma puso sobre nuestra -gente su sello cuando la primera cobra extendió su capucha para que el -sol no tocara á Brahma mientras dormía. ¡Mírame, y tiembla! - -Ensanchó entonces más que nunca su capuchón, y Rikki-tikki vió detrás -de él una señal como de unos espejuelos, comparable exactamente á la -hembra en que encajan los corchetes. Tuvo miedo por un instante; pero -es imposible que á una mangusta le duren los sustos mucho más, y, por -otra parte, aunque Rikki-tikki no había visto nunca una cobra viva, su -madre la había alimentado con cobras muertas, y sabía perfectamente -que la misión de una mangusta grande en este mundo es pelearse con -serpientes, y comérselas. También Nag estaba enterada de esto, y, en el -fondo de su helado corazón, no era menor el miedo que sentía. - ---¡Bueno! dijo Rikki-tikki (y su cola empezó á erizarse de nuevo): -tanto si tienes esas señales como si no ¿crees tú que está bien el -comerse á los pajarillos que se caen del nido? - -Nag parecía pensativa y observaba el menor movimiento que se produjera -en la yerba detrás de Rikki-tikki. Comprendía que el haber mangustas en -aquel jardín significaba la muerte más ó menos próxima para ella y para -su familia; pero deseaba coger á Rikki-tikki descuidada y no en guardia -como estaba ahora. Así bajó un poco la cabeza y la echó hacia un lado. - ---Hablemos, dijo. Tú comes huevos; pues bien: ¿por qué no he de comer -yo pájaros? - ---¡Mira hacia atrás! ¡Mira hacia atrás! cantó entonces Darzee. - -Era Rikki-tikki demasiado lista para perder tiempo mirando. Pegó un -brinco en el aire, tan alto como le fué posible, y precisamente en -aquel momento pasó por debajo de ella, silbando, la cabeza de Nagaina, -la malvada esposa de Nag. Habíase deslizado detrás de la mangusta, -mientras estaba ésta hablando, con intención de matarla, y Rikki-tikki -oyó su rabioso silbido por haber errado el golpe. Saltó ésta casi -atravesada, sobre su espalda, y, si hubiera sido una mangusta vieja, -habría comprendido que aquel era el momento de partirle el espinazo -de una sola dentellada; pero tuvo miedo del terrible latigazo que con -la cola daba la cobra. Mordió, eso sí, pero no hizo durar bastante el -mordisco, y saltó fuera del alcance de aquella cola, dejando á Nagaina -herida y furiosa. - ---¡Darzee! ¡Malo! ¡Malvado! dijo Nag, azotando el aire, á tanta altura -como le fué posible, en dirección del nido que había en el espino; pero -Darzee lo había construído fuera del alcance de las serpientes, y así -no hizo más que balancearse. - -Rikki-tikki sintió que los ojos le ardían y se le inyectaban de sangre -(señal de ira en las mangustas), y se sentó sobre la cola y las patas -traseras como un diminuto kanguro, mirando en torno suyo y rechinando -los dientes con rabia. Pero Nag y Nagaina habían desaparecido ya entre -la yerba. Cuando una serpiente yerra el golpe enmudece de momento y no -da señal alguna de lo que piensa hacer después. Rikki-tikki no sintió -el menor deseo de seguir á aquéllas, porque no estaba muy segura de -que pudiera batirse con dos serpientes á la vez. Así, fuése hacia el -caminillo enarenado, cerca de la casa, y sentóse allí para pensar. El -asunto era para ella de excepcional importancia. - -Si leéis antiguos libros de Historia Natural hallaréis en ellos -escrito que cuando una mangusta se bate con una serpiente y es mordida -por ésta, vase corriendo y come una yerba que la cura. No es esto -cierto. La victoria estriba únicamente en la rapidez de miradas y de -movimientos (á cada golpe de la serpiente un salto de la mangusta), -y como no hay ojo que pueda seguir el moverse de la cabeza de una -serpiente al atacar, de ahí que las cosas ocurran de un modo mucho -más maravilloso que si interviniera en ellas ninguna yerba mágica. -Rikki-tikki era joven, y esto le hacía alegrarse aún mucho más al -pensar que había logrado evitar un golpe dirigido por la espalda. Dióle -ello confianza en sí misma, y, cuando Teddy vino corriendo por el -caminillo, estaba ya Rikki-tikki en disposición de que la acariciaran. - -Pero, precisamente en el momento en que Teddy se agachaba, hubo algo -que se movió un poco entre el polvo, y una débil voz dijo: - ---¡Cuidado! Yo soy la Muerte. - -Era Karait, la minúscula serpiente de color de tierra, que gusta de -echarse entre el polvo, y cuya mordedura es mortífera como la de la -cobra. Pero es tan pequeña que nadie piensa en ella, y así resulta -mucho más dañina. - -Los ojos de Rikki-tikki se inyectaron de nuevo, y dirigióse, como -bailando, hacia Karait, con aquel balanceo extraño y aquella ondulante -marcha que había heredado de su familia. Ofrece el más raro aspecto; -pero está tan perfectamente medida y equilibrada aquella marcha, que -desde cualquier ángulo de la misma puede salirse disparado cuando se -quiere, y esto es una ventaja para habérselas con una serpiente. No -sabía Rikki-tikki que se había metido en empresa mucho más peligrosa -que la de batirse con Nag, porque Karait es tan pequeña y puede -revolverse con tanta facilidad que, como Rikki no acertara á morderla -precisamente detrás de la cabeza, recibiría ella la picada sobre un -ojo ó un labio. Rikki, ignorando esto, tenía los ojos como ascuas, y -se balanceaba de atrás hacia adelante, buscando con la mirada un buen -sitio donde hacer presa. Karait atacó de pronto. Saltó de lado Rikki -y trató de lanzarse sobre ella; pero la mal intencionada cabeza, gris -y polvorienta, embistió, tocándole casi el hombro, y entonces vióse -obligada á saltar por encima del cuerpo, mientras la cabeza seguía muy -de cerca sus patas. - -Teddy gritó á la gente de la casa: ¡Mirad, mirad! Nuestra mangusta está -matando una serpiente. - -Rikki-tikki oyó un grito de la madre de Teddy, y el padre salió -provisto de un bastón; pero durante el tiempo que tardó en llegar, -Karait había dado una embestida poco prudente, y Rikki-tikki saltó; -arrojóse sobre la espalda de la serpiente; bajó la cabeza cuanto pudo -entre las patas delanteras; hincó los dientes, lo más alto posible, en -la espalda, y cayó rodando á alguna distancia. Aquel mordisco había -dejado completamente inmóvil á Karait, y Rikki-tikki se preparaba ya á -devorarla, empezando por la cola, según costumbre de la familia á la -hora de la comida, cuando se acordó de que lo que hace á una mangusta -sentirse algo pesada es el comer en abundancia, y que para conservar -toda su fuerza y agilidad necesitaba estar flaca. - -Fuése, pues, á tomar un baño de polvo á la sombra de unas matas de -ricino, mientras el padre de Teddy golpeaba á la muerta Karait. - -¿De qué sirve eso? pensó Rikki-tikki. Yo lo he dejado ya todo listo. - -Entonces, la madre de Teddy la levantó del polvo, acariciándola y -diciendo que había salvado la vida de su hijo; el padre calificó á todo -aquello de providencial, y Teddy mismo miraba la escena con grandes y -espantados ojos. Mucho le divertía eso á Rikki-tikki, y, por supuesto, -no entendía una palabra. - -La mamá de Teddy podía haberla acariciado lo mismo por haberla visto -jugar en el polvo: para ella hubiera sido igual. Rikki-tikki se -regodeaba, en aquel momento, de lo lindo. - -Al anochecer, á la hora de la comida, mientras caminaba por entre las -copas de vino que había en la mesa, hubiera podido atiborrarse á su -gusto, tres veces más de lo que necesitaba, comiendo muy buenas cosas, -pero se acordó de Nag y de Nagaina, y aunque fuera muy agradable el -verse halagada y acariciada por la madre de Teddy, ó ponerse en el -hombro de éste, los ojos se le inyectaban de cuando en cuando, y -lanzaba su largo grito de guerra: _¡Rikk-tikk-tikki-tikki-tchik!_ - -Llevósela Teddy á su cama, y se empeñó en que durmiera debajo de su -barba. Era Rikki-tikki harto bien educada para morderle ó arañarle; -pero, en cuanto Teddy hubo conciliado el sueño, marchóse ella á dar su -acostumbrado paseo alrededor de la casa, y en la obscuridad tropezó -con Chuchundra, el almizclero, que se arrastraba junto á una pared. -Es Chuchundra un animalito que vive desconsolado. Llora y se queja -durante toda la noche intentando atreverse á correr por el centro de -las habitaciones; pero nunca logra llegar hasta allí. - ---No me mates, dijo Chuchundra, casi sollozando. Rikki-tikki, no me -mates. - ---¿Te figuras tú que el que mata serpientes mata almizcleros? preguntó -Rikki-tikki desdeñosamente. - ---Los que matan serpientes serán muertos también por ellas, observó -Chuchundra con aire más triste que nunca. ¿Y cómo he de tener yo -la seguridad de que Nag no se equivocará alguna noche obscura -confundiéndome contigo? - ---No hay cuidado, ni remotamente, de que ocurra, contestó Rikki-tikki. -Pero Nag está en el jardín, y yo sé que tú no te asomas por allí. - ---Mi prima Chua, la rata, me habló... dijo Chuchundra, y de pronto se -quedó callado. - ---¿Te habló de qué? - ---¡Chito! Nag está en todas partes, Rikki-tikki. Tú debías haber -hablado con Chua, allá en el jardín. - ---Pues no lo hice... y por lo tanto eres tú quien va á hablar ahora. -¡Pronto, Chuchundra, ó te muerdo! - -Sentóse Chuchundra y se puso á llorar de tal modo que las lágrimas le -corrían por los bigotes. - ---Soy un pobre desgraciado, exclamó sollozando. Jamás tuve la fortaleza -de espíritu necesaria para correr por el centro de una sala. ¡Chito! -Nada debo decirte. ¿No oyes, Rikki-tikki? - -Púsose éste á escuchar entonces. La casa estaba completamente -tranquila; pero le pareció que oía un _rac-rac_ suavísimo, muy apagado -(un ruido como el que causa una avispa caminando por el cristal de -una ventana), el seco rumor que produce una serpiente al rozar sobre -ladrillos. - ---Esto es Nag ó Nagaina, pensó, que se introducen en la compuerta del -cuarto de baño. Tienes razón, Chuchundra, dijo: debía haber hablado con -Chua. - -Fuése, deslizándose silenciosamente, al cuarto de baño de Teddy; pero -como nada vió allí, dirigióse al de la madre del niño. En la parte baja -de una de las paredes de estuco había un ladrillo levantado para que -sirviera de compuerta por donde penetrara el agua del baño, y cuando -Rikki-tikki entró, pasando por la orilla de los bordillos de cal y -canto sobre los cuales está el baño, oyó á Nag y á Nagaina que hablaban -muy bajo en la parte de afuera, á la luz de la luna. - ---Cuando la casa esté vacía, dijo Nagaina á su marido, _ella_ se verá -precisada á marcharse, y entonces el jardín volverá á ser nuestro. -Entra sin hacer ruido, y acuérdate de que el primero á quien hay que -morder es al hombre que mató á Karait. Luego sal, ven á decírmelo, y -juntos daremos caza á Rikki-tikki. - ---Pero ¿estás segura de que ganaremos algo matando á la gente? preguntó -Nag. - ---Lo ganaremos todo. Cuando no había nadie en la _bungalow_ ¿teníamos, -acaso, alguna mangusta en el jardín? Mientras la _bungalow_ esté -deshabitada nosotros seremos aquí el rey y la reina; y acuérdate de -que en cuanto los huevos que hemos puesto en el melonar se rompan y -nazcan nuestros pequeñuelos (cosa que podría ocurrir mañana mismo), -necesitaremos más espacio y mayor tranquilidad. - ---No se me había ocurrido eso, dijo Nag. Iré; pero no es preciso que -demos caza á Rikki-tikki. Mataré al hombre grueso y á su mujer, y hasta -al niño si puedo, después de lo cual me iré tranquilamente. Entonces, -como quedará vacía la _bungalow_, Rikki-tikki se marchará. - -Rikki-tikki se estremeció toda ella de coraje y de odio al oir esto, -y en aquel momento apareció por la compuerta la cabeza de Nag, y, á -continuación, el helado cuerpo de metro y medio de largo. Rabiosa y -todo como estaba, sintió Rikki-tikki profundo miedo al ver el gran -tamaño de la cobra. Nag se enroscó en espiral, levantó la cabeza y miró -el cuarto de baño en medio de la obscuridad, en la cual Rikki pudo ver -como brillaban sus ojos. - ---Ahora, si la mato aquí, Nagaina lo sabrá, y si la ataco en campo -abierto, en mitad del suelo del cuarto, todas las probabilidades están -en su favor. ¿Qué haré? díjose Rikki-tikki-tavi. - -Balanceóse Nag, y luego oyóla Rikki-tikki beber en la jarra más grande -que servía para llenar el baño. - ---Está bien, dijo la serpiente. Ahora, veamos: cuando mataron á Karait, -el hombre grueso llevaba un bastón. Es posible que lo tenga aún; pero -cuando venga á bañarse por la mañana, no lo llevará. Estaré esperando -aquí hasta que entre. ¿Oyes, Nagaina? Esperaré aquí, al fresco, hasta -que sea de día. - -Nada contestaron desde fuera, y, por lo tanto, Rikki-tikki comprendió -que Nagaina se había marchado. Nag enroscó sus anillos, uno á uno, -alrededor del fondo de la jarra, y Rikki-tikki quedóse quieta como una -muerta. Al cabo de una hora comenzó á moverse, músculo por músculo, en -dirección de la jarra. Nag dormía, y Rikki-tikki contempló su ancha -espalda, pensando en cuál sería el mejor sitio para pegarle un buen -mordisco. - ---Si no le rompo el espinazo al primer salto, díjose Rikki, podrá aún -batirse, y si se bate... ¡ay, Rikki! - -Fijóse en la parte más gruesa del cuello, bajo la capucha; pero era -aquello demasiado ancho para él; y en cuanto á una dentellada cerca de -la cola, no serviría más que para enfurecer á Nag. - ---Es preciso atacar á la cabeza, dijo por fin; á la cabeza, por encima -de la capucha, y, una vez haya hincado allí el diente, no he de soltar -la presa. - -Entonces saltó sobre la cobra. Tenía ésta la mandíbula inferior apoyada -en el suelo, un poco apartada de la jarra, bajo la curva que formaba -el vientre de ésta, y, en cuanto clavó los dientes, Rikki pegó el -cuerpo al rojo recipiente de tierra para mejor sostener contra el suelo -aquella cabeza. Dióle esto un momento de ventaja, que ella empleó tan -bien como le fué posible. Luego vióse sacudida de un lado á otro como -ratón cogido por un perro... de aquí para allá, de arriba abajo, y -dando vueltas, describiendo grandes círculos; pero sus ojos estaban -completamente inyectados de sangre, y no soltó la presa, aunque el -cuerpo de la serpiente azotara el suelo como un látigo de carretero, -tirando un pote de hojalata, la jabonera y un cepillo para friccionar -la piel, y aunque la golpeara contra las paredes metálicas del baño. -Rikki, al aguantarse firme, apretaba cada vez más, porque estaba -segurísima de recibir algún golpe que acabara con ella, y por el honor -de la familia deseaba que la hallaran, al menos, así, con los dientes -bien apretados. Mareada, con todo el cuerpo adolorido, parecíale que -estaban ya descuartizándola, cuando, de pronto, estalló algo muy -semejante á un trueno, precisamente detrás de ella, y un aire caliente -la hizo rodar sin sentido, mientras un fuego muy rojo le quemaba la -piel. Con el ruido anterior habíase despertado el hombre grueso, yendo -á disparar los dos cañones de una escopeta de caza precisamente detrás -de la capucha de Nag. - -Rikki-tikki continuó sin soltar su presa; pero con los ojos cerrados, -porque estaba completamente convencida de haber quedado muerta. Sin -embargo, la cabeza no se movía, y entonces el hombre grueso cogió al -animalito y dijo: - ---Alicia, mira... nuestra mangusta... La pobrecita nos ha salvado ahora -la vida _á nosotros_. - -Entró entonces la madre de Teddy, muy pálida, y vió los restos de Nag, -mientras Rikki-tikki se arrastraba hasta el cuarto del niño, y acababa -de pasar la noche mitad descansando y mitad sacudiéndose suavemente, -para ver si, en realidad, estaba ó no rota en cincuenta pedazos, como -se había imaginado. - -Al llegar la mañana apenas podía moverse; pero se sentía satisfecha de -lo que había hecho. - ---Ahora me falta todavía arreglar cuentas con Nagaina, y ella será -aún peor que cinco Nags juntas. Y no hay que decir lo que sucederá al -empezar á romperse los huevos de que habló. ¡Santos cielos! No tengo -más remedio que ir á hablar con Darzee, se dijo. - -Sin esperar á que llegara la hora del almuerzo, corrió Rikki-tikki -hacia el espino donde se hallaba Darzee cantando á voz en cuello una -canción triunfal. La noticia de la muerte de Nag habíase extendido ya -por todo el jardín, porque el hombre que barría la casa había arrojado -el cuerpo al estercolero. - ---¡Imbécil montón de plumas! dijo Rikki-tikki incomodada. ¿Ésta es hora -de cantar? - ---¡Nag ha muerto!... ¡Nag ha muerto!... ¡Nag ha muerto!... cantó -Darzee. ¡La valiente Rikki-tikki le clavó los dientes en la cabeza y no -soltó la presa! ¡El hombre grueso trajo aquel palo que produce tanto -estruendo, y Nag cayó hecha pedazos! No volverá ya á comérseme mis -pequeñuelos. - ---Verdad es todo eso; pero ¿dónde está Nagaina? contestó Rikki-tikki -mirando cuidadosamente en torno suyo. - ---Nagaina fué á la compuerta del cuarto de baño y llamó á Nag, siguió -diciendo Darzee, y Nag salió puesta en el extremo de un bastón... -porque el hombre que barre la recogió de ese modo, y la echó al -estercolero. Cantemos á la grande Rikki-tikki de ojos de color de -sangre. Y Darzee hinchó el cuello y cantó. - ---¡Si pudiera llegar á ese nido tuyo te echaba abajo á todos tus -chiquillos! dijo Rikki-tikki. No sabes hacer las cosas con oportunidad -ni discreción. Tú estás muy seguro en tu nido; pero yo aquí, abajo, soy -quien paso las cosas. Deja de cantar por un momento, Darzee. - ---Por complacer á la grande, á la hermosa Rikki-tikki, pararé de -cantar, dijo Darzee. ¿Qué hay, matadora de la terrible Nag? - ---Por tercera vez: ¿dónde está Nagaina? - ---Entre el estiércol del establo, llorando la muerte de Nag. ¡Grande es -Rikki-tikki, la de los blancos dientes! - ---¡Vete á paseo, y deja tranquilos á mis blancos dientes! ¿Has oído -decir alguna vez dónde guarda sus huevos? - ---En el melonar, hacia el extremo que está más cerca de la pared, donde -el sol da casi todo el día. Allí los escondió hace algunas semanas. - ---¿Y no se te ocurrió que valía la pena de decírmelo?... ¿En el lado -que está más cerca de la pared, hacia el extremo, dices? - ---Rikki-tikki, ¿no se te antojará ahora ir allá á comerte sus huevos? - ---No, á comerlos, precisamente, no. Darzee, si tienes pizca de sentido -común, volarás ahora hacia el establo y fingirás que se te ha roto un -ala, dejando que Nagaina te persiga hasta este arbusto. ¿Lo harás? Yo -tengo que ir al melonar; pero, si fuera ahora, ella me vería. - -Era Darzee una personilla de tan escaso seso que jamás pudo tener en -la cabeza dos ideas al mismo tiempo; y precisamente porque sabía que -los pequeñuelos de Nagaina nacían de huevos, lo mismo que los suyos, no -creyó al principio que estuviera bien eso de matarlos. Pero su esposa -era un pájaro discreto, y sabía que los huevos de cobra significan -cobras pequeñas para dentro de algún tiempo; por lo tanto, saltó del -nido y dejó que Darzee cuidara de conservar el calor de los chiquitines -y continuara su canción sobre la muerte de Nag. Darzee se parecía -extraordinariamente á un hombre en algunas de sus cosas. - -Fué, pues, su hembra la que comenzó á revolotear por delante de Nagaina -en el estercolero, gritando: - ---¡Ay! Tengo un ala rota. El niño que vive en la - -[Ilustración] casa me ha tirado una piedra y me la ha partido. Y dicho -esto, púsose á aletear más desesperadamente que nunca. - -Levantó la cabeza Nagaina y silbó estas palabras: - ---Tú advertiste á Rikki-tikki el peligro que corría en ocasión en que -yo hubiera podido matarla. La verdad es, pues, que has escogido mal -sitio para venir á cojear. Y dirigióse hacia la esposa de Darzee, -deslizándose por encima del polvo. - ---El niño me la ha roto de una pedrada, chilló aquélla. - ---¡Bueno! Sírvate de consuelo, para cuando estés muerta; el saber que -yo le arreglaré después las cuentas al muchacho. Mi marido yace esta -mañana sobre el estercolero, pero, antes de que llegue la noche, el -niño de la casa yacerá también en el más absoluto reposo. ¿De qué sirve -que te escapes? Segura estoy de cogerte. ¡Tonta! ¡Mírame! - -Era demasiado lista la esposa de Darzee para hacer tal cosa, porque -el pájaro que fija los ojos en los de una serpiente se asusta tanto -que queda como paralizado. La compañera de Darzee siguió revoloteando -y piando dolorosamente, sin apartarse nunca del suelo, y Nagaina fué -corriendo cada vez con mayor velocidad. - -Oyólos Rikki-tikki seguir el caminillo que conducía del establo á la -casa, y fuése entonces, apresuradamente, hacia la parte del melonar más -cercana á la pared. Allí, en tibio lecho de paja, entre los melones, -y ocultos hábilmente, encontró veinticinco huevos, poco más ó menos -del tamaño de los de una gallina de Bantam, pero cubiertos de una piel -blanquecina, que hacía las veces de cáscara. - ---He llegado con gran oportunidad, dijo, porque á través de la piel -veía ya dentro de los huevos las diminutas cobras enroscadas, y no -ignoraba que, en el instante mismo de nacer, cada cobra de aquéllas -podía ya matar á un hombre ó á una mangusta. Mordió el extremo de los -huevos con toda la rapidez posible, cuidando de aplastar á las cobras, -y revolvió, de cuando en cuando y por todos lados, el lecho para ver -si se le había quedado á medio romper algún huevo. Al fin, quedaron -únicamente tres, y Rikki-tikki comenzaba á gozarse en su hazaña, cuando -oyó que la esposa de Darzee le gritaba: - ---Rikki-tikki, he llevado á Nagaina en dirección de la casa; y se ha -metido en la galería; y ahora... ¡oh! ¡ven, corre!... va á matar á -alguien. - -Aplastó Rikki-tikki dos de los huevos y saltó del melonar hacia atrás -con el tercero en la boca, corriendo en dirección á la galería tan -aprisa como sus patas quisieron llevarla. Teddy, su madre y su padre -se hallaban allí, sentados á la mesa para tomar el desayuno; pero -Rikki-tikki vió que nada comían. Dijérase que estaban petrificados, -y su rostro era intensamente pálido. Nagaina, enroscada en forma de -espiral sobre la estera, á poca distancia de la desnuda pierna de -Teddy, se balanceaba, cantando con aire triunfal. - ---¡Hijo del hombre que mató á Nag! silbó, no te muevas. No estoy -preparada aún. Espera un poco. No os mováis ninguno de vosotros. Al -menor movimiento que hagáis os salto encima... y si no os movéis, -también. ¡Oh, gente estúpida, que mató á mi Nag!... - -Los ojos de Teddy estaban como clavados en los de su padre, y éste no -podía hacer más que murmurar: - ---Estate quieto, Teddy. Conviene que no te muevas. Estate quieto. - -En aquel momento apareció Rikki-tikki, y gritó: - ---¡Vuélvete, Nagaina, vuélvete y ven á batirte conmigo! - ---Cada cosa á su tiempo, contestó aquélla, sin mover los ojos. Ya -arreglaré cuentas _contigo_ de aquí á un rato. Mira á tus amigos, -Rikki-tikki: ahí los tienes inmóviles y pálidos. Es que me temen. No se -atreven á moverse, y si llegas á dar un paso más hacia mí, salto y les -muerdo. - ---Da una ojeada á tus huevos, dijo Rikki-tikki; allá en el melonar, -junto á la pared. Anda y míralos, Nagaina. - -Volvióse á medias la enorme serpiente y vió el huevo sobre el suelo de -la galería. - ---¡Ah! ¡Dámelo! dijo. - -Puso Rikki-tikki sus patas una á cada lado del huevo, y con los ojos -inyectados, contestó: - ---¿Cuánto me dan por un huevo de serpiente? ¿Por una cobra chiquita? -¿Por una cobra de rey, menudita? ¿Por la última, la última de una -nidada? Las hormigas se están ya comiendo á las otras allá en el -melonar. - -Volvióse entonces en redondo Nagaina, olvidándose de todo por aquel -único huevo; y Rikki-tikki vió como el padre de Teddy alargaba su -fuerte y ancha mano, cogía al niño por un hombro, y, levantándolo por -encima de la mesita y de las tazas del te, lo ponía fuera del alcance -de Nagaina. - ---¡Te he engañado! ¡Te he engañado! ¡Te he engañado! _Rikk-tick-tick_, -dijo Rikki-tikki riendo. El niño se ha salvado, y yo... _¡yo!_... -_¡yo!_... soy la que cogí ayer noche por la capucha á Nag en el cuarto -de baño. - -Entonces comenzó á dar saltos, con las cuatro patas á la vez y baja la -cabeza, al ras del suelo casi. - ---Me tiró por todos lados; pero no logró desprenderse de mí. Ya estaba -muerta antes de que viniera el hombre grueso á hacerla pedazos. Yo lo -hice. _¡Rikki-tikki-tick-tick!_ ¡Anda, ven, pues, Nagaina! ¡Ven á -luchar conmigo! Te aseguro que no te durará mucho el ser viuda. - -Vió Nagaina que había perdido la ocasión oportuna de matar á Teddy, -y, entre tanto, el huevo continuaba en el suelo, entre las patas de -Rikki-tikki. - ---Dame el huevo, le dijo. Dame el último que queda de mis huevos, y me -marcharé, y no volveré nunca más. Y al decirlo bajaba la capucha. - ---Sí, te irás y no volverás nunca, porque has de ir á parar al -estercolero con Nag. ¡Defiéndete, viuda! El hombre grueso ha ido ya á -buscar la escopeta. ¡Defiéndete! - -Rikki-tikki saltaba alrededor de Nagaina, procurando únicamente -mantenerse fuera del alcance de sus golpes, los ojillos reluciéndole -como dos ascuas. Replegóse Nagaina sobre sí misma y se lanzó contra -ella. Rikki-tikki saltó en el aire, echándose hacia atrás. Una y otra -vez atacó la serpiente, y su cabeza dió con sordo ruido contra la -estera de la galería, enroscándose luego el cuerpo como la espiral de -un reloj. Entonces, púsose á saltar Rikki-tikki, describiendo círculos -para llegar á colocarse detrás de Nagaina, y ésta giraba en redondo -para que su cabeza y la de su enemiga quedaran siempre frente á frente, -con lo cual el ruido que sobre la estera producía su cola era como el -de las hojas secas arrastradas por el viento. - -No se acordaba ya del huevo. Allí quedaba aún sobre el suelo de la -galería, y Nagaina iba acercándose más á él, hasta que, al fin, -mientras Rikki-tikki se detenía para tomar aliento, lo cogió en la -boca, volvióse hacia los escalones que daban acceso á la galería, -y se lanzó como una flecha al estrecho caminillo, perseguida por -Rikki-tikki. Cuando una cobra huye para salvar su vida en peligro, -parece la punta de un látigo en el momento en que el carretero la hace -chasquear sobre el caballo. - -No se le ocultaba á Rikki-tikki que no tenía, entonces, más remedio que -coger á la serpiente, porque de lo contrario, todo su trabajo habría -sido inútil y tendría que volver á empezarlo. Dirigióse aquélla, en -línea recta, hacia la yerba alta que crecía junto al espino, y al pasar -corriendo oyó Rikki-tikki á Darzee que entonaba aún su estúpido himno -triunfal. Pero la esposa de Darzee era más discreta que él. Arrojóse -del nido en el instante mismo de pasar Nagaina, y empezó á revolotear -sobre la cabeza de la serpiente. Si Darzee hubiera prestado también su -ayuda hubiera sido posible que la hicieran retroceder; pero entonces no -hizo Nagaina más que bajar su capucha y seguir adelante. Sin embargo, -el momento que perdió al hacer esto permitió á Rikki-tikki acercarse -más, y cuando la fugitiva se metió en la madriguera, semejante á la -boca de un nido de ratas, en que ella y Nag solían vivir, los blancos -dientes de su perseguidora se clavaron en la cola de Nagaina, y ambas -entraron juntas en la madriguera... cosa que ninguna mangusta, por -vieja y lista que sea, se atreve á hacer. En el agujero aquél reinaba -completa obscuridad, y Rikki-tikki no sabía si se ensancharía de -pronto, ofreciendo á Nagaina el espacio necesario para revolverse -y morderle. Aguantó firme, y clavó las patas en el suelo para que -hicieran de freno en la obscura pendiente de aquella tibia y húmeda -tierra. - -Luego, la yerba que crecía á la entrada del agujero dejó ya de moverse, -y Darzee dijo: - ---Todo ha terminado para Rikki-tikki. Entonemos himnos á su muerte. -¡La valiente Rikki-tikki ha muerto! Porque no hay duda que Nagaina la -matará allí, bajo tierra. - -Así, pues, púsose á cantar una triste melodía que improvisó inspirado -por la impresión del momento, y precisamente cuando llegaba á la parte -más patética, movióse otra vez la yerba, y Rikki-tikki, cubierta de -polvo, se arrastró pausadamente fuera del agujero, relamiéndose los -bigotes. Darzee callóse en seguida, dando un grito. Sacudióse un poco -el polvo Rikki-tikki, y estornudó. - ---Todo ha terminado, dijo. Nunca más saldrá ya de aquí la viuda. - -Y las hormigas rojas que viven entre los tallos de la yerba la oyeron, -y comenzaron á ir en largas hileras á ver si era verdad lo que decía. - -Rikki-tikki se enroscó sobre la yerba... y durmió, durmió hasta muy -entrada la tarde, porque bien pesada había sido su labor aquel día. - ---Ahora, dijo al despertarse, volveré á la casa. ¡Darzee! Cuéntale al -_calderero_ lo ocurrido, y él le contará, después, á todo el jardín que -Nagaina ha muerto. - -El _calderero_ es un pájaro que produce un ruido semejante, de todo -punto, al de un martillo que pegara sobre un caldero de cobre; y el -motivo de que esté produciéndolo constantemente es porque él es el -pregonero de todo jardín indio, y le cuenta las últimas noticias á -quien quiera oirlas. Al pasar Rikki-tikki por el caminillo que conducía -á la casa oyó sus notas de _¡alerta!_ parecidas á las de un diminuto -_gongo_ de los que sirven para anunciar la hora de la comida; y después -el acompasado _¡din-don-tock!_ «Nag ha muerto... _¡don!_» «¡Nagaina -ha muerto... _din-don-tock!_» Al oirlo, todos los pájaros del jardín -prorrumpieron en cantos, y las ranas siguieron su ejemplo; porque Nag -y Nagaina no sólo tenían la costumbre de comer pájaros, sino ranas -también. - -Cuando llegó Rikki-tikki á la casa, Teddy, su madre (la cual estaba -aún muy pálida, porque se había desmayado), y el padre, salieron y -casi derramaron sobre ella lágrimas de agradecimiento; y aquella noche -comió cuanto le dieron hasta que ya no pudo más, y entonces, llevada -por Teddy sobre el hombro, fuése á la cama. Allí la halló la madre del -niño, cuando á última hora fué á verle dormir. - ---Ha salvado nuestra vida y la de Teddy, le dijo á su marido. -¡Figúrate! Nos ha salvado la vida á todos. - -Rikki-tikki despertó entonces sobresaltada, porque todas las mangustas -tienen muy ligero el sueño. - ---¡Ah! ¿Sois vosotros? ¿Á qué venís á molestarme? Todas las cobras -están ya muertas; y si alguna quedara, para eso estoy yo aquí. - -Tenía Rikki-tikki derecho á sentirse orgullosa de sí misma; pero no se -ensoberbeció más de lo justo, y conservó el jardín como debe hacerlo -una mangusta, defendiéndolo con los dientes, y á saltos, y de todos -modos, hasta lograr que ni una sola cobra se atreviera á asomar la -cabeza en el recinto cercado por las cuatro paredes. - - [Ilustración] - - - =Cántico de Darzee en honor de Rikki-tikki-tavi= - - - Soy pájaro y tejedor, - dobles son mis alegrías: - gozo al cruzar por los aires, - gozo al tejer mi casita. - - Sube y baja el compás de mi canto, - sube y baja mi casa que oscila. - - Alza la frente y entona - ¡oh madre! tu cancioncilla; - ya no existe nuestro azote, - ya ha muerto la Muerte misma. - - Sobre el polvo y estiércol se pudre - la que oculta entre rosas vivía. - - ¿Quién de ella nos ha librado? - Que su nombre se repita: - Rikki, la valiente, ha sido, - de ojos que cual ascuas brillan. - - Rikki-tikki, de dientes ebúrneos, - Rikki-tik, de mirada encendida. - - Que le den gracias las aves - con sus colas extendidas, - bajas las frentes, cantando - cual ruiseñor cantaría. - - Pero no, que yo soy quien la canta. - ¡Escuchad mi alabanza á la invicta!... - -(_Aquí interrumpió Darzee su canción, y el resto de ella se ha -perdido._) - - [Ilustración] - - - NOTAS: - -[11] Casa de campo en las Indias inglesas.--N. del T. - - - [Ilustración] - - - - - TOOMAI, EL DE LOS ELEFANTES - - Pensar quiero en lo que fuí - y olvidar que estoy atado; - y recordar el pasado, - y cuanto en el bosque ví. - - No quiero al hombre venderme - por un puñado de caña, - sino huir á la montaña - y entre los míos perderme. - - Quiero, hasta el alba vagando, - ir el beso recibiendo - del aire que va corriendo, - del agua que va pasando. - - Quiero olvidar mis pesadas - cadenas y mis dolores; - ver á mis viejos amores - y á mis libres camaradas. - - -Kala Nag, que significa la _serpiente negra_, había servido al Gobierno -de la India, de todos los modos posibles para un elefante, por espacio -de cuarenta y siete años, y como ya tenía veinte bien cumplidos cuando -lo cazaron, arroja la suma un total de cerca de setenta años... la edad -madura para un elefante. - -Acordábase de haber tirado, con un gran cojín de cuero en la frente, -de un cañón que se había atascado en el barro, y ocurrió esto antes -de la guerra del Afganistán que hubo en 1842, cuando él no había -adquirido aún todo su desarrollo. Su madre, Radha Pyari (_Radha, -la niña mimada_) que fué cogida con Kala Nag en la misma cacería, -díjole, antes de que mudara los colmillos de leche, que los elefantes -que tienen miedo acaban siempre por hacerse daño; y Kala Nag estaba -convencido de la bondad de este consejo, porque la primera vez que vió -estallar una bomba retrocedió, dando gritos, hacia un sitio en que -había unos fusiles formando pabellón, y las bayonetas se le clavaron en -todas las más blandas partes de su cuerpo. Así, pues, antes de cumplir -los veinticinco años, no tenía ya miedo, y, como consecuencia, era el -elefante más querido y bien cuidado de cuantos estaban al servicio del -Gobierno en la India. Había llevado á cuestas infinidad de tiendas -(nada menos que mil doscientas libras de peso), en la marcha á través -de la India septentrional; lo izaron á un barco, al extremo de una -grúa de vapor, llevándolo luego días y días por el mar, y obligándole -á transportar un mortero, colocado sobre su espalda, en país extraño -y lleno de rocas, que se hallaba á larga distancia de la India; vió -al emperador Teodoro tendido sin vida allá en Magdala; y había vuelto -en el barco, con méritos suficientes, al decir de los soldados, para -que le dieran la medalla de la guerra de Abisinia. Hubo de ver á -otros elefantes, compañeros suyos, morir de frío, de epilepsia, de -hambre ó de insolación en un sitio llamado Ali Musjid, diez años más -tarde; y luego lo habían mandado á centenares de leguas hacia el Sur -para acarrear enormes vigas de madera de _tec_, en los almacenes de -Moulmein. Allí dejó casi medio muerto á un elefante joven que se -insubordinó resistiéndose al trabajo. - -Después de esto lo separaron de aquella ocupación de acarrear madera -y lo pusieron, junto con unos pocos más que estaban ya acostumbrados -al oficio, á ayudar en la caza de elefantes salvajes, allá entre las -colinas de Garo. El Gobierno de la India cuida muy escrupulosamente de -cuanto se refiere á los elefantes. Hay todo un departamento especial -que no hace otra cosa más que perseguirlos, cogerlos, domarlos, y -mandarlos de un lado á otro del país cuando sus servicios se necesitan -para algún trabajo. - -Medía Kala Nag, á la altura de los hombros, tres metros bien cumplidos, -y sus colmillos habían sido cortados, dejándoles sólo un pedazo de -cosa de un metro y medio de largo, el cual, para que no se rajara, iba -cubierto en el extremo con unas tiras de cobre; pero ello es que podía -hacer mucho más él con aquel par de trozos que cualquier elefante no -adiestrado con enteros y afilados colmillos. - -Cuando tras largas semanas de vigilante labor acorralando á sus -semejantes esparcidos por las montañas, los cuarenta ó cincuenta -monstruos salvajes se veían obligados á entrar en la última empalizada, -y la enorme puerta, hecha de troncos de árbol unidos, después de -levantada, caía con estrépito detrás de ellos, Kala Nag, obedeciendo á -una voz de mando, penetraba en aquel movedizo y bramador _pandemonium_ -(generalmente de noche, cuando la vacilante luz de las antorchas hacía -difícil el calcular las distancias), y cogiendo por su cuenta al mayor, -más salvaje de los elefantes, y de más largos colmillos, lo golpeaba y -perseguía hasta reducirlo al silencio y quietud más completos, mientras -los hombres, montados en los otros elefantes, lanzaban cuerdas sobre -los más pequeños y los ataban. - -En cuestión de luchas nada había que pudiera ocultársele á Kala Nag, la -vieja y avisada _serpiente negra_, porque más de una vez, en sus buenos -tiempos, resistiera la embestida del tigre herido, y, enroscando la -suave trompa para que quedara fuera de peligro, había lanzado al aire, -de medio lado, á la fiera, en el momento de saltar, verificando esto -con un rápido movimiento de cabeza, parecido al de una hoz al segar, é -inventado por él mismo; habíala revolcado por el suelo y arrodilládose -encima, manteniendo allí sus enormes rodillas hasta que la vida -abandonara el cuerpo, acompañada de un suspiro y un rugido, y dejando -sólo sobre el suelo una masa fofa y rayada, que Kala Nag arrastraba -cogiéndola por la cola. - ---Sí, dijo Toomai grande, su cornaca, el hijo de Toomai el Negro, que -lo llevó á Abisinia, y nieto de Toomai el de los elefantes, que lo -había visto coger; nada hay que cause miedo á la _Serpiente Negra_, -excepto yo. Ha visto tres generaciones de nuestra familia que lo han -alimentado y cuidado, y vivirá hasta llegar á ver la cuarta. - ---También _á mí_ me teme, dijo Toomai chico, poniéndose de pie para -mostrarse en toda su altura, de poco más de un metro, liado al cuerpo -únicamente un trapo. El hijo mayor de Toomai grande tenía diez años de -edad, y, según la costumbre establecida, sustituiría á su padre, en el -sitio que éste ocupaba sobre el cuello de Kala Nag, cuando fuera más -crecido, empuñando entonces el pesado _ankus_ de hierro, la aguijada -para elefantes, cuya punta habían gastado ya con el uso su padre, su -abuelo y su bisabuelo. Bien sabía el muchacho lo que decía; porque á -la sombra de Kala Nag había nacido; con el extremo de su trompa jugaba -antes de dar los primeros pasos; condújole al abrevadero en cuanto pudo -andar, y tan imposible era que á Kala Nag se le antojara desobedecer -sus chillonas vocecitas de mando, como que hubiera soñado, siquiera, -en matarle, aquel día en que Toomai grande puso á su recien nacido -y moreno niño bajo los colmillos de Kala Nag, diciéndole á éste que -saludara á su futuro amo. - ---Sí, dijo Toomai chico, _me_ teme. Y dió largos pasos en dirección de -Kala Nag, le llamó _cerdo cebado_ y le hizo levantar las patas una tras -otra. ¡Vaya! añadió, eres un elefante enorme. Y movió la desgreñada -cabeza, repitiendo lo que le había oído decir á su padre: - ---Bien puede el Gobierno pagar por los elefantes; pero la verdad es que -ellos son nuestros, son de los _mahouts_. Cuando serás viejo, Kala Nag, -vendrá algún rajah rico y te comprará al Gobierno, por el tamaño que -tienes y por lo bien que te hemos educado, y entonces nada tendrás que -hacer, como no sea llevar aretes de oro en las orejas, un pabellón de -oro sobre la espalda y una tela roja á los lados, cubierta también de -oro, abriendo así la marcha en las procesiones del Rey. Entonces, Kala -Nag, me sentaré yo sobre el cuello de vuesa merced, llevando un _ankus_ -de plata, y unos hombres correrán delante de nosotros con bastones -dorados, y gritando: «¡paso al elefante del Rey!» Bueno será eso, Kala -Nag; pero no tan bueno como nuestras cacerías por las selvas. - ---¡Psche! dijo Toomai grande. No eres más que un chiquillo, y tan -salvaje como un búfalo joven. Ese correr de un lado para otro entre -montañas no es el mejor de los servicios que prestamos al Gobierno. Yo -voy envejeciendo ya, y no gusto de los elefantes salvajes. Que me den -establos de ladrillo con un compartimento para cada elefante; gruesas -estacas para amarrarlos fuertemente; y llanos, anchos caminos para -hacerlos maniobrar, en vez de ese continuo ir y venir, acampando hoy en -un sitio y mañana en otro. ¡Ah! ¡Los cuarteles de Cawnpore sí que eran -buenos! Tocando con ellos había un bazar, y sólo teníamos tres horas -diarias de trabajo. - -Acordóse Toomai chico de los locales para elefantes en Cawnpore y nada -contestó. Á él le gustaba mucho más la vida de campamento, y odiaba -esos caminos llanos, anchos; la diaria obligación de ir á forrajear en -el sitio destinado á ello; las interminables horas en que nada había -que hacer, como no fuera mirar á Kala Nag moviéndose impaciente, atado -á sus estacas. - -Lo que á Toomai chico le encantaba era encaramarse por caminos -difíciles, que sólo un elefante podía seguir; luego, el hundirse en el -valle que se abría bajo sus pies; el entrever allá, á lo lejos, los -elefantes salvajes, paciendo á pocas leguas de distancia; la huída -del jabalí asustado, ó del pavo real, casi á los pies de Kala Nag; -las lluvias calientes, que le ciegan á uno, cuando montes y valles -humean todos; las hermosas mañanas de niebla en que nadie sabía aún -donde acamparía aquella noche; la constante, cautelosa persecución -de los elefantes salvajes, y la loca carrera, las llamaradas y el -barullo de la última noche de caza, cuando los elefantes acorralados -se precipitaban dentro de la empalizada, como desprendidas peñas en -algún hundimiento de terreno, y, al ver que no podían salir de allí, -se arrojaban contra los pesados troncos, para no apartarse de ellos -más que á fuerza de gritarles, de blandir llameantes antorchas y de -disparar cartuchos cargados con pólvora sola. - -Hasta un chiquillo podía ser allí útil, y Toomai lo era tanto que valía -por tres. Empuñaba su antorcha y la agitaba en el aire, gritando de -tal modo que pocos le aventajaban. Pero el mejor tiempo era aquel en -que empezaban á sacarse fuera los elefantes, y la _keddah_ (ó sea la -empalizada) parecía un cuadro en que estuviera pintado el fin del -mundo, teniendo los hombres que entenderse por signos, porque no podían -oirse unos á otros. Encaramábase, entonces, Toomai chico al extremo -de uno de los vacilantes troncos de la empalizada, tendidos sobre los -hombros los cabellos castaños, requemados, desteñidos por el sol hasta -hacerlos blanquear, en todo semejante á un duende iluminado por las -llamas de las antorchas; y, en cuanto se apaciguaba algo el tumulto, -podían oirse las chillonas voces con que animaba á Kala Nag, dominando -bramidos, crujidos, chasquear de cuerdas y gruñir de los atados -elefantes. - ---_¡Maîl, Maîl, Kala Nag!_ (¡Sigue, sigue _serpiente negra_!) _¡Dant -do!_ (¡Dale con el colmillo!) _¡Somalo! ¡Somalo!_ (¡Cuidado! ¡Cuidado!) -_¡Maro! ¡Mar!_ (¡Duro! ¡duro!) ¡Cuidado con el palo! _¡Arre! ¡Arre! -¡Hai! ¡Yai! ¡Kya-a-ah!_--gritaba el muchacho, y la gran lucha entre -Kala Nag y el elefante salvaje era sostenida tan pronto en un lado -como en otro, dentro de la empalizada, y los cazadores de elefantes se -enjugaban el sudor que les caía por los ojos, no olvidándose de dirigir -un saludo de aprobación á Toomai chico, que bailaba de alegría sobre el -extremo de los troncos. - -Pero algo más que bailar hizo. Dejóse resbalar una noche del tronco en -que estaba, y se mezcló entre los elefantes, para arrojarle el cabo de -una cuerda, caída en el suelo, á uno de los cazadores que intentaba -lanzarla á la pata de uno de los elefantes más jóvenes, mientras éste -coceaba (siempre los pequeños dan más trabajo que los ya crecidos). -Viólo Kala Nag, cogiólo con la trompa y se lo pasó á Toomai grande, el -cual le dió algunos pescozones y volvió á colocarlo sobre el tronco. - -Á la mañana siguiente riñóle diciéndole: - ---¿No te basta con tener buenos establos de ladrillo para los -elefantes y con acarrear tiendas de un lado á otro, que ahora necesitas -ponerte á coger elefantes por tu propia cuenta, como un perdido? Para -que lo sepas, los cazadores, esos locos, que tienen menos salario que -yo, le han hablado ya del asunto á Petersen Sahib. - -Toomai chico tuvo miedo. No se le alcanzaba mucho respecto á los -hombres blancos; pero, á Petersen Sahib se lo imaginaba como el más -grande de todos los de este mundo. Era el jefe de las operaciones de la -_keddah_: el encargado de coger elefantes para el Gobierno de la India, -y el que estaba mejor enterado que nadie de sus costumbres. - ---Y ¿qué es... qué es lo que ocurrirá? - ---¿Lo que ocurrirá? Lo peor. Petersen Sahib es un loco. ¿Crees tú que -si no lo fuera iría á caza de esos diablos? En lo posible está que -se le ocurra hasta el emplearte á tí como cazador de elefantes, y -hacerte dormir en cualquier parte de esas selvas que están llenas de -fiebres, para que, al fin, te pateen, hasta matarte, en la _keddah_. -Afortunadamente, todas estas bromas terminan ahora, sin accidentes -que lamentar. La semana próxima se acaba la cacería, y á nosotros, la -gente del llano, nos mandan otra vez á nuestros puestos. Entonces, -podremos andar por buenos caminos, y olvidaremos todas esas cosas. -Pero, hijo mío, me duele que te mezcles en un asunto que está reservado -á esas sucias gentes de la selva que se llaman asameses. Kala Nag no -obedece á nadie más que á mí, y, por lo tanto, véome yo obligado á ir -con él á la _keddah_; pero él no es más que un elefante de combate, y -no ayuda á atar á los demás. Por esto, yo permanezco sentado con toda -comodidad, como le corresponde á un _mahout_ (y no á un mero cazador), -á un _mahout_, digo, á un hombre que disfrutará de una pensión al -terminar el servicio. ¿Te parece si la familia de Toomai, el de los -elefantes, merece que la pisoteen entre el polvo de una _keddah_? ¡Mal -hijo! ¡Pillo! ¡Perdido! Anda, y lava á Kala Nag, límpiale las orejas, y -mira que no tenga espinas en las patas, ó de lo contrario, entonces sí -que, con toda seguridad, te coge Petersen Sahib y hace de tí un cazador -medio salvaje... un perseguidor de elefantes, uno de ésos que siguen -sus huellas, un oso de la selva. ¡Oh! ¡Qué vergüenza! ¡Márchate de mi -vista! - -Alejóse Toomai chico sin decir palabra; pero le contó á Kala Nag sus -penas, mientras estaba examinándole las patas. - ---¡No importa! dijo el muchacho, levantándole la punta de la oreja -derecha. Le han dicho mi nombre á Petersen Sahib, y tal vez... tal -vez... tal vez... ¿quién sabe?... ¡Hola! ¡Mira que espina tan grande te -he arrancado! - -Los primeros días que siguieron á aquel se emplearon en juntar á todos -los elefantes; en obligar á caminar á los salvajes, que acababan de ser -cogidos, entre otros dos que estaban ya domesticados, á fin de que no -dieran luego tanto que hacer al emprender la marcha descendente hacia -los llanos; finalmente en recoger mantas, cuerdas ú otras cosas, que -quedaron estropeadas ó se habían perdido en el bosque. - -Llegó Petersen Sahib montado en su diestro elefante hembra llamado -Pudmini. Había visitado ya otros de los campamentos, situados entre -las montañas, para verificar los pagos, porque la estación tocaba á su -fin, y bajo un árbol, sentado á una mesa, veíase á un dependiente suyo, -indígena, que iba entregando á los cazadores, uno por uno, su salario. -En cuanto había cobrado, volvíase cada hombre al lado de su elefante, y -se juntaba á la fila que estaba próxima á partir. - -Los ojeadores, cazadores y domadores, los hombres empleados -constantemente en la keddah, que de cada dos años pasan uno en la -selva, iban sentados á la espalda de los elefantes que formaban parte -de las fuerzas permanentes de Petersen Sahib, ó se recostaban contra -los árboles con el fusil al brazo, burlándose de los cornacas que se -iban, y riendo cuando los elefantes recién cazados rompían las filas y -comenzaban á correr. - -Toomai grande dirigióse al dependiente que arreglaba las cuentas, -llevando detrás de él á Toomai chico, y Machua Appa, el jefe de los -ojeadores, dijo en voz baja á uno de sus amigos: - ---¡Ahí va uno que sirve de veras para cazar elefantes! ¡Qué lástima que -á ese gallito de la selva lo manden ahora á mudar la pluma allá en los -llanos! - -Pues bien: tenía Petersen Sahib finísimo el oído, como corresponde -á un hombre avezado á escuchar al más silencioso de todos los seres -vivientes: el elefante salvaje, y dió media vuelta sobre la espalda de -Pudmini, donde estaba echado, preguntando: - ---¿Qué estáis diciendo? No sabía que entre los cornacas del llano -hubiera ninguno que sirviera ni para atar á un elefante muerto. - ---No hablamos de un hombre, sino de un niño. Se metió en la _keddah_, -durante la última cacería, y le arrojó la cuerda á Barmao cuando -queríamos separar de la madre á aquel elefante joven que tiene una -pústula en el hombro. - -Señaló Machua Appa hacia el sitio donde estaba Toomai chico, miró -Petersen Sahib, y el muchacho saludó hasta tocar al suelo. - ---¿El, arrojar una cuerda? Si es más pequeño que una estaca. -¡Chiquillo! ¿Cómo te llamas? dijo Petersen Sahib. - -Estaba Toomai chico demasiado asustado para hablar; pero á su espalda -tenía á Kala Nag, y Toomai le hizo un signo con la mano, por lo cual el -elefante lo cogió con la trompa, levantándolo á la altura de la cabeza -de Pudmini, frente á frente del gran Petersen Sahib. Toomai chico -cubrióse en aquel momento la cara con las manos, porque, al fin y al -cabo, no era más que un chiquillo, y, excepto para todo lo concerniente -á elefantes, era tan tímido como pudiera serlo cualquier otro muchacho. - ---¡Ah! dijo Petersen Sahib sonriéndose, ¿y por qué le has enseñado á -tu elefante á hacer esto? ¿Para que te ayudara á robar el trigo verde, -puesto á secar sobre el techo de las casas? - ---Trigo verde, no, Protector de los pobres,... melones, sí, contestó -Toomai chico, y, al oirlo, cuantos hombres había allí prorrumpieron -en ruidosa carcajada. En su infancia, la mayor parte de ellos había -enseñado á hacer lo mismo á sus elefantes. Toomai chico estaba como -colgando en el aire á la altura de dos metros y medio; pero hubiera -querido, en aquel momento, estar á igual profundidad bajo tierra. - ---Es Toomai, mi hijo, Sahib, dijo Toomai grande arrugando el entrecejo. -Es un chiquillo muy malo que acabará en presidio, Sahib. - ---¡Oh! Respecto á eso, lo dudo, contestó Petersen Sahib. El muchacho -que se atreve, á su edad, á meterse en una _keddah_ en pleno, no va -á parar á ningún presidio. Mira, chiquillo, ahí tienes cuatro annas -para gastar en dulces, porque veo que bajo ese montón de cabello se -esconde realmente una cabecita. Con el tiempo, podría ser que también -tú llegaras á ser cazador. - -Toomai grande frunció las cejas con mayor fuerza que nunca. - -Acuérdate, sin embargo, de que las _keddahs_ no son sitio adecuado para -que los niños jueguen allí, continuó Petersen Sahib. - ---¿Y no me permitirán ir á ellas, Sahib? preguntó Toomai chico, -acompañando la pregunta con un gran suspiro. - ---Sí. Y Petersen Sahib sonrió de nuevo. Cuando hayas visto bailar á los -elefantes. Entonces será el momento oportuno. Lo que es _cuando los -hayas visto bailar_ ven á encontrarme, y te dejaré entrar en todas las -_keddahs_. - -Hubo entonces otra explosión de carcajadas, porque era aquélla una -de las bromas que usan los cazadores de elefantes, y equivale, -precisamente, á decir _nunca_. Hay en los bosques, grandes y llanos -claros, escondidos en ellos, que se llaman salones de baile de los -elefantes; pero hasta el hallarlos no es más que pura casualidad, y no -hay hombre que haya visto nunca cómo los elefantes bailan allí. Cuando -un cornaca alaba demasiado su propia habilidad y valor, suelen decirle -los otros: - ---¿Y cuando fué que viste bailar á los elefantes? - -Puso Kala Nag en el suelo á Toomai chico, y éste volvió á saludar -profundamente; marchóse con su padre; dió la pieza de cuatro annas -á su madre, que criaba á un hermanito del muchacho; subieron todos -sobre la espalda de Kala Nag; y la fila de elefantes, gruñendo y dando -agudos gritos, bajó, por un atajo de la montaña, hacia la llanura. Fué -la marcha sumamente animada, porque los elefantes nuevos suscitaban -grandes dificultades á cada vado, y había que acariciarlos ó pegarles -continuamente. - -Toomai grande conducía á Kala Nag con aire de despecho, pues estaba de -malísimo humor; pero Toomai chico sentíase tan feliz que ni tenía ganas -de hablar. Petersen Sahib se había fijado en él, habíale dado dinero, -y, como consecuencia, experimentaba el muchacho la misma impresión de -un soldado raso á quien hubieran hecho salir de las filas para recibir -los elogios del general en jefe. - ---¿Qué quería decir Petersen Sahib con aquello del baile de los -elefantes? dijo, por fin, en voz baja, dirigiéndose á su madre. - -Oyólo Toomai grande, y refunfuñó: - ---Que no has de ser nunca uno de esos búfalos montañeses que hacen de -ojeadores. Eso es lo que quería decir. ¡Eh! ¡Vosotros! ¡Ahí delante! -¿Qué es lo que nos cierra el paso? - -Volvióse en redondo, con malhumor, un cornaca asamés, que iba á la -distancia de dos ó tres elefantes delante de él, y gritó: - ---Trae á Kala Nag, y haz obedecer á este elefante mío. ¡No sé por qué -Petersen Sahib ha tenido que escogerme á mí para ir con vosotros, -burros de los arrozales! Pon de lado á tu animal, Toomai, y déjale que -empuje con los colmillos. ¡Por todos los dioses de las montañas te juro -que esos elefantes tienen los diablos en el cuerpo, ú olfatean á sus -compañeros de la selva! - -Pególe Kala Nag en las costillas al elefante nuevo y le metió el -resuello en el cuerpo, mientras Toomai grande decía: - ---En la última cacería hemos limpiado de elefantes salvajes todas las -montañas. Lo que hay es que conducís muy mal. ¡Á ver si querréis que -conserve yo el orden en toda la fila! - ---Pero ¿no oís lo que dice? contestó el otro cornaca. ¡_Hemos_ limpiado -de elefantes las montañas! Lo que es vosotros, hombres del llano, sois -muy sabios. Cualquiera que no sea una de esas cabezas vacías que nunca -han visto la selva sabe que _ellos_ ya están enterados de que las -cacerías han terminado para toda la temporada actual. Por lo tanto, -esta noche, todos los elefantes salvajes... pero ¿á qué perder el -tiempo enseñándole lo que yo sé á esa tortuga de río?... - ---¿Que esta noche los elefantes... qué? gritó Toomai chico. - ---¡Hola, muchacho! ¿Estás tú ahí? Bueno ¿pues á tí te lo diré, porque -tú tienes la cabeza bien organizada. Esta noche bailarán, y valdría -más que tu padre, que ha _limpiado_ de elefantes _todas_ las montañas, -doblara el número de cadenas que se atan á las estacas. - ---¿Qué estás ahí charlando? Cuarenta años hace que entre mi padre y -yo hemos cuidado elefantes y nunca hemos oído esos cuentos de que sea -verdad que bailen. - ---Sí, pero un hombre del llano, que vive en su barraca, no conoce nada -más que las cuatro paredes de esa barraca. ¡Bueno! Deja libres á tus -elefantes esta noche, y verás lo que ocurre. En cuanto al baile, yo -he visto donde... _¡Bapree-Bap!_ ¿Cuántos recodos más tiene este río -Dihang? Aquí hay otro vado, y ahora tendremos que hacer nadar á los -pequeños. ¡Paraos, vosotros, los que venís detrás! - -Y por ese estilo, hablando, y disputándose, y chapoteando en el río, -verificóse la primera marcha hacia una especie de campamento en que se -recibían los elefantes nuevos; pero, mucho antes de llegar allí, habían -ya perdido cien veces la paciencia. - -Luego, los elefantes fueron sujetados por las patas traseras por medio -de cadenas fijas á las estacas, añadiéndose, además, á los nuevos, -un refuerzo de cuerdas; púsoseles delante su montón de forraje; y -los cornacas montañeses regresaron, para juntarse á Petersen Sahib, -aprovechando las últimas horas de claridad de la tarde, y encargando -á los cornacas del llano que tuvieran más cuidado que nunca aquella -noche, riéndose cuando éstos les preguntaban el motivo. - -Toomai chico cuidó de la comida de Kala Nag, y luego, como oscureciera -ya, comenzó á vagar por el campamento, poseído de inefable alegría, y -buscando un _tam-tam_. Cuando un muchacho indio siente que su corazón -rebosa de felicidad no corretea de un lado á otro ni hace ruido de un -modo irregular. Siéntase solo y se regala á sí mismo con una especie -de fiesta. ¡Y á Toomai chico le había hablado nada menos que Petersen -Sahib! Si no hubiera podido hallar lo que buscaba, la misma alegría -contenida tal vez le hubiese causado la muerte. Pero el vendedor de -dulces que había en el campamento le prestó un _tam-tam_, un tamboril -que se tocaba dándole con la palma de la mano, y entonces él sentóse, -cruzadas las piernas, frente á Kala Nag, mientras en el cielo iban -apareciendo las estrellas. Con el _tam-tam_ sobre las rodillas, estuvo -toca que toca, y cuanto más pensaba en el grandísimo honor que se le -había dispensado más tocaba, solo, completamente solo, entre el forraje -de los elefantes. No había en su música melodía alguna ni palabras; -pero tocando el tamboril se sentía feliz. - -Los elefantes nuevos tiraban de las cuerdas, daban gritos ó bramidos de -cuando en cuando, y á ratos podía él oir también á su madre, allá en -la barraca del campamento, que adormecía á su hermanito cantándole una -antigua, muy antigua canción sobre el gran dios Siva, que indicó una -vez á todos los animales lo que debían comer. Es una cancioncilla muy -tierna cuyas primeras estrofas dicen: - - Siva, que manda al hombre las cosechas, - y hace que sople el viento, - sentado en el umbral de un claro día, - ha de ello mucho tiempo, - repartió su porción, á cada uno, - de pan, trabajo y duelos, - desde el Rey, que en el _guddee_ se reclina, - al pobre pordiosero. - - Hízolo todo Siva, el que proteje, - sí, todo, _¡Mahadeo!_ - dió el espino al camello, al buey forraje, - y á tí, mi niño, por cojín mi pecho. - -Acompañó Toomai chico cada estrofa con un alegre tamborileo al -terminarse, hasta que él mismo sintió sueño y se tendió sobre el -forraje, al lado de Kala Nag. - -Al fin, los elefantes comenzaron á echarse, uno tras otro, según -su costumbre, hasta que sólo Kala Nag quedó en pie á la derecha de -la fila, y, entonces, balanceóse suavemente, con las orejas hacia -delante, para prestar oído á los rumores que llevara el viento de la -noche, al soplar blandamente por entre las montañas. El aire venía -impregnado de aquellos ruidos nocturnos que, juntos, producen un solo -é inmenso silencio: el golpear de un bambú contra otro; el correr de -algo vivo por entre los matorrales; el arañar y los ahogados chillidos -del pájaro medio despierto (los pájaros se despiertan de noche con -mucha más frecuencia de lo que nosotros imaginamos); y el caer del -agua, allá lejos, muy lejos. Toomai chico durmió durante algún tiempo, -y, al despertar, la luna brillaba ya en toda su fuerza, y Kala Nag -estaba aún de pie con las orejas hacia delante. Volvióse Toomai chico, -haciendo crujir el forraje, y observó la curva de la enorme espalda -proyectándose contra el fondo del cielo y contra la mitad de las -estrellas que en él había; pero, mientras observaba esto, oyó, tan -lejos que dijérase que á aquel gran silencio lo atravesaba sólo la -punta de un alfiler, el _huut-tuut_, el grito parecido al sonar de un -cuerno de caza, que lanzaba un elefante salvaje. - -Cuantos elefantes había en las filas saltaron como si les hubieran -disparado un tiro, y sus gruñidos despertaron, al fin, á los _mahouts_, -que salieron y comenzaron á dar martillazos sobre las estacas con -enormes mazos, ataron mejor unas cuerdas é hicieron nudos en otras, -hasta que todo volvió á quedar tranquilo. Había uno de los elefantes -nuevos arrancado, casi, su estaca, y Toomai grande le quitó entonces -á Kala Nag la cadena que llevaba sujeta á una pata, y con ella ató -las posteriores del otro elefante á las anteriores; pero le pasó á -Kala Nag, en el sitio donde había estado la cadena, un lazo hecho de -yerba retorcida, y díjole que se acordara de que quedaba bien atado. -Centenares de veces habían hecho lo mismo, con buen resultado, su padre -y su abuelo. Kala Nag no contestó á aquella orden con su _glu-glu_ -habitual. Continuó de pie, mirando á lo lejos, á favor de la clara -luz de la luna, algo levantada la cabeza y extendidas las orejas como -abiertos abanicos, en dirección de los grandes repliegues que forman -las montañas de Garo. - ---Observa si le aumenta la intranquilidad, más entrada la noche, -dijo Toomai grande al chico, y después de esto fuése á la barraca y -durmióse. Iba ya á dormirse, también, Toomai chico, cuando oyó que la -cuerda de fibras de coco se rompía, produciendo leve, casi metálico -ruido; y Kala Nag avanzó, desde el sitio en que estaban las estacas, -tan pausada y silenciosamente como nube que se desliza fuera de la -embocadura de un valle. Corrió Toomai chico detrás de él, descalzos los -pies, por el camino, que bañaba la luz de la luna, y en voz muy baja le -dijo: - ---¡Kala Nag! ¡Kala Nag! ¡Llévame contigo, Kala Nag! Volvióse el -elefante sin hacer el menor ruido, dió tres grandes pasos hacia el -muchacho, bajó la trompa, se lo montó en el cuello, y, casi sin dar á -Toomai chico el tiempo preciso de colocar bien las piernas, se deslizó -hacia el bosque. - -Vino, entonces, de las filas de elefantes, como una ráfaga de furiosos -bramidos, y luego volvió á reinar el silencio sobre todas las cosas, y -Kala Nag comenzó la marcha. Algunas veces un montón de yerbas altas le -acariciaba los costados como una ola acaricia los de un barco, y otras -un colgante racimo de pimienta silvestre le arañaba la espalda, ó un -bambú se quebraba por el sitio donde él lo había tocado con el hombro; -pero en los intervalos avanzaba sin producir, absolutamente, rumor -alguno, resbalando como el humo á través del espeso bosque de Garo. -Iba monte arriba; pero, aunque Toomai chico mirara á las estrellas por -entre los claros de los árboles, no podía decir en qué dirección. - -De pronto, Kala Nag llegó á la cima de la pendiente, y se paró por un -momento, durante el cual pudo ver Toomai chico las copas de los árboles -como manchas, ó como grandes pieles tendidas á la luz de la luna, en -el espacio de infinidad de leguas de terreno, y la niebla, de un color -blanco azulado, flotando sobre el río, allá en la hondonada. Apoyóse -Toomai en el cuello del elefante, y, recostado, miró, sintiendo que -todo el bosque velaba allá abajo, que todo él velaba, y vivía, y estaba -lleno de multitud de seres. Un grande y pardo murciélago de los que se -alimentan de frutos pasó rozándole una oreja; las púas de un puerco -espín sonaron, chocando unas contra otras en la espesura; y allá en la -obscuridad, entre los troncos de los árboles, oyó á un jabalí hurgando -en la tierra, húmeda y tibia, y oliendo, resoplando al hacerlo. - -Luego volvieron á cerrarse las ramas sobre su cabeza, y Kala Nag -comenzó á bajar hacia el valle, no suavemente, como antes, sino como -cañón que se soltara por empinado terraplén: de una sola embestida. -Movíanse los enormes músculos con la rapidez de pistones, abarcando á -cada paso la distancia de unos dos metros y medio, y la arrugada piel -de los hombros crujía sobre las puntas de los huesos. Á cada lado de -él se abría violentamente la maleza, con un ruido como el de rajado -cañamazo, y los rebrotes que apartaba á derecha é izquierda con los -hombros saltaban de nuevo hacia atrás, pegándole en los costados, -mientras grandes colgajos de enredaderas, mezcladas en montón, -pendían de sus colmillos al mover él la cabeza hacia uno y otro lado, -abriéndose camino. Entonces, Toomai chico tendióse, bien apretado -contra el gran cuello, para que alguna de las ramas que se balanceaban -no lo arrojara al suelo, y, en su interior, se dijo que ojalá no se -hubiera movido del sitio donde se hallaban los otros elefantes. - -La yerba empezaba á estar húmeda, las patas de Kala Nag se hundían -al pisar, y la neblina de la noche helaba á Toomai chico. Oyóse un -chapoteo, luego ruido de agua, y Kala Nag entró á grandes pasos en -el lecho de un río, tanteando á cada zancada el camino que había de -seguir. Dominando el rumor del agua que se arremolinaba en torno á las -piernas del elefante, podía oir Toomai chico más chapoteos y algunos -bramidos, que venían tanto de uno como de otro extremo del río, grandes -gruñidos y ronquidos de cólera; y toda la neblina que flotaba en el -aire parecía estar llena de movibles, vacilantes sombras. - ---¡Ah! dijo á media voz y dando diente con diente. Todo el pueblo de -los elefantes se ha echado fuera esta noche. Realmente, va á haber, -pues, _el baile_. - -Salió Kala Nag del río con gran ruido; hizo sonar la trompa, soplando -para limpiarla del agua, y comenzó á subir por otra cuesta; pero esta -vez no iba solo, ni tenía que abrirse camino; estaba ya abierto, y con -una anchura de cerca de dos metros, frente á él, donde la yerba de la -selva probaba de erguirse nuevamente. Por aquel sitio debían de haber -pasado, pocos minutos hacía, innumerables elefantes. Miró hacia atrás -Toomai chico, y á su espalda, uno salvaje, de enormes colmillos, con -los ojuelos de cerdo brillándole como ascuas, salía del río entre la -neblina. Luego, volvió á cerrarse el ramaje de los árboles, y siguieron -adelante, subiendo, entre bramidos y entre estallidos de las ramas que -se rompían á su paso. - -Al fin, Kala Nag se paró junto á dos troncos de árboles, en la cumbre -misma de la montaña. Formaban aquéllos parte de un grupo que se elevaba -alrededor de un espacio irregular de unas ciento cincuenta áreas, y, -en todo este espacio, pudo ver Toomai chico que la tierra había sido -apisonada hasta quedar tan dura como un ladrillo. En el centro de aquel -claro crecían algunos árboles; pero su corteza había desaparecido -por el roce, y la madera blanca que quedaba al descubierto aparecía -brillante, y como pulimentada á trechos, á la luz de la luna. De -las ramas más altas colgaban enredaderas, cuyas flores, en forma de -campanilla, grandes, blancas, como de cera, y semejantes á clemátides, -colgaban también, profundamente dormidas; pero, dentro de los límites -del claro aquel, no crecía ni un solo tallo de yerba: nada había más -que la tierra apisonada. - -La luna daba á ésta un color gris de hierro, excepto donde se veían, -de pie, algunos elefantes, cuya sombra era negra como tinta. Miró -Toomai chico, aguantando el aliento, con los ojos que se le saltaban -de las órbitas, y, mientras miraba, más y más elefantes salían, -balanceándose, de entre los árboles, y penetraban en aquel espacio -abierto. No podía Toomai chico contar más que hasta el número diez, y -contó, entonces, y volvió á contar, con los dedos, hasta que perdió la -cuenta de tantos dieces, y la cabeza comenzó á darle vueltas. Fuera del -claro, oía los chasquidos de la maleza al romperse, cuando pasaban los -elefantes, subiendo por la montaña; pero, en cuanto estaban dentro del -círculo que formaban los troncos de los árboles, se movían como si no -fueran más que sombras. - - [Ilustración] - -Había allí machos salvajes, de blancos colmillos, con hojas, frutos y -ramitas que se les habían quedado entre las arrugas del cuello ó los -pliegues de las orejas; gruesas hembras de pesado andar, con inquietos -pequeñuelos, de un color negro algo rosado, que no medían más que cosa -de un metro de altura y correteaban por debajo del vientre de aquéllas; -elefantes jóvenes, cuyos colmillos apuntaban apenas, y que se sentían -ya muy orgullosos de tenerlos; hembras flacas, demacradas, que se -habían quedado solteronas, con caras ansiosas, hundidas, y trompas que -parecían ásperas cortezas; salvajes y viejos elefantes luchadores, -cubiertos de cicatrices desde la paletilla hasta el costado, con -grandes verdugones y mal cerradas heridas de las pasadas luchas, y el -barro de sus solitarios baños colgando, endurecido, á cada lado de los -hombros; y uno había, finalmente, con un colmillo roto y las señales, -el terrible vaciado, que deja en la piel la garra del tigre. - -Estaban todos de pie, frente á frente; caminaban de un lado á otro por -aquel pedazo de terreno, de dos en dos; ó se mecían solitarios... Y -había allí docenas y más docenas de elefantes. - -Sabía Toomai que mientras él se estuviera acostado y bien quieto -sobre el cuello de Kala Nag, nada le ocurriría; porque, hasta en las -embestidas y luchas de una _keddah_, ningún elefante salvaje coge -con la trompa á un hombre para desmontarlo del cuello de un elefante -domesticado; y, además, aquellos elefantes ni se acordaban siquiera de -los hombres, en tal noche. Por un momento se pusieron alerta, con las -orejas hacia delante, al oir sonar unos hierros en el bosque; pero era -Pudmini, el elefante mimado de Petersen Sahib, que había arrancado por -completo su cadena y llegaba gruñendo, resoplando, montaña arriba. De -fijo que habría roto sus estacas y se habría ido en derechura hacia -aquel sitio, desde el campamento de Petersen Sahib. Toomai chico vió -también otro elefante, uno que no conocía, con hondas desolladuras -en la piel de la espalda y del pecho, causadas por cuerdas. También -él debía de haberse escapado de algún campamento situado entre las -montañas. - -Al fin, no se oyeron ya, en el bosque, más ruidos de elefantes, y Kala -Nag avanzó, desde el sitio en que estaba parado entre los árboles, -hasta el centro del grupo, produciendo una especie de cloqueo y de -sonidos guturales, tras de lo cual, todos los elefantes empezaron á -moverse y á hablar en su lenguaje. - -Echado aún como estaba, vió Toomai chico centenares de anchas espaldas, -orejas balanceándose, trompas que se movían, y ojillos que rodaban en -sus cuencas. Oyó el golpear de los colmillos chocando casualmente unos -con otros; el seco rozar de las trompas enlazadas; el de los enormes -costados y hombros en medio de aquella muchedumbre, y el incesante -chasquido ó zumbido de las grandes colas. Luego, una nube pasó por -delante de la luna, y él se quedó en la más completa obscuridad; pero -el callado rozar, empujar y producir sordos ruidos guturales continuó -del mismo modo. Sabía el muchacho que en torno de Kala Nag había -multitud de elefantes, y que no existía la menor probabilidad de -sacarle de aquella asamblea; así, pues, apretó los dientes y se echó á -temblar. Al menos en una _keddah_ había luz de antorchas y gritería; -pero aquí se hallaba completamente solo y á obscuras, y hubo un momento -en que sintió junto á una rodilla el contacto de una trompa. - -Después, bramó un elefante, y todos se pusieron á imitarle por espacio -de cinco ó de diez terribles segundos. El rocío cayó desde los árboles -como lluvia sobre las invisibles espaldas, y comenzó á oirse un ruido -sordo, muy bajo al principio, y que Toomai chico no podía saber de -donde provenía; pero creció y creció, y Kala Nag levantó una de sus -patas delanteras, después la otra, y las dejó caer sobre el suelo... -(¡una, dos! ¡una, dos!) con tanta fuerza como si fueran gruesos -martillos de herrería. Los elefantes pateaban, ahora, todos á la vez, -y el ruido sonaba como tambor de guerra que alguien tocara á la boca -de una caverna. Siguió el rocío cayendo de los árboles hasta que no -quedó ya más; el estruendo continuó; la tierra retemblaba, y Toomai -chico púsose las manos sobre los oídos para amortiguar el ruido. Pero -aquel golpear de centenares de pesadas patas sobre la desnuda tierra -era tan gigantesco, desapacible y repetido que le parecía que todo -su cuerpo vibraba por entero. Una ó dos veces sintió como Kala Nag y -todos los demás elefantes se adelantaban algunos pasos, y el pisar se -convertía en rumor de cosas verdes, jugosas, que eran aplastadas; pero, -un minuto ó dos más tarde, el violento moverse de las patas sobre la -dura tierra comenzaba de nuevo. Crujía, y parecía quejarse, un árbol, -á poca distancia de él. Alargó el brazo y tocó la corteza; pero Kala -Nag siguió adelante, pateando aún, y no pudo él darse cuenta del sitio -en que se hallaba. Ningún sonido producían los elefantes, excepto una -vez, cuando dos ó tres de los más jóvenes chillaron al mismo tiempo. De -pronto, oyó pesado golpe y un rumor como de confusión y desorden, y el -patear continuó. Debió de durar dos horas bien cumplidas, y á Toomai -chico dolíanle ya todos los nervios del cuerpo; pero por el olor del -aire de la noche adivinaba la proximidad de la mañana. - -Rayó el alba, tendiendo un manto de amarillo claro por detrás de las -montañas, y, con el primer rayo de luz, paróse el estruendo como á -un mandato. Antes de que á Toomai chico hubieran dejado de zumbarle -los oídos, y hasta antes de que hubiera tenido tiempo de cambiar de -posición, no quedó ya ningún elefante á la vista, excepto Kala Nag, -Pudmini y el elefante que mostraba las desolladuras producidas por las -cuerdas; y no se observó el más leve signo, ni roce ó murmullo en las -vertientes de las montañas, que indicara á dónde habían ido los otros. - -Miró fijamente Toomai chico una y otra vez. El claro aquel, por lo que -él recordaba, había crecido durante la noche. En el centro veíanse más -árboles; pero la maleza y la yerba, á los lados, habían retrocedido. -Toomai chico volvió á mirar atentamente. Ahora comprendía el continuo -apisonar. Los elefantes habían agrandado el sitio pateándolo todo: la -espesa yerba y los jugosos juncos de Indias habían sido convertidos en -una masa inmunda, la masa en tiras, las tiras en fibras delgadísimas, y -las fibras en dura tierra. - ---¡Ah! dijo Toomai chico, sintiendo que los ojos se le cerraban, -Kala Nag, señor mío, juntémonos con Pudmini y vamos al campamento de -Petersen Sahib, porque, si no, me caigo de tu cuello al suelo. - -Miró el tercer elefante alejarse juntos á los otros dos, resopló, dió -media vuelta, y siguió, solo, su dirección propia. Debía de pertenecer -á alguno de los reyezuelos indígenas, que estaría á diez, veinte ó -treinta leguas de distancia. - -Dos horas más tarde, mientras Petersen Sahib se desayunaba, los -elefantes, que habían sido atados aquella noche con dobles cadenas, -comenzaron á dar grandes bramidos, y Pudmini, llena de barro hasta los -hombros, acompañada de Kala Nag, que tenía las patas muy adoloridas, -entró, bamboleándose, en el campamento. - -La carita de Toomai chico estaba casi gris de tan pálida, y muy -hundida, llevando el muchacho el cabello lleno de hojas y empapado en -rocío; pero, haciendo un esfuerzo, saludó á Petersen Sahib y gritó con -apagada voz: - ---¡El baile!... ¡el baile de los elefantes!... ¡Yo lo he visto... y... -me estoy muriendo!... Y como Kala Nag se echara, resbaló él desde su -cuello, presa de mortal desmayo. - -Pero como los niños indígenas no tienen nervios, ó no vale la pena de -hablar de los que tengan, al cabo de dos horas estaba ya acostado, -muy contento, en la hamaca de Petersen Sahib, con el capote de caza -perteneciente á éste bajo la cabeza, y en el estómago un vaso de -leche caliente, un poco de _brandy_ y una pequeña dosis de quinina; y -mientras los viejos cazadores de las selvas, velludos y cubiertos de -cicatrices, estaban sentados, á tres de fondo, delante de él, mirándolo -como si fuera un aparecido, refirió el muchacho lo que tenía que -contar, en breves palabras, como hacen los niños, y terminó con las -siguientes: - ---Ahora, si hay algo de lo que he dicho que os parezca mentira, mandad -hombres para que lo vean, y hallarán que el pueblo de los elefantes -ha apisonado un espacio mucho mayor que el que existía en su salón -de baile, y hallarán diez... y diez... y muchas veces diez pistas -que conducen á este salón. Ensancharon el sitio con las patas. Yo lo -he visto. Kala Nag me llevó, y yo lo ví. También Kala Nag tiene muy -cansadas las piernas. - -Tendióse Toomai chico y durmió durante toda la tarde, hasta que -llegó el anochecer, y, mientras dormía, Petersen Sahib y Machua Appa -siguieron la pista de los dos elefantes, durante cuatro leguas, á -través de los montes. Había pasado Petersen Sahib diez y ocho años -cazando elefantes, y sólo un _salón de baile_ como aquél había visto -con anterioridad. - -No tuvo Machua Appa que dar más que una ojeada al claro para ver lo que -habían hecho allí, ni necesitó arañar más que una vez con el dedo del -pie la tierra compacta, apretada. - ---Verdad es lo que habla el muchacho, dijo. Todo esto se hizo ayer -noche, y yo he contado setenta pistas diferentes que cruzaban el río. -¡Mirad, Sahib, como los hierros de Pudmini cortaron la corteza de este -árbol! Sí; también estaba en la reunión. - -Miráronse uno á otro, de arriba abajo, pasmados, porque las cosas de -los elefantes exceden en profundidad á cuanto puede imaginar cualquier -hombre, sea blanco ó negro. - ---Cuarenta y cinco años hace, dijo Machua Appa, que sigo á los señores -elefantes; pero nunca oí que ningún hombre de mujer nacido viera lo -que ha visto este muchacho. Por todos los dioses de las montañas os -digo que esto es... ¿cómo podremos llamarlo?... y, sin acabar la frase, -limitóse á sacudir la cabeza. - -Cuando estuvieron de vuelta en el campamento era ya la hora de la -cena. Comió Petersen Sahib solo, en su tienda; pero dió orden de -que á su gente, allí acampada, se le dieran dos corderos y algunos -pollos, además de doble ración de harina, arroz y sal, porque era -imprescindible algo de banquete. - -Á paso más que regular había llegado Toomai grande del otro campamento, -en la llanura, yendo en busca de su hijo y de su elefante, y, al -hallarlos, los contempló á uno y otro de tal modo que no parecía sino -que le causaban miedo. Celebróse una fiesta, junto á las llameantes -hogueras, frente á las filas de atados elefantes, siendo Toomai chico -el héroe de ella; y los grandes cazadores, los ojeadores, cornacas y -laceros, los hombres que conocían todos los secretos para domar los más -bravos elefantes, se lo pasaron de uno á otro, y marcaron su frente -con sangre tomada del pecho de un «gallo de la selva» recién muerto, -queriendo indicar con esto que era un habitante de los bosques, un -iniciado, y libre, por lo tanto, en toda la extensión que abarcan las -selvas. - -Al fin, cuando las llamas empezaron ya á apagarse y la roja luz de -los tizones daba á los elefantes un aspecto que no parecía sino que -también ellos estuvieran empapados en sangre, Machua Appa, el jefe de -todos los cornacas de todas las _keddahs_; Machua Appa, el _alter ego_ -de Petersen Sahib, que por espacio de cuarenta años no había visto un -camino hecho por mano de hombres; Machua Appa, cuya grandeza era tanta -que nadie sabía que tuviera otro nombre más que el de Machua Appa, -saltó, y, poniéndose de pie, levantando en el aire á Toomai chico, por -encima de su cabeza, gritó: - ---Oidme, hermanos míos. Oidme también vosotros, señores, señores míos -que estáis ahí en las filas: ¡soy yo, Machua Appa, quien os habla! -Este pequeñín no se llamará ya de aquí en adelante Toomai chico, sino -Toomai, el de los elefantes, como antes que á él se llamó ya á su -bisabuelo. Lo que jamás vió hombre alguno lo ha visto él durante toda -una noche, porque es el favorito del pueblo de los elefantes, y, al -par, de los dioses de todas las selvas, que con él están. Llegará á -ser un gran ojeador; llegará á ser más grande que yo mismo, más que yo -mismo: Machua Appa. Sabrá seguir la pista reciente, y la medio borrada, -y la mixta, con ojo seguro. Ningún daño recibirá en la _keddah_ -cuando corra por debajo de los elefantes salvajes para atarlos, y si -por casualidad resbalara y cayera frente á un elefante feroz, en el -momento de embestir éste, sabiendo la fiera quien es él no se atreverá -á aplastarlo. _¡Aihai!_ señores míos que estáis ahí entre cadenas... -(y al decirlo dió una vuelta hacia las filas de estacas), ante -vosotros tenéis al pequeñuelo que ha visto los bailes que celebráis en -escondidos sitios... lo que jamás vió ningún hombre. ¡Prestadle vuestro -homenaje, señores míos ¡_Salaam karo_, hijos míos! ¡Saludad á Toomai, -el de los elefantes! ¡Gunga Pershad, _ahaa_! ¡Hira Guj, Birchi Guj, -Kuttar Guj, _ahaa_! ¡Pudmini (tú que le has visto en el baile, y tú -también, Kala Nag, perla de los elefantes)! _¡ahaa!_ ¡Todos á la vez! -¡Á Toomai, el de los elefantes! _¡Barrao!_ - -Y al oir el último de estos salvajes gritos, la fila entera de -elefantes lanzó al aire las trompas, hasta hacer que los extremos -tocaran las frentes, y prorrumpió en el gran saludo, el trompetear -atronador que sólo oye el Virrey de la India, el _Salaamut_ de la -_keddah_. - -Pero todo esto se hacía, únicamente, por Toomai chico, que había visto -lo que jamás vió antes hombre alguno: ¡el baile de los elefantes, por -la noche, y solo, en el corazón de las montañas de Garo! - - [Ilustración] - - - =Siva y el saltamontes= - -(_Canción que la madre de Toomai le cantaba á su hijo menor_). - - - Siva, que manda al hombre las cosechas, - y hace que sople el viento, - sentado en el umbral de un claro día, - ha de ello mucho tiempo, - repartió su porción, á cada uno, - de pan, trabajo y duelos, - desde el Rey, que en el _guddee_ se reclina, - al pobre pordiosero. - - Hízolo todo Siva, el que proteje, - sí, todo _¡Mahadeo!_ - dió el espino al camello, al buey forraje, - y á tí, mi niño, por cojín mi pecho. - - Al rico dióle trigo, mijo al pobre; - al santón que pidiendo - de puerta en puerta va, dióle mendrugos; - reses al tigre hambriento, - carroña dió al milano, y á los lobos - que van rondando fieros - en torno á los poblados, por la noche, - dióles trapos y huesos. - - Á todo atendió él, de lo más alto - hasta lo más pequeño; - pero Parbati, su mujer, burlarle - quiso como por juego, - en tan diversas cosas ocupado - al gran esposo viendo, - y así robando al dios un saltamontes - escondiólo en su pecho. - - Tal hizo su mujer á Siva, el Grande, - _¡Mahadeo! ¡Mahadeo!_ - ¡Tratárase de un buey!... Mas, hijo mío, - no se trataba más que de un insecto. - - Terminado el reparto, sonriente - dijo ella á su dueño: - --¿De entre un millón de bocas no habrá una, - Señor, sin alimento? - - Ni una, dijo Siva, ni siquiera, - añadió sonriendo, - la diminuta que ocultaste, ha poco, - aquí, junto á tu pecho. - - Sacó entonces Parbati, la ladrona, - el escondido insecto - y vió que hasta él comía verde hojuela - nacida aquel momento. - - Viólo asombrada, y á los pies de Siva - temblorosa cayendo, - rezó al dios que, en verdad, á cuanto existe - dió apropiado sustento. - - Hízolo todo Siva, el que protege, - sí, todo... _¡Mahadeo!_ - dió el espino al camello, al buey forraje, - y á tí, mi niño, por cojín mi pecho. - - [Ilustración] - - - [Ilustración] - - - - - LOS SERVIDORES DE SU MAJESTAD - - Resolvedlo por quebrados - ó bien por regla de tres: - Tweedle-dum no será nunca - Tweedle-dee: ya lo veréis. - - Dadle vueltas al problema, - retorcedlo sin cesar: - la vía de Pilly-Winky - no es la que á Winkie-Pop va. - - -Había estado lloviendo copiosamente durante un mes entero... lloviendo -sobre un campamento de treinta mil hombres, millares de camellos, -elefantes, caballos, bueyes y mulas, todo ello reunido, en un sitio -llamado Rawal Pindi, para que lo revistara el Virrey de la India. -Recibía éste la visita del Emir del Afganistán, rey salvaje de un -salvajísimo país, y el Emir había traído consigo, como escolta, -ochocientos hombres y otros tantos caballos que jamás habían visto en -su vida un campamento ó una locomotora: hombres y caballos salvajes, -también, sacados de algún sitio en el corazón del Asia Central. No -pasaba una noche sin que un pelotón de esos caballos rompiera las -cuerdas con que estaban atados, y se lanzara con estrépito de un -lado á otro del campamento, por entre el barro y en medio de la -obscuridad, ó bien sin que los camellos se desataran y corrieran por -allí, tropezando con las cuerdas que sostenían las tiendas, y ya puede -imaginarse lo agradable que esto sería para la gente que intentaba -entregarse al sueño. Estaba mi tienda lejos de las filas de camellos, y -creía yo que el sitio era seguro; pero una noche asomó un hombre, por -aquélla, la cabeza, y me gritó: - ---¡Salid pronto, que vienen! Á mí me han derribado ya la tienda. - -Ya sabía yo quienes eran los que venían, y así púseme las botas, -echéme el impermeable y salí corriendo por el lodo. Vixen, mi perrita -_fox-terrier_, salió por el otro lado; y á poco se oían bramidos, -gruñidos y burbujeos, tras de lo cual hundióse la tienda, por haber -saltado hecho astillas el palo que la sostenía, y comenzó á bailar como -duende loco. Un camello se había metido y enredado en ella, y á pesar -de mi malhumor y de la mojadura, no pude menos de reirme. Luego seguí -corriendo, porque no sabía cuántos eran los camellos que se habían -soltado, y al cabo de poco rato perdí de vista el campamento, caminando -con dificultad por entre el barro. - -Caí, al fin, sobre la cureña de un cañón, y esto fué para mí indicio de -que me hallaba cerca del sitio en que acampaba la artillería y donde -las piezas eran colocadas por la noche. Como no quería seguir vagando -bajo la lluvia y en medio de la obscuridad, puse mi impermeable sobre -la boca de uno de los cañones, formé así una especie de choza con dos ó -tres atacadores que hallé á mano, y me tendí sobre la cureña de otro de -aquéllos, preguntándome por dónde debía de andar Vixen y dónde yo mismo -estaría. - -Cuando iba ya á dormirme oí ruido de arreos y una especie de gruñido, -tras de lo cual pasó junto á mí un mulo sacudiendo las mojadas orejas. -Pertenecía á una batería de cañones atornillables ó de montaña, -porque así me lo indicaba el ruido de las correas, anillas, cadenas y -demás pegando sobre el basto. Estos cañones, cómodos y pequeños, se -componen de dos piezas que se unen en el momento de usarlos, pudiendo -así llevarse fácilmente, por las montañas, donde los mulos hallen un -sendero, por lo cual prestan grandes servicios en todos los países en -que abundan las rocas[12]. - -Venía detrás del mulo un camello cuyas enormes y blancas patas se -hundían y resbalaban en el barro, mientras su cuello se balanceaba, -dirigiéndose hacia todos lados como el de una gallina perdida. -Afortunadamente conocía yo lo bastante el lenguaje de los animales (no -el de los salvajes, por supuesto, sino el de los que se hallan en los -campamentos, que había aprendido de los indígenas), para saber lo que -decía entonces. - -Debía de ser el mismo que entró en mi tienda, porque le gritó al mulo: - ---¿Qué haré? ¿Á dónde iré? Me he peleado con una cosa blanca que -se movía, y la cosa cogió un palo y me pegó un golpe en el cuello. -(Referíase al palo roto de mi tienda, y yo me alegré mucho de oirlo). -¿Seguiremos corriendo? - ---¡Ah! ¿Sois tú y tus amigos los que habéis venido á turbar la -tranquilidad del campamento? Perfectamente. Ya te lo pagarán con una -paliza en cuanto se haga de día; pero, de todos modos, voy á darte yo -algo á cuenta. - -Oí entonces el ruido de los arreos al retroceder el mulo, y el camello -recibió un par de coces en las costillas, que resonaron como un tambor. - ---Otra vez, dijo el mulo, lo pensarás mejor antes de pasar corriendo -por entre una batería, de noche, y como si gritaras: ¡ladrones! ¡fuego! -Échate y no muevas más ese estúpido cuello. - -Doblóse el camello como suelen hacerlo éstos, en forma de escuadra, y -se echó dando gemidos. - -Oyóse acompasado ruido de cascos en medio de la obscuridad, y un -gran caballo de los del ejército se acercó galopando con la misma -regularidad que si estuviera en una parada, saltó por encima de una -cureña y se paró junto al mulo. - ---¡Eso es una vergüenza! exclamó, dando resoplidos. Ya han empezado -esos camellos á meter bulla por entre nuestras filas... y es la tercera -vez en lo que va de semana. ¿Cómo puede conservarse bien un caballo si -no le dejan dormir por la noche?... ¿Quién anda por ahí? - ---Soy el mulo que lleva la pieza de culata del cañón número dos de la -primera batería de montaña, dijo el mulo, y aquel es uno de vuestros -amigos. También á mí me ha despertado. ¿Quién sois vos? - ---El número quince, compañía _E_, del noveno de lanceros... Soy el -caballo de Dick Cunliffe. Echaos un poco hacia allá. Así. - ---¡Oh! ¡Mil perdones! contestó el mulo. Está tan obscuro que no se -distingue casi nada. Yo me marché de mi fila para ver si aquí podía -tener un poco de paz y de tranquilidad. - ---Señores míos, dijo el camello humildemente, tuvimos esta noche una -pesadilla que nos atemorizó muchísimo. Yo no soy más que uno de los -camellos de carga del treinta y nueve de la infantería indígena, y no -tengo el valor que poseéis vosotros, señores míos. - ---Entonces, ¿por qué demonio no te quedas en tu sitio y llevas el -bagaje del treinta y nueve de la infantería indígena, en vez de estar -corriendo por todo el campamento? repuso el mulo. - ---¡Es que la pesadilla era tan horrible! Yo siento lo ocurrido. Pero, -¡escuchad! ¿Qué es eso? ¿Empezaremos á correr otra vez? - ---¡Échate! dijo el mulo, ó si no vas á romperte esas piernas tan -largas, tropezando con los cañones. Enderezó una de las orejas y púsose -á escuchar, ¡Bueyes! exclamó. Los bueyes que arrastran los cañones. -¡Por vida de!... que entre tú y tus amigos habéis despertado á todo -el campamento. Se necesita alborotar mucho para lograr que uno de los -bueyes de las baterías se levante. - -Oí una cadena que se arrastraba por el suelo, y una de las parejas -de enormes y tercos bueyes blancos que arrastran los pesados cañones -de sitio cuando los elefantes no se atreven á acercarse ya más á los -fuegos del enemigo, llegó, empujando el hombro uno contra otro; y, -casi pisando la cadena, venía también un mulo de los de las baterías, -llamando á grandes voces á Billy. - ---Este es uno de nuestros reclutas, dijo el mulo viejo al caballo. Me -está llamando. ¡Aquí estoy, muchacho! ¡Basta de chillar! La obscuridad -no hizo nunca daño á nadie. - -Echáronse juntos los bueyes y comenzaron á rumiar; pero el mulo joven -se precipitó junto á Billy. - ---¡Qué cosas! exclamó. ¡Qué horribles y espantables cosas, Billy! -Viniéronse á nuestras filas mientras estábamos durmiendo. ¿Crees que -nos matarán? - ---¡Me están dando unas ganas de largarte una coz de padre y señor mío! -¡Mira que ocurrírsele á un mulo de tu estampa, y tan bien enseñado como -tú, venir á deshonrar la batería delante de estos caballeros!... - ---¡Poco á poco! dijo el caballo. Acordaos de que, al principio, -todos son siempre así. La primera vez que yo ví á un hombre (era en -Australia, cuando tenía tres años de edad), estuve corriendo por -espacio de medio día, y, si hubiera visto un camello, estaría corriendo -aún á estas horas. - -Casi todos los caballos que sirven para la caballería inglesa en la -India son llevados allí desde Australia, y domados por los mismos -soldados. - ---¡Verdad es! asintió Billy. No tiembles más, muchacho. La primera vez -que me enjaezaron á mí por completo, con todas las cadenas colgándome -desde la espalda, me puse en dos pies, los delanteros, y á coces lo -hice todo pedazos. No sabía aún entonces la verdadera ciencia de -cocear; pero cuantos formaban parte de la batería dijeron que no habían -visto nunca cosa semejante. - ---Pero lo que se oía ahora no era ruido de arreos ni retintín alguno, -dijo el muleto. Ya sabes que esto no me impresiona ya. Eran cosas -parecidas á árboles, y caían por entre las filas burbujeando; y á mí se -me rompió el cabestro, y no pudiendo hallar ni al que me cuidaba ni á -tí, Billy, me escapé con... con estos caballeros. - ---¡Je! exclamó Billy. Yo, en cuanto oí que los camellos se habían -soltado, me fuí por mi cuenta, sin alborotar. Cuando un mulo de una -batería... de una batería de cañones de montaña... llama caballeros á -los bueyes que arrastran cañones de la otra clase, es preciso que esté -bajo el peso de profunda emoción. ¿Quién sois vosotros, buena gente, -que estáis ahí echados? - -Dejaron de rumiar los bueyes por un momento, y contestaron á la vez: - ---La séptima pareja del primer cañón de la batería de los grandes. -Estábamos durmiendo cuando llegaron los camellos; pero, al sentir que -nos pisoteaban, levantámonos y nos fuimos. Más vale tenderse en paz -sobre el barro que sentir que le molestan á uno estando sobre un buen -lecho. Á tu amigo, que está aquí presente, le dijimos que no había para -qué asustarse; pero sabe tanto que opinó todo lo contrario. ¡Bueno! - -Y continuaron rumiando. - ---Ahí tienes lo que pasa cuando se tiene miedo. Se burlan de tí hasta -los bueyes que arrastran los cañones. Me parece que estarás satisfecho, -muchacho. - -El muleto rechinó los dientes, y oí que algo decía sobre el poco miedo -que le inspiraban todos los cochinos bueyes de este mundo, todos esos -montones de carne; pero los bueyes no hicieron más que chocar los -cuernos, uno contra otro, y seguir rumiando. - ---No vengas ahora á incomodarte después de haber tenido miedo: mira -que es ésta la peor clase de cobardía, dijo el caballo. Á cualquiera -puede perdonársele el azorarse un poco de noche (ó al menos así lo creo -yo), cuando ve cosas que le parecen incomprensibles. Nosotros (los -cuatrocientos cincuenta que somos), hemos roto innumerables veces las -ataduras que nos retenían á las estacas, sólo porque algún _recluta_ -venía á contarnos cuentos de látigos que se habían vuelto serpientes, -allá en su tierra, en Australia, y, después de oirlo, nos asustaban -horriblemente hasta los colgantes cabos de nuestros cabestros. - ---Todo esto está muy bien en el campamento, afirmó Billy. Yo mismo -confieso que siento ganas de salir escapado, sólo por el gusto de -hacerlo, cuando he estado sin andar uno ó dos días; pero ¿qué es lo que -vos hacéis cuando estáis en servicio activo? - ---¡Ah! Eso es harina de otro costal, dijo el caballo. Entonces llevo -encima á Dick Cunliffe, y él me aprieta las rodillas á los lados, -reduciéndose cuanto he de hacer á mirar bien donde pongo los pies, -conservar las patas traseras dobladas bajo el cuerpo, y obedecer al -freno. - ---Y ¿qué es obedecer al freno? preguntó el muleto. - ---¡Por los gomeros azules de mi tierra! relinchó el caballo. ¿Acaso -no te enseñan á tí también eso en el oficio que tú desempeñas? ¿Cómo -puedes hacer nada si no sabes volverte en redondo, de pronto, al sentir -que te aprietan la rienda sobre el cuello? Para el hombre que va -contigo es cuestión de vida ó muerte, y, por supuesto, también lo es -para tí. Da la vuelta sobre las patas traseras, bien recogidas, en el -mismo momento en que sientas la rienda sobre el pescuezo. Si no tienes -sitio para revolverte bien, levántate de manos, y gira, entonces, sobre -los cuartos posteriores. Esto es lo que se llama obedecer al freno. - ---Á nosotros no nos enseñan así, dijo Billy, el mulo, con gran -frialdad. Lo que aprendemos es á acatar las órdenes del hombre que -nos guía: dar un paso hacia aquí ó hacia allí, según él nos mande. Al -fin, creo que todo será, poco más ó menos, lo mismo. Pero con tanta -fantasía, y tanto empinarse, lo que debe de ser muy malo para vuestros -corvejones ¿queréis decirme qué es lo que _realmente_ hacéis? - ---Eso es según los casos, dijo el caballo. Generalmente tengo que -ir entre una infinidad de hombres desgreñados, que gritan y llevan -cuchillos (unos cuchillos largos y brillantes, peores que los del -albeitar) y he de atender á que la bota de Dick toque exactamente la -del hombre que está á su lado; pero sin apretarla. Veo la lanza de -Dick cerca de mi ojo derecho, y sé, entonces, que no hay cuidado. No -quisiera ser del hombre ó del caballo que se nos pusiera delante, á -Dick y á mí, cuando tenemos prisa. - ---¿Y los cuchillos no hacen daño? preguntó el muleto. - ---Te diré... á mí me hirieron una vez en el pecho; pero no fué culpa de -Dick. - ---¡Poco me importaría á mí de quien era la culpa si me hirieran! -exclamó el muleto. - ---Pues ha de importarte, contestó el caballo. Para no tener confianza -en _tu hombre_, tanto da que te escapes de una vez. Esto es lo que -hacen algunos de nuestros caballos, y yo me guardaré de censurarlos. -Como decía, la culpa no fué de Dick. Había un hombre tendido en el -suelo, y yo me alargué cuanto pude para no pisarlo; pero él me tiró un -tajo. Otra vez que haya de pasar sobre un hombre tendré buen cuidado de -pisarlo... y apretaré de firme. - ---¡Je! dijo Billy, todo eso son locuras. Los cuchillos son siempre una -cosa muy fea. Lo bonito es encaramarse por una montaña, bien ensillado, -agarrarse fuerte, con las cuatro patas y hasta con las orejas, y -trepar, arrastrarse, moverse de todas las maneras posibles, hasta que -se llega á algunas docenas de metros por encima de la altura á que -cualquiera otro pueda hallarse, sobre un reborde del terreno en que no -hay más sitio que el preciso para poner los cascos. Entonces te paras, -te estás quieto (no le pidas nunca á ningún hombre que te tenga del -cabestro), te estás quieto mientras ponen en orden los cañones, y, -luego, miras como las bombas, que parecen diminutas adormideras, caen -entre las copas de los árboles, allá abajo, lejos, muy lejos. - ---¿Y no dáis nunca un paso en falso? preguntó el caballo. - ---Dicen que cuando un mulo lo dé será cuando pueda rasgársele una -oreja á una gallina, contestó Billy. Alguna vez que otra, _acaso_, por -culpa de un basto mal puesto, podrá caerse un mulo; pero ocurre esto -rarísimas veces. Quisiera poderos enseñar cómo trabajamos. Es cosa -hermosísima. ¡Con decir que me costó tres años el llegar á adivinar -para qué teníamos hombres que nos dirigieran!... Toda la ciencia -consiste en procurar que el cuerpo no se destaque como una mancha -contra el cielo, porque, de no hacerlo así, serviría uno de blanco y -podrían tirarle. Acuérdate de esto, muchacho. Escóndete siempre tanto -como puedas, aunque para ello tengas que dar un rodeo de un cuarto de -legua. Yo soy el que dirige la batería cuando hay que hacer alguna de -esas ascensiones. - ---¡Que le tiren á uno, sin dejarle siquiera la posibilidad de arrojarse -sobre el que dispara! dijo el caballo, profundamente pensativo. ¡No -podría sufrir yo eso! ¡Me moriría de ganas de atacar, junto con Dick! - ---¡Ca! ¡No lo creáis! Ya sabemos nosotros que, en cuanto estén -colocados todos los cañones, ellos serán los que se encarguen del -ataque. Esto es científico y elegante; pero los cuchillos... ¡qué asco! - -Rato hacía que el camello estaba balanceando la cabeza con el vivo -deseo de meter baza en la conversación. Al fin, le oí decir, mientras -carraspeaba nerviosamente: - ---Yo... yo... yo he entrado también en batalla, más ó menos; pero no -trepando ni corriendo, como vosotros. - ---Sin duda. Ahora que hablas de ello, noto que á tí no debieron de -hacerte ni para trepar ni para correr mucho. Bueno, vamos á ver, ¿cómo -fué eso, costal de paja. - ---Fué... como debe ser: nos echamos todos... - ---¡Por vida de mi pretal y mi grupera! dijo entre dientes el caballo... -¿Os echasteis?... - ---Nos echamos... y éramos cien... siguió diciendo - -[Ilustración] el camello, formando un gran cuadro, después de lo cual -amontonaron los hombres nuestros fardos y sillas, fuera del cuadro, y -pusiéronse á disparar, por encima de nosotros, desde los cuatro lados á -la vez. - ---¿Qué clase de hombres eran? ¿Los primeros transeuntes...? preguntó el -caballo. Enséñannos también, en la escuela de equitación, á tendernos y -dejar que nuestros amos disparen por encima de nosotros; pero el único -hombre á quien le permitiría yo hacer eso es Dick Cunliffe. Me molesta, -haciéndome cosquillas junto á la cincha, y, además, con la cabeza en el -suelo no puedo ver nada. - ---¿Y qué importa quién es el que dispara por encima de uno? dijo el -camello. Infinidad de hombres y de camellos tiene uno al lado, é -infinidad de nubes de humo también. Entonces no tengo yo miedo. Me -estoy quieto y espero. - ---Y, sin embargo, repuso Billy, tienes pesadillas por la noche y -alborotas todo el campamento. ¡Vaya! ¡Vaya! Antes de que yo me -tendiera (nada digo ya de echarme á medias), y le permitiera á ningún -hombre disparar por encima de mí, mis patas y su cabeza me parece que -trabarían conocimiento. ¿Cuando oyó nadie cosa tan horrible como ésta? - -Reinó largo silencio. Al cabo, uno de los bueyes levantó la enorme -cabeza y dijo: - ---Todo eso es verdaderamente absurdo. No hay más que un modo de entrar -en lucha. - ---¡Ah! ¡Vamos! ¡Sigue, sigue! contestó Billy. No hagas caso de que -esté yo delante. ¡Hazme este favor! Supongo que vosotros, buena gente, -tomáis parte en el combate sosteniéndoos sobre la punta del rabo. - ---No hay más que un modo, repitieron ambos á la vez. (De fijo que eran -gemelos). Y el modo es éste: uncirnos, las veinte parejas que formamos -nosotros, al cañón grande, en cuanto empieza á tocar la trompa _El de -las dos colas_. (_El de las dos colas_ es, en el lenguaje vulgar de los -campamentos, el elefante). - ---¿Y por qué toca él la trompa? preguntó el muleto. - ---Para significar que no quiere ya acercarse más al humo que hay -del lado de allá. _El de las dos colas_ es un grandísimo cobarde. -Entonces empujamos todos juntos el cañón grande... _¡Heya! ¡Hullah! -¡Heeyah! ¡Hullah!_ Lo que es _nosotros_ no nos encaramamos como -gatos ni corremos como terneros. Atravesamos la llanura, la tierra -nivelada, veinte parejas de frente, hasta que nos desuncen de nuevo, y, -entonces... á pacer, mientras los cañones grandes tienen la palabra, y -se la dirigen, á través del llano, á alguna ciudad de paredes de tapia, -las cuales van cayendo en grandes pedazos, y nubes de polvo se elevan -por el aire como al regresar de innumerables rebaños. - ---¡Ah! ¿Y aquel es el momento que aprovecháis vosotros para pacer? dijo -el muleto. - ---Aquel, ó cualquier otro. El comer siempre es agradable. Nosotros -vamos comiendo, hasta que nos uncen de nuevo, y arrastramos otra vez -el cañón hacia donde _El de las dos colas_ está esperándolo. Hay, á -veces, en la ciudad, cañones de grandes dimensiones que contestan á los -nuestros y matan á algunos de nosotros; pero así es más abundante el -pasto para los que quedan. Eso es cosa del Destino... Nada más que del -Destino. Pero sea como fuere, _El de las dos colas_ es un grandísimo -cobarde. Ese es el verdadero modo de combatir. Nosotros dos somos -hermanos, somos hijos de Hapur. Nuestro padre era uno de los bueyes -sagrados de Siva. Hemos dicho. - ---¡Bueno! En verdad que algo he aprendido esta noche, afirmó el -caballo. ¿Y vosotros, caballeros de la batería de cañones de montaña, -también os sentís en disposición de comer cuando los cañones disparan -contra vosotros y tenéis á retaguardia al _de las dos colas_? - ---Tan poco, casi, como pocas son las ganas que tenemos de echarnos y de -dejar que los hombres se tiendan sobre nosotros, ó bien de lanzarnos -sobre gentes que empuñan cuchillos. Jamás oí semejantes simplezas. El -borde de un precipicio en una montaña; una carga en que el peso esté -bien distribuído; un mozo de quien pueda uno estar seguro de que le -dejará ir por donde quiera... dénme eso y cuenten conmigo; pero lo que -es lo demás... no, dijo Billy pegando en el suelo una patada. - ---Por supuesto, contestó el caballo, no todos somos de la misma pasta, -y bien adivino que á vuestra familia, por la línea paterna, debía de -costarle mucho el entender ciertas cosas. - ---Dejad tranquila á mi familia y á su línea paterna dijo Billy -incomodado (porque no hay mulo al cual no le disguste el que le -recuerden que su padre era un asno). Fué mi padre un caballero del Sur, -y podía, si se le antojaba, derribar, morder, y reducir á piltrafas, -de puro darle de coces, á cualquier caballo que se le atravesara en el -camino. ¡Tenlo presente, gran _Brumby_! - -Significa _Brumby_ un caballo salvaje, sin crianza. Imaginad lo que -sentiría el noble bruto, vencedor en las carreras, que se oyera tratar -de acémila por uno que arrastrara un carro, y tendréis idea de la -impresión que recibiría en aquel momento el caballo australiano. Ví -como el blanco de los ojos le brillaba en la sombra. - ---Mira, hijo de un borrico traído de Málaga, exclamó, apretando los -dientes, voy á tener que enseñarte que yo desciendo por la línea -materna de Carbine, la que ganó la _copa de Melbourne_; y que en -mi tierra no estamos acostumbrados á dejarnos pisotear por un mulo, -que, si charla como un loro, tiene tanta cabeza como un cerdo, y -que no pertenece más que á una batería de cerbatanas para jugar los -chiquillos. ¡Ponte en guardia! - ---¡Y tú en dos pies! chilló Billy. - -Hiciéronlo así ambos, puestos frente á frente, y ya esperaba yo asistir -á una furiosa lucha, cuando, en medio de la obscuridad, y en dirección -hacia la derecha, oyóse una voz gutural y profunda que decía: - ---Pero, hijos, y ¿por qué os peleáis ahora? Estaos quietos. - -Bajaron las patas ambos animales con un ronquido de disgusto, porque no -hay caballo ni mulo alguno que pueda sufrir la voz del elefante. - ---¡Es _El de las dos colas_! dijo el primero. ¡No puedo resistirlo! -¡Una cola á cada extremo! ¡Eso no es jugar limpio! - ---Es lo que yo pienso, contestó Billy, apretándose contra el caballo -para sentirse más acompañado. En ciertas cosas nos parecemos bastante. - ---Las habremos heredado de nuestras madres, dijo el caballo. ¡Vaya! No -vale la pena de que nos peleemos. ¡Eh, tú! _¡Dos colas!_ ¿Estás atado? - ---Sí, contestó el interpelado con una risa que parecía írsele subiendo -trompa arriba. Estoy sujeto para toda la noche. Ya he oído lo que -habéis estado hablando. Pero no tengáis miedo: no voy á acercarme. - -Los bueyes y el camello dijeron entonces, casi en alta voz: - ---¡Tenerle miedo al _de las dos colas_! ¡Qué bobería! - -Y los bueyes prosiguieron: - ---Sentimos que lo hayas oído; pero es la verdad. Dínos, _Dos colas_, -¿por qué les temes á los cañones cuando disparan? - ---Veréis... dijo _El de las dos colas_, frotando una de sus patas -traseras contra la otra, ni más ni menos que lo que suele hacer con las -piernas un chico que recita unos versos: no estoy muy seguro de que me -entendáis si os lo explico. - ---No, no lo entenderemos; pero ello es que tenemos que arrastrar los -cañones, dijeron los bueyes. - ---Sí, ya lo sé. Y también sé que sois mucho más valientes de lo que os -figuráis. Pero yo soy distinto. El capitán de mi batería me llamó, uno -de estos días, _anacronismo paquidermatoso_. - ---Esto será otra nueva manera de combatir, supongo yo; dijo Billy que -empezaba á recobrar el uso de sus facultades. - ---Tú no sabes lo que eso significa, por supuesto; pero yo sí. Significa -una cosa que está entre dos aguas, ó entre dos luces, indecisa, y -así estoy yo, precisamente. Yo veo claro dentro de mi cabeza lo que -ocurrirá cuando reviente una bomba, y vosotros, bueyes, no podéis verlo. - ---Pues yo sí puedo, dijo el caballo. Por lo menos, en parte. Y hago -todo lo posible para no pensar en ello. - ---Yo alcanzo á verlo mejor que tú, y ¡vaya si lo pienso!... Sé que hay -en mí un buen corpachón que cuidar, y sé también que nadie sabe cómo -curarme cuando estoy enfermo. Todo lo más que hacen es quitarle el -salario á mi cornaca hasta que vuelvo á estar bien, y lo que es en él -ninguna confianza puedo yo tener. - ---¡Ah! contestó el caballo. Ahí está la clave de todo. Yo puedo fiarme -de Dick. - ---Pues lo que es á mí, podrías ponerme encima todo un regimiento de -Dicks sin que me encontrara poco ni mucho mejor. Sé lo suficiente para -no hallarme muy á gusto, y no lo necesario para seguir adelante, á -pesar de todo. - ---No lo entendemos, dijeron los bueyes. - ---Ya sé que no. No es á vosotros á quienes me dirijo. Vosotros no -sabéis lo que es sangre. - ---Pues lo sabemos. Es una cosa roja á la que chupa la tierra, y que -huele. - -El caballo dió una coz, un salto y relinchó. - ---No me habléis de eso, dijo. Me parece que la estoy oliendo ahora, -con sólo imaginármela. Me da ganas de correr... cuando no llevo á Dick -montado sobre mí. - ---¡Pero si aquí no la hay! dijeron el camello y los bueyes. ¡No seas -tan tonto! - ---¡Es vil cosa!... dijo Billy. Á mí no me da ganas de correr; pero no -quiero hablar de ella. - ---¡Esa es la fija! exclamó _El de las dos colas_, moviendo la suya como -para explicar mejor sus palabras. - ---Sí, sin duda. Pero los fijos somos nosotros que hemos estado aquí -toda la noche, dijeron los bueyes. - -_El de las dos colas_ dió una patada en el suelo, haciendo resonar su -anillo de hierro. - ---No os hablo á _vosotros_, dijo. No podéis ver lo que pasa dentro de -vuestra cabeza. - ---No. No vemos más que lo que pasa fuera, y cuatro ojos tenemos para -ello. No vemos más que lo que está delante de nosotros. - ---Si yo pudiera limitarme á hacer esto, no se os necesitaría á vosotros -para que arrastrarais los cañones de grandes dimensiones. Si fuera -como mi capitán (que ve las cosas en su cabeza antes de que empiece el -fuego, y tiembla todo él, pero sabe demasiado para que se le ocurra -la idea de escaparse), si yo fuera como él, entonces sí que podría -arrastrar los cañones. Pero á ser tan sabio, no estaría, tampoco, aquí. -Sería rey en la selva, como fuí en otro tiempo, durmiendo durante la -mitad del día, y bañándome siempre que se me antojara. Hace un mes que -no he podido bañarme á gusto. - ---Muy bonito es todo eso, dijo Billy, pero el darle á las cosas -rimbombantes nombres no las mejora en lo más mínimo. - ---¡Chitón! contestó el caballo. Yo creo que entiendo lo que quiere -decir _Dos colas_. - ---Me entenderás de aquí á un instante, dijo este último de mal humor. -¡Á ver! ¿Quieres explicarme por qué á tí no te gusta esto? - -Y comenzó entonces á hacer sonar furiosamente su trompa. - ---¡Basta! ¡Basta! ¡Calla! exclamaron Billy y el caballo al mismo tiempo. - -Yo oí como pateaban y temblaban, porque el trompeteo de un elefante es -siempre desagradable, y sobre todo de noche. - ---¡No quiero callar! dijo _El de las dos colas_. ¿Me haréis ahora el -favor de explicarme esto? _¡Rrrumf! ¡Rrrert! ¡Rrrumf! ¡Rrrah!_ Paróse, -luego, de pronto, y pude yo oir en medio de la obscuridad algo que se -quejaba, algo que pronto adiviné ser Vixen, que me había hallado, al -fin. Sabía ella, tan bien como yo, que á nada teme tanto un elefante -como á un perrito que ladra; por lo cual se paró, para molestar al -_de las dos colas_, en el sitio donde estaba atado, y allí se estuvo -ladrando entre sus enormes pies. _Dos colas_ se agitó, queriendo huir, -y comenzó á chillar. - ---¡Márchate, perro! exclamó. No me vengas á oler los zancajos si no -quieres recibir una patada. ¡Perrito bueno... perrito mono! ¡Vete! -¡Anda á tu casa, maldito animal que no para de ladrar! Pero ¿por qué no -lo apartan de ahí? ¡Va á acabar por morderme! - ---Paréceme, dijo Billy dirigiéndose al caballo, que nuestro amigo _Dos -colas_ tiene miedo de infinidad de cosas. Si á mí me dieran un buen -pienso por cada perro que he lanzado, de una coz, al otro lado del -campo de maniobras, estaría casi tan gordo como _Dos colas_. - -Dí un silbido, y Vixen vino corriendo hacia mí, llena de barro toda -ella, me lamió la nariz y contóme un larguísimo relato de sus aventuras -en el campamento, mientras iba en mi busca. Nunca le había dicho que -entendiera el lenguaje de los animales, porque, de lo contrario, se -habría tomado conmigo toda clase de libertades. Así, pues, me contenté -con ponérmela sobre el pecho, abotonando por encima de ella mi -sobretodo, y _El de las colas_ se movió cuanto quiso, pateó y gruñó, -solo ya. - ---¡Cosa más rara! dijo. ¡Es extraordinario! Viene ya de familia. Pero -¡á ver! ¿dónde se ha metido ahora aquel diablo de animalejo? - -Oíle que iba tanteando con la trompa. - ---De uno ú otro modo, todos parecemos tener algún punto flaco, -prosiguió, soplando para limpiarse la nariz. Ustedes, caballeros, se -alarmaron un poco, me parece, cuando oyeron el sonido de mi trompa -¿verdad? - ---Alarmarnos, precisamente, no; pero á mí me causó la impresión de que -me picaban algunos tábanos en el sitio en que otras veces llevo la -silla. No vuelvas á empezar. - ---Á mí me da miedo un perrito, y al camello que ahí está le asustan las -pesadillas que tiene por la noche. - ---¡Fortuna que no tenemos que combatir todos del mismo modo! dijo el -caballo. - ---Lo que yo quisiera saber, observó el mulo, que había estado callado -durante largo tiempo, lo que yo quisiera saber es por qué tenemos que -combatir, sea del modo que fuere. - ---Porque nos lo mandan, dijo el caballo con un ronquido de desprecio. - ---Una orden que nos dan, añadió el mulo. Y rechinó los dientes al -decirlo. - ---_¡Hukm hai!_ (es una orden), dijo el camello con un ruido gutural, y -_Dos colas_ y los bueyes repitieron _¡Hukm hai!_ - ---Sí; pero ¿quién es que da las órdenes, dijo, entonces, el muleto, el -recluta. - ---El hombre que va á tu lado... ó se te sienta encima... ó sostiene -la cuerda que te atan á la nariz... ó te retuerce la cola... dijeron, -sucesivamente, Billy, el caballo, el camello y los bueyes. - ---Pero ¿quién les da á ellos las órdenes? - ---Eso es querer saber demasiado, joven, dijo Billy, y es exponerse á -recibir una coz. Tú no has de hacer más que obedecer al hombre que te -guía, y no meterte á preguntar nada. - ---Tiene razón, dijo _El de las dos colas_. Yo no siempre puedo -obedecer, porque estoy como entre la espada y la pared; pero ello es -que Billy tiene razón. Obedece al hombre que tienes al lado y que te da -la orden, ó, de lo contrario, toda la batería tendrá que pararse por tu -culpa; esto sin contar la paliza que te llevarás. - -Levantáronse los bueyes para marcharse. - ---La mañana se acerca, dijeron. Nos volvemos á nuestros puestos. Es -cierto que nosotros no vemos más que con los ojos, y que no nos pasamos -de listos; pero, así y todo, somos, esta noche, los únicos que no hemos -tenido miedo. ¡Buenas noches, valientes! - -Nadie contestó, y el caballo dijo, entonces, para mudar de conversación: - ---¿Dónde está el perrito aquel? Un perro significa siempre que no anda -lejos un hombre. - ---Aquí estoy, ladró Vixen... bajo la cureña, con mi amo. ¡Como tú, -camello, gran bestia, atolondrado, fuíste y nos echaste á rodar la -tienda!... Mi amo está muy incomodado contigo. - ---¡Psché! dijeron los bueyes. ¡Debe de ser un blanco! - ---Por supuesto que sí. Pues ¿qué os figuráis? ¿Que á mí me cuida algún -boyero negro? - ---_¡Huah! ¡Ouach! ¡Ug!_ dijeron los bueyes. Vámonos pronto. - -Lanzáronse por entre el barro, y con tan poco acierto que, sin saber -como, metieron por el yugo que llevaban la lanza de un carro de -municiones y se quedaron allí cogidos. - ---Os habéis lucido, dijo con gran calma Billy. No forcejéis. Aquí os -toca estar hasta que se haga de día. Pero ¿qué diablos os pasa ahora? - -Lanzaron los bueyes aquellos largos y silbantes ronquidos que suele dar -el ganado en India, y empujáronse, chocaron uno contra otro, dieron -vueltas, patearon, resbalaron, y casi cayeron en el barro, gruñendo con -salvaje furia. - ---Mirad que vais á romperos el pescuezo, dijo el caballo. ¿Qué tenéis -con los hombres blancos? Yo vivo con ellos. - ---¡Se... nos... comen! ¡Tira! ¡Tira! contestó el buey que más cerca -estaba. Saltó á pedazos el yugo, y ellos marcháronse juntos, andando -pesadamente. - -Hasta entonces no supe por qué el ganado indio le teme tanto á los -ingleses: nosotros comemos buey, (cosa á la que nunca toca allí un -boyero), y, por supuesto, al ganado no le gusta eso. - ---Que me azoten con las mismas cadenas de mi basto si podía yo pensar -que dos enormes pedazos de carne como ésos iban á perder la cabeza de -tal modo, dijo Billy. - ---No importa. Yo voy á ver á ese hombre. Sé que la mayor parte de los -blancos llevan cosas en los bolsillos. - ---Pues entonces te dejo. No soy muy aficionado á ellos. Por otra parte, -hombres blancos que no tengan un sitio en que dormir es casi seguro -que serán ladrones, y yo llevo encima una parte, bastante regular, de -propiedad del Gobierno. Ven, muchacho: vámonos á nuestros puestos. -¡Buenas noches, Australia! Supongo que nos encontraremos mañana en -la parada. ¡Buenas noches, costal de paja, y procura dominar un poco -tus impresiones! ¿eh? ¡Buenas noches, _Dos colas_! Si nos encontramos -mañana en el campo de maniobras no vayas á hacer sonar la trompa. Nos -desbaratarías todas las filas. - -Marchóse Billy, el mulo, renqueando un poco y balanceándose con el -aire de un veterano, mientras la cabeza del caballo venía á oliscar -en mi pecho. Dile bizcochos, y Vixen, que es una de las perritas más -vanidosas que he visto, le contó infinidad de mentiras sobre las -docenas de caballos que entre ella y yo poseíamos. - ---Mañana iré á ver la parada en mi carruaje, en mi _dog-cart_, dijo. -¿Dónde estaréis? - ---Á la izquierda del segundo escuadrón. Yo marco el paso para toda mi -compañía, damisela, dijo él muy cortesmente. Pero tengo que volver á -donde está Dick. Mi cola está hecha una lástima de barro, y lo menos, -trabajando mucho, necesitará él dos horas para ponerme en disposición -de ir á la parada. - -Ésta, la gran parada de treinta mil hombres, verificóse aquella tarde, -y en ella Vixen y yo ocupamos excelente sitio, junto al Virrey y el -Emir del Afganistán, el cual llevaba su alto y enorme gorro negro de -astracán con la gran estrella de diamantes en el centro. Todo sol fué -la primera parte de la revista. Los regimientos fueron desfilando como -oleadas de piernas que se movieran todas á la vez, y como multitud de -fusiles puestos en línea, hasta que, al fin, los ojos se nos iban ya -al mirarlos. Entonces llegó la caballería, al compás de la hermosa -música para medio galope llamada _Bonnie Dundee_, y Vixen enderezó una -de sus orejas, allá en el sitio del _dog-cart_ en que iba sentada. El -segundo escuadrón de lanceros pasó rápidamente, y allí estaba nuestro -caballo, con la cola como seda acabada de hilar; la cabeza inclinada -sobre el pecho; una oreja hacia delante y otra hacia atrás; marcando el -compás para todo el escuadrón; moviendo las piernas con tanta suavidad -como se mueven las notas de un vals. Vinieron, luego, los cañones de -grandes dimensiones, y ví al _de las dos colas_, y á dos elefantes más, -enganchados en fila á un cañón de sitio de los de cuarenta, mientras -veinte parejas de bueyes caminaban detrás. La séptima pareja llevaba un -yugo nuevo, y parecía estar cansada, moverse con cierta dificultad. Al -fin venían los cañones de montaña, y Billy, el mulo, iba como si fuera -él quien tuviera el mando de todas las tropas, llevando los arreos tan -limpios y relucientes, gracias á una capa de aceite, que despedían luz. -En mi interior llegué yo á vitorear á Billy, el mulo; pero él no se -dignó mirar á derecha ni á izquierda. - -Comenzó á llover de nuevo, y, durante algún tiempo, la neblina impidió -ver lo que las tropas hacían. Habían formado un gran semicírculo en la -llanura, y se desplegaban, luego, en línea recta. Fué creciendo ésta, -creciendo, creciendo, hasta que llegó á ocupar cerca de un cuarto -de legua desde una á otra ala, formando como sólido muro de hombres, -caballos y cañones. Dirigióse, entonces, hacia el Virrey y el Emir, y, -al estar cerca, la tierra empezó á temblar como la cubierta de un vapor -que va á toda máquina. - -Á no haberlo visto allí mismo, no podréis nunca formaros idea del -pavoroso efecto que causa ese firme avance de tropas hacia los -espectadores, aún cuando saben éstos que aquello no es más que una -parada. Miré al Emir. Hasta entonces no había dado muestras de -sentir el menor asombro, ni nada; pero, en aquel instante, sus ojos -comenzaron á agrandarse, más y más cada vez, y, echando mano á las -riendas de su caballo, miró hacia atrás. Pareció, por un momento, que -iba á desenvainar el sable y á abrirse paso por entre los ingleses é -inglesas que ocupaban los carruajes colocados detrás de él. Luego, -el avance paró de pronto; la tierra quedó quieta; la línea entera -saludó; y treinta bandas de música rompieron á tocar. Era esto el final -de la revista, y los regimientos volviéronse, bajo la lluvia, á sus -campamentos, mientras una banda de infantería tocaba: - - De dos en dos los animales - ¡Hurra! - de dos en dos iban marchando, - así elefantes como mulas... - ¡y se metieron en el Arca - para guardarse de la lluvia! - -Entonces oí como uno de los jefes asiáticos, de larga y entrecana -cabellera, que había venido junto con el Emir, hacía algunas preguntas -á un oficial indígena. - ---Ahora, dijo, explicadme por qué medios ha podido llevarse á cabo tan -sorprendente cosa. - -Y contestó el oficial: - ---Dióse una orden, y la obedecieron. - ---Pero ¿es que tanto saben los animales como los hombres? dijo el jefe. - ---Ellos obedecen, del mismo modo que los hombres. El mulo, el caballo, -el elefante, el buey, obedecen al que los guía, y éste á su sargento, -y el sargento al teniente, y el teniente al capitán, y el capitán al -_mayor_[13], y el _mayor_ al coronel, y el coronel al brigadier al -mando de tres regimientos, y el brigadier al general, el cual, por su -parte, obedece al Virrey, que es servidor de la Emperatriz. Así es como -se hace esto. - ---¡Ojalá sucediera lo mismo en el Afganistán! dijo el jefe, porque lo -que es allí no obedecemos á nadie más que á nuestra propia voluntad. - ---Y por esta razón, dijo el oficial indígena retorciéndose el bigote, -vuestro Emir, al cual no obedecéis, tiene que venir aquí y recibir -órdenes de nuestro Virrey. - -[Ilustración] - - - =Canción de los animales del campamento al reunirse en la parada= - - Los elefantes que arrastran los cañones - - Un Hércules hicimos de Alejandro - con nuestra habilidad, con nuestra fuerza; - desde entonces, al yugo sometidos, - no levantamos, libres, la cabeza. - ¡Paso! ¡Dejadles paso á los cañones, - á los grandes cañones de cuarenta! - - - Los bueyes - - Esos héroes de arreos ostentosos - ante una bala de cañón ¡bien tiemblan! - ¡Son demasiado sabios! Á nosotros - nos toca entrar entonces en escena... - ¡Paso! ¡Dejad que pasen las diez yuntas - de los grandes cañones de cuarenta! - - - Los caballos - - ¡Por la señal que el hierro nos dejara - que la marcha mejor es esta nuestra, - la de húsares, dragones y lanceros, - la de _Bonnie Dundee_, que tan bien suena! - - Dadnos pienso, domadnos y pulidnos, - dadnos buenos ginetes y ancha tierra, - tocad _Bonnie Dundee_... y allá volando - van nuestros escuadrones en hileras. - - - Los mulos de las baterías de montaña - - Al ir subiendo montaña arriba - por el atajo lleno de piedras - bien forcejeamos; pero ¡no importa! - ¡Subir! ¡Qué gozo! ¡Nos sobran piernas! - - Bendito, entonces, cada sargento - que á gusto y solos marchar nos deja, - maldito el torpe que no ha sabido - la carga atarnos, que á un lado cuelga. - - Porque nosotros por las montañas - mejor subimos que otro cualquiera: - las altas cumbres ¡oh! ¡qué delicia! - para ganarlas nos sobran piernas. - - - Los camellos - - Nosotros no tenemos - canción que llamar nuestra - podamos y en la marcha - á reanimarnos venga, - mas hacen nuestros cuellos - de trompas y ¡bien suenan! - ¡Ra-ta-ta-ta-! Marchando - nuestra canción es ésta: - - ¡Sí! ¡No! ¡Sí! ¡No! ¡No quiero! - ¡Sí! ¡No! No puedo ¡ea! - Que toda nuestra fila - repítalo con fuerza. - - Cayó de uno la carga - (¡así la mía fuera!) - Parémonos gritando: - _¡Urr! ¡Yarr!_... Á alguien golpean. - - - Todos los animales juntos - - Los hijos del campamento - somos todos: los que llevan - el yugo, basto ó arreos, - los que ante la aijada tiemblan. - - ¡Mirad sobre la llanura - nuestra fila que semeja - una maniota doblada - que barre el suelo en que rueda! - - Entre tanto, polvorientos, - callados, á nuestra vera - van los hombres... y no hay nadie - que por qué marchamos sepa. - - Los hijos del campamento - somos todos: los que llevan - el yugo, basto ó arreos, - los que ante la aijada tiemblan. - - [Ilustración] - - - NOTAS: - -[12] En países generalmente llanos, como Inglaterra, el lector no está -tan acostumbrado como nosotros á ver cañones de montaña.--N. DEL T. - -[13] Cargo del ejército inglés, inferior al de teniente coronel, pero -superior al de capitán. N. del T. - - - [Ilustración] - - - - - DE CÓMO VINO EL MIEDO - - Seco el arroyo, la laguna seca, - tú y yo somos hermanos; - confundidos nos ven estas orillas, - febril la boca, polvoriento el flanco, - sin pensar en la caza, - y por igual temor paralizados. - - Junto á su madre, el cervatillo puede - tímido ver al lobo demacrado; - sin miedo, los colmillos - que á su padre mataron mira el gamo. - - Secos los charcos, los arroyos secos, - tú y yo somos hermanos, - hasta que alguna nube á romper venga - la gran «tregua del agua» que observamos, - y nos mande la lluvia - y con ella la caza, nuestro encanto. - - -La Ley de la Selva (que es la más antigua ley del mundo) ha previsto -casi todos los casos que á su Pueblo pudieran presentarse, de tal -suerte que constituye hoy un código tan cercano á la perfección como -el tiempo y la costumbre pueden llegar á hacerlo. Si habéis leído las -anteriores narraciones relativas á Mowgli, recordaréis que pasó éste -gran parte de su vida en la manada de lobos de Seeonee, aprendiendo -la Ley con Baloo, el oso pardo; y el mismo Baloo fué quien le dijo, -cuando el muchacho empezó á impacientarse con tanto recibir órdenes -constantemente, que la Ley era como la Enredadera Gigante, porque -alcanza á todas las espaldas, y no hay una que pueda escaparse de que -sobre ella caiga. - ---Cuando hayas vivido tanto como yo, Hermanito, verás que toda la Selva -obedece, cuando menos, á una Ley, dijo Baloo. Y no te parecerá esto muy -agradable, añadió. - -Entróle esta conversación al chico por un oído y le salió por el otro, -porque al muchacho que pasa su vida entre comer y dormir pocos cuidados -le inspiran todas las demás cosas, hasta que llega la hora de tener que -mirarlas cara á cara. Pero hubo un año en que resultó que las palabras -de Baloo eran exactísimas: entonces pudo ver Mowgli á toda la Selva -bajo el poder de la Ley. - -Comenzó á ocurrir esto cuando las lluvias del invierno faltaron casi -por completo, y cuando Ikki, el puerco espín, hallando á Mowgli entre -unos bambúes, le dijo que las batatas silvestres se secaban. Ahora -bien: todo el mundo sabe que Ikki es lo más ridículamente escrupuloso -que darse pueda en punto á escoger lo que come, y sólo elige las cosas -mejores y más en sazón. Así, pues, Mowgli se rió y le dijo: - ---¿Á mí qué me importa de eso? - ---_Por ahora_, no mucho, contestó Ikki, haciendo sonar sus púas muy -estirado y violento; pero lo que es más tarde, veremos. ¿Sigues aún -dando chapuzones en la laguna que hay en la roca, allá en las Peñas de -las Abejas, Hermanito? - ---No. El agua es tan tonta que se va marchando, y no tengo ganas de -romperme la cabeza, dijo Mowgli, que en aquella época creía saber -tanto como cinco juntos de cuantos formaban el Pueblo de la Selva. - ---Pues todo eso te pierdes. Si te la rompieras un poco, quizá por la -abertura te entraría algo de juicio. - -Echó á correr Ikki, bajando la cabeza para que Mowgli no le estirara -las cerdas del hocico, y el muchacho le contó luego á Baloo lo que -aquél había dicho. Púsose el oso muy serio, y murmuró entre dientes: - ---Si estuviera solo cambiaría ahora de cazadero, antes de que -empezaran los demás á cavilar. Sin embargo, el cazar en país forastero -acaba siempre en lucha, y bien podría ser que le hicieran daño al -Hombre-cachorro. Hay que esperar y ver cómo florece el _mohwa_. - -Aquella primavera, el árbol de _mohwa_, al que tanto cariño tenía -Baloo, no floreció. Los verdosos, lácteos capullos, semejantes á la -cera, murieron antes de nacer, á consecuencia del calor, y sólo algunos -mal olientes pétalos cayeron cuando él sacudió el árbol, puesto en dos -patas contra el tronco. Luego, el incesante calor fué entrando, pulgada -á pulgada, en el corazón de la Selva, volviéndolo todo amarillo, -primero, de color de tierra, después, y, por fin, negro. La maleza que -crecía á los lados de los torrentes fué secándose hasta convertirse en -algo semejante á rotos alambres, y en enroscadas fibras de una materia -muerta; las escondidas lagunas fueron perdiendo gradualmente el agua -y se quedaron llenas de barro, conservando en los bordes hasta la más -leve huella, como si hubiera sido vaciada en un molde de hierro; las -enredaderas de jugoso tronco cayeron de los árboles desde los cuales -colgaban, y se murieron al pie de ellos; los bambúes se secaron, -produciendo agudo ruido cuando el viento caliente soplaba; y el musgo -comenzó á morirse, dejando desnudas las rocas, hasta en el corazón -de la Selva, tanto que quedaron peladas y ardientes como los azules -guijarros que centelleaban en los cauces. - -Desde los comienzos del año los pájaros y los monos emigraron hacia el -Norte, porque sabían lo que iba á venir; y el ciervo y el jabalí se -internaron por entre los muertos campos de los aldeanos, muriéndose -ellos también, algunas veces, á la vista de los hombres, que se -hallaban demasiado débiles para matarlos. Chil, el milano, quedóse, y -con ello tuvo ocasión de engordarse, porque hubo carroña para él en -abundancia, y cada tarde les llevaba la noticia á las fieras, cuya -postración impedía que buscaran nuevos cazaderos, de que el sol estaba -matando á toda la Selva en una extensión de tres días de estar volando, -desde allí, en todas direcciones. - -Mowgli, que nunca había sabido lo que significaba el tener hambre de -veras, tuvo que echar mano de miel vieja, de tres años, raspada de -abandonadas colmenas hechas en la roca... miel negra como la endrina -y espolvoreada toda ella con azúcar seco. Dedicóse también á cazar -gusanillos de los que taladran la corteza de los árboles, y les robó no -pocas veces á las avispas sus avisperos. Toda la caza que había en la -Selva no era más que piel y huesos, y Bagheera mataba tres veces en una -sola noche sin llegar á obtener apenas lo que necesitaba para saciar su -apetito. Pero lo peor de todo era la falta de agua, porque aunque el -Pueblo de la Selva bebe raras veces, ha de beber, sin embargo, en gran -cantidad cada vez. - -Y el calor fué siguiendo, y secó toda humedad, hasta que, al fin, -el álveo del rio Wainganga fué el único sitio por donde pasara un -hilillo de agua entre las muertas márgenes; y cuando Hathi, el -elefante salvaje, que puede vivir hasta cien años ó más, vió un largo, -descarnado y azul banco de piedra asomar, completamente seco, en el -centro mismo de la corriente, comprendió que aparecía ante su vista la -Peña de la Paz, y, de cuando en cuando, levantó la trompa y proclamó -la Tregua del Agua, como su padre la había proclamado antes que él, -cincuenta años atrás. El ciervo, el jabalí y el búfalo hicieron -coro con ronca voz; y Chil, el milano, voló en todas direcciones, -describiendo círculos, silbando y chillando, para extender la noticia. - -Según la Ley de la Selva, se castiga con pena de muerte al que mata en -los sitios destinados á beber, desde el momento en que la Tregua del -Agua ha sido proclamada. La razón que para esto hay es que el beber -es antes que el comer. Cualquiera puede ir pasando en la Selva, más -ó menos bien, cuando sólo es la caza lo que escasea; pero el agua es -el agua, y cuando no hay más que un manantial donde pueda obtenerse, -toda caza queda suspendida, mientras el Pueblo de la Selva tenga que -ir allí por necesidad. En las estaciones buenas, cuando el agua era -abundante, los que iban á beber al río Wainganga (ó á cualquier otro -sitio, que para el caso era lo mismo), lo verificaban arriesgando la -vida, y este riesgo contribuía, en no pequeña parte, al atractivo de -las excursiones nocturnas. Moverse con tal habilidad que ni una hoja -temblara al paso; cruzar á vado, hundiéndose hasta la rodilla, en los -sitios en que el agua es baja y cuyo ruido apaga todo otro rumor; -beber, mirando hacia atrás por encima de un hombro, con cada músculo -pronto para dar el primer desesperado salto de loco terror; revolcarse -sobre la arena de la orilla y regresar después, con el hocico húmedo y -bien repleto el vientre, á la manada que os admira... todo eso, para el -gamo joven y dotado de buenos cuernos, era cosa deliciosa, precisamente -porque todos sabían que, cuando menos pensaran, Bagheera ó Shere -Khan se lanzarían, acaso, sobre ellos y les quitarían la vida. Pero, -ahora, todo ese juego, que podía ser mortal, había terminado: el Pueblo -de la Selva llegaba, hambriento y triste, al río cuyo cauce parecía -haberse encogido, y el tigre, el oso, el ciervo, el búfalo, el jabalí, -todos juntos, bebían en las sucias aguas y se quedaban allí mismo, sin -fuerzas para moverse. - -Yendo de un lado á otro habían estado todo el día, en busca de algo -mejor que cortezas secas y hojas muertas, el ciervo y el jabalí. -Los búfalos no hallaron ni lodazales en que refrescarse, ni verdes -sembrados en que entrar á saco. Abandonaron la Selva las serpientes -y descendieron al río, con la esperanza de encontrar allí alguna -rana perdida. Enroscábanse en torno de alguna piedra húmeda, y ni -hacían frente al jabalí cuando el hocico de éste iba á sacarlas de su -sitio. Las tortugas de río, tiempo hacía que habían sido exterminadas -por Bagheera, cazadora habilísima, y los peces se habían enterrado -profundamente ellos mismos en el seco barro. Sólo la Peña de la Paz se -extendía á través del agua poco profunda, como si fuera larga sierpe, -y las leves, fatigadas ondulaciones de la corriente, silbaban al dar -contra sus cálidos costados y evaporarse. - -Allí iba cada noche Mowgli en busca de fresco y de compañía. El -más hambriento de todos sus enemigos apenas hubiera hecho caso, -entonces, del muchacho. Su desnuda piel le hacía parecer aun más -flaco y miserable que ninguno de sus compañeros. El cabello habíasele -descolorido, con el sol, hasta parecer estopa; destacábansele las -costillas como si fueran los mimbres de un cesto, y los bultos que le -habían crecido en las rodillas y en los codos, por la costumbre de -arrastrarlos por el suelo caminando á gatas, daban á sus reducidos -miembros el aspecto de manojos de yerbas trenzadas. Pero, bajo aquella -melena enredada y como entretejida, veíanse unos ojos fríos, reposados, -porque Bagheera, que era su consejera en aquellos tristes días, le -advirtió que anduviera calmosamente, cazara despacio, y nunca, por -ningún motivo, se incomodara. - ---Malos tiempos son éstos, dijo la pantera negra una noche en que el -calor era como el de un horno; pero ya pasarán, si no nos morimos -antes. ¿Te has llenado el estómago, hombrecito? - ---Algo metí en él; pero no me aprovecha. ¿No te parece, Bagheera, que -las lluvias se han olvidado de nosotros y que no volverán ya más? - ---¡No! Aún veremos florecer el _mohwa_, y engordarse los cervatos con -la yerba fresca. Vente á la Peña de la Paz á saber noticias. Súbete á -mi espalda, Hermanito. - ---No es ésta época de cargar pesos. Aún puedo tenerme en pie sin que me -ayuden; pero la verdad es que ni tú ni yo nos parecemos, por lo gordos, -á los bueyes bien cebados. - ---Miróse Bagheera los costados, verdaderos harapos cubiertos de polvo, -y murmuró: - ---Ayer noche maté un buey uncido al yugo. Tan pocas fuerzas me quedaban -que creo que no me hubiera atrevido á saltarle encima si le hubiese -visto en libertad. _¡Wou!_ - -Mowgli se rió y dijo: - ---Sí, buen par de cazadores estamos ahora tú y yo. Yo soy audacísimo -para comer gusanillos. Y ambos se fueron, á través de la crujiente -maleza, hacia la orilla del río, junto á la labor de encaje que -formaban los montones de arena que, por todos lados, habían salido de -él. - ---El agua no puede ya durar mucho, dijo Baloo juntándose á ellos. Mirad -hacia allá. Al otro lado se ven hileras de huellas que se parecen á -los caminos que trazan los hombres. - -Sobre el llano que se extendía á la orilla opuesta, la yerba, erguida, -se había muerto, y quedaba como momificada. Las trilladas pistas del -ciervo y del jabalí, todas en dirección del río, habían rayado la -descolorida llanura con polvorientas ramblas, abiertas en la yerba de -tres metros de altura, y, á pesar de ser temprano, cada larga avenida -estaba ya llena de los que se apresuraban á ser los primeros en llegar -al agua. Podía oirse á las hembras de los gamos y á los cervatos -tosiendo, á consecuencia del polvo, del mismo modo que si éste fuera -rapé. - -Río arriba, en la curva que formaba el agua perezosa alrededor de la -Peña de la Paz, y convertido en Guardián de la Tregua del Agua, estaba -Hathi, el elefante salvaje, con sus hijos, demacrados, de color gris, -balanceando el cuerpo á la luz de la luna... siempre balanceándolo. -Algo más abajo estaba la vanguardia de los ciervos; descendiendo más -aun, los jabalíes y los búfalos salvajes; y en la orilla opuesta, -donde los árboles llegaban hasta tocar el agua, estaba el sitio aparte -destinado á los carnívoros: el tigre, los lobos, la pantera, el oso, y -los demás. - ---En verdad que estamos bajo el peso de una sola Ley, dijo Bagheera, -vadeando la corriente y mirando hacia las filas de cuernos, que -chocaban unos con otros, y á los inquietos ojos que se veían en el -lugar donde ciervos y jabalíes se empujaban. ¡Buena suerte á todos -los de mi sangre, añadió, tendiéndose cuan larga era, con uno de sus -costados fuera del agua, y luego entre dientes: - ---¡Buena suerte sería la del que pudiera cazar aquí, á no ser por eso -que se llama la Ley! - -Al oído finísimo de los ciervos no se escaparon las últimas palabras, -y rumor de azoramiento corrió á lo largo de las filas. - ---¡La Tregua! ¡Acuérdate de la Tregua! exclamaron. - ---¡Orden, orden! dijo con voz gutural Hathi, el elefante salvaje. La -Tregua subsiste, Bagheera. No es ésta ocasión de hablar de caza. - ---Nadie lo sabe mejor que yo, contestó Bagheera, dirigiendo sus miradas -río arriba. No devoro más que tortugas... no soy más que una pescadora -de ranas. _¡Ñaayah!_ ¡Quisiera poder alimentarme únicamente de ramas! - ---También nosotros quisiéramos que lo hicieras, y mucho que nos -gustaría, dijo, balando, un cervato nacido aquella misma primavera, y -al cual Bagheera no le caía en gracia. Por muy abatido que estuviera el -Pueblo de la Selva, nadie, ni aun el mismo Hathi, pudo menos de reirse -con disimulo, mientras Mowgli, echado de codos sobre el agua, que -estaba caliente, soltaba la carcajada y golpeaba la espuma con los pies. - ---¡Bien has hablado, cornamenta en capullo! murmuró Bagheera. Cuando -haya terminado la Tregua se te tendrá esto en cuenta. - -Y le clavó los ojos, á través de las sombras, para tener la seguridad -de reconocer al cervato. - -Poco á poco la conversación se fué generalizando por todos lados en los -sitios destinados á beber. Podía oirse al quisquilloso jabalí pedir -con sus sordos ronquidos que le dejaran mayor espacio; á los búfalos -gruñendo entre ellos, al andar al sesgo por los bancos de arena; á los -ciervos contando lastimosos cuentos de sus largas y fatigosas caminatas -en busca de comida. De cuando en cuando, dirigían alguna pregunta, en -demanda de noticias, á los carnívoros que estaban al otro lado del río; -pero las noticias eran siempre malas, y el bramador viento caliente -de la Selva iba y venía por entre las rocas y las zumbantes ramas, -esparciendo pedazos de las más jóvenes y polvo por encima del agua. - ---También los hombres se mueren junto á sus arados, dijo un _sambhur_ -joven. Yo he encontrado á tres, entre la hora del crepúsculo y la -noche. Estaban tendidos, completamente quietos, y sus bueyes con ellos, -á su lado. Así estaremos nosotros, bien quietos y tendidos, dentro de -poco. - ---El río ha bajado desde ayer noche, dijo Baloo. Hathi ¿has visto nunca -sequía como ésta? - ---Ya pasará, ya pasará, contestó Hathi, lanzando agua al aire para que -le cayera sobre la espalda y costados. - ---Tenemos aquí alguien que no podrá resistir mucho tiempo, observó -Baloo, y al decirlo miró en dirección del muchacho á quien tanto quería. - ---¿Quién? ¿Yo? dijo indignado Mowgli, sentándose sobre el agua. Yo no -tengo largo pelo con que cubrir mis huesos; pero... pero ¿y si se te -quitara á tí la piel, Baloo? - -Hathi tembló nada más que de pensarlo, y Baloo dijo con aire severo: - ---Hombrecito, eso no está bien que se lo digas á un Maestro de la Ley. -_Nunca_ me ha visto nadie sin piel. - ---Bien, yo no quise decir nada malo, Baloo; sino únicamente que tú -eres, por decirlo así, como un coco con cáscara, y yo soy como uno que -no la tuviera. Ahora bien, esa cáscara parda que tú tienes... - -Estaba Mowgli sentado con las piernas cruzadas, razonando, como -de costumbre, con el índice levantado, cuando, de pronto, alargó -suavemente Bagheera una pata, y lo tiró de espaldas en el agua. - ---Vamos de mal en peor, dijo la pantera negra al levantarse el -muchacho farfullando algunas palabras. Primero, que hay que quitarle la -piel á Baloo; luego, que es un coco... Pues mira, cuida que no haga él -lo que hacen los cocos maduros. - ---Y ¿qué es eso? preguntó Mowgli, á quien por un momento cogió -distraído la advertencia y no la comprendió, aunque era uno de los más -hábiles adivinadores de la Selva. - ---Romperte la cabeza, contestó suavemente Bagheera, dándole otro -empujón. - ---No está bien que bromees á costa de tu maestro, dijo el oso, á la -tercera vez de ir á parar Mowgli bajo el agua. - ---¡No está bien! Pues ¿qué quisieras? Esa cosa desnuda, que anda -corriendo siempre de aquí para allá, bromea, como los monos, con los -que un tiempo fueron buenos cazadores, y nos tira de los bigotes, por -juego, á los mejores de entre nosotros. - -Quien así hablaba era Shere Khan, el tigre cojo, que descendía hacia -el agua. Quedóse plantado un momento para disfrutar con la impresión -que su vista producía á los ciervos al otro lado del río, y, luego, -dejó caer la cuadrada cabeza llena de arrugas, comenzó á beber á -lengüetadas, y refunfuñó: - ---La Selva se ha convertido ahora en criadero de cachorros desnudos. -¡Mírame, hombrecito! - -Miró Mowgli, clavó los ojos, mejor dicho, con el aire más insolente -que le fué posible, y, al cabo de un instante, Shere Khan volvióse con -visible malestar. - ---¡Hombrecito por aquí... hombrecito por allá!... rugió sordamente, -mientras seguía bebiendo. ¡Ea! El cachorro ese no es ni hombre ni -cachorro, porque, de lo contrario, hubiera tenido miedo. En la estación -próxima tendré yo que pedirle permiso para que me deje beber. _¡Augr!_ - ---Bien podría ser que ocurriera esto, dijo Bagheera mirándole fijamente -en los ojos. Bien podría ser. ¡Fú! ¡Shere Khan! ¿Qué abominable cosa es -ésa que ahí nos traes? - -Había el tigre cojo hundido la barba y la quijada en el agua, y -oscuras, oleosas rayas flotaban, á partir de donde él bebía, siguiendo -corriente abajo. - ---¡Un hombre! dijo fríamente Shere Khan. Hace una hora que maté á un -hombre. - -Y siguió murmurando y rugiendo entre dientes. - -Toda la fila de animales se estremeció, moviéndose presa de agitación, -y por ella comenzó á correr un murmullo que, al fin, se convirtió en -grito: - ---¡Un hombre! ¡Un hombre! ¡Ha matado á un hombre! - -Entonces, miraron todos hacia Hathi, el elefante salvaje; pero él -parecía, en aquel momento, no oir. Nunca hace nada Hathi hasta que -llega la hora, y ésta es una de las razones de que su vida sea tan -larga. - ---¡Matar á un hombre en esta estación! ¿Es que no tenías otra caza á -mano? exclamó Bagheera, saliendo del agua teñida de rojo y sacudiéndose -cada pata, como un gato, al salir. - ---Maté por gusto, no porque necesitara carne. - -Comenzó nuevamente el murmullo de horror, y el vigilante ojillo blanco -de Hathi miró en dirección de Shere Khan. - ---Por gusto, repitió lentamente Shere Khan. Y ahora vengo á beber y á -limpiarme. ¿Hay alguien que se oponga á ello? - -La espalda de Bagheera comenzó á encorvarse como un bambú cuando sopla -fuerte viento; pero Hathi levantó la trompa y habló con calma. - ---¿Has matado por gusto? preguntó. Y, cuando Hathi pregunta algo, lo -mejor que puede hacerse es contestarle. - ---Eso es. Tenía derecho á hacerlo, porque esta noche es _mía_. Tú lo -sabes, Hathi. - -Shere Khan hablaba casi cortesmente. - ---Sí, ya sé, contestó Hathi. Y, después de breve silencio, añadió: - ---¿Has bebido todo lo que necesitabas? - ---Por esta noche sí. - ---Pues, márchate. El río es para beber, y no para ensuciarlo. Nadie más -que el Tigre Cojo hubiera hecho gala de su derecho en esta estación en -que... en que sufrimos todos... tanto los hombres como el Pueblo de la -Selva. Limpio ó sucio ¡vuélvete á tu cubil, Shere Khan! - -Las últimas palabras resonaron como si fueran trompetas de plata, y -los tres hijos de Hathi se adelantaron cosa de un paso, aunque ninguna -necesidad hubiera de ello. Escurrióse Shere Khan sin atreverse ni á -dar siquiera un gruñido, porque bien sabía lo que para nadie es cosa -ignorada: que en último resultado el amo de la Selva es Hathi. - ---¿Qué derecho es ese de que habla Shere Khan? murmuró Mowgli al oído -de Bagheera. Matar á un hombre es _siempre_ cosa vergonzosa. La Ley lo -prescribe así. Y, sin embargo, dice Hathi... - ---Pregúntaselo á él. Yo no lo sé Hermanito. Pero tenga ó no derecho, á -no haber hablado Hathi ya le habría dado yo á ese carnicero cojo una -lección. Venir á la Peña de la Paz poco después de matar á un hombre... -y luego hacer gala de ello... eso es acción digna sólo de un chacal. Y -además ha venido á ensuciar el agua. - -Esperó Mowgli un minuto para darse ánimo, porque nadie se atrevía á -hablar á Hathi directamente, y luego gritó: - ---¿Cuál es el derecho que tiene Shere Khan, Hathi? - -En ambas orillas hallaron eco sus palabras, porque el Pueblo de la -Selva es curiosísimo, y acababan de presenciar algo que nadie, excepto -Baloo, muy pensativo entonces, parecía entender. - ---Es una antigua historia, dijo Hathi; una historia más vieja que la -Selva. Callaos todos, en ésta y la otra orilla, y yo os la contaré. - -Hubo uno ó dos minutos de barullo, pues los jabalíes y los búfalos -se empujaban unos á otros, y, al fin, los que dirigían las manadas -gruñeron, sucesivamente: - ---Estamos esperando. - -Hathi se adelantó, metiéndose, casi hasta las rodillas, en la laguna -que se formaba junto á la Peña de la Paz. - -Flaco y arrugado, como estaba, y con los colmillos amarillentos, su -aspecto era, sin embargo, el que le correspondía: el del amo de la -Selva, lo que todos sabían que era. - ---«Bien sabéis, hijos míos, comenzó, que, de todas las cosas, la que -más teméis es el hombre». - -Oyóse un murmullo de aprobación. - ---Este cuento reza contigo, Hermanito, dijo Bagheera á Mowgli. - ---¿Conmigo? Yo pertenezco á la manada... soy un cazador del Pueblo -Libre, contestó Mowgli. ¿Qué tengo yo que ver con los hombres? - ---«¿Y no sabéis por qué le tenéis miedo al Hombre? continuó Hathi. Pues -he aquí la razón: en el principio de la Selva, y nadie sabe cuando fué -esto, los que de ella formábamos parte, andábamos juntos, sin sentir -ningún temor unos de otros. En aquellos tiempos no había sequías, y -hojas, flores y frutos crecían en el mismo árbol, no comiendo nosotros -nada más que hojas, flores, yerbas, frutos y cortezas». - - [Ilustración] - ---Me alegro de no haber nacido en aquellos tiempos, dijo Bagheera. Las -cortezas no sirven más que para afilar las garras en ellas. - ---«Y el Señor de la Selva era Tha, el primer elefante. Él sacó á la -Selva de las profundas aguas con su trompa; y, donde él trazó surcos -en la tierra con sus colmillos, allí corren los ríos; y, donde él pegó -con el pie, allí brotaron manantiales de agua potable; y cuando él hizo -sonar la trompa... así... cayeron los árboles. De este modo fué hecha -la Selva por Tha; y de esta suerte me contaron á mí el cuento». - ---Pues no ha perdido nada en el tamaño al pasar de boca en boca, -murmuró Bagheera, y Mowgli se tapó la cara con la mano para que no le -vieran reir. - ---«En aquellos tiempos no había trigo, ni melones, ni pimienta, ni -cañas de azúcar, ni había tampoco chozas como las que todos vosotros -habéis visto, y el Pueblo de la Selva no sabía una palabra del Hombre, -y vivía en común, formando un solo pueblo. Pero, á poco empezaron las -disputas por la comida, aunque hubiera pastos suficientes para todos. -Eran unos holgazanes. Cada uno de ellos quería comer donde estaba -echado, como, á veces, podemos hacer nosotros cuando las lluvias de -la primavera son abundantes. Tha, el primer elefante, andaba ocupado -creando nuevas selvas y encauzando ríos. No podía estar en todas -partes, y, así, nombró al primer tigre dueño y juez de la Selva, con la -obligación de que dirimiera todas las cuestiones que el Pueblo tenía -el deber de someter á su juicio. En aquellos tiempos el primer tigre -comía fruta y yerba, como todos los demás. Tenía igual tamaño que yo -y era hermosísimo, todo él del color de las flores de _la enredadera -amarilla_. No había rayas en su piel, en aquellos felices tiempos en -que la Selva era joven. El Pueblo de la Selva en masa acudió ante él -sin ningún temor, y su palabra era para todos la Ley. Acordaos de que -os he dicho que no formábamos entonces más que un sólo pueblo. - -Pero una noche hubo una disputa entre dos gamos (una pendencia por -cuestión de pastos, como las que hoy solventáis con los cuernos y las -patas), y dicen que, al hablar, ambos á la vez, ante el primer tigre, -que estaba echado entre las flores, uno de los gamos le empujó con los -cuernos, y el primer tigre se olvidó entonces de que era el dueño y el -juez de la Selva, y, saltando sobre el gamo, le rompió el pescuezo. - -Hasta aquella noche, ninguno de nosotros había muerto, y el primer -tigre, al ver lo que había hecho, y enloquecido por el olor de la -sangre, huyó hacia los pantanos del Norte, y nosotros, los de la Selva, -al quedarnos sin juez, dimos en luchar unos con otros, y Tha que oyó -el ruido, volvió entonces. Dijímosle unos esto, y otros lo otro; pero -él vió al gamo muerto entre las flores, y preguntó quién lo había -matado, y nosotros, los de la Selva, no quisimos decírselo, porque el -olor de la sangre nos había enloquecido también. Corrimos de un lado -á otro formando círculos, brincando, dando gritos y sacudiendo la -cabeza. Entonces Tha dió á los árboles que tenían ramas bajas y á las -enredaderas de la Selva la orden de que marcaran al matador del gamo de -modo que él pudiera reconocerlo, y añadió: - ---¿Quién quiere ser, ahora, dueño del Pueblo de la Selva? - -Saltó en seguida el mono gris, que vive entre las ramas, y dijo: - ---Yo quiero ser dueño de la Selva. - -Rióse Tha al oirlo, y contestó: - ---Así sea. - -Después de lo cual marchóse de muy mal humor. - -Hijos míos, ya conocéis al mono gris. Era entonces lo que es ahora. Al -principio tuvo toda la compostura de un sabio; pero, al cabo de poco -tiempo, comenzó á rascarse y á saltar, y, cuando Tha volvió, hallóle -colgando, cabeza abajo, de una rama, burlándose de los que estaban en -el suelo, y éstos, á su vez, se burlaban de él. Así pues, no había Ley -en la Selva... sino únicamente estúpida charla y palabras sin sentido. - -Entonces Tha nos llamó á todos y dijo: - ---El primero de vuestros dueños trajo á la Selva la Muerte, y el -segundo la Vergüenza. Pues bien: ya es hora de que tengáis una Ley, y -una Ley á la que no podáis faltar. Ahora conoceréis al Miedo, y, una -vez lo hayáis conocido, sabréis que él es vuestro amo, y todo lo demás -vendrá por sí solo. Entonces nosotros, los de la Selva, dijimos: - ---¿Qué es miedo? - -Y Tha contestó: - ---Buscadlo hasta que lo encontréis. - -Fuimos, por lo tanto, de un lado á otro de la Selva buscando al Miedo, -y de pronto los búfalos... - ---¡Uf! dijo Mysa, el que dirigía á los búfalos, desde el banco de arena -en que se hallaban. - ---«Sí, Mysa, eran los búfalos. Volvieron, pues, con la noticia de que -en una caverna, en la Selva, estaba sentado el Miedo, y de que no tenía -pelo en el cuerpo, caminando sólo con las patas posteriores. Entonces, -nosotros, los de la Selva, seguimos al rebaño hasta llegar á aquella -caverna, y allí estaba el Miedo, de pie en la entrada, y tenía, como -habían dicho los búfalos, la piel desnuda de pelo, y caminaba sólo con -las piernas de atrás. Al vernos gritó, y su voz nos llenó de temor, -del temor que nos inspira hoy esa voz cuando la oimos, y nosotros, -entonces, atropellándonos unos á otros y haciéndonos daño, huímos, -porque teníamos miedo. Aquella noche (así me lo dijeron), los de la -Selva no nos echamos ya juntos como solíamos, sino que cada tribu -fué por sí sola... el jabalí con el jabalí, el ciervo con el ciervo; -cuernos con cuernos, cascos con cascos..., cada uno con su semejante, y -así se acostaron todos en la selva, presa de agitación. - -El único que no estaba con nosotros era el primer tigre, porque se -ocultaba aún en los pantanos del Norte, y, cuando llegó hasta él el -rumor de lo que habíamos visto en la caverna, dijo: - ---Iré á donde está _eso_, y le romperé el cuello. - -Corrió, pues, toda la noche hasta llegar á la caverna; pero los árboles -y las enredaderas que hallaba al paso, recordando la orden que les -había dado Tha, bajaron sus ramas y tallos y marcaron su piel mientras -corría, dibujando las huellas de sus dedos en la espalda, costados, -frente y quijadas del tigre. En cualquier sitio que lo tocaran quedaba -una mancha y una raya sobre la amarilla piel. _¡Y éstas rayas son las -que aun hoy llevan sus hijos!_ Cuando llegó á la caverna, el Miedo, _el -de la piel desnuda_, tendió la mano y le llamó _el rayado, el cazador -nocturno_, y el primer tigre sintió miedo ante _el de la piel desnuda_, -y se volvió, rugiendo, á los pantanos». - -Al llegar aquí, Mowgli se rió disimuladamente, hundida su barba en el -agua. - ---«Tan fuertes eran los rugidos que llegó á oirlos Tha y dijo: - ---¿Qué desgracia ocurre? - -Y el primer tigre, levantando el hocico al cielo, recién hecho entonces -y tan viejo ahora, dijo: - ---¡Oh, Tha! Devuélveme mi antiguo poder. Ante toda la Selva me -avergonzaste, llegué á huir de quien tiene la piel desnuda, y aun me ha -llamado lo que es para mí un oprobio. - ---¿Y por qué? dijo Tha. - ---Porque voy manchado con el fango de los pantanos. - ---Nada, pues; revuélcate luego sobre la yerba mojada, y, si es fango, -limpio quedarás de él, dijo Tha. Y el primer tigre nadó, y revolcóse -cien y cien veces sobre la yerba, hasta que le pareció que la Selva -comenzaba á dar vueltas y más vueltas ante su vista; pero ni una -sola rayita de su piel cambió en lo más mínimo, y Tha, que lo estaba -observando, se rió. Entonces, dijo el primer tigre: - ---¿Qué he hecho yo para que me ocurra tal cosa? - -Á lo que contestó Tha: - ---Diste muerte á un gamo; con ello tuvo franca entrada en la Selva la -Muerte, y con la Muerte vino el Miedo, hasta el punto de que las gentes -de la Selva se temen ya unos á otros, de la propia suerte que le temes -tú _al de la piel desnuda_. - -El primer tigre dijo á esto: - ---Á mí no me tendrán miedo nunca, porque los conocí desde el principio. - -Repuso Tha: - ---Anda á verlo. - -Y el primer tigre corrió de un lado á otro llamando á voces al ciervo, -al jabalí, al _sambhur_, al puerco espín y á todos los Pueblos de la -Selva, y todos huyeron de él, que había sido su juez, porque le tenían -miedo. - -Volvióse entonces el primer tigre, vencido su orgullo, y dando de -cabezadas contra el suelo, desgarró la tierra con sus uñas, replicando: - ---Acuérdate que hubo un tiempo en que fuí el dueño de la Selva. ¡No me -olvides, Tha! ¡Permite que mis hijos recuerden que algún día no supe lo -que era vergüenza, ni lo que era miedo! - -Y Tha le contestó: - ---He aquí lo que por tí haré, porque tú y yo juntos vimos nacer la -Selva. Por espacio de una noche cada año, las cosas volverán á ser lo -que fueron antes de que muriera el gamo... y esto no será más que para -tí y tus hijos. Durante aquella noche, si tropiezas con _el de la piel -desnuda_ (y su nombre es _el Hombre_) no le temerás tú á él, sino que -él te temerá á tí, como si tú y los tuyos fuerais jueces de la Selva y -dueños de todas las cosas. Ten misericordia de él esta noche cuando le -veas atemorizado, porque también tú conoces al Miedo. - -Entonces contestó el primer tigre: - ---Contento estoy. - -Pero cuando, poco después, fué á beber, y vió las rayas negras sobre -sus costillas é ijadas, cuando se acordó del nombre que _el de la piel -desnuda_ le había dado, entonces se encolerizó. Durante un año vivió en -los pantanos, esperando á que Tha cumpliera su promesa. Una noche, al -fin, cuando _el Chacal de la Luna_ (la estrella vespertina) brilló con -clara luz sobre la Selva, sintió él que su noche había llegado, y fuése -á la caverna en busca de _el de la piel desnuda_. Ocurrieron, entonces, -las cosas como Tha había ofrecido, porque aquél cayó ante la fiera y -se quedó en el suelo tendido, y el primer tigre le hirió, rompiéndole -el espinazo, porque creyó que en toda la Selva no había más que uno de -estos seres, y que matándole á él había dado muerte al Miedo. Entonces, -mientras olfateaba al muerto, oyó á Tha que descendía de los bosques -del Norte, y á poco la voz del primer elefante, que es la voz que oimos -también ahora...» - -Retumbaba el trueno por las secas colinas; pero no trajo con él la -lluvia (sino únicamente relámpagos de calor que temblaban por detrás -de la cordillera) y Hathi continuó: - ---«He aquí la voz que oyó, y la voz decía: - ---¿Es ésta la misericordia que tú muestras? - -El primer tigre se relamió contestando: - ---¿Qué importa? He muerto al Miedo. - -Y replicóle Tha: - ---¡Ah, ciego y loco! Le has quitado á la Muerte las cadenas que -detenían sus pies, y ella seguirá tus huellas hasta que mueras. Tú -enseñaste al hombre á matar. - -El primer tigre, erguido junto al cadáver, dijo entonces: - ---Está como estaba el gamo. Ya no existe el Miedo. Ahora juzgaré de -nuevo á los Pueblos de la Selva. - -Mas respondió Tha: - ---Jamás volverán á buscarte los Pueblos de la Selva. Nunca cruzarán -tu camino, ni dormirán cerca de tí, ni seguirán tus pasos, ni pacerán -junto á tu cubil. Sólo el Miedo te seguirá, y con invisibles golpes -te hará estar á merced suya. Él hará que la tierra se abra bajo tus -pies; que la enredadera se enrosque á tu cuello; que los troncos de -los árboles crezcan en grupos frente á tí, á mayor altura de la que -tú puedes saltar; y, al fin, echará mano de tu piel para envolver á -sus cachorros cuando tengan frío. Tú no le has tenido misericordia, y -ninguna, tampoco, te tendrá él á tí. - -Sintióse el primer tigre lleno de audacia, porque _su noche_ no había -pasado aún, y dijo: - ---Lo prometido es deuda para Tha. ¿Me privará él de mi noche? - -Y contestóle Tha: - ---La noche que te concedí es tuya, como te dije; pero tienes que pagar -algo por ella. Tú enseñaste al Hombre á matar, y él es discípulo que -pronto aprende. - -Continuó el primer tigre: - ---Aquí está, bajo mi garra, y con el espinazo roto. Haz saber á la -Selva que yo maté al Miedo. - -Rióse entonces Tha, y dijo: - ---Has matado á uno de tantos; pero tú mismo se lo contarás á la -Selva... porque tu noche ha terminado ya. - -Entonces se hizo de día, y de la boca de la caverna salió otro de _los -de la piel desnuda_, vió el cadáver en el camino y al primer tigre -sobre él, y cogió un bastón puntiagudo...» - ---Ahora arrojan unas cosas cortantes; dijo Ikki bajando á la orilla y -haciendo ruido con sus púas, porque Ikki era considerado como manjar -muy fino por los gondos[14] (que le llamaban _Ho-Iggoo_) y algo sabía -él del hacha malvada, pequeñita, que hacen girar rápidamente, á través -de un claro en el bosque, como si fuera un _caballito del diablo_. - ---«Era un bastón puntiagudo, como los que ponen en el fondo de los -hoyos que sirven de trampa, dijo Hathi, y arrojándolo hirió al primer -tigre en el costado. Así, ocurrieron las cosas tal como había dicho -Tha, porque el tigre fué corriendo por la Selva dando rugidos, hasta -que logró arrancarse el palo aquel, y todos supieron que _el de la -piel desnuda_ podía herir á distancia, por lo cual le temieron más -que antes. Así, también, vino á resultar que el primer tigre enseñó -_al de la piel desnuda_ á matar (y ya sabéis el daño que ha causado -esto, desde entonces, á todos nuestros pueblos) por medio de lazos, de -trampas y de bastones que vuelan, y por medio de la mosca de punzante -aguijón que sale del humo blanco (Hathi aludía aquí al rifle), y de la -Flor Roja, que nos obliga á huir hacia el terreno abierto y despejado. -Y, sin embargo, una noche durante cada año, _el de la piel desnuda_ -teme al tigre, como Tha prometió que sucedería, y nunca la fiera le -ha dado motivo para perder ese miedo. Donde lo encuentra lo mata, -acordándose de la vergüenza por que tuvo que pasar el primer tigre. -Durante el resto del año, el Miedo se pasea por la Selva lo mismo de -día que de noche». - ---_¡Ahi! ¡Au!_ dijo el ciervo, pensando en lo que todo esto significaba -para ellos. - ---«Y sólo cuando un gran Miedo se cierne sobre todas las cosas, como -ocurre ahora, podemos los de la Selva dejar á un lado todos nuestros -temores de poca monta y juntarnos en un mismo sitio, como actualmente -hacemos». - ---¿Nada más que durante una noche le tiene miedo el Hombre al Tigre? -dijo Mowgli. - ---«Sólo durante una noche, contestó Hathi». - ---Pero yo... pero vosotros... pero toda la Selva sabe que Shere Khan -mata hombres dos y tres veces en lo que dura una misma luna. - ---«Así es. _Entonces_ ataca por la espalda y vuelve la cabeza al -saltar, porque está lleno de miedo... Si el Hombre llegara á mirarlo, -el tigre echaría á correr. Pero durante la noche que es _suya_ va á -cara descubierta hacia el pueblo, se pasea entre las filas de casas -y asoma la cabeza á las puertas, y los hombres caen entonces de cara -al suelo y allí es dónde y cuando mata él. Una muerte durante aquella -noche». - ---¡Ah! dijo entre sí Mowgli, revolcándose en el agua. _Ahora_ comprendo -por qué Shere Khan me retó á que le mirara. No ganó mucho con ello, -porque no pudo resistir mi mirada, y... y yo la verdad es que no caí -á sus pies. Pero hay que tener en cuenta que yo no soy un hombre, pues -pertenezco al Pueblo Libre. - ---¡Je! exclamó Bagheera desde lo más profundo de su garganta. ¿Sabe el -tigre cual es _su noche_? - ---«Nunca hasta que el Chacal de la Luna brilla claramente, elevándose -por encima de la niebla vespertina. Cae á veces en la sequía del verano -y á veces en la época de las lluvias... esa noche del tigre. Pero, á no -ser por el primero, nunca hubiera ocurrido nada de eso, ni ninguno de -nosotros hubiera conocido el miedo». - -Gimió tristemente el ciervo, y los labios de Bagheera se movieron para -sonreir con una sonrisa irónica. - ---¿Saben los hombres este cuento? preguntó. - ---«Nadie lo sabía más que los tigres, y nosotros, los elefantes... los -hijos de Tha. Ahora ya lo sabéis, también, todos los que estáis por ahí -en las lagunas. _He dicho._» - -Hundió Hathi la trompa en el agua, como demostrando que no quería -hablar más. - ---Pero... pero... pero... dijo Mowgli, volviéndose hacia Baloo, ¿por -qué el primer tigre no siguió comiendo yerba, hojas y árboles? Después -de todo, no hizo más que romperle el pescuezo al gamo: no lo devoró. -¿Qué es lo que le hizo aficionarse á comer carne caliente? - ---Los árboles y las enredaderas le llenaron el cuerpo de señales, -Hermanito, é hicieron de él esa cosa rayada que hoy vemos. Nunca más -quiso él comer sus frutos, sino que desde aquel día vengó la afrenta en -el ciervo, y en los demás que son de _los que comen yerba_, contestó -Baloo. - ---Pues entonces _tú_ sabías también el cuento ¿eh? ¿Cómo no te lo oí -nunca? - ---Porque la Selva está llena de cuentos así. Si empezara á contártelos -no acabaría nunca. Vamos, suéltame la oreja, Hermanito. - - [Ilustración] - - - =La Ley de la Selva= - - -(Sólo con el fin de dar idea de la inmensa variedad de la Ley de la -Selva he traducido en verso porque Baloo los recitaba siempre como -una especie de cantinela) algunos de los preceptos relativos á los -lobos. Por supuesto que existen aún no pocos centenares parecidos; pero -bastarán éstos como muestra de los más sencillos). - - He aquí la Ley que en nuestra Selva rige, - y que es antigua como el mismo cielo; - prosperarán los lobos que la cumplan, - mas aquél que la infrinja será muerto. - - Cual planta trepadora envuelve al árbol - así á todos la Ley nos tiene envueltos; - porque el lobo da fuerza á la manada, - mas la manada á él fuerte le ha hecho. - - Del hocico á la cola cada día - lávate, y bebe siempre sin exceso, - pero no escasamente, y no lo olvides, - da la noche á la caza, el día al sueño. - - Puede el chacal, en busca de despojos - que el tigre deje, irse tras él hambriento, - mas tú, lobato, cazador de raza, - mata, si puedes, por tu cuenta y riesgo. - - Con el tigre, y el oso, y la pantera, - que siempre de la Selva han sido dueños, - vive en paz, y al buen Hathi no molestes - ni al feroz jabalí vayas con juegos. - - Cuando en la Selva dos manadas chocan - y un mismo rastro siguen con empeño - échate y deja que los jefes hablen, - que así, tal vez, se llegue á algún acuerdo. - - Cuando ataques á un lobo, no te batas - si no está solo y su manada lejos, - pues si ella se mezclare en vuestra lucha - disminuirá, sin duda, con los muertos. - - Para el lobo el cubil es su refugio, - es su hogar, y no hay nadie con derecho - á entrar en él por fuerza, ni aun el Jefe - de la manada misma, ni el Consejo. - - Refugio es el cubil de cada lobo, - mas, si no supo, cual se debe, hacerlo, - á buscar otro se verá obligado - si tal orden recibe del Consejo. - - Cuando sin ser aún la media noche - algo logres matar, mata en silencio, - para que así los ciervos no despierten... - y tengan que ayunar tus compañeros. - - Para tí y tus cachorros matar puedes - ó bien para tu hermano, justo es ello; - mas no mates por gusto, y _nunca, nunca_, - des caza al Hombre con ningún pretexto. - - Si su botín á otro más débil robas - no pretendas de todo hacerte dueño: - la manada proteje al más humilde; - déjale, pues, cabeza y piel, al menos. - - Lo que matare la manada, piensa - que es su comida, y déjala en su puesto: - nadie puede llevársela á otro sitio, - y quien tal infringiere será muerto. - - Lo que el Lobo mató cómalo el Lobo - y use de ello á su gusto: es su derecho; - mas, sin permiso suyo, la manada - no ha de poder tocarlo ni comerlo. - - Derecho del cachorro es el que tiene - el lobato de un año: cuando ha muerto - alguien de la manada alguna pieza - puede hartarse el cachorro, si está hambriento. - - Derecho de camada es el que tiene - la madre, que exigir al compañero - de su edad misma (y nadie ha de negarlo) - puede una pierna de lo que haya muerto. - - Derecho de caverna es el del padre, - que es de cazar para los suyos dueño, - y libre se halla ya de la manada, - sin más juez de sus actos que el Consejo. - - Por su edad y su astucia, por la fuerza - de su acerada garra, el Lobo viejo, - el Jefe, es el que en casos no previstos - á cada cual le fija su derecho. - - He aquí de nuestra Ley los numerosos, - los sabios y muy útiles preceptos; - mas todo en uno solo se concreta: - _¡obedece!_ La Ley no es más que esto. - - [Ilustración] - - - NOTAS: - -[14] Raza de los primeros pobladores del Gondwana, región del Indostán -central. Son de baja estatura; su nombre significa en sánscrito -«habitante de las cuevas», y sus armas son el hacha y la lanza. Sus -sacerdotes suelen ser hechiceros.--N. del T. - - - [Ilustración] - - - - - EL MILAGRO DE PURUN BHAGAT - - La noche que sentimos - que iba la tierra á abrirse - partir de allí le hicimos - y en pos nuestro venirse, - porque él logró inspirarnos - aquel cariño rudo - que llega á dominarnos - incomprensible y mudo. - - Y cuando el estallido - se oyó de la montaña, - y todo hubo caído - como una lluvia extraña, - nosotros le salvamos, - nosotros, pobre gente; - mas ¡ay! que no le hallamos - y siempre está ya ausente. - - ¡Llorad! Sus salvadores - nosotros sólo fuimos: - también aquí hay amores, - también aquí sentimos; - mas duerme nuestro hermano - y no ha de despertarse... - ¡y aún viene el pueblo humano - del sitio á apoderarse! - - (_Canto elegíaco de los langures_) - - -Hubo una vez en la India un hombre que era Primer Ministro de uno -de los semi-independientes estados que hay en la parte noroeste del -país. Era un brahmán, de tan alta casta, que estaba ya por encima -de cuantos límites supone la división en _castas_, y su padre había -ocupado un importante empleo entre la gentuza de vistosos ropajes y -los descamisados que formaban parte de una corte india montada á la -antigua. Pero, al ir creciendo Purun Dass, notó que el acostumbrado -orden de cosas iba cambiando, y que quien quisiera elevarse era preciso -que estuviera bien con los ingleses é imitara cuanto á éstos les -parecía bueno. Al propio tiempo, era conveniente que todo funcionario -supiera captarse y conservar las simpatías de su amo. Algo difícil -resultaba el compaginar ambas cosas; pero el callado, reservadísimo -brahmancito, ayudado por una buena educación inglesa recibida en la -Universidad de Bombay, se arregló de modo que lo lograra, y elevóse -paso á paso, hasta llegar á ser Primer Ministro del reino, es decir, -disfrutó de un poder más real y verdadero que el de su amo, el -Maharajah. - -Cuando el rey, ya viejo (y siempre receloso de los ingleses, de sus -ferrocarriles y de sus telégrafos), murió, Purun Dass conservó toda -su influencia con el sucesor, joven que había sido educado por un -inglés; y entre uno y otro, aunque siempre cuidó él muy especialmente -de que su amo se llevara la gloria, establecieron escuelas para niñas, -construyeron caminos, fundaron hospitales, hicieron exposiciones de -instrumentos agrícolas, publicaron anualmente una información, ó -_libro azul_, sobre «El progreso moral y material del Estado», y así -el Ministerio de Negocios Extranjeros inglés, y el Gobierno de la -India estaban contentísimos. Muy pocos son los Estados indígenas que -aceptan en conjunto los progresos ingleses, porque no creen, como Purun -Dass demostró creer, que lo que sea bueno para un inglés debe serlo -doblemente para un asiático. Llegó el Primer Ministro á ser amigo -muy considerado de Virreyes, Gobernadores y Secretarios; de médicos -encargados de misiones especiales; de los acostumbrados misioneros; de -oficiales ingleses, ginetes excelentes que iban á cazar en los terrenos -del Estado; y de todo un ejército de viajeros que recorría la India en -la estación fría dando á la gente lecciones de cómo habían de hacerse -las cosas. Á ratos perdidos fundaba bolsas para el estudio de la -Medicina y de la Industria, siguiendo para ello exactamente los modelos -ingleses, y escribía cartas al «Explorador», el mayor de los periódicos -indios, explicando las ideas y propósitos de su amo. - -Hizo, en fin, un viaje á Inglaterra, y, al volver á su país, tuvo que -pagar enormes sumas á los sacerdotes, porque hasta un brahmán de tan -elevada casta como Purun Dass quedaba degradado al cruzar el negro -mar. En Londres vió y habló á cuanta gente valía la pena de conocer, -á personas cuya nombradía vuela por todo el mundo, y bastante más -tuvo ocasión de ver de lo que él contaba. Sabias universidades le -concedieron títulos académicos honorarios, é hizo discursos y habló de -reformas sociales en la India á señoras vestidas de etiqueta, hasta que -todo Londres acabó por decir: «Es el hombre más agradable con quien -jamás se sentó alguien á manteles desde que éstos existen». - -Al volver á la India vióse rodeado de una aureola de gloria, porque el -Virrey en persona hizo una visita al Maharajah para concederle la Gran -Cruz de la Estrella de la India (toda diamantes, cintas y esmalte); y -en la misma ceremonia, mientras tronaban los cañones, Purun Dass fué -proclamado Comendador de la Orden del Imperio Indio, con lo cual su -nombre se transformó en _Sir Purun Dass, K. C. I. E._[15] - -Aquella tarde, á la hora de la comida en la gran tienda del Virrey, -levantóse llevando sobre el pecho la placa y el collar de la Orden, y, -contestando al brindis en honor de su amo, pronunció un discurso que -pocos ingleses hubieran superado. - -Al mes siguiente, cuando la ciudad había vuelto ya á su reposo, tostada -por el sol, hizo algo que á ningún inglés se le hubiera ocurrido nunca -ni por soñación, pues murió para todo lo concerniente á los negocios -de este mundo. Las ricas insignias de la orden que le habían sido -concedidas volvieron al Gobierno de la India; nombróse á otro Primer -Ministro que se encargara de los negocios, y entre los empleados -subalternos se armó una de comunicaciones y de idas y venidas que -parecía que jugaran á Correos. Los sacerdotes sabían lo que había -ocurrido, y el pueblo lo adivinaba; pero la India es el único país del -mundo en que un hombre puede hacer lo que se le antoje sin que nadie -pregunte por qué lo hace, y el de que _Dewan Sir Purun Dass, K. C. I. -E._ hubiera renunciado á su posición, á su palacio y á su poderío, -adoptando el cuenco y el vestido de color de ocre de un _sunnyasi_ -ó santón, no parecía á nadie cosa extraordinaria. Había sido, como -recomienda la Antigua Ley, luchador durante los veinte años de la -juventud (aunque nunca llevó consigo arma alguna), y, durante otros -veinte, cabeza de familia. Había usado su riqueza y poderío en cosas -cuya utilidad le constaba; recibió honores cuando le salieron al paso; -vió hombres y ciudades de los que cerca tenía y de los que estaban -lejos, y hombres y ciudades se levantaron para honrarle. Ahora se -desprendía de todo eso como quien deja caer un manto que ya no necesita. - -Á su espalda, mientras cruzaba las puertas de la ciudad llevando bajo -el brazo una piel de antílope y una maleta con atravesaño de cobre, y -en la mano un moreno cuenco pulimentado, hecho de _coco de mar_[16], -desnudos los pies, solo, clavados los ojos en el suelo... á su espalda, -retumbaban las salvas de los baluartes en honor del que había tenido la -fortuna de sustituirle. Purun Dass saludó. Aquella clase de vida había -ya terminado para él, y no le tenía mejor ni peor voluntad de la que -puede tenerle un hombre á un incoloro sueño que pasó con la noche. El -era un _sunnyasi_... un mendigo errante, sin casa ni hogar, que recibía -del prójimo el pan cotidiano; y, mientras haya en la India un mendrugo -que partir, ni sacerdotes ni mendigos se mueren de hambre. No había -probado carne en su vida, y hasta el pescado lo probaba raras veces. Un -billete de cinco libras esterlinas le hubiera bastado para cubrir todos -sus gastos personales, en punto á comida, durante cualquiera de los -muchos años en que había sido dueño absoluto de millones en metálico. -Hasta en Londres, cuando hicieron de él el hombre de moda, jamás perdió -de vista su sueño de paz y de reposo... el largo, blanco, polvoriento -camino indio, lleno de huellas de desnudos pies; el incesante, calmoso -tráfico, y el acre olor de la leña quemada cuyo humo se eleva en -espirales bajo las higueras, á la luz de la luna, en los sitios donde -los caminantes se sientan á cenar. - -Cuando llegó el momento de realizar este sueño, el Primer Ministro tomó -sus disposiciones, y, al cabo de tres días, hubiera sido más fácil -hallar una burbuja de agua en las profundidades interminables del -Atlántico que á Purun Dass entre los errantes millones de hombres en la -India, que ora se reúnen, ora se separan. - -Tendía, para dormir, su piel de antílope en el sitio donde se le hacía -de noche, unas veces en un monasterio de _sunnyasis_ que estuviera -junto á un camino, otras, arrimado á una columna de tapia de algún -templo en Kala Pir, donde los _joguis_, que son otro nebuloso grupo -de santones, lo recibían como hacen los que saben qué valor tiene -eso de las castas y los grupos; muchas veces en las afueras de algún -pueblecillo indio, á donde los niños acudían con la comida preparada -por sus padres; y no pocas, finalmente, en lo más alto de desnudas -tierras de pastos, donde la llama del fuego que encendía con leña -menuda despertaba á los adormecidos camellos. Todo le era igual á -Purun Dass... ó á Purun Bhagat, como se llamaba él á sí mismo ahora. -Tierra... gente... comida... todo era lo mismo. Pero inconscientemente -fué caminando hacia el Norte y hacia el Este; desde el Sur hacia -Rohtak; de Rohtak á Kurnool; de Kurnool al arruinado Samanah, y de allí -subiendo por el seco cauce del río Gugger, que sólo se llena cuando -llueve en las montañas vecinas, hasta que un día vió la lejana línea -del Himalaya. - -Sonrióse entonces Purun Bhagat, porque se acordó de que su madre era de -origen brahmánico, de la raza de los rajhputras, allá por el camino de -Kulu (una montañesa que siempre echaba de menos las nieves...) y basta -que un hombre lleve en sus venas una gota de sangre montañesa para que, -al fin, vuelva al sitio de donde salió. - ---Allá abajo, dijo Purun Bhagat emprendiendo de frente la subida de las -primeras lomas de los montes Sewaliks, donde los cactus se yerguen como -candelabros de siete brazos... allá abajo me sentaré á meditar. Y el -fresco viento del Himalaya silbó en sus oídos al andar por el camino -que conduce á Simla. - -La última vez que había pasado por allí era con grande pompa y -aparato, acompañado de una ruidosa escolta de caballería, para visitar -al más cortés y amable de todos los virreyes; y ambos estuvieron -hablando, durante una hora, de los amigos de Londres y de las opiniones -que de mil cosas tiene la gente del pueblo en la India. Esta vez Purun -Bhagat no hizo visita alguna, sino que se recostó sobre una verja del -paseo, contemplando la magnífica vista de las llanuras que se extendían -debajo, en una extensión de diez leguas; hasta que, al fin, un policía -mahometano de los del país le dijo que interrumpía la circulación; y -Purun Bhagat saludó al representante de la Ley con gran respeto, porque -sabía el valor de aquélla é iba en busca de una que fuera propia, -suya. Siguió, pues, adelante, y durmió aquella noche en una cabaña -abandonada, en Chota Simia, lugar que tiene todo el aspecto de ser el -fin del mundo; pero que no era más que el principio de su viaje. - -Siguió el camino del Himalaya al Thibet, la vía de tres metros de -ancho abierta á fuerza de barrenos en la roca viva, ó apuntalada con -maderos sobre abismos de trescientos metros de profundidad; que se -hunde en tibios, húmedos, cerrados valles, ó trepa á través de colinas -desnudas de árboles y con algo de yerba, en las que pega el sol como -los rayos de un espejo ustorio; que caracolea á través de espesos, -obscuros bosques donde los helechos arborescentes cubren de alto á bajo -los troncos de los árboles, y donde el faisán llama á su compañera. -Hallóse con pastores del Thibet, acompañados de sus perros y rebaños de -carneros, cada carnero provisto de una bolsita con bórax que llevaba -á la espalda; con leñadores errantes; con lamas del Thibet cubiertos -de mantos y abrigos, que llegaban en peregrinación á la India; con -enviados de pequeños y solitarios Estados, perdidos entre montañas, -que corrían la posta desesperadamente en caballitos cebrados ó píos, -ó bien con la cabalgata de un rajah que iba á hacer una visita; -finalmente, durante todo un largo y claro día no vió más que un oso -negro, gruñendo y desenterrando raíces allá abajo, en el valle. Durante -las primeras jornadas, los rumores mundanales resonaban aún en sus -oídos, como el estruendo de un tren al pasar un túnel quédase aún -sonando largo tiempo después que el tren sale de él; pero cuando hubo -dejado tras de sí el paso de Mutteeanee todo terminó, y Purun Bhagat -quedóse á solas consigo mismo, caminando, vagabundeando pensativo, -clavados los ojos en el suelo y por las nubes las ideas. - -Una tarde cruzó el más alto desfiladero que había hallado hasta -entonces (dos días de ascensión costóle el llegar allí) y se encontró -frente á una línea de nevados picos que ceñían todo el horizonte; -montañas de cinco á seis mil metros de altura que parecían estar -tan cerca que una pedrada podía alcanzarlas, aunque se hallaran, en -realidad, á catorce ó quince leguas de distancia. Estaba coronado -el desfiladero por un espeso, sombrío bosque formado de _deodoras_, -castaños, cerezos silvestres, olivos y perales silvestres también; -pero principalmente _deodoras_, que son los cedros del Himalaya, y -á la sombra de estos árboles se elevaba un templo abandonado que se -construyó en honor de Kali... el cual es Durga... el cual es, á su vez, -Sitala, y que es adorado por su virtud contra la viruela. - -Barrió Purun Dass el empedrado suelo; sonrió á la estatua que parecía -hacerle una mueca; se arregló con barro un hogar detrás del templo; -extendió su piel de antílope sobre un lecho de pinocha verde; se apretó -bien su _bairagi_ (su muleta con atravesaño de cobre) bajo uno de los -sobacos, y sentóse á descansar. - -Junto á él, casi á sus plantas, tenía el declive de la montaña, -desnudo, pelado, en una altura de cuatrocientos metros, donde un -pueblecillo de casas hechas de piedra con techos de tierra amasada -parecía colgar de la escarpada pendiente. Alrededor, pedazos de tierra -en forma de terraplenes se extendían como si fueran delantales hechos -de retazos y colocados sobre la falda de la montaña, y vacas, que no -parecían mayores que escarabajos, pacían entre los círculos, empedrados -de bruñidas piedras, que servían de eras. Mirando á través del valle -se engañaba la vista al juzgar el tamaño de las cosas, y no podía, al -principio, convencerse de que lo que tenía el aspecto de arbustos, -al otro lado de la montaña, era en realidad un bosque de pinos de -treinta metros de alto. Purun Bhagat vió pasar un águila hundiéndose -en la inmensa hondonada; pero la enorme ave fué disminuyendo pronto de -tamaño, hasta no parecer más que una virgulilla antes de que llegara -á la mitad del camino. Algunos grupos de nubes se enfilaban por el -valle, enredándose cerca de la cima de una montaña, ó elevándose para -desvanecerse al llegar á la altura de los picos en los desfiladeros. Y -Purun Bhagat se dijo: aquí hallaré la paz que ando buscando. - -Ahora bien: para un montañés, unas cuantas docenas de metros más abajo -ó más arriba no significan nada, y, en cuanto los aldeanos vieron humo -en el templo abandonado, el sacerdote del pueblecillo subió por la -ladera llena de terraplenes, y fué á saludar al forastero. - -Al clavar la mirada en los ojos de Purun Bhagat (ojos acostumbrados á -mandar á miles de hombres) inclinóse hasta el suelo, cogió el cuenco, -sin decir palabra, y volvióse á la aldea diciendo: - ---Por fin tenemos un santón. Jamás ví á un hombre como éste. Es un -hijo de los llanos, pero de color pálido... es la quinta esencia de un -brahmán. - -Á lo cual todas las mujeres de la aldea contestaron: - ---¿Creéis que estará entre nosotros mucho tiempo? - -Y cada una de ellas hizo cuanto pudo para cocinarle los más sabrosos -manjares. La comida montañesa es sencillísima; pero con alforfón, maíz, -pimentón; pescado del río cuyas aguas corren por el valle; miel de las -colmenas fabricadas en forma de chimeneas sobre las paredes de piedra; -albaricoques secos; azafrán de Indias; jengibre silvestre, y tortas de -harina de trigo, una mujer que quiera lucirse puede hacer algo bueno, -y cuando el sacerdote volvió con el cuenco para entregárselo á Bhagat -traíalo bien colmado. - ---¿Pensaba quedarse allí? preguntó. ¿Necesitaría un _chela_ (un -discípulo) que fuera mendigando para él? ¿Tenía una manta para -abrigarse cuando hiciera frío? ¿Le gustaba la comida aquélla? - -Comió Purun Bhagat y dió gracias al donante. Su intención era quedarse; -al oir lo cual el sacerdote dijo que le bastaba con saber esto. No -tenía más que dejar el cuenco fuera del templo abandonado, en el -hueco que formaban dos raíces retorcidas, y diariamente recibiría su -alimento, porque el pueblo se tenía por muy honrado con que un hombre -como él (y al decirlo miró tímidamente á Bhagat en el rostro) se -quedara entre ellos. - -Aquel día terminó para Purun Bhagat el andar vagabundo. Había llegado -al sitio que le estaba destinado... á un lugar todo silencio y espacio. -Después de esto paróse el tiempo, y él mismo, sentado á la entrada -del templo, no podía decir si estaba vivo ó muerto; si era un hombre -cuya voluntad mandaba en los miembros de su cuerpo, ó si formaba parte -integrante de las montañas, de las nubes, de la mudable lluvia y de la -luz del sol. Se repetía á sí mismo dulcemente un _Nombre_ centenares y -centenares de veces, hasta que, á cada repetición, parecía separarse -más y más del cuerpo, y llegar, deslizándose, á las puertas de alguna -tremenda revelación; pero, en el preciso instante de abrirse la puerta, -le arrastraba hacia atrás el cuerpo, y con dolor se sentía otra vez -atado á la carne y á los huesos de Purun Bhagat. - -Cada mañana el cuenco lleno era colocado en silencio sobre la especie -de muleta que formaban las retorcidas raíces fuera del templo. Traíalo, -algunas veces, el sacerdote; otras un mercader ladakhi que paraba en -el pueblo, y que, ganoso de hacer méritos, subía trabajosamente por -el atajo; pero, con más frecuencia, la portadora era la misma mujer -que había cocinado la comida la noche antes, y murmuraba, tan bajo que -apenas se la oía: - ---Interceded por mí ante los dioses, Bhagat. Rogad por Fulana, la mujer -de Mengano. - -De cuando en cuando, á algún muchacho atrevido se le permitía igual -honor, y Purun Bhagat le oía poner el cuenco y echar á correr tan -aprisa como sus piernecitas le permitían; pero el Bhagat nunca -descendió hasta el pueblo. Veíalo extendido como un mapa, á sus pies. -Podía ver también las reuniones que en él se celebraban, al caer de -la tarde, en el círculo donde estaban las eras, porque era éste el -único terreno llano que allí había; contemplar el estupendo y poco -nombrado verdor del arroz cuando es joven; los tonos de azul de añil -que mostraba el maíz; los pedazos de terreno en que se cultivaba el -alforfón, semejantes á diques; y, en su estación propia, la roja flor -del amaranto, cuyas diminutas semillas, por no ser grano ni legumbre, -constituyen un alimento que puede tomar, sin faltar por ello en lo más -mínimo, todo indio en época de ayuno. - -Cuando el año tocaba ya á su fin, los techos de las chozas parecían -cuadros llenos de purísimo oro, porque sobre los techos era donde -ponían los aldeanos las mazorcas de maíz para que se secaran. La cría -de abejas y la recolección de los granos; la siembra del arroz y su -descascarillado, fueron pasando ante su vista; todo ello como bordado -allá abajo, en los pedazos de campo de mil distintas orientaciones. -Y él meditó sobre cuanto se ofrecía á su vista, preguntándose á qué -conducía todo aquello en último, definitivo resultado. - -Hasta en los sitios poblados de la India, no puede un hombre estarse -sentado y completamente quieto durante un día entero, sin que los -animales salvajes corran por encima de su cuerpo como si fuera una -roca; y en aquella soledad pronto ellos, que conocían perfectamente el -templo de Kali, fueron llegando para ver al intruso. Los _langures_, -los grandes monos del Himalaya, de grises patillas, fueron, como -es natural, los primeros, porque andan siempre devorados por la -curiosidad; y una vez hubieron tirado el cuenco, haciéndolo rodar por -el suelo, y probaron la fuerza de sus dientes sobre el atravesaño de -cobre de la muleta, y le hubieron estado haciendo muecas á la piel de -antílope, decidieron que aquel ser humano, que estaba allí sentado tan -quieto, era inofensivo. Al caer de la tarde saltaban desde los pinos, -pedían con las manos algo de comida, y luego se alejaban, balanceándose -en graciosas curvas. Gustábales también el calor del fuego, y se -apiñaban alrededor de él, hasta que Purun Bhagat se veía obligado á -empujarlos á un lado para echar leña, y más de una vez se había hallado -por la mañana con que un mono compartía con él su manta. Durante todo -el día, uno ú otro de la tribu se sentaba á su lado, mirando fijamente -hacia la nieve, dando gritos, y poniendo una cara de expresión -indeciblemente sabia y triste. - -Después de los monos llegó el _barasing_, un ciervo - -[Ilustración] de especie parecida á los nuestros; pero con más fuerza. -Iba allí para restregar los aterciopelados cuernos contra las frías -piedras de la estatua de Kali, y pateó al ver en el templo á un hombre. -Pero Purun Bhagat no se movió, y, poco á poco, el magnífico ciervo fué -avanzando oblícuamente y le tocó en un hombro con el hocico. Deslizó -Purun Bhagat una de sus frías manos sobre las tibias astas, y el -contacto pareció refrescar al animal cuya sangre ardía, y que bajó la -cabeza, con lo cual siguió Purun Bhagat restregando muy suavemente y -quitando la aterciopelada capa. Trajo luego el _barasing_ su hembra -y su cervato, mansos animales que se ponían á mascar sobre la manta -del santón, y otras veces venía solo, de noche, reluciéndole los ojos -con reflejos verdosos á la vacilante luz de la hoguera, para recibir -su porción de nueces tiernas. Al fin, el ciervo almizclero, el más -tímido y casi el menor de los ciervos, acudió también, erguidas sus -grandes orejas, que recuerdan las del conejo; y hasta el abigarrado, -silencioso _mushick-nabha_ sintió el deseo de averiguar qué era lo -que significaba la luz que brillaba en el templo, y puso su hocico, -parecido al del anta, sobre las rodillas de Purun Bhagat, yendo y -viniendo con las sombras que producía el fuego. Á todos los llamaba -Purun Bhagat «mis hermanos», y su grito de _¡Bahi! ¡Bahi!_ lanzado en -voz baja, tenía el poder de sacarlos del bosque por las tardes, si se -hallaban á distancia en que pudieran oirlo. El oso negro del Himalaya, -sombrío y malicioso (Sona, que lleva impresa bajo la barba una señal -blanca en forma de V) pasó por allí más de una vez, y como el Bhagat no -demostró tenerle miedo, tampoco Sona se mostró malhumorado, sino que -estuvo observándolo, se acercó luego y pidió su parte de caricias, un -pedazo de pan ó bayas silvestres. Muy a menudo, en la callada hora del -amanecer, cuando el Bhagat subía hasta lo más alto del desfiladero -para ver como el rojo día andaba por los nevados picos, hallábase á -Sona arrastrando las patas y gruñendo á sus plantas; metiendo una mano -curiosa bajo los caídos troncos y volviendo á sacarla con un _¡uuuf!_ -de impaciencia; ó bien sus pasos despertaban en aquella hora al oso, -que dormía enroscado, y el enorme animal levantábase erguido, pensando -que se trataba de prepararse á la lucha, hasta que oía la voz del -Bhagat y reconocía, entonces, á su mejor amigo. - -Casi todos los ermitaños y santones que viven separados de las grandes -ciudades tienen fama de obrar milagros con los animales; pero el -milagro consiste únicamente en estarse muy quieto, en no hacer nunca ni -un solo movimiento precipitado, y por largo rato, cuando menos, en no -mirar directamente al recién llegado. Vieron los aldeanos la silueta -del _barasing_ caminando altanero y como una sombra á través del -obscuro bosque que estaba detrás del templo; al _minaul_, el faisán del -Himalaya, luciendo sus hermosos colores ante la estatua de Kali, y á -los _langures_ sentados dentro y jugando con cáscaras de nuez. Algunos -muchachos habían oído también á Sona, canturreando algo para sí mismo, -como suelen hacer los osos, y con todo ello la reputación de milagrero -que adquirió el Bhagat fué afirmándose más y más. - -Y, sin embargo, nada más lejos de sus propósitos que el obrar milagros. -Creía él que todas las cosas son un enorme milagro, y cuando un -hombre llega á saber esto, sabe ya algo que le sirve de base. Estaba -firmemente persuadido de que nada había grande ni pequeño en el mundo, -y día y noche luchaba para llegar á penetrar en el corazón mismo de las -cosas, volviendo al sitio de donde su alma había salido. - -Dominado así por sus pensamientos, el descuidado cabello comenzó á -caerle por encima de los hombros; en la losa que tenía al lado de la -piel de antílope se hizo un agujerito con el continuo roce del extremo -de la muleta que sobre ella se apoyaba; el sitio, entre los troncos de -los árboles, donde día tras día descansaba el cuenco se hundió y fué -gastándose, hasta llegar á ser un hueco tan pulimentado como la misma -cáscara de color de tierra que allí se ponía; y cada animal sabía ya -de memoria el lugar exacto que le correspondía junto al fuego. Con las -estaciones cambiaron de color los campos; llenáronse y se vaciaron las -eras, y volvieron una y otra vez á llenarse; y, al llegar el invierno, -saltaron los _langures_ por entre las ramas cubiertas de ligera capa -de nieve, hasta que, con la primavera, trajeron las monas desde valles -más cálidos á sus pequeñuelos de lánguida mirada. En cuanto al pueblo, -pocos cambios hubo en él. El sacerdote había envejecido; muchos de -los que, siendo niños, solían venir con el cuenco, mandaban ahora á -sus propios hijos; y cuando alguien preguntaba á los aldeanos cuanto -tiempo había vivido su santón en el templo de Kali, allá al extremo del -desfiladero, contestaban aquéllos: «siempre». - -Llegaron entonces más lluvias de verano, tales como jamás se vieron -en aquellas montañas durante muchas estaciones. Por tres meses bien -cumplidos el valle se vió envuelto en nubes y húmeda niebla... y el -agua caía continua, sin parar, sucediéndose las tormentas una tras -otra. El templo de Kali se quedaba generalmente por encima de las -nubes, y hubo un mes entero en que el Bhagat no pudo ver ni por un -momento la aldea. Estaba aquélla envuelta por una blanca cubierta de -nubes que se balanceaba, mudaba de sitio, rodaba sobre sí misma, ó se -arqueaba hacia arriba, pero que nunca se desprendía de sus estribos, -los flancos del valle. - -Durante todo este tiempo no oyó más que los millones de ruidos que -hacía el agua por encima de las copas de los árboles; por debajo, y -siguiendo el suelo; atravesando la pinocha, cayendo gota á gota de -las mil lenguas de los enlodados helechos, y lanzándose, en fangosos -canales que acababan de abrirse, por todos los declives. Entonces -salió el sol é hizo elevarse de los _deodoras_ y de los redodendros -su agradable aroma, y con él vino aquel lejano, purísimo olor al -que llaman los montañeses «el olor de las nieves». Duró el sol una -semana, y, entonces, juntóse la lluvia en un último diluvio, y el agua -empezó á caer formando sábanas que quitaron la corteza de la tierra -y la hicieron, de nuevo, convertirse en barro. Purun Bhagat encendió -aquella noche un gran fuego, porque estaba seguro de que sus hermanos -necesitarían calor; pero ni un solo animal acudió al templo, por más -que él llamara y llamara, hasta quedarse dormido, preocupado por la -idea de lo que habría ocurrido en los bosques. - -Era ya plena noche y caía la lluvia, produciendo el ruido de mil -tambores á la vez, cuando fué despertado por unos tirones que daban -á su manta, y, alargando la mano, hallóse con la muy pequeña de un -_langur_. - ---Mejor se está aquí que entre los árboles, dijo soñoliento, levantando -un poco la mano. Toma y caliéntate. - -El mono le cogió la mano y tiró de ella con fuerza. - ---¿Qué quieres, pues, comida? dijo Purun Bhagat. Espera un rato y te la -prepararé. - -Como se arrodillara para echar leña al fuego, corrió el _langur_ hasta -la puerta del templo, lloriqueó allí á gritos, y volvió corriendo, -tirándole al hombre de la rodilla. - ---¿Qué hay? ¿Qué te ocurre, hermano? dijo Purun Bhagat, porque vió que -los ojos del _langur_ estaban preñados de cosas que no podía decir. -Como no sea que alguno de tu casta haya caído en una trampa (y aquí -no las pone nadie) no estoy dispuesto á salir con ese tiempo. ¡Mira, -hermano, hasta el _barasing_ viene aquí á buscar refugio! - -Las astas del ciervo, al entrar á grandes pasos en el templo, chocaron -contra la grotesca estatua de Kali. Bajólas en dirección de Purun -Bhagat y pateó como sintiéndose violento, resoplando con fuerza por las -contraídas narices. - ---¡Ea! ¡Ea! ¡Ea! exclamó el Bhagat haciendo castañetear los dedos. -¿Este es el pago que me das por hospedarte una noche? - -Pero el ciervo lo empujó hacia la puerta, y, al hacer esto, oyó -Purun Bhagat el ruido de algo que se abría y vió dos losas del suelo -separarse una de otra, mientras la pegajosa tierra formaba una boca -cuyos labios se apartaban con un chasquido. - ---Ya lo veo, ya, ahora, dijo Purun Bhagat. No es extraño que mis -hermanos no se sentaran alrededor del fuego esta noche. La montaña se -hunde. Y, sin embargo... ¿á qué marcharme? - -Fijó los ojos sobre el cuenco vacío y la expresión de su cara cambió -por completo. - ---Hanme dado comida diariamente desde... desde que vine, y si no me doy -prisa no quedará mañana ni un alma en todo el valle. Indudablemente, -tengo el deber de ir y advertirles á todos los que en él viven lo que -pasa. ¡Atrás, hermano! Déjame llegar hasta el fuego. - -Retrocedió de mala gana el _barasing_ y Purun Bhagat cogió un pedazo de -tea, hundiéndolo en las llamas y revolviéndolo hasta que estuvo bien -encendido. - ---¡Ah! ¿Vinísteis á avisarme? Pues ahora haremos algo que será aún -mucho mejor, mucho mejor. Vamos afuera, y préstame tu pescuezo, -hermano, porque yo no tengo más que dos pies. - -Agarró al _barasing_ por la cerdosa crucera con la mano derecha, -sostuvo la tea, que le servía de antorcha, con la izquierda, y salió -del templo, hundiéndose en la obscuridad de la noche, que era terrible. -No se sentía ni un soplo de viento, pero la lluvia apagaba casi la -vacilante luz al lanzarse el gran ciervo por la pendiente, dejándose -resbalar sobre las ancas. En cuanto salieron del bosque, otros de los -hermanos del Bhagat se reunieron con él. Oyó, aunque no pudiera verlo, -que los _langures_ se apiñaban en torno suyo, y detrás sonaba el _¡uh! -¡uh!_ de Sona. La lluvia tejió sus largas guedejas de tal modo que -parecían cuerdas; el agua le salpicaba al poner los desnudos pies en el -suelo, y su amarillo ropaje se le pegaba al frágil cuerpo envejecido; -pero él siguió andando con firme paso, apoyándose en el _barasing_. No -era ya un santón, sinó _Sir Purun Dass, K. C. I. E._, Primer Ministro -de un Estado que nada tenía de pequeño, hombre acostumbrado á mandar, -y que iba entonces á salvar no pocas vidas. Por el fangoso y rápido -sendero descendieron juntos el Bhagat y sus hermanos hasta que las -patas del ciervo tropezaron contra el muro de una era, y dió aquél un -bufido, porque su olfato le indicaba que por allí estaba el Hombre. -Hallábanse ya al extremo de la única y tortuosa calle de la aldea, y -el Bhagat golpeó con su muleta las cerradas ventanas de la casa donde -vivía el herrero, mientras la tea que le servía de antorcha llameaba al -abrigo del alero de aquélla. - ---¡Levantaos y á la calle! gritó Purun Bhagat, y él mismo no reconoció -su propia voz, porque años hacía que no hablaba en voz alta á ningún -hombre. ¡La montaña se hunde! ¡La montaña se hunde! ¡Levantaos y echaos -fuera todos los que estéis en las casas! - ---Es nuestro Bhagat, dijo la mujer del herrero. Viene rodeado de sus -animales. ¡Recoje á los pequeños y da la voz de alarma! - -Corrió ésta de casa en casa, mientras los animales apiñados en la -estrecha vía chocaban unos con otros y se atropellaban en torno del -Bhagat, y Sona resoplaba con impaciencia. - -Precipitóse á la calle toda la gente (no eran juntos más que unas -setenta personas), y, á la luz de antorchas, vieron á su Bhagat, -que aguantaba, para que no se escapara, al aterrorizado _barasing_, -mientras los monos se cogían con aspecto lastimoso á la ropa de aquel y -Sona se sentaba y comenzaba á dar bramidos. - ---¡Atravesad el valle y subid á la montaña opuesta! gritó con fuerte -voz Purun Bhagat. ¡Que no se quede nadie rezagado! ¡Nosotros iremos -detrás! - -Corrió, entonces, la gente como sólo los montañeses son capaces de -correr, porque sabían que en un hundimiento de tierras lo que había que -hacer era subirse al sitio más alto, al otro lado del valle. Huyeron, -lanzándose al estrecho río que había al extremo, y subieron, sin -aliento casi, por los terraplenados campos del otro lado, mientras el -Bhagat y sus _hermanos_ los seguían. Fueron ascendiendo por la montaña -opuesta, llamándose unos á otros por su nombre (el modo de tocar -llamada en la aldea), y, pisándoles los talones, subía trabajosamente -el gran _barasing_, sobre el cual pesaba el cuerpo casi desfallecido -de Purun Bhagat. Por fin, paróse el ciervo á la sombra de un espeso -bosque de pinos, á ciento cincuenta metros de altura en la vertiente. -Su instinto, que le advirtió del próximo hundimiento, díjole también -que allí se hallaba seguro. - -Junto á él dejóse caer casi desmayado Purun Bhagat, porque el -enfriamiento ocasionado por la lluvia y aquella desesperada ascensión -lo estaban matando; pero antes había dicho á los portadores de -antorchas desparramados por la vanguardia: - ---Paraos, y contad cuantos sois. - -Luego, añadió en voz baja dirigiéndose al ciervo, al ver que las luces -se agrupaban: - ---Quédate conmigo, hermano. Quédate... hasta... que... me muera. - -Oyóse en el aire un ruido leve como un suspiro, que se convirtió en -murmullo; luego un murmullo que fué creciendo hasta parecer rugido; -y el rugido traspasó todos los límites de lo que puede resistir el -oido humano, y la vertiente en que los aldeanos se hallaban recibió -un choque en medio de la obscuridad, retemblando sobre sus cimientos. -Entonces una nota firme, profunda, clara como un _do_ grave arrancado -á un órgano, sofocó todo otro ruido por espacio, quizás, de cinco -minutos, y, mientras duró, hasta las mismas raíces de los pinos -temblaban. Pasó, y el rumor de la lluvia, cayendo sobre innumerables -metros de tierra dura y de yerba, cambióse en ahogado tamborileo del -agua sobre tierra blanda. Esto sólo bastaba para explicarlo todo. - -Ni un solo aldeano (ni siquiera el mismo sacerdote) tuvo suficiente -valor para hablar al Bhagat, que les había salvado á todos la vida. -Acurrucáronse bajo los pinos, y allí esperaron hasta que se hizo de -día. Cuando llegó éste miraron á través del valle, y vieron que lo que -había sido bosque, y campos de cultivo, y tierras de pasto cruzadas -de senderos, era ahora informe y sucio montón, pelado, rojo, en forma -de abanico, con unos pocos árboles tirados con la copa hacia abajo -sobre el declive. Subía esta masa roja hasta muy arriba de la montaña -donde ellos buscaron refugio, deteniendo la corriente del estrecho -río, que había comenzado ya á ensancharse, formando un lago de color -de ladrillo. De la aldea, del camino que conducía al templo, y aun del -templo mismo y del bosque situado á su espalda, no quedaba ni rastro. -En el espacio de un cuarto de legua de ancho, y á más de seiscientos -metros de profundidad, todo el flanco de la montaña había materialmente -desaparecido, alisado por completo de arriba abajo. - -Y los aldeanos, uno á uno, se acercaron á su Bhagat, á través del -bosque, sin hacer ruido, para rezar ante él. Vieron entonces al -_barasing_ de pie, á su lado, y escapándose en cuanto estuvieron cerca; -oyeron á los _langures_ lamentándose por entre las ramas, y á Sona -quejándose tristemente montaña arriba; pero su Bhagat estaba muerto, -sentado, con las piernas cruzadas, apoyada la espalda en el tronco -de un árbol, la muleta bajo el sobaco, y el rostro vuelto hacia el -Noroeste. - -El sacerdote les dijo: - ---¡Mirad: he aquí un milagro tras otro, porque precisamente en esta -actitud deben ser enterrados todos los _sunnyasis_! Así, pues, donde -ahora está es donde elevaremos un templo á nuestro santón. - -Antes de terminarse el año había sido ya edificado ese templo (un -santuario pequeño, de piedra y de fango) y llamaron á la montaña la -Montaña del Bhagat, adorándolo allí y llevándole luces, flores y -dádivas, lo que continúa hasta hoy. Pero lo que no saben los aldeanos -es que el santo de su devoción es el difunto _Sir Purun Dass, K. C. I. -E., D. C. L., Ph. D._,[17] etc., que fué un tiempo Primer Ministro -del ilustrado y progresivo Estado de Mohiniwala, y miembro honorario ó -correspondiente de muchas más sabias y científicas sociedades de las -que se necesitan para hacer algo de provecho en este mundo... - - [Ilustración] - - - =Canción al estilo de Kabir=[18] - - - Leve peso era el mundo entre sus manos, - insoportable carga sus riquezas: - al _guddee_ ha preferido la mortaja - y cual _bairagi_[19] vaga por la tierra. - - No posa ya sus pies en otra alfombra - que el polvo del camino, aquel que lleva - á Delhi, y en el cual sólo le guardan - el _sal_ y el _kikar_ cuando el sol le quema. - - Su casa es el lugar en que reposa, - ya entre las gentes ó en desiertos duerma, - y él prosigue su vía, aquella vía - de perfección con que el _bairagi_ sueña. - - Ha clavado en el Hombre su mirada - y ha visto clara la verdad entera: - un Dios hubo, un Dios hay: no más que uno - Kabir, el gran Kabir, dijo que hubiera. - - Todo el problema de la acción lo mira - cual leve nube, no cual ancha niebla - roja, extendida, como en otro tiempo... - y él vaga, cual _bairagi_, por la tierra. - - Quiere aprender á amar á sus hermanos - el césped, y Dios mismo, y aun las fieras: - deja el poder y la mortaja toma: - (¿no oís, dice Kabir?)--_bairagi_ queda. - - [Ilustración] - - - NOTAS: - -[15] Iniciales del título: _Knight Commander of the Order of the Indian -Empire_.--N. del T. - -[16] _Coco de mar_ es el nombre vulgar de la _Lodoicea Secheyllarum_, -planta que pertenece al género de las monocotiledóneas, familia de las -palmeras. El fruto de este árbol es enorme. Del hueso hacen los indios -vasijas.--N. del T. - -[17] D. C. L. y Ph. D. son las iniciales de los títulos: _Doctor of -Civil Law y Doctor of Philosophy_ (Doctor en Derecho Civil y Doctor en -Filosofía).--N. del T. - -[18] Kabir es el nombre del más original é influyente de los -reformadores religiosos de la India. Es una especie de Mahoma. Aún hoy -se cuentan por miles los que «siguen el camino de Kabir», y la secta -que él fundó cuenta con importantes monasterios.--N. del T. - -[19] Usa aquí el autor la palabra _bairagi_ en otro sentido distinto -del que le da anteriormente en este mismo cuento, pero sin explicarlo, -y dejándolo á la penetración del lector, como tantos otros vocablos -exóticos que emplea deliberadamente.--N. del T. - - - [Ilustración] - - - - - LA SELVA INVASORA - - Yerba, flor y enredadera, - tiende sobre todo un velo: - que de esa raza se borre - hasta el más leve recuerdo; - que cubra negra ceniza - los altares y que en ellos - los blancos pies de la lluvia - pongan su huella en silencio; - que en el campo yermo pueda - tener el gamo su lecho, - y nadie á asustarle vaya - ni á azorar sus pequeñuelos; - que los muros se derrumben - por ceder al propio peso, - y que ni lo sepa nadie, - ni nadie en pie vuelva á verlos. - - -Recordaréis, si leisteis los primeros cuentos de esta obra, que después -que Mowgli hubo clavado en la Peña del Consejo la piel de Shere Khan -dijo á cuantos quedaban en la manada de Seeonee que, en adelante, -cazaría solo en la Selva, y los cuatro hijos de Papá Lobo y de su -esposa afirmaron que ellos cazarían también en su compañía. Pero -no es muy fácil cambiar de vida en un momento... sobre todo en la -Selva. Lo primero que hizo Mowgli cuando la manada se hubo dispersado, -marchándose los que la formaban, fué irse á la cueva donde había tenido -su hogar, y dormir allí durante un día y una noche. Luego, contóles -á Papá Lobo y á la Mamá todo lo que creyó que podrían entender de -cuantas aventuras había corrido entre los hombres, pero cuando, por la -mañana, se entretuvo en hacer que el sol se reflejara en la hoja de su -cuchillo (el mismo que le sirvió para desollar á Shere Khan), entonces -confesaron que algo había aprendido. Luego, Akela y el _Hermano Gris_ -tuvieron que contar cómo habían tomado parte en la gran embestida de -los búfalos en el torrente; Baloo subió con pena la montaña para oirlo -todo, y Bagheera se rascaba de gusto al ver de qué modo había Mowgli -dirigido su batalla. - -Rato hacía que había salido el sol, y nadie pensaba aún en irse á -dormir, antes bien, de cuando en cuando, durante el relato, levantaba -Mamá Loba la cabeza y olfateaba profundamente y con satisfacción cuando -el viento le llevaba el olor de la piel del tigre desde la Peña del -Consejo. - ---Á no ayudarme Akela y el _Hermano Gris_, nada habría podido hacer, -dijo Mowgli al terminar. ¡Ah, madre, madre! ¡Si hubieras visto á -aquellos toros negros bajar por el torrente, ó precipitarse por las -puertas de la aldea cuando me apedreaba la _manada_ de hombres! - ---Me alegro de no haber visto esto último, dijo muy tiesa Mamá Loba. No -entra en mis costumbres el permitir que traten á mis cachorros como si -fueran chacales. Buen desquite hubiera yo tomado de la manada humana; -pero perdonando á la mujer que te dió la leche. Sí, lo que es á ella la -hubiera perdonado... sólo á ella. - ---¡Calma, calma, Raksha! dijo perezosamente Papá Lobo. Nuestra _rana_ -ha vuelto... y tan sabia que hasta su propio padre tiene que lamerle -los pies... Después de esto ¿qué significa una cicatriz más ó menos en -la cabeza? Deja en paz á los hombres. - -Y Baloo y Bagheera juntos repitieron como un eco: - ---Deja en paz á los hombres. - -Mowgli, colocada la cabeza sobre uno de los lados de Mamá Loba, sonrió -tranquilamente, y dijo que, por su parte, no deseaba ver ú oir á hombre -alguno, ni husmearlo siquiera. - ---Pero (contestó Akela levantando una oreja), pero ¿y si fueran los -hombres los que no te dejaran á tí en paz, Hermanito? - ---_Cinco_ somos... dijo el Hermano Gris mirando á los allí reunidos y -castañeteando los dientes al pronunciar la última palabra. - ---También nosotros podríamos tomar parte en la caza, añadió Bagheera -sacudiendo un poco la cola y mirando á Baloo. Pero ¿por qué pensar -ahora en los hombres, Akela? - ---Por esta razón, contestó el Lobo Solitario: cuando la amarilla piel -de ese ladrón estuvo extendida sobre la peña volví yo, siguiendo -nuestra acostumbrada pista, hacia la aldea, pisando en mis mismas -huellas, volviéndome de lado y echándome, para que así se perdiera el -rastro, si alguien intentaba seguirnos. Pero cuando hube enmarañado de -tal modo ese rastro que ni yo mismo era capaz de reconocerlo, Mang, -el murciélago, llegó, vagando por entre los árboles, y se puso á -revolotear en el sitio en que yo estaba. Díjome entonces: - ---La aldea en que vive la manada de hombres que arrojó al _cachorro -humano_ está como un avispero. - ---Es que la piedra que les tiré yo era gorda, dijo, riéndose, Mowgli, -que muchas veces se había divertido en tirar papayas secas á los -avisperos, echando luego á correr hasta la laguna más próxima antes de -que los avispones se le echaran encima. - ---Preguntéle á Mang qué es lo que había visto. Díjome que á la puerta -de la aldea florecía la Flor Roja, y que, en torno suyo, se sentaban -hombres que llevaban escopetas. Ahora bien, yo sé, porque mis razones -tengo para ello (y Akela miró, al decirlo, á las antiguas cicatrices -que tenía en los lados é ijadas), que los hombres no llevan escopetas -sólo por el gusto de llevarlas. No pasará mucho tiempo, Hermanito, -antes de que un hombre nos siga el rastro... si no lo está haciendo ya. - ---Pero ¿por qué ha de seguirlo? Los hombres me han arrojado de su seno. -¿Qué más quieren? dijo, incomodado, Mowgli. - ---Un hombre eres, Hermanito, contestó Akela. No somos _nosotros_, los -Cazadores Libres, los que hemos de decirte lo que hacen los de tu -casta, ni las razones que para ello tengan. - -Apenas si tuvo tiempo de levantar una pata y ya el cuchillo de Mowgli -se clavaba en el suelo, en el sitio en que había estado aquélla. El -muchacho dió el golpe con mucha más presteza de lo que el ojo humano -está acostumbrado á ver y á seguir; pero Akela era un lobo; y hasta un -perro, que dista ya bastante de los lobos salvajes, sus abuelos, puede -despertar de profundo sueño al sentir que la rueda de un carro le toca -en un lado, y escaparse ileso antes de que aquélla le pase por encima. - ---Otra vez, dijo Mowgli con calma, volviendo el cuchillo á la vaina, -procura pensarlo dos veces antes de hablar de la _manada de los -hombres_ y de mí. - ---¡Pché! Afilado está ese diente, contestó Akela, olfateando el corte -que la hoja había hecho en el suelo; pero al vivir con la manada de -los hombres has perdido el buen ojo, Hermanito. Con el tiempo que has -necesitado tú para dejar caer el cuchillo hubiera tenido yo bastante -para matar á un gamo. - -De un salto púsose Bagheera en pie, levantó la cabeza tanto como pudo, -resopló, y cada curva de su cuerpo pareció ponerse tirante. Pronto -siguió su ejemplo el Hermano Gris, echándose un poco hacia la izquierda -para mejor recibir el viento que soplaba de la derecha; y, entre tanto, -Akela saltaba á una distancia de cerca de cincuenta metros y se quedaba -medio agachado, tirantes también todos sus músculos. Mowgli sintió -envidia al mirarlos. Tenía él tan fino el olfato como pocos hombres -puedan tenerlo; pero nunca había podido llegar á aquella extremada -finura característica de toda nariz perteneciente al Pueblo de la Selva -y que hace que cada una se asemeje á un gatillo sensible hasta á la -presión de un cabello. Además, los tres meses pasados en la ahumada -aldea habían embotado grandemente su facilidad para percibir olores. -Sea como fuere, humedeció un dedo, frotólo contra la nariz y se irguió -para mejor tomar el viento alto, que aunque es el más débil, es, sin -embargo, el que no engaña. - ---¡El hombre! gruñó Akela, dejándose caer sobre las ancas. - ---¡Buldeo! dijo Mowgli, sentándose. Sigue nuestro rastro; allá abajo -veo brillar al sol su escopeta. ¡Mirad! - -No fué más que una chispa de luz, que no duró ni un segundo y que -brotó de las lañas de latón del viejo mosquete; pero nada hay en la -Selva que brille de aquel modo, con tal chispazo, excepto cuando las -nubes emprenden la carrera por el cielo. Entonces un pedazo de mica, -un charco de agua ó hasta una hoja muy barnizada brillan como un -heliógrafo. Pero aquel día no se veían nubes y todo estaba en calma. - ---Ya sabía yo que los hombres seguirían el rastro. Por algo he dirigido -á la manada. - -Nada dijeron los cuatro cachorros; pero echaron montaña abajo, casi -aplastados contra el suelo, y parecieron fundirse con los espinos y -malezas, como un topo desaparece bajo la tierra de un prado. - ---¿Á dónde vais, así, y sin decir palabra? gritóles Mowgli. - ---¡Chis! Antes de mediodía haremos rodar por aquí su cráneo, contestó -el Hermano Gris. - ---¡Atrás! ¡Atrás! ¡Esperad! ¡Los hombres no se comen unos á otros! -chilló Mowgli. - ---¿Y quién, si no tú, es el que hace un momento quería ser lobo? ¿Quién -el que me tiró una cuchillada por creer yo que podía él ser hombre? -dijo Akela, mientras los cuatro lobos volvían de mala gana y se dejaban -caer sobre las patas traseras. - ---¿Tengo, acaso, que explicar los motivos de todo lo que se me antoje -hacer? contestó, furioso, Mowgli. - ---¡Ya apareció el Hombre! ¡Así es como los hombres hablan! murmuró -entre dientes Bagheera. ¡Así hablaban alrededor de las jaulas del Rey -en Oodeypore! Á nosotros, los de la Selva, nos consta que el hombre es -el más sabio de todos los seres creados. Pero, si diéramos siempre fe -á nuestros propios oídos, nos convenceríamos de que es lo más tonto de -este mundo. - -Elevando la voz añadió: - ---El _hombrecito_ tiene en esto razón. Los hombres cazan en cuadrilla. -Matar á uno, mientras no sepamos qué es lo que van á hacer los demás, -es cazar mal. Venid, vamos á ver qué es lo que ése hacer contra -nosotros. - ---No iremos, refunfuñó el Hermano Gris. Caza solo, Hermanito. -_Nosotros_... sabemos lo que queremos. Ya hubiera estado ahora el -cráneo á punto de traerlo aquí. - -Miraba Mowgli ya á uno ya á otro de sus amigos, palpitante el pecho y -llenos de lágrimas los ojos. Adelantóse á grandes pasos hacia los lobos -é hincando una rodilla dijo: - ---¿Por ventura no sé yo lo que quiero? ¡Miradme! - -Miráronle con cierto embarazo, y cuando sus ojos se desviaron volvió -á llamarles él una y otra vez, hasta que se les erizó el pelo en -todo el cuerpo, y les temblaron los miembros, mientras Mowgli seguía -clavándoles la vista. - ---Ahora, les dijo, de nosotros cinco ¿quién es aquí el jefe? - ---Tú, Hermanito, dijo el Hermano Gris, y se acercó á lamer el pie de -Mowgli. - ---Seguidme, pues, contestó éste. Y los cuatro le siguieron, pisándole -los talones y con la cola entre piernas. - ---Esa es la consecuencia de haber vivido con la manada de los hombres, -dijo Bagheera deslizándose tras ellos. Hay ahora en la Selva algo más -que su Ley, Baloo. - -Nada contestó el oso; pero quedóse pensando infinidad de cosas. - -Cortó Mowgli á través de la Selva sin producir el menor ruido, en -ángulo recto con el camino que seguía Buldeo, hasta que, separando -la maleza, vió al viejo con el mosquete al hombro, y siguiendo á un -trotecillo como de perro el rastro de la noche anterior. - -Recordaréis que Mowgli abandonó la aldea llevando á cuestas la pesada -carga de la piel sin adobar de Shere Khan, mientras Akela y el Hermano -Gris corrían detrás, de modo que el triple rastro quedaba marcado -con toda claridad. De pronto llegó Buldeo al sitio en que Akela había -retrocedido, como ya sabéis, y embrollado todas las señales de la -pista. Sentóse, entonces, tosió y refunfuñó, dió rápidas ojeadas, en -torno suyo y en dirección de la Selva, para recobrar el perdido rastro, -y durante todo el tiempo que estuvo haciendo esto hubiera podido tocar -con una pedrada á los que estaban observándole. Nadie puede hacer las -cosas tan silenciosamente como un lobo cuando no quiere él que le -oigan, y, en cuanto á Mowgli, aunque sus compañeros creyeran que se -movía muy pesadamente, ello es que sabía deslizarse como una sombra. -Rodeaban todos al viejo como una manada de puercos marinos rodea á un -vapor que va á toda máquina, y, mientras lo tenían encerrado en un -círculo, hablaban descuidadamente, porque se mantenían á un diapasón -muy por debajo de lo que ineducados oídos humanos pueden llegar á -percibir. (Al otro extremo de la escala se halla el agudo chillido de -Mang, el murciélago, que innumerables personas no oyen poco ni mucho. -De esta nota participan el lenguaje de los pájaros, de los murciélagos -y de los insectos). - ---Más divertido es esto que la misma caza, dijo el Hermano Gris al ver -que Buldeo se agachaba, miraba á hurtadillas y resollaba fuertemente. -Parece un cerdo perdido en las selvas de la orilla del río. ¿Qué es lo -que dice? añadió al ver que Buldeo murmuraba algo con aire furioso. - -Mowgli tradujo entonces: - ---Dice que manadas enteras de lobos debieron de bailar en torno mío... -y que en toda su vida no vió jamás un rastro así... y que está cansado. - ---Ya descansará antes de que haya podido desembrollar la pista, dijo -fríamente Bagheera dando la vuelta al tronco de un árbol como si -estuvieran todos jugando á la gallina ciega. Y _ahora_ ¿qué es lo que -hace ese viejo flacucho? - ---Comer ó sacar humo por la boca. Los hombres siempre juegan con ella, -dijo Mowgli. Y los silenciosos ojeadores vieron cómo el viejo llenaba, -encendía y chupaba una pipa de las de agua, y se fijaron especialmente -en el olor del tabaco para por él estar seguros de reconocer á Buldeo, -si era preciso, aunque fuése en mitad de la más obscura noche. - -Descendió, entonces, por el camino un grupo de carboneros, y, -naturalmente, se pararon á hablar á Buldeo, cuya fama de cazador -se extendía lo menos cinco leguas á la redonda. Sentáronse todos y -fumaron, acercándose Bagheera y los demás para observarlos, mientras -Buldeo comenzó á contar la historia de Mowgli, el niño-diablo, de cabo -á rabo, con adiciones y mentiras. Hablóles de cómo él mismo había -matado realmente á Shere Khan; de cómo Mowgli se había convertido en -lobo, luchando con él toda la tarde, y transformádose luego nuevamente -en muchacho, y embrujádole el rifle á Buldeo, de tal modo que cuando -éste se lo apuntó á Mowgli la bala dió media vuelta y fué á matar á uno -de los búfalos del propio Buldeo; finalmente, de cómo sabiendo los de -la aldea que era él el más bravo de todos los cazadores de Seeonee le -había comisionado para que fuera en busca del niño-diablo y lo matara. -Pero, entretanto, los aldeanos habían cogido á Messua y á su marido, -que eran, indudablemente, los padres del niño-diablo, y habíanlos -encerrado en su propia choza, y dentro de poco los someterían al -tormento, para hacerles confesar que él era un brujo, y una bruja ella, -tras de lo cual los quemarían vivos. - ---¿Cuándo? dijeron los carboneros, porque ellos deseaban muchísimo -estar presentes á la ceremonia. - -Contestó Buldeo que nada se haría hasta que él volviera, porque en la -aldea deseaban que matara antes al Niño de la Selva. Después de esto -despacharían á Messua y á su marido, y dividirían sus tierras y sus -búfalos entre los habitantes de la aldea. Por cierto que el marido -de Messua tenía algunos búfalos magníficos. Era muy conveniente, en -opinión de Buldeo, el ir quitando de en medio á todos los hechiceros, -y esa gente que mantiene niños-lobos sacados de la Selva, constituía, -evidentemente, la peor clase de brujos. - ---Pero ¿qué ocurriría si se enteraban de eso los ingleses? dijeron los -carboneros. Los ingleses, según ellos habían oido decir, eran gente de -tan poco seso que no querían permitir que honrados labradores mataran -en paz á sus brujos. - ---¿Y qué? contestó Buldeo: el jefe de la aldea daría parte de que -Messua y su marido habían muerto de la picadura de una serpiente. -En cuanto á _eso_ podía decirse que era ya cosa hecha; lo único que -faltaba ahora era matar al niño-lobo. ¿No habían visto ellos, por -casualidad, á aquel engendro? - -Miraron á uno y otro lado los carboneros, y dieron gracias á su -buena estrella de que pudieran decir que no; pero manifestaron que, -indudablemente, Buldeo, cuyo valor era de todos conocido, podría -encontrarle mejor que nadie. El sol iba ya al ocaso, y pensaban ellos -que acaso podrían darse una vuelta por la aldea de Buldeo para ver á -aquella bruja malvada. Á esto contestó el cazador que, aunque su deber -era matar al niño-diablo, no podía permitir que un grupo de hombres que -no iban armados atravesara la selva sin ir escoltado por él, cuando -de donde menos se pensara podía salir á cada momento el niño-diablo. -Por lo tanto, él les acompañaría, y si el hijo de los hechiceros se -presentaba... ya les enseñaría él como se las había con tal clase de -seres el mejor cazador de Seeonee. El brahmán, dijo, le había dado un -amuleto para protegerse contra aquel maligno espíritu, con lo cual nada -había, pues, que temer. - ---¿Qué dice? ¿Qué dice? ¿Qué dice? repetían los lobos cada cinco -minutos, y Mowgli iba traduciendo, hasta que llegó á aquella parte del -relato en que se hablaba de la bruja, y que era algo superior á sus -facultades, por lo que dijo que el hombre y la mujer que tan amables -habían sido con él estaban metidos en una trampa. - ---¿Pero es que los hombres se encierran unos á otros en trampas? - ---Eso dice él. No entiendo su charla. Se han vuelto locos todos. ¿Qué -tienen que ver conmigo Messua y su marido para que los metan en una -trampa, y qué significa todo eso que dice de la Flor Roja? Tendré que -ver lo que es. De todos modos, sea lo que fuere lo que le hagan á -Messua, nada realizarán hasta que vuelva Buldeo. Por lo tanto... - -Quedóse Mowgli pensando profundamente, mientras sus dedos jugaban con -el mango del cuchillo, y, entre tanto, Buldeo y los carboneros se -alejaron tranquilos, formando una hilera. - ---Me vuelvo corriendo á la manada de los hombres, dijo, al fin, Mowgli. - ---¿Y ésos? preguntó el Hermano Gris, mirando como hambriento hacia los -carboneros. - ---Cantadles un poco mientras regresan á casa, contestó Mowgli -sonriendo. No quisiera que llegaran á las puertas de la aldea hasta que -fuera de noche. ¿No podéis vosotros entretenerlos? - -El Hermano Gris enseñó los dientes con aire despreciativo. - ---O yo no sé lo que son hombres, ó podemos hacerles dar vueltas y -vueltas como cabras atadas á una cuerda... - ---No es esto lo que necesito. Cantadles un poco para que no hallen tan -solitario el camino; y la canción que cantéis, Hermano Gris, ninguna -necesidad hay de que sea de las más dulces. Acompáñalos, Bagheera, y -ayuda á entonar la canción. Cuando haya oscurecido ven á encontrarme -junto á la aldea... el Hermano Gris sabe dónde. - ---No es leve trabajo el de cazar para el _Hombrecito_. ¿Y cuándo -dormiré? dijo Bagheera bostezando, aunque en los ojos se le viera la -alegría con que se prestaba á aquel juego. ¡Cantarles yo á hombres -desnudos! Pero probemos. - -Bajó la cabeza para que el sonido llegara más lejos, y lanzó un -larguísimo grito de: _¡Buena suerte!_..., un grito para ser lanzado -en mitad de la noche y que ahora, por la tarde, no dejaba de sonar de -un modo horrible, sobre todo, como comienzo. Mowgli le oyó retumbar, -elevarse, caer, extinguirse, al fin, en una especie de lamento que -parecía arrastrarse, y sonrió á solas, al ir corriendo á través de la -Selva. Distinguía perfectamente á los carboneros agrupados en círculo, -mientras el cañón de la escopeta de Buldeo se balanceaba como una hoja -de plátano, tan pronto hacia uno como hacia otro de los cuatro puntos -cardinales. Entonces, lanzó el Hermano Gris el _¡ya-la-hi! ¡yalaha!_, -el grito de caza para los gamos, cuando la manada corre detrás del -_nilghai_, la gran vaca azul, y pareció que el grito venía del fin -del mundo, acercándose, acercándose cada vez más, hasta que terminó, -al fin, en un chillido bruscamente cortado. Contestaron al lobo los -otros tres, de tal modo que hasta el mismo Mowgli podía haber jurado -que la manada entera gritaba á la vez, y entonces, todos juntos, -prorrumpieron en la magnífica _Canción matutina en la Selva_, con -todas las variaciones, preludios y demás que sabe hacer la potente -voz de un lobo de los de la manada. He aquí la canción groseramente -traducida á nuestro lenguaje; pero imaginaos cómo debe de sonar al -romper el silencio de la tarde, en la Selva: - - Sobre la llanura no vagaban sombras - ha sólo un instante, - de ésas que tan negras tras de nuestra pista - parecen lanzarse. - - Las rocas y arbustos, en medio al reposo - matinal del aire, - con duros contornos se ven dibujados - y se alzan gigantes. - - Llegó ya el momento de gritar: ¡Descansen - cuantos con cuidado nuestra Ley guardaren! - - Recógense ahora todos nuestros pueblos - y van á ocultarse; - los fieros varones que la Selva tiene - se arrastran cobardes, - ó allá en sus guaridas permanecen quietos, - mientras el buey sale - y uncido en parejas arrastra el arado - que cien surcos abre. - - Desnuda y temible la Aurora al alzarse - sobre el horizonte parece que arde. - - ¡Á nuestros cubiles! que el sol ya despierta - la yerba brillante, - y entre los bambúes se oyen ya susurros - que llevan los aires. - - Al cruzar los bosques, que ilumina el día - ¡qué raro contraste! - Los ojos nos duelen, y casi cerrarlos - tanta luz nos hace. - - Entonces, volando va el pato salvaje - y--¡Hombres, es de día!--grita al alejarse. - - Seco en vuestras pieles está ya el rocío - que mojólas antes; - secos los caminos que él humedecía, - y en los barrizales - los charcos se truecan en frágil arcilla - que cruje al quebrarse. - La Noche, traidora, revela las huellas - que ocultaba, y parte. - - Por eso nosotros gritamos: ¡Descansen - todos los que fieles nuestra Ley guardaren! - -Pero no hay traducción que pueda darnos exacta idea del efecto que la -canción producía, ni de los desdeñosos aullidos con que _los Cuatro_ -iban diciendo cada palabra de la misma, al oir que las ramas crujían -cuando, á toda prisa, se encaramaban los hombres á ellas, mientras -Buldeo comenzaba á repetir encantos y maleficios. Después de esto, -echáronse y durmieron, porque, como todos los que viven gracias al -propio esfuerzo, eran de carácter metódico, y nadie puede trabajar bien -sin dormir. - -Entre tanto, iba Mowgli devorando leguas, más de dos por hora, -balanceando el cuerpo, contentísimo por hallarse tan ágil después de -todos los meses de sujeción que había pasado entre los hombres. Su idea -fija era sacar á Messua y á su marido de la trampa, fuera de la clase -que fuera, porque á él le inspiraban natural desconfianza todas las -trampas. Más tarde, prometíase pagar con creces las deudas que tenía -pendientes con la aldea. - -Era ya el anochecer cuando vió las tierras de pastos que tan bien -recordaba, y el árbol de _dhâk_, donde el Hermano Gris le había -esperado aquella mañana en que mató á Shere Khan. Incomodado, como -estaba, con toda la raza humana, sintió que algo le oprimía la garganta -y le obligaba á recobrar con fuerza el perdido resuello cuando tendió -la vista sobre los tejados de la aldea. Observó que todo el mundo había -vuelto del campo á hora más temprana de lo acostumbrado, y que en vez -de ir á cuidar de la cena se reunían en un gran grupo bajo el árbol de -la aldea, hablando y gritando. - ---Está visto que los hombres no están contentos más que cuando pueden -construir trampas para sus semejantes, dijo Mowgli. La otra noche era -yo... pero de aquella noche parecen haber pasado ya muchas _lluvias_. -Esta noche son Messua y _su hombre_. Mañana (y muchas noches más -después de mañana), le llegará otra vez el turno á Mowgli. - -Arrastróse á lo largo de la parte exterior del muro hasta llegar á la -choza de Messua, y, una vez allí, miró por la ventana hacia el interior -de la habitación. En ella estaba echada Messua, amordazada, atados pies -y manos, respirando fuertemente y dando gemidos; mientras á su marido -se le veía amarrado á la cama pintada de alegres colores. La puerta -de la choza que daba á la calle estaba fuertemente cerrada, y tres ó -cuatro personas se sentaban con la espalda contra ella. - -Conocía Mowgli bastante bien los usos y costumbres de los aldeanos. -Dedujo, pues, de sus observaciones que mientras pudieran aquéllos -comer, charlar y fumar nada más que esto habían de hacer; pero en -cuanto estuvieran hartos comenzarían á ser peligrosos. Dentro de poco -estaría de vuelta Buldeo, y si su escolta había cumplido con su deber, -el cazador tendría un interesantísimo cuento más que referir. Así, -pues, entró por la ventana, y, agachándose junto al hombre y la mujer, -cortó las ataduras, quitó la mordaza, y buscó en la choza un poco de -leche. - -Estaba Messua medio loca de dolor y de miedo (durante toda la mañana -había sido apaleada y apedreada), y púsole Mowgli la mano en la boca en -el preciso momento en que iba ella á dar un chillido, que así se evitó. -En cuanto á su esposo, no estaba más que desconcertado y colérico á la -vez, y se sentó limpiándose el polvo é inmundicias que tenía adheridos -á la barba, medio arrancada. - ---Ya sabía yo... ya sabía yo que vendría, dijo, al fin, Messua -sollozando. ¡Ahora sí que sé positivamente que es mi hijo! Y, al -decirlo, apretaba á Mowgli contra su corazón. - -Hasta aquel momento había estado el muchacho completamente sereno; -pero, entonces, comenzó, de pronto, á temblarle todo el cuerpo, y -grande fué su sorpresa al notarlo. - ---¿Qué significan esas ligaduras? ¿Por qué te han atado? preguntó, -después de un rato de pausa. - ---¡Verse á punto de morir por haberte hecho nuestro hijo!... ¿Qué otra -cosa quieres que sea? dijo el hombre con aspereza. ¡Mira! ¡Sangre! - -Nada dijo Messua, pero las heridas que Mowgli miraba eran las de ella, -y ambos, marido y mujer, le oyeron rechinar los dientes cuando vió la -sangre que de aquéllas manaba. - ---¿Quién ha hecho esto? dijo. Quien lo haya hecho lo pagará caro. - ---Toda la aldea ha sido. Era yo demasiado rico. Tenía demasiado ganado. -_Por lo tanto_, ella y yo somos brujos, por haberte acogido bajo -nuestro techo. - ---No lo entiendo. Que me lo cuente Messua. - ---Yo te dí leche, Natoo. ¿Te acuerdas? dijo Messua con timidez. Te -la dí porque eras mi hijo, el que el tigre me arrebató, y porque te -quería de verdad. Dijeron, entonces, que yo era tu madre, la madre de -un diablo, y que, por lo tanto, merecía la muerte. - ---Y ¿qué es un diablo? preguntó Mowgli. En cuanto á la muerte la he -visto ya. - -Miró el hombre al muchacho con aire lúgubre, pero Messua se rió. - ---¿Ves? le dijo á su marido. Ya lo sabía yo... ya decía yo que no era -él ningún hechicero. ¡Es mi hijo... mi hijo! - ---Hijo ó hechicero... ¿de qué ha de servirnos ya? contestó el hombre. -Lo que es nosotros podemos darnos por muertos. - ---Ahí está el camino de la Selva... dijo Mowgli, señalando á través de -la ventana. Libres tenéis ya manos y pies. Marchaos ahora mismo. - ---No conocemos nosotros la Selva, hijo mío, como... como la conoces tú, -comenzó á decir Messua. No creo, tampoco, que pudiera yo llegar muy -lejos. - ---Y hombres y mujeres nos seguirían para arrastrarnos nuevamente hasta -aquí, añadió el marido. - ---¡Pché! contestó Mowgli, mientras se hacía cosquillas en la palma de -la mano con la punta de su cuchillo: no tengo ningunas ganas de causar -á nadie en la aldea el menor daño... _todavía_; pero no creo que á -vosotros os detengan. De aquí á un momento tendrán otras muchas cosas -en que pensar. ¡Ah! añadió levantando la cabeza y escuchando los gritos -y el ruido de pasos fuera de la casa. ¡De modo que, por fin, han dejado -volver á Buldeo! - ---Mandáronle esta mañana para que te matara, gritó llorando Messua. ¿No -lo encontraste? - ---Sí... lo encontramos... lo encontré yo. Tiene algo que contar, y, -mientras lo cuenta, tiempo hay para hacer mucho. Pero antes tengo que -enterarme de sus propósitos. Pensad á donde queréis ir, y decídmelo -cuando vuelva. - -Saltó por la ventana y corrió, nuevamente, á lo largo del muro de -la aldea, por su parte exterior, hasta llegar á la distancia en que -pudiera oir á la muchedumbre reunida alrededor del árbol comunal. -Buldeo estaba echado en el suelo, tosiendo y gimoteando, y todos le -agobiaban á preguntas. Llevaba el cabello caído sobre los hombros; -destrozada la piel de manos y piernas, con tanto encaramarse á los -árboles; apenas podía hablar; pero estaba profundamente poseído de la -importancia de su situación. De cuando en cuando pronunciaba algunas -palabras, hablando de diablos, de canciones por ellos entonadas y de -encantamientos, lo suficiente para que la muchedumbre fuera haciendo -boca y preparándose para lo que iba á venir después. Á continuación -pidió que le trajeran agua. - ---¡Bah! exclamó Mowgli. ¡Charla... charla! ¡Habladurías! Los hombres -son hermanos de los _Bandar-log_. Ahora necesita enjuagarse la boca con -agua; después querrá echar humo por ella; y, cuando haya acabado de -hacer todo eso, le quedará aún el cuento por contar. Son los hombres -muy avisados... Nadie será capaz de guardar á Messua, hasta que tengan -todos bien atiborrados los oídos de las mentiras que cuenta Buldeo. -Y... y yo me estoy volviendo ya tan perezoso como ellos. - -Sacudió el cuerpo, deslizándose, nuevamente, en dirección de la choza. -Estaba ya sobre la ventana cuando sintió el contacto de algo contra su -pie. - ---Madre, dijo, porque inmediatamente comprendió que le tocaba una -lengua no desconocida para él, ¿qué estás haciendo ahí? - ---Oí cantar á mis hijos en el bosque, y le seguí los pasos al que -quiero yo más que á todos. Oye, ranita: tengo deseos de ver á la mujer -que te dió la leche, dijo Mamá Loba, que venía empapada toda ella de -rocío. - ---La han atado y quieren matarla. Pero yo he cortado las ligaduras, y -ella se escapará con su hombre hacia la Selva. - ---Yo iré detrás, también. Vieja soy; pero aún tengo dientes. - -Enderezóse Mamá Loba sobre sus patas traseras, y miró por la ventana -hacia el interior de la obscura choza. - -Dejóse caer sin ruido al cabo de unos momentos, y no dijo más que esto: - ---Yo fuí quien te dió la primera leche; pero verdad es lo que dice -Bagheera: el Hombre siempre vuelve al Hombre. - ---Es posible, contestó Mowgli descompuesto el rostro, que tomó -desagradable aspecto; pero lo que es esta noche disto mucho de seguir -esa pista. Espérame aquí, y procura que no te vea _ella_. - ---Tú sí que nunca me tuviste miedo, renacuajo mío, añadió Mamá Loba, -retrocediendo hasta donde crecía la yerba, alta y espesa, y hundiéndose -allí, para ocultarse como tan bien sabía hacer. - ---Y ahora, dijo alegremente Mowgli al saltar, de nuevo, dentro de la -choza, allí están todos, sentados alrededor de Buldeo, que les cuenta -lo que no ocurrió. Para cuando haya acabado, dicen que seguramente -vendrán aquí con la Flor... con fuego, quiero decir, y os quemarán á -los dos. ¿Y entonces? - ---Ya le he hablado á mi hombre, dijo Messua. Khanhiwara está á siete -leguas de aquí... pero allí podríamos encontrarnos con los ingleses... - ---Y ¿de qué manada son éstos? dijo Mowgli. - ---No sé. Son blancos, y dícese que gobiernan toda esta tierra, y no -permiten que las gentes se quemen, ó se peguen unos á otros, sin tener -testigos. Si podemos llegar allí esta noche, viviremos; pero, de lo -contrario, podemos darnos por muertos. - ---Vivid, pues. Nadie pasará esta noche por las puertas de la aldea. -Pero... ¿qué es lo que está haciendo _él_, tu hombre? - -El marido de Messua, á gatas, cavaba la tierra en un rincón de la choza. - ---Son sus ahorrillos, dijo Messua. Es lo único que podemos llevarnos. - ---¡Ah!... ¡Ya!... Eso que pasa de mano en mano, y siempre está frío. -¿Es que también fuera de este lugar lo necesitan? dijo Mowgli. - -Miróle el hombre fijamente y con aire de malhumor. - ---Ese es un tonto, y no un diablo, murmuró. Con el dinero podré -comprar un caballo. Tenemos el cuerpo demasiado adolorido para caminar -muy lejos, y dentro de una hora toda la aldea se nos vendrá detrás, -persiguiéndonos. - ---Pues yo digo que no os seguirán hasta que á mí se me antoje; pero -no está mal el pensar en procurarse un caballo, porque Messua está -fatigada. - -Levantóse el marido, y ató la última de sus rupias entre la ropa que -llevaba ceñida á la cintura. Ayudó Mowgli á Messua para que pasara por -la ventana, y el fresco aire de la noche pareció animarla; pero, á la -luz de las estrellas, la Selva quedaba muy obscura, y ofrecía temeroso -aspecto. - ---¿Sabéis la pista que conduce á Khanhiwara? susurró Mowgli. - -Contestaron ellos con un movimiento de cabeza. - ---Bueno. Tened presente que no habéis de tener miedo. Y ninguna -necesidad hay de apresurarse. Sólo que... sólo que podría ser que, -delante y detrás de vosotros, hubiera su poquito de canturreo en la -Selva. - ---¿Crees tú que nos hubiéramos arriesgado á pasar una noche en ella por -nada de este mundo, si no fuera el temor de ser quemados? Al fin y al -cabo, más vale que le maten á uno las fieras que los hombres, dijo el -marido de Messua; pero ésta miró á Mowgli y sonrió. - ---Digo (continuó Mowgli lo mismo que si él fuera Baloo y estuviera -repitiendo alguna antigua ley de la Selva, por centésima vez, á un -cachorro algo obtuso), digo que ni un sólo diente de cuantos hay en la -Selva se clavará en vuestra piel; ni una sola garra se levantará contra -vosotros. No os cerrarán el paso hombres ni fieras antes de llegar á la -vista de Khanhiwara. Ya tendréis quien os vigile. - -Volvióse Mowgli prontamente hacia Messua y añadió: - ---_Él_ no me cree; pero tú, al menos, ¿me querrás creer? - ---¡Ay, hijo mío! Con toda el alma. Seas hombre, duende ó lobo de la -Selva, yo te creo. - ---_Él_ tendrá miedo cuando oiga cantar á mi gente. Tú, enterada ya, lo -comprenderás. Andad ahora, y despacio, porque ninguna necesidad hay de -apresurarse. Las puertas de la aldea están cerradas. - -Arrojóse Messua sollozando á los pies de Mowgli; pero él la levantó -en seguida, sintiendo como un escalofrío. Echóle ella, entonces, los -brazos al cuello, y colmóle de bendiciones en cuantas formas se le -ocurrieron; pero, entre tanto, su marido miró con envidiosos ojos hacia -sus propios campos y dijo: - ---Como logremos llegar á Khanhiwara y me haga yo oir de los ingleses, -les pongo un pleito al brahmán, al viejo Buldeo y á los demás, que se -va á comer vivos á todos los de la aldea. ¡Ya les haré yo pagar doble -de lo que valen mis cosechas abandonadas y mis búfalos sin cuidar! Haré -en ellos un escarmiento: justicia seca. - -Mowgli echóse á reir. - ---No sé, dijo, lo que justicia sea; pero... volved aquí para las -próximas lluvias y veréis lo que habrá quedado. - -Alejáronse en dirección de la Selva, y Mamá Loba saltó entonces del -sitio en que estaba escondida. - ---¡Síguelos! ordenóle Mowgli, y cuida de que sepa toda la Selva que -éstos dos han de pasar sanos y salvos. Haz que corra la voz. Yo -llamaría á Bagheera. - -El largo, grave aullido alzóse y se extinguió luego, y Mowgli vió como -el esposo de Messua vacilaba y se volvía en redondo, casi decidido á -echar á correr, retrocediendo á la choza. - ---¡Adelante! gritó alegremente Mowgli. Ya os dije que habría su -poquillo de canto. Este grito os irá siguiendo hasta que lleguéis á -Khanhiwara. Es una prueba de amistad que os da la Selva. - -Hizo Messua que su marido siguiera adelante, y se perdieron en la -obscuridad ellos y Mamá Loba, mientras Bagheera se levantaba del suelo, -casi á los pies de Mowgli, temblorosa del júbilo que le inspiraba la -noche, que posee la virtud de volver feroz al Pueblo de la Selva. - ---Estoy avergonzada de ver qué hermanos tienes, dijo con susurro de -gata. - ---¿Qué? ¿No era dulce la canción que le cantaron á Buldeo? contestó -Mowgli. - ---¡Demasiado! ¡Demasiado! Hasta á mí me hicieron olvidarme de mi -dignidad, y,--¡por el cerrojo que me libertó!--te aseguro que también -yo fuí cantando por la Selva, ni más ni menos que si estuviera haciendo -el amor en la primavera. ¿No me oiste? - - [Ilustración] - ---Otra caza traía yo entre manos. Pregúntale á Buldeo si le gusta la -canción. Pero ¿dónde están _los Cuatro_? No quiero que ni uno de los de -la manada humana cruce esta noche las puertas de la aldea. - ---¿Para qué se necesitan, pues, _los Cuatro_? dijo Bagheera preparando -las garras, llameándole los ojos y subiendo de tono más que nunca -su sordo ronquido. Yo puedo detener á quien sea preciso, Hermanito. -¿Habrá, que matar á alguien, al fin? El cantar y la vista de los -hombres encaramándose á los árboles me han puesto en muy buena -disposición para ello. ¿Y quién es el Hombre para que le guardemos -consideraciones... ese cavador moreno y desnudo... que ni tiene pelo ni -dientes... y que se alimenta de tierra? Yo lo he seguido todo el día... -por la tarde... á la blanca luz del sol. Yo le he hecho ir delante -de mí como los lobos hacen con el gamo. ¡Yo soy Bagheera! ¡Bagheera! -¡Bagheera! ¡Como bailo con mi sombra así bailaba con aquellos hombres! -¡Mira! - -La enorme pantera saltó como salta un gatito para cojer la hoja seca -que da vueltas por encima de su cabeza; dió zarpazos en el aire á -derecha é izquierda, haciendo silbar aquel con los golpes; se dejó -caer de nuevo, sin el menor ruido, y volvió á saltar una y otra -vez, mientras la especie de ronquido ó de gruñido que producía iba -creciendo, como el vapor que ruge sordamente dentro de una caldera. - ---Soy Bagheera... en medio de la Selva... en plena noche, y estoy en -posesión de todas mis fuerzas. ¿Quién me resiste al atacar? Hombrecito, -de un zarpazo podría echarte al suelo la cabeza, tan aplastada como si -fuera una rana muerta en mitad del verano. - ---¡Pega, pues! dijo Mowgli en el dialecto de la aldea, no en -el lenguaje de la Selva, y las palabras humanas hicieron parar -instantáneamente á Bagheera, obligándola á sentarse temblando y -con la cabeza al mismo nivel que la de Mowgli. Una vez más miróla -éste fijamente (como había mirado antes á los cachorros cuando se -le rebelaron), en mitad de los ojos, de un color verde de berilo, -hasta que la roja, deslumbradora llamarada que parecía brillar detrás -del verde se extinguió, como la luz de un faro que apagan á larga -distancia; hasta que los ojos se bajaron, y, con ellos, la enorme -cabeza fué inclinándose también... baja... más baja á cada instante, y -el encarnado rallo de una lengua vino á frotar el pie de Mowgli por el -empeine. - ---¡Hermana! ¡Hermana! ¡Hermana! murmuraba el muchacho acariciando -con firmeza y suavidad á la vez á la pantera, desde el cuello hasta -la espalda, que con la caricia se arqueaba. ¡Estate quieta! ¡Estate -quieta! No es culpa tuya, sino de la noche. - ---Sí, los olores de la noche, dijo Bagheera con aspecto de -arrepentimiento. Este aire parece que me esté hablando á gritos. Pero -¿y _tú_ cómo sabes eso? - -Claro está que, alrededor de una aldea india, hállase el aire -impregnado de toda clase de olores, y para cualquier animal que tiene -el olfato casi como único vehículo del pensamiento, los olores poseen -la virtud de enloquecer, casi tanto como la música y ciertas drogas -la tienen respecto á los seres humanos. Mowgli acarició á la pantera -durante algunos minutos más, y ésta se tendió como un gato ante el -fuego, metidas las patas bajo el pecho, y medio cerrados los ojos. - ---Tú eres y _no eres_ uno de los de la Selva, dijo, al fin. Y yo no soy -más que una pantera negra. Pero te quiero, Hermanito. - ---Mucho se prolonga la conversación de ésos, allá á la sombra del -árbol, dijo Mowgli sin prestar atención á las últimas palabras de la -pantera. Buldeo debe de haberles contado infinidad de cuentos. Pronto -vendrán á sacar de la trampa á la mujer y al hombre para ponerlos -sobre la Flor Roja; pero se encontrarán con que la trampa se ha -abierto. ¡Ja! ¡Ja! - ---¡Vaya, escucha! dijo Bagheera. Ya se me ha pasado la fiebre. -Permíteme ir á allí para que cuando vayan ellos se encuentren conmigo. -Pocos serían los que salieran de sus casas después de verme á mí. No -será esta la primera vez que me he visto metida en una jaula, y no creo -que á mí me amarren con cuerdas. - ---Pues ten juicio, contestó Mowgli riendo, porque empezaba él mismo á -sentirse tan atrevido como la pantera, que se había ya deslizado dentro -de la choza. - ---¡Uf! gruñó Bagheera. Este sitio apesta á Hombre; pero aquí veo una -cama parecida precisamente á la que me dieron para que me acostara en -las jaulas de Oodeypore. Deja que me eche en ella. - -Mowgli oyó crugir las cuerdas de la cama, que formaban el fondo de -ésta, con el peso de la enorme fiera, al tenderse encima. - ---Por el cerrojo que me libertó, te aseguro, continuó, que han de decir -que ésta es caza mayor. Ven y siéntate á mi lado, Hermanito, que así -les gritaremos juntos: «¡Buena suerte!» - ---No; otra idea me bulle á mí en la cabeza. No ha de saber la manada de -los hombres la parte que tengo yo en ese juego. Caza tú sola. No quiero -verlos. - ---¡Sea! dijo Bagheera. ¡Ah! Ahora vienen. - -La conferencia celebrada á la sombra del árbol, allá al extremo de la -aldea, había ido convirtiéndose en ruidosísima. Estalló, al fin, en -salvajes alaridos y en una especie de alud de hombres y mujeres que -remontaban la calle blandiendo garrotes, bambúes, hoces y cuchillos. Al -frente iban Buldeo y el brahmán; pero la turba los seguía pisándoles -los talones y gritando: - ---¡Á la bruja y al brujo! ¡Vamos á ver si la moneda enrojecida al -fuego les hará confesar! ¡Ya les enseñaremos á recoger lobos ó diablos! -¡No, mejor será apalearlos primero! ¡Antorchas! ¡Más antorchas! -¡Calienta el cañón de la escopeta, Buldeo! - -Surgió aquí una pequeña dificultad: el pestillo de la puerta estaba -cerrado y asegurado fuertemente; pero la multitud lo arrancó por -completo, precipitándose la luz de las antorchas en la habitación -donde, tendida cuan larga era sobre la cama, cruzadas las patas, y -colgando un poco hacia un lado, negra como el abismo y terrible como un -diablo, estaba Bagheera. Hubo, entonces, cosa de medio minuto de mortal -silencio, mientras los de las primeras filas de la multitud, para -abrirse paso, clavaban las uñas en los que tenían detrás, retrocediendo -desde el umbral, y en aquel mismo instante levantó Bagheera la -cabeza y bostezó... bostezó trabajosa, cuidadosamente, con verdadera -ostentación, como tenía por costumbre hacer cuando quería insultar -á alguno de sus iguales. Sus labios se encogieron y levantaron; su -roja lengua se enroscó; su quijada inferior fué bajándose, bajándose, -hasta mostrar la mitad del hirviente gaznate, y los enormes caninos se -destacaron en las encías, hasta que los superiores y los inferiores -sonaron con metálico ruido al chocar, como las aceradas guardas de una -cerradura que vuelven á su sitio en los bordes de un arca. Un momento -después la calle estaba vacía; Bagheera había saltado otra vez por la -ventana y se hallaba al lado de Mowgli; y, entre tanto, un verdadero -torrente de personas huía dando alaridos, gritando desaforadamente, -atropellándose unos á otros, con el pánico que les dominaba y la prisa -para llegar cada uno á su propia choza. - ---No se moverán de allí hasta que se haga de día, dijo suavemente -Bagheera. ¿Y ahora, qué más? - -Parecía como si el silencio de la siesta se hubiera apoderado de la -aldea; pero, escuchando atentamente, oyeron el ruido de pesadas cajas -de las que sirven para guardar el grano, y que eran arrastradas sobre -suelos de tierra para colocarlas contra las puertas. Tenía razón -Bagheera: la gente de la aldea no se movería ya más hasta que se -hiciera de día. Mowgli se sentó en silencio y púsose á pensar, mientras -su rostro iba adquiriendo á cada momento tinte más sombrío. - ---Pero ¿qué he hecho yo? dijo Bagheera, por fin, echándose á sus pies -con aire zalamero. - ---Nada más que un gran bien. Obsérvalos hasta que apunte el día. Yo me -voy á dormir. - -Corrió Mowgli hacia la Selva y dejóse caer como muerto sobre una roca, -donde durmió, sin interrupción, todo el día y toda la noche siguiente. - -Al despertarse, Bagheera estaba á su lado, y á los pies tenía un gamo -que aquélla acababa de matar. Miraba la pantera curiosamente, mientras -Mowgli comenzó á manejar el cuchillo, comió, bebió, y volvióse, al fin, -de lado, con la barba apoyada en las manos. - ---El hombre y la mujer han llegado sanos y salvos á la vista de -Khanhiwara, dijo Bagheera. Tu madre mandó el aviso por medio de Chil, -el milano. Hallaron un caballo antes de media noche (de la noche en que -quedaron libres), y pudieron así alejarse con toda velocidad. ¿No te -alegras de eso? - ---Bien está, contestó Mowgli. - -Y tu manada humana, allá en la aldea, no se ha movido hasta que el -sol estaba ya alto, esta mañana. Entonces, tomaron su alimento, y -corrieron, de nuevo, hacia sus casas. - ---¿Te vieron, por casualidad? - ---Es posible. Estaba yo revolcándome á la hora del alba ante la puerta, -y podría ser, también, que hubiera cantado un poco por divertirme. -Ahora, Hermanito, no queda ya más que hacer. Vente á cazar conmigo y -con Baloo. Ha hallado unas colmenas nuevas que quiere enseñar, y todos -nosotros deseamos que vuelvas, como antes, á estar en nuestra compañía. -¡No mires así, que hasta á mí me das miedo! Ni el hombre ni la mujer -serán puestos ya sobre la Flor Roja, y todo va bien ahora en la Selva. -¿No es cierto? Olvidemos á la manada de los hombres. - ---La olvidaremos de aquí á un rato. ¿Dónde comerá esta noche Hathi? - ---Donde se le antoje. ¿Quién es capaz de decir lo que hará el -Silencioso? Pero ¿por qué lo preguntas? ¿Qué puede hacer aquí Hathi que -no podamos nosotros? - ---Dile que venga con sus tres hijos á encontrarme. - ---Pero... verdaderamente, Hermanito... no está bien que se le diga -á Hathi: «ven», ó «márchate». Acuérdate de que él es el dueño de la -Selva, y de que antes que la manada de los hombres cambiara el aspecto -de tu rostro, él te enseñó las _palabras mágicas_ de la Selva. - ---Lo mismo da. Yo tengo ahora una _palabra mágica_ contra él. Dile que -venga á encontrar á Mowgli, la Rana; y, si no te escucha á la primera -vez, dile que venga _por la destrucción de los campos de Bhurtpore_. - ---_La destrucción de los campos de Bhurtpore_, repitió Bagheera dos ó -tres veces, para estar segura de recordar las palabras. Voy en seguida, -continuó. Lo peor que puede suceder es que Hathi se enfade, y daría yo -toda la caza que puedo matar desde una luna á otra para oir una palabra -mágica que pudiera obligar al Silencioso á hacer algo. - -Marchóse, pues, dejando á Mowgli ocupado en dar furiosas cuchilladas -á la tierra con su cuchillo de desollador. No había visto Mowgli en -su vida sangre humana hasta que vió, y (lo que para él significaba -mucho más) olió la sangre de Messua sobre las ligaduras con que la -ataron. Y Messua había sido bondadosa con él, y, en cuanto al muchacho -se le alcanzaba del cariño, la quería tan de veras como de verdad -odiaba á todo el resto de la humanidad. Pero por profundo que fuera su -aborrecimiento á los hombres, á su charla, su crueldad y su cobardía, -por nada de cuanto pudiera ofrecerle la Selva se hubiera él decidido á -arrebatar una sola vida humana, y á sentir ese terrible olor de sangre, -fijo en su olfato nuevamente. Mucho más sencillo era su plan; pero -mucho más completo también, y, á solas, se reía él cuando pensaba que, -precisamente, uno de los cuentos que refería Buldeo bajo el árbol, al -caer de la tarde, era lo que le había suscitado la idea. - ---Verdaderamente fué una palabra mágica, murmuró á su oido Bagheera. -Estaban comiendo junto al río, y obedecieron como si fueran bueyes. -Míralos: ya vienen. - -Habían llegado Hathi y sus tres hijos del modo que era en ellos -habitual: sin producir el menor ruido. En los costados llevaban aun -fresco el barro del río, y Hathi mascaba pensativo el verde tallo de -un plátano que acababa de arrancar con los colmillos. Pero no había en -todo su enorme cuerpo una sola línea que no le demostrara á Bagheera -(capaz de ver las cosas con claridad cuando las tenía delante) que -no asistía á una entrevista entre el dueño de la Selva y un humano -cachorro, sino entre alguien que se presentaba con miedo y otro que -carecía de él en absoluto. Los tres hijos se balanceaban, uno al lado -de otro, detrás de su padre. - -Mowgli levantó apenas la cabeza cuando Hathi le saludó con el grito -de: _¡Buena suerte!_ Túvole mucho rato, antes de hablar, meciéndose, -levantando una pata y después otra; y, al fin, cuando despegó los -labios, fué para dirigirse á Bagheera, no á los elefantes. - ---Voy á contar un cuento que me refirió á mí el cazador que fuíste tú á -cazar hoy, dijo Mowgli. Es relativo á un elefante, viejo y sabio; que -cayó en una trampa, y al cual el palo afilado que había en el fondo de -ella le produjo una herida desde un poco más arriba de una pata hasta -la parte alta del hombro, dejándole una señal blanca. - -Tendió aquí Mowgli la mano, y, como Hathi se moviera, la luz de la luna -hizo visible una larga cicatriz blanca sobre el costado de color de -pizarra, cicatriz semejante á la que podría dejar un látigo metálico -calentado al rojo. - ---Unos hombres vinieron á sacarle de la trampa, continuó Mowgli; pero -él rompió las cuerdas con que lo ataron, porque fuerzas tenía para -ello, y se marchó, esperando, luego, á que se le hubiera cerrado -la herida. Entonces volvió, furioso, de noche, á los campos de los -cazadores aquéllos. Y ahora recuerdo que tenía tres hijos. Todo eso -sucedió hace muchas, muchísimas _lluvias_, y lejos, muy lejos, allá por -los campos de Bhurtpore. ¿Qué ocurrió en esos campos al venir la época -de la siega, Hathi? - ---Que los había ya segado yo, junto con mis tres hijos, contestó Hathi. - ---¿Y respecto á la labor de arado que sigue á la siega? dijo Mowgli. - ---Que no se dió, dijo Hathi. - ---¿Y en cuanto á los hombres que viven cerca de los verdes cultivos que -sustenta la tierra? preguntó Mowgli. - ---Se marcharon. - ---¿Y qué fué de las chozas en que dormían los hombres? dijo Mowgli. - ---Sus techos, los hicimos pedazos nosotros, y la Selva se tragó las -paredes, contestó Hathi. - ---Y ¿qué más? dijo Mowgli. - ---Tanto terreno cultivable como puedo yo recorrer en dos noches, yendo -de Este á Oeste, y en tres, de Norte á Sur, pasó á ser dominio de la -Selva. Sobre cinco aldeas arrojamos nosotros á los que la pueblan; y -en ellas, y en sus terrenos, sean de los de pastos ó de los de labor, -no hay hoy un solo hombre que se alimente de lo que produce la tierra. -Esto fué _la destrucción de los campos de Bhurtpore_, realizada por mí -y por mis tres hijos; y ahora te pregunto yo, Hombrecito, añadió Hathi -¿cómo tuviste tú noticia de todo esto? - ---Un hombre fué quien me lo dijo, y ahora observo que hasta él, Buldeo, -es capaz de decir la verdad. Bien hiciste las cosas, Hathi, el de la -cicatriz blanca; pero la segunda vez se harán aun mejor, porque habrá -un hombre que las dirija. ¿Conoces la aldea en que vive la manada -humana que me arrojó á mí de aquélla? Todos son allí perezosos, sin -sentido común y crueles; se entretienen en jugar con la boca y no matan -al débil para comérselo, sino por diversión. Cuando están hartos serían -capaces de echar sobre la Flor Roja á sus propios hijos. Yo lo he -visto. No está bien que sigan viviendo aquí por más tiempo. ¡Les tengo -odio! - ---¡Mata, pues! dijo el más joven de los hijos de Hathi cogiendo un -manojo de yerba, sacudiéndolo entre sus patas delanteras y arrojándolo -lejos, mientras sus ojos, pequeños y rojizos, miraban de soslayo á uno -y otro lado. - ---¿Y para qué necesito yo huesos blancos? contestó Mowgli con malhumor. -¿Soy acaso algún lobato para entretenerme jugando al sol con algún -cráneo? Maté á Shere Khan, y su piel se pudre allá sobre la Peña del -Consejo; pero... pero no sé adonde ha ido á parar él, y vacío de su -carne tengo aun el estómago. Esta vez quiero algo que pueda yo verlo y -tocarlo. ¡Lanza á la Selva en masa contra la aldea, Hathi! - -Al oir esto estremecióse Bagheera y se acurrucó. Comprendía ella, -suponiendo que se llevaran las cosas hasta el extremo, una rápida -embestida por la calle del pueblo y unos cuantos golpes repartidos á -diestro y siniestro entre la multitud, ó bien el matar por astutos -medios á algunos hombres, mientras araban, allá á la hora del -crepúsculo; pero ese proyecto de borrar deliberadamente de la vista de -hombres y de fieras á toda una aldea la aterrorizaba. Ahora comprendía -porque Mowgli había mandado llamar á Hathi. Nadie más que el elefante, -que tan larga vida contaba, podía trazar el plan de semejante guerra y -llevarla á cabo. - ---Que corran como corrieron los hombres que cultivaban los campos de -Bhurtpore, hasta que el agua de lluvia sea el único arador que trabaje -la tierra... hasta que el ruido de aquélla, al caer sobre las hojas, -venga á reemplazar al del huso... hasta que Bagheera y yo podamos -echarnos en la casa del brahmán, y el gamo vaya á beber en el estanque -que hay detrás del templo... ¡Lanza sobre esa gente á toda la Selva, -Hathi! - ---Pero yo... pero nosotros no tenemos cuestión alguna pendiente con -ellos, y es preciso sentir toda la rabia que un gran dolor da para -destrozar los sitios donde los hombres duermen, dijo Hathi dudando. - ---¿Sois vosotros, acaso, los únicos que coméis yerba en la Selva? -Trae á todas tus gentes. Deja que se encarguen de ello el ciervo, el -jabalí y el _nilghai_. No tenéis vosotros necesidad ni de que os vean -un palmo de piel hasta que los campos hayan quedado ya completamente -limpios. ¡Lanza á toda la Selva allí, Hathi! - ---¿No habrá matanza? Rojos de sangre tenía los colmillos cuando la -destrucción de los campos de Bhurtpore, y no quisiera despertar -nuevamente el olor que sentí entonces. - ---Ni yo tampoco. No desearía ni ver siquiera cómo sus huesos andan -esparcidos por la desnuda tierra. Que se vayan y busquen nuevos -cubiles: no pueden quedarse aquí. He visto, he sentido el olor de la -sangre de la mujer que me alimentó... de la mujer á quien hubieran -matado ellos á no haber sido por mí. Sólo el olor de la yerba fresca -creciendo sobre los umbrales de sus casas puede borrar de mi memoria el -otro. Parece como que me queme la boca. ¡Lanza sobre ellos á toda la -Selva, Hathi! - ---¡Ah! dijo éste, así me quemaba á mí la piel la herida que me hizo -aquella estaca, hasta que vimos como desaparecían las aldeas con el -crecimiento de la vegetación en la primavera. Ahora me hago cargo de -todo. Tu guerra la considero ya como nuestra. ¡Lanzaremos á toda la -Selva sobre ellos! - -Apenas tuvo Mowgli tiempo de recobrar el perdido aliento (todo él -temblaba de coraje y de odio) cuando ya el sitio donde habían estado -los elefantes se hallaba vacío, y Bagheera le contemplaba á él como -aterrorizada. - ---¡Por el cerrojo que me dejó escapar!... dijo, al fin, la pantera -negra, ¿eres tú aquella cosita desnuda en favor de la cual hablé en la -manada cuando todas las cosas eran más jóvenes que ahora? ¡Dueño de la -Selva, cuando pierda yo mis fuerzas habla en favor mío... habla también -en favor de Baloo... defiéndenos á todos nosotros! ¡Ante tí no somos -más que cachorros... ranillas que tu pie destroza... cervatos que han -perdido á su madre! - -La idea de que Bagheera fuera un cervatillo perdido causó tal impresión -en Mowgli que se echó á reir, perdió el aliento, volvió á recobrarlo y -á perderlo, riéndose siempre, hasta que, al fin, tuvo que zambullirse -en una laguna para que se le parara la risa. Entonces, púsose á nadar -dando vueltas en ella, hundiéndose en el agua, de cuando en cuando, ora -á la luz de la luna, ora fuera de ella, como una rana, como el animal -que lleva el mismo nombre que á él le daban. - -Entretanto, Hathi y sus tres hijos habían partido separados, en -dirección de los cuatro puntos cardinales, y se alejaban á grandes -pasos por los valles, á un cuarto de legua de distancia. Siguieron -andando así durante dos días (ó sea anduvieron más de quince leguas) -á través de la Selva; y cada paso que dieron y cada balanceo de sus -trompas era visto, observado cuidadosamente y comentado por Mang, Chil, -el Pueblo de los monos y todos los pájaros. Luego empezaron á comer, y -comieron tranquilamente por espacio de una semana, ó cosa así. Hathi -y sus hijos son parecidos á Kaa, la serpiente pitón de la Peña: no se -apresuran, más que cuando hay necesidad de hacerlo. - -Pasado este tiempo, y sin que nadie supiera el origen del rumor, -comenzó á esparcirse por la Selva el de que en tal ó cual valle podían -hallarse mejor comida y agua de lo acostumbrado. Los jabalíes (que son -capaces de ir al fin del mundo para procurarse algo bueno que comer) -empezaron á marcharse por grandes grupos, empujándose unos á otros -por encima de las rocas; siguiéronles los ciervos, con las pequeñas y -salvajes zorras que viven de los muertos y moribundos que hay en las -manadas de aquéllos; el _nilghai_, de pesados hombros, marchó en línea -paralela con los ciervos, y los búfalos que viven en los pantanos -fuéronse también detrás del _nilghai_. La cosa más insignificante -hubiera bastado para hacer que se volvieran las esparcidas é indóciles -manadas, que pacían de cuando en cuando, vagaban de una parte á otra, -bebían, y volvían á pacer; pero, siempre que se producía alguna alarma, -no faltaba quien se encargara de apaciguarlos á todos. Unas veces -era Sahi, el puerco espín, que venía con grandes noticias de cosas -excelentes que podían comerse con sólo ir un poco más hacia adelante; -otras era Mang el que gritaba dando ánimos, y se lanzaba por un claro -de bosque para enseñar que nada había que estorbara el paso; ó Baloo, -llena la boca de raíces, caminaba, bamboleándose, á lo largo de alguna -indecisa fila, y, mitad asustando á todos, mitad retozando con ellos, -les obligaba á tomar el verdadero camino. Muchos de los animales se -volvieron atrás, se escaparon, ó dejaron de sentir ya interés por -aquella marcha; pero también quedaron otros muchos decididos á seguir -adelante. Al cabo de unos diez días, la situación era la siguiente: -los ciervos, jabalíes, y _nilghais_ iban pulverizándolo todo, en un -círculo de dos leguas ó dos leguas y media de radio, mientras los -animales carnívoros libraban sus escaramuzas en los bordes de aquel -gran círculo. Y el centro de éste era la aldea; y alrededor de ella -iban madurando las cosechas; y en medio de los campos que las contenían -había hombres sentados en lo que allí se llaman _machans_ (plataformas -parecidas á palomares, hechas de palos colocados sobre cuatro puntales) -para espantar á los pájaros y á los ladrones de otra clase. Entonces -no hubo ya más contemplaciones con los ciervos: los carnívoros, -colocándose detrás de ellos, los empujaron hacia adelante, al propio -tiempo que hacia lo interior del círculo. - -Cuando Hathi y sus tres hijos llegaron de la Selva, como deslizándose, -y rompieron con la trompa los puntales de los _machans_, era una noche -obscura. Cayeron éstos como si fueran rotos tallos de cicuta en flor, -y los hombres que junto con ellos vinieron al suelo se encontraron -con que á su lado resonaba el ruido gutural que hacen los elefantes. -Entonces, la vanguardia de los azorados ejércitos de ciervos lanzóse, -como una inundación, sobre las tierras de pastos y de cultivo, -pertenecientes á la aldea; el jabalí de agudas pezuñas é inclinado á -hozar, fuése, también, con ellos, con lo cual lo que el ciervo dejaba -lo estropeaba él; y, de cuando en cuando, algún alboroto producido por -los lobos agitaba á todas las manadas y las hacía correr de un lado á -otro como locas, pisoteando la cebada verde y cegando las acequias. -Antes de que apuntara el alba, la presión sobre la parte exterior del -círculo cedió en uno de los puntos de éste. Los carnívoros habían -retrocedido, dejando abierto el paso en dirección al Sur, y por allí se -escapaban los gamos á manadas. - -De los demás animales, otros, más atrevidos, se tendían entre los -matorrales para terminar la comida á la noche siguiente. - -Pero el trabajo puede decirse que estaba ya hecho. Cuando los aldeanos -miraron hacia sus campos, por la mañana, vieron que las cosechas -estaban perdidas. Y eso significaba que la muerte se hallaba cercana -para ellos si no se marchaban, porque, un año sí y otro no, vivían tan -próximos á morirse de hambre como próxima á ellos tenían la Selva. -Al mandar á los búfalos para que fueran á pacer, los hambrientos -animales se hallaron con que los ciervos habían dejado ya limpias todas -las tierras de pastos, y así vagaron de un lado á otro por la Selva -esparciéndose y yendo á juntarse con sus semejantes no domesticados; -luego, al llegar la hora del crepúsculo, los tres ó cuatro caballitos -que había en la aldea fueron hallados muertos en sus establos, con la -cabeza destrozada. Sólo Bagheera podía haber dado golpes como aquéllos, -y sólo á ella se le hubiera ocurrido la insolente idea de arrastrar el -último cuerpo muerto hasta la calle. - -No les quedaron á los aldeanos ánimos para encender fogatas en los -campos aquella noche, y así Hathi y sus tres hijos fueron espigando -entre lo que había quedado, y donde espiguea Hathi no hay necesidad de -que nadie vaya detrás de él. Decidieron los hombres vivir del trigo -que guardaban para semilla, hasta que vinieran las lluvias, y entonces -ponerse á servir como criados para recuperar, con lo que ganaran, lo -perdido aquel año; pero mientras el negociante de granos estaba ya -pensando en sus repletos graneros y en los precios que podría obtener -al vender lo almacenado, los afilados colmillos de Hathi arrancaban -toda una esquina de su casa, hecha de tapia, y rompían la gran arca -de mimbres, cubierta de amontonado estiércol de vaca, en la cual se -guardaba el precioso grano. - -Al descubrirse esta última pérdida llegó para el brahmán el momento -oportuno de hablar. Hasta entonces había estado rezándoles á sus -propios dioses sin obtener de ellos contestación. Podría ser, dijo, -que, inadvertidamente, hubiera la aldea ofendido á alguno de los dioses -de la Selva, porque era indudable que ésta se había puesto en contra de -ellos. Como consecuencia de tales palabras mandaron á buscar al jefe -de la más próxima tribu de gondos errantes (gente pequeña, lista y muy -negra de color, que vive, dedicándose á la caza, en el corazón de la -Selva, y cuyos antepasados fueron la raza más antigua de la India), los -propietarios aborígenes de aquella tierra. Obsequiaron al gondo con lo -poco que les quedaba, y él sosteníase sobre una pierna, arco en mano, -y atravesados en el moño que formaban sus recogidos cabellos dos ó tres -dardos envenenados, siendo su aspecto de temor y desprecio, á la vez, -hacia los aldeanos, que le miraban ansiosos, y hacia sus destruidos -campos. Deseaban saber, los que le consultaban, si sus dioses (los -antiguos dioses) estaban incomodados con ellos, y qué sacrificios -había que ofrecerles. El gondo no dijo una palabra, pero cogió unos -sarmientos de _karela_, la especie de vid que produce amargas calabazas -silvestres, y los puso entrelazados sobre la puerta del templo, frente -á la cara de la roja imagen india cuyos ojos parecían mirar fijamente. -Entonces, hizo un signo, como empujando con la mano en el espacio, en -dirección del camino que conducía á Khanhiwara, y volvióse á su Selva, -observando á los animales que la poblaban moverse en todas direcciones -á través de ella. Bien sabía que cuando toda la Selva empieza á ponerse -en movimiento sólo los hombres blancos son capaces de meterla en -cintura. - -No había necesidad de preguntar lo que significaba la predicción. Las -calabazas silvestres crecerían en adelante en el sitio donde habían -ellos adorado á su dios, y, cuanto antes mejor, convenía que todos se -pusieran en salvo. - -Pero es difícil arrancar á una aldea en masa del sitio en que parece -estar sujeta con amarras. Allí siguieron sus habitantes mientras les -quedaron comestibles de los usados en verano, y hasta probaron de -alimentarse recogiendo nueces en la Selva; pero unas sombras de ojos -brillantes les observaban, pasando ante ellos aun en mitad del día; y, -cuando retrocedían corriendo hasta las paredes de sus chozas, notaban -que los troncos de los árboles, por delante de los cuales habían pasado -hacía menos de cinco minutos, tenían la corteza arrancada á tiras, -y aparecían llenos de señales, hechas, como á cincel, por alguna -enorme garra. Cuanto más se encerraban en su aldea, más atrevidas -se volvían las fieras, que corrían por los prados rugiendo, junto -al río Wainganga. Ni tiempo les quedaba para recomponer las paredes -posteriores de los establos que daban hacia la Selva: el jabalí las -pisoteaba; las vides silvestres, de nudosas raíces, se apresuraban, -luego, á clavar sus codos sobre la tierra que acababan de conquistar, -y, al fin, la gruesa yerba erizaba allí sus puntas, como las lanzas de -un ejército de fantasmas que persiguiera á otro en retirada. - -Los hombres solteros fueron los primeros en huir, y esparcieron por -todas partes la noticia de que la aldea estaba condenada á desaparecer. -¿Quién podía luchar, decían, contra la Selva, ó contra sus dioses, -cuando hasta la misma cobra de la aldea había abandonado el agujero que -ocupaba en la plataforma, bajo el árbol á cuya sombra se celebraban -las reuniones? Así, el escaso comercio que allí se practicaba con el -mundo exterior fué reduciéndose, como los caminos trillados, en los -claros de la maleza, fueron disminuyendo y borrándose. Al fin, los -trompeteos nocturnos de Hathi y de sus tres hijos dejaron de molestar -á los aldeanos, porque nada les quedaba ya que pudiera serles robado. -La cosecha que había sobre la tierra y la semilla enterrada bajo ella -habían desaparecido por igual. Los campos distantes perdían su antigua -forma, y la hora había ya llegado de acogerse á la caridad de los -ingleses que vivían en Khanhiwara. - -Siguiendo la costumbre indígena, retrasaron los aldeanos su partida, -dejándola de un día para otro, hasta que las primeras lluvias les -cogieron desprevenidos; los abandonados techos de las chozas dieron -paso á torrentes de agua; las tierras destinadas á pastos se inundaron -hasta la altura del tobillo; y toda vida pareció renacer allí con -fuerza tras los calores del verano. Entonces echaron á andar por el -barro (hombres, mujeres y niños), bajo la lluvia matinal que les -cegaba; pero se volvieron, por un impulso natural, para dar el último -adiós á sus hogares. - -En el momento en que atravesaba las puertas de la aldea la última -familia, agobiada bajo el peso de los fardos, oyóse ruido de bigas y -techos de bálago que se hundían detrás de los muros. Vieron entonces -una trompa negra y brillante, parecida á una serpiente, levantada -en alto por un momento y ocupada en esparcir el bálago hervido. -Desapareció, y pronto pudo oirse el ruido de otro hundimiento al que -siguió un agudo grito. Hathi había estado arrancando techos de las -chozas como quien arranca nenúfares, y una biga le había alcanzado -al caer. No necesitaba más que esto para mostrar toda su contenida -fuerza, porque, de cuantos seres hay en la Selva, el elefante salvaje, -cuando está furioso, es el más destructor por maldad, por gusto. Dió -una patada á una pared de tapia, que se deshizo con el golpe, y, -desmenuzándose, se convirtió en amarillo barro, gracias al torrente de -agua que caía. Entonces, volvióse en redondo, y, dando agudos gritos, -lanzóse á través de las estrechas calles, apoyándose fuertemente contra -las chozas á derecha é izquierda, destrozando las desvencijadas puertas -y aplastando los aleros, mientras sus tres hijos corrían detrás de él, -como habían corrido cuando la destrucción de los campos de Bhurtpore. - ---La Selva se tragará esas cáscaras que quedan, dijo una voz reposada, -entre las ruinas. Lo que ahora hay que echar abajo es el muro exterior, -añadió, y, en aquel momento, Mowgli, chorreándole la lluvia por los -desnudos hombros y brazos, saltó desde una pared, que se venía al -suelo como un búfalo cansado. - ---Llegas oportunamente, dijo Hathi jadeante. ¡Oh! ¡Pero en Bhurtpore -tenía yo los colmillos rojos de sangre!... ¡Al muro exterior, hijos -míos! ¡Con la cabeza! ¡Todos á la vez! ¡Ahora! - -Empujaron los cuatro, puestos uno al lado de otro; hizo comba la pared, -rajóse, y cayó, mientras los aldeanos, mudos de terror, veían las -feroces cabezas de los destructores, rayadas de arcilla, apareciendo -por el roto boquete. Entonces huyeron, sin hogar ya y sin alimentos, -por el valle, contemplando como la aldea, hecha pedazos esparcidos y -pisoteados, se desvanecía á su espalda. - -Un mes después, el lugar era un otero lleno de hoyos y cubierto de -blanda, verde yerba recién nacida, y al terminar las lluvias, la Selva -entera rugía á plenos pulmones en el sitio donde aun no hacía seis -meses que el arado solía remover la tierra. - -[Ilustración] - - - =Canción de Mowgli contra los hombres= - - ¡Sobre vosotros lanzaré las vides - de pies veloces, y á la Selva entera - mandaré luego que hasta el mismo rastro - que en pos vuestro dejéis á borrar vaya! - - Ante ella se hundirán todos los techos, - quedarán sin sostén los viejos muros, - y la amarga _karela_, como un manto - irá á cubrirlo todo con sus hojas. - - Donde á reuniros vais irán los míos - á aullar sin tregua, y del dintel colgantes - se verán en la puerta del granero - á los grandes murciélagos inmóviles; - y tendréis por guardiana á la serpiente - que en vuestro hogar reposará tranquila, - y la amarga _karela_ irá á dar fruto - donde hoy en lechos os tendéis vosotros. - - Yo haré que aunque sin ver á mis amigos - sintáis su azote y les oigáis temblando: - de noche he de mandarlos, cuando el suelo - no ilumina la luna todavía. - - Yo os daré por pastor al fiero lobo - que en no acotados campos irá á erguirse, - y la amarga _karela_ sus simientes - esparcerá donde el amor gozasteis. - - Yo en vuestros campos lanzaré á mi pueblo - y, al frente de él, aun antes que vosotros, - iré á segarlos, y, ya el pan perdido, - tendréis que ir á espigar tras nuestras huellas. - - Serán de hoy más los ciervos vuestras yuntas - para labrar las tierras devastadas, - que donde alzarse vuestro hogar solía - sólo abrirá sus hojas la _karela_. - - Sobre vosotros lanzaré las vides - de pies que lejos van: vuestros linderos - los borrará la Selva al invadiros - y el bosque ha de reinar en vuestros prados. - - Los techos se hundirán en vuestras casas, - quedarán sin sostén los viejos muros - y la amarga _karela_ con sus hojas - irá á cubriros para siempre á todos. - - [Ilustración] - - - [Ilustración] - - - - - LOS ENTERRADORES - - - Quien al chacal le llame «hermano mío» - y parta su comida con la hiena, - es como aquel que con Jacala, el vientre - que en cuatro patas corre, pacte tregua. - - _(Ley de la Selva)._ - - ---¡Respetad á los ancianos! - -La voz que esto decía era una voz pastosa (fangosa, más bien, y que os -hubiera hecho estremecer si la hubieseis oído)... una voz que parecía -el rumor de algo muy blando que se partiera en dos pedazos. Había en -ella un quiebro especial que la hacía participar del graznido y del -lamento. - ---¡Respetad á los ancianos, compañeros del río!... ¡Respetad á los -ancianos! - -Nada podía verse en toda la ancha extensión ocupada por el cauce, -exceptuando una flotilla de gabarras, de velas cuadradas y clavijas de -madera, cargada de piedras para edificaciones, y que acababa de llegar -bajo el puente del ferrocarril, siguiendo corriente abajo. Hicieron -jugar los toscos timones para evitar el banco de arena que había -formado el agua al rozar contra los estribos del puente, y mientras -pasaban, á tres de fondo, la horrible voz comenzó de nuevo á decir: - ---¡Brahmanes del río, respetad á los ancianos y achacosos! - -Volvióse uno de los barqueros, que iba sentado en la regala de uno -de los barcos, levantó la mano, dijo algo, que no era precisamente -una bendición, y los botes siguieron adelante, crujiendo de cuando -en cuando, iluminados por la luna. El ancho río indio, que tenía más -bien el aspecto de una cadena formada por lagos pequeños que el de una -verdadera corriente continua, era terso como un cristal, reflejando en -el centro el cielo de color de arena roja, pero mostrándose salpicado -de manchas amarillentas y de un color de púrpura obscuro cerca de -sus bajas orillas, y aun tocando con ellas. En la estación lluviosa -formábanse calas en el río; pero ahora sus secas bocas quedaban muy -por encima de la superficie del agua. Sobre la orilla izquierda, casi -bajo el puente del ferrocarril, veíase una aldea edificada con fango y -ladrillos, con bálago y palos, cuya principal calle, llena de ganado -que volvía á sus establos, iba en línea recta hasta el río, y terminaba -en una especie de tosco desembarcadero de ladrillo, en el que la gente -que necesitaba lavar podía meterse en el agua paso á paso. Este sitio -se llamaba el _Ghaut_ de la aldea de _Mugger-Ghaut_[20]. - -Caía la noche á más andar sobre los campos de lentejas, arroz y -algodón, en las tierras bajas, anualmente inundadas por el río; sobre -los cañaverales que bordeaban el vértice del recodo que aquél formaba, -y sobre la enmarañada maleza que crecía en las tierras de pastos, -detrás de las adormecidas cañas. Los papagayos y los cuervos, que -estuvieron charlando y dando gritos al ir á beber por la tarde, como de -costumbre, habían volado ya tierra adentro para ir á dormir, cruzándose -con los batallones de murciélagos que entonces salían; y nubes de aves -acuáticas venían silbando á buscar el abrigo de los cañaverales. Había -gansos de cabeza casi cilíndrica y de negra espalda, cercetas, patos -silbadores, lavancos, tadornas, chorlitos, y, de cuando en cuando, un -flamenco. - -Cerraba pesadamente la marcha una grulla de las llamadas _ayudantes_, -que volaba como si cada uno de sus aletazos fuera el último que iba á -dar en su vida. - ---¡Respetad á los ancianos!... ¡Brahmanes del río... respetad á los -ancianos! - -La grulla volvió á medias la cabeza, desvióse un poco en dirección de -la voz y fué á pararse muy tiesa en el banco de arena que había debajo -del puente. Entonces pudo verse bien su aire brutal y rufianesco. Por -detrás parecía de gran respetabilidad, porque medía casi dos metros de -alto, y su aspecto ofrecía bastante semejanza con el de un correctísimo -pastor protestante de gran calva. Por delante era distinto, porque -su cabeza á lo _Ally Sloper_[21] y su cuello no tenían ni una sola -pluma, y en aquél llevaba una horrible bolsa de desnuda piel... á donde -iba á parar cuanto su largo y afilado pico robaba. Eran sus patas -largas, flacas y descarnadas; pero las movía con gran suavidad y las -contemplaba con orgullo al alisarse las plumas de la cola, mirando de -soslayo por encima del hombro y cuadrándose luego, como si obedeciera -al grito de: «¡firmes!» - -Un chacal pequeño y sarnoso que había estado ladrando como perrito -hambriento allá en una hondonada, levantó las orejas y la cola y corrió -al encuentro de la grulla. - -Era el ser más bajo de toda su casta (y no quiere decir esto que en los -mejores chacales haya mucho bueno, sino que éste era una especialidad -en lo de la bajeza, por ser mitad mendigo y mitad criminal), dedicado -á limpiar los montones de basura de la aldea, exageradamente tímido -ó temerariamente fiero, con hambre perpetua, y lleno de astucia, que -jamás le sirvió para maldita la cosa. - ---¡Uf! dijo, sacudiéndose con aire lastimoso, al pararse. ¡Así la sarna -se coma á los perros de la aldea! Tres mordidas me han dado por cada -pulga que llevo encima, y todo porque miré (nada más que mirar, fijaos -bien) un zapato viejo que había en un corral de vacas. Pues ¿qué he de -comer? ¿Barro? Al decir esto se rascó debajo de la oreja izquierda. - ---Oí yo, contestó la grulla con voz que parecía el ruido de una sierra -embotada pasando á través de una gruesa tabla, oí yo decir que había un -perrillo recién nacido dentro de ese zapato. - ---Del dicho al hecho hay gran trecho, repuso el chacal que conocía -bastantes refranes, aprendidos escuchando las conversaciones que tenían -los hombres alrededor de las fogatas, al caer de la tarde. - ---Cierto que sí. Y por esto, para estar yo segura de la verdad, me -quedé cuidando á ese cachorro mientras los perros estaban ocupados en -otro sitio. - ---Estaban _muy_ ocupados, dijo el chacal. Bueno: no he de ir á caza de -lo que sobre en la aldea por algún tiempo. ¿De modo que de veras había -un perrillo ciego dentro de aquel zapato? - ---Aquí está, contestó la grulla mirando por encima del pico á su bolsa -que estaba llena. Poca cosa es, pero muy aceptable en estos tiempos en -que la caridad ha muerto en este mundo. - ---¡Ay! El mundo es duro como el hierro, en nuestros tiempos, exclamó -el chacal gimiendo. En aquel instante sus inquietos ojos notaron una -levísima ondulación en el agua, y se apresuró á decir, continuando: - ---La vida es muy dura para todos nosotros, y no dudo de que hasta -nuestro excelente amo, orgullo del _Ghaut_ y envidia del río... - ---Un embustero, un adulador y un chacal son tres cosas que salieron á -la vez de un mismo huevo, dijo la grulla sin dirigirse á nadie de un -modo determinado, porque también era ella una grandísima embustera, -cuando quería tomarse esa molestia. - ---Sí, la envidia del río..., repitió el chacal elevando la voz. Hasta -él mismo opina, sin duda, que desde que se construyó el puente es -más escasa la buena comida. Pero, por otra parte, aunque no quisiera -yo decirle esto en su propia y nobilísima cara, es él tan sabio y -virtuoso... como poco... ¡ay! tengo yo de ambas cosas... - ---Cuando el chacal confiesa que es gris muy negro debe de ser, murmuró -la grulla, á la cual no se le alcanzaba, entonces, lo que iba á suceder. - ---Que no le falte nunca la comida á él, y, como consecuencia... - -Oyóse un ruido sordo de algo que rozaba, como si un bote acabara de -tocar en sitio donde el agua fuera poco profunda. Volvióse en redondo -el chacal y se encaró (al fin más vale siempre hacerlo así), con -el animal de quien había estado hablando en aquellos momentos. Era -un cocodrilo de más de siete metros de largo, encerrado en lo que -bien podía compararse á una plancha de caldera de triples remaches, -claveteada, carenada y adornada luego con una especie de cresta; -con unos dientes amarillos cuyas puntas colgaban desde la mandíbula -superior, pasando sobre la inferior, hermosamente terminada en una -especie de pico de flauta. Era el achatado _Mugger_, ó _bocón_, de -la aldea de _Mugger-Ghaut_, más viejo que ninguno de los aldeanos, -que había dado su nombre al lugar, y algo como el diablo de aquel -río, en su parte vadeable, antes de que se construyera el puente del -ferrocarril: un asesino, un devorador de carne humana, y un fetiche -local, todo en una pieza. Quedóse tendido, con la barba en la orilla -del agua, conservándose en esta posición gracias á una casi invisible -ondulación de la cola, y bien sabía el chacal que bastaría un solo -golpe de esta última, dado en el agua, para que el _Mugger_ se elevara -por la orilla con la velocidad de una máquina de vapor. - ---¡Feliz encuentro, protector de los pobres!, dijo con servil -adulación, retrocediendo un poco á cada palabra. Oimos una voz -deliciosa y nos acercamos con la esperanza de un poco de conversación -agradable. Mi presunción desmesurada me indujo, mientras esperábamos, á -hablar de vos. Espero que nada se habrá oído por casualidad. - -Ahora bien, el chacal había hablado precisamente para que le oyeran, -porque sabía que la adulación era el mejor medio de procurarse algo -para comer; y el _Mugger_ sabía que únicamente con tal fin había -hablado el chacal; y el chacal no ignoraba que el _Mugger_ lo supiera; -y éste sabía que el chacal estaba seguro de que lo sabía él; pero, á -pesar de ello, quedábanse todos tan contentos. - -El viejísimo animal adelantóse, jadeando y gruñendo, sobre la orilla, -mientras farfullaba sus acostumbradas palabras: - ---¡Respetad á los viejos y achacosos! - -Durante todo este tiempo sus ojillos brillaban como brasas bajo los -pesados, córneos párpados, encima mismo de su triangular cabeza, al -paso que iba arrastrando el cuerpo, hinchado como un barril, entre -sus patas ganchosas. Al fin, se paró, y acostumbrado y todo, como -estaba el chacal, á sus maneras, no pudo evitar un estremecimiento, -que experimentaba ya por centésima vez, cuando vió cuan exactamente -se parecía el _Mugger_ á un leño arrojado junto á la orilla del río. -Hasta había tenido el cuidado de tenderse formando, precisamente, con -el agua el mismo ángulo que, al encallar naturalmente, formaría un -madero, teniendo en cuenta cómo era la corriente en aquella época y -lugar. Todo esto no era, por supuesto, más que cuestión de hábito, -porque el _Mugger_ había venido á tierra únicamente por gusto; pero -nunca un cocodrilo está bastante harto, y si el chacal hubiera llegado -á equivocarse, tomándolo por lo que parecía y no por lo que era, no -habría quedado con vida para seguir filosofando sobre este asunto. - ---Hijo mío, no he oído nada, dijo el _Mugger_ cerrando un ojo. Nada -podía oir, porque el agua me lo impedía, y, por otra parte, el hambre -me tenía desfallecido. Desde que se construyó el puente del ferrocarril -la gente de mi aldea ha dejado ya de quererme, y esto me tiene con el -corazón traspasado de dolor. - ---¡Qué vergüenza! dijo el chacal. ¡Un corazón tan noble como el -vuestro! Pero los hombres son todos parecidos, por lo que á mí se me -alcanza. - ---Nada de eso. Hay entre ellos muy grandes diferencias, por cierto, -contestó el _Mugger_ con dulzura. Unos son flacos como bicheros de -bote; otros, gordos como cachorros de chac... digo, de perro. Jamás -quisiera yo hablar mal de los hombres sin motivo para ello. Los hay de -muy diversas clases; pero los años me han demostrado que, en general, -son muy buenos. Ni en los hombres, ni en las mujeres, ni en los niños, -hallo yo nada que reprochar. Y acuérdate, hijo mío, de que aquel que -desprecia al mundo será despreciado por él. - ---La adulación es peor que una lata vacía en el estómago; pero la -verdad es que lo que acabo de oir no es más que sabiduría pura, dijo la -grulla, bajando una de sus patas. - ---Considerad, sin embargo, lo ingratos que son con quien es tan -bondadoso, comenzó á decir el chacal muy tiernamente. - ---¡No, no, no son ingratos! contestó el _Mugger_. Es que no piensan -en los demás: no otra cosa. Pero yo he notado, estando fijo en mi -puesto allá por debajo del vado, que las escaleras del puente nuevo -son tan difíciles de subir que es una crueldad el obligar á pasar por -ellas á los ancianos y á los niños. Los primeros no son, en realidad, -tan dignos de consideración; pero los que á mí me apenan (me apenan -verdaderamente), son los niños que están gordos. Sin embargo, paréceme -que, á no tardar, cuando haya pasado ya la novedad ésa del puente, -veremos á mis gentes chapoteando por el agua del vado como antes, -valerosamente, desnuda la morena pierna. Entonces el viejo _Mugger_ se -verá honrado otra vez. - ---Pero yo estoy seguro de haber visto guirnaldas de caléndulas flotando -en el borde del _Ghaut_ esta misma tarde, dijo la grulla. - -Las guirnaldas de caléndulas son una muestra de veneración en toda la -India. - ---Error... error. Era la mujer del vendedor de confituras. Va perdiendo -la vista cada año más, y no es capaz ya de distinguir entre un madero y -yo... el _Mugger_ del _Ghaut_. Ya ví la equivocación cuando arrojó la -guirnalda, porque estaba echado al pie mismo del _Ghaut_, y, si llega á -dar un paso más, le hubiera demostrado que había un poco de diferencia -entre lo que á ella le parecía igual. Mas, en fin, la intención era -buena y hay que considerar el espíritu de la ofrenda y no otra cosa. - ---¿De qué sirven las guirnaldas de caléndulas cuando está uno ya en el -estercolero? dijo el chacal dedicándose á cogerse las pulgas; pero no -quitando ojo, con cierto aburrimiento, de su Protector de los pobres. - ---Cierto, pero no han empezado aún á hacer el estercolero al cual he de -ir á parar yo. Cinco veces he visto el río retroceder desde la aldea y -dejar al descubierto nueva tierra, al pie de la calle. Cinco veces he -visto reedificar la aldea sobre las orillas, y la veré reedificar aun -cinco veces más. No soy yo un inconstante gavial[22], que se dedica á -coger peces, hoy en Kasi y mañana en Prayag, como dice el proverbio, -sino el verdadero y continuo vigilante del vado. Por algo, muchacho, -por algo lleva mi nombre la aldea, y «quien mucho vigila», como suele -decirse, «obtendrá, al fin, su galardón». - ---Mucho he vigilado yo... mucho... casi toda mi vida, y el premio que -he recibido son mordiscos y cardenales, dijo el chacal. - ---¡Ja, ja, ja! contestó soltando la carcajada la grulla. - - Nació el chacal en Agosto - y en Septiembre son las lluvias... - ¡y él dice que _no recuerda_ - ver llover como hoy diluvia! - -Tiene la grulla ayudante una particularidad muy desagradable. En -épocas que se reproducen con irregularidad sufre de agudos ataques -de hormigueos ó calambres en las piernas, y aunque tenga la virtud -de la resistencia en mayor grado que cualquiera de las otras clases -de grullas, que, sin embargo, muestran siempre un aire de inmensa -impasibilidad, se echa á revolotear en salvajes danzas guerreras -bailadas en su especie de zancos torcidos, abriendo á medias las alas -y moviendo de arriba abajo su cabeza calva; y mientras esto hace, por -motivos que ella sabrá, sin duda, cuida grandemente de que sus más -fuertes ataques vayan acompañados de sus más acerbas críticas. Al -terminar la última palabra de su cantar cuadróse de nuevo muy tiesa, -diez veces más digna que nunca del nombre de _ayudante_, que llevaba. - -El chacal retrocedió acobardado, aunque había visto ya sucederse en su -vida tres estaciones del año; pero no puede uno darse fácilmente por -ofendido y contestar á un insulto cuando proviene éste de quien posee -un pico de un metro de largo y el poder de clavarlo como una jabalina. -La grulla se distinguía por lo cobarde; pero el chacal era aun peor que -ella. - ---Hay que vivir para aprender, dijo el _Mugger_, y bien puede afirmarse -lo siguiente: los chacales pequeños abundan mucho; pero un _bocón_ como -yo es raro. Á pesar de ello no soy yo orgulloso, porque el orgullo -conduce á la propia perdición; mas, fíjate bien, eso es cosa del Hado, -y contra el Hado ni uno solo de los que nadan, caminan ó corren debiera -decir palabra. Yo estoy contento del Hado. Con buena suerte, buen ojo y -la costumbre de asegurarse de que está libre la salida antes de que te -metas en alguna cala ó remanso, mucho puede hacerse. - ---Oí decir una vez que hasta el Protector de los pobres se equivocó, -dijo el chacal, maliciosamente. - ---Cierto, pero hasta entonces vino el Hado en mi ayuda. Era antes de -que hubiera adquirido todo mi desarrollo... tres hambres antes de la -última que ha habido. (¡Por la margen derecha é izquierda del Ganges -que la corriente de los ríos era enorme en aquellos tiempos!) Pues -sí, era yo joven y atolondrado, y al venir la inundación que hubo -¿quién más contento que yo? Con poca cosa me bastaba entonces para -considerarme muy dichoso. La aldea estaba completamente inundada, y yo -nadé por encima del _Ghaut_ yéndome tierra adentro, hasta llegar á los -campos de arroz, que encontré llenos de barro. Acuérdome también de -un par de brazaletes (por cierto que eran de cristal y no les hice el -menor caso) que encontré aquella tarde. Sí, brazaletes de cristal, y, -si la memoria no me es infiel, también hallé un zapato. Debiera haber -sacudido aquel zapato... y el otro, pues había dos; pero estaba yo -hambriento. Más tarde aprendí á proceder mejor. ¡Ah, sí! Comí, pues, y -descansé; mas, cuando me disponía á volver al río, la inundación había -bajado ya mucho de nivel, y yo pasé caminando por el barro de la calle -principal. ¿Quién sino yo hubiera hecho esto? Acudió toda mi gente, -sacerdotes, mujeres y niños, y yo los miré con benevolencia. El fango -no se presta para que uno pueda combatir bien. Uno de los barqueros -dijo: - ---Id á buscar hachas y matadlo, que es el _Mugger_ del vado. - ---Nada de eso. ¡Mirad! Se lleva por delante la inundación. Es el dios -que protege á la aldea. - -Entonces me arrojaron gran cantidad de flores, y alguien tuvo la feliz -ocurrencia de ponerme una cabra en mitad del camino. - ---¡Qué buena!... ¡Pero qué buena es la cabra! exclamó el chacal. - ---Tiene muchos pelos... muchos pelos... y cuando se la encuentra uno en -el agua es más que probable que dentro de ella haya escondido algún -anzuelo en forma de cruz. Pero lo que es aquella cabra la acepté, y -me fuí, triunfalmente, hasta el _Ghaut_. Más tarde, el Hado hizo que -cayera en mi poder aquel barquero que había querido cortarme la cola -con un hacha. Su bote embarrancó en un banco de que vosotros no os -acordaríais ahora, aunque os dijera dónde está. - ---No _todos_ somos aquí chacales, dijo la grulla. ¿Era el banco que se -formó donde se fueron á pique los barcos que acarreaban piedras, el año -de la gran sequía... un banco de arena muy largo que duró por espacio -de tres inundaciones? - ---Había dos, dijo el _Mugger_: uno más arriba y otro más abajo. - ---¡Ah, sí! Se me había olvidado. Un canal los separaba, y más tarde -se secó también, dijo la grulla, que se sentía orgullosa de su buena -memoria. - ---En el banco de abajo fué á embarrancar la barca del hombre que tan -buenas intenciones tenía respecto á mí. Estaba durmiendo en la proa, -y, medio despierto, saltó al agua, que le llegaba hasta la cintura (ó -no, no más que hasta las rodillas) para empujar la embarcación. Ésta, -vacía, siguió adelante, yendo á tocar de nuevo en la tierra del próximo -recodo que la corriente formaba entonces. Yo fuí siguiendo también, -porque sabía que no faltarían hombres que salieran para arrastrar el -barco hasta la playa. - ---¿Y sucedió así? preguntó el chacal un poco despavorido. - -Era éste un modo de cazar tan en grande que le causaba profunda -impresión. - ---Acudieron los hombres allí y más abajo también. No fuí ya más lejos; -pero esto me permitió apoderarme de tres en un día... tres _manjis_ -(barqueros) bien gordos, y, excepto el último (con el cual tuve ya -menos cuidado que con los otros), ni uno pudo gritar para advertir á -los que se hallaban en la orilla del río. - ---¡Ah! ¡Qué modo de cazar! ¡Con qué nobleza! ¡Pero cuánta habilidad y -qué superior juicio reclama! dijo el chacal. - ---No, habilidad no, muchacho, sino solamente pensar un poco. El pensar -es á la vida lo que la sal al arroz, como dicen los barqueros, y yo he -pensado siempre profundamente. El gavial, mi primo, el que se alimenta -de peces, me tiene dicho cuán difícil es para él el seguirlos, y -cuánto difieren unos de otros, y cómo él necesita conocerlos á todos -en conjunto y á cada uno por separado. Á esto le llamo yo sabiduría; -pero, por otra parte, hay que tener en cuenta que mi primo, el gavial, -vive entre su gente. _Mi_ gente no nada por bandadas, con la boca fuera -del agua, como hace _Rewa_; ni sale constantemente á la superficie del -agua, ni se vuelve de lado, como suelen _Mohoo_ y el diminuto _Chapta_; -ni se junta en los bancos de arena después de una inundación, como -_Batchua_ y _Chilva_. - ---Todos son manjares exquisitos, dijo la grulla, acompañando las -palabras con un chasquido del pico. - ---Eso dice mi primo, y convierte en ocupación muy seria el cazarlos; -pero ellos no se le encaraman por los bancos de arena para escaparse -de sus dientes. _Mi_ gente es muy distinta. Vive en la tierra, en -casas, entre sus ganados. Yo necesito saber lo que hacen y hasta lo -que piensan hacer; y así poniendo primero la trompa del elefante, y -luego la cola, como suele decirse, reconstruyo el elefante entero. ¿Qué -cuelga de una puerta una rama verde con un anillo de hierro? Pues el -viejo _Mugger_ sabe que ha nacido un niño en aquella casa y que algún -día vendrá al _Ghaut_ á jugar. ¿Va á casarse una doncella? Pues el -viejo _Mugger_ lo sabe, porque ve cómo los hombres van y vienen con -regalos; y, al fin, ella, también, acude al _Ghaut_ para bañarse antes -de la boda, y... allí está él. ¿Qué ha cambiado el río su curso y ha -dejado nuevas tierras donde antes no había más que arena? El _Mugger_ -lo sabe igualmente. - ---Bien, ¿y de qué sirve el saber esto? dijo el chacal. El río ha -cambiado de sitio hasta durante mi corta vida. - -Los ríos en la India están casi siempre mudando su curso, y se desvían -á veces hasta media legua ó más en una sola estación, inundando los -campos de una de las orillas y esparciendo fertilizante cieno sobre la -opuesta. - - [Ilustración] - ---No hay conocimiento más útil que éste, dijo el _Mugger_, porque -á tierra nueva, nuevas pendencias. El _Mugger_ lo sabe... ¡oh, lo -sabe perfectamente! En cuanto el agua se ha retirado, arrástrase él -por las estrechas grietas que los hombres creen que no son bastante -anchas para que en ellas pueda esconderse ni un perro, y allí espera. -Á poco aparece un labriego diciendo que plantará aquí cohombros, y -allí melones, en la tierra nueva que el río le ha dado. Con los pies -desnudos tantea aquel cieno excelente. Á los pocos instantes llega -otro, diciendo que él cultivará allí cebollas, zanahorias y caña de -azúcar, en tal y tal sitio. Se acercan como dos botes que tuercen -el rumbo hacia igual punto, y, al acercarse, cada uno de ellos mira -al otro con ojos que parecen rodar bajo el enorme turbante azul. El -viejo _Mugger_ ve y oye. Danse mútuamente el nombre de _hermano_, y -van á amojonar la nueva tierra. El _Mugger_ corre, detrás de ellos, -de un lado á otro, deslizándose, muy aplastado contra el suelo, por -entre el barro. ¡Ahora empiezan á disputarse! ¡Ya se insultan! ¡Ahora -se arrancan los turbantes! ¡Ya levantan sus _lathis_ (garrotes), y, -por fin, cae uno de espaldas en el fango y el otro se va corriendo. -Cuando vuelve, la cuestión queda definitivamente zanjada, y de ello -puede dar fe el bambú herrado del vencido. Y aun no le agradecen nada -al _Mugger_. No; gritan: ¡un asesinato! y las familias se pelean á -garrotazos, veinte de este bando y veinte del otro. Mi gente son muy -buena gente... _jats_ de las montañas... _malwais_ del Bêt. Cuando -pegan, no pegan por juego, y una vez ha terminado la lucha, el viejo -_Mugger_ espera allá lejos en el río, donde no se le puede ver desde -la aldea, detrás de las matas de _kikar_ que hay por allá. Entonces, -bajan mis _jats_ de anchos hombros, ocho ó nueve juntos, á la luz de -las estrellas, conduciendo al muerto, colocado sobre una cama. Son -viejos de barba gris y de voz tan profunda como la mía. Encienden un -fuego (¡ah! ¡cómo conozco yo ese fuego!), tragan tabaco, formando un -círculo mueven la cabeza todos á la vez hacia delante, ó hacia un lado, -en dirección del muerto que está sobre la orilla. Dicen que las leyes -inglesas arreglarán aquello por medio de la horca, y que la familia del -matador tendrá que pasar por la vergüenza de ver cómo lo cuelgan en el -gran patio de la cárcel. Entonces, contestan los amigos del muerto: -«pues que lo ahorquen», y la conversación vuelve á empezar de nuevo... -una, dos, veinte veces durante la interminable noche. Al fin, dice uno: - ---La lucha fué cara á cara, con nobleza. Tomemos el dinero que nos -ofrecen y un poco más, y no digamos palabra de lo sucedido. - -Y empiezan á regatear sobre el dinero, porque el muerto era hombre -robusto y ha dejado muchos hijos. Pero todavía antes del _amratvela_ -(la salida del sol), lo queman un poco con el fuego preparado al -efecto, según la costumbre, y el muerto viene á parar á mí, y lo que -es él no dirá ya nada sobre el asunto. ¡Ah! hijos míos, el _Mugger_ -sabe... sabe muchas cosas... y los _Malwah Jats_ son muy buena gente. - ---Tienen el puño demasiado cerrado... son harto mezquinos para llenarme -el buche, dijo graznando la grulla. Ellos sí que no gastan inútilmente -el lustre poniéndolo en los cuernos de la vaca, como suele decirse; -y, á ver, quisiera yo que me dijeran ¿quién es el que puede espigar -después que ha pasado un _Malwah_? - ---¡Ah, yo!... yo espigueo... los _espigueo_ á ellos, dijo el _Mugger_. - ---Pues bien: en Calcuta del Sur, antes, siguió diciendo la grulla, todo -lo tiraban á la calle, y nosotros podíamos escoger y revolverlo todo. -¡Esos sí que eran buenos tiempos! Pero hoy... hoy las calles están -mondas como la cáscara de un huevo, y mi gente vuela hacia otro sitio. -Una cosa es ser limpio, y otra quitar el polvo, barrer y regar siete -veces cada día: eso aburre hasta á los mismos dioses. - ---Contóme un día un chacal de las tierras bajas que en Calcuta del Sur -todos los nuestros estaban gordos como nutrias en la estación de las -lluvias, dijo el chacal, haciéndosele la boca agua sólo con pensarlo. - ---¡Ah! Pero allí están los de la cara blanca... los ingleses, y ellos -llevan consigo unos perros gordos, que conducen de no sé donde, allá, -río abajo, en unos barcos, y que cuidan de que esos mismos chacales de -que hablas estén flacos, replicó la grulla. - ---¿Tienen, pues, tan duro el corazón como esa gente? Debía haberlo -supuesto. Ni la tierra, ni el cielo, ni el agua se muestran caritativos -con el chacal. Yo ví las tiendas de uno de los de la cara blanca, en la -última estación, después de las lluvias, y además le cogí unas riendas -nuevas, amarillas, para comérmelas. Los blancos no saben preparar bien -las pieles. Aquellas riendas me pusieron muy enfermo. - ---Peor es lo que me sucedió á mí, dijo la grulla. Cuando no contaba yo -más que tres estaciones y era tan joven como atrevida, fuíme al sitio -del río en que atracan los barcos grandes. Los barcos de los ingleses -tienen triple tamaño que esta aldea. - ---Ésta, por lo visto, ha estado en Delhi y quiere hacernos creer que -allí la gente anda cabeza abajo, murmuró el chacal. - -El _Mugger_ abrió el ojo izquierdo y miró fijamente á la grulla. - ---Pues es verdad, dijo la enorme ave insistiendo. Un embustero no -miente más que cuando tiene la esperanza de que le van á creer. Pues -bien: nadie que no hubiera visto aquellos barcos podría dar fe á esta -verdad que digo. - ---Esto es ya algo más puesto en razón, contestó el _Mugger_. ¿Y qué más? - ---De las profundidades de uno de aquellos barcos estaban sacando -grandes pedazos de una materia blanca que, al cabo de muy poco rato, -se deshacía, convirtiéndose en agua. Buena parte de los pedazos se -desmenuzó, cayendo sobre la orilla, y el resto lo colocaron prontamente -en una casa de gruesas paredes. Pero un barquero cogió, riéndose, uno -de aquellos trozos, que no era mayor que un perrillo, y me lo tiró. -Yo (como todos los míos) trago sin reflexionar, y también me tragué -aquello, según nuestra costumbre. Inmediatamente sentí un gran frío -que, empezando en el buche, me corría hasta la punta de los dedos, y -aun de hablar me privaba, mientras los barqueros se estaban burlando de -mí. En mi vida he sentido frío igual. Con el dolor y el aturdimiento -que experimentaba púseme á bailar hasta que pude recobrar el perdido -aliento, y entonces volví á bailar, protestando á gritos contra la -falsedad de este mundo, mientras los barqueros seguían riéndose de mí, -hasta caerse por el suelo. ¡Lo más estupendo de todo, dejando aparte -aquel frío maravilloso, es que nada, absolutamente, había en mi buche -cuando hube terminado mis lamentaciones! - -La grulla había hecho todo lo posible para describir lo que sintió -después de tragarse un pedazo de hielo de siete libras, que provenía -del lago de Wenham, traído de allí por un barco americano de los -dedicados á aquel transporte, en los tiempos en que Calcuta no -fabricaba aun con máquina el hielo; pero, como la grulla no sabía lo -que esta materia era, y como aun lo sabían menos el _Mugger_ y el -chacal, el cuento no les produjo el debido efecto. - ---Cualquier cosa, dijo el _Mugger_ cerrando nuevamente el ojo -izquierdo... _cualquier cosa_ es posible cuando la origina un barco -que tiene tres veces el tamaño de _Mugger-Ghaut_. Mi aldea no peca de -pequeña. - -Oyóse un silbido por encima del puente, y el tren correo de Delhi pasó -por él, llenos de luz todos los coches y siguiéndolos fielmente las -sombras á lo largo del río. Hundióse de nuevo, con estruendo, en la -obscuridad; pero el _Mugger_ y el chacal estaban tan acostumbrados á -oirlo que ni siquiera movieron la cabeza. - ---¿Acaso es eso menos maravilloso que un barco de triple tamaño que -_Mugger-Ghaut_? dijo el ave mirando hacia arriba. - ---Yo ví edificar eso, joven. Piedra por piedra ví cómo se elevaban -los estribos del puente, y cuando los hombres se caían desde ellos -(generalmente tenían maravillosa destreza para no poner el pie en -falso... pero, en fin, cuando se caían) allí estaba yo alerta. Desde -que el primer estribo estuvo hecho no se acordaron ya más de ir -corriente abajo, en busca de los cadáveres, para quemarlos. Con esto me -evitaron no pocas molestias. Por lo demás, nada hubo de extraño en la -construcción del puente, añadió el _Mugger_. - ---Pero ¿y eso que pasa por encima de él arrastrando los carros -cubiertos con techos? ¡Eso sí que es extraño! repitió la grulla. - ---Es, sin ningún género de duda, un buey de una nueva especie. -Algún día sucederá que no podrá sentar bien el pie, y, perdiendo el -equilibrio, se caerá del mismo modo que hicieron los hombres. El viejo -_Mugger_ estará entonces, también, alerta. - -El chacal miró á la grulla, y ésta al chacal. Si de algo estaban -seguros en este mundo era de que la máquina podía ser cualquier cosa -menos un buey. El chacal la había estado mirando repetidas veces desde -las matas de aloe que bordeaban la línea, y, en cuanto á la grulla, -estaba acostumbrada á ver locomotoras desde la primera que hubo en la -India. Pero el _Mugger_ no había visto la máquina más que desde abajo, -y la cupulilla de bronce le parecía la especie de joroba de un buey más -pronunciada. - ---Sí, un buey de nueva especie repitió el _Mugger_ pesando las palabras -como para persuadirse á sí mismo, y el chacal contestó: - ---Cierto que sí: es un buey. - ---Y también podría ser... comenzó á decir el _Mugger_ con cierta -aspereza. - ---Cierto... cierto que sí, interrumpió el chacal sin esperar á que el -otro hubiera terminado. - ---¿Qué? dijo el _Mugger_ incomodado, porque adivinaba que los demás -sabían más que él. ¿Qué es lo que podría ser? No había yo aun acabado -de hablar. Tú dijiste que era un buey. - ---Es lo que el Protector de los pobres quiera. Yo soy su servidor... y -no el de esa cosa que atraviesa el río. - ---Sea lo que fuere, es obra de los de la cara blanca, dijo la grulla, -y, por mi parte, no quisiera yo echarme en sitio que está tan cerca de -eso como este banco de arena. - ---Tú no conoces á los ingleses como yo, contestó el _Mugger_. Cuando -construían el puente había aquí un blanco que se metía en un bote, -muchas veces, á la caída de la tarde, y golpeaba con los pies las -tablas del fondo, diciendo en voz baja: ¿Está aquí? ¿Está allí? Traedme -la escopeta. Yo le oí aun antes de verle... oí cada ruido que hizo... -los crujidos, el resollar, cada golpecito dado en la escopeta, yendo -río arriba y río abajo. Tanto como era cierto que yo le había privado -de uno de sus obreros, evitando así un gran gasto de leña que hubieran -necesitado para quemarlo, era, también, constante su empeño en venirse -hasta el _ghaut_, y decir á gritos que me iba á matar, librando de -esta suerte al río de _mi_ presencia... ¡de la presencia del _Mugger_ -de _Mugger-Ghaut_! ¡Á _mí_! Hijos míos, yo nadé horas y horas bajo la -quilla de su bote, y le oí disparar su escopeta á algunos leños; y, -cuando estaba bien seguro de su cansancio, me levantaba junto á él y -hacía castañetear mis dientes frente á su misma cara. Cuando el puente -estuvo listo se marchó el inglés. Todos cazan de este modo, excepto -cuando son ellos los cazados. - ---¿Quién caza ahora á los de la cara blanca? ladró el chacal sumamente -excitado. - ---Ahora nadie; pero yo los he cazado en mis buenos tiempos. - ---Algo recuerdo de esa caza. Entonces era yo joven, dijo la grulla -haciendo sonar su pico de un modo muy significativo. - ---Estaba yo aquí perfectamente establecido. Mi aldea se reedificaba por -tercera vez, á lo que recuerdo, cuando mi primo, el gavial, trájome -noticias de unas aguas muy ricas que había más arriba de Benares. Al -principio no quise ir, porque mi primo, que no come más que peces, no -sabe, á menudo, distinguir lo bueno de lo malo; pero oí á mi gente -hablar por las tardes, y lo que dijeron me decidió. - ---¿Y qué es lo que dijeron? preguntó el chacal. - ---Lo suficiente para que yo, el _Mugger_ de _Mugger-Ghaut_, me saliera -del agua y echara á andar. Partí á pie, de noche, metiéndome hasta en -los más pequeños arroyos á medida que se me iban presentando; pero era -entonces el comienzo de la estación calurosa y todos llevaban muy poca -agua. Crucé caminos llenos de polvo; atravesé altas masas de yerba; -me encaramé por las montañas á la luz de la luna. Hasta por las rocas -trepé, hijos míos... fijaos bien en lo que os digo. Crucé el extremo -del río Sirhind, el seco, antes de que pudiera encontrar la serie de -ríos pequeños que van á desembocar al Ganges. Había un mes de estar -viajando para regresar á donde se hallaban mi gente y el río que yo -conocía. ¡Fué aquello cosa maravillosa! - ---Y la comida ¿cómo iba durante el camino? dijo el chacal, que no tenía -más alma que el estómago y no se sentía impresionado lo más mínimo por -los viajes terrestres del _Mugger_. - ---Comía lo que encontraba... _primo_, dijo el _Mugger_ muy -pausadamente, como arrastrando cada palabra. - -Ahora bien: no se llama _primo_ á nadie en la India más que en el -caso de que pueda uno llegar á establecer con esta persona cierto -parentesco, y como sólo en antiguos cuentos de hadas se casa el -_Mugger_ con algún chacal, el nuestro comprendió por qué motivo se -había visto elevado de pronto á formar parte de la parentela del -_Mugger_. - -Á haber estado solos no le hubiera importado; pero los ojos de la -grulla centellearon de gozo al oir la pesada broma. - ---La verdad es, padre, que debía haberlo sabido. - -No le gusta á ningún cocodrilo que le llamen padre de ningún chacal, y -el _Mugger_ de _Mugger-Ghaut_ contestó, entonces, mucho más de lo que -conviene repetir aquí. - ---El Protector de los pobres fué quién me llamó pariente. ¿Puedo yo -acordarme del grado exacto de parentesco que haya entre nosotros? Á -mayor abundamiento, comemos la misma clase de comida. El lo ha dicho, -repuso el chacal. - -Vino esto á agravar aun mucho más las cosas, porque á lo que tiraba el -chacal era á indicar que el _Mugger_ debía de haber devorado la comida -fresca cada día, en aquella marcha á pie, en vez de guardarla junto á -sí hasta que estuviera en el verdadero estado en que él la necesita, -como hacen todos los _muggers_ que se respetan algo, y también la mayor -parte de las fieras cuando les es posible. Á decir verdad, uno de los -mayores insultos que pueden dirigirse en toda la extensión del cauce -del río es el calificar de «devorador de carne fresca». Es casi una -cosa tan mala como el llamarle á un hombre caníbal. - ---Comida fué aquella carne hace treinta estaciones, dijo con toda -tranquilidad la grulla. Aunque estuviéramos hablando treinta estaciones -más no volveríamos á verla ya. Cuéntanos, ahora, lo que ocurrió cuando -llegaste á aquellas aguas tan buenas, después de tu sorprendente viaje -por tierra. Si fuéramos á escuchar todos los aullidos de cada chacal, -los negocios de la ciudad quedarían pronto paralizados, como dice el -proverbio. - -El _Mugger_ debió de agradecer la interrupción, porque continuó -precipitadamente: - ---¡Por las dos orillas del Ganges! ¡Cuando llegué allí me encontré con -unas aguas como no las había visto nunca parecidas! - ---¿Eran mejores que la gran inundación que hubo en la estación última? -dijo el chacal. - ---¡Mejores! Esa inundación no fué más que lo que ocurre cada cinco -años: un puñado de forasteros ahogados, algunas gallinas, y un buey -muerto que se queda en el agua cenagosa, gracias á las corrientes -cruzadas. Pero en la estación de que me he acordado ahora, el río -estaba bajo, el agua corría mansa, igual siempre, y, como ya me había -advertido el gavial, los ingleses bajaban por ella tocando uno con -otro. En aquella estación fué cuando engordé y crecí. Desde Agra, cerca -de Etawah y del sitio en que se ensancha la corriente no muy lejos de -Allahabad... - ---¡Oh! ¡Qué remolino se formó bajo los muros del fuerte de -Allahabad!... dijo la grulla. Acudieron allí como los patos á los -juncales, y bailaban dando vueltas... así. - -Empezó otra vez su horrible danza, mientras el chacal miraba con -envidia. Como era natural, él no se acordaba del terrible año de que -hablaban, del «año de la Insurrección». El _Mugger_ continuó: - ---Sí, cerca de Allahabad, se tendía uno en el agua mansa, y dejaba que -pasaran veinte para escoger uno de ellos; y había allí, principalmente, -la ventaja de que los ingleses no iban llenos de joyas y de anillos -en la nariz y en los tobillos, como mis mujeres van hoy. El que gusta -demasiado de adornos acaba con una cuerda al cuello por único collar, -como dice el refrán. Todos los cocodrilos que existían en todos los -ríos engordaron entonces; pero mi Hado quiso que yo engordara más que -ninguno de ellos. Las noticias que teníamos eran de que se cazaba á los -ingleses arrojándolos á los ríos, y ¡por las dos orillas del Ganges! -os aseguro que á nosotros nos pareció que ésa era la verdad. Así lo -creí yo durante todo el tiempo que fuí en dirección del Sur, y eso que -llegué, siguiendo la corriente, hasta más allá de Monghyr y de las -tumbas que dominan el río. - ---Ya conozco el sitio. Desde entonces es Monghyr una ciudad casi -abandonada. Poquísimos son los que viven allí ahora. - -Después de esto, fuíme corriente arriba muy despacio, perezosamente, -y un poco más arriba de Monghyr me encontré con un bote lleno de -blancos... ¡pero vivos! Eran, bien me acuerdo, mujeres, echadas bajo -una tela sostenida por unos palos, é iban llorando á gritos. Nunca -nos disparaba entonces nadie ningún tiro: nosotros éramos los únicos -guardianes de los vados en aquellos tiempos. Todas las armas de fuego -estaban ocupadas en otra parte. Las oíamos día y noche allá, tierra -adentro, y el estruendo llegaba ó se iba según de donde soplaba el -viento. Me levanté por completo frente al bote, porque nunca había -visto vivos á los de las caras blancas, aunque bien los conocía... de -otra suerte. Un niño blanco, desnudo, estaba de rodillas en uno de los -costados del bote, é inclinando el cuerpo por encima, se le antojó -arrastrar lentamente las manos por las aguas del río. Es hermoso el -ver con qué alegría juega un niño con toda agua que corre. Yo había -comido ya aquel día; pero aún me quedaba un rinconcillo vacío. Sin -embargo, más que para llenarlo, por juego, me levanté hasta tocar casi -las manos del niño. Ofrecían un blanco tan fácil que ni siquiera tuve -que mirarlas cuando cerré la boca; pero, tan pequeñas eran que, aunque -mis quijadas se cerraron debidamente (bien seguro estoy de ello), -el niño retiró con rapidez las manos sin que hubieran recibido el -menor daño. Debieron de pasar por el espacio que media entre diente y -diente... las manecitas aquéllas, tan blancas. Hubiera podido cogerle -entonces por los codos; pero, como he dicho, sólo por juego y por el -deseo de ver cosas nuevas me había yo acercado allí. Cuantos iban en el -bote gritaron, y al cabo de poco rato volví yo á levantarme del agua -para observarlos. El barco pesaba demasiado para hacerle zozobrar. -No eran más que mujeres las que en él iban; pero quien se fíe de una -mujer puede decirse que camina sobre las yerbas que ocultan el agua de -una laguna, como enseña el proverbio, y... ¡por las dos orillas del -Ganges... que es eso gran verdad! - ---Una vez una mujer me dió á mí una piel seca haciendo ver que era -un pescado, dijo el chacal. Desde entonces estoy esperando poderle -hincar el diente á su niño; pero, en fin, más vale comer la carne de un -caballo que recibir de él una coz, como dice el refrán. ¿Y qué es lo -que vuestra mujer hizo? - ---Me disparó con una escopeta muy corta, de una clase que nunca había -visto yo antes, ni volví á ver después. Cinco veces seguidas hizo fuego -(no es difícil adivinar que el _Mugger_ tuvo que habérselas con algún -revólver antiguo) y yo me quedé con la boca abierta, como bostezando, -con una nube de humo alrededor de mi cabeza. Nunca ví cosa igual á -aquélla. ¡Cinco veces, y con tanta presteza como cuando muevo yo la -cola... así! - -El chacal, que se iba sintiendo cada vez más interesado por el relato, -tuvo apenas tiempo de saltar hacia atrás en el instante mismo en que la -cola cortaba el aire como una guadaña. - ---Hasta que no hubo sonado el quinto disparo (dijo el _Mugger_ con la -tranquilidad del que nunca ha pensado en causar el menor daño á sus -oyentes), hasta que no hubo sonado el quinto disparo no me hundí en el -agua, y volví á salir de ella en el preciso momento en que un barquero -les decía á todas aquellas mujeres blancas que, sin duda, había quedado -yo muerto. Una de las balas incrustóse en mi cuello. No sé si aun está -allí, por la razón de que no puedo volver la cabeza. Ven y míralo -tú, muchacho. Así se demostrará que la historia que os he contado es -verídica. - ---¿Yo? dijo el chacal. ¿Acaso quien está acostumbrado á comer zapatos -viejos y á romper huesos, como yo, podrá dudar de la palabra del que es -la _envidia del río_? ¡Que cachorrillos ciegos se me coman la cola si -por mi pobre entendimiento ha pasado ni la sombra de semejante idea! -El Protector de los pobres se ha dignado contarme, á mí, que soy su -esclavo, que una vez en su vida ha sido herido por una mujer. Con esto -basta, y yo les contaré el cuento á todos mis hijos, sin pedir prueba -alguna de la verdad que encierra. - ---La excesiva urbanidad es, á veces, tan mala como la excesiva -descortesía, porque, como dice el proverbio, hasta con requesones puede -ahogarse á un convidado. _No_ deseo ni remotamente que ningún hijo tuyo -sepa que el _Mugger_ de _Mugger-Ghaut_ recibió de una mujer la única -herida que tiene en el cuerpo. Otras muchas cosas tendrán en que pensar -tus hijos si han de procurarse la comida por tan tristes medios como su -padre. - ---¡Queda olvidado, y desde hace mucho tiempo! ¡No se ha dicho nunca! -¡Jamás existió ninguna mujer blanca! ¡Ni siquiera hubo barco alguno! -¡Nada, absolutamente, sucedió! - -Movió el chacal la cola, como barriendo el suelo, para demostrar cuán -en absoluto quedaba todo borrado de su memoria, y se sentó dándose aire -importante. - ---La verdad es que sucedieron muchas cosas, dijo el _Mugger_, al -cual le había salido mal, por segunda vez, aquella noche, el querer -llevarle ventaja á su amigo. (Ni uno ni otro, sin embargo, tenían mala -intención. El comer y ser comido era cosa completamente legal en toda -la extensión del río, y el chacal había venido allí para recoger las -sobras de la comida del _Mugger_, cuando éste la hubiera terminado). - ---Abandoné aquel bote, continuó, y fuíme corriente arriba, y cuando -llegué á Arrah y á las aguas que están situadas detrás, no hallé ya más -ingleses muertos. Durante cierto tiempo el río estuvo completamente -vacío. Luego volvieron á verse uno ó dos cadáveres con chaquetas -encarnadas; pero no ingleses, sino todos de una misma clase (del -Indostán y _purbeeahs_)... después cinco ó seis de frente, y, al fin, -desde Arrah hasta el Norte, más allá de Agra, parecía que pueblos -enteros se habían arrojado al agua. Salían de las calas uno tras otro -como bajan los maderos en la época de las lluvias. Cuando se levantaba -el río también se levantaban ellos, por compañías enteras, de los -bancos de arena en que habían estado reposando; y, al bajar el agua de -la corriente, los arrastraba con ella por los cabellos á través de los -campos y de la tierra virgen. Toda la noche, también, yendo hacia el -Norte, oí los disparos de las armas de fuego, y durante el día el ruido -de calzados pies de hombres que atravesaban los vados, ó aquel otro -que producen las ruedas de un pesado carro al rodar sobre la arena por -debajo del agua... y cada ola traía nuevos cadáveres. Al fin, hasta yo -mismo tuve miedo, porque dije: si esto les ocurre á los hombres ¿cómo -podrá salvarse el _Mugger_ de _Mugger-Ghaut_? Había, también, barcos -que venían detrás de mí, corriente arriba, ardiendo continuamente, como -arden, á veces, las embarcaciones que llevan algodón; pero sin jamás -hundirse. - ---¡Ah! dijo la grulla; barcos como los que van á Calcuta del Sur. Son -altos y negros, tienen una cola que golpea el agua por detrás, y... - ---Y son tres veces tan grandes como mi aldea, ¿eh? _Mis_ barcos eran -bajos y blancos; golpeaban el agua á cada lado, y no eran más grandes -de lo que deben ser los de cualquiera que cuente las cosas sujetándose -á la verdad. Á mí me atemorizaron mucho, por lo que abandoné aquellas -aguas y me vine á este río mío, ocultándome de día y caminando de noche -cuando no podía hallar arroyos que me ayudaran. Volvíme á mi aldea; -pero sin la esperanza de hallar en ella á ninguno de los de mi gente. -Y, sin embargo, aquí estaban, arando, sembrando y segando, luego, las -mieses, y yendo de un lado á otro por sus campos tan tranquilamente -como sus ganados. - ---¿Y había aún buena comida en el río? dijo el chacal. - ---Más de la que podía yo desear. Hasta... y eso que yo no como barro... -hasta estaba cansado, y, por lo que recuerdo, un poco asustado de aquel -constante bajar por el río gente silenciosa. Á los de mi aldea les oí -decir que todos los ingleses habían muerto; pero los que llegaban, -boca abajo, por la corriente, no eran ingleses, como los de mi mismo -pueblo pudieron ver. Entonces, mi gente dijo que lo mejor era no hablar -palabra, pagar la contribución y arar la tierra. Al cabo de mucho -tiempo, el río fué quedando limpio de cadáveres, y los que por él -bajaban eran, sin ninguna duda, ahogados procedentes de inundaciones, -como perfectamente podía ver yo, y aunque no era tan fácil, entonces, -el procurarse comida, cordialmente me alegraba de ello. Que haya -su poco de matanza de cuando en cuando no es malo... pero hasta el -_Mugger_ puede llegar á hartarse, como ya dice el refrán. - ---¡Todo eso es maravilloso, verdaderamente maravilloso! exclamó el -chacal. Yo me he engordado nada más que de tanto oir hablar de comer. -Y después de esto ¿puedo atreverme á preguntar qué es lo que hizo el -Protector de los pobres? - ---Me dije á mí mismo (¡y por las dos orillas del Ganges que me he -mantenido firme en lo que entonces juré!) me dije á mí mismo que nunca -más volvería á ir vagabundo de aquel modo. Así, pues, he vivido junto -al _Ghaut_; bien cerca de mi gente, y los he vigilado año tras año, -y tanto han llegado á quererme que hasta me echaban guirnaldas de -caléndulas cada vez que me veían levantar la cabeza del agua. Sí, mi -Hado ha sido muy bueno conmigo, y el río entero tiene la bondad de -respetarme aunque débil y enfermo; sólo que... - ---Nadie es feliz por entero, desde el pico hasta la cola, dijo la -grulla con simpatía. ¿Qué más necesita el _Mugger_ de _Mugger-Ghaut_? - ---Aquel niño tan pequeño y tan blanco del cual no pude apoderarme, -dijo el _Mugger_ lanzando un profundo suspiro. Muy pequeño era, pero -no me he olvidado de él. Aunque soy viejo, no quisiera morirme sin -probar algo nuevo. Verdad que son gente de pies pesados, y medio locos, -y así poco juego darían al cazarlos; pero aún me acuerdo de aquellos -tiempos que pasé algo más lejos de Benares, y, si el niño vive, aún se -acordará, también, él. Es muy posible que se pasee por la orilla de -algún río diciendo que una vez pasó las manos por entre los dientes del -_Mugger_ de _Mugger-Ghaut_, y que quedó vivo y en disposición de hacer -de ello un cuento que contar. Mi Hado ha sido muy bueno conmigo; pero, -á veces, en sueños, me molesta eso... la idea de aquel niñito blanco -que iba en el bote. - -Bostezó y cerró las quijadas. - ---Y ahora, continuó, quiero descansar y pensar. Guardad silencio, -hijos míos, y respetad á los ancianos. - -Volvióse con dificultad y se arrastró hasta lo alto del banco de arena, -mientras el chacal se retiraba, con la grulla, detrás de un árbol que -había quedado detenido en el río, en el extremo más cerca del puente -del ferrocarril. - ---He aquí una vida agradable y provechosa, dijo con sardónica risa, -mirando con ademán interrogante al ave, que le dominaba desde su -altura. Y fíjate en que, ni una vez, le pareció oportuno decirme dónde -podía hallar un bocado, por casualidad, en algún banco de arena. Y, sin -embargo, cien veces le he indicado yo á él muy buenas cosas que estaban -entre el barro, allá, corriente abajo. ¡Cuán cierto es el proverbio que -dice: nadie se acuerda del chacal ni del barbero una vez ha sabido por -ellos las noticias! ¡Ahora se va á dormir! _¡Aaah!_ - ---¿Y cómo puede un chacal cazar junto con un cocodrilo? dijo la grulla, -fríamente. El uno es un ladrón de los grandes; el otro de los pequeños: -no es muy difícil el adivinar quién es el que se lleva los mejores -bocados. - -Volvióse el chacal, gimiendo con rabia, é iba á enroscarse bajo el -tronco del árbol cuando, de pronto, se acurrucó y púsose á mirar, á -través de las ramas, hacia el puente, que estaba, casi, encima de su -cabeza. - ---¿Qué ocurre ahora? preguntó la grulla, abriendo las alas, algo -inquieta. - ---Espera un poco y lo veremos. El viento sopla desde aquí, donde -estamos nosotros, hacia donde están ellos; pero no es á nosotros á -quien buscan esos dos hombres. - ---¿Hombres son? Mi oficio me proteje. Todo el mundo en la India sabe -que soy sagrada. - -La grulla, que es allí un excelente basurero, se mete por todas partes -sin que nadie la moleste, y, así, la nuestra no se acobardaba nunca. - ---En cuanto á mí, no valgo la pena de que me den más golpe que el que -puede dar algún zapato viejo, dijo el chacal poniéndose á escuchar de -nuevo. ¿Oyes estos pasos? continuó. Este ruido no es el que produce el -cuero de los zapatos del país, sino que es debido al pie calzado de un -blanco. ¡Escucha, otra vez! ¡Ruido de hierro contra hierro! ¡Es una -escopeta! Amiga, esos locos ingleses de pesados pies vienen á hablar -con el _Mugger_. - ---Adviérteselo, pues. No hace más que un rato que alguien, que me -parece que era un chacal hambriento, le llamaba «Protector de los -pobres». - ---Deja que mi primo cuide él mismo de conservar la piel. Mil veces me -ha dicho que nada hay que temer de los blancos. Pues blancos deben de -ser éstos. Ninguno de los aldeanos de _Mugger-Ghaut_ se atrevería á -perseguirle. ¡Mira! ¡Ya te lo dije que había una escopeta! Ahora, por -poco que la suerte nos ayude, podremos alimentarnos antes de que apunte -el día. Fuera del agua no oye él bien... ¡y lo que es ésta vez no -tendrá que habérselas con una mujer! - -Brilló un momento el cañón de una escopeta sobre las traviesas del -puente. El _Mugger_ estaba echado sobre el banco de arena, tan quieto -como su propia sombra, un poco esparrancadas las patas delanteras; -caída la cabeza entre ellas; roncando como... un cocodrilo. - -Sobre el puente, una voz murmuró: - ---El tiro resulta un poco raro... casi en dirección perpendicular... -pero tan seguro como la colocación de un capital que se invirtiera -en casas. Lo mejor será apuntarle detrás del cuello. ¡Caramba! ¡Qué -enorme es el animal! ¡Y qué furiosos se van á poner los de la aldea -cuando lo vean muerto! Como que es el _deota_, el dios de estos lugares. - ---Me importa un comino, contestó otra voz. Me quitó unos quince de mis -mejores _coolies_[23] mientras se construía el puente, y es ya hora -de acabar con él. He estado persiguiéndolo en bote durante semanas -enteras. Prepare V. el Martini[24] para cuando haya disparado yo los -dos cañones de mi escopeta. - ---Cuidado con el culatazo, pues. Un doble disparo con calibre cuatro no -es cosa de broma. - ---Eso es él quién ha de decirlo, y no yo. ¡Allá va! - -Oyóse un estruendo como el que podría producir el disparo de un cañón -de pequeñas dimensiones (las mayores escopetas que se usan para la caza -de elefantes no se diferencian mucho de las piezas de artillería más -pequeñas), y vióse una doble llamarada, seguida de la detonación seca -y penetrante de un Martini, para cuya larga bala no ofrece la menor -dificultad el atravesar las gruesas placas de un cocodrilo. Pero las -balas explosivas habían hecho ya cuanto podía hacerse. Una de ellas dió -precisamente detrás del cuello, un poco hacia la izquierda de la espina -dorsal, mientras la otra reventaba algo más abajo, donde comienza la -cola. De cien casos, en noventa y nueve puede un cocodrilo mortalmente -herido arrastrarse hasta el agua, en los sitios de alguna profundidad, -y escaparse así; pero el _Mugger_ de _Mugger-Ghaut_ estaba roto, -literalmente, en tres pedazos. Apenas movió la cabeza, antes de quedar -sin vida, y tan tendido estaba en el suelo como el mismísimo chacal. - ---¡Rayos y truenos! dijo el pobre animalejo. ¿Es que aquella cosa tan -rara que arrastra por encima del puente los coches cubiertos se ha -venido abajo, por fin? - ---No es más que el disparo de una escopeta, dijo la grulla (aunque -hasta las plumas de la cola le temblaban), nada más que una escopeta. -No hay duda que ha quedado muerto. Ahí vienen los blancos. - -Los dos ingleses habían bajado del puente á toda prisa y cruzado el -banco de arena, donde se pararon á admirar la longitud del _Mugger_. -Entonces, un indígena provisto de un hacha cortó la enorme cabeza, y -cuatro hombres la arrastraron á través de la lengua de tierra que allí -había. - ---La última vez que tuve la mano en la boca de un cocodrilo, dijo -uno de los ingleses, agachándose (era el mismo que había dirigido la -construcción del puente), fué cuando tenía yo unos cinco años de edad, -bajando en bote por el río en dirección de Monghyr. Era yo uno de «los -niños del tiempo de la Insurrección,» como les llaman. Mi pobre madre -estaba en el bote, también, y muchas veces me había contado que disparó -con un revólver á la cabeza del animal. - ---Vaya, ¡pues bien se ha vengado V. de esto en el principal de todos -los de la familia!... aunque el culatazo le haya á V. hecho arrojar -sangre por la nariz. ¡Eh, barqueros! Arrastrad esa cabeza fuera -de aquí, y la herviremos para conservar la calavera. La piel está -demasiado agujereada para que podamos guardarla. Vamos ahora á dormir. -Lo que hemos hecho bien valía la pena de estar levantado toda la noche, -¿verdad? - - * * * * * - -Y fué, realmente, curioso que el chacal y la grulla hicieran también la -mismísima observación, dos ó tres minutos después de haberse ido los -hombres. - - [Ilustración] - - - =La canción de la ola= - - - Por el vado cruzó un día - la corriente una doncella - cuando el sol ya se ponía, - y á besar su mano bella - fué una ola enamorada, - fué y hablóle de esta suerte: - --Quédate, niña, parada, - y aguarda, que soy la Muerte. - - --Á donde el amor me invita - voy y no quiero que aguarde; - pez que en el agua se agita, - no espera si llego tarde. - - --Pie ligero, pecho hermoso, - cruza el río de otra suerte, - cruza en barco y con reposo, - mira que yo soy la Muerte. - - --Amor me llama y no espero, - que el Desdén nunca se casa... - mas á su talle ligero - llega ya el agua que pasa. - ............................. - ¡Ah fiel y hermosa loquilla!... - Ya la ola rueda lejos... - Nunca tocará á la orilla... - Sangrientos son sus reflejos... - - [Ilustración] - - - NOTAS: - -[20] Viene á significar este nombre «el lugar en que vivía el -cocodrilo».--N. del T. - -[21] Tipo popularísimo de la literatura inglesa, que da nombre á un -periódico humorístico, y es sumamente feo y ridículo.--N. DEL T. - -[22] Nombre específico del cocodrilo del Ganges.--N. del T. - -[23] Faquines ó jornaleros indios.--N. del T. - -[24] Antiguo fusil de reglamento en el ejército inglés.--N. DEL T. - - - [Ilustración] - - - - - EL "ANKUS" DEL REY - - Cuatro insaciables cosas tiene el mundo: - la boca de Jacala[25] es lo primero; - el buche del milano, lo segundo; - las manos de los monos, lo tercero; - y, como nunca logra verse harto, - el ojo humano siempre fué lo cuarto. - - _Adagio de la Selva._ - - -Kaa, la enorme serpiente pitón de la Peña, acababa de mudar la piel, lo -que acaso le había ocurrido ya doscientas veces desde su nacimiento, -y Mowgli, que no olvidó nunca que le debía la vida, por lo mucho que -trabajó una noche en las Moradas Frías (como tal vez recordaréis), fué -á felicitarla. El mudar la piel pone siempre á una serpiente en un -estado de irritabilidad y de depresión que dura hasta que la piel nueva -empieza á mostrarse brillante y hermosa. No volvió Kaa á burlarse ya de -Mowgli, sino que le aceptó, del propio modo que hacían los demás del -Pueblo de la Selva, como al amo y señor de ésta, llevándole cuantas -noticias era natural que oyera una serpiente pitón de su tamaño. -Lo que Kaa ignorase acerca de _la Selva media_, como era costumbre -llamarla allí (la vida que se desliza por encima ó por debajo de la -tierra, entre guijarros, madrigueras y troncos de árbol), podría -escribirse sobre la más pequeña de sus escamas. - -Aquella tarde estaba Mowgli sentado en el espacio que quedaba libre -entre los grandes repliegues del cuerpo de Kaa, manoseando la rota piel -vieja de ésta, que estaba aun tendida formando eses y enroscada, tal -como la dejó la serpiente. Como muestra de atención, Kaa se había hecho -un ovillo bajo los anchos y desnudos hombros de Mowgli, de modo que el -muchacho descansaba, realmente, sobre una especie de sillón vivo. - ---Hasta las escamas de los ojos están perfectamente conservadas, dijo -Mowgli, entre dientes, jugando con la piel vieja. ¡Qué extraño es eso -de ver á los pies de uno mismo la cubierta de la propia cabeza! - ---Sí, pero yo no tengo pies, dijo Kaa, y como que es la costumbre entre -toda mi gente, no lo hallo extraño. ¿Es que á tí no se te vuelve la -piel vieja y áspera? - ---Entonces voy y me lavo, Cabeza-aplastada; pero, es cierto, en los -grandes calores, algunas veces he deseado poder, como tú, mudar sin -dolor la piel, y correr, luego, sin ella. - ---Pues yo me lavo, y, _además_, me quito la piel. ¿Qué te parece mi -traje nuevo? - -Mowgli pasó la mano sobre la diagonal labor de taracea de aquella -inmensa espalda. - ---La tortuga tiene más dura la superficie; pero de colores menos -alegres, dijo sentenciosamente. La rana, mi tocaya, los tiene más -alegres; pero no es tan dura. El aspecto es hermosísimo... se parece á -las manchas que hay en el interior de los lirios. - ---Necesita agua. Una piel nueva no llega nunca á adquirir su verdadero -color antes del primer baño. Vamos á bañarnos. - ---Yo te llevaré, dijo Mowgli, y se agachó, riendo, para levantar por el -medio el enorme cuerpo de Kaa, precisamente por donde era más grueso. -De igual modo podía un hombre haber probado de levantar un tubo para -la conducción de agua que midiera más de medio metro de ancho, y así -Kaa se quedó tendida muy quieta, soplando tranquilamente y en extremo -regocijada. Entonces empezó el acostumbrado juego de todas las tardes -(el muchacho con todo su vigor, que era mucho, y la serpiente pitón, -con su magnífica piel nueva, luchando cara á cara uno contra otro)... -juego que constituía una prueba en que se ejercitaban por igual el -ojo y el esfuerzo. Por supuesto, que Kaa podía haber aplastado á una -docena como Mowgli, si hubiera querido; pero procedía con cuidado y -no empleaba ni la décima parte de su fuerza. En cuanto Mowgli tuvo -la suficiente para resistir la rudeza del juego, Kaa se lo enseñó, y -con ello sus miembros ganaron en elasticidad mejor que con otra cosa -alguna. Á veces Mowgli, de pie y envuelto, casi, hasta el cuello por -los movedizos anillos de Kaa, se esforzaba en sacar un brazo y cogerla -por la garganta. Entonces Kaa cedía suavemente, y Mowgli, con ambos -pies, de agilidad extrema, intentaba paralizar todo movimiento de la -enorme cola, que retrocedía buscando una roca ó el tronco de un árbol. -Balanceábanse, también, pegada la cabeza del muchacho contra la de la -serpiente, cada uno de ellos esperando el momento oportuno del ataque, -hasta que el hermoso grupo, parecido á una estatua, se deshacía, -convirtiéndose en torbellino de negros y amarillentos anillos y de -piernas y brazos que luchaban, para levantarse, de nuevo, una y otra -vez. - ---¡Toma! ¡Toma! ¡Toma! decía Kaa, dirigiendo fintas con la cabeza, que -ni la mano rapidísima de Mowgli podía desviar. ¡Mira! ¡Ahora te toco -aquí, hermanito! ¡Ahora aquí, y aquí! ¿Tienes las manos entumecidas? -¡Ya te he tocado otra vez! - -Terminaba siempre el juego de igual modo: con un golpe en línea recta -y arrastrando, que arrojaba al muchacho al suelo dando tumbos. Mowgli -no pudo aprender nunca el modo de ponerse en guardia contra esa -especie de estocada, rápida como el rayo, y, según opinión de Kaa, era -completamente inútil que lo probara. - ---¡Buena caza! gruñó, por fin, Kaa; y Mowgli, como de costumbre, -cayó disparado á más de cinco metros de distancia, sin aliento, pero -riéndose. Levantóse, con las manos llenas de yerba, y siguió á Kaa -hacia el bañadero favorito de la serpiente: una laguna negra como la -brea, rodeada de rocas, y á la que prestaban cierta variedad hundidos -troncos de árbol. Metióse el muchacho en el agua, como era costumbre -en la Selva, sin ruido, y la cruzó buceando; salió á la superficie -silenciosamente, también, y se tendió de espalda, cruzados los brazos -bajo la cabeza, mirando como la luna se elevaba por encima de las -rocas, y gozándose en quebrar con los dedos de los pies el reflejo -de los rayos en el agua. La cabeza de Kaa, de forma parecida á la -de un diamante, cortó la superficie del agua como una navaja y fué -á descansar sobre el hombro de Mowgli. En esta posición se quedaron -quietos, voluptuosamente embebidos en la agradable impresión del agua -fría. - ---¡Qué bien se está así! dijo Mowgli, al fin, medio adormecido. Pues -mira: en la manada de los hombres, á esta misma hora, si mal no -recuerdo, se tendían sobre unos pedazos de madera muy duros, en el -interior de una trampa hecha de barro, y, después de haber cerrado, -para que no entrara el aire puro de afuera, se echaban por encima de la -casi medio atontada cabeza una tela sucia, y cantaban con la nariz unas -canciones muy feas. Mucho mejor se está en la Selva. - -Una cobra se deslizó precipitadamente por encima de una roca, bebió, -deseóles «buena suerte» y marchóse. - ---_¡Ssss!_ dijo Kaa, como si de pronto se acordara de algo. ¿De modo -que en la Selva hallas cuanto tú puedes desear, Hermanito? - ---No todo, contestó Mowgli, riendo, porque para ello sería preciso que -hubiera un nuevo y fuerte Shere Khan que matar á cada cambio de luna. -Lo que es ahora podría matarlo con mis propias manos, sin necesitar que -me ayudaran los búfalos. Además de esto, he deseado también, muchas -veces, que brillara el sol en medio de las lluvias, y, otras, que las -lluvias taparan al sol en lo más caluroso del verano; y, además, nunca -me he sentido con el estómago vacío sin desear haber matado á una -cabra; y nunca he matado á una cabra sin desear que fuera un gamo; ni á -un gamo sin sentir que no hubiera sido un _nilghai_. Pero lo mismo nos -ocurre á todos nosotros. - ---¿Y nada más deseas? preguntó la enorme serpiente. - ---¿Qué más puedo desear? Tengo la Selva y en ella se me mira con buenos -ojos. ¿Hay, acaso, algo más en algún otro sitio, en lo que va de la -salida á la puesta del sol? - ---Pues bien, la cobra dijo... empezó Kaa... - ---¿Qué cobra? La que ahora mismo se fué no dijo nada. Estaba cazando. - ---Fué otra. - ---¿Tratas tú mucho á las del pueblo venenoso? Yo les dejo bien libre -el camino. Llevan la muerte en los dientes delanteros y eso es mala -cosa... porque son muy pequeñas. Pero ¿qué cobra es ésa con la que tú -has hablado? - -Revolvióse Kaa muy despacio en el agua, como un barco de vapor que las -olas del mar baten de través. - ---Hace cuatro ó cinco lunas, dijo, que cacé en las Moradas Frías, sitio -que no has olvidado. Lo que yo perseguía se escapó chillando más allá -de las cisternas, y, yendo á aquella casa de la cual, por culpa tuya, -hice yo pedazos uno de los lados, se hundió en el suelo. - ---Pero la gente de las Moradas Frías no vive en madrigueras, dijo -Mowgli, que sabía que Kaa hablaba del Pueblo de los monos. - ---Aquello no _vivía_ allí, sino que allí fué para conservar la vida, -contestó Kaa moviendo rápidamente la lengua. Metióse en una madriguera, -prosiguió, muy profunda. Fuíme yo detrás, y, una vez lo hube muerto, me -dormí. Cuando desperté fuí internándome más. - ---¿Bajo tierra? - ---Eso es. Halléme allí, por fin, con una _Capucha Blanca_ (una cobra -blanca) que habló de cosas superiores á todos mis conocimientos, y me -enseñó muchas que nunca había visto antes. - ---¿Caza nueva? ¿Se mataba con facilidad? - -Al decir esto, volvióse Mowgli de lado con la mayor rapidez. - ---No eran piezas de caza, y, además, me hubieran roto todos los -dientes. Pero la _Capucha Blanca_ dijo que un hombre (y hablaba como -quien conoce á fondo la especie), que un hombre hubiera dado con gusto -la vida nada más que por mirar todo aquello. - ---Ya lo veremos, dijo Mowgli. Ahora recuerdo que hubo un tiempo en que -fuí hombre. - ---¡Calma!... ¡Calma! La prisa fué la que mató á la Serpiente Amarilla -que se comió al sol. Hablamos nosotras dos bajo tierra, y yo hice -mención de tí, diciendo que eras un hombre. Dijo, entonces, la _Capucha -Blanca_ (y advierte que ella es, en verdad, tan vieja como la misma -Selva): - ---Mucho tiempo hace que no he visto á un hombre. Que venga, y -contemplará todas esas cosas, por la más insignificante de las cuales -se dejarían matar muchísimos como él. - ---Eso ha de ser, por fuerza, algún nuevo género de caza. Y, sin -embargo, el Pueblo Venenoso no suele decirnos dónde hay alguna pieza de -que apoderarse; son gente enemiga. - ---Que no se trata de pieza ninguna, te he dicho. Es... es... no puedo -decir lo que es. - ---Iremos allá. Nunca he visto á una _Capucha Blanca_, y además deseo -ver las otras cosas. ¿Las mató ella? - ---Cosas muertas son. Dice que es la guardiana de todas. - ---¡Ah!... Del mismo modo que un lobo vigila la carne que se ha llevado -á su cubil. Vamos. - -Nadó Mowgli hacia la orilla, revolcóse sobre la yerba para secarse, y -ambos partieron en dirección de las Moradas Frías, la ciudad desierta -de la cual cabe suponer que estáis enterados. No tenía Mowgli, -entonces, el menor miedo del Pueblo de los Monos, pero, en cambio, éste -sentía por él vivísimo horror. Sea como fuere, sus tribus corrían á la -sazón por la Selva, y así las Moradas Frías se hallaban completamente -solitarias y silenciosas, iluminadas por la luna. Kaa iba delante, y, -dirigiéndose hacia las ruinas del pabellón de la reina que se elevaban -sobre la terraza, deslizóse por encima de los escombros y se hundió en -la casi enterrada escalera subterránea que descendía del centro del -pabellón. Mowgli lanzó el grito que servía para las serpientes («tú -y yo somos de la misma sangre») y siguió, sirviéndose, para andar, -de las manos y de las rodillas. Arrastráronse durante largo espacio -por un pasadizo inclinado, de innumerables vueltas y revueltas, y, -por fin, llegaron á un sitio en el que la raíz de algún árbol muy -grande, que crecía á más de nueve metros por encima de la altura en -que se hallaban, había arrancado una de las pesadas piedras de la -pared. Metiéronse por el hueco y se hallaron en una gran caverna, cuyo -techo abovedado estaba, también, roto, en ciertos puntos, por raíces -de árboles, de tal suerte que algunos rayos de luz penetraban en la -obscuridad. - ---He aquí un cubil bien seguro, dijo Mowgli enderezándose; pero está -demasiado lejos para visitarlo diariamente. Y ahora ¿qué es lo que aquí -se ve? - ---¿No soy yo nada? dijo una voz, en medio de la caverna. Y Mowgli vió -algo blanco que se movía, hasta que, poco á poco, irguióse ante él la -más enorme cobra que jamás vieran sus ojos... un animal de cerca de -dos metros y medio de largo, y descolorido, por estar siempre en la -obscuridad, hasta haber adquirido color de marfil viejo. Aun las mismas -marcas, como de espejuelos, que ostentaba en su extendida capucha, -se habían desteñido, mostrándose ahora de un amarillo pálido. Tenía -los ojos del color de rubíes, y, en suma, ofrecía el más sorprendente -aspecto que pueda darse. - ---¡Buena suerte! dijo Mowgli, que no abandonaba nunca ni los buenos -modales ni el cuchillo. - ---¿Qué noticias me traes de la ciudad? preguntó la cobra blanca sin -contestar al saludo. ¿Qué me cuentas de la inmensa ciudad amurallada... -la ciudad de cien elefantes, veinte mil caballos y tantas reses que no -cabe el contarlas... la ciudad del Rey de veinte reyes? Yo me vuelvo -sorda aquí, y mucho tiempo ha pasado ya desde que oí sus _gongos_[26] -de guerra. - ---Sobre nuestras cabezas no se extiende más que la Selva, dijo Mowgli. -Entre los elefantes, conozco únicamente á Hathi y á sus hijos. Bagheera -ha despaldillado á todos los caballos de una aldea, y... dime... ¿qué -es un Rey? - ---Ya te expliqué, dijo Kaa con suavidad á la cobra, ya te expliqué, -desde hace cuatro lunas, que la ciudad no existía. - ---La ciudad... la gran ciudad del bosque, cuyas puertas están guardadas -por las torres del Rey... no puede perecer nunca. ¡La edificaron antes -que el padre de mi padre saliera del huevo, y durará, aún, cuando -los hijos de mis hijos sean tan blancos como yo! Salomdhi, hijo de -Chandrabija, el cual era hijo de Viyeja, hijo, á su vez, de Yegasuri, -fué quien la edificó en la época de Bappa Rawal. ¿Quién es el dueño del -rebaño á que pertenecen _vuesas mercedes_? - ---Eso es como un rastro perdido, dijo Mowgli volviéndose hacia Kaa. No -entiendo su lenguaje. - ---Ni yo. Es muy vieja. Madre de las cobras, aquí no hay más que la -Selva, y así fué desde el principio. - ---Pues entonces ¿quién es _éste_, preguntó la cobra blanca, que está -sentado delante de mí, sin tenerme miedo, sin saber el nombre del Rey, -y que habla nuestro lenguaje, valiéndose para ello de labios humanos? - -¿Quién es éste que va armado de cuchillo y tiene lengua de serpiente? - ---Mowgli me llaman, fué la respuesta. Pertenezco á la Selva. Los lobos -son mi gente, y Kaa, que aquí ves, es mi hermana. Madre de las cobras -¿quién eres tú? - ---Yo soy la Guardiana del tesoro del Rey. Kurrun Raja puso la piedra -que está ahí arriba, en los tiempos en que mi piel era obscura, á fin -de que enseñara yo lo que es la muerte á los que vinieran aquí para -robar. Luego bajaron el tesoro, levantando la piedra, y oí el canto de -los brahmanes, mis amos. - ---¡Uy! dijo entre sí Mowgli: yo he tenido ya que habérmelas con un -brahmán, en la manada de los hombres, y... sé, acerca de él, lo que sé. -Aquí va á pasar algo, muy pronto. - ---Cinco veces, desde que vine á este sitio, han levantado la piedra; -pero siempre para traer más, nunca para sacar algo. No hay riquezas -como éstas: son los tesoros de cien reyes. Pero ha transcurrido mucho, -muchísimo tiempo desde la última vez que levantaron la piedra, y creo -que mi ciudad se ha olvidado ya de lo que aquí existe. - ---No hay tal ciudad. Mira hacia arriba. Verás allí raíces de grandes -árboles que separan las piedras. Pues bien: no crecen juntos árboles y -hombres, volvió á decir Kaa. - ---Dos, y hasta tres veces, han hallado los hombres manera de llegar -hasta aquí, contestó airada la cobra blanca; pero nunca hablaron -hasta que yo me les eché encima, mientras iban ellos tanteando en -medio de la obscuridad, y aun entonces gritaron sólo breve rato. Mas -_vuesas mercedes_ vienen ambos con mentiras, lo mismo el Hombre que -la Serpiente, y quisieran hacerme creer que la ciudad no existe y que -mi misión de guardiana ha terminado. Poco cambian los hombres en el -transcurso de los años. En cuanto á mí... yo no cambio jamás. Hasta que -la piedra vuelva á ser levantada, y desciendan los brahmanes cantando -canciones que yo sé, y me alimenten con leche caliente, y me saquen de -nuevo á la luz, yo... _yo_... y nadie más que _yo_, seré la Guardiana -del tesoro del Rey. ¿Decís que la ciudad ha muerto, y que ahí están las -raíces de los árboles? Agachaos, pues, y coged lo que queráis. No tiene -la tierra tesoros como éste. ¡Hombre con lengua de serpiente, si puedes -salir con vida por el mismo camino que entraste, todos los reyezuelos -del país serán tus vasallos! - ---Ya se embrolló otra vez la pista, dijo fríamente Mowgli. ¿Acaso algún -chacal habrá llegado á meterse en estas profundidades y mordido á la -gran _Capucha Blanca_? De fijo que le ha pegado la rabia[27]. Madre de -las cobras, nada veo yo aquí que pueda llevarme. - ---¡Por los dioses del Sol y de la Luna que el muchacho está loco de -remate! silbó la cobra. Antes que tus ojos se cierren para siempre voy -á hacerte un favor: mira, y contempla lo que jamás vió hasta ahora -hombre alguno. - ---No suele irles muy bien en la Selva á aquéllos que le hablan á Mowgli -de favores, dijo el muchacho entre dientes. Pero la obscuridad lo -cambia todo: bien lo sé yo. Miraré, pues, para complacerte. - -Miró, en efecto, con los ojos medio cerrados, alrededor de la caverna, -y luego levantó del suelo un puñado de algo que brillaba. - ---¡Oh! exclamó, esto es como aquello con que juegan en la manada de -los hombres; sólo que esto es amarillo, y aquello era de color obscuro. - -Dejó caer las monedas de oro, y siguió adelante. El suelo de la -caverna hallábase cubierto por una capa de oro y plata acuñados, de un -espesor de más de metro y medio. Había estado al principio en sacos, -que se rompieron, luego, esparciendo el metal, y, con los años, fuése -éste apretando y sentando, como la arena durante el reflujo. Encima, -dentro, y surgiendo de aquella masa, como restos de un naufragio que -se levantan sobre la arena, había pabellones de elefante con joyas -incrustadas en realces de plata, con planchas de oro forjado y adornos -de rubíes y turquesas. Veíanse palanquines y literas destinados á -llevar reinas, y cuyos marcos y correas eran plateados y con esmaltes, -las varas con cabos de jade, y anillos de ámbar para las cortinas; -había candeleros de oro con agujereadas esmeraldas colgantes, que -temblaban sobre cada uno de los brazos; adornadas imágenes de olvidados -dioses, de metro y medio de alto, todas ellas de plata y teniendo por -ojos piedras preciosas; cotas de malla con incrustaciones de oro sobre -el acero y guarnecidas de aljófar, ya cubierto de moho y ennegrecido; -yelmos con cimeras y sartas de rubíes que tenían el color de la sangre -de palomo; escudos de laca, de concha y de piel de rinoceronte, con -tiras y tachones de oro rojo y esmeraldas en el borde; montones de -espadas, dagas y cuchillos de caza con puño ó mango guarnecido de -diamantes; vasos y cucharas de oro para los sacrificios, y altares -portátiles de una forma que jamás se vé á la luz del día; tazas y -brazaletes de jade; incensarios, peines y potes para perfumes y polvos, -destinados al tocado femenino, todo ello en oro repujado; anillos para -la nariz, brazales, diademas, anillos para los dedos y ceñidores, en -tan gran número que era imposible contarlos; cinturones de siete dedos -de ancho con diamantes y rubíes escuadrados, y cajas de madera, con -triples grapas de hierro, en que las tablas se habían reducido ya á -polvo mostrando en el interior los montones de zafiros orientales y -comunes, ópalos, ágatas, rubíes, diamantes, esmeraldas y granates. - -Tenía razón la cobra blanca. No había dinero que bastara ni para -empezar á pagar el valor de aquel tesoro, escogido producto de siglos -de guerra, saqueo, comercio y tributos. Sin contar las piedras -preciosas, las monedas solas eran ya de inestimable precio, y el peso -en bruto del oro y de la plata, únicamente, podía muy bien llegar á -dos ó trescientas toneladas. Cada uno de los gobernantes indígenas en -la India tiene hoy, por pobre que sea, un tesoro escondido al cual va -añadiendo siempre algo; y aunque alguna vez, en el espacio de muchos -años, tal ó cual príncipe instruido mande cuarenta ó cincuenta carretas -de bueyes cargadas de plata para que se las cambien por títulos de la -Deuda, la mayoría guarda su tesoro, y el secreto de que exista, con -grandísimo cuidado, y exclusivamente para sí propio. - -Como era natural que sucediera, Mowgli no entendió el significado de -todo aquello. Los cuchillos despertaron algo su curiosidad; pero no le -parecieron de tan fácil manejo como el suyo, y, por lo tanto, pronto -los soltó. Halló, por fin, algo que realmente le sedujo, al verlo sobre -un pabellón para elefante, medio enterrado entre las monedas. Era un -_ankus_ de cerca de un metro de largo, ó sea una aijada como las que -se emplean, también, para elefantes, algo que tenía cierta semejanza -con un bichero pequeño. El extremo superior era un redondo y brillante -rubí, debajo del cual venían ocho pulgadas de mango tachonadas de -turquesas en bruto, casi tocando una con otra, lo que ofrecía -segurísimo asidero. Más abajo había un cerco de jade con un dibujo de -flores que lo adornaba... sólo que tenía la particularidad de que las -hojas eran esmeraldas, y las corolas rubíes hundidos en la fría y verde -piedra. El resto del mango era una vara de purísimo marfil, mientras el -extremo agudo (la punta y el gancho) era de acero con incrustaciones -de oro, representando escenas de la caza del elefante, y esos dibujos -atrajeron de modo especial á Mowgli, que vió en ellos algo que tenía -más ó menos relación con Hathi el Silencioso. - -La cobra blanca había estado, entre tanto, siguiéndole muy de cerca. - ---¿No vale esto la pena de morir con tal de contemplarlo? dijo. ¿No te -he hecho un grandísimo favor? - ---No te entiendo, contestó Mowgli. Todas esas cosas son duras y frías, -y no pueden servir, en modo alguno, para comer. Pero esto (y levantó el -_ankus_), esto deseo sacarlo de aquí para verlo á la luz del sol. ¿No -decías que cuanto te rodea es tuyo? ¿Quieres darme esto sólo, y yo te -traeré ranas para que las comas? - -La cobra blanca se estremeció, llena de malvado júbilo. - ---Vaya si te lo daré, dijo. Todo voy á dártelo... hasta el momento de -irte. - ---Pero si me voy ahora. Este sitio es obscuro y frío, y deseo llevarme -á la Selva eso que tiene una punta como de espina. - ---¡Mira á tus pies! ¿Qué hay junto á ellos? - -Cogió Mowgli algo blanco y liso. - ---Es el cráneo de un hombre, dijo en voz baja. Y aquí hay dos más. - - [Ilustración] - ---Vinieron para llevarse el tesoro hace muchos años. Yo les hablé en -medio de la obscuridad, y se quedaron quietos para siempre. - ---Pero ¿para qué necesito yo eso que se llama tesoro? Si me quieres dar -el _ankus_ para llevármelo, ya habré cazado todo lo que deseo. Si no, -me es igual. Yo no me bato con los del Pueblo Venenoso, y, además, ya -me enseñaron la palabra mágica para los de tu tribu. - ---¡Aquí no hay más palabra mágica que una, y ésta es la mía! - -Lanzóse Kaa hacia adelante con los ojos echando llamas. - ---¿Quién me invitó á traer al Hombre á este sitio? dijo silbando. - ---Yo, no hay duda, balbuceó la vieja cobra. Hace mucho tiempo que no he -visto al hombre, y, además, éste conoce nuestro lenguaje. - ---Pero no se habló de matar. ¿Cómo puedo yo ahora volver á la Selva -diciendo que le he traído aquí á morir? dijo Kaa. - ---Yo no hablo de matar hasta que llega la hora. Y respecto á irte ó -no irte tú, ahí está el agujero en la pared. Déjame, pues, en paz, -matadora de monos. No tengo que hacer más que tocarte en el cuello, y -la Selva no volverá ya á tener noticias tuyas. Jamás entró aquí hombre -alguno que volviera á salir con vida. Yo soy la Guardiana del tesoro -perteneciente á la ciudad del Rey. - ---Pero si te digo, gusano blanco de esas tinieblas, que no hay ya Rey -ni ciudad. ¡La Selva es la que reina en torno nuestro! - ---Aún existe el tesoro. Mas verás lo que podemos hacer: espera un -poco, Kaa de las Peñas, y mira cómo corre el muchacho. Hay aquí sitio -suficiente para entregarnos á ese juego. La vida es algo bueno. ¡Corre -de un lado á otro, y juguemos, muchacho! - -Mowgli colocó, calmosamente, la mano sobre la cabeza de Kaa. - ---Esa cosa blanca no ha tratado hasta ahora más que con hombres de los -que forman parte de la manada humana. Á mí no me conoce, murmuró. Ella -misma ha pedido esa clase de caza; otorguémosela, pues. - -Había estado Mowgli, todo ese tiempo, de pie, sosteniendo el _ankus_ -con la punta hacia abajo. Arrojólo lejos de sí, con gran rapidez, y -fué aquél á caer de lado, precisamente detrás de la capucha de la gran -serpiente, clavando á ésta en el suelo. Como una exhalación lanzó Kaa -todo su peso sobre aquel cuerpo que se retorcía, inmovilizándolo hasta -la cola. Los colorados ojos parecían de fuego, y las seis pulgadas -de la cabeza que quedaban libres golpeaban furiosamente á derecha é -izquierda. - ---¡Mata! dijo Kaa en el instante en que Mowgli echaba mano al cuchillo. - ---No, contestó él, al sacarlo, nunca más mataré como no sea para -procurarme comida. Pero ¡mira Kaa! - -Cogió á la serpiente por detrás de la capucha, le abrió violentamente -la boca con la hoja de acero, y mostró los terribles colmillos -venenosos de la mandíbula superior, ya negros y consumidos en la encía. -La cobra blanca había sobrevivido á su veneno, como les ocurre á las -serpientes. - ---_Thuu_ (está seco)[28] dijo Mowgli; y, haciendo seña á Kaa para que -se alejara, cogió el _ankus_, dejando á la cobra en libertad. - ---El tesoro del Rey necesita un nuevo guardián, dijo con gravedad. -_Thuu_, has hecho mal. ¡Corre de un lado á otro y juguemos, _Thuu_! - ---¡Qué vergüenza para mí! ¡Mátame! silbó la cobra blanca. - ---Demasiado hemos hablado ya aquí de matar. Ahora nos iremos. Me llevo -esa cosa de punta de espina, _Thuu_, porque con ella he peleado y te he -vencido. - ---Cuida, pues, de que esa cosa no te mate, al fin, á tí. ¡Es la muerte! -¡Acuérdate de lo que te digo: es la muerte! Hay en ella lo suficiente -para quitar la vida á todos los hombres de mi ciudad. No estará mucho -tiempo en tu poder, hombre de la selva, ni tampoco en el del que de tí -lo tome. ¡Por ello se matarán sin cesar unos á otros! Mi fuerza se ha -consumido; pero el _ankus_ continuará mi tarea. ¡Es la muerte!... ¡La -muerte!... ¡La muerte! - -Arrastróse Mowgli por el agujero hasta llegar de nuevo al pasadizo, -y lo último que desde allí vió fué cómo la cobra blanca golpeaba -furiosamente con sus inofensivos colmillos las estúpidas caras doradas -de los dioses tendidos en el suelo, silbando al propio tiempo: «¡es la -muerte!» - -Alegráronse de ver una vez más la claridad del día, y, cuando se -hallaron de vuelta en la propia Selva y Mowgli hizo brillar el _ankus_ -con los reflejos de la luz matinal, estuvo casi tan contento como si -hubiera hallado un ramo de flores nuevas que prenderse en el cabello. - ---Esto brilla aun más que los ojos de Bagheera, dijo, con verdadero -júbilo, al dar vueltas rápidamente al rubí. Se lo enseñaré; pero ¿qué -es lo que quiso decir la _Thuu_ cuando habló de la muerte? - ---Lo ignoro. Lo que siento con todo mi cuerpo, desde la cabeza hasta la -punta de la cola, es que no le hicieras probar tu cuchillo. Siempre hay -algo malo en las Moradas Frías... sobre el suelo ó por debajo de él. -Pero, tengo ahora hambre. ¿Cazas conmigo esta mañana? dijo Kaa. - ---No: Bagheera ha de ver esto. ¡Buena suerte! - -Marchóse Mowgli bailando, blandiendo el gran _ankus_ y parándose, de -cuando en cuando, para admirarlo, hasta que llegó á aquella parte de la -Selva donde solía estar con preferencia Bagheera, y la halló bebiendo, -después de haber cazado, no sin cierta fatiga. Contóle Mowgli todas sus -aventuras, desde el principio hasta al fin, y, de cuando en cuando, -olfateaba Bagheera el _ankus_. Al llegar Mowgli á las últimas palabras -de la cobra blanca la pantera lanzó un susurro especial de aprobación. - ---¿Entonces, la cobra blanca dijo lo que realmente es? preguntó, en -seguida, Mowgli. - ---Nací en las jaulas del Rey de Oodeypore, y tengo la seguridad de -conocer un poco á los hombres. Muchísimos de ellos darían muerte á tres -de sus semejantes en una sola noche nada más que por tener esa gran -piedra roja. - ---Pero esa piedra no hace otra cosa que añadir peso. Mi brillante -cuchillo, aunque pequeño, es mejor; y además... ¡mira! la piedra roja -no sirve para comer. Por lo tanto ¿para qué esas muertes que dices? - ---Mowgli, vete á dormir. Has vivido entre los hombres, y... - ---Ya me acuerdo. Los hombres matan cuando no van de caza... matan por -ociosidad y por gusto. Despiértate, Bagheera. ¿Á qué uso destinaron esa -cosa con punta de espina, cuando la hicieron? - -Abrió á medias los ojos Bagheera (que tenía mucho sueño) y guiñó -maliciosamente. - ---La hicieron los hombres para meterla en la cabeza de los hijos de -Hathi, de modo que la sangre corriera. Yo he visto una semejante en la -calle de Oodeypore, delante de nuestras jaulas. Cosa es ésta que ha -probado la sangre de muchos como Hathi. - ---Pero ¿por qué se la meten en la cabeza á los elefantes? - ---Para enseñarles la Ley del Hombre. Como no tienen garras ni dientes, -los hombres fabrican esas cosas... y aun otras peores. - ---Siempre sangre y más sangre, aun en aquello que hizo la manada -humana, dijo Mowgli con ademán de asco, y comenzando ya á sentirse algo -cansado de sostener el peso del _ankus_. - ---Si hubiera sabido eso no me lo llevo. Primero, sangre de Messua sobre -sus ataduras, y ahora sangre de Hathi. No quiero usarlo más. ¡Mira! - -Voló el _ankus_ por los aires, lanzando chispas de luz, y se clavó de -punta á más de veinticinco metros de distancia, entre los troncos de -los árboles. - ---Así quedan mis manos limpias de toda muerte, dijo Mowgli, frotando -las palmas de aquéllas contra la fresca, húmeda tierra. Dijo la _Thuu_ -que la Muerte seguiría mis pasos. Es vieja, y blanca, y está loca. - ---Sea blanca ó negra, trátese de muerte ó de vida, lo que es yo me voy -á dormir, Hermanito. No puedo estar cazando toda la noche y aullando -todo el día, como hacen algunos. - -Marchóse Bagheera á un cubil que conocía, y usaba al ir de caza, á -media legua de distancia. Mowgli encaramóse á un árbol que le pareció -apropiado, anudó allí tres ó cuatro enredaderas, y, en menos tiempo -del que se emplea en decirlo, se balanceaba ya en una hamaca, á quince -metros sobre el nivel del suelo. Aunque no le molestara realmente la -fuerte luz del día, Mowgli, siguiendo en esto la costumbre de sus -amigos, la usaba tan poco como le era posible. Al despertarse entre el -coro de chillonas voces de los habitantes de los árboles, era ya otra -vez la hora del crepúsculo, y recordó haber soñado en las hermosas -piedrecillas que acababa de tirar. - ---Cuando menos, volveré á contemplar aquello una vez más, dijo, y se -deslizó por una enredadera hasta tocar el suelo. - -Ante él estaba Bagheera. Mowgli podía oirla olfatear en medio de la -relativa obscuridad que reinaba. - ---¿Dónde está aquello que tiene punta de espina? gritó Mowgli. - ---Se lo ha llevado un hombre. Ahí está el rastro. - ---Ahora veremos si la _Thuu_ dijo la verdad. Si esa cosa puntiaguda es -la Muerte, ese hombre morirá. Sigámosle. - ---Mata primero, contestó Bagheera. Con el estómago vacío no se -tiene muy buen ojo. Andan los hombres muy despacio, y la Selva está -suficientemente húmeda para conservar hasta la más ligera señal del que -haya pasado. - -Mataron lo más pronto que les fué posible; pero casi tres horas habían -transcurrido cuando hubieron terminado la comida, bebido y preparádose -á seguir la pista. El Pueblo de la Selva sabe que no hay nada que -compense el daño causado por la precipitación en las comidas. - ---¿Crees tú que aquella cosa puntiaguda se volverá en las mismas manos -del hombre contra él y lo matará? preguntó Mowgli. La _Thuu_ dijo que -era la Muerte. - ---Ya lo veremos al llegar, contestó Bagheera, siguiendo al trote con -la cabeza baja. No hay más que _un pie_ (quería decir que no había más -que un solo hombre) y el peso de esa cosa le ha hecho apretar el talón -profundamente en el suelo. - ---Efectivamente: esto es claro como un relámpago de verano, contestó -Mowgli. - -Y ambos tomaron el cortado y rápido trote con que se sigue un rastro, -metiéndose ya dentro de los trozos de tierra iluminados por la luna, ya -saliendo fuera, siempre tras las huellas de aquellos dos pies desnudos. - ---Ahora corre muy aprisa, dijo Mowgli. Las señales de los dedos están -muy separadas. - -Siguieron por una tierra húmeda. - ---Y ahora ¿por qué tuerce hacia á un lado? - ---¡Espera! dijo Bagheera, y lanzóse hacia delante de un salto -magnífico, que procuró fuera lo más largo posible. - -Lo primero que hay que hacer cuando una pista deja de ser clara y -explicable es ir hacia delante, sin dejar en el suelo las propias -huellas, que acabarían de confundir. Volvióse Bagheera en cuanto tocó á -tierra, y dirigiéndose al muchacho gritó: - ---Ahí viene otro rastro á encontrarse con el primero. Es de un pie más -pequeño, y las marcas de los dedos están vueltas hacia dentro. - -Corrió, entonces, Mowgli y miró á su vez. - ---Es el pie de un cazador gondo, dijo. ¡Mira! Aquí ha arrastrado el -arco por encima de la yerba. Por esto el primer rastro torcía hacia -un lado tan rápidamente. _Pie grande_ quería esconderse, viéndose -perseguido por _Pie pequeño_. - ---Es verdad, dijo Bagheera. Ahora, para que no ocurra que cruzando -el rastro del uno con el del otro embrollemos las señales, vamos á -seguir cada uno el suyo. Yo soy _Pie grande_, Hermanito, y tú eres _Pie -pequeño_, el gondo. - -Saltó Bagheera hacia atrás, volviendo á tomar el primer rastro, y -dejando á Mowgli agachado curiosamente sobre las estrechas huellas del -salvaje habitante de los bosques. - ---Ahora, dijo Bagheera, siguiendo paso á paso la hilera de huellas, yo, -_Pie grande_, tuerzo aquí hacia un lado. Ahora me escondo detrás de -una roca y me estoy quieto, sin atreverme á levantar ni un pie. Dí tú -cómo es tu rastro, Hermanito. - -Ahora yo, _Pie pequeño_, llego á la roca, dijo, á su vez, Mowgli, -siguiendo la pista. Ahora me siento debajo de ella, apoyándome sobre la -mano derecha y descansando el arco entre los dedos de los pies. Espero -largo rato, porque mis huellas son aquí profundas. - ---Lo propio me ocurre á mí, observó Bagheera, que estoy escondido -detrás de la roca. Espero, descansando sobre ella el extremo del objeto -que llevo, y que tiene punta de espina. Resbala, porque aquí hay una -raya sobre la piedra. Dí tú ahora tu pista, Hermanito. - ---Una... dos ramillas... y una rama grande... se ven aquí rotas, fué -diciendo Mowgli en voz baja. ¿Y cómo explicaré ahora esto? ¡Ah! Ya lo -veo claro. Yo, _Pie pequeño_, me voy, haciendo ruido y pisando fuerte, -á fin de que _Pie grande_ pueda oirme. - -Apartóse, entonces, de la roca, paso á paso, por entre los árboles, -elevando la voz, desde lejos, al irse acercando á una cascada pequeña, -y diciendo: - ---Yo... me voy... muy lejos... al sitio... donde... el... ruido... del -agua... que cae... apaga... mi propio... ruido... y... aquí... espero. -¡Dí tú ahora tu pista, Bagheera, _Pie grande_! - -La pantera había estado saltando en todas direcciones para ver cómo el -rastro de _Pie grande_ se apartaba de la roca. Al fin gritó: - ---Salgo de detrás de la roca, caminando á gatas y arrastrando el objeto -que tiene punta de espina, y no viendo á nadie echo á correr. Yo, Pie -grande corro velozmente. El rastro está aquí claro. Sigamos cada uno el -suyo. ¡Yo voy corriendo! - -Hizo Bagheera lo que decía, siguiendo el rastro claramente marcado, y, -entre tanto, Mowgli siguió los pasos del gondo. Reinó por algún tiempo -el silencio en la Selva. - ---¿Dónde estás, _Pie pequeño_? gritó Bagheera. La voz de Mowgli le -contestó á unos cuarenta metros de distancia hacia la derecha. - ---¡Je! exclamó la pantera tosiendo con una tos profunda. Ambos corren, -uno al lado de otro, y acercándose. - -Continuó la carrera durante un rato, conservándose los dos casi á la -misma distancia, hasta que Mowgli, que no tenía la cabeza tan cerca del -suelo como Bagheera, gritó: - ---Ya se han encontrado. ¡Buena ha sido la caza!... ¡Mira! Aquí se paró -_Pie pequeño_, con la rodilla puesta sobre una roca... y más allá está, -realmente, _Pie grande_. - -Frente á ellos, á menos de nueve metros, tendido sobre un montón de -rocas desmenuzadas, veíase el cuerpo de un aldeano de la comarca, -atravesados espalda y pecho por un largo dardo de plumas muy cortas, -como los que usan los gondos. - ---¿Merecía la _Thuu_ que se la calificara de vieja y de loca, -Hermanito? dijo Bagheera muy suavemente. Cuando menos ya hemos -encontrado un muerto. - ---Sigue hacia adelante. Pero ¿dónde está lo que bebe la sangre de los -elefantes... la espina que tiene un ojo colorado? - ---_Pie pequeño_ la tiene... tal vez. De nuevo, no se ve ya más que un -solo pie. - -El rastro único de un hombre muy ligero, que había estado corriendo con -gran velocidad, llevando un peso sobre el hombro izquierdo, continuaba -alrededor de una larga y baja tira de yerba seca, que ofrecía la forma -de una espuela, y en la cual cada pisada parecía, á los penetrantes -ojos de los que iban siguiendo la pista, como impresa con un hierro -candente. - -Ni uno ni otro dijo una palabra más, hasta que el rastro les llevó á un -sitio donde se veían las cenizas de una hoguera, ocultas en el fondo de -un barranco. - ---¡Otra vez! exclamó Bagheera parándose, de pronto, como petrificada. - -El cuerpo de un gondo, pequeño y apergaminado, yacía allí, puestos los -pies sobre las cenizas, y, al verlo, levantó Bagheera los ojos hacia -Mowgli como interrogándole. - ---La muerte ha sido causada con un bambú, dijo el muchacho después de -lanzar una ojeada. Yo lo usé también para ir con los búfalos, cuando -servía en la manada de los hombres. La Madre de las cobras (y ahora -siento haberme burlado de ella) conocía á fondo la raza, como debía -haberla conocido yo. ¿No dije yo mismo que los hombres mataban por -culpa de la ociosidad? - ---La verdad es que han matado, en este caso, por culpa de las piedras -rojas y azules, contestó Bagheera. Acuérdate de que yo estuve en las -jaulas del Rey, en Oodeypore. - ---Uno, dos, tres, cuatro rastros diferentes, dijo Mowgli, agachándose -sobre las cenizas. Cuatro rastros de hombres con los pies calzados. No -van éstos tan aprisa como los gondos. Pero ¿qué daño les había hecho -ese hombrecillo de las selvas? Mira: los cinco habían estado juntos, -hablando, antes de que lo mataran. Volvámonos, Bagheera. Tengo lleno el -estómago, y, sin embargo, lo siento moverse, subiendo y bajando como el -nido de una oropéndola en la punta de una rama. - ---No es cazar bien el dejar de pie una pieza. ¡Sigue! exclamó la -pantera. No han ido muy lejos esos ocho pies calzados. - -Nada más hablaron por espacio de una hora, mientras iban siguiendo el -ancho rastro dejado por los cuatro hombres. - -La luz del día era ya clara y el sol calentaba, cuando Bagheera dijo: - ---Siento olor de humo. - ---Siempre están los hombres más dispuestos á comer que á correr, -contestó Mowgli, describiendo curvas por entre los arbustos bajos de -la nueva selva que exploraban. Bagheera, algo hacia la izquierda del -muchacho, producía un ruido gutural indescriptible. - ---Aquí hay uno que no comerá ya más, dijo aquel. - -Bajo un arbusto veíase un montón de ropas de vivos colores, y alrededor -alguna harina esparcida. - ---También esta muerte fué causada con un bambú, observó Mowgli. ¡Mira! -Ese polvo blanco es lo que comen los hombres. Le han quitado su presa -(él era quién llevaba los comestibles de todos) para convertirle á él -mismo en presa de Chil, el milano. - ---Este es el tercero, dijo Bagheera. - ---Le llevaré ranas, lo más grandes posible, á la Madre de las cobras, -para engordarla, pensó Mowgli. Eso que bebe la sangre de los elefantes -es la Muerte misma... pero, á pesar de todo, hay algo que no entiendo. - ---¡Sigue adelante! dijo Bagheera. - -No habían andado aun un cuarto de legua cuando oyeron ya á Ko, el -cuervo, cantando la canción de la Muerte en la punta de un tamarisco, -á cuya sombra yacían los cadáveres de tres hombres. En el centro del -círculo humeaba un fuego medio apagado, sobre el cual había un plato -de hierro que contenía una torta negra y quemada, hecha de pan ázimo. -Junto al fuego, y brillando á la luz del sol, estaba el _ankus_ de los -rubíes y turquesas. - ---Muy aprisa trabaja eso: todo termina aquí, dijo Bagheera. Y éstos -¿cómo murieron, Mowgli? En ninguno de ellos se vé señal que lo indique. - -Llega un habitante de la Selva á aprender, por medio de la experiencia, -tanto como lo que muchos médicos saben acerca de las propiedades de -ciertas plantas y frutos venenosos. Olió Mowgli el humo que se elevaba -del fuego, partió un pedazo del ennegrecido pan, probólo, y lo escupió -en seguida. - ---La manzana de la Muerte, dijo. El primero debió de mezclarla en la -comida para éstos, que lo mataron á él, después de haber matado al -gondo. - ---En verdad, que buena ha sido la cacería. Las muertes se suceden, y -muy cerca unas de otras, dijo Bagheera. - -«La manzana de la Muerte» es lo que en la Selva se llama manzana -espinosa ó _datura_, el veneno más activo que existe en toda la India. - ---¿Y ahora? dijo la pantera. ¿Qué haremos? ¿Matarnos uno á otro por ese -asesino del ojo colorado, que está ahí en el suelo? - ---¿Puede hablar? preguntó Mowgli en voz tan baja que parecía leve -susurro. ¿Le ofendí al tirarlo? Á nosotros dos no puede ya causarnos -daño, porque no deseamos lo que desean los hombres. Si lo dejamos aquí, -de fijo que seguirá matándolos uno tras otro, tan aprisa como caen las -nueces cuando sopla el huracán. No siento yo cariño por los hombres; -pero, aun así, no quisiera ver muy á menudo eso de que mueran seis en -una noche. - ---¿Qué importa? No son más que hombres. Se mataron unos á otros, y -con ello quedaron muy satisfechos, dijo Bagheera. El primero, el -hombrecillo de las selvas, cazaba bien. - ---Á pesar de todo, no son más que cachorros; y un cachorro sería capaz -de ahogarse por el gusto de pegarle un mordisco á la luz de la luna -reflejada en el agua. La culpa la tuve yo, dijo Mowgli, que hablaba -como si supiera cuanto hay que saber sobre todo lo de este mundo. Nunca -más traeré á la Selva cosas extrañas... aunque fueran tan hermosas como -las flores. Esto (y al decirlo manejaba cautelosamente el _ankus_), va -á volver á donde está la Madre de las cobras. Pero antes tenemos que -dormir, y no podemos hacerlo junto á durmientes como éstos. Además, -hemos de enterrarle también á _él_, para que no se escape y mate á seis -más. Hazme un hoyo bajo ese árbol. - ---Pero, Hermanito, dijo Bagheera, dirigiéndose al sitio que se le -indicaba, yo te aseguro que la culpa no la tiene ese bebedor de sangre. -El mal proviene de los hombres. - ---Lo mismo da, contestó Mowgli. Haz el hoyo bien hondo. Cuando nos -despertemos, cogeré eso é iré á devolverlo. - - * * * * * - -Dos noches después, mientras la cobra blanca estaba entre la obscuridad -de la caverna, desolada, solitaria, llena de vergüenza por haber sido -robada, el _ankus_ de las turquesas pasó, dando vueltas, por el agujero -que había en la pared, y cayó, con estrépito, sobre el suelo, cubierto -de monedas de oro. - ---Madre de las cobras, dijo Mowgli, que tuvo buen cuidado de quedarse -al otro lado de la pared, busca entre las de tu raza alguna más joven y -más á propósito que tú para que te ayude á guardar el tesoro del Rey, -de modo que no te suceda más que otro hombre salga de aquí vivo. - ---¡Ah! ¿Con que vuelve eso? Ya te dije que era la muerte. ¿Y cómo tú -estás aun vivo? murmuró la cobra vieja, enroscándose amorosamente al -mango del _ankus_. - ---¡Por el buey que me rescató te aseguro que no lo sé! Esa cosa ha -matado seis veces en una sola noche. No la dejes salir de aquí nunca -más. - - - =La canción del cazador= - - - Antes que Mor, el pavo real, las alas - bata, y el Pueblo de los monos grite, - y aun antes que el milano, Chil, se arroje - por el espacio inmenso y adormido, - á través de la Selva suavemente - vuela un susurro y una sombra corre: - es él, que pasa ¡oh cazador!... el Miedo, - es el Miedo que cruza por la Selva. - - Por los claros del bosque se desliza - poco á poco una sombra vigilante - que á ratos se detiene, y el murmullo - va extendiéndose, entonces, blando, lento. - Va extendiéndose, entonces, mientras baña - con sudores de angustia nuestra frente: - es él, que pasa ¡oh cazador!... el Miedo, - es el Miedo que cruza por la Selva. - - Antes que suba al árida montaña - la blanca luna y en las rocas ponga - vivo festón de luz, cuando sombríos - están los hondos, húmedos senderos, - llega á tu espalda, cazador, un soplo - que á través de la noche va volando: - es él, que pasa ¡oh cazador!... el Miedo, - es el Miedo que cruza por la Selva. - - ¡De rodillas, y el arco bien tendido! - ¡Lanza al punto la flecha penetrante! - Hunde tu lanza en las tinieblas, y hazlo - aunque de tí se estén burlando mudas. - Pero tus manos el temblor agita - y hasta la sangre de tu rostro ha huído: - es él, que pasa ¡oh cazador!... el Miedo, - es el Miedo que cruza por la Selva. - - Cuando la tempestad recorre el aire - y los pinos arranca de los montes, - cuando el agua desciende de los cielos - y el rostro azota y sin piedad nos ciega, - á través del estruendo, más robusta - que todas las demás una voz ruge: - es él, que pasa ¡oh cazador!... el Miedo, - es el Miedo que cruza por la Selva. - - Ya en los cauces las aguas se desbordan, - derrúmbanse las peñas desprendidas, - y á la luz del relámpago, en las plantas - hasta los nervios de las hojas vense; - mas, seca tu garganta y seco el labio, - sientes latir el corazón con fuerza - como martillo que percute: entonces - sabes ¡oh cazador! lo que es el Miedo. - - [Ilustración] - - - NOTAS: - -[25] La boca del cocodrilo.--N. del T. - -[26] _Gongo_, que he usado ya anteriormente en este libro, no es -palabra admitida por la Academia española. Se halla en el Diccionario -inglés-español de Lopez y Bensley (quizá sea americanismo) y significa -lo mismo que _batintín_, que es el vocablo adoptado por la Academia. -Con perdón sea dicho, paréceme á mí mucho mejor _gongo_ para traducir -el _gong_ inglés (y también francés) que ese _batintín_ que no da idea -del sonido especial, profundo, del objeto á que se aplica.--N. del T. - -[27] La misma palabra que significa en inglés _locura_ puede significar -también _rabia_ ó _hidrofobia_. El autor la usa en este doble -sentido.--N. del T. - -[28] Literalmente: es un tronco podrido.--N. del A. - - - [Ilustración] - - - - - QUIQUERN - - La gente de los hielos orientales - es cual nieve que pronto se derrite: - danles azúcar y café los blancos, - y sin temor les siguen. - Los hombres de los hielos de Occidente - gustan más de robar y resistirse: - venden pieles en cada factoría... - y el alma, si es posible. - En los hielos del Sur los balleneros - son sólo los que el tráfico persiguen: - muchos cintajos las mujeres llevan - mas ¡qué miseria existe! - - Pero en el hielo primitivo, al Norte, - donde no hay hombres blancos que dominen, - con huesos de narval se hacen las lanzas - y allí se ve del hombre el postrer límite. - - ---Ha abierto los ojos. ¡Mira! - ---Vuelve á meterlo en la piel. ¡Buen perro va á ser! Cuando tenga -cuatro meses le pondremos el nombre. - ---¿Y para quién será? dijo Amoraq. - -Tendió la mirada Kadlu en torno de la choza de nieve forrada de pieles -y la posó sobre Kotuko, muchacho de catorce años que estaba sentado -sobre el banco que servía de cama, entreteniéndose en convertir en -botón un diente de morsa. - ---Para mí, contestó Kotuko haciendo una mueca que quería ser una -sonrisa. Algún día lo necesitaré. - -Sonrió á su vez Kadlu de tal modo que sus ojos parecían enterrados -en las gruesas mejillas, y asintió con una inclinación de cabeza -dirigiéndose á Amoraq, mientras la feroz madre del cachorro gruñía al -ver al pequeñuelo agitarse fuera de su alcance en la bolsita de piel -de foca que estaba colgada sobre la lámpara de grasa de ballena para -que se calentara. Siguió Kotuko cortando el marfil, y Kadlu arrojó un -montón de arreos para perros á un cuartito abierto en uno de los lados -de la choza, quitóse el pesado traje de caza hecho de piel de reno, -lo metió en una red tejida con delgadas ballenas que estaba colgada -sobre otra lámpara, y se echó sobre el banco-cama para cortar un pedazo -de carne de foca helada, mientras esperaba que Amoraq, su mujer, le -trajera la acostumbrada comida, que se componía de carne hervida y de -una sopa de sangre. - -Había salido al rayar el alba dirigiéndose á unos agujeros de los que -forman las focas, situados á dos leguas de distancia, y al regresar á -su choza llevaba tres focas grandes. Hacia la mitad del largo y bajo -pasadizo de nieve, semejante á un túnel, que conducía á la puerta -interior de la choza, se oían ladridos y el rumor de una lucha á -mordiscos, cuya causa era que los perros del trineo, libres ya de su -cotidiana labor, se disputaban los sitios calientes. - -Cuando los ladridos molestaron demasiado, Kotuko se deslizó -perezosamente desde el banco-cama al suelo y cogió un látigo, con -elástico mango de ballena de medio metro de largo y más de siete de -cuerda, que por ser ésta de cuero trenzado pesaba bastante. Metióse -entonces en el corredor, donde, por el ruido, parecía que los perros -se lo comían vivo; pero no era todo aquello más que su modo habitual -de dar gracias á Dios por la comida que iban á recibir. Cuando llegó -arrastrándose al otro extremo, media docena de peludas cabezas espiaban -todos sus movimientos, mientras él se dirigía á una especie de horca -hecha de quijadas de ballena, en la cual se colgaba la carne destinada -á los perros; arrancaba grandes pedazos helados valiéndose de un arpón -de ancha punta, y se quedaba luego de pie con el látigo en una mano -y la carne en la otra. Llamó á cada animal por su nombre, empezando -por los más débiles, y pobre del perro que se hubiera movido antes -de que le tocara el turno, porque la deshilachada punta del látigo, -restallando con la rapidez del rayo, le habría arrancado una pulgada ó -más de pelo y de piel. Cada animal gruñía primero, mordía después su -ración correspondiente y se atragantaba al devorarla, apresurándose á -guarecerse en el pasadizo, mientras el muchacho, de pie sobre la nieve -é iluminado por la vivísima luz de la aurora boreal, distribuía á cada -uno lo suyo con arreglo á estricta justicia. El último llamado fué un -gran perro negro que dirigía á los demás en el tiro y mantenía el orden -entre ellos cuando llevaban los arreos, y á éste dióle Kotuko doble -ración acompañada de un chasquido del látigo. - ---¡Ah! exclamó el muchacho recogiendo la punta de aquel: tengo allá -sobre la lámpara un pequeñuelo que también gruñirá de firme. _¡Sarpok!_ -¡Adentro! - -Volvió atrás pasando á gatas por encima de los perros; limpióse la -nieve que tenía sobre el traje de pieles con un sacudidor de ballena -que Amoraq guardaba detrás de la puerta; golpeó ligeramente las pieles -de que estaba forrado el techo de la choza para que se desprendieran -los carámbanos que podían haber caído sobre ellas desde la bóveda de -nieve que estaba encima; y luego se acostó, hecho una bola, sobre -el banco. Los perros que estaban en el pasadizo empezaron á roncar y -á dar leves gemidos mientras dormían; el niño más pequeño de Amoraq, -metido en la honda capucha de pieles de ésta, pateó y lloró hasta -ahogarse casi, y la madre del cachorro al que acababan de poner nombre -permaneció echada al lado de Kotuko, fijos los ojos en la bolsa de piel -de foca colocada en sitio seguro y caliente sobre la ancha y amarilla -llama de la lámpara. - -Y todo esto sucedía muy lejos, hacia el Norte, más allá del Labrador -y del Estrecho de Hudson, donde las grandes mareas levantan masas de -hielo; al Norte de la península de Melville y hasta de los pequeños -estrechos de Fury y de Hecla; sobre la playa septentrional de la Tierra -de Baffin; donde la isla de Bylot se eleva por encima de los hielos del -estrecho de Lancaster como el molde de un pastel puesto boca abajo. Más -allá de este último estrecho es muy poco lo que se conoce, excepción -hecha de Devon del Norte y la Tierra de Ellesmere; pero, aun allí, -viven desparramadas algunas gentes, á las mismas puertas, por decirlo -así, del Polo. - -Kadlu era un _inuit_ (lo que vosotros llamaríais un esquimal) y -su tribu, de unas treinta personas en junto, pertenecía á los -_tununirmiut_, ó sea, traduciendo literalmente, que Kadlu era «del -país que está situado detrás de algo». En los mapas, aquellas costas -desiertas reciben el nombre de Ensenada del Consejo de Marina; pero -el nombre de _inuit_ es preferible, porque, realmente, de aquella -tierra puede decirse que está situada _detrás de todas las cosas de -este mundo_. Durante nueve meses no hay allí más que hielo y nieve, -sucediéndose los huracanes casi sin interrupción, y siendo tan -intenso el frío que no puede formarse idea de él quien no haya visto -el termómetro cuando menos á diez y ocho grados centígrados bajo -cero[29]. De esos nueve meses, seis transcurren en la obscuridad, y -esto es lo que hace ser más horrible aquel país. En los tres meses de -verano no hiela más que cada noche, y, durante el día, de cada dos -hay helada en uno. Entonces empieza á desaparecer la nieve en las -pendientes expuestas al Sur; algunos sauces bajos muestran sus lanosas -yemas; tal ó cual diminuta piñuela[30] parece que va á florecer; -playas enteras de arena fina y de guijarros descienden hasta el mar, y -piedras bruñidas y veteadas rocas se levantan por encima de la nieve -congelada en forma de granos. Pero todo esto desaparece en pocas -semanas, y el fiero invierno vuelve á cerrar los claros que hay sobre -la tierra, mientras en el mar el hielo sube ó baja, roto en pedazos, á -lo lejos, apretándose, chocando, rajándose, rozando, y, entre tanto, -pulverizándose, y, por decirlo así, varando, hasta que, al fin, se -hiela todo junto, á una profundidad de tres metros, desde la tierra -hasta donde más honda es el agua. - -En la estación invernal, Kadlu perseguía á las focas hasta los últimos -confines de aquellas tierras, ó mejor de aquellos hielos, clavándoles -el arpón en cuanto salían á respirar en sus agujeros. Necesitan las -focas agua en que puedan estar en libertad y alimentarse en ella de -peces, y en el corazón del invierno ocurría allí, á menudo, que el -hielo se corría, sin rajarse, en un espacio de veinte leguas á partir -de la playa más próxima. En la primavera él y los suyos se retiraban -de los hielos amontonados en el mar y se dirigían á las rocas de la -tierra firme, donde levantaban tiendas hechas de pieles y cazaban con -lazo aves marinas, ó lanzaban arpones á las focas jóvenes que tomaban -el sol sobre las playas. Más tarde íbanse hacia el Sur, á la Tierra -de Baffin, para dedicarse á la caza del reno y hacer su provisión -anual de salmón en los centenares de pequeños ríos y de lagos que -había en el interior, regresando al Norte en Septiembre ú Octubre para -cazar toros almizclados y para la acostumbrada matanza de focas del -invierno. Todos estos viajes se hacían en trineos que recorrían seis ó -siete leguas cada día, ó bien, á veces, siguiendo la costa en grandes -«barcos de mujeres», como les llaman, que están hechos de pieles, y -en los cuales niños y perros se echan á los pies de los remeros, y -las mujeres entonan canciones, mientras la embarcación se desliza -de cabo en cabo por las frías y cristalinas aguas. Cuantos objetos -algo refinados conocían los _tununirmiut_ provenían del Sur, como por -ejemplo: maderos acarreados por el agua y que servían para los trineos; -hierro en barras para la punta de los arpones; cuchillos de acero; -cacerolas de estaño en las que se cocía la comida mucho mejor que en -los antiguos utensilios de cocina hechos de esteatita; pedernal, acero -y hasta fósforos; así como también cintas de colores para el cabello de -las mujeres; espejillos baratos, y paño rojo para orlas de chaquetas -de piel de reno. Dedicábase Kadlu al valioso tráfico de blanquísimos y -retorcidos cuernos de narval y de dientes de toro almizclado (que se -pagan tanto como las perlas) y que él vendía á los _inuit_ del Sur, los -cuales, á su vez, traficaban con los balleneros y con las factorías -que los misioneros tienen en los estrechos de Exeter y de Cumberland, -y de tal modo se iban encadenando las cosas que, al fin, la cacerola -comprada por el cocinero de algún barco en el bazar de Bendy bien podía -ser que fuera á parar, cuando vieja, á recibir la llama de una lámpara -de grasa de ballena en el sitio más fresco del Círculo Polar Ártico. - -Como buen cazador, Kadlu poseía gran número de arpones de hierro, -de cuchillos para cortar la nieve, de dardos para cazar pájaros, y -de cuantas otras cosas hacen fácil la vida en medio de los grandes -fríos; á lo que hay que añadir que era el jefe de su tribu, ó, como -ellos dicen, «el hombre que todo lo sabe por propia experiencia». -Ninguna autoridad le daba esto, excepto el permitirle que, de cuando -en cuando, aconsejara á sus amigos que cambiaran de cazadero; mas -Kotuko se aprovechaba de aquella circunstancia para mandar un poco, del -perezoso modo que es característico de los gordos _inuit_, á los demás -muchachos, cuando salían por la noche para jugar á pelota á la luz de -la luna ó para cantar la «Canción del niño á la Aurora Boreal». - -Pero á los catorce años un _inuit_ se considera ya hombre, y Kotuko -estaba aburrido de preparar lazos para coger aves silvestres y zorras -azules, y más aún de tener que ayudar á las mujeres en la operación -de mascar pieles de foca y de reno (procedimiento que las ablanda -mejor que nada) durante todo el largo día, mientras los hombres están -de caza. Quería ir al _quaggi_, la Casa del Canto, para ver cómo se -reunían en ella los cazadores para celebrar allí sus misterios y -cómo el _angekok_, el hechicero, después de apagar las lámparas, les -infundía un terror que hallaban delicioso, evocando el Espíritu del -Reno y haciéndole patear sobre el techo, ó arrojando una lanza contra -las sombras de la noche y viéndola volver atrás cubierta de sangre, -caliente aún. Quería poder echar sus grandes botas, como hacía su -padre, en la red, mostrando, al hacerlo, el cansado aspecto del jefe -de la familia, y jugar con los cazadores cuando iban á verlos por la -noche y se entretenían con una especie de ruleta improvisada por ellos -mismos con un pote de estaño y un clavo. Á centenares eran las cosas -que quería hacer; pero los hombres se reían de él y le decían: - ---Espera á que hayas tomado parte en la lucha. No todo se reduce en la -caza á cobrar piezas. - -Ahora que su padre acababa de ponerle nombre á un cachorro, -destinándoselo á él, las cosas se presentaban ya algo más risueñas. -Un _inuit_ no le regala un buen perro á su hijo hasta que el muchacho -sabe algo respecto al modo de educarlo; y Kotuko estaba firmemente -convencido de que sabía mucho más de lo que es necesario. - -Si el cachorro no hubiera estado dotado de una naturaleza de hierro -se hubiera muerto por exceso de comida y de manoseo. Hízole Kotuko -unos diminutos arreos con sus correspondientes tirantes y lo llevaba -arrastrando por el suelo de la choza, gritándole: - ---_¡Aua! ¡Ja aua!_ (¡Hacia la derecha!) _¡Choiachoi! ¡Ja Choiachoi!_ -(¡Hacia la izquierda!) _¡Ohaha!_ (¡Párate!) - -Al cachorro no le divertía eso lo más mínimo, pero tales juegos no -eran nada comparados con el susto que se llevó la primera vez que lo -pusieron á tirar de un trineo. Lo primero que hizo fué sentarse sobre -la nieve y ponerse á jugar con el tirante de piel de foca que iba desde -sus arreos hasta el _pitu_, la gran correa de los arcos del trineo. -Arrancó el tiro de los demás perros, y al cachorro le pasó por encima -el vehículo de tres metros de largo, arrastrándolo por la nieve, -mientras Kotuko reía hasta saltársele las lágrimas. Vinieron luego -interminables días en que oía continuamente el chasquido del cruel -látigo que silba como el viento cuando pasa sobre el hielo, y además -sus compañeros le mordían porque no sabía trabajar como ellos, y el -roce de los arreos lo desollaba vivo, y no se le permitía ya dormir con -Kotuko, sino que se veía obligado á quedarse en el sitio más frío del -pasadizo. Eran aquéllos, para el cachorro, tiempos durísimos. - -Tan aprisa como el perro, aprendía, también, el muchacho, aunque un -trineo tirado por perros es dificilísimo de manejar. Cada animal (y -es de notar que los más débiles van más cerca de quien guía) lleva un -tirante separado que pasa por debajo de la pata anterior izquierda -y va á parar á la correa principal, donde se sujeta por medio de -una especie de botón y de una presilla, que puede quitarse con un -movimiento especial de la muñeca y dejar así en libertad á cada perro -cuando se quiera. Es esto muy conveniente, porque con frecuencia ocurre -á los perros más jóvenes que se les pone el tirante entre las patas -posteriores, donde les causa cortaduras tales que llegan al hueso. -Y todos, sin excepción, tienen la costumbre, al correr, de buscarle -juegos al que tienen al lado, saltando por entre los tirantes. Luego -se pelean, y el resultado es que se arma allí un embrollo más difícil -de desenredar que sedal de pescador que se dejara mojado hasta el día -siguiente de la pesca. Muchas de estas molestias puede evitarlas el -diestro uso del látigo. Cada muchacho _inuit_ se considera maestro en -el manejo de aquél; pero si es fácil darle un trallazo á cualquier -objeto colocado en el suelo, resulta difícil, al inclinarse desde el -trineo que corre á toda velocidad, el tocar precisamente detrás de los -hombros, con la punta del látigo, á un perro rehacio. Si reñís á uno -llamándolo por su nombre y el látigo á él dirigido toca por casualidad -á otro, ambos se pelean en el acto y obligan á pararse á todos los -demás del tiro. Además, si viajáis con un amigo y empezáis á hablar, -ó bien si, yendo solo, se os ocurre poneros á cantar, los perros se -paran, vuélvense en redondo y se sientan para escucharos. Á Kotuko se -le escapó el trineo una ó dos veces por haberse olvidado de poner un -estorbo delante al pararlo, rompiendo muchos látigos y echando á perder -no pocas correas antes de que se le pudiera confiar un tiro completo de -ocho perros y el trineo más rápido. Entonces consideróse una persona -importante, y sobre la lisa, obscura superficie del hielo se deslizaba -ligero y atrevido con la rapidez de una jauría lanzada en persecución -de alguna pieza. Recorría hasta dos leguas y media para llegar á los -agujeros donde salían á respirar las focas, y, una vez en el cazadero, -soltaba una de las correas del _pitu_ y dejaba libre al perrazo negro -que dirigía el tiro, y que era el más listo de todos. Tan pronto -como le veía olfatear en alguno de los agujeros, Kotuko volcaba el -trineo y clavaba en la nieve un par de aserradas astas que se elevaban -del respaldo como los hierros de un cochecillo de niño que sirven -para empujarlo, con lo cual lograba que todo el tiro de los perros -no pudiera moverse. Entonces avanzaba arrastrándose, de pulgada en -pulgada, y quedábase esperando á que la foca se asomara para respirar. -Luego lanzaba rápidamente hacia abajo el arpón con la cuerda á él -atada, y al poco rato subía, tirando de aquélla, una foca herida, que -cuando llegaba á la superficie del hielo era arrastrada, con ayuda del -perrazo negro, hasta el trineo. Era aquel el momento crítico en que los -demás perros del tiro aullaban rabiosos, presa de la mayor agitación; -pero Kotuko les daba de latigazos en la cara, con aquella tralla que -parecía una barra de hierro candente, hasta que el cuerpo de la foca -quedaba helado, rígido. Lo más pesado era el regreso á casa. Había que -arrastrar el trineo cargado por la dura superficie del hielo, y en vez -de ponerse á tirar sentábanse los perros y miraban hambrientos á la -foca. Al fin partían, sin embargo, por el camino trillado de todos los -trineos que iban á la aldea, y trotaban por el hielo, que resonaba como -si fuera metálico, baja la cabeza, las colas en alto, mientras Kotuko -rompía á cantar el _An-gutivaun tai-na tau-na-ne taina_ (la Canción del -cazador que regresa), y de todas las casas que hallaban al paso salían -voces que le llamaban bajo aquel vasto cielo sombrío, sin más luz que -la de las estrellas. - -También Kotuko, el perro, se divertía á su modo cuando hubo llegado -á su completo desarrollo. Bravamente, lucha tras lucha, consiguió ir -ascendiendo en importancia entre los otros perros que formaban parte -del tiro, hasta que una tarde, por cuestión de comida, agarróse con el -perrazo negro que hacía de director de los demás (mientras Kotuko, el -muchacho, era testigo de que la pelea se verificaba con toda lealtad) -y, como dicen allí, lo relegó al segundo lugar en vez del primero. Así, -pues, fué elevado al puesto de perro director, y, unido á la larga -correa que le hacía correr á un metro y medio delante de los demás, -tuvo desde entonces la obligación de poner término á toda pelea que -se iniciara, ya llevando los arreos ó sin ellos, y usó desde entonces -un collar hecho de alambre de cobre, sumamente grueso y pesado. En -ciertas ocasiones se le servían cocidos los alimentos y en el interior -de la casa, permitiéndosele, además, algunas veces, dormir en el mismo -banco de Kotuko. Era un buen perro para cazar focas, y sabía acorralar -á cualquier buey almizclado corriendo en torno de él y mordiscándole -las patas. Era capaz (y para un perro de trineo es esto la mayor -prueba de bravura que darse puede)) hasta de desafiar al flaco lobo -del Polo Ártico, al que, por lo general, todos los perros del Norte -temen más que á otro cualquier animal de cuantos viven en las nieves. -El y su amo (pues no contaban como compañía la de los demás perros del -trineo) cazaron juntos día tras día y noche tras noche, el muchacho -envuelto completamente en pieles, y su feroz compañero con el pelo -largo y amarillo, los ojos pequeños, blanquísimos los colmillos. Todo -el trabajo de un _inuit_ se reduce á procurarse comida y pieles para -él y para su familia. Las mujeres cuidan de transformar las pieles en -trajes, y, si se ofrece, ayudan á poner trampas para coger piezas de -caza menor; pero la base de su alimentación (y comen de un modo enorme) -deben proporcionársela los hombres. Si las provisiones faltan no hay -allí nadie á quien comprar ó pedir prestado: no hay otro remedio que -morirse de hambre. - -Un _inuit_ no piensa en este riesgo hasta que se ve obligado á ello. -Kadlu, Kotuko, Amoraq, y el chiquitín que pateaba dentro de la capucha -de pieles de aquélla última, mascando durante todo el día pedazos de -grasa de ballena, vivían juntos tan felices como otra cualquier familia -puede serlo en este mundo. Procedían de una raza de carácter muy suave -(raras veces se altera un _inuit_ y casi nunca se le ve pegar á un -chiquillo), raza de la que podía decirse que ignoraba realmente lo que -era mentir, y más aun lo que era robar. Contentábase con arrancar á -arponazos lo que constituía su vida del corazón helado, sin esperanzas, -de una tierra que era la misma frialdad; con mostrar sus sonrisas -oleosas; con referir extraños cuentos de aparecidos y de hadas, por -las noches; con comer hasta no poder más; con cantar, en fin, la -interminable canción de sus mujeres: _Amna aya, aya amna, ¡ah! ¡ah!_ -durante todo el largo día, á la luz de la lámpara, mientras ellas les -cosían la ropa y los arreos para la caza. - -Pero un invierno, que fué terrible, pareció que todo se conjuraba -contra ellos. Volvieron los _tununirmiut_ de su pesca anual del -salmón, y construyeron sus casas sobre los primeros hielos, al Norte de -la Isla de Bylot, preparándose á salir en persecución de las focas en -cuanto el mar estuviera helado. Pero el otoño, que había venido pronto, -fué malísimo. Durante todo el mes de Septiembre reinaron continuos -vendabales que rompieron la lisa superficie del hielo, que buscan las -focas, cuando no tenía más que un metro ó metro y medio de espesor, y, -lanzándolo hacia tierra, lo amontonaron formando una gran barrera de -unas cinco leguas de ancho, llena de pedazos, y tiras, y carámbanos de -hielo que hacían imposible el pasar por allí con trineos. El borde del -banco flotante desde el cual las focas salían para apoderarse de los -peces en invierno quedaba, tal vez, á otras cinco leguas de distancia -al otro lado de la barrera, y fuera del alcance de los _tununirmiut_. -Así y todo, tal vez hubieran podido arreglarse para pasar el invierno -con su provisión de salmón helado y de grasa en conserva, ayudándose -con lo que las trampas que ponían les proporcionaban; pero en Diciembre -uno de sus cazadores tropezó con una _tupik_ (una tienda hecha con -pieles) en que halló casi muertas á tres mujeres y á una niña que -habían venido acompañando á los hombres de su familia desde lo más -remoto del Norte, viendo como aquéllos morían aplastados en sus botes -de pieles, pequeños y construídos expresamente para la caza, mientras -iban en persecución del narval de único y largo cuerno. Kadlu, por -supuesto, no tuvo más remedio que distribuir las mujeres entre las -chozas de aquella aldea de invierno, porque nunca un _inuit_ se niega -á partir su comida con un extranjero: no sabe cuando le llegará á él -el turno de tener que aceptarla. Amoraq quedóse con la niña, que tenía -unos catorce años, en su casa, haciendo de ella una especie de criada. -Juzgando por el corte de su puntiaguda capucha y por los dibujos en -forma de diamante prolongado que tenían sus blancas polainas de piel de -reno, supusieron que era originaria de la Tierra de Ellesmere. Jamás -había visto cacerolas de metal ó trineos en que se usara la madera para -cortar el hielo; pero á Kotuko, el muchacho, y á Kotuko, el perro, les -cayó en gracia y le tenían bastante cariño. - -Luego, todas las zorras fuéronse hacia el Sur, y hasta el volverena, el -gruñón y obtuso ladronzuelo de las nieves, no quiso tomarse la molestia -de pasar por la hilera de trampas que Kotuko puso. La tribu perdió un -par de sus mejores cazadores que quedaron grandemente lastimados en -una lucha con un buey almizclado, y esto acumuló más trabajo sobre los -restantes. Kotuko salió uno y otro día con un trineo ligero y seis ó -siete de los perros más fuertes, mirando por todas partes hasta dolerle -los ojos para ver si podía descubrir alguna extensión de hielo limpio -y claro en la cual alguna foca hubiera abierto por casualidad uno de -sus agujeros para respirar. Kotuko, el perro, vagaba libremente por -todos lados, y, en medio de la mortal quietud de los hielos, Kotuko, -el muchacho, oía su sordo y nervioso gemido sobre algún agujero de -aquéllos, situado á más de media legua de distancia, tan claramente -como si estuviera á su lado. Cuando el perro hallaba una de las tales -aberturas en el hielo solía el muchacho construirse un corto y bajo -muro de nieve para resguardarse algo del fuerte viento, y allí esperaba -diez, doce, veinte horas si era preciso, hasta que la foca saliera á -respirar, pegados materialmente los ojos á la diminuta señal que él -había hecho sobre el agujero para guiar la puntería cuando arrojara -el arpón, y colocada bajo los pies una alfombrita de piel de foca, -mientras tenía las piernas atadas con el _tutareang_ (la hebilla de -que hablaban los antiguos cazadores). Sirve ésta para evitar que se -le encojan las piernas al hombre que se pasa horas y horas esperando á -que se asomen las focas, de oído finísimo. Aunque el trabajo no exige -esfuerzo, fácilmente se comprende que el estar sentado completamente -inmóvil y metido en la hebilla, con el termómetro tal vez á cuarenta -grados bajo cero[31], es la ocupación más pesada de cuantas conoce un -_inuit_. Cuando se cogía una foca Kotuko, el perro, se lanzaba hacia -adelante, con la correa arrastrando detrás de él, y ayudaba á arrastrar -el cuerpo hasta el trineo, en el cual los otros perros, cansados y -hambrientos, se tendían con aire sombrío al abrigo de los rotos pedazos -del hielo. - -Una foca no era comida que pudiera durar mucho tiempo, porque cada -boca en la aldehuela tenía derecho á que le dieran su porción, y ni -huesos, ni piel, ni tendones se desperdiciaban. La carne destinada á -los perros se empleaba como alimento humano, y á aquéllos Amoraq les -hacía comer pedazos viejos de las tiendas de pieles usadas en verano -y arrancados del banco que servía para dormir, con lo cual aullaban y -aullaban continuamente los animales, despertándose de noche para aullar -de nuevo, siempre hambrientos. Con sólo ver las lámparas de esteatita -en las chozas no era difícil adivinar que el hambre se acercaba. En las -buenas épocas, cuando la grasa era abundante, la luz de las lámparas -en forma de bote tenía más de medio metro de alto, elevándose alegre, -como untuosa, amarilla. Ahora apenas si medía unas seis pulgadas, pues -Amoraq bajaba cuidadosamente la mecha de musgo cuando alguna llamarada -se elevaba más de lo debido por un momento, y en esta operación seguían -atentamente su mano los ojos de toda la familia. Lo más horroroso -del hambre allá en aquellos grandes fríos no es tanto la muerte -considerada en sí misma como el morir en medio de la obscuridad. Todo -_inuit_ teme grandemente á esta última, que pesa sobre él, sin cesar, -durante seis meses del año, y cuando las lámparas están bajas en las -casas, la inteligencia de las personas comienza á estar algo turbada y -confusa. - -Pero peores cosas habían de suceder aún. - -Los mal alimentados perros mordían y gruñían en los corredores, -lanzando furiosas miradas á las frías é indiferentes estrellas y -husmeando hacia el lado de donde soplaba el viento una y otra noche. -Cuando el aullar paraba, el silencio descendía nuevamente tan sólido -y pesado como una masa de nieve que la tormenta arroja contra una -puerta, y los hombres oían entonces el latir de las venas en los -estrechos conductos de la oreja y el golpear de sus propios corazones, -que resonaba como el ruido del tambor que los hechiceros tocan sobre -la nieve. Una noche Kotuko, el perro, que había estado de un malhumor -poco frecuente al llevar los arreos, saltó de pronto y apretó la cabeza -contra la rodilla de Kotuko. Acariciólo éste, pero el perro siguió -apretando ciegamente hacia delante y muy manso. Entonces despertóse -Kadlu, cogióle la pesada cabeza, parecida á la de un lobo, y le clavó -los ojos en los suyos, vidriosos. El perro gimió y se puso á temblar -entre las rodillas de Kadlu. Erizósele el pelo en torno al cuello y -gruñó como si algún forastero acabara de llegar á la puerta de la casa, -después de lo cual ladró alegremente, arrastróse por el suelo y comenzó -á morderle una bota á Kotuko como suelen hacer los cachorros. - ---¿Qué le ocurre? preguntó Kotuko, que comenzaba ya á sentir miedo. - ---Tiene la enfermedad, contestó Kadlu: la enfermedad de los perros. - -Kotuko, el perro, levantó entonces el hocico y púsose á aullar. - ---Nunca había visto esto. ¿Y qué hará ahora? dijo Kotuko. - -Encogió un hombro Kadlu y atravesó la choza en busca de su arpón -más corto y afilado. El enorme perro le miró, volvió á aullar, y se -deslizó por el corredor hacia afuera, mientras sus otros compañeros se -retiraban á derecha é izquierda para abrirle ancho paso. Al hallarse -fuera, sobre la nieve, ladró furiosamente, como si le siguiera el -rastro á algún buey almizclado, y ladrando, dando saltos y haciendo -cabriolas, desapareció. Lo que tenía no era hidrofobia, sino -sencillamente locura. El frío, el hambre, y sobre todo la obscuridad, -le habían atacado al cerebro, y cuando esa terrible enfermedad de -los perros aparece entre los que constituyen el tiro de un trineo se -propaga como el fuego. Al siguiente día de caza otro perro enfermó y -fué muerto en seguida por Kotuko al ver que mordía y forcejeaba entre -los arreos. Luego el perro negro que hacía de segundo, y que había sido -el que dirigía antiguamente, de pronto comenzó á ladrar como siguiendo -la pista de un reno imaginario, y cuando lo hubieron soltado del _pitu_ -se lanzó contra un gran montón de hielo, huyendo á poco como había -hecho el que dirigía el tiro, con los arreos colgando. Después de esto -nadie quiso ya volver á salir con los perros. Necesitábanlos para -algo más, y bien lo comprendían ellos, por lo que, aunque estuvieran -atados y recibieran los alimentos de mano de sus dueños, en los ojos -se les veía la desesperación y el miedo de que estaban poseídos. Para -acabar de empeorar las cosas, comenzaron las viejas á contar cuentos -de aparecidos y á decir que ellas habían visto los espíritus de los -cazadores que desaparecieron durante aquel otoño, los cuales les -habían profetizado horribles sucesos. - -Sintió Kotuko más que nada la pérdida de su perro, porque aunque un -_inuit_ coma enormemente, también cuando conviene, sabe ayunar. Pero -el hambre, la obscuridad, el frío y las intemperies fueron minando su -naturaleza, y empezó á oir voces interiores en su cerebro y á ver gente -que no tenía delante, que estaba fuera del alcance de sus miradas. -Una noche (en que acababa de quitarse la _hebilla_, después de diez -horas de estar esperando sobre uno de los agujeros de focas llamados -_ciegos_, y se encaminaba á la aldea con paso vacilante, muy débil, -desvanecido casi) paróse para apoyarse de espaldas contra una peña que -daba la casualidad de estar sostenida, como las rocas que se balancean, -sobre un solo punto saliente del hielo. Su peso destruyó el equilibrio -gracias al cual se sostenía la peña, ésta cayó rodando pesadamente, -y, mientras Kotuko saltaba hacia un lado para evitar que le tocara, -resbaló en dirección de él, con un chirrido y silbando, luego, por el -hielo, en forma de talud. - -Con esto le bastó á Kotuko. Había sido educado en la creencia de que -cada roca ó peña tenía su dueño (su _inua_) que era, generalmente, -una cosa parecida á una mujer y con un solo ojo, la cual recibía el -nombre de _tornaq_, y cuando una _tornaq_ quería ayudar á un hombre -rodaba tras de él dentro de su casa de piedra y le preguntaba si quería -tomarla como á su espíritu protector. (En los deshielos del verano -las rocas y peñas que el hielo sostiene ruedan y resbalan por toda la -superficie del terreno, por lo cual no es difícil comprender cómo nació -la idea de piedras que viven). Kotuko sintió que la sangre le latía -en las orejas, cosa que había sentido ya durante todo el día, y pensó -que aquello era la _tornaq_ de la piedra, que le estaba hablando. Aún -antes de llegar á su casa estaba ya convencido por completo de que -había sostenido con aquélla una larga conversación, y, como todos los -suyos creían en la posibilidad de que tal cosa ocurriera, nadie le -llevó la contraria. - ---Díjome: «me lanzo, me lanzo desde el sitio que ocupaba en la nieve» -repetía Kotuko con los ojos hundidos é inclinándose hacia delante en -la mal alumbrada choza. Dijo: «yo seré tu guía, yo te conduciré á los -mejores agujeros de los que hacen las focas». Mañana salgo de caza, y -la _tornaq_ me guiará. - -Luego vino el _angekok_, el hechicero de la aldea, y Kotuko refirió -el mismo cuento por segunda vez. No perdió en lo más mínimo al ser -repetido. - ---Sigue á los _tornait_ (los espíritus de las piedras) y ellos volverán -á darte comida, dijo el _angekok_. - -Ahora bien: la muchacha, procedente del Norte, que había sido recogida -en la casa, solía estar echada junto á la lámpara, comiendo poco y -hablando menos durante días enteros; pero cuando Amoraq y Kadlu, á la -mañana siguiente, comenzaron á cargar y á atar un pequeño trineo de -mano para Kotuko con todos los útiles de caza y cuanta grasa y carne -de foca helada les fué posible, ella cogió la cuerda que servía para -arrastrar el vehículo y se colocó valientemente al lado del muchacho. - ---Vuestra casa es la mía, dijo, mientras el trineo chirriaba vacilante -al deslizarse detrás de ellos en la terrible noche ártica. - ---Mi casa es tu casa, dijo Kotuko, pero yo creo que á donde iremos -ahora nosotros dos será á Sedna. - -Sedna es la Señora del _mundo inferior_, y todo _inuit_ cree que cada -persona que muere ha de pasar un año en el horrible país de aquélla -antes de ir á Quadliparmiut, el _lugar de la felicidad_, donde no se -conoce el hielo y donde los gordos renos se acercan á uno en cuanto -les llama. - -Allá en la aldea oíase á la gente gritar: - ---Los _tornait_ han hablado á Kotuko... Le enseñarán el hielo libre... -Volverá trayéndonos focas... - -Las voces se perdieron pronto en la fría é inmensa obscuridad, mientras -Kotuko y la niña se acercaban, hombro contra hombro, al tirar de la -cuerda ó al empujar el trineo por el hielo en dirección del mar Polar. -Kotuko se empeñó en que la _tornaq_ de la piedra le había dicho que -fuera hacia el Norte, y hacia el Norte fueron, caminando bajo la -constelación de _Tuktuqdjung_, el Reno, ó sea, lo que nosotros llamamos -la Osa Mayor. - -Ningún europeo hubiera sido capaz de caminar más de una legua cada día -sobre pedazos pequeños de hielo y sobre montones de afiladas aristas; -pero aquella pareja conocía con toda exactitud el movimiento especial -de muñeca que obliga á un trineo á dar la vuelta en torno de una de -esas aglomeraciones de hielo; el tirón repentino que casi lo levanta -sobre una quebradura de la superficie; la cantidad de esfuerzo que -requieren los pocos y mesurados arponazos que abren un camino cuando -toda esperanza de hallarlo parece ya perdida. - -La muchacha no decía una palabra, pero bajaba la cabeza, y la orla -de piel de volverena que adornaba su capucha de armiño caía sobre su -cara ancha y obscura. El cielo se extendía sobre la pareja, negro, con -negrura intensa y aterciopelada, que se transformaba en el horizonte en -tiras de color rojo, y sobre el negro fondo brillaban grandes estrellas -como si fueran faroles. De cuando en cuando, una oleada de luz verdosa -de la aurora boreal se deslizaba por las profundidades del alto cielo, -ondeaba como una bandera y desaparecía, ó bien algún meteoro estallaba -hundiéndose en las tinieblas y esparciendo tras de él lluvia de -chispas. Entonces veían la ondulada superficie de los flotantes hielos -del mar con ribetes y adornos de extraños colores: rojos, cobrizos y -azulados; pero á la ordinaria luz de las estrellas todo adquiría un -color gris mortecino. Ya recordaréis que los hielos del mar habían sido -sacudidos y aglomerados por los vientos del otoño, y, gracias á ellos, -parecía que hubiera pasado por allí un temblor de tierra helándose, -después, todo. - -Veíanse canales, barrancos y hoyos semejantes á cascajares abiertos -en el hielo; pedazos más ó menos grandes de éste que se habían -quedado sobre la primitiva superficie total; otros negros comparables -á pústulas, que habían sido arrojados bajo la gran masa de hielos -flotantes por algún vendabal y vueltos á levantar después; verdaderas -piñas de hielo de forma redondeada; crestas como dientes de sierra, que -habían sido hechas por la nieve que va volando delante del viento; y, -en fin, verdaderos pozos de hundidas paredes en los cuales, lo menos en -una extensión de hectárea ó hectárea y media, el nivel del suelo estaba -mucho más bajo que en el resto del terreno. Á cierta distancia bien -podían tomarse los pedazos de hielo por focas ó morsas, por trineos -puestos boca abajo, ó por hombres ocupados en una expedición de caza, -y aun podía imaginarse que eran el mismísimo gran fantasma blanco del -Oso de diez patas; pero á pesar de todas esas formas fantásticas, que -se dijera que estaban á punto de adquirir vida, no se oía un solo -ruido, ni siquiera el eco levísimo de lejano rumor. Y á través de -este silencio y de esta soledad, donde repentinas luces se agitaban -y desaparecían nuevamente, el trineo y los dos que lo empujaban iban -arrastrándose como visiones de una pesadilla... una pesadilla sobre -cosas del fin del mundo, que precisamente en el fin del mundo ocurría. - -Cuando la pareja se sentía cansada Kotuko construía lo que los -cazadores llaman una _media casa_, una pequeñísima choza hecha de -nieve, en la cual se metían, muy apretados uno contra otro, con la -lámpara de viaje, é intentaban deshelar la carne de foca que llevaban. -Una vez habían dormido comenzaban nuevamente la marcha... para andar -unas siete leguas diarias y no acercarse al Norte más que dos leguas -y media. La muchacha iba siempre silenciosa, pero Kotuko hablaba -sólo algunas veces y prorrumpía, á lo mejor, en canciones que había -aprendido en la _Casa de Canto_ (canciones sobre el verano, los renos y -el salmón), todas ellas de horrible inoportunidad en aquella estación. -Decía que había oido á la _tornaq_ hablándole malhumorada, y corría -furioso contra un montón de hielo, retorciéndose los brazos y hablando -á gritos y en tono amenazador. Á decir verdad Kotuko estaba casi loco -en aquella época; pero la muchacha se hallaba completamente segura de -que un espíritu que lo guardaba le servía entonces de guía y de que -todo iba á terminar felizmente. No sintió, pues, la menor sorpresa -cuando al fin de la cuarta jornada Kotuko, cuyos ojos brillaban como -dos bolas de fuego, le dijo que su _tornaq_ los seguía á través de la -nieve, en forma de un perro con dos cabezas. Miró la niña hacia el -sitio que le señalaba Kotuko, y algo parecióle ver que se deslizaba -hacia un barranco. La aparición no revestía, ciertamente, humana -forma, pero bien sabían todos que los _tornait_ preferían adoptar la -apariencia de osos, focas, y otros animales. - - [Ilustración] - -Podía ser aquello el mismo fantasma blanco del Oso de las diez patas, -ó cualquiera otra cosa, porque Kotuko y su compañera estaban tan -hambrientos que no se podía ya prestar fe á lo que decían ver. Nada -habían cazado con las trampas que ponían, ni descubrieron rastro -alguno de caza desde que abandonaron la aldea; además, su escasa -comida apenas si les duraría otra semana, y una nueva borrasca se -les venía encima. Una tempestad en el Polo puede durar diez días sin -interrupción, y en todo este tiempo es segura la muerte para aquél á -quien coja fuera de casa. Kotuko construyó una casa de nieve de tamaño -suficiente para contener el trineo de mano (porque nunca debe separarse -uno de su comida), y, mientras estaba dando forma regular al pedazo -de hielo que sirve de clave de la bóveda, vió _algo_ que le estaba -mirando desde un abrupto montón de hielo, á unos ochocientos metros de -distancia. El aire era pesado, como neblina, y aquella cosa fantástica -parecía tener doce metros de ancho por tres de alto, con seis metros de -cola y una forma indecisa, de contornos indefinidos, temblorosos. La -muchacha vióla también, pero en vez de ponerse á gritar aterrorizada, -dijo en voz baja: - ---Esto es Quiquern. ¿Qué es lo que ocurrirá después? - ---Que me hablará, dijo Kotuko. - -Pero el cuchillo con que cortaba el hielo tembló en su mano mientras -esto decía, porque, por mucho que un hombre crea que tiene amistad -con raros y feos espíritus, pocas veces gusta de que sus palabras -parezcan resultar verdad. Además, Quiquern es el fantasma de un perro -gigantesco, sin dientes ni pelo, que se supone que vive en el lejano -Norte, y que vaga por el país aquél precisamente poco antes de que algo -ocurra. Lo mismo puede ser esto anuncio de cosas agradables que de -desagradables, pero ni á los hechiceros les gusta hablar de Quiquern. -Él es quien da á los perros la locura. Como el Oso-Fantasma, tiene -muchas patas (seis ú ocho pares) y lo que es aquella cosa fantástica -que se movía en la neblina tenía, también, muchas más patas de las que -necesita ningún perro de carne y hueso. Kotuko y la niña corrieron á -refugiarse en su choza apretándose uno contra otro. Por supuesto que si -Quiquern les hubiera necesitado para algo no habría dejado de hacer que -el techo se hundiera sobre su cabeza; pero el saber que entre ellos y -la malvada obscuridad se interponía un muro de nieve de palmo y medio -de grueso les servía de consuelo. - -La tempestad estalló al fin con ruido estridente del viento, parecido -al de un tren, y durante tres días y tres noches continuó sin variar ni -un momento, sin atenuarse en lo más mínimo ni por un minuto. La pareja -fué cuidando de mantener encendida la lámpara que sostenía entre las -rodillas, mascullando tibios pedacitos de carne de foca, y mirando -cómo el negro hollín se acumulaba en el techo durante setenta y dos -interminables horas. La muchacha hizo el recuento de la comida que -les quedaba aún en el trineo: no había más que para dos días. Kotuko -examinó las puntas de hierro y las ataduras, hechas de tendones de -reno, de su arpón, de su lanza especial para focas y de su dardo para -cazar pájaros. Nada más podía hacer. - ---Pronto iremos á Sedna... muy pronto, murmuró la niña. De aquí á tres -días no nos quedará más que echarnos... y partir. ¿No hará algo por -nosotros tu _tornaq_? Cántale una canción de _angekok_ para hacerla -venir. - -Comenzó el muchacho á cantar en el tono altísimo de aullido que suelen -tener las canciones mágicas, y al propio tiempo la furia de la tormenta -empezó á ceder. En mitad de la canción estremecióse la niña, y en -seguida colocó, sobre el hielo que formaba el piso de la choza, primero -la mano, que cubría un mitón, y luego la cabeza. Siguió Kotuko su -ejemplo, y los dos se arrodillaron, fija la mirada del uno en la del -otro y escuchando con toda la tensión nerviosa de que eran capaces. -Después arrancó él una delgada tira de ballena de un lazo para cazar -pájaros, que tenía en el trineo, y, enderezándola la colocó derecha en -un agujerito que hizo en el hielo, afirmándola con su mitón. Quedó casi -tan delicadamente ajustada como la aguja de una brújula, y, una vez -hecho esto, en lugar de seguir la pareja escuchando, miró atentamente. -La delgada varilla tembló un poco... vibró de modo casi imperceptible; -después la vibración se hizo ya más firme durante algunos segundos... -desapareció... y, al fin, volvió á aparecer, pero esta vez señalando -hacia otro punto de aquella especie de brújula. - ---¡Demasiado pronto! exclamó Kotuko. Alguna gran porción de hielo -flotante se ha roto, lejos, allá fuera. - -La muchacha señaló hacia la varilla y sacudió la cabeza. - ---Es que se rompe todo, dijo. Escucha el ruido en el suelo. Suenan -golpes. - -Al arrodillarse esta vez oyeron extrañísimos y sordos rumores, como -frecuente golpear que resonara bajo sus mismos pies. Parecía ora que -algún cachorrillo chillaba colocado sobre la luz de la lámpara; ya -que alguien afilaba una piedra sobre el duro hielo; ora que tocaban -un tambor cubierto con algo; pero todos esos rumores sonaban como muy -prolongados y disminuidos, como si vibraran, pasando á través de un -cuerno muy pequeño, durante larga y fatigosa distancia. - ---No iremos á Sedna echados, dijo Kotuko. Esto es el deshielo. La -_tornaq_ nos ha engañado. Vamos á morir. - -Todo esto podrá parecer absurdo, pero ello es que la pareja se hallaba -frente á un peligro muy real. Los tres días de viento habían barrido -hacia el Sur el agua de la bahía de Baffin amontonándola contra el -extremo de la gran extensión de hielo que iba desde la isla de Bylot -hacia el Oeste. Además, la fuerte corriente que va hacia el Este -desde el Estrecho de Lancaster llevaba durante algunas millas lo que -llaman _hielo en pacas_ (hielo tosco y áspero que no se ha convertido -aún en llana superficie), y estas _pacas_ caían como bombas sobre la -masa de hielos flotantes, al mismo tiempo que el flujo y reflujo del -tempestuoso mar la minaba y la iba haciendo cada vez más débil. Lo que -Kotuko y la niña habían oído eran los ecos lejanos de aquella lucha -que se verificaba á ocho ó diez leguas de distancia, y la indiscreta -varilla se estremecía al choque de aquel continuo batallar. - -Ahora bien: como dicen los _inuit_, una vez el hielo se ha despertado -de su largo sueño del invierno no es ya posible saber lo que puede -ocurrir, porque, aunque sólido, cambia de forma casi tan pronto como -una nube. El vendabal era, sin duda, uno de los de primavera que había -llegado fuera de tiempo, y cualquier cosa podía considerarse posible. - -Á pesar de todo, la pareja se sentía algo más animada que antes. Si el -hielo se rompía no tendría que esperar y sufrir más. Los espíritus, -duendes y demás habitantes del mundo de los encantamientos andaban -sueltos por el movedizo hielo, y tal vez les ocurriría á los dos -muchachos que junto con ellos entraran en el país de Sedna toda -clase de extraordinarios seres llenos aún de loca exaltación. Cuando -abandonaron la choza, después de pasada la tormenta, el ruido crecía -más y más allá en el horizonte y la dura masa de hielo gemía y zumbaba -en torno suyo. - ---Aún está esperando, dijo Kotuko. - -Sobre la cima de un gran montón de hielo estaba sentada ó acurrucada -aquella _cosa_ fantástica de ocho patas que habían visto tres días -antes... y entonces aullaba de un modo horrible. - ---Sigamos, dijo la muchacha. Quizá conozca algún camino que no conduzca -á Sedna. - -Pero al coger la cuerda del trineo se sintió desfallecer. La _cosa_ -aquélla se movía alejándose despacio y torpemente por encima de los -picos del hielo, dirigiéndose siempre hacia el Oeste y hacia la tierra, -y ellos siguieron también en la propia dirección, mientras el ruido -atronador que se oía en el borde de la gran masa de hielo flotante -allá en el mar se acercaba cada vez más. La masa estaba ya rajada en -todos sentidos en el espacio de una legua en dirección de tierra, y -grandes capas como de tres metros de grueso y que ora medían unos pocos -metros cuadrados, ora unas ocho hectáreas, saltaban, y se hundían, y -chocaban unas con otras, ó con la porción de masa total que aún no -estaba rota, al ser cogidas y sacudidas por el revuelto oleaje que se -agitaba entre ellas. Este ariete del hielo era, por decirlo así, la -avanzada del ejército que el mar lanzaba contra sus hielos flotantes. -El continuo romperse y chocar de los pedazos ahogaba, casi, el chirrido -de la especie de láminas arrojadas enteras bajo la gran masa como -baraja escondida á toda prisa bajo el tapete de una mesa. Donde el -agua era poco profunda estas láminas se amontonaban una sobre otra -hasta que las inferiores llegaban á tocar el fango, á quince metros -de profundidad, y el mar descolorido hacía de dique tras el sucio -hielo hasta que la presión creciente volvía á arrojarlo todo hacia -delante. Además del hielo flotante y del otro en bruto ó _en pacas_, -el vendabal y las corrientes hacían descender verdaderos aludes, -especie de montañas movibles arrancadas de las costas de Groenlandia -ó de la playa septentrional de la bahía de Melville. Llegaban pesada -y solemnemente, mientras las olas rompían en blanca espuma en torno -suyo y avanzaban en dirección de la gran masa como una antigua flota -navegando á toda vela. Tal ó cual alud que parecía venir preparado -para llevarse de calle el mundo entero, fondeaba como sin fuerzas en -el agua, comenzaba á dar vueltas, y acababa revolcándose en la espuma -y en el fango, envuelto en una nube de voladoras y heladas chispas, -mientras otro mucho más pequeño y bajo rajaba la aplastada masa y -se metía dentro de ella, arrojando á cada lado toneladas de hielo y -abriendo una vía de más de ochocientos metros antes de que se parara. -Caían unos como espadas, cortando canales de sinuosos bordes; otros -se rompían en una lluvia de pedazos que pesaban docenas de toneladas -cada uno y se arremolinaban con estruendo; otros, en fin, levantábanse -enteros fuera del agua al juntarse, se retorcían como atormentados por -el sufrimiento y caían pesadamente sobre uno de sus lados, mientras el -mar pasaba sacudiendo su espalda. Toda esta labor continua de prensar, -amontonar, doblar y retorcer el hielo en todas las formas posibles, se -verificaba á tanta distancia como la vista podía alcanzar á lo largo de -la línea septentrional de la masa flotante. Desde el sitio en que se -hallaban Kotuko y la niña aquel caos no parecía más que un movimiento -de ondulación y de arrastre que se verificaba allá en el horizonte; -pero se acercaba á ellos por momentos, y lejos, hacia el lado de la -tierra, oían como fuerte bramido comparable á estruendo de artillería -que resonara á través de la niebla. Indicaba esto que la gran masa de -hielo flotante que había sobre el mar era empujada contra los férreos -acantilados de la costa de la isla de Bylot, la tierra que se hallaba -hacia el Sur, detrás de ellos. - ---Esto no se ha visto nunca, exclamó Kotuko, mirando con aire -estupefacto. Ésta no es la época en que ocurre. ¿Cómo puede ser que el -hielo se rompa ahora? - ---Ve siguiendo á aquello, gritó la muchacha señalando á la fantástica -aparición que medio cojeando y medio corriendo se alejaba en insensata -carrera delante de ellos. Siguiéronla, en efecto, tirando con toda -su fuerza del trineo, y, al mismo tiempo, oían cada vez más cerca -el avance ruidoso del hielo. Al fin los campos que en torno suyo se -extendían rajáronse en todas direcciones, y las rajaduras se abrían -con estallidos semejantes al castañeteo de los dientes del lobo. Pero -donde _la cosa fantástica_ se apoyaba, sobre una especie de baluarte de -pedazos de hielo esparcidos que medía una altura de unos quince metros, -ningún movimiento se notaba. Kotuko saltó impetuosamente hacia delante, -llevando tras de sí á su compañera, y subió arrastrándose hasta el pie -del baluarte. La voz del hielo se hacía cada vez más fuerte en torno -suyo, pero aquella fortaleza no se rendía, y, como la joven mirara á -su compañero, levantó éste el codo derecho apartándolo del cuerpo al -mismo tiempo de levantarlo y haciendo así la señal que usa todo _inuit_ -para indicar que ha descubierto tierra y que ésta tiene la forma de -una isla. Y, verdaderamente, hacia la tierra les había llevado aquella -fantástica aparición de las ocho patas que andaba cojeando: hacia un -islote de granítica base y de arenosas playas, cubierto, enfundado y -como enmascarado por el hielo, hasta el punto de no haber hombre capaz -de distinguirlo de la masa helada que flotaba sobre el mar; pero, por -debajo, tierra sólida era y no hielo movible. El romperse y rebotar de -los pedazos flotantes al chocar con el islote marcaba las orillas del -mismo, y un protector banco de arena arrancaba desde él en dirección -del Norte, desviando la furia de los más pesados montones de hielo, -ni más ni menos que como la reja de un arado voltea grandes pedazos -de marga. Por supuesto que existía el peligro de que alguna gran -extensión de hielo, obedeciendo á enorme presión, remontara la playa -é hiciera desaparecer por completo la parte alta del islote; pero la -idea no preocupó á Kotuko ni á la muchacha mientras construían su casa -de nieve y comenzaban á comer, oyendo como el hielo golpeaba la playa -y se arrastraba por ella. La _cosa fantástica_ había desaparecido -y Kotuko hablaba, muy excitado, del poder que él tenía sobre los -espíritus, mientras, al propio tiempo, se acurrucaba junto á la -lámpara. Precisamente cuando se hallaba en lo mejor de sus insensatas -afirmaciones la muchacha comenzó á reirse y á balancearse de delante á -atrás y de atrás á delante. - -Á su espalda, avanzando cautelosamente hacia el interior de la choza, -veíanse dos cabezas, una amarilla y otra negra, pertenecientes á dos -perros que ofrecían el aspecto más triste y avergonzado que imaginarse -pueda: el uno era Kotuko, el perro, y el otro el que había dirigido el -trineo. Ambos estaban ahora gordos, con buena salud y completamente -curados de su locura; pero iban unidos uno á otro del modo más extraño. -Cuando el negro, que dirigía el trineo, se escapó, ya recordaréis -que llevaba aun colgando los arreos. Debió de encontrar á Kotuko, el -perro, y jugar con él ó pelearse, porque el lazo que tenía pasado por -los hombros se le enganchó en los alambres de cobre retorcido que -llevaba Kotuko en el collar, y se había enredado de tal modo y tan -fuertemente que ni uno ni otro podía coger la correa con los dientes -para separarla, sino que cada uno quedaba atado por el cuello á lo -largo del cuerpo de su vecino. Esto, junto con la libertad de cazar por -su cuenta, debió de contribuir grandemente á curarles de su locura. -Estaban completamente en sano juicio. - -La muchacha empujó á los avergonzados animales hacia Kotuko y muerta de -risa gritó: - ---Esto es Quiquern, el que nos ha conducido á la tierra firme. ¡Mira -las ocho patas y las dos cabezas! - -Cortó Kotuko la correa, devolviéndoles así la libertad, y ambos se -precipitaron en sus brazos, el amarillo y el negro al mismo tiempo, -como queriendo explicar de qué modo habían recobrado la razón. Kotuko -les pasó la mano por los costados, que estaban bien llenos y con el -pelo reluciente. - ---Han encontrado comida, dijo sonriendo. No creo que vayamos tan pronto -á Sedna. Mi _tornaq_ los ha mandado. Ya se les ha curado la enfermedad. - -En cuanto hubieron acariciado á Kotuko, los dos animales, que se habían -visto obligados á dormir, comer y cazar juntos durante las últimas -semanas, lanzáronse el uno contra el otro, y hubo entonces una gran -batalla en el interior de la casa de nieve. - ---Los perros no se pelean cuando tienen vacío el estómago, dijo Kotuko. -Han encontrado alguna foca. Durmamos, que no nos faltará comida. - -Cuando se despertaron el agua del mar había quedado ya libre en la -playa septentrional del islote, y todo el hielo suelto había sido -lanzado hacia la tierra. Un _inuit_ considera siempre como deliciosos -los primeros rumores de la marea alta, porque le advierten que la -primavera se acerca. Kotuko y la niña cogiéronse de las manos y -sonrieron, porque el claro y fuerte ruido que producía el mar entre el -hielo les recordaba el tiempo de la pesca del salmón, de la caza del -reno, y el olor de los sauces rastreros cuando están en flor. Hasta en -aquel mismo momento el mar comenzó á espesarse casi congelado, entre -los flotantes témpanos de hielo: tan intenso era el frío; pero en el -horizonte se veía una ancha y roja claridad que era la luz del hundido -sol. Parecía aquello, más bien, un bostezo en mitad de su sueño que su -verdadero levantarse, y la claridad no duró más que algunos minutos, -pero ello es que marcaba el cambio del año hacia la mejor estación. -Nada podía cambiar el curso de las cosas. - -Halló Kotuko á los perros peleándose sobre el cuerpo de una foca recién -muerta, la cual había ido siguiendo á los peces que una tormenta hace -siempre cambiar de lugar. Era la primera de unas veinte ó treinta que -llegaron al islote durante aquel día, y hasta que el mar se hubo helado -fuertemente fueron á centenares las vivas cabezas negras que se veían, -gozándose en disfrutar del agua libre, poco profunda, y flotando entre -los témpanos de hielo. - -Era un gusto para nuestra pareja el poder comer otra vez hígado de -foca; el llenar las lámparas de grasa sin tener que ir con miedo y el -ver cómo la llama se elevaba á un metro de altura; pero tan pronto -como apareció el hielo nuevo en el mar, Kotuko y su compañera cargaron -el trineo de mano é hicieron tirar de él á los dos perros como nunca -en la vida habían tirado, porque no estaban muy tranquilos ambos -muchachos respecto á lo que hubiera podido ocurrir en su aldea. El -tiempo continuaba tan implacable como de costumbre; pero es más fácil -arrastrar un trineo cargado de víveres que cazar muriéndose de hambre. -Dejaron los cadáveres de veinticinco focas enterrados en el hielo de la -playa y prontos para ser usados, después de lo cual se apresuraron á -regresar al seno de su familia. Los perros les enseñaron el camino en -cuanto Kotuko les indicó lo que deseaba que hicieran, y, aunque ninguna -señal hubiera del camino que debían seguir, en dos días se hallaban -ya dando voces á la entrada de la casa de Kadlu. Sólo tres perros les -contestaron. En cuanto á los otros habían sido comidos, y las casas se -hallaban sumidas en la obscuridad. Pero cuando Kotuko gritó: _«¡ojo!»_ -(esto es _carne hervida_) algunas voces débiles le contestaron, y al -llamar á los habitantes de la aldea por sus nombres, con voz bien -clara, no hubo nadie que faltase. - -Una hora después brillaban las lámparas en la casa de Kadlu; el agua, -de nieve derretida, se calentaba sobre el fuego; hervían las cacerolas, -y del techo iba goteando el hielo, mientras Amoraq cocinaba una comida -para toda la aldea; el chiquitín que estaba metido en la capucha de -pieles mascaba un pedazo de grasa que tenía gusto de nueces, y los -cazadores iban atiborrándose metódica y pausadamente de carne de foca. -Kotuko y la niña refirieron sus aventuras. Entre ellos se sentaron -los dos perros, y cada vez que oían pronunciar su nombre en el relato -enderezaban una oreja y parecían lo más avergonzados de sí mismos que -imaginarse pueda. El perro que haya enloquecido una vez y curádose -luego, queda, en opinión de los _inuit_, inmune contra posteriores -ataques. - ---Ya veis, pues, que la _tornaq_ no se ha olvidado de nosotros, dijo -Kotuko. Sopló el vendaval, rompióse el hielo y las focas viniéronse -detrás de los peces asustados por la tempestad. Ahora los nuevos -agujeros que estas focas han hecho están á una distancia de aquí que no -llega á dos días de viaje. Que vayan mañana los mejores cazadores y que -traigan las focas que yo he muerto: veinticinco, que están enterradas -en el hielo. Cuando las hayamos comido iremos todos á caza de otras. - ---¿Y vosotros qué es lo que vais á hacer ahora? preguntó el hechicero á -Kadlu en el tono que usaba para hablar con él, porque era el más rico -de los _tununirmiut_. - -Kadlu miró á la muchacha, á la hija de los países del Norte, y dijo -calmosamente: - ---Nosotros vamos á construir una casa. - -Al decir esto señaló hacia el lado Noroeste de la suya, porque en este -lado es donde suelen vivir allí el hijo ó la hija casados. - -La joven levantó, entonces, las manos, vueltas las palmas hacia arriba, -y sacudió ligeramente la cabeza como con aire incrédulo. Era ella una -extranjera, dijo, que habían recogido hambrienta, y nada podía traer -como dote á la casa. - -Saltó, entonces, Amoraq del banco en que estaba sentada y comenzó á -arrojar multitud de cosas en la falda de la niña: lámparas de piedra, -raederas de hierro para las pieles, cafeteras de hoja de lata, pieles -de reno con bordados hechos de dientes de buey almizclado, y verdaderas -agujas capoteras como las que usan los marineros para coser las velas. -Dote tan bueno como aquel jamás había sido entregado en los confines -del Círculo Polar Ártico, y, al recibirlo, la joven del Norte inclinó -la cabeza hasta tocar al suelo. - ---¡También esto! dijo Kotuko riendo y señalando á los perros, que -acercaron sus fríos hocicos á la cara de la niña. - ---¡Ah! exclamó el _angekok_, tosiendo con aire importante, como si -todo aquello lo tuviera ya él previsto. En cuanto Kotuko abandonó la -aldea fuíme yo á la _Casa del Canto_ y entoné canciones de magia. Pasé -las noches cantando é invoqué al espíritu del Reno. Mis cantos fueron -los que hicieron soplar el vendaval que rompió el hielo, y los que -atrajeron á los dos perros hacia el sitio en que se hallaba Kotuko -cuando estuvo á punto de morir aplastado. Una de mis canciones fué la -que hizo que la foca siguiera detrás del roto hielo. Mi cuerpo reposaba -inmóvil en el _quaggi_, pero mi espíritu vagaba lejos de él y guiaba á -Kotuko y á los perros en todo cuanto hicieron. Yo lo hice todo. - -Como cuantos se hallaban presentes estaban ya hartos de comida -y soñolientos nadie se tomó el trabajo de contradecir aquellas -afirmaciones, y el _angekok_, en virtud del privilegio que le daba su -oficio, se sirvió aun otro pedazo de carne hervida, y se acostó, luego, -con los demás en la tibia é iluminada casa que olía á aceite. - - * * * * * - -Ahora bien: Kotuko, que dibujaba perfectamente á lo _inuit_, grabó -ciertos cuadros, que representaban todas las anteriores aventuras, en -un largo pedazo de marfil en forma de plancha y con un agujero en uno -de los extremos. Cuando en compañía de la muchacha fué hacia el Norte, -á la Tierra de Ellesmere, en el año llamado del _invierno maravilloso_, -dejó aquel cuadro, que era como una historia, á Kadlu, el cual lo -perdió entre los guijarros un verano en que se le rompió el trineo, -allá en la orilla del lago Netilling, en Nikosiring, y allí lo encontró -uno de los habitantes del país á la primavera siguiente, vendiéndoselo -en Imigen á un hombre que era intérprete de un ballenero del Estrecho -de Cumberland, y éste, á su vez, se lo vendió á Hans Olsen, que fué -después contramaestre de un vapor que llevaba viajeros al Cabo Norte en -Noruega. Cuando terminó la estación de moda para estos viajes el vapor -dedicóse á hacer la travesía entre Londres y Australia, con escala en -Ceylán, y allí Olsen vendió la plancha de marfil á un joyero cingalés -por zafiros falsos. Yo la encontré, finalmente, entre un montón de -cosas inútiles en una casa de Colombo, y la he ido descifrando y -traduciendo aquí de cabo á rabo. - - [Ilustración] - - - =An-gutivaun taina= - -(Lo que sigue es traducción muy libre de la «Canción del Cazador que -regresa», según los hombres solían cantarla después de perseguir á las -focas. El _inuit_ repite siempre mil veces lo mismo). - - - Endurecidos por la sangre helada - nuestros guantes están, y por la nieve - que en montones se junta sobre el suelo - nuestros trajes de pieles. - - De cazar focas regresamos... focas - que en los bancos de hielo vivir suelen. - - _¡Au jana! ¡Aua!... ¡Oha! ¡Haq!_ Veloces - pasan trineos que volar parecen, - y al chasquido de látigos, los perros, - ladrando, al hogar vuelven. - - De cazar focas regresamos... focas - que en los bancos de hielo vivir suelen. - - Nosotros las seguimos paso á paso - á nuestras focas que se esconden siempre, - y al oir que escarbaban bajo tierra, - tendidos en la nieve, - las acechamos y al salir, la lanza - les arrojamos, como tantas veces... - así... y así... de tal manera hiriendo, - matando de tal suerte. - - La sangre helada nuestros guantes cubre, - pésanos en los párpados la nieve... - pero á la esposa y al hogar volvemos - de los hielos perennes. - - _¡Au jana! ¡Aua!... ¡Oha! ¡Haq!_ Cargados - van los trineos que volar parecen; - ya la esposa aguardando está al esposo - cuando él de los perpetuos hielos vuelve. - - [Ilustración] - - - NOTAS: - -[29] Equivalen á cero del termómetro Fahrenheit, que es el que cita el -autor.--N. del T. - -[30] En Botánica se llama así á una planta parecida á la -siempreviva.--N. del T. - -[31] El autor se refiere al termómetro Fahrenheit.--N. del T. - - - [Ilustración] - - - - - LOS PERROS JAROS - - ¡Por nuestras claras, deliciosas noches - en que libres corremos y cazamos! - ¡Por el aroma matinal del aire - que humedece el rocío, no secado! - - ¡Por el placer de perseguir las piezas - que locas huyen con terror incauto! - ¡Por los gritos de nuestros compañeros - que al vencido _sambhur_ tienen cercado! - - ¡Por los dulces peligros de la noche! - ¡Por el dormir de día, dulce y grato, - allá á la entrada del cubil! ¡Por todo, - guerra á muerte juramos! - - -No empezó para Mowgli la parte más agradable de su vida hasta después -de la invasión verificada por la Selva. Tranquila su conciencia por -considerar que había pagado sus deudas, y amigo de cuantos en la Selva -vivían, era mirado por todos con un poco de temor. Lo que hizo, vió y -oyó vagando solo ó con sus cuatro compañeros bastaría para escribir -innumerables cuentos, cada uno de ellos tan largo como el presente. -Así, pues, dejaré de referiros su encuentro con el Elefante Loco de -Mandla, que mató veintidós bueyes que conducían once carros llenos de -plata acuñada, perteneciente al Tesoro nacional, y esparció por el -polvo las brillantes rupias; su lucha con Jacala, el cocodrilo, durante -toda una noche, en los Pantanos del Norte, y cómo rompió su cuchillo -de desollador en las placas de la espalda del animal; cómo halló otro -cuchillo nuevo que llevaba pendiente del cuello un hombre que había -sido muerto por un oso, tras de lo cual siguió él las huellas de éste -y lo mató para que fuera el justo precio pagado por el cuchillo; cómo -quedó cogido una vez, durante la época llamada de la Gran Hambre, entre -los rebaños de ciervos que emigraban, y fué casi aplastado por ellos; -cómo salvó á Hathi, el Silencioso, del peligro de caer por segunda vez -en una trampa de las que tienen un palo afilado en el fondo, y cómo, al -día siguiente, cayó él mismo en otra de las que sirven para leopardos, -rompiendo entonces Hathi las gruesas barras de madera que la formaban; -finalmente, cómo pudo ordeñar las hembras de los búfalos salvajes en -los terrenos pantanosos, y cómo... Pero no pueden contarse varios -cuentos á la vez y hay que limitarse á uno. - -Murieron Papá Lobo y Mamá Loba, colocando entonces Mowgli una gran -piedra contra la boca de la cueva y entonando allí, entre sollozos, la -Canción de la Muerte; Baloo era ya muy viejo y apenas podía moverse, -y hasta Bagheera, que tenía nervios de acero y férreos músculos, -comenzaba ya á mostrar menos agilidad cuando se trataba de matar alguna -pieza. Con los años, de gris que era, volvióse Akela blanco como la -leche, con las costillas salientes, caminando como si su cuerpo fuera -de madera, y Mowgli tenía que cazar para él. Pero los lobos jóvenes, -los hijos de la deshecha manada de Seeonee, crecían y se multiplicaban, -y cuando llegaron á ser unos cuarenta, de cinco años, sin amo, con -excelentes pulmones y ligeros pies, Akela les dijo que debían juntarse, -obedecer la Ley, y estar bajo la dirección de uno, como correspondía á -los del Pueblo Libre. - -No se metió Mowgli en este asunto, porque, como él dijo, ya sabía lo -que eran frutas agrias y en qué árboles se cogían; pero cuando Fao, -hijo de Faona (cuyo padre era el que indicaba las pistas en los tiempos -de la jefatura de Akela) ganó en buena lid el derecho de dirigir la -manada, de acuerdo con la Ley de la Selva, y cuando, á la luz de las -estrellas, resonaron una vez más los antiguos gritos y canciones, -Mowgli volvió á asistir al Consejo de la Peña, como en memoria de -tiempos que pasaron. Si se le antojaba hablar, la manada aguardaba -hasta que hubiera terminado, y se sentaba en la peña al lado de Akela, -más arriba del sitio ocupado por Fao. Eran, aquéllos, días en que se -cazaba bien y se dormía mejor. Ningún forastero se atrevía á entrar en -las selvas que pertenecían al _pueblo_ de Mowgli, como llamaban á la -manada; los lobos más jóvenes crecían más fuertes y gordos, y abundaban -los lobatos que había que llevar á la Peña para que los inspeccionaran. -Iba siempre Mowgli á estas reuniones, acordándose de aquella noche en -que una pantera negra compró á la manada la vida de un chiquillo moreno -y desnudo, y al prolongado grito de: «Mirad, mirad bien, lobos», latía -con fuerza su corazón. Otras veces se alejaba, internándose en la Selva -con los que él consideraba como sus cuatro hermanos, probando, tocando -y viendo toda clase de cosas nuevas. - -Una tarde, á la hora del anochecer, mientras caminaba distraidamente -por los bosques para ir á dar á Akela la mitad de un gamo que acababa -de matar, mientras _los cuatro_ se empujaban, medio riñendo y -revolcándose por juego, oyó un grito como nunca se había vuelto á oir -allí desde los tiempos en que vivía Shere Khan. Era lo que llaman -en la Selva el _feeal_, una especie de horroroso chillido que da el -chacal cuando caza siguiendo á un tigre, ó cuando tiene caza mayor á la -vista. Si imagináis una mezcla de odio, de aire triunfal, de miedo y -de desesperación, en un solo grito desgarrador, tendréis una idea del -_feeal_ que se oyó entonces elevarse, descender y vibrar en el aire, -á lo lejos, del otro lado del Wainganga. Los cuatro lobos dejaron de -jugar en el acto, con los pelos erizados y gruñendo. Mowgli echó mano -al cuchillo y se paró, congestionado el rostro, arrugado el entrecejo. - ---No hay por aquí ningún _rayado_ que se atreva á matar... dijo. - ---No es éste el grito del Explorador, contestó el Hermano Gris. Eso es -alguna gran cacería. ¡Escucha! - -Resonó de nuevo el grito, mitad parecido á un sollozo y mitad á una -risa ahogada, ni más ni menos que si el chacal tuviera flexibles -labios humanos. Respiró entonces Mowgli con fuerza y echó á correr en -dirección de la Peña del Consejo, adelantándose por el camino á los -lobos de la manada que también corrían hacia el mismo sitio. Fao y -Akela estaban juntos sobre la Peña, y más abajo que ellos veíanse á -los demás, sentados y con todos los nervios en tensión. Las madres y -sus lobatos corrían hacia sus cubiles, porque cuando el _feeal_ suena -conviene que los débiles se hallen recogidos. - -Nada se oía más que el rumor del Wainganga, corriendo entre la -obscuridad, y las ligeras brisas del anochecer pasando entre las copas -de los árboles, cuando de pronto, al otro lado del río, aulló un lobo. -No era ninguno que perteneciera á la manada, porque éstos se hallaban -todos alrededor de la Peña. El aullido se fué prolongando, adquiriendo -un tono como de desesperación. «_¡Dhole!_», decía, «_¡Dhole! ¡Dhole! -¡Dhole!_» Oyóse ruido de cansados pasos por entre las rocas, y un -demacrado lobo, con los costados llenos de rayas rojas, destrozada una -de sus patas delanteras y cubiertas de espuma las quijadas, lanzóse en -mitad del círculo y se echó jadeante á los pies de Mowgli. - ---¡Buena suerte! ¿Quién es tu jefe? le preguntó gravemente Fao. - ---¡Buena suerte! Soy _Won-tolla_, contestó el recién llegado. - -Quería decir con esto que era un lobo solitario, que atendía á su -defensa, á la de su compañera y pequeñuelos en algún aislado cubil, -como hacen algunos lobos en la parte meridional del país. _Won-tolla_ -significa uno que no forma parte de ninguna manada. Al acabar de hablar -quedóse jadeando, y con tal fuerza le latía el corazón que á cada -latido todo su cuerpo se movía. - ---¿Quién anda por ahí? dijo Fao, porque esto es lo que todos preguntan -en la Selva en cuanto se oye el _feeal_. - ---¡Los _dholes_, los _dholes_ del Dekkan... los Perros Jaros, los -Asesinos! Fueron desde el Sur hacia el Norte, diciendo que en el Dekkan -no se encontraba nada y matándolo todo por donde pasaban. Cuando -esta luna era luna nueva tenía yo cuatro de los míos: mi compañera y -tres lobatos. Ella les enseñaba á cazar sobre las llanuras cubiertas -de yerba, escondiéndose para apoderarse de los gamos, como hacemos -nosotros, los que cazamos en campo abierto. Á media noche les oí pasar, -siguiendo, con grandes ladridos, un rastro. Al soplar la brisa matutina -hallé á los míos yertos sobre la yerba... los cuatro, Pueblo libre, -los cuatro... y esto ocurrió cuando esta luna era luna nueva. Entonces -hice uso del Derecho de la Sangre y fuí en busca de los _dholes_. - ---¿Cuántos eran? preguntó rápidamente Mowgli, mientras la manada gruñía -rabiosamente. - ---No lo sé. Tres de ellos no matarán ya á nadie más; pero al fin me -persiguieron como á un gamo, haciéndome correr con sólo las tres patas -que me quedan. ¡Mira, Pueblo Libre! - -Adelantó entonces su destrozada pata, ennegrecida con la sangre que se -había secado ya. Tenía en los costados terribles mordiscos, y el cuello -herido, desgarrado. - ---¡Come! le dijo Akela, levantándose de encima de la carne que Mowgli -le había traído, é inmediatamente lanzóse sobre ella el solitario. - ---No perderéis lo que me dáis, dijo humildemente cuando hubo satisfecho -un poco el hambre. Préstame fuerzas, Pueblo Libre, y también yo mataré -luego. Vacío está mi cubil, antes lleno, y la Deuda de Sangre no está -pagada aún del todo. - -Fao oyó cómo sus dientes crujían sobre un hueso, y gruñó con aire de -aprobación. - ---Esas quijadas tuyas han de sernos útiles, dijo. ¿Iban cachorros con -los _dholes_? - ---No, no. Todos eran _cazadores rojos_, perros de manada, grandes y -fuertes, aunque allá en el Dekkan suelen alimentarse comiendo lagartos. - -Lo que acababa de decir Won-tolla significaba que los _dholes_, los -rojos perros cazadores del Dekkan, iban de paso en busca de algo que -matar, y los lobos de la manada sabían perfectamente que hasta el tigre -les cede su presa á los _dholes_. Suelen cazar éstos corriendo en línea -recta por la Selva, lanzándose sobre cuanto hallan y despedazándolo -todo. Aunque no tengan el tamaño ni la astucia del lobo son muy fuertes -y en gran número. No comienzan á considerar que forman manada hasta -que se ha reunido un centenar de ellos; mientras que con cuarenta lobos -basta y sobra para lo mismo. El haber ido errante Mowgli de un lado -á otro le llevó hacia los confines de los grandes prados del Dekkan, -donde vió á los fieros _dholes_ durmiendo, jugando y rascándose en los -hoyos y matojos que usan como cubiles. Despreciábalos y odiábalos él -porque no olían como el Pueblo Libre; porque no vivían en cavernas, y, -sobre todo, porque les crecía el pelo entre los dedos de las patas, -mientras que á él y á sus amigos no les ocurría eso. Pero no se le -ocultaba, por habérselo dicho Hathi, lo terrible que es una manada de -_dholes_ cuando va de caza. Aun el mismo Hathi les deja libre el paso, -y ellos siguen adelante, hasta que los matan ó hasta que escasea ya la -caza. - -Algo sabía, también, Akela respecto á los perros jaros, porque dijo en -voz baja á Mowgli: - ---Más vale morir entre todos los de la manada que sin guía y solo. -Ésta es una cacería magnífica... y será la última en que yo tome -parte. Pero, á juzgar por los años que suelen vivir los hombres, á tí, -Hermanito, te quedan aún muchas noches y muchos días de vida. Vete -hacia el Norte y acuéstate allí, y si alguien queda vivo después del -paso de los _dholes_ ya irá á llevarte noticias del resultado de la -lucha. - ---¡Ah! contestó Mowgli con toda la gravedad posible, ¿es que he de irme -á coger pececillos en las lagunas y á dormir en un árbol, ó quieres -que pida á los _Bandar-log_ que me ayuden á cascar nueces mientras la -manada queda ahí abajo batiéndose? - ---La lucha será á muerte. Tú no te has encontrado nunca con los -_dholes_... con _los Asesinos rojos_. Hasta _el rayado_... - ---_¡Aowa! ¡Aowa!_ exclamó Mowgli con mal humor. Yo maté á un mono -rayado, Shere Khan, y estoy seguro que lo que es él hubiera sido -capaz de abandonar á su propia compañera, para que se la comieran los -_dholes_, si el viento hubiese llegado á traerle el olor de la manada, -aunque entre ambos se hallaran tres bosques de por medio. Pues bien, -escucha: hubo una vez un lobo que era mi padre, y una loba que era mi -madre, y otro lobo viejo y gris (no muy discreto á veces, y blanco -ahora) que era para mí como mi padre y mi madre juntos. Así, pues (y -aquí levantó más la voz) yo afirmo que cuando vengan los _dholes_, si -vienen, Mowgli y el Pueblo Libre lucharán como iguales contra ellos; -y digo, por el toro que me rescató (por aquel toro que Bagheera pagó -por mí en aquellos tiempos de que ya no os acordáis los de la manada), -digo... para que lo tengan presente los árboles y el río que me oyen, -si es que yo lo olvido... que este cuchillo que ves será para la manada -como un colmillo más con que ha de contar... y no me parece, en verdad, -que su filo esté muy embotado. Eso es cuanto he de decir, y ésa la -palabra que empeño. - ---No conoces tú á los _dholes_, hombre que hablas como los lobos, -dijo Won-tolla. Yo no deseo más que pagar la deuda de sangre que con -ellos tengo pendiente antes de que me hagan pedazos. Avanzan despacio, -matando á medida que se alejan, y dentro de dos días habré recobrado ya -algo las fuerzas perdidas, con lo cual podré volver á la lucha. Pero en -cuanto á vosotros, Pueblo Libre, mi opinión es que os vayáis hacia el -Norte y que os contentéis con comer poco durante el tiempo que tarden -en pasar los _dholes_. Es ésta una cacería en que no hay que buscar -carne. - ---¡Mirad con qué sale ahora el solitario! exclamó Mowgli riendo. -¡Pueblo Libre! ¡Tenemos que huir hacia el Norte y dedicarnos á coger -lagartos y ratas por miedo de tropezar con algún _dhole_! Hay que -dejarles á ellos que maten todo lo que quieran en nuestros cazaderos, -mientras nosotros nos escondemos en el Norte hasta que se les antoje -devolvernos lo que es nuestro. ¡No son más que unos perros (y mejor -dicho unos cachorros), rojos, con el vientre amarillo, sin cubiles, y -con pelos que les crecen entre los dedos de las patas! En sus camadas -vénse seis ú ocho pequeñuelos, como en las de Chikai, el diminuto -ratoncillo saltador. ¡Es indudable que hemos de huir, Pueblo Libre, -y pedirles por favor á los del Norte que nos dejen comer alguna res -muerta! Ya sabéis el adagio: «en el Norte hay miseria; en el Sur -piojos. En cuanto á _nosotros_, somos la Selva». Escoged, pues, -escoged. ¡La cacería ha de valer la pena! ¡Por la manada... por toda -la manada; por los cubiles y las carnadas; por lo que se mata dentro -y fuera de aquéllos; por la compañera que persigue al gamo y por los -más pequeños de los lobatos que estén en las cavernas... juremos la -lucha... juremos... juremos! - -Contestó la manada con un ladrido profundo, que estalló resonando en la -noche como si fuera el ruido de la caída de un árbol enorme. - ---¡Lo juramos! gritaron los lobos. - ---Quedaos con ellos, dijo Mowgli á _los cuatro_. No habrá diente que no -haga aquí falta. Fao y Akela que lo preparen todo para la batalla. Yo -voy á contar los perros. - ---¡Eso es la muerte! gritó Won-tolla, levantándose á medias. ¿Qué -puede hacer ése, que ni siquiera tiene pelo, contra los perros jaros? -Acordaos de que hasta _el Rayado_... - ---Vamos, que eres un verdadero solitario, repuso Mowgli; pero ya -hablaremos de esto cuando los _dholes_ estén muertos. ¡Buena suerte -para todos! - -Echó á correr por entre la obscuridad, presa de tal agitación que -apenas miraba donde ponía los pies, y la natural consecuencia de ello -fué el caerse cuan largo era sobre los grandes anillos de Kaa, la -serpiente pitón, en el sitio donde ésta estaba echada al acecho frente -á un sendero frecuentado por los ciervos cerca del río. - ---_¡Kscha!_ dijo Kaa malhumorada. ¿Es proceder al estilo de la Selva el -venir aquí haciendo ese ruido con los pies, caminando tan torpemente, -para estropearle á uno el trabajo de toda una noche... y precisamente -cuando la caza se presentaba tan bien? - ---Confieso que he estado torpe, dijo Mowgli levantándose. -Verdaderamente, en tu busca iba, Cabeza Chata; pero cada vez que nos -encontramos te has engordado y has crecido un pedazo tan largo como uno -de mis brazos. No hay en la Selva nadie como tú, discreta, anciana, -fuerte y hermosísima Kaa. - ---Á ver... ¿á donde vas á parar por este camino? dijo Kaa con voz algo -más suavizada. No ha cambiado aún la luna desde que un _hombrecito_ -armado de un cuchillo me tiraba piedras á la cabeza llenándome de -insultos, más furioso que un gato montés, porque yo dormía al raso. - ---Sí, y espantabas á todos los ciervos que Mowgli venía persiguiendo, -y esa Cabeza Chata estaba tan sorda que ni oía mis silbidos para que -dejara libre el camino por donde los ciervos pasan, contestó Mowgli con -gran calma, sentándose entre los pintados anillos de la serpiente. - ---Y ahora este mismo hombrecito viene con palabras suaves y halagadoras -diciéndole á aquella misma Cabeza Chata que es discreta, y fuerte, y -hermosa, y ella se deja persuadir, y le hace sitio... así... á aquel -que le tiraba piedras, y... ¿Estás bien? ¿Podría Bagheera ofrecerte -asiento tan cómodo? - -Como de costumbre, bajo el peso del cuerpo de Mowgli, Kaa había -convertido el suyo en una especie de blanda hamaca. Tendióse el -muchacho, en medio de la obscuridad, y se enroscó sobre aquel cuello -flexible, semejante á un cable, hasta lograr que la cabeza de Kaa -descansara sobre su hombro, y entonces le refirió cuanto había pasado -en la Selva aquella noche. - ---Lista puedo ser, dijo Kaa cuando hubo terminado él, pero lo que es -sorda también lo soy, sin ningún género de duda. De lo contrario, -hubiera oído el _feeal_. Ya no me extraña que los que viven de hierba -se hallen tan inquietos. ¿Cuántos son los _dholes_? - ---No lo he visto aún. Vine corriendo á encontrarte. Tú eres más vieja -que Hathi. Pero, Kaa... (y al decir esto temblaba Mowgli de puro -contento) ¡qué magnífica cacería va á ser! Pocos de nosotros vivirán -cuando cambie la luna. - ---¿Es que tú también vas á tomar parte en esto? Acuérdate de que eres -un hombre, y de cuál fué la manada que te arrojó de ella. Deja que el -Lobo y el Perro se arreglen. Tú eres un hombre. - ---Las nueces de antaño son ogaño tierra negra, contestó Mowgli. Cierto -que soy un hombre, pero paréceme haber dicho esta noche que era un -lobo. Por testigos puse al río y á los árboles. Pertenezco al Pueblo -Libre, Kaa, hasta que hayan pasado los _dholes_. - ---¡Pueblo Libre! murmuró Kaa... Dí, más bien, pandilla suelta de -ladrones. ¿Y tú te has ligado á ellos, en busca de una muerte segura, -sólo por la memoria de aquellos lobos que ya no existen? Eso no es -saber cazar. - ---He dado mi palabra. Los árboles lo saben y el río también. Hasta que -el _dhole_ se haya ido no quedaré libre del compromiso. - ---¡Ah! La cosa cambia, así, por completo. Pensé llevarte conmigo á -los pantanos del Norte, pero palabra es palabra, aunque sea la de un -hombrecito desnudo y sin pelo como tú. Así, pues, yo, Kaa, digo á esto -que... - ---Piensa bien lo que vas á decir, Cabeza Chata, para que no resulte que -también tú te has ligado más de lo conveniente. No necesito que me des -palabra de hacer nada, porque bien sé que... - ---Bueno: sea, contestó Kaa. No daré palabra alguna; pero ¿qué piensas -hacer cuando vengan los _dholes_? - ---Tienen que pasar á nado el Wainganga. Pues bien: yo pensaba salirles -al encuentro, cuchillo en mano, cuando crucen algún sitio de poca -agua, y llevar detrás de mí á la manada, para que, á cuchilladas y -atacados por los míos, tuvieran que retroceder un poco río abajo ó ir á -refrescarse el gaznate. - ---Los _dholes_ no retroceden, y, en cuanto á su gaznate, hierve -siempre, contestó Kaa. Cuando esta cacería termine no quedará ya -hombrecito ni lobato, sino únicamente los huesos. - ---_¡Alala!_ Si morimos moriremos. Será una cacería magnífica. Pero soy -joven y no he visto aún muchas lluvias. Ni sé mucho ni soy fuerte. -¿Tienes tú, Kaa, algún plan mejor? - ---Yo he visto centenares y centenares de lluvias. Antes de que Hathi -hubiera mudado los colmillos de leche, el rastro que yo dejaba en el -polvo al pasar era enorme. Por el primer huevo que hubo en el mundo te -aseguro que soy más vieja que muchos árboles, y que he visto todo lo -que la Selva ha hecho. - ---Pero éste es un caso nuevo. Nunca los _dholes_ se han cruzado en -nuestro camino. - ---Lo que es ha sido, también, antes. Lo que será no es más que un año -olvidado que hiere mirando hacia atrás. Estate quieto mientras yo -cuento esos años que tengo. - -Durante más de una hora estuvo echado Mowgli sobre los anillos de la -serpiente, mientras Kaa, con la cabeza inmóvil sobre el suelo, pensaba -en todo lo que había visto y aprendido desde el día en que salió del -huevo. Sus ojos parecieron extinguirse, y, ya sin luz, semejaban viejos -ópalos, mientras, de cuando en cuando, daba una especie de torpes -estocadas con la cabeza, á derecha é izquierda, como si estuviera -cazando en sueños. Mowgli dormitaba, porque sabía que nada prepara tan -bien para la caza como el dormir, y estaba acostumbrado á hacerlo á -cualquier hora del día ó de la noche. - -De pronto sintió que el cuerpo de Kaa crecía y se ensanchaba bajo el -suyo, mientras la enorme serpiente pitón soplaba, silbando con el ruido -de una espada que alguien sacara de una vaina de acero. - ---He visto todas las estaciones del año que pasaron, dijo, al fin -Kaa; los árboles enormes, los viejos elefantes, y las rocas desnudas -y ásperas cuando aun el musgo no las vestía. ¿Estás vivo todavía, -hombrecito? - ---No hace más que un momento que desapareció la luna en el horizonte, -dijo Mowgli. No entiendo... - ---_¡Hisch!_ Ya vuelvo á ser Kaa. Ya sabía que no hacía más que un -momento, como dices. Ahora iremos al río y te enseñaré cómo hay que -proceder contra los _dholes_. - -Volvióse la serpiente y se dirigió, recta como una flecha, hacia el -cauce del Wainganga, hundiéndose en el agua un poco antes de llegar á -la laguna que oculta la Roca de la Paz, y llevando á Mowgli á su lado. - ---No, no nades. Yo me deslizaré rápidamente. Ponte sobre mi espalda, -Hermanito. - -Apretó Mowgli el brazo izquierdo alrededor del cuello de Kaa, dejó caer -el derecho, bien pegado al cuerpo, y puso los pies de punta. Entonces -Kaa embistió contra la corriente como sólo ella era capaz de hacer, -mientras la ondulación del agua formaba en torno del cuello de Mowgli -como una gorguera y sus pies se balanceaban en el remolino que se veía -á cada lado de la serpiente. Á un kilómetro ó dos más arriba de la -Roca de la Paz, el Wainganga se estrecha al pasar por una garganta que -forman unas rocas de mármol de veinticinco á treinta metros de altura, -y la corriente se desliza como por el canal de un molino entre toda -clase de pedruscos. Pero Mowgli no hizo caso del agua: poca habría en -el mundo que llegara á preocuparle ni por un momento por el miedo que -le causara. Miraba á cada lado de aquella estrecha garganta y resollaba -fuertemente como molestado, porque se sentía en el aire un olor, mitad -como de algo dulce y mitad como de algo agrio, que era muy parecido al -olor de un gran hormiguero en día caluroso. Instintivamente metióse -todo él bajo el agua, levantando sólo la cabeza, de cuando en cuando, -para respirar, y entonces Kaa ancló, por medio de una doble torsión de -la cola en torno de una roca hundida, sosteniendo á Mowgli en el hueco -que formaban sus anillos, mientras el agua corría. - ---Esto es la Morada de la Muerte, dijo el muchacho. ¿Por qué hemos -venido aquí? - ---Duermen, dijo Kaa. Hathi no tuerce su camino cuando ve al _Rayado_. -Y, sin embargo, tanto Hathi como el mismo Rayado se apartan cuando -vienen los _dholes_, pero de éstos se dice que no cambian de dirección -por nada. Ahora bien: ¿ante quién retrocede el diminuto Pueblo de las -Rocas? Dime, amo de la Selva, ¿quién es el verdadero amo? - ---Éstas, susurró Mowgli. Aquí mora la Muerte. Vámonos. - ---No, mira bien, porque ahora están durmiendo. Todo está como estaba -cuando yo no era más larga de lo que es tu brazo. - -Las rajadas y carcomidas rocas de aquella garganta del Wainganga -habían servido desde el principio de la Selva para el diminuto Pueblo -de las Rocas: las laboriosas y feroces abejas negras de la India; y, -como Mowgli sabía perfectamente, todo rastro de animal torcía hacia -un lado ú otro á más de ochocientos metros antes de llegar á aquel -sitio. Durante siglos, el Pueblo Diminuto había tenido allí sus -enjambres y pululado de grieta en grieta, juntándose una y otra vez, -manchando el blanco mármol con miel seca y fabricando sus panales, -altos y profundos, en la obscuridad de las cavernas interiores, donde -ni los animales, ni el fuego, ni el agua pudieran llegar nunca. En -toda su longitud, la garganta parecía adornada con negras cortinas -de terciopelo de un brillo débil, y Mowgli se sintió desfallecer al -verlo, porque aquella especie de cortinas eran los millones de abejas -amontonadas que allí dormían. Había, además, otros pedazos, y adornos, -y cosas que parecían carcomidos troncos de árbol prendidos sobre la -superficie de las rocas, restos viejos, abandonados, ó nuevas ciudades -fabricadas al abrigo de aquella garganta resguardada del viento; -y enormes masas de esponjosos panales, ya podridos, habían rodado -desde lo alto, pegándose entre los árboles y enredaderas que parecían -agarrarse á la superficie de las rocas. Como se pusiera el muchacho -á escuchar oyó más de una vez el ruido que producían, al deslizarse, -los panales repletos de miel, cayéndose allá adentro, en las obscuras -galerías; luego rumor de alas batiendo furiosamente, y el gotear de -la miel esparcida que iba corriendo hasta llegar al borde de alguna -abertura al aire libre, desde la cual chorreaba lentamente sobre hojas -y ramas. Había, á un lado del río, una especie de playa pequeñísima, -de menos de un metro y medio de ancho, y estaba llena de desechos -acumulados allí durante innumerables años. Abejas muertas, basura, -colmenas viejas, alas de mariposillas merodeadoras que habían ido á -perderse en aquel sitio en busca de miel, todo estaba amontonado, -formando finísimo polvo negro. El solo olor penetrante de aquel -conjunto bastaba para asustar á cualquier ser viviente que careciera de -alas y supiese lo que era el Pueblo Diminuto. - -De nuevo dirigióse Kaa corriente arriba hasta que llegó á un banco de -arena que se hallaba al extremo de aquella garganta. - ---Aquí está lo que han muerto en esta estación, dijo. ¡Mira! - -Sobre el banco se veían los esqueletos de un par de ciervos y de un -búfalo. Mowgli vió que ni lobos ni chacales habían tocado sus huesos, -que estaban sobre el suelo en la posición natural. - ---Traspasaron el lindero, no conociendo la Ley, murmuró Mowgli, y el -Pueblo Diminuto los mató. Vámonos antes de que despierte. - ---No despierta hasta que llega la aurora, dijo Kaa. Ahora voy á -contarte una cosa. Venía un gamo perseguido desde el Sur, en dirección -á este sitio, hace de ello muchas, muchas lluvias, sin conocer la Selva -y llevando tras de sí á toda una manada que seguía su rastro. Ciego de -miedo, saltó desde lo alto, mientras la manada iba siguiéndole sólo con -la vista, porque corría desatinadamente tras de él, ciega también. El -sol estaba ya alto y el Pueblo Diminuto era numeroso y se hallaba muy -enfurecido. Numerosos fueron, igualmente, los de la manada que saltaron -al Wainganga; pero antes de que llegaran al agua estaban ya muertos. -Los que no saltaron murieron también en las rocas, allá arriba. En -cuanto al gamo quedó vivo. - ---¿Y cómo fué esto? - ---Porque él llegó primero, corriendo para salvar la vida, y saltó antes -de que el Pueblo Diminuto estuviera prevenido, hallándose ya en el río -cuando las abejas se juntaron para matarlo. Pero la manada que venía -detrás se perdió por completo bajo el peso de aquéllas. - ---¿Y el gamo vivió? dijo pausadamente Mowgli, insistiendo en la misma -idea. - ---Cuando menos no murió entonces, aunque no tuviera nadie que, al caer, -lo esperara para recibirlo sobre un cuerpo bastante fuerte que lo -protegiera contra el agua, como esta gruesa, sorda y amarilla Cabeza -Chata está pronta á hacer por cierto _hombrecito_... sí, aunque detrás -de él fueran todos los _dholes_ del Dekkan siguiéndole el rastro. ¿Qué -te parece esto? - -La cabeza de Kaa estaba pegada á la oreja de Mowgli. Algún tiempo -transcurrió antes de que el muchacho contestara. - ---Es jugar con la Muerte, pero... verdaderamente, Kaa, tú eres quien -más sabe en toda la Selva. - ---Eso me han dicho muchos. Pues bien, mira: si los _dholes_ te siguen... - ---Como me seguirán, con toda seguridad... ¡Oh! Mi lengua sabrá lanzar -espinas agudísimas que irán á clavárseles. - ---Pues si te siguen furiosos, ciegos, sin mirar á ningún lado, fija -sólo la vista en tí, los que no mueran arriba caerán al agua aquí ó más -abajo, porque el Pueblo Diminuto levantará el vuelo y toda la manada -quedará cubierta por él. Las aguas del Wainganga tienen siempre hambre, -y ellos no contarán con ninguna Kaa que vaya á sostenerlos cuando -caigan, sino que, los que vivan, serán arrastrados por la corriente -hasta los bajíos, allá por los Cubiles de Seeonee, y en aquel sitio -podría tu manada salirles al encuentro y arrojarse sobre ellos. - ---_¡Ahai! ¡Eowawa!_ Ni una lluvia cayendo á tiempo en mitad de la -estación seca es mejor que este plan. No queda nada por decidir más que -la cuestión insignificante de la carrera y del salto. Ya iré yo á que -me vean y conozcan los _dholes_, á fin de que me persigan muy de cerca. - ---¿Has visto las rocas que están ahí arriba?... ¿Las has visto desde la -tierra? - ---¡Ah! no. No se me había ocurrido esto. - ---Anda á verlas. La tierra está como podrida, llena de grietas y -agujeros. Con que pusieras en falso uno de tus torpes pies la cacería -habría terminado. Mira, voy á dejarte aquí y hacer por tí una cosa: ir -á contarles á los de la manada lo que hemos dicho, para que sepan dónde -podrán encontrar á los _dholes_. Lo que es por mí, nada tengo yo que -ver con ningún lobo. - -Cuando á Kaa no le gustaba una amistad mostraba su desagrado con más -rudeza que nadie en toda la Selva, excepción hecha, quizá, de Bagheera. -Nadó río abajo, y frente á la Peña encontróse con Fao y con Akela que -estaban escuchando los ruidos nocturnos. - ---_¡Hisch!_ ¡Perros! dijo alegremente; los _dholes_ bajarán por el río. -Si no les tenéis miedo podréis matarlos en los bajíos. - ---¿Cuándo vendrán? dijo Fao. - ---¿Y dónde está mi _hombre-cachorro_? preguntó Akela. - ---Vendrán cuando vengan, contestó Kaa. Espéralos y lo verás. En cuanto -á tu _hombre-cachorro_, al cual le has hecho empeñar su palabra, y que -has conducido así á la Muerte... _tu_ hombrecito está conmigo, y si no -está ya muerto ahora mismo no tienes tú la culpa, ¡perro blanqueado! -Espera aquí á los _dholes_, y alégrate de que el _hombre-cachorro_ y yo -peleemos á tu lado. - -Volvió Kaa á remontar con rapidez la corriente y dió fondo en mitad -de la estrecha garganta, mirando hacia arriba, hacia el borde de los -acantilados. De pronto vió la cabeza de Mowgli proyectándose contra las -estrellas, luego oyóse un rumor, como un silbido, en el aire, el agudo -_schloop_ de un cuerpo que caía de pie, y un momento después hallábase -el muchacho descansando nuevamente sobre los anillos del cuerpo de Kaa. - ---Este salto no es nada, de noche, dijo Mowgli tranquilamente. Yo he -saltado desde doble altura, sólo por gusto; pero ahí arriba sí que es -mal sitio: todo son arbustos bajos y zanjas muy profundas, llenos unos -y otras de Pueblo Diminuto. Yo he colocado grandes piedras superpuestas -en el borde de tres zanjas. Al correr les daré con el pie y las lanzaré -abajo y todo el Pueblo Diminuto se levantará detrás de mí, furioso. - ---Esto son habladurías y astucias de hombre, dijo Kaa. Tú eres listo, -pero ese Pueblo está enfurecido siempre. - ---No, al anochecer todas las alas descansan un rato, las que están -lejos y las que están cerca. Yo me entretendré con los _dholes_ á esa -hora, porque sé que ellos suelen cazar mejor de día. Ahora siguen el -rastro de sangre que ha dejado Won-tolla. - ---Ni Chil deja nunca un buey muerto, ni los _dholes_ un rastro de -sangre, dijo Kaa. - ---Pues entonces, yo les daré otro nuevo, hecho con su propia sangre, -si me es posible, y les haré morder el polvo. ¿Te quedarás aquí, Kaa, -hasta que vuelva con mis _dholes_? - ---Sí, pero ¿y si te matan en la Selva, ó si es el Pueblo Diminuto el -que te quita la vida antes de que puedas saltar al río? - ---Cuando llegue mañana cazaremos según lo que mañana exija, contestó -Mowgli, citando, al decirlo, una frase de uso común en la Selva, y -luego añadió: que me canten la Canción de la Muerte cuando muerto esté. -¡Buena suerte, Kaa! - -Apartó su brazo del cuello de la serpiente y descendió por la garganta -que formaba el río como si fuera un madero arrastrado por una avenida, -chapoteando en dirección de la lejana orilla, donde el agua corría -más tranquila, y riéndose á carcajadas de puro gozo. Nada había que -le gustara tanto á Mowgli, según él mismo había dicho, como jugar con -la Muerte, y demostrar á la Selva que él era allí no el amo, sino el -archiamo. Con frecuencia había ido á robar, ayudado por Baloo, colmenas -de las que las abejas fabrican en árboles aislados, y gracias á ello -sabía que el Pueblo Diminuto no puede sufrir el olor del ajo silvestre. -Así, pues, recogió un hacecillo de esta planta, lo ató con una tira de -corteza, y luego comenzó á seguir el rastro de sangre de Won-tolla, en -dirección del Sur, á partir desde los cubiles, por espacio de más de -una legua, mirando á los árboles con la cabeza inclinada á un lado, y -riéndose como loco, al mirar. - ---He sido Mowgli, la Rana, decía entre sí; y he dicho que era Mowgli, -el Lobo. Ahora me toca ser Mowgli, el Mono, antes de que llegue á -convertirme en Mowgli, el Gamo. Al fin, acabaré por ser Mowgli, el -Hombre. ¡Oh! Y al decirlo pasó el dedo pulgar por la hoja de su -cuchillo, de diez y siete pulgadas de largo. - -El rastro de Won-tolla, todo él una línea de obscuras manchas negras, -corría por debajo de un bosque de copudos árboles muy apiñados que se -extendía en dirección noreste y que iba clareando, gradualmente, desde -la distancia de media legua antes de llegar á las Rocas de las Abejas. -Á partir del último árbol hasta llegar á la broza baja de dichas rocas -era campo abierto, donde apenas habría logrado esconderse un lobo. -Corrió, Mowgli, por debajo de los árboles, calculando las distancias -entre rama y rama, ó, de cuando en cuando, encaramándose á un tronco, -y saltando, por vía de ensayo, de un árbol á otro, hasta que llegó al -campo abierto, que estuvo estudiando cuidadosamente por espacio de una -hora. Luego volvióse, tomó nuevamente el rastro de Won-tolla donde lo -había dejado, acomodóse en un árbol que tenía una rama saliente á unos -dos metros y medio del suelo, y allí se quedó sentado tranquilamente, -afilando su cuchillo en la planta del pie y canturreando. - -Poco antes del mediodía, cuando el calor del sol era extremado, oyó -ruido de pasos y sintió el abominable olor de la manada de _dholes_ -que iba siguiendo con aire feroz el rastro de Won-tolla. Vistos desde -cierta altura, los perros jaros no parecen tener ni la mitad del tamaño -de un lobo; pero Mowgli sabía perfectamente la fuerza que en sus patas -y quijadas tenían. Estuvo observando la cabeza puntiaguda y de color -bayo del que los dirigía, ocupado en olfatear la pista, y le gritó: - ---¡Buena suerte! - -Miró hacia arriba la fiera, y sus compañeros se pararon detrás de él, -docenas y más docenas de perros jaros, de largas y colgantes colas, -de sólidas espaldas, débiles patas traseras, y ensangrentadas bocas. -Por lo general, son los _dholes_ muy silenciosos y muy poco amigos de -guardar buenas formas, aun entre los suyos. Unos doscientos debían de -ser, cuando menos, los que se juntaron á los pies del muchacho; pero -notó que los delanteros olfateaban con aire de hambrientos el rastro -de Won-tolla é intentaban hacer seguir hacia delante á toda la manada. -Esto no le convenía, porque así llegarían á los cubiles en pleno día, y -la intención de Mowgli era entretenerlos allí, bajo el árbol, hasta el -anochecer. - ---¿Con qué permiso venís á este sitio? les dijo. - ---Todas las Selvas son nuestras, fué la contestación que obtuvo, y el -_dhole_ que se la dió lo hizo enseñándole los dientes. Miró Mowgli -hacia abajo sonriendo, é imitó perfectamente los agudos chillidos de -Chikai, el ratón saltador del Dekkan, queriendo significar con esto á -los _dholes_ que les tenía en tan poco como al mismo Chikai. Agrupóse, -entonces, la manada alrededor del tronco del árbol, y el que la dirigía -ladró furiosamente llamándole á Mowgli mono. Por toda respuesta alargó -el muchacho una de sus desnudas piernas y agitó los dedos del pie, -precisamente sobre la cabeza del perro. No se necesitaba más para poner -fuera de sí á toda la manada. Los que tienen pelo entre los dedos -no gustan de que alguien se lo recuerde ni indirectamente. Apartó -Mowgli su pie en el momento en que el jefe de la manada saltaba para -mordérselo, y díjole con gran suavidad: - ---¡Perro, perro jaro! Vuélvete al Dekkan á comer lagartos. ¡Vete con -Chikai, tu hermano... perro, perro... jaro, perro jaro! ¡Tienes pelo -entre todos tus dedos! Y, al decirlo, agitó los suyos por segunda vez. - ---¡Baja de ahí, antes que te sitiemos por hambre, mono pelón! aulló -toda la manada, y eso era precisamente lo que el muchacho quería. - - [Ilustración] - -Acostóse á lo largo de la rama, puesto un carrillo contra la corteza, -libre el brazo derecho, y en esta posición dijo á la manada cuanto le -vino en mientes sobre ellos, sus maneras, sus costumbres, compañeros -y pequeñuelos. No hay en el mundo lenguaje tan rencoroso y ofensivo -como el que usa el Pueblo de la Selva para manifestar su desdén y el -sentimiento de su superioridad. Si os tomáis la molestia de pensar -un rato comprenderéis que así sea. Como Mowgli le había dicho á -Kaa, tenía en la lengua espinas muy punzantes, y poco á poco, pero -deliberadamente, llevó á los _dholes_ desde el silencio á los gruñidos, -de éstos al aullar, y del aullar á la más sorda é impotente rabia. -Probaron de contestar á sus insultos; pero de igual modo hubiera podido -intentar hacerlo un cachorro al cual hubiese enfurecido con su lenguaje -Kaa, y durante este tiempo la mano derecha de Mowgli estuvo siempre -junto al costado, encogida, pronta á la acción, mientras los pies se -cruzaban en torno de la rama. El enorme perro de color bayo había -saltado muchas veces en el aire; pero Mowgli no quería arriesgarse á -dar un golpe en falso. Al fin, enfurecido hasta un punto que parecía -indecible, saltó el animal á más de dos metros desde el nivel del -suelo. Entonces la mano del muchacho lanzóse tan rápidamente sobre -aquél como si fuera la cabeza de una de las serpientes que viven en -los árboles, lo cogió por la piel del pescuezo, y la rama dióle tal -sacudida, con el peso de los cuerpos por ella sostenidos, que casi -arrojó á Mowgli contra el suelo. Pero no soltó el muchacho su presa, -y, pulgada por pulgada, fué levantando, hasta donde él se hallaba, -al perro, que colgaba de su mano como un chacal ahogado. Con la mano -izquierda empuñó el cuchillo y cortó la roja y peluda cola, arrojando -al suelo, después, al _dhole_. No necesitaba hacer más que lo que había -hecho. La manada no seguiría ya adelante, tras el rastro de Won-tolla, -hasta entablar con Mowgli un duelo á muerte. Viólos éste sentarse -formando círculos, y con un temblor en las ancas que significaba que -allí iban á quedarse, por lo cual encaramóse á un sitio más alto donde -se cruzaban dos ramas, y entre ellas colocó la espalda con toda -comodidad, quedándose dormido. - -Despertóse, al cabo de tres ó cuatro horas, y contó los perros que -había en la manada. Allí estaban aún todos, silenciosos, con aspecto -feroz, secas las fauces y duro el mirar de sus ojos de acero. El sol -comenzaba á hundirse en el horizonte. Dentro de media hora el Pueblo -Diminuto, allá en las rocas, terminaría su labor, y, como queda dicho, -los _dholes_ no pelean tan bien como en mitad del día á la hora del -obscurecer. - ---No necesitaba tan buenos vigilantes, dijo con irónica cortesía, -poniéndose de pie sobre una rama; pero ya me acordaré de esto. Sois -verdaderos _dholes_, pero, en mi opinión, demostráis todos demasiado -celo. Por este motivo no le devuelvo su cola á ese gran devorador de -lagartos. ¿No estás contento, perro jaro? - ---Yo mismo seré quien te saque las tripas, aulló el que dirigía la -manada, arañando al pie del árbol. - ---No serás, y, en vez de hacer eso, piensa un poco, rata sabia del -Dekkan. Ya verás, ahora, cuántas camadas va á haber de perrillos jaros -que nacerán sin cola, sí, y con unos muñoncitos rojos en carne viva que -les escocerán cuando la arena arda, calentada por el sol. Vuélvete á -tu casa, perro jaro, y cuenta á voz en cuello que un mono te ha puesto -como estás. ¿No quieres irte? ¡Pues ven conmigo, y yo te enseñaré á ser -discreto! - -Saltó entonces Mowgli, al estilo de los _Bandar-log_, al árbol más -próximo, de aquél al siguiente, y así al otro, y al de más allá, -siguiéndole siempre los perros, con la cabeza levantada, hambrientos. -De cuando en cuando fingía caerse, y todos los de la manada tropezaban, -entonces, unos con otros, con la prisa que se daban para llegar al -sitio donde podrían matarlo. Curioso era el espectáculo que ofrecían -el muchacho saltando por las ramas más altas de los árboles, con el -cuchillo brillándole á luz del sol, muy bajo ya, y la silenciosa -manada de rojizo pelo, que parecía de fuego, apiñándose y siguiéndolo -desde abajo. Al llegar al último árbol cogió los ajos que llevaba y se -frotó con ellos el cuerpo cuidadosamente, mientras, al verlo, aullaban -los _dholes_ con aire de desprecio. - ---Mono que tienes lengua de lobo ¿crees que así vas á hacernos perder -tu rastro? le dijeron. Te seguiremos hasta matarte. - ---Tomad la cola, repuso Mowgli, arrojando hacia atrás lo que había -cortado, mientras continuaba huyendo. - -Instintivamente lanzóse la manada sobre aquélla. - ---Y ahora seguidme... hasta la muerte, añadió. - -Habíase ya deslizado desde el tronco de un árbol hasta el suelo, -lanzándose, desnudos los pies y ligero como el viento, en dirección de -las Rocas de las Abejas, antes de que los _dholes_ pudieran adivinar lo -que iba á hacer. - -Lanzaron éstos un profundo aullido, y comenzaron á correr con aquel -largo y pesado medio galope que acaba por rendir, al fin, á cuanto -corra delante de ellos. Sabía Mowgli que su velocidad, cuando iban -todos juntos en la manada, era muy inferior á la de los lobos, ó -de lo contrario nunca se hubiera arriesgado á una carrera de media -legua en campo abierto. Ellos, estaban seguros de que, al fin, se -apoderarían del muchacho, y él lo estaba también de que ahora podría -jugar con ellos como se le antojara. Todo su trabajo se reducía á -mantenerlos suficientemente excitados para evitar que abandonaran su -persecución antes de tiempo. Corría metódicamente, con paso igual y -gran elasticidad en los miembros, llevando al jefe de la manada, sin -cola, á unos cinco metros detrás de él, y á los demás siguiendo en un -espacio de terreno que medía, tal vez, cuatrocientos, locos, ciegos -de coraje todos los _dholes_, y con el ansia de matar. El muchacho -conservóse siempre á parecida distancia valiéndose únicamente del oido -para juzgarla, y reservando su último esfuerzo para cuando se lanzara -por entre las Rocas de las Abejas. - -El Pueblo Diminuto se había entregado al sueño al comenzar la hora del -crepúsculo, porque no era aquélla la estación de las flores que se -abren tarde; pero en cuanto sonaron los primeros pasos de Mowgli sobre -el suelo hueco, oyó tal ruido que no parecía sino que la tierra entera -zumbara. Entonces corrió como nunca había corrido en su vida; dió un -puntapié á uno de los montones de piedras... y luego á otro... y á -otro... arrojándolos en las obscuras grietas de las que se desprendía -un olor dulzón; oyó una especie de bramido semejante al del mar -entrando en una caverna; mirando por el rabillo del ojo vió que el aire -se obscurecía á su espalda; vió también la corriente del Wainganga allá -abajo, y, sobre el agua, una cabeza chata de forma parecida á la de los -diamantes; saltó en el vacío con toda su fuerza, sintiendo, mientras -estaba en el aire, como el _dhole_ sin cola cerraba la boca tras de su -hombro, queriendo morderle; y, al fin, cayó el muchacho sobre el río, -de pie, en salvo ya, sin aliento y triunfante. Ni una picada tenía en -el cuerpo, porque el olor del ajo había mantenido á distancia al Pueblo -Diminuto durante los pocos segundos en que pasó por entre las abejas. - -Cuando surgió á la superficie del agua, los anillos de Kaa le sostenían -y multitud de cosas caían desde el borde del acantilado: grandes -montones, que eran, al parecer, abejas apiñadas, y descendían como -plomos de sondas; pero antes de que cualquiera de aquellos montones -tocara el agua, las abejas emprendían el vuelo hacia arriba, y el -cuerpo de un _dhole_ caía dando vueltas sobre la corriente, que lo -arrastraba. Allá, sobre su cabeza, oía furiosos y breves aullidos, -ahogados pronto por una especie de bramido, como el del mar al romperse -contra los escollos: era el inmenso rumor que producían las alas del -Pueblo de las Rocas. Algunos de los _dholes_ habían caído hasta en las -grandes grietas que comunicaban con las cavernas subterráneas, y allí, -ahogándose, se peleaban y mordían rodeados de panales caídos, para, al -fin, levantados, hasta cuando ya estaban muertos, por las ascendentes -oleadas de abejas que había debajo de ellos, ir á parar á algún agujero -frente al río, desde donde eran lanzados á los negros montones de -basura. Otros de los _dholes_ habían saltado sobre los árboles que -crecían en los acantilados, y las abejas cubrían sus cuerpos, borrando -hasta los contornos de los mismos; pero la mayoría, locos por las -picadas recibidas, se lanzaron al río, y, como Kaa había dicho, el -Wainganga está siempre hambriento. - -Sostuvo Kaa á Mowgli fuertemente hasta que el muchacho hubo recobrado -el aliento. - ---Más vale que no nos quedemos aquí, dijo. El Pueblo Diminuto anda -verdaderamente alborotado. ¡Ven! - -Nadando tan aplastado contra el agua como le era posible y -zambulléndose con la mayor frecuencia, descendió Mowgli la corriente, -cuchillo en mano. - ---¡Despacio, despacio! díjole Kaa. Para matar á un centenar no basta -un solo diente, como no sea el de una cobra, y muchos de los _dholes_ -se arrojaron, sin pérdida de tiempo, al agua cuando vieron que todo el -Pueblo Diminuto echaba á volar. - ---Pues con eso tendrá más trabajo mi cuchillo. _¡Fai!_ ¡Cómo nos siguen -las abejas! - -Mowgli volvió á zambullirse. La superficie del agua estaba cubierta de -aquéllas, que susurraban irritadas y picaban cuanto hallaban al paso. - ---Nada se pierde nunca con guardar silencio, dijo Kaa (cuyas escamas no -había aguijón que pudiera atravesar), y toda la noche tienes de tiempo -para tu cacería. ¡Escucha como aullan! - -Casi la mitad de la manada se había dado cuenta á tiempo de la trampa -en que sus compañeros acababan de caer, y volviéndose rápidamente á un -lado había ido á arrojarse al agua donde la estrecha garganta formaba -como unos ribazos. Sus gritos de rabia, sus amenazas contra el «mono -de los bosques» que acababa de engañarles vergonzosamente llevándolos -á aquel sitio, se confundían con los aullidos y el gruñir de los que -habían sido picados por el Pueblo Diminuto. Quedarse en la ribera -era entregarse á una muerte segura, y bien lo sabía cada uno de los -_dholes_. Su manada iba río abajo, arrastrada por la corriente, hasta -los profundos remansos de la Laguna de la Paz; pero, aun allí, las -furiosas abejas la perseguían y la obligaban á volver á la corriente. -Oía Mowgli la voz del jefe sin cola que animaba á los suyos y les decía -que mataran á todos los lobos de Seeonee; mas no perdió el tiempo -escuchándola. - ---¡Alguien mata en la obscuridad, detrás de nosotros! ladró uno de los -_dholes_. ¡La sangre tiñe el agua! - -Mowgli habíase zambullido avanzando al mismo tiempo, como si fuera -una nutria, había arrastrado bajo el agua á uno de los _dholes_ antes -de que tuviera tiempo ni de abrir la boca, y unos círculos obscuros -surgieron á la superficie del agua al reaparecer el cuerpo dando media -vuelta hacia un lado. Los _dholes_ habían probado de retroceder; pero -la corriente se lo impedía; el Pueblo Diminuto seguía picándoles en la -cabeza y en las orejas, y, además, allá en la obscuridad creciente, -oían cada vez más fuerte el vocerío amenazador de la manada de Seeonee. -Volvió Mowgli á zambullirse, y de nuevo otro _dhole_ fué á parar bajo -el agua, surgiendo á la superficie muerto; de nuevo estalló el clamoreo -entre los rezagados de la manada, aullando unos que más valía ganar -la orilla; otros llamando á su jefe y pidiéndole que los volviera al -Dekkan; otros, finalmente, desafiando á Mowgli á que se presentara, -para matarlo. - ---Esos vienen á la pelea con pensamientos diferentes y muchas voces -que hablan á la vez. Lo que falta hacer corresponde á los de tu raza, -allá abajo. El Pueblo Diminuto vuelve á irse á dormir. Ya nos han -perseguido bastante lejos. Yo también me vuelvo, porque no soy de la -misma clase que los lobos. ¡Buena suerte, Hermanito! y acuérdate de que -los _dholes_ dirigen bajos sus mordiscos. - -Llegó un lobo corriendo en tres patas por la margen del río, ora -saltando, ora poniendo de lado y aplastada contra el suelo la cabeza, -ya encorvando la espalda, ya brincando á tanta altura como le era -posible, ni más ni menos que si estuviera jugando con sus cachorros. -Era Won-tolla, el solitario, y en silencio continuó su horrible juego -persiguiendo á los _dholes_. Hacía ya rato que éstos estaban en el -agua, y nadaban fatigados, pesándoles el mojado pelo, las gruesas -colas colgando como esponjas, tan rendidos que también ellos guardaban -silencio, mirando aquel par de ojos llameantes que se movían siempre -frente á ellos. - ---¡Eso no es cazar bien! dijo uno jadeando. - ---¡Buena suerte! exclamó Mowgli, surgiendo del agua valerosamente -al lado mismo de la fiera, clavándole su largo cuchillo detrás de -un hombro y apretando cuanto pudo para evitar que en la agonía le -mordiera. - ---¿Estás ahí, Hombre-cachorro? dijo Won-tolla desde la orilla. - ---Pregúntaselo á los muertos, solitario, contestó Mowgli. ¿No has visto -bajar ninguno por el río? ¡Bien les he hecho morder el polvo á esos -perros! Les he engañado en plena luz del día, y su jefe se ha quedado -sin cola; pero aun tendrás algunos para entretenerte. ¿Hacia dónde -quieres que les obligue á ir? - ---Esperaré, dijo Won-tolla. Tengo aun toda la noche de tiempo. - -Cada vez se oían más cerca los ladridos de los lobos de Seeonee. - ---¡Por la manada! ¡Por la manada en pleno lo hemos jurado! - -Y un recodo del río lanzó á los _dholes_ entre la arena y los bajíos -que había frente á los Cubiles. - -Pronto notaron su error. Debieron haber saltado á tierra unos -ochocientos metros más arriba y atacar á los lobos en terreno seco. -Ahora era ya tarde para ello. La orilla estaba llena de ojos que -parecían de fuego, y exceptuando el horrible _feeal_, que no se había -interrumpido ni un momento desde la puesta del sol, no se oía el menor -ruido en la Selva. Dijérase que Won-tolla no había estado haciendo otra -cosa que atraerlos hacia aquel sitio para tomar tierra allí. - ---¡Dad la vuelta y atacad! dijo el que dirigía á los _dholes_. - -La manada entera se lanzó á la playa, chapoteando por los bajíos hasta -que toda la superficie del Wainganga se agitó y cubrió de blanca -espuma, formando el agua círculos que iban de un lado á otro del río -como al paso de un barco. Siguió Mowgli la embestida, acuchillando á -los _dholes_ mientras corrían apiñados por la orilla como una ola. - -Entonces comenzó la gran lucha, ya levantándose, ya aplanándose, ya -haciéndose pedazos unos á otros, por grupos ó diseminados, á lo largo -de la roja, húmeda arena, por encima ó entre las enredadas raíces de -los árboles, á través ó en medio de los matorrales, entrando y saliendo -por los sitios que cubría la yerba, pues, hasta entonces, eran tantos -los _dholes_, que se hallaban en la proporción de dos contra uno, -comparados con los lobos. Pero éstos luchaban por cuanto constituía la -razón de ser de la manada, y no eran ya, únicamente, los flacos y altos -cazadores de otras veces, de pecho hundido y blancos colmillos, sino -que á ellos se juntaban las _lahinis_ de mirada ansiosa (las lobas de -cubil, como suelen llamarse), luchando por sus camadas, y acompañadas, -de cuando en cuando, por algún lobo de un año, de piel lanosa aun, -como que no había mudado el pelo, y que iba á su lado tirando y -agarrándose de ellas. Un lobo (bien debéis saberlo) ataca arrojándose -á la garganta ó mordiendo hacia los costados, mientras que un _dhole_ -procura, generalmente, morder en el vientre, de modo que cuando estos -últimos peleaban fuera del agua, y tenían que levantar la cabeza para -ello, los lobos llevaban ventaja. Sobre la tierra seca hallábanse, -por el contrario, en condiciones de inferioridad; pero, fuera en el -agua ó en la tierra, el cuchillo de Mowgli no descansaba un momento. -_Los cuatro_ habíanse, al fin, abierto paso hasta llegar á su lado. El -Hermano Gris, agachado entre las rodillas del muchacho, le amparaba los -golpes dirigidos al vientre, mientras los demás le guardaban la espalda -y los costados, ó le cubrían con su cuerpo cuando la sacudida de un -_dhole_, que se había lanzado con toda su fuerza contra la resistente -hoja del cuchillo, al saltar aullando le arrastraba al suelo en su -caída. En cuanto á los demás que combatían no eran más que una masa -desordenada y confusa, una apretada y ondulante multitud, que ora -iba de derecha á izquierda, ora de izquierda á derecha, á lo largo de -la orilla del río, ó bien giraba pausadamente, una y otra vez, sobre -su propio centro. Aquí, se elevaba como una trinchera, se hinchaba -como una burbuja de agua en un torbellino, y la burbuja se rompía y -lanzaba al aire cuatro ó cinco perros heridos, cada uno de los cuales -se esforzaba en volver al centro; allá, veíase á un lobo solo, vencido -por dos ó tres _dholes_, y arrastrándoles hacia delante trabajosamente, -cayéndose rendido con el esfuerzo; más allá, un cachorro de un año -quedaba sostenido en el aire por la presión de los que le rodeaban, -aunque rato hacía que estaba muerto, mientras su madre, loca de coraje, -silenciosa, pasaba y volvía á pasar, mordiendo siempre; y, en medio -de la pelea, sucedía, tal vez, que un lobo y un _dhole_, olvidándose -de todos los demás, se preparaban hábilmente para ver quién sería el -primero en morder, hasta que, de pronto, un verdadero torbellino de -furiosos combatientes se los llevaba á ambos. Una vez, pasó Mowgli -junto á Akela, que llevaba á cada lado un _dhole_ y apretaba en aquel -momento las quijadas, casi sin dientes ya, sobre los ijares de un -tercero; otra vez, vió á Fao con los dientes clavados en la garganta -de un _dhole_, arrastrándolo por fuerza hacia delante, hasta llevarlo -á donde los lobos de un año pudieran acabar con él. Pero lo principal -de la lucha no era más que ciega confusión y un continuo ahogarse en -medio de la obscuridad; dar golpes, pernear, caerse, ladrar, gruñir y -mucho morder y desgarrar en torno suyo y por todos lados. Al avanzar -la noche, el rápido é insoportable movimiento giratorio aumentó aún. -Los _dholes_, acobardados, no se atrevían á atacar á los lobos, más -fuertes que ellos; pero tampoco se atrevían á huir. Adivinó Mowgli que -la pelea tocaba á su fin, y contentóse ya no más que con herir, para -dejar inutilizadas á sus víctimas. Los lobos de un año iban haciéndose -más atrevidos á cada momento; de cuando en cuando era ya posible tomar -algún respiro, hablar con el compañero que estaba al lado, y el solo -brillar del cuchillo bastaba á veces para hacer retroceder á alguno de -los perros. - ---Casi no falta más que el hueso por roer, gritó el Hermano Gris, que -iba manando sangre por veinte heridas á la vez. - ---Pero hay que roerlo, contestó Mowgli. _¡Eowawa!_ ¡Así hacemos las -cosas en la Selva! - -Y al decir esto, la ensangrentada hoja del cuchillo, brillando como -una llama, fué á hundirse en los ijares de un _dhole_ cuyos cuartos -posteriores quedaban ocultos por el cuerpo de un lobo que lo tenía -agarrado. - ---¡Es mi presa! gruñó el lobo arrugando la nariz. ¡Déjamelo! - ---¿Tienes aún vacío el vientre, solitario? preguntóle Mowgli. - -Won-tolla estaba tan lleno de heridas que su aspecto horrorizaba, pero, -así y todo, tenía como paralizado al _dhole_ bajo sus garras, y éste no -podía volverse para morderle. - ---¡Por el toro que me rescató! dijo Mowgli con amarga sonrisa. ¡Si es -el rabón! - -Y, en efecto, era el perro de color bayo que dirigía la manada. - ---No es discreto el matar cachorros y _lahinis_ (dijo Mowgli -filosóficamente y enjugándose la sangre que le cubría los ojos), como -no sea que uno haya matado también al solitario; y mucho me parece que -esta vez va á ser Won-tolla quien te mate á tí. - -Acudió en aquel momento un perro en ayuda de su jefe; pero, antes de -que hubiera clavado los dientes en el costado de Won-tolla, el cuchillo -de Mowgli se había clavado en su garganta, y el Hermano Gris se -encargó de rematarlo. - ---Así es como hacemos las cosas en la Selva, repitió Mowgli. - -Won-tolla nada dijo: únicamente sus quijadas fueron apretándose cada -vez más sobre el espinazo del _dhole_, al paso que su propia vida -tocaba á su fin. Estremecióse el perro, inclinó la cabeza y quedó -tendido, inmóvil, mientras el mismo Won-tolla caía también sobre su -cuerpo. - ---_¡Huh!_ La deuda de sangre queda ya pagada, dijo Mowgli. Canta la -canción, Won-tolla. - ---No cazará ya más, observó el Hermano Gris. Ni Akela tampoco, -continuó, porque hace mucho rato que guarda silencio. - ---¡Hemos roído ya el hueso! gritó con voz de trueno Fao, el hijo de -Faona. ¡Ya huyen! ¡Matadlos, exterminadlos á todos, cazadores del -Pueblo Libre! - -Uno tras otro, iban retirándose paulatinamente los _dholes_ de aquella -obscura y ensangrentada arena hacia el río, hacia la espesa Selva, -corriente arriba ó corriente abajo, según donde hallaban despejado el -camino. - ---¡La deuda! ¡La deuda! gritó Mowgli. ¡Hay que hacérsela pagar! ¡Han -asesinado al solitario! ¡No dejéis escapar ni á uno con vida! - -Corría como una exhalación hacia el río, cuchillo en mano, para detener -á cualquiera de los perros jaros que intentara arrojarse al agua, -cuando, bajo un montón de nueve cadáveres, vió surgir la cabeza y los -cuartos anteriores de Akela. Mowgli dejóse caer de rodillas al lado del -lobo. - ---¿No te dije que ésta sería mi última lucha? dijo Akela jadeando. La -cacería ha sido buena... ¿Y tú, Hermanito? - ---Yo estoy vivo, y he matado á muchos. - ---¡Bien! Yo me muero y... y quisiera morir á tu lado, Hermanito. - -Cogió Mowgli la cabeza, llena de horrorosas heridas, colocóla sobre sus -rodillas y le echó al animal los brazos al cuello, desgarrado también. - ---¡Cuánto tiempo ha pasado desde aquéllos en que vivía Shere Khan y en -que un Hombre-cachorro se revolcaba desnudo por el polvo! - ---¡No! ¡No! Yo soy un lobo. Yo soy de la misma raza que el Pueblo -Libre, dijo Mowgli llorando. ¡No quiero ser un hombre! - ---Un hombre eres, Hermanito, lobato á quien he vigilado. Eres un -hombre, ó de lo contrario la manada hubiera huído frente á los -_dholes_. Te debo la vida, y hoy nos has salvado á todos, de igual -suerte que yo te salvé á tí. ¿Lo has olvidado? Todas las deudas quedan -ya satisfechas. Vete con tu propia gente. Te repito, luz de mis ojos, -que la cacería ha terminado. Vuélvete á donde están los tuyos. - ---No iré nunca. Cazaré solo en la Selva. Ya lo he dicho. - ---Tras el verano vienen las lluvias, y tras las lluvias la primavera. -Vuélvete antes de que te veas obligado á hacerlo. - ---¿Y quién me obligará? - ---Mowgli mismo obligará á Mowgli. - ---Pues cuando Mowgli sea quien obligue á Mowgli á marcharse entonces me -iré, contestó el muchacho. - ---Nada más tengo que decirte respecto á esto, continuó Akela. -Hermanito, ¿no podrías levantarme y ponerme en pie? También yo fuí jefe -del Pueblo Libre. - -Con el mayor cuidado y muy suavemente levantó y apartó Mowgli los -cuerpos amontonados, puso en pie á Akela, abrazándolo, y el Lobo -Solitario resolló con fuerza y comenzó á cantar la Canción de la -Muerte que todo jefe de manada debe cantar al morir. Fué adquiriendo -mayor fuerza por momentos, elevándose, elevándose, resonando á través -del río, hasta llegar al grito final de: _¡Buena suerte!_ Entonces, -arrancóse Akela por un instante de los brazos de Mowgli, y, saltando en -el aire, cayó de espalda sobre su postrera y más temible víctima. - -Sentóse Mowgli con la cabeza entre las rodillas, sin prestar atención á -otra cosa alguna, mientras los rezagados de los _dholes_ que huían eran -perseguidos y destrozados por las implacables _lahinis_. Poco á poco, -fueron cesando los gritos y los lobos volvieron cojeando, porque sus -heridas les molestaban más y más por momentos, para hacerse cargo de -las bajas que habían tenido. Quince de los de la manada y media docena -de _lahinis_ quedaban muertos junto al río, y de los restantes ni uno -estaba ileso. Mowgli quedóse allí sentado hasta la hora del alba, -cuando el húmedo y enrojecido hocico de Fao fué á ponerse sobre una de -sus manos, y entonces apartóse el muchacho para mostrarle el demacrado -cuerpo de Akela. - ---¡Buena suerte! dijo Fao, como si Akela estuviera aun vivo, y luego, -hablando á los otros por encima del hombro ensangrentado, gritó: - ---¡Aullad, perros! ¡Esta noche ha muerto un Lobo! - -Pero de toda la manada de doscientos _dholes_ aptos para la lucha, que -se vanagloriaban de ser dueños de todas las Selvas y de que no había -ser viviente que pudiera batirse con ellos, ni uno volvió al Dekkan -para repetir las palabras de Fao. - - [Ilustración] - - - =La canción de Chil= - -(Ésta es la canción que entonó Chil cuando los milanos fueron -descendiendo uno tras otro al cauce del río, una vez terminada la gran -lucha. Chil es amigo de todo el mundo, pero su corazón es un pedazo de -hielo, porque sabe que casi todos en la Selva van á parar á él un día ú -otro). - - Mis compañeros eran y frente á mí corrían - (frente á Chil, el milano); - mas hoy sobre sus cuerpos resuenan mis silbidos, - pues todo ha terminado. - - Como vanguardias mías, donde botín hubiera - solían avisármelo, - y allá desde las nubes también yo les mostraba - los escondidos gamos. - - Mas ya han enmudecido mis viejos compañeros - y todo ha terminado. - .......................................... - Los que de la manada eran los viejos guías - (frente á Chil, el milano), - los que al _sambhur_ ligero acorralar lograban - (vanguardias que he mandado), - los que explorar solían, los otros, perezosos, - y siempre rezagados, - no cazarán ya juntos, no seguirán más pistas: - aquí termina el rastro. - ......................................... - Mis compañeros eran y frente á mí corrían - (frente á Chil, el milano). - ¡Han muerto! En su alabanza se elevan mis canciones, - memorias del pasado. - - Montones de cadáveres son sólo mis amigos; - abierta está su boca, los ojos ya vaciados; - y cúbrelos la sangre... y todo aquí termina... - ¡van á quedar los míos, con tanta carne, hartos! - - [Ilustración] - - - [Ilustración] - - - - - CORRETEOS PRIMAVERALES - - ¡El Hombre vuelve al Hombre! Decídselo á la Selva: - el que era nuestro hermano de nuevo va á partir. - ¿Quién puede detenerle ni quién tras de sus pasos - irá, si parte al fin? - - ¡El Hombre vuelve al Hombre! Las lágrimas le ahogan - y en nuestra compañía no puede ya vivir. - ¡El Hombre vuelve al Hombre! ¡Y tanto que nosotros - le amábamos!... Seguirle no es ya posible allí. - - -Diez y siete años debía de tener Mowgli al cumplirse dos después de -la gran lucha contra los perros jaros y de la muerte de Akela. Alguna -más edad representaba, porque el rudo ejercicio, los buenos alimentos, -y los baños, siempre que el calor ó el polvo le molestaban, habíanle -dado fuerzas y desarrollo superiores á su edad. Podía balancearse, sin -parar, durante media hora, colgando de una rama sostenido sólo por una -mano, cuando se le antojaba curiosear por entre los árboles. No le era -difícil parar á un gamo en su carrera y tumbarlo, cogiéndolo por la -cabeza. Se atrevía á voltear hasta á los grandes y feroces jabalíes -azulados que viven en los Pantanos del Norte. El Pueblo de la Selva, -que solía temerle antes por su ingenio, le temía ahora por su fuerza, y -cuando andaba él ocupado en sus correrías silenciosas, el mero rumor de -que se acercaba era suficiente para dejar despejados todos los senderos -del bosque. Y, sin embargo, sus ojos miraban siempre bondadosamente. -Hasta en plena lucha no despedían nunca aquellas llamaradas de los -de Bagheera. Habíanse vuelto tan sólo más atentos y mostraban mayor -excitación, siendo esto, precisamente, una de las cosas que la pantera -no llegaba á entender. - -Hízole alguna pregunta acerca de ello, y el muchacho se rió, -contestando: - ---Al errar un golpe me incomodo; cuando me ocurre tener que estar un -par de días sin comer me incomodo aun más. ¿No se me ve, entonces, en -los ojos el malhumor? - ---Tu boca puede sentir hambre, repuso Bagheera, pero tus ojos no lo -revelan. Cazando, comiendo ó nadando, siempre están lo mismo... como -las piedras, tanto si hay sequía como si llueve. - -Miróla Mowgli con aire perezoso á través de sus largas pestañas, y, -como de costumbre, bajó la pantera la cabeza. Bagheera sabía que aquel -era su amo. - -Estaban los dos solos, tendidos cerca de la cumbre de una colina que -dominaba al río Wainganga, y la niebla matutina se veía allá abajo, -á sus pies, colgando en tiras blancas y verdes. Al elevarse por el -horizonte cambióse en burbujantes mares de un color rojo dorado, se -deshizo, y dejó paso á los rayos, que fueron á trazar luminosas franjas -sobre la yerba seca en el sitio en que Mowgli y Bagheera estaban -recostados. La estación fría tocaba entonces á su fin; las hojas y -los árboles parecían gastados y marchitos, y, al soplar el viento, -oíase un rumor seco y un tic-tac por todas partes. Una hojilla comenzó -á golpear furiosamente contra una rama, como suele hacer toda hoja -agitada por una corriente de aire. Á Bagheera logró despabilarla, -porque se puso á olfatear el aire matinal con profundo y cavernoso -ronquido, tendióse de espaldas, y con las patas delanteras golpeó -también la hojilla que se movía sobre su cabeza. - ---El año va á cambiar, dijo. La Selva avanza. La época del _Nuevo -Lenguaje_ se acerca. Esa hojuela lo sabe. ¡Qué bien! - ---La yerba está seca, contestó Mowgli, arrancando un puñado. Hasta -los _ojos de primavera_ (que son unas flores rojas, como de cera, en -forma de trompetillas, y que crecen entre la yerba), hasta los _ojos de -primavera_ no se han abierto aún, y... Oye Bagheera ¿te parece que está -bien que la pantera negra esté echada así de espaldas, y se entretenga -en dar manotazos en el aire como si fuera un gato montés? - ---_¡Aoh!_ se limitó á decir Bagheera, que parecía distraída. - ---Digo que si te parece que esté bien que la pantera negra se -entretenga en abrir la boca, y dar ronquidos, y aullar, y revolcarse. -Acuérdate de que tú y yo somos los amos de la Selva. - ---Sí, es verdad. Ya te escucho, Hombre-cachorro. - -Dió media vuelta Bagheera rápidamente y se sentó, cubiertos de polvo -los raídos y negros ijares. (Estaba entonces mudando la piel del -invierno). - ---¡Seguramente que somos los amos de la Selva! continuó. ¿Quién hay que -sea tan fuerte como Mowgli? ¿Quién que sepa tanto como él? - -Había en la voz con que lo dijo un modo especial de arrastrar las -palabras que hizo á Mowgli volverse para ver si había querido la -pantera burlarse de él, porque la Selva está llena de vocablos que -suenan de muy distinto modo de lo que significan. - ---He dicho que sin ningún género de duda somos los amos de la Selva, -repitió Bagheera. ¿He hecho mal? No sabía que el Hombre-cachorro no se -echaba ya sobre la tierra. ¿Qué hace, pues? ¿Vuela? - -Sentóse Mowgli con los codos apoyados sobre las rodillas, mirando -á través del valle, á lo lejos, la luz del día. En algún rincón de -los bosques que se veían en lo hondo, un pájaro ensayaba con ronca -y aflautada voz las primeras notas de su canción primaveral. No era -aquello más que una sombra del torrente de armonías que lanzaría más -tarde; pero no escapó al oído de Bagheera. - ---Dije que la época del _Nuevo Lenguaje_ está cerca, gruñó la pantera, -azotándose los ijares con la cola. - ---Ya lo oigo, contestó Mowgli. Pero, Bagheera, ¿por qué te tiembla todo -el cuerpo? El sol quema. - ---Este es Ferao, el picamaderos de color escarlata, dijo Bagheera. Lo -que es él no ha olvidado nada. Ahora, también á mí me toca probar si me -acuerdo de mi canción. Al decirlo comenzó á producir un susurro como -de gato y á berrear, escuchándose á sí misma, una y otra vez, con aire -poco satisfecho. - ---No hay ninguna pieza de caza á la vista, dijo Mowgli. - ---Pero, Hermanito ¿estás completamente sordo? Esto no es un grito de -caza, sino mi canción, que estoy ensayando para cuando la necesite. - ---Se me había olvidado. Yo sabré cuándo llega la época del _Lenguaje -Nuevo_, porque, entonces, tú y los otros me abandonaréis todos y os -escaparéis. Dijo esto Mowgli con visible malhumor. - ---Pero no siempre, Hermanito, repuso Bagheera... La verdad es que no -siempre... - ---Te digo que sí, contestó Mowgli con imperativo gesto de cólera. Os -escapáis, y yo, que soy el dueño de la Selva, tengo que pasearme solo. -¿Qué ocurrió en la última estación, cuando quería yo recoger cañas -de azúcar en los campos de una de las _manadas_ de hombres? Mandé un -mensajero... ¡te mandé á tí!... á hablar con Hathi, diciéndole que -viniera tal noche y que me arrancara con su trompa algunas de aquellas -yerbas dulces... - ---Sólo tardó en llegar dos noches más de lo que tú querías, dijo -Bagheera, agachándose un poco, con miedo; y de aquella larga y dulce -yerba que tanto te gustaba cogió mucha más cantidad de lo que cualquier -Hombre-cachorro podría comer durante todas las noches de la temporada -de lluvias. No tuve yo la culpa de aquello. - ---No vino la noche que yo le dije. No, estaba ocupado trompeteando, -corriendo, dando bramidos por los valles, á la luz de la luna. Su -rastro era como el que dejan tres elefantes juntos, porque no se -escondía, entonces, entre los árboles. Bailaba frente á las casas de la -manada de los hombres. Yo le ví, y, á pesar de todo, no quiso venir á -donde yo estaba... ¡y yo soy el amo de la Selva! - ---Era aquélla la época del _Lenguaje Nuevo_, dijo la pantera, muy -humilde siempre. Tal vez, Hermanito, no empleaste entonces, para -llamarle, ninguna palabra mágica. ¡Escucha á Ferao, y diviértete! - -El malhumor de Mowgli parecía haberse evaporado ya. Acostóse con la -cabeza apoyada sobre los brazos, cerrados los ojos. - ---No sé... ni me importa averiguarlo, dijo soñoliento. Durmamos, -Bagheera. ¡Siento una cosa en el pecho! Déjame reclinar la cabeza -contra tu cuerpo. - -Echóse la pantera, de nuevo, dando un suspiro, porque oía á Ferao -ensayando una y otra vez su canción para la época de primavera, ó del -_Lenguaje Nuevo_, como ellos dicen. - -En las selvas indias, las estaciones se deslizan pasando de una á otra -casi sin que se note separación entre ellas. No parece haber más que -dos: la húmeda y la seca; pero mirando atentamente, por debajo de los -torrentes de lluvia, y de las nubes de polvo, y de cosas carbonizadas, -notaréis que las cuatro van sucediéndose según el ciclo acostumbrado. -La primavera es la más admirable, porque no tiene que cubrir de -hojas nuevas y de flores un campo limpio y desnudo, sino llevarse y -arrinconar los montones de cosas medio verdes que sobreviven y cuelgan -aún, respetadas por el suave invierno, y hacer, de paso, que la tierra -envejecida vuelva á sentirse nueva y joven una vez más. Y esto, de tal -modo lo hace que no existe en el mundo primavera que pueda compararse -con la de la Selva. - -Hay un día en que todas las cosas parecen fatigadas, y hasta los mismos -olores, al elevarse por el pesado aire, dijérase que han envejecido, -que están ya harto usados. Es una sensación inexplicable, pero que se -experimenta. Luego, llega otro día (y es de advertir que para la vista -nada ha cambiado) en que todos los olores son nuevos y deliciosos, y, -al sentirlos, al Pueblo de la Selva le tiemblan los bigotes hasta las -mismas raíces, comenzando á caérsele de los ijares el pelo del invierno -en largos y sucios mechones. Entonces, si por casualidad llueve un -poco, todos los árboles y matorrales, todos los bambúes, y musgos, y -plantas de hojas jugosas, despiertan de sus sueños con unos rumores y -un desarrollo súbito que casi podría decirse que se les oye crecer, y -por debajo de todo esto corre día y noche otro rumor, una especie de -profundo zumbido. Es el susurro de la primavera: algo que vibra en el -aire, y que no es ruido de abejas, ni de agua que cae, ni de viento en -las copas de los árboles, sino la especie de arrullo del mundo que se -siente feliz. - -Hasta aquel año Mowgli había disfrutado siempre con el cambio de las -estaciones. El era, generalmente, el que antes que nadie veía el primer -_ojo de primavera_ escondido entre la yerba, y la primera aglomeración -de nubes primaverales, que son características en la Selva. Su voz -podía oirse en todas partes, en los sitios húmedos, donde brillaban las -estrellas, donde hubiera algo que floreciera, uniéndose al coro de las -ranas, ó imitando á los buhos pequeños que graznan, haciendo las cosas -al revés, durante las noches claras. Como todos los suyos, escogía -para sus correrías la estación primaveral, yendo de un sitio á otro -por el mero placer de ir corriendo y de sentir el aire tibio durante -ocho, diez, ó más leguas, entre la hora del crepúsculo y la del alba, -volviendo luego jadeante, sonriente y coronado de extrañas flores. _Los -cuatro_ no le seguían en sus salvajes correrías por la Selva, sino que -iban á cantar sus canciones con los otros lobos. El Pueblo de la Selva -suele estar muy ocupado en la primavera, y Mowgli le oía gruñir, gritar -ó silbar según la especie á que pertenecían sus individuos. Su voz es -en aquella época diferente de lo que suele ser en otras, y ésta es una -de las razones que existen para que en la Selva se llame la primavera -la época del _Lenguaje Nuevo_. - -Pero en aquella ocasión, según Mowgli le dijo á Bagheera, _su pecho_ -había cambiado. Desde que los brotes del bambú habían adquirido un -color moreno, lleno de manchas, que estaba él esperando que llegara la -mañana en que cambiaran todos los olores. Pero cuando esa mañana llegó, -y Mor, el pavo real, resplandeciente en sus luminosos colores bronce, -azul y oro, lanzó su agudo grito desde los bosques, y Mowgli abrió la -boca para contestar con otro suyo, las palabras se le quedaron entre -los dientes, y experimentó una sensación que empezó en los dedos de -los pies y acabó en el cabello... una sensación de malestar, de tan -hondo aplanamiento, que se examinó cuidadosamente para asegurarse de -que no había pisado ninguna espina. Dió Mor el grito que señalaba los -nuevos olores, repitiéronlo las demás aves, y allá por las rocas del -Wainganga oyó el muchacho resonar el ronco grito de Bagheera, algo -que participaba del del águila y del relincho del caballo. En las -ramas cubiertas de retoños, situadas sobre la cabeza de Mowgli, hubo -chillidos y fugas de _Bandar-log_, mientras él se quedaba allí de pie, -lleno del deseo de contestar á Mor, y no haciendo más que prorrumpir en -sollozos que el sentimiento de su infelicidad le arrancaba. - -Tendía en torno suyo la mirada, pero nada más veía que los burlones -_Bandar-log_ correteando por entre los árboles y Mor haciendo la rueda, -brillando en todo su esplendor, allá abajo, en los declives. - ---¡Los olores han cambiado! gritaba Mor. ¡Buena suerte, Hermanito! ¿Por -qué no contestas? - ---¡Hermanito, buena suerte! silbaron Chil, el milano, y su compañera, -descendiendo juntos por el aire en rápido vuelo. Ambos pasaron tan -cerca de Mowgli que, al rozar con él, algo de suave y blanco plumón se -desprendió de sus alas. - -Ligera lluvia primaveral (lluvia de elefante, como ellos dicen allí) -pasó á través de la Selva, formando una faja de más de medio kilómetro -de ancho, dejó tras de sí mojadas las hojas y moviéndose, y, al fin, -terminó con un doble arco iris y algunos truenos. El zumbido especial -de la primavera rompió todo freno por un momento y después quedó en -silencio; pero todos los habitantes de la Selva parecían gritar á la -vez. Sólo faltaba que á ellos se sumara Mowgli. - ---He comido buenos alimentos, dijo éste entre sí, y buena agua he -bebido. No arde mi garganta ni parece cerrarse, como cuando mordí la -raíz de manchas azuladas que Oo, la tortuga, me dijo que era alimento -sano. Pero siento el pecho oprimido, y he hablado con violencia á -Bagheera y á otros, á los de la Selva, en general, y á los míos. Por -otra parte, ya siento calor, ya frío, ó bien ni calor ni frío, pero -malhumor contra algo que no acierto á ver. _¡Huhu!_ ¡Hora es ya de -correr! Esta noche atravesaré los campos; sí, emprenderé mi carrera -primaveral á los Pantanos del Norte, y volveré aquí otra vez. Hace -demasiado tiempo que cazo con harta comodidad. _Los cuatro_ vendrán -conmigo, porque se están poniendo gordos como gorgojos. - -Llamólos entonces, pero ninguno de los cuatro le contestó. Hallábanse -donde no podían oirle, cantando las canciones de primavera (las de la -Luna y del _Sambhur_) con los lobos de la manada; porque en la estación -primaveral el Pueblo de la Selva no halla, apenas, diferencia entre -el día y la noche. Dió el agudo grito semejante á un ladrido, pero la -única contestación que obtuvo fué el burlón _miau_ del pequeño gato -montés moteado, que se arrastraba tortuosamente por entre las ramas, -buscando nidos tempranos. Al oirlo tembló de coraje y echó mano al -cuchillo. Luego adoptó un continente altivo, aunque nadie había allí -que pudiera verlo, y bajó á grandes pasos y muy serio por la falda de -la colina, alta la barbilla y fruncidas las cejas. Pero ni uno de los -suyos le hizo la menor pregunta, porque harto ocupados estaban todos -con sus propios asuntos. - ---Sí, dijo entre sí Mowgli, aunque en el fondo de su pecho bien -veía que no tenía razón: que vengan del Dekkan los perros jaros, ó -que se agite la Flor Roja entre los bambúes, y toda la Selva corre -lloriqueando á precipitarse á los pies de Mowgli, dándole grandes -calificativos como si fuera un elefante. Pero ahora, porque los _ojos -de primavera_ se han vuelto rojos, y á Mor se le ocurre enseñar las -desnudas piernas en sus danzas de primavera, la Selva se vuelve loca, -como Tabaqui... ¡Por el toro que me rescató! ¿Soy ó no soy el amo de la -Selva? ¡Silencio! ¿Qué es lo que hacéis ahí? - -Por uno de los senderos descendían corriendo dos lobos jóvenes -pertenecientes á la manada, buscando campo abierto en que poder luchar. -(Ya recordaréis que la Ley de la Selva prohibe el pelearse donde -pueda verlo el resto de la manada). Tenían los pelos del pescuezo -erizados, como si fueran alambres, y ladraban furiosamente, acercándose -agachados uno á otro, prontos á dar la primera acometida. Dió Mowgli -un salto hacia delante y cogió con cada mano uno de aquellos estirados -pescuezos, creyendo poder lanzar hacia atrás ambos animales, como había -hecho muy á menudo en juegos ó cacerías de la manada. Pero nunca había -tenido que intervenir en ninguna de las luchas de primavera. Ambos -saltaron hacia delante y lo echaron al suelo, después de lo cual, y -sin perder tiempo en decir nada, se agarraron, y así fueron rodando y -rodando. - -Casi antes de llegar al suelo estaba ya Mowgli de pie, desnudo el -cuchillo, enseñando los dientes, y deseando en aquel momento matarlos á -uno y otro, nada más que por luchar cuando él quería que se estuvieran -quietos, aunque según la Ley, todo lobo tiene el indiscutible derecho -de pelearse. Dió vueltas en torno de los dos, encogidos los hombros, -temblorosa la mano, preparándose á darles de cuchilladas cuando hubiera -pasado la primera furia del ataque; pero, esperando, sus fuerzas -parecieron abandonarle, la punta del cuchillo fué bajándose, y acabó -por volverlo á la vaina y quedarse mirando. - ---No hay duda que he comido algo que es veneno, dijo, al fin, -suspirando. Desde que interrumpí el Consejo con la Flor Roja... desde -que maté á Shere Khan... ni uno sólo de los de la manada era capaz de -echarme al suelo. ¡Y éstos no son más que zagueros de la manada... -cazadores sin importancia! He perdido la fuerza, y no tardaré en -morirme. ¡Ah! ¿Por qué, Mowgli, no los matas á los dos? - -Continuó la lucha hasta que uno de ambos lobos huyó, y el muchacho se -quedó solo, sobre aquella tierra removida y ensangrentada, mirando -ora su cuchillo, ora sus piernas y brazos, mientras la sensación -de profundo aplanamiento, de honda infelicidad que jamás había -experimentado hasta entonces, pesaba sobre él como el agua pesa sobre -un leño que cubre. - -Cazó temprano aquella noche y no comió más que un poco, á fin de -hallarse en disposición de emprender su carrera primaveral, comiendo -ese poco él solo, porque todo el Pueblo de la Selva se hallaba lejos, -cantando ó luchando unos con otros. La noche, magnífica, era una de -aquéllas que ellos llaman blancas. Todas las plantas parecían haber -crecido tanto desde la mañana como si hubiera ya transcurrido un -mes. La rama que el día antes mostraba hojas amarillas dejaba correr -ahora la savia al romperla Mowgli. Los musgos se enroscaban tibios y -mullidos, por encima de sus pies; la yerba nueva no cortaba aún al -tocarla, y todas las voces de la Selva resonaban como una sola cuerda -de arpa que la luna pulsara... la Luna de la temporada del _Lenguaje -Nuevo_, que lanzaba de lleno su luz sobre las rocas y las lagunas, la -deslizaba entre los troncos y las enredaderas, y la filtraba á través -de millones de hojas. Olvidándose de lo desdichado que le parecía -ser, Mowgli cantaba en alta voz con el más puro júbilo al emprender su -carrera. Tenía ésta, más bien, algo del vuelo, porque había él escogido -como punto de partida la larga y rápida pendiente que conduce á los -Pantanos del Norte, atravesando por el corazón de la Selva, donde el -terreno, verdaderamente elástico, por la yerba, amortiguaba el ruido -de sus pasos. Un hombre que hubiera sido educado entre los hombres -habría tenido en su camino no pocos tropiezos, engañado por la vaga luz -de la luna; pero los músculos de Mowgli, adiestrados ya por los años -de experiencia que tenía, le sostuvieron con la misma facilidad que -si fuera una pluma. Cuando algún leño podrido ó una piedra escondida -se torcían bajo sus plantas, él seguía adelante como si tal cosa, sin -moderar su velocidad, sin el menor esfuerzo, ni preocuparse lo más -mínimo. Cuando estaba cansado de caminar por el suelo echaba al aire -las manos, asiéndose como un mono de algunas de las enredaderas más -próximas, y parecía flotar, más bien que encaramarse, llegando hasta -las más delgadas ramas de los árboles, desde donde seguía alguno de -los _caminos arbóreos_, hasta que cambiaba de idea y se lanzaba al -suelo otra vez, describiendo una larga curva. Había sitios silenciosos, -cálidos y profundos, rodeados de húmedas rocas, donde casi no podía -respirar por los fuertes olores que se desprendían de las flores -nocturnas y de los capullos de las enredaderas; obscuras avenidas en -que la luz de la luna formaba sobre el suelo brillantes fajas, puestas -con la misma regularidad que si fueran piezas de mármol colocadas en -la nave de una iglesia; espesos y húmedos matorrales en que los nuevos -brotes le llegaban al pecho y parecían echarle los brazos alrededor -de la cintura; cimas de montaña coronadas de rocas hechas pedazos, -donde saltaba de piedra en piedra por encima de las zorreras en que -las raposas pequeñas se ocultaban asustadas. Oía, á veces, muy débil y -lejano, el _chug-drug_, el ruido, de un jabalí afilando sus colmillos -contra un tronco, y se encontraba con el enorme animal arañando y -arrancando la corteza de un altísimo árbol, llena de espumarajos la -boca y echando llamas los ojos. O bien se desviaba algo al oir un ruido -de cuernos chocando y silbantes gruñidos, y pasaba como una exhalación -por delante de un par de _sambhurs_ enfurecidos que se movían como -vacilantes, baja la cabeza, cubiertos de rayas de sangre que á la luz -de la luna parecían negras. Finalmente, en algún vado oía á Jacala, -el cocodrilo, dando bramidos como un buey, ó separaba á una pareja -perteneciente al Pueblo venenoso; pero antes de que pudieran picarle -estaba ya lejos, cruzando por los brillantes guijarros, y se internaba -de nuevo en la Selva. - -Así fué corriendo, unas veces gritando, otras cantando, sintiéndose ya -entonces el más feliz de cuantos seres viven allí, hasta que, al fin, -el olor de las flores le indicó que se hallaba cerca de los pantanos, -y éstos estaban mucho más lejos de los límites de su acostumbrado -cazadero. - -Aquí, también, cualquier hombre entre los hombres educado habríase -hundido hasta el cuello á los tres pasos; pero dijérase que Mowgli -tenía ojos en los pies y que aquéllos lo llevaban de mata en mata -movediza, vacilante, sin necesidad de pedir auxilio á los ojos de la -cara. Corrió hacia el centro de la ciénaga, asustando á los patos -al pasar, y se sentó sobre un tronco de árbol cubierto de musgo y -caído sobre el agua negruzca. Todos los moradores del pantano estaban -despiertos en torno suyo, porque en la Primavera el Pueblo de los -pájaros tiene muy ligero el sueño, y así toda la noche estuvieron -yendo de un lado á otro en gran número. Pero ninguno de ellos hizo -el menor caso de Mowgli que, sentado entre las altas cañas, susurraba -canciones sin palabras y se miraba las plantas de los pies, morenos y -endurecidos, para ver si le había quedado clavada allí alguna espina. -Toda su infelicidad parecía haberla dejado atrás, en la Selva; pero -comenzaba, precisamente, á entonar una de sus canciones á grito pelado -cuando volvió á apoderarse de él... y diez veces peor que antes. - -Lo que es entonces sintió miedo Mowgli. - ---¡También está aquí! dijo casi en alta voz. ¡Me ha seguido! Y miró por -encima del hombro para ver si _aquello_ estaba, realmente, allí, á su -espalda. No hay nadie, añadió. - -Los ruidos nocturnos del pantano continuaron, mas ni un ave, ni una -fiera, le dijeron nada, y el sentimiento de tristeza que le embargaba -fué aumentando. - ---De seguro que estoy envenenado, dijo con voz que reflejaba el -terror que sentía. Habré tragado algún veneno inadvertidamente, y he -perdido las fuerzas. Sentí miedo (y, sin embargo, no era yo el que lo -sentía)... Mowgli tuvo miedo cuando los dos lobos se peleaban. Akela, -y hasta el mismo Fao, los hubieran reducido á la obediencia, y, no -obstante, Mowgli se acobardó. Esto es señal indudable de que he tragado -algún veneno... Pero ¿qué les importa á los de la Selva? Cantan, -aullan, luchan unos con otros y corren en cuadrillas á la luz de la -luna, mientras yo... _¡Hai-mai!_... yo me estoy muriendo aquí, en los -pantanos, víctima de ese veneno que he tragado. - -Tal compasión sentía por sí mismo que casi lloraba al decir estas -palabras. - ---Y luego, continuó, me encontrarán echado sobre esa agua negra. No, -volveré á mi Selva y moriré sobre la Peña del Consejo, y Bagheera, á -quien quiero... si es que no anda gritando por el valle... tal vez -vigilará algún rato lo que de mí quede, para que Chil no haga conmigo -lo que hizo con Akela. - -Gruesa y tibia lágrima fué á caer sobre su rodilla, y, á pesar de -lo triste que se hallaba, Mowgli sentía algo como el placer de su -desgracia, si es que cabe explicar y entender esa clase de felicidad al -revés. - ---Sí, lo que Chil, el milano, hizo con Akela, repitió, aquella noche en -que yo salvé de los perros jaros á la manada. - -Quedóse un rato callado, pensando en las últimas palabras del Lobo -Solitario, de que, por supuesto, os acordaréis. - ---Pues bien: Akela me dijo infinidad de tonterías antes de morir, -porque cuando nos morimos lo que tenemos en el pecho cambia -completamente. Dijo... pero no importa; á pesar de todo, yo pertenezco -á la Selva. - -En medio de la excitación que sentía al recordar la lucha en las -orillas del Wainganga, pronunció Mowgli las últimas palabras gritando, -y la hembra de un búfalo salvaje que estaba entre las cañas levantóse -del suelo, poniéndose sobre las rodillas, y dijo dando un bufido: - ---¡Un hombre! - ---_¡Uh!_ contestó Mysa, el búfalo (Mowgli lo oía moverse en su charco), -eso no es un hombre. No es más que el lobo pelón de la manada de -Seeonee. En noches como ésta anda corriendo de un lado á otro. - ---_¡Uh!_ dijo, también, la hembra, bajando otra vez la cabeza para -pacer: creí que era un hombre. - ---Te digo que no. ¡Mowgli! ¿Hay algún peligro? mugió entonces Mysa. - ---¡Mowgli! ¿Hay algún peligro? repitió el muchacho burlándose. ¡Eso es -lo único que piensa Mysa: si hay algún peligro! Pero de Mowgli, que va -por la noche de un lado á otro vigilando ¿qué se le importa? - ---¡Cómo grita! exclamó la hembra. - ---Así gritan, dijo Mysa con aire despreciativo, los que cuando han -arrancado la yerba no saben luego cómo arreglarse para comerla. - ---Por mucho menos que esto, dijo entre sí Mowgli, por mucho menos, en -la época de las lluvias, hubiera yo pinchado á Mysa hasta sacarlo de su -charco, y, montado en él, lo hubiera llevado á través del pantano atado -con una cuerda de juncos. - -Tendió la mano para romper uno de éstos, pero volvió á retirarla dando -un suspiro. Mysa siguió rumiando imperturbable, y la larga yerba iba -clareando donde el búfalo pacía. - ---No quiero morir aquí, dijo Mowgli incomodado. Mysa, que es de la -misma sangre de Jacala y del jabalí, me vería. Vamos más allá de los -pantanos á ver qué ocurre. Nunca he emprendido una carrera como ésta: -siento frío y calor á la vez. ¡Animo, Mowgli! - -No pudo resistir á la tentación de deslizarse, escondido entre los -juncos, hasta llegar á donde estaba Mysa y darle un pinchazo con la -punta de su cuchillo. El enorme búfalo salió, chorreando, de su charco, -como una bomba al explotar, mientras á Mowgli fué tal la risa que le -acometió que tuvo que sentarse. - ---Anda ahora y dí que el lobo pelón de la manada de Seeonee te ha -tratado como á un búfalo de rebaño, Mysa, gritó. - ---¿Lobo, tú? dijo, dando bufidos, el búfalo y pateando sobre el barro. -Toda la Selva sabe que guardabas ganado... que eres un rapaz como ésos -que gritan entre el polvo, allá lejos, en los campos. ¿Tú, uno de los -de la Selva?... ¿Qué cazador se hubiera arrastrado como una serpiente -entre sanguijuelas, y, por una broma indigna... por una broma de -chacal... me habría avergonzado delante de mi hembra? Sal afuera, á la -tierra firme, y verás... verás lo que te hago... - -Lanzaba el animal espumarajos de rabia, porque Mysa es tal vez quien -peor genio tiene en toda la Selva. Mowgli mirábale con ojos que -reflejaban inalterable calma, mientras el otro daba bufidos. Cuando -pudo hacerse oir entre el ruido del barro que saltaba en chispas, dijo: - ---¿Qué manada de Hombres hay por aquí, cerca de los pantanos, Mysa? Yo -no conozco esta parte de la Selva. - ---Vete hacia el Norte, pues, bramó furioso el búfalo, porque el -pinchazo de Mowgli había sido bastante fuerte. Eso ha sido una burla -digna de un vaquero como tú. Anda y cuéntasela á los de la aldea, allá -al extremo del pantano. - ---Á las manadas de hombres no les gustan los cuentos de la Selva, y -no me parece, Mysa, que porque muestres un arañazo más ó menos en la -piel es cuestión de reunir un consejo. Pero iré á dar un vistazo á -esa aldea. Sí, iré. ¡Calma, ahora, calma! No se ofrece cada noche la -ocasión de que el dueño de la Selva venga á guardarte mientras paces. - -Saltó sobre la tierra movediza al extremo del pantano, sabiendo -perfectamente que Mysa no le embestiría allí, y echó á correr, riéndose -al pensar en lo rabioso que se había puesto el búfalo. - ---No he perdido aún toda la fuerza, dijo. Tal vez el veneno no me ha -llegado todavía hasta los huesos. Allá lejos hay una estrella, muy baja. - -Al decirlo, miróla por entre las manos casi cerradas. - ---¡Por el toro que me rescató! ¡Es la Flor Roja!... la Flor Roja junto -á la cual me senté yo antes... antes de ir á unirme á la primera manada -de Seeonee. Ahora que lo he visto daré aquí por acabada mi carrera. - -El pantano terminaba en una ancha llanura en la cual parpadeaba una -luz. Largo tiempo había transcurrido desde la última vez que Mowgli se -mezcló en los asuntos de los hombres, pero aquella noche el resplandor -de la Flor Roja le indujo á seguir adelante. - ---Daré una ojeada, se dijo, como otra vez en tiempos pasados, y veré si -la manada humana ha cambiado mucho. - -Olvidándose de que no se hallaba ya en su Selva, donde podía hacer -cuanto se le antojara, comenzó á correr descuidadamente por la yerba, -húmeda de rocío, hasta que llegó á la choza donde ardía la luz. Tres ó -cuatro perros avisaron su llegada ladrando, pues se hallaba ya en los -alrededores de una aldea. - ---¡Eh! dijo Mowgli, sentándose sin producir el menor ruido, después de -lanzar un aullido de lobo que redujo al silencio á los gozques. Suceda -lo que suceda. Mowgli ¿qué tienes tú que ver con los cubiles en que -vive la manada de los hombres? - -Pasóse, al decirlo, la mano por la boca, acordándose de que una piedra -fué á herirla, años atrás, cuando la otra manada humana le arrojó de su -seno. - -Abrióse la puerta de una choza y apareció una mujer que miró hacia la -obscuridad de afuera. Lloró un chiquillo, y la mujer dijo por encima -del hombro: - ---Duerme. No era más que un chacal que despertó á los perros. Pronto se -hará de día. - -Mowgli, oculto en la yerba, comenzó á temblar como atacado de fiebre. -Conocía perfectamente aquella voz; pero, para estar más seguro, gritó -suavemente, sorprendido él mismo de la facilidad con que podía aún -hacer uso del lenguaje de los hombres: - ---¡Messua! ¡Messua! - ---¿Quién llama? preguntó la mujer con voz temblorosa. - -[Ilustración] - ---¿Me has olvidado ya? dijo Mowgli, que al hablar sentía completamente -seca la garganta. - ---Si eres tú ¿cuál es el nombre que te dí? ¡Dime! - -Había entornado la puerta y apretaba una de sus manos contra el pecho. - ---¡Nathoo! ¡Nathoo! dijo Mowgli, porque, como recordaréis, éste era -el nombre que le dió Messua cuando fué por primera vez á unirse á la -manada de los hombres. - ---Ven, hijo mío, gritó ella, y Mowgli, adelantándose hacia la luz, miró -cara á cara á Messua, la mujer que tan bondadosa había sido con él y -cuya vida salvó el muchacho, en pago, largo tiempo hacía. Hallóla más -vieja, con el cabello gris, pero ni sus ojos ni su voz habían cambiado. -Como mujer que era, esperaba ver á Mowgli tal como cuando le dejó, y su -mirada vagaba perpleja desde el pecho de aquél á la cabeza, que llegaba -al dintel de la puerta. - ---¡Hijo mío! balbuceó; y luego, echándose á sus pies, siguió diciendo: - ---Pero ya no eres ahora mi hijo, sino un dios de los bosques ¡ay! - -De pie como estaba; alumbrado por la roja luz de la lámpara de aceite; -fornido, alto, hermoso; cayéndole sobre los hombros el largo cabello -negro; pendiente de su cuello el cuchillo, que se balanceaba; coronada -de blancos jazmines la cabeza, fácilmente podía tomársele por alguno -de los dioses de que hablan las leyendas de la Selva. El chiquillo, -medio dormido en su cuna, se levantó, comenzando á gritar aterrorizado. -Volvióse Messua para apaciguarlo, mientras Mowgli se quedaba inmóvil, -parado, mirando los jarros y las cacerolas, el arcón del grano y todos -los otros útiles que usan los hombres y que él vió que recordaba -perfectamente. - ---¿Quieres comer ó beber algo? dijo Messua como susurrando las -palabras. Todo esto es tuyo. Nosotros te debemos la vida. Pero ¿de -veras eres tú aquél á quien yo llamé Nathoo, ó bien un dios? - ---Soy Nathoo, contestó Mowgli. He ido á parar muy lejos de mis propios -lugares. Ví esta luz y vine. No sabía que estuvieras tú aquí. - ---Después de habernos ido á Khanhiwara, dijo Messua tímidamente, los -ingleses se prestaron á ayudarnos para ir contra aquella gente que nos -quería quemar. ¿Te acuerdas? - ---¡Ya lo creo! No lo he olvidado. - ---Pero cuando la ley inglesa lo tuvo todo preparado fuimos á la aldea -de aquella gente tan mala y nos hallamos con que no existía ya. - ---También de eso me acuerdo, dijo Mowgli acompañando las palabras con -un ligero estremecimiento de las ventanas de la nariz. - ---Mi hombre, pues, púsose á trabajar en los campos al servicio de otro, -y, al fin (porque realmente era hombre muy fuerte), tuvimos alguna -porción de tierra propia. No es tan buena como la de la otra aldea, -pero no necesitamos mucho... los dos. - ---¿Dónde está él... el hombre que escarbaba en la tierra cuando tenía -miedo... aquella noche? - ---Está muerto... hace un año. - ---¿Y éste? dijo Mowgli señalando al chiquillo. - ---Es mi hijo, que nació dos _lluvias_ hace. Si tú eres un dios haz que -la Selva lo proteja, que no le ocurra nunca nada entre tu... entre tu -gente, del mismo modo que nos protegiste aquella noche. - -Levantó en brazos al niño, que, olvidándose ya del pasado miedo, se -abalanzó al cuchillo que colgaba del cuello de Mowgli y se puso á jugar -con la hoja, por lo que éste le apartó los deditos con gran cuidado. - ---Y si tú eres Nathoo, el que el tigre se llevó, siguió diciendo -Messua, ahogando un sollozo, entonces él es tu hermanito. Dale tu -bendición como hermano mayor. - ---_¡Hai-mai!_ ¿Y qué sé yo de eso que se llama _bendición_? Yo no soy -ni un dios ni tampoco su hermano y... ¡oh, madre, madre! tengo el -corazón oprimido... - -Al colocar al chiquillo en el suelo Mowgli sintió un estremecimiento. - ---¡Claro está! dijo Messua, muy atareada con sus cacerolas. Esto -proviene de ir corriendo por los pantanos, de noche. No hay duda de que -las fiebres se han apoderado de tí hasta los huesos. - -Sonrióse Mowgli ante la idea de que hubiera algo en la Selva que -pudiera hacerle daño. - ---Voy á encender fuego y beberás leche caliente. Quítate la corona de -jazmines: el olor es demasiado fuerte para sitio tan pequeño como éste. - -Sentóse Mowgli, hablando entre dientes y ocultando la cara entre -las manos. Toda suerte de extrañas sensaciones nunca experimentadas -antes por él, le asaltaban ahora, ni más ni menos que si estuviera -envenenado, sintiendo mareo. Bebió la leche caliente á grandes sorbos, -mientras Messua le daba de cuando en cuando con la mano cariñosos -golpecitos en el hombro, no muy segura de si aquél era su hijo Nathoo, -el de pasados tiempos, ó algún ser maravilloso venido de la Selva; pero -de todos modos alegrándose de que, cuando menos, fuera de carne y hueso. - ---Hijo, exclamó al fin (y al decirlo sus ojos brillaban de orgullo) ¿no -te ha dicho nadie que eres hermoso, más hermoso que todos los hombres? - ---¿Eh? contestó Mowgli, porque, naturalmente, nunca había oído -semejante cosa. - -Rióse Messua cariñosamente y con aire de felicidad. Con la expresión -que en la cara de él se descubría le bastaba. - ---¿Yo soy la primera, pues? Es justo, aunque pocas veces ocurra, que -una madre diga estas cosas agradables á su hijo. Eres hermoso. Nunca he -visto un hombre que lo fuera tanto. - -Volvió Mowgli la cabeza intentando mirarse por encima del robusto -hombro, y Messua rióse, nuevamente, durante tanto rato que Mowgli, sin -saber por qué, tuvo que imitarla, y el chiquillo corría de uno á otro, -riendo también. - ---No, tú no te has de reir de tu hermano, dijo Messua cogiéndolo y -acercándolo á su pecho. Cuando tengas nada más que la mitad de su -hermosura te casaremos con la más joven de las hijas de un rey, y -entonces irás montado en grandes elefantes. - -No entendía Mowgli ni una palabra de todo esto, y como, por otra parte, -la leche caliente comenzaba á producirle efecto después de una carrera -tan larga, acomodóse para entregarse al sueño, y al cabo de un minuto -se quedó profundamente dormido, mientras Messua le apartaba el cabello -que tenía caído sobre los ojos, lo cubría con un pedazo de tela, y -se sentía feliz al contemplarle. Según costumbre en la Selva, durmió -Mowgli lo que faltaba para terminar aquella noche y además todo el día -siguiente, pues el instinto, nunca del todo adormecido, le advertía -que nada tenía que temer. Al fin, despertóse dando un salto que hizo -temblar la choza, porque la tela que sentía sobre la cara le había -hecho soñar que caía en alguna trampa, y, así, se quedó de pie, puesta -la mano en el cuchillo, llenos aún de sueño los asustados ojos, pronto -para cualquier lucha que se ofreciera. - -Rióse Messua y puso frente á él la comida de la tarde. No la -constituían más que algunas bastas tortas, cocidas sobre un fuego -que las dejó ahumadas, un poco de arroz y otro poco de conserva agria -hecha de tamarindos: nada más que lo suficiente para esperar á que -pudiera cazar algo por la noche. El olor del rocío en los pantanos -le había abierto el apetito y excitado sus nervios. Deseaba terminar -su interrumpida carrera primaveral; pero empeñóse el chiquillo en -que lo tuviera en brazos y Messua en que, de todos modos, había de -peinarle ella á su Nathoo el largo cabello de color de ala de cuervo. -Púsose, pues, la mujer á peinarlo mientras cantaba cancioncillas sin -sentido para dormir chiquillos, ya llamando á Mowgli hijo suyo, ya -suplicándole que le diera á su niño un poco de su poder sobrenatural. -La puerta de la choza estaba cerrada, pero Mowgli oyó un ruido que -conocía perfectamente, y vió como el rostro de Messua se desencajaba -horrorizado, al notar que una enorme pata pasaba por debajo de la -puerta y al oir que, del otro lado de ésta, á fuera, sonaba un gemido -ronco y lastimero en el que se mezclaban el arrepentimiento, la -ansiedad y el temor. - ---¡Quédate ahí y espera! Cuando llamé no quisiste venir... dijo -Mowgli en el lenguaje de la Selva, sin volver la cabeza, y entonces -desapareció la gran pata gris. - ---No... no traigas contigo á tus... á tus servidores, dijo Messua. -Yo... nosotros... hemos vivido siempre en paz con los de la Selva. - ---En son de paz viene, contestó Mowgli levantándose. Acuérdate de -aquella noche que pasaste en el camino de Khanhiwara. En torno tuyo -había docenas como éste. Pero veo que hasta en la época de la primavera -no siempre olvida el Pueblo de la Selva. Madre, me voy. - -Apartóse Messua humildemente (no hay duda, pensó, de que es un dios de -los bosques); pero al poner Mowgli la mano sobre la puerta pudieron -más que nada en la pobre mujer sus sentimientos de madre y le arrojó -los brazos al cuello una y otra vez. - ---¡Vuelve! murmuró. Seas ó no hijo mío, vuelve, porque te quiero... -Mira, hasta él también siente que te vayas, añadió señalando al -chiquillo. - -Lloraba éste porque veía que el hombre que llevaba aquel cuchillo -brillante se iba. - ---Vuelve alguna otra vez, repitió Messua. Ni de día ni de noche estará -cerrada esta puerta para tí. - -Sentía Mowgli como si con cuerdas le tiraran de la garganta, y su voz -pareció salir de ella como arrancada con dificultad, al contestar: - ---Con seguridad que volveré. Y ahora, añadió, dirigiéndose al lobo -y apartándole la cabeza, que se acercaba á él cariñosamente cuando -trasponía ya el umbral, ahora tengo una queja que darte, Hermano Gris. -¿Por qué no acudisteis _los cuatro_ juntos cuando os llamé hace tanto -tiempo? - ---¿Tanto tiempo? Si no fué más que ayer noche. Yo... nosotros... -estábamos cantando en la Selva las nuevas canciones, porque ésta es la -época del Lenguaje Nuevo. ¿Te acuerdas? - ---Es verdad, es verdad. - ---Y en cuanto hubimos cantado las canciones, siguió diciendo -prontamente el Hermano Gris, yo me fuí tras de tu rastro. Me adelanté á -todos los demás y seguí sin parar un momento. Pero, Hermanito ¿qué has -hecho viniéndote á comer y á dormir con la manada de los hombres? - ---Si hubieseis venido cuando os llamé no hubiera ocurrido esto, dijo -Mowgli, corriendo mucho más aprisa. - ---¿Y ahora que va á suceder? preguntó el Hermano Gris. - -Iba Mowgli á contestar cuando una joven vestida de blanco comenzó á -descender por un camino que venía desde un extremo de la aldea. El -Hermano Gris desapareció inmediatamente, y Mowgli retrocedió, sin -producir el menor ruido, hasta llegar á unos altos sembrados. Hubiera -podido casi tocar á la muchacha con sólo alargar la mano cuando los -tibios y verdes tallos se juntaron frente al rostro de él y le hicieron -desaparecer como un fantasma. Chilló la joven, porque creyó haber visto -un duende, y después dió un suspiro. Mowgli separó los tallos con las -manos, y se quedó mirándola hasta que estuvo fuera del alcance de su -vista. - ---Y ahora no sé... dijo, suspirando á su vez. Pero ¿_por qué_ no -vinisteis cuando os llamé? - ---Nosotros te seguimos... te seguimos siempre, murmuró el Hermano Gris, -lamiéndole los talones á Mowgli... te seguimos siempre, excepto en la -época del Lenguaje Nuevo. - ---¿Y me seguirías tú hasta la manada de los hombres? dijo en voz muy -baja Mowgli. - ---¿No te seguí aquella noche en que nuestra manada te expulsó? ¿Quién -fué á despertarte cuando tú dormías entre los sembrados? - ---Sí, pero ¿volverías á hacerlo? - ---¿No te he seguido esta noche? - ---Sí, pero una... y otra vez... y quizá alguna más... Hermano Gris. - -Quedóse éste callado. Cuando, por fin, rompió el silencio, fué para -decir como hablando consigo mismo: - ---_La Negra_ estaba en lo cierto. - ---¿Y qué es lo que dijo? - ---Que, al fin, el hombre vuelve siempre al hombre. Raksha, nuestra -madre, dijo... - ---También Akela, aquella noche de los perros jaros... murmuró Mowgli. - ---Lo mismo dice Kaa, que sabe más que todos nosotros. - ---¿Y tú? ¿qué opinas, Hermano gris? - ---Te expulsaron una vez llenándote de insultos. Hiriéronte en la boca -con una piedra. Mandaron á Buldeo para que te asesinara. Te hubieran -arrojado sobre la Flor Roja. Tú mismo (y no yo) has dicho que son malos -y necios. Tú, y no yo... (porque yo no hice más que seguir á los míos), -tú fuíste quien lanzó á la Selva contra ellos. Tú, y no yo, inventaste -una canción contra los hombres, más amarga aun que la nuestra contra -los perros jaros. - ---Te pregunto qué es lo que tú opinas. - -Hablaban ambos mientras iban corriendo. El Hermano Gris galopó aún un -rato más sin contestar, y, al fin, dijo entre salto y salto: - ---Hombre-cachorro... Dueño de la Selva... Hijo de Raksha, hermano -mío... aunque sea algo olvidadizo en primavera, tu rastro es el mío, -tu cubil es mi cubil, tu caza es la mía, y donde tú mueras luchando, -moriré yo. Hablo, también, en nombre de los otros tres. Pero ¿y qué vas -á decirle ahora á la Selva? - ---Bien pensado. Entre ver una pieza y el acto de matarla no conviene -que pase mucho rato. Adelántate y llámalos á todos para que asistan -al Consejo de la Peña, y yo les diré entonces lo que aquí en el pecho -siento. Pero tal vez no acudirán al llamamiento... como estamos en la -época del Lenguaje Nuevo, quizá me olvidarán. - ---¿Es que tú no te has olvidado alguna vez de algo? ladró el Hermano -Gris, volviendo la cabeza mientras corría á galope y Mowgli le seguía -pensativo. - -En cualquiera otra época la noticia hubiera atraído á todos los -habitantes de la Selva, que se hubieran presentado juntos, erizados -todos los pelos del cuello; pero ahora se hallaban muy ocupados -cazando, peleándose, y cantando. De uno á otro fué corriendo el Hermano -Gris, gritando: - ---¡El Amo de la Selva se vuelve con los hombres! ¡Venid al Consejo de -la Peña! - -Y todos, alegres, pletóricos de vida, le contestaban únicamente: - ---Ya volverá con los calores del verano. Las lluvias le traerán -nuevamente al cubil. Ven á correr y á cantar con nosotros, Hermano Gris. - ---Pero es que el Dueño de la Selva vuelve á irse con los hombres, -repetía el Hermano Gris. - ---_¡Eee-Yoawa!_ ¿Acaso es menos dulce por esto la época del Lenguaje -Nuevo? le contestaban. - -Como consecuencia, cuando Mowgli, con el corazón oprimido, subió por -entre las rocas que tan bien conocía, al sitio en que, en otro tiempo, -le presentaron al Consejo, no halló allí más que á _los cuatro_, -Baloo, que estaba ya casi ciego con los años, y la pesada y fría Kaa, -enroscada en el puesto que solía ocupar Akela. - ---¿Termina, pues, aquí tu rastro, Hombrecito? dijo Kaa cuando Mowgli se -arrojó al suelo con el rostro entre las manos. Lanza tu grito: somos de -la misma sangre tú y yo... el hombre y la serpiente. - ---¿Por qué no me mataron los perros jaros? gimió el muchacho. Mi -fuerza me ha abandonado, y no es ningún veneno la causa. De día y de -noche oigo unos pasos que van siguiendo los míos. Si vuelvo la cabeza -paréceme que en aquel mismo instante alguien se esconde para que no le -vea. Voy á ver si está detrás de los árboles, y nadie hay allí. Llamo, -y nadie me responde: pero creo que alguien me escucha y se guarda la -respuesta. Echome, y no puedo descansar. Corro, como corremos en la -primavera, pero no me siento por ello más calmado. Báñome, pero el -baño no me refresca. Disgústame el matar, y, con todo, no me atrevo á -luchar más que cuando, al fin, mato. La Flor Roja está en mi cuerpo... -mis huesos se han vuelto como el agua... y... no sé lo que me pasa. - ---¿Qué necesidad hay de que hablemos? dijo Baloo muy reposadamente, -volviendo la cabeza hacia el sitio en que estaba echado Mowgli. Akela, -allá junto al río, dijo que Mowgli arrastraría á Mowgli nuevamente -hacia la manada de los hombres. Yo lo dije también. Pero ¿quién escucha -ahora á Baloo? Bagheera... ¿dónde está Bagheera esta noche?... Ella lo -sabe igualmente. Es la Ley. - ---Cuando nos encontramos en las Moradas Frías, Hombrecito, ya lo sabía -yo, dijo Kaa, volviéndose un poco, enroscada en sus potentes anillos. -Al fin, el Hombre siempre vuelve al Hombre, aunque la Selva no lo -arroje de su seno. - -_Los cuatro_ miráronse uno á otro y luego á Mowgli, perplejos, pero -prontos á obedecer. - ---¿Entonces, la Selva no me expulsa, pues? balbuceó Mowgli. - -El Hermano gris y los otros tres lobos gruñeron furiosos, y comenzaron -á decir: - ---Mientras nosotros estemos vivos nadie se atreverá... - -Pero Baloo los hizo callar en seguida. - ---Yo te enseñé la Ley. Á mí es á quien toca hablar, dijo, y, aunque no -vea ya ni las rocas que tengo delante, _veo_ muy lejos. _Ranita_, sigue -tu rastro; haz tu cubil entre los de tu propia sangre, entre los de tu -manada, entre tu propia gente; pero cuando necesites comida, ó quieras -que te ayudemos con los dientes, con los ojos ó llevando rápidamente, -por la noche, alguna orden tuya, acuérdate, Dueño de la Selva, de que -ésta está pronta á obedecerte. - ---También la Selva _media_ es tuya, dijo Kaa. Ten en cuenta que no -hablo en nombre de gente sin importancia. - ---_¡Hai-mai!_ hermanos míos, exclamó Mowgli, echando los brazos al aire -y sollozando. ¡No sé ya lo que deseo! No quisiera irme, pero se me -van los pies, contra mi voluntad. ¿Cómo podré renunciar á esas noches -nuestras? - ---Vamos, levanta los ojos, Hermanito, repuso Baloo. No hay aquí nada -de que avergonzarse. Cuando hemos comido la miel es natural que -abandonemos la colmena vacía. - ---Una vez tirada la piel no solemos ponérnosla de nuevo, observó Kaa. -Esa es la Ley. - ---Escucha. Te quiero sobre todas las cosas, dijo Baloo; pero no hay -palabra ni voluntad alguna que pueda detenerte aquí. ¡Levanta los -ojos! ¿Quién se atrevería á hacer preguntas al Dueño de la Selva? Yo -te ví jugando entre los blancos guijarros, ahí, un poco más lejos de -donde estamos, cuando no eras más que un renacuajo, y Bagheera, que -te rescató, pagando por tí un toro recién muerto, te vió también. De -aquella inspección que se verificó entonces no quedan más testigos que -nosotros dos, porque Raksha, tu madre adoptiva, murió, lo mismo que -tu padre putativo; los lobos que antiguamente formaban la manada hace -también mucho tiempo que murieron; tú sabes lo que fué de Shere Khan; -y, en cuanto á Akela, murió entre los _dholes_, donde si no hubiera -sido por tu habilidad y tu fuerza hubiera perecido también la segunda -manada de Seeonee. Nada queda más que huesos viejos. No puede decirse -ya que el Hombre-cachorro venga á pedirle permiso á su manada para -marcharse, sino que ahora el Dueño de la Selva cambia de rastro. ¿Quién -se atreve á preguntarle al Hombre la razón de lo que haga? - ---Pero Bagheera y el toro que me rescató... dijo Mowgli. No quisiera... - -Sus palabras fueron interrumpidas por un rugido y por el rumor de algo -que caía en los matorrales vecinos, y un instante después, ligera, -fuerte, terrible como de costumbre, apareció frente á él Bagheera. - ---Por esto, dijo estirando una de sus patas que chorreaba sangre, -no vine antes. La caza fué larga, pero ahí, entre las matas, queda -muerto... Es un toro de dos años... el toro que te devuelve la -libertad, Hermanito. Todas las deudas quedan ya pagadas. Por lo demás, -yo no digo otra cosa que lo que Baloo diga. - -Lamióle el pie á Mowgli y luego gritó, desapareciendo de un salto: - ---Acuérdate de que Bagheera te quería. - -Cuando estaba ya al pie de la colina gritó, nuevamente, con fuerza: - ---¡Buena suerte en el nuevo rastro que sigues, Dueño de la Selva! -Acuérdate de que Bagheera te quería. - ---Ya lo has oido, dijo Baloo. No hay más: vete ahora. Pero antes -acércateme, ven, _Ranita Sabia_. - ---Siempre cuesta el mudar de piel, observó Kaa mientras Mowgli -sollozaba largo rato, puesta la cabeza sobre el costado del oso ciego -y anudados los brazos á su cuello, mientras Baloo intentaba débilmente -lamerle los pies. - ---Las estrellas se apagan, dijo el Hermano Gris, olfateando el viento -del alba. ¿Dónde dormiremos hoy? Porque desde ahora vamos á seguir -nuevas pistas. - - * * * * * - -Y aquí termina la última de las narraciones relativas á Mowgli. - - [Ilustración] - - - =La canción final= - -(He aquí la canción que Mowgli oyó resonar á su espalda mientras -regresaba al hogar de Messua). - - - Baloo - - ¡Por el amor de aquel que en otro tiempo - á su _ranita_ dirigir solía, - guarda la ley del hombre cual la nuestra, - oye al viejo Baloo: jamás la infrinjas. - - Ya sea antigua ya nueva, clara ó turbia, - síguela con afán como una pista, - sin mirar á los lados mientras corras, - sin pararte de noche ni de día. - - Por el amor de aquel que bien te quiere, - que te ama más que á todo ser con vida, - cuando te hagan sufrir en tu manada - dí sólo: «ya Tabaqui resucita»; - cuando algún daño á amenazarte venga - dí que Shere Khan no ha muerto todavía, - cuando, pronto á matar, luzca el cuchillo - guarda tu ley y la pendencia evita. - - (Miel, raíces y palmas hacen siempre - que los cachorros ningún mal reciban). - ¡La gracia de la Selva te acompañe, - la del Bosque, del Agua y de la Brisa! - - - Kaa - - Del malhumor nace el miedo - y el ojo que ve más claro - es el sin párpados. Piensa - que nunca nadie ha curado - de las picadas de cobra, - y aun su hablar hiere cual dardo. - Si el que es más franco es más fuerte, - ser cortés nunca fué malo. - - No quieras llegar más lejos - de lo que alcance tu brazo, - ni en la rama carcomida - busques sostén por lograrlo. - - Mide sin error tu hambre - si codicias cabra ó gamo, - que á veces el ojo engaña - y se atraganta el bocado. - - Si harto ya, dormir quisieras, - en oculto lugar hazlo, - donde no pueda cogerte - tu enemigo, descuidado. - - Que á los cuatro vientos luzcas, - limpio el cuerpo, el hablar cauto, - y desde lejos te siga - la _Selva media_ los pasos. - - ¡Que el Bosque, el Agua y el Viento - te libren de todo daño! - - - Bagheera - - En una jaula comenzó mi vida: - bien lo que el hombre vale se me alcanza. - ¡Por el cerrojo que rompí!... ¡No fíes, - Hombre-cachorro, en gente de tu casta! - - Cuando á la luz de las estrellas caces - busca la pista recta y no embrollada. - Ya sea en el cubil, ya en cacería, - teme al Hombre-chacal: su amistad es mala. - - Si «vente con nosotros», te dijeran, - «que ganarás con ello», escucha y calla; - si te piden ayuda contra el débil - oye en silencio, sin jamás prestarla. - - Deja la presunción para los monos: - mata la pieza, que con esto basta, - y no lo cuentes luego. En tu camino - no retrocedas, al cazar, por nada. - - (¡Oh nieblas matinales! Envolvedle, - protectoras del ciervo y sus guardianas). - ¡Que el favor de la Selva te acompañe, - el del Viento, el del Bosque, y el del Agua! - - - Los tres - - En el rastro que siguieres - hasta pisar los umbrales - donde la Flor que tememos - sus rojos capullos abre; - en las noches en que duermas - aprisionado y sin aire, - sin ver el materno cielo - mientras vamos á rondarte; - en las auroras que ansíes - salir de tu dura cárcel, - y en que la nostalgia sientas - de la Selva que dejaste, - ¡que el Bosque, el Agua y el Viento - te protejan ó acompañen; - Saber, Fuerza y Cortesía - vayan contigo y te amparen! - [Ilustración] - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL LIBRO DE LAS TIERRAS -VÍRGENES *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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Information about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's business office is located at 809 North 1500 West, -Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up -to date contact information can be found at the Foundation's website -and official page at www.gutenberg.org/contact - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without -widespread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. 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Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. - -Most people start at our website which has the main PG search -facility: www.gutenberg.org - -This website includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. |
