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-The Project Gutenberg eBook of Historia del levantamiento, guerra y
-revolución de España (1 de 5), by Conde de Toreno
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
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-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
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-using this eBook.
-
-Title: Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1 de
- 5)
-
-Author: Conde de Toreno
-
-Release Date: September 12, 2022 [eBook #68978]
-
-Language: Spanish
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from
- images generously made available by The Internet
- Archive/Canadian Libraries)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO,
-GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (1 DE 5) ***
-
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han
- convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
-
- * También han sido modernizados los topónimos y los nombres propios de
- persona, siempre que se han encontrado referencias bibliográficas.
-
- * Se han incorporado las correcciones mencionadas en la fe de erratas
- aparecida en el segundo tomo.
-
- * Se ha alterado la numeración de los apéndices para que incorporen
- el número del libro al que corresponden, obteniendo así una
- identificación única a lo largo de todos los tomos de la obra.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- Levantamiento, Guerra y Revolución
- de España.
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- Levantamiento, Guerra y Revolución
- DE ESPAÑA
-
- POR
- EL CONDE DE TORENO.
-
- TOMO I.
-
- Madrid:
- IMPRENTA DE DON TOMÁS JORDÁN,
- 1835.
-
-
-
-
- ... quis nescit, primam esse historiæ legem, ne quid falsi dicere
- audeat? deinde ne quid veri non audeat? ne qua suspicio gratiæ sit in
- scribendo? ne qua simultatis?
-
- CICER., _De Oratore, lib. 2, c. 15._
-
-
-
-
- RESUMEN
- DEL
- LIBRO PRIMERO.
-
-
-_Turbación de los tiempos. — Flaqueza de España. — Política de
-Francia. — Paz de Presburgo. — Destronamiento de la casa de Nápoles.
-— Tratos de paz con Inglaterra. — Rómpense estas negociaciones. —
-También otras con Rusia. — Preparativos de guerra. — Tropas españolas
-que van a Toscana. — Izquierdo: dinero que da a Napoleón. — Enfado
-del príncipe de la Paz contra Napoleón. — Sus sospechas. — Piensa
-ligarse con Inglaterra. — Envía allá a Don Agustín de Argüelles. —
-Proclama del 5 de octubre. — Discúlpase con Napoleón. — Proyectos
-contra España. — Los dos partidos que dividen el palacio español. —
-Entretiénese a Izquierdo en París. — Mr. de Beauharnais embajador de
-Francia en Madrid. — Secretos manejos con el partido del príncipe de
-Asturias. — Tropas españolas que van al Norte. — Paz de Tilsit. —
-Tropas francesas que se juntan en Bayona. — Portugal. — Notas de los
-representantes de España y Francia en Lisboa. — Se retiran de aquella
-corte. — 18 de octubre de 1807 cruza el Bidasoa la primera división
-francesa. — 27 de octubre, tratado de Fontainebleau. — Causa del
-Escorial. — Marcha de Junot hacia Portugal. — Entrada en Portugal,
-19 de noviembre de 1807. — Llegada a Abrantes, 23 de noviembre.
-— Proclama del príncipe regente de Portugal, 22 de noviembre. —
-Instancia de Lord Strangford para que se embarque. — 29 de noviembre
-da la vela la familia real portuguesa. — 30 de noviembre, entrada de
-Junot en Lisboa. — Entrada de los españoles en Portugal. — 16 de
-noviembre, viaje de Napoleón a Italia. — Reina de Etruria. — Carta de
-Carlos IV a Napoleón. — Dudas de Napoleón sobre su conducta respecto
-de España. — 22 de diciembre, Dupont en Irún. — 9 de enero de 1808,
-entrada del cuerpo de Moncey. — 24 de id., publicaciones del Monitor.
-— 1.º de febrero de 1808, proclama de Junot. — Forma nueva regencia,
-de que se nombra presidente. — Gravosa contribución extraordinaria.
-— Envía a Francia una división portuguesa. — 16 de febrero, toma de
-la ciudadela de Pamplona. — Entra Duhesme en Cataluña. — Llega a
-Barcelona. — 28 de febrero, sorpresa de la ciudadela de Barcelona.
-— Id. sorpresa de Monjuich. — 18 de marzo, ocupación de San
-Fernando de Figueras. — 5 de marzo, entrega de San Sebastián. — 7
-de febrero, orden para que la escuadra de Cartagena vaya a Toulon. —
-Desasosiego de la corte de Madrid. — Conducta ambigua de Napoleón. —
-Sobresalto del príncipe de la Paz. — Llegada a Madrid de Izquierdo.
-— Sale Izquierdo el 10 de marzo para París. — Tropas francesas que
-continuaron entrando en España. — Murat nombrado general en jefe del
-ejército francés en España. — Piensa la corte de Madrid en partir para
-Andalucía. — Providencias que toma._
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
- de España.
-
- LIBRO PRIMERO.
-
-
-[Marginal: Turbación de los tiempos.]
-
-La turbación de los tiempos, sembrando por el mundo discordias,
-alteraciones y guerras, había estremecido hasta en sus cimientos
-antiguas y nombradas naciones. Empobrecida y desgobernada España,
-hubiera al parecer debido antes que ninguna ser azotada de los recios
-temporales que a otras habían afligido y revuelto. Pero viva aún la
-memoria de su poderío, apartada al ocaso y en el continente Europeo
-postrera de las tierras, habíase mantenido firme y conservado casi
-intacto su vasto y desparramado imperio. No poco y por desgracia habían
-contribuido a ello la misma condescendencia y baja humillación de su
-gobierno, [Marginal: Flaqueza de España.] que ciegamente sometido al
-de Francia, fuese democrático, consular o monárquico, dejábale este
-disfrutar en paz hasta cierto punto de aparente sosiego, con tal que
-quedasen a merced suya las escuadras, los ejércitos y los caudales que
-aún restaban a la ya casi aniquilada España.
-
-[Marginal: Política de Francia.]
-
-Mas en medio de tanta sumisión, y de los trastornos y continuos
-vaivenes que trabajaban a Francia, nunca habían olvidado sus muchos
-y diversos gobernantes la política de Luis XIV, procurando atar al
-carro de su suerte la de la nación española. Forzados al principio
-a contentarse con tratados que estrechasen la alianza, preveían no
-obstante que cuanto más onerosos fuesen aquellos para una de las partes
-contratantes, tanto menos serían para la otra estables y duraderos.
-
-Menester pues era que para darles la conveniente firmeza se
-aunasen ambas naciones, asemejándose en la forma de su gobierno, o
-confundiéndose bajo la dirección de personas de una misma familia,
-según que se mudaba y trastrocaba en Francia la constitución
-del estado. Así era que apenas aquel gabinete tenía un respiro,
-susurrábanse proyectos varios, juntábanse en Bayona tropas, enviábanse
-expediciones contra Portugal, o aparecían muchos y claros indicios de
-querer entrometerse en los asuntos interiores de la península hispana.
-
-Crecía este deseo ya tan vivo a proporción que las armas francesas
-afianzaban fuera la prepotencia de su patria, y que dentro se
-restablecían la tranquilidad y buen orden. A las claras empezó a
-manifestarse cuando Napoleón ciñendo sus sienes con la corona de
-Francia, fundadamente pensó que los Borbones sentados en el solio de
-España mirarían siempre con ceño, por sumisos que ahora se mostrasen,
-al que había empuñado un cetro que de derecho correspondía al tronco de
-donde se derivaba su rama. [Marginal: Paz de Presburgo.] Confirmáronse
-los recelos del francés después de lo ocurrido en 1805, al terminarse
-la campaña de Austria con la paz de Presburgo.
-
-[Marginal: Destronamiento de la casa de Nápoles.]
-
-Desposeído por entonces de su reino Fernando IV de Nápoles, hermano
-de Carlos de España, había la corte de Madrid rehusado durante cierto
-tiempo asentir a aquel acto y reconocer al nuevo soberano José
-Bonaparte. Por natural y justa que fuese esta resistencia, sobremanera
-desazonó al emperador de los franceses, quien hubiera sin tardanza dado
-quizá señales de su enojo, si otros cuidados no hubiesen fijado su
-mente y contenido los ímpetus de su ira.
-
-En efecto la paz ajustada con Austria estaba todavía lejos de
-extenderse a Rusia, y el gabinete prusiano, de equívoca e incierta
-conducta, desasosegaba el suspicaz ánimo de Napoleón. Si tales motivos
-eran obstáculo para que este se ocupase en cosas de España, lo fueron
-también por extremo opuesto las esperanzas de una pacificación general,
-nacidas de resultas de la muerte de Pitt. [Marginal: Tratos de paz con
-Inglaterra.] Constantemente había Napoleón achacado a aquel ministro,
-finado en enero de 1806, la continuación de la guerra, y como la paz
-era el deseo de todos hasta en Francia, forzoso le fue a su jefe no
-atropellar opinión tan acreditada, cuando había cesado el alegado
-pretexto, y entrado a componer el gabinete inglés Mr. Fox y Lord
-Grenville con los de su partido.
-
-Juzgábase que ambos ministros, sobre todo el primero, se inclinaban a
-la paz, y se aumentó la confianza al ver que después de su nombramiento
-se había entablado entre los gobiernos de Inglaterra y Francia
-activa correspondencia. Dio principio a ella Fox valiéndose de un
-incidente que favorecía su deseo. Las negociaciones duraron meses, y
-aun estuvieron en París como plenipotenciarios los Lores Yarmouth y
-Lauderdale. Dificultoso era en aquella sazón un acomodamiento a gusto
-de ambas partes. Napoleón en los tratos mostró poco miramiento respecto
-de España, pues entre las varias proposiciones hizo la de entregar la
-isla de Puerto Rico a los ingleses, y las Baleares a Fernando IV de
-Nápoles, en cambio de la isla de Sicilia que el último cedería a José
-Bonaparte.
-
-Correspondió el remate a semejantes propuestas, a las que se agregaba
-el irse colocando la familia de Bonaparte en reinos y estados, como
-también el establecimiento de la nueva y famosa confederación del
-Rin. [Marginal: Rómpense estas negociaciones.] Rompiéronse pues las
-negociaciones, anunciando Napoleón como principal razón la enfermedad
-de Fox y su muerte acaecida en setiembre de 1806. [Marginal: También
-otras con Rusia.] Por el mismo término caminaron las entabladas también
-con Rusia, habiendo desaprobado públicamente el emperador Alejandro el
-tratado que a su nombre había en París concluido su plenipotenciario
-Mr. d’Oubril.
-
-Aun en el tiempo en que andaban las pláticas de paz, dudosos todos
-y aun quizá poco afectos a su conclusión, [Marginal: Preparativos de
-guerra.] se preparaban a la prosecución de la guerra. Rusia y Prusia
-ligábanse en secreto, y querían que otros estados se uniesen a su
-causa. Napoleón tampoco se descuidaba, y aunque resentido por lo de
-Nápoles con el gabinete de España, disimulaba su mal ánimo, procurando
-sacar de la ciega sumisión de este aliado cuantas ventajas pudiese.
-
-[Marginal: Tropas españolas que van a Toscana.]
-
-De pronto, y al comenzar el año de 1806, pidió que tropas españolas
-pasasen a Toscana a reemplazar las francesas que la guarnecían. Con
-eso lisonjeando a las dos cortes, a la de Florencia porque consideraba
-como suya la guardia de españoles, y a la de Madrid por ser aquel paso
-muestra de confianza, conseguía Napoleón tener libre más gente, y al
-mismo tiempo acostumbraba al gobierno de España a que insensiblemente
-se desprendiese de sus soldados. Accedió el último a la demanda, y
-en principios de marzo entraron en Florencia de 4 a 5000 españoles
-mandados por el teniente general Don Gonzalo Ofárril.
-
-[Marginal: Izquierdo: dinero que da a Napoleón.]
-
-Como Napoleón necesitaba igualmente otro linaje de auxilios, volvió la
-vista para alcanzarlos a los agentes españoles residentes en París.
-Descollaba entre todos Don Eugenio Izquierdo, hombre sagaz, travieso
-y de amaño, a cuyo buen desempeño estaban encomendados los asuntos
-peculiares de Don Manuel Godoy, príncipe de la Paz, disfrazados bajo
-la capa de otras comisiones. En vano hasta entonces se había desvivido
-dicho encargado por sondear respecto de su valedor los pensamientos del
-Emperador de los franceses. Nunca había tenido otra respuesta sino
-promesas y palabras vagas. Mas llegó mayo de 1806, y creciendo los
-apuros del gobierno francés para hacer frente a los inmensos gastos que
-ocasionaban los preparativos de guerra, reparó este en Izquierdo, y le
-indicó que la suerte del príncipe de la Paz merecería la particular
-atención de Napoleón, si se le acudía con socorros pecuniarios. Gozoso
-Izquierdo y lleno de satisfacción, brevemente y sin estar para ello
-autorizado, aprontó 24 millones de francos [*] [Marginal: (* Ap. n.
-1-1.)] pertenecientes a la caja de consolidación de Madrid, según
-convenio que firmó el 10 de mayo. Aprobó el de la Paz la conducta
-de su agente, y contando ya con ser ensalzado a más eminente puesto
-en trueque del servicio concedido, hizo que en nombre de Carlos IV
-se confiriesen en 26 del mismo mayo [*] [Marginal: (* Ap. n. 1-2.)]
-a dicho Izquierdo plenos poderes para que ajustase y concluyese un
-tratado.
-
-Pero Napoleón, dueño de lo que quería y embargados sus sentidos con
-el nublado que del norte amagaba, difirió entrar en negociación hasta
-que se terminasen las desavenencias con Prusia y Rusia. Ofendió la
-tardanza al príncipe de la Paz, [Marginal: Enfado del príncipe de la
-Paz contra Napoleón.] receloso en todos tiempos de la buena fe de
-Napoleón, y temió de él nuevos engaños. Afirmáronle en sus sospechas
-diversos avisos que por entonces le enviaron españoles residentes
-en París; opúsculos y folletos que debajo de mano fomentaba aquel
-gobierno, [Marginal: Sus sospechas.] y en que se anunciaba la entera
-destrucción de la casa de Borbón, y en fin el dicho mismo del emperador
-de que «si Carlos IV no quería reconocer a su hermano por rey de
-Nápoles, su sucesor le reconocería.»
-
-Tal cúmulo de indicios que progresivamente vinieron a despertar las
-zozobras y el miedo del valido español, se acrecentaron con las
-noticias e informes que le dio Mr. de Strogonoff nombrado ministro de
-Rusia en la corte de Madrid, quien había llegado a la capital de España
-en enero de 1806.
-
-Animado el príncipe de la Paz con los consejos de dicho ministro, y mal
-enojado contra Napoleón, [Marginal: Piensa ligarse con Inglaterra.]
-inclinábase a formar causa común con las potencias beligerantes.
-Pareciole no obstante ser prudente, antes de tomar resolución
-definitiva, buscar arrimo y alianza en Inglaterra. Siendo el asunto
-espinoso y pidiendo sobre todo profundo sigilo, determinó enviar a
-aquel reino un sujeto que dotado de las convenientes prendas, no
-excitase el cuidado del gobierno de Francia. [Marginal: Envía allí
-a Don Agustín de Argüelles.] Recayó la elección en Don Agustín de
-Argüelles que tanto sobresalió años adelante en las cortes congregadas
-en Cádiz. Rehusaba el nombrado admitir el encargo por proceder de
-hombre tan desestimado como era entonces el príncipe de la Paz; pero
-instado por Don Manuel Sixto Espinosa, director de la consolidación, con
-quien le unían motivos de amistad y de reconocimiento, y vislumbrando
-también en su comisión un nuevo medio de contribuir a la caída del
-que en Francia había destruido la libertad pública, aceptó al fin el
-importante encargo confiado a su celo.
-
-Ocultose a Argüelles [*] [Marginal: (* Ap. n. 1-3.)] lo que se trataba
-con Strogonoff, y tan solo se le dio a entender que era forzoso
-ajustar paces con Inglaterra si no se quería perder toda la América en
-donde acababa de tomar a Buenos Aires el general Beresford. Recomendose
-en particular al comisionado discreción y secreto, y con suma
-diligencia saliendo de Madrid a últimos de setiembre, llegó a Lisboa
-sin que nadie, ni el mismo embajador conde de Campo-Alange, trasluciese
-el verdadero objeto de su viaje. Disponíase Don Agustín de Argüelles a
-embarcarse para Inglaterra, cuando se recibió en Lisboa una desacordada
-proclama del príncipe de la Paz, fecha 5 de octubre,[*] [Marginal:
-Su proclama de 5 de octubre. (* Ap. n. 1-4.)] en la que apellidando
-la nación a guerra sin designar enemigo, despertó la atención de las
-naciones extrañas, principalmente de Francia. Desde entonces miró
-Argüelles como inútil la continuación de su viaje y así lo escribió
-a Madrid; mas sin embargo ordenósele pasar a Londres, en donde su
-comisión no tuvo resulta, así por repugnar al gobierno inglés tratos
-con el príncipe de la Paz, ministro tan desacreditado e imprudente,
-como también por la mudanza que en dicho príncipe causaron los sucesos
-del norte.
-
-Allí Napoleón habiendo abierto la campaña en octubre de 1806, en vez
-de padecer descalabros había entrado victorioso en Berlín, derrotando
-en Jena al ejército prusiano. [Marginal: Discúlpase con Napoleón.] Al
-ruido de sus triunfos, atemorizada la corte de Madrid y sobre todo el
-privado, no hubo medio que no emplease para apaciguar el entonces justo
-y fundado enojo del emperador de los franceses, quien no teniendo por
-concluida la guerra en tanto que la Rusia no viniese a partido, fingió
-quedar satisfecho con las disculpas que se le dieron, y renovó aunque
-lentamente las negociaciones con Izquierdo.
-
-[Marginal: Proyectos contra España.]
-
-Mas no por eso dejaba de meditar cuál sería el más acomodado medio
-para posesionarse de España, y evitar el que en adelante se repitiesen
-amagos como el del 5 de octubre. Columbró desde luego ser para su
-propósito feliz incidente andar [Marginal: Los dos partidos que dividen
-el palacio español.] aquella corte dividida entre dos parcialidades,
-la del príncipe de Asturias y la de Don Manuel Godoy. Habían nacido
-estas de la inmoderada ambición del último, y de los temores que había
-infundido ella en el ánimo del primero. Sin embargo estuvieron para
-componerse y disiparse en el tiempo en que había resuelto el de la
-Paz unirse con Inglaterra y las otras potencias del norte; creyendo
-este con razón que en aquel caso era necesario acortar su vuelo, y
-conformarse con las ideas y política de los nuevos aliados. Para ello,
-y no exponer su suerte a temible caída, había el valido imaginado casar
-al príncipe de Asturias [viudo desde mayo de 1806] con Doña María
-Luisa de Borbón, hermana de su mujer Doña María Teresa, primas ambas
-del rey e hijas del difunto infante Don Luis. El pensamiento fue tan
-adelante que se propuso al príncipe el enlace. Mas Godoy veleidoso e
-inconstante, variadas que fueron las cosas del norte, mudó de dictamen
-volviendo a soñar en ideas de engrandecimiento. Y para que pasaran a
-realidad condecorole el rey en 13 de enero de 1807 con la dignidad de
-almirante de España e Indias, y tratamiento de Alteza.
-
-[Marginal: Entretiénese a Izquierdo en París.]
-
-Veníale bien a Napoleón que se aumentase la división y el desorden en
-el palacio de Madrid. Atento a aprovecharse de semejante discordia,
-al paso que en París se traía entretenido a Izquierdo y al partido
-de Godoy, se despachaba a España para tantear el del príncipe de
-Asturias a Mr. de Beauharnais, [Marginal: Mr. de Beauharnais embajador
-de Francia en Madrid.] quien como nuevo embajador presentó sus
-credenciales a últimos de diciembre de 1806. Empezó el recién llegado
-a dar pasos, mas fueron lentos hasta meses después que llevando visos
-de terminarse la guerra del norte, juzgó Napoleón que se acercaba el
-momento de obrar.
-
-Presentósele, en la persona de Don Juan Escóiquiz, conducto acomodado
-para ayudar sus miras. Antiguo maestro del príncipe de Asturias,
-vivía como confinado en Toledo, de cuya catedral era canónigo y
-dignidad, y de donde por orden de S. A., con quien siempre mantenía
-secreta correspondencia, había regresado a Madrid en marzo de 1807.
-Conferenciose mucho entre él y sus amigos sobre el modo de atajar la
-ambición de Godoy, y sacar al príncipe de Asturias de situación que
-conceptuaban penosa y aun arriesgada.
-
-Habían imaginado sondear al embajador de Francia, y de resultas
-supieron por Don Juan Manuel de Villena, gentil-hombre del príncipe de
-Asturias, y por Don Pedro Giraldo, brigadier de ingenieros, maestro
-de matemáticas del príncipe e infantes, y cuyos sujetos estaban en el
-secreto, hallarse Mr. de Beauharnais pronto a entrar en relaciones con
-quien S. A. indicase. [Marginal: Secretos manejos con el partido del
-príncipe de Asturias.] Dudose si la propuesta encubría o no engaño;
-y para asegurarse unos y otros, convínose en una pregunta y seña que
-recíprocamente se harían en la corte el príncipe y el embajador.
-Cerciorados de no haber falsedad y escogido Escóiquiz para tratar,
-presentó a este en casa de dicho embajador el duque del Infantado, con
-pretexto de regalarle un ejemplar de su poema sobre la conquista de
-Méjico. Entablado conocimiento entre Mr. de Beauharnais y el maestro
-del príncipe, avistáronse un día de los de julio y a las dos de la
-tarde en el Retiro. La hora, el sitio y lo caluroso de la estación les
-daba seguridad de no ser notados.
-
-Hablaron allí sosegadamente del estado de España y Francia, de la
-utilidad para ambas naciones de afianzar su alianza en vínculos
-de familia, y por consiguiente de la conveniencia de enlazar al
-príncipe Fernando con una princesa de la sangre imperial de Napoleón.
-El embajador convino con Escóiquiz en los más de los puntos,
-particularmente en el último, quedando en darle posterior y categórica
-contestación. Siguiéronse a este paso otros más o menos directos, pero
-que nada tuvieron de importante hasta que en 30 de setiembre escribió
-Mr. de Beauharnais una carta a Escóiquiz, en la que rayando las
-expresiones de que _no bastaban cosas vagas_, sino que se necesitaba
-una _segura prenda_ (_une garantie_), daba por lo mismo a entender
-que aquellas salían de boca de su amo. Movido de esta insinuación se
-dirigió el príncipe de Asturias en 11 de octubre al emperador francés,
-en términos que, según veremos muy luego, hubiera podido resultar grave
-cargo contra su persona.
-
-Hasta aquí llegaron los tratos del embajador Beauharnais con Don Juan
-Escóiquiz, cuyo principal objeto se enderezaba a arreglar la unión del
-príncipe Fernando con una sobrina de la emperatriz, ofrecida después
-al duque de Aremberg. Todo da indicio de que el embajador obró según
-instrucciones de su amo; y si bien es verdad que este desconoció como
-suyos los procedimientos de aquel, no es probable que se hubiera Mr.
-de Beauharnais expuesto con soberano tan poco sufrido a dar pasos de
-tamaña importancia sin previa autorización. Pudo quizá excederse; quizá
-el interés de familia le llevó a proponer para esposa una persona con
-quien tenía deudo; pero que la negociación tomó origen en París lo
-acredita el haber después sostenido el emperador a su representante.
-
-[Marginal: Tropas españolas que van al Norte.]
-
-Sin embargo tales pláticas tenían más bien traza de entretenimiento que
-de seria y deliberada determinación. Íbale mejor al arrebatado temple
-de Napoleón buscar por violencia o por malos artes el cumplimiento de
-lo que su política o su ambición le sugería. Así fue que para remover
-estorbos e irse preparando a la ejecución de sus proyectos, de nuevo
-pidió al gobierno español auxilio de tropas; y conformándose Carlos IV
-con la voluntad de su aliado, decidió en marzo de 1807 que una división
-unida con la que estaba en Toscana, y componiendo juntas un cuerpo de
-14.000 hombres, se dirigiese al norte de Europa.[*] [Marginal: (* Ap.
-n. 1-5.)] De este modo menguaban cada día en España los recursos y
-medios de resistencia.
-
-Entretanto Napoleón habiendo continuado con feliz progreso la campaña
-emprendida contra las armas combinadas de Prusia y Rusia, había
-en 8 de julio siguiente concluido la paz en Tilsit. [Marginal: Paz
-de Tilsit.] Algunos se han figurado que se concertaron allí ambos
-emperadores ruso y francés acerca de asuntos secretos y arduos, siendo
-uno entre ellos el de dejar a la libre facultad del último la suerte de
-España. Hemos consultado en materia tan grave respetables personajes,
-y que tuvieron principal parte en aquellas conferencias y tratos. Sin
-interés en ocultar la verdad, y lejos ya del tiempo en que ocurrieron,
-han respondido a nuestras preguntas que no se había entonces hablado
-sino vagamente de asuntos de España; y que tan solo Napoleón quejándose
-con acrimonia de la proclama del príncipe de la Paz, añadía a veces
-que los españoles luego que le veían ocupado en otra parte, mudaban de
-lenguaje y le inquietaban.
-
-Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que con la paz asegurado
-Napoleón de la Rusia a lo menos por de pronto, pudo con más desahogo
-volver hacia el mediodía los inquietos ojos de su desapoderada
-ambición. Pensó desde luego disfrazar sus intentos con la necesidad
-de extender a todas partes el sistema continental [cuyas bases había
-echado en su decreto de Berlín de febrero del mismo año], y de arrancar
-a Inglaterra a su antiguo y fiel aliado el rey de Portugal. Era en
-efecto muy importante para cualquiera tentativa o plan contra la
-península someter a su dominio a Lisboa, alejar a los ingleses de los
-puertos de aquella costa, y tener un pretexto al parecer plausible con
-que poder internar en el corazón de España numerosas fuerzas.
-
-Para dar principio a su empresa promovió muy particularmente las
-negociaciones entabladas con Izquierdo, y a la sombra de aquellas y
-del tratado que se discutía, [Marginal: Tropas francesas que se juntan
-en Bayona] empezó en agosto de 1807 a juntar en Bayona un ejército de
-25.000 hombres con el título de cuerpo de observación de la Gironda,
-nombre con que cautelosamente embozaba el gobierno francés sus hostiles
-miras contra la península española. Diose el mando de aquella fuerza
-a Junot, quien embajador en Portugal en 1805 había desamparado la
-pacífica misión para acompañar a su caudillo en atrevidas y militares
-empresas. Ahora se preparaba a dar la vuelta a Lisboa, no ya para
-ocupar su antiguo puesto, sino más bien para arrojar del trono a una
-familia augusta que le había honrado con las insignias de la orden de
-Cristo.
-
-[Marginal: Portugal.]
-
-Aunque no sea de nuestro propósito entrar en una relación
-circunstanciada de los graves acontecimientos que van a ocurrir en
-Portugal, no podemos menos de darles aquí algún lugar como tan unidos y
-conexos con los de España. En París se examinaba con Izquierdo el modo
-de partir y distribuirse aquel reino, y para que todo estuviese pronto
-el día de la conclusión del tratado, además de la reunión de tropas a
-la falda del Pirineo, se dispuso que negociaciones seguidas en Lisboa
-abriesen el camino a la ejecución de los planes en que conviniesen
-ambas potencias contratantes. [Marginal: Notas de los representantes
-de España y Francia en Lisboa.] Comenzose la urdida trama por notas
-que en 12 de agosto pasaron el encargado de negocios francés Mr. de
-Rayneval y el embajador de España conde de Campo-Alange. Decían en
-ellas que tenían la orden de pedir sus pasaportes y declarar la guerra
-a Portugal si para el 1.º de setiembre próximo el príncipe regente no
-hubiese manifestado la resolución de romper con la Inglaterra, y de
-unir sus escuadras con las otras del continente para que juntas obrasen
-contra el común enemigo: se exigía además la confiscación de todas las
-mercancías procedentes de origen británico, y la detención como rehenes
-de los súbditos de aquella nación. El príncipe regente de acuerdo con
-Inglaterra respondió que estaba pronto a cerrar los puertos a los
-ingleses, y a interrumpir toda correspondencia con su antiguo aliado;
-mas que en medio de la paz confiscar todas las mercancías británicas,
-y prender a extranjeros tranquilos, eran providencias opuestas a los
-principios de justicia y moderación que le habían siempre dirigido.
-[Marginal: Se retiran de aquella corte.] Los representantes de España y
-Francia no habiendo alcanzado lo que pedían [resultado conforme a las
-verdaderas intenciones de sus respectivas cortes], partieron de Lisboa
-antes de comenzarse octubre, y su salida fue el preludio de la invasión.
-
-Todavía no estaban concluidas las negociaciones con Izquierdo; todavía
-no se había cerrado tratado alguno, cuando Napoleón impaciente, lleno
-del encendido deseo de empezar su proyectada empresa, e informado de
-la partida de los embajadores, [Marginal: 18 de octubre: cruza el
-Bidasoa la primera división francesa.] dio orden a Junot para que
-entrase en España, y el 18 de octubre cruzó el Bidasoa la primera
-división francesa a las órdenes del general Delaborde, época memorable,
-principio del tropel de males y desgracias, de perfidias y heroicos
-hechos que sucesivamente nos va a desdoblar la historia. Pasada la
-primera división, la siguieron la segunda y la tercera mandadas por
-los generales Loison y Travot, con la caballería, cuyo jefe era el
-general Kellerman. En Irún tuvo orden de recibir y obsequiar a Junot
-Don Pedro Rodríguez de la Buria, encargo que ya había desempeñado en
-la otra guerra con Portugal. Las tropas francesas se encaminaron por
-Burgos y Valladolid hacia Salamanca, a cuya ciudad llegaron veinticinco
-días después de haber entrado en España. Por todas partes fueron
-festejadas y bien recibidas, y muy lejos estaban de imaginarse los
-solícitos moradores del tránsito la ingrata correspondencia con que iba
-a pagárseles tan esmerada y agasajadora hospitalidad.
-
-Tocaron mientras tanto a su cumplido término las negociaciones que
-andaban en Francia, [Marginal: 27 de octubre, tratado de Fontainebleau.
-(* Ap. n. 1-6.)] y el 27 de octubre en Fontainebleau se firmó entre
-Don Eugenio Izquierdo y el general Duroc, gran mariscal de palacio
-del emperador francés, un tratado [*] compuesto de catorce artículos
-con una convención anexa comprensiva de otros siete. Por estos
-conciertos se trataba a Portugal del modo como antes otras potencias
-habían dispuesto de la Polonia, con la diferencia que entonces fueron
-iguales y poderosos los gobiernos que entre sí se acordaron, y en
-Fontainebleau tan desemejantes y desproporcionados, que al llegar al
-cumplimiento de lo pactado, repitiéndose la conocida fábula del león y
-sus partijas, dejose a España sin nada, y del todo quiso hacerse dueño
-su insaciable aliado. Se estipulaba por el tratado que la provincia de
-Entre-Duero-y-Miño se daría en toda propiedad y soberanía con título
-de Lusitania septentrional al rey de Etruria y sus descendientes, quien
-a su vez cedería en los mismos términos dicho reino de Etruria al
-emperador de los franceses; que los Algarbes y el Alentejo igualmente
-se entregarían en toda propiedad y soberanía al príncipe de la Paz,
-con la denominación de príncipe de los Algarbes, y que las provincias
-de Beira, Tras-os-Montes y Extremadura portuguesa quedarían como en
-secuestro hasta la paz general, en cuyo tiempo podrían ser cambiadas
-por Gibraltar, la Trinidad o alguna otra colonia de las conquistadas
-por los ingleses; que el emperador de los franceses saldría garante
-a S. M. C. de la posesión de sus estados de Europa al mediodía de
-los Pirineos, y le reconocería como emperador de ambas Américas a la
-conclusión de la paz general, o a más tardar dentro de tres años. La
-convención que acompañaba al tratado circunstanciaba el modo de llevar
-a efecto lo estipulado en el mismo: 25.000 hombres de infantería
-francesa y 3000 de caballería habían de entrar en España, y reuniéndose
-a ellos 8000 infantes españoles y 3000 caballos, marchar en derechura a
-Lisboa, a las órdenes ambos cuerpos del general francés, exceptuándose
-solamente el caso en que el rey de España o el príncipe de la Paz
-fuesen al sitio en que las tropas aliadas se encontrasen, pues entonces
-a estos se cedería el mando. Las provincias de Beira, Tras-os-Montes
-y Extremadura portuguesa debían ser administradas, y exigírseles las
-contribuciones en favor y utilidad de Francia. Y al mismo tiempo que
-una división de 10.000 hombres de tropas españolas tomase posesión
-de la provincia de Entre-Duero-y-Miño, con la ciudad de Oporto, otra
-de 6000 de la misma nación ocuparía el Alentejo y los Algarbes, y
-así aquella primera provincia como las últimas habían de quedar a
-cargo para su gobierno y administración de los generales españoles.
-Las tropas francesas, alimentadas por España durante el tránsito,
-debían cobrar sus pagas de Francia. Finalmente se convenía en que un
-cuerpo de 40.000 hombres se reuniese en Bayona el 20 de noviembre, el
-cual marcharía contra Portugal en caso de necesidad, y precedido el
-consentimiento de ambas potencias contratantes.
-
-En la conclusión de este tratado Napoleón, al paso que buscaba el medio
-de apoderarse de Portugal, nuevamente separaba de España otra parte
-considerable de tropas, como antes había alejado las que fueron al
-norte, e introducía sin ruido y solapadamente las fuerzas necesarias a
-la ejecución de sus ulteriores y todavía ocultos planes, y lisonjeando
-la inmoderada ambición del privado español, le adormecía y le enredaba
-en sus lazos, temeroso de que desengañado a tiempo y volviendo de su
-deslumbrado encanto, quisiera acudir al remedio de la ruina que le
-amenazaba. Ansioso el príncipe de la Paz de evitar los vaivenes de la
-fortuna, aprobaba convenios que hasta cierto punto le guarecían de
-las persecuciones del gobierno español en cualquiera mudanza. Quizá
-veía también en la compendiosa soberanía de los Algarbes el primer
-escalón para subir a trono más elevado. Mucho se volvió a hablar en
-aquel tiempo del criminal proyecto que años atrás se aseguraba haber
-concebido María Luisa arrastrada de su ciega pasión, contando con el
-apoyo del favorito. Y no cabe duda que acerca de variar de dinastía
-se tanteó a varias personas, llegando a punto de buscar amigos y
-parciales sin disfraz ni rebozo. Entre los solicitados fue uno el
-coronel de Pavía Don Tomás de Jáuregui, a quien descaradamente tocó
-tan delicado asunto Don Diego Godoy: no faltaron otros que igualmente
-le promovieron. Mas los sucesos agolpándose de tropel, convirtieron en
-humo los ideados e impróvidos intentos de la ciega ambición.
-
-Tal era el deseado remate a que habían llegado las negociaciones de
-Izquierdo, y tal había sido el principio de la entrada de las tropas
-francesas en la península, cuando un acontecimiento con señales de suma
-gravedad fijó en aquellos días la atención de toda España.
-
-[Marginal: Causa del Escorial]
-
-Vivía el príncipe de Asturias alejado de los negocios y solo, sin
-influjo ni poder alguno, pasaba tristemente los mejores años de su
-mocedad sujeto a la monótona y severa etiqueta de palacio. Aumentábase
-su recogimiento por los temores que infundía su persona a los que
-entonces dirigían la monarquía; se observaba su conducta, y hasta los
-más inocentes pasos eran atentamente acechados. Prorrumpía el príncipe
-en amargas quejas, y sus expresiones solían a veces ser algún tanto
-descompuestas. A ejemplo suyo los criados de su cuarto hablaban con
-más desenvoltura de lo que era conveniente, y repetidos, aun quizá
-alterados al pasar de boca en boca, aquellos dichos y conversaciones
-avivaron más y más el odio de sus irreconciliables enemigos. No
-bastaba sin embargo tan ligero proceder para empezar una información
-judicial; solamente dio ocasión a nuevo cuidado y vigilancia.
-Redoblados uno y otra, al fin se notó que el príncipe secretamente
-recibía cartas, que muy ocupado en escribir velaba por las noches, y
-que en su semblante daba indicio de meditar algún importante asunto.
-Era suficiente cualquiera de aquellas sospechas para despertar el
-interesado celo de los asalariados que le rodeaban, y una dama de la
-servidumbre de la reina le dio aviso de la misteriosa y extraña vida
-que traía su hijo. No tardó el rey en estar advertido, y estimulado por
-su esposa dispuso que se recogiesen todos los papeles del desprevenido
-Fernando. Así se ejecutó, y al día siguiente 29 de octubre, a las seis
-y media de la noche, convocados en el cuarto de S. M. los ministros del
-despacho y Don Arias Mon, gobernador interino del consejo, compareció
-el príncipe, se le sometió a un interrogatorio, y se le exigieron
-explicaciones sobre el contenido de los papeles aprehendidos. En
-seguida su augusto padre, acompañado de los mismos ministros y
-gobernador con grande aparato y al frente de su guardia, le llevó a su
-habitación, en donde después de haberle pedido la espada, le mandó que
-quedase preso, puestas centinelas para su custodia: su servidumbre fue
-igualmente arrestada.
-
-Al ver la solemnidad y aun semejanza del acto, hubiera podido
-imaginarse el atónito espectador que en las lúgubres y suntuosas
-bóvedas del Escorial iba a renovarse la deplorable y trágica escena que
-en el alcázar de Madrid había dado al orbe el sombrío Felipe II; pero
-otros eran los tiempos, otros los actores y muy otra la situación de
-España.
-
-Se componían los papeles hasta entonces aprehendidos al príncipe [*]
-[Marginal: (* Ap. n. 1-7.)] de un cuadernillo escrito de su puño de
-algo más de doce hojas, de otro de cinco y media, de una carta de letra
-disfrazada y sin firma fecha en Talavera a 18 de marzo, y reconocida
-después por de Escóiquiz, de cifra y clave para la correspondencia
-entre ambos, y de medio pliego de números, cifras y nombres que
-en otro tiempo habían servido para la comunicación secreta de la
-difunta princesa de Asturias con la reina de Nápoles su madre. Era el
-cuadernillo de las doce hojas una exposición al rey, en la que después
-de trazar con colores vivos la vida y principales hechos del príncipe
-de la Paz, se le acusaba de graves delitos, sospechándole del horrendo
-intento de querer subir al trono y de acabar con el rey y toda la real
-familia. También hablaba Fernando de sus persecuciones personales,
-mencionando entre otras cosas el haberle alejado del lado del rey,
-sin permitirle ir con él a caza, ni asistir al despacho. Se proponían
-como medios de evitar el cumplimiento de los criminales proyectos del
-favorito, dar al príncipe heredero facultad para arreglarlo todo, a
-fin de prender al acusado y confinarle en un castillo. Igualmente se
-pedía el embargo de parte de sus bienes, la prisión de sus criados,
-de Doña Josefa Tudó y otros, según se dispusiese en decretos que el
-mismo príncipe presentaría a la aprobación de su padre. Indicábase
-como medida previa, y para que el rey Carlos examinase la justicia de
-las quejas, una batida en el Pardo o Casa de Campo, en que acudiese
-el príncipe, y en donde se oirían los informes de las personas que
-nombrase S. M., con tal que no estuviesen presentes la reina ni Godoy:
-asimismo se suplicaba que llegado el momento de la prisión del valido,
-no se separase el padre del lado de su hijo, para que los primeros
-ímpetus del sentimiento de la reina no alterasen la determinación de S.
-M.; concluyendo con rogarle encarecidamente que en caso de no acceder a
-su petición, le guardase secreto, pudiendo su vida si se descubriese el
-paso que había dado, correr inminente riesgo. El papel de cinco hojas
-y la carta eran como la anterior obra de Escóiquiz; se insistía en los
-mismos negocios, y tratando de oponerse al enlace antes propuesto con
-la hermana de la princesa de la Paz, se insinuaba el modo de llevar
-a cabo el deseado casamiento con una parienta del emperador de los
-franceses. Se usaban nombres fingidos, y suponiéndose ser consejos de
-un fraile, no era extraño que mezclando lo sagrado con lo profano se
-recomendase ante todo como así se hacía, implorar la divina asistencia
-de la Virgen. En aquellas instrucciones también se trataba de que
-el príncipe se dirigiese a su madre interesándola como reina y como
-mujer, cuyo amor propio se hallaba ofendido con los ingratos desvíos
-de su predilecto favorito. En el concebir de tan desvariada intriga
-ya despunta aquella sencilla credulidad y ambicioso desasosiego, de
-que nos dará desgraciadamente en el curso de esta historia sobradas
-pruebas el canónigo Escóiquiz. En efecto admira como pensó que un
-príncipe mozo e inexperto había de tener más cabida en el pecho de su
-augusto padre que una esposa y un valido, dueños absolutos por hábito
-y afición del perezoso ánimo de tan débil monarca. Mas de los papeles
-cogidos al príncipe, si bien se advertía al examinarlos grande anhelo
-por alcanzar el mando y por intervenir en los negocios del gobierno, no
-resultaba proyecto alguno formal de destronar al rey, ni menos el atroz
-crimen de un hijo que intenta quitar la vida a su padre. A pesar de eso
-fueron causa de que se publicase el famoso decreto de 30 de octubre,
-que como importante lo insertaremos a la letra. Decía pues: «Dios que
-vela sobre las criaturas no permite la ejecución de hechos atroces
-cuando las víctimas son inocentes. Así me ha librado su omnipotencia
-de la más inaudita catástrofe. Mi pueblo, mis vasallos todos conocen
-muy bien mi cristiandad y mis costumbres arregladas; todos me aman y de
-todos recibo pruebas de veneración, cual exige el respeto de un padre
-amante de sus hijos. Vivía yo persuadido de esta verdad, cuando una
-mano desconocida me enseña y descubre el más enorme y el más inaudito
-plan que se trazaba en mi mismo palacio contra mi persona. La vida
-mía que tantas veces ha estado en riesgo, era ya una carga para mi
-sucesor que preocupado, obcecado y enajenado de todos los principios de
-cristiandad que le enseñó mi paternal cuidado y amor, había admitido un
-plan para destronarme. Entonces yo quise indagar por mí la verdad del
-hecho, y sorprendiéndole en su mismo cuarto hallé en su poder la cifra
-de inteligencia e instrucciones que recibía de los malvados. Convoqué
-al examen a mi gobernador interino del consejo, para que asociado con
-otros ministros practicasen las diligencias de indagación. Todo se
-hizo, y de ella resultan varios reos cuya prisión he decretado, así
-como el arresto de mi hijo en su habitación. Esta pena quedaba a las
-muchas que me afligen; pero así como es la más dolorosa, es también
-la más importante de purgar, e ínterin mando publicar el resultado,
-no quiero dejar de manifestar a mis vasallos mi disgusto, que será
-menor con las muestras de su lealtad. Tendreislo entendido para que
-se circule en la forma conveniente. En San Lorenzo a 30 de octubre de
-1807. — Al gobernador interino del consejo.» Este decreto se aseguró
-después que era de puño del príncipe de la Paz: así lo atestiguaron
-cuatro secretarios del rey, mas no obra original en el proceso.
-
-Por el mismo tiempo escribió Carlos IV al emperador Napoleón dándole
-parte del acontecimiento del Escorial. En la carta después de
-indicarle cuán particularmente se ocupaba en los medios de cooperar
-a la destrucción del común enemigo [así llamaba a los ingleses], y
-después de participarle cuán persuadido había estado hasta entonces de
-que todas las intrigas de la reina de Nápoles [expresiones notables]
-se habían sepultado con su hija, entraba a anunciarle la terrible
-novedad del día. No solo le comunicaba el designio que suponía a su
-hijo de querer destronarle, sino que añadía el nuevo y horrendo
-de haber maquinado contra la vida de su madre, por cuyos enormes
-crímenes manifestaba el rey Carlos que debía el príncipe heredero ser
-castigado y revocada la ley que le llamaba a suceder en el trono,
-poniendo en su lugar a uno de sus hermanos; y por último concluía aquel
-monarca pidiendo la asistencia y consejos de S. M. I. La indicación
-estampada en esta carta de privar a Fernando del derecho de sucesión,
-tal vez encubría miras ulteriores del partido de Godoy y la reina;
-desbaratadas, si las hubo, por obstáculos imprevistos entre los cuales
-puede contarse una ocurrencia que debiendo agravar la suerte del
-príncipe y sus amigos, si la recta imparcialidad hubiera gobernado en
-la materia, fue la que salvó a todos ellos de un funesto desenlace.
-Dieron ocasión a ella los temores del real preso y el abatimiento en
-que le sumió su arresto.
-
-El día 30 a la una de la tarde, luego que el rey había salido a caza
-pasó el príncipe un recado a la reina para que se dignase ir a su
-cuarto, o le permitiera que en el suyo le expusiese cosa del mayor
-interés: la reina se negó a uno y a otro, pero envió al marqués
-Caballero, ministro de Gracia y Justicia. Entonces bajo su firma
-declaró el príncipe haber dirigido con fecha de 11 de octubre una
-carta [la misma de que hemos hablado] al emperador de los franceses,
-y haber expedido en favor del duque del Infantado un decreto todo de
-su puño con fecha en blanco y sello negro, autorizándole para que
-tomase el mando de Castilla la Nueva luego que falleciese su padre:
-declaró además ser Escóiquiz el autor del papel copiado por S. A.,
-y los medios de que se habían valido para su correspondencia: hubo
-de resultas varios arrestos. En la carta reservada a Napoleón le
-manifestaba el príncipe [*] [Marginal: (* Ap. n. 1-8.)] «el aprecio
-y respeto que siempre había tenido por su persona, le apellidaba
-_héroe mayor que cuantos le habían precedido_; le pintaba la opresión
-en que le habían puesto; el abuso que se hacía del corazón recto y
-generoso de su padre; le pedía para esposa una princesa de su familia,
-rogándole que allanase las dificultades que se ofrecieran; y concluía
-con afirmarle que no accedería, antes bien se opondría con invencible
-constancia a cualquiera casamiento, siempre que no precediese
-el consentimiento y aprobación positiva de S. M. I. y R.» Estas
-declaraciones espontáneas en que tan gravemente comprometía el príncipe
-a sus amigos y parciales, perjudicáronle en el concepto de algunos; su
-edad pasaba de los veintitrés años; y ya entonces mayor firmeza fuera
-de desear en quien había de ceñirse las sienes con corona de reinos tan
-dilatados. El decreto expedido a favor del Infantado hubiera por sí
-solo acarreado en otros tiempos la perdición de todos los comprometidos
-en la causa; por nulas se hubieran dado las disculpas alegadas, y el
-temor de la próxima muerte de Carlos IV y los recelos de las ambiciosas
-miras del valido, antes bien se hubieran tenido como agravantes
-indicios que admitídose como descargos de la acusación. Semejantes
-precauciones de dudosa interpretación aun entre particulares, en los
-palacios son crímenes de estado cuando no llegan a cumplida ejecución
-y acabamiento. Con más razón se hubiera dado por tal la carta escrita a
-Napoleón; pero esta carta en que un príncipe, un español a escondidas
-de su padre y soberano legítimo se dirige a otro extranjero, le pide su
-apoyo, la mano de una señora de su familia, y se obliga a no casarse
-en tiempo alguno sin su anuencia; esta carta salvó a Fernando y a sus
-amigos.
-
-No fue así en la causa de Don Carlos de Viana: aquel príncipe de edad
-de cuarenta años, sabio y entendido, amigo de Ausias March, con derecho
-inconcuso al reino de Navarra, creyó que no se excedía en dar por sí
-los primeros pasos para buscar la unión con una infanta de Castilla.
-Bastó tan ligero motivo para que el fiero Don Juan su padre le hiciese
-en su segunda prisión un cargo gravísimo por su inconsiderada conducta.
-Probó Don Carlos haber antes declarado que no se casaría sin preceder
-la aprobación de su padre: ni aun entonces se amansó la orgullosa
-altivez de Don Juan, que miraba la independencia y derechos de la
-corona atropellados y ultrajados por los tratos de su hijo.
-
-Ahora en la sometida y acobardada corte del Escorial, al oír que el
-nombre de Napoleón andaba mezclado en las declaraciones del príncipe,
-todos se estremecieron y anhelaron poner término a tamaño compromiso:
-imaginándose que Fernando había obrado de acuerdo con el soberano de
-Francia, y que había osado con su arrimo meterse en la arriesgada
-empresa. El poder inmenso de Napoleón, y las tropas que habiendo
-empezado a entrar en España amenazaban de cerca a los que se opusiesen
-a sus intentos, arredraron al generalísimo Godoy, y resolvió cortar
-el comenzado proceso. Más y más debió confirmarle en su propósito
-un pliego que desde París [*] [Marginal: (* Ap. n. 1-9.)] en 11 de
-noviembre le escribió Izquierdo. En él insertaba este una conferencia
-que había tenido con Champagny, en la cual el ministro francés exigió
-de orden del emperador que por _ningún motivo ni razón, y bajo ningún
-pretexto se hablase ni se publicase en este negocio cosa que tuviese
-alusión al emperador ni a su embajador_. Vacilante todavía el ánimo de
-Napoleón sobre el modo de ejecutar sus planes respecto de España, no
-quería aparecer a vista de Europa partícipe en los acontecimientos del
-Escorial.
-
-Antes de recibir el aviso de Izquierdo, le fue bastante al príncipe
-de la Paz saber las nuevas declaraciones del real preso para pasar al
-sitio desde Madrid, en donde como amalado había permanecido durante
-el tiempo de la prisión. Hacía resolución con su viaje de cortar
-una causa, cuyo giro presentaba un nuevo y desagradable semblante:
-vio a los reyes, se concertó con ellos, y ofreció arreglar asunto
-tan espinoso. Yendo pues al cuarto del príncipe se le presentó como
-mediador, y le propuso que aplacase la cólera de sus augustos padres,
-pidiéndoles con arrepentimiento contrito el más sumiso perdón: para
-alcanzarle indicó como oportuno medio el que escribiese dos cartas
-cuyos borradores llevaba consigo. Fernando copió las cartas. Sus
-desgracias y el profundo odio que había contra Godoy no dejaron
-lugar a penosas reflexiones, y aun la disculpa halló cabida en ánimos
-exclusivamente irritados contra el gobierno y manejos del favorito.
-Ambas cartas se publicaron con el decreto de 5 de noviembre, y por lo
-curioso e importante de aquellos documentos merecen que íntegramente
-aquí se inserten. «La voz de la naturaleza [decía el decreto al
-consejo] desarma el brazo de la venganza, y cuando la inadvertencia
-reclama la piedad, no puede negarse a ello un padre amoroso. Mi hijo
-ha declarado ya los autores del plan horrible que le habían hecho
-concebir unos malvados: todo lo ha manifestado en forma de derecho, y
-todo consta con la escrupulosidad que exige la ley en tales pruebas: su
-arrepentimiento y asombro le han dictado las representaciones que me ha
-dirigido y siguen:
-
- SEÑOR:
-
- «Papá mío: he delinquido, he faltado a V. M. como rey y como padre;
- pero me arrepiento, y ofrezco a V. M. la obediencia más humilde. Nada
- debía hacer sin noticia de V. M.; pero fui sorprendido. He delatado a
- los culpables, y pido a V. M. me perdone por haberle mentido la otra
- noche, permitiendo besar sus reales pies a su reconocido hijo. —
- Fernando. — San Lorenzo 5 de noviembre de 1807.»
-
- SEÑORA:
-
- «Mamá mía: estoy muy arrepentido del grandísimo delito que he
- cometido contra mis padres y reyes, y así con la mayor humildad le
- pido a V. M. se digne interceder con papá para que permita ir a besar
- sus reales pies a su reconocido hijo. — Fernando. — San Lorenzo 5
- de noviembre de 1807.»
-
-»En vista de ellos y a ruego de la reina, mi amada esposa, perdono a mi
-hijo, y le volveré a mi gracia cuando con su conducta me dé pruebas
-de una verdadera reforma en su frágil manejo; y mando que los mismos
-jueces que han entendido en la causa desde su principio, la sigan,
-permitiéndoles asociados si los necesitaren, y que concluida me
-consulten la sentencia ajustada a la ley, según fuesen la gravedad
-de delitos y calidad de personas en quienes recaigan; teniendo por
-principio para la formación de cargos las respuestas dadas por
-el príncipe a las demandas que se le han hecho; pues todas están
-rubricadas y firmadas de mi puño, así como los papeles aprehendidos en
-sus mesas, escritos por su mano; y esta providencia se comunique a mis
-consejos y tribunales, circulándola a mis pueblos, para que reconozcan
-en ella mi piedad y justicia, y alivien la aflicción y cuidado en que
-les puso mi primer decreto; pues en él verán el riesgo de su soberano
-y padre que como a hijos los ama, y así me corresponden. Tendreislo
-entendido para su cumplimiento. — San Lorenzo 5 de noviembre de 1807.»
-
-Presentar a Fernando ante la Europa entera como príncipe débil y
-culpado; desacreditarle en la opinión nacional, y perderle en el ánimo
-de sus parciales; poner a salvo al embajador francés, y separar de
-todos los incidentes de la causa a su gobierno, fue el principal
-intento que llevó Godoy y su partido en la singular reconciliación de
-padre e hijo. Alcanzó hasta cierto punto su objeto; mas el público
-aunque no enterado a fondo echaba a mala parte la solícita mediación
-del privado, y el odio hacia su persona en vez de mitigarse tomó nuevo
-incremento.
-
-Para la prosecución de la causa contra los demás procesados nombró el
-rey en el día 6 una junta compuesta de Don Arias Mon, Don Sebastián
-de Torres y Don Domingo Campomanes, del consejo real, y señaló como
-secretario a Don Benito Arias Prada, alcalde de corte. El marqués
-Caballero, que en un principio se mostró riguroso, y tanto que habiendo
-manifestado delante de los reyes ser el príncipe por _siete capítulos_
-reo de pena capital, obligó a la ofendida reina a suplicarle que se
-acordase que el acusado era su hijo; el mismo Caballero arregló el
-modo de seguir la causa, y descartar de ella todo lo que pudiera
-comprometer al príncipe y embajador francés; rasgo propio de su ruin
-condición. Formada la sumaria fue elegido para fiscal de la causa
-Don Simón de Viegas, y se agregaron a los referidos jueces para dar
-la sentencia otros ocho consejeros. El fiscal Viegas pidió que se
-impusiese la pena de traidores señalada por la ley de partida a Don
-Juan Escóiquiz y al duque del Infantado, y otras extraordinarias por
-infidelidad en el ejercicio de sus empleos al conde de Orgaz, marqués
-de Ayerbe, y otras personas de la servidumbre del príncipe de Asturias.
-Continuó el proceso hasta enero de 1808, en cuyo día 25 los jueces
-no conformándose con la acusación fiscal, absolvieron completamente
-y declararon libres de todo cargo a los perseguidos como reos. Sin
-embargo el rey por sí y gubernativamente confinó y envió a conventos,
-fortalezas o destierros a Escóiquiz y a los duques del Infantado y de
-San Carlos y a otros varios de los complicados en la causa: triste
-privilegio de toda potestad suprema que no halla en las leyes justo
-límite a sus desafueros.
-
-Tal fue el término del ruidoso y escandaloso proceso del Escorial. Con
-dificultad se resguardarán de la severa censura de la posteridad los
-que en él tomaron parte, los que le promovieron, los que le fallaron;
-en una palabra, los acusados, los acusadores y los mismos jueces. Vemos
-a un rey precipitarse a acusar en público a su hijo del horrendo crimen
-de querer destronarle sin pruebas, y antes de que un detenido juicio
-hubiese sellado con su fallo tamaña acusación. Y para colmo de baldón
-en medio de tanta flaqueza y aceleramiento se nos presenta como ángel
-de paz y mediador para la concordia el malhadado favorito, principal
-origen de todos los males y desavenencias: consejero y autor del
-decreto de 30 de octubre comprometió con suma ligereza la alta dignidad
-del rey: promovedor de la concordia y del perdón pedido y alcanzado,
-quiso desconceptuar al hijo sin dar realce ni brillo a los sentimientos
-generosos de un apiadado padre. Fue también desusado, y podemos decir
-ilegal el modo de proceder en la causa. Según la sentencia que con una
-relación preliminar se publicó al subir Fernando al trono, no se hizo
-mérito en su formación ni de algunas de las declaraciones espontáneas
-del príncipe, ni de su carta a Napoleón, ni de las conferencias con el
-embajador francés; a lo menos así se infiere del definitivo fallo dado
-por el tribunal. Difícil sería acertar con el motivo de tan extraño
-silencio, si no nos lo hubieran ya explicado los temores que entonces
-infundía el nombre de Napoleón. Mas si la política descubre la causa
-del extraordinario modo de proceder, no por eso queda intacta y pura
-la austera imparcialidad de los magistrados: un proceso después de
-comenzado no puede amoldarse al antojo de un tribunal, ni descartarse
-a su arbitrio los documentos o pruebas más importantes. Entre los
-jueces había respetables varones cuya integridad había permanecido sin
-mancilla en el largo espacio de una honrosa carrera, si bien hasta
-entonces negocios de tal cuantía no se habían puesto en el crisol de
-su severa equidad. Fuese equivocación en su juicio, o fuese más bien
-por razón de estado, lo cierto es que en la prosecución y término de la
-causa se apartaron de las reglas de la justicia legal, y la ofrecieron
-al público manca y no cumplidamente formada ni llevada a cabo. Se
-contaban también en el número de jueces algunos amigos y favorecidos
-del privado, como lo era el fiscal Viegas. Al ver que se separaron
-en su voto de la opinión de este, aunque ya circunscrita a ciertas
-personas, hubo quien creyera que el nombre de Napoleón y los temores
-de la nube que se levantaba en el Pirineo, pesaron más en la flexible
-balanza de su justicia que los empeños de la antigua amistad. Es de
-temer que su conciencia perpleja con lo escabroso del asunto y lo arduo
-de las circunstancias no se haya visto bastantemente desembarazada, y
-cual convenía, de aquel sobresalto que ya antes se había apoderado del
-blando y asustadizo ánimo de los cortesanos.
-
-Esta discordia en la familia real, esta división en los que gobernaban
-siempre perjudicial y dolorosa, lo era mucho más ahora en que una
-perfecta unión debiera haber estrechado a todos para desconcertar las
-siniestras miras del gabinete de Francia, y para imponerle con la
-íntima concordia el debido respeto. Ciegos unos y otros buscaron en él
-amistad y arrimo; y desconociendo el peligro común, le animaron con
-sus disensiones a la prosecución de falaces intentos: alucinamiento
-general a los partidos que no aspiran sino a cebar momentáneamente su
-saña, olvidándose de que a veces con la ruina de su contrario el mismo
-vencedor facilita y labra la suya propia.
-
-Favorecido por la deplorable situación del gobierno español, fue el
-francés adelante en su propósito, y confiado en ella aceleró más bien
-que detuvo la marcha de Junot hacia Portugal. [Marginal: Marcha de
-Junot hacia Portugal.] Dejamos a aquel general en Salamanca, adonde
-había llegado en los primeros días de noviembre, recibiendo de allí a
-poco orden ejecutiva de Napoleón para que no difiriese la continuación
-de su empresa bajo pretexto alguno ni aun por falta de mantenimientos,
-_pudiendo 20.000 hombres_, según decía, _vivir por todas partes aun en
-el desierto_. Estimulado Junot con tan premioso mandato, determinó
-tomar el camino más breve sin reparar en los tropiezos ni obstáculos
-de un terreno para él del todo desconocido. Salió el 12 de Salamanca,
-y tomando la vuelta de Ciudad Rodrigo y el puerto de Perales, llegó
-a Alcántara al cabo de cinco días. Reunido allí con algunas fuerzas
-españolas a las órdenes del general Don Juan Carrafa, atravesaron los
-franceses el Erjas, río fronterizo, [Marginal: Entrada en Portugal:
-19 de noviembre de 1807.] y llegaron a Castello-Branco sin habérseles
-opuesto resistencia. Prosiguieron su marcha por aquel fragoso país, y
-encontrándose con terreno tan quebrado y de caminos poco trillados,
-quedaron bien pronto atrás la artillería y los bagajes. Los pueblos del
-tránsito pobres y desprevenidos no ofrecieron ni recursos ni abrigo a
-las tropas invasoras, las que acosadas por la necesidad y el hambre
-cometieron todo linaje de excesos contra moradores desacostumbrados
-de largo tiempo a las calamidades de la guerra. Desgraciadamente los
-españoles que iban en su compañía imitaron el mal ejemplo de sus
-aliados, muy diverso del que les dieron las tropas que penetraron por
-Badajoz y Galicia, si bien es verdad que asistieron a estas menos
-motivos de desorden e indisciplina.
-
-[Marginal: Llegada a Abrantes: 23 de noviembre.]
-
-La vanguardia llegó el 23 a Abrantes distante 25 leguas de Lisboa.
-Hasta entonces no había recibido el gobierno portugués aviso cierto de
-que los franceses hubieran pasado la frontera: inexplicable descuido,
-pero propio de la dejadez y abandono con que eran gobernados los
-pueblos de la península. Antes de esto y verificada la salida de los
-embajadores, había el gabinete de Lisboa buscado algún medio de
-acomodamiento, condescendiendo más y más con los deseos que aquellos
-habían mostrado a nombre de sus cortes: era el encontrarle tanto
-más difícil, cuanto el mismo ministerio portugués estaba entre sí
-poco acorde. Dos opiniones políticas le dividían; una de ellas la de
-contraer amistad y alianza con Francia como medida la más propia para
-salvar la actual dinastía y aun la independencia nacional; y otra la
-de estrechar los antiguos vínculos con la Inglaterra, pudiendo así
-levantar de los mares allá un nuevo Portugal, si el de Europa tenía
-que someterse a la irresistible fuerza del emperador francés. Seguía
-la primera opinión el ministro Araujo, y contaba la segunda como
-principal cabeza al consejero de estado Don Rodrigo de Sousa Coutiño.
-Se inclinaba muy a las claras a la última el príncipe regente, si a
-ello no se oponía el bien de sus súbditos y el interés de su familia.
-Después de larga incertidumbre se convino al fin en adoptar ciertas
-medidas contemporizadoras, como si con ellas se hubiera podido
-satisfacer a quien solamente deseaba simulados motivos de usurpación
-y conquista. Para ponerlas en ejecución sin gran menoscabo de los
-intereses británicos, se dejó que tranquilamente diese la vela el 18
-de octubre la factoría inglesa, la cual llevó a su bordo respetables
-familias extranjeras con cuantiosos caudales.
-
-[Marginal: Proclama del príncipe regente de Portugal: 22 de noviembre.]
-
-A pocos días, el 22 del mismo mes, se publicó una proclama prohibiendo
-todo comercio y relación con la Gran Bretaña, y declarando que S. M. F.
-accedía a la causa general del Continente. Cuando se creía satisfacer
-algún tanto con esta manifestación al gabinete de Francia, llegó a
-Lisboa apresuradamente el embajador portugués en París, y dio aviso
-de cómo había encontrado en España el ejército imperial, dirigiéndose
-a precipitadas marchas hacia la embocadura del Tajo. Azorados con
-la nueva los ministros portugueses, vieron que nada podía ya bastar
-a conjurar la espantosa y amenazadora nube, sino la admisión pura
-y sencilla de lo que España y Francia habían pedido en agosto. Se
-mandaron pues secuestrar todas las mercancías inglesas, y se pusieron
-bajo la vigilancia pública los súbditos de aquella nación residentes en
-Portugal. La orden se ejecutó lentamente y sin gran rigor, mas obligó
-al embajador inglés Lord Strangford a irse a bordo de la escuadra que
-cruzaba a la entrada del puerto a las órdenes de Sir Sidney Smith. Muy
-duro fue al príncipe regente tener que tomar aquellas medidas: virtuoso
-y timorato las creía contrarias a la debida protección, dispensada por
-anteriores tratados a laboriosos y tranquilos extranjeros: la cruel
-necesidad pudo solo forzarle a desviarse de sus ajustados y severos
-principios. Aumentáronse los recelos y las zozobras con la repentina
-arribada a las riberas del Tajo de una escuadra rusa, la cual de vuelta
-del Archipiélago fondeó en Lisboa, no habiendo permitido los ingleses
-al almirante Siniavin que la mandaba, entrar a invernar en Cádiz: lo
-que fue obra del acaso, se atribuyó a plan premeditado, y a conciertos
-entre Napoleón y el gabinete de San Petersburgo.
-
-Para dar mayor valor a lo acordado, el gobierno portugués despachó a
-París en calidad de embajador extraordinario al marqués de Marialva,
-con el objeto también de proponer el casamiento del príncipe de Beira
-con una hija del gran duque de Berg. Inútiles precauciones: los sucesos
-se precipitaron de manera que Marialva no llegó ni a pisar la tierra de
-Francia.
-
-[Marginal: Instancia de Lord Strangford para que se embarque.]
-
-Noticioso Lord Strangford de la entrada en Abrantes del ejército
-francés, volvió a desembarcar, y reiterando al príncipe regente
-los ofrecimientos más amistosos de parte de su antiguo aliado, le
-aconsejó que sin tardanza se retirase al Brasil, en cuyos vastos
-dominios adquiriría nuevo lustre la esclarecida casa de Braganza. Don
-Rodrigo de Sousa Coutiño apoyó el prudente dictamen del embajador, y
-el 26 de noviembre se anunció al pueblo de Lisboa la resolución que
-la corte había tomado de trasladar su residencia a Río de Janeiro
-hasta la conclusión de la paz general. Sir Sidney Smith, célebre por
-su resistencia en San Juan de Acre, quería poner a Lisboa en estado
-de defensa; pero este arranque digno del elevado pecho de un marino
-intrépido, si bien hubiera podido retardar la marcha de Junot, y aun
-destruir su fatigado ejército, al fin hubiera inútilmente causado la
-ruina de Lisboa, atendiendo a la profunda tranquilidad que todavía
-reinaba en derredor por todas partes.
-
-El príncipe Don Juan nombró antes de su partida un consejo de regencia
-compuesto de cinco personas, a cuyo frente estaba el marqués de
-Abrantes, con encargo de no dar al ejército francés ocasión de queja,
-ni fundado motivo de que se alterase la buena armonía entre ambas
-naciones. Se dispuso el embarco para el 27, y S. A. el príncipe regente
-traspasado de dolor salió del palacio de Ajuda conmovido, trémulo
-y bañado en lágrimas su demudado rostro: el pueblo colmándole de
-bendiciones le acompañaba en su justa y profunda aflicción. La princesa
-su esposa, quien en los preparativos del viaje mostró aquel carácter
-y varonil energía que en otras ocasiones menos plausibles ha mostrado
-en lo sucesivo, iba en un coche con sus tiernos hijos, y dio órdenes
-para pasarlos a bordo, y tomar otras convenientes disposiciones con
-presencia de ánimo admirable. Al cabo de 16 años de retiro y demencia
-apareció en público la reina madre, y en medio del insensible desvarío
-de su locura quiso algunos instantes como volver a recobrar la razón
-perdida. Molesto y lamentable espectáculo con que quedaron rendidos a
-profunda tristeza los fieles moradores de Lisboa: dudosos del porvenir
-olvidaban en parte la suerte que les aguardaba, dirigiendo al cielo
-fervorosas plegarias por la salud y feliz viaje de la real familia.
-La inquietud y el desasosiego creció de punto al ver que por vientos
-contrarios la escuadra no salía del puerto.
-
-[Marginal: 29 de noviembre: da la vela la familia real portuguesa.]
-
-Al fin el 29 dio la vela, y tan oportunamente que a las diez de aquella
-misma noche llegaron los franceses a Sacavém, distante dos leguas de
-Lisboa. Junot desde su llegada a Abrantes había dado nueva forma a la
-vanguardia de su desarreglado ejército, y había tratado de superar los
-obstáculos que con las grandes avenidas retardaban echar un puente para
-pasar el Cécere. Antes que los ingenieros hubieran podido concluir
-la emprendida obra, ordenó que en barcas cruzasen el río parte de las
-fuerzas de su mando, y con diligencia apresuró su marcha. Ahora ofrecía
-el país más recursos, pero a pesar de la fertilidad de los campos, de
-los muchos víveres que proporcionó Santarén, y de la mejor disciplina,
-el número de soldados rezagados era tan considerable, que las
-deliciosas quintas de las orillas del Tajo, y las solitarias granjas
-fueron entregadas al saco, y pilladas como lo había sido el país que
-media entre Abrantes y la frontera española.
-
-[Marginal: 30 de noviembre: entrada de Junot en Lisboa.]
-
-Amaneció el 30 y vio Lisboa entrar por sus muros al invasor extranjero;
-día de luto y desoladora aflicción: otros años lo había sido de
-festejos públicos y general regocijo, como víspera del día en que Pinto
-Ribeiro y sus parciales, arrojando a los españoles, habían aclamado y
-ensalzado a la casa de Braganza; época sin duda gloriosa para Portugal,
-sumamente desgraciada para la unión y prosperidad del conjunto de los
-pueblos peninsulares. Seguía a Junot una tropa flaca y estropeada,
-molida con las forzadas marchas, sin artillería, y muy desprovista:
-muestra poco ventajosa de las temidas huestes de Napoleón. Hasta
-la misma naturaleza pareció tomar parte en suceso tan importante,
-habiendo aunque ligeramente temblado la tierra. Junot arrebatado por
-su imaginación, y aprovechándose de este incidente, en tono gentílico
-y supersticioso daba cuenta de su expedición escribiendo al ministro
-Clarke: «Los dioses se declaran en nuestro favor: lo vaticina el
-terremoto que atestiguando su omnipotencia no nos ha causado daño
-alguno.» Con más razón hubiera podido contemplar aquel fenómeno
-graduándole de présago anuncio de los males que amenazaban a los
-autores de la agresión injusta de un estado independiente.
-
-Conservó Junot por entonces la regencia que antes de embarcarse había
-nombrado el príncipe, pero agregando a ella al francés Hermann. Sin
-contar mucho con la autoridad nacional resolvió por sí imponer al
-comercio de Lisboa un empréstito forzoso de dos millones de cruzados,
-y confiscar todas las mercancías británicas, aun aquellas que eran
-consideradas como de propiedad portuguesa. El cardenal patriarca
-de Lisboa, el inquisidor general y otros prelados publicaron y
-circularon pastorales en favor de la sumisión y obediencia al nuevo
-gobierno; reprensibles exhortos, aunque hayan sido dados por impulso
-e insinuaciones de Junot. El pueblo, agitado, dio señales de mucho
-descontento cuando el 13 vio que en el arsenal se enarbolaba la
-bandera extranjera en lugar de la portuguesa. Apuró su sufrimiento la
-pomposa y magnífica revista que hubo dos días después en la plaza del
-Rossio: allí dio el general en jefe gracias a las tropas en nombre del
-emperador, y al mismo tiempo se tremoló en el castillo con veinticinco
-cañonazos repetidos por todos los fuertes la bandera francesa.
-Universal murmullo respondió a estas demostraciones del extranjero, y
-hubiérase seguido una terrible explosión, si un hombre audaz hubiera
-osado acaudillar a la multitud conmovida. La presencia de la fuerza
-armada contuvo el sentimiento de indignación que aparecía en los
-semblantes del numeroso concurso; solo en la tarde con motivo de haber
-preso a un soldado de la policía portuguesa, se alborotó el populacho,
-quiso sacarle de entre las manos de los franceses, y hubo de una y otra
-parte muertes y desgracias. El tumulto no se sosegó del todo hasta el
-día siguiente por la mañana, en que se ocuparon las plazas y puntos
-importantes con artillería y suficientes tropas.
-
-Al comenzar diciembre, no completa todavía su división, Don Francisco
-María Solano, marqués del Socorro, [Marginal: Entrada de los españoles
-en Portugal.] se apoderó sin oposición de Elvas, después de haber
-consultado su comandante al gobierno de Lisboa. Antes de entrar en
-Portugal había recomendado a sus tropas por medio de una proclama la
-más severa disciplina; conservose en efecto, aunque obligado Socorro
-a poner en ejecución las órdenes arbitrarias de Junot, causaba a
-veces mucho disgusto en los habitantes, manifestando sin embargo en
-todo lo que era compatible con sus instrucciones, desinterés y loable
-integridad. Al mismo tiempo creyéndose dueño tranquilo del país, empezó
-a querer transformar a Setúbal en otra Salento, ideando reformas en que
-generalmente más bien mostraba buen deseo, que profundos conocimientos
-de administración y de hombre de estado. Sus experiencias no fueron de
-larga duración.
-
-Por Tomar y Coimbra se dirigieron a Oporto algunos cuerpos de la
-división de Carrafa, los que sirvieron para completar la del general
-Don Francisco Taranco, quien por aquellos primeros días de diciembre
-cruzó el Miño con solos 6000 hombres, en lugar de los 10.000 que era el
-contingente pedido: modelo de prudencia y cordura, mereció Taranco el
-agradecimiento y los elogios de los habitantes de aquella provincia. El
-portugués Accursio das Neves alaba en su historia la severa disciplina
-del ejército, la moderación y prudencia del general Taranco, y añade:
-«el nombre de este general será pronunciado con eterno agradecimiento
-por los naturales, testigos de su dulzura e integridad; tan sincero
-en sus promesas como Junot pérfido y falaz en las suyas.» Agrada oír
-el testimonio honroso que por boca imparcial ha sido dado a un jefe
-bizarro, amante de la justicia y de la disciplina militar, al tiempo
-que muy diversas escenas se representaban lastimosamente en Lisboa.
-
-[Marginal: 16 de noviembre: viaje de Napoleón a Italia.]
-
-Así iban las cosas de Portugal, entretanto que Bonaparte después de
-haberse detenido unos días por las ocurrencias del Escorial, salió
-al fin para Italia el 16 de noviembre. Era uno de los objetos de su
-viaje poner en ejecución el artículo del tratado de Fontainebleau,
-por el que la Etruria o Toscana era agregada al imperio de Francia.
-Gobernaba aquel reino como regenta desde la muerte de su esposo la
-infanta Doña María Luisa, quien ignoraba el traspaso hecho sin su
-anuencia de los estados de su hijo. Y no habiendo precedido aviso
-alguno ni confidencial de sus mismos padres los reyes de España, la
-Regenta se halló sorprendida el 23 de noviembre con haberla comunicado
-el ministro francés D’Aubusson que era necesario se preparase a dejar
-sus dominios, estando para ocuparlos las tropas de su amo el emperador,
-en virtud de cesión que le había hecho España. [Marginal: Reina de
-Etruria.] Aturdida la reina con la singularidad e importancia de tal
-nueva, apenas daba crédito a lo que veía y oía, y por de pronto se
-resistió al cumplimiento de la desusada intimación; pero insistiendo
-con más fuerza el ministro de Francia, y propasándose a amenazarla, se
-vio obligada la reina a someterse a su dura suerte; y con su familia
-salió de Florencia el 1.º de diciembre. Al paso por Milán tuvo vistas
-con Napoleón: alegrábase del feliz encuentro confiando hallar alivio
-a sus penas, mas en vez de consuelos solo recibió nuevos desengaños.
-Y como si no bastase para oprimirla de dolor el impensado despojo del
-reino de su hijo, acrecentó Napoleón los disgustos de la desvalida
-reina, achacando la culpa del estipulado cambio al gobierno de España.
-Es también de advertir que después de abultarle sobremanera lo acaecido
-en el Escorial, le aconsejó que suspendiese su viaje, y aguardase en
-Turín o Niza el fin de aquellas disensiones; indicio claro de que
-ya entonces no pensaba cumplir en nada lo que dos meses antes había
-pactado en Fontainebleau. Siguió sin embargo la familia de Parma,
-desposeída del trono de Etruria, su viaje a España, a donde iba a ser
-testigo y partícipe de nuevas desgracias y trastornos. Así en dos
-puntos opuestos, y al mismo tiempo, fueron despojadas de sus tronos dos
-esclarecidas estirpes: una quizá para siempre, otra para recobrarle
-con mayor brillo y gloria.
-
-[Marginal: Carta de Carlos IV a Napoleón.]
-
-Aún estaba en Milán Napoleón cuando contestó a una carta de Carlos
-IV recibida poco antes, en la que le proponía este monarca enlazar a
-su hijo Fernando con una princesa de la familia imperial. Asustado
-como hemos dicho el príncipe de la Paz con ver complicado el nombre
-francés en la causa del Escorial, pareciole oportuno mover al rey a
-dar un paso que suavizara la temida indignación del emperador de los
-franceses. Incierto este en aquel tiempo sobre el modo de enseñorearse
-de España, no desechó la propuesta, antes bien la aceptó afirmando en
-su contestación no haber nunca recibido carta alguna del príncipe de
-Asturias; disimulo en la ocasión lícito y aun atento. [Marginal: Dudas
-de Napoleón sobre su conducta respecto de España.] Debió sin duda
-inclinarse entonces Bonaparte al indicado casamiento, habiéndosele
-formalmente propuesto en Mantua a su hermano Luciano, a quien también
-ofreció allí el trono de Portugal, olvidándose o más bien burlándose de
-lo que poco antes había solemnemente pactado, como varias veces nos lo
-ha dado ya a entender con su conducta. Luciano o por desvío, o por no
-confiar en las palabras de Napoleón, no admitió el ofrecido cetro, mas
-no desdeñó el enlace de su hija con el heredero de la corona de España,
-enlace que a pesar de la repugnancia de la futura esposa, hubiera
-tenido cumplido efecto si el emperador francés no hubiera alterado o
-mudado su primitivo plan.
-
-Llena empero de admiración que en la importantísima empresa de la
-península anduviese su prevenido ánimo tan vacilante y dudoso. Una
-sola idea parece que hasta entonces se había grabado en su mente; la
-de mandar sin embarazo ni estorbos en aquel vasto país, confiando a
-su feliz estrella o a las circunstancias el conseguir su propósito y
-acertar con los medios. Así a ciegas y con más frecuencia de lo que se
-piensa suele revolverse y trocarse la suerte de las naciones.
-
-De todos modos era necesario contar con poderosas fuerzas para el
-fácil logro de cualquiera plan que a lo último adoptase. Con este
-objeto se formaba en Bayona el segundo cuerpo de observación de la
-Gironda, en tanto que el primero atravesaba por España. Constaba de
-24.000 hombres de infantería, nuevamente organizada con soldados de
-la conscripción de 1808 pedida con anticipación, y de 3500 caballos
-sacados de los depósitos de lo interior de Francia, con los que se
-formaron regimientos provisionales de coraceros y cazadores. Mandaba
-en jefe el general Dupont, y las tres divisiones en que se distribuía
-aquel cuerpo de ejército estaban a cargo de los generales Barbou, Vedel
-y Malher, y al del piamontés Fresia la caballería. Empezó a entrar en
-España sin convenio anterior ni conformidad del gabinete de Francia
-con el nuestro, con arreglo a lo prevenido en la convención secreta de
-Fontainebleau: infracción precursora de otras muchas. [Marginal: 22 de
-diciembre: Dupont en Irún.] Dupont llegó a Irún el 22 de diciembre,
-y en enero estableció su cuartel general en Valladolid, con partidas
-destacadas camino de Salamanca, como si hubiera de dirigirse hacia
-los linderos de Portugal. La conducta del nuevo ejército fue más
-indiscreta y arrogante que la del primero, y daba indicio de lo que
-se disponía. Estimulaba con su ejemplo el mismo general en jefe, cuyo
-comportamiento tocaba a veces en la raya del desenfreno. En Valladolid
-echó por fuerza de su habitación a los marqueses de Ordoño en cuya
-casa alojaba, y al fin se vieron obligados a dejársela toda entera a
-su libre disposición: tal era la dureza y malos tratos, mayormente
-sensibles por provenir de quien se decía aliado, y por ser en un país
-en donde era transcurrido un siglo con la dicha de no haber visto
-ejército enemigo, con cuyo nombre en adelante deberá calificarse al que
-los franceses habían metido en España.
-
-No se habían pasado los primeros días de enero sin que pisase
-su territorio otro tercer cuerpo compuesto de 25.000 hombres de
-infantería y 2700 caballos, que había sido formado de soldados
-bisoños, trasladados en posta a Burdeos de los depósitos del norte.
-[Marginal: 9 de enero: Entrada del cuerpo de Moncey.] Principió a
-entrar por la frontera el 9 del mismo enero, siendo capitaneado por
-el mariscal Moncey, y con el nombre de cuerpo de observación de las
-costas del océano: era el general Harispe jefe de estado mayor;
-mandaba la caballería Grouchy, y las respectivas divisiones Musnier
-de la Converserie, Morlot y Gobert. Prosiguió su marcha hasta los
-lindes de Castilla, como si no hubiera hecho otra cosa que continuar
-por provincias de Francia, prescindiendo de la anuencia del gobierno
-español, y quebrantando de nuevo y descaradamente los conciertos y
-empeños con él contraídos.
-
-Inquietaba a la corte de Madrid la conducta extraña e inexplicable de
-su aliado, y cada día se acrecentaba su sobresalto con los desaires
-que en París recibían Izquierdo y el embajador príncipe de Maserano.
-Napoleón dejaba ver más a las claras su premeditada resolución, y a
-veces despreciando altamente al príncipe de la Paz, censuraba con
-acrimonia los procedimientos de su administración. Desatendía de todo
-punto sus reclamaciones, y respondiendo con desdén al manifestado
-deseo de que se mudase al embajador Beauharnais a causa de su oficiosa
-diligencia en el asunto del proyectado casamiento, [Marginal:
-Publicaciones del Monitor: 24 de enero de 1808.] dio por último en el
-Monitor de 24 de enero un auténtico y público testimonio del olvido en
-que había echado el tratado de Fontainebleau y al mismo tiempo dejó
-traslucir las tramas que contra España urdía. Se insertaron pues en el
-diario de oficio dos exposiciones del ministro Champagny, una atrasada
-del 21 de octubre, y otra más reciente del 2 de enero de aquel año.
-La primera se publicó, digámoslo así, para servir de introducción a
-la segunda, en la que después de considerar al Brasil como colonia
-inglesa, y de congratularse el ministro de que por lo menos se viese
-Portugal libre del yugo y fatal influjo de los enemigos del Continente,
-concluía con que intentando estos dirigir expediciones secretas hacia
-los mares de Cádiz, la península entera fijaría la atención de S. M. I.
-Acompañó a las exposiciones un informe no menos notable del ministro
-de la guerra Clarke con fecha de 6 de enero, en el que se trataba
-de demostrar la necesidad de exigir la conscripción de 1809 para
-formar el cuerpo de observación del océano, sobre el que nada se había
-hablado ni comunicado anteriormente al gobierno español: inútil es
-recordar que el sumiso senado de Francia concedió pocos días después el
-pedido alistamiento. Puestas de manifiesto cada vez más las torcidas
-intenciones del gabinete de Saint-Cloud, llegamos ya al estrecho en que
-todo disfraz y disimulo se echó a un lado, y en que cesó todo género de
-miramientos.
-
-[Marginal: 1.º de febrero de 1808: proclama de Junot.]
-
-En 1.º de febrero hizo Junot saber al público por medio de una
-proclama «que la casa de Braganza había cesado de reinar, y que el
-emperador Napoleón habiendo tomado bajo su protección el hermoso
-país de Portugal, quería que fuese administrado y gobernado _en su
-totalidad_ a nombre suyo y por el general en jefe de su ejército.»
-Así se desvanecieron los sueños de soberanía del deslumbrado Godoy,
-y se frustraron a la casa de Parma las esperanzas de una justa y
-debida indemnización. [Marginal: Forma nueva regencia de que se
-nombra presidente.] Junot se apoderó del mando supremo a nombre de
-su soberano, extinguió la regencia elegida por el príncipe Don Juan
-antes de su embarco, reemplazándola con un consejo de regencia de que
-él mismo era presidente. Y para colmar de amargura a los portugueses
-y aumentar, si era posible, su descontento, publicó en el mismo día
-un decreto de Napoleón, dado en Milán a 23 de diciembre, [Marginal:
-Gravosa contribución extraordinaria.] por el que se imponía a Portugal
-una contribución extraordinaria de guerra de cien millones de francos,
-como redención, decía, de todas las propiedades pertenecientes a
-particulares; se secuestraban también todos los bienes y heredamientos
-de la familia real, y de los hidalgos que habían seguido su suerte. Con
-estas arbitrarias disposiciones trataba a Portugal, que no había hecho
-insulto ni resistencia alguna, como país conquistado, y le trataba con
-dureza digna de la edad media. Gravar extraordinariamente con cien
-millones de francos a un reino de la extensión y riqueza de Portugal,
-al paso que con la adopción del sistema continental se le privaba de
-sus principales recursos, era lo mismo que decretar su completa ruina
-y aniquilamiento. No ascendía probablemente a tanto la moneda que
-era necesaria para los cambios y diaria circulación, y hubiera sido
-materialmente imposible realizar su pago si Junot convencido de las
-insuperables dificultades que se ofrecían para su pronta e inmediata
-exacción, no hubiera fijado plazos, y acordado ciertas e indispensables
-limitaciones. De ofensa más bien que de suave consuelo pudiera
-graduarse el haber trazado al margen de destructoras medidas un cuadro
-lisonjero de la futura felicidad de Portugal, con la no menos halagüeña
-esperanza de que nuevos Camoens nacerían para ilustrar el parnaso
-lusitano. A poder reanimarse las muertas cenizas del cantor de Gama,
-solo hubieran tomado vida para alentar a sus compatriotas contra el
-opresor extranjero, y para excitarlos vigorosamente a que no empañasen
-con su sumisión las inmortales glorias adquiridas por sus antepasados
-hasta en las regiones más apartadas del mundo.
-
-Todavía no había llegado el oportuno momento de que el noble orgullo
-de aquella nación abiertamente se declarase; pero queriendo con
-el silencio expresar de un modo significativo los sentimientos que
-abrigaba en su generoso pecho, tres fueron los solos habitantes de
-Lisboa que iluminaron sus casas en celebridad de la mudanza acaecida.
-
-[Marginal: Envía a Francia una división portuguesa.]
-
-Los temores que a Junot infundía la injusticia de sus procedimientos,
-le dictaron acelerar la salida de las pocas y antiguas tropas
-portuguesas que aún existían, y formando de ellas una corta división
-de apenas 10.000 hombres, dio el mando al marqués de Alorna, y no se
-había pasado un mes cuando tomaron el camino de Valladolid. Gran número
-desertó antes de llegar a su destino.
-
-Clara ya y del todo descubierta la política de Napoleón respecto
-de Portugal, disponían en tanto los fingidos aliados de España dar
-al mundo una señalada prueba de alevosía. Por las estrechuras de
-Roncesvalles se encaminó hacia Pamplona el general D’Armagnac con tres
-batallones, y presentándose repentinamente delante de aquella plaza,
-se le permitió sin obstáculo alojar dentro sus tropas: no contento el
-francés con esta demostración de amistad y confianza, solicitó del
-virrey marqués de Vallesantoro meter en la ciudadela dos batallones
-de suizos, socolor de tener recelos de su fidelidad. Negose a ello el
-virrey alegando que no le era lícito acceder a tan grave propuesta sin
-autoridad de la corte: adecuada contestación y digna del debido elogio,
-si la vigilancia hubiera correspondido a lo que requería la crítica
-situación de la plaza. Pero tal era el descuido, tal el incomprensible
-abandono, que hasta dentro de la misma ciudadela iban todos los días
-los soldados franceses a buscar sus raciones, sin que se tomasen ni
-las comunes precauciones de tiempo de paz. No así desprevenido el
-general D’Armagnac se había de antemano hospedado en casa del marqués
-de Besolla, porque situado aquel edificio al remate de la explanada
-y en frente de la puerta principal de la ciudadela, podía desde allí
-con más facilidad acechar el oportuno momento para la ejecución de su
-alevoso designio. Viendo frustrado su primer intento con la repulsa
-del virrey, ideó el francés recurrir a un vergonzoso ardid. [Marginal:
-16 de febrero: toma de la ciudadela de Pamplona.] Uno a uno y con
-estudiada disimulación mandó que en la noche del 15 al 16 de febrero
-pasasen con armas a su posada cierto número de granaderos, al paso
-que en la mañana siguiente soldados escogidos, guiados bajo disfraz
-por el jefe de batallón Robert, acudieron a la ciudadela a tomar los
-víveres de costumbre. Nevaba, y bajo pretexto de aguardar a su jefe
-empezaron los últimos a divertirse tirándose unos a otros pellas de
-nieve: distrajeron con el entretenimiento la atención de los soldados
-españoles, y corriendo y jugando de aquella manera se pusieron algunos
-sobre el puente levadizo para impedir que le alzasen. A poco y a una
-señal convenida se abalanzaron los restantes al cuerpo de guardia,
-desarmaron a los descuidados centinelas, y apoderándose de los fusiles
-del resto de la tropa colocados en el armero, franquearon la entrada
-a los granaderos ocultos en casa de D’Armagnac, a los que de cerca
-siguieron todos los demás. La traición se ejecutó con tanta celeridad
-que apenas había recibido la primera noticia el desavisado virrey,
-cuando ya los franceses se habían del todo posesionado de la ciudadela.
-D’Armagnac le escribió entonces, a manera de satisfacción, un oficio en
-que al paso que se disculpaba con la necesidad, lisonjeábase de que en
-nada se alteraría la buena armonía propia de dos fieles aliados: género
-de mofa con que hacía resaltar su fementida conducta.
-
-Por el mismo tiempo se había reunido en los Pirineos orientales
-una división de tropas italianas y francesas, compuesta de 11.000
-hombres de infantería y 1700 de caballería: [Marginal: Entra Duhesme
-en Cataluña.] en 4 de febrero tomó en Perpiñán el mando el general
-Duhesme, quien en sus memorias cuenta solo disponibles 7000 soldados:
-a sus órdenes estaban el general italiano Lecchi y el francés Chabran.
-A pocos días penetraron por la Junquera dirigiéndose a Barcelona con
-intento, decían, de proseguir su viaje a Valencia. Antes de avistar
-los muros de la capital de Cataluña recibió Duhesme una intimación
-del capitán general conde de Ezpeleta, sucesor por aquellos días del
-de Santa Clara para suspender su marcha hasta tanto que consultase a
-la corte. Completamente ignoraba esta el envío de tropas por el lado
-oriental de España, ni el embajador francés había siquiera informado
-de la novedad, tanto más importante cuanto Portugal no podía servir
-de capa a la reciente expedición. Duhesme lejos de arredrarse con el
-requerimiento de Ezpeleta, contestó de palabra con arrogancia que a
-todo evento llevaría a cabo las órdenes del emperador, y que sobre el
-capitán general de Cataluña recaería la responsabilidad de cualquiera
-desavenencia. Celebró un consejo el conde de Ezpeleta, y en él se
-acordó permitir la entrada en Barcelona a las tropas francesas.
-[Marginal: Llega a Barcelona.] Así lo realizaron el 13 de aquel mes
-quedando no obstante en poder de la guarnición española Monjuich y
-la ciudadela. Pidió Duhesme que en prueba de buena armonía se dejase
-a sus tropas alternar con las nacionales en la guardia de todas las
-puertas. Falto de instrucciones y temeroso de la enemistad francesa
-accedió Ezpeleta con harta si bien disculpable debilidad a la imperiosa
-demanda, colocando Duhesme en la puerta principal de la misma ciudadela
-una compañía de granaderos, en cuyo puesto había solamente 20 soldados
-españoles. Pesaroso el capitán general de haber llevado tan allá su
-condescendencia, rogó al francés que retirase aquel piquete; pero muy
-otras eran las intenciones del último, no contentándose ya con nada
-menos que con la total ocupación. Andaba también Duhesme más receloso a
-causa de la llegada a Barcelona del oficial de artillería Don Joaquín
-Osma, a quien suponía enviado con especial encargo de que se velase a
-la conservación de la plaza, probable conjetura en efecto si en Madrid
-hubiera habido sombra de buen gobierno; mas era tan al contrario,
-que Osma había sido comisionado para facilitar a los aliados cuanto
-apeteciesen, y para recomendar la buena armonía y mejor trato. Solo se
-le insinuó en instrucción verbal que procurase de paso indagar en las
-conversaciones con los oficiales cuál fuese el verdadero objeto de la
-expedición, como si para ello hubiera habido necesidad de correr hasta
-Barcelona, y de despachar expresamente un oficial de explorador.
-
-[Marginal: 28 de febrero: sorpresa de la ciudadela de Barcelona.]
-
-Trató en fin Duhesme de apoderarse por sorpresa de la ciudadela y de
-Monjuich el 28 de febrero: fue estimulado con el recibo aquel mismo día
-de una carta escrita en París por el ministro de la Guerra, en la que
-le suponía dueño de los fuertes de Barcelona; tácito modo de ordenar lo
-que a las claras hubiera sido inicuo y vergonzoso. Para adormecer la
-vigilancia de los españoles esparcieron los franceses por la ciudad que
-se les había enviado la orden de continuar su camino a Cádiz, mentirosa
-voz que se hacía más verosímil con la llegada del correo recibido.
-Dijeron también que antes de la partida debían revistar las tropas,
-y con aquel pretexto las juntaron en la explanada de la ciudadela,
-apostando en el camino que de allí va a la Aduana un batallón de
-vélites italianos, y colocando la demás fuerza de modo que llamase
-hacia otra parte la atención de los curiosos. Hecha la reseña de
-algunos cuerpos se dirigió el general Lecchi, con grande acompañamiento
-de estado mayor, del lado de la puerta principal de la ciudadela, y
-aparentando comunicar órdenes al oficial de guardia se detuvo en el
-puente levadizo para dar lugar a que los vélites, cuya derecha se había
-apoyado en la misma estacada, avanzasen cubiertos por el revellín que
-defiende la entrada: ganaron de este modo el puente embarazado con los
-caballos, después de haber arrollado al primer centinela, cuya voz
-fue apagada por el ruido de los tambores franceses que en las bóvedas
-resonaban. Entonces penetró Lecchi dentro del recinto principal con
-su numerosa comitiva, le siguió el batallón de vélites y la compañía
-de granaderos, que ya de antemano montaba la guardia en la puerta
-principal, reprimió a los 20 españoles, obligados a ceder al número y a
-la sorpresa: cuatro batallones franceses acudieron después a sostener
-al que primero había entrado a hurtadillas, y acabaron de hacerse
-dueños de la ciudadela. Dos batallones de guardias españolas y valonas
-la guarnecían; pero llenos de confianza oficiales y soldados habían
-ido a la ciudad a sus diversas ocupaciones, y cuando quisieron volver
-a sus puestos encontraron resistencia en los franceses, quienes al fin
-se lo permitieron después de haber tomado escrupulosas precauciones.
-Los españoles pasaron luego la noche y casi todo el siguiente día
-formados enfrente de sus nuevos y molestos huéspedes; e inquietos estos
-con aquella hostil demostración, lograron que se diese orden a los
-nuestros de acuartelarse fuera, y evacuar la plaza. Santilly, comandante
-español, así que vio tan desleal proceder, se presentó a Lecchi como
-prisionero de guerra, quien osando recordarle la amistad y alianza de
-ambas naciones, al mismo tiempo que arteramente quebrantaba todos los
-vínculos, le recibió con esmerado agasajo.
-
-[Marginal: Sorpresa de Monjuich: 28 de febrero.]
-
-Entretanto y a la hora en que parte de la guarnición había bajado a la
-ciudad, otro cuerpo francés se avanzaba hacia Monjuich. La situación
-elevada y descubierta de este fuerte impidió a los extranjeros tocar
-sin ser vistos el pie de los muros. Al aproximarse se alzó el puente
-levadizo, y en balde intimó el comandante francés Floresti que se le
-abriesen las puertas: allí mandaba Don Mariano Álvarez. Desconcertado
-Duhesme en su doloso intento recurrió a Ezpeleta, y poniendo por
-delante las órdenes del emperador le amenazó tomar por fuerza lo que
-de grado no se le rindiese. Atemorizado el capitán general ordenó la
-entrega: dudó Álvarez un instante; mas la severidad de la disciplina
-militar, y el sosiego que todavía reinaba por todas partes, le forzaron
-a obedecer al mandato de su jefe. Sin embargo habiéndose conmovido
-algún tanto Barcelona con la alevosa ocupación de la ciudadela, se
-aguardó a muy entrada la noche para que sin riesgo pudiesen los
-franceses entrar en el recinto de Monjuich.
-
-Irritados a lo sumo con semejantes y repetidas perfidias los generosos
-pechos de los militares españoles, se tomaron exquisitas providencias
-para evitar un compromiso, y dejando en Barcelona a los guardias
-españolas y valonas con la artillería, se mandó salir a Villafranca al
-regimiento de Extremadura.
-
-Al paso por Figueras había Duhesme dispuesto que se detuviese allí
-alguna de su gente, alegando especiosos pretextos. Durante más de un
-mes permanecieron dichos soldados tranquilos, hasta que ocupados todos
-los fuertes de Barcelona trataron de apoderarse de la ciudadela de San
-Fernando con la misma ruin estratagema empleada en las otras plazas.
-[Marginal: 18 de marzo: ocupación de San Fernando de Figueras.] Estando
-los españoles en vela acudieron a tiempo a la sorpresa y la impidieron;
-mas el gobernador anciano y tímido dio permiso dos días después al
-mayor Piat para que encerrase dentro 200 conscriptos, bajo cuyo nombre
-metió el francés soldados escogidos, los cuales con otros que a su
-sombra entraron se enseñorearon de la plaza el 18 de marzo, despidiendo
-muy luego el corto número de españoles que la guarnecían.
-
-[Marginal: 5 de marzo: entrega de S. Sebastián.]
-
-Pocos días antes había caído en manos de los falsos amigos la plaza
-de San Sebastián: era su gobernador el brigadier español Daiguillon,
-y comandante del fuerte de Santa Cruz el capitán Douton. Advertido
-aquel por el cónsul de Bayona de que Murat, gran duque de Berg, le
-había indicado en una conversación cuán conveniente sería para la
-seguridad de su ejército la ocupación de San Sebastián, dio parte de
-la noticia al duque de Mahón, comandante general de Guipúzcoa, recién
-llegado de Madrid. Inmediatamente consultó este al príncipe de la Paz,
-y antes de que hubiera habido tiempo para recibir contestación, el
-general Monthion, jefe de estado mayor de Murat, escribió a Daiguillon
-participándole cómo el gran duque de Berg había resuelto que los
-depósitos de infantería y caballería de los cuerpos que habían entrado
-en la península se trasladasen de Bayona a San Sebastián,[*] [Marginal:
-(* Ap. n. 1-10.)] y que fuesen alojados dentro, debiendo salir para
-aquel destino del 4 al 5 de marzo. Apenas había el gobernador abierto
-esta carta cuando recibió otra del mismo jefe avisándole que los
-depósitos, cuya fuerza ascendería a 350 hombres de infantería y 70
-de caballería, saldrían antes de lo que había anunciado. Comunicados
-ambos oficios al duque de Mahón, de acuerdo con el gobernador y con el
-comandante del fuerte, respondió el mismo duque rogando al de Berg
-que suspendiese su resolución hasta que le llegase la contestación
-de la corte, y ofreciendo entretanto alojar con toda comodidad fuera
-de la plaza y del alcance del cañón los depósitos de que se trataba.
-Ofendido el príncipe francés de la inesperada negativa escribió por sí
-mismo en 4 de marzo una carta altiva y amenazadora al duque de Mahón,
-quien no desdiciendo entonces de la conducta propia de un descendiente
-de Crillon, replicó dignamente y reiteró su primera respuesta. Grande
-sin embargo era su congoja y arriesgada su posición, cuando la flaca
-condescendencia del príncipe de la Paz, y la necesidad en que había
-estrechado a este su culpable ambición, sacaron a todos los jefes de
-San Sebastián de su terrible y crítico apuro. Al margen del oficio que
-en consulta se le había escrito puso el generalísimo Godoy de su mismo
-puño, fecha 3 de marzo «que ceda el gobernador la plaza, pues no tiene
-medio de defenderla; pero que lo haga de un modo amistoso según lo han
-practicado los de las otras plazas, sin que para ello hubiese ni tantas
-razones ni motivos de excusa como en San Sebastián.» De resultas ocupó
-con los depósitos la plaza y el puerto el general Thouvenot.
-
-He aquí el modo insidioso con que en medio de la paz y de una estrecha
-alianza se privó a España de sus plazas más importantes: perfidia
-atroz, deshonrosa artería en guerreros envejecidos en la gloriosa
-profesión de las armas, ajena e indigna de una nación grande y
-belicosa. Cuando leemos en la juiciosa historia de Coloma el ingenioso
-ardid con que Fernando Tello Portocarrero sorprendió a Amiens, notamos
-en la atrevida empresa agudeza en concebirla, bizarría en ejecutarla
-y loable moderación al alcanzar el triunfo. La toma de aquella plaza,
-llave entonces de la frontera de Francia del lado de la Picardía, y
-cuya sorpresa, según nos dice Sully, oprimió de dolor a Enrique IV, era
-legítima: guerra encarnizada andaba entre ambas naciones, y era lícito
-al valor y a la astucia buscar laureles que no se habían de mancillar
-con el quebrantamiento de la buena fe y de la lealtad. El bastardo
-proceder de los generales franceses no solo era escandaloso por el
-tiempo y por el modo, sino que también era tanto menos disculpable
-cuanto era menos necesario. Dueño el gobierno francés de la débil
-voluntad del de Madrid le hubiera bastado una mera insinuación, sin
-acudir a la amenaza, para conseguir del obsequioso y sumiso aliado la
-entrega de todas las plazas, como lo ordenó con la de San Sebastián.
-
-[Marginal: 7 de febrero: orden para que la escuadra de Cartagena vaya a
-Toulon.]
-
-Tampoco echó Napoleón en olvido la marina, pidiendo con ahínco que se
-reuniesen con sus escuadras las españolas. En consecuencia diose el 7
-de febrero la orden a Don Cayetano Valdés, que en Cartagena mandaba
-una fuerza de seis navíos, de hacerse a la vela dirigiendo su rumbo
-a Toulon. Afortunadamente vientos contrarios, y, según se cree, el
-patriótico celo del comandante, impidieron el cumplimiento de la orden,
-tomando la escuadra puerto en las Baleares.
-
-Hechos de tal magnitud no causaron en las provincias lejanas de España
-impresión profunda. Ignorábanse en general, o se atribuían a amaños de
-Godoy: lo dificultoso y escaso de las comunicaciones, la servidumbre
-de la imprenta, y la extremada reserva del gobierno no daban lugar a
-que la opinión se ilustrase, ni a que se formase juicio acertado de
-los acaecimientos. En días como aquellos recoge el poder absoluto con
-creces los frutos de su imprevisión y desafueros. También los pueblos,
-si no son envueltos en su ruina, al menos participan bastantemente
-de sus desgracias; como si la Providencia quisiera castigarlos de su
-indolencia y culpable sufrimiento.
-
-[Marginal: Desasosiego de la corte de Madrid.]
-
-Por lo demás la corte estaba muy inquieta, y se asegura que el príncipe
-de la Paz fue de los que primero se convencieron de la mala fe de
-Napoleón, y de sus depravados intentos: disfrazábalos sin embargo
-este, ofreciendo a veces en su conducta una alternativa hija quizá de
-su misma vacilación e incertidumbre: [Marginal: Conducta ambigua de
-Napoleón.] pues al paso que proyectaba y ponía en práctica hacerse
-dueño de todo Portugal y de las plazas de la frontera, sin miramiento a
-tratados ni alianzas, no solo regalaba a Carlos IV en los primeros días
-de febrero, en prueba de su íntima amistad, quince caballos de coche,
-sino que asimismo le escribía amargas quejas [Marginal: Sobresalto del
-príncipe de la Paz.] por no haber reiterado la petición de una esposa
-imperial para el príncipe de Asturias: y si bien no era unión esta
-apetecible para Godoy, por lo menos no indicaba Bonaparte con semejante
-demostración querer derribar del trono la estirpe de los Borbones.
-Dudas y zozobras asaltaban de tropel la mente del valido, [Marginal:
-Llegada a Madrid de Izquierdo.] cuando la repentina llegada por el mes
-de febrero de su confidente Don Eugenio Izquierdo acabó de perturbar
-su ánimo. En la numerosa corte que le tributaba continuado y lisonjero
-incienso, prorrumpía en expresiones propias de hombre desatentado y
-descompuesto. Hablaba de su grandeza, de su poderío; usaba de palabras
-poco recatadas, y parecía presentir la espantosa desgracia que como en
-sombra ya le perseguía. Interpretábase de mil maneras la apresurada
-venida de Izquierdo, y nada por entonces pudo traslucirse, sino que
-era de tal importancia, y anunciadora de tan malas nuevas, que los
-reyes y el privado despavoridos preparábanse a tomar alguna impensada y
-extraordinaria resolución.
-
-Por una nota que después en 24 de marzo escribió Izquierdo,[*]
-[Marginal: (* Ap. n. 1-11.)] y por lo que hemos oído a personas con él
-conexionadas, podemos fundadamente inferir que su misión ostensible
-se dirigía a ofrecer de un modo informal ciertas ideas al examen del
-gobierno español, y a hacer sobre ellas varias preguntas; pero que
-el verdadero objeto de Napoleón fue infundir tal miedo en la corte
-de Madrid, que la provocase a imitar a la de Portugal en su partida,
-resolución que le desembarazaba del engorroso obstáculo de la familia
-real, y le abría fácil entrada para apoderarse sin resistencia del
-vacante y desamparado trono español. Las ideas y preguntas arriba
-indicadas fueron sugeridas por Napoleón y escritas por Izquierdo.
-Reducíanse con corta variación a las que él mismo extendió en la
-nota antes mencionada de 24 de marzo, y que recibida después del
-levantamiento de Aranjuez, cayó en manos de los adversarios de Godoy.
-Eran pues las proposiciones en ella contenidas: 1.ª Comercio libre
-para españoles y franceses en sus respectivas colonias. 2.ª Trocar
-las provincias del Ebro allá con Portugal, cuyo reino se daría en
-indemnización a España. 3.ª Un nuevo tratado de alianza ofensiva y
-defensiva. 4.ª Arreglar la sucesión al trono de España: y 5.ª Convenir
-en el casamiento del príncipe de Asturias con una princesa imperial: el
-último artículo no debía formar parte del tratado principal. Es inútil
-detenerse en el examen de estas proposiciones que hubieran ofrecido
-materia a reflexiones importantes, si hubieran sido objeto de algún
-tratado o seria discusión. Admira no obstante la confianza o más bien
-el descaro con que se presentaron sin hacerse referencia al tratado
-de Fontainebleau, para cuya entera anulación no había España dado ni
-ocasión ni pretexto. [Marginal: Sale Izquierdo el 10 de marzo para
-París.] La misión de Izquierdo produjo el deseado efecto; y aunque el
-10 de marzo salió para París con nuevas instrucciones y carta de Carlos
-IV, habíanse ya perdido las esperanzas de evitar el terrible golpe que
-amenazaba.
-
-[Marginal: Tropas francesas que continuaron entrando en España.]
-
-El gobierno francés no había interrumpido el envío sucesivo de
-tropas y oficiales, y en el mes de marzo se formó un nuevo cuerpo
-llamado de observación de los Pirineos occidentales que ascendía a
-19.000 hombres, sin contar con 6000 de la guardia imperial, en cuyo
-número se distinguían mamelucos, polacos y todo género y variedad de
-uniformes propios a excitar la viva imaginación de los españoles. Se
-encomendó esta fuerza al mando de Bessières, duque de Istria: parte de
-los cuerpos se acabaron de organizar dentro de la península, y era
-continuado su movimiento y ejercicio.
-
-Había ya en el corazón de España, aun no incluyendo los de Portugal,
-100.000 franceses, sin que a las claras se supiese su verdadero y
-determinado objeto, y cuya entrada, según dejamos dicho, había sido
-contraria a todo lo que solemnemente se había estipulado entre ambas
-naciones. Faltaban a los diversos cuerpos en que estaba distribuido el
-ejército francés un general en jefe, [Marginal: Murat nombrado general
-en jefe del ejército francés en España.] y recayó la elección en Murat,
-gran duque de Berg, con título de lugarteniente del emperador, de
-quien era cuñado. Llegó a Bayona en los primeros días de marzo, solo
-y sin acompañamiento; pero le habían precedido y le seguían oficiales
-sueltos de todas graduaciones, quienes debían encargarse de organizar
-y disciplinar los nuevos alistados que continuamente se remitían a
-España. Llegó Murat a Burgos el 13 de marzo, y en aquel día dio una
-proclama a sus soldados «para que tratasen a los españoles, nación
-por tantos títulos estimable, como tratarían a los franceses mismos;
-queriendo solamente el emperador el bien y felicidad de España.»
-
-[Marginal: Piensa la corte de Madrid en partir para Andalucía.]
-
-Tantas tropas y tan numerosos refuerzos que cada día se internaban
-más y más en el reino; tanta mala fe y quebrantamiento de solemnes
-promesas, el viaje de Izquierdo y sus temores; tanto cúmulo en fin de
-sospechosos indicios impelieron a Godoy a tomar una pronta y decisiva
-resolución. [Marginal: Providencias que toma.] Consultó con los reyes
-y al fin les persuadió lo urgente que era pensar en trasladarse del
-otro lado de los mares. Pareció antes oportuno, como paso previo,
-adoptar el consejo dado por el príncipe de Castel-Franco de retirarse
-a Sevilla, desde donde con más descanso se pondrían en obra y se
-dirigirían los preparativos de tan largo viaje. Para remover todo
-género de tropiezos se acordó formar un campo en Talavera, y se mandó
-a Solano que de Portugal se replegase sobre Badajoz. Estas fuerzas
-con las que se sacarían de Madrid, debían cubrir el viaje de SS. MM.,
-y contener cualquiera movimiento que los franceses intentaran para
-impedirle. También se mandó a las tropas de Oporto, cuyo digno general
-Taranco había fallecido allí de un cólico violento, que se volviesen a
-Galicia; y se ofició a Junot para que permitiese a Carrafa dirigirse
-con sus españoles hacia las costas meridionales, en donde los ingleses
-amenazaban desembarcar; artificio, por decirlo de paso, demasiado
-grosero para engañar al general francés. Fue igualmente muy fuera de
-propósito enviar a Dupont un oficial de estado mayor para exigirle
-aclaración de las órdenes que había recibido, como si aquel hubiera de
-comunicarlas, y como si en caso de contestar con altanería estuviera el
-gobierno español en situación de reprimir y castigar su insolencia.
-
-Tales fueron las medidas preliminares que Godoy miró como necesarias
-para el premeditado viaje; pero inesperados trastornos desbarataron sus
-intentos, desplomándose estrepitosamente el edificio de su valimiento y
-grandeza.
-
-
-
-
- RESUMEN
- DEL
- LIBRO SEGUNDO.
-
-
-_Primeros indicios del viaje de la corte. — Orden para que la
-guarnición de Madrid pase a Aranjuez. — Proclama de Carlos IV de 16 de
-abril. — Conducta del embajador de Francia y de Murat. — Síntomas de
-una conmoción. — Primera conmoción de Aranjuez. — Decreto de Carlos
-IV: prisión de Don Diego Godoy. — Continúa la agitación y temores de
-otra conmoción. — Segunda conmoción de Aranjuez. — Prisión de Godoy.
-— Retrato de Godoy. — Tercer alboroto de Aranjuez. — Abdicación
-de Carlos IV el 19 de marzo. — Conmoción de Madrid del 19 y 20 de
-marzo. — Alborotos de las provincias. — Juicio sobre la abdicación de
-Carlos IV. — Ministros del nuevo monarca. — Escóiquiz. — El duque
-del Infantado. — El duque de San Carlos. — Primeras providencias
-del nuevo reinado. — Proceso del príncipe de la Paz y de otros, 23
-de marzo. — Grandes enviados para obsequiar a Murat y a Napoleón.
-— Avanza Murat hacia Madrid. — Entrada de Fernando en Madrid en 24
-de marzo. — Conducta impropia de Murat. — Opinión de España sobre
-Napoleón. — Juicio sobre la conducta de Napoleón. — Propuesta de
-Napoleón a su hermano Luis. — Correspondencia entre Murat y los reyes
-padres. — Juicio sobre la protesta. — Siguen los tratos entre Murat y
-los reyes padres. — Desasosiego en Madrid. — Llega Escóiquiz a Madrid
-en 28 de marzo. — Fernán Núñez en Tours. — Entrega de la espada de
-Francisco I. — Carta de Napoleón a Murat. — Viaje del infante Don
-Carlos. — Llegada a Madrid del general Savary. — Aviso de Hervás. —
-10 de abril: salida del rey para Burgos. — Nombramiento de una junta
-suprema. — Sobre el viaje del rey. — Llega el rey el 12 de abril
-a Burgos. — Llega a Vitoria el 14. — Escribe Fernando a Napoleón:
-contesta este en 17 de abril. — Seguridad que da Savary. — Tentativas
-o proposiciones para que el rey se escape. — Proclama al partir el rey
-de Vitoria. — Sale de Vitoria el 19 de abril. — 20 de abril: entrada
-del rey en Bayona. — Sigue la correspondencia entre Murat y los reyes
-padres. — Pasan los reyes padres al Escorial. — Entrega de Godoy en
-20 de abril. — Quejas y tentativas de Murat. — Reclama Carlos IV
-la corona, y anuncia su viaje a Bayona. — Inquietud en Madrid. —
-Alboroto en Toledo. — En Burgos. — Conducta altanera de Murat. —
-Conducta de la junta, y medidas que propone. — Creación de una junta
-que la sustituya. — Llegada a Madrid de D. Justo Ibarnavarro. —
-Posición de los franceses en Madrid. — Revistas de Murat. — Pide
-la salida para Francia del infante Don Francisco y reina de Etruria.
-— 2 de mayo. — Salida de los infantes para Francia el 3 y el 4. —
-Llega Napoleón a Bayona. — Se anuncia a Fernando que renuncie. —
-Conferencias de Escóiquiz y Cevallos. — Llegada de Carlos IV a Bayona.
-— Come con Napoleón. — Comparece Fernando delante de su padre. —
-Condiciones de Fernando para su renuncia. — No se conforma el padre.
-— Comparece por segunda vez Fernando delante de su padre. — Renuncia
-Carlos IV en Napoleón. — Carlos IV y María Luisa. — Renuncia de
-Fernando como príncipe de Asturias. — La reina de Etruria. — Planes
-de evasión. — Se interna en Francia a la familia real de España. —
-Inacción de la junta de Madrid. — Murat presidente de la junta. —
-Equívoca conducta de la junta. — Napoleón piensa dar la corona de
-España a José. — Diputación de Bayona. — Medidas de precaución de
-Murat._
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
- de España.
-
- LIBRO SEGUNDO.
-
-
-Los habitadores de España alejados de los negocios públicos, y gozando
-de aquella aparente tranquilidad propia de los gobiernos despóticos,
-estaban todavía ajenos de prever la avenida de males que, rebalsando
-en su suelo como en campo barbechado, iban a cubrirle de espantosas
-ruinas. [Marginal: Primeros indicios del viaje de la corte.] Madrid,
-sin embargo agitado ya con voces vagas e inquietadoras, creció en
-desasosiego con los preparativos que se notaron de largo viaje en
-casa de Doña Josefa Tudó, particular amiga del príncipe de la Paz, y
-con la salida de este para Aranjuez el día 13 de marzo. Sin aquel
-incidente no hubiera la última ocurrencia llamado tanto la atención,
-teniendo el valido por costumbre pasar una semana en Madrid, y otra en
-el sitio en que habitaban SS. MM., quienes de mucho tiempo atrás se
-detenían solamente en la capital dos meses del año, y aun en aquel al
-trasladarse en diciembre del Escorial a Aranjuez, no tomaron allí su
-habitual descanso, retraídos por el universal disgusto a que había dado
-ocasión el proceso del príncipe de Asturias.
-
-Viose muy luego cuán fundados eran los temores públicos; porque al
-llegar al sitio el príncipe de la Paz, y después de haber conferenciado
-con los reyes, anunció Carlos IV a los ministros del despacho la
-determinación de retirarse a Sevilla. A pesar del sigilo con que se
-quisieron tomar las primeras disposiciones, se traslució bien pronto
-el proyectado viaje, [Marginal: Orden para que la guarnición de Madrid
-pase a Aranjuez.] y acabaron de cobrar fuerza las voces esparcidas con
-las órdenes que se comunicaron para que la mayor parte de la guarnición
-de Madrid se trasladase a Aranjuez. Prevenido para su cumplimiento el
-capitán general de Castilla, Don Francisco Javier Negrete, se avistó en
-la mañana del 16 con el gobernador del consejo el coronel Don Carlos
-Velasco, dándole cuenta de la salida de las tropas en todo aquel día,
-en virtud de un decreto del generalísimo almirante; y previniéndole
-al propio tiempo de parte del mismo publicar un bando que calmase la
-turbación de los ánimos. No bastándole al gobernador la orden verbal,
-exigió de Don Carlos Velasco que la extendiese por escrito, y con ella
-se fue al consejo, en donde se acordó, como medida previa y antes de
-obedecer el expresado mandato, que se expusiesen reverentemente a S.
-M. las fatales consecuencias de un viaje tan precipitado. Aplaudiose
-la determinación del consejo, aunque nos parece no fue del todo
-desinteresada, si consideramos la incierta y precaria suerte que, con
-la temida emigración más allá de los mares de la dinastía reinante,
-había de caber a muchos de sus servidores y empleados. Así se vio que
-hombres que como el marqués Caballero en los días de prosperidad habían
-sido sumisos cortesanos, fueron los que con más empeño aconsejaron al
-rey que desistiese de su viaje.
-
-Fuese influjo de aquellas representaciones, o fuese más bien el
-fundado temor a que daba lugar el público descontento, el rey trató
-momentáneamente de suspender la partida, y mandó circular un decreto
-a manera de proclama [Marginal: Proclama de Carlos IV de 16 de marzo.
-(Véase el Ap. n. 2-1.)] que comenzaba por la desusada fórmula de
-«amados vasallos míos.» La gente ociosa y festiva comparaba por la
-novedad el encabezamiento de tan singular publicación al comenzar de
-ciertas y famosas relaciones que en sus comedias nos han dejado el
-insigne Calderón y otros ingenios de su tiempo; si bien no asistía
-al ánimo bastante serenidad para detenerse al examen de las mudanzas
-e innovaciones del estilo. Tratábase en la proclama de tranquilizar
-la pública agitación, asegurándose en ella que la reunión de tropas
-no tenía por objeto ni defender la persona del rey, ni acompañarle
-en un viaje que solo la malicia había supuesto preciso: se insistía
-en querer persuadir que el ejército del emperador de los franceses
-atravesaba el reino con ideas de paz y amistad, y sin embargo se daba a
-entender que en caso de necesidad estaba el rey seguro de las fuerzas
-que le ofrecerían los pechos de sus amados vasallos. Bien que con este
-documento no hubiese sobrado motivo de satisfacción y alegría, la
-muchedumbre que leía en él una especie de retractación del intentado
-viaje se mostró gozosa y alborozada. En Aranjuez apresuradamente se
-agolparon todos a palacio dando repetidos vivas al rey y a la familia
-real, que juntos se asomaron a recibir las lisonjeras demostraciones
-del entusiasmado pueblo. Mas como se notó que en la misma noche del 16
-al 17 habían salido las tropas de Madrid para el sitio en virtud de las
-anteriores órdenes que no habían sido revocadas, duró poco y se acibaró
-presto la común alegría.
-
-[Marginal: Opinión sobre el viaje.]
-
-Entonces se desaprobó generalmente la resolución tomada por la corte
-de retirarse hacia las costas del mediodía, y de cruzar el Atlántico
-en caso urgente. Pero ahora que con fría imparcialidad podemos ser
-jueces desapasionados, nos parece que aquella resolución al punto a
-que las cosas habían llegado era conveniente y acertada, ya fuese para
-prepararse a la defensa, o ya para que se embarcase la familia real.
-Desprovisto el erario, corto en número el ejército e indisciplinado,
-ocupadas las principales plazas, dueño el extranjero de varias
-provincias, no podía en realidad oponérsele otra resistencia fuera
-de la que opusiese la nación, declarándose con unanimidad y energía.
-Para tantear este solo y único recurso, la posición de Sevilla era
-favorable, dando más treguas al sorprendido y azorado gobierno. Y si,
-como era de temer, la nación no respondía al llamamiento del aborrecido
-Godoy ni del mismo Carlos IV, era para la familia real más prudente
-pasar a América que entregarse a ciegas en brazos de Napoleón. Siendo
-pues esta determinación la más acomodada a las circunstancias, Don
-Manuel Godoy en aconsejar el viaje obró atinadamente, y la posteridad
-no podrá en esta parte censurar su conducta; pero le juzgará sí
-gravemente culpable en haber llevado como de la mano a la nación a
-tan lastimoso apuro, ora dejándola desguarnecida para la defensa, ora
-introduciendo en el corazón del reino tropas extranjeras deslumbrado
-con la imaginaria soberanía de los Algarbes. El reconcentrado odio
-que había contra su persona fue también causa que al llegar al
-desengaño de las verdaderas intenciones de Napoleón se le achacase
-que de consuno con este había procedido en todo: aserción vulgar,
-pero tan generalmente creída en aquella sazón que la verdad exige que
-abiertamente la desmintamos. Don Manuel Godoy se mantuvo en aquellos
-tratos fiel a Carlos IV y a María Luisa, sus firmes protectores, y
-no anduvo desacordado en preferir para sus soberanos un cetro en los
-dominios de América, más bien que exponerlos, continuando en España,
-a que fuesen destronados y presos. Además Godoy no habiendo olvidado
-la manera destemplada con que en los últimos tiempos se había Napoleón
-declarado contra su persona, recelábase de alguna dañada intención,
-y temía ser víctima ofrecida en holocausto a la venganza y público
-aborrecimiento. Bien es verdad que fue después su libertador el mismo a
-quien consideraba enemigo, mas debiolo a la repentina mudanza acaecida
-en el gobierno, por la cual fueron atropellados los que confiadamente
-aguardaban del francés amistad y amparo, y protegido el que se
-estremecía al ver que su ejército se acercaba: tan inciertos son los
-juicios humanos.
-
-[Marginal: Agitación de Madrid y Aranjuez. Conducta del embajador de
-Francia y de Murat.]
-
-Averiguada que fue la traslación de las tropas de la capital al sitio,
-volviéronse a agitar extraordinariamente las poblaciones de Madrid y
-Aranjuez con todas las de los alrededores. En el sitio contribuía no
-poco a sublevar los ánimos la opinión contraria al viaje que pública
-y decididamente mostraba el embajador de Francia; sea que ignorase
-los intentos de su amo y siguiera abrigando la esperanza del soñado
-casamiento, o sea que tratara de aparentar: nos inclinamos a lo
-primero. Mas su opinión al paso que daba bríos a los enemigos del
-viaje para oponerse a él, servía también de estímulo y espuela a sus
-partidarios para acelerarle, esperando unos y temiendo otros la llegada
-de las tropas francesas que se adelantaban. En efecto Murat dirigía por
-Aranda su marcha hacia Somosierra y Madrid, y Dupont por su derecha se
-encaminaba a ocupar a Segovia y el Escorial. Este movimiento hecho con
-el objeto de impeler a la familia real, intimidándola a precipitar su
-viaje, vino en apoyo del partido del príncipe de Asturias, alentándole
-con tanta más razón cuanto parecía darse la mano con el modo de
-explicarse del embajador. Murat en su lenguaje descubría incertidumbre,
-imputándose entonces a disimulo lo que tal vez era ignorancia del
-verdadero plan de Napoleón. Al después tan malogrado Don Pedro Velarde,
-comisionado para acompañarle y cumplimentarle, le decía en Buitrago
-en 18 de marzo que al día siguiente recibiría instrucciones de su
-gobierno; que no sabía si pasaría o no por Madrid, y que al continuar
-su marcha a Cádiz probablemente publicaría en San Agustín las miras del
-emperador encaminadas al bien de España.
-
-Avisos anteriores a este y no menos ambiguos ponían a la corte de
-Aranjuez en extremada tribulación. Sin embargo es de creer que cuando
-el 16 dio el rey la proclama en que públicamente desmentía las
-voces de viaje, dudó por un instante llevarle o no a efecto, pues
-es más justo atribuir aquella proclama a la perplejidad y turbación
-propias de aquellos días, que al premeditado pensamiento de engañar
-bajamente a los pueblos de Madrid y Aranjuez. [Marginal: Síntomas de
-una conmoción.] Continuando no obstante los preparativos de viaje, y
-siendo la desconfianza en los que gobernaban fuera de todo término,
-se esparció de nuevo y repentinamente en el sitio que la salida de
-SS. MM. para Andalucía se realizaría en la noche del 17 al 18. La
-curiosidad junto probablemente con oculta intriga había llevado
-a Aranjuez de Madrid y sus alrededores muchos forasteros cuyos
-semblantes anunciaban siniestros intentos: las tropas que habían ido
-de la capital participaban del mismo espíritu, y ciertamente hubieran
-podido sublevarse sin instigación especial. Asegurose entonces que
-el príncipe de Asturias había dicho a un guardia de corps en quien
-confiaba «esta noche es el viaje, y yo no quiero ir», y se añadió que
-con el aviso cobraron más resolución los que estaban dispuestos a
-impedirle. Nosotros tenemos entendido que para el efecto advirtió S.
-A. a Don Manuel Francisco Jáuregui, amigo suyo, quien como oficial de
-guardias pudo fácilmente concertarse con sus compañeros de inteligencia
-ya con otros de los demás cuerpos. Prevenidos de esta manera, el
-alboroto hubiera comenzado al tiempo de partir la familia real; una
-casualidad le anticipó.
-
-[Marginal: Primera conmoción de Aranjuez.]
-
-Puestos todos en vela rondaba voluntariamente el paisanaje durante
-la noche, capitaneándole disfrazado, bajo nombre de tío Pedro, el
-inquieto y bullicioso conde del Montijo, cuyo nombre en adelante
-casi siempre estará mezclado con los ruidos y asonadas. Andaba
-asimismo patrullando la tropa, y unos y otros custodiaban de cerca,
-y observaban particularmente la casa del príncipe de la Paz. Entre
-once y doce salió de ella muy tapada Doña Josefa Tudó, llevando por
-escolta a los guardias de honor del generalísimo: quiso una patrulla
-descubrir la cara de la dama, la cual resistiéndolo excitó una ligera
-reyerta, disparando al aire un tiro uno de los que estaban presentes.
-Quién afirma fue el oficial Tuyols que acompañaba a Doña Josefa para
-que vinieran en su ayuda, quién el guardia Merlo para avisar a los
-conjurados. Lo cierto es que estos lo tomaron por una señal, pues al
-instante un trompeta apostado al intento tocó a caballo, y la tropa
-corrió a los diversos puntos por donde el viaje podía emprenderse.
-Entonces y levantándose terrible estrépito, gran número de paisanos,
-otros transformados en tales, criados de palacio y monteros del infante
-Don Antonio, con muchos soldados desbandados, acometieron la casa de
-Don Manuel Godoy, forzaron su guardia, y la entraron como a saco,
-escudriñando por todas partes, y buscando en balde al objeto de su
-enfurecida rabia. Creyose por de pronto que a pesar de la extremada
-vigilancia se había su dueño salvado por alguna puerta desconocida
-o excusada, y que o había desamparado a Aranjuez, u ocultádose en
-palacio. El pueblo penetró hasta lo más escondido, y aquellas puertas
-antes solo abiertas al favor, a la hermosura y a lo más brillante y
-escogido de la corte, dieron franco paso a una soldadesca desenfrenada
-y tosca, y a un populacho sucio y desaliñado, contrastando tristemente
-lo magnífico de aquella mansión con el descuidado arreo de sus nuevos
-y repentinos huéspedes. Pocas horas habían transcurrido cuando
-desapareció tanta desconformidad, habiendo sido despojados los salones
-y estrados de sus suntuosos y ricos adornos para entregarlos al
-destrozo y a las llamas. Repetida y severa lección que a cada paso nos
-da la caprichosa fortuna en sus continuados vaivenes. El pueblo si
-bien quemó y destruyó los muebles y objetos preciosos, no ocultó para
-sí cosa alguna, ofreciendo el ejemplo del desinterés más acendrado. La
-publicidad siendo en tales ocasiones un censor inflexible, y uniéndose
-a un cierto linaje de generoso entusiasmo, enfrena al mismo desorden,
-y pone coto a algunos de sus excesos y demasías. Las veneras, los
-collares y todos los distintivos de las dignidades supremas a que
-Godoy había sido ensalzado, fueron preservados y puestos en manos del
-rey; poderoso indicio de que entre el populacho había personas capaces
-de distinguir los objetos que era conveniente respetar y guardar, y
-aquellos que podían ser destruidos. La princesa de la Paz, mirada como
-víctima de la conducta doméstica de su marido, y su hija fueron bien
-tratadas y llevadas a palacio tirando la multitud de su berlina. Al fin
-restablecida la tranquilidad volvieron los soldados a sus cuarteles, y
-para custodiar la saqueada casa se pusieron dos compañías de guardias
-españolas y valonas con alguna más tropa que alejase al populacho de
-sus avenidas.
-
-[Marginal: Decreto de Carlos IV. (* Ap. n. 2-2.)]
-
-La mañana del 18 dio el rey [*] un decreto exonerando al príncipe de la
-Paz de sus empleos de generalísimo y almirante, y permitiéndole escoger
-el lugar de su residencia. [Marginal: (* Ap. n. 2-3.)] También anunció
-a Napoleón esta resolución que en gran manera le sorprendió.[*] El
-pueblo arrebatado de gozo con la novedad corrió a palacio a vitorear
-a la familia real que se asomó a los balcones conformándose con sus
-ruegos. [Marginal: Prisión de D. Diego Godoy.] En nada se turbó aquel
-día el público sosiego sino por el arresto de Don Diego Godoy, quien
-despojado por la tropa de sus insignias fue llevado al cuartel de
-guardias españolas, de cuyo cuerpo era coronel: pernicioso ejemplo
-entonces aplaudido y después desgraciadamente renovado en ocasiones más
-calamitosas.
-
-[Marginal: Continúa la agitación y temores de otra conmoción.]
-
-Parecía que desbaratado el viaje de la real familia y abatido el
-príncipe de la Paz, eran ya cumplidos los deseos de los amotinados;
-mas todavía continuaba una terrible y sorda agitación. Los reyes
-temerosos de otra asonada, mandaron a los ministros del despacho que
-pasasen la noche del 18 al 19 en palacio. Por la mañana el príncipe
-de Castel-Franco y los capitanes de guardias de Corps, conde de
-Villariezo y marqués de Albudeite, avisaron personalmente a SS. MM.
-que dos oficiales de guardias con la mayor reserva y bajo palabra de
-honor acababan de prevenirles que para aquella noche un nuevo alboroto
-se preparaba mayor y más recio que el de la precedente. Habiéndoles
-preguntado el marqués Caballero si estaban seguros de su tropa,
-respondieron encogiéndose de hombros «que solo el príncipe de Asturias
-podía componerlo todo.» Pasó entonces Caballero a verse con S. A., y
-consiguió que, trasladándose al cuarto de sus padres, les ofreciese que
-impediría por medio de los segundos jefes de los cuerpos de la casa
-real la repetición de nuevos alborotos, como también el que mandaría
-a varias personas, cuya presencia en el sitio era sospechosa, que
-regresasen a Madrid, disponiendo al mismo tiempo que criados suyos se
-esparciesen por la población para acabar de aquietar el desasosiego
-que aún subsistía. Estos ofrecimientos del príncipe dieron cuerpo a
-la sospecha de que en mucha parte obraban de concierto con él los
-sediciosos, no habiendo habido de casual sino el momento en que comenzó
-el bullicio, y tal vez el haber después ido más allá de lo que en un
-principio se habían propuesto.
-
-Tomadas aquellas determinaciones no se pensaba en que la tranquilidad
-volvería a perturbarse, e inesperadamente a las diez de la mañana se
-suscitó un nuevo y estrepitoso tumulto. [Marginal: Segunda conmoción
-de Aranjuez: Prisión de Godoy.] El príncipe de la Paz, a quien todos
-creían lejos del sitio, y los reyes mismos camino de Andalucía, fue
-descubierto a aquella hora en su propia casa. Cuando en la noche del
-17 al 18 habían sido asaltados sus umbrales, se disponía a acostarse,
-y al ruido, cubriéndose con un capote de bayetón que tuvo a mano,
-cogiendo mucho oro en sus bolsillos y tomando un panecillo de la mesa
-en que había cenado, trató de pasar por una puerta escondida a la
-casa contigua que era la de la duquesa viuda de Osuna. No le fue dado
-fugarse por aquella parte, y entonces se subió a los desvanes, y en
-el más desconocido se ocultó metiéndose en un rollo de esteras. Allí
-permaneció desde aquella noche por el espacio de 36 horas privado
-de toda bebida y con la inquietud y desvelo propio de su crítica y
-angustiada posición. Acosado de la sed tuvo al fin que salir de su
-molesto y desdichado asilo. Conocido por un centinela de guardias
-valonas que al instante gritó a las armas, no usó de unas pistolas que
-consigo traía, fuera cobardía o más bien desmayo con el largo padecer.
-Sabedor el pueblo de que se le había encontrado se agolpó hacia su
-casa, y hubiera allí perecido si una partida de guardias de Corps no
-le hubiese protegido a tiempo. Condujéronle estos a su cuartel, y en
-el tránsito acometiéndole la gente con palas, estacas y todo género de
-armas e instrumentos procuraba matarle o herirle buscando camino a
-sus furibundos golpes por entre los caballos y los guardias, quienes
-escudándole le libraron de un trágico y desastroso fin. Para mayor
-seguridad, creciendo el tumulto, aceleraron los guardias el paso, y el
-desgraciado preso en medio y apoyándose sobre los arzones de las sillas
-de dos caballos seguía su levantado trote ijadeando, sofocado y casi
-llevado en vilo. La travesía considerable que desde su casa había al
-paraje adonde le conducían, sobre todo teniendo que cruzar la espaciosa
-plazuela de San Antonio, hubiera dado mayor facilidad al furor popular
-para acabar con su vida, si temerosos los que le perseguían de herir a
-alguno de los de la escolta no hubiesen asestado sus tiros de un modo
-incierto y vacilante. Así fue que aunque magullado y contuso en varias
-partes de su cuerpo, solo recibió una herida algo profunda sobre una
-ceja. En tanto avisado Carlos IV de lo que pasaba ordenó a su hijo
-que corriera sin tardanza y salvara la vida de su malhadado amigo.
-Llegó el príncipe al cuartel adonde le habían traído preso, y con su
-presencia contuvo a la multitud. Entonces diciéndole Fernando que le
-perdonaba la vida, conservó bastante serenidad para preguntarle a pesar
-del terrible trance «si era ya rey» a lo que le respondió «todavía no,
-pero luego lo seré.» Palabras notables y que demuestran cuán cercana
-creía su exaltación al solio. Aquietado el pueblo con la promesa que
-el príncipe de Asturias le reiteró muchas veces de que el preso sería
-juzgado y castigado conforme a las leyes, se dispersó y se recogió
-cada uno tranquilamente a su casa. Godoy desposeído de su grandeza
-volvió adonde había habitado antes de comenzarse aquella, y maltratado
-y abatido quedó entregado en su soledad a su incierta y horrenda
-suerte. Casi todos a excepción de los reyes padres le abandonaron, que
-la amistad se eclipsa al llegar el nublado de la desgracia. Y aquel a
-cuyo nombre la mayor parte de la monarquía todavía temblaba, echado
-sobre unas pajas y hundido en la amargura, era quizá más desventurado
-que el más desventurado de sus habitantes. Así fue derrocado de la
-cumbre del poder este hombre que de simple guardia de Corps se alzó
-en breve tiempo a las principales dignidades de la corona, y se vio
-condecorado con sus órdenes y distinguido con nuevos y exorbitantes
-honores. ¿Y cuáles fueron los servicios para tanto valimiento; cuáles
-los singulares hechos que le abrieron la puerta y le dieron suave y
-fácil subida a tal grado de sublimada grandeza? Pesa el decirlo. La
-desenfrenada corrupción y una privanza fundada, ¡oh baldón!, en la
-profanación del tálamo real. Menester sería que retrocediésemos hasta
-Don Beltrán de la Cueva para tropezar en nuestra historia con igual
-mancilla, y aun entonces si bien aquel valido de Enrique IV principió
-su afortunada carrera por el modesto empleo de paje de lanza, y se
-encaminó como Godoy por la senda del deshonor regio, nunca remontó su
-vuelo a tan desmesurada altura, teniendo que partir su favor con Don
-Juan Pacheco, y cederle a veces al temido y fiero rival.
-
-[Marginal: Retrato de Godoy.]
-
-Don Manuel Godoy había nacido en Badajoz en 12 de mayo de 1767, de
-familia noble pero pobre. Su educación había sido descuidada; profunda
-era su ignorancia. Naturalmente dotado de cierto entendimiento, y
-no falto de memoria, tenía facilidad para enterarse de los negocios
-puestos a su cuidado. Vario e inconstante en sus determinaciones
-deshacía en un día y livianamente lo que en otro sin más razón había
-adoptado y aplaudido. Durante su ministerio de estado, a que ascendió
-en los primeros años de su favor, hizo convenios solemnes con Francia
-perjudiciales y vergonzosos; primer origen de la ruina y desolación de
-España. Desde el tiempo de la escandalosa campaña de Portugal mandó
-el ejército con el título de generalísimo; no teniendo a sus ojos la
-ilustre profesión de las armas otro atractivo ni noble cebo que el de
-los honores y sueldos; nunca se instruyó en los ejercicios militares;
-nunca dirigió ni supo las maniobras de los diversos cuerpos; nunca se
-acercó al soldado ni se informó de sus necesidades o reclamaciones;
-nunca en fin organizó la fuerza armada de modo que la nación en caso
-oportuno pudiera contar con un ejército pertrechado y bien dispuesto,
-ni él con amigos y partidarios firmes y resueltos: así la tropa
-fue quien primero le abandonó. Reducíase su campo de instrucción a
-una mezquina parada que algunas veces ofrecía delante de su casa a
-manera de espectáculo a los ociosos de la capital y a sus bajos y por
-desgracia numerosos aduladores: ridículo remedo de las paradas que
-en París solía tener Napoleón. Tan pronto protegía a los hombres de
-saber y respeto, tan pronto los humillaba. Al paso que fomentaba una
-ciencia particular, o creaba una cátedra, o sostenía alguna mejora,
-dejaba que el marqués Caballero, enemigo declarado de la ilustración
-y de los buenos estudios, imaginase un plan general de instrucción
-pública para todas las universidades incoherente y poco digno del
-siglo, permitiéndole también hacer en los códigos legales omisiones y
-alteraciones de suma importancia. Aunque confinaba lejos de la corte
-y desterraba a cuantos creía desafectos suyos o le desagradaban,
-ordinariamente no llevaba más allá sus persecuciones ni fue cruel por
-naturaleza: solo se mostró inhumano y duro con el ilustre Jovellanos.
-Sórdido en su avaricia vendía como en pública almoneda los empleos,
-las magistraturas, las dignidades, los obispados, ya para sí, ya para
-sus amigas, o ya para saciar los caprichos de la reina. La hacienda
-fue entregada a arbitristas más bien que a hombres profundos en este
-ramo, teniéndose que acudir a cada paso a ruinosos recursos para salir
-de los continuos tropiezos causados por el derroche de la corte y por
-gravosas estipulaciones. Desembozado y suelto en sus costumbres dio
-ocasión a que entre el vulgo se pusiese en crédito el esparcido rumor
-de estar casado con dos mujeres: habiéndose dicho que era una Doña
-María Teresa de Borbón, prima carnal del rey, que fue considerada como
-la verdadera, y otra Doña Josefa Tudó, su particular amiga, de buena
-índole y de condición apacible, y tan aficionada a su persona que quiso
-consignar en la gracia que se le acordó de condesa de _Castillo-Fiel_
-el timbre de su incontrastable fidelidad. Conteníale a veces en sus
-prontos y violentos arrebatos. Godoy en el último año llegó al ápice de
-su privanza, habiendo recibido con la dignidad de grande almirante el
-tratamiento de alteza, distinción no concedida antes en España a ningún
-particular. Su fausto fue extremado, su acompañamiento espléndido, su
-guardia mejor vestida y arreada que la del rey: honrado en tanto grado
-por su soberano fue acatado por casi todos los grandes y principales
-personajes de la monarquía. ¡Qué contraste verle ahora y comparar su
-suerte con aquella en que aún brillaba dos días antes! Situación que
-recuerda la del favorito Eutropio que tan elocuentemente nos pinta uno
-de los primeros padres de la Iglesia griega.[*] [Marginal: (* San Juan
-Crisóstomo: Ap. n. 2-4.)] «Todo pereció, dice; una ráfaga de viento
-soplando reciamente despojó aquel árbol de sus hojas, y nos le mostró
-desnudo y conmovido hasta en su raíz... ¿quién había llegado a tanta
-excelsitud? ¿No aventajaba a todos en riquezas? ¿no había subido a
-las mayores dignidades? ¿No le temían todos y temblaban a su nombre?
-Y ahora más miserable que los hombres que están presos y aherrojados;
-más necesitado que el último de los esclavos y mendigos, solo ve
-agudas armas vueltas contra su persona; solo ve destrucción y ruina,
-los verdugos y el camino de la muerte.» Pasmosa semejanza y tal que en
-otros tiempos hubiera llevado visos de sobrehumana profecía.
-
-[Marginal: Tercer movimiento de Aranjuez.]
-
-Encerrado el príncipe de la Paz en el cuartel de guardias de Corps,
-y retirado el pueblo, como hemos dicho, a instancias y en virtud de
-las promesas que le hizo el príncipe de Asturias, se mantuvo quieto
-y sosegado, hasta que a las dos de la tarde un coche con seis mulas a
-la puerta de dicho cuartel movió gran bulla, habiendo corrido la voz
-que era para llevar al preso a la ciudad de Granada. El pueblo en un
-instante cortó los tirantes de las mulas y descompuso y estropeó el
-coche.
-
-El rey Carlos y la reina María Luisa sobrecogidos con las nuevas
-demostraciones del furor popular, temieron peligrase la vida de su
-desgraciado amigo. [Marginal: Abdicación de Carlos IV el 19 de marzo.]
-El rey achacoso y fatigado con los desusados bullicios, persuadido
-además por las respetuosas observaciones de algunos que en tal aprieto
-le representaron como necesaria la abdicación en favor de su hijo, y
-sobre todo creyendo juntamente con su esposa que aquella medida sería
-la sola que podría salvar la vida a Don Manuel Godoy, resolvió convocar
-para las siete de la noche del mismo día 19 a todos los ministros del
-despacho y renunciar en su presencia la corona, colocándola en las
-sienes del príncipe heredero. Este acto fue concebido en los términos
-siguientes: «Como [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-5.)] los achaques de que
-adolezco no me permiten soportar por más tiempo el grave peso del
-gobierno de mis reinos, y me sea preciso para reparar mi salud gozar
-en un clima más templado de la tranquilidad de la vida privada, he
-determinado después de la más seria deliberación abdicar mi corona en
-mi heredero y mi muy caro hijo el príncipe de Asturias. Por tanto es mi
-real voluntad que sea reconocido y obedecido como rey y señor natural
-de todos mis reinos y dominios. Y para que este mi real decreto de
-libre y espontánea abdicación tenga su éxito y debido cumplimiento,
-lo comunicaréis al consejo y demás a quien corresponda. — Dado en
-Aranjuez a 19 de marzo de 1808. — Yo el rey. — A Don Pedro Cevallos.»
-
-Divulgada por el sitio la halagüeña noticia, fue indecible el contento
-y la alegría; y corriendo el pueblo a la plazuela de palacio, al
-cerciorarse de tamaño acontecimiento unánimemente prorrumpió en
-víctores y aplausos. El príncipe después de haber besado la mano a su
-padre se retiró a su cuarto en donde fue saludado como nuevo rey por
-los ministros, grandes y demás personas que allí asistían.
-
-[Marginal: Conmoción de Madrid del 19 y 20 de marzo.]
-
-En Madrid se supo en la tarde del 19 la prisión de Don Manuel
-Godoy, y al anochecer se agrupó y congregó el pueblo en la plazuela
-del Almirante, así denominada desde el ensalzamiento de aquel a
-esta dignidad, y sita junto al palacio de los duques de Alba. Allí
-levantando gran gritería con _vivas_ al rey y _mueras_ contra la
-persona del derribado valido, acometieron los amotinados su casa
-inmediata al paraje de la reunión, y arrojando por las ventanas muebles
-y preciosidades, quemáronlo todo sin que nada se hubiese robado ni
-escondido. Después, distribuidos en varios bandos, y saliendo otros
-de puntos distintos con hachas encendidas, repitieron la misma escena
-en varias casas, y señaladamente recibieron igual quebranto en las
-suyas la madre del príncipe de la Paz, su hermano Don Diego, su cuñado
-marqués de Branciforte, los ex-ministros Álvarez y Soler, y Don Manuel
-Sixto Espinosa, conservándose en medio de las bulliciosas asonadas una
-especie de orden y concierto.
-
-Siendo universal el júbilo con la caída de Godoy, fue colmado entre
-los que supieron a las once de la noche que Carlos IV había abdicado.
-Pero como era tarde la noticia no cundió bastantemente por el pueblo
-hasta el día siguiente, domingo, confirmándose de oficio por carteles
-del consejo que anunciaban la exaltación de Fernando VII. Entonces el
-entusiasmo y gozo creció a manera de frenesí, llevando en triunfo por
-todas las calles el retrato del nuevo rey, que fue al último colocado
-en la fachada de la casa de la Villa. Continuó la algazara y la alegría
-toda aquella noche del 20; pero habiéndose ya notado en ella varios
-excesos, fueron inmediatamente reprimidos por el consejo, y por orden
-suya cesó aquel nuevo género de regocijos.
-
-[Marginal: Alborotos en las provincias.]
-
-En las más de las ciudades y pueblos del reino hubo también fiesta
-y motín, arrastrando el retrato de Godoy que los mismos pueblos
-habían a sus expensas colocado en las casas consistoriales: si bien
-es verdad que ahora su imagen era abatida y despedazada con general
-consentimiento, y antes habían sido muy pocos los que la habían erigido
-y reverenciado buscando por este medio empleos y honores en la única
-fuente de donde se derivaban las gracias: el pueblo siempre reprobó con
-expresivo murmullo aquellas lisonjas de indignos conciudadanos.
-
-[Marginal: Juicio sobre la abdicación de Carlos IV.]
-
-Fue tal el gusto y universal contento, ya con la caída de Don Manuel
-Godoy y ya también con la abdicación de Carlos IV, que nadie reparó
-entonces en el modo con que este último e importante acto se había
-celebrado, y si había sido o no concluido con entera y cumplida
-libertad: todos lo creían así llevados de un mismo y general deseo.
-Sin embargo graves y fundadas dudas se suscitaron después. Por una
-parte Carlos IV se había mostrado a veces propenso a alejarse de los
-negocios públicos, y María Luisa en su correspondencia declara que tal
-era su intención cuando su hijo se hubiera casado con una princesa de
-Francia. Confirmó su propósito Carlos al recibir al cuerpo diplomático
-con motivo de su abdicación, pues dirigiendo la palabra a Mr. de
-Strogonoff, ministro de Rusia, le dijo: «En mi vida he hecho cosa con
-más gusto.» Pero por otra parte es de notar que la renuncia fue firmada
-en medio de una sedición, no habiendo Carlos IV en la víspera de
-aquel día dado indicio de querer tan pronto efectuar su pensamiento,
-porque exonerando al príncipe de la Paz del mando del ejército y de la
-marina se encargó el mismo rey del manejo supremo. En la mañana del
-19 tampoco anunció cosa alguna relativa a su próxima abdicación; y
-solo al segundo alboroto en la tarde y cuando creyó juntamente con la
-reina poner a salvo por aquel medio a su caro favorito, resolvió ceder
-el trono y retirarse a vida particular. El público, lejos de entrar en
-el examen de tan espinosa cuestión, censuró amargamente al consejo,
-porque conforme a su formulario había pasado a informe de sus fiscales
-el acto de la abdicación: también se le reprendió con severidad
-por los ministros del nuevo rey, ordenándole que inmediatamente lo
-publicase, como lo verificó el 20 a las tres de la tarde. El consejo
-obró de esta manera por conservar la fórmula con que acostumbraba
-proceder en sus determinaciones, y no con ánimo de oponerse y menos
-aún con el de reclamar los antiguos usos y prácticas de España. Para
-lo primero ni tenía interés, ni le era dado resistir al torrente del
-universal entusiasmo manifestado en favor de Fernando; y para lo
-segundo, pertinaz enemigo de cortes o de cualquiera representación
-nacional, más bien se hubiera mostrado opuesto que inclinado a indicar
-o promover su llamamiento. Sin embargo para desvanecer todo linaje
-de dudas, conveniente hubiera sido repetir el acto de la abdicación
-de un modo más solemne y en ocasión más tranquila y desembarazada.
-Los acontecimientos que de repente sobrevinieron pudieron servir de
-fundada disculpa a aquella omisión; mas parándonos a considerar quiénes
-eran los íntimos consejeros de Fernando, cuáles sus ideas y cuál su
-posterior conducta, podemos afirmar sin riesgo que nunca hubieran
-para aquel objeto congregado cortes, graduando su convocación de
-intempestiva y peligrosa. Con todo su celebración a ser posible hubiera
-puesto a la renuncia de Carlos IV [conformándose con los antiguos usos
-de España] un sello firme e incontrastable de legitimidad. Congregar
-cortes para asunto de tanta gravedad fue constante costumbre nunca
-olvidada en las muchas renuncias que hubo en los diferentes reinos
-de España. Las de Doña Berenguela y la intentada por Don Juan I en
-Castilla; la de Don Ramiro el monje en Aragón con todas las otras más
-o menos antiguas fueron ejecutadas y cumplidas con la misma solemnidad,
-hasta que la introducción de dinastías extranjeras alteró práctica tan
-fundamental, siendo al parecer lamentable prerrogativa de aquellos
-príncipes atropellar nuestros fueros, conservar nuestros vicios, y
-olvidándose de lo bueno que en su patria dejaban, traernos solamente
-lo perjudicial y nocivo. Así fue que en las dos célebres cesiones de
-Carlos I y Felipe V no se llamó a cortes ni se guardaron las antiguas
-formalidades. Verdad es que no hubo ni en una ni en otra asomo de
-violencia, y a la de [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-6.)] Carlos I celebrada
-en Bruselas públicamente con gran pompa y aparato asistieron además
-muchos grandes. La de Felipe V fue más silenciosa, poniendo en esta
-parte nuestros monarcas más y más en olvido la respetable antigüedad
-según que se acercaban a nuestro tiempo. El rey dijo que obraba [*]
-[Marginal: (* Ap. n. 2-7.)] «con consentimiento y de conformidad con la
-reina su muy cara y muy amada esposa.» Singular modo de autorizar acto
-de tanta trascendencia y de interés tan general. La opinión entonces a
-pesar de estar reprimida no quedó satisfecha, pues los «jurisperitos y
-los mismos del consejo real,[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-8.)] nos dice
-el marqués de San Felipe, veían que no era válida la renuncia no hecha
-con acuerdo de sus vasallos... pero nadie replicó, pues al consejo real
-no se le preguntó sobre la validación de la renuncia, sino se le mandó
-que obedeciese el decreto...» Ahora lo mismo: ni a nadie se le preguntó
-cosa alguna, ni nadie replicó esperándolo todo de la caída de Godoy y
-del ensalzamiento de Fernando: imprevisión propia de las naciones que
-entregándose ciegamente a la sola y casual sucesión de las personas,
-no buscan en las leyes e instituciones el sólido fundamento de su
-felicidad.
-
-[Marginal: Ministros del nuevo monarca.]
-
-Exaltado al solio Fernando VII del nombre, conservó por de pronto a
-los mismos ministros de su padre, pero sucesivamente removió a los más
-de ellos. Fue el primero que estuvo en este caso Don Miguel Cayetano
-Soler, dotado de cierto despejo, y que encargado de la hacienda fue
-más bien arbitrista que hombre verdaderamente entendido en aquel
-ramo. Se puso en su lugar a Don Miguel José de Azanza, antiguo virrey
-de Méjico, quien confinado en Granada gozaba del concepto de hombre
-de mucha probidad. Quedó en estado Don Pedro Cevallos con decreto
-honorífico para que no le perjudicase su enlace con una prima hermana
-del príncipe de la Paz. Teníanle en el reinado anterior por cortesano
-dócil, estaba adornado de cierta instrucción, y si bien no descuidó
-los intereses personales y de familia, pasó en la corrompida corte de
-Carlos IV por hombre de bien. Se notó posteriormente en su conducta
-propensión fácil a acomodarse a varios y encontrados gobiernos.
-Continuó al frente de la marina Don Francisco Gil y Lemus, anciano
-respetable y de carácter entero y firme. Sucedió a pocos días en
-guerra al enfermizo y ceremonioso Don Antonio Olaguer Feliú el general
-Don Gonzalo Ofárril, recién venido de Toscana, en donde había mandado
-una división española. Gozaba créditos de hombre de saber y de más
-aventajado militar. Empezó por nombrársele director general de
-artillería, y elevado al ministerio fue acometido de una enfermedad
-grave que causó vivo y general sentimiento: tanta era la opinión de que
-gozaba, la cual hubiera conservado intacta si la suerte de que todos se
-lamentaban hubiera terminado su carrera. El marqués Caballero, ministro
-de gracia y justicia, enemigo del saber, servidor atento y solícito
-de los caprichos licenciosos de la reina, perseguidor del mérito y de
-los hombres esclarecidos, había sido hasta entonces universalmente
-despreciado y aborrecido. Viendo en marzo a qué lado se inclinaba la
-fortuna, varió de lenguaje y de conducta, y en tanto grado que se le
-creyó por algún tiempo autor en parte de lo acaecido en Aranjuez: debió
-a su oportuna mudanza habérsele conservado en su ministerio durante
-algunos días. Pero perseguido por su anterior desconcepto y ofreciendo
-poca confianza, pasó en cambio de su puesto a ser presidente de uno de
-los consejos: contribuyó mucho a su separación el haber maliciosamente
-retardado cuatro días el despacho de la orden que llamaba a Madrid
-de su confinamiento a Don Juan Escóiquiz. Entró en el despacho de
-gracia y justicia Don Sebastián Piñuela, ministro anciano del consejo.
-Se alzaron los destierros a Don Mariano Luis de Urquijo, al conde
-de Cabarrús y al sabio y virtuoso Don Gaspar Melchor de Jovellanos,
-víctima la más desgraciada y con más saña perseguida en la privanza de
-Godoy. También fueron llamados todos los individuos comprendidos en la
-causa del Escorial, mereciendo entre ellos particular mención Don Juan
-Escóiquiz, el duque del Infantado y el de San Carlos.
-
-[Marginal: Escóiquiz.]
-
-Era Don Juan Escóiquiz hijo de un general y natural de Navarra.
-Educado en la casa de pajes del rey, prefirió al estruendo de las
-armas el quieto y pacífico estado eclesiástico, y obtuvo una canonjía
-en la catedral de Zaragoza de donde pasó a ser maestro del príncipe
-de Asturias. En el nuevo y honroso cargo en vez de formar el tierno
-corazón de su augusto discípulo infundiendo en él máximas de virtud
-y tolerancia; en vez de enriquecer su mente y adornarla de útiles y
-adecuados conocimientos, se ocupó más bien en intrigas y enredos de
-corte ajenos de su estado, y sobre todo de su magisterio. Queriendo
-derribar a Godoy se atrajo su propia desgracia y se le alejó de la
-enseñanza del príncipe, dándole en la iglesia de Toledo el arcedianato
-de Alcaraz. Desde allí continuó sus secretos manejos, hasta que al
-fin de resultas de la causa del Escorial se le confinó al convento
-del Tardón. Aficionado a escribir en prosa y verso no descolló en
-las letras más que en la política. Tradujo del inglés, con escaso
-numen, el _Paraíso perdido_ de Milton, y de sus obras en prosa debe
-en particular mencionarse una defensa que publicó del tribunal de la
-Inquisición; parto torcido de su poco venturoso ingenio. Fue siempre
-ciego admirador de Bonaparte, y creciendo de punto su obcecación
-comprometió con ella al príncipe su discípulo, y sepultó al reino en
-un abismo de desgracias. Presumido y ambicioso, somero en su saber,
-sin conocimiento práctico del corazón humano y menos de la corte y
-de los gobiernos extraños, se imaginó que, cual otro Jiménez de
-Cisneros, desde el rincón de su coro de Toledo saliendo de nuevo al
-mundo, regiría la monarquía y sujetaría a la estrecha y limitada
-esfera de su comprensión la extensa y vasta del indomable emperador
-de los franceses. Condecorado con la gran cruz de Carlos III, fue
-nombrado por el nuevo rey consejero de Estado, y como tal asistió a
-las importantes discusiones de que hablaremos muy pronto. [Marginal:
-El duque del Infantado.] El duque del Infantado dado al estudio de
-algunas ciencias, fomentador en sus estados de la industria y de
-ciertas fábricas, gozaba de buen nombre, realzado por su riqueza, por
-el lustre de su casa, y principalmente por las persecuciones que su
-desapego al príncipe de la Paz le habían acarreado. Como coronel ahora
-de guardias españolas y presidente del consejo real tomó parte en los
-arduos negocios que ocurrieron, y no tardó en descubrir la flojedad
-y distracción de su ánimo, careciendo de aquella energía y asidua
-aplicación que se requiere en las materias graves. Tan cierto es que
-hombres cuyo concepto ha brillado en la vida privada o en tiempos
-serenos, se eclipsan si son elevados a puesto más alto, o si alcanzan
-días turbulentos y borrascosos. [Marginal: El duque de San Carlos.]
-Dio la América el ser al duque de San Carlos, quien después de haber
-hecho la campaña contra Francia en 1793, fue nombrado ayo del príncipe
-de Asturias, y desterrado al fin de la corte con motivo de la causa
-del Escorial. La reina María Luisa decía que era el más falso de todos
-los amigos de su hijo; pero sin atenernos ciegamente a tan parcial
-testimonio, cierto es que durante la privanza de Godoy no mostró
-respecto del favorito el mismo desvío que el duque del Infantado, y
-solícito lisonjero buscó en su genealogía el modo de entroncarse y
-emparentar con el ídolo a quien tantos reverenciaban. Escogido para
-mayordomo mayor en lugar del marqués de Mos, estuvo especialmente a
-su cargo, junto con el del Infantado y Escóiquiz, dirigir la nave del
-estado en medio del recio temporal que había sobrevenido, e inexperto
-y desavisado la arrojó contra conocidos escollos tan desatentadamente
-como sus compañeros.
-
-[Marginal: Primeras providencias del nuevo reinado.]
-
-Fueron las primeras providencias del nuevo reinado o poco importantes o
-dañosas al interés público, empezándose ya entonces el fatal sistema de
-echar por tierra lo actual y existente, sin otro examen que el de ser
-obra del gobierno que había antecedido. Se abolía la superintendencia
-general de policía creada el año anterior, y se dejaba resplandeciente
-y viva la horrible Inquisición. Permitíase en los sitios y bosques
-reales la destrucción de alimañas, y se suspendía la venta del séptimo
-de los bienes eclesiásticos concedida y aprobada dos años antes por
-bula del Papa: medida necesaria y urgentísima en España, obstruida en
-su prosperidad con la embarazosa traba del casi total estancamiento
-de la propiedad territorial; medida que, repetimos, hubiera convenido
-mantener con firmeza, cuidando solamente de que se invirtiese el
-producto de la venta en procomunal. Se suprimió también un impuesto
-sobre el vino con el objeto de halagar a los contribuyentes, como si
-abandonando el verdadero y sólido interés del estado no fuera muy
-reprensible dejarse llevar de una mal entendida y efímera popularidad.
-Pero aquellas providencias fueran o no oportunas, apenas fijaron la
-atención de España, inquieto el ánimo con el cúmulo de acontecimientos
-que unos en pos de otros sobrevinieron y se atropellaron.
-
-[Marginal: Proceso del príncipe de la Paz y de otros, 23 de marzo.]
-
-El príncipe de la Paz en la mañana del 23 de marzo había sido
-trasladado desde Aranjuez al castillo de Villaviciosa, escoltándole los
-guardias de corps a las órdenes del marqués de Castelar, comandante
-de alabarderos, y allí fue puesto en juicio. Fuéronlo igualmente su
-hermano Don Diego, el ex-ministro Soler, Don Luis Viguri, antiguo
-intendente de la Habana, el corregidor de Madrid Don José Marquina,
-el tesorero general Don Antonio Noriega, el director de la caja de
-consolidación Don Miguel Sixto Espinosa, Don Simón de Viegas, fiscal
-del consejo, y el canónigo Don Pedro Estala, distinguido como literato.
-Para procesar a muchos de ellos no hubo otro motivo que el de haber
-sido amigos de Don Manuel Godoy, y haberle tributado esmerado obsequio;
-delito, si lo era, en que habían incurrido todos los cortesanos y
-algunos de los que todavía andaban colocados en dignidades y altos
-puestos. Se confiscaron por decreto del rey los bienes del favorito,
-aunque las leyes del reino entonces vigentes autorizaban solo el
-embargo y no la confiscación, puesto que para imponer la última pena
-debía preceder juicio y sentencia legal, no exceptuándose ni aquellos
-casos en que el individuo era acusado del crimen de lesa majestad.
-Además conviene advertir que no obstante la justa censura que merecía
-la ruinosa administración de Godoy, en un gobierno como el de Carlos
-IV, que no reconocía límite ni freno a la voluntad del soberano,
-difícilmente hubiera podido hacérsele ningún cargo grave, sobre todo
-habiendo seguido Fernando por la pésima y trillada senda que su padre
-le había dejado señalada. El valido había procedido en el manejo de
-los negocios públicos autorizado con la potestad indefinida de Carlos
-IV, no habiéndosele puesto coto ni medida, y lejos de que hubiese
-aquel soberano reprobado su conducta después de su desgracia, insistió
-con firmeza en sostenerle y en ofrecer a su caído amigo el poderoso
-brazo de su patrocinio y amparo. Situación muy diversa de la de Don
-Álvaro de Luna, desamparado y condenado por el mismo rey a quien debía
-su ensalzamiento. Don Manuel Godoy, escudado con la voluntad expresa
-y absoluta de Carlos, solo otra voluntad opresora e ilimitada podía
-atropellarle y castigarle; medio legalmente atroz e injusto, pero
-debido pago a sus demasías, y correspondiente a las reglas que le
-habían guiado en tiempo de su favor.
-
-[Marginal: Grandes enviados para obsequiar a Murat y a Napoleón.]
-
-Pasados los primeros días de ceremonia y públicos regocijos se
-volvieron los ojos a los huéspedes extranjeros que insensiblemente se
-aproximaban a la capital. La nueva corte soñando felicidades y pensando
-en efectuar el tan ansiado casamiento de Fernando con una princesa de
-la sangre imperial de Francia, se esmeró en dar muestras de amistad y
-afecto al emperador de los franceses y a su cuñado Murat, gran duque de
-Berg. Fue al encuentro de este para obsequiarle y servirle el duque del
-Parque, y salieron en busca del deseado Napoleón, con el mismo objeto
-los duques de Medinaceli y de Frías, y el conde de Fernán Núñez.
-
-[Marginal: Avanza Murat hacia Madrid.]
-
-Ya hemos indicado como las tropas francesas se avanzaban hacia Madrid.
-El 15 de marzo había Murat salido de Burgos, continuando después su
-marcha por el camino de Somosierra. Traía consigo la guardia imperial,
-numerosa artillería y el cuerpo de ejército del mariscal Moncey, al que
-reemplazaba el de Bessières en los puntos que aquel iba desocupando.
-Dupont también se avanzaba por el lado de Guadarrama con toda su
-fuerza, a excepción de una división que dejó en Valladolid para
-observar las tropas españolas de Galicia. Se había con particularidad
-encargado a Murat que se hiciera dueño de la cordillera que divide las
-dos Castillas, antes que se apoderase de ella Solano u otras tropas;
-igualmente se le previno que interceptara los correos, con otras
-instrucciones secretas, cuya ejecución no tuvo lugar a causa de la
-sumisa condescendencia de la nueva corte.
-
-Murat, inquieto y receloso con lo acaecido en Aranjuez, no quiso
-dilatar más tiempo la ocupación de Madrid, y el 23 entró en la capital
-llevando delante, con deseo de excitar la admiración, la caballería
-de la guardia imperial, y lo más escogido y brillante de su tropa,
-y rodeado él mismo de un lujoso séquito de ayudantes y oficiales
-de estado mayor. No correspondía la infantería a aquella primera y
-ostentosa muestra, constando en general de conscriptos y gente bisoña.
-El vecindario de Madrid, si bien ya temeroso de las intenciones de los
-franceses, no lo estaba a punto que no los recibiese afectuosamente,
-ofreciéndoles por todas partes refrescos y agasajos. Contribuía no poco
-a alejar la desconfianza el traer a todos embelesados las importantes
-y repentinas mudanzas sobrevenidas en el gobierno. Solo se pensaba en
-ellas y en contarlas y referirlas una y mil veces; ansiando todos ver
-con sus propios ojos y contemplar de cerca al nuevo rey, en quien se
-fundaban lisonjeras e ilimitadas esperanzas, tanto mayores cuanto así
-descansaba el ánimo fatigado con el infausto desconcierto del reinado
-anterior.
-
-[Marginal: Entrada de Fernando en Madrid en 24 de marzo.]
-
-Fernando, cediendo a la impaciencia pública, señaló el día 24 de marzo
-para hacer su entrada en Madrid. Causó el solo aviso indecible
-contento, saliendo a aguardarle en la víspera por la noche numeroso
-gentío de la capital, y concurriendo al camino con no menor diligencia
-y afán todos los pueblos de la comarca. Rodeado de tan nuevo y
-grandioso acompañamiento llegó a las Delicias, desde donde por la
-puerta de Atocha entró en Madrid a caballo, siguiendo el paseo del
-Prado, y las calles de Alcalá y Mayor hasta palacio. Iban detrás y en
-coche los infantes Don Carlos y Don Antonio. Testigos de aquel día de
-placer y holganza, nos fue más fácil sentirle que nos será dar de él
-ahora una idea perfecta y acabada. Horas enteras tardó el rey Fernando
-en atravesar desde Atocha hasta palacio: con escasa escolta, por
-doquiera que pasaba, estrechado y abrazado por el inmenso concurso,
-lentamente adelantaba el paso, tendiéndosele al encuentro las capas
-con deseo de que fueran holladas por su caballo: de las ventanas se
-tremolaban los pañuelos, y los vivas y clamores saliendo de todas las
-bocas se repetían y resonaban en plazuelas y calles, en tablados y
-casas, acompañados de las bendiciones más sinceras y cumplidas. Nunca
-pudo monarca gozar de triunfo más magnífico ni más sencillo; ni nunca
-tampoco contrajo alguno obligación más sagrada de corresponder con todo
-ahínco al amor desinteresado de súbditos tan fieles.
-
-[Marginal: Conducta impropia de Murat.]
-
-Murat oscurecido y olvidado con la universal alegría, procuró recordar
-su presencia con mandar que algunas de sus tropas maniobrasen en medio
-de la carrera por donde el rey había de pasar. Desagradó orden tan
-inoportuna en aquel día, como igualmente el que no estando satisfecho
-con el alojamiento que se le había dado en el Buen Retiro, por sí y
-militarmente, sin contar con las autoridades, se hubiese mudado a la
-antigua casa del príncipe de la Paz, inmediata al convento de Doña
-María de Aragón. Acontecimientos eran estos de leve importancia,
-pero que influyeron no poco en indisponer los ánimos del vecindario.
-Aumentose el disgusto a vista del desvío que mostró el mismo Murat
-con el nuevo rey, desvío imitado por el embajador Beauharnais, único
-individuo del cuerpo diplomático que no le había reconocido. La
-corte disculpaba a entrambos con la falta de instrucciones, debida
-a lo impensado de la repentina mudanza; mas el pueblo comparando el
-anterior lenguaje de dicho embajador amistoso y solícito con su fría
-actual indiferencia, atribuía la súbita transformación a causa más
-fundamental. Así fue que la opinión, respecto de los franceses, de día
-en día fue trocándose y tomando distinto y contrario rumbo.
-
-[Marginal: Opinión de España sobre Napoleón.]
-
-Hasta entonces, si bien algunos se recelaban de las intenciones de
-Napoleón, la mayor parte solo veía en su persona un apoyo firme de la
-nación y un protector sincero del nuevo monarca. La perfidia de la toma
-de las plazas u otros sucesos de dudosa interpretación, los achacaban a
-viles manejos de Don Manuel Godoy o a justas precauciones del emperador
-de los franceses. Equivocado juicio sin duda, mas nada extraño en un
-país privado de los medios de publicidad y libre discusión que sirven
-para ilustrar y rectificar los extravíos de las opiniones. De cerca
-habían todos sentido las demasías de Godoy, y de Napoleón solo y de
-lejos se habían visto sus pasmosos hechos y maravillosas campañas. Los
-diarios de España, o más bien la miserable Gaceta de Madrid, eco de los
-papeles de Francia, y unos y otros esclavizados por la censura previa,
-describían los sucesos y los amoldaban a gusto y sabor del que en
-realidad dominaba acá y allá de los Pirineos. Por otra parte el clero
-español, habiendo visto que Napoleón había levantado los derribados
-altares, prefería su imperio y señorío a la irreligiosa y perseguidora
-dominación que le había precedido. No perdían los nobles la esperanza
-de ser conservados y mantenidos en sus privilegios y honores por aquel
-mismo que había creado órdenes de caballería, y erigido una nueva
-nobleza en la nación en donde pocos años antes había sido abolida y
-proscrita. Miraban los militares como principal fundamento de su gloria
-y engrandecimiento al afortunado caudillo, que para ceñir sus sienes
-con la corona no había presentado otros abuelos ni otros títulos que su
-espada y sus victorias. Los hombres moderados, los amantes del orden y
-del reposo público, cansados de los excesos de la revolución, respetaban
-en la persona del emperador de los franceses al severo magistrado
-que con vigoroso brazo había restablecido concierto en la hacienda y
-arreglo en los demás ramos. Y si bien es cierto que el edificio que
-aquel había levantado en Francia no estribaba en el duradero cimiento
-de instituciones libres, valladar contra las usurpaciones del poder,
-había entonces pocos en España y contados eran los que extendían tan
-allá sus miras.
-
-[Marginal: Juicio sobre la conducta de Napoleón.]
-
-Napoleón bien informado del buen nombre con que corría en España, cobró
-aliento para intentar su atrevida empresa, posible y hacedera a haber
-sido conducida con tino y prudente cordura. Para alcanzar su objeto dos
-caminos se le ofrecieron, según la diversidad de los tiempos. Antes
-de la sublevación de Aranjuez la partida y embarco para América de la
-familia reinante era el mejor y más acomodado. Sin aquel impensado
-trastorno, huérfana España y abandonada de sus reyes hubiera saludado a
-Napoleón como príncipe y salvador suyo. La nueva dominación fácilmente
-se hubiera afianzado, si adoptando ciertas mejoras hubiera respetado
-el noble orgullo nacional y algunas de sus anteriores costumbres y
-aun preocupaciones. Acertó pues Napoleón cuando vio en aquel medio el
-camino más seguro de enseñorearse de España, procediendo con grande
-desacuerdo desde el momento en que desbaratado por el acaso su primer
-plan, no adoptó el único y obvio que se le ofrecía en el casamiento de
-Fernando con una princesa de la familia imperial: hubiera hallado en su
-protegido un rey más sumiso y reverente que en ninguno de sus hermanos.
-Cuando su viaje a Italia, no había Napoleón desechado este pensamiento,
-y continuó en el mismo propósito durante algún tiempo, si bien con más
-tibieza. El ejemplo de Portugal le sugirió más tarde la idea de repetir
-en España lo que su buena suerte le había proporcionado en el país
-vecino. Afirmose en su arriesgado intento después que sin resistencia
-se había apoderado de las plazas fuertes, y después que vio a su
-ejército internado en las provincias del reino. Resuelto a su empresa
-nada pudo ya contenerle.
-
-Esperaba con impaciencia Napoleón el aviso de haber salido para
-Andalucía los reyes de España, a la misma sazón que supo el importante
-e inesperado acontecimiento de Aranjuez. [Marginal: Propuesta de
-Napoleón a su hermano Luis.] Desconcertado al principio con la
-noticia, no por eso quedó largo tiempo indeciso; y obstinado y tenaz
-en nada alteró su primera determinación. Claramente nos lo prueba un
-importante documento. Había el sábado en la noche 26 de marzo recibido
-en Saint-Cloud un correo con las primeras ocurrencias de Aranjuez,
-y otro pocas horas después con la abdicación de Carlos IV. Hasta
-entonces solo él era sabedor de lo que contra España maquinaba: sin
-compromiso y sin ofensa del amor propio hubiera podido variar su plan.
-Sin embargo al día siguiente, el 27 del mismo, decidido a colocar en
-el trono de España a una persona de su familia, escribió con aquella
-fecha a su hermano Luis rey de Holanda.[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-9.)]
-«El rey de España acaba de abdicar la corona, habiendo sido preso el
-príncipe de la Paz. Un levantamiento había empezado a manifestarse
-en Madrid, cuando mis tropas estaban todavía a cuarenta leguas de
-distancia de aquella capital. El gran duque de Berg habrá entrado
-allí el 23 con 40.000 hombres, deseando con ansia sus habitantes mi
-presencia. Seguro de que no tendré paz sólida con Inglaterra sino
-dando un grande impulso al continente, he resuelto colocar un príncipe
-francés en el trono de España... En tal estado he pensado en ti para
-colocarte en dicho trono... Respóndeme categóricamente cuál sea tu
-opinión sobre este proyecto. Bien ves que no es sino proyecto, y aunque
-tengo 100.000 hombres en España, es posible por circunstancias que
-sobrevengan, o que yo mismo vaya directamente, o que todo se acabe
-en quince días, o que ande más despacio siguiendo en secreto las
-operaciones durante algunos meses. Respóndeme categóricamente: si te
-nombro rey de España, ¿lo admites? ¿Puedo contar contigo?...» Luis
-rehusó la propuesta. Documento es este importantísimo, porque fija
-de un modo auténtico y positivo desde qué tiempo había determinado
-Napoleón mudar la dinastía de Borbón, estando solo incierto en los
-medios que convendría emplear para el logro de su proyecto. También por
-estos días conferenciando con Izquierdo le preguntó, si los españoles
-le querrían como a soberano suyo. Replicole aquel con oportunidad
-plausible: «con gusto y entusiasmo admitirán los españoles a V. M. por
-su monarca, pero después de haber renunciado a la corona de Francia.»
-Imprevista respuesta y poco grata a los delicados oídos del orgulloso
-conquistador. Continuando pues Napoleón en su premeditado pensamiento,
-y pareciéndole que era ya llegado el caso de ponerle en ejecución,
-trató de aproximarse al teatro de los acontecimientos, habiendo salido
-de París el 2 de abril con dirección a Burdeos.
-
-En tanto Murat, retrayéndose de la nueva corte, anunciaba todos los
-días la llegada de su augusto cuñado. En palacio se preparaba la
-habitación imperial, adornábase el Retiro para bailes, y un aposentador
-enviado de París lo disponía y arreglaba todo. Para despertar aún más
-la viva atención del público se enseñaba hasta el sombrero y botas del
-deseado emperador. Bien que en aquellos preparativos y anuncios hubiese
-de parte de los franceses mucho de aparente y falso, es probable que
-sin el trastorno causado por el movimiento de Aranjuez, Napoleón
-hubiera pasado a Madrid. Sorprendido con la súbita mudanza determinó
-buscar en Bayona ocasión que desenredase los complicados asuntos de
-España. [Marginal: Correspondencia entre Murat y los reyes padres.]
-Ofreciósela oportuna una correspondencia entablada entre Murat y los
-reyes padres, y a que dio origen el ardiente deseo de libertar a Don
-Manuel Godoy, y poner su vida fuera de todo riesgo. Fue mediadora
-en la correspondencia la reina de Etruria, y Murat, considerándola
-como conveniente al final desenlace de los intentos de Napoleón,
-cualesquiera que ellos fuesen, no desaprovechó la dichosa coyuntura que
-la casualidad le ofrecía. De ella provino la famosa protesta de Carlos
-IV contra su abdicación, sirviendo de base dicho acto a todas las
-renuncias y procedimientos que tuvieron después lugar en Bayona.
-
-Nació aquella correspondencia [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-10.)] poco
-después del día 19 de marzo. Ya en el 22 las dos reinas madre e hija
-escribían con eficacia en favor del preso Godoy, manifestando la de
-España que estaba su felicidad cifrada en acabar tranquilamente sus
-días con su esposo y el único _amigo_ que _ambos_ tenían. Con igual
-fecha lo mismo pedía Carlos IV, añadiendo que se iban a Badajoz.
-Es de notar el contexto de dichas cartas en las que todavía no se
-hablaba de haber protestado el rey padre contra la abdicación hecha
-en el día 19, ni de asunto alguno conexo con paso de tanta gravedad.
-Sin embargo cuando en 1810 publicó el Monitor esta correspondencia,
-insertó antes de las enunciadas cartas del 22 otra en que se hace
-mención de aquel acto como de cosa consumada; pero el haberse omitido
-en ella la fecha, diciendo al mismo tiempo la reina que a nada aspiraba
-sino a alejarse con su esposo y Godoy todos tres juntos de intrigas
-y mando, excita contra dicha carta vehementes sospechas, o de que se
-omitió la fecha por haber sido posteriormente escrita a la del 22,
-o, lo que es también verosímil, que se intercaló el pasaje en que se
-habla de haber protestado, no aviniéndose con este acto e implicando
-más bien contradicción los deseos de la reina allí manifestados. La
-protesta apareció con la fecha del 21; mas las cartas del 22 con otras
-aserciones encontradas que se notan en la correspondencia, prueban que
-en la dicha protesta se empleó una supuesta y anticipada fecha, y que
-Carlos no tuvo determinación fija de extender aquel acto hasta pasados
-tres días después de su abdicación.
-
-La lectura atenta de toda la correspondencia, y lo que hemos oído a
-personas de autoridad, nos induce a creer que Carlos IV se resolvió a
-formalizar su protesta después de las vistas que el 23 tuvieron él y
-su esposa con el general Monthion, jefe del estado mayor de Murat. De
-cualquiera modo que dicho general nos haya pintado su conferencia, y
-bien que haya querido indicarnos que los reyes padres estaban decididos
-de antemano a protestar contra su abdicación, lo cierto es que hasta
-aquel día Carlos IV no se había dirigido a Napoleón, y entonces lo
-hizo comunicándole cómo se había visto forzado a renunciar, «cuando
-el estruendo de las armas y los clamores de una guardia sublevada le
-habían dado a conocer bastante la necesidad de escoger entre la vida
-o la muerte; pues [añadía] esta última se hubiera seguido a la de la
-reina.» Concluía poniendo enteramente su suerte en las manos de su
-poderoso aliado. Acompañaba a la carta el acto de la protesta así
-concebido.[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-11.)] «Protesto y declaro que todo
-lo que manifiesto en mi decreto del 19 de marzo, abdicando la corona en
-mi hijo, fue forzado por precaver mayores males y la efusión de sangre
-de mis queridos vasallos, y por tanto de ningún valor. — Yo el rey. —
-Aranjuez 21 de marzo de 1808.»
-
-Del cúmulo de pruebas que hemos tenido a la vista en un punto tan
-delicado e importante, conjeturamos fundadamente que Carlos, cuya
-abdicación fue considerada por la generalidad como un acto de su
-libre y espontánea voluntad, y la cual el mismo monarca de carácter
-indolente y flojo dio momentáneamente con gusto; abandonado después
-por todos, solo y no acatado cual solía cuando empuñaba el cetro,
-advirtió muy luego la diferencia que media entre un soberano reinante
-y otro desposeído y retirado. Fuele doloroso en su triste y solitaria
-situación comparar lo que había sido y lo que ahora era, y dio bien
-pronto indicio de pesarle su precipitada resolución. El arrepentimiento
-de haber renunciado fue en adelante tan constante y tan sincero, que no
-solo en Bayona mostraba a las claras la violencia que se había empleado
-contra su persona, sino que todavía en Roma en 1816 repetía a cuantos
-españoles iban a verle y en quienes tenía confianza, que su hijo no
-era legítimo rey de España, y que solo él Carlos IV era el verdadero
-soberano. No menos ahondaba y quebrantaba el corazón de la reina el
-triste recuerdo de su perdido influjo y poderío: andaba despechada
-con la ingratitud de tantos mudables cortesanos antes en apariencia
-partidarios adictos y afectuosos, y grandemente la atribulaban los
-riesgos que cercaban a su idolatrado amigo. Ambos, en fin, sintieron
-el haber descendido del trono, acusándose a sí mismos de la sobrada
-celeridad con que habían cedido a los temores de una violenta
-sublevación. No fueron los primeros reyes que derramaron lágrimas
-tardías en memoria de su antiguo y renunciado poder.
-
-Pesarosos Carlos y María Luisa y dispuestos sus ánimos a deshacer
-lo que inconsideradamente habían ofrecido y ejecutado el día 19,
-vislumbraron un rayo de halagüeña esperanza al ver el respeto y
-miramiento con que eran tratados por los principales jefes del ejército
-extranjero. [Marginal: Siguen los tratos entre Murat y los reyes
-padres.] Entonces pensaron seriamente en recobrar la perdida autoridad,
-fundando más particularmente su reclamación en la razón poderosa de
-haber abdicado en medio de una sedición popular y de una sublevación de
-la soldadesca. Murat si no fue quien primero sugirió la idea, al menos
-puso gran conato en sostenerla, porque con ella fomentando la desunión
-de la familia real, minaba por su cimiento la legitimidad del nuevo
-rey, y ofrecía a su gobierno un medio plausible de entrometerse en
-las disensiones interiores, mayormente acudiendo a buscar el anciano
-y desposeído Carlos reparo y ayuda en su aliado el emperador de los
-franceses.
-
-Murat al paso que urdía aquella trama o que por lo menos ayudaba a
-ella, no cesaba de anunciar la próxima llegada de Napoleón, insinuando
-mañosamente a Fernando por medio de sus consejeros cuán conveniente
-sería que para allanar cualesquiera dificultades que se opusiesen al
-reconocimiento, saliera a esperar a su augusto cuñado el emperador. Por
-su parte el nuevo gobierno procuraba con el mayor esfuerzo granjear la
-voluntad del gabinete de Francia. Ya en 20 de marzo se mandó al consejo
-[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-12.)] publicar que Fernando VII lejos de
-mudar el sistema político de su padre respecto de aquel imperio,
-pondría su esmero en estrechar los preciosos vínculos de amistad y
-alianza que entre ambos subsistían, encargándose con especialidad
-recomendar al pueblo que tratase bien y acogiese con afecto al ejército
-francés. Se despacharon igualmente órdenes a las tropas de Galicia
-que habían dejado a Oporto, para que volviesen a aquel punto, y a las
-de Solano, que estaban ya en Extremadura en virtud de lo últimamente
-dispuesto por Godoy, se les mandó que retrocediesen a Portugal. Estas
-sin embargo se quedaron por la mayor parte en Badajoz, no cuidándose
-Junot de tener cerca de sí soldados cuya conducta no merecía su
-confianza.
-
-El pueblo español entre tanto empezaba cada día a mirar con peores
-ojos a los extranjeros, cuya arrogancia crecía según que su morada
-se prolongaba. Continuamente se suscitaban empeñadas riñas entre los
-paisanos y los soldados franceses, y el 27 de marzo de resultas de
-una más acalorada y estrepitosa, estuvo para haber en la plazuela de
-la Cebada una grande conmoción, en la que hubiera podido derramarse
-mucha sangre. La corte acongojada quería sosegar la inquietud pública,
-ora por medio de proclamas, ora anunciando y repitiendo la llegada de
-Napoleón que pondría término a las zozobras e incertidumbre. Era tal
-en este punto su propio engaño que en 24 de marzo se avisó al público
-de oficio [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-13.)] «que S. M. tenía noticia
-que dentro de dos días y medio a tres llegaría el emperador de los
-franceses...» Así ya no solamente se contaban los días sino las horas
-mismas: ansiosa impaciencia, desvariada en el modo de expresarse, y
-afrentosa en un gobierno cuyas providencias hubieran podido descansar
-en el seguro y firme apoyo de la opinión nacional.
-
-[Marginal: Llega Escóiquiz a Madrid en 28 de marzo.]
-
-¡Cosa maravillosa! Cuanto más se iban en Madrid desengañando todos
-y comprendiendo los fementidos designios del gabinete de Francia,
-tanto más ciego y desatentado se ponía el gobierno español. Acabó de
-perderle y descarriarle el 28 de marzo con su llegada Don Juan de
-Escóiquiz, quien no veía en Napoleón sino al esclarecido, poderoso y
-heroico defensor del rey Fernando y sus parciales. Deslumbrado con
-la opinión que de sí propio tenía, creyó que solo a él le era dado
-acertar con los oportunos medios de sacar airoso y triunfante de la
-embarazosa posición a su augusto discípulo, y cerrando los oídos a la
-voz pública y universal, llamó hacia su persona una severa y terrible
-responsabilidad. Causa asombro, repetimos, que los engaños y arterías
-advertidos por el más ínfimo y rudo de los españoles se ocultasen
-y oscureciesen a Don Juan Escóiquiz y a los principales consejeros
-del rey, quienes por el puesto que ocupaban y por la sagacidad que
-debía adornarles, hubieran debido descubrir antes que ningún otro
-las asechanzas que se les armaban. Pero los sucesos que en gran
-manera concurrían a excitar su desconfianza, eran los mismos que los
-confortaban y aquietaban. Tal fue el pliego de Izquierdo, de que
-hablamos en el libro anterior. Las proposiciones en él inclusas, y por
-las que nada menos se trataba que de ceder las provincias del Ebro
-allá, y de arreglar la sucesión de España, sobre la cual dentro del
-reino nadie había tenido dudas, no despertaron las dormidas sospechas
-de Escóiquiz ni de sus compañeros. Atentos solo a la propuesta indicada
-en el mismo pliego de casar a Fernando con una princesa, pensaron que
-todo iba a componerse amistosamente, llevando tan allá Escóiquiz y los
-suyos el extravío de su mente, que en su _Idea sencilla_ no se detiene
-en asentar «que su opinión conforme con la del consejo del rey había
-sido que las intenciones más perjudiciales que podían recelarse del
-gobierno francés, eran las del trueque de las provincias más allá del
-Ebro por el reino de Portugal, o tal vez la cesión de la Navarra;» como
-si la cesión o pérdida de cualquiera de estas provincias no hubiera
-sido clavar un agudo puñal en una parte muy principal de la nación,
-desmembrándola y dejándola expuesta a los ataques que contra ella
-intentase dirigir a mansalva su poderoso vecino.
-
-El contagio de tamaña ceguedad había cundido entre algunos cortesanos,
-y hubo de ellos quienes sirvieron por su credulidad al entretenimiento
-y burla de los servidores de Napoleón. [Marginal: Fernán Núñez en
-Tours.] Se aventajó a todos el conde de Fernán Núñez, quien para
-merecer primero las albricias dejando atrás a los que con él habían ido
-a recibir al emperador de los franceses, se adelantó a toda diligencia
-hasta Tours. No distante de aquella ciudad cruzándose en el camino
-con Mr. Bausset, prefecto del palacio imperial, le preguntó con viva
-impaciencia si estaba ya cerca la novia del rey Fernando, sobrina del
-emperador. Respondiole aquel que tal sobrina no era del viaje ni había
-oído hablar de novia ni de casamiento. Tomando entonces Fernán Núñez en
-su ademán un compuesto y misterioso semblante, atribuyó la respuesta
-del prefecto imperial o a estudiado disimulo o a que no estaba en el
-importante secreto. No dejan estos hechos por leves que parezcan de
-pintar los hombres que con su obcecación dieron motivo a grandes y
-trascendentales acontecimientos.
-
-Lejos Murat de contribuir con su conducta a ofuscar a los ministros del
-rey, obraba de manera que más bien ayudaba al desengaño que a mantener
-la lisonjera ilusión. Continuaba siempre en sus tratos con la reina de
-Etruria y los reyes padres, no ocupándose en reconocer a Fernando, ni
-en hacerle siquiera una visita de mera ceremonia y cumplido. A pesar de
-su desvío bastaba que mostrase el menor deseo para que los ministros
-del nuevo rey se afanasen por complacerle y servirle. [Marginal:
-Entrega de la espada de Francisco I.] Así fue que habiendo manifestado
-a Don Pedro Cevallos cuánto le agradaría tener en su poder la espada
-de Francisco I depositada en la real armería, le fue al instante
-entregada en 4 de abril, siendo llevada con gran pompa y acompañamiento
-y presentada por el marqués de Astorga en calidad de caballerizo mayor.
-Al par que en sus anteriores procedimientos se portó en este paso el
-gobierno español débil y sumisamente, el francés dejó ver estrecheza
-de ánimo en una demanda ajena de una nación famosa por sus hazañas y
-glorias militares, como si los triunfos de Pavía y el inmortal trofeo
-ganado en buena guerra, y que adquirieron a España sus ilustres hijos
-Diego de Ávila y Juan de Urbieta pudieran nunca borrarse de la memoria
-de la posteridad.
-
-[Marginal: Carta de Napoleón a Murat: viaje del infante Don Carlos. (*
-Ap. n. 2-14.)]
-
-Napoleón no estaba del todo satisfecho de la conducta de Murat. En una
-carta que le escribió en 29 de marzo le manifestaba sus temores, y con
-diestra y profunda mano le trazaba cuanto había complicado los negocios
-el acontecimiento de Aranjuez.[*] Este documento si fue escrito
-del modo que después se ha publicado, muestra el acertado tino y
-extraordinaria previsión del emperador francés, y que la precipitación
-y equivocados informes de Murat perjudicaron muy mucho al pronto y
-feliz éxito de su empresa. Sin embargo además de las instrucciones
-que aparecen por la citada carta, debió de haber otras por el mismo
-tiempo que indicasen o expresasen más claramente la idea de llevar a
-Francia los príncipes de la real familia; pues Murat siguiendo en aquel
-propósito y no atreviéndose a insistir inmediatamente en sus anteriores
-insinuaciones de que Fernando fuese al encuentro de Napoleón, propuso
-como muy oportuna la salida al efecto del infante Don Carlos, en lo
-cual conviniendo sin dificultad la corte, partió el infante el 5 de
-abril. No habían pasado muchos días ni aun tal vez horas cuando Murat
-poco a poco volvió a renovar sus ruegos para que el rey Fernando se
-pusiese también en camino y halagase con tan amistoso paso a su amigo
-el emperador Napoleón. El embajador francés apoyaba lo mismo y con
-particular eficacia, habiendo en fin claramente descubierto que la
-política de su amo en los asuntos de España era muy otra de la que
-antes se había figurado.
-
-Pero viendo el rey Fernando que su hermano el infante no había
-encontrado en Burgos a Napoleón y proseguía adelante sin saber cuál
-sería el término de su viaje, vacilaba todavía en su resolución.
-Sus consejeros andaban divididos en sus dictámenes: Cevallos se
-oponía a la salida del rey hasta tanto que se supiera de oficio la
-entrada en España del emperador francés. Escóiquiz constante en su
-desvarío sostenía con empeño el parecer contrario, y a pesar de su
-poderoso influjo hubiera difícilmente prevalecido en el ánimo del
-rey, [Marginal: Llegada a Madrid del general Savary.] si la llegada
-a Madrid del general Savary no hubiese dado nuevo peso a sus razones
-y cambiado el modo de pensar de los que hasta entonces habían estado
-irresolutos e inciertos. Savary, general de división y ayudante de
-Napoleón, iba a Madrid con el encargo de llevar a Fernando a Bayona,
-adoptando para ello cuantos medios estimase convenientes al logro de la
-empresa. Juzgose que era la persona más acomodada para desempeñar tan
-ardua comisión, encubriendo bajo un exterior militar y franco profunda
-disimulación y astucia. Apenas, por decirlo así, apeado, solicitó
-audiencia particular de Fernando, la cual concedida manifestó con
-aparente sinceridad «que venía de parte del emperador para cumplimentar
-al rey y saber de S. M. únicamente si sus sentimientos con respecto
-a la Francia eran conformes con los del rey su padre, en cuyo caso el
-emperador prescindiendo de todo lo ocurrido no se mezclaría en nada
-de lo interior del reino, y reconocería desde luego a S. M. por rey
-de España y de las Indias.» Fácil es acertar con la contestación que
-daría una corte no ocupada sino en alcanzar el reconocimiento del
-emperador de los franceses. Savary anunció la próxima llegada de su
-soberano a Bayona, de donde pasaría a Madrid, insistiendo poco después
-en que Fernando saliese a recibirle, con cuya determinación probaría su
-particular anhelo por estrechar la antigua alianza que mediaba entre
-ambas naciones, y asegurando que la ausencia sería tanto menos larga
-cuanto que se encontraría en Burgos con el mismo emperador. El rey
-vencido con tantas promesas y palabras, resolvió al fin condescender
-con los deseos de Savary, sostenido y apoyado por los más de los
-ministros y consejeros españoles.
-
-Cierto que el paso del general francés hubiera podido hacer titubear
-al hombre más tenaz y firme si otros indicios poderosos no hubieran
-contrapesado su aparente fuerza. Además era sobrada precipitación
-antes de saberse el viaje de Napoleón a España de un modo auténtico y
-de oficio, exponer la dignidad del rey a ir en busca suya, habiéndose
-hasta entonces comunicado su venida solo de palabra e indirectamente.
-Con mayor lentitud y circunspección hubiera convenido proceder en
-negocio en que se interesaban el decoro del rey, su seguridad y la
-suerte de la nación, principalmente cuando tantas perfidias habían
-precedido, cuando Murat tenía conducta tan sospechosa, y cuando en vez
-de reconocer a Fernando cuidaba solamente de continuar sus secretos
-manejos con la antigua corte. Mas el deslumbrado Escóiquiz proseguía
-no viendo las anteriores perfidias, y achacaba las intrigas de Murat a
-actos de pura oficiosidad, contrarios a las intenciones de Napoleón.
-Sordo a la voz del pueblo, sordo al consejo de los prudentes, sordo a
-lo mismo que se conversaba en todo el ejército extranjero, en corrillos
-y plazas, se mantuvo porfiadamente en su primer dictamen y arrastró al
-suyo a los más de los ministros, dando al mundo la prueba más insigne
-de terca y desvariada presunción, probablemente aguijada por ardiente
-deseo de ambiciosos crecimientos.
-
-[Marginal: Aviso de Hervás.]
-
-Hubo aún para recelarse el que Don José Martínez de Hervás, quien
-como español y por su conocimiento en la lengua nativa había venido
-en compañía del general Savary, avisó que se armaba contra el rey
-alguna celada, y que obraría con prudente cautela desistiendo del
-viaje o difiriéndole. Pero, ¡oh colmo de ceguedad!, los mismos que
-desacordadamente se fiaban en las palabras de un extranjero, del
-general Savary, tuvieron por sospechosa la loable advertencia del
-leal español. Y como si tantos indicios no bastasen, el mismo Savary
-dio ocasión a nuevos recelos con pedir de orden del emperador que
-se pusiese en libertad al enemigo declarado e implacable del nuevo
-gobierno, al odiado Godoy. Incomodó, sin embargo, la intempestiva
-solicitud, y hubiera tal vez perjudicado al resuelto viaje, si el
-francés, a ruego del Infantado y Ofárril, no hubiera abandonado su
-demanda.
-
-Firmes pues en su propósito los consejeros de Fernando y conducidos
-por un hado adverso, señalaron el día 10 de abril para su partida,
-[Marginal: 10 de abril: salida del rey para Burgos.] en cuyo día salió
-S. M. tomando el camino de Somosierra para Burgos. Iban en su compañía
-Don Pedro Cevallos ministro de estado, los duques del Infantado y
-San Carlos, el marqués de Múzquiz, Don Pedro Labrador, Don Juan de
-Escóiquiz, el capitán de guardias de Corps conde de Villariezo, y los
-gentil-hombres de cámara marqués de Ayerbe, de Guadalcázar, y de
-Feria. La víspera había escrito Fernando a su padre pidiéndole una
-carta para el emperador con súplica de que asegurase en ella los buenos
-sentimientos que le asistían, queriendo seguir las mismas relaciones
-de amistad y alianza con Francia que se habían seguido en su anterior
-reinado. Carlos IV ni le dio la carta, ni le contestó, con achaque de
-estar ya en cama: precursora señal de lo que en secreto se proyectaba.
-
-[Marginal: Nombramiento de una junta suprema.]
-
-Antes de su salida dispuso el rey Fernando que se nombrase una junta
-suprema de gobierno presidida por su tío el infante Don Antonio y
-compuesta de los ministros del despacho, quienes a la sazón eran Don
-Pedro Cevallos, de estado, que acompañaba al rey; Don Francisco Gil y
-Lemus, de marina; Don Miguel José de Azanza, de hacienda; Don Gonzalo
-Ofárril, de guerra, y Don Sebastián Piñuela, de gracia y justicia. Esta
-junta según las instrucciones verbales del rey debía entender en todo
-lo gubernativo y urgente, consultando en lo demás con S. M.
-
-[Marginal: Sobre el viaje del rey.]
-
-En tanto que el rey con sus consejeros va camino de Bayona, será bien
-que nos detengamos a considerar de nuevo resolución tan desacertada.
-La pintura triste que para disculparse traza Escóiquiz en su obra
-acerca de la situación del reino, sería juiciosa si en aquel caso se
-hubiese tratado de medir las fuerzas militares de España y sus recursos
-pecuniarios con los de Francia, a la manera de una guerra de ejército
-a ejército y de gobierno a gobierno. Le estaba bien al príncipe de
-la Paz calcular fundado en aquellos datos como quien no tenía el
-apoyo nacional; mas la posición de Fernando era muy otra, siendo tan
-extraordinario el entusiasmo en favor suyo que un ministro hábil y
-entendido no debía en aquel caso dirigirse por las reglas ordinarias de
-la fría razón, sino contar con los esfuerzos y patriotismo de la nación
-entera, la cual se hubiera alzado unánimemente a la voz del rey, para
-defender sus derechos contra la usurpación extranjera; y las fuerzas
-de una nación levantada en cuerpo son tan grandes e incalculables a
-los ojos de un verdadero estadista, como lo son las fuerzas vivas a
-las del mecánico. Así lo pensaba el mismo Napoleón, quien en la carta
-a Murat del 29 de marzo arriba citada decía: «La revolución de 20 de
-marzo prueba que hay energía en los españoles. Habrá que lidiar contra
-un pueblo nuevo lleno de valor, y con el entusiasmo propio de hombres
-a quienes no han gastado las pasiones políticas...»; y más abajo: «se
-harán levantamientos en masa que eternizarán la guerra...» Acertado y
-perspicaz juicio que forma pasmoso contraste con el superficial y poco
-atinado de Escóiquiz y sus secuaces. Era además dar sobrada importancia
-a un paso de puro ceremonial para concebir la idea que la política de
-un hombre como Napoleón en asunto de tal cuantía hubiera de moderarse
-o alterarse por encontrar al rey algunas leguas más o menos lejos;
-antes bien era propio para encender su ambición un viaje que mostraba
-imprevisión y extremada debilidad. Se cede a veces en política a un
-acto de fortaleza heroica, nunca a míseros y menguados ruegos.
-
-[Marginal: Llega el rey el 12 de abril a Burgos.]
-
-El rey en su viaje fue recibido por las ciudades, villas y lugares
-del tránsito con inexplicable gozo, haciendo a competencia sus
-moradores las demostraciones más señaladas de la lealtad y amor que
-los inflamaban. Entró en Burgos el 12 de abril sin que hubiese allí ni
-más lejos noticia del emperador francés. Deliberose en aquella ciudad
-sobre el partido que debía tomarse, de nuevo reiteró sus promesas y
-artificios el general Savary, y de nuevo se determinó que prosiguiese
-el rey su viaje a Vitoria. Y he aquí que los mismos y mal aventurados
-consejeros que sin tratado alguno ni formal negociación, y solo por
-meras e indirectas insinuaciones habían llevado a Fernando hasta
-Burgos, le llevan también a Vitoria, y le traen de monte en valle y
-de valle en monte en busca de un soberano extranjero mendigando con
-desdoro su reconocimiento y ayuda, como si uno y otro fuera necesario
-y decoroso a un rey que habiendo subido al solio con universal
-consentimiento, afianzaba su poder y legitimidad sobre la sólida e
-incontrastable base del amor y unánime aprobación de sus pueblos.
-
-Llegó el rey a Vitoria el 14. Napoleón que había permanecido en
-Burdeos algunos días, salió de allí a Bayona, en donde entró en la
-noche del 14 al 15, de lo que noticioso el infante Don Carlos, hasta
-entonces detenido en Tolosa, pasó a aquella plaza. Savary, sabiendo
-que el emperador se aproximaba a la frontera, y viendo que ya no le
-era dado por más tiempo continuar con fruto sus artificios si no
-acudía a algún otro medio, resolvió pasar a Bayona llevando consigo
-una carta de Fernando para Napoleón.[*] [Marginal: Escribe Fernando a
-Napoleón: contesta este en 17 de abril. (* Ap. n. 2-15.)] No tardó en
-recibirse la respuesta estando con ella de vuelta en Vitoria el día
-17 el mismo Savary, y la cual estaba concebida en términos que era
-suficiente por sí sola a sacar de su error a los más engañados. En
-efecto la carta respondía a la última de Fernando, y en parte también
-a la que le había escrito en 11 de octubre del año pasado. Sembrada de
-verdades expresadas con cierta dureza, no se soltaba en ella prenda
-que empeñase a Napoleón a cosa alguna: lo dejaba todo en dudas dando
-solo esperanzas sobre el ansiado casamiento. Notábase con especialidad
-en su contexto el injurioso aserto que Fernando «no tenía otros
-derechos al trono que los que le había transmitido su madre:» frase
-altamente afrentosa al honor de la reina, y no menos indecorosa al que
-la escribía que ofensiva a aquel a quien iba dirigida. Pero una carta
-tan poco circunspecta, tan altanera y desembozada embelesó al canónigo
-Escóiquiz, quien se recreaba con la vaga promesa del casamiento. Por
-entonces vimos lo que escribía a un amigo suyo desde Vitoria, y le
-faltaban palabras con que dar gracias al Todopoderoso por el feliz
-éxito que la carta de Napoleón pronosticaba a su viaje. Realmente
-rayaba ya en demencia su continuada obcecación.
-
-Savary auxiliado con la carta aumentó sus esfuerzos y concluyó con
-decir al rey «me dejo cortar la cabeza si al cuarto de hora de haber
-llegado S. M. a Bayona no le ha reconocido el emperador por rey de
-España y de las Indias... Por sostener su empeño empezará probablemente
-por darle el tratamiento de alteza; pero a los cinco minutos le dará
-majestad, y a los tres días estará todo arreglado, y S. M. podrá
-restituirse a España inmediatamente...» Engañosas y pérfidas palabras
-que acabaron de decidir al rey a proseguir su viaje hasta Bayona.
-
-[Marginal: Tentativas o proposiciones para que el rey se escape.]
-
-Sin embargo hubo españoles más desconfiados o cautos que no dando
-crédito a semejantes promesas, propusieron varios medios para que el
-rey se escapase. Todavía hubiera podido conseguirse en Vitoria ponerle
-en salvo, aunque los obstáculos crecían de día en día. Los franceses
-habían redoblado su vigilancia, y no contentos con los 4000 hombres que
-ocupaban a Vitoria a las órdenes del general Verdier, habían aumentado
-la guarnición especialmente con caballería enviada de Burgos. Savary
-tenía orden de arrebatar al rey por fuerza en la noche del 18 al 19
-si de grado no se mostraba dispuesto a pasar a Francia. Cuidadoso
-con no faltar a su mandato, estando muy sobreaviso hacía rondar y
-observar la casa donde el rey habitaba. A pesar de su esmerado celo
-la evasión se hubiera fácilmente ejecutado a haberse Fernando resuelto
-a abrazar aquel partido. Don Mariano Luis de Urquijo que había ido de
-Bilbao a cumplimentarle a su paso por Vitoria, propuso de acuerdo con
-el alcalde Urbina un medio para que de noche se fugase disfrazado.
-Hubo también otros y varios proyectos, mas entre todos es digno de
-particular mención como el mejor y más asequible el propuesto por el
-duque de Mahón. Era pues que saliendo el rey de Vitoria por el camino
-de Bayona, y dando confianza a los franceses con la dirección que
-había tomado, siguiera así hasta Vergara, en cuyo pueblo abandonando
-la carretera real torciese del lado de Durango y se encaminase al
-puerto de Bilbao. Añadía el duque que la evasión sería protegida por
-un batallón del inmemorial del rey residente en Mondragón, y de cuya
-fidelidad respondía. Escóiquiz con quien siempre nos encontraremos
-cuando se trate de alejar al rey de Bayona y librarle de las armadas
-asechanzas, dijo: «que no era necesario habiendo S. M. recibido
-grandes pruebas de amistad de parte del emperador.» Eran las _grandes
-pruebas_ la consabida carta. El de Mahón no por eso dejó de insistir
-la misma víspera de la salida para Bayona, habiéndose aumentado las
-sospechas de todos con la llegada de 300 granaderos a caballo de la
-guardia imperial. Mas al querer hablar, poniéndole la mano en la boca,
-pronunció Escóiquiz estas notables palabras: «es negocio concluido,
-mañana salimos para Bayona: se nos han dado todas las seguridades que
-podíamos desear.»
-
-[Marginal: Proclama al partir el rey de Vitoria.]
-
-Tratose en fin de partir. Sabedor el pueblo se agrupó delante del
-alojamiento del rey, cortó los tirantes de las mulas, y prorrumpió
-en voces de amor y lealtad para que el rey escuchase sus fundados
-temores.[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-16.)] Todo fue en vano.
-Apaciguándose el bullicio a duras penas, se publicó un decreto en que
-afirmaba el rey «estar cierto de la sincera y cordial amistad del
-emperador de los franceses, y que antes de cuatro o seis días darían
-gracias a Dios y a la prudencia de S. M. de la ausencia que ahora les
-inquietaba.»
-
-[Marginal: Sale de Vitoria el 19 de abril.]
-
-Partió el rey de Vitoria el 19 de abril y en el mismo llegó a Irún
-casi solo, habiéndose quedado atrás el general Savary por habérsele
-descompuesto el coche. Se albergó en casa del señor Olazábal sita fuera
-de la villa, en donde había de guarnición un batallón del regimiento
-de África, decidido a obedecer rendidamente las órdenes de Fernando.
-La providencia a cada paso parecía querer advertirle del peligro, y
-a cada paso le presentaba medios de salvación. Mas un ciego instinto
-arrastraba al rey al horroroso precipicio. Savary tuvo tal miedo de que
-la importante presa se le escapase, a la misma sazón que ya la tenía
-asegurada, que llegó a Irún asustado y despavorido.
-
-[Marginal: 20 de abril: Entrada del rey en Bayona.]
-
-El 20 cruzó el rey y toda la comitiva el Bidasoa, y entró en Bayona a
-las diez de la mañana de aquel día. Nadie le salió a recibir al camino
-a nombre de Napoleón. Más allá de San Juan de Luz encontró a los tres
-grandes de España comisionados para felicitar al emperador francés,
-quienes dieron noticias tristes, pues la víspera por la mañana habían
-oído al mismo de su propia boca que los Borbones nunca más reinarían
-en España. Ignoramos por qué no anduvieron más diligentes en comunicar
-al rey el importante aviso, que podría descansadamente haberle
-alcanzado en Irún: quizá se lo impidió la vigilancia de que estaban
-cercados. Abatió el ánimo de todos lo que anunciaron los grandes,
-echando también de ver el poco aprecio que a Napoleón merecía el rey
-Fernando en el modo solitario con que le dejaba aproximarse a Bayona,
-no habiendo salido persona alguna elevada en dignidad a cumplimentarle
-y honrarle, hasta que a las puertas de la ciudad misma se presentaron
-con aquel objeto el príncipe de Neufchâtel y Duroc, gran mariscal de
-palacio. Admiró en tanto grado a Napoleón ver llegar a Fernando sin
-haberle especialmente convidado a ello, que al anunciarle un ayudante
-su próximo arribo exclamó: «¿cómo?... ¿viene?... no, no es posible...»
-Aún no conocía personalmente a los consejeros de Fernando.
-
-[Marginal: Sigue la correspondencia entre Murat y los reyes padres.]
-
-Después de la partida del rey prosiguiendo Murat en su principal
-propósito de apoyar las intrigas que se preparaban en la enemistad y
-despecho de los reyes padres, avivó la correspondencia que con ellos
-había entablado. Hasta entonces no habían conferenciado juntos, siendo
-sus ayudantes y la reina de Etruria el conducto por donde se entendían.
-Mucho desagradaron los secretos tratos de la última, a los que
-particularmente la arrastró el encendido deseo de conseguir un trono
-para su hijo, aunque sus esfuerzos fueron vanos. En la correspondencia,
-después de ocuparse en el asunto que más interesaba a Murat y su
-gobierno, esto es, el de la protesta de Carlos IV, llamó a la reina y
-a su esposo intensamente la atención la desgraciada suerte de su amigo
-Godoy, _del pobre príncipe de la Paz_, con cuyo epiteto a cada paso se
-le denomina en las cartas de María Luisa. Duda el discurso, al leer
-esta correspondencia, si es más de maravillar la constante pasión de
-la reina por el favorito, o la ciega amistad del rey. Confundían ambos
-su suerte con la del desgraciado a punto que decía la reina: «si no
-se salva el príncipe de la Paz, y si no se nos concede su compañía,
-moriremos el rey, mi marido, y yo.» Es digna de la atenta observación
-de la historia mucha parte de aquella correspondencia, y señaladamente
-lo son algunas cartas de la reina madre. Si se prescinde del enfado
-y acrimonia con que están escritas ciertas cláusulas, da su contexto
-mucha luz sobre los importantes hechos de aquel tiempo, y en él se
-pinta al vivo y con colores por desgracia harto verdaderos el carácter
-de varios personajes de aquel tiempo. Posteriores acontecimientos
-nos harán ver lastimosamente con cuánta verdad y conocimiento de los
-originales trazó la reina María Luisa algunos de estos retratos. Los
-reyes padres habían desde marzo continuado en Aranjuez, teniendo para
-su guardia tropas de la casa real. [Marginal: Pasan los reyes padres
-al Escorial.] También había fuerza francesa a las órdenes del general
-Wattier, socolor de proteger a los reyes y continuar dando mayor
-peso a la idea de haberse ejercido contra ellos particular violencia
-en el acto de la abdicación. El 9 de abril pasaron al Escorial por
-insinuación de Murat con el intento de aproximarlos al camino de
-Francia. No tuvieron allí otra guardia más que la de las tropas
-francesas y los carabineros reales.
-
-[Marginal: Entrega de Godoy en 20 de abril.]
-
-En Madrid apenas había salido el rey cuando Murat pidió con ahínco a
-la junta que se le entregase a Don Manuel Godoy, afirmando que así se
-lo había ofrecido Fernando la víspera de su partida en el cuarto de
-la reina de Etruria: aserción tanto más dudosa cuanto si bien allí se
-encontraron, parece cierto que nada se dijeron, retenidos por no querer
-ni uno ni otro ser el primero a romper el silencio. Resistiéndose
-la junta a dar libertad al preso, amenazó Murat conque emplearía la
-fuerza si al instante no se le ponía en sus manos. Afanábase por ser
-dueño de Godoy, considerándole necesario instrumento para influir en
-Bayona en las determinaciones de los reyes padres, a quienes por otra
-parte en las primeras vistas que tuvo con ellos en el Escorial uno
-de aquellos días les había prometido su libertad. La junta se limitó
-por de pronto a mandar al consejo con fecha del 13 que suspendiese
-el proceso intentado contra Don Manuel Godoy hasta nueva orden de S.
-M., a quien se consultó por medio de Don Pedro Cevallos. La posición
-de la junta realmente era muy angustiada, quedando expuesta a la
-indignación pública si le soltaba, o a las iras del arrebatado Murat
-si le retenía. Don Pedro Cevallos contestó desde Vitoria que se
-había escrito al emperador ofreciendo usar con Godoy de generosidad
-perdonándole la vida, siempre que fuese condenado a la pena de muerte.
-Bastole esta contestación a Murat para insistir en 20 de abril en la
-soltura del preso con el objeto de enviarle a Francia, y con engaño y
-despreciadora befa decía a su nombre el general Belliard en su oficio:
-[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-17.)] «El gobierno y la nación española solo
-hallarán en esta resolución de S. M. I. nuevas pruebas del interés
-que toma por la España, porque alejando al príncipe de la Paz quiere
-quitar a la malevolencia los medios de creer posible que Carlos IV
-volviese el poder y su confianza al que debe haberla perdido para
-siempre.» ¡Así se escribía a una autoridad puesta por Fernando y que
-no reconocía a Carlos IV! La junta accedió a lo último a la demanda
-de Murat, habiéndose opuesto con firmeza el ministro de marina Don
-Francisco Gil y Lemus. Mucho se motejó la condescendencia de aquel
-cuerpo; sin embargo eran tales y tan espinosas las circunstancias que
-con dificultad se hubiera podido estorbar con éxito la entrega de
-Don Manuel Godoy. Acordada que esta fue, se dieron las convenientes
-órdenes al marqués de Castelar, quien antes de obedecer, temeroso de
-algún nuevo artificio de los franceses, pasó a Madrid a cerciorarse
-de la verdad de boca del mismo infante presidente. El pundonoroso
-general al oír la confirmación de lo que tenía por falso hizo dejación
-de su destino, suplicando que no fuesen los guardias de Corps quienes
-hiciesen la entrega, sino los granaderos provinciales. El bueno del
-infante le replicó que «en aquella entrega consistía el que su sobrino
-fuese rey de España:» a cuya poderosa razón cedió Castelar, y puso
-en libertad al preso Godoy a las 11 de la noche del mismo día 20,
-entregándole en manos del coronel francés Martel. Sin detención tomaron
-el camino de Bayona, adonde llegó Godoy con la escolta francesa el
-26, habiéndosele reunido poco después su hermano Don Diego. Se albergó
-aquel en una quinta que le estaba preparada a una legua de la ciudad,
-y a poco tuvo con Napoleón una larga conferencia. El rey, si bien no
-desaprobó la conducta de la junta, tampoco la aplaudió, elogiando de
-propósito al consejo que se había opuesto a la entrega. En asunto de
-tanta gravedad procuraron todos sincerar su modo de proceder; entre
-ellos se señaló el marqués de Castelar apreciable y digno militar,
-quien envió para informar al rey no menos que a tres sujetos, a su
-segundo el brigadier Don José Palafox, a su hijo el marqués de Belveder
-y al ayudante Butrón. Así, y como milagrosamente, se libró Godoy de una
-casi segura y desastrada muerte.
-
-[Marginal: Quejas y tentativas de Murat.]
-
-En todos aquellos días no había cesado Murat de incomodar y acosar a la
-junta con sus quejas e infundadas reclamaciones. El 16 había llamado
-a Ofárril para lamentarse con acrimonia o ya de asesinatos, o ya de
-acopios de armas que se hacían en Aragón. Eran estos meros pretextos
-para encaminar su plática a asunto más serio. Al fin le declaró el
-verdadero objeto de la conferencia. Era pues que el emperador no
-reconocía en España otro rey sino a Carlos IV, y que habiendo para ello
-recibido órdenes suyas iba a publicar una proclama que manuscrita le
-dio a leer. Se suponía extendida por el rey padre, asegurando en ella
-haber sido forzada su abdicación, como así se lo había comunicado a
-su aliado el emperador de los franceses, con cuya aprobación y arrimo
-volvería a sentarse en el solio. Absorto Ofárril con lo que acababa de
-oír informó de ello a la junta, la cual de nuevo comisionó al mismo en
-compañía de Azanza para apurar más y más las razones y el fundamento
-de tan extraña resolución. Murat, acompañado del conde de Laforest, se
-mantuvo firme en su propósito, y solo consintió en aguardar la última
-contestación de la junta que verbalmente y por los mismos encargados
-respondió: «1.º Que Carlos IV y no el gran duque debía comunicarle
-su determinación. 2.º Que comunicada que le fuese se limitaría a
-participarla a Fernando VII: y 3.º Pedía que estando Carlos IV próximo
-a salir para Bayona se guardase el mayor secreto y no ejerciese durante
-el viaje ningún acto de soberanía.» En seguida pasó Murat al Escorial,
-y poniéndose de acuerdo con los reyes padres [*] [Marginal: (* Ap.
-n. 2-18.) Reclama Carlos IV la corona, y anuncia su viaje a Bayona.]
-escribió Carlos IV a su hermano el infante Don Antonio una carta en la
-que aseguraba haber sido forzada su abdicación del 19 de marzo, y que
-en aquel mismo día había protestado solemnemente contra dicho acto.
-Ahora reiteraba su primera declaración confirmando provisionalmente
-a la junta en su autoridad como igualmente a todos los empleados
-nombrados desde el 19 de marzo último, y anunciaba su próxima salida
-para ir a encontrarse con su aliado el emperador de los franceses.
-Es digno de reparo que en aquella carta expresase Carlos IV haber
-protestado solemnemente el 19, cuando después dató su protesta del
-21, cuya fecha ya antes advertimos envolvía contradicción con cartas
-posteriores escritas por el mismo monarca. Prueba notable y nueva de
-la precipitación conque en todo se procedió, y del poco concierto que
-entre sí tuvieron los que arreglaron aquel negocio; puesto que fuera
-la protesta extendida en el día de la abdicación o fuéralo después,
-siendo Carlos IV y sus confidentes los dueños y únicos sabedores
-de su secreto, hubieran por lo menos debido coordinar unas fechas
-cuya contradicción había de desautorizar acto de tanta importancia,
-mayormente cuando la legitimidad o fuerza de la protesta no dimanaba
-de que se hubiese realizado el 19, el 21 o el 23, sino de la falta de
-libre voluntad conque aseguraban ellos había sido dada la abdicación.
-Respecto de lo cual como se había verificado en medio de conmociones y
-bullicios populares, solo Carlos IV era el único y competente juez, y
-no habiendo variado su situación en los tres días sucesivos a punto que
-pudiera atribuirse su silencio a completa conformidad, siempre estaba
-en el caso de alegar fundadamente que cercado de los mismos riesgos
-no había osado extender por escrito un acto que descubierto hubiera
-sobremanera comprometido su persona y la de su esposa. En nada de eso
-pensaron; creyeron de más al parecer detenerse en cosas que imaginaron
-leves, bastándoles la protesta para sus premeditados fines. Carlos
-IV después de haber remitido igual acto a Napoleón, en compañía de
-la reina y de la hija del príncipe de la Paz se puso en camino para
-Bayona el día 25 de abril, escoltado por tropas francesas y carabineros
-reales, los mismos que le habían hecho la guardia en el Escorial. Fácil
-es figurarse cuán atribulados debieron quedar el infante y la junta
-con novedades que oscurecían y encapotaban más y más el horizonte
-político.
-
-[Marginal: Inquietud en Madrid.]
-
-La salida de Godoy, las conferencias de Murat con los reyes padres,
-la arrogancia y modo de explicarse de gran parte de los oficiales
-franceses y de su tropa, aumentaban la irritación de los ánimos, y a
-cada paso corría riesgo de alterarse la tranquilidad pública de Madrid
-y de los pueblos que ocupaban los extranjeros. Un incidente agravó
-en la capital estado tan crítico. Murat había ofrecido a la junta
-guardar reservada la protesta de Carlos IV, pero a pesar de su promesa
-no tardó en faltar a ella, o por indiscreción propia, o por el mal
-entendido celo de sus subalternos. El día 20 de abril se presentó al
-consejo el impresor Eusebio Álvarez de la Torre para avisarle que dos
-agentes franceses habían estado en su casa con el objeto de imprimir
-una proclama de Carlos IV. Ya había corrido la voz por el pueblo, y en
-la tarde hubiera habido una grande conmoción, si el consejo de antemano
-no hubiese enviado al alcalde de casa y corte Don Andrés Romero, quien
-sorprendió a los dos franceses Funiel y Ribat con las pruebas de la
-proclama. Quiso el juez arrestarlos, mas ni consintieron ellos en ir
-voluntariamente, ni en declarar cosa alguna sin orden previa de su jefe
-el general Grouchy, gobernador francés de Madrid. Impaciente el pueblo
-se agolpó a la imprenta, y temiendo el alcalde que al sacarlos fuesen
-dichos franceses víctimas del furor popular, los dejó allí arrestados
-hasta la determinación del consejo, el cual no osando tomar sobre sí la
-resolución, acudió a la junta que, no queriendo tampoco comprometerse,
-dispuso ponerlos en libertad, exigiendo solamente de Murat nueva
-promesa de que en adelante no se repetirían iguales tentativas. Tan
-débiles e irresolutas andaban las dos autoridades, en quienes se
-libraba entonces la suerte y el honor nacional. La libertad de Godoy
-y el caso sucedido en la imprenta, al parecer poco importante, fueron
-acontecimientos que muy particularmente indispusieron el espíritu
-público contra los franceses. En el último claramente aparecía el
-deseo de reponer en el trono a Carlos IV, y renovar así las crueles y
-recientes llagas del anterior reinado; y con el primero se arrancaba
-de manos de la justicia y se daba suelta al objeto odiado de la nación
-entera.
-
-[Marginal: Alboroto en Toledo.]
-
-No se circunscribía a Madrid la pública inquietud. En Toledo el día
-21 de abril se turbó también la tranquilidad por la imprudencia del
-ayudante general Marcial Tomás, que había salido enviado a aquella
-ciudad con el objeto de disponer alojamientos para la tropa francesa.
-Explicábase sin rebozo contra el ensalzamiento de Fernando VII,
-afirmando que Napoleón había decidido restablecer en el trono a Carlos
-IV. Esparcidos por el vecindario semejantes rumores, se amotinó el
-pueblo agavillándose en la plaza de Zocodover, y paseando armado por
-las calles el retrato de Fernando, a quien todos tenían que saludar o
-acatar, fueran franceses o españoles. La casa del corregidor Don José
-Joaquín de Santa María, y las de los particulares Don Pedro Segundo
-y Don Luis del Castillo fueron acometidas y públicamente quemados
-sus muebles y efectos, achacándose a estos sujetos afecto al valido
-y a Carlos IV: crimen entonces muy grave en la opinión popular. Duró
-el tumulto dos días. Le apaciguó el cabildo y la llegada del general
-Dupont, quien con la suficiente fuerza pasó el 26 de Aranjuez a aquella
-ciudad. [Marginal: En Burgos.] Iguales ruidos y alborotos hubo en
-Burgos por aquellos días de resultas de haber detenido los franceses
-a un correo español. El intendente marqués de la Granja estuvo muy
-cerca de perecer a manos del populacho, y hubo con esta ocasión varios
-heridos.
-
-Apoyado en aquellos tumultos provocados por la imprudencia u osadía
-francesa, y seguro por otra parte de que Fernando había atravesado la
-frontera, [Marginal: Conducta altanera de Murat.] levantó Murat su
-imperioso y altanero tono, encareciendo agravios e importunando con
-sus peticiones. Guardaba con la junta, autoridad suprema de la nación,
-tan poco comedimiento que en ocasiones graves procedía sin contar con
-su anuencia. Así fue que queriendo Bonaparte congregar en Bayona una
-diputación de españoles, para que en tierra extraña tratase de asuntos
-interiores del reino, a manera de la que antes había reunido en León
-respecto de Italia; y habiendo Murat comunicado dicha resolución a la
-junta gubernativa a fin de que nombrase sujetos y arreglase el modo
-de convocación; al tiempo que esta en medio de sus angustias entraba
-en deliberación acerca de la materia, llegó a su noticia que el gran
-duque Murat había por sí escogido al intento ciertas personas, quienes
-rehusando pasar a Francia sin orden o pasaporte de su gobierno, le
-obligaron a dirigirse a la misma junta para obtenerlos. Diolos aquella,
-creciendo en debilidad a medida que el francés crecía en insolencia.
-
-[Marginal: Conducta de la junta y medidas que propone.]
-
-Más adelante volveremos a hablar de la reunión que se indicaba para
-Bayona. Ahora conviene que paremos nuestra atención en la conducta
-de la junta suprema, autoridad que quedó al frente de la nación y la
-gobernó hasta que grandes y gloriosos levantamientos limitaron su flaca
-dominación a Madrid y puntos ocupados por los franceses. A pesar de
-no haber sido su mando muy duradero varió en su composición, ya por
-el número de sujetos que después se le agregaron, ya por la mudanza y
-alteración sustancial que experimentó al entrar Murat a presidirla. Nos
-ceñiremos por de pronto al espacio de su gobernación, que comprende
-hasta los primeros días de mayo, en cuyo tiempo se componía de las
-personas antes indicadas bajo la presidencia del infante Don Antonio,
-asistiendo con frecuencia a sus sesiones el príncipe de Castel-Franco,
-el conde de Montarco y Don Arias Mon, gobernador del consejo. Se
-agregaron en 1.º de mayo por resolución de la misma junta todos los
-presidentes y decanos de los consejos, y se nombró por secretario
-al conde de Casa-Valencia. En su difícil y ardua posición hostigada
-de un lado por un jefe extranjero impetuoso y altivo, y reprimida
-de otro con las incertidumbres y contradicciones de los que habían
-acompañado al rey a Bayona, puede encontrar disculpa la flojedad
-y desmayo con que generalmente obró durante todos aquellos días.
-Hubiérase también achacado su indecisión al modo restricto con que
-Fernando la había autorizado a su partida, si Don Pedro Cevallos no
-nos hubiera dado a conocer que para acudir al remedio de aquel olvido
-o falta de previsión, se le había enviado a dicha junta desde Bayona
-una real orden para «que ejecutase cuanto convenía al servicio del rey
-y del reino, y que al efecto usase de todas las facultades que S. M.
-desplegaría si se hallase dentro de sus estados.» Parece ser que el
-decreto fue recibido por la junta, y en verdad que con él tenía ancho
-campo para proceder sin trabas ni miramiento. Sin embargo constante en
-su timidez e irresolución no se atrevió a tomar medida alguna vigorosa
-sin consultar de nuevo al rey. Fueron despachados con aquel objeto
-a Bayona Don Evaristo Pérez de Castro y Don José de Zayas: llegó el
-primero sin tropiezo a su destino; detúvose al segundo en la raya.
-Susurrose entonces que una persona bien enterada del itinerario del
-último lo había revelado para entorpecer su misión: no fue así con
-Pérez de Castro, quien encubrió a todos el camino o extraviada vereda
-que llevaba. La junta remitía por dichos comisionados cuatro preguntas
-acerca de las cuales pedía instrucciones. «1.ª Si convenía autorizar
-a la junta a sustituirse en caso necesario en otras personas, las que
-S. M. designase, para que se trasladasen a paraje en que pudiesen
-obrar con libertad, siempre que la junta llegase a carecer de ella.
-2.ª Si era la voluntad de S. M. que empezasen las hostilidades, el
-modo y tiempo de ponerlo en ejecución. 3.ª Si debía ya impedirse la
-entrada de nuevas tropas francesas en España, cerrando los pasos de la
-frontera. 4.ª Si S. M. juzgaba conducente que se convocasen las cortes,
-dirigiendo su real decreto al consejo, y en defecto de este [por ser
-posible que al llegar la respuesta de S. M. no estuviera ya en libertad
-de obrar] a cualquiera chancillería o audiencia del reino.»
-
-[Marginal: Creación de una junta que la sustituya.]
-
-Preguntas eran estas con que más bien daba indicio la junta de querer
-cubrir su propia responsabilidad, que de desear su aprobación. Con todo
-habiendo dentro de su seno individuos sumamente adictos al bien y honor
-de su patria, no pudieron menos de acordarse con oportunidad algunas
-resoluciones, que ejecutadas con vigor hubieran sin duda influido
-favorablemente en el giro de los negocios. Tal fue la de nombrar una
-junta que sustituyese a la de Madrid, llegado el caso de carecer esta
-de libertad. Propuso tan acertada providencia el firme y respetable Don
-Francisco Gil y Lemus, impelido y alentado por una reunión oculta de
-buenos patriotas que se congregaban en casa de su sobrino Don Felipe
-Gil Taboada. Fueron los nombrados para la nueva junta el conde de
-Ezpeleta, capitán general de Cataluña que debía presidirla, Don Gregorio
-García de la Cuesta, capitán general de Castilla la Vieja, el teniente
-general Don Antonio de Escaño, Don Gaspar Melchor de Jovellanos, y
-en su lugar, y hasta tanto que llegase de Mallorca, Don Juan Pérez
-Villamil, y Don Felipe Gil Taboada. El punto señalado para su reunión
-era Zaragoza, y el último de los nombrados salió para dicha ciudad
-en la mañana misma del aciago 2 de mayo, en compañía de Don Damián de
-la Santa que debía ser secretario. Luego veremos cómo se malogró la
-ejecución de tan oportuna medida.
-
-Los individuos que en la junta de Madrid propendían a no exponer a
-riesgo sus personas abrazando un activo y eficaz partido, se apoyaban
-en el mismo titubear de los ministros y consejeros de Bayona, quienes
-ni entre sí andaban acordes, ni sostenían con uniformidad y firmeza
-lo que una vez habían determinado. Hemos visto antes como Don Pedro
-Cevallos había expedido un decreto autorizando a la junta para que
-obrase sin restricción ni traba alguna; de lo que hubiéramos debido
-inferir cuán resuelto estaba a sobrellevar con fortaleza los males
-que de aquel decreto pudieran originarse a su persona y a los demás
-españoles que rodeaban al rey. Pues era tan al contrario, que el
-mismo Don Pedro envió a decir a la junta en 23 de abril por Don Justo
-Ibarnavarro oidor de Pamplona, que llegó a Madrid en la noche del
-29,[*] [Marginal: Llegada a Madrid de Don Justo Ibarnavarro. (* Ap.
-n. 2-19.)] «que no se hiciese novedad en la conducta tenida con los
-franceses para evitar funestas consecuencias contra el rey, y cuantos
-españoles [porque no se olvidaban] acompañaban a S. M.» El mencionado
-oidor, después de contar lo que pasaba en Bayona, también anunció de
-parte de S. M. «que estaba resuelto a perder primero la vida que a
-acceder a una inicua renuncia... y que con esta seguridad procediese la
-junta»; aserción algún tanto incompatible con el encargo de Don Pedro
-Cevallos. Siendo tan grande la vacilación de todos, siendo tantas y
-tan frecuentes sus contradicciones, fue más fácil que después cada
-uno descargase su propia responsabilidad, echándose recíprocamente la
-culpa. Por consiguiente si en este primer tiempo procedió la junta de
-Madrid con duda y perplejidad, las circunstancias eran harto graves
-para que no sea disimulable su indecisa y a veces débil conducta,
-examinándola a la luz de la rigurosa imparcialidad.
-
-[Marginal: Posición de los franceses en Madrid.]
-
-La fuerte y hostil posición de los franceses era también para
-desalentar al hombre más brioso y arrojado. Tenían en Madrid y
-sus alrededores 25.000 hombres, ocupando el Retiro con numerosa
-artillería. Dentro de la capital estaba la guardia imperial de a pie
-y de a caballo con una división de infantería mandada por el general
-Musnier, y una brigada de caballería. Las otras divisiones del cuerpo
-de observación de las costas del océano a las órdenes del mariscal
-Moncey, se hallaban acantonadas en Fuencarral, Chamartín, convento
-de San Bernardino, Pozuelo y la casa de Campo. En Aranjuez, Toledo
-y el Escorial había divisiones del cuerpo de Dupont, de suerte que
-Madrid estaba ocupado y circundado por el ejército extranjero, al
-paso que la guarnición española constaba de poco más de 3000 hombres,
-habiéndose insensiblemente disminuido desde los acontecimientos de
-marzo. Mas el vecindario, en lugar de contener y reprimir su disgusto,
-le manifestaba cada día más a cara descubierta y sin poner ya límites
-a su descontento. Eran extraordinarias la impaciencia y la agitación,
-y ora delante de la imprenta real para aguardar la publicación de una
-gaceta, ora delante de la casa de correos para saber noticias, se veían
-constantemente grupos de gente de todas clases. Los empleados dejaban
-sus oficinas, los operarios sus talleres, y hasta el delicado sexo sus
-caseras ocupaciones para acudir a la Puerta del Sol y sus avenidas,
-ansiosos de satisfacer su noble curiosidad: interés loable y señalado
-indicio de que el fuego patrio no se había aún extinguido en los pechos
-españoles.
-
-[Marginal: Revistas de Murat.]
-
-Murat por su parte no omitía ocasión de ostentar su fuerza y sus
-recursos para infundir pavor en el ánimo de la desasosegada multitud.
-Todos los domingos pasaba revista de sus tropas en el paseo del Prado,
-después de haber oído misa en el convento de Carmelitas descalzos,
-calle de Alcalá. La demostración religiosa acompañada de la estrepitosa
-reseña, lejos de conciliar los ánimos o de arredrarlos, los llenaba de
-enfado y enojo. No se creía en la sinceridad de la primera tachándola
-de impío fingimiento, y se veía en la segunda el deliberado propósito
-de insultar y de atemorizar con estudiada apariencia a los pacíficos,
-si bien ofendidos moradores. De una y otra parte fue creciendo la
-irritación siendo por ambas extremada. El español tenía a vilipendio el
-orgullo y desprecio con que se presentaba el extranjero, y el soldado
-francés temeroso de una oculta trama anhelaba por salir de su situación
-penosa, vengándose de los desaires que con frecuencia recibía. A tal
-punto había llegado la agitación y la cólera, que al volver Murat el
-domingo 1.º de mayo de su acostumbrada revista, y a su paso por la
-Puerta del Sol fue escarnecido y silbado con escándalo de su comitiva
-por el numeroso pueblo que allí a la sazón se encontraba. Semejante
-estado de cosas era demasiado violento para que se prolongase, sin
-haber de ambas partes un abierto y declarado rompimiento. Solo faltaba
-oportuna ocasión, la cual desgraciadamente se ofreció muy luego.
-
-[Marginal: Pide la salida para Francia del infante Don Francisco y
-reina de Etruria.]
-
-El 30 de abril presentó Murat una carta de Carlos IV para que la reina
-de Etruria y el infante Don Francisco pasasen a Bayona. Se opuso
-la junta a la partida del infante, dejando a la reina que obrase
-según su deseo. Reiteró Murat el 1.º de mayo la demanda acerca del
-infante, tomando a su cuidado evitar a la junta cualquiera desazón
-o responsabilidad. Tratose largamente en ella si se había o no de
-acceder: los pareceres anduvieron muy divididos, y hubo quien propuso
-resistir con la fuerza. Consultose acerca del punto con Don Gonzalo
-Ofárril como ministro de la guerra, quien trazó un cuadro en tal
-manera triste, si bien cierto, de la situación de Madrid apreciada
-militarmente, que no solo arrastró a su opinión la de la mayoría,
-sino que también se convino en contener con las fuerzas nacionales
-cualquiera movimiento del pueblo. Hasta ahora la junta había sido débil
-e indecisa: en adelante menos atenta a sus sagrados deberes irá poco
-a poco uniéndose y estrechándose con el orgulloso invasor. Resuelto
-pues el viaje de la reina de Etruria conforme a su libre voluntad, y el
-del infante Don Francisco por consentimiento de la junta, se señaló la
-mañana siguiente para su partida.
-
-[Marginal: 2 de mayo.]
-
-Amaneció en fin el 2 de mayo, día de amarga recordación, de luto y
-desconsuelo, cuya dolorosa imagen nunca se borrará de nuestro afligido
-y contristado pecho. Un présago e inexplicable desasosiego pronosticaba
-tan aciago acontecimiento, o ya por aquel presentir oscuro que a veces
-antecede a las grandes tribulaciones de nuestra alma, o ya más bien por
-la esparcida voz de la próxima partida de los infantes. Esta voz y la
-suma inquietud excitada por la falta de dos correos de Francia, habían
-llamado desde muy temprano a la plazuela de palacio numeroso concurso
-de hombres y mujeres del pueblo. Al dar las nueve subió en un coche con
-sus hijos la reina de Etruria, mirada más bien como princesa extranjera
-que como propia, y muy desamada por su continuo y secreto trato con
-Murat: partió sin oponérsele resistencia. Quedaban todavía dos coches,
-y al instante corrió por la multitud que estaban destinados al viaje
-de los dos infantes Don Antonio y Don Francisco. Por instantes crecía
-el enojo y la ira, cuando al oír de la boca de los criados de palacio
-que el niño Don Francisco lloraba y no quería partir, se enternecieron
-todos, y las mujeres prorrumpieron en lamentos y sentidos sollozos.
-En este estado y alterados más y más los ánimos, llegó a palacio el
-ayudante de Murat Mr. Augusto Lagrange encargado de ver lo que allí
-pasaba, y de saber si la inquietud popular ofrecía fundados temores de
-alguna conmoción grave. Al ver al ayudante, conocido como tal por su
-particular uniforme, nada grato a los ojos del pueblo, se persuadió
-este que era venido allí para sacar por fuerza a los infantes.
-Siguiose un general susurro, y al grito de una mujerzuela: _que nos
-los llevan_, fue embestido Mr. Lagrange por todas partes, y hubiera
-perecido a no haberle escudado con su cuerpo el oficial de valonas
-Don Miguel Desmaisieres y Flórez; mas subiendo de punto la gritería y
-ciegos todos de rabia y desesperación, ambos iban a ser atropellados
-y muertos si afortunadamente no hubiera llegado a tiempo una patrulla
-francesa que los libró del furor de la embravecida plebe. Murat
-prontamente informado de lo que pasaba envió sin tardanza un batallón
-con dos piezas de artillería: la proximidad a palacio de su alojamiento
-facilitaba la breve ejecución de su orden. La tropa francesa llegada
-que fue al paraje de la reunión popular, en vez de contener el alboroto
-en su origen, sin previo aviso ni determinación anterior, hizo una
-descarga sobre los indefensos corrillos, causando así una general
-dispersión, y con ella un levantamiento en toda la capital, porque
-derramándose con celeridad hasta por los más distantes barrios los
-prófugos de palacio, cundió con ellos el terror y el miedo, y en un
-instante y como por encanto se sublevó la población entera.
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-Acudieron todos a buscar armas, y con ansia a falta de buenas se
-aprovechaban de las más arrinconadas y enmohecidas. Los franceses
-fueron impetuosamente acometidos por doquiera que se les encontraba.
-Respetáronse en general los que estaban dentro de las casas o iban
-desarmados, y con vigor se ensañaron contra los que intentaban juntarse
-con sus cuerpos o hacían fuego. Los hubo que arrojando las armas e
-implorando clemencia se salvaron, y fueron custodiados en paraje
-seguro. ¡Admirable generosidad en medio de tan ciego y justo furor! El
-gentío era inmenso en la calle Mayor, de Alcalá, de la Montera y de
-las Carretas. Durante algún tiempo los franceses desaparecieron, y los
-inexpertos madrileños creyeron haber alcanzado y asegurado su triunfo;
-pero desgraciadamente fue de corta duración su alegría.
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-Los extranjeros prevenidos de antemano, y estando siempre en
-vela, recelosos por la pública agitación de una populosa ciudad,
-apresuradamente se abalanzaron por las calles de Alcalá y carrera
-de San Jerónimo barriéndola con su artillería, y arrollando a la
-multitud la caballería de la guardia imperial a las órdenes del jefe
-de escuadron Daumesnil. Señaláronse en crueldad los lanceros polacos
-y los mamelucos, los que conforme a las órdenes de los generales de
-brigada Guillot y Daubray forzaron las puertas de algunas casas, o ya
-porque desde dentro hubiesen tirado, o ya porque así lo fingieron para
-entrarlas a saco y matar a cuantos se les presentaban. Así asaltando
-entre otras la casa del duque de Híjar en la carrera de San Jerónimo
-arcabucearon delante de sus puertas al anciano portero. Estuvieron
-también próximos a experimentar igual suerte el marqués de Villamejor
-y el conde de Talara, aunque no habían tomado parte en la sublevación.
-Salváronlos sus alojados. El pueblo combatido por todas partes fue
-rechazado y disperso, y solo unos cuantos siguieron defendiéndose
-y aun atacaron con sobresaliente bizarría. Entre ellos los hubo
-que vendiendo caras sus vidas se arrojaron en medio de las filas
-francesas hiriendo y matando hasta dar el postrer aliento: hubo otros
-que parapetándose en las esquinas de las calles iban de una en otra
-haciendo continuado y mortífero fuego: algunos también en vez de huir
-aguardaban a pie firme, o asestaban su último y furibundo golpe contra
-el jefe u oficial conocido por sus insignias. ¡Estériles esfuerzos de
-valor y personal denuedo!
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-La tropa española permanecía en sus cuarteles por orden de la junta
-y del capitán general Don Francisco Javier Negrete, furiosa y
-encolerizada, mas retenida por la disciplina. Entretanto paisanos
-sin resguardo ni apoyo se precipitaron al parque de artillería, en
-el barrio de las Maravillas, para sacar los cañones y resistir con
-más ventaja. Los artilleros andaban dudosos en tomar o no parte con
-el pueblo, a la misma sazón que cundió la voz de haber sido atacado
-por los franceses uno de los otros cuarteles. Decididos entonces y
-puestos al frente Don Pedro Velarde y D. Luis Daoiz abrieron las
-puertas del parque, sacaron tres cañones y se dispusieron a rechazar al
-enemigo, sostenidos por los paisanos y un piquete de infantería a las
-órdenes del oficial Ruiz. Al principio se cogieron prisioneros algunos
-franceses, pero poco después una columna de estos de los acantonados en
-el convento de San Bernardino se avanzó mandada por el general Lefranc,
-trabándose de ambos lados una porfiada refriega. El parque se defendió
-valerosamente, menudearon las descargas, y allí quedaron tendidos
-número crecido de enemigos. De nuestra parte perecieron bastantes
-soldados y paisanos: el oficial Ruiz fue desde el principio gravemente
-herido. Don Pedro Velarde feneció atravesado de un balazo: y escaseando
-ya los medios de defensa con la muerte de muchos, y aproximándose
-denodadamente los franceses a la bayoneta, comenzaron los nuestros a
-desalentar y quisieron rendirse. Pero cuando se creía que los enemigos
-iban a admitir la capitulación se arrojaron sobre las piezas, mataron
-a algunos, y entre ellos traspasaron desapiadadamente a bayonetazos a
-Don Luis Daoiz, herido antes en un muslo. Así terminaron su carrera los
-ilustres y beneméritos oficiales Daoiz y Velarde: honra y gloria de
-España, dechado de patriotismo, servirán de ejemplo a los amantes de
-la independencia y libertad nacional. El reencuentro del parque fue el
-que costó más sangre a los franceses, y en donde hubo resistencia más
-ordenada.
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-Entretanto la débil junta azorada y sorprendida pensó en buscar
-remedio a tamaño mal. Ofárril y Azanza habiendo recorrido inútilmente
-los alrededores de palacio, y no siendo escuchados de los franceses,
-montaron a caballo y fueron a encontrarse con Murat, quien desde el
-principio de la sublevación para estar más desembarazado y más a mano
-de dar órdenes, ya a las tropas de afuera, ya a las de adentro, se
-colocó con el mariscal Moncey y principales generales fuera de puertas
-en lo alto de la cuesta de San Vicente. Llegaron allí los comisionados
-de la junta, y dijeron al gran duque que si mandaba suspender el
-fuego y les daba para acompañarlos uno de sus generales se ofrecían
-a restablecer la tranquilidad. Accedió Murat y nombró al efecto al
-general Harispe. Juntos los tres pasaron a los consejos, y asistidos
-de individuos de todos ellos se distribuyeron por calles y plazas, y
-recorriendo las principales alcanzaron que la multitud se aplacase
-con oferta de olvido de lo pasado y reconciliación general. En aquel
-paseo se salvó la vida a varios desgraciados, y señaladamente a algunos
-traficantes catalanes a ruego de Don Gonzalo Ofárril.
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-Retirados los españoles, todas las bocacalles y puntos importantes
-fueron ocupados por los franceses, situando particularmente en las
-encrucijadas cañones con mecha encendida.
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-Aunque sumidos todos en dolor profundo, se respiraba algún tanto con
-la consoladora idea de que por lo menos haría pausa la desolación y la
-muerte. ¡Engañosa esperanza! A las tres de la tarde una voz lúgubre
-y espantosa empezó a correr con la celeridad del rayo. Afirmábase
-que españoles tranquilos habían sido cogidos por los franceses y
-arcabuceados junto a la fuente de la Puerta del Sol y la iglesia de la
-Soledad, manchando con su inocente sangre las gradas del templo. Apenas
-se daba crédito a tamaña atrocidad, y conceptuábanse falsos rumores
-de ilusos y acalorados patriotas. Bien pronto llegó el desengaño.
-En efecto, los franceses después de estar todo tranquilo habían
-comenzado a prender a muchos españoles, que en virtud de las promesas
-creyeron poder acudir libremente a sus ocupaciones. Prendiéronlos
-con pretexto de que llevaban armas: muchos no las tenían, a otros
-solo acompañaba o una navaja o unas tijeras de su uso. Algunos fueron
-arcabuceados sin dilación, otros quedaron depositados en la casa de
-correos y en los cuarteles. Las autoridades españolas fiadas en el
-convenio concluido con los jefes franceses, descansaban en el puntual
-cumplimiento de lo pactado. Por desgracia fuimos de los primeros a
-ser testigos de su ciega confianza. Llevados a casa de Don Arias Mon
-gobernador del consejo con deseo de librar la vida a Don Antonio
-Oviedo, quien sin motivo había sido preso al cruzar de una calle, nos
-encontramos con que el venerable anciano, rendido al cansancio de la
-fatigosa mañana, dormía sosegadamente la siesta. Enlazados con él por
-relaciones de paisanaje y parentesco, conseguimos que se le despertase,
-y con dificultad pudimos persuadirle de la verdad de lo que pasaba,
-respondiendo a todo que una persona como el gran duque de Berg no
-podía descaradamente faltar a su palabra... ¡tanto repugnaba el falso
-proceder a su acendrada probidad! Cerciorado al fin, procuró aquel
-digno magistrado reparar por su parte el grave daño, dándonos también
-a nosotros en propia mano la orden para que se pusiese en libertad a
-nuestro amigo. Sus laudables esfuerzos fueron inútiles, y en balde
-fueron nuestros pasos en favor de Don Antonio Oviedo. A duras penas
-penetrando por las filas enemigas con bastante peligro, de que nos
-salvó el hablar la lengua francesa, llegamos a la casa de correos donde
-mandaba por los españoles el general Sesti. Le presentamos la orden del
-gobernador, y friamente nos contestó que para evitar las continuadas
-reclamaciones de los franceses, les había entregado todos sus presos
-y puéstolos en sus manos: así aquel italiano al servicio de España
-retribuyó a su adoptiva patria los grados y mercedes con que le había
-honrado. En dicha casa de correos se había juntado una comisión militar
-francesa con apariencias de tribunal; mas por lo común sin ver a los
-supuestos reos, sin oírles descargo alguno ni defensa los enviaba en
-pelotones unos en pos de otros para que pereciesen en el Retiro o en
-el Prado. Muchos llegaban al lugar de su horroroso suplicio ignorantes
-de su suerte; y atados de dos en dos, tirando los soldados franceses
-sobre el montón, caían o muertos o mal heridos, pasando a enterrarlos
-cuando todavía algunos palpitaban. Aguardaron a que pasase el día
-para aumentar el horror de la trágica escena. Al cabo de veinte años
-nuestros cabellos se erizan todavía al recordar la triste y silenciosa
-noche, solo interrumpida por los lastimeros ayes de las desgraciadas
-víctimas y por el ruido de los fusilazos y del cañón que de cuando
-en cuando y a lo lejos se oía y resonaba. Recogidos los madrileños a
-sus hogares lloraban la cruel suerte que había cabido o amenazaba al
-pariente, al deudo o al amigo. Nosotros nos lamentábamos de la suerte
-del desventurado Oviedo, cuya libertad no habíamos logrado conseguir,
-a la misma sazón que pálido y despavorido le vimos impensadamente
-entrar por las puertas de la casa en donde estábamos. Acababa de deber
-la vida a la generosidad de un oficial francés movido de sus ruegos y
-de su inocencia, expresados en la lengua extraña con la persuasiva
-elocuencia que le daba su crítica situación. Atado ya en un patio del
-Retiro, estando para ser arcabuceado le soltó, y aun no había salido
-Oviedo del recinto del palacio cuando oyó los tiros que terminaron la
-larga y horrorosa agonía de sus compañeros de infortunio.[*] [Marginal:
-(* Ap. n. 2-21.)] Me he atrevido a entretejer con la relación general
-un hecho que si bien particular, da una idea clara y verdadera del
-modo bárbaro y cruel con que perecieron muchos españoles, entre los
-cuales había sacerdotes, ancianos y otras personas respetables. No
-satisfechos los invasores con la sangre derramada por la noche,
-continuaron todavía en la mañana siguiente pasando por las armas a
-algunos de los arrestados la víspera, para cuya ejecución destinaron
-el cercado de la casa del príncipe Pío. Con aquel sangriento suceso se
-dio correspondiente remate a la empresa comenzada el 2 de mayo, día que
-cubrirá eternamente de baldón al caudillo del ejército francés, que
-friamente mandó asesinar, atraillados sin juicio ni defensa a inocentes
-y pacíficos individuos. Lejos estaba entonces de prever el orgulloso y
-arrogante Murat que años después cogido, sorprendido y casi atraillado
-también a la manera de los españoles del 2 de mayo, sería arcabuceado
-sin detenidas formas y a pesar de sus reclamaciones, ofreciendo en su
-persona un señalado escarmiento a los que ostentan hollar impunemente
-los derechos sagrados de la justicia y de la humanidad.
-
-Difícil sería calcular ahora con puntualidad la pérdida que hubo por
-ambas partes. El consejo interesado en disminuirla la rebajó a unos
-200 hombres del pueblo. Murat aumentando la de los españoles redujo
-la suya acortándola el Monitor a unos 80 entre muertos y heridos. Las
-dos relaciones debieron ser inexactas por la sazón en que se hicieron
-y el diverso interés que a todos ellos movía. Según lo que vimos y
-atendiendo a lo que hemos consultado después y al número de heridos
-que entraron en los hospitales, creemos que aproximadamente puede
-computarse la pérdida de unos y otros en 1200 hombres.
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-Calificaron los españoles el acontecimiento del 2 de mayo de trama
-urdida por los franceses, y no faltaron algunos de estos que se
-imaginaron haber sido una conspiración preparada de antemano por
-aquellos: suposiciones falsas y desnudas ambas de sólido fundamento.
-Mas, desechando los rumores de entonces, nos inclinamos sí a que
-Murat celebró la ocasión que se le presentaba y no la desaprovechó,
-jactándose como después lo hizo de haber humillado con un recio
-escarmiento la fiereza castellana. Bien pronto vio cuán equivocado
-era su precipitado juicio. Aquel día fue el origen del levantamiento
-de España contra los franceses, contribuyendo a ello en gran manera
-el concurso de forasteros que había en la capital con motivo del
-advenimiento al trono de Fernando VII. Asustados estos y horrorizados,
-volvieron a sus casas difundiendo por todas las provincias la infausta
-nueva y excitando el odio y la abominación contra el cruel y fementido
-extranjero.
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-[Marginal: Día 3.]
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-Profunda tristeza y abatimiento señalaron el día 3. Las tiendas y
-las casas cerradas, las calles solitarias y recorridas solamente
-por patrullas francesas ofrecían el aspecto de una ciudad desierta
-y abandonada. Murat mandó fijar en las esquinas una proclama [*]
-[Marginal: (* Ap. n. 2-20.)] digna de Atila, respirando sangre y
-amenazas, con lo que la indignación, si bien reconcentrada entonces,
-tomó cada vez mayor incremento y braveza.
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-[Marginal: Salida de los infantes para Francia el 3 y el 4.]
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-Aterrado así el pueblo de Madrid, se fue adelante en el propósito de
-trasladar a Francia toda la real familia, y el mismo día 3 salió para
-Bayona el infante Don Francisco. No se había pasado aquella noche sin
-que el conde de Laforest y Mr. Freville indicasen en una conferencia
-secreta al infante Don Antonio la conveniencia y necesidad de que
-fuese a reunirse con los demás individuos de su familia, para que en
-presencia de todos se tomasen de acuerdo con el emperador las medidas
-convenientes al arreglo de los negocios de España. Condescendió el
-infante consternado con los sucesos precedentes, y señaló para su
-partida la madrugada del 4, habiéndose tomado un coche de viaje de la
-duquesa viuda de Osuna, a fin de que caminase más disimuladamente.
-Dirigió antes de su salida un papel o decreto [no sabemos qué nombre
-darle] a Don Francisco Gil y Lemus como vocal más antiguo de la junta y
-persona de su particular confianza. Aunque temamos faltar a la gravedad
-de la historia, lo curioso del papel así en la sustancia como en la
-forma exige que le insertemos aquí literalmente. «Al señor Gil. — A
-la junta para su gobierno la pongo en su noticia como me he marchado
-a Bayona de orden del rey, y digo a dicha junta que ella sigue en
-los mismos términos como si yo estuviese en ella. — Dios nos la dé
-buena. — A Dios, señores, hasta el valle de Josafat. — Antonio
-Pascual.» Basta esta carta del buen infante Don Antonio Pascual para
-conjeturar cuán superior era a sus fuerzas la pesada carga que le
-había encomendado su sobrino. Había sido siempre reputado por hombre
-de partes poco aventajadas, y en los breves días de su presidencia no
-ganó ni en concepto ni en estimación. La reina María Luisa le graduaba
-en sus cartas de hombre de muy _poco talento y luces_, agregábale
-además la calidad de _cruel_. El juicio de la reina en su primera
-parte era conforme a la opinión general; pero en lo de _cruel_, a
-haberse entonces sabido, se hubiera atribuido a injusta calificación
-de enemistad personal. Por desgracia la saña con que aquel infante
-se expresó el año de 1814 contra todos los perseguidos y proscritos,
-confirmó triste y sobradamente la justicia e imparcialidad con que
-la reina había bosquejado su carácter. Aquí acabó por decirlo así la
-primera época de la junta de gobierno, hasta cuyo tiempo si bien se
-echa de menos energía y la conveniente previsión, falta disculpable
-en tan delicada crisis, no se nota en su conducta connivencia ni
-reprensibles tratos con el invasor extranjero. En adelante su modo de
-proceder fue variando y enturbiándose más y más. Pero ya es tiempo de
-que volvamos los ojos a las escenas no menos lamentables que al mismo
-tiempo se representaban en Bayona.
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-[Marginal: Llega Napoleón a Bayona.]
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-Napoleón al día siguiente de su llegada el 16 de abril, dio
-audiencia en aquella ciudad a una diputación de portugueses enviada
-para cumplimentarle, y les ofreció conservar su independencia, no
-desmembrando parte alguna de su territorio ni agregándolos tampoco a
-España. No pudo verle el infante Don Carlos por hallarse indispuesto;
-mas Napoleón pasó a visitar en persona a Fernando una hora después
-de su arribo, el que se verificó como hemos dicho el día 20. El
-recién llegado bajó a recibirle a la puerta de la calle, en donde
-habiéndose estrechamente abrazado estuvieron juntos corto rato, y
-solamente se tocaron en la conversación puntos indiferentes. Fernando
-fue convidado a comer para aquella misma tarde con el emperador, y a
-la hora señalada yendo en carruajes imperiales con su comitiva, fue
-conducido al palacio de Marracq donde Napoleón residía. Saliole este a
-recibir hasta el estribo del coche, etiqueta solo usada con las testas
-coronadas. En la mesa evitó tratarle como príncipe o como rey. Acabada
-la comida permanecieron poco tiempo juntos, y se despidieron quedando
-los españoles muy contentos del agasajo con que habían sido tratados,
-y renaciendo en ellos la esperanza de que todo iba a componerse bien
-y satisfactoriamente. Vuelto Fernando a su posada entró en ella muy
-luego el general Savary con el inesperado mensaje de que el emperador
-había resuelto irrevocablemente derribar del trono la estirpe de los
-Borbones, sustituyendo la suya, [Marginal: Se anuncia a Fernando
-que renuncie.] y que por consiguiente S. M. I. exigía que el rey en
-su nombre y en el de toda su familia renunciase la corona de España
-e Indias en favor de la dinastía de Bonaparte. No se sabe si debe
-sorprender más la resolución en sí misma y el tiempo y ocasión de
-anunciarla, o la serenidad del mensajero encargado de dar la noticia.
-No habían transcurrido aun cinco días desde que el general Savary había
-respondido con su cabeza de que el emperador reconocería al príncipe
-de Asturias por rey si hiciese la demostración amistosa de pasar a
-Bayona; y el mismo general encargábase ahora no ya de poner dudas o
-condiciones a aquel reconocimiento, sino de intimar al príncipe y a
-su familia el despojo absoluto del trono heredado de sus abuelos.
-¡Inaudita audacia! Aguardar también para notificar la terrible decisión
-de Napoleón el momento en que acababa de darse a los príncipes de
-España pruebas de un bueno y amistoso hospedaje, fue verdaderamente
-rasgo de inútil y exquisita inhumanidad, apenas creíble a no habérnoslo
-trasmitido testigos oculares. Los héroes del político florentino César
-Borja y Oliveretto di Fermo en sus crueldades y excesos parecidos en
-gran manera a este de Napoleón, hallaban por lo menos cierta disculpa
-en su propia debilidad y en ser aquella la senda por donde caminaban
-los príncipes y estados de su tiempo. Mas el hombre colocado al frente
-de una nación grande y poderosa, y en un siglo de costumbres más suaves
-nunca podrá justificar o paliar siquiera ni su aleve resolución, ni el
-modo odioso e inoportuno de comunicarla.
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-[Marginal: Conferencias de Escóiquiz y Cevallos.]
-
-Después del intempestivo y desconsolador anuncio, tuvieron acerca
-del asunto Don Pedro Cevallos y Don Juan Escóiquiz importantes
-conferencias. Comenzó la de Cevallos con el ministro Champagny, y
-cuando sostenía aquel con tesón y dignidad los derechos de su príncipe,
-en medio de la discusión presentose el emperador, y mandó a ambos
-entrar en su despacho, en donde enojado con lo que a Cevallos le había
-oído, pues detrás de una puerta había estado escuchando, le apellidó
-_traidor_, por desempeñar cerca de Fernando el mismo destino de que
-había disfrutado bajo Carlos IV. Añadidos otros denuestos, se serenó
-al fin y concluyó con decir que «tenía una política peculiar suya; que
-debía [Cevallos] adoptar ideas más francas, ser menos delicado sobre
-el pundonor y no sacrificar la prosperidad de España al interés de la
-familia de Borbón.»
-
-La primera conferencia de Escóiquiz fue desde luego con Napoleón mismo,
-quien le trató con más dulzura y benignidad que a Cevallos, merced
-probablemente a los elogios que el canónigo le prodigó con larga
-mano. La conversación tenida entre ambos nos ha sido conservada por
-Escóiquiz, y aunque dueño este de modificarla en ventaja suya, lleva
-visos de verídica y exacta, así por lo que Bonaparte dice, como también
-por aparecer en ella el bueno de Escóiquiz en su original y perpetua
-simplicidad. El emperador francés poco atento a floreos y estudiadas
-frases, insistió con ahínco en la violencia con que a Carlos IV se le
-había arrancado su renuncia, siendo el punto que principalmente le
-interesaba. No por eso dejó Escóiquiz de seguir perorando largamente;
-pero su _cicerónica arenga_, como por mofa la intitulaba Napoleón,
-no conmovió el imperial ánimo de este, que terminó la conferencia con
-autorizar a Escóiquiz para que en nombre suyo ofreciese a Fernando el
-reino de Etruria en cambio de la corona de España; en cuya propuesta
-quería dar al príncipe una prueba de su estimación, prometiendo además
-casarle con una princesa de su familia. Después de lo cual y de tirarle
-amistosa si bien fuertemente de las orejas, según el propio relato del
-canónigo, dio fin a la conversación el emperador francés.
-
-Apresuradamente volvió a la posada del rey Fernando Don Juan Escóiquiz,
-a quien todos aguardaban con ansia. Comunicó la nueva propuesta de
-Napoleón, y se juntó el consejo de los que acompañaban al rey para
-discutirla. En él los más de los asistentes, a pesar de los repetidos
-desengaños, solo veían en las nuevas proposiciones el deseo de pedir
-mucho para alcanzar algo, y todos a excepción de Escóiquiz votaron por
-desechar la propuesta del reino de Etruria. Cierto que si por una parte
-horroriza la pérfida conducta de Napoleón, por otra causa lástima y
-despecho el constante desvarío de los consejeros de Fernando y aquel
-continuado esperar en quien solo había dado muestras de mala voluntad.
-La opinión de Escóiquiz fue aún menos disculpable; la de los otros
-consejeros se fundaba en un juicio equivocado, pero la del último no
-solo le deshonraba como español queriendo que se trocase el vasto y
-poderoso trono de su patria por otro pequeño y limitado, no solo daba
-indicio de mísera y personal ambición, sino que también probaba de
-nuevo imprevisión incurable en imaginarse que Bonaparte respetaría más
-al nuevo rey de Etruria que lo que había respetado al antiguo y a los
-que eran legítimamente príncipes de España.
-
-Continuaron las conferencias habiendo sustituido a Cevallos Don Pedro
-Labrador, y entendiéndose con Escóiquiz Mr. de Pradt, obispo de
-Poitiers. Labrador rompió desde luego sus negociaciones con Mr. de
-Champagny: los otros prosiguieron sin resultado alguno su recíproco
-trato y explicaciones. Daba ocasión a muchas de estas conferencias la
-vacilación misma de Napoleón, quien deseaba que Fernando renunciase
-sus derechos, sin tener que acudir a una violencia abierta, y también
-para dar lugar a que Carlos IV y el otro partido de la corte llegasen a
-Bayona. Así fue que la víspera del día en que se aguardaba a los reyes
-viejos, anunció Napoleón a Fernando que ya no trataría sino con su
-padre.
-
-[Marginal: Llegada de Carlos IV a Bayona.]
-
-Ya hemos visto como el 25 de abril habían salido aquellos del Escorial,
-ansiosos de abrazar a su amigo Godoy, y persuadidos hasta cierto punto
-de que Napoleón los repondría en el trono. Pruébanlo las conversaciones
-que tuvieron en el camino, y señaladamente la que en Villa Real trabó
-la reina con el duque de Mahón; a quien habiéndole preguntado qué
-noticias corrían, respondió dicho duque «asegúrase que el emperador de
-los franceses reúne en Bayona todas las personas de la familia real de
-España para privarlas del trono.» Parose la reina como sorprendida,
-y después de haber reflexionado un rato, replicó: «Napoleón siempre
-ha sido enemigo grande de nuestra familia: sin embargo ha hecho a
-Carlos reiteradas promesas de protegerle, y no creo que obre ahora con
-perfidia tan escandalosa.» Arribaron pues a Bayona el 30, siendo desde
-la frontera cumplimentados y tratados como reyes, y con una distinción
-muy diversa de aquella con que se había recibido a su hijo. Napoleón
-los vio el mismo día, y no los convidó a comer sino para el siguiente
-1.º de mayo; queriéndoles hacer el obsequio de que descansasen.
-Desembarazados de las personas que habían ido a darles el parabién de
-su llegada, entre quienes se contaba a Fernando, mirado con desvío y
-enojo por su augusto padre, corrieron Carlos y María Luisa a los brazos
-de su querido Godoy, a quien tiernamente estrecharon en su seno una y
-repetidas veces con gran clamor y llanto.
-
-[Marginal: Come con Napoleón.]
-
-Pasaron en la tarde señalada a comer con Napoleón, y habiéndosele
-olvidado a este invitar al favorito español; al ponerse a la mesa,
-echándole de menos Carlos fuera de sí exclamó: _¿Y Manuel? ¿Dónde
-está Manuel?_ Fuele preciso a Napoleón reparar su olvido, o más
-bien condescender con los deseos del anciano monarca: tan grande
-era el poderoso influjo que sobre los hábitos y carácter del último
-había tomado Godoy, quien no parecía sino que con bebedizos le había
-encantado.
-
-[Marginal: Comparece Fernando en presencia de su padre.]
-
-No tardaron mucho unos y otros en ocuparse en el importante y grave
-negocio que había provocado la reunión en Bayona de tantos ilustres
-personajes. Muy luego de la llegada de los reyes padres, de acuerdo
-estos con Napoleón, y siendo Godoy su principal y casi único
-consejero, se citó a Fernando e intimole Carlos en presencia del
-soberano extranjero, que en la mañana del día siguiente le devolviese
-la corona por medio de una cesión pura y sencilla, amenazándole con que
-«si no él, sus hermanos y todo su séquito serían desde aquel momento
-tratados como emigrados.» Napoleón apoyó su discurso, y le sostuvo
-con fuerza; y al querer responder Fernando se lanzó de la silla su
-augusto padre, y hablándole con dignidad y fiereza quiso maltratarle,
-acusándole de haber querido quitarle la vida con la corona. La reina
-hasta entonces silenciosa se puso enfurecida, ultrajando al hijo con
-injuriosos denuestos, y a tal punto, según Bonaparte, se dejó arrastrar
-de su arrebatada cólera, que le pidió al mismo hiciese subir a Fernando
-al cadalso: expresión, si fue pronunciada, espantosa en boca de una
-madre.[Marginal: Condiciones de Fernando para su renuncia. (* Ap. n.
-2-22.)] Su hijo enmudeció y envió una renuncia con fecha 1.º de mayo
-limitada por las condiciones siguientes: «1.ª Que el rey padre volviese
-a Madrid, hasta donde le acompañaría Fernando, y le serviría como [*]
-su hijo más respetuoso. 2.ª Que en Madrid se reuniesen las cortes, y
-pues que S. M. [el rey padre] resistía una congregación tan numerosa,
-se convocasen todos los tribunales y diputados del reino. 3.ª Que a la
-vista de aquella asamblea formalizaría su renuncia Fernando, exponiendo
-los motivos que le conducían a ella. 4.ª Que el rey Carlos no llevase
-consigo personas que justamente se habían concitado el odio de la
-nación. 5.ª Que si S. M. no quería reinar ni volver a España, en tal
-caso Fernando gobernaría en su real nombre, como lugarteniente suyo;
-no pudiendo ningún otro ser preferido a él.» Son de notar los trámites
-y formalidades que querían exigirse para hacer la nueva renuncia,
-siendo así que todo se había olvidado y aun atropellado en la anterior
-de Carlos. También es digno de particular atención que Fernando y sus
-consejeros, quienes por la mayor parte odiaron tanto años adelante
-hasta el nombre de cortes, hayan sido los primeros que provocaron su
-convocación, insinuando ser necesaria para legitimar la nueva cesión
-del hijo en favor del padre la aprobación de los representantes de la
-nación, o por lo menos la de una reunión numerosa en que estuvieran los
-diputados de los reinos. Así se truecan y trastornan los pareceres de
-los hombres al son del propio interés, y en menosprecio de la pública
-utilidad.
-
-[Marginal: No se conforma el padre.]
-
-Carlos IV no se conformó, como era de esperar, con la contestación del
-hijo, escribiéndole en respuesta el 2 una carta, en cuyo contenido
-en medio de algunas severas si bien justas reflexiones se descubre
-la mano de Napoleón, y hasta expresiones suyas. Sonlo por ejemplo
-[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-23.)] «todo debe hacerse para el pueblo,
-y nada por él... No puedo consentir en ninguna reunión en junta...
-nueva sugestión de los hombres sin experiencia que os acompañan.»
-Tal fue la invariable aversión con que Bonaparte miró siempre las
-asambleas populares, siendo así que sin ellas hubiera perpetuamente
-quedado oscurecido en el humilde rincón en que la suerte le había
-colocado.[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-24.)] Fernando insistió el 4 en su
-primera respuesta «que el excluir para siempre del trono de España a
-su dinastía, no podía hacerlo sin el expreso consentimiento de todos
-los individuos que tenían o podían tener derecho a la corona de España,
-ni tampoco sin el mismo expreso consentimiento de la nación española,
-reunida en cortes y en lugar seguro.» Y tanto y tanto reconocía
-entonces Fernando los sagrados derechos de la nación, reclamándolos y
-deslindándolos cada vez más y con mayor claridad y conato.
-
-[Marginal: Comparece por segunda vez Fernando delante de su padre.]
-
-En este estado andaban las pláticas sobre tan grave negocio cuando el
-5 de mayo se recibió en Bayona la noticia de lo acaecido en Madrid
-el día 2: pasó Napoleón inmediatamente a participárselo a los reyes
-padres, y después de haber tenido con ellos una muy larga conferencia,
-se llamó a Fernando para que también concurriese a ella. Eran las
-cinco de la tarde; todos estaban sentados excepto el príncipe. Su
-padre le reiteró las anteriores acusaciones; le baldonó acerbamente;
-le achacó el levantamiento del 2 de mayo; las muertes que se habían
-seguido, y llamándole pérfido y traidor, le intimó por segunda vez que
-si no renunciaba la corona, sería sin dilación declarado usurpador,
-y él y toda su casa conspiradores contra la vida de sus soberanos.
-Fernando atemorizado [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-25.)] abdicó el 6
-pura y sencillamente en favor de su padre, y en los términos que
-este le había indicado. No había aguardado Carlos a la renuncia del
-hijo para concluir con Napoleón un tratado por el que le cedía la
-corona, [Marginal: Renuncia Carlos IV en Napoleón. (Ap. n. 2-26.)] sin
-otra especial restricción que la de la integridad de la monarquía
-y la conservación de la religión católica, excluyendo cualquiera
-otra. El tratado fue firmado en 5 de mayo por el mariscal Duroc y el
-príncipe de la Paz,[*] plenipotenciarios nombrados al efecto; con
-cuya vergonzosa negociación dio el valido español cumplido remate a
-su pública y lamentable carrera. Ingrato y desconocido puso su firma
-en un tratado en el que no estipuló sola y precisamente privar de
-la corona a Fernando su enemigo, sino en general y por inducción a
-todos los infantes, a toda la dinastía, en fin, de los soberanos sus
-bienhechores, recayendo la cesión de Carlos en un príncipe extranjero.
-Pequeño y mezquino hasta en los últimos momentos, Don Manuel Godoy
-única y porfiadamente altercó sobre el artículo de pensiones. Por
-lo demás el modo con que Carlos se despojó de la corona, al paso
-que mancillaba al encargado de autorizarla por medio de un tratado,
-cubría de oprobio a un padre que de golpe y sin distinción privaba
-indirectamente a todos sus hijos de suceder en el trono. Acordada
-la renuncia en tierra extraña, faltábale a los ojos del mundo la
-indispensable cualidad de haber sido ejecutada libre y espontáneamente,
-sobre todo cuando la cesión recaía en favor de un soberano dentro de
-cuyo imperio se había concluido aquella importante estipulación. Era
-asimismo cosa no vista que un monarca, dueño si se quiere de despojarse
-a sí mismo de sus propios derechos, no contase para la cesión ni con
-sus hijos, ni con las otras personas de su dinastía, ni con el libre
-y amplio consentimiento de la nación española, que era traspasada
-a ajena dominación como si fuera un campo propio o un rebaño. El
-derecho público de todos los países se ha opuesto constantemente a
-tamaño abuso, y en España, en tanto que se respetaron sus franquezas y
-libertades, hubo siempre en las cortes un firme e invencible valladar
-contra la arbitraria y antojadiza voluntad de los reyes. Cuando Alfonso
-el batallador tuvo el singular desacuerdo de dejar por herederos de
-sus reinos a los caballeros del Temple, lejos de convenir en su loco
-extravío, nombraron los aragoneses en las cortes de Borja por rey
-de Aragón a Don Ramiro el monje, y por su parte los navarros para
-suceder en Navarra a Don García Ramírez. Hubo otros casos no menos
-señalados en que siempre se pusieron a salvo los fueros y costumbres
-nacionales. Hasta el mismo imbécil de Carlos II, aunque su disposición
-testamentaria fue hecha dentro del territorio, y en ella no se
-infringían tan escandalosamente ni los derechos de la familia real ni
-los de la nación, creyó necesario por lo menos usar de la fórmula de
-«que fuera válida aquella su última voluntad, como si se hubiese hecho
-de acuerdo con las cortes.» Ahora por todo se atropelló, y nadie cuidó
-de conservar siquiera ciertas apariencias de justicia y legitimidad.
-
-[Marginal: Carlos IV y María Luisa.]
-
-Así terminó Carlos IV su reinado, del que nadie mejor que él mismo nos
-dará una puntual y verdadera idea. Comía en Bayona con Napoleón cuando
-se expresó en estos términos: «todos los días invierno y verano iba
-a caza hasta las doce, comía y al instante volvía al cazadero hasta
-la caída de la tarde. Manuel me informaba como iban las cosas, y me
-iba a acostar para comenzar la misma vida al día siguiente, a menos
-de impedírmelo alguna ceremonia importante.» De este modo gobernó por
-espacio de veinte años aquel monarca, quien según la pintura que hace
-de sí propio, merece justamente ser apellidado con el mismo epiteto que
-lo fueron varios de los reyes de Francia de la estirpe merovingiana.
-Sin embargo adornaban a Carlos prendas con que hubiera brillado como
-rey, llenando sus altas obligaciones, si menos perezoso y débil no se
-hubiese ciegamente entregado al arbitrio y desordenada fantasía de la
-reina. Tenía comprensión fácil y memoria vasta; amaba la justicia, y
-si alguna vez se ocupaba en el despacho de los negocios, era expedito
-y atinado; mas estas calidades desaparecieron al lado de su dejadez
-y habitual abandono. Con otra esposa que María Luisa su reinado
-no hubiera desmerecido del de su augusto antecesor; y bien que la
-situación de Europa fuese muy otra a causa de la revolución francesa,
-tranquila España en su interior y bien gobernada, quizá hubiera podido
-sosegadamente progresar en su industria y civilización sin revueltas ni
-trastornos.
-
-[Marginal: Renuncia de Fernando como príncipe de Asturias.]
-
-Formalizadas las renuncias de Fernando en Carlos IV, y de este en
-Napoleón, faltaba la del primero como príncipe de Asturias, porque si
-bien había devuelto en 6 de mayo la corona a su padre, no había por
-aquel acto renunciado a sus derechos en calidad de inmediato sucesor.
-Parece ser, según Don Pedro Cevallos, que Fernando resistiéndose a
-acceder a la última cesión, Napoleón le dijo: «no hay medio, príncipe,
-entre la cesión y la muerte.» Otros han negado la amenaza, y admira en
-efecto que hubiera que acudir a requerimiento tan riguroso con persona
-cuya debilidad se había ya mostrado muy a las claras. El mariscal
-Duroc habló en el mismo sentido que su amo, y los príncipes entonces
-se determinaron a renunciar. Nombrose a dicho mariscal con Escóiquiz
-para arreglar el modo,[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-27.)] y el 10 firmaron
-ambos un tratado por el que se arreglaron los términos de la cesión
-del príncipe de Asturias, y se fijó su pensión como la de los infantes
-con tal que suscribiesen al tratado; lo cual verificaron Don Antonio y
-Don Carlos por medio de una proclama que en unión con Fernando dieron
-en Burdeos el [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-28.)] 12 del mismo mayo. El
-infante Don Francisco no firmó ninguno de aquellos actos, ya fuera
-precipitación, o ya por considerarle en su minoridad.
-
-Bien que Escóiquiz hubiese obedecido a las órdenes de Fernando firmando
-el tratado del 10, no por eso pone en seguro su buen nombre, harto
-mancillado ya. Y fue singular que los dos hombres, Godoy y Escóiquiz,
-cuyo desgobierno y errada conducta habían causado los mayores daños
-a la monarquía, y cuyo respectivo valimiento con los dos reyes padre
-e hijo les imponía la estrecha obligación de sacrificarse por la
-conservación de sus derechos, fuesen los mismos que autorizasen los
-tratados que acababan en España con la estirpe de los Borbones. La
-proclama de Burdeos dada el 12, y en la que se dice a los españoles,
-«que se mantengan tranquilos esperando su felicidad de las sabias
-disposiciones y del poder de Napoleón», fue producción de Escóiquiz,
-queriendo este persuadir después que con ella había pensado en provocar
-a los españoles para que sostuviesen la causa de sus príncipes
-legítimos. Si realmente tal fue su intento, se ve que no estaba dotado
-de mayor claridad cuando escribía, que de previsión cuando obraba.
-
-[Marginal: La reina de Etruria.]
-
-La reina de Etruria, a pesar de los favores y atentos obsequios que
-había dispensado a Murat y a los franceses, no fue más dichosa en
-sus negociaciones que las otras personas de su familia. No se podía
-cumplir con su hijo el tratado de Fontainebleau, porque el emperador
-había ofrecido a los diputados portugueses conservar la integridad
-de Portugal: no podían tampoco concedérsele indemnización en Italia,
-siendo opuesto a las _grandes miras_ de Napoleón permitir que en parte
-alguna de aquel país reinase una rama, cualquiera que fuese, de los
-Borbones; con cuya contestación tuvo la reina que atenerse a la pensión
-que se le señaló, y seguir la suerte de sus padres.
-
-[Marginal: Planes de evasión.]
-
-Durante la estancia en Bayona del príncipe de Asturias y los infantes,
-hubo varios planes para que se evadiesen. Un vecino de Cervera de
-Alhama recibió dinero de la junta suprema de Madrid con aquel objeto.
-Con el mismo también había ofrecido el duque de Mahón una fuerte suma
-desde San Sebastián: los consejeros de Fernando, a nombre y por orden
-suya, cobraron el dinero, mas la fuga no tuvo efecto. Se propuso como
-el medio mejor y más asequible el arrebatar a los dos hermanos Don
-Fernando y Don Carlos, sosteniendo la operación por vascos diestros y
-prácticos de la tierra, e internarlos en España por San Juan de Pie de
-Puerto. Fue tan adelante el proyecto que hubo apostados en la frontera
-300 miqueletes para que diesen la mano a los que en Francia andaban de
-concierto en el secreto. Después se pensó en salvarlos por mar, y hasta
-hubo quien propuso atacar a Napoleón en el palacio de Marracq. Había
-en todas estas tentativas más bien muestras de patriotismo y lealtad,
-que probable y buena salida. Hubiérase necesitado para llevarlas a
-cabo menos vigilancia en el gobierno francés, y mayor arrojo en los
-príncipes españoles, naturalmente tímidos y apocados.
-
-[Marginal: Se interna en Francia la familia real de España.]
-
-No tardó Napoleón, extendidas y formalizadas que fueron las renuncias
-por medio de los convenios mencionados, en despachar para lo interior
-de Francia a las personas de la familia real de España. El 10 de
-mayo Carlos IV y su esposa María Luisa, la reina de Etruria con sus
-hijos, el infante Don Francisco y el príncipe de la Paz salieron para
-Fontainebleau y de allí pasaron a Compiègne. El 11 partieron también de
-Bayona el rey Fernando VII y su hermano y tío, los infantes Don Carlos
-y Don Antonio; habiéndoseles señalado para su residencia el palacio de
-Valençay, propio del príncipe de Talleyrand.
-
-Tal fin tuvieron las célebres vistas de Bayona entre el emperador de
-los franceses y la mal aventurada familia real de España. Solo con
-muy negra tinta puede trazarse tan tenebroso cuadro. En él se presenta
-Napoleón pérfido y artero; los reyes viejos padres desnaturalizados;
-Fernando y los infantes débiles y ciegos; sus consejeros por la mayor
-parte ignorantes o desacordados, dando todos juntos principio a un
-sangriento drama, que ha acabado con muchos de ellos, desgarrado a
-España, y conmovido hasta en sus cimientos la suerte de la Francia
-misma.
-
-En verdad tiempos eran estos ásperos y difíciles, mas los encargados
-del timón del estado ya en Bayona, ya en Madrid, parece que solo
-tuvieron tino en el desacierto. Los primeros acabamos de ver qué
-cuenta dieron de sus príncipes: examinaremos ahora qué providencias
-tomaron los segundos [Marginal: Inacción de la junta suprema.] para
-defender el honor y la verdadera independencia nacional, puesto que
-por sus discordias y malos consejos se habían perdido el rey Fernando,
-sus hermanos y toda la real familia. Mencionamos anteriormente la
-comisión de Don Evaristo Pérez de Castro, quien con felicidad entró en
-Bayona el 4 de mayo. A su llegada se presentó sin dilación a Don Pedro
-Cevallos, y este comunicó al rey las proposiciones de la junta suprema
-de Madrid de que aquel era portador, y cuyo contenido hemos insertado
-más arriba. De resultas se dictaron dos decretos el 5 de mayo, uno
-escrito de la real mano estaba dirigido a la junta suprema de gobierno,
-y otro firmado por Fernando con la acostumbrada fórmula de _Yo el rey_
-era expedido al consejo, o en su lugar a cualquiera chancillería o
-audiencia libre del influjo extranjero. Por el primero el rey decía:
-«que se hallaba sin libertad, y consiguientemente imposibilitado de
-tomar por sí medida alguna para salvar su persona y la monarquía; que
-por tanto autorizaba a la junta en la forma más amplia para que en
-cuerpo, o sustituyéndose en una o muchas personas que la representasen,
-se trasladara al paraje que creyese más conveniente, y que en nombre de
-S. M. representando su misma persona ejerciese todas las funciones de
-la soberanía. Que las hostilidades deberían empezar desde el momento
-en que internasen a S. M. en Francia, lo que no sucedería sino por la
-violencia. Y por último, que en llegando ese caso tratase la junta
-de impedir del modo que creyese más a propósito la entrada de nuevas
-tropas en la península.» El decreto al consejo decía: «que en la
-situación en que S. M. se hallaba, privado de libertad para obrar por
-sí, era su real voluntad que se convocasen las cortes en el paraje que
-pareciese más expedito; que por de pronto se ocupasen únicamente en
-proporcionar los arbitrios y subsidios necesarios para atender a la
-defensa del reino, y que quedasen permanentes para lo demás que pudiese
-ocurrir.»
-
-Algunos de los ministros o consejeros de Fernando en Bayona creyeron
-fundadamente que la junta suprema autorizada, como lo había sido desde
-aquella ciudad, para obrar con las mismas e ilimitadas facultades que
-habrían asistido al rey estando presente, hubiera por sí debido adoptar
-aquellas medidas, evitando las dilaciones de la consulta; mas la junta
-que se había apartado del modo de pensar de los de Bayona, y que en
-vez de tomar providencias se contentó con pedir nuevas instrucciones,
-llegadas que fueron tampoco hizo nada, continuando en su inacción, so
-color de que las circunstancias habían variado. Cierto que no eran las
-mismas, y será bien que para pesar sus razones refiramos antes lo que
-en ese tiempo había pasado en Madrid.
-
-[Marginal: Murat presidente de la junta.]
-
-En la mañana misma del 4 de mayo en que partió el infante Don Antonio,
-el gran duque de Berg manifestó a algunos individuos de la junta que
-era preciso asociar su persona a las deliberaciones de aquel cuerpo,
-estando en ello interesado el buen orden y la quietud pública. Se le
-hicieron reflexiones sobre su propuesta; no insistió en ella por aquel
-momento, pero en la noche sin anuncio anterior se presentó en la junta
-para presidirla. Opúsose fuertemente a su atropellado intento Gil y
-Lemus; parece ser que también resistieron Azanza y Ofárril, quienes
-aunque al principio protestaron e hicieron dejación de sus destinos, al
-fin continuaron ejerciéndolos. Temerosa la junta del compromiso en que
-la ponía Murat, y queriendo evitar mayores males, cedió a sus deseos y
-resolvió admitir en su seno al príncipe francés. Mucho se censuró esta
-su determinación, y se pensó que excedía de sus facultades, mayormente
-cuando se trataba del jefe del ejército de ocupación, y cuando para
-ello no había recibido órdenes ni instrucciones de Bayona. Hubiera sido
-más conforme a la opinión general, o que se hubiera negado a deliberar
-ante el general francés, o haber aguardado a que una violencia clara
-y sin rebozo hubiese podido disculpar su sometimiento. Pesarosa tal
-vez la junta de su fácil condescendencia, en medio de su congoja [*]
-[Marginal: (* Ap. n. 2-29.)] le sacó algún tanto de ella y a tiempo un
-decreto que recibió el 7 de mayo, y que con fecha del 4 había expedido
-en Bayona Carlos IV, nombrando a Murat lugarteniente del reino, en
-cuya calidad debía presidir la junta suprema: decreto precursor de
-la abdicación de la corona que al día siguiente hizo en Napoleón.
-Acompañaba al nombramiento una proclama del mismo Carlos a la nación,
-que concluía con la notable cláusula de que: «no habría prosperidad ni
-salvación para los españoles, sino en la amistad del grande emperador
-su aliado.» Bien que la resolución del rey padre viniese en apoyo de
-la prematura determinación de la junta, en realidad no hubiera debido
-a los ojos de este cuerpo tener aquella fuerza alguna autoridad: la de
-dicha junta delegada por Fernando VII, solo a las órdenes del último
-tenía que obedecer. Sin embargo en el día 8 acordó su cumplimiento;
-y solamente suspendió la publicación, creyendo con ese medio y
-equívoco proceder salir de su compromiso. [Marginal: (* Ap. n. 2-30.)]
-Finalmente le libró de él y de su angustiada posición la noticia de
-haber devuelto Fernando la corona a su padre, recibiendo un decreto [*]
-del mismo para que se sometiese a las órdenes del antiguo monarca.
-
-[Marginal: Equívoca conducta de la junta.]
-
-Hasta el día en que Murat se apoderó de la presidencia, hubiera podido
-atribuirse la debilidad de la junta a circunspección, su imprevisión
-a prudencia excesiva, y su indolencia a falta de facultades o a
-temor de comprometer la persona del rey. Mas ahora había mudado el
-aspecto de las cosas, y así o estaban sus individuos en el caso de
-poner en ejecución las convenientes medidas para salvar el honor y la
-independencia nacional, o no lo estaban. Si no, ¿por qué en vez de
-mancillar su nombre aprobando con su presencia las inicuas decisiones
-del extranjero, no se retiraron y le dejaron solo? ¿Y si pudieron
-obrar, por qué no llevaron a efecto los decretos dados por el rey en
-Bayona a consulta suya? ¿Por qué no permitieron la formación acordada
-de otra junta, fuera del poder del enemigo? Lejos de seguir esta vereda
-tomaron la opuesta y fijaron todo su conato en impedir la ejecución de
-aquellas saludables medidas. Un propio había entregado a Don Miguel
-José de Azanza en su mano los dos decretos del rey; por uno de los
-cuales se autorizaba a la junta con poderes ilimitados, y por el otro
-al consejo para la convocación de cortes. Azanza los comunicó a sus
-compañeros y todos convinieron en que dados estos decretos el 5 de
-mayo y el de renuncia de Fernando el 6 del mismo, no debían cumplirse
-ni obedecerse los primeros; ¡cosa extraña! Decretos arrancados por la
-violencia, en los que se destruían los legítimos derechos de Fernando
-y su dinastía, y se hollaban los de la nación, tuvieron a sus ojos más
-fuerza que los que habiendo sido acordados en secreto y despachados
-por personas de toda confianza, tenían en sí mismos la doble ventaja
-de haber sido dictados con entera libertad, y de acomodarse a lo
-que ordenaba el honor nacional. Pone aún más en descubierto la buena
-fe y rectitud de intenciones de los que así procedieron, el no haber
-comunicado al consejo el decreto de convocación de cortes, cuya
-promulgación y ejecución se encomendaba particularmente a su cuidado,
-tocando solo a aquel cuerpo examinar las razones de prudencia o
-conveniencia pública de detenerle o circularle. No contentos con esto
-los individuos de la junta suprema, y temerosos de que los nombrados
-para reemplazarla fuera de Madrid en caso necesario ejecutasen lo que
-se les había mandado, tomaron precauciones para estorbarlo. Al conde de
-Ezpeleta, a quien se había comunicado por medio de Don José Capeleti la
-primera determinación de que presidiese la junta cuya instalación debía
-seguirse a la falta de libertad de la de Madrid, se le dio después
-expresa contraorden; y apremiado por Gil Taboada para que pasase
-a Zaragoza en donde aquel aguardaba, le contestó como se le había
-posteriormente mandado lo contrario.
-
-Por lo tanto la junta suprema de Madrid que con pretexto de carecer de
-facultades, a pesar de haberlas desde Bayona recibido amplias, anduvo
-al principio descuidada y poco diligente, ahora que con más claridad
-y extensión si era posible las recibía, suspendió hacer uso de su
-poder, alegando ser ya tarde, y recelosa de mayores comprometimientos.
-Aparece más oscura y dudosa su conducta al considerar que algunos de
-sus individuos débiles antes, pero resistiendo al extranjero, sumisos
-después si bien todavía disculpables, acabaron por ser sus firmes
-apoyos, trabajando con ahínco por ahogar los gloriosos esfuerzos que
-hizo la nación en defensa de su independencia. Es cierto que en seguida
-los españoles de Bayona estuvieron igualmente llenos de sobresalto y
-zozobra con el miedo de que se ejecutasen los dos consabidos decretos.
-Así lo anunciaba Don Evaristo Pérez de Castro que volvió a Madrid por
-aquellos días. Todo lo cual prueba que ni entre los españoles que en
-Bayona influían principalmente en el consejo del rey, ni entre los que
-en España gobernaban, había ningún hombre asistido de aquella constante
-decisión e invariable firmeza que piden extraordinarias circunstancias.
-
-[Marginal: Napoleón piensa dar la corona de España a José.]
-
-Napoleón por su parte considerándose ya dueño de la corona de España en
-virtud de las renuncias hechas en favor suyo, había resuelto colocarla
-en las sienes de su hermano mayor José rey de Nápoles, y continuando
-siempre por la senda del engaño quiso dar a su cesión visos de generosa
-condescendencia con los deseos de los españoles. Así fue que en 8
-de mayo dirigió al gran duque sus instrucciones para que la junta
-suprema y el consejo de Castilla le indicasen en cuál de las personas
-de su familia les sería más grato que recayese el trono de España. En
-12 respondió acertadamente el consejo que siendo nulas las cesiones
-hechas por la familia de Borbón, no le tocaba ni podía contestar a lo
-que se le preguntaba. Mas convocado al siguiente día a palacio por la
-tarde y sin ceremonia, y bien recibido y tratado por Murat, y habiendo
-fácilmente convenido este en la cortapisa que el consejo quería poner
-a su exposición de que «no por eso se entendiese que se mezclaba en
-la aprobación o desaprobación de los tratados de renuncia, ni que
-los derechos del rey Carlos y su hijo y demás sucesores a la corona,
-según las leyes del reino, quedasen perjudicados por la designación
-que se le pedía;» cedió entonces y acordó en consulta del 13 dirigida
-al gran duque, que bajo las propuestas insinuadas «le parecía que en
-ejecución de lo resuelto por el emperador podía recaer la elección
-en su hermano mayor el rey de Nápoles.» Llevaba trazas de juego y de
-mutua inteligencia el modo de preguntar y de responder. A Murat le
-importaban muy poco aquellas secretas protestas, con tal que tuviese
-un documento público de las principales autoridades del reino que
-presentar a los gobiernos europeos, pudiendo con él Napoleón dar a
-entender que había seguido la voluntad de los españoles más bien que la
-suya propia. El consejo empezando desde entonces aquel sistema medio
-y artificioso que le guió después, más propio de un subalterno de la
-curia que de un cuerpo custodio de las leyes, se avino muy bien con lo
-que se le propuso, imaginando así poner en cobro hasta cierto punto su
-comprometida existencia, ya que se afirmase la dominación de Napoleón,
-ya que fuese destruida. Conducta no atinada en tiempos de grandes
-tribulaciones y vaivenes, y con la que perdió su crédito e influjo
-entre nacionales y extranjeros. Escribió también el mismo consejo una
-carta al emperador, y a ruego de Murat nombró para presentarla en
-Bayona a los ministros Don José Colón y Don Manuel de Lardizábal. La
-junta suprema y la villa de Madrid practicaron por su parte iguales
-diligencias, pidiendo que José Bonaparte fuese escogido para rey de
-España.
-
-No satisfecho Napoleón con las cesiones de los príncipes, ni con la
-sumisión y petición de las supremas autoridades, pensó en congregar
-una diputación de españoles, [Marginal: Diputación de Bayona.] que
-con simulacro de cortes diesen en Bayona una especie de aprobación
-nacional a todo lo anteriormente actuado. Ya dijimos que a mediados
-de abril había intentado Murat llevar a efecto aquel pensamiento; mas
-hasta ahora en mayo no se puso en perfecta y cumplida ejecución. La
-convocatoria [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-31.)] se dio a luz en la Gaceta
-de Madrid de 24 del mismo mes, con la singularidad de no llevar fecha.
-Estaba extendida a nombre del gran duque de Berg y de la junta suprema
-de gobierno, y se reducía en sustancia a que siendo el deseo de S.
-M. I. y R. juntar en Bayona una diputación general de 150 individuos
-para el 15 de junio siguiente, a fin de tratar en ella de la felicidad
-de España, indicando todos los males que el antiguo sistema había
-ocasionado, y proponiendo las reformas y remedios para destruirlos, la
-junta suprema había nombrado varios sujetos que allí se expresaban,
-reservando a algunas corporaciones, a las ciudades de voto en cortes
-y otras sus respectivas elecciones. Según el decreto debían también
-asistir grandes, títulos, obispos, generales de las órdenes religiosas,
-individuos del comercio, de las universidades, de la milicia, de la
-marina, de los consejos y de la Inquisición misma. Se escogieron
-igualmente seis individuos que representasen la América. Azanza que en
-23 de mayo había ido a Bayona para dar cuenta al emperador del estado
-de la hacienda de España, se quedó por orden suya a presidir la junta
-o diputación general próxima a reunirse. Más adelante examinaremos
-la índole y los trabajos de esta junta, y hablaremos del solemne
-reconocimiento que ella y los españoles allí presentes hicieron del
-intruso José.
-
-[Marginal: Medidas de precaución de Murat.]
-
-Murat luego que estuvo al frente del gobierno de España, recelando
-en vista del general desasosiego que hubiese sublevaciones más o
-menos parciales, adoptó varios medios para prevenirlas. Agregó a la
-división o cuerpo de Dupont dos regimientos suizos españoles, y puso
-a la disposición del mariscal Moncey cuatro batallones de guardias
-españolas y valonas y los guardias de Corps. Pasó órdenes para enviar
-3000 hombres de Galicia a Buenos Aires, y en 19 de mayo dio el mando
-de la escuadra de Mahón al general Salcedo con encargo de hacerse a la
-vela para Toulon; lo cual afortunadamente no pudo cumplirse por los
-acontecimientos que muy luego sobrevinieron. Se ordenó a la división
-española acantonada en Extremadura pasase a San Roque, y a Solano
-que hasta entonces había sido su jefe se le previno que regresase a
-Cádiz para tomar de nuevo el mando de Andalucía, yendo a explorar
-sus intenciones el oficial de ingenieros francés Constantin. Con el
-mismo objeto y con pretexto de examinar la plaza de Gibraltar se
-envió cerca del general Don Francisco Javier Castaños, que mandaba en
-el campo de San Roque, al jefe de batallón de ingenieros Rogniat:
-otros comisionados fueron enviados a Ceuta. El Buen Retiro se empezó
-a fortificar, encerrando dentro de su recinto abundantes provisiones
-de boca y guerra, habiéndose los franceses apoderado por todas partes
-de cuantos almacenes y depósitos de municiones y armas estuvieron a su
-alcance. Cortas precauciones para reprimir el universal descontento.
-
-Pero ahora que ya tenemos a Napoleón imaginándose poder enajenar a su
-antojo la corona de España; ahora que ya está internada en Francia la
-familia real; Murat mandando en Madrid; sometidos la junta suprema
-y los consejos, y convocada a Bayona una diputación de españoles,
-será bien que desviando nuestra vista de tantas escenas de perfidia y
-abatimiento, de imprevisión y flaqueza, nos volvamos a contemplar un
-sublime y grandioso espectáculo.
-
-
-
-
- RESUMEN
- DEL
- LIBRO TERCERO.
-
-
-_Insurrección general contra los franceses. — Levantamiento de
-Asturias. — Misión a Inglaterra. — Levantamiento de Galicia. —
-Levantamiento de Santander. — Levantamiento de León y Castilla la
-Vieja. — Levantamiento de Sevilla. — Rendición de la escuadra
-francesa surta en Cádiz. — Levantamiento de Granada. — Levantamiento
-de Extremadura. — Conmociones en Castilla la Nueva. — Levantamiento
-de Cartagena y Murcia. — Levantamiento de Valencia. — Levantamiento
-de Aragón. — Levantamiento de Cataluña. — Levantamiento de las
-Baleares. — Navarra y Provincias Vascongadas. — Islas Canarias. —
-Reflexiones generales. — Portugal. — Su situación. — Divisiones
-francesas que intentan pasar a España. — Los españoles se retiran
-de Oporto. — Primer levantamiento de Oporto. — Levantamiento de
-Tras-os-Montes, y segundo de Oporto. — Se desarma a los españoles de
-Lisboa. — Rechazan los españoles a los franceses en Os Pegões. —
-Levantamiento de los Algarbes. — Convenciones entre algunas juntas de
-España y Portugal._
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
- de España.
-
- LIBRO TERCERO.
-
-
-[Marginal: Insurrección general contra los franceses.]
-
-Encontrados afectos habían agitado durante dos meses a las vastas
-provincias de España. Tras la alegría y el júbilo, tras las esperanzas
-tan lisonjeras como rápidas de marzo habían venido las zozobras, las
-sospechas, los temores de abril. El 2 de mayo había llevado consigo
-a todas partes el terror y el espanto, y al propagarse la nueva de
-las renuncias, de las perfidias y torpes hechos de Bayona, un grito
-de indignación y de guerra lanzándose con admirable esfuerzo de las
-cabezas de provincia, se repitió y cundió resonando por caserías y
-aldeas, por villas y ciudades. A porfía las mujeres y los niños, los
-mozos y los ancianos arrebatados de fuego patrio, llenos de cólera
-y rabia, clamaron unánime y simultáneamente por pronta, noble y
-tremenda venganza. Renació España, por decirlo así, fuerte, vigorosa,
-denodada; renació recordando sus pasadas glorias; y sus provincias
-conmovidas, alteradas y enfurecidas se representaban a la imaginación
-como las describía Veleyo Patérculo, _tam diffusas, tam frequentes,
-tam feras_. El viajero que un año antes pisando los anchos campos de
-Castilla hubiese atravesado por medio de la soledad y desamparo de sus
-pueblos, si de nuevo hubiese ahora vuelto a recorrerlos, viéndolos
-llenos de gente, de turbación y afanosa diligencia, con razón hubiera
-podido achacar a mágica transformación mudanza tan extraordinaria y
-repentina. Aquellos moradores como los de toda España, indiferentes
-no había mucho a los negocios públicos, salían ansiosamente a
-informarse de las novedades y ocurrencias del día, y desde el alcalde
-hasta el último labriego, embravecidos y airados, estremeciéndose
-con las muertes y tropelías del extranjero, prorrumpían al oírlas en
-lágrimas de despecho. Tan cierto era que aquellos nobles y elevados
-sentimientos, que engendraron en el siglo decimosexto tantos portentos
-de valor y tantas y tan inauditas hazañas, estaban adormecidos, pero
-no apagados en los pechos españoles, y al dulce nombre de patria, a
-la voz de su rey cautivo, de su religión amenazada, de sus costumbres
-holladas y escarnecidas se despertaron ahora con viva y recobrada
-fuerza. Cuanto mayores e inesperados habían sido los ultrajes, tanto
-más terrible y asombroso fue el público sacudimiento. La historia no
-nos ha transmitido ejemplo más grandioso de un alzamiento tan súbito
-y tan unánime contra una invasión extraña. Como si un premeditado
-acuerdo, como si una suprema inteligencia hubiera gobernado y dirigido
-tan gloriosa determinación, las más de las provincias se levantaron
-espontáneamente casi en un mismo día, sin que tuviesen muchas noticias
-de la insurrección de las otras, y animadas todas de un mismo espíritu
-exaltado y heroico. A resolución tan magnánima fue estimulada la nación
-española por los engaños y alevosías de un falso amigo que, con capa
-de querer regenerarla desconociendo sus usos y sus leyes, intentó a
-su antojo dictarle otras nuevas, variar la estirpe de sus reyes, y
-destruir así su verdadera y bien entendida independencia, sin la que
-desmoronándose los estados más poderosos, hasta su nombre se acaba y
-lastimosamente perece.
-
-Este uniforme y profundo sentimiento quiso en Asturias,[*] [Marginal:
-Levantamiento de Asturias. (* Ap. n. 3-1.)] primero que en otra
-parte, manifestarse de un modo más legal y concertado. Contribuyeron
-a ello diversas y muy principales causas. Juntamente con la opinión
-que era común a toda España de mirar con desvío y odio la dominación
-extranjera, aún se conservaba en aquel principado un ilustre recuerdo
-de haber ofrecido su enmarañado y riscoso suelo seguro abrigo a
-los venerables restos de los españoles esforzados, que huyendo de
-la irrupción sarracénica dieron principio a la larga y porfiada
-lucha que acabó por afianzar la independencia y unión de los
-pueblos peninsulares. Le inspiraba también confianza su ventajosa y
-naturalmente resguardada posición. Bañada al norte por las olas del
-océano, rodeada por otras partes de caminos a veces intransitables, la
-ceñían al mediodía fragosas y encumbradas montañas. Acertó igualmente
-a estar entonces congregada la junta general del principado, reliquia
-dichosamente preservada del casi universal naufragio de nuestros
-antiguos fueros. Sus facultades, no muy bien deslindadas, se limitaban
-a asuntos puramente económicos; pero en semejante crisis, compuesta en
-lo general de individuos nombrados por los concejos, se la consideró
-como oportuno centro para legitimar y dirigir atinadamente los ímpetus
-del pueblo. Reuníase cada tres años, y casualmente en aquel cayó el de
-su convocación, habiendo abierto sus sesiones el 1.º de mayo.
-
-A pocos días con la aciaga nueva del 2 en Madrid llegó a Oviedo la
-orden para que el coronel comandante de armas Don Nicolás de Llano
-Ponte publicase el sanguinario bando que el 3 había Murat promulgado
-en la capital del reino. Los moradores de Asturias conmovidos y
-desasosegados al par de los demás de España, habían ya en 29 de abril
-apedreado en Gijón la casa del cónsul francés, de resultas de haber
-este osado arrojar desde sus ventanas varios impresos contra la familia
-de Borbón. En tal situación y esparciéndose la voz de que iban a
-cumplirse instrucciones rigurosas remitidas de Madrid por el desacato
-cometido contra el cónsul, se encendieron más y más los ánimos en gran
-manera estimulados por las patrióticas exhortaciones del marqués de
-Santa Cruz de Marcenado, de su pariente Don Manuel de Miranda y de
-Don Ramón de Llano Ponte, canónigo de aquella iglesia, quien habiendo
-servido antes en el cuerpo de guardias estaba adornado de hidalgas y
-distinguidísimas prendas.
-
-Decidida pues la audiencia territorial de acuerdo con el jefe militar
-a publicar el 9 el bando que de Madrid se había enviado, empezaron
-a recorrer juntos las calles, cuando a poco tiempo agolpándose y
-saliéndoles al encuentro gran muchedumbre a los gritos de viva Fernando
-VII y muera Murat, los obligaron a retroceder y desistir de su intento.
-Agavillándose entonces con mayor aliento los alborotados, entre los
-que se señalaron los estudiantes de la universidad, reunidos todos
-enderezaron sus pasos a la sala de sesiones de la junta general del
-principado. Hallaron allí firme apoyo en varios de los vocales. Don
-José del Busto, juez primero de la ciudad, y en secreto de inteligencia
-con los amotinados, arengó en favor de su noble resolución;
-sostuviéronle el conde Marcel de Peñalva y el de Toreno [padre del
-autor de esta historia], y sin excepción acordaron sus miembros
-desobedecer las órdenes de Murat, y tomar medidas correspondientes a su
-atrevida determinación. La audiencia en tanto desamada del pueblo, ya
-por estar formando causa a los que habían apedreado la casa del cónsul
-francés, y ya también porque compuesta en su mayor parte de agraciados
-y partidarios del gobierno de Godoy, miraba al soslayo unos movimientos
-que al cabo habían de redundar en daño suyo, procuró por todos medios
-apaciguar aquella primera conmoción, influyendo con particulares y con
-militares y estudiantes, y dando sigilosamente cuenta a la superioridad
-de lo acaecido. Consiguió también que en la junta el diputado por
-Oviedo Don Francisco Velasco, apoyado por el de Grado, Don Ignacio
-Flórez, discurriese largamente en el día 13 acerca de los peligros a
-que se exponía la provincia por los inconsiderados acuerdos del 9, y no
-menos la misma junta habiéndose excedido de sus facultades. El Velasco
-gozando de concepto por su práctica y conocida experiencia, alcanzó
-que se suspendiese la ejecución de las medidas resueltas, y solo el
-marqués de Santa Cruz de Marcenado que presidía, se opuso con fortaleza
-admirable, diciendo que «protestaba solemnemente, y que en cualquiera
-punto en que se levantase un hombre contra Napoleón tomaría un fusil y
-se pondría a su lado.» Palabras tanto más memorables cuanto salían de
-la boca de un hombre que rayaba en los sesenta años, propietario rico y
-acaudalado, y de las más ilustres familias de aquel país: digno nieto
-del célebre marqués del mismo nombre, distinguido escritor militar y
-hábil diplomático, que en el primer tercio del siglo último, arrastrado
-de su pundonor, había perecido gloriosa pero desgraciadamente en los
-campos de Orán.
-
-Noticiosos Murat y la junta suprema de Madrid de lo que pasaba en
-Asturias procuraron con diligencia apagar aquella centella, llenos
-del recelo de que saltando a otros puntos no acabase por excitar una
-general conflagración. Dieron por tanto órdenes duras a la audiencia,
-y enviaron en comisión al conde del Pinar, magistrado conocido por
-su cruel severidad, y a Don Juan Meléndez Valdés, más propio para
-cantar con acordada lira los triunfos de quien venciese que para
-acallar los ruidos populares. Se mandó al propio tiempo al apocado Don
-Crisóstomo de la Llave, comandante general de la costa cantábrica, que
-pasase a Oviedo para tomar el mando de la provincia, disponiendo que
-concurriesen allí a sus órdenes un batallón de Hibernia procedente de
-Santander, y un escuadron de carabineros que estaba en Castilla.
-
-Mas estas providencias en vez de aquietar los ánimos solo sirvieron
-para irritarlos. Los complicados en los acontecimientos del 9 vieron
-en ellas la suerte que se les preparaba, y persistieron en su primer
-intento. Vinieron en su ayuda los avisos de Bayona que provocaban cada
-día más a la alteración y al enojo, y la relación que del sanguinario
-día 2 de mayo hacían los testigos oculares que sucesivamente llegaban
-escapados de Madrid. Redoblaron pues su celo los de la asonada del
-9, y pensaron en ejecutar su suspendida pero no abandonada empresa.
-Citábanse en casa de Don Ramón de Llano Ponte, y con tan poco
-recato que de distintas y muchas partes se acercaba a aquel foco de
-insurrección gente desconocida con todo linaje de ofrecimientos.
-Asistimos recién llegados de la corte a las secretas reuniones, y
-pasmábanos el continuo acudir de paisanos y personas de todas clases
-que con noble desprendimiento empeñaban y comprometían su hacienda y
-sus personas para la defensa de sus hogares. Se renovaban las asonadas
-todas las noches, habiendo sido bastantemente estrepitosas las del 22
-y 23; pero se difirió hasta el 24 el final rompimiento por esperarse
-en aquel día al nuevo comandante la Llave, enviado por Murat. Para su
-ejecución se previno a los paisanos de los contornos que se metiesen
-en Oviedo al toque de oraciones, circulando al efecto Don José del
-Busto esquelas a los alcaldes de su jurisdicción. Se tomaron además
-otras convenientes prevenciones, y se cometió el encargo de acaudillar
-a la multitud a los Señores Don Ramón de Llano Ponte y Don Manuel de
-Miranda. Antes de que llegase la Llave, con gran priesa se le había
-anticipado un ayudante del mariscal Bessières, napolitano de nación,
-quien estuvo muy inquieto hasta que vio que el comandante se acercaba a
-las puertas de la ciudad. Entró por ellas el 24 acompañado de algunas
-personas sabedoras de la trama dispuesta para aquella noche. Se había
-convenido en que el alboroto comenzaría a las once de la misma, tocando
-a rebato las campanas de las iglesias de la ciudad y de las aldeas de
-alrededor. Por equivocación habiéndose retardado una hora el toque
-se angustiaron sobremanera los patriotas conjurados, mas un repique
-general a las doce en punto los sacó de pena.
-
-Fue su primer paso apoderarse de la casa de armas, en donde había
-un depósito de 100.000 fusiles, no solamente fabricados en Oviedo
-y sus cercanías, sino también trasportados allí por anteriores
-órdenes del príncipe de la Paz. Favorecieron la acometida los mismos
-oficiales de artillería partícipes del secreto, señalándose con
-singular esmero Don Joaquín Escario. Entretanto se encaminaron otros
-a casa del comandante la Llave, y de puerta en puerta llamando a los
-individuos de la junta del principado, se formó esta en hora tan
-avanzada de la noche agregándosele extraordinariamente vocales de
-afuera. Entonces reasumiendo la potestad suprema afirmó la revolución,
-nombró por presidente suyo al marqués de Santa Cruz, y le confió el
-mando de las armas. Al día siguiente 25 se declaró solemnemente la
-guerra a Napoleón, y no hubo sino un grito de indecible entusiasmo.
-¡Cosa maravillosa que desde un rincón de España hubiera habido quien
-osase retar al desmedido poder ante el cual se postraban los mayores
-potentados del continente europeo! A frenesí pudiera atribuirse, si una
-resolución tan noble y fundada en el deseo de conservar el honor y la
-independencia nacional no mereciese más respeto.
-
-La junta se componía de personas las más principales del país por
-su riqueza y por su ilustración. El procurador general Don Álvaro
-Flórez Estrada, enterado de antemano de la conmoción urdida, la sostuvo
-vigorosamente, y la junta en cuerpo adoptó con actividad oportunas
-medidas para armar la provincia y ponerla en estado de defensa. Los
-carabineros reales llegaron muy luego así como el batallón de Hibernia,
-y ni unos ni otros pusieron obstáculo al levantamiento. Los primeros
-pasaron después a Castilla a las órdenes de Don Gregorio de la Cuesta,
-y se entresacaron del último varios oficiales, sargentos y cabos para
-cuadros de la fuerza armada que se iba formando. La junta había
-resuelto poner en pie un cuerpo de 18.000 hombres. Multiplicó para ello
-inconsideradamente los grados militares, y con razón se le hicieron
-justos cargos por aquella demasía. Sin embargo disculpola algún tanto
-la escasez en que se encontraba de oficiales veteranos para llenar
-plazas que exigía el completo del ejército que se disciplinaba. Echose
-mano de estudiantes o personas consideradas como más aptas, y en verdad
-que de los nuevos salieron excelentes oficiales que o se sacrificaron
-por su patria, o la honraron con su conducta, denuedo y adelantamiento
-en la ciencia militar. No poco contribuyeron a la presteza de la nueva
-organización los dones cuantiosos que generosamente se ofrecieron por
-particulares, y que entraban todos los días en las arcas públicas.
-
-Como en el alzamiento de Asturias habían intervenido las personas
-de más valía del país, no se había manchado su pureza con ningún
-exceso de la plebe, y menos con atropellamientos ni asesinatos.
-Pero transcurridos algunos días estuvo a riesgo de representarse
-un espectáculo lastimoso y sumamente trágico. Los comisionados de
-Murat de que arriba hablamos, el conde del Pinar y Don Juan Meléndez
-Valdés, por su propia seguridad habían sido detenidos a su arribo a
-Oviedo juntamente con el comandante la Llave, el coronel de Hibernia
-Fitzgerald y el comandante de carabineros Ladrón de Guevara, que
-solos se habían separado de la unánime decisión de los oficiales de
-sus respectivos cuerpos. Desde el principio el marqués de Santa
-Cruz, pertinaz y de condición dura, no había cesado de pedir que se
-les formase causa. Halagaba su opinión a la muchedumbre; pero la
-junta dilataba su determinación esperando que se templase la ira que
-contra los arrestados había. Acaeció en el intermedio que acudiendo
-sucesivamente de los puntos más distantes los nuevos alistados,
-llegaron los de los concejos que median entre el Navia y Eo, y notose
-que eran más inquietos y turbulentos que los de los otros partidos.
-Recelosa la junta de algún desmán, resolvió poner a los detenidos
-fuera de los lindes del principado. Por atolondramiento u oculta
-malicia de mano desconocida, se trató de sacarlos en medio del día
-y públicamente, para que en coche emprendiesen su viaje. A su vista
-gritaron unas mujerzuelas _que se marchan los traidores_; y juntándose
-a sus descompasados clamores un tropel de los reclutas mencionados,
-cogieron en medio a los cinco desventurados y los condujeron al campo
-de San Francisco extramuros de la ciudad, en donde atándolos a los
-árboles se dispusieron a arcabucearlos. En tamaño aprieto felizmente se
-le ocurrió al canónigo Don Alonso Ahumada buscar para la desordenada
-multitud el freno de la religión, único que ya podía contenerla, y con
-el sacramento en las manos y ayudado de personas autorizadas salvó de
-inminente muerte a los atribulados perseguidos, habiéndose mantenido
-impávido en el horroroso trance el coronel de Hibernia. Con lo que
-al paso que se preservaron sus vidas, quedó terso y limpio de todo
-lunar el bello aspecto del levantamiento de Asturias. Raro ejemplo de
-moderación en tiempos en que desencadenándose el furor popular se da a
-veces suelta bajo el manto de patriotismo a las enemistades personales.
-
-[Marginal: Misión de Inglaterra.]
-
-Desde el momento en que la junta de Asturias se pronunció y declaró
-soberana, trató de entablar negociaciones con Inglaterra. Nombró
-para que con aquel objeto pasasen a Londres a Don Andrés Ángel de la
-Vega y al vizconde de Matarrosa, autor de esta historia, así entonces
-llamado por vivir todavía su padre. La misión era importante y de
-empeño. Pendía en gran parte de su feliz resultado dar fortunada cima
-a la comenzada empresa. El viaje por sí presentó dificultades, no
-habiendo en aquel momento crucero inglés en toda la costa asturiana, y
-era arriesgado para el deseado fin aventurarse en barco de la propia
-nación. A los tres días de la insurrección y muy al caso apareció sobre
-el cabo de Peñas un corsario de Jersey, el cual sospechando engaño
-resistió al principio entrar en tratos; mas con el cebo de una crecida
-suma convino en tomar a su bordo los diputados nombrados, quienes desde
-Gijón se hicieron a la vela el 30 de mayo.
-
-No es de más ni obra del amor propio el detenernos en contar algunos
-pormenores de la mencionada misión, habiendo servido de cimiento a la
-nueva alianza que se contrajo con la Inglaterra, y la cual dio ocasión
-a tantos y tan portentosos acontecimientos. En la noche del 6 de junio
-arribaron los diputados a Falmouth, y acompañados de un oficial de la
-marina real inglesa se dirigieron en posta y con gran diligencia a
-Londres. No eran todavía las siete de la mañana cuando pisaron los
-umbrales del almirantazgo, y su secretario Mr. Wellesly Pool apenas
-daba crédito a lo que oía, procurando con ansia descubrir en el mapa
-el casi imperceptible punto que osaba declararse contra Napoleón.
-Poco después y en hora tan temprana se avistó con los diputados Mr.
-Canning, ministro entonces de relaciones extranjeras. En vista de
-las proclamas y del calor y persuasivo entusiasmo que animaba a los
-enviados asturianos [común entonces a todos los españoles], no dudó un
-instante el ministro inglés en asegurarles que el gobierno de S. M. B.
-protegería con el mayor esfuerzo el glorioso alzamiento de la provincia
-que representaban. Su pronta y viva penetración de la primera vez
-columbró el espíritu que debía reinar en toda España cuando en Asturias
-se había levantado el grito de independencia, previendo igualmente las
-consecuencias que una insurrección peninsular podría tener en la suerte
-de Europa y aun del mundo.
-
-Ya con fecha de 12 de junio Mr. Canning comunicaba a los diputados
-de oficio y por escrito: [*] [Marginal: (* Ap. n. 3-2.)] «el rey me
-manda asegurar a VV. SS. que S. M. ve con el más vivo interés la
-determinación leal y valerosa del principado de Asturias para sostener
-contra la atroz usurpación de la Francia una contienda en favor de la
-restauración e independencia de la monarquía española. Asimismo S. M.
-está dispuesto a conceder todo género de apoyo y de asistencia a un
-esfuerzo tan magnánimo y digno de alabanza... El rey me manda declarar
-a VV. SS. que está S. M. pronto a extender su apoyo a todas las demás
-partes de la monarquía española que se muestren animadas del mismo
-espíritu que los habitantes de Asturias.»
-
-Siguiose a esta declaración el envío a aquella provincia de víveres,
-municiones, armas y vestuarios en abundancia: no fue al principio
-dinero por no haber los diputados creídolo necesario. Fueron nombrados
-para que pasasen a Asturias dos oficiales y el mayor general sir Thomas
-Dyer, quien desde entonces fue el protector constante y desinteresado
-de los desgraciados patriotas españoles.
-
-Era a la sazón primer lord de la tesorería el duque de Portland, y
-los nombres tan conocidos después de Castlereagh, Liverpool y Canning
-entraban a formar parte de su ministerio. Tenían por norma de su
-política las reglas que habían guiado a Mr. Pitt, con quien habían
-estado estrechamente unidos. Pero en cuanto a la causa española todos
-los partidos concurrieron en la misma opinión, sin que hubiese la
-menor diferencia ni disenso. Claramente apareció esta conformidad
-en la discusión parlamentaria del 15 de junio en la cámara de los
-comunes. Mr. Sheridan uno de los corifeos de la oposición, célebre como
-literato, y célebre como orador, decía en aquella sesión:[*] [Marginal:
-(* Ap. n. 3-3.)] «¿El denodado ánimo de los españoles no tomará mayor
-aliento cuando sepa que su causa no solo ha sido abrazada por los
-ministros aisladamente, sino también por el parlamento y el pueblo
-de Inglaterra? Si hay en España una predisposición para sentir los
-insultos y agravios que sus habitantes han recibido del tirano de la
-tierra, y que son sobrado enormes para poder expresarlos con palabras,
-¿aquella predisposición no se elevará al más sublime punto con la
-certeza de que sus esfuerzos han de ser cordialmente sostenidos por una
-grande y poderosa nación? Pienso que se presenta una importante crisis.
-Jamás hubo cosa tan valiente, tan generosa, tan noble como la conducta
-de los asturianos.»
-
-Ambos lados de la cámara aplaudieron aquellas elocuentes palabras
-que expresaban el común sentir de todos sus individuos. Trafalgar y
-las famosas victorias alcanzadas por la marina inglesa nunca habían
-excitado ni mayor alegría ni más universal entusiasmo. El interés
-nacional anduvo unido en esta ocasión con lo que dictaban la justicia
-y la humanidad, y así las opiniones más divergentes y encontradas
-en otros asuntos, se juntaron ahora y confundieron para celebrar en
-común y de un modo inexplicable el alzamiento de España. Bastó solo
-la noticia del de Asturias para causar efecto tan prodigioso. No les
-era dado a los diputados moverse ni ir a parte alguna sin que se
-prorrumpiese enderredor suyo en vítores y aplausos. Detenemos aquí la
-pluma ciertos de que se achacaría a estudiada exageración el repetir
-aun compendiosamente lo que en realidad pasó.[*] [Marginal: (* Ap. n.
-3-4.)] En medio sin embargo de la universal satisfacción estaban los
-diputados contristados, habiendo transcurrido más de quince días sin
-que aportase barco ni aviso alguno de las costas de España. No por eso
-menguó el entusiasmo inglés: más bien, a ser posible, vino a aumentarle
-y a sacar a todos de dudas y sobresalto la llegada de Don Francisco
-Sangro enviado por la junta de Galicia, y el cual traía consigo no
-solamente la noticia del levantamiento de tan importante y populosa
-provincia, mas también el de toda la península.
-
-[Marginal: Levantamiento de Galicia.]
-
-Galicia en efecto se había alzado el 30 de mayo, día de San Fernando.
-La extensión de sus costas, sus muchas rías y abrigados puertos, la
-desigualdad de su montuoso terreno, su posición lejana y guarecida de
-angostas y por la mayor parte difíciles entradas, sus arsenales, y en
-fin sus cuantiosos y variados recursos realzaban la importancia de la
-declaración de aquel reino.
-
-Además de la inquietud, necesaria y general consecuencia del 2 de mayo,
-conmovió con particularidad los ánimos en la Coruña la aparición del
-oficial francés Mongat comisionado para tomar razón de los arsenales
-de armas y artillería, de la tropa allí existente, y para examinar
-al mismo tiempo el estado del país. Por ausencia del capitán general
-Don Antonio Filangieri mandaba el mariscal de campo Don Francisco
-Biedma, sujeto mirado con desafecto por los militares y vecinos de la
-ciudad, e inhábil por tanto para calmar la agitación que visiblemente
-crecía. Aumentola con sus providencias, porque colocando artillería
-en la plaza de la capitanía general, redoblando su guardia y viviendo
-siempre en vela, dio a entender que se disponía a ejecutar alguna
-orden desagradable. El Biedma obraba en este sentido con tanto mayor
-confianza cuanto quedaban todavía en la Coruña, a pesar de las fuerzas
-destacadas a Oporto en virtud del tratado de Fontainebleau, el
-regimiento de infantería de Navarra, los provinciales de Betanzos,
-Segovia y Compostela, el segundo de voluntarios de Cataluña y el
-regimiento de artillería del departamento. Para estar más seguro de
-estos cuerpos pensó también granjearse su voluntad, proponiéndoles
-conforme a instrucciones de Madrid la etapa de Francia que era más
-ventajosa. Hubo jefes que aceptaron la oferta, otros la desecharon.
-Pero este paso fue tan imprudente que despertó en los soldados viva
-sospecha de que se fraguaba enviarlos del otro lado de los Pirineos, y
-llenar su hueco con franceses. Sobrecogiose asimismo el paisanaje de
-temor de la conscripción, en el que le confirmaron vulgares rumores
-con tanta más prontitud creídos en semejantes casos, cuanto suelen
-ser más absurdos. Tal fue por ejemplo el de que el francés Mongat
-había mandado fabricar a la maestranza de artillería miles de esposas
-destinadas a maniatar hasta la frontera a los mozos que se enganchasen.
-Por infundada que fuese la voz no era extraño que hallase cabida en
-los prevenidos ánimos de los gallegos, a cuyos oídos había llegado
-la noticia de violencias semejantes a las que en la misma Francia se
-cometían con los conscriptos.
-
-En medio del sobresalto llegó a la Coruña un emisario de Asturias,
-portador de las nuevas de su primera insurrección, con intento de
-brindar a las autoridades a imitar la conducta del principado. Se
-presentó al señor Pagola, regente de la audiencia, quien con la amenaza
-de castigarle le obligó a retirarse sigilosamente a Mondoñedo. Con
-todo súpose, y más y más se pronunciaba la opinión sin que hubiera
-freno que la contuviese. Alcanzaron en tanto a Madrid avisos del
-estado inquieto de Galicia, y se ordenó pasar allí al capitán general
-Don Antonio Filangieri, hombre moderado, afable y entendido, hermano
-del famoso Cayetano, que en su elocuente obra de la legislación había
-defendido con tanta erudición y celo los derechos de la humanidad.
-Adorábanle los oficiales, le querían cuantos le trataban; pero la
-desgracia de haber nacido en Nápoles le privaba del favor de la
-multitud, tan asombradiza en tiempos turbulentos. Sin embargo habiendo
-quitado la artillería de delante de sus puertas, y mostrádose suave e
-indulgente, hubiera quizá parado la revolución si nuevos motivos de
-desazón y disgusto no hubiesen acelerado su estampido. Primeramente
-no dejaba de incomodar la arrogancia desdeñosa con que los franceses
-establecidos en la Coruña miraban a su vecindario desde que el oficial
-Mongat los alentó con su altivez intolerable, si bien a veces templada
-por la prudencia de Mr. Fourcroi, cónsul de su nación. Pero más que
-todo, y ella en verdad decidió el rompimiento, fue la noticia de las
-renuncias de Bayona, y de la internación en Francia de la familia
-real, con lo que al paso que el poder de la autoridad se entorpecía y
-menguaba, creció el ardor popular saltando la valla de la subordinación
-y obediencia.
-
-Algunos patriotas encendidos del deseo de conservar la independencia y
-el honor nacional, se juntaban a escondidas con varios oficiales para
-dar acertado impulso al público descontento. Asistían individuos del
-regimiento de Navarra, de lo que noticioso el capitán general mandó
-que aquel cuerpo se trasladase al Ferrol; medida que tal vez influyó en
-su posterior y lamentable suerte. En lugar de amortiguarse aviváronse
-con esto los secretos tratos, y ya tocaban al estado de sazón, cuando
-la víspera de San Fernando entró a caballo por las calles de la Coruña
-un joven de rostro halagüeño, gallardo en su porte, y tan alborozado
-que atravesándolas con entusiasmados gritos movió la curiosidad
-de sus atónitos vecinos. Avistose con el regente de la audiencia,
-quien cortándole toda comunicación le hizo custodiar en la casa de
-correos. Allí se agolpó al instante la muchedumbre, y averiguó que el
-desconocido mozo era un estudiante de la ciudad de León, en donde a
-imitación de Asturias había la población tratado de levantarse y crear
-una junta. Con la nueva espuela determinaron los que secretamente y de
-consuno se entendían, no aguardar más tiempo, y poner cuanto antes el
-reino de Galicia en abierta insurrección.
-
-El siguiente día 30 ofreciose como el más oportuno impeliendo a su
-ejecución un impensado incidente. Era costumbre todos los años en dicho
-día enarbolar la bandera en los baluartes y castillos, y notose que
-en este se había omitido aquella práctica que solamente se verificaba
-en conmemoración de Fernando III llamado el Santo, sin atender a
-que el soberano reinante llevara o no aquel nombre. Mas como ahora
-desagradaba su sonido al gobierno de Madrid, fuera por su orden o por
-lisonjearle, se suspendió la antigua ceremonia. El pueblo echando de
-menos la bandera se mostró airado, y aprovechando entonces los secretos
-conjurados la oportuna ocasión, enviaron para acaudillarle a Sinforiano
-López, de oficio sillero, hombre fogoso, y que, dotado de verbosidad
-popular, era querido de la multitud y a su arbitrio la gobernaba.
-Luego que se acercó al palacio del capitán general, envió por delante
-para tantear el ánimo de la tropa algunos niños que con pañuelos
-fijos en la punta de unos palos, y gritando viva Fernando VII y muera
-Murat, intentaron meterse por sus filas. Los soldados, en cuyo número
-se contaban bastantes que estaban de concierto con los atizadores,
-se reían de los muchachos, y los dejaban pasar y gritar, sin
-interrumpirlos en su aparente pasatiempo. Alentados los instigadores
-se atropellaron de golpe hacia el palacio, diputando a unos cuantos
-para pedir que según costumbre se tremolase la bandera. Aquel edificio
-está sito dentro de la ciudad antigua; y al ruido de que era acometido,
-concurrió la multitud de todos los puntos, precipitándose por la puerta
-Real y la de Aires. Los primeros que en diputación habían penetrado
-dentro de los umbrales de palacio, alcanzado que hubieron que se
-enarbolase la bandera, pidieron que volviera a la Coruña el regimiento
-de Navarra, y como acontece en los bullicios populares, a medida que se
-condescendía en las peticiones, fuéronse estas multiplicando: por lo
-que y encrespado el tumulto, Don Antonio Filangieri se desapareció por
-una puerta excusada y se refugió en el convento de dominicos. No así
-Don Francisco Biedma y el coronel Fabro, quienes a pesar del odio que
-contra ambos había como parciales del príncipe de la Paz, osaron salir
-por la puerta principal. Caro hubo de costarles el temerario arrojo:
-al Biedma le hirieron de una pedrada, pero levemente; y al Fabro que
-puesto al frente de los granaderos de Toledo, de cuyo cuerpo era jefe,
-dio con su espada de plano a uno de los que peroraban a nombre del
-pueblo, reciamente le apalearon, sin que sus soldados hiciesen ademán
-siquiera de defenderle: tan aunados estaban militares y paisanos.
-
-Como era día festivo y también por avisos circulados a las aldeas había
-acudido a la ciudad mucha gente de los contornos, y todos juntos los de
-dentro y los de fuera asaltaron el parque de armas, y le despojaron de
-más de 40.000 fusiles. En la acometida corrió gran peligro el comisario
-de la maestranza de artillería Don Juan Varela, a quien falsamente
-se atribuía el tener escondidas las esposas que habían de atraillar
-a los que se llevasen a Francia. Muy al caso le ocurrió a Sinforiano
-López sacar en procesión el retrato de Fernando VII, con cuya artimaña
-atrayendo hacia sí a la multitud, salvó a Varela del fatal aprieto.
-
-En fin por la tarde se formó una junta, y a su cabeza se puso el
-capitán general; entrando en ella las principales autoridades y
-representantes de las diferentes clases y corporaciones ya civiles ya
-eclesiásticas. Por indisposición de Filangieri presidió los primeros
-días la junta el mariscal de campo Don Antonio Alcedo, hombre muy cabal
-y prudente, y permitió en el naciente fervor que cualquiera ciudadano
-entrase a proponer en la sala de sesiones lo que juzgase conveniente
-a la causa pública. Púsose luego coto a una concesión que en otros
-tiempos hubiera sido indebida y peligrosa.
-
-La junta anduvo en lo general atinada, y tomó disposiciones prontas
-y vigorosas. Dio igualmente desde el principio una señalada prueba
-de su desprendimiento en convocar otra junta, que elegida libre y
-tranquilamente por las ciudades de Galicia, no tuviese la tacha de
-ser fruto de un alboroto, y de solo representar en ella una pequeña
-parte de su territorio. Para alcanzar tan laudable objeto se prefirió
-a cualquiera otro medio el más antiguo y conocido. Cada seis años se
-congregaba en la Coruña una diputación de todo el reino de Galicia,
-compuesta de siete individuos escogidos por los diversos ayuntamientos
-de las siete provincias en que está dividido. Celebrábase esta
-reunión para conceder la contribución llamada de millones, y elegir
-un diputado que en unión con los de las otras ciudades de voto en
-cortes concurriese a formar la diputación de los reinos, que constando
-de siete individuos, y removiéndose de seis en seis años residía
-en Madrid, más bien para presenciar festejos públicos y obtener
-individuales favores que para defender los intereses de sus comitentes.
-Conforme a su digna resolución expidió la junta sus convocatorias,
-y envió a todas partes comisionados que pusiesen en ejecución las
-medidas que había decretado de armamento y defensa. Siendo idéntica
-la opinión de todos los pueblos, fueron aquellos a doquiera que
-llegaban recibidos con aplauso y sumisamente acatados. En algunos
-parajes habían precedido alborotos a la noticia del de la Coruña, y en
-todos ellos se respetaron y obedecieron las providencias de la junta,
-corriendo la juventud a alistarse con el mayor entusiasmo. Solamente en
-el Ferrol hubiera podido desconocerse la autoridad del nuevo gobierno
-por la oposición que mostraban el conde de Cartaojal, comandante de
-la división de Ares, y el jefe de escuadra Obregón, que mandaba los
-arsenales; pero los demás oficiales y soldados conformes con el pueblo
-en sus sentimientos, y pronunciándose altamente, desbarataron los
-intentos de sus superiores.
-
-Conmovido así todo el reino de Galicia se aceleró la formación y
-organización de su ejército. Se incorporaron los reclutas en los
-regimientos veteranos, y se crearon otros nuevos, entre los que
-merece particular distinción el batallón llamado literario, compuesto
-de estudiantes de la universidad de Santiago, tan bien dispuestos y
-animados como todos los de España en favor de la causa sagrada de la
-patria. La reunión de estas fuerzas con las que posteriormente se
-agregaron de Oporto, ascendía en su totalidad a unos 40.000 hombres.
-
-No tardaron mucho en pasar a la Coruña los regidores nombrados por los
-ayuntamientos de las siete capitales de provincia en representación de
-su potestad suprema; instalándose con el nombre de junta soberana de
-Galicia. Asociaron a su seno al obispo de Orense que entonces gozaba
-de justa popularidad, al de Tuy y a Don Andrés García, confesor de
-la difunta princesa de Asturias, en obsequio a su memoria. Se mandó
-asimismo que asistiesen a las comisiones administrativas, en que se
-distribuyesen los diversos trabajos, personas inteligentes en cada ramo.
-
-El levantamiento de Galicia tuvo como el de toda España su principal
-origen en el odio a la dominación extranjera, y en la justa indignación
-provocada por los atroces hechos de Madrid y Bayona. Fueron en aquel
-reino los militares los primeros motores, sostenidos por la población
-entera. El clero si bien no dio el impulso, aplaudió y favoreció
-después la heroica resolución, distinguiéndose más adelante los curas
-párrocos, quienes fomentaron y mantuvieron la encendida llama del
-patriotismo. Sin embargo miraron allí con torvo rostro las conmociones
-populares dos de los más poderosos eclesiásticos, cuales eran Don
-Rafael Múzquiz, arzobispo de Santiago, y Don Pedro Acuña, ex-ministro
-de gracia y justicia. Celosos partidarios del príncipe de la Paz
-asustáronse del advenimiento al trono de Fernando VII, y trabajaron en
-secreto y con porfiado ahínco por deshacer o embarazar en su curso la
-comenzada empresa. El de Santiago, portentoso conjunto de corrupción
-y bajeza, procuraba con aparente fanatismo encubrir su estragada
-conducta, disfrazar sus vicios y acrecentar el inmenso poderío que
-le daban sus riquezas y elevada dignidad. Astuto y revolvedor tiró a
-sembrar la discordia so color de patriotismo. Había entre Santiago,
-antigua capital de Galicia, y la Coruña que lo era ahora, añejas
-rivalidades; y para despertarlas ofreció un donativo de tres millones
-de reales con la condición sediciosa de que la junta soberana fijase
-su asiento en la primera de aquellas ciudades. Muy bien sabía que no se
-accedería a su propuesta, y se lisonjeaba de excitar con la negativa
-reyertas entre ambos pueblos que trabasen las resoluciones de la nueva
-autoridad. Mas la junta mostró tal firmeza que atemorizado el solapado
-y viejo cortesano se cobijó bajo la capa pastoral del obispo de Orense
-para no ser incomodado y perseguido.
-
-A pocos días de la insurrección una voz repentina y general difundida
-en toda Galicia de que entraban los franceses, dio desgraciadamente
-ocasión a desórdenes, que si bien momentáneos, no por eso dejaron de
-ser dolorosos. Así fue que en Orense un hidalgo de Puga mató de un tiro
-a un regidor a las puertas del ayuntamiento, por habérsele dicho que el
-tal era afecto a los invasores. Bien es verdad que Galicia dentro de
-su suelo no tuvo que llorar otra muerte en los primeros tiempos de su
-levantamiento.
-
-Tuvo sí que afligirse y afligir a España con el asesinato de Don
-Antonio Filangieri, que saliendo de los lindes gallegos había fijado
-su cuartel general en Villafranca del Bierzo, y tomado activas
-providencias para organizar y disciplinar su gente, el cual creyendo
-oportuno, así para su propósito como para cubrir las avenidas del país
-de su mando, sacar de la Coruña sus tropas [en gran parte bisoñas y
-compuestas de gente allegadiza], las situó en la cordillera aledaña
-del Bierzo, extendiendo las más avanzadas hasta Manzanal, colocado
-en las gargantas que dan salida al territorio de Astorga. Lo suave
-de la condición de dicho general y el haberle llamado la junta a la
-Coruña, alentó a algunos soldados de Navarra, cuyo cuerpo estaba
-resentido desde la traslación al Ferrol, para acometerle y asesinarle
-fría y alevosamente el 24 de junio en las calles de Villafranca. Los
-abanderizó un sargento, y hubo quien buscó más arriba la oculta mano
-que dirigió el mortal golpe. Atroz y fementido hecho matar a su propio
-caudillo, respetable varón e inocente víctima de una soldadesca brutal
-y desmandada. Por largo tiempo quedó impune tan horroroso crimen:
-al fin y pasados años recibieron los que le perpetraron el merecido
-castigo. Había sucedido en el mando por aquellos días al desventurado
-Filangieri Don Joaquín Blake, mayor general del ejército, y antes
-coronel del regimiento de la Corona. Gozaba del concepto de militar
-instruido y de profundo táctico. La junta le elevó al grado de teniente
-general.
-
-De Inglaterra llegaron también a Galicia prontos y cuantiosos auxilios.
-Su diputado Don Francisco Sangro fue honrado y obsequiado por aquel
-gobierno, y se remitieron libres a la Coruña los prisioneros españoles
-que gemían hacía años en los pontones británicos. Arribó al mismo
-puerto Sir Carlos Stuart, primer diplomático inglés que en calidad de
-tal pisó el suelo español. La junta se esmeró en agasajarle y darle
-pruebas de su constante anhelo por estrechar los vínculos de alianza y
-amistad con S. M. Británica. Las demostraciones de interés que por la
-causa de España tomaba nación tan poderosa, fortificaron más y más las
-novedades acaecidas, y hasta los más tímidos cobraron esperanzas.
-
-[Marginal: Levantamiento de Santander.]
-
-Santander agitado y conmovido ponía en sumo cuidado a los franceses,
-estando casi situado a la retaguardia de una parte considerable de sus
-tropas, y pudiendo con su insurrección impedir fácilmente que entre
-sí se comunicasen. También temían que la llama una vez prendida se
-propagase a las provincias vascongadas, y los envolviese a favor del
-escabroso terreno, en medio de poblaciones enemigas, fatigándolos y
-hostigándolos continuadamente. Así fue que el mariscal Bessières no
-tardó desde Burgos en despachar a aquel punto a su ayudante general Mr.
-de Rigny, que, después se ha ilustrado más dignamente con los laureles
-de Navarino. Iba con pliegos para el cónsul francés Mr. de Ranchoup,
-por los que se amonestaba al ayuntamiento, que en caso de no mantenerse
-la tranquilidad pasaría una división a castigar con el mayor rigor el
-más leve exceso. Semejantes amenazas lejos de apaciguar acrecentaron el
-disgusto y la fermentación. Estaba en su colmo, cuando una leve disputa
-entre Mr. Pablo Carreyron, francés avecindado, y el padre de un niño
-a quien aquel había reprendido, atrajo gente, y de unas en otras se
-enardeció el pueblo clamoreando que se prendiese a los franceses.
-
-Tocaron entonces a rebato las campanas de la catedral y los tambores
-la generala, resonando por las calles los gritos de viva Fernando VII
-y muera Napoleón y el ayudante de Bessières. Armado como por encanto
-el vecindario, arrestó a los franceses, pero con el mayor orden; y
-conducidos al castillo cuartel de San Felipe, se pusieron guardias
-a las puertas de las respectivas casas de los presos para que no
-recibiesen menoscabo en sus propiedades. Era aquel día el 26 de mayo, y
-como de la Ascensión festivo; por lo que arremolinándose numerosa plebe
-cerca de la casa del cónsul francés, se desató en palabras y amenazas
-contra su persona y la de Mr. de Rigny. Sus vidas hubieran peligrado
-si los oficiales del provincial de Laredo que guarnecían a Santander,
-no las hubieran puesto en salvo exponiendo las suyas propias. Los
-sacaron de la casa consular a las once de la noche, y colocándolos en
-el centro de un círculo que formaron con sus cuerpos, los llevaron al
-ya mencionado cuartel de San Felipe, dejándolos bajo la custodia de los
-milicianos que le ocupaban.
-
-Al día inmediato 27 se compuso una junta de los individuos del
-ayuntamiento y varias personas notables del pueblo, las que eligieron
-por su presidente al obispo de la diócesis Don Rafael Menéndez de
-Luarca. Hallábase este ausente en su quinta de Liaño a dos leguas de la
-ciudad, no pudiendo por tanto haber tomado parte en los acontecimientos
-ocurridos. El gobierno francés que con estudiado intento no veía
-entonces en el alzamiento de España sino la obra de los clérigos y los
-frailes, achacó al reverendo obispo de Santander la insurrección de
-la provincia cantábrica. Mas fue tan al contrario que en un principio
-aquel prelado se resistió obstinadamente a admitir la presidencia
-que le ofreció la junta, y solo a fuerza de reiteradas instancias
-condescendió con sus ruegos. Era el de Santander eclesiástico austero
-en sus costumbres, y acatábale el vulgo como si fuera un santo: estaba
-ciertamente dotado de recomendables prendas, pero las deslucía con
-terco fanatismo y desbarros que tocaban casi en locura. Dio luego
-señales de su descompuesto temple, autorizándose con el título de
-regente soberano de Cantabria a nombre de Fernando VII y con el
-aditamento de alteza.
-
-A poco se supo la insurrección de Asturias con lo que tomó vuelo
-el levantamiento de toda la montaña de Santander, y aun los tibios
-ensancharon sus corazones. Inmediatamente se procedió a un alistamiento
-general, y sin más dilación y faltos de disciplina salieron los nuevos
-cuerpos a los confines y puertos secos de la provincia. Mandaba como
-militar Don Juan Manuel de Velarde, que de coronel fue promovido a
-capitán general, y el cual se apostó en Reinosa con artillería y 5000
-hombres, los más paisanos mezclados con milicianos de Laredo. Su hijo
-Don Emeterio, muerto después gloriosamente en la batalla de la Albuera,
-ocupó el Escudo con 2500 hombres, igualmente paisanos. Otros 1000
-recogidos de partidas sueltas de Santoña, Laredo y demás puertecillos
-se colocaron en los Tornos. Por aquí vemos como Santander a pesar de
-su mayor proximidad a los franceses se arriesgó a contrarrestar sus
-injustos actos y a emplear contra ellos los escasos recursos que su
-situación le prestaba.
-
-[Marginal: Levantamiento de León y Castilla la Vieja.]
-
-Osadía fue sin duda la de esta provincia, pero guarecida detrás de sus
-montañas no parecía serlo tanto como la de las ciudades y pueblos de
-la tierra llana de Castilla y León. Sus moradores no atendiendo ni a
-sus fuerzas ni a su posición, quisieron ciegamente seguir los ímpetus
-de su patriotismo, y a los pueblos cercanos a tropas francesas salioles
-caro tan honroso como irreflexionado arrojo. Apenas había alzado
-Logroño el pendón de la insurrección, cuando pasando desde Vitoria con
-dos batallones el general Verdier, fácilmente arrolló el 6 de junio a
-los indisciplinados paisanos, retirándose después de haber arcabuceado
-a varios de los que se cogieron con las armas en la mano, o a los que
-se creyeron principales autores de la sublevación. No fue más dichosa
-en igual tentativa la ciudad de Segovia. Confiando sobradamente en la
-escuela de artillería establecida en su alcázar, intentó con su ayuda
-hacer rostro a la fuerza francesa, cerrando los oídos a proposiciones
-que por medio de dos guardias de Corps le había enviado Murat. En
-virtud de la repulsa se acercó a la ciudad el 7 de junio el general
-francés Frère, y los artilleros españoles colocaron las piezas
-destinadas al ejercicio de los cadetes en las puertas y avenidas. No
-había para sostenerlas otra tropa que paisanos mal armados, los cuales
-al empeñarse la refriega se desbandaron dejando abandonadas las piezas.
-Apoderose de Segovia el enemigo, y el director Don Miguel de Cevallos,
-los alumnos y casi todos los oficiales se salvaron y acogieron a los
-ejércitos que se formaban en las otras provincias.
-
-Al mismo tiempo que tales andaban las cosas en puntos aislados
-de Castilla, tomó cuerpo la insurrección de Valladolid y León,
-fortificándose con mayores medios y estribando sus providencias en los
-auxilios que aguardaban de Galicia y Asturias. Desde el momento en que
-la última de aquellas provincias había en el 23 y 24 de mayo proclamado
-a Fernando y declarádose contra los franceses, había León imitado
-su ejemplo. Como a su definitiva determinación hubiesen precedido
-parciales conmociones, en una de ellas fue enviado a la Coruña el
-estudiante que tanto tumultuó allí la gente. Mas el estar asentada la
-ciudad de León en la tierra llana, y el serles a los franceses de fácil
-empresa apaciguar cualquiera rebelión a sus mandatos, había reprimido
-el ardor popular. Por fin habiéndose enviado de Asturias 800 hombres
-para confortar algún tanto a los tímidos, se erigió el 1.º de junio una
-junta de individuos del ayuntamiento y otras personas, a cuya cabeza
-estaba como gobernador militar de la provincia D. Manuel Castañón.
-No eran pasados muchos días cuando se transfirió la presidencia al
-capitán general bailío Don Antonio Valdés, antiguo ministro de marina,
-y quien habiendo honrosamente rehusado ir a Bayona, tuvo que huir de
-Burgos a Palencia y abrigarse al territorio leonés. Fueron de Asturias
-municiones, fusiles y otros pertrechos, con cuya ayuda se empezó el
-armamento.
-
-Estaba en Valladolid de capitán general Don Gregorio de la Cuesta
-militar antiguo y respetable varón, pero de condición duro y
-caprichudo, y obstinado en sus pareceres. Buen español, acongojábale la
-intrusión francesa, mas acostumbrado a la ciega subordinación miraba
-con enojo que el pueblo se entrometiese a deliberar sobre materias
-que a su juicio no le competían. El distrito de su mando abrazaba los
-reinos de León y Castilla la Vieja, cuya separación geográfica no ha
-estorbado que se hubiesen confundido ambos en el lenguaje común y aun
-en cosas de su gobierno interior. La pesada mano de la autoridad los
-había molestado en gran manera, y el influjo del capitán general era
-extremadamente poderoso en las provincias en que aquellos reinos se
-subdividían. Con todo pudiendo más el actual entusiasmo que el añejo
-y prolongado hábito de la obediencia, ya hemos visto como en León,
-sin contar con Don Gregorio de la Cuesta, se había dado el grito del
-levantamiento. Era la empresa de más dificultoso empeño en Valladolid,
-así porque dentro residía dicho jefe, como también por el apoyo que le
-daba la chancillería y sus dependencias. Sin embargo la opinión superó
-todos los obstáculos.
-
-En los últimos días de mayo el pueblo agavillado quiso exigir del
-capitán general que se le armase y se hiciese la guerra a Napoleón.
-Asomado al balcón resistiose Cuesta, y con prudentes razones procuró
-disuadir a los alborotados de su desaconsejado intento. Insistieron
-de nuevo estos, y viendo que sus esfuerzos inútilmente se estrellaban
-contra el duro carácter del capitán general, erigieron el patíbulo
-vociferando que en él iban a dar el debido pago a tal terquedad,
-tachada ya de traición por el populacho. Dobló entonces la cerviz Don
-Gregorio de la Cuesta, prefiriendo a un azaroso fin servir de guía a
-la insurrección, y sin tardanza congregó una junta a que asistieron
-con los principales habitantes individuos de todas las corporaciones.
-El viejo general no permitió que la nueva autoridad ensanchase sus
-facultades más allá de lo que exigía el armamento y defensa de la
-provincia; conviniendo tan solo en que a semejanza de Valladolid se
-instituyese una junta con la misma restricción en cada una de las
-ciudades en que había intendencia. Así Ávila y Salamanca formaron
-las suyas, pero la inflexible dureza de Cuesta y el anhelo de estos
-cuerpos por acrecer su poder, suscitaron choques y reñidas contiendas.
-Valladolid y las poblaciones libres del yugo francés se apresuraron a
-alistar y disciplinar su gente, y Zamora y Ciudad Rodrigo suministraron
-en cuanto pudieron armas y pertrechos militares.
-
-Enlutaron la común alegría algunos excesos de la plebe y de la
-soldadesca. Murió en Palencia a sus manos un tal Ordóñez que dirigía
-la fábrica de harinas de Monzón, sujeto apreciable. Don Luis Martínez
-de Ariza, gobernador de Ciudad Rodrigo, experimentó igual suerte,
-sirviendo de pretexto su mucha amistad y favor con el príncipe de la
-Paz. Lo mismo algún otro individuo en dicha plaza; y en la patria del
-insigne Alonso del Tostado, en Madrigal, fue asesinado el corregidor,
-y unos alguaciles odiados por su rapaz conducta. Castigó Cuesta con
-el último suplicio a los matadores; pero una catástrofe no menos
-triste y dolorosa afeó el levantamiento de Valladolid. Don Miguel
-de Cevallos, director del colegio de Segovia, a quien hemos visto
-alejarse de aquella ciudad al ocuparla los franceses, fue detenido a
-corta distancia en el lugar de Carbonero, achacando infundadamente
-a traición suya el descalabro padecido. De allí le condujeron preso
-a Valladolid. Le entraron por la tarde, y fuera malicia o acaso,
-después de atravesar el portillo de la Merced, torcieron los que le
-llevaban por el callejón de los toros al campo grande, donde los
-nuevos alistados hacían el ejercicio. A las voces de que se aproximaba
-levantose general gritería. Iba a caballo y detrás su familia en coche.
-Llovieron muy luego pedradas sobre su persona, y a pesar de querer
-guarecerle los paisanos que le escoltaban, desgraciadamente de una cayó
-en tierra, y entonces por todas partes le acometieron y maltrataron.
-En balde un clérigo de nombre Prieto buscó para salvarle el religioso
-pretexto de la confesión: solo consiguió momentáneamente meterle en el
-portal de una casa, dentro del cual un soldado portugués de los que
-habían venido con el marqués de Alorna le traspasó de un bayonetazo.
-Con aquello enfureciose de nuevo el populacho, arrastró por la ciudad
-al desventurado Cevallos, y al fin le arrojó al río. Partían el alma
-los agudos acentos de la atribulada esposa, que desde su coche ponía
-en el cielo sus quejas y lamentos, al paso que empedernidas mujeres se
-encarnizaban en la despedazada víctima. Espanta que un sexo tan tierno,
-delicado y bello por naturaleza, se convierta a veces y en medio de
-tales horrores en inhumana fiera. Mas apartando la vista de objeto
-tan melancólico, continuemos bosquejando el magnífico cuadro de la
-insurrección, cuyo fondo, aunque salpicado de algunas oscuras manchas,
-no por eso deja de aparecer grandioso y admirable.
-
-[Marginal: Levantamiento de Sevilla.]
-
-Las provincias meridionales de España no se mantuvieron más tranquilas
-ni perezosas que las que acabamos de recorrer. Movidos sus habitantes
-de iguales afectos no se desviaron de la gloriosa senda que a todos
-había trazado el sentimiento de la honra e independencia nacional.
-Siendo idénticas las causas, unos mismos fueron en su resultado los
-efectos. Solamente los incidentes que sirvieron de inmediato estímulo
-variaron a veces. Uno de estos notable e inesperado influyó con
-particularidad en los levantamientos de Andalucía y Extremadura. Por
-entonces residía casualmente en Móstoles, distante de Madrid tres
-leguas, Don Juan Pérez Villamil secretario del almirantazgo. Acaeció
-en la capital el suceso del 2 de mayo, y personas que en lo recio de
-la pelea se habían escapado y refugiado en Móstoles, contaron lo que
-allí pasaba con los abultados colores del miedo reciente. Sin tardanza
-incitó Villamil al alcalde para que escribiendo al del cercano pueblo
-pudiese la noticia circular de uno en otro con rapidez. Así cundió
-creciendo de boca en boca, y en tanto grado exagerada que cuando
-alcanzó a Talavera pintábase a Madrid ardiendo por todos sus puntos y
-confundido en muertes y destrozos. Expidiéronse por aquel administrador
-de correos avisos con la mayor diligencia, y en breve Sevilla y otras
-ciudades fueron sabedoras del infausto acontecimiento.
-
-Dispuestos como estaban los ánimos, no se necesitaba sino de un
-levísimo motivo para encenderlos a lo sumo y provocar una insurrección
-general. El aviso de Móstoles estuvo para realizarla en el mediodía.
-En Sevilla el ayuntamiento pensó seriamente en armar la provincia, y
-tratose de planes de armamento y defensa. Órdenes posteriores de Madrid
-contuvieron el primer amago; pero conmovido el pueblo se alentaron
-algunos particulares a dar determinado rumbo al descontento universal.
-Fue en aquella ciudad uno de los principales conmovedores el conde de
-Tilly, de casa ilustre de Extremadura, hombre inquieto, revoltoso y
-tachado bastantemente en su conducta privada. Aunque dispuesto para
-alborotos, e igualmente amigo de novedades que su hermano Guzmán, tan
-famoso en la revolución francesa, nunca hubiera conseguido el anhelado
-objeto, si la causa que ahora abrazaba no hubiese sido tan santa, y si
-por lo mismo no se le hubiesen agregado otras personas respetables de
-la ciudad.
-
-Juntábanse todos en un sitio llamado el Blanquillo hacia la puerta
-de la Barqueta, y en sus reuniones debatían el modo de comenzar su
-empresa. Apareciose al propio tiempo en Sevilla un tal Nicolás Tap
-y Núñez, hombre poco conocido y que había venido allí con propósito
-de conmover por sí solo la ciudad. Ardiente y despejado peroraba por
-calles y plazas, y llevaba y traía a su antojo al pueblo sevillano,
-subiendo a punto su descaro de pedir al cabildo eclesiástico doce mil
-duros para hacer el alzamiento contra los franceses; petición a que se
-negó aquel cuerpo. Se ejercitaba antes en el comercio clandestino, y
-con el título intruso de corredor tenía mucha amistad con las gentes
-que se ocupaban en el contrabando con Gibraltar y la costa, a cuyo
-punto hacía frecuentes viajes. Callaban las autoridades temerosas
-de mayor mal, y los que con Tilly maquinaban procuraron granjearse
-la voluntad de quien en pocos días había adquirido más nombre y
-popularidad que ningún otro. Buscáronle y fácilmente se concertaron.
-
-No transcurría día sin que nuevos motivos de disgusto viniesen a
-confirmarlos en su pensamiento, y a perturbar a los tranquilos
-ciudadanos. En este caso estuvieron varios papeles publicados contra la
-familia de Borbón en el Diario de Madrid que se imprimía desde el 10 de
-mayo bajo la inspección del francés Esménard. Disonaron sus frases a
-los oídos españoles no acostumbrados a aquel lenguaje, y unos papeles
-destinados a rectificar la opinión en favor de las mudanzas acordadas
-en Bayona, la alejaron para siempre de asentir a ellas y aprobarlas.
-Gradualmente subía de punto la indignación, cuando de oficio se recibió
-la noticia de las renuncias de la familia real de España en la persona
-de Napoleón. Parecioles a Tilly, Tap y consortes que no convenía
-desaprovechar la ocasión, y se prepararon al rompimiento.
-
-Se escogió el día de la Ascensión 26 de mayo y hora del anochecer para
-alborotar a Sevilla. Soldados del regimiento de Olivenza comenzaron el
-estruendo dirigiéndose al depósito de la real maestranza de artillería
-y de los almacenes de pólvora. Reunióseles inmenso gentío, y se
-apoderaron de las armas sin desgracia ni desorden. Adelantose a aquel
-paraje un escuadron de caballería mandado por Don Adrián Jácome, el
-cual lejos de impedir la sublevación, más bien la aplaudió y favoreció.
-Prendiendo con inexplicable celeridad el fuego de la revolución hasta
-en los más apartados y pacíficos barrios, el ayuntamiento se trasladó
-al hospital de la Sangre para deliberar más desembarazadamente. Pero
-en la mañana del 27 el pueblo apoderándose de las casas consistoriales
-abandonadas, congregó en ellas una junta suprema de personas
-distinguidas de la ciudad. Tap y Núñez procediendo de buena fe era
-por su extremada popularidad quien escogía los miembros, siendo
-otros los que se los apuntaban. Así fue que como forastero obrando a
-ciegas, nombró a dos que desagradaron por su anterior y desopinada
-conducta. Se le previno, y quiso borrarlos de la lista. Fueron inútiles
-sus esfuerzos y aun le acarrearon una larga prisión, mostrándose
-encarnizados enemigos suyos los que tenía por parciales. Suerte
-ordinaria de los que entran desinteresadamente e inexpertos en las
-revoluciones: los hombres pacíficos los miran siempre, aun aplaudiendo
-a sus intentos, como temibles y peligrosos, y los que desean la
-bulla y las revueltas para crecer y medrar, ponen su mayor conato en
-descartarse del único obstáculo a sus pensamientos torcidos.
-
-Instalose pues la junta, y nombró por su presidente a Don Francisco
-Saavedra, antiguo ministro de hacienda, confinado en Andalucía por la
-voluntad arbitraria del príncipe de la Paz. De carácter bondadoso y
-apacible, tenía saber extenso y vario. Las desgracias y persecuciones
-habían quizá quitado a su alma el temple que reclamaban aquellos
-tiempos. A instancias suyas fue también elegido individuo de la junta
-el asistente Don Vicente Hore, a pesar de su amistad con el caído
-favorito. Entró a formar parte y se señaló por su particular influjo
-el Padre Manuel Gil, clérigo reglar. La espantadiza desconfianza de
-Godoy que sin razón le había creído envuelto en la intriga que para
-derribarle habían urdido en 1795 la marquesa de Matallana y el de
-Malaespina, le sugirió entonces el encerrarle en el convento de
-Toribios de Sevilla, en el que se corregían los descarríos ciertos o
-supuestos de un modo vergonzoso y desusado ya aun para con los niños.
-Disfrutaba el padre Gil, si bien de edad provecta, de la robustez y
-calor de los primeros años: con facilidad comunicaba a otros el fuego
-que sustentaba en su pecho, y en medio de ciertas extravagancias más
-bien hijas de la descuidada educación del claustro que de extravíos de
-la mente, lucía por su erudición y la perspicacia de su ingenio.
-
-La nombrada junta intitulose suprema de España e Indias. Desazonó
-a las otras la presuntuosa denominación; pero ignorando lo que
-allende ocurría, quizá juzgó prudente ofrecer un centro común, que
-contrapesando el influjo de la autoridad intrusa y usurpadora de
-Madrid, le hiciese firme e imperturbable rostro. Fue desacuerdo
-insistir en su primer título luego que supo la declaración de las
-otras provincias. Su empeño hubiera podido causar desavenencias que
-felizmente cortaron la cordura y tino de ilustrados patriotas.
-
-Para la defensa y armamento adoptó la junta medidas activas y
-acertadas. Sin distinción mandó que se alistasen todos los mozos de
-dieciséis hasta cuarenta y cinco años. Se erigieron asimismo por orden
-suya juntas subalternas en las poblaciones de 2000 y más vecinos.
-La oportuna inversión de los donativos cuantiosos que se recibían,
-como también el cuidado de todo el ramo económico, se puso a cargo
-de sujetos de conocida integridad. En ciudades, villas y aldeas se
-respondió con entrañable placer al llamamiento de la capital, y en
-Arcos como en Carmona, y en Jerez como en Lebrija y Ronda no se oyeron
-sino patrióticos y acordes acentos.
-
-En la conmoción de la noche del 26 y en la mañana del 27 nadie se había
-desmandado, ni se habían turbado aquellas primeras horas con muertes
-ni notables excesos. Estaba reservado para la tarde del mismo 27 que
-se ensangrentasen los muros de la ciudad con un horrible asesinato.
-Ya indicamos como el ayuntamiento había trasladado al hospital de la
-Sangre el sitio de sus sesiones. Dio con este paso lugar a hablillas
-y rencores. Para calmarlos y obrar de concierto con la junta creada,
-envió a ella en comisión al conde del Águila procurador mayor en
-aquel año. A su vista se encolerizó la plebe, y pidió con ciego furor
-la cabeza del conde. La junta para resguardarle prometió que se le
-formaría causa, y ordenó que entre tanto fuese enviado en calidad de
-arrestado a la torre de la puerta de Triana. Atravesó el del Águila a
-Sevilla entre insultos, pero sin ser herido ni maltratado de obra. Solo
-al subir a la prisión que le estaba destinada, entrando en su compañía
-una banda de gente homicida, le intimó que se dispusiese a morir, y
-atándole a la barandilla del balcón que está sobre la misma puerta de
-Triana, sordos aquellos asesinos a los ruegos del conde y a las ofertas
-que les hizo de su hacienda y sus riquezas, bárbaramente le mataron
-a carabinazos. Fue por muchos llorada la muerte de este inocente
-caballero, cuya probidad y buen porte eran apreciados en general por
-todos los sevillanos. Hubo quien achacó imprudencias al conde; otros, y
-fueron los más, atribuyeron el golpe a enemiga y oculta mano.
-
-Rica y populosa Sevilla, situada ventajosamente para resistir a una
-invasión francesa, afianzó, declarándose, el levantamiento de España.
-Mas era menester para poner fuera de todo riesgo su propia resolución
-contar con San Roque y Cádiz, en donde estaba reunida la fuerza militar
-de mar y tierra más considerable y mejor disciplinada que había dentro
-de la nación. Convencida de esta verdad despachó la junta a aquellos
-puntos dos oficiales de artillería que eran de su confianza. El que
-fue a San Roque desempeñó su encargo con menos embarazos, hallando
-dispuesto a Don Francisco Javier Castaños que allí mandaba, a someterse
-a lo que se le prescribía. Ya de antemano había entablado este general
-relaciones con Sir Hugo Dalrymple, gobernador de Gibraltar, y lejos de
-suspender sus tratos por la llegada a su cuartel general del oficial
-francés Roquiat, de cuya comisión hicimos mención en el anterior libro,
-las avivó y estrechó más y más. Tampoco se retrajo de continuarlos ni
-por las ofertas que le hizo otro oficial de la misma nación despachado
-al efecto, ni con el cebo del virreinato de Méjico que tenían en Madrid
-como en reserva para halagar con tan elevada dignidad la ambición de
-los generales, cuya decisión se conceptuaba de mucha importancia. Es
-de temer no obstante que las pláticas con Dalrymple en nada hubieran
-terminado, si no hubiese llegado tan a tiempo el expreso de Sevilla. A
-su recibo se pronunció abiertamente Castaños, y la causa común ganó con
-su favorable declaración 8941 hombres de tropa reglada que estaban bajo
-sus órdenes.
-
-Tropezó en Cádiz con mayores obstáculos el conde de Teba, que fue el
-oficial enviado de Sevilla. Habitualmente residía en aquella plaza el
-capitán general de Andalucía, siéndolo a la sazón Don Francisco Solano,
-marqués del Socorro y de la Solana. No hacía mucho tiempo que había
-regresado a su puesto desde Extremadura y de vuelta de la expedición
-de Portugal, en donde le vimos soñar mejoras para el país puesto a
-su cuidado. Después del 2 de mayo solicitado y lisonjeado por los
-franceses, y sobre todo vencido por los consejos de españoles antiguos
-amigos suyos, con indiscreción se mostraba secuaz de los invasores,
-graduando de frenesí cualquiera resistencia que se intentase. Ya antes
-de mediados de mayo corrió peligro en Badajoz por la poca cautela
-conque se expresaba. No anduvo más prudente en todo su camino. Al
-cruzar por Sevilla se avistaron con él los que trabajaban para que
-aquella ciudad definitivamente se alzase. Esquivó todo compromiso,
-mas molestado por sus instancias pidió tiempo para reflexionar, y se
-apresuró a meterse en Cádiz. No satisfechos de su indecisión, luego
-que tuvo lugar el levantamiento del 27, siendo ya algunos de los
-conspiradores individuos de la nueva junta, impelieron a esta para
-que el 28 enviase a aquella plaza al mencionado conde de Teba, quien
-con gran ruido y estrépito penetró por los muros gaditanos. Era allí
-muy amado el general Solano: debíalo a su anterior conducta en el
-gobierno del distrito, en el que se había desvelado por hacerse grato
-a la guarnición y al vecindario. En idolatría se hubiera convertido la
-afición primera, si se hubiese francamente declarado por la causa de
-la nación. Continuó vacilante e incierto, y el titubear de ahora en un
-hombre antes presto y arrojado en sus determinaciones, fue calificado
-de premeditada traición. Creemos ciertamente que las esperanzas y
-promesas con que de una parte le habían traído entretenido, y los
-peligros que advertía de la otra examinando militarmente la situación
-de España, le privaron de la libre facultad de abrazar el honroso
-partido a que era llamado de Sevilla. Así fue que al recibir sus
-pliegos ideó tomar un sesgo con que pudiera cubrirse.
-
-Convocó a este propósito una reunión de generales, en la que se
-decidiese lo conveniente acerca del oficio traído por el conde de Teba.
-Largamente se discurrió en su seno la materia, y prevaleciendo como
-era natural el parecer de Solano, se acordó la publicación de un bando
-cuyo estilo descubría la mano de quien le había escrito. Dábanse en
-él las razones militares que asistían para considerar como temeraria
-la resistencia a los franceses, y después de varias inoportunas
-reflexiones se concluía con afirmar que puesto que el pueblo la
-deseaba, no obstante las poderosas razones alegadas, se formaría un
-alistamiento y se enviarían personas a Sevilla y otros puntos, estando
-todos los once, que suscribían al bando, prontos a someterse a la
-voluntad expresada. Contento Solano con lo que se había determinado le
-faltó tiempo para publicarlo, y de noche con hachas encendidas y grande
-aparato mandó pregonar bando por las calles, como si no bastase el solo
-acuerdo para dar suficiente pábulo a la inquietud del pueblo.
-
-La desusada ceremonia atrajo a muchos curiosos, y luego que oyeron lo
-que de oficio se anunciaba, irritáronse sobremanera los circunstantes,
-y con el bullicio y el numeroso concurso pensaron los más atrevidos en
-aprovecharse de la ocasión que se les ofrecía, y de montón acudieron
-todos a casa del capitán general. Allí un joven llamado Don Manuel
-Larrús, subiendo en hombros de otro, tomó la palabra y respondiendo una
-tras de otra a las razones del bando, terminó con pedir a nombre de
-la ciudad que se declarase la guerra a los franceses, y se intimase
-la rendición a su escuadra fondeada en el puerto. Abatiose el altivo
-Solano a la voz del mozo, y quien para dicha suya y de su patria
-hubiera podido, acaudillándolas, ser árbitro y dueño de las voluntades
-gaditanas, tuvo que arrastrarse en pos de un desconocido. Convino pues
-en juntar al día siguiente los generales, y ofreció que en todo se
-cumpliría lo que demandaba el pueblo.
-
-La algazara promovida por la publicación del bando siguió hasta rayar
-la aurora, y la muchedumbre cercó y allanó en uno de sus paseos la casa
-del cónsul francés Mr. Le Roi, cuyo lenguaje soberbio y descomedido le
-había atraído la aversión aun de los vecinos más tranquilos. Refugiose
-el cónsul en el convento de S. Agustín y de allí fue a bordo de su
-escuadra. Acompañó a este desmán el de soltar a algunos presos, pero
-no pasó más allá el desorden. Los amotinados se aproximaron después al
-parque de artillería para apoderarse de las armas, y los soldados en
-vez de oponerse los excitaron y ayudaron.
-
-A la mañana inmediata 29 de mayo celebró Solano la ofrecida junta de
-generales, y todos condescendieron con la petición del pueblo. Antes
-había ya habido algunos de ellos que en vista del mal efecto causado
-por la publicación del bando, procuraron descargar sobre el capitán
-general la propia responsabilidad, achacando la resolución a su
-particular conato: indigna flaqueza que no poco contribuyó a indisponer
-más y más los ánimos contra Solano. Ayudó también a ello la frialdad e
-indiferencia que este dejaba ver en medio de su carácter naturalmente
-fogoso. No descuidaron la malevolencia y la enemistad emplear contra
-su persona las apariencias que le eran adversas, y ambas pasiones
-traidoramente atizaron las otras y más nobles que en el día reinaban.
-
-Por la tarde se presentó en la plaza de S. Antonio el ayudante Don
-José Luquey anunciando al numeroso concurso allí reunido que según
-una junta celebrada por oficiales de marina, no se podía atacar la
-escuadra francesa sin destrozar la española todavía interpolada con
-ella. Se irritaron los oyentes y serían las cuatro de la tarde cuando
-en seguida se dirigieron a casa del general. Permitiose subir a tres
-de ellos, entre los que había uno que de lejos se parecía a Solano.
-El gentío era inmenso y tal el bullicio y la algazara que nadie se
-entendía. En tanto el joven que tenía alguna semejanza con el general
-se asomó al balcón. La multitud aturdida tomole por el mismo Solano, y
-las señas que hacía para ser oído, por una negativa dada a la petición
-de atacar a la escuadra francesa. Entonces unos sesenta que estaban
-armados hicieron fuego contra la casa, y la guardia mandada por el
-oficial San Martín, después caudillo célebre del Perú, se metió dentro
-y atrancó la puerta. Creció la saña, trajeron del parque cinco piezas y
-apuntaron contra la fachada, separada de la muralla por una calle baja,
-un cañón de a veinticuatro de los que coronaban aquella. Rompieron las
-puertas, huyó Solano, y encaramándose por la azotea se acogió a casa
-de su vecino y amigo el irlandés Strange. Al llegarse encontró con
-Don Pedro Olaechea, hombre oscuro, y que habiendo sido novicio en la
-Cartuja de Jerez, se le contaba entre los principales alborotadores de
-aquellos días. Presumiendo este que el perseguido general se habría
-ocultado allí, habíasele adelantado entrando por la puerta principal.
-Sorprendiose Solano con el inesperado encuentro, mas ayudado del
-comandante del regimiento de Zaragoza Creach que casualmente entraba
-a visitar a la señora de Strange, juntos encerraron al ex-cartujo en
-un pasadizo, de donde queriendo el tal por una claraboya escaparse se
-precipitó a un patio, de cuyas resultas murió a pocos días. Pero Solano
-no pudiendo evadirse por parte alguna, se escondió en un hueco oculto
-que le ofrecía un gabinete alhajado a la turca, donde la multitud
-corriendo en su busca desgraciadamente le descubrió. Pugnó valerosa,
-pero inútilmente, por salvarle la esposa del señor Strange Doña María
-Tuker; hiriéronla en un brazo, y al fin sacaron por violencia de su
-casa a la víctima que defendía. Arremolinándose la gente colocaron en
-medio al marqués y se le llevaron por la muralla adelante con propósito
-de suspenderle en la horca. Iba sereno y con brío, no apareciendo
-en su semblante decaimiento ni desmayo. Maltratado y ofendido por
-el paisanaje y soldadesca, recibió al llegar a la plaza de San Juan
-de Dios una herida que puso término a sus días y a su tormento.
-Revelaríamos para execración de la posteridad el nombre del asesino,
-si con certeza hubiéramos podido averiguarlo. Bien sabemos a quién y
-cómo se ha inculpado, pero en la duda nos abstenemos de repetir vagas
-acusaciones.
-
-Reemplazó al muerto capitán general D. Tomás de Morla, gobernador
-de Cádiz. Aprobó la junta de Sevilla el nombramiento, y envió para
-asistirle y quizá para vigilarle al general Don Eusebio Antonio
-Herrera, individuo suyo. Se hizo marchar inmediatamente hacia lo
-interior parte de las tropas que había en Cádiz y sus contornos, no
-contándose en la plaza otra guarnición que los regimientos provinciales
-de Córdoba, Écija, Ronda y Jerez, y los dos de línea de Burgos y
-Órdenes militares, que casi se hallaban en cuadro. El 31 se juró
-solemnemente a Fernando VII y se estableció una junta dependiente de la
-suprema de Sevilla. En la misma mañana parlamentaron con los ingleses
-el jefe de escuadra Don Enrique Macdonnell y el oidor Don Pedro Creux.
-Conformáronse aquellos con las disposiciones de la junta sevillana,
-reconocieron su autoridad y ofrecieron 5000 hombres que a las órdenes
-del general Spencer iban destinados a Gibraltar.
-
-Cobrando cada vez más aliento la junta suprema de Sevilla hizo el 6
-de junio una declaración solemne de guerra contra Francia, afirmando
-«que no dejaría las armas de la mano hasta que el emperador Napoleón
-restituyese a España al rey Fernando VII y a las demás personas
-reales, y respetase los derechos sagrados de la nación que había
-violado, y su libertad, integridad e independencia.» Publicó por el
-mismo tiempo que esta declaración otros papeles de grande importancia,
-señalándose entre todos el conocido con el nombre de _Prevenciones_.
-En él se daban acomodadas reglas para la guerra de partidas, única que
-convenía adoptar; se recomendaba el evitar las acciones generales,
-y se concluía con el siguiente artículo, digno de que a la letra se
-reproduzca en este lugar: «se cuidará de hacer entender y persuadir a
-la nación que libres, como esperamos, de esta cruel guerra a que nos
-han forzado los franceses, y puestos en tranquilidad y restituido al
-trono nuestro rey y señor Fernando VII, bajo él y por él se convocarán
-cortes, se reformarán los abusos y se establecerán las leyes que el
-tiempo y la experiencia dicten para el público bien y felicidad;
-cosas que sabemos hacer los españoles, que las hemos hecho con otros
-pueblos sin necesidad de que vengan los... franceses a enseñárnoslo...»
-Dedúzcase de aquí si fue un fanatismo ciego y brutal el verdadero móvil
-de la gloriosa insurrección de España, como han querido persuadirlo
-extranjeros interesados o indignos hijos de su propio suelo.
-
-Jaén y Córdoba se sublevaron a la noticia de la declaración de Sevilla,
-y se sometieron a su junta, creando otras para su gobierno particular,
-en que entraron personas de todas clases. En Jaén desconfiándose del
-corregidor Don Antonio María de Lomas, le trasladaron preso a pocos
-días a Valdepeñas de la Sierra, en donde el pueblo alborotado le mató a
-fusilazos. Córdoba se apresuró a formar su alistamiento, dirigió gran
-muchedumbre de paisanos a ocupar el puente de Alcolea, dándose el mando
-de aquella fuerza armada, llamada vanguardia de Andalucía, a Don Pedro
-Agustín de Echevarri. Aprobó la junta de Sevilla dicho nombramiento;
-la que por su parte no cesaba de activar y promover las medidas de
-defensa. Confió el mando de todo el ejército a Don Francisco Javier
-Castaños, recompensa debida a su leal conducta, y el 9 de junio salió
-este general a desempeñar su honorífico encargo.
-
-[Marginal: Rendición de la escuadra francesa surta en Cádiz.]
-
-Entre tanto quedaba por terminar un asunto que al paso que era grave
-interesaba a la quietud y aun a la gloria de Cádiz. La escuadra
-francesa surta en el puerto todavía tremolaba a su bordo el pabellón de
-su nación, y el pueblo se dolía de ver izada tan cerca de sus muros y
-en la misma bahía una bandera tenida ya por enemiga. Era además muy de
-temer, abierta la comunicación con los ingleses, que no consintiesen
-estos tener largo tiempo casi al costado de sus propias naves y en
-perfecta seguridad una escuadra de su aborrecido adversario. Instó por
-consiguiente el pueblo en que prontamente se intimase la rendición al
-almirante francés Rossilly. El nuevo general Morla, fuera prudencia
-para evitar efusión de sangre, o fuera que anduviese aún dudoso en el
-partido que le convenía abrazar [sospecha a que da lugar su posterior
-conducta], procuraba diferir las hostilidades divirtiendo la atención
-pública con mañosas palabras y dilaciones. El almirante francés con
-la esperanza de que avanzasen a Cádiz tropas de su nación, pedía
-que no se hiciese novedad alguna hasta que el emperador contestase
-a la demanda hecha en proclamas y declaraciones de que se entregase
-a Fernando VII: estratagema que ya no podía engañar ni sorprender a
-la honradez española. Aprovechándose de la tardanza mejoraron los
-franceses su posición, metiéndose en el canal del arsenal de la
-Carraca, y colocándose de suerte que no pudieran ofenderles los fuegos
-de los castillos ni de la escuadra española. Constaba la francesa de
-cinco navíos y una fragata: su almirante Mr. de Rossilly hizo después
-una nueva proposición, y fue que para tranquilizar los ánimos saldría
-de bahía si se alcanzaba del británico, anclado a la boca, el permiso
-de hacerse a la vela sin ser molestado; y si no, que desembarcaría sus
-cañones, conservaría a bordo las tripulaciones y arriaría la bandera,
-dándose mutuamente rehenes, y con el seguro de ser respetado por los
-ingleses. Morla rehusó dar oídos a proposición alguna que no fuese la
-pura y simple entrega.
-
-Hasta el 9 de junio se habían prolongado estas pláticas, en cuyo día
-temiéndose el enojo público se rompió el fuego. El almirante inglés
-Collingwood que de Toulon había venido a suceder a Purvis, ofreció su
-asistencia, pero no juzgándola precisa fue desechada amistosamente.
-Empezó el cañón del Trocadero a batir a los enemigos, sosteniendo
-sus fuegos las fuerzas sutiles del arsenal y las del apostadero de
-Cádiz que fondearon frente de Fort-Luis. El navío francés Algeciras
-incomodado por la batería de morteros de la cantera, la desmontó:
-también fue a pique una cañonera mandada por el alférez Valdés y el
-místico de Escalera, pero sin desgracia. La pérdida de ambas partes fue
-muy corta. Continuó el fuego el 10, en cuyo día a las tres de la tarde
-el navío Héroe francés que montaba el almirante Rossilly, puso bandera
-española en el trinquete, y afirmó la de parlamento el navío Príncipe,
-en el que estaba Don Juan Ruiz de Apodaca comandante de nuestra
-escuadra. Abriéronse nuevas conferencias que duraron hasta la noche
-del 13, y en ella se intimó a Rossilly que a no rendirse romperían
-fuego destructor dos baterías levantadas junto al puente de la nueva
-población. El 14 a las siete de la mañana izó el navío Príncipe la
-bandera de fuego, y entonces se entregaron los franceses a merced del
-vencedor. Regocijó este triunfo, si bien no costoso ni difícil, porque
-con eso quedaba libre y del todo desembarazado el puerto de Cádiz, sin
-haber habido que recurrir a las fuerzas marítimas de los nuevos aliados.
-
-En tanto Sevilla, acelerando el armamento y la organización militar,
-envió a todas partes avisos y comisionados; y Canarias y las provincias
-de América no fueron descuidadas en su solícita diligencia. Quiso
-igualmente asentar con el gobierno inglés directas relaciones de
-amistad y alianza, no bastándole las que interinamente se habían
-entablado con sus almirantes y generales: a cuyo fin diputó con plenos
-poderes a los generales D. Adrián Jácome y D. Juan Ruiz de Apodaca,
-que después veremos en Inglaterra. Ahora conviene seguir narrando la
-insurrección de las otras provincias.
-
-[Marginal: Levantamiento de Granada.]
-
-Hemos referido más arriba que Córdoba y Jaén habían reconocido la
-supremacía de Sevilla. No fue así en Granada. Asiento de una capitanía
-general y de una chancillería, no había estado avezada aquella ciudad,
-así por esto como por su extensión y riqueza a recibir órdenes de otra
-provincia. Por tanto determinó elegir un gobierno separado, levantar un
-ejército propio suyo, y concurrir con brillantez y esfuerzo a la común
-defensa. En los dos últimos meses se habían dejado sentir los mismos
-síntomas de desasosiego que en las otras partes; pero no adquirió aquel
-descontento verdadera forma de insurrección hasta el 29 de mayo. A la
-una de aquel día entró por la ciudad a caballo y con grande estruendo
-el teniente de artillería Don José Santiago, que traía pliegos de
-Sevilla. Acompañado de paisanos de las cercanías y de otros curiosos
-que se agregaron con tanta más facilidad cuanto era domingo, se dirigió
-a casa del capitán general.
-
-Éralo a la sazón Don Ventura Escalante, hombre pacífico y de escaso
-talento, quien aturdido con la noticia de Sevilla se quedó sin saber
-a qué partido ladearse. Por de pronto con evasivas palabras se limitó
-a mandar al oficial que se retirase, con lo que creció por la noche
-la agitación, y agriamente se censuró la conducta tímida del general.
-Ser el día siguiente 30 el de San Fernando, no poco influyó para
-acalorar más los ánimos. Así fue que por la mañana agolpándose mucha
-gente a la plaza nueva, en donde está la chancillería, residencia del
-capitán general, se pidió con ahínco por los que allí se agruparon que
-se proclamase a Fernando VII. El general, en aquel aprieto, con gran
-séquito de oficiales, personas de distinción y rodeado de la turba
-conmovida salió a caballo, llevando por las calles como en triunfo el
-retrato del deseado rey. Pero viendo el pueblo que las providencias
-tomadas se habían limitado al vano aunque ostentoso paseo, se indignó
-de nuevo, e incitado por algunos acudió de tropel y por segunda vez
-a casa del general, y sin disfraz le requirió que desconfiándose de
-su conducta era menester que nombrase una junta, la cual encargada
-que fuese del gobierno, cuidara con particularidad de armar a los
-habitantes. Cedió el Escalante a la imperiosa insinuación. Parece
-ser que el principal promovedor de la junta, y el que dio la lista
-de sus miembros, fue un monje jerónimo llamado el P. Puebla, hombre
-de vasta capacidad y de carácter firme. Eligiose por presidente al
-capitán general, y más de cuarenta individuos de todas clases entraron
-a componer la nueva autoridad. Al instante se pensó en medidas de
-guerra: el entusiasmo del pueblo no tuvo límites, y se alistó la gente
-en términos que hubo que despedir gran parte. Llovieron los donativos y
-las promesas, y bien pronto no se vieron por todos lados sino fábricas
-de monturas, de uniformes y de composición de armas. Granada puede
-gloriarse de no haber ido en zaga en patriotismo y heroicos esfuerzos a
-ninguna otra de las provincias del reino. Y ¡ojalá que en todas hubiera
-habido tanta actividad y tanto orden en el empleo de sus medios!
-
-Pero, ciudad extendida e indefensa, hubiera sin embargo corrido gran
-riesgo si alguna fuerza enemiga se hubiera acercado a sus puertas.
-Se hallaba sin tropas, destinadas a otros puntos las que antes la
-guarnecían. Un solo batallón suizo que quedaba, por orden de la corte
-se había ya puesto en marcha para Cádiz. Felizmente no se había alejado
-todavía, y en obediencia a un parte de la junta retrocedió y sirvió de
-apoyo a la autoridad.
-
-Declarada con entusiasmo la guerra a Bonaparte, requisito que
-acompañaba siempre a la insurrección, se llamó de Málaga a Don Teodoro
-Reding, su gobernador, para darle el mando de la gente que se armase, y
-tuvo la especial comisión de adiestrarla y disciplinarla el brigadier
-Don Francisco Abadía, quien la desempeñó con celo y bastante acierto.
-Todos los pueblos de la provincia imitaron el ejemplo de Granada. En
-Málaga pereció desgraciadamente el 20 de junio el vicecónsul francés
-Mr. D’Agaud y Don Juan Croharé, que sacó a la fuerza el populacho del
-castillo de Gibralfaro en donde estaban detenidos. Pero sus muertes no
-quedaron impunes, vengándolas el cadalso en la persona de Cristóbal
-Ávalos y de otros dos, a quienes se consideró como principales culpados.
-
-La junta de Granada no contenta con los auxilios propios y con las
-armas que aguardaba de Sevilla, envió a Gibraltar en comisión a Don
-Francisco Martínez de la Rosa, quien a pesar de su edad temprana era
-ya catedrático en aquella universidad, y mereció por sus aventajadas
-partes ser honrado con encargo de tanta confianza. No dejó en su
-viaje de encontrar con embarazos, recelosos los pueblos de cualquiera
-pasajero que por ellos transitaba. Siendo el segundo español que
-en comisión fue a Gibraltar para anunciar la insurrección de las
-provincias andaluzas, le acogieron los moradores con júbilo y aplauso.
-No tanto el gobernador Sir Hugo Dalrymple. Prevenido en favor de un
-enviado de Sevilla que era el que le había precedido, temía el inglés
-una fatal desunión si todos no se sometían a un centro común de
-autoridad. Al fin condescendió en suministrar al comisionado de Granada
-fusiles y otros pertrechos de guerra, con lo que, y otros recursos que
-le facilitaron en Algeciras, cumplió satisfactoriamente con su encargo.
-A la llegada de tan oportunos auxilios se avivó el armamento, y en
-breve pudo Granada reunir una división considerable de sus fuerzas
-a las demás de Andalucía, capitaneándolas el mencionado Don Teodoro
-Reding, de quien era mayor general Don Francisco Abadía, y teniendo por
-intendente a Don Carlos Veramendi, sujetos todos tres muy adecuados
-para sus respectivos empleos.
-
-Deslustrose el limpio brillo de la revolución granadina con dos
-deplorables acontecimientos. Don Pedro Trujillo, antiguo gobernador de
-Málaga, residía en Granada, y mirábasele con particular encono por su
-anterior proceder y violentas exacciones, sin recomendarle tampoco a
-las pasiones del día su enlace con Doña Micaela Tudó, hermana de la
-amiga del príncipe de la Paz. Hiciéronse mil conjeturas acerca de su
-mansión, e imputábasele tener algún encargo de Murat. Para protegerle y
-calmar la agitación pública, se le arrestó en la Alhambra. Determinaron
-después bajarle a la cárcel de corte, contigua a la chancillería,
-y esta fue su perdición, porque al atravesar la plaza nueva se
-amontonó gente dando gritos siniestros, y al entrar en la prisión se
-echaron sobre él a la misma puerta y le asesinaron. Lleno de heridas
-arrastraron como furiosos su cadáver. Achacose entre otros a tres
-negros el homicidio, y sumariamente fueron condenados, ejecutados en
-la cárcel, y ya difuntos puestos en la horca una mañana. Al asesinato
-de Trujillo siguiéronse otros dos, el del corregidor de Velez-Málaga
-y el de Don Bernabé Portillo, sujeto dado a la economía política, y
-digno de aprecio por haber introducido en la abrigada costa de Granada
-el cultivo del algodón. Su indiscreción contribuyó a acarrearle su
-pérdida. Ambos habían sido presos y puestos en la cartuja extramuros
-para que estuviesen más fuera del alcance de insultos populares. El 23
-de junio, día de la octava del Corpus, había en aquel monasterio una
-procesión. Despachábase por los monjes con motivo de la fiesta mucho
-vino de su cosecha, y un lego era el encargado de la venta. Viendo este
-a los concurrentes alegres y enardecidos con el mucho beber, díjoles:
-«más valía no dejar impunes a los dos traidores que tenemos adentro.»
-No fue necesario repetir la aleve insinuación a hombres ebrios y casi
-fuera de sentido. Entraron pues en el monasterio, sacaron a los dos
-infelices y los apuñalaron en el Triunfo. Sañudo el pueblo parecía
-inclinarse a ejecutar nuevos horrores, maliciosamente incitado por un
-fraile de nombre Roldán. Doloroso es en verdad que ministros de un Dios
-de paz embozados con la capa del patriotismo se convirtiesen en crueles
-carniceros. Por dicha el síndico del común llamado Garcilaso distrajo
-la atención de los sediciosos, y los persuadió a que no procediesen
-contra otros sin suficientes y justificativas pruebas. La autoridad no
-desperdició la noche que sobrevino: prendió a varios, y de ellos hizo
-ahorcar a nueve, que cubiertas las cabezas con un velo, se suspendieron
-en el patíbulo, enviando después a presidio al fraile Roldán. Aunque el
-castigo era desusado en su manera, y recordaba el misterioso secreto
-de Venecia, mantuvo el orden y volvió a los que gobernaban su vigoroso
-influjo. Desde entonces no se perturbó la tranquilidad de Granada, y
-pudieron sus jefes con más sosiego ocuparse en las medidas que exigía
-su noble resolución.
-
-[Marginal: Levantamiento de Extremadura.]
-
-La provincia de Extremadura había empezado a desasosegarse desde
-el famoso aviso del alcalde de Móstoles, que ya alcanzó a Badajoz
-en 4 de mayo. Era gobernador y comandante general el conde de la
-Torre del Fresno, quien en su apuro se asesoró con el marqués del
-Socorro general en jefe de las tropas que habían vuelto de Portugal.
-Ambos convocaron a junta militar, y de sus resultas se dio el 5 una
-proclama contra los franceses, la primera quizá que en este sentido se
-publicó en España, enviando además a Lisboa, Madrid y Sevilla varios
-oficiales con comisiones al caso e importantes. Obraron de buena fe
-Torre del Fresno y Socorro en paso tan arriesgado; pero recibiendo
-nuevos avisos de estar restablecida la tranquilidad en la capital,
-así uno como otro mudaron de lenguaje y sostuvieron con empeño el
-gobierno de Madrid. Habían alucinado a Socorro cartas de antiguos
-amigos suyos, y halagádole la resolución de Murat de que volviese
-a su capitanía general de Andalucía para donde en breve partió. Su
-ejemplo y sus consejos arrastraron a Torre del Fresno que carecía de
-prendas que le realzasen: general cortesano y protegido como paisano
-suyo por el príncipe de la Paz, aplacíale más la vida floja y holgada
-que las graves ocupaciones de su destino. Sin la necesaria fortaleza
-aun para tiempos tranquilos, mal podía contrarrestar el torrente que
-amenazaba. La fermentación crecía, menguaba la confianza hacia su
-persona, y avivando las pasiones los impresos de Madrid que tanto
-las despertaron en Sevilla, trataron entonces algunas personas de
-promover el levantamiento general. Se contaban en su número y eran los
-más señalados Don José María Calatrava, después ilustre diputado de
-cortes, el teniente rey Mancio y el tesorero Don Félix Ovalle, quienes
-se juntaban en casa de Don Alonso Calderón. Concertose en las diversas
-reuniones un vasto plan que el 3 o 4 de junio debía ejecutarse al mismo
-tiempo en Badajoz y cabezas de partido. En el ardor que abrigaban
-los pechos españoles no era dado calcular friamente el momento de la
-explosión como en las comunes conjuraciones. Ahora todos conspiraban,
-y conspiraban en calles y plazas. Ciertos individuos formaban a veces
-propósito de enseñorearse de esta disposición general y dirigirla; pero
-un incidente prevenía casi siempre sus laudables intentos.
-
-Así fue en Badajoz, en donde un caso parecido al de la Coruña anticipó
-el estampido. Había ordenado el gobernador que el 30, día de San
-Fernando, no se hiciese la salva, ni se enarbolase la bandera. Notose
-la falta, se apiñó la gente en la muralla, y una mujer atrevida después
-de reprender a los artilleros cogió la mecha y prendió fuego a un
-cañón. Al instante dispararon los otros, y a su sonido levantose en
-toda la ciudad el universal grito de _viva Fernando VII y mueran los
-franceses_. Cuadrillas de gente recorrieron las calles con banderolas,
-panderos y sonajas, sin cometer exceso alguno. Se encaminaron a casa
-del gobernador, cuya voz se empleó exclusivamente en predicar la
-quietud. Impacientáronse con sus palabras los numerosos espectadores, y
-ultrajáronle con el denuesto de traidor. Mientras tanto y azarosamente
-llegó un postillón con pliegos, y se susurró ser correspondencia
-sospechosa y de un general francés. Ciegos de ira y sordos a las
-persuasiones de los prudentes, enfureciéronse los más y treparon sin
-demora hasta entrarse por los balcones. Acobardado Torre del Fresno se
-evadió por una puerta falsa, y en compañía de dos personas aceleró sus
-pasos hacia la puerta de la ciudad que da al Guadiana. Advirtiendo su
-ausencia siguieron la huella, le encontraron, y rodeado de gran gentío
-se metió en el cuerpo de guardia sin haber quien le obedeciese. Cundió
-que se fugaba, y en medio de la pendencia que suscitó el quererle
-defender unos y acometerle otros, le hirió un artillero, y lastimado de
-otros golpes de paisanos y soldados fue derribado sin vida. Arrastraron
-después el cadáver hasta la puerta de su casa, en cuyos umbrales le
-dejaron abandonado. Víctima inocente de su imprudencia, nunca mereció
-el injurioso epiteto de traidor con que amargaron sus últimos suspiros.
-
-El brigadier de artillería Don José Galluzo fue elevado al mando
-supremo, y al gobierno de la plaza el teniente rey Don Juan Gregorio
-Mancio. Interinamente se congregó una junta de unas veinte personas
-escogidas entre las primeras autoridades y hombres de cuenta. Los
-partidos constituyeron del mismo modo otras en sus respectivas
-comarcas, y unidos obedecieron las órdenes de la capital. Hubo por
-todas partes el mejor orden, a excepción de la ciudad de Plasencia y
-de la villa de los Santos, en donde se ensangrentó el alzamiento con
-la muerte de dos personas. Las clases sin distinción se esmeraron
-en ofrecer el sacrificio de su persona y de sus bienes, y los mozos
-acudieron a enregimentarse como si fuesen a una festiva romería.
-
-Entristeció sin embargo a los cuerdos el absoluto poder que por pocos
-días ejerció el capitán Don Ramón Gavilanes, despachado de Sevilla para
-anunciar su pronunciamiento. Al principio con nueva tan halagüeña colmó
-su llegada de júbilo y satisfacción. Acibarose luego al ver que por la
-flaqueza de Don José Galluzo procedió el Gavilanes a manera de dictador
-de índole singular, repartiendo gracias y honores, y aun inventando
-oficios y empleos antes desconocidos. La junta sucumbió a su influjo,
-y confirmó casi todos los nombramientos; mas volviendo en sí puso
-término a las demasías del intruso capitán, procurando que se olvidase
-su propia debilidad y condescendencia con las medidas enérgicas que
-adoptó. Después ella misma legitimó la autoridad provincial convocando
-una junta a que fueron llamados representantes de la capital, de los
-otros partidos, de los gremios y principales corporaciones.
-
-Casi desmantelada la plaza de Badajoz y desprovistos sus habitantes
-de lo más preciso para su defensa, fue su resolución harto osada,
-estando el enemigo no lejos de sus puertas. Ocupaba a Elvas el general
-Kellerman, y para disfrazar el estado de la ciudad alzada, se emplearon
-mil estratagemas que estorbasen un impensado ataque. La guarnición
-estaba reducida a 500 hombres. La milicia urbana cubría a veces el
-servicio ordinario. Uno de los dos regimientos provinciales estaba
-fuera de Extremadura, el otro permanecía desarmado. Las demás plazas de
-la frontera, débiles de suyo, ahora lo estaban aún más, arruinándose
-cada día las fortificaciones que las circuían. Todo al fin fue
-remediándose con la actividad y celo que se desplegó. Al acabar junio
-contó ya el ejército extremeño 20.000 hombres. Sirvieron mucho para
-su formación los españoles que a bandadas se escapaban de Portugal a
-pesar de la estrecha vigilancia de Junot: y de los pasados portugueses
-y del propio ejército francés pudo levantarse un cuerpo de extranjeros.
-Importantísimo fue para España y particularmente para Sevilla el que
-se hubiera alzado Extremadura. Con su ayuda se interrumpieron las
-comunicaciones directas de los franceses del Alentejo y de la Mancha,
-y no pudieron estos ni combinar sus operaciones, ni darse la mano para
-apagar la hoguera de insurrección encendida en la principal cabeza de
-las Andalucías.
-
-[Marginal: Conmociones en Castilla la Nueva.]
-
-Ocupadas u observadas de cerca por el ejército francés las cinco
-provincias en que se divide Castilla la Nueva, no pudieron en lo
-general sus habitantes formar juntas ni constituirse en un gobierno
-estable y regular. Procuraron con todo en muchas partes cooperar a
-la defensa común, ya enviando mozos y auxilios a las que se hallaban
-libres, ya provocando y favoreciendo la deserción de los regimientos
-españoles que estaban dentro de su territorio, y ya también hostigando
-al enemigo e interceptando sus correos y comunicaciones. El ardor de
-Castilla por la causa de la patria caminaba al par del de las otras
-provincias del reino, y a veces raros ejemplos de valor y bizarría
-ennoblecieron e ilustraron a sus naturales. Más adelante veremos los
-servicios que allí se hicieron, sobre todo en la desprevenida y abierta
-Mancha. Ya desde el principio se difundieron proclamas para excitar a
-la guerra, y aun hubo parajes en que hombres atrevidos dieron acertado
-impulso a los esfuerzos individuales.
-
-Penetradas de iguales sentimientos y alentadas por la protección que
-las circunstancias les ofrecían, lícito les fue a las tropas que tenían
-sus acantonamientos en los pueblos castellanos, desampararlos e ir a
-incorporarse con los ejércitos que por todas partes se levantaban.
-Entre las acciones que brillaron con más pureza en estos días de
-entusiasmo y patriotismo, asombrosa fue y digna de mucha loa la
-resolución de Don José Veguer, comandante de zapadores y minadores,
-quien desde Alcalá de Henares y a tan corta distancia de Madrid partió
-en los últimos días de mayo con 110 hombres, la caja, las armas,
-banderas, pertrechos y tambores, y desoyendo las promesas que en su
-marcha recibió de un emisario de Murat, en medio de fatigas y peligros,
-amparado por los habitantes, y atravesando por la sierra de Cuenca,
-tomó la vuelta de Valencia, a cuya junta se ofreció con su gente. Al
-amor de la insurrección que cundía, buscaron los otros soldados el
-honroso sendero ya trillado por los zapadores. Así se apresuraron
-en la Mancha a imitar su glorioso ejemplo los carabineros reales, y
-en Talavera sucedió otro tanto con los voluntarios de Aragón y un
-batallón de Saboya que iban con destino a domeñar la Extremadura. ¿Qué
-más? De Madrid mismo desertaban oficiales y soldados sueltos de todos
-los cuerpos y partidas enteras, como se verificó con una de dragones
-de Lusitania y otra del regimiento de España, la cual salió por sus
-mismas puertas sin estorbo ni demora. Fácil es figurarse cuál sería
-la sorpresa y aturdimiento de los franceses al ver el desorden y la
-agitación que reinaban en las poblaciones mismas de que eran dueños, y
-la desconfianza y desmayo que debían sembrarse en sus propias filas.
-Por momentos se acrecentaban sus zozobras, pues cada día recibían la
-nueva de alguna provincia levantada, y no poco los desconcertó el
-correo portador de lo que pasaba en la parte oriental de España que
-vamos a recorrer.
-
-[Marginal: Levantamiento de Cartagena y Murcia.]
-
-Fue allí Cartagena la primera que dio la señal, compeliendo a levantar
-el estandarte de independencia a Murcia y pueblos de su comarca. Plaza
-de armas y departamento de marina reunía Cartagena un cúmulo de
-ventajas que fomentaban el deseo de resistencia que la dominaba. Se
-esparció el 22 de mayo que el general Don José Justo Salcedo pasaba a
-Mahón para encargarse de nuevo del mando de la escuadra allí fondeada
-y conducirla a Toulon. Interesaba esta providencia a un departamento
-de cuya bahía aquella escuadra había levado el ancla, y en donde se
-albergaban muchas personas conexionadas con las tripulaciones de su
-bordo. Por acaso en el mismo día vinieron las renuncias de Bayona,
-vehemente incitativo al levantamiento de toda España, y con ellas otras
-noticias tristes y desconsoladoras. Amontonándose a la vez novedades
-tan extraordinarias causaron una tremenda explosión. El cónsul de
-Francia se refugió a un buque dinamarqués. Reemplazó a Don Francisco
-de Borja, capitán general del departamento, Don Baltasar Hidalgo de
-Cisneros, siendo después el 10 de junio inmediato asesinado el primero
-de resultas de un alboroto a que dio ocasión un artículo imprudente de
-la Gaceta de Valencia. Escogieron por gobernador al marqués de Camarena
-la Real, coronel del regimiento de Valencia, y se formó en fin una junta
-de personas distinguidas del pueblo, en cuyo número brillaba el sabio
-oficial de marina Don Gabriel Ciscar. Cartagena declarada era un fuerte
-estribo en que se podían apoyar confiadamente la provincia de Murcia y
-toda la costa. Abiertos sus arsenales y depósitos de armas, era natural
-que proveyesen en abundancia, como así lo hicieron, de pertrechos
-militares a todos los que se agregasen para sostener la misma causa.
-Nada se omitió por la ciudad después de su insurrección para aguijar a
-las otras. Y fue una de sus oportunas y primeras medidas poner en cobro
-la escuadra de Mahón, a cuyo puerto y con aquel objeto fue despachado
-el teniente de navío Don José Duelo, quien llegando a tiempo impidió
-que se hiciese a la vela como iba Salcedo a verificarlo conformándose
-con una orden de Murat recibida por la vía de Barcelona.
-
-De los emisarios que Cartagena había enviado a otras partes penetraron
-en Murcia a las siete de la mañana del 24 de mayo cuatro oficiales
-aclamando a voces a Fernando VII. Se conmovió el pueblo a tan desusado
-rumor, y los estudiantes de San Fulgencio, colegio insigne por los
-claros varones que ha producido, se señalaron en ser de los primeros
-a abrazar la causa nacional. Acrecentándose el tumulto, los regidores
-con el cabildo eclesiástico y la nobleza tuvieron ayuntamiento, y
-acordaron la proclamación solemne de Fernando, ejecutándose en medio
-de universales vivas. No hubo desgracias en aquella ciudad, y solo por
-precaución arrestaron a algunos mirados con malos ojos por el pueblo y
-al que hacía de cónsul francés. En la de Villena pereció su corregidor
-y algún dependiente suyo, hombres antes odiados. Se eligió una junta
-de dieciséis personas entre las de más monta, resaltando en la lista
-el nombre del conde de Floridablanca, con quien a pesar de su avanzada
-edad todavía nos encontraremos. El mando de las tropas se confió a Don
-Pedro González de Llamas, antiguo coronel de milicias, y comenzaron a
-adoptarse medidas de armamento y defensa. Como esta provincia por lo
-que respecta a lo militar dependía del capitán general de Valencia, sus
-tropas obraron casi siempre y de consuno, por lo menos en un principio,
-con las restantes de aquel distrito.
-
-Pero entre las provincias bañadas por el Mediterráneo llamó la atención
-sobre todas la de Valencia. [Marginal: Levantamiento de Valencia.]
-Indispensable era que así fuese al ver sus heroicos esfuerzos, sus
-sacrificios y desgraciadamente hasta sus mismos y lamentables excesos.
-Tributáronse a unos los merecidos elogios, y arrancaron los otros
-justos y acerbos vituperios. Los naturales de Valencia activos e
-industriosos, pero propensos al desasosiego y a la insubordinación,
-no era de esperar que se mantuviesen impasibles y tranquilos, ahora
-que la desobediencia a la autoridad intrusa era un título de verdadera
-e inmarcesible gloria. Sin embargo ni los trastornos de marzo ni los
-pasmosos acontecimientos que desde entonces se agolparon unos en pos
-de otros, habían suscitado sino hablillas y corrillos hasta el 23 de
-mayo. En la madrugada de aquel día se recibió la Gaceta de Madrid del
-20, en la que se habían insertado las renuncias de la familia real en
-la persona del emperador de los franceses. Solían por entonces gentes
-del pueblo juntarse a leer dicho papel en un puesto de la plazuela de
-las Pasas, encargándose uno de satisfacer en voz alta la curiosidad
-de los demás concurrentes. Tocó en el 23 el desempeño de la agradable
-tarea a un hombre fogoso y atrevido, quien al relatar el artículo de
-las citadas renuncias rasgó la Gaceta y lanzó el primer grito de
-_viva Fernando VII y mueran los franceses_. Respondieron a su voz los
-numerosos oyentes, y corriendo con la velocidad del rayo se repitió el
-mismo grito hasta en los más apartados lugares de la ciudad. Se aumentó
-el clamoreo agrupándose miles de personas, y de tropel acudieron a la
-casa del capitán general, que lo era el conde de la Conquista. En vano
-intentó este apaciguarlos con muchas y atentas razones. El tumulto
-arreció, y en la plazuela de Santo Domingo mostráronse sobre todo los
-amotinados muy apiñados y furiosos.
-
-Faltábales caudillo, y allí por primera vez se les presentó el P. Juan
-Rico, religioso franciscano, el cual resuelto, fervoroso, perito en la
-popular elocuencia y resguardado con el hábito que le santificaba a los
-ojos de la muchedumbre, unía en su persona poderosos alicientes para
-arrastrar tras sí a la plebe, dominarla e impedir que enervase esta su
-fuerza con el propio desorden.
-
-Arengó brevemente al innumerable auditorio, le indicó la necesidad de
-una cabeza, y todos le escogieron para que llevase la voz. Excusose
-Rico, insistió el pueblo, y al cabo cediendo aquel, fue llevado
-en hombros desde la plazuela de Santo Domingo al sitio en que el
-real acuerdo celebraba sus sesiones. Hubo entre los individuos de
-esta corporación y el P. Rico largo coloquio, esquivando aquellos
-condescender con las peticiones del pueblo, y persistiendo el último
-tenazmente en su invariable propósito. Acalorándose con la impaciencia
-los ánimos, asintieron las autoridades a lo que de ellas se exigía,
-y se nombró por general en jefe del ejército que iba a formarse al
-conde de Cervellón, grande de España, propietario rico del país,
-aunque falto de las raras dotes que semejante mando y aquellos tiempos
-turbulentos imperiosamente reclamaban. Como el de la Conquista y el
-real acuerdo habían con repugnancia sometídose a tamaña resolución,
-procuraron escudarse con la violencia dando subrepticiamente parte a
-Madrid de lo que pasaba, y pidiendo con ahínco un envío de tropas que
-los protegiese. El pueblo ignorante de la doblez tranquilamente se
-recogió a sus casas la noche del 23 al 24. En ella había el arzobispo
-tanteado a Rico, y ofrecídole una cuantiosa suma si quería desamparar
-a Valencia, cuyo paso habiendo fallado por la honrosa repulsa del
-solicitado, se despertaron los recelos, y en acecho los principales
-promovedores del alboroto prepararon otro mayor para la mañana
-siguiente.
-
-Rico se había albergado aquella noche en el convento del Temple en
-el cuarto de un amigo. Muy temprano y a la sazón en que el pueblo
-empezó a conmoverse, fue a visitarle el capitán de Saboya Don Vicente
-González Moreno con dos oficiales del propio cuerpo. Era de importancia
-su llegada, porque además de aunarse así las voluntades de militares
-y paisanos, tenía Moreno amistad con personas de mucho influjo en
-el pueblo y huerta de Valencia, tales eran Don Manuel y Don Mariano
-Beltrán de Lis, quienes de antemano juntábanse con otros a deplorar
-los males que amenazaban a la patria, pagaban gente que estuviese a
-su favor, y atizaban el fuego encubierto y sagrado de la insurrección.
-Concordes en sentimientos Moreno y Rico meditaron el modo de apoderarse
-de la ciudadela.
-
-Un impensado incidente estuvo entre tanto para envolver a Valencia en
-mil desdichas. La serenidad y valor de una dama lo evitó felizmente.
-Habíase empeñado el pueblo en que se leyesen las cartas del correo que
-iba a Madrid, y en vano se cansaron muchos en impedirlo. La valija que
-las contenía fue trasportada a casa del conde de Cervellón, y a poco de
-haber comenzado el registro se dio con un pliego que era el duplicado
-del parte arriba mencionado, y en el que el real acuerdo se disculpaba
-de lo hecho, y pedía tropas en su auxilio. Viendo la hija del conde,
-que presenciaba el acto, la importancia del papel, con admirable
-presencia de ánimo al intentar leerle le cogió, rasgole en menudos
-pedazos, e imperturbablemente arrostró el furor de la plebe amotinada.
-Esta, si bien colérica, quedó absorta, y respetó la osadía de aquella
-señora que preservó de muerte cierta a tantas personas. Acción digna de
-eterno loor.
-
-En el mismo día 24 y conforme a la conmoción preparada pensaron Rico,
-Moreno y sus amigos en enseñorearse de la ciudadela. Con pretexto de
-pedir armas para el pueblo se presentaron en gran número delante del
-acuerdo, y como este contestase, según era cierto, que no las había,
-exigieron los amotinados para cerciorarse con sus propios ojos que se
-les dejase visitar la ciudadela, en donde debían estar depositadas. Se
-concedió el permiso a Rico con otros ocho; pero llegados que fueron,
-todos entraron de montón, pasando a su bando el barón de Rus que era
-gobernador. Gran brío dio este suceso a la revolución, y tanto que
-sin resistencia de la autoridad se declaró el día 25 la guerra contra
-los franceses, y se constituyó una junta numerosísima en que andaba
-mezclada la más elevada nobleza con el más humilde artesano.
-
-La situación empero de Valencia hubiera sido muy peligrosa, si
-Cartagena no la hubiese socorrido con armas y pertrechos de guerra.
-Estaba en esta parte tan exhausta de recursos que aun de plomo carecía;
-pero para suplir tan notable falta empezó igualmente la fortuna a
-soplar con próspero viento. Por singular dicha arribó al Grao una
-fragata francesa cargada con 4000 quintales de aquel metal, la cual
-sin noticia del levantamiento vino a ponerse a la sombra de las
-baterías del puerto, dándole caza un corsario inglés. A la entrada fue
-sorprendida y apresada, y se envió a su contrario, que bordeaba a la
-banda de afuera, un parlamento para comunicarle las grandes novedades
-del día, y confiarle pliegos dirigidos a Gibraltar. En esta doble y
-feliz casualidad vio el pueblo la mano de la providencia, y se ensanchó
-su ánimo alborozado.
-
-Hasta ahora en medio del conflicto que había habido entre las
-autoridades y los amotinados no se había cometido exceso alguno.
-Sospechas nacidas del acaso empezaron a empañar la revolución
-valenciana, y acabaron al fin por ensangrentarla horrorosamente.
-
-Don Miguel de Saavedra, barón de Albalat, había sido uno de los primeros
-nombrados de la junta para representar en ella a la nobleza. Mas
-reparándose que no asistía, se susurró haber pasado a Madrid para
-dar en persona cuenta a Murat de las ruidosas asonadas: rumor falso
-e infundado. Solamente había de cierto que el barón, odiado por el
-pueblo desde años atrás en que como coronel de milicias decíase haber
-mandado hacer fuego contra la multitud opuesta a la introducción y
-establecimiento de aquel cuerpo, creyó prudente alejarse de Valencia
-mientras durase el huracán que la azotaba, y se retiró a Buñol siete
-leguas distante. Su ausencia renovó la antigua llaga todavía no bien
-cerrada, y el espíritu público se encarnizó contra su persona. Para
-aplacarle ordenó la junta que pues había el barón rehusado acudir a
-sus sesiones, se presentase arrestado en la ciudadela. Obedeció, y
-al tiempo que el 29 de mayo regresaba a Valencia, se encontró a tres
-leguas, en el Mas del Poyo, con el pueblo, que impaciente había salido
-a aguardar el correo que venía de Madrid. Por una aciaga coincidencia
-el de Albalat y el correo llegaron juntos, con lo cual tomaron cuerpo
-las sospechas. Entonces a pesar de sus vivas reclamaciones cogiéronle y
-le llevaron preso. A media legua de la ciudad se adelantó a protegerle
-una partida de tropa al mando de Don José Ordóñez, quien a ruegos del
-barón en vez de conducirle directamente a la ciudadela, torció a casa
-de Cervellón, extravío que en parte coadyuvó a la posterior catástrofe,
-extendiéndose la voz de su vuelta, y dando lugar a que se atizase el
-encono público y aun el privado. Entró en aquellos umbrales amagado ya
-por los puñales de la plebe: aceleró hacia allí sus pasos el P. Rico,
-y vio al barón tendido sobre un sofá pálido y descaecido. El infeliz
-se arrojó a los brazos de quien podía ampararle en su desconsuelo,
-y con trémulo y penetrante acento le dijo: «Padre, salve usted a un
-caballero que no ha cometido otro delito que obedecer a la orden de que
-regresase a Valencia.» Rico se lo prometió, y contando para ello con
-la ayuda de Cervellón fue en su busca; pero este no menos atemorizado
-que el perseguido se había metido en la cama con el simulado motivo
-de estar enfermo, y se negó a verle, y a favorecer a un desgraciado
-con quien le enlazaba antigua amistad y deudo. Ruin villanía y notable
-contraposición con el valor e intrepidez que en el asunto de las cartas
-había mostrado su hija.
-
-Entonces el P. Rico, pidiendo el pueblo desaforadamente la cabeza
-del barón, determinó con intento de salvarle que se le trasladase a
-la ciudadela, metiéndole en medio de un cuadro de tropa mandado por
-Moreno. Sin que fuese roto por los remolinos y oleadas de la turba,
-consiguieron llegar al pedestal del obelisco de la plaza. Allí al fin
-forzó el pueblo el cuadro, penetró por todos lados, y sordo a las
-súplicas y exhortaciones de Rico dieron de puñaladas en sus propios
-brazos al desventurado barón, cuya cabeza cortada y clavada en una pica
-la pasearon por la ciudad. Difundiose en toda ella un terror súbito, y
-la nobleza para apartar toda sospecha aumentó sus ofrecimientos y formó
-un regimiento de caballería de individuos suyos, que no deslucieron el
-esplendor de su cuna en empeñadas acciones.
-
-Triste y doloroso como fue el asesinato del barón de Albalat,
-desaparece a la vista de la horrorosa matanza que a pocos días tuvo
-que llorar Valencia, y a cuyo recuerdo la pluma se cae de la mano.
-En 1.º de junio se presentó en aquella ciudad Don Baltasar Calvo,
-canónigo de San Isidro de Madrid, hombre travieso, de amaño, fanático
-y arrebatado, con entendimiento bastantemente claro. Entre los dos
-bandos que anteriormente habían dividido a los prebendados de su
-iglesia de jansenistas y jesuitas, se había distinguido como cabeza
-de los últimos, y ensañádose en perseguir a la parcialidad contraria.
-Ahora tratando de amoldar a su ambición las doctrinas que tenazmente
-había siempre sostenido, notó muy luego que el padre Rico con su
-influjo pudiera en gran manera servirle, e hizo resolución de trabar
-con él amistad; pero ya fuesen celos, o ya que en uno hubiera mejor fe
-que en otro, no pudieron entenderse ni concordarse. El astuto Calvo
-procuró entonces urdir con otros la espantosa trama que meditaba. Para
-encubrir sus torcidos manejos distraía con apariencias de santidad la
-atención del pueblo, tardando mucho en decir misa, y permaneciendo
-arrodillado en los templos cuatro o cinco horas en acto de contrita y
-fervorosa oración. Quería ser dominador de Valencia, y creyó que con
-la hipocresía y con poner en práctica la infernal maquinación de matar
-a los franceses, cautivaría el ánimo del pueblo que tanto los odiaba.
-Para alcanzar su intento era necesario comenzar por apoderarse de la
-ciudadela, en cuyo recinto había ordenado la junta que aquellos se
-recogiesen, precaviéndolos de todo daño y respetando religiosamente
-sus propiedades y haberes. No era difícil la empresa, porque solo
-habían quedado allí de guarnición unos cuantos inválidos, habiéndose
-ausentado con su gente para formar una división en Castellón de la
-Plana Don Vicente Moreno, nombrado antes por la junta gobernador de
-dicha ciudadela. Calvo conoció bien que dueño de este punto tenía en
-sus manos una prenda muy importante, y que podría a mansalva cometer la
-proyectada carnicería.
-
-Él y sus cómplices fijaron el 5 de junio para la ejecución de su
-espantoso plan, y repentinamente al anochecer, levantando gran gritería
-y alboroto, sin obstáculo penetraron dentro de los muros de la
-ciudadela y la dominaron. Fue Calvo de los primeros que entraron,
-y apresurándose a poner en obra su proyecto se complació en unir
-a la crueldad la más insigne perfidia. Porque presentándose a los
-franceses detenidos, con aire de compunción les dijo: «que intentando
-el populacho matarlos, movido de piedad y caridad cristiana se
-había anticipado a preservarlos, disponiendo él a escondidas que se
-evadiesen por el postigo que daba al campo, y partiesen al Grao, en
-donde encontrarían barcos listos para transportarlos a Francia.» Al
-propio tiempo que de aquel modo con ellos se expresaba, había preparado
-para determinarlos y azorar aún más sus caídos ánimos que se diesen
-por los agavillados gritos amenazadores de _traición_ y _venganza_.
-Con semejante amago cedieron los presos a las insinuaciones del
-fingido amigo, y trataron de salir por el postigo indicado. Al ir a
-ejecutarlo corrió la voz de que se salvaban los franceses, y hombres
-ciegos y rabiosos se atropellaron hacia su estancia. Dentro comenzó
-el horrible estrago: presidíale el feroz clérigo. Hubo tan solo un
-intermedio en que se llamaron confesores para asistir en su última
-hora a las infelices víctimas. Aprovechándose de aquellos breves
-instantes algunas personas humanas volaron a su socorro, acompañadas
-de imágenes y reliquias veneradas por los valencianos. Su presencia
-y las enternecidas súplicas de los respetables confesores a veces
-apiadaban a los verdugos; pero el furibundo Calvo, convertido en
-carnívora fiera, acallaba con el terror las lágrimas y los quejidos
-de los que intercedían en favor de tantos inocentes, y estimulaba
-a sus sicarios añadiendo a las esperanzas de un asalariado cebo la
-blasfemia de que nada era más grato a los ojos de la divinidad que el
-matar a los franceses. Quedaban vivos setenta de estos desgraciados, y
-menos bárbaros los ejecutores que su sanguinario jefe, suspendieron la
-matanza, y pidieron que se les hiciese gracia. Fingió Calvo acceder a
-su ruego seguro de que en vano hubiera insistido en que se continuase
-el destrozo, y mandó que los sacasen por fuera del muro a la torre
-de Cuarte. Mas, ¡quién creyera tamaña ferocidad! Aquel tigre había a
-prevención apostado una cuadrilla de bandidos cerca de la plaza de
-toros, y al emparejar con ella los que ya se juzgaban libres, se vieron
-acometidos por los encubiertos asesinos, quienes fría y traidoramente
-los traspasaron con sus espadas y puñales. Perecieron en la noche
-330 franceses: pensose que con la oscuridad se pondría término a tan
-bárbaro furor, pero el de Calvo no estaba todavía satisfecho.
-
-Al empezar el alboroto había la junta comisionado a Rico para que le
-enfrenase y estorbara los males que amagaban. Inútiles fueron ofertas,
-ruegos y amenazas. La voz de su primer caudillo fue tan desoída por los
-amotinados como cuando mataron a Albalat. Nueva prueba si de ella se
-necesitase de que «los tribunos del pueblo [según la expresión de Tito
-Livio] más bien que rigen son regidos casi siempre por la multitud.»[*]
-[Marginal: (* Ap. n. 3-5.)] Calvo ensoberbecido se erigió en señor
-absoluto, y durante la carnicería de la ciudadela expidió órdenes a
-todas las autoridades, y todas ellas humildemente se le sometieron
-empezando por el capitán general. Rico desfallecido temió por su
-persona y se recogió a un sitio apartado. Sin embargo por la mañana
-recobrando sus abatidas fuerzas montó a caballo, y confiando en que
-la multitud con su inconstancia desampararía a su nuevo dueño, pensó
-en prenderle, y estaba a punto de conseguir contra su rival un seguro
-triunfo, cuando el coronel Don Mariano Usel propuso en la junta que se
-nombrase a Calvo individuo suyo. Le apoyaron otros dos, por lo que de
-resultas hubo quien a estos y al Usel los sospechara de no ignorar del
-todo el origen de los horrores cometidos.
-
-Calvo en la mañana del 6 todavía empapado en la inocente sangre tomó
-asiento en la junta. Consternados estaban todos sus miembros, y solo
-Rico despechado por el suceso de la anterior noche, alzó la voz,
-dirigió con energía su discurso al mismo Calvo, acriminó con negros
-colores su conducta, y afirmó que Valencia estaba perdida si al
-instante no se cortaba la cabeza a aquel malvado. Sorprendiose Calvo,
-pasmáronse los otros circunstantes, y en esto andaban cuando una parte
-del populacho destacada por su jefe sediento de sangre, después de
-haber recorrido las casas en que se guarecían unos pocos franceses y
-de haberlos muerto, arrastró consigo a la presencia de la misma junta
-ocho de aquellos desgraciados que quiso inmolar en la sala de las
-sesiones. El cónsul inglés Tupper que antes había salvado a algunos,
-intentó inútilmente y con harto riesgo de su persona libertar a estos.
-Los individuos de aquella corporación amedrentados precipitadamente
-se dispersaron, salpicándose sus vestidos con la sangre de los ocho
-infelices franceses, vertida sin piedad por infames matadores. Todo
-fue entonces terror y espanto. Rico se escondió y aun dos veces mudó
-de disfraz, temiendo la inevitable venganza de Calvo que triunfante
-dominaba solo, y se disponía a ejecutar actos de inaudita ferocidad.
-
-Felizmente no todos se descorazonaron: al contrario los hubo que
-trabajando en silencio por la noche, pudieron congregar la junta en
-la mañana del 7. Vuelto en sí Rico del susto llevó principalmente la
-voz, y queriendo los asistentes no ser envueltos en la ruina común que
-amenazaba, decretaron el arresto de Calvo, y antes de que este pudiera
-ser avisado diéronse priesa a ejecutar la resolución convenida,
-sorprendiéronle y sin tardanza le pusieron a bordo de un barco que
-le trasladó a Mallorca. Allí permaneció hasta últimos de junio, en
-que preso se le volvió a traer a Valencia para ser juzgado. Grandes y
-honrosos sucesos acaecieron en el intervalo en aquella ciudad, y con
-los cuales lavó algún tanto el negro borrón que los asesinatos habían
-echado sobre su gloria. Ahora aunque anticipemos la serie de los
-acontecimientos, será bien que concluyamos con los hechos de Calvo y de
-sus cómplices. Así con el pronto y severo castigo respirará el lector
-angustiado con la nefanda relación de tantos crímenes.
-
-Habiendo vuelto Calvo a Valencia, alegó conforme a la doctrina de su
-escuela en una defensa que extendió por escrito, que si había obrado
-mal había sido por hacer el bien, debiendo la intención ponerle a salvo
-de toda inculpación. Aquí tenemos renovada la regla invariable de
-los sectarios de Loyola, a quienes todo les era lícito, con tal que,
-como dice Pascal,[*] [Marginal: (* Ap. n. 3-6.)] supiesen _dirigir la
-intención_. No le sirvió de descargo a Calvo, porque condenado a la
-pena de garrote fue ajusticiado en la cárcel a las doce de la noche del
-3 de julio, y expuesto su cadáver al público en la mañana del 4. Hubo
-en la formación y sentencia de la causa algunas irregularidades, que a
-pesar de la atrocidad de los crímenes del reo hubiera convenido evitar.
-Achacose también a Calvo haber procedido en virtud de comisión de
-Murat. Careció de verosimilitud y de fundamento tan extraña acusación.
-Se inventó para hacerle odioso a los ojos de la muchedumbre, y poder
-más fácilmente atajarle en su desenfreno. Fue hombre fanático y
-ambicioso, que mezclando y confundiendo erróneos principios con sus
-feroces pasiones, no reparó en los medios de llevar a cabo un proyecto
-que le facilitase obtener el principal y quizá exclusivo influjo en los
-negocios del día.
-
-La junta pensó además en hacer un escarmiento en los otros
-delincuentes. Creó con este objeto un tribunal de seguridad pública,
-compuesto de tres magistrados de la audiencia, D. José Manescau y los
-señores Villafañe y Fuster. Había la previsión del primero preparado
-una manera fácil de descubrir a los matadores, y la cual en parte la
-debió a la casualidad. En la mañana que siguió a la cruel carnicería
-quince o veinte de los asesinos con las manos aún teñidas en sangre,
-creyendo haber procedido según los deseos de la junta, se presentaron
-para entregar los relojes y alhajas de que habían despojado a los
-franceses muertos, y pidieron en retribución del acto patriótico que
-habían ejecutado alguna recompensa. El advertido Manescau condescendió
-en dar a cada uno treinta reales, pero con la precaución al escribano
-de que les tomase los nombres bajo pretexto que era preciso aquella
-formalidad para justificar que habían cobrado el dinero. Partiendo de
-este antecedente pudo probarse quiénes eran los reos, y en el espacio
-de dos meses se ahorcó públicamente y se dio garrote en secreto a más
-de doscientos individuos. Severidad que a algunos pareció áspera, pero
-sin ella la anarquía a duras penas se hubiera reprimido en Valencia
-y en otros pueblos de su reino, entre los que Castellón de la Plana y
-Ayora habían visto también perecer a su gobernador y alcalde mayor. Con
-el ejemplo dado la autoridad recobró la conveniente fuerza.
-
-Luego que la junta se vio desembarazada de Calvo y de sus infernales
-maquinaciones, se ocupó con más desahogo en el alistamiento y
-organización de su ejército. El tiempo urgía, repetidos avisos
-anunciaban que los franceses disponían una expedición contra aquella
-provincia, y era preciso no desaprovechar tan preciosos momentos.
-Cartagena suministró inmediatos recursos, y con ellos y los que
-pudieron sacarse del propio suelo se puso la ciudad de Valencia en
-estado de defensa. Al mismo tiempo se dirigió sobre Almansa un cuerpo
-de 15.000 hombres al mando del conde de Cervellón, a quien se juntó de
-Murcia Don Pedro González de Llamas, y otro de 8000 bajo las de Don
-Pedro Adorno se situó en las Cabrillas. Tal estaba el reino de Valencia
-antes de ser atacado por el mariscal Moncey, de cuya campaña nos
-ocuparemos después.
-
-La justa indignación abrigada en todos los pechos bullía con acelerados
-latidos en el de los moradores del antiguo asiento de las franquezas y
-libertades españolas, en la inmortal Zaragoza. [Marginal: Levantamiento
-de Aragón.] Gloria duradera le estaba reservada, y la patria de Lanuza
-renovó en nuestros días las proezas que solemos colocar entre las
-fábulas de la historia. Su levantamiento sin embargo nada ofreció de
-nuevo ni singular, caminando por los mismos pasos por donde habían
-ido algunas de las otras provincias. Con mayo empezaron los corrillos
-y las conversaciones populares, y al recibirse el correo de Madrid
-agrupábanse las gentes a saber las novedades que traía. Siendo por
-momentos más tristes y adversas, aguardaban todos que la inquieta
-curiosidad finalizaría por una estrepitosa explosión. Repartieron en
-efecto el 24 las cartas llegadas por la mañana, y de boca en boca
-cundió velozmente cómo Napoleón se erigía en dueño de la monarquía
-española de resultas de haber renunciado la corona en favor suyo la
-familia de Borbón. Instantáneamente se armó gran bulla; y hombres,
-mujeres y niños se precipitaron a casa del capitán general Don Jorge
-Juan de Guillelmi. Los vecinos de las parroquias de la Magdalena y
-San Pablo concurrieron en gran número capitaneados por varios de los
-suyos y entre ellos el tío Jorge, que era del arrabal. Descolló el
-último sobre todos, y la energía de su porte, el sano juicio que le
-distinguía, lo recto de su intención y el varonil denuedo con que a
-cada paso expuso después su vida, le hacen acreedor a una honrosa y
-particular mención. Hombre sin letras y desnudo de educación culta,
-halló en la nobleza de su corazón y como por instinto los elevados
-sentimientos que han ilustrado a los varones esclarecidos. Su nombre
-aunque humilde, escrito al lado de ellos, resplandecerá sin deslucirlos.
-
-La muchedumbre pidió al capitán general que hiciera dimisión del
-mando. Costó mucho que se resolviese al sacrificio, mas forzado a ello
-y conducido preso a la Aljafería, fue interinamente sustituido por
-su segundo el general Mori. Al anochecer se embraveció el tumulto, y
-desconfiándose del nuevo jefe por ser italiano de nación, se convidó
-con el mando a Don Antonio Cornel, antiguo ministro de la guerra, quien
-rehusó aceptarle.
-
-Mori el 25 congregó una junta, la cual tímida como su presidente
-buscaba paliativos que sin desdoro ni peligro sacasen a sus miembros
-del atascadero en que estaban hundidos: inútiles y menguados medios en
-violentas crisis. Enfadose el pueblo con la tardanza, volviendo sus
-inquietas miradas hacia Don José Palafox y Melci. Recordará el lector
-que este militar a últimos de abril, en comisión de su jefe el marqués
-de Castelar, había ido a Bayona para informar al rey de lo ocurrido
-en la soltura y entrega del príncipe de la Paz. Continuó allí hasta
-los primeros días de mayo, en que se asegura regresó a España con
-encargo parecido al que por el propio tiempo se dio a la junta suprema
-de Madrid para resistir abiertamente a los franceses. Penetró Palafox
-por Guipúzcoa, de donde se trasladó a la Torre de Alfranca, casa de
-campo de su familia cerca de Zaragoza. Permaneciendo misteriosamente
-en su retiro, movió a sospecha al general Guillelmi, quien le intimó
-la orden de salir del reino de Aragón. Tenemos entendido que Palafox
-incomodado entonces, se arrimó a los que anhelaban por un rompimiento,
-y que no sin noticia suya estalló la revolución zaragozana. Por fin al
-oscurecer del 25, depuesto ya Guillelmi y quejoso el pueblo de Mori, se
-despacharon a Alfranca 50 paisanos para traer a la ciudad a Palafox.
-Al principio se negó a ir aparentando disculpas, y solo cedió al
-expreso mandato que le fue enviado por el interino capitán general.
-
-Al entrar en Zaragoza pidió que se juntase el acuerdo en la mañana del
-26 con intento de comunicarle cosas del mayor interés. En la sesión
-celebrada aquel día hizo uso de las insinuaciones que se le habían
-hecho en Bayona para resistir a los franceses, y sobre las cuales
-a causa de estar S. M. en manos de su enemigo se guardó profundo
-silencio. Rogó después que se le desembarazase de la importunidad
-del pueblo que se manifestaba deseoso de nombrarle por caudillo,
-añadiendo no obstante que su vida y haberes los inmolaría con gusto
-en el altar de la patria. Enmudecieron todos, y vislumbraron que no
-desagradaban a los oídos de Palafox los clamores prorrumpidos por el
-pueblo en alabanza suya. Aguardaba la multitud impaciente a las puertas
-del edificio, e insistiendo por dos veces en que se eligiese capitán
-general a su favorecido, alcanzó la demanda cediendo Mori el puesto que
-ocupaba.
-
-Alzado a la dignidad suprema de la provincia Don José Palafox y Melci
-fue obedecido en toda ella, y a su voz se sometieron con gusto los
-aragoneses de acá y allá del Ebro. Admiró su elevación, y aún más que
-en sus procedimientos no desmereciese de la confianza que en él tenía
-el pueblo. Todavía mancebo, pues apenas frisaba con los veintiocho
-años, bello y agraciado de rostro y de persona, con traeres apuestos
-y cumplidos, cautivaba Palafox la afición de cuantos le veían y
-trataban. Pero si la naturaleza con larga mano le había prodigado
-las perfecciones del cuerpo, no se creía hasta entonces que hubiese
-andado tan generosa en punto a las dotes del entendimiento. Buscado y
-requerido por las damas de la corrompida corte de Carlos IV, se nos ha
-asegurado que con porfiado empeño desdeñó el rendimiento obsequioso
-de la que entre todas era, si no la más hermosa, por lo menos la más
-elevada. Esta tenacidad fue una de las principales calidades de su
-alma, y la empleó más oportuna y dignamente en la memorable defensa
-de Zaragoza. Sin práctica ni conocimiento de la milicia ni de los
-negocios públicos, tuvo el suficiente tino para rodearse de personas
-que por su enérgica decisión, o su saber y experiencia le sostuviesen
-en los apurados trances, o le ayudasen con sus consejos. Tales fueron
-el padre Don Basilio Bogiero, de la Escuela pía, su antiguo maestro;
-Don Lorenzo Calvo de Rozas, que habiendo llegado de Madrid el 28 de
-mayo fue nombrado corregidor e intendente, y el oficial de artillería
-Don Ignacio López, a quien se debió en el primer sitio la dirección de
-importantes operaciones.
-
-Para legitimar solemnemente el levantamiento convocó Palafox a cortes
-el reino de Aragón. Acudieron los diputados a Zaragoza, y el día 9 de
-junio abrieron sus sesiones [*] [Marginal: (* Ap. n. 3-6 bis.)] en
-la casa de la ciudad, asistiendo 34 individuos que representaban los
-cuatro brazos, en cuyo número se comprendía el de las ocho ciudades
-de voto en cortes. Aprobaron estas todo lo actuado antes de su
-reunión, y después de nombrar a Don José Rebolledo de Palafox y Melci
-capitán general, juzgaron prudente separarse, formando una junta de 6
-individuos que de acuerdo con el jefe militar atendiese a la defensa
-común. La autoridad y poder de este nuevo cuerpo fueron más limitados
-que el de las juntas de las otras provincias, siendo Palafox la
-verdadera, y por decirlo así, la única cabeza del gobierno. Dependió
-no poco esta diferencia de la particular situación en que se halló
-Zaragoza, la cual temiendo ser prontamente acometida por los franceses,
-necesitaba de un brazo vigoroso que la guiase y protegiese. Era esto
-tanto más urgente cuanto la ciudad estaba del todo desabastecida. No
-llegaba a 2000 hombres el número de tropas que la guarnecían, inclusos
-los miñones y partidas sueltas de bandera. De doce cañones se componía
-toda la artillería, y esta no gruesa, escaseando en mayor proporción
-los otros pertrechos. En vista de tamaña miseria apresuráronse Palafox
-y sus consejeros a reunir la gente que de todas partes acudía, y a
-organizarla, empleando para ello a los oficiales retirados y a los que
-de Pamplona, San Sebastián, Madrid, Alcalá y otros puntos sucesivamente
-se escapaban. Restableció en la formación de los nuevos cuerpos el ya
-desusado nombre de tercios, bajo el que la antigua infantería española
-había alcanzado tantos laureles, distinguiéndose más que todos el
-de los estudiantes de la universidad, disciplinado por el barón de
-Versages. Se recogieron fusiles, escopetas y otras armas, se montaron
-algunas piezas arrinconadas o viejas, y la fábrica de pólvora de
-Villafeliche suministró municiones. Escasos recursos si a todo no
-hubiera suplido el valor y la constancia aragonesa.
-
-El levantamiento se ejecutó en Zaragoza sin que felizmente se hubiese
-derramado sangre. Solamente se arrestaron las personas que causaban
-sombra al pueblo.
-
-Enérgico como los demás, fue en especial notable su primer manifiesto
-por dos de los artículos que comprendía. «1.º Que el emperador, todos
-los individuos de su familia, y finalmente todo general francés, eran
-personalmente responsables de la seguridad del rey y de su hermano
-y tío. 2.º Que en caso de un atentando contra vidas tan preciosas,
-para que la España no careciese de su monarca _usaría la nación de su
-derecho electivo_ a favor del archiduque Carlos, como nieto de Carlos
-III, siempre que el príncipe de Sicilia y el infante Don Pedro y demás
-herederos no pudieran concurrir.» Échase de ver en la cláusula notada
-con bastardilla que al paso que los aragoneses estaban firmemente
-adictos a la forma monárquica de su gobierno, no se habían borrado
-de su memoria aquellos antiguos fueros que en la junta de Caspe les
-habían dado derecho a elegir un rey, conforme a la justicia y pública
-conveniencia.
-
-[Marginal: Levantamiento de Cataluña.]
-
-«Cataluña, como dice Melo, una de las provincias de más primor,
-reputación y estima que se halla en la grande congregación de estados
-y reinos, de que se formó la nación española» levantó erguida su
-cerviz humillada por los que con fementido engaño habían ocupado
-sus principales fortalezas. Mas desprovistos los habitantes de este
-apoyo, sobre todo del de Barcelona, grande e importante por el
-armamento, vestuario, tropa, oficialidad y abundantes recursos que en
-su recinto se encerraban, faltoles un centro de donde emanasen con
-uniforme impulso las providencias dirigidas a conmover las ciudades y
-pueblos de su territorio. No por eso dejaron de ser portentosos sus
-esfuerzos, y si cabe en ellos y en admirable constancia sobrepujó
-a todas la belicosa Cataluña. Solamente obstruida y cortada por el
-ejército enemigo, tuvo al pronto que levantarse desunida y en separadas
-porciones, tardando algún tiempo en constituirse una junta única y
-general para toda la provincia.
-
-Las conmociones empezaron a últimos de mayo y al entrar junio. Dentro
-del mismo Barcelona se desgarraron el 31 de aquel mes los carteles que
-proclamaban la nueva dinastía. Hubo tumultuosas reuniones, andúvose
-a veces a las manos, y resultaron muertes y otros disgustos. Los
-franceses se inquietaron bastantemente, ya por lo populoso de la
-ciudad, y ya también porque el vecindario amotinado hubiera podido
-ser sostenido por 3500 hombres de buena tropa española, que todavía
-permanecían dentro de la plaza, y cuyo espíritu era del todo contrario
-a los invasores. Sin embargo acalláronse allí los alborotos, pero no en
-las poblaciones que estaban fuera del alcance de la garra francesa.
-
-Había Duhesme, su general, pensado en hacerse dueño de Lérida para
-conservar francas sus comunicaciones con Zaragoza. Consiguió al efecto
-una orden de la junta de Madrid, ya no débil, pero sí culpable, la
-cual ordenó la entrega a la tropa extranjera. Cauto sin embargo el
-general francés envió por delante al regimiento de Extremadura, que
-no pudiendo como español despertar las sospechas de los leridanos le
-allanase sin obstáculo la ocupación. Penetraron no obstante aquellos
-habitantes intención tan siniestra, y haciendo en persona la guardia
-de sus muros rogaron a los de Extremadura que se quedasen afuera. Con
-gusto condescendieron estos aguardando en la villa de Tárrega favorable
-coyuntura para pasar a Zaragoza, en cuyo sitio se mantuvieron firmes
-apoyos de la causa de su patria. Lérida por tanto fue la que primero
-se armó y declaró ordenadamente. Al mismo tiempo Manresa quemó en
-público los bandos y decretos del gobierno de Madrid. Tortosa luego que
-fue informada de las ocurrencias de Valencia, imitó su ejemplo y por
-desgracia algunos de sus desórdenes, habiendo perecido miserablemente
-su gobernador Don Santiago de Guzmán y Villoria. Igual suerte cupo al
-de Villafranca de Panadés, Don Juan de Toda. Así todos los pueblos unos
-tras de otros o a la vez se manifestaron con denuedo, y allí el lidiar
-fue inseparable del pronunciamiento. Yendo uno y otro de compañía, nos
-reservaremos pues el hablar más detenidamente para cuando lleguemos a
-las acciones de guerra. El principado se congregó en junta de todos sus
-corregimientos a fines de junio, y se escogió entonces para su asiento
-la ciudad de Lérida.
-
-[Marginal: Levantamiento de las Baleares.]
-
-Separadas por el Mediterráneo del continente español las Islas
-Baleares, no solo era de esperar que desconociesen la autoridad
-intrusa, resguardadas como lo estaban y al abrigo de sorpresa, sino
-que también era muy de desear que abrazasen la causa común, pudiendo su
-tranquilo y aislado territorio servir de reparo en los contratiempos,
-y dejando libres con su declaración las fuerzas considerables de mar y
-tierra que allí había. Además de la escuadra surta en Menorca, de que
-hemos hablado, se contaban en todas sus islas unos 10.000 hombres de
-tropa reglada, cuyo número, atendiendo a la escasez que de soldados
-veteranos había en España, era harto importante.
-
-Notáronse en todas las Baleares parecidos síntomas a los que reinaban
-en la península, y cuando se estaba en dudas y vacilaciones arribó
-de Valencia el 29 de mayo un barco con la noticia de lo ocurrido en
-aquella ciudad el 23. El general, que lo era a la sazón Don Juan Miguel
-de Vives, en unión con el pueblo mostrose inclinado a seguir las mismas
-huellas; pero se retrajo en vista de pliegos recibidos de Madrid pocas
-horas después, y traídos por un oficial francés. Hízole titubear su
-contenido, y convocó el acuerdo para que juntos discurriesen acerca
-de los medios de conservar la tranquilidad. Se traslució su intento,
-y por la tarde una porción de jóvenes de la nobleza y oficiales
-formaron el proyecto de trastornar el orden actual, valiéndose de la
-buena disposición del pueblo. Idearon como paso previo tantear al
-segundo cabo el mariscal de campo Don Juan Oneille, con ánimo de que
-reemplazase al general, quien sabiendo lo que andaba paró el golpe
-reuniendo a las nueve de la noche en las casas consistoriales una junta
-de autoridades. Se iluminó la fachada del edificio, y se anunció al
-pueblo la resolución de no reconocer otro gobierno que el de Fernando
-VII. Entonces fue universal la alegría, unánimes las demostraciones
-cordiales de patriotismo. Evitó la oportuna decisión del general
-desórdenes y desgracias. Al día siguiente 30 se erigió la junta que
-se había acordado en la noche anterior, la cual presidida por el
-capitán general se compuso de más de 20 individuos, entresacados de
-las autoridades, y nombrados otros por sus estamentos o clases. Se
-agregaron posteriormente dos diputados por Menorca, dos por Ibiza, y
-otro por la escuadra fondeada en Mahón.
-
-En esta última ciudad, siendo las cabezas oficiales de ejército y de
-marina, se había depuesto y preso al gobernador y al coronel de Soria,
-Cabrera, y desobedecido abiertamente las órdenes de Murat. Recayó el
-mando en el comandante interino de la escuadra, a cuyas instancias
-envió la junta de Mallorca para relevarle al marqués del Palacio, poco
-antes coronel de húsares españoles.
-
-En nada se había perturbado la tranquilidad en Palma ni en las otras
-poblaciones. Solo el 29 para resguardar su persona se puso en el
-castillo de Bellver al oficial francés portador de los pliegos de
-Madrid. Doloroso fue tener también que recurrir a igual precaución con
-los dos distinguidos miembros del instituto de Francia, Arago y Biot,
-quienes en unión con los astrónomos españoles Don José Rodríguez y
-Don José Chaix habían pasado a aquella isla con comisión científica
-importante. Era pues la de prolongar a la isla de Formentera la
-medida del arco del meridiano, observado y medido anteriormente
-desde Dunkerque hasta Monjuich en Barcelona por los sabios Mechain y
-Delambre. La operación dichosamente se había terminado antes que las
-provincias se alzasen, estorbando solo este suceso medir una base
-de verificación proyectada en el reino de Valencia. Ya el ignorante
-pueblo los había mirado con desconfianza, cuando para el desempeño
-de su encargo ejecutaban las operaciones geodésicas y astronómicas
-necesarias. Figurose que eran planos que levantaban por orden de
-Napoleón para sus fines políticos y militares. A tales sospechas daban
-lugar los engaños y aleves arterías con que los ejércitos franceses
-habían penetrado en lo interior del reino: y en verdad que nunca la
-ignorancia pudiera alegar motivos que pareciesen más fundados. La junta
-al principio no osó contrarrestar el torrente de la opinión popular;
-pero conociendo el mérito de los sabios extranjeros, y la utilidad de
-sus trabajos, los preservó de todo daño; e imposibilitada por la guerra
-de enviarlos en derechura a Francia, los embarcó en oportuna ocasión a
-bordo de un buque que iba a Argel, país entonces neutral, y de donde se
-restituyeron después a sus hogares.
-
-El entusiasmo en Mallorca fue universal, esmerándose con particularidad
-en manifestarle las más principales señoras; y si en toda la isla de
-Mallorca, como decía el cardenal de Retz,[*] [Marginal: (* Ap. n.
-3-7.)] «no hay mujeres feas», fácil será imaginar el poderoso influjo
-que tuvieron en su levantamiento.
-
-En Palma se creó un cuerpo de voluntarios con aquel nombre, que después
-pasó a servir a Cataluña. Y aunque al principio la junta obrando
-precavidamente no permitió que se trasladasen a la península las
-tropas que guarnecían las islas, por fin accedió a que se incorporasen
-sucesivamente con los ejércitos que guerreaban.
-
-[Marginal: Navarra y provincias vascongadas.]
-
-Unas tras otras hemos recorrido las provincias de España y contado
-su glorioso alzamiento. Habrá quien eche de menos a Navarra y las
-provincias vascongadas. Pero lindando con Francia, privados sus
-moradores de dos importantes plazas, y cercados y opresos por
-todos lados, no pudieron revolverse ni formalizar por de pronto
-gobierno alguno. Con todo animadas de patriotismo acendrado
-impelieron a la deserción a los pocos soldados españoles que había
-en su suelo, auxiliaron en cuanto alcanzaban sus fuerzas a las
-provincias lidiadoras, y luego que las suyas estuvieron libres o más
-desembarazadas se unieron a todas, cooperando con no menor conato a la
-destrucción del común enemigo. Y más adelante veremos que aun ocupado
-de nuevo su territorio, pelearon con empeño y constancia por medio de
-sus guerrillas y cuerpos francos.
-
-[Marginal: Islas Canarias.]
-
-En las Islas Canarias aunque algo lejanas de las costas españolas,
-siguiose el impulso de Sevilla. Dudose en un principio de la certeza de
-los acontecimientos de Bayona, y se consideraron como invención de la
-malevolencia, o como voces de intento esparcidas por los partidarios de
-los ingleses. Mas habiendo llegado en julio noticia de la insurrección
-de Sevilla y de la instalación de su junta suprema, el capitán general
-marqués de Casa-Cagigal dispuso que se proclamase a Fernando VII,
-imitando con vivo entusiasmo los habitantes de todas las islas el
-noble ejemplo de la península. Hubo sin embargo entre ellas algunas
-desavenencias, renovando la Gran Canaria sus antiguas rivalidades
-de primacía con la de Tenerife. Así se crearon en ambas separadas
-juntas, y en la última despojado del mando Casa-Cagigal, ya de ambas
-aborrecido, fue puesto en su lugar el teniente de rey Don Carlos
-O’Donnell. Levantáronse después quejas muy sentidas contra este jefe y
-la junta de Tenerife, que no cesaron hasta que el gobierno supremo de
-la central puso en ello el conveniente remedio.
-
-Por lo demás el cuadro que hemos trazado de la insurrección de España
-parecerá a algunos diminuto o conciso, y a otros difuso u harto
-circunstanciado. Responderemos a los primeros que no habiendo sido
-nuestro propósito escribir la historia particular del alzamiento de
-cada provincia, el descender a más pormenores hubiera sido obrar con
-desacuerdo. Y a los segundos que en vista de la nobleza de la causa y
-de la ignorancia cierta o fingida que acerca de su origen y progreso
-muchos han mostrado, no ha sido tan fuera de razón dar a conocer con
-algún detenimiento una revolución memorable, que por descuido de unos
-y malicia de otros se iba sepultando en el olvido o desfigurándose de
-un modo rápido y doloroso. Para acabar de llenar nuestro objeto, será
-bien que fundándonos en la verídica relación que precede, sacada de las
-mejores fuentes, añadamos algunas cortas reflexiones, que arrojando
-nueva luz refuten las equivocaciones sobrado groseras en que varios
-han incurrido.
-
-[Marginal: Reflexiones generales.]
-
-Entre estas se ha presentado con más séquito la de atribuir las
-conmociones de España al ciego fanatismo, y a los manejos e influjo
-del clero. Lejos de ser así, hemos visto cómo en muchas provincias el
-alzamiento fue espontáneo, sin que hubiera habido móvil secreto; y
-que si en otras hubo personas que aprovechándose del espíritu general
-trataron de dirigirle, no fueron clérigos ni clases determinadas, sino
-indistintamente individuos de todas ellas. El estado eclesiástico
-cierto que no se opuso a la insurrección, pero tampoco fue su autor.
-Entró en ella como toda la nación, arrastrado de un honroso sentimiento
-patrio, y no impelido por el inmediato temor de que se le despojase
-de sus bienes. Hasta entonces los franceses no habían en esta parte
-dado ocasión a sospechas, y según se advirtió en el libro segundo, el
-clero español antes de los sucesos de Bayona más bien era partidario de
-Napoleón que enemigo suyo, considerándole como el hombre que en Francia
-había restablecido con solemnidad el culto. Por tanto la resistencia
-de España nació de odio contra la dominación extranjera: y el clérigo
-como el filósofo, el militar como el paisano, el noble como el plebeyo
-se movieron por el mismo impulso, al mismo tiempo y sin consultar
-generalmente otro interés que el de la dignidad e independencia
-nacional. Todos los españoles que presenciaron aquellos días de
-universal entusiasmo, y muchos son los que aún viven, atestiguarán la
-verdad del aserto.
-
-No menos infundado aunque no tan general, ha sido achacar la
-insurrección a conciertos de los ingleses con agentes secretos.
-Napoleón y sus parciales que por todas partes veían o aparentaban ver
-la mano británica, fueron los autores de invención tan peregrina.
-Por lo expuesto se habrá notado cuán ajeno estaba aquel gobierno de
-semejante suceso, y cuánto le sorprendió la llegada a Londres de los
-diputados asturianos que fueron los primeros que le anunciaron. Muchas
-de las costas de España estaban sin buques de guerra ingleses que de
-cerca observasen o fomentasen alborotos, y las provincias interiores
-no podían tener relación con ellos ni esperar su pronta y efectiva
-protección; y aun en Cádiz, en donde había un crucero, se desechó su
-ayuda, si bien amistosamente, para un combate en el que por ser
-marítimo les interesaba con más especialidad tomar parte. Véase pues si
-el conjunto de estos hechos dan el menor indicio de que la Inglaterra
-hubiese preparado el primero y gran sacudimiento de España.
-
-Mas aun careciendo de la copia de datos que muestran lo contrario, el
-hombre meditabundo e imparcial fácilmente penetrará que no era dado ni
-a clérigos ni a ingleses, ni a ninguna otra persona, clase ni potencia
-por poderosa que fuese, provocar con agentes y ocultos manejos en una
-nación entera un tan enérgico, unánime y simultáneo levantamiento.
-Buscará su origen en causas más naturales, y su atento juicio le
-descubrirá sin esfuerzo en el desorden del anterior gobierno, en los
-vaivenes que precedieron, y en el cúmulo de engaños y alevosías con
-que Napoleón y los suyos ofendieron el orgullo español.
-
-No bastaba a los detractores dar al fanatismo o a los ingleses el
-primer lugar en tan grande acontecimiento. Hanse recreado también en
-oscurecer su lustre, exagerando las muertes y horrores cometidos en
-medio del fervor popular. Cuando hemos referido los lamentables excesos
-que entonces hubo, cubriendo a sus autores del merecido oprobio, no
-hemos omitido ninguno que fuese notable. Siendo así, dígasenos de buena
-fe si acompañaron al tropel de revueltas desórdenes tales que deban
-arrancar las desusadas exclamaciones en que algunos han prorrumpido.
-Solo pudieran ser aplicables a Valencia y no a la generalidad del
-reino, y aun allí mismo los excesos fueron inmediatamente reprimidos
-y castigados con una severidad que rara vez se acostumbra contra
-culpados de semejantes crímenes en las grandes revoluciones. Pero al
-paso que profundamente nos dolemos de aquel estrago, séanos lícito
-advertir que hemos recorrido provincias enteras sin topar con desmán
-alguno, y en todas las otras no llegaron a treinta las personas muertas
-tumultuariamente. Y por ventura en la situación de España, rotos
-los vínculos de la subordinación y la obediencia, con autoridades
-que compuestas en lo general de hechuras y parciales de Godoy eran
-miradas al soslayo y a veces aborrecidas, ¿no es de maravillar que
-desencadenadas las pasiones no se suscitasen más rencillas, y que las
-tropelías, multiplicándose, no hubiesen salvado todas las barreras?
-¿Merece pues aquella nación que se la tilde de cruel y bárbara? ¿Qué
-otra en tan deshecha tormenta se hubiera mostrado más moderada y
-contenida? Cítesenos una mudanza y desconcierto tan fundamental, si
-bien no igualmente justo y honroso, en que las demasías no hayan muy
-mucho sobrepujado a las que se cometieron en la insurrección española.
-Nuestra edad ha presenciado grandes trastornos en naciones apellidadas
-por excelencia cultas, y en verdad que el imparcial examen y cotejo de
-sus excesos con los nuestros no les sería favorable.
-
-Después de haber tratado de desvanecer errores que tan comunes se han
-hecho, veamos lo que fueron las juntas y de qué defectos adolecieron.
-Agregado incoherente y sobrado numeroso de individuos en que se
-confundía el hombre del pueblo con el noble, el clérigo con el militar,
-estaban aquellas autoridades animadas del patriotismo más puro, sin
-que a veces le adornase la conveniente ilustración. Muchas de ellas
-pusieron todo su conato en ahogar el espíritu popular, que les había
-dado el ser, y no le sustituyeron la acertada dirección conque hubieran
-podido manejar los negocios hombres prácticos y de estado. Así fue
-que bien pronto se vieron privadas de los inagotables recursos que en
-todo trastorno social suministra el entusiasmo y facilita el mismo
-desembarazo de las antiguas trabas: no pudiendo en su lugar introducir
-orden ni regla fija, ya porque las circunstancias lo impedían, y
-ya también porque pocos de sus individuos estacan dotados de las
-prendas que se requieren para ello. Hombres tales, escasos en todos
-los países, era natural que fuesen más raros en España, en donde la
-opresiva humillación del gobierno había en parte ahogado las bellas
-disposiciones de los habitantes. Por este medio se explica como a la
-grandiosa y primera insurrección, hija de un sentimiento noble de
-honor e independencia nacional, que el despotismo de tantos años no
-había podido desarraigar, no correspondieron las medidas de gobierno
-y organización militar y económica que en un principio debieron
-adoptarse. No obstante justo es decir que los esfuerzos de las juntas
-no fueron tan cortos ni limitados como algunos han pretendido; y que
-aun en naciones más adelantadas quizá no se hubiera ido más allá
-si en lo interior hubiesen tenido estas que luchar con un ejército
-extranjero, careciendo de uno propio que pudiera llamarse tal, vacías
-las arcas públicas y poco provistos los depósitos y arsenales.
-
-Fue muy útil que en el primer ardor de la insurrección se formase en
-cada provincia una junta separada. Esta especie de gobierno federativo,
-mortal en tiempos tranquilos para España, como nación contigua por
-mar y tierra a estados poderosos, dobló entonces y aun multiplicó sus
-medios y recursos; excitó una emulación hasta cierto punto saludable,
-y sobre todo evitó que los manejos del extranjero, valiéndose de la
-flaqueza y villanía de algunos, barrenasen sordamente la causa sagrada
-de la patria. Un gobierno central y único, antes de que la revolución
-hubiese echado raíces, más fácilmente se hubiera doblegado a pérfidas
-insinuaciones, o su constancia hubiera con mayor prontitud cedido
-a los primeros reveses. Autoridades desparramadas como las de las
-juntas, ni ofrecían un blanco bien distinto contra el que pudieran
-apuntarse los tiros de la intriga, ni aun a ellas mismas les era
-permitido [cosa de que todas estuvieron lejos] ponerse de concierto
-para daño y pérdida de la causa que defendían.
-
-Acompañó al sentimiento unánime de resistir al extranjero otro no
-menos importante de mejora y reforma. Cierto que este no se dejó ver
-ni tan clara ni tan universalmente como el primero. Para el uno solo
-se requería ser español y honrado; mas para el otro era necesario
-mayor saber que el que cabía en una nación sujeta por siglos a un
-sistema de persecución e intolerancia política y religiosa. Sin embargo
-apenas hubo proclama, instrucción o manifiesto de las juntas en que
-lamentándose de las máximas que habían regido anteriormente, no se
-diese indicio de querer tomar un rumbo opuesto, anunciando para lo
-futuro o la convocación de cortes, o el restablecimiento de antiguos
-fueros, o el desagravio de pasadas ofensas. Infiérase de aquí cuál
-sería sobre eso la opinión general cuando así se expresaban unas
-autoridades que compuestas en su mayor parte de individuos de clases
-privilegiadas, procuraban contener más bien que estimular aquella
-general tendencia. Así fue que por sus pasos contados se encaminó
-España a la reforma y mejoramiento, y congregó sus cortes sin que
-hubiera habido que escuchar los consejos o preceptos del extranjero.
-Y ¡ojalá nunca los escuchara! Los años en que escribimos han sido
-testigos de que su intervención tan solo ha servido para hacerla
-retroceder a tiempos comparables a los de la más profunda barbarie.
-
-Nos parece que lo dicho bastará a deshacer los errores a que ha dado
-lugar el silencio de algunas plumas españolas, el despique de otras
-y la ligereza con que muchos extranjeros han juzgado los asuntos de
-España, país tan poco conocido como mal apreciado.
-
-Antes de concluir el presente libro será justo que demos una razón,
-aunque breve, de la insurrección de Portugal, [Marginal: Portugal.]
-cuyos acontecimientos anduvieron tan mezclados con los nuestros.
-
-Aquel reino si bien al parecer tranquilo, viéndose agobiado con las
-extraordinarias cargas y ofendido de los agravios que se hacían a sus
-habitantes, tan solo deseaba oportuna ocasión en que sacudir el yugo
-que le oprimía.
-
-[Marginal: Su situación.]
-
-Junot en su desvanecimiento a veces había ideado ceñirse la corona de
-Portugal. Para ello hubo insinuaciones, sordas intrigas, proyectos de
-constitución y otros pasos que no haciendo a nuestro propósito, los
-pasaremos en silencio. Tuvo por último que contentarse con la dignidad
-de duque de Abrantes a que le ensalzó su amo en remuneración de sus
-servicios.
-
-Desde el mes de marzo con motivo de la llamada de las tropas españolas
-anduvo el general francés inquieto, temiendo que se aumentasen los
-peligros al paso que se disminuía su fuerza. Se tranquilizó algún tanto
-cuando vio que al advenimiento al trono de Fernando habían recibido los
-españoles contra orden. Así fue, como hemos dicho, que los de Oporto
-volvieron a sus acantonamientos; se mantuvieron quietos en Lisboa
-y sus contornos los de Don Juan Carrafa; y solo de los de Solano se
-restituyeron a Setúbal cuatro batallones, no habiendo Junot tenido por
-conveniente recibir a los restantes. Prefirió este guardar por sí el
-Alentejo, y envió a Kellerman para reemplazar a Solano, cuya memoria
-fue tanto más sentida por los naturales, cuanto el nuevo comandante
-se estrenó con imponer una contribución en tal manera gravosa que el
-mismo Junot tuvo que desaprobarla. Kellerman transfirió a Elvas su
-cuartel general para observar de cerca a Solano, quien permaneció en la
-frontera hasta mayo, en cuyo tiempo se retiró a Andalucía.
-
-En este estado se hallaban las cosas de Portugal cuando, después del
-suceso del 2 de mayo en Madrid, receloso Napoleón de nuevos alborotos
-en España, [Marginal: Divisiones francesas que intentan pasar a
-España.] ordenó a Junot que enviase del lado de Ciudad Rodrigo 4000
-hombres que obrasen de concierto con el mariscal Bessières, y otros
-tantos por la parte de Extremadura para ayudar a Dupont que avanzaba
-hacia Sierra Morena. Al entrar junio llegaron los primeros al pie del
-fuerte de la Concepción, el cual situado sobre el cerro llamado el
-Gardón, sirve como de atalaya para observar la frontera portuguesa y
-las plazas de Almeida y Castel-Rodrigo. El general Loison que mandaba
-a los franceses ofreció al comandante español algunas compañías que
-reforzasen el fuerte contra los comunes enemigos de ambas naciones. El
-ardid por tan repetido era harto grosero para engañar a nadie. Pero
-no habiendo dentro la suficiente fuerza para la defensa, abandonó el
-comandante por la noche el fuerte, y se refugió a Ciudad Rodrigo, cuya
-plaza distante cinco leguas, y levantada ya como toda la provincia
-de Salamanca, redobló su vigilancia y contuvo así los siniestros
-intentos de Loison. Por la parte del mediodía los 4000 franceses que
-debían penetrar en las Andalucías, trataron con su jefe Avril de
-dirigirse sobre Mértola, y bajando después por las riberas de Guadiana,
-desembocar impensadamente en el condado de Niebla. Allí la insurrección
-había tomado tal incremento, que no osaron continuar en empresa tan
-arriesgada. Al paso que así se desbarataron los planes de Napoleón,
-que en esta parte no hubieran dejado de ser acertados, si más a tiempo
-hubiesen tenido efecto los acontecimientos del norte de Portugal,
-vinieron del todo a trastornar a Junot, y levantar un incendio
-universal en aquel reino.
-
-[Marginal: Los españoles se retiran de Oporto.]
-
-Los españoles a su vuelta a Oporto habían sido puestos a las órdenes
-del general francés Quesnel. Desagradó la medida inoportuna en un
-tiempo en que la indignación crecía de punto, e inútil no siendo
-afianzada con tropa francesa. Andaba así muy irritado el soldado
-español, cuando alzándose Galicia comunicó aquella junta avisos para
-que los de Oporto se incorporasen a su ejército y llevasen consigo a
-cuantos franceses pudiesen coger. Concertáronse los principales jefes,
-se colocó al frente al mariscal de campo Don Domingo Belestá como de
-mayor graduación, y el 6 de junio habiendo hecho prisionero a Quesnel
-y a los suyos, que eran muy pocos, tomó toda la división española que
-estaba en Oporto el camino de Galicia. [Marginal: Primer levantamiento
-de Oporto.] Antes de partir dijo Belestá a los portugueses que les
-dejaba libres de abrazar el partido que quisieran, ya fuese el de
-España, ya el de Francia, o ya el de su propio país. Escogieron el
-último como era natural. Pero luego que los españoles se alejaron,
-amedrentadas las autoridades se sometieron de nuevo a Junot.
-
-[Marginal: Levantamiento de Tras-os-Montes y segundo de Oporto.]
-
-Continuaron de este modo algunos días hasta que el 11 de junio
-habiéndose levantado la provincia de Tras-os-Montes, y nombrado por su
-jefe al teniente general Manuel Gómez de Sepúlveda, hombre muy anciano,
-se extendió a la de Entre-Duero-y-Miño la insurrección, y se renovó el
-18 en Oporto en donde pusieron a la cabeza a Don Antonio de San José de
-Castro, obispo de la diócesis. Cundió también a Coimbra y otros pueblos
-de la Beira, haciendo prisioneros y persiguiendo a algunas partidas
-sueltas de franceses. Loison que desde Almeida había intentado ir a
-Oporto, retrocedió al verse acometido por la población insurgente de
-las riberas del Duero.
-
-Una junta se formó en Oporto que mandó en unión con el obispo, la
-cual fue reconocida por todo el norte de Portugal. Al instante abrió
-tratos con Inglaterra, y diputó a Londres al vizconde de Balsemao y a
-un desembargador. Entabló también con Galicia convenientes relaciones,
-y entre ambas juntas se concluyó una convención o tratado de alianza
-ofensiva y defensiva.
-
-[Marginal: Se desarma a los españoles de Lisboa.]
-
-Súpose en Lisboa el 9 de junio la marcha de las tropas españolas de
-Oporto, y lo demás que en esta ciudad había pasado. Sin dilación
-pensó Junot en tomar una medida vigorosa con los cuerpos de la misma
-nación que tenía consigo, y cuyos soldados estaban con el ánimo tan
-alborotado como todos sus compatriotas. Temíase una sublevación de
-parte de ellos y no sin algún fundamento. Ya en el mes anterior y
-cuando en 5 de mayo dio en Extremadura la proclama de que hicimos
-mención el desgraciado Torre del Fresno, había sido enviado allí de
-Badajoz el oficial Don Federico Moreti para concertarse con el general
-Don Juan Carrafa y preparar la vuelta a España de aquellas tropas. La
-comisión de Moreti no tuvo resulta, así por ser temprana y arriesgada,
-como también por la tibieza que mostró el mencionado Carrafa; pero
-después embraveciéndose la insurrección española, llegaron de varios
-puntos emisarios que atizaban, faltando solo ocasión oportuna para
-que hubiese un rompimiento. Ofrecíasela lo acaecido en Oporto, y
-con objeto de prevenir golpe tan fatal, procuró Junot antes de que
-se esparciese la noticia sorprender a los nuestros y desarmarlos.
-Pudo sin embargo escaparse de Mafra y pasar a España el marqués de
-Malaespina con el regimiento de dragones de la Reina; y para engañar
-a los demás emplearon los franceses varios ardides, cogiendo a unos
-en los cuarteles y a otros divididos. Mil y doscientos de ellos que
-estaban en el campo de Ourique, rehusaron ir al convento de San
-Francisco, barruntando que se les armaba alguna celada. Entonces Junot
-los mandó llamar al Terreiro do Pazo, fingiendo que era con intento de
-embarcarlos para España. Alborozados por nueva tan halagüeña llegaron
-a aquella plaza, cuando se vieron rodeados por 3000 franceses, y
-asestada contra sus filas la artillería en las bocacalles. Fueron pues
-desarmados todos y conducidos a bordo de los pontones que había en el
-Tajo. No se comprendió a los oficiales en precaución tan rigurosa;
-pero no habiendo creído algunos de ellos deber respetar una palabra de
-honor que se les había arrancado después de una alevosía, se fugaron
-a España, y de resultas sus compañeros fueron sometidos a igual y
-desgraciada suerte que los soldados.
-
-[Marginal: Rechazan los españoles a los franceses en Os-Pegões.]
-
-No fue tan fácil sorprender ni engañar a los que estando a la izquierda
-del Tajo vivían más desembarazadamente. Así desertó la mayor parte del
-regimiento de caballería de María Luisa, y fue notable la insurrección
-de los cuerpos de Valencia y Murcia, de los que con una bandera se
-dirigieron a España muchos soldados. Estaban en Setúbal, y el general
-francés Graindorge que allí mandaba los persiguió. Hubo un reencuentro
-en Os-Pegões, y los franceses habiendo sido rechazados no pudieron
-detener a los nuestros en su marcha.
-
-[Marginal: Levantamiento de los Algarbes.]
-
-El haber desarmado a los españoles de Lisboa motivó la insurrección de
-los Algarbes, y por consecuencia la de todo el mediodía de Portugal.
-Gobernaba aquella provincia de parte de los franceses el general
-Maurin, a quien estando enfermo sustituyó el coronel Maransin. Eran
-cortas las tropas que estaban a sus órdenes, y cuidadoso dicho jefe
-con los alborotos, había salido para Vila Real en donde construía
-una batería que asegurase aquel punto contra los ataques de Ayamonte.
-Ocupado en guarecerse de un peligro, otro más inmediato vino a
-distraerle y consternarle. Era el 16 de junio cuando Olhá, pequeño
-pueblo de pescadores a una legua de Faro, se sublevó a la lectura de una
-proclama que había publicado Junot con ocasión de haber desarmado a los
-españoles. Dio el coronel José López de Sousa el primer grito contra
-los franceses, que fue repetido por toda la población. Este alboroto
-estuvo a punto de apaciguarse; pero obligado Maransin, que había
-acudido al primer ruido a salir de Faro para combatir a los paisanos
-que levantados descendían de las montañas que parten término con el
-Alentejo, se sublevó a su vez dicha ciudad de Faro, formó una junta, se
-puso en comunicación con los ingleses, y llevó a bordo de sus navíos
-al enfermo general Maurin y a los pocos franceses que estaban en su
-compañía. Maransin en vista de la poca fuerza que le quedaba se retiró
-a Mértola para de allí darse más fácilmente la mano con los generales
-Kellerman y Avril que ocupaban el Alentejo. Se aproximó después a
-Beja, y por haberle asesinado algunos soldados la entró a saco el 25
-de junio. Prendió la insurrección en otros puntos, y en todos aquellos
-en que el espíritu público no fue comprimido por la superioridad de
-la fuerza francesa, se repitió el mismo espectáculo y hubo iguales
-alborotos que en el resto de la península. Entre la junta de Faro
-y los españoles suscitose cierta disputa por haber estos destruido
-las fortificaciones de Castro Marim. De ambos lados se dieron las
-competentes satisfacciones, y amistosamente se concluyó un convenio
-adecuado a las circunstancias entre los nuevos gobiernos de Sevilla y
-Faro.
-
-[Marginal: Convenciones entre algunas juntas de España y Portugal.]
-
-No faltó quien viese así en este arreglo como en lo que antes se había
-estipulado entre Galicia y Oporto, una preparación para tratados más
-importantes que hubieran podido rematar por una unión y acomodamiento
-entre ambas naciones. Desgraciadamente varios obstáculos con los
-cuidados graves de entonces debieron impedir que se prosiguiese en
-designio de tal entidad. Es sin embargo de desear que venga un tiempo
-en que desapareciendo añejas rivalidades, e ilustrándose unos y otros
-sobre sus recíprocos y verdaderos intereses, se estrechen dos países
-que al paso que juntos formarán un incontrastable valladar contra
-la ambición de los extraños, desunidos solo son víctima de ajenas
-contiendas y pasiones.
-
-
-
-
- RESUMEN
- DEL
- LIBRO CUARTO.
-
-
-_Junta de Madrid. — Comisión que da al marqués de Lazán. — Su
-proclama de 4 de junio. — Su celo en favor de la diputación de Bayona.
-— Valdés. — Marqués de Astorga. — Obispo de Orense. — Proclama
-de Bayona a los zaragozanos. — Comisionados enviados a Zaragoza. —
-Avisos enviados por Napoleón a América. — Napoleón renuncia la corona
-de España en José. — Llegada de José a Bayona. — Recibimiento de José
-en Marracq. — Diputaciones españolas. — La de los grandes. — La del
-consejo de Castilla. — La de la Inquisición. — La del ejército. —
-Otra proclama de los de Bayona. — Previas disposiciones para abrir
-el congreso de Bayona. — Ábrense sus sesiones. — Sus discusiones.
-— Si gozó de libertad. — Juramento prestado a la constitución. —
-Reflexiones sobre la constitución. — Visita de la junta de Bayona
-a Napoleón. — Felicitaciones de la servidumbre de Fernando. —
-Felicitación de Fernando mismo. — Ministerio nombrado por José. —
-Jovellanos. — Empleos de palacio. — José entra en España el 9 de
-julio. — Primera expedición de los franceses contra Santander. —
-Expedición contra Valladolid. — Quema de Torquemada. — Entrada en
-Palencia. — Acción de Cabezón. — Entran los franceses en Valladolid.
-— Segunda expedición contra Santander. — Obispo de Santander. —
-Noble acción de su junta. — Expedición contra Zaragoza. — Acción de
-Mallén. — De Alagón. — Cataluña. — Somatenes. — Acción del Bruch.
-— Defensa de Esparraguera. — Chabran en Tarragona. — Reencuentro
-de Arbós. — Saqueo de Villafranca de Panadés. — Segunda acción
-del Bruch. — Expedición de Duhesme contra Gerona. — Resistencia
-de Mongat. — Saqueo de Mataró. — Ataque de los franceses contra
-Gerona. — Vuelve Duhesme a Barcelona. — Reencuentro de Granollers.
-— Somatenes del Llobregat. — Murat. — Envía a Dupont a Andalucía.
-— Acción de Alcolea. — Saco de Córdoba. — Situación angustiada de
-los franceses. — Excesos de los paisanos españoles. — Resistencia
-de Valdepeñas. — Retírase Dupont a Andújar. — Saqueo de Jaén. —
-Expedición de Moncey contra Valencia. — Reencuentro del puerto Pajazo.
-— De las Cabrillas. — Preparativos de defensa en Valencia. —
-Refriega en el pueblo de Cuarte. — Defensa de Valencia. — Proposición
-de Moncey para que capitule la ciudad. — Hechos notables de algunos
-españoles. — Retírase Moncey. — Inacción de Cervellón. — Conducta
-laudable de Llamas. — Enfermedad de Murat. — Enfermedades en su
-ejército. — Opinión de Larrey. — Savary sucede a Murat. — Singular
-comisión de Savary. — Su conducta. — Envía a Vedel para reforzar a
-Dupont. — Paso de Sierra Morena. — Refuerzos enviados a Moncey. —
-Caulincourt. — Saquea a Cuenca. — Frère. — Segundo refuerzo llevado
-a Dupont por el general Gobert. — Desatiéndese a Bessières. — Cuesta.
-— Ejército de Galicia después de la muerte de Filangieri. — Batalla
-de Rioseco 14 de julio. — Avanza Bessières a León: su correspondencia
-con Blake. — Viaje de José a Madrid. — Retrato de José. — Su
-proclamación. — Su reconocimiento. — Consejo de Castilla. —
-Acontecimientos que precedieron a la batalla de Bailén. — Distribución
-del ejército español de Andalucía. — Consejo celebrado para atacar
-a los franceses. — Acción de Mengíbar. — Batalla de Bailén 19 de
-julio. — Capitulación del ejército francés. — Rinden las armas los
-franceses. — Reflexiones sobre la batalla. — Camina el ejército
-rendido a la costa. — Desorden en Lebrija causado por la presencia de
-los prisioneros. — En el Puerto de Santa María. — Correspondencia
-entre Dupont y Morla. — Consternación del gobierno francés en Madrid.
-— Retírase José. — Españoles que le siguen. — Destrozos causados en
-la retirada._
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- HISTORIA
- DEL
- LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
- de España.
-
- LIBRO CUARTO.
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-[Marginal: Junta de Madrid.]
-
-Antes de haber tomado la insurrección de España el alto vuelo que le
-dieron en los últimos días de mayo las renuncias de Bayona, recordará
-el lector como se habían derramado por las provincias emisarios
-franceses y españoles que con seductoras ofertas trataron de alucinar
-a los jefes que las gobernaban. La junta suprema de Madrid, principal
-instigadora de semejantes misiones y providencias, viéndose así
-comprometida siguió con esmerada porfía en su propósito, y al crujido
-de la insurrección general, reiterando avisos, instrucciones y cartas
-confidenciales, avivó su desacordado celo en favor de la usurpación
-extraña, conservando la ciega y vana esperanza de sosegar por medios
-tan frágiles el asombroso sacudimiento de una grande y pundonorosa
-nación.
-
-[Marginal: Comisión que da al marqués de Lazán.]
-
-Sobresaltada en extremo con la conmoción de Zaragoza acudió con
-presteza a su remedio. Punzábala este suceso no tanto por su
-importancia, cuanto por el temor sin duda de que con él se trasluciesen
-las órdenes que para resistir a los franceses le habían sido
-comunicadas desde Bayona, y a cuyo cumplimiento había faltado. Presumía
-que Palafox sabedor de ellas, y encargado de otras iguales o parecidas,
-les daría entera publicidad, poniendo así de manifiesto la reprensible
-omisión de la junta, a la que por tanto era urgente aplacar aquel
-levantamiento. Como el caso requería pulso, se escogió al efecto al
-marqués de Lazán, hermano mayor del nuevo capitán general de Aragón,
-en cuya persona concurrían las convenientes calidades para no excitar
-con su nombre recelos en el asustadizo pueblo, y poder influir con
-éxito y desembarazadamente en el ánimo de aquel caudillo. Pero el de
-Lazán, al llegar a Zaragoza, en vez de favorecer los intentos de los
-que le enviaban, y persuadido también de cuán imposible era resistir al
-entusiasmo de aquellos moradores, se unió a su hermano y en adelante
-partió con él los trabajos y penalidades de la guerra.
-
-[Marginal: Su proclama de 4 de junio. (* Ap. n. 4-1.)]
-
-Arrugándose más y más el semblante del reino, y tocando a punto de
-venir a las manos, en 4 de junio [*] circuló la junta de acuerdo con
-Murat una proclama en la que se ostentaban las ventajas de que todos
-se mantuviesen sosegados, y aguardasen a que _el héroe que admiraba
-al mundo concluyera la grande obra en que estaba trabajando de la
-regeneración política_. Tales expresiones alborotaban los ánimos lejos
-de apaciguarlos, y por cierto rayaba en avilantez el que una autoridad
-española osase ensalzar de aquel modo al causador de las recientes
-escenas de Bayona, y además era, por decirlo así, un desenfreno del
-amor propio imaginarse que con semejante lenguaje se pondría pronto
-término a la insurrección.
-
-[Marginal: Su celo en favor de la diputación de Bayona.]
-
-Viendo cuán inútiles eran sus esfuerzos, y ansiosa de encontrar por
-todas partes apoyo y disculpa a sus compromisos, trabajó con ahínco
-la junta para que acudiesen a Bayona los individuos de la diputación
-convocada a aquella ciudad. Crecían los obstáculos para la reunión con
-los bullicios de las provincias, y con la repulsa que dieron algunos
-de los nombrados. Indicamos ya como el bailío Don Antonio Valdés
-[Marginal: Valdés.] había rehusado ir, prefiriendo con gran peligro de
-su persona fugarse de Burgos donde residía a la mengua de autorizar con
-su presencia los escándalos de Bayona. [Marginal: Marqués de Astorga.]
-Excusose también el marqués de Astorga sin reparar en que siendo uno de
-los primeros próceres del reino, la mano enemiga le perseguiría y le
-privaría de sus vastos estados y riquezas. Pero quien aventajó a todos
-en la resistencia fue el reverendo obispo de Orense [Marginal: Obispo
-de Orense.] Don Pedro de Quevedo y Quintano. La contestación de este
-prelado al llamamiento de Bayona, obra señalada de patriotismo, unió a
-la solidez de las razones un atrevimiento hasta entonces desconocido
-a Napoleón y sus secuaces. Al modo de los oradores más egregios de
-la antigüedad, usó con arte de la poderosa arma de la ironía, sin
-deslucirla con bajas e impropias expresiones. Desde Orense y en 29 de
-mayo no levantada todavía Galicia, y sin noticia de la declaración
-de otras provincias, dirigió su contestación al ministro de gracia y
-justicia. Como en su contenido se sentaron las doctrinas más sanas y
-los argumentos más convincentes en favor de los derechos de la nación
-y de la dinastía reinante, recomendamos muy particularmente la lectura
-de tan importante documento, que a la letra hemos insertado en el
-apéndice.[*] [Marginal: (* Ap. n. 4-2.)] Difícilmente pudieran trazarse
-con mayor vigor y maestría las verdades que en él se reproducen. Así
-fue que aquella contestación penetró muy allá en todos los corazones,
-causando impresión profundísima y duradera. Pero Murat y la junta
-de Madrid no por eso cesaron en sus tentativas, y con fatal empeño
-aceleraron la partida de las personas que de montón se nombraban para
-llenar el hueco de las que esquivaban el ominoso viaje.
-
-[Marginal: Proclama de Bayona a los zaragozanos.]
-
-El 15 de junio debían abrirse las sesiones de aquella famosa reunión,
-y todavía en los primeros días del propio mes no alcanzaban a 30 los
-que allí asistían. Mientras que los demás llegaban, y para no darles
-huelga, obligó Napoleón a los presentes a convidar a los zaragozanos
-por medio de una proclama [*] [Marginal: (* Ap. n. 4-3.)] a la paz
-y al sosiego. Queriendo agregar al escrito la persuasión verbal,
-fueron comisionados [Marginal: Comisionados enviados a Zaragoza.] para
-llevarle el príncipe de Castel-Franco, Don Ignacio Martínez de Villela
-consejero de Castilla, y el alcalde de corte Don Luis Marcelino
-Pereira. No les fue dable penetrar en Zaragoza, y menos el que se
-atendiera a sus intempestivas amonestaciones. Tuviéronse por dichosos
-de regresar a Bayona: merced a los franceses que los custodiaban, bajo
-cuyo amparo pudieron volver atrás sin notable azar, aunque no sin
-mengua y sobresalto.
-
-[Marginal: Avisos enviados por Napoleón a América.]
-
-Napoleón que miraba ya como suya la tierra peninsular, trató también
-por entonces de alargar más allá de los mares su poderoso influjo,
-expidiendo a América buques con cuyo arribo se previniesen los intentos
-de los ingleses, y se preparasen los habitadores de aquellas vastas
-y remotas regiones españolas a admitir sin desvío la dominación del
-nuevo soberano, procedente de su estirpe. Hizo que a su bordo partiesen
-proclamas y circulares autorizadas por Don Miguel de Azanza, quien
-ya firmemente adicto a la parcialidad de Napoleón se figuraba que
-el emperador de los franceses había de respetar la unión íntegra de
-aquellos países con España, y no seguir el impulso y las variaciones de
-su interés o su capricho.
-
-[Marginal: Napoleón renuncia la corona de España en José.]
-
-Luego que Fernando VII y su padre hubieron renunciado la corona, se
-presumió que Napoleón cedería sus pretendidos derechos en alguna
-persona de su familia. Fundábase sobre todo la conjetura en la
-indicación que hizo Murat a la junta de Madrid y consejo real de que
-pidiesen por rey a José. Ignorábase no obstante de oficio si tal era
-su pensamiento, cuando en 25 de mayo dirigió Napoleón una proclama [*]
-[Marginal: (* Ap. n. 4-4.)] a los españoles en la que aseguraba que «no
-quería reinar sobre sus provincias, pero sí adquirir derechos eternos
-al amor y al reconocimiento de su posteridad.» Apareció pues por este
-documento de una manera auténtica que trataba de desprenderse del cetro
-español, mas todavía guardó silencio acerca de la persona destinada
-a empuñarle. Por fin el 6 de junio se pronunció claramente dando en
-Bayona mismo un decreto del tenor siguiente:[*] [Marginal: (* Ap. n.
-4-5.)] «Napoleón, por la gracia de Dios etc. A todos los que verán las
-presentes salud. La junta de estado, el consejo de Castilla, la villa
-de Madrid etc. etc. habiéndonos por sus exposiciones hecho entender
-que el bien de la España exigía que se pusiese prontamente un término
-al interregno, hemos resuelto proclamar, como nos proclamamos por las
-presentes, rey de España y de las Indias a nuestro muy amado hermano
-José Napoleón, actualmente rey de Nápoles y de Sicilia.
-
-»Garantimos al rey de las Españas la independencia e integridad de
-sus estados, así los de Europa como los de África, Asia y América. Y
-encargamos», etc. [Sigue la fórmula de estilo.]
-
-[Marginal: Llegada de José a Bayona.]
-
-Era este decreto el precursor anuncio de la llegada de José, quien el 7
-entró en Pau a las ocho de la mañana, y puesto en camino poco después
-se encontró con Napoleón a seis leguas de Bayona, hasta donde había
-salido a esperarle. Mostraba este tanta diligencia porque no habiendo
-de antemano consultado con su hermano la mudanza resuelta, temió que
-no aceptase el nuevo solio, y quiso remover prontamente cualquiera
-obstáculo que le opusiese. En efecto José contento con su delicioso
-reino de Nápoles no venía decidido a admitir el cambio que para otros
-hubiera sido tan lisonjero. Y aquí tenemos una corona arrancada por
-la violencia a Fernando VII, adquirida también mal de su grado por el
-señalado para sucederle.
-
-Napoleón atento a evitar la negativa de su hermano le hizo subir en
-su coche, y exponiéndole sus miras políticas en trasladarle al trono
-español, trató con particularidad de inculcarle los intereses de
-familia, y la conveniencia de que se conservase en ella la corona de
-Francia, para cuyo propósito y el de prevenir la ambición de Murat
-y de otros extraños, nada era más acertado, añadía, que el poner
-como de atalaya a José en España, desde donde con mayor facilidad y
-superiores medios se posesionaría del trono de Francia, en caso de que
-vacase inesperadamente. Además le manifestó haber ya dispuesto del
-reino de Nápoles para colocar en él a Luciano. Asegúrase que la última
-indicación movió a José más que otra razón alguna por el tierno amor
-que profesaba a aquel su hermano. Sea pues de esto lo que fuere, lo
-cierto es que Napoleón había de tal modo preparado las cosas que sin
-dar tiempo ni vagar fue José reconocido y acatado como rey de España.
-
-[Marginal: Recibimiento de José en Marracq.]
-
-Así sucedió que al llegar entre dos luces a Marracq recibió los
-obsequios de tal de boca de la emperatriz, que con sus damas había
-salido a recibirle al pie de la escalera. Ya le aguardaban dentro del
-palacio los españoles congregados en Bayona, a quienes se les había
-citado de antemano, teniendo Napoleón tanta priesa en el reconocimiento
-del nuevo rey, que no permitió cubrir las mesas ni descanso alguno a su
-hermano antes de desempeñar aquel cuidado, cuyo ceremonial se prolongó
-hasta las diez de la noche.
-
-[Marginal: Diputaciones españolas.]
-
-Naturalmente debió durar más de lo necesario, habiendo ignorado los
-españoles el motivo a que eran llamados. Advertidos después tuvieron
-que concertarse apresuradamente allí mismo en uno de los salones, y
-arreglar el modo de felicitar al soberano recién llegado. Para ello se
-dividieron en cuatro diputaciones, a saber, la de los grandes, la del
-consejo de Castilla, la de los consejos de la Inquisición, Indias y
-hacienda reunidos los tres en una, y la del ejército. Pusieron todas
-separadamente y por escrito una exposición gratulatoria, y antes de
-que se leyesen a José con toda solemnidad, se presentaba cada una a
-Napoleón para su aprobación previa: menguada censura, indigna de su
-alta jerarquía.
-
-[Marginal: La de los grandes.]
-
-Era la diputación de los grandes la primera en orden, e iba a su cabeza
-el duque del Infantado, quien había tenido el encargo de extender la
-felicitación. Principiando por un cumplido vago, concluía esta con
-decir «las leyes de España no nos permiten ofrecer otra cosa a V.
-M. Esperamos que la nación se explique y nos autorice a dar mayor
-ensanche a nuestros sentimientos.» Difícil sería expresar la irritación
-que provocó en el altivo ánimo de Napoleón tan inesperada cortapisa.
-Fuera de sí y abalanzándose al duque díjole, que «siendo caballero se
-portase como tal, y que en vez de altercar acerca de los términos de
-un juramento, el cual así que pudiera intentaba quebrantar, se pusiese
-al frente de su partido en España, y lidiase franca y lealmente...
-Pero le advertía que si faltaba al juramento que iba a prestar, quizá
-estaría en el caso antes de ocho días de ser arcabuceado.» Tardíos eran
-a la verdad los escrúpulos del duque, y o debía haberlos sepultado
-en lo más íntimo del pecho, o sostenerlos con el brío digno de su
-cuna, si arrastrado por el clamor de la conciencia quería acallarla
-dándoles libre salida. Mas el del Infantado arredrose, y cedió a la
-ira de Napoleón. Por eso hubo quien achacara a otro haberle apuntado
-la cláusula, dejándole solo al duque la gloria de haberla escrito, sin
-pensar en el aprieto en que iba a encontrarse. Corrigieron entonces los
-grandes su primera exposición, reconocieron por rey a José e hizo la
-lectura de ella, aunque no pertenecía a la clase, Don Miguel José de
-Azanza.
-
-[Marginal: La del consejo de Castilla. (* Ap. n. 4-6.)]
-
-Los magistrados que llevaban la voz a nombre del consejo de Castilla,
-si bien incensaron al nuevo rey diciéndole:[*] «V. M. es rama principal
-de una familia destinada por el cielo para reinar», esquivaron también,
-pero de un modo más encapotado que los grandes, el reconocimiento claro
-y sencillo, limitándose por falta de autoridad, según expresaban, a
-manifestar cuáles eran sus deseos: tan cuidadosos andaban siempre el
-consejo y sus individuos de no comprometerse abiertamente en ningún
-sentido.
-
-[Marginal: La de la Inquisición.]
-
-A todos los parabienes respondió José con afable cortesanía, mereciendo
-particular mención el modo con que habló al inquisidor Don Raimundo
-Ethenard y Salinas, a quien dijo «que la religión era la base de
-la moral y de la prosperidad pública, y que aunque había países en
-que se admitían muchos cultos, sin embargo debía considerarse a la
-España como feliz porque no se honraba en ella sino el verdadero.»
-Con un tan claro elogio de las ventajas de una religión exclusiva
-los inquisidores, que fundadamente consideraban su tribunal como el
-principal baluarte de la intolerancia, creyéronse asegurados. Ya antes
-alimentaban la esperanza de mantenerse desde que Murat mismo había
-correspondido a sus congratulaciones con halagüeñas y favorables
-palabras. El no haberse abolido aquel terrible tribunal en la
-constitución de Bayona, y el que uno de sus ministros en representación
-suya la autorizase con su firma, acrecentó la confianza de los
-interesados en conservarle, y puso espanto a los que a su nombre se
-estremecían. Ahora que han transcurrido años, y que otros excesos han
-casi borrado los de Napoleón, atribuirase a sueño de los partidarios
-del santo oficio el haberse imaginado que aquel hubiera sostenido tan
-odiosa institución. Mas si recordamos que en los primeros tiempos de
-la irrupción francesa muchos emisarios de su gobierno encarecían la
-utilidad de la Inquisición como instrumento político, y si también
-atendemos al modo arbitrario y escudriñador con que en la ilustrada
-Francia se disminuía y cercenaba la libertad de escribir y pensar, no
-nos parecerá que fuesen tan desvariadas y fútiles las esperanzas de
-los inquisidores. Quizá José y algunos españoles de su bando hubieran
-querido la abolición inmediata, ¿pero qué podía él ni que valían ellos
-contra la imperiosa voluntad de Napoleón? Que este acabase después
-en diciembre de 1808 con la Inquisición, en nada destruye nuestros
-recelos. Entonces restablecida, como a su tiempo veremos, por la junta
-central con gran descrédito suyo, entendió el soberano francés ser
-oportuno descuajar tan mala planta, procurando granjearse por aquel
-medio y en contraposición de la autoridad nacional el aprecio de muchos
-hombres de saber, atemorizados y desabridos con el renacimiento de tan
-odioso tribunal.
-
-[Marginal: La del ejército.]
-
-En la contestación que dio José al duque del Parque, representante del
-ejército, también notamos ciertas expresiones bastantemente singulares.
-«Yo me honro, dijo, con el título de su primer soldado, y ora fuese
-necesario como en tiempos antiguos combatir a los moros, ora sea
-menester rechazar las injustas agresiones de los eternos enemigos del
-continente, yo participaré de todos vuestros peligros.» Extraña mezcla
-poner al par de los ingleses a los moros y sus guerras. Probablemente
-fue adorno oratorio mal escogido: dado que no siendo creíble que por
-aquellas palabras hubiera querido anunciar en nuestros días temores de
-una irrupción agarena, era forzoso imaginarse que se encubría en su
-sentido el ulterior proyecto de invadir la costa africana, y cierto
-que si el primer pensamiento hubiera pasado de desvarío, hubiérase el
-segundo reprendido de sobradamente anticipado cuando la nueva corona
-apenas había tocado su cabeza.
-
-[Marginal: Otra proclama de los de Bayona.]
-
-Todavía era muy corto el número de diputados que concurrían en Bayona,
-a la sazón que en 8 de junio [*] [Marginal: (* Ap. n. 4-7.)] dieron los
-presentes otra proclama a todos los españoles con objeto de recomendar
-a su afecto la nueva dinastía, y de reprimir la insurrección. José por
-su parte aceptó en decreto del 10 [*] [Marginal: (* Ap. n. 4-8.)] la
-cesión de la corona de España que en su persona había hecho su hermano,
-confirmando a Murat en la lugartenencia del reino, cuyo puesto había
-ejercido sucesivamente a nombre de Carlos IV y de Napoleón. Acompañaba
-a este decreto [*] [Marginal: (* Ap. n. 4-9.)] otro en que mostraba
-cuáles eran sus intenciones, y en el que ya llamaba suyos a los pueblos
-de España. Estos documentos corrían con dificultad en las provincias;
-pero si alguno de ellos se introducía, soplaba el fuego en vez de
-apagarle.
-
-[Marginal: Previas disposiciones para abrir el congreso de Bayona.]
-
-Acercábase el día de abrirse el congreso de Bayona y a duras penas
-crecía el número de individuos que debían componerle. Por fin fueron
-llegando algunos de los que forzadamente obligaban a salir de Madrid,
-o de los que cogían en los pueblos ocupados por las tropas francesas.
-Pocos fueron los que de grado acudieron al llamamiento; y mal podía
-ser de otra manera viendo los convocados que la insurrección prendía
-por todas partes, y el gran compromiso a que se exponían. Antes de
-dar principio a las sesiones, Napoleón entregó a Don Miguel José de
-Azanza un proyecto de constitución. Extrema curiosidad se despertó
-con deseo de averiguar quién fuese el autor. Ni entonces ni ahora ha
-sido dable el descubrirle, bien que se advierta que una mano española
-debió en gran parte coadyuvar al desempeño de aquel trabajo. Nosotros
-no aventuraremos conjeturas más o menos fundadas. Pero sí se nos ha
-aseverado de un modo indudable por persona bien enterada, que dicha
-constitución o sus bases más esenciales fueron entregadas al emperador
-francés en Berlín después de la batalla de Jena. Debió pues salir de
-pluma que vislumbrase ya cuál suerte aguardaba a España con la incierta
-política del príncipe de la Paz y la desmesurada ambición del gabinete
-de Francia. Napoleón escogió a Don Miguel de Azanza, como en otro libro
-indicamos, para presidir el congreso; y se nombraron por secretarios
-a Don Mariano Luis de Urquijo, del consejo de estado, y a Don Antonio
-Ranz Romanillos, del de hacienda. Encargó también que se eligiesen dos
-comisiones a cuyo previo examen se confiase el preparar los asuntos
-para los debates, y proponer las modificaciones que pareciere oportuno
-adoptar en la nueva constitución.
-
-[Marginal: Ábrense sus sesiones.]
-
-Concluidas que fueron estas disposiciones preliminares, abrió sus
-sesiones la junta de Bayona el 15 de junio, día de antemano señalado.
-Pronunció Don Miguel de Azanza en calidad de presidente el discurso
-de apertura. En él decía:[*] [Marginal: (* Ap. n. 4-10.)] «Gracias y
-honor inmortal a este hombre extraordinario [Napoleón] que nos vuelve
-una patria que habíamos perdido»... «Ha querido después que en el lugar
-de su residencia y a su misma vista se reúnan los diputados de las
-principales ciudades, y otras personas autorizadas de nuestro país,
-para discurrir en común sobre los medios de reparar los males que hemos
-sufrido, y sancionar la constitución que nuestro mismo regenerador se
-ha tomado la pena de disponer para que sea la inalterable norma de
-nuestro gobierno... De este modo podrán ser útiles nuestros trabajos,
-y cumplirse los altos designios del héroe que nos ha convocado...»
-Pesa que un hombre cuyo concepto de probidad se había hasta entonces
-mantenido sin tacha, se abatiese a pronunciar expresiones adulatorias,
-poco dignas de la boca de un ministro puro y honrado. Porque en efecto,
-¿dónde estaban los diputados de las principales ciudades? y si la
-patria estaba perdida ¿no había también _el hombre extraordinario_
-contribuido en gran manera a hundirla en el abismo? ¿En dónde y cómo
-nos la había vuelto? Sin la constancia española, sin la pertinaz guerra
-de seis años, hubiera sido tratada con el vilipendio que otros estados,
-y partida después o desmembrada al antojo del extranjero. Suerte que
-hubiera merecido, si en silencio hubiese dejado que tan indignamente se
-la humillase y oprimiese. Pudiera Azanza haber cumplido con el encargo
-de presidente, sin aparecer oficioso ni lisonjero.
-
-[Marginal: Sus discusiones.]
-
-Redujéronse a doce las sesiones de Bayona. En la misma del 15 se
-procedió a la verificación de poderes, y se leyó el decreto de Napoleón
-por el que cedía la corona de España a su hermano José; habiéndose
-acordado en la del 17 pasar a cumplimentar al nuevo monarca. En nada
-fueron notables los discursos que al caso se pronunciaron, sino en
-haberse especificado en el contexto del de la junta «que habían hecho y
-que harían [sus individuos] cuanto estuviese de su parte para atraer a
-la tranquilidad y al orden las provincias que estaban agitadas.» Por el
-mismo tenor y según costumbre fue la contestación de José, no echando
-en olvido la repetida cantilena de que los ingleses eran los que
-fomentaban la inquietud de los pueblos.
-
-Presentose el día 20 el proyecto de constitución y ordenó la junta
-su impresión, habiéndose oído en los siguientes varios discursos
-acerca de sus artículos. Se ventilaron también otros puntos, y en la
-citada sesión del 20 se propuso para halagar al pueblo la supresión de
-los cuatro maravedís en cuartillo de vino, y la de tres y un tercio
-por ciento de los frutos que no diezmaban, cuyo acuerdo quedó en el
-inmediato día aprobado por José. En la del 22 Don Ignacio de Tejada,
-designado por Murat para representar el nuevo reino de Granada, sostuvo
-en un vehemente discurso lo conveniente que sería afianzar la unión
-con la metrópoli de las provincias americanas. Cuatro religiosos que
-tenían voz como diputados de los regulares, pidieron en otra sesión que
-no se suprimiesen del todo los conventos, y que solo se minorase el
-número. ¡Ojalá se hubieran mostrado siempre tan sumisos y conformes!
-Se atrevió a proponer la abolición del santo oficio Don Pablo Arribas,
-sosteniéndole Don José Gómez Hermosilla, pero el inquisidor Ethenard
-levantándose muy alborotado, se opuso e intentó probar lo útil del
-establecimiento, considerado por el lado político. Apoyáronle con
-fuerza los consejeros de Castilla, siendo natural se estrechasen para
-defensa mutua dos cuerpos que en sus respectivas jurisdicciones tanto
-daño habían acarreado a España. El duque del Infantado quería que no
-se rebajase a menos de 80.000 ducados el máximo de los mayorazgos:
-desechose la propuesta, no habiendo tampoco las dos anteriores tenido
-resulta. Fue notable y digna de loa la que promovió Don Ignacio
-Martínez de Villela, si no con mejor éxito, de que se comprendiese
-en la ley fundamental un artículo para que ninguno pudiese ser
-incomodado por sus opiniones políticas y religiosas. Admiraría que
-aquel mismo magistrado años adelante se convirtiese en duro y constante
-perseguidor si, por desgracia, no ofreciese la flaqueza humana, la
-rencorosa envidia o la desapoderada ambición repetidos ejemplos de tan
-lamentables mudanzas. Por tal término anduvieron las discusiones, hasta
-que el 30 se concluyeron y cerraron las de la constitución; en cuyo
-día se le añadió un último artículo declarando que después del año 20
-se presentarían de orden del rey las mejoras y modificaciones que la
-experiencia hubiese enseñado ser necesarias y convenientes.
-
-[Marginal: Si se gozó de libertad.]
-
-En vista de la adición de este artículo y de las cortas discusiones
-que hubo, han pretendido algunos y de aquellos que han tratado de
-defenderse, que la junta había gozado de libertad. Concediendo que esto
-fuese cierto, levantaríase contra los miembros un grave cargo por no
-haber sostenido mejor los derechos de la nación, ya que hubiesen creído
-inútil recordar los de Fernando y su familia. Parecería pues imposible,
-a no leerlo en sus obras, que hombres graves hayan querido persuadir al
-público que allí se procedió sin embarazo, discutiéndose las materias
-con toda franqueza y al sabor y según el dictamen de los vocales. No
-hay duda que sobre puntos accesorios fue lícito hablar, y aun indicar
-leves modificaciones. Pero ¿que hubiera acontecido si alguno se
-hubiese propasado, no a renovar la cuestión decidida ya de mudanza de
-dinastía, sino a enmendar cualquiera artículo de los sustanciales de
-la constitución? ¿Qué si hubiese reclamado la libertad de imprenta,
-la publicidad de las sesiones, una manera en fin más acertada de
-constituirse las cortes? O para siempre hubiera enmudecido el audaz
-diputado de cuyos labios hubieran salido semejantes proposiciones, o
-deprisa y estrepitosamente se hubiera disuelto el congreso de Bayona.
-Así en el corto número de doce sesiones se cumplió con las formalidades
-de estilo, se tocaron varias materias, y se discutió y aprobó a la
-unanimidad una constitución de 146 artículos. ¿Mas a qué cansarse? Para
-conceptuar de qué libertad gozaron los diputados, basta decir que fue
-en Bayona, y a vista de Napoleón, donde celebraron sus sesiones.
-
-[Marginal: Juramento prestado a la constitución.]
-
-Al fin el 7 de julio reunido el congreso en el mismo sitio de los
-anteriores días, que fue en el palacio llamado del obispado viejo,
-juró José la observancia de la constitución en manos del arzobispo de
-Burgos, y también la juraron, aceptaron y firmaron los diputados cuyo
-número no pasó de noventa y uno, siendo de notar que apenas veinte
-habían sido nombrados por las provincias. Los demás o eran de aquellos
-que habían acompañado al rey Fernando, o individuos de diversas
-corporaciones o clases residentes en Madrid y ciudades oprimidas por
-los soldados franceses. Para que subiera la cuenta obligaron también a
-españoles transeúntes casualmente en Bayona, a que pusiesen su firma
-en la nueva constitución. Pero a pesar de tales esfuerzos nunca pudo
-completarse el número de 150 que era el determinado en la convocatoria.
-
-[Marginal: Reflexiones sobre la constitución.]
-
-Ahora sería oportuno entrar en el examen de esta constitución, si por
-lo menos hubiera gobernado de hecho la monarquía. Mas ilegítima en su
-origen, y bastarda producción de tierra extraña nunca plantada en la
-nuestra, no sería justo que nos detuviese largo tiempo, ni cortase el
-hilo de nuestra narración. Sin embargo atendiendo al elogio que de
-algunos ha merecido, séanos lícito poner aquí ciertas observaciones,
-que si bien restrictas y generales, no por eso dejarán de dar una idea
-de los defectos fundamentales que la oscurecían y anulaban.
-
-Desde luego nótase que falta en aquella constitución lo que forma
-la base principal de los gobiernos representativos, a saber, la
-publicidad. Por ella se ilustra y conoce la opinión, y la opinión es
-la que dirige y guía a los que mandan en estados así constituidos. Dos
-son los únicos y verdaderos medios de conseguir que la voz pública
-suba con rapidez a los representantes de una gran nación, y que la de
-estos descienda y cunda a todas las clases del pueblo. Son pues la
-libertad de imprenta y la publicidad en las discusiones del cuerpo
-o cuerpos que deliberan. Por la última, como decía el mismo Burke,
-llega a noticia de los poderdantes el modo de pensar y obrar de sus
-diputados, sirviendo también de escuela instructiva a la juventud: y
-por la primera, esencialmente unida a la naturaleza de un estado libre,
-conforme a la expresión del gran jurisconsulto Blackstone, se enteran
-los que gobiernan de las variaciones de la opinión y de las medidas
-que imperiosamente reclama, por cuya mutua y franca comunicación,
-acumulándose cuantiosa copia de saber y datos, las resoluciones que
-se toman en una nación de aquel modo regida no se apartan en lo
-general de lo que ordena su interés bien entendido; desapareciendo en
-cotejo de tamaño beneficio los cortos inconvenientes que en ciertos
-y contados casos pudieran acompañar a la publicidad, y de que nunca
-se ve del todo desembarazada la humana naturaleza. Pues aquellos dos
-medios tan necesarios de estamparse en una constitución que se preciaba
-de representativa, no se vislumbraban siquiera en la de Bayona. Al
-contrario, por el artículo 80 se prevenía «que las sesiones de las
-cortes no fuesen públicas.» Y en tanto grado se huía de conceder dicha
-facultad, que en el 81 íbase hasta graduar de rebelión el publicar
-impresas o por carteles las opiniones o votaciones. Quien con tanto
-esmero había trabado la libertad de los diputados, no era de esperar
-obrase más generosamente con la de la imprenta. Deferíase su goce a dos
-años después que la constitución se hubiese planteado, no debiendo esta
-tener su cumplido efecto antes de 1813. Pero aun entonces, además de
-las limitaciones que hubieran entrado en la ley, parece ser que nunca
-se hubieran comprendido en su contexto los papeles periódicos. Así se
-infiere de lo prevenido en el artículo 45. Porque al paso que se crea
-una junta de cinco senadores encargados de velar acerca de la libertad
-de imprenta, se exceptúan determinadamente semejantes publicaciones,
-las que sin duda reservaba el gobierno a su propio examen. Véase pues
-cuán tardía y escatimada llegaría concesión de tal importancia.
-
-Tampoco se había compuesto ni deslindado atinadamente la potestad
-legislativa. Al sonido de la voz senado cualquiera se figuraría haber
-sido erigido aquel cuerpo con la mira de formar una segunda y separada
-cámara que tomase parte en la discusión y aprobación de las leyes;
-pero no era así. Ceñidas sus facultades en los tiempos tranquilos
-a velar sobre la conservación de la libertad individual y de la de
-imprenta, ensanchábanse en los borrascosos o cuando parecieren tales
-a la potestad ejecutiva, a suspender la constitución y a adoptar las
-medidas que exigiese la seguridad del estado. Un cuerpo autorizado con
-facultad tan amplia y poderosa, debiera al menos haber ofrecido en su
-independencia un equilibrio correspondiente y justo. Mas constando de
-solos veinticuatro individuos nombrados por el rey y escogidos entre
-empleados antiguos, antes era sostenimiento de la potestad ejecutiva
-que valladar contra sus usurpaciones.
-
-Para evitar estas o resistirles gananciosamente no era más propicia
-ni recomendable la manera como se habían constituido las cortes, las
-cuales además de verse privadas de la publicidad, sólido cimiento de su
-conservación, llevaban consigo la semilla de su propia desorganización
-y ruina. Por de pronto el rey estaba obligado solamente a convocarlas
-cada tres años, y como para todo este intermedio se votaban las
-contribuciones, no era probable que se las hubiera congregado con más
-frecuencia. El número de vocales se limitaba a 162 divididos en tres
-estamentos, clero, nobleza y pueblo; componiéndose los dos primeros
-de 50 individuos. Debían, reunidos en la misma sala, discutir las
-materias y decidirlas a pluralidad de votos y no por separación de
-clase. En cuya virtud sin resultar las ventajas de la cámara de lores
-en Inglaterra, ni la del senado en los Estados Unidos, sirviendo de
-contrapeso entre la potestad real o ejecutiva y la popular; aquí juntos
-y amontonados todos los estamentos o brazos, hubieran presentado la
-imagen del desorden y la confusión. Cuando el cuerpo que ha de formar
-las leyes está dividido en dos cámaras, al choque funesto de las
-clases que es temible exista estando reunidos los privilegiados y los
-que no lo son, sucede cuando deliberan separadamente el saludable
-contrapeso de las opiniones individuales, estableciéndose una mutua
-correspondencia entre los vocales de ambas cámaras que no disienten
-en el modo de pensar; sin atender a la clase a que pertenecen. Por lo
-menos así nos lo muestra la experiencia, gran maestra en semejantes
-materias. Cuanto más se reflexiona acerca del artificio de esta
-constitución, mas se descubre que solo en el nombre quería darse a
-España un gobierno monárquico representativo.
-
-Había empero artículos dignos de alabanza. Merécenla pues aquellos
-en que se declaraba la supresión de privilegios onerosos, la
-abolición del tormento, la publicidad en los procesos criminales y
-el límite de 20.000 pesos fuertes de renta, señalado a la excesiva
-acumulación de mayorazgos. Mas estas mejoras que ya desaparecían
-junto a las imperfecciones sustanciales arriba indicadas, del todo
-se deslustraban y ennegrecían con la monstruosidad [no puede dársele
-otro nombre] de insertar en la ley fundamental del estado que habría
-perpetuamente una alianza ofensiva y defensiva, tanto por tierra como
-por mar entre España y Francia. Todo tratado o liga de suyo variable,
-supone por lo menos el convenio recíproco de los dos o más gobiernos
-que están interesados en su cumplimiento. Exigíase aún más en este
-caso: ya que quisiera darse a la alianza la duración y firmeza de
-una ley fundamental, menester era que la otra parte, la Francia, se
-hubiese comprometido a lo mismo en las constituciones del imperio.
-Podrá redargüirse que estaba sujeta esta determinación a un tratado
-posterior y especial entre ambas naciones. Pero según el artículo 24
-de la constitución que era en donde se adoptaba el principio, debía el
-tratado limitarse a especificar el contingente con que cada una había
-de contribuir, y no de manera alguna a variar la base admitida de una
-alianza perpetua ofensiva y defensiva. No es de este lugar examinar
-la utilidad o perjuicio que se seguiría a España, país casi aislado,
-de atarse con semejante vínculo y abrazar todas las desavenencias de
-una nación como la Francia contigua a tantas otras y con intereses
-tan complicados. Aquí solo consideramos la cuestión constitucional,
-bajo cuyo respecto no pudo ser ni más fuera de sazón ni más extraña.
-Al ver adoptado semejante artículo no podemos menos de asombrarnos
-por segunda vez de que haya habido españoles de los firmantes, tan
-olvidados de sí propios, que hayan asegurado en sus defensas haberse
-gozado en Bayona de entera e ilimitada libertad. Porque si a sabiendas
-y voluntariamente le admitieron y aprobaron ¿cómo pudieran disculparse
-de haber encadenado la suerte de su patria a la de otra nación, sin que
-esta se hubiera al propio tiempo comprometido a igual reciprocidad? Mas
-afortunadamente y para honra del nombre español si hubo algunos que con
-placer firmaron la constitución de Bayona, justo es decir que el mayor
-número lo hicieron obligados de la penosa e involuntaria situación en
-que los había colocado su aciaga estrella.
-
-[Marginal: Visita de la Junta de Bayona a Napoleón.]
-
-En el mismo día 7 de julio Don Miguel de Azanza propuso y se acordó
-la acuñación de dos medallas que perpetuasen la memoria del juramento
-a la constitución, trasladándose en seguida la junta en cuerpo al
-palacio de Marracq a cumplimentar a Napoleón. Llevó la palabra el
-presidente, y en silencio aguardaron todos con ansiosa curiosidad la
-respuesta del soberano de Francia, rodeado de los diputados españoles.
-Tres cuartos de hora duró el discurso del último, embarazoso en la
-expresión e infecundo en sus conceptos. Levantando pues la cabeza y
-echando una mirada esquiva y torva, la inclinaba después aquel príncipe
-sobre el pecho, articulando de tiempo en tiempo palabras sueltas
-o frases truncadas e interrumpidas, sin que centellease ninguno de
-aquellos rasgos originales que a veces brillaban en sus conversaciones
-o arengas. Parecía representar su voz el estado de su conciencia.
-Impacientábanse todos, mas el disimulo reinaba por todas partes. Sus
-cortesanos quedaron inmobles; y aturdidos los españoles, a cuyos ojos
-achicose en gran manera el objeto que tan agigantado les había parecido
-de lejos. Fatigado el concurso y quizá Napoleón mismo, despidió este
-a los diputados que sobrecogidos y silenciosos se retiraron. Azaroso
-andaba en todo lo de España.
-
-Aún duraban las discusiones de la constitución cuando llegó a Bayona
-una carta escrita en Valençay en 22 de junio por la servidumbre de
-Fernando y los infantes, en la que «juraban [*] [Marginal: Felicitación
-de la servidumbre de Fernando. (* Ap. n. 4-11.)] obediencia a la nueva
-constitución de su país y fidelidad al rey de España José I.» Según
-Escóiquiz fue efecto de intimación del príncipe de Talleyrand hecha a
-nombre de Napoleón, añadiendo que para evitar mayores males accedieron
-encargándose él mismo de extender la carta en términos estudiados y
-medidos. Si así hubiera pasado, merecían disculpa Escóiquiz y sus
-compañeros; pero aconteció muy de otra manera. Y o aquel se imaginó que
-nunca se trasluciría el contenido de su carta, o con los infortunios
-se había enteramente desmemoriado. En ella se prestaba el juramento de
-un modo claro no ambiguo; y lo que era peor se pedían nuevas gracias
-expresadas en una nota adjunta, afirmándose también que _estaban
-prontos a obedecer ciegamente su voluntad_ [la de José] _hasta en lo
-más mínimo_. Véase pues lo que llamaba Escóiquiz juramento condicional
-y aéreo, y carta escrita en términos medidos.
-
-Así mismo Fernando escribió con igual fecha [*] [Marginal: Felicitación
-de Fernando mismo. (* Ap. n. 4-12.)] a Napoleón en nombre suyo y de
-su hermano y tío, dándole el parabién de haber sido ya instalado en
-el trono de España su hermano José; con una carta [leída en 30 de
-junio ante los diputados de Bayona] inclusa para el último en que se
-decía después de felicitarle «que se consideraba miembro de la augusta
-familia de Napoleón, a causa de que había pedido al emperador una
-sobrina para esposa, y esperaba conseguirla:» tan caída y por el suelo
-andaba la corona de Carlos V y Felipe II.
-
-[Marginal: Ministerio nombrado por José.]
-
-En 4 de julio había José arreglado definitivamente su ministerio.
-Tocó a Don Mariano Luis de Urquijo la secretaría de estado, a cuyo
-puesto correspondía, según la constitución de Bayona, refrendar todos
-los decretos. En el reinado de Carlos IV, todavía aquel muy joven,
-había sido nombrado ministro interino de estado. Adornado de ciertas
-calidades brillantes y exteriores, no se le reputaba por hombre de
-saber profundo: tachábanle de presuntuoso. Quiso en su ministerio
-enfrenar el tribunal de la Inquisición, y restablecer a los obispos
-en sus primitivos derechos. Acarreole su intento la enemistad de
-Roma y de una parte del clero español. Con esto y haber el príncipe
-de la Paz recobrado su antigua e ilimitada privanza, fue desgraciado
-Urquijo, encerrado en la ciudadela de Pamplona, y confinado después
-a Bilbao su patria. No tuvo parte en los primeros desaciertos de
-Madrid y Bayona, y solo acudió a esta ciudad en virtud de reiterado
-llamamiento de Napoleón, quien le deslumbró prodigando lisonjas a su
-amor propio. Encargose Don Pedro Cevallos del ministerio de negocios
-extranjeros, con repugnancia y violencia según el propio se expresa,
-con gusto y solicitud suya según otros. Don Sebastián de Piñuela y
-Don Gonzalo Ofárril se mantuvieron en sus respectivos ministerios de
-gracia y justicia y de guerra. Obtuvo el de Indias Don Miguel José
-de Azanza, reservándose el de marina para Don José Mazarredo, quien
-en dicho ramo gozaba de gran concepto, habiendo ilustrado su nombre
-en varias campañas; pero que sin práctica en las materias de estado,
-y preocupado y nimio en otras, abrazó sin discernimiento a manera de
-frenesí el partido del rey intruso. Púsose la hacienda al cuidado del
-conde de Cabarrús, francés de nación, mas por afición y enlaces de
-corazón español. Decidido en Zaragoza a seguir la gloriosa causa de
-aquellos moradores, fuese temor o enfado de algún peligro que había
-corrido en Ágreda, mudó después de parecer y aceptó el ministerio que
-José le confirió. «Hombre extraordinario [según le pinta su amigo
-Jovellanos] en quien competían los talentos con los desvaríos y las
-más nobles calidades con los más notables defectos.» No era fácil que
-en un tiempo en que el nuevo rey ansiaba granjearse la estimación
-pública, se hubiese olvidado en la repartición de empleos y gracias
-del hombre insigne que acabamos de citar, [Marginal: Jovellanos.] de
-Don Gaspar Melchor de Jovellanos. Libertado de su largo y penoso
-encierro al advenimiento al trono de Fernando VII, habíase retirado
-a Jadraque en casa de un amigo para recobrar su salud debilitada y
-perdida con los malos tratamientos y duro padecer. Buscole en su rincón
-Murat mandándole pasase a Madrid: excusose con el mal estado de su
-cuerpo y de su espíritu. Acosáronle poco después los de Bayona; José de
-oficio para que fuese a Asturias a reducir al sosiego a sus paisanos,
-y confidencialmente Don Miguel de Azanza, anunciándole que se le
-destinaba para el ministerio de lo interior. Disculpose con el primero
-en términos parecidos a los que había usado con Murat, y al segundo le
-manifestó «que estaba lejos de admitir ni el encargo, ni el ministerio,
-y que le parecía vano el empeño de reducir con exhortaciones a un
-pueblo tan numeroso y valiente, y tan resuelto a defender su libertad.»
-Reiteráronse las instancias por medio de Ofárril, Mazarredo y Cabarrús.
-Acometido tan obstinadamente de todos lados, expresó en una de sus
-contestaciones «que cuando la causa de la patria fuese tan desesperada
-como ellos se pensaban, sería siempre la causa del honor y la lealtad,
-y la que a todo trance debía preciarse de seguir un buen español.»
-Sordos a sus razones y a sus disculpas le nombraron ministro mal de su
-grado, e insertaron en la Gaceta de Madrid su nombramiento: señalada
-perfidia con que trataron de comprometerle. Por dicha salvole la honra
-lo terso y limpio de su noble conducta, y sirvió de obstáculo a la
-persecución, que su constante resistencia hubiera podido acarrearle,
-la victoria de Bailén: con cierta prolijidad hemos referido este hecho
-como ejemplo digno de ser transmitido a la posteridad.
-
-Formado que hubo su ministerio el rey intruso, se ocupó en proveer los
-empleos de palacio en los grandes que estaban en Bayona; [*] [Marginal:
-Empleos de palacio. (* Ap. n. 4-13.)] y cuya enumeración omitimos por
-inútil y fastidiosa. El duque del Infantado fue nombrado coronel de
-guardias españolas, y de valonas el príncipe de Castel-Franco. Mucho
-desmereció el primero, viéndole la nación volver favorecido por la
-estirpe que había despojado del trono al rey Fernando, y cuya pérdida
-había en gran parte provenido de haber escuchado sus consejos. Pocos
-fueron los franceses que acompañaron a José, y en eminente puesto
-solamente colocó al general Saligny, duque de San Germán, escogido
-para ser uno de los capitanes de guardias de Corps. Imitó en eso la
-política de Luis XIV, quien según expresa el marqués de San Felipe
-[*] [Marginal: (* Ap. n. 4-14.)] «mandó prudentísimamente que ningún
-vasallo suyo entrase en España... Con lo que explicaba entregar
-enteramente al rey [Felipe V] al dictamen de los españoles, y que ni
-los celos de su favor, ni el mando turbase la pública quietud.»
-
-[Marginal: José entra en España el 9 de julio.]
-
-Al fin arreglado lo interior de palacio y el supremo gobierno,
-determinó José de acuerdo con su hermano entrar en España el 9 de
-julio, confiados ambos en que a favor de ciertas ventajas militares
-alcanzadas por las armas francesas sería fácil llegar sin impedimento
-a la capital del reino; por lo cual es ya ocasión de hablar de las
-acciones de guerra, y reencuentros que hubo por aquel tiempo antes de
-proceder más adelante.
-
-[Marginal: Primera expedición de los franceses contra Santander.]
-
-Santander, punto marítimo y cercano a las provincias aledañas de
-Francia, fijó primero la atención de Napoleón. Por su orden se
-encomendó al mariscal Bessières que destacase la suficiente fuerza
-para ahogar aquella insurrección. Este en 2 de junio hizo partir de
-Burgos al general Merle, poniendo bajo su mando seis batallones y 200
-caballos. Ya dijimos que al levantarse Santander se había colocado en
-las principales gargantas de su cordillera la gente de nuevo alistada.
-El 4 advertidos los jefes españoles de que los franceses avanzaban,
-dispusieron replegarse a las posiciones más favorables, resueltos a
-impedir el paso. Aguardaban ser acometidos en la mañana del 5; mas
-aclarando el día y disipada la densa niebla que con frecuencia cubre
-aquellas alturas, notaron con sorpresa que los franceses habían alzado
-el campo y desaparecido. La bisoña tropa atribuyó la retirada a temores
-del ejército enemigo, con lo que adquirió una desgraciada y ciega
-confianza: muy otra era la causa.
-
-[Marginal: Expedición contra Valladolid.]
-
-Habíase insurreccionado Valladolid, cundía el fuego de un pueblo
-en otro, y tocando casi a los mismos muros de Burgos, en donde el
-mariscal Bessières tenía asentado su cuartel general, recelose este de
-ver cortadas sus comunicaciones, si de pronto no acudía al remedio.
-Consideraba mayor el peligro y más graves las conmociones cercanas
-con un caudillo de nombre, como lo era Don Gregorio de la Cuesta. Y
-en tal estado pareciole oportuno no alejar ni esparcir su fuerza, y
-obrar solamente contra el enemigo más inmediato. Mandó por tanto a las
-tropas enviadas antes camino de Santander que retrocediendo viniesen
-al encuentro del general Lassalle, quien asistido de cuatro batallones
-de infantería y 700 caballos se dirigía hacia Valladolid. Había el
-último salido de Burgos el 5 de junio, y al anochecer del 6 llegó a
-Torquemada, [Marginal: Quema de Torquemada] villa situada cerca del
-Pisuerga, y que domina el campo de la margen opuesta. Muchos vecinos
-abandonaron el pueblo, algunos se quedaron; y preparándose para la
-defensa, atajaron con cadenas y carros el puente bastante largo por
-donde se va a la villa. Ciento de los más animosos parapetados detrás
-o subidos en la iglesia y casas inmediatas, dispararon contra los
-franceses que se adelantaban. No arredrados estos con el incierto
-y lejano fuego del paisanaje, aceleraron el paso y bien pronto
-desembarazando el puente, penetraron por las calles y saquearon y
-quemaron lastimosamente sus casas y edificios. Dispersos los defensores
-fueron unos acuchillados por la caballería, otros atravesados por las
-bayonetas de los infantes, y tratados los demás moradores con todo el
-rigor de la guerra, sin que se perdonase a edad ni sexo.
-
-[Marginal: Entrada en Palencia.]
-
-En Palencia se habían también reunido los mozos con varios soldados
-sueltos a las órdenes del anciano general Don Diego de Tordesillas.
-Mas atemorizados con el incendio de Torquemada, se retiraron a tierra
-de León, procurando el obispo aplacar la furia de los franceses con un
-obsequioso recibimiento. Llegaron el 7, y a sus ruegos se contentaron
-con desarmar a los habitantes, imponiéndoles además una contribución
-bastante gravosa.
-
-[Marginal: Acción de Cabezón.]
-
-En Dueñas se engrosó la división de Lassalle con la de Merle de vuelta
-de Reinosa, y allí acordaron el modo de atacar a Don Gregorio de la
-Cuesta. Había el general español ocupado a Cabezón, distante dos leguas
-de Valladolid. Contaba bajo su mando 5000 paisanos mal armados y sin
-instrucción militar, 100 guardias de Corps de los que habían acompañado
-a Bayona a la familia real, y 200 hombres del regimiento de caballería
-de la reina. Reducíase su artillería a cuatro piezas que habían salvado
-del colegio de Segovia sus oficiales y cadetes. Cabezón, situado a
-la orilla izquierda del Pisuerga, contiguo al puente adonde viene a
-parar la calzada de Burgos, y en paraje más elevado, ofrecía abrigo y
-reparo a la gente allegadiza de Cuesta si hubiera sabido o querido este
-aprovecharse de tamaña ventaja. Pero con asombro de todos, haciendo
-pasar al otro lado del río lo grueso de sus tropas, colocó en una misma
-línea la caballería y los paisanos, entre los que se distinguía por
-su mejor arreo y disciplina el cuerpo de estudiantes. Situó cerca y
-a la salida del puente dos cañones, y dejó los otros dos del lado de
-Cabezón. Quedaron asimismo por esta parte algunas compañías de paisanos
-de las parroquias de Valladolid cada una con su bandera para guardar
-los vados del río: inexplicable arreglo y ordenación en un general
-veterano.
-
-Temprano en la mañana del 12 empezó el ataque. El francés Lassalle
-marchó por el camino real, cubriendo el movimiento de su izquierda con
-el monasterio de bernardos de Palazuelo. El general Merle tiró por su
-derecha hacia Cigales con intento de interceptar a Cuesta si quería
-retirarse del lado de León, como se lo habían los enemigos pensado
-al verle pasar el río, no pudiendo achacar a ignorancia semejante
-determinación. La refriega no fue ni larga ni empeñada. A las primeras
-descargas los caballos, que estaban avanzados y al descubierto en
-campo raso, empezaron a inquietarse sin que fueran dueños los jinetes
-de contenerlos. Perturbaron con su desasosiego a los infantes y
-los desordenaron. Al punto diose la señal de retirada, agolpándose
-al puente la caballería, precedida por los generales Cuesta y Don
-Francisco Eguía, su mayor general. Los estudiantes se mantuvieron aún
-firmes, pero no tardaron en ser arrollados. Unos huyendo hacia Cigales
-fueron hechos prisioneros por los franceses, o acuchillados en un soto
-a que se habían acogido. Otros procurando vadear el río o cruzarle a
-nado, se ahogaron con la precipitación y angustia. No fueron tampoco
-más afortunados los que se dirigieron al puente. Largo y angosto caían
-sofocados con la muchedumbre que allí acudía o muertos por los fuegos
-franceses, y el de un destacamento de españoles situado al pie de la
-ermita de la Virgen del Manzano, cuyos soldados poco certeros más
-bien ofendían a los suyos que a los contrarios. Grande fue la pérdida
-de nuestra parte, cortísima la de los franceses. El general Cuesta
-tranquilamente continuó su retirada, y sin detenerse se replegó
-con la caballería a Rioseco pasando por Valladolid. No faltó quien
-atribuyese su extraña conducta a traición o despique, por haberle
-forzado a comprometerse en la insurrección. Otras batallas posteriores
-en que exponiendo mucho su persona anduvo igualmente desacertado en
-las disposiciones, probaron que no obraba de mala fe sino con poco
-conocimiento de la estrategia.
-
-[Marginal: Entran los franceses en Valladolid.]
-
-Los enemigos temerosos de alguna emboscada cañonearon al principio a
-Cabezón sin entrar en el pueblo. Con el ruido y las balas ahuyentaron
-a los vecinos, y solo a mediodía penetraron en las casas, saqueándolas
-y abrasando en las eras los efectos y ajuar que no pudieron llevar
-consigo. Fue el botin abundante, porque como era domingo casi todos
-los habitantes de Valladolid habían ido allí como a fiesta y romería,
-imaginándose a fuer de inexpertos segura y fácil la victoria. El camino
-de Cabezón estaba sembrado de despojos de innumerable gentío que
-precipitadamente quería ponerse en salvo. Los franceses avanzaron con
-lentitud, y no entraron en Valladolid hasta las cinco de la tarde. El
-obispo y unos cuantos regidores y ministros de la chancillería salieron
-a recibirlos para calmar su enojo. Respetaron la ciudad, quitaron las
-armas a los vecinos, se llevaron algunos en rehenes y la gravaron con
-una fuerte contribución. No se detuvieron sino hasta el 16 en cuyo día
-abandonaron la ciudad, queriendo apagar la insurrección de Santander.
-
-[Marginal: Segunda expedición contra Santander.]
-
-El general Lassalle se apostó en Palencia para observar a Cuesta, y
-apoyar la expedición que iba a la Montaña capitaneada por el general
-Merle. Llegó este a Reinosa el 20 con fuerza considerable, y el 21
-marchó sobre Lantueno. Guardaba las entradas de aquel lado Don Juan
-Manuel Velarde con 3000 hombres, los más paisanos, y dos piezas de
-grueso calibre. Cuando la primera retirada del enemigo, los españoles
-en vez de redoblar sus esfuerzos, descuidaron los preparativos de
-defensa, y la gente como nueva e indisciplinada se desbandó en parte,
-juzgando ya inútil su asistencia. Los franceses atacaron en dos
-columnas: opúsoseles escasa resistencia, pues en breve cedieron a la
-pericia de aquellos los nuevos reclutas, salvándose el mayor número
-por las fraguras, y reparándose los menos de una segunda línea de
-defensa, formada entre Las Fraguas y Somahoz. Estrechado allí el camino
-de un lado por un despeñadero y del otro por la roca Tajada, ofreció
-facilidad para que se le embarazase con ramas, peñascos y troncos,
-colocando detrás algunos cañones. Mas los españoles desmayados con
-el primer descalabro, y viendo que las tropas ligeras del enemigo
-avanzaban por su derecha e izquierda y los flanqueaban a pesar de lo
-escabroso del terreno, se retiraron apresuradamente, dejando libre el
-paso al general Merle, quien se posesionó de Santander el 23.
-
-Por el Escudo las avanzadas de la división española que ocupaba aquel
-punto a las órdenes de Don Emeterio Velarde, ya el 19 reconocieron al
-enemigo que venía sobre ellos con 1200 infantes y 60 coraceros. Era su
-general el de brigada Ducos, quien había partido de Miranda de Ebro,
-empezando su movimiento a la misma sazón que Merle. La fuerza española
-era aun más flaca por esta parte que por la de Reinosa, y solo tenía
-un cañón servible. Rechazose sin embargo en un principio al enemigo.
-Disponíanse de nuevo a resistirle, cuando informado Don Emeterio de la
-rota experimentada por los de Lantueno, formó un consejo de guerra,
-y en él se decidió separarse guarecidos de la densa niebla esparcida
-por las montañas, y por cuya causa había cesado el fuego de una y otra
-parte. El general Ducos avanzó entonces, y juntándose con Merle llegó
-en su compañía a Santander.
-
-[Marginal: Obispo de Santander.]
-
-El obispo luego que supo que los franceses se aproximaban a la montaña,
-arrebatado de entusiasmo montó en una mula, y pertrechado de todas
-armas se encaminó adonde acampaba el ejército; pero encontrándole
-a poco deshecho y disperso, decayó de ánimo, y huyó como los demás
-refugiándose a Asturias, lo cual dio lugar a la voz de haber servido
-dicho prelado de guía a las tropas en aquella sazón.
-
-[Marginal: Noble acción de su junta.]
-
-Pocos días después del levantamiento de Santander había entrado de
-arribada en el puerto un buque francés, procedente de sus colonias y
-ricamente cargado. La junta en medio de sus apuros tuvo la generosidad
-de no aprovecharse del precioso socorro que el acaso le ofrecía, y
-permitió al buque seguir su viaje a Francia, dando además libertad
-y poniendo a su bordo al cónsul y a los otros franceses que en un
-principio habían sido arrestados. Acción tan noble y rara no evitó a
-Santander el ser molestado en lo sucesivo con derramas e imposiciones
-extraordinarias.
-
-[Marginal: Expedición contra Zaragoza.]
-
-El vigilante cuidado de Napoleón no se adormeció del lado de Aragón,
-disponiendo que el general de brigada Lefebvre-Desnouettes con 5000
-hombres de infantería y 800 caballos partiese el 7 de junio de
-Pamplona. Llegó el 8 delante de Tudela. Los vecinos habían cortado el
-puente del Ebro con intento de impedir el paso; pero los franceses
-cruzando en barcas el río se apoderaron de la ciudad, a pesar de gente
-y socorros que había enviado Zaragoza a las órdenes del marqués de
-Lazán. Arcabucearon para escarmiento algunas personas, como si fuera
-delito defender sus hogares contra el extranjero: repararon el puente,
-y prosiguieron su marcha. El marqués de Lazán que con tropa colecticia
-se había adelantado hasta Tudela, [Marginal: Acción de Mallén.] se
-replegó y tomó posición el 12 junto a un olivar, apoyando su izquierda
-en la villa de Mallén, y la derecha en el canal de Aragón. Resistieron
-con valor sus soldados, mas atacando los enemigos vigorosamente
-uno de los flancos, comenzaron los nuestros a ciar, y del todo se
-desordenaron con una carga que les dieron los lanceros polacos. No por
-eso se abatieron los aragoneses, y todavía el 13 pelearon en Gallur,
-aunque también con desventaja. En la madrugada del 14 noticioso el
-general Palafox de la rota de la gente de su hermano, salió en persona
-de Zaragoza acompañado de 5000 paisanos mal armados, dos piezas de
-artillería, 80 caballos del regimiento de dragones del rey, con
-otros oficiales y soldados sueltos, y fue al encuentro del enemigo
-dirigiéndose a la villa de Alagón, [Marginal: De Alagón.] cuatro
-leguas distante de aquella capital. Pareció oportuno posesionarse de
-aquel punto, cuya posición elevada entre los ríos Jalón y Ebro era
-además favorecida por los olivares y tapias que estrechan el camino que
-viene de Navarra. A las tres de la tarde colocó su gente el general
-Palafox más allá de la villa, distribuyendo tiradores por delante de
-sus flancos, y enfilando la entrada con los dos cañones que tenía. Los
-mal disciplinados paisanos fueron fácilmente arrollados por las tropas
-aguerridas del enemigo. En vano se trató de detenerlos. Sin embargo
-con algunos de ellos más valerosos o serenos, con los pocos soldados
-de línea que allí había y la artillería, defendiose por largo rato y
-vivamente la entrada de la villa. Al fin resolvió Palafox retirarse con
-250 hombres que le quedaban, y en cuyo número se contaban soldados del
-primer batallón de voluntarios de Aragón y los del rey de caballería
-con algunos tiradores diestros. De los paisanos siendo muchos del
-partido de Alcañiz, se recogieron los más a sus casas, entrando por
-la noche con Palafox en Zaragoza los que eran de allí naturales. Los
-franceses entonces se aproximaron a aquella ciudad, en cuyas cercanías
-los dejaremos para tomar después el hilo, y no interrumpirle en la
-narración de su memorable sitio.
-
-[Marginal: Cataluña.]
-
-Debía dar la mano a las operaciones de Aragón el ejército francés de
-Cataluña. Napoleón figurándose que dueño de Barcelona y Figueras lo
-era de la provincia, no creyó arriesgado sacar parte de las fuerzas
-que la ocupaban. Así ordenó que de aquel punto se enviasen socorros a
-Aragón y Valencia. Conformándose el general Duhesme con lo que se le
-mandaba, dispuso que 3800 hombres conducidos por el general Schwartz
-se dirigiesen a Zaragoza, y que 4200 a las órdenes de Chabran se
-apoderasen de Tarragona y Tortosa, continuando en seguida su marcha
-a Valencia. Los primeros debían al paso castigar a Manresa por su
-anterior levantamiento, quemar sus molinos de pólvora, e imponer al
-vecindario 750.000 francos de contribución. Ambas expediciones salieron
-de la capital el 4 de junio. La de Schwartz se detuvo en Martorell el
-5 a causa de una abundante lluvia, con cuya feliz demora alcanzaron
-a tiempo a Igualada y Manresa los avisos de sus confidentes. La
-insurrección ya comenzada tomó incremento y extraordinario ensanche,
-tocose a somatén, se despacharon expresos a todas partes, y resolvieron
-aguardar al enemigo en la posición del Bruch y Casa-Masana.
-
-[Marginal: Somatenes.]
-
-Es el somatén en Cataluña «un género de socorro, como dice Zurita,
-repentino y cierto que muchas veces ha sido de grande efecto.» Está
-conocido de tiempo inmemorial, teniendo que acudir al repique de la
-campana concejil todos los hombres aptos para las armas en las diversas
-veguerías o partidos, según lo dispone el usaje de Barcelona. Fue en
-este caso no menos provechoso que en otros antiguos y renombrados.
-Había pocas armas y municiones tan escasas, que careciendo de balas
-de fusil se cortaron las varillas de hierro de las cortinas para que
-supliesen la falta.
-
-[Marginal: Acción del Bruch.]
-
-Los somatenes de Igualada y Manresa fueron los primeros que se
-prepararon, y al hijo de un mercader llamado Francisco Riera teníasele
-por principal caudillo. Apostáronse pues, y se escondieron entre
-los matorrales y arboleda de las alturas del Bruch. Apenas había
-pasado la columna francesa las casas que llevan el mismo nombre, y
-tomado la revuelta que forma el camino real antes de emparejar con
-el de Manresa, cuando fue detenida por el inesperado fuego de los
-encubiertos somatenes. Schwartz, después de un rato de espera, embistió
-a sus contrarios, replegáronse estos, y disputando el terreno a
-palmos se dividieron, unos yendo la vuelta de Igualada y otros la de
-Casa-Masana. Desalojados del último punto y teniéndose por perdidos,
-apriesa se retiraban, y completa hubiera sido su derrota a no haber
-afortunadamente Schwartz desistido de perseguirlos. Admirados los
-manresanos de la suspensión del francés, cobraron aliento y engrosados
-con el somatén de San Pedor, compuesto de buenos y esforzados
-tiradores, volvieron de nuevo a la carga. Venía con los recién llegados
-un tambor, quien como más experto hizo las veces de general en jefe.
-Vivamente acometieron todos juntos a los franceses de Casa-Masana,
-los que se recogieron al cuerpo de la columna que comía el rancho a
-retaguardia.
-
-El número de somatenes crecía por momentos, sus ánimos se enardecían,
-adquiriendo ventaja sobre los franceses descaecidos con la impensada
-embestida. Schwartz al ver retirarse su vanguardia, y al ruido de la
-caja del somatén de San Pedor, persuadiose que tropa de línea auxiliaba
-al paisanaje. Formó entonces el cuadro para evitar ser envuelto, y
-al cabo de cierto tiempo determinó retroceder a Barcelona. Aunque
-molestados los enemigos por los somatenes en flanco y retaguardia
-llegaron sin desorden hasta Esparraguera.
-
-[Marginal: Defensa de Esparraguera.]
-
-Los vecinos de esta villa puestos en acecho, y sabiendo que los
-enemigos se retiraban, atajaron la calle larga y angosta que la
-atraviesa con todo linaje de obstáculos, en especial con muebles
-y utensilios de casa. Al anochecer se acercaron los franceses, y
-penetrando en la calle con imprudencia la cabeza de la columna,
-cayeron en la celada que les estaba armada. De todas partes empezaron
-a ofenderlos a tejazos y pedradas con algunos escopetazos, y hasta
-con calderadas de agua hirviendo. Schwartz suspendió el paso, y
-dividiendo su gente en dos trozos la hizo caminar a derecha e izquierda
-de la villa. Apretó después la marcha durante la noche hostigado
-incesantemente por los somatenes, los que le cogieron un cañón en
-la Riera de Cabrera, y le acosaron hasta Martorell. No imitaron sus
-habitantes el ejemplo de los de Esparraguera, y así fueles permitido a
-los franceses entrar en Barcelona el 8 de junio; pero tan destrozados y
-abatidos que dieron claro indicio de la rota experimentada. Su pérdida
-no dejó de ser considerable, mayormente si se atiende a que fueron
-acometidos por gente allegadiza y con escasas y malas armas. De los
-nuestros pocos perecieron, estando siempre amparados del terreno, y
-protegidos en el alcance por toda la población.
-
-Toca a los catalanes la gloria de haber sido los primeros en España
-que postraron con feliz éxito el orgullo de los invasores. Fue en
-efecto la victoria del Bruch la que antes que ninguna otra mereció
-ser calificada con tal nombre. Y semejante triunfo admirable en sus
-circunstancias resonando por todo el principado, excitó noble emulación
-en todos sus habitadores, declarándose a porfía los pueblos unos en pos
-de otros y denodadamente.
-
-Con razón Duhesme se sobrecogió al saber el inesperado descalabro, más
-que por su importancia por el aliento que infundía en los apellidados
-insurgentes. Atento al corto número de tropas que mandaba, obró
-cuerdamente en no aventurarse a nuevos riesgos y en reconcentrar
-sus fuerzas. Conservar sus comunicaciones con Francia debió ser su
-principal mira, y mal lo hubiera conseguido desparramando sus soldados
-en diversas direcciones: así fue que llamó a Chabran a Barcelona.
-
-[Marginal: Chabran en Tarragona.]
-
-Con mayor felicidad que Schwartz había aquel dado principio a su
-expedición de Valencia, penetrando sin tropiezo el 7 de junio en los
-muros de Tarragona. Guarnecía la plaza el regimiento suizo de Wimpffen
-al servicio de España, cuya oficialidad condújose con tal mesura que
-no despertando los recelos del francés tuvo la dicha de mantener
-intacto su cuerpo, después señalado apoyo de la buena causa. El
-general Chabran en cumplimiento de las órdenes de su jefe evacuó el 9
-a Tarragona, mas a su vuelta encontró sublevado el país que poco antes
-había pacíficamente atravesado. [Marginal: Reencuentro en Arbós.] En el
-Vendrell y en Arbós opúsosele empeñada resistencia. Trescientos suizos
-de Wimpffen que iban a incorporarse con los de Tarragona, ayudaron y
-sostuvieron a los paisanos, y defendieron juntos con notable bizarría
-la posición de Arbós, aunque no fuese el terreno favorable a soldados
-bisoños. Después de repetidos ataques consiguieron los franceses
-ahuyentar a los somatenes, y apoderarse de la artillería que consigo
-tenían. Entraron en Arbós, y para vengarse del atrevido arrojo de sus
-habitantes maltrataron y mataron a muchos de ellos. [Marginal: Saqueo
-de Villafranca de Panadés.] Continuó Chabran a Villafranca de Panadés
-y no cesó el estrago, saqueando allí y quemando casas y edificios en
-desagravio, según decía, del asesinato del gobernador español Toda, de
-que ya hablamos: singular equidad la de castigar una población entera
-por las demasías de contados individuos. Duhesme salió en busca de la
-tropa que volvía de Tarragona, habiendo sabido que en la ruta topaba
-con resistencia, y reunidos unos y otros entraron en Barcelona el día
-12.
-
-Aunque resueltos a no intentar de nuevo expediciones lejanas ni otras
-importantes operaciones que las que exigiese la libre comunicación con
-Francia, quisieron sin embargo viéndose todos juntos probar fortuna con
-deseo de castigar al paisanaje de Manresa y su comarca. Para lo cual
-reunidas las columnas de Schwartz y Chabran salieron el 13 al mando
-del último, tomando el mismo camino que la vez primera. En el tránsito
-saquearon y quemaron muchas casas de Martorell y Esparraguera ahora
-desapercibida, y cometieron todo linaje de desórdenes y excesos, con
-cuyo desmandado porte provocábase la ira del tenaz catalán; no se le
-arredraba.
-
-[Marginal: Segunda acción del Bruch.]
-
-Interesada la gloria de los manresanos en sostener el sitio del Bruch,
-testigo de sus primeros laureles, habían atendido a fortificarle y
-guarnecerle debidamente en unión con la junta de Lérida y pueblos del
-contorno. Apellidaron allí sus somatenes y les agregaron los soldados
-escapados de Barcelona, y cuatro compañías de voluntarios leridanos
-al mando de Don Juan Baguet, con algunas piezas de artillería traídas
-de las fortalezas del principado. El 14 trató Chabran de forzar la
-posición, mas a pesar de venir los franceses con dobles fuerzas y de
-caminar advertidos fue vana su empresa. Estrellose su desapoderado
-orgullo contra las flacas armas del somatén catalán, y de pocos y mal
-regidos soldados. En reiterados ataques quisieron enseñorearse de la
-posición: rechazados en todos volvieron atrás sus pasos, y con pérdida
-de 500 hombres y alguna artillería, perseguidos y hostigados por los
-paisanos se metieron vergonzosamente en Barcelona.
-
-[Marginal: Expedición de Duhesme contra Gerona.]
-
-Frustradas las primeras tentativas, y no habiendo podido ser
-ejecutadas las órdenes de Napoleón, suspendió Duhesme darles el debido
-cumplimiento, y volvió exclusivamente la atención a asegurar y poner
-libres las comunicaciones con Francia. Para ello salió de Barcelona
-el 17 de junio con siete batallones, cinco escuadrones y ocho piezas
-de artillería, prefiriendo al camino que va por Hostalrich el de
-la marina. Habíanse armado los paisanos del Vallés, y en número de
-9000 aguardaban a los franceses en la cresta de Mongat. [Marginal:
-Resistencia de Mongat.] Los inexpertos somatenes se imaginaron que
-solo por el frente habían de ser acometidos; pero el general francés
-disfrazando con varios ataques falsos el verdadero, los envolvió por su
-derecha, y en breve los deshizo y dispersó. Dueño el enemigo de Mongat,
-batería de la costa, cometió con los paisanos inauditas crueldades.
-Mataró que había pensado en defenderse, no cejó en su propósito con la
-desgracia acaecida. Colocando artillería en las avenidas del camino de
-Barcelona, hicieron los vecinos fuego contra las columnas francesas
-que se acercaban. No tardaron en ser desbaratados, [Marginal: Saqueo
-de Mataró.] y el mismo día 17 entraron los enemigos en Mataró y la
-saquearon. Ciudad de 20.000 habitantes, y rica por sus fábricas de
-algodón, vidrio y encajes, ofreció al vencedor copioso botin, no
-perdonando su codicia ni los vestidos de las mujeres, ni otros objetos
-de poco valor y uso común. El asesinato, la violencia hasta de las
-vírgenes más tiernas acompañaron al pillaje, confundiéndose a veces
-cebados en los mismos excesos el general con el soldado: largos días
-llorará Mataró aquel tan aciago y cruel.
-
-En la mañana siguiente continuaron los franceses la marcha sobre
-Gerona. En su tránsito dejaron sangriento rastro por las muertes,
-robos y destrozos con que afligieron a todos los pueblos. En tanto
-grado convierte la guerra en hombres inhumanos a los soldados de una
-nación culta. [Marginal: Ataque de los franceses contra Gerona.]
-Había solamente de guarnición en Gerona 300 hombres del regimiento de
-Ultonia y algunos artilleros, los que con gente de mar de la vecina
-costa dirigieron los fuegos de aquella arma. Limitadísimo número si
-los nobles, el clero y todos los vecinos sin excepción, inflamados de
-ardor patrio no hubiesen sostenido con el mayor brío los puntos que se
-confiaron a su cuidado. Era gobernador interino Don Julián de Bolívar.
-
-A las nueve de la mañana del propio día 20 se presentó el enemigo en
-las alturas de la aldea de Palausacosta, mas incomodado con algunos
-cañonazos del baluarte de la Merced y fuerte de Capuchinos se replegó
-a Salt y Santa Eugenia, cuyas aldeas saqueó a sangre y fuego. Por la
-tarde después de varios reconocimientos atacó formalmente, dirigiendo
-su izquierda por los lugares que acabamos de mencionar, al paso que su
-derecha cruzando el Oña acometió con ímpetu e intentó forzar la puerta
-del Carmen. Los sitiados le repelieron con valor y serenidad. Señalose
-Ultonia, cuyo teniente coronel Don Pedro O’Daly quedó herido. Atacó
-en seguida el fuerte de Capuchinos en donde fue igualmente repelido,
-habiendo experimentado considerable pérdida. Burladas sus esperanzas
-colocó una batería cerca de la cruz de Santa Eugenia, no lejos de la
-plaza: causó algún daño en el colegio tridentino y otros edificios,
-y respondiendo con acierto a sus fuegos las baterías de la plaza, la
-noche puso término al combate.
-
-Fue aquella sumamente lóbrega, y confiados los franceses en la
-oscuridad se acercaron calladamente al muro, y de tal manera y con
-tanto arrojo que hasta hallarse muy cerca no fueron sentidos. Peleose
-entonces por ambos lados con braveza, alumbrados solamente por los
-fogonazos del cañón, y no interrumpido el silencio sino por su
-estruendo y los ayes de los heridos y moribundos. ¡Espantosa noche! El
-enemigo osó arrimar escalas al baluarte de Santa Clara. Algunos de sus
-soldados pusiéronse encima de la misma muralla, y apresuradamente les
-seguían sus compañeros, cuando una partida del regimiento de Ultonia
-matando a los ya encaramados, precipitó a los otros y estorbó a todos
-continuar en aquel intento. El fuego sin embargo no cesó hasta que el
-baluarte de San Narciso tirando a metralla destrozó a los acometedores
-y los dispersó, dejando el campo como después se vio sembrado de
-cadáveres y heridos. No cansados todavía los franceses renovaron el
-ataque a las doce de la noche, queriendo asaltar el baluarte de San
-Pedro, pero fueron rechazados de modo que desistieron de proseguir
-en su empresa, retirándose temprano por el camino de Barcelona en la
-mañana del 21. Aunque corta fue notable esta primer defensa de Gerona,
-cuya plaza tanto lustre adquirió después en otra inmediata acometida,
-y sobre todo en el célebre sitio del siguiente año. Los somatenes
-molestaron por todas partes al enemigo, habiendo impedido con su ayuda
-que pasase al otro lado del Ter. No fue menos que de 700 hombres la
-pérdida de los franceses, la de los españoles mucho más reducida.
-
-[Marginal: Vuelve Duhesme a Barcelona.]
-
-Duhesme volvió a Barcelona dejando en Mataró parte de su ejército que
-puso al cuidado de Chabran, y cuyo trozo compuesto de 3500 hombres
-fue al Vallés a buscar vituallas. Rodeados siempre los franceses por
-el paisanaje tuvieron en Moncada que romper a viva fuerza un cordón
-de somatenes, [Marginal: Reencuentro de Granollers.] siendo al cabo
-detenidos cerca de Granollers por el teniente coronel Don Francisco
-Miláns, quien los ahuyentó haciéndoles perder la artillería. A la
-retirada como de costumbre talaron y destruyeron el país por donde
-pasaron.
-
-[Marginal: Somatenes del Llobregat.]
-
-Al propio tiempo que tan mal parados andaban los invasores en aquella
-parte de Cataluña, tampoco se descuidaron sus naturales en el mediodía,
-formando a la margen derecha del Llobregat una línea de hombres
-belicosos que defendía los caminos de Garraf, Ordal y Esparraguera.
-Los capitaneaba Don Juan Baguet, que con los voluntarios de Lérida
-había la segunda vez contribuido a repeler en el Bruch a los franceses.
-Desde allí enviaban partidas sueltas que recorrían la tierra en todas
-direcciones. Incomodado Duhesme de verse así estrechado, envió contra
-ellos al general Lecchi, quien el 30 de junio obligó a los somatenes
-a abandonar su posición cogiéndoles algunos cañones y aventajándose
-a todos los suyos en cometer demasías. No por eso desmayaron los
-vencidos, apareciéndose en breve hasta en las cercanías de la misma
-Barcelona.
-
-[Marginal: Murat.]
-
-Por este término y con éxito vario se ejecutaron las órdenes de
-Napoleón en Cataluña, Aragón y Castilla. Fueron parecidas las que
-significó para las otras provincias al gran Duque de Berg, cuya
-solícita diligencia procuró aniquilar en derredor suyo la semilla
-insurreccional que brotaba con lozanía. Insinuamos antes varias de
-sus providencias, y las que de consuno con la junta de Madrid se
-habían tomado para cortar las conmociones sin tener que venir a las
-manos. Inútiles fueron sus esfuerzos, como lo serán siempre todos los
-que se dirijan a contener por la persuasión el levantamiento de una
-nación entera. No le pesó quizá a Murat, a cuyo gusto y anterior vida
-se acomodaban más las armas que los discursos. Así fue que a veces a
-un tiempo y otras muy de cerca, mandó que sus tropas acompañasen o
-siguiesen a las proclamas y exhortaciones de la junta. Consideró como
-de mayor importancia las Andalucías y Valencia, y de consiguiente trató
-ante todo de asegurarse de aquellas provincias, mayormente habiendo
-dado Sevilla ya en primeros de mayo muestras de desasosiego y grave
-alteración.
-
-[Marginal: Envía a Dupont a Andalucía.]
-
-Dupont acantonado en Toledo recibió la orden de dirigirse a Cádiz,
-y el 24 del mismo mayo se puso en marcha. Llevaba consigo los dos
-regimientos suizos de Reding y Preux al servicio de España, la división
-de infantería del general Barbou compuesta de 6000 hombres y además
-500 marinos de la guardia imperial, con 3000 caballos mandados por
-el general Fresia. Iban todos tan confiados en el buen éxito de su
-empresa, que Dupont señalaba de antemano al ministro de guerra de
-Francia el día que había de entrar en Cádiz. Atravesaron la Mancha
-tranquilamente, y en tal abundancia hallaban los mantenimientos que
-dejaron almacenados en el pósito de Santa Cruz de Mudela la galleta y
-víveres que a prevención traían, y de los que pocos días después se
-apoderaron aquellos vecinos, cogiendo también parte de los soldados que
-los custodiaban y matando otros. El 2 de junio penetraron los franceses
-por las estrechuras de Sierra Morena. Hasta allí si bien habían notado
-inquietud y desvío en los habitantes, ningún síntoma grave se había
-manifestado. En la Carolina se despertó su recelo viéndola sola y
-desierta; y al entrar en Andújar supieron el levantamiento general de
-Sevilla y la formación de una junta suprema. No por eso suspendieron
-su marcha, llegando al amanecer del 7 delante del puente de Alcolea.
-Don Pedro Agustín de Echevarri, oficial de cierto arrojo pero ignorante
-en el arte de la guerra, y a quien vimos al frente de la insurrección
-cordobesa, se había situado en aquel paraje. Tenía a sus órdenes 3000
-hombres de línea, compuestos de parte de un batallón de Campo-Mayor,
-de soldados de varios regimientos provinciales con granaderos de los
-mismos, a los que se agregaba alguna caballería y un destacamento de
-suizos. No había entre ellos cuerpo completo que estuviese presente.
-El número de paisanos era más considerable, y habíase de Sevilla
-recibido bastante artillería. [Marginal: Acción de Alcolea.] Los
-españoles levantando una cabeza de puente, habían colocado en ella doce
-cañones para impedir el paso del Guadalquivir y cubrir así la ciudad
-de Córdoba, puesta a su margen derecha y distante unas tres leguas
-de las ventas de Alcolea. El puente es largo y torcido, formando un
-ángulo o recodo que estorba el que por él se enfilen los fuegos de
-cañón. A la izquierda del río se había quedado la caballería española
-con intento de acometer a los enemigos por el flanco y espalda al
-tiempo que estos comenzasen el ataque de frente. Los franceses para
-desembarazarse trataron de dar a aquella una vigorosa carga, la cual
-repetida contuvo a los jinetes españoles sin lograr desbaratarlos.
-A poco la infantería francesa avanzó al puente. Los fuegos bien
-dirigidos de la obra de campaña recién construida, y sostenida también
-valerosamente por el oficial Lasala que mandaba a los de Campo-Mayor y
-granaderos provinciales, mantuvieron por algún tiempo con firmeza la
-posición atacada. Pero el paisanaje todavía no fogueado, desamparando a
-la tropa, facilitó a los franceses escalar la posición, que levantada
-deprisa ni era perfecta ni estaba del todo concluida. Sin embargo la
-caballería española no habiendo caído en desmayo, trató de favorecer
-a los suyos y de nuevo y con ventaja acometió a la francesa. Dupont
-teniendo que enviar una brigada al socorro de su gente, no prosiguió
-el alcance contra los infantes españoles, los que retirándose con
-orden solo perdieron un cañón, cuya cureña se había descompuesto. El
-reencuentro duró dos horas. Costó a los franceses 200 hombres, no más a
-los españoles por haberse retirado tranquilamente. Echevarri juzgando
-que no era posible defender a Córdoba, abandonó la ciudad sin detenerse
-en sus muros.
-
-[Marginal: Saco de Córdoba.]
-
-Llegaron a su vista los franceses a las tres de la tarde del mismo
-día 7 de junio. Habían los vecinos cerrado las puertas más bien para
-capitular que para defenderse. Entabláronse sobre ello pláticas,
-cuando con pretexto de unos tiros disparados de las torres del muro
-y de una casa inmediata, apuntaron los enemigos sus cañones contra
-la Puerta Nueva, hundiéndola a poco rato y sin grande esfuerzo.
-Metiéronse pues dentro hiriendo, matando y persiguiendo a cuantos
-encontraban: saquearon las casas y los templos y hasta el humilde asilo
-del pobre y desvalido habitante. La célebre catedral, la antigua
-mezquita de los árabes, rival en su tiempo en santidad de Medina y
-la Meca, y tan superior en magnificencia, esplendidez y riqueza,
-fue presa de la insaciable y destructora rapacidad del extranjero.
-Destruidos quedaron entonces los conventos del Carmen, San Juan
-de Dios y Terceros, sirviéndoles de infame lupanar la iglesia de
-Fuensanta y otros sitios no menos reverenciados de los naturales.
-Grande fue el destrozo de Córdoba, muchas las preciosidades robadas
-en su recinto. Ciudad de 40.000 almas, opulenta de suyo y con templos
-en que había acumulado mucha plata y joyas la devoción de los fieles,
-fue gran cebo a la codicia de los invasores. De los solos depósitos
-de tesorería y consolidación sacó el general Dupont más de 10.000.000
-de reales, sin contar con otros muchos de arcas públicas y robos
-hechos a particulares. Así se entregó al pillaje una población que
-no había ofrecido ni intentado resistencia. Bajo fingidos motivos a
-fuego y sangre penetraron los franceses por sus calles, a la misma
-sazón que se conferenciaba. Y no satisfechos con la ruina y desolación
-causada, acabaron de oprimir a los desdichados moradores gravándolos
-con imposiciones muy pesadas. Mas tan injusto y atroz trato alcanzó
-en breve el merecido galardón, siendo quizá la principal causa de
-la pérdida posterior del ejército de Dupont el codicioso anhelo de
-conservar los bienes mal adquiridos en el saco de aquella ciudad.
-
-[Marginal: Situación angustiada de los franceses. Excesos de los
-paisanos españoles.]
-
-A pesar del triunfo conseguido el general francés andaba inquieto.
-Sus fuerzas no eran numerosas. La insurrección de todas partes le
-cercaba: con instancia pedía auxilios a Madrid cuyas comunicaciones,
-ya antes interrumpidas, fueron al último del todo cortadas. A su
-propia retaguardia el 9 de junio partidas de paisanos entraron en
-Andújar, y alborotada por la noche la ciudad, hicieron prisionero el
-destacamento francés allí apostado, y mataron al comandante con otros
-tres de su guardia que quisieron resistirse en casa de Don Juan de
-Salazar. Molestó sobre todo al enemigo Don Juan de la Torre, alcalde
-de Montoro, que a sus expensas había levantado un cuerpo considerable;
-mas cogido por sorpresa debió la vida a la generosa intercesión del
-general Fresia, a quien había antes hospedado y obsequiado en su casa.
-En el Puerto del Rey apresaron los naturales al abrigo de aquellas
-fraguras varios convoyes: y como en la comarca se había esparcido
-la voz de lo acaecido en Córdoba, hubo ocasión en que so color de
-desquite se ensañó el paisanaje contra los prisioneros con exquisita
-crueldad. Fue una de sus víctimas el general René a quien cogieron y
-mataron estando antes herido: lamentable suceso, pero desgraciadamente
-inevitable consecuencia de los desmanes cometidos en Córdoba y otros
-parajes por el extranjero. Pues que, si en efecto era difícil contener
-en una guerra de aquella clase al soldado de una nación culta como la
-Francia y sometido a la dura disciplina militar, cuánto no debía serlo
-reprimir los excesos del cultivador español, que ciego en su venganza
-y sin freno que le contuviese, veía talados sus campos y quemados los
-pacíficos hogares de sus antepasados por los mismos que poco antes
-preciábanse de ser amigos. Había corrido el alboroto de la Sierra
-hasta la Mancha, y el 5 de junio los vecinos de Santa Cruz de Mudela
-arremetiendo a unos 400 franceses que había en el pueblo y matando a
-muchos, obligaron a los demás a fugarse camino de Valdepeñas. En esta
-villa opusiéronse los naturales al paso de los enemigos, y estos para
-esquivar un duro choque, echando por fuera de la población tomaron
-después el camino real, aguardando a un cuarto de legua en el sitio
-apellidado de la Aguzadera a ser reforzados. No tardó en efecto en
-llegar en el mismo día, que era el 6 de junio, el general Liger-Belair
-procedente de Manzanares con 600 caballos, e incorporados todos
-revolvieron sobre Valdepeñas.
-
-[Marginal: Resistencia de Valdepeñas.]
-
-Los moradores de esta villa alentados con la anterior retirada de los
-franceses, y temiendo también que quisiesen vengar aquella ofensa,
-resolvieron impedir la entrada. Es Valdepeñas población rica de 3000
-vecinos, asentada en los llanos de la Mancha, y a la que dan celebridad
-sus afamados vinos. Atraviésala por medio la calle llamada Real,
-tránsito de los que viajan de Castilla a Andalucía, y la cual tiene
-de largo cerca de un cuarto de legua. Aprovechándose de su extensión,
-dispusiéronla los habitantes de modo que en ella se entorpeciese la
-marcha de los franceses. La cubrieron con arena, esparciendo debajo
-clavos y agudos hierros; de trecho en trecho y disimuladamente ataron
-maromas a las rejas, cerraron y atrancaron las puertas de las casas,
-y embarazaron las callejuelas que salían a la principal avenida. No
-contentos con resistir detrás de las paredes, osaron en número de más
-de 1000 ponerse en fila a la orilla del pueblo. Pero viendo lo numeroso
-de la caballería enemiga, después de algún tiroteo se agacharon en lo
-interior, pertrechados de armas y medios ofensivos.
-
-Los franceses al aproximarse enviaron por delante una descubierta,
-la cual según su costumbre con paso acelerado se adelantó al pueblo.
-Penetró, y muy luego los caballos tropezando y cayendo unos sobre
-otros miserablemente arrojaron a los jinetes. Entonces de todas
-partes llovieron sobre los derribados tiros, pedradas, ladrillazos,
-atormentando también sus carnes con agua y aceite hirviendo. Quisieron
-otros proteger a los primeros y cúpoles igual y malhadado fin. Irritado
-Liger-Belair con aquel contratiempo, entró la villa por los costados
-incendiando las casas y destrozándolas. Pasaron de 80 las que se
-quemaron, y muchas personas fueron degolladas hasta en los campos y las
-cuevas. Habían los enemigos perdido ya más de 100 hombres, al paso que
-la villa se arruinaba y se hundía. Conmovidos de ello y recelosos de su
-propia suerte, varios vecinos principales resolvieron yendo a su cabeza
-el alcalde mayor Don Francisco María Osorio, avistarse con el general
-Liger-Belair, quien temeroso también de la ruina de los suyos, escuchó
-las proposiciones, convino en ellas, y saliendo todos juntos con una
-divisa blanca, pusieron de consuno término a la matanza. Mas la
-contienda había sido tan reñida, que los franceses escarmentados no se
-atrevieron a ir adelante, y juzgaron prudente retroceder a Madridejos.
-
-[Marginal: Retírase Dupont a Andújar.]
-
-Dupont aislado, sin noticia de lo que a la otra parte de los montes
-pasaba, aturdido con lo que de cerca veía, pensó en retirarse; y el 16
-de junio saliendo por la tarde de Córdoba se encaminó a Andújar, en
-donde tomó posición el 19. Desde aquel punto con objeto de abastecer
-a su gente, y deseoso de no abandonar el terreno sin castigar a Jaén,
-a la cual se achacaba haber participado del alboroto y muerte del
-comandante francés de Andújar, envió allí el 20 al oficial Baste con la
-suficiente fuerza. [Marginal: Saqueo de Jaén.] Entraron los enemigos en
-la ciudad sin hallar oposición, y con todo la pillaron y maltrataron
-horrorosamente. Degollaron hasta niños y viejos, ejerciendo acerbas
-crueldades contra religiosos enfermos de los conventos de Santo Domingo
-y de San Agustín: tal fue el último, notable y fiero hecho cometido por
-los franceses en Andalucía antes de rendirse a las huestes españolas.
-
-[Marginal: Expedición de Moncey contra Valencia.]
-
-Casi al propio tiempo determinó Murat enviar también una expedición
-contra Valencia. Mandábala el mariscal Moncey y se componía de
-8000 hombres de tropa francesa, a los que debían reunirse guardias
-españolas, valonas y de Corps. Mas todos estos en su mayor parte se
-desbandaron pasando por atajos y trochas del lado de sus compatriotas.
-Moncey salió de Madrid el 4 de junio y llegó a Cuenca el 11.
-Deteniéndose algunos días disgustose Murat, y despachó para aguijarle
-al general de caballería Exelmans con otros muchos oficiales, quienes
-arrestados en Saelices y conducidos prisioneros a Valencia, terminaron
-su comisión de un modo muy diverso del que esperaban. En Cuenca fueron
-recibidos los franceses con tibieza mas no hostilmente. Prosiguiendo su
-marcha hallaron por lo general los pueblos desamparados, pronóstico que
-vaticinaba la resistencia con que iban a tropezar.
-
-La junta de Valencia había en tanto adoptado las medidas vigorosas de
-defensa que la premura del tiempo le permitía. Recreciéronse al oír que
-Moncey se aproximaba del lado de Cuenca, y se dieron nuevas órdenes e
-instrucciones al mariscal de campo Don Pedro Adorno, a cuyo mando, como
-ya dijimos, se habían confiado las tropas apostadas en los desfiladeros
-de las Cabrillas, a donde el enemigo se dirigía. Lo más de la gente era
-nueva e indisciplinada y por eso convenía aprovecharse de las ventajas
-que ofreciese el terreno. [Marginal: Reencuentro del puente Pajazo.]
-Tratose pues de disputar primeramente a los franceses el paso del
-Cabriel en el puente Pajazo, en donde remata la cuesta de Contreras, y
-en cuya cabeza construyeron los españoles una mala batería de cuatro
-cañones sostenida por un trozo de un regimiento suizo, colocándose
-la otra tropa en diferentes puntos de dicha cuesta. Detuviéronse
-los franceses hasta que a duras penas por los malos senderos y
-escabrosidades, acercaron casi a la rastra unos cañones. Con su auxilio
-el 20 rompieron el fuego, y vadeando unos el río, y otros acometiendo
-de frente, se apoderaron de la batería española, habiendo habido muchos
-de los suizos que se les pasaron. Los nuevos reclutas que nunca habían
-sido fogueados, abandonados por aquellos veteranos no tardaron en
-dispersarse, replegándose parte de ellos con algunos soldados españoles
-a las Cabrillas.
-
-Cundió la nueva de la derrota, súpola la junta de Valencia, y grande
-fue la consternación y el sobresalto. En tamaño apuro envió al ejército
-en comisión a su vocal el P. Rico, o ya quisiesen vengarse así algunos
-del estrecho en que los había metido, o ya también porque gozando de
-suma popularidad, pensaron otros que era aquel el modo más propio de
-calmar la pública agitación y alejar la desconfianza. [Marginal: De las
-Cabrillas.] Obedeció Rico, y el 23 por la noche llegó a las Cabrillas,
-ocho leguas de Valencia, y cuyos montes parten término con Castilla.
-Habíanse recogido a sus cumbres los dispersos del Cabriel, y allí se
-encontró el P. Rico con 180 hombres del regimiento de Saboya mandados
-por el capitán Gamíndez, con tres cuerpos de nueva creación, algunos
-caballos y artilleros que habían conservado dos cañones y un obús,
-componiendo en todo cerca de 3000 hombres. Eran contados los oficiales
-veteranos, siendo el de mayor graduación el brigadier Marimón de
-guardias españolas. Ignorábase el paradero de Adorno. Reunidas todas
-aquellas reliquias se colocaron en situación ventajosa a espaldas y a
-legua y media del pueblo de Siete Aguas, hasta cuyas casas enviaban
-sus descubiertas. Gamíndez mandó el centro, la izquierda Marimón, y
-colocáronse guerrillas sueltas por la derecha. El 24 avanzaron los
-franceses, y los nuestros favorecidos de tierra tan quebrada los
-molestaron bastantemente. Impacientado Moncey destacó por su izquierda
-y del lado de la sierra de los Ajos al general Harispe con vascos
-acostumbrados a trepar por las asperezas del Pirineo. Encaramáronse
-pues a pesar de escabrosidades y derrumbaderos, y arrollando a las
-guerrillas, facilitaron el ataque de frente. Defendiéronse bien los
-de Saboya, quedando los más de ellos y los artilleros muertos junto
-a los cañones, y prisionero con otros su comandante Gamíndez. Lo
-restante de la gente bisoña huyó precipitadamente. La pérdida de los
-españoles fue de 600 hombres, muy inferior la de los contrarios. El
-mariscal Moncey al instante traspasó la sierra por el portillo de las
-Cabrillas, desde donde registrándose las ricas y frondosas campiñas de
-la huerta de Valencia, se encendió la ansiosa codicia de sus fatigados
-soldados. Si entonces hubiera proseguido su marcha, fácilmente se
-hubiera enseñoreado de la ciudad; pero obligado a detenerse el 25 en
-la venta de Buñol para aguardar la artillería, y queriendo adelantarse
-cautelosamente, dio tiempo a que Rico volviendo a Valencia al rayar el
-alba de aquel mismo día, apellidase guerra dentro de sus muros.
-
-[Marginal: Preparativos de defensa en Valencia.]
-
-Está asentada Valencia a la derecha del Guadalaviar o Turia, 100.000
-almas forman su población, excediendo de 60.000 las que habitan en
-los lugarejos, casas de campo y alquerías de sus deliciosas vegas.
-Ceñida de un muro antiguo de mampostería con una mala ciudadela, no
-podía ofrecer al enemigo larga y ordenada resistencia, si militarmente
-hubiera de haberse considerado su defensa. Mas a la voz de la
-desgracia de las Cabrillas, en lugar de abatirse, creciendo el
-entusiasmo al más subido punto, tomó la junta activas providencias,
-y los moradores no solo las ejecutaron debidamente, sino que también
-por sí procedieron a dar a los trabajos la amplitud y perfección que
-permitía la brevedad del tiempo. Sin distinción de clase ni de sexo
-acudieron todos a trabajar en las fortificaciones que se levantaban.
-En el corto espacio de sesenta horas construyéronse en las puertas
-baterías con sacos de tierra. En la de Cuarte, como era por donde se
-aguardaba al enemigo, además de dos cañones de a 24 se colocó otro en
-el primer piso de la torre, abriéndose una zanja ancha y profunda en
-medio de la calle del arrabal que embocaba la batería. A la derecha
-de esta puerta y antes de llegar a la de San José, entre el muro y el
-río, se situaron cuatro cañones y dos obuses, impidiendo lo sólido del
-malecón que se abriese un foso. Diose a esta obra el nombre de batería
-de Santa Catalina, del de una torre antes demolida y que ocupaba
-el mismo espacio. Lo expresamos por su importancia en la defensa.
-Dentro del recinto se cortaron y atajaron las calles, callejuelas y
-principales avenidas con carros, coches, vigas, calesas y tartanas.
-Tapáronse las entradas y ventanas de las casas con colchones, mesas,
-sillas y todo género de muebles, cubriendo por el mismo término y
-cuidadosamente lo alto de las azoteas o terrados. Detrás de semejantes
-y tan repentinos atrincheramientos estaban preparados sus dueños con
-armas arrojadizas y de fuego, y aun hubo mujeres que no olvidaron el
-aceite hirviendo. Afanados todos mutuamente se animaban, habiendo
-resuelto defender heroicamente sus hogares.
-
-[Marginal: Refriega en el pueblo de Cuarte.]
-
-La junta además para dilatar el que los franceses se acercasen, trató
-de formar un campo avanzado a la salida del pueblo de Cuarte, distante
-una legua de Valencia. Le componían cuerpos de nueva formación y se
-había puesto a las órdenes de Don Felipe Saint-March. Situose la gente
-en la ermita de San Onofre a orillas del canal de regadío que atraviesa
-el camino que va a las Cabrillas. Entretanto Don José Caro, nombrado
-brigadier al principio de la insurrección, y que mandaba una división
-de paisanos en el ejército de Cervellón, apostado según dijimos en
-Almansa, corrió apresuradamente al socorro de la capital luego que
-supo el progreso del enemigo. A su llegada se unió a Saint-March, y
-juntos dispusieron el modo de contener al mariscal francés. Emboscaron
-al efecto en los algarrobales, viñedos y olivares que pueblan aquellos
-contornos, tiradores diestros y esforzados. El cuerpo principal se
-colocó a espaldas de una batería que enfilaba el camino hondo, por
-donde era de creer arremetiese la caballería enemiga y cuyo puente se
-había cortado. Como los generales habían previsto que al fin tendrían
-que ceder a la superioridad y pericia francesa, deseosos de que su
-retirada no causara terror en Valencia, habían pensado, Caro en tirar
-por la izquierda y Saint-March pasar el río por la derecha y situarse
-en el collado del almacén de pólvora. Pero para verificar, llegado
-el caso, su movimiento con orden y evitar que dispersos fueran a la
-ciudad, establecieron a su retaguardia una segunda línea en el pueblo
-de Cuarte, rompiendo el camino y guarneciendo las casas para su defensa.
-
-[Marginal: Defensa de Valencia.]
-
-A las 11 de la mañana del día 27 empezó el fuego, duró hasta las tres,
-siendo muy vivo durante dos horas. Al fin los franceses cruzaron el
-canal, y forzaron la primera línea. Caro y Saint-March se retiraron
-según habían convenido. Los franceses vencedores iban a perseguirlos
-cuando notaron que desde el pueblo de Cuarte se les hacía fuego.
-Molestados también por el continuado de los paisanos metidos en los
-cañamares de dicho pueblo, no pudieron entrarle hasta las seis de la
-tarde; huyendo los vecinos al amparo de las acequias, cañaverales y
-moreras que cubren sus campos. La pérdida fue considerable de ambas
-partes: la artillería quedó en poder de los franceses.
-
-[Marginal: Proposición de Moncey para que capitule la ciudad.]
-
-Avanzó entonces Moncey hasta el huerto de Juliá, media legua de
-Valencia. Por la noche pasó al capitán general conde de la Conquista
-un oficio para que rindiese la plaza. Fue portador el coronel Solano.
-Congregose la junta, a la que se unieron para deliberar en asunto tan
-espinoso el ayuntamiento, la nobleza e individuos de todos los gremios.
-El de la Conquista inclinábase a la entrega, viendo cuán imposible
-sería resistir con gente allegadiza, y en ciudad, por decirlo así,
-abierta a enemigos aguerridos. Sostuvo la misma opinión el emisario
-Solano y en tanto grado que se esforzó en probar no había nada que
-temer respecto de lo pasado, así por la condición suave y noble del
-mariscal francés, como también por los vínculos particulares que le
-enlazaban con los valencianos; lo cual aludía a conocerse en aquel
-reino familias del nombre de Moncey, y haber quien le conceptuara
-oriundo de la tierra. Así se discurría acerca de la proposición, cuando
-el pueblo advertido de que se negociaba, desaforadamente se agolpó a la
-sala de sesiones de la junta. Atemorizados los que en su seno buscaban
-la rendición y alentados los de la parcialidad opuesta, no se titubeó
-en desechar la demanda del enemigo. Y puestos todos sus individuos al
-frente del mismo pueblo, recorrieron la línea animando y exhortando a
-la pelea. Con la oportuna resolución se embraveció tanto la gente que
-no hubo ya otra voz que la de vencer o morir.
-
-El 28 a las once de la mañana se rompió el fuego. Como Moncey era
-dueño de casi todo el arrabal de Cuarte, le fue fácil ordenar sus
-batallones detrás del convento de San Sebastián. A su abrigo dirigieron
-los enemigos sus cañones contra la puerta de Cuarte y batería de Santa
-Catalina. Tres veces atacaron con el mayor ímpetu del lado de la
-primera, y otras tantas fueron rechazados. Mandaba la batería española
-con mucho acierto el capitán Don José Ruiz de Alcalá, y el puesto los
-coroneles barón de Petrés y Don Bartolomé de Georget. Los enemigos no
-perdonaron medio de flanquear a los nuestros por derecha e izquierda,
-pero de un costado se lo estorbaron los fuegos de Santa Catalina, y
-del otro el graneado de fusilería que desde la muralla hacían los
-habitantes. El entusiasmo de los defensores tocaba en frenesí cada vez
-que el enemigo huía, pero siempre se mantuvo el mejor orden. Temiose
-por un rato carecer de metralla, y sin tardanza de las casas inmediatas
-se arrancaron rejas, se enviaron barras y otros utensilios de hierro
-que cortados en menudos pedazos pudieron suplir aquella falta,
-acudiendo a porfía las señoras de la clase más elevada a coser los
-saquillos de la recién fabricada metralla. Con tal ejemplo, ¿qué brazo
-varonil hubiera cedido el paso al enemigo? El capitán general, los
-magistrados y aun el arzobispo aparecíanse a veces en medio de aquel
-importante puesto dando brío con su presencia a los menos esforzados.
-
-Moncey tratando de variar su ataque, recogió sus soldados a la cruz
-de Mislata, y acometió, después de un respiro, la batería de Santa
-Catalina, a la derecha como dijimos de la de Cuarte. Era comandante
-del punto el coronel Don Firmo Vallés, y de la batería Don Manuel de
-Velasco y Don José Soler. Dos veces y con gran furia embistieron los
-franceses. La primera ciaron abrasados por el fuego de cañón y el que
-por su flanco izquierdo les hacía la fusilería; y la segunda huyeron
-atropelladamente sin que los contuviesen las exhortaciones de sus
-jefes. No por eso desistió Moncey, y fingiendo querer atacar el muro
-por donde mira a la plazuela del Carbón, emprendió nueva acometida
-contra la batería de Santa Catalina. Vano empeño. Sus soldados
-repelidos dejaron el suelo empapado en su sangre. Distinguiose allí el
-oficial Don Santiago O’Lalor, asesinado alevemente en el propio día por
-mano desconocida.
-
-Los franceses perturbados con defensa tan inesperada y recia, trataron
-de dar una última embestida a la ciudad. Eran las cinco de la tarde
-cuando avanzando Moncey con el grueso de su ejército hacia la puerta de
-Cuarte, hizo marchar una columna por el convento de Jesús para atacar
-la de San Vicente situada a la izquierda de la primera, y confiada al
-cuidado del coronel Don Bruno Barrera, bajo cuyas órdenes dirigían
-la artillería los oficiales Don Francisco Cano y Don Luis Almela.
-Considerábase aquella parte del muro la más flaca, mayormente su centro
-en donde está colocada en medio de las otras dos la puerta tapiada de
-Santa Lucía, antiguamente dicha de la Boatella. Empezose el ataque,
-y los españoles apuntaron con tal acierto sus cañones que lograron
-desmontar los de los enemigos, y desalojarlos del punto que ocupaban
-con notable matanza. Desde aquella hora que era ya la de las ocho de
-la noche cesó el fuego en ambas líneas. Durante los diversos ataques
-arrojaron los franceses a la ciudad granadas que no causaron daño.
-
-[Marginal: Hechos notables de algunos españoles.]
-
-El padre Rico anduvo constantemente por los parajes de mayor riesgo,
-y coadyuvó grandemente a la defensa con su energía y brioso porte.
-Fue imperturbable en su valor Juan Bautista Moreno que sin fusil y
-con la espada en la mano alentaba a sus compañeros, y tomó a su cargo
-abrir y cerrar las puertas sin reparar en el peligro que a cada paso
-le amenazaba. Más sublime ejemplo dio aún con su conducta Miguel
-García, mesonero de la calle de San Vicente, quien hizo solo a caballo
-cinco salidas, y sacando en cada una de ellas cuarenta cartuchos los
-empleaba como diestro tirador atinadamente. Hechos son estos dignos
-de la recordación histórica, y no deben desdeñarse aunque vengan de
-humilde lugar. Al contrario conviene repetirlos y grabarlos en la
-memoria de los buenos ciudadanos, para que sean imitados en aquellos
-casos en que peligre la independencia de la patria.
-
-La resistencia de Valencia aunque de corta duración tuvo visos de
-maravillosa. No tenía soldados que la defendiesen, habiendo salido a
-diversos puntos los que antes la guarnecían, ni otros jefes entendidos
-sino oficiales subalternos que guiaron el denuedo de los paisanos.
-Los franceses perdieron más de 2000 hombres, y entre ellos al general
-de ingenieros Cazals con otros oficiales superiores. Los españoles
-resguardados detrás de los muros y baterías tuvieron que llorar pocos
-de sus compatriotas, y ninguno de cuenta.
-
-[Marginal: Retírase Moncey.]
-
-Al amanecer del 29 Don Pedro Túpper puesto de vigía en el miguelete
-o torre de la catedral avisó que los enemigos daban indicio de
-retirarse. Apenas se creía tan plausible nueva, mas bien pronto todos
-se cercioraron de ello viendo marchar al enemigo por Torrente para
-tomar la calzada que va a Almansa. La alegría fue colmada, y esperábase
-que el conde de Cervellón acabaría en el camino de destruir al mariscal
-Moncey, o por lo menos le molestaría y picaría por todos lados.
-[Marginal: Inacción de Cervellón.] Muy lejos estaba de obrar conforme
-al común deseo. El general español había venido a Alcira cuando supo el
-paso de los franceses por las Cabrillas, y su marcha sobre Valencia.
-Allí permaneció tranquilo, y no trató de disputar a Moncey el paso
-del Júcar después de su derrota delante de los muros de la capital.
-Tachósele de remiso, principalmente porque habiendo consultado a los
-oficiales superiores sobre el rumbo que en tal oportunidad convendría
-seguir, opinaron todos que se impidiese a los franceses cruzar el río:
-no abrazó su dictamen fundándose en lo indisciplinados que todavía
-estaban sus soldados: prudencia quizá laudable, pero amargamente
-censurada en aquellos tiempos.
-
-[Marginal: Conducta laudable de Llamas.]
-
-Perjudicó también a su fama, aun en el concepto de los juiciosos,
-la contraposición que con la suya formó la conducta de Don Pedro
-González de Llamas y la de Don José Caro. A este le hemos visto acudir
-al socorro de Valencia, y si bien no con feliz éxito por lo menos
-retardó con su movimiento el progreso del enemigo, lo cual fue de
-suma utilidad para que se preparasen los vecinos de la ciudad a una
-notable y afortunada resistencia. El general Llamas que de Murcia se
-había acercado al puerto de Almansa, noticioso por su parte de que los
-franceses iban a embestir a Valencia, había avanzado rápidamente y
-colocádose a la espalda en Chiva, cortándoles así sus comunicaciones
-con el camino de Cuenca. Y después obedeciendo las órdenes de la
-junta provincial hostigó al enemigo hasta el Júcar, en donde se paró
-asombrado de que Cervellón hubiese permanecido inactivo. Prodigáronse
-pues alabanzas a Llamas, y achacose a Cervellón la culpa de no haber
-derrotado al ejército de Moncey antes de la salida del territorio
-valenciano. Como quiera que fuese, costole al fin el mando tal modo
-de comportarse, graduado por los más de reprensible timidez. Moncey
-prosiguió su retirada incomodado por el paisanaje, y a punto que no
-osaba desviarse del camino real. Pasó el 2 de julio el puerto de
-Almansa, y en Albacete hizo alto y dio descanso a sus fatigadas tropas.
-
-[Marginal: Enfermedad de Murat.]
-
-Entretanto no sabía el gobierno de Madrid cuál partido le convenía
-abrazar. Notaba con desconsuelo burladas sus esperanzas, no habiendo
-reprimido prontamente la insurrección de las provincias con las
-expediciones enviadas al intento. Temía también que las tropas
-desparramadas por diversos y lejanos puntos, y molestadas sin gozar de
-un instante de sosiego, no acabasen por perder la disciplina. Mucho
-contribuyó a su desconcierto la enfermedad grave de que fue acometido
-el gran duque de Berg en los primeros días de junio, con lo cual se
-hallaron los individuos de la junta faltos de un centro principal que
-diera unión y fuerza. Hubo entre los suyos quien le creyó envenenado, y
-entre los españoles no faltó también quien atribuyera su mal a castigo
-del cielo por las tropelías y asesinatos del 2 de mayo. Los ociosos y
-lenguaraces buscaban el principio en un origen impuro, dando lugar a
-sus sueltas palabras los deslices de que no estaba exento el duque.
-Mas la verdadera enfermedad de este era uno de aquellos cólicos por
-desgracia harto comunes en la capital del reino, y que por serlo tanto
-los ha distinguido en una disertación el docto Luzuriaga con el nombre
-de cólicos de Madrid. Agregáronsele unas tercianas tan pertinaces y
-recias que descaeciendo su espíritu y su cuerpo, tuvo que conformarse
-con el dictamen de los facultativos de trasladarse a Francia, y tomar
-las aguas termales de Barèges. [Marginal: Enfermedades en su ejército.
-Opinión de Larrey.] Provocó también a sospecha de emponzoñamiento el
-haber amalado muchos de los soldados franceses, y muerto algunos con
-síntomas de índole dudosa. Para serenar los ánimos el barón Larrey,
-primer cirujano del ejército invasor, examinó los alimentos, y el
-boticario mayor del mismo Mr. Laubert analizó detenidamente el vino
-que se les vendía en varias tabernas y bodegones de dentro y fuera de
-Madrid. Nada se descubrió de nocivo en el líquido, solamente a veces
-había con él mezcladas algunas sustancias narcóticas más o menos
-excitativas, como el agua de laurel y el pimiento que para dar fuerza
-suelen los vinateros y vendedores añadir al vino de la Mancha, a
-semejanza del óxido de plomo o sea litargirio que se emplea en algunos
-de Francia para corregir su acedía. La mixtión no causaba molestia a
-los españoles por la costumbre, y sobre todo por su mayor sobriedad:
-dañó extremadamente a los franceses no habituados a aquella bebida, y
-que abusaban en sumo grado de los vinos fuertes y licorosos de nuestro
-terruño. El examen y declaración de Larrey y Laubert tranquilizó a los
-franceses, recelosos de cualquiera asechanza de parte de un pueblo
-gravemente ofendido; pero el de España con dificultad hubiera recurrido
-para su venganza a un medio que no le era usual, cuando tantos otros
-justos y nobles se le presentaban.
-
-[Marginal: Savary sucede a Murat.]
-
-En lugar de Murat envió Napoleón a Madrid al general Savary, el que
-llegó el 15 de junio. No agradó la elección a los franceses, habiendo
-en su ejército muchos que por su graduación y militar renombre
-reputábanse como muy superiores. Asimismo en el concepto de algunos
-menoscababa la estimación de la persona escogida, el haber sido con
-frecuencia empleada en comisiones más propias de un agente de policía
-que de quien había servido en la carrera honorífica de las armas. No
-era tampoco entre los españoles juzgado Savary con más ventaja, porque
-habiendo sido el celador asiduo del viaje de Fernando, coadyuvó con
-palabras engañosas a arrastrarle a Bayona. Sin embargo su nombre no era
-ni tan conocido ni odiado como el de Murat: además llegó en sazón en
-que muy poco se curaban en las provincias de lo que se hacía o deshacía
-en Madrid. Asuntos inmediatos y de mayor cuantía embargaban toda la
-atención.
-
-[Marginal: Singular comisión de Savary.]
-
-El encargo confiado a Savary era nuevo y extraño en su forma.
-Autorizado con iguales facultades que el lugarteniente Murat, no le era
-lícito poner su firma en resolución alguna. Al general Belliard tocaba
-con la suya legalizarlas. El uno leía las cartas, oficios e informes
-dirigidos al lugarteniente; respondía, determinaba: el otro ceñíase a
-manera de una estampilla viva a firmar lo que le era prescrito. Los
-decretos se encabezaban a nombre del gran duque como si estuviese
-presente o hubiese dejado sus poderes a Savary, y este disponiendo
-en todo soberanamente, incomodaba a varios de los otros jefes que se
-consideraban desairados.
-
-[Marginal: Su conducta.]
-
-Para mostrar que él era la suprema cabeza, a su llegada se alojó
-en palacio, y tomó sin tardanza providencias acomodadas al caso.
-Prosiguió las fortificaciones del Retiro, y construyó un reducto
-alrededor de la fábrica real de porcelana allí establecida, y a que
-dan el nombre de casa de la China, en donde almacenó las vituallas
-y municiones de guerra. Pensó después en sostener los ejércitos
-esparcidos por las provincias. Tal había sido la orden verbal de
-Napoleón, quien juzgaba, «ser lo más importante ocupar muchos puntos,
-a fin de derramar por todas partes las novedades que había querido
-introducir...» Conforme a ella e incierto de la suerte de Dupont, cuya
-correspondencia estaba cortada, [Marginal: Envía a Vedel para reforzar
-a Dupont.] resolvió Savary reforzarle con las tropas mandadas por el
-general Vedel que se hallaban en Toledo. Ascendían a 6000 infantes
-y 700 caballos con doce cañones. El 19 de junio salieron de aquella
-ciudad, juntándoseles en el camino los generales Roize y Liger-Belair
-con sus destacamentos, los cuales hemos visto fueron compelidos a
-recogerse a Madridejos por la insurrección general de la Mancha.
-
-Los franceses por todas partes se encontraban con pueblos solitarios,
-incomodándoles a menudo los tiros del paisanaje oculto detrás de
-los crecidos panes, y ¡ay de aquellos que se quedaban rezagados! No
-obstante asomaron sin notable contratiempo a Despeñaperros en la mañana
-del 26 de junio. [Marginal: Paso de Sierra Morena.] La posición estaba
-ocupada por el teniente coronel español Don Pedro Valdecañas empleado
-antes en la persecución de contrabandistas por aquellas sierras, y
-ahora apostado allí con objeto de que colocándose a la retaguardia
-de Dupont, le interceptase la correspondencia e impidiese el paso
-de los socorros que de Madrid le llegasen. Había atajado el camino
-en lo más estrecho con troncos, ramas y peñascos, desmoronándole del
-lado del despeñadero, y situando detrás seis cañones. Paisanos los
-más de su tropa, y él mismo poco práctico en aquella clase de guerra,
-desaprovechó la superioridad que le daba el terreno. Cedieron luego
-los nuestros al ataque bien concertado de los franceses, perdieron
-la artillería, y Vedel prosiguió sin embarazo a la Carolina, en cuya
-ciudad se le incorporó un trozo de gente que le enviaba Dupont a las
-órdenes del oficial Baste, el saqueador de Jaén. Llevada pues a feliz
-término la expedición, creyó Vedel conveniente enviar atrás alguna
-tropa para reforzar ciertos puntos que eran importantes, y conservar
-abierta la comunicación. Por lo demás bien que pareciesen cumplidos
-los deseos del enemigo en la unión de Vedel y Dupont, pudiendo no
-solo corresponder libremente con Madrid, mas aun hacer rostro a los
-españoles y desbaratar sus mal formadas huestes: no tardaremos en ver
-cuán de otra manera de lo que esperaban remataron las cosas.
-
-[Marginal: Refuerzos enviados a Moncey.]
-
-Aquejábale igualmente a Savary el cuidado de Moncey, cuya suerte
-ignoraba. Después de haberse adelantado este mariscal más allá de la
-provincia de Cuenca, habían sido interrumpidas sus comunicaciones,
-hechos prisioneros soldados suyos sueltos y descarriados, y aun algunas
-partidas. Juntándose pues número considerable de paisanos alentados
-con aquellos que calificaban de triunfos, fue necesario pensar en
-dispersarlos. Con este objeto se ordenó al general Caulincourt
-apostado en Tarancón, que marchase con una brigada sobre Cuenca.
-[Marginal: Caulincourt saquea a Cuenca.] Dio vista a la ciudad el 3
-de julio, y una gavilla de hombres desgobernada le hizo fuego en las
-cercanías a bulto y por corto espacio. Bastó semejante demostración
-para entregar a un horroroso saco aquella desdichada ciudad. Hubo
-regidores e individuos del cabildo eclesiástico que saliendo con
-bandera blanca quisieron implorar la merced del enemigo; mas resuelto
-este al pillaje sin atender a la señal de paz, los forzó a huir
-recibiéndolos a cañonazos. Espantáronse a su ruido los vecinos y casi
-todos se fugaron, quedando solamente los ancianos y enfermos y cinco
-comunidades religiosas. No perdonaron los contrarios casa ni templo
-que no allanasen y profanasen. No hubo mujer por enferma o decrépita
-que se libertase de su brutal furor. Al venerable sacerdote Don
-Antonio Lorenzo Urbán, de edad de ochenta y tres años, ejemplar por sus
-virtudes, le traspasaron de crueles heridas, después de recibir de
-sus propias manos el escaso peculio que todavía su ardiente caridad
-no había repartido a los pobres. Al franciscano P. Gaspar Navarro,
-también octogenario, atormentáronle crudamente para que confesase
-dinero que no tenía. Otras y no menos crueles, bárbaras y atroces
-acciones mancharon el nombre francés en el no merecido saco de Cuenca.
-
-No satisfecho Savary con el refuerzo que se enviaba a Moncey al mando
-de Caulincourt, despachó otro nuevo a las órdenes del general Frère,
-[Marginal: Frère.] el mismo que antes había ido a apaciguar a Segovia.
-Llegó este a Requena el 5 de julio, donde noticioso de que Moncey se
-retiraba del lado de Almansa, y de estar guardadas las Cabrillas por el
-general español Llamas, revolvió sobre San Clemente, y se unió con el
-mariscal. Poco después informado Savary de haberse puesto en cobro las
-reliquias de la expedición de Valencia, y deseoso de engrosar su fuerza
-en derredor suyo, mandó a Caulincourt y a Frère que se restituyesen a
-Madrid: con lo que enflaquecido el cuerpo de Moncey y quizá ofendido
-este de que un oficial inferior en graduación y respetos pudiese
-disponer de la gente que debía obedecerle, desistió de toda empresa
-ulterior, y se replegó a las orillas del Tajo.
-
-Los franceses que esparcidos no habían conseguido las esperadas
-ventajas, comenzaron a pensar en mudar de plan, y reconcentrar más sus
-fuerzas. Napoleón sin embargo tenaz en sus propósitos insistía en que
-Dupont permaneciese en Andalucía, al paso que mereció su desaprobación
-el que le enviasen continuados refuerzos. [Marginal: Segundo refuerzo
-llevado a Dupont por el general Gobert.] Savary inmediato al teatro
-de los acontecimientos, y fiado en el favor de que gozaba, tomó sobre
-sí obrar por rumbo opuesto, e indicó a Dupont la conveniencia de
-desamparar las provincias que ocupaba. Para que con más desembarazo
-pudiera este jefe efectuar el movimiento retrógrado, dirigió aquel
-sobre Manzanares al general Gobert con su división, en la que estaba la
-brigada de coraceros que había en España. Mas Dupont ya fuese temor de
-su posición, o ya deseos de conservarse en Andalucía, ordenó a Gobert
-que se le incorporase, y este se sometió a dicho mandato después de
-dejar un batallón en Manzanares y otro en el Puerto del Rey.
-
-[Marginal: Desatiende a Bessières.]
-
-Tan discordes andaban unos y otros, como acontece en tiempos
-borrascosos, estando solo conformes y empeñados en aumentar fuerzas
-hacia el mediodía. Y al mismo tiempo el punto que más urgía auxiliar
-que era el de Bessières, amenazado por las tropas de Galicia, León
-y Asturias, quedaba sin ser socorrido. Claro era que una ventaja
-conseguida por los españoles de aquel lado, comprometería la suerte de
-los franceses en toda la península, interrumpiría sus comunicaciones
-con la frontera, y los dejaría a ellos mismos en la imposibilidad
-de retirarse. Pues a pesar de reflexión tan obvia desatendiose a
-Bessières, y solo tarde y con una brigada de infantería y 300 caballos
-se acudió de Madrid en su auxilio. Felizmente para el enemigo la
-fortuna le fue allí más favorable; merced a la impericia de ciertos
-jefes españoles.
-
-[Marginal: Cuesta.]
-
-Después de la batalla de Cabezón se había retirado a Benavente el
-general Cuesta. Recogió dispersos, prosiguió los alistamientos, y se
-le juntaron el cuerpo de estudiantes de León y y el de Covadonga de
-Asturias. Diéronse en aquel punto las primeras lecciones de táctica a
-los nuevos reclutas, se los dividió en batallones que llamaron tercios,
-y esmerose en instruirlos don José de Zayas. De esta gente se componía
-la infantería de Cuesta, limitándose la caballería al regimiento de la
-Reina y guardias de Corps que estuvieron en Cabezón, y al escuadron de
-carabineros que antes había pasado a Asturias. Era ejército endeble
-para salir con él a campaña, si las tropas de la última provincia y
-las de Galicia no obraban al propio tiempo y mancomunadamente. Por
-lo cual con instancia pidió el general Cuesta que avanzasen y se le
-reuniesen. La junta de Asturias propensa a condescender con sus ruegos,
-fue detenida por las oportunas reflexiones de su presidente el marqués
-de Santa Cruz de Marcenado, manifestando en ellas que lejos de acceder,
-se debía exhortar al capitán general de Castilla a abandonar sus llanos
-y ponerse al abrigo de las montañas; pues no teniendo soldados ni unos
-ni otros sino hombres, infaliblemente serían deshechos en descampado, y
-se apagaría el entusiasmo que estaba tan encendido. Convencida la junta
-de lo fundado de las razones del marqués, acordó no desprenderse de su
-ejército, y solo por halagar a la multitud consintió en que quedase
-unido a los castellanos el regimiento de Covadonga, compuesto de más
-de 1000 hombres, y mandado por Don Pedro Méndez de Vigo, y además que
-otros tantos bajasen a León del puerto de Leitariegos a las órdenes del
-mariscal de campo conde de Toreno, padre del autor.
-
-También encontró en Galicia la demanda de Cuesta graves dificultades.
-Había sido el plan de Filangieri fortificar a Manzanal, y organizar
-allí y en otros puntos del Bierzo sus soldados, antes de aventurar
-acción alguna campal. Mas la junta de Galicia atenta a la quebrantada
-salud de aquel general y al desvío con que por extranjero le
-miraban algunos, relevándole del mando activo, le había llamado a
-la Coruña, y nombrado en su lugar al cuartel maestre general Don
-Joaquín Blake. Púsose este al frente del ejército el 21 de junio, y
-perseguido Filangieri de adversa estrella pereció como hemos dicho
-el 24. Persistió Blake en el plan anterior de adiestrar la tropa,
-esperando que con los cuerpos que había en Galicia, los de Oporto y
-nuevos alistados, conseguiría armar y disciplinar 40.000 hombres.
-La inquietud de los tiempos le impidió llevar su laudable propósito
-a cumplido efecto. Deseoso de examinar y reconocer por sí la sierra
-y caminos de Foncebadón y Manzanal había salido de Villafranca,
-[Marginal: Ejército de Galicia después de la muerte de Filangieri.]
-y pareciéndole conveniente tomar posición en aquellas alturas que
-forman una cordillera avanzada de la del Cebrero y Piedrafita, límite
-de Galicia, se situó allí extendiendo su derecha hasta el Monte
-Teleno que mira a Sanabria, y su izquierda hacia el lado de León por
-la Cepeda. Así no solamente guarecía todas las entradas principales
-de Galicia, sino también disfrutaba de los auxilios que ofrecía el
-Bierzo. Empezaba pues a poner en planta su intento de ejercitar y
-organizar su gente, cuando el 28 de junio se le presentó Don José
-de Zayas rogándole a nombre del general Cuesta que con todo o parte
-de su ejército avanzase a Castilla. Negose Blake, y entonces pasó
-el comisionado a avistarse con la junta de la Coruña de quien aquel
-dependía. La desgracia ocurrida con Filangieri, el terror que infundió
-su muerte, las instancias de Cuesta y los deseos del vulgo que casi
-siempre se gobierna más bien por impulso ciego que por razón, lograron
-que triunfase el partido más pernicioso; habiéndose prevenido a Blake
-que se juntase con el ejército de Castilla en las llanuras. Poco antes
-de haber recibido la orden redujo aquel general a cuatro divisiones las
-seis en que a principios de junio se había distribuido la fuerza de su
-mando, ascendiendo su número a unos 27.000 hombres de infantería, con
-más de 30 piezas de campaña y 150 caballos de distintos cuerpos. Tomó
-otras disposiciones con acierto y diligencia, y si al saber y práctica
-militar que le asistía se le hubiera agregado la conveniente fortaleza
-o mayor influjo para contrarrestar la opinión vulgar, hubiera al fin
-arreglado debidamente el ejército puesto a sus órdenes. Mas oprimido
-bajo el peso de aquella, tuvo que ceder a su impetuoso torrente, y
-pasar en los primeros días de julio a unirse en Benavente con el
-general Cuesta. Dejó solo en Manzanal la segunda división compuesta de
-cerca de 6000 hombres a las órdenes del mariscal de campo Don Rafael
-Martinengo, y en la Puebla de Sanabria un trozo de 1000 hombres a las
-del marqués de Valladares, el que obró después en Portugal de concierto
-con el ejército de aquella nación. Llegado que fue a Benavente con las
-otras tres divisiones, dejó allí la tercera al mando del brigadier
-Don Francisco Riquelme sirviendo como de reserva, y constando de 5000
-hombres. Púsose en movimiento camino de Rioseco con la primera y cuarta
-división acaudilladas por el jefe de escuadra Don Felipe Jado Cagigal
-y el mariscal de campo marqués de Portago; llevó además el batallón de
-voluntarios de Navarra que pertenecía a la tercera. Se había también
-arreglado para la marcha una vanguardia que guiaba el conde de Maceda,
-grande de España, y coronel del regimiento de infantería de Zaragoza.
-Ascendía el número de esta fuerza a 15.000 hombres, la cual formaba con
-la de Cuesta un total de 22.000 combatientes. Contábanse entre unos y
-otros muchos paisanos vestidos todavía con su humilde y tosco traje, y
-no llegaban a 500 los jinetes. Reunidos ambos generales tomó el mando
-el de Castilla como más antiguo, si bien era muy inferior en número
-y calidad su tropa. No reinaba entre ellos la conveniente armonía.
-Repugnábanle a Blake muchas ideas de Cuesta, y ofendíase este de que un
-general nuevamente promovido y por una autoridad popular pudiese ser
-obstáculo a sus planes. Pero el primero por desgracia sometiéndose a la
-superioridad que daban al de Castilla los años, la costumbre del mando
-y sobre todo ser su dictamen el que con más gusto y entusiasmo abrazaba
-la muchedumbre, no se opuso según hemos visto a salir de Benavente ni
-al tenaz propósito de ir al encuentro del enemigo por las llanuras que
-se extendían por el frente.
-
-[Marginal: Batalla de Rioseco, 14 de julio.]
-
-Noticiosos los franceses del intento de los españoles quisieron
-adelantárseles, y el 9 salió de Burgos el general Bessières. No estaban
-el 13 a larga distancia ambos ejércitos, y al amanecer del 14 de julio
-se avistaron sus avanzadas en Palacios, legua y media distante de
-Rioseco. El de los franceses constaba de 12.000 infantes y más de 1500
-caballos: superior en número el de los españoles era inferiorísimo
-en disciplina, pertrechos y sobre todo en caballería, tan necesaria
-en aquel terreno, siendo de admirar que con ejército tan novel y
-desapercibido se atreviese Cuesta a arriesgar una acción campal.
-
-La desunión que había entre los generales españoles, si no del todo
-manifiesta todavía, y la condición imperiosa y terca del de Castilla,
-impidieron que de antemano se tomasen mancomunadamente las convenientes
-disposiciones. Blake, en la tarde del 13, al aviso de que los franceses
-se acercaban, pasó desde Castromonte, en donde tenía su cuartel
-general, a Rioseco, en cuya ciudad estaba el de Cuesta, y juntos se
-contentaron con reconocer el camino que va a Valladolid, persuadido el
-último que por allí habían de atacar los franceses. A esto se limitaron
-las medidas previamente combinadas.
-
-Volviendo Don Joaquín Blake a su campo, preparó su gente, reconoció
-de nuevo el terreno, y a las dos de la madrugada del 14 situó sus
-divisiones en el paraje que le pareció más ventajoso, no esperando
-grande ayuda de la cooperación de Cuesta. Empezó sin embargo este a
-mover su tropa en la misma dirección a las cuatro de la mañana; pero
-de repente hizo parada, sabedor de que el enemigo avanzaba del lado
-de Palacios a la izquierda del camino que de Rioseco va a Valladolid.
-Advertido Blake tuvo también que mudar de rumbo y encaminarse a aquel
-punto. Ya se deja discurrir de cuánto daño debió de ser para alcanzar
-la victoria movimiento tan inesperado, teniendo que hacerse por
-paisanos y tropas bisoñas. Culpa fue grande del general de Castilla
-no estar mejor informado en un tiempo en que todos andaban solícitos
-en acechar voluntariamente los pasos del ejército francés. Cuesta
-temiendo ser atacado pidió auxilio al general Blake, quien le envió
-su cuarta división al mando del marqués de Portago, y se colocó él
-mismo con la vanguardia, los voluntarios de Navarra y primera división
-en la llanura que a manera de mesa forma lo alto de una loma puesta
-a la derecha del camino que media entre Rioseco y Palacios, y a cuyo
-descampado llaman los naturales campos de Monclín. Constaba esta fuerza
-de 9000 hombres. No era respetable la posición escogida, siendo por
-varios puntos de acceso no difícil. Cuesta se situó detrás a la otra
-orilla del camino, dejando entre sus cuerpos y los de Blake un claro
-considerable. Mantúvose así apartado por haber creído, según parece,
-que eran franceses los soldados del provincial de León que se mostraron
-a lo lejos por su izquierda, y quizá también llevado de los celos que
-le animaban contra el otro general su compañero.
-
-Al avanzar dudó un momento el mariscal Bessières si acometería a
-los españoles, imaginándose que eran muy superiores en número a los
-suyos. Pero habiendo examinado de más cerca la extraña disposición,
-por la cual quedaba un claro en tanto grado espacioso que parecían las
-tropas de su frente más bien ejércitos distintos que separados trozos
-de uno mismo y solo, recordó lo que había pasado allá en Cabezón, y
-arremetiendo sin tardanza resolvió interponerse entre Blake y Cuesta.
-Había juzgado el francés que eran dos líneas diversas, y que la
-ignorancia e impericia de los jefes había colocado a los soldados tan
-distantes unos de otros. Difícil era por cierto presumir que el interés
-de la patria, o por lo menos el honor militar, no hubiese acallado en
-un día de batalla mezquinas pasiones. Nosotros creemos que hubo de
-parte de Cuesta el deseo de campear por sí solo y acudir al remedio
-de la derrota luego que hubiese visto destrozado en parte o por lo
-menos muy comprometido a su rival. No era dado a su ofendido orgullo
-descubrir lo arriesgado y aun temerario de tal empresa. De su lado
-Blake hubiera obrado con mayor prudencia si conociendo la inflexible
-dureza de Cuesta, hubiese evitado exponerse a dar batalla con una parte
-reducida de su ejército.
-
-Prosiguiendo Bessières en su propósito ordenó que el general Merle y
-Sabatier acometiesen el primero la izquierda de la posición de Blake
-y el segundo su centro. Iba con ellos el general Lassalle acompañado
-de dos escuadrones de caballería. Resistieron con valor los nuestros,
-y muchos aunque bisoños aguantaron la embestida, como si estuvieran
-acostumbrados al fuego de largo tiempo. Sin embargo el general Merle
-encaramándose del lado del camino por el tajo de la meseta, los
-nuestros comenzaron a ciar, y a desordenarse la izquierda de Blake. En
-tanto avanzaba Mouton para acometer a los de Cuesta, e interponerse
-entre los dos grandes y separados trozos del ejército español. A su
-vista los carabineros reales y guardias de Corps, sin aguardar aviso
-se movieron y en una carga bizarrísima arrollaron las tropas ligeras
-del enemigo, y las arrojaron en una torrentera de las que causan en
-aquel país las lluvias. Fue al socorro de los suyos la caballería de la
-guardia imperial, y nuestros jinetes cediendo al número se guarecieron
-de su infantería. Cayeron muertos en aquel lance los ayudantes mayores
-de carabineros Escobedo y Chaperón, lidiando este bravamente y cuerpo
-a cuerpo con varios soldados del ejército contrario. Arreciando la
-pelea, se adelantó la cuarta división de Galicia, puesta antes a las
-órdenes inmediatas de Cuesta con consentimiento de Blake. Dicen unos
-que obró por impulso propio, otros por acertada disposición del primer
-general. Iban en ella dos batallones de granaderos entresacados de
-varios regimientos, el provincial de Santiago y el de línea de Toledo,
-a los que se agregaron algunos bisoños entre otros el de Covadonga.
-Arremetieron con tal brío que fueron los franceses rechazados y
-deshechos, cogiendo los nuestros cuatro cañones. Momento apurado para
-el enemigo y que dio indicio de cuán otro hubiera sido el éxito de la
-batalla a haber habido mayor acuerdo entre los generales españoles.
-Mas la adquirida ventaja duró corto tiempo. En el intervalo había
-crecido el desorden y la derrota en las tropas de Blake. En balde este
-general había querido contener al enemigo con la columna de granaderos
-provinciales que tenía como en reserva. Estos no correspondieron a lo
-que su fama prometía por culpa en gran parte de algunos de los jefes.
-Fueron como los demás envueltos en el desorden, y caballos enemigos
-que subieron a la altura acabaron de aumentar la confusión. Entonces
-Merle más desembarazado revolvió sobre la cuarta división que había
-alcanzado la ventaja arriba indicada, y flanqueándola por su derecha la
-contuvo y desconcertó. Los franceses luego acometieron intrépidamente
-por todos lados, extendiéronse por la meseta o alto de la posición de
-Blake, y todo lo atropellaron y desbarataron, apoderándose de nuestras
-no aguerridas tropas la confusión y el espanto. Individualmente hubo
-soldados, y sobre todo oficiales que vendieron caras sus vidas,
-contándose entre los más valerosos al ilustre conde de Maceda, quien,
-_pródigo de su grande alma_, cual otro Paulo, prefirió arrojarse a
-la muerte antes que ver con sus ojos la rota de los suyos. Vanos
-fueron los esfuerzos del general Blake y de los de su estado mayor,
-particularmente de los distinguidos oficiales Don Juan Moscoso, Don
-Antonio Burriel y Don José Maldonado para rehacer la gente. Eran sordos
-a su voz los más de los soldados, manteniéndose por aquel punto solo
-unido y lidiando el batallón de voluntarios de Navarra mandado por
-el coronel Don Gabriel de Mendizábal. Cundiendo el desorden no fue
-tampoco dable a Cuesta impedir la confusión de los suyos, y ambos
-generales españoles se retiraron a corta distancia uno de otro sin ser
-muy molestados por el enemigo; pero entre sí con ánimo más opuesto
-y enconado. Tomaron el camino de Villalpando y Benavente. Pasó de
-4000 la pérdida de los nuestros entre muertos, heridos, prisioneros
-y extraviados, con varias piezas de artillería. De los contrarios
-perecieron unos 300 y más de 700 fueron los heridos. Lamentable
-jornada debida a la obstinada ceguedad e ignorancia de Cuesta, al poco
-concierto entre él y Blake, y a la débil y culpable condescendencia
-de la junta de Galicia. La tropa bisoña y aun el paisanaje habiendo
-peleado largo rato con entusiasmo y denuedo, claramente mostraron lo
-que con mayor disciplina y mejor acuerdo de los jefes hubieran podido
-llevar a glorioso remate. Mucho perjudicó a la causa de la patria tan
-triste suceso. Se perdieron hombres, se consumieron en balde armas y
-otros pertrechos, y sobre todo se menoscabó en gran manera la confianza.
-
-Rioseco pagó duramente la derrota padecida casi a sus puertas. Nunca
-pudo autorizar el derecho de la guerra el saqueo y destrucción de un
-pueblo que por sí no había opuesto resistencia. Mas el enemigo con
-pretexto de que soldados dispersos habían hecho fuego cerca de los
-arrabales, entró en la ciudad matando por calles y plazas. Los vecinos
-que quisieron fugarse murieron casi todos a la salida. Allanaron los
-franceses las casas, los conventos y los templos, destruyeron las
-fábricas, robándolo todo y arruinándolo. Quitaron la vida a mozos,
-ancianos y niños, a religiosos y a varias mujeres, violándolas a
-presencia de sus padres y maridos. Lleváronse otras al campamento,
-abusando de ellas hasta que hubieron fallecido. Quemaron más de
-cuarenta casas, y coronaron tan horrorosa jornada con formar de la
-hermosa iglesia de Santa Cruz un infame lupanar, en donde fueron
-víctima del desenfreno de la soldadesca muchas monjas, sin que se
-respetase aun a las muy ancianas. No pocas horas duró el tremendo
-destrozo.
-
-[Marginal: Avanza Bessières a León.]
-
-Bessières después de avanzar hasta Benavente persiguió a Cuesta camino
-de León, a cuya ciudad llegó este el 17, abandonándola en la noche del
-18 para retirarse hacia Salamanca. El general francés que había dudado
-antes si iría o no a Portugal, sabiendo este movimiento y el que Blake
-y los asturianos se habían replegado detrás de las montañas, desistió
-de su intento y se contentó con entrar en León y recorrer la tierra
-llana. [Marginal: Su correspondencia con Blake.] Desde el 22 abrió el
-mariscal francés correspondencia con Blake haciéndole proposiciones muy
-ventajosas para que él y su ejército reconociesen a José. Respondiole
-el general español con firmeza y decoro, concluyendo los tratos con
-una carta de este demasiadamente vanagloriosa, y una respuesta de su
-contrario atropellada y en que se pintaba el enfado y despecho.
-
-La batalla de Rioseco, fatal para los españoles, llenó de júbilo a
-Napoleón, comparándola con la de Villaviciosa que había asegurado la
-corona en las sienes de Felipe V. Satisfecho con la agradable nueva, o
-más bien sirviéndole de honroso y simulado motivo, abandonó a Bayona,
-de donde el 21 de julio por la noche salió para París, visitando antes
-los departamentos del mediodía. No fue la vez primera ni la única en
-que alejándose a tiempo, procuraba que sobre otros recayesen las faltas
-y errores que se cometían en su ausencia.
-
-[Marginal: Viaje de José a Madrid.]
-
-José, a quien dejamos a la raya de España y pisando su territorio, el
-9 de julio había seguido su camino a cortas jornadas. A doquiera
-que llegaba acogíanle friamente; las calles de los pueblos estaban en
-soledad y desamparo, y no había para recibirle sino las autoridades
-que pronunciaban discursos, forzadas por la ocupación francesa. El
-16 supo en Burgos las resultas de la batalla de Rioseco, con lo que
-más desahogadamente le fue lícito continuar su viaje a Madrid. En el
-tránsito quiso manifestarse afable, lo cual dio ocasión a los satíricos
-donaires de los que le oían. Porque poco práctico en la lengua
-española, alteraba su pureza con vocablos y acento de la italiana, y
-sus arengas en vez de cautivar los ánimos solo los movían a risa y
-burla.
-
-[Marginal: Su entrada en la capital.]
-
-El 20 en fin llegó a Chamartín a mediodía y se apeó en la quinta del
-duque del Infantado, disponiéndose a hacer su entrada en Madrid.
-Verificola pues en aquella propia tarde a las seis y media, yendo
-por la puerta de Recoletos, calle de Alcalá y Mayor hasta palacio.
-Habían mandado colgar y adornar las casas. Raro o ninguno fue el
-vecino que obedeció. Venía escoltado para seguridad y mayor pompa
-de mucha infantería y caballería, generales y oficiales de estado
-mayor, y contados españoles de los que estaban más comprometidos.
-Interrumpíase la silenciosa marcha con los solos vivas de algunos
-franceses establecidos en Madrid, y con el estruendo de la artillería.
-Las campanas en lugar de tañer como a fiesta las hubo que doblaron
-a manera de día de difuntos. Pocos fueron los habitantes que se
-asomaron o salieron a ver la ostentosa solemnidad. Y aun el grito de
-uno que prorrumpió en _viva Fernando VII_, causó cierto desorden por
-el recelo de alguna oculta trama. Recibimiento que representaba al
-vivo el estado de los ánimos, y singular en su contraste con el que
-se había dado a Fernando VII en 24 de marzo. Asemejose muy mucho al
-de Carlos de Austria en 1710, en el que se mezclaron con los pocos
-vítores que le aplaudían, varios que osaron aclamar a Felipe V. Pero
-José no se ofendió ni de extraños clamores ni de la expresiva soledad
-como el austriaco. Este al llegar a la puerta de Guadalajara torció a
-la derecha y se salió por la calle de Alcalá diciendo: «que era una
-corte sin gente.» José se posesionó de Palacio y desde luego admitió a
-cumplimentarle a las autoridades, consejos y principales personas al
-efecto citadas.
-
-[Marginal: Retrato de José.]
-
-Ahora no parecerá fuera de propósito que nos detengamos a dar una
-idea, si bien sucinta, del nuevo rey, de su carácter y prendas.
-Comenzaremos por asentar con desapasionada libertad, que en tiempos
-serenos y asistido de autoridad, si no más legítima por lo menos de
-origen menos odioso, no hubiera el intruso deshonrado el solio, mas
-sí cooperado a la felicidad de España. José había nacido en Córcega,
-año de 1768. Habiendo estudiado en el colegio de Autun en Borgoña,
-volvió a su patria en 1785 en donde después fue individuo de la
-administración departamental, a cuya cabeza estaba el célebre Paoli.
-Casado en 1794 con una hija de Mr. Clary, hombre de los más acaudalados
-de Marsella, acompañó al general Bonaparte en su primera campaña de
-Italia. Hallábase embajador en Roma a la sazón que sublevándose el
-pueblo acometió su palacio y mató a su lado al general Duphot. Miembro
-a su regreso del consejo de los Quinientos, defendió con esfuerzo a su
-hermano que entonces en Egipto era vivamente atacado por el directorio.
-Después de desempeñar comisiones importantes y de haber firmado el
-concordato con el Papa, los tratados de Luneville, Amiens y otros,
-tomó asiento en el senado. Mas cuando Napoleón convirtió la Francia
-en un vasto campo militar y sus habitantes en soldados, ciñó a su
-hermano la espada, dándole el mando del cuarto regimiento de línea,
-uno de los destinados al tan pregonado desembarco de Inglaterra. No
-descolló empero en las armas, cual conviniera al que fue a domeñar
-después una nación fiera y altiva como la española. Al subir Napoleón
-al trono ofreció a José la corona de Lombardía que se negó a admitir,
-accediendo en 1806 a recibir la de Nápoles, cuyo reino gobernó con
-algún acierto. Fue en España más desgraciado a pesar de las prendas que
-le adornaban. Nacido en la clase particular y habiendo pasado por los
-vaivenes y trastornos de una gran revolución política, poseía a fondo
-el conocimiento de los negocios públicos y el de los hombres. Suave
-de condición, instruido y agraciado de rostro, y atento y delicado en
-sus modales, hubiera cautivado a su partido las voluntades españolas,
-si antes no se las hubiera tan gravemente lastimado en su pundonoroso
-orgullo. Además la extrema propensión de José a la molicie y deleites
-oscureciendo algún tanto sus bellas dotes, dio ocasión a que se
-inventasen respecto de su persona ridículas consejas y cuentos creídos
-por una multitud apasionada y enemiga. Así fue que no contentos con
-tenerle por ebrio y disoluto, deformáronle hasta en su cuerpo fingiendo
-que era tuerto. Su misma locución fácil y florida perjudicole en
-gran manera, pues arrastrado de su facundia se arrojaba, como hemos
-advertido, a pronunciar discursos en lengua que no le era familiar,
-cuyo inmoderado uso unido a la fama exagerada de sus defectos, provocó
-a componer farsas populares que, representadas en todos los teatros
-del reino, contribuyeron no tanto al odio de su persona como a su
-desprecio, afecto del ánimo más temible para el que anhela afianzar en
-sus sienes una corona. Por tanto, José, si bien enriquecido de ciertas y
-laudables calidades, carecía de las virtudes bélicas y austeras que se
-requerían entonces en España, y sus imperfecciones, débiles lunares en
-otra coyuntura, ofrecíanse abultadas a los ojos de una nación enojada y
-ofendida.
-
-[Marginal: Su proclamación.]
-
-Los pocos días que el nuevo rey residió en Madrid se pasaron en
-ceremonias y cumplidos. Señalose el 25 de julio para su proclamación.
-Prefirieron aquel día por ser el de Santiago, creyendo así agradar a
-la devoción española que le reconocía como patrón del reino. Hizo las
-veces de alférez mayor el conde de Campo de Alange, estando ausente
-y habiendo rehusado asistir el marqués de Astorga a quien de derecho
-competía.
-
-[Marginal: Su reconocimiento.]
-
-Todas las autoridades, después de haber cumplimentado a José, le
-prestaron, con los principales personajes, juramento de fidelidad. Solo
-se resistieron el consejo de Castilla [Marginal: Consejo de Castilla.]
-y la sala de alcaldes. Muy de elogiar sería la conducta del primero,
-si con empeño y honrosa porfía se hubiera antes constantemente opuesto
-a las resoluciones de la autoridad intrusa. Había sí a veces suprimido
-la fórmula, al publicar sus decretos, de que estos se _guardasen_ y
-_cumpliesen_, pero imprimiéndose y circulándose a su nombre: el pueblo,
-que no se detenía en otras particularidades, achacaba al consejo y
-vituperaba en él la autorización de tales documentos, y los hombres
-entendidos deploraban que se sirviese de un efugio indigno de supremos
-magistrados. Porque al paso que doblaban la cerviz al usurpador,
-buscaban con sutilezas e impropios ardides un descargo a la severa
-responsabilidad que sobre ellos pesaba: proceder que los malquistó con
-todos los partidos.
-
-Desde la llegada de José a España habíase ordenado al consejo que
-se dispusiese a prestar el debido juramento. En el 22 de julio
-expresamente se le reiteró cumpliese con aquel acto, según lo prevenido
-en la constitución de Bayona, la cual ya de antemano se le había
-ordenado que circulase. El consejo sabedor de la resistencia general
-de las provincias, y previendo el compromiso a que se exponía, había
-procurado dar largas, y no antes del 24 respondió a las mencionadas
-órdenes. En dicho día remitió dos representaciones que abrazaban
-ambos puntos el del juramento y el de la constitución. A cerca de la
-última expuso: «que él no representaba a la nación, y sí únicamente
-las cortes, las que no habían recibido la constitución. Que sería
-una manifiesta infracción de todos los derechos más sagrados el que
-tratándose, no ya del establecimiento de una ley sino de la extinción
-de todos los códigos legales y de la formación de otros nuevos, se
-obligase a jurar su observancia antes que la nación los reconociese y
-aceptase.» Justa y saludable doctrina de que en adelante se desvió con
-frecuencia el mismo consejo.
-
-Hasta en el presente negocio cedió al fin respecto de la constitución
-de Bayona, cuya publicación y circulación tuvo efecto con su anuencia
-en 26 de julio. Animáronle a continuar en la negativa del pedido
-juramento los avisos confidenciales que ya llegaban del estado apurado
-de los franceses en Andalucía: por lo cual el 28 insistió en las
-razones alegadas, añadiendo nuevas de conciencia. A unas y a otras
-le hubiera la necesidad obligado a encontrar salida y someterse a lo
-que se le ordenaba, según antes había en todo practicado, si grandes
-acontecimientos allende la Sierra Morena no hubieran distraído de los
-escrúpulos del consejo y suscitado nuevos e impensados cuidados al
-gobierno intruso.
-
-Al llegar aquí de suyo se nombra la batalla de Bailén: memorable suceso
-que exige lo refiramos circunstanciadamente.
-
-[Marginal: Acontecimientos que precedieron a la batalla de Bailén.]
-
-No habrá el lector olvidado como Dupont después de abandonar a Córdoba
-se había replegado a Andújar, y asentando allí su cuartel general,
-sucesivamente había recibido los refuerzos que le llevaron los
-generales Vedel y Gobert. Antes de esta retirada y para impedirla se
-había formado un plan por los españoles. Don Francisco Javier Castaños
-se oponía a que este se realizase, pensando quizá fundadamente que ante
-todo debía organizarse el ejército en un campo atrincherado delante de
-Cádiz. En tanto Dupont frustró con su movimiento retrógrado el intento
-que había habido de rodearle. Alentáronse los nuestros, y solo Castaños
-insistió de nuevo en su anterior dictamen. Inclinábase a adoptarle la
-junta de Sevilla hasta que arrastrada por la voz pública, y noticiosa
-de que tropas de refresco avanzaban a unirse al enemigo, determinó que
-se le atacase en Andújar.
-
-Castaños desde que había tomado el mando del ejército de Andalucía,
-había tratado de engrosarle, y disciplinar a los innumerables paisanos
-que se presentaban a alistarse voluntariamente. En Utrera estableció
-su cuartel general, y en aquel pueblo y Carmona se juntaron unas en
-pos de otras todas las fuerzas, así las que venían de San Roque, Cádiz
-y Sevilla, como las que con Echevarri habían peleado en Alcolea. No
-tardaron mucho las de Granada en aproximarse y darse la mano con las
-demás. Para mayor seguridad rogó Castaños al general Spencer, quien con
-5000 ingleses según se apuntó estaba en Cádiz a bordo de la escuadra de
-su nación, que desembarcase y tomase posición en Jerez. Por entonces no
-condescendió este general con su deseo, prefiriendo pasar a Ayamonte y
-sostener la insurrección de Portugal. No tardó sin embargo el inglés en
-volver y desembarcar en el Puerto de Santa María, en donde permaneció
-corto tiempo sin tomar parte en la guerra de Andalucía.
-
-[Marginal: Distribución del ejército español de Andalucía.]
-
-Puestos de inteligencia los jefes españoles dispusieron su ejército
-en tres divisiones con un cuerpo de reserva. Mandaba la primera Don
-Teodoro Reding con la gente de Granada; la segunda el marqués de
-Coupigny, y se dejó la tercera a cargo de Don Félix Jones que debía
-obrar unida a la reserva capitaneada por Don Manuel de la Peña. El
-total de la fuerza ascendía a 25.000 infantes y 2000 caballos. A las
-órdenes de Don Juan de la Cruz había una corta división, compuesta de
-las compañías de cazadores de algunos cuerpos, de paisanos y otras
-tropas ligeras, con partidas sueltas de caballería, que en todo
-ascendía a 1000 hombres. También Don Pedro Valdecañas mandaba por otro
-lado pequeños destacamentos de gente allegadiza.
-
-Los españoles, avanzando, se extendieron desde el 1.º de julio por el
-Carpio y ribera izquierda del Guadalquivir. Los franceses para buscar
-víveres y cubrir su flanco habían al propio tiempo enviado a Jaén al
-general de brigada Cassagne con 1500 hombres. A las once del mismo día,
-acercándose los franceses a la ciudad, tuvieron varios reencuentros con
-los nuestros, y hasta el 3 que por la noche la desampararon estuvieron
-en continuado rebato y pelea, ya con paisanos y ya con el regimiento
-de suizos de Reding y voluntarios de Granada, que habían acudido a
-la defensa de los suyos. Dupont, sabedor del movimiento del general
-Castaños, no queriendo tener alejadas sus fuerzas, había ordenado a
-Cassagne que retrocediese, y así se libertó Jaén de la ocupación de
-unos soldados que tanto daño le habían ocasionado en la primera.
-
-[Marginal: Consejo celebrado para atacar a los franceses.]
-
-Instando de todos lados para que se acometiese decididamente al
-enemigo, celebraron en Porcuna el 11 de julio los jefes españoles un
-consejo de guerra en el que se acordó el plan de ataque. Conforme a lo
-convenido debía Don Teodoro Reding cruzar el Guadalquivir por Mengíbar
-y dirigirse sobre Bailén, sosteniéndole el marqués de Coupigny que
-había de pasar el río por Villanueva. Al mismo tiempo Don Francisco
-Javier Castaños quedó encargado de avanzar con la tercera división y la
-reserva y atacar de frente al enemigo, cuyo flanco derecho debía ser
-molestado por las tropas ligeras y cuerpos francos de Don Juan de la
-Cruz, quien atravesando por el puente de Marmolejo, que aunque cortado
-anteriormente estaba ya transitable, se situó al efecto en las alturas
-de Sementera.
-
-El 13 se empezó a poner en obra el concertado movimiento, y el 15 hubo
-varias escaramuzas. Dupont inquieto con las tropas que veía delante de
-sí, pidió a Vedel que le enviase de Bailén el socorro de una brigada;
-pero este no queriendo separarse de sus soldados fue en persona con
-su división, dejando solamente a Liger-Belair con 1300 hombres para
-guardar el paso de Mengíbar. En el mismo 15 los franceses atacaron a
-Cruz, quien después de haber combatido bizarramente se transfirió a
-Peñascal de Morales, replegándose los enemigos a sus posiciones. No
-hubo en el 16 por el frente, o sea del lado de Castaños, sino un recio
-cañoneo; pero fue grave y glorioso para los españoles el choque en que
-se vio empeñado en el propio día el general Reding.
-
-[Marginal: Acción de Mengíbar.]
-
-Según lo dispuesto trató este general de atacar al enemigo, y al
-tiempo que le amenazaba en su posición de Mengíbar, a las cuatro de la
-mañana cruzó el río a media legua por el vado apellidado del Rincón.
-Le desalojó de todos los puntos, y obligó a Liger-Belair a retirarse
-hacia Bailén, de donde volando a su socorro el general Gobert, recibió
-este un balazo en la cabeza, de que murió poco después. Cuerpos nuevos
-como el de Antequera y otros se estrenaron aquel día con el mayor
-lucimiento. Contribuyó en gran manera al acierto de los movimientos el
-experto y entendido mayor general Don Francisco Javier Abadía. Nada
-embarazaba ya la marcha victoriosa de los españoles; mas Reding como
-prudente capitán suspendió perseguir al enemigo, y repasando por la
-tarde el río aguardó a que se le uniese Coupigny. Pareció ser día de
-buen agüero porque en 1212 en el mismo 16 de julio, según el cómputo
-de entonces, habíase ganado la célebre batalla de las Navas de Tolosa,
-pueblo de allí poco distante: siendo de notar que el paraje en donde
-hubo mayor destrozo de moros, y que aún conserva el nombre de campo de
-matanza, fue el mismo en que cayó mortalmente herido el general Gobert.
-
-De resultas de este descalabro determinó Dupont que Vedel tornase a
-Bailén, y arrojase los españoles del otro lado del río. Empezaba el
-terror a desconcertar a los franceses. Aumentose con la noticia que
-recibieron de lo ocurrido en Valencia, y por doquiera no veían ni
-soñaban sino gente enemiga. Así fue que Dufour, sucesor de Gobert,
-y Liger-Belair escarmentados con la pérdida que el 16 experimentaron
-en Mengíbar, y temerosos de que los españoles mandados por Don
-Pedro Valdecañas, que habían acometido y sorprendido en Linares un
-destacamento francés, se apoderasen de los pasos de la sierra y fuesen
-después sostenidos por la división victoriosa de Reding, en vez de
-mantenerse en Bailén caminaron a Guarromán tres leguas distante. Ya
-se habían puesto en marcha cuando Vedel de vuelta de Andújar llegó al
-primer pueblo, y sin aguardar noticia ni aviso alguno recelándose que
-Dufour y su compañero pudiesen ser atacados prosiguió adelante, y
-uniéndose a ellos avanzaron juntos a la Carolina y Santa Elena.
-
-En el intermedio y al día siguiente de la gloriosa acción que había
-ganado, movió el general Reding su campo, repasó de nuevo el río en la
-tarde del 17, e incorporándosele al amanecer el marqués de Coupigny
-entraron ambos el 18 en Bailén. Sin permitir a su gente largo descanso
-disponíanse a revolver sobre Andújar, con intento de coger a Dupont
-entre sus divisiones y las que habían quedado en los Visos, cuando
-impensadamente se encontraron con las tropas de dicho general, que de
-priesa y silenciosamente caminaban. Había el francés salido de Andújar
-al anochecer del 18, después de destruir el puente y las obras que para
-su defensa había levantado. Escogió la oscuridad deseoso de encubrir su
-movimiento, y salvar el inmenso bagaje que acompañaba a sus huestes.
-
-[Marginal: Batalla de Bailén, 19 de julio.]
-
-Abría Dupont la marcha con 2600 combatientes, mandando Barbou la
-columna de retaguardia. Ni franceses ni españoles se imaginaban estar
-tan cercanos; pero desengañolos el tiroteo que de noche empezó a oírse
-en los puntos avanzados. Los generales españoles que estaban reunidos
-en una almazara o sea molino de aceite a la izquierda del camino de
-Andújar, paráronse un rato con la duda de si eran fusilazos de su tropa
-bisoña o reencuentro con la enemiga. Luego los sacó de ella una granada
-que casi cayó a sus pies a las doce y minutos de aquella misma noche, y
-principio ya del día 19. Eran en efecto fuegos de tropas francesas que
-habiendo las primeras y más temprano salido de Andújar, habían tenido
-el necesario tiempo para aproximarse a aquellos parajes. Los jefes
-españoles mandaron hacer alto, y Don Francisco Venegas Saavedra, que
-en la marcha capitaneaba la vanguardia, mantuvo el conveniente orden,
-y causó diversión al enemigo en tanto que la demás tropa ya puesta en
-camino volvía a colocarse en el sitio que antes ocupaba. Los franceses
-por su parte avanzaron más allá del puente que hay a media legua de
-Bailén. En unas y otras no empezó a trabarse formalmente la batalla
-hasta cerca de las cuatro de la mañana del citado 19. Aunque los dos
-grandes trozos o divisiones, en que se había distribuido la fuerza
-española allí presente, estaban al mando de los generales Reding y
-Coupigny, sometido este al primero, ambos jefes acudían indistintamente
-con la flor de sus tropas a los puntos atacados con mayor empeño.
-Ayudoles mucho para el acierto el saber y tino del mayor general
-Abadía.
-
-La primera acometida fue por donde estaba Coupigny. Rechazáronla sus
-soldados vigorosamente, y los guardias valonas, suizos, regimientos de
-Bujalance, Ciudad Real, Trujillo, Cuenca, Zapadores y el de caballería
-de España embistieron las alturas que el enemigo señoreaba y le
-desalojaron. Roto este enteramente se acogió al puente, y retrocedió
-largo trecho. Reconcentrando en seguida Dupont sus fuerzas volvió
-a posesionarse de parte del terreno perdido, y extendió su ataque
-contra el centro y costado derecho español en donde estaba Don Pedro
-Grimarest. Flaqueaban los nuestros de aquel lado, pero auxiliados
-oportunamente por Don Francisco Venegas, fueron los franceses del todo
-arrollados teniendo que replegarse. Muchas y porfiadas veces repitieron
-los enemigos sus tentativas por toda la línea, y en todas fueron
-repelidos con igual éxito. Manejaron con destreza nuestra artillería
-los soldados y oficiales de aquella arma, mandados por los coroneles
-Don José Juncar y Don Antonio de la Cruz, consiguiendo desmontar
-de un modo asombroso la de los contrarios. La sed causada por el
-intenso calor era tanta que nada disputaron los combatientes con mayor
-encarnizamiento como el apoderarse, ya unos ya otros, de una noria sita
-más abajo de la almazara antes mencionada.
-
-A las doce y media de la mañana Dupont lleno de enojo púsose con todos
-los generales a la cabeza de las columnas, y furiosa y bravamente
-acometieron juntos al ejército español. Intentaron con particular
-arrojo romper nuestro centro, en donde estaban los generales Reding
-y Abadía, llegando casi a tocar con los cañones los marinos de la
-guardia imperial. Vanos fueron sus esfuerzos, inútil su conato. Tanto
-ardimiento y maestría estrellose contra la bravura y constancia de
-nuestros guerreros. Cansados los enemigos, del todo decaídos, menguados
-sus batallones, y no encontrando refugio ni salida, propusieron una
-suspensión de armas que aceptó Reding.
-
-Mientras que la victoria coronaba con sus laureles a este general, Don
-Juan de la Cruz no había permanecido ocioso. Informado del movimiento
-de Dupont en la misma noche del 18 se adelantó hasta los Baños, y
-colocándose cerca del Herrumblar a la izquierda del enemigo, le molestó
-bastantemente. Castaños debió tardar más en saber la retirada de los
-franceses, puesto que hasta la mañana del 19 no mandó a Don Manuel de
-la Peña ponerse en marcha. Llevó este consigo la tercera división de
-su mando reforzada, quedándose con la reserva en Andújar el general en
-jefe. Peña llegó cuando se estaba ya capitulando: había antes tirado
-algunos cañonazos para que Reding estuviese advertido de su llegada, y
-quizá este aviso aceleró el que los franceses se rindiesen.
-
-Vedel en su correría no habiendo descubierto por la sierra tropas
-españolas, unido con Dufour permaneció el 18 en la Carolina, después
-de haber dejado para resguardar el paso en Santa Elena y Despeñaperros
-dos batallones y algunas compañías. Allí estaba cuando al alborear
-del 19 oyendo el cañoneo del lado de Bailén, emprendió su marcha,
-aunque lentamente, hacia el punto de donde partía el ruido. Tocaba
-ya a las avanzadas españolas, y todavía reposaban estas con el seguro
-de la pactada tregua. Advertido sin embargo Reding envió al francés
-un parlamento con la nueva de lo acaecido. Dudó Vedel si respetaría
-o no la suspensión convenida, mas al fin envió un oficial suyo para
-cerciorarse del hecho.
-
-Ocupaban por aquella parte los españoles las dos orillas del camino. En
-la ermita de San Cristóbal, que está a la izquierda yendo de Bailén a
-la Carolina, se había situado un batallón de Irlanda, y el regimiento
-de Órdenes Militares al mando de su valiente coronel Don Francisco
-de Paula Soler: enfrente y del otro lado se hallaba otro batallón de
-dicho regimiento de Irlanda con dos cañones. Pesaroso Vedel de haber
-suspendido su marcha, u obrando quizá con doblez, media hora después
-de haber contestado al parlamento de Reding, y de haber enviado un
-oficial a Dupont, mandó al general Cassagne que atacase el puesto de
-los españoles últimamente indicado. Descansando nuestros soldados en la
-buena fe de lo tratado, fuele fácil al francés desbaratar al batallón
-de Irlanda que allí había, cogerle muchos prisioneros, y aun los dos
-cañones. Mayor oposición encontró el enemigo en las fuerzas que mandaba
-Soler, quien aguantó bizarramente la acometida que le dio el jefe
-de batallón Roche. Interesaba mucho aquel punto de la ermita de San
-Cristóbal, porque se facilitaba apoderándose de ella la comunicación
-con Dupont. Viendo la porfiada y ordenada resistencia que los españoles
-ofrecían, iba Vedel a atacar en persona la ermita, cuando recibió la
-orden de su general en jefe de no emprender cosa alguna, con lo que
-cesó en su intento calificado por los españoles de alevoso.
-
-[Marginal: Capitulación del ejército francés.]
-
-Negociábase pues el armisticio que antes se había entablado. Fue
-enviado por Dupont para abrir los tratos el capitán Villoutreys de su
-estado mayor. Pedía el francés la suspensión de armas y el permiso de
-retirarse libremente a Madrid. Concedió Reding la primera demanda,
-advirtiendo que para la segunda era menester abocarse con Don Francisco
-Javier Castaños que mandaba en jefe. A él se acudió autorizando los
-franceses al general Chabert para firmar un convenio. Inclinábase
-Castaños a admitir la proposición de dejar a los enemigos repasar sin
-estorbo la Sierra Morena. Pero la arrogancia francesa disgustando a
-todos, excitó al conde de Tilly a oponerse, cuyo dictamen era de gran
-peso como de individuo de la junta de Sevilla, y de hombre que tanta
-parte había tomado en la revolución. Vino en su apoyo el haberse
-interceptado un despacho de Savary de que era portador el oficial Mr.
-de Fénelon. Preveníasele a Dupont en su contenido que se recogiese al
-instante a Madrid en ayuda de las tropas que iban a hacer rostro a
-los generales Cuesta y Blake que avanzaban por la parte de Castilla
-la Vieja. Tilly a la lectura del oficio insistió con ahínco en su
-opinión, añadiendo que la victoria alcanzada en los campos de Bailén
-de nada serviría sino de favorecer los deseos del enemigo, caso que se
-permitiese a sus soldados ir a juntarse con los que estaban allende
-la sierra. A sus palabras irritados los negociadores franceses se
-propasaron en sus expresiones hablando mal de los paisanos españoles
-y exagerando sus excesos. No quedaron en zaga en su réplica los
-nuestros, echándoles en cara escándalos, saqueos y perfidias. De ambas
-partes agriándose sobremanera los ánimos, rompiéronse las entabladas
-negociaciones.
-
-Mas los franceses no tardaron en renovarlas. La posición de su ejército
-por momentos iba siendo más crítica y peligrosa. Al ruido de la
-victoria había acudido de la comarca la población armada, la cual y
-los soldados vencedores estrechando en derredor al enemigo abatido y
-cansado, sofocado con el calor y sediento, le sumergían en profunda
-aflicción y desconsuelo. Los jefes franceses no pudiendo los más
-sobrellevar la dolorosa vista que ofrecían sus soldados, y algunos, si
-bien los menos, temerosos de perder el rico botin que los acompañaba,
-generalmente persistieron en que se concluyese una capitulación. Y como
-las primeras conferencias no habían tenido feliz resulta, escogiose
-para ajustarla al general Marescot que por acaso se había incorporado
-al ejército de Dupont. De antiguo conocía al nuevo plenipotenciario Don
-Francisco Javier Castaños, y lisonjeáronse los que le eligieron con que
-su amistad llevaría la negociación a pronto y cumplido remate.
-
-Habíanse ya trabado nuevas pláticas, y todavía hubo oficiales franceses
-que escuchando más a los ímpetus de su adquirida gloria que a lo que su
-situación y la fe empeñada exigían, propusieron embestir de repente
-las líneas españolas, y uniéndose con Vedel salvarse a todo trance.
-Dupont mismo sobrecogido y desatentado dio órdenes contradictorias,
-y en una de ellas insinuó a Vedel que se considerase como libre y se
-pusiese en cobro. Bastole a este general el permiso para empezar a
-retirarse por la noche burlándose de la tregua. Notando los españoles
-su fuga, intimaron a Dupont que de no cumplir él y los suyos la palabra
-dada, no solamente se rompería la negociación, sino que también sus
-divisiones serían pasadas a cuchillo. Arredrado con la amenaza,
-envió el francés oficiales de su estado mayor que detuviesen en la
-marcha a Vedel, el cual aunque cercado de un enjambre de paisanos, y
-hostigado por el ejército español, vaciló si había o no de obedecer.
-Mas aterrorizados oficiales y soldados, era tanto su desaliento que de
-veintitrés jefes que convocó a consejo de guerra, solo cuatro opinaron
-que debía continuarse la comenzada retirada. Mal de su grado sometiose
-Vedel al parecer de la mayoría.
-
-Terminose pues la capitulación oscura y contradictoria en alguna de
-sus partes; lo que en seguida dio margen a disputas y altercados.[*]
-[Marginal: (* Ap. n. 4-15.)] Según los primeros artículos se hacía una
-distinción bien marcada entre las tropas del general Dupont y las de
-Vedel. Las unas eran consideradas como prisioneras de guerra, debiendo
-rendir las armas, y sujetarse a la condición de tales. A las otras si
-bien forzadas a evacuar la Andalucía, no se las obligaba a entregar
-las armas sino en calidad de depósito, para devolvérselas a su
-embarco. Pero esta distinción desaparecía en el artículo 6.º en donde
-se estipulaba que todas las tropas francesas de Andalucía se harían a
-la vela desde Sanlúcar y Rota para Rochefort en buques tripulados por
-españoles. Ignoramos si hubo o no malicia en la inserción del artículo.
-Si procedió de ardid de los negociadores franceses, enredáronse
-entonces en su propio lazo, pues no era hacedero aprestar los
-suficientes barcos con tripulación nacional. Tenemos por más probable
-que anhelando todos concluir el convenio se precipitaron a cerrarle,
-dejándole en parte ambiguo y vago.
-
-La capitulación firmose en Andújar el 22 de julio por Don Francisco
-Javier Castaños y el conde de Tilly a nombre de los españoles, y lo
-fue al de los franceses por los generales Marescot y Chabert. Al día
-siguiente desfiló la fuerza que estaba a las órdenes inmediatas del
-general Dupont por delante de la reserva y tercera división españolas,
-a cuyo frente se hallaban los generales Castaños y Don Manuel de la
-Peña. Censurose que se diera la mayor honra y prez de la victoria a
-las tropas que menos habían contribuido a alcanzarla. Componíase la
-primera fuerza francesa de 8248 hombres, [Marginal: Rinden las armas
-los franceses.] la cual rindió sus armas a 400 toesas del campo. El
-24 trasladose el mismo Castaños a Bailén, en donde las divisiones
-de Vedel y Dufour que constaban de 9393 hombres abandonaron sus
-fusiles, colocándolos en pabellones sobre el frente de banderas. Además
-entregaron unos y otros las águilas como también los caballos y la
-artillería que contaba 40 piezas. De suerte que entre los que habían
-perecido en la batalla, los rendidos y los que después sucesivamente se
-rindieron en la sierra y Mancha, pasaba el total del ejército enemigo
-de 21.000 hombres. El número de sus muertos ascendía a más de 2000
-con gran número de heridos. Entre ellos perecieron el general Dupré
-y varios oficiales superiores. Dupont quedó también contuso. De los
-nuestros murieron 243, quedando heridos más de 700.
-
-[Marginal: Reflexiones sobre la batalla.]
-
-Día fue aquel de ventura y gloria para los españoles, de eterna
-fama para sus soldados, de terrible y dolorosa humillación para los
-contrarios. Antes vencedores estos contra las más aguerridas tropas
-de Europa, tuvieron que rendir ahora sus armas a un ejército bisoño
-compuesto en parte de paisanos y allegado tan apresuradamente que
-muchos sin uniforme todavía conservaban su antiguo y tosco vestido.
-Batallaron sin embargo los franceses con honra y valentía; cedieron a
-la necesidad, pero cedieron sin afrenta. Algunos de sus caudillos no
-pudieron ponerse a salvo de una justa y severa censura. Allá en Roma
-en parecido trance pasaron sus cónsules bajo el yugo despojados, y
-medio desnudos al decir de Tito Livio: «aquí hubo jefes que tuvieron
-más cuenta con la mal adquirida riqueza que con el buen nombre.» No ha
-faltado entre sus compatriotas quien haya achacado la capitulación al
-deseo de no perder el cuantioso botin que consigo llevaban. Pudo caber
-tan ruin pensamiento en ciertos oficiales, mas no en su mayor y más
-respetable número. Guerreros bravos y veteranos lidiaron con arrojo y
-maestría; sometiéronse a su mala estrella y a la dicha y señalado brío
-de los españoles.
-
-La victoria pesada en la balanza de la razón casi tocó en portento.
-Cierto que las divisiones de Reding y de Coupigny, únicas que en
-realidad lidiaron, contaban un tercio de fuerza más que las de
-Dupont, constando estas de 8000 hombres, y aquellas de 14.000. ¡Pero
-qué inferioridad en su composición! Las francesas superiorísimas en
-disciplina, bajo generales y oficiales inteligentes y aguerridos,
-bien pertrechadas y con artillería completa y bien servida, tenían
-la confianza que dan tamañas ventajas y una serie no interrumpida de
-victorias. Las españolas mal vestidas y armadas, con oficiales por
-la mayor parte poco prácticos en el arte de la guerra y con soldados
-inexpertos, eran más bien una masa de hombres de repente reunidos, que
-un ejército en cuyas filas hubiese la concordancia y orden propios
-de un ejército a punto de combatir. Nuestra caballería por su mala
-organización conceptuábase como nula a pesar del valor de los jinetes,
-al paso que la francesa brillaba y se aventajaba por su arreglo y
-destreza. La posición ocupada por los españoles no fue más favorable
-que la de los enemigos, habiendo al contrario tenido estos la fortuna
-de acometer los primeros a los nuestros que comenzaban su marcha. Podrá
-alegarse que hallándose a la retaguardia de Dupont las fuerzas de
-Castaños y Peña, se le inutilizaba a aquel su superioridad viéndose así
-perseguido y estrechado; pero en respuesta diremos que también Reding
-tuvo a sus espaldas las tropas de Vedel, con la diferencia que las de
-Peña nunca llegaron al ataque, y las otras le realizaron por dos veces.
-No es extraño que mortificados los vencidos con la impensada rota, la
-hayan asimismo achacado a la penuria que experimentaban sus soldados,
-al cansancio y al calor terrible en aquella estación y en aquel clima.
-Pero si los víveres abundaban en el campo de los españoles, era igual
-o mayor la fatiga, y no herían con menos violencia los rayos del sol
-a muchos de los que siendo de provincias más frescas estaban tan
-desacostumbrados como los franceses a los ardores de las del mediodía,
-de que varios cayeron sofocados y muertos. Hanse reprendido a Dupont y
-a sus generales graves faltas, y ¡cuáles no cometieron los españoles!
-Si Vedel y los suyos corrieron a la Carolina tras un enemigo que no
-existía, Castaños y la Peña se pararon sobrado tiempo en los Visos de
-Andújar, figurándose tener delante un enemigo que había desaparecido.
-El general francés reputado como uno de los primeros de su nación,
-aventajábase en nombradía al español, habiéndose ilustrado con
-gloriosos hechos en Italia y en las orillas del Danubio y del Elba.
-Castaños, después de haber servido con distinción en la campaña de
-Francia de 1793, gozaba fama de buen oficial y de hombre esforzado,
-mas no había todavía tenido ocasión de señalarse como general en jefe.
-Suave de condición amábanle sus subalternos; mañero en su conducta
-acusábanle otros de saber aprovecharse en beneficio propio de las
-hazañas ajenas. Así fue que quisieron privarle de todo loor y gloria
-en los triunfos de Bailén. Juicio apasionado e injusto. Pues si a la
-verdad no asistió en persona a la acción, y anduvo lento en moverse de
-Andújar, no por eso dejó de tomar parte en la combinación y arreglo
-acordado para atacar y destruir al enemigo. Por lo demás la ventaja
-real que en esta célebre jornada asistió a los españoles, fue el puro
-y elevado entusiasmo que los animaba y la certeza de la justicia de la
-causa que defendían, al paso que los franceses decaídos en medio de
-un pueblo que los aborrecía, abrumados con su bagaje y sus riquezas,
-conservaban sí el valor de la disciplina y el suyo propio, pero no
-aquella exaltación sublime con que habían asombrado al mundo en las
-primeras campañas de la revolución.
-
-Nos hemos detenido algún tanto en el cotejo de los ejércitos
-combatientes y en el de sus operaciones, no para dar preferencia en las
-armas a ninguna de las dos naciones, sino para descubrir la verdad y
-ponerla en su más espléndido y claro punto. Los habitadores de España
-y Francia como todos los de Europa igualmente bravos y dispuestos a
-las acciones más dignas y elevadas, han tenido sus tiempos de gloria y
-abatimiento, de fortuna y desdicha, dependiendo sus victorias o de la
-previsión y tino de sus gobiernos, o de la maestría de sus caudillos, o
-de aquellos acasos tan comunes en la guerra, y por los que con razón se
-ha dicho que las armas tienen sus días.
-
-[Marginal: Camina el ejército rendido a la costa.]
-
-Los franceses después de haberse rendido, emprendieron su viaje hacia
-la costa de noche y a cortas jornadas. Además de las contradicciones
-e inconvenientes que en sí envolvía la capitulación, casi la
-imposibilitaban las circunstancias del día. La autoridad, falta de
-la necesaria fuerza, no podía enfrenar el odio que había contra los
-franceses, causadores de una guerra que Napoleón mismo calificó alguna
-vez de sacrílega.[*] [Marginal: (* Ap. n. 4-16.)] El modo pérfido
-con que ella había comenzado, los excesos, robos y saqueos cometidos
-en Córdoba y su comarca, tanto más pesados, cuanto recaían sobre
-pueblos no habituados desde siglos a ver enemigos en sus hogares,
-excitaban un clamor general, y creíase universalmente que ni pacto ni
-tratado debía guardarse con los que no habían respetado ninguno. En
-semejante conflicto la junta de Sevilla consultó con los generales
-Morla y Castaños acerca de asunto tan grave. Disintieron ambos en sus
-pareceres. Con razón el último sostenía el fiel cumplimiento de lo
-estipulado, en contraposición del primero que buscaba la aprobación y
-aplauso popular. Adhirió la junta al dictamen de este, aunque injusto
-e indebido. Para sincerarse circuló un papel en cuyo contexto intentó
-probar que los franceses habían infringido la capitulación, y que suya
-era la culpa si no se cumplía. Efugio indigno de la autoridad soberana
-cuando había una razón principalísima, y que fundadamente podía
-producirse, cual era la falta de transportes y marinería.
-
-[Marginal: Desorden en Lebrija causado por la presencia de los
-prisioneros.]
-
-Por pequeña ocasión aumentáronse las dificultades. Acaeció pues en
-Lebrija que descubriéndose casualmente en las mochilas de algunos
-soldados más dinero que el que correspondía a su estado y situación,
-irritose en extremo el pueblo, y ellos para libertarse del enojo que
-había promovido el hallazgo, trataron de descargarse acusando a los
-oficiales. Del alboroto y pendencia resultaron muertes y desgracias.
-Propúsoseles entonces a los prisioneros que para evitar disturbios se
-sujetasen a un prudente registro, depositando los equipajes en manos de
-la autoridad. No cedieron al medio indicado, y otro incidente levantó
-en el Puerto de Santa María gran bullicio. [Marginal: En el Puerto de
-Santa María.] Al embarcarse allí el 14 de agosto para pasar la bahía,
-cayose de la maleta de un oficial una patena y la copa de un cáliz.
-Fácil es adivinar la impresión que causaría la vista de semejantes
-objetos. Porque además de contravenirse a la capitulación en que se
-había expresamente estipulado la restitución de los vasos sagrados, se
-escandalizaba sobremanera a un pueblo que en tan gran veneración tenía
-aquellas alhajas. Encendidos los ánimos, se registraron los más de los
-equipajes, y apoderándose de ellos se maltrató a muchos prisioneros y
-se les despojó en general de casi todo lo que poseían.
-
-[Marginal: Correspondencia entre Dupont y Morla.]
-
-Promovieron tales incidentes reclamaciones vivas del general Dupont
-y una correspondencia entre él y Don Tomás de Morla gobernador de
-Cádiz. Pedía el francés en ella los equipajes de que se había privado
-a los suyos, e insistiendo en su demanda contestole entre otras
-cosas Morla: «¿si podía una capitulación que solo hablaba de la
-seguridad de sus equipajes, darle la propiedad de los tesoros que con
-asesinatos, profanación de cuanto hay sagrado, crueldades y violencias
-había acumulado su ejército de Córdoba y otras ciudades? ¿Hay razón
-[continuaba], derecho ni principio que prescriba que se debe guardar
-fe ni aun humanidad a un ejército que ha entrado en un reino aliado
-y amigo so pretextos capciosos y falaces; que se ha apoderado de su
-inocente y amado rey y toda su familia con igual falacia; que les ha
-arrancado violentas e imposibles renuncias a favor de su soberano, y
-que con ellas se ha creído autorizado a saquear sus palacios y pueblos,
-y que porque no acceden a tan inicuo proceder, profanan sus templos y
-los saquean, asesinan sus ministros, violan las vírgenes, estupran a su
-placer bárbaro, y cargan y se apoderan de cuanto pueden transportar,
-y destruyen lo que no? ¿Es posible que estos tales tengan la audacia,
-oprimidos, cuando se les priva de estos que para ellos deberían
-ser horrorosos frutos de su iniquidad, reclamar los _principios de
-honor y probidad_?» Verdades eran estas si bien mal expresadas, por
-desgracia sobradamente obvias y de todos conocidas. Mas las perfidias
-y escándalos pasados no autorizaban el quebrantamiento de una
-capitulación contratada libremente por los generales españoles. ¿Qué
-sería de las naciones, qué de su progreso y civilización, si echándose
-recíprocamente en cara sus extravíos, sus violencias, olvidasen la
-fe empeñada y traspasasen y abatiesen los linderos que ha fijado
-el derecho público y de gentes? En Morla fue más reprensible aquel
-lenguaje siendo militar antiguo, y hombre que después a las primeras
-desgracias de su patria la abandonó villanamente y desertó al bando
-enemigo.
-
-[Marginal: Consternación del gobierno francés en Madrid.]
-
-Al paso que con las victorias de Bailén fue en las provincias colmado
-el júbilo y universal y extremado el entusiasmo, consternose y cayó
-como postrado el gobierno de Madrid. Empezó a susurrarse tan grave
-suceso en el día 23. De antemano y varias veces se había anunciado
-la deseada victoria como si fuera cierta, por lo que los franceses
-calificaban la voz esparcida de vulgar e infundada. Sacoles del error
-el aviso de que un oficial suyo se aproximaba con la noticia. Llegó
-pues este, y supieron los pormenores de la desgracia acaecida. Había
-cabido ser portador de la infausta nueva al mismo Mr. de Villoutreys,
-que había entablado en Bailén los primeros tratos, y a cuyo hado
-adverso tocaba el desempeño de enfadosas comisiones. Según lo convenido
-en la capitulación, un oficial francés escoltado por tropa española
-debía en persona comunicarla al duque de Rovigo, general en jefe del
-ejército enemigo, y ordenar también en su tránsito por la sierra
-y Mancha a los destacamentos apostados en la ruta, y que formaban
-parte de las divisiones rendidas, ir a juntarse con sus compañeros
-ya sometidos para participar de igual suerte. Cumplió fielmente Mr.
-de Villoutreys con lo que se le previno, y todos obedecieron incluso
-el destacamento de Manzanares. Fue el de Madridejos el que primero
-resistió a la orden comunicada.
-
-[Marginal: Retírase José.]
-
-Llegó a Madrid el fatal mensajero en 29 de julio. Congregó José
-sin dilación un consejo compuesto de personas las más calificadas.
-Variaron los pareceres. Fue el del general Savary retirarse al Ebro.
-Todos al fin se sometieron a su opinión, así por salir de la boca del
-más favorecido de Napoleón, como también porque avisos continuados
-manifestaban cuánto se empeoraba el semblante de las cosas. Por
-todas partes se conmovían los pueblos cercanos a la capital: no les
-intimidaba la proximidad de las tropas enemigas; cortábanse las
-comunicaciones; en la Mancha eran acometidos los destacamentos sueltos,
-y ya antes en Villarta habían sus vecinos desbaratado e interceptado
-un convoy considerable. Agolpáronse uno tras otro los reveses y los
-contratiempos: pocos hubo en Madrid de los enemigos y sus parciales
-que no se abatiesen y descorazonasen. A muchos faltábales tiempo para
-alejarse de un suelo que les era tan contrario y ominoso.
-
-[Marginal: Españoles que le siguen.]
-
-José resuelto a partir, dejó a la libre voluntad de los españoles que
-con él se habían comprometido, quedarse o seguirle en la retirada.
-Contados fueron los que quisieron acompañarle. De los siete ministros,
-Cabarrús, Ofárril, Mazarredo, Urquijo y Azanza mantuviéronse adictos
-a su persona y no se apartaron de su lado. Permanecieron en Madrid
-Peñuela y Cevallos. Imitaron su ejemplo los duques del Infantado
-y el del Parque, como casi todos los que habían presenciado los
-acontecimientos de Bayona y asistido a su congreso. No faltó quien los
-tachase de inconsiguientes y desleales. Juzgaban otros diversamente,
-y decían que los más habían sido arrastrados a Francia o por fuerza
-o por engaño, y que si bien se propasaron algunos a pedir empleos o
-gracias, nunca era tarde para reconciliarse con la patria, arrepentirse
-de un tropiezo causado por el miedo o la ciega ambición, y contribuir
-a la justa causa en cuyo favor la nación entera se había pronunciado.
-Lo cierto es que ni uno quizá de los que siguieron a José hubiera
-dejado de abrazar el mismo partido, a no haberles arredrado el temor de
-la enemistad y del odio que las pasiones del momento habían excitado
-contra sus personas.
-
-Antes de abrir la marcha reconcentraron los enemigos hacia Madrid las
-fuerzas de Moncey y las desparramadas a orillas del Tajo. Clavaron en
-el Retiro y casa de la China más de ochenta cañones, llevándose las
-vajillas y alhajas de los palacios de la capital y sitios reales que
-no habían sido de antemano robadas. Tomadas estas medidas empezaron
-a evacuar la capital inmediatamente. Salió José el 30 cerrando la
-retaguardia en la noche del 31 el mariscal Moncey. Respiraron del
-todo y desembarazadamente aquellos habitantes en la mañana del 1.º de
-agosto. El 9 entró el fugitivo rey en Burgos con Bessières, quien según
-órdenes recibidas se había replegado allí de tierra de León.
-
-[Marginal: Destrozos causados en la retirada.]
-
-Acompañaron a los franceses en su retirada lágrimas y destrozos.
-Soldados desmandados y partidas sueltas esparcieron la desolación y
-espanto por los pueblos del camino o los poco distantes. Rezagábanse,
-se perdían para merodear y pillar, saqueaban las casas, talaban los
-campos sin respetar las personas ni lugares más sagrados. Buitrago, el
-Molar, Iglesias, Pedrezuela, Gandullas, Broajos y sobre todo la villa
-de Venturada abrasada y destruida, conservarán largo tiempo triste
-memoria del horroroso tránsito del extranjero.
-
-Continuó José su marcha y en Miranda de Ebro hizo parada, extendiéndose
-la vanguardia de su ejército a las órdenes del mariscal Bessières
-hasta las puertas de Burgos. Terminose así su malogrado y corto viaje
-de Madrid, del que libres y menos apremiados por los acontecimientos,
-pasaremos a referir los nuevos y esclarecidos triunfos que alcanzaron
-las armas españolas en las provincias de Aragón y Cataluña.
-
-
-
-
- APÉNDICES
-
- AL TOMO PRIMERO.
-
-
-
-
- APÉNDICE
- DEL
- LIBRO PRIMERO.
-
-
-NÚMERO 1-1.
-
-Tenemos noticia original del despacho que con este motivo escribió a
-Madrid Don Eugenio Izquierdo, y también podrá verse en el manifiesto,
-que de sus procedimientos publicó el consejo real, la mención que en su
-contenido se hace del convenio concluido por Izquierdo en 10 de mayo de
-1806.
-
-
-NÚMERO 1-2.
-
-_Plenos poderes dados por el rey Carlos IV a Don Eugenio Izquierdo
-embajador extraordinario en Francia en 26 de mayo de 1806, renovados en
-8 de octubre de 1807._
-
-Don Carlos por la gracia de Dios rey de España y de las Indias &c.
-
-Teniendo entera confianza en vos, Don Eugenio Izquierdo nuestro
-consejero honorario de estado, y habiéndoos autorizado en virtud de
-esta confianza justamente merecida para firmar un tratado con la
-persona que fuere igualmente autorizada por nuestro aliado el emperador
-de los franceses, nos comprometemos de buena fe y sobre nuestra palabra
-real, que aprobaremos, ratificaremos y haremos observar y ejecutar
-entera e inviolablemente todo lo que sea estipulado y firmado por
-vos. En fe de lo cual hemos hecho expedir la presente firmada de
-nuestra mano, sellada con nuestro sello secreto, y refrendada por el
-infrascrito nuestro consejero de estado, primer secretario de estado
-y del despacho. Dada en Aranjuez a 26 de mayo de 1806. — Yo el Rey. —
-Pedro Cevallos.
-
-NOTA. Traducción española de la francesa que había entre los papeles
-de Don Eugenio Izquierdo, quien al pie de la dicha traducción francesa
-puso las dos certificaciones siguientes en francés: — 1.ª Certifico
-que esta traducción es fiel. París 5 de junio de 1806. — Izquierdo
-consejero de estado de S. M. C. — 2.ª Certifico que estos poderes han
-sido renovados día 8 del presente mes en el real sitio de San Lorenzo.
-— Fontainebleau 27 de octubre de 1807. — Izquierdo. — (_Llorente, tom.
-3.º núm. 106._)
-
-
-NÚMERO 1-3.
-
-La amistad que media hace muchos años entre Don Agustín de Argüelles
-y nosotros, nos ha puesto en el caso de haber oído muchas veces de su
-misma boca la relación de esta misión que le fue encomendada. A mayor
-abundamiento conservamos por escrito una nota suya acerca de aquel
-suceso.
-
-
-NÚMERO 1-4.
-
-_Proclama de Don Manuel Godoy._
-
-En circunstancias menos arriesgadas que las presentes han procurado
-los vasallos leales auxiliar a sus soberanos con dones y recursos
-anticipados a las necesidades; pero en esta previsión tiene el mejor
-lugar la generosa acción de súbdito hacia su señor. El reino de
-Andalucía privilegiado por la naturaleza en la producción de caballos
-de guerra ligeros; la provincia de Extremadura que tantos servicios
-de esta clase hizo al señor Felipe V ¿verán con paciencia que la
-caballería del rey de España esté reducida e incompleta por falta de
-caballos? No, no lo creo; antes sí espero que del mismo modo que los
-abuelos gloriosos de la generación presente sirvieron al abuelo de
-nuestro rey con hombres y caballos, asistan ahora los nietos de nuestro
-suelo con regimientos o compañías de hombres diestros en el manejo del
-caballo, para que sirvan y defiendan a su patria todo el tiempo que
-duren las urgencias actuales, volviendo después llenos de gloria y con
-mejor suerte al descanso entre su familia. Entonces sí que cada cual
-se disputará los laureles de la victoria; cual dirá deberse a su brazo
-la salvación de su familia; cual la de su jefe; cual la de su pariente
-o amigo, y todos a una tendrán razón para atribuirse a sí mismos la
-salvación de la patria. Venid pues amados compatriotas: venid a jurar
-bajo las banderas del más benéfico de los soberanos: venid y yo os
-cubriré con el manto de la gratitud, cumpliéndoos cuanto desde ahora os
-ofrezco, si el Dios de las victorias nos concede una paz tan feliz y
-duradera cual le rogamos. No, no os detendrá el temor, no la perfidia:
-vuestros pechos no abrigan tales vicios, ni dan lugar a la torpe
-seducción. Venid pues y si las cosas llegasen a punto de no enlazarse
-las armas con las de nuestros enemigos, no incurriréis en la nota de
-sospechosos, ni os tildaréis con un dictado impropio de vuestra lealtad
-y pundonor por haber sido omisos a mi llamamiento.
-
-Pero si mi voz no alcanzase a despertar vuestros anhelos de gloria, sea
-la de vuestros inmediatos tutores o padres del pueblo a quienes me
-dirijo, la que os haga entender lo que debéis a vuestra obligación, a
-vuestro honor, y a la sagrada religión que profesáis. — El príncipe de
-la Paz.
-
-
-NÚMERO 1-5.
-
-_Estado de los regimientos que componían la expedición de tropas
-españolas al mando del teniente general marqués de la Romana, destinada
-a formar un cuerpo de observación hacia el país de Hanóver._
-
-Deberán salir de España por la parte de Irún los cuerpos siguientes:
-infantería de línea, tercer batallón de Guadalajara, 778 hombres;
-regimiento de Asturias, 2332; primero y segundo batallón de la
-Princesa, 1554; infantería ligera, primer batallón de Barcelona, 1245
-plazas; caballería de línea, Rey, 670 hombres y 540 caballos; Infante,
-id., id.
-
-Por la parte de la Junquera: infantería de línea, tercer batallón de la
-Princesa, 778 plazas; dragones, Almansa, 670 hombres y 540 caballos;
-Lusitania, id., id.; artillería un tren de campaña de 25 piezas y el
-ganado de tiro correspondiente, 270 hombres; zapadores-minadores, una
-compañía 127 hombres.
-
-Existentes en Etruria y que constituyen parte de la expedición:
-infantería de línea, regimiento de Zamora, 969 plazas; primero y
-segundo batallón de Guadalajara, 996; infantería ligera, primer
-batallón de Cataluña, 1042 hombres; caballería, Algarbe, 624 hombres y
-406 caballos; dragones, Villaviciosa, 634 hombres y 393 caballos.
-
-Total 14.019 hombres y 2959 caballos. Id. plazas agregadas 2216 hombres
-y 241 caballos. — Madrid 4 de marzo de 1807.
-
-NOTA. No se expresan las plazas agregadas de cada cuerpo, aunque sí el
-total de las que deben ser.
-
-
-NÚMERO 1-6.
-
-_Tratado secreto entre el rey de España y el emperador de los
-franceses, relativo a la suerte futura del Portugal._
-
-Napoleón emperador de los franceses &c. Habiendo visto y examinado
-el tratado concluido, arreglado y firmado en Fontainebleau a 27 de
-octubre de 1807 por el general de división Miguel Duroc, gran mariscal
-de nuestro palacio &c., en virtud de los plenos poderes que le hemos
-conferido a este efecto, con Don Eugenio Izquierdo, consejero honorario
-de estado y de guerra de S. M. el rey de España, igualmente autorizado
-con plenos poderes de su soberano, de cuyo tratado es el tenor como
-sigue:
-
-S. M. el emperador de los franceses y S. M. el rey de España
-queriendo arreglar de común acuerdo los intereses de los dos estados,
-y determinar la suerte futura de Portugal de un modo que concilie
-la política de los dos países, han nombrado por sus ministros
-plenipotenciarios, a saber: S. M. el emperador de los franceses al
-general Duroc, y S. M. el rey de España a Don Eugenio Izquierdo, los
-cuales después de haber canjeado sus plenos poderes, se han convenido
-en lo que sigue:
-
-1.º La provincia de Entre-Duero-y-Miño con la ciudad de Oporto se dará
-en toda propiedad y soberanía a S. M. el rey de Etruria con el título
-de rey de la Lusitania septentrional.
-
-2.º La provincia del Alentejo y el reino de los Algarbes se darán en
-toda propiedad y soberanía al príncipe de la Paz, para que las disfrute
-con el título de príncipe de los Algarbes.
-
-3.º Las provincias de Beira, Tras-os-Montes y la Extremadura portuguesa
-quedarán en depósito hasta la paz general para disponer de ellas según
-las circunstancias, y conforme a lo que se convenga entre las dos altas
-partes contratantes.
-
-4.º El reino de la Lusitania septentrional será poseído por los
-descendientes de S. M. el rey de Etruria hereditariamente, y siguiendo
-las leyes que están en uso en la familia reinante de S. M. el rey de
-España.
-
-5.º El principado de los Algarbes será poseído por los descendientes
-del príncipe de la Paz hereditariamente, siguiendo las reglas del
-artículo anterior.
-
-6.º En defecto de descendientes o herederos legítimos del rey de la
-Lusitania septentrional, o del príncipe de los Algarbes, estos países
-se darán por investidura por S. M. el rey de España, sin que jamás
-puedan ser reunidos bajo una misma cabeza, o a la corona de España.
-
-7.º El reino de la Lusitania septentrional y el principado de los
-Algarbes reconocerán por protector a S. M. el rey de España, y en
-ningún caso los soberanos de estos países podrán hacer ni la paz ni la
-guerra sin su consentimiento.
-
-8.º En el caso de que las provincias de Beira, Tras-os-Montes y la
-Extremadura portuguesa tenidas en secuestro, fuesen devueltas a la paz
-general a la casa de Braganza en cambio de Gibraltar, la Trinidad y
-otras colonias que los ingleses han conquistado sobre la España y sus
-aliados, el nuevo soberano de estas provincias tendría con respecto a
-S. M. el rey de España los mismos vínculos que el rey de la Lusitania
-septentrional y el príncipe de los Algarbes, y serán poseídas por aquel
-bajo las mismas condiciones.
-
-9.º S. M. el rey de Etruria cede en toda propiedad y soberanía el reino
-de Etruria a S. M. el emperador de los franceses.
-
-10. Cuando se efectúe la ocupación definitiva de las provincias de
-Portugal, los diferentes príncipes que deben poseerlas nombrarán de
-acuerdo comisarios para fijar sus límites naturales.
-
-11. S. M. el emperador de los franceses sale garante a S. M. el rey de
-España de la posesión de sus estados del continente de Europa situados
-al mediodía de los Pirineos.
-
-12. S. M. el emperador de los franceses se obliga a reconocer a S. M.
-el rey de España como emperador de las dos Américas, cuando todo esté
-preparado para que S. M. pueda tomar este título, lo que podrá ser, o
-bien a la paz general, o a más tardar dentro de tres años.
-
-13. Las dos altas partes contratantes se entenderán para hacer un
-repartimiento igual de las islas, colonias y otras propiedades
-ultramarinas del Portugal.
-
-14. El presente tratado quedará secreto, será ratificado, y las
-ratificaciones serán canjeadas en Madrid 20 días a más tardar después
-del día en que se ha firmado.
-
-Fecho en Fontainebleau a 27 de octubre de 1807. — Duroc. — Izquierdo.
-
-Hemos aprobado y aprobamos el precedente tratado en todos y en
-cada uno de los artículos contenidos en él; declaramos que está
-aceptado, ratificado y confirmado, y prometemos que será observado
-inviolablemente. En fe de lo cual hemos dado la presente firmada de
-nuestra mano, refrendada y sellada con nuestro sello imperial en
-Fontainebleau a 29 de octubre de 1807. — Firmado. — Napoleón. — El
-ministro de relaciones exteriores. — Champagny. — Por el emperador,
-el ministro secretario de Estado. — Hugo Maret.
-
-
-_Convención anexa al tratado anterior, aprobada y ratificada en los
-mismos términos._
-
-ART. 1.º Un cuerpo de tropas imperiales francesas de 25.000 hombres
-de infantería y 3000 de caballería entrará en España y marchará en
-derechura a Lisboa: se reunirá a este cuerpo otro de 8000 hombres de
-infantería y 3000 de caballería de tropas españolas con 30 piezas de
-artillería.
-
-2.º Al mismo tiempo una división de tropas españolas de 10.000 hombres
-tomará posesión de la provincia de Entre-Duero-y-Miño y de la ciudad de
-Oporto; y otra división de 6000 hombres compuesta igualmente de tropas
-españolas tomará posesión de la provincia del Alentejo y del reino de
-los Algarbes.
-
-3.º Las tropas francesas serán alimentadas y mantenidas por la España
-y sus sueldos pagados por la Francia durante todo el tiempo de su
-tránsito por España.
-
-4.º Desde el momento en que las tropas combinadas hayan entrado en
-Portugal, las provincias de Beira, Tras-os-Montes y la Extremadura
-portuguesa (que deben quedar secuestradas) serán administradas y
-gobernadas por el general comandante de las tropas francesas, y las
-contribuciones que se les impondrán quedarán a beneficio de la Francia.
-Las provincias que deben formar el reino de la Lusitania septentrional
-y el principado de los Algarbes serán administradas y gobernadas por
-los generales comandantes de las divisiones españolas que entrarán en
-ellas, y las contribuciones que se les impondrán quedarán a beneficio
-de la España.
-
-5.º El cuerpo del centro estará bajo las órdenes de los comandantes de
-las tropas francesas, y a él estarán sometidas las tropas españolas que
-se reúnan a aquellas: sin embargo si el rey de España o el príncipe de
-la Paz juzgaren conveniente trasladarse a este cuerpo de ejército, el
-general comandante de las tropas francesas y estas mismas estarán bajo
-sus órdenes.
-
-6.º Un nuevo cuerpo de 40.000 hombres de tropas francesas se reunirá
-en Bayona a más tardar el 20 de noviembre próximo, para estar pronto a
-entrar en España para transferirse a Portugal en el caso de que los
-ingleses enviasen refuerzos y amenazasen atacarlo. Este nuevo cuerpo
-no entrará sin embargo en España hasta que las dos altas potencias
-contratantes se hayan puesto de acuerdo a este efecto.
-
-7.º La presente convención será ratificada &c.
-
-
-NÚMERO 1-7.
-
-Hemos visto las más de las piezas que obraron en este proceso. Decimos
-_las más_ porque como el original ha rodado por tantas manos y personas
-de intereses encontrados, no sería extraño que se hubiesen extraviado
-algunos documentos o alterado otros. Dicho proceso paraba en poder de
-Don Mariano Luis de Urquijo, y a su muerte acaecida en París en 1817
-pasó al del marqués de Almenara. No sabemos si este lo conserva aún, o
-si lo ha entregado al rey Fernando VII.
-
-
-NÚMERO 1-8.
-
-_Carta del príncipe de Asturias Fernando al emperador Napoleón en 11 de
-octubre de 1807._
-
-Señor: el temor de incomodar a V. M. I. en medio de sus hazañas y
-grandes negocios que lo ocupan sin cesar, me ha privado hasta ahora de
-satisfacer directamente mis deseos eficaces de manifestar a lo menos
-por escrito los sentimientos de respeto, estimación y afecto que tengo
-al héroe mayor que cuantos le han precedido, enviado por la providencia
-para salvar la Europa del trastorno total que la amenazaba, para
-consolidar los tronos vacilantes, y para dar a las naciones la paz y la
-felicidad.
-
-Las virtudes de V. M. I., su moderación, su bondad aun con sus más
-injustos e implacables enemigos, todo en fin me hacía esperar que la
-expresión de estos sentimientos sería recibida como efusión de un
-corazón lleno de admiración y de amistad más sincera.
-
-El estado en que me hallo de mucho tiempo a esta parte incapaz de
-ocultarse a la grande penetración de V. M., ha sido hasta hoy segundo
-obstáculo que ha contenido mi pluma preparada siempre a manifestar mis
-deseos. Pero lleno de esperanzas de hallar en la magnanimidad de V. M.
-I. la protección más poderosa, me determino no solamente a testificar
-los sentimientos de mi corazón para con su augusta persona, sino a
-depositar los secretos más íntimos en el pecho de V. M. como en el de
-un tierno padre.
-
-Yo soy bien infeliz de hallarme precisado por circunstancias
-particulares a ocultar como si fuera crimen una acción tan justa y tan
-loable; pero tales suelen ser las consecuencias funestas de un exceso
-de bondad, aun en los mejores reyes.
-
-Lleno de respeto y de amor filial para con mi padre (cuyo corazón es el
-más recto y generoso), no me atrevería a decir sino a V. M. aquello que
-V. M. conoce mejor que yo; esto es, que estas mismas calidades suelen
-con frecuencia servir de instrumento a las personas astutas y malignas
-para confundir la verdad a los ojos del soberano, por más propia que
-sea esta virtud de caracteres semejantes al de mi respetable padre.
-
-Si los hombres que le rodean aquí le dejasen conocer a fondo el
-carácter de V. M. I. como yo lo conozco, ¿con qué ansias procuraría
-mi padre estrechar los nudos que deben unir nuestras dos naciones? Y
-¿habrá medio más proporcionado que rogar a V. M. I. el honor de que
-me concediera por esposa una princesa de su augusta familia? Este es
-el deseo unánime de todos los vasallos de mi padre, y no dudo que
-también el suyo mismo (a pesar de los esfuerzos de un corto número de
-malévolos) así que sepa las intenciones de V. M. I. Esto es cuanto mi
-corazón apetece; pero no sucediendo así a los egoístas pérfidos que
-rodean a mi padre, y que pueden sorprenderle por un momento, estoy
-lleno de temores en este punto.
-
-Solo el respeto de V. M. I. pudiera desconcertar sus planes abriendo
-los ojos a mis buenos y amados padres, y haciéndolos felices al mismo
-tiempo que a la nación española y a mí mismo. El mundo entero admirará
-cada día más la bondad de V. M. I., quien tendrá en mi persona el hijo
-más reconocido y afecto.
-
-Imploro pues con la mayor confianza la protección paternal de V. M.,
-a fin de que no solamente se digne concederme el honor de darme por
-esposa una princesa de su familia, sino allanar todas las dificultades
-y disipar todos los obstáculos que puedan oponerse en este único objeto
-de mis deseos.
-
-Este esfuerzo de bondad de parte de V. M. I. es tanto más necesario
-para mí, cuanto yo no puedo hacer ninguno de mi parte mediante a que
-se interpretaría insulto a la autoridad paternal, estando como estoy
-reducido a solo el arbitrio de resistir (y lo haré con invencible
-constancia) mi casamiento con otra persona, sea la que fuere, sin el
-consentimiento y aprobación positiva de V. M., de quien yo espero
-únicamente la elección de esposa para mí.
-
-Esta es la felicidad que confio conseguir de V. M. I., rogando a Dios
-que guarde su preciosa vida muchos años. Escrito y firmado de mi propia
-mano y sellado con mi sello en el Escorial a 11 de octubre de 1807.
-— De V. M. I. y R. su más afecto servidor y hermano. — Fernando. —
-(_Traducción hecha por Llorente en sus memorias, y sacada del original
-inserto en el Monitor de 5 de febrero de 1810._)
-
-
-NÚMERO 1-9.
-
-_Extracto del coloquio tenido por Don Eugenio Izquierdo con el ministro
-Champagny. (Llorente, tom. 3.º núm. 120.)_
-
-Mr. de Champagny: No quiero meterme en cuestiones: me limito a decir
-a V. de orden del emperador: 1.º Que pide muy de veras S. M. que por
-ningún motivo ni razón, y bajo ningún pretexto no se hable ni se
-publique en este negocio cosa que tenga alusión al emperador ni a su
-embajador en Madrid, y nada se actúe de que pueda resultar indicio ni
-sospecha de que S. M. I. ni su embajador hayan sabido, intentado ni
-coadyuvado a cosa alguna interior de España. 2.º Que si no se ejecuta
-lo que acabo de decir, lo mirará como una ofensa hecha directamente
-a su persona que tiene (como V. sabe) medios de vengarla, y que la
-vengará. 3.º Declara positivamente S. M. que jamás se ha mezclado
-en cosas interiores de España, y asegura solemnemente que jamás se
-mezclará; que nunca ha sido su pensamiento el que el príncipe de
-Asturias se casase con una princesa, y mucho menos con Mlle. Tascher
-de la Pagerie, sobrina de la emperatriz, prometida ha mucho tiempo al
-duque de Aremberg; que no se opondrá (como tampoco se opuso cuando
-lo de Nápoles) a que el rey de España case a su hijo con quien tenga
-por acertado. 4.º Mr. de Beauharnais no se entrometerá en asuntos
-interiores de España; pero S. M. I. no le retirará, y nada debe dejarse
-publicar ni escribir de que pudiera inferirse cosa alguna contra este
-embajador: y 5.º Que se lleven a ejecución estricta y prontamente los
-convenios ajustados el 27 de octubre último; que no haya pretexto para
-dejar de enviar las tropas prometidas; que en ningún punto falten, y
-que si faltan S. M. mirará esta falta como una infracción del convenio
-ajustado.
-
-
-NÚMERO 1-10.
-
-_Esta orden se copia de los papeles que en defensa suya ha publicado el
-mismo duque de Mahón._
-
-
-NÚMERO 1-11.
-
-_Nota dirigida desde París al príncipe de la Paz por el consejero de
-estado Don Eugenio Izquierdo. (Escóiquiz, idea sencilla, núm. 1.º)_
-
-La situación de las cosas no da lugar para referir con individualidad
-las conversaciones que desde mi vuelta de Madrid he tenido por
-disposición del emperador, tanto con el gran mariscal del palacio
-imperial el general Duroc, como con el vice gran elector del imperio
-príncipe de Benevento.
-
-Así me ceñiré a exponer los medios que se me han comunicado en estos
-coloquios para arreglar, y aun para terminar amistosamente los
-asuntos que existen hoy entre España y Francia; medios que me han
-sido transmitidos con el fin de que mi gobierno tome la más pronta
-resolución acerca de ellos.
-
-Que existen actualmente varios cuerpos de tropas francesas en España es
-un hecho constante.
-
-Las resultas de esta existencia de tropas están en lo futuro. Un
-arreglo entre el gobierno francés y español con recíproca satisfacción
-puede detener los eventos, y elevarse a solemne tratado y definitivo
-sobre las bases siguientes:
-
-1.ª En las colonias españolas y francesas podrán franceses y españoles
-comerciar libremente, el francés en las españolas como si fuese
-español, y el español en las francesas como si fuese francés, pagando
-unos y otros los derechos que se paguen en los respectivos países por
-sus naturales.
-
-Esta prerrogativa será exclusiva, y ninguna potencia sino la Francia
-podrá obtenerla en España, como en Francia ninguna potencia sino la
-española.
-
-2.ª Portugal está hoy poseído por Francia. La comunicación de Francia
-con Portugal exige una ruta militar, y también un paso continuo de
-tropas por España para guarnecer aquel país y defenderle contra la
-Inglaterra; ha de causar multitud de gastos, de disgustos, engorros, y
-tal vez producir frecuentes motivos de desavenencias.
-
-Podría amistosamente arreglarse este objeto quedando todo el Portugal
-para España, y recibiendo un equivalente la Francia en las provincias
-de España contiguas a este imperio.
-
-3.ª Arreglar de una vez la sucesión al trono de España.
-
-4.ª Hacer un tratado ofensivo y defensivo de alianza, estipulando
-el número de fuerzas con que se han de ayudar recíprocamente ambas
-potencias.
-
-Tales deben ser las bases sobre que debe cimentarse y elevarse a
-tratado el arreglo capaz de terminar felizmente la actual crisis
-política en que se hallan España y Francia.
-
-En tan altas materias yo debo limitarme a ejecutar fielmente lo que se
-me dice.
-
-Cuando se trata de la existencia del estado, de su honor, decoro, y del
-de su gobierno, las decisiones deben emanar únicamente del soberano y
-de su consejo.
-
-Sin embargo mi ardiente amor a la patria me pone en la obligación
-de decir que en mis conversaciones he hecho presente al príncipe de
-Benevento lo que sigue:
-
-1.º Que abrir nuestras Américas al comercio francés es partirlas entre
-España y Francia; que de abrirlas únicamente para los franceses es
-dado que no quede de una vez arrollada la arrogancia inglesa, alejar
-cada día más la paz, y perder hasta que esta se firme nuestras
-comunicaciones y las de los franceses con aquellas regiones.
-
-He dicho que aun cuando se admita el comercio francés no debe
-permitirse que se avecinden vasallos de la Francia en nuestras
-colonias, con desprecio de nuestras leyes fundamentales.
-
-2.º Concerniente a lo de Portugal he hecho presente nuestras
-estipulaciones de 27 de octubre último; he hecho ver el sacrificio del
-rey de Etruria; lo poco que vale Portugal separado de sus colonias; su
-ninguna utilidad para España, y he hecho una fiel pintura del horror
-que causaría a los pueblos cercanos al Pirineo la pérdida de sus leyes,
-libertades, fueros y lengua, y sobre todo el pasar a dominio extranjero.
-
-He añadido: no podré yo firmar la entrega de Navarra por no ser el
-objeto de execración de mis compatriotas, como sería si constase que un
-navarro había firmado el tratado en que la entrega de la Navarra a la
-Francia estaba estipulada.
-
-En fin he insinuado que si no había otro remedio para erigirse un nuevo
-reino, virreinato de Iberia, estipulando que este reino o virreinato no
-recibiese otras leyes, otras reglas de administración que las actuales,
-y que sus naturales conservasen sus fueros y exenciones. Este reino o
-virreinato podría darse al rey de Etruria, o a otro infante de Castilla.
-
-3.º Tratándose de fijar la sucesión de España he manifestado lo que
-el rey N. S. me mandó que dijese de su parte; y también he hecho de
-modo que creo quedan desvanecidas cuantas calumnias inventadas por los
-malévolos en ese país han llegado a inficionar la opinión pública en
-este.
-
-4.º Por lo que concierne a la alianza ofensiva y defensiva, mi celo
-patriótico ha preguntado al príncipe de Benevento si se pensaba en
-hacer de España un equivalente a la confederación del Rin, y en
-obligarla a dar un contingente de tropas, cubriendo este tributo con
-el decoroso nombre de tratado ofensivo y defensivo. He manifestado que
-nosotros estando en paz con el imperio francés no necesitamos para
-defender nuestros hogares de socorros de Francia; que Canarias, Ferrol
-y Buenos Aires lo atestiguan; que el África es nula &c.
-
-En nuestras conversaciones ha quedado ya como negocio terminado el del
-casamiento. Tendría efecto; pero será un arreglo particular de que no
-se tratará en el convenio de que se envían las bases.
-
-En cuanto al título de emperador que el rey N. S. debe tomar no hay, ni
-había dificultad alguna. Se me ha encargado que no se pierda un momento
-en responder a fin de precaver las fatales consecuencias a que puede
-dar lugar el retardo de un día el ponerse de acuerdo.
-
-Se me ha dicho que se evite todo acto hostil, todo movimiento que
-pudiera alejar el saludable convenio que aún puede hacerse.
-
-Preguntado que si el rey N. S. debía irse a Andalucía, he respondido la
-verdad, que nada sabía. Preguntado también que si creía que se hubiese
-ido, he contestado que no, vista la seguridad en que se hallaban
-concerniente al buen proceder del emperador, tanto los reyes como V. A.
-
-He pedido, pues se medita un convenio, que ínterin que vuelve la
-respuesta se suspenda la marcha de los ejércitos franceses hacia lo
-interior de la España. He pedido que las tropas salgan de Castilla;
-nada he conseguido; pero presumo que si vienen aprobadas las bases
-podrán las tropas francesas recibir órdenes de alejarse de la
-residencia de SS. MM.
-
-De ahí se ha escrito que se acercaban tropas por Talavera a Madrid;
-que V. A. me despachó un alcance: a todo he satisfecho, exponiendo con
-verdad lo que me constaba.
-
-Según se presume aquí V. A. había salido de Madrid acompañando los
-reyes a Sevilla: yo nada sé; y así he dicho al correo que vaya hasta
-donde V. A. esté. Las tropas francesas dejarán pasar al correo, según
-me ha asegurado el gran mariscal del palacio imperial. París 24 de
-marzo de 1808. — Sermo. Sr. — De V. A. S. — Eugenio Izquierdo.
-
-
-
-
- APÉNDICE
- DEL
- LIBRO SEGUNDO.
-
-
-NÚMERO 2-1.
-
-_Proclama de Carlos IV._
-
-«Amados vasallos míos: vuestra noble agitación en estas circunstancias
-es un nuevo testimonio que me asegura de los sentimientos de vuestro
-corazón; y Yo que cual padre tierno os amo, me apresuro a consolaros
-en la actual angustia que os oprime. Respirad tranquilos: sabed que el
-ejército de mi caro aliado el emperador de los franceses atraviesa mi
-reino con ideas de paz y de amistad. Su objeto es trasladarse a los
-puntos que amenaza el riesgo de algún desembarco del enemigo, y que la
-reunión de los cuerpos de mi guardia ni tiene el objeto de defender mi
-persona, ni acompañarme en un viaje que la malicia os ha hecho suponer
-como preciso. Rodeado de la acendrada lealtad de mis vasallos amados,
-de la cual tengo tan irrefragables pruebas, ¿qué puedo Yo temer? Y
-cuando la necesidad urgente lo exigiese, ¿podría dudar de las fuerzas
-que sus pechos generosos me ofrecerían? No: esta urgencia no la verán
-mis pueblos. Españoles, tranquilizad vuestro espíritu: conducíos como
-hasta aquí con las tropas del aliado de vuestro rey, y veréis en breves
-días restablecida la paz de vuestros corazones, y a mí gozando la que
-el cielo me dispensa en el seno de mi familia y vuestro amor. Dado en
-mi palacio real de Aranjuez a 16 de marzo de 1808. — Yo el rey — A
-Don Pedro Cevallos.»
-
-
-NÚMERO 2-2.
-
-_Decreto de S. M. el rey Carlos IV exonerando a Don Manuel Godoy de sus
-empleos de generalísimo y almirante._
-
-«Queriendo mandar por mi persona el ejército y la marina, he venido
-en exonerar a Don Manuel Godoy, príncipe de la Paz, de sus empleos de
-generalísimo y almirante, concediéndole su retiro donde más le acomode.
-Tendreislo entendido, y lo comunicaréis a quien corresponda. Aranjuez
-18 de marzo de 1808. — A Don Antonio Olaguer Feliú.»
-
-
-NÚMERO 2-3.
-
-_Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en Aranjuez a 18 de
-marzo de 1808._
-
-«Señor mi hermano: hacía bastante tiempo que el príncipe de la Paz me
-había hecho reiteradas instancias para que le admitiese la dimisión de
-los encargos de generalísimo y almirante, y he accedido a sus ruegos;
-pero como no debo poner en olvido los servicios que me ha hecho, y
-particularmente los de haber cooperado a mis deseos constantes e
-invariables de mantener la alianza y la amistad íntima que me une a V.
-M. I. y R., yo le conservaré mi gracia.
-
-Persuadido yo de que será muy agradable a mis vasallos, y muy
-conveniente para realizar los importantes designios de nuestra alianza,
-encargarme yo mismo del mando de mis ejércitos de tierra y mar, he
-resuelto hacerlo así y me apresuro a comunicarlo a V. M. I. y R.,
-queriendo dar en esto nuevas pruebas de afecto a la persona de V. M. de
-mis deseos de conservar las íntimas relaciones que nos unen, y de la
-fidelidad que forma mi carácter del que V. M. I. y R. tiene repetidos y
-grandes testimonios.
-
-La continuación de los dolores reumáticos que de un tiempo a esta parte
-me impiden usar de la mano derecha, me privan del placer de escribir
-por mí mismo a V. M. I. y R.
-
-Soy con los sentimientos de la mayor estimación y del más sincero
-afecto de V. M. I. y R. su buen hermano. — Carlos.»
-
-
-NÚMERO 2-4.
-
-ποῦ νῦν ἡ λαμπρά τῆς ὑπατείας περιβολή; ποῦ δὲ αἱ φαιδραὶ λαμπάδες;
-ποῦ δὲ οἱ κρότοι, καὶ οἱ χοροί, καὶ αἱ θαλίαι, καὶ αἱ πανηγύρεις; ...
-πάντα ἐκεῖνα οἴχεται· καὶ ἄνεμος πνεύσας ἀθρόον τὰ μὲν φύλλα κατέβαλε,
-γυμνὸν δὲ ἡμῖν τὸ δένδρον ἔδειξε, καὶ ἀπὸ τῆς ῥίζης αὐτῆς σαλευόµενον
-λοιπόν· ... τίς γαρ τούτου γέγονεν ὑψηλότερος; οὐ πᾶσαν τὴν οἰκουμένην
-παρῆλθε τῷ πλούτῳ; οὐ πρὸς αὐτὰς τῶν ἀξιωµάτων ἀνέβη τὰς κορυφάς; οὐχὶ
-πάντες αὐτὸν ἔτρεμον καὶ ἐδεδοίκεισαν; ἀλλ’ ἰδοὺ γέγονε καὶ δεσμωτῶν
-ἀθλιώτερος, καὶ οἰκετῶν ἐλεεινότερος, καὶ τῶν λιμῷ τηκοµένων πτωχῶν
-ἐνδεέστερος, καθ’ ἑκάστην ἡμέραν ξίφη βλέπων ἠκονημένα, καὶ βάραθρον,
-καὶ δηµίους, καὶ τὴν ἐπὶ θάνατον ἀπαγωγήν· ...
-
-(ΟΜΙΛΙΑ ΕΙΣ ΕΥΤΡΟΠΙΟΝ.)
-
-
-NÚMERO 2-5.
-
-_Véase la Gaceta de Madrid del 25 de marzo de 1808._
-
-
-NÚMERO 2-6.
-
-Cesión de Carlos V. (_Véase Famiani Strada: De bello belgico. Liber I.
-y F. Prudencio de Sandoval: Historia de la vida y hechos de Carlos V._)
-
-
-NÚMERO 2-7.
-
-_Véase Marina: Teoría de las cortes, tom. 2.º, cap. 10, refiriéndose al
-documento que existe en la academia de la Historia. — Z. 52, fol. 301._
-
-
-NÚMERO 2-8.
-
-_Comentarios del marqués de San Felipe, tom. 2.º, año 1724._
-
-
-NÚMERO 2-9.
-
-_Des documents historiques publiés par Louis Bonaparte. Vol. 2.º, pág.
-290. París 1820._
-
-
-NÚMERO 2-10.
-
-_Nota escrita por la reina de España para el gran duque de Berg y
-remitida por la reina de Etruria sin fecha._
-
-«El rey mi esposo (que me hace escribir por no poderlo hacer a causa
-de los dolores e hinchazón de su mano) desea saber si el gran duque de
-Berg llevaría a bien encargarse de tratar eficazmente con el emperador
-para asegurar la vida del príncipe de la Paz, y que fuese asistido de
-algunos criados suyos o de capellanes.
-
-Si el gran duque pudiera ir a librarle o por lo menos darle algún
-consuelo, él tiene todas sus esperanzas en el gran duque, por ser su
-grande amigo. Él espera todo de S. A. y del emperador a quien siempre
-ha sido afecto.
-
-Asimismo que el gran duque consiga del emperador que al rey mi esposo,
-a mí y al príncipe de la Paz se dé lo necesario para poder vivir todos
-tres juntos donde convenga para nuestra salud sin mando ni intrigas,
-pues nosotros no las tendremos.
-
-El emperador es generoso, es un héroe, y ha sostenido siempre a sus
-fieles aliados y aun a los que son perseguidos. Nadie lo es tanto como
-nosotros. ¿Y por qué? porque hemos sido siempre fieles a la alianza.
-
-De mi hijo no podemos esperar jamás sino miserias y persecuciones.
-Han comenzado a forjar y se continuará fingiendo todo lo que pueda
-contribuir a que el príncipe de la Paz (amigo inocente y afecto al
-emperador, al gran duque y a todos los franceses) parezca criminal a
-los ojos del público y del emperador. Es necesario que no se crea nada.
-Los enemigos tienen la fuerza y todos los medios de justificar como
-verdadero lo que en sí es falso.
-
-El rey desea igualmente que yo ver y hablar al gran duque y darle
-por sí mismo la protesta que tiene en su poder. Los dos estamos
-agradecidos al envío que ha hecho de tropas suyas y a todas las pruebas
-que nos da de su amistad. Debe estar S. A. I. bien persuadido de la
-que nosotros le hemos tenido siempre y conservamos ahora. Nos ponemos
-en sus manos y las del emperador y confiamos que nos concederá lo que
-pedimos.
-
-Estos son todos nuestros deseos cuando estamos puestos en las manos de
-tan grande y generoso monarca y héroe.»
-
-
-_Carta de la reina de Etruria al gran duque de Berg en Aranjuez a 22 de
-marzo de 1808, con una posdata del rey Carlos IV._
-
-«Señor mi hermano: acabo de ver al edecán comandante, quien me ha
-entregado vuestra carta por la cual veo con mucha pena que mi padre
-y mi madre no han podido tener el gusto de veros, aunque lo deseaban
-eficazmente, porque toda su confianza tienen puesta en vos, de quien
-esperan que podréis contribuir a su tranquilidad.
-
-El pobre príncipe de la Paz cubierto de heridas y contusiones está
-decaído en la prisión, y no cesa de invocar el terrible momento de su
-muerte. No hace recuerdo de otras personas que de su amigo el gran
-duque de Berg, y dice que este es el único en quien confía que le ha de
-conseguir su salud.
-
-Mi padre, mi madre y yo hemos hablado con vuestro edecán comandante. Él
-os dirá todo. Yo fío en vuestra amistad y que por ella nos salvaréis a
-los tres y al pobre preso.
-
-No tengo tiempo de deciros más: confio en vos. Mi padre añadirá dos
-líneas a esta carta: yo soy de corazón vuestra afectísima hermana y
-amiga. — María Luisa.»
-
-
-_Posdata de Carlos IV._
-
-«Señor y muy querido hermano: habiendo hablado a vuestro edecán
-comandante e informádole de todo lo que ha sucedido, yo os ruego el
-favor de hacer saber al emperador que le suplico disponga la libertad
-del pobre príncipe de la Paz, quien solo padece por haber sido amigo
-de la Francia, y asimismo que se nos deje ir al país que más nos
-convenga llevándonos en nuestra compañía al mismo príncipe. Por ahora
-vamos a Badajoz: confio recibir antes vuestra respuesta caso de que
-absolutamente carezcáis de medios de vernos, pues mi confianza solo
-está en vos y en el emperador. Mientras tanto yo soy vuestro muy afecto
-hermano y amigo de todo corazón. — Carlos.»
-
-
-_Carta de la reina de España al gran duque de Berg en Aranjuez a 22 de
-marzo de 1808 junta con la anterior de su hija._
-
-«Señor mi querido hermano: yo no tengo más amigos que V. A. I. El rey
-mi amado esposo os escribe implorando vuestra amistad. En ella está
-únicamente nuestra esperanza. Ambos os pedimos una prueba de que sois
-nuestro amigo, y es la de hacer conocer al emperador lo sincero de
-nuestra amistad y del afecto que siempre hemos profesado a su persona,
-a la vuestra y a la de todos los franceses.
-
-El pobre príncipe de la Paz que se halla encarcelado y herido por ser
-amigo nuestro, apasionado nuestro y afecto a toda la Francia, sufre
-todo por causa de haber deseado el arribo de vuestras tropas y haber
-sido el único amigo nuestro permanente. Él hubiera ido a ver a V. A. si
-hubiera tenido libertad, y ahora mismo no cesa de nombrar a V. A. y de
-manifestar deseos de ver al emperador.
-
-Consíganos V. A. que podamos acabar nuestros días tranquilamente en un
-país conveniente a la salud del rey (la cual está delicada como también
-la mía) y que sea esto en compañía de nuestro único amigo que también
-lo es de V. A.
-
-Mi hija será mi intérprete si yo no logro la satisfacción de poder
-conocer personalmente y hablar a V. A. ¿Podríais hacer esfuerzos para
-vernos aunque fuera un solo instante de noche o como quisierais? El
-comandante edecán de V. A. contará todo lo que hemos dicho.
-
-Espero que V. A. conseguirá para nosotros lo que deseamos, y que
-perdonará las faltas y olvidos que haya cometido yo en el tratamiento,
-pues no sé donde estoy, y debéis creer que no habrán sido por faltar a
-V. A. ni dejar de darle seguridad de toda mi amistad.
-
-Ruego a Dios guarde a V. A. I. muchos años. Vuestra más afecta. —
-Luisa.»
-
-
-_Carta del general Monthion al gran duque de Berg en Aranjuez a 23 de
-marzo de 1808._
-
-«Conforme a las órdenes de V. A. I. vine a Aranjuez con la carta de V.
-A. para la reina de Etruria. Llegué a las ocho de la mañana: la reina
-estaba todavía en cama: se levantó inmediatamente: me hizo entrar:
-le entregué vuestra carta: me rogó esperar un momento mientras iba a
-leerla con el rey y la reina sus padres: media hora después entraron
-todos tres a la sala en que yo me hallaba.
-
-El rey me dijo que daba gracias a V. A. de la parte que tomabais en
-sus desgracias, tanto más grandes cuanto era el autor de ellas un hijo
-suyo. El rey me dijo: «que esta revolución había sido muy premeditada;
-que para ello se había distribuido mucho dinero, y que los principales
-personajes habían sido su hijo y Mr. Caballero ministro de la justicia:
-que S. M. había sido violentado para abdicar la corona por salvar la
-vida de la reina y la suya, pues sabía que sin esta diligencia los dos
-hubieran sido asesinados aquella noche; que la conducta del príncipe
-de Asturias era tanto más horrible cuanto más prevenido estaba de que
-conociendo el rey los deseos que su hijo tenía de reinar, y estando S.
-M. próximo a cumplir sesenta años, había convenido en ceder a su hijo
-la corona cuando este se casara con una princesa de la familia imperial
-de Francia como S. M. deseaba ardientemente.»
-
-El rey ha añadido que el príncipe de Asturias quería que su padre se
-retirase con la reina su mujer a Badajoz, frontera de Portugal: que
-el rey le había hecho la observación de que el clima de aquel país no
-le convenía, y le había pedido permiso de escoger otro, por lo cual el
-mismo rey Carlos deseaba obtener del emperador licencia de adquirir
-un bien en Francia y de asegurar allí su existencia. La reina me ha
-dicho: «que había suplicado a su hijo la dilación del viaje a Badajoz;
-pero que no había conseguido nada, por lo que debería verificarse en el
-próximo lunes.»
-
-Al tiempo de despedirme yo de SS. MM. me dijo el rey: «yo he escrito al
-emperador poniendo mi suerte en sus manos: quise enviar mi carta por
-un correo; pero no es posible medio más seguro que el de confiarla a
-vuestro cuidado.»
-
-El rey pasó entonces a su gabinete y luego salió trayendo en su mano la
-carta adjunta. Me la entregó y dijo estas palabras: «mi situación es
-de las más tristes; acaban de llevarse al príncipe de la Paz y quieren
-conducirlo a la muerte: no tiene otro delito que haber sido muy afecto
-a mi persona toda su vida.»
-
-Añadió: «que no había modo de ruegos que no hubiese puesto en práctica
-para salvar la vida de su infeliz amigo; pero había encontrado sordo a
-todo el mundo y dominado del espíritu de venganza. Que la muerte del
-príncipe de la Paz produciría la suya, pues no podría S. M. sobrevivir
-a ella.» — B. de Monthion.»
-
-
-_Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en Aranjuez a 23 de
-marzo de 1808._
-
-«Señor mi hermano: V. M. sabrá sin duda con pena los sucesos de
-Aranjuez y sus resultas; y no verá con indiferencia a un rey que
-forzado a renunciar la corona acude a ponerse en los brazos de un
-grande monarca aliado suyo, subordinándose totalmente a la disposición
-del único que puede darle su felicidad, la de toda su familia y las de
-sus fieles vasallos.
-
-Yo no he renunciado en favor de mi hijo sino por la fuerza de las
-circunstancias cuando el estruendo de las armas y los clamores de una
-guardia sublevada me hacían conocer bastante la necesidad de escoger la
-vida o la muerte, pues esta última se hubiera seguido después de la de
-la reina.
-
-Yo fui forzado a renunciar; pero asegurado ahora con plena confianza en
-la magnanimidad y el genio del grande hombre que siempre ha mostrado
-ser amigo mío, yo he tomado la resolución de conformarme con todo
-lo que este mismo grande hombre quiera disponer de nosotros y de mi
-suerte, la de la reina y la del príncipe de la Paz.
-
-Dirijo a V. M. I. y R. una protesta contra los sucesos de Aranjuez y
-contra mi abdicación. Me entrego y enteramente confio en el corazón y
-amistad de V. M., con lo cual ruego a Dios que os conserve en su santa
-y digna guarda.
-
-De V. M. I. y R. su muy afecto hermano y amigo. — Carlos.»
-
-
-_Carta de la reina de Etruria incluyendo otra de su madre la reina de
-España para el gran duque de Berg en Madrid a 26 de marzo de 1808._
-
-«Señor mi hermano: mi madre me envía la adjunta carta para que os
-la remita y la conservéis. Hacednos la gracia, querido mío, de no
-abandonarnos: todas nuestras esperanzas están en vos. Concededme el
-consuelo de ir a ver a mis padres. Respondedme alguna cosa que nos
-alivie y no os olvidéis de una amiga que os ama de corazón. — María
-Luisa.»
-
-P. D. — «Yo estoy enferma en la cama con algo de calentura por lo cual
-no me veréis fuera de mi habitación.»
-
-
-_Carta inclusa en la antecedente._
-
-«Querida hija mía: decid al gran duque de Berg la situación del rey mi
-esposo, la mía y la del pobre príncipe de la Paz.
-
-Mi hijo Fernando era el jefe de la conjuración: las tropas estaban
-ganadas por él; él hizo poner una de las luces de su cuarto en una
-ventana para señal de que comenzase la explosión. En el instante mismo
-los guardias y las personas que estaban a la cabeza de la revolución
-hicieron tirar dos fusilazos. Se ha querido persuadir que fueron
-tirados por la guardia del príncipe de la Paz, pero no es verdad.
-Al momento los guardias de Corps, los de infantería española y los
-de la valona se pusieron sobre las armas y sin recibir órdenes de
-sus primeros jefes convocaron a todas las gentes del pueblo y las
-condujeron adonde les acomodaba.
-
-El rey y yo llamamos a mi hijo para decirle que su padre sufría grandes
-dolores, por lo que no podía asomarse a la ventana, y que lo hiciese
-por sí mismo a nombre del rey para tranquilizar al pueblo: me respondió
-con mucha firmeza que no lo haría porque lo mismo sería asomarse a la
-ventana que comenzar el fuego, y así no lo quiso hacer.
-
-Después a la mañana siguiente le preguntamos si podría hacer cesar
-el tumulto y tranquilizar los amotinados, y respondió que lo haría,
-pues enviaría a buscar a los segundos jefes de los cuerpos de la casa
-real, enviando también algunos de sus criados con encargo de decir en
-su nombre al pueblo y a las tropas que se tranquilizasen: que también
-haría se volviesen a Madrid muchas personas que habían concurrido de
-allí para aumentar la revolución, y encargaría que no viniesen más.
-
-Cuando mi hijo había dado estas órdenes fue descubierto el príncipe de
-la Paz. El rey envió a buscar a su hijo y le mandó salir adonde estaba
-el desgraciado príncipe, que ha sido víctima por ser amigo nuestro y
-de los franceses, y principalmente del gran duque. Mi hijo fue y mandó
-que no se tocase más al príncipe de la Paz y se le condujese al cuartel
-de guardias de Corps. Lo mandó en nombre propio, aunque lo hacía por
-encargo de su padre, y como si él mismo fuese ya rey dijo al príncipe
-de la Paz «Yo te perdono la vida.»
-
-El príncipe a pesar de sus grandes heridas le dio gracias preguntándole
-si era ya rey. Esto aludía a lo que ya se pensaba en ello, pues el rey,
-el príncipe de la Paz y yo teníamos la intención de hacer la abdicación
-en favor de Fernando cuando hubiéramos visto al emperador y compuesto
-todos los asuntos, entre los cuales el principal era el matrimonio. Mi
-hijo respondió al príncipe: «No: hasta ahora no soy rey; pero lo seré
-bien pronto.» Lo cierto es que mi hijo mandaba todo como si fuese rey
-sin serlo y sin saber si lo sería. Las órdenes que el rey mi esposo
-daba no eran obedecidas.
-
-Después debía haber en el día 19 en que se verificó la abdicación otro
-tumulto más fuerte que el primero contra la vida del rey mi esposo y la
-mía, lo que obligó a tomar la resolución de abdicar.
-
-Desde el momento de la renuncia mi hijo trató a su padre con todo el
-desprecio que puede tratarlo un rey, sin consideración alguna para con
-sus padres. Al instante hizo llamar a todas las personas complicadas
-en su causa que habían sido desleales a su padre, y hecho todo lo que
-pudiera ocasionarle pesadumbres. El nos da priesa para que salgamos de
-aquí señalándonos la ciudad de Badajoz para residencia. Entretanto nos
-deja sin consideración alguna manifestando gran contento de ser ya rey,
-y de que nosotros nos alejemos de aquí.
-
-En cuanto al príncipe de la Paz no quisiera que nadie se acordara de
-él. Los guardias que le custodian tienen orden de no responder a nada
-que les pregunte, y lo han tratado con la mayor inhumanidad.
-
-Mi hijo ha hecho esta conspiración para destronar al rey su padre.
-Nuestras vidas hubieran estado en grande riesgo, y la del pobre
-príncipe de la Paz lo está todavía.
-
-El rey mi esposo y yo esperamos del gran duque que hará cuanto pueda en
-nuestro favor, porque nosotros siempre hemos sido aliados fieles del
-emperador, grandes amigos del gran duque, y lo mismo sucede al pobre
-príncipe de la Paz. Si él pudiese hablar daría pruebas, y aun en el
-estado en que se halla no hace otra cosa que exclamar por su grande
-amigo el gran duque.
-
-Nosotros pedimos al gran duque que salve al príncipe de la Paz, y que
-salvándonos a nosotros nos le dejen siempre a nuestro lado para que
-podamos acabar juntos tranquilamente el resto de nuestros días en un
-clima más dulce y retirados sin intrigas y sin mandos, pero con honor.
-Esto es lo que deseamos el rey y yo igualmente que el príncipe de la
-Paz, el cual estaría siempre pronto a servir a mi hijo en todo. Pero mi
-hijo (que no tiene carácter alguno, y mucho menos el de la sinceridad)
-jamás ha querido servirse de él y siempre le ha declarado guerra como
-al rey su padre y a mí.
-
-Su ambición es grande y mira a sus padres como si no lo fuesen. ¿Qué
-hará para los demás? Si el gran duque pudiera vernos tendríamos grande
-placer y lo mismo su amigo el príncipe de la Paz que sufre porque lo ha
-sido siempre de los franceses y del emperador. Esperamos todo del gran
-duque, recomendándole también a nuestra pobre hija María Luisa que no
-es amada de su hermano. Con esta esperanza estamos próximos a verificar
-nuestro viaje. — Luisa.»
-
-
-_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg en 27 de marzo
-de 1808._
-
-«Mi hijo no sabe nada de lo que tratamos y conviene que ignore todos
-nuestros pasos. Su carácter es falso: nada le afecta: es insensible y
-no inclinado a la clemencia. Está dirigido por hombres malos y hará
-todo por la ambición que le domina; promete, pero no siempre cumple sus
-promesas.
-
-Creo que el gran duque debe tomar medidas para impedir que al pobre
-príncipe de la Paz se le quite la vida, pues los guardias de Corps han
-dicho que primero lo matarán que entregarle vivo, aunque lo manden el
-emperador y el gran duque. Están llenos de rabia contra él, e inflaman
-a todos los pueblos, a todo el mundo y aun a mi hijo que defiere a
-ellos en todo. Lo mismo sucede relativamente al rey mi esposo y a mí.
-Nosotros estamos puestos en manos del gran duque y del emperador: le
-rogamos que tenga la complacencia de venir a vernos; de hacer que el
-pobre príncipe de la Paz sea puesto en salvo lo más pronto posible, y
-de concedernos todo lo demás que tenemos suplicado.
-
-El embajador es todo de mi hijo; lo cual me hace temblar, porque mi
-hijo no quiere al gran duque ni al emperador sino solo el despotismo.
-El gran duque debe estar persuadido que no digo esto por venganza ni
-resentimiento de los malos tratos que nos hace sufrir, pues nosotros no
-deseamos sino la tranquilidad del gran duque y del emperador. Estamos
-totalmente puestos en manos del gran duque deseando verle para que
-conozca todo el valor que damos a su augusta persona y a sus tropas,
-como a todo lo que le sea relativo.»
-
-
-_Carta de la reina de Etruria para el gran duque de Berg en Madrid a 29
-de marzo de 1808 con una nota de la reina de España su madre._
-
-«Mi señor y querido hermano: mi madre os escribe algunas líneas. Yo
-os incluyo la adjunta mía para el emperador rogándoos dispongáis que
-llegue prontamente a su destino. Recomendadme a S. M. y prometedme como
-os suplico ir después de mañana a Aranjuez. Tomad en mis asuntos el
-interés que yo tomo en lo relativo a vuestra persona, y creed que soy
-de todo mi corazón vuestra afecta hermana y amiga. — María Luisa.»
-
-
-_Nota de puño y letra de la reina de España._
-
-«No quisiéramos ser importunos al gran duque. El rey me hace tomar
-la pluma para decir que considera útil que el gran duque escribiese
-al emperador insinuando que convendría que S. M. I. diese órdenes
-sostenidas con la fuerza para que mi hijo o el gobierno nos dejen
-tranquilos al rey, a mí y al príncipe de la Paz hasta tanto que S. M.
-llegue. En fin el gran duque y el emperador sabrán tomar las medidas
-necesarias para que se esperen su arribo u órdenes sin que antes seamos
-víctimas. — Luisa.»
-
-
-_Carta de la reina de Etruria al gran duque de Berg en Madrid a 30
-de marzo de 1808, con otra de su madre y un artículo escrito de mano
-propia de Carlos IV._
-
-«Señor y hermano: os remito una carta que mi madre me ha enviado, y os
-suplico que me digáis si vuestra guardia o vuestras tropas han pasado a
-guardar al príncipe de la Paz. Deseo también saber cuál es el estado
-de la salud del príncipe, y qué opina vuestro médico en el asunto.
-Respondedme al instante porque pienso visitar a mi madre uno de estos
-días sin detenerme allí más que lo preciso para hablar y volver aquí.
-Id pronto pues solo vos podéis ser mi defensor, y vuelvo a rogaros
-que me respondáis sin detención: entre tanto soy de corazón vuestra
-afectísima hermana y amiga. — María Luisa.»
-
-
-_Carta de la reina de España citada en la anterior._
-
-«Si el gran duque no toma a su cargo que el emperador exija prontamente
-órdenes de impedir los progresos de las intrigas que hay contra el
-rey mi esposo, contra el príncipe de la Paz su amigo, contra mí y
-aun contra mi hija Luisa, ninguno de nosotros está seguro. Todos los
-malévolos se reúnen en Madrid alrededor de mi hijo: este los cree como
-a oráculos, y por sí mismo no es muy inclinado a la magnanimidad ni a
-la clemencia. Debe temerse de ellos toda mala resulta. Yo tiemblo y lo
-mismo mi marido si mi hijo ve al emperador antes que este haya dado
-sus órdenes, pues él y los que le acompañan contarán a S. M. I. tantas
-mentiras que lo pongan por lo menos en estado de dudar de la verdad.
-Por este motivo rogamos al gran duque consiga del emperador que proceda
-sobre el supuesto de que nosotros estamos absolutamente puestos en sus
-manos, esperando que nos dé la tranquilidad para el rey mi esposo,
-para mí y para el príncipe de la Paz, de quien deseamos que nos lo
-deje a nuestro lado para acabar nuestros días tranquilamente en un
-país conveniente a nuestra salud, sin que ninguno de nosotros tres les
-hagamos la menor sombra. Rogamos con la mayor instancia al gran duque
-que se sirva mandar darnos diariamente noticias de nuestro amigo común
-el príncipe de la Paz, pues nosotros ignoramos todo absolutamente.»
-
-
-_El siguiente artículo está escrito de letra de Carlos IV._
-
-«Yo he hecho a la reina escribir todo lo que precede, porque no puedo
-escribir mucho a causa de mis dolores. — Carlos.»
-
-
-_Sigue escribiendo la reina._
-
-«El rey mi marido ha escrito esta línea y media y la ha firmado para
-que os aseguréis de ser él quien escribe.»
-
-
-_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg remitida por
-medio de la reina de Etruria sin fecha en 1808._
-
-«El rey mi esposo y yo no quisiéramos ser importunos ni enfadosos
-al gran duque que tiene tantas ocupaciones, pero no tenemos otro
-amigo ni apoyo que él y el emperador, en quien están fundadas todas
-las esperanzas del rey, las del príncipe de la Paz amigo del gran
-duque e íntimo nuestro, las de mi hija Luisa y las mías. Mi hija me
-escribió ayer por la tarde lo que el gran duque le había dicho, y
-nos ha penetrado el corazón dejándonos llenos de reconocimiento y de
-consuelo, esperando todo bien de las dos sagradas e incomparables
-personas del emperador y del gran duque. Pero no queremos que ignoren
-lo que nosotros sabemos, a pesar de que nadie nos dice nada ni aun
-responden a lo que preguntamos, por más necesidad que tengamos de
-respuesta. Sin embargo miramos esto con indiferencia y solo nos
-interesa la buena suerte de nuestro único e inocente amigo el príncipe
-de la Paz, que también lo es del gran duque como él mismo exclamaba
-en su prisión en medio de los horribles tratos que se le hacían, pues
-perseveraba llamando siempre amigo suyo al gran duque lo mismo que lo
-había hecho antes de la conspiración, y solía decir «si yo tuviera la
-fortuna de que el gran duque estuviese cerca y llegase aquí, no tendría
-nada que temer.» Él deseaba su arribo a la corte y se lisonjeaba con
-la satisfacción de que el gran duque quisiese aceptar su casa para
-alojamiento. Tenía preparados algunos regalos para hacerle; y en fin
-no pensaba sino en que llegara el momento y después presentarse ante
-el emperador y el gran duque con todo el afecto imaginable; pero
-ahora nosotros estamos siempre temiendo que se le quite la vida, o
-se le aprisione más si sus enemigos llegan a entender que se trata
-de salvarle. ¿No sería posible tomar por precaución algunas medidas
-antes de la resolución definitiva? El gran duque pudiera enviar tropas
-sin decir a qué; llegar a la prisión del príncipe de la Paz y separar
-la guardia que le custodia, sin darle tiempo de disparar una pistola
-ni hacer nada contra el príncipe; pues es de temer que su guardia lo
-hiciese porque todos sus deseos son de que muera, y tendrán gloria en
-matarle. Así la guardia sería mandada absolutamente por las órdenes
-del gran duque: y si no, puede estar seguro el gran duque de que el
-príncipe de la Paz morirá si prosigue bajo el poder de los traidores
-indignos y a las órdenes de mi hijo. Por lo mismo volvemos a hacer al
-gran duque la misma súplica de que haga sacarle del poder de las manos
-sanguinarias, esto es de los guardias de Corps, de mi hijo y de sus
-malos lados, porque si no, debemos estar siempre temblando por su vida
-aunque el gran duque y el emperador la quieran salvar mediante que no
-lo podrán conseguir. De gracia volvemos a pedir al gran duque que tome
-todas las medidas convenientes para el objeto, porque como se pierda
-tiempo ya no está segura la vida, pues es cosa cierta que sería más
-fácil de conservar si el príncipe estuviese entre las manos de leones y
-de tigres carnívoros.
-
-Mi hijo estuvo ayer después de comer con Infantado, con Escóiquiz, que
-es un clérigo maligno, y con San Carlos que es peor que todos ellos; y
-esto nos hace temblar porque duró la conferencia secreta desde la una
-y media hasta las tres y media. El gentil-hombre que va con mi hijo
-Carlos es primo de San Carlos; tiene talento y bastante instrucción,
-pero es un americano maligno y muy enemigo nuestro como su primo San
-Carlos, sin embargo de que todo lo que son lo han recibido del rey mi
-marido a instancias del pobre príncipe de la Paz, de quien ellos decían
-ser parientes. Todos los que van con mi hijo Carlos son incluidos en la
-misma intriga y muy propios para hacer todo el mal posible, y que sea
-reputado por verdad lo que es una grande mentira.
-
-Yo ruego al gran duque que perdone mis borrones y defectos que cometo
-cuando escribo francés, mediante hacer ya 42 años que hablo español
-desde que vine a casar en España a la edad de trece años y medio,
-motivo por el cual aunque hablo francés no sé hablarlo bien. El gran
-duque conocerá la razón que me asiste y disimulará los defectos del
-idioma en que yo incurra. — Luisa.»
-
-
-_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg por medio de la
-reina de Etruria su hija sin fecha en 1808._
-
-Ayer recibí un papel de un mahonés que quería tener una audiencia
-secreta conmigo después que el rey mi marido estaba ya en cama,
-diciéndome que me daría grandes luces sobre todo lo que sucede
-actualmente.
-
-Él quería que yo le diese por mí misma seis u ocho millones, diciendo
-que yo los podría pedir a la compañía de Filipinas, y que él haría una
-contrarrevolución que librase al príncipe de la Paz y fuese también
-contra los franceses.
-
-El rey y yo lo hicimos prender sin permitirle comunicación, y
-permanecerá preso hasta que se averigüe la verdad de todo lo que hay
-en este asunto; pues creemos que sea un emisario de los ingleses para
-perdernos, supuesto que el rey y el príncipe de la Paz siempre han sido
-únicamente amigos de los franceses, del emperador y en particular del
-gran duque sin haberlo sido jamás de los ingleses nuestros enemigos
-naturales.
-
-Creemos también por muy necesario que el gran duque haga asegurar al
-pobre príncipe de la Paz que siempre ha sido y es amigo del gran duque,
-de quien así (como del emperador) esperaba su asilo en la forma que
-lo tenía escrito por medio de Izquierdo al mismo gran duque, y aun al
-emperador mismo, bien que no sé si estas cartas habrán llegado a sus
-manos.
-
-Convendría sacar de las manos de los guardias de Corps y de las tropas
-de mi hijo al pobre príncipe de la Paz su amigo, pues es de recelar que
-se le quite la vida o se le envenene y se diga que ha muerto de sus
-heridas, y por cuanto no tendrá seguridad de vivir; mientras estén a su
-lado algunos de estos malignos, será forzoso que el gran duque después
-de asegurar la persona del príncipe de la Paz en su poder, tome medidas
-bien fuertes para conservarle, pues las intrigas cada día crecen contra
-ese pobre amigo del gran duque y aun contra el rey mi marido, cuya vida
-tampoco está bastante segura.
-
-Mi hijo hizo llamar al hijo de Biergol, que es oficial de la secretaría
-de relaciones exteriores. Estuvieron presentes a la sesión Infantado
-y todos los ministros. Mi hijo le preguntó qué había de nuevo en el
-sitio, y qué hacía el rey mi marido: Biergol respondió lo que había
-de verdad diciendo: «no hay nada de nuevo: el rey sale muy poco: la
-reina no ha salido: se ocupan en preparar una habitación para el
-caso de que el gran duque y el emperador vayan allí.» Mi hijo le
-dio orden de volver aquí y de estar al servicio de su padre hasta
-que este emprenda su viaje, porque es uno que interviene en nuestras
-cuentas como tesorero. A todos los que nos siguen aplican el título de
-desertores. Yo recelo que traman alguna grande intriga contra nosotros
-y que estamos en grande riesgo, porque Infantado y los otros son tan
-malos y peores que los demás. Me persuado que el rey, y yo y el pobre
-príncipe de la Paz estamos muy expuestos, porque no manifiestan sino
-mala voluntad contra nosotros, y nuestra vida no está segura si no lo
-remedian el gran duque y el emperador. Es necesario que tomen algunas
-medidas para contener las abominables intenciones de estos malignos, y
-para que mi hijo se canse de dedicarse a pensar todo lo que sea contra
-su padre y contra el príncipe de la Paz. Nosotros hemos tenido esta
-noticia después que salió de aquí el edecán. El clérigo Escóiquiz es
-también de los más malos. — Luisa.»
-
-
-_Carta del rey Carlos IV al gran duque de Berg con otra de la reina su
-esposa en Aranjuez a 1.º de abril de 1808._
-
-«Mi señor y muy querido hermano: V. A. verá por el escrito adjunto que
-nosotros nos interesamos en la vida del príncipe de la Paz más que en
-la nuestra.
-
-Todo lo que se dice en la gaceta extraordinaria sobre el proceso del
-Escorial ha sido compuesto a gusto de los que lo publican, sin decir
-nada de la declaración que mi hijo hizo espontáneamente, la cual habrán
-mudado sin duda: ella está escrita por un gentil-hombre, y firmada
-solamente por mi hijo. Si V. A. no hace esfuerzos para que el proceso
-se suspenda hasta la venida del emperador, temo mucho que quiten antes
-la vida al príncipe de la Paz. Nosotros contamos con el afecto de
-V. A. para nosotros tres, fundados en la alianza y amistad con el
-emperador. Espero que V. A. me dará una respuesta consolatoria que me
-tranquilice, y comunicará al emperador esta carta mía con expresión de
-que yo descanso en su amistad y generosidad. Excusadme lo mal escrita
-que va esta carta, pues los dolores que padezco son la causa. En este
-supuesto, mi señor y muy querido hermano, de V. A. I. y R. soy su muy
-afecto. — Carlos.»
-
-
-_Carta de la reina._
-
-«Señor mi hermano: yo junto mis sentimientos a los del rey mi marido,
-rogando a V. A. la bondad de hacer lo que le pedimos ahora; y esperamos
-que su amistad y humanidad tomará a su cargo la buena causa de su
-íntimo y desgraciado amigo el pobre príncipe de la Paz, así como
-nuestra propia causa que está unida a la suya, para que así cese y se
-suspenda todo hasta que la generosidad y grandeza de alma sin igual
-del emperador nos salve a todos tres y haga que acabemos nuestros días
-tranquilamente y en reposo. No espero menos del emperador y de V. A.
-que nos concederá esta gracia, pues es la única que deseamos. En este
-supuesto, ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda.
-Señor mi hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. —
-Luisa.»
-
-
-_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg, remitida por
-medio de la reina de Etruria en 1.º de abril de 1808._
-
-«Habiendo visto la gaceta extraordinaria que habla solamente de haberse
-encontrado la causa del Escorial entre los papeles del pobre príncipe
-de la Paz, veo que está llena de mentiras. El rey era quien guardaba la
-causa en la papelera de su mesa, y la confió al pobre príncipe de la
-Paz para que la diera al gran duque, con el fin de que la presentase
-al emperador de parte del rey mi marido. Como esta causa se halla
-escrita por el ministro de la guerra y de justicia, y firmada por mi
-hijo, este y aquel mudarán lo que quieran como si fuese original y
-verdadero; y lo mismo sucederá en lo que quieran mudar relativo a los
-demás comprendidos en la causa, pues todos están ahora alrededor de mi
-hijo, y harán lo que este mande y lo que quieran ellos mismos.
-
-Si el gran duque no tiene la bondad y humanidad de hacer que el
-emperador mande prontamente hacer suspender el curso de la causa del
-pobre príncipe de la Paz, amigo del mismo gran duque, y del emperador,
-y de los franceses, y del rey, y mío, van sus enemigos a hacerle cortar
-la cabeza en público, y después a mí, pues lo desean también. Yo temo
-mucho que no den tiempo para que pueda llegar la respuesta y resolución
-del emperador; pues precipitarán la ejecución para que cuando llegue
-aquella no pueda surtir efecto favorable por estar ya decapitado el
-príncipe. El rey mi marido y yo no podemos ver con indiferencia un
-atentado tan horrible contra quien ha sido íntimamente amigo nuestro y
-del gran duque. Esta amistad y la que ha tenido en favor del emperador
-y de los franceses, es la causa de todo lo que sufre; sobre lo cual no
-se debe dudar.
-
-Las declaraciones que mi hijo hizo en su causa no se manifiestan ahora;
-y caso de que se publiquen algunas, no serán las que de veras hizo
-entonces. Acusan al pobre príncipe de la Paz de haber atentado contra
-la vida y trono de mi hijo; pero esto es falso y solo es verdad todo lo
-contrario. No tratan sino de acriminar a este inocente príncipe de la
-Paz, nuestro único amigo común, para inflamar más al público y hacerle
-creer contra él todas las infamias posibles.
-
-Después harán lo mismo contra mí, pues tienen la voluntad preparada
-para ello. Así convendrá que el gran duque haga decir a mi hijo que se
-suspenda toda causa y asunto de papeles hasta que el emperador venga, o
-dé disposiciones; y tomar el gran duque bajo sus órdenes la persona del
-pobre príncipe de la Paz su amigo, separando los guardias y poniendo
-tropas suyas para impedir que lo maten, pues esto es lo que quieren,
-además de infamarle, lo que también proyectan contra el rey mi marido
-y contra mí, diciendo que es necesario formarnos causa y hacer que
-después demos cuenta de todas nuestras operaciones.
-
-Mi hijo tiene muy mal corazón: su carácter es cruel: jamás ha tenido
-amor a su padre ni a mí: sus consejeros son sanguinarios: no se
-complacen sino en hacer desdichados, sin exceptuar al padre ni a la
-madre. Quieren hacernos todo el mal posible, pero el rey y yo tenemos
-mayor interés en salvar la vida y el honor de nuestro inocente amigo
-que nuestra misma vida.
-
-Mi hijo es enemigo de los franceses, aunque diga lo contrario. No
-extrañaré que cometa un atentado contra ellos. El pueblo está ganado
-con dinero y lo inflamará contra el príncipe de la Paz, contra el rey,
-mi marido, y contra mí, porque somos aliados de los franceses, y dicen
-que nosotros les hemos hecho venir.
-
-A la cabeza de todos los enemigos de los franceses está mi hijo, aunque
-aparente ahora lo contrario, y quiera ganar al emperador, al gran duque
-y a los franceses para dar mejor y seguro su golpe.
-
-Ayer tarde dijimos nosotros al general comandante de las tropas del
-gran duque, que nosotros siempre permanecemos aliados de los franceses,
-y que nuestras tropas estarán siempre unidas con las suyas. Esto se
-entiende de las nuestras que tenemos aquí, pues de las otras no podemos
-disponer; y aun en cuanto a estas ignoramos las órdenes que mi hijo
-habrá dado; pero nosotros nos pondríamos a su cabeza para hacerlas
-obedecer lo que queremos, que es que sean amigas de los franceses. —
-Luisa.»
-
-
-_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg, por medio de la
-reina de Etruria su hija, en abril de 1808._
-
-«Nosotros remitimos al gran duque la respuesta de mi hijo a la carta
-que el rey mi marido le escribió antes de ayer, cuya copia fue remitida
-ayer al gran duque. No estamos contentos con el modo de explicarse
-mi hijo, ni aun con la sustancia de lo que se responde; pero el gran
-duque por su amistad con nosotros tendrá la bondad de componerlo todo
-y de hacer que el emperador nos salve a todos tres; es decir al rey mi
-marido, al pobre príncipe de la Paz su amigo, y a mí. El gran duque
-debe estar persuadido, y persuadir al emperador, que habiendo puesto
-nuestra suerte en sus manos, solo pendemos de la generosidad, grandeza
-de alma y amistad que tenga para nosotros tres, que siempre hemos sido
-sus buenos y fieles aliados, amigos y afectos, y que si no, nuestra
-suerte será muy infeliz.
-
-Se nos ha dicho que nuestro hijo Carlos va a partir mañana o antes para
-recibir al emperador, y que si no lo encuentra, avanzará hasta París. A
-nosotros se nos oculta esta resolución porque no quieren que la sepamos
-el rey ni yo, lo cual nos hace recelar un mal designio; pues mi hijo
-Fernando no se separa un momento de sus hermanos, y los hace malos con
-promesas y con los atractivos que agradan a los jóvenes que no conocen
-al mundo por experiencias &c.
-
-Por esto conviene que el gran duque procure que el emperador no se deje
-engañar por medio de mentiras que lleven las apariencias de la verdad,
-respecto de que mi hijo no es afecto a los franceses, sino que ahora
-manifiesta serlo porque cree tener necesidad de aparentarlo. Yo recelo
-de todo si el gran duque, en quien habemos puesto nuestras esperanzas,
-no hace todos sus esfuerzos para que el emperador tome nuestra causa
-como suya propia. Tampoco dudamos que la amistad del gran duque
-sostendrá y salvará a su amigo, y nos lo dejará a nuestro lado para
-que todos tres juntos acabemos nuestros días tranquilamente retirados.
-Asimismo creemos que el gran duque tomará todos los medios para que el
-pobre príncipe de la Paz, amigo suyo y nuestro, sea trasladado a un
-pueblo cercano a Francia, de manera que su vida no peligre y sea fácil
-de transportarlo a Francia, y librarlo de las manos de sus sanguinarios
-enemigos.
-
-Deseamos igualmente que el gran duque envíe a el emperador alguna
-persona que le informe de todo a fondo para evitar que S. M. I. pueda
-ser preocupado por las mentiras que se fraguan aquí de día y de noche
-contra nosotros y contra el pobre príncipe de la Paz, cuya suerte
-preferimos a la misma nuestra, porque estamos temblando de las dos
-pistolas que hay cargadas para quitarle la vida en caso necesario, y
-sin duda son efecto de alguna orden de mi hijo que hace conocer así
-cuál sea su corazón; y deseo que no se verifique jamás un atentado
-semejante con ninguno, aun cuando fuese el mayor malvado, y vos debéis
-creer que el príncipe no lo es.
-
-En fin el gran duque y el emperador son los únicos que pueden salvar al
-príncipe de la Paz, así como a nosotros, pues si no resulta salvo, y si
-no se nos concede su compañía moriremos el rey mi marido y yo. Ambos
-creemos que si mi hijo perdona la vida al príncipe de la Paz, será
-cerrándolo en una prisión cruel donde tenga una muerte civil; por lo
-cual rogamos al gran duque y al emperador que lo salve enteramente, de
-manera que acabe sus días en nuestra compañía donde se disponga.
-
-Conviene saber que se conoce que mi hijo teme mucho al pueblo; y los
-guardias de Corps son siempre sus consejeros y sus tiranos. — Luisa.»
-
-
-_Carta del rey Carlos IV al gran duque de Berg con otra de la reina su
-esposa en Aranjuez a 3 de abril de 1808._
-
-«Mi señor y mi querido hermano: teniendo que pasar a Madrid Don Joaquín
-de Manuel de Villena, gentil-hombre de cámara y muy fiel servidor mío,
-para negocios particulares suyos, le he encargado presentarse a V. A.,
-y asegurarle todo mi reconocimiento al interés que V. A. toma en mi
-suerte y en la del príncipe de la Paz, que está inocente. Podéis fiaros
-de hablar con Don Joaquín de Villena, porque yo aseguro su fidelidad.
-No hablaré ya de mis dolores, y mi esposa os dará en posdata razón
-detallada de los asuntos. Pudiera suceder que Villena no se atreva a
-entrar en casa de V. A. por no hacerse sospechoso. En tal caso mi hija
-dispondrá que recibáis esta carta. Perdonadme tantas importunidades,
-y ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda. Mi señor
-y muy querido hermano. De V. A. I. y R. afecto hermano y amigo. —
-Carlos.»
-
-
-_Carta de la reina._
-
-«Mi señor y hermano: la partida tan pronta de mi hijo Carlos, que será
-mañana, nos hace temblar. Las personas que le acompañan son malignas.
-El secreto inviolable que se les hace observar para con nosotros, nos
-causa grande inquietud, temiendo que sea conductor de papeles falsos
-contrahechos e inventados.
-
-El príncipe de la Paz no hacía ni escribía nada sin que lo supiéramos y
-viésemos el rey mi marido y yo; y podemos asegurar que no ha cometido
-crimen alguno contra mi hijo ni contra nadie, pero mucho menos
-contra el gran duque, contra el emperador, ni contra los franceses.
-Él escribió de propio puño al gran duque y al emperador pidiendo a
-este un asilo y hablando de matrimonio; pero yo creo que el pícaro de
-Izquierdo no la entregó y la ha devuelto. El príncipe de la Paz estaba
-ya desengañado de la mala fe de Izquierdo, y por lo menos dudaba de su
-sinceridad. Los enemigos del pobre príncipe de la Paz, amigo de V. A.,
-pintarán con los colores más vivos y apariencias de verdad cualesquiera
-mentiras. Son muy diestros para esto, y cuantos ocupan ahora los
-empleos son enemigos comunes suyos. ¿No podría V. A. enviar alguno que
-llegase antes que mi hijo Carlos a ver al emperador y prevenirle de
-todo, contándole la verdad y las imposturas de nuestros enemigos?
-
-Mi hijo tiene veinte años, sin experiencia ni conocimientos del mundo.
-Los que le acompañan y todos los demás le habrán dado instrucciones
-a su gusto. ¡Ojalá que V. A. tome todas las medidas necesarias para
-anticipar noticias al emperador! Mi hijo hace todo lo posible para que
-no veamos al emperador; pero nosotros queremos verle, así como a V. A.
-en quien hemos depositado nuestra confianza, y la seguridad de todos
-tres que esperamos conceda el emperador.
-
-En este supuesto ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna
-guarda. Mi señor y hermano. De V. A. I. y R. muy afecta hermana y
-amiga. — Luisa.»
-
-
-_Carta de la reina de España al gran duque de Berg en Aranjuez a 8 de
-abril de 1808._
-
-«Mi señor y hermano: el rey no puede escribir por estar muy incomodado
-con la hinchazón de su mano. Cuando ha leído la carta de V. A. en que
-le deja elección de partir mañana u otro día, ha tenido presente que
-todo estaba preparado, que una parte de sus criados parte hoy, y que la
-dilación podía dar que pensar a tantos intérpretes como hay, malignos
-e impostores; por lo que se ha decidido a salir mañana a la una como
-tenía ya dicho, esperando que así le sería más fácil también ir a ver
-al emperador. Tendremos mucho gusto de saber el arribo del emperador
-a Bayona. Nosotros lo esperamos con impaciencia, y que V. A. nos dirá
-cuándo debemos ir. El rey mi marido y yo deseamos con vehemencia ver
-a V. A. Apetecemos con ansia este momento, y nos ha servido de gran
-placer el recado de V. A. de que vendría a vernos después de dos días.
-Repetimos nuestras súplicas, confiando enteramente en vuestra amistad,
-y pido a Dios tenga a V. A. en su santa y digna guarda.
-
-Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. —
-Luisa.»
-
-
-_Carta del rey Fernando a su padre en Madrid a 8 de abril de 1808._
-
-«Padre mío: el general Savary acaba de separarse de mi compañía. Estoy
-muy satisfecho de él, como también de la buena inteligencia que hay
-entre el emperador y mi persona, por la buena fe que me ha manifestado.
-
-Por este motivo me parece justo que V. M. me dé una carta para el
-emperador, felicitándole de su arribo, y asegurándole que tengo para
-con él los mismos sentimientos que V. M. le ha demostrado.
-
-Si V. M. considera conveniente, me enviará en respuesta dicha carta,
-porque yo saldré después de mañana, y he dado orden de que vengan
-después los tiros que debían servir a VV. MM.
-
-Vuestro más sumiso hijo. — Fernando.»
-
-
-_Segunda carta de la reina de España al gran duque de Berg en 8 de
-abril de 1808._
-
-«Mi señor y hermano: No quisiéramos ocupar a V. A., pero no teniendo
-otro apoyo es necesario que V. A. sepa todo lo relativo a nuestras
-personas. Remitimos a V. A. la carta que el rey ha recibido de su hijo
-Fernando en respuesta de la que su padre le escribió, diciéndole que
-partíamos el lunes.
-
-Las pretensiones de mi hijo me parecen fuera de propósito; y siguiendo
-las mismas ideas le ha escrito el rey hace un instante, que nosotros
-llevamos menos familia y personas de servidumbre que plazas había,
-quedándose aquí algunas: que pasaríamos la semana santa en el Escorial,
-sin poder decir cuántos días duraría aquella residencia; y que en
-cuanto a guardias de Corps no importaba nada que no fuesen. Quisiéramos
-no verlos, y sí fuera de su poder a nuestro pobre príncipe de la
-Paz. Ayer tarde se me advirtió que viviésemos con cuidado, porque se
-intentaba hacer alguna cosa secreta, y que aunque fuese tranquila la
-noche de ayer no lo sería la siguiente. Yo dudo de todo, y no vemos a
-los guardias de Corps; pero es necesario vivir con cautela, por lo que
-lo hemos advertido al general Wattier. Los guardias son los autores de
-todo, y hacen a mi hijo hacer lo que quieren; lo mismo que los malignos
-ministros, que son muy crueles, sobre todo el clérigo Escóiquiz.
-
-Por gracia V. A. líbrenos a todos tres, e igualmente a mi pobre hija
-Luisa, que padece por la propia razón que nuestro pobre amigo común el
-príncipe de la Paz y nosotros; y todo porque somos amigos de V. A.,
-de los franceses y del emperador. Mi hijo Fernando habló aquí de las
-tropas francesas que había en Madrid con bastante desprecio, lo cual
-es prueba de que no las mira con afecto. Nos han asegurado que los
-carabineros son como los demás; y que los otros residentes en el sitio,
-como el capitán de guardias de Corps, no hacen sino averiguar todo lo
-que pueden para hacerlo saber a mi hijo.
-
-Si el emperador dijera dónde quiere que le veamos, tendríamos en ello
-mucho gusto; y rogamos a V. A. procure que el emperador nos saque de
-España cuanto antes al rey mi marido y a nuestro amigo el príncipe de
-la Paz, a mí y a mi pobre hija, y sobre todo a los tres, lo más pronto
-posible, porque de otro modo no estamos seguros. No dude V. A. que nos
-hallamos en el mayor peligro, y con especialidad nuestro amigo, cuya
-seguridad deseamos antes que la nuestra; la que confiamos lograr de V.
-A. y del emperador, en cuyo supuesto pido a Dios tenga a V. A. en su
-santa y digna guarda.
-
-Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. afecta hermana y amiga. — Luisa.»
-
-
-_Carta de la reina de España al gran duque de Berg en Aranjuez a 9 de
-abril de 1808._
-
-«Mi señor y hermano: el reconocimiento a los favores de V. A. será
-eterno, y le damos un millón de gracias por la seguridad que nos
-anuncia de que su amigo y nuestro, el pobre príncipe de la Paz, estará
-libre dentro de tres días. El rey y yo ocultaremos con un secreto
-inviolable tan necesario la alegría que V. A. nos ha producido con
-una noticia tan deseada. Ella nos reanima, y nunca hemos dudado de la
-amistad de V. A., quien tampoco deberá dudar de la nuestra jamás, pues
-se la hemos profesado siempre, como también el pobre amigo de V. A.,
-cuyo crimen es el ser afecto al emperador y a los franceses. No así mi
-hijo, pues no lo es aunque lo aparente. Su ambición sin límites le ha
-hecho seguir los consejos de todos los infames consejeros que ha puesto
-ahora en los empleos más principales y elevados.
-
-Tenga V. A. la bondad de decirnos cuándo debemos ir a ver al emperador,
-y en dónde, pues lo deseamos mucho igualmente que V. A. no se olvide de
-mi pobre hija Luisa.
-
-Damos gracias a V. A. de habernos enviado al general Wattier, pues se
-ha conducido perfectamente aquí. Mi marido quería escribir a V. A.,
-pero es absolutamente imposible, pues padece muchos dolores en la mano
-derecha, los cuales le han quitado el sueño esta noche pasada.
-
-Nosotros saldremos a la una para el Escorial, adonde llegaremos a las
-ocho de la tarde. Rogamos a V. A. que disponga que sus tropas y V. A.
-libren a su amigo de los peligros de todos los pueblos y tropas que
-están contra él y contra nosotros, no sea que lo maten si no lo salva
-V. A., pues como no esté asegurado por la guardia de V. A. hay mucho
-peligro de que le quiten la vida.
-
-Deseamos mucho ver a V. A., pues somos totalmente suyos; en cuyo
-supuesto pido a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda.
-
-Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. —
-Luisa.»
-
-
-_Segunda carta de la reina de España al gran duque de Berg en el
-Escorial a 9 de abril de 1808._
-
-«Mi señor y hermano: son las diez, y hemos recibido una carta de mi
-hijo Fernando que el rey mi marido envía a V. A. para que la vea, y me
-diga lo que debemos hacer. El rey y yo no quisiéramos hacer lo que nos
-pide mi hijo, cuya pretensión nos ha sorprendido infinito, y creemos
-que no nos conviene de ningún modo condescender: el rey ha encargado
-decir que estaba ya en cama, por lo que no podía responder a la carta.
-Esto ha sido pretexto por si V. A. quiere decirnos lo que se le haya de
-responder, en inteligencia de que mientras tanto suspendemos hacerlo;
-bien que será forzoso no dilatarlo más que hasta mañana por la tarde.
-
-Nos hallamos con la satisfacción de no tener guardias de Corps, ni las
-de infantería en el Escorial, sino solo los carabineros. Con vuestras
-tropas estamos seguros y no con las otras.
-
-El rey y yo no escribimos la carta que mi hijo pide, sino en el caso de
-que se nos haga escribir por fuerza, como sucedió con la abdicación,
-contra la cual hizo por eso la protesta que envió a V. A. Lo que dice
-mi hijo es falso, y solo es verdadero que mi marido y yo tememos que se
-procure hacer creer al emperador un millón de mentiras, pintándolas con
-los más vivos colores en agravio nuestro y del pobre príncipe de la Paz
-amigo de V. A., admirador y afectísimo del emperador, bien que nosotros
-estamos totalmente puestos en manos de S. M. I. y V. A., lo cual nos
-tranquiliza de modo, que con tales amigos y protectores no tememos a
-nadie. Ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda. Mi
-señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — Luisa.»
-
-
-_Tercera carta de la reina de España al gran duque de Berg en el
-Escorial a 9 de abril de 1808._
-
-«Mi señor y hermano: Estamos muy agradecidos al obsequio de V. A.
-en habernos enviado sus tropas que nos han acompañado con la mayor
-atención y cuidado. También le damos gracias por las que nos ha
-destinado para este sitio. Hemos dicho al general Budet que cuide de
-hacer patrullas con sus tropas día y noche, pues hemos encontrado aquí
-una compañía de guardias españolas y valonas, lo que nos ha sorprendido.
-
-V. A. nos ha dado pruebas completas de su amistad. Nosotros no habíamos
-dudado jamás, y tanto el rey como yo creemos firmemente que V. A. nos
-librará de todo riesgo, igualmente que a su amigo el príncipe de la
-Paz, y estamos satisfechos de que el emperador nos protegerá, y hará
-felices a todos tres como aliados, afectos y amigos suyos. Esperamos
-con grande impaciencia la satisfacción de ver a V. A. y al emperador.
-Aquí estamos en mayor proporción de salir al encuentro de S. M. I.
-
-Nuestro viaje ha sido muy feliz, y no podía dejar de serlo con tan
-buena compañía. Los pueblos por donde hemos pasado nos han aclamado más
-que antes.
-
-Esperamos con ansia la respuesta de V. A. a la carta que le escribimos
-esta mañana, y no queremos incomodarle más, ni quitarle el tiempo
-precioso que necesita para tantas ocupaciones. Ruego a Dios que tenga a
-V. A. en su santa y digna guarda. Mi señor y hermano: de V. A. I. y R.
-muy afecta hermana y amiga. — Luisa.»
-
-
-_Carta de la reina de España al gran duque de Berg en 10 de abril de
-1808._
-
-«Señor mi hermano: la carta que V. A. nos ha escrito, y hemos recibido
-hoy muy temprano, me ha tranquilizado. Nosotros estamos puestos en las
-manos del emperador y de V. A. No debemos temer nada el rey mi marido,
-nuestro amigo común y yo. Lo esperamos todo del emperador que decidirá
-pronto nuestra suerte.
-
-Tenemos el mayor placer y consuelo en esperar mañana el momento de
-ver y poder hablar a V. A. Será para nosotros un instante bien feliz,
-así como el de ver al emperador. Mientras tanto que esto se verifica,
-rogamos de nuevo a V. A. que proceda de modo que saque al príncipe de
-la Paz su amigo del poder de las horribles manos que lo tienen, y lo
-ponga en seguridad de que no se le mate, ni se le haga mal alguno; pues
-los malignos y falsos ministros actuales harán todo lo posible para
-anticiparse cuando llegue el emperador.
-
-Mi hijo habrá partido ya, y procurará en su viaje persuadir al
-emperador todo lo contrario de lo que ha pasado en verdad. Él y los
-que lo rodean habrán preparado tales datos y mentiras, aparentándolas
-como verdades que el emperador, cuando menos, entraría en dudas, si no
-hubiera sido informado ya de la verdad por V. A.
-
-Mi hijo ha dejado todas sus facultades al infante Don Antonio su tío,
-el cual tiene muy poco talento y luces; pero es cruel, e inclinado
-a todo cuanto pueda ser pesadumbre del rey mi marido y mía, y del
-príncipe de la Paz y de mi hija Luisa. Aunque debe proceder de acuerdo
-de un consejo que se le ha nombrado, este se compone de toda la facción
-tan detestable que ha ocasionado toda la revolución actual, y que no
-está en favor de los franceses más que mi hijo Fernando, a pesar de
-todo lo que se ha dicho en la Gaceta de ayer, pues solo el miedo al
-emperador hace hablar así.
-
-Me atrevo también a decir a V. A. que el embajador está totalmente
-por el partido de mi hijo de acuerdo con el maligno hipócrita clérigo
-Escóiquiz, y harán lo que no es imaginable para ganar a V. A., y sobre
-todo al emperador. Prevenid todo esto a S. M. antes que lo vea mi hijo;
-pues como este sale hoy, y el rey mi marido tiene la mano tan hinchada,
-no ha escrito la carta que mi hijo le pedía, por lo cual este no
-llevará ninguna; y el rey no puede escribir de su mano a V. A., lo que
-le es muy sensible, pues nosotros no tenemos otro amigo, ni confianza
-sino en V. A. y en el emperador, de quien esperamos todo.
-
-Vivid bien persuadido del grande afecto que tenemos a V. A., así como
-confianza y seguridad: en cuyo supuesto ruego a Dios que tenga a V.
-A. en su santa y digna guarda. Señor mi hermano: de V. A. I. y R. muy
-afecta hermana y amiga. — Luisa.»
-
-
-NOTA. _Toda esta correspondencia se halla inserta en el Monitor del
-5 de febrero de 1810, excepto el informe del general Monthion que se
-insertó en el de 3 de mayo de 1808. En el Monitor algunas de las cartas
-de la reina de Etruria y de Carlos IV están en italiano. Hemos tomado
-la traducción de todas ellas de las memorias de Nellerto, tom. 2.º,
-después de haberla confrontado con las cartas originales insertas en
-los Monitores citados. Nos hemos cerciorado de la exactitud, objeto
-principal en la inserción de estos documentos, sin habernos detenido en
-reparos acerca del estilo; pero no creemos inoportuno advertir que debe
-leerse con desconfianza la calificación que se hace en algunas de estas
-cartas del carácter y conducta de los personajes nombrados en ellas,
-por ser hija del resentimiento de una señora sobrecogida a la sazón
-de todo género de recelos, y cuya vehemente imaginación alterada por
-el cúmulo de sucesos extraordinarios y adversos ocurridos en aquellos
-memorables días, le presentaba las cosas y las personas con los más
-negros colores._
-
-
-NÚMERO 2-11.
-
-_Protesta publicada en el Diario de Madrid de 12 de mayo de 1808._
-
-
-NÚMERO 2-12.
-
-Don Bartolomé Muñoz de Torres del consejo de S. M., su secretario
-escribano de cámara más antiguo y de gobierno del consejo.
-
-Certifico que por el Excmo. Señor Don Pedro Cevallos primer secretario
-de estado y del despacho, se ha comunicado al Ilustrísimo Señor decano
-gobernador interino del consejo la real orden siguiente:
-
-«Ilustrísimo Señor: Uno de los primeros cuidados del rey N. S. después
-de su advenimiento al trono ha sido el participar al emperador de los
-franceses y rey de Italia tan feliz acontecimiento, asegurando al
-mismo tiempo a S. M. I. y R. que animado de los mismos sentimientos
-que su augusto padre, lejos de variar en lo más mínimo el sistema
-político con respecto a la Francia, procurará por todos los medios
-posibles estrechar más y más los vínculos de amistad y estrecha alianza
-que felizmente subsisten entre la España y el imperio francés. S. M.
-me manda participarlo a V. I. para que publicándolo en el consejo
-proceda el tribunal a consecuencia en todas las medidas que tome
-para restablecer la tranquilidad pública en Madrid, y para recibir
-y suministrar a las tropas francesas que están dispuestas a entrar
-en esa villa todos los auxilios que necesiten; procurando persuadir
-al pueblo que vienen como amigos, y con objetos útiles al rey y a la
-nación. S. M. se promete de la sabiduría del consejo que enterado de
-los vivos deseos que le animan de consolidar cada día más los estrechos
-vínculos que unen a S. M. con el emperador de los franceses, procurará
-el consejo por todos los medios que estén a su alcance inspirar estos
-mismos sentimientos en todos los vecinos de Madrid. Dios guarde a V. I.
-muchos años. Aranjuez 20 de marzo de 1808. — Pedro Cevallos. — Señor
-gobernador interino del consejo.»
-
-Publicada en el consejo pleno de este día la antecedente real orden,
-se ha mandado guardar y cumplir; y para que llegue a noticia de todos
-se imprima y fije en los sitios públicos y acostumbrados de esta
-corte. Y para el efecto lo firmo en Madrid a 21 de marzo de 1808. —
-Don Bartolomé Muñoz. — (_Véase el Diario de Madrid del 22 de marzo de
-1808._)
-
-
-NÚMERO 2-13.
-
-BANDO.
-
-Con fecha 23 del presente mes se ha comunicado al Ilustrísimo Señor
-decano del consejo una real orden que entre otras cosas contiene lo
-siguiente:
-
-«Teniendo noticia el rey N. S. que dentro de dos y medio a tres días
-llegará a esta corte S. M. el emperador de los franceses, me manda
-S. M. decir a V. I. que quiere sea recibido y tratado con todas las
-demostraciones de festejo y alegría que corresponden a su alta dignidad
-e íntima amistad y alianza con el rey N. S., de la que espera la
-felicidad de la nación; mandando asimismo S. M. que la villa de Madrid
-proporcione objetos agradables a S. M. I., y que contribuyan al mismo
-fin todas las clases del estado.
-
-Y habiéndose publicado en el consejo, ha resuelto se entere de ello al
-público por medio de este edicto. Madrid 24 de marzo de 1808. — Don
-Bartolomé Muñoz &c.
-
-
-NÚMERO 2-14.
-
-_Mémorial de Sainte Hélène, vol. IV, pág. 246, ed. de 1823._
-
-
-NÚMERO 2-15.
-
-_Carta de S. M. el emperador de los franceses rey de Italia, y
-protector de la confederación del Rin._
-
-«Hermano mío: he recibido la carta de V. A. R.: ya se habrá convencido
-V. A. por los papeles que ha visto del rey su padre del interés que
-siempre le he manifestado: V. A. me permitirá que en las circunstancias
-actuales le hable con franqueza y lealtad. Yo esperaba, en llegando
-a Madrid, inclinar a mi augusto amigo a que hiciese en sus dominios
-algunas reformas necesarias, y que diese alguna satisfacción a la
-opinión pública. La separación del príncipe de la Paz me parecía una
-cosa precisa para su felicidad y la de sus vasallos. Los sucesos
-del norte han retardado mi viaje: las ocurrencias de Aranjuez han
-sobrevenido. No me constituyo juez de lo que ha sucedido, ni de la
-conducta del príncipe de la Paz; pero lo que sé muy bien es que es
-muy peligroso para los reyes acostumbrar sus pueblos a derramar la
-sangre haciéndose justicia por sí mismos. Ruego a Dios que V. A. no
-lo experimente un día. No sería conforme al interés de la España que
-se persiguiese a un príncipe que se ha casado con una princesa de la
-familia real, y que tanto tiempo ha gobernado el reino. Ya no tiene
-más amigos: V. A. no los tendrá tampoco si algún día llega a ser
-desgraciado. Los pueblos se vengan gustosos de los respetos que nos
-tributan. Además, ¿cómo se podría formar causa al príncipe de la Paz
-sin hacerla también al rey y a la reina vuestros padres? Esta causa
-fomentaría el odio y las pasiones sediciosas; el resultado sería
-funesto para vuestra corona. V. A. R. no tiene a ella otros derechos
-sino los que su madre le ha transmitido: si la causa mancha su honor,
-V. A. destruye sus derechos. No preste V. A. oídos a consejos débiles
-y pérfidos. No tiene V. A. derecho para juzgar al príncipe de la
-Paz; sus delitos, si se le imputan, desaparecen en los derechos del
-trono. Muchas veces he manifestado mi deseo de que se separase de los
-negocios al príncipe de la Paz: si no he hecho más instancias ha sido
-por un efecto de mi amistad por el rey Carlos, apartando la vista de
-las flaquezas de su afección. ¡Oh miserable humanidad! Debilidad y
-error, tal es nuestra divisa. Mas todo esto se puede conciliar; que el
-príncipe de la Paz sea desterrado de España, y yo le ofrezco un asilo
-en Francia.
-
-En cuanto a la abdicación de Carlos IV, ella ha tenido efecto en el
-momento en que mis ejércitos ocupaban la España, y a los ojos de la
-Europa y de la posteridad podría parecer que yo he enviado todas esas
-tropas con el solo objeto de derribar del trono a mi aliado y mi amigo.
-Como soberano vecino debo enterarme de lo ocurrido antes de reconocer
-esta abdicación. Lo digo a V. A. R., a los españoles, al universo
-entero; si la abdicación del rey Carlos es espontánea, y no ha sido
-forzado a ella por la insurrección y motín sucedido en Aranjuez, yo no
-tengo dificultad en admitirla, y en reconocer a V. A. R. como rey de
-España. Deseo pues conferenciar con V. A. R. sobre este particular.
-
-La circunspección que de un mes a esta parte he guardado en este
-asunto debe convencer a V. A. del apoyo que hallará en mí, si jamás
-sucediese que facciones de cualquiera especie viniesen a inquietarle
-en su trono. Cuando el rey Carlos me participó los sucesos del mes de
-octubre próximo pasado, me causaron el mayor sentimiento, y me lisonjeo
-de haber contribuido por mis instancias al buen éxito del asunto del
-Escorial. V. A. no está exento de faltas: basta para prueba la carta
-que me escribió, y que siempre he querido olvidar. Siendo rey sabrá
-cuán sagrados son los derechos del trono: cualquier paso de un príncipe
-hereditario cerca de un soberano extranjero es criminal. El matrimonio
-de una princesa francesa con V. A. R. le juzgo conforme a los intereses
-de mis pueblos, y sobre todo como una circunstancia que me uniría con
-nuevos vínculos a una casa, a quien no tengo sino motivos de alabar
-desde que subí al trono. V. A. R. debe recelarse de las consecuencias
-de las emociones populares: se podrá cometer algún asesinato sobre mis
-soldados esparcidos; pero no conducirán sino a la ruina de la España.
-He visto con sentimiento que se han hecho circular en Madrid unas
-cartas del capitán general de Cataluña, y que se ha procurado exasperar
-los ánimos. V. A. R. conoce todo lo interior de mi corazón: observará
-que me hallo combatido por varias ideas que necesitan fijarse; pero
-puede estar seguro de que en todo caso me conduciré con su persona del
-mismo modo que lo he hecho con el rey su padre. Esté V. A. persuadido
-de mi deseo de conciliarlo todo, y de encontrar ocasiones de darle
-pruebas de mi afecto y perfecta estimación. Con lo que ruego a Dios os
-tenga, hermano mío, en su santa y digna guarda. En Bayona a 16 de abril
-de 1808. — Napoleón. — (_Véase el manifiesto de Don Pedro Cevallos._)
-
-
-NÚMERO 2-16.
-
-El rey N. S. haciendo el más alto aprecio de los deseos que el
-emperador de los franceses ha manifestado de disponer de la suerte del
-preso Don Manuel de Godoy, escribió desde luego a S. M. I. mostrando
-su pronta y gustosa voluntad de complacerle, asegurado S. M. de que
-el preso pasaría inmediatamente la frontera de España, y que jamás
-volvería a entrar en ninguno de sus dominios.
-
-El emperador de los franceses ha admitido este ofrecimiento de S. M., y
-mandado al gran duque de Berg que reciba el preso, y lo haga conducir a
-Francia con escolta segura.
-
-La junta de gobierno instruida de estos antecedentes, y de la reiterada
-expresión de la voluntad de S. M., mandó ayer al general, a cuyo cargo
-estaba la custodia del citado preso, que lo entregase al oficial que
-destinase para su conducción el gran duque; disposición que ya queda
-cumplida en todas sus partes. Madrid 21 de abril de 1808.
-
-
-NÚMERO 2-17.
-
-_Oficio del general Belliard a la junta de gobierno. (Véase la memoria
-de Ofárril y Azanza.)_
-
-«Habiendo S. M. el emperador y rey manifestado a S. A. el gran duque de
-Berg que el príncipe de Asturias acababa de escribirle diciendo «que le
-hacía dueño de la suerte del príncipe de la Paz», S. A. me encarga en
-consecuencia que entere a la junta de las intenciones del emperador,
-que le reitera la orden de pedir la persona de este príncipe y de
-enviarle a Francia.
-
-Puede ser que esta determinación de S. A. R. el príncipe de Asturias no
-haya llegado todavía a la junta. En este caso se deja conocer que S. A.
-R. habrá esperado la respuesta del emperador; pero la junta comprenderá
-que el responder al príncipe de Asturias sería decidir una cuestión muy
-diferente; y ya es sabido que S. M. I. no puede reconocer sino a Carlos
-IV.
-
-Ruego pues a la junta se sirva tomar esta nota en consideración, y
-tener la bondad de instruirme sobre este asunto, para dar cuenta a S.
-A. I. el gran duque de la determinación que tomase.
-
-El gobierno y la nación española solo hallarán en esta resolución de
-S. M. I. nuevas pruebas del interés que toma por la España; porque
-alejando al príncipe de la Paz, quiere quitar a la malevolencia los
-medios de creer posible que Carlos IV volviese el poder y su confianza
-al que debe haberla perdido para siempre; y por otra parte la junta de
-gobierno hace ciertamente justicia a la nobleza de los sentimientos de
-S. M. el emperador, que no quiere abandonar a su fiel aliado.
-
-Tengo el honor de ofrecer a la junta las seguridades de mi alta
-consideración. — El general y jefe del estado mayor general, Augusto
-Belliard. — Madrid 20 de abril de 1808.»
-
-
-NÚMERO 2-18.
-
-_Carta remitiendo la protesta al emperador y rey._
-
-«Hermano y señor: V. M. sabrá ya con sentimiento el suceso de Aranjuez
-y sus resultas, y no dejará de ver sin algún tanto de interés a un rey
-que forzado a abdicar la corona, se echa en los brazos de un gran
-monarca su aliado, poniéndose en todo y por todo a su disposición, pues
-que él es el único que puede hacer su dicha, la de toda su familia, y
-la de sus fieles y amados vasallos... Heme visto obligado a abdicar;
-pero seguro en el día y lleno de confianza en la magnanimidad y genio
-del grande hombre que siempre se ha manifestado mi amigo, he tomado la
-resolución de dejar a su arbitrio lo que se sirviese hacer de nosotros,
-mi suerte, la de la reina... Dirijo a V. M. I. una protesta contra el
-acontecimiento de Aranjuez, y contra mi abdicación. Me pongo y confio
-enteramente en el corazón y amistad de V. M. I. Con esto ruego a Dios
-que os mantenga en su santa y digna guarda. — Hermano y Señor: de V.
-M. I. su afectísimo hermano y amigo. — Carlos.»
-
-
-IDEM.
-
-_Reiteración de la protesta, dirigida al Señor infante Don Antonio._
-
-«Muy amado hermano: el 19 del mes pasado he confiado a mi hijo un
-decreto de abdicación... En el mismo día extendí una protesta solemne
-contra el decreto dado en medio del tumulto, y forzado por las críticas
-circunstancias... Hoy, que la quietud está restablecida, que mi
-protesta ha llegado a las manos de mi augusto amigo y fiel aliado
-el emperador de los franceses y rey de Italia, que es notorio que mi
-hijo no ha podido lograr le reconozca bajo este título... declaro
-solemnemente que el acto de abdicación que firmé el día 19 del pasado
-mes de marzo es nulo en todas sus partes; y por eso quiero que hagáis
-conocer a todos mis pueblos que su buen rey, amante de sus vasallos,
-quiere consagrar lo que le queda de vida en trabajar para hacerlos
-dichosos. Confirmo provisionalmente en sus empleos de la junta actual
-de gobierno los individuos que la componen, y todos los empleos civiles
-y militares que han sido nombrados desde el 19 del mes de marzo último.
-Pienso en salir luego al encuentro de mi augusto aliado, después de lo
-cual transmitiré mis últimas órdenes a la junta. San Lorenzo a 17 de
-abril de 1808. — Yo el rey. — A la junta superior de gobierno.»
-
-
-NÚMERO 2-19.
-
-«Ilustrísimo Señor: Al folio 33 del manifiesto del consejo se dice
-que se presentó un oidor del de Navarra disfrazado, que había logrado
-introducirse en la habitación del Señor Don Fernando VII, y traía
-instrucciones verbales de S. M., reducidas a estrechos encargos y
-deseos de que se siguiese el sistema de amistad y armonía con los
-franceses. Las consideraciones que debo a ese supremo tribunal por
-haber suprimido mi nombre, y lo más esencial de la comisión solo
-con el objeto de evitar que padeciese mi persona, sujeta al tiempo
-de la publicación a la dominación francesa, exigen mi gratitud y
-reconocimiento, y así pido a V. S. I. que se lo haga presente; pero
-ahora que aunque a costa de dificultades y contingencias me veo en este
-pueblo libre de todo temor, juzgo preciso que sepa el público mi misión
-en toda su extensión.
-
-Hallábame yo en Bayona con otros ministros de los tribunales de
-Navarra cuando llegó el rey a aquella ciudad: no tardó muchas horas el
-emperador de los franceses en correr el velo que ocultaba su misteriosa
-conducta; hizo saber a cara descubierta a S. M. el escandaloso e
-inesperado proyecto de arrancarle violentamente de sus sienes la
-corona de España; y persuadido sin duda de que a su más pronto logro
-convenía estrechar al rey por todos medios, uno de los que primero
-puso en ejecución fue la interceptación de correos. Diariamente se
-expedían extraordinarios; pero la garantía del derecho de las gentes
-no era un sagrado que los asegurase contra las tropelías de un gobierno
-acostumbrado a no escrupulizar en la elección de los medios para
-realizar sus depravados fines: en estas circunstancias creyó S. M.
-preciso añadir nuevos y desconocidos conductos de comunicación con la
-junta suprema presidida por el infante Don Antonio, y me honró con la
-confianza de que fuese yo el que pasando a esta capital, la informase
-verbalmente de los sucesos ocurridos en aquellos tres primeros aciagos
-días. Salí a su virtud de Bayona sobre las seis de la tarde del 23, y
-llegué a esta villa por caminos y sendas extraviadas, no sin graves
-peligros y trabajos, al anochecer del 29 de abril: inmediatamente me
-dirigí a la junta y anunciándola la real orden, dije: «que el emperador
-de los franceses quería exigir imperiosamente del rey Don Fernando VII
-que renunciase por sí, y en nombre de la familia toda de los Borbones,
-el trono de España y todos sus dominios en favor del mismo emperador
-y de su dinastía, prometiéndole en recompensa el reino de Etruria, y
-que la comitiva que había acompañado a S. M. hiciese igual renuncia
-en representación del pueblo español: que desentendiéndose S. M. I. y
-R. de la evidencia con que se demostró que ni el rey ni la comitiva
-podían ni debían en justicia acceder a tal renuncia, y despreciando
-las amargas quejas que se le dieron por haber sido conducido S. M.
-a Bayona con el engaño y perfidia que carecen de ejemplo, tanto más
-execrables, cuanto que iban encubiertos con el sagrado título de
-amistad y utilidad recíproca, afianzadas en palabras las más decisivas
-y terminantes, insistía en ella sin otras razones que dos pretextos
-indignos de pronunciarse por un soberano que no haya perdido todo
-respeto a la moral de los gabinetes, y aquella buena fe que forma el
-vínculo de las naciones; reducidos el primero a que su política no
-le permitía otra cosa, pues que su persona no estaba segura mientras
-que alguno de los Borbones enemigos de su casa reinase en una nación
-poderosa; y el segundo a que no era tan estúpido que despreciase
-la ocasión tan favorable que se le presentaba de tener un ejército
-formidable dentro de España, ocupadas sus plazas y puntos principales,
-nada que temer por la parte del norte, y en su poder las personas del
-rey y del señor infante Don Carlos: ventajas todas bien difíciles
-para que se las ofreciesen los tiempos venideros. Que con la idea
-de procurar dilaciones, y sacar de ellas el mejor partido posible,
-se había pasado una nota dirigida a que se autorizase un sujeto que
-explicase sus intenciones por escrito; pero que cuando el emperador
-se obstinase en no retroceder, estaba S. M. resuelto a perder primero
-la vida que acceder a tan inicua renuncia: que con esta seguridad
-y firme inteligencia procediese la junta en sus deliberaciones. Y
-concluí añadiendo, que habiendo preguntado yo voluntariamente al señor
-Don Pedro Cevallos al despedirme de S. E. si prevendría algo a la
-junta sobre la conducta que debiera observar con los franceses, me
-respondió que aunque la comisión no comprendía este punto, podía decir
-que estaba acordado por regla general, que por entonces no se hiciese
-novedad, porque era de temer de lo contrario que resultasen funestas
-consecuencias contra el rey, el señor infante y cuantos españoles se
-hallaban acompañando a S. M., y el reino se arriesgaba, descubriendo
-ideas hostiles antes que estuviese preparado para sacudir el yugo de la
-opresión.» V. S. I. sabe que con esas mismas o semejantes expresiones
-lo expuse todo, no solo en la noche del 29, sí también en la inmediata
-del 30 de abril, en que quiso S. A. el señor infante Don Antonio que
-asistiese yo a la sesión que se celebró en ella, compuesta a más de
-los señores individuos de la junta suprema, de todos los presidentes
-de los tribunales, y de dos ministros de cada uno, con el doble objeto
-de que todos se informasen de mi comisión, y yo de las novedades de
-aquel día y demás de que se tratase, a fin de que diese cuenta de todo
-a S. M. en Bayona, adonde regresé la tarde del 6 de mayo con continuos
-riesgos y sobresaltos que se aumentaron a mi salida; y pues es a mi
-parecer muy debido que no se ignore este rasgo heroico del carácter
-firme de nuestro amado soberano, y yo tampoco debo prescindir de que
-conste del modo más auténtico el exacto cumplimiento y desempeño de
-mi comisión en todas sus partes, ruego a V. I. y al consejo, que
-no hallando inconveniente mande insertar este papel en la gaceta y
-diario de esta corte. Dios guarde a V. S. I. muchos años. Madrid 27 de
-setiembre de 1808. — Justo María Ibarnavarro. — Ilustrísimo señor Don
-Antonio Arias Mon y Velarde.
-
-
-NÚMERO 2-20.
-
-_Orden del día._
-
-Soldados: la población de Madrid se ha sublevado, y ha llegado hasta el
-asesinato. Sé que los buenos españoles han gemido de estos desórdenes:
-estoy muy lejos de mezclarlos con aquellos miserables que no desean más
-que el crimen y el pillaje. Pero la sangre francesa ha sido derramada;
-clama por la venganza: en su consecuencia mando lo siguiente:
-
-
-ARTÍCULO 1.º
-
-El general Grouchy convocará esta noche la comisión militar.
-
-
-ART. 2.º
-
-Todos los que han sido presos en el alboroto y con las armas en la mano
-serán arcabuceados.
-
-
-ART. 3.º
-
-La junta de estado va a hacer desarmar los vecinos de Madrid. Todos los
-habitantes y estantes quienes después de la ejecución de esta orden se
-hallaren armados o conservasen armas sin una permisión especial, serán
-arcabuceados.
-
-
-ART. 4.º
-
-Todo lugar en donde sea asesinado un francés será quemado.
-
-
-ART. 5.º
-
-Toda reunión de más de ocho personas será considerada como una junta
-sediciosa, y deshecha por la fusilería.
-
-
-ART. 6.º
-
-Los amos quedarán responsables de sus criados; los jefes de talleres,
-obradores y demás de sus oficiales; los padres y madres de sus hijos, y
-los ministros de los conventos de sus religiosos.
-
-
-ART. 7.º
-
-Los autores, vendedores y distribuidores de libelos impresos o
-manuscritos provocando a la sedición, serán considerados como unos
-agentes de la Inglaterra, y arcabuceados.
-
-Dado en nuestro cuartel general de Madrid a 2 de mayo de 1808. —
-Joachim. — Por mandado de S. A. I. y R. — El jefe del estado mayor
-general. — Belliard.
-
-
-NÚMERO 2-21.
-
-_Véase la memoria de Ofárril y Azanza en su nota núm. 12._
-
-
-NÚMERO 2-22.
-
-_Carta de Fernando VII a su padre Carlos IV._
-
-«Venerado padre y señor: V. M. ha convenido en que yo no tuve la menor
-influencia en los movimientos de Aranjuez, dirigidos como es notorio,
-y a V. M. consta, no a disgustarle del gobierno y del trono, sino a
-que se mantuviese en él, y no abandonase la multitud de los que en
-su existencia dependían absolutamente del trono mismo. V. M. me dijo
-igualmente que su abdicación había sido espontánea, y que aun cuando
-alguno me asegurase lo contrario, no lo creyese, pues jamás había
-firmado cosa alguna con más gusto. Ahora me dice V. M. que aunque es
-cierto que hizo la abdicación con toda libertad, todavía se reservó
-en su ánimo volver a tomar las riendas del gobierno cuando lo creyese
-conveniente. He preguntado en consecuencia a V. M. si quiere volver
-a reinar; y V. M. me ha respondido que ni quería reinar, ni menos
-volver a España. No obstante me manda V. M. que renuncie en su favor
-la corona que me han dado las leyes fundamentales del reino, mediante
-su espontánea abdicación. A un hijo que siempre se ha distinguido
-por el amor, respeto y obediencia a sus padres, ninguna prueba que
-pueda calificar estas cualidades, es violenta a su piedad filial,
-principalmente cuando el cumplimiento de mis deberes con V. M. como
-hijo suyo, no están en contradicción con las relaciones que como rey
-me ligan con mis amados vasallos. Para que ni estos, que tienen el
-primer derecho a mis atenciones queden ofendidos, ni V. M. descontento
-de mi obediencia, estoy pronto, atendidas las circunstancias en que
-me hallo, a hacer la renuncia de mi corona en favor de V. M. bajo las
-siguientes limitaciones.
-
-1.ª Que V. M. vuelva a Madrid, hasta donde le acompañaré, y serviré yo
-como su hijo más respetuoso. 2.ª Que en Madrid se reunirán las cortes;
-y pues que V. M. resiste una congregación tan numerosa, se convocarán
-al efecto todos los tribunales y diputados de los reinos. 3.ª Que a
-la vista de esta asamblea se formalizará mi renuncia, exponiendo los
-motivos que me conducen a ella: estos son el amor que tengo a mis
-vasallos, y el deseo de corresponder al que me profesan, procurándoles
-la tranquilidad, y redimiéndoles de los horrores de una guerra civil
-por medio de una renuncia dirigida a que V. M. vuelva a empuñar el
-cetro, y a regir unos vasallos dignos de su amor y protección. 4.ª
-Que V. M. no llevará consigo personas que justamente se han concitado
-el odio de la nación. 5.ª Que si V. M., como me ha dicho, ni quiere
-reinar ni volver a España, en tal caso yo gobernaré en su real nombre
-como lugarteniente suyo. Ningún otro puede ser preferido a mí:
-tengo el llamamiento de las leyes, el voto de los pueblos, el amor
-de mis vasallos, y nadie puede interesarse en su prosperidad con
-tanto celo ni con tanta obligación como yo. Contraída mi renuncia a
-estas limitaciones, comparecerá a los ojos de los españoles como una
-prueba de que prefiero el interés de su conservación a la gloria de
-mandarlos, y la Europa me juzgará digno de mandar a unos pueblos, a
-cuya tranquilidad he sabido sacrificar cuanto hay de más lisonjero y
-seductor entre los hombres. Dios guarde la importante vida de V. M.
-muchos y felices años que le pide postrado a L. R. P. de V. M. su más
-amante y rendido hijo. — Fernando. — Pedro Cevallos. — Bayona 1.º
-de mayo de 1808.» — (_Véase la exposición o manifiesto de Don Pedro
-Cevallos núm. 7._)
-
-
-NÚMERO 2-23.
-
-_Carta de Carlos IV a su hijo Fernando VII._
-
-«Hijo mío: Los consejos pérfidos de los hombres que os rodean han
-conducido la España a una situación crítica: solo el emperador puede
-salvarla.
-
-Desde la paz de Basilea he conocido que el primer interés de mis
-pueblos era inseparable de la conservación de buena inteligencia con
-la Francia. Ningún sacrificio he omitido para obtener esta importante
-mira: aun cuando la Francia se hallaba dirigida por gobiernos efímeros,
-abogué mis inclinaciones particulares para no escuchar sino la
-política, y el bien de mis vasallos.
-
-Cuando el emperador hubo restablecido el orden en Francia se disiparon
-grandes sobresaltos, y tuve nuevos motivos para mantenerme fiel a
-mi sistema de alianza. Cuando la Inglaterra declaró la guerra a la
-Francia, logré felizmente ser neutro, y conservar a mis pueblos los
-beneficios de la paz. Se apoderó después de cuatro fragatas mías, y
-me hizo la guerra aun antes de habérsela declarado; y entonces me vi
-precisado a oponer la fuerza a la fuerza, y las calamidades de la
-guerra asaltaron a mis vasallos.
-
-La España rodeada de costas, y que debe una gran parte de su
-prosperidad a sus posesiones ultramarinas, sufrió con la guerra más
-que cualquiera otro estado: la interrupción del comercio, y todos los
-estragos que acarrea, afligieron a mis vasallos, y cierto número de
-ellos tuvo la injusticia de atribuirlos a mis ministros.
-
-Tuve al menos la felicidad de verme tranquilo por tierra, y libre de
-la inquietud en cuanto a la integridad de mis provincias, siendo el
-único de los reyes de Europa que se sostenía en medio de las borrascas
-de estos últimos tiempos. Aún gozaría de esta tranquilidad sin los
-consejos que os han desviado del camino recto. Os habéis dejado
-seducir con demasiada facilidad por el odio que vuestra primera mujer
-tenía a la Francia, y habéis participado irreflexiblemente de sus
-injustos resentimientos contra mis ministros, contra vuestra madre, y
-contra mi mismo.
-
-Me creí obligado a recordar mis derechos de padre y de rey: os hice
-arrestar, y hallé en vuestros papeles la prueba de vuestro delito;
-pero al acabar mi carrera, reducido al dolor de ver perecer a mi hijo
-en un cadalso, me dejé llevar de mi sensibilidad al ver las lágrimas
-de vuestra madre. No obstante mis vasallos estaban agitados por las
-prevenciones engañosas de la facción de que os habéis declarado
-caudillo. Desde este instante perdí la tranquilidad de mi vida, y me vi
-precisado a unir las penas que me causaban los males de mis vasallos a
-los pesares que debí a las disensiones de mi misma familia.
-
-Se calumniaban mis ministros cerca del emperador de los franceses, el
-cual creyendo que los españoles se separaban de su alianza, y viendo
-los espíritus agitados (aun en el seno de mi familia) cubrió bajo
-varios pretextos mis estados con sus tropas. En cuanto estas ocuparon
-la ribera derecha del Ebro, y que mostraban tener por objeto mantener
-la comunicación con Portugal, tuve la esperanza de que no abandonaría
-los sentimientos de aprecio y de amistad que siempre me había
-dispensado; pero al ver que sus tropas se encaminaban hacia mi capital,
-conocí la urgencia de reunir mi ejército cerca de mi persona, para
-presentarme a mi augusto aliado como conviene al rey de las Españas.
-Hubiera yo aclarado sus dudas, y arreglado mis intereses: di orden a
-mis tropas de salir de Portugal y de Madrid, y las reuní sobre varios
-puntos de mi monarquía, no para abandonar a mis vasallos, sino para
-sostener dignamente la gloria del trono. Además mi larga experiencia me
-daba a conocer que el emperador de los franceses podía muy bien tener
-algún deseo conforme a sus intereses y a la política del vasto sistema
-del continente, pero que estuviese en contradicción con los intereses
-de mi casa. ¿Cuál ha sido en estas circunstancias vuestra conducta?
-El haber introducido el desorden en mi palacio, y amotinado el cuerpo
-de guardias de Corps contra mi persona. Vuestro padre ha sido vuestro
-prisionero: mi primer ministro que había yo criado y adoptado en mi
-familia, cubierto de sangre fue conducido de un calabozo a otro. Habéis
-desdorado mis canas, y las habéis despojado de una corona poseída con
-gloria por mis padres, y que había conservado sin mancha. Os habéis
-sentado sobre mi trono, y os pusísteis a la disposición del pueblo de
-Madrid y de tropas extranjeras que en aquel momento entraban.
-
-Ya la conspiración del Escorial había obtenido sus miras: los actos
-de mi administración eran el objeto del desprecio público. Anciano
-y agobiado de enfermedades, no he podido sobrellevar esta nueva
-desgracia. He recurrido al emperador de los franceses, no como un rey
-al frente de sus tropas y en medio de la pompa del trono, sino como
-un rey infeliz y abandonado. He hallado protección y refugio en sus
-reales: le debo la vida, la de la reina, y la de mi primer ministro. He
-venido en fin basta Bayona, y habéis conducido este negocio de manera
-que todo depende de la mediación de este gran príncipe.
-
-El pensar en recurrir a agitaciones populares es arruinar la España,
-y conducir a las catástrofes más horrorosas a vos, a mi reino, a mis
-vasallos y mi familia. Mi corazón se ha manifestado abiertamente al
-emperador: conoce todos los ultrajes que he recibido, y las violencias
-que se me han hecho; me ha declarado que no os reconocerá jamás por
-rey, y que el enemigo de su padre no podrá inspirar confianza a los
-extraños. Me ha mostrado además cartas de vuestra mano, que hacen ver
-claramente vuestro odio a la Francia.
-
-En esta situación, mis derechos son claros, y mucho más mis deberes. No
-derramar la sangre de mis vasallos, no hacer nada al fin de mi carrera
-que pueda acarrear asolamiento e incendio a la España, reduciéndola a
-la más horrible miseria. Ciertamente que si fiel a vuestras primeras
-obligaciones y a los sentimientos de la naturaleza hubierais desechado
-los consejos pérfidos, y que constantemente sentado a mi lado para
-mi defensa hubierais esperado el curso regular de la naturaleza, que
-debía señalar vuestro puesto dentro de pocos años, hubiera yo podido
-conciliar la política y el interés de España con el de todos. Sin duda
-hace seis meses que las circunstancias han sido críticas; pero por más
-que lo hayan sido, aún hubiera obtenido de las disposiciones de mis
-vasallos, de los débiles medios que aún tenía, y de la fuerza moral que
-hubiera adquirido, presentándome dignamente al encuentro de mi aliado,
-a quien nunca diera motivo alguno de queja, un arreglo que hubiera
-conciliado los intereses de mis vasallos con los de mi familia. Empero
-arrancándome la corona, habéis deshecho la vuestra, quitándola cuanto
-tenía de augusta y la hacía sagrada a todo el mundo.
-
-Vuestra conducta conmigo, vuestras cartas interceptadas han puesto una
-barrera de bronce entre vos y el trono de España; y no es de vuestro
-interés ni de la patria el que pretendáis reinar. Guardaos de encender
-un fuego que causaría inevitablemente vuestra ruina completa, y la
-desgracia de España.
-
-Yo soy rey por el derecho de mis padres: mi abdicación es el resultado
-de la fuerza y de la violencia, no tengo pues nada que recibir de vos,
-ni menos puedo consentir a ninguna reunión en junta: nueva necia
-sugestión de los hombres sin experiencia que os acompañan.
-
-He reinado para la felicidad de mis vasallos, y no quiero dejarles la
-guerra civil, los motines, las juntas populares y la revolución. Todo
-debe hacerse para el pueblo, y nada por él: olvidar esta máxima es
-hacerse cómplice de todos los delitos que le son consiguientes. Me he
-sacrificado toda mi vida por mis pueblos; y en la edad a que he llegado
-no haré nada que esté en oposición con su religión, su tranquilidad,
-y su dicha. He reinado para ellos: olvidaré todos mis sacrificios; y
-cuando en fin esté seguro que la religión de España, la integridad de
-sus provincias, su independencia y sus privilegios serán conservados,
-bajaré al sepulcro perdonándoos la amargura de mis últimos años.
-
-Dado en Bayona en el palacio imperial llamado del Gobierno a 2 de mayo
-de 1808. — Carlos.» — (_Cevallos, número 8._)
-
-
-NÚMERO 2-24.
-
-_Carta de Fernando VII a su padre en respuesta a la anterior._
-
-
-SEÑOR.
-
-«Mi venerado padre y señor: he recibido la carta que V. M. se ha
-dignado escribirme con fecha de antes de ayer, y trataré de responder a
-todos los puntos que abraza con la moderación y respeto debido a V. M.
-
-Trata V. M. en primer lugar de sincerar su conducta con respecto a la
-Francia desde la paz de Basilea, y en verdad que no creo haya habido
-en España quien se haya quejado de ella; antes bien todos unánimes han
-alabado a V. M. por su constancia y fidelidad en los principios que
-había adoptado. Los míos en este particular son enteramente idénticos a
-los de V. M., y he dado pruebas irrefragables de ello desde el momento
-en que V. M. abdicó en mi la corona.
-
-La causa del Escorial, que V. M. da a entender tuvo por origen el odio
-que mi mujer me había inspirado contra la Francia, contra los ministros
-de V. M., contra mi amada madre, y contra V. M. mismo, si se hubiese
-seguido por todos los trámites legales, habría probado evidentemente
-lo contrario; y no obstante que yo no tenía la menor influencia, ni
-más libertad que la aparente, en que estaba guardado a vista por los
-criados que V. M. quiso ponerme, los once consejeros elegidos por V. M.
-fueron unánimemente de parecer que no había motivo de acusación, y que
-los supuestos reos eran inocentes.
-
-V. M. habla de la desconfianza que le causaba la entrada de tantas
-tropas extranjeras en España, y de que si V. M. había llamado las que
-tenía en Portugal, y reunido en Aranjuez y sus cercanías las que había
-en Madrid, no era para abandonar a sus vasallos sino para sostener
-la gloria del trono. Permítame V. M. le haga presente que no debía
-sorprenderle la entrada de unas tropas amigas y aliadas, y que bajo
-este concepto debían inspirar una total confianza. Permítame V. M.
-observarle igualmente, que las órdenes comunicadas por V. M. fueron
-para su viaje y el de su real familia a Sevilla; que las tropas las
-tenían para mantener libre aquel camino, y que no hubo una sola persona
-que no estuviese persuadida de que el fin de quien lo dirigía todo era
-transportar a V. M. y real familia a América. V. M. publicó un decreto
-para aquietar el ánimo de sus vasallos sobre este particular; pero como
-seguían embargados los carruajes, y apostados los tiros, y se veían
-todas las disposiciones de un próximo viaje a la costa de Andalucía,
-la desesperación se apoderó de los ánimos, y resultó el movimiento de
-Aranjuez. La parte que yo tuve en él, V. M. sabe que no fue otra que
-ir por su mandado a salvar del furor del pueblo al objeto de su odio,
-porque le creía autor del viaje.
-
-Pregunte V. M. al emperador de los franceses, y S. M. I. le dirá sin
-duda lo mismo que me dijo a mí en una carta que me escribió a Vitoria;
-a saber que el objeto del viaje de S. M. I. a Madrid era inducir a V.
-M. a algunas reformas, y a que separase de su lado al príncipe de la
-Paz, cuya influencia era la causa de todos los males.
-
-El entusiasmo que su arresto produjo en toda la nación es una prueba
-evidente de lo mismo que dijo el emperador. Por lo demás V. M. es buen
-testigo de que en medio de la fermentación de Aranjuez no se oyó una
-sola palabra contra V. M., ni contra persona alguna de su real familia;
-antes bien aplaudieron a V. M. con las mayores demostraciones de júbilo
-y de fidelidad hacia su augusta persona: así es que la abdicación de la
-corona que V. M. hizo en mi favor, sorprendió a todos, y a mí mismo,
-porque nadie lo esperaba, ni la había solicitado. V. M. comunicó su
-abdicación a todos sus ministros, dándome a reconocer a ellos por su
-rey y señor natural; la comunicó verbalmente al cuerpo diplomático
-que residía cerca de su persona, manifestándole que su determinación
-procedía de su espontánea voluntad, y que la tenía tomada de antemano.
-Esto mismo lo dijo V. M. a su muy amado hermano el infante Don
-Antonio, añadiéndole que la firma que V. M. había puesto al decreto de
-abdicación era la que había hecho con más satisfacción en su vida, y
-últimamente me dijo V. M. a mí mismo tres días después, que no creyese
-que la abdicación había sido involuntaria, como alguno decía, pues
-había sido totalmente libre y espontánea.
-
-Mi supuesto odio contra la Francia tan lejos de aparecer por ningún
-lado, resultará de los hechos que voy a recorrer rápidamente todo lo
-contrario.
-
-Apenas abdicó V. M. la corona en mi favor, dirigí varias cartas
-desde Aranjuez al emperador de los franceses, las cuales son otras
-tantas protestas de que mis principios con respecto a las relaciones
-de amistad y estrecha alianza, que felizmente subsistían entre
-ambos estados, eran los mismos que V. M. me había inspirado, y
-había observado inviolablemente. Mi viaje a Madrid fue otra de las
-mayores pruebas que pude dar a S. M. I. de la confianza ilimitada
-que me inspiraba, puesto que habiendo entrado el príncipe Murat el
-día anterior en Madrid con una gran parte de su ejército, y estando
-la villa sin guarnición, fue lo mismo que entregarme en sus manos.
-A los dos días de mi residencia en la corte se me dio cuenta de la
-correspondencia particular de V. M. con el emperador, y hallé que V. M.
-le había pedido recientemente una princesa de su familia para enlazarla
-conmigo, y asegurar más de este modo la unión y estrecha alianza que
-reinaba entre los dos estados. Conforme enteramente con los principios
-y con la voluntad de V. M., escribí una carta al emperador pidiéndole
-la princesa por esposa.
-
-Envié una diputación a Bayona para que cumplimentase en mi nombre a
-S. M. I.: hice que partiese poco después mi muy querido hermano el
-infante Don Carlos para que lo obsequiase en la frontera; y no contento
-con esto, salí yo mismo de Madrid en fuerza de las seguridades que me
-había dado el embajador de S. M. I., el gran duque de Berg y el general
-Savary, que acababa de llegar de París, y me pidió una audiencia para
-decirme de parte del emperador que S. M. I. no deseaba saber otra cosa
-de mí, sino si mi sistema con respecto a la Francia sería el mismo
-que el de V. M., en cuyo caso el emperador me reconocería como rey de
-España, y prescindiría de todo lo demás.
-
-Lleno de confianza en estas promesas, y persuadido de encontrar en
-el camino a S. M. I., vine hasta esta ciudad, y en el mismo día en
-que llegué se hicieron verbalmente proposiciones a algunos sujetos de
-mi comitiva tan ajenas de lo que hasta entonces se había tratado, que
-ni mi honor, ni mi conciencia, ni los deberes que me impuse cuando
-las cortes me juraron por su príncipe y señor, ni los que me impuse
-nuevamente cuando acepté la corona que V. M. tuvo a bien abdicar en mi
-favor, me han permitido acceder a ellas.
-
-No comprendo cómo puedan hallarse cartas mías en poder del emperador
-que prueben mi odio contra la Francia después de tantas pruebas de
-amistad como le he dado, y no habiendo escrito yo cosa alguna que lo
-indique.
-
-Posteriormente se me ha presentado una copia de la protesta que V.
-M. hizo al emperador sobre la nulidad de la abdicación; y luego que
-V. M. llegó a esta ciudad, preguntándole yo sobre ello, me dijo V.
-M. que la abdicación había sido libre, aunque no para siempre. Le
-pregunté asimismo por qué no me lo había dicho cuando la hizo, y V.
-M. me respondió porque no había querido; de lo cual se infiere que la
-abdicación no fue violenta, y que yo no pude saber que V. M. pensaba en
-volver a tomar las riendas del gobierno. También me dijo V. M. que ni
-quería reinar, ni volver a España.
-
-A pesar de esto en la carta que tuve la honra de poner en las manos de
-V. M., manifestaba estar dispuesto a renunciar la corona en su favor,
-mediante la reunión de las cortes, o en falta de estas de los consejos
-y diputados de los reinos; no porque esto lo creyese necesario para dar
-valor a la renuncia, sino porque lo juzgo muy conveniente para evitar
-la repugnancia de esta novedad, capaz de producir choques y partidos, y
-para salvar todas las consideraciones debidas a la dignidad de V. M., a
-mi honor y a la tranquilidad de los reinos.
-
-En el caso que V. M. no quiera reinar por sí, reinaré yo en su real
-nombre o en el mío, porque a nadie corresponde sino a mí el representar
-su persona, teniendo, como tengo, en mi favor el voto de las leyes y de
-los pueblos, ni es posible que otro alguno tenga tanto interés como yo
-en su prosperidad.
-
-Repito a V. M. nuevamente que en tales circunstancias, y bajo dichas
-condiciones, estaré pronto a acompañar a V. M. a España para hacer allí
-mi abdicación en la referida forma: y en cuanto a lo que V. M. me ha
-dicho de no querer volver a España, le pido con las lágrimas en los
-ojos, y por cuanto hay de más sagrado en el cielo y en la tierra, que
-en caso de no querer con efecto reinar, no deje un país ya conocido, en
-que podrá elegir el clima más análogo a su quebrantada salud, y en el
-que le aseguro podrá disfrutar las mayores comodidades y tranquilidad
-de ánimo que en otro alguno.
-
-Ruego por último a V. M. encarecidamente que se penetre, de nuestra
-situación actual, y de que se trata de excluir para siempre del trono
-de España nuestra dinastía, sustituyendo en su lugar la imperial de
-Francia; que esto no podemos hacerlo sin el expreso consentimiento de
-todos los individuos que tienen y puedan tener derecho a la corona,
-ni tampoco sin el mismo expreso consentimiento de la nación española
-reunida en cortes y en lugar seguro: que además de esto, hallándonos
-en un país extraño, no habría quien se persuadiese que obrábamos con
-libertad, y esta sola circunstancia anularía cuanto hiciésemos, y
-podría producir fatales consecuencias.
-
-Antes de acabar esta carta permítame V. M. decirle que los consejeros
-que V. M. llama pérfidos, jamás me han aconsejado cosa que desdiga
-del respeto, amor y veneración que siempre he profesado y profesaré a
-V. M., cuya importante vida ruego a Dios conserve felices y dilatados
-años. Bayona 4 de mayo de 1808. — Señor. — A. L. R. P. de V. M. su
-más humilde hijo. — Fernando.» — (_Cevallos núm. 9._)
-
-
-NÚMERO 2-25.
-
-_Carta de Fernando VII a su padre Carlos IV._
-
-«Venerado padre y señor: el 1.º del corriente puse en las reales
-manos de V. M. la renuncia de mi corona en su favor. He creído de mi
-obligación modificarla con las limitaciones convenientes al decoro de
-V. M., a la tranquilidad de mis reinos, y a la conservación de mi honor
-y reputación. No sin grande sorpresa he visto la indignación que han
-producido en el real ánimo de V. M. unas modificaciones dictadas por la
-prudencia, y reclamadas por el amor de que soy deudor a mis vasallos.
-
-Sin más motivo que este ha creído V. M. que podía ultrajarme a la
-presencia de mi venerada madre y del emperador con los títulos más
-humillantes; y no contento con esto exige de mí que formalice la
-renuncia sin límites ni condiciones, so pena de que yo y cuantos
-componen mi comitiva seremos tratados como reos de conspiración. En tal
-estado de cosas hago la renuncia que V. M. me ordena, para que vuelva
-el gobierno de la España a el estado en que se hallaba en 19 de marzo
-en que V. M. hizo la abdicación espontánea de su corona en mi favor.
-
-Dios guarde la importante vida de V. M. los muchos años que le
-desea, postrado a L. R. P. de V. M., su más amante y rendido hijo.
-— Fernando. — Pedro Cevallos. — Bayona 6 de mayo de 1808.» —
-(_Cevallos núm. 10._)
-
-
-NÚMERO 2-26.
-
-_Copia del tratado entre Carlos IV y el emperador de los franceses._
-
-Carlos IV rey de las Españas y de las Indias, y Napoleón emperador
-de los franceses, rey de Italia y protector de la confederación del
-Rin, animados de igual deseo de poner un pronto término a la anarquía
-a que está entregada la España, y libertar esta nación valerosa
-de las agitaciones de las facciones; queriendo asimismo evitarle
-todas las convulsiones de la guerra civil y extranjera, y colocarla
-sin sacudimientos políticos en la única situación que atendida la
-circunstancia extraordinaria en que se halla puede mantener su
-integridad, afianzarle sus colonias y ponerla en estado de reunir
-todos sus recursos con los de la Francia, a efecto de alcanzar la
-paz marítima; han resuelto unir todos sus esfuerzos y arreglar en un
-convenio privado tamaños intereses.
-
-Con este objeto han nombrado, a saber:
-
-S. M. el rey de las Españas y de las Indias a S. A. S. Don Manuel Godoy
-príncipe de la Paz, conde de Évora Monte.
-
-Y S. M. el emperador &c. al señor general de división Duroc gran
-mariscal de palacio.
-
-Los cuales, después de canjeados sus plenos poderes, se han convenido
-en lo que sigue:
-
-ARTÍCULO 1.º
-
-S. M. el rey Carlos, que no ha tenido en toda su vida otra mira que la
-felicidad de sus vasallos, constante en la idea de que todos los actos
-de un soberano deben únicamente dirigirse a este fin; no pudiendo las
-circunstancias actuales ser sino un manantial de disensiones tanto más
-funestas, cuanto las desavenencias han dividido su propia familia; ha
-resuelto ceder, como cede por el presente, todos sus derechos al trono
-de las Españas y de las Indias a S. M. el emperador Napoleón, como el
-único que, en el estado a que han llegado las cosas, puede restablecer
-el orden: entendiéndose que dicha cesión solo ha de tener efecto
-para hacer gozar a sus vasallos de las condiciones siguientes: 1.ª
-La integridad del reino será mantenida: el príncipe que el emperador
-Napoleón juzgue deber colocar en el trono de España será independiente,
-y los límites de la España no sufrirán alteración alguna. 2.ª La
-religión católica, apostólica, romana será la única en España. No se
-tolerará en su territorio religión alguna reformada, y mucho menos
-infiel, según el uso establecido actualmente.
-
-ART. 2.º
-
-Cualesquiera actos contra nuestros fieles súbditos desde la revolución
-de Aranjuez son nulos y de ningún valor, y sus propiedades les serán
-restituidas.
-
-ART. 3.º
-
-S. M. el rey Carlos habiendo así asegurado la prosperidad, la
-integridad y la independencia de sus vasallos, S. M. el emperador se
-obliga a dar un asilo en sus estados al rey Carlos, a su familia, al
-príncipe de la Paz, como también a los servidores suyos que quieran
-seguirles, los cuales gozarán en Francia de un rango equivalente al que
-tenían en España.
-
-ART. 4.º
-
-El palacio imperial de Compiègne, con los cotos y bosques de su
-dependencia, quedan a la disposición del rey Carlos mientras viviere.
-
-ART. 5.º
-
-S. M. el emperador da y afianza a S. M. el rey Carlos una lista civil
-de treinta millones de reales, que S. M. el emperador Napoleón le hará
-pagar directamente todos los meses por el tesoro de la corona.
-
-A la muerte del rey Carlos dos millones de renta formarán la viudedad
-de la reina.
-
-ART. 6.º
-
-El emperador Napoleón se obliga a conceder a todos los infantes
-de España una renta anual de 400.000 francos, para gozar de ella
-perpetuamente así ellos como sus descendientes, y en caso de
-extinguirse una rama, recaerá dicha renta en la existente a quien
-corresponda según las leyes civiles.
-
-ART. 7.º
-
-S. M. el emperador hará con el futuro rey de España el convenio que
-tenga por acertado para el pago de la lista civil y rentas comprendidas
-en los artículos antecedentes; pero S. M. el rey Carlos no se entenderá
-directamente para este objeto sino con el tesoro de Francia.
-
-ART. 8.º
-
-S. M. el emperador Napoleón da en cambio a S. M. el rey Carlos el sitio
-de Chambord, con los cotos, bosques y haciendas de que se compone, para
-gozar de él en toda propiedad y disponer de él como le parezca.
-
-ART. 9.º
-
-En consecuencia S. M. el rey Carlos renuncia, en favor de S. M. el
-emperador Napoleón, todos los bienes alodiales y particulares no
-pertenecientes a la corona de España, de su propiedad privada en aquel
-reino.
-
-Los infantes de España seguirán gozando de las rentas de las
-encomiendas que tuvieren en España.
-
-ART. 10.
-
-El presente convenio será ratificado, y las ratificaciones se canjearán
-dentro de ocho días o lo más pronto posible.
-
-Fecho en Bayona a 5 de mayo de 1808. — El príncipe de la Paz. — Duroc.
-
-
-NÚMERO 2-27.
-
-_Copia del tratado entre el príncipe de Asturias y el emperador de los
-franceses._
-
-«S. M. el emperador de los franceses &c., y S. A. R. el príncipe de
-Asturias, teniendo varios puntos que arreglar, han nombrado por sus
-plenipotenciarios, a saber:
-
-S. M. el emperador al señor general de división Duroc gran mariscal de
-palacio, y S. A. el príncipe a Don Juan Escóiquiz consejero de estado
-de S. M. C., caballero gran cruz de Carlos III.
-
-Los cuales, después de canjeados sus plenos poderes, se han convenido
-en los artículos siguientes:
-
-ARTÍCULO 1.º
-
-S. A. R. el príncipe de Asturias adhiere a la cesión hecha por el rey
-Carlos de sus derechos al trono de España y de las Indias en favor
-de S. M. el emperador de los franceses &c., y renuncia en cuanto sea
-menester a los derechos que tiene como príncipe de Asturias a dicha
-corona.
-
-ART. 2.º
-
-S. M. el emperador concede en Francia a S. A. el príncipe de Asturias
-el título de A. R., con todos los honores y prerrogativas de que gozan
-los príncipes de su rango. Los descendientes de S. A. R. el príncipe de
-Asturias conservarán el título de príncipe y el de A. Serma., y tendrán
-siempre en Francia el mismo rango que los príncipes dignatarios del
-imperio.
-
-ART. 3.º
-
-S. M. el emperador cede y otorga por las presentes en toda propiedad a
-S. A. R. y sus descendientes los palacios, cotos, haciendas de Navarre
-y bosques de su dependencia hasta la concurrencia de 50.000 _arpens_
-libres de toda hipoteca, para gozar de ellos en plena propiedad desde
-la fecha del presente tratado.
-
-ART. 4.º
-
-Dicha propiedad pasará a los hijos y herederos de S. A. R. el príncipe
-de Asturias; en defecto de estos a los del infante Don Carlos, y así
-progresivamente hasta extinguirse la rama. Se expedirán letras patentes
-y privadas del monarca al heredero en quien dicha propiedad viniese a
-recaer.
-
-ART. 5.º
-
-S. M. el emperador concede a S. A. R. 400.000 francos de renta sobre
-el tesoro de Francia, pagados por dozavas partes mensualmente, para
-gozar de ella y transmitirla a sus herederos en la misma forma que las
-propiedades expresadas en el artículo 4.º
-
-ART. 6.º
-
-A más de lo estipulado en los artículos antecedentes, S. M. el
-emperador concede a S. A. el príncipe una renta de 600.000 francos,
-igualmente sobre el tesoro de Francia, para gozar de ella mientras
-viviere. La mitad de dicha renta formará la viudedad de la princesa su
-esposa si le sobreviviere.
-
-ART. 7.º
-
-S. M. el emperador concede y afianza a los infantes Don Antonio,
-Don Carlos y Don Francisco: 1.º el título de A. R. con todos los
-honores y prerrogativas de que gozan los príncipes de su rango; sus
-descendientes conservarán el título de príncipes y el de A. Serma., y
-tendrán siempre en Francia el mismo rango que los príncipes dignatarios
-del imperio. 2.º El goce de las rentas de todas sus encomiendas en
-España, mientras vivieren. 3.º Una renta de 400.000 francos para gozar
-de ella y transmitirla a sus herederos perpetuamente, entendiendo S.
-M. I. que si dichos infantes muriesen sin dejar herederos, dichas
-rentas pertenecerán al príncipe de Asturias, o a sus descendientes y
-herederos: todo esto bajo la condición de que sus AA. RR. adhieran al
-presente tratado.
-
-ART. 8.º
-
-El presente tratado será ratificado y se canjearán las ratificaciones
-dentro de ocho días o antes si se pudiere. — Bayona 10 de mayo de
-1808. — Duroc. — Escóiquiz.
-
-
-NÚMERO 2-28.
-
-_Proclama dirigida a los españoles en consecuencia del tratado de
-Bayona. (Véase la idea sencilla de Escóiquiz en su núm. 8.)_
-
-«Don Fernando príncipe de Asturias, y los infantes Don Carlos y Don
-Antonio, agradecidos al amor y a la fidelidad constante que les han
-manifestado todos sus españoles, los ven con el mayor dolor en el día
-sumergidos en la confusión, y amenazados de resulta de esta, de las
-mayores calamidades; y conociendo que esto nace en la mayor parte de
-ellos de la ignorancia en que están así de las causas de la conducta
-que SS. AA. han observado hasta ahora, como de los planes que para la
-felicidad de su patria están ya trazados, no pueden menos de procurar
-darles el saludable desengaño de que necesitan para no estorbar su
-ejecución, y al mismo tiempo el más claro testimonio del afecto que les
-profesan.
-
-No pueden en consecuencia dejar de manifestarles, que las
-circunstancias en que el príncipe por la abdicación del rey su padre
-tomó las riendas del gobierno, estando muchas provincias del reino y
-todas las plazas fronterizas ocupadas por un gran número de tropas
-francesas, y más de 70.000 hombres de la misma nación situados en la
-corte y sus inmediaciones, como muchos datos que otras personas no
-podrían tener, les persuadieron que rodeados de escollos no tenían más
-arbitrio que el de escoger entre varios partidos el que produjese menos
-males, y eligieron como tal el de ir a Bayona.
-
-Llegados SS. AA. a dicha ciudad, se encontró impensadamente el príncipe
-(entonces rey) con la novedad de que el rey su padre había protestado
-contra su abdicación, pretendiendo no haber sido voluntaria. No
-habiendo admitido la corona sino en la buena fe de que lo hubiese sido,
-apenas se aseguró de la existencia de dicha protesta, cuando su respeto
-filial le hizo devolverla, y poco después el rey su padre la renunció
-en su nombre y en el de toda su dinastía a favor del emperador de los
-franceses, para que este, atendiendo al bien de la nación, eligiese la
-persona y dinastía que hubiesen de ocuparla en adelante.
-
-En este estado de cosas, considerando SS. AA. la situación en que se
-hallan, las críticas circunstancias en que se ve la España, y que en
-ellas todo esfuerzo de sus habitantes en favor de sus derechos parece
-sería no solo inútil sino funesto, y que solo serviría para derramar
-ríos de sangre, asegurar la pérdida cuando menos de una gran parte de
-sus provincias y las de todas sus colonias ultramarinas; haciéndose
-cargo también de que será un remedio eficacísimo para evitar estos
-males el adherir cada uno de SS. AA. de por sí en cuanto esté de su
-parte a la cesión de sus derechos a aquel trono, hecha ya por el
-rey su padre; reflexionando igualmente que el expresado emperador
-de los franceses se obliga en este supuesto a conservar la absoluta
-independencia y la integridad de la monarquía española, como de todas
-sus colonias ultramarinas, sin reservarse ni desmembrar la menor parte
-de sus dominios, a mantener la unidad de la religión católica, las
-propiedades, las leyes y usos, lo que asegura para muchos tiempos y de
-un modo incontrastable el poder y la prosperidad de la nación española;
-creen SS. AA. darla la mayor muestra de su generosidad, del amor que
-la profesan, y del agradecimiento con que corresponden al afecto que
-la han debido, sacrificando en cuanto está de su parte sus intereses
-propios y personales en beneficio suyo, y adhiriendo para esto, como
-han adherido por un convenio particular a la cesión de sus derechos
-al trono, absolviendo a los españoles de sus obligaciones en esta
-parte, y exhortándoles, como lo hacen, a que miren por los intereses
-comunes de la patria, manteniéndose tranquilos, esperando su felicidad
-de las sabias disposiciones y del emperador Napoleón, y que prontos a
-conformarse con ellas crean que darán a su príncipe y a ambos infantes
-el mayor testimonio de su lealtad, así como SS. AA. se lo dan de su
-paternal cariño, cediendo todos sus derechos, y olvidando sus propios
-intereses por hacerla dichosa, que es el único objeto de sus deseos.»
-— Burdeos 12 de mayo de 1808.
-
-
-NÚMERO 2-29.
-
-_Decreto de Carlos IV._
-
-«Habiendo juzgado conveniente dar una misma dirección a todas las
-fuerzas de nuestro reino para mantener la seguridad de las propiedades
-y la tranquilidad pública contra los enemigos así del interior como
-del exterior, hemos tenido a bien nombrar lugarteniente general del
-reino a nuestro primo el gran duque de Berg, que al mismo tiempo manda
-las tropas de nuestro aliado el emperador de los franceses. Mandamos
-al consejo de Castilla, a los capitanes generales y gobernadores de
-nuestras provincias que obedezcan sus órdenes, y en calidad de tal
-presidirá la junta de gobierno. Dado en Bayona en el palacio imperial
-llamado del Gobierno, a 4 de mayo de 1808. — Yo el rey.»
-
-
-NÚMERO 2-30.
-
-_En este día he entregado a mi amado padre una carta concebida en los
-términos siguientes:_
-
-«Mi venerado padre y señor: para dar a V. M. una prueba de mi amor, de
-mi obediencia y de mi sumisión, y para acceder a los deseos que V. M.
-me ha manifestado reiteradas veces, renuncio mi corona en favor de
-V. M., deseando que pueda gozarla por muchos años. Recomiendo a V. M.
-las personas que me han servido desde el 19 de marzo: confio en las
-seguridades que V. M. me ha dado sobre este particular. Dios guarde a
-V. M. muchos años. Bayona 6 de mayo de 1808. — Señor. — A. L. R. P.
-de V. M. su más humilde hijo. — Fernando.»
-
-En virtud de esta renuncia de mi corona que he hecho en favor de mi
-amado padre, revoco los poderes que había otorgado a la junta de
-gobierno antes de mi salida de Madrid para el despacho de los negocios
-graves y urgentes que pudiesen ocurrir durante mi ausencia. La junta
-obedecerá las órdenes y mandatos de nuestro muy amado padre y soberano,
-y las hará ejecutar en los reinos.
-
-Debo, antes de concluir, dar gracias a los individuos de la junta,
-a las autoridades constituidas y a toda la nación por los servicios
-que me han prestado, y recomendarles se reúnan de todo corazón a mi
-padre amado y al emperador, cuyo poder y amistad pueden más que otra
-cosa alguna conservar el primer bien de las Españas, a saber: su
-independencia y la integridad de su territorio. Recomiendo asimismo que
-no os dejéis seducir por las asechanzas de nuestros eternos enemigos,
-de vivir unidos entre vosotros y con nuestros aliados, y de evitar la
-efusión de sangre y las desgracias, que sin esto serían el resultado de
-las circunstancias actuales, si os dejaseis arrastrar por el espíritu
-de alucinamiento y desunión.
-
-Tendrase entendido en la junta para los efectos convenientes, y se
-comunicará a quien corresponda. En Bayona a 6 de mayo de 1808. —
-Fernando.» — (_Véase Ofárril y Azanza, pág. 63._)
-
-
-NÚMERO 2-31.
-
-El Sermo. Sr. gran duque de Berg, lugarteniente general del reino, y
-la junta suprema de gobierno se han enterado de que los deseos de S.
-M. I. y R. el emperador de los franceses son de que en Bayona se junte
-una diputación general de 150 personas, que deberán hallarse en aquella
-ciudad el día 15 del próximo mes de junio, compuesta del clero, nobleza
-y estado general, para tratar allí de la felicidad de toda España,
-proponiendo todos los males que el anterior sistema le han ocasionado,
-y las reformas y remedios más convenientes para destruirlos en toda
-la nación, y en cada provincia en particular. A su consecuencia, para
-que se verifique a la mayor brevedad el cumplimiento de la voluntad de
-S. M. I. y R., ha nombrado la junta desde luego algunos sujetos, que
-se expresarán, reservando a algunas corporaciones, a las ciudades de
-voto en cortes y otras, el nombramiento de los que aquí se señalan,
-dándoles la forma de ejecutarlo, para evitar dudas y dilaciones, del
-modo siguiente:
-
-1.º Que si en algunas ciudades y pueblos de voto en cortes hubiese
-turno para la elección de diputados, elijan ahora las que lo están
-actualmente para la primera elección.
-
-2.º Que si otras ciudades o pueblos de voto en cortes tuviesen
-derecho de votar para componer un voto, ya sea entrando en concepto
-de media, tercera o cuarta voz, o de otro cualquiera modo, elija cada
-ayuntamiento un sujeto, y remita a su nombre a la ciudad o pueblo en
-donde se acostumbre a sortear el que ha de ser nombrado.
-
-3.º Que los ayuntamientos de dichas ciudades y pueblos de voto en
-cortes, así para esta elección como para la que se dirá, puedan nombrar
-sujetos no solo de la clase de caballeros y nobles, sino también del
-estado general, según en los que hallaren más luces, experiencia, celo,
-patriotismo, instrucción y confianza, sin detenerse en que sean o no
-regidores, que estén ausentes del pueblo, que sean militares, o de
-cualquiera otra profesión.
-
-4.º Que los ayuntamientos a quienes corresponda por estatuto elegir
-o nombrar de la clase de caballeros, puedan elegir en la misma forma
-grandes de España y títulos de Castilla.
-
-5.º Que a todos los que sean elegidos se les señale por sus respectivos
-ayuntamientos las dietas acostumbradas, o que estimen correspondientes,
-que se pagarán de los fondos públicos que hubiere más a mano.
-
-6.º Que de todo el estado eclesiástico deben ser nombrados dos
-arzobispos, seis obispos, dieciséis canónigos o dignidades, dos de
-cada una de las ocho metropolitanas, que deberán ser elegidos por sus
-cabildos canónicamente, y veinte curas párrocos del arzobispado de
-Toledo y obispados que se referirán.
-
-7.º Que vayan igualmente seis generales de las órdenes religiosas.
-
-8.º Que se nombren diez grandes de España, y entre ellos se comprendan
-los que ya están en Bayona, o han salido para aquella ciudad.
-
-9.º Que sea igual el número de los títulos de Castilla, y el mismo
-el de la clase de caballeros, siendo estos últimos elegidos por las
-ciudades que se dirán.
-
-10. Que por el reino de Navarra se nombren dos sujetos, cuya elección
-hará su diputación.
-
-11. Que la diputación de Vizcaya nombre uno, la de Guipúzcoa otro,
-haciendo lo mismo el diputado de la provincia de Álava con los
-consiliarios, y oyendo a su asesor.
-
-12. Que si la isla de Mallorca tuviese diputado en la península, vaya
-este; y si no, el sujeto que hubiese más a propósito de ella, y se ha
-nombrado a Don Cristóbal Cladera y Company.
-
-13. Que se ejecute lo mismo por lo tocante a las Islas Canarias; y
-si no hay aquí diputados, se nombra a Don Estanislao Lugo ministro
-honorario del consejo de las Indias, que es natural de dichas islas, y
-también a Don Antonio Saviñón.
-
-14. Que la diputación del principado de Asturias nombre asimismo un
-sujeto de las propias circunstancias.
-
-15. Que el consejo de Castilla nombre cuatro ministros de él, dos el
-de las Indias, dos el de guerra, el uno militar y el otro togado;
-uno el de Órdenes; otro el de hacienda, y otro el de la Inquisición,
-siendo los nombrados ya por el de Castilla Don Sebastián de Torres y
-Don Ignacio Martínez de Villela, que se hallan en Bayona, y Don José
-Colón y Don Manuel de Lardizábal, asistiendo con ellos el alcalde
-de casa y corte Don Luis Marcelino Pereira, que está igualmente en
-aquella ciudad, y los demás los que elijan a pluralidad de votos los
-mencionados consejos.
-
-16. Que por lo tocante a la marina concurran el bailío Don Antonio
-Valdés y el teniente general Don José Mazarredo; y por lo respectivo al
-ejército de tierra el teniente general Don Domingo Cerviño, el mariscal
-de campo Don Luis Idiáquez, el brigadier Don Andrés de Errasti,
-comandante de reales guardias españolas, el coronel Don Diego de
-Porras, capitán de valonas, el coronel Don Pedro de Torres, exento de
-las de Corps, todos con el príncipe de Castel-Franco, capitán general
-de los reales ejércitos, y con el teniente general duque del Parque.
-
-17. Que en cada una de las tres universidades mayores Salamanca,
-Valladolid y Alcalá nombre su claustro un doctor.
-
-18. Que por el ramo de comercio vayan catorce sujetos, los cuales serán
-nombrados por los consulados y cuerpos que se citarán luego.
-
-19. Los arzobispos y obispos nombrados por la junta de gobierno,
-presidida por S. A. I., son los siguientes: el arzobispo de Burgos, el
-de Laodicea, coadministrador del de Sevilla, el obispo de Palencia, el
-de Zamora, el de Orense, el de Pamplona, el de Gerona y el de Urgel.
-
-20. Los generales de las órdenes religiosas serán el de San Benito,
-Santo Domingo, San Francisco, Mercenarios calzados, Carmelitas
-descalzos y San Agustín.
-
-21. Los obispos que han de nombrar los mencionados veinte curas
-párrocos deben ser los de Córdoba, Cuenca, Cádiz, Málaga, Jaén,
-Salamanca, Almería, Guadix, Segovia, Ávila, Plasencia, Badajoz,
-Mondoñedo, Calahorra, Osma, Huesca, Orihuela y Barcelona, debiendo
-asimismo nombrar dos el arzobispo de Toledo por la extensión y
-circunstancias de su arzobispado.
-
-22. Los grandes de España que se nombran son el duque de Frías, el de
-Medinaceli, el de Híjar, el conde de Orgaz, el de Fuentes, el de Fernán
-Núñez, el de Santa Coloma, el marqués de Santa Cruz, el duque de Osuna
-y el del Parque.
-
-23. Los títulos de Castilla nombrados son el marqués de la Granja y
-Cartojal, el de Castellanos, el de Cilleruelo, el de la Conquista,
-el de Ariño, el de Lupiá, el de Bendaña, el de Villa-Alegre, el de
-Jura-Real y el conde de Polentinos.
-
-24. Las ciudades que han de nombrar sujetos por la clase de caballeros
-son: Jerez de la Frontera, Ciudad Real, Málaga, Ronda, Santiago de
-Galicia, la Coruña, Oviedo, San Felipe de Játiva, Gerona y la villa y
-corte de Madrid.
-
-25. Los consulados y cuerpos de comercio, que deben nombrar cada uno un
-sujeto, son: los de Cádiz, Barcelona, Coruña, Bilbao, Valencia, Málaga,
-Sevilla, Alicante, Burgos, San Sebastián, Santander, el banco nacional
-de San Carlos, la compañía de Filipinas y los cinco gremios mayores de
-Madrid.
-
-Siendo pues la voluntad de S. A. I. y de la suprema junta que todos los
-individuos que hayan de componer esta asamblea nacional contribuyan
-por su parte a mejorar el actual estado del reino, encargan a V. muy
-particularmente que consistiendo en el buen desempeño de esta comisión
-la felicidad de España, presente en la citada asamblea con todo celo
-y patriotismo las ideas que tenga, ya sobre todo el sistema actual, y
-ya respecto a esa provincia en particular, adquiriendo de las personas
-más instruidas de ella en los diversos ramos de instrucción pública,
-agricultura, comercio e industria cuantas noticias pueda para que,
-en aquellos puntos en que haya necesidad de reforma, se verifique del
-mejor modo posible; esperando igualmente S. A. y la junta que las
-ciudades, cabildos, obispos y demás corporaciones que, según queda
-dicho, deberán nombrar personas para la asamblea, elegirán aquellas de
-más instrucción, probidad, juicio y patriotismo, y cuidarán de darles
-y remitirles las ideas más exactas del estado de la España, de sus
-males y de los modos y medios de remediarlos, con las observaciones
-correspondientes no solo a lo general del reino, sino también a lo que
-exijan las particulares circunstancias de las provincias, exhortando V.
-a todos los miembros de ese cuerpo, y a los españoles celosos de esa
-ciudad, partido o pueblo a que instruyan con sus luces y experiencia al
-que vaya de diputado a Bayona, entregándole o dirigiéndole igualmente
-las noticias y reflexiones que consideren útiles al intento.
-
-Todo lo cual participo a V. de orden de S. A. y de la junta para su
-inteligencia y puntual cumplimiento en la parte que le toca; en el
-supuesto de que todos los sujetos que han de componer la referida
-diputación se han de hallar en Bayona el expresado 15 de junio próximo
-como se ha dicho; y de que así por V. como por todos los demás se ha de
-avisar por mi mano a S. A. y a la junta de los sujetos que se hayan
-nombrado.
-
-Dios guarde a V. muchos años. Madrid de mayo de 1808.
-
-NOTA. Después de impresa esta carta se ha excusado el marqués de
-Cilleruelo, y en su lugar ha nombrado S. A. al conde de Castañeda.
-
-También se ha admitido la excusa del general de Carmelitas descalzos, y
-se ha nombrado en su lugar al de San Juan de Dios.
-
-Además el mismo gran duque con acuerdo de la junta, ha nombrado seis
-sujetos naturales de las dos Américas, en esta forma: al marqués
-de San Felipe y Santiago, por la Habana: a Don José del Moral, por
-Nueva España: a Don Tadeo Bravo y Rivero, por el Perú: a Don León
-Altolaguirre, por Buenos Aires: a Don Francisco Cea, por Guatemala; y a
-Don Ignacio Sánchez de Tejada, por Santa Fe.
-
-
-
-
- APÉNDICE
- DEL
- LIBRO TERCERO.
-
-
-NÚMERO 3-1.
-
-Las relaciones de los levantamientos de las provincias están tomadas:
-1.º De las gacetas, proclamas y papeles de oficio publicados entonces.
-2.º De relaciones particulares manuscritas dadas por las personas que
-compusieron las juntas o tomaron parte en la insurrección o fueron
-testigos de los acontecimientos.
-
-
-NÚMERO 3-2.
-
-Este oficio está sacado de la correspondencia manuscrita que tenemos
-en nuestro poder, y que fue entonces seguida por los diputados con el
-gobierno de S. M. B. También le insertaron las gacetas de aquel tiempo.
-
-
-NÚMERO 3-3.
-
-_Parlamentary Debates, vol._ II, _pág. 885._
-
-
-NÚMERO 3-4.
-
-Entre las demostraciones extraordinarias que entonces hubo, fue una de
-ellas el de haber sido recibidos los enviados de Asturias con tales
-aplausos y aclamaciones el primer día que asistieron a la ópera en el
-palco del duque de Queensbury, que se suspendió la representación cerca
-de una hora.
-
-
-NÚMERO 3-5.
-
-_Tribuni ut fere semper reguntur a multitudine magis quam regunt. Tit.
-Liv., lib. 3, cap. 71._
-
-
-NÚMERO 3-6.
-
-_Les provinciales 7me Lettre. De la méthode de diriger l’intention._
-
-
-NÚMERO 3-7.
-
-_Mémoires du cardinal de Retz, tom. 3._
-
-
-NÚMERO 3-6 bis.
-
-Don Lorenzo Calvo de Rozas intendente general del ejército y reino
-de Aragón, secretario de la suprema junta de las cortes del mismo,
-celebrada en la capital de Zaragoza en el día 9 del mes de junio del
-presente año de 1808: — Certifico:
-
-Que reunidos en la sala consistorial de la ciudad los diputados de las
-de voto en cortes, y de los cuatro brazos del reino, cuyos nombres
-se anotan al fin, y habiéndose presentado el Excmo. Sr. Don José
-Rebolledo de Palafox y Melci gobernador y capitán general del mismo, y
-su presidente, fui llamado y se me hizo entrar en la asamblea para que
-ejerciese las funciones de tal secretario, y habiéndolo verificado
-así, se me entregó el papel de S. E., que original existe en la
-secretaría: se leyó y dice así:
-
-Excmo. Sr.: Consta ya a V. E. que por el voto unánime de los habitantes
-de esta capital, fui nombrado y reconocido de todas las autoridades
-establecidas como gobernador y capitán general del reino: que
-cualquiera excusa hubiera producido infinitos males a nuestra amada
-patria, y sido demasiado funesta para mi.
-
-Mi corazón agitado ya largo tiempo, combatido de penas y amarguras,
-lloraba la pérdida de la patria, sin columbrar aquel fuego sagrado
-que la vivifica; lloraba la pérdida de nuestro amado rey Fernando
-VII, esclavizado por la tiranía y conducido a Francia con engaños y
-perfidias; lloraba los ultrajes de nuestra santa religión, atacada por
-el ateísmo, sus templos violentados sacrílegamente por los traidores
-el día 2 de mayo, y manchados con sangre de los inocentes españoles;
-lloraba la existencia precaria que amenazaba a toda la nación, si
-admitía el yugo de un extranjero orgulloso, cuya insaciable codicia
-excede a su perversidad, y por fin la pérdida de nuestras posesiones
-en América, y el desconsuelo de muchas familias, unas porque verían
-convertida la deuda nacional en un crédito nulo, otras que se verían
-despojadas de sus empleos y dignidades y reducidas a la indigencia
-o la mendicidad, otras que gemirían en la soledad la ausencia o
-el exterminio de sus hijos y hermanos conducidos al Norte para
-sacrificarse, no por su honor, por su religión, por su rey, ni por
-la patria, sino por un verdugo, nacido para azote de la humanidad,
-cuyo nombre tan solo dejará a la posteridad el triste ejemplo de los
-horrores, engaños y perfidias que ha cometido, y de la sangre inocente
-que su proterva ambición ha hecho derramar.
-
-Llegó el día 24 de mayo, día de gloria para toda España, y los
-habitantes de Aragón siempre leales, esforzados y virtuosos, rompieron
-los grillos que les preparaba el artificio, y juraron morir o vencer.
-En tal estado lleno mi corazón de aquel noble ardor que a todos nos
-alienta, renace y se enajena de pensar que puedo participar con mis
-conciudadanos de la gloria de salvar nuestra patria.
-
-Las ciudades de Tortosa y Lérida invitadas por mí, como puntos muy
-esenciales, se han unido a Aragón; he nombrado un gobernador en Lérida
-a petición de su ilustre ayuntamiento, les he auxiliado con algunas
-armas y gente, y puedo esperar que aquellas ciudades se sostendrán, y
-no serán ocupadas por nuestros enemigos.
-
-La ciudad de Tortosa quiere participar de nuestros triunfos: ha
-conferenciado de mi orden con los ingleses; les ha comunicado
-el manifiesto del día 31 de mayo para que lo circulen en toda
-Europa, y trata de hacer venir nuestras tropas de Mallorca y de
-Menorca, siguiendo mis instrucciones; ha enviado un diputado para
-conferenciar conmigo, y yo he nombrado otro que partió antes de ayer
-con instrucciones secretas dirigidas al mismo fin, y al de entablar
-correspondencia con el Austria.
-
-La merindad de Tudela y la ciudad de Logroño me han pedido un jefe y
-auxilios; quieren defenderse e impedir la entrada en Aragón a nuestros
-enemigos. He nombrado con toda la plenitud de poderes por mi teniente
-y por general del ejército destinado a este objeto al Excmo. Sr.
-marqués de Lazán y Cañizar mariscal de campo de los reales ejércitos,
-que marchó el día 6 a las doce de la noche con algunas tropas, y
-las competentes armas y municiones. No puedo dudar de su actividad,
-patriotismo y celo, ni dudará V. E.: otros muchos pueblos de Navarra
-han enviado sus representantes, y la ciudad y provincia de Soria sus
-diputados. He dispuesto comunicaciones con Santander; establecido
-postas en el camino de Valencia, y pedido armas y artilleros,
-dirigiendo por aquella vía todos los manifiestos y órdenes publicadas,
-con encargo de que se circulen a la Andalucía, Mancha, Extremadura,
-Galicia y Asturias, invitándolos a proceder de acuerdo. He enviado al
-coronel barón de Versages, y al teniente coronel y gobernador que ha
-sido en América Don Andrés Boggiero, a organizar y mandar la vanguardia
-del ejército destinado hacia las fronteras de la Alcarria y Castilla la
-Nueva.
-
-Para dirigir el ramo de hacienda con la rectitud, energía y acierto
-que exige tan digna causa, y velar sobre las rentas y fondos públicos,
-he nombrado por intendente a Don Lorenzo Calvo de Rozas, cuyos
-conocimientos en este ramo, y cuya probidad incorruptible me son
-notorias, y me hacen esperar los más felices resultados. La casualidad
-de haber enviado aquí a principios de mayo su familia para librarla del
-peligro, y el temor de permanecer él mismo en Madrid en circunstancias
-tan críticas, lo trajo a Zaragoza el día 28 del pasado, lo hice
-detener, y lo he precisado a admitir este encargo a pesar de que sus
-negocios y la conservación de su patrimonio reclamaban imperiosamente
-su vuelta a Madrid. Fiado este importante ramo a un sujeto de sus
-circunstancias, presentaré a su tiempo a la nación el estado de rentas,
-su procedencia e inversión, y en ellas un testimonio público de la
-pureza con que se manejarán.
-
-Resta pues el sacrificio que es más grato a nuestros corazones;
-que reunamos nuestras voluntades, y aspiremos al fin que nos hemos
-propuesto. Salvemos la patria, aunque fuera a costa de nuestras vidas
-y velemos por su conservación. Para ello propongo a V. E. los puntos
-siguientes:
-
-1.º Que los diputados de las cortes queden aquí en junta permanente o
-nombren otra que se reunirá todos los días para proponerme y deliberar
-todo lo conveniente al bien de la patria y del rey.
-
-2.º Que V. E. nombre entre sus ilustres individuos un secretario para
-extender y uniformar las resoluciones, en las cuales debe haber una
-reserva inviolable, extendiendo por hoy el acuerdo uno de los que se
-hallan presentes como tales o el intendente.
-
-3.º Que cada diputado corresponda con su provincia, le comunique las
-disposiciones ya generales ya particulares que tomaré como jefe militar
-y político del reino, y las que acordaremos para mayor bien de la
-España.
-
-4.º Que la junta medite y me proponga sucesivamente las medidas de
-hacer compatible con la energía y rapidez que requiere la organización
-del ejército el cuidado de la recolección de granos que se aproxima y
-no debe desatenderse.
-
-5.º Que medite y me proponga la adopción de medios de sostener el
-ejército que presentará el intendente de él, y del reino Don Lorenzo
-Calvo.
-
-6.º Que me proponga todas las disposiciones que crea convenientes tomar
-para conservar la policía, el buen orden y la fuerza militar en cada
-departamento del reino.
-
-7.º Que cuide de mantener las relaciones con los demás reinos y
-provincias de España que deben formar con nosotros una misma y sola
-familia.
-
-8.º Que se encargue y cuide de firmar y circular en todo el reino,
-impresas o manuscritas, las órdenes emanadas de mí o de las que con mi
-acuerdo expidiese la junta de diputados del reino.
-
-9.º Que acuerde desde luego si deben o no concurrir los diputados que
-vinieren de las provincias o merindades de fuera del reino de Aragón
-mediante que la reunión de sus luces puede ser interesante a la defensa
-de la causa pública.
-
-10. Que decida desde luego la proclamación de nuestro rey Fernando VII
-determinando el día en que haya de verificarse.
-
-11. Que resuelva igualmente acerca de si deben reunirse en un solo
-punto las diputaciones de las demás provincias y reinos de España,
-conforme a lo anunciado en el manifiesto del 31 de mayo último.
-
-12. Que declare desde luego la urgencia del día, y que la primera
-atención debe ser la defensa de la patria. Zaragoza 9 de julio de 1808.
-— José de Palafox y Melci.
-
-
-ACUERDOS.
-
-Resolvió la asamblea por aclamación que se proclamase a Fernando
-VII, dejando al arbitrio de S. E. señalar el día en que hubiese de
-verificarse, que sería cuando las circunstancias lo permitiesen.
-
-La misma asamblea de diputados de las cortes enterada de la exposición
-antecedente, después de manifestar al Excmo. Sr. capitán general su
-satisfacción y gratitud por todo cuanto había ejecutado, y aprobándolo
-unánimemente, le reconoció por aclamación como capitán general y
-gobernador militar y político del reino de Aragón, y lo mismo al
-intendente.
-
-El Sr. Don Antonio Franquet, regidor de la ciudad de Tortosa, que
-hallándose comisionado en esta capital concurrió a la asamblea, hizo lo
-mismo a nombre de aquella ciudad, a quien ofreció daría parte de ello.
-
-Acto continuo se leyeron los avisos que se habían pasado a todos los
-individuos que debían concurrir a la asamblea o junta de cortes para
-saber si todos ellos habían sido citados o se hallaban presentes,
-y resultó que se había convocado a todos, y que solo habían dejado
-de concurrir el Sr. marqués de Tosos, que avisó no podía por estar
-enfermo, y el Sr. conde de Torresecas que igualmente manifestó su
-imposibilidad de concurrir.
-
-Se tomó en consideración el primer punto indicado en el manifiesto de
-S. E. que antecede, relativo a si debía quedar permanente la junta de
-diputados, o nombrar otra presidida por S. E. con toda la plenitud de
-facultades, y después de un serio y detenido examen acordó unánimemente
-nombrar una junta suprema compuesta de solo seis individuos y de S. E.
-como presidente con todas las facultades.
-
-Se nombró en seguida una comisión compuesta de doce de los señores
-vocales tomados de los cuatro brazos del reino, que lo fueron; por lo
-eclesiástico el Señor abad de Montearagón, el Sr. deán de esta santa
-iglesia, y el Señor arcipreste de Santa Cristina; por el de la nobleza
-el Excmo. Sr. conde de Sástago, el Señor marqués de Fuente Olivar, y el
-Señor marqués de Zafra; por el de hidalgos el Señor Barón de Alcalá, el
-Señor Don Joaquín María Palacios, y el Señor Don Antonio Soldevilla,
-y por el de la ciudad el Señor Don Vicente Lisa, el Señor conde de
-la Florida, y el Señor Don Francisco Peguera, para que propusiesen a
-la asamblea doce candidatos entre los cuales pudiese elegir los seis
-representantes que con S. E. habían de formar la junta suprema; y
-habiéndose reunido en una pieza separada los doce señores proponentes
-que quedan expresados volvieron a entrar en la sala de la junta e
-hicieron su propuesta en la forma siguiente.
-
-Propusieron para los seis individuos que habían de elegirse y componer
-la suprema junta al Ilmo. Sr. obispo de Huesca, al M. R. P. prior del
-sepulcro de Calatayud, al Excmo. Sr. conde de Sástago, al Señor regente
-de la Real Audiencia, a Don Valentín Solanot, abad del monasterio de
-Veruela, arcipreste del Salvador, barón de Alcalá, marqués de Fuente
-Olivar, barón de Castiel, y Don Pedro María Ric. Se procedió en seguida
-a la votación por escrutinio y de ella resultó que los propuestos
-tuvieron los votos siguientes. El Señor Obispo de Huesca, 32; el prior
-de Calatayud, 11; el conde de Sástago, 27; Don Antonio Cornel, 33;
-el Señor Regente, 29; Don Valentín Solanot, 11; abad de Veruela, 2;
-arcipreste del Salvador, 12; barón de Alcalá, 2; marqués de Fuente
-Olivar, 17; barón de Castiel, 10; y Don Pedro María Ric, 18; resultando
-electos a pluralidad de votos para individuos de la suprema junta de
-gobierno los Señores Don Antonio Cornel, obispo de Huesca, regente de
-la Real Audiencia, conde de Sástago, Don Pedro María Ric, y el marqués
-de Fuente Olivar, y por muerte u otra causa legítima que impidiese el
-ejercicio de su empleo a los electos, lo harían según uso y costumbre
-los que les siguen en votos.
-
-Se trató del nombramiento de un secretario para la junta suprema, y
-toda la asamblea manifestó al Excmo. Sr. capitán general sus deseos
-de que S. E. indicase una o dos personas para este destino; S. E. lo
-rehusó declarando a los señores vocales que nombrasen a quien tuviesen
-por más conveniente y a propósito para el buen desempeño, más al fin
-condescendiendo con las reiteradas insinuaciones y deseos de la junta
-propuso para primer secretario al Señor Don Vicente Lisa, y para
-segundo al Señor barón de Castiel, que quedaron electos en consecuencia.
-
-Habiendo meditado la junta sobre las proposiciones 3, 4, 5, 6, 7, 8,
-9, 11 y 12, las estimó y tuvo por muy atendibles, y acordó tomarlas en
-consideración, para lo cual se reunirían de nuevo todos los señores
-vocales proponentes y presentes el próximo martes 14 del corriente mes
-de junio a las diez de su mañana, y que por el secretario se enviase
-una copia de dichas proposiciones a cada individuo, y se avisaría
-a los Señores marqués de Tosos y conde de Torresecas que no habían
-concurrido, por si podían hacerlo, con lo cual se concluyó la sesión
-quedando todos los señores advertidos para volver sin más aviso el día
-señalado, y se rubricó el acuerdo en borrador por los Excmos. Señores
-capitán general y conde de Sástago, y el Ilmo. Sr. obispo de Huesca, de
-que certifico y firmo en la ciudad de Zaragoza a 9 de junio de 1808.
-— Lorenzo Calvo de Rozas, secretario. — Visto bueno. — Palafox.
-
-Nota. Todos los Señores vocales manifestaron en seguida su voluntad de
-nombrar al Excmo. Sr. Don José Rebolledo de Palafox por capitán general
-efectivo de ejército, más S. E. dio gracias a la junta y lo resistió
-absolutamente pidiendo que no constase la indicación, y expresando
-que era brigadier de los reales ejércitos nombrado por S. M., y que
-no admitiría ni deseaba otras gracias ni otra satisfacción ni ascenso
-que el ser útil a la patria y sacrificarse en su obsequio y en el de
-su rey. La junta en consecuencia no insistió en su empeño vista la
-delicadeza de S. E., y se reservó el llevar a efecto su voluntad en una
-de las primeras sesiones a que no asistiese S. E., por considerarlo así
-de justicia; de todo lo cual certifico _ut supra_. — Calvo.
-
-«Hemos insertado aquí el acta de instalación de las cortes de Aragón,
-de que poseemos un ejemplar, por ser documento, aunque entonces
-impreso, que empieza a ser raro.» — _Sigue la lista de los diputados
-que las compusieron._
-
-
-ESTADO ECLESIÁSTICO.
-
- Ilmo. Sr. obispo de Huesca.
- Sr. arcipreste de Tarazona.
- Sr. deán de Zaragoza.
- Sr. arcipreste de Sta. María.
- Sr. arcipreste de Sta. Cristina.
- Sr. abad de Montearagón.
- Sr. abad de Sta. Fe.
- Sr. abad de Rueda.
- Sr. abad de Veruela.
- Sr. prior del sepulcro de Calatayud.
-
-
-ESTADO DE NOBLES.
-
- Excmo. Sr. conde de Sástago.
- Sr. marqués de Sta. Coloma.
- Sr. marqués de Fuente Olivar.
- Sr. marqués de Zafra.
- Sr. marqués de Ariño.
- Sr. conde de Sobradiel.
- Sr. conde de Torresecas.
-
-
-ESTADO DE HIJOSDALGO.
-
-_Por el partido de Huesca._
-
- Sr. barón de Alcalá.
- Sr. Don Joaquín María Palacios.
-
-
-_Por el partido de Barbastro._
-
- Sr. Don Antonio Soldevilla.
- Sr. Don Francisco Romeo.
-
-
-_Por el partido de Alcañiz._
-
- Sr. de Canduero.
- Sr. conde de Samitier.
-
-
-_Por el de Albarracín._
-
- Don Juan Navarro.
-
-
-_Por el de Daroca._
-
- Don Tomás Castillón.
- Don Pedro Oseñalde.
-
-
-CIUDADES DE VOTO EN CORTES.
-
-_Zaragoza._
-
- Don Vicente Lisa.
-
-
-_Tarazona._
-
- Don Bartolomé La-Iglesia.
-
-
-_Jaca._
-
- Don Francisco Peguera.
-
-
-_Calatayud._
-
- Don Joaquín Arias Ciria.
-
-
-_Borja._
-
- Don José Guartero.
-
-
-_Teruel._
-
- Sr. conde de la Florida.
-
-
-_Fraga._
-
- Don Domingo Azguer.
-
-
-_Cinco-Villas._
-
- Don Juan Pérez.
-
-
-
-
- APÉNDICE
- DEL
- LIBRO CUARTO.
-
-
-NÚMERO 4-1.
-
-_Esta proclama está inserta en la Gaceta de Madrid del 7 de julio de
-1808._
-
-
-NÚMERO 4-2.
-
-_Respuesta dada por el Ilmo. Sr. obispo de Orense a la junta de
-gobierno, con motivo de haber sido nombrado diputado para la junta de
-Bayona._
-
-Excmo. Sr.: Muy señor mío: un correo de la Coruña me ha entregado en
-la tarde del miércoles 25 de este la de V. E. con fecha del 19, por la
-que, entre lo demás que contiene, me he visto nombrado para asistir a
-la asamblea que debe tenerse en Bayona de Francia, a fin de concurrir
-en cuanto pudiese a la felicidad de la monarquía, conforme a los deseos
-del grande emperador de los franceses, celoso de elevarla al más alto
-grado de prosperidad y de gloria.
-
-Aunque mis luces son escasas, en el deseo de la verdadera felicidad
-y gloria de la nación no debo ceder a nadie, y nada omitiría que me
-fuese practicable y creyese conducente a ello. Pero mi edad de 73 años,
-una indisposición actual, y otras notorias y habituales me impiden un
-viaje tan largo y con un término tan corto, que apenas basta para él, y
-menos para poder anticipar los oficios, y para adquirir las noticias e
-instrucciones que debían preceder. Por lo mismo me considero precisado
-a exonerarme de este encargo, como lo hago por esta, no dudando que el
-Serenísimo Sr. duque de Berg y la suprema junta de gobierno estimarán
-justa y necesaria mi súplica de que admitan una excusa y exoneración
-tan legítima.
-
-Al mismo tiempo, por lo que interesa al bien de la nación, y a los
-designios mismos del emperador y rey, que quiere ser como el ángel de
-paz y el protector tutelar de ella, y no olvida lo que tantas veces ha
-manifestado, el grande interés que toma en que los pueblos y soberanos
-sus aliados aumenten su poder, sus riquezas y dicha en todo género, me
-tomo la libertad de hacer presente a la junta suprema de gobierno, y
-por ella al mismo emperador rey de Italia, lo que antes de tratar de
-los asuntos a que parece convocada, diría y protestaría en la asamblea
-de Bayona, si pudiese concurrir a ella.
-
-Se trata de curar males, de reparar perjuicios, de mejorar la suerte
-de la nación y de la monarquía, ¿pero sobre que bases y fundamentos?
-¿Hay medio aprobado y autorizado, firme y reconocido por la nación para
-esto? ¿Quiere ella sujetarse, y espera su salud por esta vía? ¿Y no
-hay enfermedades también que se agravan y exasperan con las medicinas,
-de las que se ha dicho: _tangant vulnera sacra nullæ manus_? ¿Y no
-parece haber sido de esta clase la que ha empleado con su aliado y
-familia real de España el poderoso protector, el emperador Napoleón?
-Sus males se han agravado tanto, que está como desesperada su salud.
-Se ve internada en el imperio francés, y en una tierra que la había
-desterrado para siempre; y vuelto a su cuna primitiva, halla el túmulo
-por una muerte civil, en donde la primera rama fue cruelmente cortada
-por el furor y la violencia de una revolución insensata y sanguinaria.
-Y en estos términos, ¿qué podrá esperar España? ¿Su curación le será
-más favorable? Los medios y medicinas no lo anuncian. Las renuncias
-de sus reyes en Bayona, e infantes en Burdeos, en donde se cree
-que no podían ser libres, en donde se han contemplado rodeados de
-la fuerza y del artificio, y desnudos de las luces y asistencia de
-sus fieles vasallos: estas renuncias, que no pueden concebirse, ni
-parecen posibles, atendiendo a las impresiones naturales del amor
-paternal y filial, y al honor y lustre de toda la familia, que tanto
-interesa a todos los hombres honrados: estas renuncias que se han hecho
-sospechosas a toda la nación, y de las que pende toda la autoridad
-de que justamente puede hacer uso el emperador y rey, exigen para su
-validación y firmeza, y a lo menos para la satisfacción de toda la
-monarquía española, que se ratifiquen estando los reyes e infante
-que las han hecho libres de toda coacción y temor. Y nada sería tan
-glorioso para el grande emperador Napoleón, que tanto se ha interesado
-en ellas, como devolver a la España sus augustos monarcas y familia,
-disponer que dentro de su seno, y en unas cortes generales del reino
-hiciesen lo que libremente quisiesen, y la nación misma, con la
-independencia y soberanía que la compete, procediese en consecuencia a
-reconocer por su legítimo rey al que la naturaleza, el derecho y las
-circunstancias llamasen al trono español.
-
-Este magnánimo y generoso proceder sería el mayor elogio del mismo
-emperador, y sería más grande y admirable por él que por todas
-las victorias y laureles que le coronan y distinguen entre todos
-los monarcas de la tierra, y aun saldría la España de una suerte
-funestísima que la amenaza, y podría finalmente sanar de sus males
-y gozar de una perfecta salud, y dar después de Dios las gracias,
-y tributar el más sincero reconocimiento a su salvador y verdadero
-protector, entonces el mayor de los emperadores de Europa, el moderado,
-el justo, el magnánimo, el benéfico Napoleón el grande.
-
-Por ahora la España no puede dejar de mirarlo bajo otro aspecto muy
-diferente: se entreve, si no se descubre, un opresor de sus príncipes
-y de ella: se mira como encadenada y esclava cuando se la ofrecen
-felicidades: obra, aun más que del artificio, de la violencia y de un
-ejército numeroso que ha sido admitido como amigo o por la indiscreción
-y timidez, o acaso por una vil traición, que sirve a dar una autoridad
-que no es fácil estimar legítima.
-
-¿Quién ha hecho teniente gobernador del reino al Sermo. Sr. duque de
-Berg? ¿No es un nombramiento hecho en Bayona de Francia por un rey
-piadoso, digno de todo respeto y amor de sus vasallos, pero en manos de
-lados imperiosos por el ascendiente sobre su corazón, y por la fuerza
-y el poder a que le sometió? ¿Y no es una artificiosa quimera nombrar
-teniente de su reino a un general que manda un ejército que le amenaza,
-y renunciar inmediatamente su corona? ¿Solo ha querido volver al trono
-Carlos IV para quitarlo a sus hijos? ¿Y era forzoso nombrar un teniente
-que impidiese a la España por esta autorización y por el poder militar
-cuantos recursos podía tener para evitar la consumación de un proyecto
-de esta naturaleza? No solo en España, en toda la Europa dudo se
-halle persona sincera que no reclame en su corazón contra estos actos
-extraordinarios y sospechosos, por no decir más.
-
-En conclusión, la nación se ve como sin rey, y no sabe a qué atenerse.
-Las renuncias de sus reyes, y el nombramiento de teniente gobernador
-del reino, son actos hechos en Francia, y a la vista de un emperador
-que se ha persuadido hacer feliz a España con darle una nueva dinastía
-que tenga su origen en esta familia tan dichosa, que se cree incapaz
-de producir príncipes que no tengan o los mismos o mayores talentos
-para el gobierno de los pueblos que el invencible, el victorioso, el
-legislador, el filósofo, el grande emperador Napoleón. La suprema
-junta de gobierno, a más de tener contra sí cuanto va insinuado, su
-presidente armado y un ejército que la cerca, obligan a que se la
-considere sin libertad, y lo mismo sucede a los consejos y tribunales
-de la corte. ¡Qué confusión, qué caos, y qué manantial de desdichas
-para España! No puede evitarla una asamblea convocada fuera del
-reino, y sujetos que componiéndola ni pueden tener libertad ni aun
-teniéndola creerse que la tuvieran. Y si se juntasen a los movimientos
-tumultuosos que pueden temerse dentro del reino pretensiones de
-príncipes y potencias extrañas, socorros ofrecidos o solicitados, y
-tropas que vengan a combatir dentro de su seno contra los franceses y
-el partido que les siga; ¿qué desolación y qué escena podrá concebirse
-más lamentable? La compasión, el amor y la solicitud en su favor del
-emperador podía antes que curarla causarla los mayores desastres.
-
-Ruego pues con todo el respeto que debo se hagan presentes a la suprema
-junta de gobierno los que considero justos temores y dignos de su
-reflexión, y aun de ser expuestos al grande Napoleón. Hasta ahora he
-podido contar con la rectitud de su corazón, libre de la ambición,
-distante del dolo y de una política artificiosa, y espero aún que
-reconociendo no puede estar la salud de España en esclavizarla, no
-se empeñe en curarla encadenada, porque no está loca ni furiosa.
-Establézcase primero una autoridad legítima, y trátese después de
-curarla.
-
-Estos son mis votos, que no he temido manifestar a la junta y al
-emperador mismo, porque he contado con que si no fuesen oídos, serán
-a lo menos mirados, como en realidad lo son, como efecto de mi amor a
-la patria y a la augusta familia de sus reyes, y de las obligaciones
-de consejo, cuyo título temporal sigue al obispado en España. Y sobre
-todo los contemplo no solo útiles sino necesarios a la verdadera gloria
-y felicidad del ilustre héroe que admira la Europa, que todos veneran,
-y a quien tengo la felicidad de tributar con esta ocasión mis humildes
-y obsequiosos respetos. Dios guarde a V. E. muchos años. Orense 29 de
-mayo de 1808. — Excmo. Sr. — B. L. M. de V. E. su afecto capellán. —
-Pedro obispo de Orense. — Excmo. Sr. Don Sebastián Piñuela.»
-
-
-NÚMERO 4-3.
-
-_Esta proclama está inserta en la Gaceta de Madrid del 14 de junio de
-1808._
-
-
-NÚMERO 4-4.
-
-_Esta proclama en el Diario de Madrid de 1.º de junio de 1808._
-
-
-NÚMERO 4-5.
-
-_Gaceta de Madrid de 14 de junio de 1808._
-
-
-NÚMERO 4-6.
-
-_Todas estas gratulatorias pueden leerse en el Diario de Madrid del 12
-de junio de 1808, y en las gacetas de aquel tiempo._
-
-
-NÚMERO 4-7.
-
-_Esta proclama está inserta en el Diario de Madrid del 15 de junio de
-1808._
-
-
-NÚMERO 4-8.
-
-Habiendo aceptado la cesión de la corona de España que mi muy caro y
-muy amado hermano el emperador de los franceses &c. hizo a favor de mi
-persona, según el aviso que se comunicó al consejo con fecha de 4 del
-corriente; he venido en nombrar por mi lugarteniente general a S. A.
-I. y R. el gran duque de Berg, según se lo participo con esta fecha,
-encargándole que haga expedir todos los decretos que convengan, a fin
-de que los tribunales y los empleados de todas clases continúen en
-el ejercicio de sus funciones respectivas; por exigirlo así el bien
-general del reino, que es y será siempre el objeto de mis desvelos.
-Tendralo entendido el consejo para su inteligencia y cumplimiento en la
-parte que le toca. — Yo el rey. — En Bayona a 10 de junio de 1808. —
-Al decano del consejo.
-
-
-NÚMERO 4-9.
-
-El augusto emperador de los franceses, nuestro muy caro y muy amado
-hermano, nos ha cedido todos los derechos que había adquirido a la
-corona de las Españas por los tratados ajustados en los días 5 y 10 de
-mayo próximo pasado. La providencia, abriéndonos una carrera tan vasta,
-sin duda que ha penetrado nuestras intenciones: la misma nos dará
-fuerzas para hacer la felicidad del pueblo generoso que ha confiado a
-nuestro cuidado. Solo ella puede leer en nuestra alma, y no seremos
-felices hasta el día en que correspondiendo a tantas esperanzas,
-podamos darnos a nos mismo el testimonio de haber llenado el glorioso
-cargo que se nos ha impuesto. La conservación de la santa religión
-de nuestros mayores en el estado próspero en que la encontramos, la
-integridad y la independencia de la monarquía serán nuestros primeros
-deberes. Tenemos derecho para contar con la asistencia del clero, de
-la nobleza y del pueblo, a fin de hacer revivir aquel tiempo en que
-el mundo entero estaba lleno de la gloria del nombre español; y sobre
-todo deseamos establecer el sosiego, y fijar la felicidad en el seno de
-cada familia por medio de una buena organización social. Hacer el bien
-público con el menor perjuicio posible de los intereses particulares
-será el espíritu de nuestra conducta; y por lo que a nos toca, como
-nuestros pueblos sean dichosos, en su felicidad cifraremos toda nuestra
-gloria. A este precio ningún sacrificio nos será costoso. Para el bien
-de la España, y no para el nuestro, nos proponemos reinar. El consejo
-lo tendrá entendido, y lo comunicará a nuestros pueblos. — Yo el rey.
-— En Bayona a 10 de junio de 1808. — Al decano del consejo.
-
-
-NÚMERO 4-10.
-
-_Este discurso está inserto en el suplemento a la Gaceta de Madrid del
-21 de junio de 1808_.
-
-
-NÚMERO 4-11.
-
-Señor: todos los españoles que componen la comitiva de sus AA. RR.
-los príncipes Fernando, Carlos y Antonio, noticiosos por los papeles
-públicos de la instalación de la persona de V. M. C. en el trono de
-la patria de los exponentes, con el consentimiento de toda la nación,
-procediendo consecuentes al voto unánime, manifestado al emperador
-y rey en la nota adjunta, de permanecer españoles sin sustraerse de
-sus leyes en modo alguno, antes bien queriendo siempre subsistir
-sumisos a ellas, consideran como obligación suya muy urgente la de
-conformarse con el sistema adoptado por su nación, y rendir como ella
-sus más humildes homenajes a V. M. C., asegurándole también la misma
-inclinación, el mismo respeto y la misma lealtad que han manifestado
-al gobierno anterior, de la cual hay las pruebas más distinguidas; y
-creyendo que esta misma fidelidad pasada será la garantía más segura de
-la sinceridad de la adhesión que ahora manifiestan, jurando como juran
-obediencia a la nueva constitución de su país, y fidelidad al rey de
-España José I.
-
-La generosidad de V. M. C., su bondad y su humanidad, les hacen esperar
-que considerando la necesidad que estos príncipes tienen de que los
-exponentes continúen sirviéndoles en la situación en que se hallan, se
-dignará V. M. C. confirmar el permiso que hasta ahora han tenido de S.
-M. I. y R. para permanecer aquí: y asimismo continuarles por atención
-a los mismos príncipes con igual magnanimidad el goce de los bienes
-y empleos que tenían en España, con las otras gracias que a petición
-suya les tiene concedidas S. M. I. y R., hermano augusto de V. M. C., y
-constan de la adjunta nota que tienen el honor de presentar a los pies
-de V. M. C. con la más humilde súplica.
-
-Una vez asegurados por este medio de que sirviendo a sus AA. RR.
-serán considerados como vasallos fieles de V. M. C. y como españoles
-verdaderos, prontos a obedecer ciegamente la voluntad de V. M. C. hasta
-en lo más mínimo; si se les quisiese dar otro destino participarán
-completamente de la satisfacción de todos sus compatriotas, a quienes
-debe hacer dichosos para siempre un monarca tan justo, tan humano y tan
-grande en todo sentido como V. M. C.
-
-Ellos dirigen a Dios los votos más fervorosos y unánimes para que se
-verifiquen estas esperanzas, y para que Dios se digne conservar por
-muchos años la preciosa vida de V. M. C. En fin, con el más profundo y
-más sincero respeto, tienen el honor de ponerse a los pies de V. M. C.
-sus más humildes servidores y fieles súbditos en nombre de todas las
-personas de la comitiva de los príncipes. — El duque de San Carlos,
-Don Juan Escóiquiz, el marqués de Ayerbe, el marqués de Feria, Don
-Antonio Correa, Don Pedro Macanaz. — Valençay 22 de junio de 1808. —
-(_Llorente, tom. 1.º pág. 105._)
-
-
-NÚMERO 4-12.
-
-He recibido con sumo gusto la carta de V. M. I. y R. de 15 del
-corriente, y le doy gracias por las expresiones afectuosas con que me
-honra, y con las cuales yo he contado siempre. Las repito a V. M. I.
-por su bondad en favor de la solicitud del duque de San Carlos y de Don
-Pedro Macanaz, que tuve el honor de recomendar. Doy muy sinceramente
-en mi nombre y de mi hermano y tío a V. M. I. la enhorabuena de la
-satisfacción de ver instalado a su querido hermano en el trono de
-España. Habiendo sido objeto de todos nuestros deseos la felicidad
-de la generosa nación que habita su vasto territorio, no podemos
-ver a la cabeza de ella un monarca más digno, ni más propio por sus
-virtudes para asegurársela, ni dejar de participar al mismo tiempo
-del grande consuelo que nos da esta circunstancia. Deseamos el honor
-de profesar amistad con S. M., y este afecto nos ha dictado la carta
-adjunta que me atrevo a incluir, rogando a V. M. I. que después de
-leída se digne presentarla a S. M. C. Una mediación tan respetable
-nos asegura que será recibida con la cordialidad que deseamos. Sire:
-perdonad una libertad que nos tomamos, por la confianza sin límites que
-V. M. I. nos ha inspirado. Y con la seguridad de todo nuestro afecto
-y respeto, permitid que yo le renueve los más sinceros e invariables
-sentimientos, con los cuales tengo el honor de ser, Sire, de V. M. I. y
-R. su muy humilde y muy obediente servidor. — Fernando. — (_Llorente,
-tom. 1.º, pág. 102._)
-
-NOTA. _La carta escrita a José que se cita en la anterior, la oyeron
-todos los diputados de Bayona y se quedó con el original Don Miguel
-José de Azanza_.
-
-
-NÚMERO 4-13.
-
-_En la Gaceta de Madrid del 13 de julio de 1808 y siguientes._
-
-
-NÚMERO 4-14.
-
-_Marqués de San Felipe, en sus Comentarios, año de 1700._
-
-
-NÚMERO 4-15.
-
-_Capitulaciones ajustadas entre los respectivos generales de los
-ejércitos español y francés._
-
-«Los Excmos. Sres. conde de Tilly, y Don Francisco Javier Castaños
-general en jefe del ejército de Andalucía, queriendo dar una prueba de
-su alta estimación al Excmo Sr. general Dupont, grande águila de la
-legión de honor &c., así como al ejército de su mando por la brillante
-y gloriosa defensa que han hecho contra un ejército muy superior en
-número, y que le envolvía por todas partes, y el Sr. general Chabert
-encargado con plenos poderes por S. E. el Sr. general en jefe del
-ejército francés, y el Excmo. Sr. general Marescot grande águila &c.,
-han convenido en los artículos siguientes:
-
-1.º Las tropas del mando del Excmo. Sr. general Dupont quedan
-prisioneras de guerra, exceptuando la división de Vedel y otras tropas
-francesas que se hallan igualmente en Andalucía.
-
-2.º La división del general Vedel, y generalmente las demás tropas
-francesas de la Andalucía que no se hallan en la posición de las
-comprendidas en el artículo antecedente, evacuarán la Andalucía.
-
-3.º Las tropas comprendidas en el artículo 2.º conservarán generalmente
-todo su bagaje; y para evitar todo motivo de inquietud durante su viaje
-dejarán su artillería, tren y otras armas al ejército español, que se
-encarga de devolvérselas en el momento de su embarque.
-
-4.º Las tropas comprendidas en el artículo 1.º del tratado saldrán del
-campo con los honores de la guerra, dos cañones a la cabeza de cada
-batallón y los soldados con sus fusiles que se rendirán y entregarán al
-ejército español a cuatrocientas toesas del campo.
-
-5.º Las tropas del general Vedel y otras que no deben rendir sus armas,
-las colocarán en pabellones sobre su frente de banderas, dejando
-del mismo modo su artillería y tren, formándose el correspondiente
-inventario por oficiales de ambos ejércitos, y todo les será devuelto,
-según queda convenido en el artículo 3.º
-
-6.º Todas las tropas francesas de Andalucía pasarán a Sanlúcar y Rota
-por los tránsitos que se les señale, que no podrán exceder de cuatro
-leguas regulares al día con los descansos necesarios para embarcarse en
-buques con tripulación española, y conducirlos al puerto de Rochefort
-en Francia.
-
-7.º Las tropas francesas se embarcarán así que lleguen al puerto de
-Rota, y el ejército español garantirá la seguridad de su travesía
-contra toda empresa hostil.
-
-8.º Los señores generales, jefes y demás oficiales conservarán sus
-armas, y los soldados sus mochilas.
-
-9.º Los alojamientos, víveres y forrajes durante la marcha y travesía
-se suministrarán a los señores generales y demás oficiales, así como a
-la tropa a proporción de su empleo, y con arreglo a los goces de las
-tropas españolas en tiempo de guerra.
-
-10. Los caballos que según sus empleos corresponden a los señores
-generales, jefes y oficiales del estado mayor se transportarán a
-Francia mantenidos con la ración de tiempo de guerra.
-
-11. Los señores generales conservarán cada uno un coche y un carro;
-los jefes y oficiales de estado mayor un coche solamente exentos de
-reconocimiento, pero sin contravenir a los reglamentos y leyes del
-reino.
-
-12. Se exceptúan del artículo antecedente los carruajes tomados en
-Andalucía, cuya inspección hará el general Chabert.
-
-13. Para evitar la dificultad del embarque de los caballos de los
-cuerpos de caballería y los de artillería comprendidos en el artículo
-2.º, se dejarán unos y otros en España pagando su valor, según el
-aprecio que se haga por dos comisionados español y francés.
-
-14. Los heridos y enfermos del ejército francés que queden en los
-hospitales, se asistirán con el mayor cuidado y se enviarán a Francia
-con escolta segura, así que se hallen buenos.
-
-15. Como en varios parajes, particularmente en el ataque de Córdoba,
-muchos soldados a pesar de las órdenes de los señores generales y
-del cuidado de los señores oficiales, cometieron excesos que son
-consiguientes e inevitables en las ciudades que hacen resistencia al
-tiempo de ser tomadas, los señores generales y demás oficiales tomarán
-las medidas necesarias para encontrar los vasos sagrados que pueden
-haberse quitado y entregarlos si existen.
-
-16. Los empleados civiles que acompañan al ejército francés no se
-considerarán prisioneros de guerra, pero sin embargo gozarán durante
-su transporte a Francia todas las ventajas concedidas a las tropas
-francesas, con proporción a sus empleos.
-
-17. Las tropas francesas empezarán a evacuar la Andalucía el día 23 de
-julio. Para evitar el gran calor se efectuará por la noche la marcha, y
-se conformarán con la jornada diaria, que arreglarán los señores jefes
-del estado mayor español y francés, evitando el que las tropas pasen
-por las ciudades de Córdoba y Jaén.
-
-18. Las tropas francesas en su marcha irán escoltadas de tropa
-española, a saber: 300 hombres de escolta por cada columna de 3000
-hombres, y los señores generales serán escoltados por destacamentos de
-caballería de línea.
-
-19. A la marcha de las tropas precederán siempre los comisionados
-español y francés para asegurar los alojamientos y víveres necesarios,
-según los estados que se les entregarán.
-
-20. Esta capitulación se enviará desde luego a S. E. el duque de Rovigo
-general en jefe de los ejércitos franceses en España, con un oficial
-francés escoltado por tropa de línea española.
-
-21. Queda convenido entre los dos ejércitos que se añadirán como
-suplemento a esta capitulación los artículos de cuanto pueda haberse
-omitido para aumentar el bien estar de los franceses durante su
-permanencia y pasaje en España. — Firmado.»
-
-
-_Artículos adicionales igualmente autorizados._
-
-1.º Se facilitarán dos carretas por batallón para transportar las
-maletas de los señores oficiales.
-
-2.º Los señores oficiales de caballería de la división del señor
-general Dupont conservarán sus caballos solamente para hacer su viaje y
-los entregarán en Rota, punto de su embarco, a un comisionado español
-encargado de recibirlos. La tropa de caballería de guardia del señor
-general en jefe gozará la misma facultad.
-
-3.º Los franceses enfermos que están en la Mancha así como los que
-haya en Andalucía, se conducirán a los hospitales de Andújar, u otro
-que parezca más conveniente.
-
-Los convalecientes les acompañarán a medida que se vayan curando; se
-conducirán a Rota, donde se embarcarán para Francia bajo la misma
-garantía mencionada en el artículo 6.º de la capitulación.
-
-4.º Los Excmos. Sres. conde de Tilly y general Castaños, prometen
-interceder con su valimiento para que el señor general Erselinaut, el
-señor coronel La Grange y el señor teniente coronel Roseti, prisioneros
-de guerra en Valencia, se pongan en libertad, y conduzcan a Francia
-bajo la misma garantía expresada en el artículo anterior. — Firmado.
-— _(Véase la Lealtad española, tom. 2.º)_
-
-
-NÚMERO 4-16.
-
-_Mémoires du duc de Rovigo, volum. 3, cap. 18._
-
-
-FIN DEL TOMO I.
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO,
-GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (1 DE 5) ***
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