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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1 de - 5) - -Author: Conde de Toreno - -Release Date: September 12, 2022 [eBook #68978] - -Language: Spanish - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from - images generously made available by The Internet - Archive/Canadian Libraries) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO, -GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (1 DE 5) *** - - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han - convertido a MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos. - - * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con - las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española. - - * También han sido modernizados los topónimos y los nombres propios de - persona, siempre que se han encontrado referencias bibliográficas. - - * Se han incorporado las correcciones mencionadas en la fe de erratas - aparecida en el segundo tomo. - - * Se ha alterado la numeración de los apéndices para que incorporen - el número del libro al que corresponden, obteniendo así una - identificación única a lo largo de todos los tomos de la obra. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - - HISTORIA - DEL - Levantamiento, Guerra y Revolución - de España. - - - - - HISTORIA - DEL - Levantamiento, Guerra y Revolución - DE ESPAÑA - - POR - EL CONDE DE TORENO. - - TOMO I. - - Madrid: - IMPRENTA DE DON TOMÁS JORDÁN, - 1835. - - - - - ... quis nescit, primam esse historiæ legem, ne quid falsi dicere - audeat? deinde ne quid veri non audeat? ne qua suspicio gratiæ sit in - scribendo? ne qua simultatis? - - CICER., _De Oratore, lib. 2, c. 15._ - - - - - RESUMEN - DEL - LIBRO PRIMERO. - - -_Turbación de los tiempos. — Flaqueza de España. — Política de -Francia. — Paz de Presburgo. — Destronamiento de la casa de Nápoles. -— Tratos de paz con Inglaterra. — Rómpense estas negociaciones. — -También otras con Rusia. — Preparativos de guerra. — Tropas españolas -que van a Toscana. — Izquierdo: dinero que da a Napoleón. — Enfado -del príncipe de la Paz contra Napoleón. — Sus sospechas. — Piensa -ligarse con Inglaterra. — Envía allá a Don Agustín de Argüelles. — -Proclama del 5 de octubre. — Discúlpase con Napoleón. — Proyectos -contra España. — Los dos partidos que dividen el palacio español. — -Entretiénese a Izquierdo en París. — Mr. de Beauharnais embajador de -Francia en Madrid. — Secretos manejos con el partido del príncipe de -Asturias. — Tropas españolas que van al Norte. — Paz de Tilsit. — -Tropas francesas que se juntan en Bayona. — Portugal. — Notas de los -representantes de España y Francia en Lisboa. — Se retiran de aquella -corte. — 18 de octubre de 1807 cruza el Bidasoa la primera división -francesa. — 27 de octubre, tratado de Fontainebleau. — Causa del -Escorial. — Marcha de Junot hacia Portugal. — Entrada en Portugal, -19 de noviembre de 1807. — Llegada a Abrantes, 23 de noviembre. -— Proclama del príncipe regente de Portugal, 22 de noviembre. — -Instancia de Lord Strangford para que se embarque. — 29 de noviembre -da la vela la familia real portuguesa. — 30 de noviembre, entrada de -Junot en Lisboa. — Entrada de los españoles en Portugal. — 16 de -noviembre, viaje de Napoleón a Italia. — Reina de Etruria. — Carta de -Carlos IV a Napoleón. — Dudas de Napoleón sobre su conducta respecto -de España. — 22 de diciembre, Dupont en Irún. — 9 de enero de 1808, -entrada del cuerpo de Moncey. — 24 de id., publicaciones del Monitor. -— 1.º de febrero de 1808, proclama de Junot. — Forma nueva regencia, -de que se nombra presidente. — Gravosa contribución extraordinaria. -— Envía a Francia una división portuguesa. — 16 de febrero, toma de -la ciudadela de Pamplona. — Entra Duhesme en Cataluña. — Llega a -Barcelona. — 28 de febrero, sorpresa de la ciudadela de Barcelona. -— Id. sorpresa de Monjuich. — 18 de marzo, ocupación de San -Fernando de Figueras. — 5 de marzo, entrega de San Sebastián. — 7 -de febrero, orden para que la escuadra de Cartagena vaya a Toulon. — -Desasosiego de la corte de Madrid. — Conducta ambigua de Napoleón. — -Sobresalto del príncipe de la Paz. — Llegada a Madrid de Izquierdo. -— Sale Izquierdo el 10 de marzo para París. — Tropas francesas que -continuaron entrando en España. — Murat nombrado general en jefe del -ejército francés en España. — Piensa la corte de Madrid en partir para -Andalucía. — Providencias que toma._ - - - - - HISTORIA - DEL - LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN - de España. - - LIBRO PRIMERO. - - -[Marginal: Turbación de los tiempos.] - -La turbación de los tiempos, sembrando por el mundo discordias, -alteraciones y guerras, había estremecido hasta en sus cimientos -antiguas y nombradas naciones. Empobrecida y desgobernada España, -hubiera al parecer debido antes que ninguna ser azotada de los recios -temporales que a otras habían afligido y revuelto. Pero viva aún la -memoria de su poderío, apartada al ocaso y en el continente Europeo -postrera de las tierras, habíase mantenido firme y conservado casi -intacto su vasto y desparramado imperio. No poco y por desgracia habían -contribuido a ello la misma condescendencia y baja humillación de su -gobierno, [Marginal: Flaqueza de España.] que ciegamente sometido al -de Francia, fuese democrático, consular o monárquico, dejábale este -disfrutar en paz hasta cierto punto de aparente sosiego, con tal que -quedasen a merced suya las escuadras, los ejércitos y los caudales que -aún restaban a la ya casi aniquilada España. - -[Marginal: Política de Francia.] - -Mas en medio de tanta sumisión, y de los trastornos y continuos -vaivenes que trabajaban a Francia, nunca habían olvidado sus muchos -y diversos gobernantes la política de Luis XIV, procurando atar al -carro de su suerte la de la nación española. Forzados al principio -a contentarse con tratados que estrechasen la alianza, preveían no -obstante que cuanto más onerosos fuesen aquellos para una de las partes -contratantes, tanto menos serían para la otra estables y duraderos. - -Menester pues era que para darles la conveniente firmeza se -aunasen ambas naciones, asemejándose en la forma de su gobierno, o -confundiéndose bajo la dirección de personas de una misma familia, -según que se mudaba y trastrocaba en Francia la constitución -del estado. Así era que apenas aquel gabinete tenía un respiro, -susurrábanse proyectos varios, juntábanse en Bayona tropas, enviábanse -expediciones contra Portugal, o aparecían muchos y claros indicios de -querer entrometerse en los asuntos interiores de la península hispana. - -Crecía este deseo ya tan vivo a proporción que las armas francesas -afianzaban fuera la prepotencia de su patria, y que dentro se -restablecían la tranquilidad y buen orden. A las claras empezó a -manifestarse cuando Napoleón ciñendo sus sienes con la corona de -Francia, fundadamente pensó que los Borbones sentados en el solio de -España mirarían siempre con ceño, por sumisos que ahora se mostrasen, -al que había empuñado un cetro que de derecho correspondía al tronco de -donde se derivaba su rama. [Marginal: Paz de Presburgo.] Confirmáronse -los recelos del francés después de lo ocurrido en 1805, al terminarse -la campaña de Austria con la paz de Presburgo. - -[Marginal: Destronamiento de la casa de Nápoles.] - -Desposeído por entonces de su reino Fernando IV de Nápoles, hermano -de Carlos de España, había la corte de Madrid rehusado durante cierto -tiempo asentir a aquel acto y reconocer al nuevo soberano José -Bonaparte. Por natural y justa que fuese esta resistencia, sobremanera -desazonó al emperador de los franceses, quien hubiera sin tardanza dado -quizá señales de su enojo, si otros cuidados no hubiesen fijado su -mente y contenido los ímpetus de su ira. - -En efecto la paz ajustada con Austria estaba todavía lejos de -extenderse a Rusia, y el gabinete prusiano, de equívoca e incierta -conducta, desasosegaba el suspicaz ánimo de Napoleón. Si tales motivos -eran obstáculo para que este se ocupase en cosas de España, lo fueron -también por extremo opuesto las esperanzas de una pacificación general, -nacidas de resultas de la muerte de Pitt. [Marginal: Tratos de paz con -Inglaterra.] Constantemente había Napoleón achacado a aquel ministro, -finado en enero de 1806, la continuación de la guerra, y como la paz -era el deseo de todos hasta en Francia, forzoso le fue a su jefe no -atropellar opinión tan acreditada, cuando había cesado el alegado -pretexto, y entrado a componer el gabinete inglés Mr. Fox y Lord -Grenville con los de su partido. - -Juzgábase que ambos ministros, sobre todo el primero, se inclinaban a -la paz, y se aumentó la confianza al ver que después de su nombramiento -se había entablado entre los gobiernos de Inglaterra y Francia -activa correspondencia. Dio principio a ella Fox valiéndose de un -incidente que favorecía su deseo. Las negociaciones duraron meses, y -aun estuvieron en París como plenipotenciarios los Lores Yarmouth y -Lauderdale. Dificultoso era en aquella sazón un acomodamiento a gusto -de ambas partes. Napoleón en los tratos mostró poco miramiento respecto -de España, pues entre las varias proposiciones hizo la de entregar la -isla de Puerto Rico a los ingleses, y las Baleares a Fernando IV de -Nápoles, en cambio de la isla de Sicilia que el último cedería a José -Bonaparte. - -Correspondió el remate a semejantes propuestas, a las que se agregaba -el irse colocando la familia de Bonaparte en reinos y estados, como -también el establecimiento de la nueva y famosa confederación del -Rin. [Marginal: Rómpense estas negociaciones.] Rompiéronse pues las -negociaciones, anunciando Napoleón como principal razón la enfermedad -de Fox y su muerte acaecida en setiembre de 1806. [Marginal: También -otras con Rusia.] Por el mismo término caminaron las entabladas también -con Rusia, habiendo desaprobado públicamente el emperador Alejandro el -tratado que a su nombre había en París concluido su plenipotenciario -Mr. d’Oubril. - -Aun en el tiempo en que andaban las pláticas de paz, dudosos todos -y aun quizá poco afectos a su conclusión, [Marginal: Preparativos de -guerra.] se preparaban a la prosecución de la guerra. Rusia y Prusia -ligábanse en secreto, y querían que otros estados se uniesen a su -causa. Napoleón tampoco se descuidaba, y aunque resentido por lo de -Nápoles con el gabinete de España, disimulaba su mal ánimo, procurando -sacar de la ciega sumisión de este aliado cuantas ventajas pudiese. - -[Marginal: Tropas españolas que van a Toscana.] - -De pronto, y al comenzar el año de 1806, pidió que tropas españolas -pasasen a Toscana a reemplazar las francesas que la guarnecían. Con -eso lisonjeando a las dos cortes, a la de Florencia porque consideraba -como suya la guardia de españoles, y a la de Madrid por ser aquel paso -muestra de confianza, conseguía Napoleón tener libre más gente, y al -mismo tiempo acostumbraba al gobierno de España a que insensiblemente -se desprendiese de sus soldados. Accedió el último a la demanda, y -en principios de marzo entraron en Florencia de 4 a 5000 españoles -mandados por el teniente general Don Gonzalo Ofárril. - -[Marginal: Izquierdo: dinero que da a Napoleón.] - -Como Napoleón necesitaba igualmente otro linaje de auxilios, volvió la -vista para alcanzarlos a los agentes españoles residentes en París. -Descollaba entre todos Don Eugenio Izquierdo, hombre sagaz, travieso -y de amaño, a cuyo buen desempeño estaban encomendados los asuntos -peculiares de Don Manuel Godoy, príncipe de la Paz, disfrazados bajo -la capa de otras comisiones. En vano hasta entonces se había desvivido -dicho encargado por sondear respecto de su valedor los pensamientos del -Emperador de los franceses. Nunca había tenido otra respuesta sino -promesas y palabras vagas. Mas llegó mayo de 1806, y creciendo los -apuros del gobierno francés para hacer frente a los inmensos gastos que -ocasionaban los preparativos de guerra, reparó este en Izquierdo, y le -indicó que la suerte del príncipe de la Paz merecería la particular -atención de Napoleón, si se le acudía con socorros pecuniarios. Gozoso -Izquierdo y lleno de satisfacción, brevemente y sin estar para ello -autorizado, aprontó 24 millones de francos [*] [Marginal: (* Ap. n. -1-1.)] pertenecientes a la caja de consolidación de Madrid, según -convenio que firmó el 10 de mayo. Aprobó el de la Paz la conducta -de su agente, y contando ya con ser ensalzado a más eminente puesto -en trueque del servicio concedido, hizo que en nombre de Carlos IV -se confiriesen en 26 del mismo mayo [*] [Marginal: (* Ap. n. 1-2.)] -a dicho Izquierdo plenos poderes para que ajustase y concluyese un -tratado. - -Pero Napoleón, dueño de lo que quería y embargados sus sentidos con -el nublado que del norte amagaba, difirió entrar en negociación hasta -que se terminasen las desavenencias con Prusia y Rusia. Ofendió la -tardanza al príncipe de la Paz, [Marginal: Enfado del príncipe de la -Paz contra Napoleón.] receloso en todos tiempos de la buena fe de -Napoleón, y temió de él nuevos engaños. Afirmáronle en sus sospechas -diversos avisos que por entonces le enviaron españoles residentes -en París; opúsculos y folletos que debajo de mano fomentaba aquel -gobierno, [Marginal: Sus sospechas.] y en que se anunciaba la entera -destrucción de la casa de Borbón, y en fin el dicho mismo del emperador -de que «si Carlos IV no quería reconocer a su hermano por rey de -Nápoles, su sucesor le reconocería.» - -Tal cúmulo de indicios que progresivamente vinieron a despertar las -zozobras y el miedo del valido español, se acrecentaron con las -noticias e informes que le dio Mr. de Strogonoff nombrado ministro de -Rusia en la corte de Madrid, quien había llegado a la capital de España -en enero de 1806. - -Animado el príncipe de la Paz con los consejos de dicho ministro, y mal -enojado contra Napoleón, [Marginal: Piensa ligarse con Inglaterra.] -inclinábase a formar causa común con las potencias beligerantes. -Pareciole no obstante ser prudente, antes de tomar resolución -definitiva, buscar arrimo y alianza en Inglaterra. Siendo el asunto -espinoso y pidiendo sobre todo profundo sigilo, determinó enviar a -aquel reino un sujeto que dotado de las convenientes prendas, no -excitase el cuidado del gobierno de Francia. [Marginal: Envía allí -a Don Agustín de Argüelles.] Recayó la elección en Don Agustín de -Argüelles que tanto sobresalió años adelante en las cortes congregadas -en Cádiz. Rehusaba el nombrado admitir el encargo por proceder de -hombre tan desestimado como era entonces el príncipe de la Paz; pero -instado por Don Manuel Sixto Espinosa, director de la consolidación, con -quien le unían motivos de amistad y de reconocimiento, y vislumbrando -también en su comisión un nuevo medio de contribuir a la caída del -que en Francia había destruido la libertad pública, aceptó al fin el -importante encargo confiado a su celo. - -Ocultose a Argüelles [*] [Marginal: (* Ap. n. 1-3.)] lo que se trataba -con Strogonoff, y tan solo se le dio a entender que era forzoso -ajustar paces con Inglaterra si no se quería perder toda la América en -donde acababa de tomar a Buenos Aires el general Beresford. Recomendose -en particular al comisionado discreción y secreto, y con suma -diligencia saliendo de Madrid a últimos de setiembre, llegó a Lisboa -sin que nadie, ni el mismo embajador conde de Campo-Alange, trasluciese -el verdadero objeto de su viaje. Disponíase Don Agustín de Argüelles a -embarcarse para Inglaterra, cuando se recibió en Lisboa una desacordada -proclama del príncipe de la Paz, fecha 5 de octubre,[*] [Marginal: -Su proclama de 5 de octubre. (* Ap. n. 1-4.)] en la que apellidando -la nación a guerra sin designar enemigo, despertó la atención de las -naciones extrañas, principalmente de Francia. Desde entonces miró -Argüelles como inútil la continuación de su viaje y así lo escribió -a Madrid; mas sin embargo ordenósele pasar a Londres, en donde su -comisión no tuvo resulta, así por repugnar al gobierno inglés tratos -con el príncipe de la Paz, ministro tan desacreditado e imprudente, -como también por la mudanza que en dicho príncipe causaron los sucesos -del norte. - -Allí Napoleón habiendo abierto la campaña en octubre de 1806, en vez -de padecer descalabros había entrado victorioso en Berlín, derrotando -en Jena al ejército prusiano. [Marginal: Discúlpase con Napoleón.] Al -ruido de sus triunfos, atemorizada la corte de Madrid y sobre todo el -privado, no hubo medio que no emplease para apaciguar el entonces justo -y fundado enojo del emperador de los franceses, quien no teniendo por -concluida la guerra en tanto que la Rusia no viniese a partido, fingió -quedar satisfecho con las disculpas que se le dieron, y renovó aunque -lentamente las negociaciones con Izquierdo. - -[Marginal: Proyectos contra España.] - -Mas no por eso dejaba de meditar cuál sería el más acomodado medio -para posesionarse de España, y evitar el que en adelante se repitiesen -amagos como el del 5 de octubre. Columbró desde luego ser para su -propósito feliz incidente andar [Marginal: Los dos partidos que dividen -el palacio español.] aquella corte dividida entre dos parcialidades, -la del príncipe de Asturias y la de Don Manuel Godoy. Habían nacido -estas de la inmoderada ambición del último, y de los temores que había -infundido ella en el ánimo del primero. Sin embargo estuvieron para -componerse y disiparse en el tiempo en que había resuelto el de la -Paz unirse con Inglaterra y las otras potencias del norte; creyendo -este con razón que en aquel caso era necesario acortar su vuelo, y -conformarse con las ideas y política de los nuevos aliados. Para ello, -y no exponer su suerte a temible caída, había el valido imaginado casar -al príncipe de Asturias [viudo desde mayo de 1806] con Doña María -Luisa de Borbón, hermana de su mujer Doña María Teresa, primas ambas -del rey e hijas del difunto infante Don Luis. El pensamiento fue tan -adelante que se propuso al príncipe el enlace. Mas Godoy veleidoso e -inconstante, variadas que fueron las cosas del norte, mudó de dictamen -volviendo a soñar en ideas de engrandecimiento. Y para que pasaran a -realidad condecorole el rey en 13 de enero de 1807 con la dignidad de -almirante de España e Indias, y tratamiento de Alteza. - -[Marginal: Entretiénese a Izquierdo en París.] - -Veníale bien a Napoleón que se aumentase la división y el desorden en -el palacio de Madrid. Atento a aprovecharse de semejante discordia, -al paso que en París se traía entretenido a Izquierdo y al partido -de Godoy, se despachaba a España para tantear el del príncipe de -Asturias a Mr. de Beauharnais, [Marginal: Mr. de Beauharnais embajador -de Francia en Madrid.] quien como nuevo embajador presentó sus -credenciales a últimos de diciembre de 1806. Empezó el recién llegado -a dar pasos, mas fueron lentos hasta meses después que llevando visos -de terminarse la guerra del norte, juzgó Napoleón que se acercaba el -momento de obrar. - -Presentósele, en la persona de Don Juan Escóiquiz, conducto acomodado -para ayudar sus miras. Antiguo maestro del príncipe de Asturias, -vivía como confinado en Toledo, de cuya catedral era canónigo y -dignidad, y de donde por orden de S. A., con quien siempre mantenía -secreta correspondencia, había regresado a Madrid en marzo de 1807. -Conferenciose mucho entre él y sus amigos sobre el modo de atajar la -ambición de Godoy, y sacar al príncipe de Asturias de situación que -conceptuaban penosa y aun arriesgada. - -Habían imaginado sondear al embajador de Francia, y de resultas -supieron por Don Juan Manuel de Villena, gentil-hombre del príncipe de -Asturias, y por Don Pedro Giraldo, brigadier de ingenieros, maestro -de matemáticas del príncipe e infantes, y cuyos sujetos estaban en el -secreto, hallarse Mr. de Beauharnais pronto a entrar en relaciones con -quien S. A. indicase. [Marginal: Secretos manejos con el partido del -príncipe de Asturias.] Dudose si la propuesta encubría o no engaño; -y para asegurarse unos y otros, convínose en una pregunta y seña que -recíprocamente se harían en la corte el príncipe y el embajador. -Cerciorados de no haber falsedad y escogido Escóiquiz para tratar, -presentó a este en casa de dicho embajador el duque del Infantado, con -pretexto de regalarle un ejemplar de su poema sobre la conquista de -Méjico. Entablado conocimiento entre Mr. de Beauharnais y el maestro -del príncipe, avistáronse un día de los de julio y a las dos de la -tarde en el Retiro. La hora, el sitio y lo caluroso de la estación les -daba seguridad de no ser notados. - -Hablaron allí sosegadamente del estado de España y Francia, de la -utilidad para ambas naciones de afianzar su alianza en vínculos -de familia, y por consiguiente de la conveniencia de enlazar al -príncipe Fernando con una princesa de la sangre imperial de Napoleón. -El embajador convino con Escóiquiz en los más de los puntos, -particularmente en el último, quedando en darle posterior y categórica -contestación. Siguiéronse a este paso otros más o menos directos, pero -que nada tuvieron de importante hasta que en 30 de setiembre escribió -Mr. de Beauharnais una carta a Escóiquiz, en la que rayando las -expresiones de que _no bastaban cosas vagas_, sino que se necesitaba -una _segura prenda_ (_une garantie_), daba por lo mismo a entender -que aquellas salían de boca de su amo. Movido de esta insinuación se -dirigió el príncipe de Asturias en 11 de octubre al emperador francés, -en términos que, según veremos muy luego, hubiera podido resultar grave -cargo contra su persona. - -Hasta aquí llegaron los tratos del embajador Beauharnais con Don Juan -Escóiquiz, cuyo principal objeto se enderezaba a arreglar la unión del -príncipe Fernando con una sobrina de la emperatriz, ofrecida después -al duque de Aremberg. Todo da indicio de que el embajador obró según -instrucciones de su amo; y si bien es verdad que este desconoció como -suyos los procedimientos de aquel, no es probable que se hubiera Mr. -de Beauharnais expuesto con soberano tan poco sufrido a dar pasos de -tamaña importancia sin previa autorización. Pudo quizá excederse; quizá -el interés de familia le llevó a proponer para esposa una persona con -quien tenía deudo; pero que la negociación tomó origen en París lo -acredita el haber después sostenido el emperador a su representante. - -[Marginal: Tropas españolas que van al Norte.] - -Sin embargo tales pláticas tenían más bien traza de entretenimiento que -de seria y deliberada determinación. Íbale mejor al arrebatado temple -de Napoleón buscar por violencia o por malos artes el cumplimiento de -lo que su política o su ambición le sugería. Así fue que para remover -estorbos e irse preparando a la ejecución de sus proyectos, de nuevo -pidió al gobierno español auxilio de tropas; y conformándose Carlos IV -con la voluntad de su aliado, decidió en marzo de 1807 que una división -unida con la que estaba en Toscana, y componiendo juntas un cuerpo de -14.000 hombres, se dirigiese al norte de Europa.[*] [Marginal: (* Ap. -n. 1-5.)] De este modo menguaban cada día en España los recursos y -medios de resistencia. - -Entretanto Napoleón habiendo continuado con feliz progreso la campaña -emprendida contra las armas combinadas de Prusia y Rusia, había -en 8 de julio siguiente concluido la paz en Tilsit. [Marginal: Paz -de Tilsit.] Algunos se han figurado que se concertaron allí ambos -emperadores ruso y francés acerca de asuntos secretos y arduos, siendo -uno entre ellos el de dejar a la libre facultad del último la suerte de -España. Hemos consultado en materia tan grave respetables personajes, -y que tuvieron principal parte en aquellas conferencias y tratos. Sin -interés en ocultar la verdad, y lejos ya del tiempo en que ocurrieron, -han respondido a nuestras preguntas que no se había entonces hablado -sino vagamente de asuntos de España; y que tan solo Napoleón quejándose -con acrimonia de la proclama del príncipe de la Paz, añadía a veces -que los españoles luego que le veían ocupado en otra parte, mudaban de -lenguaje y le inquietaban. - -Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que con la paz asegurado -Napoleón de la Rusia a lo menos por de pronto, pudo con más desahogo -volver hacia el mediodía los inquietos ojos de su desapoderada -ambición. Pensó desde luego disfrazar sus intentos con la necesidad -de extender a todas partes el sistema continental [cuyas bases había -echado en su decreto de Berlín de febrero del mismo año], y de arrancar -a Inglaterra a su antiguo y fiel aliado el rey de Portugal. Era en -efecto muy importante para cualquiera tentativa o plan contra la -península someter a su dominio a Lisboa, alejar a los ingleses de los -puertos de aquella costa, y tener un pretexto al parecer plausible con -que poder internar en el corazón de España numerosas fuerzas. - -Para dar principio a su empresa promovió muy particularmente las -negociaciones entabladas con Izquierdo, y a la sombra de aquellas y -del tratado que se discutía, [Marginal: Tropas francesas que se juntan -en Bayona] empezó en agosto de 1807 a juntar en Bayona un ejército de -25.000 hombres con el título de cuerpo de observación de la Gironda, -nombre con que cautelosamente embozaba el gobierno francés sus hostiles -miras contra la península española. Diose el mando de aquella fuerza -a Junot, quien embajador en Portugal en 1805 había desamparado la -pacífica misión para acompañar a su caudillo en atrevidas y militares -empresas. Ahora se preparaba a dar la vuelta a Lisboa, no ya para -ocupar su antiguo puesto, sino más bien para arrojar del trono a una -familia augusta que le había honrado con las insignias de la orden de -Cristo. - -[Marginal: Portugal.] - -Aunque no sea de nuestro propósito entrar en una relación -circunstanciada de los graves acontecimientos que van a ocurrir en -Portugal, no podemos menos de darles aquí algún lugar como tan unidos y -conexos con los de España. En París se examinaba con Izquierdo el modo -de partir y distribuirse aquel reino, y para que todo estuviese pronto -el día de la conclusión del tratado, además de la reunión de tropas a -la falda del Pirineo, se dispuso que negociaciones seguidas en Lisboa -abriesen el camino a la ejecución de los planes en que conviniesen -ambas potencias contratantes. [Marginal: Notas de los representantes -de España y Francia en Lisboa.] Comenzose la urdida trama por notas -que en 12 de agosto pasaron el encargado de negocios francés Mr. de -Rayneval y el embajador de España conde de Campo-Alange. Decían en -ellas que tenían la orden de pedir sus pasaportes y declarar la guerra -a Portugal si para el 1.º de setiembre próximo el príncipe regente no -hubiese manifestado la resolución de romper con la Inglaterra, y de -unir sus escuadras con las otras del continente para que juntas obrasen -contra el común enemigo: se exigía además la confiscación de todas las -mercancías procedentes de origen británico, y la detención como rehenes -de los súbditos de aquella nación. El príncipe regente de acuerdo con -Inglaterra respondió que estaba pronto a cerrar los puertos a los -ingleses, y a interrumpir toda correspondencia con su antiguo aliado; -mas que en medio de la paz confiscar todas las mercancías británicas, -y prender a extranjeros tranquilos, eran providencias opuestas a los -principios de justicia y moderación que le habían siempre dirigido. -[Marginal: Se retiran de aquella corte.] Los representantes de España y -Francia no habiendo alcanzado lo que pedían [resultado conforme a las -verdaderas intenciones de sus respectivas cortes], partieron de Lisboa -antes de comenzarse octubre, y su salida fue el preludio de la invasión. - -Todavía no estaban concluidas las negociaciones con Izquierdo; todavía -no se había cerrado tratado alguno, cuando Napoleón impaciente, lleno -del encendido deseo de empezar su proyectada empresa, e informado de -la partida de los embajadores, [Marginal: 18 de octubre: cruza el -Bidasoa la primera división francesa.] dio orden a Junot para que -entrase en España, y el 18 de octubre cruzó el Bidasoa la primera -división francesa a las órdenes del general Delaborde, época memorable, -principio del tropel de males y desgracias, de perfidias y heroicos -hechos que sucesivamente nos va a desdoblar la historia. Pasada la -primera división, la siguieron la segunda y la tercera mandadas por -los generales Loison y Travot, con la caballería, cuyo jefe era el -general Kellerman. En Irún tuvo orden de recibir y obsequiar a Junot -Don Pedro Rodríguez de la Buria, encargo que ya había desempeñado en -la otra guerra con Portugal. Las tropas francesas se encaminaron por -Burgos y Valladolid hacia Salamanca, a cuya ciudad llegaron veinticinco -días después de haber entrado en España. Por todas partes fueron -festejadas y bien recibidas, y muy lejos estaban de imaginarse los -solícitos moradores del tránsito la ingrata correspondencia con que iba -a pagárseles tan esmerada y agasajadora hospitalidad. - -Tocaron mientras tanto a su cumplido término las negociaciones que -andaban en Francia, [Marginal: 27 de octubre, tratado de Fontainebleau. -(* Ap. n. 1-6.)] y el 27 de octubre en Fontainebleau se firmó entre -Don Eugenio Izquierdo y el general Duroc, gran mariscal de palacio -del emperador francés, un tratado [*] compuesto de catorce artículos -con una convención anexa comprensiva de otros siete. Por estos -conciertos se trataba a Portugal del modo como antes otras potencias -habían dispuesto de la Polonia, con la diferencia que entonces fueron -iguales y poderosos los gobiernos que entre sí se acordaron, y en -Fontainebleau tan desemejantes y desproporcionados, que al llegar al -cumplimiento de lo pactado, repitiéndose la conocida fábula del león y -sus partijas, dejose a España sin nada, y del todo quiso hacerse dueño -su insaciable aliado. Se estipulaba por el tratado que la provincia de -Entre-Duero-y-Miño se daría en toda propiedad y soberanía con título -de Lusitania septentrional al rey de Etruria y sus descendientes, quien -a su vez cedería en los mismos términos dicho reino de Etruria al -emperador de los franceses; que los Algarbes y el Alentejo igualmente -se entregarían en toda propiedad y soberanía al príncipe de la Paz, -con la denominación de príncipe de los Algarbes, y que las provincias -de Beira, Tras-os-Montes y Extremadura portuguesa quedarían como en -secuestro hasta la paz general, en cuyo tiempo podrían ser cambiadas -por Gibraltar, la Trinidad o alguna otra colonia de las conquistadas -por los ingleses; que el emperador de los franceses saldría garante -a S. M. C. de la posesión de sus estados de Europa al mediodía de -los Pirineos, y le reconocería como emperador de ambas Américas a la -conclusión de la paz general, o a más tardar dentro de tres años. La -convención que acompañaba al tratado circunstanciaba el modo de llevar -a efecto lo estipulado en el mismo: 25.000 hombres de infantería -francesa y 3000 de caballería habían de entrar en España, y reuniéndose -a ellos 8000 infantes españoles y 3000 caballos, marchar en derechura a -Lisboa, a las órdenes ambos cuerpos del general francés, exceptuándose -solamente el caso en que el rey de España o el príncipe de la Paz -fuesen al sitio en que las tropas aliadas se encontrasen, pues entonces -a estos se cedería el mando. Las provincias de Beira, Tras-os-Montes -y Extremadura portuguesa debían ser administradas, y exigírseles las -contribuciones en favor y utilidad de Francia. Y al mismo tiempo que -una división de 10.000 hombres de tropas españolas tomase posesión -de la provincia de Entre-Duero-y-Miño, con la ciudad de Oporto, otra -de 6000 de la misma nación ocuparía el Alentejo y los Algarbes, y -así aquella primera provincia como las últimas habían de quedar a -cargo para su gobierno y administración de los generales españoles. -Las tropas francesas, alimentadas por España durante el tránsito, -debían cobrar sus pagas de Francia. Finalmente se convenía en que un -cuerpo de 40.000 hombres se reuniese en Bayona el 20 de noviembre, el -cual marcharía contra Portugal en caso de necesidad, y precedido el -consentimiento de ambas potencias contratantes. - -En la conclusión de este tratado Napoleón, al paso que buscaba el medio -de apoderarse de Portugal, nuevamente separaba de España otra parte -considerable de tropas, como antes había alejado las que fueron al -norte, e introducía sin ruido y solapadamente las fuerzas necesarias a -la ejecución de sus ulteriores y todavía ocultos planes, y lisonjeando -la inmoderada ambición del privado español, le adormecía y le enredaba -en sus lazos, temeroso de que desengañado a tiempo y volviendo de su -deslumbrado encanto, quisiera acudir al remedio de la ruina que le -amenazaba. Ansioso el príncipe de la Paz de evitar los vaivenes de la -fortuna, aprobaba convenios que hasta cierto punto le guarecían de -las persecuciones del gobierno español en cualquiera mudanza. Quizá -veía también en la compendiosa soberanía de los Algarbes el primer -escalón para subir a trono más elevado. Mucho se volvió a hablar en -aquel tiempo del criminal proyecto que años atrás se aseguraba haber -concebido María Luisa arrastrada de su ciega pasión, contando con el -apoyo del favorito. Y no cabe duda que acerca de variar de dinastía -se tanteó a varias personas, llegando a punto de buscar amigos y -parciales sin disfraz ni rebozo. Entre los solicitados fue uno el -coronel de Pavía Don Tomás de Jáuregui, a quien descaradamente tocó -tan delicado asunto Don Diego Godoy: no faltaron otros que igualmente -le promovieron. Mas los sucesos agolpándose de tropel, convirtieron en -humo los ideados e impróvidos intentos de la ciega ambición. - -Tal era el deseado remate a que habían llegado las negociaciones de -Izquierdo, y tal había sido el principio de la entrada de las tropas -francesas en la península, cuando un acontecimiento con señales de suma -gravedad fijó en aquellos días la atención de toda España. - -[Marginal: Causa del Escorial] - -Vivía el príncipe de Asturias alejado de los negocios y solo, sin -influjo ni poder alguno, pasaba tristemente los mejores años de su -mocedad sujeto a la monótona y severa etiqueta de palacio. Aumentábase -su recogimiento por los temores que infundía su persona a los que -entonces dirigían la monarquía; se observaba su conducta, y hasta los -más inocentes pasos eran atentamente acechados. Prorrumpía el príncipe -en amargas quejas, y sus expresiones solían a veces ser algún tanto -descompuestas. A ejemplo suyo los criados de su cuarto hablaban con -más desenvoltura de lo que era conveniente, y repetidos, aun quizá -alterados al pasar de boca en boca, aquellos dichos y conversaciones -avivaron más y más el odio de sus irreconciliables enemigos. No -bastaba sin embargo tan ligero proceder para empezar una información -judicial; solamente dio ocasión a nuevo cuidado y vigilancia. -Redoblados uno y otra, al fin se notó que el príncipe secretamente -recibía cartas, que muy ocupado en escribir velaba por las noches, y -que en su semblante daba indicio de meditar algún importante asunto. -Era suficiente cualquiera de aquellas sospechas para despertar el -interesado celo de los asalariados que le rodeaban, y una dama de la -servidumbre de la reina le dio aviso de la misteriosa y extraña vida -que traía su hijo. No tardó el rey en estar advertido, y estimulado por -su esposa dispuso que se recogiesen todos los papeles del desprevenido -Fernando. Así se ejecutó, y al día siguiente 29 de octubre, a las seis -y media de la noche, convocados en el cuarto de S. M. los ministros del -despacho y Don Arias Mon, gobernador interino del consejo, compareció -el príncipe, se le sometió a un interrogatorio, y se le exigieron -explicaciones sobre el contenido de los papeles aprehendidos. En -seguida su augusto padre, acompañado de los mismos ministros y -gobernador con grande aparato y al frente de su guardia, le llevó a su -habitación, en donde después de haberle pedido la espada, le mandó que -quedase preso, puestas centinelas para su custodia: su servidumbre fue -igualmente arrestada. - -Al ver la solemnidad y aun semejanza del acto, hubiera podido -imaginarse el atónito espectador que en las lúgubres y suntuosas -bóvedas del Escorial iba a renovarse la deplorable y trágica escena que -en el alcázar de Madrid había dado al orbe el sombrío Felipe II; pero -otros eran los tiempos, otros los actores y muy otra la situación de -España. - -Se componían los papeles hasta entonces aprehendidos al príncipe [*] -[Marginal: (* Ap. n. 1-7.)] de un cuadernillo escrito de su puño de -algo más de doce hojas, de otro de cinco y media, de una carta de letra -disfrazada y sin firma fecha en Talavera a 18 de marzo, y reconocida -después por de Escóiquiz, de cifra y clave para la correspondencia -entre ambos, y de medio pliego de números, cifras y nombres que -en otro tiempo habían servido para la comunicación secreta de la -difunta princesa de Asturias con la reina de Nápoles su madre. Era el -cuadernillo de las doce hojas una exposición al rey, en la que después -de trazar con colores vivos la vida y principales hechos del príncipe -de la Paz, se le acusaba de graves delitos, sospechándole del horrendo -intento de querer subir al trono y de acabar con el rey y toda la real -familia. También hablaba Fernando de sus persecuciones personales, -mencionando entre otras cosas el haberle alejado del lado del rey, -sin permitirle ir con él a caza, ni asistir al despacho. Se proponían -como medios de evitar el cumplimiento de los criminales proyectos del -favorito, dar al príncipe heredero facultad para arreglarlo todo, a -fin de prender al acusado y confinarle en un castillo. Igualmente se -pedía el embargo de parte de sus bienes, la prisión de sus criados, -de Doña Josefa Tudó y otros, según se dispusiese en decretos que el -mismo príncipe presentaría a la aprobación de su padre. Indicábase -como medida previa, y para que el rey Carlos examinase la justicia de -las quejas, una batida en el Pardo o Casa de Campo, en que acudiese -el príncipe, y en donde se oirían los informes de las personas que -nombrase S. M., con tal que no estuviesen presentes la reina ni Godoy: -asimismo se suplicaba que llegado el momento de la prisión del valido, -no se separase el padre del lado de su hijo, para que los primeros -ímpetus del sentimiento de la reina no alterasen la determinación de S. -M.; concluyendo con rogarle encarecidamente que en caso de no acceder a -su petición, le guardase secreto, pudiendo su vida si se descubriese el -paso que había dado, correr inminente riesgo. El papel de cinco hojas -y la carta eran como la anterior obra de Escóiquiz; se insistía en los -mismos negocios, y tratando de oponerse al enlace antes propuesto con -la hermana de la princesa de la Paz, se insinuaba el modo de llevar -a cabo el deseado casamiento con una parienta del emperador de los -franceses. Se usaban nombres fingidos, y suponiéndose ser consejos de -un fraile, no era extraño que mezclando lo sagrado con lo profano se -recomendase ante todo como así se hacía, implorar la divina asistencia -de la Virgen. En aquellas instrucciones también se trataba de que -el príncipe se dirigiese a su madre interesándola como reina y como -mujer, cuyo amor propio se hallaba ofendido con los ingratos desvíos -de su predilecto favorito. En el concebir de tan desvariada intriga -ya despunta aquella sencilla credulidad y ambicioso desasosiego, de -que nos dará desgraciadamente en el curso de esta historia sobradas -pruebas el canónigo Escóiquiz. En efecto admira como pensó que un -príncipe mozo e inexperto había de tener más cabida en el pecho de su -augusto padre que una esposa y un valido, dueños absolutos por hábito -y afición del perezoso ánimo de tan débil monarca. Mas de los papeles -cogidos al príncipe, si bien se advertía al examinarlos grande anhelo -por alcanzar el mando y por intervenir en los negocios del gobierno, no -resultaba proyecto alguno formal de destronar al rey, ni menos el atroz -crimen de un hijo que intenta quitar la vida a su padre. A pesar de eso -fueron causa de que se publicase el famoso decreto de 30 de octubre, -que como importante lo insertaremos a la letra. Decía pues: «Dios que -vela sobre las criaturas no permite la ejecución de hechos atroces -cuando las víctimas son inocentes. Así me ha librado su omnipotencia -de la más inaudita catástrofe. Mi pueblo, mis vasallos todos conocen -muy bien mi cristiandad y mis costumbres arregladas; todos me aman y de -todos recibo pruebas de veneración, cual exige el respeto de un padre -amante de sus hijos. Vivía yo persuadido de esta verdad, cuando una -mano desconocida me enseña y descubre el más enorme y el más inaudito -plan que se trazaba en mi mismo palacio contra mi persona. La vida -mía que tantas veces ha estado en riesgo, era ya una carga para mi -sucesor que preocupado, obcecado y enajenado de todos los principios de -cristiandad que le enseñó mi paternal cuidado y amor, había admitido un -plan para destronarme. Entonces yo quise indagar por mí la verdad del -hecho, y sorprendiéndole en su mismo cuarto hallé en su poder la cifra -de inteligencia e instrucciones que recibía de los malvados. Convoqué -al examen a mi gobernador interino del consejo, para que asociado con -otros ministros practicasen las diligencias de indagación. Todo se -hizo, y de ella resultan varios reos cuya prisión he decretado, así -como el arresto de mi hijo en su habitación. Esta pena quedaba a las -muchas que me afligen; pero así como es la más dolorosa, es también -la más importante de purgar, e ínterin mando publicar el resultado, -no quiero dejar de manifestar a mis vasallos mi disgusto, que será -menor con las muestras de su lealtad. Tendreislo entendido para que -se circule en la forma conveniente. En San Lorenzo a 30 de octubre de -1807. — Al gobernador interino del consejo.» Este decreto se aseguró -después que era de puño del príncipe de la Paz: así lo atestiguaron -cuatro secretarios del rey, mas no obra original en el proceso. - -Por el mismo tiempo escribió Carlos IV al emperador Napoleón dándole -parte del acontecimiento del Escorial. En la carta después de -indicarle cuán particularmente se ocupaba en los medios de cooperar -a la destrucción del común enemigo [así llamaba a los ingleses], y -después de participarle cuán persuadido había estado hasta entonces de -que todas las intrigas de la reina de Nápoles [expresiones notables] -se habían sepultado con su hija, entraba a anunciarle la terrible -novedad del día. No solo le comunicaba el designio que suponía a su -hijo de querer destronarle, sino que añadía el nuevo y horrendo -de haber maquinado contra la vida de su madre, por cuyos enormes -crímenes manifestaba el rey Carlos que debía el príncipe heredero ser -castigado y revocada la ley que le llamaba a suceder en el trono, -poniendo en su lugar a uno de sus hermanos; y por último concluía aquel -monarca pidiendo la asistencia y consejos de S. M. I. La indicación -estampada en esta carta de privar a Fernando del derecho de sucesión, -tal vez encubría miras ulteriores del partido de Godoy y la reina; -desbaratadas, si las hubo, por obstáculos imprevistos entre los cuales -puede contarse una ocurrencia que debiendo agravar la suerte del -príncipe y sus amigos, si la recta imparcialidad hubiera gobernado en -la materia, fue la que salvó a todos ellos de un funesto desenlace. -Dieron ocasión a ella los temores del real preso y el abatimiento en -que le sumió su arresto. - -El día 30 a la una de la tarde, luego que el rey había salido a caza -pasó el príncipe un recado a la reina para que se dignase ir a su -cuarto, o le permitiera que en el suyo le expusiese cosa del mayor -interés: la reina se negó a uno y a otro, pero envió al marqués -Caballero, ministro de Gracia y Justicia. Entonces bajo su firma -declaró el príncipe haber dirigido con fecha de 11 de octubre una -carta [la misma de que hemos hablado] al emperador de los franceses, -y haber expedido en favor del duque del Infantado un decreto todo de -su puño con fecha en blanco y sello negro, autorizándole para que -tomase el mando de Castilla la Nueva luego que falleciese su padre: -declaró además ser Escóiquiz el autor del papel copiado por S. A., -y los medios de que se habían valido para su correspondencia: hubo -de resultas varios arrestos. En la carta reservada a Napoleón le -manifestaba el príncipe [*] [Marginal: (* Ap. n. 1-8.)] «el aprecio -y respeto que siempre había tenido por su persona, le apellidaba -_héroe mayor que cuantos le habían precedido_; le pintaba la opresión -en que le habían puesto; el abuso que se hacía del corazón recto y -generoso de su padre; le pedía para esposa una princesa de su familia, -rogándole que allanase las dificultades que se ofrecieran; y concluía -con afirmarle que no accedería, antes bien se opondría con invencible -constancia a cualquiera casamiento, siempre que no precediese -el consentimiento y aprobación positiva de S. M. I. y R.» Estas -declaraciones espontáneas en que tan gravemente comprometía el príncipe -a sus amigos y parciales, perjudicáronle en el concepto de algunos; su -edad pasaba de los veintitrés años; y ya entonces mayor firmeza fuera -de desear en quien había de ceñirse las sienes con corona de reinos tan -dilatados. El decreto expedido a favor del Infantado hubiera por sí -solo acarreado en otros tiempos la perdición de todos los comprometidos -en la causa; por nulas se hubieran dado las disculpas alegadas, y el -temor de la próxima muerte de Carlos IV y los recelos de las ambiciosas -miras del valido, antes bien se hubieran tenido como agravantes -indicios que admitídose como descargos de la acusación. Semejantes -precauciones de dudosa interpretación aun entre particulares, en los -palacios son crímenes de estado cuando no llegan a cumplida ejecución -y acabamiento. Con más razón se hubiera dado por tal la carta escrita a -Napoleón; pero esta carta en que un príncipe, un español a escondidas -de su padre y soberano legítimo se dirige a otro extranjero, le pide su -apoyo, la mano de una señora de su familia, y se obliga a no casarse -en tiempo alguno sin su anuencia; esta carta salvó a Fernando y a sus -amigos. - -No fue así en la causa de Don Carlos de Viana: aquel príncipe de edad -de cuarenta años, sabio y entendido, amigo de Ausias March, con derecho -inconcuso al reino de Navarra, creyó que no se excedía en dar por sí -los primeros pasos para buscar la unión con una infanta de Castilla. -Bastó tan ligero motivo para que el fiero Don Juan su padre le hiciese -en su segunda prisión un cargo gravísimo por su inconsiderada conducta. -Probó Don Carlos haber antes declarado que no se casaría sin preceder -la aprobación de su padre: ni aun entonces se amansó la orgullosa -altivez de Don Juan, que miraba la independencia y derechos de la -corona atropellados y ultrajados por los tratos de su hijo. - -Ahora en la sometida y acobardada corte del Escorial, al oír que el -nombre de Napoleón andaba mezclado en las declaraciones del príncipe, -todos se estremecieron y anhelaron poner término a tamaño compromiso: -imaginándose que Fernando había obrado de acuerdo con el soberano de -Francia, y que había osado con su arrimo meterse en la arriesgada -empresa. El poder inmenso de Napoleón, y las tropas que habiendo -empezado a entrar en España amenazaban de cerca a los que se opusiesen -a sus intentos, arredraron al generalísimo Godoy, y resolvió cortar -el comenzado proceso. Más y más debió confirmarle en su propósito -un pliego que desde París [*] [Marginal: (* Ap. n. 1-9.)] en 11 de -noviembre le escribió Izquierdo. En él insertaba este una conferencia -que había tenido con Champagny, en la cual el ministro francés exigió -de orden del emperador que por _ningún motivo ni razón, y bajo ningún -pretexto se hablase ni se publicase en este negocio cosa que tuviese -alusión al emperador ni a su embajador_. Vacilante todavía el ánimo de -Napoleón sobre el modo de ejecutar sus planes respecto de España, no -quería aparecer a vista de Europa partícipe en los acontecimientos del -Escorial. - -Antes de recibir el aviso de Izquierdo, le fue bastante al príncipe -de la Paz saber las nuevas declaraciones del real preso para pasar al -sitio desde Madrid, en donde como amalado había permanecido durante -el tiempo de la prisión. Hacía resolución con su viaje de cortar -una causa, cuyo giro presentaba un nuevo y desagradable semblante: -vio a los reyes, se concertó con ellos, y ofreció arreglar asunto -tan espinoso. Yendo pues al cuarto del príncipe se le presentó como -mediador, y le propuso que aplacase la cólera de sus augustos padres, -pidiéndoles con arrepentimiento contrito el más sumiso perdón: para -alcanzarle indicó como oportuno medio el que escribiese dos cartas -cuyos borradores llevaba consigo. Fernando copió las cartas. Sus -desgracias y el profundo odio que había contra Godoy no dejaron -lugar a penosas reflexiones, y aun la disculpa halló cabida en ánimos -exclusivamente irritados contra el gobierno y manejos del favorito. -Ambas cartas se publicaron con el decreto de 5 de noviembre, y por lo -curioso e importante de aquellos documentos merecen que íntegramente -aquí se inserten. «La voz de la naturaleza [decía el decreto al -consejo] desarma el brazo de la venganza, y cuando la inadvertencia -reclama la piedad, no puede negarse a ello un padre amoroso. Mi hijo -ha declarado ya los autores del plan horrible que le habían hecho -concebir unos malvados: todo lo ha manifestado en forma de derecho, y -todo consta con la escrupulosidad que exige la ley en tales pruebas: su -arrepentimiento y asombro le han dictado las representaciones que me ha -dirigido y siguen: - - SEÑOR: - - «Papá mío: he delinquido, he faltado a V. M. como rey y como padre; - pero me arrepiento, y ofrezco a V. M. la obediencia más humilde. Nada - debía hacer sin noticia de V. M.; pero fui sorprendido. He delatado a - los culpables, y pido a V. M. me perdone por haberle mentido la otra - noche, permitiendo besar sus reales pies a su reconocido hijo. — - Fernando. — San Lorenzo 5 de noviembre de 1807.» - - SEÑORA: - - «Mamá mía: estoy muy arrepentido del grandísimo delito que he - cometido contra mis padres y reyes, y así con la mayor humildad le - pido a V. M. se digne interceder con papá para que permita ir a besar - sus reales pies a su reconocido hijo. — Fernando. — San Lorenzo 5 - de noviembre de 1807.» - -»En vista de ellos y a ruego de la reina, mi amada esposa, perdono a mi -hijo, y le volveré a mi gracia cuando con su conducta me dé pruebas -de una verdadera reforma en su frágil manejo; y mando que los mismos -jueces que han entendido en la causa desde su principio, la sigan, -permitiéndoles asociados si los necesitaren, y que concluida me -consulten la sentencia ajustada a la ley, según fuesen la gravedad -de delitos y calidad de personas en quienes recaigan; teniendo por -principio para la formación de cargos las respuestas dadas por -el príncipe a las demandas que se le han hecho; pues todas están -rubricadas y firmadas de mi puño, así como los papeles aprehendidos en -sus mesas, escritos por su mano; y esta providencia se comunique a mis -consejos y tribunales, circulándola a mis pueblos, para que reconozcan -en ella mi piedad y justicia, y alivien la aflicción y cuidado en que -les puso mi primer decreto; pues en él verán el riesgo de su soberano -y padre que como a hijos los ama, y así me corresponden. Tendreislo -entendido para su cumplimiento. — San Lorenzo 5 de noviembre de 1807.» - -Presentar a Fernando ante la Europa entera como príncipe débil y -culpado; desacreditarle en la opinión nacional, y perderle en el ánimo -de sus parciales; poner a salvo al embajador francés, y separar de -todos los incidentes de la causa a su gobierno, fue el principal -intento que llevó Godoy y su partido en la singular reconciliación de -padre e hijo. Alcanzó hasta cierto punto su objeto; mas el público -aunque no enterado a fondo echaba a mala parte la solícita mediación -del privado, y el odio hacia su persona en vez de mitigarse tomó nuevo -incremento. - -Para la prosecución de la causa contra los demás procesados nombró el -rey en el día 6 una junta compuesta de Don Arias Mon, Don Sebastián -de Torres y Don Domingo Campomanes, del consejo real, y señaló como -secretario a Don Benito Arias Prada, alcalde de corte. El marqués -Caballero, que en un principio se mostró riguroso, y tanto que habiendo -manifestado delante de los reyes ser el príncipe por _siete capítulos_ -reo de pena capital, obligó a la ofendida reina a suplicarle que se -acordase que el acusado era su hijo; el mismo Caballero arregló el -modo de seguir la causa, y descartar de ella todo lo que pudiera -comprometer al príncipe y embajador francés; rasgo propio de su ruin -condición. Formada la sumaria fue elegido para fiscal de la causa -Don Simón de Viegas, y se agregaron a los referidos jueces para dar -la sentencia otros ocho consejeros. El fiscal Viegas pidió que se -impusiese la pena de traidores señalada por la ley de partida a Don -Juan Escóiquiz y al duque del Infantado, y otras extraordinarias por -infidelidad en el ejercicio de sus empleos al conde de Orgaz, marqués -de Ayerbe, y otras personas de la servidumbre del príncipe de Asturias. -Continuó el proceso hasta enero de 1808, en cuyo día 25 los jueces -no conformándose con la acusación fiscal, absolvieron completamente -y declararon libres de todo cargo a los perseguidos como reos. Sin -embargo el rey por sí y gubernativamente confinó y envió a conventos, -fortalezas o destierros a Escóiquiz y a los duques del Infantado y de -San Carlos y a otros varios de los complicados en la causa: triste -privilegio de toda potestad suprema que no halla en las leyes justo -límite a sus desafueros. - -Tal fue el término del ruidoso y escandaloso proceso del Escorial. Con -dificultad se resguardarán de la severa censura de la posteridad los -que en él tomaron parte, los que le promovieron, los que le fallaron; -en una palabra, los acusados, los acusadores y los mismos jueces. Vemos -a un rey precipitarse a acusar en público a su hijo del horrendo crimen -de querer destronarle sin pruebas, y antes de que un detenido juicio -hubiese sellado con su fallo tamaña acusación. Y para colmo de baldón -en medio de tanta flaqueza y aceleramiento se nos presenta como ángel -de paz y mediador para la concordia el malhadado favorito, principal -origen de todos los males y desavenencias: consejero y autor del -decreto de 30 de octubre comprometió con suma ligereza la alta dignidad -del rey: promovedor de la concordia y del perdón pedido y alcanzado, -quiso desconceptuar al hijo sin dar realce ni brillo a los sentimientos -generosos de un apiadado padre. Fue también desusado, y podemos decir -ilegal el modo de proceder en la causa. Según la sentencia que con una -relación preliminar se publicó al subir Fernando al trono, no se hizo -mérito en su formación ni de algunas de las declaraciones espontáneas -del príncipe, ni de su carta a Napoleón, ni de las conferencias con el -embajador francés; a lo menos así se infiere del definitivo fallo dado -por el tribunal. Difícil sería acertar con el motivo de tan extraño -silencio, si no nos lo hubieran ya explicado los temores que entonces -infundía el nombre de Napoleón. Mas si la política descubre la causa -del extraordinario modo de proceder, no por eso queda intacta y pura -la austera imparcialidad de los magistrados: un proceso después de -comenzado no puede amoldarse al antojo de un tribunal, ni descartarse -a su arbitrio los documentos o pruebas más importantes. Entre los -jueces había respetables varones cuya integridad había permanecido sin -mancilla en el largo espacio de una honrosa carrera, si bien hasta -entonces negocios de tal cuantía no se habían puesto en el crisol de -su severa equidad. Fuese equivocación en su juicio, o fuese más bien -por razón de estado, lo cierto es que en la prosecución y término de la -causa se apartaron de las reglas de la justicia legal, y la ofrecieron -al público manca y no cumplidamente formada ni llevada a cabo. Se -contaban también en el número de jueces algunos amigos y favorecidos -del privado, como lo era el fiscal Viegas. Al ver que se separaron -en su voto de la opinión de este, aunque ya circunscrita a ciertas -personas, hubo quien creyera que el nombre de Napoleón y los temores -de la nube que se levantaba en el Pirineo, pesaron más en la flexible -balanza de su justicia que los empeños de la antigua amistad. Es de -temer que su conciencia perpleja con lo escabroso del asunto y lo arduo -de las circunstancias no se haya visto bastantemente desembarazada, y -cual convenía, de aquel sobresalto que ya antes se había apoderado del -blando y asustadizo ánimo de los cortesanos. - -Esta discordia en la familia real, esta división en los que gobernaban -siempre perjudicial y dolorosa, lo era mucho más ahora en que una -perfecta unión debiera haber estrechado a todos para desconcertar las -siniestras miras del gabinete de Francia, y para imponerle con la -íntima concordia el debido respeto. Ciegos unos y otros buscaron en él -amistad y arrimo; y desconociendo el peligro común, le animaron con -sus disensiones a la prosecución de falaces intentos: alucinamiento -general a los partidos que no aspiran sino a cebar momentáneamente su -saña, olvidándose de que a veces con la ruina de su contrario el mismo -vencedor facilita y labra la suya propia. - -Favorecido por la deplorable situación del gobierno español, fue el -francés adelante en su propósito, y confiado en ella aceleró más bien -que detuvo la marcha de Junot hacia Portugal. [Marginal: Marcha de -Junot hacia Portugal.] Dejamos a aquel general en Salamanca, adonde -había llegado en los primeros días de noviembre, recibiendo de allí a -poco orden ejecutiva de Napoleón para que no difiriese la continuación -de su empresa bajo pretexto alguno ni aun por falta de mantenimientos, -_pudiendo 20.000 hombres_, según decía, _vivir por todas partes aun en -el desierto_. Estimulado Junot con tan premioso mandato, determinó -tomar el camino más breve sin reparar en los tropiezos ni obstáculos -de un terreno para él del todo desconocido. Salió el 12 de Salamanca, -y tomando la vuelta de Ciudad Rodrigo y el puerto de Perales, llegó -a Alcántara al cabo de cinco días. Reunido allí con algunas fuerzas -españolas a las órdenes del general Don Juan Carrafa, atravesaron los -franceses el Erjas, río fronterizo, [Marginal: Entrada en Portugal: -19 de noviembre de 1807.] y llegaron a Castello-Branco sin habérseles -opuesto resistencia. Prosiguieron su marcha por aquel fragoso país, y -encontrándose con terreno tan quebrado y de caminos poco trillados, -quedaron bien pronto atrás la artillería y los bagajes. Los pueblos del -tránsito pobres y desprevenidos no ofrecieron ni recursos ni abrigo a -las tropas invasoras, las que acosadas por la necesidad y el hambre -cometieron todo linaje de excesos contra moradores desacostumbrados -de largo tiempo a las calamidades de la guerra. Desgraciadamente los -españoles que iban en su compañía imitaron el mal ejemplo de sus -aliados, muy diverso del que les dieron las tropas que penetraron por -Badajoz y Galicia, si bien es verdad que asistieron a estas menos -motivos de desorden e indisciplina. - -[Marginal: Llegada a Abrantes: 23 de noviembre.] - -La vanguardia llegó el 23 a Abrantes distante 25 leguas de Lisboa. -Hasta entonces no había recibido el gobierno portugués aviso cierto de -que los franceses hubieran pasado la frontera: inexplicable descuido, -pero propio de la dejadez y abandono con que eran gobernados los -pueblos de la península. Antes de esto y verificada la salida de los -embajadores, había el gabinete de Lisboa buscado algún medio de -acomodamiento, condescendiendo más y más con los deseos que aquellos -habían mostrado a nombre de sus cortes: era el encontrarle tanto -más difícil, cuanto el mismo ministerio portugués estaba entre sí -poco acorde. Dos opiniones políticas le dividían; una de ellas la de -contraer amistad y alianza con Francia como medida la más propia para -salvar la actual dinastía y aun la independencia nacional; y otra la -de estrechar los antiguos vínculos con la Inglaterra, pudiendo así -levantar de los mares allá un nuevo Portugal, si el de Europa tenía -que someterse a la irresistible fuerza del emperador francés. Seguía -la primera opinión el ministro Araujo, y contaba la segunda como -principal cabeza al consejero de estado Don Rodrigo de Sousa Coutiño. -Se inclinaba muy a las claras a la última el príncipe regente, si a -ello no se oponía el bien de sus súbditos y el interés de su familia. -Después de larga incertidumbre se convino al fin en adoptar ciertas -medidas contemporizadoras, como si con ellas se hubiera podido -satisfacer a quien solamente deseaba simulados motivos de usurpación -y conquista. Para ponerlas en ejecución sin gran menoscabo de los -intereses británicos, se dejó que tranquilamente diese la vela el 18 -de octubre la factoría inglesa, la cual llevó a su bordo respetables -familias extranjeras con cuantiosos caudales. - -[Marginal: Proclama del príncipe regente de Portugal: 22 de noviembre.] - -A pocos días, el 22 del mismo mes, se publicó una proclama prohibiendo -todo comercio y relación con la Gran Bretaña, y declarando que S. M. F. -accedía a la causa general del Continente. Cuando se creía satisfacer -algún tanto con esta manifestación al gabinete de Francia, llegó a -Lisboa apresuradamente el embajador portugués en París, y dio aviso -de cómo había encontrado en España el ejército imperial, dirigiéndose -a precipitadas marchas hacia la embocadura del Tajo. Azorados con -la nueva los ministros portugueses, vieron que nada podía ya bastar -a conjurar la espantosa y amenazadora nube, sino la admisión pura -y sencilla de lo que España y Francia habían pedido en agosto. Se -mandaron pues secuestrar todas las mercancías inglesas, y se pusieron -bajo la vigilancia pública los súbditos de aquella nación residentes en -Portugal. La orden se ejecutó lentamente y sin gran rigor, mas obligó -al embajador inglés Lord Strangford a irse a bordo de la escuadra que -cruzaba a la entrada del puerto a las órdenes de Sir Sidney Smith. Muy -duro fue al príncipe regente tener que tomar aquellas medidas: virtuoso -y timorato las creía contrarias a la debida protección, dispensada por -anteriores tratados a laboriosos y tranquilos extranjeros: la cruel -necesidad pudo solo forzarle a desviarse de sus ajustados y severos -principios. Aumentáronse los recelos y las zozobras con la repentina -arribada a las riberas del Tajo de una escuadra rusa, la cual de vuelta -del Archipiélago fondeó en Lisboa, no habiendo permitido los ingleses -al almirante Siniavin que la mandaba, entrar a invernar en Cádiz: lo -que fue obra del acaso, se atribuyó a plan premeditado, y a conciertos -entre Napoleón y el gabinete de San Petersburgo. - -Para dar mayor valor a lo acordado, el gobierno portugués despachó a -París en calidad de embajador extraordinario al marqués de Marialva, -con el objeto también de proponer el casamiento del príncipe de Beira -con una hija del gran duque de Berg. Inútiles precauciones: los sucesos -se precipitaron de manera que Marialva no llegó ni a pisar la tierra de -Francia. - -[Marginal: Instancia de Lord Strangford para que se embarque.] - -Noticioso Lord Strangford de la entrada en Abrantes del ejército -francés, volvió a desembarcar, y reiterando al príncipe regente -los ofrecimientos más amistosos de parte de su antiguo aliado, le -aconsejó que sin tardanza se retirase al Brasil, en cuyos vastos -dominios adquiriría nuevo lustre la esclarecida casa de Braganza. Don -Rodrigo de Sousa Coutiño apoyó el prudente dictamen del embajador, y -el 26 de noviembre se anunció al pueblo de Lisboa la resolución que -la corte había tomado de trasladar su residencia a Río de Janeiro -hasta la conclusión de la paz general. Sir Sidney Smith, célebre por -su resistencia en San Juan de Acre, quería poner a Lisboa en estado -de defensa; pero este arranque digno del elevado pecho de un marino -intrépido, si bien hubiera podido retardar la marcha de Junot, y aun -destruir su fatigado ejército, al fin hubiera inútilmente causado la -ruina de Lisboa, atendiendo a la profunda tranquilidad que todavía -reinaba en derredor por todas partes. - -El príncipe Don Juan nombró antes de su partida un consejo de regencia -compuesto de cinco personas, a cuyo frente estaba el marqués de -Abrantes, con encargo de no dar al ejército francés ocasión de queja, -ni fundado motivo de que se alterase la buena armonía entre ambas -naciones. Se dispuso el embarco para el 27, y S. A. el príncipe regente -traspasado de dolor salió del palacio de Ajuda conmovido, trémulo -y bañado en lágrimas su demudado rostro: el pueblo colmándole de -bendiciones le acompañaba en su justa y profunda aflicción. La princesa -su esposa, quien en los preparativos del viaje mostró aquel carácter -y varonil energía que en otras ocasiones menos plausibles ha mostrado -en lo sucesivo, iba en un coche con sus tiernos hijos, y dio órdenes -para pasarlos a bordo, y tomar otras convenientes disposiciones con -presencia de ánimo admirable. Al cabo de 16 años de retiro y demencia -apareció en público la reina madre, y en medio del insensible desvarío -de su locura quiso algunos instantes como volver a recobrar la razón -perdida. Molesto y lamentable espectáculo con que quedaron rendidos a -profunda tristeza los fieles moradores de Lisboa: dudosos del porvenir -olvidaban en parte la suerte que les aguardaba, dirigiendo al cielo -fervorosas plegarias por la salud y feliz viaje de la real familia. -La inquietud y el desasosiego creció de punto al ver que por vientos -contrarios la escuadra no salía del puerto. - -[Marginal: 29 de noviembre: da la vela la familia real portuguesa.] - -Al fin el 29 dio la vela, y tan oportunamente que a las diez de aquella -misma noche llegaron los franceses a Sacavém, distante dos leguas de -Lisboa. Junot desde su llegada a Abrantes había dado nueva forma a la -vanguardia de su desarreglado ejército, y había tratado de superar los -obstáculos que con las grandes avenidas retardaban echar un puente para -pasar el Cécere. Antes que los ingenieros hubieran podido concluir -la emprendida obra, ordenó que en barcas cruzasen el río parte de las -fuerzas de su mando, y con diligencia apresuró su marcha. Ahora ofrecía -el país más recursos, pero a pesar de la fertilidad de los campos, de -los muchos víveres que proporcionó Santarén, y de la mejor disciplina, -el número de soldados rezagados era tan considerable, que las -deliciosas quintas de las orillas del Tajo, y las solitarias granjas -fueron entregadas al saco, y pilladas como lo había sido el país que -media entre Abrantes y la frontera española. - -[Marginal: 30 de noviembre: entrada de Junot en Lisboa.] - -Amaneció el 30 y vio Lisboa entrar por sus muros al invasor extranjero; -día de luto y desoladora aflicción: otros años lo había sido de -festejos públicos y general regocijo, como víspera del día en que Pinto -Ribeiro y sus parciales, arrojando a los españoles, habían aclamado y -ensalzado a la casa de Braganza; época sin duda gloriosa para Portugal, -sumamente desgraciada para la unión y prosperidad del conjunto de los -pueblos peninsulares. Seguía a Junot una tropa flaca y estropeada, -molida con las forzadas marchas, sin artillería, y muy desprovista: -muestra poco ventajosa de las temidas huestes de Napoleón. Hasta -la misma naturaleza pareció tomar parte en suceso tan importante, -habiendo aunque ligeramente temblado la tierra. Junot arrebatado por -su imaginación, y aprovechándose de este incidente, en tono gentílico -y supersticioso daba cuenta de su expedición escribiendo al ministro -Clarke: «Los dioses se declaran en nuestro favor: lo vaticina el -terremoto que atestiguando su omnipotencia no nos ha causado daño -alguno.» Con más razón hubiera podido contemplar aquel fenómeno -graduándole de présago anuncio de los males que amenazaban a los -autores de la agresión injusta de un estado independiente. - -Conservó Junot por entonces la regencia que antes de embarcarse había -nombrado el príncipe, pero agregando a ella al francés Hermann. Sin -contar mucho con la autoridad nacional resolvió por sí imponer al -comercio de Lisboa un empréstito forzoso de dos millones de cruzados, -y confiscar todas las mercancías británicas, aun aquellas que eran -consideradas como de propiedad portuguesa. El cardenal patriarca -de Lisboa, el inquisidor general y otros prelados publicaron y -circularon pastorales en favor de la sumisión y obediencia al nuevo -gobierno; reprensibles exhortos, aunque hayan sido dados por impulso -e insinuaciones de Junot. El pueblo, agitado, dio señales de mucho -descontento cuando el 13 vio que en el arsenal se enarbolaba la -bandera extranjera en lugar de la portuguesa. Apuró su sufrimiento la -pomposa y magnífica revista que hubo dos días después en la plaza del -Rossio: allí dio el general en jefe gracias a las tropas en nombre del -emperador, y al mismo tiempo se tremoló en el castillo con veinticinco -cañonazos repetidos por todos los fuertes la bandera francesa. -Universal murmullo respondió a estas demostraciones del extranjero, y -hubiérase seguido una terrible explosión, si un hombre audaz hubiera -osado acaudillar a la multitud conmovida. La presencia de la fuerza -armada contuvo el sentimiento de indignación que aparecía en los -semblantes del numeroso concurso; solo en la tarde con motivo de haber -preso a un soldado de la policía portuguesa, se alborotó el populacho, -quiso sacarle de entre las manos de los franceses, y hubo de una y otra -parte muertes y desgracias. El tumulto no se sosegó del todo hasta el -día siguiente por la mañana, en que se ocuparon las plazas y puntos -importantes con artillería y suficientes tropas. - -Al comenzar diciembre, no completa todavía su división, Don Francisco -María Solano, marqués del Socorro, [Marginal: Entrada de los españoles -en Portugal.] se apoderó sin oposición de Elvas, después de haber -consultado su comandante al gobierno de Lisboa. Antes de entrar en -Portugal había recomendado a sus tropas por medio de una proclama la -más severa disciplina; conservose en efecto, aunque obligado Socorro -a poner en ejecución las órdenes arbitrarias de Junot, causaba a -veces mucho disgusto en los habitantes, manifestando sin embargo en -todo lo que era compatible con sus instrucciones, desinterés y loable -integridad. Al mismo tiempo creyéndose dueño tranquilo del país, empezó -a querer transformar a Setúbal en otra Salento, ideando reformas en que -generalmente más bien mostraba buen deseo, que profundos conocimientos -de administración y de hombre de estado. Sus experiencias no fueron de -larga duración. - -Por Tomar y Coimbra se dirigieron a Oporto algunos cuerpos de la -división de Carrafa, los que sirvieron para completar la del general -Don Francisco Taranco, quien por aquellos primeros días de diciembre -cruzó el Miño con solos 6000 hombres, en lugar de los 10.000 que era el -contingente pedido: modelo de prudencia y cordura, mereció Taranco el -agradecimiento y los elogios de los habitantes de aquella provincia. El -portugués Accursio das Neves alaba en su historia la severa disciplina -del ejército, la moderación y prudencia del general Taranco, y añade: -«el nombre de este general será pronunciado con eterno agradecimiento -por los naturales, testigos de su dulzura e integridad; tan sincero -en sus promesas como Junot pérfido y falaz en las suyas.» Agrada oír -el testimonio honroso que por boca imparcial ha sido dado a un jefe -bizarro, amante de la justicia y de la disciplina militar, al tiempo -que muy diversas escenas se representaban lastimosamente en Lisboa. - -[Marginal: 16 de noviembre: viaje de Napoleón a Italia.] - -Así iban las cosas de Portugal, entretanto que Bonaparte después de -haberse detenido unos días por las ocurrencias del Escorial, salió -al fin para Italia el 16 de noviembre. Era uno de los objetos de su -viaje poner en ejecución el artículo del tratado de Fontainebleau, -por el que la Etruria o Toscana era agregada al imperio de Francia. -Gobernaba aquel reino como regenta desde la muerte de su esposo la -infanta Doña María Luisa, quien ignoraba el traspaso hecho sin su -anuencia de los estados de su hijo. Y no habiendo precedido aviso -alguno ni confidencial de sus mismos padres los reyes de España, la -Regenta se halló sorprendida el 23 de noviembre con haberla comunicado -el ministro francés D’Aubusson que era necesario se preparase a dejar -sus dominios, estando para ocuparlos las tropas de su amo el emperador, -en virtud de cesión que le había hecho España. [Marginal: Reina de -Etruria.] Aturdida la reina con la singularidad e importancia de tal -nueva, apenas daba crédito a lo que veía y oía, y por de pronto se -resistió al cumplimiento de la desusada intimación; pero insistiendo -con más fuerza el ministro de Francia, y propasándose a amenazarla, se -vio obligada la reina a someterse a su dura suerte; y con su familia -salió de Florencia el 1.º de diciembre. Al paso por Milán tuvo vistas -con Napoleón: alegrábase del feliz encuentro confiando hallar alivio -a sus penas, mas en vez de consuelos solo recibió nuevos desengaños. -Y como si no bastase para oprimirla de dolor el impensado despojo del -reino de su hijo, acrecentó Napoleón los disgustos de la desvalida -reina, achacando la culpa del estipulado cambio al gobierno de España. -Es también de advertir que después de abultarle sobremanera lo acaecido -en el Escorial, le aconsejó que suspendiese su viaje, y aguardase en -Turín o Niza el fin de aquellas disensiones; indicio claro de que -ya entonces no pensaba cumplir en nada lo que dos meses antes había -pactado en Fontainebleau. Siguió sin embargo la familia de Parma, -desposeída del trono de Etruria, su viaje a España, a donde iba a ser -testigo y partícipe de nuevas desgracias y trastornos. Así en dos -puntos opuestos, y al mismo tiempo, fueron despojadas de sus tronos dos -esclarecidas estirpes: una quizá para siempre, otra para recobrarle -con mayor brillo y gloria. - -[Marginal: Carta de Carlos IV a Napoleón.] - -Aún estaba en Milán Napoleón cuando contestó a una carta de Carlos -IV recibida poco antes, en la que le proponía este monarca enlazar a -su hijo Fernando con una princesa de la familia imperial. Asustado -como hemos dicho el príncipe de la Paz con ver complicado el nombre -francés en la causa del Escorial, pareciole oportuno mover al rey a -dar un paso que suavizara la temida indignación del emperador de los -franceses. Incierto este en aquel tiempo sobre el modo de enseñorearse -de España, no desechó la propuesta, antes bien la aceptó afirmando en -su contestación no haber nunca recibido carta alguna del príncipe de -Asturias; disimulo en la ocasión lícito y aun atento. [Marginal: Dudas -de Napoleón sobre su conducta respecto de España.] Debió sin duda -inclinarse entonces Bonaparte al indicado casamiento, habiéndosele -formalmente propuesto en Mantua a su hermano Luciano, a quien también -ofreció allí el trono de Portugal, olvidándose o más bien burlándose de -lo que poco antes había solemnemente pactado, como varias veces nos lo -ha dado ya a entender con su conducta. Luciano o por desvío, o por no -confiar en las palabras de Napoleón, no admitió el ofrecido cetro, mas -no desdeñó el enlace de su hija con el heredero de la corona de España, -enlace que a pesar de la repugnancia de la futura esposa, hubiera -tenido cumplido efecto si el emperador francés no hubiera alterado o -mudado su primitivo plan. - -Llena empero de admiración que en la importantísima empresa de la -península anduviese su prevenido ánimo tan vacilante y dudoso. Una -sola idea parece que hasta entonces se había grabado en su mente; la -de mandar sin embarazo ni estorbos en aquel vasto país, confiando a -su feliz estrella o a las circunstancias el conseguir su propósito y -acertar con los medios. Así a ciegas y con más frecuencia de lo que se -piensa suele revolverse y trocarse la suerte de las naciones. - -De todos modos era necesario contar con poderosas fuerzas para el -fácil logro de cualquiera plan que a lo último adoptase. Con este -objeto se formaba en Bayona el segundo cuerpo de observación de la -Gironda, en tanto que el primero atravesaba por España. Constaba de -24.000 hombres de infantería, nuevamente organizada con soldados de -la conscripción de 1808 pedida con anticipación, y de 3500 caballos -sacados de los depósitos de lo interior de Francia, con los que se -formaron regimientos provisionales de coraceros y cazadores. Mandaba -en jefe el general Dupont, y las tres divisiones en que se distribuía -aquel cuerpo de ejército estaban a cargo de los generales Barbou, Vedel -y Malher, y al del piamontés Fresia la caballería. Empezó a entrar en -España sin convenio anterior ni conformidad del gabinete de Francia -con el nuestro, con arreglo a lo prevenido en la convención secreta de -Fontainebleau: infracción precursora de otras muchas. [Marginal: 22 de -diciembre: Dupont en Irún.] Dupont llegó a Irún el 22 de diciembre, -y en enero estableció su cuartel general en Valladolid, con partidas -destacadas camino de Salamanca, como si hubiera de dirigirse hacia -los linderos de Portugal. La conducta del nuevo ejército fue más -indiscreta y arrogante que la del primero, y daba indicio de lo que -se disponía. Estimulaba con su ejemplo el mismo general en jefe, cuyo -comportamiento tocaba a veces en la raya del desenfreno. En Valladolid -echó por fuerza de su habitación a los marqueses de Ordoño en cuya -casa alojaba, y al fin se vieron obligados a dejársela toda entera a -su libre disposición: tal era la dureza y malos tratos, mayormente -sensibles por provenir de quien se decía aliado, y por ser en un país -en donde era transcurrido un siglo con la dicha de no haber visto -ejército enemigo, con cuyo nombre en adelante deberá calificarse al que -los franceses habían metido en España. - -No se habían pasado los primeros días de enero sin que pisase -su territorio otro tercer cuerpo compuesto de 25.000 hombres de -infantería y 2700 caballos, que había sido formado de soldados -bisoños, trasladados en posta a Burdeos de los depósitos del norte. -[Marginal: 9 de enero: Entrada del cuerpo de Moncey.] Principió a -entrar por la frontera el 9 del mismo enero, siendo capitaneado por -el mariscal Moncey, y con el nombre de cuerpo de observación de las -costas del océano: era el general Harispe jefe de estado mayor; -mandaba la caballería Grouchy, y las respectivas divisiones Musnier -de la Converserie, Morlot y Gobert. Prosiguió su marcha hasta los -lindes de Castilla, como si no hubiera hecho otra cosa que continuar -por provincias de Francia, prescindiendo de la anuencia del gobierno -español, y quebrantando de nuevo y descaradamente los conciertos y -empeños con él contraídos. - -Inquietaba a la corte de Madrid la conducta extraña e inexplicable de -su aliado, y cada día se acrecentaba su sobresalto con los desaires -que en París recibían Izquierdo y el embajador príncipe de Maserano. -Napoleón dejaba ver más a las claras su premeditada resolución, y a -veces despreciando altamente al príncipe de la Paz, censuraba con -acrimonia los procedimientos de su administración. Desatendía de todo -punto sus reclamaciones, y respondiendo con desdén al manifestado -deseo de que se mudase al embajador Beauharnais a causa de su oficiosa -diligencia en el asunto del proyectado casamiento, [Marginal: -Publicaciones del Monitor: 24 de enero de 1808.] dio por último en el -Monitor de 24 de enero un auténtico y público testimonio del olvido en -que había echado el tratado de Fontainebleau y al mismo tiempo dejó -traslucir las tramas que contra España urdía. Se insertaron pues en el -diario de oficio dos exposiciones del ministro Champagny, una atrasada -del 21 de octubre, y otra más reciente del 2 de enero de aquel año. -La primera se publicó, digámoslo así, para servir de introducción a -la segunda, en la que después de considerar al Brasil como colonia -inglesa, y de congratularse el ministro de que por lo menos se viese -Portugal libre del yugo y fatal influjo de los enemigos del Continente, -concluía con que intentando estos dirigir expediciones secretas hacia -los mares de Cádiz, la península entera fijaría la atención de S. M. I. -Acompañó a las exposiciones un informe no menos notable del ministro -de la guerra Clarke con fecha de 6 de enero, en el que se trataba -de demostrar la necesidad de exigir la conscripción de 1809 para -formar el cuerpo de observación del océano, sobre el que nada se había -hablado ni comunicado anteriormente al gobierno español: inútil es -recordar que el sumiso senado de Francia concedió pocos días después el -pedido alistamiento. Puestas de manifiesto cada vez más las torcidas -intenciones del gabinete de Saint-Cloud, llegamos ya al estrecho en que -todo disfraz y disimulo se echó a un lado, y en que cesó todo género de -miramientos. - -[Marginal: 1.º de febrero de 1808: proclama de Junot.] - -En 1.º de febrero hizo Junot saber al público por medio de una -proclama «que la casa de Braganza había cesado de reinar, y que el -emperador Napoleón habiendo tomado bajo su protección el hermoso -país de Portugal, quería que fuese administrado y gobernado _en su -totalidad_ a nombre suyo y por el general en jefe de su ejército.» -Así se desvanecieron los sueños de soberanía del deslumbrado Godoy, -y se frustraron a la casa de Parma las esperanzas de una justa y -debida indemnización. [Marginal: Forma nueva regencia de que se -nombra presidente.] Junot se apoderó del mando supremo a nombre de -su soberano, extinguió la regencia elegida por el príncipe Don Juan -antes de su embarco, reemplazándola con un consejo de regencia de que -él mismo era presidente. Y para colmar de amargura a los portugueses -y aumentar, si era posible, su descontento, publicó en el mismo día -un decreto de Napoleón, dado en Milán a 23 de diciembre, [Marginal: -Gravosa contribución extraordinaria.] por el que se imponía a Portugal -una contribución extraordinaria de guerra de cien millones de francos, -como redención, decía, de todas las propiedades pertenecientes a -particulares; se secuestraban también todos los bienes y heredamientos -de la familia real, y de los hidalgos que habían seguido su suerte. Con -estas arbitrarias disposiciones trataba a Portugal, que no había hecho -insulto ni resistencia alguna, como país conquistado, y le trataba con -dureza digna de la edad media. Gravar extraordinariamente con cien -millones de francos a un reino de la extensión y riqueza de Portugal, -al paso que con la adopción del sistema continental se le privaba de -sus principales recursos, era lo mismo que decretar su completa ruina -y aniquilamiento. No ascendía probablemente a tanto la moneda que -era necesaria para los cambios y diaria circulación, y hubiera sido -materialmente imposible realizar su pago si Junot convencido de las -insuperables dificultades que se ofrecían para su pronta e inmediata -exacción, no hubiera fijado plazos, y acordado ciertas e indispensables -limitaciones. De ofensa más bien que de suave consuelo pudiera -graduarse el haber trazado al margen de destructoras medidas un cuadro -lisonjero de la futura felicidad de Portugal, con la no menos halagüeña -esperanza de que nuevos Camoens nacerían para ilustrar el parnaso -lusitano. A poder reanimarse las muertas cenizas del cantor de Gama, -solo hubieran tomado vida para alentar a sus compatriotas contra el -opresor extranjero, y para excitarlos vigorosamente a que no empañasen -con su sumisión las inmortales glorias adquiridas por sus antepasados -hasta en las regiones más apartadas del mundo. - -Todavía no había llegado el oportuno momento de que el noble orgullo -de aquella nación abiertamente se declarase; pero queriendo con -el silencio expresar de un modo significativo los sentimientos que -abrigaba en su generoso pecho, tres fueron los solos habitantes de -Lisboa que iluminaron sus casas en celebridad de la mudanza acaecida. - -[Marginal: Envía a Francia una división portuguesa.] - -Los temores que a Junot infundía la injusticia de sus procedimientos, -le dictaron acelerar la salida de las pocas y antiguas tropas -portuguesas que aún existían, y formando de ellas una corta división -de apenas 10.000 hombres, dio el mando al marqués de Alorna, y no se -había pasado un mes cuando tomaron el camino de Valladolid. Gran número -desertó antes de llegar a su destino. - -Clara ya y del todo descubierta la política de Napoleón respecto -de Portugal, disponían en tanto los fingidos aliados de España dar -al mundo una señalada prueba de alevosía. Por las estrechuras de -Roncesvalles se encaminó hacia Pamplona el general D’Armagnac con tres -batallones, y presentándose repentinamente delante de aquella plaza, -se le permitió sin obstáculo alojar dentro sus tropas: no contento el -francés con esta demostración de amistad y confianza, solicitó del -virrey marqués de Vallesantoro meter en la ciudadela dos batallones -de suizos, socolor de tener recelos de su fidelidad. Negose a ello el -virrey alegando que no le era lícito acceder a tan grave propuesta sin -autoridad de la corte: adecuada contestación y digna del debido elogio, -si la vigilancia hubiera correspondido a lo que requería la crítica -situación de la plaza. Pero tal era el descuido, tal el incomprensible -abandono, que hasta dentro de la misma ciudadela iban todos los días -los soldados franceses a buscar sus raciones, sin que se tomasen ni -las comunes precauciones de tiempo de paz. No así desprevenido el -general D’Armagnac se había de antemano hospedado en casa del marqués -de Besolla, porque situado aquel edificio al remate de la explanada -y en frente de la puerta principal de la ciudadela, podía desde allí -con más facilidad acechar el oportuno momento para la ejecución de su -alevoso designio. Viendo frustrado su primer intento con la repulsa -del virrey, ideó el francés recurrir a un vergonzoso ardid. [Marginal: -16 de febrero: toma de la ciudadela de Pamplona.] Uno a uno y con -estudiada disimulación mandó que en la noche del 15 al 16 de febrero -pasasen con armas a su posada cierto número de granaderos, al paso -que en la mañana siguiente soldados escogidos, guiados bajo disfraz -por el jefe de batallón Robert, acudieron a la ciudadela a tomar los -víveres de costumbre. Nevaba, y bajo pretexto de aguardar a su jefe -empezaron los últimos a divertirse tirándose unos a otros pellas de -nieve: distrajeron con el entretenimiento la atención de los soldados -españoles, y corriendo y jugando de aquella manera se pusieron algunos -sobre el puente levadizo para impedir que le alzasen. A poco y a una -señal convenida se abalanzaron los restantes al cuerpo de guardia, -desarmaron a los descuidados centinelas, y apoderándose de los fusiles -del resto de la tropa colocados en el armero, franquearon la entrada -a los granaderos ocultos en casa de D’Armagnac, a los que de cerca -siguieron todos los demás. La traición se ejecutó con tanta celeridad -que apenas había recibido la primera noticia el desavisado virrey, -cuando ya los franceses se habían del todo posesionado de la ciudadela. -D’Armagnac le escribió entonces, a manera de satisfacción, un oficio en -que al paso que se disculpaba con la necesidad, lisonjeábase de que en -nada se alteraría la buena armonía propia de dos fieles aliados: género -de mofa con que hacía resaltar su fementida conducta. - -Por el mismo tiempo se había reunido en los Pirineos orientales -una división de tropas italianas y francesas, compuesta de 11.000 -hombres de infantería y 1700 de caballería: [Marginal: Entra Duhesme -en Cataluña.] en 4 de febrero tomó en Perpiñán el mando el general -Duhesme, quien en sus memorias cuenta solo disponibles 7000 soldados: -a sus órdenes estaban el general italiano Lecchi y el francés Chabran. -A pocos días penetraron por la Junquera dirigiéndose a Barcelona con -intento, decían, de proseguir su viaje a Valencia. Antes de avistar -los muros de la capital de Cataluña recibió Duhesme una intimación -del capitán general conde de Ezpeleta, sucesor por aquellos días del -de Santa Clara para suspender su marcha hasta tanto que consultase a -la corte. Completamente ignoraba esta el envío de tropas por el lado -oriental de España, ni el embajador francés había siquiera informado -de la novedad, tanto más importante cuanto Portugal no podía servir -de capa a la reciente expedición. Duhesme lejos de arredrarse con el -requerimiento de Ezpeleta, contestó de palabra con arrogancia que a -todo evento llevaría a cabo las órdenes del emperador, y que sobre el -capitán general de Cataluña recaería la responsabilidad de cualquiera -desavenencia. Celebró un consejo el conde de Ezpeleta, y en él se -acordó permitir la entrada en Barcelona a las tropas francesas. -[Marginal: Llega a Barcelona.] Así lo realizaron el 13 de aquel mes -quedando no obstante en poder de la guarnición española Monjuich y -la ciudadela. Pidió Duhesme que en prueba de buena armonía se dejase -a sus tropas alternar con las nacionales en la guardia de todas las -puertas. Falto de instrucciones y temeroso de la enemistad francesa -accedió Ezpeleta con harta si bien disculpable debilidad a la imperiosa -demanda, colocando Duhesme en la puerta principal de la misma ciudadela -una compañía de granaderos, en cuyo puesto había solamente 20 soldados -españoles. Pesaroso el capitán general de haber llevado tan allá su -condescendencia, rogó al francés que retirase aquel piquete; pero muy -otras eran las intenciones del último, no contentándose ya con nada -menos que con la total ocupación. Andaba también Duhesme más receloso a -causa de la llegada a Barcelona del oficial de artillería Don Joaquín -Osma, a quien suponía enviado con especial encargo de que se velase a -la conservación de la plaza, probable conjetura en efecto si en Madrid -hubiera habido sombra de buen gobierno; mas era tan al contrario, -que Osma había sido comisionado para facilitar a los aliados cuanto -apeteciesen, y para recomendar la buena armonía y mejor trato. Solo se -le insinuó en instrucción verbal que procurase de paso indagar en las -conversaciones con los oficiales cuál fuese el verdadero objeto de la -expedición, como si para ello hubiera habido necesidad de correr hasta -Barcelona, y de despachar expresamente un oficial de explorador. - -[Marginal: 28 de febrero: sorpresa de la ciudadela de Barcelona.] - -Trató en fin Duhesme de apoderarse por sorpresa de la ciudadela y de -Monjuich el 28 de febrero: fue estimulado con el recibo aquel mismo día -de una carta escrita en París por el ministro de la Guerra, en la que -le suponía dueño de los fuertes de Barcelona; tácito modo de ordenar lo -que a las claras hubiera sido inicuo y vergonzoso. Para adormecer la -vigilancia de los españoles esparcieron los franceses por la ciudad que -se les había enviado la orden de continuar su camino a Cádiz, mentirosa -voz que se hacía más verosímil con la llegada del correo recibido. -Dijeron también que antes de la partida debían revistar las tropas, -y con aquel pretexto las juntaron en la explanada de la ciudadela, -apostando en el camino que de allí va a la Aduana un batallón de -vélites italianos, y colocando la demás fuerza de modo que llamase -hacia otra parte la atención de los curiosos. Hecha la reseña de -algunos cuerpos se dirigió el general Lecchi, con grande acompañamiento -de estado mayor, del lado de la puerta principal de la ciudadela, y -aparentando comunicar órdenes al oficial de guardia se detuvo en el -puente levadizo para dar lugar a que los vélites, cuya derecha se había -apoyado en la misma estacada, avanzasen cubiertos por el revellín que -defiende la entrada: ganaron de este modo el puente embarazado con los -caballos, después de haber arrollado al primer centinela, cuya voz -fue apagada por el ruido de los tambores franceses que en las bóvedas -resonaban. Entonces penetró Lecchi dentro del recinto principal con -su numerosa comitiva, le siguió el batallón de vélites y la compañía -de granaderos, que ya de antemano montaba la guardia en la puerta -principal, reprimió a los 20 españoles, obligados a ceder al número y a -la sorpresa: cuatro batallones franceses acudieron después a sostener -al que primero había entrado a hurtadillas, y acabaron de hacerse -dueños de la ciudadela. Dos batallones de guardias españolas y valonas -la guarnecían; pero llenos de confianza oficiales y soldados habían -ido a la ciudad a sus diversas ocupaciones, y cuando quisieron volver -a sus puestos encontraron resistencia en los franceses, quienes al fin -se lo permitieron después de haber tomado escrupulosas precauciones. -Los españoles pasaron luego la noche y casi todo el siguiente día -formados enfrente de sus nuevos y molestos huéspedes; e inquietos estos -con aquella hostil demostración, lograron que se diese orden a los -nuestros de acuartelarse fuera, y evacuar la plaza. Santilly, comandante -español, así que vio tan desleal proceder, se presentó a Lecchi como -prisionero de guerra, quien osando recordarle la amistad y alianza de -ambas naciones, al mismo tiempo que arteramente quebrantaba todos los -vínculos, le recibió con esmerado agasajo. - -[Marginal: Sorpresa de Monjuich: 28 de febrero.] - -Entretanto y a la hora en que parte de la guarnición había bajado a la -ciudad, otro cuerpo francés se avanzaba hacia Monjuich. La situación -elevada y descubierta de este fuerte impidió a los extranjeros tocar -sin ser vistos el pie de los muros. Al aproximarse se alzó el puente -levadizo, y en balde intimó el comandante francés Floresti que se le -abriesen las puertas: allí mandaba Don Mariano Álvarez. Desconcertado -Duhesme en su doloso intento recurrió a Ezpeleta, y poniendo por -delante las órdenes del emperador le amenazó tomar por fuerza lo que -de grado no se le rindiese. Atemorizado el capitán general ordenó la -entrega: dudó Álvarez un instante; mas la severidad de la disciplina -militar, y el sosiego que todavía reinaba por todas partes, le forzaron -a obedecer al mandato de su jefe. Sin embargo habiéndose conmovido -algún tanto Barcelona con la alevosa ocupación de la ciudadela, se -aguardó a muy entrada la noche para que sin riesgo pudiesen los -franceses entrar en el recinto de Monjuich. - -Irritados a lo sumo con semejantes y repetidas perfidias los generosos -pechos de los militares españoles, se tomaron exquisitas providencias -para evitar un compromiso, y dejando en Barcelona a los guardias -españolas y valonas con la artillería, se mandó salir a Villafranca al -regimiento de Extremadura. - -Al paso por Figueras había Duhesme dispuesto que se detuviese allí -alguna de su gente, alegando especiosos pretextos. Durante más de un -mes permanecieron dichos soldados tranquilos, hasta que ocupados todos -los fuertes de Barcelona trataron de apoderarse de la ciudadela de San -Fernando con la misma ruin estratagema empleada en las otras plazas. -[Marginal: 18 de marzo: ocupación de San Fernando de Figueras.] Estando -los españoles en vela acudieron a tiempo a la sorpresa y la impidieron; -mas el gobernador anciano y tímido dio permiso dos días después al -mayor Piat para que encerrase dentro 200 conscriptos, bajo cuyo nombre -metió el francés soldados escogidos, los cuales con otros que a su -sombra entraron se enseñorearon de la plaza el 18 de marzo, despidiendo -muy luego el corto número de españoles que la guarnecían. - -[Marginal: 5 de marzo: entrega de S. Sebastián.] - -Pocos días antes había caído en manos de los falsos amigos la plaza -de San Sebastián: era su gobernador el brigadier español Daiguillon, -y comandante del fuerte de Santa Cruz el capitán Douton. Advertido -aquel por el cónsul de Bayona de que Murat, gran duque de Berg, le -había indicado en una conversación cuán conveniente sería para la -seguridad de su ejército la ocupación de San Sebastián, dio parte de -la noticia al duque de Mahón, comandante general de Guipúzcoa, recién -llegado de Madrid. Inmediatamente consultó este al príncipe de la Paz, -y antes de que hubiera habido tiempo para recibir contestación, el -general Monthion, jefe de estado mayor de Murat, escribió a Daiguillon -participándole cómo el gran duque de Berg había resuelto que los -depósitos de infantería y caballería de los cuerpos que habían entrado -en la península se trasladasen de Bayona a San Sebastián,[*] [Marginal: -(* Ap. n. 1-10.)] y que fuesen alojados dentro, debiendo salir para -aquel destino del 4 al 5 de marzo. Apenas había el gobernador abierto -esta carta cuando recibió otra del mismo jefe avisándole que los -depósitos, cuya fuerza ascendería a 350 hombres de infantería y 70 -de caballería, saldrían antes de lo que había anunciado. Comunicados -ambos oficios al duque de Mahón, de acuerdo con el gobernador y con el -comandante del fuerte, respondió el mismo duque rogando al de Berg -que suspendiese su resolución hasta que le llegase la contestación -de la corte, y ofreciendo entretanto alojar con toda comodidad fuera -de la plaza y del alcance del cañón los depósitos de que se trataba. -Ofendido el príncipe francés de la inesperada negativa escribió por sí -mismo en 4 de marzo una carta altiva y amenazadora al duque de Mahón, -quien no desdiciendo entonces de la conducta propia de un descendiente -de Crillon, replicó dignamente y reiteró su primera respuesta. Grande -sin embargo era su congoja y arriesgada su posición, cuando la flaca -condescendencia del príncipe de la Paz, y la necesidad en que había -estrechado a este su culpable ambición, sacaron a todos los jefes de -San Sebastián de su terrible y crítico apuro. Al margen del oficio que -en consulta se le había escrito puso el generalísimo Godoy de su mismo -puño, fecha 3 de marzo «que ceda el gobernador la plaza, pues no tiene -medio de defenderla; pero que lo haga de un modo amistoso según lo han -practicado los de las otras plazas, sin que para ello hubiese ni tantas -razones ni motivos de excusa como en San Sebastián.» De resultas ocupó -con los depósitos la plaza y el puerto el general Thouvenot. - -He aquí el modo insidioso con que en medio de la paz y de una estrecha -alianza se privó a España de sus plazas más importantes: perfidia -atroz, deshonrosa artería en guerreros envejecidos en la gloriosa -profesión de las armas, ajena e indigna de una nación grande y -belicosa. Cuando leemos en la juiciosa historia de Coloma el ingenioso -ardid con que Fernando Tello Portocarrero sorprendió a Amiens, notamos -en la atrevida empresa agudeza en concebirla, bizarría en ejecutarla -y loable moderación al alcanzar el triunfo. La toma de aquella plaza, -llave entonces de la frontera de Francia del lado de la Picardía, y -cuya sorpresa, según nos dice Sully, oprimió de dolor a Enrique IV, era -legítima: guerra encarnizada andaba entre ambas naciones, y era lícito -al valor y a la astucia buscar laureles que no se habían de mancillar -con el quebrantamiento de la buena fe y de la lealtad. El bastardo -proceder de los generales franceses no solo era escandaloso por el -tiempo y por el modo, sino que también era tanto menos disculpable -cuanto era menos necesario. Dueño el gobierno francés de la débil -voluntad del de Madrid le hubiera bastado una mera insinuación, sin -acudir a la amenaza, para conseguir del obsequioso y sumiso aliado la -entrega de todas las plazas, como lo ordenó con la de San Sebastián. - -[Marginal: 7 de febrero: orden para que la escuadra de Cartagena vaya a -Toulon.] - -Tampoco echó Napoleón en olvido la marina, pidiendo con ahínco que se -reuniesen con sus escuadras las españolas. En consecuencia diose el 7 -de febrero la orden a Don Cayetano Valdés, que en Cartagena mandaba -una fuerza de seis navíos, de hacerse a la vela dirigiendo su rumbo -a Toulon. Afortunadamente vientos contrarios, y, según se cree, el -patriótico celo del comandante, impidieron el cumplimiento de la orden, -tomando la escuadra puerto en las Baleares. - -Hechos de tal magnitud no causaron en las provincias lejanas de España -impresión profunda. Ignorábanse en general, o se atribuían a amaños de -Godoy: lo dificultoso y escaso de las comunicaciones, la servidumbre -de la imprenta, y la extremada reserva del gobierno no daban lugar a -que la opinión se ilustrase, ni a que se formase juicio acertado de -los acaecimientos. En días como aquellos recoge el poder absoluto con -creces los frutos de su imprevisión y desafueros. También los pueblos, -si no son envueltos en su ruina, al menos participan bastantemente -de sus desgracias; como si la Providencia quisiera castigarlos de su -indolencia y culpable sufrimiento. - -[Marginal: Desasosiego de la corte de Madrid.] - -Por lo demás la corte estaba muy inquieta, y se asegura que el príncipe -de la Paz fue de los que primero se convencieron de la mala fe de -Napoleón, y de sus depravados intentos: disfrazábalos sin embargo -este, ofreciendo a veces en su conducta una alternativa hija quizá de -su misma vacilación e incertidumbre: [Marginal: Conducta ambigua de -Napoleón.] pues al paso que proyectaba y ponía en práctica hacerse -dueño de todo Portugal y de las plazas de la frontera, sin miramiento a -tratados ni alianzas, no solo regalaba a Carlos IV en los primeros días -de febrero, en prueba de su íntima amistad, quince caballos de coche, -sino que asimismo le escribía amargas quejas [Marginal: Sobresalto del -príncipe de la Paz.] por no haber reiterado la petición de una esposa -imperial para el príncipe de Asturias: y si bien no era unión esta -apetecible para Godoy, por lo menos no indicaba Bonaparte con semejante -demostración querer derribar del trono la estirpe de los Borbones. -Dudas y zozobras asaltaban de tropel la mente del valido, [Marginal: -Llegada a Madrid de Izquierdo.] cuando la repentina llegada por el mes -de febrero de su confidente Don Eugenio Izquierdo acabó de perturbar -su ánimo. En la numerosa corte que le tributaba continuado y lisonjero -incienso, prorrumpía en expresiones propias de hombre desatentado y -descompuesto. Hablaba de su grandeza, de su poderío; usaba de palabras -poco recatadas, y parecía presentir la espantosa desgracia que como en -sombra ya le perseguía. Interpretábase de mil maneras la apresurada -venida de Izquierdo, y nada por entonces pudo traslucirse, sino que -era de tal importancia, y anunciadora de tan malas nuevas, que los -reyes y el privado despavoridos preparábanse a tomar alguna impensada y -extraordinaria resolución. - -Por una nota que después en 24 de marzo escribió Izquierdo,[*] -[Marginal: (* Ap. n. 1-11.)] y por lo que hemos oído a personas con él -conexionadas, podemos fundadamente inferir que su misión ostensible -se dirigía a ofrecer de un modo informal ciertas ideas al examen del -gobierno español, y a hacer sobre ellas varias preguntas; pero que -el verdadero objeto de Napoleón fue infundir tal miedo en la corte -de Madrid, que la provocase a imitar a la de Portugal en su partida, -resolución que le desembarazaba del engorroso obstáculo de la familia -real, y le abría fácil entrada para apoderarse sin resistencia del -vacante y desamparado trono español. Las ideas y preguntas arriba -indicadas fueron sugeridas por Napoleón y escritas por Izquierdo. -Reducíanse con corta variación a las que él mismo extendió en la -nota antes mencionada de 24 de marzo, y que recibida después del -levantamiento de Aranjuez, cayó en manos de los adversarios de Godoy. -Eran pues las proposiciones en ella contenidas: 1.ª Comercio libre -para españoles y franceses en sus respectivas colonias. 2.ª Trocar -las provincias del Ebro allá con Portugal, cuyo reino se daría en -indemnización a España. 3.ª Un nuevo tratado de alianza ofensiva y -defensiva. 4.ª Arreglar la sucesión al trono de España: y 5.ª Convenir -en el casamiento del príncipe de Asturias con una princesa imperial: el -último artículo no debía formar parte del tratado principal. Es inútil -detenerse en el examen de estas proposiciones que hubieran ofrecido -materia a reflexiones importantes, si hubieran sido objeto de algún -tratado o seria discusión. Admira no obstante la confianza o más bien -el descaro con que se presentaron sin hacerse referencia al tratado -de Fontainebleau, para cuya entera anulación no había España dado ni -ocasión ni pretexto. [Marginal: Sale Izquierdo el 10 de marzo para -París.] La misión de Izquierdo produjo el deseado efecto; y aunque el -10 de marzo salió para París con nuevas instrucciones y carta de Carlos -IV, habíanse ya perdido las esperanzas de evitar el terrible golpe que -amenazaba. - -[Marginal: Tropas francesas que continuaron entrando en España.] - -El gobierno francés no había interrumpido el envío sucesivo de -tropas y oficiales, y en el mes de marzo se formó un nuevo cuerpo -llamado de observación de los Pirineos occidentales que ascendía a -19.000 hombres, sin contar con 6000 de la guardia imperial, en cuyo -número se distinguían mamelucos, polacos y todo género y variedad de -uniformes propios a excitar la viva imaginación de los españoles. Se -encomendó esta fuerza al mando de Bessières, duque de Istria: parte de -los cuerpos se acabaron de organizar dentro de la península, y era -continuado su movimiento y ejercicio. - -Había ya en el corazón de España, aun no incluyendo los de Portugal, -100.000 franceses, sin que a las claras se supiese su verdadero y -determinado objeto, y cuya entrada, según dejamos dicho, había sido -contraria a todo lo que solemnemente se había estipulado entre ambas -naciones. Faltaban a los diversos cuerpos en que estaba distribuido el -ejército francés un general en jefe, [Marginal: Murat nombrado general -en jefe del ejército francés en España.] y recayó la elección en Murat, -gran duque de Berg, con título de lugarteniente del emperador, de -quien era cuñado. Llegó a Bayona en los primeros días de marzo, solo -y sin acompañamiento; pero le habían precedido y le seguían oficiales -sueltos de todas graduaciones, quienes debían encargarse de organizar -y disciplinar los nuevos alistados que continuamente se remitían a -España. Llegó Murat a Burgos el 13 de marzo, y en aquel día dio una -proclama a sus soldados «para que tratasen a los españoles, nación -por tantos títulos estimable, como tratarían a los franceses mismos; -queriendo solamente el emperador el bien y felicidad de España.» - -[Marginal: Piensa la corte de Madrid en partir para Andalucía.] - -Tantas tropas y tan numerosos refuerzos que cada día se internaban -más y más en el reino; tanta mala fe y quebrantamiento de solemnes -promesas, el viaje de Izquierdo y sus temores; tanto cúmulo en fin de -sospechosos indicios impelieron a Godoy a tomar una pronta y decisiva -resolución. [Marginal: Providencias que toma.] Consultó con los reyes -y al fin les persuadió lo urgente que era pensar en trasladarse del -otro lado de los mares. Pareció antes oportuno, como paso previo, -adoptar el consejo dado por el príncipe de Castel-Franco de retirarse -a Sevilla, desde donde con más descanso se pondrían en obra y se -dirigirían los preparativos de tan largo viaje. Para remover todo -género de tropiezos se acordó formar un campo en Talavera, y se mandó -a Solano que de Portugal se replegase sobre Badajoz. Estas fuerzas -con las que se sacarían de Madrid, debían cubrir el viaje de SS. MM., -y contener cualquiera movimiento que los franceses intentaran para -impedirle. También se mandó a las tropas de Oporto, cuyo digno general -Taranco había fallecido allí de un cólico violento, que se volviesen a -Galicia; y se ofició a Junot para que permitiese a Carrafa dirigirse -con sus españoles hacia las costas meridionales, en donde los ingleses -amenazaban desembarcar; artificio, por decirlo de paso, demasiado -grosero para engañar al general francés. Fue igualmente muy fuera de -propósito enviar a Dupont un oficial de estado mayor para exigirle -aclaración de las órdenes que había recibido, como si aquel hubiera de -comunicarlas, y como si en caso de contestar con altanería estuviera el -gobierno español en situación de reprimir y castigar su insolencia. - -Tales fueron las medidas preliminares que Godoy miró como necesarias -para el premeditado viaje; pero inesperados trastornos desbarataron sus -intentos, desplomándose estrepitosamente el edificio de su valimiento y -grandeza. - - - - - RESUMEN - DEL - LIBRO SEGUNDO. - - -_Primeros indicios del viaje de la corte. — Orden para que la -guarnición de Madrid pase a Aranjuez. — Proclama de Carlos IV de 16 de -abril. — Conducta del embajador de Francia y de Murat. — Síntomas de -una conmoción. — Primera conmoción de Aranjuez. — Decreto de Carlos -IV: prisión de Don Diego Godoy. — Continúa la agitación y temores de -otra conmoción. — Segunda conmoción de Aranjuez. — Prisión de Godoy. -— Retrato de Godoy. — Tercer alboroto de Aranjuez. — Abdicación -de Carlos IV el 19 de marzo. — Conmoción de Madrid del 19 y 20 de -marzo. — Alborotos de las provincias. — Juicio sobre la abdicación de -Carlos IV. — Ministros del nuevo monarca. — Escóiquiz. — El duque -del Infantado. — El duque de San Carlos. — Primeras providencias -del nuevo reinado. — Proceso del príncipe de la Paz y de otros, 23 -de marzo. — Grandes enviados para obsequiar a Murat y a Napoleón. -— Avanza Murat hacia Madrid. — Entrada de Fernando en Madrid en 24 -de marzo. — Conducta impropia de Murat. — Opinión de España sobre -Napoleón. — Juicio sobre la conducta de Napoleón. — Propuesta de -Napoleón a su hermano Luis. — Correspondencia entre Murat y los reyes -padres. — Juicio sobre la protesta. — Siguen los tratos entre Murat y -los reyes padres. — Desasosiego en Madrid. — Llega Escóiquiz a Madrid -en 28 de marzo. — Fernán Núñez en Tours. — Entrega de la espada de -Francisco I. — Carta de Napoleón a Murat. — Viaje del infante Don -Carlos. — Llegada a Madrid del general Savary. — Aviso de Hervás. — -10 de abril: salida del rey para Burgos. — Nombramiento de una junta -suprema. — Sobre el viaje del rey. — Llega el rey el 12 de abril -a Burgos. — Llega a Vitoria el 14. — Escribe Fernando a Napoleón: -contesta este en 17 de abril. — Seguridad que da Savary. — Tentativas -o proposiciones para que el rey se escape. — Proclama al partir el rey -de Vitoria. — Sale de Vitoria el 19 de abril. — 20 de abril: entrada -del rey en Bayona. — Sigue la correspondencia entre Murat y los reyes -padres. — Pasan los reyes padres al Escorial. — Entrega de Godoy en -20 de abril. — Quejas y tentativas de Murat. — Reclama Carlos IV -la corona, y anuncia su viaje a Bayona. — Inquietud en Madrid. — -Alboroto en Toledo. — En Burgos. — Conducta altanera de Murat. — -Conducta de la junta, y medidas que propone. — Creación de una junta -que la sustituya. — Llegada a Madrid de D. Justo Ibarnavarro. — -Posición de los franceses en Madrid. — Revistas de Murat. — Pide -la salida para Francia del infante Don Francisco y reina de Etruria. -— 2 de mayo. — Salida de los infantes para Francia el 3 y el 4. — -Llega Napoleón a Bayona. — Se anuncia a Fernando que renuncie. — -Conferencias de Escóiquiz y Cevallos. — Llegada de Carlos IV a Bayona. -— Come con Napoleón. — Comparece Fernando delante de su padre. — -Condiciones de Fernando para su renuncia. — No se conforma el padre. -— Comparece por segunda vez Fernando delante de su padre. — Renuncia -Carlos IV en Napoleón. — Carlos IV y María Luisa. — Renuncia de -Fernando como príncipe de Asturias. — La reina de Etruria. — Planes -de evasión. — Se interna en Francia a la familia real de España. — -Inacción de la junta de Madrid. — Murat presidente de la junta. — -Equívoca conducta de la junta. — Napoleón piensa dar la corona de -España a José. — Diputación de Bayona. — Medidas de precaución de -Murat._ - - - - - HISTORIA - DEL - LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN - de España. - - LIBRO SEGUNDO. - - -Los habitadores de España alejados de los negocios públicos, y gozando -de aquella aparente tranquilidad propia de los gobiernos despóticos, -estaban todavía ajenos de prever la avenida de males que, rebalsando -en su suelo como en campo barbechado, iban a cubrirle de espantosas -ruinas. [Marginal: Primeros indicios del viaje de la corte.] Madrid, -sin embargo agitado ya con voces vagas e inquietadoras, creció en -desasosiego con los preparativos que se notaron de largo viaje en -casa de Doña Josefa Tudó, particular amiga del príncipe de la Paz, y -con la salida de este para Aranjuez el día 13 de marzo. Sin aquel -incidente no hubiera la última ocurrencia llamado tanto la atención, -teniendo el valido por costumbre pasar una semana en Madrid, y otra en -el sitio en que habitaban SS. MM., quienes de mucho tiempo atrás se -detenían solamente en la capital dos meses del año, y aun en aquel al -trasladarse en diciembre del Escorial a Aranjuez, no tomaron allí su -habitual descanso, retraídos por el universal disgusto a que había dado -ocasión el proceso del príncipe de Asturias. - -Viose muy luego cuán fundados eran los temores públicos; porque al -llegar al sitio el príncipe de la Paz, y después de haber conferenciado -con los reyes, anunció Carlos IV a los ministros del despacho la -determinación de retirarse a Sevilla. A pesar del sigilo con que se -quisieron tomar las primeras disposiciones, se traslució bien pronto -el proyectado viaje, [Marginal: Orden para que la guarnición de Madrid -pase a Aranjuez.] y acabaron de cobrar fuerza las voces esparcidas con -las órdenes que se comunicaron para que la mayor parte de la guarnición -de Madrid se trasladase a Aranjuez. Prevenido para su cumplimiento el -capitán general de Castilla, Don Francisco Javier Negrete, se avistó en -la mañana del 16 con el gobernador del consejo el coronel Don Carlos -Velasco, dándole cuenta de la salida de las tropas en todo aquel día, -en virtud de un decreto del generalísimo almirante; y previniéndole -al propio tiempo de parte del mismo publicar un bando que calmase la -turbación de los ánimos. No bastándole al gobernador la orden verbal, -exigió de Don Carlos Velasco que la extendiese por escrito, y con ella -se fue al consejo, en donde se acordó, como medida previa y antes de -obedecer el expresado mandato, que se expusiesen reverentemente a S. -M. las fatales consecuencias de un viaje tan precipitado. Aplaudiose -la determinación del consejo, aunque nos parece no fue del todo -desinteresada, si consideramos la incierta y precaria suerte que, con -la temida emigración más allá de los mares de la dinastía reinante, -había de caber a muchos de sus servidores y empleados. Así se vio que -hombres que como el marqués Caballero en los días de prosperidad habían -sido sumisos cortesanos, fueron los que con más empeño aconsejaron al -rey que desistiese de su viaje. - -Fuese influjo de aquellas representaciones, o fuese más bien el -fundado temor a que daba lugar el público descontento, el rey trató -momentáneamente de suspender la partida, y mandó circular un decreto -a manera de proclama [Marginal: Proclama de Carlos IV de 16 de marzo. -(Véase el Ap. n. 2-1.)] que comenzaba por la desusada fórmula de -«amados vasallos míos.» La gente ociosa y festiva comparaba por la -novedad el encabezamiento de tan singular publicación al comenzar de -ciertas y famosas relaciones que en sus comedias nos han dejado el -insigne Calderón y otros ingenios de su tiempo; si bien no asistía -al ánimo bastante serenidad para detenerse al examen de las mudanzas -e innovaciones del estilo. Tratábase en la proclama de tranquilizar -la pública agitación, asegurándose en ella que la reunión de tropas -no tenía por objeto ni defender la persona del rey, ni acompañarle -en un viaje que solo la malicia había supuesto preciso: se insistía -en querer persuadir que el ejército del emperador de los franceses -atravesaba el reino con ideas de paz y amistad, y sin embargo se daba a -entender que en caso de necesidad estaba el rey seguro de las fuerzas -que le ofrecerían los pechos de sus amados vasallos. Bien que con este -documento no hubiese sobrado motivo de satisfacción y alegría, la -muchedumbre que leía en él una especie de retractación del intentado -viaje se mostró gozosa y alborozada. En Aranjuez apresuradamente se -agolparon todos a palacio dando repetidos vivas al rey y a la familia -real, que juntos se asomaron a recibir las lisonjeras demostraciones -del entusiasmado pueblo. Mas como se notó que en la misma noche del 16 -al 17 habían salido las tropas de Madrid para el sitio en virtud de las -anteriores órdenes que no habían sido revocadas, duró poco y se acibaró -presto la común alegría. - -[Marginal: Opinión sobre el viaje.] - -Entonces se desaprobó generalmente la resolución tomada por la corte -de retirarse hacia las costas del mediodía, y de cruzar el Atlántico -en caso urgente. Pero ahora que con fría imparcialidad podemos ser -jueces desapasionados, nos parece que aquella resolución al punto a -que las cosas habían llegado era conveniente y acertada, ya fuese para -prepararse a la defensa, o ya para que se embarcase la familia real. -Desprovisto el erario, corto en número el ejército e indisciplinado, -ocupadas las principales plazas, dueño el extranjero de varias -provincias, no podía en realidad oponérsele otra resistencia fuera -de la que opusiese la nación, declarándose con unanimidad y energía. -Para tantear este solo y único recurso, la posición de Sevilla era -favorable, dando más treguas al sorprendido y azorado gobierno. Y si, -como era de temer, la nación no respondía al llamamiento del aborrecido -Godoy ni del mismo Carlos IV, era para la familia real más prudente -pasar a América que entregarse a ciegas en brazos de Napoleón. Siendo -pues esta determinación la más acomodada a las circunstancias, Don -Manuel Godoy en aconsejar el viaje obró atinadamente, y la posteridad -no podrá en esta parte censurar su conducta; pero le juzgará sí -gravemente culpable en haber llevado como de la mano a la nación a -tan lastimoso apuro, ora dejándola desguarnecida para la defensa, ora -introduciendo en el corazón del reino tropas extranjeras deslumbrado -con la imaginaria soberanía de los Algarbes. El reconcentrado odio -que había contra su persona fue también causa que al llegar al -desengaño de las verdaderas intenciones de Napoleón se le achacase -que de consuno con este había procedido en todo: aserción vulgar, -pero tan generalmente creída en aquella sazón que la verdad exige que -abiertamente la desmintamos. Don Manuel Godoy se mantuvo en aquellos -tratos fiel a Carlos IV y a María Luisa, sus firmes protectores, y -no anduvo desacordado en preferir para sus soberanos un cetro en los -dominios de América, más bien que exponerlos, continuando en España, -a que fuesen destronados y presos. Además Godoy no habiendo olvidado -la manera destemplada con que en los últimos tiempos se había Napoleón -declarado contra su persona, recelábase de alguna dañada intención, -y temía ser víctima ofrecida en holocausto a la venganza y público -aborrecimiento. Bien es verdad que fue después su libertador el mismo a -quien consideraba enemigo, mas debiolo a la repentina mudanza acaecida -en el gobierno, por la cual fueron atropellados los que confiadamente -aguardaban del francés amistad y amparo, y protegido el que se -estremecía al ver que su ejército se acercaba: tan inciertos son los -juicios humanos. - -[Marginal: Agitación de Madrid y Aranjuez. Conducta del embajador de -Francia y de Murat.] - -Averiguada que fue la traslación de las tropas de la capital al sitio, -volviéronse a agitar extraordinariamente las poblaciones de Madrid y -Aranjuez con todas las de los alrededores. En el sitio contribuía no -poco a sublevar los ánimos la opinión contraria al viaje que pública -y decididamente mostraba el embajador de Francia; sea que ignorase -los intentos de su amo y siguiera abrigando la esperanza del soñado -casamiento, o sea que tratara de aparentar: nos inclinamos a lo -primero. Mas su opinión al paso que daba bríos a los enemigos del -viaje para oponerse a él, servía también de estímulo y espuela a sus -partidarios para acelerarle, esperando unos y temiendo otros la llegada -de las tropas francesas que se adelantaban. En efecto Murat dirigía por -Aranda su marcha hacia Somosierra y Madrid, y Dupont por su derecha se -encaminaba a ocupar a Segovia y el Escorial. Este movimiento hecho con -el objeto de impeler a la familia real, intimidándola a precipitar su -viaje, vino en apoyo del partido del príncipe de Asturias, alentándole -con tanta más razón cuanto parecía darse la mano con el modo de -explicarse del embajador. Murat en su lenguaje descubría incertidumbre, -imputándose entonces a disimulo lo que tal vez era ignorancia del -verdadero plan de Napoleón. Al después tan malogrado Don Pedro Velarde, -comisionado para acompañarle y cumplimentarle, le decía en Buitrago -en 18 de marzo que al día siguiente recibiría instrucciones de su -gobierno; que no sabía si pasaría o no por Madrid, y que al continuar -su marcha a Cádiz probablemente publicaría en San Agustín las miras del -emperador encaminadas al bien de España. - -Avisos anteriores a este y no menos ambiguos ponían a la corte de -Aranjuez en extremada tribulación. Sin embargo es de creer que cuando -el 16 dio el rey la proclama en que públicamente desmentía las -voces de viaje, dudó por un instante llevarle o no a efecto, pues -es más justo atribuir aquella proclama a la perplejidad y turbación -propias de aquellos días, que al premeditado pensamiento de engañar -bajamente a los pueblos de Madrid y Aranjuez. [Marginal: Síntomas de -una conmoción.] Continuando no obstante los preparativos de viaje, y -siendo la desconfianza en los que gobernaban fuera de todo término, -se esparció de nuevo y repentinamente en el sitio que la salida de -SS. MM. para Andalucía se realizaría en la noche del 17 al 18. La -curiosidad junto probablemente con oculta intriga había llevado -a Aranjuez de Madrid y sus alrededores muchos forasteros cuyos -semblantes anunciaban siniestros intentos: las tropas que habían ido -de la capital participaban del mismo espíritu, y ciertamente hubieran -podido sublevarse sin instigación especial. Asegurose entonces que -el príncipe de Asturias había dicho a un guardia de corps en quien -confiaba «esta noche es el viaje, y yo no quiero ir», y se añadió que -con el aviso cobraron más resolución los que estaban dispuestos a -impedirle. Nosotros tenemos entendido que para el efecto advirtió S. -A. a Don Manuel Francisco Jáuregui, amigo suyo, quien como oficial de -guardias pudo fácilmente concertarse con sus compañeros de inteligencia -ya con otros de los demás cuerpos. Prevenidos de esta manera, el -alboroto hubiera comenzado al tiempo de partir la familia real; una -casualidad le anticipó. - -[Marginal: Primera conmoción de Aranjuez.] - -Puestos todos en vela rondaba voluntariamente el paisanaje durante -la noche, capitaneándole disfrazado, bajo nombre de tío Pedro, el -inquieto y bullicioso conde del Montijo, cuyo nombre en adelante -casi siempre estará mezclado con los ruidos y asonadas. Andaba -asimismo patrullando la tropa, y unos y otros custodiaban de cerca, -y observaban particularmente la casa del príncipe de la Paz. Entre -once y doce salió de ella muy tapada Doña Josefa Tudó, llevando por -escolta a los guardias de honor del generalísimo: quiso una patrulla -descubrir la cara de la dama, la cual resistiéndolo excitó una ligera -reyerta, disparando al aire un tiro uno de los que estaban presentes. -Quién afirma fue el oficial Tuyols que acompañaba a Doña Josefa para -que vinieran en su ayuda, quién el guardia Merlo para avisar a los -conjurados. Lo cierto es que estos lo tomaron por una señal, pues al -instante un trompeta apostado al intento tocó a caballo, y la tropa -corrió a los diversos puntos por donde el viaje podía emprenderse. -Entonces y levantándose terrible estrépito, gran número de paisanos, -otros transformados en tales, criados de palacio y monteros del infante -Don Antonio, con muchos soldados desbandados, acometieron la casa de -Don Manuel Godoy, forzaron su guardia, y la entraron como a saco, -escudriñando por todas partes, y buscando en balde al objeto de su -enfurecida rabia. Creyose por de pronto que a pesar de la extremada -vigilancia se había su dueño salvado por alguna puerta desconocida -o excusada, y que o había desamparado a Aranjuez, u ocultádose en -palacio. El pueblo penetró hasta lo más escondido, y aquellas puertas -antes solo abiertas al favor, a la hermosura y a lo más brillante y -escogido de la corte, dieron franco paso a una soldadesca desenfrenada -y tosca, y a un populacho sucio y desaliñado, contrastando tristemente -lo magnífico de aquella mansión con el descuidado arreo de sus nuevos -y repentinos huéspedes. Pocas horas habían transcurrido cuando -desapareció tanta desconformidad, habiendo sido despojados los salones -y estrados de sus suntuosos y ricos adornos para entregarlos al -destrozo y a las llamas. Repetida y severa lección que a cada paso nos -da la caprichosa fortuna en sus continuados vaivenes. El pueblo si -bien quemó y destruyó los muebles y objetos preciosos, no ocultó para -sí cosa alguna, ofreciendo el ejemplo del desinterés más acendrado. La -publicidad siendo en tales ocasiones un censor inflexible, y uniéndose -a un cierto linaje de generoso entusiasmo, enfrena al mismo desorden, -y pone coto a algunos de sus excesos y demasías. Las veneras, los -collares y todos los distintivos de las dignidades supremas a que -Godoy había sido ensalzado, fueron preservados y puestos en manos del -rey; poderoso indicio de que entre el populacho había personas capaces -de distinguir los objetos que era conveniente respetar y guardar, y -aquellos que podían ser destruidos. La princesa de la Paz, mirada como -víctima de la conducta doméstica de su marido, y su hija fueron bien -tratadas y llevadas a palacio tirando la multitud de su berlina. Al fin -restablecida la tranquilidad volvieron los soldados a sus cuarteles, y -para custodiar la saqueada casa se pusieron dos compañías de guardias -españolas y valonas con alguna más tropa que alejase al populacho de -sus avenidas. - -[Marginal: Decreto de Carlos IV. (* Ap. n. 2-2.)] - -La mañana del 18 dio el rey [*] un decreto exonerando al príncipe de la -Paz de sus empleos de generalísimo y almirante, y permitiéndole escoger -el lugar de su residencia. [Marginal: (* Ap. n. 2-3.)] También anunció -a Napoleón esta resolución que en gran manera le sorprendió.[*] El -pueblo arrebatado de gozo con la novedad corrió a palacio a vitorear -a la familia real que se asomó a los balcones conformándose con sus -ruegos. [Marginal: Prisión de D. Diego Godoy.] En nada se turbó aquel -día el público sosiego sino por el arresto de Don Diego Godoy, quien -despojado por la tropa de sus insignias fue llevado al cuartel de -guardias españolas, de cuyo cuerpo era coronel: pernicioso ejemplo -entonces aplaudido y después desgraciadamente renovado en ocasiones más -calamitosas. - -[Marginal: Continúa la agitación y temores de otra conmoción.] - -Parecía que desbaratado el viaje de la real familia y abatido el -príncipe de la Paz, eran ya cumplidos los deseos de los amotinados; -mas todavía continuaba una terrible y sorda agitación. Los reyes -temerosos de otra asonada, mandaron a los ministros del despacho que -pasasen la noche del 18 al 19 en palacio. Por la mañana el príncipe -de Castel-Franco y los capitanes de guardias de Corps, conde de -Villariezo y marqués de Albudeite, avisaron personalmente a SS. MM. -que dos oficiales de guardias con la mayor reserva y bajo palabra de -honor acababan de prevenirles que para aquella noche un nuevo alboroto -se preparaba mayor y más recio que el de la precedente. Habiéndoles -preguntado el marqués Caballero si estaban seguros de su tropa, -respondieron encogiéndose de hombros «que solo el príncipe de Asturias -podía componerlo todo.» Pasó entonces Caballero a verse con S. A., y -consiguió que, trasladándose al cuarto de sus padres, les ofreciese que -impediría por medio de los segundos jefes de los cuerpos de la casa -real la repetición de nuevos alborotos, como también el que mandaría -a varias personas, cuya presencia en el sitio era sospechosa, que -regresasen a Madrid, disponiendo al mismo tiempo que criados suyos se -esparciesen por la población para acabar de aquietar el desasosiego -que aún subsistía. Estos ofrecimientos del príncipe dieron cuerpo a -la sospecha de que en mucha parte obraban de concierto con él los -sediciosos, no habiendo habido de casual sino el momento en que comenzó -el bullicio, y tal vez el haber después ido más allá de lo que en un -principio se habían propuesto. - -Tomadas aquellas determinaciones no se pensaba en que la tranquilidad -volvería a perturbarse, e inesperadamente a las diez de la mañana se -suscitó un nuevo y estrepitoso tumulto. [Marginal: Segunda conmoción -de Aranjuez: Prisión de Godoy.] El príncipe de la Paz, a quien todos -creían lejos del sitio, y los reyes mismos camino de Andalucía, fue -descubierto a aquella hora en su propia casa. Cuando en la noche del -17 al 18 habían sido asaltados sus umbrales, se disponía a acostarse, -y al ruido, cubriéndose con un capote de bayetón que tuvo a mano, -cogiendo mucho oro en sus bolsillos y tomando un panecillo de la mesa -en que había cenado, trató de pasar por una puerta escondida a la -casa contigua que era la de la duquesa viuda de Osuna. No le fue dado -fugarse por aquella parte, y entonces se subió a los desvanes, y en -el más desconocido se ocultó metiéndose en un rollo de esteras. Allí -permaneció desde aquella noche por el espacio de 36 horas privado -de toda bebida y con la inquietud y desvelo propio de su crítica y -angustiada posición. Acosado de la sed tuvo al fin que salir de su -molesto y desdichado asilo. Conocido por un centinela de guardias -valonas que al instante gritó a las armas, no usó de unas pistolas que -consigo traía, fuera cobardía o más bien desmayo con el largo padecer. -Sabedor el pueblo de que se le había encontrado se agolpó hacia su -casa, y hubiera allí perecido si una partida de guardias de Corps no -le hubiese protegido a tiempo. Condujéronle estos a su cuartel, y en -el tránsito acometiéndole la gente con palas, estacas y todo género de -armas e instrumentos procuraba matarle o herirle buscando camino a -sus furibundos golpes por entre los caballos y los guardias, quienes -escudándole le libraron de un trágico y desastroso fin. Para mayor -seguridad, creciendo el tumulto, aceleraron los guardias el paso, y el -desgraciado preso en medio y apoyándose sobre los arzones de las sillas -de dos caballos seguía su levantado trote ijadeando, sofocado y casi -llevado en vilo. La travesía considerable que desde su casa había al -paraje adonde le conducían, sobre todo teniendo que cruzar la espaciosa -plazuela de San Antonio, hubiera dado mayor facilidad al furor popular -para acabar con su vida, si temerosos los que le perseguían de herir a -alguno de los de la escolta no hubiesen asestado sus tiros de un modo -incierto y vacilante. Así fue que aunque magullado y contuso en varias -partes de su cuerpo, solo recibió una herida algo profunda sobre una -ceja. En tanto avisado Carlos IV de lo que pasaba ordenó a su hijo -que corriera sin tardanza y salvara la vida de su malhadado amigo. -Llegó el príncipe al cuartel adonde le habían traído preso, y con su -presencia contuvo a la multitud. Entonces diciéndole Fernando que le -perdonaba la vida, conservó bastante serenidad para preguntarle a pesar -del terrible trance «si era ya rey» a lo que le respondió «todavía no, -pero luego lo seré.» Palabras notables y que demuestran cuán cercana -creía su exaltación al solio. Aquietado el pueblo con la promesa que -el príncipe de Asturias le reiteró muchas veces de que el preso sería -juzgado y castigado conforme a las leyes, se dispersó y se recogió -cada uno tranquilamente a su casa. Godoy desposeído de su grandeza -volvió adonde había habitado antes de comenzarse aquella, y maltratado -y abatido quedó entregado en su soledad a su incierta y horrenda -suerte. Casi todos a excepción de los reyes padres le abandonaron, que -la amistad se eclipsa al llegar el nublado de la desgracia. Y aquel a -cuyo nombre la mayor parte de la monarquía todavía temblaba, echado -sobre unas pajas y hundido en la amargura, era quizá más desventurado -que el más desventurado de sus habitantes. Así fue derrocado de la -cumbre del poder este hombre que de simple guardia de Corps se alzó -en breve tiempo a las principales dignidades de la corona, y se vio -condecorado con sus órdenes y distinguido con nuevos y exorbitantes -honores. ¿Y cuáles fueron los servicios para tanto valimiento; cuáles -los singulares hechos que le abrieron la puerta y le dieron suave y -fácil subida a tal grado de sublimada grandeza? Pesa el decirlo. La -desenfrenada corrupción y una privanza fundada, ¡oh baldón!, en la -profanación del tálamo real. Menester sería que retrocediésemos hasta -Don Beltrán de la Cueva para tropezar en nuestra historia con igual -mancilla, y aun entonces si bien aquel valido de Enrique IV principió -su afortunada carrera por el modesto empleo de paje de lanza, y se -encaminó como Godoy por la senda del deshonor regio, nunca remontó su -vuelo a tan desmesurada altura, teniendo que partir su favor con Don -Juan Pacheco, y cederle a veces al temido y fiero rival. - -[Marginal: Retrato de Godoy.] - -Don Manuel Godoy había nacido en Badajoz en 12 de mayo de 1767, de -familia noble pero pobre. Su educación había sido descuidada; profunda -era su ignorancia. Naturalmente dotado de cierto entendimiento, y -no falto de memoria, tenía facilidad para enterarse de los negocios -puestos a su cuidado. Vario e inconstante en sus determinaciones -deshacía en un día y livianamente lo que en otro sin más razón había -adoptado y aplaudido. Durante su ministerio de estado, a que ascendió -en los primeros años de su favor, hizo convenios solemnes con Francia -perjudiciales y vergonzosos; primer origen de la ruina y desolación de -España. Desde el tiempo de la escandalosa campaña de Portugal mandó -el ejército con el título de generalísimo; no teniendo a sus ojos la -ilustre profesión de las armas otro atractivo ni noble cebo que el de -los honores y sueldos; nunca se instruyó en los ejercicios militares; -nunca dirigió ni supo las maniobras de los diversos cuerpos; nunca se -acercó al soldado ni se informó de sus necesidades o reclamaciones; -nunca en fin organizó la fuerza armada de modo que la nación en caso -oportuno pudiera contar con un ejército pertrechado y bien dispuesto, -ni él con amigos y partidarios firmes y resueltos: así la tropa -fue quien primero le abandonó. Reducíase su campo de instrucción a -una mezquina parada que algunas veces ofrecía delante de su casa a -manera de espectáculo a los ociosos de la capital y a sus bajos y por -desgracia numerosos aduladores: ridículo remedo de las paradas que -en París solía tener Napoleón. Tan pronto protegía a los hombres de -saber y respeto, tan pronto los humillaba. Al paso que fomentaba una -ciencia particular, o creaba una cátedra, o sostenía alguna mejora, -dejaba que el marqués Caballero, enemigo declarado de la ilustración -y de los buenos estudios, imaginase un plan general de instrucción -pública para todas las universidades incoherente y poco digno del -siglo, permitiéndole también hacer en los códigos legales omisiones y -alteraciones de suma importancia. Aunque confinaba lejos de la corte -y desterraba a cuantos creía desafectos suyos o le desagradaban, -ordinariamente no llevaba más allá sus persecuciones ni fue cruel por -naturaleza: solo se mostró inhumano y duro con el ilustre Jovellanos. -Sórdido en su avaricia vendía como en pública almoneda los empleos, -las magistraturas, las dignidades, los obispados, ya para sí, ya para -sus amigas, o ya para saciar los caprichos de la reina. La hacienda -fue entregada a arbitristas más bien que a hombres profundos en este -ramo, teniéndose que acudir a cada paso a ruinosos recursos para salir -de los continuos tropiezos causados por el derroche de la corte y por -gravosas estipulaciones. Desembozado y suelto en sus costumbres dio -ocasión a que entre el vulgo se pusiese en crédito el esparcido rumor -de estar casado con dos mujeres: habiéndose dicho que era una Doña -María Teresa de Borbón, prima carnal del rey, que fue considerada como -la verdadera, y otra Doña Josefa Tudó, su particular amiga, de buena -índole y de condición apacible, y tan aficionada a su persona que quiso -consignar en la gracia que se le acordó de condesa de _Castillo-Fiel_ -el timbre de su incontrastable fidelidad. Conteníale a veces en sus -prontos y violentos arrebatos. Godoy en el último año llegó al ápice de -su privanza, habiendo recibido con la dignidad de grande almirante el -tratamiento de alteza, distinción no concedida antes en España a ningún -particular. Su fausto fue extremado, su acompañamiento espléndido, su -guardia mejor vestida y arreada que la del rey: honrado en tanto grado -por su soberano fue acatado por casi todos los grandes y principales -personajes de la monarquía. ¡Qué contraste verle ahora y comparar su -suerte con aquella en que aún brillaba dos días antes! Situación que -recuerda la del favorito Eutropio que tan elocuentemente nos pinta uno -de los primeros padres de la Iglesia griega.[*] [Marginal: (* San Juan -Crisóstomo: Ap. n. 2-4.)] «Todo pereció, dice; una ráfaga de viento -soplando reciamente despojó aquel árbol de sus hojas, y nos le mostró -desnudo y conmovido hasta en su raíz... ¿quién había llegado a tanta -excelsitud? ¿No aventajaba a todos en riquezas? ¿no había subido a -las mayores dignidades? ¿No le temían todos y temblaban a su nombre? -Y ahora más miserable que los hombres que están presos y aherrojados; -más necesitado que el último de los esclavos y mendigos, solo ve -agudas armas vueltas contra su persona; solo ve destrucción y ruina, -los verdugos y el camino de la muerte.» Pasmosa semejanza y tal que en -otros tiempos hubiera llevado visos de sobrehumana profecía. - -[Marginal: Tercer movimiento de Aranjuez.] - -Encerrado el príncipe de la Paz en el cuartel de guardias de Corps, -y retirado el pueblo, como hemos dicho, a instancias y en virtud de -las promesas que le hizo el príncipe de Asturias, se mantuvo quieto -y sosegado, hasta que a las dos de la tarde un coche con seis mulas a -la puerta de dicho cuartel movió gran bulla, habiendo corrido la voz -que era para llevar al preso a la ciudad de Granada. El pueblo en un -instante cortó los tirantes de las mulas y descompuso y estropeó el -coche. - -El rey Carlos y la reina María Luisa sobrecogidos con las nuevas -demostraciones del furor popular, temieron peligrase la vida de su -desgraciado amigo. [Marginal: Abdicación de Carlos IV el 19 de marzo.] -El rey achacoso y fatigado con los desusados bullicios, persuadido -además por las respetuosas observaciones de algunos que en tal aprieto -le representaron como necesaria la abdicación en favor de su hijo, y -sobre todo creyendo juntamente con su esposa que aquella medida sería -la sola que podría salvar la vida a Don Manuel Godoy, resolvió convocar -para las siete de la noche del mismo día 19 a todos los ministros del -despacho y renunciar en su presencia la corona, colocándola en las -sienes del príncipe heredero. Este acto fue concebido en los términos -siguientes: «Como [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-5.)] los achaques de que -adolezco no me permiten soportar por más tiempo el grave peso del -gobierno de mis reinos, y me sea preciso para reparar mi salud gozar -en un clima más templado de la tranquilidad de la vida privada, he -determinado después de la más seria deliberación abdicar mi corona en -mi heredero y mi muy caro hijo el príncipe de Asturias. Por tanto es mi -real voluntad que sea reconocido y obedecido como rey y señor natural -de todos mis reinos y dominios. Y para que este mi real decreto de -libre y espontánea abdicación tenga su éxito y debido cumplimiento, -lo comunicaréis al consejo y demás a quien corresponda. — Dado en -Aranjuez a 19 de marzo de 1808. — Yo el rey. — A Don Pedro Cevallos.» - -Divulgada por el sitio la halagüeña noticia, fue indecible el contento -y la alegría; y corriendo el pueblo a la plazuela de palacio, al -cerciorarse de tamaño acontecimiento unánimemente prorrumpió en -víctores y aplausos. El príncipe después de haber besado la mano a su -padre se retiró a su cuarto en donde fue saludado como nuevo rey por -los ministros, grandes y demás personas que allí asistían. - -[Marginal: Conmoción de Madrid del 19 y 20 de marzo.] - -En Madrid se supo en la tarde del 19 la prisión de Don Manuel -Godoy, y al anochecer se agrupó y congregó el pueblo en la plazuela -del Almirante, así denominada desde el ensalzamiento de aquel a -esta dignidad, y sita junto al palacio de los duques de Alba. Allí -levantando gran gritería con _vivas_ al rey y _mueras_ contra la -persona del derribado valido, acometieron los amotinados su casa -inmediata al paraje de la reunión, y arrojando por las ventanas muebles -y preciosidades, quemáronlo todo sin que nada se hubiese robado ni -escondido. Después, distribuidos en varios bandos, y saliendo otros -de puntos distintos con hachas encendidas, repitieron la misma escena -en varias casas, y señaladamente recibieron igual quebranto en las -suyas la madre del príncipe de la Paz, su hermano Don Diego, su cuñado -marqués de Branciforte, los ex-ministros Álvarez y Soler, y Don Manuel -Sixto Espinosa, conservándose en medio de las bulliciosas asonadas una -especie de orden y concierto. - -Siendo universal el júbilo con la caída de Godoy, fue colmado entre -los que supieron a las once de la noche que Carlos IV había abdicado. -Pero como era tarde la noticia no cundió bastantemente por el pueblo -hasta el día siguiente, domingo, confirmándose de oficio por carteles -del consejo que anunciaban la exaltación de Fernando VII. Entonces el -entusiasmo y gozo creció a manera de frenesí, llevando en triunfo por -todas las calles el retrato del nuevo rey, que fue al último colocado -en la fachada de la casa de la Villa. Continuó la algazara y la alegría -toda aquella noche del 20; pero habiéndose ya notado en ella varios -excesos, fueron inmediatamente reprimidos por el consejo, y por orden -suya cesó aquel nuevo género de regocijos. - -[Marginal: Alborotos en las provincias.] - -En las más de las ciudades y pueblos del reino hubo también fiesta -y motín, arrastrando el retrato de Godoy que los mismos pueblos -habían a sus expensas colocado en las casas consistoriales: si bien -es verdad que ahora su imagen era abatida y despedazada con general -consentimiento, y antes habían sido muy pocos los que la habían erigido -y reverenciado buscando por este medio empleos y honores en la única -fuente de donde se derivaban las gracias: el pueblo siempre reprobó con -expresivo murmullo aquellas lisonjas de indignos conciudadanos. - -[Marginal: Juicio sobre la abdicación de Carlos IV.] - -Fue tal el gusto y universal contento, ya con la caída de Don Manuel -Godoy y ya también con la abdicación de Carlos IV, que nadie reparó -entonces en el modo con que este último e importante acto se había -celebrado, y si había sido o no concluido con entera y cumplida -libertad: todos lo creían así llevados de un mismo y general deseo. -Sin embargo graves y fundadas dudas se suscitaron después. Por una -parte Carlos IV se había mostrado a veces propenso a alejarse de los -negocios públicos, y María Luisa en su correspondencia declara que tal -era su intención cuando su hijo se hubiera casado con una princesa de -Francia. Confirmó su propósito Carlos al recibir al cuerpo diplomático -con motivo de su abdicación, pues dirigiendo la palabra a Mr. de -Strogonoff, ministro de Rusia, le dijo: «En mi vida he hecho cosa con -más gusto.» Pero por otra parte es de notar que la renuncia fue firmada -en medio de una sedición, no habiendo Carlos IV en la víspera de -aquel día dado indicio de querer tan pronto efectuar su pensamiento, -porque exonerando al príncipe de la Paz del mando del ejército y de la -marina se encargó el mismo rey del manejo supremo. En la mañana del -19 tampoco anunció cosa alguna relativa a su próxima abdicación; y -solo al segundo alboroto en la tarde y cuando creyó juntamente con la -reina poner a salvo por aquel medio a su caro favorito, resolvió ceder -el trono y retirarse a vida particular. El público, lejos de entrar en -el examen de tan espinosa cuestión, censuró amargamente al consejo, -porque conforme a su formulario había pasado a informe de sus fiscales -el acto de la abdicación: también se le reprendió con severidad -por los ministros del nuevo rey, ordenándole que inmediatamente lo -publicase, como lo verificó el 20 a las tres de la tarde. El consejo -obró de esta manera por conservar la fórmula con que acostumbraba -proceder en sus determinaciones, y no con ánimo de oponerse y menos -aún con el de reclamar los antiguos usos y prácticas de España. Para -lo primero ni tenía interés, ni le era dado resistir al torrente del -universal entusiasmo manifestado en favor de Fernando; y para lo -segundo, pertinaz enemigo de cortes o de cualquiera representación -nacional, más bien se hubiera mostrado opuesto que inclinado a indicar -o promover su llamamiento. Sin embargo para desvanecer todo linaje -de dudas, conveniente hubiera sido repetir el acto de la abdicación -de un modo más solemne y en ocasión más tranquila y desembarazada. -Los acontecimientos que de repente sobrevinieron pudieron servir de -fundada disculpa a aquella omisión; mas parándonos a considerar quiénes -eran los íntimos consejeros de Fernando, cuáles sus ideas y cuál su -posterior conducta, podemos afirmar sin riesgo que nunca hubieran -para aquel objeto congregado cortes, graduando su convocación de -intempestiva y peligrosa. Con todo su celebración a ser posible hubiera -puesto a la renuncia de Carlos IV [conformándose con los antiguos usos -de España] un sello firme e incontrastable de legitimidad. Congregar -cortes para asunto de tanta gravedad fue constante costumbre nunca -olvidada en las muchas renuncias que hubo en los diferentes reinos -de España. Las de Doña Berenguela y la intentada por Don Juan I en -Castilla; la de Don Ramiro el monje en Aragón con todas las otras más -o menos antiguas fueron ejecutadas y cumplidas con la misma solemnidad, -hasta que la introducción de dinastías extranjeras alteró práctica tan -fundamental, siendo al parecer lamentable prerrogativa de aquellos -príncipes atropellar nuestros fueros, conservar nuestros vicios, y -olvidándose de lo bueno que en su patria dejaban, traernos solamente -lo perjudicial y nocivo. Así fue que en las dos célebres cesiones de -Carlos I y Felipe V no se llamó a cortes ni se guardaron las antiguas -formalidades. Verdad es que no hubo ni en una ni en otra asomo de -violencia, y a la de [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-6.)] Carlos I celebrada -en Bruselas públicamente con gran pompa y aparato asistieron además -muchos grandes. La de Felipe V fue más silenciosa, poniendo en esta -parte nuestros monarcas más y más en olvido la respetable antigüedad -según que se acercaban a nuestro tiempo. El rey dijo que obraba [*] -[Marginal: (* Ap. n. 2-7.)] «con consentimiento y de conformidad con la -reina su muy cara y muy amada esposa.» Singular modo de autorizar acto -de tanta trascendencia y de interés tan general. La opinión entonces a -pesar de estar reprimida no quedó satisfecha, pues los «jurisperitos y -los mismos del consejo real,[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-8.)] nos dice -el marqués de San Felipe, veían que no era válida la renuncia no hecha -con acuerdo de sus vasallos... pero nadie replicó, pues al consejo real -no se le preguntó sobre la validación de la renuncia, sino se le mandó -que obedeciese el decreto...» Ahora lo mismo: ni a nadie se le preguntó -cosa alguna, ni nadie replicó esperándolo todo de la caída de Godoy y -del ensalzamiento de Fernando: imprevisión propia de las naciones que -entregándose ciegamente a la sola y casual sucesión de las personas, -no buscan en las leyes e instituciones el sólido fundamento de su -felicidad. - -[Marginal: Ministros del nuevo monarca.] - -Exaltado al solio Fernando VII del nombre, conservó por de pronto a -los mismos ministros de su padre, pero sucesivamente removió a los más -de ellos. Fue el primero que estuvo en este caso Don Miguel Cayetano -Soler, dotado de cierto despejo, y que encargado de la hacienda fue -más bien arbitrista que hombre verdaderamente entendido en aquel -ramo. Se puso en su lugar a Don Miguel José de Azanza, antiguo virrey -de Méjico, quien confinado en Granada gozaba del concepto de hombre -de mucha probidad. Quedó en estado Don Pedro Cevallos con decreto -honorífico para que no le perjudicase su enlace con una prima hermana -del príncipe de la Paz. Teníanle en el reinado anterior por cortesano -dócil, estaba adornado de cierta instrucción, y si bien no descuidó -los intereses personales y de familia, pasó en la corrompida corte de -Carlos IV por hombre de bien. Se notó posteriormente en su conducta -propensión fácil a acomodarse a varios y encontrados gobiernos. -Continuó al frente de la marina Don Francisco Gil y Lemus, anciano -respetable y de carácter entero y firme. Sucedió a pocos días en -guerra al enfermizo y ceremonioso Don Antonio Olaguer Feliú el general -Don Gonzalo Ofárril, recién venido de Toscana, en donde había mandado -una división española. Gozaba créditos de hombre de saber y de más -aventajado militar. Empezó por nombrársele director general de -artillería, y elevado al ministerio fue acometido de una enfermedad -grave que causó vivo y general sentimiento: tanta era la opinión de que -gozaba, la cual hubiera conservado intacta si la suerte de que todos se -lamentaban hubiera terminado su carrera. El marqués Caballero, ministro -de gracia y justicia, enemigo del saber, servidor atento y solícito -de los caprichos licenciosos de la reina, perseguidor del mérito y de -los hombres esclarecidos, había sido hasta entonces universalmente -despreciado y aborrecido. Viendo en marzo a qué lado se inclinaba la -fortuna, varió de lenguaje y de conducta, y en tanto grado que se le -creyó por algún tiempo autor en parte de lo acaecido en Aranjuez: debió -a su oportuna mudanza habérsele conservado en su ministerio durante -algunos días. Pero perseguido por su anterior desconcepto y ofreciendo -poca confianza, pasó en cambio de su puesto a ser presidente de uno de -los consejos: contribuyó mucho a su separación el haber maliciosamente -retardado cuatro días el despacho de la orden que llamaba a Madrid -de su confinamiento a Don Juan Escóiquiz. Entró en el despacho de -gracia y justicia Don Sebastián Piñuela, ministro anciano del consejo. -Se alzaron los destierros a Don Mariano Luis de Urquijo, al conde -de Cabarrús y al sabio y virtuoso Don Gaspar Melchor de Jovellanos, -víctima la más desgraciada y con más saña perseguida en la privanza de -Godoy. También fueron llamados todos los individuos comprendidos en la -causa del Escorial, mereciendo entre ellos particular mención Don Juan -Escóiquiz, el duque del Infantado y el de San Carlos. - -[Marginal: Escóiquiz.] - -Era Don Juan Escóiquiz hijo de un general y natural de Navarra. -Educado en la casa de pajes del rey, prefirió al estruendo de las -armas el quieto y pacífico estado eclesiástico, y obtuvo una canonjía -en la catedral de Zaragoza de donde pasó a ser maestro del príncipe -de Asturias. En el nuevo y honroso cargo en vez de formar el tierno -corazón de su augusto discípulo infundiendo en él máximas de virtud -y tolerancia; en vez de enriquecer su mente y adornarla de útiles y -adecuados conocimientos, se ocupó más bien en intrigas y enredos de -corte ajenos de su estado, y sobre todo de su magisterio. Queriendo -derribar a Godoy se atrajo su propia desgracia y se le alejó de la -enseñanza del príncipe, dándole en la iglesia de Toledo el arcedianato -de Alcaraz. Desde allí continuó sus secretos manejos, hasta que al -fin de resultas de la causa del Escorial se le confinó al convento -del Tardón. Aficionado a escribir en prosa y verso no descolló en -las letras más que en la política. Tradujo del inglés, con escaso -numen, el _Paraíso perdido_ de Milton, y de sus obras en prosa debe -en particular mencionarse una defensa que publicó del tribunal de la -Inquisición; parto torcido de su poco venturoso ingenio. Fue siempre -ciego admirador de Bonaparte, y creciendo de punto su obcecación -comprometió con ella al príncipe su discípulo, y sepultó al reino en -un abismo de desgracias. Presumido y ambicioso, somero en su saber, -sin conocimiento práctico del corazón humano y menos de la corte y -de los gobiernos extraños, se imaginó que, cual otro Jiménez de -Cisneros, desde el rincón de su coro de Toledo saliendo de nuevo al -mundo, regiría la monarquía y sujetaría a la estrecha y limitada -esfera de su comprensión la extensa y vasta del indomable emperador -de los franceses. Condecorado con la gran cruz de Carlos III, fue -nombrado por el nuevo rey consejero de Estado, y como tal asistió a -las importantes discusiones de que hablaremos muy pronto. [Marginal: -El duque del Infantado.] El duque del Infantado dado al estudio de -algunas ciencias, fomentador en sus estados de la industria y de -ciertas fábricas, gozaba de buen nombre, realzado por su riqueza, por -el lustre de su casa, y principalmente por las persecuciones que su -desapego al príncipe de la Paz le habían acarreado. Como coronel ahora -de guardias españolas y presidente del consejo real tomó parte en los -arduos negocios que ocurrieron, y no tardó en descubrir la flojedad -y distracción de su ánimo, careciendo de aquella energía y asidua -aplicación que se requiere en las materias graves. Tan cierto es que -hombres cuyo concepto ha brillado en la vida privada o en tiempos -serenos, se eclipsan si son elevados a puesto más alto, o si alcanzan -días turbulentos y borrascosos. [Marginal: El duque de San Carlos.] -Dio la América el ser al duque de San Carlos, quien después de haber -hecho la campaña contra Francia en 1793, fue nombrado ayo del príncipe -de Asturias, y desterrado al fin de la corte con motivo de la causa -del Escorial. La reina María Luisa decía que era el más falso de todos -los amigos de su hijo; pero sin atenernos ciegamente a tan parcial -testimonio, cierto es que durante la privanza de Godoy no mostró -respecto del favorito el mismo desvío que el duque del Infantado, y -solícito lisonjero buscó en su genealogía el modo de entroncarse y -emparentar con el ídolo a quien tantos reverenciaban. Escogido para -mayordomo mayor en lugar del marqués de Mos, estuvo especialmente a -su cargo, junto con el del Infantado y Escóiquiz, dirigir la nave del -estado en medio del recio temporal que había sobrevenido, e inexperto -y desavisado la arrojó contra conocidos escollos tan desatentadamente -como sus compañeros. - -[Marginal: Primeras providencias del nuevo reinado.] - -Fueron las primeras providencias del nuevo reinado o poco importantes o -dañosas al interés público, empezándose ya entonces el fatal sistema de -echar por tierra lo actual y existente, sin otro examen que el de ser -obra del gobierno que había antecedido. Se abolía la superintendencia -general de policía creada el año anterior, y se dejaba resplandeciente -y viva la horrible Inquisición. Permitíase en los sitios y bosques -reales la destrucción de alimañas, y se suspendía la venta del séptimo -de los bienes eclesiásticos concedida y aprobada dos años antes por -bula del Papa: medida necesaria y urgentísima en España, obstruida en -su prosperidad con la embarazosa traba del casi total estancamiento -de la propiedad territorial; medida que, repetimos, hubiera convenido -mantener con firmeza, cuidando solamente de que se invirtiese el -producto de la venta en procomunal. Se suprimió también un impuesto -sobre el vino con el objeto de halagar a los contribuyentes, como si -abandonando el verdadero y sólido interés del estado no fuera muy -reprensible dejarse llevar de una mal entendida y efímera popularidad. -Pero aquellas providencias fueran o no oportunas, apenas fijaron la -atención de España, inquieto el ánimo con el cúmulo de acontecimientos -que unos en pos de otros sobrevinieron y se atropellaron. - -[Marginal: Proceso del príncipe de la Paz y de otros, 23 de marzo.] - -El príncipe de la Paz en la mañana del 23 de marzo había sido -trasladado desde Aranjuez al castillo de Villaviciosa, escoltándole los -guardias de corps a las órdenes del marqués de Castelar, comandante -de alabarderos, y allí fue puesto en juicio. Fuéronlo igualmente su -hermano Don Diego, el ex-ministro Soler, Don Luis Viguri, antiguo -intendente de la Habana, el corregidor de Madrid Don José Marquina, -el tesorero general Don Antonio Noriega, el director de la caja de -consolidación Don Miguel Sixto Espinosa, Don Simón de Viegas, fiscal -del consejo, y el canónigo Don Pedro Estala, distinguido como literato. -Para procesar a muchos de ellos no hubo otro motivo que el de haber -sido amigos de Don Manuel Godoy, y haberle tributado esmerado obsequio; -delito, si lo era, en que habían incurrido todos los cortesanos y -algunos de los que todavía andaban colocados en dignidades y altos -puestos. Se confiscaron por decreto del rey los bienes del favorito, -aunque las leyes del reino entonces vigentes autorizaban solo el -embargo y no la confiscación, puesto que para imponer la última pena -debía preceder juicio y sentencia legal, no exceptuándose ni aquellos -casos en que el individuo era acusado del crimen de lesa majestad. -Además conviene advertir que no obstante la justa censura que merecía -la ruinosa administración de Godoy, en un gobierno como el de Carlos -IV, que no reconocía límite ni freno a la voluntad del soberano, -difícilmente hubiera podido hacérsele ningún cargo grave, sobre todo -habiendo seguido Fernando por la pésima y trillada senda que su padre -le había dejado señalada. El valido había procedido en el manejo de -los negocios públicos autorizado con la potestad indefinida de Carlos -IV, no habiéndosele puesto coto ni medida, y lejos de que hubiese -aquel soberano reprobado su conducta después de su desgracia, insistió -con firmeza en sostenerle y en ofrecer a su caído amigo el poderoso -brazo de su patrocinio y amparo. Situación muy diversa de la de Don -Álvaro de Luna, desamparado y condenado por el mismo rey a quien debía -su ensalzamiento. Don Manuel Godoy, escudado con la voluntad expresa -y absoluta de Carlos, solo otra voluntad opresora e ilimitada podía -atropellarle y castigarle; medio legalmente atroz e injusto, pero -debido pago a sus demasías, y correspondiente a las reglas que le -habían guiado en tiempo de su favor. - -[Marginal: Grandes enviados para obsequiar a Murat y a Napoleón.] - -Pasados los primeros días de ceremonia y públicos regocijos se -volvieron los ojos a los huéspedes extranjeros que insensiblemente se -aproximaban a la capital. La nueva corte soñando felicidades y pensando -en efectuar el tan ansiado casamiento de Fernando con una princesa de -la sangre imperial de Francia, se esmeró en dar muestras de amistad y -afecto al emperador de los franceses y a su cuñado Murat, gran duque de -Berg. Fue al encuentro de este para obsequiarle y servirle el duque del -Parque, y salieron en busca del deseado Napoleón, con el mismo objeto -los duques de Medinaceli y de Frías, y el conde de Fernán Núñez. - -[Marginal: Avanza Murat hacia Madrid.] - -Ya hemos indicado como las tropas francesas se avanzaban hacia Madrid. -El 15 de marzo había Murat salido de Burgos, continuando después su -marcha por el camino de Somosierra. Traía consigo la guardia imperial, -numerosa artillería y el cuerpo de ejército del mariscal Moncey, al que -reemplazaba el de Bessières en los puntos que aquel iba desocupando. -Dupont también se avanzaba por el lado de Guadarrama con toda su -fuerza, a excepción de una división que dejó en Valladolid para -observar las tropas españolas de Galicia. Se había con particularidad -encargado a Murat que se hiciera dueño de la cordillera que divide las -dos Castillas, antes que se apoderase de ella Solano u otras tropas; -igualmente se le previno que interceptara los correos, con otras -instrucciones secretas, cuya ejecución no tuvo lugar a causa de la -sumisa condescendencia de la nueva corte. - -Murat, inquieto y receloso con lo acaecido en Aranjuez, no quiso -dilatar más tiempo la ocupación de Madrid, y el 23 entró en la capital -llevando delante, con deseo de excitar la admiración, la caballería -de la guardia imperial, y lo más escogido y brillante de su tropa, -y rodeado él mismo de un lujoso séquito de ayudantes y oficiales -de estado mayor. No correspondía la infantería a aquella primera y -ostentosa muestra, constando en general de conscriptos y gente bisoña. -El vecindario de Madrid, si bien ya temeroso de las intenciones de los -franceses, no lo estaba a punto que no los recibiese afectuosamente, -ofreciéndoles por todas partes refrescos y agasajos. Contribuía no poco -a alejar la desconfianza el traer a todos embelesados las importantes -y repentinas mudanzas sobrevenidas en el gobierno. Solo se pensaba en -ellas y en contarlas y referirlas una y mil veces; ansiando todos ver -con sus propios ojos y contemplar de cerca al nuevo rey, en quien se -fundaban lisonjeras e ilimitadas esperanzas, tanto mayores cuanto así -descansaba el ánimo fatigado con el infausto desconcierto del reinado -anterior. - -[Marginal: Entrada de Fernando en Madrid en 24 de marzo.] - -Fernando, cediendo a la impaciencia pública, señaló el día 24 de marzo -para hacer su entrada en Madrid. Causó el solo aviso indecible -contento, saliendo a aguardarle en la víspera por la noche numeroso -gentío de la capital, y concurriendo al camino con no menor diligencia -y afán todos los pueblos de la comarca. Rodeado de tan nuevo y -grandioso acompañamiento llegó a las Delicias, desde donde por la -puerta de Atocha entró en Madrid a caballo, siguiendo el paseo del -Prado, y las calles de Alcalá y Mayor hasta palacio. Iban detrás y en -coche los infantes Don Carlos y Don Antonio. Testigos de aquel día de -placer y holganza, nos fue más fácil sentirle que nos será dar de él -ahora una idea perfecta y acabada. Horas enteras tardó el rey Fernando -en atravesar desde Atocha hasta palacio: con escasa escolta, por -doquiera que pasaba, estrechado y abrazado por el inmenso concurso, -lentamente adelantaba el paso, tendiéndosele al encuentro las capas -con deseo de que fueran holladas por su caballo: de las ventanas se -tremolaban los pañuelos, y los vivas y clamores saliendo de todas las -bocas se repetían y resonaban en plazuelas y calles, en tablados y -casas, acompañados de las bendiciones más sinceras y cumplidas. Nunca -pudo monarca gozar de triunfo más magnífico ni más sencillo; ni nunca -tampoco contrajo alguno obligación más sagrada de corresponder con todo -ahínco al amor desinteresado de súbditos tan fieles. - -[Marginal: Conducta impropia de Murat.] - -Murat oscurecido y olvidado con la universal alegría, procuró recordar -su presencia con mandar que algunas de sus tropas maniobrasen en medio -de la carrera por donde el rey había de pasar. Desagradó orden tan -inoportuna en aquel día, como igualmente el que no estando satisfecho -con el alojamiento que se le había dado en el Buen Retiro, por sí y -militarmente, sin contar con las autoridades, se hubiese mudado a la -antigua casa del príncipe de la Paz, inmediata al convento de Doña -María de Aragón. Acontecimientos eran estos de leve importancia, -pero que influyeron no poco en indisponer los ánimos del vecindario. -Aumentose el disgusto a vista del desvío que mostró el mismo Murat -con el nuevo rey, desvío imitado por el embajador Beauharnais, único -individuo del cuerpo diplomático que no le había reconocido. La -corte disculpaba a entrambos con la falta de instrucciones, debida -a lo impensado de la repentina mudanza; mas el pueblo comparando el -anterior lenguaje de dicho embajador amistoso y solícito con su fría -actual indiferencia, atribuía la súbita transformación a causa más -fundamental. Así fue que la opinión, respecto de los franceses, de día -en día fue trocándose y tomando distinto y contrario rumbo. - -[Marginal: Opinión de España sobre Napoleón.] - -Hasta entonces, si bien algunos se recelaban de las intenciones de -Napoleón, la mayor parte solo veía en su persona un apoyo firme de la -nación y un protector sincero del nuevo monarca. La perfidia de la toma -de las plazas u otros sucesos de dudosa interpretación, los achacaban a -viles manejos de Don Manuel Godoy o a justas precauciones del emperador -de los franceses. Equivocado juicio sin duda, mas nada extraño en un -país privado de los medios de publicidad y libre discusión que sirven -para ilustrar y rectificar los extravíos de las opiniones. De cerca -habían todos sentido las demasías de Godoy, y de Napoleón solo y de -lejos se habían visto sus pasmosos hechos y maravillosas campañas. Los -diarios de España, o más bien la miserable Gaceta de Madrid, eco de los -papeles de Francia, y unos y otros esclavizados por la censura previa, -describían los sucesos y los amoldaban a gusto y sabor del que en -realidad dominaba acá y allá de los Pirineos. Por otra parte el clero -español, habiendo visto que Napoleón había levantado los derribados -altares, prefería su imperio y señorío a la irreligiosa y perseguidora -dominación que le había precedido. No perdían los nobles la esperanza -de ser conservados y mantenidos en sus privilegios y honores por aquel -mismo que había creado órdenes de caballería, y erigido una nueva -nobleza en la nación en donde pocos años antes había sido abolida y -proscrita. Miraban los militares como principal fundamento de su gloria -y engrandecimiento al afortunado caudillo, que para ceñir sus sienes -con la corona no había presentado otros abuelos ni otros títulos que su -espada y sus victorias. Los hombres moderados, los amantes del orden y -del reposo público, cansados de los excesos de la revolución, respetaban -en la persona del emperador de los franceses al severo magistrado -que con vigoroso brazo había restablecido concierto en la hacienda y -arreglo en los demás ramos. Y si bien es cierto que el edificio que -aquel había levantado en Francia no estribaba en el duradero cimiento -de instituciones libres, valladar contra las usurpaciones del poder, -había entonces pocos en España y contados eran los que extendían tan -allá sus miras. - -[Marginal: Juicio sobre la conducta de Napoleón.] - -Napoleón bien informado del buen nombre con que corría en España, cobró -aliento para intentar su atrevida empresa, posible y hacedera a haber -sido conducida con tino y prudente cordura. Para alcanzar su objeto dos -caminos se le ofrecieron, según la diversidad de los tiempos. Antes -de la sublevación de Aranjuez la partida y embarco para América de la -familia reinante era el mejor y más acomodado. Sin aquel impensado -trastorno, huérfana España y abandonada de sus reyes hubiera saludado a -Napoleón como príncipe y salvador suyo. La nueva dominación fácilmente -se hubiera afianzado, si adoptando ciertas mejoras hubiera respetado -el noble orgullo nacional y algunas de sus anteriores costumbres y -aun preocupaciones. Acertó pues Napoleón cuando vio en aquel medio el -camino más seguro de enseñorearse de España, procediendo con grande -desacuerdo desde el momento en que desbaratado por el acaso su primer -plan, no adoptó el único y obvio que se le ofrecía en el casamiento de -Fernando con una princesa de la familia imperial: hubiera hallado en su -protegido un rey más sumiso y reverente que en ninguno de sus hermanos. -Cuando su viaje a Italia, no había Napoleón desechado este pensamiento, -y continuó en el mismo propósito durante algún tiempo, si bien con más -tibieza. El ejemplo de Portugal le sugirió más tarde la idea de repetir -en España lo que su buena suerte le había proporcionado en el país -vecino. Afirmose en su arriesgado intento después que sin resistencia -se había apoderado de las plazas fuertes, y después que vio a su -ejército internado en las provincias del reino. Resuelto a su empresa -nada pudo ya contenerle. - -Esperaba con impaciencia Napoleón el aviso de haber salido para -Andalucía los reyes de España, a la misma sazón que supo el importante -e inesperado acontecimiento de Aranjuez. [Marginal: Propuesta de -Napoleón a su hermano Luis.] Desconcertado al principio con la -noticia, no por eso quedó largo tiempo indeciso; y obstinado y tenaz -en nada alteró su primera determinación. Claramente nos lo prueba un -importante documento. Había el sábado en la noche 26 de marzo recibido -en Saint-Cloud un correo con las primeras ocurrencias de Aranjuez, -y otro pocas horas después con la abdicación de Carlos IV. Hasta -entonces solo él era sabedor de lo que contra España maquinaba: sin -compromiso y sin ofensa del amor propio hubiera podido variar su plan. -Sin embargo al día siguiente, el 27 del mismo, decidido a colocar en -el trono de España a una persona de su familia, escribió con aquella -fecha a su hermano Luis rey de Holanda.[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-9.)] -«El rey de España acaba de abdicar la corona, habiendo sido preso el -príncipe de la Paz. Un levantamiento había empezado a manifestarse -en Madrid, cuando mis tropas estaban todavía a cuarenta leguas de -distancia de aquella capital. El gran duque de Berg habrá entrado -allí el 23 con 40.000 hombres, deseando con ansia sus habitantes mi -presencia. Seguro de que no tendré paz sólida con Inglaterra sino -dando un grande impulso al continente, he resuelto colocar un príncipe -francés en el trono de España... En tal estado he pensado en ti para -colocarte en dicho trono... Respóndeme categóricamente cuál sea tu -opinión sobre este proyecto. Bien ves que no es sino proyecto, y aunque -tengo 100.000 hombres en España, es posible por circunstancias que -sobrevengan, o que yo mismo vaya directamente, o que todo se acabe -en quince días, o que ande más despacio siguiendo en secreto las -operaciones durante algunos meses. Respóndeme categóricamente: si te -nombro rey de España, ¿lo admites? ¿Puedo contar contigo?...» Luis -rehusó la propuesta. Documento es este importantísimo, porque fija -de un modo auténtico y positivo desde qué tiempo había determinado -Napoleón mudar la dinastía de Borbón, estando solo incierto en los -medios que convendría emplear para el logro de su proyecto. También por -estos días conferenciando con Izquierdo le preguntó, si los españoles -le querrían como a soberano suyo. Replicole aquel con oportunidad -plausible: «con gusto y entusiasmo admitirán los españoles a V. M. por -su monarca, pero después de haber renunciado a la corona de Francia.» -Imprevista respuesta y poco grata a los delicados oídos del orgulloso -conquistador. Continuando pues Napoleón en su premeditado pensamiento, -y pareciéndole que era ya llegado el caso de ponerle en ejecución, -trató de aproximarse al teatro de los acontecimientos, habiendo salido -de París el 2 de abril con dirección a Burdeos. - -En tanto Murat, retrayéndose de la nueva corte, anunciaba todos los -días la llegada de su augusto cuñado. En palacio se preparaba la -habitación imperial, adornábase el Retiro para bailes, y un aposentador -enviado de París lo disponía y arreglaba todo. Para despertar aún más -la viva atención del público se enseñaba hasta el sombrero y botas del -deseado emperador. Bien que en aquellos preparativos y anuncios hubiese -de parte de los franceses mucho de aparente y falso, es probable que -sin el trastorno causado por el movimiento de Aranjuez, Napoleón -hubiera pasado a Madrid. Sorprendido con la súbita mudanza determinó -buscar en Bayona ocasión que desenredase los complicados asuntos de -España. [Marginal: Correspondencia entre Murat y los reyes padres.] -Ofreciósela oportuna una correspondencia entablada entre Murat y los -reyes padres, y a que dio origen el ardiente deseo de libertar a Don -Manuel Godoy, y poner su vida fuera de todo riesgo. Fue mediadora -en la correspondencia la reina de Etruria, y Murat, considerándola -como conveniente al final desenlace de los intentos de Napoleón, -cualesquiera que ellos fuesen, no desaprovechó la dichosa coyuntura que -la casualidad le ofrecía. De ella provino la famosa protesta de Carlos -IV contra su abdicación, sirviendo de base dicho acto a todas las -renuncias y procedimientos que tuvieron después lugar en Bayona. - -Nació aquella correspondencia [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-10.)] poco -después del día 19 de marzo. Ya en el 22 las dos reinas madre e hija -escribían con eficacia en favor del preso Godoy, manifestando la de -España que estaba su felicidad cifrada en acabar tranquilamente sus -días con su esposo y el único _amigo_ que _ambos_ tenían. Con igual -fecha lo mismo pedía Carlos IV, añadiendo que se iban a Badajoz. -Es de notar el contexto de dichas cartas en las que todavía no se -hablaba de haber protestado el rey padre contra la abdicación hecha -en el día 19, ni de asunto alguno conexo con paso de tanta gravedad. -Sin embargo cuando en 1810 publicó el Monitor esta correspondencia, -insertó antes de las enunciadas cartas del 22 otra en que se hace -mención de aquel acto como de cosa consumada; pero el haberse omitido -en ella la fecha, diciendo al mismo tiempo la reina que a nada aspiraba -sino a alejarse con su esposo y Godoy todos tres juntos de intrigas -y mando, excita contra dicha carta vehementes sospechas, o de que se -omitió la fecha por haber sido posteriormente escrita a la del 22, -o, lo que es también verosímil, que se intercaló el pasaje en que se -habla de haber protestado, no aviniéndose con este acto e implicando -más bien contradicción los deseos de la reina allí manifestados. La -protesta apareció con la fecha del 21; mas las cartas del 22 con otras -aserciones encontradas que se notan en la correspondencia, prueban que -en la dicha protesta se empleó una supuesta y anticipada fecha, y que -Carlos no tuvo determinación fija de extender aquel acto hasta pasados -tres días después de su abdicación. - -La lectura atenta de toda la correspondencia, y lo que hemos oído a -personas de autoridad, nos induce a creer que Carlos IV se resolvió a -formalizar su protesta después de las vistas que el 23 tuvieron él y -su esposa con el general Monthion, jefe del estado mayor de Murat. De -cualquiera modo que dicho general nos haya pintado su conferencia, y -bien que haya querido indicarnos que los reyes padres estaban decididos -de antemano a protestar contra su abdicación, lo cierto es que hasta -aquel día Carlos IV no se había dirigido a Napoleón, y entonces lo -hizo comunicándole cómo se había visto forzado a renunciar, «cuando -el estruendo de las armas y los clamores de una guardia sublevada le -habían dado a conocer bastante la necesidad de escoger entre la vida -o la muerte; pues [añadía] esta última se hubiera seguido a la de la -reina.» Concluía poniendo enteramente su suerte en las manos de su -poderoso aliado. Acompañaba a la carta el acto de la protesta así -concebido.[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-11.)] «Protesto y declaro que todo -lo que manifiesto en mi decreto del 19 de marzo, abdicando la corona en -mi hijo, fue forzado por precaver mayores males y la efusión de sangre -de mis queridos vasallos, y por tanto de ningún valor. — Yo el rey. — -Aranjuez 21 de marzo de 1808.» - -Del cúmulo de pruebas que hemos tenido a la vista en un punto tan -delicado e importante, conjeturamos fundadamente que Carlos, cuya -abdicación fue considerada por la generalidad como un acto de su -libre y espontánea voluntad, y la cual el mismo monarca de carácter -indolente y flojo dio momentáneamente con gusto; abandonado después -por todos, solo y no acatado cual solía cuando empuñaba el cetro, -advirtió muy luego la diferencia que media entre un soberano reinante -y otro desposeído y retirado. Fuele doloroso en su triste y solitaria -situación comparar lo que había sido y lo que ahora era, y dio bien -pronto indicio de pesarle su precipitada resolución. El arrepentimiento -de haber renunciado fue en adelante tan constante y tan sincero, que no -solo en Bayona mostraba a las claras la violencia que se había empleado -contra su persona, sino que todavía en Roma en 1816 repetía a cuantos -españoles iban a verle y en quienes tenía confianza, que su hijo no -era legítimo rey de España, y que solo él Carlos IV era el verdadero -soberano. No menos ahondaba y quebrantaba el corazón de la reina el -triste recuerdo de su perdido influjo y poderío: andaba despechada -con la ingratitud de tantos mudables cortesanos antes en apariencia -partidarios adictos y afectuosos, y grandemente la atribulaban los -riesgos que cercaban a su idolatrado amigo. Ambos, en fin, sintieron -el haber descendido del trono, acusándose a sí mismos de la sobrada -celeridad con que habían cedido a los temores de una violenta -sublevación. No fueron los primeros reyes que derramaron lágrimas -tardías en memoria de su antiguo y renunciado poder. - -Pesarosos Carlos y María Luisa y dispuestos sus ánimos a deshacer -lo que inconsideradamente habían ofrecido y ejecutado el día 19, -vislumbraron un rayo de halagüeña esperanza al ver el respeto y -miramiento con que eran tratados por los principales jefes del ejército -extranjero. [Marginal: Siguen los tratos entre Murat y los reyes -padres.] Entonces pensaron seriamente en recobrar la perdida autoridad, -fundando más particularmente su reclamación en la razón poderosa de -haber abdicado en medio de una sedición popular y de una sublevación de -la soldadesca. Murat si no fue quien primero sugirió la idea, al menos -puso gran conato en sostenerla, porque con ella fomentando la desunión -de la familia real, minaba por su cimiento la legitimidad del nuevo -rey, y ofrecía a su gobierno un medio plausible de entrometerse en -las disensiones interiores, mayormente acudiendo a buscar el anciano -y desposeído Carlos reparo y ayuda en su aliado el emperador de los -franceses. - -Murat al paso que urdía aquella trama o que por lo menos ayudaba a -ella, no cesaba de anunciar la próxima llegada de Napoleón, insinuando -mañosamente a Fernando por medio de sus consejeros cuán conveniente -sería que para allanar cualesquiera dificultades que se opusiesen al -reconocimiento, saliera a esperar a su augusto cuñado el emperador. Por -su parte el nuevo gobierno procuraba con el mayor esfuerzo granjear la -voluntad del gabinete de Francia. Ya en 20 de marzo se mandó al consejo -[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-12.)] publicar que Fernando VII lejos de -mudar el sistema político de su padre respecto de aquel imperio, -pondría su esmero en estrechar los preciosos vínculos de amistad y -alianza que entre ambos subsistían, encargándose con especialidad -recomendar al pueblo que tratase bien y acogiese con afecto al ejército -francés. Se despacharon igualmente órdenes a las tropas de Galicia -que habían dejado a Oporto, para que volviesen a aquel punto, y a las -de Solano, que estaban ya en Extremadura en virtud de lo últimamente -dispuesto por Godoy, se les mandó que retrocediesen a Portugal. Estas -sin embargo se quedaron por la mayor parte en Badajoz, no cuidándose -Junot de tener cerca de sí soldados cuya conducta no merecía su -confianza. - -El pueblo español entre tanto empezaba cada día a mirar con peores -ojos a los extranjeros, cuya arrogancia crecía según que su morada -se prolongaba. Continuamente se suscitaban empeñadas riñas entre los -paisanos y los soldados franceses, y el 27 de marzo de resultas de -una más acalorada y estrepitosa, estuvo para haber en la plazuela de -la Cebada una grande conmoción, en la que hubiera podido derramarse -mucha sangre. La corte acongojada quería sosegar la inquietud pública, -ora por medio de proclamas, ora anunciando y repitiendo la llegada de -Napoleón que pondría término a las zozobras e incertidumbre. Era tal -en este punto su propio engaño que en 24 de marzo se avisó al público -de oficio [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-13.)] «que S. M. tenía noticia -que dentro de dos días y medio a tres llegaría el emperador de los -franceses...» Así ya no solamente se contaban los días sino las horas -mismas: ansiosa impaciencia, desvariada en el modo de expresarse, y -afrentosa en un gobierno cuyas providencias hubieran podido descansar -en el seguro y firme apoyo de la opinión nacional. - -[Marginal: Llega Escóiquiz a Madrid en 28 de marzo.] - -¡Cosa maravillosa! Cuanto más se iban en Madrid desengañando todos -y comprendiendo los fementidos designios del gabinete de Francia, -tanto más ciego y desatentado se ponía el gobierno español. Acabó de -perderle y descarriarle el 28 de marzo con su llegada Don Juan de -Escóiquiz, quien no veía en Napoleón sino al esclarecido, poderoso y -heroico defensor del rey Fernando y sus parciales. Deslumbrado con -la opinión que de sí propio tenía, creyó que solo a él le era dado -acertar con los oportunos medios de sacar airoso y triunfante de la -embarazosa posición a su augusto discípulo, y cerrando los oídos a la -voz pública y universal, llamó hacia su persona una severa y terrible -responsabilidad. Causa asombro, repetimos, que los engaños y arterías -advertidos por el más ínfimo y rudo de los españoles se ocultasen -y oscureciesen a Don Juan Escóiquiz y a los principales consejeros -del rey, quienes por el puesto que ocupaban y por la sagacidad que -debía adornarles, hubieran debido descubrir antes que ningún otro -las asechanzas que se les armaban. Pero los sucesos que en gran -manera concurrían a excitar su desconfianza, eran los mismos que los -confortaban y aquietaban. Tal fue el pliego de Izquierdo, de que -hablamos en el libro anterior. Las proposiciones en él inclusas, y por -las que nada menos se trataba que de ceder las provincias del Ebro -allá, y de arreglar la sucesión de España, sobre la cual dentro del -reino nadie había tenido dudas, no despertaron las dormidas sospechas -de Escóiquiz ni de sus compañeros. Atentos solo a la propuesta indicada -en el mismo pliego de casar a Fernando con una princesa, pensaron que -todo iba a componerse amistosamente, llevando tan allá Escóiquiz y los -suyos el extravío de su mente, que en su _Idea sencilla_ no se detiene -en asentar «que su opinión conforme con la del consejo del rey había -sido que las intenciones más perjudiciales que podían recelarse del -gobierno francés, eran las del trueque de las provincias más allá del -Ebro por el reino de Portugal, o tal vez la cesión de la Navarra;» como -si la cesión o pérdida de cualquiera de estas provincias no hubiera -sido clavar un agudo puñal en una parte muy principal de la nación, -desmembrándola y dejándola expuesta a los ataques que contra ella -intentase dirigir a mansalva su poderoso vecino. - -El contagio de tamaña ceguedad había cundido entre algunos cortesanos, -y hubo de ellos quienes sirvieron por su credulidad al entretenimiento -y burla de los servidores de Napoleón. [Marginal: Fernán Núñez en -Tours.] Se aventajó a todos el conde de Fernán Núñez, quien para -merecer primero las albricias dejando atrás a los que con él habían ido -a recibir al emperador de los franceses, se adelantó a toda diligencia -hasta Tours. No distante de aquella ciudad cruzándose en el camino -con Mr. Bausset, prefecto del palacio imperial, le preguntó con viva -impaciencia si estaba ya cerca la novia del rey Fernando, sobrina del -emperador. Respondiole aquel que tal sobrina no era del viaje ni había -oído hablar de novia ni de casamiento. Tomando entonces Fernán Núñez en -su ademán un compuesto y misterioso semblante, atribuyó la respuesta -del prefecto imperial o a estudiado disimulo o a que no estaba en el -importante secreto. No dejan estos hechos por leves que parezcan de -pintar los hombres que con su obcecación dieron motivo a grandes y -trascendentales acontecimientos. - -Lejos Murat de contribuir con su conducta a ofuscar a los ministros del -rey, obraba de manera que más bien ayudaba al desengaño que a mantener -la lisonjera ilusión. Continuaba siempre en sus tratos con la reina de -Etruria y los reyes padres, no ocupándose en reconocer a Fernando, ni -en hacerle siquiera una visita de mera ceremonia y cumplido. A pesar de -su desvío bastaba que mostrase el menor deseo para que los ministros -del nuevo rey se afanasen por complacerle y servirle. [Marginal: -Entrega de la espada de Francisco I.] Así fue que habiendo manifestado -a Don Pedro Cevallos cuánto le agradaría tener en su poder la espada -de Francisco I depositada en la real armería, le fue al instante -entregada en 4 de abril, siendo llevada con gran pompa y acompañamiento -y presentada por el marqués de Astorga en calidad de caballerizo mayor. -Al par que en sus anteriores procedimientos se portó en este paso el -gobierno español débil y sumisamente, el francés dejó ver estrecheza -de ánimo en una demanda ajena de una nación famosa por sus hazañas y -glorias militares, como si los triunfos de Pavía y el inmortal trofeo -ganado en buena guerra, y que adquirieron a España sus ilustres hijos -Diego de Ávila y Juan de Urbieta pudieran nunca borrarse de la memoria -de la posteridad. - -[Marginal: Carta de Napoleón a Murat: viaje del infante Don Carlos. (* -Ap. n. 2-14.)] - -Napoleón no estaba del todo satisfecho de la conducta de Murat. En una -carta que le escribió en 29 de marzo le manifestaba sus temores, y con -diestra y profunda mano le trazaba cuanto había complicado los negocios -el acontecimiento de Aranjuez.[*] Este documento si fue escrito -del modo que después se ha publicado, muestra el acertado tino y -extraordinaria previsión del emperador francés, y que la precipitación -y equivocados informes de Murat perjudicaron muy mucho al pronto y -feliz éxito de su empresa. Sin embargo además de las instrucciones -que aparecen por la citada carta, debió de haber otras por el mismo -tiempo que indicasen o expresasen más claramente la idea de llevar a -Francia los príncipes de la real familia; pues Murat siguiendo en aquel -propósito y no atreviéndose a insistir inmediatamente en sus anteriores -insinuaciones de que Fernando fuese al encuentro de Napoleón, propuso -como muy oportuna la salida al efecto del infante Don Carlos, en lo -cual conviniendo sin dificultad la corte, partió el infante el 5 de -abril. No habían pasado muchos días ni aun tal vez horas cuando Murat -poco a poco volvió a renovar sus ruegos para que el rey Fernando se -pusiese también en camino y halagase con tan amistoso paso a su amigo -el emperador Napoleón. El embajador francés apoyaba lo mismo y con -particular eficacia, habiendo en fin claramente descubierto que la -política de su amo en los asuntos de España era muy otra de la que -antes se había figurado. - -Pero viendo el rey Fernando que su hermano el infante no había -encontrado en Burgos a Napoleón y proseguía adelante sin saber cuál -sería el término de su viaje, vacilaba todavía en su resolución. -Sus consejeros andaban divididos en sus dictámenes: Cevallos se -oponía a la salida del rey hasta tanto que se supiera de oficio la -entrada en España del emperador francés. Escóiquiz constante en su -desvarío sostenía con empeño el parecer contrario, y a pesar de su -poderoso influjo hubiera difícilmente prevalecido en el ánimo del -rey, [Marginal: Llegada a Madrid del general Savary.] si la llegada -a Madrid del general Savary no hubiese dado nuevo peso a sus razones -y cambiado el modo de pensar de los que hasta entonces habían estado -irresolutos e inciertos. Savary, general de división y ayudante de -Napoleón, iba a Madrid con el encargo de llevar a Fernando a Bayona, -adoptando para ello cuantos medios estimase convenientes al logro de la -empresa. Juzgose que era la persona más acomodada para desempeñar tan -ardua comisión, encubriendo bajo un exterior militar y franco profunda -disimulación y astucia. Apenas, por decirlo así, apeado, solicitó -audiencia particular de Fernando, la cual concedida manifestó con -aparente sinceridad «que venía de parte del emperador para cumplimentar -al rey y saber de S. M. únicamente si sus sentimientos con respecto -a la Francia eran conformes con los del rey su padre, en cuyo caso el -emperador prescindiendo de todo lo ocurrido no se mezclaría en nada -de lo interior del reino, y reconocería desde luego a S. M. por rey -de España y de las Indias.» Fácil es acertar con la contestación que -daría una corte no ocupada sino en alcanzar el reconocimiento del -emperador de los franceses. Savary anunció la próxima llegada de su -soberano a Bayona, de donde pasaría a Madrid, insistiendo poco después -en que Fernando saliese a recibirle, con cuya determinación probaría su -particular anhelo por estrechar la antigua alianza que mediaba entre -ambas naciones, y asegurando que la ausencia sería tanto menos larga -cuanto que se encontraría en Burgos con el mismo emperador. El rey -vencido con tantas promesas y palabras, resolvió al fin condescender -con los deseos de Savary, sostenido y apoyado por los más de los -ministros y consejeros españoles. - -Cierto que el paso del general francés hubiera podido hacer titubear -al hombre más tenaz y firme si otros indicios poderosos no hubieran -contrapesado su aparente fuerza. Además era sobrada precipitación -antes de saberse el viaje de Napoleón a España de un modo auténtico y -de oficio, exponer la dignidad del rey a ir en busca suya, habiéndose -hasta entonces comunicado su venida solo de palabra e indirectamente. -Con mayor lentitud y circunspección hubiera convenido proceder en -negocio en que se interesaban el decoro del rey, su seguridad y la -suerte de la nación, principalmente cuando tantas perfidias habían -precedido, cuando Murat tenía conducta tan sospechosa, y cuando en vez -de reconocer a Fernando cuidaba solamente de continuar sus secretos -manejos con la antigua corte. Mas el deslumbrado Escóiquiz proseguía -no viendo las anteriores perfidias, y achacaba las intrigas de Murat a -actos de pura oficiosidad, contrarios a las intenciones de Napoleón. -Sordo a la voz del pueblo, sordo al consejo de los prudentes, sordo a -lo mismo que se conversaba en todo el ejército extranjero, en corrillos -y plazas, se mantuvo porfiadamente en su primer dictamen y arrastró al -suyo a los más de los ministros, dando al mundo la prueba más insigne -de terca y desvariada presunción, probablemente aguijada por ardiente -deseo de ambiciosos crecimientos. - -[Marginal: Aviso de Hervás.] - -Hubo aún para recelarse el que Don José Martínez de Hervás, quien -como español y por su conocimiento en la lengua nativa había venido -en compañía del general Savary, avisó que se armaba contra el rey -alguna celada, y que obraría con prudente cautela desistiendo del -viaje o difiriéndole. Pero, ¡oh colmo de ceguedad!, los mismos que -desacordadamente se fiaban en las palabras de un extranjero, del -general Savary, tuvieron por sospechosa la loable advertencia del -leal español. Y como si tantos indicios no bastasen, el mismo Savary -dio ocasión a nuevos recelos con pedir de orden del emperador que -se pusiese en libertad al enemigo declarado e implacable del nuevo -gobierno, al odiado Godoy. Incomodó, sin embargo, la intempestiva -solicitud, y hubiera tal vez perjudicado al resuelto viaje, si el -francés, a ruego del Infantado y Ofárril, no hubiera abandonado su -demanda. - -Firmes pues en su propósito los consejeros de Fernando y conducidos -por un hado adverso, señalaron el día 10 de abril para su partida, -[Marginal: 10 de abril: salida del rey para Burgos.] en cuyo día salió -S. M. tomando el camino de Somosierra para Burgos. Iban en su compañía -Don Pedro Cevallos ministro de estado, los duques del Infantado y -San Carlos, el marqués de Múzquiz, Don Pedro Labrador, Don Juan de -Escóiquiz, el capitán de guardias de Corps conde de Villariezo, y los -gentil-hombres de cámara marqués de Ayerbe, de Guadalcázar, y de -Feria. La víspera había escrito Fernando a su padre pidiéndole una -carta para el emperador con súplica de que asegurase en ella los buenos -sentimientos que le asistían, queriendo seguir las mismas relaciones -de amistad y alianza con Francia que se habían seguido en su anterior -reinado. Carlos IV ni le dio la carta, ni le contestó, con achaque de -estar ya en cama: precursora señal de lo que en secreto se proyectaba. - -[Marginal: Nombramiento de una junta suprema.] - -Antes de su salida dispuso el rey Fernando que se nombrase una junta -suprema de gobierno presidida por su tío el infante Don Antonio y -compuesta de los ministros del despacho, quienes a la sazón eran Don -Pedro Cevallos, de estado, que acompañaba al rey; Don Francisco Gil y -Lemus, de marina; Don Miguel José de Azanza, de hacienda; Don Gonzalo -Ofárril, de guerra, y Don Sebastián Piñuela, de gracia y justicia. Esta -junta según las instrucciones verbales del rey debía entender en todo -lo gubernativo y urgente, consultando en lo demás con S. M. - -[Marginal: Sobre el viaje del rey.] - -En tanto que el rey con sus consejeros va camino de Bayona, será bien -que nos detengamos a considerar de nuevo resolución tan desacertada. -La pintura triste que para disculparse traza Escóiquiz en su obra -acerca de la situación del reino, sería juiciosa si en aquel caso se -hubiese tratado de medir las fuerzas militares de España y sus recursos -pecuniarios con los de Francia, a la manera de una guerra de ejército -a ejército y de gobierno a gobierno. Le estaba bien al príncipe de -la Paz calcular fundado en aquellos datos como quien no tenía el -apoyo nacional; mas la posición de Fernando era muy otra, siendo tan -extraordinario el entusiasmo en favor suyo que un ministro hábil y -entendido no debía en aquel caso dirigirse por las reglas ordinarias de -la fría razón, sino contar con los esfuerzos y patriotismo de la nación -entera, la cual se hubiera alzado unánimemente a la voz del rey, para -defender sus derechos contra la usurpación extranjera; y las fuerzas -de una nación levantada en cuerpo son tan grandes e incalculables a -los ojos de un verdadero estadista, como lo son las fuerzas vivas a -las del mecánico. Así lo pensaba el mismo Napoleón, quien en la carta -a Murat del 29 de marzo arriba citada decía: «La revolución de 20 de -marzo prueba que hay energía en los españoles. Habrá que lidiar contra -un pueblo nuevo lleno de valor, y con el entusiasmo propio de hombres -a quienes no han gastado las pasiones políticas...»; y más abajo: «se -harán levantamientos en masa que eternizarán la guerra...» Acertado y -perspicaz juicio que forma pasmoso contraste con el superficial y poco -atinado de Escóiquiz y sus secuaces. Era además dar sobrada importancia -a un paso de puro ceremonial para concebir la idea que la política de -un hombre como Napoleón en asunto de tal cuantía hubiera de moderarse -o alterarse por encontrar al rey algunas leguas más o menos lejos; -antes bien era propio para encender su ambición un viaje que mostraba -imprevisión y extremada debilidad. Se cede a veces en política a un -acto de fortaleza heroica, nunca a míseros y menguados ruegos. - -[Marginal: Llega el rey el 12 de abril a Burgos.] - -El rey en su viaje fue recibido por las ciudades, villas y lugares -del tránsito con inexplicable gozo, haciendo a competencia sus -moradores las demostraciones más señaladas de la lealtad y amor que -los inflamaban. Entró en Burgos el 12 de abril sin que hubiese allí ni -más lejos noticia del emperador francés. Deliberose en aquella ciudad -sobre el partido que debía tomarse, de nuevo reiteró sus promesas y -artificios el general Savary, y de nuevo se determinó que prosiguiese -el rey su viaje a Vitoria. Y he aquí que los mismos y mal aventurados -consejeros que sin tratado alguno ni formal negociación, y solo por -meras e indirectas insinuaciones habían llevado a Fernando hasta -Burgos, le llevan también a Vitoria, y le traen de monte en valle y -de valle en monte en busca de un soberano extranjero mendigando con -desdoro su reconocimiento y ayuda, como si uno y otro fuera necesario -y decoroso a un rey que habiendo subido al solio con universal -consentimiento, afianzaba su poder y legitimidad sobre la sólida e -incontrastable base del amor y unánime aprobación de sus pueblos. - -Llegó el rey a Vitoria el 14. Napoleón que había permanecido en -Burdeos algunos días, salió de allí a Bayona, en donde entró en la -noche del 14 al 15, de lo que noticioso el infante Don Carlos, hasta -entonces detenido en Tolosa, pasó a aquella plaza. Savary, sabiendo -que el emperador se aproximaba a la frontera, y viendo que ya no le -era dado por más tiempo continuar con fruto sus artificios si no -acudía a algún otro medio, resolvió pasar a Bayona llevando consigo -una carta de Fernando para Napoleón.[*] [Marginal: Escribe Fernando a -Napoleón: contesta este en 17 de abril. (* Ap. n. 2-15.)] No tardó en -recibirse la respuesta estando con ella de vuelta en Vitoria el día -17 el mismo Savary, y la cual estaba concebida en términos que era -suficiente por sí sola a sacar de su error a los más engañados. En -efecto la carta respondía a la última de Fernando, y en parte también -a la que le había escrito en 11 de octubre del año pasado. Sembrada de -verdades expresadas con cierta dureza, no se soltaba en ella prenda -que empeñase a Napoleón a cosa alguna: lo dejaba todo en dudas dando -solo esperanzas sobre el ansiado casamiento. Notábase con especialidad -en su contexto el injurioso aserto que Fernando «no tenía otros -derechos al trono que los que le había transmitido su madre:» frase -altamente afrentosa al honor de la reina, y no menos indecorosa al que -la escribía que ofensiva a aquel a quien iba dirigida. Pero una carta -tan poco circunspecta, tan altanera y desembozada embelesó al canónigo -Escóiquiz, quien se recreaba con la vaga promesa del casamiento. Por -entonces vimos lo que escribía a un amigo suyo desde Vitoria, y le -faltaban palabras con que dar gracias al Todopoderoso por el feliz -éxito que la carta de Napoleón pronosticaba a su viaje. Realmente -rayaba ya en demencia su continuada obcecación. - -Savary auxiliado con la carta aumentó sus esfuerzos y concluyó con -decir al rey «me dejo cortar la cabeza si al cuarto de hora de haber -llegado S. M. a Bayona no le ha reconocido el emperador por rey de -España y de las Indias... Por sostener su empeño empezará probablemente -por darle el tratamiento de alteza; pero a los cinco minutos le dará -majestad, y a los tres días estará todo arreglado, y S. M. podrá -restituirse a España inmediatamente...» Engañosas y pérfidas palabras -que acabaron de decidir al rey a proseguir su viaje hasta Bayona. - -[Marginal: Tentativas o proposiciones para que el rey se escape.] - -Sin embargo hubo españoles más desconfiados o cautos que no dando -crédito a semejantes promesas, propusieron varios medios para que el -rey se escapase. Todavía hubiera podido conseguirse en Vitoria ponerle -en salvo, aunque los obstáculos crecían de día en día. Los franceses -habían redoblado su vigilancia, y no contentos con los 4000 hombres que -ocupaban a Vitoria a las órdenes del general Verdier, habían aumentado -la guarnición especialmente con caballería enviada de Burgos. Savary -tenía orden de arrebatar al rey por fuerza en la noche del 18 al 19 -si de grado no se mostraba dispuesto a pasar a Francia. Cuidadoso -con no faltar a su mandato, estando muy sobreaviso hacía rondar y -observar la casa donde el rey habitaba. A pesar de su esmerado celo -la evasión se hubiera fácilmente ejecutado a haberse Fernando resuelto -a abrazar aquel partido. Don Mariano Luis de Urquijo que había ido de -Bilbao a cumplimentarle a su paso por Vitoria, propuso de acuerdo con -el alcalde Urbina un medio para que de noche se fugase disfrazado. -Hubo también otros y varios proyectos, mas entre todos es digno de -particular mención como el mejor y más asequible el propuesto por el -duque de Mahón. Era pues que saliendo el rey de Vitoria por el camino -de Bayona, y dando confianza a los franceses con la dirección que -había tomado, siguiera así hasta Vergara, en cuyo pueblo abandonando -la carretera real torciese del lado de Durango y se encaminase al -puerto de Bilbao. Añadía el duque que la evasión sería protegida por -un batallón del inmemorial del rey residente en Mondragón, y de cuya -fidelidad respondía. Escóiquiz con quien siempre nos encontraremos -cuando se trate de alejar al rey de Bayona y librarle de las armadas -asechanzas, dijo: «que no era necesario habiendo S. M. recibido -grandes pruebas de amistad de parte del emperador.» Eran las _grandes -pruebas_ la consabida carta. El de Mahón no por eso dejó de insistir -la misma víspera de la salida para Bayona, habiéndose aumentado las -sospechas de todos con la llegada de 300 granaderos a caballo de la -guardia imperial. Mas al querer hablar, poniéndole la mano en la boca, -pronunció Escóiquiz estas notables palabras: «es negocio concluido, -mañana salimos para Bayona: se nos han dado todas las seguridades que -podíamos desear.» - -[Marginal: Proclama al partir el rey de Vitoria.] - -Tratose en fin de partir. Sabedor el pueblo se agrupó delante del -alojamiento del rey, cortó los tirantes de las mulas, y prorrumpió -en voces de amor y lealtad para que el rey escuchase sus fundados -temores.[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-16.)] Todo fue en vano. -Apaciguándose el bullicio a duras penas, se publicó un decreto en que -afirmaba el rey «estar cierto de la sincera y cordial amistad del -emperador de los franceses, y que antes de cuatro o seis días darían -gracias a Dios y a la prudencia de S. M. de la ausencia que ahora les -inquietaba.» - -[Marginal: Sale de Vitoria el 19 de abril.] - -Partió el rey de Vitoria el 19 de abril y en el mismo llegó a Irún -casi solo, habiéndose quedado atrás el general Savary por habérsele -descompuesto el coche. Se albergó en casa del señor Olazábal sita fuera -de la villa, en donde había de guarnición un batallón del regimiento -de África, decidido a obedecer rendidamente las órdenes de Fernando. -La providencia a cada paso parecía querer advertirle del peligro, y -a cada paso le presentaba medios de salvación. Mas un ciego instinto -arrastraba al rey al horroroso precipicio. Savary tuvo tal miedo de que -la importante presa se le escapase, a la misma sazón que ya la tenía -asegurada, que llegó a Irún asustado y despavorido. - -[Marginal: 20 de abril: Entrada del rey en Bayona.] - -El 20 cruzó el rey y toda la comitiva el Bidasoa, y entró en Bayona a -las diez de la mañana de aquel día. Nadie le salió a recibir al camino -a nombre de Napoleón. Más allá de San Juan de Luz encontró a los tres -grandes de España comisionados para felicitar al emperador francés, -quienes dieron noticias tristes, pues la víspera por la mañana habían -oído al mismo de su propia boca que los Borbones nunca más reinarían -en España. Ignoramos por qué no anduvieron más diligentes en comunicar -al rey el importante aviso, que podría descansadamente haberle -alcanzado en Irún: quizá se lo impidió la vigilancia de que estaban -cercados. Abatió el ánimo de todos lo que anunciaron los grandes, -echando también de ver el poco aprecio que a Napoleón merecía el rey -Fernando en el modo solitario con que le dejaba aproximarse a Bayona, -no habiendo salido persona alguna elevada en dignidad a cumplimentarle -y honrarle, hasta que a las puertas de la ciudad misma se presentaron -con aquel objeto el príncipe de Neufchâtel y Duroc, gran mariscal de -palacio. Admiró en tanto grado a Napoleón ver llegar a Fernando sin -haberle especialmente convidado a ello, que al anunciarle un ayudante -su próximo arribo exclamó: «¿cómo?... ¿viene?... no, no es posible...» -Aún no conocía personalmente a los consejeros de Fernando. - -[Marginal: Sigue la correspondencia entre Murat y los reyes padres.] - -Después de la partida del rey prosiguiendo Murat en su principal -propósito de apoyar las intrigas que se preparaban en la enemistad y -despecho de los reyes padres, avivó la correspondencia que con ellos -había entablado. Hasta entonces no habían conferenciado juntos, siendo -sus ayudantes y la reina de Etruria el conducto por donde se entendían. -Mucho desagradaron los secretos tratos de la última, a los que -particularmente la arrastró el encendido deseo de conseguir un trono -para su hijo, aunque sus esfuerzos fueron vanos. En la correspondencia, -después de ocuparse en el asunto que más interesaba a Murat y su -gobierno, esto es, el de la protesta de Carlos IV, llamó a la reina y -a su esposo intensamente la atención la desgraciada suerte de su amigo -Godoy, _del pobre príncipe de la Paz_, con cuyo epiteto a cada paso se -le denomina en las cartas de María Luisa. Duda el discurso, al leer -esta correspondencia, si es más de maravillar la constante pasión de -la reina por el favorito, o la ciega amistad del rey. Confundían ambos -su suerte con la del desgraciado a punto que decía la reina: «si no -se salva el príncipe de la Paz, y si no se nos concede su compañía, -moriremos el rey, mi marido, y yo.» Es digna de la atenta observación -de la historia mucha parte de aquella correspondencia, y señaladamente -lo son algunas cartas de la reina madre. Si se prescinde del enfado -y acrimonia con que están escritas ciertas cláusulas, da su contexto -mucha luz sobre los importantes hechos de aquel tiempo, y en él se -pinta al vivo y con colores por desgracia harto verdaderos el carácter -de varios personajes de aquel tiempo. Posteriores acontecimientos -nos harán ver lastimosamente con cuánta verdad y conocimiento de los -originales trazó la reina María Luisa algunos de estos retratos. Los -reyes padres habían desde marzo continuado en Aranjuez, teniendo para -su guardia tropas de la casa real. [Marginal: Pasan los reyes padres -al Escorial.] También había fuerza francesa a las órdenes del general -Wattier, socolor de proteger a los reyes y continuar dando mayor -peso a la idea de haberse ejercido contra ellos particular violencia -en el acto de la abdicación. El 9 de abril pasaron al Escorial por -insinuación de Murat con el intento de aproximarlos al camino de -Francia. No tuvieron allí otra guardia más que la de las tropas -francesas y los carabineros reales. - -[Marginal: Entrega de Godoy en 20 de abril.] - -En Madrid apenas había salido el rey cuando Murat pidió con ahínco a -la junta que se le entregase a Don Manuel Godoy, afirmando que así se -lo había ofrecido Fernando la víspera de su partida en el cuarto de -la reina de Etruria: aserción tanto más dudosa cuanto si bien allí se -encontraron, parece cierto que nada se dijeron, retenidos por no querer -ni uno ni otro ser el primero a romper el silencio. Resistiéndose -la junta a dar libertad al preso, amenazó Murat conque emplearía la -fuerza si al instante no se le ponía en sus manos. Afanábase por ser -dueño de Godoy, considerándole necesario instrumento para influir en -Bayona en las determinaciones de los reyes padres, a quienes por otra -parte en las primeras vistas que tuvo con ellos en el Escorial uno -de aquellos días les había prometido su libertad. La junta se limitó -por de pronto a mandar al consejo con fecha del 13 que suspendiese -el proceso intentado contra Don Manuel Godoy hasta nueva orden de S. -M., a quien se consultó por medio de Don Pedro Cevallos. La posición -de la junta realmente era muy angustiada, quedando expuesta a la -indignación pública si le soltaba, o a las iras del arrebatado Murat -si le retenía. Don Pedro Cevallos contestó desde Vitoria que se -había escrito al emperador ofreciendo usar con Godoy de generosidad -perdonándole la vida, siempre que fuese condenado a la pena de muerte. -Bastole esta contestación a Murat para insistir en 20 de abril en la -soltura del preso con el objeto de enviarle a Francia, y con engaño y -despreciadora befa decía a su nombre el general Belliard en su oficio: -[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-17.)] «El gobierno y la nación española solo -hallarán en esta resolución de S. M. I. nuevas pruebas del interés -que toma por la España, porque alejando al príncipe de la Paz quiere -quitar a la malevolencia los medios de creer posible que Carlos IV -volviese el poder y su confianza al que debe haberla perdido para -siempre.» ¡Así se escribía a una autoridad puesta por Fernando y que -no reconocía a Carlos IV! La junta accedió a lo último a la demanda -de Murat, habiéndose opuesto con firmeza el ministro de marina Don -Francisco Gil y Lemus. Mucho se motejó la condescendencia de aquel -cuerpo; sin embargo eran tales y tan espinosas las circunstancias que -con dificultad se hubiera podido estorbar con éxito la entrega de -Don Manuel Godoy. Acordada que esta fue, se dieron las convenientes -órdenes al marqués de Castelar, quien antes de obedecer, temeroso de -algún nuevo artificio de los franceses, pasó a Madrid a cerciorarse -de la verdad de boca del mismo infante presidente. El pundonoroso -general al oír la confirmación de lo que tenía por falso hizo dejación -de su destino, suplicando que no fuesen los guardias de Corps quienes -hiciesen la entrega, sino los granaderos provinciales. El bueno del -infante le replicó que «en aquella entrega consistía el que su sobrino -fuese rey de España:» a cuya poderosa razón cedió Castelar, y puso -en libertad al preso Godoy a las 11 de la noche del mismo día 20, -entregándole en manos del coronel francés Martel. Sin detención tomaron -el camino de Bayona, adonde llegó Godoy con la escolta francesa el -26, habiéndosele reunido poco después su hermano Don Diego. Se albergó -aquel en una quinta que le estaba preparada a una legua de la ciudad, -y a poco tuvo con Napoleón una larga conferencia. El rey, si bien no -desaprobó la conducta de la junta, tampoco la aplaudió, elogiando de -propósito al consejo que se había opuesto a la entrega. En asunto de -tanta gravedad procuraron todos sincerar su modo de proceder; entre -ellos se señaló el marqués de Castelar apreciable y digno militar, -quien envió para informar al rey no menos que a tres sujetos, a su -segundo el brigadier Don José Palafox, a su hijo el marqués de Belveder -y al ayudante Butrón. Así, y como milagrosamente, se libró Godoy de una -casi segura y desastrada muerte. - -[Marginal: Quejas y tentativas de Murat.] - -En todos aquellos días no había cesado Murat de incomodar y acosar a la -junta con sus quejas e infundadas reclamaciones. El 16 había llamado -a Ofárril para lamentarse con acrimonia o ya de asesinatos, o ya de -acopios de armas que se hacían en Aragón. Eran estos meros pretextos -para encaminar su plática a asunto más serio. Al fin le declaró el -verdadero objeto de la conferencia. Era pues que el emperador no -reconocía en España otro rey sino a Carlos IV, y que habiendo para ello -recibido órdenes suyas iba a publicar una proclama que manuscrita le -dio a leer. Se suponía extendida por el rey padre, asegurando en ella -haber sido forzada su abdicación, como así se lo había comunicado a -su aliado el emperador de los franceses, con cuya aprobación y arrimo -volvería a sentarse en el solio. Absorto Ofárril con lo que acababa de -oír informó de ello a la junta, la cual de nuevo comisionó al mismo en -compañía de Azanza para apurar más y más las razones y el fundamento -de tan extraña resolución. Murat, acompañado del conde de Laforest, se -mantuvo firme en su propósito, y solo consintió en aguardar la última -contestación de la junta que verbalmente y por los mismos encargados -respondió: «1.º Que Carlos IV y no el gran duque debía comunicarle -su determinación. 2.º Que comunicada que le fuese se limitaría a -participarla a Fernando VII: y 3.º Pedía que estando Carlos IV próximo -a salir para Bayona se guardase el mayor secreto y no ejerciese durante -el viaje ningún acto de soberanía.» En seguida pasó Murat al Escorial, -y poniéndose de acuerdo con los reyes padres [*] [Marginal: (* Ap. -n. 2-18.) Reclama Carlos IV la corona, y anuncia su viaje a Bayona.] -escribió Carlos IV a su hermano el infante Don Antonio una carta en la -que aseguraba haber sido forzada su abdicación del 19 de marzo, y que -en aquel mismo día había protestado solemnemente contra dicho acto. -Ahora reiteraba su primera declaración confirmando provisionalmente -a la junta en su autoridad como igualmente a todos los empleados -nombrados desde el 19 de marzo último, y anunciaba su próxima salida -para ir a encontrarse con su aliado el emperador de los franceses. -Es digno de reparo que en aquella carta expresase Carlos IV haber -protestado solemnemente el 19, cuando después dató su protesta del -21, cuya fecha ya antes advertimos envolvía contradicción con cartas -posteriores escritas por el mismo monarca. Prueba notable y nueva de -la precipitación conque en todo se procedió, y del poco concierto que -entre sí tuvieron los que arreglaron aquel negocio; puesto que fuera -la protesta extendida en el día de la abdicación o fuéralo después, -siendo Carlos IV y sus confidentes los dueños y únicos sabedores -de su secreto, hubieran por lo menos debido coordinar unas fechas -cuya contradicción había de desautorizar acto de tanta importancia, -mayormente cuando la legitimidad o fuerza de la protesta no dimanaba -de que se hubiese realizado el 19, el 21 o el 23, sino de la falta de -libre voluntad conque aseguraban ellos había sido dada la abdicación. -Respecto de lo cual como se había verificado en medio de conmociones y -bullicios populares, solo Carlos IV era el único y competente juez, y -no habiendo variado su situación en los tres días sucesivos a punto que -pudiera atribuirse su silencio a completa conformidad, siempre estaba -en el caso de alegar fundadamente que cercado de los mismos riesgos -no había osado extender por escrito un acto que descubierto hubiera -sobremanera comprometido su persona y la de su esposa. En nada de eso -pensaron; creyeron de más al parecer detenerse en cosas que imaginaron -leves, bastándoles la protesta para sus premeditados fines. Carlos -IV después de haber remitido igual acto a Napoleón, en compañía de -la reina y de la hija del príncipe de la Paz se puso en camino para -Bayona el día 25 de abril, escoltado por tropas francesas y carabineros -reales, los mismos que le habían hecho la guardia en el Escorial. Fácil -es figurarse cuán atribulados debieron quedar el infante y la junta -con novedades que oscurecían y encapotaban más y más el horizonte -político. - -[Marginal: Inquietud en Madrid.] - -La salida de Godoy, las conferencias de Murat con los reyes padres, -la arrogancia y modo de explicarse de gran parte de los oficiales -franceses y de su tropa, aumentaban la irritación de los ánimos, y a -cada paso corría riesgo de alterarse la tranquilidad pública de Madrid -y de los pueblos que ocupaban los extranjeros. Un incidente agravó -en la capital estado tan crítico. Murat había ofrecido a la junta -guardar reservada la protesta de Carlos IV, pero a pesar de su promesa -no tardó en faltar a ella, o por indiscreción propia, o por el mal -entendido celo de sus subalternos. El día 20 de abril se presentó al -consejo el impresor Eusebio Álvarez de la Torre para avisarle que dos -agentes franceses habían estado en su casa con el objeto de imprimir -una proclama de Carlos IV. Ya había corrido la voz por el pueblo, y en -la tarde hubiera habido una grande conmoción, si el consejo de antemano -no hubiese enviado al alcalde de casa y corte Don Andrés Romero, quien -sorprendió a los dos franceses Funiel y Ribat con las pruebas de la -proclama. Quiso el juez arrestarlos, mas ni consintieron ellos en ir -voluntariamente, ni en declarar cosa alguna sin orden previa de su jefe -el general Grouchy, gobernador francés de Madrid. Impaciente el pueblo -se agolpó a la imprenta, y temiendo el alcalde que al sacarlos fuesen -dichos franceses víctimas del furor popular, los dejó allí arrestados -hasta la determinación del consejo, el cual no osando tomar sobre sí la -resolución, acudió a la junta que, no queriendo tampoco comprometerse, -dispuso ponerlos en libertad, exigiendo solamente de Murat nueva -promesa de que en adelante no se repetirían iguales tentativas. Tan -débiles e irresolutas andaban las dos autoridades, en quienes se -libraba entonces la suerte y el honor nacional. La libertad de Godoy -y el caso sucedido en la imprenta, al parecer poco importante, fueron -acontecimientos que muy particularmente indispusieron el espíritu -público contra los franceses. En el último claramente aparecía el -deseo de reponer en el trono a Carlos IV, y renovar así las crueles y -recientes llagas del anterior reinado; y con el primero se arrancaba -de manos de la justicia y se daba suelta al objeto odiado de la nación -entera. - -[Marginal: Alboroto en Toledo.] - -No se circunscribía a Madrid la pública inquietud. En Toledo el día -21 de abril se turbó también la tranquilidad por la imprudencia del -ayudante general Marcial Tomás, que había salido enviado a aquella -ciudad con el objeto de disponer alojamientos para la tropa francesa. -Explicábase sin rebozo contra el ensalzamiento de Fernando VII, -afirmando que Napoleón había decidido restablecer en el trono a Carlos -IV. Esparcidos por el vecindario semejantes rumores, se amotinó el -pueblo agavillándose en la plaza de Zocodover, y paseando armado por -las calles el retrato de Fernando, a quien todos tenían que saludar o -acatar, fueran franceses o españoles. La casa del corregidor Don José -Joaquín de Santa María, y las de los particulares Don Pedro Segundo -y Don Luis del Castillo fueron acometidas y públicamente quemados -sus muebles y efectos, achacándose a estos sujetos afecto al valido -y a Carlos IV: crimen entonces muy grave en la opinión popular. Duró -el tumulto dos días. Le apaciguó el cabildo y la llegada del general -Dupont, quien con la suficiente fuerza pasó el 26 de Aranjuez a aquella -ciudad. [Marginal: En Burgos.] Iguales ruidos y alborotos hubo en -Burgos por aquellos días de resultas de haber detenido los franceses -a un correo español. El intendente marqués de la Granja estuvo muy -cerca de perecer a manos del populacho, y hubo con esta ocasión varios -heridos. - -Apoyado en aquellos tumultos provocados por la imprudencia u osadía -francesa, y seguro por otra parte de que Fernando había atravesado la -frontera, [Marginal: Conducta altanera de Murat.] levantó Murat su -imperioso y altanero tono, encareciendo agravios e importunando con -sus peticiones. Guardaba con la junta, autoridad suprema de la nación, -tan poco comedimiento que en ocasiones graves procedía sin contar con -su anuencia. Así fue que queriendo Bonaparte congregar en Bayona una -diputación de españoles, para que en tierra extraña tratase de asuntos -interiores del reino, a manera de la que antes había reunido en León -respecto de Italia; y habiendo Murat comunicado dicha resolución a la -junta gubernativa a fin de que nombrase sujetos y arreglase el modo -de convocación; al tiempo que esta en medio de sus angustias entraba -en deliberación acerca de la materia, llegó a su noticia que el gran -duque Murat había por sí escogido al intento ciertas personas, quienes -rehusando pasar a Francia sin orden o pasaporte de su gobierno, le -obligaron a dirigirse a la misma junta para obtenerlos. Diolos aquella, -creciendo en debilidad a medida que el francés crecía en insolencia. - -[Marginal: Conducta de la junta y medidas que propone.] - -Más adelante volveremos a hablar de la reunión que se indicaba para -Bayona. Ahora conviene que paremos nuestra atención en la conducta -de la junta suprema, autoridad que quedó al frente de la nación y la -gobernó hasta que grandes y gloriosos levantamientos limitaron su flaca -dominación a Madrid y puntos ocupados por los franceses. A pesar de -no haber sido su mando muy duradero varió en su composición, ya por -el número de sujetos que después se le agregaron, ya por la mudanza y -alteración sustancial que experimentó al entrar Murat a presidirla. Nos -ceñiremos por de pronto al espacio de su gobernación, que comprende -hasta los primeros días de mayo, en cuyo tiempo se componía de las -personas antes indicadas bajo la presidencia del infante Don Antonio, -asistiendo con frecuencia a sus sesiones el príncipe de Castel-Franco, -el conde de Montarco y Don Arias Mon, gobernador del consejo. Se -agregaron en 1.º de mayo por resolución de la misma junta todos los -presidentes y decanos de los consejos, y se nombró por secretario -al conde de Casa-Valencia. En su difícil y ardua posición hostigada -de un lado por un jefe extranjero impetuoso y altivo, y reprimida -de otro con las incertidumbres y contradicciones de los que habían -acompañado al rey a Bayona, puede encontrar disculpa la flojedad -y desmayo con que generalmente obró durante todos aquellos días. -Hubiérase también achacado su indecisión al modo restricto con que -Fernando la había autorizado a su partida, si Don Pedro Cevallos no -nos hubiera dado a conocer que para acudir al remedio de aquel olvido -o falta de previsión, se le había enviado a dicha junta desde Bayona -una real orden para «que ejecutase cuanto convenía al servicio del rey -y del reino, y que al efecto usase de todas las facultades que S. M. -desplegaría si se hallase dentro de sus estados.» Parece ser que el -decreto fue recibido por la junta, y en verdad que con él tenía ancho -campo para proceder sin trabas ni miramiento. Sin embargo constante en -su timidez e irresolución no se atrevió a tomar medida alguna vigorosa -sin consultar de nuevo al rey. Fueron despachados con aquel objeto -a Bayona Don Evaristo Pérez de Castro y Don José de Zayas: llegó el -primero sin tropiezo a su destino; detúvose al segundo en la raya. -Susurrose entonces que una persona bien enterada del itinerario del -último lo había revelado para entorpecer su misión: no fue así con -Pérez de Castro, quien encubrió a todos el camino o extraviada vereda -que llevaba. La junta remitía por dichos comisionados cuatro preguntas -acerca de las cuales pedía instrucciones. «1.ª Si convenía autorizar -a la junta a sustituirse en caso necesario en otras personas, las que -S. M. designase, para que se trasladasen a paraje en que pudiesen -obrar con libertad, siempre que la junta llegase a carecer de ella. -2.ª Si era la voluntad de S. M. que empezasen las hostilidades, el -modo y tiempo de ponerlo en ejecución. 3.ª Si debía ya impedirse la -entrada de nuevas tropas francesas en España, cerrando los pasos de la -frontera. 4.ª Si S. M. juzgaba conducente que se convocasen las cortes, -dirigiendo su real decreto al consejo, y en defecto de este [por ser -posible que al llegar la respuesta de S. M. no estuviera ya en libertad -de obrar] a cualquiera chancillería o audiencia del reino.» - -[Marginal: Creación de una junta que la sustituya.] - -Preguntas eran estas con que más bien daba indicio la junta de querer -cubrir su propia responsabilidad, que de desear su aprobación. Con todo -habiendo dentro de su seno individuos sumamente adictos al bien y honor -de su patria, no pudieron menos de acordarse con oportunidad algunas -resoluciones, que ejecutadas con vigor hubieran sin duda influido -favorablemente en el giro de los negocios. Tal fue la de nombrar una -junta que sustituyese a la de Madrid, llegado el caso de carecer esta -de libertad. Propuso tan acertada providencia el firme y respetable Don -Francisco Gil y Lemus, impelido y alentado por una reunión oculta de -buenos patriotas que se congregaban en casa de su sobrino Don Felipe -Gil Taboada. Fueron los nombrados para la nueva junta el conde de -Ezpeleta, capitán general de Cataluña que debía presidirla, Don Gregorio -García de la Cuesta, capitán general de Castilla la Vieja, el teniente -general Don Antonio de Escaño, Don Gaspar Melchor de Jovellanos, y -en su lugar, y hasta tanto que llegase de Mallorca, Don Juan Pérez -Villamil, y Don Felipe Gil Taboada. El punto señalado para su reunión -era Zaragoza, y el último de los nombrados salió para dicha ciudad -en la mañana misma del aciago 2 de mayo, en compañía de Don Damián de -la Santa que debía ser secretario. Luego veremos cómo se malogró la -ejecución de tan oportuna medida. - -Los individuos que en la junta de Madrid propendían a no exponer a -riesgo sus personas abrazando un activo y eficaz partido, se apoyaban -en el mismo titubear de los ministros y consejeros de Bayona, quienes -ni entre sí andaban acordes, ni sostenían con uniformidad y firmeza -lo que una vez habían determinado. Hemos visto antes como Don Pedro -Cevallos había expedido un decreto autorizando a la junta para que -obrase sin restricción ni traba alguna; de lo que hubiéramos debido -inferir cuán resuelto estaba a sobrellevar con fortaleza los males -que de aquel decreto pudieran originarse a su persona y a los demás -españoles que rodeaban al rey. Pues era tan al contrario, que el -mismo Don Pedro envió a decir a la junta en 23 de abril por Don Justo -Ibarnavarro oidor de Pamplona, que llegó a Madrid en la noche del -29,[*] [Marginal: Llegada a Madrid de Don Justo Ibarnavarro. (* Ap. -n. 2-19.)] «que no se hiciese novedad en la conducta tenida con los -franceses para evitar funestas consecuencias contra el rey, y cuantos -españoles [porque no se olvidaban] acompañaban a S. M.» El mencionado -oidor, después de contar lo que pasaba en Bayona, también anunció de -parte de S. M. «que estaba resuelto a perder primero la vida que a -acceder a una inicua renuncia... y que con esta seguridad procediese la -junta»; aserción algún tanto incompatible con el encargo de Don Pedro -Cevallos. Siendo tan grande la vacilación de todos, siendo tantas y -tan frecuentes sus contradicciones, fue más fácil que después cada -uno descargase su propia responsabilidad, echándose recíprocamente la -culpa. Por consiguiente si en este primer tiempo procedió la junta de -Madrid con duda y perplejidad, las circunstancias eran harto graves -para que no sea disimulable su indecisa y a veces débil conducta, -examinándola a la luz de la rigurosa imparcialidad. - -[Marginal: Posición de los franceses en Madrid.] - -La fuerte y hostil posición de los franceses era también para -desalentar al hombre más brioso y arrojado. Tenían en Madrid y -sus alrededores 25.000 hombres, ocupando el Retiro con numerosa -artillería. Dentro de la capital estaba la guardia imperial de a pie -y de a caballo con una división de infantería mandada por el general -Musnier, y una brigada de caballería. Las otras divisiones del cuerpo -de observación de las costas del océano a las órdenes del mariscal -Moncey, se hallaban acantonadas en Fuencarral, Chamartín, convento -de San Bernardino, Pozuelo y la casa de Campo. En Aranjuez, Toledo -y el Escorial había divisiones del cuerpo de Dupont, de suerte que -Madrid estaba ocupado y circundado por el ejército extranjero, al -paso que la guarnición española constaba de poco más de 3000 hombres, -habiéndose insensiblemente disminuido desde los acontecimientos de -marzo. Mas el vecindario, en lugar de contener y reprimir su disgusto, -le manifestaba cada día más a cara descubierta y sin poner ya límites -a su descontento. Eran extraordinarias la impaciencia y la agitación, -y ora delante de la imprenta real para aguardar la publicación de una -gaceta, ora delante de la casa de correos para saber noticias, se veían -constantemente grupos de gente de todas clases. Los empleados dejaban -sus oficinas, los operarios sus talleres, y hasta el delicado sexo sus -caseras ocupaciones para acudir a la Puerta del Sol y sus avenidas, -ansiosos de satisfacer su noble curiosidad: interés loable y señalado -indicio de que el fuego patrio no se había aún extinguido en los pechos -españoles. - -[Marginal: Revistas de Murat.] - -Murat por su parte no omitía ocasión de ostentar su fuerza y sus -recursos para infundir pavor en el ánimo de la desasosegada multitud. -Todos los domingos pasaba revista de sus tropas en el paseo del Prado, -después de haber oído misa en el convento de Carmelitas descalzos, -calle de Alcalá. La demostración religiosa acompañada de la estrepitosa -reseña, lejos de conciliar los ánimos o de arredrarlos, los llenaba de -enfado y enojo. No se creía en la sinceridad de la primera tachándola -de impío fingimiento, y se veía en la segunda el deliberado propósito -de insultar y de atemorizar con estudiada apariencia a los pacíficos, -si bien ofendidos moradores. De una y otra parte fue creciendo la -irritación siendo por ambas extremada. El español tenía a vilipendio el -orgullo y desprecio con que se presentaba el extranjero, y el soldado -francés temeroso de una oculta trama anhelaba por salir de su situación -penosa, vengándose de los desaires que con frecuencia recibía. A tal -punto había llegado la agitación y la cólera, que al volver Murat el -domingo 1.º de mayo de su acostumbrada revista, y a su paso por la -Puerta del Sol fue escarnecido y silbado con escándalo de su comitiva -por el numeroso pueblo que allí a la sazón se encontraba. Semejante -estado de cosas era demasiado violento para que se prolongase, sin -haber de ambas partes un abierto y declarado rompimiento. Solo faltaba -oportuna ocasión, la cual desgraciadamente se ofreció muy luego. - -[Marginal: Pide la salida para Francia del infante Don Francisco y -reina de Etruria.] - -El 30 de abril presentó Murat una carta de Carlos IV para que la reina -de Etruria y el infante Don Francisco pasasen a Bayona. Se opuso -la junta a la partida del infante, dejando a la reina que obrase -según su deseo. Reiteró Murat el 1.º de mayo la demanda acerca del -infante, tomando a su cuidado evitar a la junta cualquiera desazón -o responsabilidad. Tratose largamente en ella si se había o no de -acceder: los pareceres anduvieron muy divididos, y hubo quien propuso -resistir con la fuerza. Consultose acerca del punto con Don Gonzalo -Ofárril como ministro de la guerra, quien trazó un cuadro en tal -manera triste, si bien cierto, de la situación de Madrid apreciada -militarmente, que no solo arrastró a su opinión la de la mayoría, -sino que también se convino en contener con las fuerzas nacionales -cualquiera movimiento del pueblo. Hasta ahora la junta había sido débil -e indecisa: en adelante menos atenta a sus sagrados deberes irá poco -a poco uniéndose y estrechándose con el orgulloso invasor. Resuelto -pues el viaje de la reina de Etruria conforme a su libre voluntad, y el -del infante Don Francisco por consentimiento de la junta, se señaló la -mañana siguiente para su partida. - -[Marginal: 2 de mayo.] - -Amaneció en fin el 2 de mayo, día de amarga recordación, de luto y -desconsuelo, cuya dolorosa imagen nunca se borrará de nuestro afligido -y contristado pecho. Un présago e inexplicable desasosiego pronosticaba -tan aciago acontecimiento, o ya por aquel presentir oscuro que a veces -antecede a las grandes tribulaciones de nuestra alma, o ya más bien por -la esparcida voz de la próxima partida de los infantes. Esta voz y la -suma inquietud excitada por la falta de dos correos de Francia, habían -llamado desde muy temprano a la plazuela de palacio numeroso concurso -de hombres y mujeres del pueblo. Al dar las nueve subió en un coche con -sus hijos la reina de Etruria, mirada más bien como princesa extranjera -que como propia, y muy desamada por su continuo y secreto trato con -Murat: partió sin oponérsele resistencia. Quedaban todavía dos coches, -y al instante corrió por la multitud que estaban destinados al viaje -de los dos infantes Don Antonio y Don Francisco. Por instantes crecía -el enojo y la ira, cuando al oír de la boca de los criados de palacio -que el niño Don Francisco lloraba y no quería partir, se enternecieron -todos, y las mujeres prorrumpieron en lamentos y sentidos sollozos. -En este estado y alterados más y más los ánimos, llegó a palacio el -ayudante de Murat Mr. Augusto Lagrange encargado de ver lo que allí -pasaba, y de saber si la inquietud popular ofrecía fundados temores de -alguna conmoción grave. Al ver al ayudante, conocido como tal por su -particular uniforme, nada grato a los ojos del pueblo, se persuadió -este que era venido allí para sacar por fuerza a los infantes. -Siguiose un general susurro, y al grito de una mujerzuela: _que nos -los llevan_, fue embestido Mr. Lagrange por todas partes, y hubiera -perecido a no haberle escudado con su cuerpo el oficial de valonas -Don Miguel Desmaisieres y Flórez; mas subiendo de punto la gritería y -ciegos todos de rabia y desesperación, ambos iban a ser atropellados -y muertos si afortunadamente no hubiera llegado a tiempo una patrulla -francesa que los libró del furor de la embravecida plebe. Murat -prontamente informado de lo que pasaba envió sin tardanza un batallón -con dos piezas de artillería: la proximidad a palacio de su alojamiento -facilitaba la breve ejecución de su orden. La tropa francesa llegada -que fue al paraje de la reunión popular, en vez de contener el alboroto -en su origen, sin previo aviso ni determinación anterior, hizo una -descarga sobre los indefensos corrillos, causando así una general -dispersión, y con ella un levantamiento en toda la capital, porque -derramándose con celeridad hasta por los más distantes barrios los -prófugos de palacio, cundió con ellos el terror y el miedo, y en un -instante y como por encanto se sublevó la población entera. - -Acudieron todos a buscar armas, y con ansia a falta de buenas se -aprovechaban de las más arrinconadas y enmohecidas. Los franceses -fueron impetuosamente acometidos por doquiera que se les encontraba. -Respetáronse en general los que estaban dentro de las casas o iban -desarmados, y con vigor se ensañaron contra los que intentaban juntarse -con sus cuerpos o hacían fuego. Los hubo que arrojando las armas e -implorando clemencia se salvaron, y fueron custodiados en paraje -seguro. ¡Admirable generosidad en medio de tan ciego y justo furor! El -gentío era inmenso en la calle Mayor, de Alcalá, de la Montera y de -las Carretas. Durante algún tiempo los franceses desaparecieron, y los -inexpertos madrileños creyeron haber alcanzado y asegurado su triunfo; -pero desgraciadamente fue de corta duración su alegría. - -Los extranjeros prevenidos de antemano, y estando siempre en -vela, recelosos por la pública agitación de una populosa ciudad, -apresuradamente se abalanzaron por las calles de Alcalá y carrera -de San Jerónimo barriéndola con su artillería, y arrollando a la -multitud la caballería de la guardia imperial a las órdenes del jefe -de escuadron Daumesnil. Señaláronse en crueldad los lanceros polacos -y los mamelucos, los que conforme a las órdenes de los generales de -brigada Guillot y Daubray forzaron las puertas de algunas casas, o ya -porque desde dentro hubiesen tirado, o ya porque así lo fingieron para -entrarlas a saco y matar a cuantos se les presentaban. Así asaltando -entre otras la casa del duque de Híjar en la carrera de San Jerónimo -arcabucearon delante de sus puertas al anciano portero. Estuvieron -también próximos a experimentar igual suerte el marqués de Villamejor -y el conde de Talara, aunque no habían tomado parte en la sublevación. -Salváronlos sus alojados. El pueblo combatido por todas partes fue -rechazado y disperso, y solo unos cuantos siguieron defendiéndose -y aun atacaron con sobresaliente bizarría. Entre ellos los hubo -que vendiendo caras sus vidas se arrojaron en medio de las filas -francesas hiriendo y matando hasta dar el postrer aliento: hubo otros -que parapetándose en las esquinas de las calles iban de una en otra -haciendo continuado y mortífero fuego: algunos también en vez de huir -aguardaban a pie firme, o asestaban su último y furibundo golpe contra -el jefe u oficial conocido por sus insignias. ¡Estériles esfuerzos de -valor y personal denuedo! - -La tropa española permanecía en sus cuarteles por orden de la junta -y del capitán general Don Francisco Javier Negrete, furiosa y -encolerizada, mas retenida por la disciplina. Entretanto paisanos -sin resguardo ni apoyo se precipitaron al parque de artillería, en -el barrio de las Maravillas, para sacar los cañones y resistir con -más ventaja. Los artilleros andaban dudosos en tomar o no parte con -el pueblo, a la misma sazón que cundió la voz de haber sido atacado -por los franceses uno de los otros cuarteles. Decididos entonces y -puestos al frente Don Pedro Velarde y D. Luis Daoiz abrieron las -puertas del parque, sacaron tres cañones y se dispusieron a rechazar al -enemigo, sostenidos por los paisanos y un piquete de infantería a las -órdenes del oficial Ruiz. Al principio se cogieron prisioneros algunos -franceses, pero poco después una columna de estos de los acantonados en -el convento de San Bernardino se avanzó mandada por el general Lefranc, -trabándose de ambos lados una porfiada refriega. El parque se defendió -valerosamente, menudearon las descargas, y allí quedaron tendidos -número crecido de enemigos. De nuestra parte perecieron bastantes -soldados y paisanos: el oficial Ruiz fue desde el principio gravemente -herido. Don Pedro Velarde feneció atravesado de un balazo: y escaseando -ya los medios de defensa con la muerte de muchos, y aproximándose -denodadamente los franceses a la bayoneta, comenzaron los nuestros a -desalentar y quisieron rendirse. Pero cuando se creía que los enemigos -iban a admitir la capitulación se arrojaron sobre las piezas, mataron -a algunos, y entre ellos traspasaron desapiadadamente a bayonetazos a -Don Luis Daoiz, herido antes en un muslo. Así terminaron su carrera los -ilustres y beneméritos oficiales Daoiz y Velarde: honra y gloria de -España, dechado de patriotismo, servirán de ejemplo a los amantes de -la independencia y libertad nacional. El reencuentro del parque fue el -que costó más sangre a los franceses, y en donde hubo resistencia más -ordenada. - -Entretanto la débil junta azorada y sorprendida pensó en buscar -remedio a tamaño mal. Ofárril y Azanza habiendo recorrido inútilmente -los alrededores de palacio, y no siendo escuchados de los franceses, -montaron a caballo y fueron a encontrarse con Murat, quien desde el -principio de la sublevación para estar más desembarazado y más a mano -de dar órdenes, ya a las tropas de afuera, ya a las de adentro, se -colocó con el mariscal Moncey y principales generales fuera de puertas -en lo alto de la cuesta de San Vicente. Llegaron allí los comisionados -de la junta, y dijeron al gran duque que si mandaba suspender el -fuego y les daba para acompañarlos uno de sus generales se ofrecían -a restablecer la tranquilidad. Accedió Murat y nombró al efecto al -general Harispe. Juntos los tres pasaron a los consejos, y asistidos -de individuos de todos ellos se distribuyeron por calles y plazas, y -recorriendo las principales alcanzaron que la multitud se aplacase -con oferta de olvido de lo pasado y reconciliación general. En aquel -paseo se salvó la vida a varios desgraciados, y señaladamente a algunos -traficantes catalanes a ruego de Don Gonzalo Ofárril. - -Retirados los españoles, todas las bocacalles y puntos importantes -fueron ocupados por los franceses, situando particularmente en las -encrucijadas cañones con mecha encendida. - -Aunque sumidos todos en dolor profundo, se respiraba algún tanto con -la consoladora idea de que por lo menos haría pausa la desolación y la -muerte. ¡Engañosa esperanza! A las tres de la tarde una voz lúgubre -y espantosa empezó a correr con la celeridad del rayo. Afirmábase -que españoles tranquilos habían sido cogidos por los franceses y -arcabuceados junto a la fuente de la Puerta del Sol y la iglesia de la -Soledad, manchando con su inocente sangre las gradas del templo. Apenas -se daba crédito a tamaña atrocidad, y conceptuábanse falsos rumores -de ilusos y acalorados patriotas. Bien pronto llegó el desengaño. -En efecto, los franceses después de estar todo tranquilo habían -comenzado a prender a muchos españoles, que en virtud de las promesas -creyeron poder acudir libremente a sus ocupaciones. Prendiéronlos -con pretexto de que llevaban armas: muchos no las tenían, a otros -solo acompañaba o una navaja o unas tijeras de su uso. Algunos fueron -arcabuceados sin dilación, otros quedaron depositados en la casa de -correos y en los cuarteles. Las autoridades españolas fiadas en el -convenio concluido con los jefes franceses, descansaban en el puntual -cumplimiento de lo pactado. Por desgracia fuimos de los primeros a -ser testigos de su ciega confianza. Llevados a casa de Don Arias Mon -gobernador del consejo con deseo de librar la vida a Don Antonio -Oviedo, quien sin motivo había sido preso al cruzar de una calle, nos -encontramos con que el venerable anciano, rendido al cansancio de la -fatigosa mañana, dormía sosegadamente la siesta. Enlazados con él por -relaciones de paisanaje y parentesco, conseguimos que se le despertase, -y con dificultad pudimos persuadirle de la verdad de lo que pasaba, -respondiendo a todo que una persona como el gran duque de Berg no -podía descaradamente faltar a su palabra... ¡tanto repugnaba el falso -proceder a su acendrada probidad! Cerciorado al fin, procuró aquel -digno magistrado reparar por su parte el grave daño, dándonos también -a nosotros en propia mano la orden para que se pusiese en libertad a -nuestro amigo. Sus laudables esfuerzos fueron inútiles, y en balde -fueron nuestros pasos en favor de Don Antonio Oviedo. A duras penas -penetrando por las filas enemigas con bastante peligro, de que nos -salvó el hablar la lengua francesa, llegamos a la casa de correos donde -mandaba por los españoles el general Sesti. Le presentamos la orden del -gobernador, y friamente nos contestó que para evitar las continuadas -reclamaciones de los franceses, les había entregado todos sus presos -y puéstolos en sus manos: así aquel italiano al servicio de España -retribuyó a su adoptiva patria los grados y mercedes con que le había -honrado. En dicha casa de correos se había juntado una comisión militar -francesa con apariencias de tribunal; mas por lo común sin ver a los -supuestos reos, sin oírles descargo alguno ni defensa los enviaba en -pelotones unos en pos de otros para que pereciesen en el Retiro o en -el Prado. Muchos llegaban al lugar de su horroroso suplicio ignorantes -de su suerte; y atados de dos en dos, tirando los soldados franceses -sobre el montón, caían o muertos o mal heridos, pasando a enterrarlos -cuando todavía algunos palpitaban. Aguardaron a que pasase el día -para aumentar el horror de la trágica escena. Al cabo de veinte años -nuestros cabellos se erizan todavía al recordar la triste y silenciosa -noche, solo interrumpida por los lastimeros ayes de las desgraciadas -víctimas y por el ruido de los fusilazos y del cañón que de cuando -en cuando y a lo lejos se oía y resonaba. Recogidos los madrileños a -sus hogares lloraban la cruel suerte que había cabido o amenazaba al -pariente, al deudo o al amigo. Nosotros nos lamentábamos de la suerte -del desventurado Oviedo, cuya libertad no habíamos logrado conseguir, -a la misma sazón que pálido y despavorido le vimos impensadamente -entrar por las puertas de la casa en donde estábamos. Acababa de deber -la vida a la generosidad de un oficial francés movido de sus ruegos y -de su inocencia, expresados en la lengua extraña con la persuasiva -elocuencia que le daba su crítica situación. Atado ya en un patio del -Retiro, estando para ser arcabuceado le soltó, y aun no había salido -Oviedo del recinto del palacio cuando oyó los tiros que terminaron la -larga y horrorosa agonía de sus compañeros de infortunio.[*] [Marginal: -(* Ap. n. 2-21.)] Me he atrevido a entretejer con la relación general -un hecho que si bien particular, da una idea clara y verdadera del -modo bárbaro y cruel con que perecieron muchos españoles, entre los -cuales había sacerdotes, ancianos y otras personas respetables. No -satisfechos los invasores con la sangre derramada por la noche, -continuaron todavía en la mañana siguiente pasando por las armas a -algunos de los arrestados la víspera, para cuya ejecución destinaron -el cercado de la casa del príncipe Pío. Con aquel sangriento suceso se -dio correspondiente remate a la empresa comenzada el 2 de mayo, día que -cubrirá eternamente de baldón al caudillo del ejército francés, que -friamente mandó asesinar, atraillados sin juicio ni defensa a inocentes -y pacíficos individuos. Lejos estaba entonces de prever el orgulloso y -arrogante Murat que años después cogido, sorprendido y casi atraillado -también a la manera de los españoles del 2 de mayo, sería arcabuceado -sin detenidas formas y a pesar de sus reclamaciones, ofreciendo en su -persona un señalado escarmiento a los que ostentan hollar impunemente -los derechos sagrados de la justicia y de la humanidad. - -Difícil sería calcular ahora con puntualidad la pérdida que hubo por -ambas partes. El consejo interesado en disminuirla la rebajó a unos -200 hombres del pueblo. Murat aumentando la de los españoles redujo -la suya acortándola el Monitor a unos 80 entre muertos y heridos. Las -dos relaciones debieron ser inexactas por la sazón en que se hicieron -y el diverso interés que a todos ellos movía. Según lo que vimos y -atendiendo a lo que hemos consultado después y al número de heridos -que entraron en los hospitales, creemos que aproximadamente puede -computarse la pérdida de unos y otros en 1200 hombres. - -Calificaron los españoles el acontecimiento del 2 de mayo de trama -urdida por los franceses, y no faltaron algunos de estos que se -imaginaron haber sido una conspiración preparada de antemano por -aquellos: suposiciones falsas y desnudas ambas de sólido fundamento. -Mas, desechando los rumores de entonces, nos inclinamos sí a que -Murat celebró la ocasión que se le presentaba y no la desaprovechó, -jactándose como después lo hizo de haber humillado con un recio -escarmiento la fiereza castellana. Bien pronto vio cuán equivocado -era su precipitado juicio. Aquel día fue el origen del levantamiento -de España contra los franceses, contribuyendo a ello en gran manera -el concurso de forasteros que había en la capital con motivo del -advenimiento al trono de Fernando VII. Asustados estos y horrorizados, -volvieron a sus casas difundiendo por todas las provincias la infausta -nueva y excitando el odio y la abominación contra el cruel y fementido -extranjero. - -[Marginal: Día 3.] - -Profunda tristeza y abatimiento señalaron el día 3. Las tiendas y -las casas cerradas, las calles solitarias y recorridas solamente -por patrullas francesas ofrecían el aspecto de una ciudad desierta -y abandonada. Murat mandó fijar en las esquinas una proclama [*] -[Marginal: (* Ap. n. 2-20.)] digna de Atila, respirando sangre y -amenazas, con lo que la indignación, si bien reconcentrada entonces, -tomó cada vez mayor incremento y braveza. - -[Marginal: Salida de los infantes para Francia el 3 y el 4.] - -Aterrado así el pueblo de Madrid, se fue adelante en el propósito de -trasladar a Francia toda la real familia, y el mismo día 3 salió para -Bayona el infante Don Francisco. No se había pasado aquella noche sin -que el conde de Laforest y Mr. Freville indicasen en una conferencia -secreta al infante Don Antonio la conveniencia y necesidad de que -fuese a reunirse con los demás individuos de su familia, para que en -presencia de todos se tomasen de acuerdo con el emperador las medidas -convenientes al arreglo de los negocios de España. Condescendió el -infante consternado con los sucesos precedentes, y señaló para su -partida la madrugada del 4, habiéndose tomado un coche de viaje de la -duquesa viuda de Osuna, a fin de que caminase más disimuladamente. -Dirigió antes de su salida un papel o decreto [no sabemos qué nombre -darle] a Don Francisco Gil y Lemus como vocal más antiguo de la junta y -persona de su particular confianza. Aunque temamos faltar a la gravedad -de la historia, lo curioso del papel así en la sustancia como en la -forma exige que le insertemos aquí literalmente. «Al señor Gil. — A -la junta para su gobierno la pongo en su noticia como me he marchado -a Bayona de orden del rey, y digo a dicha junta que ella sigue en -los mismos términos como si yo estuviese en ella. — Dios nos la dé -buena. — A Dios, señores, hasta el valle de Josafat. — Antonio -Pascual.» Basta esta carta del buen infante Don Antonio Pascual para -conjeturar cuán superior era a sus fuerzas la pesada carga que le -había encomendado su sobrino. Había sido siempre reputado por hombre -de partes poco aventajadas, y en los breves días de su presidencia no -ganó ni en concepto ni en estimación. La reina María Luisa le graduaba -en sus cartas de hombre de muy _poco talento y luces_, agregábale -además la calidad de _cruel_. El juicio de la reina en su primera -parte era conforme a la opinión general; pero en lo de _cruel_, a -haberse entonces sabido, se hubiera atribuido a injusta calificación -de enemistad personal. Por desgracia la saña con que aquel infante -se expresó el año de 1814 contra todos los perseguidos y proscritos, -confirmó triste y sobradamente la justicia e imparcialidad con que -la reina había bosquejado su carácter. Aquí acabó por decirlo así la -primera época de la junta de gobierno, hasta cuyo tiempo si bien se -echa de menos energía y la conveniente previsión, falta disculpable -en tan delicada crisis, no se nota en su conducta connivencia ni -reprensibles tratos con el invasor extranjero. En adelante su modo de -proceder fue variando y enturbiándose más y más. Pero ya es tiempo de -que volvamos los ojos a las escenas no menos lamentables que al mismo -tiempo se representaban en Bayona. - -[Marginal: Llega Napoleón a Bayona.] - -Napoleón al día siguiente de su llegada el 16 de abril, dio -audiencia en aquella ciudad a una diputación de portugueses enviada -para cumplimentarle, y les ofreció conservar su independencia, no -desmembrando parte alguna de su territorio ni agregándolos tampoco a -España. No pudo verle el infante Don Carlos por hallarse indispuesto; -mas Napoleón pasó a visitar en persona a Fernando una hora después -de su arribo, el que se verificó como hemos dicho el día 20. El -recién llegado bajó a recibirle a la puerta de la calle, en donde -habiéndose estrechamente abrazado estuvieron juntos corto rato, y -solamente se tocaron en la conversación puntos indiferentes. Fernando -fue convidado a comer para aquella misma tarde con el emperador, y a -la hora señalada yendo en carruajes imperiales con su comitiva, fue -conducido al palacio de Marracq donde Napoleón residía. Saliole este a -recibir hasta el estribo del coche, etiqueta solo usada con las testas -coronadas. En la mesa evitó tratarle como príncipe o como rey. Acabada -la comida permanecieron poco tiempo juntos, y se despidieron quedando -los españoles muy contentos del agasajo con que habían sido tratados, -y renaciendo en ellos la esperanza de que todo iba a componerse bien -y satisfactoriamente. Vuelto Fernando a su posada entró en ella muy -luego el general Savary con el inesperado mensaje de que el emperador -había resuelto irrevocablemente derribar del trono la estirpe de los -Borbones, sustituyendo la suya, [Marginal: Se anuncia a Fernando -que renuncie.] y que por consiguiente S. M. I. exigía que el rey en -su nombre y en el de toda su familia renunciase la corona de España -e Indias en favor de la dinastía de Bonaparte. No se sabe si debe -sorprender más la resolución en sí misma y el tiempo y ocasión de -anunciarla, o la serenidad del mensajero encargado de dar la noticia. -No habían transcurrido aun cinco días desde que el general Savary había -respondido con su cabeza de que el emperador reconocería al príncipe -de Asturias por rey si hiciese la demostración amistosa de pasar a -Bayona; y el mismo general encargábase ahora no ya de poner dudas o -condiciones a aquel reconocimiento, sino de intimar al príncipe y a -su familia el despojo absoluto del trono heredado de sus abuelos. -¡Inaudita audacia! Aguardar también para notificar la terrible decisión -de Napoleón el momento en que acababa de darse a los príncipes de -España pruebas de un bueno y amistoso hospedaje, fue verdaderamente -rasgo de inútil y exquisita inhumanidad, apenas creíble a no habérnoslo -trasmitido testigos oculares. Los héroes del político florentino César -Borja y Oliveretto di Fermo en sus crueldades y excesos parecidos en -gran manera a este de Napoleón, hallaban por lo menos cierta disculpa -en su propia debilidad y en ser aquella la senda por donde caminaban -los príncipes y estados de su tiempo. Mas el hombre colocado al frente -de una nación grande y poderosa, y en un siglo de costumbres más suaves -nunca podrá justificar o paliar siquiera ni su aleve resolución, ni el -modo odioso e inoportuno de comunicarla. - -[Marginal: Conferencias de Escóiquiz y Cevallos.] - -Después del intempestivo y desconsolador anuncio, tuvieron acerca -del asunto Don Pedro Cevallos y Don Juan Escóiquiz importantes -conferencias. Comenzó la de Cevallos con el ministro Champagny, y -cuando sostenía aquel con tesón y dignidad los derechos de su príncipe, -en medio de la discusión presentose el emperador, y mandó a ambos -entrar en su despacho, en donde enojado con lo que a Cevallos le había -oído, pues detrás de una puerta había estado escuchando, le apellidó -_traidor_, por desempeñar cerca de Fernando el mismo destino de que -había disfrutado bajo Carlos IV. Añadidos otros denuestos, se serenó -al fin y concluyó con decir que «tenía una política peculiar suya; que -debía [Cevallos] adoptar ideas más francas, ser menos delicado sobre -el pundonor y no sacrificar la prosperidad de España al interés de la -familia de Borbón.» - -La primera conferencia de Escóiquiz fue desde luego con Napoleón mismo, -quien le trató con más dulzura y benignidad que a Cevallos, merced -probablemente a los elogios que el canónigo le prodigó con larga -mano. La conversación tenida entre ambos nos ha sido conservada por -Escóiquiz, y aunque dueño este de modificarla en ventaja suya, lleva -visos de verídica y exacta, así por lo que Bonaparte dice, como también -por aparecer en ella el bueno de Escóiquiz en su original y perpetua -simplicidad. El emperador francés poco atento a floreos y estudiadas -frases, insistió con ahínco en la violencia con que a Carlos IV se le -había arrancado su renuncia, siendo el punto que principalmente le -interesaba. No por eso dejó Escóiquiz de seguir perorando largamente; -pero su _cicerónica arenga_, como por mofa la intitulaba Napoleón, -no conmovió el imperial ánimo de este, que terminó la conferencia con -autorizar a Escóiquiz para que en nombre suyo ofreciese a Fernando el -reino de Etruria en cambio de la corona de España; en cuya propuesta -quería dar al príncipe una prueba de su estimación, prometiendo además -casarle con una princesa de su familia. Después de lo cual y de tirarle -amistosa si bien fuertemente de las orejas, según el propio relato del -canónigo, dio fin a la conversación el emperador francés. - -Apresuradamente volvió a la posada del rey Fernando Don Juan Escóiquiz, -a quien todos aguardaban con ansia. Comunicó la nueva propuesta de -Napoleón, y se juntó el consejo de los que acompañaban al rey para -discutirla. En él los más de los asistentes, a pesar de los repetidos -desengaños, solo veían en las nuevas proposiciones el deseo de pedir -mucho para alcanzar algo, y todos a excepción de Escóiquiz votaron por -desechar la propuesta del reino de Etruria. Cierto que si por una parte -horroriza la pérfida conducta de Napoleón, por otra causa lástima y -despecho el constante desvarío de los consejeros de Fernando y aquel -continuado esperar en quien solo había dado muestras de mala voluntad. -La opinión de Escóiquiz fue aún menos disculpable; la de los otros -consejeros se fundaba en un juicio equivocado, pero la del último no -solo le deshonraba como español queriendo que se trocase el vasto y -poderoso trono de su patria por otro pequeño y limitado, no solo daba -indicio de mísera y personal ambición, sino que también probaba de -nuevo imprevisión incurable en imaginarse que Bonaparte respetaría más -al nuevo rey de Etruria que lo que había respetado al antiguo y a los -que eran legítimamente príncipes de España. - -Continuaron las conferencias habiendo sustituido a Cevallos Don Pedro -Labrador, y entendiéndose con Escóiquiz Mr. de Pradt, obispo de -Poitiers. Labrador rompió desde luego sus negociaciones con Mr. de -Champagny: los otros prosiguieron sin resultado alguno su recíproco -trato y explicaciones. Daba ocasión a muchas de estas conferencias la -vacilación misma de Napoleón, quien deseaba que Fernando renunciase -sus derechos, sin tener que acudir a una violencia abierta, y también -para dar lugar a que Carlos IV y el otro partido de la corte llegasen a -Bayona. Así fue que la víspera del día en que se aguardaba a los reyes -viejos, anunció Napoleón a Fernando que ya no trataría sino con su -padre. - -[Marginal: Llegada de Carlos IV a Bayona.] - -Ya hemos visto como el 25 de abril habían salido aquellos del Escorial, -ansiosos de abrazar a su amigo Godoy, y persuadidos hasta cierto punto -de que Napoleón los repondría en el trono. Pruébanlo las conversaciones -que tuvieron en el camino, y señaladamente la que en Villa Real trabó -la reina con el duque de Mahón; a quien habiéndole preguntado qué -noticias corrían, respondió dicho duque «asegúrase que el emperador de -los franceses reúne en Bayona todas las personas de la familia real de -España para privarlas del trono.» Parose la reina como sorprendida, -y después de haber reflexionado un rato, replicó: «Napoleón siempre -ha sido enemigo grande de nuestra familia: sin embargo ha hecho a -Carlos reiteradas promesas de protegerle, y no creo que obre ahora con -perfidia tan escandalosa.» Arribaron pues a Bayona el 30, siendo desde -la frontera cumplimentados y tratados como reyes, y con una distinción -muy diversa de aquella con que se había recibido a su hijo. Napoleón -los vio el mismo día, y no los convidó a comer sino para el siguiente -1.º de mayo; queriéndoles hacer el obsequio de que descansasen. -Desembarazados de las personas que habían ido a darles el parabién de -su llegada, entre quienes se contaba a Fernando, mirado con desvío y -enojo por su augusto padre, corrieron Carlos y María Luisa a los brazos -de su querido Godoy, a quien tiernamente estrecharon en su seno una y -repetidas veces con gran clamor y llanto. - -[Marginal: Come con Napoleón.] - -Pasaron en la tarde señalada a comer con Napoleón, y habiéndosele -olvidado a este invitar al favorito español; al ponerse a la mesa, -echándole de menos Carlos fuera de sí exclamó: _¿Y Manuel? ¿Dónde -está Manuel?_ Fuele preciso a Napoleón reparar su olvido, o más -bien condescender con los deseos del anciano monarca: tan grande -era el poderoso influjo que sobre los hábitos y carácter del último -había tomado Godoy, quien no parecía sino que con bebedizos le había -encantado. - -[Marginal: Comparece Fernando en presencia de su padre.] - -No tardaron mucho unos y otros en ocuparse en el importante y grave -negocio que había provocado la reunión en Bayona de tantos ilustres -personajes. Muy luego de la llegada de los reyes padres, de acuerdo -estos con Napoleón, y siendo Godoy su principal y casi único -consejero, se citó a Fernando e intimole Carlos en presencia del -soberano extranjero, que en la mañana del día siguiente le devolviese -la corona por medio de una cesión pura y sencilla, amenazándole con que -«si no él, sus hermanos y todo su séquito serían desde aquel momento -tratados como emigrados.» Napoleón apoyó su discurso, y le sostuvo -con fuerza; y al querer responder Fernando se lanzó de la silla su -augusto padre, y hablándole con dignidad y fiereza quiso maltratarle, -acusándole de haber querido quitarle la vida con la corona. La reina -hasta entonces silenciosa se puso enfurecida, ultrajando al hijo con -injuriosos denuestos, y a tal punto, según Bonaparte, se dejó arrastrar -de su arrebatada cólera, que le pidió al mismo hiciese subir a Fernando -al cadalso: expresión, si fue pronunciada, espantosa en boca de una -madre.[Marginal: Condiciones de Fernando para su renuncia. (* Ap. n. -2-22.)] Su hijo enmudeció y envió una renuncia con fecha 1.º de mayo -limitada por las condiciones siguientes: «1.ª Que el rey padre volviese -a Madrid, hasta donde le acompañaría Fernando, y le serviría como [*] -su hijo más respetuoso. 2.ª Que en Madrid se reuniesen las cortes, y -pues que S. M. [el rey padre] resistía una congregación tan numerosa, -se convocasen todos los tribunales y diputados del reino. 3.ª Que a la -vista de aquella asamblea formalizaría su renuncia Fernando, exponiendo -los motivos que le conducían a ella. 4.ª Que el rey Carlos no llevase -consigo personas que justamente se habían concitado el odio de la -nación. 5.ª Que si S. M. no quería reinar ni volver a España, en tal -caso Fernando gobernaría en su real nombre, como lugarteniente suyo; -no pudiendo ningún otro ser preferido a él.» Son de notar los trámites -y formalidades que querían exigirse para hacer la nueva renuncia, -siendo así que todo se había olvidado y aun atropellado en la anterior -de Carlos. También es digno de particular atención que Fernando y sus -consejeros, quienes por la mayor parte odiaron tanto años adelante -hasta el nombre de cortes, hayan sido los primeros que provocaron su -convocación, insinuando ser necesaria para legitimar la nueva cesión -del hijo en favor del padre la aprobación de los representantes de la -nación, o por lo menos la de una reunión numerosa en que estuvieran los -diputados de los reinos. Así se truecan y trastornan los pareceres de -los hombres al son del propio interés, y en menosprecio de la pública -utilidad. - -[Marginal: No se conforma el padre.] - -Carlos IV no se conformó, como era de esperar, con la contestación del -hijo, escribiéndole en respuesta el 2 una carta, en cuyo contenido -en medio de algunas severas si bien justas reflexiones se descubre -la mano de Napoleón, y hasta expresiones suyas. Sonlo por ejemplo -[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-23.)] «todo debe hacerse para el pueblo, -y nada por él... No puedo consentir en ninguna reunión en junta... -nueva sugestión de los hombres sin experiencia que os acompañan.» -Tal fue la invariable aversión con que Bonaparte miró siempre las -asambleas populares, siendo así que sin ellas hubiera perpetuamente -quedado oscurecido en el humilde rincón en que la suerte le había -colocado.[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-24.)] Fernando insistió el 4 en su -primera respuesta «que el excluir para siempre del trono de España a -su dinastía, no podía hacerlo sin el expreso consentimiento de todos -los individuos que tenían o podían tener derecho a la corona de España, -ni tampoco sin el mismo expreso consentimiento de la nación española, -reunida en cortes y en lugar seguro.» Y tanto y tanto reconocía -entonces Fernando los sagrados derechos de la nación, reclamándolos y -deslindándolos cada vez más y con mayor claridad y conato. - -[Marginal: Comparece por segunda vez Fernando delante de su padre.] - -En este estado andaban las pláticas sobre tan grave negocio cuando el -5 de mayo se recibió en Bayona la noticia de lo acaecido en Madrid -el día 2: pasó Napoleón inmediatamente a participárselo a los reyes -padres, y después de haber tenido con ellos una muy larga conferencia, -se llamó a Fernando para que también concurriese a ella. Eran las -cinco de la tarde; todos estaban sentados excepto el príncipe. Su -padre le reiteró las anteriores acusaciones; le baldonó acerbamente; -le achacó el levantamiento del 2 de mayo; las muertes que se habían -seguido, y llamándole pérfido y traidor, le intimó por segunda vez que -si no renunciaba la corona, sería sin dilación declarado usurpador, -y él y toda su casa conspiradores contra la vida de sus soberanos. -Fernando atemorizado [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-25.)] abdicó el 6 -pura y sencillamente en favor de su padre, y en los términos que -este le había indicado. No había aguardado Carlos a la renuncia del -hijo para concluir con Napoleón un tratado por el que le cedía la -corona, [Marginal: Renuncia Carlos IV en Napoleón. (Ap. n. 2-26.)] sin -otra especial restricción que la de la integridad de la monarquía -y la conservación de la religión católica, excluyendo cualquiera -otra. El tratado fue firmado en 5 de mayo por el mariscal Duroc y el -príncipe de la Paz,[*] plenipotenciarios nombrados al efecto; con -cuya vergonzosa negociación dio el valido español cumplido remate a -su pública y lamentable carrera. Ingrato y desconocido puso su firma -en un tratado en el que no estipuló sola y precisamente privar de -la corona a Fernando su enemigo, sino en general y por inducción a -todos los infantes, a toda la dinastía, en fin, de los soberanos sus -bienhechores, recayendo la cesión de Carlos en un príncipe extranjero. -Pequeño y mezquino hasta en los últimos momentos, Don Manuel Godoy -única y porfiadamente altercó sobre el artículo de pensiones. Por -lo demás el modo con que Carlos se despojó de la corona, al paso -que mancillaba al encargado de autorizarla por medio de un tratado, -cubría de oprobio a un padre que de golpe y sin distinción privaba -indirectamente a todos sus hijos de suceder en el trono. Acordada -la renuncia en tierra extraña, faltábale a los ojos del mundo la -indispensable cualidad de haber sido ejecutada libre y espontáneamente, -sobre todo cuando la cesión recaía en favor de un soberano dentro de -cuyo imperio se había concluido aquella importante estipulación. Era -asimismo cosa no vista que un monarca, dueño si se quiere de despojarse -a sí mismo de sus propios derechos, no contase para la cesión ni con -sus hijos, ni con las otras personas de su dinastía, ni con el libre -y amplio consentimiento de la nación española, que era traspasada -a ajena dominación como si fuera un campo propio o un rebaño. El -derecho público de todos los países se ha opuesto constantemente a -tamaño abuso, y en España, en tanto que se respetaron sus franquezas y -libertades, hubo siempre en las cortes un firme e invencible valladar -contra la arbitraria y antojadiza voluntad de los reyes. Cuando Alfonso -el batallador tuvo el singular desacuerdo de dejar por herederos de -sus reinos a los caballeros del Temple, lejos de convenir en su loco -extravío, nombraron los aragoneses en las cortes de Borja por rey -de Aragón a Don Ramiro el monje, y por su parte los navarros para -suceder en Navarra a Don García Ramírez. Hubo otros casos no menos -señalados en que siempre se pusieron a salvo los fueros y costumbres -nacionales. Hasta el mismo imbécil de Carlos II, aunque su disposición -testamentaria fue hecha dentro del territorio, y en ella no se -infringían tan escandalosamente ni los derechos de la familia real ni -los de la nación, creyó necesario por lo menos usar de la fórmula de -«que fuera válida aquella su última voluntad, como si se hubiese hecho -de acuerdo con las cortes.» Ahora por todo se atropelló, y nadie cuidó -de conservar siquiera ciertas apariencias de justicia y legitimidad. - -[Marginal: Carlos IV y María Luisa.] - -Así terminó Carlos IV su reinado, del que nadie mejor que él mismo nos -dará una puntual y verdadera idea. Comía en Bayona con Napoleón cuando -se expresó en estos términos: «todos los días invierno y verano iba -a caza hasta las doce, comía y al instante volvía al cazadero hasta -la caída de la tarde. Manuel me informaba como iban las cosas, y me -iba a acostar para comenzar la misma vida al día siguiente, a menos -de impedírmelo alguna ceremonia importante.» De este modo gobernó por -espacio de veinte años aquel monarca, quien según la pintura que hace -de sí propio, merece justamente ser apellidado con el mismo epiteto que -lo fueron varios de los reyes de Francia de la estirpe merovingiana. -Sin embargo adornaban a Carlos prendas con que hubiera brillado como -rey, llenando sus altas obligaciones, si menos perezoso y débil no se -hubiese ciegamente entregado al arbitrio y desordenada fantasía de la -reina. Tenía comprensión fácil y memoria vasta; amaba la justicia, y -si alguna vez se ocupaba en el despacho de los negocios, era expedito -y atinado; mas estas calidades desaparecieron al lado de su dejadez -y habitual abandono. Con otra esposa que María Luisa su reinado -no hubiera desmerecido del de su augusto antecesor; y bien que la -situación de Europa fuese muy otra a causa de la revolución francesa, -tranquila España en su interior y bien gobernada, quizá hubiera podido -sosegadamente progresar en su industria y civilización sin revueltas ni -trastornos. - -[Marginal: Renuncia de Fernando como príncipe de Asturias.] - -Formalizadas las renuncias de Fernando en Carlos IV, y de este en -Napoleón, faltaba la del primero como príncipe de Asturias, porque si -bien había devuelto en 6 de mayo la corona a su padre, no había por -aquel acto renunciado a sus derechos en calidad de inmediato sucesor. -Parece ser, según Don Pedro Cevallos, que Fernando resistiéndose a -acceder a la última cesión, Napoleón le dijo: «no hay medio, príncipe, -entre la cesión y la muerte.» Otros han negado la amenaza, y admira en -efecto que hubiera que acudir a requerimiento tan riguroso con persona -cuya debilidad se había ya mostrado muy a las claras. El mariscal -Duroc habló en el mismo sentido que su amo, y los príncipes entonces -se determinaron a renunciar. Nombrose a dicho mariscal con Escóiquiz -para arreglar el modo,[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-27.)] y el 10 firmaron -ambos un tratado por el que se arreglaron los términos de la cesión -del príncipe de Asturias, y se fijó su pensión como la de los infantes -con tal que suscribiesen al tratado; lo cual verificaron Don Antonio y -Don Carlos por medio de una proclama que en unión con Fernando dieron -en Burdeos el [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-28.)] 12 del mismo mayo. El -infante Don Francisco no firmó ninguno de aquellos actos, ya fuera -precipitación, o ya por considerarle en su minoridad. - -Bien que Escóiquiz hubiese obedecido a las órdenes de Fernando firmando -el tratado del 10, no por eso pone en seguro su buen nombre, harto -mancillado ya. Y fue singular que los dos hombres, Godoy y Escóiquiz, -cuyo desgobierno y errada conducta habían causado los mayores daños -a la monarquía, y cuyo respectivo valimiento con los dos reyes padre -e hijo les imponía la estrecha obligación de sacrificarse por la -conservación de sus derechos, fuesen los mismos que autorizasen los -tratados que acababan en España con la estirpe de los Borbones. La -proclama de Burdeos dada el 12, y en la que se dice a los españoles, -«que se mantengan tranquilos esperando su felicidad de las sabias -disposiciones y del poder de Napoleón», fue producción de Escóiquiz, -queriendo este persuadir después que con ella había pensado en provocar -a los españoles para que sostuviesen la causa de sus príncipes -legítimos. Si realmente tal fue su intento, se ve que no estaba dotado -de mayor claridad cuando escribía, que de previsión cuando obraba. - -[Marginal: La reina de Etruria.] - -La reina de Etruria, a pesar de los favores y atentos obsequios que -había dispensado a Murat y a los franceses, no fue más dichosa en -sus negociaciones que las otras personas de su familia. No se podía -cumplir con su hijo el tratado de Fontainebleau, porque el emperador -había ofrecido a los diputados portugueses conservar la integridad -de Portugal: no podían tampoco concedérsele indemnización en Italia, -siendo opuesto a las _grandes miras_ de Napoleón permitir que en parte -alguna de aquel país reinase una rama, cualquiera que fuese, de los -Borbones; con cuya contestación tuvo la reina que atenerse a la pensión -que se le señaló, y seguir la suerte de sus padres. - -[Marginal: Planes de evasión.] - -Durante la estancia en Bayona del príncipe de Asturias y los infantes, -hubo varios planes para que se evadiesen. Un vecino de Cervera de -Alhama recibió dinero de la junta suprema de Madrid con aquel objeto. -Con el mismo también había ofrecido el duque de Mahón una fuerte suma -desde San Sebastián: los consejeros de Fernando, a nombre y por orden -suya, cobraron el dinero, mas la fuga no tuvo efecto. Se propuso como -el medio mejor y más asequible el arrebatar a los dos hermanos Don -Fernando y Don Carlos, sosteniendo la operación por vascos diestros y -prácticos de la tierra, e internarlos en España por San Juan de Pie de -Puerto. Fue tan adelante el proyecto que hubo apostados en la frontera -300 miqueletes para que diesen la mano a los que en Francia andaban de -concierto en el secreto. Después se pensó en salvarlos por mar, y hasta -hubo quien propuso atacar a Napoleón en el palacio de Marracq. Había -en todas estas tentativas más bien muestras de patriotismo y lealtad, -que probable y buena salida. Hubiérase necesitado para llevarlas a -cabo menos vigilancia en el gobierno francés, y mayor arrojo en los -príncipes españoles, naturalmente tímidos y apocados. - -[Marginal: Se interna en Francia la familia real de España.] - -No tardó Napoleón, extendidas y formalizadas que fueron las renuncias -por medio de los convenios mencionados, en despachar para lo interior -de Francia a las personas de la familia real de España. El 10 de -mayo Carlos IV y su esposa María Luisa, la reina de Etruria con sus -hijos, el infante Don Francisco y el príncipe de la Paz salieron para -Fontainebleau y de allí pasaron a Compiègne. El 11 partieron también de -Bayona el rey Fernando VII y su hermano y tío, los infantes Don Carlos -y Don Antonio; habiéndoseles señalado para su residencia el palacio de -Valençay, propio del príncipe de Talleyrand. - -Tal fin tuvieron las célebres vistas de Bayona entre el emperador de -los franceses y la mal aventurada familia real de España. Solo con -muy negra tinta puede trazarse tan tenebroso cuadro. En él se presenta -Napoleón pérfido y artero; los reyes viejos padres desnaturalizados; -Fernando y los infantes débiles y ciegos; sus consejeros por la mayor -parte ignorantes o desacordados, dando todos juntos principio a un -sangriento drama, que ha acabado con muchos de ellos, desgarrado a -España, y conmovido hasta en sus cimientos la suerte de la Francia -misma. - -En verdad tiempos eran estos ásperos y difíciles, mas los encargados -del timón del estado ya en Bayona, ya en Madrid, parece que solo -tuvieron tino en el desacierto. Los primeros acabamos de ver qué -cuenta dieron de sus príncipes: examinaremos ahora qué providencias -tomaron los segundos [Marginal: Inacción de la junta suprema.] para -defender el honor y la verdadera independencia nacional, puesto que -por sus discordias y malos consejos se habían perdido el rey Fernando, -sus hermanos y toda la real familia. Mencionamos anteriormente la -comisión de Don Evaristo Pérez de Castro, quien con felicidad entró en -Bayona el 4 de mayo. A su llegada se presentó sin dilación a Don Pedro -Cevallos, y este comunicó al rey las proposiciones de la junta suprema -de Madrid de que aquel era portador, y cuyo contenido hemos insertado -más arriba. De resultas se dictaron dos decretos el 5 de mayo, uno -escrito de la real mano estaba dirigido a la junta suprema de gobierno, -y otro firmado por Fernando con la acostumbrada fórmula de _Yo el rey_ -era expedido al consejo, o en su lugar a cualquiera chancillería o -audiencia libre del influjo extranjero. Por el primero el rey decía: -«que se hallaba sin libertad, y consiguientemente imposibilitado de -tomar por sí medida alguna para salvar su persona y la monarquía; que -por tanto autorizaba a la junta en la forma más amplia para que en -cuerpo, o sustituyéndose en una o muchas personas que la representasen, -se trasladara al paraje que creyese más conveniente, y que en nombre de -S. M. representando su misma persona ejerciese todas las funciones de -la soberanía. Que las hostilidades deberían empezar desde el momento -en que internasen a S. M. en Francia, lo que no sucedería sino por la -violencia. Y por último, que en llegando ese caso tratase la junta -de impedir del modo que creyese más a propósito la entrada de nuevas -tropas en la península.» El decreto al consejo decía: «que en la -situación en que S. M. se hallaba, privado de libertad para obrar por -sí, era su real voluntad que se convocasen las cortes en el paraje que -pareciese más expedito; que por de pronto se ocupasen únicamente en -proporcionar los arbitrios y subsidios necesarios para atender a la -defensa del reino, y que quedasen permanentes para lo demás que pudiese -ocurrir.» - -Algunos de los ministros o consejeros de Fernando en Bayona creyeron -fundadamente que la junta suprema autorizada, como lo había sido desde -aquella ciudad, para obrar con las mismas e ilimitadas facultades que -habrían asistido al rey estando presente, hubiera por sí debido adoptar -aquellas medidas, evitando las dilaciones de la consulta; mas la junta -que se había apartado del modo de pensar de los de Bayona, y que en -vez de tomar providencias se contentó con pedir nuevas instrucciones, -llegadas que fueron tampoco hizo nada, continuando en su inacción, so -color de que las circunstancias habían variado. Cierto que no eran las -mismas, y será bien que para pesar sus razones refiramos antes lo que -en ese tiempo había pasado en Madrid. - -[Marginal: Murat presidente de la junta.] - -En la mañana misma del 4 de mayo en que partió el infante Don Antonio, -el gran duque de Berg manifestó a algunos individuos de la junta que -era preciso asociar su persona a las deliberaciones de aquel cuerpo, -estando en ello interesado el buen orden y la quietud pública. Se le -hicieron reflexiones sobre su propuesta; no insistió en ella por aquel -momento, pero en la noche sin anuncio anterior se presentó en la junta -para presidirla. Opúsose fuertemente a su atropellado intento Gil y -Lemus; parece ser que también resistieron Azanza y Ofárril, quienes -aunque al principio protestaron e hicieron dejación de sus destinos, al -fin continuaron ejerciéndolos. Temerosa la junta del compromiso en que -la ponía Murat, y queriendo evitar mayores males, cedió a sus deseos y -resolvió admitir en su seno al príncipe francés. Mucho se censuró esta -su determinación, y se pensó que excedía de sus facultades, mayormente -cuando se trataba del jefe del ejército de ocupación, y cuando para -ello no había recibido órdenes ni instrucciones de Bayona. Hubiera sido -más conforme a la opinión general, o que se hubiera negado a deliberar -ante el general francés, o haber aguardado a que una violencia clara -y sin rebozo hubiese podido disculpar su sometimiento. Pesarosa tal -vez la junta de su fácil condescendencia, en medio de su congoja [*] -[Marginal: (* Ap. n. 2-29.)] le sacó algún tanto de ella y a tiempo un -decreto que recibió el 7 de mayo, y que con fecha del 4 había expedido -en Bayona Carlos IV, nombrando a Murat lugarteniente del reino, en -cuya calidad debía presidir la junta suprema: decreto precursor de -la abdicación de la corona que al día siguiente hizo en Napoleón. -Acompañaba al nombramiento una proclama del mismo Carlos a la nación, -que concluía con la notable cláusula de que: «no habría prosperidad ni -salvación para los españoles, sino en la amistad del grande emperador -su aliado.» Bien que la resolución del rey padre viniese en apoyo de -la prematura determinación de la junta, en realidad no hubiera debido -a los ojos de este cuerpo tener aquella fuerza alguna autoridad: la de -dicha junta delegada por Fernando VII, solo a las órdenes del último -tenía que obedecer. Sin embargo en el día 8 acordó su cumplimiento; -y solamente suspendió la publicación, creyendo con ese medio y -equívoco proceder salir de su compromiso. [Marginal: (* Ap. n. 2-30.)] -Finalmente le libró de él y de su angustiada posición la noticia de -haber devuelto Fernando la corona a su padre, recibiendo un decreto [*] -del mismo para que se sometiese a las órdenes del antiguo monarca. - -[Marginal: Equívoca conducta de la junta.] - -Hasta el día en que Murat se apoderó de la presidencia, hubiera podido -atribuirse la debilidad de la junta a circunspección, su imprevisión -a prudencia excesiva, y su indolencia a falta de facultades o a -temor de comprometer la persona del rey. Mas ahora había mudado el -aspecto de las cosas, y así o estaban sus individuos en el caso de -poner en ejecución las convenientes medidas para salvar el honor y la -independencia nacional, o no lo estaban. Si no, ¿por qué en vez de -mancillar su nombre aprobando con su presencia las inicuas decisiones -del extranjero, no se retiraron y le dejaron solo? ¿Y si pudieron -obrar, por qué no llevaron a efecto los decretos dados por el rey en -Bayona a consulta suya? ¿Por qué no permitieron la formación acordada -de otra junta, fuera del poder del enemigo? Lejos de seguir esta vereda -tomaron la opuesta y fijaron todo su conato en impedir la ejecución de -aquellas saludables medidas. Un propio había entregado a Don Miguel -José de Azanza en su mano los dos decretos del rey; por uno de los -cuales se autorizaba a la junta con poderes ilimitados, y por el otro -al consejo para la convocación de cortes. Azanza los comunicó a sus -compañeros y todos convinieron en que dados estos decretos el 5 de -mayo y el de renuncia de Fernando el 6 del mismo, no debían cumplirse -ni obedecerse los primeros; ¡cosa extraña! Decretos arrancados por la -violencia, en los que se destruían los legítimos derechos de Fernando -y su dinastía, y se hollaban los de la nación, tuvieron a sus ojos más -fuerza que los que habiendo sido acordados en secreto y despachados -por personas de toda confianza, tenían en sí mismos la doble ventaja -de haber sido dictados con entera libertad, y de acomodarse a lo -que ordenaba el honor nacional. Pone aún más en descubierto la buena -fe y rectitud de intenciones de los que así procedieron, el no haber -comunicado al consejo el decreto de convocación de cortes, cuya -promulgación y ejecución se encomendaba particularmente a su cuidado, -tocando solo a aquel cuerpo examinar las razones de prudencia o -conveniencia pública de detenerle o circularle. No contentos con esto -los individuos de la junta suprema, y temerosos de que los nombrados -para reemplazarla fuera de Madrid en caso necesario ejecutasen lo que -se les había mandado, tomaron precauciones para estorbarlo. Al conde de -Ezpeleta, a quien se había comunicado por medio de Don José Capeleti la -primera determinación de que presidiese la junta cuya instalación debía -seguirse a la falta de libertad de la de Madrid, se le dio después -expresa contraorden; y apremiado por Gil Taboada para que pasase -a Zaragoza en donde aquel aguardaba, le contestó como se le había -posteriormente mandado lo contrario. - -Por lo tanto la junta suprema de Madrid que con pretexto de carecer de -facultades, a pesar de haberlas desde Bayona recibido amplias, anduvo -al principio descuidada y poco diligente, ahora que con más claridad -y extensión si era posible las recibía, suspendió hacer uso de su -poder, alegando ser ya tarde, y recelosa de mayores comprometimientos. -Aparece más oscura y dudosa su conducta al considerar que algunos de -sus individuos débiles antes, pero resistiendo al extranjero, sumisos -después si bien todavía disculpables, acabaron por ser sus firmes -apoyos, trabajando con ahínco por ahogar los gloriosos esfuerzos que -hizo la nación en defensa de su independencia. Es cierto que en seguida -los españoles de Bayona estuvieron igualmente llenos de sobresalto y -zozobra con el miedo de que se ejecutasen los dos consabidos decretos. -Así lo anunciaba Don Evaristo Pérez de Castro que volvió a Madrid por -aquellos días. Todo lo cual prueba que ni entre los españoles que en -Bayona influían principalmente en el consejo del rey, ni entre los que -en España gobernaban, había ningún hombre asistido de aquella constante -decisión e invariable firmeza que piden extraordinarias circunstancias. - -[Marginal: Napoleón piensa dar la corona de España a José.] - -Napoleón por su parte considerándose ya dueño de la corona de España en -virtud de las renuncias hechas en favor suyo, había resuelto colocarla -en las sienes de su hermano mayor José rey de Nápoles, y continuando -siempre por la senda del engaño quiso dar a su cesión visos de generosa -condescendencia con los deseos de los españoles. Así fue que en 8 -de mayo dirigió al gran duque sus instrucciones para que la junta -suprema y el consejo de Castilla le indicasen en cuál de las personas -de su familia les sería más grato que recayese el trono de España. En -12 respondió acertadamente el consejo que siendo nulas las cesiones -hechas por la familia de Borbón, no le tocaba ni podía contestar a lo -que se le preguntaba. Mas convocado al siguiente día a palacio por la -tarde y sin ceremonia, y bien recibido y tratado por Murat, y habiendo -fácilmente convenido este en la cortapisa que el consejo quería poner -a su exposición de que «no por eso se entendiese que se mezclaba en -la aprobación o desaprobación de los tratados de renuncia, ni que -los derechos del rey Carlos y su hijo y demás sucesores a la corona, -según las leyes del reino, quedasen perjudicados por la designación -que se le pedía;» cedió entonces y acordó en consulta del 13 dirigida -al gran duque, que bajo las propuestas insinuadas «le parecía que en -ejecución de lo resuelto por el emperador podía recaer la elección -en su hermano mayor el rey de Nápoles.» Llevaba trazas de juego y de -mutua inteligencia el modo de preguntar y de responder. A Murat le -importaban muy poco aquellas secretas protestas, con tal que tuviese -un documento público de las principales autoridades del reino que -presentar a los gobiernos europeos, pudiendo con él Napoleón dar a -entender que había seguido la voluntad de los españoles más bien que la -suya propia. El consejo empezando desde entonces aquel sistema medio -y artificioso que le guió después, más propio de un subalterno de la -curia que de un cuerpo custodio de las leyes, se avino muy bien con lo -que se le propuso, imaginando así poner en cobro hasta cierto punto su -comprometida existencia, ya que se afirmase la dominación de Napoleón, -ya que fuese destruida. Conducta no atinada en tiempos de grandes -tribulaciones y vaivenes, y con la que perdió su crédito e influjo -entre nacionales y extranjeros. Escribió también el mismo consejo una -carta al emperador, y a ruego de Murat nombró para presentarla en -Bayona a los ministros Don José Colón y Don Manuel de Lardizábal. La -junta suprema y la villa de Madrid practicaron por su parte iguales -diligencias, pidiendo que José Bonaparte fuese escogido para rey de -España. - -No satisfecho Napoleón con las cesiones de los príncipes, ni con la -sumisión y petición de las supremas autoridades, pensó en congregar -una diputación de españoles, [Marginal: Diputación de Bayona.] que -con simulacro de cortes diesen en Bayona una especie de aprobación -nacional a todo lo anteriormente actuado. Ya dijimos que a mediados -de abril había intentado Murat llevar a efecto aquel pensamiento; mas -hasta ahora en mayo no se puso en perfecta y cumplida ejecución. La -convocatoria [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-31.)] se dio a luz en la Gaceta -de Madrid de 24 del mismo mes, con la singularidad de no llevar fecha. -Estaba extendida a nombre del gran duque de Berg y de la junta suprema -de gobierno, y se reducía en sustancia a que siendo el deseo de S. -M. I. y R. juntar en Bayona una diputación general de 150 individuos -para el 15 de junio siguiente, a fin de tratar en ella de la felicidad -de España, indicando todos los males que el antiguo sistema había -ocasionado, y proponiendo las reformas y remedios para destruirlos, la -junta suprema había nombrado varios sujetos que allí se expresaban, -reservando a algunas corporaciones, a las ciudades de voto en cortes -y otras sus respectivas elecciones. Según el decreto debían también -asistir grandes, títulos, obispos, generales de las órdenes religiosas, -individuos del comercio, de las universidades, de la milicia, de la -marina, de los consejos y de la Inquisición misma. Se escogieron -igualmente seis individuos que representasen la América. Azanza que en -23 de mayo había ido a Bayona para dar cuenta al emperador del estado -de la hacienda de España, se quedó por orden suya a presidir la junta -o diputación general próxima a reunirse. Más adelante examinaremos -la índole y los trabajos de esta junta, y hablaremos del solemne -reconocimiento que ella y los españoles allí presentes hicieron del -intruso José. - -[Marginal: Medidas de precaución de Murat.] - -Murat luego que estuvo al frente del gobierno de España, recelando -en vista del general desasosiego que hubiese sublevaciones más o -menos parciales, adoptó varios medios para prevenirlas. Agregó a la -división o cuerpo de Dupont dos regimientos suizos españoles, y puso -a la disposición del mariscal Moncey cuatro batallones de guardias -españolas y valonas y los guardias de Corps. Pasó órdenes para enviar -3000 hombres de Galicia a Buenos Aires, y en 19 de mayo dio el mando -de la escuadra de Mahón al general Salcedo con encargo de hacerse a la -vela para Toulon; lo cual afortunadamente no pudo cumplirse por los -acontecimientos que muy luego sobrevinieron. Se ordenó a la división -española acantonada en Extremadura pasase a San Roque, y a Solano -que hasta entonces había sido su jefe se le previno que regresase a -Cádiz para tomar de nuevo el mando de Andalucía, yendo a explorar -sus intenciones el oficial de ingenieros francés Constantin. Con el -mismo objeto y con pretexto de examinar la plaza de Gibraltar se -envió cerca del general Don Francisco Javier Castaños, que mandaba en -el campo de San Roque, al jefe de batallón de ingenieros Rogniat: -otros comisionados fueron enviados a Ceuta. El Buen Retiro se empezó -a fortificar, encerrando dentro de su recinto abundantes provisiones -de boca y guerra, habiéndose los franceses apoderado por todas partes -de cuantos almacenes y depósitos de municiones y armas estuvieron a su -alcance. Cortas precauciones para reprimir el universal descontento. - -Pero ahora que ya tenemos a Napoleón imaginándose poder enajenar a su -antojo la corona de España; ahora que ya está internada en Francia la -familia real; Murat mandando en Madrid; sometidos la junta suprema -y los consejos, y convocada a Bayona una diputación de españoles, -será bien que desviando nuestra vista de tantas escenas de perfidia y -abatimiento, de imprevisión y flaqueza, nos volvamos a contemplar un -sublime y grandioso espectáculo. - - - - - RESUMEN - DEL - LIBRO TERCERO. - - -_Insurrección general contra los franceses. — Levantamiento de -Asturias. — Misión a Inglaterra. — Levantamiento de Galicia. — -Levantamiento de Santander. — Levantamiento de León y Castilla la -Vieja. — Levantamiento de Sevilla. — Rendición de la escuadra -francesa surta en Cádiz. — Levantamiento de Granada. — Levantamiento -de Extremadura. — Conmociones en Castilla la Nueva. — Levantamiento -de Cartagena y Murcia. — Levantamiento de Valencia. — Levantamiento -de Aragón. — Levantamiento de Cataluña. — Levantamiento de las -Baleares. — Navarra y Provincias Vascongadas. — Islas Canarias. — -Reflexiones generales. — Portugal. — Su situación. — Divisiones -francesas que intentan pasar a España. — Los españoles se retiran -de Oporto. — Primer levantamiento de Oporto. — Levantamiento de -Tras-os-Montes, y segundo de Oporto. — Se desarma a los españoles de -Lisboa. — Rechazan los españoles a los franceses en Os Pegões. — -Levantamiento de los Algarbes. — Convenciones entre algunas juntas de -España y Portugal._ - - - - - HISTORIA - DEL - LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN - de España. - - LIBRO TERCERO. - - -[Marginal: Insurrección general contra los franceses.] - -Encontrados afectos habían agitado durante dos meses a las vastas -provincias de España. Tras la alegría y el júbilo, tras las esperanzas -tan lisonjeras como rápidas de marzo habían venido las zozobras, las -sospechas, los temores de abril. El 2 de mayo había llevado consigo -a todas partes el terror y el espanto, y al propagarse la nueva de -las renuncias, de las perfidias y torpes hechos de Bayona, un grito -de indignación y de guerra lanzándose con admirable esfuerzo de las -cabezas de provincia, se repitió y cundió resonando por caserías y -aldeas, por villas y ciudades. A porfía las mujeres y los niños, los -mozos y los ancianos arrebatados de fuego patrio, llenos de cólera -y rabia, clamaron unánime y simultáneamente por pronta, noble y -tremenda venganza. Renació España, por decirlo así, fuerte, vigorosa, -denodada; renació recordando sus pasadas glorias; y sus provincias -conmovidas, alteradas y enfurecidas se representaban a la imaginación -como las describía Veleyo Patérculo, _tam diffusas, tam frequentes, -tam feras_. El viajero que un año antes pisando los anchos campos de -Castilla hubiese atravesado por medio de la soledad y desamparo de sus -pueblos, si de nuevo hubiese ahora vuelto a recorrerlos, viéndolos -llenos de gente, de turbación y afanosa diligencia, con razón hubiera -podido achacar a mágica transformación mudanza tan extraordinaria y -repentina. Aquellos moradores como los de toda España, indiferentes -no había mucho a los negocios públicos, salían ansiosamente a -informarse de las novedades y ocurrencias del día, y desde el alcalde -hasta el último labriego, embravecidos y airados, estremeciéndose -con las muertes y tropelías del extranjero, prorrumpían al oírlas en -lágrimas de despecho. Tan cierto era que aquellos nobles y elevados -sentimientos, que engendraron en el siglo decimosexto tantos portentos -de valor y tantas y tan inauditas hazañas, estaban adormecidos, pero -no apagados en los pechos españoles, y al dulce nombre de patria, a -la voz de su rey cautivo, de su religión amenazada, de sus costumbres -holladas y escarnecidas se despertaron ahora con viva y recobrada -fuerza. Cuanto mayores e inesperados habían sido los ultrajes, tanto -más terrible y asombroso fue el público sacudimiento. La historia no -nos ha transmitido ejemplo más grandioso de un alzamiento tan súbito -y tan unánime contra una invasión extraña. Como si un premeditado -acuerdo, como si una suprema inteligencia hubiera gobernado y dirigido -tan gloriosa determinación, las más de las provincias se levantaron -espontáneamente casi en un mismo día, sin que tuviesen muchas noticias -de la insurrección de las otras, y animadas todas de un mismo espíritu -exaltado y heroico. A resolución tan magnánima fue estimulada la nación -española por los engaños y alevosías de un falso amigo que, con capa -de querer regenerarla desconociendo sus usos y sus leyes, intentó a -su antojo dictarle otras nuevas, variar la estirpe de sus reyes, y -destruir así su verdadera y bien entendida independencia, sin la que -desmoronándose los estados más poderosos, hasta su nombre se acaba y -lastimosamente perece. - -Este uniforme y profundo sentimiento quiso en Asturias,[*] [Marginal: -Levantamiento de Asturias. (* Ap. n. 3-1.)] primero que en otra -parte, manifestarse de un modo más legal y concertado. Contribuyeron -a ello diversas y muy principales causas. Juntamente con la opinión -que era común a toda España de mirar con desvío y odio la dominación -extranjera, aún se conservaba en aquel principado un ilustre recuerdo -de haber ofrecido su enmarañado y riscoso suelo seguro abrigo a -los venerables restos de los españoles esforzados, que huyendo de -la irrupción sarracénica dieron principio a la larga y porfiada -lucha que acabó por afianzar la independencia y unión de los -pueblos peninsulares. Le inspiraba también confianza su ventajosa y -naturalmente resguardada posición. Bañada al norte por las olas del -océano, rodeada por otras partes de caminos a veces intransitables, la -ceñían al mediodía fragosas y encumbradas montañas. Acertó igualmente -a estar entonces congregada la junta general del principado, reliquia -dichosamente preservada del casi universal naufragio de nuestros -antiguos fueros. Sus facultades, no muy bien deslindadas, se limitaban -a asuntos puramente económicos; pero en semejante crisis, compuesta en -lo general de individuos nombrados por los concejos, se la consideró -como oportuno centro para legitimar y dirigir atinadamente los ímpetus -del pueblo. Reuníase cada tres años, y casualmente en aquel cayó el de -su convocación, habiendo abierto sus sesiones el 1.º de mayo. - -A pocos días con la aciaga nueva del 2 en Madrid llegó a Oviedo la -orden para que el coronel comandante de armas Don Nicolás de Llano -Ponte publicase el sanguinario bando que el 3 había Murat promulgado -en la capital del reino. Los moradores de Asturias conmovidos y -desasosegados al par de los demás de España, habían ya en 29 de abril -apedreado en Gijón la casa del cónsul francés, de resultas de haber -este osado arrojar desde sus ventanas varios impresos contra la familia -de Borbón. En tal situación y esparciéndose la voz de que iban a -cumplirse instrucciones rigurosas remitidas de Madrid por el desacato -cometido contra el cónsul, se encendieron más y más los ánimos en gran -manera estimulados por las patrióticas exhortaciones del marqués de -Santa Cruz de Marcenado, de su pariente Don Manuel de Miranda y de -Don Ramón de Llano Ponte, canónigo de aquella iglesia, quien habiendo -servido antes en el cuerpo de guardias estaba adornado de hidalgas y -distinguidísimas prendas. - -Decidida pues la audiencia territorial de acuerdo con el jefe militar -a publicar el 9 el bando que de Madrid se había enviado, empezaron -a recorrer juntos las calles, cuando a poco tiempo agolpándose y -saliéndoles al encuentro gran muchedumbre a los gritos de viva Fernando -VII y muera Murat, los obligaron a retroceder y desistir de su intento. -Agavillándose entonces con mayor aliento los alborotados, entre los -que se señalaron los estudiantes de la universidad, reunidos todos -enderezaron sus pasos a la sala de sesiones de la junta general del -principado. Hallaron allí firme apoyo en varios de los vocales. Don -José del Busto, juez primero de la ciudad, y en secreto de inteligencia -con los amotinados, arengó en favor de su noble resolución; -sostuviéronle el conde Marcel de Peñalva y el de Toreno [padre del -autor de esta historia], y sin excepción acordaron sus miembros -desobedecer las órdenes de Murat, y tomar medidas correspondientes a su -atrevida determinación. La audiencia en tanto desamada del pueblo, ya -por estar formando causa a los que habían apedreado la casa del cónsul -francés, y ya también porque compuesta en su mayor parte de agraciados -y partidarios del gobierno de Godoy, miraba al soslayo unos movimientos -que al cabo habían de redundar en daño suyo, procuró por todos medios -apaciguar aquella primera conmoción, influyendo con particulares y con -militares y estudiantes, y dando sigilosamente cuenta a la superioridad -de lo acaecido. Consiguió también que en la junta el diputado por -Oviedo Don Francisco Velasco, apoyado por el de Grado, Don Ignacio -Flórez, discurriese largamente en el día 13 acerca de los peligros a -que se exponía la provincia por los inconsiderados acuerdos del 9, y no -menos la misma junta habiéndose excedido de sus facultades. El Velasco -gozando de concepto por su práctica y conocida experiencia, alcanzó -que se suspendiese la ejecución de las medidas resueltas, y solo el -marqués de Santa Cruz de Marcenado que presidía, se opuso con fortaleza -admirable, diciendo que «protestaba solemnemente, y que en cualquiera -punto en que se levantase un hombre contra Napoleón tomaría un fusil y -se pondría a su lado.» Palabras tanto más memorables cuanto salían de -la boca de un hombre que rayaba en los sesenta años, propietario rico y -acaudalado, y de las más ilustres familias de aquel país: digno nieto -del célebre marqués del mismo nombre, distinguido escritor militar y -hábil diplomático, que en el primer tercio del siglo último, arrastrado -de su pundonor, había perecido gloriosa pero desgraciadamente en los -campos de Orán. - -Noticiosos Murat y la junta suprema de Madrid de lo que pasaba en -Asturias procuraron con diligencia apagar aquella centella, llenos -del recelo de que saltando a otros puntos no acabase por excitar una -general conflagración. Dieron por tanto órdenes duras a la audiencia, -y enviaron en comisión al conde del Pinar, magistrado conocido por -su cruel severidad, y a Don Juan Meléndez Valdés, más propio para -cantar con acordada lira los triunfos de quien venciese que para -acallar los ruidos populares. Se mandó al propio tiempo al apocado Don -Crisóstomo de la Llave, comandante general de la costa cantábrica, que -pasase a Oviedo para tomar el mando de la provincia, disponiendo que -concurriesen allí a sus órdenes un batallón de Hibernia procedente de -Santander, y un escuadron de carabineros que estaba en Castilla. - -Mas estas providencias en vez de aquietar los ánimos solo sirvieron -para irritarlos. Los complicados en los acontecimientos del 9 vieron -en ellas la suerte que se les preparaba, y persistieron en su primer -intento. Vinieron en su ayuda los avisos de Bayona que provocaban cada -día más a la alteración y al enojo, y la relación que del sanguinario -día 2 de mayo hacían los testigos oculares que sucesivamente llegaban -escapados de Madrid. Redoblaron pues su celo los de la asonada del -9, y pensaron en ejecutar su suspendida pero no abandonada empresa. -Citábanse en casa de Don Ramón de Llano Ponte, y con tan poco -recato que de distintas y muchas partes se acercaba a aquel foco de -insurrección gente desconocida con todo linaje de ofrecimientos. -Asistimos recién llegados de la corte a las secretas reuniones, y -pasmábanos el continuo acudir de paisanos y personas de todas clases -que con noble desprendimiento empeñaban y comprometían su hacienda y -sus personas para la defensa de sus hogares. Se renovaban las asonadas -todas las noches, habiendo sido bastantemente estrepitosas las del 22 -y 23; pero se difirió hasta el 24 el final rompimiento por esperarse -en aquel día al nuevo comandante la Llave, enviado por Murat. Para su -ejecución se previno a los paisanos de los contornos que se metiesen -en Oviedo al toque de oraciones, circulando al efecto Don José del -Busto esquelas a los alcaldes de su jurisdicción. Se tomaron además -otras convenientes prevenciones, y se cometió el encargo de acaudillar -a la multitud a los Señores Don Ramón de Llano Ponte y Don Manuel de -Miranda. Antes de que llegase la Llave, con gran priesa se le había -anticipado un ayudante del mariscal Bessières, napolitano de nación, -quien estuvo muy inquieto hasta que vio que el comandante se acercaba a -las puertas de la ciudad. Entró por ellas el 24 acompañado de algunas -personas sabedoras de la trama dispuesta para aquella noche. Se había -convenido en que el alboroto comenzaría a las once de la misma, tocando -a rebato las campanas de las iglesias de la ciudad y de las aldeas de -alrededor. Por equivocación habiéndose retardado una hora el toque -se angustiaron sobremanera los patriotas conjurados, mas un repique -general a las doce en punto los sacó de pena. - -Fue su primer paso apoderarse de la casa de armas, en donde había -un depósito de 100.000 fusiles, no solamente fabricados en Oviedo -y sus cercanías, sino también trasportados allí por anteriores -órdenes del príncipe de la Paz. Favorecieron la acometida los mismos -oficiales de artillería partícipes del secreto, señalándose con -singular esmero Don Joaquín Escario. Entretanto se encaminaron otros -a casa del comandante la Llave, y de puerta en puerta llamando a los -individuos de la junta del principado, se formó esta en hora tan -avanzada de la noche agregándosele extraordinariamente vocales de -afuera. Entonces reasumiendo la potestad suprema afirmó la revolución, -nombró por presidente suyo al marqués de Santa Cruz, y le confió el -mando de las armas. Al día siguiente 25 se declaró solemnemente la -guerra a Napoleón, y no hubo sino un grito de indecible entusiasmo. -¡Cosa maravillosa que desde un rincón de España hubiera habido quien -osase retar al desmedido poder ante el cual se postraban los mayores -potentados del continente europeo! A frenesí pudiera atribuirse, si una -resolución tan noble y fundada en el deseo de conservar el honor y la -independencia nacional no mereciese más respeto. - -La junta se componía de personas las más principales del país por -su riqueza y por su ilustración. El procurador general Don Álvaro -Flórez Estrada, enterado de antemano de la conmoción urdida, la sostuvo -vigorosamente, y la junta en cuerpo adoptó con actividad oportunas -medidas para armar la provincia y ponerla en estado de defensa. Los -carabineros reales llegaron muy luego así como el batallón de Hibernia, -y ni unos ni otros pusieron obstáculo al levantamiento. Los primeros -pasaron después a Castilla a las órdenes de Don Gregorio de la Cuesta, -y se entresacaron del último varios oficiales, sargentos y cabos para -cuadros de la fuerza armada que se iba formando. La junta había -resuelto poner en pie un cuerpo de 18.000 hombres. Multiplicó para ello -inconsideradamente los grados militares, y con razón se le hicieron -justos cargos por aquella demasía. Sin embargo disculpola algún tanto -la escasez en que se encontraba de oficiales veteranos para llenar -plazas que exigía el completo del ejército que se disciplinaba. Echose -mano de estudiantes o personas consideradas como más aptas, y en verdad -que de los nuevos salieron excelentes oficiales que o se sacrificaron -por su patria, o la honraron con su conducta, denuedo y adelantamiento -en la ciencia militar. No poco contribuyeron a la presteza de la nueva -organización los dones cuantiosos que generosamente se ofrecieron por -particulares, y que entraban todos los días en las arcas públicas. - -Como en el alzamiento de Asturias habían intervenido las personas -de más valía del país, no se había manchado su pureza con ningún -exceso de la plebe, y menos con atropellamientos ni asesinatos. -Pero transcurridos algunos días estuvo a riesgo de representarse -un espectáculo lastimoso y sumamente trágico. Los comisionados de -Murat de que arriba hablamos, el conde del Pinar y Don Juan Meléndez -Valdés, por su propia seguridad habían sido detenidos a su arribo a -Oviedo juntamente con el comandante la Llave, el coronel de Hibernia -Fitzgerald y el comandante de carabineros Ladrón de Guevara, que -solos se habían separado de la unánime decisión de los oficiales de -sus respectivos cuerpos. Desde el principio el marqués de Santa -Cruz, pertinaz y de condición dura, no había cesado de pedir que se -les formase causa. Halagaba su opinión a la muchedumbre; pero la -junta dilataba su determinación esperando que se templase la ira que -contra los arrestados había. Acaeció en el intermedio que acudiendo -sucesivamente de los puntos más distantes los nuevos alistados, -llegaron los de los concejos que median entre el Navia y Eo, y notose -que eran más inquietos y turbulentos que los de los otros partidos. -Recelosa la junta de algún desmán, resolvió poner a los detenidos -fuera de los lindes del principado. Por atolondramiento u oculta -malicia de mano desconocida, se trató de sacarlos en medio del día -y públicamente, para que en coche emprendiesen su viaje. A su vista -gritaron unas mujerzuelas _que se marchan los traidores_; y juntándose -a sus descompasados clamores un tropel de los reclutas mencionados, -cogieron en medio a los cinco desventurados y los condujeron al campo -de San Francisco extramuros de la ciudad, en donde atándolos a los -árboles se dispusieron a arcabucearlos. En tamaño aprieto felizmente se -le ocurrió al canónigo Don Alonso Ahumada buscar para la desordenada -multitud el freno de la religión, único que ya podía contenerla, y con -el sacramento en las manos y ayudado de personas autorizadas salvó de -inminente muerte a los atribulados perseguidos, habiéndose mantenido -impávido en el horroroso trance el coronel de Hibernia. Con lo que -al paso que se preservaron sus vidas, quedó terso y limpio de todo -lunar el bello aspecto del levantamiento de Asturias. Raro ejemplo de -moderación en tiempos en que desencadenándose el furor popular se da a -veces suelta bajo el manto de patriotismo a las enemistades personales. - -[Marginal: Misión de Inglaterra.] - -Desde el momento en que la junta de Asturias se pronunció y declaró -soberana, trató de entablar negociaciones con Inglaterra. Nombró -para que con aquel objeto pasasen a Londres a Don Andrés Ángel de la -Vega y al vizconde de Matarrosa, autor de esta historia, así entonces -llamado por vivir todavía su padre. La misión era importante y de -empeño. Pendía en gran parte de su feliz resultado dar fortunada cima -a la comenzada empresa. El viaje por sí presentó dificultades, no -habiendo en aquel momento crucero inglés en toda la costa asturiana, y -era arriesgado para el deseado fin aventurarse en barco de la propia -nación. A los tres días de la insurrección y muy al caso apareció sobre -el cabo de Peñas un corsario de Jersey, el cual sospechando engaño -resistió al principio entrar en tratos; mas con el cebo de una crecida -suma convino en tomar a su bordo los diputados nombrados, quienes desde -Gijón se hicieron a la vela el 30 de mayo. - -No es de más ni obra del amor propio el detenernos en contar algunos -pormenores de la mencionada misión, habiendo servido de cimiento a la -nueva alianza que se contrajo con la Inglaterra, y la cual dio ocasión -a tantos y tan portentosos acontecimientos. En la noche del 6 de junio -arribaron los diputados a Falmouth, y acompañados de un oficial de la -marina real inglesa se dirigieron en posta y con gran diligencia a -Londres. No eran todavía las siete de la mañana cuando pisaron los -umbrales del almirantazgo, y su secretario Mr. Wellesly Pool apenas -daba crédito a lo que oía, procurando con ansia descubrir en el mapa -el casi imperceptible punto que osaba declararse contra Napoleón. -Poco después y en hora tan temprana se avistó con los diputados Mr. -Canning, ministro entonces de relaciones extranjeras. En vista de -las proclamas y del calor y persuasivo entusiasmo que animaba a los -enviados asturianos [común entonces a todos los españoles], no dudó un -instante el ministro inglés en asegurarles que el gobierno de S. M. B. -protegería con el mayor esfuerzo el glorioso alzamiento de la provincia -que representaban. Su pronta y viva penetración de la primera vez -columbró el espíritu que debía reinar en toda España cuando en Asturias -se había levantado el grito de independencia, previendo igualmente las -consecuencias que una insurrección peninsular podría tener en la suerte -de Europa y aun del mundo. - -Ya con fecha de 12 de junio Mr. Canning comunicaba a los diputados -de oficio y por escrito: [*] [Marginal: (* Ap. n. 3-2.)] «el rey me -manda asegurar a VV. SS. que S. M. ve con el más vivo interés la -determinación leal y valerosa del principado de Asturias para sostener -contra la atroz usurpación de la Francia una contienda en favor de la -restauración e independencia de la monarquía española. Asimismo S. M. -está dispuesto a conceder todo género de apoyo y de asistencia a un -esfuerzo tan magnánimo y digno de alabanza... El rey me manda declarar -a VV. SS. que está S. M. pronto a extender su apoyo a todas las demás -partes de la monarquía española que se muestren animadas del mismo -espíritu que los habitantes de Asturias.» - -Siguiose a esta declaración el envío a aquella provincia de víveres, -municiones, armas y vestuarios en abundancia: no fue al principio -dinero por no haber los diputados creídolo necesario. Fueron nombrados -para que pasasen a Asturias dos oficiales y el mayor general sir Thomas -Dyer, quien desde entonces fue el protector constante y desinteresado -de los desgraciados patriotas españoles. - -Era a la sazón primer lord de la tesorería el duque de Portland, y -los nombres tan conocidos después de Castlereagh, Liverpool y Canning -entraban a formar parte de su ministerio. Tenían por norma de su -política las reglas que habían guiado a Mr. Pitt, con quien habían -estado estrechamente unidos. Pero en cuanto a la causa española todos -los partidos concurrieron en la misma opinión, sin que hubiese la -menor diferencia ni disenso. Claramente apareció esta conformidad -en la discusión parlamentaria del 15 de junio en la cámara de los -comunes. Mr. Sheridan uno de los corifeos de la oposición, célebre como -literato, y célebre como orador, decía en aquella sesión:[*] [Marginal: -(* Ap. n. 3-3.)] «¿El denodado ánimo de los españoles no tomará mayor -aliento cuando sepa que su causa no solo ha sido abrazada por los -ministros aisladamente, sino también por el parlamento y el pueblo -de Inglaterra? Si hay en España una predisposición para sentir los -insultos y agravios que sus habitantes han recibido del tirano de la -tierra, y que son sobrado enormes para poder expresarlos con palabras, -¿aquella predisposición no se elevará al más sublime punto con la -certeza de que sus esfuerzos han de ser cordialmente sostenidos por una -grande y poderosa nación? Pienso que se presenta una importante crisis. -Jamás hubo cosa tan valiente, tan generosa, tan noble como la conducta -de los asturianos.» - -Ambos lados de la cámara aplaudieron aquellas elocuentes palabras -que expresaban el común sentir de todos sus individuos. Trafalgar y -las famosas victorias alcanzadas por la marina inglesa nunca habían -excitado ni mayor alegría ni más universal entusiasmo. El interés -nacional anduvo unido en esta ocasión con lo que dictaban la justicia -y la humanidad, y así las opiniones más divergentes y encontradas -en otros asuntos, se juntaron ahora y confundieron para celebrar en -común y de un modo inexplicable el alzamiento de España. Bastó solo -la noticia del de Asturias para causar efecto tan prodigioso. No les -era dado a los diputados moverse ni ir a parte alguna sin que se -prorrumpiese enderredor suyo en vítores y aplausos. Detenemos aquí la -pluma ciertos de que se achacaría a estudiada exageración el repetir -aun compendiosamente lo que en realidad pasó.[*] [Marginal: (* Ap. n. -3-4.)] En medio sin embargo de la universal satisfacción estaban los -diputados contristados, habiendo transcurrido más de quince días sin -que aportase barco ni aviso alguno de las costas de España. No por eso -menguó el entusiasmo inglés: más bien, a ser posible, vino a aumentarle -y a sacar a todos de dudas y sobresalto la llegada de Don Francisco -Sangro enviado por la junta de Galicia, y el cual traía consigo no -solamente la noticia del levantamiento de tan importante y populosa -provincia, mas también el de toda la península. - -[Marginal: Levantamiento de Galicia.] - -Galicia en efecto se había alzado el 30 de mayo, día de San Fernando. -La extensión de sus costas, sus muchas rías y abrigados puertos, la -desigualdad de su montuoso terreno, su posición lejana y guarecida de -angostas y por la mayor parte difíciles entradas, sus arsenales, y en -fin sus cuantiosos y variados recursos realzaban la importancia de la -declaración de aquel reino. - -Además de la inquietud, necesaria y general consecuencia del 2 de mayo, -conmovió con particularidad los ánimos en la Coruña la aparición del -oficial francés Mongat comisionado para tomar razón de los arsenales -de armas y artillería, de la tropa allí existente, y para examinar -al mismo tiempo el estado del país. Por ausencia del capitán general -Don Antonio Filangieri mandaba el mariscal de campo Don Francisco -Biedma, sujeto mirado con desafecto por los militares y vecinos de la -ciudad, e inhábil por tanto para calmar la agitación que visiblemente -crecía. Aumentola con sus providencias, porque colocando artillería -en la plaza de la capitanía general, redoblando su guardia y viviendo -siempre en vela, dio a entender que se disponía a ejecutar alguna -orden desagradable. El Biedma obraba en este sentido con tanto mayor -confianza cuanto quedaban todavía en la Coruña, a pesar de las fuerzas -destacadas a Oporto en virtud del tratado de Fontainebleau, el -regimiento de infantería de Navarra, los provinciales de Betanzos, -Segovia y Compostela, el segundo de voluntarios de Cataluña y el -regimiento de artillería del departamento. Para estar más seguro de -estos cuerpos pensó también granjearse su voluntad, proponiéndoles -conforme a instrucciones de Madrid la etapa de Francia que era más -ventajosa. Hubo jefes que aceptaron la oferta, otros la desecharon. -Pero este paso fue tan imprudente que despertó en los soldados viva -sospecha de que se fraguaba enviarlos del otro lado de los Pirineos, y -llenar su hueco con franceses. Sobrecogiose asimismo el paisanaje de -temor de la conscripción, en el que le confirmaron vulgares rumores -con tanta más prontitud creídos en semejantes casos, cuanto suelen -ser más absurdos. Tal fue por ejemplo el de que el francés Mongat -había mandado fabricar a la maestranza de artillería miles de esposas -destinadas a maniatar hasta la frontera a los mozos que se enganchasen. -Por infundada que fuese la voz no era extraño que hallase cabida en -los prevenidos ánimos de los gallegos, a cuyos oídos había llegado -la noticia de violencias semejantes a las que en la misma Francia se -cometían con los conscriptos. - -En medio del sobresalto llegó a la Coruña un emisario de Asturias, -portador de las nuevas de su primera insurrección, con intento de -brindar a las autoridades a imitar la conducta del principado. Se -presentó al señor Pagola, regente de la audiencia, quien con la amenaza -de castigarle le obligó a retirarse sigilosamente a Mondoñedo. Con -todo súpose, y más y más se pronunciaba la opinión sin que hubiera -freno que la contuviese. Alcanzaron en tanto a Madrid avisos del -estado inquieto de Galicia, y se ordenó pasar allí al capitán general -Don Antonio Filangieri, hombre moderado, afable y entendido, hermano -del famoso Cayetano, que en su elocuente obra de la legislación había -defendido con tanta erudición y celo los derechos de la humanidad. -Adorábanle los oficiales, le querían cuantos le trataban; pero la -desgracia de haber nacido en Nápoles le privaba del favor de la -multitud, tan asombradiza en tiempos turbulentos. Sin embargo habiendo -quitado la artillería de delante de sus puertas, y mostrádose suave e -indulgente, hubiera quizá parado la revolución si nuevos motivos de -desazón y disgusto no hubiesen acelerado su estampido. Primeramente -no dejaba de incomodar la arrogancia desdeñosa con que los franceses -establecidos en la Coruña miraban a su vecindario desde que el oficial -Mongat los alentó con su altivez intolerable, si bien a veces templada -por la prudencia de Mr. Fourcroi, cónsul de su nación. Pero más que -todo, y ella en verdad decidió el rompimiento, fue la noticia de las -renuncias de Bayona, y de la internación en Francia de la familia -real, con lo que al paso que el poder de la autoridad se entorpecía y -menguaba, creció el ardor popular saltando la valla de la subordinación -y obediencia. - -Algunos patriotas encendidos del deseo de conservar la independencia y -el honor nacional, se juntaban a escondidas con varios oficiales para -dar acertado impulso al público descontento. Asistían individuos del -regimiento de Navarra, de lo que noticioso el capitán general mandó -que aquel cuerpo se trasladase al Ferrol; medida que tal vez influyó en -su posterior y lamentable suerte. En lugar de amortiguarse aviváronse -con esto los secretos tratos, y ya tocaban al estado de sazón, cuando -la víspera de San Fernando entró a caballo por las calles de la Coruña -un joven de rostro halagüeño, gallardo en su porte, y tan alborozado -que atravesándolas con entusiasmados gritos movió la curiosidad -de sus atónitos vecinos. Avistose con el regente de la audiencia, -quien cortándole toda comunicación le hizo custodiar en la casa de -correos. Allí se agolpó al instante la muchedumbre, y averiguó que el -desconocido mozo era un estudiante de la ciudad de León, en donde a -imitación de Asturias había la población tratado de levantarse y crear -una junta. Con la nueva espuela determinaron los que secretamente y de -consuno se entendían, no aguardar más tiempo, y poner cuanto antes el -reino de Galicia en abierta insurrección. - -El siguiente día 30 ofreciose como el más oportuno impeliendo a su -ejecución un impensado incidente. Era costumbre todos los años en dicho -día enarbolar la bandera en los baluartes y castillos, y notose que -en este se había omitido aquella práctica que solamente se verificaba -en conmemoración de Fernando III llamado el Santo, sin atender a -que el soberano reinante llevara o no aquel nombre. Mas como ahora -desagradaba su sonido al gobierno de Madrid, fuera por su orden o por -lisonjearle, se suspendió la antigua ceremonia. El pueblo echando de -menos la bandera se mostró airado, y aprovechando entonces los secretos -conjurados la oportuna ocasión, enviaron para acaudillarle a Sinforiano -López, de oficio sillero, hombre fogoso, y que, dotado de verbosidad -popular, era querido de la multitud y a su arbitrio la gobernaba. -Luego que se acercó al palacio del capitán general, envió por delante -para tantear el ánimo de la tropa algunos niños que con pañuelos -fijos en la punta de unos palos, y gritando viva Fernando VII y muera -Murat, intentaron meterse por sus filas. Los soldados, en cuyo número -se contaban bastantes que estaban de concierto con los atizadores, -se reían de los muchachos, y los dejaban pasar y gritar, sin -interrumpirlos en su aparente pasatiempo. Alentados los instigadores -se atropellaron de golpe hacia el palacio, diputando a unos cuantos -para pedir que según costumbre se tremolase la bandera. Aquel edificio -está sito dentro de la ciudad antigua; y al ruido de que era acometido, -concurrió la multitud de todos los puntos, precipitándose por la puerta -Real y la de Aires. Los primeros que en diputación habían penetrado -dentro de los umbrales de palacio, alcanzado que hubieron que se -enarbolase la bandera, pidieron que volviera a la Coruña el regimiento -de Navarra, y como acontece en los bullicios populares, a medida que se -condescendía en las peticiones, fuéronse estas multiplicando: por lo -que y encrespado el tumulto, Don Antonio Filangieri se desapareció por -una puerta excusada y se refugió en el convento de dominicos. No así -Don Francisco Biedma y el coronel Fabro, quienes a pesar del odio que -contra ambos había como parciales del príncipe de la Paz, osaron salir -por la puerta principal. Caro hubo de costarles el temerario arrojo: -al Biedma le hirieron de una pedrada, pero levemente; y al Fabro que -puesto al frente de los granaderos de Toledo, de cuyo cuerpo era jefe, -dio con su espada de plano a uno de los que peroraban a nombre del -pueblo, reciamente le apalearon, sin que sus soldados hiciesen ademán -siquiera de defenderle: tan aunados estaban militares y paisanos. - -Como era día festivo y también por avisos circulados a las aldeas había -acudido a la ciudad mucha gente de los contornos, y todos juntos los de -dentro y los de fuera asaltaron el parque de armas, y le despojaron de -más de 40.000 fusiles. En la acometida corrió gran peligro el comisario -de la maestranza de artillería Don Juan Varela, a quien falsamente -se atribuía el tener escondidas las esposas que habían de atraillar -a los que se llevasen a Francia. Muy al caso le ocurrió a Sinforiano -López sacar en procesión el retrato de Fernando VII, con cuya artimaña -atrayendo hacia sí a la multitud, salvó a Varela del fatal aprieto. - -En fin por la tarde se formó una junta, y a su cabeza se puso el -capitán general; entrando en ella las principales autoridades y -representantes de las diferentes clases y corporaciones ya civiles ya -eclesiásticas. Por indisposición de Filangieri presidió los primeros -días la junta el mariscal de campo Don Antonio Alcedo, hombre muy cabal -y prudente, y permitió en el naciente fervor que cualquiera ciudadano -entrase a proponer en la sala de sesiones lo que juzgase conveniente -a la causa pública. Púsose luego coto a una concesión que en otros -tiempos hubiera sido indebida y peligrosa. - -La junta anduvo en lo general atinada, y tomó disposiciones prontas -y vigorosas. Dio igualmente desde el principio una señalada prueba -de su desprendimiento en convocar otra junta, que elegida libre y -tranquilamente por las ciudades de Galicia, no tuviese la tacha de -ser fruto de un alboroto, y de solo representar en ella una pequeña -parte de su territorio. Para alcanzar tan laudable objeto se prefirió -a cualquiera otro medio el más antiguo y conocido. Cada seis años se -congregaba en la Coruña una diputación de todo el reino de Galicia, -compuesta de siete individuos escogidos por los diversos ayuntamientos -de las siete provincias en que está dividido. Celebrábase esta -reunión para conceder la contribución llamada de millones, y elegir -un diputado que en unión con los de las otras ciudades de voto en -cortes concurriese a formar la diputación de los reinos, que constando -de siete individuos, y removiéndose de seis en seis años residía -en Madrid, más bien para presenciar festejos públicos y obtener -individuales favores que para defender los intereses de sus comitentes. -Conforme a su digna resolución expidió la junta sus convocatorias, -y envió a todas partes comisionados que pusiesen en ejecución las -medidas que había decretado de armamento y defensa. Siendo idéntica -la opinión de todos los pueblos, fueron aquellos a doquiera que -llegaban recibidos con aplauso y sumisamente acatados. En algunos -parajes habían precedido alborotos a la noticia del de la Coruña, y en -todos ellos se respetaron y obedecieron las providencias de la junta, -corriendo la juventud a alistarse con el mayor entusiasmo. Solamente en -el Ferrol hubiera podido desconocerse la autoridad del nuevo gobierno -por la oposición que mostraban el conde de Cartaojal, comandante de -la división de Ares, y el jefe de escuadra Obregón, que mandaba los -arsenales; pero los demás oficiales y soldados conformes con el pueblo -en sus sentimientos, y pronunciándose altamente, desbarataron los -intentos de sus superiores. - -Conmovido así todo el reino de Galicia se aceleró la formación y -organización de su ejército. Se incorporaron los reclutas en los -regimientos veteranos, y se crearon otros nuevos, entre los que -merece particular distinción el batallón llamado literario, compuesto -de estudiantes de la universidad de Santiago, tan bien dispuestos y -animados como todos los de España en favor de la causa sagrada de la -patria. La reunión de estas fuerzas con las que posteriormente se -agregaron de Oporto, ascendía en su totalidad a unos 40.000 hombres. - -No tardaron mucho en pasar a la Coruña los regidores nombrados por los -ayuntamientos de las siete capitales de provincia en representación de -su potestad suprema; instalándose con el nombre de junta soberana de -Galicia. Asociaron a su seno al obispo de Orense que entonces gozaba -de justa popularidad, al de Tuy y a Don Andrés García, confesor de -la difunta princesa de Asturias, en obsequio a su memoria. Se mandó -asimismo que asistiesen a las comisiones administrativas, en que se -distribuyesen los diversos trabajos, personas inteligentes en cada ramo. - -El levantamiento de Galicia tuvo como el de toda España su principal -origen en el odio a la dominación extranjera, y en la justa indignación -provocada por los atroces hechos de Madrid y Bayona. Fueron en aquel -reino los militares los primeros motores, sostenidos por la población -entera. El clero si bien no dio el impulso, aplaudió y favoreció -después la heroica resolución, distinguiéndose más adelante los curas -párrocos, quienes fomentaron y mantuvieron la encendida llama del -patriotismo. Sin embargo miraron allí con torvo rostro las conmociones -populares dos de los más poderosos eclesiásticos, cuales eran Don -Rafael Múzquiz, arzobispo de Santiago, y Don Pedro Acuña, ex-ministro -de gracia y justicia. Celosos partidarios del príncipe de la Paz -asustáronse del advenimiento al trono de Fernando VII, y trabajaron en -secreto y con porfiado ahínco por deshacer o embarazar en su curso la -comenzada empresa. El de Santiago, portentoso conjunto de corrupción -y bajeza, procuraba con aparente fanatismo encubrir su estragada -conducta, disfrazar sus vicios y acrecentar el inmenso poderío que -le daban sus riquezas y elevada dignidad. Astuto y revolvedor tiró a -sembrar la discordia so color de patriotismo. Había entre Santiago, -antigua capital de Galicia, y la Coruña que lo era ahora, añejas -rivalidades; y para despertarlas ofreció un donativo de tres millones -de reales con la condición sediciosa de que la junta soberana fijase -su asiento en la primera de aquellas ciudades. Muy bien sabía que no se -accedería a su propuesta, y se lisonjeaba de excitar con la negativa -reyertas entre ambos pueblos que trabasen las resoluciones de la nueva -autoridad. Mas la junta mostró tal firmeza que atemorizado el solapado -y viejo cortesano se cobijó bajo la capa pastoral del obispo de Orense -para no ser incomodado y perseguido. - -A pocos días de la insurrección una voz repentina y general difundida -en toda Galicia de que entraban los franceses, dio desgraciadamente -ocasión a desórdenes, que si bien momentáneos, no por eso dejaron de -ser dolorosos. Así fue que en Orense un hidalgo de Puga mató de un tiro -a un regidor a las puertas del ayuntamiento, por habérsele dicho que el -tal era afecto a los invasores. Bien es verdad que Galicia dentro de -su suelo no tuvo que llorar otra muerte en los primeros tiempos de su -levantamiento. - -Tuvo sí que afligirse y afligir a España con el asesinato de Don -Antonio Filangieri, que saliendo de los lindes gallegos había fijado -su cuartel general en Villafranca del Bierzo, y tomado activas -providencias para organizar y disciplinar su gente, el cual creyendo -oportuno, así para su propósito como para cubrir las avenidas del país -de su mando, sacar de la Coruña sus tropas [en gran parte bisoñas y -compuestas de gente allegadiza], las situó en la cordillera aledaña -del Bierzo, extendiendo las más avanzadas hasta Manzanal, colocado -en las gargantas que dan salida al territorio de Astorga. Lo suave -de la condición de dicho general y el haberle llamado la junta a la -Coruña, alentó a algunos soldados de Navarra, cuyo cuerpo estaba -resentido desde la traslación al Ferrol, para acometerle y asesinarle -fría y alevosamente el 24 de junio en las calles de Villafranca. Los -abanderizó un sargento, y hubo quien buscó más arriba la oculta mano -que dirigió el mortal golpe. Atroz y fementido hecho matar a su propio -caudillo, respetable varón e inocente víctima de una soldadesca brutal -y desmandada. Por largo tiempo quedó impune tan horroroso crimen: -al fin y pasados años recibieron los que le perpetraron el merecido -castigo. Había sucedido en el mando por aquellos días al desventurado -Filangieri Don Joaquín Blake, mayor general del ejército, y antes -coronel del regimiento de la Corona. Gozaba del concepto de militar -instruido y de profundo táctico. La junta le elevó al grado de teniente -general. - -De Inglaterra llegaron también a Galicia prontos y cuantiosos auxilios. -Su diputado Don Francisco Sangro fue honrado y obsequiado por aquel -gobierno, y se remitieron libres a la Coruña los prisioneros españoles -que gemían hacía años en los pontones británicos. Arribó al mismo -puerto Sir Carlos Stuart, primer diplomático inglés que en calidad de -tal pisó el suelo español. La junta se esmeró en agasajarle y darle -pruebas de su constante anhelo por estrechar los vínculos de alianza y -amistad con S. M. Británica. Las demostraciones de interés que por la -causa de España tomaba nación tan poderosa, fortificaron más y más las -novedades acaecidas, y hasta los más tímidos cobraron esperanzas. - -[Marginal: Levantamiento de Santander.] - -Santander agitado y conmovido ponía en sumo cuidado a los franceses, -estando casi situado a la retaguardia de una parte considerable de sus -tropas, y pudiendo con su insurrección impedir fácilmente que entre -sí se comunicasen. También temían que la llama una vez prendida se -propagase a las provincias vascongadas, y los envolviese a favor del -escabroso terreno, en medio de poblaciones enemigas, fatigándolos y -hostigándolos continuadamente. Así fue que el mariscal Bessières no -tardó desde Burgos en despachar a aquel punto a su ayudante general Mr. -de Rigny, que, después se ha ilustrado más dignamente con los laureles -de Navarino. Iba con pliegos para el cónsul francés Mr. de Ranchoup, -por los que se amonestaba al ayuntamiento, que en caso de no mantenerse -la tranquilidad pasaría una división a castigar con el mayor rigor el -más leve exceso. Semejantes amenazas lejos de apaciguar acrecentaron el -disgusto y la fermentación. Estaba en su colmo, cuando una leve disputa -entre Mr. Pablo Carreyron, francés avecindado, y el padre de un niño -a quien aquel había reprendido, atrajo gente, y de unas en otras se -enardeció el pueblo clamoreando que se prendiese a los franceses. - -Tocaron entonces a rebato las campanas de la catedral y los tambores -la generala, resonando por las calles los gritos de viva Fernando VII -y muera Napoleón y el ayudante de Bessières. Armado como por encanto -el vecindario, arrestó a los franceses, pero con el mayor orden; y -conducidos al castillo cuartel de San Felipe, se pusieron guardias -a las puertas de las respectivas casas de los presos para que no -recibiesen menoscabo en sus propiedades. Era aquel día el 26 de mayo, y -como de la Ascensión festivo; por lo que arremolinándose numerosa plebe -cerca de la casa del cónsul francés, se desató en palabras y amenazas -contra su persona y la de Mr. de Rigny. Sus vidas hubieran peligrado -si los oficiales del provincial de Laredo que guarnecían a Santander, -no las hubieran puesto en salvo exponiendo las suyas propias. Los -sacaron de la casa consular a las once de la noche, y colocándolos en -el centro de un círculo que formaron con sus cuerpos, los llevaron al -ya mencionado cuartel de San Felipe, dejándolos bajo la custodia de los -milicianos que le ocupaban. - -Al día inmediato 27 se compuso una junta de los individuos del -ayuntamiento y varias personas notables del pueblo, las que eligieron -por su presidente al obispo de la diócesis Don Rafael Menéndez de -Luarca. Hallábase este ausente en su quinta de Liaño a dos leguas de la -ciudad, no pudiendo por tanto haber tomado parte en los acontecimientos -ocurridos. El gobierno francés que con estudiado intento no veía -entonces en el alzamiento de España sino la obra de los clérigos y los -frailes, achacó al reverendo obispo de Santander la insurrección de -la provincia cantábrica. Mas fue tan al contrario que en un principio -aquel prelado se resistió obstinadamente a admitir la presidencia -que le ofreció la junta, y solo a fuerza de reiteradas instancias -condescendió con sus ruegos. Era el de Santander eclesiástico austero -en sus costumbres, y acatábale el vulgo como si fuera un santo: estaba -ciertamente dotado de recomendables prendas, pero las deslucía con -terco fanatismo y desbarros que tocaban casi en locura. Dio luego -señales de su descompuesto temple, autorizándose con el título de -regente soberano de Cantabria a nombre de Fernando VII y con el -aditamento de alteza. - -A poco se supo la insurrección de Asturias con lo que tomó vuelo -el levantamiento de toda la montaña de Santander, y aun los tibios -ensancharon sus corazones. Inmediatamente se procedió a un alistamiento -general, y sin más dilación y faltos de disciplina salieron los nuevos -cuerpos a los confines y puertos secos de la provincia. Mandaba como -militar Don Juan Manuel de Velarde, que de coronel fue promovido a -capitán general, y el cual se apostó en Reinosa con artillería y 5000 -hombres, los más paisanos mezclados con milicianos de Laredo. Su hijo -Don Emeterio, muerto después gloriosamente en la batalla de la Albuera, -ocupó el Escudo con 2500 hombres, igualmente paisanos. Otros 1000 -recogidos de partidas sueltas de Santoña, Laredo y demás puertecillos -se colocaron en los Tornos. Por aquí vemos como Santander a pesar de -su mayor proximidad a los franceses se arriesgó a contrarrestar sus -injustos actos y a emplear contra ellos los escasos recursos que su -situación le prestaba. - -[Marginal: Levantamiento de León y Castilla la Vieja.] - -Osadía fue sin duda la de esta provincia, pero guarecida detrás de sus -montañas no parecía serlo tanto como la de las ciudades y pueblos de -la tierra llana de Castilla y León. Sus moradores no atendiendo ni a -sus fuerzas ni a su posición, quisieron ciegamente seguir los ímpetus -de su patriotismo, y a los pueblos cercanos a tropas francesas salioles -caro tan honroso como irreflexionado arrojo. Apenas había alzado -Logroño el pendón de la insurrección, cuando pasando desde Vitoria con -dos batallones el general Verdier, fácilmente arrolló el 6 de junio a -los indisciplinados paisanos, retirándose después de haber arcabuceado -a varios de los que se cogieron con las armas en la mano, o a los que -se creyeron principales autores de la sublevación. No fue más dichosa -en igual tentativa la ciudad de Segovia. Confiando sobradamente en la -escuela de artillería establecida en su alcázar, intentó con su ayuda -hacer rostro a la fuerza francesa, cerrando los oídos a proposiciones -que por medio de dos guardias de Corps le había enviado Murat. En -virtud de la repulsa se acercó a la ciudad el 7 de junio el general -francés Frère, y los artilleros españoles colocaron las piezas -destinadas al ejercicio de los cadetes en las puertas y avenidas. No -había para sostenerlas otra tropa que paisanos mal armados, los cuales -al empeñarse la refriega se desbandaron dejando abandonadas las piezas. -Apoderose de Segovia el enemigo, y el director Don Miguel de Cevallos, -los alumnos y casi todos los oficiales se salvaron y acogieron a los -ejércitos que se formaban en las otras provincias. - -Al mismo tiempo que tales andaban las cosas en puntos aislados -de Castilla, tomó cuerpo la insurrección de Valladolid y León, -fortificándose con mayores medios y estribando sus providencias en los -auxilios que aguardaban de Galicia y Asturias. Desde el momento en que -la última de aquellas provincias había en el 23 y 24 de mayo proclamado -a Fernando y declarádose contra los franceses, había León imitado -su ejemplo. Como a su definitiva determinación hubiesen precedido -parciales conmociones, en una de ellas fue enviado a la Coruña el -estudiante que tanto tumultuó allí la gente. Mas el estar asentada la -ciudad de León en la tierra llana, y el serles a los franceses de fácil -empresa apaciguar cualquiera rebelión a sus mandatos, había reprimido -el ardor popular. Por fin habiéndose enviado de Asturias 800 hombres -para confortar algún tanto a los tímidos, se erigió el 1.º de junio una -junta de individuos del ayuntamiento y otras personas, a cuya cabeza -estaba como gobernador militar de la provincia D. Manuel Castañón. -No eran pasados muchos días cuando se transfirió la presidencia al -capitán general bailío Don Antonio Valdés, antiguo ministro de marina, -y quien habiendo honrosamente rehusado ir a Bayona, tuvo que huir de -Burgos a Palencia y abrigarse al territorio leonés. Fueron de Asturias -municiones, fusiles y otros pertrechos, con cuya ayuda se empezó el -armamento. - -Estaba en Valladolid de capitán general Don Gregorio de la Cuesta -militar antiguo y respetable varón, pero de condición duro y -caprichudo, y obstinado en sus pareceres. Buen español, acongojábale la -intrusión francesa, mas acostumbrado a la ciega subordinación miraba -con enojo que el pueblo se entrometiese a deliberar sobre materias -que a su juicio no le competían. El distrito de su mando abrazaba los -reinos de León y Castilla la Vieja, cuya separación geográfica no ha -estorbado que se hubiesen confundido ambos en el lenguaje común y aun -en cosas de su gobierno interior. La pesada mano de la autoridad los -había molestado en gran manera, y el influjo del capitán general era -extremadamente poderoso en las provincias en que aquellos reinos se -subdividían. Con todo pudiendo más el actual entusiasmo que el añejo -y prolongado hábito de la obediencia, ya hemos visto como en León, -sin contar con Don Gregorio de la Cuesta, se había dado el grito del -levantamiento. Era la empresa de más dificultoso empeño en Valladolid, -así porque dentro residía dicho jefe, como también por el apoyo que le -daba la chancillería y sus dependencias. Sin embargo la opinión superó -todos los obstáculos. - -En los últimos días de mayo el pueblo agavillado quiso exigir del -capitán general que se le armase y se hiciese la guerra a Napoleón. -Asomado al balcón resistiose Cuesta, y con prudentes razones procuró -disuadir a los alborotados de su desaconsejado intento. Insistieron -de nuevo estos, y viendo que sus esfuerzos inútilmente se estrellaban -contra el duro carácter del capitán general, erigieron el patíbulo -vociferando que en él iban a dar el debido pago a tal terquedad, -tachada ya de traición por el populacho. Dobló entonces la cerviz Don -Gregorio de la Cuesta, prefiriendo a un azaroso fin servir de guía a -la insurrección, y sin tardanza congregó una junta a que asistieron -con los principales habitantes individuos de todas las corporaciones. -El viejo general no permitió que la nueva autoridad ensanchase sus -facultades más allá de lo que exigía el armamento y defensa de la -provincia; conviniendo tan solo en que a semejanza de Valladolid se -instituyese una junta con la misma restricción en cada una de las -ciudades en que había intendencia. Así Ávila y Salamanca formaron -las suyas, pero la inflexible dureza de Cuesta y el anhelo de estos -cuerpos por acrecer su poder, suscitaron choques y reñidas contiendas. -Valladolid y las poblaciones libres del yugo francés se apresuraron a -alistar y disciplinar su gente, y Zamora y Ciudad Rodrigo suministraron -en cuanto pudieron armas y pertrechos militares. - -Enlutaron la común alegría algunos excesos de la plebe y de la -soldadesca. Murió en Palencia a sus manos un tal Ordóñez que dirigía -la fábrica de harinas de Monzón, sujeto apreciable. Don Luis Martínez -de Ariza, gobernador de Ciudad Rodrigo, experimentó igual suerte, -sirviendo de pretexto su mucha amistad y favor con el príncipe de la -Paz. Lo mismo algún otro individuo en dicha plaza; y en la patria del -insigne Alonso del Tostado, en Madrigal, fue asesinado el corregidor, -y unos alguaciles odiados por su rapaz conducta. Castigó Cuesta con -el último suplicio a los matadores; pero una catástrofe no menos -triste y dolorosa afeó el levantamiento de Valladolid. Don Miguel -de Cevallos, director del colegio de Segovia, a quien hemos visto -alejarse de aquella ciudad al ocuparla los franceses, fue detenido a -corta distancia en el lugar de Carbonero, achacando infundadamente -a traición suya el descalabro padecido. De allí le condujeron preso -a Valladolid. Le entraron por la tarde, y fuera malicia o acaso, -después de atravesar el portillo de la Merced, torcieron los que le -llevaban por el callejón de los toros al campo grande, donde los -nuevos alistados hacían el ejercicio. A las voces de que se aproximaba -levantose general gritería. Iba a caballo y detrás su familia en coche. -Llovieron muy luego pedradas sobre su persona, y a pesar de querer -guarecerle los paisanos que le escoltaban, desgraciadamente de una cayó -en tierra, y entonces por todas partes le acometieron y maltrataron. -En balde un clérigo de nombre Prieto buscó para salvarle el religioso -pretexto de la confesión: solo consiguió momentáneamente meterle en el -portal de una casa, dentro del cual un soldado portugués de los que -habían venido con el marqués de Alorna le traspasó de un bayonetazo. -Con aquello enfureciose de nuevo el populacho, arrastró por la ciudad -al desventurado Cevallos, y al fin le arrojó al río. Partían el alma -los agudos acentos de la atribulada esposa, que desde su coche ponía -en el cielo sus quejas y lamentos, al paso que empedernidas mujeres se -encarnizaban en la despedazada víctima. Espanta que un sexo tan tierno, -delicado y bello por naturaleza, se convierta a veces y en medio de -tales horrores en inhumana fiera. Mas apartando la vista de objeto -tan melancólico, continuemos bosquejando el magnífico cuadro de la -insurrección, cuyo fondo, aunque salpicado de algunas oscuras manchas, -no por eso deja de aparecer grandioso y admirable. - -[Marginal: Levantamiento de Sevilla.] - -Las provincias meridionales de España no se mantuvieron más tranquilas -ni perezosas que las que acabamos de recorrer. Movidos sus habitantes -de iguales afectos no se desviaron de la gloriosa senda que a todos -había trazado el sentimiento de la honra e independencia nacional. -Siendo idénticas las causas, unos mismos fueron en su resultado los -efectos. Solamente los incidentes que sirvieron de inmediato estímulo -variaron a veces. Uno de estos notable e inesperado influyó con -particularidad en los levantamientos de Andalucía y Extremadura. Por -entonces residía casualmente en Móstoles, distante de Madrid tres -leguas, Don Juan Pérez Villamil secretario del almirantazgo. Acaeció -en la capital el suceso del 2 de mayo, y personas que en lo recio de -la pelea se habían escapado y refugiado en Móstoles, contaron lo que -allí pasaba con los abultados colores del miedo reciente. Sin tardanza -incitó Villamil al alcalde para que escribiendo al del cercano pueblo -pudiese la noticia circular de uno en otro con rapidez. Así cundió -creciendo de boca en boca, y en tanto grado exagerada que cuando -alcanzó a Talavera pintábase a Madrid ardiendo por todos sus puntos y -confundido en muertes y destrozos. Expidiéronse por aquel administrador -de correos avisos con la mayor diligencia, y en breve Sevilla y otras -ciudades fueron sabedoras del infausto acontecimiento. - -Dispuestos como estaban los ánimos, no se necesitaba sino de un -levísimo motivo para encenderlos a lo sumo y provocar una insurrección -general. El aviso de Móstoles estuvo para realizarla en el mediodía. -En Sevilla el ayuntamiento pensó seriamente en armar la provincia, y -tratose de planes de armamento y defensa. Órdenes posteriores de Madrid -contuvieron el primer amago; pero conmovido el pueblo se alentaron -algunos particulares a dar determinado rumbo al descontento universal. -Fue en aquella ciudad uno de los principales conmovedores el conde de -Tilly, de casa ilustre de Extremadura, hombre inquieto, revoltoso y -tachado bastantemente en su conducta privada. Aunque dispuesto para -alborotos, e igualmente amigo de novedades que su hermano Guzmán, tan -famoso en la revolución francesa, nunca hubiera conseguido el anhelado -objeto, si la causa que ahora abrazaba no hubiese sido tan santa, y si -por lo mismo no se le hubiesen agregado otras personas respetables de -la ciudad. - -Juntábanse todos en un sitio llamado el Blanquillo hacia la puerta -de la Barqueta, y en sus reuniones debatían el modo de comenzar su -empresa. Apareciose al propio tiempo en Sevilla un tal Nicolás Tap -y Núñez, hombre poco conocido y que había venido allí con propósito -de conmover por sí solo la ciudad. Ardiente y despejado peroraba por -calles y plazas, y llevaba y traía a su antojo al pueblo sevillano, -subiendo a punto su descaro de pedir al cabildo eclesiástico doce mil -duros para hacer el alzamiento contra los franceses; petición a que se -negó aquel cuerpo. Se ejercitaba antes en el comercio clandestino, y -con el título intruso de corredor tenía mucha amistad con las gentes -que se ocupaban en el contrabando con Gibraltar y la costa, a cuyo -punto hacía frecuentes viajes. Callaban las autoridades temerosas -de mayor mal, y los que con Tilly maquinaban procuraron granjearse -la voluntad de quien en pocos días había adquirido más nombre y -popularidad que ningún otro. Buscáronle y fácilmente se concertaron. - -No transcurría día sin que nuevos motivos de disgusto viniesen a -confirmarlos en su pensamiento, y a perturbar a los tranquilos -ciudadanos. En este caso estuvieron varios papeles publicados contra la -familia de Borbón en el Diario de Madrid que se imprimía desde el 10 de -mayo bajo la inspección del francés Esménard. Disonaron sus frases a -los oídos españoles no acostumbrados a aquel lenguaje, y unos papeles -destinados a rectificar la opinión en favor de las mudanzas acordadas -en Bayona, la alejaron para siempre de asentir a ellas y aprobarlas. -Gradualmente subía de punto la indignación, cuando de oficio se recibió -la noticia de las renuncias de la familia real de España en la persona -de Napoleón. Parecioles a Tilly, Tap y consortes que no convenía -desaprovechar la ocasión, y se prepararon al rompimiento. - -Se escogió el día de la Ascensión 26 de mayo y hora del anochecer para -alborotar a Sevilla. Soldados del regimiento de Olivenza comenzaron el -estruendo dirigiéndose al depósito de la real maestranza de artillería -y de los almacenes de pólvora. Reunióseles inmenso gentío, y se -apoderaron de las armas sin desgracia ni desorden. Adelantose a aquel -paraje un escuadron de caballería mandado por Don Adrián Jácome, el -cual lejos de impedir la sublevación, más bien la aplaudió y favoreció. -Prendiendo con inexplicable celeridad el fuego de la revolución hasta -en los más apartados y pacíficos barrios, el ayuntamiento se trasladó -al hospital de la Sangre para deliberar más desembarazadamente. Pero -en la mañana del 27 el pueblo apoderándose de las casas consistoriales -abandonadas, congregó en ellas una junta suprema de personas -distinguidas de la ciudad. Tap y Núñez procediendo de buena fe era -por su extremada popularidad quien escogía los miembros, siendo -otros los que se los apuntaban. Así fue que como forastero obrando a -ciegas, nombró a dos que desagradaron por su anterior y desopinada -conducta. Se le previno, y quiso borrarlos de la lista. Fueron inútiles -sus esfuerzos y aun le acarrearon una larga prisión, mostrándose -encarnizados enemigos suyos los que tenía por parciales. Suerte -ordinaria de los que entran desinteresadamente e inexpertos en las -revoluciones: los hombres pacíficos los miran siempre, aun aplaudiendo -a sus intentos, como temibles y peligrosos, y los que desean la -bulla y las revueltas para crecer y medrar, ponen su mayor conato en -descartarse del único obstáculo a sus pensamientos torcidos. - -Instalose pues la junta, y nombró por su presidente a Don Francisco -Saavedra, antiguo ministro de hacienda, confinado en Andalucía por la -voluntad arbitraria del príncipe de la Paz. De carácter bondadoso y -apacible, tenía saber extenso y vario. Las desgracias y persecuciones -habían quizá quitado a su alma el temple que reclamaban aquellos -tiempos. A instancias suyas fue también elegido individuo de la junta -el asistente Don Vicente Hore, a pesar de su amistad con el caído -favorito. Entró a formar parte y se señaló por su particular influjo -el Padre Manuel Gil, clérigo reglar. La espantadiza desconfianza de -Godoy que sin razón le había creído envuelto en la intriga que para -derribarle habían urdido en 1795 la marquesa de Matallana y el de -Malaespina, le sugirió entonces el encerrarle en el convento de -Toribios de Sevilla, en el que se corregían los descarríos ciertos o -supuestos de un modo vergonzoso y desusado ya aun para con los niños. -Disfrutaba el padre Gil, si bien de edad provecta, de la robustez y -calor de los primeros años: con facilidad comunicaba a otros el fuego -que sustentaba en su pecho, y en medio de ciertas extravagancias más -bien hijas de la descuidada educación del claustro que de extravíos de -la mente, lucía por su erudición y la perspicacia de su ingenio. - -La nombrada junta intitulose suprema de España e Indias. Desazonó -a las otras la presuntuosa denominación; pero ignorando lo que -allende ocurría, quizá juzgó prudente ofrecer un centro común, que -contrapesando el influjo de la autoridad intrusa y usurpadora de -Madrid, le hiciese firme e imperturbable rostro. Fue desacuerdo -insistir en su primer título luego que supo la declaración de las -otras provincias. Su empeño hubiera podido causar desavenencias que -felizmente cortaron la cordura y tino de ilustrados patriotas. - -Para la defensa y armamento adoptó la junta medidas activas y -acertadas. Sin distinción mandó que se alistasen todos los mozos de -dieciséis hasta cuarenta y cinco años. Se erigieron asimismo por orden -suya juntas subalternas en las poblaciones de 2000 y más vecinos. -La oportuna inversión de los donativos cuantiosos que se recibían, -como también el cuidado de todo el ramo económico, se puso a cargo -de sujetos de conocida integridad. En ciudades, villas y aldeas se -respondió con entrañable placer al llamamiento de la capital, y en -Arcos como en Carmona, y en Jerez como en Lebrija y Ronda no se oyeron -sino patrióticos y acordes acentos. - -En la conmoción de la noche del 26 y en la mañana del 27 nadie se había -desmandado, ni se habían turbado aquellas primeras horas con muertes -ni notables excesos. Estaba reservado para la tarde del mismo 27 que -se ensangrentasen los muros de la ciudad con un horrible asesinato. -Ya indicamos como el ayuntamiento había trasladado al hospital de la -Sangre el sitio de sus sesiones. Dio con este paso lugar a hablillas -y rencores. Para calmarlos y obrar de concierto con la junta creada, -envió a ella en comisión al conde del Águila procurador mayor en -aquel año. A su vista se encolerizó la plebe, y pidió con ciego furor -la cabeza del conde. La junta para resguardarle prometió que se le -formaría causa, y ordenó que entre tanto fuese enviado en calidad de -arrestado a la torre de la puerta de Triana. Atravesó el del Águila a -Sevilla entre insultos, pero sin ser herido ni maltratado de obra. Solo -al subir a la prisión que le estaba destinada, entrando en su compañía -una banda de gente homicida, le intimó que se dispusiese a morir, y -atándole a la barandilla del balcón que está sobre la misma puerta de -Triana, sordos aquellos asesinos a los ruegos del conde y a las ofertas -que les hizo de su hacienda y sus riquezas, bárbaramente le mataron -a carabinazos. Fue por muchos llorada la muerte de este inocente -caballero, cuya probidad y buen porte eran apreciados en general por -todos los sevillanos. Hubo quien achacó imprudencias al conde; otros, y -fueron los más, atribuyeron el golpe a enemiga y oculta mano. - -Rica y populosa Sevilla, situada ventajosamente para resistir a una -invasión francesa, afianzó, declarándose, el levantamiento de España. -Mas era menester para poner fuera de todo riesgo su propia resolución -contar con San Roque y Cádiz, en donde estaba reunida la fuerza militar -de mar y tierra más considerable y mejor disciplinada que había dentro -de la nación. Convencida de esta verdad despachó la junta a aquellos -puntos dos oficiales de artillería que eran de su confianza. El que -fue a San Roque desempeñó su encargo con menos embarazos, hallando -dispuesto a Don Francisco Javier Castaños que allí mandaba, a someterse -a lo que se le prescribía. Ya de antemano había entablado este general -relaciones con Sir Hugo Dalrymple, gobernador de Gibraltar, y lejos de -suspender sus tratos por la llegada a su cuartel general del oficial -francés Roquiat, de cuya comisión hicimos mención en el anterior libro, -las avivó y estrechó más y más. Tampoco se retrajo de continuarlos ni -por las ofertas que le hizo otro oficial de la misma nación despachado -al efecto, ni con el cebo del virreinato de Méjico que tenían en Madrid -como en reserva para halagar con tan elevada dignidad la ambición de -los generales, cuya decisión se conceptuaba de mucha importancia. Es -de temer no obstante que las pláticas con Dalrymple en nada hubieran -terminado, si no hubiese llegado tan a tiempo el expreso de Sevilla. A -su recibo se pronunció abiertamente Castaños, y la causa común ganó con -su favorable declaración 8941 hombres de tropa reglada que estaban bajo -sus órdenes. - -Tropezó en Cádiz con mayores obstáculos el conde de Teba, que fue el -oficial enviado de Sevilla. Habitualmente residía en aquella plaza el -capitán general de Andalucía, siéndolo a la sazón Don Francisco Solano, -marqués del Socorro y de la Solana. No hacía mucho tiempo que había -regresado a su puesto desde Extremadura y de vuelta de la expedición -de Portugal, en donde le vimos soñar mejoras para el país puesto a -su cuidado. Después del 2 de mayo solicitado y lisonjeado por los -franceses, y sobre todo vencido por los consejos de españoles antiguos -amigos suyos, con indiscreción se mostraba secuaz de los invasores, -graduando de frenesí cualquiera resistencia que se intentase. Ya antes -de mediados de mayo corrió peligro en Badajoz por la poca cautela -conque se expresaba. No anduvo más prudente en todo su camino. Al -cruzar por Sevilla se avistaron con él los que trabajaban para que -aquella ciudad definitivamente se alzase. Esquivó todo compromiso, -mas molestado por sus instancias pidió tiempo para reflexionar, y se -apresuró a meterse en Cádiz. No satisfechos de su indecisión, luego -que tuvo lugar el levantamiento del 27, siendo ya algunos de los -conspiradores individuos de la nueva junta, impelieron a esta para -que el 28 enviase a aquella plaza al mencionado conde de Teba, quien -con gran ruido y estrépito penetró por los muros gaditanos. Era allí -muy amado el general Solano: debíalo a su anterior conducta en el -gobierno del distrito, en el que se había desvelado por hacerse grato -a la guarnición y al vecindario. En idolatría se hubiera convertido la -afición primera, si se hubiese francamente declarado por la causa de -la nación. Continuó vacilante e incierto, y el titubear de ahora en un -hombre antes presto y arrojado en sus determinaciones, fue calificado -de premeditada traición. Creemos ciertamente que las esperanzas y -promesas con que de una parte le habían traído entretenido, y los -peligros que advertía de la otra examinando militarmente la situación -de España, le privaron de la libre facultad de abrazar el honroso -partido a que era llamado de Sevilla. Así fue que al recibir sus -pliegos ideó tomar un sesgo con que pudiera cubrirse. - -Convocó a este propósito una reunión de generales, en la que se -decidiese lo conveniente acerca del oficio traído por el conde de Teba. -Largamente se discurrió en su seno la materia, y prevaleciendo como -era natural el parecer de Solano, se acordó la publicación de un bando -cuyo estilo descubría la mano de quien le había escrito. Dábanse en -él las razones militares que asistían para considerar como temeraria -la resistencia a los franceses, y después de varias inoportunas -reflexiones se concluía con afirmar que puesto que el pueblo la -deseaba, no obstante las poderosas razones alegadas, se formaría un -alistamiento y se enviarían personas a Sevilla y otros puntos, estando -todos los once, que suscribían al bando, prontos a someterse a la -voluntad expresada. Contento Solano con lo que se había determinado le -faltó tiempo para publicarlo, y de noche con hachas encendidas y grande -aparato mandó pregonar bando por las calles, como si no bastase el solo -acuerdo para dar suficiente pábulo a la inquietud del pueblo. - -La desusada ceremonia atrajo a muchos curiosos, y luego que oyeron lo -que de oficio se anunciaba, irritáronse sobremanera los circunstantes, -y con el bullicio y el numeroso concurso pensaron los más atrevidos en -aprovecharse de la ocasión que se les ofrecía, y de montón acudieron -todos a casa del capitán general. Allí un joven llamado Don Manuel -Larrús, subiendo en hombros de otro, tomó la palabra y respondiendo una -tras de otra a las razones del bando, terminó con pedir a nombre de -la ciudad que se declarase la guerra a los franceses, y se intimase -la rendición a su escuadra fondeada en el puerto. Abatiose el altivo -Solano a la voz del mozo, y quien para dicha suya y de su patria -hubiera podido, acaudillándolas, ser árbitro y dueño de las voluntades -gaditanas, tuvo que arrastrarse en pos de un desconocido. Convino pues -en juntar al día siguiente los generales, y ofreció que en todo se -cumpliría lo que demandaba el pueblo. - -La algazara promovida por la publicación del bando siguió hasta rayar -la aurora, y la muchedumbre cercó y allanó en uno de sus paseos la casa -del cónsul francés Mr. Le Roi, cuyo lenguaje soberbio y descomedido le -había atraído la aversión aun de los vecinos más tranquilos. Refugiose -el cónsul en el convento de S. Agustín y de allí fue a bordo de su -escuadra. Acompañó a este desmán el de soltar a algunos presos, pero -no pasó más allá el desorden. Los amotinados se aproximaron después al -parque de artillería para apoderarse de las armas, y los soldados en -vez de oponerse los excitaron y ayudaron. - -A la mañana inmediata 29 de mayo celebró Solano la ofrecida junta de -generales, y todos condescendieron con la petición del pueblo. Antes -había ya habido algunos de ellos que en vista del mal efecto causado -por la publicación del bando, procuraron descargar sobre el capitán -general la propia responsabilidad, achacando la resolución a su -particular conato: indigna flaqueza que no poco contribuyó a indisponer -más y más los ánimos contra Solano. Ayudó también a ello la frialdad e -indiferencia que este dejaba ver en medio de su carácter naturalmente -fogoso. No descuidaron la malevolencia y la enemistad emplear contra -su persona las apariencias que le eran adversas, y ambas pasiones -traidoramente atizaron las otras y más nobles que en el día reinaban. - -Por la tarde se presentó en la plaza de S. Antonio el ayudante Don -José Luquey anunciando al numeroso concurso allí reunido que según -una junta celebrada por oficiales de marina, no se podía atacar la -escuadra francesa sin destrozar la española todavía interpolada con -ella. Se irritaron los oyentes y serían las cuatro de la tarde cuando -en seguida se dirigieron a casa del general. Permitiose subir a tres -de ellos, entre los que había uno que de lejos se parecía a Solano. -El gentío era inmenso y tal el bullicio y la algazara que nadie se -entendía. En tanto el joven que tenía alguna semejanza con el general -se asomó al balcón. La multitud aturdida tomole por el mismo Solano, y -las señas que hacía para ser oído, por una negativa dada a la petición -de atacar a la escuadra francesa. Entonces unos sesenta que estaban -armados hicieron fuego contra la casa, y la guardia mandada por el -oficial San Martín, después caudillo célebre del Perú, se metió dentro -y atrancó la puerta. Creció la saña, trajeron del parque cinco piezas y -apuntaron contra la fachada, separada de la muralla por una calle baja, -un cañón de a veinticuatro de los que coronaban aquella. Rompieron las -puertas, huyó Solano, y encaramándose por la azotea se acogió a casa -de su vecino y amigo el irlandés Strange. Al llegarse encontró con -Don Pedro Olaechea, hombre oscuro, y que habiendo sido novicio en la -Cartuja de Jerez, se le contaba entre los principales alborotadores de -aquellos días. Presumiendo este que el perseguido general se habría -ocultado allí, habíasele adelantado entrando por la puerta principal. -Sorprendiose Solano con el inesperado encuentro, mas ayudado del -comandante del regimiento de Zaragoza Creach que casualmente entraba -a visitar a la señora de Strange, juntos encerraron al ex-cartujo en -un pasadizo, de donde queriendo el tal por una claraboya escaparse se -precipitó a un patio, de cuyas resultas murió a pocos días. Pero Solano -no pudiendo evadirse por parte alguna, se escondió en un hueco oculto -que le ofrecía un gabinete alhajado a la turca, donde la multitud -corriendo en su busca desgraciadamente le descubrió. Pugnó valerosa, -pero inútilmente, por salvarle la esposa del señor Strange Doña María -Tuker; hiriéronla en un brazo, y al fin sacaron por violencia de su -casa a la víctima que defendía. Arremolinándose la gente colocaron en -medio al marqués y se le llevaron por la muralla adelante con propósito -de suspenderle en la horca. Iba sereno y con brío, no apareciendo -en su semblante decaimiento ni desmayo. Maltratado y ofendido por -el paisanaje y soldadesca, recibió al llegar a la plaza de San Juan -de Dios una herida que puso término a sus días y a su tormento. -Revelaríamos para execración de la posteridad el nombre del asesino, -si con certeza hubiéramos podido averiguarlo. Bien sabemos a quién y -cómo se ha inculpado, pero en la duda nos abstenemos de repetir vagas -acusaciones. - -Reemplazó al muerto capitán general D. Tomás de Morla, gobernador -de Cádiz. Aprobó la junta de Sevilla el nombramiento, y envió para -asistirle y quizá para vigilarle al general Don Eusebio Antonio -Herrera, individuo suyo. Se hizo marchar inmediatamente hacia lo -interior parte de las tropas que había en Cádiz y sus contornos, no -contándose en la plaza otra guarnición que los regimientos provinciales -de Córdoba, Écija, Ronda y Jerez, y los dos de línea de Burgos y -Órdenes militares, que casi se hallaban en cuadro. El 31 se juró -solemnemente a Fernando VII y se estableció una junta dependiente de la -suprema de Sevilla. En la misma mañana parlamentaron con los ingleses -el jefe de escuadra Don Enrique Macdonnell y el oidor Don Pedro Creux. -Conformáronse aquellos con las disposiciones de la junta sevillana, -reconocieron su autoridad y ofrecieron 5000 hombres que a las órdenes -del general Spencer iban destinados a Gibraltar. - -Cobrando cada vez más aliento la junta suprema de Sevilla hizo el 6 -de junio una declaración solemne de guerra contra Francia, afirmando -«que no dejaría las armas de la mano hasta que el emperador Napoleón -restituyese a España al rey Fernando VII y a las demás personas -reales, y respetase los derechos sagrados de la nación que había -violado, y su libertad, integridad e independencia.» Publicó por el -mismo tiempo que esta declaración otros papeles de grande importancia, -señalándose entre todos el conocido con el nombre de _Prevenciones_. -En él se daban acomodadas reglas para la guerra de partidas, única que -convenía adoptar; se recomendaba el evitar las acciones generales, -y se concluía con el siguiente artículo, digno de que a la letra se -reproduzca en este lugar: «se cuidará de hacer entender y persuadir a -la nación que libres, como esperamos, de esta cruel guerra a que nos -han forzado los franceses, y puestos en tranquilidad y restituido al -trono nuestro rey y señor Fernando VII, bajo él y por él se convocarán -cortes, se reformarán los abusos y se establecerán las leyes que el -tiempo y la experiencia dicten para el público bien y felicidad; -cosas que sabemos hacer los españoles, que las hemos hecho con otros -pueblos sin necesidad de que vengan los... franceses a enseñárnoslo...» -Dedúzcase de aquí si fue un fanatismo ciego y brutal el verdadero móvil -de la gloriosa insurrección de España, como han querido persuadirlo -extranjeros interesados o indignos hijos de su propio suelo. - -Jaén y Córdoba se sublevaron a la noticia de la declaración de Sevilla, -y se sometieron a su junta, creando otras para su gobierno particular, -en que entraron personas de todas clases. En Jaén desconfiándose del -corregidor Don Antonio María de Lomas, le trasladaron preso a pocos -días a Valdepeñas de la Sierra, en donde el pueblo alborotado le mató a -fusilazos. Córdoba se apresuró a formar su alistamiento, dirigió gran -muchedumbre de paisanos a ocupar el puente de Alcolea, dándose el mando -de aquella fuerza armada, llamada vanguardia de Andalucía, a Don Pedro -Agustín de Echevarri. Aprobó la junta de Sevilla dicho nombramiento; -la que por su parte no cesaba de activar y promover las medidas de -defensa. Confió el mando de todo el ejército a Don Francisco Javier -Castaños, recompensa debida a su leal conducta, y el 9 de junio salió -este general a desempeñar su honorífico encargo. - -[Marginal: Rendición de la escuadra francesa surta en Cádiz.] - -Entre tanto quedaba por terminar un asunto que al paso que era grave -interesaba a la quietud y aun a la gloria de Cádiz. La escuadra -francesa surta en el puerto todavía tremolaba a su bordo el pabellón de -su nación, y el pueblo se dolía de ver izada tan cerca de sus muros y -en la misma bahía una bandera tenida ya por enemiga. Era además muy de -temer, abierta la comunicación con los ingleses, que no consintiesen -estos tener largo tiempo casi al costado de sus propias naves y en -perfecta seguridad una escuadra de su aborrecido adversario. Instó por -consiguiente el pueblo en que prontamente se intimase la rendición al -almirante francés Rossilly. El nuevo general Morla, fuera prudencia -para evitar efusión de sangre, o fuera que anduviese aún dudoso en el -partido que le convenía abrazar [sospecha a que da lugar su posterior -conducta], procuraba diferir las hostilidades divirtiendo la atención -pública con mañosas palabras y dilaciones. El almirante francés con -la esperanza de que avanzasen a Cádiz tropas de su nación, pedía -que no se hiciese novedad alguna hasta que el emperador contestase -a la demanda hecha en proclamas y declaraciones de que se entregase -a Fernando VII: estratagema que ya no podía engañar ni sorprender a -la honradez española. Aprovechándose de la tardanza mejoraron los -franceses su posición, metiéndose en el canal del arsenal de la -Carraca, y colocándose de suerte que no pudieran ofenderles los fuegos -de los castillos ni de la escuadra española. Constaba la francesa de -cinco navíos y una fragata: su almirante Mr. de Rossilly hizo después -una nueva proposición, y fue que para tranquilizar los ánimos saldría -de bahía si se alcanzaba del británico, anclado a la boca, el permiso -de hacerse a la vela sin ser molestado; y si no, que desembarcaría sus -cañones, conservaría a bordo las tripulaciones y arriaría la bandera, -dándose mutuamente rehenes, y con el seguro de ser respetado por los -ingleses. Morla rehusó dar oídos a proposición alguna que no fuese la -pura y simple entrega. - -Hasta el 9 de junio se habían prolongado estas pláticas, en cuyo día -temiéndose el enojo público se rompió el fuego. El almirante inglés -Collingwood que de Toulon había venido a suceder a Purvis, ofreció su -asistencia, pero no juzgándola precisa fue desechada amistosamente. -Empezó el cañón del Trocadero a batir a los enemigos, sosteniendo -sus fuegos las fuerzas sutiles del arsenal y las del apostadero de -Cádiz que fondearon frente de Fort-Luis. El navío francés Algeciras -incomodado por la batería de morteros de la cantera, la desmontó: -también fue a pique una cañonera mandada por el alférez Valdés y el -místico de Escalera, pero sin desgracia. La pérdida de ambas partes fue -muy corta. Continuó el fuego el 10, en cuyo día a las tres de la tarde -el navío Héroe francés que montaba el almirante Rossilly, puso bandera -española en el trinquete, y afirmó la de parlamento el navío Príncipe, -en el que estaba Don Juan Ruiz de Apodaca comandante de nuestra -escuadra. Abriéronse nuevas conferencias que duraron hasta la noche -del 13, y en ella se intimó a Rossilly que a no rendirse romperían -fuego destructor dos baterías levantadas junto al puente de la nueva -población. El 14 a las siete de la mañana izó el navío Príncipe la -bandera de fuego, y entonces se entregaron los franceses a merced del -vencedor. Regocijó este triunfo, si bien no costoso ni difícil, porque -con eso quedaba libre y del todo desembarazado el puerto de Cádiz, sin -haber habido que recurrir a las fuerzas marítimas de los nuevos aliados. - -En tanto Sevilla, acelerando el armamento y la organización militar, -envió a todas partes avisos y comisionados; y Canarias y las provincias -de América no fueron descuidadas en su solícita diligencia. Quiso -igualmente asentar con el gobierno inglés directas relaciones de -amistad y alianza, no bastándole las que interinamente se habían -entablado con sus almirantes y generales: a cuyo fin diputó con plenos -poderes a los generales D. Adrián Jácome y D. Juan Ruiz de Apodaca, -que después veremos en Inglaterra. Ahora conviene seguir narrando la -insurrección de las otras provincias. - -[Marginal: Levantamiento de Granada.] - -Hemos referido más arriba que Córdoba y Jaén habían reconocido la -supremacía de Sevilla. No fue así en Granada. Asiento de una capitanía -general y de una chancillería, no había estado avezada aquella ciudad, -así por esto como por su extensión y riqueza a recibir órdenes de otra -provincia. Por tanto determinó elegir un gobierno separado, levantar un -ejército propio suyo, y concurrir con brillantez y esfuerzo a la común -defensa. En los dos últimos meses se habían dejado sentir los mismos -síntomas de desasosiego que en las otras partes; pero no adquirió aquel -descontento verdadera forma de insurrección hasta el 29 de mayo. A la -una de aquel día entró por la ciudad a caballo y con grande estruendo -el teniente de artillería Don José Santiago, que traía pliegos de -Sevilla. Acompañado de paisanos de las cercanías y de otros curiosos -que se agregaron con tanta más facilidad cuanto era domingo, se dirigió -a casa del capitán general. - -Éralo a la sazón Don Ventura Escalante, hombre pacífico y de escaso -talento, quien aturdido con la noticia de Sevilla se quedó sin saber -a qué partido ladearse. Por de pronto con evasivas palabras se limitó -a mandar al oficial que se retirase, con lo que creció por la noche -la agitación, y agriamente se censuró la conducta tímida del general. -Ser el día siguiente 30 el de San Fernando, no poco influyó para -acalorar más los ánimos. Así fue que por la mañana agolpándose mucha -gente a la plaza nueva, en donde está la chancillería, residencia del -capitán general, se pidió con ahínco por los que allí se agruparon que -se proclamase a Fernando VII. El general, en aquel aprieto, con gran -séquito de oficiales, personas de distinción y rodeado de la turba -conmovida salió a caballo, llevando por las calles como en triunfo el -retrato del deseado rey. Pero viendo el pueblo que las providencias -tomadas se habían limitado al vano aunque ostentoso paseo, se indignó -de nuevo, e incitado por algunos acudió de tropel y por segunda vez -a casa del general, y sin disfraz le requirió que desconfiándose de -su conducta era menester que nombrase una junta, la cual encargada -que fuese del gobierno, cuidara con particularidad de armar a los -habitantes. Cedió el Escalante a la imperiosa insinuación. Parece -ser que el principal promovedor de la junta, y el que dio la lista -de sus miembros, fue un monje jerónimo llamado el P. Puebla, hombre -de vasta capacidad y de carácter firme. Eligiose por presidente al -capitán general, y más de cuarenta individuos de todas clases entraron -a componer la nueva autoridad. Al instante se pensó en medidas de -guerra: el entusiasmo del pueblo no tuvo límites, y se alistó la gente -en términos que hubo que despedir gran parte. Llovieron los donativos y -las promesas, y bien pronto no se vieron por todos lados sino fábricas -de monturas, de uniformes y de composición de armas. Granada puede -gloriarse de no haber ido en zaga en patriotismo y heroicos esfuerzos a -ninguna otra de las provincias del reino. Y ¡ojalá que en todas hubiera -habido tanta actividad y tanto orden en el empleo de sus medios! - -Pero, ciudad extendida e indefensa, hubiera sin embargo corrido gran -riesgo si alguna fuerza enemiga se hubiera acercado a sus puertas. -Se hallaba sin tropas, destinadas a otros puntos las que antes la -guarnecían. Un solo batallón suizo que quedaba, por orden de la corte -se había ya puesto en marcha para Cádiz. Felizmente no se había alejado -todavía, y en obediencia a un parte de la junta retrocedió y sirvió de -apoyo a la autoridad. - -Declarada con entusiasmo la guerra a Bonaparte, requisito que -acompañaba siempre a la insurrección, se llamó de Málaga a Don Teodoro -Reding, su gobernador, para darle el mando de la gente que se armase, y -tuvo la especial comisión de adiestrarla y disciplinarla el brigadier -Don Francisco Abadía, quien la desempeñó con celo y bastante acierto. -Todos los pueblos de la provincia imitaron el ejemplo de Granada. En -Málaga pereció desgraciadamente el 20 de junio el vicecónsul francés -Mr. D’Agaud y Don Juan Croharé, que sacó a la fuerza el populacho del -castillo de Gibralfaro en donde estaban detenidos. Pero sus muertes no -quedaron impunes, vengándolas el cadalso en la persona de Cristóbal -Ávalos y de otros dos, a quienes se consideró como principales culpados. - -La junta de Granada no contenta con los auxilios propios y con las -armas que aguardaba de Sevilla, envió a Gibraltar en comisión a Don -Francisco Martínez de la Rosa, quien a pesar de su edad temprana era -ya catedrático en aquella universidad, y mereció por sus aventajadas -partes ser honrado con encargo de tanta confianza. No dejó en su -viaje de encontrar con embarazos, recelosos los pueblos de cualquiera -pasajero que por ellos transitaba. Siendo el segundo español que -en comisión fue a Gibraltar para anunciar la insurrección de las -provincias andaluzas, le acogieron los moradores con júbilo y aplauso. -No tanto el gobernador Sir Hugo Dalrymple. Prevenido en favor de un -enviado de Sevilla que era el que le había precedido, temía el inglés -una fatal desunión si todos no se sometían a un centro común de -autoridad. Al fin condescendió en suministrar al comisionado de Granada -fusiles y otros pertrechos de guerra, con lo que, y otros recursos que -le facilitaron en Algeciras, cumplió satisfactoriamente con su encargo. -A la llegada de tan oportunos auxilios se avivó el armamento, y en -breve pudo Granada reunir una división considerable de sus fuerzas -a las demás de Andalucía, capitaneándolas el mencionado Don Teodoro -Reding, de quien era mayor general Don Francisco Abadía, y teniendo por -intendente a Don Carlos Veramendi, sujetos todos tres muy adecuados -para sus respectivos empleos. - -Deslustrose el limpio brillo de la revolución granadina con dos -deplorables acontecimientos. Don Pedro Trujillo, antiguo gobernador de -Málaga, residía en Granada, y mirábasele con particular encono por su -anterior proceder y violentas exacciones, sin recomendarle tampoco a -las pasiones del día su enlace con Doña Micaela Tudó, hermana de la -amiga del príncipe de la Paz. Hiciéronse mil conjeturas acerca de su -mansión, e imputábasele tener algún encargo de Murat. Para protegerle y -calmar la agitación pública, se le arrestó en la Alhambra. Determinaron -después bajarle a la cárcel de corte, contigua a la chancillería, -y esta fue su perdición, porque al atravesar la plaza nueva se -amontonó gente dando gritos siniestros, y al entrar en la prisión se -echaron sobre él a la misma puerta y le asesinaron. Lleno de heridas -arrastraron como furiosos su cadáver. Achacose entre otros a tres -negros el homicidio, y sumariamente fueron condenados, ejecutados en -la cárcel, y ya difuntos puestos en la horca una mañana. Al asesinato -de Trujillo siguiéronse otros dos, el del corregidor de Velez-Málaga -y el de Don Bernabé Portillo, sujeto dado a la economía política, y -digno de aprecio por haber introducido en la abrigada costa de Granada -el cultivo del algodón. Su indiscreción contribuyó a acarrearle su -pérdida. Ambos habían sido presos y puestos en la cartuja extramuros -para que estuviesen más fuera del alcance de insultos populares. El 23 -de junio, día de la octava del Corpus, había en aquel monasterio una -procesión. Despachábase por los monjes con motivo de la fiesta mucho -vino de su cosecha, y un lego era el encargado de la venta. Viendo este -a los concurrentes alegres y enardecidos con el mucho beber, díjoles: -«más valía no dejar impunes a los dos traidores que tenemos adentro.» -No fue necesario repetir la aleve insinuación a hombres ebrios y casi -fuera de sentido. Entraron pues en el monasterio, sacaron a los dos -infelices y los apuñalaron en el Triunfo. Sañudo el pueblo parecía -inclinarse a ejecutar nuevos horrores, maliciosamente incitado por un -fraile de nombre Roldán. Doloroso es en verdad que ministros de un Dios -de paz embozados con la capa del patriotismo se convirtiesen en crueles -carniceros. Por dicha el síndico del común llamado Garcilaso distrajo -la atención de los sediciosos, y los persuadió a que no procediesen -contra otros sin suficientes y justificativas pruebas. La autoridad no -desperdició la noche que sobrevino: prendió a varios, y de ellos hizo -ahorcar a nueve, que cubiertas las cabezas con un velo, se suspendieron -en el patíbulo, enviando después a presidio al fraile Roldán. Aunque el -castigo era desusado en su manera, y recordaba el misterioso secreto -de Venecia, mantuvo el orden y volvió a los que gobernaban su vigoroso -influjo. Desde entonces no se perturbó la tranquilidad de Granada, y -pudieron sus jefes con más sosiego ocuparse en las medidas que exigía -su noble resolución. - -[Marginal: Levantamiento de Extremadura.] - -La provincia de Extremadura había empezado a desasosegarse desde -el famoso aviso del alcalde de Móstoles, que ya alcanzó a Badajoz -en 4 de mayo. Era gobernador y comandante general el conde de la -Torre del Fresno, quien en su apuro se asesoró con el marqués del -Socorro general en jefe de las tropas que habían vuelto de Portugal. -Ambos convocaron a junta militar, y de sus resultas se dio el 5 una -proclama contra los franceses, la primera quizá que en este sentido se -publicó en España, enviando además a Lisboa, Madrid y Sevilla varios -oficiales con comisiones al caso e importantes. Obraron de buena fe -Torre del Fresno y Socorro en paso tan arriesgado; pero recibiendo -nuevos avisos de estar restablecida la tranquilidad en la capital, -así uno como otro mudaron de lenguaje y sostuvieron con empeño el -gobierno de Madrid. Habían alucinado a Socorro cartas de antiguos -amigos suyos, y halagádole la resolución de Murat de que volviese -a su capitanía general de Andalucía para donde en breve partió. Su -ejemplo y sus consejos arrastraron a Torre del Fresno que carecía de -prendas que le realzasen: general cortesano y protegido como paisano -suyo por el príncipe de la Paz, aplacíale más la vida floja y holgada -que las graves ocupaciones de su destino. Sin la necesaria fortaleza -aun para tiempos tranquilos, mal podía contrarrestar el torrente que -amenazaba. La fermentación crecía, menguaba la confianza hacia su -persona, y avivando las pasiones los impresos de Madrid que tanto -las despertaron en Sevilla, trataron entonces algunas personas de -promover el levantamiento general. Se contaban en su número y eran los -más señalados Don José María Calatrava, después ilustre diputado de -cortes, el teniente rey Mancio y el tesorero Don Félix Ovalle, quienes -se juntaban en casa de Don Alonso Calderón. Concertose en las diversas -reuniones un vasto plan que el 3 o 4 de junio debía ejecutarse al mismo -tiempo en Badajoz y cabezas de partido. En el ardor que abrigaban -los pechos españoles no era dado calcular friamente el momento de la -explosión como en las comunes conjuraciones. Ahora todos conspiraban, -y conspiraban en calles y plazas. Ciertos individuos formaban a veces -propósito de enseñorearse de esta disposición general y dirigirla; pero -un incidente prevenía casi siempre sus laudables intentos. - -Así fue en Badajoz, en donde un caso parecido al de la Coruña anticipó -el estampido. Había ordenado el gobernador que el 30, día de San -Fernando, no se hiciese la salva, ni se enarbolase la bandera. Notose -la falta, se apiñó la gente en la muralla, y una mujer atrevida después -de reprender a los artilleros cogió la mecha y prendió fuego a un -cañón. Al instante dispararon los otros, y a su sonido levantose en -toda la ciudad el universal grito de _viva Fernando VII y mueran los -franceses_. Cuadrillas de gente recorrieron las calles con banderolas, -panderos y sonajas, sin cometer exceso alguno. Se encaminaron a casa -del gobernador, cuya voz se empleó exclusivamente en predicar la -quietud. Impacientáronse con sus palabras los numerosos espectadores, y -ultrajáronle con el denuesto de traidor. Mientras tanto y azarosamente -llegó un postillón con pliegos, y se susurró ser correspondencia -sospechosa y de un general francés. Ciegos de ira y sordos a las -persuasiones de los prudentes, enfureciéronse los más y treparon sin -demora hasta entrarse por los balcones. Acobardado Torre del Fresno se -evadió por una puerta falsa, y en compañía de dos personas aceleró sus -pasos hacia la puerta de la ciudad que da al Guadiana. Advirtiendo su -ausencia siguieron la huella, le encontraron, y rodeado de gran gentío -se metió en el cuerpo de guardia sin haber quien le obedeciese. Cundió -que se fugaba, y en medio de la pendencia que suscitó el quererle -defender unos y acometerle otros, le hirió un artillero, y lastimado de -otros golpes de paisanos y soldados fue derribado sin vida. Arrastraron -después el cadáver hasta la puerta de su casa, en cuyos umbrales le -dejaron abandonado. Víctima inocente de su imprudencia, nunca mereció -el injurioso epiteto de traidor con que amargaron sus últimos suspiros. - -El brigadier de artillería Don José Galluzo fue elevado al mando -supremo, y al gobierno de la plaza el teniente rey Don Juan Gregorio -Mancio. Interinamente se congregó una junta de unas veinte personas -escogidas entre las primeras autoridades y hombres de cuenta. Los -partidos constituyeron del mismo modo otras en sus respectivas -comarcas, y unidos obedecieron las órdenes de la capital. Hubo por -todas partes el mejor orden, a excepción de la ciudad de Plasencia y -de la villa de los Santos, en donde se ensangrentó el alzamiento con -la muerte de dos personas. Las clases sin distinción se esmeraron -en ofrecer el sacrificio de su persona y de sus bienes, y los mozos -acudieron a enregimentarse como si fuesen a una festiva romería. - -Entristeció sin embargo a los cuerdos el absoluto poder que por pocos -días ejerció el capitán Don Ramón Gavilanes, despachado de Sevilla para -anunciar su pronunciamiento. Al principio con nueva tan halagüeña colmó -su llegada de júbilo y satisfacción. Acibarose luego al ver que por la -flaqueza de Don José Galluzo procedió el Gavilanes a manera de dictador -de índole singular, repartiendo gracias y honores, y aun inventando -oficios y empleos antes desconocidos. La junta sucumbió a su influjo, -y confirmó casi todos los nombramientos; mas volviendo en sí puso -término a las demasías del intruso capitán, procurando que se olvidase -su propia debilidad y condescendencia con las medidas enérgicas que -adoptó. Después ella misma legitimó la autoridad provincial convocando -una junta a que fueron llamados representantes de la capital, de los -otros partidos, de los gremios y principales corporaciones. - -Casi desmantelada la plaza de Badajoz y desprovistos sus habitantes -de lo más preciso para su defensa, fue su resolución harto osada, -estando el enemigo no lejos de sus puertas. Ocupaba a Elvas el general -Kellerman, y para disfrazar el estado de la ciudad alzada, se emplearon -mil estratagemas que estorbasen un impensado ataque. La guarnición -estaba reducida a 500 hombres. La milicia urbana cubría a veces el -servicio ordinario. Uno de los dos regimientos provinciales estaba -fuera de Extremadura, el otro permanecía desarmado. Las demás plazas de -la frontera, débiles de suyo, ahora lo estaban aún más, arruinándose -cada día las fortificaciones que las circuían. Todo al fin fue -remediándose con la actividad y celo que se desplegó. Al acabar junio -contó ya el ejército extremeño 20.000 hombres. Sirvieron mucho para -su formación los españoles que a bandadas se escapaban de Portugal a -pesar de la estrecha vigilancia de Junot: y de los pasados portugueses -y del propio ejército francés pudo levantarse un cuerpo de extranjeros. -Importantísimo fue para España y particularmente para Sevilla el que -se hubiera alzado Extremadura. Con su ayuda se interrumpieron las -comunicaciones directas de los franceses del Alentejo y de la Mancha, -y no pudieron estos ni combinar sus operaciones, ni darse la mano para -apagar la hoguera de insurrección encendida en la principal cabeza de -las Andalucías. - -[Marginal: Conmociones en Castilla la Nueva.] - -Ocupadas u observadas de cerca por el ejército francés las cinco -provincias en que se divide Castilla la Nueva, no pudieron en lo -general sus habitantes formar juntas ni constituirse en un gobierno -estable y regular. Procuraron con todo en muchas partes cooperar a -la defensa común, ya enviando mozos y auxilios a las que se hallaban -libres, ya provocando y favoreciendo la deserción de los regimientos -españoles que estaban dentro de su territorio, y ya también hostigando -al enemigo e interceptando sus correos y comunicaciones. El ardor de -Castilla por la causa de la patria caminaba al par del de las otras -provincias del reino, y a veces raros ejemplos de valor y bizarría -ennoblecieron e ilustraron a sus naturales. Más adelante veremos los -servicios que allí se hicieron, sobre todo en la desprevenida y abierta -Mancha. Ya desde el principio se difundieron proclamas para excitar a -la guerra, y aun hubo parajes en que hombres atrevidos dieron acertado -impulso a los esfuerzos individuales. - -Penetradas de iguales sentimientos y alentadas por la protección que -las circunstancias les ofrecían, lícito les fue a las tropas que tenían -sus acantonamientos en los pueblos castellanos, desampararlos e ir a -incorporarse con los ejércitos que por todas partes se levantaban. -Entre las acciones que brillaron con más pureza en estos días de -entusiasmo y patriotismo, asombrosa fue y digna de mucha loa la -resolución de Don José Veguer, comandante de zapadores y minadores, -quien desde Alcalá de Henares y a tan corta distancia de Madrid partió -en los últimos días de mayo con 110 hombres, la caja, las armas, -banderas, pertrechos y tambores, y desoyendo las promesas que en su -marcha recibió de un emisario de Murat, en medio de fatigas y peligros, -amparado por los habitantes, y atravesando por la sierra de Cuenca, -tomó la vuelta de Valencia, a cuya junta se ofreció con su gente. Al -amor de la insurrección que cundía, buscaron los otros soldados el -honroso sendero ya trillado por los zapadores. Así se apresuraron -en la Mancha a imitar su glorioso ejemplo los carabineros reales, y -en Talavera sucedió otro tanto con los voluntarios de Aragón y un -batallón de Saboya que iban con destino a domeñar la Extremadura. ¿Qué -más? De Madrid mismo desertaban oficiales y soldados sueltos de todos -los cuerpos y partidas enteras, como se verificó con una de dragones -de Lusitania y otra del regimiento de España, la cual salió por sus -mismas puertas sin estorbo ni demora. Fácil es figurarse cuál sería -la sorpresa y aturdimiento de los franceses al ver el desorden y la -agitación que reinaban en las poblaciones mismas de que eran dueños, y -la desconfianza y desmayo que debían sembrarse en sus propias filas. -Por momentos se acrecentaban sus zozobras, pues cada día recibían la -nueva de alguna provincia levantada, y no poco los desconcertó el -correo portador de lo que pasaba en la parte oriental de España que -vamos a recorrer. - -[Marginal: Levantamiento de Cartagena y Murcia.] - -Fue allí Cartagena la primera que dio la señal, compeliendo a levantar -el estandarte de independencia a Murcia y pueblos de su comarca. Plaza -de armas y departamento de marina reunía Cartagena un cúmulo de -ventajas que fomentaban el deseo de resistencia que la dominaba. Se -esparció el 22 de mayo que el general Don José Justo Salcedo pasaba a -Mahón para encargarse de nuevo del mando de la escuadra allí fondeada -y conducirla a Toulon. Interesaba esta providencia a un departamento -de cuya bahía aquella escuadra había levado el ancla, y en donde se -albergaban muchas personas conexionadas con las tripulaciones de su -bordo. Por acaso en el mismo día vinieron las renuncias de Bayona, -vehemente incitativo al levantamiento de toda España, y con ellas otras -noticias tristes y desconsoladoras. Amontonándose a la vez novedades -tan extraordinarias causaron una tremenda explosión. El cónsul de -Francia se refugió a un buque dinamarqués. Reemplazó a Don Francisco -de Borja, capitán general del departamento, Don Baltasar Hidalgo de -Cisneros, siendo después el 10 de junio inmediato asesinado el primero -de resultas de un alboroto a que dio ocasión un artículo imprudente de -la Gaceta de Valencia. Escogieron por gobernador al marqués de Camarena -la Real, coronel del regimiento de Valencia, y se formó en fin una junta -de personas distinguidas del pueblo, en cuyo número brillaba el sabio -oficial de marina Don Gabriel Ciscar. Cartagena declarada era un fuerte -estribo en que se podían apoyar confiadamente la provincia de Murcia y -toda la costa. Abiertos sus arsenales y depósitos de armas, era natural -que proveyesen en abundancia, como así lo hicieron, de pertrechos -militares a todos los que se agregasen para sostener la misma causa. -Nada se omitió por la ciudad después de su insurrección para aguijar a -las otras. Y fue una de sus oportunas y primeras medidas poner en cobro -la escuadra de Mahón, a cuyo puerto y con aquel objeto fue despachado -el teniente de navío Don José Duelo, quien llegando a tiempo impidió -que se hiciese a la vela como iba Salcedo a verificarlo conformándose -con una orden de Murat recibida por la vía de Barcelona. - -De los emisarios que Cartagena había enviado a otras partes penetraron -en Murcia a las siete de la mañana del 24 de mayo cuatro oficiales -aclamando a voces a Fernando VII. Se conmovió el pueblo a tan desusado -rumor, y los estudiantes de San Fulgencio, colegio insigne por los -claros varones que ha producido, se señalaron en ser de los primeros -a abrazar la causa nacional. Acrecentándose el tumulto, los regidores -con el cabildo eclesiástico y la nobleza tuvieron ayuntamiento, y -acordaron la proclamación solemne de Fernando, ejecutándose en medio -de universales vivas. No hubo desgracias en aquella ciudad, y solo por -precaución arrestaron a algunos mirados con malos ojos por el pueblo y -al que hacía de cónsul francés. En la de Villena pereció su corregidor -y algún dependiente suyo, hombres antes odiados. Se eligió una junta -de dieciséis personas entre las de más monta, resaltando en la lista -el nombre del conde de Floridablanca, con quien a pesar de su avanzada -edad todavía nos encontraremos. El mando de las tropas se confió a Don -Pedro González de Llamas, antiguo coronel de milicias, y comenzaron a -adoptarse medidas de armamento y defensa. Como esta provincia por lo -que respecta a lo militar dependía del capitán general de Valencia, sus -tropas obraron casi siempre y de consuno, por lo menos en un principio, -con las restantes de aquel distrito. - -Pero entre las provincias bañadas por el Mediterráneo llamó la atención -sobre todas la de Valencia. [Marginal: Levantamiento de Valencia.] -Indispensable era que así fuese al ver sus heroicos esfuerzos, sus -sacrificios y desgraciadamente hasta sus mismos y lamentables excesos. -Tributáronse a unos los merecidos elogios, y arrancaron los otros -justos y acerbos vituperios. Los naturales de Valencia activos e -industriosos, pero propensos al desasosiego y a la insubordinación, -no era de esperar que se mantuviesen impasibles y tranquilos, ahora -que la desobediencia a la autoridad intrusa era un título de verdadera -e inmarcesible gloria. Sin embargo ni los trastornos de marzo ni los -pasmosos acontecimientos que desde entonces se agolparon unos en pos -de otros, habían suscitado sino hablillas y corrillos hasta el 23 de -mayo. En la madrugada de aquel día se recibió la Gaceta de Madrid del -20, en la que se habían insertado las renuncias de la familia real en -la persona del emperador de los franceses. Solían por entonces gentes -del pueblo juntarse a leer dicho papel en un puesto de la plazuela de -las Pasas, encargándose uno de satisfacer en voz alta la curiosidad -de los demás concurrentes. Tocó en el 23 el desempeño de la agradable -tarea a un hombre fogoso y atrevido, quien al relatar el artículo de -las citadas renuncias rasgó la Gaceta y lanzó el primer grito de -_viva Fernando VII y mueran los franceses_. Respondieron a su voz los -numerosos oyentes, y corriendo con la velocidad del rayo se repitió el -mismo grito hasta en los más apartados lugares de la ciudad. Se aumentó -el clamoreo agrupándose miles de personas, y de tropel acudieron a la -casa del capitán general, que lo era el conde de la Conquista. En vano -intentó este apaciguarlos con muchas y atentas razones. El tumulto -arreció, y en la plazuela de Santo Domingo mostráronse sobre todo los -amotinados muy apiñados y furiosos. - -Faltábales caudillo, y allí por primera vez se les presentó el P. Juan -Rico, religioso franciscano, el cual resuelto, fervoroso, perito en la -popular elocuencia y resguardado con el hábito que le santificaba a los -ojos de la muchedumbre, unía en su persona poderosos alicientes para -arrastrar tras sí a la plebe, dominarla e impedir que enervase esta su -fuerza con el propio desorden. - -Arengó brevemente al innumerable auditorio, le indicó la necesidad de -una cabeza, y todos le escogieron para que llevase la voz. Excusose -Rico, insistió el pueblo, y al cabo cediendo aquel, fue llevado -en hombros desde la plazuela de Santo Domingo al sitio en que el -real acuerdo celebraba sus sesiones. Hubo entre los individuos de -esta corporación y el P. Rico largo coloquio, esquivando aquellos -condescender con las peticiones del pueblo, y persistiendo el último -tenazmente en su invariable propósito. Acalorándose con la impaciencia -los ánimos, asintieron las autoridades a lo que de ellas se exigía, -y se nombró por general en jefe del ejército que iba a formarse al -conde de Cervellón, grande de España, propietario rico del país, -aunque falto de las raras dotes que semejante mando y aquellos tiempos -turbulentos imperiosamente reclamaban. Como el de la Conquista y el -real acuerdo habían con repugnancia sometídose a tamaña resolución, -procuraron escudarse con la violencia dando subrepticiamente parte a -Madrid de lo que pasaba, y pidiendo con ahínco un envío de tropas que -los protegiese. El pueblo ignorante de la doblez tranquilamente se -recogió a sus casas la noche del 23 al 24. En ella había el arzobispo -tanteado a Rico, y ofrecídole una cuantiosa suma si quería desamparar -a Valencia, cuyo paso habiendo fallado por la honrosa repulsa del -solicitado, se despertaron los recelos, y en acecho los principales -promovedores del alboroto prepararon otro mayor para la mañana -siguiente. - -Rico se había albergado aquella noche en el convento del Temple en -el cuarto de un amigo. Muy temprano y a la sazón en que el pueblo -empezó a conmoverse, fue a visitarle el capitán de Saboya Don Vicente -González Moreno con dos oficiales del propio cuerpo. Era de importancia -su llegada, porque además de aunarse así las voluntades de militares -y paisanos, tenía Moreno amistad con personas de mucho influjo en -el pueblo y huerta de Valencia, tales eran Don Manuel y Don Mariano -Beltrán de Lis, quienes de antemano juntábanse con otros a deplorar -los males que amenazaban a la patria, pagaban gente que estuviese a -su favor, y atizaban el fuego encubierto y sagrado de la insurrección. -Concordes en sentimientos Moreno y Rico meditaron el modo de apoderarse -de la ciudadela. - -Un impensado incidente estuvo entre tanto para envolver a Valencia en -mil desdichas. La serenidad y valor de una dama lo evitó felizmente. -Habíase empeñado el pueblo en que se leyesen las cartas del correo que -iba a Madrid, y en vano se cansaron muchos en impedirlo. La valija que -las contenía fue trasportada a casa del conde de Cervellón, y a poco de -haber comenzado el registro se dio con un pliego que era el duplicado -del parte arriba mencionado, y en el que el real acuerdo se disculpaba -de lo hecho, y pedía tropas en su auxilio. Viendo la hija del conde, -que presenciaba el acto, la importancia del papel, con admirable -presencia de ánimo al intentar leerle le cogió, rasgole en menudos -pedazos, e imperturbablemente arrostró el furor de la plebe amotinada. -Esta, si bien colérica, quedó absorta, y respetó la osadía de aquella -señora que preservó de muerte cierta a tantas personas. Acción digna de -eterno loor. - -En el mismo día 24 y conforme a la conmoción preparada pensaron Rico, -Moreno y sus amigos en enseñorearse de la ciudadela. Con pretexto de -pedir armas para el pueblo se presentaron en gran número delante del -acuerdo, y como este contestase, según era cierto, que no las había, -exigieron los amotinados para cerciorarse con sus propios ojos que se -les dejase visitar la ciudadela, en donde debían estar depositadas. Se -concedió el permiso a Rico con otros ocho; pero llegados que fueron, -todos entraron de montón, pasando a su bando el barón de Rus que era -gobernador. Gran brío dio este suceso a la revolución, y tanto que -sin resistencia de la autoridad se declaró el día 25 la guerra contra -los franceses, y se constituyó una junta numerosísima en que andaba -mezclada la más elevada nobleza con el más humilde artesano. - -La situación empero de Valencia hubiera sido muy peligrosa, si -Cartagena no la hubiese socorrido con armas y pertrechos de guerra. -Estaba en esta parte tan exhausta de recursos que aun de plomo carecía; -pero para suplir tan notable falta empezó igualmente la fortuna a -soplar con próspero viento. Por singular dicha arribó al Grao una -fragata francesa cargada con 4000 quintales de aquel metal, la cual -sin noticia del levantamiento vino a ponerse a la sombra de las -baterías del puerto, dándole caza un corsario inglés. A la entrada fue -sorprendida y apresada, y se envió a su contrario, que bordeaba a la -banda de afuera, un parlamento para comunicarle las grandes novedades -del día, y confiarle pliegos dirigidos a Gibraltar. En esta doble y -feliz casualidad vio el pueblo la mano de la providencia, y se ensanchó -su ánimo alborozado. - -Hasta ahora en medio del conflicto que había habido entre las -autoridades y los amotinados no se había cometido exceso alguno. -Sospechas nacidas del acaso empezaron a empañar la revolución -valenciana, y acabaron al fin por ensangrentarla horrorosamente. - -Don Miguel de Saavedra, barón de Albalat, había sido uno de los primeros -nombrados de la junta para representar en ella a la nobleza. Mas -reparándose que no asistía, se susurró haber pasado a Madrid para -dar en persona cuenta a Murat de las ruidosas asonadas: rumor falso -e infundado. Solamente había de cierto que el barón, odiado por el -pueblo desde años atrás en que como coronel de milicias decíase haber -mandado hacer fuego contra la multitud opuesta a la introducción y -establecimiento de aquel cuerpo, creyó prudente alejarse de Valencia -mientras durase el huracán que la azotaba, y se retiró a Buñol siete -leguas distante. Su ausencia renovó la antigua llaga todavía no bien -cerrada, y el espíritu público se encarnizó contra su persona. Para -aplacarle ordenó la junta que pues había el barón rehusado acudir a -sus sesiones, se presentase arrestado en la ciudadela. Obedeció, y -al tiempo que el 29 de mayo regresaba a Valencia, se encontró a tres -leguas, en el Mas del Poyo, con el pueblo, que impaciente había salido -a aguardar el correo que venía de Madrid. Por una aciaga coincidencia -el de Albalat y el correo llegaron juntos, con lo cual tomaron cuerpo -las sospechas. Entonces a pesar de sus vivas reclamaciones cogiéronle y -le llevaron preso. A media legua de la ciudad se adelantó a protegerle -una partida de tropa al mando de Don José Ordóñez, quien a ruegos del -barón en vez de conducirle directamente a la ciudadela, torció a casa -de Cervellón, extravío que en parte coadyuvó a la posterior catástrofe, -extendiéndose la voz de su vuelta, y dando lugar a que se atizase el -encono público y aun el privado. Entró en aquellos umbrales amagado ya -por los puñales de la plebe: aceleró hacia allí sus pasos el P. Rico, -y vio al barón tendido sobre un sofá pálido y descaecido. El infeliz -se arrojó a los brazos de quien podía ampararle en su desconsuelo, -y con trémulo y penetrante acento le dijo: «Padre, salve usted a un -caballero que no ha cometido otro delito que obedecer a la orden de que -regresase a Valencia.» Rico se lo prometió, y contando para ello con -la ayuda de Cervellón fue en su busca; pero este no menos atemorizado -que el perseguido se había metido en la cama con el simulado motivo -de estar enfermo, y se negó a verle, y a favorecer a un desgraciado -con quien le enlazaba antigua amistad y deudo. Ruin villanía y notable -contraposición con el valor e intrepidez que en el asunto de las cartas -había mostrado su hija. - -Entonces el P. Rico, pidiendo el pueblo desaforadamente la cabeza -del barón, determinó con intento de salvarle que se le trasladase a -la ciudadela, metiéndole en medio de un cuadro de tropa mandado por -Moreno. Sin que fuese roto por los remolinos y oleadas de la turba, -consiguieron llegar al pedestal del obelisco de la plaza. Allí al fin -forzó el pueblo el cuadro, penetró por todos lados, y sordo a las -súplicas y exhortaciones de Rico dieron de puñaladas en sus propios -brazos al desventurado barón, cuya cabeza cortada y clavada en una pica -la pasearon por la ciudad. Difundiose en toda ella un terror súbito, y -la nobleza para apartar toda sospecha aumentó sus ofrecimientos y formó -un regimiento de caballería de individuos suyos, que no deslucieron el -esplendor de su cuna en empeñadas acciones. - -Triste y doloroso como fue el asesinato del barón de Albalat, -desaparece a la vista de la horrorosa matanza que a pocos días tuvo -que llorar Valencia, y a cuyo recuerdo la pluma se cae de la mano. -En 1.º de junio se presentó en aquella ciudad Don Baltasar Calvo, -canónigo de San Isidro de Madrid, hombre travieso, de amaño, fanático -y arrebatado, con entendimiento bastantemente claro. Entre los dos -bandos que anteriormente habían dividido a los prebendados de su -iglesia de jansenistas y jesuitas, se había distinguido como cabeza -de los últimos, y ensañádose en perseguir a la parcialidad contraria. -Ahora tratando de amoldar a su ambición las doctrinas que tenazmente -había siempre sostenido, notó muy luego que el padre Rico con su -influjo pudiera en gran manera servirle, e hizo resolución de trabar -con él amistad; pero ya fuesen celos, o ya que en uno hubiera mejor fe -que en otro, no pudieron entenderse ni concordarse. El astuto Calvo -procuró entonces urdir con otros la espantosa trama que meditaba. Para -encubrir sus torcidos manejos distraía con apariencias de santidad la -atención del pueblo, tardando mucho en decir misa, y permaneciendo -arrodillado en los templos cuatro o cinco horas en acto de contrita y -fervorosa oración. Quería ser dominador de Valencia, y creyó que con -la hipocresía y con poner en práctica la infernal maquinación de matar -a los franceses, cautivaría el ánimo del pueblo que tanto los odiaba. -Para alcanzar su intento era necesario comenzar por apoderarse de la -ciudadela, en cuyo recinto había ordenado la junta que aquellos se -recogiesen, precaviéndolos de todo daño y respetando religiosamente -sus propiedades y haberes. No era difícil la empresa, porque solo -habían quedado allí de guarnición unos cuantos inválidos, habiéndose -ausentado con su gente para formar una división en Castellón de la -Plana Don Vicente Moreno, nombrado antes por la junta gobernador de -dicha ciudadela. Calvo conoció bien que dueño de este punto tenía en -sus manos una prenda muy importante, y que podría a mansalva cometer la -proyectada carnicería. - -Él y sus cómplices fijaron el 5 de junio para la ejecución de su -espantoso plan, y repentinamente al anochecer, levantando gran gritería -y alboroto, sin obstáculo penetraron dentro de los muros de la -ciudadela y la dominaron. Fue Calvo de los primeros que entraron, -y apresurándose a poner en obra su proyecto se complació en unir -a la crueldad la más insigne perfidia. Porque presentándose a los -franceses detenidos, con aire de compunción les dijo: «que intentando -el populacho matarlos, movido de piedad y caridad cristiana se -había anticipado a preservarlos, disponiendo él a escondidas que se -evadiesen por el postigo que daba al campo, y partiesen al Grao, en -donde encontrarían barcos listos para transportarlos a Francia.» Al -propio tiempo que de aquel modo con ellos se expresaba, había preparado -para determinarlos y azorar aún más sus caídos ánimos que se diesen -por los agavillados gritos amenazadores de _traición_ y _venganza_. -Con semejante amago cedieron los presos a las insinuaciones del -fingido amigo, y trataron de salir por el postigo indicado. Al ir a -ejecutarlo corrió la voz de que se salvaban los franceses, y hombres -ciegos y rabiosos se atropellaron hacia su estancia. Dentro comenzó -el horrible estrago: presidíale el feroz clérigo. Hubo tan solo un -intermedio en que se llamaron confesores para asistir en su última -hora a las infelices víctimas. Aprovechándose de aquellos breves -instantes algunas personas humanas volaron a su socorro, acompañadas -de imágenes y reliquias veneradas por los valencianos. Su presencia -y las enternecidas súplicas de los respetables confesores a veces -apiadaban a los verdugos; pero el furibundo Calvo, convertido en -carnívora fiera, acallaba con el terror las lágrimas y los quejidos -de los que intercedían en favor de tantos inocentes, y estimulaba -a sus sicarios añadiendo a las esperanzas de un asalariado cebo la -blasfemia de que nada era más grato a los ojos de la divinidad que el -matar a los franceses. Quedaban vivos setenta de estos desgraciados, y -menos bárbaros los ejecutores que su sanguinario jefe, suspendieron la -matanza, y pidieron que se les hiciese gracia. Fingió Calvo acceder a -su ruego seguro de que en vano hubiera insistido en que se continuase -el destrozo, y mandó que los sacasen por fuera del muro a la torre -de Cuarte. Mas, ¡quién creyera tamaña ferocidad! Aquel tigre había a -prevención apostado una cuadrilla de bandidos cerca de la plaza de -toros, y al emparejar con ella los que ya se juzgaban libres, se vieron -acometidos por los encubiertos asesinos, quienes fría y traidoramente -los traspasaron con sus espadas y puñales. Perecieron en la noche -330 franceses: pensose que con la oscuridad se pondría término a tan -bárbaro furor, pero el de Calvo no estaba todavía satisfecho. - -Al empezar el alboroto había la junta comisionado a Rico para que le -enfrenase y estorbara los males que amagaban. Inútiles fueron ofertas, -ruegos y amenazas. La voz de su primer caudillo fue tan desoída por los -amotinados como cuando mataron a Albalat. Nueva prueba si de ella se -necesitase de que «los tribunos del pueblo [según la expresión de Tito -Livio] más bien que rigen son regidos casi siempre por la multitud.»[*] -[Marginal: (* Ap. n. 3-5.)] Calvo ensoberbecido se erigió en señor -absoluto, y durante la carnicería de la ciudadela expidió órdenes a -todas las autoridades, y todas ellas humildemente se le sometieron -empezando por el capitán general. Rico desfallecido temió por su -persona y se recogió a un sitio apartado. Sin embargo por la mañana -recobrando sus abatidas fuerzas montó a caballo, y confiando en que -la multitud con su inconstancia desampararía a su nuevo dueño, pensó -en prenderle, y estaba a punto de conseguir contra su rival un seguro -triunfo, cuando el coronel Don Mariano Usel propuso en la junta que se -nombrase a Calvo individuo suyo. Le apoyaron otros dos, por lo que de -resultas hubo quien a estos y al Usel los sospechara de no ignorar del -todo el origen de los horrores cometidos. - -Calvo en la mañana del 6 todavía empapado en la inocente sangre tomó -asiento en la junta. Consternados estaban todos sus miembros, y solo -Rico despechado por el suceso de la anterior noche, alzó la voz, -dirigió con energía su discurso al mismo Calvo, acriminó con negros -colores su conducta, y afirmó que Valencia estaba perdida si al -instante no se cortaba la cabeza a aquel malvado. Sorprendiose Calvo, -pasmáronse los otros circunstantes, y en esto andaban cuando una parte -del populacho destacada por su jefe sediento de sangre, después de -haber recorrido las casas en que se guarecían unos pocos franceses y -de haberlos muerto, arrastró consigo a la presencia de la misma junta -ocho de aquellos desgraciados que quiso inmolar en la sala de las -sesiones. El cónsul inglés Tupper que antes había salvado a algunos, -intentó inútilmente y con harto riesgo de su persona libertar a estos. -Los individuos de aquella corporación amedrentados precipitadamente -se dispersaron, salpicándose sus vestidos con la sangre de los ocho -infelices franceses, vertida sin piedad por infames matadores. Todo -fue entonces terror y espanto. Rico se escondió y aun dos veces mudó -de disfraz, temiendo la inevitable venganza de Calvo que triunfante -dominaba solo, y se disponía a ejecutar actos de inaudita ferocidad. - -Felizmente no todos se descorazonaron: al contrario los hubo que -trabajando en silencio por la noche, pudieron congregar la junta en -la mañana del 7. Vuelto en sí Rico del susto llevó principalmente la -voz, y queriendo los asistentes no ser envueltos en la ruina común que -amenazaba, decretaron el arresto de Calvo, y antes de que este pudiera -ser avisado diéronse priesa a ejecutar la resolución convenida, -sorprendiéronle y sin tardanza le pusieron a bordo de un barco que -le trasladó a Mallorca. Allí permaneció hasta últimos de junio, en -que preso se le volvió a traer a Valencia para ser juzgado. Grandes y -honrosos sucesos acaecieron en el intervalo en aquella ciudad, y con -los cuales lavó algún tanto el negro borrón que los asesinatos habían -echado sobre su gloria. Ahora aunque anticipemos la serie de los -acontecimientos, será bien que concluyamos con los hechos de Calvo y de -sus cómplices. Así con el pronto y severo castigo respirará el lector -angustiado con la nefanda relación de tantos crímenes. - -Habiendo vuelto Calvo a Valencia, alegó conforme a la doctrina de su -escuela en una defensa que extendió por escrito, que si había obrado -mal había sido por hacer el bien, debiendo la intención ponerle a salvo -de toda inculpación. Aquí tenemos renovada la regla invariable de -los sectarios de Loyola, a quienes todo les era lícito, con tal que, -como dice Pascal,[*] [Marginal: (* Ap. n. 3-6.)] supiesen _dirigir la -intención_. No le sirvió de descargo a Calvo, porque condenado a la -pena de garrote fue ajusticiado en la cárcel a las doce de la noche del -3 de julio, y expuesto su cadáver al público en la mañana del 4. Hubo -en la formación y sentencia de la causa algunas irregularidades, que a -pesar de la atrocidad de los crímenes del reo hubiera convenido evitar. -Achacose también a Calvo haber procedido en virtud de comisión de -Murat. Careció de verosimilitud y de fundamento tan extraña acusación. -Se inventó para hacerle odioso a los ojos de la muchedumbre, y poder -más fácilmente atajarle en su desenfreno. Fue hombre fanático y -ambicioso, que mezclando y confundiendo erróneos principios con sus -feroces pasiones, no reparó en los medios de llevar a cabo un proyecto -que le facilitase obtener el principal y quizá exclusivo influjo en los -negocios del día. - -La junta pensó además en hacer un escarmiento en los otros -delincuentes. Creó con este objeto un tribunal de seguridad pública, -compuesto de tres magistrados de la audiencia, D. José Manescau y los -señores Villafañe y Fuster. Había la previsión del primero preparado -una manera fácil de descubrir a los matadores, y la cual en parte la -debió a la casualidad. En la mañana que siguió a la cruel carnicería -quince o veinte de los asesinos con las manos aún teñidas en sangre, -creyendo haber procedido según los deseos de la junta, se presentaron -para entregar los relojes y alhajas de que habían despojado a los -franceses muertos, y pidieron en retribución del acto patriótico que -habían ejecutado alguna recompensa. El advertido Manescau condescendió -en dar a cada uno treinta reales, pero con la precaución al escribano -de que les tomase los nombres bajo pretexto que era preciso aquella -formalidad para justificar que habían cobrado el dinero. Partiendo de -este antecedente pudo probarse quiénes eran los reos, y en el espacio -de dos meses se ahorcó públicamente y se dio garrote en secreto a más -de doscientos individuos. Severidad que a algunos pareció áspera, pero -sin ella la anarquía a duras penas se hubiera reprimido en Valencia -y en otros pueblos de su reino, entre los que Castellón de la Plana y -Ayora habían visto también perecer a su gobernador y alcalde mayor. Con -el ejemplo dado la autoridad recobró la conveniente fuerza. - -Luego que la junta se vio desembarazada de Calvo y de sus infernales -maquinaciones, se ocupó con más desahogo en el alistamiento y -organización de su ejército. El tiempo urgía, repetidos avisos -anunciaban que los franceses disponían una expedición contra aquella -provincia, y era preciso no desaprovechar tan preciosos momentos. -Cartagena suministró inmediatos recursos, y con ellos y los que -pudieron sacarse del propio suelo se puso la ciudad de Valencia en -estado de defensa. Al mismo tiempo se dirigió sobre Almansa un cuerpo -de 15.000 hombres al mando del conde de Cervellón, a quien se juntó de -Murcia Don Pedro González de Llamas, y otro de 8000 bajo las de Don -Pedro Adorno se situó en las Cabrillas. Tal estaba el reino de Valencia -antes de ser atacado por el mariscal Moncey, de cuya campaña nos -ocuparemos después. - -La justa indignación abrigada en todos los pechos bullía con acelerados -latidos en el de los moradores del antiguo asiento de las franquezas y -libertades españolas, en la inmortal Zaragoza. [Marginal: Levantamiento -de Aragón.] Gloria duradera le estaba reservada, y la patria de Lanuza -renovó en nuestros días las proezas que solemos colocar entre las -fábulas de la historia. Su levantamiento sin embargo nada ofreció de -nuevo ni singular, caminando por los mismos pasos por donde habían -ido algunas de las otras provincias. Con mayo empezaron los corrillos -y las conversaciones populares, y al recibirse el correo de Madrid -agrupábanse las gentes a saber las novedades que traía. Siendo por -momentos más tristes y adversas, aguardaban todos que la inquieta -curiosidad finalizaría por una estrepitosa explosión. Repartieron en -efecto el 24 las cartas llegadas por la mañana, y de boca en boca -cundió velozmente cómo Napoleón se erigía en dueño de la monarquía -española de resultas de haber renunciado la corona en favor suyo la -familia de Borbón. Instantáneamente se armó gran bulla; y hombres, -mujeres y niños se precipitaron a casa del capitán general Don Jorge -Juan de Guillelmi. Los vecinos de las parroquias de la Magdalena y -San Pablo concurrieron en gran número capitaneados por varios de los -suyos y entre ellos el tío Jorge, que era del arrabal. Descolló el -último sobre todos, y la energía de su porte, el sano juicio que le -distinguía, lo recto de su intención y el varonil denuedo con que a -cada paso expuso después su vida, le hacen acreedor a una honrosa y -particular mención. Hombre sin letras y desnudo de educación culta, -halló en la nobleza de su corazón y como por instinto los elevados -sentimientos que han ilustrado a los varones esclarecidos. Su nombre -aunque humilde, escrito al lado de ellos, resplandecerá sin deslucirlos. - -La muchedumbre pidió al capitán general que hiciera dimisión del -mando. Costó mucho que se resolviese al sacrificio, mas forzado a ello -y conducido preso a la Aljafería, fue interinamente sustituido por -su segundo el general Mori. Al anochecer se embraveció el tumulto, y -desconfiándose del nuevo jefe por ser italiano de nación, se convidó -con el mando a Don Antonio Cornel, antiguo ministro de la guerra, quien -rehusó aceptarle. - -Mori el 25 congregó una junta, la cual tímida como su presidente -buscaba paliativos que sin desdoro ni peligro sacasen a sus miembros -del atascadero en que estaban hundidos: inútiles y menguados medios en -violentas crisis. Enfadose el pueblo con la tardanza, volviendo sus -inquietas miradas hacia Don José Palafox y Melci. Recordará el lector -que este militar a últimos de abril, en comisión de su jefe el marqués -de Castelar, había ido a Bayona para informar al rey de lo ocurrido -en la soltura y entrega del príncipe de la Paz. Continuó allí hasta -los primeros días de mayo, en que se asegura regresó a España con -encargo parecido al que por el propio tiempo se dio a la junta suprema -de Madrid para resistir abiertamente a los franceses. Penetró Palafox -por Guipúzcoa, de donde se trasladó a la Torre de Alfranca, casa de -campo de su familia cerca de Zaragoza. Permaneciendo misteriosamente -en su retiro, movió a sospecha al general Guillelmi, quien le intimó -la orden de salir del reino de Aragón. Tenemos entendido que Palafox -incomodado entonces, se arrimó a los que anhelaban por un rompimiento, -y que no sin noticia suya estalló la revolución zaragozana. Por fin al -oscurecer del 25, depuesto ya Guillelmi y quejoso el pueblo de Mori, se -despacharon a Alfranca 50 paisanos para traer a la ciudad a Palafox. -Al principio se negó a ir aparentando disculpas, y solo cedió al -expreso mandato que le fue enviado por el interino capitán general. - -Al entrar en Zaragoza pidió que se juntase el acuerdo en la mañana del -26 con intento de comunicarle cosas del mayor interés. En la sesión -celebrada aquel día hizo uso de las insinuaciones que se le habían -hecho en Bayona para resistir a los franceses, y sobre las cuales -a causa de estar S. M. en manos de su enemigo se guardó profundo -silencio. Rogó después que se le desembarazase de la importunidad -del pueblo que se manifestaba deseoso de nombrarle por caudillo, -añadiendo no obstante que su vida y haberes los inmolaría con gusto -en el altar de la patria. Enmudecieron todos, y vislumbraron que no -desagradaban a los oídos de Palafox los clamores prorrumpidos por el -pueblo en alabanza suya. Aguardaba la multitud impaciente a las puertas -del edificio, e insistiendo por dos veces en que se eligiese capitán -general a su favorecido, alcanzó la demanda cediendo Mori el puesto que -ocupaba. - -Alzado a la dignidad suprema de la provincia Don José Palafox y Melci -fue obedecido en toda ella, y a su voz se sometieron con gusto los -aragoneses de acá y allá del Ebro. Admiró su elevación, y aún más que -en sus procedimientos no desmereciese de la confianza que en él tenía -el pueblo. Todavía mancebo, pues apenas frisaba con los veintiocho -años, bello y agraciado de rostro y de persona, con traeres apuestos -y cumplidos, cautivaba Palafox la afición de cuantos le veían y -trataban. Pero si la naturaleza con larga mano le había prodigado -las perfecciones del cuerpo, no se creía hasta entonces que hubiese -andado tan generosa en punto a las dotes del entendimiento. Buscado y -requerido por las damas de la corrompida corte de Carlos IV, se nos ha -asegurado que con porfiado empeño desdeñó el rendimiento obsequioso -de la que entre todas era, si no la más hermosa, por lo menos la más -elevada. Esta tenacidad fue una de las principales calidades de su -alma, y la empleó más oportuna y dignamente en la memorable defensa -de Zaragoza. Sin práctica ni conocimiento de la milicia ni de los -negocios públicos, tuvo el suficiente tino para rodearse de personas -que por su enérgica decisión, o su saber y experiencia le sostuviesen -en los apurados trances, o le ayudasen con sus consejos. Tales fueron -el padre Don Basilio Bogiero, de la Escuela pía, su antiguo maestro; -Don Lorenzo Calvo de Rozas, que habiendo llegado de Madrid el 28 de -mayo fue nombrado corregidor e intendente, y el oficial de artillería -Don Ignacio López, a quien se debió en el primer sitio la dirección de -importantes operaciones. - -Para legitimar solemnemente el levantamiento convocó Palafox a cortes -el reino de Aragón. Acudieron los diputados a Zaragoza, y el día 9 de -junio abrieron sus sesiones [*] [Marginal: (* Ap. n. 3-6 bis.)] en -la casa de la ciudad, asistiendo 34 individuos que representaban los -cuatro brazos, en cuyo número se comprendía el de las ocho ciudades -de voto en cortes. Aprobaron estas todo lo actuado antes de su -reunión, y después de nombrar a Don José Rebolledo de Palafox y Melci -capitán general, juzgaron prudente separarse, formando una junta de 6 -individuos que de acuerdo con el jefe militar atendiese a la defensa -común. La autoridad y poder de este nuevo cuerpo fueron más limitados -que el de las juntas de las otras provincias, siendo Palafox la -verdadera, y por decirlo así, la única cabeza del gobierno. Dependió -no poco esta diferencia de la particular situación en que se halló -Zaragoza, la cual temiendo ser prontamente acometida por los franceses, -necesitaba de un brazo vigoroso que la guiase y protegiese. Era esto -tanto más urgente cuanto la ciudad estaba del todo desabastecida. No -llegaba a 2000 hombres el número de tropas que la guarnecían, inclusos -los miñones y partidas sueltas de bandera. De doce cañones se componía -toda la artillería, y esta no gruesa, escaseando en mayor proporción -los otros pertrechos. En vista de tamaña miseria apresuráronse Palafox -y sus consejeros a reunir la gente que de todas partes acudía, y a -organizarla, empleando para ello a los oficiales retirados y a los que -de Pamplona, San Sebastián, Madrid, Alcalá y otros puntos sucesivamente -se escapaban. Restableció en la formación de los nuevos cuerpos el ya -desusado nombre de tercios, bajo el que la antigua infantería española -había alcanzado tantos laureles, distinguiéndose más que todos el -de los estudiantes de la universidad, disciplinado por el barón de -Versages. Se recogieron fusiles, escopetas y otras armas, se montaron -algunas piezas arrinconadas o viejas, y la fábrica de pólvora de -Villafeliche suministró municiones. Escasos recursos si a todo no -hubiera suplido el valor y la constancia aragonesa. - -El levantamiento se ejecutó en Zaragoza sin que felizmente se hubiese -derramado sangre. Solamente se arrestaron las personas que causaban -sombra al pueblo. - -Enérgico como los demás, fue en especial notable su primer manifiesto -por dos de los artículos que comprendía. «1.º Que el emperador, todos -los individuos de su familia, y finalmente todo general francés, eran -personalmente responsables de la seguridad del rey y de su hermano -y tío. 2.º Que en caso de un atentando contra vidas tan preciosas, -para que la España no careciese de su monarca _usaría la nación de su -derecho electivo_ a favor del archiduque Carlos, como nieto de Carlos -III, siempre que el príncipe de Sicilia y el infante Don Pedro y demás -herederos no pudieran concurrir.» Échase de ver en la cláusula notada -con bastardilla que al paso que los aragoneses estaban firmemente -adictos a la forma monárquica de su gobierno, no se habían borrado -de su memoria aquellos antiguos fueros que en la junta de Caspe les -habían dado derecho a elegir un rey, conforme a la justicia y pública -conveniencia. - -[Marginal: Levantamiento de Cataluña.] - -«Cataluña, como dice Melo, una de las provincias de más primor, -reputación y estima que se halla en la grande congregación de estados -y reinos, de que se formó la nación española» levantó erguida su -cerviz humillada por los que con fementido engaño habían ocupado -sus principales fortalezas. Mas desprovistos los habitantes de este -apoyo, sobre todo del de Barcelona, grande e importante por el -armamento, vestuario, tropa, oficialidad y abundantes recursos que en -su recinto se encerraban, faltoles un centro de donde emanasen con -uniforme impulso las providencias dirigidas a conmover las ciudades y -pueblos de su territorio. No por eso dejaron de ser portentosos sus -esfuerzos, y si cabe en ellos y en admirable constancia sobrepujó -a todas la belicosa Cataluña. Solamente obstruida y cortada por el -ejército enemigo, tuvo al pronto que levantarse desunida y en separadas -porciones, tardando algún tiempo en constituirse una junta única y -general para toda la provincia. - -Las conmociones empezaron a últimos de mayo y al entrar junio. Dentro -del mismo Barcelona se desgarraron el 31 de aquel mes los carteles que -proclamaban la nueva dinastía. Hubo tumultuosas reuniones, andúvose -a veces a las manos, y resultaron muertes y otros disgustos. Los -franceses se inquietaron bastantemente, ya por lo populoso de la -ciudad, y ya también porque el vecindario amotinado hubiera podido -ser sostenido por 3500 hombres de buena tropa española, que todavía -permanecían dentro de la plaza, y cuyo espíritu era del todo contrario -a los invasores. Sin embargo acalláronse allí los alborotos, pero no en -las poblaciones que estaban fuera del alcance de la garra francesa. - -Había Duhesme, su general, pensado en hacerse dueño de Lérida para -conservar francas sus comunicaciones con Zaragoza. Consiguió al efecto -una orden de la junta de Madrid, ya no débil, pero sí culpable, la -cual ordenó la entrega a la tropa extranjera. Cauto sin embargo el -general francés envió por delante al regimiento de Extremadura, que -no pudiendo como español despertar las sospechas de los leridanos le -allanase sin obstáculo la ocupación. Penetraron no obstante aquellos -habitantes intención tan siniestra, y haciendo en persona la guardia -de sus muros rogaron a los de Extremadura que se quedasen afuera. Con -gusto condescendieron estos aguardando en la villa de Tárrega favorable -coyuntura para pasar a Zaragoza, en cuyo sitio se mantuvieron firmes -apoyos de la causa de su patria. Lérida por tanto fue la que primero -se armó y declaró ordenadamente. Al mismo tiempo Manresa quemó en -público los bandos y decretos del gobierno de Madrid. Tortosa luego que -fue informada de las ocurrencias de Valencia, imitó su ejemplo y por -desgracia algunos de sus desórdenes, habiendo perecido miserablemente -su gobernador Don Santiago de Guzmán y Villoria. Igual suerte cupo al -de Villafranca de Panadés, Don Juan de Toda. Así todos los pueblos unos -tras de otros o a la vez se manifestaron con denuedo, y allí el lidiar -fue inseparable del pronunciamiento. Yendo uno y otro de compañía, nos -reservaremos pues el hablar más detenidamente para cuando lleguemos a -las acciones de guerra. El principado se congregó en junta de todos sus -corregimientos a fines de junio, y se escogió entonces para su asiento -la ciudad de Lérida. - -[Marginal: Levantamiento de las Baleares.] - -Separadas por el Mediterráneo del continente español las Islas -Baleares, no solo era de esperar que desconociesen la autoridad -intrusa, resguardadas como lo estaban y al abrigo de sorpresa, sino -que también era muy de desear que abrazasen la causa común, pudiendo su -tranquilo y aislado territorio servir de reparo en los contratiempos, -y dejando libres con su declaración las fuerzas considerables de mar y -tierra que allí había. Además de la escuadra surta en Menorca, de que -hemos hablado, se contaban en todas sus islas unos 10.000 hombres de -tropa reglada, cuyo número, atendiendo a la escasez que de soldados -veteranos había en España, era harto importante. - -Notáronse en todas las Baleares parecidos síntomas a los que reinaban -en la península, y cuando se estaba en dudas y vacilaciones arribó -de Valencia el 29 de mayo un barco con la noticia de lo ocurrido en -aquella ciudad el 23. El general, que lo era a la sazón Don Juan Miguel -de Vives, en unión con el pueblo mostrose inclinado a seguir las mismas -huellas; pero se retrajo en vista de pliegos recibidos de Madrid pocas -horas después, y traídos por un oficial francés. Hízole titubear su -contenido, y convocó el acuerdo para que juntos discurriesen acerca -de los medios de conservar la tranquilidad. Se traslució su intento, -y por la tarde una porción de jóvenes de la nobleza y oficiales -formaron el proyecto de trastornar el orden actual, valiéndose de la -buena disposición del pueblo. Idearon como paso previo tantear al -segundo cabo el mariscal de campo Don Juan Oneille, con ánimo de que -reemplazase al general, quien sabiendo lo que andaba paró el golpe -reuniendo a las nueve de la noche en las casas consistoriales una junta -de autoridades. Se iluminó la fachada del edificio, y se anunció al -pueblo la resolución de no reconocer otro gobierno que el de Fernando -VII. Entonces fue universal la alegría, unánimes las demostraciones -cordiales de patriotismo. Evitó la oportuna decisión del general -desórdenes y desgracias. Al día siguiente 30 se erigió la junta que -se había acordado en la noche anterior, la cual presidida por el -capitán general se compuso de más de 20 individuos, entresacados de -las autoridades, y nombrados otros por sus estamentos o clases. Se -agregaron posteriormente dos diputados por Menorca, dos por Ibiza, y -otro por la escuadra fondeada en Mahón. - -En esta última ciudad, siendo las cabezas oficiales de ejército y de -marina, se había depuesto y preso al gobernador y al coronel de Soria, -Cabrera, y desobedecido abiertamente las órdenes de Murat. Recayó el -mando en el comandante interino de la escuadra, a cuyas instancias -envió la junta de Mallorca para relevarle al marqués del Palacio, poco -antes coronel de húsares españoles. - -En nada se había perturbado la tranquilidad en Palma ni en las otras -poblaciones. Solo el 29 para resguardar su persona se puso en el -castillo de Bellver al oficial francés portador de los pliegos de -Madrid. Doloroso fue tener también que recurrir a igual precaución con -los dos distinguidos miembros del instituto de Francia, Arago y Biot, -quienes en unión con los astrónomos españoles Don José Rodríguez y -Don José Chaix habían pasado a aquella isla con comisión científica -importante. Era pues la de prolongar a la isla de Formentera la -medida del arco del meridiano, observado y medido anteriormente -desde Dunkerque hasta Monjuich en Barcelona por los sabios Mechain y -Delambre. La operación dichosamente se había terminado antes que las -provincias se alzasen, estorbando solo este suceso medir una base -de verificación proyectada en el reino de Valencia. Ya el ignorante -pueblo los había mirado con desconfianza, cuando para el desempeño -de su encargo ejecutaban las operaciones geodésicas y astronómicas -necesarias. Figurose que eran planos que levantaban por orden de -Napoleón para sus fines políticos y militares. A tales sospechas daban -lugar los engaños y aleves arterías con que los ejércitos franceses -habían penetrado en lo interior del reino: y en verdad que nunca la -ignorancia pudiera alegar motivos que pareciesen más fundados. La junta -al principio no osó contrarrestar el torrente de la opinión popular; -pero conociendo el mérito de los sabios extranjeros, y la utilidad de -sus trabajos, los preservó de todo daño; e imposibilitada por la guerra -de enviarlos en derechura a Francia, los embarcó en oportuna ocasión a -bordo de un buque que iba a Argel, país entonces neutral, y de donde se -restituyeron después a sus hogares. - -El entusiasmo en Mallorca fue universal, esmerándose con particularidad -en manifestarle las más principales señoras; y si en toda la isla de -Mallorca, como decía el cardenal de Retz,[*] [Marginal: (* Ap. n. -3-7.)] «no hay mujeres feas», fácil será imaginar el poderoso influjo -que tuvieron en su levantamiento. - -En Palma se creó un cuerpo de voluntarios con aquel nombre, que después -pasó a servir a Cataluña. Y aunque al principio la junta obrando -precavidamente no permitió que se trasladasen a la península las -tropas que guarnecían las islas, por fin accedió a que se incorporasen -sucesivamente con los ejércitos que guerreaban. - -[Marginal: Navarra y provincias vascongadas.] - -Unas tras otras hemos recorrido las provincias de España y contado -su glorioso alzamiento. Habrá quien eche de menos a Navarra y las -provincias vascongadas. Pero lindando con Francia, privados sus -moradores de dos importantes plazas, y cercados y opresos por -todos lados, no pudieron revolverse ni formalizar por de pronto -gobierno alguno. Con todo animadas de patriotismo acendrado -impelieron a la deserción a los pocos soldados españoles que había -en su suelo, auxiliaron en cuanto alcanzaban sus fuerzas a las -provincias lidiadoras, y luego que las suyas estuvieron libres o más -desembarazadas se unieron a todas, cooperando con no menor conato a la -destrucción del común enemigo. Y más adelante veremos que aun ocupado -de nuevo su territorio, pelearon con empeño y constancia por medio de -sus guerrillas y cuerpos francos. - -[Marginal: Islas Canarias.] - -En las Islas Canarias aunque algo lejanas de las costas españolas, -siguiose el impulso de Sevilla. Dudose en un principio de la certeza de -los acontecimientos de Bayona, y se consideraron como invención de la -malevolencia, o como voces de intento esparcidas por los partidarios de -los ingleses. Mas habiendo llegado en julio noticia de la insurrección -de Sevilla y de la instalación de su junta suprema, el capitán general -marqués de Casa-Cagigal dispuso que se proclamase a Fernando VII, -imitando con vivo entusiasmo los habitantes de todas las islas el -noble ejemplo de la península. Hubo sin embargo entre ellas algunas -desavenencias, renovando la Gran Canaria sus antiguas rivalidades -de primacía con la de Tenerife. Así se crearon en ambas separadas -juntas, y en la última despojado del mando Casa-Cagigal, ya de ambas -aborrecido, fue puesto en su lugar el teniente de rey Don Carlos -O’Donnell. Levantáronse después quejas muy sentidas contra este jefe y -la junta de Tenerife, que no cesaron hasta que el gobierno supremo de -la central puso en ello el conveniente remedio. - -Por lo demás el cuadro que hemos trazado de la insurrección de España -parecerá a algunos diminuto o conciso, y a otros difuso u harto -circunstanciado. Responderemos a los primeros que no habiendo sido -nuestro propósito escribir la historia particular del alzamiento de -cada provincia, el descender a más pormenores hubiera sido obrar con -desacuerdo. Y a los segundos que en vista de la nobleza de la causa y -de la ignorancia cierta o fingida que acerca de su origen y progreso -muchos han mostrado, no ha sido tan fuera de razón dar a conocer con -algún detenimiento una revolución memorable, que por descuido de unos -y malicia de otros se iba sepultando en el olvido o desfigurándose de -un modo rápido y doloroso. Para acabar de llenar nuestro objeto, será -bien que fundándonos en la verídica relación que precede, sacada de las -mejores fuentes, añadamos algunas cortas reflexiones, que arrojando -nueva luz refuten las equivocaciones sobrado groseras en que varios -han incurrido. - -[Marginal: Reflexiones generales.] - -Entre estas se ha presentado con más séquito la de atribuir las -conmociones de España al ciego fanatismo, y a los manejos e influjo -del clero. Lejos de ser así, hemos visto cómo en muchas provincias el -alzamiento fue espontáneo, sin que hubiera habido móvil secreto; y -que si en otras hubo personas que aprovechándose del espíritu general -trataron de dirigirle, no fueron clérigos ni clases determinadas, sino -indistintamente individuos de todas ellas. El estado eclesiástico -cierto que no se opuso a la insurrección, pero tampoco fue su autor. -Entró en ella como toda la nación, arrastrado de un honroso sentimiento -patrio, y no impelido por el inmediato temor de que se le despojase -de sus bienes. Hasta entonces los franceses no habían en esta parte -dado ocasión a sospechas, y según se advirtió en el libro segundo, el -clero español antes de los sucesos de Bayona más bien era partidario de -Napoleón que enemigo suyo, considerándole como el hombre que en Francia -había restablecido con solemnidad el culto. Por tanto la resistencia -de España nació de odio contra la dominación extranjera: y el clérigo -como el filósofo, el militar como el paisano, el noble como el plebeyo -se movieron por el mismo impulso, al mismo tiempo y sin consultar -generalmente otro interés que el de la dignidad e independencia -nacional. Todos los españoles que presenciaron aquellos días de -universal entusiasmo, y muchos son los que aún viven, atestiguarán la -verdad del aserto. - -No menos infundado aunque no tan general, ha sido achacar la -insurrección a conciertos de los ingleses con agentes secretos. -Napoleón y sus parciales que por todas partes veían o aparentaban ver -la mano británica, fueron los autores de invención tan peregrina. -Por lo expuesto se habrá notado cuán ajeno estaba aquel gobierno de -semejante suceso, y cuánto le sorprendió la llegada a Londres de los -diputados asturianos que fueron los primeros que le anunciaron. Muchas -de las costas de España estaban sin buques de guerra ingleses que de -cerca observasen o fomentasen alborotos, y las provincias interiores -no podían tener relación con ellos ni esperar su pronta y efectiva -protección; y aun en Cádiz, en donde había un crucero, se desechó su -ayuda, si bien amistosamente, para un combate en el que por ser -marítimo les interesaba con más especialidad tomar parte. Véase pues si -el conjunto de estos hechos dan el menor indicio de que la Inglaterra -hubiese preparado el primero y gran sacudimiento de España. - -Mas aun careciendo de la copia de datos que muestran lo contrario, el -hombre meditabundo e imparcial fácilmente penetrará que no era dado ni -a clérigos ni a ingleses, ni a ninguna otra persona, clase ni potencia -por poderosa que fuese, provocar con agentes y ocultos manejos en una -nación entera un tan enérgico, unánime y simultáneo levantamiento. -Buscará su origen en causas más naturales, y su atento juicio le -descubrirá sin esfuerzo en el desorden del anterior gobierno, en los -vaivenes que precedieron, y en el cúmulo de engaños y alevosías con -que Napoleón y los suyos ofendieron el orgullo español. - -No bastaba a los detractores dar al fanatismo o a los ingleses el -primer lugar en tan grande acontecimiento. Hanse recreado también en -oscurecer su lustre, exagerando las muertes y horrores cometidos en -medio del fervor popular. Cuando hemos referido los lamentables excesos -que entonces hubo, cubriendo a sus autores del merecido oprobio, no -hemos omitido ninguno que fuese notable. Siendo así, dígasenos de buena -fe si acompañaron al tropel de revueltas desórdenes tales que deban -arrancar las desusadas exclamaciones en que algunos han prorrumpido. -Solo pudieran ser aplicables a Valencia y no a la generalidad del -reino, y aun allí mismo los excesos fueron inmediatamente reprimidos -y castigados con una severidad que rara vez se acostumbra contra -culpados de semejantes crímenes en las grandes revoluciones. Pero al -paso que profundamente nos dolemos de aquel estrago, séanos lícito -advertir que hemos recorrido provincias enteras sin topar con desmán -alguno, y en todas las otras no llegaron a treinta las personas muertas -tumultuariamente. Y por ventura en la situación de España, rotos -los vínculos de la subordinación y la obediencia, con autoridades -que compuestas en lo general de hechuras y parciales de Godoy eran -miradas al soslayo y a veces aborrecidas, ¿no es de maravillar que -desencadenadas las pasiones no se suscitasen más rencillas, y que las -tropelías, multiplicándose, no hubiesen salvado todas las barreras? -¿Merece pues aquella nación que se la tilde de cruel y bárbara? ¿Qué -otra en tan deshecha tormenta se hubiera mostrado más moderada y -contenida? Cítesenos una mudanza y desconcierto tan fundamental, si -bien no igualmente justo y honroso, en que las demasías no hayan muy -mucho sobrepujado a las que se cometieron en la insurrección española. -Nuestra edad ha presenciado grandes trastornos en naciones apellidadas -por excelencia cultas, y en verdad que el imparcial examen y cotejo de -sus excesos con los nuestros no les sería favorable. - -Después de haber tratado de desvanecer errores que tan comunes se han -hecho, veamos lo que fueron las juntas y de qué defectos adolecieron. -Agregado incoherente y sobrado numeroso de individuos en que se -confundía el hombre del pueblo con el noble, el clérigo con el militar, -estaban aquellas autoridades animadas del patriotismo más puro, sin -que a veces le adornase la conveniente ilustración. Muchas de ellas -pusieron todo su conato en ahogar el espíritu popular, que les había -dado el ser, y no le sustituyeron la acertada dirección conque hubieran -podido manejar los negocios hombres prácticos y de estado. Así fue -que bien pronto se vieron privadas de los inagotables recursos que en -todo trastorno social suministra el entusiasmo y facilita el mismo -desembarazo de las antiguas trabas: no pudiendo en su lugar introducir -orden ni regla fija, ya porque las circunstancias lo impedían, y -ya también porque pocos de sus individuos estacan dotados de las -prendas que se requieren para ello. Hombres tales, escasos en todos -los países, era natural que fuesen más raros en España, en donde la -opresiva humillación del gobierno había en parte ahogado las bellas -disposiciones de los habitantes. Por este medio se explica como a la -grandiosa y primera insurrección, hija de un sentimiento noble de -honor e independencia nacional, que el despotismo de tantos años no -había podido desarraigar, no correspondieron las medidas de gobierno -y organización militar y económica que en un principio debieron -adoptarse. No obstante justo es decir que los esfuerzos de las juntas -no fueron tan cortos ni limitados como algunos han pretendido; y que -aun en naciones más adelantadas quizá no se hubiera ido más allá -si en lo interior hubiesen tenido estas que luchar con un ejército -extranjero, careciendo de uno propio que pudiera llamarse tal, vacías -las arcas públicas y poco provistos los depósitos y arsenales. - -Fue muy útil que en el primer ardor de la insurrección se formase en -cada provincia una junta separada. Esta especie de gobierno federativo, -mortal en tiempos tranquilos para España, como nación contigua por -mar y tierra a estados poderosos, dobló entonces y aun multiplicó sus -medios y recursos; excitó una emulación hasta cierto punto saludable, -y sobre todo evitó que los manejos del extranjero, valiéndose de la -flaqueza y villanía de algunos, barrenasen sordamente la causa sagrada -de la patria. Un gobierno central y único, antes de que la revolución -hubiese echado raíces, más fácilmente se hubiera doblegado a pérfidas -insinuaciones, o su constancia hubiera con mayor prontitud cedido -a los primeros reveses. Autoridades desparramadas como las de las -juntas, ni ofrecían un blanco bien distinto contra el que pudieran -apuntarse los tiros de la intriga, ni aun a ellas mismas les era -permitido [cosa de que todas estuvieron lejos] ponerse de concierto -para daño y pérdida de la causa que defendían. - -Acompañó al sentimiento unánime de resistir al extranjero otro no -menos importante de mejora y reforma. Cierto que este no se dejó ver -ni tan clara ni tan universalmente como el primero. Para el uno solo -se requería ser español y honrado; mas para el otro era necesario -mayor saber que el que cabía en una nación sujeta por siglos a un -sistema de persecución e intolerancia política y religiosa. Sin embargo -apenas hubo proclama, instrucción o manifiesto de las juntas en que -lamentándose de las máximas que habían regido anteriormente, no se -diese indicio de querer tomar un rumbo opuesto, anunciando para lo -futuro o la convocación de cortes, o el restablecimiento de antiguos -fueros, o el desagravio de pasadas ofensas. Infiérase de aquí cuál -sería sobre eso la opinión general cuando así se expresaban unas -autoridades que compuestas en su mayor parte de individuos de clases -privilegiadas, procuraban contener más bien que estimular aquella -general tendencia. Así fue que por sus pasos contados se encaminó -España a la reforma y mejoramiento, y congregó sus cortes sin que -hubiera habido que escuchar los consejos o preceptos del extranjero. -Y ¡ojalá nunca los escuchara! Los años en que escribimos han sido -testigos de que su intervención tan solo ha servido para hacerla -retroceder a tiempos comparables a los de la más profunda barbarie. - -Nos parece que lo dicho bastará a deshacer los errores a que ha dado -lugar el silencio de algunas plumas españolas, el despique de otras -y la ligereza con que muchos extranjeros han juzgado los asuntos de -España, país tan poco conocido como mal apreciado. - -Antes de concluir el presente libro será justo que demos una razón, -aunque breve, de la insurrección de Portugal, [Marginal: Portugal.] -cuyos acontecimientos anduvieron tan mezclados con los nuestros. - -Aquel reino si bien al parecer tranquilo, viéndose agobiado con las -extraordinarias cargas y ofendido de los agravios que se hacían a sus -habitantes, tan solo deseaba oportuna ocasión en que sacudir el yugo -que le oprimía. - -[Marginal: Su situación.] - -Junot en su desvanecimiento a veces había ideado ceñirse la corona de -Portugal. Para ello hubo insinuaciones, sordas intrigas, proyectos de -constitución y otros pasos que no haciendo a nuestro propósito, los -pasaremos en silencio. Tuvo por último que contentarse con la dignidad -de duque de Abrantes a que le ensalzó su amo en remuneración de sus -servicios. - -Desde el mes de marzo con motivo de la llamada de las tropas españolas -anduvo el general francés inquieto, temiendo que se aumentasen los -peligros al paso que se disminuía su fuerza. Se tranquilizó algún tanto -cuando vio que al advenimiento al trono de Fernando habían recibido los -españoles contra orden. Así fue, como hemos dicho, que los de Oporto -volvieron a sus acantonamientos; se mantuvieron quietos en Lisboa -y sus contornos los de Don Juan Carrafa; y solo de los de Solano se -restituyeron a Setúbal cuatro batallones, no habiendo Junot tenido por -conveniente recibir a los restantes. Prefirió este guardar por sí el -Alentejo, y envió a Kellerman para reemplazar a Solano, cuya memoria -fue tanto más sentida por los naturales, cuanto el nuevo comandante -se estrenó con imponer una contribución en tal manera gravosa que el -mismo Junot tuvo que desaprobarla. Kellerman transfirió a Elvas su -cuartel general para observar de cerca a Solano, quien permaneció en la -frontera hasta mayo, en cuyo tiempo se retiró a Andalucía. - -En este estado se hallaban las cosas de Portugal cuando, después del -suceso del 2 de mayo en Madrid, receloso Napoleón de nuevos alborotos -en España, [Marginal: Divisiones francesas que intentan pasar a -España.] ordenó a Junot que enviase del lado de Ciudad Rodrigo 4000 -hombres que obrasen de concierto con el mariscal Bessières, y otros -tantos por la parte de Extremadura para ayudar a Dupont que avanzaba -hacia Sierra Morena. Al entrar junio llegaron los primeros al pie del -fuerte de la Concepción, el cual situado sobre el cerro llamado el -Gardón, sirve como de atalaya para observar la frontera portuguesa y -las plazas de Almeida y Castel-Rodrigo. El general Loison que mandaba -a los franceses ofreció al comandante español algunas compañías que -reforzasen el fuerte contra los comunes enemigos de ambas naciones. El -ardid por tan repetido era harto grosero para engañar a nadie. Pero -no habiendo dentro la suficiente fuerza para la defensa, abandonó el -comandante por la noche el fuerte, y se refugió a Ciudad Rodrigo, cuya -plaza distante cinco leguas, y levantada ya como toda la provincia -de Salamanca, redobló su vigilancia y contuvo así los siniestros -intentos de Loison. Por la parte del mediodía los 4000 franceses que -debían penetrar en las Andalucías, trataron con su jefe Avril de -dirigirse sobre Mértola, y bajando después por las riberas de Guadiana, -desembocar impensadamente en el condado de Niebla. Allí la insurrección -había tomado tal incremento, que no osaron continuar en empresa tan -arriesgada. Al paso que así se desbarataron los planes de Napoleón, -que en esta parte no hubieran dejado de ser acertados, si más a tiempo -hubiesen tenido efecto los acontecimientos del norte de Portugal, -vinieron del todo a trastornar a Junot, y levantar un incendio -universal en aquel reino. - -[Marginal: Los españoles se retiran de Oporto.] - -Los españoles a su vuelta a Oporto habían sido puestos a las órdenes -del general francés Quesnel. Desagradó la medida inoportuna en un -tiempo en que la indignación crecía de punto, e inútil no siendo -afianzada con tropa francesa. Andaba así muy irritado el soldado -español, cuando alzándose Galicia comunicó aquella junta avisos para -que los de Oporto se incorporasen a su ejército y llevasen consigo a -cuantos franceses pudiesen coger. Concertáronse los principales jefes, -se colocó al frente al mariscal de campo Don Domingo Belestá como de -mayor graduación, y el 6 de junio habiendo hecho prisionero a Quesnel -y a los suyos, que eran muy pocos, tomó toda la división española que -estaba en Oporto el camino de Galicia. [Marginal: Primer levantamiento -de Oporto.] Antes de partir dijo Belestá a los portugueses que les -dejaba libres de abrazar el partido que quisieran, ya fuese el de -España, ya el de Francia, o ya el de su propio país. Escogieron el -último como era natural. Pero luego que los españoles se alejaron, -amedrentadas las autoridades se sometieron de nuevo a Junot. - -[Marginal: Levantamiento de Tras-os-Montes y segundo de Oporto.] - -Continuaron de este modo algunos días hasta que el 11 de junio -habiéndose levantado la provincia de Tras-os-Montes, y nombrado por su -jefe al teniente general Manuel Gómez de Sepúlveda, hombre muy anciano, -se extendió a la de Entre-Duero-y-Miño la insurrección, y se renovó el -18 en Oporto en donde pusieron a la cabeza a Don Antonio de San José de -Castro, obispo de la diócesis. Cundió también a Coimbra y otros pueblos -de la Beira, haciendo prisioneros y persiguiendo a algunas partidas -sueltas de franceses. Loison que desde Almeida había intentado ir a -Oporto, retrocedió al verse acometido por la población insurgente de -las riberas del Duero. - -Una junta se formó en Oporto que mandó en unión con el obispo, la -cual fue reconocida por todo el norte de Portugal. Al instante abrió -tratos con Inglaterra, y diputó a Londres al vizconde de Balsemao y a -un desembargador. Entabló también con Galicia convenientes relaciones, -y entre ambas juntas se concluyó una convención o tratado de alianza -ofensiva y defensiva. - -[Marginal: Se desarma a los españoles de Lisboa.] - -Súpose en Lisboa el 9 de junio la marcha de las tropas españolas de -Oporto, y lo demás que en esta ciudad había pasado. Sin dilación -pensó Junot en tomar una medida vigorosa con los cuerpos de la misma -nación que tenía consigo, y cuyos soldados estaban con el ánimo tan -alborotado como todos sus compatriotas. Temíase una sublevación de -parte de ellos y no sin algún fundamento. Ya en el mes anterior y -cuando en 5 de mayo dio en Extremadura la proclama de que hicimos -mención el desgraciado Torre del Fresno, había sido enviado allí de -Badajoz el oficial Don Federico Moreti para concertarse con el general -Don Juan Carrafa y preparar la vuelta a España de aquellas tropas. La -comisión de Moreti no tuvo resulta, así por ser temprana y arriesgada, -como también por la tibieza que mostró el mencionado Carrafa; pero -después embraveciéndose la insurrección española, llegaron de varios -puntos emisarios que atizaban, faltando solo ocasión oportuna para -que hubiese un rompimiento. Ofrecíasela lo acaecido en Oporto, y -con objeto de prevenir golpe tan fatal, procuró Junot antes de que -se esparciese la noticia sorprender a los nuestros y desarmarlos. -Pudo sin embargo escaparse de Mafra y pasar a España el marqués de -Malaespina con el regimiento de dragones de la Reina; y para engañar -a los demás emplearon los franceses varios ardides, cogiendo a unos -en los cuarteles y a otros divididos. Mil y doscientos de ellos que -estaban en el campo de Ourique, rehusaron ir al convento de San -Francisco, barruntando que se les armaba alguna celada. Entonces Junot -los mandó llamar al Terreiro do Pazo, fingiendo que era con intento de -embarcarlos para España. Alborozados por nueva tan halagüeña llegaron -a aquella plaza, cuando se vieron rodeados por 3000 franceses, y -asestada contra sus filas la artillería en las bocacalles. Fueron pues -desarmados todos y conducidos a bordo de los pontones que había en el -Tajo. No se comprendió a los oficiales en precaución tan rigurosa; -pero no habiendo creído algunos de ellos deber respetar una palabra de -honor que se les había arrancado después de una alevosía, se fugaron -a España, y de resultas sus compañeros fueron sometidos a igual y -desgraciada suerte que los soldados. - -[Marginal: Rechazan los españoles a los franceses en Os-Pegões.] - -No fue tan fácil sorprender ni engañar a los que estando a la izquierda -del Tajo vivían más desembarazadamente. Así desertó la mayor parte del -regimiento de caballería de María Luisa, y fue notable la insurrección -de los cuerpos de Valencia y Murcia, de los que con una bandera se -dirigieron a España muchos soldados. Estaban en Setúbal, y el general -francés Graindorge que allí mandaba los persiguió. Hubo un reencuentro -en Os-Pegões, y los franceses habiendo sido rechazados no pudieron -detener a los nuestros en su marcha. - -[Marginal: Levantamiento de los Algarbes.] - -El haber desarmado a los españoles de Lisboa motivó la insurrección de -los Algarbes, y por consecuencia la de todo el mediodía de Portugal. -Gobernaba aquella provincia de parte de los franceses el general -Maurin, a quien estando enfermo sustituyó el coronel Maransin. Eran -cortas las tropas que estaban a sus órdenes, y cuidadoso dicho jefe -con los alborotos, había salido para Vila Real en donde construía -una batería que asegurase aquel punto contra los ataques de Ayamonte. -Ocupado en guarecerse de un peligro, otro más inmediato vino a -distraerle y consternarle. Era el 16 de junio cuando Olhá, pequeño -pueblo de pescadores a una legua de Faro, se sublevó a la lectura de una -proclama que había publicado Junot con ocasión de haber desarmado a los -españoles. Dio el coronel José López de Sousa el primer grito contra -los franceses, que fue repetido por toda la población. Este alboroto -estuvo a punto de apaciguarse; pero obligado Maransin, que había -acudido al primer ruido a salir de Faro para combatir a los paisanos -que levantados descendían de las montañas que parten término con el -Alentejo, se sublevó a su vez dicha ciudad de Faro, formó una junta, se -puso en comunicación con los ingleses, y llevó a bordo de sus navíos -al enfermo general Maurin y a los pocos franceses que estaban en su -compañía. Maransin en vista de la poca fuerza que le quedaba se retiró -a Mértola para de allí darse más fácilmente la mano con los generales -Kellerman y Avril que ocupaban el Alentejo. Se aproximó después a -Beja, y por haberle asesinado algunos soldados la entró a saco el 25 -de junio. Prendió la insurrección en otros puntos, y en todos aquellos -en que el espíritu público no fue comprimido por la superioridad de -la fuerza francesa, se repitió el mismo espectáculo y hubo iguales -alborotos que en el resto de la península. Entre la junta de Faro -y los españoles suscitose cierta disputa por haber estos destruido -las fortificaciones de Castro Marim. De ambos lados se dieron las -competentes satisfacciones, y amistosamente se concluyó un convenio -adecuado a las circunstancias entre los nuevos gobiernos de Sevilla y -Faro. - -[Marginal: Convenciones entre algunas juntas de España y Portugal.] - -No faltó quien viese así en este arreglo como en lo que antes se había -estipulado entre Galicia y Oporto, una preparación para tratados más -importantes que hubieran podido rematar por una unión y acomodamiento -entre ambas naciones. Desgraciadamente varios obstáculos con los -cuidados graves de entonces debieron impedir que se prosiguiese en -designio de tal entidad. Es sin embargo de desear que venga un tiempo -en que desapareciendo añejas rivalidades, e ilustrándose unos y otros -sobre sus recíprocos y verdaderos intereses, se estrechen dos países -que al paso que juntos formarán un incontrastable valladar contra -la ambición de los extraños, desunidos solo son víctima de ajenas -contiendas y pasiones. - - - - - RESUMEN - DEL - LIBRO CUARTO. - - -_Junta de Madrid. — Comisión que da al marqués de Lazán. — Su -proclama de 4 de junio. — Su celo en favor de la diputación de Bayona. -— Valdés. — Marqués de Astorga. — Obispo de Orense. — Proclama -de Bayona a los zaragozanos. — Comisionados enviados a Zaragoza. — -Avisos enviados por Napoleón a América. — Napoleón renuncia la corona -de España en José. — Llegada de José a Bayona. — Recibimiento de José -en Marracq. — Diputaciones españolas. — La de los grandes. — La del -consejo de Castilla. — La de la Inquisición. — La del ejército. — -Otra proclama de los de Bayona. — Previas disposiciones para abrir -el congreso de Bayona. — Ábrense sus sesiones. — Sus discusiones. -— Si gozó de libertad. — Juramento prestado a la constitución. — -Reflexiones sobre la constitución. — Visita de la junta de Bayona -a Napoleón. — Felicitaciones de la servidumbre de Fernando. — -Felicitación de Fernando mismo. — Ministerio nombrado por José. — -Jovellanos. — Empleos de palacio. — José entra en España el 9 de -julio. — Primera expedición de los franceses contra Santander. — -Expedición contra Valladolid. — Quema de Torquemada. — Entrada en -Palencia. — Acción de Cabezón. — Entran los franceses en Valladolid. -— Segunda expedición contra Santander. — Obispo de Santander. — -Noble acción de su junta. — Expedición contra Zaragoza. — Acción de -Mallén. — De Alagón. — Cataluña. — Somatenes. — Acción del Bruch. -— Defensa de Esparraguera. — Chabran en Tarragona. — Reencuentro -de Arbós. — Saqueo de Villafranca de Panadés. — Segunda acción -del Bruch. — Expedición de Duhesme contra Gerona. — Resistencia -de Mongat. — Saqueo de Mataró. — Ataque de los franceses contra -Gerona. — Vuelve Duhesme a Barcelona. — Reencuentro de Granollers. -— Somatenes del Llobregat. — Murat. — Envía a Dupont a Andalucía. -— Acción de Alcolea. — Saco de Córdoba. — Situación angustiada de -los franceses. — Excesos de los paisanos españoles. — Resistencia -de Valdepeñas. — Retírase Dupont a Andújar. — Saqueo de Jaén. — -Expedición de Moncey contra Valencia. — Reencuentro del puerto Pajazo. -— De las Cabrillas. — Preparativos de defensa en Valencia. — -Refriega en el pueblo de Cuarte. — Defensa de Valencia. — Proposición -de Moncey para que capitule la ciudad. — Hechos notables de algunos -españoles. — Retírase Moncey. — Inacción de Cervellón. — Conducta -laudable de Llamas. — Enfermedad de Murat. — Enfermedades en su -ejército. — Opinión de Larrey. — Savary sucede a Murat. — Singular -comisión de Savary. — Su conducta. — Envía a Vedel para reforzar a -Dupont. — Paso de Sierra Morena. — Refuerzos enviados a Moncey. — -Caulincourt. — Saquea a Cuenca. — Frère. — Segundo refuerzo llevado -a Dupont por el general Gobert. — Desatiéndese a Bessières. — Cuesta. -— Ejército de Galicia después de la muerte de Filangieri. — Batalla -de Rioseco 14 de julio. — Avanza Bessières a León: su correspondencia -con Blake. — Viaje de José a Madrid. — Retrato de José. — Su -proclamación. — Su reconocimiento. — Consejo de Castilla. — -Acontecimientos que precedieron a la batalla de Bailén. — Distribución -del ejército español de Andalucía. — Consejo celebrado para atacar -a los franceses. — Acción de Mengíbar. — Batalla de Bailén 19 de -julio. — Capitulación del ejército francés. — Rinden las armas los -franceses. — Reflexiones sobre la batalla. — Camina el ejército -rendido a la costa. — Desorden en Lebrija causado por la presencia de -los prisioneros. — En el Puerto de Santa María. — Correspondencia -entre Dupont y Morla. — Consternación del gobierno francés en Madrid. -— Retírase José. — Españoles que le siguen. — Destrozos causados en -la retirada._ - - - - - HISTORIA - DEL - LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN - de España. - - LIBRO CUARTO. - - -[Marginal: Junta de Madrid.] - -Antes de haber tomado la insurrección de España el alto vuelo que le -dieron en los últimos días de mayo las renuncias de Bayona, recordará -el lector como se habían derramado por las provincias emisarios -franceses y españoles que con seductoras ofertas trataron de alucinar -a los jefes que las gobernaban. La junta suprema de Madrid, principal -instigadora de semejantes misiones y providencias, viéndose así -comprometida siguió con esmerada porfía en su propósito, y al crujido -de la insurrección general, reiterando avisos, instrucciones y cartas -confidenciales, avivó su desacordado celo en favor de la usurpación -extraña, conservando la ciega y vana esperanza de sosegar por medios -tan frágiles el asombroso sacudimiento de una grande y pundonorosa -nación. - -[Marginal: Comisión que da al marqués de Lazán.] - -Sobresaltada en extremo con la conmoción de Zaragoza acudió con -presteza a su remedio. Punzábala este suceso no tanto por su -importancia, cuanto por el temor sin duda de que con él se trasluciesen -las órdenes que para resistir a los franceses le habían sido -comunicadas desde Bayona, y a cuyo cumplimiento había faltado. Presumía -que Palafox sabedor de ellas, y encargado de otras iguales o parecidas, -les daría entera publicidad, poniendo así de manifiesto la reprensible -omisión de la junta, a la que por tanto era urgente aplacar aquel -levantamiento. Como el caso requería pulso, se escogió al efecto al -marqués de Lazán, hermano mayor del nuevo capitán general de Aragón, -en cuya persona concurrían las convenientes calidades para no excitar -con su nombre recelos en el asustadizo pueblo, y poder influir con -éxito y desembarazadamente en el ánimo de aquel caudillo. Pero el de -Lazán, al llegar a Zaragoza, en vez de favorecer los intentos de los -que le enviaban, y persuadido también de cuán imposible era resistir al -entusiasmo de aquellos moradores, se unió a su hermano y en adelante -partió con él los trabajos y penalidades de la guerra. - -[Marginal: Su proclama de 4 de junio. (* Ap. n. 4-1.)] - -Arrugándose más y más el semblante del reino, y tocando a punto de -venir a las manos, en 4 de junio [*] circuló la junta de acuerdo con -Murat una proclama en la que se ostentaban las ventajas de que todos -se mantuviesen sosegados, y aguardasen a que _el héroe que admiraba -al mundo concluyera la grande obra en que estaba trabajando de la -regeneración política_. Tales expresiones alborotaban los ánimos lejos -de apaciguarlos, y por cierto rayaba en avilantez el que una autoridad -española osase ensalzar de aquel modo al causador de las recientes -escenas de Bayona, y además era, por decirlo así, un desenfreno del -amor propio imaginarse que con semejante lenguaje se pondría pronto -término a la insurrección. - -[Marginal: Su celo en favor de la diputación de Bayona.] - -Viendo cuán inútiles eran sus esfuerzos, y ansiosa de encontrar por -todas partes apoyo y disculpa a sus compromisos, trabajó con ahínco -la junta para que acudiesen a Bayona los individuos de la diputación -convocada a aquella ciudad. Crecían los obstáculos para la reunión con -los bullicios de las provincias, y con la repulsa que dieron algunos -de los nombrados. Indicamos ya como el bailío Don Antonio Valdés -[Marginal: Valdés.] había rehusado ir, prefiriendo con gran peligro de -su persona fugarse de Burgos donde residía a la mengua de autorizar con -su presencia los escándalos de Bayona. [Marginal: Marqués de Astorga.] -Excusose también el marqués de Astorga sin reparar en que siendo uno de -los primeros próceres del reino, la mano enemiga le perseguiría y le -privaría de sus vastos estados y riquezas. Pero quien aventajó a todos -en la resistencia fue el reverendo obispo de Orense [Marginal: Obispo -de Orense.] Don Pedro de Quevedo y Quintano. La contestación de este -prelado al llamamiento de Bayona, obra señalada de patriotismo, unió a -la solidez de las razones un atrevimiento hasta entonces desconocido -a Napoleón y sus secuaces. Al modo de los oradores más egregios de -la antigüedad, usó con arte de la poderosa arma de la ironía, sin -deslucirla con bajas e impropias expresiones. Desde Orense y en 29 de -mayo no levantada todavía Galicia, y sin noticia de la declaración -de otras provincias, dirigió su contestación al ministro de gracia y -justicia. Como en su contenido se sentaron las doctrinas más sanas y -los argumentos más convincentes en favor de los derechos de la nación -y de la dinastía reinante, recomendamos muy particularmente la lectura -de tan importante documento, que a la letra hemos insertado en el -apéndice.[*] [Marginal: (* Ap. n. 4-2.)] Difícilmente pudieran trazarse -con mayor vigor y maestría las verdades que en él se reproducen. Así -fue que aquella contestación penetró muy allá en todos los corazones, -causando impresión profundísima y duradera. Pero Murat y la junta -de Madrid no por eso cesaron en sus tentativas, y con fatal empeño -aceleraron la partida de las personas que de montón se nombraban para -llenar el hueco de las que esquivaban el ominoso viaje. - -[Marginal: Proclama de Bayona a los zaragozanos.] - -El 15 de junio debían abrirse las sesiones de aquella famosa reunión, -y todavía en los primeros días del propio mes no alcanzaban a 30 los -que allí asistían. Mientras que los demás llegaban, y para no darles -huelga, obligó Napoleón a los presentes a convidar a los zaragozanos -por medio de una proclama [*] [Marginal: (* Ap. n. 4-3.)] a la paz -y al sosiego. Queriendo agregar al escrito la persuasión verbal, -fueron comisionados [Marginal: Comisionados enviados a Zaragoza.] para -llevarle el príncipe de Castel-Franco, Don Ignacio Martínez de Villela -consejero de Castilla, y el alcalde de corte Don Luis Marcelino -Pereira. No les fue dable penetrar en Zaragoza, y menos el que se -atendiera a sus intempestivas amonestaciones. Tuviéronse por dichosos -de regresar a Bayona: merced a los franceses que los custodiaban, bajo -cuyo amparo pudieron volver atrás sin notable azar, aunque no sin -mengua y sobresalto. - -[Marginal: Avisos enviados por Napoleón a América.] - -Napoleón que miraba ya como suya la tierra peninsular, trató también -por entonces de alargar más allá de los mares su poderoso influjo, -expidiendo a América buques con cuyo arribo se previniesen los intentos -de los ingleses, y se preparasen los habitadores de aquellas vastas -y remotas regiones españolas a admitir sin desvío la dominación del -nuevo soberano, procedente de su estirpe. Hizo que a su bordo partiesen -proclamas y circulares autorizadas por Don Miguel de Azanza, quien -ya firmemente adicto a la parcialidad de Napoleón se figuraba que -el emperador de los franceses había de respetar la unión íntegra de -aquellos países con España, y no seguir el impulso y las variaciones de -su interés o su capricho. - -[Marginal: Napoleón renuncia la corona de España en José.] - -Luego que Fernando VII y su padre hubieron renunciado la corona, se -presumió que Napoleón cedería sus pretendidos derechos en alguna -persona de su familia. Fundábase sobre todo la conjetura en la -indicación que hizo Murat a la junta de Madrid y consejo real de que -pidiesen por rey a José. Ignorábase no obstante de oficio si tal era -su pensamiento, cuando en 25 de mayo dirigió Napoleón una proclama [*] -[Marginal: (* Ap. n. 4-4.)] a los españoles en la que aseguraba que «no -quería reinar sobre sus provincias, pero sí adquirir derechos eternos -al amor y al reconocimiento de su posteridad.» Apareció pues por este -documento de una manera auténtica que trataba de desprenderse del cetro -español, mas todavía guardó silencio acerca de la persona destinada -a empuñarle. Por fin el 6 de junio se pronunció claramente dando en -Bayona mismo un decreto del tenor siguiente:[*] [Marginal: (* Ap. n. -4-5.)] «Napoleón, por la gracia de Dios etc. A todos los que verán las -presentes salud. La junta de estado, el consejo de Castilla, la villa -de Madrid etc. etc. habiéndonos por sus exposiciones hecho entender -que el bien de la España exigía que se pusiese prontamente un término -al interregno, hemos resuelto proclamar, como nos proclamamos por las -presentes, rey de España y de las Indias a nuestro muy amado hermano -José Napoleón, actualmente rey de Nápoles y de Sicilia. - -»Garantimos al rey de las Españas la independencia e integridad de -sus estados, así los de Europa como los de África, Asia y América. Y -encargamos», etc. [Sigue la fórmula de estilo.] - -[Marginal: Llegada de José a Bayona.] - -Era este decreto el precursor anuncio de la llegada de José, quien el 7 -entró en Pau a las ocho de la mañana, y puesto en camino poco después -se encontró con Napoleón a seis leguas de Bayona, hasta donde había -salido a esperarle. Mostraba este tanta diligencia porque no habiendo -de antemano consultado con su hermano la mudanza resuelta, temió que -no aceptase el nuevo solio, y quiso remover prontamente cualquiera -obstáculo que le opusiese. En efecto José contento con su delicioso -reino de Nápoles no venía decidido a admitir el cambio que para otros -hubiera sido tan lisonjero. Y aquí tenemos una corona arrancada por -la violencia a Fernando VII, adquirida también mal de su grado por el -señalado para sucederle. - -Napoleón atento a evitar la negativa de su hermano le hizo subir en -su coche, y exponiéndole sus miras políticas en trasladarle al trono -español, trató con particularidad de inculcarle los intereses de -familia, y la conveniencia de que se conservase en ella la corona de -Francia, para cuyo propósito y el de prevenir la ambición de Murat -y de otros extraños, nada era más acertado, añadía, que el poner -como de atalaya a José en España, desde donde con mayor facilidad y -superiores medios se posesionaría del trono de Francia, en caso de que -vacase inesperadamente. Además le manifestó haber ya dispuesto del -reino de Nápoles para colocar en él a Luciano. Asegúrase que la última -indicación movió a José más que otra razón alguna por el tierno amor -que profesaba a aquel su hermano. Sea pues de esto lo que fuere, lo -cierto es que Napoleón había de tal modo preparado las cosas que sin -dar tiempo ni vagar fue José reconocido y acatado como rey de España. - -[Marginal: Recibimiento de José en Marracq.] - -Así sucedió que al llegar entre dos luces a Marracq recibió los -obsequios de tal de boca de la emperatriz, que con sus damas había -salido a recibirle al pie de la escalera. Ya le aguardaban dentro del -palacio los españoles congregados en Bayona, a quienes se les había -citado de antemano, teniendo Napoleón tanta priesa en el reconocimiento -del nuevo rey, que no permitió cubrir las mesas ni descanso alguno a su -hermano antes de desempeñar aquel cuidado, cuyo ceremonial se prolongó -hasta las diez de la noche. - -[Marginal: Diputaciones españolas.] - -Naturalmente debió durar más de lo necesario, habiendo ignorado los -españoles el motivo a que eran llamados. Advertidos después tuvieron -que concertarse apresuradamente allí mismo en uno de los salones, y -arreglar el modo de felicitar al soberano recién llegado. Para ello se -dividieron en cuatro diputaciones, a saber, la de los grandes, la del -consejo de Castilla, la de los consejos de la Inquisición, Indias y -hacienda reunidos los tres en una, y la del ejército. Pusieron todas -separadamente y por escrito una exposición gratulatoria, y antes de -que se leyesen a José con toda solemnidad, se presentaba cada una a -Napoleón para su aprobación previa: menguada censura, indigna de su -alta jerarquía. - -[Marginal: La de los grandes.] - -Era la diputación de los grandes la primera en orden, e iba a su cabeza -el duque del Infantado, quien había tenido el encargo de extender la -felicitación. Principiando por un cumplido vago, concluía esta con -decir «las leyes de España no nos permiten ofrecer otra cosa a V. -M. Esperamos que la nación se explique y nos autorice a dar mayor -ensanche a nuestros sentimientos.» Difícil sería expresar la irritación -que provocó en el altivo ánimo de Napoleón tan inesperada cortapisa. -Fuera de sí y abalanzándose al duque díjole, que «siendo caballero se -portase como tal, y que en vez de altercar acerca de los términos de -un juramento, el cual así que pudiera intentaba quebrantar, se pusiese -al frente de su partido en España, y lidiase franca y lealmente... -Pero le advertía que si faltaba al juramento que iba a prestar, quizá -estaría en el caso antes de ocho días de ser arcabuceado.» Tardíos eran -a la verdad los escrúpulos del duque, y o debía haberlos sepultado -en lo más íntimo del pecho, o sostenerlos con el brío digno de su -cuna, si arrastrado por el clamor de la conciencia quería acallarla -dándoles libre salida. Mas el del Infantado arredrose, y cedió a la -ira de Napoleón. Por eso hubo quien achacara a otro haberle apuntado -la cláusula, dejándole solo al duque la gloria de haberla escrito, sin -pensar en el aprieto en que iba a encontrarse. Corrigieron entonces los -grandes su primera exposición, reconocieron por rey a José e hizo la -lectura de ella, aunque no pertenecía a la clase, Don Miguel José de -Azanza. - -[Marginal: La del consejo de Castilla. (* Ap. n. 4-6.)] - -Los magistrados que llevaban la voz a nombre del consejo de Castilla, -si bien incensaron al nuevo rey diciéndole:[*] «V. M. es rama principal -de una familia destinada por el cielo para reinar», esquivaron también, -pero de un modo más encapotado que los grandes, el reconocimiento claro -y sencillo, limitándose por falta de autoridad, según expresaban, a -manifestar cuáles eran sus deseos: tan cuidadosos andaban siempre el -consejo y sus individuos de no comprometerse abiertamente en ningún -sentido. - -[Marginal: La de la Inquisición.] - -A todos los parabienes respondió José con afable cortesanía, mereciendo -particular mención el modo con que habló al inquisidor Don Raimundo -Ethenard y Salinas, a quien dijo «que la religión era la base de -la moral y de la prosperidad pública, y que aunque había países en -que se admitían muchos cultos, sin embargo debía considerarse a la -España como feliz porque no se honraba en ella sino el verdadero.» -Con un tan claro elogio de las ventajas de una religión exclusiva -los inquisidores, que fundadamente consideraban su tribunal como el -principal baluarte de la intolerancia, creyéronse asegurados. Ya antes -alimentaban la esperanza de mantenerse desde que Murat mismo había -correspondido a sus congratulaciones con halagüeñas y favorables -palabras. El no haberse abolido aquel terrible tribunal en la -constitución de Bayona, y el que uno de sus ministros en representación -suya la autorizase con su firma, acrecentó la confianza de los -interesados en conservarle, y puso espanto a los que a su nombre se -estremecían. Ahora que han transcurrido años, y que otros excesos han -casi borrado los de Napoleón, atribuirase a sueño de los partidarios -del santo oficio el haberse imaginado que aquel hubiera sostenido tan -odiosa institución. Mas si recordamos que en los primeros tiempos de -la irrupción francesa muchos emisarios de su gobierno encarecían la -utilidad de la Inquisición como instrumento político, y si también -atendemos al modo arbitrario y escudriñador con que en la ilustrada -Francia se disminuía y cercenaba la libertad de escribir y pensar, no -nos parecerá que fuesen tan desvariadas y fútiles las esperanzas de -los inquisidores. Quizá José y algunos españoles de su bando hubieran -querido la abolición inmediata, ¿pero qué podía él ni que valían ellos -contra la imperiosa voluntad de Napoleón? Que este acabase después -en diciembre de 1808 con la Inquisición, en nada destruye nuestros -recelos. Entonces restablecida, como a su tiempo veremos, por la junta -central con gran descrédito suyo, entendió el soberano francés ser -oportuno descuajar tan mala planta, procurando granjearse por aquel -medio y en contraposición de la autoridad nacional el aprecio de muchos -hombres de saber, atemorizados y desabridos con el renacimiento de tan -odioso tribunal. - -[Marginal: La del ejército.] - -En la contestación que dio José al duque del Parque, representante del -ejército, también notamos ciertas expresiones bastantemente singulares. -«Yo me honro, dijo, con el título de su primer soldado, y ora fuese -necesario como en tiempos antiguos combatir a los moros, ora sea -menester rechazar las injustas agresiones de los eternos enemigos del -continente, yo participaré de todos vuestros peligros.» Extraña mezcla -poner al par de los ingleses a los moros y sus guerras. Probablemente -fue adorno oratorio mal escogido: dado que no siendo creíble que por -aquellas palabras hubiera querido anunciar en nuestros días temores de -una irrupción agarena, era forzoso imaginarse que se encubría en su -sentido el ulterior proyecto de invadir la costa africana, y cierto -que si el primer pensamiento hubiera pasado de desvarío, hubiérase el -segundo reprendido de sobradamente anticipado cuando la nueva corona -apenas había tocado su cabeza. - -[Marginal: Otra proclama de los de Bayona.] - -Todavía era muy corto el número de diputados que concurrían en Bayona, -a la sazón que en 8 de junio [*] [Marginal: (* Ap. n. 4-7.)] dieron los -presentes otra proclama a todos los españoles con objeto de recomendar -a su afecto la nueva dinastía, y de reprimir la insurrección. José por -su parte aceptó en decreto del 10 [*] [Marginal: (* Ap. n. 4-8.)] la -cesión de la corona de España que en su persona había hecho su hermano, -confirmando a Murat en la lugartenencia del reino, cuyo puesto había -ejercido sucesivamente a nombre de Carlos IV y de Napoleón. Acompañaba -a este decreto [*] [Marginal: (* Ap. n. 4-9.)] otro en que mostraba -cuáles eran sus intenciones, y en el que ya llamaba suyos a los pueblos -de España. Estos documentos corrían con dificultad en las provincias; -pero si alguno de ellos se introducía, soplaba el fuego en vez de -apagarle. - -[Marginal: Previas disposiciones para abrir el congreso de Bayona.] - -Acercábase el día de abrirse el congreso de Bayona y a duras penas -crecía el número de individuos que debían componerle. Por fin fueron -llegando algunos de los que forzadamente obligaban a salir de Madrid, -o de los que cogían en los pueblos ocupados por las tropas francesas. -Pocos fueron los que de grado acudieron al llamamiento; y mal podía -ser de otra manera viendo los convocados que la insurrección prendía -por todas partes, y el gran compromiso a que se exponían. Antes de -dar principio a las sesiones, Napoleón entregó a Don Miguel José de -Azanza un proyecto de constitución. Extrema curiosidad se despertó -con deseo de averiguar quién fuese el autor. Ni entonces ni ahora ha -sido dable el descubrirle, bien que se advierta que una mano española -debió en gran parte coadyuvar al desempeño de aquel trabajo. Nosotros -no aventuraremos conjeturas más o menos fundadas. Pero sí se nos ha -aseverado de un modo indudable por persona bien enterada, que dicha -constitución o sus bases más esenciales fueron entregadas al emperador -francés en Berlín después de la batalla de Jena. Debió pues salir de -pluma que vislumbrase ya cuál suerte aguardaba a España con la incierta -política del príncipe de la Paz y la desmesurada ambición del gabinete -de Francia. Napoleón escogió a Don Miguel de Azanza, como en otro libro -indicamos, para presidir el congreso; y se nombraron por secretarios -a Don Mariano Luis de Urquijo, del consejo de estado, y a Don Antonio -Ranz Romanillos, del de hacienda. Encargó también que se eligiesen dos -comisiones a cuyo previo examen se confiase el preparar los asuntos -para los debates, y proponer las modificaciones que pareciere oportuno -adoptar en la nueva constitución. - -[Marginal: Ábrense sus sesiones.] - -Concluidas que fueron estas disposiciones preliminares, abrió sus -sesiones la junta de Bayona el 15 de junio, día de antemano señalado. -Pronunció Don Miguel de Azanza en calidad de presidente el discurso -de apertura. En él decía:[*] [Marginal: (* Ap. n. 4-10.)] «Gracias y -honor inmortal a este hombre extraordinario [Napoleón] que nos vuelve -una patria que habíamos perdido»... «Ha querido después que en el lugar -de su residencia y a su misma vista se reúnan los diputados de las -principales ciudades, y otras personas autorizadas de nuestro país, -para discurrir en común sobre los medios de reparar los males que hemos -sufrido, y sancionar la constitución que nuestro mismo regenerador se -ha tomado la pena de disponer para que sea la inalterable norma de -nuestro gobierno... De este modo podrán ser útiles nuestros trabajos, -y cumplirse los altos designios del héroe que nos ha convocado...» -Pesa que un hombre cuyo concepto de probidad se había hasta entonces -mantenido sin tacha, se abatiese a pronunciar expresiones adulatorias, -poco dignas de la boca de un ministro puro y honrado. Porque en efecto, -¿dónde estaban los diputados de las principales ciudades? y si la -patria estaba perdida ¿no había también _el hombre extraordinario_ -contribuido en gran manera a hundirla en el abismo? ¿En dónde y cómo -nos la había vuelto? Sin la constancia española, sin la pertinaz guerra -de seis años, hubiera sido tratada con el vilipendio que otros estados, -y partida después o desmembrada al antojo del extranjero. Suerte que -hubiera merecido, si en silencio hubiese dejado que tan indignamente se -la humillase y oprimiese. Pudiera Azanza haber cumplido con el encargo -de presidente, sin aparecer oficioso ni lisonjero. - -[Marginal: Sus discusiones.] - -Redujéronse a doce las sesiones de Bayona. En la misma del 15 se -procedió a la verificación de poderes, y se leyó el decreto de Napoleón -por el que cedía la corona de España a su hermano José; habiéndose -acordado en la del 17 pasar a cumplimentar al nuevo monarca. En nada -fueron notables los discursos que al caso se pronunciaron, sino en -haberse especificado en el contexto del de la junta «que habían hecho y -que harían [sus individuos] cuanto estuviese de su parte para atraer a -la tranquilidad y al orden las provincias que estaban agitadas.» Por el -mismo tenor y según costumbre fue la contestación de José, no echando -en olvido la repetida cantilena de que los ingleses eran los que -fomentaban la inquietud de los pueblos. - -Presentose el día 20 el proyecto de constitución y ordenó la junta -su impresión, habiéndose oído en los siguientes varios discursos -acerca de sus artículos. Se ventilaron también otros puntos, y en la -citada sesión del 20 se propuso para halagar al pueblo la supresión de -los cuatro maravedís en cuartillo de vino, y la de tres y un tercio -por ciento de los frutos que no diezmaban, cuyo acuerdo quedó en el -inmediato día aprobado por José. En la del 22 Don Ignacio de Tejada, -designado por Murat para representar el nuevo reino de Granada, sostuvo -en un vehemente discurso lo conveniente que sería afianzar la unión -con la metrópoli de las provincias americanas. Cuatro religiosos que -tenían voz como diputados de los regulares, pidieron en otra sesión que -no se suprimiesen del todo los conventos, y que solo se minorase el -número. ¡Ojalá se hubieran mostrado siempre tan sumisos y conformes! -Se atrevió a proponer la abolición del santo oficio Don Pablo Arribas, -sosteniéndole Don José Gómez Hermosilla, pero el inquisidor Ethenard -levantándose muy alborotado, se opuso e intentó probar lo útil del -establecimiento, considerado por el lado político. Apoyáronle con -fuerza los consejeros de Castilla, siendo natural se estrechasen para -defensa mutua dos cuerpos que en sus respectivas jurisdicciones tanto -daño habían acarreado a España. El duque del Infantado quería que no -se rebajase a menos de 80.000 ducados el máximo de los mayorazgos: -desechose la propuesta, no habiendo tampoco las dos anteriores tenido -resulta. Fue notable y digna de loa la que promovió Don Ignacio -Martínez de Villela, si no con mejor éxito, de que se comprendiese -en la ley fundamental un artículo para que ninguno pudiese ser -incomodado por sus opiniones políticas y religiosas. Admiraría que -aquel mismo magistrado años adelante se convirtiese en duro y constante -perseguidor si, por desgracia, no ofreciese la flaqueza humana, la -rencorosa envidia o la desapoderada ambición repetidos ejemplos de tan -lamentables mudanzas. Por tal término anduvieron las discusiones, hasta -que el 30 se concluyeron y cerraron las de la constitución; en cuyo -día se le añadió un último artículo declarando que después del año 20 -se presentarían de orden del rey las mejoras y modificaciones que la -experiencia hubiese enseñado ser necesarias y convenientes. - -[Marginal: Si se gozó de libertad.] - -En vista de la adición de este artículo y de las cortas discusiones -que hubo, han pretendido algunos y de aquellos que han tratado de -defenderse, que la junta había gozado de libertad. Concediendo que esto -fuese cierto, levantaríase contra los miembros un grave cargo por no -haber sostenido mejor los derechos de la nación, ya que hubiesen creído -inútil recordar los de Fernando y su familia. Parecería pues imposible, -a no leerlo en sus obras, que hombres graves hayan querido persuadir al -público que allí se procedió sin embarazo, discutiéndose las materias -con toda franqueza y al sabor y según el dictamen de los vocales. No -hay duda que sobre puntos accesorios fue lícito hablar, y aun indicar -leves modificaciones. Pero ¿que hubiera acontecido si alguno se -hubiese propasado, no a renovar la cuestión decidida ya de mudanza de -dinastía, sino a enmendar cualquiera artículo de los sustanciales de -la constitución? ¿Qué si hubiese reclamado la libertad de imprenta, -la publicidad de las sesiones, una manera en fin más acertada de -constituirse las cortes? O para siempre hubiera enmudecido el audaz -diputado de cuyos labios hubieran salido semejantes proposiciones, o -deprisa y estrepitosamente se hubiera disuelto el congreso de Bayona. -Así en el corto número de doce sesiones se cumplió con las formalidades -de estilo, se tocaron varias materias, y se discutió y aprobó a la -unanimidad una constitución de 146 artículos. ¿Mas a qué cansarse? Para -conceptuar de qué libertad gozaron los diputados, basta decir que fue -en Bayona, y a vista de Napoleón, donde celebraron sus sesiones. - -[Marginal: Juramento prestado a la constitución.] - -Al fin el 7 de julio reunido el congreso en el mismo sitio de los -anteriores días, que fue en el palacio llamado del obispado viejo, -juró José la observancia de la constitución en manos del arzobispo de -Burgos, y también la juraron, aceptaron y firmaron los diputados cuyo -número no pasó de noventa y uno, siendo de notar que apenas veinte -habían sido nombrados por las provincias. Los demás o eran de aquellos -que habían acompañado al rey Fernando, o individuos de diversas -corporaciones o clases residentes en Madrid y ciudades oprimidas por -los soldados franceses. Para que subiera la cuenta obligaron también a -españoles transeúntes casualmente en Bayona, a que pusiesen su firma -en la nueva constitución. Pero a pesar de tales esfuerzos nunca pudo -completarse el número de 150 que era el determinado en la convocatoria. - -[Marginal: Reflexiones sobre la constitución.] - -Ahora sería oportuno entrar en el examen de esta constitución, si por -lo menos hubiera gobernado de hecho la monarquía. Mas ilegítima en su -origen, y bastarda producción de tierra extraña nunca plantada en la -nuestra, no sería justo que nos detuviese largo tiempo, ni cortase el -hilo de nuestra narración. Sin embargo atendiendo al elogio que de -algunos ha merecido, séanos lícito poner aquí ciertas observaciones, -que si bien restrictas y generales, no por eso dejarán de dar una idea -de los defectos fundamentales que la oscurecían y anulaban. - -Desde luego nótase que falta en aquella constitución lo que forma -la base principal de los gobiernos representativos, a saber, la -publicidad. Por ella se ilustra y conoce la opinión, y la opinión es -la que dirige y guía a los que mandan en estados así constituidos. Dos -son los únicos y verdaderos medios de conseguir que la voz pública -suba con rapidez a los representantes de una gran nación, y que la de -estos descienda y cunda a todas las clases del pueblo. Son pues la -libertad de imprenta y la publicidad en las discusiones del cuerpo -o cuerpos que deliberan. Por la última, como decía el mismo Burke, -llega a noticia de los poderdantes el modo de pensar y obrar de sus -diputados, sirviendo también de escuela instructiva a la juventud: y -por la primera, esencialmente unida a la naturaleza de un estado libre, -conforme a la expresión del gran jurisconsulto Blackstone, se enteran -los que gobiernan de las variaciones de la opinión y de las medidas -que imperiosamente reclama, por cuya mutua y franca comunicación, -acumulándose cuantiosa copia de saber y datos, las resoluciones que -se toman en una nación de aquel modo regida no se apartan en lo -general de lo que ordena su interés bien entendido; desapareciendo en -cotejo de tamaño beneficio los cortos inconvenientes que en ciertos -y contados casos pudieran acompañar a la publicidad, y de que nunca -se ve del todo desembarazada la humana naturaleza. Pues aquellos dos -medios tan necesarios de estamparse en una constitución que se preciaba -de representativa, no se vislumbraban siquiera en la de Bayona. Al -contrario, por el artículo 80 se prevenía «que las sesiones de las -cortes no fuesen públicas.» Y en tanto grado se huía de conceder dicha -facultad, que en el 81 íbase hasta graduar de rebelión el publicar -impresas o por carteles las opiniones o votaciones. Quien con tanto -esmero había trabado la libertad de los diputados, no era de esperar -obrase más generosamente con la de la imprenta. Deferíase su goce a dos -años después que la constitución se hubiese planteado, no debiendo esta -tener su cumplido efecto antes de 1813. Pero aun entonces, además de -las limitaciones que hubieran entrado en la ley, parece ser que nunca -se hubieran comprendido en su contexto los papeles periódicos. Así se -infiere de lo prevenido en el artículo 45. Porque al paso que se crea -una junta de cinco senadores encargados de velar acerca de la libertad -de imprenta, se exceptúan determinadamente semejantes publicaciones, -las que sin duda reservaba el gobierno a su propio examen. Véase pues -cuán tardía y escatimada llegaría concesión de tal importancia. - -Tampoco se había compuesto ni deslindado atinadamente la potestad -legislativa. Al sonido de la voz senado cualquiera se figuraría haber -sido erigido aquel cuerpo con la mira de formar una segunda y separada -cámara que tomase parte en la discusión y aprobación de las leyes; -pero no era así. Ceñidas sus facultades en los tiempos tranquilos -a velar sobre la conservación de la libertad individual y de la de -imprenta, ensanchábanse en los borrascosos o cuando parecieren tales -a la potestad ejecutiva, a suspender la constitución y a adoptar las -medidas que exigiese la seguridad del estado. Un cuerpo autorizado con -facultad tan amplia y poderosa, debiera al menos haber ofrecido en su -independencia un equilibrio correspondiente y justo. Mas constando de -solos veinticuatro individuos nombrados por el rey y escogidos entre -empleados antiguos, antes era sostenimiento de la potestad ejecutiva -que valladar contra sus usurpaciones. - -Para evitar estas o resistirles gananciosamente no era más propicia -ni recomendable la manera como se habían constituido las cortes, las -cuales además de verse privadas de la publicidad, sólido cimiento de su -conservación, llevaban consigo la semilla de su propia desorganización -y ruina. Por de pronto el rey estaba obligado solamente a convocarlas -cada tres años, y como para todo este intermedio se votaban las -contribuciones, no era probable que se las hubiera congregado con más -frecuencia. El número de vocales se limitaba a 162 divididos en tres -estamentos, clero, nobleza y pueblo; componiéndose los dos primeros -de 50 individuos. Debían, reunidos en la misma sala, discutir las -materias y decidirlas a pluralidad de votos y no por separación de -clase. En cuya virtud sin resultar las ventajas de la cámara de lores -en Inglaterra, ni la del senado en los Estados Unidos, sirviendo de -contrapeso entre la potestad real o ejecutiva y la popular; aquí juntos -y amontonados todos los estamentos o brazos, hubieran presentado la -imagen del desorden y la confusión. Cuando el cuerpo que ha de formar -las leyes está dividido en dos cámaras, al choque funesto de las -clases que es temible exista estando reunidos los privilegiados y los -que no lo son, sucede cuando deliberan separadamente el saludable -contrapeso de las opiniones individuales, estableciéndose una mutua -correspondencia entre los vocales de ambas cámaras que no disienten -en el modo de pensar; sin atender a la clase a que pertenecen. Por lo -menos así nos lo muestra la experiencia, gran maestra en semejantes -materias. Cuanto más se reflexiona acerca del artificio de esta -constitución, mas se descubre que solo en el nombre quería darse a -España un gobierno monárquico representativo. - -Había empero artículos dignos de alabanza. Merécenla pues aquellos -en que se declaraba la supresión de privilegios onerosos, la -abolición del tormento, la publicidad en los procesos criminales y -el límite de 20.000 pesos fuertes de renta, señalado a la excesiva -acumulación de mayorazgos. Mas estas mejoras que ya desaparecían -junto a las imperfecciones sustanciales arriba indicadas, del todo -se deslustraban y ennegrecían con la monstruosidad [no puede dársele -otro nombre] de insertar en la ley fundamental del estado que habría -perpetuamente una alianza ofensiva y defensiva, tanto por tierra como -por mar entre España y Francia. Todo tratado o liga de suyo variable, -supone por lo menos el convenio recíproco de los dos o más gobiernos -que están interesados en su cumplimiento. Exigíase aún más en este -caso: ya que quisiera darse a la alianza la duración y firmeza de -una ley fundamental, menester era que la otra parte, la Francia, se -hubiese comprometido a lo mismo en las constituciones del imperio. -Podrá redargüirse que estaba sujeta esta determinación a un tratado -posterior y especial entre ambas naciones. Pero según el artículo 24 -de la constitución que era en donde se adoptaba el principio, debía el -tratado limitarse a especificar el contingente con que cada una había -de contribuir, y no de manera alguna a variar la base admitida de una -alianza perpetua ofensiva y defensiva. No es de este lugar examinar -la utilidad o perjuicio que se seguiría a España, país casi aislado, -de atarse con semejante vínculo y abrazar todas las desavenencias de -una nación como la Francia contigua a tantas otras y con intereses -tan complicados. Aquí solo consideramos la cuestión constitucional, -bajo cuyo respecto no pudo ser ni más fuera de sazón ni más extraña. -Al ver adoptado semejante artículo no podemos menos de asombrarnos -por segunda vez de que haya habido españoles de los firmantes, tan -olvidados de sí propios, que hayan asegurado en sus defensas haberse -gozado en Bayona de entera e ilimitada libertad. Porque si a sabiendas -y voluntariamente le admitieron y aprobaron ¿cómo pudieran disculparse -de haber encadenado la suerte de su patria a la de otra nación, sin que -esta se hubiera al propio tiempo comprometido a igual reciprocidad? Mas -afortunadamente y para honra del nombre español si hubo algunos que con -placer firmaron la constitución de Bayona, justo es decir que el mayor -número lo hicieron obligados de la penosa e involuntaria situación en -que los había colocado su aciaga estrella. - -[Marginal: Visita de la Junta de Bayona a Napoleón.] - -En el mismo día 7 de julio Don Miguel de Azanza propuso y se acordó -la acuñación de dos medallas que perpetuasen la memoria del juramento -a la constitución, trasladándose en seguida la junta en cuerpo al -palacio de Marracq a cumplimentar a Napoleón. Llevó la palabra el -presidente, y en silencio aguardaron todos con ansiosa curiosidad la -respuesta del soberano de Francia, rodeado de los diputados españoles. -Tres cuartos de hora duró el discurso del último, embarazoso en la -expresión e infecundo en sus conceptos. Levantando pues la cabeza y -echando una mirada esquiva y torva, la inclinaba después aquel príncipe -sobre el pecho, articulando de tiempo en tiempo palabras sueltas -o frases truncadas e interrumpidas, sin que centellease ninguno de -aquellos rasgos originales que a veces brillaban en sus conversaciones -o arengas. Parecía representar su voz el estado de su conciencia. -Impacientábanse todos, mas el disimulo reinaba por todas partes. Sus -cortesanos quedaron inmobles; y aturdidos los españoles, a cuyos ojos -achicose en gran manera el objeto que tan agigantado les había parecido -de lejos. Fatigado el concurso y quizá Napoleón mismo, despidió este -a los diputados que sobrecogidos y silenciosos se retiraron. Azaroso -andaba en todo lo de España. - -Aún duraban las discusiones de la constitución cuando llegó a Bayona -una carta escrita en Valençay en 22 de junio por la servidumbre de -Fernando y los infantes, en la que «juraban [*] [Marginal: Felicitación -de la servidumbre de Fernando. (* Ap. n. 4-11.)] obediencia a la nueva -constitución de su país y fidelidad al rey de España José I.» Según -Escóiquiz fue efecto de intimación del príncipe de Talleyrand hecha a -nombre de Napoleón, añadiendo que para evitar mayores males accedieron -encargándose él mismo de extender la carta en términos estudiados y -medidos. Si así hubiera pasado, merecían disculpa Escóiquiz y sus -compañeros; pero aconteció muy de otra manera. Y o aquel se imaginó que -nunca se trasluciría el contenido de su carta, o con los infortunios -se había enteramente desmemoriado. En ella se prestaba el juramento de -un modo claro no ambiguo; y lo que era peor se pedían nuevas gracias -expresadas en una nota adjunta, afirmándose también que _estaban -prontos a obedecer ciegamente su voluntad_ [la de José] _hasta en lo -más mínimo_. Véase pues lo que llamaba Escóiquiz juramento condicional -y aéreo, y carta escrita en términos medidos. - -Así mismo Fernando escribió con igual fecha [*] [Marginal: Felicitación -de Fernando mismo. (* Ap. n. 4-12.)] a Napoleón en nombre suyo y de -su hermano y tío, dándole el parabién de haber sido ya instalado en -el trono de España su hermano José; con una carta [leída en 30 de -junio ante los diputados de Bayona] inclusa para el último en que se -decía después de felicitarle «que se consideraba miembro de la augusta -familia de Napoleón, a causa de que había pedido al emperador una -sobrina para esposa, y esperaba conseguirla:» tan caída y por el suelo -andaba la corona de Carlos V y Felipe II. - -[Marginal: Ministerio nombrado por José.] - -En 4 de julio había José arreglado definitivamente su ministerio. -Tocó a Don Mariano Luis de Urquijo la secretaría de estado, a cuyo -puesto correspondía, según la constitución de Bayona, refrendar todos -los decretos. En el reinado de Carlos IV, todavía aquel muy joven, -había sido nombrado ministro interino de estado. Adornado de ciertas -calidades brillantes y exteriores, no se le reputaba por hombre de -saber profundo: tachábanle de presuntuoso. Quiso en su ministerio -enfrenar el tribunal de la Inquisición, y restablecer a los obispos -en sus primitivos derechos. Acarreole su intento la enemistad de -Roma y de una parte del clero español. Con esto y haber el príncipe -de la Paz recobrado su antigua e ilimitada privanza, fue desgraciado -Urquijo, encerrado en la ciudadela de Pamplona, y confinado después -a Bilbao su patria. No tuvo parte en los primeros desaciertos de -Madrid y Bayona, y solo acudió a esta ciudad en virtud de reiterado -llamamiento de Napoleón, quien le deslumbró prodigando lisonjas a su -amor propio. Encargose Don Pedro Cevallos del ministerio de negocios -extranjeros, con repugnancia y violencia según el propio se expresa, -con gusto y solicitud suya según otros. Don Sebastián de Piñuela y -Don Gonzalo Ofárril se mantuvieron en sus respectivos ministerios de -gracia y justicia y de guerra. Obtuvo el de Indias Don Miguel José -de Azanza, reservándose el de marina para Don José Mazarredo, quien -en dicho ramo gozaba de gran concepto, habiendo ilustrado su nombre -en varias campañas; pero que sin práctica en las materias de estado, -y preocupado y nimio en otras, abrazó sin discernimiento a manera de -frenesí el partido del rey intruso. Púsose la hacienda al cuidado del -conde de Cabarrús, francés de nación, mas por afición y enlaces de -corazón español. Decidido en Zaragoza a seguir la gloriosa causa de -aquellos moradores, fuese temor o enfado de algún peligro que había -corrido en Ágreda, mudó después de parecer y aceptó el ministerio que -José le confirió. «Hombre extraordinario [según le pinta su amigo -Jovellanos] en quien competían los talentos con los desvaríos y las -más nobles calidades con los más notables defectos.» No era fácil que -en un tiempo en que el nuevo rey ansiaba granjearse la estimación -pública, se hubiese olvidado en la repartición de empleos y gracias -del hombre insigne que acabamos de citar, [Marginal: Jovellanos.] de -Don Gaspar Melchor de Jovellanos. Libertado de su largo y penoso -encierro al advenimiento al trono de Fernando VII, habíase retirado -a Jadraque en casa de un amigo para recobrar su salud debilitada y -perdida con los malos tratamientos y duro padecer. Buscole en su rincón -Murat mandándole pasase a Madrid: excusose con el mal estado de su -cuerpo y de su espíritu. Acosáronle poco después los de Bayona; José de -oficio para que fuese a Asturias a reducir al sosiego a sus paisanos, -y confidencialmente Don Miguel de Azanza, anunciándole que se le -destinaba para el ministerio de lo interior. Disculpose con el primero -en términos parecidos a los que había usado con Murat, y al segundo le -manifestó «que estaba lejos de admitir ni el encargo, ni el ministerio, -y que le parecía vano el empeño de reducir con exhortaciones a un -pueblo tan numeroso y valiente, y tan resuelto a defender su libertad.» -Reiteráronse las instancias por medio de Ofárril, Mazarredo y Cabarrús. -Acometido tan obstinadamente de todos lados, expresó en una de sus -contestaciones «que cuando la causa de la patria fuese tan desesperada -como ellos se pensaban, sería siempre la causa del honor y la lealtad, -y la que a todo trance debía preciarse de seguir un buen español.» -Sordos a sus razones y a sus disculpas le nombraron ministro mal de su -grado, e insertaron en la Gaceta de Madrid su nombramiento: señalada -perfidia con que trataron de comprometerle. Por dicha salvole la honra -lo terso y limpio de su noble conducta, y sirvió de obstáculo a la -persecución, que su constante resistencia hubiera podido acarrearle, -la victoria de Bailén: con cierta prolijidad hemos referido este hecho -como ejemplo digno de ser transmitido a la posteridad. - -Formado que hubo su ministerio el rey intruso, se ocupó en proveer los -empleos de palacio en los grandes que estaban en Bayona; [*] [Marginal: -Empleos de palacio. (* Ap. n. 4-13.)] y cuya enumeración omitimos por -inútil y fastidiosa. El duque del Infantado fue nombrado coronel de -guardias españolas, y de valonas el príncipe de Castel-Franco. Mucho -desmereció el primero, viéndole la nación volver favorecido por la -estirpe que había despojado del trono al rey Fernando, y cuya pérdida -había en gran parte provenido de haber escuchado sus consejos. Pocos -fueron los franceses que acompañaron a José, y en eminente puesto -solamente colocó al general Saligny, duque de San Germán, escogido -para ser uno de los capitanes de guardias de Corps. Imitó en eso la -política de Luis XIV, quien según expresa el marqués de San Felipe -[*] [Marginal: (* Ap. n. 4-14.)] «mandó prudentísimamente que ningún -vasallo suyo entrase en España... Con lo que explicaba entregar -enteramente al rey [Felipe V] al dictamen de los españoles, y que ni -los celos de su favor, ni el mando turbase la pública quietud.» - -[Marginal: José entra en España el 9 de julio.] - -Al fin arreglado lo interior de palacio y el supremo gobierno, -determinó José de acuerdo con su hermano entrar en España el 9 de -julio, confiados ambos en que a favor de ciertas ventajas militares -alcanzadas por las armas francesas sería fácil llegar sin impedimento -a la capital del reino; por lo cual es ya ocasión de hablar de las -acciones de guerra, y reencuentros que hubo por aquel tiempo antes de -proceder más adelante. - -[Marginal: Primera expedición de los franceses contra Santander.] - -Santander, punto marítimo y cercano a las provincias aledañas de -Francia, fijó primero la atención de Napoleón. Por su orden se -encomendó al mariscal Bessières que destacase la suficiente fuerza -para ahogar aquella insurrección. Este en 2 de junio hizo partir de -Burgos al general Merle, poniendo bajo su mando seis batallones y 200 -caballos. Ya dijimos que al levantarse Santander se había colocado en -las principales gargantas de su cordillera la gente de nuevo alistada. -El 4 advertidos los jefes españoles de que los franceses avanzaban, -dispusieron replegarse a las posiciones más favorables, resueltos a -impedir el paso. Aguardaban ser acometidos en la mañana del 5; mas -aclarando el día y disipada la densa niebla que con frecuencia cubre -aquellas alturas, notaron con sorpresa que los franceses habían alzado -el campo y desaparecido. La bisoña tropa atribuyó la retirada a temores -del ejército enemigo, con lo que adquirió una desgraciada y ciega -confianza: muy otra era la causa. - -[Marginal: Expedición contra Valladolid.] - -Habíase insurreccionado Valladolid, cundía el fuego de un pueblo -en otro, y tocando casi a los mismos muros de Burgos, en donde el -mariscal Bessières tenía asentado su cuartel general, recelose este de -ver cortadas sus comunicaciones, si de pronto no acudía al remedio. -Consideraba mayor el peligro y más graves las conmociones cercanas -con un caudillo de nombre, como lo era Don Gregorio de la Cuesta. Y -en tal estado pareciole oportuno no alejar ni esparcir su fuerza, y -obrar solamente contra el enemigo más inmediato. Mandó por tanto a las -tropas enviadas antes camino de Santander que retrocediendo viniesen -al encuentro del general Lassalle, quien asistido de cuatro batallones -de infantería y 700 caballos se dirigía hacia Valladolid. Había el -último salido de Burgos el 5 de junio, y al anochecer del 6 llegó a -Torquemada, [Marginal: Quema de Torquemada] villa situada cerca del -Pisuerga, y que domina el campo de la margen opuesta. Muchos vecinos -abandonaron el pueblo, algunos se quedaron; y preparándose para la -defensa, atajaron con cadenas y carros el puente bastante largo por -donde se va a la villa. Ciento de los más animosos parapetados detrás -o subidos en la iglesia y casas inmediatas, dispararon contra los -franceses que se adelantaban. No arredrados estos con el incierto -y lejano fuego del paisanaje, aceleraron el paso y bien pronto -desembarazando el puente, penetraron por las calles y saquearon y -quemaron lastimosamente sus casas y edificios. Dispersos los defensores -fueron unos acuchillados por la caballería, otros atravesados por las -bayonetas de los infantes, y tratados los demás moradores con todo el -rigor de la guerra, sin que se perdonase a edad ni sexo. - -[Marginal: Entrada en Palencia.] - -En Palencia se habían también reunido los mozos con varios soldados -sueltos a las órdenes del anciano general Don Diego de Tordesillas. -Mas atemorizados con el incendio de Torquemada, se retiraron a tierra -de León, procurando el obispo aplacar la furia de los franceses con un -obsequioso recibimiento. Llegaron el 7, y a sus ruegos se contentaron -con desarmar a los habitantes, imponiéndoles además una contribución -bastante gravosa. - -[Marginal: Acción de Cabezón.] - -En Dueñas se engrosó la división de Lassalle con la de Merle de vuelta -de Reinosa, y allí acordaron el modo de atacar a Don Gregorio de la -Cuesta. Había el general español ocupado a Cabezón, distante dos leguas -de Valladolid. Contaba bajo su mando 5000 paisanos mal armados y sin -instrucción militar, 100 guardias de Corps de los que habían acompañado -a Bayona a la familia real, y 200 hombres del regimiento de caballería -de la reina. Reducíase su artillería a cuatro piezas que habían salvado -del colegio de Segovia sus oficiales y cadetes. Cabezón, situado a -la orilla izquierda del Pisuerga, contiguo al puente adonde viene a -parar la calzada de Burgos, y en paraje más elevado, ofrecía abrigo y -reparo a la gente allegadiza de Cuesta si hubiera sabido o querido este -aprovecharse de tamaña ventaja. Pero con asombro de todos, haciendo -pasar al otro lado del río lo grueso de sus tropas, colocó en una misma -línea la caballería y los paisanos, entre los que se distinguía por -su mejor arreo y disciplina el cuerpo de estudiantes. Situó cerca y -a la salida del puente dos cañones, y dejó los otros dos del lado de -Cabezón. Quedaron asimismo por esta parte algunas compañías de paisanos -de las parroquias de Valladolid cada una con su bandera para guardar -los vados del río: inexplicable arreglo y ordenación en un general -veterano. - -Temprano en la mañana del 12 empezó el ataque. El francés Lassalle -marchó por el camino real, cubriendo el movimiento de su izquierda con -el monasterio de bernardos de Palazuelo. El general Merle tiró por su -derecha hacia Cigales con intento de interceptar a Cuesta si quería -retirarse del lado de León, como se lo habían los enemigos pensado -al verle pasar el río, no pudiendo achacar a ignorancia semejante -determinación. La refriega no fue ni larga ni empeñada. A las primeras -descargas los caballos, que estaban avanzados y al descubierto en -campo raso, empezaron a inquietarse sin que fueran dueños los jinetes -de contenerlos. Perturbaron con su desasosiego a los infantes y -los desordenaron. Al punto diose la señal de retirada, agolpándose -al puente la caballería, precedida por los generales Cuesta y Don -Francisco Eguía, su mayor general. Los estudiantes se mantuvieron aún -firmes, pero no tardaron en ser arrollados. Unos huyendo hacia Cigales -fueron hechos prisioneros por los franceses, o acuchillados en un soto -a que se habían acogido. Otros procurando vadear el río o cruzarle a -nado, se ahogaron con la precipitación y angustia. No fueron tampoco -más afortunados los que se dirigieron al puente. Largo y angosto caían -sofocados con la muchedumbre que allí acudía o muertos por los fuegos -franceses, y el de un destacamento de españoles situado al pie de la -ermita de la Virgen del Manzano, cuyos soldados poco certeros más -bien ofendían a los suyos que a los contrarios. Grande fue la pérdida -de nuestra parte, cortísima la de los franceses. El general Cuesta -tranquilamente continuó su retirada, y sin detenerse se replegó -con la caballería a Rioseco pasando por Valladolid. No faltó quien -atribuyese su extraña conducta a traición o despique, por haberle -forzado a comprometerse en la insurrección. Otras batallas posteriores -en que exponiendo mucho su persona anduvo igualmente desacertado en -las disposiciones, probaron que no obraba de mala fe sino con poco -conocimiento de la estrategia. - -[Marginal: Entran los franceses en Valladolid.] - -Los enemigos temerosos de alguna emboscada cañonearon al principio a -Cabezón sin entrar en el pueblo. Con el ruido y las balas ahuyentaron -a los vecinos, y solo a mediodía penetraron en las casas, saqueándolas -y abrasando en las eras los efectos y ajuar que no pudieron llevar -consigo. Fue el botin abundante, porque como era domingo casi todos -los habitantes de Valladolid habían ido allí como a fiesta y romería, -imaginándose a fuer de inexpertos segura y fácil la victoria. El camino -de Cabezón estaba sembrado de despojos de innumerable gentío que -precipitadamente quería ponerse en salvo. Los franceses avanzaron con -lentitud, y no entraron en Valladolid hasta las cinco de la tarde. El -obispo y unos cuantos regidores y ministros de la chancillería salieron -a recibirlos para calmar su enojo. Respetaron la ciudad, quitaron las -armas a los vecinos, se llevaron algunos en rehenes y la gravaron con -una fuerte contribución. No se detuvieron sino hasta el 16 en cuyo día -abandonaron la ciudad, queriendo apagar la insurrección de Santander. - -[Marginal: Segunda expedición contra Santander.] - -El general Lassalle se apostó en Palencia para observar a Cuesta, y -apoyar la expedición que iba a la Montaña capitaneada por el general -Merle. Llegó este a Reinosa el 20 con fuerza considerable, y el 21 -marchó sobre Lantueno. Guardaba las entradas de aquel lado Don Juan -Manuel Velarde con 3000 hombres, los más paisanos, y dos piezas de -grueso calibre. Cuando la primera retirada del enemigo, los españoles -en vez de redoblar sus esfuerzos, descuidaron los preparativos de -defensa, y la gente como nueva e indisciplinada se desbandó en parte, -juzgando ya inútil su asistencia. Los franceses atacaron en dos -columnas: opúsoseles escasa resistencia, pues en breve cedieron a la -pericia de aquellos los nuevos reclutas, salvándose el mayor número -por las fraguras, y reparándose los menos de una segunda línea de -defensa, formada entre Las Fraguas y Somahoz. Estrechado allí el camino -de un lado por un despeñadero y del otro por la roca Tajada, ofreció -facilidad para que se le embarazase con ramas, peñascos y troncos, -colocando detrás algunos cañones. Mas los españoles desmayados con -el primer descalabro, y viendo que las tropas ligeras del enemigo -avanzaban por su derecha e izquierda y los flanqueaban a pesar de lo -escabroso del terreno, se retiraron apresuradamente, dejando libre el -paso al general Merle, quien se posesionó de Santander el 23. - -Por el Escudo las avanzadas de la división española que ocupaba aquel -punto a las órdenes de Don Emeterio Velarde, ya el 19 reconocieron al -enemigo que venía sobre ellos con 1200 infantes y 60 coraceros. Era su -general el de brigada Ducos, quien había partido de Miranda de Ebro, -empezando su movimiento a la misma sazón que Merle. La fuerza española -era aun más flaca por esta parte que por la de Reinosa, y solo tenía -un cañón servible. Rechazose sin embargo en un principio al enemigo. -Disponíanse de nuevo a resistirle, cuando informado Don Emeterio de la -rota experimentada por los de Lantueno, formó un consejo de guerra, -y en él se decidió separarse guarecidos de la densa niebla esparcida -por las montañas, y por cuya causa había cesado el fuego de una y otra -parte. El general Ducos avanzó entonces, y juntándose con Merle llegó -en su compañía a Santander. - -[Marginal: Obispo de Santander.] - -El obispo luego que supo que los franceses se aproximaban a la montaña, -arrebatado de entusiasmo montó en una mula, y pertrechado de todas -armas se encaminó adonde acampaba el ejército; pero encontrándole -a poco deshecho y disperso, decayó de ánimo, y huyó como los demás -refugiándose a Asturias, lo cual dio lugar a la voz de haber servido -dicho prelado de guía a las tropas en aquella sazón. - -[Marginal: Noble acción de su junta.] - -Pocos días después del levantamiento de Santander había entrado de -arribada en el puerto un buque francés, procedente de sus colonias y -ricamente cargado. La junta en medio de sus apuros tuvo la generosidad -de no aprovecharse del precioso socorro que el acaso le ofrecía, y -permitió al buque seguir su viaje a Francia, dando además libertad -y poniendo a su bordo al cónsul y a los otros franceses que en un -principio habían sido arrestados. Acción tan noble y rara no evitó a -Santander el ser molestado en lo sucesivo con derramas e imposiciones -extraordinarias. - -[Marginal: Expedición contra Zaragoza.] - -El vigilante cuidado de Napoleón no se adormeció del lado de Aragón, -disponiendo que el general de brigada Lefebvre-Desnouettes con 5000 -hombres de infantería y 800 caballos partiese el 7 de junio de -Pamplona. Llegó el 8 delante de Tudela. Los vecinos habían cortado el -puente del Ebro con intento de impedir el paso; pero los franceses -cruzando en barcas el río se apoderaron de la ciudad, a pesar de gente -y socorros que había enviado Zaragoza a las órdenes del marqués de -Lazán. Arcabucearon para escarmiento algunas personas, como si fuera -delito defender sus hogares contra el extranjero: repararon el puente, -y prosiguieron su marcha. El marqués de Lazán que con tropa colecticia -se había adelantado hasta Tudela, [Marginal: Acción de Mallén.] se -replegó y tomó posición el 12 junto a un olivar, apoyando su izquierda -en la villa de Mallén, y la derecha en el canal de Aragón. Resistieron -con valor sus soldados, mas atacando los enemigos vigorosamente -uno de los flancos, comenzaron los nuestros a ciar, y del todo se -desordenaron con una carga que les dieron los lanceros polacos. No por -eso se abatieron los aragoneses, y todavía el 13 pelearon en Gallur, -aunque también con desventaja. En la madrugada del 14 noticioso el -general Palafox de la rota de la gente de su hermano, salió en persona -de Zaragoza acompañado de 5000 paisanos mal armados, dos piezas de -artillería, 80 caballos del regimiento de dragones del rey, con -otros oficiales y soldados sueltos, y fue al encuentro del enemigo -dirigiéndose a la villa de Alagón, [Marginal: De Alagón.] cuatro -leguas distante de aquella capital. Pareció oportuno posesionarse de -aquel punto, cuya posición elevada entre los ríos Jalón y Ebro era -además favorecida por los olivares y tapias que estrechan el camino que -viene de Navarra. A las tres de la tarde colocó su gente el general -Palafox más allá de la villa, distribuyendo tiradores por delante de -sus flancos, y enfilando la entrada con los dos cañones que tenía. Los -mal disciplinados paisanos fueron fácilmente arrollados por las tropas -aguerridas del enemigo. En vano se trató de detenerlos. Sin embargo -con algunos de ellos más valerosos o serenos, con los pocos soldados -de línea que allí había y la artillería, defendiose por largo rato y -vivamente la entrada de la villa. Al fin resolvió Palafox retirarse con -250 hombres que le quedaban, y en cuyo número se contaban soldados del -primer batallón de voluntarios de Aragón y los del rey de caballería -con algunos tiradores diestros. De los paisanos siendo muchos del -partido de Alcañiz, se recogieron los más a sus casas, entrando por -la noche con Palafox en Zaragoza los que eran de allí naturales. Los -franceses entonces se aproximaron a aquella ciudad, en cuyas cercanías -los dejaremos para tomar después el hilo, y no interrumpirle en la -narración de su memorable sitio. - -[Marginal: Cataluña.] - -Debía dar la mano a las operaciones de Aragón el ejército francés de -Cataluña. Napoleón figurándose que dueño de Barcelona y Figueras lo -era de la provincia, no creyó arriesgado sacar parte de las fuerzas -que la ocupaban. Así ordenó que de aquel punto se enviasen socorros a -Aragón y Valencia. Conformándose el general Duhesme con lo que se le -mandaba, dispuso que 3800 hombres conducidos por el general Schwartz -se dirigiesen a Zaragoza, y que 4200 a las órdenes de Chabran se -apoderasen de Tarragona y Tortosa, continuando en seguida su marcha -a Valencia. Los primeros debían al paso castigar a Manresa por su -anterior levantamiento, quemar sus molinos de pólvora, e imponer al -vecindario 750.000 francos de contribución. Ambas expediciones salieron -de la capital el 4 de junio. La de Schwartz se detuvo en Martorell el -5 a causa de una abundante lluvia, con cuya feliz demora alcanzaron -a tiempo a Igualada y Manresa los avisos de sus confidentes. La -insurrección ya comenzada tomó incremento y extraordinario ensanche, -tocose a somatén, se despacharon expresos a todas partes, y resolvieron -aguardar al enemigo en la posición del Bruch y Casa-Masana. - -[Marginal: Somatenes.] - -Es el somatén en Cataluña «un género de socorro, como dice Zurita, -repentino y cierto que muchas veces ha sido de grande efecto.» Está -conocido de tiempo inmemorial, teniendo que acudir al repique de la -campana concejil todos los hombres aptos para las armas en las diversas -veguerías o partidos, según lo dispone el usaje de Barcelona. Fue en -este caso no menos provechoso que en otros antiguos y renombrados. -Había pocas armas y municiones tan escasas, que careciendo de balas -de fusil se cortaron las varillas de hierro de las cortinas para que -supliesen la falta. - -[Marginal: Acción del Bruch.] - -Los somatenes de Igualada y Manresa fueron los primeros que se -prepararon, y al hijo de un mercader llamado Francisco Riera teníasele -por principal caudillo. Apostáronse pues, y se escondieron entre -los matorrales y arboleda de las alturas del Bruch. Apenas había -pasado la columna francesa las casas que llevan el mismo nombre, y -tomado la revuelta que forma el camino real antes de emparejar con -el de Manresa, cuando fue detenida por el inesperado fuego de los -encubiertos somatenes. Schwartz, después de un rato de espera, embistió -a sus contrarios, replegáronse estos, y disputando el terreno a -palmos se dividieron, unos yendo la vuelta de Igualada y otros la de -Casa-Masana. Desalojados del último punto y teniéndose por perdidos, -apriesa se retiraban, y completa hubiera sido su derrota a no haber -afortunadamente Schwartz desistido de perseguirlos. Admirados los -manresanos de la suspensión del francés, cobraron aliento y engrosados -con el somatén de San Pedor, compuesto de buenos y esforzados -tiradores, volvieron de nuevo a la carga. Venía con los recién llegados -un tambor, quien como más experto hizo las veces de general en jefe. -Vivamente acometieron todos juntos a los franceses de Casa-Masana, -los que se recogieron al cuerpo de la columna que comía el rancho a -retaguardia. - -El número de somatenes crecía por momentos, sus ánimos se enardecían, -adquiriendo ventaja sobre los franceses descaecidos con la impensada -embestida. Schwartz al ver retirarse su vanguardia, y al ruido de la -caja del somatén de San Pedor, persuadiose que tropa de línea auxiliaba -al paisanaje. Formó entonces el cuadro para evitar ser envuelto, y -al cabo de cierto tiempo determinó retroceder a Barcelona. Aunque -molestados los enemigos por los somatenes en flanco y retaguardia -llegaron sin desorden hasta Esparraguera. - -[Marginal: Defensa de Esparraguera.] - -Los vecinos de esta villa puestos en acecho, y sabiendo que los -enemigos se retiraban, atajaron la calle larga y angosta que la -atraviesa con todo linaje de obstáculos, en especial con muebles -y utensilios de casa. Al anochecer se acercaron los franceses, y -penetrando en la calle con imprudencia la cabeza de la columna, -cayeron en la celada que les estaba armada. De todas partes empezaron -a ofenderlos a tejazos y pedradas con algunos escopetazos, y hasta -con calderadas de agua hirviendo. Schwartz suspendió el paso, y -dividiendo su gente en dos trozos la hizo caminar a derecha e izquierda -de la villa. Apretó después la marcha durante la noche hostigado -incesantemente por los somatenes, los que le cogieron un cañón en -la Riera de Cabrera, y le acosaron hasta Martorell. No imitaron sus -habitantes el ejemplo de los de Esparraguera, y así fueles permitido a -los franceses entrar en Barcelona el 8 de junio; pero tan destrozados y -abatidos que dieron claro indicio de la rota experimentada. Su pérdida -no dejó de ser considerable, mayormente si se atiende a que fueron -acometidos por gente allegadiza y con escasas y malas armas. De los -nuestros pocos perecieron, estando siempre amparados del terreno, y -protegidos en el alcance por toda la población. - -Toca a los catalanes la gloria de haber sido los primeros en España -que postraron con feliz éxito el orgullo de los invasores. Fue en -efecto la victoria del Bruch la que antes que ninguna otra mereció -ser calificada con tal nombre. Y semejante triunfo admirable en sus -circunstancias resonando por todo el principado, excitó noble emulación -en todos sus habitadores, declarándose a porfía los pueblos unos en pos -de otros y denodadamente. - -Con razón Duhesme se sobrecogió al saber el inesperado descalabro, más -que por su importancia por el aliento que infundía en los apellidados -insurgentes. Atento al corto número de tropas que mandaba, obró -cuerdamente en no aventurarse a nuevos riesgos y en reconcentrar -sus fuerzas. Conservar sus comunicaciones con Francia debió ser su -principal mira, y mal lo hubiera conseguido desparramando sus soldados -en diversas direcciones: así fue que llamó a Chabran a Barcelona. - -[Marginal: Chabran en Tarragona.] - -Con mayor felicidad que Schwartz había aquel dado principio a su -expedición de Valencia, penetrando sin tropiezo el 7 de junio en los -muros de Tarragona. Guarnecía la plaza el regimiento suizo de Wimpffen -al servicio de España, cuya oficialidad condújose con tal mesura que -no despertando los recelos del francés tuvo la dicha de mantener -intacto su cuerpo, después señalado apoyo de la buena causa. El -general Chabran en cumplimiento de las órdenes de su jefe evacuó el 9 -a Tarragona, mas a su vuelta encontró sublevado el país que poco antes -había pacíficamente atravesado. [Marginal: Reencuentro en Arbós.] En el -Vendrell y en Arbós opúsosele empeñada resistencia. Trescientos suizos -de Wimpffen que iban a incorporarse con los de Tarragona, ayudaron y -sostuvieron a los paisanos, y defendieron juntos con notable bizarría -la posición de Arbós, aunque no fuese el terreno favorable a soldados -bisoños. Después de repetidos ataques consiguieron los franceses -ahuyentar a los somatenes, y apoderarse de la artillería que consigo -tenían. Entraron en Arbós, y para vengarse del atrevido arrojo de sus -habitantes maltrataron y mataron a muchos de ellos. [Marginal: Saqueo -de Villafranca de Panadés.] Continuó Chabran a Villafranca de Panadés -y no cesó el estrago, saqueando allí y quemando casas y edificios en -desagravio, según decía, del asesinato del gobernador español Toda, de -que ya hablamos: singular equidad la de castigar una población entera -por las demasías de contados individuos. Duhesme salió en busca de la -tropa que volvía de Tarragona, habiendo sabido que en la ruta topaba -con resistencia, y reunidos unos y otros entraron en Barcelona el día -12. - -Aunque resueltos a no intentar de nuevo expediciones lejanas ni otras -importantes operaciones que las que exigiese la libre comunicación con -Francia, quisieron sin embargo viéndose todos juntos probar fortuna con -deseo de castigar al paisanaje de Manresa y su comarca. Para lo cual -reunidas las columnas de Schwartz y Chabran salieron el 13 al mando -del último, tomando el mismo camino que la vez primera. En el tránsito -saquearon y quemaron muchas casas de Martorell y Esparraguera ahora -desapercibida, y cometieron todo linaje de desórdenes y excesos, con -cuyo desmandado porte provocábase la ira del tenaz catalán; no se le -arredraba. - -[Marginal: Segunda acción del Bruch.] - -Interesada la gloria de los manresanos en sostener el sitio del Bruch, -testigo de sus primeros laureles, habían atendido a fortificarle y -guarnecerle debidamente en unión con la junta de Lérida y pueblos del -contorno. Apellidaron allí sus somatenes y les agregaron los soldados -escapados de Barcelona, y cuatro compañías de voluntarios leridanos -al mando de Don Juan Baguet, con algunas piezas de artillería traídas -de las fortalezas del principado. El 14 trató Chabran de forzar la -posición, mas a pesar de venir los franceses con dobles fuerzas y de -caminar advertidos fue vana su empresa. Estrellose su desapoderado -orgullo contra las flacas armas del somatén catalán, y de pocos y mal -regidos soldados. En reiterados ataques quisieron enseñorearse de la -posición: rechazados en todos volvieron atrás sus pasos, y con pérdida -de 500 hombres y alguna artillería, perseguidos y hostigados por los -paisanos se metieron vergonzosamente en Barcelona. - -[Marginal: Expedición de Duhesme contra Gerona.] - -Frustradas las primeras tentativas, y no habiendo podido ser -ejecutadas las órdenes de Napoleón, suspendió Duhesme darles el debido -cumplimiento, y volvió exclusivamente la atención a asegurar y poner -libres las comunicaciones con Francia. Para ello salió de Barcelona -el 17 de junio con siete batallones, cinco escuadrones y ocho piezas -de artillería, prefiriendo al camino que va por Hostalrich el de -la marina. Habíanse armado los paisanos del Vallés, y en número de -9000 aguardaban a los franceses en la cresta de Mongat. [Marginal: -Resistencia de Mongat.] Los inexpertos somatenes se imaginaron que -solo por el frente habían de ser acometidos; pero el general francés -disfrazando con varios ataques falsos el verdadero, los envolvió por su -derecha, y en breve los deshizo y dispersó. Dueño el enemigo de Mongat, -batería de la costa, cometió con los paisanos inauditas crueldades. -Mataró que había pensado en defenderse, no cejó en su propósito con la -desgracia acaecida. Colocando artillería en las avenidas del camino de -Barcelona, hicieron los vecinos fuego contra las columnas francesas -que se acercaban. No tardaron en ser desbaratados, [Marginal: Saqueo -de Mataró.] y el mismo día 17 entraron los enemigos en Mataró y la -saquearon. Ciudad de 20.000 habitantes, y rica por sus fábricas de -algodón, vidrio y encajes, ofreció al vencedor copioso botin, no -perdonando su codicia ni los vestidos de las mujeres, ni otros objetos -de poco valor y uso común. El asesinato, la violencia hasta de las -vírgenes más tiernas acompañaron al pillaje, confundiéndose a veces -cebados en los mismos excesos el general con el soldado: largos días -llorará Mataró aquel tan aciago y cruel. - -En la mañana siguiente continuaron los franceses la marcha sobre -Gerona. En su tránsito dejaron sangriento rastro por las muertes, -robos y destrozos con que afligieron a todos los pueblos. En tanto -grado convierte la guerra en hombres inhumanos a los soldados de una -nación culta. [Marginal: Ataque de los franceses contra Gerona.] -Había solamente de guarnición en Gerona 300 hombres del regimiento de -Ultonia y algunos artilleros, los que con gente de mar de la vecina -costa dirigieron los fuegos de aquella arma. Limitadísimo número si -los nobles, el clero y todos los vecinos sin excepción, inflamados de -ardor patrio no hubiesen sostenido con el mayor brío los puntos que se -confiaron a su cuidado. Era gobernador interino Don Julián de Bolívar. - -A las nueve de la mañana del propio día 20 se presentó el enemigo en -las alturas de la aldea de Palausacosta, mas incomodado con algunos -cañonazos del baluarte de la Merced y fuerte de Capuchinos se replegó -a Salt y Santa Eugenia, cuyas aldeas saqueó a sangre y fuego. Por la -tarde después de varios reconocimientos atacó formalmente, dirigiendo -su izquierda por los lugares que acabamos de mencionar, al paso que su -derecha cruzando el Oña acometió con ímpetu e intentó forzar la puerta -del Carmen. Los sitiados le repelieron con valor y serenidad. Señalose -Ultonia, cuyo teniente coronel Don Pedro O’Daly quedó herido. Atacó -en seguida el fuerte de Capuchinos en donde fue igualmente repelido, -habiendo experimentado considerable pérdida. Burladas sus esperanzas -colocó una batería cerca de la cruz de Santa Eugenia, no lejos de la -plaza: causó algún daño en el colegio tridentino y otros edificios, -y respondiendo con acierto a sus fuegos las baterías de la plaza, la -noche puso término al combate. - -Fue aquella sumamente lóbrega, y confiados los franceses en la -oscuridad se acercaron calladamente al muro, y de tal manera y con -tanto arrojo que hasta hallarse muy cerca no fueron sentidos. Peleose -entonces por ambos lados con braveza, alumbrados solamente por los -fogonazos del cañón, y no interrumpido el silencio sino por su -estruendo y los ayes de los heridos y moribundos. ¡Espantosa noche! El -enemigo osó arrimar escalas al baluarte de Santa Clara. Algunos de sus -soldados pusiéronse encima de la misma muralla, y apresuradamente les -seguían sus compañeros, cuando una partida del regimiento de Ultonia -matando a los ya encaramados, precipitó a los otros y estorbó a todos -continuar en aquel intento. El fuego sin embargo no cesó hasta que el -baluarte de San Narciso tirando a metralla destrozó a los acometedores -y los dispersó, dejando el campo como después se vio sembrado de -cadáveres y heridos. No cansados todavía los franceses renovaron el -ataque a las doce de la noche, queriendo asaltar el baluarte de San -Pedro, pero fueron rechazados de modo que desistieron de proseguir -en su empresa, retirándose temprano por el camino de Barcelona en la -mañana del 21. Aunque corta fue notable esta primer defensa de Gerona, -cuya plaza tanto lustre adquirió después en otra inmediata acometida, -y sobre todo en el célebre sitio del siguiente año. Los somatenes -molestaron por todas partes al enemigo, habiendo impedido con su ayuda -que pasase al otro lado del Ter. No fue menos que de 700 hombres la -pérdida de los franceses, la de los españoles mucho más reducida. - -[Marginal: Vuelve Duhesme a Barcelona.] - -Duhesme volvió a Barcelona dejando en Mataró parte de su ejército que -puso al cuidado de Chabran, y cuyo trozo compuesto de 3500 hombres -fue al Vallés a buscar vituallas. Rodeados siempre los franceses por -el paisanaje tuvieron en Moncada que romper a viva fuerza un cordón -de somatenes, [Marginal: Reencuentro de Granollers.] siendo al cabo -detenidos cerca de Granollers por el teniente coronel Don Francisco -Miláns, quien los ahuyentó haciéndoles perder la artillería. A la -retirada como de costumbre talaron y destruyeron el país por donde -pasaron. - -[Marginal: Somatenes del Llobregat.] - -Al propio tiempo que tan mal parados andaban los invasores en aquella -parte de Cataluña, tampoco se descuidaron sus naturales en el mediodía, -formando a la margen derecha del Llobregat una línea de hombres -belicosos que defendía los caminos de Garraf, Ordal y Esparraguera. -Los capitaneaba Don Juan Baguet, que con los voluntarios de Lérida -había la segunda vez contribuido a repeler en el Bruch a los franceses. -Desde allí enviaban partidas sueltas que recorrían la tierra en todas -direcciones. Incomodado Duhesme de verse así estrechado, envió contra -ellos al general Lecchi, quien el 30 de junio obligó a los somatenes -a abandonar su posición cogiéndoles algunos cañones y aventajándose -a todos los suyos en cometer demasías. No por eso desmayaron los -vencidos, apareciéndose en breve hasta en las cercanías de la misma -Barcelona. - -[Marginal: Murat.] - -Por este término y con éxito vario se ejecutaron las órdenes de -Napoleón en Cataluña, Aragón y Castilla. Fueron parecidas las que -significó para las otras provincias al gran Duque de Berg, cuya -solícita diligencia procuró aniquilar en derredor suyo la semilla -insurreccional que brotaba con lozanía. Insinuamos antes varias de -sus providencias, y las que de consuno con la junta de Madrid se -habían tomado para cortar las conmociones sin tener que venir a las -manos. Inútiles fueron sus esfuerzos, como lo serán siempre todos los -que se dirijan a contener por la persuasión el levantamiento de una -nación entera. No le pesó quizá a Murat, a cuyo gusto y anterior vida -se acomodaban más las armas que los discursos. Así fue que a veces a -un tiempo y otras muy de cerca, mandó que sus tropas acompañasen o -siguiesen a las proclamas y exhortaciones de la junta. Consideró como -de mayor importancia las Andalucías y Valencia, y de consiguiente trató -ante todo de asegurarse de aquellas provincias, mayormente habiendo -dado Sevilla ya en primeros de mayo muestras de desasosiego y grave -alteración. - -[Marginal: Envía a Dupont a Andalucía.] - -Dupont acantonado en Toledo recibió la orden de dirigirse a Cádiz, -y el 24 del mismo mayo se puso en marcha. Llevaba consigo los dos -regimientos suizos de Reding y Preux al servicio de España, la división -de infantería del general Barbou compuesta de 6000 hombres y además -500 marinos de la guardia imperial, con 3000 caballos mandados por -el general Fresia. Iban todos tan confiados en el buen éxito de su -empresa, que Dupont señalaba de antemano al ministro de guerra de -Francia el día que había de entrar en Cádiz. Atravesaron la Mancha -tranquilamente, y en tal abundancia hallaban los mantenimientos que -dejaron almacenados en el pósito de Santa Cruz de Mudela la galleta y -víveres que a prevención traían, y de los que pocos días después se -apoderaron aquellos vecinos, cogiendo también parte de los soldados que -los custodiaban y matando otros. El 2 de junio penetraron los franceses -por las estrechuras de Sierra Morena. Hasta allí si bien habían notado -inquietud y desvío en los habitantes, ningún síntoma grave se había -manifestado. En la Carolina se despertó su recelo viéndola sola y -desierta; y al entrar en Andújar supieron el levantamiento general de -Sevilla y la formación de una junta suprema. No por eso suspendieron -su marcha, llegando al amanecer del 7 delante del puente de Alcolea. -Don Pedro Agustín de Echevarri, oficial de cierto arrojo pero ignorante -en el arte de la guerra, y a quien vimos al frente de la insurrección -cordobesa, se había situado en aquel paraje. Tenía a sus órdenes 3000 -hombres de línea, compuestos de parte de un batallón de Campo-Mayor, -de soldados de varios regimientos provinciales con granaderos de los -mismos, a los que se agregaba alguna caballería y un destacamento de -suizos. No había entre ellos cuerpo completo que estuviese presente. -El número de paisanos era más considerable, y habíase de Sevilla -recibido bastante artillería. [Marginal: Acción de Alcolea.] Los -españoles levantando una cabeza de puente, habían colocado en ella doce -cañones para impedir el paso del Guadalquivir y cubrir así la ciudad -de Córdoba, puesta a su margen derecha y distante unas tres leguas -de las ventas de Alcolea. El puente es largo y torcido, formando un -ángulo o recodo que estorba el que por él se enfilen los fuegos de -cañón. A la izquierda del río se había quedado la caballería española -con intento de acometer a los enemigos por el flanco y espalda al -tiempo que estos comenzasen el ataque de frente. Los franceses para -desembarazarse trataron de dar a aquella una vigorosa carga, la cual -repetida contuvo a los jinetes españoles sin lograr desbaratarlos. -A poco la infantería francesa avanzó al puente. Los fuegos bien -dirigidos de la obra de campaña recién construida, y sostenida también -valerosamente por el oficial Lasala que mandaba a los de Campo-Mayor y -granaderos provinciales, mantuvieron por algún tiempo con firmeza la -posición atacada. Pero el paisanaje todavía no fogueado, desamparando a -la tropa, facilitó a los franceses escalar la posición, que levantada -deprisa ni era perfecta ni estaba del todo concluida. Sin embargo la -caballería española no habiendo caído en desmayo, trató de favorecer -a los suyos y de nuevo y con ventaja acometió a la francesa. Dupont -teniendo que enviar una brigada al socorro de su gente, no prosiguió -el alcance contra los infantes españoles, los que retirándose con -orden solo perdieron un cañón, cuya cureña se había descompuesto. El -reencuentro duró dos horas. Costó a los franceses 200 hombres, no más a -los españoles por haberse retirado tranquilamente. Echevarri juzgando -que no era posible defender a Córdoba, abandonó la ciudad sin detenerse -en sus muros. - -[Marginal: Saco de Córdoba.] - -Llegaron a su vista los franceses a las tres de la tarde del mismo -día 7 de junio. Habían los vecinos cerrado las puertas más bien para -capitular que para defenderse. Entabláronse sobre ello pláticas, -cuando con pretexto de unos tiros disparados de las torres del muro -y de una casa inmediata, apuntaron los enemigos sus cañones contra -la Puerta Nueva, hundiéndola a poco rato y sin grande esfuerzo. -Metiéronse pues dentro hiriendo, matando y persiguiendo a cuantos -encontraban: saquearon las casas y los templos y hasta el humilde asilo -del pobre y desvalido habitante. La célebre catedral, la antigua -mezquita de los árabes, rival en su tiempo en santidad de Medina y -la Meca, y tan superior en magnificencia, esplendidez y riqueza, -fue presa de la insaciable y destructora rapacidad del extranjero. -Destruidos quedaron entonces los conventos del Carmen, San Juan -de Dios y Terceros, sirviéndoles de infame lupanar la iglesia de -Fuensanta y otros sitios no menos reverenciados de los naturales. -Grande fue el destrozo de Córdoba, muchas las preciosidades robadas -en su recinto. Ciudad de 40.000 almas, opulenta de suyo y con templos -en que había acumulado mucha plata y joyas la devoción de los fieles, -fue gran cebo a la codicia de los invasores. De los solos depósitos -de tesorería y consolidación sacó el general Dupont más de 10.000.000 -de reales, sin contar con otros muchos de arcas públicas y robos -hechos a particulares. Así se entregó al pillaje una población que -no había ofrecido ni intentado resistencia. Bajo fingidos motivos a -fuego y sangre penetraron los franceses por sus calles, a la misma -sazón que se conferenciaba. Y no satisfechos con la ruina y desolación -causada, acabaron de oprimir a los desdichados moradores gravándolos -con imposiciones muy pesadas. Mas tan injusto y atroz trato alcanzó -en breve el merecido galardón, siendo quizá la principal causa de -la pérdida posterior del ejército de Dupont el codicioso anhelo de -conservar los bienes mal adquiridos en el saco de aquella ciudad. - -[Marginal: Situación angustiada de los franceses. Excesos de los -paisanos españoles.] - -A pesar del triunfo conseguido el general francés andaba inquieto. -Sus fuerzas no eran numerosas. La insurrección de todas partes le -cercaba: con instancia pedía auxilios a Madrid cuyas comunicaciones, -ya antes interrumpidas, fueron al último del todo cortadas. A su -propia retaguardia el 9 de junio partidas de paisanos entraron en -Andújar, y alborotada por la noche la ciudad, hicieron prisionero el -destacamento francés allí apostado, y mataron al comandante con otros -tres de su guardia que quisieron resistirse en casa de Don Juan de -Salazar. Molestó sobre todo al enemigo Don Juan de la Torre, alcalde -de Montoro, que a sus expensas había levantado un cuerpo considerable; -mas cogido por sorpresa debió la vida a la generosa intercesión del -general Fresia, a quien había antes hospedado y obsequiado en su casa. -En el Puerto del Rey apresaron los naturales al abrigo de aquellas -fraguras varios convoyes: y como en la comarca se había esparcido -la voz de lo acaecido en Córdoba, hubo ocasión en que so color de -desquite se ensañó el paisanaje contra los prisioneros con exquisita -crueldad. Fue una de sus víctimas el general René a quien cogieron y -mataron estando antes herido: lamentable suceso, pero desgraciadamente -inevitable consecuencia de los desmanes cometidos en Córdoba y otros -parajes por el extranjero. Pues que, si en efecto era difícil contener -en una guerra de aquella clase al soldado de una nación culta como la -Francia y sometido a la dura disciplina militar, cuánto no debía serlo -reprimir los excesos del cultivador español, que ciego en su venganza -y sin freno que le contuviese, veía talados sus campos y quemados los -pacíficos hogares de sus antepasados por los mismos que poco antes -preciábanse de ser amigos. Había corrido el alboroto de la Sierra -hasta la Mancha, y el 5 de junio los vecinos de Santa Cruz de Mudela -arremetiendo a unos 400 franceses que había en el pueblo y matando a -muchos, obligaron a los demás a fugarse camino de Valdepeñas. En esta -villa opusiéronse los naturales al paso de los enemigos, y estos para -esquivar un duro choque, echando por fuera de la población tomaron -después el camino real, aguardando a un cuarto de legua en el sitio -apellidado de la Aguzadera a ser reforzados. No tardó en efecto en -llegar en el mismo día, que era el 6 de junio, el general Liger-Belair -procedente de Manzanares con 600 caballos, e incorporados todos -revolvieron sobre Valdepeñas. - -[Marginal: Resistencia de Valdepeñas.] - -Los moradores de esta villa alentados con la anterior retirada de los -franceses, y temiendo también que quisiesen vengar aquella ofensa, -resolvieron impedir la entrada. Es Valdepeñas población rica de 3000 -vecinos, asentada en los llanos de la Mancha, y a la que dan celebridad -sus afamados vinos. Atraviésala por medio la calle llamada Real, -tránsito de los que viajan de Castilla a Andalucía, y la cual tiene -de largo cerca de un cuarto de legua. Aprovechándose de su extensión, -dispusiéronla los habitantes de modo que en ella se entorpeciese la -marcha de los franceses. La cubrieron con arena, esparciendo debajo -clavos y agudos hierros; de trecho en trecho y disimuladamente ataron -maromas a las rejas, cerraron y atrancaron las puertas de las casas, -y embarazaron las callejuelas que salían a la principal avenida. No -contentos con resistir detrás de las paredes, osaron en número de más -de 1000 ponerse en fila a la orilla del pueblo. Pero viendo lo numeroso -de la caballería enemiga, después de algún tiroteo se agacharon en lo -interior, pertrechados de armas y medios ofensivos. - -Los franceses al aproximarse enviaron por delante una descubierta, -la cual según su costumbre con paso acelerado se adelantó al pueblo. -Penetró, y muy luego los caballos tropezando y cayendo unos sobre -otros miserablemente arrojaron a los jinetes. Entonces de todas -partes llovieron sobre los derribados tiros, pedradas, ladrillazos, -atormentando también sus carnes con agua y aceite hirviendo. Quisieron -otros proteger a los primeros y cúpoles igual y malhadado fin. Irritado -Liger-Belair con aquel contratiempo, entró la villa por los costados -incendiando las casas y destrozándolas. Pasaron de 80 las que se -quemaron, y muchas personas fueron degolladas hasta en los campos y las -cuevas. Habían los enemigos perdido ya más de 100 hombres, al paso que -la villa se arruinaba y se hundía. Conmovidos de ello y recelosos de su -propia suerte, varios vecinos principales resolvieron yendo a su cabeza -el alcalde mayor Don Francisco María Osorio, avistarse con el general -Liger-Belair, quien temeroso también de la ruina de los suyos, escuchó -las proposiciones, convino en ellas, y saliendo todos juntos con una -divisa blanca, pusieron de consuno término a la matanza. Mas la -contienda había sido tan reñida, que los franceses escarmentados no se -atrevieron a ir adelante, y juzgaron prudente retroceder a Madridejos. - -[Marginal: Retírase Dupont a Andújar.] - -Dupont aislado, sin noticia de lo que a la otra parte de los montes -pasaba, aturdido con lo que de cerca veía, pensó en retirarse; y el 16 -de junio saliendo por la tarde de Córdoba se encaminó a Andújar, en -donde tomó posición el 19. Desde aquel punto con objeto de abastecer -a su gente, y deseoso de no abandonar el terreno sin castigar a Jaén, -a la cual se achacaba haber participado del alboroto y muerte del -comandante francés de Andújar, envió allí el 20 al oficial Baste con la -suficiente fuerza. [Marginal: Saqueo de Jaén.] Entraron los enemigos en -la ciudad sin hallar oposición, y con todo la pillaron y maltrataron -horrorosamente. Degollaron hasta niños y viejos, ejerciendo acerbas -crueldades contra religiosos enfermos de los conventos de Santo Domingo -y de San Agustín: tal fue el último, notable y fiero hecho cometido por -los franceses en Andalucía antes de rendirse a las huestes españolas. - -[Marginal: Expedición de Moncey contra Valencia.] - -Casi al propio tiempo determinó Murat enviar también una expedición -contra Valencia. Mandábala el mariscal Moncey y se componía de -8000 hombres de tropa francesa, a los que debían reunirse guardias -españolas, valonas y de Corps. Mas todos estos en su mayor parte se -desbandaron pasando por atajos y trochas del lado de sus compatriotas. -Moncey salió de Madrid el 4 de junio y llegó a Cuenca el 11. -Deteniéndose algunos días disgustose Murat, y despachó para aguijarle -al general de caballería Exelmans con otros muchos oficiales, quienes -arrestados en Saelices y conducidos prisioneros a Valencia, terminaron -su comisión de un modo muy diverso del que esperaban. En Cuenca fueron -recibidos los franceses con tibieza mas no hostilmente. Prosiguiendo su -marcha hallaron por lo general los pueblos desamparados, pronóstico que -vaticinaba la resistencia con que iban a tropezar. - -La junta de Valencia había en tanto adoptado las medidas vigorosas de -defensa que la premura del tiempo le permitía. Recreciéronse al oír que -Moncey se aproximaba del lado de Cuenca, y se dieron nuevas órdenes e -instrucciones al mariscal de campo Don Pedro Adorno, a cuyo mando, como -ya dijimos, se habían confiado las tropas apostadas en los desfiladeros -de las Cabrillas, a donde el enemigo se dirigía. Lo más de la gente era -nueva e indisciplinada y por eso convenía aprovecharse de las ventajas -que ofreciese el terreno. [Marginal: Reencuentro del puente Pajazo.] -Tratose pues de disputar primeramente a los franceses el paso del -Cabriel en el puente Pajazo, en donde remata la cuesta de Contreras, y -en cuya cabeza construyeron los españoles una mala batería de cuatro -cañones sostenida por un trozo de un regimiento suizo, colocándose -la otra tropa en diferentes puntos de dicha cuesta. Detuviéronse -los franceses hasta que a duras penas por los malos senderos y -escabrosidades, acercaron casi a la rastra unos cañones. Con su auxilio -el 20 rompieron el fuego, y vadeando unos el río, y otros acometiendo -de frente, se apoderaron de la batería española, habiendo habido muchos -de los suizos que se les pasaron. Los nuevos reclutas que nunca habían -sido fogueados, abandonados por aquellos veteranos no tardaron en -dispersarse, replegándose parte de ellos con algunos soldados españoles -a las Cabrillas. - -Cundió la nueva de la derrota, súpola la junta de Valencia, y grande -fue la consternación y el sobresalto. En tamaño apuro envió al ejército -en comisión a su vocal el P. Rico, o ya quisiesen vengarse así algunos -del estrecho en que los había metido, o ya también porque gozando de -suma popularidad, pensaron otros que era aquel el modo más propio de -calmar la pública agitación y alejar la desconfianza. [Marginal: De las -Cabrillas.] Obedeció Rico, y el 23 por la noche llegó a las Cabrillas, -ocho leguas de Valencia, y cuyos montes parten término con Castilla. -Habíanse recogido a sus cumbres los dispersos del Cabriel, y allí se -encontró el P. Rico con 180 hombres del regimiento de Saboya mandados -por el capitán Gamíndez, con tres cuerpos de nueva creación, algunos -caballos y artilleros que habían conservado dos cañones y un obús, -componiendo en todo cerca de 3000 hombres. Eran contados los oficiales -veteranos, siendo el de mayor graduación el brigadier Marimón de -guardias españolas. Ignorábase el paradero de Adorno. Reunidas todas -aquellas reliquias se colocaron en situación ventajosa a espaldas y a -legua y media del pueblo de Siete Aguas, hasta cuyas casas enviaban -sus descubiertas. Gamíndez mandó el centro, la izquierda Marimón, y -colocáronse guerrillas sueltas por la derecha. El 24 avanzaron los -franceses, y los nuestros favorecidos de tierra tan quebrada los -molestaron bastantemente. Impacientado Moncey destacó por su izquierda -y del lado de la sierra de los Ajos al general Harispe con vascos -acostumbrados a trepar por las asperezas del Pirineo. Encaramáronse -pues a pesar de escabrosidades y derrumbaderos, y arrollando a las -guerrillas, facilitaron el ataque de frente. Defendiéronse bien los -de Saboya, quedando los más de ellos y los artilleros muertos junto -a los cañones, y prisionero con otros su comandante Gamíndez. Lo -restante de la gente bisoña huyó precipitadamente. La pérdida de los -españoles fue de 600 hombres, muy inferior la de los contrarios. El -mariscal Moncey al instante traspasó la sierra por el portillo de las -Cabrillas, desde donde registrándose las ricas y frondosas campiñas de -la huerta de Valencia, se encendió la ansiosa codicia de sus fatigados -soldados. Si entonces hubiera proseguido su marcha, fácilmente se -hubiera enseñoreado de la ciudad; pero obligado a detenerse el 25 en -la venta de Buñol para aguardar la artillería, y queriendo adelantarse -cautelosamente, dio tiempo a que Rico volviendo a Valencia al rayar el -alba de aquel mismo día, apellidase guerra dentro de sus muros. - -[Marginal: Preparativos de defensa en Valencia.] - -Está asentada Valencia a la derecha del Guadalaviar o Turia, 100.000 -almas forman su población, excediendo de 60.000 las que habitan en -los lugarejos, casas de campo y alquerías de sus deliciosas vegas. -Ceñida de un muro antiguo de mampostería con una mala ciudadela, no -podía ofrecer al enemigo larga y ordenada resistencia, si militarmente -hubiera de haberse considerado su defensa. Mas a la voz de la -desgracia de las Cabrillas, en lugar de abatirse, creciendo el -entusiasmo al más subido punto, tomó la junta activas providencias, -y los moradores no solo las ejecutaron debidamente, sino que también -por sí procedieron a dar a los trabajos la amplitud y perfección que -permitía la brevedad del tiempo. Sin distinción de clase ni de sexo -acudieron todos a trabajar en las fortificaciones que se levantaban. -En el corto espacio de sesenta horas construyéronse en las puertas -baterías con sacos de tierra. En la de Cuarte, como era por donde se -aguardaba al enemigo, además de dos cañones de a 24 se colocó otro en -el primer piso de la torre, abriéndose una zanja ancha y profunda en -medio de la calle del arrabal que embocaba la batería. A la derecha -de esta puerta y antes de llegar a la de San José, entre el muro y el -río, se situaron cuatro cañones y dos obuses, impidiendo lo sólido del -malecón que se abriese un foso. Diose a esta obra el nombre de batería -de Santa Catalina, del de una torre antes demolida y que ocupaba -el mismo espacio. Lo expresamos por su importancia en la defensa. -Dentro del recinto se cortaron y atajaron las calles, callejuelas y -principales avenidas con carros, coches, vigas, calesas y tartanas. -Tapáronse las entradas y ventanas de las casas con colchones, mesas, -sillas y todo género de muebles, cubriendo por el mismo término y -cuidadosamente lo alto de las azoteas o terrados. Detrás de semejantes -y tan repentinos atrincheramientos estaban preparados sus dueños con -armas arrojadizas y de fuego, y aun hubo mujeres que no olvidaron el -aceite hirviendo. Afanados todos mutuamente se animaban, habiendo -resuelto defender heroicamente sus hogares. - -[Marginal: Refriega en el pueblo de Cuarte.] - -La junta además para dilatar el que los franceses se acercasen, trató -de formar un campo avanzado a la salida del pueblo de Cuarte, distante -una legua de Valencia. Le componían cuerpos de nueva formación y se -había puesto a las órdenes de Don Felipe Saint-March. Situose la gente -en la ermita de San Onofre a orillas del canal de regadío que atraviesa -el camino que va a las Cabrillas. Entretanto Don José Caro, nombrado -brigadier al principio de la insurrección, y que mandaba una división -de paisanos en el ejército de Cervellón, apostado según dijimos en -Almansa, corrió apresuradamente al socorro de la capital luego que -supo el progreso del enemigo. A su llegada se unió a Saint-March, y -juntos dispusieron el modo de contener al mariscal francés. Emboscaron -al efecto en los algarrobales, viñedos y olivares que pueblan aquellos -contornos, tiradores diestros y esforzados. El cuerpo principal se -colocó a espaldas de una batería que enfilaba el camino hondo, por -donde era de creer arremetiese la caballería enemiga y cuyo puente se -había cortado. Como los generales habían previsto que al fin tendrían -que ceder a la superioridad y pericia francesa, deseosos de que su -retirada no causara terror en Valencia, habían pensado, Caro en tirar -por la izquierda y Saint-March pasar el río por la derecha y situarse -en el collado del almacén de pólvora. Pero para verificar, llegado -el caso, su movimiento con orden y evitar que dispersos fueran a la -ciudad, establecieron a su retaguardia una segunda línea en el pueblo -de Cuarte, rompiendo el camino y guarneciendo las casas para su defensa. - -[Marginal: Defensa de Valencia.] - -A las 11 de la mañana del día 27 empezó el fuego, duró hasta las tres, -siendo muy vivo durante dos horas. Al fin los franceses cruzaron el -canal, y forzaron la primera línea. Caro y Saint-March se retiraron -según habían convenido. Los franceses vencedores iban a perseguirlos -cuando notaron que desde el pueblo de Cuarte se les hacía fuego. -Molestados también por el continuado de los paisanos metidos en los -cañamares de dicho pueblo, no pudieron entrarle hasta las seis de la -tarde; huyendo los vecinos al amparo de las acequias, cañaverales y -moreras que cubren sus campos. La pérdida fue considerable de ambas -partes: la artillería quedó en poder de los franceses. - -[Marginal: Proposición de Moncey para que capitule la ciudad.] - -Avanzó entonces Moncey hasta el huerto de Juliá, media legua de -Valencia. Por la noche pasó al capitán general conde de la Conquista -un oficio para que rindiese la plaza. Fue portador el coronel Solano. -Congregose la junta, a la que se unieron para deliberar en asunto tan -espinoso el ayuntamiento, la nobleza e individuos de todos los gremios. -El de la Conquista inclinábase a la entrega, viendo cuán imposible -sería resistir con gente allegadiza, y en ciudad, por decirlo así, -abierta a enemigos aguerridos. Sostuvo la misma opinión el emisario -Solano y en tanto grado que se esforzó en probar no había nada que -temer respecto de lo pasado, así por la condición suave y noble del -mariscal francés, como también por los vínculos particulares que le -enlazaban con los valencianos; lo cual aludía a conocerse en aquel -reino familias del nombre de Moncey, y haber quien le conceptuara -oriundo de la tierra. Así se discurría acerca de la proposición, cuando -el pueblo advertido de que se negociaba, desaforadamente se agolpó a la -sala de sesiones de la junta. Atemorizados los que en su seno buscaban -la rendición y alentados los de la parcialidad opuesta, no se titubeó -en desechar la demanda del enemigo. Y puestos todos sus individuos al -frente del mismo pueblo, recorrieron la línea animando y exhortando a -la pelea. Con la oportuna resolución se embraveció tanto la gente que -no hubo ya otra voz que la de vencer o morir. - -El 28 a las once de la mañana se rompió el fuego. Como Moncey era -dueño de casi todo el arrabal de Cuarte, le fue fácil ordenar sus -batallones detrás del convento de San Sebastián. A su abrigo dirigieron -los enemigos sus cañones contra la puerta de Cuarte y batería de Santa -Catalina. Tres veces atacaron con el mayor ímpetu del lado de la -primera, y otras tantas fueron rechazados. Mandaba la batería española -con mucho acierto el capitán Don José Ruiz de Alcalá, y el puesto los -coroneles barón de Petrés y Don Bartolomé de Georget. Los enemigos no -perdonaron medio de flanquear a los nuestros por derecha e izquierda, -pero de un costado se lo estorbaron los fuegos de Santa Catalina, y -del otro el graneado de fusilería que desde la muralla hacían los -habitantes. El entusiasmo de los defensores tocaba en frenesí cada vez -que el enemigo huía, pero siempre se mantuvo el mejor orden. Temiose -por un rato carecer de metralla, y sin tardanza de las casas inmediatas -se arrancaron rejas, se enviaron barras y otros utensilios de hierro -que cortados en menudos pedazos pudieron suplir aquella falta, -acudiendo a porfía las señoras de la clase más elevada a coser los -saquillos de la recién fabricada metralla. Con tal ejemplo, ¿qué brazo -varonil hubiera cedido el paso al enemigo? El capitán general, los -magistrados y aun el arzobispo aparecíanse a veces en medio de aquel -importante puesto dando brío con su presencia a los menos esforzados. - -Moncey tratando de variar su ataque, recogió sus soldados a la cruz -de Mislata, y acometió, después de un respiro, la batería de Santa -Catalina, a la derecha como dijimos de la de Cuarte. Era comandante -del punto el coronel Don Firmo Vallés, y de la batería Don Manuel de -Velasco y Don José Soler. Dos veces y con gran furia embistieron los -franceses. La primera ciaron abrasados por el fuego de cañón y el que -por su flanco izquierdo les hacía la fusilería; y la segunda huyeron -atropelladamente sin que los contuviesen las exhortaciones de sus -jefes. No por eso desistió Moncey, y fingiendo querer atacar el muro -por donde mira a la plazuela del Carbón, emprendió nueva acometida -contra la batería de Santa Catalina. Vano empeño. Sus soldados -repelidos dejaron el suelo empapado en su sangre. Distinguiose allí el -oficial Don Santiago O’Lalor, asesinado alevemente en el propio día por -mano desconocida. - -Los franceses perturbados con defensa tan inesperada y recia, trataron -de dar una última embestida a la ciudad. Eran las cinco de la tarde -cuando avanzando Moncey con el grueso de su ejército hacia la puerta de -Cuarte, hizo marchar una columna por el convento de Jesús para atacar -la de San Vicente situada a la izquierda de la primera, y confiada al -cuidado del coronel Don Bruno Barrera, bajo cuyas órdenes dirigían -la artillería los oficiales Don Francisco Cano y Don Luis Almela. -Considerábase aquella parte del muro la más flaca, mayormente su centro -en donde está colocada en medio de las otras dos la puerta tapiada de -Santa Lucía, antiguamente dicha de la Boatella. Empezose el ataque, -y los españoles apuntaron con tal acierto sus cañones que lograron -desmontar los de los enemigos, y desalojarlos del punto que ocupaban -con notable matanza. Desde aquella hora que era ya la de las ocho de -la noche cesó el fuego en ambas líneas. Durante los diversos ataques -arrojaron los franceses a la ciudad granadas que no causaron daño. - -[Marginal: Hechos notables de algunos españoles.] - -El padre Rico anduvo constantemente por los parajes de mayor riesgo, -y coadyuvó grandemente a la defensa con su energía y brioso porte. -Fue imperturbable en su valor Juan Bautista Moreno que sin fusil y -con la espada en la mano alentaba a sus compañeros, y tomó a su cargo -abrir y cerrar las puertas sin reparar en el peligro que a cada paso -le amenazaba. Más sublime ejemplo dio aún con su conducta Miguel -García, mesonero de la calle de San Vicente, quien hizo solo a caballo -cinco salidas, y sacando en cada una de ellas cuarenta cartuchos los -empleaba como diestro tirador atinadamente. Hechos son estos dignos -de la recordación histórica, y no deben desdeñarse aunque vengan de -humilde lugar. Al contrario conviene repetirlos y grabarlos en la -memoria de los buenos ciudadanos, para que sean imitados en aquellos -casos en que peligre la independencia de la patria. - -La resistencia de Valencia aunque de corta duración tuvo visos de -maravillosa. No tenía soldados que la defendiesen, habiendo salido a -diversos puntos los que antes la guarnecían, ni otros jefes entendidos -sino oficiales subalternos que guiaron el denuedo de los paisanos. -Los franceses perdieron más de 2000 hombres, y entre ellos al general -de ingenieros Cazals con otros oficiales superiores. Los españoles -resguardados detrás de los muros y baterías tuvieron que llorar pocos -de sus compatriotas, y ninguno de cuenta. - -[Marginal: Retírase Moncey.] - -Al amanecer del 29 Don Pedro Túpper puesto de vigía en el miguelete -o torre de la catedral avisó que los enemigos daban indicio de -retirarse. Apenas se creía tan plausible nueva, mas bien pronto todos -se cercioraron de ello viendo marchar al enemigo por Torrente para -tomar la calzada que va a Almansa. La alegría fue colmada, y esperábase -que el conde de Cervellón acabaría en el camino de destruir al mariscal -Moncey, o por lo menos le molestaría y picaría por todos lados. -[Marginal: Inacción de Cervellón.] Muy lejos estaba de obrar conforme -al común deseo. El general español había venido a Alcira cuando supo el -paso de los franceses por las Cabrillas, y su marcha sobre Valencia. -Allí permaneció tranquilo, y no trató de disputar a Moncey el paso -del Júcar después de su derrota delante de los muros de la capital. -Tachósele de remiso, principalmente porque habiendo consultado a los -oficiales superiores sobre el rumbo que en tal oportunidad convendría -seguir, opinaron todos que se impidiese a los franceses cruzar el río: -no abrazó su dictamen fundándose en lo indisciplinados que todavía -estaban sus soldados: prudencia quizá laudable, pero amargamente -censurada en aquellos tiempos. - -[Marginal: Conducta laudable de Llamas.] - -Perjudicó también a su fama, aun en el concepto de los juiciosos, -la contraposición que con la suya formó la conducta de Don Pedro -González de Llamas y la de Don José Caro. A este le hemos visto acudir -al socorro de Valencia, y si bien no con feliz éxito por lo menos -retardó con su movimiento el progreso del enemigo, lo cual fue de -suma utilidad para que se preparasen los vecinos de la ciudad a una -notable y afortunada resistencia. El general Llamas que de Murcia se -había acercado al puerto de Almansa, noticioso por su parte de que los -franceses iban a embestir a Valencia, había avanzado rápidamente y -colocádose a la espalda en Chiva, cortándoles así sus comunicaciones -con el camino de Cuenca. Y después obedeciendo las órdenes de la -junta provincial hostigó al enemigo hasta el Júcar, en donde se paró -asombrado de que Cervellón hubiese permanecido inactivo. Prodigáronse -pues alabanzas a Llamas, y achacose a Cervellón la culpa de no haber -derrotado al ejército de Moncey antes de la salida del territorio -valenciano. Como quiera que fuese, costole al fin el mando tal modo -de comportarse, graduado por los más de reprensible timidez. Moncey -prosiguió su retirada incomodado por el paisanaje, y a punto que no -osaba desviarse del camino real. Pasó el 2 de julio el puerto de -Almansa, y en Albacete hizo alto y dio descanso a sus fatigadas tropas. - -[Marginal: Enfermedad de Murat.] - -Entretanto no sabía el gobierno de Madrid cuál partido le convenía -abrazar. Notaba con desconsuelo burladas sus esperanzas, no habiendo -reprimido prontamente la insurrección de las provincias con las -expediciones enviadas al intento. Temía también que las tropas -desparramadas por diversos y lejanos puntos, y molestadas sin gozar de -un instante de sosiego, no acabasen por perder la disciplina. Mucho -contribuyó a su desconcierto la enfermedad grave de que fue acometido -el gran duque de Berg en los primeros días de junio, con lo cual se -hallaron los individuos de la junta faltos de un centro principal que -diera unión y fuerza. Hubo entre los suyos quien le creyó envenenado, y -entre los españoles no faltó también quien atribuyera su mal a castigo -del cielo por las tropelías y asesinatos del 2 de mayo. Los ociosos y -lenguaraces buscaban el principio en un origen impuro, dando lugar a -sus sueltas palabras los deslices de que no estaba exento el duque. -Mas la verdadera enfermedad de este era uno de aquellos cólicos por -desgracia harto comunes en la capital del reino, y que por serlo tanto -los ha distinguido en una disertación el docto Luzuriaga con el nombre -de cólicos de Madrid. Agregáronsele unas tercianas tan pertinaces y -recias que descaeciendo su espíritu y su cuerpo, tuvo que conformarse -con el dictamen de los facultativos de trasladarse a Francia, y tomar -las aguas termales de Barèges. [Marginal: Enfermedades en su ejército. -Opinión de Larrey.] Provocó también a sospecha de emponzoñamiento el -haber amalado muchos de los soldados franceses, y muerto algunos con -síntomas de índole dudosa. Para serenar los ánimos el barón Larrey, -primer cirujano del ejército invasor, examinó los alimentos, y el -boticario mayor del mismo Mr. Laubert analizó detenidamente el vino -que se les vendía en varias tabernas y bodegones de dentro y fuera de -Madrid. Nada se descubrió de nocivo en el líquido, solamente a veces -había con él mezcladas algunas sustancias narcóticas más o menos -excitativas, como el agua de laurel y el pimiento que para dar fuerza -suelen los vinateros y vendedores añadir al vino de la Mancha, a -semejanza del óxido de plomo o sea litargirio que se emplea en algunos -de Francia para corregir su acedía. La mixtión no causaba molestia a -los españoles por la costumbre, y sobre todo por su mayor sobriedad: -dañó extremadamente a los franceses no habituados a aquella bebida, y -que abusaban en sumo grado de los vinos fuertes y licorosos de nuestro -terruño. El examen y declaración de Larrey y Laubert tranquilizó a los -franceses, recelosos de cualquiera asechanza de parte de un pueblo -gravemente ofendido; pero el de España con dificultad hubiera recurrido -para su venganza a un medio que no le era usual, cuando tantos otros -justos y nobles se le presentaban. - -[Marginal: Savary sucede a Murat.] - -En lugar de Murat envió Napoleón a Madrid al general Savary, el que -llegó el 15 de junio. No agradó la elección a los franceses, habiendo -en su ejército muchos que por su graduación y militar renombre -reputábanse como muy superiores. Asimismo en el concepto de algunos -menoscababa la estimación de la persona escogida, el haber sido con -frecuencia empleada en comisiones más propias de un agente de policía -que de quien había servido en la carrera honorífica de las armas. No -era tampoco entre los españoles juzgado Savary con más ventaja, porque -habiendo sido el celador asiduo del viaje de Fernando, coadyuvó con -palabras engañosas a arrastrarle a Bayona. Sin embargo su nombre no era -ni tan conocido ni odiado como el de Murat: además llegó en sazón en -que muy poco se curaban en las provincias de lo que se hacía o deshacía -en Madrid. Asuntos inmediatos y de mayor cuantía embargaban toda la -atención. - -[Marginal: Singular comisión de Savary.] - -El encargo confiado a Savary era nuevo y extraño en su forma. -Autorizado con iguales facultades que el lugarteniente Murat, no le era -lícito poner su firma en resolución alguna. Al general Belliard tocaba -con la suya legalizarlas. El uno leía las cartas, oficios e informes -dirigidos al lugarteniente; respondía, determinaba: el otro ceñíase a -manera de una estampilla viva a firmar lo que le era prescrito. Los -decretos se encabezaban a nombre del gran duque como si estuviese -presente o hubiese dejado sus poderes a Savary, y este disponiendo -en todo soberanamente, incomodaba a varios de los otros jefes que se -consideraban desairados. - -[Marginal: Su conducta.] - -Para mostrar que él era la suprema cabeza, a su llegada se alojó -en palacio, y tomó sin tardanza providencias acomodadas al caso. -Prosiguió las fortificaciones del Retiro, y construyó un reducto -alrededor de la fábrica real de porcelana allí establecida, y a que -dan el nombre de casa de la China, en donde almacenó las vituallas -y municiones de guerra. Pensó después en sostener los ejércitos -esparcidos por las provincias. Tal había sido la orden verbal de -Napoleón, quien juzgaba, «ser lo más importante ocupar muchos puntos, -a fin de derramar por todas partes las novedades que había querido -introducir...» Conforme a ella e incierto de la suerte de Dupont, cuya -correspondencia estaba cortada, [Marginal: Envía a Vedel para reforzar -a Dupont.] resolvió Savary reforzarle con las tropas mandadas por el -general Vedel que se hallaban en Toledo. Ascendían a 6000 infantes -y 700 caballos con doce cañones. El 19 de junio salieron de aquella -ciudad, juntándoseles en el camino los generales Roize y Liger-Belair -con sus destacamentos, los cuales hemos visto fueron compelidos a -recogerse a Madridejos por la insurrección general de la Mancha. - -Los franceses por todas partes se encontraban con pueblos solitarios, -incomodándoles a menudo los tiros del paisanaje oculto detrás de -los crecidos panes, y ¡ay de aquellos que se quedaban rezagados! No -obstante asomaron sin notable contratiempo a Despeñaperros en la mañana -del 26 de junio. [Marginal: Paso de Sierra Morena.] La posición estaba -ocupada por el teniente coronel español Don Pedro Valdecañas empleado -antes en la persecución de contrabandistas por aquellas sierras, y -ahora apostado allí con objeto de que colocándose a la retaguardia -de Dupont, le interceptase la correspondencia e impidiese el paso -de los socorros que de Madrid le llegasen. Había atajado el camino -en lo más estrecho con troncos, ramas y peñascos, desmoronándole del -lado del despeñadero, y situando detrás seis cañones. Paisanos los -más de su tropa, y él mismo poco práctico en aquella clase de guerra, -desaprovechó la superioridad que le daba el terreno. Cedieron luego -los nuestros al ataque bien concertado de los franceses, perdieron -la artillería, y Vedel prosiguió sin embarazo a la Carolina, en cuya -ciudad se le incorporó un trozo de gente que le enviaba Dupont a las -órdenes del oficial Baste, el saqueador de Jaén. Llevada pues a feliz -término la expedición, creyó Vedel conveniente enviar atrás alguna -tropa para reforzar ciertos puntos que eran importantes, y conservar -abierta la comunicación. Por lo demás bien que pareciesen cumplidos -los deseos del enemigo en la unión de Vedel y Dupont, pudiendo no -solo corresponder libremente con Madrid, mas aun hacer rostro a los -españoles y desbaratar sus mal formadas huestes: no tardaremos en ver -cuán de otra manera de lo que esperaban remataron las cosas. - -[Marginal: Refuerzos enviados a Moncey.] - -Aquejábale igualmente a Savary el cuidado de Moncey, cuya suerte -ignoraba. Después de haberse adelantado este mariscal más allá de la -provincia de Cuenca, habían sido interrumpidas sus comunicaciones, -hechos prisioneros soldados suyos sueltos y descarriados, y aun algunas -partidas. Juntándose pues número considerable de paisanos alentados -con aquellos que calificaban de triunfos, fue necesario pensar en -dispersarlos. Con este objeto se ordenó al general Caulincourt -apostado en Tarancón, que marchase con una brigada sobre Cuenca. -[Marginal: Caulincourt saquea a Cuenca.] Dio vista a la ciudad el 3 -de julio, y una gavilla de hombres desgobernada le hizo fuego en las -cercanías a bulto y por corto espacio. Bastó semejante demostración -para entregar a un horroroso saco aquella desdichada ciudad. Hubo -regidores e individuos del cabildo eclesiástico que saliendo con -bandera blanca quisieron implorar la merced del enemigo; mas resuelto -este al pillaje sin atender a la señal de paz, los forzó a huir -recibiéndolos a cañonazos. Espantáronse a su ruido los vecinos y casi -todos se fugaron, quedando solamente los ancianos y enfermos y cinco -comunidades religiosas. No perdonaron los contrarios casa ni templo -que no allanasen y profanasen. No hubo mujer por enferma o decrépita -que se libertase de su brutal furor. Al venerable sacerdote Don -Antonio Lorenzo Urbán, de edad de ochenta y tres años, ejemplar por sus -virtudes, le traspasaron de crueles heridas, después de recibir de -sus propias manos el escaso peculio que todavía su ardiente caridad -no había repartido a los pobres. Al franciscano P. Gaspar Navarro, -también octogenario, atormentáronle crudamente para que confesase -dinero que no tenía. Otras y no menos crueles, bárbaras y atroces -acciones mancharon el nombre francés en el no merecido saco de Cuenca. - -No satisfecho Savary con el refuerzo que se enviaba a Moncey al mando -de Caulincourt, despachó otro nuevo a las órdenes del general Frère, -[Marginal: Frère.] el mismo que antes había ido a apaciguar a Segovia. -Llegó este a Requena el 5 de julio, donde noticioso de que Moncey se -retiraba del lado de Almansa, y de estar guardadas las Cabrillas por el -general español Llamas, revolvió sobre San Clemente, y se unió con el -mariscal. Poco después informado Savary de haberse puesto en cobro las -reliquias de la expedición de Valencia, y deseoso de engrosar su fuerza -en derredor suyo, mandó a Caulincourt y a Frère que se restituyesen a -Madrid: con lo que enflaquecido el cuerpo de Moncey y quizá ofendido -este de que un oficial inferior en graduación y respetos pudiese -disponer de la gente que debía obedecerle, desistió de toda empresa -ulterior, y se replegó a las orillas del Tajo. - -Los franceses que esparcidos no habían conseguido las esperadas -ventajas, comenzaron a pensar en mudar de plan, y reconcentrar más sus -fuerzas. Napoleón sin embargo tenaz en sus propósitos insistía en que -Dupont permaneciese en Andalucía, al paso que mereció su desaprobación -el que le enviasen continuados refuerzos. [Marginal: Segundo refuerzo -llevado a Dupont por el general Gobert.] Savary inmediato al teatro -de los acontecimientos, y fiado en el favor de que gozaba, tomó sobre -sí obrar por rumbo opuesto, e indicó a Dupont la conveniencia de -desamparar las provincias que ocupaba. Para que con más desembarazo -pudiera este jefe efectuar el movimiento retrógrado, dirigió aquel -sobre Manzanares al general Gobert con su división, en la que estaba la -brigada de coraceros que había en España. Mas Dupont ya fuese temor de -su posición, o ya deseos de conservarse en Andalucía, ordenó a Gobert -que se le incorporase, y este se sometió a dicho mandato después de -dejar un batallón en Manzanares y otro en el Puerto del Rey. - -[Marginal: Desatiende a Bessières.] - -Tan discordes andaban unos y otros, como acontece en tiempos -borrascosos, estando solo conformes y empeñados en aumentar fuerzas -hacia el mediodía. Y al mismo tiempo el punto que más urgía auxiliar -que era el de Bessières, amenazado por las tropas de Galicia, León -y Asturias, quedaba sin ser socorrido. Claro era que una ventaja -conseguida por los españoles de aquel lado, comprometería la suerte de -los franceses en toda la península, interrumpiría sus comunicaciones -con la frontera, y los dejaría a ellos mismos en la imposibilidad -de retirarse. Pues a pesar de reflexión tan obvia desatendiose a -Bessières, y solo tarde y con una brigada de infantería y 300 caballos -se acudió de Madrid en su auxilio. Felizmente para el enemigo la -fortuna le fue allí más favorable; merced a la impericia de ciertos -jefes españoles. - -[Marginal: Cuesta.] - -Después de la batalla de Cabezón se había retirado a Benavente el -general Cuesta. Recogió dispersos, prosiguió los alistamientos, y se -le juntaron el cuerpo de estudiantes de León y y el de Covadonga de -Asturias. Diéronse en aquel punto las primeras lecciones de táctica a -los nuevos reclutas, se los dividió en batallones que llamaron tercios, -y esmerose en instruirlos don José de Zayas. De esta gente se componía -la infantería de Cuesta, limitándose la caballería al regimiento de la -Reina y guardias de Corps que estuvieron en Cabezón, y al escuadron de -carabineros que antes había pasado a Asturias. Era ejército endeble -para salir con él a campaña, si las tropas de la última provincia y -las de Galicia no obraban al propio tiempo y mancomunadamente. Por -lo cual con instancia pidió el general Cuesta que avanzasen y se le -reuniesen. La junta de Asturias propensa a condescender con sus ruegos, -fue detenida por las oportunas reflexiones de su presidente el marqués -de Santa Cruz de Marcenado, manifestando en ellas que lejos de acceder, -se debía exhortar al capitán general de Castilla a abandonar sus llanos -y ponerse al abrigo de las montañas; pues no teniendo soldados ni unos -ni otros sino hombres, infaliblemente serían deshechos en descampado, y -se apagaría el entusiasmo que estaba tan encendido. Convencida la junta -de lo fundado de las razones del marqués, acordó no desprenderse de su -ejército, y solo por halagar a la multitud consintió en que quedase -unido a los castellanos el regimiento de Covadonga, compuesto de más -de 1000 hombres, y mandado por Don Pedro Méndez de Vigo, y además que -otros tantos bajasen a León del puerto de Leitariegos a las órdenes del -mariscal de campo conde de Toreno, padre del autor. - -También encontró en Galicia la demanda de Cuesta graves dificultades. -Había sido el plan de Filangieri fortificar a Manzanal, y organizar -allí y en otros puntos del Bierzo sus soldados, antes de aventurar -acción alguna campal. Mas la junta de Galicia atenta a la quebrantada -salud de aquel general y al desvío con que por extranjero le -miraban algunos, relevándole del mando activo, le había llamado a -la Coruña, y nombrado en su lugar al cuartel maestre general Don -Joaquín Blake. Púsose este al frente del ejército el 21 de junio, y -perseguido Filangieri de adversa estrella pereció como hemos dicho -el 24. Persistió Blake en el plan anterior de adiestrar la tropa, -esperando que con los cuerpos que había en Galicia, los de Oporto y -nuevos alistados, conseguiría armar y disciplinar 40.000 hombres. -La inquietud de los tiempos le impidió llevar su laudable propósito -a cumplido efecto. Deseoso de examinar y reconocer por sí la sierra -y caminos de Foncebadón y Manzanal había salido de Villafranca, -[Marginal: Ejército de Galicia después de la muerte de Filangieri.] -y pareciéndole conveniente tomar posición en aquellas alturas que -forman una cordillera avanzada de la del Cebrero y Piedrafita, límite -de Galicia, se situó allí extendiendo su derecha hasta el Monte -Teleno que mira a Sanabria, y su izquierda hacia el lado de León por -la Cepeda. Así no solamente guarecía todas las entradas principales -de Galicia, sino también disfrutaba de los auxilios que ofrecía el -Bierzo. Empezaba pues a poner en planta su intento de ejercitar y -organizar su gente, cuando el 28 de junio se le presentó Don José -de Zayas rogándole a nombre del general Cuesta que con todo o parte -de su ejército avanzase a Castilla. Negose Blake, y entonces pasó -el comisionado a avistarse con la junta de la Coruña de quien aquel -dependía. La desgracia ocurrida con Filangieri, el terror que infundió -su muerte, las instancias de Cuesta y los deseos del vulgo que casi -siempre se gobierna más bien por impulso ciego que por razón, lograron -que triunfase el partido más pernicioso; habiéndose prevenido a Blake -que se juntase con el ejército de Castilla en las llanuras. Poco antes -de haber recibido la orden redujo aquel general a cuatro divisiones las -seis en que a principios de junio se había distribuido la fuerza de su -mando, ascendiendo su número a unos 27.000 hombres de infantería, con -más de 30 piezas de campaña y 150 caballos de distintos cuerpos. Tomó -otras disposiciones con acierto y diligencia, y si al saber y práctica -militar que le asistía se le hubiera agregado la conveniente fortaleza -o mayor influjo para contrarrestar la opinión vulgar, hubiera al fin -arreglado debidamente el ejército puesto a sus órdenes. Mas oprimido -bajo el peso de aquella, tuvo que ceder a su impetuoso torrente, y -pasar en los primeros días de julio a unirse en Benavente con el -general Cuesta. Dejó solo en Manzanal la segunda división compuesta de -cerca de 6000 hombres a las órdenes del mariscal de campo Don Rafael -Martinengo, y en la Puebla de Sanabria un trozo de 1000 hombres a las -del marqués de Valladares, el que obró después en Portugal de concierto -con el ejército de aquella nación. Llegado que fue a Benavente con las -otras tres divisiones, dejó allí la tercera al mando del brigadier -Don Francisco Riquelme sirviendo como de reserva, y constando de 5000 -hombres. Púsose en movimiento camino de Rioseco con la primera y cuarta -división acaudilladas por el jefe de escuadra Don Felipe Jado Cagigal -y el mariscal de campo marqués de Portago; llevó además el batallón de -voluntarios de Navarra que pertenecía a la tercera. Se había también -arreglado para la marcha una vanguardia que guiaba el conde de Maceda, -grande de España, y coronel del regimiento de infantería de Zaragoza. -Ascendía el número de esta fuerza a 15.000 hombres, la cual formaba con -la de Cuesta un total de 22.000 combatientes. Contábanse entre unos y -otros muchos paisanos vestidos todavía con su humilde y tosco traje, y -no llegaban a 500 los jinetes. Reunidos ambos generales tomó el mando -el de Castilla como más antiguo, si bien era muy inferior en número -y calidad su tropa. No reinaba entre ellos la conveniente armonía. -Repugnábanle a Blake muchas ideas de Cuesta, y ofendíase este de que un -general nuevamente promovido y por una autoridad popular pudiese ser -obstáculo a sus planes. Pero el primero por desgracia sometiéndose a la -superioridad que daban al de Castilla los años, la costumbre del mando -y sobre todo ser su dictamen el que con más gusto y entusiasmo abrazaba -la muchedumbre, no se opuso según hemos visto a salir de Benavente ni -al tenaz propósito de ir al encuentro del enemigo por las llanuras que -se extendían por el frente. - -[Marginal: Batalla de Rioseco, 14 de julio.] - -Noticiosos los franceses del intento de los españoles quisieron -adelantárseles, y el 9 salió de Burgos el general Bessières. No estaban -el 13 a larga distancia ambos ejércitos, y al amanecer del 14 de julio -se avistaron sus avanzadas en Palacios, legua y media distante de -Rioseco. El de los franceses constaba de 12.000 infantes y más de 1500 -caballos: superior en número el de los españoles era inferiorísimo -en disciplina, pertrechos y sobre todo en caballería, tan necesaria -en aquel terreno, siendo de admirar que con ejército tan novel y -desapercibido se atreviese Cuesta a arriesgar una acción campal. - -La desunión que había entre los generales españoles, si no del todo -manifiesta todavía, y la condición imperiosa y terca del de Castilla, -impidieron que de antemano se tomasen mancomunadamente las convenientes -disposiciones. Blake, en la tarde del 13, al aviso de que los franceses -se acercaban, pasó desde Castromonte, en donde tenía su cuartel -general, a Rioseco, en cuya ciudad estaba el de Cuesta, y juntos se -contentaron con reconocer el camino que va a Valladolid, persuadido el -último que por allí habían de atacar los franceses. A esto se limitaron -las medidas previamente combinadas. - -Volviendo Don Joaquín Blake a su campo, preparó su gente, reconoció -de nuevo el terreno, y a las dos de la madrugada del 14 situó sus -divisiones en el paraje que le pareció más ventajoso, no esperando -grande ayuda de la cooperación de Cuesta. Empezó sin embargo este a -mover su tropa en la misma dirección a las cuatro de la mañana; pero -de repente hizo parada, sabedor de que el enemigo avanzaba del lado -de Palacios a la izquierda del camino que de Rioseco va a Valladolid. -Advertido Blake tuvo también que mudar de rumbo y encaminarse a aquel -punto. Ya se deja discurrir de cuánto daño debió de ser para alcanzar -la victoria movimiento tan inesperado, teniendo que hacerse por -paisanos y tropas bisoñas. Culpa fue grande del general de Castilla -no estar mejor informado en un tiempo en que todos andaban solícitos -en acechar voluntariamente los pasos del ejército francés. Cuesta -temiendo ser atacado pidió auxilio al general Blake, quien le envió -su cuarta división al mando del marqués de Portago, y se colocó él -mismo con la vanguardia, los voluntarios de Navarra y primera división -en la llanura que a manera de mesa forma lo alto de una loma puesta -a la derecha del camino que media entre Rioseco y Palacios, y a cuyo -descampado llaman los naturales campos de Monclín. Constaba esta fuerza -de 9000 hombres. No era respetable la posición escogida, siendo por -varios puntos de acceso no difícil. Cuesta se situó detrás a la otra -orilla del camino, dejando entre sus cuerpos y los de Blake un claro -considerable. Mantúvose así apartado por haber creído, según parece, -que eran franceses los soldados del provincial de León que se mostraron -a lo lejos por su izquierda, y quizá también llevado de los celos que -le animaban contra el otro general su compañero. - -Al avanzar dudó un momento el mariscal Bessières si acometería a -los españoles, imaginándose que eran muy superiores en número a los -suyos. Pero habiendo examinado de más cerca la extraña disposición, -por la cual quedaba un claro en tanto grado espacioso que parecían las -tropas de su frente más bien ejércitos distintos que separados trozos -de uno mismo y solo, recordó lo que había pasado allá en Cabezón, y -arremetiendo sin tardanza resolvió interponerse entre Blake y Cuesta. -Había juzgado el francés que eran dos líneas diversas, y que la -ignorancia e impericia de los jefes había colocado a los soldados tan -distantes unos de otros. Difícil era por cierto presumir que el interés -de la patria, o por lo menos el honor militar, no hubiese acallado en -un día de batalla mezquinas pasiones. Nosotros creemos que hubo de -parte de Cuesta el deseo de campear por sí solo y acudir al remedio -de la derrota luego que hubiese visto destrozado en parte o por lo -menos muy comprometido a su rival. No era dado a su ofendido orgullo -descubrir lo arriesgado y aun temerario de tal empresa. De su lado -Blake hubiera obrado con mayor prudencia si conociendo la inflexible -dureza de Cuesta, hubiese evitado exponerse a dar batalla con una parte -reducida de su ejército. - -Prosiguiendo Bessières en su propósito ordenó que el general Merle y -Sabatier acometiesen el primero la izquierda de la posición de Blake -y el segundo su centro. Iba con ellos el general Lassalle acompañado -de dos escuadrones de caballería. Resistieron con valor los nuestros, -y muchos aunque bisoños aguantaron la embestida, como si estuvieran -acostumbrados al fuego de largo tiempo. Sin embargo el general Merle -encaramándose del lado del camino por el tajo de la meseta, los -nuestros comenzaron a ciar, y a desordenarse la izquierda de Blake. En -tanto avanzaba Mouton para acometer a los de Cuesta, e interponerse -entre los dos grandes y separados trozos del ejército español. A su -vista los carabineros reales y guardias de Corps, sin aguardar aviso -se movieron y en una carga bizarrísima arrollaron las tropas ligeras -del enemigo, y las arrojaron en una torrentera de las que causan en -aquel país las lluvias. Fue al socorro de los suyos la caballería de la -guardia imperial, y nuestros jinetes cediendo al número se guarecieron -de su infantería. Cayeron muertos en aquel lance los ayudantes mayores -de carabineros Escobedo y Chaperón, lidiando este bravamente y cuerpo -a cuerpo con varios soldados del ejército contrario. Arreciando la -pelea, se adelantó la cuarta división de Galicia, puesta antes a las -órdenes inmediatas de Cuesta con consentimiento de Blake. Dicen unos -que obró por impulso propio, otros por acertada disposición del primer -general. Iban en ella dos batallones de granaderos entresacados de -varios regimientos, el provincial de Santiago y el de línea de Toledo, -a los que se agregaron algunos bisoños entre otros el de Covadonga. -Arremetieron con tal brío que fueron los franceses rechazados y -deshechos, cogiendo los nuestros cuatro cañones. Momento apurado para -el enemigo y que dio indicio de cuán otro hubiera sido el éxito de la -batalla a haber habido mayor acuerdo entre los generales españoles. -Mas la adquirida ventaja duró corto tiempo. En el intervalo había -crecido el desorden y la derrota en las tropas de Blake. En balde este -general había querido contener al enemigo con la columna de granaderos -provinciales que tenía como en reserva. Estos no correspondieron a lo -que su fama prometía por culpa en gran parte de algunos de los jefes. -Fueron como los demás envueltos en el desorden, y caballos enemigos -que subieron a la altura acabaron de aumentar la confusión. Entonces -Merle más desembarazado revolvió sobre la cuarta división que había -alcanzado la ventaja arriba indicada, y flanqueándola por su derecha la -contuvo y desconcertó. Los franceses luego acometieron intrépidamente -por todos lados, extendiéronse por la meseta o alto de la posición de -Blake, y todo lo atropellaron y desbarataron, apoderándose de nuestras -no aguerridas tropas la confusión y el espanto. Individualmente hubo -soldados, y sobre todo oficiales que vendieron caras sus vidas, -contándose entre los más valerosos al ilustre conde de Maceda, quien, -_pródigo de su grande alma_, cual otro Paulo, prefirió arrojarse a -la muerte antes que ver con sus ojos la rota de los suyos. Vanos -fueron los esfuerzos del general Blake y de los de su estado mayor, -particularmente de los distinguidos oficiales Don Juan Moscoso, Don -Antonio Burriel y Don José Maldonado para rehacer la gente. Eran sordos -a su voz los más de los soldados, manteniéndose por aquel punto solo -unido y lidiando el batallón de voluntarios de Navarra mandado por -el coronel Don Gabriel de Mendizábal. Cundiendo el desorden no fue -tampoco dable a Cuesta impedir la confusión de los suyos, y ambos -generales españoles se retiraron a corta distancia uno de otro sin ser -muy molestados por el enemigo; pero entre sí con ánimo más opuesto -y enconado. Tomaron el camino de Villalpando y Benavente. Pasó de -4000 la pérdida de los nuestros entre muertos, heridos, prisioneros -y extraviados, con varias piezas de artillería. De los contrarios -perecieron unos 300 y más de 700 fueron los heridos. Lamentable -jornada debida a la obstinada ceguedad e ignorancia de Cuesta, al poco -concierto entre él y Blake, y a la débil y culpable condescendencia -de la junta de Galicia. La tropa bisoña y aun el paisanaje habiendo -peleado largo rato con entusiasmo y denuedo, claramente mostraron lo -que con mayor disciplina y mejor acuerdo de los jefes hubieran podido -llevar a glorioso remate. Mucho perjudicó a la causa de la patria tan -triste suceso. Se perdieron hombres, se consumieron en balde armas y -otros pertrechos, y sobre todo se menoscabó en gran manera la confianza. - -Rioseco pagó duramente la derrota padecida casi a sus puertas. Nunca -pudo autorizar el derecho de la guerra el saqueo y destrucción de un -pueblo que por sí no había opuesto resistencia. Mas el enemigo con -pretexto de que soldados dispersos habían hecho fuego cerca de los -arrabales, entró en la ciudad matando por calles y plazas. Los vecinos -que quisieron fugarse murieron casi todos a la salida. Allanaron los -franceses las casas, los conventos y los templos, destruyeron las -fábricas, robándolo todo y arruinándolo. Quitaron la vida a mozos, -ancianos y niños, a religiosos y a varias mujeres, violándolas a -presencia de sus padres y maridos. Lleváronse otras al campamento, -abusando de ellas hasta que hubieron fallecido. Quemaron más de -cuarenta casas, y coronaron tan horrorosa jornada con formar de la -hermosa iglesia de Santa Cruz un infame lupanar, en donde fueron -víctima del desenfreno de la soldadesca muchas monjas, sin que se -respetase aun a las muy ancianas. No pocas horas duró el tremendo -destrozo. - -[Marginal: Avanza Bessières a León.] - -Bessières después de avanzar hasta Benavente persiguió a Cuesta camino -de León, a cuya ciudad llegó este el 17, abandonándola en la noche del -18 para retirarse hacia Salamanca. El general francés que había dudado -antes si iría o no a Portugal, sabiendo este movimiento y el que Blake -y los asturianos se habían replegado detrás de las montañas, desistió -de su intento y se contentó con entrar en León y recorrer la tierra -llana. [Marginal: Su correspondencia con Blake.] Desde el 22 abrió el -mariscal francés correspondencia con Blake haciéndole proposiciones muy -ventajosas para que él y su ejército reconociesen a José. Respondiole -el general español con firmeza y decoro, concluyendo los tratos con -una carta de este demasiadamente vanagloriosa, y una respuesta de su -contrario atropellada y en que se pintaba el enfado y despecho. - -La batalla de Rioseco, fatal para los españoles, llenó de júbilo a -Napoleón, comparándola con la de Villaviciosa que había asegurado la -corona en las sienes de Felipe V. Satisfecho con la agradable nueva, o -más bien sirviéndole de honroso y simulado motivo, abandonó a Bayona, -de donde el 21 de julio por la noche salió para París, visitando antes -los departamentos del mediodía. No fue la vez primera ni la única en -que alejándose a tiempo, procuraba que sobre otros recayesen las faltas -y errores que se cometían en su ausencia. - -[Marginal: Viaje de José a Madrid.] - -José, a quien dejamos a la raya de España y pisando su territorio, el -9 de julio había seguido su camino a cortas jornadas. A doquiera -que llegaba acogíanle friamente; las calles de los pueblos estaban en -soledad y desamparo, y no había para recibirle sino las autoridades -que pronunciaban discursos, forzadas por la ocupación francesa. El -16 supo en Burgos las resultas de la batalla de Rioseco, con lo que -más desahogadamente le fue lícito continuar su viaje a Madrid. En el -tránsito quiso manifestarse afable, lo cual dio ocasión a los satíricos -donaires de los que le oían. Porque poco práctico en la lengua -española, alteraba su pureza con vocablos y acento de la italiana, y -sus arengas en vez de cautivar los ánimos solo los movían a risa y -burla. - -[Marginal: Su entrada en la capital.] - -El 20 en fin llegó a Chamartín a mediodía y se apeó en la quinta del -duque del Infantado, disponiéndose a hacer su entrada en Madrid. -Verificola pues en aquella propia tarde a las seis y media, yendo -por la puerta de Recoletos, calle de Alcalá y Mayor hasta palacio. -Habían mandado colgar y adornar las casas. Raro o ninguno fue el -vecino que obedeció. Venía escoltado para seguridad y mayor pompa -de mucha infantería y caballería, generales y oficiales de estado -mayor, y contados españoles de los que estaban más comprometidos. -Interrumpíase la silenciosa marcha con los solos vivas de algunos -franceses establecidos en Madrid, y con el estruendo de la artillería. -Las campanas en lugar de tañer como a fiesta las hubo que doblaron -a manera de día de difuntos. Pocos fueron los habitantes que se -asomaron o salieron a ver la ostentosa solemnidad. Y aun el grito de -uno que prorrumpió en _viva Fernando VII_, causó cierto desorden por -el recelo de alguna oculta trama. Recibimiento que representaba al -vivo el estado de los ánimos, y singular en su contraste con el que -se había dado a Fernando VII en 24 de marzo. Asemejose muy mucho al -de Carlos de Austria en 1710, en el que se mezclaron con los pocos -vítores que le aplaudían, varios que osaron aclamar a Felipe V. Pero -José no se ofendió ni de extraños clamores ni de la expresiva soledad -como el austriaco. Este al llegar a la puerta de Guadalajara torció a -la derecha y se salió por la calle de Alcalá diciendo: «que era una -corte sin gente.» José se posesionó de Palacio y desde luego admitió a -cumplimentarle a las autoridades, consejos y principales personas al -efecto citadas. - -[Marginal: Retrato de José.] - -Ahora no parecerá fuera de propósito que nos detengamos a dar una -idea, si bien sucinta, del nuevo rey, de su carácter y prendas. -Comenzaremos por asentar con desapasionada libertad, que en tiempos -serenos y asistido de autoridad, si no más legítima por lo menos de -origen menos odioso, no hubiera el intruso deshonrado el solio, mas -sí cooperado a la felicidad de España. José había nacido en Córcega, -año de 1768. Habiendo estudiado en el colegio de Autun en Borgoña, -volvió a su patria en 1785 en donde después fue individuo de la -administración departamental, a cuya cabeza estaba el célebre Paoli. -Casado en 1794 con una hija de Mr. Clary, hombre de los más acaudalados -de Marsella, acompañó al general Bonaparte en su primera campaña de -Italia. Hallábase embajador en Roma a la sazón que sublevándose el -pueblo acometió su palacio y mató a su lado al general Duphot. Miembro -a su regreso del consejo de los Quinientos, defendió con esfuerzo a su -hermano que entonces en Egipto era vivamente atacado por el directorio. -Después de desempeñar comisiones importantes y de haber firmado el -concordato con el Papa, los tratados de Luneville, Amiens y otros, -tomó asiento en el senado. Mas cuando Napoleón convirtió la Francia -en un vasto campo militar y sus habitantes en soldados, ciñó a su -hermano la espada, dándole el mando del cuarto regimiento de línea, -uno de los destinados al tan pregonado desembarco de Inglaterra. No -descolló empero en las armas, cual conviniera al que fue a domeñar -después una nación fiera y altiva como la española. Al subir Napoleón -al trono ofreció a José la corona de Lombardía que se negó a admitir, -accediendo en 1806 a recibir la de Nápoles, cuyo reino gobernó con -algún acierto. Fue en España más desgraciado a pesar de las prendas que -le adornaban. Nacido en la clase particular y habiendo pasado por los -vaivenes y trastornos de una gran revolución política, poseía a fondo -el conocimiento de los negocios públicos y el de los hombres. Suave -de condición, instruido y agraciado de rostro, y atento y delicado en -sus modales, hubiera cautivado a su partido las voluntades españolas, -si antes no se las hubiera tan gravemente lastimado en su pundonoroso -orgullo. Además la extrema propensión de José a la molicie y deleites -oscureciendo algún tanto sus bellas dotes, dio ocasión a que se -inventasen respecto de su persona ridículas consejas y cuentos creídos -por una multitud apasionada y enemiga. Así fue que no contentos con -tenerle por ebrio y disoluto, deformáronle hasta en su cuerpo fingiendo -que era tuerto. Su misma locución fácil y florida perjudicole en -gran manera, pues arrastrado de su facundia se arrojaba, como hemos -advertido, a pronunciar discursos en lengua que no le era familiar, -cuyo inmoderado uso unido a la fama exagerada de sus defectos, provocó -a componer farsas populares que, representadas en todos los teatros -del reino, contribuyeron no tanto al odio de su persona como a su -desprecio, afecto del ánimo más temible para el que anhela afianzar en -sus sienes una corona. Por tanto, José, si bien enriquecido de ciertas y -laudables calidades, carecía de las virtudes bélicas y austeras que se -requerían entonces en España, y sus imperfecciones, débiles lunares en -otra coyuntura, ofrecíanse abultadas a los ojos de una nación enojada y -ofendida. - -[Marginal: Su proclamación.] - -Los pocos días que el nuevo rey residió en Madrid se pasaron en -ceremonias y cumplidos. Señalose el 25 de julio para su proclamación. -Prefirieron aquel día por ser el de Santiago, creyendo así agradar a -la devoción española que le reconocía como patrón del reino. Hizo las -veces de alférez mayor el conde de Campo de Alange, estando ausente -y habiendo rehusado asistir el marqués de Astorga a quien de derecho -competía. - -[Marginal: Su reconocimiento.] - -Todas las autoridades, después de haber cumplimentado a José, le -prestaron, con los principales personajes, juramento de fidelidad. Solo -se resistieron el consejo de Castilla [Marginal: Consejo de Castilla.] -y la sala de alcaldes. Muy de elogiar sería la conducta del primero, -si con empeño y honrosa porfía se hubiera antes constantemente opuesto -a las resoluciones de la autoridad intrusa. Había sí a veces suprimido -la fórmula, al publicar sus decretos, de que estos se _guardasen_ y -_cumpliesen_, pero imprimiéndose y circulándose a su nombre: el pueblo, -que no se detenía en otras particularidades, achacaba al consejo y -vituperaba en él la autorización de tales documentos, y los hombres -entendidos deploraban que se sirviese de un efugio indigno de supremos -magistrados. Porque al paso que doblaban la cerviz al usurpador, -buscaban con sutilezas e impropios ardides un descargo a la severa -responsabilidad que sobre ellos pesaba: proceder que los malquistó con -todos los partidos. - -Desde la llegada de José a España habíase ordenado al consejo que -se dispusiese a prestar el debido juramento. En el 22 de julio -expresamente se le reiteró cumpliese con aquel acto, según lo prevenido -en la constitución de Bayona, la cual ya de antemano se le había -ordenado que circulase. El consejo sabedor de la resistencia general -de las provincias, y previendo el compromiso a que se exponía, había -procurado dar largas, y no antes del 24 respondió a las mencionadas -órdenes. En dicho día remitió dos representaciones que abrazaban -ambos puntos el del juramento y el de la constitución. A cerca de la -última expuso: «que él no representaba a la nación, y sí únicamente -las cortes, las que no habían recibido la constitución. Que sería -una manifiesta infracción de todos los derechos más sagrados el que -tratándose, no ya del establecimiento de una ley sino de la extinción -de todos los códigos legales y de la formación de otros nuevos, se -obligase a jurar su observancia antes que la nación los reconociese y -aceptase.» Justa y saludable doctrina de que en adelante se desvió con -frecuencia el mismo consejo. - -Hasta en el presente negocio cedió al fin respecto de la constitución -de Bayona, cuya publicación y circulación tuvo efecto con su anuencia -en 26 de julio. Animáronle a continuar en la negativa del pedido -juramento los avisos confidenciales que ya llegaban del estado apurado -de los franceses en Andalucía: por lo cual el 28 insistió en las -razones alegadas, añadiendo nuevas de conciencia. A unas y a otras -le hubiera la necesidad obligado a encontrar salida y someterse a lo -que se le ordenaba, según antes había en todo practicado, si grandes -acontecimientos allende la Sierra Morena no hubieran distraído de los -escrúpulos del consejo y suscitado nuevos e impensados cuidados al -gobierno intruso. - -Al llegar aquí de suyo se nombra la batalla de Bailén: memorable suceso -que exige lo refiramos circunstanciadamente. - -[Marginal: Acontecimientos que precedieron a la batalla de Bailén.] - -No habrá el lector olvidado como Dupont después de abandonar a Córdoba -se había replegado a Andújar, y asentando allí su cuartel general, -sucesivamente había recibido los refuerzos que le llevaron los -generales Vedel y Gobert. Antes de esta retirada y para impedirla se -había formado un plan por los españoles. Don Francisco Javier Castaños -se oponía a que este se realizase, pensando quizá fundadamente que ante -todo debía organizarse el ejército en un campo atrincherado delante de -Cádiz. En tanto Dupont frustró con su movimiento retrógrado el intento -que había habido de rodearle. Alentáronse los nuestros, y solo Castaños -insistió de nuevo en su anterior dictamen. Inclinábase a adoptarle la -junta de Sevilla hasta que arrastrada por la voz pública, y noticiosa -de que tropas de refresco avanzaban a unirse al enemigo, determinó que -se le atacase en Andújar. - -Castaños desde que había tomado el mando del ejército de Andalucía, -había tratado de engrosarle, y disciplinar a los innumerables paisanos -que se presentaban a alistarse voluntariamente. En Utrera estableció -su cuartel general, y en aquel pueblo y Carmona se juntaron unas en -pos de otras todas las fuerzas, así las que venían de San Roque, Cádiz -y Sevilla, como las que con Echevarri habían peleado en Alcolea. No -tardaron mucho las de Granada en aproximarse y darse la mano con las -demás. Para mayor seguridad rogó Castaños al general Spencer, quien con -5000 ingleses según se apuntó estaba en Cádiz a bordo de la escuadra de -su nación, que desembarcase y tomase posición en Jerez. Por entonces no -condescendió este general con su deseo, prefiriendo pasar a Ayamonte y -sostener la insurrección de Portugal. No tardó sin embargo el inglés en -volver y desembarcar en el Puerto de Santa María, en donde permaneció -corto tiempo sin tomar parte en la guerra de Andalucía. - -[Marginal: Distribución del ejército español de Andalucía.] - -Puestos de inteligencia los jefes españoles dispusieron su ejército -en tres divisiones con un cuerpo de reserva. Mandaba la primera Don -Teodoro Reding con la gente de Granada; la segunda el marqués de -Coupigny, y se dejó la tercera a cargo de Don Félix Jones que debía -obrar unida a la reserva capitaneada por Don Manuel de la Peña. El -total de la fuerza ascendía a 25.000 infantes y 2000 caballos. A las -órdenes de Don Juan de la Cruz había una corta división, compuesta de -las compañías de cazadores de algunos cuerpos, de paisanos y otras -tropas ligeras, con partidas sueltas de caballería, que en todo -ascendía a 1000 hombres. También Don Pedro Valdecañas mandaba por otro -lado pequeños destacamentos de gente allegadiza. - -Los españoles, avanzando, se extendieron desde el 1.º de julio por el -Carpio y ribera izquierda del Guadalquivir. Los franceses para buscar -víveres y cubrir su flanco habían al propio tiempo enviado a Jaén al -general de brigada Cassagne con 1500 hombres. A las once del mismo día, -acercándose los franceses a la ciudad, tuvieron varios reencuentros con -los nuestros, y hasta el 3 que por la noche la desampararon estuvieron -en continuado rebato y pelea, ya con paisanos y ya con el regimiento -de suizos de Reding y voluntarios de Granada, que habían acudido a -la defensa de los suyos. Dupont, sabedor del movimiento del general -Castaños, no queriendo tener alejadas sus fuerzas, había ordenado a -Cassagne que retrocediese, y así se libertó Jaén de la ocupación de -unos soldados que tanto daño le habían ocasionado en la primera. - -[Marginal: Consejo celebrado para atacar a los franceses.] - -Instando de todos lados para que se acometiese decididamente al -enemigo, celebraron en Porcuna el 11 de julio los jefes españoles un -consejo de guerra en el que se acordó el plan de ataque. Conforme a lo -convenido debía Don Teodoro Reding cruzar el Guadalquivir por Mengíbar -y dirigirse sobre Bailén, sosteniéndole el marqués de Coupigny que -había de pasar el río por Villanueva. Al mismo tiempo Don Francisco -Javier Castaños quedó encargado de avanzar con la tercera división y la -reserva y atacar de frente al enemigo, cuyo flanco derecho debía ser -molestado por las tropas ligeras y cuerpos francos de Don Juan de la -Cruz, quien atravesando por el puente de Marmolejo, que aunque cortado -anteriormente estaba ya transitable, se situó al efecto en las alturas -de Sementera. - -El 13 se empezó a poner en obra el concertado movimiento, y el 15 hubo -varias escaramuzas. Dupont inquieto con las tropas que veía delante de -sí, pidió a Vedel que le enviase de Bailén el socorro de una brigada; -pero este no queriendo separarse de sus soldados fue en persona con -su división, dejando solamente a Liger-Belair con 1300 hombres para -guardar el paso de Mengíbar. En el mismo 15 los franceses atacaron a -Cruz, quien después de haber combatido bizarramente se transfirió a -Peñascal de Morales, replegándose los enemigos a sus posiciones. No -hubo en el 16 por el frente, o sea del lado de Castaños, sino un recio -cañoneo; pero fue grave y glorioso para los españoles el choque en que -se vio empeñado en el propio día el general Reding. - -[Marginal: Acción de Mengíbar.] - -Según lo dispuesto trató este general de atacar al enemigo, y al -tiempo que le amenazaba en su posición de Mengíbar, a las cuatro de la -mañana cruzó el río a media legua por el vado apellidado del Rincón. -Le desalojó de todos los puntos, y obligó a Liger-Belair a retirarse -hacia Bailén, de donde volando a su socorro el general Gobert, recibió -este un balazo en la cabeza, de que murió poco después. Cuerpos nuevos -como el de Antequera y otros se estrenaron aquel día con el mayor -lucimiento. Contribuyó en gran manera al acierto de los movimientos el -experto y entendido mayor general Don Francisco Javier Abadía. Nada -embarazaba ya la marcha victoriosa de los españoles; mas Reding como -prudente capitán suspendió perseguir al enemigo, y repasando por la -tarde el río aguardó a que se le uniese Coupigny. Pareció ser día de -buen agüero porque en 1212 en el mismo 16 de julio, según el cómputo -de entonces, habíase ganado la célebre batalla de las Navas de Tolosa, -pueblo de allí poco distante: siendo de notar que el paraje en donde -hubo mayor destrozo de moros, y que aún conserva el nombre de campo de -matanza, fue el mismo en que cayó mortalmente herido el general Gobert. - -De resultas de este descalabro determinó Dupont que Vedel tornase a -Bailén, y arrojase los españoles del otro lado del río. Empezaba el -terror a desconcertar a los franceses. Aumentose con la noticia que -recibieron de lo ocurrido en Valencia, y por doquiera no veían ni -soñaban sino gente enemiga. Así fue que Dufour, sucesor de Gobert, -y Liger-Belair escarmentados con la pérdida que el 16 experimentaron -en Mengíbar, y temerosos de que los españoles mandados por Don -Pedro Valdecañas, que habían acometido y sorprendido en Linares un -destacamento francés, se apoderasen de los pasos de la sierra y fuesen -después sostenidos por la división victoriosa de Reding, en vez de -mantenerse en Bailén caminaron a Guarromán tres leguas distante. Ya -se habían puesto en marcha cuando Vedel de vuelta de Andújar llegó al -primer pueblo, y sin aguardar noticia ni aviso alguno recelándose que -Dufour y su compañero pudiesen ser atacados prosiguió adelante, y -uniéndose a ellos avanzaron juntos a la Carolina y Santa Elena. - -En el intermedio y al día siguiente de la gloriosa acción que había -ganado, movió el general Reding su campo, repasó de nuevo el río en la -tarde del 17, e incorporándosele al amanecer el marqués de Coupigny -entraron ambos el 18 en Bailén. Sin permitir a su gente largo descanso -disponíanse a revolver sobre Andújar, con intento de coger a Dupont -entre sus divisiones y las que habían quedado en los Visos, cuando -impensadamente se encontraron con las tropas de dicho general, que de -priesa y silenciosamente caminaban. Había el francés salido de Andújar -al anochecer del 18, después de destruir el puente y las obras que para -su defensa había levantado. Escogió la oscuridad deseoso de encubrir su -movimiento, y salvar el inmenso bagaje que acompañaba a sus huestes. - -[Marginal: Batalla de Bailén, 19 de julio.] - -Abría Dupont la marcha con 2600 combatientes, mandando Barbou la -columna de retaguardia. Ni franceses ni españoles se imaginaban estar -tan cercanos; pero desengañolos el tiroteo que de noche empezó a oírse -en los puntos avanzados. Los generales españoles que estaban reunidos -en una almazara o sea molino de aceite a la izquierda del camino de -Andújar, paráronse un rato con la duda de si eran fusilazos de su tropa -bisoña o reencuentro con la enemiga. Luego los sacó de ella una granada -que casi cayó a sus pies a las doce y minutos de aquella misma noche, y -principio ya del día 19. Eran en efecto fuegos de tropas francesas que -habiendo las primeras y más temprano salido de Andújar, habían tenido -el necesario tiempo para aproximarse a aquellos parajes. Los jefes -españoles mandaron hacer alto, y Don Francisco Venegas Saavedra, que -en la marcha capitaneaba la vanguardia, mantuvo el conveniente orden, -y causó diversión al enemigo en tanto que la demás tropa ya puesta en -camino volvía a colocarse en el sitio que antes ocupaba. Los franceses -por su parte avanzaron más allá del puente que hay a media legua de -Bailén. En unas y otras no empezó a trabarse formalmente la batalla -hasta cerca de las cuatro de la mañana del citado 19. Aunque los dos -grandes trozos o divisiones, en que se había distribuido la fuerza -española allí presente, estaban al mando de los generales Reding y -Coupigny, sometido este al primero, ambos jefes acudían indistintamente -con la flor de sus tropas a los puntos atacados con mayor empeño. -Ayudoles mucho para el acierto el saber y tino del mayor general -Abadía. - -La primera acometida fue por donde estaba Coupigny. Rechazáronla sus -soldados vigorosamente, y los guardias valonas, suizos, regimientos de -Bujalance, Ciudad Real, Trujillo, Cuenca, Zapadores y el de caballería -de España embistieron las alturas que el enemigo señoreaba y le -desalojaron. Roto este enteramente se acogió al puente, y retrocedió -largo trecho. Reconcentrando en seguida Dupont sus fuerzas volvió -a posesionarse de parte del terreno perdido, y extendió su ataque -contra el centro y costado derecho español en donde estaba Don Pedro -Grimarest. Flaqueaban los nuestros de aquel lado, pero auxiliados -oportunamente por Don Francisco Venegas, fueron los franceses del todo -arrollados teniendo que replegarse. Muchas y porfiadas veces repitieron -los enemigos sus tentativas por toda la línea, y en todas fueron -repelidos con igual éxito. Manejaron con destreza nuestra artillería -los soldados y oficiales de aquella arma, mandados por los coroneles -Don José Juncar y Don Antonio de la Cruz, consiguiendo desmontar -de un modo asombroso la de los contrarios. La sed causada por el -intenso calor era tanta que nada disputaron los combatientes con mayor -encarnizamiento como el apoderarse, ya unos ya otros, de una noria sita -más abajo de la almazara antes mencionada. - -A las doce y media de la mañana Dupont lleno de enojo púsose con todos -los generales a la cabeza de las columnas, y furiosa y bravamente -acometieron juntos al ejército español. Intentaron con particular -arrojo romper nuestro centro, en donde estaban los generales Reding -y Abadía, llegando casi a tocar con los cañones los marinos de la -guardia imperial. Vanos fueron sus esfuerzos, inútil su conato. Tanto -ardimiento y maestría estrellose contra la bravura y constancia de -nuestros guerreros. Cansados los enemigos, del todo decaídos, menguados -sus batallones, y no encontrando refugio ni salida, propusieron una -suspensión de armas que aceptó Reding. - -Mientras que la victoria coronaba con sus laureles a este general, Don -Juan de la Cruz no había permanecido ocioso. Informado del movimiento -de Dupont en la misma noche del 18 se adelantó hasta los Baños, y -colocándose cerca del Herrumblar a la izquierda del enemigo, le molestó -bastantemente. Castaños debió tardar más en saber la retirada de los -franceses, puesto que hasta la mañana del 19 no mandó a Don Manuel de -la Peña ponerse en marcha. Llevó este consigo la tercera división de -su mando reforzada, quedándose con la reserva en Andújar el general en -jefe. Peña llegó cuando se estaba ya capitulando: había antes tirado -algunos cañonazos para que Reding estuviese advertido de su llegada, y -quizá este aviso aceleró el que los franceses se rindiesen. - -Vedel en su correría no habiendo descubierto por la sierra tropas -españolas, unido con Dufour permaneció el 18 en la Carolina, después -de haber dejado para resguardar el paso en Santa Elena y Despeñaperros -dos batallones y algunas compañías. Allí estaba cuando al alborear -del 19 oyendo el cañoneo del lado de Bailén, emprendió su marcha, -aunque lentamente, hacia el punto de donde partía el ruido. Tocaba -ya a las avanzadas españolas, y todavía reposaban estas con el seguro -de la pactada tregua. Advertido sin embargo Reding envió al francés -un parlamento con la nueva de lo acaecido. Dudó Vedel si respetaría -o no la suspensión convenida, mas al fin envió un oficial suyo para -cerciorarse del hecho. - -Ocupaban por aquella parte los españoles las dos orillas del camino. En -la ermita de San Cristóbal, que está a la izquierda yendo de Bailén a -la Carolina, se había situado un batallón de Irlanda, y el regimiento -de Órdenes Militares al mando de su valiente coronel Don Francisco -de Paula Soler: enfrente y del otro lado se hallaba otro batallón de -dicho regimiento de Irlanda con dos cañones. Pesaroso Vedel de haber -suspendido su marcha, u obrando quizá con doblez, media hora después -de haber contestado al parlamento de Reding, y de haber enviado un -oficial a Dupont, mandó al general Cassagne que atacase el puesto de -los españoles últimamente indicado. Descansando nuestros soldados en la -buena fe de lo tratado, fuele fácil al francés desbaratar al batallón -de Irlanda que allí había, cogerle muchos prisioneros, y aun los dos -cañones. Mayor oposición encontró el enemigo en las fuerzas que mandaba -Soler, quien aguantó bizarramente la acometida que le dio el jefe -de batallón Roche. Interesaba mucho aquel punto de la ermita de San -Cristóbal, porque se facilitaba apoderándose de ella la comunicación -con Dupont. Viendo la porfiada y ordenada resistencia que los españoles -ofrecían, iba Vedel a atacar en persona la ermita, cuando recibió la -orden de su general en jefe de no emprender cosa alguna, con lo que -cesó en su intento calificado por los españoles de alevoso. - -[Marginal: Capitulación del ejército francés.] - -Negociábase pues el armisticio que antes se había entablado. Fue -enviado por Dupont para abrir los tratos el capitán Villoutreys de su -estado mayor. Pedía el francés la suspensión de armas y el permiso de -retirarse libremente a Madrid. Concedió Reding la primera demanda, -advirtiendo que para la segunda era menester abocarse con Don Francisco -Javier Castaños que mandaba en jefe. A él se acudió autorizando los -franceses al general Chabert para firmar un convenio. Inclinábase -Castaños a admitir la proposición de dejar a los enemigos repasar sin -estorbo la Sierra Morena. Pero la arrogancia francesa disgustando a -todos, excitó al conde de Tilly a oponerse, cuyo dictamen era de gran -peso como de individuo de la junta de Sevilla, y de hombre que tanta -parte había tomado en la revolución. Vino en su apoyo el haberse -interceptado un despacho de Savary de que era portador el oficial Mr. -de Fénelon. Preveníasele a Dupont en su contenido que se recogiese al -instante a Madrid en ayuda de las tropas que iban a hacer rostro a -los generales Cuesta y Blake que avanzaban por la parte de Castilla -la Vieja. Tilly a la lectura del oficio insistió con ahínco en su -opinión, añadiendo que la victoria alcanzada en los campos de Bailén -de nada serviría sino de favorecer los deseos del enemigo, caso que se -permitiese a sus soldados ir a juntarse con los que estaban allende -la sierra. A sus palabras irritados los negociadores franceses se -propasaron en sus expresiones hablando mal de los paisanos españoles -y exagerando sus excesos. No quedaron en zaga en su réplica los -nuestros, echándoles en cara escándalos, saqueos y perfidias. De ambas -partes agriándose sobremanera los ánimos, rompiéronse las entabladas -negociaciones. - -Mas los franceses no tardaron en renovarlas. La posición de su ejército -por momentos iba siendo más crítica y peligrosa. Al ruido de la -victoria había acudido de la comarca la población armada, la cual y -los soldados vencedores estrechando en derredor al enemigo abatido y -cansado, sofocado con el calor y sediento, le sumergían en profunda -aflicción y desconsuelo. Los jefes franceses no pudiendo los más -sobrellevar la dolorosa vista que ofrecían sus soldados, y algunos, si -bien los menos, temerosos de perder el rico botin que los acompañaba, -generalmente persistieron en que se concluyese una capitulación. Y como -las primeras conferencias no habían tenido feliz resulta, escogiose -para ajustarla al general Marescot que por acaso se había incorporado -al ejército de Dupont. De antiguo conocía al nuevo plenipotenciario Don -Francisco Javier Castaños, y lisonjeáronse los que le eligieron con que -su amistad llevaría la negociación a pronto y cumplido remate. - -Habíanse ya trabado nuevas pláticas, y todavía hubo oficiales franceses -que escuchando más a los ímpetus de su adquirida gloria que a lo que su -situación y la fe empeñada exigían, propusieron embestir de repente -las líneas españolas, y uniéndose con Vedel salvarse a todo trance. -Dupont mismo sobrecogido y desatentado dio órdenes contradictorias, -y en una de ellas insinuó a Vedel que se considerase como libre y se -pusiese en cobro. Bastole a este general el permiso para empezar a -retirarse por la noche burlándose de la tregua. Notando los españoles -su fuga, intimaron a Dupont que de no cumplir él y los suyos la palabra -dada, no solamente se rompería la negociación, sino que también sus -divisiones serían pasadas a cuchillo. Arredrado con la amenaza, -envió el francés oficiales de su estado mayor que detuviesen en la -marcha a Vedel, el cual aunque cercado de un enjambre de paisanos, y -hostigado por el ejército español, vaciló si había o no de obedecer. -Mas aterrorizados oficiales y soldados, era tanto su desaliento que de -veintitrés jefes que convocó a consejo de guerra, solo cuatro opinaron -que debía continuarse la comenzada retirada. Mal de su grado sometiose -Vedel al parecer de la mayoría. - -Terminose pues la capitulación oscura y contradictoria en alguna de -sus partes; lo que en seguida dio margen a disputas y altercados.[*] -[Marginal: (* Ap. n. 4-15.)] Según los primeros artículos se hacía una -distinción bien marcada entre las tropas del general Dupont y las de -Vedel. Las unas eran consideradas como prisioneras de guerra, debiendo -rendir las armas, y sujetarse a la condición de tales. A las otras si -bien forzadas a evacuar la Andalucía, no se las obligaba a entregar -las armas sino en calidad de depósito, para devolvérselas a su -embarco. Pero esta distinción desaparecía en el artículo 6.º en donde -se estipulaba que todas las tropas francesas de Andalucía se harían a -la vela desde Sanlúcar y Rota para Rochefort en buques tripulados por -españoles. Ignoramos si hubo o no malicia en la inserción del artículo. -Si procedió de ardid de los negociadores franceses, enredáronse -entonces en su propio lazo, pues no era hacedero aprestar los -suficientes barcos con tripulación nacional. Tenemos por más probable -que anhelando todos concluir el convenio se precipitaron a cerrarle, -dejándole en parte ambiguo y vago. - -La capitulación firmose en Andújar el 22 de julio por Don Francisco -Javier Castaños y el conde de Tilly a nombre de los españoles, y lo -fue al de los franceses por los generales Marescot y Chabert. Al día -siguiente desfiló la fuerza que estaba a las órdenes inmediatas del -general Dupont por delante de la reserva y tercera división españolas, -a cuyo frente se hallaban los generales Castaños y Don Manuel de la -Peña. Censurose que se diera la mayor honra y prez de la victoria a -las tropas que menos habían contribuido a alcanzarla. Componíase la -primera fuerza francesa de 8248 hombres, [Marginal: Rinden las armas -los franceses.] la cual rindió sus armas a 400 toesas del campo. El -24 trasladose el mismo Castaños a Bailén, en donde las divisiones -de Vedel y Dufour que constaban de 9393 hombres abandonaron sus -fusiles, colocándolos en pabellones sobre el frente de banderas. Además -entregaron unos y otros las águilas como también los caballos y la -artillería que contaba 40 piezas. De suerte que entre los que habían -perecido en la batalla, los rendidos y los que después sucesivamente se -rindieron en la sierra y Mancha, pasaba el total del ejército enemigo -de 21.000 hombres. El número de sus muertos ascendía a más de 2000 -con gran número de heridos. Entre ellos perecieron el general Dupré -y varios oficiales superiores. Dupont quedó también contuso. De los -nuestros murieron 243, quedando heridos más de 700. - -[Marginal: Reflexiones sobre la batalla.] - -Día fue aquel de ventura y gloria para los españoles, de eterna -fama para sus soldados, de terrible y dolorosa humillación para los -contrarios. Antes vencedores estos contra las más aguerridas tropas -de Europa, tuvieron que rendir ahora sus armas a un ejército bisoño -compuesto en parte de paisanos y allegado tan apresuradamente que -muchos sin uniforme todavía conservaban su antiguo y tosco vestido. -Batallaron sin embargo los franceses con honra y valentía; cedieron a -la necesidad, pero cedieron sin afrenta. Algunos de sus caudillos no -pudieron ponerse a salvo de una justa y severa censura. Allá en Roma -en parecido trance pasaron sus cónsules bajo el yugo despojados, y -medio desnudos al decir de Tito Livio: «aquí hubo jefes que tuvieron -más cuenta con la mal adquirida riqueza que con el buen nombre.» No ha -faltado entre sus compatriotas quien haya achacado la capitulación al -deseo de no perder el cuantioso botin que consigo llevaban. Pudo caber -tan ruin pensamiento en ciertos oficiales, mas no en su mayor y más -respetable número. Guerreros bravos y veteranos lidiaron con arrojo y -maestría; sometiéronse a su mala estrella y a la dicha y señalado brío -de los españoles. - -La victoria pesada en la balanza de la razón casi tocó en portento. -Cierto que las divisiones de Reding y de Coupigny, únicas que en -realidad lidiaron, contaban un tercio de fuerza más que las de -Dupont, constando estas de 8000 hombres, y aquellas de 14.000. ¡Pero -qué inferioridad en su composición! Las francesas superiorísimas en -disciplina, bajo generales y oficiales inteligentes y aguerridos, -bien pertrechadas y con artillería completa y bien servida, tenían -la confianza que dan tamañas ventajas y una serie no interrumpida de -victorias. Las españolas mal vestidas y armadas, con oficiales por -la mayor parte poco prácticos en el arte de la guerra y con soldados -inexpertos, eran más bien una masa de hombres de repente reunidos, que -un ejército en cuyas filas hubiese la concordancia y orden propios -de un ejército a punto de combatir. Nuestra caballería por su mala -organización conceptuábase como nula a pesar del valor de los jinetes, -al paso que la francesa brillaba y se aventajaba por su arreglo y -destreza. La posición ocupada por los españoles no fue más favorable -que la de los enemigos, habiendo al contrario tenido estos la fortuna -de acometer los primeros a los nuestros que comenzaban su marcha. Podrá -alegarse que hallándose a la retaguardia de Dupont las fuerzas de -Castaños y Peña, se le inutilizaba a aquel su superioridad viéndose así -perseguido y estrechado; pero en respuesta diremos que también Reding -tuvo a sus espaldas las tropas de Vedel, con la diferencia que las de -Peña nunca llegaron al ataque, y las otras le realizaron por dos veces. -No es extraño que mortificados los vencidos con la impensada rota, la -hayan asimismo achacado a la penuria que experimentaban sus soldados, -al cansancio y al calor terrible en aquella estación y en aquel clima. -Pero si los víveres abundaban en el campo de los españoles, era igual -o mayor la fatiga, y no herían con menos violencia los rayos del sol -a muchos de los que siendo de provincias más frescas estaban tan -desacostumbrados como los franceses a los ardores de las del mediodía, -de que varios cayeron sofocados y muertos. Hanse reprendido a Dupont y -a sus generales graves faltas, y ¡cuáles no cometieron los españoles! -Si Vedel y los suyos corrieron a la Carolina tras un enemigo que no -existía, Castaños y la Peña se pararon sobrado tiempo en los Visos de -Andújar, figurándose tener delante un enemigo que había desaparecido. -El general francés reputado como uno de los primeros de su nación, -aventajábase en nombradía al español, habiéndose ilustrado con -gloriosos hechos en Italia y en las orillas del Danubio y del Elba. -Castaños, después de haber servido con distinción en la campaña de -Francia de 1793, gozaba fama de buen oficial y de hombre esforzado, -mas no había todavía tenido ocasión de señalarse como general en jefe. -Suave de condición amábanle sus subalternos; mañero en su conducta -acusábanle otros de saber aprovecharse en beneficio propio de las -hazañas ajenas. Así fue que quisieron privarle de todo loor y gloria -en los triunfos de Bailén. Juicio apasionado e injusto. Pues si a la -verdad no asistió en persona a la acción, y anduvo lento en moverse de -Andújar, no por eso dejó de tomar parte en la combinación y arreglo -acordado para atacar y destruir al enemigo. Por lo demás la ventaja -real que en esta célebre jornada asistió a los españoles, fue el puro -y elevado entusiasmo que los animaba y la certeza de la justicia de la -causa que defendían, al paso que los franceses decaídos en medio de -un pueblo que los aborrecía, abrumados con su bagaje y sus riquezas, -conservaban sí el valor de la disciplina y el suyo propio, pero no -aquella exaltación sublime con que habían asombrado al mundo en las -primeras campañas de la revolución. - -Nos hemos detenido algún tanto en el cotejo de los ejércitos -combatientes y en el de sus operaciones, no para dar preferencia en las -armas a ninguna de las dos naciones, sino para descubrir la verdad y -ponerla en su más espléndido y claro punto. Los habitadores de España -y Francia como todos los de Europa igualmente bravos y dispuestos a -las acciones más dignas y elevadas, han tenido sus tiempos de gloria y -abatimiento, de fortuna y desdicha, dependiendo sus victorias o de la -previsión y tino de sus gobiernos, o de la maestría de sus caudillos, o -de aquellos acasos tan comunes en la guerra, y por los que con razón se -ha dicho que las armas tienen sus días. - -[Marginal: Camina el ejército rendido a la costa.] - -Los franceses después de haberse rendido, emprendieron su viaje hacia -la costa de noche y a cortas jornadas. Además de las contradicciones -e inconvenientes que en sí envolvía la capitulación, casi la -imposibilitaban las circunstancias del día. La autoridad, falta de -la necesaria fuerza, no podía enfrenar el odio que había contra los -franceses, causadores de una guerra que Napoleón mismo calificó alguna -vez de sacrílega.[*] [Marginal: (* Ap. n. 4-16.)] El modo pérfido -con que ella había comenzado, los excesos, robos y saqueos cometidos -en Córdoba y su comarca, tanto más pesados, cuanto recaían sobre -pueblos no habituados desde siglos a ver enemigos en sus hogares, -excitaban un clamor general, y creíase universalmente que ni pacto ni -tratado debía guardarse con los que no habían respetado ninguno. En -semejante conflicto la junta de Sevilla consultó con los generales -Morla y Castaños acerca de asunto tan grave. Disintieron ambos en sus -pareceres. Con razón el último sostenía el fiel cumplimiento de lo -estipulado, en contraposición del primero que buscaba la aprobación y -aplauso popular. Adhirió la junta al dictamen de este, aunque injusto -e indebido. Para sincerarse circuló un papel en cuyo contexto intentó -probar que los franceses habían infringido la capitulación, y que suya -era la culpa si no se cumplía. Efugio indigno de la autoridad soberana -cuando había una razón principalísima, y que fundadamente podía -producirse, cual era la falta de transportes y marinería. - -[Marginal: Desorden en Lebrija causado por la presencia de los -prisioneros.] - -Por pequeña ocasión aumentáronse las dificultades. Acaeció pues en -Lebrija que descubriéndose casualmente en las mochilas de algunos -soldados más dinero que el que correspondía a su estado y situación, -irritose en extremo el pueblo, y ellos para libertarse del enojo que -había promovido el hallazgo, trataron de descargarse acusando a los -oficiales. Del alboroto y pendencia resultaron muertes y desgracias. -Propúsoseles entonces a los prisioneros que para evitar disturbios se -sujetasen a un prudente registro, depositando los equipajes en manos de -la autoridad. No cedieron al medio indicado, y otro incidente levantó -en el Puerto de Santa María gran bullicio. [Marginal: En el Puerto de -Santa María.] Al embarcarse allí el 14 de agosto para pasar la bahía, -cayose de la maleta de un oficial una patena y la copa de un cáliz. -Fácil es adivinar la impresión que causaría la vista de semejantes -objetos. Porque además de contravenirse a la capitulación en que se -había expresamente estipulado la restitución de los vasos sagrados, se -escandalizaba sobremanera a un pueblo que en tan gran veneración tenía -aquellas alhajas. Encendidos los ánimos, se registraron los más de los -equipajes, y apoderándose de ellos se maltrató a muchos prisioneros y -se les despojó en general de casi todo lo que poseían. - -[Marginal: Correspondencia entre Dupont y Morla.] - -Promovieron tales incidentes reclamaciones vivas del general Dupont -y una correspondencia entre él y Don Tomás de Morla gobernador de -Cádiz. Pedía el francés en ella los equipajes de que se había privado -a los suyos, e insistiendo en su demanda contestole entre otras -cosas Morla: «¿si podía una capitulación que solo hablaba de la -seguridad de sus equipajes, darle la propiedad de los tesoros que con -asesinatos, profanación de cuanto hay sagrado, crueldades y violencias -había acumulado su ejército de Córdoba y otras ciudades? ¿Hay razón -[continuaba], derecho ni principio que prescriba que se debe guardar -fe ni aun humanidad a un ejército que ha entrado en un reino aliado -y amigo so pretextos capciosos y falaces; que se ha apoderado de su -inocente y amado rey y toda su familia con igual falacia; que les ha -arrancado violentas e imposibles renuncias a favor de su soberano, y -que con ellas se ha creído autorizado a saquear sus palacios y pueblos, -y que porque no acceden a tan inicuo proceder, profanan sus templos y -los saquean, asesinan sus ministros, violan las vírgenes, estupran a su -placer bárbaro, y cargan y se apoderan de cuanto pueden transportar, -y destruyen lo que no? ¿Es posible que estos tales tengan la audacia, -oprimidos, cuando se les priva de estos que para ellos deberían -ser horrorosos frutos de su iniquidad, reclamar los _principios de -honor y probidad_?» Verdades eran estas si bien mal expresadas, por -desgracia sobradamente obvias y de todos conocidas. Mas las perfidias -y escándalos pasados no autorizaban el quebrantamiento de una -capitulación contratada libremente por los generales españoles. ¿Qué -sería de las naciones, qué de su progreso y civilización, si echándose -recíprocamente en cara sus extravíos, sus violencias, olvidasen la -fe empeñada y traspasasen y abatiesen los linderos que ha fijado -el derecho público y de gentes? En Morla fue más reprensible aquel -lenguaje siendo militar antiguo, y hombre que después a las primeras -desgracias de su patria la abandonó villanamente y desertó al bando -enemigo. - -[Marginal: Consternación del gobierno francés en Madrid.] - -Al paso que con las victorias de Bailén fue en las provincias colmado -el júbilo y universal y extremado el entusiasmo, consternose y cayó -como postrado el gobierno de Madrid. Empezó a susurrarse tan grave -suceso en el día 23. De antemano y varias veces se había anunciado -la deseada victoria como si fuera cierta, por lo que los franceses -calificaban la voz esparcida de vulgar e infundada. Sacoles del error -el aviso de que un oficial suyo se aproximaba con la noticia. Llegó -pues este, y supieron los pormenores de la desgracia acaecida. Había -cabido ser portador de la infausta nueva al mismo Mr. de Villoutreys, -que había entablado en Bailén los primeros tratos, y a cuyo hado -adverso tocaba el desempeño de enfadosas comisiones. Según lo convenido -en la capitulación, un oficial francés escoltado por tropa española -debía en persona comunicarla al duque de Rovigo, general en jefe del -ejército enemigo, y ordenar también en su tránsito por la sierra -y Mancha a los destacamentos apostados en la ruta, y que formaban -parte de las divisiones rendidas, ir a juntarse con sus compañeros -ya sometidos para participar de igual suerte. Cumplió fielmente Mr. -de Villoutreys con lo que se le previno, y todos obedecieron incluso -el destacamento de Manzanares. Fue el de Madridejos el que primero -resistió a la orden comunicada. - -[Marginal: Retírase José.] - -Llegó a Madrid el fatal mensajero en 29 de julio. Congregó José -sin dilación un consejo compuesto de personas las más calificadas. -Variaron los pareceres. Fue el del general Savary retirarse al Ebro. -Todos al fin se sometieron a su opinión, así por salir de la boca del -más favorecido de Napoleón, como también porque avisos continuados -manifestaban cuánto se empeoraba el semblante de las cosas. Por -todas partes se conmovían los pueblos cercanos a la capital: no les -intimidaba la proximidad de las tropas enemigas; cortábanse las -comunicaciones; en la Mancha eran acometidos los destacamentos sueltos, -y ya antes en Villarta habían sus vecinos desbaratado e interceptado -un convoy considerable. Agolpáronse uno tras otro los reveses y los -contratiempos: pocos hubo en Madrid de los enemigos y sus parciales -que no se abatiesen y descorazonasen. A muchos faltábales tiempo para -alejarse de un suelo que les era tan contrario y ominoso. - -[Marginal: Españoles que le siguen.] - -José resuelto a partir, dejó a la libre voluntad de los españoles que -con él se habían comprometido, quedarse o seguirle en la retirada. -Contados fueron los que quisieron acompañarle. De los siete ministros, -Cabarrús, Ofárril, Mazarredo, Urquijo y Azanza mantuviéronse adictos -a su persona y no se apartaron de su lado. Permanecieron en Madrid -Peñuela y Cevallos. Imitaron su ejemplo los duques del Infantado -y el del Parque, como casi todos los que habían presenciado los -acontecimientos de Bayona y asistido a su congreso. No faltó quien los -tachase de inconsiguientes y desleales. Juzgaban otros diversamente, -y decían que los más habían sido arrastrados a Francia o por fuerza -o por engaño, y que si bien se propasaron algunos a pedir empleos o -gracias, nunca era tarde para reconciliarse con la patria, arrepentirse -de un tropiezo causado por el miedo o la ciega ambición, y contribuir -a la justa causa en cuyo favor la nación entera se había pronunciado. -Lo cierto es que ni uno quizá de los que siguieron a José hubiera -dejado de abrazar el mismo partido, a no haberles arredrado el temor de -la enemistad y del odio que las pasiones del momento habían excitado -contra sus personas. - -Antes de abrir la marcha reconcentraron los enemigos hacia Madrid las -fuerzas de Moncey y las desparramadas a orillas del Tajo. Clavaron en -el Retiro y casa de la China más de ochenta cañones, llevándose las -vajillas y alhajas de los palacios de la capital y sitios reales que -no habían sido de antemano robadas. Tomadas estas medidas empezaron -a evacuar la capital inmediatamente. Salió José el 30 cerrando la -retaguardia en la noche del 31 el mariscal Moncey. Respiraron del -todo y desembarazadamente aquellos habitantes en la mañana del 1.º de -agosto. El 9 entró el fugitivo rey en Burgos con Bessières, quien según -órdenes recibidas se había replegado allí de tierra de León. - -[Marginal: Destrozos causados en la retirada.] - -Acompañaron a los franceses en su retirada lágrimas y destrozos. -Soldados desmandados y partidas sueltas esparcieron la desolación y -espanto por los pueblos del camino o los poco distantes. Rezagábanse, -se perdían para merodear y pillar, saqueaban las casas, talaban los -campos sin respetar las personas ni lugares más sagrados. Buitrago, el -Molar, Iglesias, Pedrezuela, Gandullas, Broajos y sobre todo la villa -de Venturada abrasada y destruida, conservarán largo tiempo triste -memoria del horroroso tránsito del extranjero. - -Continuó José su marcha y en Miranda de Ebro hizo parada, extendiéndose -la vanguardia de su ejército a las órdenes del mariscal Bessières -hasta las puertas de Burgos. Terminose así su malogrado y corto viaje -de Madrid, del que libres y menos apremiados por los acontecimientos, -pasaremos a referir los nuevos y esclarecidos triunfos que alcanzaron -las armas españolas en las provincias de Aragón y Cataluña. - - - - - APÉNDICES - - AL TOMO PRIMERO. - - - - - APÉNDICE - DEL - LIBRO PRIMERO. - - -NÚMERO 1-1. - -Tenemos noticia original del despacho que con este motivo escribió a -Madrid Don Eugenio Izquierdo, y también podrá verse en el manifiesto, -que de sus procedimientos publicó el consejo real, la mención que en su -contenido se hace del convenio concluido por Izquierdo en 10 de mayo de -1806. - - -NÚMERO 1-2. - -_Plenos poderes dados por el rey Carlos IV a Don Eugenio Izquierdo -embajador extraordinario en Francia en 26 de mayo de 1806, renovados en -8 de octubre de 1807._ - -Don Carlos por la gracia de Dios rey de España y de las Indias &c. - -Teniendo entera confianza en vos, Don Eugenio Izquierdo nuestro -consejero honorario de estado, y habiéndoos autorizado en virtud de -esta confianza justamente merecida para firmar un tratado con la -persona que fuere igualmente autorizada por nuestro aliado el emperador -de los franceses, nos comprometemos de buena fe y sobre nuestra palabra -real, que aprobaremos, ratificaremos y haremos observar y ejecutar -entera e inviolablemente todo lo que sea estipulado y firmado por -vos. En fe de lo cual hemos hecho expedir la presente firmada de -nuestra mano, sellada con nuestro sello secreto, y refrendada por el -infrascrito nuestro consejero de estado, primer secretario de estado -y del despacho. Dada en Aranjuez a 26 de mayo de 1806. — Yo el Rey. — -Pedro Cevallos. - -NOTA. Traducción española de la francesa que había entre los papeles -de Don Eugenio Izquierdo, quien al pie de la dicha traducción francesa -puso las dos certificaciones siguientes en francés: — 1.ª Certifico -que esta traducción es fiel. París 5 de junio de 1806. — Izquierdo -consejero de estado de S. M. C. — 2.ª Certifico que estos poderes han -sido renovados día 8 del presente mes en el real sitio de San Lorenzo. -— Fontainebleau 27 de octubre de 1807. — Izquierdo. — (_Llorente, tom. -3.º núm. 106._) - - -NÚMERO 1-3. - -La amistad que media hace muchos años entre Don Agustín de Argüelles -y nosotros, nos ha puesto en el caso de haber oído muchas veces de su -misma boca la relación de esta misión que le fue encomendada. A mayor -abundamiento conservamos por escrito una nota suya acerca de aquel -suceso. - - -NÚMERO 1-4. - -_Proclama de Don Manuel Godoy._ - -En circunstancias menos arriesgadas que las presentes han procurado -los vasallos leales auxiliar a sus soberanos con dones y recursos -anticipados a las necesidades; pero en esta previsión tiene el mejor -lugar la generosa acción de súbdito hacia su señor. El reino de -Andalucía privilegiado por la naturaleza en la producción de caballos -de guerra ligeros; la provincia de Extremadura que tantos servicios -de esta clase hizo al señor Felipe V ¿verán con paciencia que la -caballería del rey de España esté reducida e incompleta por falta de -caballos? No, no lo creo; antes sí espero que del mismo modo que los -abuelos gloriosos de la generación presente sirvieron al abuelo de -nuestro rey con hombres y caballos, asistan ahora los nietos de nuestro -suelo con regimientos o compañías de hombres diestros en el manejo del -caballo, para que sirvan y defiendan a su patria todo el tiempo que -duren las urgencias actuales, volviendo después llenos de gloria y con -mejor suerte al descanso entre su familia. Entonces sí que cada cual -se disputará los laureles de la victoria; cual dirá deberse a su brazo -la salvación de su familia; cual la de su jefe; cual la de su pariente -o amigo, y todos a una tendrán razón para atribuirse a sí mismos la -salvación de la patria. Venid pues amados compatriotas: venid a jurar -bajo las banderas del más benéfico de los soberanos: venid y yo os -cubriré con el manto de la gratitud, cumpliéndoos cuanto desde ahora os -ofrezco, si el Dios de las victorias nos concede una paz tan feliz y -duradera cual le rogamos. No, no os detendrá el temor, no la perfidia: -vuestros pechos no abrigan tales vicios, ni dan lugar a la torpe -seducción. Venid pues y si las cosas llegasen a punto de no enlazarse -las armas con las de nuestros enemigos, no incurriréis en la nota de -sospechosos, ni os tildaréis con un dictado impropio de vuestra lealtad -y pundonor por haber sido omisos a mi llamamiento. - -Pero si mi voz no alcanzase a despertar vuestros anhelos de gloria, sea -la de vuestros inmediatos tutores o padres del pueblo a quienes me -dirijo, la que os haga entender lo que debéis a vuestra obligación, a -vuestro honor, y a la sagrada religión que profesáis. — El príncipe de -la Paz. - - -NÚMERO 1-5. - -_Estado de los regimientos que componían la expedición de tropas -españolas al mando del teniente general marqués de la Romana, destinada -a formar un cuerpo de observación hacia el país de Hanóver._ - -Deberán salir de España por la parte de Irún los cuerpos siguientes: -infantería de línea, tercer batallón de Guadalajara, 778 hombres; -regimiento de Asturias, 2332; primero y segundo batallón de la -Princesa, 1554; infantería ligera, primer batallón de Barcelona, 1245 -plazas; caballería de línea, Rey, 670 hombres y 540 caballos; Infante, -id., id. - -Por la parte de la Junquera: infantería de línea, tercer batallón de la -Princesa, 778 plazas; dragones, Almansa, 670 hombres y 540 caballos; -Lusitania, id., id.; artillería un tren de campaña de 25 piezas y el -ganado de tiro correspondiente, 270 hombres; zapadores-minadores, una -compañía 127 hombres. - -Existentes en Etruria y que constituyen parte de la expedición: -infantería de línea, regimiento de Zamora, 969 plazas; primero y -segundo batallón de Guadalajara, 996; infantería ligera, primer -batallón de Cataluña, 1042 hombres; caballería, Algarbe, 624 hombres y -406 caballos; dragones, Villaviciosa, 634 hombres y 393 caballos. - -Total 14.019 hombres y 2959 caballos. Id. plazas agregadas 2216 hombres -y 241 caballos. — Madrid 4 de marzo de 1807. - -NOTA. No se expresan las plazas agregadas de cada cuerpo, aunque sí el -total de las que deben ser. - - -NÚMERO 1-6. - -_Tratado secreto entre el rey de España y el emperador de los -franceses, relativo a la suerte futura del Portugal._ - -Napoleón emperador de los franceses &c. Habiendo visto y examinado -el tratado concluido, arreglado y firmado en Fontainebleau a 27 de -octubre de 1807 por el general de división Miguel Duroc, gran mariscal -de nuestro palacio &c., en virtud de los plenos poderes que le hemos -conferido a este efecto, con Don Eugenio Izquierdo, consejero honorario -de estado y de guerra de S. M. el rey de España, igualmente autorizado -con plenos poderes de su soberano, de cuyo tratado es el tenor como -sigue: - -S. M. el emperador de los franceses y S. M. el rey de España -queriendo arreglar de común acuerdo los intereses de los dos estados, -y determinar la suerte futura de Portugal de un modo que concilie -la política de los dos países, han nombrado por sus ministros -plenipotenciarios, a saber: S. M. el emperador de los franceses al -general Duroc, y S. M. el rey de España a Don Eugenio Izquierdo, los -cuales después de haber canjeado sus plenos poderes, se han convenido -en lo que sigue: - -1.º La provincia de Entre-Duero-y-Miño con la ciudad de Oporto se dará -en toda propiedad y soberanía a S. M. el rey de Etruria con el título -de rey de la Lusitania septentrional. - -2.º La provincia del Alentejo y el reino de los Algarbes se darán en -toda propiedad y soberanía al príncipe de la Paz, para que las disfrute -con el título de príncipe de los Algarbes. - -3.º Las provincias de Beira, Tras-os-Montes y la Extremadura portuguesa -quedarán en depósito hasta la paz general para disponer de ellas según -las circunstancias, y conforme a lo que se convenga entre las dos altas -partes contratantes. - -4.º El reino de la Lusitania septentrional será poseído por los -descendientes de S. M. el rey de Etruria hereditariamente, y siguiendo -las leyes que están en uso en la familia reinante de S. M. el rey de -España. - -5.º El principado de los Algarbes será poseído por los descendientes -del príncipe de la Paz hereditariamente, siguiendo las reglas del -artículo anterior. - -6.º En defecto de descendientes o herederos legítimos del rey de la -Lusitania septentrional, o del príncipe de los Algarbes, estos países -se darán por investidura por S. M. el rey de España, sin que jamás -puedan ser reunidos bajo una misma cabeza, o a la corona de España. - -7.º El reino de la Lusitania septentrional y el principado de los -Algarbes reconocerán por protector a S. M. el rey de España, y en -ningún caso los soberanos de estos países podrán hacer ni la paz ni la -guerra sin su consentimiento. - -8.º En el caso de que las provincias de Beira, Tras-os-Montes y la -Extremadura portuguesa tenidas en secuestro, fuesen devueltas a la paz -general a la casa de Braganza en cambio de Gibraltar, la Trinidad y -otras colonias que los ingleses han conquistado sobre la España y sus -aliados, el nuevo soberano de estas provincias tendría con respecto a -S. M. el rey de España los mismos vínculos que el rey de la Lusitania -septentrional y el príncipe de los Algarbes, y serán poseídas por aquel -bajo las mismas condiciones. - -9.º S. M. el rey de Etruria cede en toda propiedad y soberanía el reino -de Etruria a S. M. el emperador de los franceses. - -10. Cuando se efectúe la ocupación definitiva de las provincias de -Portugal, los diferentes príncipes que deben poseerlas nombrarán de -acuerdo comisarios para fijar sus límites naturales. - -11. S. M. el emperador de los franceses sale garante a S. M. el rey de -España de la posesión de sus estados del continente de Europa situados -al mediodía de los Pirineos. - -12. S. M. el emperador de los franceses se obliga a reconocer a S. M. -el rey de España como emperador de las dos Américas, cuando todo esté -preparado para que S. M. pueda tomar este título, lo que podrá ser, o -bien a la paz general, o a más tardar dentro de tres años. - -13. Las dos altas partes contratantes se entenderán para hacer un -repartimiento igual de las islas, colonias y otras propiedades -ultramarinas del Portugal. - -14. El presente tratado quedará secreto, será ratificado, y las -ratificaciones serán canjeadas en Madrid 20 días a más tardar después -del día en que se ha firmado. - -Fecho en Fontainebleau a 27 de octubre de 1807. — Duroc. — Izquierdo. - -Hemos aprobado y aprobamos el precedente tratado en todos y en -cada uno de los artículos contenidos en él; declaramos que está -aceptado, ratificado y confirmado, y prometemos que será observado -inviolablemente. En fe de lo cual hemos dado la presente firmada de -nuestra mano, refrendada y sellada con nuestro sello imperial en -Fontainebleau a 29 de octubre de 1807. — Firmado. — Napoleón. — El -ministro de relaciones exteriores. — Champagny. — Por el emperador, -el ministro secretario de Estado. — Hugo Maret. - - -_Convención anexa al tratado anterior, aprobada y ratificada en los -mismos términos._ - -ART. 1.º Un cuerpo de tropas imperiales francesas de 25.000 hombres -de infantería y 3000 de caballería entrará en España y marchará en -derechura a Lisboa: se reunirá a este cuerpo otro de 8000 hombres de -infantería y 3000 de caballería de tropas españolas con 30 piezas de -artillería. - -2.º Al mismo tiempo una división de tropas españolas de 10.000 hombres -tomará posesión de la provincia de Entre-Duero-y-Miño y de la ciudad de -Oporto; y otra división de 6000 hombres compuesta igualmente de tropas -españolas tomará posesión de la provincia del Alentejo y del reino de -los Algarbes. - -3.º Las tropas francesas serán alimentadas y mantenidas por la España -y sus sueldos pagados por la Francia durante todo el tiempo de su -tránsito por España. - -4.º Desde el momento en que las tropas combinadas hayan entrado en -Portugal, las provincias de Beira, Tras-os-Montes y la Extremadura -portuguesa (que deben quedar secuestradas) serán administradas y -gobernadas por el general comandante de las tropas francesas, y las -contribuciones que se les impondrán quedarán a beneficio de la Francia. -Las provincias que deben formar el reino de la Lusitania septentrional -y el principado de los Algarbes serán administradas y gobernadas por -los generales comandantes de las divisiones españolas que entrarán en -ellas, y las contribuciones que se les impondrán quedarán a beneficio -de la España. - -5.º El cuerpo del centro estará bajo las órdenes de los comandantes de -las tropas francesas, y a él estarán sometidas las tropas españolas que -se reúnan a aquellas: sin embargo si el rey de España o el príncipe de -la Paz juzgaren conveniente trasladarse a este cuerpo de ejército, el -general comandante de las tropas francesas y estas mismas estarán bajo -sus órdenes. - -6.º Un nuevo cuerpo de 40.000 hombres de tropas francesas se reunirá -en Bayona a más tardar el 20 de noviembre próximo, para estar pronto a -entrar en España para transferirse a Portugal en el caso de que los -ingleses enviasen refuerzos y amenazasen atacarlo. Este nuevo cuerpo -no entrará sin embargo en España hasta que las dos altas potencias -contratantes se hayan puesto de acuerdo a este efecto. - -7.º La presente convención será ratificada &c. - - -NÚMERO 1-7. - -Hemos visto las más de las piezas que obraron en este proceso. Decimos -_las más_ porque como el original ha rodado por tantas manos y personas -de intereses encontrados, no sería extraño que se hubiesen extraviado -algunos documentos o alterado otros. Dicho proceso paraba en poder de -Don Mariano Luis de Urquijo, y a su muerte acaecida en París en 1817 -pasó al del marqués de Almenara. No sabemos si este lo conserva aún, o -si lo ha entregado al rey Fernando VII. - - -NÚMERO 1-8. - -_Carta del príncipe de Asturias Fernando al emperador Napoleón en 11 de -octubre de 1807._ - -Señor: el temor de incomodar a V. M. I. en medio de sus hazañas y -grandes negocios que lo ocupan sin cesar, me ha privado hasta ahora de -satisfacer directamente mis deseos eficaces de manifestar a lo menos -por escrito los sentimientos de respeto, estimación y afecto que tengo -al héroe mayor que cuantos le han precedido, enviado por la providencia -para salvar la Europa del trastorno total que la amenazaba, para -consolidar los tronos vacilantes, y para dar a las naciones la paz y la -felicidad. - -Las virtudes de V. M. I., su moderación, su bondad aun con sus más -injustos e implacables enemigos, todo en fin me hacía esperar que la -expresión de estos sentimientos sería recibida como efusión de un -corazón lleno de admiración y de amistad más sincera. - -El estado en que me hallo de mucho tiempo a esta parte incapaz de -ocultarse a la grande penetración de V. M., ha sido hasta hoy segundo -obstáculo que ha contenido mi pluma preparada siempre a manifestar mis -deseos. Pero lleno de esperanzas de hallar en la magnanimidad de V. M. -I. la protección más poderosa, me determino no solamente a testificar -los sentimientos de mi corazón para con su augusta persona, sino a -depositar los secretos más íntimos en el pecho de V. M. como en el de -un tierno padre. - -Yo soy bien infeliz de hallarme precisado por circunstancias -particulares a ocultar como si fuera crimen una acción tan justa y tan -loable; pero tales suelen ser las consecuencias funestas de un exceso -de bondad, aun en los mejores reyes. - -Lleno de respeto y de amor filial para con mi padre (cuyo corazón es el -más recto y generoso), no me atrevería a decir sino a V. M. aquello que -V. M. conoce mejor que yo; esto es, que estas mismas calidades suelen -con frecuencia servir de instrumento a las personas astutas y malignas -para confundir la verdad a los ojos del soberano, por más propia que -sea esta virtud de caracteres semejantes al de mi respetable padre. - -Si los hombres que le rodean aquí le dejasen conocer a fondo el -carácter de V. M. I. como yo lo conozco, ¿con qué ansias procuraría -mi padre estrechar los nudos que deben unir nuestras dos naciones? Y -¿habrá medio más proporcionado que rogar a V. M. I. el honor de que -me concediera por esposa una princesa de su augusta familia? Este es -el deseo unánime de todos los vasallos de mi padre, y no dudo que -también el suyo mismo (a pesar de los esfuerzos de un corto número de -malévolos) así que sepa las intenciones de V. M. I. Esto es cuanto mi -corazón apetece; pero no sucediendo así a los egoístas pérfidos que -rodean a mi padre, y que pueden sorprenderle por un momento, estoy -lleno de temores en este punto. - -Solo el respeto de V. M. I. pudiera desconcertar sus planes abriendo -los ojos a mis buenos y amados padres, y haciéndolos felices al mismo -tiempo que a la nación española y a mí mismo. El mundo entero admirará -cada día más la bondad de V. M. I., quien tendrá en mi persona el hijo -más reconocido y afecto. - -Imploro pues con la mayor confianza la protección paternal de V. M., -a fin de que no solamente se digne concederme el honor de darme por -esposa una princesa de su familia, sino allanar todas las dificultades -y disipar todos los obstáculos que puedan oponerse en este único objeto -de mis deseos. - -Este esfuerzo de bondad de parte de V. M. I. es tanto más necesario -para mí, cuanto yo no puedo hacer ninguno de mi parte mediante a que -se interpretaría insulto a la autoridad paternal, estando como estoy -reducido a solo el arbitrio de resistir (y lo haré con invencible -constancia) mi casamiento con otra persona, sea la que fuere, sin el -consentimiento y aprobación positiva de V. M., de quien yo espero -únicamente la elección de esposa para mí. - -Esta es la felicidad que confio conseguir de V. M. I., rogando a Dios -que guarde su preciosa vida muchos años. Escrito y firmado de mi propia -mano y sellado con mi sello en el Escorial a 11 de octubre de 1807. -— De V. M. I. y R. su más afecto servidor y hermano. — Fernando. — -(_Traducción hecha por Llorente en sus memorias, y sacada del original -inserto en el Monitor de 5 de febrero de 1810._) - - -NÚMERO 1-9. - -_Extracto del coloquio tenido por Don Eugenio Izquierdo con el ministro -Champagny. (Llorente, tom. 3.º núm. 120.)_ - -Mr. de Champagny: No quiero meterme en cuestiones: me limito a decir -a V. de orden del emperador: 1.º Que pide muy de veras S. M. que por -ningún motivo ni razón, y bajo ningún pretexto no se hable ni se -publique en este negocio cosa que tenga alusión al emperador ni a su -embajador en Madrid, y nada se actúe de que pueda resultar indicio ni -sospecha de que S. M. I. ni su embajador hayan sabido, intentado ni -coadyuvado a cosa alguna interior de España. 2.º Que si no se ejecuta -lo que acabo de decir, lo mirará como una ofensa hecha directamente -a su persona que tiene (como V. sabe) medios de vengarla, y que la -vengará. 3.º Declara positivamente S. M. que jamás se ha mezclado -en cosas interiores de España, y asegura solemnemente que jamás se -mezclará; que nunca ha sido su pensamiento el que el príncipe de -Asturias se casase con una princesa, y mucho menos con Mlle. Tascher -de la Pagerie, sobrina de la emperatriz, prometida ha mucho tiempo al -duque de Aremberg; que no se opondrá (como tampoco se opuso cuando -lo de Nápoles) a que el rey de España case a su hijo con quien tenga -por acertado. 4.º Mr. de Beauharnais no se entrometerá en asuntos -interiores de España; pero S. M. I. no le retirará, y nada debe dejarse -publicar ni escribir de que pudiera inferirse cosa alguna contra este -embajador: y 5.º Que se lleven a ejecución estricta y prontamente los -convenios ajustados el 27 de octubre último; que no haya pretexto para -dejar de enviar las tropas prometidas; que en ningún punto falten, y -que si faltan S. M. mirará esta falta como una infracción del convenio -ajustado. - - -NÚMERO 1-10. - -_Esta orden se copia de los papeles que en defensa suya ha publicado el -mismo duque de Mahón._ - - -NÚMERO 1-11. - -_Nota dirigida desde París al príncipe de la Paz por el consejero de -estado Don Eugenio Izquierdo. (Escóiquiz, idea sencilla, núm. 1.º)_ - -La situación de las cosas no da lugar para referir con individualidad -las conversaciones que desde mi vuelta de Madrid he tenido por -disposición del emperador, tanto con el gran mariscal del palacio -imperial el general Duroc, como con el vice gran elector del imperio -príncipe de Benevento. - -Así me ceñiré a exponer los medios que se me han comunicado en estos -coloquios para arreglar, y aun para terminar amistosamente los -asuntos que existen hoy entre España y Francia; medios que me han -sido transmitidos con el fin de que mi gobierno tome la más pronta -resolución acerca de ellos. - -Que existen actualmente varios cuerpos de tropas francesas en España es -un hecho constante. - -Las resultas de esta existencia de tropas están en lo futuro. Un -arreglo entre el gobierno francés y español con recíproca satisfacción -puede detener los eventos, y elevarse a solemne tratado y definitivo -sobre las bases siguientes: - -1.ª En las colonias españolas y francesas podrán franceses y españoles -comerciar libremente, el francés en las españolas como si fuese -español, y el español en las francesas como si fuese francés, pagando -unos y otros los derechos que se paguen en los respectivos países por -sus naturales. - -Esta prerrogativa será exclusiva, y ninguna potencia sino la Francia -podrá obtenerla en España, como en Francia ninguna potencia sino la -española. - -2.ª Portugal está hoy poseído por Francia. La comunicación de Francia -con Portugal exige una ruta militar, y también un paso continuo de -tropas por España para guarnecer aquel país y defenderle contra la -Inglaterra; ha de causar multitud de gastos, de disgustos, engorros, y -tal vez producir frecuentes motivos de desavenencias. - -Podría amistosamente arreglarse este objeto quedando todo el Portugal -para España, y recibiendo un equivalente la Francia en las provincias -de España contiguas a este imperio. - -3.ª Arreglar de una vez la sucesión al trono de España. - -4.ª Hacer un tratado ofensivo y defensivo de alianza, estipulando -el número de fuerzas con que se han de ayudar recíprocamente ambas -potencias. - -Tales deben ser las bases sobre que debe cimentarse y elevarse a -tratado el arreglo capaz de terminar felizmente la actual crisis -política en que se hallan España y Francia. - -En tan altas materias yo debo limitarme a ejecutar fielmente lo que se -me dice. - -Cuando se trata de la existencia del estado, de su honor, decoro, y del -de su gobierno, las decisiones deben emanar únicamente del soberano y -de su consejo. - -Sin embargo mi ardiente amor a la patria me pone en la obligación -de decir que en mis conversaciones he hecho presente al príncipe de -Benevento lo que sigue: - -1.º Que abrir nuestras Américas al comercio francés es partirlas entre -España y Francia; que de abrirlas únicamente para los franceses es -dado que no quede de una vez arrollada la arrogancia inglesa, alejar -cada día más la paz, y perder hasta que esta se firme nuestras -comunicaciones y las de los franceses con aquellas regiones. - -He dicho que aun cuando se admita el comercio francés no debe -permitirse que se avecinden vasallos de la Francia en nuestras -colonias, con desprecio de nuestras leyes fundamentales. - -2.º Concerniente a lo de Portugal he hecho presente nuestras -estipulaciones de 27 de octubre último; he hecho ver el sacrificio del -rey de Etruria; lo poco que vale Portugal separado de sus colonias; su -ninguna utilidad para España, y he hecho una fiel pintura del horror -que causaría a los pueblos cercanos al Pirineo la pérdida de sus leyes, -libertades, fueros y lengua, y sobre todo el pasar a dominio extranjero. - -He añadido: no podré yo firmar la entrega de Navarra por no ser el -objeto de execración de mis compatriotas, como sería si constase que un -navarro había firmado el tratado en que la entrega de la Navarra a la -Francia estaba estipulada. - -En fin he insinuado que si no había otro remedio para erigirse un nuevo -reino, virreinato de Iberia, estipulando que este reino o virreinato no -recibiese otras leyes, otras reglas de administración que las actuales, -y que sus naturales conservasen sus fueros y exenciones. Este reino o -virreinato podría darse al rey de Etruria, o a otro infante de Castilla. - -3.º Tratándose de fijar la sucesión de España he manifestado lo que -el rey N. S. me mandó que dijese de su parte; y también he hecho de -modo que creo quedan desvanecidas cuantas calumnias inventadas por los -malévolos en ese país han llegado a inficionar la opinión pública en -este. - -4.º Por lo que concierne a la alianza ofensiva y defensiva, mi celo -patriótico ha preguntado al príncipe de Benevento si se pensaba en -hacer de España un equivalente a la confederación del Rin, y en -obligarla a dar un contingente de tropas, cubriendo este tributo con -el decoroso nombre de tratado ofensivo y defensivo. He manifestado que -nosotros estando en paz con el imperio francés no necesitamos para -defender nuestros hogares de socorros de Francia; que Canarias, Ferrol -y Buenos Aires lo atestiguan; que el África es nula &c. - -En nuestras conversaciones ha quedado ya como negocio terminado el del -casamiento. Tendría efecto; pero será un arreglo particular de que no -se tratará en el convenio de que se envían las bases. - -En cuanto al título de emperador que el rey N. S. debe tomar no hay, ni -había dificultad alguna. Se me ha encargado que no se pierda un momento -en responder a fin de precaver las fatales consecuencias a que puede -dar lugar el retardo de un día el ponerse de acuerdo. - -Se me ha dicho que se evite todo acto hostil, todo movimiento que -pudiera alejar el saludable convenio que aún puede hacerse. - -Preguntado que si el rey N. S. debía irse a Andalucía, he respondido la -verdad, que nada sabía. Preguntado también que si creía que se hubiese -ido, he contestado que no, vista la seguridad en que se hallaban -concerniente al buen proceder del emperador, tanto los reyes como V. A. - -He pedido, pues se medita un convenio, que ínterin que vuelve la -respuesta se suspenda la marcha de los ejércitos franceses hacia lo -interior de la España. He pedido que las tropas salgan de Castilla; -nada he conseguido; pero presumo que si vienen aprobadas las bases -podrán las tropas francesas recibir órdenes de alejarse de la -residencia de SS. MM. - -De ahí se ha escrito que se acercaban tropas por Talavera a Madrid; -que V. A. me despachó un alcance: a todo he satisfecho, exponiendo con -verdad lo que me constaba. - -Según se presume aquí V. A. había salido de Madrid acompañando los -reyes a Sevilla: yo nada sé; y así he dicho al correo que vaya hasta -donde V. A. esté. Las tropas francesas dejarán pasar al correo, según -me ha asegurado el gran mariscal del palacio imperial. París 24 de -marzo de 1808. — Sermo. Sr. — De V. A. S. — Eugenio Izquierdo. - - - - - APÉNDICE - DEL - LIBRO SEGUNDO. - - -NÚMERO 2-1. - -_Proclama de Carlos IV._ - -«Amados vasallos míos: vuestra noble agitación en estas circunstancias -es un nuevo testimonio que me asegura de los sentimientos de vuestro -corazón; y Yo que cual padre tierno os amo, me apresuro a consolaros -en la actual angustia que os oprime. Respirad tranquilos: sabed que el -ejército de mi caro aliado el emperador de los franceses atraviesa mi -reino con ideas de paz y de amistad. Su objeto es trasladarse a los -puntos que amenaza el riesgo de algún desembarco del enemigo, y que la -reunión de los cuerpos de mi guardia ni tiene el objeto de defender mi -persona, ni acompañarme en un viaje que la malicia os ha hecho suponer -como preciso. Rodeado de la acendrada lealtad de mis vasallos amados, -de la cual tengo tan irrefragables pruebas, ¿qué puedo Yo temer? Y -cuando la necesidad urgente lo exigiese, ¿podría dudar de las fuerzas -que sus pechos generosos me ofrecerían? No: esta urgencia no la verán -mis pueblos. Españoles, tranquilizad vuestro espíritu: conducíos como -hasta aquí con las tropas del aliado de vuestro rey, y veréis en breves -días restablecida la paz de vuestros corazones, y a mí gozando la que -el cielo me dispensa en el seno de mi familia y vuestro amor. Dado en -mi palacio real de Aranjuez a 16 de marzo de 1808. — Yo el rey — A -Don Pedro Cevallos.» - - -NÚMERO 2-2. - -_Decreto de S. M. el rey Carlos IV exonerando a Don Manuel Godoy de sus -empleos de generalísimo y almirante._ - -«Queriendo mandar por mi persona el ejército y la marina, he venido -en exonerar a Don Manuel Godoy, príncipe de la Paz, de sus empleos de -generalísimo y almirante, concediéndole su retiro donde más le acomode. -Tendreislo entendido, y lo comunicaréis a quien corresponda. Aranjuez -18 de marzo de 1808. — A Don Antonio Olaguer Feliú.» - - -NÚMERO 2-3. - -_Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en Aranjuez a 18 de -marzo de 1808._ - -«Señor mi hermano: hacía bastante tiempo que el príncipe de la Paz me -había hecho reiteradas instancias para que le admitiese la dimisión de -los encargos de generalísimo y almirante, y he accedido a sus ruegos; -pero como no debo poner en olvido los servicios que me ha hecho, y -particularmente los de haber cooperado a mis deseos constantes e -invariables de mantener la alianza y la amistad íntima que me une a V. -M. I. y R., yo le conservaré mi gracia. - -Persuadido yo de que será muy agradable a mis vasallos, y muy -conveniente para realizar los importantes designios de nuestra alianza, -encargarme yo mismo del mando de mis ejércitos de tierra y mar, he -resuelto hacerlo así y me apresuro a comunicarlo a V. M. I. y R., -queriendo dar en esto nuevas pruebas de afecto a la persona de V. M. de -mis deseos de conservar las íntimas relaciones que nos unen, y de la -fidelidad que forma mi carácter del que V. M. I. y R. tiene repetidos y -grandes testimonios. - -La continuación de los dolores reumáticos que de un tiempo a esta parte -me impiden usar de la mano derecha, me privan del placer de escribir -por mí mismo a V. M. I. y R. - -Soy con los sentimientos de la mayor estimación y del más sincero -afecto de V. M. I. y R. su buen hermano. — Carlos.» - - -NÚMERO 2-4. - -ποῦ νῦν ἡ λαμπρά τῆς ὑπατείας περιβολή; ποῦ δὲ αἱ φαιδραὶ λαμπάδες; -ποῦ δὲ οἱ κρότοι, καὶ οἱ χοροί, καὶ αἱ θαλίαι, καὶ αἱ πανηγύρεις; ... -πάντα ἐκεῖνα οἴχεται· καὶ ἄνεμος πνεύσας ἀθρόον τὰ μὲν φύλλα κατέβαλε, -γυμνὸν δὲ ἡμῖν τὸ δένδρον ἔδειξε, καὶ ἀπὸ τῆς ῥίζης αὐτῆς σαλευόµενον -λοιπόν· ... τίς γαρ τούτου γέγονεν ὑψηλότερος; οὐ πᾶσαν τὴν οἰκουμένην -παρῆλθε τῷ πλούτῳ; οὐ πρὸς αὐτὰς τῶν ἀξιωµάτων ἀνέβη τὰς κορυφάς; οὐχὶ -πάντες αὐτὸν ἔτρεμον καὶ ἐδεδοίκεισαν; ἀλλ’ ἰδοὺ γέγονε καὶ δεσμωτῶν -ἀθλιώτερος, καὶ οἰκετῶν ἐλεεινότερος, καὶ τῶν λιμῷ τηκοµένων πτωχῶν -ἐνδεέστερος, καθ’ ἑκάστην ἡμέραν ξίφη βλέπων ἠκονημένα, καὶ βάραθρον, -καὶ δηµίους, καὶ τὴν ἐπὶ θάνατον ἀπαγωγήν· ... - -(ΟΜΙΛΙΑ ΕΙΣ ΕΥΤΡΟΠΙΟΝ.) - - -NÚMERO 2-5. - -_Véase la Gaceta de Madrid del 25 de marzo de 1808._ - - -NÚMERO 2-6. - -Cesión de Carlos V. (_Véase Famiani Strada: De bello belgico. Liber I. -y F. Prudencio de Sandoval: Historia de la vida y hechos de Carlos V._) - - -NÚMERO 2-7. - -_Véase Marina: Teoría de las cortes, tom. 2.º, cap. 10, refiriéndose al -documento que existe en la academia de la Historia. — Z. 52, fol. 301._ - - -NÚMERO 2-8. - -_Comentarios del marqués de San Felipe, tom. 2.º, año 1724._ - - -NÚMERO 2-9. - -_Des documents historiques publiés par Louis Bonaparte. Vol. 2.º, pág. -290. París 1820._ - - -NÚMERO 2-10. - -_Nota escrita por la reina de España para el gran duque de Berg y -remitida por la reina de Etruria sin fecha._ - -«El rey mi esposo (que me hace escribir por no poderlo hacer a causa -de los dolores e hinchazón de su mano) desea saber si el gran duque de -Berg llevaría a bien encargarse de tratar eficazmente con el emperador -para asegurar la vida del príncipe de la Paz, y que fuese asistido de -algunos criados suyos o de capellanes. - -Si el gran duque pudiera ir a librarle o por lo menos darle algún -consuelo, él tiene todas sus esperanzas en el gran duque, por ser su -grande amigo. Él espera todo de S. A. y del emperador a quien siempre -ha sido afecto. - -Asimismo que el gran duque consiga del emperador que al rey mi esposo, -a mí y al príncipe de la Paz se dé lo necesario para poder vivir todos -tres juntos donde convenga para nuestra salud sin mando ni intrigas, -pues nosotros no las tendremos. - -El emperador es generoso, es un héroe, y ha sostenido siempre a sus -fieles aliados y aun a los que son perseguidos. Nadie lo es tanto como -nosotros. ¿Y por qué? porque hemos sido siempre fieles a la alianza. - -De mi hijo no podemos esperar jamás sino miserias y persecuciones. -Han comenzado a forjar y se continuará fingiendo todo lo que pueda -contribuir a que el príncipe de la Paz (amigo inocente y afecto al -emperador, al gran duque y a todos los franceses) parezca criminal a -los ojos del público y del emperador. Es necesario que no se crea nada. -Los enemigos tienen la fuerza y todos los medios de justificar como -verdadero lo que en sí es falso. - -El rey desea igualmente que yo ver y hablar al gran duque y darle -por sí mismo la protesta que tiene en su poder. Los dos estamos -agradecidos al envío que ha hecho de tropas suyas y a todas las pruebas -que nos da de su amistad. Debe estar S. A. I. bien persuadido de la -que nosotros le hemos tenido siempre y conservamos ahora. Nos ponemos -en sus manos y las del emperador y confiamos que nos concederá lo que -pedimos. - -Estos son todos nuestros deseos cuando estamos puestos en las manos de -tan grande y generoso monarca y héroe.» - - -_Carta de la reina de Etruria al gran duque de Berg en Aranjuez a 22 de -marzo de 1808, con una posdata del rey Carlos IV._ - -«Señor mi hermano: acabo de ver al edecán comandante, quien me ha -entregado vuestra carta por la cual veo con mucha pena que mi padre -y mi madre no han podido tener el gusto de veros, aunque lo deseaban -eficazmente, porque toda su confianza tienen puesta en vos, de quien -esperan que podréis contribuir a su tranquilidad. - -El pobre príncipe de la Paz cubierto de heridas y contusiones está -decaído en la prisión, y no cesa de invocar el terrible momento de su -muerte. No hace recuerdo de otras personas que de su amigo el gran -duque de Berg, y dice que este es el único en quien confía que le ha de -conseguir su salud. - -Mi padre, mi madre y yo hemos hablado con vuestro edecán comandante. Él -os dirá todo. Yo fío en vuestra amistad y que por ella nos salvaréis a -los tres y al pobre preso. - -No tengo tiempo de deciros más: confio en vos. Mi padre añadirá dos -líneas a esta carta: yo soy de corazón vuestra afectísima hermana y -amiga. — María Luisa.» - - -_Posdata de Carlos IV._ - -«Señor y muy querido hermano: habiendo hablado a vuestro edecán -comandante e informádole de todo lo que ha sucedido, yo os ruego el -favor de hacer saber al emperador que le suplico disponga la libertad -del pobre príncipe de la Paz, quien solo padece por haber sido amigo -de la Francia, y asimismo que se nos deje ir al país que más nos -convenga llevándonos en nuestra compañía al mismo príncipe. Por ahora -vamos a Badajoz: confio recibir antes vuestra respuesta caso de que -absolutamente carezcáis de medios de vernos, pues mi confianza solo -está en vos y en el emperador. Mientras tanto yo soy vuestro muy afecto -hermano y amigo de todo corazón. — Carlos.» - - -_Carta de la reina de España al gran duque de Berg en Aranjuez a 22 de -marzo de 1808 junta con la anterior de su hija._ - -«Señor mi querido hermano: yo no tengo más amigos que V. A. I. El rey -mi amado esposo os escribe implorando vuestra amistad. En ella está -únicamente nuestra esperanza. Ambos os pedimos una prueba de que sois -nuestro amigo, y es la de hacer conocer al emperador lo sincero de -nuestra amistad y del afecto que siempre hemos profesado a su persona, -a la vuestra y a la de todos los franceses. - -El pobre príncipe de la Paz que se halla encarcelado y herido por ser -amigo nuestro, apasionado nuestro y afecto a toda la Francia, sufre -todo por causa de haber deseado el arribo de vuestras tropas y haber -sido el único amigo nuestro permanente. Él hubiera ido a ver a V. A. si -hubiera tenido libertad, y ahora mismo no cesa de nombrar a V. A. y de -manifestar deseos de ver al emperador. - -Consíganos V. A. que podamos acabar nuestros días tranquilamente en un -país conveniente a la salud del rey (la cual está delicada como también -la mía) y que sea esto en compañía de nuestro único amigo que también -lo es de V. A. - -Mi hija será mi intérprete si yo no logro la satisfacción de poder -conocer personalmente y hablar a V. A. ¿Podríais hacer esfuerzos para -vernos aunque fuera un solo instante de noche o como quisierais? El -comandante edecán de V. A. contará todo lo que hemos dicho. - -Espero que V. A. conseguirá para nosotros lo que deseamos, y que -perdonará las faltas y olvidos que haya cometido yo en el tratamiento, -pues no sé donde estoy, y debéis creer que no habrán sido por faltar a -V. A. ni dejar de darle seguridad de toda mi amistad. - -Ruego a Dios guarde a V. A. I. muchos años. Vuestra más afecta. — -Luisa.» - - -_Carta del general Monthion al gran duque de Berg en Aranjuez a 23 de -marzo de 1808._ - -«Conforme a las órdenes de V. A. I. vine a Aranjuez con la carta de V. -A. para la reina de Etruria. Llegué a las ocho de la mañana: la reina -estaba todavía en cama: se levantó inmediatamente: me hizo entrar: -le entregué vuestra carta: me rogó esperar un momento mientras iba a -leerla con el rey y la reina sus padres: media hora después entraron -todos tres a la sala en que yo me hallaba. - -El rey me dijo que daba gracias a V. A. de la parte que tomabais en -sus desgracias, tanto más grandes cuanto era el autor de ellas un hijo -suyo. El rey me dijo: «que esta revolución había sido muy premeditada; -que para ello se había distribuido mucho dinero, y que los principales -personajes habían sido su hijo y Mr. Caballero ministro de la justicia: -que S. M. había sido violentado para abdicar la corona por salvar la -vida de la reina y la suya, pues sabía que sin esta diligencia los dos -hubieran sido asesinados aquella noche; que la conducta del príncipe -de Asturias era tanto más horrible cuanto más prevenido estaba de que -conociendo el rey los deseos que su hijo tenía de reinar, y estando S. -M. próximo a cumplir sesenta años, había convenido en ceder a su hijo -la corona cuando este se casara con una princesa de la familia imperial -de Francia como S. M. deseaba ardientemente.» - -El rey ha añadido que el príncipe de Asturias quería que su padre se -retirase con la reina su mujer a Badajoz, frontera de Portugal: que -el rey le había hecho la observación de que el clima de aquel país no -le convenía, y le había pedido permiso de escoger otro, por lo cual el -mismo rey Carlos deseaba obtener del emperador licencia de adquirir -un bien en Francia y de asegurar allí su existencia. La reina me ha -dicho: «que había suplicado a su hijo la dilación del viaje a Badajoz; -pero que no había conseguido nada, por lo que debería verificarse en el -próximo lunes.» - -Al tiempo de despedirme yo de SS. MM. me dijo el rey: «yo he escrito al -emperador poniendo mi suerte en sus manos: quise enviar mi carta por -un correo; pero no es posible medio más seguro que el de confiarla a -vuestro cuidado.» - -El rey pasó entonces a su gabinete y luego salió trayendo en su mano la -carta adjunta. Me la entregó y dijo estas palabras: «mi situación es -de las más tristes; acaban de llevarse al príncipe de la Paz y quieren -conducirlo a la muerte: no tiene otro delito que haber sido muy afecto -a mi persona toda su vida.» - -Añadió: «que no había modo de ruegos que no hubiese puesto en práctica -para salvar la vida de su infeliz amigo; pero había encontrado sordo a -todo el mundo y dominado del espíritu de venganza. Que la muerte del -príncipe de la Paz produciría la suya, pues no podría S. M. sobrevivir -a ella.» — B. de Monthion.» - - -_Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en Aranjuez a 23 de -marzo de 1808._ - -«Señor mi hermano: V. M. sabrá sin duda con pena los sucesos de -Aranjuez y sus resultas; y no verá con indiferencia a un rey que -forzado a renunciar la corona acude a ponerse en los brazos de un -grande monarca aliado suyo, subordinándose totalmente a la disposición -del único que puede darle su felicidad, la de toda su familia y las de -sus fieles vasallos. - -Yo no he renunciado en favor de mi hijo sino por la fuerza de las -circunstancias cuando el estruendo de las armas y los clamores de una -guardia sublevada me hacían conocer bastante la necesidad de escoger la -vida o la muerte, pues esta última se hubiera seguido después de la de -la reina. - -Yo fui forzado a renunciar; pero asegurado ahora con plena confianza en -la magnanimidad y el genio del grande hombre que siempre ha mostrado -ser amigo mío, yo he tomado la resolución de conformarme con todo -lo que este mismo grande hombre quiera disponer de nosotros y de mi -suerte, la de la reina y la del príncipe de la Paz. - -Dirijo a V. M. I. y R. una protesta contra los sucesos de Aranjuez y -contra mi abdicación. Me entrego y enteramente confio en el corazón y -amistad de V. M., con lo cual ruego a Dios que os conserve en su santa -y digna guarda. - -De V. M. I. y R. su muy afecto hermano y amigo. — Carlos.» - - -_Carta de la reina de Etruria incluyendo otra de su madre la reina de -España para el gran duque de Berg en Madrid a 26 de marzo de 1808._ - -«Señor mi hermano: mi madre me envía la adjunta carta para que os -la remita y la conservéis. Hacednos la gracia, querido mío, de no -abandonarnos: todas nuestras esperanzas están en vos. Concededme el -consuelo de ir a ver a mis padres. Respondedme alguna cosa que nos -alivie y no os olvidéis de una amiga que os ama de corazón. — María -Luisa.» - -P. D. — «Yo estoy enferma en la cama con algo de calentura por lo cual -no me veréis fuera de mi habitación.» - - -_Carta inclusa en la antecedente._ - -«Querida hija mía: decid al gran duque de Berg la situación del rey mi -esposo, la mía y la del pobre príncipe de la Paz. - -Mi hijo Fernando era el jefe de la conjuración: las tropas estaban -ganadas por él; él hizo poner una de las luces de su cuarto en una -ventana para señal de que comenzase la explosión. En el instante mismo -los guardias y las personas que estaban a la cabeza de la revolución -hicieron tirar dos fusilazos. Se ha querido persuadir que fueron -tirados por la guardia del príncipe de la Paz, pero no es verdad. -Al momento los guardias de Corps, los de infantería española y los -de la valona se pusieron sobre las armas y sin recibir órdenes de -sus primeros jefes convocaron a todas las gentes del pueblo y las -condujeron adonde les acomodaba. - -El rey y yo llamamos a mi hijo para decirle que su padre sufría grandes -dolores, por lo que no podía asomarse a la ventana, y que lo hiciese -por sí mismo a nombre del rey para tranquilizar al pueblo: me respondió -con mucha firmeza que no lo haría porque lo mismo sería asomarse a la -ventana que comenzar el fuego, y así no lo quiso hacer. - -Después a la mañana siguiente le preguntamos si podría hacer cesar -el tumulto y tranquilizar los amotinados, y respondió que lo haría, -pues enviaría a buscar a los segundos jefes de los cuerpos de la casa -real, enviando también algunos de sus criados con encargo de decir en -su nombre al pueblo y a las tropas que se tranquilizasen: que también -haría se volviesen a Madrid muchas personas que habían concurrido de -allí para aumentar la revolución, y encargaría que no viniesen más. - -Cuando mi hijo había dado estas órdenes fue descubierto el príncipe de -la Paz. El rey envió a buscar a su hijo y le mandó salir adonde estaba -el desgraciado príncipe, que ha sido víctima por ser amigo nuestro y -de los franceses, y principalmente del gran duque. Mi hijo fue y mandó -que no se tocase más al príncipe de la Paz y se le condujese al cuartel -de guardias de Corps. Lo mandó en nombre propio, aunque lo hacía por -encargo de su padre, y como si él mismo fuese ya rey dijo al príncipe -de la Paz «Yo te perdono la vida.» - -El príncipe a pesar de sus grandes heridas le dio gracias preguntándole -si era ya rey. Esto aludía a lo que ya se pensaba en ello, pues el rey, -el príncipe de la Paz y yo teníamos la intención de hacer la abdicación -en favor de Fernando cuando hubiéramos visto al emperador y compuesto -todos los asuntos, entre los cuales el principal era el matrimonio. Mi -hijo respondió al príncipe: «No: hasta ahora no soy rey; pero lo seré -bien pronto.» Lo cierto es que mi hijo mandaba todo como si fuese rey -sin serlo y sin saber si lo sería. Las órdenes que el rey mi esposo -daba no eran obedecidas. - -Después debía haber en el día 19 en que se verificó la abdicación otro -tumulto más fuerte que el primero contra la vida del rey mi esposo y la -mía, lo que obligó a tomar la resolución de abdicar. - -Desde el momento de la renuncia mi hijo trató a su padre con todo el -desprecio que puede tratarlo un rey, sin consideración alguna para con -sus padres. Al instante hizo llamar a todas las personas complicadas -en su causa que habían sido desleales a su padre, y hecho todo lo que -pudiera ocasionarle pesadumbres. El nos da priesa para que salgamos de -aquí señalándonos la ciudad de Badajoz para residencia. Entretanto nos -deja sin consideración alguna manifestando gran contento de ser ya rey, -y de que nosotros nos alejemos de aquí. - -En cuanto al príncipe de la Paz no quisiera que nadie se acordara de -él. Los guardias que le custodian tienen orden de no responder a nada -que les pregunte, y lo han tratado con la mayor inhumanidad. - -Mi hijo ha hecho esta conspiración para destronar al rey su padre. -Nuestras vidas hubieran estado en grande riesgo, y la del pobre -príncipe de la Paz lo está todavía. - -El rey mi esposo y yo esperamos del gran duque que hará cuanto pueda en -nuestro favor, porque nosotros siempre hemos sido aliados fieles del -emperador, grandes amigos del gran duque, y lo mismo sucede al pobre -príncipe de la Paz. Si él pudiese hablar daría pruebas, y aun en el -estado en que se halla no hace otra cosa que exclamar por su grande -amigo el gran duque. - -Nosotros pedimos al gran duque que salve al príncipe de la Paz, y que -salvándonos a nosotros nos le dejen siempre a nuestro lado para que -podamos acabar juntos tranquilamente el resto de nuestros días en un -clima más dulce y retirados sin intrigas y sin mandos, pero con honor. -Esto es lo que deseamos el rey y yo igualmente que el príncipe de la -Paz, el cual estaría siempre pronto a servir a mi hijo en todo. Pero mi -hijo (que no tiene carácter alguno, y mucho menos el de la sinceridad) -jamás ha querido servirse de él y siempre le ha declarado guerra como -al rey su padre y a mí. - -Su ambición es grande y mira a sus padres como si no lo fuesen. ¿Qué -hará para los demás? Si el gran duque pudiera vernos tendríamos grande -placer y lo mismo su amigo el príncipe de la Paz que sufre porque lo ha -sido siempre de los franceses y del emperador. Esperamos todo del gran -duque, recomendándole también a nuestra pobre hija María Luisa que no -es amada de su hermano. Con esta esperanza estamos próximos a verificar -nuestro viaje. — Luisa.» - - -_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg en 27 de marzo -de 1808._ - -«Mi hijo no sabe nada de lo que tratamos y conviene que ignore todos -nuestros pasos. Su carácter es falso: nada le afecta: es insensible y -no inclinado a la clemencia. Está dirigido por hombres malos y hará -todo por la ambición que le domina; promete, pero no siempre cumple sus -promesas. - -Creo que el gran duque debe tomar medidas para impedir que al pobre -príncipe de la Paz se le quite la vida, pues los guardias de Corps han -dicho que primero lo matarán que entregarle vivo, aunque lo manden el -emperador y el gran duque. Están llenos de rabia contra él, e inflaman -a todos los pueblos, a todo el mundo y aun a mi hijo que defiere a -ellos en todo. Lo mismo sucede relativamente al rey mi esposo y a mí. -Nosotros estamos puestos en manos del gran duque y del emperador: le -rogamos que tenga la complacencia de venir a vernos; de hacer que el -pobre príncipe de la Paz sea puesto en salvo lo más pronto posible, y -de concedernos todo lo demás que tenemos suplicado. - -El embajador es todo de mi hijo; lo cual me hace temblar, porque mi -hijo no quiere al gran duque ni al emperador sino solo el despotismo. -El gran duque debe estar persuadido que no digo esto por venganza ni -resentimiento de los malos tratos que nos hace sufrir, pues nosotros no -deseamos sino la tranquilidad del gran duque y del emperador. Estamos -totalmente puestos en manos del gran duque deseando verle para que -conozca todo el valor que damos a su augusta persona y a sus tropas, -como a todo lo que le sea relativo.» - - -_Carta de la reina de Etruria para el gran duque de Berg en Madrid a 29 -de marzo de 1808 con una nota de la reina de España su madre._ - -«Mi señor y querido hermano: mi madre os escribe algunas líneas. Yo -os incluyo la adjunta mía para el emperador rogándoos dispongáis que -llegue prontamente a su destino. Recomendadme a S. M. y prometedme como -os suplico ir después de mañana a Aranjuez. Tomad en mis asuntos el -interés que yo tomo en lo relativo a vuestra persona, y creed que soy -de todo mi corazón vuestra afecta hermana y amiga. — María Luisa.» - - -_Nota de puño y letra de la reina de España._ - -«No quisiéramos ser importunos al gran duque. El rey me hace tomar -la pluma para decir que considera útil que el gran duque escribiese -al emperador insinuando que convendría que S. M. I. diese órdenes -sostenidas con la fuerza para que mi hijo o el gobierno nos dejen -tranquilos al rey, a mí y al príncipe de la Paz hasta tanto que S. M. -llegue. En fin el gran duque y el emperador sabrán tomar las medidas -necesarias para que se esperen su arribo u órdenes sin que antes seamos -víctimas. — Luisa.» - - -_Carta de la reina de Etruria al gran duque de Berg en Madrid a 30 -de marzo de 1808, con otra de su madre y un artículo escrito de mano -propia de Carlos IV._ - -«Señor y hermano: os remito una carta que mi madre me ha enviado, y os -suplico que me digáis si vuestra guardia o vuestras tropas han pasado a -guardar al príncipe de la Paz. Deseo también saber cuál es el estado -de la salud del príncipe, y qué opina vuestro médico en el asunto. -Respondedme al instante porque pienso visitar a mi madre uno de estos -días sin detenerme allí más que lo preciso para hablar y volver aquí. -Id pronto pues solo vos podéis ser mi defensor, y vuelvo a rogaros -que me respondáis sin detención: entre tanto soy de corazón vuestra -afectísima hermana y amiga. — María Luisa.» - - -_Carta de la reina de España citada en la anterior._ - -«Si el gran duque no toma a su cargo que el emperador exija prontamente -órdenes de impedir los progresos de las intrigas que hay contra el -rey mi esposo, contra el príncipe de la Paz su amigo, contra mí y -aun contra mi hija Luisa, ninguno de nosotros está seguro. Todos los -malévolos se reúnen en Madrid alrededor de mi hijo: este los cree como -a oráculos, y por sí mismo no es muy inclinado a la magnanimidad ni a -la clemencia. Debe temerse de ellos toda mala resulta. Yo tiemblo y lo -mismo mi marido si mi hijo ve al emperador antes que este haya dado -sus órdenes, pues él y los que le acompañan contarán a S. M. I. tantas -mentiras que lo pongan por lo menos en estado de dudar de la verdad. -Por este motivo rogamos al gran duque consiga del emperador que proceda -sobre el supuesto de que nosotros estamos absolutamente puestos en sus -manos, esperando que nos dé la tranquilidad para el rey mi esposo, -para mí y para el príncipe de la Paz, de quien deseamos que nos lo -deje a nuestro lado para acabar nuestros días tranquilamente en un -país conveniente a nuestra salud, sin que ninguno de nosotros tres les -hagamos la menor sombra. Rogamos con la mayor instancia al gran duque -que se sirva mandar darnos diariamente noticias de nuestro amigo común -el príncipe de la Paz, pues nosotros ignoramos todo absolutamente.» - - -_El siguiente artículo está escrito de letra de Carlos IV._ - -«Yo he hecho a la reina escribir todo lo que precede, porque no puedo -escribir mucho a causa de mis dolores. — Carlos.» - - -_Sigue escribiendo la reina._ - -«El rey mi marido ha escrito esta línea y media y la ha firmado para -que os aseguréis de ser él quien escribe.» - - -_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg remitida por -medio de la reina de Etruria sin fecha en 1808._ - -«El rey mi esposo y yo no quisiéramos ser importunos ni enfadosos -al gran duque que tiene tantas ocupaciones, pero no tenemos otro -amigo ni apoyo que él y el emperador, en quien están fundadas todas -las esperanzas del rey, las del príncipe de la Paz amigo del gran -duque e íntimo nuestro, las de mi hija Luisa y las mías. Mi hija me -escribió ayer por la tarde lo que el gran duque le había dicho, y -nos ha penetrado el corazón dejándonos llenos de reconocimiento y de -consuelo, esperando todo bien de las dos sagradas e incomparables -personas del emperador y del gran duque. Pero no queremos que ignoren -lo que nosotros sabemos, a pesar de que nadie nos dice nada ni aun -responden a lo que preguntamos, por más necesidad que tengamos de -respuesta. Sin embargo miramos esto con indiferencia y solo nos -interesa la buena suerte de nuestro único e inocente amigo el príncipe -de la Paz, que también lo es del gran duque como él mismo exclamaba -en su prisión en medio de los horribles tratos que se le hacían, pues -perseveraba llamando siempre amigo suyo al gran duque lo mismo que lo -había hecho antes de la conspiración, y solía decir «si yo tuviera la -fortuna de que el gran duque estuviese cerca y llegase aquí, no tendría -nada que temer.» Él deseaba su arribo a la corte y se lisonjeaba con -la satisfacción de que el gran duque quisiese aceptar su casa para -alojamiento. Tenía preparados algunos regalos para hacerle; y en fin -no pensaba sino en que llegara el momento y después presentarse ante -el emperador y el gran duque con todo el afecto imaginable; pero -ahora nosotros estamos siempre temiendo que se le quite la vida, o -se le aprisione más si sus enemigos llegan a entender que se trata -de salvarle. ¿No sería posible tomar por precaución algunas medidas -antes de la resolución definitiva? El gran duque pudiera enviar tropas -sin decir a qué; llegar a la prisión del príncipe de la Paz y separar -la guardia que le custodia, sin darle tiempo de disparar una pistola -ni hacer nada contra el príncipe; pues es de temer que su guardia lo -hiciese porque todos sus deseos son de que muera, y tendrán gloria en -matarle. Así la guardia sería mandada absolutamente por las órdenes -del gran duque: y si no, puede estar seguro el gran duque de que el -príncipe de la Paz morirá si prosigue bajo el poder de los traidores -indignos y a las órdenes de mi hijo. Por lo mismo volvemos a hacer al -gran duque la misma súplica de que haga sacarle del poder de las manos -sanguinarias, esto es de los guardias de Corps, de mi hijo y de sus -malos lados, porque si no, debemos estar siempre temblando por su vida -aunque el gran duque y el emperador la quieran salvar mediante que no -lo podrán conseguir. De gracia volvemos a pedir al gran duque que tome -todas las medidas convenientes para el objeto, porque como se pierda -tiempo ya no está segura la vida, pues es cosa cierta que sería más -fácil de conservar si el príncipe estuviese entre las manos de leones y -de tigres carnívoros. - -Mi hijo estuvo ayer después de comer con Infantado, con Escóiquiz, que -es un clérigo maligno, y con San Carlos que es peor que todos ellos; y -esto nos hace temblar porque duró la conferencia secreta desde la una -y media hasta las tres y media. El gentil-hombre que va con mi hijo -Carlos es primo de San Carlos; tiene talento y bastante instrucción, -pero es un americano maligno y muy enemigo nuestro como su primo San -Carlos, sin embargo de que todo lo que son lo han recibido del rey mi -marido a instancias del pobre príncipe de la Paz, de quien ellos decían -ser parientes. Todos los que van con mi hijo Carlos son incluidos en la -misma intriga y muy propios para hacer todo el mal posible, y que sea -reputado por verdad lo que es una grande mentira. - -Yo ruego al gran duque que perdone mis borrones y defectos que cometo -cuando escribo francés, mediante hacer ya 42 años que hablo español -desde que vine a casar en España a la edad de trece años y medio, -motivo por el cual aunque hablo francés no sé hablarlo bien. El gran -duque conocerá la razón que me asiste y disimulará los defectos del -idioma en que yo incurra. — Luisa.» - - -_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg por medio de la -reina de Etruria su hija sin fecha en 1808._ - -Ayer recibí un papel de un mahonés que quería tener una audiencia -secreta conmigo después que el rey mi marido estaba ya en cama, -diciéndome que me daría grandes luces sobre todo lo que sucede -actualmente. - -Él quería que yo le diese por mí misma seis u ocho millones, diciendo -que yo los podría pedir a la compañía de Filipinas, y que él haría una -contrarrevolución que librase al príncipe de la Paz y fuese también -contra los franceses. - -El rey y yo lo hicimos prender sin permitirle comunicación, y -permanecerá preso hasta que se averigüe la verdad de todo lo que hay -en este asunto; pues creemos que sea un emisario de los ingleses para -perdernos, supuesto que el rey y el príncipe de la Paz siempre han sido -únicamente amigos de los franceses, del emperador y en particular del -gran duque sin haberlo sido jamás de los ingleses nuestros enemigos -naturales. - -Creemos también por muy necesario que el gran duque haga asegurar al -pobre príncipe de la Paz que siempre ha sido y es amigo del gran duque, -de quien así (como del emperador) esperaba su asilo en la forma que -lo tenía escrito por medio de Izquierdo al mismo gran duque, y aun al -emperador mismo, bien que no sé si estas cartas habrán llegado a sus -manos. - -Convendría sacar de las manos de los guardias de Corps y de las tropas -de mi hijo al pobre príncipe de la Paz su amigo, pues es de recelar que -se le quite la vida o se le envenene y se diga que ha muerto de sus -heridas, y por cuanto no tendrá seguridad de vivir; mientras estén a su -lado algunos de estos malignos, será forzoso que el gran duque después -de asegurar la persona del príncipe de la Paz en su poder, tome medidas -bien fuertes para conservarle, pues las intrigas cada día crecen contra -ese pobre amigo del gran duque y aun contra el rey mi marido, cuya vida -tampoco está bastante segura. - -Mi hijo hizo llamar al hijo de Biergol, que es oficial de la secretaría -de relaciones exteriores. Estuvieron presentes a la sesión Infantado -y todos los ministros. Mi hijo le preguntó qué había de nuevo en el -sitio, y qué hacía el rey mi marido: Biergol respondió lo que había -de verdad diciendo: «no hay nada de nuevo: el rey sale muy poco: la -reina no ha salido: se ocupan en preparar una habitación para el -caso de que el gran duque y el emperador vayan allí.» Mi hijo le -dio orden de volver aquí y de estar al servicio de su padre hasta -que este emprenda su viaje, porque es uno que interviene en nuestras -cuentas como tesorero. A todos los que nos siguen aplican el título de -desertores. Yo recelo que traman alguna grande intriga contra nosotros -y que estamos en grande riesgo, porque Infantado y los otros son tan -malos y peores que los demás. Me persuado que el rey, y yo y el pobre -príncipe de la Paz estamos muy expuestos, porque no manifiestan sino -mala voluntad contra nosotros, y nuestra vida no está segura si no lo -remedian el gran duque y el emperador. Es necesario que tomen algunas -medidas para contener las abominables intenciones de estos malignos, y -para que mi hijo se canse de dedicarse a pensar todo lo que sea contra -su padre y contra el príncipe de la Paz. Nosotros hemos tenido esta -noticia después que salió de aquí el edecán. El clérigo Escóiquiz es -también de los más malos. — Luisa.» - - -_Carta del rey Carlos IV al gran duque de Berg con otra de la reina su -esposa en Aranjuez a 1.º de abril de 1808._ - -«Mi señor y muy querido hermano: V. A. verá por el escrito adjunto que -nosotros nos interesamos en la vida del príncipe de la Paz más que en -la nuestra. - -Todo lo que se dice en la gaceta extraordinaria sobre el proceso del -Escorial ha sido compuesto a gusto de los que lo publican, sin decir -nada de la declaración que mi hijo hizo espontáneamente, la cual habrán -mudado sin duda: ella está escrita por un gentil-hombre, y firmada -solamente por mi hijo. Si V. A. no hace esfuerzos para que el proceso -se suspenda hasta la venida del emperador, temo mucho que quiten antes -la vida al príncipe de la Paz. Nosotros contamos con el afecto de -V. A. para nosotros tres, fundados en la alianza y amistad con el -emperador. Espero que V. A. me dará una respuesta consolatoria que me -tranquilice, y comunicará al emperador esta carta mía con expresión de -que yo descanso en su amistad y generosidad. Excusadme lo mal escrita -que va esta carta, pues los dolores que padezco son la causa. En este -supuesto, mi señor y muy querido hermano, de V. A. I. y R. soy su muy -afecto. — Carlos.» - - -_Carta de la reina._ - -«Señor mi hermano: yo junto mis sentimientos a los del rey mi marido, -rogando a V. A. la bondad de hacer lo que le pedimos ahora; y esperamos -que su amistad y humanidad tomará a su cargo la buena causa de su -íntimo y desgraciado amigo el pobre príncipe de la Paz, así como -nuestra propia causa que está unida a la suya, para que así cese y se -suspenda todo hasta que la generosidad y grandeza de alma sin igual -del emperador nos salve a todos tres y haga que acabemos nuestros días -tranquilamente y en reposo. No espero menos del emperador y de V. A. -que nos concederá esta gracia, pues es la única que deseamos. En este -supuesto, ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda. -Señor mi hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — -Luisa.» - - -_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg, remitida por -medio de la reina de Etruria en 1.º de abril de 1808._ - -«Habiendo visto la gaceta extraordinaria que habla solamente de haberse -encontrado la causa del Escorial entre los papeles del pobre príncipe -de la Paz, veo que está llena de mentiras. El rey era quien guardaba la -causa en la papelera de su mesa, y la confió al pobre príncipe de la -Paz para que la diera al gran duque, con el fin de que la presentase -al emperador de parte del rey mi marido. Como esta causa se halla -escrita por el ministro de la guerra y de justicia, y firmada por mi -hijo, este y aquel mudarán lo que quieran como si fuese original y -verdadero; y lo mismo sucederá en lo que quieran mudar relativo a los -demás comprendidos en la causa, pues todos están ahora alrededor de mi -hijo, y harán lo que este mande y lo que quieran ellos mismos. - -Si el gran duque no tiene la bondad y humanidad de hacer que el -emperador mande prontamente hacer suspender el curso de la causa del -pobre príncipe de la Paz, amigo del mismo gran duque, y del emperador, -y de los franceses, y del rey, y mío, van sus enemigos a hacerle cortar -la cabeza en público, y después a mí, pues lo desean también. Yo temo -mucho que no den tiempo para que pueda llegar la respuesta y resolución -del emperador; pues precipitarán la ejecución para que cuando llegue -aquella no pueda surtir efecto favorable por estar ya decapitado el -príncipe. El rey mi marido y yo no podemos ver con indiferencia un -atentado tan horrible contra quien ha sido íntimamente amigo nuestro y -del gran duque. Esta amistad y la que ha tenido en favor del emperador -y de los franceses, es la causa de todo lo que sufre; sobre lo cual no -se debe dudar. - -Las declaraciones que mi hijo hizo en su causa no se manifiestan ahora; -y caso de que se publiquen algunas, no serán las que de veras hizo -entonces. Acusan al pobre príncipe de la Paz de haber atentado contra -la vida y trono de mi hijo; pero esto es falso y solo es verdad todo lo -contrario. No tratan sino de acriminar a este inocente príncipe de la -Paz, nuestro único amigo común, para inflamar más al público y hacerle -creer contra él todas las infamias posibles. - -Después harán lo mismo contra mí, pues tienen la voluntad preparada -para ello. Así convendrá que el gran duque haga decir a mi hijo que se -suspenda toda causa y asunto de papeles hasta que el emperador venga, o -dé disposiciones; y tomar el gran duque bajo sus órdenes la persona del -pobre príncipe de la Paz su amigo, separando los guardias y poniendo -tropas suyas para impedir que lo maten, pues esto es lo que quieren, -además de infamarle, lo que también proyectan contra el rey mi marido -y contra mí, diciendo que es necesario formarnos causa y hacer que -después demos cuenta de todas nuestras operaciones. - -Mi hijo tiene muy mal corazón: su carácter es cruel: jamás ha tenido -amor a su padre ni a mí: sus consejeros son sanguinarios: no se -complacen sino en hacer desdichados, sin exceptuar al padre ni a la -madre. Quieren hacernos todo el mal posible, pero el rey y yo tenemos -mayor interés en salvar la vida y el honor de nuestro inocente amigo -que nuestra misma vida. - -Mi hijo es enemigo de los franceses, aunque diga lo contrario. No -extrañaré que cometa un atentado contra ellos. El pueblo está ganado -con dinero y lo inflamará contra el príncipe de la Paz, contra el rey, -mi marido, y contra mí, porque somos aliados de los franceses, y dicen -que nosotros les hemos hecho venir. - -A la cabeza de todos los enemigos de los franceses está mi hijo, aunque -aparente ahora lo contrario, y quiera ganar al emperador, al gran duque -y a los franceses para dar mejor y seguro su golpe. - -Ayer tarde dijimos nosotros al general comandante de las tropas del -gran duque, que nosotros siempre permanecemos aliados de los franceses, -y que nuestras tropas estarán siempre unidas con las suyas. Esto se -entiende de las nuestras que tenemos aquí, pues de las otras no podemos -disponer; y aun en cuanto a estas ignoramos las órdenes que mi hijo -habrá dado; pero nosotros nos pondríamos a su cabeza para hacerlas -obedecer lo que queremos, que es que sean amigas de los franceses. — -Luisa.» - - -_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg, por medio de la -reina de Etruria su hija, en abril de 1808._ - -«Nosotros remitimos al gran duque la respuesta de mi hijo a la carta -que el rey mi marido le escribió antes de ayer, cuya copia fue remitida -ayer al gran duque. No estamos contentos con el modo de explicarse -mi hijo, ni aun con la sustancia de lo que se responde; pero el gran -duque por su amistad con nosotros tendrá la bondad de componerlo todo -y de hacer que el emperador nos salve a todos tres; es decir al rey mi -marido, al pobre príncipe de la Paz su amigo, y a mí. El gran duque -debe estar persuadido, y persuadir al emperador, que habiendo puesto -nuestra suerte en sus manos, solo pendemos de la generosidad, grandeza -de alma y amistad que tenga para nosotros tres, que siempre hemos sido -sus buenos y fieles aliados, amigos y afectos, y que si no, nuestra -suerte será muy infeliz. - -Se nos ha dicho que nuestro hijo Carlos va a partir mañana o antes para -recibir al emperador, y que si no lo encuentra, avanzará hasta París. A -nosotros se nos oculta esta resolución porque no quieren que la sepamos -el rey ni yo, lo cual nos hace recelar un mal designio; pues mi hijo -Fernando no se separa un momento de sus hermanos, y los hace malos con -promesas y con los atractivos que agradan a los jóvenes que no conocen -al mundo por experiencias &c. - -Por esto conviene que el gran duque procure que el emperador no se deje -engañar por medio de mentiras que lleven las apariencias de la verdad, -respecto de que mi hijo no es afecto a los franceses, sino que ahora -manifiesta serlo porque cree tener necesidad de aparentarlo. Yo recelo -de todo si el gran duque, en quien habemos puesto nuestras esperanzas, -no hace todos sus esfuerzos para que el emperador tome nuestra causa -como suya propia. Tampoco dudamos que la amistad del gran duque -sostendrá y salvará a su amigo, y nos lo dejará a nuestro lado para -que todos tres juntos acabemos nuestros días tranquilamente retirados. -Asimismo creemos que el gran duque tomará todos los medios para que el -pobre príncipe de la Paz, amigo suyo y nuestro, sea trasladado a un -pueblo cercano a Francia, de manera que su vida no peligre y sea fácil -de transportarlo a Francia, y librarlo de las manos de sus sanguinarios -enemigos. - -Deseamos igualmente que el gran duque envíe a el emperador alguna -persona que le informe de todo a fondo para evitar que S. M. I. pueda -ser preocupado por las mentiras que se fraguan aquí de día y de noche -contra nosotros y contra el pobre príncipe de la Paz, cuya suerte -preferimos a la misma nuestra, porque estamos temblando de las dos -pistolas que hay cargadas para quitarle la vida en caso necesario, y -sin duda son efecto de alguna orden de mi hijo que hace conocer así -cuál sea su corazón; y deseo que no se verifique jamás un atentado -semejante con ninguno, aun cuando fuese el mayor malvado, y vos debéis -creer que el príncipe no lo es. - -En fin el gran duque y el emperador son los únicos que pueden salvar al -príncipe de la Paz, así como a nosotros, pues si no resulta salvo, y si -no se nos concede su compañía moriremos el rey mi marido y yo. Ambos -creemos que si mi hijo perdona la vida al príncipe de la Paz, será -cerrándolo en una prisión cruel donde tenga una muerte civil; por lo -cual rogamos al gran duque y al emperador que lo salve enteramente, de -manera que acabe sus días en nuestra compañía donde se disponga. - -Conviene saber que se conoce que mi hijo teme mucho al pueblo; y los -guardias de Corps son siempre sus consejeros y sus tiranos. — Luisa.» - - -_Carta del rey Carlos IV al gran duque de Berg con otra de la reina su -esposa en Aranjuez a 3 de abril de 1808._ - -«Mi señor y mi querido hermano: teniendo que pasar a Madrid Don Joaquín -de Manuel de Villena, gentil-hombre de cámara y muy fiel servidor mío, -para negocios particulares suyos, le he encargado presentarse a V. A., -y asegurarle todo mi reconocimiento al interés que V. A. toma en mi -suerte y en la del príncipe de la Paz, que está inocente. Podéis fiaros -de hablar con Don Joaquín de Villena, porque yo aseguro su fidelidad. -No hablaré ya de mis dolores, y mi esposa os dará en posdata razón -detallada de los asuntos. Pudiera suceder que Villena no se atreva a -entrar en casa de V. A. por no hacerse sospechoso. En tal caso mi hija -dispondrá que recibáis esta carta. Perdonadme tantas importunidades, -y ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda. Mi señor -y muy querido hermano. De V. A. I. y R. afecto hermano y amigo. — -Carlos.» - - -_Carta de la reina._ - -«Mi señor y hermano: la partida tan pronta de mi hijo Carlos, que será -mañana, nos hace temblar. Las personas que le acompañan son malignas. -El secreto inviolable que se les hace observar para con nosotros, nos -causa grande inquietud, temiendo que sea conductor de papeles falsos -contrahechos e inventados. - -El príncipe de la Paz no hacía ni escribía nada sin que lo supiéramos y -viésemos el rey mi marido y yo; y podemos asegurar que no ha cometido -crimen alguno contra mi hijo ni contra nadie, pero mucho menos -contra el gran duque, contra el emperador, ni contra los franceses. -Él escribió de propio puño al gran duque y al emperador pidiendo a -este un asilo y hablando de matrimonio; pero yo creo que el pícaro de -Izquierdo no la entregó y la ha devuelto. El príncipe de la Paz estaba -ya desengañado de la mala fe de Izquierdo, y por lo menos dudaba de su -sinceridad. Los enemigos del pobre príncipe de la Paz, amigo de V. A., -pintarán con los colores más vivos y apariencias de verdad cualesquiera -mentiras. Son muy diestros para esto, y cuantos ocupan ahora los -empleos son enemigos comunes suyos. ¿No podría V. A. enviar alguno que -llegase antes que mi hijo Carlos a ver al emperador y prevenirle de -todo, contándole la verdad y las imposturas de nuestros enemigos? - -Mi hijo tiene veinte años, sin experiencia ni conocimientos del mundo. -Los que le acompañan y todos los demás le habrán dado instrucciones -a su gusto. ¡Ojalá que V. A. tome todas las medidas necesarias para -anticipar noticias al emperador! Mi hijo hace todo lo posible para que -no veamos al emperador; pero nosotros queremos verle, así como a V. A. -en quien hemos depositado nuestra confianza, y la seguridad de todos -tres que esperamos conceda el emperador. - -En este supuesto ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna -guarda. Mi señor y hermano. De V. A. I. y R. muy afecta hermana y -amiga. — Luisa.» - - -_Carta de la reina de España al gran duque de Berg en Aranjuez a 8 de -abril de 1808._ - -«Mi señor y hermano: el rey no puede escribir por estar muy incomodado -con la hinchazón de su mano. Cuando ha leído la carta de V. A. en que -le deja elección de partir mañana u otro día, ha tenido presente que -todo estaba preparado, que una parte de sus criados parte hoy, y que la -dilación podía dar que pensar a tantos intérpretes como hay, malignos -e impostores; por lo que se ha decidido a salir mañana a la una como -tenía ya dicho, esperando que así le sería más fácil también ir a ver -al emperador. Tendremos mucho gusto de saber el arribo del emperador -a Bayona. Nosotros lo esperamos con impaciencia, y que V. A. nos dirá -cuándo debemos ir. El rey mi marido y yo deseamos con vehemencia ver -a V. A. Apetecemos con ansia este momento, y nos ha servido de gran -placer el recado de V. A. de que vendría a vernos después de dos días. -Repetimos nuestras súplicas, confiando enteramente en vuestra amistad, -y pido a Dios tenga a V. A. en su santa y digna guarda. - -Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — -Luisa.» - - -_Carta del rey Fernando a su padre en Madrid a 8 de abril de 1808._ - -«Padre mío: el general Savary acaba de separarse de mi compañía. Estoy -muy satisfecho de él, como también de la buena inteligencia que hay -entre el emperador y mi persona, por la buena fe que me ha manifestado. - -Por este motivo me parece justo que V. M. me dé una carta para el -emperador, felicitándole de su arribo, y asegurándole que tengo para -con él los mismos sentimientos que V. M. le ha demostrado. - -Si V. M. considera conveniente, me enviará en respuesta dicha carta, -porque yo saldré después de mañana, y he dado orden de que vengan -después los tiros que debían servir a VV. MM. - -Vuestro más sumiso hijo. — Fernando.» - - -_Segunda carta de la reina de España al gran duque de Berg en 8 de -abril de 1808._ - -«Mi señor y hermano: No quisiéramos ocupar a V. A., pero no teniendo -otro apoyo es necesario que V. A. sepa todo lo relativo a nuestras -personas. Remitimos a V. A. la carta que el rey ha recibido de su hijo -Fernando en respuesta de la que su padre le escribió, diciéndole que -partíamos el lunes. - -Las pretensiones de mi hijo me parecen fuera de propósito; y siguiendo -las mismas ideas le ha escrito el rey hace un instante, que nosotros -llevamos menos familia y personas de servidumbre que plazas había, -quedándose aquí algunas: que pasaríamos la semana santa en el Escorial, -sin poder decir cuántos días duraría aquella residencia; y que en -cuanto a guardias de Corps no importaba nada que no fuesen. Quisiéramos -no verlos, y sí fuera de su poder a nuestro pobre príncipe de la -Paz. Ayer tarde se me advirtió que viviésemos con cuidado, porque se -intentaba hacer alguna cosa secreta, y que aunque fuese tranquila la -noche de ayer no lo sería la siguiente. Yo dudo de todo, y no vemos a -los guardias de Corps; pero es necesario vivir con cautela, por lo que -lo hemos advertido al general Wattier. Los guardias son los autores de -todo, y hacen a mi hijo hacer lo que quieren; lo mismo que los malignos -ministros, que son muy crueles, sobre todo el clérigo Escóiquiz. - -Por gracia V. A. líbrenos a todos tres, e igualmente a mi pobre hija -Luisa, que padece por la propia razón que nuestro pobre amigo común el -príncipe de la Paz y nosotros; y todo porque somos amigos de V. A., -de los franceses y del emperador. Mi hijo Fernando habló aquí de las -tropas francesas que había en Madrid con bastante desprecio, lo cual -es prueba de que no las mira con afecto. Nos han asegurado que los -carabineros son como los demás; y que los otros residentes en el sitio, -como el capitán de guardias de Corps, no hacen sino averiguar todo lo -que pueden para hacerlo saber a mi hijo. - -Si el emperador dijera dónde quiere que le veamos, tendríamos en ello -mucho gusto; y rogamos a V. A. procure que el emperador nos saque de -España cuanto antes al rey mi marido y a nuestro amigo el príncipe de -la Paz, a mí y a mi pobre hija, y sobre todo a los tres, lo más pronto -posible, porque de otro modo no estamos seguros. No dude V. A. que nos -hallamos en el mayor peligro, y con especialidad nuestro amigo, cuya -seguridad deseamos antes que la nuestra; la que confiamos lograr de V. -A. y del emperador, en cuyo supuesto pido a Dios tenga a V. A. en su -santa y digna guarda. - -Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. afecta hermana y amiga. — Luisa.» - - -_Carta de la reina de España al gran duque de Berg en Aranjuez a 9 de -abril de 1808._ - -«Mi señor y hermano: el reconocimiento a los favores de V. A. será -eterno, y le damos un millón de gracias por la seguridad que nos -anuncia de que su amigo y nuestro, el pobre príncipe de la Paz, estará -libre dentro de tres días. El rey y yo ocultaremos con un secreto -inviolable tan necesario la alegría que V. A. nos ha producido con -una noticia tan deseada. Ella nos reanima, y nunca hemos dudado de la -amistad de V. A., quien tampoco deberá dudar de la nuestra jamás, pues -se la hemos profesado siempre, como también el pobre amigo de V. A., -cuyo crimen es el ser afecto al emperador y a los franceses. No así mi -hijo, pues no lo es aunque lo aparente. Su ambición sin límites le ha -hecho seguir los consejos de todos los infames consejeros que ha puesto -ahora en los empleos más principales y elevados. - -Tenga V. A. la bondad de decirnos cuándo debemos ir a ver al emperador, -y en dónde, pues lo deseamos mucho igualmente que V. A. no se olvide de -mi pobre hija Luisa. - -Damos gracias a V. A. de habernos enviado al general Wattier, pues se -ha conducido perfectamente aquí. Mi marido quería escribir a V. A., -pero es absolutamente imposible, pues padece muchos dolores en la mano -derecha, los cuales le han quitado el sueño esta noche pasada. - -Nosotros saldremos a la una para el Escorial, adonde llegaremos a las -ocho de la tarde. Rogamos a V. A. que disponga que sus tropas y V. A. -libren a su amigo de los peligros de todos los pueblos y tropas que -están contra él y contra nosotros, no sea que lo maten si no lo salva -V. A., pues como no esté asegurado por la guardia de V. A. hay mucho -peligro de que le quiten la vida. - -Deseamos mucho ver a V. A., pues somos totalmente suyos; en cuyo -supuesto pido a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda. - -Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — -Luisa.» - - -_Segunda carta de la reina de España al gran duque de Berg en el -Escorial a 9 de abril de 1808._ - -«Mi señor y hermano: son las diez, y hemos recibido una carta de mi -hijo Fernando que el rey mi marido envía a V. A. para que la vea, y me -diga lo que debemos hacer. El rey y yo no quisiéramos hacer lo que nos -pide mi hijo, cuya pretensión nos ha sorprendido infinito, y creemos -que no nos conviene de ningún modo condescender: el rey ha encargado -decir que estaba ya en cama, por lo que no podía responder a la carta. -Esto ha sido pretexto por si V. A. quiere decirnos lo que se le haya de -responder, en inteligencia de que mientras tanto suspendemos hacerlo; -bien que será forzoso no dilatarlo más que hasta mañana por la tarde. - -Nos hallamos con la satisfacción de no tener guardias de Corps, ni las -de infantería en el Escorial, sino solo los carabineros. Con vuestras -tropas estamos seguros y no con las otras. - -El rey y yo no escribimos la carta que mi hijo pide, sino en el caso de -que se nos haga escribir por fuerza, como sucedió con la abdicación, -contra la cual hizo por eso la protesta que envió a V. A. Lo que dice -mi hijo es falso, y solo es verdadero que mi marido y yo tememos que se -procure hacer creer al emperador un millón de mentiras, pintándolas con -los más vivos colores en agravio nuestro y del pobre príncipe de la Paz -amigo de V. A., admirador y afectísimo del emperador, bien que nosotros -estamos totalmente puestos en manos de S. M. I. y V. A., lo cual nos -tranquiliza de modo, que con tales amigos y protectores no tememos a -nadie. Ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda. Mi -señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — Luisa.» - - -_Tercera carta de la reina de España al gran duque de Berg en el -Escorial a 9 de abril de 1808._ - -«Mi señor y hermano: Estamos muy agradecidos al obsequio de V. A. -en habernos enviado sus tropas que nos han acompañado con la mayor -atención y cuidado. También le damos gracias por las que nos ha -destinado para este sitio. Hemos dicho al general Budet que cuide de -hacer patrullas con sus tropas día y noche, pues hemos encontrado aquí -una compañía de guardias españolas y valonas, lo que nos ha sorprendido. - -V. A. nos ha dado pruebas completas de su amistad. Nosotros no habíamos -dudado jamás, y tanto el rey como yo creemos firmemente que V. A. nos -librará de todo riesgo, igualmente que a su amigo el príncipe de la -Paz, y estamos satisfechos de que el emperador nos protegerá, y hará -felices a todos tres como aliados, afectos y amigos suyos. Esperamos -con grande impaciencia la satisfacción de ver a V. A. y al emperador. -Aquí estamos en mayor proporción de salir al encuentro de S. M. I. - -Nuestro viaje ha sido muy feliz, y no podía dejar de serlo con tan -buena compañía. Los pueblos por donde hemos pasado nos han aclamado más -que antes. - -Esperamos con ansia la respuesta de V. A. a la carta que le escribimos -esta mañana, y no queremos incomodarle más, ni quitarle el tiempo -precioso que necesita para tantas ocupaciones. Ruego a Dios que tenga a -V. A. en su santa y digna guarda. Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. -muy afecta hermana y amiga. — Luisa.» - - -_Carta de la reina de España al gran duque de Berg en 10 de abril de -1808._ - -«Señor mi hermano: la carta que V. A. nos ha escrito, y hemos recibido -hoy muy temprano, me ha tranquilizado. Nosotros estamos puestos en las -manos del emperador y de V. A. No debemos temer nada el rey mi marido, -nuestro amigo común y yo. Lo esperamos todo del emperador que decidirá -pronto nuestra suerte. - -Tenemos el mayor placer y consuelo en esperar mañana el momento de -ver y poder hablar a V. A. Será para nosotros un instante bien feliz, -así como el de ver al emperador. Mientras tanto que esto se verifica, -rogamos de nuevo a V. A. que proceda de modo que saque al príncipe de -la Paz su amigo del poder de las horribles manos que lo tienen, y lo -ponga en seguridad de que no se le mate, ni se le haga mal alguno; pues -los malignos y falsos ministros actuales harán todo lo posible para -anticiparse cuando llegue el emperador. - -Mi hijo habrá partido ya, y procurará en su viaje persuadir al -emperador todo lo contrario de lo que ha pasado en verdad. Él y los -que lo rodean habrán preparado tales datos y mentiras, aparentándolas -como verdades que el emperador, cuando menos, entraría en dudas, si no -hubiera sido informado ya de la verdad por V. A. - -Mi hijo ha dejado todas sus facultades al infante Don Antonio su tío, -el cual tiene muy poco talento y luces; pero es cruel, e inclinado -a todo cuanto pueda ser pesadumbre del rey mi marido y mía, y del -príncipe de la Paz y de mi hija Luisa. Aunque debe proceder de acuerdo -de un consejo que se le ha nombrado, este se compone de toda la facción -tan detestable que ha ocasionado toda la revolución actual, y que no -está en favor de los franceses más que mi hijo Fernando, a pesar de -todo lo que se ha dicho en la Gaceta de ayer, pues solo el miedo al -emperador hace hablar así. - -Me atrevo también a decir a V. A. que el embajador está totalmente -por el partido de mi hijo de acuerdo con el maligno hipócrita clérigo -Escóiquiz, y harán lo que no es imaginable para ganar a V. A., y sobre -todo al emperador. Prevenid todo esto a S. M. antes que lo vea mi hijo; -pues como este sale hoy, y el rey mi marido tiene la mano tan hinchada, -no ha escrito la carta que mi hijo le pedía, por lo cual este no -llevará ninguna; y el rey no puede escribir de su mano a V. A., lo que -le es muy sensible, pues nosotros no tenemos otro amigo, ni confianza -sino en V. A. y en el emperador, de quien esperamos todo. - -Vivid bien persuadido del grande afecto que tenemos a V. A., así como -confianza y seguridad: en cuyo supuesto ruego a Dios que tenga a V. -A. en su santa y digna guarda. Señor mi hermano: de V. A. I. y R. muy -afecta hermana y amiga. — Luisa.» - - -NOTA. _Toda esta correspondencia se halla inserta en el Monitor del -5 de febrero de 1810, excepto el informe del general Monthion que se -insertó en el de 3 de mayo de 1808. En el Monitor algunas de las cartas -de la reina de Etruria y de Carlos IV están en italiano. Hemos tomado -la traducción de todas ellas de las memorias de Nellerto, tom. 2.º, -después de haberla confrontado con las cartas originales insertas en -los Monitores citados. Nos hemos cerciorado de la exactitud, objeto -principal en la inserción de estos documentos, sin habernos detenido en -reparos acerca del estilo; pero no creemos inoportuno advertir que debe -leerse con desconfianza la calificación que se hace en algunas de estas -cartas del carácter y conducta de los personajes nombrados en ellas, -por ser hija del resentimiento de una señora sobrecogida a la sazón -de todo género de recelos, y cuya vehemente imaginación alterada por -el cúmulo de sucesos extraordinarios y adversos ocurridos en aquellos -memorables días, le presentaba las cosas y las personas con los más -negros colores._ - - -NÚMERO 2-11. - -_Protesta publicada en el Diario de Madrid de 12 de mayo de 1808._ - - -NÚMERO 2-12. - -Don Bartolomé Muñoz de Torres del consejo de S. M., su secretario -escribano de cámara más antiguo y de gobierno del consejo. - -Certifico que por el Excmo. Señor Don Pedro Cevallos primer secretario -de estado y del despacho, se ha comunicado al Ilustrísimo Señor decano -gobernador interino del consejo la real orden siguiente: - -«Ilustrísimo Señor: Uno de los primeros cuidados del rey N. S. después -de su advenimiento al trono ha sido el participar al emperador de los -franceses y rey de Italia tan feliz acontecimiento, asegurando al -mismo tiempo a S. M. I. y R. que animado de los mismos sentimientos -que su augusto padre, lejos de variar en lo más mínimo el sistema -político con respecto a la Francia, procurará por todos los medios -posibles estrechar más y más los vínculos de amistad y estrecha alianza -que felizmente subsisten entre la España y el imperio francés. S. M. -me manda participarlo a V. I. para que publicándolo en el consejo -proceda el tribunal a consecuencia en todas las medidas que tome -para restablecer la tranquilidad pública en Madrid, y para recibir -y suministrar a las tropas francesas que están dispuestas a entrar -en esa villa todos los auxilios que necesiten; procurando persuadir -al pueblo que vienen como amigos, y con objetos útiles al rey y a la -nación. S. M. se promete de la sabiduría del consejo que enterado de -los vivos deseos que le animan de consolidar cada día más los estrechos -vínculos que unen a S. M. con el emperador de los franceses, procurará -el consejo por todos los medios que estén a su alcance inspirar estos -mismos sentimientos en todos los vecinos de Madrid. Dios guarde a V. I. -muchos años. Aranjuez 20 de marzo de 1808. — Pedro Cevallos. — Señor -gobernador interino del consejo.» - -Publicada en el consejo pleno de este día la antecedente real orden, -se ha mandado guardar y cumplir; y para que llegue a noticia de todos -se imprima y fije en los sitios públicos y acostumbrados de esta -corte. Y para el efecto lo firmo en Madrid a 21 de marzo de 1808. — -Don Bartolomé Muñoz. — (_Véase el Diario de Madrid del 22 de marzo de -1808._) - - -NÚMERO 2-13. - -BANDO. - -Con fecha 23 del presente mes se ha comunicado al Ilustrísimo Señor -decano del consejo una real orden que entre otras cosas contiene lo -siguiente: - -«Teniendo noticia el rey N. S. que dentro de dos y medio a tres días -llegará a esta corte S. M. el emperador de los franceses, me manda -S. M. decir a V. I. que quiere sea recibido y tratado con todas las -demostraciones de festejo y alegría que corresponden a su alta dignidad -e íntima amistad y alianza con el rey N. S., de la que espera la -felicidad de la nación; mandando asimismo S. M. que la villa de Madrid -proporcione objetos agradables a S. M. I., y que contribuyan al mismo -fin todas las clases del estado. - -Y habiéndose publicado en el consejo, ha resuelto se entere de ello al -público por medio de este edicto. Madrid 24 de marzo de 1808. — Don -Bartolomé Muñoz &c. - - -NÚMERO 2-14. - -_Mémorial de Sainte Hélène, vol. IV, pág. 246, ed. de 1823._ - - -NÚMERO 2-15. - -_Carta de S. M. el emperador de los franceses rey de Italia, y -protector de la confederación del Rin._ - -«Hermano mío: he recibido la carta de V. A. R.: ya se habrá convencido -V. A. por los papeles que ha visto del rey su padre del interés que -siempre le he manifestado: V. A. me permitirá que en las circunstancias -actuales le hable con franqueza y lealtad. Yo esperaba, en llegando -a Madrid, inclinar a mi augusto amigo a que hiciese en sus dominios -algunas reformas necesarias, y que diese alguna satisfacción a la -opinión pública. La separación del príncipe de la Paz me parecía una -cosa precisa para su felicidad y la de sus vasallos. Los sucesos -del norte han retardado mi viaje: las ocurrencias de Aranjuez han -sobrevenido. No me constituyo juez de lo que ha sucedido, ni de la -conducta del príncipe de la Paz; pero lo que sé muy bien es que es -muy peligroso para los reyes acostumbrar sus pueblos a derramar la -sangre haciéndose justicia por sí mismos. Ruego a Dios que V. A. no -lo experimente un día. No sería conforme al interés de la España que -se persiguiese a un príncipe que se ha casado con una princesa de la -familia real, y que tanto tiempo ha gobernado el reino. Ya no tiene -más amigos: V. A. no los tendrá tampoco si algún día llega a ser -desgraciado. Los pueblos se vengan gustosos de los respetos que nos -tributan. Además, ¿cómo se podría formar causa al príncipe de la Paz -sin hacerla también al rey y a la reina vuestros padres? Esta causa -fomentaría el odio y las pasiones sediciosas; el resultado sería -funesto para vuestra corona. V. A. R. no tiene a ella otros derechos -sino los que su madre le ha transmitido: si la causa mancha su honor, -V. A. destruye sus derechos. No preste V. A. oídos a consejos débiles -y pérfidos. No tiene V. A. derecho para juzgar al príncipe de la -Paz; sus delitos, si se le imputan, desaparecen en los derechos del -trono. Muchas veces he manifestado mi deseo de que se separase de los -negocios al príncipe de la Paz: si no he hecho más instancias ha sido -por un efecto de mi amistad por el rey Carlos, apartando la vista de -las flaquezas de su afección. ¡Oh miserable humanidad! Debilidad y -error, tal es nuestra divisa. Mas todo esto se puede conciliar; que el -príncipe de la Paz sea desterrado de España, y yo le ofrezco un asilo -en Francia. - -En cuanto a la abdicación de Carlos IV, ella ha tenido efecto en el -momento en que mis ejércitos ocupaban la España, y a los ojos de la -Europa y de la posteridad podría parecer que yo he enviado todas esas -tropas con el solo objeto de derribar del trono a mi aliado y mi amigo. -Como soberano vecino debo enterarme de lo ocurrido antes de reconocer -esta abdicación. Lo digo a V. A. R., a los españoles, al universo -entero; si la abdicación del rey Carlos es espontánea, y no ha sido -forzado a ella por la insurrección y motín sucedido en Aranjuez, yo no -tengo dificultad en admitirla, y en reconocer a V. A. R. como rey de -España. Deseo pues conferenciar con V. A. R. sobre este particular. - -La circunspección que de un mes a esta parte he guardado en este -asunto debe convencer a V. A. del apoyo que hallará en mí, si jamás -sucediese que facciones de cualquiera especie viniesen a inquietarle -en su trono. Cuando el rey Carlos me participó los sucesos del mes de -octubre próximo pasado, me causaron el mayor sentimiento, y me lisonjeo -de haber contribuido por mis instancias al buen éxito del asunto del -Escorial. V. A. no está exento de faltas: basta para prueba la carta -que me escribió, y que siempre he querido olvidar. Siendo rey sabrá -cuán sagrados son los derechos del trono: cualquier paso de un príncipe -hereditario cerca de un soberano extranjero es criminal. El matrimonio -de una princesa francesa con V. A. R. le juzgo conforme a los intereses -de mis pueblos, y sobre todo como una circunstancia que me uniría con -nuevos vínculos a una casa, a quien no tengo sino motivos de alabar -desde que subí al trono. V. A. R. debe recelarse de las consecuencias -de las emociones populares: se podrá cometer algún asesinato sobre mis -soldados esparcidos; pero no conducirán sino a la ruina de la España. -He visto con sentimiento que se han hecho circular en Madrid unas -cartas del capitán general de Cataluña, y que se ha procurado exasperar -los ánimos. V. A. R. conoce todo lo interior de mi corazón: observará -que me hallo combatido por varias ideas que necesitan fijarse; pero -puede estar seguro de que en todo caso me conduciré con su persona del -mismo modo que lo he hecho con el rey su padre. Esté V. A. persuadido -de mi deseo de conciliarlo todo, y de encontrar ocasiones de darle -pruebas de mi afecto y perfecta estimación. Con lo que ruego a Dios os -tenga, hermano mío, en su santa y digna guarda. En Bayona a 16 de abril -de 1808. — Napoleón. — (_Véase el manifiesto de Don Pedro Cevallos._) - - -NÚMERO 2-16. - -El rey N. S. haciendo el más alto aprecio de los deseos que el -emperador de los franceses ha manifestado de disponer de la suerte del -preso Don Manuel de Godoy, escribió desde luego a S. M. I. mostrando -su pronta y gustosa voluntad de complacerle, asegurado S. M. de que -el preso pasaría inmediatamente la frontera de España, y que jamás -volvería a entrar en ninguno de sus dominios. - -El emperador de los franceses ha admitido este ofrecimiento de S. M., y -mandado al gran duque de Berg que reciba el preso, y lo haga conducir a -Francia con escolta segura. - -La junta de gobierno instruida de estos antecedentes, y de la reiterada -expresión de la voluntad de S. M., mandó ayer al general, a cuyo cargo -estaba la custodia del citado preso, que lo entregase al oficial que -destinase para su conducción el gran duque; disposición que ya queda -cumplida en todas sus partes. Madrid 21 de abril de 1808. - - -NÚMERO 2-17. - -_Oficio del general Belliard a la junta de gobierno. (Véase la memoria -de Ofárril y Azanza.)_ - -«Habiendo S. M. el emperador y rey manifestado a S. A. el gran duque de -Berg que el príncipe de Asturias acababa de escribirle diciendo «que le -hacía dueño de la suerte del príncipe de la Paz», S. A. me encarga en -consecuencia que entere a la junta de las intenciones del emperador, -que le reitera la orden de pedir la persona de este príncipe y de -enviarle a Francia. - -Puede ser que esta determinación de S. A. R. el príncipe de Asturias no -haya llegado todavía a la junta. En este caso se deja conocer que S. A. -R. habrá esperado la respuesta del emperador; pero la junta comprenderá -que el responder al príncipe de Asturias sería decidir una cuestión muy -diferente; y ya es sabido que S. M. I. no puede reconocer sino a Carlos -IV. - -Ruego pues a la junta se sirva tomar esta nota en consideración, y -tener la bondad de instruirme sobre este asunto, para dar cuenta a S. -A. I. el gran duque de la determinación que tomase. - -El gobierno y la nación española solo hallarán en esta resolución de -S. M. I. nuevas pruebas del interés que toma por la España; porque -alejando al príncipe de la Paz, quiere quitar a la malevolencia los -medios de creer posible que Carlos IV volviese el poder y su confianza -al que debe haberla perdido para siempre; y por otra parte la junta de -gobierno hace ciertamente justicia a la nobleza de los sentimientos de -S. M. el emperador, que no quiere abandonar a su fiel aliado. - -Tengo el honor de ofrecer a la junta las seguridades de mi alta -consideración. — El general y jefe del estado mayor general, Augusto -Belliard. — Madrid 20 de abril de 1808.» - - -NÚMERO 2-18. - -_Carta remitiendo la protesta al emperador y rey._ - -«Hermano y señor: V. M. sabrá ya con sentimiento el suceso de Aranjuez -y sus resultas, y no dejará de ver sin algún tanto de interés a un rey -que forzado a abdicar la corona, se echa en los brazos de un gran -monarca su aliado, poniéndose en todo y por todo a su disposición, pues -que él es el único que puede hacer su dicha, la de toda su familia, y -la de sus fieles y amados vasallos... Heme visto obligado a abdicar; -pero seguro en el día y lleno de confianza en la magnanimidad y genio -del grande hombre que siempre se ha manifestado mi amigo, he tomado la -resolución de dejar a su arbitrio lo que se sirviese hacer de nosotros, -mi suerte, la de la reina... Dirijo a V. M. I. una protesta contra el -acontecimiento de Aranjuez, y contra mi abdicación. Me pongo y confio -enteramente en el corazón y amistad de V. M. I. Con esto ruego a Dios -que os mantenga en su santa y digna guarda. — Hermano y Señor: de V. -M. I. su afectísimo hermano y amigo. — Carlos.» - - -IDEM. - -_Reiteración de la protesta, dirigida al Señor infante Don Antonio._ - -«Muy amado hermano: el 19 del mes pasado he confiado a mi hijo un -decreto de abdicación... En el mismo día extendí una protesta solemne -contra el decreto dado en medio del tumulto, y forzado por las críticas -circunstancias... Hoy, que la quietud está restablecida, que mi -protesta ha llegado a las manos de mi augusto amigo y fiel aliado -el emperador de los franceses y rey de Italia, que es notorio que mi -hijo no ha podido lograr le reconozca bajo este título... declaro -solemnemente que el acto de abdicación que firmé el día 19 del pasado -mes de marzo es nulo en todas sus partes; y por eso quiero que hagáis -conocer a todos mis pueblos que su buen rey, amante de sus vasallos, -quiere consagrar lo que le queda de vida en trabajar para hacerlos -dichosos. Confirmo provisionalmente en sus empleos de la junta actual -de gobierno los individuos que la componen, y todos los empleos civiles -y militares que han sido nombrados desde el 19 del mes de marzo último. -Pienso en salir luego al encuentro de mi augusto aliado, después de lo -cual transmitiré mis últimas órdenes a la junta. San Lorenzo a 17 de -abril de 1808. — Yo el rey. — A la junta superior de gobierno.» - - -NÚMERO 2-19. - -«Ilustrísimo Señor: Al folio 33 del manifiesto del consejo se dice -que se presentó un oidor del de Navarra disfrazado, que había logrado -introducirse en la habitación del Señor Don Fernando VII, y traía -instrucciones verbales de S. M., reducidas a estrechos encargos y -deseos de que se siguiese el sistema de amistad y armonía con los -franceses. Las consideraciones que debo a ese supremo tribunal por -haber suprimido mi nombre, y lo más esencial de la comisión solo -con el objeto de evitar que padeciese mi persona, sujeta al tiempo -de la publicación a la dominación francesa, exigen mi gratitud y -reconocimiento, y así pido a V. S. I. que se lo haga presente; pero -ahora que aunque a costa de dificultades y contingencias me veo en este -pueblo libre de todo temor, juzgo preciso que sepa el público mi misión -en toda su extensión. - -Hallábame yo en Bayona con otros ministros de los tribunales de -Navarra cuando llegó el rey a aquella ciudad: no tardó muchas horas el -emperador de los franceses en correr el velo que ocultaba su misteriosa -conducta; hizo saber a cara descubierta a S. M. el escandaloso e -inesperado proyecto de arrancarle violentamente de sus sienes la -corona de España; y persuadido sin duda de que a su más pronto logro -convenía estrechar al rey por todos medios, uno de los que primero -puso en ejecución fue la interceptación de correos. Diariamente se -expedían extraordinarios; pero la garantía del derecho de las gentes -no era un sagrado que los asegurase contra las tropelías de un gobierno -acostumbrado a no escrupulizar en la elección de los medios para -realizar sus depravados fines: en estas circunstancias creyó S. M. -preciso añadir nuevos y desconocidos conductos de comunicación con la -junta suprema presidida por el infante Don Antonio, y me honró con la -confianza de que fuese yo el que pasando a esta capital, la informase -verbalmente de los sucesos ocurridos en aquellos tres primeros aciagos -días. Salí a su virtud de Bayona sobre las seis de la tarde del 23, y -llegué a esta villa por caminos y sendas extraviadas, no sin graves -peligros y trabajos, al anochecer del 29 de abril: inmediatamente me -dirigí a la junta y anunciándola la real orden, dije: «que el emperador -de los franceses quería exigir imperiosamente del rey Don Fernando VII -que renunciase por sí, y en nombre de la familia toda de los Borbones, -el trono de España y todos sus dominios en favor del mismo emperador -y de su dinastía, prometiéndole en recompensa el reino de Etruria, y -que la comitiva que había acompañado a S. M. hiciese igual renuncia -en representación del pueblo español: que desentendiéndose S. M. I. y -R. de la evidencia con que se demostró que ni el rey ni la comitiva -podían ni debían en justicia acceder a tal renuncia, y despreciando -las amargas quejas que se le dieron por haber sido conducido S. M. -a Bayona con el engaño y perfidia que carecen de ejemplo, tanto más -execrables, cuanto que iban encubiertos con el sagrado título de -amistad y utilidad recíproca, afianzadas en palabras las más decisivas -y terminantes, insistía en ella sin otras razones que dos pretextos -indignos de pronunciarse por un soberano que no haya perdido todo -respeto a la moral de los gabinetes, y aquella buena fe que forma el -vínculo de las naciones; reducidos el primero a que su política no -le permitía otra cosa, pues que su persona no estaba segura mientras -que alguno de los Borbones enemigos de su casa reinase en una nación -poderosa; y el segundo a que no era tan estúpido que despreciase -la ocasión tan favorable que se le presentaba de tener un ejército -formidable dentro de España, ocupadas sus plazas y puntos principales, -nada que temer por la parte del norte, y en su poder las personas del -rey y del señor infante Don Carlos: ventajas todas bien difíciles -para que se las ofreciesen los tiempos venideros. Que con la idea -de procurar dilaciones, y sacar de ellas el mejor partido posible, -se había pasado una nota dirigida a que se autorizase un sujeto que -explicase sus intenciones por escrito; pero que cuando el emperador -se obstinase en no retroceder, estaba S. M. resuelto a perder primero -la vida que acceder a tan inicua renuncia: que con esta seguridad -y firme inteligencia procediese la junta en sus deliberaciones. Y -concluí añadiendo, que habiendo preguntado yo voluntariamente al señor -Don Pedro Cevallos al despedirme de S. E. si prevendría algo a la -junta sobre la conducta que debiera observar con los franceses, me -respondió que aunque la comisión no comprendía este punto, podía decir -que estaba acordado por regla general, que por entonces no se hiciese -novedad, porque era de temer de lo contrario que resultasen funestas -consecuencias contra el rey, el señor infante y cuantos españoles se -hallaban acompañando a S. M., y el reino se arriesgaba, descubriendo -ideas hostiles antes que estuviese preparado para sacudir el yugo de la -opresión.» V. S. I. sabe que con esas mismas o semejantes expresiones -lo expuse todo, no solo en la noche del 29, sí también en la inmediata -del 30 de abril, en que quiso S. A. el señor infante Don Antonio que -asistiese yo a la sesión que se celebró en ella, compuesta a más de -los señores individuos de la junta suprema, de todos los presidentes -de los tribunales, y de dos ministros de cada uno, con el doble objeto -de que todos se informasen de mi comisión, y yo de las novedades de -aquel día y demás de que se tratase, a fin de que diese cuenta de todo -a S. M. en Bayona, adonde regresé la tarde del 6 de mayo con continuos -riesgos y sobresaltos que se aumentaron a mi salida; y pues es a mi -parecer muy debido que no se ignore este rasgo heroico del carácter -firme de nuestro amado soberano, y yo tampoco debo prescindir de que -conste del modo más auténtico el exacto cumplimiento y desempeño de -mi comisión en todas sus partes, ruego a V. I. y al consejo, que -no hallando inconveniente mande insertar este papel en la gaceta y -diario de esta corte. Dios guarde a V. S. I. muchos años. Madrid 27 de -setiembre de 1808. — Justo María Ibarnavarro. — Ilustrísimo señor Don -Antonio Arias Mon y Velarde. - - -NÚMERO 2-20. - -_Orden del día._ - -Soldados: la población de Madrid se ha sublevado, y ha llegado hasta el -asesinato. Sé que los buenos españoles han gemido de estos desórdenes: -estoy muy lejos de mezclarlos con aquellos miserables que no desean más -que el crimen y el pillaje. Pero la sangre francesa ha sido derramada; -clama por la venganza: en su consecuencia mando lo siguiente: - - -ARTÍCULO 1.º - -El general Grouchy convocará esta noche la comisión militar. - - -ART. 2.º - -Todos los que han sido presos en el alboroto y con las armas en la mano -serán arcabuceados. - - -ART. 3.º - -La junta de estado va a hacer desarmar los vecinos de Madrid. Todos los -habitantes y estantes quienes después de la ejecución de esta orden se -hallaren armados o conservasen armas sin una permisión especial, serán -arcabuceados. - - -ART. 4.º - -Todo lugar en donde sea asesinado un francés será quemado. - - -ART. 5.º - -Toda reunión de más de ocho personas será considerada como una junta -sediciosa, y deshecha por la fusilería. - - -ART. 6.º - -Los amos quedarán responsables de sus criados; los jefes de talleres, -obradores y demás de sus oficiales; los padres y madres de sus hijos, y -los ministros de los conventos de sus religiosos. - - -ART. 7.º - -Los autores, vendedores y distribuidores de libelos impresos o -manuscritos provocando a la sedición, serán considerados como unos -agentes de la Inglaterra, y arcabuceados. - -Dado en nuestro cuartel general de Madrid a 2 de mayo de 1808. — -Joachim. — Por mandado de S. A. I. y R. — El jefe del estado mayor -general. — Belliard. - - -NÚMERO 2-21. - -_Véase la memoria de Ofárril y Azanza en su nota núm. 12._ - - -NÚMERO 2-22. - -_Carta de Fernando VII a su padre Carlos IV._ - -«Venerado padre y señor: V. M. ha convenido en que yo no tuve la menor -influencia en los movimientos de Aranjuez, dirigidos como es notorio, -y a V. M. consta, no a disgustarle del gobierno y del trono, sino a -que se mantuviese en él, y no abandonase la multitud de los que en -su existencia dependían absolutamente del trono mismo. V. M. me dijo -igualmente que su abdicación había sido espontánea, y que aun cuando -alguno me asegurase lo contrario, no lo creyese, pues jamás había -firmado cosa alguna con más gusto. Ahora me dice V. M. que aunque es -cierto que hizo la abdicación con toda libertad, todavía se reservó -en su ánimo volver a tomar las riendas del gobierno cuando lo creyese -conveniente. He preguntado en consecuencia a V. M. si quiere volver -a reinar; y V. M. me ha respondido que ni quería reinar, ni menos -volver a España. No obstante me manda V. M. que renuncie en su favor -la corona que me han dado las leyes fundamentales del reino, mediante -su espontánea abdicación. A un hijo que siempre se ha distinguido -por el amor, respeto y obediencia a sus padres, ninguna prueba que -pueda calificar estas cualidades, es violenta a su piedad filial, -principalmente cuando el cumplimiento de mis deberes con V. M. como -hijo suyo, no están en contradicción con las relaciones que como rey -me ligan con mis amados vasallos. Para que ni estos, que tienen el -primer derecho a mis atenciones queden ofendidos, ni V. M. descontento -de mi obediencia, estoy pronto, atendidas las circunstancias en que -me hallo, a hacer la renuncia de mi corona en favor de V. M. bajo las -siguientes limitaciones. - -1.ª Que V. M. vuelva a Madrid, hasta donde le acompañaré, y serviré yo -como su hijo más respetuoso. 2.ª Que en Madrid se reunirán las cortes; -y pues que V. M. resiste una congregación tan numerosa, se convocarán -al efecto todos los tribunales y diputados de los reinos. 3.ª Que a -la vista de esta asamblea se formalizará mi renuncia, exponiendo los -motivos que me conducen a ella: estos son el amor que tengo a mis -vasallos, y el deseo de corresponder al que me profesan, procurándoles -la tranquilidad, y redimiéndoles de los horrores de una guerra civil -por medio de una renuncia dirigida a que V. M. vuelva a empuñar el -cetro, y a regir unos vasallos dignos de su amor y protección. 4.ª -Que V. M. no llevará consigo personas que justamente se han concitado -el odio de la nación. 5.ª Que si V. M., como me ha dicho, ni quiere -reinar ni volver a España, en tal caso yo gobernaré en su real nombre -como lugarteniente suyo. Ningún otro puede ser preferido a mí: -tengo el llamamiento de las leyes, el voto de los pueblos, el amor -de mis vasallos, y nadie puede interesarse en su prosperidad con -tanto celo ni con tanta obligación como yo. Contraída mi renuncia a -estas limitaciones, comparecerá a los ojos de los españoles como una -prueba de que prefiero el interés de su conservación a la gloria de -mandarlos, y la Europa me juzgará digno de mandar a unos pueblos, a -cuya tranquilidad he sabido sacrificar cuanto hay de más lisonjero y -seductor entre los hombres. Dios guarde la importante vida de V. M. -muchos y felices años que le pide postrado a L. R. P. de V. M. su más -amante y rendido hijo. — Fernando. — Pedro Cevallos. — Bayona 1.º -de mayo de 1808.» — (_Véase la exposición o manifiesto de Don Pedro -Cevallos núm. 7._) - - -NÚMERO 2-23. - -_Carta de Carlos IV a su hijo Fernando VII._ - -«Hijo mío: Los consejos pérfidos de los hombres que os rodean han -conducido la España a una situación crítica: solo el emperador puede -salvarla. - -Desde la paz de Basilea he conocido que el primer interés de mis -pueblos era inseparable de la conservación de buena inteligencia con -la Francia. Ningún sacrificio he omitido para obtener esta importante -mira: aun cuando la Francia se hallaba dirigida por gobiernos efímeros, -abogué mis inclinaciones particulares para no escuchar sino la -política, y el bien de mis vasallos. - -Cuando el emperador hubo restablecido el orden en Francia se disiparon -grandes sobresaltos, y tuve nuevos motivos para mantenerme fiel a -mi sistema de alianza. Cuando la Inglaterra declaró la guerra a la -Francia, logré felizmente ser neutro, y conservar a mis pueblos los -beneficios de la paz. Se apoderó después de cuatro fragatas mías, y -me hizo la guerra aun antes de habérsela declarado; y entonces me vi -precisado a oponer la fuerza a la fuerza, y las calamidades de la -guerra asaltaron a mis vasallos. - -La España rodeada de costas, y que debe una gran parte de su -prosperidad a sus posesiones ultramarinas, sufrió con la guerra más -que cualquiera otro estado: la interrupción del comercio, y todos los -estragos que acarrea, afligieron a mis vasallos, y cierto número de -ellos tuvo la injusticia de atribuirlos a mis ministros. - -Tuve al menos la felicidad de verme tranquilo por tierra, y libre de -la inquietud en cuanto a la integridad de mis provincias, siendo el -único de los reyes de Europa que se sostenía en medio de las borrascas -de estos últimos tiempos. Aún gozaría de esta tranquilidad sin los -consejos que os han desviado del camino recto. Os habéis dejado -seducir con demasiada facilidad por el odio que vuestra primera mujer -tenía a la Francia, y habéis participado irreflexiblemente de sus -injustos resentimientos contra mis ministros, contra vuestra madre, y -contra mi mismo. - -Me creí obligado a recordar mis derechos de padre y de rey: os hice -arrestar, y hallé en vuestros papeles la prueba de vuestro delito; -pero al acabar mi carrera, reducido al dolor de ver perecer a mi hijo -en un cadalso, me dejé llevar de mi sensibilidad al ver las lágrimas -de vuestra madre. No obstante mis vasallos estaban agitados por las -prevenciones engañosas de la facción de que os habéis declarado -caudillo. Desde este instante perdí la tranquilidad de mi vida, y me vi -precisado a unir las penas que me causaban los males de mis vasallos a -los pesares que debí a las disensiones de mi misma familia. - -Se calumniaban mis ministros cerca del emperador de los franceses, el -cual creyendo que los españoles se separaban de su alianza, y viendo -los espíritus agitados (aun en el seno de mi familia) cubrió bajo -varios pretextos mis estados con sus tropas. En cuanto estas ocuparon -la ribera derecha del Ebro, y que mostraban tener por objeto mantener -la comunicación con Portugal, tuve la esperanza de que no abandonaría -los sentimientos de aprecio y de amistad que siempre me había -dispensado; pero al ver que sus tropas se encaminaban hacia mi capital, -conocí la urgencia de reunir mi ejército cerca de mi persona, para -presentarme a mi augusto aliado como conviene al rey de las Españas. -Hubiera yo aclarado sus dudas, y arreglado mis intereses: di orden a -mis tropas de salir de Portugal y de Madrid, y las reuní sobre varios -puntos de mi monarquía, no para abandonar a mis vasallos, sino para -sostener dignamente la gloria del trono. Además mi larga experiencia me -daba a conocer que el emperador de los franceses podía muy bien tener -algún deseo conforme a sus intereses y a la política del vasto sistema -del continente, pero que estuviese en contradicción con los intereses -de mi casa. ¿Cuál ha sido en estas circunstancias vuestra conducta? -El haber introducido el desorden en mi palacio, y amotinado el cuerpo -de guardias de Corps contra mi persona. Vuestro padre ha sido vuestro -prisionero: mi primer ministro que había yo criado y adoptado en mi -familia, cubierto de sangre fue conducido de un calabozo a otro. Habéis -desdorado mis canas, y las habéis despojado de una corona poseída con -gloria por mis padres, y que había conservado sin mancha. Os habéis -sentado sobre mi trono, y os pusísteis a la disposición del pueblo de -Madrid y de tropas extranjeras que en aquel momento entraban. - -Ya la conspiración del Escorial había obtenido sus miras: los actos -de mi administración eran el objeto del desprecio público. Anciano -y agobiado de enfermedades, no he podido sobrellevar esta nueva -desgracia. He recurrido al emperador de los franceses, no como un rey -al frente de sus tropas y en medio de la pompa del trono, sino como -un rey infeliz y abandonado. He hallado protección y refugio en sus -reales: le debo la vida, la de la reina, y la de mi primer ministro. He -venido en fin basta Bayona, y habéis conducido este negocio de manera -que todo depende de la mediación de este gran príncipe. - -El pensar en recurrir a agitaciones populares es arruinar la España, -y conducir a las catástrofes más horrorosas a vos, a mi reino, a mis -vasallos y mi familia. Mi corazón se ha manifestado abiertamente al -emperador: conoce todos los ultrajes que he recibido, y las violencias -que se me han hecho; me ha declarado que no os reconocerá jamás por -rey, y que el enemigo de su padre no podrá inspirar confianza a los -extraños. Me ha mostrado además cartas de vuestra mano, que hacen ver -claramente vuestro odio a la Francia. - -En esta situación, mis derechos son claros, y mucho más mis deberes. No -derramar la sangre de mis vasallos, no hacer nada al fin de mi carrera -que pueda acarrear asolamiento e incendio a la España, reduciéndola a -la más horrible miseria. Ciertamente que si fiel a vuestras primeras -obligaciones y a los sentimientos de la naturaleza hubierais desechado -los consejos pérfidos, y que constantemente sentado a mi lado para -mi defensa hubierais esperado el curso regular de la naturaleza, que -debía señalar vuestro puesto dentro de pocos años, hubiera yo podido -conciliar la política y el interés de España con el de todos. Sin duda -hace seis meses que las circunstancias han sido críticas; pero por más -que lo hayan sido, aún hubiera obtenido de las disposiciones de mis -vasallos, de los débiles medios que aún tenía, y de la fuerza moral que -hubiera adquirido, presentándome dignamente al encuentro de mi aliado, -a quien nunca diera motivo alguno de queja, un arreglo que hubiera -conciliado los intereses de mis vasallos con los de mi familia. Empero -arrancándome la corona, habéis deshecho la vuestra, quitándola cuanto -tenía de augusta y la hacía sagrada a todo el mundo. - -Vuestra conducta conmigo, vuestras cartas interceptadas han puesto una -barrera de bronce entre vos y el trono de España; y no es de vuestro -interés ni de la patria el que pretendáis reinar. Guardaos de encender -un fuego que causaría inevitablemente vuestra ruina completa, y la -desgracia de España. - -Yo soy rey por el derecho de mis padres: mi abdicación es el resultado -de la fuerza y de la violencia, no tengo pues nada que recibir de vos, -ni menos puedo consentir a ninguna reunión en junta: nueva necia -sugestión de los hombres sin experiencia que os acompañan. - -He reinado para la felicidad de mis vasallos, y no quiero dejarles la -guerra civil, los motines, las juntas populares y la revolución. Todo -debe hacerse para el pueblo, y nada por él: olvidar esta máxima es -hacerse cómplice de todos los delitos que le son consiguientes. Me he -sacrificado toda mi vida por mis pueblos; y en la edad a que he llegado -no haré nada que esté en oposición con su religión, su tranquilidad, -y su dicha. He reinado para ellos: olvidaré todos mis sacrificios; y -cuando en fin esté seguro que la religión de España, la integridad de -sus provincias, su independencia y sus privilegios serán conservados, -bajaré al sepulcro perdonándoos la amargura de mis últimos años. - -Dado en Bayona en el palacio imperial llamado del Gobierno a 2 de mayo -de 1808. — Carlos.» — (_Cevallos, número 8._) - - -NÚMERO 2-24. - -_Carta de Fernando VII a su padre en respuesta a la anterior._ - - -SEÑOR. - -«Mi venerado padre y señor: he recibido la carta que V. M. se ha -dignado escribirme con fecha de antes de ayer, y trataré de responder a -todos los puntos que abraza con la moderación y respeto debido a V. M. - -Trata V. M. en primer lugar de sincerar su conducta con respecto a la -Francia desde la paz de Basilea, y en verdad que no creo haya habido -en España quien se haya quejado de ella; antes bien todos unánimes han -alabado a V. M. por su constancia y fidelidad en los principios que -había adoptado. Los míos en este particular son enteramente idénticos a -los de V. M., y he dado pruebas irrefragables de ello desde el momento -en que V. M. abdicó en mi la corona. - -La causa del Escorial, que V. M. da a entender tuvo por origen el odio -que mi mujer me había inspirado contra la Francia, contra los ministros -de V. M., contra mi amada madre, y contra V. M. mismo, si se hubiese -seguido por todos los trámites legales, habría probado evidentemente -lo contrario; y no obstante que yo no tenía la menor influencia, ni -más libertad que la aparente, en que estaba guardado a vista por los -criados que V. M. quiso ponerme, los once consejeros elegidos por V. M. -fueron unánimemente de parecer que no había motivo de acusación, y que -los supuestos reos eran inocentes. - -V. M. habla de la desconfianza que le causaba la entrada de tantas -tropas extranjeras en España, y de que si V. M. había llamado las que -tenía en Portugal, y reunido en Aranjuez y sus cercanías las que había -en Madrid, no era para abandonar a sus vasallos sino para sostener -la gloria del trono. Permítame V. M. le haga presente que no debía -sorprenderle la entrada de unas tropas amigas y aliadas, y que bajo -este concepto debían inspirar una total confianza. Permítame V. M. -observarle igualmente, que las órdenes comunicadas por V. M. fueron -para su viaje y el de su real familia a Sevilla; que las tropas las -tenían para mantener libre aquel camino, y que no hubo una sola persona -que no estuviese persuadida de que el fin de quien lo dirigía todo era -transportar a V. M. y real familia a América. V. M. publicó un decreto -para aquietar el ánimo de sus vasallos sobre este particular; pero como -seguían embargados los carruajes, y apostados los tiros, y se veían -todas las disposiciones de un próximo viaje a la costa de Andalucía, -la desesperación se apoderó de los ánimos, y resultó el movimiento de -Aranjuez. La parte que yo tuve en él, V. M. sabe que no fue otra que -ir por su mandado a salvar del furor del pueblo al objeto de su odio, -porque le creía autor del viaje. - -Pregunte V. M. al emperador de los franceses, y S. M. I. le dirá sin -duda lo mismo que me dijo a mí en una carta que me escribió a Vitoria; -a saber que el objeto del viaje de S. M. I. a Madrid era inducir a V. -M. a algunas reformas, y a que separase de su lado al príncipe de la -Paz, cuya influencia era la causa de todos los males. - -El entusiasmo que su arresto produjo en toda la nación es una prueba -evidente de lo mismo que dijo el emperador. Por lo demás V. M. es buen -testigo de que en medio de la fermentación de Aranjuez no se oyó una -sola palabra contra V. M., ni contra persona alguna de su real familia; -antes bien aplaudieron a V. M. con las mayores demostraciones de júbilo -y de fidelidad hacia su augusta persona: así es que la abdicación de la -corona que V. M. hizo en mi favor, sorprendió a todos, y a mí mismo, -porque nadie lo esperaba, ni la había solicitado. V. M. comunicó su -abdicación a todos sus ministros, dándome a reconocer a ellos por su -rey y señor natural; la comunicó verbalmente al cuerpo diplomático -que residía cerca de su persona, manifestándole que su determinación -procedía de su espontánea voluntad, y que la tenía tomada de antemano. -Esto mismo lo dijo V. M. a su muy amado hermano el infante Don -Antonio, añadiéndole que la firma que V. M. había puesto al decreto de -abdicación era la que había hecho con más satisfacción en su vida, y -últimamente me dijo V. M. a mí mismo tres días después, que no creyese -que la abdicación había sido involuntaria, como alguno decía, pues -había sido totalmente libre y espontánea. - -Mi supuesto odio contra la Francia tan lejos de aparecer por ningún -lado, resultará de los hechos que voy a recorrer rápidamente todo lo -contrario. - -Apenas abdicó V. M. la corona en mi favor, dirigí varias cartas -desde Aranjuez al emperador de los franceses, las cuales son otras -tantas protestas de que mis principios con respecto a las relaciones -de amistad y estrecha alianza, que felizmente subsistían entre -ambos estados, eran los mismos que V. M. me había inspirado, y -había observado inviolablemente. Mi viaje a Madrid fue otra de las -mayores pruebas que pude dar a S. M. I. de la confianza ilimitada -que me inspiraba, puesto que habiendo entrado el príncipe Murat el -día anterior en Madrid con una gran parte de su ejército, y estando -la villa sin guarnición, fue lo mismo que entregarme en sus manos. -A los dos días de mi residencia en la corte se me dio cuenta de la -correspondencia particular de V. M. con el emperador, y hallé que V. M. -le había pedido recientemente una princesa de su familia para enlazarla -conmigo, y asegurar más de este modo la unión y estrecha alianza que -reinaba entre los dos estados. Conforme enteramente con los principios -y con la voluntad de V. M., escribí una carta al emperador pidiéndole -la princesa por esposa. - -Envié una diputación a Bayona para que cumplimentase en mi nombre a -S. M. I.: hice que partiese poco después mi muy querido hermano el -infante Don Carlos para que lo obsequiase en la frontera; y no contento -con esto, salí yo mismo de Madrid en fuerza de las seguridades que me -había dado el embajador de S. M. I., el gran duque de Berg y el general -Savary, que acababa de llegar de París, y me pidió una audiencia para -decirme de parte del emperador que S. M. I. no deseaba saber otra cosa -de mí, sino si mi sistema con respecto a la Francia sería el mismo -que el de V. M., en cuyo caso el emperador me reconocería como rey de -España, y prescindiría de todo lo demás. - -Lleno de confianza en estas promesas, y persuadido de encontrar en -el camino a S. M. I., vine hasta esta ciudad, y en el mismo día en -que llegué se hicieron verbalmente proposiciones a algunos sujetos de -mi comitiva tan ajenas de lo que hasta entonces se había tratado, que -ni mi honor, ni mi conciencia, ni los deberes que me impuse cuando -las cortes me juraron por su príncipe y señor, ni los que me impuse -nuevamente cuando acepté la corona que V. M. tuvo a bien abdicar en mi -favor, me han permitido acceder a ellas. - -No comprendo cómo puedan hallarse cartas mías en poder del emperador -que prueben mi odio contra la Francia después de tantas pruebas de -amistad como le he dado, y no habiendo escrito yo cosa alguna que lo -indique. - -Posteriormente se me ha presentado una copia de la protesta que V. -M. hizo al emperador sobre la nulidad de la abdicación; y luego que -V. M. llegó a esta ciudad, preguntándole yo sobre ello, me dijo V. -M. que la abdicación había sido libre, aunque no para siempre. Le -pregunté asimismo por qué no me lo había dicho cuando la hizo, y V. -M. me respondió porque no había querido; de lo cual se infiere que la -abdicación no fue violenta, y que yo no pude saber que V. M. pensaba en -volver a tomar las riendas del gobierno. También me dijo V. M. que ni -quería reinar, ni volver a España. - -A pesar de esto en la carta que tuve la honra de poner en las manos de -V. M., manifestaba estar dispuesto a renunciar la corona en su favor, -mediante la reunión de las cortes, o en falta de estas de los consejos -y diputados de los reinos; no porque esto lo creyese necesario para dar -valor a la renuncia, sino porque lo juzgo muy conveniente para evitar -la repugnancia de esta novedad, capaz de producir choques y partidos, y -para salvar todas las consideraciones debidas a la dignidad de V. M., a -mi honor y a la tranquilidad de los reinos. - -En el caso que V. M. no quiera reinar por sí, reinaré yo en su real -nombre o en el mío, porque a nadie corresponde sino a mí el representar -su persona, teniendo, como tengo, en mi favor el voto de las leyes y de -los pueblos, ni es posible que otro alguno tenga tanto interés como yo -en su prosperidad. - -Repito a V. M. nuevamente que en tales circunstancias, y bajo dichas -condiciones, estaré pronto a acompañar a V. M. a España para hacer allí -mi abdicación en la referida forma: y en cuanto a lo que V. M. me ha -dicho de no querer volver a España, le pido con las lágrimas en los -ojos, y por cuanto hay de más sagrado en el cielo y en la tierra, que -en caso de no querer con efecto reinar, no deje un país ya conocido, en -que podrá elegir el clima más análogo a su quebrantada salud, y en el -que le aseguro podrá disfrutar las mayores comodidades y tranquilidad -de ánimo que en otro alguno. - -Ruego por último a V. M. encarecidamente que se penetre, de nuestra -situación actual, y de que se trata de excluir para siempre del trono -de España nuestra dinastía, sustituyendo en su lugar la imperial de -Francia; que esto no podemos hacerlo sin el expreso consentimiento de -todos los individuos que tienen y puedan tener derecho a la corona, -ni tampoco sin el mismo expreso consentimiento de la nación española -reunida en cortes y en lugar seguro: que además de esto, hallándonos -en un país extraño, no habría quien se persuadiese que obrábamos con -libertad, y esta sola circunstancia anularía cuanto hiciésemos, y -podría producir fatales consecuencias. - -Antes de acabar esta carta permítame V. M. decirle que los consejeros -que V. M. llama pérfidos, jamás me han aconsejado cosa que desdiga -del respeto, amor y veneración que siempre he profesado y profesaré a -V. M., cuya importante vida ruego a Dios conserve felices y dilatados -años. Bayona 4 de mayo de 1808. — Señor. — A. L. R. P. de V. M. su -más humilde hijo. — Fernando.» — (_Cevallos núm. 9._) - - -NÚMERO 2-25. - -_Carta de Fernando VII a su padre Carlos IV._ - -«Venerado padre y señor: el 1.º del corriente puse en las reales -manos de V. M. la renuncia de mi corona en su favor. He creído de mi -obligación modificarla con las limitaciones convenientes al decoro de -V. M., a la tranquilidad de mis reinos, y a la conservación de mi honor -y reputación. No sin grande sorpresa he visto la indignación que han -producido en el real ánimo de V. M. unas modificaciones dictadas por la -prudencia, y reclamadas por el amor de que soy deudor a mis vasallos. - -Sin más motivo que este ha creído V. M. que podía ultrajarme a la -presencia de mi venerada madre y del emperador con los títulos más -humillantes; y no contento con esto exige de mí que formalice la -renuncia sin límites ni condiciones, so pena de que yo y cuantos -componen mi comitiva seremos tratados como reos de conspiración. En tal -estado de cosas hago la renuncia que V. M. me ordena, para que vuelva -el gobierno de la España a el estado en que se hallaba en 19 de marzo -en que V. M. hizo la abdicación espontánea de su corona en mi favor. - -Dios guarde la importante vida de V. M. los muchos años que le -desea, postrado a L. R. P. de V. M., su más amante y rendido hijo. -— Fernando. — Pedro Cevallos. — Bayona 6 de mayo de 1808.» — -(_Cevallos núm. 10._) - - -NÚMERO 2-26. - -_Copia del tratado entre Carlos IV y el emperador de los franceses._ - -Carlos IV rey de las Españas y de las Indias, y Napoleón emperador -de los franceses, rey de Italia y protector de la confederación del -Rin, animados de igual deseo de poner un pronto término a la anarquía -a que está entregada la España, y libertar esta nación valerosa -de las agitaciones de las facciones; queriendo asimismo evitarle -todas las convulsiones de la guerra civil y extranjera, y colocarla -sin sacudimientos políticos en la única situación que atendida la -circunstancia extraordinaria en que se halla puede mantener su -integridad, afianzarle sus colonias y ponerla en estado de reunir -todos sus recursos con los de la Francia, a efecto de alcanzar la -paz marítima; han resuelto unir todos sus esfuerzos y arreglar en un -convenio privado tamaños intereses. - -Con este objeto han nombrado, a saber: - -S. M. el rey de las Españas y de las Indias a S. A. S. Don Manuel Godoy -príncipe de la Paz, conde de Évora Monte. - -Y S. M. el emperador &c. al señor general de división Duroc gran -mariscal de palacio. - -Los cuales, después de canjeados sus plenos poderes, se han convenido -en lo que sigue: - -ARTÍCULO 1.º - -S. M. el rey Carlos, que no ha tenido en toda su vida otra mira que la -felicidad de sus vasallos, constante en la idea de que todos los actos -de un soberano deben únicamente dirigirse a este fin; no pudiendo las -circunstancias actuales ser sino un manantial de disensiones tanto más -funestas, cuanto las desavenencias han dividido su propia familia; ha -resuelto ceder, como cede por el presente, todos sus derechos al trono -de las Españas y de las Indias a S. M. el emperador Napoleón, como el -único que, en el estado a que han llegado las cosas, puede restablecer -el orden: entendiéndose que dicha cesión solo ha de tener efecto -para hacer gozar a sus vasallos de las condiciones siguientes: 1.ª -La integridad del reino será mantenida: el príncipe que el emperador -Napoleón juzgue deber colocar en el trono de España será independiente, -y los límites de la España no sufrirán alteración alguna. 2.ª La -religión católica, apostólica, romana será la única en España. No se -tolerará en su territorio religión alguna reformada, y mucho menos -infiel, según el uso establecido actualmente. - -ART. 2.º - -Cualesquiera actos contra nuestros fieles súbditos desde la revolución -de Aranjuez son nulos y de ningún valor, y sus propiedades les serán -restituidas. - -ART. 3.º - -S. M. el rey Carlos habiendo así asegurado la prosperidad, la -integridad y la independencia de sus vasallos, S. M. el emperador se -obliga a dar un asilo en sus estados al rey Carlos, a su familia, al -príncipe de la Paz, como también a los servidores suyos que quieran -seguirles, los cuales gozarán en Francia de un rango equivalente al que -tenían en España. - -ART. 4.º - -El palacio imperial de Compiègne, con los cotos y bosques de su -dependencia, quedan a la disposición del rey Carlos mientras viviere. - -ART. 5.º - -S. M. el emperador da y afianza a S. M. el rey Carlos una lista civil -de treinta millones de reales, que S. M. el emperador Napoleón le hará -pagar directamente todos los meses por el tesoro de la corona. - -A la muerte del rey Carlos dos millones de renta formarán la viudedad -de la reina. - -ART. 6.º - -El emperador Napoleón se obliga a conceder a todos los infantes -de España una renta anual de 400.000 francos, para gozar de ella -perpetuamente así ellos como sus descendientes, y en caso de -extinguirse una rama, recaerá dicha renta en la existente a quien -corresponda según las leyes civiles. - -ART. 7.º - -S. M. el emperador hará con el futuro rey de España el convenio que -tenga por acertado para el pago de la lista civil y rentas comprendidas -en los artículos antecedentes; pero S. M. el rey Carlos no se entenderá -directamente para este objeto sino con el tesoro de Francia. - -ART. 8.º - -S. M. el emperador Napoleón da en cambio a S. M. el rey Carlos el sitio -de Chambord, con los cotos, bosques y haciendas de que se compone, para -gozar de él en toda propiedad y disponer de él como le parezca. - -ART. 9.º - -En consecuencia S. M. el rey Carlos renuncia, en favor de S. M. el -emperador Napoleón, todos los bienes alodiales y particulares no -pertenecientes a la corona de España, de su propiedad privada en aquel -reino. - -Los infantes de España seguirán gozando de las rentas de las -encomiendas que tuvieren en España. - -ART. 10. - -El presente convenio será ratificado, y las ratificaciones se canjearán -dentro de ocho días o lo más pronto posible. - -Fecho en Bayona a 5 de mayo de 1808. — El príncipe de la Paz. — Duroc. - - -NÚMERO 2-27. - -_Copia del tratado entre el príncipe de Asturias y el emperador de los -franceses._ - -«S. M. el emperador de los franceses &c., y S. A. R. el príncipe de -Asturias, teniendo varios puntos que arreglar, han nombrado por sus -plenipotenciarios, a saber: - -S. M. el emperador al señor general de división Duroc gran mariscal de -palacio, y S. A. el príncipe a Don Juan Escóiquiz consejero de estado -de S. M. C., caballero gran cruz de Carlos III. - -Los cuales, después de canjeados sus plenos poderes, se han convenido -en los artículos siguientes: - -ARTÍCULO 1.º - -S. A. R. el príncipe de Asturias adhiere a la cesión hecha por el rey -Carlos de sus derechos al trono de España y de las Indias en favor -de S. M. el emperador de los franceses &c., y renuncia en cuanto sea -menester a los derechos que tiene como príncipe de Asturias a dicha -corona. - -ART. 2.º - -S. M. el emperador concede en Francia a S. A. el príncipe de Asturias -el título de A. R., con todos los honores y prerrogativas de que gozan -los príncipes de su rango. Los descendientes de S. A. R. el príncipe de -Asturias conservarán el título de príncipe y el de A. Serma., y tendrán -siempre en Francia el mismo rango que los príncipes dignatarios del -imperio. - -ART. 3.º - -S. M. el emperador cede y otorga por las presentes en toda propiedad a -S. A. R. y sus descendientes los palacios, cotos, haciendas de Navarre -y bosques de su dependencia hasta la concurrencia de 50.000 _arpens_ -libres de toda hipoteca, para gozar de ellos en plena propiedad desde -la fecha del presente tratado. - -ART. 4.º - -Dicha propiedad pasará a los hijos y herederos de S. A. R. el príncipe -de Asturias; en defecto de estos a los del infante Don Carlos, y así -progresivamente hasta extinguirse la rama. Se expedirán letras patentes -y privadas del monarca al heredero en quien dicha propiedad viniese a -recaer. - -ART. 5.º - -S. M. el emperador concede a S. A. R. 400.000 francos de renta sobre -el tesoro de Francia, pagados por dozavas partes mensualmente, para -gozar de ella y transmitirla a sus herederos en la misma forma que las -propiedades expresadas en el artículo 4.º - -ART. 6.º - -A más de lo estipulado en los artículos antecedentes, S. M. el -emperador concede a S. A. el príncipe una renta de 600.000 francos, -igualmente sobre el tesoro de Francia, para gozar de ella mientras -viviere. La mitad de dicha renta formará la viudedad de la princesa su -esposa si le sobreviviere. - -ART. 7.º - -S. M. el emperador concede y afianza a los infantes Don Antonio, -Don Carlos y Don Francisco: 1.º el título de A. R. con todos los -honores y prerrogativas de que gozan los príncipes de su rango; sus -descendientes conservarán el título de príncipes y el de A. Serma., y -tendrán siempre en Francia el mismo rango que los príncipes dignatarios -del imperio. 2.º El goce de las rentas de todas sus encomiendas en -España, mientras vivieren. 3.º Una renta de 400.000 francos para gozar -de ella y transmitirla a sus herederos perpetuamente, entendiendo S. -M. I. que si dichos infantes muriesen sin dejar herederos, dichas -rentas pertenecerán al príncipe de Asturias, o a sus descendientes y -herederos: todo esto bajo la condición de que sus AA. RR. adhieran al -presente tratado. - -ART. 8.º - -El presente tratado será ratificado y se canjearán las ratificaciones -dentro de ocho días o antes si se pudiere. — Bayona 10 de mayo de -1808. — Duroc. — Escóiquiz. - - -NÚMERO 2-28. - -_Proclama dirigida a los españoles en consecuencia del tratado de -Bayona. (Véase la idea sencilla de Escóiquiz en su núm. 8.)_ - -«Don Fernando príncipe de Asturias, y los infantes Don Carlos y Don -Antonio, agradecidos al amor y a la fidelidad constante que les han -manifestado todos sus españoles, los ven con el mayor dolor en el día -sumergidos en la confusión, y amenazados de resulta de esta, de las -mayores calamidades; y conociendo que esto nace en la mayor parte de -ellos de la ignorancia en que están así de las causas de la conducta -que SS. AA. han observado hasta ahora, como de los planes que para la -felicidad de su patria están ya trazados, no pueden menos de procurar -darles el saludable desengaño de que necesitan para no estorbar su -ejecución, y al mismo tiempo el más claro testimonio del afecto que les -profesan. - -No pueden en consecuencia dejar de manifestarles, que las -circunstancias en que el príncipe por la abdicación del rey su padre -tomó las riendas del gobierno, estando muchas provincias del reino y -todas las plazas fronterizas ocupadas por un gran número de tropas -francesas, y más de 70.000 hombres de la misma nación situados en la -corte y sus inmediaciones, como muchos datos que otras personas no -podrían tener, les persuadieron que rodeados de escollos no tenían más -arbitrio que el de escoger entre varios partidos el que produjese menos -males, y eligieron como tal el de ir a Bayona. - -Llegados SS. AA. a dicha ciudad, se encontró impensadamente el príncipe -(entonces rey) con la novedad de que el rey su padre había protestado -contra su abdicación, pretendiendo no haber sido voluntaria. No -habiendo admitido la corona sino en la buena fe de que lo hubiese sido, -apenas se aseguró de la existencia de dicha protesta, cuando su respeto -filial le hizo devolverla, y poco después el rey su padre la renunció -en su nombre y en el de toda su dinastía a favor del emperador de los -franceses, para que este, atendiendo al bien de la nación, eligiese la -persona y dinastía que hubiesen de ocuparla en adelante. - -En este estado de cosas, considerando SS. AA. la situación en que se -hallan, las críticas circunstancias en que se ve la España, y que en -ellas todo esfuerzo de sus habitantes en favor de sus derechos parece -sería no solo inútil sino funesto, y que solo serviría para derramar -ríos de sangre, asegurar la pérdida cuando menos de una gran parte de -sus provincias y las de todas sus colonias ultramarinas; haciéndose -cargo también de que será un remedio eficacísimo para evitar estos -males el adherir cada uno de SS. AA. de por sí en cuanto esté de su -parte a la cesión de sus derechos a aquel trono, hecha ya por el -rey su padre; reflexionando igualmente que el expresado emperador -de los franceses se obliga en este supuesto a conservar la absoluta -independencia y la integridad de la monarquía española, como de todas -sus colonias ultramarinas, sin reservarse ni desmembrar la menor parte -de sus dominios, a mantener la unidad de la religión católica, las -propiedades, las leyes y usos, lo que asegura para muchos tiempos y de -un modo incontrastable el poder y la prosperidad de la nación española; -creen SS. AA. darla la mayor muestra de su generosidad, del amor que -la profesan, y del agradecimiento con que corresponden al afecto que -la han debido, sacrificando en cuanto está de su parte sus intereses -propios y personales en beneficio suyo, y adhiriendo para esto, como -han adherido por un convenio particular a la cesión de sus derechos -al trono, absolviendo a los españoles de sus obligaciones en esta -parte, y exhortándoles, como lo hacen, a que miren por los intereses -comunes de la patria, manteniéndose tranquilos, esperando su felicidad -de las sabias disposiciones y del emperador Napoleón, y que prontos a -conformarse con ellas crean que darán a su príncipe y a ambos infantes -el mayor testimonio de su lealtad, así como SS. AA. se lo dan de su -paternal cariño, cediendo todos sus derechos, y olvidando sus propios -intereses por hacerla dichosa, que es el único objeto de sus deseos.» -— Burdeos 12 de mayo de 1808. - - -NÚMERO 2-29. - -_Decreto de Carlos IV._ - -«Habiendo juzgado conveniente dar una misma dirección a todas las -fuerzas de nuestro reino para mantener la seguridad de las propiedades -y la tranquilidad pública contra los enemigos así del interior como -del exterior, hemos tenido a bien nombrar lugarteniente general del -reino a nuestro primo el gran duque de Berg, que al mismo tiempo manda -las tropas de nuestro aliado el emperador de los franceses. Mandamos -al consejo de Castilla, a los capitanes generales y gobernadores de -nuestras provincias que obedezcan sus órdenes, y en calidad de tal -presidirá la junta de gobierno. Dado en Bayona en el palacio imperial -llamado del Gobierno, a 4 de mayo de 1808. — Yo el rey.» - - -NÚMERO 2-30. - -_En este día he entregado a mi amado padre una carta concebida en los -términos siguientes:_ - -«Mi venerado padre y señor: para dar a V. M. una prueba de mi amor, de -mi obediencia y de mi sumisión, y para acceder a los deseos que V. M. -me ha manifestado reiteradas veces, renuncio mi corona en favor de -V. M., deseando que pueda gozarla por muchos años. Recomiendo a V. M. -las personas que me han servido desde el 19 de marzo: confio en las -seguridades que V. M. me ha dado sobre este particular. Dios guarde a -V. M. muchos años. Bayona 6 de mayo de 1808. — Señor. — A. L. R. P. -de V. M. su más humilde hijo. — Fernando.» - -En virtud de esta renuncia de mi corona que he hecho en favor de mi -amado padre, revoco los poderes que había otorgado a la junta de -gobierno antes de mi salida de Madrid para el despacho de los negocios -graves y urgentes que pudiesen ocurrir durante mi ausencia. La junta -obedecerá las órdenes y mandatos de nuestro muy amado padre y soberano, -y las hará ejecutar en los reinos. - -Debo, antes de concluir, dar gracias a los individuos de la junta, -a las autoridades constituidas y a toda la nación por los servicios -que me han prestado, y recomendarles se reúnan de todo corazón a mi -padre amado y al emperador, cuyo poder y amistad pueden más que otra -cosa alguna conservar el primer bien de las Españas, a saber: su -independencia y la integridad de su territorio. Recomiendo asimismo que -no os dejéis seducir por las asechanzas de nuestros eternos enemigos, -de vivir unidos entre vosotros y con nuestros aliados, y de evitar la -efusión de sangre y las desgracias, que sin esto serían el resultado de -las circunstancias actuales, si os dejaseis arrastrar por el espíritu -de alucinamiento y desunión. - -Tendrase entendido en la junta para los efectos convenientes, y se -comunicará a quien corresponda. En Bayona a 6 de mayo de 1808. — -Fernando.» — (_Véase Ofárril y Azanza, pág. 63._) - - -NÚMERO 2-31. - -El Sermo. Sr. gran duque de Berg, lugarteniente general del reino, y -la junta suprema de gobierno se han enterado de que los deseos de S. -M. I. y R. el emperador de los franceses son de que en Bayona se junte -una diputación general de 150 personas, que deberán hallarse en aquella -ciudad el día 15 del próximo mes de junio, compuesta del clero, nobleza -y estado general, para tratar allí de la felicidad de toda España, -proponiendo todos los males que el anterior sistema le han ocasionado, -y las reformas y remedios más convenientes para destruirlos en toda -la nación, y en cada provincia en particular. A su consecuencia, para -que se verifique a la mayor brevedad el cumplimiento de la voluntad de -S. M. I. y R., ha nombrado la junta desde luego algunos sujetos, que -se expresarán, reservando a algunas corporaciones, a las ciudades de -voto en cortes y otras, el nombramiento de los que aquí se señalan, -dándoles la forma de ejecutarlo, para evitar dudas y dilaciones, del -modo siguiente: - -1.º Que si en algunas ciudades y pueblos de voto en cortes hubiese -turno para la elección de diputados, elijan ahora las que lo están -actualmente para la primera elección. - -2.º Que si otras ciudades o pueblos de voto en cortes tuviesen -derecho de votar para componer un voto, ya sea entrando en concepto -de media, tercera o cuarta voz, o de otro cualquiera modo, elija cada -ayuntamiento un sujeto, y remita a su nombre a la ciudad o pueblo en -donde se acostumbre a sortear el que ha de ser nombrado. - -3.º Que los ayuntamientos de dichas ciudades y pueblos de voto en -cortes, así para esta elección como para la que se dirá, puedan nombrar -sujetos no solo de la clase de caballeros y nobles, sino también del -estado general, según en los que hallaren más luces, experiencia, celo, -patriotismo, instrucción y confianza, sin detenerse en que sean o no -regidores, que estén ausentes del pueblo, que sean militares, o de -cualquiera otra profesión. - -4.º Que los ayuntamientos a quienes corresponda por estatuto elegir -o nombrar de la clase de caballeros, puedan elegir en la misma forma -grandes de España y títulos de Castilla. - -5.º Que a todos los que sean elegidos se les señale por sus respectivos -ayuntamientos las dietas acostumbradas, o que estimen correspondientes, -que se pagarán de los fondos públicos que hubiere más a mano. - -6.º Que de todo el estado eclesiástico deben ser nombrados dos -arzobispos, seis obispos, dieciséis canónigos o dignidades, dos de -cada una de las ocho metropolitanas, que deberán ser elegidos por sus -cabildos canónicamente, y veinte curas párrocos del arzobispado de -Toledo y obispados que se referirán. - -7.º Que vayan igualmente seis generales de las órdenes religiosas. - -8.º Que se nombren diez grandes de España, y entre ellos se comprendan -los que ya están en Bayona, o han salido para aquella ciudad. - -9.º Que sea igual el número de los títulos de Castilla, y el mismo -el de la clase de caballeros, siendo estos últimos elegidos por las -ciudades que se dirán. - -10. Que por el reino de Navarra se nombren dos sujetos, cuya elección -hará su diputación. - -11. Que la diputación de Vizcaya nombre uno, la de Guipúzcoa otro, -haciendo lo mismo el diputado de la provincia de Álava con los -consiliarios, y oyendo a su asesor. - -12. Que si la isla de Mallorca tuviese diputado en la península, vaya -este; y si no, el sujeto que hubiese más a propósito de ella, y se ha -nombrado a Don Cristóbal Cladera y Company. - -13. Que se ejecute lo mismo por lo tocante a las Islas Canarias; y -si no hay aquí diputados, se nombra a Don Estanislao Lugo ministro -honorario del consejo de las Indias, que es natural de dichas islas, y -también a Don Antonio Saviñón. - -14. Que la diputación del principado de Asturias nombre asimismo un -sujeto de las propias circunstancias. - -15. Que el consejo de Castilla nombre cuatro ministros de él, dos el -de las Indias, dos el de guerra, el uno militar y el otro togado; -uno el de Órdenes; otro el de hacienda, y otro el de la Inquisición, -siendo los nombrados ya por el de Castilla Don Sebastián de Torres y -Don Ignacio Martínez de Villela, que se hallan en Bayona, y Don José -Colón y Don Manuel de Lardizábal, asistiendo con ellos el alcalde -de casa y corte Don Luis Marcelino Pereira, que está igualmente en -aquella ciudad, y los demás los que elijan a pluralidad de votos los -mencionados consejos. - -16. Que por lo tocante a la marina concurran el bailío Don Antonio -Valdés y el teniente general Don José Mazarredo; y por lo respectivo al -ejército de tierra el teniente general Don Domingo Cerviño, el mariscal -de campo Don Luis Idiáquez, el brigadier Don Andrés de Errasti, -comandante de reales guardias españolas, el coronel Don Diego de -Porras, capitán de valonas, el coronel Don Pedro de Torres, exento de -las de Corps, todos con el príncipe de Castel-Franco, capitán general -de los reales ejércitos, y con el teniente general duque del Parque. - -17. Que en cada una de las tres universidades mayores Salamanca, -Valladolid y Alcalá nombre su claustro un doctor. - -18. Que por el ramo de comercio vayan catorce sujetos, los cuales serán -nombrados por los consulados y cuerpos que se citarán luego. - -19. Los arzobispos y obispos nombrados por la junta de gobierno, -presidida por S. A. I., son los siguientes: el arzobispo de Burgos, el -de Laodicea, coadministrador del de Sevilla, el obispo de Palencia, el -de Zamora, el de Orense, el de Pamplona, el de Gerona y el de Urgel. - -20. Los generales de las órdenes religiosas serán el de San Benito, -Santo Domingo, San Francisco, Mercenarios calzados, Carmelitas -descalzos y San Agustín. - -21. Los obispos que han de nombrar los mencionados veinte curas -párrocos deben ser los de Córdoba, Cuenca, Cádiz, Málaga, Jaén, -Salamanca, Almería, Guadix, Segovia, Ávila, Plasencia, Badajoz, -Mondoñedo, Calahorra, Osma, Huesca, Orihuela y Barcelona, debiendo -asimismo nombrar dos el arzobispo de Toledo por la extensión y -circunstancias de su arzobispado. - -22. Los grandes de España que se nombran son el duque de Frías, el de -Medinaceli, el de Híjar, el conde de Orgaz, el de Fuentes, el de Fernán -Núñez, el de Santa Coloma, el marqués de Santa Cruz, el duque de Osuna -y el del Parque. - -23. Los títulos de Castilla nombrados son el marqués de la Granja y -Cartojal, el de Castellanos, el de Cilleruelo, el de la Conquista, -el de Ariño, el de Lupiá, el de Bendaña, el de Villa-Alegre, el de -Jura-Real y el conde de Polentinos. - -24. Las ciudades que han de nombrar sujetos por la clase de caballeros -son: Jerez de la Frontera, Ciudad Real, Málaga, Ronda, Santiago de -Galicia, la Coruña, Oviedo, San Felipe de Játiva, Gerona y la villa y -corte de Madrid. - -25. Los consulados y cuerpos de comercio, que deben nombrar cada uno un -sujeto, son: los de Cádiz, Barcelona, Coruña, Bilbao, Valencia, Málaga, -Sevilla, Alicante, Burgos, San Sebastián, Santander, el banco nacional -de San Carlos, la compañía de Filipinas y los cinco gremios mayores de -Madrid. - -Siendo pues la voluntad de S. A. I. y de la suprema junta que todos los -individuos que hayan de componer esta asamblea nacional contribuyan -por su parte a mejorar el actual estado del reino, encargan a V. muy -particularmente que consistiendo en el buen desempeño de esta comisión -la felicidad de España, presente en la citada asamblea con todo celo -y patriotismo las ideas que tenga, ya sobre todo el sistema actual, y -ya respecto a esa provincia en particular, adquiriendo de las personas -más instruidas de ella en los diversos ramos de instrucción pública, -agricultura, comercio e industria cuantas noticias pueda para que, -en aquellos puntos en que haya necesidad de reforma, se verifique del -mejor modo posible; esperando igualmente S. A. y la junta que las -ciudades, cabildos, obispos y demás corporaciones que, según queda -dicho, deberán nombrar personas para la asamblea, elegirán aquellas de -más instrucción, probidad, juicio y patriotismo, y cuidarán de darles -y remitirles las ideas más exactas del estado de la España, de sus -males y de los modos y medios de remediarlos, con las observaciones -correspondientes no solo a lo general del reino, sino también a lo que -exijan las particulares circunstancias de las provincias, exhortando V. -a todos los miembros de ese cuerpo, y a los españoles celosos de esa -ciudad, partido o pueblo a que instruyan con sus luces y experiencia al -que vaya de diputado a Bayona, entregándole o dirigiéndole igualmente -las noticias y reflexiones que consideren útiles al intento. - -Todo lo cual participo a V. de orden de S. A. y de la junta para su -inteligencia y puntual cumplimiento en la parte que le toca; en el -supuesto de que todos los sujetos que han de componer la referida -diputación se han de hallar en Bayona el expresado 15 de junio próximo -como se ha dicho; y de que así por V. como por todos los demás se ha de -avisar por mi mano a S. A. y a la junta de los sujetos que se hayan -nombrado. - -Dios guarde a V. muchos años. Madrid de mayo de 1808. - -NOTA. Después de impresa esta carta se ha excusado el marqués de -Cilleruelo, y en su lugar ha nombrado S. A. al conde de Castañeda. - -También se ha admitido la excusa del general de Carmelitas descalzos, y -se ha nombrado en su lugar al de San Juan de Dios. - -Además el mismo gran duque con acuerdo de la junta, ha nombrado seis -sujetos naturales de las dos Américas, en esta forma: al marqués -de San Felipe y Santiago, por la Habana: a Don José del Moral, por -Nueva España: a Don Tadeo Bravo y Rivero, por el Perú: a Don León -Altolaguirre, por Buenos Aires: a Don Francisco Cea, por Guatemala; y a -Don Ignacio Sánchez de Tejada, por Santa Fe. - - - - - APÉNDICE - DEL - LIBRO TERCERO. - - -NÚMERO 3-1. - -Las relaciones de los levantamientos de las provincias están tomadas: -1.º De las gacetas, proclamas y papeles de oficio publicados entonces. -2.º De relaciones particulares manuscritas dadas por las personas que -compusieron las juntas o tomaron parte en la insurrección o fueron -testigos de los acontecimientos. - - -NÚMERO 3-2. - -Este oficio está sacado de la correspondencia manuscrita que tenemos -en nuestro poder, y que fue entonces seguida por los diputados con el -gobierno de S. M. B. También le insertaron las gacetas de aquel tiempo. - - -NÚMERO 3-3. - -_Parlamentary Debates, vol._ II, _pág. 885._ - - -NÚMERO 3-4. - -Entre las demostraciones extraordinarias que entonces hubo, fue una de -ellas el de haber sido recibidos los enviados de Asturias con tales -aplausos y aclamaciones el primer día que asistieron a la ópera en el -palco del duque de Queensbury, que se suspendió la representación cerca -de una hora. - - -NÚMERO 3-5. - -_Tribuni ut fere semper reguntur a multitudine magis quam regunt. Tit. -Liv., lib. 3, cap. 71._ - - -NÚMERO 3-6. - -_Les provinciales 7me Lettre. De la méthode de diriger l’intention._ - - -NÚMERO 3-7. - -_Mémoires du cardinal de Retz, tom. 3._ - - -NÚMERO 3-6 bis. - -Don Lorenzo Calvo de Rozas intendente general del ejército y reino -de Aragón, secretario de la suprema junta de las cortes del mismo, -celebrada en la capital de Zaragoza en el día 9 del mes de junio del -presente año de 1808: — Certifico: - -Que reunidos en la sala consistorial de la ciudad los diputados de las -de voto en cortes, y de los cuatro brazos del reino, cuyos nombres -se anotan al fin, y habiéndose presentado el Excmo. Sr. Don José -Rebolledo de Palafox y Melci gobernador y capitán general del mismo, y -su presidente, fui llamado y se me hizo entrar en la asamblea para que -ejerciese las funciones de tal secretario, y habiéndolo verificado -así, se me entregó el papel de S. E., que original existe en la -secretaría: se leyó y dice así: - -Excmo. Sr.: Consta ya a V. E. que por el voto unánime de los habitantes -de esta capital, fui nombrado y reconocido de todas las autoridades -establecidas como gobernador y capitán general del reino: que -cualquiera excusa hubiera producido infinitos males a nuestra amada -patria, y sido demasiado funesta para mi. - -Mi corazón agitado ya largo tiempo, combatido de penas y amarguras, -lloraba la pérdida de la patria, sin columbrar aquel fuego sagrado -que la vivifica; lloraba la pérdida de nuestro amado rey Fernando -VII, esclavizado por la tiranía y conducido a Francia con engaños y -perfidias; lloraba los ultrajes de nuestra santa religión, atacada por -el ateísmo, sus templos violentados sacrílegamente por los traidores -el día 2 de mayo, y manchados con sangre de los inocentes españoles; -lloraba la existencia precaria que amenazaba a toda la nación, si -admitía el yugo de un extranjero orgulloso, cuya insaciable codicia -excede a su perversidad, y por fin la pérdida de nuestras posesiones -en América, y el desconsuelo de muchas familias, unas porque verían -convertida la deuda nacional en un crédito nulo, otras que se verían -despojadas de sus empleos y dignidades y reducidas a la indigencia -o la mendicidad, otras que gemirían en la soledad la ausencia o -el exterminio de sus hijos y hermanos conducidos al Norte para -sacrificarse, no por su honor, por su religión, por su rey, ni por -la patria, sino por un verdugo, nacido para azote de la humanidad, -cuyo nombre tan solo dejará a la posteridad el triste ejemplo de los -horrores, engaños y perfidias que ha cometido, y de la sangre inocente -que su proterva ambición ha hecho derramar. - -Llegó el día 24 de mayo, día de gloria para toda España, y los -habitantes de Aragón siempre leales, esforzados y virtuosos, rompieron -los grillos que les preparaba el artificio, y juraron morir o vencer. -En tal estado lleno mi corazón de aquel noble ardor que a todos nos -alienta, renace y se enajena de pensar que puedo participar con mis -conciudadanos de la gloria de salvar nuestra patria. - -Las ciudades de Tortosa y Lérida invitadas por mí, como puntos muy -esenciales, se han unido a Aragón; he nombrado un gobernador en Lérida -a petición de su ilustre ayuntamiento, les he auxiliado con algunas -armas y gente, y puedo esperar que aquellas ciudades se sostendrán, y -no serán ocupadas por nuestros enemigos. - -La ciudad de Tortosa quiere participar de nuestros triunfos: ha -conferenciado de mi orden con los ingleses; les ha comunicado -el manifiesto del día 31 de mayo para que lo circulen en toda -Europa, y trata de hacer venir nuestras tropas de Mallorca y de -Menorca, siguiendo mis instrucciones; ha enviado un diputado para -conferenciar conmigo, y yo he nombrado otro que partió antes de ayer -con instrucciones secretas dirigidas al mismo fin, y al de entablar -correspondencia con el Austria. - -La merindad de Tudela y la ciudad de Logroño me han pedido un jefe y -auxilios; quieren defenderse e impedir la entrada en Aragón a nuestros -enemigos. He nombrado con toda la plenitud de poderes por mi teniente -y por general del ejército destinado a este objeto al Excmo. Sr. -marqués de Lazán y Cañizar mariscal de campo de los reales ejércitos, -que marchó el día 6 a las doce de la noche con algunas tropas, y -las competentes armas y municiones. No puedo dudar de su actividad, -patriotismo y celo, ni dudará V. E.: otros muchos pueblos de Navarra -han enviado sus representantes, y la ciudad y provincia de Soria sus -diputados. He dispuesto comunicaciones con Santander; establecido -postas en el camino de Valencia, y pedido armas y artilleros, -dirigiendo por aquella vía todos los manifiestos y órdenes publicadas, -con encargo de que se circulen a la Andalucía, Mancha, Extremadura, -Galicia y Asturias, invitándolos a proceder de acuerdo. He enviado al -coronel barón de Versages, y al teniente coronel y gobernador que ha -sido en América Don Andrés Boggiero, a organizar y mandar la vanguardia -del ejército destinado hacia las fronteras de la Alcarria y Castilla la -Nueva. - -Para dirigir el ramo de hacienda con la rectitud, energía y acierto -que exige tan digna causa, y velar sobre las rentas y fondos públicos, -he nombrado por intendente a Don Lorenzo Calvo de Rozas, cuyos -conocimientos en este ramo, y cuya probidad incorruptible me son -notorias, y me hacen esperar los más felices resultados. La casualidad -de haber enviado aquí a principios de mayo su familia para librarla del -peligro, y el temor de permanecer él mismo en Madrid en circunstancias -tan críticas, lo trajo a Zaragoza el día 28 del pasado, lo hice -detener, y lo he precisado a admitir este encargo a pesar de que sus -negocios y la conservación de su patrimonio reclamaban imperiosamente -su vuelta a Madrid. Fiado este importante ramo a un sujeto de sus -circunstancias, presentaré a su tiempo a la nación el estado de rentas, -su procedencia e inversión, y en ellas un testimonio público de la -pureza con que se manejarán. - -Resta pues el sacrificio que es más grato a nuestros corazones; -que reunamos nuestras voluntades, y aspiremos al fin que nos hemos -propuesto. Salvemos la patria, aunque fuera a costa de nuestras vidas -y velemos por su conservación. Para ello propongo a V. E. los puntos -siguientes: - -1.º Que los diputados de las cortes queden aquí en junta permanente o -nombren otra que se reunirá todos los días para proponerme y deliberar -todo lo conveniente al bien de la patria y del rey. - -2.º Que V. E. nombre entre sus ilustres individuos un secretario para -extender y uniformar las resoluciones, en las cuales debe haber una -reserva inviolable, extendiendo por hoy el acuerdo uno de los que se -hallan presentes como tales o el intendente. - -3.º Que cada diputado corresponda con su provincia, le comunique las -disposiciones ya generales ya particulares que tomaré como jefe militar -y político del reino, y las que acordaremos para mayor bien de la -España. - -4.º Que la junta medite y me proponga sucesivamente las medidas de -hacer compatible con la energía y rapidez que requiere la organización -del ejército el cuidado de la recolección de granos que se aproxima y -no debe desatenderse. - -5.º Que medite y me proponga la adopción de medios de sostener el -ejército que presentará el intendente de él, y del reino Don Lorenzo -Calvo. - -6.º Que me proponga todas las disposiciones que crea convenientes tomar -para conservar la policía, el buen orden y la fuerza militar en cada -departamento del reino. - -7.º Que cuide de mantener las relaciones con los demás reinos y -provincias de España que deben formar con nosotros una misma y sola -familia. - -8.º Que se encargue y cuide de firmar y circular en todo el reino, -impresas o manuscritas, las órdenes emanadas de mí o de las que con mi -acuerdo expidiese la junta de diputados del reino. - -9.º Que acuerde desde luego si deben o no concurrir los diputados que -vinieren de las provincias o merindades de fuera del reino de Aragón -mediante que la reunión de sus luces puede ser interesante a la defensa -de la causa pública. - -10. Que decida desde luego la proclamación de nuestro rey Fernando VII -determinando el día en que haya de verificarse. - -11. Que resuelva igualmente acerca de si deben reunirse en un solo -punto las diputaciones de las demás provincias y reinos de España, -conforme a lo anunciado en el manifiesto del 31 de mayo último. - -12. Que declare desde luego la urgencia del día, y que la primera -atención debe ser la defensa de la patria. Zaragoza 9 de julio de 1808. -— José de Palafox y Melci. - - -ACUERDOS. - -Resolvió la asamblea por aclamación que se proclamase a Fernando -VII, dejando al arbitrio de S. E. señalar el día en que hubiese de -verificarse, que sería cuando las circunstancias lo permitiesen. - -La misma asamblea de diputados de las cortes enterada de la exposición -antecedente, después de manifestar al Excmo. Sr. capitán general su -satisfacción y gratitud por todo cuanto había ejecutado, y aprobándolo -unánimemente, le reconoció por aclamación como capitán general y -gobernador militar y político del reino de Aragón, y lo mismo al -intendente. - -El Sr. Don Antonio Franquet, regidor de la ciudad de Tortosa, que -hallándose comisionado en esta capital concurrió a la asamblea, hizo lo -mismo a nombre de aquella ciudad, a quien ofreció daría parte de ello. - -Acto continuo se leyeron los avisos que se habían pasado a todos los -individuos que debían concurrir a la asamblea o junta de cortes para -saber si todos ellos habían sido citados o se hallaban presentes, -y resultó que se había convocado a todos, y que solo habían dejado -de concurrir el Sr. marqués de Tosos, que avisó no podía por estar -enfermo, y el Sr. conde de Torresecas que igualmente manifestó su -imposibilidad de concurrir. - -Se tomó en consideración el primer punto indicado en el manifiesto de -S. E. que antecede, relativo a si debía quedar permanente la junta de -diputados, o nombrar otra presidida por S. E. con toda la plenitud de -facultades, y después de un serio y detenido examen acordó unánimemente -nombrar una junta suprema compuesta de solo seis individuos y de S. E. -como presidente con todas las facultades. - -Se nombró en seguida una comisión compuesta de doce de los señores -vocales tomados de los cuatro brazos del reino, que lo fueron; por lo -eclesiástico el Señor abad de Montearagón, el Sr. deán de esta santa -iglesia, y el Señor arcipreste de Santa Cristina; por el de la nobleza -el Excmo. Sr. conde de Sástago, el Señor marqués de Fuente Olivar, y el -Señor marqués de Zafra; por el de hidalgos el Señor Barón de Alcalá, el -Señor Don Joaquín María Palacios, y el Señor Don Antonio Soldevilla, -y por el de la ciudad el Señor Don Vicente Lisa, el Señor conde de -la Florida, y el Señor Don Francisco Peguera, para que propusiesen a -la asamblea doce candidatos entre los cuales pudiese elegir los seis -representantes que con S. E. habían de formar la junta suprema; y -habiéndose reunido en una pieza separada los doce señores proponentes -que quedan expresados volvieron a entrar en la sala de la junta e -hicieron su propuesta en la forma siguiente. - -Propusieron para los seis individuos que habían de elegirse y componer -la suprema junta al Ilmo. Sr. obispo de Huesca, al M. R. P. prior del -sepulcro de Calatayud, al Excmo. Sr. conde de Sástago, al Señor regente -de la Real Audiencia, a Don Valentín Solanot, abad del monasterio de -Veruela, arcipreste del Salvador, barón de Alcalá, marqués de Fuente -Olivar, barón de Castiel, y Don Pedro María Ric. Se procedió en seguida -a la votación por escrutinio y de ella resultó que los propuestos -tuvieron los votos siguientes. El Señor Obispo de Huesca, 32; el prior -de Calatayud, 11; el conde de Sástago, 27; Don Antonio Cornel, 33; -el Señor Regente, 29; Don Valentín Solanot, 11; abad de Veruela, 2; -arcipreste del Salvador, 12; barón de Alcalá, 2; marqués de Fuente -Olivar, 17; barón de Castiel, 10; y Don Pedro María Ric, 18; resultando -electos a pluralidad de votos para individuos de la suprema junta de -gobierno los Señores Don Antonio Cornel, obispo de Huesca, regente de -la Real Audiencia, conde de Sástago, Don Pedro María Ric, y el marqués -de Fuente Olivar, y por muerte u otra causa legítima que impidiese el -ejercicio de su empleo a los electos, lo harían según uso y costumbre -los que les siguen en votos. - -Se trató del nombramiento de un secretario para la junta suprema, y -toda la asamblea manifestó al Excmo. Sr. capitán general sus deseos -de que S. E. indicase una o dos personas para este destino; S. E. lo -rehusó declarando a los señores vocales que nombrasen a quien tuviesen -por más conveniente y a propósito para el buen desempeño, más al fin -condescendiendo con las reiteradas insinuaciones y deseos de la junta -propuso para primer secretario al Señor Don Vicente Lisa, y para -segundo al Señor barón de Castiel, que quedaron electos en consecuencia. - -Habiendo meditado la junta sobre las proposiciones 3, 4, 5, 6, 7, 8, -9, 11 y 12, las estimó y tuvo por muy atendibles, y acordó tomarlas en -consideración, para lo cual se reunirían de nuevo todos los señores -vocales proponentes y presentes el próximo martes 14 del corriente mes -de junio a las diez de su mañana, y que por el secretario se enviase -una copia de dichas proposiciones a cada individuo, y se avisaría -a los Señores marqués de Tosos y conde de Torresecas que no habían -concurrido, por si podían hacerlo, con lo cual se concluyó la sesión -quedando todos los señores advertidos para volver sin más aviso el día -señalado, y se rubricó el acuerdo en borrador por los Excmos. Señores -capitán general y conde de Sástago, y el Ilmo. Sr. obispo de Huesca, de -que certifico y firmo en la ciudad de Zaragoza a 9 de junio de 1808. -— Lorenzo Calvo de Rozas, secretario. — Visto bueno. — Palafox. - -Nota. Todos los Señores vocales manifestaron en seguida su voluntad de -nombrar al Excmo. Sr. Don José Rebolledo de Palafox por capitán general -efectivo de ejército, más S. E. dio gracias a la junta y lo resistió -absolutamente pidiendo que no constase la indicación, y expresando -que era brigadier de los reales ejércitos nombrado por S. M., y que -no admitiría ni deseaba otras gracias ni otra satisfacción ni ascenso -que el ser útil a la patria y sacrificarse en su obsequio y en el de -su rey. La junta en consecuencia no insistió en su empeño vista la -delicadeza de S. E., y se reservó el llevar a efecto su voluntad en una -de las primeras sesiones a que no asistiese S. E., por considerarlo así -de justicia; de todo lo cual certifico _ut supra_. — Calvo. - -«Hemos insertado aquí el acta de instalación de las cortes de Aragón, -de que poseemos un ejemplar, por ser documento, aunque entonces -impreso, que empieza a ser raro.» — _Sigue la lista de los diputados -que las compusieron._ - - -ESTADO ECLESIÁSTICO. - - Ilmo. Sr. obispo de Huesca. - Sr. arcipreste de Tarazona. - Sr. deán de Zaragoza. - Sr. arcipreste de Sta. María. - Sr. arcipreste de Sta. Cristina. - Sr. abad de Montearagón. - Sr. abad de Sta. Fe. - Sr. abad de Rueda. - Sr. abad de Veruela. - Sr. prior del sepulcro de Calatayud. - - -ESTADO DE NOBLES. - - Excmo. Sr. conde de Sástago. - Sr. marqués de Sta. Coloma. - Sr. marqués de Fuente Olivar. - Sr. marqués de Zafra. - Sr. marqués de Ariño. - Sr. conde de Sobradiel. - Sr. conde de Torresecas. - - -ESTADO DE HIJOSDALGO. - -_Por el partido de Huesca._ - - Sr. barón de Alcalá. - Sr. Don Joaquín María Palacios. - - -_Por el partido de Barbastro._ - - Sr. Don Antonio Soldevilla. - Sr. Don Francisco Romeo. - - -_Por el partido de Alcañiz._ - - Sr. de Canduero. - Sr. conde de Samitier. - - -_Por el de Albarracín._ - - Don Juan Navarro. - - -_Por el de Daroca._ - - Don Tomás Castillón. - Don Pedro Oseñalde. - - -CIUDADES DE VOTO EN CORTES. - -_Zaragoza._ - - Don Vicente Lisa. - - -_Tarazona._ - - Don Bartolomé La-Iglesia. - - -_Jaca._ - - Don Francisco Peguera. - - -_Calatayud._ - - Don Joaquín Arias Ciria. - - -_Borja._ - - Don José Guartero. - - -_Teruel._ - - Sr. conde de la Florida. - - -_Fraga._ - - Don Domingo Azguer. - - -_Cinco-Villas._ - - Don Juan Pérez. - - - - - APÉNDICE - DEL - LIBRO CUARTO. - - -NÚMERO 4-1. - -_Esta proclama está inserta en la Gaceta de Madrid del 7 de julio de -1808._ - - -NÚMERO 4-2. - -_Respuesta dada por el Ilmo. Sr. obispo de Orense a la junta de -gobierno, con motivo de haber sido nombrado diputado para la junta de -Bayona._ - -Excmo. Sr.: Muy señor mío: un correo de la Coruña me ha entregado en -la tarde del miércoles 25 de este la de V. E. con fecha del 19, por la -que, entre lo demás que contiene, me he visto nombrado para asistir a -la asamblea que debe tenerse en Bayona de Francia, a fin de concurrir -en cuanto pudiese a la felicidad de la monarquía, conforme a los deseos -del grande emperador de los franceses, celoso de elevarla al más alto -grado de prosperidad y de gloria. - -Aunque mis luces son escasas, en el deseo de la verdadera felicidad -y gloria de la nación no debo ceder a nadie, y nada omitiría que me -fuese practicable y creyese conducente a ello. Pero mi edad de 73 años, -una indisposición actual, y otras notorias y habituales me impiden un -viaje tan largo y con un término tan corto, que apenas basta para él, y -menos para poder anticipar los oficios, y para adquirir las noticias e -instrucciones que debían preceder. Por lo mismo me considero precisado -a exonerarme de este encargo, como lo hago por esta, no dudando que el -Serenísimo Sr. duque de Berg y la suprema junta de gobierno estimarán -justa y necesaria mi súplica de que admitan una excusa y exoneración -tan legítima. - -Al mismo tiempo, por lo que interesa al bien de la nación, y a los -designios mismos del emperador y rey, que quiere ser como el ángel de -paz y el protector tutelar de ella, y no olvida lo que tantas veces ha -manifestado, el grande interés que toma en que los pueblos y soberanos -sus aliados aumenten su poder, sus riquezas y dicha en todo género, me -tomo la libertad de hacer presente a la junta suprema de gobierno, y -por ella al mismo emperador rey de Italia, lo que antes de tratar de -los asuntos a que parece convocada, diría y protestaría en la asamblea -de Bayona, si pudiese concurrir a ella. - -Se trata de curar males, de reparar perjuicios, de mejorar la suerte -de la nación y de la monarquía, ¿pero sobre que bases y fundamentos? -¿Hay medio aprobado y autorizado, firme y reconocido por la nación para -esto? ¿Quiere ella sujetarse, y espera su salud por esta vía? ¿Y no -hay enfermedades también que se agravan y exasperan con las medicinas, -de las que se ha dicho: _tangant vulnera sacra nullæ manus_? ¿Y no -parece haber sido de esta clase la que ha empleado con su aliado y -familia real de España el poderoso protector, el emperador Napoleón? -Sus males se han agravado tanto, que está como desesperada su salud. -Se ve internada en el imperio francés, y en una tierra que la había -desterrado para siempre; y vuelto a su cuna primitiva, halla el túmulo -por una muerte civil, en donde la primera rama fue cruelmente cortada -por el furor y la violencia de una revolución insensata y sanguinaria. -Y en estos términos, ¿qué podrá esperar España? ¿Su curación le será -más favorable? Los medios y medicinas no lo anuncian. Las renuncias -de sus reyes en Bayona, e infantes en Burdeos, en donde se cree -que no podían ser libres, en donde se han contemplado rodeados de -la fuerza y del artificio, y desnudos de las luces y asistencia de -sus fieles vasallos: estas renuncias, que no pueden concebirse, ni -parecen posibles, atendiendo a las impresiones naturales del amor -paternal y filial, y al honor y lustre de toda la familia, que tanto -interesa a todos los hombres honrados: estas renuncias que se han hecho -sospechosas a toda la nación, y de las que pende toda la autoridad -de que justamente puede hacer uso el emperador y rey, exigen para su -validación y firmeza, y a lo menos para la satisfacción de toda la -monarquía española, que se ratifiquen estando los reyes e infante -que las han hecho libres de toda coacción y temor. Y nada sería tan -glorioso para el grande emperador Napoleón, que tanto se ha interesado -en ellas, como devolver a la España sus augustos monarcas y familia, -disponer que dentro de su seno, y en unas cortes generales del reino -hiciesen lo que libremente quisiesen, y la nación misma, con la -independencia y soberanía que la compete, procediese en consecuencia a -reconocer por su legítimo rey al que la naturaleza, el derecho y las -circunstancias llamasen al trono español. - -Este magnánimo y generoso proceder sería el mayor elogio del mismo -emperador, y sería más grande y admirable por él que por todas -las victorias y laureles que le coronan y distinguen entre todos -los monarcas de la tierra, y aun saldría la España de una suerte -funestísima que la amenaza, y podría finalmente sanar de sus males -y gozar de una perfecta salud, y dar después de Dios las gracias, -y tributar el más sincero reconocimiento a su salvador y verdadero -protector, entonces el mayor de los emperadores de Europa, el moderado, -el justo, el magnánimo, el benéfico Napoleón el grande. - -Por ahora la España no puede dejar de mirarlo bajo otro aspecto muy -diferente: se entreve, si no se descubre, un opresor de sus príncipes -y de ella: se mira como encadenada y esclava cuando se la ofrecen -felicidades: obra, aun más que del artificio, de la violencia y de un -ejército numeroso que ha sido admitido como amigo o por la indiscreción -y timidez, o acaso por una vil traición, que sirve a dar una autoridad -que no es fácil estimar legítima. - -¿Quién ha hecho teniente gobernador del reino al Sermo. Sr. duque de -Berg? ¿No es un nombramiento hecho en Bayona de Francia por un rey -piadoso, digno de todo respeto y amor de sus vasallos, pero en manos de -lados imperiosos por el ascendiente sobre su corazón, y por la fuerza -y el poder a que le sometió? ¿Y no es una artificiosa quimera nombrar -teniente de su reino a un general que manda un ejército que le amenaza, -y renunciar inmediatamente su corona? ¿Solo ha querido volver al trono -Carlos IV para quitarlo a sus hijos? ¿Y era forzoso nombrar un teniente -que impidiese a la España por esta autorización y por el poder militar -cuantos recursos podía tener para evitar la consumación de un proyecto -de esta naturaleza? No solo en España, en toda la Europa dudo se -halle persona sincera que no reclame en su corazón contra estos actos -extraordinarios y sospechosos, por no decir más. - -En conclusión, la nación se ve como sin rey, y no sabe a qué atenerse. -Las renuncias de sus reyes, y el nombramiento de teniente gobernador -del reino, son actos hechos en Francia, y a la vista de un emperador -que se ha persuadido hacer feliz a España con darle una nueva dinastía -que tenga su origen en esta familia tan dichosa, que se cree incapaz -de producir príncipes que no tengan o los mismos o mayores talentos -para el gobierno de los pueblos que el invencible, el victorioso, el -legislador, el filósofo, el grande emperador Napoleón. La suprema -junta de gobierno, a más de tener contra sí cuanto va insinuado, su -presidente armado y un ejército que la cerca, obligan a que se la -considere sin libertad, y lo mismo sucede a los consejos y tribunales -de la corte. ¡Qué confusión, qué caos, y qué manantial de desdichas -para España! No puede evitarla una asamblea convocada fuera del -reino, y sujetos que componiéndola ni pueden tener libertad ni aun -teniéndola creerse que la tuvieran. Y si se juntasen a los movimientos -tumultuosos que pueden temerse dentro del reino pretensiones de -príncipes y potencias extrañas, socorros ofrecidos o solicitados, y -tropas que vengan a combatir dentro de su seno contra los franceses y -el partido que les siga; ¿qué desolación y qué escena podrá concebirse -más lamentable? La compasión, el amor y la solicitud en su favor del -emperador podía antes que curarla causarla los mayores desastres. - -Ruego pues con todo el respeto que debo se hagan presentes a la suprema -junta de gobierno los que considero justos temores y dignos de su -reflexión, y aun de ser expuestos al grande Napoleón. Hasta ahora he -podido contar con la rectitud de su corazón, libre de la ambición, -distante del dolo y de una política artificiosa, y espero aún que -reconociendo no puede estar la salud de España en esclavizarla, no -se empeñe en curarla encadenada, porque no está loca ni furiosa. -Establézcase primero una autoridad legítima, y trátese después de -curarla. - -Estos son mis votos, que no he temido manifestar a la junta y al -emperador mismo, porque he contado con que si no fuesen oídos, serán -a lo menos mirados, como en realidad lo son, como efecto de mi amor a -la patria y a la augusta familia de sus reyes, y de las obligaciones -de consejo, cuyo título temporal sigue al obispado en España. Y sobre -todo los contemplo no solo útiles sino necesarios a la verdadera gloria -y felicidad del ilustre héroe que admira la Europa, que todos veneran, -y a quien tengo la felicidad de tributar con esta ocasión mis humildes -y obsequiosos respetos. Dios guarde a V. E. muchos años. Orense 29 de -mayo de 1808. — Excmo. Sr. — B. L. M. de V. E. su afecto capellán. — -Pedro obispo de Orense. — Excmo. Sr. Don Sebastián Piñuela.» - - -NÚMERO 4-3. - -_Esta proclama está inserta en la Gaceta de Madrid del 14 de junio de -1808._ - - -NÚMERO 4-4. - -_Esta proclama en el Diario de Madrid de 1.º de junio de 1808._ - - -NÚMERO 4-5. - -_Gaceta de Madrid de 14 de junio de 1808._ - - -NÚMERO 4-6. - -_Todas estas gratulatorias pueden leerse en el Diario de Madrid del 12 -de junio de 1808, y en las gacetas de aquel tiempo._ - - -NÚMERO 4-7. - -_Esta proclama está inserta en el Diario de Madrid del 15 de junio de -1808._ - - -NÚMERO 4-8. - -Habiendo aceptado la cesión de la corona de España que mi muy caro y -muy amado hermano el emperador de los franceses &c. hizo a favor de mi -persona, según el aviso que se comunicó al consejo con fecha de 4 del -corriente; he venido en nombrar por mi lugarteniente general a S. A. -I. y R. el gran duque de Berg, según se lo participo con esta fecha, -encargándole que haga expedir todos los decretos que convengan, a fin -de que los tribunales y los empleados de todas clases continúen en -el ejercicio de sus funciones respectivas; por exigirlo así el bien -general del reino, que es y será siempre el objeto de mis desvelos. -Tendralo entendido el consejo para su inteligencia y cumplimiento en la -parte que le toca. — Yo el rey. — En Bayona a 10 de junio de 1808. — -Al decano del consejo. - - -NÚMERO 4-9. - -El augusto emperador de los franceses, nuestro muy caro y muy amado -hermano, nos ha cedido todos los derechos que había adquirido a la -corona de las Españas por los tratados ajustados en los días 5 y 10 de -mayo próximo pasado. La providencia, abriéndonos una carrera tan vasta, -sin duda que ha penetrado nuestras intenciones: la misma nos dará -fuerzas para hacer la felicidad del pueblo generoso que ha confiado a -nuestro cuidado. Solo ella puede leer en nuestra alma, y no seremos -felices hasta el día en que correspondiendo a tantas esperanzas, -podamos darnos a nos mismo el testimonio de haber llenado el glorioso -cargo que se nos ha impuesto. La conservación de la santa religión -de nuestros mayores en el estado próspero en que la encontramos, la -integridad y la independencia de la monarquía serán nuestros primeros -deberes. Tenemos derecho para contar con la asistencia del clero, de -la nobleza y del pueblo, a fin de hacer revivir aquel tiempo en que -el mundo entero estaba lleno de la gloria del nombre español; y sobre -todo deseamos establecer el sosiego, y fijar la felicidad en el seno de -cada familia por medio de una buena organización social. Hacer el bien -público con el menor perjuicio posible de los intereses particulares -será el espíritu de nuestra conducta; y por lo que a nos toca, como -nuestros pueblos sean dichosos, en su felicidad cifraremos toda nuestra -gloria. A este precio ningún sacrificio nos será costoso. Para el bien -de la España, y no para el nuestro, nos proponemos reinar. El consejo -lo tendrá entendido, y lo comunicará a nuestros pueblos. — Yo el rey. -— En Bayona a 10 de junio de 1808. — Al decano del consejo. - - -NÚMERO 4-10. - -_Este discurso está inserto en el suplemento a la Gaceta de Madrid del -21 de junio de 1808_. - - -NÚMERO 4-11. - -Señor: todos los españoles que componen la comitiva de sus AA. RR. -los príncipes Fernando, Carlos y Antonio, noticiosos por los papeles -públicos de la instalación de la persona de V. M. C. en el trono de -la patria de los exponentes, con el consentimiento de toda la nación, -procediendo consecuentes al voto unánime, manifestado al emperador -y rey en la nota adjunta, de permanecer españoles sin sustraerse de -sus leyes en modo alguno, antes bien queriendo siempre subsistir -sumisos a ellas, consideran como obligación suya muy urgente la de -conformarse con el sistema adoptado por su nación, y rendir como ella -sus más humildes homenajes a V. M. C., asegurándole también la misma -inclinación, el mismo respeto y la misma lealtad que han manifestado -al gobierno anterior, de la cual hay las pruebas más distinguidas; y -creyendo que esta misma fidelidad pasada será la garantía más segura de -la sinceridad de la adhesión que ahora manifiestan, jurando como juran -obediencia a la nueva constitución de su país, y fidelidad al rey de -España José I. - -La generosidad de V. M. C., su bondad y su humanidad, les hacen esperar -que considerando la necesidad que estos príncipes tienen de que los -exponentes continúen sirviéndoles en la situación en que se hallan, se -dignará V. M. C. confirmar el permiso que hasta ahora han tenido de S. -M. I. y R. para permanecer aquí: y asimismo continuarles por atención -a los mismos príncipes con igual magnanimidad el goce de los bienes -y empleos que tenían en España, con las otras gracias que a petición -suya les tiene concedidas S. M. I. y R., hermano augusto de V. M. C., y -constan de la adjunta nota que tienen el honor de presentar a los pies -de V. M. C. con la más humilde súplica. - -Una vez asegurados por este medio de que sirviendo a sus AA. RR. -serán considerados como vasallos fieles de V. M. C. y como españoles -verdaderos, prontos a obedecer ciegamente la voluntad de V. M. C. hasta -en lo más mínimo; si se les quisiese dar otro destino participarán -completamente de la satisfacción de todos sus compatriotas, a quienes -debe hacer dichosos para siempre un monarca tan justo, tan humano y tan -grande en todo sentido como V. M. C. - -Ellos dirigen a Dios los votos más fervorosos y unánimes para que se -verifiquen estas esperanzas, y para que Dios se digne conservar por -muchos años la preciosa vida de V. M. C. En fin, con el más profundo y -más sincero respeto, tienen el honor de ponerse a los pies de V. M. C. -sus más humildes servidores y fieles súbditos en nombre de todas las -personas de la comitiva de los príncipes. — El duque de San Carlos, -Don Juan Escóiquiz, el marqués de Ayerbe, el marqués de Feria, Don -Antonio Correa, Don Pedro Macanaz. — Valençay 22 de junio de 1808. — -(_Llorente, tom. 1.º pág. 105._) - - -NÚMERO 4-12. - -He recibido con sumo gusto la carta de V. M. I. y R. de 15 del -corriente, y le doy gracias por las expresiones afectuosas con que me -honra, y con las cuales yo he contado siempre. Las repito a V. M. I. -por su bondad en favor de la solicitud del duque de San Carlos y de Don -Pedro Macanaz, que tuve el honor de recomendar. Doy muy sinceramente -en mi nombre y de mi hermano y tío a V. M. I. la enhorabuena de la -satisfacción de ver instalado a su querido hermano en el trono de -España. Habiendo sido objeto de todos nuestros deseos la felicidad -de la generosa nación que habita su vasto territorio, no podemos -ver a la cabeza de ella un monarca más digno, ni más propio por sus -virtudes para asegurársela, ni dejar de participar al mismo tiempo -del grande consuelo que nos da esta circunstancia. Deseamos el honor -de profesar amistad con S. M., y este afecto nos ha dictado la carta -adjunta que me atrevo a incluir, rogando a V. M. I. que después de -leída se digne presentarla a S. M. C. Una mediación tan respetable -nos asegura que será recibida con la cordialidad que deseamos. Sire: -perdonad una libertad que nos tomamos, por la confianza sin límites que -V. M. I. nos ha inspirado. Y con la seguridad de todo nuestro afecto -y respeto, permitid que yo le renueve los más sinceros e invariables -sentimientos, con los cuales tengo el honor de ser, Sire, de V. M. I. y -R. su muy humilde y muy obediente servidor. — Fernando. — (_Llorente, -tom. 1.º, pág. 102._) - -NOTA. _La carta escrita a José que se cita en la anterior, la oyeron -todos los diputados de Bayona y se quedó con el original Don Miguel -José de Azanza_. - - -NÚMERO 4-13. - -_En la Gaceta de Madrid del 13 de julio de 1808 y siguientes._ - - -NÚMERO 4-14. - -_Marqués de San Felipe, en sus Comentarios, año de 1700._ - - -NÚMERO 4-15. - -_Capitulaciones ajustadas entre los respectivos generales de los -ejércitos español y francés._ - -«Los Excmos. Sres. conde de Tilly, y Don Francisco Javier Castaños -general en jefe del ejército de Andalucía, queriendo dar una prueba de -su alta estimación al Excmo Sr. general Dupont, grande águila de la -legión de honor &c., así como al ejército de su mando por la brillante -y gloriosa defensa que han hecho contra un ejército muy superior en -número, y que le envolvía por todas partes, y el Sr. general Chabert -encargado con plenos poderes por S. E. el Sr. general en jefe del -ejército francés, y el Excmo. Sr. general Marescot grande águila &c., -han convenido en los artículos siguientes: - -1.º Las tropas del mando del Excmo. Sr. general Dupont quedan -prisioneras de guerra, exceptuando la división de Vedel y otras tropas -francesas que se hallan igualmente en Andalucía. - -2.º La división del general Vedel, y generalmente las demás tropas -francesas de la Andalucía que no se hallan en la posición de las -comprendidas en el artículo antecedente, evacuarán la Andalucía. - -3.º Las tropas comprendidas en el artículo 2.º conservarán generalmente -todo su bagaje; y para evitar todo motivo de inquietud durante su viaje -dejarán su artillería, tren y otras armas al ejército español, que se -encarga de devolvérselas en el momento de su embarque. - -4.º Las tropas comprendidas en el artículo 1.º del tratado saldrán del -campo con los honores de la guerra, dos cañones a la cabeza de cada -batallón y los soldados con sus fusiles que se rendirán y entregarán al -ejército español a cuatrocientas toesas del campo. - -5.º Las tropas del general Vedel y otras que no deben rendir sus armas, -las colocarán en pabellones sobre su frente de banderas, dejando -del mismo modo su artillería y tren, formándose el correspondiente -inventario por oficiales de ambos ejércitos, y todo les será devuelto, -según queda convenido en el artículo 3.º - -6.º Todas las tropas francesas de Andalucía pasarán a Sanlúcar y Rota -por los tránsitos que se les señale, que no podrán exceder de cuatro -leguas regulares al día con los descansos necesarios para embarcarse en -buques con tripulación española, y conducirlos al puerto de Rochefort -en Francia. - -7.º Las tropas francesas se embarcarán así que lleguen al puerto de -Rota, y el ejército español garantirá la seguridad de su travesía -contra toda empresa hostil. - -8.º Los señores generales, jefes y demás oficiales conservarán sus -armas, y los soldados sus mochilas. - -9.º Los alojamientos, víveres y forrajes durante la marcha y travesía -se suministrarán a los señores generales y demás oficiales, así como a -la tropa a proporción de su empleo, y con arreglo a los goces de las -tropas españolas en tiempo de guerra. - -10. Los caballos que según sus empleos corresponden a los señores -generales, jefes y oficiales del estado mayor se transportarán a -Francia mantenidos con la ración de tiempo de guerra. - -11. Los señores generales conservarán cada uno un coche y un carro; -los jefes y oficiales de estado mayor un coche solamente exentos de -reconocimiento, pero sin contravenir a los reglamentos y leyes del -reino. - -12. Se exceptúan del artículo antecedente los carruajes tomados en -Andalucía, cuya inspección hará el general Chabert. - -13. Para evitar la dificultad del embarque de los caballos de los -cuerpos de caballería y los de artillería comprendidos en el artículo -2.º, se dejarán unos y otros en España pagando su valor, según el -aprecio que se haga por dos comisionados español y francés. - -14. Los heridos y enfermos del ejército francés que queden en los -hospitales, se asistirán con el mayor cuidado y se enviarán a Francia -con escolta segura, así que se hallen buenos. - -15. Como en varios parajes, particularmente en el ataque de Córdoba, -muchos soldados a pesar de las órdenes de los señores generales y -del cuidado de los señores oficiales, cometieron excesos que son -consiguientes e inevitables en las ciudades que hacen resistencia al -tiempo de ser tomadas, los señores generales y demás oficiales tomarán -las medidas necesarias para encontrar los vasos sagrados que pueden -haberse quitado y entregarlos si existen. - -16. Los empleados civiles que acompañan al ejército francés no se -considerarán prisioneros de guerra, pero sin embargo gozarán durante -su transporte a Francia todas las ventajas concedidas a las tropas -francesas, con proporción a sus empleos. - -17. Las tropas francesas empezarán a evacuar la Andalucía el día 23 de -julio. Para evitar el gran calor se efectuará por la noche la marcha, y -se conformarán con la jornada diaria, que arreglarán los señores jefes -del estado mayor español y francés, evitando el que las tropas pasen -por las ciudades de Córdoba y Jaén. - -18. Las tropas francesas en su marcha irán escoltadas de tropa -española, a saber: 300 hombres de escolta por cada columna de 3000 -hombres, y los señores generales serán escoltados por destacamentos de -caballería de línea. - -19. A la marcha de las tropas precederán siempre los comisionados -español y francés para asegurar los alojamientos y víveres necesarios, -según los estados que se les entregarán. - -20. Esta capitulación se enviará desde luego a S. E. el duque de Rovigo -general en jefe de los ejércitos franceses en España, con un oficial -francés escoltado por tropa de línea española. - -21. Queda convenido entre los dos ejércitos que se añadirán como -suplemento a esta capitulación los artículos de cuanto pueda haberse -omitido para aumentar el bien estar de los franceses durante su -permanencia y pasaje en España. — Firmado.» - - -_Artículos adicionales igualmente autorizados._ - -1.º Se facilitarán dos carretas por batallón para transportar las -maletas de los señores oficiales. - -2.º Los señores oficiales de caballería de la división del señor -general Dupont conservarán sus caballos solamente para hacer su viaje y -los entregarán en Rota, punto de su embarco, a un comisionado español -encargado de recibirlos. La tropa de caballería de guardia del señor -general en jefe gozará la misma facultad. - -3.º Los franceses enfermos que están en la Mancha así como los que -haya en Andalucía, se conducirán a los hospitales de Andújar, u otro -que parezca más conveniente. - -Los convalecientes les acompañarán a medida que se vayan curando; se -conducirán a Rota, donde se embarcarán para Francia bajo la misma -garantía mencionada en el artículo 6.º de la capitulación. - -4.º Los Excmos. Sres. conde de Tilly y general Castaños, prometen -interceder con su valimiento para que el señor general Erselinaut, el -señor coronel La Grange y el señor teniente coronel Roseti, prisioneros -de guerra en Valencia, se pongan en libertad, y conduzcan a Francia -bajo la misma garantía expresada en el artículo anterior. — Firmado. -— _(Véase la Lealtad española, tom. 2.º)_ - - -NÚMERO 4-16. - -_Mémoires du duc de Rovigo, volum. 3, cap. 18._ - - -FIN DEL TOMO I. - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO, -GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (1 DE 5) *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. 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- font-size: smaller; margin: 2em 0; padding: 1em 0; } -#tnote ul { list-style-type: inherit; margin: 0 0 0 1.5em; padding: 0 2em 0.5em 1em; } -#tnote li { margin-top: 0.5em; text-align: justify; } -.tnotetit { font-weight: bold; text-align: center; text-indent: 0; margin-bottom: 1em; } - - /* ]]> */ </style> -</head> - -<body class="formato"> -<div lang='en' xml:lang='en'> -<p style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of <span lang='es' xml:lang='es'>Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1 de 5)</span>, by Conde de Toreno</p> -<div style='display:block; margin:1em 0'> -This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and -most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions -whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms -of the Project Gutenberg License included with this eBook or online -at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you -are not located in the United States, you will have to check the laws of the -country where you are located before using this eBook. -</div> -</div> - -<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: <span lang='es' xml:lang='es'>Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1 de 5)</span></p> -<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Conde de Toreno</p> -<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Release Date: September 12, 2022 [eBook #68978]</p> -<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Language: Spanish</p> - <p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em; text-align:left'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/Canadian Libraries)</p> -<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (1 DE 5)</span> ***</div> - -<div class="front"> - <hr class="full"/> - <p><a href="#Ch1">Libro I</a></p> - <p><a href="#Ch2">Libro II</a></p> - <p><a href="#Ch3">Libro III</a></p> - <p><a href="#Ch4">Libro IV</a></p> - <p><a href="#Apend">Apéndices al tomo I</a></p> - <h1 class="faux">Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1 de 5)</h1> -</div> - -<div class="transnote" id="tnote"> - <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p> - <ul> - <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li> - - <li>La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con - las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.</li> - - <li>También han sido modernizados los topónimos y los nombres propios de - persona, siempre que se han encontrado referencias bibliográficas.</li> - - <li>Se han incorporado las correcciones mencionadas en la fe de erratas - aparecida en el segundo tomo.</li> - - <li>Se ha alterado la numeración de los apéndices para que incorporen - el número del libro al que corresponden, obteniendo así una - identificación única a lo largo de todos los tomos de la obra.</li> - - <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li> - </ul> -</div> - - -<div class="screenonly x-ebookmaker-drop"> - <hr class="chap"/> - <div class="figcenter"> - <img class="thin" - style="width: 26em; height: auto;" - src="images/cover.jpg" - alt="Cubierta del libro"/> - </div> -</div> - - -<div class="tit pt3"> - <hr class="chap"/> - <div class="figcenter"> - <img class="thick" - style="width: 18em; height: auto;" - src="images/title_half.jpg" - alt="Portadilla del libro"/> - </div> - <p class="fs150 lh200 negr g0 mt05">HISTORIA</p> - <p class="fs60 lh200">DEL</p> - <p class="fs120 lh200 ws1">Levantamiento, Guerra y Revolución</p> - <p class="fs120 lh200 ws1">de España.</p> - <hr class="chap"/> -</div> - - -<div class="tit"> - <p class="fs200 lh200 negr g0">HISTORIA</p> - <p class="fs70 lh200">DEL</p> - <p class="fs150 lh200 ws1">Levantamiento, Guerra y Revolución</p> - <p class="fs130 lh200 g0 ws1">DE ESPAÑA</p> - - <p class="fs70 lh200 mt15">POR</p> - <p class="fs120 lh200 g0 ws2">EL CONDE DE TORENO.</p> - - <div class="figcenter mt3"> - <img style="width: 8em; height: auto;" - src="images/separa1.jpg" - alt="Elemento ornamental"/> - <p class="fs110 negr g0 ws1 ptb03">TOMO I.</p> - <img style="width: 8em; height: auto;" - src="images/separa1.jpg" - alt="Elemento ornamental"/> - </div> - - <p class="fs110 lh150 g0 mt3">Madrid:</p> - <p class="lh150 asc ws1">IMPRENTA DE DON TOMÁS JORDÁN,</p> - <p class="fs110 lh150">1835.</p> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt6"> - - <div class="legal"> - - <p>... quis nescit, primam esse historiæ legem, ne quid falsi dicere - audeat? deinde ne quid veri non audeat? ne qua suspicio gratiæ sit in - scribendo? ne qua simultatis?</p> - - <p class="firma"><span class="sc">Cicer.</span>, <i>De Oratore, - lib. 2, c. 15.</i></p> - - </div> - -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter"> - <div class="figcenter"> - <img style="width: 26em; height: auto;" - src="images/doble_filete.jpg" - alt="Filete ornamental"/> - </div> - <p class="centra fs200 lh200 negr mt1">RESUMEN</p> - <p class="centra smaller lh200">DEL</p> - <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO PRIMERO.</p> - <div class="figcenter mt05"> - <img style="width: 8em; height: auto;" - src="images/separa2.jpg" - alt="Motivo ornamental"/> - </div> -</div> - -<p class="resum"><span class="prim"><span -class="gran">T</span>urbación</span> de los tiempos. — Flaqueza de -España. — Política de Francia. — Paz de Presburgo. — Destronamiento -de la casa de Nápoles. — Tratos de paz con Inglaterra. — Rómpense -estas negociaciones. — También otras con Rusia. — Preparativos de -guerra. — Tropas españolas que van a Toscana. — Izquierdo: dinero que -da a Napoleón. — Enfado del príncipe de la Paz contra Napoleón. — Sus -sospechas. — Piensa ligarse con Inglaterra. — Envía allá a Don Agustín -de Argüelles. — Proclama del 5 de octubre. — Discúlpase con Napoleón. -— Proyectos contra España. — Los dos partidos que dividen el palacio -español. — Entretiénese a Izquierdo en París. — Mr. de Beauharnais -embajador de Francia en Madrid. — Secretos manejos con el partido del -príncipe de Asturias. — Tropas españolas que van al Norte. — Paz de -Tilsit. — Tropas francesas que se juntan en Bayona. — Portugal. — Notas -de los representantes de España y Francia en Lisboa. — Se retiran de -aquella corte. — 18 de octubre de 1807 cruza el Bidasoa la primera -división francesa. — 27 de octubre, tratado de Fontainebleau. — Causa -del Escorial. — Marcha de Junot hacia Portugal. — Entrada en Portugal, -19 de noviembre de 1807. — Llegada a Abrantes, 23 de noviembre. — -Proclama del príncipe regente de Portugal, 22 de noviembre. — Instancia -de Lord Strangford para que se embarque. — 29 de noviembre da la vela -la familia real portuguesa. — 30 de noviembre, entrada de Junot en -Lisboa. — Entrada de los españoles en Portugal. — 16 de noviembre, -viaje de Napoleón a Italia. — Reina de Etruria. — Carta de Carlos IV -a Napoleón. — Dudas de Napoleón sobre su conducta respecto de España. -— 22 de diciembre, Dupont en Irún. — 9 de enero de 1808, entrada del -cuerpo de Moncey. — 24 de id., publicaciones del Monitor. — 1.º de -febrero de 1808, proclama de Junot. — Forma nueva regencia, de que se -nombra presidente. — Gravosa contribución extraordinaria. — Envía a -Francia una división portuguesa. — 16 de febrero, toma de la ciudadela -de Pamplona. — Entra Duhesme en Cataluña. — Llega a Barcelona. — 28 -de febrero, sorpresa de la ciudadela de Barcelona. — Id. sorpresa de -Monjuich. — 18 de marzo, ocupación de San Fernando de Figueras. — 5 -de marzo, entrega de San Sebastián. — 7 de febrero, orden para que la -escuadra de Cartagena vaya a Toulon. — Desasosiego de la corte de -Madrid. — Conducta ambigua de Napoleón. — Sobresalto del príncipe de la -Paz. — Llegada a Madrid de Izquierdo. — Sale Izquierdo el 10 de marzo -para París. — Tropas francesas que continuaron entrando en España. -— Murat nombrado general en jefe del ejército francés en España. — -Piensa la corte de Madrid en partir para Andalucía. — Providencias que -toma.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p> - <div class="figcenter"> - <img style="width: 26em; height: auto;" - src="images/doble_filete.jpg" - alt="Filete ornamental"/> - </div> - <p class="centra fs150 lh150 negr g0 mt1">HISTORIA</p> - <p class="centra fs60 lh150">DEL</p> - <p class="centra fs120 lh150 asc ws1">LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN</p> - <p class="centra fs120 lh150 ws1">de España.</p> - <div class="figcenter mt05"> - <img style="width: 8em; height: auto;" - src="images/separa4.jpg" - alt="Motivo ornamental"/> - </div> - <h2 class="nobreak fs120 negr g0">LIBRO PRIMERO.</h2> - <hr class="tir"/> -</div> - -<div class="sidenote">Turbación<br/> de los tiempos.</div> - -<p class="ti0"><span class="prim"><span class="gran">L</span>a</span> -turbación de los tiempos, sembrando por el mundo discordias, -alteraciones y guerras, había estremecido hasta en sus cimientos -antiguas y nombradas naciones. Empobrecida y desgobernada España, -hubiera al parecer debido antes que ninguna ser azotada de los recios -temporales que a otras habían afligido y revuelto. Pero viva aún la -memoria de su poderío, apartada al ocaso y en el continente Europeo -postrera de las tierras, habíase mantenido firme y conservado casi -intacto su vasto y desparramado imperio. No poco y por desgracia -habían contribuido<span class="pagenum" id="Page_2">p. 2</span> a -ello la misma condescendencia y baja humillación de su gobierno, -<span class="sidenote">Flaqueza<br/> de España.</span> que ciegamente -sometido al de Francia, fuese democrático, consular o monárquico, -dejábale este disfrutar en paz hasta cierto punto de aparente sosiego, -con tal que quedasen a merced suya las escuadras, los ejércitos y los -caudales que aún restaban a la ya casi aniquilada España.</p> - -<div class="sidenote">Política<br/> de Francia.</div> - -<p>Mas en medio de tanta sumisión, y de los trastornos y continuos -vaivenes que trabajaban a Francia, nunca habían olvidado sus muchos -y diversos gobernantes la política de Luis XIV, procurando atar al -carro de su suerte la de la nación española. Forzados al principio -a contentarse con tratados que estrechasen la alianza, preveían no -obstante que cuanto más onerosos fuesen aquellos para una de las partes -contratantes, tanto menos serían para la otra estables y duraderos.</p> - -<p>Menester pues era que para darles la conveniente firmeza se -aunasen ambas naciones, asemejándose en la forma de su gobierno, o -confundiéndose bajo la dirección de personas de una misma familia, -según que se mudaba y trastrocaba en Francia la constitución -del estado. Así era que apenas aquel gabinete tenía un respiro, -susurrábanse proyectos varios, juntábanse en Bayona tropas, enviábanse -expediciones contra Portugal, o aparecían muchos y claros indicios -de querer entrometerse en los asuntos interiores de la península -hispana.</p> - -<p>Crecía este deseo ya tan vivo a proporción que las armas -francesas afianzaban fuera la prepotencia de su patria, y que dentro -se restablecían<span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span> la -tranquilidad y buen orden. A las claras empezó a manifestarse cuando -Napoleón ciñendo sus sienes con la corona de Francia, fundadamente -pensó que los Borbones sentados en el solio de España mirarían siempre -con ceño, por sumisos que ahora se mostrasen, al que había empuñado un -cetro que de derecho correspondía al tronco de donde se derivaba su -rama. <span class="sidenote">Paz de Presburgo.</span> Confirmáronse los -recelos del francés después de lo ocurrido en 1805, al terminarse la -campaña de Austria con la paz de Presburgo.</p> - -<div class="sidenote">Destronamiento<br/> de la casa<br/> de -Nápoles.</div> - -<p>Desposeído por entonces de su reino Fernando IV de Nápoles, hermano -de Carlos de España, había la corte de Madrid rehusado durante cierto -tiempo asentir a aquel acto y reconocer al nuevo soberano José -Bonaparte. Por natural y justa que fuese esta resistencia, sobremanera -desazonó al emperador de los franceses, quien hubiera sin tardanza dado -quizá señales de su enojo, si otros cuidados no hubiesen fijado su -mente y contenido los ímpetus de su ira.</p> - -<p>En efecto la paz ajustada con Austria estaba todavía lejos de -extenderse a Rusia, y el gabinete prusiano, de equívoca e incierta -conducta, desasosegaba el suspicaz ánimo de Napoleón. Si tales motivos -eran obstáculo para que este se ocupase en cosas de España, lo fueron -también por extremo opuesto las esperanzas de una pacificación general, -nacidas de resultas de la muerte de Pitt. <span class="sidenote">Tratos -de paz<br/> con Inglaterra.</span> Constantemente había Napoleón -achacado a aquel ministro, finado en enero de 1806, la continuación -de la guerra, y como la paz era el deseo de todos hasta en Francia, -forzoso le fue a su jefe no atropellar opinión tan acreditada,<span -class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span> cuando había cesado el alegado -pretexto, y entrado a componer el gabinete inglés Mr. Fox y Lord -Grenville con los de su partido.</p> - -<p>Juzgábase que ambos ministros, sobre todo el primero, se inclinaban -a la paz, y se aumentó la confianza al ver que después de su -nombramiento se había entablado entre los gobiernos de Inglaterra y -Francia activa correspondencia. Dio principio a ella Fox valiéndose de -un incidente que favorecía su deseo. Las negociaciones duraron meses, -y aun estuvieron en París como plenipotenciarios los Lores Yarmouth y -Lauderdale. Dificultoso era en aquella sazón un acomodamiento a gusto -de ambas partes. Napoleón en los tratos mostró poco miramiento respecto -de España, pues entre las varias proposiciones hizo la de entregar la -isla de Puerto Rico a los ingleses, y las Baleares a Fernando IV de -Nápoles, en cambio de la isla de Sicilia que el último cedería a José -Bonaparte.</p> - -<p>Correspondió el remate a semejantes propuestas, a las que se -agregaba el irse colocando la familia de Bonaparte en reinos y estados, -como también el establecimiento de la nueva y famosa confederación del -Rin. <span class="sidenote">Rómpense estas<br/> negociaciones.</span> -Rompiéronse pues las negociaciones, anunciando Napoleón como principal -razón la enfermedad de Fox y su muerte acaecida en setiembre de 1806. -<span class="sidenote">También otras<br/> con Rusia.</span> Por el -mismo término caminaron las entabladas también con Rusia, habiendo -desaprobado públicamente el emperador Alejandro el tratado que a su -nombre había en París concluido su plenipotenciario Mr. d’Oubril.</p> - -<p>Aun en el tiempo en que andaban las pláticas<span class="pagenum" -id="Page_5">p. 5</span> de paz, dudosos todos y aun quizá poco -afectos a su conclusión, <span class="sidenote">Preparativos<br/> de -guerra.</span> se preparaban a la prosecución de la guerra. Rusia y -Prusia ligábanse en secreto, y querían que otros estados se uniesen a -su causa. Napoleón tampoco se descuidaba, y aunque resentido por lo de -Nápoles con el gabinete de España, disimulaba su mal ánimo, procurando -sacar de la ciega sumisión de este aliado cuantas ventajas pudiese.</p> - -<div class="sidenote">Tropas<br/> españolas que<br/> van a -Toscana.</div> - -<p>De pronto, y al comenzar el año de 1806, pidió que tropas españolas -pasasen a Toscana a reemplazar las francesas que la guarnecían. Con -eso lisonjeando a las dos cortes, a la de Florencia porque consideraba -como suya la guardia de españoles, y a la de Madrid por ser aquel paso -muestra de confianza, conseguía Napoleón tener libre más gente, y al -mismo tiempo acostumbraba al gobierno de España a que insensiblemente -se desprendiese de sus soldados. Accedió el último a la demanda, y -en principios de marzo entraron en Florencia de 4 a 5000 españoles -mandados por el teniente general Don Gonzalo Ofárril.</p> - -<div class="sidenote">Izquierdo:<br/> dinero que da<br/> a -Napoleón.</div> - -<p>Como Napoleón necesitaba igualmente otro linaje de auxilios, volvió -la vista para alcanzarlos a los agentes españoles residentes en París. -Descollaba entre todos Don Eugenio Izquierdo, hombre sagaz, travieso -y de amaño, a cuyo buen desempeño estaban encomendados los asuntos -peculiares de Don Manuel Godoy, príncipe de la Paz, disfrazados bajo la -capa de otras comisiones. En vano hasta entonces se había desvivido -dicho encargado por sondear respecto de su valedor los pensamientos -del Emperador<span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span> de los -franceses. Nunca había tenido otra respuesta sino promesas y palabras -vagas. Mas llegó mayo de 1806, y creciendo los apuros del gobierno -francés para hacer frente a los inmensos gastos que ocasionaban los -preparativos de guerra, reparó este en Izquierdo, y le indicó que la -suerte del príncipe de la Paz merecería la particular atención de -Napoleón, si se le acudía con socorros pecuniarios. Gozoso Izquierdo -y lleno de satisfacción, brevemente y sin estar para ello autorizado, -aprontó 24 millones de francos [*]<span class="sidenote">(* Ap. n. -<a href="#Ap_1-1" id="Ll_1-1">1-1</a>.)</span> pertenecientes a la -caja de consolidación de Madrid, según convenio que firmó el 10 de -mayo. Aprobó el de la Paz la conducta de su agente, y contando ya -con ser ensalzado a más eminente puesto en trueque del servicio -concedido, hizo que en nombre de Carlos IV se confiriesen en 26 del -mismo mayo [*]<span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_1-2" -id="Ll_1-2">1-2</a>.)</span> a dicho Izquierdo plenos poderes para que -ajustase y concluyese un tratado.</p> - -<p>Pero Napoleón, dueño de lo que quería y embargados sus sentidos -con el nublado que del norte amagaba, difirió entrar en negociación -hasta que se terminasen las desavenencias con Prusia y Rusia. Ofendió -la tardanza al príncipe de la Paz, <span class="sidenote">Enfado del<br/> -príncipe de la Paz<br/> contra Napoleón.</span> receloso en todos tiempos de -la buena fe de Napoleón, y temió de él nuevos engaños. Afirmáronle en -sus sospechas diversos avisos que por entonces le enviaron españoles -residentes en París; opúsculos y folletos que debajo de mano fomentaba -aquel gobierno, <span class="sidenote">Sus sospechas.</span> y en -que se anunciaba la entera destrucción de la casa de Borbón, y en -fin el dicho mismo del emperador de que «si Carlos IV no quería -reconocer<span class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span> a su hermano -por rey de Nápoles, su sucesor le reconocería.»</p> - -<p>Tal cúmulo de indicios que progresivamente vinieron a despertar -las zozobras y el miedo del valido español, se acrecentaron con las -noticias e informes que le dio Mr. de Strogonoff nombrado ministro de -Rusia en la corte de Madrid, quien había llegado a la capital de España -en enero de 1806.</p> - -<p>Animado el príncipe de la Paz con los consejos de dicho ministro, -y mal enojado contra Napoleón, <span class="sidenote">Piensa -ligarse<br/> con Inglaterra.</span> inclinábase a formar causa común -con las potencias beligerantes. Pareciole no obstante ser prudente, -antes de tomar resolución definitiva, buscar arrimo y alianza en -Inglaterra. Siendo el asunto espinoso y pidiendo sobre todo profundo -sigilo, determinó enviar a aquel reino un sujeto que dotado de -las convenientes prendas, no excitase el cuidado del gobierno de -Francia. <span class="sidenote">Envía allí<br/> a Don Agustín<br/> de -Argüelles.</span> Recayó la elección en Don Agustín de Argüelles que -tanto sobresalió años adelante en las cortes congregadas en Cádiz. -Rehusaba el nombrado admitir el encargo por proceder de hombre tan -desestimado como era entonces el príncipe de la Paz; pero instado por -Don Manuel Sixto Espinosa, director de la consolidación, con quien le -unían motivos de amistad y de reconocimiento, y vislumbrando también en -su comisión un nuevo medio de contribuir a la caída del que en Francia -había destruido la libertad pública, aceptó al fin el importante -encargo confiado a su celo.</p> - -<p>Ocultose a Argüelles [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a -href="#Ap_1-3" id="Ll_1-3">1-3</a>.)</span> lo que se trataba con -Strogonoff, y tan solo se le dio a entender que<span class="pagenum" -id="Page_8">p. 8</span> era forzoso ajustar paces con Inglaterra -si no se quería perder toda la América en donde acababa de tomar a -Buenos Aires el general Beresford. Recomendose en particular al -comisionado discreción y secreto, y con suma diligencia saliendo de -Madrid a últimos de setiembre, llegó a Lisboa sin que nadie, ni el -mismo embajador conde de Campo-Alange, trasluciese el verdadero objeto -de su viaje. Disponíase Don Agustín de Argüelles a embarcarse para -Inglaterra, cuando se recibió en Lisboa una desacordada proclama del -príncipe de la Paz, fecha 5 de octubre,[*] <span class="sidenote">Su -proclama<br/> de 5 de octubre.<br/> (* Ap. n. <a href="#Ap_1-4" -id="Ll_1-4">1-4</a>.)</span> en la que apellidando la nación a guerra -sin designar enemigo, despertó la atención de las naciones extrañas, -principalmente de Francia. Desde entonces miró Argüelles como inútil la -continuación de su viaje y así lo escribió a Madrid; mas sin embargo -ordenósele pasar a Londres, en donde su comisión no tuvo resulta, así -por repugnar al gobierno inglés tratos con el príncipe de la Paz, -ministro tan desacreditado e imprudente, como también por la mudanza -que en dicho príncipe causaron los sucesos del norte.</p> - -<p>Allí Napoleón habiendo abierto la campaña en octubre de 1806, en vez -de padecer descalabros había entrado victorioso en Berlín, derrotando -en Jena al ejército prusiano. <span class="sidenote">Discúlpase<br/> -con Napoleón.</span> Al ruido de sus triunfos, atemorizada la corte -de Madrid y sobre todo el privado, no hubo medio que no emplease -para apaciguar el entonces justo y fundado enojo del emperador de -los franceses, quien no teniendo por concluida la guerra en tanto -que la Rusia no viniese a partido, fingió quedar satisfecho<span -class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span> con las disculpas que se le -dieron, y renovó aunque lentamente las negociaciones con Izquierdo.</p> - -<div class="sidenote">Proyectos<br/> contra España.</div> - -<p>Mas no por eso dejaba de meditar cuál sería el más acomodado -medio para posesionarse de España, y evitar el que en adelante se -repitiesen amagos como el del 5 de octubre. Columbró desde luego ser -para su propósito feliz incidente andar <span class="sidenote">Los -dos partidos<br/> que dividen el<br/> palacio español.</span> aquella -corte dividida entre dos parcialidades, la del príncipe de Asturias y -la de Don Manuel Godoy. Habían nacido estas de la inmoderada ambición -del último, y de los temores que había infundido ella en el ánimo del -primero. Sin embargo estuvieron para componerse y disiparse en el -tiempo en que había resuelto el de la Paz unirse con Inglaterra y las -otras potencias del norte; creyendo este con razón que en aquel caso -era necesario acortar su vuelo, y conformarse con las ideas y política -de los nuevos aliados. Para ello, y no exponer su suerte a temible -caída, había el valido imaginado casar al príncipe de Asturias [viudo -desde mayo de 1806] con Doña María Luisa de Borbón, hermana de su mujer -Doña María Teresa, primas ambas del rey e hijas del difunto infante -Don Luis. El pensamiento fue tan adelante que se propuso al príncipe -el enlace. Mas Godoy veleidoso e inconstante, variadas que fueron -las cosas del norte, mudó de dictamen volviendo a soñar en ideas de -engrandecimiento. Y para que pasaran a realidad condecorole el rey en -13 de enero de 1807 con la dignidad de almirante de España e Indias, y -tratamiento de Alteza.</p> - -<div class="sidenote">Entretiénese<br/> a Izquierdo<br/> en París.</div> - -<p>Veníale bien a Napoleón que se aumentase la división y el desorden -en el palacio de Madrid.<span class="pagenum" id="Page_10">p. -10</span> Atento a aprovecharse de semejante discordia, al paso que -en París se traía entretenido a Izquierdo y al partido de Godoy, se -despachaba a España para tantear el del príncipe de Asturias a Mr. -de Beauharnais, <span class="sidenote">Mr. de<br/> Beauharnais<br/> -embajador<br/> de Francia<br/> en Madrid.</span> quien como nuevo -embajador presentó sus credenciales a últimos de diciembre de 1806. -Empezó el recién llegado a dar pasos, mas fueron lentos hasta meses -después que llevando visos de terminarse la guerra del norte, juzgó -Napoleón que se acercaba el momento de obrar.</p> - -<p>Presentósele, en la persona de Don Juan Escóiquiz, conducto -acomodado para ayudar sus miras. Antiguo maestro del príncipe de -Asturias, vivía como confinado en Toledo, de cuya catedral era canónigo -y dignidad, y de donde por orden de S. A., con quien siempre mantenía -secreta correspondencia, había regresado a Madrid en marzo de 1807. -Conferenciose mucho entre él y sus amigos sobre el modo de atajar la -ambición de Godoy, y sacar al príncipe de Asturias de situación que -conceptuaban penosa y aun arriesgada.</p> - -<p>Habían imaginado sondear al embajador de Francia, y de resultas -supieron por Don Juan Manuel de Villena, gentil-hombre del príncipe de -Asturias, y por Don Pedro Giraldo, brigadier de ingenieros, maestro de -matemáticas del príncipe e infantes, y cuyos sujetos estaban en el -secreto, hallarse Mr. de Beauharnais pronto a entrar en relaciones con -quien S. A. indicase. <span class="sidenote">Secretos manejos<br/> -con el partido<br/> del príncipe<br/> de Asturias.</span> Dudose si -la propuesta encubría o no engaño; y para asegurarse unos y otros, -convínose en una pregunta y seña que recíprocamente se harían en<span -class="pagenum" id="Page_11">p. 11</span> la corte el príncipe y el -embajador. Cerciorados de no haber falsedad y escogido Escóiquiz -para tratar, presentó a este en casa de dicho embajador el duque del -Infantado, con pretexto de regalarle un ejemplar de su poema sobre la -conquista de Méjico. Entablado conocimiento entre Mr. de Beauharnais -y el maestro del príncipe, avistáronse un día de los de julio y a las -dos de la tarde en el Retiro. La hora, el sitio y lo caluroso de la -estación les daba seguridad de no ser notados.</p> - -<p>Hablaron allí sosegadamente del estado de España y Francia, de -la utilidad para ambas naciones de afianzar su alianza en vínculos -de familia, y por consiguiente de la conveniencia de enlazar al -príncipe Fernando con una princesa de la sangre imperial de Napoleón. -El embajador convino con Escóiquiz en los más de los puntos, -particularmente en el último, quedando en darle posterior y categórica -contestación. Siguiéronse a este paso otros más o menos directos, -pero que nada tuvieron de importante hasta que en 30 de setiembre -escribió Mr. de Beauharnais una carta a Escóiquiz, en la que rayando -las expresiones de que <i>no bastaban cosas vagas</i>, sino que se -necesitaba una <i>segura prenda</i> (<i>une garantie</i>), daba por -lo mismo a entender que aquellas salían de boca de su amo. Movido de -esta insinuación se dirigió el príncipe de Asturias en 11 de octubre al -emperador francés, en términos que, según veremos muy luego, hubiera -podido resultar grave cargo contra su persona.</p> - -<p>Hasta aquí llegaron los tratos del embajador<span class="pagenum" -id="Page_12">p. 12</span> Beauharnais con Don Juan Escóiquiz, cuyo -principal objeto se enderezaba a arreglar la unión del príncipe -Fernando con una sobrina de la emperatriz, ofrecida después al -duque de Aremberg. Todo da indicio de que el embajador obró según -instrucciones de su amo; y si bien es verdad que este desconoció como -suyos los procedimientos de aquel, no es probable que se hubiera Mr. -de Beauharnais expuesto con soberano tan poco sufrido a dar pasos de -tamaña importancia sin previa autorización. Pudo quizá excederse; quizá -el interés de familia le llevó a proponer para esposa una persona con -quien tenía deudo; pero que la negociación tomó origen en París lo -acredita el haber después sostenido el emperador a su representante.</p> - -<div class="sidenote">Tropas españolas<br/> que van al Norte.</div> - -<p>Sin embargo tales pláticas tenían más bien traza de entretenimiento -que de seria y deliberada determinación. Íbale mejor al arrebatado -temple de Napoleón buscar por violencia o por malos artes el -cumplimiento de lo que su política o su ambición le sugería. Así fue -que para remover estorbos e irse preparando a la ejecución de sus -proyectos, de nuevo pidió al gobierno español auxilio de tropas; y -conformándose Carlos IV con la voluntad de su aliado, decidió en -marzo de 1807 que una división unida con la que estaba en Toscana, y -componiendo juntas un cuerpo de 14.000 hombres, se dirigiese al norte -de Europa.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_1-5" -id="Ll_1-5">1-5</a>.)</span> De este modo menguaban cada día en España -los recursos y medios de resistencia.</p> - -<p>Entretanto Napoleón habiendo continuado con feliz progreso la -campaña emprendida contra las armas combinadas de Prusia y Rusia, -había<span class="pagenum" id="Page_13">p. 13</span> en 8 de julio -siguiente concluido la paz en Tilsit. <span class="sidenote">Paz de -Tilsit.</span> Algunos se han figurado que se concertaron allí ambos -emperadores ruso y francés acerca de asuntos secretos y arduos, siendo -uno entre ellos el de dejar a la libre facultad del último la suerte de -España. Hemos consultado en materia tan grave respetables personajes, -y que tuvieron principal parte en aquellas conferencias y tratos. Sin -interés en ocultar la verdad, y lejos ya del tiempo en que ocurrieron, -han respondido a nuestras preguntas que no se había entonces hablado -sino vagamente de asuntos de España; y que tan solo Napoleón quejándose -con acrimonia de la proclama del príncipe de la Paz, añadía a veces -que los españoles luego que le veían ocupado en otra parte, mudaban de -lenguaje y le inquietaban.</p> - -<p>Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que con la paz asegurado -Napoleón de la Rusia a lo menos por de pronto, pudo con más desahogo -volver hacia el mediodía los inquietos ojos de su desapoderada -ambición. Pensó desde luego disfrazar sus intentos con la necesidad -de extender a todas partes el sistema continental [cuyas bases había -echado en su decreto de Berlín de febrero del mismo año], y de arrancar -a Inglaterra a su antiguo y fiel aliado el rey de Portugal. Era en -efecto muy importante para cualquiera tentativa o plan contra la -península someter a su dominio a Lisboa, alejar a los ingleses de los -puertos de aquella costa, y tener un pretexto al parecer plausible con -que poder internar en el corazón de España numerosas fuerzas.</p> - -<p>Para dar principio a su empresa promovió<span class="pagenum" -id="Page_14">p. 14</span> muy particularmente las negociaciones -entabladas con Izquierdo, y a la sombra de aquellas y del tratado -que se discutía, <span class="sidenote">Tropas francesas<br/> que -se juntan<br/> en Bayona</span> empezó en agosto de 1807 a juntar -en Bayona un ejército de 25.000 hombres con el título de cuerpo de -observación de la Gironda, nombre con que cautelosamente embozaba el -gobierno francés sus hostiles miras contra la península española. Diose -el mando de aquella fuerza a Junot, quien embajador en Portugal en 1805 -había desamparado la pacífica misión para acompañar a su caudillo en -atrevidas y militares empresas. Ahora se preparaba a dar la vuelta a -Lisboa, no ya para ocupar su antiguo puesto, sino más bien para arrojar -del trono a una familia augusta que le había honrado con las insignias -de la orden de Cristo.</p> - -<div class="sidenote">Portugal.</div> - -<p>Aunque no sea de nuestro propósito entrar en una relación -circunstanciada de los graves acontecimientos que van a ocurrir en -Portugal, no podemos menos de darles aquí algún lugar como tan unidos y -conexos con los de España. En París se examinaba con Izquierdo el modo -de partir y distribuirse aquel reino, y para que todo estuviese pronto -el día de la conclusión del tratado, además de la reunión de tropas a -la falda del Pirineo, se dispuso que negociaciones seguidas en Lisboa -abriesen el camino a la ejecución de los planes en que conviniesen -ambas potencias contratantes. <span class="sidenote">Notas de los<br/> -representantes de<br/> España y Francia<br/> en Lisboa.</span> -Comenzose la urdida trama por notas que en 12 de agosto pasaron el -encargado de negocios francés Mr. de Rayneval y el embajador de -España conde de Campo-Alange. Decían en ellas que tenían la orden de -pedir sus pasaportes y declarar la guerra a Portugal si para<span -class="pagenum" id="Page_15">p. 15</span> el 1.º de setiembre próximo -el príncipe regente no hubiese manifestado la resolución de romper con -la Inglaterra, y de unir sus escuadras con las otras del continente -para que juntas obrasen contra el común enemigo: se exigía además la -confiscación de todas las mercancías procedentes de origen británico, -y la detención como rehenes de los súbditos de aquella nación. El -príncipe regente de acuerdo con Inglaterra respondió que estaba -pronto a cerrar los puertos a los ingleses, y a interrumpir toda -correspondencia con su antiguo aliado; mas que en medio de la paz -confiscar todas las mercancías británicas, y prender a extranjeros -tranquilos, eran providencias opuestas a los principios de justicia y -moderación que le habían siempre dirigido. <span class="sidenote">Se -retiran<br/> de aquella corte.</span> Los representantes de España -y Francia no habiendo alcanzado lo que pedían [resultado conforme a -las verdaderas intenciones de sus respectivas cortes], partieron de -Lisboa antes de comenzarse octubre, y su salida fue el preludio de la -invasión.</p> - -<p>Todavía no estaban concluidas las negociaciones con Izquierdo; -todavía no se había cerrado tratado alguno, cuando Napoleón impaciente, -lleno del encendido deseo de empezar su proyectada empresa, e -informado de la partida de los embajadores, <span class="sidenote">18 -de octubre:<br/> cruza el Bidasoa<br/> la primera<br/> división -francesa.</span> dio orden a Junot para que entrase en España, y el 18 -de octubre cruzó el Bidasoa la primera división francesa a las órdenes -del general Delaborde, época memorable, principio del tropel de males -y desgracias, de perfidias y heroicos hechos que sucesivamente nos va -a desdoblar la historia. Pasada<span class="pagenum" id="Page_16">p. -16</span> la primera división, la siguieron la segunda y la tercera -mandadas por los generales Loison y Travot, con la caballería, cuyo -jefe era el general Kellerman. En Irún tuvo orden de recibir y -obsequiar a Junot Don Pedro Rodríguez de la Buria, encargo que ya -había desempeñado en la otra guerra con Portugal. Las tropas francesas -se encaminaron por Burgos y Valladolid hacia Salamanca, a cuya -ciudad llegaron veinticinco días después de haber entrado en España. -Por todas partes fueron festejadas y bien recibidas, y muy lejos -estaban de imaginarse los solícitos moradores del tránsito la ingrata -correspondencia con que iba a pagárseles tan esmerada y agasajadora -hospitalidad.</p> - -<p>Tocaron mientras tanto a su cumplido término las negociaciones -que andaban en Francia, <span class="sidenote">27 de octubre,<br/> -tratado de<br/> Fontainebleau.<br/> (* Ap. n. <a href="#Ap_1-6" -id="Ll_1-6">1-6</a>.)</span> y el 27 de octubre en Fontainebleau se -firmó entre Don Eugenio Izquierdo y el general Duroc, gran mariscal de -palacio del emperador francés, un tratado [*] compuesto de catorce -artículos con una convención anexa comprensiva de otros siete. Por -estos conciertos se trataba a Portugal del modo como antes otras -potencias habían dispuesto de la Polonia, con la diferencia que -entonces fueron iguales y poderosos los gobiernos que entre sí se -acordaron, y en Fontainebleau tan desemejantes y desproporcionados, -que al llegar al cumplimiento de lo pactado, repitiéndose la conocida -fábula del león y sus partijas, dejose a España sin nada, y del todo -quiso hacerse dueño su insaciable aliado. Se estipulaba por el tratado -que la provincia de Entre-Duero-y-Miño se daría en toda propiedad y -soberanía<span class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span> con título de -Lusitania septentrional al rey de Etruria y sus descendientes, quien -a su vez cedería en los mismos términos dicho reino de Etruria al -emperador de los franceses; que los Algarbes y el Alentejo igualmente -se entregarían en toda propiedad y soberanía al príncipe de la Paz, -con la denominación de príncipe de los Algarbes, y que las provincias -de Beira, Tras-os-Montes y Extremadura portuguesa quedarían como en -secuestro hasta la paz general, en cuyo tiempo podrían ser cambiadas -por Gibraltar, la Trinidad o alguna otra colonia de las conquistadas -por los ingleses; que el emperador de los franceses saldría garante -a S. M. C. de la posesión de sus estados de Europa al mediodía de -los Pirineos, y le reconocería como emperador de ambas Américas -a la conclusión de la paz general, o a más tardar dentro de tres -años. La convención que acompañaba al tratado circunstanciaba el -modo de llevar a efecto lo estipulado en el mismo: 25.000 hombres de -infantería francesa y 3000 de caballería habían de entrar en España, y -reuniéndose a ellos 8000 infantes españoles y 3000 caballos, marchar en -derechura a Lisboa, a las órdenes ambos cuerpos del general francés, -exceptuándose solamente el caso en que el rey de España o el príncipe -de la Paz fuesen al sitio en que las tropas aliadas se encontrasen, -pues entonces a estos se cedería el mando. Las provincias de Beira, -Tras-os-Montes y Extremadura portuguesa debían ser administradas, y -exigírseles las contribuciones en favor y utilidad de Francia. Y al -mismo tiempo que una división de 10.000 hombres de tropas españolas -tomase posesión<span class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span> de la -provincia de Entre-Duero-y-Miño, con la ciudad de Oporto, otra de 6000 -de la misma nación ocuparía el Alentejo y los Algarbes, y así aquella -primera provincia como las últimas habían de quedar a cargo para su -gobierno y administración de los generales españoles. Las tropas -francesas, alimentadas por España durante el tránsito, debían cobrar -sus pagas de Francia. Finalmente se convenía en que un cuerpo de 40.000 -hombres se reuniese en Bayona el 20 de noviembre, el cual marcharía -contra Portugal en caso de necesidad, y precedido el consentimiento de -ambas potencias contratantes.</p> - -<p>En la conclusión de este tratado Napoleón, al paso que buscaba -el medio de apoderarse de Portugal, nuevamente separaba de España -otra parte considerable de tropas, como antes había alejado las que -fueron al norte, e introducía sin ruido y solapadamente las fuerzas -necesarias a la ejecución de sus ulteriores y todavía ocultos planes, -y lisonjeando la inmoderada ambición del privado español, le adormecía -y le enredaba en sus lazos, temeroso de que desengañado a tiempo y -volviendo de su deslumbrado encanto, quisiera acudir al remedio de -la ruina que le amenazaba. Ansioso el príncipe de la Paz de evitar -los vaivenes de la fortuna, aprobaba convenios que hasta cierto punto -le guarecían de las persecuciones del gobierno español en cualquiera -mudanza. Quizá veía también en la compendiosa soberanía de los Algarbes -el primer escalón para subir a trono más elevado. Mucho se volvió -a hablar en aquel tiempo del criminal proyecto que años atrás se -aseguraba haber concebido María<span class="pagenum" id="Page_19">p. -19</span> Luisa arrastrada de su ciega pasión, contando con el apoyo -del favorito. Y no cabe duda que acerca de variar de dinastía se tanteó -a varias personas, llegando a punto de buscar amigos y parciales sin -disfraz ni rebozo. Entre los solicitados fue uno el coronel de Pavía -Don Tomás de Jáuregui, a quien descaradamente tocó tan delicado asunto -Don Diego Godoy: no faltaron otros que igualmente le promovieron. Mas -los sucesos agolpándose de tropel, convirtieron en humo los ideados e -impróvidos intentos de la ciega ambición.</p> - -<p>Tal era el deseado remate a que habían llegado las negociaciones de -Izquierdo, y tal había sido el principio de la entrada de las tropas -francesas en la península, cuando un acontecimiento con señales de suma -gravedad fijó en aquellos días la atención de toda España.</p> - -<div class="sidenote">Causa<br/> del Escorial</div> - -<p>Vivía el príncipe de Asturias alejado de los negocios y solo, sin -influjo ni poder alguno, pasaba tristemente los mejores años de su -mocedad sujeto a la monótona y severa etiqueta de palacio. Aumentábase -su recogimiento por los temores que infundía su persona a los que -entonces dirigían la monarquía; se observaba su conducta, y hasta los -más inocentes pasos eran atentamente acechados. Prorrumpía el príncipe -en amargas quejas, y sus expresiones solían a veces ser algún tanto -descompuestas. A ejemplo suyo los criados de su cuarto hablaban con -más desenvoltura de lo que era conveniente, y repetidos, aun quizá -alterados al pasar de boca en boca, aquellos dichos y conversaciones -avivaron más y más el odio de sus irreconciliables enemigos.<span -class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span> No bastaba sin embargo tan -ligero proceder para empezar una información judicial; solamente dio -ocasión a nuevo cuidado y vigilancia. Redoblados uno y otra, al fin se -notó que el príncipe secretamente recibía cartas, que muy ocupado en -escribir velaba por las noches, y que en su semblante daba indicio de -meditar algún importante asunto. Era suficiente cualquiera de aquellas -sospechas para despertar el interesado celo de los asalariados que le -rodeaban, y una dama de la servidumbre de la reina le dio aviso de -la misteriosa y extraña vida que traía su hijo. No tardó el rey en -estar advertido, y estimulado por su esposa dispuso que se recogiesen -todos los papeles del desprevenido Fernando. Así se ejecutó, y al día -siguiente 29 de octubre, a las seis y media de la noche, convocados -en el cuarto de S. M. los ministros del despacho y Don Arias Mon, -gobernador interino del consejo, compareció el príncipe, se le sometió -a un interrogatorio, y se le exigieron explicaciones sobre el contenido -de los papeles aprehendidos. En seguida su augusto padre, acompañado -de los mismos ministros y gobernador con grande aparato y al frente -de su guardia, le llevó a su habitación, en donde después de haberle -pedido la espada, le mandó que quedase preso, puestas centinelas para -su custodia: su servidumbre fue igualmente arrestada.</p> - -<p>Al ver la solemnidad y aun semejanza del acto, hubiera podido -imaginarse el atónito espectador que en las lúgubres y suntuosas -bóvedas del Escorial iba a renovarse la deplorable y trágica escena que -en el alcázar de Madrid había<span class="pagenum" id="Page_21">p. -21</span> dado al orbe el sombrío Felipe II; pero otros eran los -tiempos, otros los actores y muy otra la situación de España.</p> - -<p>Se componían los papeles hasta entonces aprehendidos al -príncipe [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_1-7" -id="Ll_1-7">1-7</a>.)</span> de un cuadernillo escrito de su puño de -algo más de doce hojas, de otro de cinco y media, de una carta de letra -disfrazada y sin firma fecha en Talavera a 18 de marzo, y reconocida -después por de Escóiquiz, de cifra y clave para la correspondencia -entre ambos, y de medio pliego de números, cifras y nombres que -en otro tiempo habían servido para la comunicación secreta de la -difunta princesa de Asturias con la reina de Nápoles su madre. Era el -cuadernillo de las doce hojas una exposición al rey, en la que después -de trazar con colores vivos la vida y principales hechos del príncipe -de la Paz, se le acusaba de graves delitos, sospechándole del horrendo -intento de querer subir al trono y de acabar con el rey y toda la real -familia. También hablaba Fernando de sus persecuciones personales, -mencionando entre otras cosas el haberle alejado del lado del rey, -sin permitirle ir con él a caza, ni asistir al despacho. Se proponían -como medios de evitar el cumplimiento de los criminales proyectos del -favorito, dar al príncipe heredero facultad para arreglarlo todo, a -fin de prender al acusado y confinarle en un castillo. Igualmente se -pedía el embargo de parte de sus bienes, la prisión de sus criados, -de Doña Josefa Tudó y otros, según se dispusiese en decretos que el -mismo príncipe presentaría a la aprobación de su padre. Indicábase como -medida previa, y para<span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span> -que el rey Carlos examinase la justicia de las quejas, una batida en -el Pardo o Casa de Campo, en que acudiese el príncipe, y en donde se -oirían los informes de las personas que nombrase S. M., con tal que -no estuviesen presentes la reina ni Godoy: asimismo se suplicaba que -llegado el momento de la prisión del valido, no se separase el padre -del lado de su hijo, para que los primeros ímpetus del sentimiento -de la reina no alterasen la determinación de S. M.; concluyendo con -rogarle encarecidamente que en caso de no acceder a su petición, le -guardase secreto, pudiendo su vida si se descubriese el paso que -había dado, correr inminente riesgo. El papel de cinco hojas y la -carta eran como la anterior obra de Escóiquiz; se insistía en los -mismos negocios, y tratando de oponerse al enlace antes propuesto con -la hermana de la princesa de la Paz, se insinuaba el modo de llevar -a cabo el deseado casamiento con una parienta del emperador de los -franceses. Se usaban nombres fingidos, y suponiéndose ser consejos de -un fraile, no era extraño que mezclando lo sagrado con lo profano se -recomendase ante todo como así se hacía, implorar la divina asistencia -de la Virgen. En aquellas instrucciones también se trataba de que -el príncipe se dirigiese a su madre interesándola como reina y como -mujer, cuyo amor propio se hallaba ofendido con los ingratos desvíos -de su predilecto favorito. En el concebir de tan desvariada intriga -ya despunta aquella sencilla credulidad y ambicioso desasosiego, de -que nos dará desgraciadamente en el curso de esta historia sobradas -pruebas el canónigo<span class="pagenum" id="Page_23">p. 23</span> -Escóiquiz. En efecto admira como pensó que un príncipe mozo e inexperto -había de tener más cabida en el pecho de su augusto padre que una -esposa y un valido, dueños absolutos por hábito y afición del perezoso -ánimo de tan débil monarca. Mas de los papeles cogidos al príncipe, si -bien se advertía al examinarlos grande anhelo por alcanzar el mando -y por intervenir en los negocios del gobierno, no resultaba proyecto -alguno formal de destronar al rey, ni menos el atroz crimen de un -hijo que intenta quitar la vida a su padre. A pesar de eso fueron -causa de que se publicase el famoso decreto de 30 de octubre, que como -importante lo insertaremos a la letra. Decía pues: «Dios que vela -sobre las criaturas no permite la ejecución de hechos atroces cuando -las víctimas son inocentes. Así me ha librado su omnipotencia de la -más inaudita catástrofe. Mi pueblo, mis vasallos todos conocen muy -bien mi cristiandad y mis costumbres arregladas; todos me aman y de -todos recibo pruebas de veneración, cual exige el respeto de un padre -amante de sus hijos. Vivía yo persuadido de esta verdad, cuando una -mano desconocida me enseña y descubre el más enorme y el más inaudito -plan que se trazaba en mi mismo palacio contra mi persona. La vida -mía que tantas veces ha estado en riesgo, era ya una carga para mi -sucesor que preocupado, obcecado y enajenado de todos los principios de -cristiandad que le enseñó mi paternal cuidado y amor, había admitido -un plan para destronarme. Entonces yo quise indagar por mí la verdad -del hecho, y sorprendiéndole en<span class="pagenum" id="Page_24">p. -24</span> su mismo cuarto hallé en su poder la cifra de inteligencia -e instrucciones que recibía de los malvados. Convoqué al examen a mi -gobernador interino del consejo, para que asociado con otros ministros -practicasen las diligencias de indagación. Todo se hizo, y de ella -resultan varios reos cuya prisión he decretado, así como el arresto -de mi hijo en su habitación. Esta pena quedaba a las muchas que me -afligen; pero así como es la más dolorosa, es también la más importante -de purgar, e ínterin mando publicar el resultado, no quiero dejar de -manifestar a mis vasallos mi disgusto, que será menor con las muestras -de su lealtad. Tendreislo entendido para que se circule en la forma -conveniente. En San Lorenzo a 30 de octubre de 1807. — Al gobernador -interino del consejo.» Este decreto se aseguró después que era de puño -del príncipe de la Paz: así lo atestiguaron cuatro secretarios del rey, -mas no obra original en el proceso.</p> - -<p>Por el mismo tiempo escribió Carlos IV al emperador Napoleón -dándole parte del acontecimiento del Escorial. En la carta después de -indicarle cuán particularmente se ocupaba en los medios de cooperar -a la destrucción del común enemigo [así llamaba a los ingleses], y -después de participarle cuán persuadido había estado hasta entonces de -que todas las intrigas de la reina de Nápoles [expresiones notables] se -habían sepultado con su hija, entraba a anunciarle la terrible novedad -del día. No solo le comunicaba el designio que suponía a su hijo de -querer destronarle, sino que añadía el nuevo<span class="pagenum" -id="Page_25">p. 25</span> y horrendo de haber maquinado contra la vida -de su madre, por cuyos enormes crímenes manifestaba el rey Carlos -que debía el príncipe heredero ser castigado y revocada la ley que -le llamaba a suceder en el trono, poniendo en su lugar a uno de sus -hermanos; y por último concluía aquel monarca pidiendo la asistencia y -consejos de S. M. I. La indicación estampada en esta carta de privar a -Fernando del derecho de sucesión, tal vez encubría miras ulteriores del -partido de Godoy y la reina; desbaratadas, si las hubo, por obstáculos -imprevistos entre los cuales puede contarse una ocurrencia que debiendo -agravar la suerte del príncipe y sus amigos, si la recta imparcialidad -hubiera gobernado en la materia, fue la que salvó a todos ellos de un -funesto desenlace. Dieron ocasión a ella los temores del real preso y -el abatimiento en que le sumió su arresto.</p> - -<p>El día 30 a la una de la tarde, luego que el rey había salido a -caza pasó el príncipe un recado a la reina para que se dignase ir -a su cuarto, o le permitiera que en el suyo le expusiese cosa del -mayor interés: la reina se negó a uno y a otro, pero envió al marqués -Caballero, ministro de Gracia y Justicia. Entonces bajo su firma -declaró el príncipe haber dirigido con fecha de 11 de octubre una -carta [la misma de que hemos hablado] al emperador de los franceses, -y haber expedido en favor del duque del Infantado un decreto todo -de su puño con fecha en blanco y sello negro, autorizándole para -que tomase el mando de Castilla la Nueva luego que falleciese su -padre: declaró además<span class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span> -ser Escóiquiz el autor del papel copiado por S. A., y los medios -de que se habían valido para su correspondencia: hubo de resultas -varios arrestos. En la carta reservada a Napoleón le manifestaba -el príncipe [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_1-8" -id="Ll_1-8">1-8</a>.)</span> «el aprecio y respeto que siempre había -tenido por su persona, le apellidaba <i>héroe mayor que cuantos le -habían precedido</i>; le pintaba la opresión en que le habían puesto; -el abuso que se hacía del corazón recto y generoso de su padre; le -pedía para esposa una princesa de su familia, rogándole que allanase -las dificultades que se ofrecieran; y concluía con afirmarle que -no accedería, antes bien se opondría con invencible constancia a -cualquiera casamiento, siempre que no precediese el consentimiento y -aprobación positiva de S. M. I. y R.» Estas declaraciones espontáneas -en que tan gravemente comprometía el príncipe a sus amigos y parciales, -perjudicáronle en el concepto de algunos; su edad pasaba de los -veintitrés años; y ya entonces mayor firmeza fuera de desear en quien -había de ceñirse las sienes con corona de reinos tan dilatados. El -decreto expedido a favor del Infantado hubiera por sí solo acarreado en -otros tiempos la perdición de todos los comprometidos en la causa; por -nulas se hubieran dado las disculpas alegadas, y el temor de la próxima -muerte de Carlos IV y los recelos de las ambiciosas miras del valido, -antes bien se hubieran tenido como agravantes indicios que admitídose -como descargos de la acusación. Semejantes precauciones de dudosa -interpretación aun entre particulares, en los palacios son crímenes de -estado cuando no<span class="pagenum" id="Page_27">p. 27</span> llegan -a cumplida ejecución y acabamiento. Con más razón se hubiera dado por -tal la carta escrita a Napoleón; pero esta carta en que un príncipe, un -español a escondidas de su padre y soberano legítimo se dirige a otro -extranjero, le pide su apoyo, la mano de una señora de su familia, y se -obliga a no casarse en tiempo alguno sin su anuencia; esta carta salvó -a Fernando y a sus amigos.</p> - -<p>No fue así en la causa de Don Carlos de Viana: aquel príncipe de -edad de cuarenta años, sabio y entendido, amigo de Ausias March, con -derecho inconcuso al reino de Navarra, creyó que no se excedía en -dar por sí los primeros pasos para buscar la unión con una infanta -de Castilla. Bastó tan ligero motivo para que el fiero Don Juan su -padre le hiciese en su segunda prisión un cargo gravísimo por su -inconsiderada conducta. Probó Don Carlos haber antes declarado que no -se casaría sin preceder la aprobación de su padre: ni aun entonces se -amansó la orgullosa altivez de Don Juan, que miraba la independencia y -derechos de la corona atropellados y ultrajados por los tratos de su -hijo.</p> - -<p>Ahora en la sometida y acobardada corte del Escorial, al oír que el -nombre de Napoleón andaba mezclado en las declaraciones del príncipe, -todos se estremecieron y anhelaron poner término a tamaño compromiso: -imaginándose que Fernando había obrado de acuerdo con el soberano de -Francia, y que había osado con su arrimo meterse en la arriesgada -empresa. El poder inmenso de Napoleón, y las tropas que<span -class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span> habiendo empezado a entrar -en España amenazaban de cerca a los que se opusiesen a sus intentos, -arredraron al generalísimo Godoy, y resolvió cortar el comenzado -proceso. Más y más debió confirmarle en su propósito un pliego que -desde París [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_1-9" -id="Ll_1-9">1-9</a>.)</span> en 11 de noviembre le escribió Izquierdo. -En él insertaba este una conferencia que había tenido con Champagny, -en la cual el ministro francés exigió de orden del emperador que por -<i>ningún motivo ni razón, y bajo ningún pretexto se hablase ni se -publicase en este negocio cosa que tuviese alusión al emperador ni a su -embajador</i>. Vacilante todavía el ánimo de Napoleón sobre el modo de -ejecutar sus planes respecto de España, no quería aparecer a vista de -Europa partícipe en los acontecimientos del Escorial.</p> - -<p>Antes de recibir el aviso de Izquierdo, le fue bastante al príncipe -de la Paz saber las nuevas declaraciones del real preso para pasar al -sitio desde Madrid, en donde como amalado había permanecido durante -el tiempo de la prisión. Hacía resolución con su viaje de cortar -una causa, cuyo giro presentaba un nuevo y desagradable semblante: -vio a los reyes, se concertó con ellos, y ofreció arreglar asunto -tan espinoso. Yendo pues al cuarto del príncipe se le presentó como -mediador, y le propuso que aplacase la cólera de sus augustos padres, -pidiéndoles con arrepentimiento contrito el más sumiso perdón: para -alcanzarle indicó como oportuno medio el que escribiese dos cartas -cuyos borradores llevaba consigo. Fernando copió las cartas. Sus -desgracias y el profundo odio<span class="pagenum" id="Page_29">p. -29</span> que había contra Godoy no dejaron lugar a penosas -reflexiones, y aun la disculpa halló cabida en ánimos exclusivamente -irritados contra el gobierno y manejos del favorito. Ambas cartas -se publicaron con el decreto de 5 de noviembre, y por lo curioso e -importante de aquellos documentos merecen que íntegramente aquí se -inserten. «La voz de la naturaleza [decía el decreto al consejo] -desarma el brazo de la venganza, y cuando la inadvertencia reclama la -piedad, no puede negarse a ello un padre amoroso. Mi hijo ha declarado -ya los autores del plan horrible que le habían hecho concebir unos -malvados: todo lo ha manifestado en forma de derecho, y todo consta con -la escrupulosidad que exige la ley en tales pruebas: su arrepentimiento -y asombro le han dictado las representaciones que me ha dirigido y -siguen:</p> - -<blockquote> - - <p>SEÑOR:</p> - - <p>«Papá mío: he delinquido, he faltado a V. M. como rey y como - padre; pero me arrepiento, y ofrezco a V. M. la obediencia más - humilde. Nada debía hacer sin noticia de V. M.; pero fui sorprendido. - He delatado a los culpables, y pido a V. M. me perdone por haberle - mentido la otra noche, permitiendo besar sus reales pies a su - reconocido hijo. — Fernando. — San Lorenzo 5 de noviembre de - 1807.»</p> - -</blockquote> - -<blockquote> - - <p>SEÑORA:</p> - - <p>«Mamá mía: estoy muy arrepentido del grandísimo delito que he - cometido contra mis padres y reyes, y así con la mayor humildad<span - class="pagenum" id="Page_30">p. 30</span> le pido a V. M. se digne - interceder con papá para que permita ir a besar sus reales pies a - su reconocido hijo. — Fernando. — San Lorenzo 5 de noviembre de - 1807.»</p> - -</blockquote> - -<p>»En vista de ellos y a ruego de la reina, mi amada esposa, perdono -a mi hijo, y le volveré a mi gracia cuando con su conducta me dé -pruebas de una verdadera reforma en su frágil manejo; y mando que los -mismos jueces que han entendido en la causa desde su principio, la -sigan, permitiéndoles asociados si los necesitaren, y que concluida -me consulten la sentencia ajustada a la ley, según fuesen la gravedad -de delitos y calidad de personas en quienes recaigan; teniendo por -principio para la formación de cargos las respuestas dadas por -el príncipe a las demandas que se le han hecho; pues todas están -rubricadas y firmadas de mi puño, así como los papeles aprehendidos en -sus mesas, escritos por su mano; y esta providencia se comunique a mis -consejos y tribunales, circulándola a mis pueblos, para que reconozcan -en ella mi piedad y justicia, y alivien la aflicción y cuidado en que -les puso mi primer decreto; pues en él verán el riesgo de su soberano -y padre que como a hijos los ama, y así me corresponden. Tendreislo -entendido para su cumplimiento. — San Lorenzo 5 de noviembre de -1807.»</p> - -<p>Presentar a Fernando ante la Europa entera como príncipe débil -y culpado; desacreditarle en la opinión nacional, y perderle en el -ánimo de sus parciales; poner a salvo al embajador francés, y separar -de todos los incidentes de la<span class="pagenum" id="Page_31">p. -31</span> causa a su gobierno, fue el principal intento que llevó Godoy -y su partido en la singular reconciliación de padre e hijo. Alcanzó -hasta cierto punto su objeto; mas el público aunque no enterado a fondo -echaba a mala parte la solícita mediación del privado, y el odio hacia -su persona en vez de mitigarse tomó nuevo incremento.</p> - -<div class="section"> - - <p>Para la prosecución de la causa contra los demás procesados - nombró el rey en el día 6 una junta compuesta de Don Arias Mon, Don - Sebastián de Torres y Don Domingo Campomanes, del consejo real, y - señaló como secretario a Don Benito Arias Prada, alcalde de corte. El - marqués Caballero, que en un principio se mostró riguroso, y tanto - que habiendo manifestado delante de los reyes ser el príncipe por - <i>siete capítulos</i> reo de pena capital, obligó a la ofendida - reina a suplicarle que se acordase que el acusado era su hijo; el - mismo Caballero arregló el modo de seguir la causa, y descartar de - ella todo lo que pudiera comprometer al príncipe y embajador francés; - rasgo propio de su ruin condición. Formada la sumaria fue elegido - para fiscal de la causa Don Simón de Viegas, y se agregaron a los - referidos jueces para dar la sentencia otros ocho consejeros. El - fiscal Viegas pidió que se impusiese la pena de traidores señalada - por la ley de partida a Don Juan Escóiquiz y al duque del Infantado, - y otras extraordinarias por infidelidad en el ejercicio de sus - empleos al conde de Orgaz, marqués de Ayerbe, y otras personas de la - servidumbre del príncipe de Asturias. Continuó el proceso hasta<span - class="pagenum" id="Page_32">p. 32</span> enero de 1808, en cuyo día - 25 los jueces no conformándose con la acusación fiscal, absolvieron - completamente y declararon libres de todo cargo a los perseguidos - como reos. Sin embargo el rey por sí y gubernativamente confinó y - envió a conventos, fortalezas o destierros a Escóiquiz y a los duques - del Infantado y de San Carlos y a otros varios de los complicados en - la causa: triste privilegio de toda potestad suprema que no halla en - las leyes justo límite a sus desafueros.</p> - -</div> - -<p>Tal fue el término del ruidoso y escandaloso proceso del Escorial. -Con dificultad se resguardarán de la severa censura de la posteridad -los que en él tomaron parte, los que le promovieron, los que le -fallaron; en una palabra, los acusados, los acusadores y los mismos -jueces. Vemos a un rey precipitarse a acusar en público a su hijo del -horrendo crimen de querer destronarle sin pruebas, y antes de que un -detenido juicio hubiese sellado con su fallo tamaña acusación. Y para -colmo de baldón en medio de tanta flaqueza y aceleramiento se nos -presenta como ángel de paz y mediador para la concordia el malhadado -favorito, principal origen de todos los males y desavenencias: -consejero y autor del decreto de 30 de octubre comprometió con suma -ligereza la alta dignidad del rey: promovedor de la concordia y del -perdón pedido y alcanzado, quiso desconceptuar al hijo sin dar realce -ni brillo a los sentimientos generosos de un apiadado padre. Fue -también desusado, y podemos decir ilegal el modo de proceder en la -causa. Según la sentencia que con una relación<span class="pagenum" -id="Page_33">p. 33</span> preliminar se publicó al subir Fernando -al trono, no se hizo mérito en su formación ni de algunas de las -declaraciones espontáneas del príncipe, ni de su carta a Napoleón, ni -de las conferencias con el embajador francés; a lo menos así se infiere -del definitivo fallo dado por el tribunal. Difícil sería acertar con el -motivo de tan extraño silencio, si no nos lo hubieran ya explicado los -temores que entonces infundía el nombre de Napoleón. Mas si la política -descubre la causa del extraordinario modo de proceder, no por eso queda -intacta y pura la austera imparcialidad de los magistrados: un proceso -después de comenzado no puede amoldarse al antojo de un tribunal, ni -descartarse a su arbitrio los documentos o pruebas más importantes. -Entre los jueces había respetables varones cuya integridad había -permanecido sin mancilla en el largo espacio de una honrosa carrera, -si bien hasta entonces negocios de tal cuantía no se habían puesto en -el crisol de su severa equidad. Fuese equivocación en su juicio, o -fuese más bien por razón de estado, lo cierto es que en la prosecución -y término de la causa se apartaron de las reglas de la justicia legal, -y la ofrecieron al público manca y no cumplidamente formada ni llevada -a cabo. Se contaban también en el número de jueces algunos amigos y -favorecidos del privado, como lo era el fiscal Viegas. Al ver que se -separaron en su voto de la opinión de este, aunque ya circunscrita a -ciertas personas, hubo quien creyera que el nombre de Napoleón y los -temores de la nube que se levantaba en el Pirineo, pesaron más en la -flexible<span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span> balanza de -su justicia que los empeños de la antigua amistad. Es de temer que -su conciencia perpleja con lo escabroso del asunto y lo arduo de las -circunstancias no se haya visto bastantemente desembarazada, y cual -convenía, de aquel sobresalto que ya antes se había apoderado del -blando y asustadizo ánimo de los cortesanos.</p> - -<p>Esta discordia en la familia real, esta división en los que -gobernaban siempre perjudicial y dolorosa, lo era mucho más ahora -en que una perfecta unión debiera haber estrechado a todos para -desconcertar las siniestras miras del gabinete de Francia, y para -imponerle con la íntima concordia el debido respeto. Ciegos unos y -otros buscaron en él amistad y arrimo; y desconociendo el peligro -común, le animaron con sus disensiones a la prosecución de falaces -intentos: alucinamiento general a los partidos que no aspiran sino a -cebar momentáneamente su saña, olvidándose de que a veces con la ruina -de su contrario el mismo vencedor facilita y labra la suya propia.</p> - -<p>Favorecido por la deplorable situación del gobierno español, fue -el francés adelante en su propósito, y confiado en ella aceleró -más bien que detuvo la marcha de Junot hacia Portugal. <span -class="sidenote">Marcha de Junot<br/> hacia Portugal.</span> Dejamos -a aquel general en Salamanca, adonde había llegado en los primeros -días de noviembre, recibiendo de allí a poco orden ejecutiva de -Napoleón para que no difiriese la continuación de su empresa bajo -pretexto alguno ni aun por falta de mantenimientos, <i>pudiendo -20.000 hombres</i>, según decía, <i>vivir por todas partes aun en -el desierto</i>. Estimulado Junot con tan<span class="pagenum" -id="Page_35">p. 35</span> premioso mandato, determinó tomar el camino -más breve sin reparar en los tropiezos ni obstáculos de un terreno -para él del todo desconocido. Salió el 12 de Salamanca, y tomando la -vuelta de Ciudad Rodrigo y el puerto de Perales, llegó a Alcántara -al cabo de cinco días. Reunido allí con algunas fuerzas españolas a -las órdenes del general Don Juan Carrafa, atravesaron los franceses -el Erjas, río fronterizo, <span class="sidenote">Entrada<br/> en -Portugal:<br/> 19 de noviembre<br/> de 1807.</span> y llegaron a -Castello-Branco sin habérseles opuesto resistencia. Prosiguieron su -marcha por aquel fragoso país, y encontrándose con terreno tan quebrado -y de caminos poco trillados, quedaron bien pronto atrás la artillería -y los bagajes. Los pueblos del tránsito pobres y desprevenidos no -ofrecieron ni recursos ni abrigo a las tropas invasoras, las que -acosadas por la necesidad y el hambre cometieron todo linaje de excesos -contra moradores desacostumbrados de largo tiempo a las calamidades -de la guerra. Desgraciadamente los españoles que iban en su compañía -imitaron el mal ejemplo de sus aliados, muy diverso del que les dieron -las tropas que penetraron por Badajoz y Galicia, si bien es verdad que -asistieron a estas menos motivos de desorden e indisciplina.</p> - -<div class="sidenote">Llegada<br/> a Abrantes:<br/> 23 de -noviembre.</div> - -<p>La vanguardia llegó el 23 a Abrantes distante 25 leguas de Lisboa. -Hasta entonces no había recibido el gobierno portugués aviso cierto -de que los franceses hubieran pasado la frontera: inexplicable -descuido, pero propio de la dejadez y abandono con que eran gobernados -los pueblos de la península. Antes de esto y verificada la salida -de los embajadores, había el<span class="pagenum" id="Page_36">p. -36</span> gabinete de Lisboa buscado algún medio de acomodamiento, -condescendiendo más y más con los deseos que aquellos habían mostrado a -nombre de sus cortes: era el encontrarle tanto más difícil, cuanto el -mismo ministerio portugués estaba entre sí poco acorde. Dos opiniones -políticas le dividían; una de ellas la de contraer amistad y alianza -con Francia como medida la más propia para salvar la actual dinastía -y aun la independencia nacional; y otra la de estrechar los antiguos -vínculos con la Inglaterra, pudiendo así levantar de los mares allá un -nuevo Portugal, si el de Europa tenía que someterse a la irresistible -fuerza del emperador francés. Seguía la primera opinión el ministro -Araujo, y contaba la segunda como principal cabeza al consejero de -estado Don Rodrigo de Sousa Coutiño. Se inclinaba muy a las claras a -la última el príncipe regente, si a ello no se oponía el bien de sus -súbditos y el interés de su familia. Después de larga incertidumbre -se convino al fin en adoptar ciertas medidas contemporizadoras, -como si con ellas se hubiera podido satisfacer a quien solamente -deseaba simulados motivos de usurpación y conquista. Para ponerlas en -ejecución sin gran menoscabo de los intereses británicos, se dejó que -tranquilamente diese la vela el 18 de octubre la factoría inglesa, la -cual llevó a su bordo respetables familias extranjeras con cuantiosos -caudales.</p> - -<div class="sidenote">Proclama del<br/> príncipe regente<br/> de -Portugal:<br/> 22 de noviembre.</div> - -<p>A pocos días, el 22 del mismo mes, se publicó una proclama -prohibiendo todo comercio y relación con la Gran Bretaña, y declarando -que S. M. F. accedía a la causa general del Continente.<span -class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span> Cuando se creía satisfacer -algún tanto con esta manifestación al gabinete de Francia, llegó a -Lisboa apresuradamente el embajador portugués en París, y dio aviso -de cómo había encontrado en España el ejército imperial, dirigiéndose -a precipitadas marchas hacia la embocadura del Tajo. Azorados con -la nueva los ministros portugueses, vieron que nada podía ya bastar -a conjurar la espantosa y amenazadora nube, sino la admisión pura -y sencilla de lo que España y Francia habían pedido en agosto. Se -mandaron pues secuestrar todas las mercancías inglesas, y se pusieron -bajo la vigilancia pública los súbditos de aquella nación residentes en -Portugal. La orden se ejecutó lentamente y sin gran rigor, mas obligó -al embajador inglés Lord Strangford a irse a bordo de la escuadra que -cruzaba a la entrada del puerto a las órdenes de Sir Sidney Smith. Muy -duro fue al príncipe regente tener que tomar aquellas medidas: virtuoso -y timorato las creía contrarias a la debida protección, dispensada por -anteriores tratados a laboriosos y tranquilos extranjeros: la cruel -necesidad pudo solo forzarle a desviarse de sus ajustados y severos -principios. Aumentáronse los recelos y las zozobras con la repentina -arribada a las riberas del Tajo de una escuadra rusa, la cual de vuelta -del Archipiélago fondeó en Lisboa, no habiendo permitido los ingleses -al almirante Siniavin que la mandaba, entrar a invernar en Cádiz: lo -que fue obra del acaso, se atribuyó a plan premeditado, y a conciertos -entre Napoleón y el gabinete de San Petersburgo.</p> - -<p>Para dar mayor valor a lo acordado, el gobierno<span class="pagenum" -id="Page_38">p. 38</span> portugués despachó a París en calidad de -embajador extraordinario al marqués de Marialva, con el objeto también -de proponer el casamiento del príncipe de Beira con una hija del gran -duque de Berg. Inútiles precauciones: los sucesos se precipitaron de -manera que Marialva no llegó ni a pisar la tierra de Francia.</p> - -<div class="sidenote">Instancia de Lord<br/> Strangford para<br/> que se -embarque.</div> - -<p>Noticioso Lord Strangford de la entrada en Abrantes del ejército -francés, volvió a desembarcar, y reiterando al príncipe regente -los ofrecimientos más amistosos de parte de su antiguo aliado, le -aconsejó que sin tardanza se retirase al Brasil, en cuyos vastos -dominios adquiriría nuevo lustre la esclarecida casa de Braganza. Don -Rodrigo de Sousa Coutiño apoyó el prudente dictamen del embajador, y -el 26 de noviembre se anunció al pueblo de Lisboa la resolución que -la corte había tomado de trasladar su residencia a Río de Janeiro -hasta la conclusión de la paz general. Sir Sidney Smith, célebre por -su resistencia en San Juan de Acre, quería poner a Lisboa en estado -de defensa; pero este arranque digno del elevado pecho de un marino -intrépido, si bien hubiera podido retardar la marcha de Junot, y aun -destruir su fatigado ejército, al fin hubiera inútilmente causado la -ruina de Lisboa, atendiendo a la profunda tranquilidad que todavía -reinaba en derredor por todas partes.</p> - -<p>El príncipe Don Juan nombró antes de su partida un consejo de -regencia compuesto de cinco personas, a cuyo frente estaba el marqués -de Abrantes, con encargo de no dar al ejército francés ocasión de -queja, ni fundado motivo<span class="pagenum" id="Page_39">p. -39</span> de que se alterase la buena armonía entre ambas naciones. Se -dispuso el embarco para el 27, y S. A. el príncipe regente traspasado -de dolor salió del palacio de Ajuda conmovido, trémulo y bañado en -lágrimas su demudado rostro: el pueblo colmándole de bendiciones le -acompañaba en su justa y profunda aflicción. La princesa su esposa, -quien en los preparativos del viaje mostró aquel carácter y varonil -energía que en otras ocasiones menos plausibles ha mostrado en lo -sucesivo, iba en un coche con sus tiernos hijos, y dio órdenes para -pasarlos a bordo, y tomar otras convenientes disposiciones con -presencia de ánimo admirable. Al cabo de 16 años de retiro y demencia -apareció en público la reina madre, y en medio del insensible desvarío -de su locura quiso algunos instantes como volver a recobrar la razón -perdida. Molesto y lamentable espectáculo con que quedaron rendidos a -profunda tristeza los fieles moradores de Lisboa: dudosos del porvenir -olvidaban en parte la suerte que les aguardaba, dirigiendo al cielo -fervorosas plegarias por la salud y feliz viaje de la real familia. -La inquietud y el desasosiego creció de punto al ver que por vientos -contrarios la escuadra no salía del puerto.</p> - -<div class="sidenote">29 de noviembre:<br/> da la vela<br/> la familia -real<br/> portuguesa.</div> - -<p>Al fin el 29 dio la vela, y tan oportunamente que a las diez de -aquella misma noche llegaron los franceses a Sacavém, distante dos -leguas de Lisboa. Junot desde su llegada a Abrantes había dado nueva -forma a la vanguardia de su desarreglado ejército, y había tratado de -superar los obstáculos que con las grandes avenidas retardaban echar un -puente para pasar el<span class="pagenum" id="Page_40">p. 40</span> -Cécere. Antes que los ingenieros hubieran podido concluir la emprendida -obra, ordenó que en barcas cruzasen el río parte de las fuerzas de su -mando, y con diligencia apresuró su marcha. Ahora ofrecía el país más -recursos, pero a pesar de la fertilidad de los campos, de los muchos -víveres que proporcionó Santarén, y de la mejor disciplina, el número -de soldados rezagados era tan considerable, que las deliciosas quintas -de las orillas del Tajo, y las solitarias granjas fueron entregadas al -saco, y pilladas como lo había sido el país que media entre Abrantes y -la frontera española.</p> - -<div class="sidenote">30 de noviembre:<br/> entrada de Junot<br/> en -Lisboa.</div> - -<p>Amaneció el 30 y vio Lisboa entrar por sus muros al invasor -extranjero; día de luto y desoladora aflicción: otros años lo había -sido de festejos públicos y general regocijo, como víspera del día en -que Pinto Ribeiro y sus parciales, arrojando a los españoles, habían -aclamado y ensalzado a la casa de Braganza; época sin duda gloriosa -para Portugal, sumamente desgraciada para la unión y prosperidad del -conjunto de los pueblos peninsulares. Seguía a Junot una tropa flaca -y estropeada, molida con las forzadas marchas, sin artillería, y muy -desprovista: muestra poco ventajosa de las temidas huestes de Napoleón. -Hasta la misma naturaleza pareció tomar parte en suceso tan importante, -habiendo aunque ligeramente temblado la tierra. Junot arrebatado por -su imaginación, y aprovechándose de este incidente, en tono gentílico -y supersticioso daba cuenta de su expedición escribiendo al ministro -Clarke: «Los dioses se declaran en nuestro favor: lo vaticina<span -class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span> el terremoto que atestiguando -su omnipotencia no nos ha causado daño alguno.» Con más razón hubiera -podido contemplar aquel fenómeno graduándole de présago anuncio de los -males que amenazaban a los autores de la agresión injusta de un estado -independiente.</p> - -<p>Conservó Junot por entonces la regencia que antes de embarcarse -había nombrado el príncipe, pero agregando a ella al francés Hermann. -Sin contar mucho con la autoridad nacional resolvió por sí imponer al -comercio de Lisboa un empréstito forzoso de dos millones de cruzados, -y confiscar todas las mercancías británicas, aun aquellas que eran -consideradas como de propiedad portuguesa. El cardenal patriarca -de Lisboa, el inquisidor general y otros prelados publicaron y -circularon pastorales en favor de la sumisión y obediencia al nuevo -gobierno; reprensibles exhortos, aunque hayan sido dados por impulso -e insinuaciones de Junot. El pueblo, agitado, dio señales de mucho -descontento cuando el 13 vio que en el arsenal se enarbolaba la -bandera extranjera en lugar de la portuguesa. Apuró su sufrimiento la -pomposa y magnífica revista que hubo dos días después en la plaza del -Rossio: allí dio el general en jefe gracias a las tropas en nombre del -emperador, y al mismo tiempo se tremoló en el castillo con veinticinco -cañonazos repetidos por todos los fuertes la bandera francesa. -Universal murmullo respondió a estas demostraciones del extranjero, -y hubiérase seguido una terrible explosión, si un hombre audaz -hubiera osado acaudillar a la multitud conmovida. La presencia<span -class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span> de la fuerza armada contuvo -el sentimiento de indignación que aparecía en los semblantes del -numeroso concurso; solo en la tarde con motivo de haber preso a un -soldado de la policía portuguesa, se alborotó el populacho, quiso -sacarle de entre las manos de los franceses, y hubo de una y otra -parte muertes y desgracias. El tumulto no se sosegó del todo hasta el -día siguiente por la mañana, en que se ocuparon las plazas y puntos -importantes con artillería y suficientes tropas.</p> - -<p>Al comenzar diciembre, no completa todavía su división, -Don Francisco María Solano, marqués del Socorro, <span -class="sidenote">Entrada<br/> de los españoles<br/> en Portugal.</span> -se apoderó sin oposición de Elvas, después de haber consultado su -comandante al gobierno de Lisboa. Antes de entrar en Portugal había -recomendado a sus tropas por medio de una proclama la más severa -disciplina; conservose en efecto, aunque obligado Socorro a poner en -ejecución las órdenes arbitrarias de Junot, causaba a veces mucho -disgusto en los habitantes, manifestando sin embargo en todo lo que -era compatible con sus instrucciones, desinterés y loable integridad. -Al mismo tiempo creyéndose dueño tranquilo del país, empezó a querer -transformar a Setúbal en otra Salento, ideando reformas en que -generalmente más bien mostraba buen deseo, que profundos conocimientos -de administración y de hombre de estado. Sus experiencias no fueron de -larga duración.</p> - -<p>Por Tomar y Coimbra se dirigieron a Oporto algunos cuerpos de -la división de Carrafa, los que sirvieron para completar la del -general<span class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span> Don Francisco -Taranco, quien por aquellos primeros días de diciembre cruzó el -Miño con solos 6000 hombres, en lugar de los 10.000 que era el -contingente pedido: modelo de prudencia y cordura, mereció Taranco el -agradecimiento y los elogios de los habitantes de aquella provincia. El -portugués Accursio das Neves alaba en su historia la severa disciplina -del ejército, la moderación y prudencia del general Taranco, y añade: -«el nombre de este general será pronunciado con eterno agradecimiento -por los naturales, testigos de su dulzura e integridad; tan sincero -en sus promesas como Junot pérfido y falaz en las suyas.» Agrada oír -el testimonio honroso que por boca imparcial ha sido dado a un jefe -bizarro, amante de la justicia y de la disciplina militar, al tiempo -que muy diversas escenas se representaban lastimosamente en Lisboa.</p> - -<div class="sidenote">16 de noviembre:<br/> viaje de Napoleón<br/> a -Italia.</div> - -<p>Así iban las cosas de Portugal, entretanto que Bonaparte después -de haberse detenido unos días por las ocurrencias del Escorial, salió -al fin para Italia el 16 de noviembre. Era uno de los objetos de su -viaje poner en ejecución el artículo del tratado de Fontainebleau, -por el que la Etruria o Toscana era agregada al imperio de Francia. -Gobernaba aquel reino como regenta desde la muerte de su esposo la -infanta Doña María Luisa, quien ignoraba el traspaso hecho sin su -anuencia de los estados de su hijo. Y no habiendo precedido aviso -alguno ni confidencial de sus mismos padres los reyes de España, la -Regenta se halló sorprendida el 23 de noviembre con haberla comunicado -el<span class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span> ministro francés -D’Aubusson que era necesario se preparase a dejar sus dominios, -estando para ocuparlos las tropas de su amo el emperador, en virtud -de cesión que le había hecho España. <span class="sidenote">Reina de -Etruria.</span> Aturdida la reina con la singularidad e importancia de -tal nueva, apenas daba crédito a lo que veía y oía, y por de pronto se -resistió al cumplimiento de la desusada intimación; pero insistiendo -con más fuerza el ministro de Francia, y propasándose a amenazarla, se -vio obligada la reina a someterse a su dura suerte; y con su familia -salió de Florencia el 1.º de diciembre. Al paso por Milán tuvo vistas -con Napoleón: alegrábase del feliz encuentro confiando hallar alivio -a sus penas, mas en vez de consuelos solo recibió nuevos desengaños. -Y como si no bastase para oprimirla de dolor el impensado despojo del -reino de su hijo, acrecentó Napoleón los disgustos de la desvalida -reina, achacando la culpa del estipulado cambio al gobierno de -España. Es también de advertir que después de abultarle sobremanera -lo acaecido en el Escorial, le aconsejó que suspendiese su viaje, y -aguardase en Turín o Niza el fin de aquellas disensiones; indicio -claro de que ya entonces no pensaba cumplir en nada lo que dos meses -antes había pactado en Fontainebleau. Siguió sin embargo la familia -de Parma, desposeída del trono de Etruria, su viaje a España, a donde -iba a ser testigo y partícipe de nuevas desgracias y trastornos. Así -en dos puntos opuestos, y al mismo tiempo, fueron despojadas de sus -tronos dos esclarecidas estirpes: una quizá para siempre, otra<span -class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span> para recobrarle con mayor -brillo y gloria.</p> - -<div class="sidenote">Carta<br/> de Carlos IV<br/> a Napoleón.</div> - -<p>Aún estaba en Milán Napoleón cuando contestó a una carta de Carlos -IV recibida poco antes, en la que le proponía este monarca enlazar a -su hijo Fernando con una princesa de la familia imperial. Asustado -como hemos dicho el príncipe de la Paz con ver complicado el nombre -francés en la causa del Escorial, pareciole oportuno mover al rey a -dar un paso que suavizara la temida indignación del emperador de los -franceses. Incierto este en aquel tiempo sobre el modo de enseñorearse -de España, no desechó la propuesta, antes bien la aceptó afirmando -en su contestación no haber nunca recibido carta alguna del príncipe -de Asturias; disimulo en la ocasión lícito y aun atento. <span -class="sidenote">Dudas<br/> de Napoleón<br/> sobre su conducta<br/> -respecto<br/> de España.</span> Debió sin duda inclinarse entonces Bonaparte -al indicado casamiento, habiéndosele formalmente propuesto en Mantua -a su hermano Luciano, a quien también ofreció allí el trono de -Portugal, olvidándose o más bien burlándose de lo que poco antes había -solemnemente pactado, como varias veces nos lo ha dado ya a entender -con su conducta. Luciano o por desvío, o por no confiar en las palabras -de Napoleón, no admitió el ofrecido cetro, mas no desdeñó el enlace de -su hija con el heredero de la corona de España, enlace que a pesar de -la repugnancia de la futura esposa, hubiera tenido cumplido efecto si -el emperador francés no hubiera alterado o mudado su primitivo plan.</p> - -<p>Llena empero de admiración que en la importantísima empresa de la -península anduviese su prevenido ánimo tan vacilante y dudoso.<span -class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span> Una sola idea parece que -hasta entonces se había grabado en su mente; la de mandar sin embarazo -ni estorbos en aquel vasto país, confiando a su feliz estrella o a las -circunstancias el conseguir su propósito y acertar con los medios. Así -a ciegas y con más frecuencia de lo que se piensa suele revolverse y -trocarse la suerte de las naciones.</p> - -<p>De todos modos era necesario contar con poderosas fuerzas para el -fácil logro de cualquiera plan que a lo último adoptase. Con este -objeto se formaba en Bayona el segundo cuerpo de observación de la -Gironda, en tanto que el primero atravesaba por España. Constaba de -24.000 hombres de infantería, nuevamente organizada con soldados de -la conscripción de 1808 pedida con anticipación, y de 3500 caballos -sacados de los depósitos de lo interior de Francia, con los que se -formaron regimientos provisionales de coraceros y cazadores. Mandaba -en jefe el general Dupont, y las tres divisiones en que se distribuía -aquel cuerpo de ejército estaban a cargo de los generales Barbou, -Vedel y Malher, y al del piamontés Fresia la caballería. Empezó a -entrar en España sin convenio anterior ni conformidad del gabinete de -Francia con el nuestro, con arreglo a lo prevenido en la convención -secreta de Fontainebleau: infracción precursora de otras muchas. <span -class="sidenote">22 de diciembre:<br/> Dupont en Irún.</span> Dupont -llegó a Irún el 22 de diciembre, y en enero estableció su cuartel -general en Valladolid, con partidas destacadas camino de Salamanca, -como si hubiera de dirigirse hacia los linderos de Portugal. La -conducta del nuevo ejército fue<span class="pagenum" id="Page_47">p. -47</span> más indiscreta y arrogante que la del primero, y daba indicio -de lo que se disponía. Estimulaba con su ejemplo el mismo general en -jefe, cuyo comportamiento tocaba a veces en la raya del desenfreno. -En Valladolid echó por fuerza de su habitación a los marqueses de -Ordoño en cuya casa alojaba, y al fin se vieron obligados a dejársela -toda entera a su libre disposición: tal era la dureza y malos tratos, -mayormente sensibles por provenir de quien se decía aliado, y por ser -en un país en donde era transcurrido un siglo con la dicha de no haber -visto ejército enemigo, con cuyo nombre en adelante deberá calificarse -al que los franceses habían metido en España.</p> - -<p>No se habían pasado los primeros días de enero sin que pisase -su territorio otro tercer cuerpo compuesto de 25.000 hombres de -infantería y 2700 caballos, que había sido formado de soldados -bisoños, trasladados en posta a Burdeos de los depósitos del norte. -<span class="sidenote">9 de enero:<br/> Entrada<br/> del cuerpo<br/> -de Moncey.</span> Principió a entrar por la frontera el 9 del mismo -enero, siendo capitaneado por el mariscal Moncey, y con el nombre de -cuerpo de observación de las costas del océano: era el general Harispe -jefe de estado mayor; mandaba la caballería Grouchy, y las respectivas -divisiones Musnier de la Converserie, Morlot y Gobert. Prosiguió su -marcha hasta los lindes de Castilla, como si no hubiera hecho otra cosa -que continuar por provincias de Francia, prescindiendo de la anuencia -del gobierno español, y quebrantando de nuevo y descaradamente los -conciertos y empeños con él contraídos.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_48">p. 48</span>Inquietaba a la -corte de Madrid la conducta extraña e inexplicable de su aliado, -y cada día se acrecentaba su sobresalto con los desaires que en -París recibían Izquierdo y el embajador príncipe de Maserano. -Napoleón dejaba ver más a las claras su premeditada resolución, y -a veces despreciando altamente al príncipe de la Paz, censuraba -con acrimonia los procedimientos de su administración. Desatendía -de todo punto sus reclamaciones, y respondiendo con desdén al -manifestado deseo de que se mudase al embajador Beauharnais a causa -de su oficiosa diligencia en el asunto del proyectado casamiento, -<span class="sidenote">Publicaciones<br/> del Monitor: 24<br/> de -enero de 1808.</span> dio por último en el Monitor de 24 de enero -un auténtico y público testimonio del olvido en que había echado el -tratado de Fontainebleau y al mismo tiempo dejó traslucir las tramas -que contra España urdía. Se insertaron pues en el diario de oficio -dos exposiciones del ministro Champagny, una atrasada del 21 de -octubre, y otra más reciente del 2 de enero de aquel año. La primera -se publicó, digámoslo así, para servir de introducción a la segunda, -en la que después de considerar al Brasil como colonia inglesa, y de -congratularse el ministro de que por lo menos se viese Portugal libre -del yugo y fatal influjo de los enemigos del Continente, concluía con -que intentando estos dirigir expediciones secretas hacia los mares de -Cádiz, la península entera fijaría la atención de S. M. I. Acompañó a -las exposiciones un informe no menos notable del ministro de la guerra -Clarke con fecha de 6 de enero, en el que se trataba de demostrar la -necesidad de exigir la conscripción de 1809 para<span class="pagenum" -id="Page_49">p. 49</span> formar el cuerpo de observación del océano, -sobre el que nada se había hablado ni comunicado anteriormente al -gobierno español: inútil es recordar que el sumiso senado de Francia -concedió pocos días después el pedido alistamiento. Puestas de -manifiesto cada vez más las torcidas intenciones del gabinete de -Saint-Cloud, llegamos ya al estrecho en que todo disfraz y disimulo se -echó a un lado, y en que cesó todo género de miramientos.</p> - -<div class="sidenote">1.º de febrero<br/> de 1808:<br/> proclama<br/> -de Junot.</div> - -<p>En 1.º de febrero hizo Junot saber al público por medio de una -proclama «que la casa de Braganza había cesado de reinar, y que el -emperador Napoleón habiendo tomado bajo su protección el hermoso -país de Portugal, quería que fuese administrado y gobernado <i>en su -totalidad</i> a nombre suyo y por el general en jefe de su ejército.» -Así se desvanecieron los sueños de soberanía del deslumbrado Godoy, -y se frustraron a la casa de Parma las esperanzas de una justa -y debida indemnización. <span class="sidenote">Forma<br/> nueva -regencia<br/> de que se nombra<br/> presidente.</span> Junot se apoderó -del mando supremo a nombre de su soberano, extinguió la regencia -elegida por el príncipe Don Juan antes de su embarco, reemplazándola -con un consejo de regencia de que él mismo era presidente. Y para -colmar de amargura a los portugueses y aumentar, si era posible, su -descontento, publicó en el mismo día un decreto de Napoleón, dado -en Milán a 23 de diciembre, <span class="sidenote">Gravosa<br/> -contribución<br/> extraordinaria.</span> por el que se imponía a -Portugal una contribución extraordinaria de guerra de cien millones -de francos, como redención, decía, de todas las propiedades -pertenecientes a particulares; se secuestraban también todos los bienes -y heredamientos<span class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span> de -la familia real, y de los hidalgos que habían seguido su suerte. Con -estas arbitrarias disposiciones trataba a Portugal, que no había hecho -insulto ni resistencia alguna, como país conquistado, y le trataba con -dureza digna de la edad media. Gravar extraordinariamente con cien -millones de francos a un reino de la extensión y riqueza de Portugal, -al paso que con la adopción del sistema continental se le privaba de -sus principales recursos, era lo mismo que decretar su completa ruina -y aniquilamiento. No ascendía probablemente a tanto la moneda que -era necesaria para los cambios y diaria circulación, y hubiera sido -materialmente imposible realizar su pago si Junot convencido de las -insuperables dificultades que se ofrecían para su pronta e inmediata -exacción, no hubiera fijado plazos, y acordado ciertas e indispensables -limitaciones. De ofensa más bien que de suave consuelo pudiera -graduarse el haber trazado al margen de destructoras medidas un cuadro -lisonjero de la futura felicidad de Portugal, con la no menos halagüeña -esperanza de que nuevos Camoens nacerían para ilustrar el parnaso -lusitano. A poder reanimarse las muertas cenizas del cantor de Gama, -solo hubieran tomado vida para alentar a sus compatriotas contra el -opresor extranjero, y para excitarlos vigorosamente a que no empañasen -con su sumisión las inmortales glorias adquiridas por sus antepasados -hasta en las regiones más apartadas del mundo.</p> - -<p>Todavía no había llegado el oportuno momento de que el noble orgullo -de aquella nación abiertamente se declarase; pero queriendo<span -class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span> con el silencio expresar de -un modo significativo los sentimientos que abrigaba en su generoso -pecho, tres fueron los solos habitantes de Lisboa que iluminaron sus -casas en celebridad de la mudanza acaecida.</p> - -<div class="sidenote">Envía a Francia<br/> una división<br/> -portuguesa.</div> - -<p>Los temores que a Junot infundía la injusticia de sus -procedimientos, le dictaron acelerar la salida de las pocas y antiguas -tropas portuguesas que aún existían, y formando de ellas una corta -división de apenas 10.000 hombres, dio el mando al marqués de Alorna, y -no se había pasado un mes cuando tomaron el camino de Valladolid. Gran -número desertó antes de llegar a su destino.</p> - -<div class="section"> - - <p>Clara ya y del todo descubierta la política de Napoleón respecto - de Portugal, disponían en tanto los fingidos aliados de España dar - al mundo una señalada prueba de alevosía. Por las estrechuras de - Roncesvalles se encaminó hacia Pamplona el general D’Armagnac con - tres batallones, y presentándose repentinamente delante de aquella - plaza, se le permitió sin obstáculo alojar dentro sus tropas: no - contento el francés con esta demostración de amistad y confianza, - solicitó del virrey marqués de Vallesantoro meter en la ciudadela - dos batallones de suizos, socolor de tener recelos de su fidelidad. - Negose a ello el virrey alegando que no le era lícito acceder a tan - grave propuesta sin autoridad de la corte: adecuada contestación y - digna del debido elogio, si la vigilancia hubiera correspondido a - lo que requería la crítica situación de la plaza. Pero tal era el - descuido, tal el incomprensible abandono, que hasta dentro de la - misma ciudadela<span class="pagenum" id="Page_52">p. 52</span> iban - todos los días los soldados franceses a buscar sus raciones, sin - que se tomasen ni las comunes precauciones de tiempo de paz. No así - desprevenido el general D’Armagnac se había de antemano hospedado - en casa del marqués de Besolla, porque situado aquel edificio al - remate de la explanada y en frente de la puerta principal de la - ciudadela, podía desde allí con más facilidad acechar el oportuno - momento para la ejecución de su alevoso designio. Viendo frustrado su - primer intento con la repulsa del virrey, ideó el francés recurrir - a un vergonzoso ardid. <span class="sidenote">16 de febrero:<br/> - toma<br/> de la ciudadela<br/> de Pamplona.</span> Uno a uno y con - estudiada disimulación mandó que en la noche del 15 al 16 de febrero - pasasen con armas a su posada cierto número de granaderos, al paso - que en la mañana siguiente soldados escogidos, guiados bajo disfraz - por el jefe de batallón Robert, acudieron a la ciudadela a tomar - los víveres de costumbre. Nevaba, y bajo pretexto de aguardar a - su jefe empezaron los últimos a divertirse tirándose unos a otros - pellas de nieve: distrajeron con el entretenimiento la atención de - los soldados españoles, y corriendo y jugando de aquella manera - se pusieron algunos sobre el puente levadizo para impedir que le - alzasen. A poco y a una señal convenida se abalanzaron los restantes - al cuerpo de guardia, desarmaron a los descuidados centinelas, y - apoderándose de los fusiles del resto de la tropa colocados en el - armero, franquearon la entrada a los granaderos ocultos en casa de - D’Armagnac, a los que de cerca siguieron todos los demás. La traición - se ejecutó con tanta celeridad que apenas había recibido la primera - noticia el desavisado<span class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span> - virrey, cuando ya los franceses se habían del todo posesionado de la - ciudadela. D’Armagnac le escribió entonces, a manera de satisfacción, - un oficio en que al paso que se disculpaba con la necesidad, - lisonjeábase de que en nada se alteraría la buena armonía propia - de dos fieles aliados: género de mofa con que hacía resaltar su - fementida conducta.</p> - -</div> - -<p>Por el mismo tiempo se había reunido en los Pirineos orientales una -división de tropas italianas y francesas, compuesta de 11.000 hombres -de infantería y 1700 de caballería: <span class="sidenote">Entra -Duhesme<br/> en Cataluña.</span> en 4 de febrero tomó en Perpiñán el -mando el general Duhesme, quien en sus memorias cuenta solo disponibles -7000 soldados: a sus órdenes estaban el general italiano Lecchi y el -francés Chabran. A pocos días penetraron por la Junquera dirigiéndose -a Barcelona con intento, decían, de proseguir su viaje a Valencia. -Antes de avistar los muros de la capital de Cataluña recibió Duhesme -una intimación del capitán general conde de Ezpeleta, sucesor por -aquellos días del de Santa Clara para suspender su marcha hasta tanto -que consultase a la corte. Completamente ignoraba esta el envío de -tropas por el lado oriental de España, ni el embajador francés había -siquiera informado de la novedad, tanto más importante cuanto Portugal -no podía servir de capa a la reciente expedición. Duhesme lejos de -arredrarse con el requerimiento de Ezpeleta, contestó de palabra con -arrogancia que a todo evento llevaría a cabo las órdenes del emperador, -y que sobre el capitán general de Cataluña recaería la responsabilidad -de cualquiera desavenencia.<span class="pagenum" id="Page_54">p. -54</span> Celebró un consejo el conde de Ezpeleta, y en él se acordó -permitir la entrada en Barcelona a las tropas francesas. <span -class="sidenote">Llega<br/> a Barcelona.</span> Así lo realizaron el 13 -de aquel mes quedando no obstante en poder de la guarnición española -Monjuich y la ciudadela. Pidió Duhesme que en prueba de buena armonía -se dejase a sus tropas alternar con las nacionales en la guardia de -todas las puertas. Falto de instrucciones y temeroso de la enemistad -francesa accedió Ezpeleta con harta si bien disculpable debilidad a la -imperiosa demanda, colocando Duhesme en la puerta principal de la misma -ciudadela una compañía de granaderos, en cuyo puesto había solamente 20 -soldados españoles. Pesaroso el capitán general de haber llevado tan -allá su condescendencia, rogó al francés que retirase aquel piquete; -pero muy otras eran las intenciones del último, no contentándose ya -con nada menos que con la total ocupación. Andaba también Duhesme más -receloso a causa de la llegada a Barcelona del oficial de artillería -Don Joaquín Osma, a quien suponía enviado con especial encargo de que -se velase a la conservación de la plaza, probable conjetura en efecto -si en Madrid hubiera habido sombra de buen gobierno; mas era tan al -contrario, que Osma había sido comisionado para facilitar a los aliados -cuanto apeteciesen, y para recomendar la buena armonía y mejor trato. -Solo se le insinuó en instrucción verbal que procurase de paso indagar -en las conversaciones con los oficiales cuál fuese el verdadero objeto -de la expedición, como si para ello hubiera habido necesidad de correr -hasta Barcelona,<span class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span> y de -despachar expresamente un oficial de explorador.</p> - -<div class="sidenote">28 de febrero:<br/> sorpresa<br/> de la -ciudadela<br/> de Barcelona.</div> - -<p>Trató en fin Duhesme de apoderarse por sorpresa de la ciudadela y de -Monjuich el 28 de febrero: fue estimulado con el recibo aquel mismo día -de una carta escrita en París por el ministro de la Guerra, en la que -le suponía dueño de los fuertes de Barcelona; tácito modo de ordenar lo -que a las claras hubiera sido inicuo y vergonzoso. Para adormecer la -vigilancia de los españoles esparcieron los franceses por la ciudad que -se les había enviado la orden de continuar su camino a Cádiz, mentirosa -voz que se hacía más verosímil con la llegada del correo recibido. -Dijeron también que antes de la partida debían revistar las tropas, -y con aquel pretexto las juntaron en la explanada de la ciudadela, -apostando en el camino que de allí va a la Aduana un batallón de -vélites italianos, y colocando la demás fuerza de modo que llamase -hacia otra parte la atención de los curiosos. Hecha la reseña de -algunos cuerpos se dirigió el general Lecchi, con grande acompañamiento -de estado mayor, del lado de la puerta principal de la ciudadela, y -aparentando comunicar órdenes al oficial de guardia se detuvo en el -puente levadizo para dar lugar a que los vélites, cuya derecha se había -apoyado en la misma estacada, avanzasen cubiertos por el revellín -que defiende la entrada: ganaron de este modo el puente embarazado -con los caballos, después de haber arrollado al primer centinela, -cuya voz fue apagada por el ruido de los tambores franceses que en -las bóvedas resonaban. Entonces penetró Lecchi<span class="pagenum" -id="Page_56">p. 56</span> dentro del recinto principal con su numerosa -comitiva, le siguió el batallón de vélites y la compañía de granaderos, -que ya de antemano montaba la guardia en la puerta principal, reprimió -a los 20 españoles, obligados a ceder al número y a la sorpresa: -cuatro batallones franceses acudieron después a sostener al que -primero había entrado a hurtadillas, y acabaron de hacerse dueños -de la ciudadela. Dos batallones de guardias españolas y valonas la -guarnecían; pero llenos de confianza oficiales y soldados habían ido -a la ciudad a sus diversas ocupaciones, y cuando quisieron volver a -sus puestos encontraron resistencia en los franceses, quienes al fin -se lo permitieron después de haber tomado escrupulosas precauciones. -Los españoles pasaron luego la noche y casi todo el siguiente día -formados enfrente de sus nuevos y molestos huéspedes; e inquietos estos -con aquella hostil demostración, lograron que se diese orden a los -nuestros de acuartelarse fuera, y evacuar la plaza. Santilly, comandante -español, así que vio tan desleal proceder, se presentó a Lecchi como -prisionero de guerra, quien osando recordarle la amistad y alianza de -ambas naciones, al mismo tiempo que arteramente quebrantaba todos los -vínculos, le recibió con esmerado agasajo.</p> - -<div class="sidenote">Sorpresa<br/> de Monjuich:<br/> 28 de -febrero.</div> - -<p>Entretanto y a la hora en que parte de la guarnición había bajado a -la ciudad, otro cuerpo francés se avanzaba hacia Monjuich. La situación -elevada y descubierta de este fuerte impidió a los extranjeros tocar -sin ser vistos el pie de los muros. Al aproximarse se alzó el puente -levadizo, y en balde intimó el comandante francés<span class="pagenum" -id="Page_57">p. 57</span> Floresti que se le abriesen las puertas: allí -mandaba Don Mariano Álvarez. Desconcertado Duhesme en su doloso intento -recurrió a Ezpeleta, y poniendo por delante las órdenes del emperador -le amenazó tomar por fuerza lo que de grado no se le rindiese. -Atemorizado el capitán general ordenó la entrega: dudó Álvarez un -instante; mas la severidad de la disciplina militar, y el sosiego que -todavía reinaba por todas partes, le forzaron a obedecer al mandato de -su jefe. Sin embargo habiéndose conmovido algún tanto Barcelona con la -alevosa ocupación de la ciudadela, se aguardó a muy entrada la noche -para que sin riesgo pudiesen los franceses entrar en el recinto de -Monjuich.</p> - -<p>Irritados a lo sumo con semejantes y repetidas perfidias los -generosos pechos de los militares españoles, se tomaron exquisitas -providencias para evitar un compromiso, y dejando en Barcelona a los -guardias españolas y valonas con la artillería, se mandó salir a -Villafranca al regimiento de Extremadura.</p> - -<p>Al paso por Figueras había Duhesme dispuesto que se detuviese allí -alguna de su gente, alegando especiosos pretextos. Durante más de -un mes permanecieron dichos soldados tranquilos, hasta que ocupados -todos los fuertes de Barcelona trataron de apoderarse de la ciudadela -de San Fernando con la misma ruin estratagema empleada en las otras -plazas. <span class="sidenote">18 de marzo:<br/> ocupación<br/> de -San Fernando<br/> de Figueras.</span> Estando los españoles en vela -acudieron a tiempo a la sorpresa y la impidieron; mas el gobernador -anciano y tímido dio permiso dos días después al mayor Piat para que -encerrase dentro 200 conscriptos, bajo cuyo<span class="pagenum" -id="Page_58">p. 58</span> nombre metió el francés soldados escogidos, -los cuales con otros que a su sombra entraron se enseñorearon de -la plaza el 18 de marzo, despidiendo muy luego el corto número de -españoles que la guarnecían.</p> - -<div class="sidenote">5 de marzo:<br/> entrega<br/> de S. -Sebastián.</div> - -<p>Pocos días antes había caído en manos de los falsos amigos la -plaza de San Sebastián: era su gobernador el brigadier español -Daiguillon, y comandante del fuerte de Santa Cruz el capitán Douton. -Advertido aquel por el cónsul de Bayona de que Murat, gran duque de -Berg, le había indicado en una conversación cuán conveniente sería -para la seguridad de su ejército la ocupación de San Sebastián, -dio parte de la noticia al duque de Mahón, comandante general de -Guipúzcoa, recién llegado de Madrid. Inmediatamente consultó este -al príncipe de la Paz, y antes de que hubiera habido tiempo para -recibir contestación, el general Monthion, jefe de estado mayor de -Murat, escribió a Daiguillon participándole cómo el gran duque de -Berg había resuelto que los depósitos de infantería y caballería -de los cuerpos que habían entrado en la península se trasladasen -de Bayona a San Sebastián,[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a -href="#Ap_1-10" id="Ll_1-10">1-10</a>.)</span> y que fuesen alojados -dentro, debiendo salir para aquel destino del 4 al 5 de marzo. Apenas -había el gobernador abierto esta carta cuando recibió otra del mismo -jefe avisándole que los depósitos, cuya fuerza ascendería a 350 hombres -de infantería y 70 de caballería, saldrían antes de lo que había -anunciado. Comunicados ambos oficios al duque de Mahón, de acuerdo con -el gobernador y con el comandante del fuerte, respondió el mismo duque -rogando al de Berg<span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span> -que suspendiese su resolución hasta que le llegase la contestación -de la corte, y ofreciendo entretanto alojar con toda comodidad fuera -de la plaza y del alcance del cañón los depósitos de que se trataba. -Ofendido el príncipe francés de la inesperada negativa escribió por sí -mismo en 4 de marzo una carta altiva y amenazadora al duque de Mahón, -quien no desdiciendo entonces de la conducta propia de un descendiente -de Crillon, replicó dignamente y reiteró su primera respuesta. Grande -sin embargo era su congoja y arriesgada su posición, cuando la flaca -condescendencia del príncipe de la Paz, y la necesidad en que había -estrechado a este su culpable ambición, sacaron a todos los jefes de -San Sebastián de su terrible y crítico apuro. Al margen del oficio que -en consulta se le había escrito puso el generalísimo Godoy de su mismo -puño, fecha 3 de marzo «que ceda el gobernador la plaza, pues no tiene -medio de defenderla; pero que lo haga de un modo amistoso según lo han -practicado los de las otras plazas, sin que para ello hubiese ni tantas -razones ni motivos de excusa como en San Sebastián.» De resultas ocupó -con los depósitos la plaza y el puerto el general Thouvenot.</p> - -<p>He aquí el modo insidioso con que en medio de la paz y de una -estrecha alianza se privó a España de sus plazas más importantes: -perfidia atroz, deshonrosa artería en guerreros envejecidos en la -gloriosa profesión de las armas, ajena e indigna de una nación grande y -belicosa. Cuando leemos en la juiciosa historia de Coloma el ingenioso -ardid con que Fernando Tello Portocarrero<span class="pagenum" -id="Page_60">p. 60</span> sorprendió a Amiens, notamos en la atrevida -empresa agudeza en concebirla, bizarría en ejecutarla y loable -moderación al alcanzar el triunfo. La toma de aquella plaza, llave -entonces de la frontera de Francia del lado de la Picardía, y cuya -sorpresa, según nos dice Sully, oprimió de dolor a Enrique IV, era -legítima: guerra encarnizada andaba entre ambas naciones, y era lícito -al valor y a la astucia buscar laureles que no se habían de mancillar -con el quebrantamiento de la buena fe y de la lealtad. El bastardo -proceder de los generales franceses no solo era escandaloso por el -tiempo y por el modo, sino que también era tanto menos disculpable -cuanto era menos necesario. Dueño el gobierno francés de la débil -voluntad del de Madrid le hubiera bastado una mera insinuación, sin -acudir a la amenaza, para conseguir del obsequioso y sumiso aliado la -entrega de todas las plazas, como lo ordenó con la de San Sebastián.</p> - -<div class="sidenote">7 de febrero:<br/> orden para que<br/> la -escuadra<br/> de Cartagena<br/> vaya a Toulon.</div> - -<p>Tampoco echó Napoleón en olvido la marina, pidiendo con ahínco que -se reuniesen con sus escuadras las españolas. En consecuencia diose el -7 de febrero la orden a Don Cayetano Valdés, que en Cartagena mandaba -una fuerza de seis navíos, de hacerse a la vela dirigiendo su rumbo -a Toulon. Afortunadamente vientos contrarios, y, según se cree, el -patriótico celo del comandante, impidieron el cumplimiento de la orden, -tomando la escuadra puerto en las Baleares.</p> - -<p>Hechos de tal magnitud no causaron en las provincias lejanas de -España impresión profunda. Ignorábanse en general, o se atribuían -a<span class="pagenum" id="Page_61">p. 61</span> amaños de Godoy: -lo dificultoso y escaso de las comunicaciones, la servidumbre de la -imprenta, y la extremada reserva del gobierno no daban lugar a que -la opinión se ilustrase, ni a que se formase juicio acertado de los -acaecimientos. En días como aquellos recoge el poder absoluto con -creces los frutos de su imprevisión y desafueros. También los pueblos, -si no son envueltos en su ruina, al menos participan bastantemente -de sus desgracias; como si la Providencia quisiera castigarlos de su -indolencia y culpable sufrimiento.</p> - -<div class="section"> - - <div class="sidenote">Desasosiego<br/> de la corte<br/> de - Madrid.</div> - -</div> - -<p>Por lo demás la corte estaba muy inquieta, y se asegura que el -príncipe de la Paz fue de los que primero se convencieron de la -mala fe de Napoleón, y de sus depravados intentos: disfrazábalos -sin embargo este, ofreciendo a veces en su conducta una alternativa -hija quizá de su misma vacilación e incertidumbre: <span -class="sidenote">Conducta<br/> ambigua<br/> de Napoleón.</span> pues al -paso que proyectaba y ponía en práctica hacerse dueño de todo Portugal -y de las plazas de la frontera, sin miramiento a tratados ni alianzas, -no solo regalaba a Carlos IV en los primeros días de febrero, en prueba -de su íntima amistad, quince caballos de coche, sino que asimismo le -escribía amargas quejas <span class="sidenote">Sobresalto<br/> del -príncipe<br/> de la Paz.</span> por no haber reiterado la petición de -una esposa imperial para el príncipe de Asturias: y si bien no era -unión esta apetecible para Godoy, por lo menos no indicaba Bonaparte -con semejante demostración querer derribar del trono la estirpe de los -Borbones. Dudas y zozobras asaltaban de tropel la mente del valido, -<span class="sidenote">Llegada a Madrid<br/> de Izquierdo.</span> -cuando la repentina llegada por el mes de febrero de su confidente<span -class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span> Don Eugenio Izquierdo acabó -de perturbar su ánimo. En la numerosa corte que le tributaba continuado -y lisonjero incienso, prorrumpía en expresiones propias de hombre -desatentado y descompuesto. Hablaba de su grandeza, de su poderío; -usaba de palabras poco recatadas, y parecía presentir la espantosa -desgracia que como en sombra ya le perseguía. Interpretábase de mil -maneras la apresurada venida de Izquierdo, y nada por entonces pudo -traslucirse, sino que era de tal importancia, y anunciadora de tan -malas nuevas, que los reyes y el privado despavoridos preparábanse a -tomar alguna impensada y extraordinaria resolución.</p> - -<p>Por una nota que después en 24 de marzo escribió Izquierdo,[*] -<span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_1-11" -id="Ll_1-11">1-11</a>.)</span> y por lo que hemos oído a personas -con él conexionadas, podemos fundadamente inferir que su misión -ostensible se dirigía a ofrecer de un modo informal ciertas ideas al -examen del gobierno español, y a hacer sobre ellas varias preguntas; -pero que el verdadero objeto de Napoleón fue infundir tal miedo en -la corte de Madrid, que la provocase a imitar a la de Portugal en -su partida, resolución que le desembarazaba del engorroso obstáculo -de la familia real, y le abría fácil entrada para apoderarse sin -resistencia del vacante y desamparado trono español. Las ideas y -preguntas arriba indicadas fueron sugeridas por Napoleón y escritas por -Izquierdo. Reducíanse con corta variación a las que él mismo extendió -en la nota antes mencionada de 24 de marzo, y que recibida después -del levantamiento de Aranjuez, cayó en manos de los adversarios de -Godoy.<span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span> Eran pues las -proposiciones en ella contenidas: 1.ª Comercio libre para españoles y -franceses en sus respectivas colonias. 2.ª Trocar las provincias del -Ebro allá con Portugal, cuyo reino se daría en indemnización a España. -3.ª Un nuevo tratado de alianza ofensiva y defensiva. 4.ª Arreglar -la sucesión al trono de España: y 5.ª Convenir en el casamiento del -príncipe de Asturias con una princesa imperial: el último artículo -no debía formar parte del tratado principal. Es inútil detenerse en -el examen de estas proposiciones que hubieran ofrecido materia a -reflexiones importantes, si hubieran sido objeto de algún tratado -o seria discusión. Admira no obstante la confianza o más bien el -descaro con que se presentaron sin hacerse referencia al tratado de -Fontainebleau, para cuya entera anulación no había España dado ni -ocasión ni pretexto. <span class="sidenote">Sale Izquierdo<br/> el 10 -de marzo<br/> para París.</span> La misión de Izquierdo produjo el -deseado efecto; y aunque el 10 de marzo salió para París con nuevas -instrucciones y carta de Carlos IV, habíanse ya perdido las esperanzas -de evitar el terrible golpe que amenazaba.</p> - -<div class="sidenote">Tropas francesas<br/> que continuaron<br/> -entrando<br/> en España.</div> - -<p>El gobierno francés no había interrumpido el envío sucesivo de -tropas y oficiales, y en el mes de marzo se formó un nuevo cuerpo -llamado de observación de los Pirineos occidentales que ascendía a -19.000 hombres, sin contar con 6000 de la guardia imperial, en cuyo -número se distinguían mamelucos, polacos y todo género y variedad de -uniformes propios a excitar la viva imaginación de los españoles. -Se encomendó esta fuerza al mando de Bessières, duque de Istria: -parte de los cuerpos se acabaron de organizar<span class="pagenum" -id="Page_64">p. 64</span> dentro de la península, y era continuado su -movimiento y ejercicio.</p> - -<p>Había ya en el corazón de España, aun no incluyendo los de Portugal, -100.000 franceses, sin que a las claras se supiese su verdadero y -determinado objeto, y cuya entrada, según dejamos dicho, había sido -contraria a todo lo que solemnemente se había estipulado entre ambas -naciones. Faltaban a los diversos cuerpos en que estaba distribuido -el ejército francés un general en jefe, <span class="sidenote">Murat -nombrado<br/> general en jefe<br/> del ejército francés<br/> en -España.</span> y recayó la elección en Murat, gran duque de Berg, con -título de lugarteniente del emperador, de quien era cuñado. Llegó -a Bayona en los primeros días de marzo, solo y sin acompañamiento; -pero le habían precedido y le seguían oficiales sueltos de todas -graduaciones, quienes debían encargarse de organizar y disciplinar -los nuevos alistados que continuamente se remitían a España. Llegó -Murat a Burgos el 13 de marzo, y en aquel día dio una proclama a sus -soldados «para que tratasen a los españoles, nación por tantos títulos -estimable, como tratarían a los franceses mismos; queriendo solamente -el emperador el bien y felicidad de España.»</p> - -<div class="sidenote">Piensa la corte<br/> de Madrid<br/> en -partir<br/> para Andalucía.</div> - -<p>Tantas tropas y tan numerosos refuerzos que cada día se internaban -más y más en el reino; tanta mala fe y quebrantamiento de solemnes -promesas, el viaje de Izquierdo y sus temores; tanto cúmulo en fin de -sospechosos indicios impelieron a Godoy a tomar una pronta y decisiva -resolución. <span class="sidenote">Providencias<br/> que toma.</span> -Consultó con los reyes y al fin les persuadió lo urgente que era -pensar en trasladarse del otro lado de los mares. Pareció<span -class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span> antes oportuno, como paso -previo, adoptar el consejo dado por el príncipe de Castel-Franco de -retirarse a Sevilla, desde donde con más descanso se pondrían en obra -y se dirigirían los preparativos de tan largo viaje. Para remover todo -género de tropiezos se acordó formar un campo en Talavera, y se mandó -a Solano que de Portugal se replegase sobre Badajoz. Estas fuerzas -con las que se sacarían de Madrid, debían cubrir el viaje de SS. MM., -y contener cualquiera movimiento que los franceses intentaran para -impedirle. También se mandó a las tropas de Oporto, cuyo digno general -Taranco había fallecido allí de un cólico violento, que se volviesen a -Galicia; y se ofició a Junot para que permitiese a Carrafa dirigirse -con sus españoles hacia las costas meridionales, en donde los ingleses -amenazaban desembarcar; artificio, por decirlo de paso, demasiado -grosero para engañar al general francés. Fue igualmente muy fuera de -propósito enviar a Dupont un oficial de estado mayor para exigirle -aclaración de las órdenes que había recibido, como si aquel hubiera de -comunicarlas, y como si en caso de contestar con altanería estuviera el -gobierno español en situación de reprimir y castigar su insolencia.</p> - -<p>Tales fueron las medidas preliminares que Godoy miró como necesarias -para el premeditado viaje; pero inesperados trastornos desbarataron sus -intentos, desplomándose estrepitosamente el edificio de su valimiento y -grandeza.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter"> - <p><span class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span></p> - <div class="figcenter"> - <img style="width: 26em; height: auto;" - src="images/doble_filete.jpg" - alt="Filete ornamental"/> - </div> - <p class="centra fs200 lh200 negr mt1">RESUMEN</p> - <p class="centra smaller lh200">DEL</p> - <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO SEGUNDO.</p> - <div class="figcenter mt05"> - <img style="width: 8em; height: auto;" - src="images/separa2.jpg" - alt="Motivo ornamental"/> - </div> -</div> - -<p class="resum"><span class="prim"><span -class="gran">P</span>rimeros</span> indicios del viaje de la corte. -— Orden para que la guarnición de Madrid pase a Aranjuez. — Proclama -de Carlos IV de 16 de abril. — Conducta del embajador de Francia y de -Murat. — Síntomas de una conmoción. — Primera conmoción de Aranjuez. -— Decreto de Carlos IV: prisión de Don Diego Godoy. — Continúa la -agitación y temores de otra conmoción. — Segunda conmoción de Aranjuez. -— Prisión de Godoy. — Retrato de Godoy. — Tercer alboroto de Aranjuez. -— Abdicación de Carlos IV el 19 de marzo. — Conmoción de Madrid del -19 y 20 de marzo. — Alborotos de las provincias. — Juicio sobre la -abdicación de Carlos IV. — Ministros del nuevo monarca. — Escóiquiz. -— El duque del Infantado. — El duque de San Carlos. — Primeras -providencias del nuevo reinado. — Proceso del príncipe de la Paz y de -otros, 23 de marzo. — Grandes enviados para obsequiar a Murat y a -Napoleón. — Avanza Murat hacia Madrid. — Entrada de Fernando en Madrid -en 24 de marzo. — Conducta impropia de Murat. — Opinión de España -sobre Napoleón. — Juicio sobre la conducta de Napoleón. — Propuesta -de Napoleón a su hermano Luis. — Correspondencia entre Murat y los -reyes padres. — Juicio sobre la protesta. — Siguen los tratos entre -Murat y los reyes padres. — Desasosiego en Madrid. — Llega Escóiquiz a -Madrid en 28 de marzo. — Fernán Núñez en Tours. — Entrega de la espada -de Francisco I. — Carta de Napoleón a Murat. — Viaje del infante Don -Carlos. — Llegada a Madrid del general Savary. — Aviso de Hervás. — -10 de abril: salida del rey para Burgos. — Nombramiento de una junta -suprema. — Sobre el viaje del rey. — Llega el rey el 12 de abril -a Burgos. — Llega a Vitoria el 14. — Escribe Fernando a Napoleón: -contesta este en 17 de abril. — Seguridad que da Savary. — Tentativas -o proposiciones para que el rey se escape. — Proclama al partir el rey -de Vitoria. — Sale de Vitoria el 19 de abril. — 20 de abril: entrada -del rey en Bayona. — Sigue la correspondencia entre Murat y los reyes -padres. — Pasan los reyes padres al Escorial. — Entrega de Godoy en -20 de abril. — Quejas y tentativas de Murat. — Reclama Carlos IV la -corona, y anuncia su viaje a Bayona. — Inquietud en Madrid. — Alboroto -en Toledo. — En Burgos. — Conducta altanera de Murat. — Conducta de la -junta, y medidas que propone. — Creación de una junta que la sustituya. -— Llegada a Madrid de D. Justo Ibarnavarro. — Posición de los -franceses en Madrid. — Revistas de Murat. — Pide la salida para Francia -del infante Don Francisco y reina de Etruria. — 2 de mayo. — Salida -de los infantes para Francia el 3 y el 4. — Llega Napoleón a Bayona. -— Se anuncia a Fernando que renuncie. — Conferencias de Escóiquiz y -Cevallos. — Llegada de Carlos IV a Bayona. — Come con Napoleón. — -Comparece Fernando delante de su padre. — Condiciones de Fernando -para su renuncia. — No se conforma el padre. — Comparece por segunda -vez Fernando delante de su padre. — Renuncia Carlos IV en Napoleón. -— Carlos IV y María Luisa. — Renuncia de Fernando como príncipe de -Asturias. — La reina de Etruria. — Planes de evasión. — Se interna en -Francia a la familia real de España. — Inacción de la junta de Madrid. -— Murat presidente de la junta. — Equívoca conducta de la junta. — -Napoleón piensa dar la corona de España a José. — Diputación de Bayona. -— Medidas de precaución de Murat.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch2"> - <p><span class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span></p> - <div class="figcenter"> - <img style="width: 26em; height: auto;" - src="images/doble_filete.jpg" - alt="Filete ornamental"/> - </div> - <p class="centra fs150 lh150 negr g0 mt1">HISTORIA</p> - <p class="centra fs60 lh150">DEL</p> - <p class="centra fs120 lh150 asc ws1">LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN</p> - <p class="centra fs120 lh150 ws1">de España.</p> - <div class="figcenter mt05"> - <img style="width: 8em; height: auto;" - src="images/separa4.jpg" - alt="Motivo ornamental"/> - </div> - <h2 class="nobreak fs120 negr g0">LIBRO SEGUNDO.</h2> - <hr class="tir"/> -</div> - -<p class="ti0"><span class="prim"><span class="gran">L</span>os</span> -habitadores de España alejados de los negocios públicos, y gozando -de aquella aparente tranquilidad propia de los gobiernos despóticos, -estaban todavía ajenos de prever la avenida de males que, rebalsando -en su suelo como en campo barbechado, iban a cubrirle de espantosas -ruinas. <span class="sidenote">Primeros indicios<br/> del viaje<br/> -de la corte.</span> Madrid, sin embargo agitado ya con voces vagas -e inquietadoras, creció en desasosiego con los preparativos que se -notaron de largo viaje en casa de Doña Josefa Tudó, particular amiga -del príncipe de la Paz, y con la salida de este para Aranjuez el día -13 de<span class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span> marzo. Sin aquel -incidente no hubiera la última ocurrencia llamado tanto la atención, -teniendo el valido por costumbre pasar una semana en Madrid, y otra en -el sitio en que habitaban SS. MM., quienes de mucho tiempo atrás se -detenían solamente en la capital dos meses del año, y aun en aquel al -trasladarse en diciembre del Escorial a Aranjuez, no tomaron allí su -habitual descanso, retraídos por el universal disgusto a que había dado -ocasión el proceso del príncipe de Asturias.</p> - -<p>Viose muy luego cuán fundados eran los temores públicos; porque al -llegar al sitio el príncipe de la Paz, y después de haber conferenciado -con los reyes, anunció Carlos IV a los ministros del despacho la -determinación de retirarse a Sevilla. A pesar del sigilo con que se -quisieron tomar las primeras disposiciones, se traslució bien pronto -el proyectado viaje, <span class="sidenote">Orden para que<br/> la -guarnición<br/> de Madrid<br/> pase a Aranjuez.</span> y acabaron de -cobrar fuerza las voces esparcidas con las órdenes que se comunicaron -para que la mayor parte de la guarnición de Madrid se trasladase a -Aranjuez. Prevenido para su cumplimiento el capitán general de Castilla -Don Francisco Javier Negrete, se avistó en la mañana del 16 con el -gobernador del consejo el coronel Don Carlos Velasco, dándole cuenta -de la salida de las tropas en todo aquel día, en virtud de un decreto -del generalísimo almirante; y previniéndole al propio tiempo de parte -del mismo publicar un bando que calmase la turbación de los ánimos. -No bastándole al gobernador la orden verbal, exigió de Don Carlos -Velasco que la extendiese por escrito, y con ella<span class="pagenum" -id="Page_73">p. 73</span> se fue al consejo, en donde se acordó, -como medida previa y antes de obedecer el expresado mandato, que se -expusiesen reverentemente a S. M. las fatales consecuencias de un viaje -tan precipitado. Aplaudiose la determinación del consejo, aunque nos -parece no fue del todo desinteresada, si consideramos la incierta y -precaria suerte que, con la temida emigración más allá de los mares -de la dinastía reinante, había de caber a muchos de sus servidores y -empleados. Así se vio que hombres que como el marqués Caballero en los -días de prosperidad habían sido sumisos cortesanos, fueron los que con -más empeño aconsejaron al rey que desistiese de su viaje.</p> - -<p>Fuese influjo de aquellas representaciones, o fuese más bien el -fundado temor a que daba lugar el público descontento, el rey trató -momentáneamente de suspender la partida, y mandó circular un decreto -a manera de proclama <span class="sidenote">Proclama<br/> de Carlos -IV<br/> de 16 de marzo.<br/> (Véase<br/> el Ap. n. <a href="#Ap_2-1" -id="Ll_2-1">2-1</a>.)</span> que comenzaba por la desusada fórmula de -«amados vasallos míos.» La gente ociosa y festiva comparaba por la -novedad el encabezamiento de tan singular publicación al comenzar de -ciertas y famosas relaciones que en sus comedias nos han dejado el -insigne Calderón y otros ingenios de su tiempo; si bien no asistía al -ánimo bastante serenidad para detenerse al examen de las mudanzas e -innovaciones del estilo. Tratábase en la proclama de tranquilizar la -pública agitación, asegurándose en ella que la reunión de tropas no -tenía por objeto ni defender la persona del rey, ni acompañarle en un -viaje que solo la malicia había supuesto preciso: se insistía<span -class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span> en querer persuadir que -el ejército del emperador de los franceses atravesaba el reino con -ideas de paz y amistad, y sin embargo se daba a entender que en caso -de necesidad estaba el rey seguro de las fuerzas que le ofrecerían -los pechos de sus amados vasallos. Bien que con este documento no -hubiese sobrado motivo de satisfacción y alegría, la muchedumbre que -leía en él una especie de retractación del intentado viaje se mostró -gozosa y alborozada. En Aranjuez apresuradamente se agolparon todos a -palacio dando repetidos vivas al rey y a la familia real, que juntos -se asomaron a recibir las lisonjeras demostraciones del entusiasmado -pueblo. Mas como se notó que en la misma noche del 16 al 17 habían -salido las tropas de Madrid para el sitio en virtud de las anteriores -órdenes que no habían sido revocadas, duró poco y se acibaró presto la -común alegría.</p> - -<div class="sidenote">Opinión<br/> sobre el viaje.</div> - -<p>Entonces se desaprobó generalmente la resolución tomada por la -corte de retirarse hacia las costas del mediodía, y de cruzar el -Atlántico en caso urgente. Pero ahora que con fría imparcialidad -podemos ser jueces desapasionados, nos parece que aquella resolución -al punto a que las cosas habían llegado era conveniente y acertada, -ya fuese para prepararse a la defensa, o ya para que se embarcase la -familia real. Desprovisto el erario, corto en número el ejército e -indisciplinado, ocupadas las principales plazas, dueño el extranjero -de varias provincias, no podía en realidad oponérsele otra resistencia -fuera de la que opusiese la nación, declarándose con unanimidad y -energía. Para tantear este solo<span class="pagenum" id="Page_75">p. -75</span> y único recurso, la posición de Sevilla era favorable, -dando más treguas al sorprendido y azorado gobierno. Y si, como era -de temer, la nación no respondía al llamamiento del aborrecido Godoy -ni del mismo Carlos IV, era para la familia real más prudente pasar a -América que entregarse a ciegas en brazos de Napoleón. Siendo pues esta -determinación la más acomodada a las circunstancias, Don Manuel Godoy -en aconsejar el viaje obró atinadamente, y la posteridad no podrá en -esta parte censurar su conducta; pero le juzgará sí gravemente culpable -en haber llevado como de la mano a la nación a tan lastimoso apuro, -ora dejándola desguarnecida para la defensa, ora introduciendo en el -corazón del reino tropas extranjeras deslumbrado con la imaginaria -soberanía de los Algarbes. El reconcentrado odio que había contra su -persona fue también causa que al llegar al desengaño de las verdaderas -intenciones de Napoleón se le achacase que de consuno con este había -procedido en todo: aserción vulgar, pero tan generalmente creída en -aquella sazón que la verdad exige que abiertamente la desmintamos. -Don Manuel Godoy se mantuvo en aquellos tratos fiel a Carlos IV y -a María Luisa, sus firmes protectores, y no anduvo desacordado en -preferir para sus soberanos un cetro en los dominios de América, más -bien que exponerlos, continuando en España, a que fuesen destronados -y presos. Además Godoy no habiendo olvidado la manera destemplada -con que en los últimos tiempos se había Napoleón declarado contra su -persona, recelábase de alguna dañada intención,<span class="pagenum" -id="Page_76">p. 76</span> y temía ser víctima ofrecida en holocausto a -la venganza y público aborrecimiento. Bien es verdad que fue después -su libertador el mismo a quien consideraba enemigo, mas debiolo a -la repentina mudanza acaecida en el gobierno, por la cual fueron -atropellados los que confiadamente aguardaban del francés amistad y -amparo, y protegido el que se estremecía al ver que su ejército se -acercaba: tan inciertos son los juicios humanos.</p> - -<div class="sidenote">Agitación<br/> de Madrid<br/> y Aranjuez.<br/> -Conducta<br/> del embajador<br/> de Francia<br/> y de Murat.</div> - -<p>Averiguada que fue la traslación de las tropas de la capital al -sitio, volviéronse a agitar extraordinariamente las poblaciones de -Madrid y Aranjuez con todas las de los alrededores. En el sitio -contribuía no poco a sublevar los ánimos la opinión contraria al viaje -que pública y decididamente mostraba el embajador de Francia; sea que -ignorase los intentos de su amo y siguiera abrigando la esperanza del -soñado casamiento, o sea que tratara de aparentar: nos inclinamos a -lo primero. Mas su opinión al paso que daba bríos a los enemigos del -viaje para oponerse a él, servía también de estímulo y espuela a sus -partidarios para acelerarle, esperando unos y temiendo otros la llegada -de las tropas francesas que se adelantaban. En efecto Murat dirigía por -Aranda su marcha hacia Somosierra y Madrid, y Dupont por su derecha se -encaminaba a ocupar a Segovia y el Escorial. Este movimiento hecho con -el objeto de impeler a la familia real, intimidándola a precipitar su -viaje, vino en apoyo del partido del príncipe de Asturias, alentándole -con tanta más razón cuanto parecía darse la mano con el modo de<span -class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span> explicarse del embajador. -Murat en su lenguaje descubría incertidumbre, imputándose entonces -a disimulo lo que tal vez era ignorancia del verdadero plan de -Napoleón. Al después tan malogrado Don Pedro Velarde, comisionado para -acompañarle y cumplimentarle, le decía en Buitrago en 18 de marzo -que al día siguiente recibiría instrucciones de su gobierno; que no -sabía si pasaría o no por Madrid, y que al continuar su marcha a -Cádiz probablemente publicaría en San Agustín las miras del emperador -encaminadas al bien de España.</p> - -<p>Avisos anteriores a este y no menos ambiguos ponían a la corte de -Aranjuez en extremada tribulación. Sin embargo es de creer que cuando el 16 dio el -rey la proclama en que públicamente desmentía las voces de viaje, dudó -por un instante llevarle o no a efecto, pues es más justo atribuir -aquella proclama a la perplejidad y turbación propias de aquellos días, -que al premeditado pensamiento de engañar bajamente a los pueblos de -Madrid y Aranjuez. <span class="sidenote">Síntomas de<br/> -una conmoción.</span> Continuando no obstante los preparativos de viaje, -y siendo la desconfianza en los que gobernaban fuera de todo término, -se esparció de nuevo y repentinamente en el sitio que la salida de -SS. MM. para Andalucía se realizaría en la noche del 17 al 18. La -curiosidad junto probablemente con oculta intriga había llevado a -Aranjuez de Madrid y sus alrededores muchos forasteros cuyos semblantes -anunciaban siniestros intentos: las tropas que habían ido de la -capital participaban del mismo espíritu, y ciertamente hubieran podido -sublevarse sin instigación especial. Asegurose<span class="pagenum" -id="Page_78">p. 78</span> entonces que el príncipe de Asturias había -dicho a un guardia de corps en quien confiaba «esta noche es el -viaje, y yo no quiero ir», y se añadió que con el aviso cobraron más -resolución los que estaban dispuestos a impedirle. Nosotros tenemos -entendido que para el efecto advirtió S. A. a Don Manuel Francisco -Jáuregui, amigo suyo, quien como oficial de guardias pudo fácilmente -concertarse con sus compañeros de inteligencia ya con otros de los -demás cuerpos. Prevenidos de esta manera, el alboroto hubiera comenzado -al tiempo de partir la familia real; una casualidad le anticipó.</p> - -<div class="sidenote">Primera<br/> conmoción<br/> de Aranjuez.</div> - -<p>Puestos todos en vela rondaba voluntariamente el paisanaje durante -la noche, capitaneándole disfrazado, bajo nombre de tío Pedro, el -inquieto y bullicioso conde del Montijo, cuyo nombre en adelante -casi siempre estará mezclado con los ruidos y asonadas. Andaba -asimismo patrullando la tropa, y unos y otros custodiaban de cerca, -y observaban particularmente la casa del príncipe de la Paz. Entre -once y doce salió de ella muy tapada Doña Josefa Tudó, llevando por -escolta a los guardias de honor del generalísimo: quiso una patrulla -descubrir la cara de la dama, la cual resistiéndolo excitó una ligera -reyerta, disparando al aire un tiro uno de los que estaban presentes. -Quién afirma fue el oficial Tuyols que acompañaba a Doña Josefa para -que vinieran en su ayuda, quién el guardia Merlo para avisar a los -conjurados. Lo cierto es que estos lo tomaron por una señal, pues al -instante un trompeta apostado al intento tocó a caballo, y la tropa -corrió a los diversos<span class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span> -puntos por donde el viaje podía emprenderse. Entonces y levantándose -terrible estrépito, gran número de paisanos, otros transformados en -tales, criados de palacio y monteros del infante Don Antonio, con -muchos soldados desbandados, acometieron la casa de Don Manuel Godoy, -forzaron su guardia, y la entraron como a saco, escudriñando por todas -partes, y buscando en balde al objeto de su enfurecida rabia. Creyose -por de pronto que a pesar de la extremada vigilancia se había su -dueño salvado por alguna puerta desconocida o excusada, y que o había -desamparado a Aranjuez, u ocultádose en palacio. El pueblo penetró -hasta lo más escondido, y aquellas puertas antes solo abiertas al -favor, a la hermosura y a lo más brillante y escogido de la corte, -dieron franco paso a una soldadesca desenfrenada y tosca, y a un -populacho sucio y desaliñado, contrastando tristemente lo magnífico -de aquella mansión con el descuidado arreo de sus nuevos y repentinos -huéspedes. Pocas horas habían transcurrido cuando desapareció tanta -desconformidad, habiendo sido despojados los salones y estrados de -sus suntuosos y ricos adornos para entregarlos al destrozo y a las -llamas. Repetida y severa lección que a cada paso nos da la caprichosa -fortuna en sus continuados vaivenes. El pueblo si bien quemó y destruyó -los muebles y objetos preciosos, no ocultó para sí cosa alguna, -ofreciendo el ejemplo del desinterés más acendrado. La publicidad -siendo en tales ocasiones un censor inflexible, y uniéndose a un cierto -linaje de generoso entusiasmo, enfrena al mismo desorden, y pone coto -a algunos<span class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span> de sus -excesos y demasías. Las veneras, los collares y todos los distintivos -de las dignidades supremas a que Godoy había sido ensalzado, fueron -preservados y puestos en manos del rey; poderoso indicio de que entre -el populacho había personas capaces de distinguir los objetos que era -conveniente respetar y guardar, y aquellos que podían ser destruidos. -La princesa de la Paz, mirada como víctima de la conducta doméstica -de su marido, y su hija fueron bien tratadas y llevadas a palacio -tirando la multitud de su berlina. Al fin restablecida la tranquilidad -volvieron los soldados a sus cuarteles, y para custodiar la saqueada -casa se pusieron dos compañías de guardias españolas y valonas con -alguna más tropa que alejase al populacho de sus avenidas.</p> - -<div class="sidenote">Decreto<br/> de Carlos IV.<br/> (* Ap. n. <a -href="#Ap_2-2" id="Ll_2-2">2-2</a>.)</div> - -<p>La mañana del 18 dio el rey [*] un decreto exonerando al príncipe -de la Paz de sus empleos de generalísimo y almirante, y permitiéndole -escoger el lugar de su residencia. <span class="sidenote">(* Ap. n. -<a href="#Ap_2-3" id="Ll_2-3">2-3</a>.)</span> También anunció a -Napoleón esta resolución que en gran manera le sorprendió.[*] El pueblo -arrebatado de gozo con la novedad corrió a palacio a vitorear a la -familia real que se asomó a los balcones conformándose con sus ruegos. -<span class="sidenote">Prisión de<br/> D. Diego Godoy.</span> En nada -se turbó aquel día el público sosiego sino por el arresto de Don Diego -Godoy, quien despojado por la tropa de sus insignias fue llevado al -cuartel de guardias españolas, de cuyo cuerpo era coronel: pernicioso -ejemplo entonces aplaudido y después desgraciadamente renovado en -ocasiones más calamitosas.</p> - -<div class="sidenote">Continúa<br/> la agitación<br/> y temores<br/> de -otra<br/> conmoción.</div> - -<p>Parecía que desbaratado el viaje de la real<span class="pagenum" -id="Page_81">p. 81</span> familia y abatido el príncipe de la Paz, -eran ya cumplidos los deseos de los amotinados; mas todavía continuaba -una terrible y sorda agitación. Los reyes temerosos de otra asonada, -mandaron a los ministros del despacho que pasasen la noche del 18 al 19 -en palacio. Por la mañana el príncipe de Castel-Franco y los capitanes -de guardias de Corps, conde de Villariezo y marqués de Albudeite, -avisaron personalmente a SS. MM. que dos oficiales de guardias con -la mayor reserva y bajo palabra de honor acababan de prevenirles que -para aquella noche un nuevo alboroto se preparaba mayor y más recio -que el de la precedente. Habiéndoles preguntado el marqués Caballero -si estaban seguros de su tropa, respondieron encogiéndose de hombros -«que solo el príncipe de Asturias podía componerlo todo.» Pasó entonces -Caballero a verse con S. A., y consiguió que, trasladándose al cuarto -de sus padres, les ofreciese que impediría por medio de los segundos -jefes de los cuerpos de la casa real la repetición de nuevos alborotos, -como también el que mandaría a varias personas, cuya presencia en el -sitio era sospechosa, que regresasen a Madrid, disponiendo al mismo -tiempo que criados suyos se esparciesen por la población para acabar -de aquietar el desasosiego que aún subsistía. Estos ofrecimientos del -príncipe dieron cuerpo a la sospecha de que en mucha parte obraban de -concierto con él los sediciosos, no habiendo habido de casual sino el -momento en que comenzó el bullicio, y tal vez el haber después ido más -allá de lo que en un principio se habían propuesto.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span>Tomadas aquellas -determinaciones no se pensaba en que la tranquilidad volvería a -perturbarse, e inesperadamente a las diez de la mañana se suscitó -un nuevo y estrepitoso tumulto. <span class="sidenote">Segunda<br/> -conmoción<br/> de Aranjuez:<br/> Prisión de Godoy.</span> El príncipe -de la Paz, a quien todos creían lejos del sitio, y los reyes mismos -camino de Andalucía, fue descubierto a aquella hora en su propia casa. -Cuando en la noche del 17 al 18 habían sido asaltados sus umbrales, -se disponía a acostarse, y al ruido, cubriéndose con un capote de -bayetón que tuvo a mano, cogiendo mucho oro en sus bolsillos y tomando -un panecillo de la mesa en que había cenado, trató de pasar por una -puerta escondida a la casa contigua que era la de la duquesa viuda de -Osuna. No le fue dado fugarse por aquella parte, y entonces se subió a -los desvanes, y en el más desconocido se ocultó metiéndose en un rollo -de esteras. Allí permaneció desde aquella noche por el espacio de 36 -horas privado de toda bebida y con la inquietud y desvelo propio de su -crítica y angustiada posición. Acosado de la sed tuvo al fin que salir -de su molesto y desdichado asilo. Conocido por un centinela de guardias -valonas que al instante gritó a las armas, no usó de unas pistolas que -consigo traía, fuera cobardía o más bien desmayo con el largo padecer. -Sabedor el pueblo de que se le había encontrado se agolpó hacia su -casa, y hubiera allí perecido si una partida de guardias de Corps no -le hubiese protegido a tiempo. Condujéronle estos a su cuartel, y en -el tránsito acometiéndole la gente con palas, estacas y todo género -de armas e instrumentos procuraba matarle o herirle buscando camino -a<span class="pagenum" id="Page_83">p. 83</span> sus furibundos golpes -por entre los caballos y los guardias, quienes escudándole le libraron -de un trágico y desastroso fin. Para mayor seguridad, creciendo el -tumulto, aceleraron los guardias el paso, y el desgraciado preso en -medio y apoyándose sobre los arzones de las sillas de dos caballos -seguía su levantado trote ijadeando, sofocado y casi llevado en vilo. -La travesía considerable que desde su casa había al paraje adonde le -conducían, sobre todo teniendo que cruzar la espaciosa plazuela de San -Antonio, hubiera dado mayor facilidad al furor popular para acabar -con su vida, si temerosos los que le perseguían de herir a alguno de -los de la escolta no hubiesen asestado sus tiros de un modo incierto -y vacilante. Así fue que aunque magullado y contuso en varias partes -de su cuerpo, solo recibió una herida algo profunda sobre una ceja. En -tanto avisado Carlos IV de lo que pasaba ordenó a su hijo que corriera -sin tardanza y salvara la vida de su malhadado amigo. Llegó el príncipe -al cuartel adonde le habían traído preso, y con su presencia contuvo -a la multitud. Entonces diciéndole Fernando que le perdonaba la vida, -conservó bastante serenidad para preguntarle a pesar del terrible -trance «si era ya rey» a lo que le respondió «todavía no, pero luego -lo seré.» Palabras notables y que demuestran cuán cercana creía su -exaltación al solio. Aquietado el pueblo con la promesa que el príncipe -de Asturias le reiteró muchas veces de que el preso sería juzgado y -castigado conforme a las leyes, se dispersó y se recogió cada uno -tranquilamente a su casa. Godoy desposeído de su<span class="pagenum" -id="Page_84">p. 84</span> grandeza volvió adonde había habitado antes -de comenzarse aquella, y maltratado y abatido quedó entregado en su -soledad a su incierta y horrenda suerte. Casi todos a excepción de los -reyes padres le abandonaron, que la amistad se eclipsa al llegar el -nublado de la desgracia. Y aquel a cuyo nombre la mayor parte de la -monarquía todavía temblaba, echado sobre unas pajas y hundido en la -amargura, era quizá más desventurado que el más desventurado de sus -habitantes. Así fue derrocado de la cumbre del poder este hombre que -de simple guardia de Corps se alzó en breve tiempo a las principales -dignidades de la corona, y se vio condecorado con sus órdenes y -distinguido con nuevos y exorbitantes honores. ¿Y cuáles fueron los -servicios para tanto valimiento; cuáles los singulares hechos que le -abrieron la puerta y le dieron suave y fácil subida a tal grado de -sublimada grandeza? Pesa el decirlo. La desenfrenada corrupción y -una privanza fundada, ¡oh baldón!, en la profanación del tálamo real. -Menester sería que retrocediésemos hasta Don Beltrán de la Cueva para -tropezar en nuestra historia con igual mancilla, y aun entonces si -bien aquel valido de Enrique IV principió su afortunada carrera por el -modesto empleo de paje de lanza, y se encaminó como Godoy por la senda -del deshonor regio, nunca remontó su vuelo a tan desmesurada altura, -teniendo que partir su favor con Don Juan Pacheco, y cederle a veces al -temido y fiero rival.</p> - -<div class="sidenote">Retrato de Godoy.</div> - -<p>Don Manuel Godoy había nacido en Badajoz en 12 de mayo de 1767, de -familia noble<span class="pagenum" id="Page_85">p. 85</span> pero -pobre. Su educación había sido descuidada; profunda era su ignorancia. -Naturalmente dotado de cierto entendimiento, y no falto de memoria, -tenía facilidad para enterarse de los negocios puestos a su cuidado. -Vario e inconstante en sus determinaciones deshacía en un día y -livianamente lo que en otro sin más razón había adoptado y aplaudido. -Durante su ministerio de estado, a que ascendió en los primeros años -de su favor, hizo convenios solemnes con Francia perjudiciales y -vergonzosos; primer origen de la ruina y desolación de España. Desde -el tiempo de la escandalosa campaña de Portugal mandó el ejército con -el título de generalísimo; no teniendo a sus ojos la ilustre profesión -de las armas otro atractivo ni noble cebo que el de los honores y -sueldos; nunca se instruyó en los ejercicios militares; nunca dirigió -ni supo las maniobras de los diversos cuerpos; nunca se acercó al -soldado ni se informó de sus necesidades o reclamaciones; nunca en -fin organizó la fuerza armada de modo que la nación en caso oportuno -pudiera contar con un ejército pertrechado y bien dispuesto, ni él con -amigos y partidarios firmes y resueltos: así la tropa fue quien primero -le abandonó. Reducíase su campo de instrucción a una mezquina parada -que algunas veces ofrecía delante de su casa a manera de espectáculo -a los ociosos de la capital y a sus bajos y por desgracia numerosos -aduladores: ridículo remedo de las paradas que en París solía tener -Napoleón. Tan pronto protegía a los hombres de saber y respeto, -tan pronto los humillaba. Al paso que fomentaba una ciencia<span -class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span> particular, o creaba una -cátedra, o sostenía alguna mejora, dejaba que el marqués Caballero, -enemigo declarado de la ilustración y de los buenos estudios, imaginase -un plan general de instrucción pública para todas las universidades -incoherente y poco digno del siglo, permitiéndole también hacer en los -códigos legales omisiones y alteraciones de suma importancia. Aunque -confinaba lejos de la corte y desterraba a cuantos creía desafectos -suyos o le desagradaban, ordinariamente no llevaba más allá sus -persecuciones ni fue cruel por naturaleza: solo se mostró inhumano y -duro con el ilustre Jovellanos. Sórdido en su avaricia vendía como -en pública almoneda los empleos, las magistraturas, las dignidades, -los obispados, ya para sí, ya para sus amigas, o ya para saciar los -caprichos de la reina. La hacienda fue entregada a arbitristas más -bien que a hombres profundos en este ramo, teniéndose que acudir a -cada paso a ruinosos recursos para salir de los continuos tropiezos -causados por el derroche de la corte y por gravosas estipulaciones. -Desembozado y suelto en sus costumbres dio ocasión a que entre el -vulgo se pusiese en crédito el esparcido rumor de estar casado con -dos mujeres: habiéndose dicho que era una Doña María Teresa de Borbón, -prima carnal del rey, que fue considerada como la verdadera, y otra -Doña Josefa Tudó, su particular amiga, de buena índole y de condición -apacible, y tan aficionada a su persona que quiso consignar en la -gracia que se le acordó de condesa de <i>Castillo-Fiel</i> el timbre de -su incontrastable fidelidad. Conteníale a veces<span class="pagenum" -id="Page_87">p. 87</span> en sus prontos y violentos arrebatos. Godoy -en el último año llegó al ápice de su privanza, habiendo recibido con -la dignidad de grande almirante el tratamiento de alteza, distinción no -concedida antes en España a ningún particular. Su fausto fue extremado, -su acompañamiento espléndido, su guardia mejor vestida y arreada que -la del rey: honrado en tanto grado por su soberano fue acatado por -casi todos los grandes y principales personajes de la monarquía. -¡Qué contraste verle ahora y comparar su suerte con aquella en que -aún brillaba dos días antes! Situación que recuerda la del favorito -Eutropio que tan elocuentemente nos pinta uno de los primeros padres -de la Iglesia griega.[*] <span class="sidenote">(* San Juan<br/> -Crisóstomo:<br/> Ap. n. <a href="#Ap_2-4" id="Ll_2-4">2-4</a>.)</span> -«Todo pereció, dice; una ráfaga de viento soplando reciamente despojó -aquel árbol de sus hojas, y nos le mostró desnudo y conmovido hasta en -su raíz... ¿quién había llegado a tanta excelsitud? ¿No aventajaba a -todos en riquezas? ¿no había subido a las mayores dignidades? ¿No le -temían todos y temblaban a su nombre? Y ahora más miserable que los -hombres que están presos y aherrojados; más necesitado que el último -de los esclavos y mendigos, solo ve agudas armas vueltas contra su -persona; solo ve destrucción y ruina, los verdugos y el camino de la -muerte.» Pasmosa semejanza y tal que en otros tiempos hubiera llevado -visos de sobrehumana profecía.</p> - -<div class="sidenote">Tercer<br/> movimiento<br/> de Aranjuez.</div> - -<p>Encerrado el príncipe de la Paz en el cuartel de guardias de Corps, -y retirado el pueblo, como hemos dicho, a instancias y en virtud de las -promesas que le hizo el príncipe de Asturias,<span class="pagenum" -id="Page_88">p. 88</span> se mantuvo quieto y sosegado, hasta que a las -dos de la tarde un coche con seis mulas a la puerta de dicho cuartel -movió gran bulla, habiendo corrido la voz que era para llevar al preso -a la ciudad de Granada. El pueblo en un instante cortó los tirantes de -las mulas y descompuso y estropeó el coche.</p> - -<p>El rey Carlos y la reina María Luisa sobrecogidos con las nuevas -demostraciones del furor popular, temieron peligrase la vida de -su desgraciado amigo. <span class="sidenote">Abdicación<br/> de -Carlos IV<br/> el 19 de marzo.</span> El rey achacoso y fatigado -con los desusados bullicios, persuadido además por las respetuosas -observaciones de algunos que en tal aprieto le representaron como -necesaria la abdicación en favor de su hijo, y sobre todo creyendo -juntamente con su esposa que aquella medida sería la sola que podría -salvar la vida a Don Manuel Godoy, resolvió convocar para las siete -de la noche del mismo día 19 a todos los ministros del despacho y -renunciar en su presencia la corona, colocándola en las sienes del -príncipe heredero. Este acto fue concebido en los términos siguientes: -«Como [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-5" -id="Ll_2-5">2-5</a>.)</span> los achaques de que adolezco no me -permiten soportar por más tiempo el grave peso del gobierno de mis -reinos, y me sea preciso para reparar mi salud gozar en un clima más -templado de la tranquilidad de la vida privada, he determinado después -de la más seria deliberación abdicar mi corona en mi heredero y mi muy -caro hijo el príncipe de Asturias. Por tanto es mi real voluntad que -sea reconocido y obedecido como rey y señor natural de todos mis reinos -y dominios. Y para que este mi real decreto de<span class="pagenum" -id="Page_89">p. 89</span> libre y espontánea abdicación tenga su éxito -y debido cumplimiento, lo comunicaréis al consejo y demás a quien -corresponda. — Dado en Aranjuez a 19 de marzo de 1808. — Yo el rey. -— A Don Pedro Cevallos.»</p> - -<p>Divulgada por el sitio la halagüeña noticia, fue indecible el -contento y la alegría; y corriendo el pueblo a la plazuela de palacio, -al cerciorarse de tamaño acontecimiento unánimemente prorrumpió en -víctores y aplausos. El príncipe después de haber besado la mano a su -padre se retiró a su cuarto en donde fue saludado como nuevo rey por -los ministros, grandes y demás personas que allí asistían.</p> - -<div class="sidenote">Conmoción<br/> de Madrid<br/> del 19<br/> y 20 de -marzo.</div> - -<p>En Madrid se supo en la tarde del 19 la prisión de Don Manuel -Godoy, y al anochecer se agrupó y congregó el pueblo en la plazuela -del Almirante, así denominada desde el ensalzamiento de aquel a -esta dignidad, y sita junto al palacio de los duques de Alba. Allí -levantando gran gritería con <i>vivas</i> al rey y <i>mueras</i> -contra la persona del derribado valido, acometieron los amotinados su -casa inmediata al paraje de la reunión, y arrojando por las ventanas -muebles y preciosidades, quemáronlo todo sin que nada se hubiese -robado ni escondido. Después, distribuidos en varios bandos, y saliendo -otros de puntos distintos con hachas encendidas, repitieron la misma -escena en varias casas, y señaladamente recibieron igual quebranto en -las suyas la madre del príncipe de la Paz, su hermano Don Diego, su -cuñado marqués de Branciforte, los ex-ministros Álvarez y Soler, y Don -Manuel Sixto Espinosa, conservándose en medio<span class="pagenum" -id="Page_90">p. 90</span> de las bulliciosas asonadas una especie de -orden y concierto.</p> - -<p>Siendo universal el júbilo con la caída de Godoy, fue colmado entre -los que supieron a las once de la noche que Carlos IV había abdicado. -Pero como era tarde la noticia no cundió bastantemente por el pueblo -hasta el día siguiente, domingo, confirmándose de oficio por carteles -del consejo que anunciaban la exaltación de Fernando VII. Entonces el -entusiasmo y gozo creció a manera de frenesí, llevando en triunfo por -todas las calles el retrato del nuevo rey, que fue al último colocado -en la fachada de la casa de la Villa. Continuó la algazara y la alegría -toda aquella noche del 20; pero habiéndose ya notado en ella varios -excesos, fueron inmediatamente reprimidos por el consejo, y por orden -suya cesó aquel nuevo género de regocijos.</p> - -<div class="sidenote">Alborotos<br/> en las provincias.</div> - -<p>En las más de las ciudades y pueblos del reino hubo también fiesta -y motín, arrastrando el retrato de Godoy que los mismos pueblos -habían a sus expensas colocado en las casas consistoriales: si bien -es verdad que ahora su imagen era abatida y despedazada con general -consentimiento, y antes habían sido muy pocos los que la habían erigido -y reverenciado buscando por este medio empleos y honores en la única -fuente de donde se derivaban las gracias: el pueblo siempre reprobó con -expresivo murmullo aquellas lisonjas de indignos conciudadanos.</p> - -<div class="sidenote">Juicio sobre<br/> la abdicación<br/> de Carlos -IV.</div> - -<p>Fue tal el gusto y universal contento, ya con la caída de Don -Manuel Godoy y ya también con la abdicación de Carlos IV, que nadie -reparó entonces en el modo con que este último<span class="pagenum" -id="Page_91">p. 91</span> e importante acto se había celebrado, y si -había sido o no concluido con entera y cumplida libertad: todos lo -creían así llevados de un mismo y general deseo. Sin embargo graves -y fundadas dudas se suscitaron después. Por una parte Carlos IV se -había mostrado a veces propenso a alejarse de los negocios públicos, -y María Luisa en su correspondencia declara que tal era su intención -cuando su hijo se hubiera casado con una princesa de Francia. Confirmó -su propósito Carlos al recibir al cuerpo diplomático con motivo de su -abdicación, pues dirigiendo la palabra a Mr. de Strogonoff, ministro -de Rusia, le dijo: «En mi vida he hecho cosa con más gusto.» Pero por -otra parte es de notar que la renuncia fue firmada en medio de una -sedición, no habiendo Carlos IV en la víspera de aquel día dado indicio -de querer tan pronto efectuar su pensamiento, porque exonerando al -príncipe de la Paz del mando del ejército y de la marina se encargó el -mismo rey del manejo supremo. En la mañana del 19 tampoco anunció cosa -alguna relativa a su próxima abdicación; y solo al segundo alboroto -en la tarde y cuando creyó juntamente con la reina poner a salvo por -aquel medio a su caro favorito, resolvió ceder el trono y retirarse -a vida particular. El público, lejos de entrar en el examen de tan -espinosa cuestión, censuró amargamente al consejo, porque conforme a -su formulario había pasado a informe de sus fiscales el acto de la -abdicación: también se le reprendió con severidad por los ministros -del nuevo rey, ordenándole que inmediatamente lo publicase,<span -class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span> como lo verificó el 20 a -las tres de la tarde. El consejo obró de esta manera por conservar -la fórmula con que acostumbraba proceder en sus determinaciones, y -no con ánimo de oponerse y menos aún con el de reclamar los antiguos -usos y prácticas de España. Para lo primero ni tenía interés, ni le -era dado resistir al torrente del universal entusiasmo manifestado -en favor de Fernando; y para lo segundo, pertinaz enemigo de cortes o -de cualquiera representación nacional, más bien se hubiera mostrado -opuesto que inclinado a indicar o promover su llamamiento. Sin embargo -para desvanecer todo linaje de dudas, conveniente hubiera sido -repetir el acto de la abdicación de un modo más solemne y en ocasión -más tranquila y desembarazada. Los acontecimientos que de repente -sobrevinieron pudieron servir de fundada disculpa a aquella omisión; -mas parándonos a considerar quiénes eran los íntimos consejeros de -Fernando, cuáles sus ideas y cuál su posterior conducta, podemos -afirmar sin riesgo que nunca hubieran para aquel objeto congregado -cortes, graduando su convocación de intempestiva y peligrosa. Con todo -su celebración a ser posible hubiera puesto a la renuncia de Carlos -IV [conformándose con los antiguos usos de España] un sello firme e -incontrastable de legitimidad. Congregar cortes para asunto de tanta -gravedad fue constante costumbre nunca olvidada en las muchas renuncias -que hubo en los diferentes reinos de España. Las de Doña Berenguela y -la intentada por Don Juan I en Castilla; la de Don Ramiro el monje en -Aragón<span class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span> con todas las -otras más o menos antiguas fueron ejecutadas y cumplidas con la misma -solemnidad, hasta que la introducción de dinastías extranjeras alteró -práctica tan fundamental, siendo al parecer lamentable prerrogativa -de aquellos príncipes atropellar nuestros fueros, conservar nuestros -vicios, y olvidándose de lo bueno que en su patria dejaban, traernos -solamente lo perjudicial y nocivo. Así fue que en las dos célebres -cesiones de Carlos I y Felipe V no se llamó a cortes ni se guardaron -las antiguas formalidades. Verdad es que no hubo ni en una ni en -otra asomo de violencia, y a la de [*] <span class="sidenote">(* -Ap. n. <a href="#Ap_2-6" id="Ll_2-6">2-6</a>.)</span> Carlos -I celebrada en Bruselas públicamente con gran pompa y aparato -asistieron además muchos grandes. La de Felipe V fue más silenciosa, -poniendo en esta parte nuestros monarcas más y más en olvido la -respetable antigüedad según que se acercaban a nuestro tiempo. -El rey dijo que obraba [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a -href="#Ap_2-7" id="Ll_2-7">2-7</a>.)</span> «con consentimiento -y de conformidad con la reina su muy cara y muy amada esposa.» -Singular modo de autorizar acto de tanta trascendencia y de interés -tan general. La opinión entonces a pesar de estar reprimida no -quedó satisfecha, pues los «jurisperitos y los mismos del consejo -real,[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-8" -id="Ll_2-8">2-8</a>.)</span> nos dice el marqués de San Felipe, veían -que no era válida la renuncia no hecha con acuerdo de sus vasallos... -pero nadie replicó, pues al consejo real no se le preguntó sobre -la validación de la renuncia, sino se le mandó que obedeciese el -decreto...» Ahora lo mismo: ni a nadie se le preguntó cosa alguna, ni -nadie replicó esperándolo todo de la caída de Godoy y del ensalzamiento -de Fernando:<span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span> -imprevisión propia de las naciones que entregándose ciegamente a la -sola y casual sucesión de las personas, no buscan en las leyes e -instituciones el sólido fundamento de su felicidad.</p> - -<div class="sidenote">Ministros del<br/> nuevo monarca.</div> - -<p>Exaltado al solio Fernando VII del nombre, conservó por de pronto a -los mismos ministros de su padre, pero sucesivamente removió a los más -de ellos. Fue el primero que estuvo en este caso Don Miguel Cayetano -Soler, dotado de cierto despejo, y que encargado de la hacienda fue más -bien arbitrista que hombre verdaderamente entendido en aquel ramo. Se -puso en su lugar a Don Miguel José de Azanza, antiguo virrey de Méjico, -quien confinado en Granada gozaba del concepto de hombre de mucha -probidad. Quedó en estado Don Pedro Cevallos con decreto honorífico -para que no le perjudicase su enlace con una prima hermana del príncipe -de la Paz. Teníanle en el reinado anterior por cortesano dócil, estaba -adornado de cierta instrucción, y si bien no descuidó los intereses -personales y de familia, pasó en la corrompida corte de Carlos IV -por hombre de bien. Se notó posteriormente en su conducta propensión -fácil a acomodarse a varios y encontrados gobiernos. Continuó al -frente de la marina Don Francisco Gil y Lemus, anciano respetable y de -carácter entero y firme. Sucedió a pocos días en guerra al enfermizo -y ceremonioso Don Antonio Olaguer Feliú el general Don Gonzalo -Ofárril, recién venido de Toscana, en donde había mandado una división -española. Gozaba créditos de hombre de saber y de más aventajado<span -class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span> militar. Empezó por -nombrársele director general de artillería, y elevado al ministerio fue -acometido de una enfermedad grave que causó vivo y general sentimiento: -tanta era la opinión de que gozaba, la cual hubiera conservado intacta -si la suerte de que todos se lamentaban hubiera terminado su carrera. -El marqués Caballero, ministro de gracia y justicia, enemigo del saber, -servidor atento y solícito de los caprichos licenciosos de la reina, -perseguidor del mérito y de los hombres esclarecidos, había sido hasta -entonces universalmente despreciado y aborrecido. Viendo en marzo a -qué lado se inclinaba la fortuna, varió de lenguaje y de conducta, y -en tanto grado que se le creyó por algún tiempo autor en parte de lo -acaecido en Aranjuez: debió a su oportuna mudanza habérsele conservado -en su ministerio durante algunos días. Pero perseguido por su anterior -desconcepto y ofreciendo poca confianza, pasó en cambio de su puesto a -ser presidente de uno de los consejos: contribuyó mucho a su separación -el haber maliciosamente retardado cuatro días el despacho de la orden -que llamaba a Madrid de su confinamiento a Don Juan Escóiquiz. Entró -en el despacho de gracia y justicia Don Sebastián Piñuela, ministro -anciano del consejo. Se alzaron los destierros a Don Mariano Luis de -Urquijo, al conde de Cabarrús y al sabio y virtuoso Don Gaspar Melchor -de Jovellanos, víctima la más desgraciada y con más saña perseguida -en la privanza de Godoy. También fueron llamados todos los individuos -comprendidos en la causa del Escorial, mereciendo entre ellos<span -class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span> particular mención Don Juan -Escóiquiz, el duque del Infantado y el de San Carlos.</p> - -<div class="sidenote">Escóiquiz.</div> - -<p>Era Don Juan Escóiquiz hijo de un general y natural de Navarra. -Educado en la casa de pajes del rey, prefirió al estruendo de las -armas el quieto y pacífico estado eclesiástico, y obtuvo una canonjía -en la catedral de Zaragoza de donde pasó a ser maestro del príncipe -de Asturias. En el nuevo y honroso cargo en vez de formar el tierno -corazón de su augusto discípulo infundiendo en él máximas de virtud -y tolerancia; en vez de enriquecer su mente y adornarla de útiles y -adecuados conocimientos, se ocupó más bien en intrigas y enredos de -corte ajenos de su estado, y sobre todo de su magisterio. Queriendo -derribar a Godoy se atrajo su propia desgracia y se le alejó de la -enseñanza del príncipe, dándole en la iglesia de Toledo el arcedianato -de Alcaraz. Desde allí continuó sus secretos manejos, hasta que al -fin de resultas de la causa del Escorial se le confinó al convento -del Tardón. Aficionado a escribir en prosa y verso no descolló en las -letras más que en la política. Tradujo del inglés, con escaso numen, el -<i>Paraíso perdido</i> de Milton, y de sus obras en prosa debe en particular -mencionarse una defensa que publicó del tribunal de la Inquisición; -parto torcido de su poco venturoso ingenio. Fue siempre ciego admirador -de Bonaparte, y creciendo de punto su obcecación comprometió con -ella al príncipe su discípulo, y sepultó al reino en un abismo de -desgracias. Presumido y ambicioso, somero en su saber, sin conocimiento -práctico del corazón humano y menos de la corte y de los gobiernos -extraños,<span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span> se imaginó -que, cual otro Jiménez de Cisneros, desde el rincón de su coro de Toledo -saliendo de nuevo al mundo, regiría la monarquía y sujetaría a la -estrecha y limitada esfera de su comprensión la extensa y vasta del -indomable emperador de los franceses. Condecorado con la gran cruz de -Carlos III, fue nombrado por el nuevo rey consejero de Estado, y como -tal asistió a las importantes discusiones de que hablaremos muy pronto. -<span class="sidenote">El duque<br/> del Infantado.</span> El duque -del Infantado dado al estudio de algunas ciencias, fomentador en sus -estados de la industria y de ciertas fábricas, gozaba de buen nombre, -realzado por su riqueza, por el lustre de su casa, y principalmente -por las persecuciones que su desapego al príncipe de la Paz le habían -acarreado. Como coronel ahora de guardias españolas y presidente del -consejo real tomó parte en los arduos negocios que ocurrieron, y no -tardó en descubrir la flojedad y distracción de su ánimo, careciendo -de aquella energía y asidua aplicación que se requiere en las materias -graves. Tan cierto es que hombres cuyo concepto ha brillado en la -vida privada o en tiempos serenos, se eclipsan si son elevados a -puesto más alto, o si alcanzan días turbulentos y borrascosos. <span -class="sidenote">El duque<br/> de San Carlos.</span> Dio la América el -ser al duque de San Carlos, quien después de haber hecho la campaña -contra Francia en 1793, fue nombrado ayo del príncipe de Asturias, y -desterrado al fin de la corte con motivo de la causa del Escorial. La -reina María Luisa decía que era el más falso de todos los amigos de su -hijo; pero sin atenernos ciegamente a tan parcial testimonio, cierto -es que durante la privanza de Godoy no mostró<span class="pagenum" -id="Page_98">p. 98</span> respecto del favorito el mismo desvío que -el duque del Infantado, y solícito lisonjero buscó en su genealogía -el modo de entroncarse y emparentar con el ídolo a quien tantos -reverenciaban. Escogido para mayordomo mayor en lugar del marqués de -Mos, estuvo especialmente a su cargo, junto con el del Infantado y -Escóiquiz, dirigir la nave del estado en medio del recio temporal que -había sobrevenido, e inexperto y desavisado la arrojó contra conocidos -escollos tan desatentadamente como sus compañeros.</p> - -<div class="sidenote">Primeras<br/> providencias del<br/> nuevo -reinado.</div> - -<p>Fueron las primeras providencias del nuevo reinado o poco -importantes o dañosas al interés público, empezándose ya entonces el -fatal sistema de echar por tierra lo actual y existente, sin otro -examen que el de ser obra del gobierno que había antecedido. Se abolía -la superintendencia general de policía creada el año anterior, y se -dejaba resplandeciente y viva la horrible Inquisición. Permitíase en -los sitios y bosques reales la destrucción de alimañas, y se suspendía -la venta del séptimo de los bienes eclesiásticos concedida y aprobada -dos años antes por bula del Papa: medida necesaria y urgentísima -en España, obstruida en su prosperidad con la embarazosa traba del -casi total estancamiento de la propiedad territorial; medida que, -repetimos, hubiera convenido mantener con firmeza, cuidando solamente -de que se invirtiese el producto de la venta en procomunal. Se -suprimió también un impuesto sobre el vino con el objeto de halagar -a los contribuyentes, como si abandonando el verdadero y sólido -interés del estado no fuera muy reprensible dejarse llevar de una -mal<span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span> entendida y -efímera popularidad. Pero aquellas providencias fueran o no oportunas, -apenas fijaron la atención de España, inquieto el ánimo con el cúmulo -de acontecimientos que unos en pos de otros sobrevinieron y se -atropellaron.</p> - -<div class="sidenote">Proceso del<br/> príncipe de la Paz<br/> y de -otros,<br/> 23 de marzo.</div> - -<p>El príncipe de la Paz en la mañana del 23 de marzo había sido -trasladado desde Aranjuez al castillo de Villaviciosa, escoltándole los -guardias de corps a las órdenes del marqués de Castelar, comandante -de alabarderos, y allí fue puesto en juicio. Fuéronlo igualmente su -hermano Don Diego, el ex-ministro Soler, Don Luis Viguri, antiguo -intendente de la Habana, el corregidor de Madrid Don José Marquina, -el tesorero general Don Antonio Noriega, el director de la caja -de consolidación Don Miguel Sixto Espinosa, Don Simón de Viegas, -fiscal del consejo, y el canónigo Don Pedro Estala, distinguido como -literato. Para procesar a muchos de ellos no hubo otro motivo que -el de haber sido amigos de Don Manuel Godoy, y haberle tributado -esmerado obsequio; delito, si lo era, en que habían incurrido todos -los cortesanos y algunos de los que todavía andaban colocados en -dignidades y altos puestos. Se confiscaron por decreto del rey los -bienes del favorito, aunque las leyes del reino entonces vigentes -autorizaban solo el embargo y no la confiscación, puesto que para -imponer la última pena debía preceder juicio y sentencia legal, no -exceptuándose ni aquellos casos en que el individuo era acusado del -crimen de lesa majestad. Además conviene advertir que no obstante -la justa censura que merecía la ruinosa administración de Godoy, en -un gobierno<span class="pagenum" id="Page_100">p. 100</span> como -el de Carlos IV, que no reconocía límite ni freno a la voluntad del -soberano, difícilmente hubiera podido hacérsele ningún cargo grave, -sobre todo habiendo seguido Fernando por la pésima y trillada senda -que su padre le había dejado señalada. El valido había procedido en el -manejo de los negocios públicos autorizado con la potestad indefinida -de Carlos IV, no habiéndosele puesto coto ni medida, y lejos de que -hubiese aquel soberano reprobado su conducta después de su desgracia, -insistió con firmeza en sostenerle y en ofrecer a su caído amigo el -poderoso brazo de su patrocinio y amparo. Situación muy diversa de la -de Don Álvaro de Luna, desamparado y condenado por el mismo rey a quien -debía su ensalzamiento. Don Manuel Godoy, escudado con la voluntad -expresa y absoluta de Carlos, solo otra voluntad opresora e ilimitada -podía atropellarle y castigarle; medio legalmente atroz e injusto, -pero debido pago a sus demasías, y correspondiente a las reglas que le -habían guiado en tiempo de su favor.</p> - -<div class="sidenote">Grandes enviados<br/> para obsequiar<br/> a -Murat<br/> y a Napoleón.</div> - -<p>Pasados los primeros días de ceremonia y públicos regocijos se -volvieron los ojos a los huéspedes extranjeros que insensiblemente se -aproximaban a la capital. La nueva corte soñando felicidades y pensando -en efectuar el tan ansiado casamiento de Fernando con una princesa de -la sangre imperial de Francia, se esmeró en dar muestras de amistad y -afecto al emperador de los franceses y a su cuñado Murat, gran duque de -Berg. Fue al encuentro de este para obsequiarle y servirle el duque -del Parque, y salieron en busca del deseado Napoleón, con el<span -class="pagenum" id="Page_101">p. 101</span> mismo objeto los duques de -Medinaceli y de Frías, y el conde de Fernán Núñez.</p> - -<div class="sidenote">Avanza Murat<br/> hacia Madrid.</div> - -<p>Ya hemos indicado como las tropas francesas se avanzaban hacia -Madrid. El 15 de marzo había Murat salido de Burgos, continuando -después su marcha por el camino de Somosierra. Traía consigo la guardia -imperial, numerosa artillería y el cuerpo de ejército del mariscal -Moncey, al que reemplazaba el de Bessières en los puntos que aquel iba -desocupando. Dupont también se avanzaba por el lado de Guadarrama con -toda su fuerza, a excepción de una división que dejó en Valladolid para -observar las tropas españolas de Galicia. Se había con particularidad -encargado a Murat que se hiciera dueño de la cordillera que divide las -dos Castillas, antes que se apoderase de ella Solano u otras tropas; -igualmente se le previno que interceptara los correos, con otras -instrucciones secretas, cuya ejecución no tuvo lugar a causa de la -sumisa condescendencia de la nueva corte.</p> - -<p>Murat, inquieto y receloso con lo acaecido en Aranjuez, no quiso -dilatar más tiempo la ocupación de Madrid, y el 23 entró en la capital -llevando delante, con deseo de excitar la admiración, la caballería -de la guardia imperial, y lo más escogido y brillante de su tropa, -y rodeado él mismo de un lujoso séquito de ayudantes y oficiales -de estado mayor. No correspondía la infantería a aquella primera y -ostentosa muestra, constando en general de conscriptos y gente bisoña. -El vecindario de Madrid, si bien ya temeroso de las intenciones de -los franceses,<span class="pagenum" id="Page_102">p. 102</span> no -lo estaba a punto que no los recibiese afectuosamente, ofreciéndoles -por todas partes refrescos y agasajos. Contribuía no poco a alejar la -desconfianza el traer a todos embelesados las importantes y repentinas -mudanzas sobrevenidas en el gobierno. Solo se pensaba en ellas y en -contarlas y referirlas una y mil veces; ansiando todos ver con sus -propios ojos y contemplar de cerca al nuevo rey, en quien se fundaban -lisonjeras e ilimitadas esperanzas, tanto mayores cuanto así descansaba -el ánimo fatigado con el infausto desconcierto del reinado anterior.</p> - -<div class="sidenote">Entrada<br/> de Fernando<br/> en Madrid<br/> en -24 de marzo.</div> - -<p>Fernando, cediendo a la impaciencia pública, señaló el día 24 de -marzo para hacer su entrada en Madrid. Causó el solo aviso indecible -contento, saliendo a aguardarle en la víspera por la noche numeroso -gentío de la capital, y concurriendo al camino con no menor diligencia -y afán todos los pueblos de la comarca. Rodeado de tan nuevo y -grandioso acompañamiento llegó a las Delicias, desde donde por la -puerta de Atocha entró en Madrid a caballo, siguiendo el paseo del -Prado, y las calles de Alcalá y Mayor hasta palacio. Iban detrás y -en coche los infantes Don Carlos y Don Antonio. Testigos de aquel -día de placer y holganza, nos fue más fácil sentirle que nos será -dar de él ahora una idea perfecta y acabada. Horas enteras tardó el -rey Fernando en atravesar desde Atocha hasta palacio: con escasa -escolta, por doquiera que pasaba, estrechado y abrazado por el -inmenso concurso, lentamente adelantaba el paso, tendiéndosele al -encuentro las capas con deseo de que fueran holladas por su caballo: -de las ventanas se tremolaban<span class="pagenum" id="Page_103">p. -103</span> los pañuelos, y los vivas y clamores saliendo de todas las -bocas se repetían y resonaban en plazuelas y calles, en tablados y -casas, acompañados de las bendiciones más sinceras y cumplidas. Nunca -pudo monarca gozar de triunfo más magnífico ni más sencillo; ni nunca -tampoco contrajo alguno obligación más sagrada de corresponder con todo -ahínco al amor desinteresado de súbditos tan fieles.</p> - -<div class="sidenote">Conducta<br/> impropia<br/> de Murat.</div> - -<p>Murat oscurecido y olvidado con la universal alegría, procuró -recordar su presencia con mandar que algunas de sus tropas maniobrasen -en medio de la carrera por donde el rey había de pasar. Desagradó -orden tan inoportuna en aquel día, como igualmente el que no estando -satisfecho con el alojamiento que se le había dado en el Buen Retiro, -por sí y militarmente, sin contar con las autoridades, se hubiese mudado -a la antigua casa del príncipe de la Paz, inmediata al convento de -Doña María de Aragón. Acontecimientos eran estos de leve importancia, -pero que influyeron no poco en indisponer los ánimos del vecindario. -Aumentose el disgusto a vista del desvío que mostró el mismo Murat -con el nuevo rey, desvío imitado por el embajador Beauharnais, único -individuo del cuerpo diplomático que no le había reconocido. La -corte disculpaba a entrambos con la falta de instrucciones, debida -a lo impensado de la repentina mudanza; mas el pueblo comparando el -anterior lenguaje de dicho embajador amistoso y solícito con su fría -actual indiferencia, atribuía la súbita transformación a causa más -fundamental. Así fue que la opinión, respecto de los franceses,<span -class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span> de día en día fue -trocándose y tomando distinto y contrario rumbo.</p> - -<div class="sidenote">Opinión<br/> de España<br/> sobre Napoleón.</div> - -<p>Hasta entonces, si bien algunos se recelaban de las intenciones de -Napoleón, la mayor parte solo veía en su persona un apoyo firme de la -nación y un protector sincero del nuevo monarca. La perfidia de la toma -de las plazas u otros sucesos de dudosa interpretación, los achacaban a -viles manejos de Don Manuel Godoy o a justas precauciones del emperador -de los franceses. Equivocado juicio sin duda, mas nada extraño en un -país privado de los medios de publicidad y libre discusión que sirven -para ilustrar y rectificar los extravíos de las opiniones. De cerca -habían todos sentido las demasías de Godoy, y de Napoleón solo y de -lejos se habían visto sus pasmosos hechos y maravillosas campañas. Los -diarios de España, o más bien la miserable Gaceta de Madrid, eco de los -papeles de Francia, y unos y otros esclavizados por la censura previa, -describían los sucesos y los amoldaban a gusto y sabor del que en -realidad dominaba acá y allá de los Pirineos. Por otra parte el clero -español, habiendo visto que Napoleón había levantado los derribados -altares, prefería su imperio y señorío a la irreligiosa y perseguidora -dominación que le había precedido. No perdían los nobles la esperanza -de ser conservados y mantenidos en sus privilegios y honores por aquel -mismo que había creado órdenes de caballería, y erigido una nueva -nobleza en la nación en donde pocos años antes había sido abolida y -proscrita. Miraban los militares como principal fundamento de su gloria -y<span class="pagenum" id="Page_105">p. 105</span> engrandecimiento -al afortunado caudillo, que para ceñir sus sienes con la corona no -había presentado otros abuelos ni otros títulos que su espada y sus -victorias. Los hombres moderados, los amantes del orden y del reposo -público, cansados de los excesos de la revolución, respetaban en la -persona del emperador de los franceses al severo magistrado que con -vigoroso brazo había restablecido concierto en la hacienda y arreglo -en los demás ramos. Y si bien es cierto que el edificio que aquel -había levantado en Francia no estribaba en el duradero cimiento de -instituciones libres, valladar contra las usurpaciones del poder, había -entonces pocos en España y contados eran los que extendían tan allá sus -miras.</p> - -<div class="sidenote">Juicio sobre<br/> la conducta<br/> de -Napoleón.</div> - -<p>Napoleón bien informado del buen nombre con que corría en España, -cobró aliento para intentar su atrevida empresa, posible y hacedera -a haber sido conducida con tino y prudente cordura. Para alcanzar -su objeto dos caminos se le ofrecieron, según la diversidad de los -tiempos. Antes de la sublevación de Aranjuez la partida y embarco para -América de la familia reinante era el mejor y más acomodado. Sin aquel -impensado trastorno, huérfana España y abandonada de sus reyes hubiera -saludado a Napoleón como príncipe y salvador suyo. La nueva dominación -fácilmente se hubiera afianzado, si adoptando ciertas mejoras hubiera -respetado el noble orgullo nacional y algunas de sus anteriores -costumbres y aun preocupaciones. Acertó pues Napoleón cuando vio en -aquel medio el camino más seguro de enseñorearse<span class="pagenum" -id="Page_106">p. 106</span> de España, procediendo con grande -desacuerdo desde el momento en que desbaratado por el acaso su primer -plan, no adoptó el único y obvio que se le ofrecía en el casamiento de -Fernando con una princesa de la familia imperial: hubiera hallado en su -protegido un rey más sumiso y reverente que en ninguno de sus hermanos. -Cuando su viaje a Italia, no había Napoleón desechado este pensamiento, -y continuó en el mismo propósito durante algún tiempo, si bien con más -tibieza. El ejemplo de Portugal le sugirió más tarde la idea de repetir -en España lo que su buena suerte le había proporcionado en el país -vecino. Afirmose en su arriesgado intento después que sin resistencia -se había apoderado de las plazas fuertes, y después que vio a su -ejército internado en las provincias del reino. Resuelto a su empresa -nada pudo ya contenerle.</p> - -<p>Esperaba con impaciencia Napoleón el aviso de haber salido -para Andalucía los reyes de España, a la misma sazón que supo -el importante e inesperado acontecimiento de Aranjuez. <span -class="sidenote">Propuesta<br/> de Napoleón<br/> a su hermano<br/> -Luis.</span> Desconcertado al principio con la noticia, no por eso -quedó largo tiempo indeciso; y obstinado y tenaz en nada alteró -su primera determinación. Claramente nos lo prueba un importante -documento. Había el sábado en la noche 26 de marzo recibido en -Saint-Cloud un correo con las primeras ocurrencias de Aranjuez, y otro -pocas horas después con la abdicación de Carlos IV. Hasta entonces solo -él era sabedor de lo que contra España maquinaba: sin compromiso y sin -ofensa del amor propio hubiera<span class="pagenum" id="Page_107">p. -107</span> podido variar su plan. Sin embargo al día siguiente, el -27 del mismo, decidido a colocar en el trono de España a una persona -de su familia, escribió con aquella fecha a su hermano Luis rey -de Holanda.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-9" -id="Ll_2-9">2-9</a>.)</span> «El rey de España acaba de abdicar la -corona, habiendo sido preso el príncipe de la Paz. Un levantamiento -había empezado a manifestarse en Madrid, cuando mis tropas estaban -todavía a cuarenta leguas de distancia de aquella capital. El gran -duque de Berg habrá entrado allí el 23 con 40.000 hombres, deseando -con ansia sus habitantes mi presencia. Seguro de que no tendré paz -sólida con Inglaterra sino dando un grande impulso al continente, he -resuelto colocar un príncipe francés en el trono de España... En tal -estado he pensado en ti para colocarte en dicho trono... Respóndeme -categóricamente cuál sea tu opinión sobre este proyecto. Bien ves -que no es sino proyecto, y aunque tengo 100.000 hombres en España, -es posible por circunstancias que sobrevengan, o que yo mismo vaya -directamente, o que todo se acabe en quince días, o que ande más -despacio siguiendo en secreto las operaciones durante algunos meses. -Respóndeme categóricamente: si te nombro rey de España, ¿lo admites? -¿Puedo contar contigo?...» Luis rehusó la propuesta. Documento es este -importantísimo, porque fija de un modo auténtico y positivo desde qué -tiempo había determinado Napoleón mudar la dinastía de Borbón, estando -solo incierto en los medios que convendría emplear para el logro de su -proyecto. También por estos días conferenciando<span class="pagenum" -id="Page_108">p. 108</span> con Izquierdo le preguntó, si los españoles -le querrían como a soberano suyo. Replicole aquel con oportunidad -plausible: «con gusto y entusiasmo admitirán los españoles a V. M. por -su monarca, pero después de haber renunciado a la corona de Francia.» -Imprevista respuesta y poco grata a los delicados oídos del orgulloso -conquistador. Continuando pues Napoleón en su premeditado pensamiento, -y pareciéndole que era ya llegado el caso de ponerle en ejecución, -trató de aproximarse al teatro de los acontecimientos, habiendo salido -de París el 2 de abril con dirección a Burdeos.</p> - -<p>En tanto Murat, retrayéndose de la nueva corte, anunciaba todos los -días la llegada de su augusto cuñado. En palacio se preparaba la -habitación imperial, adornábase el Retiro para bailes, y un aposentador -enviado de París lo disponía y arreglaba todo. Para despertar aún más -la viva atención del público se enseñaba hasta el sombrero y botas del -deseado emperador. Bien que en aquellos preparativos y anuncios hubiese -de parte de los franceses mucho de aparente y falso, es probable que -sin el trastorno causado por el movimiento de Aranjuez, Napoleón -hubiera pasado a Madrid. Sorprendido con la súbita mudanza determinó -buscar en Bayona ocasión que desenredase los complicados asuntos de -España. <span class="sidenote">Correspondencia<br/> entre Murat<br/> -y los reyes padres.</span> Ofreciósela oportuna una correspondencia -entablada entre Murat y los reyes padres, y a que dio origen el -ardiente deseo de libertar a Don Manuel Godoy, y poner su vida fuera de -todo riesgo. Fue mediadora en la correspondencia la reina de Etruria, y -Murat, considerándola<span class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span> -como conveniente al final desenlace de los intentos de Napoleón, -cualesquiera que ellos fuesen, no desaprovechó la dichosa coyuntura que -la casualidad le ofrecía. De ella provino la famosa protesta de Carlos -IV contra su abdicación, sirviendo de base dicho acto a todas las -renuncias y procedimientos que tuvieron después lugar en Bayona.</p> - -<p>Nació aquella correspondencia [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. -<a href="#Ap_2-10" id="Ll_2-10">2-10</a>.)</span> poco después del -día 19 de marzo. Ya en el 22 las dos reinas madre e hija escribían -con eficacia en favor del preso Godoy, manifestando la de España que -estaba su felicidad cifrada en acabar tranquilamente sus días con su -esposo y el único <i>amigo</i> que <i>ambos</i> tenían. Con igual -fecha lo mismo pedía Carlos IV, añadiendo que se iban a Badajoz. Es de -notar el contexto de dichas cartas en las que todavía no se hablaba -de haber protestado el rey padre contra la abdicación hecha en el -día 19, ni de asunto alguno conexo con paso de tanta gravedad. Sin -embargo cuando en 1810 publicó el Monitor esta correspondencia, insertó -antes de las enunciadas cartas del 22 otra en que se hace mención de -aquel acto como de cosa consumada; pero el haberse omitido en ella la -fecha, diciendo al mismo tiempo la reina que a nada aspiraba sino a -alejarse con su esposo y Godoy todos tres juntos de intrigas y mando, -excita contra dicha carta vehementes sospechas, o de que se omitió -la fecha por haber sido posteriormente escrita a la del 22, o, lo que -es también verosímil, que se intercaló el pasaje en que se habla de -haber protestado, no aviniéndose con este acto e implicando<span -class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span> más bien contradicción los -deseos de la reina allí manifestados. La protesta apareció con la fecha -del 21; mas las cartas del 22 con otras aserciones encontradas que se -notan en la correspondencia, prueban que en la dicha protesta se empleó -una supuesta y anticipada fecha, y que Carlos no tuvo determinación -fija de extender aquel acto hasta pasados tres días después de su -abdicación.</p> - -<p>La lectura atenta de toda la correspondencia, y lo que hemos oído a -personas de autoridad, nos induce a creer que Carlos IV se resolvió a -formalizar su protesta después de las vistas que el 23 tuvieron él y -su esposa con el general Monthion, jefe del estado mayor de Murat. De -cualquiera modo que dicho general nos haya pintado su conferencia, y -bien que haya querido indicarnos que los reyes padres estaban decididos -de antemano a protestar contra su abdicación, lo cierto es que hasta -aquel día Carlos IV no se había dirigido a Napoleón, y entonces lo -hizo comunicándole cómo se había visto forzado a renunciar, «cuando -el estruendo de las armas y los clamores de una guardia sublevada -le habían dado a conocer bastante la necesidad de escoger entre la -vida o la muerte; pues [añadía] esta última se hubiera seguido a la -de la reina.» Concluía poniendo enteramente su suerte en las manos -de su poderoso aliado. Acompañaba a la carta el acto de la protesta -así concebido.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-11" -id="Ll_2-11">2-11</a>.)</span> «Protesto y declaro que todo lo que -manifiesto en mi decreto del 19 de marzo, abdicando la corona en -mi hijo, fue forzado por precaver mayores males y la efusión<span -class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span> de sangre de mis queridos -vasallos, y por tanto de ningún valor. — Yo el rey. — Aranjuez 21 de -marzo de 1808.»</p> - -<p>Del cúmulo de pruebas que hemos tenido a la vista en un punto tan -delicado e importante, conjeturamos fundadamente que Carlos, cuya -abdicación fue considerada por la generalidad como un acto de su -libre y espontánea voluntad, y la cual el mismo monarca de carácter -indolente y flojo dio momentáneamente con gusto; abandonado después -por todos, solo y no acatado cual solía cuando empuñaba el cetro, -advirtió muy luego la diferencia que media entre un soberano reinante -y otro desposeído y retirado. Fuele doloroso en su triste y solitaria -situación comparar lo que había sido y lo que ahora era, y dio bien -pronto indicio de pesarle su precipitada resolución. El arrepentimiento -de haber renunciado fue en adelante tan constante y tan sincero, que no -solo en Bayona mostraba a las claras la violencia que se había empleado -contra su persona, sino que todavía en Roma en 1816 repetía a cuantos -españoles iban a verle y en quienes tenía confianza, que su hijo no -era legítimo rey de España, y que solo él Carlos IV era el verdadero -soberano. No menos ahondaba y quebrantaba el corazón de la reina el -triste recuerdo de su perdido influjo y poderío: andaba despechada -con la ingratitud de tantos mudables cortesanos antes en apariencia -partidarios adictos y afectuosos, y grandemente la atribulaban los -riesgos que cercaban a su idolatrado amigo. Ambos, en fin, sintieron -el haber descendido del trono, acusándose a sí mismos de la<span -class="pagenum" id="Page_112">p. 112</span> sobrada celeridad con que -habían cedido a los temores de una violenta sublevación. No fueron los -primeros reyes que derramaron lágrimas tardías en memoria de su antiguo -y renunciado poder.</p> - -<p>Pesarosos Carlos y María Luisa y dispuestos sus ánimos a deshacer -lo que inconsideradamente habían ofrecido y ejecutado el día 19, -vislumbraron un rayo de halagüeña esperanza al ver el respeto y -miramiento con que eran tratados por los principales jefes del ejército -extranjero. <span class="sidenote">Siguen los tratos<br/> entre -Murat y<br/> los reyes padres.</span> Entonces pensaron seriamente -en recobrar la perdida autoridad, fundando más particularmente su -reclamación en la razón poderosa de haber abdicado en medio de una -sedición popular y de una sublevación de la soldadesca. Murat si no fue -quien primero sugirió la idea, al menos puso gran conato en sostenerla, -porque con ella fomentando la desunión de la familia real, minaba por -su cimiento la legitimidad del nuevo rey, y ofrecía a su gobierno -un medio plausible de entrometerse en las disensiones interiores, -mayormente acudiendo a buscar el anciano y desposeído Carlos reparo y -ayuda en su aliado el emperador de los franceses.</p> - -<p>Murat al paso que urdía aquella trama o que por lo menos ayudaba -a ella, no cesaba de anunciar la próxima llegada de Napoleón, -insinuando mañosamente a Fernando por medio de sus consejeros cuán -conveniente sería que para allanar cualesquiera dificultades que se -opusiesen al reconocimiento, saliera a esperar a su augusto cuñado -el emperador. Por su parte el nuevo gobierno procuraba con el mayor -esfuerzo granjear<span class="pagenum" id="Page_113">p. 113</span> -la voluntad del gabinete de Francia. Ya en 20 de marzo se mandó al -consejo [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-12" -id="Ll_2-12">2-12</a>.)</span> publicar que Fernando VII lejos de mudar -el sistema político de su padre respecto de aquel imperio, pondría su -esmero en estrechar los preciosos vínculos de amistad y alianza que -entre ambos subsistían, encargándose con especialidad recomendar al -pueblo que tratase bien y acogiese con afecto al ejército francés. -Se despacharon igualmente órdenes a las tropas de Galicia que habían -dejado a Oporto, para que volviesen a aquel punto, y a las de Solano, -que estaban ya en Extremadura en virtud de lo últimamente dispuesto por -Godoy, se les mandó que retrocediesen a Portugal. Estas sin embargo se -quedaron por la mayor parte en Badajoz, no cuidándose Junot de tener -cerca de sí soldados cuya conducta no merecía su confianza.</p> - -<p>El pueblo español entre tanto empezaba cada día a mirar con peores -ojos a los extranjeros, cuya arrogancia crecía según que su morada -se prolongaba. Continuamente se suscitaban empeñadas riñas entre los -paisanos y los soldados franceses, y el 27 de marzo de resultas de -una más acalorada y estrepitosa, estuvo para haber en la plazuela de -la Cebada una grande conmoción, en la que hubiera podido derramarse -mucha sangre. La corte acongojada quería sosegar la inquietud pública, -ora por medio de proclamas, ora anunciando y repitiendo la llegada de -Napoleón que pondría término a las zozobras e incertidumbre. Era tal -en este punto su propio engaño que en 24 de marzo se avisó al público -de oficio [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-13" -id="Ll_2-13">2-13</a>.)</span> «que S. M. tenía noticia que<span -class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span> dentro de dos días y medio -a tres llegaría el emperador de los franceses...» Así ya no solamente -se contaban los días sino las horas mismas: ansiosa impaciencia, -desvariada en el modo de expresarse, y afrentosa en un gobierno cuyas -providencias hubieran podido descansar en el seguro y firme apoyo de la -opinión nacional.</p> - -<div class="sidenote">Llega Escóiquiz<br/> a Madrid<br/> en 28 de -marzo.</div> - -<p>¡Cosa maravillosa! Cuanto más se iban en Madrid desengañando todos -y comprendiendo los fementidos designios del gabinete de Francia, -tanto más ciego y desatentado se ponía el gobierno español. Acabó de -perderle y descarriarle el 28 de marzo con su llegada Don Juan de -Escóiquiz, quien no veía en Napoleón sino al esclarecido, poderoso y -heroico defensor del rey Fernando y sus parciales. Deslumbrado con -la opinión que de sí propio tenía, creyó que solo a él le era dado -acertar con los oportunos medios de sacar airoso y triunfante de la -embarazosa posición a su augusto discípulo, y cerrando los oídos a la -voz pública y universal, llamó hacia su persona una severa y terrible -responsabilidad. Causa asombro, repetimos, que los engaños y arterías -advertidos por el más ínfimo y rudo de los españoles se ocultasen -y oscureciesen a Don Juan Escóiquiz y a los principales consejeros -del rey, quienes por el puesto que ocupaban y por la sagacidad que -debía adornarles, hubieran debido descubrir antes que ningún otro -las asechanzas que se les armaban. Pero los sucesos que en gran -manera concurrían a excitar su desconfianza, eran los mismos que los -confortaban y aquietaban. Tal fue el pliego de<span class="pagenum" -id="Page_115">p. 115</span> Izquierdo, de que hablamos en el libro -anterior. Las proposiciones en él inclusas, y por las que nada menos -se trataba que de ceder las provincias del Ebro allá, y de arreglar -la sucesión de España, sobre la cual dentro del reino nadie había -tenido dudas, no despertaron las dormidas sospechas de Escóiquiz ni -de sus compañeros. Atentos solo a la propuesta indicada en el mismo -pliego de casar a Fernando con una princesa, pensaron que todo iba a -componerse amistosamente, llevando tan allá Escóiquiz y los suyos el -extravío de su mente, que en su <i>Idea sencilla</i> no se detiene -en asentar «que su opinión conforme con la del consejo del rey había -sido que las intenciones más perjudiciales que podían recelarse del -gobierno francés, eran las del trueque de las provincias más allá del -Ebro por el reino de Portugal, o tal vez la cesión de la Navarra;» como -si la cesión o pérdida de cualquiera de estas provincias no hubiera -sido clavar un agudo puñal en una parte muy principal de la nación, -desmembrándola y dejándola expuesta a los ataques que contra ella -intentase dirigir a mansalva su poderoso vecino.</p> - -<p>El contagio de tamaña ceguedad había cundido entre algunos -cortesanos, y hubo de ellos quienes sirvieron por su credulidad -al entretenimiento y burla de los servidores de Napoleón. <span -class="sidenote">Fernán Núñez<br/> en Tours.</span> Se aventajó a todos -el conde de Fernán Núñez, quien para merecer primero las albricias -dejando atrás a los que con él habían ido a recibir al emperador de -los franceses, se adelantó a toda diligencia hasta Tours. No distante -de aquella ciudad cruzándose en el camino con Mr. Bausset,<span -class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span> prefecto del palacio -imperial, le preguntó con viva impaciencia si estaba ya cerca la -novia del rey Fernando, sobrina del emperador. Respondiole aquel que -tal sobrina no era del viaje ni había oído hablar de novia ni de -casamiento. Tomando entonces Fernán Núñez en su ademán un compuesto -y misterioso semblante, atribuyó la respuesta del prefecto imperial -o a estudiado disimulo o a que no estaba en el importante secreto. -No dejan estos hechos por leves que parezcan de pintar los hombres -que con su obcecación dieron motivo a grandes y trascendentales -acontecimientos.</p> - -<p>Lejos Murat de contribuir con su conducta a ofuscar a los ministros -del rey, obraba de manera que más bien ayudaba al desengaño que a -mantener la lisonjera ilusión. Continuaba siempre en sus tratos con -la reina de Etruria y los reyes padres, no ocupándose en reconocer -a Fernando, ni en hacerle siquiera una visita de mera ceremonia y -cumplido. A pesar de su desvío bastaba que mostrase el menor deseo -para que los ministros del nuevo rey se afanasen por complacerle y -servirle. <span class="sidenote">Entrega<br/> de la espada<br/> de -Francisco I.</span> Así fue que habiendo manifestado a Don Pedro -Cevallos cuánto le agradaría tener en su poder la espada de Francisco -I depositada en la real armería, le fue al instante entregada en 4 de -abril, siendo llevada con gran pompa y acompañamiento y presentada por -el marqués de Astorga en calidad de caballerizo mayor. Al par que en -sus anteriores procedimientos se portó en este paso el gobierno español -débil y sumisamente, el francés dejó ver estrecheza de ánimo en una -demanda<span class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span> ajena de una -nación famosa por sus hazañas y glorias militares, como si los triunfos -de Pavía y el inmortal trofeo ganado en buena guerra, y que adquirieron -a España sus ilustres hijos Diego de Ávila y Juan de Urbieta pudieran -nunca borrarse de la memoria de la posteridad.</p> - -<div class="sidenote">Carta<br/> de Napoleón<br/> a Murat:<br/> -viaje del infante<br/> Don Carlos.<br/> (* Ap. n. <a href="#Ap_2-14" -id="Ll_2-14">2-14</a>.)</div> - -<p>Napoleón no estaba del todo satisfecho de la conducta de Murat. En -una carta que le escribió en 29 de marzo le manifestaba sus temores, -y con diestra y profunda mano le trazaba cuanto había complicado los -negocios el acontecimiento de Aranjuez.[*] Este documento si fue -escrito del modo que después se ha publicado, muestra el acertado -tino y extraordinaria previsión del emperador francés, y que la -precipitación y equivocados informes de Murat perjudicaron muy -mucho al pronto y feliz éxito de su empresa. Sin embargo además de -las instrucciones que aparecen por la citada carta, debió de haber -otras por el mismo tiempo que indicasen o expresasen más claramente -la idea de llevar a Francia los príncipes de la real familia; pues -Murat siguiendo en aquel propósito y no atreviéndose a insistir -inmediatamente en sus anteriores insinuaciones de que Fernando fuese al -encuentro de Napoleón, propuso como muy oportuna la salida al efecto -del infante Don Carlos, en lo cual conviniendo sin dificultad la corte, -partió el infante el 5 de abril. No habían pasado muchos días ni aun -tal vez horas cuando Murat poco a poco volvió a renovar sus ruegos para -que el rey Fernando se pusiese también en camino y halagase con tan -amistoso paso a su<span class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span> -amigo el emperador Napoleón. El embajador francés apoyaba lo mismo y -con particular eficacia, habiendo en fin claramente descubierto que -la política de su amo en los asuntos de España era muy otra de la que -antes se había figurado.</p> - -<p>Pero viendo el rey Fernando que su hermano el infante no había -encontrado en Burgos a Napoleón y proseguía adelante sin saber cuál -sería el término de su viaje, vacilaba todavía en su resolución. -Sus consejeros andaban divididos en sus dictámenes: Cevallos se -oponía a la salida del rey hasta tanto que se supiera de oficio la -entrada en España del emperador francés. Escóiquiz constante en su -desvarío sostenía con empeño el parecer contrario, y a pesar de su -poderoso influjo hubiera difícilmente prevalecido en el ánimo del rey, -<span class="sidenote">Llegada<br/> a Madrid<br/> del general<br/> -Savary.</span> si la llegada a Madrid del general Savary no hubiese -dado nuevo peso a sus razones y cambiado el modo de pensar de los que -hasta entonces habían estado irresolutos e inciertos. Savary, general -de división y ayudante de Napoleón, iba a Madrid con el encargo de -llevar a Fernando a Bayona, adoptando para ello cuantos medios estimase -convenientes al logro de la empresa. Juzgose que era la persona más -acomodada para desempeñar tan ardua comisión, encubriendo bajo un -exterior militar y franco profunda disimulación y astucia. Apenas, por -decirlo así, apeado, solicitó audiencia particular de Fernando, la -cual concedida manifestó con aparente sinceridad «que venía de parte -del emperador para cumplimentar al rey y saber de S. M. únicamente si -sus sentimientos<span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span> con -respecto a la Francia eran conformes con los del rey su padre, en cuyo -caso el emperador prescindiendo de todo lo ocurrido no se mezclaría en -nada de lo interior del reino, y reconocería desde luego a S. M. por -rey de España y de las Indias.» Fácil es acertar con la contestación -que daría una corte no ocupada sino en alcanzar el reconocimiento del -emperador de los franceses. Savary anunció la próxima llegada de su -soberano a Bayona, de donde pasaría a Madrid, insistiendo poco después -en que Fernando saliese a recibirle, con cuya determinación probaría su -particular anhelo por estrechar la antigua alianza que mediaba entre -ambas naciones, y asegurando que la ausencia sería tanto menos larga -cuanto que se encontraría en Burgos con el mismo emperador. El rey -vencido con tantas promesas y palabras, resolvió al fin condescender -con los deseos de Savary, sostenido y apoyado por los más de los -ministros y consejeros españoles.</p> - -<p>Cierto que el paso del general francés hubiera podido hacer titubear -al hombre más tenaz y firme si otros indicios poderosos no hubieran -contrapesado su aparente fuerza. Además era sobrada precipitación -antes de saberse el viaje de Napoleón a España de un modo auténtico y -de oficio, exponer la dignidad del rey a ir en busca suya, habiéndose -hasta entonces comunicado su venida solo de palabra e indirectamente. -Con mayor lentitud y circunspección hubiera convenido proceder en -negocio en que se interesaban el decoro del rey, su seguridad y la -suerte de la nación, principalmente cuando<span class="pagenum" -id="Page_120">p. 120</span> tantas perfidias habían precedido, cuando -Murat tenía conducta tan sospechosa, y cuando en vez de reconocer a -Fernando cuidaba solamente de continuar sus secretos manejos con la -antigua corte. Mas el deslumbrado Escóiquiz proseguía no viendo las -anteriores perfidias, y achacaba las intrigas de Murat a actos de pura -oficiosidad, contrarios a las intenciones de Napoleón. Sordo a la voz -del pueblo, sordo al consejo de los prudentes, sordo a lo mismo que se -conversaba en todo el ejército extranjero, en corrillos y plazas, se -mantuvo porfiadamente en su primer dictamen y arrastró al suyo a los -más de los ministros, dando al mundo la prueba más insigne de terca y -desvariada presunción, probablemente aguijada por ardiente deseo de -ambiciosos crecimientos.</p> - -<div class="sidenote">Aviso de Hervás.</div> - -<p>Hubo aún para recelarse el que Don José Martínez de Hervás, quien -como español y por su conocimiento en la lengua nativa había venido -en compañía del general Savary, avisó que se armaba contra el rey -alguna celada, y que obraría con prudente cautela desistiendo del -viaje o difiriéndole. Pero, ¡oh colmo de ceguedad!, los mismos que -desacordadamente se fiaban en las palabras de un extranjero, del -general Savary, tuvieron por sospechosa la loable advertencia del -leal español. Y como si tantos indicios no bastasen, el mismo Savary -dio ocasión a nuevos recelos con pedir de orden del emperador que -se pusiese en libertad al enemigo declarado e implacable del nuevo -gobierno, al odiado Godoy. Incomodó, sin embargo, la intempestiva -solicitud, y hubiera tal vez perjudicado<span class="pagenum" -id="Page_121">p. 121</span> al resuelto viaje, si el francés, a ruego -del Infantado y Ofárril, no hubiera abandonado su demanda.</p> - -<p>Firmes pues en su propósito los consejeros de Fernando y conducidos -por un hado adverso, señalaron el día 10 de abril para su partida, -<span class="sidenote">10 de abril:<br/> salida del rey<br/> para -Burgos.</span> en cuyo día salió S. M. tomando el camino de Somosierra -para Burgos. Iban en su compañía Don Pedro Cevallos ministro de estado, -los duques del Infantado y San Carlos, el marqués de Múzquiz, Don Pedro -Labrador, Don Juan de Escóiquiz, el capitán de guardias de Corps conde -de Villariezo, y los gentil-hombres de cámara marqués de Ayerbe, de -Guadalcázar, y de Feria. La víspera había escrito Fernando a su padre -pidiéndole una carta para el emperador con súplica de que asegurase -en ella los buenos sentimientos que le asistían, queriendo seguir -las mismas relaciones de amistad y alianza con Francia que se habían -seguido en su anterior reinado. Carlos IV ni le dio la carta, ni le -contestó, con achaque de estar ya en cama: precursora señal de lo que -en secreto se proyectaba.</p> - -<div class="sidenote">Nombramiento<br/> de una junta<br/> suprema.</div> - -<p>Antes de su salida dispuso el rey Fernando que se nombrase una -junta suprema de gobierno presidida por su tío el infante Don Antonio -y compuesta de los ministros del despacho, quienes a la sazón eran Don -Pedro Cevallos, de estado, que acompañaba al rey; Don Francisco Gil y -Lemus, de marina; Don Miguel José de Azanza, de hacienda; Don Gonzalo -Ofárril, de guerra, y Don Sebastián Piñuela, de gracia y justicia. Esta -junta según las instrucciones verbales del rey debía entender en todo -lo gubernativo<span class="pagenum" id="Page_122">p. 122</span> y -urgente, consultando en lo demás con S. M.</p> - -<div class="sidenote">Sobre<br/> el viaje del rey.</div> - -<p>En tanto que el rey con sus consejeros va camino de Bayona, -será bien que nos detengamos a considerar de nuevo resolución tan -desacertada. La pintura triste que para disculparse traza Escóiquiz -en su obra acerca de la situación del reino, sería juiciosa si en -aquel caso se hubiese tratado de medir las fuerzas militares de -España y sus recursos pecuniarios con los de Francia, a la manera -de una guerra de ejército a ejército y de gobierno a gobierno. Le -estaba bien al príncipe de la Paz calcular fundado en aquellos datos -como quien no tenía el apoyo nacional; mas la posición de Fernando -era muy otra, siendo tan extraordinario el entusiasmo en favor suyo -que un ministro hábil y entendido no debía en aquel caso dirigirse -por las reglas ordinarias de la fría razón, sino contar con los -esfuerzos y patriotismo de la nación entera, la cual se hubiera alzado -unánimemente a la voz del rey, para defender sus derechos contra -la usurpación extranjera; y las fuerzas de una nación levantada en -cuerpo son tan grandes e incalculables a los ojos de un verdadero -estadista, como lo son las fuerzas vivas a las del mecánico. Así lo -pensaba el mismo Napoleón, quien en la carta a Murat del 29 de marzo -arriba citada decía: «La revolución de 20 de marzo prueba que hay -energía en los españoles. Habrá que lidiar contra un pueblo nuevo -lleno de valor, y con el entusiasmo propio de hombres a quienes -no han gastado las pasiones políticas...»; y más abajo: «se harán -levantamientos en masa que eternizarán la guerra...» Acertado<span -class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span> y perspicaz juicio que -forma pasmoso contraste con el superficial y poco atinado de Escóiquiz -y sus secuaces. Era además dar sobrada importancia a un paso de puro -ceremonial para concebir la idea que la política de un hombre como -Napoleón en asunto de tal cuantía hubiera de moderarse o alterarse -por encontrar al rey algunas leguas más o menos lejos; antes bien era -propio para encender su ambición un viaje que mostraba imprevisión y -extremada debilidad. Se cede a veces en política a un acto de fortaleza -heroica, nunca a míseros y menguados ruegos.</p> - -<div class="sidenote">Llega el rey<br/> el 12 de abril<br/> a -Burgos.</div> - -<p>El rey en su viaje fue recibido por las ciudades, villas y lugares -del tránsito con inexplicable gozo, haciendo a competencia sus -moradores las demostraciones más señaladas de la lealtad y amor que -los inflamaban. Entró en Burgos el 12 de abril sin que hubiese allí -ni más lejos noticia del emperador francés. Deliberose en aquella -ciudad sobre el partido que debía tomarse, de nuevo reiteró sus -promesas y artificios el general Savary, y de nuevo se determinó que -prosiguiese el rey su viaje a Vitoria. Y he aquí que los mismos y mal -aventurados consejeros que sin tratado alguno ni formal negociación, -y solo por meras e indirectas insinuaciones habían llevado a Fernando -hasta Burgos, le llevan también a Vitoria, y le traen de monte -en valle y de valle en monte en busca de un soberano extranjero -mendigando con desdoro su reconocimiento y ayuda, como si uno y otro -fuera necesario y decoroso a un rey que habiendo subido al solio con -universal consentimiento, afianzaba su poder<span class="pagenum" -id="Page_124">p. 124</span> y legitimidad sobre la sólida e -incontrastable base del amor y unánime aprobación de sus pueblos.</p> - -<p>Llegó el rey a Vitoria el 14. Napoleón que había permanecido en -Burdeos algunos días, salió de allí a Bayona, en donde entró en la -noche del 14 al 15, de lo que noticioso el infante Don Carlos, hasta -entonces detenido en Tolosa, pasó a aquella plaza. Savary, sabiendo -que el emperador se aproximaba a la frontera, y viendo que ya no le -era dado por más tiempo continuar con fruto sus artificios si no -acudía a algún otro medio, resolvió pasar a Bayona llevando consigo -una carta de Fernando para Napoleón.[*] <span class="sidenote">Escribe -Fernando<br/> a Napoleón:<br/> contesta este<br/> en 17 de abril.<br/> -(* Ap. n. <a href="#Ap_2-15" id="Ll_2-15">2-15</a>.)</span> No tardó -en recibirse la respuesta estando con ella de vuelta en Vitoria el día -17 el mismo Savary, y la cual estaba concebida en términos que era -suficiente por sí sola a sacar de su error a los más engañados. En -efecto la carta respondía a la última de Fernando, y en parte también -a la que le había escrito en 11 de octubre del año pasado. Sembrada de -verdades expresadas con cierta dureza, no se soltaba en ella prenda -que empeñase a Napoleón a cosa alguna: lo dejaba todo en dudas dando -solo esperanzas sobre el ansiado casamiento. Notábase con especialidad -en su contexto el injurioso aserto que Fernando «no tenía otros -derechos al trono que los que le había transmitido su madre:» frase -altamente afrentosa al honor de la reina, y no menos indecorosa al que -la escribía que ofensiva a aquel a quien iba dirigida. Pero una carta -tan poco circunspecta, tan altanera y desembozada embelesó al canónigo -Escóiquiz, quien se recreaba con<span class="pagenum" id="Page_125">p. -125</span> la vaga promesa del casamiento. Por entonces vimos lo que -escribía a un amigo suyo desde Vitoria, y le faltaban palabras con que -dar gracias al Todopoderoso por el feliz éxito que la carta de Napoleón -pronosticaba a su viaje. Realmente rayaba ya en demencia su continuada -obcecación.</p> - -<p>Savary auxiliado con la carta aumentó sus esfuerzos y concluyó con -decir al rey «me dejo cortar la cabeza si al cuarto de hora de haber -llegado S. M. a Bayona no le ha reconocido el emperador por rey de -España y de las Indias... Por sostener su empeño empezará probablemente -por darle el tratamiento de alteza; pero a los cinco minutos le dará -majestad, y a los tres días estará todo arreglado, y S. M. podrá -restituirse a España inmediatamente...» Engañosas y pérfidas palabras -que acabaron de decidir al rey a proseguir su viaje hasta Bayona.</p> - -<div class="sidenote">Tentativas<br/> o proposiciones<br/> para que el -rey<br/> se escape.</div> - -<p>Sin embargo hubo españoles más desconfiados o cautos que no dando -crédito a semejantes promesas, propusieron varios medios para que -el rey se escapase. Todavía hubiera podido conseguirse en Vitoria -ponerle en salvo, aunque los obstáculos crecían de día en día. Los -franceses habían redoblado su vigilancia, y no contentos con los 4000 -hombres que ocupaban a Vitoria a las órdenes del general Verdier, -habían aumentado la guarnición especialmente con caballería enviada de -Burgos. Savary tenía orden de arrebatar al rey por fuerza en la noche -del 18 al 19 si de grado no se mostraba dispuesto a pasar a Francia. -Cuidadoso con no faltar a su mandato, estando muy sobreaviso hacía -rondar y observar<span class="pagenum" id="Page_126">p. 126</span> -la casa donde el rey habitaba. A pesar de su esmerado celo la evasión -se hubiera fácilmente ejecutado a haberse Fernando resuelto a abrazar -aquel partido. Don Mariano Luis de Urquijo que había ido de Bilbao -a cumplimentarle a su paso por Vitoria, propuso de acuerdo con el -alcalde Urbina un medio para que de noche se fugase disfrazado. -Hubo también otros y varios proyectos, mas entre todos es digno de -particular mención como el mejor y más asequible el propuesto por el -duque de Mahón. Era pues que saliendo el rey de Vitoria por el camino -de Bayona, y dando confianza a los franceses con la dirección que -había tomado, siguiera así hasta Vergara, en cuyo pueblo abandonando -la carretera real torciese del lado de Durango y se encaminase al -puerto de Bilbao. Añadía el duque que la evasión sería protegida por -un batallón del inmemorial del rey residente en Mondragón, y de cuya -fidelidad respondía. Escóiquiz con quien siempre nos encontraremos -cuando se trate de alejar al rey de Bayona y librarle de las armadas -asechanzas, dijo: «que no era necesario habiendo S. M. recibido grandes -pruebas de amistad de parte del emperador.» Eran las <i>grandes -pruebas</i> la consabida carta. El de Mahón no por eso dejó de insistir -la misma víspera de la salida para Bayona, habiéndose aumentado las -sospechas de todos con la llegada de 300 granaderos a caballo de la -guardia imperial. Mas al querer hablar, poniéndole la mano en la boca, -pronunció Escóiquiz estas notables palabras: «es negocio concluido, -mañana salimos para Bayona: se nos han dado todas las seguridades que -podíamos desear.»</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_127">p. 127</span></p> - -<div class="sidenote">Proclama<br/> al partir el rey<br/> de -Vitoria.</div> - -<p>Tratose en fin de partir. Sabedor el pueblo se agrupó delante del -alojamiento del rey, cortó los tirantes de las mulas, y prorrumpió -en voces de amor y lealtad para que el rey escuchase sus fundados -temores.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-16" -id="Ll_2-16">2-16</a>.)</span> Todo fue en vano. Apaciguándose el -bullicio a duras penas, se publicó un decreto en que afirmaba el rey -«estar cierto de la sincera y cordial amistad del emperador de los -franceses, y que antes de cuatro o seis días darían gracias a Dios y a -la prudencia de S. M. de la ausencia que ahora les inquietaba.»</p> - -<div class="sidenote">Sale de Vitoria<br/> el 19 de abril.</div> - -<p>Partió el rey de Vitoria el 19 de abril y en el mismo llegó a Irún -casi solo, habiéndose quedado atrás el general Savary por habérsele -descompuesto el coche. Se albergó en casa del señor Olazábal sita fuera -de la villa, en donde había de guarnición un batallón del regimiento -de África, decidido a obedecer rendidamente las órdenes de Fernando. -La providencia a cada paso parecía querer advertirle del peligro, y -a cada paso le presentaba medios de salvación. Mas un ciego instinto -arrastraba al rey al horroroso precipicio. Savary tuvo tal miedo de que -la importante presa se le escapase, a la misma sazón que ya la tenía -asegurada, que llegó a Irún asustado y despavorido.</p> - -<div class="sidenote">20 de abril:<br/> Entrada del rey<br/> en -Bayona.</div> - -<p>El 20 cruzó el rey y toda la comitiva el Bidasoa, y entró en Bayona -a las diez de la mañana de aquel día. Nadie le salió a recibir al -camino a nombre de Napoleón. Más allá de San Juan de Luz encontró a -los tres grandes de España comisionados para felicitar al emperador -francés, quienes dieron noticias tristes, pues la víspera por la mañana -habían oído al mismo de su<span class="pagenum" id="Page_128">p. -128</span> propia boca que los Borbones nunca más reinarían en España. -Ignoramos por qué no anduvieron más diligentes en comunicar al rey -el importante aviso, que podría descansadamente haberle alcanzado en -Irún: quizá se lo impidió la vigilancia de que estaban cercados. Abatió -el ánimo de todos lo que anunciaron los grandes, echando también de -ver el poco aprecio que a Napoleón merecía el rey Fernando en el modo -solitario con que le dejaba aproximarse a Bayona, no habiendo salido -persona alguna elevada en dignidad a cumplimentarle y honrarle, hasta -que a las puertas de la ciudad misma se presentaron con aquel objeto -el príncipe de Neufchâtel y Duroc, gran mariscal de palacio. Admiró en -tanto grado a Napoleón ver llegar a Fernando sin haberle especialmente -convidado a ello, que al anunciarle un ayudante su próximo arribo -exclamó: «¿cómo?... ¿viene?... no, no es posible...» Aún no conocía -personalmente a los consejeros de Fernando.</p> - -<div class="sidenote">Sigue la<br/> correspondencia<br/> entre Murat -y<br/> los reyes padres.</div> - -<p>Después de la partida del rey prosiguiendo Murat en su principal -propósito de apoyar las intrigas que se preparaban en la enemistad -y despecho de los reyes padres, avivó la correspondencia que con -ellos había entablado. Hasta entonces no habían conferenciado juntos, -siendo sus ayudantes y la reina de Etruria el conducto por donde se -entendían. Mucho desagradaron los secretos tratos de la última, a -los que particularmente la arrastró el encendido deseo de conseguir -un trono para su hijo, aunque sus esfuerzos fueron vanos. En la -correspondencia, después de ocuparse en el asunto que más interesaba a -Murat<span class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span> y su gobierno, -esto es, el de la protesta de Carlos IV, llamó a la reina y a su esposo -intensamente la atención la desgraciada suerte de su amigo Godoy, -<i>del pobre príncipe de la Paz</i>, con cuyo epiteto a cada paso se -le denomina en las cartas de María Luisa. Duda el discurso, al leer -esta correspondencia, si es más de maravillar la constante pasión de -la reina por el favorito, o la ciega amistad del rey. Confundían ambos -su suerte con la del desgraciado a punto que decía la reina: «si no -se salva el príncipe de la Paz, y si no se nos concede su compañía, -moriremos el rey, mi marido, y yo.» Es digna de la atenta observación -de la historia mucha parte de aquella correspondencia, y señaladamente -lo son algunas cartas de la reina madre. Si se prescinde del enfado -y acrimonia con que están escritas ciertas cláusulas, da su contexto -mucha luz sobre los importantes hechos de aquel tiempo, y en él se -pinta al vivo y con colores por desgracia harto verdaderos el carácter -de varios personajes de aquel tiempo. Posteriores acontecimientos -nos harán ver lastimosamente con cuánta verdad y conocimiento de los -originales trazó la reina María Luisa algunos de estos retratos. Los -reyes padres habían desde marzo continuado en Aranjuez, teniendo para -su guardia tropas de la casa real. <span class="sidenote">Pasan<br/> -los reyes padres<br/> al Escorial.</span> También había fuerza francesa -a las órdenes del general Wattier, socolor de proteger a los reyes y -continuar dando mayor peso a la idea de haberse ejercido contra ellos -particular violencia en el acto de la abdicación. El 9 de abril pasaron -al Escorial por insinuación de Murat con el intento de aproximarlos al -camino de Francia.<span class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span> -No tuvieron allí otra guardia más que la de las tropas francesas y los -carabineros reales.</p> - -<div class="sidenote">Entrega de Godoy<br/> en 20 de abril.</div> - -<p>En Madrid apenas había salido el rey cuando Murat pidió con ahínco -a la junta que se le entregase a Don Manuel Godoy, afirmando que así -se lo había ofrecido Fernando la víspera de su partida en el cuarto de -la reina de Etruria: aserción tanto más dudosa cuanto si bien allí se -encontraron, parece cierto que nada se dijeron, retenidos por no querer -ni uno ni otro ser el primero a romper el silencio. Resistiéndose -la junta a dar libertad al preso, amenazó Murat conque emplearía la -fuerza si al instante no se le ponía en sus manos. Afanábase por ser -dueño de Godoy, considerándole necesario instrumento para influir en -Bayona en las determinaciones de los reyes padres, a quienes por otra -parte en las primeras vistas que tuvo con ellos en el Escorial uno -de aquellos días les había prometido su libertad. La junta se limitó -por de pronto a mandar al consejo con fecha del 13 que suspendiese el -proceso intentado contra Don Manuel Godoy hasta nueva orden de S. M., -a quien se consultó por medio de Don Pedro Cevallos. La posición de la -junta realmente era muy angustiada, quedando expuesta a la indignación -pública si le soltaba, o a las iras del arrebatado Murat si le retenía. -Don Pedro Cevallos contestó desde Vitoria que se había escrito al -emperador ofreciendo usar con Godoy de generosidad perdonándole la -vida, siempre que fuese condenado a la pena de muerte. Bastole esta -contestación a Murat para insistir en 20 de abril en la soltura del -preso con el objeto de enviarle a Francia, y<span class="pagenum" -id="Page_131">p. 131</span> con engaño y despreciadora befa decía a su -nombre el general Belliard en su oficio: [*] <span class="sidenote">(* -Ap. n. <a href="#Ap_2-17" id="Ll_2-17">2-17</a>.)</span> «El gobierno y -la nación española solo hallarán en esta resolución de S. M. I. nuevas -pruebas del interés que toma por la España, porque alejando al príncipe -de la Paz quiere quitar a la malevolencia los medios de creer posible -que Carlos IV volviese el poder y su confianza al que debe haberla -perdido para siempre.» ¡Así se escribía a una autoridad puesta por -Fernando y que no reconocía a Carlos IV! La junta accedió a lo último -a la demanda de Murat, habiéndose opuesto con firmeza el ministro de -marina Don Francisco Gil y Lemus. Mucho se motejó la condescendencia de -aquel cuerpo; sin embargo eran tales y tan espinosas las circunstancias -que con dificultad se hubiera podido estorbar con éxito la entrega de -Don Manuel Godoy. Acordada que esta fue, se dieron las convenientes -órdenes al marqués de Castelar, quien antes de obedecer, temeroso de -algún nuevo artificio de los franceses, pasó a Madrid a cerciorarse -de la verdad de boca del mismo infante presidente. El pundonoroso -general al oír la confirmación de lo que tenía por falso hizo dejación -de su destino, suplicando que no fuesen los guardias de Corps quienes -hiciesen la entrega, sino los granaderos provinciales. El bueno del -infante le replicó que «en aquella entrega consistía el que su sobrino -fuese rey de España:» a cuya poderosa razón cedió Castelar, y puso -en libertad al preso Godoy a las 11 de la noche del mismo día 20, -entregándole en manos del coronel francés Martel. Sin detención tomaron -el camino de Bayona,<span class="pagenum" id="Page_132">p. 132</span> -adonde llegó Godoy con la escolta francesa el 26, habiéndosele reunido -poco después su hermano Don Diego. Se albergó aquel en una quinta -que le estaba preparada a una legua de la ciudad, y a poco tuvo con -Napoleón una larga conferencia. El rey, si bien no desaprobó la -conducta de la junta, tampoco la aplaudió, elogiando de propósito al -consejo que se había opuesto a la entrega. En asunto de tanta gravedad -procuraron todos sincerar su modo de proceder; entre ellos se señaló -el marqués de Castelar apreciable y digno militar, quien envió para -informar al rey no menos que a tres sujetos, a su segundo el brigadier -Don José Palafox, a su hijo el marqués de Belveder y al ayudante -Butrón. Así, y como milagrosamente, se libró Godoy de una casi segura y -desastrada muerte.</p> - -<div class="sidenote">Quejas<br/> y tentativas<br/> de Murat.</div> - -<p>En todos aquellos días no había cesado Murat de incomodar y acosar a -la junta con sus quejas e infundadas reclamaciones. El 16 había llamado -a Ofárril para lamentarse con acrimonia o ya de asesinatos, o ya de -acopios de armas que se hacían en Aragón. Eran estos meros pretextos -para encaminar su plática a asunto más serio. Al fin le declaró el -verdadero objeto de la conferencia. Era pues que el emperador no -reconocía en España otro rey sino a Carlos IV, y que habiendo para -ello recibido órdenes suyas iba a publicar una proclama que manuscrita -le dio a leer. Se suponía extendida por el rey padre, asegurando en -ella haber sido forzada su abdicación, como así se lo había comunicado -a su aliado el emperador de los franceses, con cuya aprobación y -arrimo volvería a sentarse en<span class="pagenum" id="Page_133">p. -133</span> el solio. Absorto Ofárril con lo que acababa de oír informó -de ello a la junta, la cual de nuevo comisionó al mismo en compañía de -Azanza para apurar más y más las razones y el fundamento de tan extraña -resolución. Murat, acompañado del conde de Laforest, se mantuvo firme en -su propósito, y solo consintió en aguardar la última contestación de -la junta que verbalmente y por los mismos encargados respondió: «1.º -Que Carlos IV y no el gran duque debía comunicarle su determinación. -2.º Que comunicada que le fuese se limitaría a participarla a Fernando -VII: y 3.º Pedía que estando Carlos IV próximo a salir para Bayona -se guardase el mayor secreto y no ejerciese durante el viaje ningún -acto de soberanía.» En seguida pasó Murat al Escorial, y poniéndose -de acuerdo con los reyes padres [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. -<a href="#Ap_2-18" id="Ll_2-18">2-18</a>.)<br/> Reclama<br/> -Carlos IV<br/> la corona, y<br/> anuncia su viaje<br/> a Bayona.</span> -escribió Carlos IV a su hermano el infante Don Antonio una carta en la -que aseguraba haber sido forzada su abdicación del 19 de marzo, y que -en aquel mismo día había protestado solemnemente contra dicho acto. -Ahora reiteraba su primera declaración confirmando provisionalmente -a la junta en su autoridad como igualmente a todos los empleados -nombrados desde el 19 de marzo último, y anunciaba su próxima salida -para ir a encontrarse con su aliado el emperador de los franceses. -Es digno de reparo que en aquella carta expresase Carlos IV haber -protestado solemnemente el 19, cuando después dató su protesta del -21, cuya fecha ya antes advertimos envolvía contradicción con cartas -posteriores escritas por el mismo monarca. Prueba notable y nueva de -la precipitación<span class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span> -conque en todo se procedió, y del poco concierto que entre sí tuvieron -los que arreglaron aquel negocio; puesto que fuera la protesta -extendida en el día de la abdicación o fuéralo después, siendo Carlos -IV y sus confidentes los dueños y únicos sabedores de su secreto, -hubieran por lo menos debido coordinar unas fechas cuya contradicción -había de desautorizar acto de tanta importancia, mayormente cuando -la legitimidad o fuerza de la protesta no dimanaba de que se hubiese -realizado el 19, el 21 o el 23, sino de la falta de libre voluntad -conque aseguraban ellos había sido dada la abdicación. Respecto de -lo cual como se había verificado en medio de conmociones y bullicios -populares, solo Carlos IV era el único y competente juez, y no habiendo -variado su situación en los tres días sucesivos a punto que pudiera -atribuirse su silencio a completa conformidad, siempre estaba en el -caso de alegar fundadamente que cercado de los mismos riesgos no había -osado extender por escrito un acto que descubierto hubiera sobremanera -comprometido su persona y la de su esposa. En nada de eso pensaron; -creyeron de más al parecer detenerse en cosas que imaginaron leves, -bastándoles la protesta para sus premeditados fines. Carlos IV después -de haber remitido igual acto a Napoleón, en compañía de la reina y -de la hija del príncipe de la Paz se puso en camino para Bayona el -día 25 de abril, escoltado por tropas francesas y carabineros reales, -los mismos que le habían hecho la guardia en el Escorial. Fácil es -figurarse cuán atribulados debieron quedar el infante y la junta -con<span class="pagenum" id="Page_135">p. 135</span> novedades que -oscurecían y encapotaban más y más el horizonte político.</p> - -<div class="sidenote">Inquietud<br/> en Madrid.</div> - -<p>La salida de Godoy, las conferencias de Murat con los reyes padres, -la arrogancia y modo de explicarse de gran parte de los oficiales -franceses y de su tropa, aumentaban la irritación de los ánimos, y a -cada paso corría riesgo de alterarse la tranquilidad pública de Madrid -y de los pueblos que ocupaban los extranjeros. Un incidente agravó -en la capital estado tan crítico. Murat había ofrecido a la junta -guardar reservada la protesta de Carlos IV, pero a pesar de su promesa -no tardó en faltar a ella, o por indiscreción propia, o por el mal -entendido celo de sus subalternos. El día 20 de abril se presentó al -consejo el impresor Eusebio Álvarez de la Torre para avisarle que dos -agentes franceses habían estado en su casa con el objeto de imprimir -una proclama de Carlos IV. Ya había corrido la voz por el pueblo, y en -la tarde hubiera habido una grande conmoción, si el consejo de antemano -no hubiese enviado al alcalde de casa y corte Don Andrés Romero, quien -sorprendió a los dos franceses Funiel y Ribat con las pruebas de la -proclama. Quiso el juez arrestarlos, mas ni consintieron ellos en ir -voluntariamente, ni en declarar cosa alguna sin orden previa de su jefe -el general Grouchy, gobernador francés de Madrid. Impaciente el pueblo -se agolpó a la imprenta, y temiendo el alcalde que al sacarlos fuesen -dichos franceses víctimas del furor popular, los dejó allí arrestados -hasta la determinación del consejo, el cual no osando tomar sobre sí la -resolución, acudió a<span class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span> -la junta que, no queriendo tampoco comprometerse, dispuso ponerlos -en libertad, exigiendo solamente de Murat nueva promesa de que en -adelante no se repetirían iguales tentativas. Tan débiles e irresolutas -andaban las dos autoridades, en quienes se libraba entonces la suerte -y el honor nacional. La libertad de Godoy y el caso sucedido en la -imprenta, al parecer poco importante, fueron acontecimientos que muy -particularmente indispusieron el espíritu público contra los franceses. -En el último claramente aparecía el deseo de reponer en el trono a -Carlos IV, y renovar así las crueles y recientes llagas del anterior -reinado; y con el primero se arrancaba de manos de la justicia y se -daba suelta al objeto odiado de la nación entera.</p> - -<div class="sidenote">Alboroto<br/> en Toledo.</div> - -<p>No se circunscribía a Madrid la pública inquietud. En Toledo el día -21 de abril se turbó también la tranquilidad por la imprudencia del -ayudante general Marcial Tomás, que había salido enviado a aquella -ciudad con el objeto de disponer alojamientos para la tropa francesa. -Explicábase sin rebozo contra el ensalzamiento de Fernando VII, -afirmando que Napoleón había decidido restablecer en el trono a Carlos -IV. Esparcidos por el vecindario semejantes rumores, se amotinó el -pueblo agavillándose en la plaza de Zocodover, y paseando armado por -las calles el retrato de Fernando, a quien todos tenían que saludar -o acatar, fueran franceses o españoles. La casa del corregidor Don -José Joaquín de Santa María, y las de los particulares Don Pedro -Segundo y Don Luis del Castillo<span class="pagenum" id="Page_137">p. -137</span> fueron acometidas y públicamente quemados sus muebles y -efectos, achacándose a estos sujetos afecto al valido y a Carlos IV: -crimen entonces muy grave en la opinión popular. Duró el tumulto dos -días. Le apaciguó el cabildo y la llegada del general Dupont, quien con -la suficiente fuerza pasó el 26 de Aranjuez a aquella ciudad. <span -class="sidenote">En Burgos.</span> Iguales ruidos y alborotos hubo en -Burgos por aquellos días de resultas de haber detenido los franceses -a un correo español. El intendente marqués de la Granja estuvo muy -cerca de perecer a manos del populacho, y hubo con esta ocasión varios -heridos.</p> - -<p>Apoyado en aquellos tumultos provocados por la imprudencia u osadía -francesa, y seguro por otra parte de que Fernando había atravesado -la frontera, <span class="sidenote">Conducta<br/> altanera<br/> de -Murat.</span> levantó Murat su imperioso y altanero tono, encareciendo -agravios e importunando con sus peticiones. Guardaba con la junta, -autoridad suprema de la nación, tan poco comedimiento que en ocasiones -graves procedía sin contar con su anuencia. Así fue que queriendo -Bonaparte congregar en Bayona una diputación de españoles, para que -en tierra extraña tratase de asuntos interiores del reino, a manera -de la que antes había reunido en León respecto de Italia; y habiendo -Murat comunicado dicha resolución a la junta gubernativa a fin de que -nombrase sujetos y arreglase el modo de convocación; al tiempo que esta -en medio de sus angustias entraba en deliberación acerca de la materia, -llegó a su noticia que el gran duque Murat había por sí escogido al -intento ciertas personas, quienes rehusando pasar a Francia<span -class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span> sin orden o pasaporte de su -gobierno, le obligaron a dirigirse a la misma junta para obtenerlos. -Diolos aquella, creciendo en debilidad a medida que el francés crecía -en insolencia.</p> - -<div class="sidenote">Conducta<br/> de la junta<br/> y medidas<br/> que -propone.</div> - -<p>Más adelante volveremos a hablar de la reunión que se indicaba para -Bayona. Ahora conviene que paremos nuestra atención en la conducta -de la junta suprema, autoridad que quedó al frente de la nación y la -gobernó hasta que grandes y gloriosos levantamientos limitaron su flaca -dominación a Madrid y puntos ocupados por los franceses. A pesar de -no haber sido su mando muy duradero varió en su composición, ya por -el número de sujetos que después se le agregaron, ya por la mudanza y -alteración sustancial que experimentó al entrar Murat a presidirla. Nos -ceñiremos por de pronto al espacio de su gobernación, que comprende -hasta los primeros días de mayo, en cuyo tiempo se componía de las -personas antes indicadas bajo la presidencia del infante Don Antonio, -asistiendo con frecuencia a sus sesiones el príncipe de Castel-Franco, -el conde de Montarco y Don Arias Mon, gobernador del consejo. Se -agregaron en 1.º de mayo por resolución de la misma junta todos los -presidentes y decanos de los consejos, y se nombró por secretario al -conde de Casa-Valencia. En su difícil y ardua posición hostigada de un -lado por un jefe extranjero impetuoso y altivo, y reprimida de otro -con las incertidumbres y contradicciones de los que habían acompañado -al rey a Bayona, puede encontrar disculpa la flojedad y desmayo con -que generalmente obró durante todos aquellos días. Hubiérase<span -class="pagenum" id="Page_139">p. 139</span> también achacado su -indecisión al modo restricto con que Fernando la había autorizado a su -partida, si Don Pedro Cevallos no nos hubiera dado a conocer que para -acudir al remedio de aquel olvido o falta de previsión, se le había -enviado a dicha junta desde Bayona una real orden para «que ejecutase -cuanto convenía al servicio del rey y del reino, y que al efecto usase -de todas las facultades que S. M. desplegaría si se hallase dentro de -sus estados.» Parece ser que el decreto fue recibido por la junta, y -en verdad que con él tenía ancho campo para proceder sin trabas ni -miramiento. Sin embargo constante en su timidez e irresolución no se -atrevió a tomar medida alguna vigorosa sin consultar de nuevo al rey. -Fueron despachados con aquel objeto a Bayona Don Evaristo Pérez de -Castro y Don José de Zayas: llegó el primero sin tropiezo a su destino; -detúvose al segundo en la raya. Susurrose entonces que una persona bien -enterada del itinerario del último lo había revelado para entorpecer -su misión: no fue así con Pérez de Castro, quien encubrió a todos el -camino o extraviada vereda que llevaba. La junta remitía por dichos -comisionados cuatro preguntas acerca de las cuales pedía instrucciones. -«1.ª Si convenía autorizar a la junta a sustituirse en caso necesario -en otras personas, las que S. M. designase, para que se trasladasen a -paraje en que pudiesen obrar con libertad, siempre que la junta llegase -a carecer de ella. 2.ª Si era la voluntad de S. M. que empezasen -las hostilidades, el modo y tiempo de ponerlo en ejecución. 3.ª Si -debía<span class="pagenum" id="Page_140">p. 140</span> ya impedirse la -entrada de nuevas tropas francesas en España, cerrando los pasos de la -frontera. 4.ª Si S. M. juzgaba conducente que se convocasen las cortes, -dirigiendo su real decreto al consejo, y en defecto de este [por ser -posible que al llegar la respuesta de S. M. no estuviera ya en libertad -de obrar] a cualquiera chancillería o audiencia del reino.»</p> - -<div class="sidenote">Creación<br/> de una junta<br/> que la -sustituya.</div> - -<p>Preguntas eran estas con que más bien daba indicio la junta de -querer cubrir su propia responsabilidad, que de desear su aprobación. -Con todo habiendo dentro de su seno individuos sumamente adictos -al bien y honor de su patria, no pudieron menos de acordarse con -oportunidad algunas resoluciones, que ejecutadas con vigor hubieran -sin duda influido favorablemente en el giro de los negocios. Tal fue -la de nombrar una junta que sustituyese a la de Madrid, llegado el -caso de carecer esta de libertad. Propuso tan acertada providencia -el firme y respetable Don Francisco Gil y Lemus, impelido y alentado -por una reunión oculta de buenos patriotas que se congregaban en -casa de su sobrino Don Felipe Gil Taboada. Fueron los nombrados para -la nueva junta el conde de Ezpeleta, capitán general de Cataluña que -debía presidirla, Don Gregorio García de la Cuesta, capitán general -de Castilla la Vieja, el teniente general Don Antonio de Escaño, -Don Gaspar Melchor de Jovellanos, y en su lugar, y hasta tanto que -llegase de Mallorca, Don Juan Pérez Villamil, y Don Felipe Gil -Taboada. El punto señalado para su reunión era Zaragoza, y el último -de los nombrados salió para dicha ciudad<span class="pagenum" -id="Page_141">p. 141</span> en la mañana misma del aciago 2 de mayo, -en compañía de Don Damián de la Santa que debía ser secretario. Luego -veremos cómo se malogró la ejecución de tan oportuna medida.</p> - -<p>Los individuos que en la junta de Madrid propendían a no exponer -a riesgo sus personas abrazando un activo y eficaz partido, se -apoyaban en el mismo titubear de los ministros y consejeros de Bayona, -quienes ni entre sí andaban acordes, ni sostenían con uniformidad y -firmeza lo que una vez habían determinado. Hemos visto antes como -Don Pedro Cevallos había expedido un decreto autorizando a la junta -para que obrase sin restricción ni traba alguna; de lo que hubiéramos -debido inferir cuán resuelto estaba a sobrellevar con fortaleza los -males que de aquel decreto pudieran originarse a su persona y a los -demás españoles que rodeaban al rey. Pues era tan al contrario, -que el mismo Don Pedro envió a decir a la junta en 23 de abril por -Don Justo Ibarnavarro oidor de Pamplona, que llegó a Madrid en la -noche del 29,[*] <span class="sidenote">Llegada<br/> a Madrid<br/> -de Don Justo<br/> Ibarnavarro.<br/> (* Ap. n. <a href="#Ap_2-19" -id="Ll_2-19">2-19</a>.)</span> «que no se hiciese novedad en la -conducta tenida con los franceses para evitar funestas consecuencias -contra el rey, y cuantos españoles [porque no se olvidaban] acompañaban -a S. M.» El mencionado oidor, después de contar lo que pasaba en -Bayona, también anunció de parte de S. M. «que estaba resuelto a perder -primero la vida que a acceder a una inicua renuncia... y que con esta -seguridad procediese la junta»; aserción algún tanto incompatible con -el encargo de Don Pedro Cevallos. Siendo tan grande la vacilación de -todos, siendo tantas y tan<span class="pagenum" id="Page_142">p. -142</span> frecuentes sus contradicciones, fue más fácil que después -cada uno descargase su propia responsabilidad, echándose recíprocamente -la culpa. Por consiguiente si en este primer tiempo procedió la junta -de Madrid con duda y perplejidad, las circunstancias eran harto graves -para que no sea disimulable su indecisa y a veces débil conducta, -examinándola a la luz de la rigurosa imparcialidad.</p> - -<div class="sidenote">Posición<br/> de los franceses<br/> en -Madrid.</div> - -<p>La fuerte y hostil posición de los franceses era también para -desalentar al hombre más brioso y arrojado. Tenían en Madrid y -sus alrededores 25.000 hombres, ocupando el Retiro con numerosa -artillería. Dentro de la capital estaba la guardia imperial de a pie -y de a caballo con una división de infantería mandada por el general -Musnier, y una brigada de caballería. Las otras divisiones del cuerpo -de observación de las costas del océano a las órdenes del mariscal -Moncey, se hallaban acantonadas en Fuencarral, Chamartín, convento -de San Bernardino, Pozuelo y la casa de Campo. En Aranjuez, Toledo -y el Escorial había divisiones del cuerpo de Dupont, de suerte que -Madrid estaba ocupado y circundado por el ejército extranjero, al -paso que la guarnición española constaba de poco más de 3000 hombres, -habiéndose insensiblemente disminuido desde los acontecimientos de -marzo. Mas el vecindario, en lugar de contener y reprimir su disgusto, -le manifestaba cada día más a cara descubierta y sin poner ya límites -a su descontento. Eran extraordinarias la impaciencia y la agitación, -y ora delante de la imprenta real para aguardar la publicación<span -class="pagenum" id="Page_143">p. 143</span> de una gaceta, ora delante -de la casa de correos para saber noticias, se veían constantemente -grupos de gente de todas clases. Los empleados dejaban sus oficinas, -los operarios sus talleres, y hasta el delicado sexo sus caseras -ocupaciones para acudir a la Puerta del Sol y sus avenidas, ansiosos -de satisfacer su noble curiosidad: interés loable y señalado indicio -de que el fuego patrio no se había aún extinguido en los pechos -españoles.</p> - -<div class="sidenote">Revistas<br/> de Murat.</div> - -<p>Murat por su parte no omitía ocasión de ostentar su fuerza y sus -recursos para infundir pavor en el ánimo de la desasosegada multitud. -Todos los domingos pasaba revista de sus tropas en el paseo del Prado, -después de haber oído misa en el convento de Carmelitas descalzos, calle -de Alcalá. La demostración religiosa acompañada de la estrepitosa -reseña, lejos de conciliar los ánimos o de arredrarlos, los llenaba de -enfado y enojo. No se creía en la sinceridad de la primera tachándola -de impío fingimiento, y se veía en la segunda el deliberado propósito -de insultar y de atemorizar con estudiada apariencia a los pacíficos, -si bien ofendidos moradores. De una y otra parte fue creciendo la -irritación siendo por ambas extremada. El español tenía a vilipendio el -orgullo y desprecio con que se presentaba el extranjero, y el soldado -francés temeroso de una oculta trama anhelaba por salir de su situación -penosa, vengándose de los desaires que con frecuencia recibía. A tal -punto había llegado la agitación y la cólera, que al volver Murat -el domingo 1.º de mayo de su acostumbrada revista, y a su<span -class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span> paso por la Puerta del Sol -fue escarnecido y silbado con escándalo de su comitiva por el numeroso -pueblo que allí a la sazón se encontraba. Semejante estado de cosas era -demasiado violento para que se prolongase, sin haber de ambas partes un -abierto y declarado rompimiento. Solo faltaba oportuna ocasión, la cual -desgraciadamente se ofreció muy luego.</p> - -<div class="sidenote">Pide la salida<br/> para Francia<br/> del -infante<br/> Don Francisco y<br/> reina de Etruria.</div> - -<p>El 30 de abril presentó Murat una carta de Carlos IV para que la -reina de Etruria y el infante Don Francisco pasasen a Bayona. Se opuso -la junta a la partida del infante, dejando a la reina que obrase -según su deseo. Reiteró Murat el 1.º de mayo la demanda acerca del -infante, tomando a su cuidado evitar a la junta cualquiera desazón -o responsabilidad. Tratose largamente en ella si se había o no de -acceder: los pareceres anduvieron muy divididos, y hubo quien propuso -resistir con la fuerza. Consultose acerca del punto con Don Gonzalo -Ofárril como ministro de la guerra, quien trazó un cuadro en tal -manera triste, si bien cierto, de la situación de Madrid apreciada -militarmente, que no solo arrastró a su opinión la de la mayoría, -sino que también se convino en contener con las fuerzas nacionales -cualquiera movimiento del pueblo. Hasta ahora la junta había sido débil -e indecisa: en adelante menos atenta a sus sagrados deberes irá poco -a poco uniéndose y estrechándose con el orgulloso invasor. Resuelto -pues el viaje de la reina de Etruria conforme a su libre voluntad, y el -del infante Don Francisco por consentimiento de la junta, se señaló la -mañana siguiente para su partida.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span></p> - -<div class="sidenote">2 de mayo.</div> - -<p>Amaneció en fin el 2 de mayo, día de amarga recordación, de luto y -desconsuelo, cuya dolorosa imagen nunca se borrará de nuestro afligido -y contristado pecho. Un présago e inexplicable desasosiego pronosticaba -tan aciago acontecimiento, o ya por aquel presentir oscuro que a veces -antecede a las grandes tribulaciones de nuestra alma, o ya más bien -por la esparcida voz de la próxima partida de los infantes. Esta voz -y la suma inquietud excitada por la falta de dos correos de Francia, -habían llamado desde muy temprano a la plazuela de palacio numeroso -concurso de hombres y mujeres del pueblo. Al dar las nueve subió en -un coche con sus hijos la reina de Etruria, mirada más bien como -princesa extranjera que como propia, y muy desamada por su continuo y -secreto trato con Murat: partió sin oponérsele resistencia. Quedaban -todavía dos coches, y al instante corrió por la multitud que estaban -destinados al viaje de los dos infantes Don Antonio y Don Francisco. -Por instantes crecía el enojo y la ira, cuando al oír de la boca de -los criados de palacio que el niño Don Francisco lloraba y no quería -partir, se enternecieron todos, y las mujeres prorrumpieron en lamentos -y sentidos sollozos. En este estado y alterados más y más los ánimos, -llegó a palacio el ayudante de Murat Mr. Augusto Lagrange encargado -de ver lo que allí pasaba, y de saber si la inquietud popular ofrecía -fundados temores de alguna conmoción grave. Al ver al ayudante, -conocido como tal por su particular uniforme, nada grato a los ojos del -pueblo, se persuadió este que era venido allí para sacar por fuerza -a los<span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span> infantes. -Siguiose un general susurro, y al grito de una mujerzuela: <i>que nos -los llevan</i>, fue embestido Mr. Lagrange por todas partes, y hubiera -perecido a no haberle escudado con su cuerpo el oficial de valonas -Don Miguel Desmaisieres y Flórez; mas subiendo de punto la gritería y -ciegos todos de rabia y desesperación, ambos iban a ser atropellados -y muertos si afortunadamente no hubiera llegado a tiempo una patrulla -francesa que los libró del furor de la embravecida plebe. Murat -prontamente informado de lo que pasaba envió sin tardanza un batallón -con dos piezas de artillería: la proximidad a palacio de su alojamiento -facilitaba la breve ejecución de su orden. La tropa francesa llegada -que fue al paraje de la reunión popular, en vez de contener el alboroto -en su origen, sin previo aviso ni determinación anterior, hizo una -descarga sobre los indefensos corrillos, causando así una general -dispersión, y con ella un levantamiento en toda la capital, porque -derramándose con celeridad hasta por los más distantes barrios los -prófugos de palacio, cundió con ellos el terror y el miedo, y en un -instante y como por encanto se sublevó la población entera.</p> - -<p>Acudieron todos a buscar armas, y con ansia a falta de buenas se -aprovechaban de las más arrinconadas y enmohecidas. Los franceses -fueron impetuosamente acometidos por doquiera que se les encontraba. -Respetáronse en general los que estaban dentro de las casas o iban -desarmados, y con vigor se ensañaron contra los que intentaban juntarse -con sus cuerpos o hacían fuego. Los hubo que arrojando las armas e -implorando<span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span> clemencia -se salvaron, y fueron custodiados en paraje seguro. ¡Admirable -generosidad en medio de tan ciego y justo furor! El gentío era inmenso -en la calle Mayor, de Alcalá, de la Montera y de las Carretas. Durante -algún tiempo los franceses desaparecieron, y los inexpertos madrileños -creyeron haber alcanzado y asegurado su triunfo; pero desgraciadamente -fue de corta duración su alegría.</p> - -<p>Los extranjeros prevenidos de antemano, y estando siempre en -vela, recelosos por la pública agitación de una populosa ciudad, -apresuradamente se abalanzaron por las calles de Alcalá y carrera -de San Jerónimo barriéndola con su artillería, y arrollando a la -multitud la caballería de la guardia imperial a las órdenes del jefe -de escuadron Daumesnil. Señaláronse en crueldad los lanceros polacos -y los mamelucos, los que conforme a las órdenes de los generales de -brigada Guillot y Daubray forzaron las puertas de algunas casas, o ya -porque desde dentro hubiesen tirado, o ya porque así lo fingieron para -entrarlas a saco y matar a cuantos se les presentaban. Así asaltando -entre otras la casa del duque de Híjar en la carrera de San Jerónimo -arcabucearon delante de sus puertas al anciano portero. Estuvieron -también próximos a experimentar igual suerte el marqués de Villamejor -y el conde de Talara, aunque no habían tomado parte en la sublevación. -Salváronlos sus alojados. El pueblo combatido por todas partes fue -rechazado y disperso, y solo unos cuantos siguieron defendiéndose y aun -atacaron con sobresaliente bizarría. Entre ellos los hubo que<span -class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span> vendiendo caras sus vidas -se arrojaron en medio de las filas francesas hiriendo y matando hasta -dar el postrer aliento: hubo otros que parapetándose en las esquinas de -las calles iban de una en otra haciendo continuado y mortífero fuego: -algunos también en vez de huir aguardaban a pie firme, o asestaban su -último y furibundo golpe contra el jefe u oficial conocido por sus -insignias. ¡Estériles esfuerzos de valor y personal denuedo!</p> - -<p>La tropa española permanecía en sus cuarteles por orden de la -junta y del capitán general Don Francisco Javier Negrete, furiosa y -encolerizada, mas retenida por la disciplina. Entretanto paisanos -sin resguardo ni apoyo se precipitaron al parque de artillería, en -el barrio de las Maravillas, para sacar los cañones y resistir con -más ventaja. Los artilleros andaban dudosos en tomar o no parte con -el pueblo, a la misma sazón que cundió la voz de haber sido atacado -por los franceses uno de los otros cuarteles. Decididos entonces y -puestos al frente Don Pedro Velarde y D. Luis Daoiz abrieron las -puertas del parque, sacaron tres cañones y se dispusieron a rechazar al -enemigo, sostenidos por los paisanos y un piquete de infantería a las -órdenes del oficial Ruiz. Al principio se cogieron prisioneros algunos -franceses, pero poco después una columna de estos de los acantonados -en el convento de San Bernardino se avanzó mandada por el general -Lefranc, trabándose de ambos lados una porfiada refriega. El parque -se defendió valerosamente, menudearon las descargas, y allí quedaron -tendidos número crecido de<span class="pagenum" id="Page_149">p. -149</span> enemigos. De nuestra parte perecieron bastantes soldados y -paisanos: el oficial Ruiz fue desde el principio gravemente herido. -Don Pedro Velarde feneció atravesado de un balazo: y escaseando -ya los medios de defensa con la muerte de muchos, y aproximándose -denodadamente los franceses a la bayoneta, comenzaron los nuestros a -desalentar y quisieron rendirse. Pero cuando se creía que los enemigos -iban a admitir la capitulación se arrojaron sobre las piezas, mataron -a algunos, y entre ellos traspasaron desapiadadamente a bayonetazos a -Don Luis Daoiz, herido antes en un muslo. Así terminaron su carrera los -ilustres y beneméritos oficiales Daoiz y Velarde: honra y gloria de -España, dechado de patriotismo, servirán de ejemplo a los amantes de -la independencia y libertad nacional. El reencuentro del parque fue el -que costó más sangre a los franceses, y en donde hubo resistencia más -ordenada.</p> - -<p>Entretanto la débil junta azorada y sorprendida pensó en buscar -remedio a tamaño mal. Ofárril y Azanza habiendo recorrido inútilmente -los alrededores de palacio, y no siendo escuchados de los franceses, -montaron a caballo y fueron a encontrarse con Murat, quien desde el -principio de la sublevación para estar más desembarazado y más a mano -de dar órdenes, ya a las tropas de afuera, ya a las de adentro, se -colocó con el mariscal Moncey y principales generales fuera de puertas -en lo alto de la cuesta de San Vicente. Llegaron allí los comisionados -de la junta, y dijeron al gran duque que si mandaba suspender el fuego -y les daba para acompañarlos<span class="pagenum" id="Page_150">p. -150</span> uno de sus generales se ofrecían a restablecer la -tranquilidad. Accedió Murat y nombró al efecto al general Harispe. -Juntos los tres pasaron a los consejos, y asistidos de individuos de -todos ellos se distribuyeron por calles y plazas, y recorriendo las -principales alcanzaron que la multitud se aplacase con oferta de olvido -de lo pasado y reconciliación general. En aquel paseo se salvó la vida -a varios desgraciados, y señaladamente a algunos traficantes catalanes -a ruego de Don Gonzalo Ofárril.</p> - -<p>Retirados los españoles, todas las bocacalles y puntos importantes -fueron ocupados por los franceses, situando particularmente en las -encrucijadas cañones con mecha encendida.</p> - -<p>Aunque sumidos todos en dolor profundo, se respiraba algún tanto con -la consoladora idea de que por lo menos haría pausa la desolación y la -muerte. ¡Engañosa esperanza! A las tres de la tarde una voz lúgubre -y espantosa empezó a correr con la celeridad del rayo. Afirmábase -que españoles tranquilos habían sido cogidos por los franceses y -arcabuceados junto a la fuente de la Puerta del Sol y la iglesia de la -Soledad, manchando con su inocente sangre las gradas del templo. Apenas -se daba crédito a tamaña atrocidad, y conceptuábanse falsos rumores -de ilusos y acalorados patriotas. Bien pronto llegó el desengaño. En -efecto, los franceses después de estar todo tranquilo habían comenzado -a prender a muchos españoles, que en virtud de las promesas creyeron -poder acudir libremente a sus ocupaciones. Prendiéronlos con pretexto -de que llevaban armas: muchos no las tenían, a<span class="pagenum" -id="Page_151">p. 151</span> otros solo acompañaba o una navaja o unas -tijeras de su uso. Algunos fueron arcabuceados sin dilación, otros -quedaron depositados en la casa de correos y en los cuarteles. Las -autoridades españolas fiadas en el convenio concluido con los jefes -franceses, descansaban en el puntual cumplimiento de lo pactado. Por -desgracia fuimos de los primeros a ser testigos de su ciega confianza. -Llevados a casa de Don Arias Mon gobernador del consejo con deseo de -librar la vida a Don Antonio Oviedo, quien sin motivo había sido preso -al cruzar de una calle, nos encontramos con que el venerable anciano, -rendido al cansancio de la fatigosa mañana, dormía sosegadamente la -siesta. Enlazados con él por relaciones de paisanaje y parentesco, -conseguimos que se le despertase, y con dificultad pudimos persuadirle -de la verdad de lo que pasaba, respondiendo a todo que una persona como -el gran duque de Berg no podía descaradamente faltar a su palabra... -¡tanto repugnaba el falso proceder a su acendrada probidad! Cerciorado -al fin, procuró aquel digno magistrado reparar por su parte el grave -daño, dándonos también a nosotros en propia mano la orden para que se -pusiese en libertad a nuestro amigo. Sus laudables esfuerzos fueron -inútiles, y en balde fueron nuestros pasos en favor de Don Antonio -Oviedo. A duras penas penetrando por las filas enemigas con bastante -peligro, de que nos salvó el hablar la lengua francesa, llegamos a -la casa de correos donde mandaba por los españoles el general Sesti. -Le presentamos la orden del gobernador, y friamente nos contestó que -para evitar<span class="pagenum" id="Page_152">p. 152</span> las -continuadas reclamaciones de los franceses, les había entregado todos -sus presos y puéstolos en sus manos: así aquel italiano al servicio de -España retribuyó a su adoptiva patria los grados y mercedes con que le -había honrado. En dicha casa de correos se había juntado una comisión -militar francesa con apariencias de tribunal; mas por lo común sin ver -a los supuestos reos, sin oírles descargo alguno ni defensa los enviaba -en pelotones unos en pos de otros para que pereciesen en el Retiro o en -el Prado. Muchos llegaban al lugar de su horroroso suplicio ignorantes -de su suerte; y atados de dos en dos, tirando los soldados franceses -sobre el montón, caían o muertos o mal heridos, pasando a enterrarlos -cuando todavía algunos palpitaban. Aguardaron a que pasase el día -para aumentar el horror de la trágica escena. Al cabo de veinte años -nuestros cabellos se erizan todavía al recordar la triste y silenciosa -noche, solo interrumpida por los lastimeros ayes de las desgraciadas -víctimas y por el ruido de los fusilazos y del cañón que de cuando -en cuando y a lo lejos se oía y resonaba. Recogidos los madrileños a -sus hogares lloraban la cruel suerte que había cabido o amenazaba al -pariente, al deudo o al amigo. Nosotros nos lamentábamos de la suerte -del desventurado Oviedo, cuya libertad no habíamos logrado conseguir, a -la misma sazón que pálido y despavorido le vimos impensadamente entrar -por las puertas de la casa en donde estábamos. Acababa de deber la -vida a la generosidad de un oficial francés movido de sus ruegos y de -su inocencia, expresados en la<span class="pagenum" id="Page_153">p. -153</span> lengua extraña con la persuasiva elocuencia que le daba su -crítica situación. Atado ya en un patio del Retiro, estando para ser -arcabuceado le soltó, y aun no había salido Oviedo del recinto del -palacio cuando oyó los tiros que terminaron la larga y horrorosa agonía -de sus compañeros de infortunio.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. -<a href="#Ap_2-21" id="Ll_2-21">2-21</a>.)</span> Me he atrevido a -entretejer con la relación general un hecho que si bien particular, da -una idea clara y verdadera del modo bárbaro y cruel con que perecieron -muchos españoles, entre los cuales había sacerdotes, ancianos y otras -personas respetables. No satisfechos los invasores con la sangre -derramada por la noche, continuaron todavía en la mañana siguiente -pasando por las armas a algunos de los arrestados la víspera, para cuya -ejecución destinaron el cercado de la casa del príncipe Pío. Con aquel -sangriento suceso se dio correspondiente remate a la empresa comenzada -el 2 de mayo, día que cubrirá eternamente de baldón al caudillo del -ejército francés, que friamente mandó asesinar, atraillados sin juicio -ni defensa a inocentes y pacíficos individuos. Lejos estaba entonces -de prever el orgulloso y arrogante Murat que años después cogido, -sorprendido y casi atraillado también a la manera de los españoles del -2 de mayo, sería arcabuceado sin detenidas formas y a pesar de sus -reclamaciones, ofreciendo en su persona un señalado escarmiento a los -que ostentan hollar impunemente los derechos sagrados de la justicia y -de la humanidad.</p> - -<p>Difícil sería calcular ahora con puntualidad la pérdida que hubo -por ambas partes. El consejo<span class="pagenum" id="Page_154">p. -154</span> interesado en disminuirla la rebajó a unos 200 hombres del -pueblo. Murat aumentando la de los españoles redujo la suya acortándola -el Monitor a unos 80 entre muertos y heridos. Las dos relaciones -debieron ser inexactas por la sazón en que se hicieron y el diverso -interés que a todos ellos movía. Según lo que vimos y atendiendo a lo -que hemos consultado después y al número de heridos que entraron en los -hospitales, creemos que aproximadamente puede computarse la pérdida de -unos y otros en 1200 hombres.</p> - -<p>Calificaron los españoles el acontecimiento del 2 de mayo de -trama urdida por los franceses, y no faltaron algunos de estos que -se imaginaron haber sido una conspiración preparada de antemano por -aquellos: suposiciones falsas y desnudas ambas de sólido fundamento. -Mas, desechando los rumores de entonces, nos inclinamos sí a que -Murat celebró la ocasión que se le presentaba y no la desaprovechó, -jactándose como después lo hizo de haber humillado con un recio -escarmiento la fiereza castellana. Bien pronto vio cuán equivocado -era su precipitado juicio. Aquel día fue el origen del levantamiento -de España contra los franceses, contribuyendo a ello en gran manera -el concurso de forasteros que había en la capital con motivo del -advenimiento al trono de Fernando VII. Asustados estos y horrorizados, -volvieron a sus casas difundiendo por todas las provincias la infausta -nueva y excitando el odio y la abominación contra el cruel y fementido -extranjero.</p> - -<div class="sidenote">Día 3.</div> - -<p>Profunda tristeza y abatimiento señalaron<span class="pagenum" -id="Page_155">p. 155</span> el día 3. Las tiendas y las casas cerradas, -las calles solitarias y recorridas solamente por patrullas francesas -ofrecían el aspecto de una ciudad desierta y abandonada. Murat mandó -fijar en las esquinas una proclama [*] <span class="sidenote">(* Ap. -n. <a href="#Ap_2-20" id="Ll_2-20">2-20</a>.)</span> digna de Atila, -respirando sangre y amenazas, con lo que la indignación, si bien -reconcentrada entonces, tomó cada vez mayor incremento y braveza.</p> - -<div class="sidenote">Salida<br/> de los infantes<br/> para -Francia<br/> el 3 y el 4.</div> - -<p>Aterrado así el pueblo de Madrid, se fue adelante en el propósito de -trasladar a Francia toda la real familia, y el mismo día 3 salió para -Bayona el infante Don Francisco. No se había pasado aquella noche sin -que el conde de Laforest y Mr. Freville indicasen en una conferencia -secreta al infante Don Antonio la conveniencia y necesidad de que -fuese a reunirse con los demás individuos de su familia, para que en -presencia de todos se tomasen de acuerdo con el emperador las medidas -convenientes al arreglo de los negocios de España. Condescendió el -infante consternado con los sucesos precedentes, y señaló para su -partida la madrugada del 4, habiéndose tomado un coche de viaje de la -duquesa viuda de Osuna, a fin de que caminase más disimuladamente. -Dirigió antes de su salida un papel o decreto [no sabemos qué nombre -darle] a Don Francisco Gil y Lemus como vocal más antiguo de la junta y -persona de su particular confianza. Aunque temamos faltar a la gravedad -de la historia, lo curioso del papel así en la sustancia como en la -forma exige que le insertemos aquí literalmente. «Al señor Gil. — A -la junta para su gobierno la pongo en su noticia como me he marchado a -Bayona de orden<span class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span> del -rey, y digo a dicha junta que ella sigue en los mismos términos como -si yo estuviese en ella. — Dios nos la dé buena. — A Dios, señores, -hasta el valle de Josafat. — Antonio Pascual.» Basta esta carta del -buen infante Don Antonio Pascual para conjeturar cuán superior era -a sus fuerzas la pesada carga que le había encomendado su sobrino. -Había sido siempre reputado por hombre de partes poco aventajadas, -y en los breves días de su presidencia no ganó ni en concepto ni en -estimación. La reina María Luisa le graduaba en sus cartas de hombre -de muy <i>poco talento y luces</i>, agregábale además la calidad de -<i>cruel</i>. El juicio de la reina en su primera parte era conforme -a la opinión general; pero en lo de <i>cruel</i>, a haberse entonces -sabido, se hubiera atribuido a injusta calificación de enemistad -personal. Por desgracia la saña con que aquel infante se expresó el -año de 1814 contra todos los perseguidos y proscritos, confirmó triste -y sobradamente la justicia e imparcialidad con que la reina había -bosquejado su carácter. Aquí acabó por decirlo así la primera época -de la junta de gobierno, hasta cuyo tiempo si bien se echa de menos -energía y la conveniente previsión, falta disculpable en tan delicada -crisis, no se nota en su conducta connivencia ni reprensibles tratos -con el invasor extranjero. En adelante su modo de proceder fue variando -y enturbiándose más y más. Pero ya es tiempo de que volvamos los ojos a -las escenas no menos lamentables que al mismo tiempo se representaban -en Bayona.</p> - -<div class="sidenote">Llega Napoleón<br/> a Bayona.</div> - -<p>Napoleón al día siguiente de su llegada el 16<span class="pagenum" -id="Page_157">p. 157</span> de abril, dio audiencia en aquella ciudad -a una diputación de portugueses enviada para cumplimentarle, y les -ofreció conservar su independencia, no desmembrando parte alguna de -su territorio ni agregándolos tampoco a España. No pudo verle el -infante Don Carlos por hallarse indispuesto; mas Napoleón pasó a -visitar en persona a Fernando una hora después de su arribo, el que -se verificó como hemos dicho el día 20. El recién llegado bajó a -recibirle a la puerta de la calle, en donde habiéndose estrechamente -abrazado estuvieron juntos corto rato, y solamente se tocaron en la -conversación puntos indiferentes. Fernando fue convidado a comer para -aquella misma tarde con el emperador, y a la hora señalada yendo -en carruajes imperiales con su comitiva, fue conducido al palacio -de Marracq donde Napoleón residía. Saliole este a recibir hasta el -estribo del coche, etiqueta solo usada con las testas coronadas. En -la mesa evitó tratarle como príncipe o como rey. Acabada la comida -permanecieron poco tiempo juntos, y se despidieron quedando los -españoles muy contentos del agasajo con que habían sido tratados, y -renaciendo en ellos la esperanza de que todo iba a componerse bien -y satisfactoriamente. Vuelto Fernando a su posada entró en ella muy -luego el general Savary con el inesperado mensaje de que el emperador -había resuelto irrevocablemente derribar del trono la estirpe de los -Borbones, sustituyendo la suya, <span class="sidenote">Se anuncia<br/> -a Fernando<br/> que renuncie.</span> y que por consiguiente S. M. I. -exigía que el rey en su nombre y en el de toda su familia renunciase -la corona de España e Indias en favor de<span class="pagenum" -id="Page_158">p. 158</span> la dinastía de Bonaparte. No se sabe si -debe sorprender más la resolución en sí misma y el tiempo y ocasión de -anunciarla, o la serenidad del mensajero encargado de dar la noticia. -No habían transcurrido aun cinco días desde que el general Savary había -respondido con su cabeza de que el emperador reconocería al príncipe -de Asturias por rey si hiciese la demostración amistosa de pasar a -Bayona; y el mismo general encargábase ahora no ya de poner dudas o -condiciones a aquel reconocimiento, sino de intimar al príncipe y a -su familia el despojo absoluto del trono heredado de sus abuelos. -¡Inaudita audacia! Aguardar también para notificar la terrible decisión -de Napoleón el momento en que acababa de darse a los príncipes de -España pruebas de un bueno y amistoso hospedaje, fue verdaderamente -rasgo de inútil y exquisita inhumanidad, apenas creíble a no habérnoslo -trasmitido testigos oculares. Los héroes del político florentino César -Borja y Oliveretto di Fermo en sus crueldades y excesos parecidos en -gran manera a este de Napoleón, hallaban por lo menos cierta disculpa -en su propia debilidad y en ser aquella la senda por donde caminaban -los príncipes y estados de su tiempo. Mas el hombre colocado al frente -de una nación grande y poderosa, y en un siglo de costumbres más suaves -nunca podrá justificar o paliar siquiera ni su aleve resolución, ni el -modo odioso e inoportuno de comunicarla.</p> - -<div class="sidenote">Conferencias<br/> de Escóiquiz<br/> y -Cevallos.</div> - -<p>Después del intempestivo y desconsolador anuncio, tuvieron acerca -del asunto Don Pedro Cevallos y Don Juan Escóiquiz importantes -conferencias.<span class="pagenum" id="Page_159">p. 159</span> Comenzó -la de Cevallos con el ministro Champagny, y cuando sostenía aquel con -tesón y dignidad los derechos de su príncipe, en medio de la discusión -presentose el emperador, y mandó a ambos entrar en su despacho, en -donde enojado con lo que a Cevallos le había oído, pues detrás de -una puerta había estado escuchando, le apellidó <i>traidor</i>, por -desempeñar cerca de Fernando el mismo destino de que había disfrutado -bajo Carlos IV. Añadidos otros denuestos, se serenó al fin y concluyó -con decir que «tenía una política peculiar suya; que debía [Cevallos] -adoptar ideas más francas, ser menos delicado sobre el pundonor y -no sacrificar la prosperidad de España al interés de la familia de -Borbón.»</p> - -<p>La primera conferencia de Escóiquiz fue desde luego con Napoleón -mismo, quien le trató con más dulzura y benignidad que a Cevallos, -merced probablemente a los elogios que el canónigo le prodigó con larga -mano. La conversación tenida entre ambos nos ha sido conservada por -Escóiquiz, y aunque dueño este de modificarla en ventaja suya, lleva -visos de verídica y exacta, así por lo que Bonaparte dice, como también -por aparecer en ella el bueno de Escóiquiz en su original y perpetua -simplicidad. El emperador francés poco atento a floreos y estudiadas -frases, insistió con ahínco en la violencia con que a Carlos IV se le -había arrancado su renuncia, siendo el punto que principalmente le -interesaba. No por eso dejó Escóiquiz de seguir perorando largamente; -pero su <i>cicerónica arenga</i>, como por mofa la intitulaba -Napoleón,<span class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span> no conmovió -el imperial ánimo de este, que terminó la conferencia con autorizar -a Escóiquiz para que en nombre suyo ofreciese a Fernando el reino de -Etruria en cambio de la corona de España; en cuya propuesta quería dar -al príncipe una prueba de su estimación, prometiendo además casarle con -una princesa de su familia. Después de lo cual y de tirarle amistosa si -bien fuertemente de las orejas, según el propio relato del canónigo, -dio fin a la conversación el emperador francés.</p> - -<p>Apresuradamente volvió a la posada del rey Fernando Don Juan -Escóiquiz, a quien todos aguardaban con ansia. Comunicó la nueva -propuesta de Napoleón, y se juntó el consejo de los que acompañaban al -rey para discutirla. En él los más de los asistentes, a pesar de los -repetidos desengaños, solo veían en las nuevas proposiciones el deseo -de pedir mucho para alcanzar algo, y todos a excepción de Escóiquiz -votaron por desechar la propuesta del reino de Etruria. Cierto que si -por una parte horroriza la pérfida conducta de Napoleón, por otra causa -lástima y despecho el constante desvarío de los consejeros de Fernando -y aquel continuado esperar en quien solo había dado muestras de mala -voluntad. La opinión de Escóiquiz fue aún menos disculpable; la de los -otros consejeros se fundaba en un juicio equivocado, pero la del último -no solo le deshonraba como español queriendo que se trocase el vasto -y poderoso trono de su patria por otro pequeño y limitado, no solo -daba indicio de mísera y personal ambición, sino que también probaba -de nuevo imprevisión<span class="pagenum" id="Page_161">p. 161</span> -incurable en imaginarse que Bonaparte respetaría más al nuevo rey -de Etruria que lo que había respetado al antiguo y a los que eran -legítimamente príncipes de España.</p> - -<p>Continuaron las conferencias habiendo sustituido a Cevallos Don -Pedro Labrador, y entendiéndose con Escóiquiz Mr. de Pradt, obispo de -Poitiers. Labrador rompió desde luego sus negociaciones con Mr. de -Champagny: los otros prosiguieron sin resultado alguno su recíproco -trato y explicaciones. Daba ocasión a muchas de estas conferencias la -vacilación misma de Napoleón, quien deseaba que Fernando renunciase -sus derechos, sin tener que acudir a una violencia abierta, y también -para dar lugar a que Carlos IV y el otro partido de la corte llegasen a -Bayona. Así fue que la víspera del día en que se aguardaba a los reyes -viejos, anunció Napoleón a Fernando que ya no trataría sino con su -padre.</p> - -<div class="sidenote">Llegada<br/> de Carlos IV<br/> a Bayona.</div> - -<p>Ya hemos visto como el 25 de abril habían salido aquellos del -Escorial, ansiosos de abrazar a su amigo Godoy, y persuadidos hasta -cierto punto de que Napoleón los repondría en el trono. Pruébanlo las -conversaciones que tuvieron en el camino, y señaladamente la que en -Villa Real trabó la reina con el duque de Mahón; a quien habiéndole -preguntado qué noticias corrían, respondió dicho duque «asegúrase que -el emperador de los franceses reúne en Bayona todas las personas de -la familia real de España para privarlas del trono.» Parose la reina -como sorprendida, y después de haber reflexionado un rato, replicó: -«Napoleón siempre<span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span> -ha sido enemigo grande de nuestra familia: sin embargo ha hecho a -Carlos reiteradas promesas de protegerle, y no creo que obre ahora con -perfidia tan escandalosa.» Arribaron pues a Bayona el 30, siendo desde -la frontera cumplimentados y tratados como reyes, y con una distinción -muy diversa de aquella con que se había recibido a su hijo. Napoleón -los vio el mismo día, y no los convidó a comer sino para el siguiente -1.º de mayo; queriéndoles hacer el obsequio de que descansasen. -Desembarazados de las personas que habían ido a darles el parabién de -su llegada, entre quienes se contaba a Fernando, mirado con desvío y -enojo por su augusto padre, corrieron Carlos y María Luisa a los brazos -de su querido Godoy, a quien tiernamente estrecharon en su seno una y -repetidas veces con gran clamor y llanto.</p> - -<div class="sidenote">Come<br/> con Napoleón.</div> - -<p>Pasaron en la tarde señalada a comer con Napoleón, y habiéndosele -olvidado a este invitar al favorito español; al ponerse a la mesa, -echándole de menos Carlos fuera de sí exclamó: <i>¿Y Manuel? ¿Dónde -está Manuel?</i> Fuele preciso a Napoleón reparar su olvido, o más -bien condescender con los deseos del anciano monarca: tan grande -era el poderoso influjo que sobre los hábitos y carácter del último -había tomado Godoy, quien no parecía sino que con bebedizos le había -encantado.</p> - -<div class="sidenote">Comparece<br/> Fernando<br/> en presencia<br/> de -su padre.</div> - -<p>No tardaron mucho unos y otros en ocuparse en el importante y -grave negocio que había provocado la reunión en Bayona de tantos -ilustres personajes. Muy luego de la llegada de los reyes padres, de -acuerdo estos con Napoleón, y<span class="pagenum" id="Page_163">p. -163</span> siendo Godoy su principal y casi único consejero, se citó -a Fernando e intimole Carlos en presencia del soberano extranjero, -que en la mañana del día siguiente le devolviese la corona por medio -de una cesión pura y sencilla, amenazándole con que «si no él, sus -hermanos y todo su séquito serían desde aquel momento tratados como -emigrados.» Napoleón apoyó su discurso, y le sostuvo con fuerza; y -al querer responder Fernando se lanzó de la silla su augusto padre, -y hablándole con dignidad y fiereza quiso maltratarle, acusándole -de haber querido quitarle la vida con la corona. La reina hasta -entonces silenciosa se puso enfurecida, ultrajando al hijo con -injuriosos denuestos, y a tal punto, según Bonaparte, se dejó -arrastrar de su arrebatada cólera, que le pidió al mismo hiciese -subir a Fernando al cadalso: expresión, si fue pronunciada, espantosa -en boca de una madre.<span class="sidenote">Condiciones<br/> de -Fernando<br/> para su renuncia.<br/> (* Ap. n. <a href="#Ap_2-22" -id="Ll_2-22">2-22</a>.)</span> Su hijo enmudeció y envió una renuncia -con fecha 1.º de mayo limitada por las condiciones siguientes: «1.ª Que -el rey padre volviese a Madrid, hasta donde le acompañaría Fernando, -y le serviría como [*] su hijo más respetuoso. 2.ª Que en Madrid -se reuniesen las cortes, y pues que S. M. [el rey padre] resistía -una congregación tan numerosa, se convocasen todos los tribunales -y diputados del reino. 3.ª Que a la vista de aquella asamblea -formalizaría su renuncia Fernando, exponiendo los motivos que le -conducían a ella. 4.ª Que el rey Carlos no llevase consigo personas -que justamente se habían concitado el odio de la nación. 5.ª Que si S. -M. no quería reinar ni volver<span class="pagenum" id="Page_164">p. -164</span> a España, en tal caso Fernando gobernaría en su real nombre, -como lugarteniente suyo; no pudiendo ningún otro ser preferido a él.» -Son de notar los trámites y formalidades que querían exigirse para -hacer la nueva renuncia, siendo así que todo se había olvidado y aun -atropellado en la anterior de Carlos. También es digno de particular -atención que Fernando y sus consejeros, quienes por la mayor parte -odiaron tanto años adelante hasta el nombre de cortes, hayan sido los -primeros que provocaron su convocación, insinuando ser necesaria para -legitimar la nueva cesión del hijo en favor del padre la aprobación -de los representantes de la nación, o por lo menos la de una reunión -numerosa en que estuvieran los diputados de los reinos. Así se truecan -y trastornan los pareceres de los hombres al son del propio interés, y -en menosprecio de la pública utilidad.</p> - -<div class="sidenote">No se conforma<br/> el padre.</div> - -<p>Carlos IV no se conformó, como era de esperar, con la contestación -del hijo, escribiéndole en respuesta el 2 una carta, en cuyo -contenido en medio de algunas severas si bien justas reflexiones -se descubre la mano de Napoleón, y hasta expresiones suyas. Sonlo -por ejemplo [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-23" -id="Ll_2-23">2-23</a>.)</span> «todo debe hacerse para el pueblo, -y nada por él... No puedo consentir en ninguna reunión en -junta... nueva sugestión de los hombres sin experiencia que os -acompañan.» Tal fue la invariable aversión con que Bonaparte miró -siempre las asambleas populares, siendo así que sin ellas hubiera -perpetuamente quedado oscurecido en el humilde rincón en que la -suerte le<span class="pagenum" id="Page_165">p. 165</span> había -colocado.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-24" -id="Ll_2-24">2-24</a>.)</span> Fernando insistió el 4 en su primera -respuesta «que el excluir para siempre del trono de España a su -dinastía, no podía hacerlo sin el expreso consentimiento de todos los -individuos que tenían o podían tener derecho a la corona de España, -ni tampoco sin el mismo expreso consentimiento de la nación española, -reunida en cortes y en lugar seguro.» Y tanto y tanto reconocía -entonces Fernando los sagrados derechos de la nación, reclamándolos y -deslindándolos cada vez más y con mayor claridad y conato.</p> - -<div class="sidenote">Comparece<br/> por segunda vez<br/> Fernando -delante<br/> de su padre.</div> - -<p>En este estado andaban las pláticas sobre tan grave negocio -cuando el 5 de mayo se recibió en Bayona la noticia de lo acaecido -en Madrid el día 2: pasó Napoleón inmediatamente a participárselo a -los reyes padres, y después de haber tenido con ellos una muy larga -conferencia, se llamó a Fernando para que también concurriese a -ella. Eran las cinco de la tarde; todos estaban sentados excepto el -príncipe. Su padre le reiteró las anteriores acusaciones; le baldonó -acerbamente; le achacó el levantamiento del 2 de mayo; las muertes -que se habían seguido, y llamándole pérfido y traidor, le intimó -por segunda vez que si no renunciaba la corona, sería sin dilación -declarado usurpador, y él y toda su casa conspiradores contra la vida -de sus soberanos. Fernando atemorizado [*] <span class="sidenote">(* -Ap. n. <a href="#Ap_2-25" id="Ll_2-25">2-25</a>.)</span> abdicó el 6 -pura y sencillamente en favor de su padre, y en los términos que este -le había indicado. No había aguardado Carlos a la renuncia del hijo -para concluir con Napoleón un tratado por el que le cedía la corona, -<span class="sidenote">Renuncia<br/> Carlos IV<br/> en Napoleón.<br/> -(* Ap. n. <a href="#Ap_2-26" id="Ll_2-26">2-26</a>.)</span> sin -otra especial restricción<span class="pagenum" id="Page_166">p. -166</span> que la de la integridad de la monarquía y la conservación -de la religión católica, excluyendo cualquiera otra. El tratado fue -firmado en 5 de mayo por el mariscal Duroc y el príncipe de la Paz,[*] -plenipotenciarios nombrados al efecto; con cuya vergonzosa negociación -dio el valido español cumplido remate a su pública y lamentable -carrera. Ingrato y desconocido puso su firma en un tratado en el que -no estipuló sola y precisamente privar de la corona a Fernando su -enemigo, sino en general y por inducción a todos los infantes, a toda -la dinastía, en fin, de los soberanos sus bienhechores, recayendo -la cesión de Carlos en un príncipe extranjero. Pequeño y mezquino -hasta en los últimos momentos, Don Manuel Godoy única y porfiadamente -altercó sobre el artículo de pensiones. Por lo demás el modo con que -Carlos se despojó de la corona, al paso que mancillaba al encargado de -autorizarla por medio de un tratado, cubría de oprobio a un padre que -de golpe y sin distinción privaba indirectamente a todos sus hijos de -suceder en el trono. Acordada la renuncia en tierra extraña, faltábale -a los ojos del mundo la indispensable cualidad de haber sido ejecutada -libre y espontáneamente, sobre todo cuando la cesión recaía en favor -de un soberano dentro de cuyo imperio se había concluido aquella -importante estipulación. Era asimismo cosa no vista que un monarca, -dueño si se quiere de despojarse a sí mismo de sus propios derechos, -no contase para la cesión ni con sus hijos, ni con las otras personas -de su dinastía, ni con el libre y amplio consentimiento de<span -class="pagenum" id="Page_167">p. 167</span> la nación española, que -era traspasada a ajena dominación como si fuera un campo propio o -un rebaño. El derecho público de todos los países se ha opuesto -constantemente a tamaño abuso, y en España, en tanto que se respetaron -sus franquezas y libertades, hubo siempre en las cortes un firme e -invencible valladar contra la arbitraria y antojadiza voluntad de los -reyes. Cuando Alfonso el batallador tuvo el singular desacuerdo de -dejar por herederos de sus reinos a los caballeros del Temple, lejos de -convenir en su loco extravío, nombraron los aragoneses en las cortes -de Borja por rey de Aragón a Don Ramiro el monje, y por su parte los -navarros para suceder en Navarra a Don García Ramírez. Hubo otros casos -no menos señalados en que siempre se pusieron a salvo los fueros y -costumbres nacionales. Hasta el mismo imbécil de Carlos II, aunque su -disposición testamentaria fue hecha dentro del territorio, y en ella no -se infringían tan escandalosamente ni los derechos de la familia real -ni los de la nación, creyó necesario por lo menos usar de la fórmula de -«que fuera válida aquella su última voluntad, como si se hubiese hecho -de acuerdo con las cortes.» Ahora por todo se atropelló, y nadie cuidó -de conservar siquiera ciertas apariencias de justicia y legitimidad.</p> - -<div class="sidenote">Carlos IV<br/> y María Luisa.</div> - -<p>Así terminó Carlos IV su reinado, del que nadie mejor que él mismo -nos dará una puntual y verdadera idea. Comía en Bayona con Napoleón -cuando se expresó en estos términos: «todos los días invierno y verano -iba a caza hasta las doce, comía y al instante volvía al cazadero<span -class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span> hasta la caída de la -tarde. Manuel me informaba como iban las cosas, y me iba a acostar -para comenzar la misma vida al día siguiente, a menos de impedírmelo -alguna ceremonia importante.» De este modo gobernó por espacio de -veinte años aquel monarca, quien según la pintura que hace de sí -propio, merece justamente ser apellidado con el mismo epiteto que lo -fueron varios de los reyes de Francia de la estirpe merovingiana. -Sin embargo adornaban a Carlos prendas con que hubiera brillado como -rey, llenando sus altas obligaciones, si menos perezoso y débil no se -hubiese ciegamente entregado al arbitrio y desordenada fantasía de la -reina. Tenía comprensión fácil y memoria vasta; amaba la justicia, y -si alguna vez se ocupaba en el despacho de los negocios, era expedito -y atinado; mas estas calidades desaparecieron al lado de su dejadez -y habitual abandono. Con otra esposa que María Luisa su reinado -no hubiera desmerecido del de su augusto antecesor; y bien que la -situación de Europa fuese muy otra a causa de la revolución francesa, -tranquila España en su interior y bien gobernada, quizá hubiera podido -sosegadamente progresar en su industria y civilización sin revueltas ni -trastornos.</p> - -<div class="sidenote">Renuncia<br/> de Fernando<br/> como príncipe<br/> -de Asturias.</div> - -<p>Formalizadas las renuncias de Fernando en Carlos IV, y de este en -Napoleón, faltaba la del primero como príncipe de Asturias, porque -si bien había devuelto en 6 de mayo la corona a su padre, no había -por aquel acto renunciado a sus derechos en calidad de inmediato -sucesor. Parece ser, según Don Pedro Cevallos, que Fernando<span -class="pagenum" id="Page_169">p. 169</span> resistiéndose a acceder -a la última cesión, Napoleón le dijo: «no hay medio, príncipe, -entre la cesión y la muerte.» Otros han negado la amenaza, y admira -en efecto que hubiera que acudir a requerimiento tan riguroso con -persona cuya debilidad se había ya mostrado muy a las claras. El -mariscal Duroc habló en el mismo sentido que su amo, y los príncipes -entonces se determinaron a renunciar. Nombrose a dicho mariscal con -Escóiquiz para arreglar el modo,[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. -<a href="#Ap_2-27" id="Ll_2-27">2-27</a>.)</span> y el 10 firmaron -ambos un tratado por el que se arreglaron los términos de la cesión -del príncipe de Asturias, y se fijó su pensión como la de los infantes -con tal que suscribiesen al tratado; lo cual verificaron Don Antonio y -Don Carlos por medio de una proclama que en unión con Fernando dieron -en Burdeos el [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-28" -id="Ll_2-28">2-28</a>.)</span> 12 del mismo mayo. El infante Don -Francisco no firmó ninguno de aquellos actos, ya fuera precipitación, o -ya por considerarle en su minoridad.</p> - -<p>Bien que Escóiquiz hubiese obedecido a las órdenes de Fernando -firmando el tratado del 10, no por eso pone en seguro su buen nombre, -harto mancillado ya. Y fue singular que los dos hombres, Godoy y -Escóiquiz, cuyo desgobierno y errada conducta habían causado los -mayores daños a la monarquía, y cuyo respectivo valimiento con los dos -reyes padre e hijo les imponía la estrecha obligación de sacrificarse -por la conservación de sus derechos, fuesen los mismos que autorizasen -los tratados que acababan en España con la estirpe de los Borbones. -La proclama de Burdeos dada el 12, y en la que<span class="pagenum" -id="Page_170">p. 170</span> se dice a los españoles, «que se mantengan -tranquilos esperando su felicidad de las sabias disposiciones y del -poder de Napoleón», fue producción de Escóiquiz, queriendo este -persuadir después que con ella había pensado en provocar a los -españoles para que sostuviesen la causa de sus príncipes legítimos. -Si realmente tal fue su intento, se ve que no estaba dotado de mayor -claridad cuando escribía, que de previsión cuando obraba.</p> - -<div class="sidenote">La reina<br/> de Etruria.</div> - -<p>La reina de Etruria, a pesar de los favores y atentos obsequios -que había dispensado a Murat y a los franceses, no fue más dichosa en -sus negociaciones que las otras personas de su familia. No se podía -cumplir con su hijo el tratado de Fontainebleau, porque el emperador -había ofrecido a los diputados portugueses conservar la integridad -de Portugal: no podían tampoco concedérsele indemnización en Italia, -siendo opuesto a las <i>grandes miras</i> de Napoleón permitir que en -parte alguna de aquel país reinase una rama, cualquiera que fuese, de -los Borbones; con cuya contestación tuvo la reina que atenerse a la -pensión que se le señaló, y seguir la suerte de sus padres.</p> - -<div class="sidenote">Planes<br/> de evasión.</div> - -<p>Durante la estancia en Bayona del príncipe de Asturias y los -infantes, hubo varios planes para que se evadiesen. Un vecino de -Cervera de Alhama recibió dinero de la junta suprema de Madrid con -aquel objeto. Con el mismo también había ofrecido el duque de Mahón una -fuerte suma desde San Sebastián: los consejeros de Fernando, a nombre y -por orden suya, cobraron el dinero, mas la fuga no tuvo efecto.<span -class="pagenum" id="Page_171">p. 171</span> Se propuso como el medio -mejor y más asequible el arrebatar a los dos hermanos Don Fernando y -Don Carlos, sosteniendo la operación por vascos diestros y prácticos -de la tierra, e internarlos en España por San Juan de Pie de Puerto. -Fue tan adelante el proyecto que hubo apostados en la frontera 300 -miqueletes para que diesen la mano a los que en Francia andaban de -concierto en el secreto. Después se pensó en salvarlos por mar, y hasta -hubo quien propuso atacar a Napoleón en el palacio de Marracq. Había -en todas estas tentativas más bien muestras de patriotismo y lealtad, -que probable y buena salida. Hubiérase necesitado para llevarlas a -cabo menos vigilancia en el gobierno francés, y mayor arrojo en los -príncipes españoles, naturalmente tímidos y apocados.</p> - -<div class="sidenote">Se interna<br/> en Francia<br/> la familia -real<br/> de España.</div> - -<p>No tardó Napoleón, extendidas y formalizadas que fueron las -renuncias por medio de los convenios mencionados, en despachar para lo -interior de Francia a las personas de la familia real de España. El 10 -de mayo Carlos IV y su esposa María Luisa, la reina de Etruria con sus -hijos, el infante Don Francisco y el príncipe de la Paz salieron para -Fontainebleau y de allí pasaron a Compiègne. El 11 partieron también de -Bayona el rey Fernando VII y su hermano y tío, los infantes Don Carlos -y Don Antonio; habiéndoseles señalado para su residencia el palacio de -Valençay, propio del príncipe de Talleyrand.</p> - -<p>Tal fin tuvieron las célebres vistas de Bayona entre el emperador -de los franceses y la mal aventurada familia real de España. Solo -con<span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span> muy negra tinta -puede trazarse tan tenebroso cuadro. En él se presenta Napoleón pérfido -y artero; los reyes viejos padres desnaturalizados; Fernando y los -infantes débiles y ciegos; sus consejeros por la mayor parte ignorantes -o desacordados, dando todos juntos principio a un sangriento drama, que -ha acabado con muchos de ellos, desgarrado a España, y conmovido hasta -en sus cimientos la suerte de la Francia misma.</p> - -<p>En verdad tiempos eran estos ásperos y difíciles, mas los encargados -del timón del estado ya en Bayona, ya en Madrid, parece que solo -tuvieron tino en el desacierto. Los primeros acabamos de ver qué cuenta -dieron de sus príncipes: examinaremos ahora qué providencias tomaron -los segundos <span class="sidenote">Inacción<br/> de la junta<br/> -suprema.</span> para defender el honor y la verdadera independencia -nacional, puesto que por sus discordias y malos consejos se habían -perdido el rey Fernando, sus hermanos y toda la real familia. -Mencionamos anteriormente la comisión de Don Evaristo Pérez de Castro, -quien con felicidad entró en Bayona el 4 de mayo. A su llegada se -presentó sin dilación a Don Pedro Cevallos, y este comunicó al rey -las proposiciones de la junta suprema de Madrid de que aquel era -portador, y cuyo contenido hemos insertado más arriba. De resultas -se dictaron dos decretos el 5 de mayo, uno escrito de la real mano -estaba dirigido a la junta suprema de gobierno, y otro firmado por -Fernando con la acostumbrada fórmula de <i>Yo el rey</i> era expedido -al consejo, o en su lugar a cualquiera chancillería o audiencia -libre del influjo<span class="pagenum" id="Page_173">p. 173</span> -extranjero. Por el primero el rey decía: «que se hallaba sin libertad, -y consiguientemente imposibilitado de tomar por sí medida alguna para -salvar su persona y la monarquía; que por tanto autorizaba a la junta -en la forma más amplia para que en cuerpo, o sustituyéndose en una -o muchas personas que la representasen, se trasladara al paraje que -creyese más conveniente, y que en nombre de S. M. representando su -misma persona ejerciese todas las funciones de la soberanía. Que las -hostilidades deberían empezar desde el momento en que internasen a S. -M. en Francia, lo que no sucedería sino por la violencia. Y por último, -que en llegando ese caso tratase la junta de impedir del modo que -creyese más a propósito la entrada de nuevas tropas en la península.» -El decreto al consejo decía: «que en la situación en que S. M. se -hallaba, privado de libertad para obrar por sí, era su real voluntad -que se convocasen las cortes en el paraje que pareciese más expedito; -que por de pronto se ocupasen únicamente en proporcionar los arbitrios -y subsidios necesarios para atender a la defensa del reino, y que -quedasen permanentes para lo demás que pudiese ocurrir.»</p> - -<p>Algunos de los ministros o consejeros de Fernando en Bayona creyeron -fundadamente que la junta suprema autorizada, como lo había sido desde -aquella ciudad, para obrar con las mismas e ilimitadas facultades -que habrían asistido al rey estando presente, hubiera por sí debido -adoptar aquellas medidas, evitando las dilaciones<span class="pagenum" -id="Page_174">p. 174</span> de la consulta; mas la junta que se había -apartado del modo de pensar de los de Bayona, y que en vez de tomar -providencias se contentó con pedir nuevas instrucciones, llegadas que -fueron tampoco hizo nada, continuando en su inacción, so color de que -las circunstancias habían variado. Cierto que no eran las mismas, y -será bien que para pesar sus razones refiramos antes lo que en ese -tiempo había pasado en Madrid.</p> - -<div class="sidenote">Murat presidente<br/> de la junta.</div> - -<p>En la mañana misma del 4 de mayo en que partió el infante Don -Antonio, el gran duque de Berg manifestó a algunos individuos de la -junta que era preciso asociar su persona a las deliberaciones de -aquel cuerpo, estando en ello interesado el buen orden y la quietud -pública. Se le hicieron reflexiones sobre su propuesta; no insistió -en ella por aquel momento, pero en la noche sin anuncio anterior -se presentó en la junta para presidirla. Opúsose fuertemente a su -atropellado intento Gil y Lemus; parece ser que también resistieron -Azanza y Ofárril, quienes aunque al principio protestaron e hicieron -dejación de sus destinos, al fin continuaron ejerciéndolos. Temerosa -la junta del compromiso en que la ponía Murat, y queriendo evitar -mayores males, cedió a sus deseos y resolvió admitir en su seno al -príncipe francés. Mucho se censuró esta su determinación, y se pensó -que excedía de sus facultades, mayormente cuando se trataba del jefe -del ejército de ocupación, y cuando para ello no había recibido órdenes -ni instrucciones de Bayona. Hubiera sido más conforme a la opinión -general, o que se hubiera<span class="pagenum" id="Page_175">p. -175</span> negado a deliberar ante el general francés, o haber -aguardado a que una violencia clara y sin rebozo hubiese podido -disculpar su sometimiento. Pesarosa tal vez la junta de su fácil -condescendencia, en medio de su congoja [*] <span class="sidenote">(* -Ap. n. <a href="#Ap_2-29" id="Ll_2-29">2-29</a>.)</span> le sacó algún -tanto de ella y a tiempo un decreto que recibió el 7 de mayo, y que -con fecha del 4 había expedido en Bayona Carlos IV, nombrando a Murat -lugarteniente del reino, en cuya calidad debía presidir la junta -suprema: decreto precursor de la abdicación de la corona que al día -siguiente hizo en Napoleón. Acompañaba al nombramiento una proclama -del mismo Carlos a la nación, que concluía con la notable cláusula de -que: «no habría prosperidad ni salvación para los españoles, sino en -la amistad del grande emperador su aliado.» Bien que la resolución -del rey padre viniese en apoyo de la prematura determinación de la -junta, en realidad no hubiera debido a los ojos de este cuerpo tener -aquella fuerza alguna autoridad: la de dicha junta delegada por -Fernando VII, solo a las órdenes del último tenía que obedecer. Sin -embargo en el día 8 acordó su cumplimiento; y solamente suspendió -la publicación, creyendo con ese medio y equívoco proceder salir de -su compromiso. <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-30" -id="Ll_2-30">2-30</a>.)</span> Finalmente le libró de él y de su -angustiada posición la noticia de haber devuelto Fernando la corona a -su padre, recibiendo un decreto [*] del mismo para que se sometiese a -las órdenes del antiguo monarca.</p> - -<div class="sidenote">Equívoca<br/> conducta<br/> de la junta.</div> - -<p>Hasta el día en que Murat se apoderó de la presidencia, hubiera -podido atribuirse la debilidad de la junta a circunspección, su -imprevisión<span class="pagenum" id="Page_176">p. 176</span> a -prudencia excesiva, y su indolencia a falta de facultades o a temor -de comprometer la persona del rey. Mas ahora había mudado el aspecto -de las cosas, y así o estaban sus individuos en el caso de poner -en ejecución las convenientes medidas para salvar el honor y la -independencia nacional, o no lo estaban. Si no, ¿por qué en vez de -mancillar su nombre aprobando con su presencia las inicuas decisiones -del extranjero, no se retiraron y le dejaron solo? ¿Y si pudieron -obrar, por qué no llevaron a efecto los decretos dados por el rey en -Bayona a consulta suya? ¿Por qué no permitieron la formación acordada -de otra junta, fuera del poder del enemigo? Lejos de seguir esta vereda -tomaron la opuesta y fijaron todo su conato en impedir la ejecución de -aquellas saludables medidas. Un propio había entregado a Don Miguel -José de Azanza en su mano los dos decretos del rey; por uno de los -cuales se autorizaba a la junta con poderes ilimitados, y por el otro -al consejo para la convocación de cortes. Azanza los comunicó a sus -compañeros y todos convinieron en que dados estos decretos el 5 de -mayo y el de renuncia de Fernando el 6 del mismo, no debían cumplirse -ni obedecerse los primeros; ¡cosa extraña! Decretos arrancados por la -violencia, en los que se destruían los legítimos derechos de Fernando -y su dinastía, y se hollaban los de la nación, tuvieron a sus ojos más -fuerza que los que habiendo sido acordados en secreto y despachados -por personas de toda confianza, tenían en sí mismos la doble ventaja -de haber sido dictados con entera libertad,<span class="pagenum" -id="Page_177">p. 177</span> y de acomodarse a lo que ordenaba el -honor nacional. Pone aún más en descubierto la buena fe y rectitud -de intenciones de los que así procedieron, el no haber comunicado -al consejo el decreto de convocación de cortes, cuya promulgación y -ejecución se encomendaba particularmente a su cuidado, tocando solo a -aquel cuerpo examinar las razones de prudencia o conveniencia pública -de detenerle o circularle. No contentos con esto los individuos de -la junta suprema, y temerosos de que los nombrados para reemplazarla -fuera de Madrid en caso necesario ejecutasen lo que se les había -mandado, tomaron precauciones para estorbarlo. Al conde de Ezpeleta, -a quien se había comunicado por medio de Don José Capeleti la primera -determinación de que presidiese la junta cuya instalación debía -seguirse a la falta de libertad de la de Madrid, se le dio después -expresa contraorden; y apremiado por Gil Taboada para que pasase -a Zaragoza en donde aquel aguardaba, le contestó como se le había -posteriormente mandado lo contrario.</p> - -<p>Por lo tanto la junta suprema de Madrid que con pretexto de -carecer de facultades, a pesar de haberlas desde Bayona recibido -amplias, anduvo al principio descuidada y poco diligente, ahora -que con más claridad y extensión si era posible las recibía, -suspendió hacer uso de su poder, alegando ser ya tarde, y recelosa -de mayores comprometimientos. Aparece más oscura y dudosa su -conducta al considerar que algunos de sus individuos débiles antes, -pero resistiendo al extranjero, sumisos después si bien<span -class="pagenum" id="Page_178">p. 178</span> todavía disculpables, -acabaron por ser sus firmes apoyos, trabajando con ahínco por -ahogar los gloriosos esfuerzos que hizo la nación en defensa de su -independencia. Es cierto que en seguida los españoles de Bayona -estuvieron igualmente llenos de sobresalto y zozobra con el miedo -de que se ejecutasen los dos consabidos decretos. Así lo anunciaba -Don Evaristo Pérez de Castro que volvió a Madrid por aquellos días. -Todo lo cual prueba que ni entre los españoles que en Bayona influían -principalmente en el consejo del rey, ni entre los que en España -gobernaban, había ningún hombre asistido de aquella constante decisión -e invariable firmeza que piden extraordinarias circunstancias.</p> - -<div class="sidenote">Napoleón piensa<br/> dar la corona<br/> de España -a José.</div> - -<p>Napoleón por su parte considerándose ya dueño de la corona de -España en virtud de las renuncias hechas en favor suyo, había resuelto -colocarla en las sienes de su hermano mayor José rey de Nápoles, y -continuando siempre por la senda del engaño quiso dar a su cesión -visos de generosa condescendencia con los deseos de los españoles. -Así fue que en 8 de mayo dirigió al gran duque sus instrucciones para -que la junta suprema y el consejo de Castilla le indicasen en cuál de -las personas de su familia les sería más grato que recayese el trono -de España. En 12 respondió acertadamente el consejo que siendo nulas -las cesiones hechas por la familia de Borbón, no le tocaba ni podía -contestar a lo que se le preguntaba. Mas convocado al siguiente día -a palacio por la tarde y sin ceremonia, y bien recibido y tratado -por Murat, y habiendo fácilmente convenido este en la cortapisa que -el consejo<span class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span> quería -poner a su exposición de que «no por eso se entendiese que se mezclaba -en la aprobación o desaprobación de los tratados de renuncia, ni que -los derechos del rey Carlos y su hijo y demás sucesores a la corona, -según las leyes del reino, quedasen perjudicados por la designación -que se le pedía;» cedió entonces y acordó en consulta del 13 dirigida -al gran duque, que bajo las propuestas insinuadas «le parecía que en -ejecución de lo resuelto por el emperador podía recaer la elección -en su hermano mayor el rey de Nápoles.» Llevaba trazas de juego y de -mutua inteligencia el modo de preguntar y de responder. A Murat le -importaban muy poco aquellas secretas protestas, con tal que tuviese -un documento público de las principales autoridades del reino que -presentar a los gobiernos europeos, pudiendo con él Napoleón dar a -entender que había seguido la voluntad de los españoles más bien que la -suya propia. El consejo empezando desde entonces aquel sistema medio -y artificioso que le guió después, más propio de un subalterno de la -curia que de un cuerpo custodio de las leyes, se avino muy bien con lo -que se le propuso, imaginando así poner en cobro hasta cierto punto su -comprometida existencia, ya que se afirmase la dominación de Napoleón, -ya que fuese destruida. Conducta no atinada en tiempos de grandes -tribulaciones y vaivenes, y con la que perdió su crédito e influjo -entre nacionales y extranjeros. Escribió también el mismo consejo -una carta al emperador, y a ruego de Murat nombró para presentarla -en Bayona a los ministros Don José Colón y Don<span class="pagenum" -id="Page_180">p. 180</span> Manuel de Lardizábal. La junta suprema y la -villa de Madrid practicaron por su parte iguales diligencias, pidiendo -que José Bonaparte fuese escogido para rey de España.</p> - -<p>No satisfecho Napoleón con las cesiones de los príncipes, ni con la -sumisión y petición de las supremas autoridades, pensó en congregar -una diputación de españoles, <span class="sidenote">Diputación<br/> -de Bayona.</span> que con simulacro de cortes diesen en Bayona una -especie de aprobación nacional a todo lo anteriormente actuado. Ya -dijimos que a mediados de abril había intentado Murat llevar a efecto -aquel pensamiento; mas hasta ahora en mayo no se puso en perfecta y -cumplida ejecución. La convocatoria [*] <span class="sidenote">(* Ap. -n. <a href="#Ap_2-31" id="Ll_2-31">2-31</a>.)</span> se dio a luz en la -Gaceta de Madrid de 24 del mismo mes, con la singularidad de no llevar -fecha. Estaba extendida a nombre del gran duque de Berg y de la junta -suprema de gobierno, y se reducía en sustancia a que siendo el deseo de -S. M. I. y R. juntar en Bayona una diputación general de 150 individuos -para el 15 de junio siguiente, a fin de tratar en ella de la felicidad -de España, indicando todos los males que el antiguo sistema había -ocasionado, y proponiendo las reformas y remedios para destruirlos, la -junta suprema había nombrado varios sujetos que allí se expresaban, -reservando a algunas corporaciones, a las ciudades de voto en cortes -y otras sus respectivas elecciones. Según el decreto debían también -asistir grandes, títulos, obispos, generales de las órdenes religiosas, -individuos del comercio, de las universidades, de la milicia, de la -marina, de los consejos y de la Inquisición misma. Se escogieron -igualmente seis individuos que<span class="pagenum" id="Page_181">p. -181</span> representasen la América. Azanza que en 23 de mayo había -ido a Bayona para dar cuenta al emperador del estado de la hacienda -de España, se quedó por orden suya a presidir la junta o diputación -general próxima a reunirse. Más adelante examinaremos la índole y los -trabajos de esta junta, y hablaremos del solemne reconocimiento que -ella y los españoles allí presentes hicieron del intruso José.</p> - -<div class="sidenote">Medidas<br/> de precaución<br/> de Murat.</div> - -<p>Murat luego que estuvo al frente del gobierno de España, recelando -en vista del general desasosiego que hubiese sublevaciones más o -menos parciales, adoptó varios medios para prevenirlas. Agregó a la -división o cuerpo de Dupont dos regimientos suizos españoles, y puso -a la disposición del mariscal Moncey cuatro batallones de guardias -españolas y valonas y los guardias de Corps. Pasó órdenes para enviar -3000 hombres de Galicia a Buenos Aires, y en 19 de mayo dio el mando -de la escuadra de Mahón al general Salcedo con encargo de hacerse a la -vela para Toulon; lo cual afortunadamente no pudo cumplirse por los -acontecimientos que muy luego sobrevinieron. Se ordenó a la división -española acantonada en Extremadura pasase a San Roque, y a Solano -que hasta entonces había sido su jefe se le previno que regresase a -Cádiz para tomar de nuevo el mando de Andalucía, yendo a explorar -sus intenciones el oficial de ingenieros francés Constantin. Con el -mismo objeto y con pretexto de examinar la plaza de Gibraltar se envió -cerca del general Don Francisco Javier Castaños, que mandaba en el -campo de San Roque, al jefe de batallón de ingenieros Rogniat:<span -class="pagenum" id="Page_182">p. 182</span> otros comisionados -fueron enviados a Ceuta. El Buen Retiro se empezó a fortificar, -encerrando dentro de su recinto abundantes provisiones de boca y -guerra, habiéndose los franceses apoderado por todas partes de cuantos -almacenes y depósitos de municiones y armas estuvieron a su alcance. -Cortas precauciones para reprimir el universal descontento.</p> - -<p>Pero ahora que ya tenemos a Napoleón imaginándose poder enajenar a -su antojo la corona de España; ahora que ya está internada en Francia -la familia real; Murat mandando en Madrid; sometidos la junta suprema -y los consejos, y convocada a Bayona una diputación de españoles, -será bien que desviando nuestra vista de tantas escenas de perfidia y -abatimiento, de imprevisión y flaqueza, nos volvamos a contemplar un -sublime y grandioso espectáculo.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter"> - <p><span class="pagenum" id="Page_183">p. 183</span></p> - <div class="figcenter"> - <img style="width: 26em; height: auto;" - src="images/doble_filete.jpg" - alt="Filete ornamental"/> - </div> - <p class="centra fs200 lh200 negr mt1">RESUMEN</p> - <p class="centra smaller lh200">DEL</p> - <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO TERCERO.</p> - <div class="figcenter mt05"> - <img style="width: 8em; height: auto;" - src="images/separa2.jpg" - alt="Motivo ornamental"/> - </div> -</div> - -<p class="resum"><span class="prim"><span -class="gran">I</span>nsurrección</span> general contra los franceses. -— Levantamiento de Asturias. — Misión a Inglaterra. — Levantamiento -de Galicia. — Levantamiento de Santander. — Levantamiento de León -y Castilla la Vieja. — Levantamiento de Sevilla. — Rendición de la -escuadra francesa surta en Cádiz. — Levantamiento de Granada. — -Levantamiento de Extremadura. — Conmociones en Castilla la Nueva. — -Levantamiento de Cartagena y Murcia. — Levantamiento de Valencia. — -Levantamiento de Aragón. — Levantamiento de Cataluña. — Levantamiento -de las Baleares. — Navarra y Provincias Vascongadas. — Islas Canarias. -— Reflexiones generales. — Portugal. — Su situación. — Divisiones -francesas que intentan pasar a España. — Los españoles se retiran -de Oporto. — Primer levantamiento de Oporto. — Levantamiento de -Tras-os-Montes, y segundo de Oporto. — Se desarma a los españoles -de Lisboa. — Rechazan los españoles a los franceses en Os Pegões. — -Levantamiento de los Algarbes. — Convenciones entre algunas juntas de -España y Portugal.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch3"> - <p><span class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span></p> - <div class="figcenter"> - <img style="width: 26em; height: auto;" - src="images/doble_filete.jpg" - alt="Filete ornamental"/> - </div> - <p class="centra fs150 lh150 negr g0 mt1">HISTORIA</p> - <p class="centra fs60 lh150">DEL</p> - <p class="centra fs120 lh150 asc ws1">LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN</p> - <p class="centra fs120 lh150 ws1">de España.</p> - <div class="figcenter mt05"> - <img style="width: 8em; height: auto;" - src="images/separa4.jpg" - alt="Motivo ornamental"/> - </div> - <h2 class="nobreak fs120 negr g0">LIBRO TERCERO.</h2> - <hr class="tir"/> -</div> - -<div class="sidenote">Insurrección<br/> general contra<br/> los -franceses.</div> - -<p class="ti0"><span class="prim"><span -class="gran">E</span>ncontrados</span> afectos habían agitado durante -dos meses a las vastas provincias de España. Tras la alegría y el -júbilo, tras las esperanzas tan lisonjeras como rápidas de marzo -habían venido las zozobras, las sospechas, los temores de abril. El 2 -de mayo había llevado consigo a todas partes el terror y el espanto, -y al propagarse la nueva de las renuncias, de las perfidias y torpes -hechos de Bayona, un grito de indignación y de guerra lanzándose -con admirable esfuerzo de las cabezas de provincia, se repitió y -cundió resonando por caserías y aldeas, por villas y ciudades.<span -class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span> A porfía las mujeres y los -niños, los mozos y los ancianos arrebatados de fuego patrio, llenos -de cólera y rabia, clamaron unánime y simultáneamente por pronta, -noble y tremenda venganza. Renació España, por decirlo así, fuerte, -vigorosa, denodada; renació recordando sus pasadas glorias; y sus -provincias conmovidas, alteradas y enfurecidas se representaban a la -imaginación como las describía Veleyo Patérculo, <i>tam diffusas, -tam frequentes, tam feras</i>. El viajero que un año antes pisando -los anchos campos de Castilla hubiese atravesado por medio de la -soledad y desamparo de sus pueblos, si de nuevo hubiese ahora vuelto -a recorrerlos, viéndolos llenos de gente, de turbación y afanosa -diligencia, con razón hubiera podido achacar a mágica transformación -mudanza tan extraordinaria y repentina. Aquellos moradores como los -de toda España, indiferentes no había mucho a los negocios públicos, -salían ansiosamente a informarse de las novedades y ocurrencias del -día, y desde el alcalde hasta el último labriego, embravecidos y -airados, estremeciéndose con las muertes y tropelías del extranjero, -prorrumpían al oírlas en lágrimas de despecho. Tan cierto era que -aquellos nobles y elevados sentimientos, que engendraron en el siglo -decimosexto tantos portentos de valor y tantas y tan inauditas hazañas, -estaban adormecidos, pero no apagados en los pechos españoles, y al -dulce nombre de patria, a la voz de su rey cautivo, de su religión -amenazada, de sus costumbres holladas y escarnecidas se despertaron -ahora con viva y recobrada fuerza. Cuanto mayores e inesperados habían -sido<span class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span> los ultrajes, -tanto más terrible y asombroso fue el público sacudimiento. La historia -no nos ha transmitido ejemplo más grandioso de un alzamiento tan súbito -y tan unánime contra una invasión extraña. Como si un premeditado -acuerdo, como si una suprema inteligencia hubiera gobernado y dirigido -tan gloriosa determinación, las más de las provincias se levantaron -espontáneamente casi en un mismo día, sin que tuviesen muchas noticias -de la insurrección de las otras, y animadas todas de un mismo espíritu -exaltado y heroico. A resolución tan magnánima fue estimulada la nación -española por los engaños y alevosías de un falso amigo que, con capa -de querer regenerarla desconociendo sus usos y sus leyes, intentó a -su antojo dictarle otras nuevas, variar la estirpe de sus reyes, y -destruir así su verdadera y bien entendida independencia, sin la que -desmoronándose los estados más poderosos, hasta su nombre se acaba y -lastimosamente perece.</p> - -<p>Este uniforme y profundo sentimiento quiso en Asturias,[*] <span -class="sidenote">Levantamiento<br/> de Asturias.<br/> (* Ap. n. <a -href="#Ap_3-1" id="Ll_3-1">3-1</a>.)</span> primero que en otra -parte, manifestarse de un modo más legal y concertado. Contribuyeron -a ello diversas y muy principales causas. Juntamente con la opinión -que era común a toda España de mirar con desvío y odio la dominación -extranjera, aún se conservaba en aquel principado un ilustre recuerdo -de haber ofrecido su enmarañado y riscoso suelo seguro abrigo a los -venerables restos de los españoles esforzados, que huyendo de la -irrupción sarracénica dieron principio a la larga y porfiada lucha -que acabó por afianzar la independencia y unión<span class="pagenum" -id="Page_188">p. 188</span> de los pueblos peninsulares. Le inspiraba -también confianza su ventajosa y naturalmente resguardada posición. -Bañada al norte por las olas del océano, rodeada por otras partes -de caminos a veces intransitables, la ceñían al mediodía fragosas y -encumbradas montañas. Acertó igualmente a estar entonces congregada la -junta general del principado, reliquia dichosamente preservada del casi -universal naufragio de nuestros antiguos fueros. Sus facultades, no muy -bien deslindadas, se limitaban a asuntos puramente económicos; pero en -semejante crisis, compuesta en lo general de individuos nombrados por -los concejos, se la consideró como oportuno centro para legitimar y -dirigir atinadamente los ímpetus del pueblo. Reuníase cada tres años, -y casualmente en aquel cayó el de su convocación, habiendo abierto sus -sesiones el 1.º de mayo.</p> - -<p>A pocos días con la aciaga nueva del 2 en Madrid llegó a Oviedo la -orden para que el coronel comandante de armas Don Nicolás de Llano -Ponte publicase el sanguinario bando que el 3 había Murat promulgado -en la capital del reino. Los moradores de Asturias conmovidos y -desasosegados al par de los demás de España, habían ya en 29 de abril -apedreado en Gijón la casa del cónsul francés, de resultas de haber -este osado arrojar desde sus ventanas varios impresos contra la familia -de Borbón. En tal situación y esparciéndose la voz de que iban a -cumplirse instrucciones rigurosas remitidas de Madrid por el desacato -cometido contra el cónsul, se encendieron más y más los ánimos en -gran manera estimulados por las patrióticas exhortaciones del<span -class="pagenum" id="Page_189">p. 189</span> marqués de Santa Cruz de -Marcenado, de su pariente Don Manuel de Miranda y de Don Ramón de Llano -Ponte, canónigo de aquella iglesia, quien habiendo servido antes en -el cuerpo de guardias estaba adornado de hidalgas y distinguidísimas -prendas.</p> - -<p>Decidida pues la audiencia territorial de acuerdo con el jefe -militar a publicar el 9 el bando que de Madrid se había enviado, -empezaron a recorrer juntos las calles, cuando a poco tiempo -agolpándose y saliéndoles al encuentro gran muchedumbre a los gritos -de viva Fernando VII y muera Murat, los obligaron a retroceder y -desistir de su intento. Agavillándose entonces con mayor aliento -los alborotados, entre los que se señalaron los estudiantes de la -universidad, reunidos todos enderezaron sus pasos a la sala de sesiones -de la junta general del principado. Hallaron allí firme apoyo en -varios de los vocales. Don José del Busto, juez primero de la ciudad, -y en secreto de inteligencia con los amotinados, arengó en favor -de su noble resolución; sostuviéronle el conde Marcel de Peñalva y -el de Toreno [padre del autor de esta historia], y sin excepción -acordaron sus miembros desobedecer las órdenes de Murat, y tomar -medidas correspondientes a su atrevida determinación. La audiencia -en tanto desamada del pueblo, ya por estar formando causa a los que -habían apedreado la casa del cónsul francés, y ya también porque -compuesta en su mayor parte de agraciados y partidarios del gobierno -de Godoy, miraba al soslayo unos movimientos que al cabo habían de -redundar en daño suyo, procuró por todos medios<span class="pagenum" -id="Page_190">p. 190</span> apaciguar aquella primera conmoción, -influyendo con particulares y con militares y estudiantes, y dando -sigilosamente cuenta a la superioridad de lo acaecido. Consiguió -también que en la junta el diputado por Oviedo Don Francisco Velasco, -apoyado por el de Grado, Don Ignacio Flórez, discurriese largamente -en el día 13 acerca de los peligros a que se exponía la provincia -por los inconsiderados acuerdos del 9, y no menos la misma junta -habiéndose excedido de sus facultades. El Velasco gozando de concepto -por su práctica y conocida experiencia, alcanzó que se suspendiese la -ejecución de las medidas resueltas, y solo el marqués de Santa Cruz de -Marcenado que presidía, se opuso con fortaleza admirable, diciendo que -«protestaba solemnemente, y que en cualquiera punto en que se levantase -un hombre contra Napoleón tomaría un fusil y se pondría a su lado.» -Palabras tanto más memorables cuanto salían de la boca de un hombre que -rayaba en los sesenta años, propietario rico y acaudalado, y de las más -ilustres familias de aquel país: digno nieto del célebre marqués del -mismo nombre, distinguido escritor militar y hábil diplomático, que -en el primer tercio del siglo último, arrastrado de su pundonor, había -perecido gloriosa pero desgraciadamente en los campos de Orán.</p> - -<p>Noticiosos Murat y la junta suprema de Madrid de lo que pasaba -en Asturias procuraron con diligencia apagar aquella centella, -llenos del recelo de que saltando a otros puntos no acabase por -excitar una general conflagración. Dieron por tanto órdenes duras a -la audiencia, y<span class="pagenum" id="Page_191">p. 191</span> -enviaron en comisión al conde del Pinar, magistrado conocido por su -cruel severidad, y a Don Juan Meléndez Valdés, más propio para cantar -con acordada lira los triunfos de quien venciese que para acallar -los ruidos populares. Se mandó al propio tiempo al apocado Don -Crisóstomo de la Llave, comandante general de la costa cantábrica, que -pasase a Oviedo para tomar el mando de la provincia, disponiendo que -concurriesen allí a sus órdenes un batallón de Hibernia procedente de -Santander, y un escuadron de carabineros que estaba en Castilla.</p> - -<p>Mas estas providencias en vez de aquietar los ánimos solo sirvieron -para irritarlos. Los complicados en los acontecimientos del 9 vieron -en ellas la suerte que se les preparaba, y persistieron en su primer -intento. Vinieron en su ayuda los avisos de Bayona que provocaban cada -día más a la alteración y al enojo, y la relación que del sanguinario -día 2 de mayo hacían los testigos oculares que sucesivamente llegaban -escapados de Madrid. Redoblaron pues su celo los de la asonada del -9, y pensaron en ejecutar su suspendida pero no abandonada empresa. -Citábanse en casa de Don Ramón de Llano Ponte, y con tan poco -recato que de distintas y muchas partes se acercaba a aquel foco de -insurrección gente desconocida con todo linaje de ofrecimientos. -Asistimos recién llegados de la corte a las secretas reuniones, y -pasmábanos el continuo acudir de paisanos y personas de todas clases -que con noble desprendimiento empeñaban y comprometían su hacienda y -sus personas para la defensa de sus hogares. Se renovaban las asonadas -todas<span class="pagenum" id="Page_192">p. 192</span> las noches, -habiendo sido bastantemente estrepitosas las del 22 y 23; pero se -difirió hasta el 24 el final rompimiento por esperarse en aquel día -al nuevo comandante la Llave, enviado por Murat. Para su ejecución se -previno a los paisanos de los contornos que se metiesen en Oviedo al -toque de oraciones, circulando al efecto Don José del Busto esquelas a -los alcaldes de su jurisdicción. Se tomaron además otras convenientes -prevenciones, y se cometió el encargo de acaudillar a la multitud a -los Señores Don Ramón de Llano Ponte y Don Manuel de Miranda. Antes -de que llegase la Llave, con gran priesa se le había anticipado un -ayudante del mariscal Bessières, napolitano de nación, quien estuvo -muy inquieto hasta que vio que el comandante se acercaba a las puertas -de la ciudad. Entró por ellas el 24 acompañado de algunas personas -sabedoras de la trama dispuesta para aquella noche. Se había convenido -en que el alboroto comenzaría a las once de la misma, tocando a rebato -las campanas de las iglesias de la ciudad y de las aldeas de alrededor. -Por equivocación habiéndose retardado una hora el toque se angustiaron -sobremanera los patriotas conjurados, mas un repique general a las doce -en punto los sacó de pena.</p> - -<p>Fue su primer paso apoderarse de la casa de armas, en donde había -un depósito de 100.000 fusiles, no solamente fabricados en Oviedo -y sus cercanías, sino también trasportados allí por anteriores -órdenes del príncipe de la Paz. Favorecieron la acometida los -mismos oficiales de artillería partícipes del secreto, señalándose -con<span class="pagenum" id="Page_193">p. 193</span> singular esmero -Don Joaquín Escario. Entretanto se encaminaron otros a casa del -comandante la Llave, y de puerta en puerta llamando a los individuos -de la junta del principado, se formó esta en hora tan avanzada de la -noche agregándosele extraordinariamente vocales de afuera. Entonces -reasumiendo la potestad suprema afirmó la revolución, nombró por -presidente suyo al marqués de Santa Cruz, y le confió el mando de -las armas. Al día siguiente 25 se declaró solemnemente la guerra a -Napoleón, y no hubo sino un grito de indecible entusiasmo. ¡Cosa -maravillosa que desde un rincón de España hubiera habido quien osase -retar al desmedido poder ante el cual se postraban los mayores -potentados del continente europeo! A frenesí pudiera atribuirse, si una -resolución tan noble y fundada en el deseo de conservar el honor y la -independencia nacional no mereciese más respeto.</p> - -<p>La junta se componía de personas las más principales del país por -su riqueza y por su ilustración. El procurador general Don Álvaro -Flórez Estrada, enterado de antemano de la conmoción urdida, la sostuvo -vigorosamente, y la junta en cuerpo adoptó con actividad oportunas -medidas para armar la provincia y ponerla en estado de defensa. Los -carabineros reales llegaron muy luego así como el batallón de Hibernia, -y ni unos ni otros pusieron obstáculo al levantamiento. Los primeros -pasaron después a Castilla a las órdenes de Don Gregorio de la Cuesta, -y se entresacaron del último varios oficiales, sargentos y cabos para -cuadros de la<span class="pagenum" id="Page_194">p. 194</span> fuerza -armada que se iba formando. La junta había resuelto poner en pie un -cuerpo de 18.000 hombres. Multiplicó para ello inconsideradamente -los grados militares, y con razón se le hicieron justos cargos por -aquella demasía. Sin embargo disculpola algún tanto la escasez en que -se encontraba de oficiales veteranos para llenar plazas que exigía el -completo del ejército que se disciplinaba. Echose mano de estudiantes -o personas consideradas como más aptas, y en verdad que de los nuevos -salieron excelentes oficiales que o se sacrificaron por su patria, o -la honraron con su conducta, denuedo y adelantamiento en la ciencia -militar. No poco contribuyeron a la presteza de la nueva organización -los dones cuantiosos que generosamente se ofrecieron por particulares, -y que entraban todos los días en las arcas públicas.</p> - -<p>Como en el alzamiento de Asturias habían intervenido las personas -de más valía del país, no se había manchado su pureza con ningún -exceso de la plebe, y menos con atropellamientos ni asesinatos. -Pero transcurridos algunos días estuvo a riesgo de representarse -un espectáculo lastimoso y sumamente trágico. Los comisionados de -Murat de que arriba hablamos, el conde del Pinar y Don Juan Meléndez -Valdés, por su propia seguridad habían sido detenidos a su arribo a -Oviedo juntamente con el comandante la Llave, el coronel de Hibernia -Fitzgerald y el comandante de carabineros Ladrón de Guevara, que -solos se habían separado de la unánime decisión de los oficiales de -sus respectivos cuerpos. Desde el principio el marqués de Santa<span -class="pagenum" id="Page_195">p. 195</span> Cruz, pertinaz y de -condición dura, no había cesado de pedir que se les formase causa. -Halagaba su opinión a la muchedumbre; pero la junta dilataba su -determinación esperando que se templase la ira que contra los -arrestados había. Acaeció en el intermedio que acudiendo sucesivamente -de los puntos más distantes los nuevos alistados, llegaron los de -los concejos que median entre el Navia y Eo, y notose que eran más -inquietos y turbulentos que los de los otros partidos. Recelosa la -junta de algún desmán, resolvió poner a los detenidos fuera de los -lindes del principado. Por atolondramiento u oculta malicia de mano -desconocida, se trató de sacarlos en medio del día y públicamente, -para que en coche emprendiesen su viaje. A su vista gritaron unas -mujerzuelas <i>que se marchan los traidores</i>; y juntándose a sus -descompasados clamores un tropel de los reclutas mencionados, cogieron -en medio a los cinco desventurados y los condujeron al campo de San -Francisco extramuros de la ciudad, en donde atándolos a los árboles -se dispusieron a arcabucearlos. En tamaño aprieto felizmente se le -ocurrió al canónigo Don Alonso Ahumada buscar para la desordenada -multitud el freno de la religión, único que ya podía contenerla, y con -el sacramento en las manos y ayudado de personas autorizadas salvó de -inminente muerte a los atribulados perseguidos, habiéndose mantenido -impávido en el horroroso trance el coronel de Hibernia. Con lo que al -paso que se preservaron sus vidas, quedó terso y limpio de todo lunar -el bello aspecto del levantamiento de Asturias. Raro ejemplo de<span -class="pagenum" id="Page_196">p. 196</span> moderación en tiempos en -que desencadenándose el furor popular se da a veces suelta bajo el -manto de patriotismo a las enemistades personales.</p> - -<div class="sidenote">Misión<br/> de Inglaterra.</div> - -<p>Desde el momento en que la junta de Asturias se pronunció y declaró -soberana, trató de entablar negociaciones con Inglaterra. Nombró -para que con aquel objeto pasasen a Londres a Don Andrés Ángel de la -Vega y al vizconde de Matarrosa, autor de esta historia, así entonces -llamado por vivir todavía su padre. La misión era importante y de -empeño. Pendía en gran parte de su feliz resultado dar fortunada cima -a la comenzada empresa. El viaje por sí presentó dificultades, no -habiendo en aquel momento crucero inglés en toda la costa asturiana, y -era arriesgado para el deseado fin aventurarse en barco de la propia -nación. A los tres días de la insurrección y muy al caso apareció sobre -el cabo de Peñas un corsario de Jersey, el cual sospechando engaño -resistió al principio entrar en tratos; mas con el cebo de una crecida -suma convino en tomar a su bordo los diputados nombrados, quienes desde -Gijón se hicieron a la vela el 30 de mayo.</p> - -<p>No es de más ni obra del amor propio el detenernos en contar algunos -pormenores de la mencionada misión, habiendo servido de cimiento a -la nueva alianza que se contrajo con la Inglaterra, y la cual dio -ocasión a tantos y tan portentosos acontecimientos. En la noche del -6 de junio arribaron los diputados a Falmouth, y acompañados de -un oficial de la marina real inglesa se dirigieron en posta y con -gran diligencia a Londres.<span class="pagenum" id="Page_197">p. -197</span> No eran todavía las siete de la mañana cuando pisaron los -umbrales del almirantazgo, y su secretario Mr. Wellesly Pool apenas -daba crédito a lo que oía, procurando con ansia descubrir en el mapa -el casi imperceptible punto que osaba declararse contra Napoleón. -Poco después y en hora tan temprana se avistó con los diputados Mr. -Canning, ministro entonces de relaciones extranjeras. En vista de -las proclamas y del calor y persuasivo entusiasmo que animaba a los -enviados asturianos [común entonces a todos los españoles], no dudó un -instante el ministro inglés en asegurarles que el gobierno de S. M. B. -protegería con el mayor esfuerzo el glorioso alzamiento de la provincia -que representaban. Su pronta y viva penetración de la primera vez -columbró el espíritu que debía reinar en toda España cuando en Asturias -se había levantado el grito de independencia, previendo igualmente las -consecuencias que una insurrección peninsular podría tener en la suerte -de Europa y aun del mundo.</p> - -<p>Ya con fecha de 12 de junio Mr. Canning comunicaba a los diputados -de oficio y por escrito: [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a -href="#Ap_3-2" id="Ll_3-2">3-2</a>.)</span> «el rey me manda asegurar -a VV. SS. que S. M. ve con el más vivo interés la determinación leal -y valerosa del principado de Asturias para sostener contra la atroz -usurpación de la Francia una contienda en favor de la restauración e -independencia de la monarquía española. Asimismo S. M. está dispuesto -a conceder todo género de apoyo y de asistencia a un esfuerzo tan -magnánimo y digno de alabanza... El rey me manda declarar a VV. -SS.<span class="pagenum" id="Page_198">p. 198</span> que está S. M. -pronto a extender su apoyo a todas las demás partes de la monarquía -española que se muestren animadas del mismo espíritu que los habitantes -de Asturias.»</p> - -<p>Siguiose a esta declaración el envío a aquella provincia de víveres, -municiones, armas y vestuarios en abundancia: no fue al principio -dinero por no haber los diputados creídolo necesario. Fueron nombrados -para que pasasen a Asturias dos oficiales y el mayor general sir Thomas -Dyer, quien desde entonces fue el protector constante y desinteresado -de los desgraciados patriotas españoles.</p> - -<p>Era a la sazón primer lord de la tesorería el duque de Portland, -y los nombres tan conocidos después de Castlereagh, Liverpool y -Canning entraban a formar parte de su ministerio. Tenían por norma -de su política las reglas que habían guiado a Mr. Pitt, con quien -habían estado estrechamente unidos. Pero en cuanto a la causa -española todos los partidos concurrieron en la misma opinión, sin -que hubiese la menor diferencia ni disenso. Claramente apareció -esta conformidad en la discusión parlamentaria del 15 de junio en -la cámara de los comunes. Mr. Sheridan uno de los corifeos de la -oposición, célebre como literato, y célebre como orador, decía en -aquella sesión:[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_3-3" -id="Ll_3-3">3-3</a>.)</span> «¿El denodado ánimo de los españoles no -tomará mayor aliento cuando sepa que su causa no solo ha sido abrazada -por los ministros aisladamente, sino también por el parlamento y -el pueblo de Inglaterra? Si hay en España una predisposición para -sentir los insultos y agravios que sus habitantes han recibido<span -class="pagenum" id="Page_199">p. 199</span> del tirano de la tierra, y -que son sobrado enormes para poder expresarlos con palabras, ¿aquella -predisposición no se elevará al más sublime punto con la certeza de -que sus esfuerzos han de ser cordialmente sostenidos por una grande y -poderosa nación? Pienso que se presenta una importante crisis. Jamás -hubo cosa tan valiente, tan generosa, tan noble como la conducta de los -asturianos.»</p> - -<p>Ambos lados de la cámara aplaudieron aquellas elocuentes palabras -que expresaban el común sentir de todos sus individuos. Trafalgar -y las famosas victorias alcanzadas por la marina inglesa nunca -habían excitado ni mayor alegría ni más universal entusiasmo. El -interés nacional anduvo unido en esta ocasión con lo que dictaban -la justicia y la humanidad, y así las opiniones más divergentes -y encontradas en otros asuntos, se juntaron ahora y confundieron -para celebrar en común y de un modo inexplicable el alzamiento de -España. Bastó solo la noticia del de Asturias para causar efecto -tan prodigioso. No les era dado a los diputados moverse ni ir a -parte alguna sin que se prorrumpiese enderredor suyo en vítores y -aplausos. Detenemos aquí la pluma ciertos de que se achacaría a -estudiada exageración el repetir aun compendiosamente lo que en -realidad pasó.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_3-4" -id="Ll_3-4">3-4</a>.)</span> En medio sin embargo de la universal -satisfacción estaban los diputados contristados, habiendo transcurrido -más de quince días sin que aportase barco ni aviso alguno de las -costas de España. No por eso menguó el entusiasmo inglés: más -bien, a ser posible, vino a aumentarle y a sacar a todos de dudas -y sobresalto<span class="pagenum" id="Page_200">p. 200</span> la -llegada de Don Francisco Sangro enviado por la junta de Galicia, -y el cual traía consigo no solamente la noticia del levantamiento -de tan importante y populosa provincia, mas también el de toda la -península.</p> - -<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de Galicia.</div> - -<p>Galicia en efecto se había alzado el 30 de mayo, día de San -Fernando. La extensión de sus costas, sus muchas rías y abrigados -puertos, la desigualdad de su montuoso terreno, su posición lejana y -guarecida de angostas y por la mayor parte difíciles entradas, sus -arsenales, y en fin sus cuantiosos y variados recursos realzaban la -importancia de la declaración de aquel reino.</p> - -<p>Además de la inquietud, necesaria y general consecuencia del 2 -de mayo, conmovió con particularidad los ánimos en la Coruña la -aparición del oficial francés Mongat comisionado para tomar razón de -los arsenales de armas y artillería, de la tropa allí existente, y -para examinar al mismo tiempo el estado del país. Por ausencia del -capitán general Don Antonio Filangieri mandaba el mariscal de campo -Don Francisco Biedma, sujeto mirado con desafecto por los militares y -vecinos de la ciudad, e inhábil por tanto para calmar la agitación que -visiblemente crecía. Aumentola con sus providencias, porque colocando -artillería en la plaza de la capitanía general, redoblando su guardia -y viviendo siempre en vela, dio a entender que se disponía a ejecutar -alguna orden desagradable. El Biedma obraba en este sentido con tanto -mayor confianza cuanto quedaban todavía en la Coruña, a pesar de las -fuerzas destacadas a Oporto en virtud del tratado de Fontainebleau, -el regimiento de<span class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span> -infantería de Navarra, los provinciales de Betanzos, Segovia y -Compostela, el segundo de voluntarios de Cataluña y el regimiento de -artillería del departamento. Para estar más seguro de estos cuerpos -pensó también granjearse su voluntad, proponiéndoles conforme a -instrucciones de Madrid la etapa de Francia que era más ventajosa. -Hubo jefes que aceptaron la oferta, otros la desecharon. Pero este -paso fue tan imprudente que despertó en los soldados viva sospecha de -que se fraguaba enviarlos del otro lado de los Pirineos, y llenar su -hueco con franceses. Sobrecogiose asimismo el paisanaje de temor de la -conscripción, en el que le confirmaron vulgares rumores con tanta más -prontitud creídos en semejantes casos, cuanto suelen ser más absurdos. -Tal fue por ejemplo el de que el francés Mongat había mandado fabricar -a la maestranza de artillería miles de esposas destinadas a maniatar -hasta la frontera a los mozos que se enganchasen. Por infundada que -fuese la voz no era extraño que hallase cabida en los prevenidos -ánimos de los gallegos, a cuyos oídos había llegado la noticia de -violencias semejantes a las que en la misma Francia se cometían con los -conscriptos.</p> - -<p>En medio del sobresalto llegó a la Coruña un emisario de Asturias, -portador de las nuevas de su primera insurrección, con intento de -brindar a las autoridades a imitar la conducta del principado. Se -presentó al señor Pagola, regente de la audiencia, quien con la amenaza -de castigarle le obligó a retirarse sigilosamente a Mondoñedo. -Con todo súpose, y más y más se pronunciaba<span class="pagenum" -id="Page_202">p. 202</span> la opinión sin que hubiera freno que la -contuviese. Alcanzaron en tanto a Madrid avisos del estado inquieto -de Galicia, y se ordenó pasar allí al capitán general Don Antonio -Filangieri, hombre moderado, afable y entendido, hermano del famoso -Cayetano, que en su elocuente obra de la legislación había defendido -con tanta erudición y celo los derechos de la humanidad. Adorábanle los -oficiales, le querían cuantos le trataban; pero la desgracia de haber -nacido en Nápoles le privaba del favor de la multitud, tan asombradiza -en tiempos turbulentos. Sin embargo habiendo quitado la artillería -de delante de sus puertas, y mostrádose suave e indulgente, hubiera -quizá parado la revolución si nuevos motivos de desazón y disgusto no -hubiesen acelerado su estampido. Primeramente no dejaba de incomodar la -arrogancia desdeñosa con que los franceses establecidos en la Coruña -miraban a su vecindario desde que el oficial Mongat los alentó con -su altivez intolerable, si bien a veces templada por la prudencia de -Mr. Fourcroi, cónsul de su nación. Pero más que todo, y ella en verdad -decidió el rompimiento, fue la noticia de las renuncias de Bayona, y de -la internación en Francia de la familia real, con lo que al paso que el -poder de la autoridad se entorpecía y menguaba, creció el ardor popular -saltando la valla de la subordinación y obediencia.</p> - -<p>Algunos patriotas encendidos del deseo de conservar la independencia -y el honor nacional, se juntaban a escondidas con varios oficiales -para dar acertado impulso al público descontento. Asistían individuos -del regimiento de Navarra,<span class="pagenum" id="Page_203">p. -203</span> de lo que noticioso el capitán general mandó que aquel -cuerpo se trasladase al Ferrol; medida que tal vez influyó en su -posterior y lamentable suerte. En lugar de amortiguarse aviváronse con -esto los secretos tratos, y ya tocaban al estado de sazón, cuando la -víspera de San Fernando entró a caballo por las calles de la Coruña -un joven de rostro halagüeño, gallardo en su porte, y tan alborozado -que atravesándolas con entusiasmados gritos movió la curiosidad -de sus atónitos vecinos. Avistose con el regente de la audiencia, -quien cortándole toda comunicación le hizo custodiar en la casa de -correos. Allí se agolpó al instante la muchedumbre, y averiguó que el -desconocido mozo era un estudiante de la ciudad de León, en donde a -imitación de Asturias había la población tratado de levantarse y crear -una junta. Con la nueva espuela determinaron los que secretamente y de -consuno se entendían, no aguardar más tiempo, y poner cuanto antes el -reino de Galicia en abierta insurrección.</p> - -<p>El siguiente día 30 ofreciose como el más oportuno impeliendo a su -ejecución un impensado incidente. Era costumbre todos los años en dicho -día enarbolar la bandera en los baluartes y castillos, y notose que -en este se había omitido aquella práctica que solamente se verificaba -en conmemoración de Fernando III llamado el Santo, sin atender a -que el soberano reinante llevara o no aquel nombre. Mas como ahora -desagradaba su sonido al gobierno de Madrid, fuera por su orden o por -lisonjearle, se suspendió la antigua ceremonia. El pueblo echando<span -class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span> de menos la bandera se -mostró airado, y aprovechando entonces los secretos conjurados la -oportuna ocasión, enviaron para acaudillarle a Sinforiano López, de -oficio sillero, hombre fogoso, y que, dotado de verbosidad popular, -era querido de la multitud y a su arbitrio la gobernaba. Luego que se -acercó al palacio del capitán general, envió por delante para tantear -el ánimo de la tropa algunos niños que con pañuelos fijos en la punta -de unos palos, y gritando viva Fernando VII y muera Murat, intentaron -meterse por sus filas. Los soldados, en cuyo número se contaban -bastantes que estaban de concierto con los atizadores, se reían de -los muchachos, y los dejaban pasar y gritar, sin interrumpirlos en su -aparente pasatiempo. Alentados los instigadores se atropellaron de -golpe hacia el palacio, diputando a unos cuantos para pedir que según -costumbre se tremolase la bandera. Aquel edificio está sito dentro -de la ciudad antigua; y al ruido de que era acometido, concurrió la -multitud de todos los puntos, precipitándose por la puerta Real y la -de Aires. Los primeros que en diputación habían penetrado dentro de -los umbrales de palacio, alcanzado que hubieron que se enarbolase -la bandera, pidieron que volviera a la Coruña el regimiento de -Navarra, y como acontece en los bullicios populares, a medida que se -condescendía en las peticiones, fuéronse estas multiplicando: por lo -que y encrespado el tumulto, Don Antonio Filangieri se desapareció por -una puerta excusada y se refugió en el convento de dominicos. No así -Don Francisco Biedma y el coronel Fabro, quienes<span class="pagenum" -id="Page_205">p. 205</span> a pesar del odio que contra ambos había -como parciales del príncipe de la Paz, osaron salir por la puerta -principal. Caro hubo de costarles el temerario arrojo: al Biedma le -hirieron de una pedrada, pero levemente; y al Fabro que puesto al -frente de los granaderos de Toledo, de cuyo cuerpo era jefe, dio con -su espada de plano a uno de los que peroraban a nombre del pueblo, -reciamente le apalearon, sin que sus soldados hiciesen ademán siquiera -de defenderle: tan aunados estaban militares y paisanos.</p> - -<p>Como era día festivo y también por avisos circulados a las aldeas -había acudido a la ciudad mucha gente de los contornos, y todos -juntos los de dentro y los de fuera asaltaron el parque de armas, y -le despojaron de más de 40.000 fusiles. En la acometida corrió gran -peligro el comisario de la maestranza de artillería Don Juan Varela, a -quien falsamente se atribuía el tener escondidas las esposas que habían -de atraillar a los que se llevasen a Francia. Muy al caso le ocurrió -a Sinforiano López sacar en procesión el retrato de Fernando VII, con -cuya artimaña atrayendo hacia sí a la multitud, salvó a Varela del -fatal aprieto.</p> - -<p>En fin por la tarde se formó una junta, y a su cabeza se puso -el capitán general; entrando en ella las principales autoridades y -representantes de las diferentes clases y corporaciones ya civiles ya -eclesiásticas. Por indisposición de Filangieri presidió los primeros -días la junta el mariscal de campo Don Antonio Alcedo, hombre muy cabal -y prudente, y permitió en el naciente fervor que cualquiera ciudadano -entrase<span class="pagenum" id="Page_206">p. 206</span> a proponer -en la sala de sesiones lo que juzgase conveniente a la causa pública. -Púsose luego coto a una concesión que en otros tiempos hubiera sido -indebida y peligrosa.</p> - -<p>La junta anduvo en lo general atinada, y tomó disposiciones prontas -y vigorosas. Dio igualmente desde el principio una señalada prueba -de su desprendimiento en convocar otra junta, que elegida libre y -tranquilamente por las ciudades de Galicia, no tuviese la tacha de -ser fruto de un alboroto, y de solo representar en ella una pequeña -parte de su territorio. Para alcanzar tan laudable objeto se prefirió -a cualquiera otro medio el más antiguo y conocido. Cada seis años se -congregaba en la Coruña una diputación de todo el reino de Galicia, -compuesta de siete individuos escogidos por los diversos ayuntamientos -de las siete provincias en que está dividido. Celebrábase esta -reunión para conceder la contribución llamada de millones, y elegir -un diputado que en unión con los de las otras ciudades de voto en -cortes concurriese a formar la diputación de los reinos, que constando -de siete individuos, y removiéndose de seis en seis años residía -en Madrid, más bien para presenciar festejos públicos y obtener -individuales favores que para defender los intereses de sus comitentes. -Conforme a su digna resolución expidió la junta sus convocatorias, -y envió a todas partes comisionados que pusiesen en ejecución las -medidas que había decretado de armamento y defensa. Siendo idéntica -la opinión de todos los pueblos, fueron aquellos a doquiera que -llegaban recibidos con aplauso y sumisamente<span class="pagenum" -id="Page_207">p. 207</span> acatados. En algunos parajes habían -precedido alborotos a la noticia del de la Coruña, y en todos ellos se -respetaron y obedecieron las providencias de la junta, corriendo la -juventud a alistarse con el mayor entusiasmo. Solamente en el Ferrol -hubiera podido desconocerse la autoridad del nuevo gobierno por la -oposición que mostraban el conde de Cartaojal, comandante de la división -de Ares, y el jefe de escuadra Obregón, que mandaba los arsenales; -pero los demás oficiales y soldados conformes con el pueblo en sus -sentimientos, y pronunciándose altamente, desbarataron los intentos de -sus superiores.</p> - -<p>Conmovido así todo el reino de Galicia se aceleró la formación -y organización de su ejército. Se incorporaron los reclutas en los -regimientos veteranos, y se crearon otros nuevos, entre los que -merece particular distinción el batallón llamado literario, compuesto -de estudiantes de la universidad de Santiago, tan bien dispuestos y -animados como todos los de España en favor de la causa sagrada de la -patria. La reunión de estas fuerzas con las que posteriormente se -agregaron de Oporto, ascendía en su totalidad a unos 40.000 hombres.</p> - -<p>No tardaron mucho en pasar a la Coruña los regidores nombrados por -los ayuntamientos de las siete capitales de provincia en representación -de su potestad suprema; instalándose con el nombre de junta soberana de -Galicia. Asociaron a su seno al obispo de Orense que entonces gozaba -de justa popularidad, al de Tuy y a Don Andrés García, confesor de la -difunta princesa<span class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span> de -Asturias, en obsequio a su memoria. Se mandó asimismo que asistiesen a -las comisiones administrativas, en que se distribuyesen los diversos -trabajos, personas inteligentes en cada ramo.</p> - -<p>El levantamiento de Galicia tuvo como el de toda España su principal -origen en el odio a la dominación extranjera, y en la justa indignación -provocada por los atroces hechos de Madrid y Bayona. Fueron en aquel -reino los militares los primeros motores, sostenidos por la población -entera. El clero si bien no dio el impulso, aplaudió y favoreció -después la heroica resolución, distinguiéndose más adelante los curas -párrocos, quienes fomentaron y mantuvieron la encendida llama del -patriotismo. Sin embargo miraron allí con torvo rostro las conmociones -populares dos de los más poderosos eclesiásticos, cuales eran Don -Rafael Múzquiz, arzobispo de Santiago, y Don Pedro Acuña, ex-ministro -de gracia y justicia. Celosos partidarios del príncipe de la Paz -asustáronse del advenimiento al trono de Fernando VII, y trabajaron en -secreto y con porfiado ahínco por deshacer o embarazar en su curso la -comenzada empresa. El de Santiago, portentoso conjunto de corrupción -y bajeza, procuraba con aparente fanatismo encubrir su estragada -conducta, disfrazar sus vicios y acrecentar el inmenso poderío que -le daban sus riquezas y elevada dignidad. Astuto y revolvedor tiró a -sembrar la discordia so color de patriotismo. Había entre Santiago, -antigua capital de Galicia, y la Coruña que lo era ahora, añejas -rivalidades; y para despertarlas ofreció un donativo de tres millones -de reales con la condición<span class="pagenum" id="Page_209">p. -209</span> sediciosa de que la junta soberana fijase su asiento en la -primera de aquellas ciudades. Muy bien sabía que no se accedería a su -propuesta, y se lisonjeaba de excitar con la negativa reyertas entre -ambos pueblos que trabasen las resoluciones de la nueva autoridad. -Mas la junta mostró tal firmeza que atemorizado el solapado y viejo -cortesano se cobijó bajo la capa pastoral del obispo de Orense para no -ser incomodado y perseguido.</p> - -<p>A pocos días de la insurrección una voz repentina y general -difundida en toda Galicia de que entraban los franceses, dio -desgraciadamente ocasión a desórdenes, que si bien momentáneos, no -por eso dejaron de ser dolorosos. Así fue que en Orense un hidalgo de -Puga mató de un tiro a un regidor a las puertas del ayuntamiento, por -habérsele dicho que el tal era afecto a los invasores. Bien es verdad -que Galicia dentro de su suelo no tuvo que llorar otra muerte en los -primeros tiempos de su levantamiento.</p> - -<p>Tuvo sí que afligirse y afligir a España con el asesinato de -Don Antonio Filangieri, que saliendo de los lindes gallegos había -fijado su cuartel general en Villafranca del Bierzo, y tomado activas -providencias para organizar y disciplinar su gente, el cual creyendo -oportuno, así para su propósito como para cubrir las avenidas del país -de su mando, sacar de la Coruña sus tropas [en gran parte bisoñas y -compuestas de gente allegadiza], las situó en la cordillera aledaña -del Bierzo, extendiendo las más avanzadas hasta Manzanal, colocado en -las gargantas<span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span> que -dan salida al territorio de Astorga. Lo suave de la condición de dicho -general y el haberle llamado la junta a la Coruña, alentó a algunos -soldados de Navarra, cuyo cuerpo estaba resentido desde la traslación -al Ferrol, para acometerle y asesinarle fría y alevosamente el 24 -de junio en las calles de Villafranca. Los abanderizó un sargento, -y hubo quien buscó más arriba la oculta mano que dirigió el mortal -golpe. Atroz y fementido hecho matar a su propio caudillo, respetable -varón e inocente víctima de una soldadesca brutal y desmandada. Por -largo tiempo quedó impune tan horroroso crimen: al fin y pasados años -recibieron los que le perpetraron el merecido castigo. Había sucedido -en el mando por aquellos días al desventurado Filangieri Don Joaquín -Blake, mayor general del ejército, y antes coronel del regimiento de la -Corona. Gozaba del concepto de militar instruido y de profundo táctico. -La junta le elevó al grado de teniente general.</p> - -<p>De Inglaterra llegaron también a Galicia prontos y cuantiosos -auxilios. Su diputado Don Francisco Sangro fue honrado y obsequiado -por aquel gobierno, y se remitieron libres a la Coruña los prisioneros -españoles que gemían hacía años en los pontones británicos. Arribó al -mismo puerto Sir Carlos Stuart, primer diplomático inglés que en calidad -de tal pisó el suelo español. La junta se esmeró en agasajarle y darle -pruebas de su constante anhelo por estrechar los vínculos de alianza -y amistad con S. M. Británica. Las demostraciones de interés que por -la causa de España tomaba nación tan poderosa, fortificaron<span -class="pagenum" id="Page_211">p. 211</span> más y más las novedades -acaecidas, y hasta los más tímidos cobraron esperanzas.</p> - -<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de Santander.</div> - -<p>Santander agitado y conmovido ponía en sumo cuidado a los franceses, -estando casi situado a la retaguardia de una parte considerable de sus -tropas, y pudiendo con su insurrección impedir fácilmente que entre -sí se comunicasen. También temían que la llama una vez prendida se -propagase a las provincias vascongadas, y los envolviese a favor del -escabroso terreno, en medio de poblaciones enemigas, fatigándolos y -hostigándolos continuadamente. Así fue que el mariscal Bessières no -tardó desde Burgos en despachar a aquel punto a su ayudante general Mr. -de Rigny, que, después se ha ilustrado más dignamente con los laureles -de Navarino. Iba con pliegos para el cónsul francés Mr. de Ranchoup, -por los que se amonestaba al ayuntamiento, que en caso de no mantenerse -la tranquilidad pasaría una división a castigar con el mayor rigor el -más leve exceso. Semejantes amenazas lejos de apaciguar acrecentaron el -disgusto y la fermentación. Estaba en su colmo, cuando una leve disputa -entre Mr. Pablo Carreyron, francés avecindado, y el padre de un niño -a quien aquel había reprendido, atrajo gente, y de unas en otras se -enardeció el pueblo clamoreando que se prendiese a los franceses.</p> - -<p>Tocaron entonces a rebato las campanas de la catedral y los tambores -la generala, resonando por las calles los gritos de viva Fernando VII y -muera Napoleón y el ayudante de Bessières. Armado como por encanto el -vecindario, arrestó<span class="pagenum" id="Page_212">p. 212</span> -a los franceses, pero con el mayor orden; y conducidos al castillo -cuartel de San Felipe, se pusieron guardias a las puertas de las -respectivas casas de los presos para que no recibiesen menoscabo en -sus propiedades. Era aquel día el 26 de mayo, y como de la Ascensión -festivo; por lo que arremolinándose numerosa plebe cerca de la casa del -cónsul francés, se desató en palabras y amenazas contra su persona y -la de Mr. de Rigny. Sus vidas hubieran peligrado si los oficiales del -provincial de Laredo que guarnecían a Santander, no las hubieran puesto -en salvo exponiendo las suyas propias. Los sacaron de la casa consular -a las once de la noche, y colocándolos en el centro de un círculo -que formaron con sus cuerpos, los llevaron al ya mencionado cuartel -de San Felipe, dejándolos bajo la custodia de los milicianos que le -ocupaban.</p> - -<p>Al día inmediato 27 se compuso una junta de los individuos del -ayuntamiento y varias personas notables del pueblo, las que eligieron -por su presidente al obispo de la diócesis Don Rafael Menéndez de -Luarca. Hallábase este ausente en su quinta de Liaño a dos leguas de la -ciudad, no pudiendo por tanto haber tomado parte en los acontecimientos -ocurridos. El gobierno francés que con estudiado intento no veía -entonces en el alzamiento de España sino la obra de los clérigos y los -frailes, achacó al reverendo obispo de Santander la insurrección de -la provincia cantábrica. Mas fue tan al contrario que en un principio -aquel prelado se resistió obstinadamente a admitir la presidencia -que le ofreció la junta, y solo a fuerza de reiteradas instancias -condescendió<span class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span> con sus -ruegos. Era el de Santander eclesiástico austero en sus costumbres, y -acatábale el vulgo como si fuera un santo: estaba ciertamente dotado -de recomendables prendas, pero las deslucía con terco fanatismo -y desbarros que tocaban casi en locura. Dio luego señales de su -descompuesto temple, autorizándose con el título de regente soberano de -Cantabria a nombre de Fernando VII y con el aditamento de alteza.</p> - -<p>A poco se supo la insurrección de Asturias con lo que tomó vuelo -el levantamiento de toda la montaña de Santander, y aun los tibios -ensancharon sus corazones. Inmediatamente se procedió a un alistamiento -general, y sin más dilación y faltos de disciplina salieron los nuevos -cuerpos a los confines y puertos secos de la provincia. Mandaba como -militar Don Juan Manuel de Velarde, que de coronel fue promovido a -capitán general, y el cual se apostó en Reinosa con artillería y 5000 -hombres, los más paisanos mezclados con milicianos de Laredo. Su hijo -Don Emeterio, muerto después gloriosamente en la batalla de la Albuera, -ocupó el Escudo con 2500 hombres, igualmente paisanos. Otros 1000 -recogidos de partidas sueltas de Santoña, Laredo y demás puertecillos -se colocaron en los Tornos. Por aquí vemos como Santander a pesar de -su mayor proximidad a los franceses se arriesgó a contrarrestar sus -injustos actos y a emplear contra ellos los escasos recursos que su -situación le prestaba.</p> - -<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de León y<br/> Castilla la -Vieja.</div> - -<p>Osadía fue sin duda la de esta provincia, pero guarecida detrás -de sus montañas no parecía<span class="pagenum" id="Page_214">p. -214</span> serlo tanto como la de las ciudades y pueblos de la tierra -llana de Castilla y León. Sus moradores no atendiendo ni a sus fuerzas -ni a su posición, quisieron ciegamente seguir los ímpetus de su -patriotismo, y a los pueblos cercanos a tropas francesas salioles caro -tan honroso como irreflexionado arrojo. Apenas había alzado Logroño -el pendón de la insurrección, cuando pasando desde Vitoria con dos -batallones el general Verdier, fácilmente arrolló el 6 de junio a los -indisciplinados paisanos, retirándose después de haber arcabuceado a -varios de los que se cogieron con las armas en la mano, o a los que -se creyeron principales autores de la sublevación. No fue más dichosa -en igual tentativa la ciudad de Segovia. Confiando sobradamente en la -escuela de artillería establecida en su alcázar, intentó con su ayuda -hacer rostro a la fuerza francesa, cerrando los oídos a proposiciones -que por medio de dos guardias de Corps le había enviado Murat. En -virtud de la repulsa se acercó a la ciudad el 7 de junio el general -francés Frère, y los artilleros españoles colocaron las piezas -destinadas al ejercicio de los cadetes en las puertas y avenidas. No -había para sostenerlas otra tropa que paisanos mal armados, los cuales -al empeñarse la refriega se desbandaron dejando abandonadas las piezas. -Apoderose de Segovia el enemigo, y el director Don Miguel de Cevallos, -los alumnos y casi todos los oficiales se salvaron y acogieron a los -ejércitos que se formaban en las otras provincias.</p> - -<p>Al mismo tiempo que tales andaban las cosas en puntos aislados de -Castilla, tomó cuerpo<span class="pagenum" id="Page_215">p. 215</span> -la insurrección de Valladolid y León, fortificándose con mayores medios -y estribando sus providencias en los auxilios que aguardaban de Galicia -y Asturias. Desde el momento en que la última de aquellas provincias -había en el 23 y 24 de mayo proclamado a Fernando y declarádose contra -los franceses, había León imitado su ejemplo. Como a su definitiva -determinación hubiesen precedido parciales conmociones, en una de ellas -fue enviado a la Coruña el estudiante que tanto tumultuó allí la gente. -Mas el estar asentada la ciudad de León en la tierra llana, y el serles -a los franceses de fácil empresa apaciguar cualquiera rebelión a sus -mandatos, había reprimido el ardor popular. Por fin habiéndose enviado -de Asturias 800 hombres para confortar algún tanto a los tímidos, se -erigió el 1.º de junio una junta de individuos del ayuntamiento y otras -personas, a cuya cabeza estaba como gobernador militar de la provincia -D. Manuel Castañón. No eran pasados muchos días cuando se transfirió -la presidencia al capitán general bailío Don Antonio Valdés, antiguo -ministro de marina, y quien habiendo honrosamente rehusado ir a Bayona, -tuvo que huir de Burgos a Palencia y abrigarse al territorio leonés. -Fueron de Asturias municiones, fusiles y otros pertrechos, con cuya -ayuda se empezó el armamento.</p> - -<p>Estaba en Valladolid de capitán general Don Gregorio de la -Cuesta militar antiguo y respetable varón, pero de condición duro y -caprichudo, y obstinado en sus pareceres. Buen español, acongojábale -la intrusión francesa, mas<span class="pagenum" id="Page_216">p. -216</span> acostumbrado a la ciega subordinación miraba con enojo que -el pueblo se entrometiese a deliberar sobre materias que a su juicio -no le competían. El distrito de su mando abrazaba los reinos de León y -Castilla la Vieja, cuya separación geográfica no ha estorbado que se -hubiesen confundido ambos en el lenguaje común y aun en cosas de su -gobierno interior. La pesada mano de la autoridad los había molestado -en gran manera, y el influjo del capitán general era extremadamente -poderoso en las provincias en que aquellos reinos se subdividían. -Con todo pudiendo más el actual entusiasmo que el añejo y prolongado -hábito de la obediencia, ya hemos visto como en León, sin contar con -Don Gregorio de la Cuesta, se había dado el grito del levantamiento. -Era la empresa de más dificultoso empeño en Valladolid, así porque -dentro residía dicho jefe, como también por el apoyo que le daba la -chancillería y sus dependencias. Sin embargo la opinión superó todos -los obstáculos.</p> - -<p>En los últimos días de mayo el pueblo agavillado quiso exigir del -capitán general que se le armase y se hiciese la guerra a Napoleón. -Asomado al balcón resistiose Cuesta, y con prudentes razones procuró -disuadir a los alborotados de su desaconsejado intento. Insistieron -de nuevo estos, y viendo que sus esfuerzos inútilmente se estrellaban -contra el duro carácter del capitán general, erigieron el patíbulo -vociferando que en él iban a dar el debido pago a tal terquedad, -tachada ya de traición por el populacho. Dobló entonces la cerviz Don -Gregorio de la Cuesta, prefiriendo a un azaroso fin servir de guía a -la<span class="pagenum" id="Page_217">p. 217</span> insurrección, y -sin tardanza congregó una junta a que asistieron con los principales -habitantes individuos de todas las corporaciones. El viejo general no -permitió que la nueva autoridad ensanchase sus facultades más allá de -lo que exigía el armamento y defensa de la provincia; conviniendo tan -solo en que a semejanza de Valladolid se instituyese una junta con la -misma restricción en cada una de las ciudades en que había intendencia. -Así Ávila y Salamanca formaron las suyas, pero la inflexible dureza de -Cuesta y el anhelo de estos cuerpos por acrecer su poder, suscitaron -choques y reñidas contiendas. Valladolid y las poblaciones libres del -yugo francés se apresuraron a alistar y disciplinar su gente, y Zamora -y Ciudad Rodrigo suministraron en cuanto pudieron armas y pertrechos -militares.</p> - -<p>Enlutaron la común alegría algunos excesos de la plebe y de la -soldadesca. Murió en Palencia a sus manos un tal Ordóñez que dirigía -la fábrica de harinas de Monzón, sujeto apreciable. Don Luis Martínez -de Ariza, gobernador de Ciudad Rodrigo, experimentó igual suerte, -sirviendo de pretexto su mucha amistad y favor con el príncipe de la -Paz. Lo mismo algún otro individuo en dicha plaza; y en la patria del -insigne Alonso del Tostado, en Madrigal, fue asesinado el corregidor, -y unos alguaciles odiados por su rapaz conducta. Castigó Cuesta con -el último suplicio a los matadores; pero una catástrofe no menos -triste y dolorosa afeó el levantamiento de Valladolid. Don Miguel de -Cevallos, director del colegio de Segovia, a quien<span class="pagenum" -id="Page_218">p. 218</span> hemos visto alejarse de aquella ciudad al -ocuparla los franceses, fue detenido a corta distancia en el lugar -de Carbonero, achacando infundadamente a traición suya el descalabro -padecido. De allí le condujeron preso a Valladolid. Le entraron por la -tarde, y fuera malicia o acaso, después de atravesar el portillo de la -Merced, torcieron los que le llevaban por el callejón de los toros al -campo grande, donde los nuevos alistados hacían el ejercicio. A las -voces de que se aproximaba levantose general gritería. Iba a caballo -y detrás su familia en coche. Llovieron muy luego pedradas sobre su -persona, y a pesar de querer guarecerle los paisanos que le escoltaban, -desgraciadamente de una cayó en tierra, y entonces por todas partes -le acometieron y maltrataron. En balde un clérigo de nombre Prieto -buscó para salvarle el religioso pretexto de la confesión: solo -consiguió momentáneamente meterle en el portal de una casa, dentro -del cual un soldado portugués de los que habían venido con el marqués -de Alorna le traspasó de un bayonetazo. Con aquello enfureciose de -nuevo el populacho, arrastró por la ciudad al desventurado Cevallos, -y al fin le arrojó al río. Partían el alma los agudos acentos de la -atribulada esposa, que desde su coche ponía en el cielo sus quejas -y lamentos, al paso que empedernidas mujeres se encarnizaban en la -despedazada víctima. Espanta que un sexo tan tierno, delicado y bello -por naturaleza, se convierta a veces y en medio de tales horrores en -inhumana fiera. Mas apartando la vista de objeto tan melancólico, -continuemos bosquejando<span class="pagenum" id="Page_219">p. -219</span> el magnífico cuadro de la insurrección, cuyo fondo, aunque -salpicado de algunas oscuras manchas, no por eso deja de aparecer -grandioso y admirable.</p> - -<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de Sevilla.</div> - -<p>Las provincias meridionales de España no se mantuvieron más -tranquilas ni perezosas que las que acabamos de recorrer. Movidos sus -habitantes de iguales afectos no se desviaron de la gloriosa senda -que a todos había trazado el sentimiento de la honra e independencia -nacional. Siendo idénticas las causas, unos mismos fueron en su -resultado los efectos. Solamente los incidentes que sirvieron de -inmediato estímulo variaron a veces. Uno de estos notable e inesperado -influyó con particularidad en los levantamientos de Andalucía y -Extremadura. Por entonces residía casualmente en Móstoles, distante -de Madrid tres leguas, Don Juan Pérez Villamil secretario del -almirantazgo. Acaeció en la capital el suceso del 2 de mayo, y personas -que en lo recio de la pelea se habían escapado y refugiado en Móstoles, -contaron lo que allí pasaba con los abultados colores del miedo -reciente. Sin tardanza incitó Villamil al alcalde para que escribiendo -al del cercano pueblo pudiese la noticia circular de uno en otro -con rapidez. Así cundió creciendo de boca en boca, y en tanto grado -exagerada que cuando alcanzó a Talavera pintábase a Madrid ardiendo -por todos sus puntos y confundido en muertes y destrozos. Expidiéronse -por aquel administrador de correos avisos con la mayor diligencia, -y en breve Sevilla y otras ciudades fueron sabedoras del infausto -acontecimiento.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_220">p. 220</span>Dispuestos como -estaban los ánimos, no se necesitaba sino de un levísimo motivo -para encenderlos a lo sumo y provocar una insurrección general. El -aviso de Móstoles estuvo para realizarla en el mediodía. En Sevilla -el ayuntamiento pensó seriamente en armar la provincia, y tratose -de planes de armamento y defensa. Órdenes posteriores de Madrid -contuvieron el primer amago; pero conmovido el pueblo se alentaron -algunos particulares a dar determinado rumbo al descontento universal. -Fue en aquella ciudad uno de los principales conmovedores el conde de -Tilly, de casa ilustre de Extremadura, hombre inquieto, revoltoso y -tachado bastantemente en su conducta privada. Aunque dispuesto para -alborotos, e igualmente amigo de novedades que su hermano Guzmán, tan -famoso en la revolución francesa, nunca hubiera conseguido el anhelado -objeto, si la causa que ahora abrazaba no hubiese sido tan santa, y si -por lo mismo no se le hubiesen agregado otras personas respetables de -la ciudad.</p> - -<p>Juntábanse todos en un sitio llamado el Blanquillo hacia la puerta -de la Barqueta, y en sus reuniones debatían el modo de comenzar su -empresa. Apareciose al propio tiempo en Sevilla un tal Nicolás Tap -y Núñez, hombre poco conocido y que había venido allí con propósito -de conmover por sí solo la ciudad. Ardiente y despejado peroraba por -calles y plazas, y llevaba y traía a su antojo al pueblo sevillano, -subiendo a punto su descaro de pedir al cabildo eclesiástico doce mil -duros para hacer el alzamiento contra los franceses; petición a que se -negó aquel<span class="pagenum" id="Page_221">p. 221</span> cuerpo. Se -ejercitaba antes en el comercio clandestino, y con el título intruso -de corredor tenía mucha amistad con las gentes que se ocupaban en el -contrabando con Gibraltar y la costa, a cuyo punto hacía frecuentes -viajes. Callaban las autoridades temerosas de mayor mal, y los que -con Tilly maquinaban procuraron granjearse la voluntad de quien en -pocos días había adquirido más nombre y popularidad que ningún otro. -Buscáronle y fácilmente se concertaron.</p> - -<p>No transcurría día sin que nuevos motivos de disgusto viniesen -a confirmarlos en su pensamiento, y a perturbar a los tranquilos -ciudadanos. En este caso estuvieron varios papeles publicados contra la -familia de Borbón en el Diario de Madrid que se imprimía desde el 10 de -mayo bajo la inspección del francés Esménard. Disonaron sus frases a -los oídos españoles no acostumbrados a aquel lenguaje, y unos papeles -destinados a rectificar la opinión en favor de las mudanzas acordadas -en Bayona, la alejaron para siempre de asentir a ellas y aprobarlas. -Gradualmente subía de punto la indignación, cuando de oficio se recibió -la noticia de las renuncias de la familia real de España en la persona -de Napoleón. Parecioles a Tilly, Tap y consortes que no convenía -desaprovechar la ocasión, y se prepararon al rompimiento.</p> - -<p>Se escogió el día de la Ascensión 26 de mayo y hora del anochecer -para alborotar a Sevilla. Soldados del regimiento de Olivenza -comenzaron el estruendo dirigiéndose al depósito de la real maestranza -de artillería y de los almacenes de pólvora. Reunióseles inmenso -gentío, y<span class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span> se -apoderaron de las armas sin desgracia ni desorden. Adelantose a aquel -paraje un escuadron de caballería mandado por Don Adrián Jácome, el -cual lejos de impedir la sublevación, más bien la aplaudió y favoreció. -Prendiendo con inexplicable celeridad el fuego de la revolución hasta -en los más apartados y pacíficos barrios, el ayuntamiento se trasladó -al hospital de la Sangre para deliberar más desembarazadamente. Pero -en la mañana del 27 el pueblo apoderándose de las casas consistoriales -abandonadas, congregó en ellas una junta suprema de personas -distinguidas de la ciudad. Tap y Núñez procediendo de buena fe era -por su extremada popularidad quien escogía los miembros, siendo -otros los que se los apuntaban. Así fue que como forastero obrando a -ciegas, nombró a dos que desagradaron por su anterior y desopinada -conducta. Se le previno, y quiso borrarlos de la lista. Fueron inútiles -sus esfuerzos y aun le acarrearon una larga prisión, mostrándose -encarnizados enemigos suyos los que tenía por parciales. Suerte -ordinaria de los que entran desinteresadamente e inexpertos en las -revoluciones: los hombres pacíficos los miran siempre, aun aplaudiendo -a sus intentos, como temibles y peligrosos, y los que desean la -bulla y las revueltas para crecer y medrar, ponen su mayor conato en -descartarse del único obstáculo a sus pensamientos torcidos.</p> - -<p>Instalose pues la junta, y nombró por su presidente a Don Francisco -Saavedra, antiguo ministro de hacienda, confinado en Andalucía por la -voluntad arbitraria del príncipe de la Paz. De carácter bondadoso y -apacible, tenía saber extenso<span class="pagenum" id="Page_223">p. -223</span> y vario. Las desgracias y persecuciones habían quizá quitado -a su alma el temple que reclamaban aquellos tiempos. A instancias suyas -fue también elegido individuo de la junta el asistente Don Vicente -Hore, a pesar de su amistad con el caído favorito. Entró a formar parte -y se señaló por su particular influjo el Padre Manuel Gil, clérigo -reglar. La espantadiza desconfianza de Godoy que sin razón le había -creído envuelto en la intriga que para derribarle habían urdido en -1795 la marquesa de Matallana y el de Malaespina, le sugirió entonces -el encerrarle en el convento de Toribios de Sevilla, en el que se -corregían los descarríos ciertos o supuestos de un modo vergonzoso y -desusado ya aun para con los niños. Disfrutaba el padre Gil, si bien -de edad provecta, de la robustez y calor de los primeros años: con -facilidad comunicaba a otros el fuego que sustentaba en su pecho, y -en medio de ciertas extravagancias más bien hijas de la descuidada -educación del claustro que de extravíos de la mente, lucía por su -erudición y la perspicacia de su ingenio.</p> - -<p>La nombrada junta intitulose suprema de España e Indias. Desazonó -a las otras la presuntuosa denominación; pero ignorando lo que -allende ocurría, quizá juzgó prudente ofrecer un centro común, que -contrapesando el influjo de la autoridad intrusa y usurpadora de -Madrid, le hiciese firme e imperturbable rostro. Fue desacuerdo -insistir en su primer título luego que supo la declaración de las -otras provincias. Su empeño hubiera podido causar desavenencias que -felizmente cortaron la cordura y tino de ilustrados patriotas.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_224">p. 224</span>Para la defensa y -armamento adoptó la junta medidas activas y acertadas. Sin distinción -mandó que se alistasen todos los mozos de dieciséis hasta cuarenta y -cinco años. Se erigieron asimismo por orden suya juntas subalternas en -las poblaciones de 2000 y más vecinos. La oportuna inversión de los -donativos cuantiosos que se recibían, como también el cuidado de todo -el ramo económico, se puso a cargo de sujetos de conocida integridad. -En ciudades, villas y aldeas se respondió con entrañable placer al -llamamiento de la capital, y en Arcos como en Carmona, y en Jerez como -en Lebrija y Ronda no se oyeron sino patrióticos y acordes acentos.</p> - -<p>En la conmoción de la noche del 26 y en la mañana del 27 nadie -se había desmandado, ni se habían turbado aquellas primeras horas -con muertes ni notables excesos. Estaba reservado para la tarde del -mismo 27 que se ensangrentasen los muros de la ciudad con un horrible -asesinato. Ya indicamos como el ayuntamiento había trasladado al -hospital de la Sangre el sitio de sus sesiones. Dio con este paso lugar -a hablillas y rencores. Para calmarlos y obrar de concierto con la -junta creada, envió a ella en comisión al conde del Águila procurador -mayor en aquel año. A su vista se encolerizó la plebe, y pidió con -ciego furor la cabeza del conde. La junta para resguardarle prometió -que se le formaría causa, y ordenó que entre tanto fuese enviado en -calidad de arrestado a la torre de la puerta de Triana. Atravesó el -del Águila a Sevilla entre insultos, pero sin ser herido ni maltratado -de obra. Solo al subir a la prisión que<span class="pagenum" -id="Page_225">p. 225</span> le estaba destinada, entrando en su -compañía una banda de gente homicida, le intimó que se dispusiese a -morir, y atándole a la barandilla del balcón que está sobre la misma -puerta de Triana, sordos aquellos asesinos a los ruegos del conde y a -las ofertas que les hizo de su hacienda y sus riquezas, bárbaramente -le mataron a carabinazos. Fue por muchos llorada la muerte de este -inocente caballero, cuya probidad y buen porte eran apreciados en -general por todos los sevillanos. Hubo quien achacó imprudencias al -conde; otros, y fueron los más, atribuyeron el golpe a enemiga y oculta -mano.</p> - -<p>Rica y populosa Sevilla, situada ventajosamente para resistir a una -invasión francesa, afianzó, declarándose, el levantamiento de España. -Mas era menester para poner fuera de todo riesgo su propia resolución -contar con San Roque y Cádiz, en donde estaba reunida la fuerza militar -de mar y tierra más considerable y mejor disciplinada que había -dentro de la nación. Convencida de esta verdad despachó la junta a -aquellos puntos dos oficiales de artillería que eran de su confianza. -El que fue a San Roque desempeñó su encargo con menos embarazos, -hallando dispuesto a Don Francisco Javier Castaños que allí mandaba, -a someterse a lo que se le prescribía. Ya de antemano había entablado -este general relaciones con Sir Hugo Dalrymple, gobernador de Gibraltar, -y lejos de suspender sus tratos por la llegada a su cuartel general -del oficial francés Roquiat, de cuya comisión hicimos mención en el -anterior libro, las avivó y estrechó más y más. Tampoco se retrajo de -continuarlos<span class="pagenum" id="Page_226">p. 226</span> ni por -las ofertas que le hizo otro oficial de la misma nación despachado al -efecto, ni con el cebo del virreinato de Méjico que tenían en Madrid -como en reserva para halagar con tan elevada dignidad la ambición de -los generales, cuya decisión se conceptuaba de mucha importancia. Es -de temer no obstante que las pláticas con Dalrymple en nada hubieran -terminado, si no hubiese llegado tan a tiempo el expreso de Sevilla. A -su recibo se pronunció abiertamente Castaños, y la causa común ganó con -su favorable declaración 8941 hombres de tropa reglada que estaban bajo -sus órdenes.</p> - -<p>Tropezó en Cádiz con mayores obstáculos el conde de Teba, que fue el -oficial enviado de Sevilla. Habitualmente residía en aquella plaza el -capitán general de Andalucía, siéndolo a la sazón Don Francisco Solano, -marqués del Socorro y de la Solana. No hacía mucho tiempo que había -regresado a su puesto desde Extremadura y de vuelta de la expedición -de Portugal, en donde le vimos soñar mejoras para el país puesto a -su cuidado. Después del 2 de mayo solicitado y lisonjeado por los -franceses, y sobre todo vencido por los consejos de españoles antiguos -amigos suyos, con indiscreción se mostraba secuaz de los invasores, -graduando de frenesí cualquiera resistencia que se intentase. Ya antes -de mediados de mayo corrió peligro en Badajoz por la poca cautela -conque se expresaba. No anduvo más prudente en todo su camino. Al -cruzar por Sevilla se avistaron con él los que trabajaban para que -aquella ciudad definitivamente<span class="pagenum" id="Page_227">p. -227</span> se alzase. Esquivó todo compromiso, mas molestado por sus -instancias pidió tiempo para reflexionar, y se apresuró a meterse -en Cádiz. No satisfechos de su indecisión, luego que tuvo lugar el -levantamiento del 27, siendo ya algunos de los conspiradores individuos -de la nueva junta, impelieron a esta para que el 28 enviase a aquella -plaza al mencionado conde de Teba, quien con gran ruido y estrépito -penetró por los muros gaditanos. Era allí muy amado el general Solano: -debíalo a su anterior conducta en el gobierno del distrito, en el que -se había desvelado por hacerse grato a la guarnición y al vecindario. -En idolatría se hubiera convertido la afición primera, si se hubiese -francamente declarado por la causa de la nación. Continuó vacilante e -incierto, y el titubear de ahora en un hombre antes presto y arrojado -en sus determinaciones, fue calificado de premeditada traición. Creemos -ciertamente que las esperanzas y promesas con que de una parte le -habían traído entretenido, y los peligros que advertía de la otra -examinando militarmente la situación de España, le privaron de la libre -facultad de abrazar el honroso partido a que era llamado de Sevilla. -Así fue que al recibir sus pliegos ideó tomar un sesgo con que pudiera -cubrirse.</p> - -<p>Convocó a este propósito una reunión de generales, en la que se -decidiese lo conveniente acerca del oficio traído por el conde de Teba. -Largamente se discurrió en su seno la materia, y prevaleciendo como -era natural el parecer de Solano, se acordó la publicación de un bando -cuyo estilo descubría la mano de quien le había<span class="pagenum" -id="Page_228">p. 228</span> escrito. Dábanse en él las razones -militares que asistían para considerar como temeraria la resistencia -a los franceses, y después de varias inoportunas reflexiones se -concluía con afirmar que puesto que el pueblo la deseaba, no obstante -las poderosas razones alegadas, se formaría un alistamiento y se -enviarían personas a Sevilla y otros puntos, estando todos los once, -que suscribían al bando, prontos a someterse a la voluntad expresada. -Contento Solano con lo que se había determinado le faltó tiempo para -publicarlo, y de noche con hachas encendidas y grande aparato mandó -pregonar bando por las calles, como si no bastase el solo acuerdo para -dar suficiente pábulo a la inquietud del pueblo.</p> - -<p>La desusada ceremonia atrajo a muchos curiosos, y luego que -oyeron lo que de oficio se anunciaba, irritáronse sobremanera los -circunstantes, y con el bullicio y el numeroso concurso pensaron -los más atrevidos en aprovecharse de la ocasión que se les ofrecía, -y de montón acudieron todos a casa del capitán general. Allí un -joven llamado Don Manuel Larrús, subiendo en hombros de otro, tomó -la palabra y respondiendo una tras de otra a las razones del bando, -terminó con pedir a nombre de la ciudad que se declarase la guerra a -los franceses, y se intimase la rendición a su escuadra fondeada en -el puerto. Abatiose el altivo Solano a la voz del mozo, y quien para -dicha suya y de su patria hubiera podido, acaudillándolas, ser árbitro -y dueño de las voluntades gaditanas, tuvo que arrastrarse en pos de un -desconocido. Convino<span class="pagenum" id="Page_229">p. 229</span> -pues en juntar al día siguiente los generales, y ofreció que en todo se -cumpliría lo que demandaba el pueblo.</p> - -<p>La algazara promovida por la publicación del bando siguió hasta -rayar la aurora, y la muchedumbre cercó y allanó en uno de sus -paseos la casa del cónsul francés Mr. Le Roi, cuyo lenguaje soberbio -y descomedido le había atraído la aversión aun de los vecinos más -tranquilos. Refugiose el cónsul en el convento de S. Agustín y de -allí fue a bordo de su escuadra. Acompañó a este desmán el de soltar -a algunos presos, pero no pasó más allá el desorden. Los amotinados -se aproximaron después al parque de artillería para apoderarse de las -armas, y los soldados en vez de oponerse los excitaron y ayudaron.</p> - -<p>A la mañana inmediata 29 de mayo celebró Solano la ofrecida junta -de generales, y todos condescendieron con la petición del pueblo. -Antes había ya habido algunos de ellos que en vista del mal efecto -causado por la publicación del bando, procuraron descargar sobre el -capitán general la propia responsabilidad, achacando la resolución -a su particular conato: indigna flaqueza que no poco contribuyó a -indisponer más y más los ánimos contra Solano. Ayudó también a ello la -frialdad e indiferencia que este dejaba ver en medio de su carácter -naturalmente fogoso. No descuidaron la malevolencia y la enemistad -emplear contra su persona las apariencias que le eran adversas, y ambas -pasiones traidoramente atizaron las otras y más nobles que en el día -reinaban.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_230">p. 230</span>Por la tarde -se presentó en la plaza de S. Antonio el ayudante Don José Luquey -anunciando al numeroso concurso allí reunido que según una junta -celebrada por oficiales de marina, no se podía atacar la escuadra -francesa sin destrozar la española todavía interpolada con ella. Se -irritaron los oyentes y serían las cuatro de la tarde cuando en seguida -se dirigieron a casa del general. Permitiose subir a tres de ellos, -entre los que había uno que de lejos se parecía a Solano. El gentío -era inmenso y tal el bullicio y la algazara que nadie se entendía. -En tanto el joven que tenía alguna semejanza con el general se asomó -al balcón. La multitud aturdida tomole por el mismo Solano, y las -señas que hacía para ser oído, por una negativa dada a la petición -de atacar a la escuadra francesa. Entonces unos sesenta que estaban -armados hicieron fuego contra la casa, y la guardia mandada por el -oficial San Martín, después caudillo célebre del Perú, se metió -dentro y atrancó la puerta. Creció la saña, trajeron del parque cinco -piezas y apuntaron contra la fachada, separada de la muralla por una -calle baja, un cañón de a veinticuatro de los que coronaban aquella. -Rompieron las puertas, huyó Solano, y encaramándose por la azotea se -acogió a casa de su vecino y amigo el irlandés Strange. Al llegarse -encontró con Don Pedro Olaechea, hombre oscuro, y que habiendo sido -novicio en la Cartuja de Jerez, se le contaba entre los principales -alborotadores de aquellos días. Presumiendo este que el perseguido -general se habría ocultado allí, habíasele adelantado entrando<span -class="pagenum" id="Page_231">p. 231</span> por la puerta principal. -Sorprendiose Solano con el inesperado encuentro, mas ayudado del -comandante del regimiento de Zaragoza Creach que casualmente entraba -a visitar a la señora de Strange, juntos encerraron al ex-cartujo en -un pasadizo, de donde queriendo el tal por una claraboya escaparse se -precipitó a un patio, de cuyas resultas murió a pocos días. Pero Solano -no pudiendo evadirse por parte alguna, se escondió en un hueco oculto -que le ofrecía un gabinete alhajado a la turca, donde la multitud -corriendo en su busca desgraciadamente le descubrió. Pugnó valerosa, -pero inútilmente, por salvarle la esposa del señor Strange Doña María -Tuker; hiriéronla en un brazo, y al fin sacaron por violencia de su -casa a la víctima que defendía. Arremolinándose la gente colocaron en -medio al marqués y se le llevaron por la muralla adelante con propósito -de suspenderle en la horca. Iba sereno y con brío, no apareciendo -en su semblante decaimiento ni desmayo. Maltratado y ofendido por -el paisanaje y soldadesca, recibió al llegar a la plaza de San Juan -de Dios una herida que puso término a sus días y a su tormento. -Revelaríamos para execración de la posteridad el nombre del asesino, -si con certeza hubiéramos podido averiguarlo. Bien sabemos a quién y -cómo se ha inculpado, pero en la duda nos abstenemos de repetir vagas -acusaciones.</p> - -<p>Reemplazó al muerto capitán general D. Tomás de Morla, gobernador -de Cádiz. Aprobó la junta de Sevilla el nombramiento, y envió para -asistirle y quizá para vigilarle al general<span class="pagenum" -id="Page_232">p. 232</span> Don Eusebio Antonio Herrera, individuo -suyo. Se hizo marchar inmediatamente hacia lo interior parte de las -tropas que había en Cádiz y sus contornos, no contándose en la plaza -otra guarnición que los regimientos provinciales de Córdoba, Écija, -Ronda y Jerez, y los dos de línea de Burgos y Órdenes militares, que -casi se hallaban en cuadro. El 31 se juró solemnemente a Fernando VII -y se estableció una junta dependiente de la suprema de Sevilla. En la -misma mañana parlamentaron con los ingleses el jefe de escuadra Don -Enrique Macdonnell y el oidor Don Pedro Creux. Conformáronse aquellos -con las disposiciones de la junta sevillana, reconocieron su autoridad -y ofrecieron 5000 hombres que a las órdenes del general Spencer iban -destinados a Gibraltar.</p> - -<p>Cobrando cada vez más aliento la junta suprema de Sevilla hizo el 6 -de junio una declaración solemne de guerra contra Francia, afirmando -«que no dejaría las armas de la mano hasta que el emperador Napoleón -restituyese a España al rey Fernando VII y a las demás personas reales, -y respetase los derechos sagrados de la nación que había violado, y -su libertad, integridad e independencia.» Publicó por el mismo tiempo -que esta declaración otros papeles de grande importancia, señalándose -entre todos el conocido con el nombre de <i>Prevenciones</i>. En él se -daban acomodadas reglas para la guerra de partidas, única que convenía -adoptar; se recomendaba el evitar las acciones generales, y se concluía -con el siguiente artículo, digno de que a la letra se reproduzca en -este<span class="pagenum" id="Page_233">p. 233</span> lugar: «se -cuidará de hacer entender y persuadir a la nación que libres, como -esperamos, de esta cruel guerra a que nos han forzado los franceses, -y puestos en tranquilidad y restituido al trono nuestro rey y señor -Fernando VII, bajo él y por él se convocarán cortes, se reformarán -los abusos y se establecerán las leyes que el tiempo y la experiencia -dicten para el público bien y felicidad; cosas que sabemos hacer los -españoles, que las hemos hecho con otros pueblos sin necesidad de que -vengan los... franceses a enseñárnoslo...» Dedúzcase de aquí si fue un -fanatismo ciego y brutal el verdadero móvil de la gloriosa insurrección -de España, como han querido persuadirlo extranjeros interesados o -indignos hijos de su propio suelo.</p> - -<p>Jaén y Córdoba se sublevaron a la noticia de la declaración -de Sevilla, y se sometieron a su junta, creando otras para su -gobierno particular, en que entraron personas de todas clases. En -Jaén desconfiándose del corregidor Don Antonio María de Lomas, le -trasladaron preso a pocos días a Valdepeñas de la Sierra, en donde el -pueblo alborotado le mató a fusilazos. Córdoba se apresuró a formar -su alistamiento, dirigió gran muchedumbre de paisanos a ocupar el -puente de Alcolea, dándose el mando de aquella fuerza armada, llamada -vanguardia de Andalucía, a Don Pedro Agustín de Echevarri. Aprobó la -junta de Sevilla dicho nombramiento; la que por su parte no cesaba de -activar y promover las medidas de defensa. Confió el mando de todo el -ejército a Don Francisco Javier<span class="pagenum" id="Page_234">p. -234</span> Castaños, recompensa debida a su leal conducta, y el 9 de -junio salió este general a desempeñar su honorífico encargo.</p> - -<div class="sidenote">Rendición<br/> de la escuadra<br/> francesa -surta<br/> en Cádiz.</div> - -<p>Entre tanto quedaba por terminar un asunto que al paso que era -grave interesaba a la quietud y aun a la gloria de Cádiz. La escuadra -francesa surta en el puerto todavía tremolaba a su bordo el pabellón de -su nación, y el pueblo se dolía de ver izada tan cerca de sus muros y -en la misma bahía una bandera tenida ya por enemiga. Era además muy de -temer, abierta la comunicación con los ingleses, que no consintiesen -estos tener largo tiempo casi al costado de sus propias naves y en -perfecta seguridad una escuadra de su aborrecido adversario. Instó por -consiguiente el pueblo en que prontamente se intimase la rendición al -almirante francés Rossilly. El nuevo general Morla, fuera prudencia -para evitar efusión de sangre, o fuera que anduviese aún dudoso en el -partido que le convenía abrazar [sospecha a que da lugar su posterior -conducta], procuraba diferir las hostilidades divirtiendo la atención -pública con mañosas palabras y dilaciones. El almirante francés con la -esperanza de que avanzasen a Cádiz tropas de su nación, pedía que no se -hiciese novedad alguna hasta que el emperador contestase a la demanda -hecha en proclamas y declaraciones de que se entregase a Fernando -VII: estratagema que ya no podía engañar ni sorprender a la honradez -española. Aprovechándose de la tardanza mejoraron los franceses -su posición, metiéndose en el canal del arsenal de la Carraca, y -colocándose de suerte que no pudieran ofenderles los fuegos<span -class="pagenum" id="Page_235">p. 235</span> de los castillos ni de la -escuadra española. Constaba la francesa de cinco navíos y una fragata: -su almirante Mr. de Rossilly hizo después una nueva proposición, y fue -que para tranquilizar los ánimos saldría de bahía si se alcanzaba del -británico, anclado a la boca, el permiso de hacerse a la vela sin ser -molestado; y si no, que desembarcaría sus cañones, conservaría a bordo -las tripulaciones y arriaría la bandera, dándose mutuamente rehenes, y -con el seguro de ser respetado por los ingleses. Morla rehusó dar oídos -a proposición alguna que no fuese la pura y simple entrega.</p> - -<p>Hasta el 9 de junio se habían prolongado estas pláticas, en cuyo día -temiéndose el enojo público se rompió el fuego. El almirante inglés -Collingwood que de Toulon había venido a suceder a Purvis, ofreció su -asistencia, pero no juzgándola precisa fue desechada amistosamente. -Empezó el cañón del Trocadero a batir a los enemigos, sosteniendo -sus fuegos las fuerzas sutiles del arsenal y las del apostadero de -Cádiz que fondearon frente de Fort-Luis. El navío francés Algeciras -incomodado por la batería de morteros de la cantera, la desmontó: -también fue a pique una cañonera mandada por el alférez Valdés y el -místico de Escalera, pero sin desgracia. La pérdida de ambas partes -fue muy corta. Continuó el fuego el 10, en cuyo día a las tres de la -tarde el navío Héroe francés que montaba el almirante Rossilly, puso -bandera española en el trinquete, y afirmó la de parlamento el navío -Príncipe, en el que estaba Don Juan Ruiz de Apodaca comandante de -nuestra escuadra.<span class="pagenum" id="Page_236">p. 236</span> -Abriéronse nuevas conferencias que duraron hasta la noche del 13, y en -ella se intimó a Rossilly que a no rendirse romperían fuego destructor -dos baterías levantadas junto al puente de la nueva población. El 14 -a las siete de la mañana izó el navío Príncipe la bandera de fuego, y -entonces se entregaron los franceses a merced del vencedor. Regocijó -este triunfo, si bien no costoso ni difícil, porque con eso quedaba -libre y del todo desembarazado el puerto de Cádiz, sin haber habido que -recurrir a las fuerzas marítimas de los nuevos aliados.</p> - -<p>En tanto Sevilla, acelerando el armamento y la organización militar, -envió a todas partes avisos y comisionados; y Canarias y las provincias -de América no fueron descuidadas en su solícita diligencia. Quiso -igualmente asentar con el gobierno inglés directas relaciones de -amistad y alianza, no bastándole las que interinamente se habían -entablado con sus almirantes y generales: a cuyo fin diputó con plenos -poderes a los generales D. Adrián Jácome y D. Juan Ruiz de Apodaca, -que después veremos en Inglaterra. Ahora conviene seguir narrando la -insurrección de las otras provincias.</p> - -<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de Granada.</div> - -<p>Hemos referido más arriba que Córdoba y Jaén habían reconocido la -supremacía de Sevilla. No fue así en Granada. Asiento de una capitanía -general y de una chancillería, no había estado avezada aquella ciudad, -así por esto como por su extensión y riqueza a recibir órdenes de -otra provincia. Por tanto determinó elegir un gobierno separado, -levantar un ejército propio suyo, y concurrir con brillantez y<span -class="pagenum" id="Page_237">p. 237</span> esfuerzo a la común -defensa. En los dos últimos meses se habían dejado sentir los mismos -síntomas de desasosiego que en las otras partes; pero no adquirió aquel -descontento verdadera forma de insurrección hasta el 29 de mayo. A la -una de aquel día entró por la ciudad a caballo y con grande estruendo -el teniente de artillería Don José Santiago, que traía pliegos de -Sevilla. Acompañado de paisanos de las cercanías y de otros curiosos -que se agregaron con tanta más facilidad cuanto era domingo, se dirigió -a casa del capitán general.</p> - -<p>Éralo a la sazón Don Ventura Escalante, hombre pacífico y de escaso -talento, quien aturdido con la noticia de Sevilla se quedó sin saber -a qué partido ladearse. Por de pronto con evasivas palabras se limitó -a mandar al oficial que se retirase, con lo que creció por la noche -la agitación, y agriamente se censuró la conducta tímida del general. -Ser el día siguiente 30 el de San Fernando, no poco influyó para -acalorar más los ánimos. Así fue que por la mañana agolpándose mucha -gente a la plaza nueva, en donde está la chancillería, residencia del -capitán general, se pidió con ahínco por los que allí se agruparon que -se proclamase a Fernando VII. El general, en aquel aprieto, con gran -séquito de oficiales, personas de distinción y rodeado de la turba -conmovida salió a caballo, llevando por las calles como en triunfo el -retrato del deseado rey. Pero viendo el pueblo que las providencias -tomadas se habían limitado al vano aunque ostentoso paseo, se indignó -de nuevo, e incitado por algunos acudió de tropel y por segunda<span -class="pagenum" id="Page_238">p. 238</span> vez a casa del general, -y sin disfraz le requirió que desconfiándose de su conducta era -menester que nombrase una junta, la cual encargada que fuese del -gobierno, cuidara con particularidad de armar a los habitantes. Cedió -el Escalante a la imperiosa insinuación. Parece ser que el principal -promovedor de la junta, y el que dio la lista de sus miembros, fue -un monje jerónimo llamado el P. Puebla, hombre de vasta capacidad y -de carácter firme. Eligiose por presidente al capitán general, y más -de cuarenta individuos de todas clases entraron a componer la nueva -autoridad. Al instante se pensó en medidas de guerra: el entusiasmo -del pueblo no tuvo límites, y se alistó la gente en términos que hubo -que despedir gran parte. Llovieron los donativos y las promesas, y -bien pronto no se vieron por todos lados sino fábricas de monturas, -de uniformes y de composición de armas. Granada puede gloriarse de no -haber ido en zaga en patriotismo y heroicos esfuerzos a ninguna otra de -las provincias del reino. Y ¡ojalá que en todas hubiera habido tanta -actividad y tanto orden en el empleo de sus medios!</p> - -<p>Pero, ciudad extendida e indefensa, hubiera sin embargo corrido gran -riesgo si alguna fuerza enemiga se hubiera acercado a sus puertas. -Se hallaba sin tropas, destinadas a otros puntos las que antes la -guarnecían. Un solo batallón suizo que quedaba, por orden de la corte -se había ya puesto en marcha para Cádiz. Felizmente no se había alejado -todavía, y en obediencia a un parte de la junta retrocedió y sirvió de -apoyo a la autoridad.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_239">p. 239</span>Declarada con -entusiasmo la guerra a Bonaparte, requisito que acompañaba siempre a -la insurrección, se llamó de Málaga a Don Teodoro Reding, su gobernador, -para darle el mando de la gente que se armase, y tuvo la especial -comisión de adiestrarla y disciplinarla el brigadier Don Francisco -Abadía, quien la desempeñó con celo y bastante acierto. Todos los -pueblos de la provincia imitaron el ejemplo de Granada. En Málaga -pereció desgraciadamente el 20 de junio el vicecónsul francés Mr. -D’Agaud y Don Juan Croharé, que sacó a la fuerza el populacho del -castillo de Gibralfaro en donde estaban detenidos. Pero sus muertes no -quedaron impunes, vengándolas el cadalso en la persona de Cristóbal -Ávalos y de otros dos, a quienes se consideró como principales -culpados.</p> - -<p>La junta de Granada no contenta con los auxilios propios y con las -armas que aguardaba de Sevilla, envió a Gibraltar en comisión a Don -Francisco Martínez de la Rosa, quien a pesar de su edad temprana era -ya catedrático en aquella universidad, y mereció por sus aventajadas -partes ser honrado con encargo de tanta confianza. No dejó en su -viaje de encontrar con embarazos, recelosos los pueblos de cualquiera -pasajero que por ellos transitaba. Siendo el segundo español que -en comisión fue a Gibraltar para anunciar la insurrección de las -provincias andaluzas, le acogieron los moradores con júbilo y aplauso. -No tanto el gobernador Sir Hugo Dalrymple. Prevenido en favor de un -enviado de Sevilla que era el que le había precedido, temía el inglés -una fatal desunión si todos<span class="pagenum" id="Page_240">p. -240</span> no se sometían a un centro común de autoridad. Al fin -condescendió en suministrar al comisionado de Granada fusiles y otros -pertrechos de guerra, con lo que, y otros recursos que le facilitaron -en Algeciras, cumplió satisfactoriamente con su encargo. A la llegada -de tan oportunos auxilios se avivó el armamento, y en breve pudo -Granada reunir una división considerable de sus fuerzas a las demás de -Andalucía, capitaneándolas el mencionado Don Teodoro Reding, de quien -era mayor general Don Francisco Abadía, y teniendo por intendente a Don -Carlos Veramendi, sujetos todos tres muy adecuados para sus respectivos -empleos.</p> - -<p>Deslustrose el limpio brillo de la revolución granadina con dos -deplorables acontecimientos. Don Pedro Trujillo, antiguo gobernador de -Málaga, residía en Granada, y mirábasele con particular encono por su -anterior proceder y violentas exacciones, sin recomendarle tampoco -a las pasiones del día su enlace con Doña Micaela Tudó, hermana de -la amiga del príncipe de la Paz. Hiciéronse mil conjeturas acerca -de su mansión, e imputábasele tener algún encargo de Murat. Para -protegerle y calmar la agitación pública, se le arrestó en la Alhambra. -Determinaron después bajarle a la cárcel de corte, contigua a la -chancillería, y esta fue su perdición, porque al atravesar la plaza -nueva se amontonó gente dando gritos siniestros, y al entrar en la -prisión se echaron sobre él a la misma puerta y le asesinaron. Lleno -de heridas arrastraron como furiosos su cadáver. Achacose entre otros -a tres negros el homicidio,<span class="pagenum" id="Page_241">p. -241</span> y sumariamente fueron condenados, ejecutados en la cárcel, -y ya difuntos puestos en la horca una mañana. Al asesinato de Trujillo -siguiéronse otros dos, el del corregidor de Velez-Málaga y el de Don -Bernabé Portillo, sujeto dado a la economía política, y digno de aprecio -por haber introducido en la abrigada costa de Granada el cultivo -del algodón. Su indiscreción contribuyó a acarrearle su pérdida. -Ambos habían sido presos y puestos en la cartuja extramuros para que -estuviesen más fuera del alcance de insultos populares. El 23 de junio, -día de la octava del Corpus, había en aquel monasterio una procesión. -Despachábase por los monjes con motivo de la fiesta mucho vino de su -cosecha, y un lego era el encargado de la venta. Viendo este a los -concurrentes alegres y enardecidos con el mucho beber, díjoles: «más -valía no dejar impunes a los dos traidores que tenemos adentro.» No fue -necesario repetir la aleve insinuación a hombres ebrios y casi fuera de -sentido. Entraron pues en el monasterio, sacaron a los dos infelices -y los apuñalaron en el Triunfo. Sañudo el pueblo parecía inclinarse -a ejecutar nuevos horrores, maliciosamente incitado por un fraile -de nombre Roldán. Doloroso es en verdad que ministros de un Dios de -paz embozados con la capa del patriotismo se convirtiesen en crueles -carniceros. Por dicha el síndico del común llamado Garcilaso distrajo -la atención de los sediciosos, y los persuadió a que no procediesen -contra otros sin suficientes y justificativas pruebas. La autoridad -no desperdició la noche que sobrevino: prendió a varios, y de<span -class="pagenum" id="Page_242">p. 242</span> ellos hizo ahorcar a nueve, -que cubiertas las cabezas con un velo, se suspendieron en el patíbulo, -enviando después a presidio al fraile Roldán. Aunque el castigo era -desusado en su manera, y recordaba el misterioso secreto de Venecia, -mantuvo el orden y volvió a los que gobernaban su vigoroso influjo. -Desde entonces no se perturbó la tranquilidad de Granada, y pudieron -sus jefes con más sosiego ocuparse en las medidas que exigía su noble -resolución.</p> - -<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de Extremadura.</div> - -<p>La provincia de Extremadura había empezado a desasosegarse desde -el famoso aviso del alcalde de Móstoles, que ya alcanzó a Badajoz en -4 de mayo. Era gobernador y comandante general el conde de la Torre -del Fresno, quien en su apuro se asesoró con el marqués del Socorro -general en jefe de las tropas que habían vuelto de Portugal. Ambos -convocaron a junta militar, y de sus resultas se dio el 5 una proclama -contra los franceses, la primera quizá que en este sentido se publicó -en España, enviando además a Lisboa, Madrid y Sevilla varios oficiales -con comisiones al caso e importantes. Obraron de buena fe Torre del -Fresno y Socorro en paso tan arriesgado; pero recibiendo nuevos -avisos de estar restablecida la tranquilidad en la capital, así uno -como otro mudaron de lenguaje y sostuvieron con empeño el gobierno de -Madrid. Habían alucinado a Socorro cartas de antiguos amigos suyos, -y halagádole la resolución de Murat de que volviese a su capitanía -general de Andalucía para donde en breve partió. Su ejemplo y sus -consejos arrastraron a Torre del Fresno que carecía de prendas que le -realzasen:<span class="pagenum" id="Page_243">p. 243</span> general -cortesano y protegido como paisano suyo por el príncipe de la Paz, -aplacíale más la vida floja y holgada que las graves ocupaciones de su -destino. Sin la necesaria fortaleza aun para tiempos tranquilos, mal -podía contrarrestar el torrente que amenazaba. La fermentación crecía, -menguaba la confianza hacia su persona, y avivando las pasiones los -impresos de Madrid que tanto las despertaron en Sevilla, trataron -entonces algunas personas de promover el levantamiento general. -Se contaban en su número y eran los más señalados Don José María -Calatrava, después ilustre diputado de cortes, el teniente rey Mancio -y el tesorero Don Félix Ovalle, quienes se juntaban en casa de Don -Alonso Calderón. Concertose en las diversas reuniones un vasto plan -que el 3 o 4 de junio debía ejecutarse al mismo tiempo en Badajoz y -cabezas de partido. En el ardor que abrigaban los pechos españoles no -era dado calcular friamente el momento de la explosión como en las -comunes conjuraciones. Ahora todos conspiraban, y conspiraban en calles -y plazas. Ciertos individuos formaban a veces propósito de enseñorearse -de esta disposición general y dirigirla; pero un incidente prevenía -casi siempre sus laudables intentos.</p> - -<p>Así fue en Badajoz, en donde un caso parecido al de la Coruña -anticipó el estampido. Había ordenado el gobernador que el 30, día de -San Fernando, no se hiciese la salva, ni se enarbolase la bandera. -Notose la falta, se apiñó la gente en la muralla, y una mujer -atrevida después de reprender a los artilleros cogió la mecha<span -class="pagenum" id="Page_244">p. 244</span> y prendió fuego a un -cañón. Al instante dispararon los otros, y a su sonido levantose -en toda la ciudad el universal grito de <i>viva Fernando VII y -mueran los franceses</i>. Cuadrillas de gente recorrieron las calles -con banderolas, panderos y sonajas, sin cometer exceso alguno. Se -encaminaron a casa del gobernador, cuya voz se empleó exclusivamente -en predicar la quietud. Impacientáronse con sus palabras los numerosos -espectadores, y ultrajáronle con el denuesto de traidor. Mientras -tanto y azarosamente llegó un postillón con pliegos, y se susurró ser -correspondencia sospechosa y de un general francés. Ciegos de ira y -sordos a las persuasiones de los prudentes, enfureciéronse los más -y treparon sin demora hasta entrarse por los balcones. Acobardado -Torre del Fresno se evadió por una puerta falsa, y en compañía de dos -personas aceleró sus pasos hacia la puerta de la ciudad que da al -Guadiana. Advirtiendo su ausencia siguieron la huella, le encontraron, -y rodeado de gran gentío se metió en el cuerpo de guardia sin haber -quien le obedeciese. Cundió que se fugaba, y en medio de la pendencia -que suscitó el quererle defender unos y acometerle otros, le hirió -un artillero, y lastimado de otros golpes de paisanos y soldados fue -derribado sin vida. Arrastraron después el cadáver hasta la puerta de -su casa, en cuyos umbrales le dejaron abandonado. Víctima inocente de -su imprudencia, nunca mereció el injurioso epiteto de traidor con que -amargaron sus últimos suspiros.</p> - -<p>El brigadier de artillería Don José Galluzo<span class="pagenum" -id="Page_245">p. 245</span> fue elevado al mando supremo, y al gobierno -de la plaza el teniente rey Don Juan Gregorio Mancio. Interinamente -se congregó una junta de unas veinte personas escogidas entre las -primeras autoridades y hombres de cuenta. Los partidos constituyeron -del mismo modo otras en sus respectivas comarcas, y unidos obedecieron -las órdenes de la capital. Hubo por todas partes el mejor orden, a -excepción de la ciudad de Plasencia y de la villa de los Santos, en -donde se ensangrentó el alzamiento con la muerte de dos personas. Las -clases sin distinción se esmeraron en ofrecer el sacrificio de su -persona y de sus bienes, y los mozos acudieron a enregimentarse como si -fuesen a una festiva romería.</p> - -<p>Entristeció sin embargo a los cuerdos el absoluto poder que por -pocos días ejerció el capitán Don Ramón Gavilanes, despachado de -Sevilla para anunciar su pronunciamiento. Al principio con nueva tan -halagüeña colmó su llegada de júbilo y satisfacción. Acibarose luego -al ver que por la flaqueza de Don José Galluzo procedió el Gavilanes -a manera de dictador de índole singular, repartiendo gracias y -honores, y aun inventando oficios y empleos antes desconocidos. La -junta sucumbió a su influjo, y confirmó casi todos los nombramientos; -mas volviendo en sí puso término a las demasías del intruso capitán, -procurando que se olvidase su propia debilidad y condescendencia -con las medidas enérgicas que adoptó. Después ella misma legitimó -la autoridad provincial convocando una junta a que fueron llamados -representantes<span class="pagenum" id="Page_246">p. 246</span> -de la capital, de los otros partidos, de los gremios y principales -corporaciones.</p> - -<p>Casi desmantelada la plaza de Badajoz y desprovistos sus habitantes -de lo más preciso para su defensa, fue su resolución harto osada, -estando el enemigo no lejos de sus puertas. Ocupaba a Elvas el general -Kellerman, y para disfrazar el estado de la ciudad alzada, se emplearon -mil estratagemas que estorbasen un impensado ataque. La guarnición -estaba reducida a 500 hombres. La milicia urbana cubría a veces el -servicio ordinario. Uno de los dos regimientos provinciales estaba -fuera de Extremadura, el otro permanecía desarmado. Las demás plazas de -la frontera, débiles de suyo, ahora lo estaban aún más, arruinándose -cada día las fortificaciones que las circuían. Todo al fin fue -remediándose con la actividad y celo que se desplegó. Al acabar junio -contó ya el ejército extremeño 20.000 hombres. Sirvieron mucho para -su formación los españoles que a bandadas se escapaban de Portugal a -pesar de la estrecha vigilancia de Junot: y de los pasados portugueses -y del propio ejército francés pudo levantarse un cuerpo de extranjeros. -Importantísimo fue para España y particularmente para Sevilla el que -se hubiera alzado Extremadura. Con su ayuda se interrumpieron las -comunicaciones directas de los franceses del Alentejo y de la Mancha, -y no pudieron estos ni combinar sus operaciones, ni darse la mano para -apagar la hoguera de insurrección encendida en la principal cabeza de -las Andalucías.</p> - -<div class="sidenote">Conmociones en<br/> Castilla la Nueva.</div> - -<p>Ocupadas u observadas de cerca por el ejército<span class="pagenum" -id="Page_247">p. 247</span> francés las cinco provincias en que se -divide Castilla la Nueva, no pudieron en lo general sus habitantes -formar juntas ni constituirse en un gobierno estable y regular. -Procuraron con todo en muchas partes cooperar a la defensa común, ya -enviando mozos y auxilios a las que se hallaban libres, ya provocando -y favoreciendo la deserción de los regimientos españoles que estaban -dentro de su territorio, y ya también hostigando al enemigo e -interceptando sus correos y comunicaciones. El ardor de Castilla por -la causa de la patria caminaba al par del de las otras provincias del -reino, y a veces raros ejemplos de valor y bizarría ennoblecieron e -ilustraron a sus naturales. Más adelante veremos los servicios que allí -se hicieron, sobre todo en la desprevenida y abierta Mancha. Ya desde -el principio se difundieron proclamas para excitar a la guerra, y aun -hubo parajes en que hombres atrevidos dieron acertado impulso a los -esfuerzos individuales.</p> - -<p>Penetradas de iguales sentimientos y alentadas por la protección -que las circunstancias les ofrecían, lícito les fue a las tropas que -tenían sus acantonamientos en los pueblos castellanos, desampararlos -e ir a incorporarse con los ejércitos que por todas partes se -levantaban. Entre las acciones que brillaron con más pureza en estos -días de entusiasmo y patriotismo, asombrosa fue y digna de mucha loa -la resolución de Don José Veguer, comandante de zapadores y minadores, -quien desde Alcalá de Henares y a tan corta distancia de Madrid -partió en los últimos días de mayo con 110 hombres, la caja,<span -class="pagenum" id="Page_248">p. 248</span> las armas, banderas, -pertrechos y tambores, y desoyendo las promesas que en su marcha -recibió de un emisario de Murat, en medio de fatigas y peligros, -amparado por los habitantes, y atravesando por la sierra de Cuenca, -tomó la vuelta de Valencia, a cuya junta se ofreció con su gente. Al -amor de la insurrección que cundía, buscaron los otros soldados el -honroso sendero ya trillado por los zapadores. Así se apresuraron -en la Mancha a imitar su glorioso ejemplo los carabineros reales, y -en Talavera sucedió otro tanto con los voluntarios de Aragón y un -batallón de Saboya que iban con destino a domeñar la Extremadura. ¿Qué -más? De Madrid mismo desertaban oficiales y soldados sueltos de todos -los cuerpos y partidas enteras, como se verificó con una de dragones -de Lusitania y otra del regimiento de España, la cual salió por sus -mismas puertas sin estorbo ni demora. Fácil es figurarse cuál sería -la sorpresa y aturdimiento de los franceses al ver el desorden y la -agitación que reinaban en las poblaciones mismas de que eran dueños, y -la desconfianza y desmayo que debían sembrarse en sus propias filas. -Por momentos se acrecentaban sus zozobras, pues cada día recibían la -nueva de alguna provincia levantada, y no poco los desconcertó el -correo portador de lo que pasaba en la parte oriental de España que -vamos a recorrer.</p> - -<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de Cartagena<br/> y -Murcia.</div> - -<p>Fue allí Cartagena la primera que dio la señal, compeliendo a -levantar el estandarte de independencia a Murcia y pueblos de su -comarca. Plaza de armas y departamento de marina<span class="pagenum" -id="Page_249">p. 249</span> reunía Cartagena un cúmulo de ventajas que -fomentaban el deseo de resistencia que la dominaba. Se esparció el -22 de mayo que el general Don José Justo Salcedo pasaba a Mahón para -encargarse de nuevo del mando de la escuadra allí fondeada y conducirla -a Toulon. Interesaba esta providencia a un departamento de cuya bahía -aquella escuadra había levado el ancla, y en donde se albergaban muchas -personas conexionadas con las tripulaciones de su bordo. Por acaso en -el mismo día vinieron las renuncias de Bayona, vehemente incitativo -al levantamiento de toda España, y con ellas otras noticias tristes y -desconsoladoras. Amontonándose a la vez novedades tan extraordinarias -causaron una tremenda explosión. El cónsul de Francia se refugió a un -buque dinamarqués. Reemplazó a Don Francisco de Borja, capitán general -del departamento, Don Baltasar Hidalgo de Cisneros, siendo después el -10 de junio inmediato asesinado el primero de resultas de un alboroto -a que dio ocasión un artículo imprudente de la Gaceta de Valencia. -Escogieron por gobernador al marqués de Camarena la Real, coronel -del regimiento de Valencia, y se formó en fin una junta de personas -distinguidas del pueblo, en cuyo número brillaba el sabio oficial de -marina Don Gabriel Ciscar. Cartagena declarada era un fuerte estribo -en que se podían apoyar confiadamente la provincia de Murcia y toda la -costa. Abiertos sus arsenales y depósitos de armas, era natural que -proveyesen en abundancia, como así lo hicieron, de pertrechos militares -a todos los que se agregasen para sostener la misma causa. Nada<span -class="pagenum" id="Page_250">p. 250</span> se omitió por la ciudad -después de su insurrección para aguijar a las otras. Y fue una de sus -oportunas y primeras medidas poner en cobro la escuadra de Mahón, a -cuyo puerto y con aquel objeto fue despachado el teniente de navío Don -José Duelo, quien llegando a tiempo impidió que se hiciese a la vela -como iba Salcedo a verificarlo conformándose con una orden de Murat -recibida por la vía de Barcelona.</p> - -<p>De los emisarios que Cartagena había enviado a otras partes -penetraron en Murcia a las siete de la mañana del 24 de mayo cuatro -oficiales aclamando a voces a Fernando VII. Se conmovió el pueblo -a tan desusado rumor, y los estudiantes de San Fulgencio, colegio -insigne por los claros varones que ha producido, se señalaron en -ser de los primeros a abrazar la causa nacional. Acrecentándose el -tumulto, los regidores con el cabildo eclesiástico y la nobleza -tuvieron ayuntamiento, y acordaron la proclamación solemne de Fernando, -ejecutándose en medio de universales vivas. No hubo desgracias en -aquella ciudad, y solo por precaución arrestaron a algunos mirados con -malos ojos por el pueblo y al que hacía de cónsul francés. En la de -Villena pereció su corregidor y algún dependiente suyo, hombres antes -odiados. Se eligió una junta de dieciséis personas entre las de más -monta, resaltando en la lista el nombre del conde de Floridablanca, -con quien a pesar de su avanzada edad todavía nos encontraremos. El -mando de las tropas se confió a Don Pedro González de Llamas, antiguo -coronel de milicias, y comenzaron a adoptarse<span class="pagenum" -id="Page_251">p. 251</span> medidas de armamento y defensa. Como esta -provincia por lo que respecta a lo militar dependía del capitán general -de Valencia, sus tropas obraron casi siempre y de consuno, por lo menos -en un principio, con las restantes de aquel distrito.</p> - -<p>Pero entre las provincias bañadas por el Mediterráneo -llamó la atención sobre todas la de Valencia. <span -class="sidenote">Levantamiento<br/> de Valencia.</span> Indispensable -era que así fuese al ver sus heroicos esfuerzos, sus sacrificios y -desgraciadamente hasta sus mismos y lamentables excesos. Tributáronse -a unos los merecidos elogios, y arrancaron los otros justos y acerbos -vituperios. Los naturales de Valencia activos e industriosos, pero -propensos al desasosiego y a la insubordinación, no era de esperar que -se mantuviesen impasibles y tranquilos, ahora que la desobediencia a la -autoridad intrusa era un título de verdadera e inmarcesible gloria. Sin -embargo ni los trastornos de marzo ni los pasmosos acontecimientos que -desde entonces se agolparon unos en pos de otros, habían suscitado sino -hablillas y corrillos hasta el 23 de mayo. En la madrugada de aquel día -se recibió la Gaceta de Madrid del 20, en la que se habían insertado -las renuncias de la familia real en la persona del emperador de los -franceses. Solían por entonces gentes del pueblo juntarse a leer dicho -papel en un puesto de la plazuela de las Pasas, encargándose uno de -satisfacer en voz alta la curiosidad de los demás concurrentes. Tocó en -el 23 el desempeño de la agradable tarea a un hombre fogoso y atrevido, -quien al relatar el artículo de las citadas renuncias rasgó<span -class="pagenum" id="Page_252">p. 252</span> la Gaceta y lanzó el primer -grito de <i>viva Fernando VII y mueran los franceses</i>. Respondieron -a su voz los numerosos oyentes, y corriendo con la velocidad del -rayo se repitió el mismo grito hasta en los más apartados lugares -de la ciudad. Se aumentó el clamoreo agrupándose miles de personas, -y de tropel acudieron a la casa del capitán general, que lo era el -conde de la Conquista. En vano intentó este apaciguarlos con muchas y -atentas razones. El tumulto arreció, y en la plazuela de Santo Domingo -mostráronse sobre todo los amotinados muy apiñados y furiosos.</p> - -<p>Faltábales caudillo, y allí por primera vez se les presentó el P. -Juan Rico, religioso franciscano, el cual resuelto, fervoroso, perito en -la popular elocuencia y resguardado con el hábito que le santificaba -a los ojos de la muchedumbre, unía en su persona poderosos alicientes -para arrastrar tras sí a la plebe, dominarla e impedir que enervase -esta su fuerza con el propio desorden.</p> - -<p>Arengó brevemente al innumerable auditorio, le indicó la necesidad -de una cabeza, y todos le escogieron para que llevase la voz. Excusose -Rico, insistió el pueblo, y al cabo cediendo aquel, fue llevado -en hombros desde la plazuela de Santo Domingo al sitio en que el -real acuerdo celebraba sus sesiones. Hubo entre los individuos de -esta corporación y el P. Rico largo coloquio, esquivando aquellos -condescender con las peticiones del pueblo, y persistiendo el último -tenazmente en su invariable propósito. Acalorándose con la impaciencia -los ánimos, asintieron<span class="pagenum" id="Page_253">p. -253</span> las autoridades a lo que de ellas se exigía, y se nombró por -general en jefe del ejército que iba a formarse al conde de Cervellón, -grande de España, propietario rico del país, aunque falto de las raras -dotes que semejante mando y aquellos tiempos turbulentos imperiosamente -reclamaban. Como el de la Conquista y el real acuerdo habían con -repugnancia sometídose a tamaña resolución, procuraron escudarse con -la violencia dando subrepticiamente parte a Madrid de lo que pasaba, y -pidiendo con ahínco un envío de tropas que los protegiese. El pueblo -ignorante de la doblez tranquilamente se recogió a sus casas la noche -del 23 al 24. En ella había el arzobispo tanteado a Rico, y ofrecídole -una cuantiosa suma si quería desamparar a Valencia, cuyo paso habiendo -fallado por la honrosa repulsa del solicitado, se despertaron los -recelos, y en acecho los principales promovedores del alboroto -prepararon otro mayor para la mañana siguiente.</p> - -<p>Rico se había albergado aquella noche en el convento del Temple -en el cuarto de un amigo. Muy temprano y a la sazón en que el pueblo -empezó a conmoverse, fue a visitarle el capitán de Saboya Don -Vicente González Moreno con dos oficiales del propio cuerpo. Era de -importancia su llegada, porque además de aunarse así las voluntades -de militares y paisanos, tenía Moreno amistad con personas de mucho -influjo en el pueblo y huerta de Valencia, tales eran Don Manuel y -Don Mariano Beltrán de Lis, quienes de antemano juntábanse con otros -a deplorar los males que amenazaban a la patria, pagaban gente<span -class="pagenum" id="Page_254">p. 254</span> que estuviese a su favor, -y atizaban el fuego encubierto y sagrado de la insurrección. Concordes -en sentimientos Moreno y Rico meditaron el modo de apoderarse de la -ciudadela.</p> - -<p>Un impensado incidente estuvo entre tanto para envolver a Valencia -en mil desdichas. La serenidad y valor de una dama lo evitó felizmente. -Habíase empeñado el pueblo en que se leyesen las cartas del correo que -iba a Madrid, y en vano se cansaron muchos en impedirlo. La valija que -las contenía fue trasportada a casa del conde de Cervellón, y a poco de -haber comenzado el registro se dio con un pliego que era el duplicado -del parte arriba mencionado, y en el que el real acuerdo se disculpaba -de lo hecho, y pedía tropas en su auxilio. Viendo la hija del conde, -que presenciaba el acto, la importancia del papel, con admirable -presencia de ánimo al intentar leerle le cogió, rasgole en menudos -pedazos, e imperturbablemente arrostró el furor de la plebe amotinada. -Esta, si bien colérica, quedó absorta, y respetó la osadía de aquella -señora que preservó de muerte cierta a tantas personas. Acción digna de -eterno loor.</p> - -<p>En el mismo día 24 y conforme a la conmoción preparada pensaron -Rico, Moreno y sus amigos en enseñorearse de la ciudadela. Con pretexto -de pedir armas para el pueblo se presentaron en gran número delante del -acuerdo, y como este contestase, según era cierto, que no las había, -exigieron los amotinados para cerciorarse con sus propios ojos que se -les dejase visitar la ciudadela, en donde debían estar depositadas. -Se concedió el permiso a Rico con otros<span class="pagenum" -id="Page_255">p. 255</span> ocho; pero llegados que fueron, todos -entraron de montón, pasando a su bando el barón de Rus que era -gobernador. Gran brío dio este suceso a la revolución, y tanto que -sin resistencia de la autoridad se declaró el día 25 la guerra contra -los franceses, y se constituyó una junta numerosísima en que andaba -mezclada la más elevada nobleza con el más humilde artesano.</p> - -<p>La situación empero de Valencia hubiera sido muy peligrosa, si -Cartagena no la hubiese socorrido con armas y pertrechos de guerra. -Estaba en esta parte tan exhausta de recursos que aun de plomo carecía; -pero para suplir tan notable falta empezó igualmente la fortuna a -soplar con próspero viento. Por singular dicha arribó al Grao una -fragata francesa cargada con 4000 quintales de aquel metal, la cual -sin noticia del levantamiento vino a ponerse a la sombra de las -baterías del puerto, dándole caza un corsario inglés. A la entrada fue -sorprendida y apresada, y se envió a su contrario, que bordeaba a la -banda de afuera, un parlamento para comunicarle las grandes novedades -del día, y confiarle pliegos dirigidos a Gibraltar. En esta doble y -feliz casualidad vio el pueblo la mano de la providencia, y se ensanchó -su ánimo alborozado.</p> - -<p>Hasta ahora en medio del conflicto que había habido entre las -autoridades y los amotinados no se había cometido exceso alguno. -Sospechas nacidas del acaso empezaron a empañar la revolución -valenciana, y acabaron al fin por ensangrentarla horrorosamente.</p> - -<p>Don Miguel de Saavedra, barón de Albalat, había sido uno de los -primeros nombrados de la<span class="pagenum" id="Page_256">p. -256</span> junta para representar en ella a la nobleza. Mas reparándose -que no asistía, se susurró haber pasado a Madrid para dar en persona -cuenta a Murat de las ruidosas asonadas: rumor falso e infundado. -Solamente había de cierto que el barón, odiado por el pueblo desde años -atrás en que como coronel de milicias decíase haber mandado hacer -fuego contra la multitud opuesta a la introducción y establecimiento -de aquel cuerpo, creyó prudente alejarse de Valencia mientras durase -el huracán que la azotaba, y se retiró a Buñol siete leguas distante. -Su ausencia renovó la antigua llaga todavía no bien cerrada, y el -espíritu público se encarnizó contra su persona. Para aplacarle ordenó -la junta que pues había el barón rehusado acudir a sus sesiones, se -presentase arrestado en la ciudadela. Obedeció, y al tiempo que el 29 -de mayo regresaba a Valencia, se encontró a tres leguas, en el Mas -del Poyo, con el pueblo, que impaciente había salido a aguardar el -correo que venía de Madrid. Por una aciaga coincidencia el de Albalat -y el correo llegaron juntos, con lo cual tomaron cuerpo las sospechas. -Entonces a pesar de sus vivas reclamaciones cogiéronle y le llevaron -preso. A media legua de la ciudad se adelantó a protegerle una partida -de tropa al mando de Don José Ordóñez, quien a ruegos del barón en vez -de conducirle directamente a la ciudadela, torció a casa de Cervellón, -extravío que en parte coadyuvó a la posterior catástrofe, extendiéndose -la voz de su vuelta, y dando lugar a que se atizase el encono público y -aun el privado. Entró en aquellos umbrales amagado ya por los puñales -de la<span class="pagenum" id="Page_257">p. 257</span> plebe: aceleró -hacia allí sus pasos el P. Rico, y vio al barón tendido sobre un sofá -pálido y descaecido. El infeliz se arrojó a los brazos de quien podía -ampararle en su desconsuelo, y con trémulo y penetrante acento le dijo: -«Padre, salve usted a un caballero que no ha cometido otro delito que -obedecer a la orden de que regresase a Valencia.» Rico se lo prometió, -y contando para ello con la ayuda de Cervellón fue en su busca; pero -este no menos atemorizado que el perseguido se había metido en la -cama con el simulado motivo de estar enfermo, y se negó a verle, y a -favorecer a un desgraciado con quien le enlazaba antigua amistad y -deudo. Ruin villanía y notable contraposición con el valor e intrepidez -que en el asunto de las cartas había mostrado su hija.</p> - -<p>Entonces el P. Rico, pidiendo el pueblo desaforadamente la cabeza -del barón, determinó con intento de salvarle que se le trasladase a -la ciudadela, metiéndole en medio de un cuadro de tropa mandado por -Moreno. Sin que fuese roto por los remolinos y oleadas de la turba, -consiguieron llegar al pedestal del obelisco de la plaza. Allí al fin -forzó el pueblo el cuadro, penetró por todos lados, y sordo a las -súplicas y exhortaciones de Rico dieron de puñaladas en sus propios -brazos al desventurado barón, cuya cabeza cortada y clavada en una pica -la pasearon por la ciudad. Difundiose en toda ella un terror súbito, y -la nobleza para apartar toda sospecha aumentó sus ofrecimientos y formó -un regimiento de caballería de individuos suyos, que no deslucieron el -esplendor de su cuna en empeñadas acciones.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_258">p. 258</span>Triste y doloroso -como fue el asesinato del barón de Albalat, desaparece a la vista de la -horrorosa matanza que a pocos días tuvo que llorar Valencia, y a cuyo -recuerdo la pluma se cae de la mano. En 1.º de junio se presentó en -aquella ciudad Don Baltasar Calvo, canónigo de San Isidro de Madrid, -hombre travieso, de amaño, fanático y arrebatado, con entendimiento -bastantemente claro. Entre los dos bandos que anteriormente habían -dividido a los prebendados de su iglesia de jansenistas y jesuitas, se -había distinguido como cabeza de los últimos, y ensañádose en perseguir -a la parcialidad contraria. Ahora tratando de amoldar a su ambición -las doctrinas que tenazmente había siempre sostenido, notó muy luego -que el padre Rico con su influjo pudiera en gran manera servirle, e -hizo resolución de trabar con él amistad; pero ya fuesen celos, o -ya que en uno hubiera mejor fe que en otro, no pudieron entenderse -ni concordarse. El astuto Calvo procuró entonces urdir con otros la -espantosa trama que meditaba. Para encubrir sus torcidos manejos -distraía con apariencias de santidad la atención del pueblo, tardando -mucho en decir misa, y permaneciendo arrodillado en los templos cuatro -o cinco horas en acto de contrita y fervorosa oración. Quería ser -dominador de Valencia, y creyó que con la hipocresía y con poner en -práctica la infernal maquinación de matar a los franceses, cautivaría -el ánimo del pueblo que tanto los odiaba. Para alcanzar su intento era -necesario comenzar por apoderarse de la ciudadela, en cuyo recinto -había ordenado<span class="pagenum" id="Page_259">p. 259</span> -la junta que aquellos se recogiesen, precaviéndolos de todo daño y -respetando religiosamente sus propiedades y haberes. No era difícil la -empresa, porque solo habían quedado allí de guarnición unos cuantos -inválidos, habiéndose ausentado con su gente para formar una división -en Castellón de la Plana Don Vicente Moreno, nombrado antes por la -junta gobernador de dicha ciudadela. Calvo conoció bien que dueño de -este punto tenía en sus manos una prenda muy importante, y que podría a -mansalva cometer la proyectada carnicería.</p> - -<p>Él y sus cómplices fijaron el 5 de junio para la ejecución de -su espantoso plan, y repentinamente al anochecer, levantando gran -gritería y alboroto, sin obstáculo penetraron dentro de los muros de -la ciudadela y la dominaron. Fue Calvo de los primeros que entraron, -y apresurándose a poner en obra su proyecto se complació en unir -a la crueldad la más insigne perfidia. Porque presentándose a los -franceses detenidos, con aire de compunción les dijo: «que intentando -el populacho matarlos, movido de piedad y caridad cristiana se había -anticipado a preservarlos, disponiendo él a escondidas que se evadiesen -por el postigo que daba al campo, y partiesen al Grao, en donde -encontrarían barcos listos para transportarlos a Francia.» Al propio -tiempo que de aquel modo con ellos se expresaba, había preparado para -determinarlos y azorar aún más sus caídos ánimos que se diesen por los -agavillados gritos amenazadores de <i>traición</i> y <i>venganza</i>. -Con semejante amago cedieron los presos a las insinuaciones<span -class="pagenum" id="Page_260">p. 260</span> del fingido amigo, y -trataron de salir por el postigo indicado. Al ir a ejecutarlo corrió -la voz de que se salvaban los franceses, y hombres ciegos y rabiosos -se atropellaron hacia su estancia. Dentro comenzó el horrible estrago: -presidíale el feroz clérigo. Hubo tan solo un intermedio en que se -llamaron confesores para asistir en su última hora a las infelices -víctimas. Aprovechándose de aquellos breves instantes algunas personas -humanas volaron a su socorro, acompañadas de imágenes y reliquias -veneradas por los valencianos. Su presencia y las enternecidas súplicas -de los respetables confesores a veces apiadaban a los verdugos; pero el -furibundo Calvo, convertido en carnívora fiera, acallaba con el terror -las lágrimas y los quejidos de los que intercedían en favor de tantos -inocentes, y estimulaba a sus sicarios añadiendo a las esperanzas de un -asalariado cebo la blasfemia de que nada era más grato a los ojos de -la divinidad que el matar a los franceses. Quedaban vivos setenta de -estos desgraciados, y menos bárbaros los ejecutores que su sanguinario -jefe, suspendieron la matanza, y pidieron que se les hiciese gracia. -Fingió Calvo acceder a su ruego seguro de que en vano hubiera insistido -en que se continuase el destrozo, y mandó que los sacasen por fuera -del muro a la torre de Cuarte. Mas, ¡quién creyera tamaña ferocidad! -Aquel tigre había a prevención apostado una cuadrilla de bandidos cerca -de la plaza de toros, y al emparejar con ella los que ya se juzgaban -libres, se vieron acometidos por los encubiertos asesinos, quienes fría -y traidoramente los traspasaron<span class="pagenum" id="Page_261">p. -261</span> con sus espadas y puñales. Perecieron en la noche 330 -franceses: pensose que con la oscuridad se pondría término a tan -bárbaro furor, pero el de Calvo no estaba todavía satisfecho.</p> - -<p>Al empezar el alboroto había la junta comisionado a Rico para que le -enfrenase y estorbara los males que amagaban. Inútiles fueron ofertas, -ruegos y amenazas. La voz de su primer caudillo fue tan desoída por -los amotinados como cuando mataron a Albalat. Nueva prueba si de ella -se necesitase de que «los tribunos del pueblo [según la expresión -de Tito Livio] más bien que rigen son regidos casi siempre por la -multitud.»[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_3-5" -id="Ll_3-5">3-5</a>.)</span> Calvo ensoberbecido se erigió en señor -absoluto, y durante la carnicería de la ciudadela expidió órdenes a -todas las autoridades, y todas ellas humildemente se le sometieron -empezando por el capitán general. Rico desfallecido temió por su -persona y se recogió a un sitio apartado. Sin embargo por la mañana -recobrando sus abatidas fuerzas montó a caballo, y confiando en que -la multitud con su inconstancia desampararía a su nuevo dueño, pensó -en prenderle, y estaba a punto de conseguir contra su rival un seguro -triunfo, cuando el coronel Don Mariano Usel propuso en la junta que se -nombrase a Calvo individuo suyo. Le apoyaron otros dos, por lo que de -resultas hubo quien a estos y al Usel los sospechara de no ignorar del -todo el origen de los horrores cometidos.</p> - -<p>Calvo en la mañana del 6 todavía empapado en la inocente sangre tomó -asiento en la junta. Consternados estaban todos sus miembros,<span -class="pagenum" id="Page_262">p. 262</span> y solo Rico despechado -por el suceso de la anterior noche, alzó la voz, dirigió con energía -su discurso al mismo Calvo, acriminó con negros colores su conducta, -y afirmó que Valencia estaba perdida si al instante no se cortaba -la cabeza a aquel malvado. Sorprendiose Calvo, pasmáronse los otros -circunstantes, y en esto andaban cuando una parte del populacho -destacada por su jefe sediento de sangre, después de haber recorrido -las casas en que se guarecían unos pocos franceses y de haberlos -muerto, arrastró consigo a la presencia de la misma junta ocho de -aquellos desgraciados que quiso inmolar en la sala de las sesiones. -El cónsul inglés Tupper que antes había salvado a algunos, intentó -inútilmente y con harto riesgo de su persona libertar a estos. Los -individuos de aquella corporación amedrentados precipitadamente se -dispersaron, salpicándose sus vestidos con la sangre de los ocho -infelices franceses, vertida sin piedad por infames matadores. Todo -fue entonces terror y espanto. Rico se escondió y aun dos veces mudó -de disfraz, temiendo la inevitable venganza de Calvo que triunfante -dominaba solo, y se disponía a ejecutar actos de inaudita ferocidad.</p> - -<p>Felizmente no todos se descorazonaron: al contrario los hubo que -trabajando en silencio por la noche, pudieron congregar la junta en -la mañana del 7. Vuelto en sí Rico del susto llevó principalmente la -voz, y queriendo los asistentes no ser envueltos en la ruina común -que amenazaba, decretaron el arresto de Calvo, y antes de que este -pudiera ser avisado diéronse<span class="pagenum" id="Page_263">p. -263</span> priesa a ejecutar la resolución convenida, sorprendiéronle -y sin tardanza le pusieron a bordo de un barco que le trasladó a -Mallorca. Allí permaneció hasta últimos de junio, en que preso se le -volvió a traer a Valencia para ser juzgado. Grandes y honrosos sucesos -acaecieron en el intervalo en aquella ciudad, y con los cuales lavó -algún tanto el negro borrón que los asesinatos habían echado sobre su -gloria. Ahora aunque anticipemos la serie de los acontecimientos, será -bien que concluyamos con los hechos de Calvo y de sus cómplices. Así -con el pronto y severo castigo respirará el lector angustiado con la -nefanda relación de tantos crímenes.</p> - -<p>Habiendo vuelto Calvo a Valencia, alegó conforme a la doctrina de su -escuela en una defensa que extendió por escrito, que si había obrado -mal había sido por hacer el bien, debiendo la intención ponerle a salvo -de toda inculpación. Aquí tenemos renovada la regla invariable de los -sectarios de Loyola, a quienes todo les era lícito, con tal que, como -dice Pascal,[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_3-6" -id="Ll_3-6">3-6</a>.)</span> supiesen <i>dirigir la intención</i>. No -le sirvió de descargo a Calvo, porque condenado a la pena de garrote -fue ajusticiado en la cárcel a las doce de la noche del 3 de julio, y -expuesto su cadáver al público en la mañana del 4. Hubo en la formación -y sentencia de la causa algunas irregularidades, que a pesar de la -atrocidad de los crímenes del reo hubiera convenido evitar. Achacose -también a Calvo haber procedido en virtud de comisión de Murat. -Careció de verosimilitud y de fundamento tan extraña acusación.<span -class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span> Se inventó para hacerle -odioso a los ojos de la muchedumbre, y poder más fácilmente atajarle -en su desenfreno. Fue hombre fanático y ambicioso, que mezclando y -confundiendo erróneos principios con sus feroces pasiones, no reparó en -los medios de llevar a cabo un proyecto que le facilitase obtener el -principal y quizá exclusivo influjo en los negocios del día.</p> - -<p>La junta pensó además en hacer un escarmiento en los otros -delincuentes. Creó con este objeto un tribunal de seguridad pública, -compuesto de tres magistrados de la audiencia D. José Manescau, y los -señores Villafañe y Fuster. Había la previsión del primero preparado -una manera fácil de descubrir a los matadores, y la cual en parte la -debió a la casualidad. En la mañana que siguió a la cruel carnicería -quince o veinte de los asesinos con las manos aún teñidas en sangre, -creyendo haber procedido según los deseos de la junta, se presentaron -para entregar los relojes y alhajas de que habían despojado a los -franceses muertos, y pidieron en retribución del acto patriótico que -habían ejecutado alguna recompensa. El advertido Manescau condescendió -en dar a cada uno treinta reales, pero con la precaución al escribano -de que les tomase los nombres bajo pretexto que era preciso aquella -formalidad para justificar que habían cobrado el dinero. Partiendo de -este antecedente pudo probarse quiénes eran los reos, y en el espacio -de dos meses se ahorcó públicamente y se dio garrote en secreto a más -de doscientos individuos. Severidad que a algunos pareció áspera, pero -sin ella la anarquía a duras<span class="pagenum" id="Page_265">p. -265</span> penas se hubiera reprimido en Valencia y en otros pueblos -de su reino, entre los que Castellón de la Plana y Ayora habían visto -también perecer a su gobernador y alcalde mayor. Con el ejemplo dado la -autoridad recobró la conveniente fuerza.</p> - -<p>Luego que la junta se vio desembarazada de Calvo y de sus -infernales maquinaciones, se ocupó con más desahogo en el alistamiento -y organización de su ejército. El tiempo urgía, repetidos avisos -anunciaban que los franceses disponían una expedición contra aquella -provincia, y era preciso no desaprovechar tan preciosos momentos. -Cartagena suministró inmediatos recursos, y con ellos y los que -pudieron sacarse del propio suelo se puso la ciudad de Valencia en -estado de defensa. Al mismo tiempo se dirigió sobre Almansa un cuerpo -de 15.000 hombres al mando del conde de Cervellón, a quien se juntó de -Murcia Don Pedro González de Llamas, y otro de 8000 bajo las de Don -Pedro Adorno se situó en las Cabrillas. Tal estaba el reino de Valencia -antes de ser atacado por el mariscal Moncey, de cuya campaña nos -ocuparemos después.</p> - -<p>La justa indignación abrigada en todos los pechos bullía con -acelerados latidos en el de los moradores del antiguo asiento de las -franquezas y libertades españolas, en la inmortal Zaragoza. <span -class="sidenote">Levantamiento<br/> de Aragón.</span> Gloria duradera -le estaba reservada, y la patria de Lanuza renovó en nuestros días -las proezas que solemos colocar entre las fábulas de la historia. -Su levantamiento sin embargo nada ofreció de nuevo ni singular, -caminando<span class="pagenum" id="Page_266">p. 266</span> por los -mismos pasos por donde habían ido algunas de las otras provincias. -Con mayo empezaron los corrillos y las conversaciones populares, y -al recibirse el correo de Madrid agrupábanse las gentes a saber las -novedades que traía. Siendo por momentos más tristes y adversas, -aguardaban todos que la inquieta curiosidad finalizaría por una -estrepitosa explosión. Repartieron en efecto el 24 las cartas -llegadas por la mañana, y de boca en boca cundió velozmente cómo -Napoleón se erigía en dueño de la monarquía española de resultas -de haber renunciado la corona en favor suyo la familia de Borbón. -Instantáneamente se armó gran bulla; y hombres, mujeres y niños se -precipitaron a casa del capitán general Don Jorge Juan de Guillelmi. -Los vecinos de las parroquias de la Magdalena y San Pablo concurrieron -en gran número capitaneados por varios de los suyos y entre ellos el -tío Jorge, que era del arrabal. Descolló el último sobre todos, y la -energía de su porte, el sano juicio que le distinguía, lo recto de su -intención y el varonil denuedo con que a cada paso expuso después su -vida, le hacen acreedor a una honrosa y particular mención. Hombre sin -letras y desnudo de educación culta, halló en la nobleza de su corazón -y como por instinto los elevados sentimientos que han ilustrado a los -varones esclarecidos. Su nombre aunque humilde, escrito al lado de -ellos, resplandecerá sin deslucirlos.</p> - -<p>La muchedumbre pidió al capitán general que hiciera dimisión del -mando. Costó mucho que se resolviese al sacrificio, mas forzado a ello -y<span class="pagenum" id="Page_267">p. 267</span> conducido preso a -la Aljafería, fue interinamente sustituido por su segundo el general -Mori. Al anochecer se embraveció el tumulto, y desconfiándose del nuevo -jefe por ser italiano de nación, se convidó con el mando a Don Antonio -Cornel, antiguo ministro de la guerra, quien rehusó aceptarle.</p> - -<p>Mori el 25 congregó una junta, la cual tímida como su presidente -buscaba paliativos que sin desdoro ni peligro sacasen a sus miembros -del atascadero en que estaban hundidos: inútiles y menguados medios en -violentas crisis. Enfadose el pueblo con la tardanza, volviendo sus -inquietas miradas hacia Don José Palafox y Melci. Recordará el lector -que este militar a últimos de abril, en comisión de su jefe el marqués -de Castelar, había ido a Bayona para informar al rey de lo ocurrido -en la soltura y entrega del príncipe de la Paz. Continuó allí hasta -los primeros días de mayo, en que se asegura regresó a España con -encargo parecido al que por el propio tiempo se dio a la junta suprema -de Madrid para resistir abiertamente a los franceses. Penetró Palafox -por Guipúzcoa, de donde se trasladó a la Torre de Alfranca, casa de -campo de su familia cerca de Zaragoza. Permaneciendo misteriosamente -en su retiro, movió a sospecha al general Guillelmi, quien le intimó -la orden de salir del reino de Aragón. Tenemos entendido que Palafox -incomodado entonces, se arrimó a los que anhelaban por un rompimiento, -y que no sin noticia suya estalló la revolución zaragozana. Por fin -al oscurecer del 25, depuesto ya Guillelmi y quejoso el pueblo de -Mori, se despacharon a Alfranca<span class="pagenum" id="Page_268">p. -268</span> 50 paisanos para traer a la ciudad a Palafox. Al principio -se negó a ir aparentando disculpas, y solo cedió al expreso mandato que -le fue enviado por el interino capitán general.</p> - -<p>Al entrar en Zaragoza pidió que se juntase el acuerdo en la mañana -del 26 con intento de comunicarle cosas del mayor interés. En la sesión -celebrada aquel día hizo uso de las insinuaciones que se le habían -hecho en Bayona para resistir a los franceses, y sobre las cuales -a causa de estar S. M. en manos de su enemigo se guardó profundo -silencio. Rogó después que se le desembarazase de la importunidad -del pueblo que se manifestaba deseoso de nombrarle por caudillo, -añadiendo no obstante que su vida y haberes los inmolaría con gusto -en el altar de la patria. Enmudecieron todos, y vislumbraron que no -desagradaban a los oídos de Palafox los clamores prorrumpidos por el -pueblo en alabanza suya. Aguardaba la multitud impaciente a las puertas -del edificio, e insistiendo por dos veces en que se eligiese capitán -general a su favorecido, alcanzó la demanda cediendo Mori el puesto que -ocupaba.</p> - -<p>Alzado a la dignidad suprema de la provincia Don José Palafox y -Melci fue obedecido en toda ella, y a su voz se sometieron con gusto -los aragoneses de acá y allá del Ebro. Admiró su elevación, y aún -más que en sus procedimientos no desmereciese de la confianza que -en él tenía el pueblo. Todavía mancebo, pues apenas frisaba con los -veintiocho años, bello y agraciado de rostro y de persona, con traeres -apuestos y cumplidos, cautivaba Palafox la afición de cuantos<span -class="pagenum" id="Page_269">p. 269</span> le veían y trataban. Pero -si la naturaleza con larga mano le había prodigado las perfecciones -del cuerpo, no se creía hasta entonces que hubiese andado tan generosa -en punto a las dotes del entendimiento. Buscado y requerido por las -damas de la corrompida corte de Carlos IV, se nos ha asegurado que con -porfiado empeño desdeñó el rendimiento obsequioso de la que entre todas -era, si no la más hermosa, por lo menos la más elevada. Esta tenacidad -fue una de las principales calidades de su alma, y la empleó más -oportuna y dignamente en la memorable defensa de Zaragoza. Sin práctica -ni conocimiento de la milicia ni de los negocios públicos, tuvo el -suficiente tino para rodearse de personas que por su enérgica decisión, -o su saber y experiencia le sostuviesen en los apurados trances, o le -ayudasen con sus consejos. Tales fueron el padre Don Basilio Bogiero, -de la Escuela pía, su antiguo maestro; Don Lorenzo Calvo de Rozas, que -habiendo llegado de Madrid el 28 de mayo fue nombrado corregidor e -intendente, y el oficial de artillería Don Ignacio López, a quien se -debió en el primer sitio la dirección de importantes operaciones.</p> - -<p>Para legitimar solemnemente el levantamiento convocó Palafox a -cortes el reino de Aragón. Acudieron los diputados a Zaragoza, y el -día 9 de junio abrieron sus sesiones [*] <span class="sidenote">(* Ap. -n. <a href="#Ap_3-6b" id="Ll_3-6b">3-6 bis</a>.)</span> en la casa -de la ciudad, asistiendo 34 individuos que representaban los cuatro -brazos, en cuyo número se comprendía el de las ocho ciudades de voto en -cortes. Aprobaron estas todo lo actuado antes de su reunión, y después -de nombrar a Don José Rebolledo<span class="pagenum" id="Page_270">p. -270</span> de Palafox y Melci capitán general, juzgaron prudente -separarse, formando una junta de 6 individuos que de acuerdo con el -jefe militar atendiese a la defensa común. La autoridad y poder de este -nuevo cuerpo fueron más limitados que el de las juntas de las otras -provincias, siendo Palafox la verdadera, y por decirlo así, la única -cabeza del gobierno. Dependió no poco esta diferencia de la particular -situación en que se halló Zaragoza, la cual temiendo ser prontamente -acometida por los franceses, necesitaba de un brazo vigoroso que la -guiase y protegiese. Era esto tanto más urgente cuanto la ciudad estaba -del todo desabastecida. No llegaba a 2000 hombres el número de tropas -que la guarnecían, inclusos los miñones y partidas sueltas de bandera. -De doce cañones se componía toda la artillería, y esta no gruesa, -escaseando en mayor proporción los otros pertrechos. En vista de tamaña -miseria apresuráronse Palafox y sus consejeros a reunir la gente que -de todas partes acudía, y a organizarla, empleando para ello a los -oficiales retirados y a los que de Pamplona, San Sebastián, Madrid, -Alcalá y otros puntos sucesivamente se escapaban. Restableció en la -formación de los nuevos cuerpos el ya desusado nombre de tercios, bajo -el que la antigua infantería española había alcanzado tantos laureles, -distinguiéndose más que todos el de los estudiantes de la universidad, -disciplinado por el barón de Versages. Se recogieron fusiles, escopetas -y otras armas, se montaron algunas piezas arrinconadas o viejas, y -la fábrica de pólvora de Villafeliche suministró municiones. Escasos -recursos si<span class="pagenum" id="Page_271">p. 271</span> a todo no -hubiera suplido el valor y la constancia aragonesa.</p> - -<p>El levantamiento se ejecutó en Zaragoza sin que felizmente se -hubiese derramado sangre. Solamente se arrestaron las personas que -causaban sombra al pueblo.</p> - -<p>Enérgico como los demás, fue en especial notable su primer -manifiesto por dos de los artículos que comprendía. «1.º Que el -emperador, todos los individuos de su familia, y finalmente todo -general francés, eran personalmente responsables de la seguridad del -rey y de su hermano y tío. 2.º Que en caso de un atentando contra -vidas tan preciosas, para que la España no careciese de su monarca -<i>usaría la nación de su derecho electivo</i> a favor del archiduque -Carlos, como nieto de Carlos III, siempre que el príncipe de Sicilia -y el infante Don Pedro y demás herederos no pudieran concurrir.» -Échase de ver en la cláusula notada con bastardilla que al paso que -los aragoneses estaban firmemente adictos a la forma monárquica de su -gobierno, no se habían borrado de su memoria aquellos antiguos fueros -que en la junta de Caspe les habían dado derecho a elegir un rey, -conforme a la justicia y pública conveniencia.</p> - -<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de Cataluña.</div> - -<p>«Cataluña, como dice Melo, una de las provincias de más primor, -reputación y estima que se halla en la grande congregación de estados -y reinos, de que se formó la nación española» levantó erguida su -cerviz humillada por los que con fementido engaño habían ocupado sus -principales fortalezas. Mas desprovistos los habitantes de este apoyo, -sobre todo del de Barcelona,<span class="pagenum" id="Page_272">p. -272</span> grande e importante por el armamento, vestuario, tropa, -oficialidad y abundantes recursos que en su recinto se encerraban, -faltoles un centro de donde emanasen con uniforme impulso las -providencias dirigidas a conmover las ciudades y pueblos de su -territorio. No por eso dejaron de ser portentosos sus esfuerzos, y si -cabe en ellos y en admirable constancia sobrepujó a todas la belicosa -Cataluña. Solamente obstruida y cortada por el ejército enemigo, tuvo -al pronto que levantarse desunida y en separadas porciones, tardando -algún tiempo en constituirse una junta única y general para toda la -provincia.</p> - -<p>Las conmociones empezaron a últimos de mayo y al entrar junio. -Dentro del mismo Barcelona se desgarraron el 31 de aquel mes los -carteles que proclamaban la nueva dinastía. Hubo tumultuosas reuniones, -andúvose a veces a las manos, y resultaron muertes y otros disgustos. -Los franceses se inquietaron bastantemente, ya por lo populoso de la -ciudad, y ya también porque el vecindario amotinado hubiera podido -ser sostenido por 3500 hombres de buena tropa española, que todavía -permanecían dentro de la plaza, y cuyo espíritu era del todo contrario -a los invasores. Sin embargo acalláronse allí los alborotos, pero no en -las poblaciones que estaban fuera del alcance de la garra francesa.</p> - -<p>Había Duhesme, su general, pensado en hacerse dueño de Lérida para -conservar francas sus comunicaciones con Zaragoza. Consiguió al efecto -una orden de la junta de Madrid, ya no débil, pero sí culpable, la -cual ordenó la entrega a la tropa extranjera. Cauto sin embargo el -general<span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span> francés envió -por delante al regimiento de Extremadura, que no pudiendo como español -despertar las sospechas de los leridanos le allanase sin obstáculo la -ocupación. Penetraron no obstante aquellos habitantes intención tan -siniestra, y haciendo en persona la guardia de sus muros rogaron a -los de Extremadura que se quedasen afuera. Con gusto condescendieron -estos aguardando en la villa de Tárrega favorable coyuntura para pasar -a Zaragoza, en cuyo sitio se mantuvieron firmes apoyos de la causa -de su patria. Lérida por tanto fue la que primero se armó y declaró -ordenadamente. Al mismo tiempo Manresa quemó en público los bandos y -decretos del gobierno de Madrid. Tortosa luego que fue informada de -las ocurrencias de Valencia, imitó su ejemplo y por desgracia algunos -de sus desórdenes, habiendo perecido miserablemente su gobernador Don -Santiago de Guzmán y Villoria. Igual suerte cupo al de Villafranca -de Panadés, Don Juan de Toda. Así todos los pueblos unos tras de -otros o a la vez se manifestaron con denuedo, y allí el lidiar fue -inseparable del pronunciamiento. Yendo uno y otro de compañía, nos -reservaremos pues el hablar más detenidamente para cuando lleguemos a -las acciones de guerra. El principado se congregó en junta de todos sus -corregimientos a fines de junio, y se escogió entonces para su asiento -la ciudad de Lérida.</p> - -<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de las Baleares.</div> - -<p>Separadas por el Mediterráneo del continente español las Islas -Baleares, no solo era de esperar que desconociesen la autoridad -intrusa, resguardadas como lo estaban y al abrigo de sorpresa,<span -class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span> sino que también era muy de -desear que abrazasen la causa común, pudiendo su tranquilo y aislado -territorio servir de reparo en los contratiempos, y dejando libres -con su declaración las fuerzas considerables de mar y tierra que allí -había. Además de la escuadra surta en Menorca, de que hemos hablado, -se contaban en todas sus islas unos 10.000 hombres de tropa reglada, -cuyo número, atendiendo a la escasez que de soldados veteranos había en -España, era harto importante.</p> - -<p>Notáronse en todas las Baleares parecidos síntomas a los que -reinaban en la península, y cuando se estaba en dudas y vacilaciones -arribó de Valencia el 29 de mayo un barco con la noticia de lo ocurrido -en aquella ciudad el 23. El general, que lo era a la sazón Don Juan -Miguel de Vives, en unión con el pueblo mostrose inclinado a seguir las -mismas huellas; pero se retrajo en vista de pliegos recibidos de Madrid -pocas horas después, y traídos por un oficial francés. Hízole titubear -su contenido, y convocó el acuerdo para que juntos discurriesen acerca -de los medios de conservar la tranquilidad. Se traslució su intento, y -por la tarde una porción de jóvenes de la nobleza y oficiales formaron -el proyecto de trastornar el orden actual, valiéndose de la buena -disposición del pueblo. Idearon como paso previo tantear al segundo -cabo el mariscal de campo Don Juan Oneille, con ánimo de que reemplazase -al general, quien sabiendo lo que andaba paró el golpe reuniendo a las -nueve de la noche en las casas consistoriales una junta de autoridades. -Se iluminó la fachada del edificio, y se<span class="pagenum" -id="Page_275">p. 275</span> anunció al pueblo la resolución de no -reconocer otro gobierno que el de Fernando VII. Entonces fue universal -la alegría, unánimes las demostraciones cordiales de patriotismo. -Evitó la oportuna decisión del general desórdenes y desgracias. Al -día siguiente 30 se erigió la junta que se había acordado en la noche -anterior, la cual presidida por el capitán general se compuso de más de -20 individuos, entresacados de las autoridades, y nombrados otros por -sus estamentos o clases. Se agregaron posteriormente dos diputados por -Menorca, dos por Ibiza, y otro por la escuadra fondeada en Mahón.</p> - -<p>En esta última ciudad, siendo las cabezas oficiales de ejército y de -marina, se había depuesto y preso al gobernador y al coronel de Soria, -Cabrera, y desobedecido abiertamente las órdenes de Murat. Recayó el -mando en el comandante interino de la escuadra, a cuyas instancias -envió la junta de Mallorca para relevarle al marqués del Palacio, poco -antes coronel de húsares españoles.</p> - -<p>En nada se había perturbado la tranquilidad en Palma ni en las -otras poblaciones. Solo el 29 para resguardar su persona se puso en -el castillo de Bellver al oficial francés portador de los pliegos de -Madrid. Doloroso fue tener también que recurrir a igual precaución con -los dos distinguidos miembros del instituto de Francia, Arago y Biot, -quienes en unión con los astrónomos españoles Don José Rodríguez y -Don José Chaix habían pasado a aquella isla con comisión científica -importante. Era pues la de prolongar a la isla de Formentera la -medida del arco del<span class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span> -meridiano, observado y medido anteriormente desde Dunkerque hasta -Monjuich en Barcelona por los sabios Mechain y Delambre. La operación -dichosamente se había terminado antes que las provincias se alzasen, -estorbando solo este suceso medir una base de verificación proyectada -en el reino de Valencia. Ya el ignorante pueblo los había mirado con -desconfianza, cuando para el desempeño de su encargo ejecutaban las -operaciones geodésicas y astronómicas necesarias. Figurose que eran -planos que levantaban por orden de Napoleón para sus fines políticos y -militares. A tales sospechas daban lugar los engaños y aleves arterías -con que los ejércitos franceses habían penetrado en lo interior del -reino: y en verdad que nunca la ignorancia pudiera alegar motivos que -pareciesen más fundados. La junta al principio no osó contrarrestar el -torrente de la opinión popular; pero conociendo el mérito de los sabios -extranjeros, y la utilidad de sus trabajos, los preservó de todo daño; -e imposibilitada por la guerra de enviarlos en derechura a Francia, los -embarcó en oportuna ocasión a bordo de un buque que iba a Argel, país -entonces neutral, y de donde se restituyeron después a sus hogares.</p> - -<p>El entusiasmo en Mallorca fue universal, esmerándose con -particularidad en manifestarle las más principales señoras; -y si en toda la isla de Mallorca, como decía el cardenal de -Retz,[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_3-7" -id="Ll_3-7">3-7</a>.)</span> «no hay mujeres feas», fácil será imaginar -el poderoso influjo que tuvieron en su levantamiento.</p> - -<p>En Palma se creó un cuerpo de voluntarios con aquel nombre, que -después pasó a servir a<span class="pagenum" id="Page_277">p. -277</span> Cataluña. Y aunque al principio la junta obrando -precavidamente no permitió que se trasladasen a la península las -tropas que guarnecían las islas, por fin accedió a que se incorporasen -sucesivamente con los ejércitos que guerreaban.</p> - -<div class="sidenote">Navarra<br/> y provincias<br/> vascongadas.</div> - -<p>Unas tras otras hemos recorrido las provincias de España y -contado su glorioso alzamiento. Habrá quien eche de menos a Navarra -y las provincias vascongadas. Pero lindando con Francia, privados -sus moradores de dos importantes plazas, y cercados y opresos por -todos lados, no pudieron revolverse ni formalizar por de pronto -gobierno alguno. Con todo animadas de patriotismo acendrado -impelieron a la deserción a los pocos soldados españoles que había -en su suelo, auxiliaron en cuanto alcanzaban sus fuerzas a las -provincias lidiadoras, y luego que las suyas estuvieron libres o más -desembarazadas se unieron a todas, cooperando con no menor conato a la -destrucción del común enemigo. Y más adelante veremos que aun ocupado -de nuevo su territorio, pelearon con empeño y constancia por medio de -sus guerrillas y cuerpos francos.</p> - -<div class="sidenote">Islas Canarias.</div> - -<p>En las Islas Canarias aunque algo lejanas de las costas españolas, -siguiose el impulso de Sevilla. Dudose en un principio de la certeza de -los acontecimientos de Bayona, y se consideraron como invención de la -malevolencia, o como voces de intento esparcidas por los partidarios de -los ingleses. Mas habiendo llegado en julio noticia de la insurrección -de Sevilla y de la instalación de su junta suprema, el capitán -general marqués de Casa-Cagigal dispuso que se<span class="pagenum" -id="Page_278">p. 278</span> proclamase a Fernando VII, imitando con -vivo entusiasmo los habitantes de todas las islas el noble ejemplo -de la península. Hubo sin embargo entre ellas algunas desavenencias, -renovando la Gran Canaria sus antiguas rivalidades de primacía con la -de Tenerife. Así se crearon en ambas separadas juntas, y en la última -despojado del mando Casa-Cagigal, ya de ambas aborrecido, fue puesto en -su lugar el teniente de rey Don Carlos O’Donnell. Levantáronse después -quejas muy sentidas contra este jefe y la junta de Tenerife, que no -cesaron hasta que el gobierno supremo de la central puso en ello el -conveniente remedio.</p> - -<p>Por lo demás el cuadro que hemos trazado de la insurrección de -España parecerá a algunos diminuto o conciso, y a otros difuso u harto -circunstanciado. Responderemos a los primeros que no habiendo sido -nuestro propósito escribir la historia particular del alzamiento de -cada provincia, el descender a más pormenores hubiera sido obrar con -desacuerdo. Y a los segundos que en vista de la nobleza de la causa y -de la ignorancia cierta o fingida que acerca de su origen y progreso -muchos han mostrado, no ha sido tan fuera de razón dar a conocer con -algún detenimiento una revolución memorable, que por descuido de unos -y malicia de otros se iba sepultando en el olvido o desfigurándose de -un modo rápido y doloroso. Para acabar de llenar nuestro objeto, será -bien que fundándonos en la verídica relación que precede, sacada de las -mejores fuentes, añadamos algunas cortas reflexiones, que arrojando -nueva luz refuten las<span class="pagenum" id="Page_279">p. 279</span> -equivocaciones sobrado groseras en que varios han incurrido.</p> - -<div class="sidenote">Reflexiones<br/> generales.</div> - -<p>Entre estas se ha presentado con más séquito la de atribuir las -conmociones de España al ciego fanatismo, y a los manejos e influjo -del clero. Lejos de ser así, hemos visto cómo en muchas provincias el -alzamiento fue espontáneo, sin que hubiera habido móvil secreto; y -que si en otras hubo personas que aprovechándose del espíritu general -trataron de dirigirle, no fueron clérigos ni clases determinadas, sino -indistintamente individuos de todas ellas. El estado eclesiástico -cierto que no se opuso a la insurrección, pero tampoco fue su autor. -Entró en ella como toda la nación, arrastrado de un honroso sentimiento -patrio, y no impelido por el inmediato temor de que se le despojase -de sus bienes. Hasta entonces los franceses no habían en esta parte -dado ocasión a sospechas, y según se advirtió en el libro segundo, el -clero español antes de los sucesos de Bayona más bien era partidario de -Napoleón que enemigo suyo, considerándole como el hombre que en Francia -había restablecido con solemnidad el culto. Por tanto la resistencia -de España nació de odio contra la dominación extranjera: y el clérigo -como el filósofo, el militar como el paisano, el noble como el plebeyo -se movieron por el mismo impulso, al mismo tiempo y sin consultar -generalmente otro interés que el de la dignidad e independencia -nacional. Todos los españoles que presenciaron aquellos días de -universal entusiasmo, y muchos son los que aún viven, atestiguarán la -verdad del aserto.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_280">p. 280</span>No menos infundado -aunque no tan general, ha sido achacar la insurrección a conciertos de -los ingleses con agentes secretos. Napoleón y sus parciales que por -todas partes veían o aparentaban ver la mano británica, fueron los -autores de invención tan peregrina. Por lo expuesto se habrá notado -cuán ajeno estaba aquel gobierno de semejante suceso, y cuánto le -sorprendió la llegada a Londres de los diputados asturianos que fueron -los primeros que le anunciaron. Muchas de las costas de España estaban -sin buques de guerra ingleses que de cerca observasen o fomentasen -alborotos, y las provincias interiores no podían tener relación con -ellos ni esperar su pronta y efectiva protección; y aun en Cádiz, en -donde había un crucero, se desechó su ayuda, si bien amistosamente, -para un combate en el que por ser marítimo les interesaba con más -especialidad tomar parte. Véase pues si el conjunto de estos hechos dan -el menor indicio de que la Inglaterra hubiese preparado el primero y -gran sacudimiento de España.</p> - -<p>Mas aun careciendo de la copia de datos que muestran lo contrario, -el hombre meditabundo e imparcial fácilmente penetrará que no era -dado ni a clérigos ni a ingleses, ni a ninguna otra persona, clase -ni potencia por poderosa que fuese, provocar con agentes y ocultos -manejos en una nación entera un tan enérgico, unánime y simultáneo -levantamiento. Buscará su origen en causas más naturales, y su atento -juicio le descubrirá sin esfuerzo en el desorden del anterior gobierno, -en los vaivenes que precedieron,<span class="pagenum" id="Page_281">p. -281</span> y en el cúmulo de engaños y alevosías con que Napoleón y los -suyos ofendieron el orgullo español.</p> - -<p>No bastaba a los detractores dar al fanatismo o a los ingleses el -primer lugar en tan grande acontecimiento. Hanse recreado también en -oscurecer su lustre, exagerando las muertes y horrores cometidos en -medio del fervor popular. Cuando hemos referido los lamentables excesos -que entonces hubo, cubriendo a sus autores del merecido oprobio, no -hemos omitido ninguno que fuese notable. Siendo así, dígasenos de buena -fe si acompañaron al tropel de revueltas desórdenes tales que deban -arrancar las desusadas exclamaciones en que algunos han prorrumpido. -Solo pudieran ser aplicables a Valencia y no a la generalidad del -reino, y aun allí mismo los excesos fueron inmediatamente reprimidos -y castigados con una severidad que rara vez se acostumbra contra -culpados de semejantes crímenes en las grandes revoluciones. Pero al -paso que profundamente nos dolemos de aquel estrago, séanos lícito -advertir que hemos recorrido provincias enteras sin topar con desmán -alguno, y en todas las otras no llegaron a treinta las personas muertas -tumultuariamente. Y por ventura en la situación de España, rotos -los vínculos de la subordinación y la obediencia, con autoridades -que compuestas en lo general de hechuras y parciales de Godoy eran -miradas al soslayo y a veces aborrecidas, ¿no es de maravillar que -desencadenadas las pasiones no se suscitasen más rencillas, y que -las tropelías, multiplicándose, no hubiesen salvado todas<span -class="pagenum" id="Page_282">p. 282</span> las barreras? ¿Merece -pues aquella nación que se la tilde de cruel y bárbara? ¿Qué otra en -tan deshecha tormenta se hubiera mostrado más moderada y contenida? -Cítesenos una mudanza y desconcierto tan fundamental, si bien no -igualmente justo y honroso, en que las demasías no hayan muy mucho -sobrepujado a las que se cometieron en la insurrección española. -Nuestra edad ha presenciado grandes trastornos en naciones apellidadas -por excelencia cultas, y en verdad que el imparcial examen y cotejo de -sus excesos con los nuestros no les sería favorable.</p> - -<p>Después de haber tratado de desvanecer errores que tan comunes -se han hecho, veamos lo que fueron las juntas y de qué defectos -adolecieron. Agregado incoherente y sobrado numeroso de individuos en -que se confundía el hombre del pueblo con el noble, el clérigo con el -militar, estaban aquellas autoridades animadas del patriotismo más -puro, sin que a veces le adornase la conveniente ilustración. Muchas -de ellas pusieron todo su conato en ahogar el espíritu popular, que -les había dado el ser, y no le sustituyeron la acertada dirección -conque hubieran podido manejar los negocios hombres prácticos y de -estado. Así fue que bien pronto se vieron privadas de los inagotables -recursos que en todo trastorno social suministra el entusiasmo y -facilita el mismo desembarazo de las antiguas trabas: no pudiendo en -su lugar introducir orden ni regla fija, ya porque las circunstancias -lo impedían, y ya también porque pocos de sus individuos estacan -dotados de las prendas que se requieren para ello. Hombres tales, -escasos<span class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span> en todos -los países, era natural que fuesen más raros en España, en donde la -opresiva humillación del gobierno había en parte ahogado las bellas -disposiciones de los habitantes. Por este medio se explica como a la -grandiosa y primera insurrección, hija de un sentimiento noble de -honor e independencia nacional, que el despotismo de tantos años no -había podido desarraigar, no correspondieron las medidas de gobierno -y organización militar y económica que en un principio debieron -adoptarse. No obstante justo es decir que los esfuerzos de las juntas -no fueron tan cortos ni limitados como algunos han pretendido; y que -aun en naciones más adelantadas quizá no se hubiera ido más allá -si en lo interior hubiesen tenido estas que luchar con un ejército -extranjero, careciendo de uno propio que pudiera llamarse tal, vacías -las arcas públicas y poco provistos los depósitos y arsenales.</p> - -<p>Fue muy útil que en el primer ardor de la insurrección se formase en -cada provincia una junta separada. Esta especie de gobierno federativo, -mortal en tiempos tranquilos para España, como nación contigua por -mar y tierra a estados poderosos, dobló entonces y aun multiplicó sus -medios y recursos; excitó una emulación hasta cierto punto saludable, -y sobre todo evitó que los manejos del extranjero, valiéndose de la -flaqueza y villanía de algunos, barrenasen sordamente la causa sagrada -de la patria. Un gobierno central y único, antes de que la revolución -hubiese echado raíces, más fácilmente se hubiera doblegado a pérfidas -insinuaciones, o su constancia hubiera con mayor prontitud cedido a -los<span class="pagenum" id="Page_284">p. 284</span> primeros reveses. -Autoridades desparramadas como las de las juntas, ni ofrecían un blanco -bien distinto contra el que pudieran apuntarse los tiros de la intriga, -ni aun a ellas mismas les era permitido [cosa de que todas estuvieron -lejos] ponerse de concierto para daño y pérdida de la causa que -defendían.</p> - -<p>Acompañó al sentimiento unánime de resistir al extranjero otro no -menos importante de mejora y reforma. Cierto que este no se dejó ver -ni tan clara ni tan universalmente como el primero. Para el uno solo -se requería ser español y honrado; mas para el otro era necesario -mayor saber que el que cabía en una nación sujeta por siglos a un -sistema de persecución e intolerancia política y religiosa. Sin embargo -apenas hubo proclama, instrucción o manifiesto de las juntas en que -lamentándose de las máximas que habían regido anteriormente, no se -diese indicio de querer tomar un rumbo opuesto, anunciando para lo -futuro o la convocación de cortes, o el restablecimiento de antiguos -fueros, o el desagravio de pasadas ofensas. Infiérase de aquí cuál -sería sobre eso la opinión general cuando así se expresaban unas -autoridades que compuestas en su mayor parte de individuos de clases -privilegiadas, procuraban contener más bien que estimular aquella -general tendencia. Así fue que por sus pasos contados se encaminó -España a la reforma y mejoramiento, y congregó sus cortes sin que -hubiera habido que escuchar los consejos o preceptos del extranjero. -Y ¡ojalá nunca los escuchara! Los años en que escribimos han sido -testigos<span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span> de que su -intervención tan solo ha servido para hacerla retroceder a tiempos -comparables a los de la más profunda barbarie.</p> - -<p>Nos parece que lo dicho bastará a deshacer los errores a que ha dado -lugar el silencio de algunas plumas españolas, el despique de otras -y la ligereza con que muchos extranjeros han juzgado los asuntos de -España, país tan poco conocido como mal apreciado.</p> - -<p>Antes de concluir el presente libro será justo que demos -una razón, aunque breve, de la insurrección de Portugal, <span -class="sidenote">Portugal.</span> cuyos acontecimientos anduvieron tan -mezclados con los nuestros.</p> - -<p>Aquel reino si bien al parecer tranquilo, viéndose agobiado con las -extraordinarias cargas y ofendido de los agravios que se hacían a sus -habitantes, tan solo deseaba oportuna ocasión en que sacudir el yugo -que le oprimía.</p> - -<div class="sidenote">Su situación.</div> - -<p>Junot en su desvanecimiento a veces había ideado ceñirse la corona -de Portugal. Para ello hubo insinuaciones, sordas intrigas, proyectos -de constitución y otros pasos que no haciendo a nuestro propósito, los -pasaremos en silencio. Tuvo por último que contentarse con la dignidad -de duque de Abrantes a que le ensalzó su amo en remuneración de sus -servicios.</p> - -<p>Desde el mes de marzo con motivo de la llamada de las tropas -españolas anduvo el general francés inquieto, temiendo que se -aumentasen los peligros al paso que se disminuía su fuerza. Se -tranquilizó algún tanto cuando vio que al advenimiento al trono -de Fernando habían recibido los españoles contra orden. Así fue, -como hemos dicho, que los de Oporto volvieron<span class="pagenum" -id="Page_286">p. 286</span> a sus acantonamientos; se mantuvieron -quietos en Lisboa y sus contornos los de Don Juan Carrafa; y solo de -los de Solano se restituyeron a Setúbal cuatro batallones, no habiendo -Junot tenido por conveniente recibir a los restantes. Prefirió este -guardar por sí el Alentejo, y envió a Kellerman para reemplazar a -Solano, cuya memoria fue tanto más sentida por los naturales, cuanto -el nuevo comandante se estrenó con imponer una contribución en tal -manera gravosa que el mismo Junot tuvo que desaprobarla. Kellerman -transfirió a Elvas su cuartel general para observar de cerca a Solano, -quien permaneció en la frontera hasta mayo, en cuyo tiempo se retiró a -Andalucía.</p> - -<p>En este estado se hallaban las cosas de Portugal cuando, después del -suceso del 2 de mayo en Madrid, receloso Napoleón de nuevos alborotos -en España, <span class="sidenote">Divisiones<br/> francesas<br/> que -intentan<br/> pasar a España.</span> ordenó a Junot que enviase del -lado de Ciudad Rodrigo 4000 hombres que obrasen de concierto con el -mariscal Bessières, y otros tantos por la parte de Extremadura para -ayudar a Dupont que avanzaba hacia Sierra Morena. Al entrar junio -llegaron los primeros al pie del fuerte de la Concepción, el cual -situado sobre el cerro llamado el Gardón, sirve como de atalaya -para observar la frontera portuguesa y las plazas de Almeida y -Castel-Rodrigo. El general Loison que mandaba a los franceses ofreció -al comandante español algunas compañías que reforzasen el fuerte contra -los comunes enemigos de ambas naciones. El ardid por tan repetido -era harto grosero para engañar a nadie. Pero no habiendo dentro la -suficiente fuerza<span class="pagenum" id="Page_287">p. 287</span> -para la defensa, abandonó el comandante por la noche el fuerte, y se -refugió a Ciudad Rodrigo, cuya plaza distante cinco leguas, y levantada -ya como toda la provincia de Salamanca, redobló su vigilancia y contuvo -así los siniestros intentos de Loison. Por la parte del mediodía -los 4000 franceses que debían penetrar en las Andalucías, trataron -con su jefe Avril de dirigirse sobre Mértola, y bajando después por -las riberas de Guadiana, desembocar impensadamente en el condado de -Niebla. Allí la insurrección había tomado tal incremento, que no osaron -continuar en empresa tan arriesgada. Al paso que así se desbarataron -los planes de Napoleón, que en esta parte no hubieran dejado de ser -acertados, si más a tiempo hubiesen tenido efecto los acontecimientos -del norte de Portugal, vinieron del todo a trastornar a Junot, y -levantar un incendio universal en aquel reino.</p> - -<div class="sidenote">Los españoles<br/> se retiran<br/> de -Oporto.</div> - -<p>Los españoles a su vuelta a Oporto habían sido puestos a las -órdenes del general francés Quesnel. Desagradó la medida inoportuna en -un tiempo en que la indignación crecía de punto, e inútil no siendo -afianzada con tropa francesa. Andaba así muy irritado el soldado -español, cuando alzándose Galicia comunicó aquella junta avisos para -que los de Oporto se incorporasen a su ejército y llevasen consigo -a cuantos franceses pudiesen coger. Concertáronse los principales -jefes, se colocó al frente al mariscal de campo Don Domingo Belestá -como de mayor graduación, y el 6 de junio habiendo hecho prisionero -a Quesnel y a los suyos, que eran muy pocos, tomó toda la división -española<span class="pagenum" id="Page_288">p. 288</span> que estaba -en Oporto el camino de Galicia. <span class="sidenote">Primer<br/> -levantamiento<br/> de Oporto.</span> Antes de partir dijo Belestá a los -portugueses que les dejaba libres de abrazar el partido que quisieran, -ya fuese el de España, ya el de Francia, o ya el de su propio país. -Escogieron el último como era natural. Pero luego que los españoles -se alejaron, amedrentadas las autoridades se sometieron de nuevo a -Junot.</p> - -<div class="sidenote">Levantamiento de<br/> Tras-os-Montes<br/> y -segundo<br/> de Oporto.</div> - -<p>Continuaron de este modo algunos días hasta que el 11 de junio -habiéndose levantado la provincia de Tras-os-Montes, y nombrado por su -jefe al teniente general Manuel Gómez de Sepúlveda, hombre muy anciano, -se extendió a la de Entre-Duero-y-Miño la insurrección, y se renovó el -18 en Oporto en donde pusieron a la cabeza a Don Antonio de San José de -Castro, obispo de la diócesis. Cundió también a Coimbra y otros pueblos -de la Beira, haciendo prisioneros y persiguiendo a algunas partidas -sueltas de franceses. Loison que desde Almeida había intentado ir a -Oporto, retrocedió al verse acometido por la población insurgente de -las riberas del Duero.</p> - -<p>Una junta se formó en Oporto que mandó en unión con el obispo, la -cual fue reconocida por todo el norte de Portugal. Al instante abrió -tratos con Inglaterra, y diputó a Londres al vizconde de Balsemao y a -un desembargador. Entabló también con Galicia convenientes relaciones, -y entre ambas juntas se concluyó una convención o tratado de alianza -ofensiva y defensiva.</p> - -<div class="sidenote">Se desarma<br/> a los españoles<br/> de -Lisboa.</div> - -<p>Súpose en Lisboa el 9 de junio la marcha de las tropas españolas -de Oporto, y lo demás que<span class="pagenum" id="Page_289">p. -289</span> en esta ciudad había pasado. Sin dilación pensó Junot en -tomar una medida vigorosa con los cuerpos de la misma nación que -tenía consigo, y cuyos soldados estaban con el ánimo tan alborotado -como todos sus compatriotas. Temíase una sublevación de parte de -ellos y no sin algún fundamento. Ya en el mes anterior y cuando en -5 de mayo dio en Extremadura la proclama de que hicimos mención el -desgraciado Torre del Fresno, había sido enviado allí de Badajoz -el oficial Don Federico Moreti para concertarse con el general Don -Juan Carrafa y preparar la vuelta a España de aquellas tropas. La -comisión de Moreti no tuvo resulta, así por ser temprana y arriesgada, -como también por la tibieza que mostró el mencionado Carrafa; pero -después embraveciéndose la insurrección española, llegaron de varios -puntos emisarios que atizaban, faltando solo ocasión oportuna para -que hubiese un rompimiento. Ofrecíasela lo acaecido en Oporto, y -con objeto de prevenir golpe tan fatal, procuró Junot antes de que -se esparciese la noticia sorprender a los nuestros y desarmarlos. -Pudo sin embargo escaparse de Mafra y pasar a España el marqués de -Malaespina con el regimiento de dragones de la Reina; y para engañar -a los demás emplearon los franceses varios ardides, cogiendo a unos -en los cuarteles y a otros divididos. Mil y doscientos de ellos que -estaban en el campo de Ourique, rehusaron ir al convento de San -Francisco, barruntando que se les armaba alguna celada. Entonces Junot -los mandó llamar al Terreiro do Pazo, fingiendo que era con intento -de embarcarlos<span class="pagenum" id="Page_290">p. 290</span> para -España. Alborozados por nueva tan halagüeña llegaron a aquella plaza, -cuando se vieron rodeados por 3000 franceses, y asestada contra sus -filas la artillería en las bocacalles. Fueron pues desarmados todos -y conducidos a bordo de los pontones que había en el Tajo. No se -comprendió a los oficiales en precaución tan rigurosa; pero no habiendo -creído algunos de ellos deber respetar una palabra de honor que se les -había arrancado después de una alevosía, se fugaron a España, y de -resultas sus compañeros fueron sometidos a igual y desgraciada suerte -que los soldados.</p> - -<div class="sidenote">Rechazan<br/> los españoles<br/> a los -franceses<br/> en Os-Pegões.</div> - -<p>No fue tan fácil sorprender ni engañar a los que estando a la -izquierda del Tajo vivían más desembarazadamente. Así desertó la mayor -parte del regimiento de caballería de María Luisa, y fue notable la -insurrección de los cuerpos de Valencia y Murcia, de los que con una -bandera se dirigieron a España muchos soldados. Estaban en Setúbal, y -el general francés Graindorge que allí mandaba los persiguió. Hubo un -reencuentro en Os-Pegões, y los franceses habiendo sido rechazados no -pudieron detener a los nuestros en su marcha.</p> - -<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de los Algarbes.</div> - -<p>El haber desarmado a los españoles de Lisboa motivó la insurrección -de los Algarbes, y por consecuencia la de todo el mediodía de Portugal. -Gobernaba aquella provincia de parte de los franceses el general -Maurin, a quien estando enfermo sustituyó el coronel Maransin. Eran -cortas las tropas que estaban a sus órdenes, y cuidadoso dicho jefe con -los alborotos, había salido para Vila Real en donde construía<span -class="pagenum" id="Page_291">p. 291</span> una batería que asegurase -aquel punto contra los ataques de Ayamonte. Ocupado en guarecerse de un -peligro, otro más inmediato vino a distraerle y consternarle. Era el 16 -de junio cuando Olhá, pequeño pueblo de pescadores a una legua de Faro, -se sublevó a la lectura de una proclama que había publicado Junot con -ocasión de haber desarmado a los españoles. Dio el coronel José López -de Sousa el primer grito contra los franceses, que fue repetido por -toda la población. Este alboroto estuvo a punto de apaciguarse; pero -obligado Maransin, que había acudido al primer ruido a salir de Faro -para combatir a los paisanos que levantados descendían de las montañas -que parten término con el Alentejo, se sublevó a su vez dicha ciudad -de Faro, formó una junta, se puso en comunicación con los ingleses, y -llevó a bordo de sus navíos al enfermo general Maurin y a los pocos -franceses que estaban en su compañía. Maransin en vista de la poca -fuerza que le quedaba se retiró a Mértola para de allí darse más -fácilmente la mano con los generales Kellerman y Avril que ocupaban el -Alentejo. Se aproximó después a Beja, y por haberle asesinado algunos -soldados la entró a saco el 25 de junio. Prendió la insurrección en -otros puntos, y en todos aquellos en que el espíritu público no fue -comprimido por la superioridad de la fuerza francesa, se repitió el -mismo espectáculo y hubo iguales alborotos que en el resto de la -península. Entre la junta de Faro y los españoles suscitose cierta -disputa por haber estos destruido las fortificaciones de Castro Marim. -De ambos lados se dieron<span class="pagenum" id="Page_292">p. -292</span> las competentes satisfacciones, y amistosamente se concluyó -un convenio adecuado a las circunstancias entre los nuevos gobiernos de -Sevilla y Faro.</p> - -<div class="sidenote">Convenciones<br/> entre algunas<br/> juntas de -España<br/> y Portugal.</div> - -<p>No faltó quien viese así en este arreglo como en lo que antes -se había estipulado entre Galicia y Oporto, una preparación para -tratados más importantes que hubieran podido rematar por una unión y -acomodamiento entre ambas naciones. Desgraciadamente varios obstáculos -con los cuidados graves de entonces debieron impedir que se prosiguiese -en designio de tal entidad. Es sin embargo de desear que venga un -tiempo en que desapareciendo añejas rivalidades, e ilustrándose unos -y otros sobre sus recíprocos y verdaderos intereses, se estrechen dos -países que al paso que juntos formarán un incontrastable valladar -contra la ambición de los extraños, desunidos solo son víctima de -ajenas contiendas y pasiones.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter"> - <p><span class="pagenum" id="Page_293">p. 293</span></p> - <div class="figcenter"> - <img style="width: 26em; height: auto;" - src="images/doble_filete.jpg" - alt="Filete ornamental"/> - </div> - <p class="centra fs200 lh200 negr mt1">RESUMEN</p> - <p class="centra smaller lh200">DEL</p> - <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO CUARTO.</p> - <div class="figcenter mt05"> - <img style="width: 8em; height: auto;" - src="images/separa2.jpg" - alt="Motivo ornamental"/> - </div> -</div> - -<p class="resum"><span class="prim"><span -class="gran">J</span>unta</span> de Madrid. — Comisión que da al -marqués de Lazán. — Su proclama de 4 de junio. — Su celo en favor de -la diputación de Bayona. — Valdés. — Marqués de Astorga. — Obispo de -Orense. — Proclama de Bayona a los zaragozanos. — Comisionados enviados -a Zaragoza. — Avisos enviados por Napoleón a América. — Napoleón -renuncia la corona de España en José. — Llegada de José a Bayona. — -Recibimiento de José en Marracq. — Diputaciones españolas. — La de -los grandes. — La del consejo de Castilla. — La de la Inquisición. -— La del ejército. — Otra proclama de los de Bayona. — Previas -disposiciones para abrir el congreso de Bayona. — Ábrense sus sesiones. -— Sus discusiones. — Si gozó de libertad. — Juramento prestado a la -constitución. — Reflexiones sobre la constitución. — Visita de la -junta de Bayona a Napoleón. — Felicitaciones de la servidumbre de -Fernando. — Felicitación de Fernando mismo. — Ministerio nombrado por -José. — Jovellanos. — Empleos de palacio. — José entra en España el -9 de julio. — Primera expedición de los franceses contra Santander. -— Expedición contra Valladolid. — Quema de Torquemada. — Entrada en -Palencia. — Acción de Cabezón. — Entran los franceses en Valladolid. -— Segunda expedición contra Santander. — Obispo de Santander. — Noble -acción de su junta. — Expedición contra Zaragoza. — Acción de Mallén. -— De Alagón. — Cataluña. — Somatenes. — Acción del Bruch. — Defensa de -Esparraguera. — Chabran en Tarragona. — Reencuentro de Arbós. — Saqueo -de Villafranca de Panadés. — Segunda acción del Bruch. — Expedición de -Duhesme contra Gerona. — Resistencia de Mongat. — Saqueo de Mataró. — -Ataque de los franceses contra Gerona. — Vuelve Duhesme a Barcelona. -— Reencuentro de Granollers. — Somatenes del Llobregat. — Murat. — -Envía a Dupont a Andalucía. — Acción de Alcolea. — Saco de Córdoba. -— Situación angustiada de los franceses. — Excesos de los paisanos -españoles. — Resistencia de Valdepeñas. — Retírase Dupont a Andújar. — -Saqueo de Jaén. — Expedición de Moncey contra Valencia. — Reencuentro -del puerto Pajazo. — De las Cabrillas. — Preparativos de defensa en -Valencia. — Refriega en el pueblo de Cuarte. — Defensa de Valencia. — -Proposición de Moncey para que capitule la ciudad. — Hechos notables -de algunos españoles. — Retírase Moncey. — Inacción de Cervellón. — -Conducta laudable de Llamas. — Enfermedad de Murat. — Enfermedades en -su ejército. — Opinión de Larrey. — Savary sucede a Murat. — Singular -comisión de Savary. — Su conducta. — Envía a Vedel para reforzar a -Dupont. — Paso de Sierra Morena. — Refuerzos enviados a Moncey. — -Caulincourt. — Saquea a Cuenca. — Frère. — Segundo refuerzo llevado a -Dupont por el general Gobert. — Desatiéndese a Bessières. — Cuesta. — -Ejército de Galicia después de la muerte de Filangieri. — Batalla de -Rioseco 14 de julio. — Avanza Bessières a León: su correspondencia con -Blake. — Viaje de José a Madrid. — Retrato de José. — Su proclamación. -— Su reconocimiento. — Consejo de Castilla. — Acontecimientos que -precedieron a la batalla de Bailén. — Distribución del ejército español -de Andalucía. — Consejo celebrado para atacar a los franceses. — -Acción de Mengíbar. — Batalla de Bailén 19 de julio. — Capitulación -del ejército francés. — Rinden las armas los franceses. — Reflexiones -sobre la batalla. — Camina el ejército rendido a la costa. — Desorden -en Lebrija causado por la presencia de los prisioneros. — En el Puerto -de Santa María. — Correspondencia entre Dupont y Morla. — Consternación -del gobierno francés en Madrid. — Retírase José. — Españoles que le -siguen. — Destrozos causados en la retirada.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch4"> - <p><span class="pagenum" id="Page_297">p. 297</span></p> - <div class="figcenter"> - <img style="width: 26em; height: auto;" - src="images/doble_filete.jpg" - alt="Filete ornamental"/> - </div> - <p class="centra fs150 lh150 negr g0 mt1">HISTORIA</p> - <p class="centra fs60 lh150">DEL</p> - <p class="centra fs120 lh150 asc ws1">LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN</p> - <p class="centra fs120 lh150 ws1">de España.</p> - <div class="figcenter mt05"> - <img style="width: 8em; height: auto;" - src="images/separa4.jpg" - alt="Motivo ornamental"/> - </div> - <h2 class="nobreak fs120 negr g0">LIBRO CUARTO.</h2> - <hr class="tir"/> -</div> - -<div class="sidenote">Junta de Madrid.</div> - -<p class="ti0"><span class="prim"><span -class="gran">A</span>ntes</span> de haber tomado la insurrección de -España el alto vuelo que le dieron en los últimos días de mayo las -renuncias de Bayona, recordará el lector como se habían derramado por -las provincias emisarios franceses y españoles que con seductoras -ofertas trataron de alucinar a los jefes que las gobernaban. La junta -suprema de Madrid, principal instigadora de semejantes misiones y -providencias, viéndose así comprometida siguió con esmerada porfía -en su propósito, y al crujido de la insurrección general, reiterando -avisos, instrucciones y cartas confidenciales,<span class="pagenum" -id="Page_298">p. 298</span> avivó su desacordado celo en favor de la -usurpación extraña, conservando la ciega y vana esperanza de sosegar -por medios tan frágiles el asombroso sacudimiento de una grande y -pundonorosa nación.</p> - -<div class="sidenote">Comisión que da<br/> al marqués<br/> de -Lazán.</div> - -<p>Sobresaltada en extremo con la conmoción de Zaragoza acudió -con presteza a su remedio. Punzábala este suceso no tanto por su -importancia, cuanto por el temor sin duda de que con él se trasluciesen -las órdenes que para resistir a los franceses le habían sido -comunicadas desde Bayona, y a cuyo cumplimiento había faltado. Presumía -que Palafox sabedor de ellas, y encargado de otras iguales o parecidas, -les daría entera publicidad, poniendo así de manifiesto la reprensible -omisión de la junta, a la que por tanto era urgente aplacar aquel -levantamiento. Como el caso requería pulso, se escogió al efecto al -marqués de Lazán, hermano mayor del nuevo capitán general de Aragón, -en cuya persona concurrían las convenientes calidades para no excitar -con su nombre recelos en el asustadizo pueblo, y poder influir con -éxito y desembarazadamente en el ánimo de aquel caudillo. Pero el de -Lazán, al llegar a Zaragoza, en vez de favorecer los intentos de los -que le enviaban, y persuadido también de cuán imposible era resistir al -entusiasmo de aquellos moradores, se unió a su hermano y en adelante -partió con él los trabajos y penalidades de la guerra.</p> - -<div class="sidenote">Su proclama<br/> de 4 de junio.<br/> (* Ap. n. <a -href="#Ap_4-1" id="Ll_4-1">4-1</a>.)</div> - -<p>Arrugándose más y más el semblante del reino, y tocando a punto -de venir a las manos, en 4 de junio [*] circuló la junta de acuerdo -con Murat una proclama en la que se ostentaban las ventajas<span -class="pagenum" id="Page_299">p. 299</span> de que todos se mantuviesen -sosegados, y aguardasen a que <i>el héroe que admiraba al mundo -concluyera la grande obra en que estaba trabajando de la regeneración -política</i>. Tales expresiones alborotaban los ánimos lejos de -apaciguarlos, y por cierto rayaba en avilantez el que una autoridad -española osase ensalzar de aquel modo al causador de las recientes -escenas de Bayona, y además era, por decirlo así, un desenfreno del -amor propio imaginarse que con semejante lenguaje se pondría pronto -término a la insurrección.</p> - -<div class="sidenote">Su celo en favor<br/> de la diputación<br/> de -Bayona.</div> - -<p>Viendo cuán inútiles eran sus esfuerzos, y ansiosa de encontrar -por todas partes apoyo y disculpa a sus compromisos, trabajó con -ahínco la junta para que acudiesen a Bayona los individuos de la -diputación convocada a aquella ciudad. Crecían los obstáculos para -la reunión con los bullicios de las provincias, y con la repulsa que -dieron algunos de los nombrados. Indicamos ya como el bailío Don -Antonio Valdés <span class="sidenote">Valdés.</span> había rehusado -ir, prefiriendo con gran peligro de su persona fugarse de Burgos donde -residía a la mengua de autorizar con su presencia los escándalos -de Bayona. <span class="sidenote">Marqués<br/> de Astorga.</span> -Excusose también el marqués de Astorga sin reparar en que siendo uno -de los primeros próceres del reino, la mano enemiga le perseguiría -y le privaría de sus vastos estados y riquezas. Pero quien aventajó -a todos en la resistencia fue el reverendo obispo de Orense <span -class="sidenote">Obispo<br/> de Orense.</span> Don Pedro de Quevedo y -Quintano. La contestación de este prelado al llamamiento de Bayona, -obra señalada de patriotismo, unió a la solidez de las razones -un atrevimiento hasta entonces desconocido<span class="pagenum" -id="Page_300">p. 300</span> a Napoleón y sus secuaces. Al modo de los -oradores más egregios de la antigüedad, usó con arte de la poderosa -arma de la ironía, sin deslucirla con bajas e impropias expresiones. -Desde Orense y en 29 de mayo no levantada todavía Galicia, y sin -noticia de la declaración de otras provincias, dirigió su contestación -al ministro de gracia y justicia. Como en su contenido se sentaron -las doctrinas más sanas y los argumentos más convincentes en favor -de los derechos de la nación y de la dinastía reinante, recomendamos -muy particularmente la lectura de tan importante documento, que a la -letra hemos insertado en el apéndice.[*] <span class="sidenote">(* -Ap. n. <a href="#Ap_4-2" id="Ll_4-2">4-2</a>.)</span> Difícilmente -pudieran trazarse con mayor vigor y maestría las verdades que en él se -reproducen. Así fue que aquella contestación penetró muy allá en todos -los corazones, causando impresión profundísima y duradera. Pero Murat -y la junta de Madrid no por eso cesaron en sus tentativas, y con fatal -empeño aceleraron la partida de las personas que de montón se nombraban -para llenar el hueco de las que esquivaban el ominoso viaje.</p> - -<div class="sidenote">Proclama de<br/> Bayona a los<br/> -zaragozanos.</div> - -<p>El 15 de junio debían abrirse las sesiones de aquella famosa -reunión, y todavía en los primeros días del propio mes no alcanzaban -a 30 los que allí asistían. Mientras que los demás llegaban, y para -no darles huelga, obligó Napoleón a los presentes a convidar a los -zaragozanos por medio de una proclama [*] <span class="sidenote">(* -Ap. n. <a href="#Ap_4-3" id="Ll_4-3">4-3</a>.)</span> a la paz y al -sosiego. Queriendo agregar al escrito la persuasión verbal, fueron -comisionados <span class="sidenote">Comisionados<br/> enviados<br/> -a Zaragoza.</span> para llevarle el príncipe de Castel-Franco, Don -Ignacio Martínez de Villela consejero de Castilla, y el alcalde -de<span class="pagenum" id="Page_301">p. 301</span> corte Don Luis -Marcelino Pereira. No les fue dable penetrar en Zaragoza, y menos -el que se atendiera a sus intempestivas amonestaciones. Tuviéronse -por dichosos de regresar a Bayona: merced a los franceses que los -custodiaban, bajo cuyo amparo pudieron volver atrás sin notable azar, -aunque no sin mengua y sobresalto.</p> - -<div class="sidenote">Avisos enviados<br/> por Napoleón<br/> a -América.</div> - -<p>Napoleón que miraba ya como suya la tierra peninsular, trató también -por entonces de alargar más allá de los mares su poderoso influjo, -expidiendo a América buques con cuyo arribo se previniesen los intentos -de los ingleses, y se preparasen los habitadores de aquellas vastas -y remotas regiones españolas a admitir sin desvío la dominación del -nuevo soberano, procedente de su estirpe. Hizo que a su bordo partiesen -proclamas y circulares autorizadas por Don Miguel de Azanza, quien -ya firmemente adicto a la parcialidad de Napoleón se figuraba que -el emperador de los franceses había de respetar la unión íntegra de -aquellos países con España, y no seguir el impulso y las variaciones de -su interés o su capricho.</p> - -<div class="sidenote">Napoleón<br/> renuncia<br/> la corona de<br/> -España en José.</div> - -<p>Luego que Fernando VII y su padre hubieron renunciado la corona, -se presumió que Napoleón cedería sus pretendidos derechos en alguna -persona de su familia. Fundábase sobre todo la conjetura en la -indicación que hizo Murat a la junta de Madrid y consejo real de -que pidiesen por rey a José. Ignorábase no obstante de oficio si -tal era su pensamiento, cuando en 25 de mayo dirigió Napoleón una -proclama [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_4-4" -id="Ll_4-4">4-4</a>.)</span> a los españoles en la que aseguraba -que «no quería reinar sobre sus provincias, pero sí adquirir<span -class="pagenum" id="Page_302">p. 302</span> derechos eternos al amor y -al reconocimiento de su posteridad.» Apareció pues por este documento -de una manera auténtica que trataba de desprenderse del cetro español, -mas todavía guardó silencio acerca de la persona destinada a empuñarle. -Por fin el 6 de junio se pronunció claramente dando en Bayona mismo -un decreto del tenor siguiente:[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. -<a href="#Ap_4-5" id="Ll_4-5">4-5</a>.)</span> «Napoleón, por la -gracia de Dios etc. A todos los que verán las presentes salud. La -junta de estado, el consejo de Castilla, la villa de Madrid etc. etc. -habiéndonos por sus exposiciones hecho entender que el bien de la -España exigía que se pusiese prontamente un término al interregno, -hemos resuelto proclamar, como nos proclamamos por las presentes, rey -de España y de las Indias a nuestro muy amado hermano José Napoleón, -actualmente rey de Nápoles y de Sicilia.</p> - -<p>»Garantimos al rey de las Españas la independencia e integridad de -sus estados, así los de Europa como los de África, Asia y América. Y -encargamos», etc. [Sigue la fórmula de estilo.]</p> - -<div class="sidenote">Llegada de José<br/> a Bayona.</div> - -<p>Era este decreto el precursor anuncio de la llegada de José, quien -el 7 entró en Pau a las ocho de la mañana, y puesto en camino poco -después se encontró con Napoleón a seis leguas de Bayona, hasta donde -había salido a esperarle. Mostraba este tanta diligencia porque no -habiendo de antemano consultado con su hermano la mudanza resuelta, -temió que no aceptase el nuevo solio, y quiso remover prontamente -cualquiera obstáculo que le opusiese. En efecto José contento con -su delicioso reino de Nápoles no venía decidido a admitir el cambio -que para otros<span class="pagenum" id="Page_303">p. 303</span> -hubiera sido tan lisonjero. Y aquí tenemos una corona arrancada por -la violencia a Fernando VII, adquirida también mal de su grado por el -señalado para sucederle.</p> - -<p>Napoleón atento a evitar la negativa de su hermano le hizo subir -en su coche, y exponiéndole sus miras políticas en trasladarle al -trono español, trató con particularidad de inculcarle los intereses -de familia, y la conveniencia de que se conservase en ella la corona -de Francia, para cuyo propósito y el de prevenir la ambición de Murat -y de otros extraños, nada era más acertado, añadía, que el poner -como de atalaya a José en España, desde donde con mayor facilidad y -superiores medios se posesionaría del trono de Francia, en caso de -que vacase inesperadamente. Además le manifestó haber ya dispuesto -del reino de Nápoles para colocar en él a Luciano. Asegúrase que la -última indicación movió a José más que otra razón alguna por el tierno -amor que profesaba a aquel su hermano. Sea pues de esto lo que fuere, -lo cierto es que Napoleón había de tal modo preparado las cosas que -sin dar tiempo ni vagar fue José reconocido y acatado como rey de -España.</p> - -<div class="sidenote">Recibimiento<br/> de José<br/> en Marracq.</div> - -<p>Así sucedió que al llegar entre dos luces a Marracq recibió los -obsequios de tal de boca de la emperatriz, que con sus damas había -salido a recibirle al pie de la escalera. Ya le aguardaban dentro del -palacio los españoles congregados en Bayona, a quienes se les había -citado de antemano, teniendo Napoleón tanta priesa en el reconocimiento -del nuevo rey, que no permitió cubrir las mesas ni descanso alguno a -su hermano<span class="pagenum" id="Page_304">p. 304</span> antes de -desempeñar aquel cuidado, cuyo ceremonial se prolongó hasta las diez de -la noche.</p> - -<div class="sidenote">Diputaciones<br/> españolas.</div> - -<p>Naturalmente debió durar más de lo necesario, habiendo ignorado los -españoles el motivo a que eran llamados. Advertidos después tuvieron -que concertarse apresuradamente allí mismo en uno de los salones, y -arreglar el modo de felicitar al soberano recién llegado. Para ello se -dividieron en cuatro diputaciones, a saber, la de los grandes, la del -consejo de Castilla, la de los consejos de la Inquisición, Indias y -hacienda reunidos los tres en una, y la del ejército. Pusieron todas -separadamente y por escrito una exposición gratulatoria, y antes de -que se leyesen a José con toda solemnidad, se presentaba cada una a -Napoleón para su aprobación previa: menguada censura, indigna de su -alta jerarquía.</p> - -<div class="sidenote">La de<br/> los grandes.</div> - -<p>Era la diputación de los grandes la primera en orden, e iba a -su cabeza el duque del Infantado, quien había tenido el encargo de -extender la felicitación. Principiando por un cumplido vago, concluía -esta con decir «las leyes de España no nos permiten ofrecer otra cosa -a V. M. Esperamos que la nación se explique y nos autorice a dar mayor -ensanche a nuestros sentimientos.» Difícil sería expresar la irritación -que provocó en el altivo ánimo de Napoleón tan inesperada cortapisa. -Fuera de sí y abalanzándose al duque díjole, que «siendo caballero se -portase como tal, y que en vez de altercar acerca de los términos de un -juramento, el cual así que pudiera intentaba quebrantar, se pusiese al -frente de su partido en España, y lidiase franca y lealmente... Pero -le advertía que si faltaba al<span class="pagenum" id="Page_305">p. -305</span> juramento que iba a prestar, quizá estaría en el caso -antes de ocho días de ser arcabuceado.» Tardíos eran a la verdad los -escrúpulos del duque, y o debía haberlos sepultado en lo más íntimo del -pecho, o sostenerlos con el brío digno de su cuna, si arrastrado por -el clamor de la conciencia quería acallarla dándoles libre salida. Mas -el del Infantado arredrose, y cedió a la ira de Napoleón. Por eso hubo -quien achacara a otro haberle apuntado la cláusula, dejándole solo al -duque la gloria de haberla escrito, sin pensar en el aprieto en que iba -a encontrarse. Corrigieron entonces los grandes su primera exposición, -reconocieron por rey a José e hizo la lectura de ella, aunque no -pertenecía a la clase, Don Miguel José de Azanza.</p> - -<div class="sidenote">La del consejo<br/> de Castilla.<br/> (* Ap. n. -<a href="#Ap_4-6" id="Ll_4-6">4-6</a>.)</div> - -<p>Los magistrados que llevaban la voz a nombre del consejo de -Castilla, si bien incensaron al nuevo rey diciéndole:[*] «V. M. es -rama principal de una familia destinada por el cielo para reinar», -esquivaron también, pero de un modo más encapotado que los grandes, el -reconocimiento claro y sencillo, limitándose por falta de autoridad, -según expresaban, a manifestar cuáles eran sus deseos: tan cuidadosos -andaban siempre el consejo y sus individuos de no comprometerse -abiertamente en ningún sentido.</p> - -<div class="sidenote">La de<br/> la Inquisición.</div> - -<p>A todos los parabienes respondió José con afable cortesanía, -mereciendo particular mención el modo con que habló al inquisidor Don -Raimundo Ethenard y Salinas, a quien dijo «que la religión era la base -de la moral y de la prosperidad pública, y que aunque había países -en que se admitían muchos cultos, sin embargo<span class="pagenum" -id="Page_306">p. 306</span> debía considerarse a la España como feliz -porque no se honraba en ella sino el verdadero.» Con un tan claro -elogio de las ventajas de una religión exclusiva los inquisidores, -que fundadamente consideraban su tribunal como el principal baluarte -de la intolerancia, creyéronse asegurados. Ya antes alimentaban la -esperanza de mantenerse desde que Murat mismo había correspondido -a sus congratulaciones con halagüeñas y favorables palabras. El no -haberse abolido aquel terrible tribunal en la constitución de Bayona, -y el que uno de sus ministros en representación suya la autorizase con -su firma, acrecentó la confianza de los interesados en conservarle, -y puso espanto a los que a su nombre se estremecían. Ahora que han -transcurrido años, y que otros excesos han casi borrado los de -Napoleón, atribuirase a sueño de los partidarios del santo oficio el -haberse imaginado que aquel hubiera sostenido tan odiosa institución. -Mas si recordamos que en los primeros tiempos de la irrupción -francesa muchos emisarios de su gobierno encarecían la utilidad de la -Inquisición como instrumento político, y si también atendemos al modo -arbitrario y escudriñador con que en la ilustrada Francia se disminuía -y cercenaba la libertad de escribir y pensar, no nos parecerá que -fuesen tan desvariadas y fútiles las esperanzas de los inquisidores. -Quizá José y algunos españoles de su bando hubieran querido la -abolición inmediata, ¿pero qué podía él ni que valían ellos contra la -imperiosa voluntad de Napoleón? Que este acabase después en diciembre -de 1808 con la Inquisición, en nada destruye nuestros recelos.<span -class="pagenum" id="Page_307">p. 307</span> Entonces restablecida, -como a su tiempo veremos, por la junta central con gran descrédito -suyo, entendió el soberano francés ser oportuno descuajar tan mala -planta, procurando granjearse por aquel medio y en contraposición de la -autoridad nacional el aprecio de muchos hombres de saber, atemorizados -y desabridos con el renacimiento de tan odioso tribunal.</p> - -<div class="sidenote">La del ejército.</div> - -<p>En la contestación que dio José al duque del Parque, representante -del ejército, también notamos ciertas expresiones bastantemente -singulares. «Yo me honro, dijo, con el título de su primer soldado, -y ora fuese necesario como en tiempos antiguos combatir a los moros, -ora sea menester rechazar las injustas agresiones de los eternos -enemigos del continente, yo participaré de todos vuestros peligros.» -Extraña mezcla poner al par de los ingleses a los moros y sus guerras. -Probablemente fue adorno oratorio mal escogido: dado que no siendo -creíble que por aquellas palabras hubiera querido anunciar en nuestros -días temores de una irrupción agarena, era forzoso imaginarse que -se encubría en su sentido el ulterior proyecto de invadir la costa -africana, y cierto que si el primer pensamiento hubiera pasado de -desvarío, hubiérase el segundo reprendido de sobradamente anticipado -cuando la nueva corona apenas había tocado su cabeza.</p> - -<div class="sidenote">Otra proclama<br/> de los de Bayona.</div> - -<p>Todavía era muy corto el número de diputados que concurrían en -Bayona, a la sazón que en 8 de junio [*] <span class="sidenote">(* -Ap. n. <a href="#Ap_4-7" id="Ll_4-7">4-7</a>.)</span> dieron los -presentes otra proclama a todos los españoles con objeto de recomendar -a su afecto la nueva dinastía, y de reprimir la insurrección. José -por su parte aceptó en decreto<span class="pagenum" id="Page_308">p. -308</span> del 10 [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a -href="#Ap_4-8" id="Ll_4-8">4-8</a>.)</span> la cesión de la corona -de España que en su persona había hecho su hermano, confirmando a -Murat en la lugartenencia del reino, cuyo puesto había ejercido -sucesivamente a nombre de Carlos IV y de Napoleón. Acompañaba a -este decreto [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_4-9" -id="Ll_4-9">4-9</a>.)</span> otro en que mostraba cuáles eran sus -intenciones, y en el que ya llamaba suyos a los pueblos de España. -Estos documentos corrían con dificultad en las provincias; pero si -alguno de ellos se introducía, soplaba el fuego en vez de apagarle.</p> - -<div class="sidenote">Previas<br/> disposiciones<br/> para abrir<br/> -el congreso<br/> de Bayona.</div> - -<p>Acercábase el día de abrirse el congreso de Bayona y a duras penas -crecía el número de individuos que debían componerle. Por fin fueron -llegando algunos de los que forzadamente obligaban a salir de Madrid, -o de los que cogían en los pueblos ocupados por las tropas francesas. -Pocos fueron los que de grado acudieron al llamamiento; y mal podía -ser de otra manera viendo los convocados que la insurrección prendía -por todas partes, y el gran compromiso a que se exponían. Antes de -dar principio a las sesiones, Napoleón entregó a Don Miguel José de -Azanza un proyecto de constitución. Extrema curiosidad se despertó -con deseo de averiguar quién fuese el autor. Ni entonces ni ahora ha -sido dable el descubrirle, bien que se advierta que una mano española -debió en gran parte coadyuvar al desempeño de aquel trabajo. Nosotros -no aventuraremos conjeturas más o menos fundadas. Pero sí se nos -ha aseverado de un modo indudable por persona bien enterada, que -dicha constitución o sus bases más esenciales fueron entregadas al -emperador francés en Berlín<span class="pagenum" id="Page_309">p. -309</span> después de la batalla de Jena. Debió pues salir de pluma -que vislumbrase ya cuál suerte aguardaba a España con la incierta -política del príncipe de la Paz y la desmesurada ambición del gabinete -de Francia. Napoleón escogió a Don Miguel de Azanza, como en otro libro -indicamos, para presidir el congreso; y se nombraron por secretarios -a Don Mariano Luis de Urquijo, del consejo de estado, y a Don Antonio -Ranz Romanillos, del de hacienda. Encargó también que se eligiesen dos -comisiones a cuyo previo examen se confiase el preparar los asuntos -para los debates, y proponer las modificaciones que pareciere oportuno -adoptar en la nueva constitución.</p> - -<div class="sidenote">Ábrense<br/> sus sesiones.</div> - -<p>Concluidas que fueron estas disposiciones preliminares, abrió sus -sesiones la junta de Bayona el 15 de junio, día de antemano señalado. -Pronunció Don Miguel de Azanza en calidad de presidente el discurso -de apertura. En él decía:[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a -href="#Ap_4-10" id="Ll_4-10">4-10</a>.)</span> «Gracias y honor -inmortal a este hombre extraordinario [Napoleón] que nos vuelve una -patria que habíamos perdido»... «Ha querido después que en el lugar -de su residencia y a su misma vista se reúnan los diputados de las -principales ciudades, y otras personas autorizadas de nuestro país, -para discurrir en común sobre los medios de reparar los males que hemos -sufrido, y sancionar la constitución que nuestro mismo regenerador se -ha tomado la pena de disponer para que sea la inalterable norma de -nuestro gobierno... De este modo podrán ser útiles nuestros trabajos, y -cumplirse los altos designios del héroe que nos ha convocado...»<span -class="pagenum" id="Page_310">p. 310</span> Pesa que un hombre cuyo -concepto de probidad se había hasta entonces mantenido sin tacha, se -abatiese a pronunciar expresiones adulatorias, poco dignas de la boca -de un ministro puro y honrado. Porque en efecto, ¿dónde estaban los -diputados de las principales ciudades? y si la patria estaba perdida -¿no había también <i>el hombre extraordinario</i> contribuido en gran -manera a hundirla en el abismo? ¿En dónde y cómo nos la había vuelto? -Sin la constancia española, sin la pertinaz guerra de seis años, -hubiera sido tratada con el vilipendio que otros estados, y partida -después o desmembrada al antojo del extranjero. Suerte que hubiera -merecido, si en silencio hubiese dejado que tan indignamente se la -humillase y oprimiese. Pudiera Azanza haber cumplido con el encargo de -presidente, sin aparecer oficioso ni lisonjero.</p> - -<div class="sidenote">Sus discusiones.</div> - -<p>Redujéronse a doce las sesiones de Bayona. En la misma del 15 se -procedió a la verificación de poderes, y se leyó el decreto de Napoleón -por el que cedía la corona de España a su hermano José; habiéndose -acordado en la del 17 pasar a cumplimentar al nuevo monarca. En nada -fueron notables los discursos que al caso se pronunciaron, sino en -haberse especificado en el contexto del de la junta «que habían hecho y -que harían [sus individuos] cuanto estuviese de su parte para atraer a -la tranquilidad y al orden las provincias que estaban agitadas.» Por el -mismo tenor y según costumbre fue la contestación de José, no echando -en olvido la repetida cantilena de que los<span class="pagenum" -id="Page_311">p. 311</span> ingleses eran los que fomentaban la -inquietud de los pueblos.</p> - -<p>Presentose el día 20 el proyecto de constitución y ordenó la junta -su impresión, habiéndose oído en los siguientes varios discursos -acerca de sus artículos. Se ventilaron también otros puntos, y en la -citada sesión del 20 se propuso para halagar al pueblo la supresión de -los cuatro maravedís en cuartillo de vino, y la de tres y un tercio -por ciento de los frutos que no diezmaban, cuyo acuerdo quedó en el -inmediato día aprobado por José. En la del 22 Don Ignacio de Tejada, -designado por Murat para representar el nuevo reino de Granada, sostuvo -en un vehemente discurso lo conveniente que sería afianzar la unión -con la metrópoli de las provincias americanas. Cuatro religiosos que -tenían voz como diputados de los regulares, pidieron en otra sesión que -no se suprimiesen del todo los conventos, y que solo se minorase el -número. ¡Ojalá se hubieran mostrado siempre tan sumisos y conformes! -Se atrevió a proponer la abolición del santo oficio Don Pablo Arribas, -sosteniéndole Don José Gómez Hermosilla, pero el inquisidor Ethenard -levantándose muy alborotado, se opuso e intentó probar lo útil del -establecimiento, considerado por el lado político. Apoyáronle con -fuerza los consejeros de Castilla, siendo natural se estrechasen para -defensa mutua dos cuerpos que en sus respectivas jurisdicciones tanto -daño habían acarreado a España. El duque del Infantado quería que no -se rebajase a menos de 80.000 ducados el máximo de los mayorazgos: -desechose la propuesta,<span class="pagenum" id="Page_312">p. -312</span> no habiendo tampoco las dos anteriores tenido resulta. Fue -notable y digna de loa la que promovió Don Ignacio Martínez de Villela, -si no con mejor éxito, de que se comprendiese en la ley fundamental un -artículo para que ninguno pudiese ser incomodado por sus opiniones -políticas y religiosas. Admiraría que aquel mismo magistrado años -adelante se convirtiese en duro y constante perseguidor si, por -desgracia, no ofreciese la flaqueza humana, la rencorosa envidia o la -desapoderada ambición repetidos ejemplos de tan lamentables mudanzas. -Por tal término anduvieron las discusiones, hasta que el 30 se -concluyeron y cerraron las de la constitución; en cuyo día se le añadió -un último artículo declarando que después del año 20 se presentarían de -orden del rey las mejoras y modificaciones que la experiencia hubiese -enseñado ser necesarias y convenientes.</p> - -<div class="sidenote">Si se gozó<br/> de libertad.</div> - -<p>En vista de la adición de este artículo y de las cortas discusiones -que hubo, han pretendido algunos y de aquellos que han tratado de -defenderse, que la junta había gozado de libertad. Concediendo que -esto fuese cierto, levantaríase contra los miembros un grave cargo por -no haber sostenido mejor los derechos de la nación, ya que hubiesen -creído inútil recordar los de Fernando y su familia. Parecería pues -imposible, a no leerlo en sus obras, que hombres graves hayan querido -persuadir al público que allí se procedió sin embarazo, discutiéndose -las materias con toda franqueza y al sabor y según el dictamen de los -vocales. No hay duda que sobre puntos accesorios fue lícito hablar, -y aun indicar<span class="pagenum" id="Page_313">p. 313</span> -leves modificaciones. Pero ¿que hubiera acontecido si alguno se -hubiese propasado, no a renovar la cuestión decidida ya de mudanza de -dinastía, sino a enmendar cualquiera artículo de los sustanciales de -la constitución? ¿Qué si hubiese reclamado la libertad de imprenta, -la publicidad de las sesiones, una manera en fin más acertada de -constituirse las cortes? O para siempre hubiera enmudecido el audaz -diputado de cuyos labios hubieran salido semejantes proposiciones, o -deprisa y estrepitosamente se hubiera disuelto el congreso de Bayona. -Así en el corto número de doce sesiones se cumplió con las formalidades -de estilo, se tocaron varias materias, y se discutió y aprobó a la -unanimidad una constitución de 146 artículos. ¿Mas a qué cansarse? Para -conceptuar de qué libertad gozaron los diputados, basta decir que fue -en Bayona, y a vista de Napoleón, donde celebraron sus sesiones.</p> - -<div class="sidenote">Juramento<br/> prestado<br/> a la -constitución.</div> - -<p>Al fin el 7 de julio reunido el congreso en el mismo sitio de -los anteriores días, que fue en el palacio llamado del obispado -viejo, juró José la observancia de la constitución en manos del -arzobispo de Burgos, y también la juraron, aceptaron y firmaron los -diputados cuyo número no pasó de noventa y uno, siendo de notar -que apenas veinte habían sido nombrados por las provincias. Los -demás o eran de aquellos que habían acompañado al rey Fernando, o -individuos de diversas corporaciones o clases residentes en Madrid y -ciudades oprimidas por los soldados franceses. Para que subiera la -cuenta obligaron también a españoles transeúntes casualmente<span -class="pagenum" id="Page_314">p. 314</span> en Bayona, a que pusiesen -su firma en la nueva constitución. Pero a pesar de tales esfuerzos -nunca pudo completarse el número de 150 que era el determinado en la -convocatoria.</p> - -<div class="sidenote">Reflexiones sobre<br/> la constitución.</div> - -<p>Ahora sería oportuno entrar en el examen de esta constitución, si -por lo menos hubiera gobernado de hecho la monarquía. Mas ilegítima en -su origen, y bastarda producción de tierra extraña nunca plantada en -la nuestra, no sería justo que nos detuviese largo tiempo, ni cortase -el hilo de nuestra narración. Sin embargo atendiendo al elogio que de -algunos ha merecido, séanos lícito poner aquí ciertas observaciones, -que si bien restrictas y generales, no por eso dejarán de dar una idea -de los defectos fundamentales que la oscurecían y anulaban.</p> - -<p>Desde luego nótase que falta en aquella constitución lo que forma -la base principal de los gobiernos representativos, a saber, la -publicidad. Por ella se ilustra y conoce la opinión, y la opinión es -la que dirige y guía a los que mandan en estados así constituidos. Dos -son los únicos y verdaderos medios de conseguir que la voz pública suba -con rapidez a los representantes de una gran nación, y que la de estos -descienda y cunda a todas las clases del pueblo. Son pues la libertad -de imprenta y la publicidad en las discusiones del cuerpo o cuerpos que -deliberan. Por la última, como decía el mismo Burke, llega a noticia de -los poderdantes el modo de pensar y obrar de sus diputados, sirviendo -también de escuela instructiva a la juventud:<span class="pagenum" -id="Page_315">p. 315</span> y por la primera, esencialmente unida -a la naturaleza de un estado libre, conforme a la expresión del -gran jurisconsulto Blackstone, se enteran los que gobiernan de las -variaciones de la opinión y de las medidas que imperiosamente reclama, -por cuya mutua y franca comunicación, acumulándose cuantiosa copia de -saber y datos, las resoluciones que se toman en una nación de aquel -modo regida no se apartan en lo general de lo que ordena su interés -bien entendido; desapareciendo en cotejo de tamaño beneficio los cortos -inconvenientes que en ciertos y contados casos pudieran acompañar a -la publicidad, y de que nunca se ve del todo desembarazada la humana -naturaleza. Pues aquellos dos medios tan necesarios de estamparse en -una constitución que se preciaba de representativa, no se vislumbraban -siquiera en la de Bayona. Al contrario, por el artículo 80 se prevenía -«que las sesiones de las cortes no fuesen públicas.» Y en tanto grado -se huía de conceder dicha facultad, que en el 81 íbase hasta graduar -de rebelión el publicar impresas o por carteles las opiniones o -votaciones. Quien con tanto esmero había trabado la libertad de los -diputados, no era de esperar obrase más generosamente con la de la -imprenta. Deferíase su goce a dos años después que la constitución se -hubiese planteado, no debiendo esta tener su cumplido efecto antes -de 1813. Pero aun entonces, además de las limitaciones que hubieran -entrado en la ley, parece ser que nunca se hubieran comprendido en su -contexto los papeles periódicos. Así se infiere de lo prevenido en el -artículo 45. Porque<span class="pagenum" id="Page_316">p. 316</span> -al paso que se crea una junta de cinco senadores encargados de velar -acerca de la libertad de imprenta, se exceptúan determinadamente -semejantes publicaciones, las que sin duda reservaba el gobierno a su -propio examen. Véase pues cuán tardía y escatimada llegaría concesión -de tal importancia.</p> - -<p>Tampoco se había compuesto ni deslindado atinadamente la potestad -legislativa. Al sonido de la voz senado cualquiera se figuraría haber -sido erigido aquel cuerpo con la mira de formar una segunda y separada -cámara que tomase parte en la discusión y aprobación de las leyes; -pero no era así. Ceñidas sus facultades en los tiempos tranquilos -a velar sobre la conservación de la libertad individual y de la de -imprenta, ensanchábanse en los borrascosos o cuando parecieren tales -a la potestad ejecutiva, a suspender la constitución y a adoptar las -medidas que exigiese la seguridad del estado. Un cuerpo autorizado con -facultad tan amplia y poderosa, debiera al menos haber ofrecido en su -independencia un equilibrio correspondiente y justo. Mas constando de -solos veinticuatro individuos nombrados por el rey y escogidos entre -empleados antiguos, antes era sostenimiento de la potestad ejecutiva -que valladar contra sus usurpaciones.</p> - -<p>Para evitar estas o resistirles gananciosamente no era más -propicia ni recomendable la manera como se habían constituido las -cortes, las cuales además de verse privadas de la publicidad, sólido -cimiento de su conservación, llevaban consigo la semilla de su propia -desorganización<span class="pagenum" id="Page_317">p. 317</span> y -ruina. Por de pronto el rey estaba obligado solamente a convocarlas -cada tres años, y como para todo este intermedio se votaban las -contribuciones, no era probable que se las hubiera congregado con más -frecuencia. El número de vocales se limitaba a 162 divididos en tres -estamentos, clero, nobleza y pueblo; componiéndose los dos primeros -de 50 individuos. Debían, reunidos en la misma sala, discutir las -materias y decidirlas a pluralidad de votos y no por separación de -clase. En cuya virtud sin resultar las ventajas de la cámara de lores -en Inglaterra, ni la del senado en los Estados Unidos, sirviendo de -contrapeso entre la potestad real o ejecutiva y la popular; aquí juntos -y amontonados todos los estamentos o brazos, hubieran presentado la -imagen del desorden y la confusión. Cuando el cuerpo que ha de formar -las leyes está dividido en dos cámaras, al choque funesto de las -clases que es temible exista estando reunidos los privilegiados y los -que no lo son, sucede cuando deliberan separadamente el saludable -contrapeso de las opiniones individuales, estableciéndose una mutua -correspondencia entre los vocales de ambas cámaras que no disienten -en el modo de pensar; sin atender a la clase a que pertenecen. Por lo -menos así nos lo muestra la experiencia, gran maestra en semejantes -materias. Cuanto más se reflexiona acerca del artificio de esta -constitución, mas se descubre que solo en el nombre quería darse a -España un gobierno monárquico representativo.</p> - -<p>Había empero artículos dignos de alabanza.<span class="pagenum" -id="Page_318">p. 318</span> Merécenla pues aquellos en que se declaraba -la supresión de privilegios onerosos, la abolición del tormento, la -publicidad en los procesos criminales y el límite de 20.000 pesos -fuertes de renta, señalado a la excesiva acumulación de mayorazgos. -Mas estas mejoras que ya desaparecían junto a las imperfecciones -sustanciales arriba indicadas, del todo se deslustraban y ennegrecían -con la monstruosidad [no puede dársele otro nombre] de insertar en -la ley fundamental del estado que habría perpetuamente una alianza -ofensiva y defensiva, tanto por tierra como por mar entre España y -Francia. Todo tratado o liga de suyo variable, supone por lo menos el -convenio recíproco de los dos o más gobiernos que están interesados en -su cumplimiento. Exigíase aún más en este caso: ya que quisiera darse -a la alianza la duración y firmeza de una ley fundamental, menester -era que la otra parte, la Francia, se hubiese comprometido a lo mismo -en las constituciones del imperio. Podrá redargüirse que estaba sujeta -esta determinación a un tratado posterior y especial entre ambas -naciones. Pero según el artículo 24 de la constitución que era en donde -se adoptaba el principio, debía el tratado limitarse a especificar -el contingente con que cada una había de contribuir, y no de manera -alguna a variar la base admitida de una alianza perpetua ofensiva y -defensiva. No es de este lugar examinar la utilidad o perjuicio que se -seguiría a España, país casi aislado, de atarse con semejante vínculo y -abrazar todas las desavenencias de una nación como la Francia contigua -a tantas<span class="pagenum" id="Page_319">p. 319</span> otras y -con intereses tan complicados. Aquí solo consideramos la cuestión -constitucional, bajo cuyo respecto no pudo ser ni más fuera de sazón -ni más extraña. Al ver adoptado semejante artículo no podemos menos -de asombrarnos por segunda vez de que haya habido españoles de los -firmantes, tan olvidados de sí propios, que hayan asegurado en sus -defensas haberse gozado en Bayona de entera e ilimitada libertad. -Porque si a sabiendas y voluntariamente le admitieron y aprobaron ¿cómo -pudieran disculparse de haber encadenado la suerte de su patria a la de -otra nación, sin que esta se hubiera al propio tiempo comprometido a -igual reciprocidad? Mas afortunadamente y para honra del nombre español -si hubo algunos que con placer firmaron la constitución de Bayona, -justo es decir que el mayor número lo hicieron obligados de la penosa e -involuntaria situación en que los había colocado su aciaga estrella.</p> - -<div class="sidenote">Visita<br/> de la Junta<br/> de Bayona<br/> a -Napoleón.</div> - -<p>En el mismo día 7 de julio Don Miguel de Azanza propuso y se acordó -la acuñación de dos medallas que perpetuasen la memoria del juramento a -la constitución, trasladándose en seguida la junta en cuerpo al palacio -de Marracq a cumplimentar a Napoleón. Llevó la palabra el presidente, y -en silencio aguardaron todos con ansiosa curiosidad la respuesta del -soberano de Francia, rodeado de los diputados españoles. Tres cuartos -de hora duró el discurso del último, embarazoso en la expresión e -infecundo en sus conceptos. Levantando pues la cabeza y echando una -mirada esquiva y torva, la inclinaba después aquel príncipe sobre el -pecho,<span class="pagenum" id="Page_320">p. 320</span> articulando de -tiempo en tiempo palabras sueltas o frases truncadas e interrumpidas, -sin que centellease ninguno de aquellos rasgos originales que a veces -brillaban en sus conversaciones o arengas. Parecía representar su voz -el estado de su conciencia. Impacientábanse todos, mas el disimulo -reinaba por todas partes. Sus cortesanos quedaron inmobles; y aturdidos -los españoles, a cuyos ojos achicose en gran manera el objeto que tan -agigantado les había parecido de lejos. Fatigado el concurso y quizá -Napoleón mismo, despidió este a los diputados que sobrecogidos y -silenciosos se retiraron. Azaroso andaba en todo lo de España.</p> - -<p>Aún duraban las discusiones de la constitución cuando -llegó a Bayona una carta escrita en Valençay en 22 de junio -por la servidumbre de Fernando y los infantes, en la que -«juraban [*] <span class="sidenote">Felicitación<br/> de la -servidumbre<br/> de Fernando.<br/> (* Ap. n. <a href="#Ap_4-11" -id="Ll_4-11">4-11</a>.)</span> obediencia a la nueva constitución de su -país y fidelidad al rey de España José I.» Según Escóiquiz fue efecto -de intimación del príncipe de Talleyrand hecha a nombre de Napoleón, -añadiendo que para evitar mayores males accedieron encargándose él -mismo de extender la carta en términos estudiados y medidos. Si así -hubiera pasado, merecían disculpa Escóiquiz y sus compañeros; pero -aconteció muy de otra manera. Y o aquel se imaginó que nunca se -trasluciría el contenido de su carta, o con los infortunios se había -enteramente desmemoriado. En ella se prestaba el juramento de un modo -claro no ambiguo; y lo que era peor se pedían nuevas gracias expresadas -en una nota adjunta, afirmándose también que <i>estaban prontos a -obedecer<span class="pagenum" id="Page_321">p. 321</span> ciegamente -su voluntad</i> [la de José] <i>hasta en lo más mínimo</i>. Véase pues -lo que llamaba Escóiquiz juramento condicional y aéreo, y carta escrita -en términos medidos.</p> - -<p>Así mismo Fernando escribió con igual fecha [*] <span -class="sidenote">Felicitación de<br/> Fernando mismo.<br/> (* Ap. n. -<a href="#Ap_4-12" id="Ll_4-12">4-12</a>.)</span> a Napoleón en nombre -suyo y de su hermano y tío, dándole el parabién de haber sido ya -instalado en el trono de España su hermano José; con una carta [leída -en 30 de junio ante los diputados de Bayona] inclusa para el último en -que se decía después de felicitarle «que se consideraba miembro de la -augusta familia de Napoleón, a causa de que había pedido al emperador -una sobrina para esposa, y esperaba conseguirla:» tan caída y por el -suelo andaba la corona de Carlos V y Felipe II.</p> - -<div class="sidenote">Ministerio<br/> nombrado<br/> por José.</div> - -<p>En 4 de julio había José arreglado definitivamente su ministerio. -Tocó a Don Mariano Luis de Urquijo la secretaría de estado, a cuyo -puesto correspondía, según la constitución de Bayona, refrendar todos -los decretos. En el reinado de Carlos IV, todavía aquel muy joven, -había sido nombrado ministro interino de estado. Adornado de ciertas -calidades brillantes y exteriores, no se le reputaba por hombre de -saber profundo: tachábanle de presuntuoso. Quiso en su ministerio -enfrenar el tribunal de la Inquisición, y restablecer a los obispos en -sus primitivos derechos. Acarreole su intento la enemistad de Roma y -de una parte del clero español. Con esto y haber el príncipe de la Paz -recobrado su antigua e ilimitada privanza, fue desgraciado Urquijo, -encerrado en la ciudadela de Pamplona, y confinado después a Bilbao -su patria.<span class="pagenum" id="Page_322">p. 322</span> No tuvo -parte en los primeros desaciertos de Madrid y Bayona, y solo acudió a -esta ciudad en virtud de reiterado llamamiento de Napoleón, quien le -deslumbró prodigando lisonjas a su amor propio. Encargose Don Pedro -Cevallos del ministerio de negocios extranjeros, con repugnancia y -violencia según el propio se expresa, con gusto y solicitud suya según -otros. Don Sebastián de Piñuela y Don Gonzalo Ofárril se mantuvieron en -sus respectivos ministerios de gracia y justicia y de guerra. Obtuvo -el de Indias Don Miguel José de Azanza, reservándose el de marina -para Don José Mazarredo, quien en dicho ramo gozaba de gran concepto, -habiendo ilustrado su nombre en varias campañas; pero que sin práctica -en las materias de estado, y preocupado y nimio en otras, abrazó sin -discernimiento a manera de frenesí el partido del rey intruso. Púsose -la hacienda al cuidado del conde de Cabarrús, francés de nación, mas -por afición y enlaces de corazón español. Decidido en Zaragoza a -seguir la gloriosa causa de aquellos moradores, fuese temor o enfado -de algún peligro que había corrido en Ágreda, mudó después de parecer -y aceptó el ministerio que José le confirió. «Hombre extraordinario -[según le pinta su amigo Jovellanos] en quien competían los talentos -con los desvaríos y las más nobles calidades con los más notables -defectos.» No era fácil que en un tiempo en que el nuevo rey ansiaba -granjearse la estimación pública, se hubiese olvidado en la repartición -de empleos y gracias del hombre insigne que acabamos de citar, <span -class="sidenote">Jovellanos.</span> de Don Gaspar<span class="pagenum" -id="Page_323">p. 323</span> Melchor de Jovellanos. Libertado de su -largo y penoso encierro al advenimiento al trono de Fernando VII, -habíase retirado a Jadraque en casa de un amigo para recobrar su -salud debilitada y perdida con los malos tratamientos y duro padecer. -Buscole en su rincón Murat mandándole pasase a Madrid: excusose con -el mal estado de su cuerpo y de su espíritu. Acosáronle poco después -los de Bayona; José de oficio para que fuese a Asturias a reducir al -sosiego a sus paisanos, y confidencialmente Don Miguel de Azanza, -anunciándole que se le destinaba para el ministerio de lo interior. -Disculpose con el primero en términos parecidos a los que había usado -con Murat, y al segundo le manifestó «que estaba lejos de admitir -ni el encargo, ni el ministerio, y que le parecía vano el empeño de -reducir con exhortaciones a un pueblo tan numeroso y valiente, y tan -resuelto a defender su libertad.» Reiteráronse las instancias por -medio de Ofárril, Mazarredo y Cabarrús. Acometido tan obstinadamente -de todos lados, expresó en una de sus contestaciones «que cuando la -causa de la patria fuese tan desesperada como ellos se pensaban, sería -siempre la causa del honor y la lealtad, y la que a todo trance debía -preciarse de seguir un buen español.» Sordos a sus razones y a sus -disculpas le nombraron ministro mal de su grado, e insertaron en la -Gaceta de Madrid su nombramiento: señalada perfidia con que trataron -de comprometerle. Por dicha salvole la honra lo terso y limpio de -su noble conducta, y sirvió de obstáculo a la persecución, que su -constante resistencia<span class="pagenum" id="Page_324">p. 324</span> -hubiera podido acarrearle, la victoria de Bailén: con cierta prolijidad -hemos referido este hecho como ejemplo digno de ser transmitido a la -posteridad.</p> - -<p>Formado que hubo su ministerio el rey intruso, se ocupó en proveer -los empleos de palacio en los grandes que estaban en Bayona; [*] -<span class="sidenote">Empleos<br/> de palacio.<br/> (* Ap. n. <a -href="#Ap_4-13" id="Ll_4-13">4-13</a>.)</span> y cuya enumeración -omitimos por inútil y fastidiosa. El duque del Infantado fue -nombrado coronel de guardias españolas, y de valonas el príncipe -de Castel-Franco. Mucho desmereció el primero, viéndole la nación -volver favorecido por la estirpe que había despojado del trono al -rey Fernando, y cuya pérdida había en gran parte provenido de haber -escuchado sus consejos. Pocos fueron los franceses que acompañaron a -José, y en eminente puesto solamente colocó al general Saligny, duque -de San Germán, escogido para ser uno de los capitanes de guardias -de Corps. Imitó en eso la política de Luis XIV, quien según expresa -el marqués de San Felipe [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a -href="#Ap_4-14" id="Ll_4-14">4-14</a>.)</span> «mandó prudentísimamente -que ningún vasallo suyo entrase en España... Con lo que explicaba -entregar enteramente al rey [Felipe V] al dictamen de los españoles, -y que ni los celos de su favor, ni el mando turbase la pública -quietud.»</p> - -<div class="sidenote">José entra<br/> en España<br/> el 9 de -julio.</div> - -<p>Al fin arreglado lo interior de palacio y el supremo gobierno, -determinó José de acuerdo con su hermano entrar en España el 9 de -julio, confiados ambos en que a favor de ciertas ventajas militares -alcanzadas por las armas francesas sería fácil llegar sin impedimento -a la capital del reino; por lo cual es ya ocasión de hablar<span -class="pagenum" id="Page_325">p. 325</span> de las acciones de guerra, -y reencuentros que hubo por aquel tiempo antes de proceder más -adelante.</p> - -<div class="section"> - -<div class="sidenote">Primera<br/> expedición<br/> de los -franceses<br/> contra Santander.</div> - -<p>Santander, punto marítimo y cercano a las provincias aledañas -de Francia, fijó primero la atención de Napoleón. Por su orden se -encomendó al mariscal Bessières que destacase la suficiente fuerza -para ahogar aquella insurrección. Este en 2 de junio hizo partir de -Burgos al general Merle, poniendo bajo su mando seis batallones y 200 -caballos. Ya dijimos que al levantarse Santander se había colocado en -las principales gargantas de su cordillera la gente de nuevo alistada. -El 4 advertidos los jefes españoles de que los franceses avanzaban, -dispusieron replegarse a las posiciones más favorables, resueltos a -impedir el paso. Aguardaban ser acometidos en la mañana del 5; mas -aclarando el día y disipada la densa niebla que con frecuencia cubre -aquellas alturas, notaron con sorpresa que los franceses habían alzado -el campo y desaparecido. La bisoña tropa atribuyó la retirada a temores -del ejército enemigo, con lo que adquirió una desgraciada y ciega -confianza: muy otra era la causa.</p> - -</div> - -<div class="sidenote">Expedición<br/> contra Valladolid.</div> - -<p>Habíase insurreccionado Valladolid, cundía el fuego de un pueblo -en otro, y tocando casi a los mismos muros de Burgos, en donde el -mariscal Bessières tenía asentado su cuartel general, recelose este de -ver cortadas sus comunicaciones, si de pronto no acudía al remedio. -Consideraba mayor el peligro y más graves las conmociones cercanas -con un caudillo de nombre, como lo era Don Gregorio de la Cuesta. -Y en<span class="pagenum" id="Page_326">p. 326</span> tal estado -pareciole oportuno no alejar ni esparcir su fuerza, y obrar solamente -contra el enemigo más inmediato. Mandó por tanto a las tropas enviadas -antes camino de Santander que retrocediendo viniesen al encuentro del -general Lassalle, quien asistido de cuatro batallones de infantería y -700 caballos se dirigía hacia Valladolid. Había el último salido de -Burgos el 5 de junio, y al anochecer del 6 llegó a Torquemada, <span -class="sidenote">Quema<br/> de Torquemada</span> villa situada cerca -del Pisuerga, y que domina el campo de la margen opuesta. Muchos -vecinos abandonaron el pueblo, algunos se quedaron; y preparándose para -la defensa, atajaron con cadenas y carros el puente bastante largo -por donde se va a la villa. Ciento de los más animosos parapetados -detrás o subidos en la iglesia y casas inmediatas, dispararon contra -los franceses que se adelantaban. No arredrados estos con el incierto -y lejano fuego del paisanaje, aceleraron el paso y bien pronto -desembarazando el puente, penetraron por las calles y saquearon y -quemaron lastimosamente sus casas y edificios. Dispersos los defensores -fueron unos acuchillados por la caballería, otros atravesados por las -bayonetas de los infantes, y tratados los demás moradores con todo el -rigor de la guerra, sin que se perdonase a edad ni sexo.</p> - -<div class="sidenote">Entrada<br/> en Palencia.</div> - -<p>En Palencia se habían también reunido los mozos con varios soldados -sueltos a las órdenes del anciano general Don Diego de Tordesillas. -Mas atemorizados con el incendio de Torquemada, se retiraron a tierra -de León, procurando el obispo aplacar la furia de los franceses con -un obsequioso recibimiento. Llegaron el 7, y a<span class="pagenum" -id="Page_327">p. 327</span> sus ruegos se contentaron con desarmar -a los habitantes, imponiéndoles además una contribución bastante -gravosa.</p> - -<div class="sidenote">Acción<br/> de Cabezón.</div> - -<p>En Dueñas se engrosó la división de Lassalle con la de Merle de -vuelta de Reinosa, y allí acordaron el modo de atacar a Don Gregorio -de la Cuesta. Había el general español ocupado a Cabezón, distante dos -leguas de Valladolid. Contaba bajo su mando 5000 paisanos mal armados -y sin instrucción militar, 100 guardias de Corps de los que habían -acompañado a Bayona a la familia real, y 200 hombres del regimiento de -caballería de la reina. Reducíase su artillería a cuatro piezas que -habían salvado del colegio de Segovia sus oficiales y cadetes. Cabezón, -situado a la orilla izquierda del Pisuerga, contiguo al puente adonde -viene a parar la calzada de Burgos, y en paraje más elevado, ofrecía -abrigo y reparo a la gente allegadiza de Cuesta si hubiera sabido o -querido este aprovecharse de tamaña ventaja. Pero con asombro de todos, -haciendo pasar al otro lado del río lo grueso de sus tropas, colocó -en una misma línea la caballería y los paisanos, entre los que se -distinguía por su mejor arreo y disciplina el cuerpo de estudiantes. -Situó cerca y a la salida del puente dos cañones, y dejó los otros dos -del lado de Cabezón. Quedaron asimismo por esta parte algunas compañías -de paisanos de las parroquias de Valladolid cada una con su bandera -para guardar los vados del río: inexplicable arreglo y ordenación en un -general veterano.</p> - -<p>Temprano en la mañana del 12 empezó el<span class="pagenum" -id="Page_328">p. 328</span> ataque. El francés Lassalle marchó por -el camino real, cubriendo el movimiento de su izquierda con el -monasterio de bernardos de Palazuelo. El general Merle tiró por -su derecha hacia Cigales con intento de interceptar a Cuesta si -quería retirarse del lado de León, como se lo habían los enemigos -pensado al verle pasar el río, no pudiendo achacar a ignorancia -semejante determinación. La refriega no fue ni larga ni empeñada. -A las primeras descargas los caballos, que estaban avanzados y al -descubierto en campo raso, empezaron a inquietarse sin que fueran -dueños los jinetes de contenerlos. Perturbaron con su desasosiego a -los infantes y los desordenaron. Al punto diose la señal de retirada, -agolpándose al puente la caballería, precedida por los generales -Cuesta y Don Francisco Eguía, su mayor general. Los estudiantes se -mantuvieron aún firmes, pero no tardaron en ser arrollados. Unos -huyendo hacia Cigales fueron hechos prisioneros por los franceses, -o acuchillados en un soto a que se habían acogido. Otros procurando -vadear el río o cruzarle a nado, se ahogaron con la precipitación y -angustia. No fueron tampoco más afortunados los que se dirigieron al -puente. Largo y angosto caían sofocados con la muchedumbre que allí -acudía o muertos por los fuegos franceses, y el de un destacamento -de españoles situado al pie de la ermita de la Virgen del Manzano, -cuyos soldados poco certeros más bien ofendían a los suyos que a los -contrarios. Grande fue la pérdida de nuestra parte, cortísima la de los -franceses. El general Cuesta tranquilamente continuó su retirada,<span -class="pagenum" id="Page_329">p. 329</span> y sin detenerse se replegó -con la caballería a Rioseco pasando por Valladolid. No faltó quien -atribuyese su extraña conducta a traición o despique, por haberle -forzado a comprometerse en la insurrección. Otras batallas posteriores -en que exponiendo mucho su persona anduvo igualmente desacertado en -las disposiciones, probaron que no obraba de mala fe sino con poco -conocimiento de la estrategia.</p> - -<div class="sidenote">Entran<br/> los franceses<br/> en -Valladolid.</div> - -<p>Los enemigos temerosos de alguna emboscada cañonearon al principio a -Cabezón sin entrar en el pueblo. Con el ruido y las balas ahuyentaron -a los vecinos, y solo a mediodía penetraron en las casas, saqueándolas -y abrasando en las eras los efectos y ajuar que no pudieron llevar -consigo. Fue el botin abundante, porque como era domingo casi todos -los habitantes de Valladolid habían ido allí como a fiesta y romería, -imaginándose a fuer de inexpertos segura y fácil la victoria. El -camino de Cabezón estaba sembrado de despojos de innumerable gentío -que precipitadamente quería ponerse en salvo. Los franceses avanzaron -con lentitud, y no entraron en Valladolid hasta las cinco de la tarde. -El obispo y unos cuantos regidores y ministros de la chancillería -salieron a recibirlos para calmar su enojo. Respetaron la ciudad, -quitaron las armas a los vecinos, se llevaron algunos en rehenes y la -gravaron con una fuerte contribución. No se detuvieron sino hasta el 16 -en cuyo día abandonaron la ciudad, queriendo apagar la insurrección de -Santander.</p> - -<div class="sidenote">Segunda<br/> expedición<br/> contra -Santander.</div> - -<p>El general Lassalle se apostó en Palencia para observar a Cuesta, y -apoyar la expedición<span class="pagenum" id="Page_330">p. 330</span> -que iba a la Montaña capitaneada por el general Merle. Llegó este a -Reinosa el 20 con fuerza considerable, y el 21 marchó sobre Lantueno. -Guardaba las entradas de aquel lado Don Juan Manuel Velarde con 3000 -hombres, los más paisanos, y dos piezas de grueso calibre. Cuando la -primera retirada del enemigo, los españoles en vez de redoblar sus -esfuerzos, descuidaron los preparativos de defensa, y la gente como -nueva e indisciplinada se desbandó en parte, juzgando ya inútil su -asistencia. Los franceses atacaron en dos columnas: opúsoseles escasa -resistencia, pues en breve cedieron a la pericia de aquellos los nuevos -reclutas, salvándose el mayor número por las fraguras, y reparándose -los menos de una segunda línea de defensa, formada entre Las Fraguas y -Somahoz. Estrechado allí el camino de un lado por un despeñadero y del -otro por la roca Tajada, ofreció facilidad para que se le embarazase -con ramas, peñascos y troncos, colocando detrás algunos cañones. Mas -los españoles desmayados con el primer descalabro, y viendo que las -tropas ligeras del enemigo avanzaban por su derecha e izquierda y -los flanqueaban a pesar de lo escabroso del terreno, se retiraron -apresuradamente, dejando libre el paso al general Merle, quien se -posesionó de Santander el 23.</p> - -<p>Por el Escudo las avanzadas de la división española que ocupaba -aquel punto a las órdenes de Don Emeterio Velarde, ya el 19 -reconocieron al enemigo que venía sobre ellos con 1200 infantes y 60 -coraceros. Era su general el de brigada Ducos, quien había partido de -Miranda<span class="pagenum" id="Page_331">p. 331</span> de Ebro, -empezando su movimiento a la misma sazón que Merle. La fuerza española -era aun más flaca por esta parte que por la de Reinosa, y solo tenía -un cañón servible. Rechazose sin embargo en un principio al enemigo. -Disponíanse de nuevo a resistirle, cuando informado Don Emeterio de la -rota experimentada por los de Lantueno, formó un consejo de guerra, -y en él se decidió separarse guarecidos de la densa niebla esparcida -por las montañas, y por cuya causa había cesado el fuego de una y otra -parte. El general Ducos avanzó entonces, y juntándose con Merle llegó -en su compañía a Santander.</p> - -<div class="sidenote">Obispo<br/> de Santander.</div> - -<p>El obispo luego que supo que los franceses se aproximaban a la -montaña, arrebatado de entusiasmo montó en una mula, y pertrechado de -todas armas se encaminó adonde acampaba el ejército; pero encontrándole -a poco deshecho y disperso, decayó de ánimo, y huyó como los demás -refugiándose a Asturias, lo cual dio lugar a la voz de haber servido -dicho prelado de guía a las tropas en aquella sazón.</p> - -<div class="sidenote">Noble acción<br/> de su junta.</div> - -<p>Pocos días después del levantamiento de Santander había entrado de -arribada en el puerto un buque francés, procedente de sus colonias -y ricamente cargado. La junta en medio de sus apuros tuvo la -generosidad de no aprovecharse del precioso socorro que el acaso le -ofrecía, y permitió al buque seguir su viaje a Francia, dando además -libertad y poniendo a su bordo al cónsul y a los otros franceses -que en un principio habían sido arrestados. Acción tan noble y -rara no evitó a Santander el ser molestado en lo sucesivo<span -class="pagenum" id="Page_332">p. 332</span> con derramas e imposiciones -extraordinarias.</p> - -<div class="sidenote">Expedición<br/> contra Zaragoza.</div> - -<p>El vigilante cuidado de Napoleón no se adormeció del lado de -Aragón, disponiendo que el general de brigada Lefebvre-Desnouettes -con 5000 hombres de infantería y 800 caballos partiese el 7 de junio -de Pamplona. Llegó el 8 delante de Tudela. Los vecinos habían cortado -el puente del Ebro con intento de impedir el paso; pero los franceses -cruzando en barcas el río se apoderaron de la ciudad, a pesar de gente -y socorros que había enviado Zaragoza a las órdenes del marqués de -Lazán. Arcabucearon para escarmiento algunas personas, como si fuera -delito defender sus hogares contra el extranjero: repararon el puente, -y prosiguieron su marcha. El marqués de Lazán que con tropa colecticia -se había adelantado hasta Tudela, <span class="sidenote">Acción<br/> -de Mallén.</span> se replegó y tomó posición el 12 junto a un olivar, -apoyando su izquierda en la villa de Mallén, y la derecha en el canal -de Aragón. Resistieron con valor sus soldados, mas atacando los -enemigos vigorosamente uno de los flancos, comenzaron los nuestros -a ciar, y del todo se desordenaron con una carga que les dieron los -lanceros polacos. No por eso se abatieron los aragoneses, y todavía el -13 pelearon en Gallur, aunque también con desventaja. En la madrugada -del 14 noticioso el general Palafox de la rota de la gente de su -hermano, salió en persona de Zaragoza acompañado de 5000 paisanos -mal armados, dos piezas de artillería, 80 caballos del regimiento -de dragones del rey, con otros oficiales y soldados sueltos, y fue -al encuentro del enemigo dirigiéndose a la<span class="pagenum" -id="Page_333">p. 333</span> villa de Alagón, <span class="sidenote">De -Alagón.</span> cuatro leguas distante de aquella capital. Pareció -oportuno posesionarse de aquel punto, cuya posición elevada entre los -ríos Jalón y Ebro era además favorecida por los olivares y tapias -que estrechan el camino que viene de Navarra. A las tres de la tarde -colocó su gente el general Palafox más allá de la villa, distribuyendo -tiradores por delante de sus flancos, y enfilando la entrada con los -dos cañones que tenía. Los mal disciplinados paisanos fueron fácilmente -arrollados por las tropas aguerridas del enemigo. En vano se trató de -detenerlos. Sin embargo con algunos de ellos más valerosos o serenos, -con los pocos soldados de línea que allí había y la artillería, -defendiose por largo rato y vivamente la entrada de la villa. Al fin -resolvió Palafox retirarse con 250 hombres que le quedaban, y en cuyo -número se contaban soldados del primer batallón de voluntarios de -Aragón y los del rey de caballería con algunos tiradores diestros. De -los paisanos siendo muchos del partido de Alcañiz, se recogieron los -más a sus casas, entrando por la noche con Palafox en Zaragoza los que -eran de allí naturales. Los franceses entonces se aproximaron a aquella -ciudad, en cuyas cercanías los dejaremos para tomar después el hilo, y -no interrumpirle en la narración de su memorable sitio.</p> - -<div class="sidenote">Cataluña.</div> - -<p>Debía dar la mano a las operaciones de Aragón el ejército francés -de Cataluña. Napoleón figurándose que dueño de Barcelona y Figueras lo -era de la provincia, no creyó arriesgado sacar parte de las fuerzas -que la ocupaban. Así ordenó que de aquel punto se enviasen socorros -a<span class="pagenum" id="Page_334">p. 334</span> Aragón y Valencia. -Conformándose el general Duhesme con lo que se le mandaba, dispuso -que 3800 hombres conducidos por el general Schwartz se dirigiesen -a Zaragoza, y que 4200 a las órdenes de Chabran se apoderasen de -Tarragona y Tortosa, continuando en seguida su marcha a Valencia. -Los primeros debían al paso castigar a Manresa por su anterior -levantamiento, quemar sus molinos de pólvora, e imponer al vecindario -750.000 francos de contribución. Ambas expediciones salieron de la -capital el 4 de junio. La de Schwartz se detuvo en Martorell el 5 -a causa de una abundante lluvia, con cuya feliz demora alcanzaron -a tiempo a Igualada y Manresa los avisos de sus confidentes. La -insurrección ya comenzada tomó incremento y extraordinario ensanche, -tocose a somatén, se despacharon expresos a todas partes, y resolvieron -aguardar al enemigo en la posición del Bruch y Casa-Masana.</p> - -<div class="sidenote">Somatenes.</div> - -<p>Es el somatén en Cataluña «un género de socorro, como dice Zurita, -repentino y cierto que muchas veces ha sido de grande efecto.» Está -conocido de tiempo inmemorial, teniendo que acudir al repique de la -campana concejil todos los hombres aptos para las armas en las diversas -veguerías o partidos, según lo dispone el usaje de Barcelona. Fue en -este caso no menos provechoso que en otros antiguos y renombrados. -Había pocas armas y municiones tan escasas, que careciendo de balas -de fusil se cortaron las varillas de hierro de las cortinas para que -supliesen la falta.</p> - -<div class="sidenote">Acción del Bruch.</div> - -<p>Los somatenes de Igualada y Manresa fueron<span class="pagenum" -id="Page_335">p. 335</span> los primeros que se prepararon, y al -hijo de un mercader llamado Francisco Riera teníasele por principal -caudillo. Apostáronse pues, y se escondieron entre los matorrales y -arboleda de las alturas del Bruch. Apenas había pasado la columna -francesa las casas que llevan el mismo nombre, y tomado la revuelta que -forma el camino real antes de emparejar con el de Manresa, cuando fue -detenida por el inesperado fuego de los encubiertos somatenes. Schwartz, -después de un rato de espera, embistió a sus contrarios, replegáronse -estos, y disputando el terreno a palmos se dividieron, unos yendo la -vuelta de Igualada y otros la de Casa-Masana. Desalojados del último -punto y teniéndose por perdidos, apriesa se retiraban, y completa -hubiera sido su derrota a no haber afortunadamente Schwartz desistido -de perseguirlos. Admirados los manresanos de la suspensión del francés, -cobraron aliento y engrosados con el somatén de San Pedor, compuesto de -buenos y esforzados tiradores, volvieron de nuevo a la carga. Venía con -los recién llegados un tambor, quien como más experto hizo las veces de -general en jefe. Vivamente acometieron todos juntos a los franceses de -Casa-Masana, los que se recogieron al cuerpo de la columna que comía el -rancho a retaguardia.</p> - -<p>El número de somatenes crecía por momentos, sus ánimos se -enardecían, adquiriendo ventaja sobre los franceses descaecidos con -la impensada embestida. Schwartz al ver retirarse su vanguardia, y -al ruido de la caja del somatén de San Pedor, persuadiose que tropa -de línea auxiliaba al paisanaje. Formó entonces el cuadro<span -class="pagenum" id="Page_336">p. 336</span> para evitar ser envuelto, -y al cabo de cierto tiempo determinó retroceder a Barcelona. Aunque -molestados los enemigos por los somatenes en flanco y retaguardia -llegaron sin desorden hasta Esparraguera.</p> - -<div class="sidenote">Defensa<br/> de Esparraguera.</div> - -<p>Los vecinos de esta villa puestos en acecho, y sabiendo que los -enemigos se retiraban, atajaron la calle larga y angosta que la -atraviesa con todo linaje de obstáculos, en especial con muebles -y utensilios de casa. Al anochecer se acercaron los franceses, y -penetrando en la calle con imprudencia la cabeza de la columna, -cayeron en la celada que les estaba armada. De todas partes empezaron -a ofenderlos a tejazos y pedradas con algunos escopetazos, y hasta -con calderadas de agua hirviendo. Schwartz suspendió el paso, y -dividiendo su gente en dos trozos la hizo caminar a derecha e izquierda -de la villa. Apretó después la marcha durante la noche hostigado -incesantemente por los somatenes, los que le cogieron un cañón en -la Riera de Cabrera, y le acosaron hasta Martorell. No imitaron sus -habitantes el ejemplo de los de Esparraguera, y así fueles permitido a -los franceses entrar en Barcelona el 8 de junio; pero tan destrozados y -abatidos que dieron claro indicio de la rota experimentada. Su pérdida -no dejó de ser considerable, mayormente si se atiende a que fueron -acometidos por gente allegadiza y con escasas y malas armas. De los -nuestros pocos perecieron, estando siempre amparados del terreno, y -protegidos en el alcance por toda la población.</p> - -<p>Toca a los catalanes la gloria de haber sido los primeros en -España que postraron con feliz<span class="pagenum" id="Page_337">p. -337</span> éxito el orgullo de los invasores. Fue en efecto la victoria -del Bruch la que antes que ninguna otra mereció ser calificada con -tal nombre. Y semejante triunfo admirable en sus circunstancias -resonando por todo el principado, excitó noble emulación en todos sus -habitadores, declarándose a porfía los pueblos unos en pos de otros y -denodadamente.</p> - -<p>Con razón Duhesme se sobrecogió al saber el inesperado descalabro, -más que por su importancia por el aliento que infundía en los -apellidados insurgentes. Atento al corto número de tropas que mandaba, -obró cuerdamente en no aventurarse a nuevos riesgos y en reconcentrar -sus fuerzas. Conservar sus comunicaciones con Francia debió ser su -principal mira, y mal lo hubiera conseguido desparramando sus soldados -en diversas direcciones: así fue que llamó a Chabran a Barcelona.</p> - -<div class="sidenote">Chabran<br/> en Tarragona.</div> - -<p>Con mayor felicidad que Schwartz había aquel dado principio a su -expedición de Valencia, penetrando sin tropiezo el 7 de junio en los -muros de Tarragona. Guarnecía la plaza el regimiento suizo de Wimpffen -al servicio de España, cuya oficialidad condújose con tal mesura que no -despertando los recelos del francés tuvo la dicha de mantener intacto -su cuerpo, después señalado apoyo de la buena causa. El general Chabran -en cumplimiento de las órdenes de su jefe evacuó el 9 a Tarragona, -mas a su vuelta encontró sublevado el país que poco antes había -pacíficamente atravesado. <span class="sidenote">Reencuentro<br/> en -Arbós.</span> En el Vendrell y en Arbós opúsosele empeñada resistencia. -Trescientos suizos de Wimpffen que iban a incorporarse<span -class="pagenum" id="Page_338">p. 338</span> con los de Tarragona, -ayudaron y sostuvieron a los paisanos, y defendieron juntos con notable -bizarría la posición de Arbós, aunque no fuese el terreno favorable -a soldados bisoños. Después de repetidos ataques consiguieron los -franceses ahuyentar a los somatenes, y apoderarse de la artillería -que consigo tenían. Entraron en Arbós, y para vengarse del atrevido -arrojo de sus habitantes maltrataron y mataron a muchos de ellos. <span -class="sidenote">Saqueo<br/> de Villafranca<br/> de Panadés.</span> -Continuó Chabran a Villafranca de Panadés y no cesó el estrago, -saqueando allí y quemando casas y edificios en desagravio, según -decía, del asesinato del gobernador español Toda, de que ya hablamos: -singular equidad la de castigar una población entera por las demasías -de contados individuos. Duhesme salió en busca de la tropa que volvía -de Tarragona, habiendo sabido que en la ruta topaba con resistencia, y -reunidos unos y otros entraron en Barcelona el día 12.</p> - -<p>Aunque resueltos a no intentar de nuevo expediciones lejanas -ni otras importantes operaciones que las que exigiese la libre -comunicación con Francia, quisieron sin embargo viéndose todos juntos -probar fortuna con deseo de castigar al paisanaje de Manresa y su -comarca. Para lo cual reunidas las columnas de Schwartz y Chabran -salieron el 13 al mando del último, tomando el mismo camino que la vez -primera. En el tránsito saquearon y quemaron muchas casas de Martorell -y Esparraguera ahora desapercibida, y cometieron todo linaje de -desórdenes y excesos, con cuyo desmandado porte provocábase la ira del -tenaz catalán; no se le arredraba.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_339">p. 339</span></p> - -<div class="sidenote">Segunda acción<br/> del Bruch.</div> - -<p>Interesada la gloria de los manresanos en sostener el sitio del -Bruch, testigo de sus primeros laureles, habían atendido a fortificarle -y guarnecerle debidamente en unión con la junta de Lérida y pueblos del -contorno. Apellidaron allí sus somatenes y les agregaron los soldados -escapados de Barcelona, y cuatro compañías de voluntarios leridanos -al mando de Don Juan Baguet, con algunas piezas de artillería traídas -de las fortalezas del principado. El 14 trató Chabran de forzar la -posición, mas a pesar de venir los franceses con dobles fuerzas y de -caminar advertidos fue vana su empresa. Estrellose su desapoderado -orgullo contra las flacas armas del somatén catalán, y de pocos y mal -regidos soldados. En reiterados ataques quisieron enseñorearse de la -posición: rechazados en todos volvieron atrás sus pasos, y con pérdida -de 500 hombres y alguna artillería, perseguidos y hostigados por los -paisanos se metieron vergonzosamente en Barcelona.</p> - -<div class="sidenote">Expedición<br/> de Duhesme<br/> contra -Gerona.</div> - -<p>Frustradas las primeras tentativas, y no habiendo podido ser -ejecutadas las órdenes de Napoleón, suspendió Duhesme darles el -debido cumplimiento, y volvió exclusivamente la atención a asegurar -y poner libres las comunicaciones con Francia. Para ello salió de -Barcelona el 17 de junio con siete batallones, cinco escuadrones y -ocho piezas de artillería, prefiriendo al camino que va por Hostalrich -el de la marina. Habíanse armado los paisanos del Vallés, y en número -de 9000 aguardaban a los franceses en la cresta de Mongat. <span -class="sidenote">Resistencia<br/> de Mongat.</span> Los inexpertos -somatenes se imaginaron que solo por el frente habían de ser -acometidos;<span class="pagenum" id="Page_340">p. 340</span> pero el -general francés disfrazando con varios ataques falsos el verdadero, -los envolvió por su derecha, y en breve los deshizo y dispersó. Dueño -el enemigo de Mongat, batería de la costa, cometió con los paisanos -inauditas crueldades. Mataró que había pensado en defenderse, no cejó -en su propósito con la desgracia acaecida. Colocando artillería en las -avenidas del camino de Barcelona, hicieron los vecinos fuego contra las -columnas francesas que se acercaban. No tardaron en ser desbaratados, -<span class="sidenote">Saqueo<br/> de Mataró.</span> y el mismo día -17 entraron los enemigos en Mataró y la saquearon. Ciudad de 20.000 -habitantes, y rica por sus fábricas de algodón, vidrio y encajes, -ofreció al vencedor copioso botin, no perdonando su codicia ni los -vestidos de las mujeres, ni otros objetos de poco valor y uso común. El -asesinato, la violencia hasta de las vírgenes más tiernas acompañaron -al pillaje, confundiéndose a veces cebados en los mismos excesos el -general con el soldado: largos días llorará Mataró aquel tan aciago y -cruel.</p> - -<p>En la mañana siguiente continuaron los franceses la marcha sobre -Gerona. En su tránsito dejaron sangriento rastro por las muertes, robos -y destrozos con que afligieron a todos los pueblos. En tanto grado -convierte la guerra en hombres inhumanos a los soldados de una nación -culta. <span class="sidenote">Ataque<br/> de los franceses<br/> contra -Gerona.</span> Había solamente de guarnición en Gerona 300 hombres del -regimiento de Ultonia y algunos artilleros, los que con gente de mar -de la vecina costa dirigieron los fuegos de aquella arma. Limitadísimo -número si los nobles, el clero y todos los vecinos sin excepción, -inflamados de<span class="pagenum" id="Page_341">p. 341</span> -ardor patrio no hubiesen sostenido con el mayor brío los puntos que -se confiaron a su cuidado. Era gobernador interino Don Julián de -Bolívar.</p> - -<p>A las nueve de la mañana del propio día 20 se presentó el enemigo -en las alturas de la aldea de Palausacosta, mas incomodado con algunos -cañonazos del baluarte de la Merced y fuerte de Capuchinos se replegó -a Salt y Santa Eugenia, cuyas aldeas saqueó a sangre y fuego. Por la -tarde después de varios reconocimientos atacó formalmente, dirigiendo -su izquierda por los lugares que acabamos de mencionar, al paso que su -derecha cruzando el Oña acometió con ímpetu e intentó forzar la puerta -del Carmen. Los sitiados le repelieron con valor y serenidad. Señalose -Ultonia, cuyo teniente coronel Don Pedro O’Daly quedó herido. Atacó -en seguida el fuerte de Capuchinos en donde fue igualmente repelido, -habiendo experimentado considerable pérdida. Burladas sus esperanzas -colocó una batería cerca de la cruz de Santa Eugenia, no lejos de la -plaza: causó algún daño en el colegio tridentino y otros edificios, -y respondiendo con acierto a sus fuegos las baterías de la plaza, la -noche puso término al combate.</p> - -<p>Fue aquella sumamente lóbrega, y confiados los franceses en la -oscuridad se acercaron calladamente al muro, y de tal manera y con -tanto arrojo que hasta hallarse muy cerca no fueron sentidos. Peleose -entonces por ambos lados con braveza, alumbrados solamente por los -fogonazos del cañón, y no interrumpido el silencio sino por su -estruendo y los ayes de los heridos y moribundos. ¡Espantosa noche! -El<span class="pagenum" id="Page_342">p. 342</span> enemigo osó -arrimar escalas al baluarte de Santa Clara. Algunos de sus soldados -pusiéronse encima de la misma muralla, y apresuradamente les seguían -sus compañeros, cuando una partida del regimiento de Ultonia matando a -los ya encaramados, precipitó a los otros y estorbó a todos continuar -en aquel intento. El fuego sin embargo no cesó hasta que el baluarte -de San Narciso tirando a metralla destrozó a los acometedores y los -dispersó, dejando el campo como después se vio sembrado de cadáveres y -heridos. No cansados todavía los franceses renovaron el ataque a las -doce de la noche, queriendo asaltar el baluarte de San Pedro, pero -fueron rechazados de modo que desistieron de proseguir en su empresa, -retirándose temprano por el camino de Barcelona en la mañana del 21. -Aunque corta fue notable esta primer defensa de Gerona, cuya plaza -tanto lustre adquirió después en otra inmediata acometida, y sobre todo -en el célebre sitio del siguiente año. Los somatenes molestaron por -todas partes al enemigo, habiendo impedido con su ayuda que pasase al -otro lado del Ter. No fue menos que de 700 hombres la pérdida de los -franceses, la de los españoles mucho más reducida.</p> - -<div class="sidenote">Vuelve Duhesme<br/> a Barcelona.</div> - -<p>Duhesme volvió a Barcelona dejando en Mataró parte de su ejército -que puso al cuidado de Chabran, y cuyo trozo compuesto de 3500 hombres -fue al Vallés a buscar vituallas. Rodeados siempre los franceses -por el paisanaje tuvieron en Moncada que romper a viva fuerza un -cordón de somatenes, <span class="sidenote">Reencuentro<br/> de -Granollers.</span> siendo al cabo detenidos cerca de Granollers por el -teniente coronel<span class="pagenum" id="Page_343">p. 343</span> Don -Francisco Miláns, quien los ahuyentó haciéndoles perder la artillería. -A la retirada como de costumbre talaron y destruyeron el país por donde -pasaron.</p> - -<div class="sidenote">Somatenes<br/> del Llobregat.</div> - -<p>Al propio tiempo que tan mal parados andaban los invasores en -aquella parte de Cataluña, tampoco se descuidaron sus naturales en -el mediodía, formando a la margen derecha del Llobregat una línea -de hombres belicosos que defendía los caminos de Garraf, Ordal y -Esparraguera. Los capitaneaba Don Juan Baguet, que con los voluntarios -de Lérida había la segunda vez contribuido a repeler en el Bruch a los -franceses. Desde allí enviaban partidas sueltas que recorrían la tierra -en todas direcciones. Incomodado Duhesme de verse así estrechado, -envió contra ellos al general Lecchi, quien el 30 de junio obligó a -los somatenes a abandonar su posición cogiéndoles algunos cañones -y aventajándose a todos los suyos en cometer demasías. No por eso -desmayaron los vencidos, apareciéndose en breve hasta en las cercanías -de la misma Barcelona.</p> - -<div class="sidenote">Murat.</div> - -<p>Por este término y con éxito vario se ejecutaron las órdenes de -Napoleón en Cataluña, Aragón y Castilla. Fueron parecidas las que -significó para las otras provincias al gran Duque de Berg, cuya -solícita diligencia procuró aniquilar en derredor suyo la semilla -insurreccional que brotaba con lozanía. Insinuamos antes varias de -sus providencias, y las que de consuno con la junta de Madrid se -habían tomado para cortar las conmociones sin tener que venir a las -manos. Inútiles fueron sus esfuerzos, como lo<span class="pagenum" -id="Page_344">p. 344</span> serán siempre todos los que se dirijan a -contener por la persuasión el levantamiento de una nación entera. No le -pesó quizá a Murat, a cuyo gusto y anterior vida se acomodaban más las -armas que los discursos. Así fue que a veces a un tiempo y otras muy -de cerca, mandó que sus tropas acompañasen o siguiesen a las proclamas -y exhortaciones de la junta. Consideró como de mayor importancia las -Andalucías y Valencia, y de consiguiente trató ante todo de asegurarse -de aquellas provincias, mayormente habiendo dado Sevilla ya en primeros -de mayo muestras de desasosiego y grave alteración.</p> - -<div class="sidenote">Envía a Dupont<br/> a Andalucía.</div> - -<p>Dupont acantonado en Toledo recibió la orden de dirigirse a Cádiz, -y el 24 del mismo mayo se puso en marcha. Llevaba consigo los dos -regimientos suizos de Reding y Preux al servicio de España, la división -de infantería del general Barbou compuesta de 6000 hombres y además -500 marinos de la guardia imperial, con 3000 caballos mandados por -el general Fresia. Iban todos tan confiados en el buen éxito de su -empresa, que Dupont señalaba de antemano al ministro de guerra de -Francia el día que había de entrar en Cádiz. Atravesaron la Mancha -tranquilamente, y en tal abundancia hallaban los mantenimientos que -dejaron almacenados en el pósito de Santa Cruz de Mudela la galleta y -víveres que a prevención traían, y de los que pocos días después se -apoderaron aquellos vecinos, cogiendo también parte de los soldados que -los custodiaban y matando otros. El 2 de junio penetraron los franceses -por las estrechuras de Sierra Morena. Hasta allí si bien<span -class="pagenum" id="Page_345">p. 345</span> habían notado inquietud y -desvío en los habitantes, ningún síntoma grave se había manifestado. En -la Carolina se despertó su recelo viéndola sola y desierta; y al entrar -en Andújar supieron el levantamiento general de Sevilla y la formación -de una junta suprema. No por eso suspendieron su marcha, llegando al -amanecer del 7 delante del puente de Alcolea. Don Pedro Agustín de -Echevarri, oficial de cierto arrojo pero ignorante en el arte de la -guerra, y a quien vimos al frente de la insurrección cordobesa, se -había situado en aquel paraje. Tenía a sus órdenes 3000 hombres de -línea, compuestos de parte de un batallón de Campo-Mayor, de soldados -de varios regimientos provinciales con granaderos de los mismos, a -los que se agregaba alguna caballería y un destacamento de suizos. No -había entre ellos cuerpo completo que estuviese presente. El número de -paisanos era más considerable, y habíase de Sevilla recibido bastante -artillería. <span class="sidenote">Acción<br/> de Alcolea.</span> Los -españoles levantando una cabeza de puente, habían colocado en ella doce -cañones para impedir el paso del Guadalquivir y cubrir así la ciudad de -Córdoba, puesta a su margen derecha y distante unas tres leguas de las -ventas de Alcolea. El puente es largo y torcido, formando un ángulo o -recodo que estorba el que por él se enfilen los fuegos de cañón. A la -izquierda del río se había quedado la caballería española con intento -de acometer a los enemigos por el flanco y espalda al tiempo que estos -comenzasen el ataque de frente. Los franceses para desembarazarse -trataron de dar a aquella una vigorosa carga, la cual repetida contuvo -a<span class="pagenum" id="Page_346">p. 346</span> los jinetes -españoles sin lograr desbaratarlos. A poco la infantería francesa -avanzó al puente. Los fuegos bien dirigidos de la obra de campaña -recién construida, y sostenida también valerosamente por el oficial -Lasala que mandaba a los de Campo-Mayor y granaderos provinciales, -mantuvieron por algún tiempo con firmeza la posición atacada. Pero el -paisanaje todavía no fogueado, desamparando a la tropa, facilitó a los -franceses escalar la posición, que levantada deprisa ni era perfecta -ni estaba del todo concluida. Sin embargo la caballería española no -habiendo caído en desmayo, trató de favorecer a los suyos y de nuevo -y con ventaja acometió a la francesa. Dupont teniendo que enviar una -brigada al socorro de su gente, no prosiguió el alcance contra los -infantes españoles, los que retirándose con orden solo perdieron un -cañón, cuya cureña se había descompuesto. El reencuentro duró dos -horas. Costó a los franceses 200 hombres, no más a los españoles por -haberse retirado tranquilamente. Echevarri juzgando que no era posible -defender a Córdoba, abandonó la ciudad sin detenerse en sus muros.</p> - -<div class="sidenote">Saco de Córdoba.</div> - -<p>Llegaron a su vista los franceses a las tres de la tarde del mismo -día 7 de junio. Habían los vecinos cerrado las puertas más bien para -capitular que para defenderse. Entabláronse sobre ello pláticas, cuando -con pretexto de unos tiros disparados de las torres del muro y de una -casa inmediata, apuntaron los enemigos sus cañones contra la Puerta -Nueva, hundiéndola a poco rato y sin grande esfuerzo. Metiéronse -pues dentro hiriendo, matando y persiguiendo<span class="pagenum" -id="Page_347">p. 347</span> a cuantos encontraban: saquearon las -casas y los templos y hasta el humilde asilo del pobre y desvalido -habitante. La célebre catedral, la antigua mezquita de los árabes, -rival en su tiempo en santidad de Medina y la Meca, y tan superior -en magnificencia, esplendidez y riqueza, fue presa de la insaciable -y destructora rapacidad del extranjero. Destruidos quedaron entonces -los conventos del Carmen, San Juan de Dios y Terceros, sirviéndoles -de infame lupanar la iglesia de Fuensanta y otros sitios no menos -reverenciados de los naturales. Grande fue el destrozo de Córdoba, -muchas las preciosidades robadas en su recinto. Ciudad de 40.000 almas, -opulenta de suyo y con templos en que había acumulado mucha plata y -joyas la devoción de los fieles, fue gran cebo a la codicia de los -invasores. De los solos depósitos de tesorería y consolidación sacó el -general Dupont más de 10.000.000 de reales, sin contar con otros muchos -de arcas públicas y robos hechos a particulares. Así se entregó al -pillaje una población que no había ofrecido ni intentado resistencia. -Bajo fingidos motivos a fuego y sangre penetraron los franceses por sus -calles, a la misma sazón que se conferenciaba. Y no satisfechos con -la ruina y desolación causada, acabaron de oprimir a los desdichados -moradores gravándolos con imposiciones muy pesadas. Mas tan injusto -y atroz trato alcanzó en breve el merecido galardón, siendo quizá la -principal causa de la pérdida posterior del ejército de Dupont el -codicioso anhelo de conservar los bienes mal adquiridos en el saco de -aquella ciudad.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_348">p. 348</span></p> - -<div class="sidenote">Situación<br/> angustiada<br/> de los -franceses.<br/> Excesos<br/> de los paisanos<br/> españoles.</div> - -<p>A pesar del triunfo conseguido el general francés andaba inquieto. -Sus fuerzas no eran numerosas. La insurrección de todas partes le -cercaba: con instancia pedía auxilios a Madrid cuyas comunicaciones, -ya antes interrumpidas, fueron al último del todo cortadas. A su -propia retaguardia el 9 de junio partidas de paisanos entraron en -Andújar, y alborotada por la noche la ciudad, hicieron prisionero el -destacamento francés allí apostado, y mataron al comandante con otros -tres de su guardia que quisieron resistirse en casa de Don Juan de -Salazar. Molestó sobre todo al enemigo Don Juan de la Torre, alcalde -de Montoro, que a sus expensas había levantado un cuerpo considerable; -mas cogido por sorpresa debió la vida a la generosa intercesión del -general Fresia, a quien había antes hospedado y obsequiado en su casa. -En el Puerto del Rey apresaron los naturales al abrigo de aquellas -fraguras varios convoyes: y como en la comarca se había esparcido -la voz de lo acaecido en Córdoba, hubo ocasión en que so color de -desquite se ensañó el paisanaje contra los prisioneros con exquisita -crueldad. Fue una de sus víctimas el general René a quien cogieron y -mataron estando antes herido: lamentable suceso, pero desgraciadamente -inevitable consecuencia de los desmanes cometidos en Córdoba y otros -parajes por el extranjero. Pues que, si en efecto era difícil contener -en una guerra de aquella clase al soldado de una nación culta como la -Francia y sometido a la dura disciplina militar, cuánto no debía serlo -reprimir los excesos del cultivador español, que ciego en su venganza -y<span class="pagenum" id="Page_349">p. 349</span> sin freno que le -contuviese, veía talados sus campos y quemados los pacíficos hogares -de sus antepasados por los mismos que poco antes preciábanse de ser -amigos. Había corrido el alboroto de la Sierra hasta la Mancha, y el -5 de junio los vecinos de Santa Cruz de Mudela arremetiendo a unos -400 franceses que había en el pueblo y matando a muchos, obligaron a -los demás a fugarse camino de Valdepeñas. En esta villa opusiéronse -los naturales al paso de los enemigos, y estos para esquivar un duro -choque, echando por fuera de la población tomaron después el camino -real, aguardando a un cuarto de legua en el sitio apellidado de la -Aguzadera a ser reforzados. No tardó en efecto en llegar en el mismo -día, que era el 6 de junio, el general Liger-Belair procedente de -Manzanares con 600 caballos, e incorporados todos revolvieron sobre -Valdepeñas.</p> - -<div class="sidenote">Resistencia<br/> de Valdepeñas.</div> - -<p>Los moradores de esta villa alentados con la anterior retirada de -los franceses, y temiendo también que quisiesen vengar aquella ofensa, -resolvieron impedir la entrada. Es Valdepeñas población rica de 3000 -vecinos, asentada en los llanos de la Mancha, y a la que dan celebridad -sus afamados vinos. Atraviésala por medio la calle llamada Real, -tránsito de los que viajan de Castilla a Andalucía, y la cual tiene -de largo cerca de un cuarto de legua. Aprovechándose de su extensión, -dispusiéronla los habitantes de modo que en ella se entorpeciese la -marcha de los franceses. La cubrieron con arena, esparciendo debajo -clavos y agudos hierros; de trecho en trecho y disimuladamente -ataron<span class="pagenum" id="Page_350">p. 350</span> maromas a las -rejas, cerraron y atrancaron las puertas de las casas, y embarazaron -las callejuelas que salían a la principal avenida. No contentos con -resistir detrás de las paredes, osaron en número de más de 1000 -ponerse en fila a la orilla del pueblo. Pero viendo lo numeroso de -la caballería enemiga, después de algún tiroteo se agacharon en lo -interior, pertrechados de armas y medios ofensivos.</p> - -<p>Los franceses al aproximarse enviaron por delante una descubierta, -la cual según su costumbre con paso acelerado se adelantó al pueblo. -Penetró, y muy luego los caballos tropezando y cayendo unos sobre -otros miserablemente arrojaron a los jinetes. Entonces de todas -partes llovieron sobre los derribados tiros, pedradas, ladrillazos, -atormentando también sus carnes con agua y aceite hirviendo. Quisieron -otros proteger a los primeros y cúpoles igual y malhadado fin. Irritado -Liger-Belair con aquel contratiempo, entró la villa por los costados -incendiando las casas y destrozándolas. Pasaron de 80 las que se -quemaron, y muchas personas fueron degolladas hasta en los campos y -las cuevas. Habían los enemigos perdido ya más de 100 hombres, al paso -que la villa se arruinaba y se hundía. Conmovidos de ello y recelosos -de su propia suerte, varios vecinos principales resolvieron yendo a -su cabeza el alcalde mayor Don Francisco María Osorio, avistarse con -el general Liger-Belair, quien temeroso también de la ruina de los -suyos, escuchó las proposiciones, convino en ellas, y saliendo todos -juntos con una divisa blanca, pusieron de consuno<span class="pagenum" -id="Page_351">p. 351</span> término a la matanza. Mas la contienda -había sido tan reñida, que los franceses escarmentados no se atrevieron -a ir adelante, y juzgaron prudente retroceder a Madridejos.</p> - -<div class="sidenote">Retírase Dupont<br/> a Andújar.</div> - -<p>Dupont aislado, sin noticia de lo que a la otra parte de los montes -pasaba, aturdido con lo que de cerca veía, pensó en retirarse; y el 16 -de junio saliendo por la tarde de Córdoba se encaminó a Andújar, en -donde tomó posición el 19. Desde aquel punto con objeto de abastecer -a su gente, y deseoso de no abandonar el terreno sin castigar a Jaén, -a la cual se achacaba haber participado del alboroto y muerte del -comandante francés de Andújar, envió allí el 20 al oficial Baste con -la suficiente fuerza. <span class="sidenote">Saqueo de Jaén.</span> -Entraron los enemigos en la ciudad sin hallar oposición, y con todo -la pillaron y maltrataron horrorosamente. Degollaron hasta niños y -viejos, ejerciendo acerbas crueldades contra religiosos enfermos de los -conventos de Santo Domingo y de San Agustín: tal fue el último, notable -y fiero hecho cometido por los franceses en Andalucía antes de rendirse -a las huestes españolas.</p> - -<div class="sidenote">Expedición<br/> de Moncey<br/> contra -Valencia.</div> - -<p>Casi al propio tiempo determinó Murat enviar también una expedición -contra Valencia. Mandábala el mariscal Moncey y se componía de -8000 hombres de tropa francesa, a los que debían reunirse guardias -españolas, valonas y de Corps. Mas todos estos en su mayor parte -se desbandaron pasando por atajos y trochas del lado de sus -compatriotas. Moncey salió de Madrid el 4 de junio y llegó a Cuenca -el 11. Deteniéndose algunos días disgustose Murat, y despachó para -aguijarle al general de caballería Exelmans<span class="pagenum" -id="Page_352">p. 352</span> con otros muchos oficiales, quienes -arrestados en Saelices y conducidos prisioneros a Valencia, terminaron -su comisión de un modo muy diverso del que esperaban. En Cuenca fueron -recibidos los franceses con tibieza mas no hostilmente. Prosiguiendo su -marcha hallaron por lo general los pueblos desamparados, pronóstico que -vaticinaba la resistencia con que iban a tropezar.</p> - -<p>La junta de Valencia había en tanto adoptado las medidas vigorosas -de defensa que la premura del tiempo le permitía. Recreciéronse al -oír que Moncey se aproximaba del lado de Cuenca, y se dieron nuevas -órdenes e instrucciones al mariscal de campo Don Pedro Adorno, a cuyo -mando, como ya dijimos, se habían confiado las tropas apostadas en -los desfiladeros de las Cabrillas, a donde el enemigo se dirigía. -Lo más de la gente era nueva e indisciplinada y por eso convenía -aprovecharse de las ventajas que ofreciese el terreno. <span -class="sidenote">Reencuentro del<br/> puente Pajazo.</span> Tratose -pues de disputar primeramente a los franceses el paso del Cabriel en -el puente Pajazo, en donde remata la cuesta de Contreras, y en cuya -cabeza construyeron los españoles una mala batería de cuatro cañones -sostenida por un trozo de un regimiento suizo, colocándose la otra -tropa en diferentes puntos de dicha cuesta. Detuviéronse los franceses -hasta que a duras penas por los malos senderos y escabrosidades, -acercaron casi a la rastra unos cañones. Con su auxilio el 20 rompieron -el fuego, y vadeando unos el río, y otros acometiendo de frente, se -apoderaron de la batería española, habiendo habido muchos de los<span -class="pagenum" id="Page_353">p. 353</span> suizos que se les pasaron. -Los nuevos reclutas que nunca habían sido fogueados, abandonados por -aquellos veteranos no tardaron en dispersarse, replegándose parte de -ellos con algunos soldados españoles a las Cabrillas.</p> - -<p>Cundió la nueva de la derrota, súpola la junta de Valencia, y -grande fue la consternación y el sobresalto. En tamaño apuro envió al -ejército en comisión a su vocal el P. Rico, o ya quisiesen vengarse -así algunos del estrecho en que los había metido, o ya también porque -gozando de suma popularidad, pensaron otros que era aquel el modo -más propio de calmar la pública agitación y alejar la desconfianza. -<span class="sidenote">De las Cabrillas.</span> Obedeció Rico, y el 23 -por la noche llegó a las Cabrillas, ocho leguas de Valencia, y cuyos -montes parten término con Castilla. Habíanse recogido a sus cumbres -los dispersos del Cabriel, y allí se encontró el P. Rico con 180 -hombres del regimiento de Saboya mandados por el capitán Gamíndez, -con tres cuerpos de nueva creación, algunos caballos y artilleros -que habían conservado dos cañones y un obús, componiendo en todo -cerca de 3000 hombres. Eran contados los oficiales veteranos, siendo -el de mayor graduación el brigadier Marimón de guardias españolas. -Ignorábase el paradero de Adorno. Reunidas todas aquellas reliquias -se colocaron en situación ventajosa a espaldas y a legua y media del -pueblo de Siete Aguas, hasta cuyas casas enviaban sus descubiertas. -Gamíndez mandó el centro, la izquierda Marimón, y colocáronse -guerrillas sueltas por la derecha. El 24 avanzaron los franceses, y -los nuestros favorecidos de tierra tan quebrada los molestaron<span -class="pagenum" id="Page_354">p. 354</span> bastantemente. Impacientado -Moncey destacó por su izquierda y del lado de la sierra de los -Ajos al general Harispe con vascos acostumbrados a trepar por las -asperezas del Pirineo. Encaramáronse pues a pesar de escabrosidades y -derrumbaderos, y arrollando a las guerrillas, facilitaron el ataque -de frente. Defendiéronse bien los de Saboya, quedando los más de -ellos y los artilleros muertos junto a los cañones, y prisionero con -otros su comandante Gamíndez. Lo restante de la gente bisoña huyó -precipitadamente. La pérdida de los españoles fue de 600 hombres, muy -inferior la de los contrarios. El mariscal Moncey al instante traspasó -la sierra por el portillo de las Cabrillas, desde donde registrándose -las ricas y frondosas campiñas de la huerta de Valencia, se encendió -la ansiosa codicia de sus fatigados soldados. Si entonces hubiera -proseguido su marcha, fácilmente se hubiera enseñoreado de la ciudad; -pero obligado a detenerse el 25 en la venta de Buñol para aguardar -la artillería, y queriendo adelantarse cautelosamente, dio tiempo a -que Rico volviendo a Valencia al rayar el alba de aquel mismo día, -apellidase guerra dentro de sus muros.</p> - -<div class="sidenote">Preparativos<br/> de defensa<br/> en -Valencia.</div> - -<p>Está asentada Valencia a la derecha del Guadalaviar o Turia, 100.000 -almas forman su población, excediendo de 60.000 las que habitan en -los lugarejos, casas de campo y alquerías de sus deliciosas vegas. -Ceñida de un muro antiguo de mampostería con una mala ciudadela, no -podía ofrecer al enemigo larga y ordenada resistencia, si militarmente -hubiera de haberse considerado su defensa. Mas a la voz de la -desgracia<span class="pagenum" id="Page_355">p. 355</span> de las -Cabrillas, en lugar de abatirse, creciendo el entusiasmo al más subido -punto, tomó la junta activas providencias, y los moradores no solo las -ejecutaron debidamente, sino que también por sí procedieron a dar a los -trabajos la amplitud y perfección que permitía la brevedad del tiempo. -Sin distinción de clase ni de sexo acudieron todos a trabajar en las -fortificaciones que se levantaban. En el corto espacio de sesenta -horas construyéronse en las puertas baterías con sacos de tierra. En -la de Cuarte, como era por donde se aguardaba al enemigo, además de -dos cañones de a 24 se colocó otro en el primer piso de la torre, -abriéndose una zanja ancha y profunda en medio de la calle del arrabal -que embocaba la batería. A la derecha de esta puerta y antes de llegar -a la de San José, entre el muro y el río, se situaron cuatro cañones y -dos obuses, impidiendo lo sólido del malecón que se abriese un foso. -Diose a esta obra el nombre de batería de Santa Catalina, del de una -torre antes demolida y que ocupaba el mismo espacio. Lo expresamos -por su importancia en la defensa. Dentro del recinto se cortaron y -atajaron las calles, callejuelas y principales avenidas con carros, -coches, vigas, calesas y tartanas. Tapáronse las entradas y ventanas -de las casas con colchones, mesas, sillas y todo género de muebles, -cubriendo por el mismo término y cuidadosamente lo alto de las azoteas -o terrados. Detrás de semejantes y tan repentinos atrincheramientos -estaban preparados sus dueños con armas arrojadizas y de fuego, y -aun hubo mujeres que no olvidaron el aceite<span class="pagenum" -id="Page_356">p. 356</span> hirviendo. Afanados todos mutuamente se -animaban, habiendo resuelto defender heroicamente sus hogares.</p> - -<div class="sidenote">Refriega<br/> en el pueblo<br/> de Cuarte.</div> - -<p>La junta además para dilatar el que los franceses se acercasen, -trató de formar un campo avanzado a la salida del pueblo de Cuarte, -distante una legua de Valencia. Le componían cuerpos de nueva formación -y se había puesto a las órdenes de Don Felipe Saint-March. Situose la -gente en la ermita de San Onofre a orillas del canal de regadío que -atraviesa el camino que va a las Cabrillas. Entretanto Don José Caro, -nombrado brigadier al principio de la insurrección, y que mandaba -una división de paisanos en el ejército de Cervellón, apostado según -dijimos en Almansa, corrió apresuradamente al socorro de la capital -luego que supo el progreso del enemigo. A su llegada se unió a -Saint-March, y juntos dispusieron el modo de contener al mariscal -francés. Emboscaron al efecto en los algarrobales, viñedos y olivares -que pueblan aquellos contornos, tiradores diestros y esforzados. El -cuerpo principal se colocó a espaldas de una batería que enfilaba el -camino hondo, por donde era de creer arremetiese la caballería enemiga -y cuyo puente se había cortado. Como los generales habían previsto -que al fin tendrían que ceder a la superioridad y pericia francesa, -deseosos de que su retirada no causara terror en Valencia, habían -pensado, Caro en tirar por la izquierda y Saint-March pasar el río -por la derecha y situarse en el collado del almacén de pólvora. Pero -para verificar, llegado el caso, su movimiento con orden y evitar que -dispersos<span class="pagenum" id="Page_357">p. 357</span> fueran -a la ciudad, establecieron a su retaguardia una segunda línea en el -pueblo de Cuarte, rompiendo el camino y guarneciendo las casas para su -defensa.</p> - -<div class="sidenote">Defensa<br/> de Valencia.</div> - -<p>A las 11 de la mañana del día 27 empezó el fuego, duró hasta las -tres, siendo muy vivo durante dos horas. Al fin los franceses cruzaron -el canal, y forzaron la primera línea. Caro y Saint-March se retiraron -según habían convenido. Los franceses vencedores iban a perseguirlos -cuando notaron que desde el pueblo de Cuarte se les hacía fuego. -Molestados también por el continuado de los paisanos metidos en los -cañamares de dicho pueblo, no pudieron entrarle hasta las seis de la -tarde; huyendo los vecinos al amparo de las acequias, cañaverales y -moreras que cubren sus campos. La pérdida fue considerable de ambas -partes: la artillería quedó en poder de los franceses.</p> - -<div class="sidenote">Proposición<br/> de Moncey<br/> para que -capitule<br/> la ciudad.</div> - -<p>Avanzó entonces Moncey hasta el huerto de Juliá, media legua de -Valencia. Por la noche pasó al capitán general conde de la Conquista -un oficio para que rindiese la plaza. Fue portador el coronel Solano. -Congregose la junta, a la que se unieron para deliberar en asunto tan -espinoso el ayuntamiento, la nobleza e individuos de todos los gremios. -El de la Conquista inclinábase a la entrega, viendo cuán imposible -sería resistir con gente allegadiza, y en ciudad, por decirlo así, -abierta a enemigos aguerridos. Sostuvo la misma opinión el emisario -Solano y en tanto grado que se esforzó en probar no había nada que -temer respecto de lo pasado, así por la condición suave y noble del -mariscal francés,<span class="pagenum" id="Page_358">p. 358</span> -como también por los vínculos particulares que le enlazaban con los -valencianos; lo cual aludía a conocerse en aquel reino familias del -nombre de Moncey, y haber quien le conceptuara oriundo de la tierra. -Así se discurría acerca de la proposición, cuando el pueblo advertido -de que se negociaba, desaforadamente se agolpó a la sala de sesiones -de la junta. Atemorizados los que en su seno buscaban la rendición y -alentados los de la parcialidad opuesta, no se titubeó en desechar la -demanda del enemigo. Y puestos todos sus individuos al frente del mismo -pueblo, recorrieron la línea animando y exhortando a la pelea. Con la -oportuna resolución se embraveció tanto la gente que no hubo ya otra -voz que la de vencer o morir.</p> - -<p>El 28 a las once de la mañana se rompió el fuego. Como Moncey era -dueño de casi todo el arrabal de Cuarte, le fue fácil ordenar sus -batallones detrás del convento de San Sebastián. A su abrigo dirigieron -los enemigos sus cañones contra la puerta de Cuarte y batería de Santa -Catalina. Tres veces atacaron con el mayor ímpetu del lado de la -primera, y otras tantas fueron rechazados. Mandaba la batería española -con mucho acierto el capitán Don José Ruiz de Alcalá, y el puesto los -coroneles barón de Petrés y Don Bartolomé de Georget. Los enemigos no -perdonaron medio de flanquear a los nuestros por derecha e izquierda, -pero de un costado se lo estorbaron los fuegos de Santa Catalina, y -del otro el graneado de fusilería que desde la muralla hacían los -habitantes. El entusiasmo de los defensores tocaba en frenesí cada vez -que el enemigo<span class="pagenum" id="Page_359">p. 359</span> huía, -pero siempre se mantuvo el mejor orden. Temiose por un rato carecer de -metralla, y sin tardanza de las casas inmediatas se arrancaron rejas, -se enviaron barras y otros utensilios de hierro que cortados en menudos -pedazos pudieron suplir aquella falta, acudiendo a porfía las señoras -de la clase más elevada a coser los saquillos de la recién fabricada -metralla. Con tal ejemplo, ¿qué brazo varonil hubiera cedido el paso -al enemigo? El capitán general, los magistrados y aun el arzobispo -aparecíanse a veces en medio de aquel importante puesto dando brío con -su presencia a los menos esforzados.</p> - -<p>Moncey tratando de variar su ataque, recogió sus soldados a la cruz -de Mislata, y acometió, después de un respiro, la batería de Santa -Catalina, a la derecha como dijimos de la de Cuarte. Era comandante -del punto el coronel Don Firmo Vallés, y de la batería Don Manuel de -Velasco y Don José Soler. Dos veces y con gran furia embistieron los -franceses. La primera ciaron abrasados por el fuego de cañón y el que -por su flanco izquierdo les hacía la fusilería; y la segunda huyeron -atropelladamente sin que los contuviesen las exhortaciones de sus -jefes. No por eso desistió Moncey, y fingiendo querer atacar el muro -por donde mira a la plazuela del Carbón, emprendió nueva acometida -contra la batería de Santa Catalina. Vano empeño. Sus soldados -repelidos dejaron el suelo empapado en su sangre. Distinguiose allí el -oficial Don Santiago O’Lalor, asesinado alevemente en el propio día por -mano desconocida.</p> - -<p>Los franceses perturbados con defensa tan<span class="pagenum" -id="Page_360">p. 360</span> inesperada y recia, trataron de dar una -última embestida a la ciudad. Eran las cinco de la tarde cuando -avanzando Moncey con el grueso de su ejército hacia la puerta de -Cuarte, hizo marchar una columna por el convento de Jesús para atacar -la de San Vicente situada a la izquierda de la primera, y confiada al -cuidado del coronel Don Bruno Barrera, bajo cuyas órdenes dirigían -la artillería los oficiales Don Francisco Cano y Don Luis Almela. -Considerábase aquella parte del muro la más flaca, mayormente su centro -en donde está colocada en medio de las otras dos la puerta tapiada de -Santa Lucía, antiguamente dicha de la Boatella. Empezose el ataque, -y los españoles apuntaron con tal acierto sus cañones que lograron -desmontar los de los enemigos, y desalojarlos del punto que ocupaban -con notable matanza. Desde aquella hora que era ya la de las ocho de -la noche cesó el fuego en ambas líneas. Durante los diversos ataques -arrojaron los franceses a la ciudad granadas que no causaron daño.</p> - -<div class="sidenote">Hechos notables<br/> de algunos<br/> -españoles.</div> - -<p>El padre Rico anduvo constantemente por los parajes de mayor riesgo, -y coadyuvó grandemente a la defensa con su energía y brioso porte. Fue -imperturbable en su valor Juan Bautista Moreno que sin fusil y con la -espada en la mano alentaba a sus compañeros, y tomó a su cargo abrir -y cerrar las puertas sin reparar en el peligro que a cada paso le -amenazaba. Más sublime ejemplo dio aún con su conducta Miguel García, -mesonero de la calle de San Vicente, quien hizo solo a caballo cinco -salidas, y sacando en cada una de ellas cuarenta cartuchos los<span -class="pagenum" id="Page_361">p. 361</span> empleaba como diestro -tirador atinadamente. Hechos son estos dignos de la recordación -histórica, y no deben desdeñarse aunque vengan de humilde lugar. Al -contrario conviene repetirlos y grabarlos en la memoria de los buenos -ciudadanos, para que sean imitados en aquellos casos en que peligre la -independencia de la patria.</p> - -<p>La resistencia de Valencia aunque de corta duración tuvo visos de -maravillosa. No tenía soldados que la defendiesen, habiendo salido a -diversos puntos los que antes la guarnecían, ni otros jefes entendidos -sino oficiales subalternos que guiaron el denuedo de los paisanos. -Los franceses perdieron más de 2000 hombres, y entre ellos al general -de ingenieros Cazals con otros oficiales superiores. Los españoles -resguardados detrás de los muros y baterías tuvieron que llorar pocos -de sus compatriotas, y ninguno de cuenta.</p> - -<div class="sidenote">Retírase Moncey.</div> - -<p>Al amanecer del 29 Don Pedro Túpper puesto de vigía en el miguelete -o torre de la catedral avisó que los enemigos daban indicio de -retirarse. Apenas se creía tan plausible nueva, mas bien pronto todos -se cercioraron de ello viendo marchar al enemigo por Torrente para -tomar la calzada que va a Almansa. La alegría fue colmada, y esperábase -que el conde de Cervellón acabaría en el camino de destruir al mariscal -Moncey, o por lo menos le molestaría y picaría por todos lados. <span -class="sidenote">Inacción<br/> de Cervellón.</span> Muy lejos estaba de -obrar conforme al común deseo. El general español había venido a Alcira -cuando supo el paso de los franceses por las Cabrillas, y su marcha -sobre Valencia.<span class="pagenum" id="Page_362">p. 362</span> Allí -permaneció tranquilo, y no trató de disputar a Moncey el paso del Júcar -después de su derrota delante de los muros de la capital. Tachósele -de remiso, principalmente porque habiendo consultado a los oficiales -superiores sobre el rumbo que en tal oportunidad convendría seguir, -opinaron todos que se impidiese a los franceses cruzar el río: no -abrazó su dictamen fundándose en lo indisciplinados que todavía estaban -sus soldados: prudencia quizá laudable, pero amargamente censurada en -aquellos tiempos.</p> - -<div class="sidenote">Conducta<br/> laudable<br/> de Llamas.</div> - -<p>Perjudicó también a su fama, aun en el concepto de los juiciosos, -la contraposición que con la suya formó la conducta de Don Pedro -González de Llamas y la de Don José Caro. A este le hemos visto acudir -al socorro de Valencia, y si bien no con feliz éxito por lo menos -retardó con su movimiento el progreso del enemigo, lo cual fue de -suma utilidad para que se preparasen los vecinos de la ciudad a una -notable y afortunada resistencia. El general Llamas que de Murcia se -había acercado al puerto de Almansa, noticioso por su parte de que los -franceses iban a embestir a Valencia, había avanzado rápidamente y -colocádose a la espalda en Chiva, cortándoles así sus comunicaciones -con el camino de Cuenca. Y después obedeciendo las órdenes de la -junta provincial hostigó al enemigo hasta el Júcar, en donde se paró -asombrado de que Cervellón hubiese permanecido inactivo. Prodigáronse -pues alabanzas a Llamas, y achacose a Cervellón la culpa de no haber -derrotado al ejército de Moncey antes de la salida del territorio -valenciano. Como quiera que fuese, costole al<span class="pagenum" -id="Page_363">p. 363</span> fin el mando tal modo de comportarse, -graduado por los más de reprensible timidez. Moncey prosiguió su -retirada incomodado por el paisanaje, y a punto que no osaba desviarse -del camino real. Pasó el 2 de julio el puerto de Almansa, y en Albacete -hizo alto y dio descanso a sus fatigadas tropas.</p> - -<div class="sidenote">Enfermedad<br/> de Murat.</div> - -<p>Entretanto no sabía el gobierno de Madrid cuál partido le convenía -abrazar. Notaba con desconsuelo burladas sus esperanzas, no habiendo -reprimido prontamente la insurrección de las provincias con las -expediciones enviadas al intento. Temía también que las tropas -desparramadas por diversos y lejanos puntos, y molestadas sin gozar de -un instante de sosiego, no acabasen por perder la disciplina. Mucho -contribuyó a su desconcierto la enfermedad grave de que fue acometido -el gran duque de Berg en los primeros días de junio, con lo cual se -hallaron los individuos de la junta faltos de un centro principal que -diera unión y fuerza. Hubo entre los suyos quien le creyó envenenado, y -entre los españoles no faltó también quien atribuyera su mal a castigo -del cielo por las tropelías y asesinatos del 2 de mayo. Los ociosos y -lenguaraces buscaban el principio en un origen impuro, dando lugar a -sus sueltas palabras los deslices de que no estaba exento el duque. -Mas la verdadera enfermedad de este era uno de aquellos cólicos por -desgracia harto comunes en la capital del reino, y que por serlo tanto -los ha distinguido en una disertación el docto Luzuriaga con el nombre -de cólicos de Madrid. Agregáronsele unas tercianas tan pertinaces y -recias que descaeciendo su<span class="pagenum" id="Page_364">p. -364</span> espíritu y su cuerpo, tuvo que conformarse con el dictamen -de los facultativos de trasladarse a Francia, y tomar las aguas -termales de Barèges. <span class="sidenote">Enfermedades<br/> en -su ejército.<br/> Opinión<br/> de Larrey.</span> Provocó también a -sospecha de emponzoñamiento el haber amalado muchos de los soldados -franceses, y muerto algunos con síntomas de índole dudosa. Para serenar -los ánimos el barón Larrey, primer cirujano del ejército invasor, -examinó los alimentos, y el boticario mayor del mismo Mr. Laubert -analizó detenidamente el vino que se les vendía en varias tabernas y -bodegones de dentro y fuera de Madrid. Nada se descubrió de nocivo en -el líquido, solamente a veces había con él mezcladas algunas sustancias -narcóticas más o menos excitativas, como el agua de laurel y el -pimiento que para dar fuerza suelen los vinateros y vendedores añadir -al vino de la Mancha, a semejanza del óxido de plomo o sea litargirio -que se emplea en algunos de Francia para corregir su acedía. La mixtión -no causaba molestia a los españoles por la costumbre, y sobre todo por -su mayor sobriedad: dañó extremadamente a los franceses no habituados -a aquella bebida, y que abusaban en sumo grado de los vinos fuertes -y licorosos de nuestro terruño. El examen y declaración de Larrey y -Laubert tranquilizó a los franceses, recelosos de cualquiera asechanza -de parte de un pueblo gravemente ofendido; pero el de España con -dificultad hubiera recurrido para su venganza a un medio que no le era -usual, cuando tantos otros justos y nobles se le presentaban.</p> - -<div class="sidenote">Savary sucede<br/> a Murat.</div> - -<p>En lugar de Murat envió Napoleón a Madrid al general Savary, el -que llegó el 15 de junio.<span class="pagenum" id="Page_365">p. -365</span> No agradó la elección a los franceses, habiendo en su -ejército muchos que por su graduación y militar renombre reputábanse -como muy superiores. Asimismo en el concepto de algunos menoscababa -la estimación de la persona escogida, el haber sido con frecuencia -empleada en comisiones más propias de un agente de policía que de quien -había servido en la carrera honorífica de las armas. No era tampoco -entre los españoles juzgado Savary con más ventaja, porque habiendo -sido el celador asiduo del viaje de Fernando, coadyuvó con palabras -engañosas a arrastrarle a Bayona. Sin embargo su nombre no era ni tan -conocido ni odiado como el de Murat: además llegó en sazón en que -muy poco se curaban en las provincias de lo que se hacía o deshacía -en Madrid. Asuntos inmediatos y de mayor cuantía embargaban toda la -atención.</p> - -<div class="sidenote">Singular<br/> comisión<br/> de Savary.</div> - -<p>El encargo confiado a Savary era nuevo y extraño en su forma. -Autorizado con iguales facultades que el lugarteniente Murat, no le era -lícito poner su firma en resolución alguna. Al general Belliard tocaba -con la suya legalizarlas. El uno leía las cartas, oficios e informes -dirigidos al lugarteniente; respondía, determinaba: el otro ceñíase a -manera de una estampilla viva a firmar lo que le era prescrito. Los -decretos se encabezaban a nombre del gran duque como si estuviese -presente o hubiese dejado sus poderes a Savary, y este disponiendo -en todo soberanamente, incomodaba a varios de los otros jefes que se -consideraban desairados.</p> - -<div class="sidenote">Su conducta.</div> - -<p>Para mostrar que él era la suprema cabeza, a su llegada se -alojó en palacio, y tomó sin tardanza<span class="pagenum" -id="Page_366">p. 366</span> providencias acomodadas al caso. Prosiguió -las fortificaciones del Retiro, y construyó un reducto alrededor de -la fábrica real de porcelana allí establecida, y a que dan el nombre -de casa de la China, en donde almacenó las vituallas y municiones de -guerra. Pensó después en sostener los ejércitos esparcidos por las -provincias. Tal había sido la orden verbal de Napoleón, quien juzgaba, -«ser lo más importante ocupar muchos puntos, a fin de derramar por -todas partes las novedades que había querido introducir...» Conforme -a ella e incierto de la suerte de Dupont, cuya correspondencia estaba -cortada, <span class="sidenote">Envía a Vedel<br/> para reforzar<br/> a -Dupont.</span> resolvió Savary reforzarle con las tropas mandadas por -el general Vedel que se hallaban en Toledo. Ascendían a 6000 infantes -y 700 caballos con doce cañones. El 19 de junio salieron de aquella -ciudad, juntándoseles en el camino los generales Roize y Liger-Belair -con sus destacamentos, los cuales hemos visto fueron compelidos a -recogerse a Madridejos por la insurrección general de la Mancha.</p> - -<p>Los franceses por todas partes se encontraban con pueblos -solitarios, incomodándoles a menudo los tiros del paisanaje oculto -detrás de los crecidos panes, y ¡ay de aquellos que se quedaban -rezagados! No obstante asomaron sin notable contratiempo a -Despeñaperros en la mañana del 26 de junio. <span class="sidenote">Paso -de<br/> Sierra Morena.</span> La posición estaba ocupada por el -teniente coronel español Don Pedro Valdecañas empleado antes en la -persecución de contrabandistas por aquellas sierras, y ahora apostado -allí con objeto de que colocándose a la retaguardia de Dupont, le -interceptase la correspondencia<span class="pagenum" id="Page_367">p. -367</span> e impidiese el paso de los socorros que de Madrid le -llegasen. Había atajado el camino en lo más estrecho con troncos, ramas -y peñascos, desmoronándole del lado del despeñadero, y situando detrás -seis cañones. Paisanos los más de su tropa, y él mismo poco práctico -en aquella clase de guerra, desaprovechó la superioridad que le daba -el terreno. Cedieron luego los nuestros al ataque bien concertado de -los franceses, perdieron la artillería, y Vedel prosiguió sin embarazo -a la Carolina, en cuya ciudad se le incorporó un trozo de gente que le -enviaba Dupont a las órdenes del oficial Baste, el saqueador de Jaén. -Llevada pues a feliz término la expedición, creyó Vedel conveniente -enviar atrás alguna tropa para reforzar ciertos puntos que eran -importantes, y conservar abierta la comunicación. Por lo demás bien -que pareciesen cumplidos los deseos del enemigo en la unión de Vedel y -Dupont, pudiendo no solo corresponder libremente con Madrid, mas aun -hacer rostro a los españoles y desbaratar sus mal formadas huestes: no -tardaremos en ver cuán de otra manera de lo que esperaban remataron las -cosas.</p> - -<div class="sidenote">Refuerzos<br/> enviados<br/> a Moncey.</div> - -<p>Aquejábale igualmente a Savary el cuidado de Moncey, cuya suerte -ignoraba. Después de haberse adelantado este mariscal más allá de la -provincia de Cuenca, habían sido interrumpidas sus comunicaciones, -hechos prisioneros soldados suyos sueltos y descarriados, y aun -algunas partidas. Juntándose pues número considerable de paisanos -alentados con aquellos que calificaban de triunfos, fue necesario -pensar en dispersarlos.<span class="pagenum" id="Page_368">p. -368</span> Con este objeto se ordenó al general Caulincourt apostado -en Tarancón, que marchase con una brigada sobre Cuenca. <span -class="sidenote">Caulincourt<br/> saquea a Cuenca.</span> Dio vista a -la ciudad el 3 de julio, y una gavilla de hombres desgobernada le hizo -fuego en las cercanías a bulto y por corto espacio. Bastó semejante -demostración para entregar a un horroroso saco aquella desdichada -ciudad. Hubo regidores e individuos del cabildo eclesiástico que -saliendo con bandera blanca quisieron implorar la merced del enemigo; -mas resuelto este al pillaje sin atender a la señal de paz, los forzó -a huir recibiéndolos a cañonazos. Espantáronse a su ruido los vecinos -y casi todos se fugaron, quedando solamente los ancianos y enfermos -y cinco comunidades religiosas. No perdonaron los contrarios casa ni -templo que no allanasen y profanasen. No hubo mujer por enferma o -decrépita que se libertase de su brutal furor. Al venerable sacerdote -Don Antonio Lorenzo Urbán, de edad de ochenta y tres años, ejemplar -por sus virtudes, le traspasaron de crueles heridas, después de -recibir de sus propias manos el escaso peculio que todavía su ardiente -caridad no había repartido a los pobres. Al franciscano P. Gaspar -Navarro, también octogenario, atormentáronle crudamente para que -confesase dinero que no tenía. Otras y no menos crueles, bárbaras y -atroces acciones mancharon el nombre francés en el no merecido saco de -Cuenca.</p> - -<p>No satisfecho Savary con el refuerzo que se enviaba a Moncey al -mando de Caulincourt, despachó otro nuevo a las órdenes del general -Frère, <span class="sidenote">Frère.</span> el mismo que antes había -ido a apaciguar<span class="pagenum" id="Page_369">p. 369</span> a -Segovia. Llegó este a Requena el 5 de julio, donde noticioso de que -Moncey se retiraba del lado de Almansa, y de estar guardadas las -Cabrillas por el general español Llamas, revolvió sobre San Clemente, -y se unió con el mariscal. Poco después informado Savary de haberse -puesto en cobro las reliquias de la expedición de Valencia, y deseoso -de engrosar su fuerza en derredor suyo, mandó a Caulincourt y a Frère -que se restituyesen a Madrid: con lo que enflaquecido el cuerpo de -Moncey y quizá ofendido este de que un oficial inferior en graduación y -respetos pudiese disponer de la gente que debía obedecerle, desistió de -toda empresa ulterior, y se replegó a las orillas del Tajo.</p> - -<p>Los franceses que esparcidos no habían conseguido las esperadas -ventajas, comenzaron a pensar en mudar de plan, y reconcentrar más -sus fuerzas. Napoleón sin embargo tenaz en sus propósitos insistía -en que Dupont permaneciese en Andalucía, al paso que mereció su -desaprobación el que le enviasen continuados refuerzos. <span -class="sidenote">Segundo refuerzo<br/> llevado a Dupont<br/> por -el general<br/> Gobert.</span> Savary inmediato al teatro de los -acontecimientos, y fiado en el favor de que gozaba, tomó sobre sí obrar -por rumbo opuesto, e indicó a Dupont la conveniencia de desamparar -las provincias que ocupaba. Para que con más desembarazo pudiera -este jefe efectuar el movimiento retrógrado, dirigió aquel sobre -Manzanares al general Gobert con su división, en la que estaba la -brigada de coraceros que había en España. Mas Dupont ya fuese temor -de su posición, o ya deseos de conservarse en Andalucía, ordenó a -Gobert que se le incorporase, y<span class="pagenum" id="Page_370">p. -370</span> este se sometió a dicho mandato después de dejar un batallón -en Manzanares y otro en el Puerto del Rey.</p> - -<div class="sidenote">Desatiende<br/> a Bessières.</div> - -<p>Tan discordes andaban unos y otros, como acontece en tiempos -borrascosos, estando solo conformes y empeñados en aumentar fuerzas -hacia el mediodía. Y al mismo tiempo el punto que más urgía auxiliar -que era el de Bessières, amenazado por las tropas de Galicia, León -y Asturias, quedaba sin ser socorrido. Claro era que una ventaja -conseguida por los españoles de aquel lado, comprometería la suerte de -los franceses en toda la península, interrumpiría sus comunicaciones -con la frontera, y los dejaría a ellos mismos en la imposibilidad -de retirarse. Pues a pesar de reflexión tan obvia desatendiose a -Bessières, y solo tarde y con una brigada de infantería y 300 caballos -se acudió de Madrid en su auxilio. Felizmente para el enemigo la -fortuna le fue allí más favorable; merced a la impericia de ciertos -jefes españoles.</p> - -<div class="sidenote">Cuesta.</div> - -<p>Después de la batalla de Cabezón se había retirado a Benavente el -general Cuesta. Recogió dispersos, prosiguió los alistamientos, y se -le juntaron el cuerpo de estudiantes de León y y el de Covadonga de -Asturias. Diéronse en aquel punto las primeras lecciones de táctica a -los nuevos reclutas, se los dividió en batallones que llamaron tercios, -y esmerose en instruirlos don José de Zayas. De esta gente se componía -la infantería de Cuesta, limitándose la caballería al regimiento de la -Reina y guardias de Corps que estuvieron en Cabezón, y al escuadron de -carabineros que antes había pasado a Asturias.<span class="pagenum" -id="Page_371">p. 371</span> Era ejército endeble para salir con él -a campaña, si las tropas de la última provincia y las de Galicia no -obraban al propio tiempo y mancomunadamente. Por lo cual con instancia -pidió el general Cuesta que avanzasen y se le reuniesen. La junta de -Asturias propensa a condescender con sus ruegos, fue detenida por -las oportunas reflexiones de su presidente el marqués de Santa Cruz -de Marcenado, manifestando en ellas que lejos de acceder, se debía -exhortar al capitán general de Castilla a abandonar sus llanos y -ponerse al abrigo de las montañas; pues no teniendo soldados ni unos ni -otros sino hombres, infaliblemente serían deshechos en descampado, y se -apagaría el entusiasmo que estaba tan encendido. Convencida la junta -de lo fundado de las razones del marqués, acordó no desprenderse de su -ejército, y solo por halagar a la multitud consintió en que quedase -unido a los castellanos el regimiento de Covadonga, compuesto de más -de 1000 hombres, y mandado por Don Pedro Méndez de Vigo, y además que -otros tantos bajasen a León del puerto de Leitariegos a las órdenes del -mariscal de campo conde de Toreno, padre del autor.</p> - -<p>También encontró en Galicia la demanda de Cuesta graves -dificultades. Había sido el plan de Filangieri fortificar a Manzanal, -y organizar allí y en otros puntos del Bierzo sus soldados, antes -de aventurar acción alguna campal. Mas la junta de Galicia atenta -a la quebrantada salud de aquel general y al desvío con que por -extranjero le miraban algunos, relevándole del mando activo, le -había llamado a la Coruña,<span class="pagenum" id="Page_372">p. -372</span> y nombrado en su lugar al cuartel maestre general Don -Joaquín Blake. Púsose este al frente del ejército el 21 de junio, y -perseguido Filangieri de adversa estrella pereció como hemos dicho -el 24. Persistió Blake en el plan anterior de adiestrar la tropa, -esperando que con los cuerpos que había en Galicia, los de Oporto y -nuevos alistados, conseguiría armar y disciplinar 40.000 hombres. La -inquietud de los tiempos le impidió llevar su laudable propósito a -cumplido efecto. Deseoso de examinar y reconocer por sí la sierra y -caminos de Foncebadón y Manzanal había salido de Villafranca, <span -class="sidenote">Ejército<br/> de Galicia<br/> después<br/> de la -muerte<br/> de Filangieri.</span> y pareciéndole conveniente tomar -posición en aquellas alturas que forman una cordillera avanzada de la -del Cebrero y Piedrafita, límite de Galicia, se situó allí extendiendo -su derecha hasta el Monte Teleno que mira a Sanabria, y su izquierda -hacia el lado de León por la Cepeda. Así no solamente guarecía todas -las entradas principales de Galicia, sino también disfrutaba de los -auxilios que ofrecía el Bierzo. Empezaba pues a poner en planta su -intento de ejercitar y organizar su gente, cuando el 28 de junio se le -presentó Don José de Zayas rogándole a nombre del general Cuesta que -con todo o parte de su ejército avanzase a Castilla. Negose Blake, y -entonces pasó el comisionado a avistarse con la junta de la Coruña de -quien aquel dependía. La desgracia ocurrida con Filangieri, el terror -que infundió su muerte, las instancias de Cuesta y los deseos del -vulgo que casi siempre se gobierna más bien por impulso ciego que por -razón, lograron que triunfase el<span class="pagenum" id="Page_373">p. -373</span> partido más pernicioso; habiéndose prevenido a Blake que -se juntase con el ejército de Castilla en las llanuras. Poco antes de -haber recibido la orden redujo aquel general a cuatro divisiones las -seis en que a principios de junio se había distribuido la fuerza de su -mando, ascendiendo su número a unos 27.000 hombres de infantería, con -más de 30 piezas de campaña y 150 caballos de distintos cuerpos. Tomó -otras disposiciones con acierto y diligencia, y si al saber y práctica -militar que le asistía se le hubiera agregado la conveniente fortaleza -o mayor influjo para contrarrestar la opinión vulgar, hubiera al fin -arreglado debidamente el ejército puesto a sus órdenes. Mas oprimido -bajo el peso de aquella, tuvo que ceder a su impetuoso torrente, y -pasar en los primeros días de julio a unirse en Benavente con el -general Cuesta. Dejó solo en Manzanal la segunda división compuesta de -cerca de 6000 hombres a las órdenes del mariscal de campo Don Rafael -Martinengo, y en la Puebla de Sanabria un trozo de 1000 hombres a las -del marqués de Valladares, el que obró después en Portugal de concierto -con el ejército de aquella nación. Llegado que fue a Benavente con las -otras tres divisiones, dejó allí la tercera al mando del brigadier -Don Francisco Riquelme sirviendo como de reserva, y constando de 5000 -hombres. Púsose en movimiento camino de Rioseco con la primera y cuarta -división acaudilladas por el jefe de escuadra Don Felipe Jado Cagigal -y el mariscal de campo marqués de Portago; llevó además el batallón -de voluntarios de Navarra que<span class="pagenum" id="Page_374">p. -374</span> pertenecía a la tercera. Se había también arreglado para la -marcha una vanguardia que guiaba el conde de Maceda, grande de España, y -coronel del regimiento de infantería de Zaragoza. Ascendía el número de -esta fuerza a 15.000 hombres, la cual formaba con la de Cuesta un total -de 22.000 combatientes. Contábanse entre unos y otros muchos paisanos -vestidos todavía con su humilde y tosco traje, y no llegaban a 500 los -jinetes. Reunidos ambos generales tomó el mando el de Castilla como -más antiguo, si bien era muy inferior en número y calidad su tropa. -No reinaba entre ellos la conveniente armonía. Repugnábanle a Blake -muchas ideas de Cuesta, y ofendíase este de que un general nuevamente -promovido y por una autoridad popular pudiese ser obstáculo a sus -planes. Pero el primero por desgracia sometiéndose a la superioridad -que daban al de Castilla los años, la costumbre del mando y sobre -todo ser su dictamen el que con más gusto y entusiasmo abrazaba la -muchedumbre, no se opuso según hemos visto a salir de Benavente ni al -tenaz propósito de ir al encuentro del enemigo por las llanuras que se -extendían por el frente.</p> - -<div class="sidenote">Batalla<br/> de Rioseco,<br/> 14 de julio.</div> - -<p>Noticiosos los franceses del intento de los españoles quisieron -adelantárseles, y el 9 salió de Burgos el general Bessières. No estaban -el 13 a larga distancia ambos ejércitos, y al amanecer del 14 de julio -se avistaron sus avanzadas en Palacios, legua y media distante de -Rioseco. El de los franceses constaba de 12.000 infantes y más de 1500 -caballos: superior en número el de los españoles era inferiorísimo -en disciplina,<span class="pagenum" id="Page_375">p. 375</span> -pertrechos y sobre todo en caballería, tan necesaria en aquel terreno, -siendo de admirar que con ejército tan novel y desapercibido se -atreviese Cuesta a arriesgar una acción campal.</p> - -<p>La desunión que había entre los generales españoles, si no del todo -manifiesta todavía, y la condición imperiosa y terca del de Castilla, -impidieron que de antemano se tomasen mancomunadamente las convenientes -disposiciones. Blake, en la tarde del 13, al aviso de que los franceses -se acercaban, pasó desde Castromonte, en donde tenía su cuartel -general, a Rioseco, en cuya ciudad estaba el de Cuesta, y juntos se -contentaron con reconocer el camino que va a Valladolid, persuadido el -último que por allí habían de atacar los franceses. A esto se limitaron -las medidas previamente combinadas.</p> - -<p>Volviendo Don Joaquín Blake a su campo, preparó su gente, reconoció -de nuevo el terreno, y a las dos de la madrugada del 14 situó sus -divisiones en el paraje que le pareció más ventajoso, no esperando -grande ayuda de la cooperación de Cuesta. Empezó sin embargo este a -mover su tropa en la misma dirección a las cuatro de la mañana; pero -de repente hizo parada, sabedor de que el enemigo avanzaba del lado -de Palacios a la izquierda del camino que de Rioseco va a Valladolid. -Advertido Blake tuvo también que mudar de rumbo y encaminarse a aquel -punto. Ya se deja discurrir de cuánto daño debió de ser para alcanzar -la victoria movimiento tan inesperado, teniendo que hacerse por -paisanos y tropas bisoñas. Culpa fue grande del general de Castilla no -estar mejor informado<span class="pagenum" id="Page_376">p. 376</span> -en un tiempo en que todos andaban solícitos en acechar voluntariamente -los pasos del ejército francés. Cuesta temiendo ser atacado pidió -auxilio al general Blake, quien le envió su cuarta división al mando -del marqués de Portago, y se colocó él mismo con la vanguardia, los -voluntarios de Navarra y primera división en la llanura que a manera -de mesa forma lo alto de una loma puesta a la derecha del camino -que media entre Rioseco y Palacios, y a cuyo descampado llaman los -naturales campos de Monclín. Constaba esta fuerza de 9000 hombres. No -era respetable la posición escogida, siendo por varios puntos de acceso -no difícil. Cuesta se situó detrás a la otra orilla del camino, dejando -entre sus cuerpos y los de Blake un claro considerable. Mantúvose -así apartado por haber creído, según parece, que eran franceses los -soldados del provincial de León que se mostraron a lo lejos por su -izquierda, y quizá también llevado de los celos que le animaban contra -el otro general su compañero.</p> - -<p>Al avanzar dudó un momento el mariscal Bessières si acometería a -los españoles, imaginándose que eran muy superiores en número a los -suyos. Pero habiendo examinado de más cerca la extraña disposición, -por la cual quedaba un claro en tanto grado espacioso que parecían -las tropas de su frente más bien ejércitos distintos que separados -trozos de uno mismo y solo, recordó lo que había pasado allá en -Cabezón, y arremetiendo sin tardanza resolvió interponerse entre Blake -y Cuesta. Había juzgado el francés que eran dos líneas diversas, y -que la ignorancia<span class="pagenum" id="Page_377">p. 377</span> -e impericia de los jefes había colocado a los soldados tan distantes -unos de otros. Difícil era por cierto presumir que el interés de la -patria, o por lo menos el honor militar, no hubiese acallado en un -día de batalla mezquinas pasiones. Nosotros creemos que hubo de parte -de Cuesta el deseo de campear por sí solo y acudir al remedio de la -derrota luego que hubiese visto destrozado en parte o por lo menos muy -comprometido a su rival. No era dado a su ofendido orgullo descubrir -lo arriesgado y aun temerario de tal empresa. De su lado Blake hubiera -obrado con mayor prudencia si conociendo la inflexible dureza de -Cuesta, hubiese evitado exponerse a dar batalla con una parte reducida -de su ejército.</p> - -<p>Prosiguiendo Bessières en su propósito ordenó que el general -Merle y Sabatier acometiesen el primero la izquierda de la posición -de Blake y el segundo su centro. Iba con ellos el general Lassalle -acompañado de dos escuadrones de caballería. Resistieron con valor -los nuestros, y muchos aunque bisoños aguantaron la embestida, como -si estuvieran acostumbrados al fuego de largo tiempo. Sin embargo el -general Merle encaramándose del lado del camino por el tajo de la -meseta, los nuestros comenzaron a ciar, y a desordenarse la izquierda -de Blake. En tanto avanzaba Mouton para acometer a los de Cuesta, e -interponerse entre los dos grandes y separados trozos del ejército -español. A su vista los carabineros reales y guardias de Corps, sin -aguardar aviso se movieron y en una carga bizarrísima arrollaron las -tropas ligeras del enemigo, y las arrojaron en una torrentera de las -que causan<span class="pagenum" id="Page_378">p. 378</span> en aquel -país las lluvias. Fue al socorro de los suyos la caballería de la -guardia imperial, y nuestros jinetes cediendo al número se guarecieron -de su infantería. Cayeron muertos en aquel lance los ayudantes mayores -de carabineros Escobedo y Chaperón, lidiando este bravamente y cuerpo -a cuerpo con varios soldados del ejército contrario. Arreciando la -pelea, se adelantó la cuarta división de Galicia, puesta antes a las -órdenes inmediatas de Cuesta con consentimiento de Blake. Dicen unos -que obró por impulso propio, otros por acertada disposición del primer -general. Iban en ella dos batallones de granaderos entresacados de -varios regimientos, el provincial de Santiago y el de línea de Toledo, -a los que se agregaron algunos bisoños entre otros el de Covadonga. -Arremetieron con tal brío que fueron los franceses rechazados y -deshechos, cogiendo los nuestros cuatro cañones. Momento apurado para -el enemigo y que dio indicio de cuán otro hubiera sido el éxito de la -batalla a haber habido mayor acuerdo entre los generales españoles. -Mas la adquirida ventaja duró corto tiempo. En el intervalo había -crecido el desorden y la derrota en las tropas de Blake. En balde este -general había querido contener al enemigo con la columna de granaderos -provinciales que tenía como en reserva. Estos no correspondieron a lo -que su fama prometía por culpa en gran parte de algunos de los jefes. -Fueron como los demás envueltos en el desorden, y caballos enemigos que -subieron a la altura acabaron de aumentar la confusión. Entonces Merle -más desembarazado<span class="pagenum" id="Page_379">p. 379</span> -revolvió sobre la cuarta división que había alcanzado la ventaja arriba -indicada, y flanqueándola por su derecha la contuvo y desconcertó. -Los franceses luego acometieron intrépidamente por todos lados, -extendiéronse por la meseta o alto de la posición de Blake, y todo lo -atropellaron y desbarataron, apoderándose de nuestras no aguerridas -tropas la confusión y el espanto. Individualmente hubo soldados, y -sobre todo oficiales que vendieron caras sus vidas, contándose entre -los más valerosos al ilustre conde de Maceda, quien, <i>pródigo de su -grande alma</i>, cual otro Paulo, prefirió arrojarse a la muerte antes -que ver con sus ojos la rota de los suyos. Vanos fueron los esfuerzos -del general Blake y de los de su estado mayor, particularmente de los -distinguidos oficiales Don Juan Moscoso, Don Antonio Burriel y Don -José Maldonado para rehacer la gente. Eran sordos a su voz los más de -los soldados, manteniéndose por aquel punto solo unido y lidiando el -batallón de voluntarios de Navarra mandado por el coronel Don Gabriel -de Mendizábal. Cundiendo el desorden no fue tampoco dable a Cuesta -impedir la confusión de los suyos, y ambos generales españoles se -retiraron a corta distancia uno de otro sin ser muy molestados por -el enemigo; pero entre sí con ánimo más opuesto y enconado. Tomaron -el camino de Villalpando y Benavente. Pasó de 4000 la pérdida de los -nuestros entre muertos, heridos, prisioneros y extraviados, con varias -piezas de artillería. De los contrarios perecieron unos 300 y más -de 700 fueron los heridos. Lamentable jornada<span class="pagenum" -id="Page_380">p. 380</span> debida a la obstinada ceguedad e ignorancia -de Cuesta, al poco concierto entre él y Blake, y a la débil y culpable -condescendencia de la junta de Galicia. La tropa bisoña y aun el -paisanaje habiendo peleado largo rato con entusiasmo y denuedo, -claramente mostraron lo que con mayor disciplina y mejor acuerdo de -los jefes hubieran podido llevar a glorioso remate. Mucho perjudicó -a la causa de la patria tan triste suceso. Se perdieron hombres, -se consumieron en balde armas y otros pertrechos, y sobre todo se -menoscabó en gran manera la confianza.</p> - -<p>Rioseco pagó duramente la derrota padecida casi a sus puertas. -Nunca pudo autorizar el derecho de la guerra el saqueo y destrucción -de un pueblo que por sí no había opuesto resistencia. Mas el enemigo -con pretexto de que soldados dispersos habían hecho fuego cerca -de los arrabales, entró en la ciudad matando por calles y plazas. -Los vecinos que quisieron fugarse murieron casi todos a la salida. -Allanaron los franceses las casas, los conventos y los templos, -destruyeron las fábricas, robándolo todo y arruinándolo. Quitaron -la vida a mozos, ancianos y niños, a religiosos y a varias mujeres, -violándolas a presencia de sus padres y maridos. Lleváronse otras al -campamento, abusando de ellas hasta que hubieron fallecido. Quemaron -más de cuarenta casas, y coronaron tan horrorosa jornada con formar de -la hermosa iglesia de Santa Cruz un infame lupanar, en donde fueron -víctima del desenfreno de la soldadesca muchas monjas, sin que se -respetase aun a las<span class="pagenum" id="Page_381">p. 381</span> -muy ancianas. No pocas horas duró el tremendo destrozo.</p> - -<div class="sidenote">Avanza<br/> Bessières<br/> a León.</div> - -<p>Bessières después de avanzar hasta Benavente persiguió a Cuesta -camino de León, a cuya ciudad llegó este el 17, abandonándola en -la noche del 18 para retirarse hacia Salamanca. El general francés -que había dudado antes si iría o no a Portugal, sabiendo este -movimiento y el que Blake y los asturianos se habían replegado detrás -de las montañas, desistió de su intento y se contentó con entrar -en León y recorrer la tierra llana. <span class="sidenote">Su<br/> -correspondencia<br/> con Blake.</span> Desde el 22 abrió el mariscal -francés correspondencia con Blake haciéndole proposiciones muy -ventajosas para que él y su ejército reconociesen a José. Respondiole -el general español con firmeza y decoro, concluyendo los tratos con -una carta de este demasiadamente vanagloriosa, y una respuesta de su -contrario atropellada y en que se pintaba el enfado y despecho.</p> - -<p>La batalla de Rioseco, fatal para los españoles, llenó de júbilo a -Napoleón, comparándola con la de Villaviciosa que había asegurado la -corona en las sienes de Felipe V. Satisfecho con la agradable nueva, o -más bien sirviéndole de honroso y simulado motivo, abandonó a Bayona, -de donde el 21 de julio por la noche salió para París, visitando antes -los departamentos del mediodía. No fue la vez primera ni la única en -que alejándose a tiempo, procuraba que sobre otros recayesen las faltas -y errores que se cometían en su ausencia.</p> - -<div class="sidenote">Viaje de José<br/> a Madrid.</div> - -<p>José, a quien dejamos a la raya de España y pisando su territorio, -el 9 de julio había seguido<span class="pagenum" id="Page_382">p. -382</span> su camino a cortas jornadas. A doquiera que llegaba -acogíanle friamente; las calles de los pueblos estaban en soledad -y desamparo, y no había para recibirle sino las autoridades que -pronunciaban discursos, forzadas por la ocupación francesa. El 16 -supo en Burgos las resultas de la batalla de Rioseco, con lo que más -desahogadamente le fue lícito continuar su viaje a Madrid. En el -tránsito quiso manifestarse afable, lo cual dio ocasión a los satíricos -donaires de los que le oían. Porque poco práctico en la lengua -española, alteraba su pureza con vocablos y acento de la italiana, y -sus arengas en vez de cautivar los ánimos solo los movían a risa y -burla.</p> - -<div class="sidenote">Su entrada<br/> en la capital.</div> - -<p>El 20 en fin llegó a Chamartín a mediodía y se apeó en la quinta -del duque del Infantado, disponiéndose a hacer su entrada en Madrid. -Verificola pues en aquella propia tarde a las seis y media, yendo por -la puerta de Recoletos, calle de Alcalá y Mayor hasta palacio. Habían -mandado colgar y adornar las casas. Raro o ninguno fue el vecino -que obedeció. Venía escoltado para seguridad y mayor pompa de mucha -infantería y caballería, generales y oficiales de estado mayor, y -contados españoles de los que estaban más comprometidos. Interrumpíase -la silenciosa marcha con los solos vivas de algunos franceses -establecidos en Madrid, y con el estruendo de la artillería. Las -campanas en lugar de tañer como a fiesta las hubo que doblaron a manera -de día de difuntos. Pocos fueron los habitantes que se asomaron o -salieron a ver la ostentosa solemnidad. Y aun el<span class="pagenum" -id="Page_383">p. 383</span> grito de uno que prorrumpió en <i>viva -Fernando VII</i>, causó cierto desorden por el recelo de alguna oculta -trama. Recibimiento que representaba al vivo el estado de los ánimos, -y singular en su contraste con el que se había dado a Fernando VII en -24 de marzo. Asemejose muy mucho al de Carlos de Austria en 1710, en -el que se mezclaron con los pocos vítores que le aplaudían, varios -que osaron aclamar a Felipe V. Pero José no se ofendió ni de extraños -clamores ni de la expresiva soledad como el austriaco. Este al llegar -a la puerta de Guadalajara torció a la derecha y se salió por la calle -de Alcalá diciendo: «que era una corte sin gente.» José se posesionó -de Palacio y desde luego admitió a cumplimentarle a las autoridades, -consejos y principales personas al efecto citadas.</p> - -<div class="sidenote">Retrato de José.</div> - -<p>Ahora no parecerá fuera de propósito que nos detengamos a dar -una idea, si bien sucinta, del nuevo rey, de su carácter y prendas. -Comenzaremos por asentar con desapasionada libertad, que en tiempos -serenos y asistido de autoridad, si no más legítima por lo menos de -origen menos odioso, no hubiera el intruso deshonrado el solio, mas sí -cooperado a la felicidad de España. José había nacido en Córcega, año -de 1768. Habiendo estudiado en el colegio de Autun en Borgoña, volvió a -su patria en 1785 en donde después fue individuo de la administración -departamental, a cuya cabeza estaba el célebre Paoli. Casado en 1794 -con una hija de Mr. Clary, hombre de los más acaudalados de Marsella, -acompañó al general Bonaparte en su primera campaña de Italia. -Hallábase<span class="pagenum" id="Page_384">p. 384</span> embajador -en Roma a la sazón que sublevándose el pueblo acometió su palacio y -mató a su lado al general Duphot. Miembro a su regreso del consejo de -los Quinientos, defendió con esfuerzo a su hermano que entonces en -Egipto era vivamente atacado por el directorio. Después de desempeñar -comisiones importantes y de haber firmado el concordato con el Papa, -los tratados de Luneville, Amiens y otros, tomó asiento en el senado. -Mas cuando Napoleón convirtió la Francia en un vasto campo militar y -sus habitantes en soldados, ciñó a su hermano la espada, dándole el -mando del cuarto regimiento de línea, uno de los destinados al tan -pregonado desembarco de Inglaterra. No descolló empero en las armas, -cual conviniera al que fue a domeñar después una nación fiera y altiva -como la española. Al subir Napoleón al trono ofreció a José la corona -de Lombardía que se negó a admitir, accediendo en 1806 a recibir la -de Nápoles, cuyo reino gobernó con algún acierto. Fue en España más -desgraciado a pesar de las prendas que le adornaban. Nacido en la -clase particular y habiendo pasado por los vaivenes y trastornos de -una gran revolución política, poseía a fondo el conocimiento de los -negocios públicos y el de los hombres. Suave de condición, instruido -y agraciado de rostro, y atento y delicado en sus modales, hubiera -cautivado a su partido las voluntades españolas, si antes no se las -hubiera tan gravemente lastimado en su pundonoroso orgullo. Además la -extrema propensión de José a la molicie y deleites oscureciendo algún -tanto sus bellas<span class="pagenum" id="Page_385">p. 385</span> -dotes, dio ocasión a que se inventasen respecto de su persona ridículas -consejas y cuentos creídos por una multitud apasionada y enemiga. Así -fue que no contentos con tenerle por ebrio y disoluto, deformáronle -hasta en su cuerpo fingiendo que era tuerto. Su misma locución fácil y -florida perjudicole en gran manera, pues arrastrado de su facundia se -arrojaba, como hemos advertido, a pronunciar discursos en lengua que -no le era familiar, cuyo inmoderado uso unido a la fama exagerada de -sus defectos, provocó a componer farsas populares que, representadas -en todos los teatros del reino, contribuyeron no tanto al odio de -su persona como a su desprecio, afecto del ánimo más temible para -el que anhela afianzar en sus sienes una corona. Por tanto, José, si -bien enriquecido de ciertas y laudables calidades, carecía de las -virtudes bélicas y austeras que se requerían entonces en España, y sus -imperfecciones, débiles lunares en otra coyuntura, ofrecíanse abultadas -a los ojos de una nación enojada y ofendida.</p> - -<div class="sidenote">Su proclamación.</div> - -<p>Los pocos días que el nuevo rey residió en Madrid se pasaron en -ceremonias y cumplidos. Señalose el 25 de julio para su proclamación. -Prefirieron aquel día por ser el de Santiago, creyendo así agradar a -la devoción española que le reconocía como patrón del reino. Hizo las -veces de alférez mayor el conde de Campo de Alange, estando ausente -y habiendo rehusado asistir el marqués de Astorga a quien de derecho -competía.</p> - -<div class="sidenote">Su<br/> reconocimiento.</div> - -<p>Todas las autoridades, después de haber cumplimentado a José, le -prestaron, con los principales<span class="pagenum" id="Page_386">p. -386</span> personajes, juramento de fidelidad. Solo se resistieron -el consejo de Castilla <span class="sidenote">Consejo<br/> de -Castilla.</span> y la sala de alcaldes. Muy de elogiar sería la -conducta del primero, si con empeño y honrosa porfía se hubiera -antes constantemente opuesto a las resoluciones de la autoridad -intrusa. Había sí a veces suprimido la fórmula, al publicar sus -decretos, de que estos se <i>guardasen</i> y <i>cumpliesen</i>, pero -imprimiéndose y circulándose a su nombre: el pueblo, que no se detenía -en otras particularidades, achacaba al consejo y vituperaba en él la -autorización de tales documentos, y los hombres entendidos deploraban -que se sirviese de un efugio indigno de supremos magistrados. Porque -al paso que doblaban la cerviz al usurpador, buscaban con sutilezas e -impropios ardides un descargo a la severa responsabilidad que sobre -ellos pesaba: proceder que los malquistó con todos los partidos.</p> - -<p>Desde la llegada de José a España habíase ordenado al consejo -que se dispusiese a prestar el debido juramento. En el 22 de julio -expresamente se le reiteró cumpliese con aquel acto, según lo prevenido -en la constitución de Bayona, la cual ya de antemano se le había -ordenado que circulase. El consejo sabedor de la resistencia general -de las provincias, y previendo el compromiso a que se exponía, había -procurado dar largas, y no antes del 24 respondió a las mencionadas -órdenes. En dicho día remitió dos representaciones que abrazaban ambos -puntos el del juramento y el de la constitución. A cerca de la última -expuso: «que él no representaba a la nación, y sí únicamente<span -class="pagenum" id="Page_387">p. 387</span> las cortes, las que no -habían recibido la constitución. Que sería una manifiesta infracción -de todos los derechos más sagrados el que tratándose, no ya del -establecimiento de una ley sino de la extinción de todos los códigos -legales y de la formación de otros nuevos, se obligase a jurar su -observancia antes que la nación los reconociese y aceptase.» Justa y -saludable doctrina de que en adelante se desvió con frecuencia el mismo -consejo.</p> - -<p>Hasta en el presente negocio cedió al fin respecto de la -constitución de Bayona, cuya publicación y circulación tuvo efecto con -su anuencia en 26 de julio. Animáronle a continuar en la negativa del -pedido juramento los avisos confidenciales que ya llegaban del estado -apurado de los franceses en Andalucía: por lo cual el 28 insistió en -las razones alegadas, añadiendo nuevas de conciencia. A unas y a otras -le hubiera la necesidad obligado a encontrar salida y someterse a lo -que se le ordenaba, según antes había en todo practicado, si grandes -acontecimientos allende la Sierra Morena no hubieran distraído de los -escrúpulos del consejo y suscitado nuevos e impensados cuidados al -gobierno intruso.</p> - -<p>Al llegar aquí de suyo se nombra la batalla de Bailén: memorable -suceso que exige lo refiramos circunstanciadamente.</p> - -<div class="sidenote">Acontecimientos<br/> que precedieron<br/> a la -batalla<br/> de Bailén.</div> - -<p>No habrá el lector olvidado como Dupont después de abandonar a -Córdoba se había replegado a Andújar, y asentando allí su cuartel -general, sucesivamente había recibido los refuerzos que le llevaron -los generales Vedel y Gobert.<span class="pagenum" id="Page_388">p. -388</span> Antes de esta retirada y para impedirla se había formado -un plan por los españoles. Don Francisco Javier Castaños se oponía a -que este se realizase, pensando quizá fundadamente que ante todo debía -organizarse el ejército en un campo atrincherado delante de Cádiz. En -tanto Dupont frustró con su movimiento retrógrado el intento que había -habido de rodearle. Alentáronse los nuestros, y solo Castaños insistió -de nuevo en su anterior dictamen. Inclinábase a adoptarle la junta de -Sevilla hasta que arrastrada por la voz pública, y noticiosa de que -tropas de refresco avanzaban a unirse al enemigo, determinó que se le -atacase en Andújar.</p> - -<p>Castaños desde que había tomado el mando del ejército de Andalucía, -había tratado de engrosarle, y disciplinar a los innumerables paisanos -que se presentaban a alistarse voluntariamente. En Utrera estableció -su cuartel general, y en aquel pueblo y Carmona se juntaron unas en -pos de otras todas las fuerzas, así las que venían de San Roque, Cádiz -y Sevilla, como las que con Echevarri habían peleado en Alcolea. No -tardaron mucho las de Granada en aproximarse y darse la mano con las -demás. Para mayor seguridad rogó Castaños al general Spencer, quien con -5000 ingleses según se apuntó estaba en Cádiz a bordo de la escuadra de -su nación, que desembarcase y tomase posición en Jerez. Por entonces no -condescendió este general con su deseo, prefiriendo pasar a Ayamonte -y sostener la insurrección de Portugal. No tardó sin embargo el -inglés en volver y desembarcar en el Puerto de Santa María, en donde -permaneció<span class="pagenum" id="Page_389">p. 389</span> corto -tiempo sin tomar parte en la guerra de Andalucía.</p> - -<div class="sidenote">Distribución del<br/> ejército español<br/> de -Andalucía.</div> - -<p>Puestos de inteligencia los jefes españoles dispusieron su ejército -en tres divisiones con un cuerpo de reserva. Mandaba la primera Don -Teodoro Reding con la gente de Granada; la segunda el marqués de -Coupigny, y se dejó la tercera a cargo de Don Félix Jones que debía -obrar unida a la reserva capitaneada por Don Manuel de la Peña. El -total de la fuerza ascendía a 25.000 infantes y 2000 caballos. A las -órdenes de Don Juan de la Cruz había una corta división, compuesta de -las compañías de cazadores de algunos cuerpos, de paisanos y otras -tropas ligeras, con partidas sueltas de caballería, que en todo -ascendía a 1000 hombres. También Don Pedro Valdecañas mandaba por otro -lado pequeños destacamentos de gente allegadiza.</p> - -<p>Los españoles, avanzando, se extendieron desde el 1.º de julio por -el Carpio y ribera izquierda del Guadalquivir. Los franceses para -buscar víveres y cubrir su flanco habían al propio tiempo enviado a -Jaén al general de brigada Cassagne con 1500 hombres. A las once del -mismo día, acercándose los franceses a la ciudad, tuvieron varios -reencuentros con los nuestros, y hasta el 3 que por la noche la -desampararon estuvieron en continuado rebato y pelea, ya con paisanos y -ya con el regimiento de suizos de Reding y voluntarios de Granada, que -habían acudido a la defensa de los suyos. Dupont, sabedor del movimiento -del general Castaños, no queriendo tener alejadas sus fuerzas, había -ordenado a Cassagne que retrocediese, y así se libertó Jaén de la -ocupación<span class="pagenum" id="Page_390">p. 390</span> de unos -soldados que tanto daño le habían ocasionado en la primera.</p> - -<div class="sidenote">Consejo<br/> celebrado<br/> para atacar<br/> a -los franceses.</div> - -<p>Instando de todos lados para que se acometiese decididamente al -enemigo, celebraron en Porcuna el 11 de julio los jefes españoles un -consejo de guerra en el que se acordó el plan de ataque. Conforme a lo -convenido debía Don Teodoro Reding cruzar el Guadalquivir por Mengíbar -y dirigirse sobre Bailén, sosteniéndole el marqués de Coupigny que -había de pasar el río por Villanueva. Al mismo tiempo Don Francisco -Javier Castaños quedó encargado de avanzar con la tercera división y la -reserva y atacar de frente al enemigo, cuyo flanco derecho debía ser -molestado por las tropas ligeras y cuerpos francos de Don Juan de la -Cruz, quien atravesando por el puente de Marmolejo, que aunque cortado -anteriormente estaba ya transitable, se situó al efecto en las alturas -de Sementera.</p> - -<p>El 13 se empezó a poner en obra el concertado movimiento, y el -15 hubo varias escaramuzas. Dupont inquieto con las tropas que veía -delante de sí, pidió a Vedel que le enviase de Bailén el socorro de -una brigada; pero este no queriendo separarse de sus soldados fue en -persona con su división, dejando solamente a Liger-Belair con 1300 -hombres para guardar el paso de Mengíbar. En el mismo 15 los franceses -atacaron a Cruz, quien después de haber combatido bizarramente se -transfirió a Peñascal de Morales, replegándose los enemigos a sus -posiciones. No hubo en el 16 por el frente, o sea del lado de Castaños, -sino un recio cañoneo; pero fue grave y glorioso para los españoles el -choque en<span class="pagenum" id="Page_391">p. 391</span> que se vio -empeñado en el propio día el general Reding.</p> - -<div class="sidenote">Acción<br/> de Mengíbar.</div> - -<p>Según lo dispuesto trató este general de atacar al enemigo, y al -tiempo que le amenazaba en su posición de Mengíbar, a las cuatro de la -mañana cruzó el río a media legua por el vado apellidado del Rincón. -Le desalojó de todos los puntos, y obligó a Liger-Belair a retirarse -hacia Bailén, de donde volando a su socorro el general Gobert, recibió -este un balazo en la cabeza, de que murió poco después. Cuerpos nuevos -como el de Antequera y otros se estrenaron aquel día con el mayor -lucimiento. Contribuyó en gran manera al acierto de los movimientos el -experto y entendido mayor general Don Francisco Javier Abadía. Nada -embarazaba ya la marcha victoriosa de los españoles; mas Reding como -prudente capitán suspendió perseguir al enemigo, y repasando por la -tarde el río aguardó a que se le uniese Coupigny. Pareció ser día de -buen agüero porque en 1212 en el mismo 16 de julio, según el cómputo -de entonces, habíase ganado la célebre batalla de las Navas de Tolosa, -pueblo de allí poco distante: siendo de notar que el paraje en donde -hubo mayor destrozo de moros, y que aún conserva el nombre de campo -de matanza, fue el mismo en que cayó mortalmente herido el general -Gobert.</p> - -<p>De resultas de este descalabro determinó Dupont que Vedel tornase -a Bailén, y arrojase los españoles del otro lado del río. Empezaba -el terror a desconcertar a los franceses. Aumentose con la noticia -que recibieron de lo ocurrido en Valencia, y por doquiera no veían -ni soñaban<span class="pagenum" id="Page_392">p. 392</span> sino -gente enemiga. Así fue que Dufour, sucesor de Gobert, y Liger-Belair -escarmentados con la pérdida que el 16 experimentaron en Mengíbar, y -temerosos de que los españoles mandados por Don Pedro Valdecañas, que -habían acometido y sorprendido en Linares un destacamento francés, se -apoderasen de los pasos de la sierra y fuesen después sostenidos por la -división victoriosa de Reding, en vez de mantenerse en Bailén caminaron -a Guarromán tres leguas distante. Ya se habían puesto en marcha cuando -Vedel de vuelta de Andújar llegó al primer pueblo, y sin aguardar -noticia ni aviso alguno recelándose que Dufour y su compañero pudiesen -ser atacados prosiguió adelante, y uniéndose a ellos avanzaron juntos a -la Carolina y Santa Elena.</p> - -<p>En el intermedio y al día siguiente de la gloriosa acción que había -ganado, movió el general Reding su campo, repasó de nuevo el río en la -tarde del 17, e incorporándosele al amanecer el marqués de Coupigny -entraron ambos el 18 en Bailén. Sin permitir a su gente largo descanso -disponíanse a revolver sobre Andújar, con intento de coger a Dupont -entre sus divisiones y las que habían quedado en los Visos, cuando -impensadamente se encontraron con las tropas de dicho general, que de -priesa y silenciosamente caminaban. Había el francés salido de Andújar -al anochecer del 18, después de destruir el puente y las obras que para -su defensa había levantado. Escogió la oscuridad deseoso de encubrir su -movimiento, y salvar el inmenso bagaje que acompañaba a sus huestes.</p> - -<div class="sidenote">Batalla de Bailén,<br/> 19 de julio.</div> - -<p>Abría Dupont la marcha con 2600 combatientes,<span class="pagenum" -id="Page_393">p. 393</span> mandando Barbou la columna de retaguardia. -Ni franceses ni españoles se imaginaban estar tan cercanos; pero -desengañolos el tiroteo que de noche empezó a oírse en los puntos -avanzados. Los generales españoles que estaban reunidos en una -almazara o sea molino de aceite a la izquierda del camino de Andújar, -paráronse un rato con la duda de si eran fusilazos de su tropa bisoña -o reencuentro con la enemiga. Luego los sacó de ella una granada que -casi cayó a sus pies a las doce y minutos de aquella misma noche, y -principio ya del día 19. Eran en efecto fuegos de tropas francesas que -habiendo las primeras y más temprano salido de Andújar, habían tenido -el necesario tiempo para aproximarse a aquellos parajes. Los jefes -españoles mandaron hacer alto, y Don Francisco Venegas Saavedra, que -en la marcha capitaneaba la vanguardia, mantuvo el conveniente orden, -y causó diversión al enemigo en tanto que la demás tropa ya puesta en -camino volvía a colocarse en el sitio que antes ocupaba. Los franceses -por su parte avanzaron más allá del puente que hay a media legua de -Bailén. En unas y otras no empezó a trabarse formalmente la batalla -hasta cerca de las cuatro de la mañana del citado 19. Aunque los dos -grandes trozos o divisiones, en que se había distribuido la fuerza -española allí presente, estaban al mando de los generales Reding y -Coupigny, sometido este al primero, ambos jefes acudían indistintamente -con la flor de sus tropas a los puntos atacados con mayor empeño. -Ayudoles mucho para el acierto el saber y tino del mayor general -Abadía.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_394">p. 394</span>La primera -acometida fue por donde estaba Coupigny. Rechazáronla sus soldados -vigorosamente, y los guardias valonas, suizos, regimientos de -Bujalance, Ciudad Real, Trujillo, Cuenca, Zapadores y el de caballería -de España embistieron las alturas que el enemigo señoreaba y le -desalojaron. Roto este enteramente se acogió al puente, y retrocedió -largo trecho. Reconcentrando en seguida Dupont sus fuerzas volvió -a posesionarse de parte del terreno perdido, y extendió su ataque -contra el centro y costado derecho español en donde estaba Don Pedro -Grimarest. Flaqueaban los nuestros de aquel lado, pero auxiliados -oportunamente por Don Francisco Venegas, fueron los franceses del todo -arrollados teniendo que replegarse. Muchas y porfiadas veces repitieron -los enemigos sus tentativas por toda la línea, y en todas fueron -repelidos con igual éxito. Manejaron con destreza nuestra artillería -los soldados y oficiales de aquella arma, mandados por los coroneles -Don José Juncar y Don Antonio de la Cruz, consiguiendo desmontar -de un modo asombroso la de los contrarios. La sed causada por el -intenso calor era tanta que nada disputaron los combatientes con mayor -encarnizamiento como el apoderarse, ya unos ya otros, de una noria sita -más abajo de la almazara antes mencionada.</p> - -<p>A las doce y media de la mañana Dupont lleno de enojo púsose con -todos los generales a la cabeza de las columnas, y furiosa y bravamente -acometieron juntos al ejército español. Intentaron con particular -arrojo romper nuestro centro, en donde estaban los generales Reding -y<span class="pagenum" id="Page_395">p. 395</span> Abadía, llegando -casi a tocar con los cañones los marinos de la guardia imperial. Vanos -fueron sus esfuerzos, inútil su conato. Tanto ardimiento y maestría -estrellose contra la bravura y constancia de nuestros guerreros. -Cansados los enemigos, del todo decaídos, menguados sus batallones, y -no encontrando refugio ni salida, propusieron una suspensión de armas -que aceptó Reding.</p> - -<p>Mientras que la victoria coronaba con sus laureles a este general, -Don Juan de la Cruz no había permanecido ocioso. Informado del -movimiento de Dupont en la misma noche del 18 se adelantó hasta los -Baños, y colocándose cerca del Herrumblar a la izquierda del enemigo, -le molestó bastantemente. Castaños debió tardar más en saber la -retirada de los franceses, puesto que hasta la mañana del 19 no mandó a -Don Manuel de la Peña ponerse en marcha. Llevó este consigo la tercera -división de su mando reforzada, quedándose con la reserva en Andújar -el general en jefe. Peña llegó cuando se estaba ya capitulando: había -antes tirado algunos cañonazos para que Reding estuviese advertido -de su llegada, y quizá este aviso aceleró el que los franceses se -rindiesen.</p> - -<p>Vedel en su correría no habiendo descubierto por la sierra tropas -españolas, unido con Dufour permaneció el 18 en la Carolina, después -de haber dejado para resguardar el paso en Santa Elena y Despeñaperros -dos batallones y algunas compañías. Allí estaba cuando al alborear del -19 oyendo el cañoneo del lado de Bailén, emprendió su marcha, aunque -lentamente, hacia<span class="pagenum" id="Page_396">p. 396</span> el -punto de donde partía el ruido. Tocaba ya a las avanzadas españolas, y -todavía reposaban estas con el seguro de la pactada tregua. Advertido -sin embargo Reding envió al francés un parlamento con la nueva de lo -acaecido. Dudó Vedel si respetaría o no la suspensión convenida, mas al -fin envió un oficial suyo para cerciorarse del hecho.</p> - -<p>Ocupaban por aquella parte los españoles las dos orillas del camino. -En la ermita de San Cristóbal, que está a la izquierda yendo de Bailén -a la Carolina, se había situado un batallón de Irlanda, y el regimiento -de Órdenes Militares al mando de su valiente coronel Don Francisco -de Paula Soler: enfrente y del otro lado se hallaba otro batallón de -dicho regimiento de Irlanda con dos cañones. Pesaroso Vedel de haber -suspendido su marcha, u obrando quizá con doblez, media hora después -de haber contestado al parlamento de Reding, y de haber enviado un -oficial a Dupont, mandó al general Cassagne que atacase el puesto de -los españoles últimamente indicado. Descansando nuestros soldados en la -buena fe de lo tratado, fuele fácil al francés desbaratar al batallón -de Irlanda que allí había, cogerle muchos prisioneros, y aun los dos -cañones. Mayor oposición encontró el enemigo en las fuerzas que mandaba -Soler, quien aguantó bizarramente la acometida que le dio el jefe -de batallón Roche. Interesaba mucho aquel punto de la ermita de San -Cristóbal, porque se facilitaba apoderándose de ella la comunicación -con Dupont. Viendo la porfiada y ordenada resistencia que los españoles -ofrecían, iba Vedel a atacar<span class="pagenum" id="Page_397">p. -397</span> en persona la ermita, cuando recibió la orden de su general -en jefe de no emprender cosa alguna, con lo que cesó en su intento -calificado por los españoles de alevoso.</p> - -<div class="sidenote">Capitulación<br/> del ejército<br/> francés.</div> - -<p>Negociábase pues el armisticio que antes se había entablado. Fue -enviado por Dupont para abrir los tratos el capitán Villoutreys de su -estado mayor. Pedía el francés la suspensión de armas y el permiso de -retirarse libremente a Madrid. Concedió Reding la primera demanda, -advirtiendo que para la segunda era menester abocarse con Don Francisco -Javier Castaños que mandaba en jefe. A él se acudió autorizando los -franceses al general Chabert para firmar un convenio. Inclinábase -Castaños a admitir la proposición de dejar a los enemigos repasar sin -estorbo la Sierra Morena. Pero la arrogancia francesa disgustando a -todos, excitó al conde de Tilly a oponerse, cuyo dictamen era de gran -peso como de individuo de la junta de Sevilla, y de hombre que tanta -parte había tomado en la revolución. Vino en su apoyo el haberse -interceptado un despacho de Savary de que era portador el oficial Mr. -de Fénelon. Preveníasele a Dupont en su contenido que se recogiese al -instante a Madrid en ayuda de las tropas que iban a hacer rostro a -los generales Cuesta y Blake que avanzaban por la parte de Castilla -la Vieja. Tilly a la lectura del oficio insistió con ahínco en su -opinión, añadiendo que la victoria alcanzada en los campos de Bailén -de nada serviría sino de favorecer los deseos del enemigo, caso que se -permitiese a sus soldados ir a juntarse con los que estaban allende -la sierra. A sus palabras<span class="pagenum" id="Page_398">p. -398</span> irritados los negociadores franceses se propasaron en sus -expresiones hablando mal de los paisanos españoles y exagerando sus -excesos. No quedaron en zaga en su réplica los nuestros, echándoles -en cara escándalos, saqueos y perfidias. De ambas partes agriándose -sobremanera los ánimos, rompiéronse las entabladas negociaciones.</p> - -<p>Mas los franceses no tardaron en renovarlas. La posición de su -ejército por momentos iba siendo más crítica y peligrosa. Al ruido de -la victoria había acudido de la comarca la población armada, la cual -y los soldados vencedores estrechando en derredor al enemigo abatido -y cansado, sofocado con el calor y sediento, le sumergían en profunda -aflicción y desconsuelo. Los jefes franceses no pudiendo los más -sobrellevar la dolorosa vista que ofrecían sus soldados, y algunos, si -bien los menos, temerosos de perder el rico botin que los acompañaba, -generalmente persistieron en que se concluyese una capitulación. Y como -las primeras conferencias no habían tenido feliz resulta, escogiose -para ajustarla al general Marescot que por acaso se había incorporado -al ejército de Dupont. De antiguo conocía al nuevo plenipotenciario Don -Francisco Javier Castaños, y lisonjeáronse los que le eligieron con que -su amistad llevaría la negociación a pronto y cumplido remate.</p> - -<p>Habíanse ya trabado nuevas pláticas, y todavía hubo oficiales -franceses que escuchando más a los ímpetus de su adquirida gloria que -a lo que su situación y la fe empeñada exigían,<span class="pagenum" -id="Page_399">p. 399</span> propusieron embestir de repente las líneas -españolas, y uniéndose con Vedel salvarse a todo trance. Dupont mismo -sobrecogido y desatentado dio órdenes contradictorias, y en una de -ellas insinuó a Vedel que se considerase como libre y se pusiese en -cobro. Bastole a este general el permiso para empezar a retirarse -por la noche burlándose de la tregua. Notando los españoles su fuga, -intimaron a Dupont que de no cumplir él y los suyos la palabra dada, no -solamente se rompería la negociación, sino que también sus divisiones -serían pasadas a cuchillo. Arredrado con la amenaza, envió el francés -oficiales de su estado mayor que detuviesen en la marcha a Vedel, el -cual aunque cercado de un enjambre de paisanos, y hostigado por el -ejército español, vaciló si había o no de obedecer. Mas aterrorizados -oficiales y soldados, era tanto su desaliento que de veintitrés jefes -que convocó a consejo de guerra, solo cuatro opinaron que debía -continuarse la comenzada retirada. Mal de su grado sometiose Vedel al -parecer de la mayoría.</p> - -<p>Terminose pues la capitulación oscura y contradictoria en -alguna de sus partes; lo que en seguida dio margen a disputas y -altercados.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_4-15" -id="Ll_4-15">4-15</a>.)</span> Según los primeros artículos se hacía -una distinción bien marcada entre las tropas del general Dupont -y las de Vedel. Las unas eran consideradas como prisioneras de -guerra, debiendo rendir las armas, y sujetarse a la condición de -tales. A las otras si bien forzadas a evacuar la Andalucía, no se -las obligaba a entregar las armas sino en calidad de depósito, para -devolvérselas<span class="pagenum" id="Page_400">p. 400</span> a su -embarco. Pero esta distinción desaparecía en el artículo 6.º en donde -se estipulaba que todas las tropas francesas de Andalucía se harían a -la vela desde Sanlúcar y Rota para Rochefort en buques tripulados por -españoles. Ignoramos si hubo o no malicia en la inserción del artículo. -Si procedió de ardid de los negociadores franceses, enredáronse -entonces en su propio lazo, pues no era hacedero aprestar los -suficientes barcos con tripulación nacional. Tenemos por más probable -que anhelando todos concluir el convenio se precipitaron a cerrarle, -dejándole en parte ambiguo y vago.</p> - -<p>La capitulación firmose en Andújar el 22 de julio por Don Francisco -Javier Castaños y el conde de Tilly a nombre de los españoles, y lo -fue al de los franceses por los generales Marescot y Chabert. Al día -siguiente desfiló la fuerza que estaba a las órdenes inmediatas del -general Dupont por delante de la reserva y tercera división españolas, -a cuyo frente se hallaban los generales Castaños y Don Manuel de la -Peña. Censurose que se diera la mayor honra y prez de la victoria a las -tropas que menos habían contribuido a alcanzarla. Componíase la primera -fuerza francesa de 8248 hombres, <span class="sidenote">Rinden las -armas<br/> los franceses.</span> la cual rindió sus armas a 400 toesas -del campo. El 24 trasladose el mismo Castaños a Bailén, en donde las -divisiones de Vedel y Dufour que constaban de 9393 hombres abandonaron -sus fusiles, colocándolos en pabellones sobre el frente de banderas. -Además entregaron unos y otros las águilas como también los caballos -y la artillería que contaba 40 piezas. De suerte que entre<span -class="pagenum" id="Page_401">p. 401</span> los que habían perecido en -la batalla, los rendidos y los que después sucesivamente se rindieron -en la sierra y Mancha, pasaba el total del ejército enemigo de 21.000 -hombres. El número de sus muertos ascendía a más de 2000 con gran -número de heridos. Entre ellos perecieron el general Dupré y varios -oficiales superiores. Dupont quedó también contuso. De los nuestros -murieron 243, quedando heridos más de 700.</p> - -<div class="sidenote">Reflexiones<br/> sobre la batalla.</div> - -<p>Día fue aquel de ventura y gloria para los españoles, de eterna -fama para sus soldados, de terrible y dolorosa humillación para los -contrarios. Antes vencedores estos contra las más aguerridas tropas -de Europa, tuvieron que rendir ahora sus armas a un ejército bisoño -compuesto en parte de paisanos y allegado tan apresuradamente que -muchos sin uniforme todavía conservaban su antiguo y tosco vestido. -Batallaron sin embargo los franceses con honra y valentía; cedieron a -la necesidad, pero cedieron sin afrenta. Algunos de sus caudillos no -pudieron ponerse a salvo de una justa y severa censura. Allá en Roma -en parecido trance pasaron sus cónsules bajo el yugo despojados, y -medio desnudos al decir de Tito Livio: «aquí hubo jefes que tuvieron -más cuenta con la mal adquirida riqueza que con el buen nombre.» No -ha faltado entre sus compatriotas quien haya achacado la capitulación -al deseo de no perder el cuantioso botin que consigo llevaban. Pudo -caber tan ruin pensamiento en ciertos oficiales, mas no en su mayor -y más respetable número. Guerreros bravos y veteranos lidiaron con -arrojo y<span class="pagenum" id="Page_402">p. 402</span> maestría; -sometiéronse a su mala estrella y a la dicha y señalado brío de los -españoles.</p> - -<p>La victoria pesada en la balanza de la razón casi tocó en portento. -Cierto que las divisiones de Reding y de Coupigny, únicas que en -realidad lidiaron, contaban un tercio de fuerza más que las de -Dupont, constando estas de 8000 hombres, y aquellas de 14.000. ¡Pero -qué inferioridad en su composición! Las francesas superiorísimas en -disciplina, bajo generales y oficiales inteligentes y aguerridos, -bien pertrechadas y con artillería completa y bien servida, tenían -la confianza que dan tamañas ventajas y una serie no interrumpida de -victorias. Las españolas mal vestidas y armadas, con oficiales por -la mayor parte poco prácticos en el arte de la guerra y con soldados -inexpertos, eran más bien una masa de hombres de repente reunidos, que -un ejército en cuyas filas hubiese la concordancia y orden propios -de un ejército a punto de combatir. Nuestra caballería por su mala -organización conceptuábase como nula a pesar del valor de los jinetes, -al paso que la francesa brillaba y se aventajaba por su arreglo y -destreza. La posición ocupada por los españoles no fue más favorable -que la de los enemigos, habiendo al contrario tenido estos la fortuna -de acometer los primeros a los nuestros que comenzaban su marcha. -Podrá alegarse que hallándose a la retaguardia de Dupont las fuerzas -de Castaños y Peña, se le inutilizaba a aquel su superioridad viéndose -así perseguido y estrechado; pero en respuesta diremos que también -Reding tuvo a sus espaldas las tropas de Vedel,<span class="pagenum" -id="Page_403">p. 403</span> con la diferencia que las de Peña nunca -llegaron al ataque, y las otras le realizaron por dos veces. No es -extraño que mortificados los vencidos con la impensada rota, la hayan -asimismo achacado a la penuria que experimentaban sus soldados, al -cansancio y al calor terrible en aquella estación y en aquel clima. -Pero si los víveres abundaban en el campo de los españoles, era igual -o mayor la fatiga, y no herían con menos violencia los rayos del sol -a muchos de los que siendo de provincias más frescas estaban tan -desacostumbrados como los franceses a los ardores de las del mediodía, -de que varios cayeron sofocados y muertos. Hanse reprendido a Dupont y -a sus generales graves faltas, y ¡cuáles no cometieron los españoles! -Si Vedel y los suyos corrieron a la Carolina tras un enemigo que no -existía, Castaños y la Peña se pararon sobrado tiempo en los Visos de -Andújar, figurándose tener delante un enemigo que había desaparecido. -El general francés reputado como uno de los primeros de su nación, -aventajábase en nombradía al español, habiéndose ilustrado con -gloriosos hechos en Italia y en las orillas del Danubio y del Elba. -Castaños, después de haber servido con distinción en la campaña de -Francia de 1793, gozaba fama de buen oficial y de hombre esforzado, -mas no había todavía tenido ocasión de señalarse como general en jefe. -Suave de condición amábanle sus subalternos; mañero en su conducta -acusábanle otros de saber aprovecharse en beneficio propio de las -hazañas ajenas. Así fue que quisieron privarle de todo loor y gloria -en los triunfos de<span class="pagenum" id="Page_404">p. 404</span> -Bailén. Juicio apasionado e injusto. Pues si a la verdad no asistió en -persona a la acción, y anduvo lento en moverse de Andújar, no por eso -dejó de tomar parte en la combinación y arreglo acordado para atacar y -destruir al enemigo. Por lo demás la ventaja real que en esta célebre -jornada asistió a los españoles, fue el puro y elevado entusiasmo que -los animaba y la certeza de la justicia de la causa que defendían, -al paso que los franceses decaídos en medio de un pueblo que los -aborrecía, abrumados con su bagaje y sus riquezas, conservaban sí el -valor de la disciplina y el suyo propio, pero no aquella exaltación -sublime con que habían asombrado al mundo en las primeras campañas de -la revolución.</p> - -<p>Nos hemos detenido algún tanto en el cotejo de los ejércitos -combatientes y en el de sus operaciones, no para dar preferencia en las -armas a ninguna de las dos naciones, sino para descubrir la verdad y -ponerla en su más espléndido y claro punto. Los habitadores de España -y Francia como todos los de Europa igualmente bravos y dispuestos a -las acciones más dignas y elevadas, han tenido sus tiempos de gloria y -abatimiento, de fortuna y desdicha, dependiendo sus victorias o de la -previsión y tino de sus gobiernos, o de la maestría de sus caudillos, o -de aquellos acasos tan comunes en la guerra, y por los que con razón se -ha dicho que las armas tienen sus días.</p> - -<div class="sidenote">Camina<br/> el ejército rendido<br/> a la -costa.</div> - -<p>Los franceses después de haberse rendido, emprendieron su -viaje hacia la costa de noche y a cortas jornadas. Además de las -contradicciones<span class="pagenum" id="Page_405">p. 405</span> -e inconvenientes que en sí envolvía la capitulación, casi la -imposibilitaban las circunstancias del día. La autoridad, falta de -la necesaria fuerza, no podía enfrenar el odio que había contra los -franceses, causadores de una guerra que Napoleón mismo calificó -alguna vez de sacrílega.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a -href="#Ap_4-16" id="Ll_4-16">4-16</a>.)</span> El modo pérfido con -que ella había comenzado, los excesos, robos y saqueos cometidos -en Córdoba y su comarca, tanto más pesados, cuanto recaían sobre -pueblos no habituados desde siglos a ver enemigos en sus hogares, -excitaban un clamor general, y creíase universalmente que ni pacto ni -tratado debía guardarse con los que no habían respetado ninguno. En -semejante conflicto la junta de Sevilla consultó con los generales -Morla y Castaños acerca de asunto tan grave. Disintieron ambos en sus -pareceres. Con razón el último sostenía el fiel cumplimiento de lo -estipulado, en contraposición del primero que buscaba la aprobación y -aplauso popular. Adhirió la junta al dictamen de este, aunque injusto -e indebido. Para sincerarse circuló un papel en cuyo contexto intentó -probar que los franceses habían infringido la capitulación, y que suya -era la culpa si no se cumplía. Efugio indigno de la autoridad soberana -cuando había una razón principalísima, y que fundadamente podía -producirse, cual era la falta de transportes y marinería.</p> - -<div class="sidenote">Desorden<br/> en Lebrija<br/> causado<br/> por la -presencia<br/> de los prisioneros.</div> - -<p>Por pequeña ocasión aumentáronse las dificultades. Acaeció pues -en Lebrija que descubriéndose casualmente en las mochilas de algunos -soldados más dinero que el que correspondía<span class="pagenum" -id="Page_406">p. 406</span> a su estado y situación, irritose en -extremo el pueblo, y ellos para libertarse del enojo que había -promovido el hallazgo, trataron de descargarse acusando a los -oficiales. Del alboroto y pendencia resultaron muertes y desgracias. -Propúsoseles entonces a los prisioneros que para evitar disturbios se -sujetasen a un prudente registro, depositando los equipajes en manos de -la autoridad. No cedieron al medio indicado, y otro incidente levantó -en el Puerto de Santa María gran bullicio. <span class="sidenote">En el -Puerto<br/> de Santa María.</span> Al embarcarse allí el 14 de agosto -para pasar la bahía, cayose de la maleta de un oficial una patena -y la copa de un cáliz. Fácil es adivinar la impresión que causaría -la vista de semejantes objetos. Porque además de contravenirse a la -capitulación en que se había expresamente estipulado la restitución -de los vasos sagrados, se escandalizaba sobremanera a un pueblo que -en tan gran veneración tenía aquellas alhajas. Encendidos los ánimos, -se registraron los más de los equipajes, y apoderándose de ellos se -maltrató a muchos prisioneros y se les despojó en general de casi todo -lo que poseían.</p> - -<div class="sidenote">Correspondencia<br/> entre Dupont<br/> y -Morla.</div> - -<p>Promovieron tales incidentes reclamaciones vivas del general Dupont -y una correspondencia entre él y Don Tomás de Morla gobernador de -Cádiz. Pedía el francés en ella los equipajes de que se había privado -a los suyos, e insistiendo en su demanda contestole entre otras cosas -Morla: «¿si podía una capitulación que solo hablaba de la seguridad de -sus equipajes, darle la propiedad de los tesoros que con asesinatos, -profanación de cuanto hay sagrado, crueldades<span class="pagenum" -id="Page_407">p. 407</span> y violencias había acumulado su ejército de -Córdoba y otras ciudades? ¿Hay razón [continuaba], derecho ni principio -que prescriba que se debe guardar fe ni aun humanidad a un ejército que -ha entrado en un reino aliado y amigo so pretextos capciosos y falaces; -que se ha apoderado de su inocente y amado rey y toda su familia con -igual falacia; que les ha arrancado violentas e imposibles renuncias a -favor de su soberano, y que con ellas se ha creído autorizado a saquear -sus palacios y pueblos, y que porque no acceden a tan inicuo proceder, -profanan sus templos y los saquean, asesinan sus ministros, violan -las vírgenes, estupran a su placer bárbaro, y cargan y se apoderan de -cuanto pueden transportar, y destruyen lo que no? ¿Es posible que estos -tales tengan la audacia, oprimidos, cuando se les priva de estos que -para ellos deberían ser horrorosos frutos de su iniquidad, reclamar los -<i>principios de honor y probidad</i>?» Verdades eran estas si bien mal -expresadas, por desgracia sobradamente obvias y de todos conocidas. Mas -las perfidias y escándalos pasados no autorizaban el quebrantamiento -de una capitulación contratada libremente por los generales españoles. -¿Qué sería de las naciones, qué de su progreso y civilización, si -echándose recíprocamente en cara sus extravíos, sus violencias, -olvidasen la fe empeñada y traspasasen y abatiesen los linderos que ha -fijado el derecho público y de gentes? En Morla fue más reprensible -aquel lenguaje siendo militar antiguo, y hombre que después a las -primeras desgracias de su patria<span class="pagenum" id="Page_408">p. -408</span> la abandonó villanamente y desertó al bando enemigo.</p> - -<div class="sidenote">Consternación<br/> del gobierno<br/> francés<br/> -en Madrid.</div> - -<p>Al paso que con las victorias de Bailén fue en las provincias -colmado el júbilo y universal y extremado el entusiasmo, consternose y -cayó como postrado el gobierno de Madrid. Empezó a susurrarse tan grave -suceso en el día 23. De antemano y varias veces se había anunciado -la deseada victoria como si fuera cierta, por lo que los franceses -calificaban la voz esparcida de vulgar e infundada. Sacoles del error -el aviso de que un oficial suyo se aproximaba con la noticia. Llegó -pues este, y supieron los pormenores de la desgracia acaecida. Había -cabido ser portador de la infausta nueva al mismo Mr. de Villoutreys, -que había entablado en Bailén los primeros tratos, y a cuyo hado -adverso tocaba el desempeño de enfadosas comisiones. Según lo convenido -en la capitulación, un oficial francés escoltado por tropa española -debía en persona comunicarla al duque de Rovigo, general en jefe del -ejército enemigo, y ordenar también en su tránsito por la sierra -y Mancha a los destacamentos apostados en la ruta, y que formaban -parte de las divisiones rendidas, ir a juntarse con sus compañeros -ya sometidos para participar de igual suerte. Cumplió fielmente Mr. -de Villoutreys con lo que se le previno, y todos obedecieron incluso -el destacamento de Manzanares. Fue el de Madridejos el que primero -resistió a la orden comunicada.</p> - -<div class="sidenote">Retírase José.</div> - -<p>Llegó a Madrid el fatal mensajero en 29 de julio. Congregó José -sin dilación un consejo compuesto de personas las más calificadas. -Variaron<span class="pagenum" id="Page_409">p. 409</span> los -pareceres. Fue el del general Savary retirarse al Ebro. Todos al fin se -sometieron a su opinión, así por salir de la boca del más favorecido de -Napoleón, como también porque avisos continuados manifestaban cuánto -se empeoraba el semblante de las cosas. Por todas partes se conmovían -los pueblos cercanos a la capital: no les intimidaba la proximidad de -las tropas enemigas; cortábanse las comunicaciones; en la Mancha eran -acometidos los destacamentos sueltos, y ya antes en Villarta habían sus -vecinos desbaratado e interceptado un convoy considerable. Agolpáronse -uno tras otro los reveses y los contratiempos: pocos hubo en Madrid -de los enemigos y sus parciales que no se abatiesen y descorazonasen. -A muchos faltábales tiempo para alejarse de un suelo que les era tan -contrario y ominoso.</p> - -<div class="sidenote">Españoles<br/> que le siguen.</div> - -<p>José resuelto a partir, dejó a la libre voluntad de los españoles -que con él se habían comprometido, quedarse o seguirle en la retirada. -Contados fueron los que quisieron acompañarle. De los siete ministros, -Cabarrús, Ofárril, Mazarredo, Urquijo y Azanza mantuviéronse adictos -a su persona y no se apartaron de su lado. Permanecieron en Madrid -Peñuela y Cevallos. Imitaron su ejemplo los duques del Infantado -y el del Parque, como casi todos los que habían presenciado los -acontecimientos de Bayona y asistido a su congreso. No faltó quien los -tachase de inconsiguientes y desleales. Juzgaban otros diversamente, -y decían que los más habían sido arrastrados a Francia o por fuerza -o por engaño, y que si bien se propasaron algunos a pedir<span -class="pagenum" id="Page_410">p. 410</span> empleos o gracias, nunca -era tarde para reconciliarse con la patria, arrepentirse de un tropiezo -causado por el miedo o la ciega ambición, y contribuir a la justa causa -en cuyo favor la nación entera se había pronunciado. Lo cierto es que -ni uno quizá de los que siguieron a José hubiera dejado de abrazar -el mismo partido, a no haberles arredrado el temor de la enemistad -y del odio que las pasiones del momento habían excitado contra sus -personas.</p> - -<p>Antes de abrir la marcha reconcentraron los enemigos hacia Madrid -las fuerzas de Moncey y las desparramadas a orillas del Tajo. Clavaron -en el Retiro y casa de la China más de ochenta cañones, llevándose las -vajillas y alhajas de los palacios de la capital y sitios reales que -no habían sido de antemano robadas. Tomadas estas medidas empezaron -a evacuar la capital inmediatamente. Salió José el 30 cerrando la -retaguardia en la noche del 31 el mariscal Moncey. Respiraron del -todo y desembarazadamente aquellos habitantes en la mañana del 1.º de -agosto. El 9 entró el fugitivo rey en Burgos con Bessières, quien según -órdenes recibidas se había replegado allí de tierra de León.</p> - -<div class="sidenote">Destrozos<br/> causados<br/> en la retirada.</div> - -<p>Acompañaron a los franceses en su retirada lágrimas y destrozos. -Soldados desmandados y partidas sueltas esparcieron la desolación y -espanto por los pueblos del camino o los poco distantes. Rezagábanse, -se perdían para merodear y pillar, saqueaban las casas, talaban los -campos sin respetar las personas ni lugares más sagrados. Buitrago, -el Molar, Iglesias, Pedrezuela, Gandullas, Broajos y sobre todo la -villa<span class="pagenum" id="Page_411">p. 411</span> de Venturada -abrasada y destruida, conservarán largo tiempo triste memoria del -horroroso tránsito del extranjero.</p> - -<p>Continuó José su marcha y en Miranda de Ebro hizo parada, -extendiéndose la vanguardia de su ejército a las órdenes del mariscal -Bessières hasta las puertas de Burgos. Terminose así su malogrado -y corto viaje de Madrid, del que libres y menos apremiados por los -acontecimientos, pasaremos a referir los nuevos y esclarecidos triunfos -que alcanzaron las armas españolas en las provincias de Aragón y -Cataluña.</p> - - -<div class="tit pt3" id="Apend"> - <hr class="chap"/> - <p><span class="pagenum" id="Page_i">p. i</span></p> - <div class="figcenter"> - <img class="thick" - style="width: 14em; height: auto;" - src="images/apendices.jpg" - alt="Portada de los apéndices"/> - </div> - <p class="fs160 lh200 g0 mt05">APÉNDICES</p> - <p class="fs120 lh200 negr ws1">AL TOMO PRIMERO.</p> - <hr class="chap"/> -</div> - - -<div class="chapter"> - <p><span class="pagenum" id="Page_iii">p. iii</span></p> - <div class="figcenter"> - <img style="width: 26em; height: auto;" - src="images/doble_filete.jpg" - alt="Filete ornamental"/> - </div> - <h2 class="nobreak fs200 lh200 negr mt1" title="Apéndice del Libro Primero.">APÉNDICE</h2> - <p class="centra smaller lh200">DEL</p> - <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO PRIMERO.</p> - <div class="figcenter mt05"> - <img style="width: 8em; height: auto;" - src="images/separa5.jpg" - alt="Motivo ornamental"/> - </div> -</div> - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-1" id="Ap_1-1">1-1</a>.</h3> - -<p class="ti0"><span class="gran">T</span>enemos noticia original del -despacho que con este motivo escribió a Madrid Don Eugenio Izquierdo, y -también podrá verse en el manifiesto, que de sus procedimientos publicó -el consejo real, la mención que en su contenido se hace del convenio -concluido por Izquierdo en 10 de mayo de 1806.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-2" id="Ap_1-2">1-2</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Plenos poderes dados por el rey Carlos IV a Don -Eugenio Izquierdo embajador extraordinario en Francia en 26 de mayo de -1806, renovados en 8 de octubre de 1807.</i></p> - -<p>Don Carlos por la gracia de Dios rey de España y de las Indias -&c.</p> - -<p>Teniendo entera confianza en vos, Don Eugenio Izquierdo nuestro -consejero honorario de estado, y habiéndoos autorizado en virtud -de esta confianza justamente<span class="pagenum" id="Page_iv">p. -iv</span> merecida para firmar un tratado con la persona que fuere -igualmente autorizada por nuestro aliado el emperador de los franceses, -nos comprometemos de buena fe y sobre nuestra palabra real, que -aprobaremos, ratificaremos y haremos observar y ejecutar entera e -inviolablemente todo lo que sea estipulado y firmado por vos. En fe -de lo cual hemos hecho expedir la presente firmada de nuestra mano, -sellada con nuestro sello secreto, y refrendada por el infrascrito -nuestro consejero de estado, primer secretario de estado y del -despacho. Dada en Aranjuez a 26 de mayo de 1806. — Yo el Rey. — Pedro -Cevallos.</p> - -<p><span class="sc">Nota.</span>  Traducción española de la francesa -que había entre los papeles de Don Eugenio Izquierdo, quien al pie de -la dicha traducción francesa puso las dos certificaciones siguientes en -francés: — 1.ª Certifico que esta traducción es fiel. París 5 de junio -de 1806. — Izquierdo consejero de estado de S. M. C. — 2.ª Certifico -que estos poderes han sido renovados día 8 del presente mes en el -real sitio de San Lorenzo. — Fontainebleau 27 de octubre de 1807. — -Izquierdo. — (<i>Llorente, tom. 3.º núm. 106.</i>)</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-3" id="Ap_1-3">1-3</a>.</h3> - -<p>La amistad que media hace muchos años entre Don Agustín de Argüelles -y nosotros, nos ha puesto en el caso de haber oído muchas veces de su -misma boca la relación de esta misión que le fue encomendada. A mayor -abundamiento conservamos por escrito una nota suya acerca de aquel -suceso.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-4" id="Ap_1-4">1-4</a>.</h3> - -<p class="subh3c"><i>Proclama de Don Manuel Godoy.</i></p> - -<p>En circunstancias menos arriesgadas que las presentes han procurado -los vasallos leales auxiliar a sus<span class="pagenum" id="Page_v">p. -v</span> soberanos con dones y recursos anticipados a las necesidades; -pero en esta previsión tiene el mejor lugar la generosa acción de -súbdito hacia su señor. El reino de Andalucía privilegiado por la -naturaleza en la producción de caballos de guerra ligeros; la provincia -de Extremadura que tantos servicios de esta clase hizo al señor Felipe -V ¿verán con paciencia que la caballería del rey de España esté -reducida e incompleta por falta de caballos? No, no lo creo; antes sí -espero que del mismo modo que los abuelos gloriosos de la generación -presente sirvieron al abuelo de nuestro rey con hombres y caballos, -asistan ahora los nietos de nuestro suelo con regimientos o compañías -de hombres diestros en el manejo del caballo, para que sirvan y -defiendan a su patria todo el tiempo que duren las urgencias actuales, -volviendo después llenos de gloria y con mejor suerte al descanso entre -su familia. Entonces sí que cada cual se disputará los laureles de la -victoria; cual dirá deberse a su brazo la salvación de su familia; -cual la de su jefe; cual la de su pariente o amigo, y todos a una -tendrán razón para atribuirse a sí mismos la salvación de la patria. -Venid pues amados compatriotas: venid a jurar bajo las banderas del -más benéfico de los soberanos: venid y yo os cubriré con el manto de -la gratitud, cumpliéndoos cuanto desde ahora os ofrezco, si el Dios de -las victorias nos concede una paz tan feliz y duradera cual le rogamos. -No, no os detendrá el temor, no la perfidia: vuestros pechos no abrigan -tales vicios, ni dan lugar a la torpe seducción. Venid pues y si las -cosas llegasen a punto de no enlazarse las armas con las de nuestros -enemigos, no incurriréis en la nota de sospechosos, ni os tildaréis con -un dictado impropio de vuestra lealtad y pundonor por haber sido omisos -a mi llamamiento.</p> - -<p>Pero si mi voz no alcanzase a despertar vuestros anhelos de -gloria, sea la de vuestros inmediatos tutores<span class="pagenum" -id="Page_vi">p. vi</span> o padres del pueblo a quienes me dirijo, la -que os haga entender lo que debéis a vuestra obligación, a vuestro -honor, y a la sagrada religión que profesáis. — El príncipe de la -Paz.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-5" id="Ap_1-5">1-5</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Estado de los regimientos que componían la -expedición de tropas españolas al mando del teniente general marqués de -la Romana, destinada a formar un cuerpo de observación hacia el país de -Hanóver.</i></p> - -<p>Deberán salir de España por la parte de Irún los cuerpos siguientes: -infantería de línea, tercer batallón de Guadalajara, 778 hombres; -regimiento de Asturias, 2332; primero y segundo batallón de la -Princesa, 1554; infantería ligera, primer batallón de Barcelona, 1245 -plazas; caballería de línea, Rey, 670 hombres y 540 caballos; Infante, -id., id.</p> - -<p>Por la parte de la Junquera: infantería de línea, tercer batallón de -la Princesa, 778 plazas; dragones, Almansa, 670 hombres y 540 caballos; -Lusitania, id., id.; artillería un tren de campaña de 25 piezas y el -ganado de tiro correspondiente, 270 hombres; zapadores-minadores, una -compañía 127 hombres.</p> - -<p>Existentes en Etruria y que constituyen parte de la expedición: -infantería de línea, regimiento de Zamora, 969 plazas; primero y -segundo batallón de Guadalajara, 996; infantería ligera, primer -batallón de Cataluña, 1042 hombres; caballería, Algarbe, 624 hombres y -406 caballos; dragones, Villaviciosa, 634 hombres y 393 caballos.</p> - -<p>Total 14.019 hombres y 2959 caballos. Id. plazas agregadas 2216 -hombres y 241 caballos. — Madrid 4 de marzo de 1807.</p> - -<p><span class="sc">Nota.</span>  No se expresan las plazas -agregadas de cada cuerpo, aunque sí el total de las que deben ser.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_vii">p. vii</span></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-6" id="Ap_1-6">1-6</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Tratado secreto entre el rey de España y -el emperador de los franceses, relativo a la suerte futura del -Portugal.</i></p> - -<p>Napoleón emperador de los franceses &c. Habiendo visto y -examinado el tratado concluido, arreglado y firmado en Fontainebleau -a 27 de octubre de 1807 por el general de división Miguel Duroc, gran -mariscal de nuestro palacio &c., en virtud de los plenos poderes -que le hemos conferido a este efecto, con Don Eugenio Izquierdo, -consejero honorario de estado y de guerra de S. M. el rey de España, -igualmente autorizado con plenos poderes de su soberano, de cuyo -tratado es el tenor como sigue:</p> - -<p>S. M. el emperador de los franceses y S. M. el rey de España -queriendo arreglar de común acuerdo los intereses de los dos estados, -y determinar la suerte futura de Portugal de un modo que concilie -la política de los dos países, han nombrado por sus ministros -plenipotenciarios, a saber: S. M. el emperador de los franceses al -general Duroc, y S. M. el rey de España a Don Eugenio Izquierdo, los -cuales después de haber canjeado sus plenos poderes, se han convenido -en lo que sigue:</p> - -<p>1.º  La provincia de Entre-Duero-y-Miño con la ciudad de -Oporto se dará en toda propiedad y soberanía a S. M. el rey de Etruria -con el título de rey de la Lusitania septentrional.</p> - -<p>2.º  La provincia del Alentejo y el reino de los Algarbes se -darán en toda propiedad y soberanía al príncipe de la Paz, para que las -disfrute con el título de príncipe de los Algarbes.</p> - -<p>3.º  Las provincias de Beira, Tras-os-Montes y la Extremadura -portuguesa quedarán en depósito hasta<span class="pagenum" -id="Page_viii">p. viii</span> la paz general para disponer de ellas -según las circunstancias, y conforme a lo que se convenga entre las dos -altas partes contratantes.</p> - -<p>4.º  El reino de la Lusitania septentrional será poseído -por los descendientes de S. M. el rey de Etruria hereditariamente, y -siguiendo las leyes que están en uso en la familia reinante de S. M. el -rey de España.</p> - -<p>5.º  El principado de los Algarbes será poseído por los -descendientes del príncipe de la Paz hereditariamente, siguiendo las -reglas del artículo anterior.</p> - -<p>6.º  En defecto de descendientes o herederos legítimos del -rey de la Lusitania septentrional, o del príncipe de los Algarbes, -estos países se darán por investidura por S. M. el rey de España, sin -que jamás puedan ser reunidos bajo una misma cabeza, o a la corona de -España.</p> - -<p>7.º  El reino de la Lusitania septentrional y el principado de -los Algarbes reconocerán por protector a S. M. el rey de España, y en -ningún caso los soberanos de estos países podrán hacer ni la paz ni la -guerra sin su consentimiento.</p> - -<p>8.º  En el caso de que las provincias de Beira, Tras-os-Montes -y la Extremadura portuguesa tenidas en secuestro, fuesen devueltas a la -paz general a la casa de Braganza en cambio de Gibraltar, la Trinidad y -otras colonias que los ingleses han conquistado sobre la España y sus -aliados, el nuevo soberano de estas provincias tendría con respecto a -S. M. el rey de España los mismos vínculos que el rey de la Lusitania -septentrional y el príncipe de los Algarbes, y serán poseídas por aquel -bajo las mismas condiciones.</p> - -<p>9.º  S. M. el rey de Etruria cede en toda propiedad y -soberanía el reino de Etruria a S. M. el emperador de los franceses.</p> - -<p>10.  Cuando se efectúe la ocupación definitiva de las -provincias de Portugal, los diferentes príncipes<span class="pagenum" -id="Page_ix">p. ix</span> que deben poseerlas nombrarán de acuerdo -comisarios para fijar sus límites naturales.</p> - -<p>11.  S. M. el emperador de los franceses sale garante a S. M. -el rey de España de la posesión de sus estados del continente de Europa -situados al mediodía de los Pirineos.</p> - -<p>12.  S. M. el emperador de los franceses se obliga a reconocer -a S. M. el rey de España como emperador de las dos Américas, cuando -todo esté preparado para que S. M. pueda tomar este título, lo que -podrá ser, o bien a la paz general, o a más tardar dentro de tres -años.</p> - -<p>13.  Las dos altas partes contratantes se entenderán para -hacer un repartimiento igual de las islas, colonias y otras propiedades -ultramarinas del Portugal.</p> - -<p>14.  El presente tratado quedará secreto, será ratificado, -y las ratificaciones serán canjeadas en Madrid 20 días a más tardar -después del día en que se ha firmado.</p> - -<p>Fecho en Fontainebleau a 27 de octubre de 1807. — Duroc. — -Izquierdo.</p> - -<p>Hemos aprobado y aprobamos el precedente tratado en todos y en -cada uno de los artículos contenidos en él; declaramos que está -aceptado, ratificado y confirmado, y prometemos que será observado -inviolablemente. En fe de lo cual hemos dado la presente firmada de -nuestra mano, refrendada y sellada con nuestro sello imperial en -Fontainebleau a 29 de octubre de 1807. — Firmado. — Napoleón. — El -ministro de relaciones exteriores. — Champagny. — Por el emperador, -el ministro secretario de Estado. — Hugo Maret.</p> - - -<p class="subh3"><i>Convención anexa al tratado anterior, aprobada y -ratificada en los mismos términos.</i></p> - -<p><span class="sc">Art.</span> 1.º  Un cuerpo de tropas -imperiales francesas de 25.000 hombres de infantería y 3000 de -caballería entrará en España y marchará en derechura a Lisboa:<span -class="pagenum" id="Page_x">p. x</span> se reunirá a este cuerpo otro -de 8000 hombres de infantería y 3000 de caballería de tropas españolas -con 30 piezas de artillería.</p> - -<p>2.º  Al mismo tiempo una división de tropas españolas de -10.000 hombres tomará posesión de la provincia de Entre-Duero-y-Miño -y de la ciudad de Oporto; y otra división de 6000 hombres compuesta -igualmente de tropas españolas tomará posesión de la provincia del -Alentejo y del reino de los Algarbes.</p> - -<p>3.º  Las tropas francesas serán alimentadas y mantenidas por -la España y sus sueldos pagados por la Francia durante todo el tiempo -de su tránsito por España.</p> - -<p>4.º  Desde el momento en que las tropas combinadas hayan -entrado en Portugal, las provincias de Beira, Tras-os-Montes y -la Extremadura portuguesa (que deben quedar secuestradas) serán -administradas y gobernadas por el general comandante de las tropas -francesas, y las contribuciones que se les impondrán quedarán a -beneficio de la Francia. Las provincias que deben formar el reino -de la Lusitania septentrional y el principado de los Algarbes serán -administradas y gobernadas por los generales comandantes de las -divisiones españolas que entrarán en ellas, y las contribuciones que se -les impondrán quedarán a beneficio de la España.</p> - -<p>5.º  El cuerpo del centro estará bajo las órdenes de los -comandantes de las tropas francesas, y a él estarán sometidas las -tropas españolas que se reúnan a aquellas: sin embargo si el rey de -España o el príncipe de la Paz juzgaren conveniente trasladarse a este -cuerpo de ejército, el general comandante de las tropas francesas y -estas mismas estarán bajo sus órdenes.</p> - -<p>6.º  Un nuevo cuerpo de 40.000 hombres de tropas francesas se -reunirá en Bayona a más tardar el 20 de noviembre próximo, para estar -pronto a entrar en España para transferirse a Portugal en el caso -de<span class="pagenum" id="Page_xi">p. xi</span> que los ingleses -enviasen refuerzos y amenazasen atacarlo. Este nuevo cuerpo no entrará -sin embargo en España hasta que las dos altas potencias contratantes se -hayan puesto de acuerdo a este efecto.</p> - -<p>7.º  La presente convención será ratificada &c.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-7" id="Ap_1-7">1-7</a>.</h3> - -<p>Hemos visto las más de las piezas que obraron en este proceso. -Decimos <i>las más</i> porque como el original ha rodado por tantas -manos y personas de intereses encontrados, no sería extraño que se -hubiesen extraviado algunos documentos o alterado otros. Dicho proceso -paraba en poder de Don Mariano Luis de Urquijo, y a su muerte acaecida -en París en 1817 pasó al del marqués de Almenara. No sabemos si este lo -conserva aún, o si lo ha entregado al rey Fernando VII.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-8" id="Ap_1-8">1-8</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Carta del príncipe de Asturias Fernando al -emperador Napoleón en 11 de octubre de 1807.</i></p> - -<p>Señor: el temor de incomodar a V. M. I. en medio de sus hazañas y -grandes negocios que lo ocupan sin cesar, me ha privado hasta ahora de -satisfacer directamente mis deseos eficaces de manifestar a lo menos -por escrito los sentimientos de respeto, estimación y afecto que tengo -al héroe mayor que cuantos le han precedido, enviado por la providencia -para salvar la Europa del trastorno total que la amenazaba, para -consolidar los tronos vacilantes, y para dar a las naciones la paz y la -felicidad.</p> - -<p>Las virtudes de V. M. I., su moderación, su bondad aun con sus más -injustos e implacables enemigos, todo en fin me hacía esperar que la -expresión de estos sentimientos sería recibida como efusión de un -corazón<span class="pagenum" id="Page_xii">p. xii</span> lleno de -admiración y de amistad más sincera.</p> - -<p>El estado en que me hallo de mucho tiempo a esta parte incapaz de -ocultarse a la grande penetración de V. M., ha sido hasta hoy segundo -obstáculo que ha contenido mi pluma preparada siempre a manifestar mis -deseos. Pero lleno de esperanzas de hallar en la magnanimidad de V. M. -I. la protección más poderosa, me determino no solamente a testificar -los sentimientos de mi corazón para con su augusta persona, sino a -depositar los secretos más íntimos en el pecho de V. M. como en el de -un tierno padre.</p> - -<p>Yo soy bien infeliz de hallarme precisado por circunstancias -particulares a ocultar como si fuera crimen una acción tan justa y tan -loable; pero tales suelen ser las consecuencias funestas de un exceso -de bondad, aun en los mejores reyes.</p> - -<p>Lleno de respeto y de amor filial para con mi padre (cuyo corazón es -el más recto y generoso), no me atrevería a decir sino a V. M. aquello -que V. M. conoce mejor que yo; esto es, que estas mismas calidades -suelen con frecuencia servir de instrumento a las personas astutas y -malignas para confundir la verdad a los ojos del soberano, por más -propia que sea esta virtud de caracteres semejantes al de mi respetable -padre.</p> - -<p>Si los hombres que le rodean aquí le dejasen conocer a fondo el -carácter de V. M. I. como yo lo conozco, ¿con qué ansias procuraría -mi padre estrechar los nudos que deben unir nuestras dos naciones? Y -¿habrá medio más proporcionado que rogar a V. M. I. el honor de que -me concediera por esposa una princesa de su augusta familia? Este es -el deseo unánime de todos los vasallos de mi padre, y no dudo que -también el suyo mismo (a pesar de los esfuerzos de un corto número de -malévolos) así que sepa las intenciones de V. M. I. Esto es cuanto mi -corazón apetece; pero no sucediendo así a los egoístas pérfidos que -rodean<span class="pagenum" id="Page_xiii">p. xiii</span> a mi padre, -y que pueden sorprenderle por un momento, estoy lleno de temores en -este punto.</p> - -<p>Solo el respeto de V. M. I. pudiera desconcertar sus planes abriendo -los ojos a mis buenos y amados padres, y haciéndolos felices al mismo -tiempo que a la nación española y a mí mismo. El mundo entero admirará -cada día más la bondad de V. M. I., quien tendrá en mi persona el hijo -más reconocido y afecto.</p> - -<p>Imploro pues con la mayor confianza la protección paternal de V. M., -a fin de que no solamente se digne concederme el honor de darme por -esposa una princesa de su familia, sino allanar todas las dificultades -y disipar todos los obstáculos que puedan oponerse en este único objeto -de mis deseos.</p> - -<p>Este esfuerzo de bondad de parte de V. M. I. es tanto más necesario -para mí, cuanto yo no puedo hacer ninguno de mi parte mediante a que -se interpretaría insulto a la autoridad paternal, estando como estoy -reducido a solo el arbitrio de resistir (y lo haré con invencible -constancia) mi casamiento con otra persona, sea la que fuere, sin el -consentimiento y aprobación positiva de V. M., de quien yo espero -únicamente la elección de esposa para mí.</p> - -<p>Esta es la felicidad que confio conseguir de V. M. I., rogando a -Dios que guarde su preciosa vida muchos años. Escrito y firmado de -mi propia mano y sellado con mi sello en el Escorial a 11 de octubre -de 1807. — De V. M. I. y R. su más afecto servidor y hermano. — -Fernando. — (<i>Traducción hecha por Llorente en sus memorias, -y sacada del original inserto en el Monitor de 5 de febrero de -1810.</i>)</p> - -<h3><span class="pagenum" id="Page_xiv">p. xiv</span><span -class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-9" id="Ap_1-9">1-9</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Extracto del coloquio tenido por Don Eugenio -Izquierdo con el ministro Champagny. (Llorente, tom. 3.º núm. -120.)</i></p> - -<p>Mr. de Champagny: No quiero meterme en cuestiones: me limito a -decir a V. de orden del emperador: 1.º Que pide muy de veras S. M. que -por ningún motivo ni razón, y bajo ningún pretexto no se hable ni se -publique en este negocio cosa que tenga alusión al emperador ni a su -embajador en Madrid, y nada se actúe de que pueda resultar indicio ni -sospecha de que S. M. I. ni su embajador hayan sabido, intentado ni -coadyuvado a cosa alguna interior de España. 2.º Que si no se ejecuta -lo que acabo de decir, lo mirará como una ofensa hecha directamente -a su persona que tiene (como V. sabe) medios de vengarla, y que la -vengará. 3.º Declara positivamente S. M. que jamás se ha mezclado -en cosas interiores de España, y asegura solemnemente que jamás se -mezclará; que nunca ha sido su pensamiento el que el príncipe de -Asturias se casase con una princesa, y mucho menos con Mlle. Tascher -de la Pagerie, sobrina de la emperatriz, prometida ha mucho tiempo al -duque de Aremberg; que no se opondrá (como tampoco se opuso cuando -lo de Nápoles) a que el rey de España case a su hijo con quien tenga -por acertado. 4.º Mr. de Beauharnais no se entrometerá en asuntos -interiores de España; pero S. M. I. no le retirará, y nada debe dejarse -publicar ni escribir de que pudiera inferirse cosa alguna contra este -embajador: y 5.º Que se lleven a ejecución estricta y prontamente los -convenios ajustados el 27 de octubre último; que no haya pretexto para -dejar de enviar las tropas prometidas; que en ningún punto falten, y -que si faltan S. M. mirará esta falta como una infracción del convenio -ajustado.</p> - - -<h3><span class="pagenum" id="Page_xv">p. xv</span><span -class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-10" -id="Ap_1-10">1-10</a>.</h3> - -<p class="subh3j"><i>Esta orden se copia de los papeles que en defensa -suya ha publicado el mismo duque de Mahón.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-11" id="Ap_1-11">1-11</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Nota dirigida desde París al príncipe de la Paz -por el consejero de estado Don Eugenio Izquierdo. (Escóiquiz, idea -sencilla, núm. 1.º)</i></p> - -<p>La situación de las cosas no da lugar para referir con -individualidad las conversaciones que desde mi vuelta de Madrid he -tenido por disposición del emperador, tanto con el gran mariscal del -palacio imperial el general Duroc, como con el vice gran elector del -imperio príncipe de Benevento.</p> - -<p>Así me ceñiré a exponer los medios que se me han comunicado en -estos coloquios para arreglar, y aun para terminar amistosamente los -asuntos que existen hoy entre España y Francia; medios que me han -sido transmitidos con el fin de que mi gobierno tome la más pronta -resolución acerca de ellos.</p> - -<p>Que existen actualmente varios cuerpos de tropas francesas en España -es un hecho constante.</p> - -<p>Las resultas de esta existencia de tropas están en lo futuro. Un -arreglo entre el gobierno francés y español con recíproca satisfacción -puede detener los eventos, y elevarse a solemne tratado y definitivo -sobre las bases siguientes:</p> - -<p>1.ª  En las colonias españolas y francesas podrán franceses y -españoles comerciar libremente, el francés en las españolas como si -fuese español, y el español en las francesas como si fuese francés, -pagando unos y otros los derechos que se paguen en los respectivos -países por sus naturales.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_xvi">p. xvi</span>Esta prerrogativa -será exclusiva, y ninguna potencia sino la Francia podrá obtenerla en -España, como en Francia ninguna potencia sino la española.</p> - -<p>2.ª  Portugal está hoy poseído por Francia. La comunicación de -Francia con Portugal exige una ruta militar, y también un paso continuo -de tropas por España para guarnecer aquel país y defenderle contra la -Inglaterra; ha de causar multitud de gastos, de disgustos, engorros, y -tal vez producir frecuentes motivos de desavenencias.</p> - -<p>Podría amistosamente arreglarse este objeto quedando todo el -Portugal para España, y recibiendo un equivalente la Francia en las -provincias de España contiguas a este imperio.</p> - -<p>3.ª  Arreglar de una vez la sucesión al trono de España.</p> - -<p>4.ª  Hacer un tratado ofensivo y defensivo de alianza, -estipulando el número de fuerzas con que se han de ayudar -recíprocamente ambas potencias.</p> - -<p>Tales deben ser las bases sobre que debe cimentarse y elevarse -a tratado el arreglo capaz de terminar felizmente la actual crisis -política en que se hallan España y Francia.</p> - -<p>En tan altas materias yo debo limitarme a ejecutar fielmente lo que -se me dice.</p> - -<p>Cuando se trata de la existencia del estado, de su honor, decoro, y -del de su gobierno, las decisiones deben emanar únicamente del soberano -y de su consejo.</p> - -<p>Sin embargo mi ardiente amor a la patria me pone en la obligación -de decir que en mis conversaciones he hecho presente al príncipe de -Benevento lo que sigue:</p> - -<p>1.º  Que abrir nuestras Américas al comercio francés es -partirlas entre España y Francia; que de abrirlas únicamente para los -franceses es dado que no quede de una vez arrollada la arrogancia -inglesa, alejar cada día más la paz, y perder hasta que esta se -firme<span class="pagenum" id="Page_xvii">p. xvii</span> nuestras -comunicaciones y las de los franceses con aquellas regiones.</p> - -<p>He dicho que aun cuando se admita el comercio francés no debe -permitirse que se avecinden vasallos de la Francia en nuestras -colonias, con desprecio de nuestras leyes fundamentales.</p> - -<p>2.º  Concerniente a lo de Portugal he hecho presente nuestras -estipulaciones de 27 de octubre último; he hecho ver el sacrificio del -rey de Etruria; lo poco que vale Portugal separado de sus colonias; su -ninguna utilidad para España, y he hecho una fiel pintura del horror -que causaría a los pueblos cercanos al Pirineo la pérdida de sus -leyes, libertades, fueros y lengua, y sobre todo el pasar a dominio -extranjero.</p> - -<p>He añadido: no podré yo firmar la entrega de Navarra por no ser el -objeto de execración de mis compatriotas, como sería si constase que un -navarro había firmado el tratado en que la entrega de la Navarra a la -Francia estaba estipulada.</p> - -<p>En fin he insinuado que si no había otro remedio para erigirse -un nuevo reino, virreinato de Iberia, estipulando que este reino o -virreinato no recibiese otras leyes, otras reglas de administración que -las actuales, y que sus naturales conservasen sus fueros y exenciones. -Este reino o virreinato podría darse al rey de Etruria, o a otro infante -de Castilla.</p> - -<p>3.º  Tratándose de fijar la sucesión de España he manifestado -lo que el rey N. S. me mandó que dijese de su parte; y también he hecho -de modo que creo quedan desvanecidas cuantas calumnias inventadas por -los malévolos en ese país han llegado a inficionar la opinión pública -en este.</p> - -<p>4.º  Por lo que concierne a la alianza ofensiva y defensiva, mi -celo patriótico ha preguntado al príncipe de Benevento si se pensaba -en hacer de España un equivalente a la confederación del Rin, y en -obligarla a dar un contingente de tropas, cubriendo este tributo<span -class="pagenum" id="Page_xviii">p. xviii</span> con el decoroso nombre -de tratado ofensivo y defensivo. He manifestado que nosotros estando -en paz con el imperio francés no necesitamos para defender nuestros -hogares de socorros de Francia; que Canarias, Ferrol y Buenos Aires lo -atestiguan; que el África es nula &c.</p> - -<p>En nuestras conversaciones ha quedado ya como negocio terminado el -del casamiento. Tendría efecto; pero será un arreglo particular de que -no se tratará en el convenio de que se envían las bases.</p> - -<p>En cuanto al título de emperador que el rey N. S. debe tomar no hay, -ni había dificultad alguna. Se me ha encargado que no se pierda un -momento en responder a fin de precaver las fatales consecuencias a que -puede dar lugar el retardo de un día el ponerse de acuerdo.</p> - -<p>Se me ha dicho que se evite todo acto hostil, todo movimiento que -pudiera alejar el saludable convenio que aún puede hacerse.</p> - -<p>Preguntado que si el rey N. S. debía irse a Andalucía, he respondido -la verdad, que nada sabía. Preguntado también que si creía que se -hubiese ido, he contestado que no, vista la seguridad en que se -hallaban concerniente al buen proceder del emperador, tanto los reyes -como V. A.</p> - -<p>He pedido, pues se medita un convenio, que ínterin que vuelve la -respuesta se suspenda la marcha de los ejércitos franceses hacia lo -interior de la España. He pedido que las tropas salgan de Castilla; -nada he conseguido; pero presumo que si vienen aprobadas las bases -podrán las tropas francesas recibir órdenes de alejarse de la -residencia de SS. MM.</p> - -<p>De ahí se ha escrito que se acercaban tropas por Talavera a Madrid; -que V. A. me despachó un alcance: a todo he satisfecho, exponiendo con -verdad lo que me constaba.</p> - -<p>Según se presume aquí V. A. había salido de Madrid<span -class="pagenum" id="Page_xix">p. xix</span> acompañando los reyes a -Sevilla: yo nada sé; y así he dicho al correo que vaya hasta donde V. -A. esté. Las tropas francesas dejarán pasar al correo, según me ha -asegurado el gran mariscal del palacio imperial. París 24 de marzo de -1808. — Sermo. Sr. — De V. A. S. — Eugenio Izquierdo.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter"> - <p><span class="pagenum" id="Page_xxi">p. xxi</span></p> - <div class="figcenter"> - <img style="width: 26em; height: auto;" - src="images/doble_filete.jpg" - alt="Filete ornamental"/> - </div> - <h2 class="nobreak fs200 lh200 negr mt1" title="Apéndice del Libro Segundo.">APÉNDICE</h2> - <p class="centra smaller lh200">DEL</p> - <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO SEGUNDO.</p> - <div class="figcenter mt05"> - <img style="width: 8em; height: auto;" - src="images/separa5.jpg" - alt="Motivo ornamental"/> - </div> -</div> - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-1" id="Ap_2-1">2-1</a>.</h3> - -<p class="subh3c"><i>Proclama de Carlos IV.</i></p> - -<p class="ti0">«<span class="gran">A</span>mados vasallos míos: -vuestra noble agitación en estas circunstancias es un nuevo testimonio -que me asegura de los sentimientos de vuestro corazón; y Yo que cual -padre tierno os amo, me apresuro a consolaros en la actual angustia -que os oprime. Respirad tranquilos: sabed que el ejército de mi caro -aliado el emperador de los franceses atraviesa mi reino con ideas de -paz y de amistad. Su objeto es trasladarse a los puntos que amenaza -el riesgo de algún desembarco del enemigo, y que la reunión de los -cuerpos de mi guardia ni tiene el objeto de defender mi persona, -ni acompañarme en un viaje que la malicia os ha hecho suponer como -preciso. Rodeado de la acendrada lealtad de mis vasallos amados, de la -cual tengo tan irrefragables pruebas, ¿qué puedo Yo temer? Y cuando la -necesidad urgente lo exigiese, ¿podría dudar de<span class="pagenum" -id="Page_xxii">p. xxii</span> las fuerzas que sus pechos generosos -me ofrecerían? No: esta urgencia no la verán mis pueblos. Españoles, -tranquilizad vuestro espíritu: conducíos como hasta aquí con las tropas -del aliado de vuestro rey, y veréis en breves días restablecida la paz -de vuestros corazones, y a mí gozando la que el cielo me dispensa en el -seno de mi familia y vuestro amor. Dado en mi palacio real de Aranjuez -a 16 de marzo de 1808. — Yo el rey — A Don Pedro Cevallos.»</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-2" id="Ap_2-2">2-2</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Decreto de S. M. el rey Carlos IV exonerando a Don -Manuel Godoy de sus empleos de generalísimo y almirante.</i></p> - -<p>«Queriendo mandar por mi persona el ejército y la marina, he venido -en exonerar a Don Manuel Godoy, príncipe de la Paz, de sus empleos de -generalísimo y almirante, concediéndole su retiro donde más le acomode. -Tendreislo entendido, y lo comunicaréis a quien corresponda. Aranjuez -18 de marzo de 1808. — A Don Antonio Olaguer Feliú.»</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-3" id="Ap_2-3">2-3</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en -Aranjuez a 18 de marzo de 1808.</i></p> - -<p>«Señor mi hermano: hacía bastante tiempo que el príncipe de la -Paz me había hecho reiteradas instancias para que le admitiese la -dimisión de los encargos de generalísimo y almirante, y he accedido a -sus ruegos; pero como no debo poner en olvido los servicios que me ha -hecho, y particularmente los de haber cooperado a mis deseos constantes -e invariables de mantener la alianza y la amistad íntima que me une a -V. M. I. y R., yo le conservaré mi gracia.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_xxiii">p. xxiii</span>Persuadido -yo de que será muy agradable a mis vasallos, y muy conveniente para -realizar los importantes designios de nuestra alianza, encargarme yo -mismo del mando de mis ejércitos de tierra y mar, he resuelto hacerlo -así y me apresuro a comunicarlo a V. M. I. y R., queriendo dar en -esto nuevas pruebas de afecto a la persona de V. M. de mis deseos de -conservar las íntimas relaciones que nos unen, y de la fidelidad que -forma mi carácter del que V. M. I. y R. tiene repetidos y grandes -testimonios.</p> - -<p>La continuación de los dolores reumáticos que de un tiempo a esta -parte me impiden usar de la mano derecha, me privan del placer de -escribir por mí mismo a V. M. I. y R.</p> - -<p>Soy con los sentimientos de la mayor estimación y del más sincero -afecto de V. M. I. y R. su buen hermano. — Carlos.»</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-4" id="Ap_2-4">2-4</a>.</h3> - -<p>ποῦ νῦν ἡ λαμπρά τῆς ὑπατείας περιβολή; ποῦ δὲ αἱ φαιδραὶ λαμπάδες; -ποῦ δὲ οἱ κρότοι, καὶ οἱ χοροί, καὶ αἱ θαλίαι, καὶ αἱ πανηγύρεις; ... -πάντα ἐκεῖνα οἴχεται· καὶ ἄνεμος πνεύσας ἀθρόον τὰ μὲν φύλλα κατέβαλε, -γυμνὸν δὲ ἡμῖν τὸ δένδρον ἔδειξε, καὶ ἀπὸ τῆς ῥίζης αὐτῆς σαλευόµενον -λοιπόν· ... τίς γαρ τούτου γέγονεν ὑψηλότερος; οὐ πᾶσαν τὴν οἰκουμένην -παρῆλθε τῷ πλούτῳ; οὐ πρὸς αὐτὰς τῶν ἀξιωµάτων ἀνέβη τὰς κορυφάς; οὐχὶ -πάντες αὐτὸν ἔτρεμον καὶ ἐδεδοίκεισαν; ἀλλ’ ἰδοὺ γέγονε καὶ δεσμωτῶν -ἀθλιώτερος, καὶ οἰκετῶν ἐλεεινότερος, καὶ τῶν λιμῷ τηκοµένων πτωχῶν -ἐνδεέστερος, καθ’ ἑκάστην ἡμέραν ξίφη βλέπων ἠκονημένα, καὶ βάραθρον, -καὶ δηµίους, καὶ τὴν ἐπὶ θάνατον ἀπαγωγήν· ...</p> - -<p class="firma smaller">(ΟΜΙΛΙΑ ΕΙΣ ΕΥΤΡΟΠΙΟΝ.)</p> - - -<h3><span class="pagenum" id="Page_xxiv">p. xxiv</span><span -class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-5" id="Ap_2-5">2-5</a>.</h3> - -<p class="subh3j"><i>Véase la Gaceta de Madrid del 25 de marzo de -1808.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-6" id="Ap_2-6">2-6</a>.</h3> - -<p>Cesión de Carlos V. (<i>Véase Famiani Strada: De bello belgico. -Liber I. y F. Prudencio de Sandoval: Historia de la vida y hechos de -Carlos V.</i>)</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-7" id="Ap_2-7">2-7</a>.</h3> - -<p><i>Véase Marina: Teoría de las cortes, tom. 2.º, cap. 10, -refiriéndose al documento que existe en la academia de la Historia. — -Z. 52, fol. 301.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-8" id="Ap_2-8">2-8</a>.</h3> - -<p><i>Comentarios del marqués de San Felipe, tom. 2.º, año 1724.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-9" id="Ap_2-9">2-9</a>.</h3> - -<p><i>Des documents historiques publiés par Louis Bonaparte. Vol. 2.º, -pág. 290. París 1820.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-10" id="Ap_2-10">2-10</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Nota escrita por la reina de España para el gran -duque de Berg y remitida por la reina de Etruria sin fecha.</i></p> - -<p>«El rey mi esposo (que me hace escribir por no poderlo hacer a causa -de los dolores e hinchazón de su mano) desea saber si el gran duque de -Berg llevaría a bien encargarse de tratar eficazmente con el emperador -para asegurar la vida del príncipe de la Paz, y que fuese asistido de -algunos criados suyos o de capellanes.</p> - -<p>Si el gran duque pudiera ir a librarle o por lo menos darle algún -consuelo, él tiene todas sus esperanzas en el gran duque, por ser -su grande amigo. Él espera<span class="pagenum" id="Page_xxv">p. -xxv</span> todo de S. A. y del emperador a quien siempre ha sido -afecto.</p> - -<p>Asimismo que el gran duque consiga del emperador que al rey mi -esposo, a mí y al príncipe de la Paz se dé lo necesario para poder -vivir todos tres juntos donde convenga para nuestra salud sin mando ni -intrigas, pues nosotros no las tendremos.</p> - -<p>El emperador es generoso, es un héroe, y ha sostenido siempre a sus -fieles aliados y aun a los que son perseguidos. Nadie lo es tanto como -nosotros. ¿Y por qué? porque hemos sido siempre fieles a la alianza.</p> - -<p>De mi hijo no podemos esperar jamás sino miserias y persecuciones. -Han comenzado a forjar y se continuará fingiendo todo lo que pueda -contribuir a que el príncipe de la Paz (amigo inocente y afecto al -emperador, al gran duque y a todos los franceses) parezca criminal a -los ojos del público y del emperador. Es necesario que no se crea nada. -Los enemigos tienen la fuerza y todos los medios de justificar como -verdadero lo que en sí es falso.</p> - -<p>El rey desea igualmente que yo ver y hablar al gran duque y darle -por sí mismo la protesta que tiene en su poder. Los dos estamos -agradecidos al envío que ha hecho de tropas suyas y a todas las pruebas -que nos da de su amistad. Debe estar S. A. I. bien persuadido de la -que nosotros le hemos tenido siempre y conservamos ahora. Nos ponemos -en sus manos y las del emperador y confiamos que nos concederá lo que -pedimos.</p> - -<p>Estos son todos nuestros deseos cuando estamos puestos en las manos -de tan grande y generoso monarca y héroe.»</p> - - -<p class="subh3"><span class="pagenum" id="Page_xxvi">p. -xxvi</span><i>Carta de la reina de Etruria al gran duque de Berg -en Aranjuez a 22 de marzo de 1808, con una posdata del rey Carlos -IV.</i></p> - -<p>«Señor mi hermano: acabo de ver al edecán comandante, quien me ha -entregado vuestra carta por la cual veo con mucha pena que mi padre -y mi madre no han podido tener el gusto de veros, aunque lo deseaban -eficazmente, porque toda su confianza tienen puesta en vos, de quien -esperan que podréis contribuir a su tranquilidad.</p> - -<p>El pobre príncipe de la Paz cubierto de heridas y contusiones está -decaído en la prisión, y no cesa de invocar el terrible momento de su -muerte. No hace recuerdo de otras personas que de su amigo el gran -duque de Berg, y dice que este es el único en quien confía que le ha de -conseguir su salud.</p> - -<p>Mi padre, mi madre y yo hemos hablado con vuestro edecán comandante. -Él os dirá todo. Yo fío en vuestra amistad y que por ella nos -salvaréis a los tres y al pobre preso.</p> - -<p>No tengo tiempo de deciros más: confio en vos. Mi padre añadirá dos -líneas a esta carta: yo soy de corazón vuestra afectísima hermana y -amiga. — María Luisa.»</p> - - -<p class="subh3c"><i>Posdata de Carlos IV.</i></p> - -<p>«Señor y muy querido hermano: habiendo hablado a vuestro edecán -comandante e informádole de todo lo que ha sucedido, yo os ruego el -favor de hacer saber al emperador que le suplico disponga la libertad -del pobre príncipe de la Paz, quien solo padece por haber sido amigo -de la Francia, y asimismo que se nos deje ir al país que más nos -convenga llevándonos en nuestra compañía al mismo príncipe. Por ahora -vamos a Badajoz: confio recibir antes vuestra respuesta caso<span -class="pagenum" id="Page_xxvii">p. xxvii</span> de que absolutamente -carezcáis de medios de vernos, pues mi confianza solo está en vos y en -el emperador. Mientras tanto yo soy vuestro muy afecto hermano y amigo -de todo corazón. — Carlos.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Carta de la reina de España al gran duque de -Berg en Aranjuez a 22 de marzo de 1808 junta con la anterior de su -hija.</i></p> - -<p>«Señor mi querido hermano: yo no tengo más amigos que V. A. I. El -rey mi amado esposo os escribe implorando vuestra amistad. En ella está -únicamente nuestra esperanza. Ambos os pedimos una prueba de que sois -nuestro amigo, y es la de hacer conocer al emperador lo sincero de -nuestra amistad y del afecto que siempre hemos profesado a su persona, -a la vuestra y a la de todos los franceses.</p> - -<p>El pobre príncipe de la Paz que se halla encarcelado y herido por -ser amigo nuestro, apasionado nuestro y afecto a toda la Francia, sufre -todo por causa de haber deseado el arribo de vuestras tropas y haber -sido el único amigo nuestro permanente. Él hubiera ido a ver a V. A. si -hubiera tenido libertad, y ahora mismo no cesa de nombrar a V. A. y de -manifestar deseos de ver al emperador.</p> - -<p>Consíganos V. A. que podamos acabar nuestros días tranquilamente -en un país conveniente a la salud del rey (la cual está delicada como -también la mía) y que sea esto en compañía de nuestro único amigo que -también lo es de V. A.</p> - -<p>Mi hija será mi intérprete si yo no logro la satisfacción de poder -conocer personalmente y hablar a V. A. ¿Podríais hacer esfuerzos para -vernos aunque fuera un solo instante de noche o como quisierais? El -comandante edecán de V. A. contará todo lo que hemos dicho.</p> - -<p>Espero que V. A. conseguirá para nosotros lo que<span -class="pagenum" id="Page_xxviii">p. xxviii</span> deseamos, y que -perdonará las faltas y olvidos que haya cometido yo en el tratamiento, -pues no sé donde estoy, y debéis creer que no habrán sido por faltar a -V. A. ni dejar de darle seguridad de toda mi amistad.</p> - -<p>Ruego a Dios guarde a V. A. I. muchos años. Vuestra más afecta. — -Luisa.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Carta del general Monthion al gran duque de Berg en -Aranjuez a 23 de marzo de 1808.</i></p> - -<p>«Conforme a las órdenes de V. A. I. vine a Aranjuez con la carta -de V. A. para la reina de Etruria. Llegué a las ocho de la mañana: -la reina estaba todavía en cama: se levantó inmediatamente: me hizo -entrar: le entregué vuestra carta: me rogó esperar un momento mientras -iba a leerla con el rey y la reina sus padres: media hora después -entraron todos tres a la sala en que yo me hallaba.</p> - -<p>El rey me dijo que daba gracias a V. A. de la parte que tomabais en -sus desgracias, tanto más grandes cuanto era el autor de ellas un hijo -suyo. El rey me dijo: «que esta revolución había sido muy premeditada; -que para ello se había distribuido mucho dinero, y que los principales -personajes habían sido su hijo y Mr. Caballero ministro de la justicia: -que S. M. había sido violentado para abdicar la corona por salvar la -vida de la reina y la suya, pues sabía que sin esta diligencia los dos -hubieran sido asesinados aquella noche; que la conducta del príncipe -de Asturias era tanto más horrible cuanto más prevenido estaba de que -conociendo el rey los deseos que su hijo tenía de reinar, y estando S. -M. próximo a cumplir sesenta años, había convenido en ceder a su hijo -la corona cuando este se casara con una princesa de la familia imperial -de Francia como S. M. deseaba ardientemente.»</p> - -<p>El rey ha añadido que el príncipe de Asturias quería que su -padre se retirase con la reina su mujer a<span class="pagenum" -id="Page_xxix">p. xxix</span> Badajoz, frontera de Portugal: que el -rey le había hecho la observación de que el clima de aquel país no le -convenía, y le había pedido permiso de escoger otro, por lo cual el -mismo rey Carlos deseaba obtener del emperador licencia de adquirir -un bien en Francia y de asegurar allí su existencia. La reina me ha -dicho: «que había suplicado a su hijo la dilación del viaje a Badajoz; -pero que no había conseguido nada, por lo que debería verificarse en el -próximo lunes.»</p> - -<p>Al tiempo de despedirme yo de SS. MM. me dijo el rey: «yo he escrito -al emperador poniendo mi suerte en sus manos: quise enviar mi carta por -un correo; pero no es posible medio más seguro que el de confiarla a -vuestro cuidado.»</p> - -<p>El rey pasó entonces a su gabinete y luego salió trayendo en su mano -la carta adjunta. Me la entregó y dijo estas palabras: «mi situación es -de las más tristes; acaban de llevarse al príncipe de la Paz y quieren -conducirlo a la muerte: no tiene otro delito que haber sido muy afecto -a mi persona toda su vida.»</p> - -<p>Añadió: «que no había modo de ruegos que no hubiese puesto en -práctica para salvar la vida de su infeliz amigo; pero había encontrado -sordo a todo el mundo y dominado del espíritu de venganza. Que la -muerte del príncipe de la Paz produciría la suya, pues no podría S. M. -sobrevivir a ella.» — B. de Monthion.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en -Aranjuez a 23 de marzo de 1808.</i></p> - -<p>«Señor mi hermano: V. M. sabrá sin duda con pena los sucesos de -Aranjuez y sus resultas; y no verá con indiferencia a un rey que -forzado a renunciar la corona acude a ponerse en los brazos de un -grande monarca aliado suyo, subordinándose totalmente a la disposición -del único que puede darle su felicidad, la de toda su familia y las de -sus fieles vasallos.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_xxx">p. xxx</span>Yo no he renunciado -en favor de mi hijo sino por la fuerza de las circunstancias cuando -el estruendo de las armas y los clamores de una guardia sublevada me -hacían conocer bastante la necesidad de escoger la vida o la muerte, -pues esta última se hubiera seguido después de la de la reina.</p> - -<p>Yo fui forzado a renunciar; pero asegurado ahora con plena confianza -en la magnanimidad y el genio del grande hombre que siempre ha mostrado -ser amigo mío, yo he tomado la resolución de conformarme con todo -lo que este mismo grande hombre quiera disponer de nosotros y de mi -suerte, la de la reina y la del príncipe de la Paz.</p> - -<p>Dirijo a V. M. I. y R. una protesta contra los sucesos de Aranjuez y -contra mi abdicación. Me entrego y enteramente confio en el corazón y -amistad de V. M., con lo cual ruego a Dios que os conserve en su santa -y digna guarda.</p> - -<p>De V. M. I. y R. su muy afecto hermano y amigo. — Carlos.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Carta de la reina de Etruria incluyendo otra de su -madre la reina de España para el gran duque de Berg en Madrid a 26 de -marzo de 1808.</i></p> - -<p>«Señor mi hermano: mi madre me envía la adjunta carta para que os -la remita y la conservéis. Hacednos la gracia, querido mío, de no -abandonarnos: todas nuestras esperanzas están en vos. Concededme el -consuelo de ir a ver a mis padres. Respondedme alguna cosa que nos -alivie y no os olvidéis de una amiga que os ama de corazón. — María -Luisa.»</p> - -<p>P. D. — «Yo estoy enferma en la cama con algo de calentura por lo -cual no me veréis fuera de mi habitación.»</p> - - -<p class="subh3c"><span class="pagenum" id="Page_xxxi">p. -xxxi</span><i>Carta inclusa en la antecedente.</i></p> - -<p>«Querida hija mía: decid al gran duque de Berg la situación del rey -mi esposo, la mía y la del pobre príncipe de la Paz.</p> - -<p>Mi hijo Fernando era el jefe de la conjuración: las tropas estaban -ganadas por él; él hizo poner una de las luces de su cuarto en una -ventana para señal de que comenzase la explosión. En el instante mismo -los guardias y las personas que estaban a la cabeza de la revolución -hicieron tirar dos fusilazos. Se ha querido persuadir que fueron -tirados por la guardia del príncipe de la Paz, pero no es verdad. -Al momento los guardias de Corps, los de infantería española y los -de la valona se pusieron sobre las armas y sin recibir órdenes de -sus primeros jefes convocaron a todas las gentes del pueblo y las -condujeron adonde les acomodaba.</p> - -<p>El rey y yo llamamos a mi hijo para decirle que su padre sufría -grandes dolores, por lo que no podía asomarse a la ventana, y que lo -hiciese por sí mismo a nombre del rey para tranquilizar al pueblo: -me respondió con mucha firmeza que no lo haría porque lo mismo sería -asomarse a la ventana que comenzar el fuego, y así no lo quiso -hacer.</p> - -<p>Después a la mañana siguiente le preguntamos si podría hacer cesar -el tumulto y tranquilizar los amotinados, y respondió que lo haría, -pues enviaría a buscar a los segundos jefes de los cuerpos de la casa -real, enviando también algunos de sus criados con encargo de decir en -su nombre al pueblo y a las tropas que se tranquilizasen: que también -haría se volviesen a Madrid muchas personas que habían concurrido de -allí para aumentar la revolución, y encargaría que no viniesen más.</p> - -<p>Cuando mi hijo había dado estas órdenes fue descubierto<span -class="pagenum" id="Page_xxxii">p. xxxii</span> el príncipe de la Paz. -El rey envió a buscar a su hijo y le mandó salir adonde estaba el -desgraciado príncipe, que ha sido víctima por ser amigo nuestro y de -los franceses, y principalmente del gran duque. Mi hijo fue y mandó que -no se tocase más al príncipe de la Paz y se le condujese al cuartel -de guardias de Corps. Lo mandó en nombre propio, aunque lo hacía por -encargo de su padre, y como si él mismo fuese ya rey dijo al príncipe -de la Paz «Yo te perdono la vida.»</p> - -<p>El príncipe a pesar de sus grandes heridas le dio gracias -preguntándole si era ya rey. Esto aludía a lo que ya se pensaba en -ello, pues el rey, el príncipe de la Paz y yo teníamos la intención de -hacer la abdicación en favor de Fernando cuando hubiéramos visto al -emperador y compuesto todos los asuntos, entre los cuales el principal -era el matrimonio. Mi hijo respondió al príncipe: «No: hasta ahora no -soy rey; pero lo seré bien pronto.» Lo cierto es que mi hijo mandaba -todo como si fuese rey sin serlo y sin saber si lo sería. Las órdenes -que el rey mi esposo daba no eran obedecidas.</p> - -<p>Después debía haber en el día 19 en que se verificó la abdicación -otro tumulto más fuerte que el primero contra la vida del rey mi esposo -y la mía, lo que obligó a tomar la resolución de abdicar.</p> - -<p>Desde el momento de la renuncia mi hijo trató a su padre con todo el -desprecio que puede tratarlo un rey, sin consideración alguna para con -sus padres. Al instante hizo llamar a todas las personas complicadas -en su causa que habían sido desleales a su padre, y hecho todo lo que -pudiera ocasionarle pesadumbres. El nos da priesa para que salgamos de -aquí señalándonos la ciudad de Badajoz para residencia. Entretanto nos -deja sin consideración alguna manifestando gran contento de ser ya rey, -y de que nosotros nos alejemos de aquí.</p> - -<p>En cuanto al príncipe de la Paz no quisiera que nadie se acordara -de él. Los guardias que le custodian tienen orden de no responder -a nada que les pregunte,<span class="pagenum" id="Page_xxxiii">p. -xxxiii</span> y lo han tratado con la mayor inhumanidad.</p> - -<p>Mi hijo ha hecho esta conspiración para destronar al rey su padre. -Nuestras vidas hubieran estado en grande riesgo, y la del pobre -príncipe de la Paz lo está todavía.</p> - -<p>El rey mi esposo y yo esperamos del gran duque que hará cuanto pueda -en nuestro favor, porque nosotros siempre hemos sido aliados fieles del -emperador, grandes amigos del gran duque, y lo mismo sucede al pobre -príncipe de la Paz. Si él pudiese hablar daría pruebas, y aun en el -estado en que se halla no hace otra cosa que exclamar por su grande -amigo el gran duque.</p> - -<p>Nosotros pedimos al gran duque que salve al príncipe de la Paz, y -que salvándonos a nosotros nos le dejen siempre a nuestro lado para que -podamos acabar juntos tranquilamente el resto de nuestros días en un -clima más dulce y retirados sin intrigas y sin mandos, pero con honor. -Esto es lo que deseamos el rey y yo igualmente que el príncipe de la -Paz, el cual estaría siempre pronto a servir a mi hijo en todo. Pero mi -hijo (que no tiene carácter alguno, y mucho menos el de la sinceridad) -jamás ha querido servirse de él y siempre le ha declarado guerra como -al rey su padre y a mí.</p> - -<p>Su ambición es grande y mira a sus padres como si no lo fuesen. ¿Qué -hará para los demás? Si el gran duque pudiera vernos tendríamos grande -placer y lo mismo su amigo el príncipe de la Paz que sufre porque lo ha -sido siempre de los franceses y del emperador. Esperamos todo del gran -duque, recomendándole también a nuestra pobre hija María Luisa que no -es amada de su hermano. Con esta esperanza estamos próximos a verificar -nuestro viaje. — Luisa.»</p> - - -<p class="subh3"><span class="pagenum" id="Page_xxxiv">p. -xxxiv</span><i>Nota de la reina de España para el gran duque de Berg en -27 de marzo de 1808.</i></p> - -<p>«Mi hijo no sabe nada de lo que tratamos y conviene que ignore todos -nuestros pasos. Su carácter es falso: nada le afecta: es insensible y -no inclinado a la clemencia. Está dirigido por hombres malos y hará -todo por la ambición que le domina; promete, pero no siempre cumple sus -promesas.</p> - -<p>Creo que el gran duque debe tomar medidas para impedir que al pobre -príncipe de la Paz se le quite la vida, pues los guardias de Corps han -dicho que primero lo matarán que entregarle vivo, aunque lo manden el -emperador y el gran duque. Están llenos de rabia contra él, e inflaman -a todos los pueblos, a todo el mundo y aun a mi hijo que defiere a -ellos en todo. Lo mismo sucede relativamente al rey mi esposo y a mí. -Nosotros estamos puestos en manos del gran duque y del emperador: le -rogamos que tenga la complacencia de venir a vernos; de hacer que el -pobre príncipe de la Paz sea puesto en salvo lo más pronto posible, y -de concedernos todo lo demás que tenemos suplicado.</p> - -<p>El embajador es todo de mi hijo; lo cual me hace temblar, porque mi -hijo no quiere al gran duque ni al emperador sino solo el despotismo. -El gran duque debe estar persuadido que no digo esto por venganza ni -resentimiento de los malos tratos que nos hace sufrir, pues nosotros no -deseamos sino la tranquilidad del gran duque y del emperador. Estamos -totalmente puestos en manos del gran duque deseando verle para que -conozca todo el valor que damos a su augusta persona y a sus tropas, -como a todo lo que le sea relativo.»</p> - - -<p class="subh3"><span class="pagenum" id="Page_xxxv">p. -xxxv</span><i>Carta de la reina de Etruria para el gran duque de Berg -en Madrid a 29 de marzo de 1808 con una nota de la reina de España su -madre.</i></p> - -<p>«Mi señor y querido hermano: mi madre os escribe algunas líneas. Yo -os incluyo la adjunta mía para el emperador rogándoos dispongáis que -llegue prontamente a su destino. Recomendadme a S. M. y prometedme como -os suplico ir después de mañana a Aranjuez. Tomad en mis asuntos el -interés que yo tomo en lo relativo a vuestra persona, y creed que soy -de todo mi corazón vuestra afecta hermana y amiga. — María Luisa.»</p> - - -<p class="subh3c"><i>Nota de puño y letra de la reina de España.</i></p> - -<p>«No quisiéramos ser importunos al gran duque. El rey me hace tomar -la pluma para decir que considera útil que el gran duque escribiese -al emperador insinuando que convendría que S. M. I. diese órdenes -sostenidas con la fuerza para que mi hijo o el gobierno nos dejen -tranquilos al rey, a mí y al príncipe de la Paz hasta tanto que S. M. -llegue. En fin el gran duque y el emperador sabrán tomar las medidas -necesarias para que se esperen su arribo u órdenes sin que antes seamos -víctimas. — Luisa.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Carta de la reina de Etruria al gran duque de Berg -en Madrid a 30 de marzo de 1808, con otra de su madre y un artículo -escrito de mano propia de Carlos IV.</i></p> - -<p>«Señor y hermano: os remito una carta que mi madre me ha enviado, -y os suplico que me digáis si vuestra guardia o vuestras tropas han -pasado a guardar al príncipe de la Paz. Deseo también saber cuál<span -class="pagenum" id="Page_xxxvi">p. xxxvi</span> es el estado de -la salud del príncipe, y qué opina vuestro médico en el asunto. -Respondedme al instante porque pienso visitar a mi madre uno de estos -días sin detenerme allí más que lo preciso para hablar y volver aquí. -Id pronto pues solo vos podéis ser mi defensor, y vuelvo a rogaros -que me respondáis sin detención: entre tanto soy de corazón vuestra -afectísima hermana y amiga. — María Luisa.»</p> - - -<p class="subh3c"><i>Carta de la reina de España citada en la anterior.</i></p> - -<p>«Si el gran duque no toma a su cargo que el emperador exija -prontamente órdenes de impedir los progresos de las intrigas que hay -contra el rey mi esposo, contra el príncipe de la Paz su amigo, contra -mí y aun contra mi hija Luisa, ninguno de nosotros está seguro. Todos -los malévolos se reúnen en Madrid alrededor de mi hijo: este los cree -como a oráculos, y por sí mismo no es muy inclinado a la magnanimidad -ni a la clemencia. Debe temerse de ellos toda mala resulta. Yo tiemblo -y lo mismo mi marido si mi hijo ve al emperador antes que este haya -dado sus órdenes, pues él y los que le acompañan contarán a S. M. I. -tantas mentiras que lo pongan por lo menos en estado de dudar de la -verdad. Por este motivo rogamos al gran duque consiga del emperador que -proceda sobre el supuesto de que nosotros estamos absolutamente puestos -en sus manos, esperando que nos dé la tranquilidad para el rey mi -esposo, para mí y para el príncipe de la Paz, de quien deseamos que nos -lo deje a nuestro lado para acabar nuestros días tranquilamente en un -país conveniente a nuestra salud, sin que ninguno de nosotros tres les -hagamos la menor sombra. Rogamos con la mayor instancia al gran duque -que se sirva mandar darnos diariamente noticias de nuestro amigo común -el príncipe de la Paz, pues nosotros ignoramos todo absolutamente.»</p> - - -<p class="subh3c"><span class="pagenum" id="Page_xxxvii">p. -xxxvii</span><i>El siguiente artículo está escrito de letra de Carlos -IV.</i></p> - -<p>«Yo he hecho a la reina escribir todo lo que precede, porque no -puedo escribir mucho a causa de mis dolores. — Carlos.»</p> - - -<p class="subh3c"><i>Sigue escribiendo la reina.</i></p> - -<p>«El rey mi marido ha escrito esta línea y media y la ha firmado para -que os aseguréis de ser él quien escribe.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Nota de la reina de España para el gran duque -de Berg remitida por medio de la reina de Etruria sin fecha en -1808.</i></p> - -<p>«El rey mi esposo y yo no quisiéramos ser importunos ni enfadosos -al gran duque que tiene tantas ocupaciones, pero no tenemos otro amigo -ni apoyo que él y el emperador, en quien están fundadas todas las -esperanzas del rey, las del príncipe de la Paz amigo del gran duque e -íntimo nuestro, las de mi hija Luisa y las mías. Mi hija me escribió -ayer por la tarde lo que el gran duque le había dicho, y nos ha -penetrado el corazón dejándonos llenos de reconocimiento y de consuelo, -esperando todo bien de las dos sagradas e incomparables personas -del emperador y del gran duque. Pero no queremos que ignoren lo que -nosotros sabemos, a pesar de que nadie nos dice nada ni aun responden -a lo que preguntamos, por más necesidad que tengamos de respuesta. Sin -embargo miramos esto con indiferencia y solo nos interesa la buena -suerte de nuestro único e inocente amigo el príncipe de la Paz, que -también lo es del gran duque como él mismo exclamaba en su prisión -en medio de los horribles tratos que se le hacían, pues perseveraba -llamando<span class="pagenum" id="Page_xxxviii">p. xxxviii</span> -siempre amigo suyo al gran duque lo mismo que lo había hecho antes de -la conspiración, y solía decir «si yo tuviera la fortuna de que el -gran duque estuviese cerca y llegase aquí, no tendría nada que temer.» -Él deseaba su arribo a la corte y se lisonjeaba con la satisfacción -de que el gran duque quisiese aceptar su casa para alojamiento. Tenía -preparados algunos regalos para hacerle; y en fin no pensaba sino en -que llegara el momento y después presentarse ante el emperador y el -gran duque con todo el afecto imaginable; pero ahora nosotros estamos -siempre temiendo que se le quite la vida, o se le aprisione más si sus -enemigos llegan a entender que se trata de salvarle. ¿No sería posible -tomar por precaución algunas medidas antes de la resolución definitiva? -El gran duque pudiera enviar tropas sin decir a qué; llegar a la -prisión del príncipe de la Paz y separar la guardia que le custodia, -sin darle tiempo de disparar una pistola ni hacer nada contra el -príncipe; pues es de temer que su guardia lo hiciese porque todos sus -deseos son de que muera, y tendrán gloria en matarle. Así la guardia -sería mandada absolutamente por las órdenes del gran duque: y si no, -puede estar seguro el gran duque de que el príncipe de la Paz morirá -si prosigue bajo el poder de los traidores indignos y a las órdenes de -mi hijo. Por lo mismo volvemos a hacer al gran duque la misma súplica -de que haga sacarle del poder de las manos sanguinarias, esto es de -los guardias de Corps, de mi hijo y de sus malos lados, porque si no, -debemos estar siempre temblando por su vida aunque el gran duque y -el emperador la quieran salvar mediante que no lo podrán conseguir. -De gracia volvemos a pedir al gran duque que tome todas las medidas -convenientes para el objeto, porque como se pierda tiempo ya no está -segura la vida, pues es cosa cierta que sería más fácil de conservar -si el príncipe estuviese entre las manos de leones y de tigres -carnívoros.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_xxxix">p. xxxix</span>Mi hijo estuvo -ayer después de comer con Infantado, con Escóiquiz, que es un clérigo -maligno, y con San Carlos que es peor que todos ellos; y esto nos -hace temblar porque duró la conferencia secreta desde la una y media -hasta las tres y media. El gentil-hombre que va con mi hijo Carlos es -primo de San Carlos; tiene talento y bastante instrucción, pero es -un americano maligno y muy enemigo nuestro como su primo San Carlos, -sin embargo de que todo lo que son lo han recibido del rey mi marido -a instancias del pobre príncipe de la Paz, de quien ellos decían ser -parientes. Todos los que van con mi hijo Carlos son incluidos en la -misma intriga y muy propios para hacer todo el mal posible, y que sea -reputado por verdad lo que es una grande mentira.</p> - -<p>Yo ruego al gran duque que perdone mis borrones y defectos que -cometo cuando escribo francés, mediante hacer ya 42 años que hablo -español desde que vine a casar en España a la edad de trece años y -medio, motivo por el cual aunque hablo francés no sé hablarlo bien. El -gran duque conocerá la razón que me asiste y disimulará los defectos -del idioma en que yo incurra. — Luisa.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Nota de la reina de España para el gran duque de -Berg por medio de la reina de Etruria su hija sin fecha en 1808.</i></p> - -<p>Ayer recibí un papel de un mahonés que quería tener una audiencia -secreta conmigo después que el rey mi marido estaba ya en cama, -diciéndome que me daría grandes luces sobre todo lo que sucede -actualmente.</p> - -<p>Él quería que yo le diese por mí misma seis u ocho millones, -diciendo que yo los podría pedir a la compañía de Filipinas, y que él -haría una contrarrevolución que librase al príncipe de la Paz y fuese -también contra los franceses.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_xl">p. xl</span>El rey y yo lo -hicimos prender sin permitirle comunicación, y permanecerá preso hasta -que se averigüe la verdad de todo lo que hay en este asunto; pues -creemos que sea un emisario de los ingleses para perdernos, supuesto -que el rey y el príncipe de la Paz siempre han sido únicamente amigos -de los franceses, del emperador y en particular del gran duque sin -haberlo sido jamás de los ingleses nuestros enemigos naturales.</p> - -<p>Creemos también por muy necesario que el gran duque haga asegurar -al pobre príncipe de la Paz que siempre ha sido y es amigo del gran -duque, de quien así (como del emperador) esperaba su asilo en la forma -que lo tenía escrito por medio de Izquierdo al mismo gran duque, y aun -al emperador mismo, bien que no sé si estas cartas habrán llegado a sus -manos.</p> - -<p>Convendría sacar de las manos de los guardias de Corps y de las -tropas de mi hijo al pobre príncipe de la Paz su amigo, pues es de -recelar que se le quite la vida o se le envenene y se diga que ha -muerto de sus heridas, y por cuanto no tendrá seguridad de vivir; -mientras estén a su lado algunos de estos malignos, será forzoso que el -gran duque después de asegurar la persona del príncipe de la Paz en su -poder, tome medidas bien fuertes para conservarle, pues las intrigas -cada día crecen contra ese pobre amigo del gran duque y aun contra el -rey mi marido, cuya vida tampoco está bastante segura.</p> - -<p>Mi hijo hizo llamar al hijo de Biergol, que es oficial de la -secretaría de relaciones exteriores. Estuvieron presentes a la sesión -Infantado y todos los ministros. Mi hijo le preguntó qué había de -nuevo en el sitio, y qué hacía el rey mi marido: Biergol respondió -lo que había de verdad diciendo: «no hay nada de nuevo: el rey sale -muy poco: la reina no ha salido: se ocupan en preparar una habitación -para el caso de que el gran duque y el emperador vayan allí.» Mi<span -class="pagenum" id="Page_xli">p. xli</span> hijo le dio orden de volver -aquí y de estar al servicio de su padre hasta que este emprenda su -viaje, porque es uno que interviene en nuestras cuentas como tesorero. -A todos los que nos siguen aplican el título de desertores. Yo recelo -que traman alguna grande intriga contra nosotros y que estamos en -grande riesgo, porque Infantado y los otros son tan malos y peores que -los demás. Me persuado que el rey, y yo y el pobre príncipe de la Paz -estamos muy expuestos, porque no manifiestan sino mala voluntad contra -nosotros, y nuestra vida no está segura si no lo remedian el gran duque -y el emperador. Es necesario que tomen algunas medidas para contener -las abominables intenciones de estos malignos, y para que mi hijo se -canse de dedicarse a pensar todo lo que sea contra su padre y contra -el príncipe de la Paz. Nosotros hemos tenido esta noticia después que -salió de aquí el edecán. El clérigo Escóiquiz es también de los más -malos. — Luisa.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Carta del rey Carlos IV al gran duque de Berg con -otra de la reina su esposa en Aranjuez a 1.º de abril de 1808.</i></p> - -<p>«Mi señor y muy querido hermano: V. A. verá por el escrito adjunto -que nosotros nos interesamos en la vida del príncipe de la Paz más que -en la nuestra.</p> - -<p>Todo lo que se dice en la gaceta extraordinaria sobre el proceso del -Escorial ha sido compuesto a gusto de los que lo publican, sin decir -nada de la declaración que mi hijo hizo espontáneamente, la cual habrán -mudado sin duda: ella está escrita por un gentil-hombre, y firmada -solamente por mi hijo. Si V. A. no hace esfuerzos para que el proceso -se suspenda hasta la venida del emperador, temo mucho que quiten antes -la vida al príncipe de la Paz. Nosotros contamos con el afecto de V. A. -para nosotros tres, fundados en<span class="pagenum" id="Page_xlii">p. -xlii</span> la alianza y amistad con el emperador. Espero que V. A. me -dará una respuesta consolatoria que me tranquilice, y comunicará al -emperador esta carta mía con expresión de que yo descanso en su amistad -y generosidad. Excusadme lo mal escrita que va esta carta, pues los -dolores que padezco son la causa. En este supuesto, mi señor y muy -querido hermano, de V. A. I. y R. soy su muy afecto. — Carlos.»</p> - - -<p class="subh3c"><i>Carta de la reina.</i></p> - -<p>«Señor mi hermano: yo junto mis sentimientos a los del rey mi -marido, rogando a V. A. la bondad de hacer lo que le pedimos ahora; y -esperamos que su amistad y humanidad tomará a su cargo la buena causa -de su íntimo y desgraciado amigo el pobre príncipe de la Paz, así como -nuestra propia causa que está unida a la suya, para que así cese y se -suspenda todo hasta que la generosidad y grandeza de alma sin igual -del emperador nos salve a todos tres y haga que acabemos nuestros días -tranquilamente y en reposo. No espero menos del emperador y de V. A. -que nos concederá esta gracia, pues es la única que deseamos. En este -supuesto, ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda. -Señor mi hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — -Luisa.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Nota de la reina de España para el gran duque de -Berg, remitida por medio de la reina de Etruria en 1.º de abril de -1808.</i></p> - -<p>«Habiendo visto la gaceta extraordinaria que habla solamente de -haberse encontrado la causa del Escorial entre los papeles del pobre -príncipe de la Paz, veo que está llena de mentiras. El rey era quien -guardaba la causa en la papelera de su mesa, y la confió al pobre -príncipe de la Paz para que la diera al gran<span class="pagenum" -id="Page_xliii">p. xliii</span> duque, con el fin de que la presentase -al emperador de parte del rey mi marido. Como esta causa se halla -escrita por el ministro de la guerra y de justicia, y firmada por mi -hijo, este y aquel mudarán lo que quieran como si fuese original y -verdadero; y lo mismo sucederá en lo que quieran mudar relativo a los -demás comprendidos en la causa, pues todos están ahora alrededor de mi -hijo, y harán lo que este mande y lo que quieran ellos mismos.</p> - -<p>Si el gran duque no tiene la bondad y humanidad de hacer que el -emperador mande prontamente hacer suspender el curso de la causa del -pobre príncipe de la Paz, amigo del mismo gran duque, y del emperador, -y de los franceses, y del rey, y mío, van sus enemigos a hacerle cortar -la cabeza en público, y después a mí, pues lo desean también. Yo temo -mucho que no den tiempo para que pueda llegar la respuesta y resolución -del emperador; pues precipitarán la ejecución para que cuando llegue -aquella no pueda surtir efecto favorable por estar ya decapitado el -príncipe. El rey mi marido y yo no podemos ver con indiferencia un -atentado tan horrible contra quien ha sido íntimamente amigo nuestro y -del gran duque. Esta amistad y la que ha tenido en favor del emperador -y de los franceses, es la causa de todo lo que sufre; sobre lo cual no -se debe dudar.</p> - -<p>Las declaraciones que mi hijo hizo en su causa no se manifiestan -ahora; y caso de que se publiquen algunas, no serán las que de veras -hizo entonces. Acusan al pobre príncipe de la Paz de haber atentado -contra la vida y trono de mi hijo; pero esto es falso y solo es verdad -todo lo contrario. No tratan sino de acriminar a este inocente príncipe -de la Paz, nuestro único amigo común, para inflamar más al público y -hacerle creer contra él todas las infamias posibles.</p> - -<p>Después harán lo mismo contra mí, pues tienen la voluntad preparada -para ello. Así convendrá que el<span class="pagenum" id="Page_xliv">p. -xliv</span> gran duque haga decir a mi hijo que se suspenda toda causa -y asunto de papeles hasta que el emperador venga, o dé disposiciones; y -tomar el gran duque bajo sus órdenes la persona del pobre príncipe de -la Paz su amigo, separando los guardias y poniendo tropas suyas para -impedir que lo maten, pues esto es lo que quieren, además de infamarle, -lo que también proyectan contra el rey mi marido y contra mí, diciendo -que es necesario formarnos causa y hacer que después demos cuenta de -todas nuestras operaciones.</p> - -<p>Mi hijo tiene muy mal corazón: su carácter es cruel: jamás ha -tenido amor a su padre ni a mí: sus consejeros son sanguinarios: no se -complacen sino en hacer desdichados, sin exceptuar al padre ni a la -madre. Quieren hacernos todo el mal posible, pero el rey y yo tenemos -mayor interés en salvar la vida y el honor de nuestro inocente amigo -que nuestra misma vida.</p> - -<p>Mi hijo es enemigo de los franceses, aunque diga lo contrario. No -extrañaré que cometa un atentado contra ellos. El pueblo está ganado -con dinero y lo inflamará contra el príncipe de la Paz, contra el rey, -mi marido, y contra mí, porque somos aliados de los franceses, y dicen -que nosotros les hemos hecho venir.</p> - -<p>A la cabeza de todos los enemigos de los franceses está mi hijo, -aunque aparente ahora lo contrario, y quiera ganar al emperador, al -gran duque y a los franceses para dar mejor y seguro su golpe.</p> - -<p>Ayer tarde dijimos nosotros al general comandante de las tropas del -gran duque, que nosotros siempre permanecemos aliados de los franceses, -y que nuestras tropas estarán siempre unidas con las suyas. Esto se -entiende de las nuestras que tenemos aquí, pues de las otras no podemos -disponer; y aun en cuanto a estas ignoramos las órdenes que mi hijo -habrá dado; pero nosotros nos pondríamos a su cabeza para hacerlas -obedecer lo que queremos, que es que sean amigas de los franceses. — -Luisa.»</p> - - -<p class="subh3"><span class="pagenum" id="Page_xlv">p. -xlv</span><i>Nota de la reina de España para el gran duque de Berg, por -medio de la reina de Etruria su hija, en abril de 1808.</i></p> - -<p>«Nosotros remitimos al gran duque la respuesta de mi hijo a la carta -que el rey mi marido le escribió antes de ayer, cuya copia fue remitida -ayer al gran duque. No estamos contentos con el modo de explicarse -mi hijo, ni aun con la sustancia de lo que se responde; pero el gran -duque por su amistad con nosotros tendrá la bondad de componerlo todo -y de hacer que el emperador nos salve a todos tres; es decir al rey mi -marido, al pobre príncipe de la Paz su amigo, y a mí. El gran duque -debe estar persuadido, y persuadir al emperador, que habiendo puesto -nuestra suerte en sus manos, solo pendemos de la generosidad, grandeza -de alma y amistad que tenga para nosotros tres, que siempre hemos sido -sus buenos y fieles aliados, amigos y afectos, y que si no, nuestra -suerte será muy infeliz.</p> - -<p>Se nos ha dicho que nuestro hijo Carlos va a partir mañana o antes -para recibir al emperador, y que si no lo encuentra, avanzará hasta -París. A nosotros se nos oculta esta resolución porque no quieren que -la sepamos el rey ni yo, lo cual nos hace recelar un mal designio; pues -mi hijo Fernando no se separa un momento de sus hermanos, y los hace -malos con promesas y con los atractivos que agradan a los jóvenes que -no conocen al mundo por experiencias &c.</p> - -<p>Por esto conviene que el gran duque procure que el emperador no se -deje engañar por medio de mentiras que lleven las apariencias de la -verdad, respecto de que mi hijo no es afecto a los franceses, sino que -ahora manifiesta serlo porque cree tener necesidad de aparentarlo. -Yo recelo de todo si el gran duque, en quien habemos puesto nuestras -esperanzas, no hace todos<span class="pagenum" id="Page_xlvi">p. -xlvi</span> sus esfuerzos para que el emperador tome nuestra causa como -suya propia. Tampoco dudamos que la amistad del gran duque sostendrá -y salvará a su amigo, y nos lo dejará a nuestro lado para que todos -tres juntos acabemos nuestros días tranquilamente retirados. Asimismo -creemos que el gran duque tomará todos los medios para que el pobre -príncipe de la Paz, amigo suyo y nuestro, sea trasladado a un pueblo -cercano a Francia, de manera que su vida no peligre y sea fácil de -transportarlo a Francia, y librarlo de las manos de sus sanguinarios -enemigos.</p> - -<p>Deseamos igualmente que el gran duque envíe a el emperador alguna -persona que le informe de todo a fondo para evitar que S. M. I. pueda -ser preocupado por las mentiras que se fraguan aquí de día y de noche -contra nosotros y contra el pobre príncipe de la Paz, cuya suerte -preferimos a la misma nuestra, porque estamos temblando de las dos -pistolas que hay cargadas para quitarle la vida en caso necesario, y -sin duda son efecto de alguna orden de mi hijo que hace conocer así -cuál sea su corazón; y deseo que no se verifique jamás un atentado -semejante con ninguno, aun cuando fuese el mayor malvado, y vos debéis -creer que el príncipe no lo es.</p> - -<p>En fin el gran duque y el emperador son los únicos que pueden salvar -al príncipe de la Paz, así como a nosotros, pues si no resulta salvo, y -si no se nos concede su compañía moriremos el rey mi marido y yo. Ambos -creemos que si mi hijo perdona la vida al príncipe de la Paz, será -cerrándolo en una prisión cruel donde tenga una muerte civil; por lo -cual rogamos al gran duque y al emperador que lo salve enteramente, de -manera que acabe sus días en nuestra compañía donde se disponga.</p> - -<p>Conviene saber que se conoce que mi hijo teme mucho al pueblo; y -los guardias de Corps son siempre sus consejeros y sus tiranos. — -Luisa.»</p> - - -<p class="subh3"><span class="pagenum" id="Page_xlvii">p. -xlvii</span><i>Carta del rey Carlos IV al gran duque de Berg con otra -de la reina su esposa en Aranjuez a 3 de abril de 1808.</i></p> - -<p>«Mi señor y mi querido hermano: teniendo que pasar a Madrid Don -Joaquín de Manuel de Villena, gentil-hombre de cámara y muy fiel -servidor mío, para negocios particulares suyos, le he encargado -presentarse a V. A., y asegurarle todo mi reconocimiento al interés -que V. A. toma en mi suerte y en la del príncipe de la Paz, que está -inocente. Podéis fiaros de hablar con Don Joaquín de Villena, porque yo -aseguro su fidelidad. No hablaré ya de mis dolores, y mi esposa os dará -en posdata razón detallada de los asuntos. Pudiera suceder que Villena -no se atreva a entrar en casa de V. A. por no hacerse sospechoso. En -tal caso mi hija dispondrá que recibáis esta carta. Perdonadme tantas -importunidades, y ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna -guarda. Mi señor y muy querido hermano. De V. A. I. y R. afecto hermano -y amigo. — Carlos.»</p> - - -<p class="subh3c"><i>Carta de la reina.</i></p> - -<p>«Mi señor y hermano: la partida tan pronta de mi hijo Carlos, que -será mañana, nos hace temblar. Las personas que le acompañan son -malignas. El secreto inviolable que se les hace observar para con -nosotros, nos causa grande inquietud, temiendo que sea conductor de -papeles falsos contrahechos e inventados.</p> - -<p>El príncipe de la Paz no hacía ni escribía nada sin que lo -supiéramos y viésemos el rey mi marido y yo; y podemos asegurar que -no ha cometido crimen alguno contra mi hijo ni contra nadie, pero -mucho menos contra el gran duque, contra el emperador, ni contra -los franceses. Él escribió de propio puño al<span class="pagenum" -id="Page_xlviii">p. xlviii</span> gran duque y al emperador pidiendo a -este un asilo y hablando de matrimonio; pero yo creo que el pícaro de -Izquierdo no la entregó y la ha devuelto. El príncipe de la Paz estaba -ya desengañado de la mala fe de Izquierdo, y por lo menos dudaba de su -sinceridad. Los enemigos del pobre príncipe de la Paz, amigo de V. A., -pintarán con los colores más vivos y apariencias de verdad cualesquiera -mentiras. Son muy diestros para esto, y cuantos ocupan ahora los -empleos son enemigos comunes suyos. ¿No podría V. A. enviar alguno que -llegase antes que mi hijo Carlos a ver al emperador y prevenirle de -todo, contándole la verdad y las imposturas de nuestros enemigos?</p> - -<p>Mi hijo tiene veinte años, sin experiencia ni conocimientos -del mundo. Los que le acompañan y todos los demás le habrán dado -instrucciones a su gusto. ¡Ojalá que V. A. tome todas las medidas -necesarias para anticipar noticias al emperador! Mi hijo hace todo lo -posible para que no veamos al emperador; pero nosotros queremos verle, -así como a V. A. en quien hemos depositado nuestra confianza, y la -seguridad de todos tres que esperamos conceda el emperador.</p> - -<p>En este supuesto ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna -guarda. Mi señor y hermano. De V. A. I. y R. muy afecta hermana y -amiga. — Luisa.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Carta de la reina de España al gran duque de Berg -en Aranjuez a 8 de abril de 1808.</i></p> - -<p>«Mi señor y hermano: el rey no puede escribir por estar muy -incomodado con la hinchazón de su mano. Cuando ha leído la carta de -V. A. en que le deja elección de partir mañana u otro día, ha tenido -presente que todo estaba preparado, que una parte de sus criados parte -hoy, y que la dilación podía dar que pensar a tantos intérpretes -como hay, malignos e impostores; por lo que se ha decidido a salir -mañana<span class="pagenum" id="Page_xlix">p. xlix</span> a la una -como tenía ya dicho, esperando que así le sería más fácil también -ir a ver al emperador. Tendremos mucho gusto de saber el arribo del -emperador a Bayona. Nosotros lo esperamos con impaciencia, y que V. -A. nos dirá cuándo debemos ir. El rey mi marido y yo deseamos con -vehemencia ver a V. A. Apetecemos con ansia este momento, y nos ha -servido de gran placer el recado de V. A. de que vendría a vernos -después de dos días. Repetimos nuestras súplicas, confiando enteramente -en vuestra amistad, y pido a Dios tenga a V. A. en su santa y digna -guarda.</p> - -<p>Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — -Luisa.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Carta del rey Fernando a su padre en Madrid a 8 de -abril de 1808.</i></p> - -<p>«Padre mío: el general Savary acaba de separarse de mi compañía. -Estoy muy satisfecho de él, como también de la buena inteligencia -que hay entre el emperador y mi persona, por la buena fe que me ha -manifestado.</p> - -<p>Por este motivo me parece justo que V. M. me dé una carta para el -emperador, felicitándole de su arribo, y asegurándole que tengo para -con él los mismos sentimientos que V. M. le ha demostrado.</p> - -<p>Si V. M. considera conveniente, me enviará en respuesta dicha carta, -porque yo saldré después de mañana, y he dado orden de que vengan -después los tiros que debían servir a VV. MM.</p> - -<p>Vuestro más sumiso hijo. — Fernando.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Segunda carta de la reina de España al gran duque -de Berg en 8 de abril de 1808.</i></p> - -<p>«Mi señor y hermano: No quisiéramos ocupar a V. A., pero no teniendo -otro apoyo es necesario que<span class="pagenum" id="Page_l">p. -l</span> V. A. sepa todo lo relativo a nuestras personas. Remitimos a -V. A. la carta que el rey ha recibido de su hijo Fernando en respuesta -de la que su padre le escribió, diciéndole que partíamos el lunes.</p> - -<p>Las pretensiones de mi hijo me parecen fuera de propósito; y -siguiendo las mismas ideas le ha escrito el rey hace un instante, que -nosotros llevamos menos familia y personas de servidumbre que plazas -había, quedándose aquí algunas: que pasaríamos la semana santa en el -Escorial, sin poder decir cuántos días duraría aquella residencia; y -que en cuanto a guardias de Corps no importaba nada que no fuesen. -Quisiéramos no verlos, y sí fuera de su poder a nuestro pobre príncipe -de la Paz. Ayer tarde se me advirtió que viviésemos con cuidado, porque -se intentaba hacer alguna cosa secreta, y que aunque fuese tranquila la -noche de ayer no lo sería la siguiente. Yo dudo de todo, y no vemos a -los guardias de Corps; pero es necesario vivir con cautela, por lo que -lo hemos advertido al general Wattier. Los guardias son los autores de -todo, y hacen a mi hijo hacer lo que quieren; lo mismo que los malignos -ministros, que son muy crueles, sobre todo el clérigo Escóiquiz.</p> - -<p>Por gracia V. A. líbrenos a todos tres, e igualmente a mi pobre hija -Luisa, que padece por la propia razón que nuestro pobre amigo común el -príncipe de la Paz y nosotros; y todo porque somos amigos de V. A., -de los franceses y del emperador. Mi hijo Fernando habló aquí de las -tropas francesas que había en Madrid con bastante desprecio, lo cual -es prueba de que no las mira con afecto. Nos han asegurado que los -carabineros son como los demás; y que los otros residentes en el sitio, -como el capitán de guardias de Corps, no hacen sino averiguar todo lo -que pueden para hacerlo saber a mi hijo.</p> - -<p>Si el emperador dijera dónde quiere que le veamos, tendríamos en -ello mucho gusto; y rogamos a<span class="pagenum" id="Page_li">p. -li</span> V. A. procure que el emperador nos saque de España cuanto -antes al rey mi marido y a nuestro amigo el príncipe de la Paz, a mí -y a mi pobre hija, y sobre todo a los tres, lo más pronto posible, -porque de otro modo no estamos seguros. No dude V. A. que nos hallamos -en el mayor peligro, y con especialidad nuestro amigo, cuya seguridad -deseamos antes que la nuestra; la que confiamos lograr de V. A. y del -emperador, en cuyo supuesto pido a Dios tenga a V. A. en su santa y -digna guarda.</p> - -<p>Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. afecta hermana y amiga. — -Luisa.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Carta de la reina de España al gran duque de Berg -en Aranjuez a 9 de abril de 1808.</i></p> - -<p>«Mi señor y hermano: el reconocimiento a los favores de V. A. será -eterno, y le damos un millón de gracias por la seguridad que nos -anuncia de que su amigo y nuestro, el pobre príncipe de la Paz, estará -libre dentro de tres días. El rey y yo ocultaremos con un secreto -inviolable tan necesario la alegría que V. A. nos ha producido con -una noticia tan deseada. Ella nos reanima, y nunca hemos dudado de la -amistad de V. A., quien tampoco deberá dudar de la nuestra jamás, pues -se la hemos profesado siempre, como también el pobre amigo de V. A., -cuyo crimen es el ser afecto al emperador y a los franceses. No así mi -hijo, pues no lo es aunque lo aparente. Su ambición sin límites le ha -hecho seguir los consejos de todos los infames consejeros que ha puesto -ahora en los empleos más principales y elevados.</p> - -<p>Tenga V. A. la bondad de decirnos cuándo debemos ir a ver al -emperador, y en dónde, pues lo deseamos mucho igualmente que V. A. no -se olvide de mi pobre hija Luisa.</p> - -<p>Damos gracias a V. A. de habernos enviado al general<span -class="pagenum" id="Page_lii">p. lii</span> Wattier, pues se ha -conducido perfectamente aquí. Mi marido quería escribir a V. A., pero -es absolutamente imposible, pues padece muchos dolores en la mano -derecha, los cuales le han quitado el sueño esta noche pasada.</p> - -<p>Nosotros saldremos a la una para el Escorial, adonde llegaremos a -las ocho de la tarde. Rogamos a V. A. que disponga que sus tropas y V. -A. libren a su amigo de los peligros de todos los pueblos y tropas que -están contra él y contra nosotros, no sea que lo maten si no lo salva -V. A., pues como no esté asegurado por la guardia de V. A. hay mucho -peligro de que le quiten la vida.</p> - -<p>Deseamos mucho ver a V. A., pues somos totalmente suyos; en cuyo -supuesto pido a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda.</p> - -<p>Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — -Luisa.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Segunda carta de la reina de España al gran duque -de Berg en el Escorial a 9 de abril de 1808.</i></p> - -<p>«Mi señor y hermano: son las diez, y hemos recibido una carta de -mi hijo Fernando que el rey mi marido envía a V. A. para que la vea, -y me diga lo que debemos hacer. El rey y yo no quisiéramos hacer lo -que nos pide mi hijo, cuya pretensión nos ha sorprendido infinito, y -creemos que no nos conviene de ningún modo condescender: el rey ha -encargado decir que estaba ya en cama, por lo que no podía responder a -la carta. Esto ha sido pretexto por si V. A. quiere decirnos lo que se -le haya de responder, en inteligencia de que mientras tanto suspendemos -hacerlo; bien que será forzoso no dilatarlo más que hasta mañana por la -tarde.</p> - -<p>Nos hallamos con la satisfacción de no tener guardias de Corps, -ni las de infantería en el Escorial, sino<span class="pagenum" -id="Page_liii">p. liii</span> solo los carabineros. Con vuestras tropas -estamos seguros y no con las otras.</p> - -<p>El rey y yo no escribimos la carta que mi hijo pide, sino en el caso -de que se nos haga escribir por fuerza, como sucedió con la abdicación, -contra la cual hizo por eso la protesta que envió a V. A. Lo que dice -mi hijo es falso, y solo es verdadero que mi marido y yo tememos que se -procure hacer creer al emperador un millón de mentiras, pintándolas con -los más vivos colores en agravio nuestro y del pobre príncipe de la Paz -amigo de V. A., admirador y afectísimo del emperador, bien que nosotros -estamos totalmente puestos en manos de S. M. I. y V. A., lo cual nos -tranquiliza de modo, que con tales amigos y protectores no tememos -a nadie. Ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda. -Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — -Luisa.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Tercera carta de la reina de España al gran duque -de Berg en el Escorial a 9 de abril de 1808.</i></p> - -<p>«Mi señor y hermano: Estamos muy agradecidos al obsequio de V. A. -en habernos enviado sus tropas que nos han acompañado con la mayor -atención y cuidado. También le damos gracias por las que nos ha -destinado para este sitio. Hemos dicho al general Budet que cuide de -hacer patrullas con sus tropas día y noche, pues hemos encontrado -aquí una compañía de guardias españolas y valonas, lo que nos ha -sorprendido.</p> - -<p>V. A. nos ha dado pruebas completas de su amistad. Nosotros no -habíamos dudado jamás, y tanto el rey como yo creemos firmemente que V. -A. nos librará de todo riesgo, igualmente que a su amigo el príncipe -de la Paz, y estamos satisfechos de que el emperador nos protegerá, y -hará felices a todos tres como<span class="pagenum" id="Page_liv">p. -liv</span> aliados, afectos y amigos suyos. Esperamos con grande -impaciencia la satisfacción de ver a V. A. y al emperador. Aquí estamos -en mayor proporción de salir al encuentro de S. M. I.</p> - -<p>Nuestro viaje ha sido muy feliz, y no podía dejar de serlo con tan -buena compañía. Los pueblos por donde hemos pasado nos han aclamado más -que antes.</p> - -<p>Esperamos con ansia la respuesta de V. A. a la carta que le -escribimos esta mañana, y no queremos incomodarle más, ni quitarle el -tiempo precioso que necesita para tantas ocupaciones. Ruego a Dios que -tenga a V. A. en su santa y digna guarda. Mi señor y hermano: de V. A. -I. y R. muy afecta hermana y amiga. — Luisa.»</p> - - -<p class="subh3"><i>Carta de la reina de España al gran duque de Berg -en 10 de abril de 1808.</i></p> - -<p>«Señor mi hermano: la carta que V. A. nos ha escrito, y hemos -recibido hoy muy temprano, me ha tranquilizado. Nosotros estamos -puestos en las manos del emperador y de V. A. No debemos temer nada -el rey mi marido, nuestro amigo común y yo. Lo esperamos todo del -emperador que decidirá pronto nuestra suerte.</p> - -<p>Tenemos el mayor placer y consuelo en esperar mañana el momento de -ver y poder hablar a V. A. Será para nosotros un instante bien feliz, -así como el de ver al emperador. Mientras tanto que esto se verifica, -rogamos de nuevo a V. A. que proceda de modo que saque al príncipe de -la Paz su amigo del poder de las horribles manos que lo tienen, y lo -ponga en seguridad de que no se le mate, ni se le haga mal alguno; pues -los malignos y falsos ministros actuales harán todo lo posible para -anticiparse cuando llegue el emperador.</p> - -<p>Mi hijo habrá partido ya, y procurará en su viaje<span -class="pagenum" id="Page_lv">p. lv</span> persuadir al emperador todo -lo contrario de lo que ha pasado en verdad. Él y los que lo rodean -habrán preparado tales datos y mentiras, aparentándolas como verdades -que el emperador, cuando menos, entraría en dudas, si no hubiera sido -informado ya de la verdad por V. A.</p> - -<p>Mi hijo ha dejado todas sus facultades al infante Don Antonio su -tío, el cual tiene muy poco talento y luces; pero es cruel, e inclinado -a todo cuanto pueda ser pesadumbre del rey mi marido y mía, y del -príncipe de la Paz y de mi hija Luisa. Aunque debe proceder de acuerdo -de un consejo que se le ha nombrado, este se compone de toda la facción -tan detestable que ha ocasionado toda la revolución actual, y que no -está en favor de los franceses más que mi hijo Fernando, a pesar de -todo lo que se ha dicho en la Gaceta de ayer, pues solo el miedo al -emperador hace hablar así.</p> - -<p>Me atrevo también a decir a V. A. que el embajador está totalmente -por el partido de mi hijo de acuerdo con el maligno hipócrita clérigo -Escóiquiz, y harán lo que no es imaginable para ganar a V. A., y sobre -todo al emperador. Prevenid todo esto a S. M. antes que lo vea mi hijo; -pues como este sale hoy, y el rey mi marido tiene la mano tan hinchada, -no ha escrito la carta que mi hijo le pedía, por lo cual este no -llevará ninguna; y el rey no puede escribir de su mano a V. A., lo que -le es muy sensible, pues nosotros no tenemos otro amigo, ni confianza -sino en V. A. y en el emperador, de quien esperamos todo.</p> - -<p>Vivid bien persuadido del grande afecto que tenemos a V. A., así -como confianza y seguridad: en cuyo supuesto ruego a Dios que tenga a -V. A. en su santa y digna guarda. Señor mi hermano: de V. A. I. y R. -muy afecta hermana y amiga. — Luisa.»</p> - - -<p class="mt2"><span class="sc">Nota</span>.  <i>Toda esta -correspondencia se halla inserta<span class="pagenum" id="Page_lvi">p. -lvi</span> en el Monitor del 5 de febrero de 1810, excepto el informe -del general Monthion que se insertó en el de 3 de mayo de 1808. En el -Monitor algunas de las cartas de la reina de Etruria y de Carlos IV -están en italiano. Hemos tomado la traducción de todas ellas de las -memorias de Nellerto, tom. 2.º, después de haberla confrontado con -las cartas originales insertas en los Monitores citados. Nos hemos -cerciorado de la exactitud, objeto principal en la inserción de estos -documentos, sin habernos detenido en reparos acerca del estilo; pero -no creemos inoportuno advertir que debe leerse con desconfianza la -calificación que se hace en algunas de estas cartas del carácter -y conducta de los personajes nombrados en ellas, por ser hija del -resentimiento de una señora sobrecogida a la sazón de todo género de -recelos, y cuya vehemente imaginación alterada por el cúmulo de sucesos -extraordinarios y adversos ocurridos en aquellos memorables días, le -presentaba las cosas y las personas con los más negros colores.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-11" id="Ap_2-11">2-11</a>.</h3> - -<p><i>Protesta publicada en el Diario de Madrid de 12 de mayo de -1808.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-12" id="Ap_2-12">2-12</a>.</h3> - -<p>Don Bartolomé Muñoz de Torres del consejo de S. M., su secretario -escribano de cámara más antiguo y de gobierno del consejo.</p> - -<p>Certifico que por el Excmo. Señor Don Pedro Cevallos primer -secretario de estado y del despacho, se ha comunicado al Ilustrísimo -Señor decano gobernador interino del consejo la real orden -siguiente:</p> - -<p>«Ilustrísimo Señor: Uno de los primeros cuidados del rey N. S. -después de su advenimiento al trono ha sido el participar al emperador -de los franceses y rey<span class="pagenum" id="Page_lvii">p. -lvii</span> de Italia tan feliz acontecimiento, asegurando al mismo -tiempo a S. M. I. y R. que animado de los mismos sentimientos que su -augusto padre, lejos de variar en lo más mínimo el sistema político -con respecto a la Francia, procurará por todos los medios posibles -estrechar más y más los vínculos de amistad y estrecha alianza que -felizmente subsisten entre la España y el imperio francés. S. M. -me manda participarlo a V. I. para que publicándolo en el consejo -proceda el tribunal a consecuencia en todas las medidas que tome -para restablecer la tranquilidad pública en Madrid, y para recibir -y suministrar a las tropas francesas que están dispuestas a entrar -en esa villa todos los auxilios que necesiten; procurando persuadir -al pueblo que vienen como amigos, y con objetos útiles al rey y a la -nación. S. M. se promete de la sabiduría del consejo que enterado de -los vivos deseos que le animan de consolidar cada día más los estrechos -vínculos que unen a S. M. con el emperador de los franceses, procurará -el consejo por todos los medios que estén a su alcance inspirar estos -mismos sentimientos en todos los vecinos de Madrid. Dios guarde a V. I. -muchos años. Aranjuez 20 de marzo de 1808. — Pedro Cevallos. — Señor -gobernador interino del consejo.»</p> - -<p>Publicada en el consejo pleno de este día la antecedente real orden, -se ha mandado guardar y cumplir; y para que llegue a noticia de todos -se imprima y fije en los sitios públicos y acostumbrados de esta corte. -Y para el efecto lo firmo en Madrid a 21 de marzo de 1808. — Don -Bartolomé Muñoz. — (<i>Véase el Diario de Madrid del 22 de marzo de -1808.</i>)</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-13" id="Ap_2-13">2-13</a>.</h3> - -<p class="centra">BANDO.</p> - -<p class="mt05">Con fecha 23 del presente mes se ha comunicado al -Ilustrísimo Señor decano del consejo una real<span class="pagenum" -id="Page_lviii">p. lviii</span> orden que entre otras cosas contiene lo -siguiente:</p> - -<p>«Teniendo noticia el rey N. S. que dentro de dos y medio a tres días -llegará a esta corte S. M. el emperador de los franceses, me manda -S. M. decir a V. I. que quiere sea recibido y tratado con todas las -demostraciones de festejo y alegría que corresponden a su alta dignidad -e íntima amistad y alianza con el rey N. S., de la que espera la -felicidad de la nación; mandando asimismo S. M. que la villa de Madrid -proporcione objetos agradables a S. M. I., y que contribuyan al mismo -fin todas las clases del estado.</p> - -<p>Y habiéndose publicado en el consejo, ha resuelto se entere de ello -al público por medio de este edicto. Madrid 24 de marzo de 1808. — Don -Bartolomé Muñoz &c.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-14" id="Ap_2-14">2-14</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Mémorial de Sainte Hélène, vol. IV, pág. 246, ed. -de 1823.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-15" id="Ap_2-15">2-15</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Carta de S. M. el emperador de los franceses rey de -Italia, y protector de la confederación del Rin.</i></p> - -<p>«Hermano mío: he recibido la carta de V. A. R.: ya se habrá -convencido V. A. por los papeles que ha visto del rey su padre del -interés que siempre le he manifestado: V. A. me permitirá que en las -circunstancias actuales le hable con franqueza y lealtad. Yo esperaba, -en llegando a Madrid, inclinar a mi augusto amigo a que hiciese en sus -dominios algunas reformas necesarias, y que diese alguna satisfacción -a la opinión pública. La separación del príncipe de la Paz me parecía -una cosa precisa para su felicidad y la de sus vasallos. Los sucesos -del norte han retardado mi viaje: las ocurrencias de Aranjuez han -sobrevenido. No me constituyo juez de lo que ha<span class="pagenum" -id="Page_lix">p. lix</span> sucedido, ni de la conducta del príncipe de -la Paz; pero lo que sé muy bien es que es muy peligroso para los reyes -acostumbrar sus pueblos a derramar la sangre haciéndose justicia por -sí mismos. Ruego a Dios que V. A. no lo experimente un día. No sería -conforme al interés de la España que se persiguiese a un príncipe que -se ha casado con una princesa de la familia real, y que tanto tiempo ha -gobernado el reino. Ya no tiene más amigos: V. A. no los tendrá tampoco -si algún día llega a ser desgraciado. Los pueblos se vengan gustosos -de los respetos que nos tributan. Además, ¿cómo se podría formar causa -al príncipe de la Paz sin hacerla también al rey y a la reina vuestros -padres? Esta causa fomentaría el odio y las pasiones sediciosas; el -resultado sería funesto para vuestra corona. V. A. R. no tiene a ella -otros derechos sino los que su madre le ha transmitido: si la causa -mancha su honor, V. A. destruye sus derechos. No preste V. A. oídos -a consejos débiles y pérfidos. No tiene V. A. derecho para juzgar al -príncipe de la Paz; sus delitos, si se le imputan, desaparecen en -los derechos del trono. Muchas veces he manifestado mi deseo de que -se separase de los negocios al príncipe de la Paz: si no he hecho más -instancias ha sido por un efecto de mi amistad por el rey Carlos, -apartando la vista de las flaquezas de su afección. ¡Oh miserable -humanidad! Debilidad y error, tal es nuestra divisa. Mas todo esto se -puede conciliar; que el príncipe de la Paz sea desterrado de España, y -yo le ofrezco un asilo en Francia.</p> - -<p>En cuanto a la abdicación de Carlos IV, ella ha tenido efecto en el -momento en que mis ejércitos ocupaban la España, y a los ojos de la -Europa y de la posteridad podría parecer que yo he enviado todas esas -tropas con el solo objeto de derribar del trono a mi aliado y mi amigo. -Como soberano vecino debo enterarme de lo ocurrido antes de reconocer -esta abdicación.<span class="pagenum" id="Page_lx">p. lx</span> Lo -digo a V. A. R., a los españoles, al universo entero; si la abdicación -del rey Carlos es espontánea, y no ha sido forzado a ella por la -insurrección y motín sucedido en Aranjuez, yo no tengo dificultad en -admitirla, y en reconocer a V. A. R. como rey de España. Deseo pues -conferenciar con V. A. R. sobre este particular.</p> - -<p>La circunspección que de un mes a esta parte he guardado en este -asunto debe convencer a V. A. del apoyo que hallará en mí, si jamás -sucediese que facciones de cualquiera especie viniesen a inquietarle -en su trono. Cuando el rey Carlos me participó los sucesos del mes de -octubre próximo pasado, me causaron el mayor sentimiento, y me lisonjeo -de haber contribuido por mis instancias al buen éxito del asunto del -Escorial. V. A. no está exento de faltas: basta para prueba la carta -que me escribió, y que siempre he querido olvidar. Siendo rey sabrá -cuán sagrados son los derechos del trono: cualquier paso de un príncipe -hereditario cerca de un soberano extranjero es criminal. El matrimonio -de una princesa francesa con V. A. R. le juzgo conforme a los intereses -de mis pueblos, y sobre todo como una circunstancia que me uniría con -nuevos vínculos a una casa, a quien no tengo sino motivos de alabar -desde que subí al trono. V. A. R. debe recelarse de las consecuencias -de las emociones populares: se podrá cometer algún asesinato sobre mis -soldados esparcidos; pero no conducirán sino a la ruina de la España. -He visto con sentimiento que se han hecho circular en Madrid unas -cartas del capitán general de Cataluña, y que se ha procurado exasperar -los ánimos. V. A. R. conoce todo lo interior de mi corazón: observará -que me hallo combatido por varias ideas que necesitan fijarse; pero -puede estar seguro de que en todo caso me conduciré con su persona del -mismo modo que lo he hecho con el rey su padre. Esté V. A. persuadido -de mi deseo de<span class="pagenum" id="Page_lxi">p. lxi</span> -conciliarlo todo, y de encontrar ocasiones de darle pruebas de mi -afecto y perfecta estimación. Con lo que ruego a Dios os tenga, hermano -mío, en su santa y digna guarda. En Bayona a 16 de abril de 1808. — -Napoleón. — (<i>Véase el manifiesto de Don Pedro Cevallos.</i>)</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-16" id="Ap_2-16">2-16</a>.</h3> - -<p>El rey N. S. haciendo el más alto aprecio de los deseos que el -emperador de los franceses ha manifestado de disponer de la suerte del -preso Don Manuel de Godoy, escribió desde luego a S. M. I. mostrando -su pronta y gustosa voluntad de complacerle, asegurado S. M. de que -el preso pasaría inmediatamente la frontera de España, y que jamás -volvería a entrar en ninguno de sus dominios.</p> - -<p>El emperador de los franceses ha admitido este ofrecimiento de S. -M., y mandado al gran duque de Berg que reciba el preso, y lo haga -conducir a Francia con escolta segura.</p> - -<p>La junta de gobierno instruida de estos antecedentes, y de la -reiterada expresión de la voluntad de S. M., mandó ayer al general, a -cuyo cargo estaba la custodia del citado preso, que lo entregase al -oficial que destinase para su conducción el gran duque; disposición que -ya queda cumplida en todas sus partes. Madrid 21 de abril de 1808.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-17" id="Ap_2-17">2-17</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Oficio del general Belliard a la junta de gobierno. -(Véase la memoria de Ofárril y Azanza.)</i></p> - -<p>«Habiendo S. M. el emperador y rey manifestado a S. A. el gran -duque de Berg que el príncipe de Asturias acababa de escribirle -diciendo «que le hacía dueño de la suerte del príncipe de la Paz», S. -A.<span class="pagenum" id="Page_lxii">p. lxii</span> me encarga en -consecuencia que entere a la junta de las intenciones del emperador, -que le reitera la orden de pedir la persona de este príncipe y de -enviarle a Francia.</p> - -<p>Puede ser que esta determinación de S. A. R. el príncipe de Asturias -no haya llegado todavía a la junta. En este caso se deja conocer que -S. A. R. habrá esperado la respuesta del emperador; pero la junta -comprenderá que el responder al príncipe de Asturias sería decidir una -cuestión muy diferente; y ya es sabido que S. M. I. no puede reconocer -sino a Carlos IV.</p> - -<p>Ruego pues a la junta se sirva tomar esta nota en consideración, y -tener la bondad de instruirme sobre este asunto, para dar cuenta a S. -A. I. el gran duque de la determinación que tomase.</p> - -<p>El gobierno y la nación española solo hallarán en esta resolución -de S. M. I. nuevas pruebas del interés que toma por la España; porque -alejando al príncipe de la Paz, quiere quitar a la malevolencia los -medios de creer posible que Carlos IV volviese el poder y su confianza -al que debe haberla perdido para siempre; y por otra parte la junta de -gobierno hace ciertamente justicia a la nobleza de los sentimientos de -S. M. el emperador, que no quiere abandonar a su fiel aliado.</p> - -<p>Tengo el honor de ofrecer a la junta las seguridades de mi alta -consideración. — El general y jefe del estado mayor general, Augusto -Belliard. — Madrid 20 de abril de 1808.»</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-18" id="Ap_2-18">2-18</a>.</h3> - -<p class="subh3c"><i>Carta remitiendo la protesta al emperador y -rey.</i></p> - -<p>«Hermano y señor: V. M. sabrá ya con sentimiento el suceso de -Aranjuez y sus resultas, y no dejará de ver sin algún tanto de interés -a un rey que forzado a abdicar la corona, se echa en los brazos de un -gran<span class="pagenum" id="Page_lxiii">p. lxiii</span> monarca su -aliado, poniéndose en todo y por todo a su disposición, pues que él -es el único que puede hacer su dicha, la de toda su familia, y la de -sus fieles y amados vasallos... Heme visto obligado a abdicar; pero -seguro en el día y lleno de confianza en la magnanimidad y genio del -grande hombre que siempre se ha manifestado mi amigo, he tomado la -resolución de dejar a su arbitrio lo que se sirviese hacer de nosotros, -mi suerte, la de la reina... Dirijo a V. M. I. una protesta contra el -acontecimiento de Aranjuez, y contra mi abdicación. Me pongo y confio -enteramente en el corazón y amistad de V. M. I. Con esto ruego a Dios -que os mantenga en su santa y digna guarda. — Hermano y Señor: de V. -M. I. su afectísimo hermano y amigo. — Carlos.»</p> - - -<h3><span class="sc">Idem.</span></h3> - -<p class="subh3c"><i>Reiteración de la protesta, dirigida al Señor -infante Don Antonio.</i></p> - -<p>«Muy amado hermano: el 19 del mes pasado he confiado a mi hijo -un decreto de abdicación... En el mismo día extendí una protesta -solemne contra el decreto dado en medio del tumulto, y forzado por las -críticas circunstancias... Hoy, que la quietud está restablecida, que -mi protesta ha llegado a las manos de mi augusto amigo y fiel aliado -el emperador de los franceses y rey de Italia, que es notorio que mi -hijo no ha podido lograr le reconozca bajo este título... declaro -solemnemente que el acto de abdicación que firmé el día 19 del pasado -mes de marzo es nulo en todas sus partes; y por eso quiero que hagáis -conocer a todos mis pueblos que su buen rey, amante de sus vasallos, -quiere consagrar lo que le queda de vida en trabajar para hacerlos -dichosos. Confirmo provisionalmente en sus empleos de la junta<span -class="pagenum" id="Page_lxiv">p. lxiv</span> actual de gobierno los -individuos que la componen, y todos los empleos civiles y militares que -han sido nombrados desde el 19 del mes de marzo último. Pienso en salir -luego al encuentro de mi augusto aliado, después de lo cual transmitiré -mis últimas órdenes a la junta. San Lorenzo a 17 de abril de 1808. — -Yo el rey. — A la junta superior de gobierno.»</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-19" id="Ap_2-19">2-19</a>.</h3> - -<p>«Ilustrísimo Señor: Al folio 33 del manifiesto del consejo se -dice que se presentó un oidor del de Navarra disfrazado, que había -logrado introducirse en la habitación del Señor Don Fernando VII, y -traía instrucciones verbales de S. M., reducidas a estrechos encargos -y deseos de que se siguiese el sistema de amistad y armonía con los -franceses. Las consideraciones que debo a ese supremo tribunal por -haber suprimido mi nombre, y lo más esencial de la comisión solo -con el objeto de evitar que padeciese mi persona, sujeta al tiempo -de la publicación a la dominación francesa, exigen mi gratitud y -reconocimiento, y así pido a V. S. I. que se lo haga presente; pero -ahora que aunque a costa de dificultades y contingencias me veo en este -pueblo libre de todo temor, juzgo preciso que sepa el público mi misión -en toda su extensión.</p> - -<p>Hallábame yo en Bayona con otros ministros de los tribunales de -Navarra cuando llegó el rey a aquella ciudad: no tardó muchas horas el -emperador de los franceses en correr el velo que ocultaba su misteriosa -conducta; hizo saber a cara descubierta a S. M. el escandaloso e -inesperado proyecto de arrancarle violentamente de sus sienes la -corona de España; y persuadido sin duda de que a su más pronto logro -convenía estrechar al rey por todos medios, uno de los que primero -puso en ejecución fue la interceptación de correos. Diariamente se -expedían extraordinarios;<span class="pagenum" id="Page_lxv">p. -lxv</span> pero la garantía del derecho de las gentes no era un sagrado -que los asegurase contra las tropelías de un gobierno acostumbrado -a no escrupulizar en la elección de los medios para realizar sus -depravados fines: en estas circunstancias creyó S. M. preciso añadir -nuevos y desconocidos conductos de comunicación con la junta suprema -presidida por el infante Don Antonio, y me honró con la confianza de -que fuese yo el que pasando a esta capital, la informase verbalmente -de los sucesos ocurridos en aquellos tres primeros aciagos días. Salí -a su virtud de Bayona sobre las seis de la tarde del 23, y llegué a -esta villa por caminos y sendas extraviadas, no sin graves peligros -y trabajos, al anochecer del 29 de abril: inmediatamente me dirigí a -la junta y anunciándola la real orden, dije: «que el emperador de los -franceses quería exigir imperiosamente del rey Don Fernando VII que -renunciase por sí, y en nombre de la familia toda de los Borbones, -el trono de España y todos sus dominios en favor del mismo emperador -y de su dinastía, prometiéndole en recompensa el reino de Etruria, y -que la comitiva que había acompañado a S. M. hiciese igual renuncia -en representación del pueblo español: que desentendiéndose S. M. I. y -R. de la evidencia con que se demostró que ni el rey ni la comitiva -podían ni debían en justicia acceder a tal renuncia, y despreciando las -amargas quejas que se le dieron por haber sido conducido S. M. a Bayona -con el engaño y perfidia que carecen de ejemplo, tanto más execrables, -cuanto que iban encubiertos con el sagrado título de amistad y utilidad -recíproca, afianzadas en palabras las más decisivas y terminantes, -insistía en ella sin otras razones que dos pretextos indignos de -pronunciarse por un soberano que no haya perdido todo respeto a la -moral de los gabinetes, y aquella buena fe que forma el vínculo de las -naciones; reducidos<span class="pagenum" id="Page_lxvi">p. lxvi</span> -el primero a que su política no le permitía otra cosa, pues que su -persona no estaba segura mientras que alguno de los Borbones enemigos -de su casa reinase en una nación poderosa; y el segundo a que no -era tan estúpido que despreciase la ocasión tan favorable que se le -presentaba de tener un ejército formidable dentro de España, ocupadas -sus plazas y puntos principales, nada que temer por la parte del norte, -y en su poder las personas del rey y del señor infante Don Carlos: -ventajas todas bien difíciles para que se las ofreciesen los tiempos -venideros. Que con la idea de procurar dilaciones, y sacar de ellas -el mejor partido posible, se había pasado una nota dirigida a que se -autorizase un sujeto que explicase sus intenciones por escrito; pero -que cuando el emperador se obstinase en no retroceder, estaba S. M. -resuelto a perder primero la vida que acceder a tan inicua renuncia: -que con esta seguridad y firme inteligencia procediese la junta en -sus deliberaciones. Y concluí añadiendo, que habiendo preguntado yo -voluntariamente al señor Don Pedro Cevallos al despedirme de S. E. -si prevendría algo a la junta sobre la conducta que debiera observar -con los franceses, me respondió que aunque la comisión no comprendía -este punto, podía decir que estaba acordado por regla general, que por -entonces no se hiciese novedad, porque era de temer de lo contrario -que resultasen funestas consecuencias contra el rey, el señor infante -y cuantos españoles se hallaban acompañando a S. M., y el reino se -arriesgaba, descubriendo ideas hostiles antes que estuviese preparado -para sacudir el yugo de la opresión.» V. S. I. sabe que con esas mismas -o semejantes expresiones lo expuse todo, no solo en la noche del 29, sí -también en la inmediata del 30 de abril, en que quiso S. A. el señor -infante Don Antonio que asistiese yo a la sesión que se celebró en -ella, compuesta<span class="pagenum" id="Page_lxvii">p. lxvii</span> -a más de los señores individuos de la junta suprema, de todos los -presidentes de los tribunales, y de dos ministros de cada uno, con el -doble objeto de que todos se informasen de mi comisión, y yo de las -novedades de aquel día y demás de que se tratase, a fin de que diese -cuenta de todo a S. M. en Bayona, adonde regresé la tarde del 6 de mayo -con continuos riesgos y sobresaltos que se aumentaron a mi salida; y -pues es a mi parecer muy debido que no se ignore este rasgo heroico del -carácter firme de nuestro amado soberano, y yo tampoco debo prescindir -de que conste del modo más auténtico el exacto cumplimiento y desempeño -de mi comisión en todas sus partes, ruego a V. I. y al consejo, que -no hallando inconveniente mande insertar este papel en la gaceta y -diario de esta corte. Dios guarde a V. S. I. muchos años. Madrid 27 de -setiembre de 1808. — Justo María Ibarnavarro. — Ilustrísimo señor Don -Antonio Arias Mon y Velarde.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-20" id="Ap_2-20">2-20</a>.</h3> - -<p class="subh3c"><i>Orden del día.</i></p> - -<p>Soldados: la población de Madrid se ha sublevado, y ha llegado -hasta el asesinato. Sé que los buenos españoles han gemido de estos -desórdenes: estoy muy lejos de mezclarlos con aquellos miserables que -no desean más que el crimen y el pillaje. Pero la sangre francesa ha -sido derramada; clama por la venganza: en su consecuencia mando lo -siguiente:</p> - - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Artículo 1.º</span></p> - -<p>El general Grouchy convocará esta noche la comisión militar.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_lxviii">p. lxviii</span></p> - - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 2.º</span></p> - -<p>Todos los que han sido presos en el alboroto y con las armas en la -mano serán arcabuceados.</p> - - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 3.º</span></p> - -<p>La junta de estado va a hacer desarmar los vecinos de Madrid. Todos -los habitantes y estantes quienes después de la ejecución de esta orden -se hallaren armados o conservasen armas sin una permisión especial, -serán arcabuceados.</p> - - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 4.º</span></p> - -<p>Todo lugar en donde sea asesinado un francés será quemado.</p> - - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 5.º</span></p> - -<p>Toda reunión de más de ocho personas será considerada como una junta -sediciosa, y deshecha por la fusilería.</p> - - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 6.º</span></p> - -<p>Los amos quedarán responsables de sus criados; los jefes de -talleres, obradores y demás de sus oficiales; los padres y madres de -sus hijos, y los ministros de los conventos de sus religiosos.</p> - - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 7.º</span></p> - -<p>Los autores, vendedores y distribuidores de libelos impresos o -manuscritos provocando a la sedición, serán considerados como unos -agentes de la Inglaterra, y arcabuceados.</p> - -<p class="mt05"><span class="pagenum" id="Page_lxix">p. lxix</span>Dado en nuestro cuartel general de Madrid a 2 de mayo de 1808. — -Joachim. — Por mandado de S. A. I. y R. — El jefe del estado mayor -general. — Belliard.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-21" id="Ap_2-21">2-21</a>.</h3> - -<p><i>Véase la memoria de Ofárril y Azanza en su nota -núm. 12.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-22" id="Ap_2-22">2-22</a>.</h3> - -<p class="subh3c"><i>Carta de Fernando VII a su padre Carlos IV.</i></p> - -<p>«Venerado padre y señor: V. M. ha convenido en que yo no tuve la -menor influencia en los movimientos de Aranjuez, dirigidos como es -notorio, y a V. M. consta, no a disgustarle del gobierno y del trono, -sino a que se mantuviese en él, y no abandonase la multitud de los que -en su existencia dependían absolutamente del trono mismo. V. M. me dijo -igualmente que su abdicación había sido espontánea, y que aun cuando -alguno me asegurase lo contrario, no lo creyese, pues jamás había -firmado cosa alguna con más gusto. Ahora me dice V. M. que aunque es -cierto que hizo la abdicación con toda libertad, todavía se reservó -en su ánimo volver a tomar las riendas del gobierno cuando lo creyese -conveniente. He preguntado en consecuencia a V. M. si quiere volver -a reinar; y V. M. me ha respondido que ni quería reinar, ni menos -volver a España. No obstante me manda V. M. que renuncie en su favor -la corona que me han dado las leyes fundamentales del reino, mediante -su espontánea abdicación. A un hijo que siempre se ha distinguido -por el amor, respeto y obediencia a sus padres, ninguna prueba que -pueda calificar estas cualidades, es violenta a su piedad filial, -principalmente cuando el cumplimiento de mis deberes con V. M. como -hijo suyo, no están en contradicción con las relaciones que<span -class="pagenum" id="Page_lxx">p. lxx</span> como rey me ligan con mis -amados vasallos. Para que ni estos, que tienen el primer derecho a mis -atenciones queden ofendidos, ni V. M. descontento de mi obediencia, -estoy pronto, atendidas las circunstancias en que me hallo, a hacer -la renuncia de mi corona en favor de V. M. bajo las siguientes -limitaciones.</p> - -<p>1.ª Que V. M. vuelva a Madrid, hasta donde le acompañaré, y serviré -yo como su hijo más respetuoso. 2.ª Que en Madrid se reunirán las -cortes; y pues que V. M. resiste una congregación tan numerosa, se -convocarán al efecto todos los tribunales y diputados de los reinos. -3.ª Que a la vista de esta asamblea se formalizará mi renuncia, -exponiendo los motivos que me conducen a ella: estos son el amor que -tengo a mis vasallos, y el deseo de corresponder al que me profesan, -procurándoles la tranquilidad, y redimiéndoles de los horrores de una -guerra civil por medio de una renuncia dirigida a que V. M. vuelva -a empuñar el cetro, y a regir unos vasallos dignos de su amor y -protección. 4.ª Que V. M. no llevará consigo personas que justamente se -han concitado el odio de la nación. 5.ª Que si V. M., como me ha dicho, -ni quiere reinar ni volver a España, en tal caso yo gobernaré en su -real nombre como lugarteniente suyo. Ningún otro puede ser preferido -a mí: tengo el llamamiento de las leyes, el voto de los pueblos, el -amor de mis vasallos, y nadie puede interesarse en su prosperidad con -tanto celo ni con tanta obligación como yo. Contraída mi renuncia a -estas limitaciones, comparecerá a los ojos de los españoles como una -prueba de que prefiero el interés de su conservación a la gloria de -mandarlos, y la Europa me juzgará digno de mandar a unos pueblos, a -cuya tranquilidad he sabido sacrificar cuanto hay de más lisonjero y -seductor entre los hombres. Dios guarde la importante vida de V. M. -muchos y felices años que le pide postrado a L. R. P. de V. M. su más -amante y rendido hijo. — Fernando. — Pedro Cevallos. — Bayona<span -class="pagenum" id="Page_lxxi">p. lxxi</span> 1.º de mayo de 1808.» -— (<i>Véase la exposición o manifiesto de Don Pedro Cevallos núm. -7.</i>)</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-23" id="Ap_2-23">2-23</a>.</h3> - -<p class="subh3c"><i>Carta de Carlos IV a su hijo Fernando VII.</i></p> - -<p>«Hijo mío: Los consejos pérfidos de los hombres que os rodean han -conducido la España a una situación crítica: solo el emperador puede -salvarla.</p> - -<p>Desde la paz de Basilea he conocido que el primer interés de mis -pueblos era inseparable de la conservación de buena inteligencia con -la Francia. Ningún sacrificio he omitido para obtener esta importante -mira: aun cuando la Francia se hallaba dirigida por gobiernos efímeros, -abogué mis inclinaciones particulares para no escuchar sino la -política, y el bien de mis vasallos.</p> - -<p>Cuando el emperador hubo restablecido el orden en Francia se -disiparon grandes sobresaltos, y tuve nuevos motivos para mantenerme -fiel a mi sistema de alianza. Cuando la Inglaterra declaró la guerra -a la Francia, logré felizmente ser neutro, y conservar a mis pueblos -los beneficios de la paz. Se apoderó después de cuatro fragatas mías, -y me hizo la guerra aun antes de habérsela declarado; y entonces me -vi precisado a oponer la fuerza a la fuerza, y las calamidades de la -guerra asaltaron a mis vasallos.</p> - -<p>La España rodeada de costas, y que debe una gran parte de su -prosperidad a sus posesiones ultramarinas, sufrió con la guerra más -que cualquiera otro estado: la interrupción del comercio, y todos los -estragos que acarrea, afligieron a mis vasallos, y cierto número de -ellos tuvo la injusticia de atribuirlos a mis ministros.</p> - -<p>Tuve al menos la felicidad de verme tranquilo por tierra, y libre -de la inquietud en cuanto a la integridad de mis provincias, siendo -el único de los reyes de<span class="pagenum" id="Page_lxxii">p. -lxxii</span> Europa que se sostenía en medio de las borrascas de estos -últimos tiempos. Aún gozaría de esta tranquilidad sin los consejos -que os han desviado del camino recto. Os habéis dejado seducir con -demasiada facilidad por el odio que vuestra primera mujer tenía a -la Francia, y habéis participado irreflexiblemente de sus injustos -resentimientos contra mis ministros, contra vuestra madre, y contra mi -mismo.</p> - -<p>Me creí obligado a recordar mis derechos de padre y de rey: os hice -arrestar, y hallé en vuestros papeles la prueba de vuestro delito; -pero al acabar mi carrera, reducido al dolor de ver perecer a mi hijo -en un cadalso, me dejé llevar de mi sensibilidad al ver las lágrimas -de vuestra madre. No obstante mis vasallos estaban agitados por las -prevenciones engañosas de la facción de que os habéis declarado -caudillo. Desde este instante perdí la tranquilidad de mi vida, y me vi -precisado a unir las penas que me causaban los males de mis vasallos a -los pesares que debí a las disensiones de mi misma familia.</p> - -<p>Se calumniaban mis ministros cerca del emperador de los franceses, -el cual creyendo que los españoles se separaban de su alianza, y -viendo los espíritus agitados (aun en el seno de mi familia) cubrió -bajo varios pretextos mis estados con sus tropas. En cuanto estas -ocuparon la ribera derecha del Ebro, y que mostraban tener por objeto -mantener la comunicación con Portugal, tuve la esperanza de que no -abandonaría los sentimientos de aprecio y de amistad que siempre me -había dispensado; pero al ver que sus tropas se encaminaban hacia mi -capital, conocí la urgencia de reunir mi ejército cerca de mi persona, -para presentarme a mi augusto aliado como conviene al rey de las -Españas. Hubiera yo aclarado sus dudas, y arreglado mis intereses: -di orden a mis tropas de salir de Portugal y de Madrid, y las reuní -sobre varios puntos de mi monarquía, no para abandonar a mis<span -class="pagenum" id="Page_lxxiii">p. lxxiii</span> vasallos, sino para -sostener dignamente la gloria del trono. Además mi larga experiencia me -daba a conocer que el emperador de los franceses podía muy bien tener -algún deseo conforme a sus intereses y a la política del vasto sistema -del continente, pero que estuviese en contradicción con los intereses -de mi casa. ¿Cuál ha sido en estas circunstancias vuestra conducta? -El haber introducido el desorden en mi palacio, y amotinado el cuerpo -de guardias de Corps contra mi persona. Vuestro padre ha sido vuestro -prisionero: mi primer ministro que había yo criado y adoptado en mi -familia, cubierto de sangre fue conducido de un calabozo a otro. Habéis -desdorado mis canas, y las habéis despojado de una corona poseída con -gloria por mis padres, y que había conservado sin mancha. Os habéis -sentado sobre mi trono, y os pusísteis a la disposición del pueblo de -Madrid y de tropas extranjeras que en aquel momento entraban.</p> - -<p>Ya la conspiración del Escorial había obtenido sus miras: los actos -de mi administración eran el objeto del desprecio público. Anciano -y agobiado de enfermedades, no he podido sobrellevar esta nueva -desgracia. He recurrido al emperador de los franceses, no como un rey -al frente de sus tropas y en medio de la pompa del trono, sino como -un rey infeliz y abandonado. He hallado protección y refugio en sus -reales: le debo la vida, la de la reina, y la de mi primer ministro. He -venido en fin basta Bayona, y habéis conducido este negocio de manera -que todo depende de la mediación de este gran príncipe.</p> - -<p>El pensar en recurrir a agitaciones populares es arruinar la España, -y conducir a las catástrofes más horrorosas a vos, a mi reino, a mis -vasallos y mi familia. Mi corazón se ha manifestado abiertamente al -emperador: conoce todos los ultrajes que he recibido, y las violencias -que se me han hecho; me ha declarado que no os reconocerá jamás -por rey, y que el enemigo<span class="pagenum" id="Page_lxxiv">p. -lxxiv</span> de su padre no podrá inspirar confianza a los extraños. -Me ha mostrado además cartas de vuestra mano, que hacen ver claramente -vuestro odio a la Francia.</p> - -<p>En esta situación, mis derechos son claros, y mucho más mis -deberes. No derramar la sangre de mis vasallos, no hacer nada al fin -de mi carrera que pueda acarrear asolamiento e incendio a la España, -reduciéndola a la más horrible miseria. Ciertamente que si fiel a -vuestras primeras obligaciones y a los sentimientos de la naturaleza -hubierais desechado los consejos pérfidos, y que constantemente sentado -a mi lado para mi defensa hubierais esperado el curso regular de la -naturaleza, que debía señalar vuestro puesto dentro de pocos años, -hubiera yo podido conciliar la política y el interés de España con el -de todos. Sin duda hace seis meses que las circunstancias han sido -críticas; pero por más que lo hayan sido, aún hubiera obtenido de las -disposiciones de mis vasallos, de los débiles medios que aún tenía, y -de la fuerza moral que hubiera adquirido, presentándome dignamente al -encuentro de mi aliado, a quien nunca diera motivo alguno de queja, -un arreglo que hubiera conciliado los intereses de mis vasallos con -los de mi familia. Empero arrancándome la corona, habéis deshecho la -vuestra, quitándola cuanto tenía de augusta y la hacía sagrada a todo -el mundo.</p> - -<p>Vuestra conducta conmigo, vuestras cartas interceptadas han puesto -una barrera de bronce entre vos y el trono de España; y no es de -vuestro interés ni de la patria el que pretendáis reinar. Guardaos de -encender un fuego que causaría inevitablemente vuestra ruina completa, -y la desgracia de España.</p> - -<p>Yo soy rey por el derecho de mis padres: mi abdicación es el -resultado de la fuerza y de la violencia, no tengo pues nada que -recibir de vos, ni menos puedo consentir a ninguna reunión en junta: -nueva necia<span class="pagenum" id="Page_lxxv">p. lxxv</span> -sugestión de los hombres sin experiencia que os acompañan.</p> - -<p>He reinado para la felicidad de mis vasallos, y no quiero dejarles -la guerra civil, los motines, las juntas populares y la revolución. -Todo debe hacerse para el pueblo, y nada por él: olvidar esta máxima es -hacerse cómplice de todos los delitos que le son consiguientes. Me he -sacrificado toda mi vida por mis pueblos; y en la edad a que he llegado -no haré nada que esté en oposición con su religión, su tranquilidad, -y su dicha. He reinado para ellos: olvidaré todos mis sacrificios; y -cuando en fin esté seguro que la religión de España, la integridad de -sus provincias, su independencia y sus privilegios serán conservados, -bajaré al sepulcro perdonándoos la amargura de mis últimos años.</p> - -<p>Dado en Bayona en el palacio imperial llamado del Gobierno a 2 de -mayo de 1808. — Carlos.» — (<i>Cevallos, número 8.</i>)</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-24" id="Ap_2-24">2-24</a>.</h3> - -<p class="subh3c"><i>Carta de Fernando VII a su padre en respuesta a la -anterior.</i></p> - - -<p class="centra"><span class="sc">Señor.</span></p> - -<p class="mt05">«Mi venerado padre y señor: he recibido la carta que -V. M. se ha dignado escribirme con fecha de antes de ayer, y trataré -de responder a todos los puntos que abraza con la moderación y respeto -debido a V. M.</p> - -<p>Trata V. M. en primer lugar de sincerar su conducta con respecto -a la Francia desde la paz de Basilea, y en verdad que no creo haya -habido en España quien se haya quejado de ella; antes bien todos -unánimes han alabado a V. M. por su constancia y fidelidad en los<span -class="pagenum" id="Page_lxxvi">p. lxxvi</span> principios que había -adoptado. Los míos en este particular son enteramente idénticos a los -de V. M., y he dado pruebas irrefragables de ello desde el momento en -que V. M. abdicó en mi la corona.</p> - -<p>La causa del Escorial, que V. M. da a entender tuvo por origen el -odio que mi mujer me había inspirado contra la Francia, contra los -ministros de V. M., contra mi amada madre, y contra V. M. mismo, si -se hubiese seguido por todos los trámites legales, habría probado -evidentemente lo contrario; y no obstante que yo no tenía la menor -influencia, ni más libertad que la aparente, en que estaba guardado -a vista por los criados que V. M. quiso ponerme, los once consejeros -elegidos por V. M. fueron unánimemente de parecer que no había motivo -de acusación, y que los supuestos reos eran inocentes.</p> - -<p>V. M. habla de la desconfianza que le causaba la entrada de tantas -tropas extranjeras en España, y de que si V. M. había llamado las que -tenía en Portugal, y reunido en Aranjuez y sus cercanías las que había -en Madrid, no era para abandonar a sus vasallos sino para sostener -la gloria del trono. Permítame V. M. le haga presente que no debía -sorprenderle la entrada de unas tropas amigas y aliadas, y que bajo -este concepto debían inspirar una total confianza. Permítame V. M. -observarle igualmente, que las órdenes comunicadas por V. M. fueron -para su viaje y el de su real familia a Sevilla; que las tropas las -tenían para mantener libre aquel camino, y que no hubo una sola persona -que no estuviese persuadida de que el fin de quien lo dirigía todo era -transportar a V. M. y real familia a América. V. M. publicó un decreto -para aquietar el ánimo de sus vasallos sobre este particular; pero como -seguían embargados los carruajes, y apostados los tiros, y se veían -todas las disposiciones de un próximo viaje a la costa de Andalucía, la -desesperación se apoderó de los ánimos, y resultó<span class="pagenum" -id="Page_lxxvii">p. lxxvii</span> el movimiento de Aranjuez. La parte -que yo tuve en él, V. M. sabe que no fue otra que ir por su mandado a -salvar del furor del pueblo al objeto de su odio, porque le creía autor -del viaje.</p> - -<p>Pregunte V. M. al emperador de los franceses, y S. M. I. le dirá sin -duda lo mismo que me dijo a mí en una carta que me escribió a Vitoria; -a saber que el objeto del viaje de S. M. I. a Madrid era inducir a V. -M. a algunas reformas, y a que separase de su lado al príncipe de la -Paz, cuya influencia era la causa de todos los males.</p> - -<p>El entusiasmo que su arresto produjo en toda la nación es una -prueba evidente de lo mismo que dijo el emperador. Por lo demás V. M. -es buen testigo de que en medio de la fermentación de Aranjuez no se -oyó una sola palabra contra V. M., ni contra persona alguna de su real -familia; antes bien aplaudieron a V. M. con las mayores demostraciones -de júbilo y de fidelidad hacia su augusta persona: así es que la -abdicación de la corona que V. M. hizo en mi favor, sorprendió a todos, -y a mí mismo, porque nadie lo esperaba, ni la había solicitado. V. M. -comunicó su abdicación a todos sus ministros, dándome a reconocer a -ellos por su rey y señor natural; la comunicó verbalmente al cuerpo -diplomático que residía cerca de su persona, manifestándole que su -determinación procedía de su espontánea voluntad, y que la tenía tomada -de antemano. Esto mismo lo dijo V. M. a su muy amado hermano el infante -Don Antonio, añadiéndole que la firma que V. M. había puesto al decreto -de abdicación era la que había hecho con más satisfacción en su vida, y -últimamente me dijo V. M. a mí mismo tres días después, que no creyese -que la abdicación había sido involuntaria, como alguno decía, pues -había sido totalmente libre y espontánea.</p> - -<p>Mi supuesto odio contra la Francia tan lejos de aparecer -por ningún lado, resultará de los hechos<span class="pagenum" -id="Page_lxxviii">p. lxxviii</span> que voy a recorrer rápidamente todo -lo contrario.</p> - -<p>Apenas abdicó V. M. la corona en mi favor, dirigí varias cartas -desde Aranjuez al emperador de los franceses, las cuales son otras -tantas protestas de que mis principios con respecto a las relaciones -de amistad y estrecha alianza, que felizmente subsistían entre -ambos estados, eran los mismos que V. M. me había inspirado, y -había observado inviolablemente. Mi viaje a Madrid fue otra de las -mayores pruebas que pude dar a S. M. I. de la confianza ilimitada -que me inspiraba, puesto que habiendo entrado el príncipe Murat el -día anterior en Madrid con una gran parte de su ejército, y estando -la villa sin guarnición, fue lo mismo que entregarme en sus manos. -A los dos días de mi residencia en la corte se me dio cuenta de la -correspondencia particular de V. M. con el emperador, y hallé que V. M. -le había pedido recientemente una princesa de su familia para enlazarla -conmigo, y asegurar más de este modo la unión y estrecha alianza que -reinaba entre los dos estados. Conforme enteramente con los principios -y con la voluntad de V. M., escribí una carta al emperador pidiéndole -la princesa por esposa.</p> - -<p>Envié una diputación a Bayona para que cumplimentase en mi nombre -a S. M. I.: hice que partiese poco después mi muy querido hermano el -infante Don Carlos para que lo obsequiase en la frontera; y no contento -con esto, salí yo mismo de Madrid en fuerza de las seguridades que me -había dado el embajador de S. M. I., el gran duque de Berg y el general -Savary, que acababa de llegar de París, y me pidió una audiencia para -decirme de parte del emperador que S. M. I. no deseaba saber otra cosa -de mí, sino si mi sistema con respecto a la Francia sería el mismo -que el de V. M., en cuyo caso el emperador me reconocería como rey de -España, y prescindiría de todo lo demás.</p> - -<p>Lleno de confianza en estas promesas, y persuadido<span -class="pagenum" id="Page_lxxix">p. lxxix</span> de encontrar en el -camino a S. M. I., vine hasta esta ciudad, y en el mismo día en que -llegué se hicieron verbalmente proposiciones a algunos sujetos de mi -comitiva tan ajenas de lo que hasta entonces se había tratado, que -ni mi honor, ni mi conciencia, ni los deberes que me impuse cuando -las cortes me juraron por su príncipe y señor, ni los que me impuse -nuevamente cuando acepté la corona que V. M. tuvo a bien abdicar en mi -favor, me han permitido acceder a ellas.</p> - -<p>No comprendo cómo puedan hallarse cartas mías en poder del emperador -que prueben mi odio contra la Francia después de tantas pruebas de -amistad como le he dado, y no habiendo escrito yo cosa alguna que lo -indique.</p> - -<p>Posteriormente se me ha presentado una copia de la protesta que -V. M. hizo al emperador sobre la nulidad de la abdicación; y luego -que V. M. llegó a esta ciudad, preguntándole yo sobre ello, me dijo -V. M. que la abdicación había sido libre, aunque no para siempre. Le -pregunté asimismo por qué no me lo había dicho cuando la hizo, y V. -M. me respondió porque no había querido; de lo cual se infiere que la -abdicación no fue violenta, y que yo no pude saber que V. M. pensaba en -volver a tomar las riendas del gobierno. También me dijo V. M. que ni -quería reinar, ni volver a España.</p> - -<p>A pesar de esto en la carta que tuve la honra de poner en las manos -de V. M., manifestaba estar dispuesto a renunciar la corona en su -favor, mediante la reunión de las cortes, o en falta de estas de los -consejos y diputados de los reinos; no porque esto lo creyese necesario -para dar valor a la renuncia, sino porque lo juzgo muy conveniente para -evitar la repugnancia de esta novedad, capaz de producir choques y -partidos, y para salvar todas las consideraciones debidas a la dignidad -de V. M., a mi honor y a la tranquilidad de los reinos.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_lxxx">p. lxxx</span></p> - -<p>En el caso que V. M. no quiera reinar por sí, reinaré yo en su real -nombre o en el mío, porque a nadie corresponde sino a mí el representar -su persona, teniendo, como tengo, en mi favor el voto de las leyes y de -los pueblos, ni es posible que otro alguno tenga tanto interés como yo -en su prosperidad.</p> - -<p>Repito a V. M. nuevamente que en tales circunstancias, y bajo dichas -condiciones, estaré pronto a acompañar a V. M. a España para hacer allí -mi abdicación en la referida forma: y en cuanto a lo que V. M. me ha -dicho de no querer volver a España, le pido con las lágrimas en los -ojos, y por cuanto hay de más sagrado en el cielo y en la tierra, que -en caso de no querer con efecto reinar, no deje un país ya conocido, en -que podrá elegir el clima más análogo a su quebrantada salud, y en el -que le aseguro podrá disfrutar las mayores comodidades y tranquilidad -de ánimo que en otro alguno.</p> - -<p>Ruego por último a V. M. encarecidamente que se penetre, de nuestra -situación actual, y de que se trata de excluir para siempre del trono -de España nuestra dinastía, sustituyendo en su lugar la imperial de -Francia; que esto no podemos hacerlo sin el expreso consentimiento de -todos los individuos que tienen y puedan tener derecho a la corona, -ni tampoco sin el mismo expreso consentimiento de la nación española -reunida en cortes y en lugar seguro: que además de esto, hallándonos -en un país extraño, no habría quien se persuadiese que obrábamos con -libertad, y esta sola circunstancia anularía cuanto hiciésemos, y -podría producir fatales consecuencias.</p> - -<p>Antes de acabar esta carta permítame V. M. decirle que los -consejeros que V. M. llama pérfidos, jamás me han aconsejado cosa -que desdiga del respeto, amor y veneración que siempre he profesado -y profesaré a V. M., cuya importante vida ruego a Dios conserve -felices y dilatados años. Bayona 4 de mayo de<span class="pagenum" -id="Page_lxxxi">p. lxxxi</span> 1808. — Señor. — A. L. R. P. de V. M. -su más humilde hijo. — Fernando.» — (<i>Cevallos núm. 9.</i>)</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-25" id="Ap_2-25">2-25</a>.</h3> - -<p class="subh3c"><i>Carta de Fernando VII a su padre Carlos IV.</i></p> - -<p>«Venerado padre y señor: el 1.º del corriente puse en las reales -manos de V. M. la renuncia de mi corona en su favor. He creído de mi -obligación modificarla con las limitaciones convenientes al decoro -de V. M., a la tranquilidad de mis reinos, y a la conservación de mi -honor y reputación. No sin grande sorpresa he visto la indignación que -han producido en el real ánimo de V. M. unas modificaciones dictadas -por la prudencia, y reclamadas por el amor de que soy deudor a mis -vasallos.</p> - -<p>Sin más motivo que este ha creído V. M. que podía ultrajarme a -la presencia de mi venerada madre y del emperador con los títulos -más humillantes; y no contento con esto exige de mí que formalice -la renuncia sin límites ni condiciones, so pena de que yo y cuantos -componen mi comitiva seremos tratados como reos de conspiración. En tal -estado de cosas hago la renuncia que V. M. me ordena, para que vuelva -el gobierno de la España a el estado en que se hallaba en 19 de marzo -en que V. M. hizo la abdicación espontánea de su corona en mi favor.</p> - -<p>Dios guarde la importante vida de V. M. los muchos años que le -desea, postrado a L. R. P. de V. M., su más amante y rendido hijo. -— Fernando. — Pedro Cevallos. — Bayona 6 de mayo de 1808.» — -(<i>Cevallos núm. 10.</i>)</p> - - -<h3><span class="pagenum" id="Page_lxxxii">p. lxxxii</span><span -class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-26" id="Ap_2-26">2-26</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Copia del tratado entre Carlos IV y el emperador de -los franceses.</i></p> - -<p>Carlos IV rey de las Españas y de las Indias, y Napoleón emperador -de los franceses, rey de Italia y protector de la confederación del -Rin, animados de igual deseo de poner un pronto término a la anarquía -a que está entregada la España, y libertar esta nación valerosa -de las agitaciones de las facciones; queriendo asimismo evitarle -todas las convulsiones de la guerra civil y extranjera, y colocarla -sin sacudimientos políticos en la única situación que atendida la -circunstancia extraordinaria en que se halla puede mantener su -integridad, afianzarle sus colonias y ponerla en estado de reunir -todos sus recursos con los de la Francia, a efecto de alcanzar la -paz marítima; han resuelto unir todos sus esfuerzos y arreglar en un -convenio privado tamaños intereses.</p> - -<p>Con este objeto han nombrado, a saber:</p> - -<p>S. M. el rey de las Españas y de las Indias a S. A. S. Don Manuel -Godoy príncipe de la Paz, conde de Évora Monte.</p> - -<p>Y S. M. el emperador &c. al señor general de división Duroc gran -mariscal de palacio.</p> - -<p>Los cuales, después de canjeados sus plenos poderes, se han -convenido en lo que sigue:</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Artículo 1.º</span></p> - -<p>S. M. el rey Carlos, que no ha tenido en toda su vida otra mira -que la felicidad de sus vasallos, constante en la idea de que todos -los actos de un soberano deben únicamente dirigirse a este fin; no -pudiendo las circunstancias actuales ser sino un manantial de<span -class="pagenum" id="Page_lxxxiii">p. lxxxiii</span> disensiones -tanto más funestas, cuanto las desavenencias han dividido su propia -familia; ha resuelto ceder, como cede por el presente, todos sus -derechos al trono de las Españas y de las Indias a S. M. el emperador -Napoleón, como el único que, en el estado a que han llegado las cosas, -puede restablecer el orden: entendiéndose que dicha cesión solo ha -de tener efecto para hacer gozar a sus vasallos de las condiciones -siguientes: 1.ª La integridad del reino será mantenida: el príncipe -que el emperador Napoleón juzgue deber colocar en el trono de España -será independiente, y los límites de la España no sufrirán alteración -alguna. 2.ª La religión católica, apostólica, romana será la única en -España. No se tolerará en su territorio religión alguna reformada, y -mucho menos infiel, según el uso establecido actualmente.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 2.º</span></p> - -<p>Cualesquiera actos contra nuestros fieles súbditos desde la -revolución de Aranjuez son nulos y de ningún valor, y sus propiedades -les serán restituidas.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 3.º</span></p> - -<p>S. M. el rey Carlos habiendo así asegurado la prosperidad, la -integridad y la independencia de sus vasallos, S. M. el emperador se -obliga a dar un asilo en sus estados al rey Carlos, a su familia, al -príncipe de la Paz, como también a los servidores suyos que quieran -seguirles, los cuales gozarán en Francia de un rango equivalente al que -tenían en España.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 4.º</span></p> - -<p>El palacio imperial de Compiègne, con los cotos y bosques de -su dependencia, quedan a la disposición del rey Carlos mientras -viviere.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="pagenum" id="Page_lxxxiv">p. -lxxxiv</span><span class="sc">Art. 5.º</span></p> - -<p>S. M. el emperador da y afianza a S. M. el rey Carlos una lista -civil de treinta millones de reales, que S. M. el emperador Napoleón le -hará pagar directamente todos los meses por el tesoro de la corona.</p> - -<p>A la muerte del rey Carlos dos millones de renta formarán la -viudedad de la reina.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 6.º</span></p> - -<p>El emperador Napoleón se obliga a conceder a todos los infantes -de España una renta anual de 400.000 francos, para gozar de ella -perpetuamente así ellos como sus descendientes, y en caso de -extinguirse una rama, recaerá dicha renta en la existente a quien -corresponda según las leyes civiles.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 7.º</span></p> - -<p>S. M. el emperador hará con el futuro rey de España el convenio que -tenga por acertado para el pago de la lista civil y rentas comprendidas -en los artículos antecedentes; pero S. M. el rey Carlos no se entenderá -directamente para este objeto sino con el tesoro de Francia.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 8.º</span></p> - -<p>S. M. el emperador Napoleón da en cambio a S. M. el rey Carlos -el sitio de Chambord, con los cotos, bosques y haciendas de que se -compone, para gozar de él en toda propiedad y disponer de él como le -parezca.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 9.º</span></p> - -<p>En consecuencia S. M. el rey Carlos renuncia, en favor de S. -M. el emperador Napoleón, todos los bienes<span class="pagenum" -id="Page_lxxxv">p. lxxxv</span> alodiales y particulares no -pertenecientes a la corona de España, de su propiedad privada en aquel -reino.</p> - -<p>Los infantes de España seguirán gozando de las rentas de las -encomiendas que tuvieren en España.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 10.</span></p> - -<p>El presente convenio será ratificado, y las ratificaciones se -canjearán dentro de ocho días o lo más pronto posible.</p> - -<p class="mt05">Fecho en Bayona a 5 de mayo de 1808. — El príncipe de -la Paz. — Duroc.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-27" id="Ap_2-27">2-27</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Copia del tratado entre el príncipe de Asturias y -el emperador de los franceses.</i></p> - -<p>«S. M. el emperador de los franceses &c., y S. A. R. el príncipe -de Asturias, teniendo varios puntos que arreglar, han nombrado por sus -plenipotenciarios, a saber:</p> - -<p>S. M. el emperador al señor general de división Duroc gran mariscal -de palacio, y S. A. el príncipe a Don Juan Escóiquiz consejero de -estado de S. M. C., caballero gran cruz de Carlos III.</p> - -<p>Los cuales, después de canjeados sus plenos poderes, se han -convenido en los artículos siguientes:</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Artículo 1.º</span></p> - -<p>S. A. R. el príncipe de Asturias adhiere a la cesión hecha por el -rey Carlos de sus derechos al trono de España y de las Indias en favor -de S. M. el emperador de los franceses &c., y renuncia en cuanto -sea menester a los derechos que tiene como príncipe de Asturias a dicha -corona.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="pagenum" id="Page_lxxxvi">p. -lxxxvi</span><span class="sc">Art. 2.º</span></p> - -<p>S. M. el emperador concede en Francia a S. A. el príncipe de -Asturias el título de A. R., con todos los honores y prerrogativas de -que gozan los príncipes de su rango. Los descendientes de S. A. R. -el príncipe de Asturias conservarán el título de príncipe y el de A. -Serma., y tendrán siempre en Francia el mismo rango que los príncipes -dignatarios del imperio.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 3.º</span></p> - -<p>S. M. el emperador cede y otorga por las presentes en toda propiedad -a S. A. R. y sus descendientes los palacios, cotos, haciendas de -Navarre y bosques de su dependencia hasta la concurrencia de 50.000 -<i>arpens</i> libres de toda hipoteca, para gozar de ellos en plena -propiedad desde la fecha del presente tratado.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 4.º</span></p> - -<p>Dicha propiedad pasará a los hijos y herederos de S. A. R. el -príncipe de Asturias; en defecto de estos a los del infante Don Carlos, -y así progresivamente hasta extinguirse la rama. Se expedirán letras -patentes y privadas del monarca al heredero en quien dicha propiedad -viniese a recaer.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 5.º</span></p> - -<p>S. M. el emperador concede a S. A. R. 400.000 francos de renta sobre -el tesoro de Francia, pagados por dozavas partes mensualmente, para -gozar de ella y transmitirla a sus herederos en la misma forma que las -propiedades expresadas en el artículo 4.º</p> - -<p class="centra mt05"><span class="pagenum" id="Page_lxxxvii">p. -lxxxvii</span><span class="sc">Art. 6.º</span></p> - -<p>A más de lo estipulado en los artículos antecedentes, S. M. el -emperador concede a S. A. el príncipe una renta de 600.000 francos, -igualmente sobre el tesoro de Francia, para gozar de ella mientras -viviere. La mitad de dicha renta formará la viudedad de la princesa su -esposa si le sobreviviere.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 7.º</span></p> - -<p>S. M. el emperador concede y afianza a los infantes Don Antonio, -Don Carlos y Don Francisco: 1.º el título de A. R. con todos los -honores y prerrogativas de que gozan los príncipes de su rango; sus -descendientes conservarán el título de príncipes y el de A. Serma., y -tendrán siempre en Francia el mismo rango que los príncipes dignatarios -del imperio. 2.º El goce de las rentas de todas sus encomiendas en -España, mientras vivieren. 3.º Una renta de 400.000 francos para gozar -de ella y transmitirla a sus herederos perpetuamente, entendiendo S. -M. I. que si dichos infantes muriesen sin dejar herederos, dichas -rentas pertenecerán al príncipe de Asturias, o a sus descendientes y -herederos: todo esto bajo la condición de que sus AA. RR. adhieran al -presente tratado.</p> - -<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 8.º</span></p> - -<p>El presente tratado será ratificado y se canjearán las -ratificaciones dentro de ocho días o antes si se pudiere. — Bayona 10 -de mayo de 1808. — Duroc. — Escóiquiz.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_lxxxviii">p. lxxxviii</span></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-28" id="Ap_2-28">2-28</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Proclama dirigida a los españoles en consecuencia -del tratado de Bayona. (Véase la idea sencilla de Escóiquiz en su -núm. 8.)</i></p> - -<p>«Don Fernando príncipe de Asturias, y los infantes Don Carlos y Don -Antonio, agradecidos al amor y a la fidelidad constante que les han -manifestado todos sus españoles, los ven con el mayor dolor en el día -sumergidos en la confusión, y amenazados de resulta de esta, de las -mayores calamidades; y conociendo que esto nace en la mayor parte de -ellos de la ignorancia en que están así de las causas de la conducta -que SS. AA. han observado hasta ahora, como de los planes que para la -felicidad de su patria están ya trazados, no pueden menos de procurar -darles el saludable desengaño de que necesitan para no estorbar su -ejecución, y al mismo tiempo el más claro testimonio del afecto que les -profesan.</p> - -<p>No pueden en consecuencia dejar de manifestarles, que las -circunstancias en que el príncipe por la abdicación del rey su padre -tomó las riendas del gobierno, estando muchas provincias del reino y -todas las plazas fronterizas ocupadas por un gran número de tropas -francesas, y más de 70.000 hombres de la misma nación situados en la -corte y sus inmediaciones, como muchos datos que otras personas no -podrían tener, les persuadieron que rodeados de escollos no tenían más -arbitrio que el de escoger entre varios partidos el que produjese menos -males, y eligieron como tal el de ir a Bayona.</p> - -<p>Llegados SS. AA. a dicha ciudad, se encontró impensadamente -el príncipe (entonces rey) con la novedad de que el rey su padre -había protestado contra su abdicación, pretendiendo no haber sido -voluntaria.<span class="pagenum" id="Page_lxxxix">p. lxxxix</span> No -habiendo admitido la corona sino en la buena fe de que lo hubiese sido, -apenas se aseguró de la existencia de dicha protesta, cuando su respeto -filial le hizo devolverla, y poco después el rey su padre la renunció -en su nombre y en el de toda su dinastía a favor del emperador de los -franceses, para que este, atendiendo al bien de la nación, eligiese la -persona y dinastía que hubiesen de ocuparla en adelante.</p> - -<p>En este estado de cosas, considerando SS. AA. la situación en que -se hallan, las críticas circunstancias en que se ve la España, y que -en ellas todo esfuerzo de sus habitantes en favor de sus derechos -parece sería no solo inútil sino funesto, y que solo serviría para -derramar ríos de sangre, asegurar la pérdida cuando menos de una gran -parte de sus provincias y las de todas sus colonias ultramarinas; -haciéndose cargo también de que será un remedio eficacísimo para evitar -estos males el adherir cada uno de SS. AA. de por sí en cuanto esté -de su parte a la cesión de sus derechos a aquel trono, hecha ya por -el rey su padre; reflexionando igualmente que el expresado emperador -de los franceses se obliga en este supuesto a conservar la absoluta -independencia y la integridad de la monarquía española, como de todas -sus colonias ultramarinas, sin reservarse ni desmembrar la menor parte -de sus dominios, a mantener la unidad de la religión católica, las -propiedades, las leyes y usos, lo que asegura para muchos tiempos -y de un modo incontrastable el poder y la prosperidad de la nación -española; creen SS. AA. darla la mayor muestra de su generosidad, del -amor que la profesan, y del agradecimiento con que corresponden al -afecto que la han debido, sacrificando en cuanto está de su parte sus -intereses propios y personales en beneficio suyo, y adhiriendo para -esto, como han adherido por un convenio particular a la cesión de sus -derechos al trono, absolviendo a los españoles de sus obligaciones en -esta parte, y exhortándoles,<span class="pagenum" id="Page_xc">p. -xc</span> como lo hacen, a que miren por los intereses comunes de la -patria, manteniéndose tranquilos, esperando su felicidad de las sabias -disposiciones y del emperador Napoleón, y que prontos a conformarse -con ellas crean que darán a su príncipe y a ambos infantes el mayor -testimonio de su lealtad, así como SS. AA. se lo dan de su paternal -cariño, cediendo todos sus derechos, y olvidando sus propios intereses -por hacerla dichosa, que es el único objeto de sus deseos.» — Burdeos -12 de mayo de 1808.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-29" id="Ap_2-29">2-29</a>.</h3> - -<p class="subh3c"><i>Decreto de Carlos IV.</i></p> - -<p>«Habiendo juzgado conveniente dar una misma dirección a todas las -fuerzas de nuestro reino para mantener la seguridad de las propiedades -y la tranquilidad pública contra los enemigos así del interior como -del exterior, hemos tenido a bien nombrar lugarteniente general del -reino a nuestro primo el gran duque de Berg, que al mismo tiempo manda -las tropas de nuestro aliado el emperador de los franceses. Mandamos -al consejo de Castilla, a los capitanes generales y gobernadores de -nuestras provincias que obedezcan sus órdenes, y en calidad de tal -presidirá la junta de gobierno. Dado en Bayona en el palacio imperial -llamado del Gobierno, a 4 de mayo de 1808. — Yo el rey.»</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-30" id="Ap_2-30">2-30</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>En este día he entregado a mi amado padre una carta -concebida en los términos siguientes:</i></p> - -<p>«Mi venerado padre y señor: para dar a V. M. una prueba de mi amor, -de mi obediencia y de mi sumisión, y para acceder a los deseos que V. -M. me ha<span class="pagenum" id="Page_xci">p. xci</span> manifestado -reiteradas veces, renuncio mi corona en favor de V. M., deseando que -pueda gozarla por muchos años. Recomiendo a V. M. las personas que me -han servido desde el 19 de marzo: confio en las seguridades que V. M. -me ha dado sobre este particular. Dios guarde a V. M. muchos años. -Bayona 6 de mayo de 1808. — Señor. — A. L. R. P. de V. M. su más -humilde hijo. — Fernando.»</p> - -<p>En virtud de esta renuncia de mi corona que he hecho en favor de -mi amado padre, revoco los poderes que había otorgado a la junta de -gobierno antes de mi salida de Madrid para el despacho de los negocios -graves y urgentes que pudiesen ocurrir durante mi ausencia. La junta -obedecerá las órdenes y mandatos de nuestro muy amado padre y soberano, -y las hará ejecutar en los reinos.</p> - -<p>Debo, antes de concluir, dar gracias a los individuos de la junta, -a las autoridades constituidas y a toda la nación por los servicios -que me han prestado, y recomendarles se reúnan de todo corazón a mi -padre amado y al emperador, cuyo poder y amistad pueden más que otra -cosa alguna conservar el primer bien de las Españas, a saber: su -independencia y la integridad de su territorio. Recomiendo asimismo que -no os dejéis seducir por las asechanzas de nuestros eternos enemigos, -de vivir unidos entre vosotros y con nuestros aliados, y de evitar la -efusión de sangre y las desgracias, que sin esto serían el resultado de -las circunstancias actuales, si os dejaseis arrastrar por el espíritu -de alucinamiento y desunión.</p> - -<p>Tendrase entendido en la junta para los efectos convenientes, y -se comunicará a quien corresponda. En Bayona a 6 de mayo de 1808. — -Fernando.» — (<i>Véase Ofárril y Azanza, pág. 63.</i>)</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_xcii">p. xcii</span></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-31" id="Ap_2-31">2-31</a>.</h3> - -<p>El Sermo. Sr. gran duque de Berg, lugarteniente general del reino, -y la junta suprema de gobierno se han enterado de que los deseos de S. -M. I. y R. el emperador de los franceses son de que en Bayona se junte -una diputación general de 150 personas, que deberán hallarse en aquella -ciudad el día 15 del próximo mes de junio, compuesta del clero, nobleza -y estado general, para tratar allí de la felicidad de toda España, -proponiendo todos los males que el anterior sistema le han ocasionado, -y las reformas y remedios más convenientes para destruirlos en toda -la nación, y en cada provincia en particular. A su consecuencia, para -que se verifique a la mayor brevedad el cumplimiento de la voluntad de -S. M. I. y R., ha nombrado la junta desde luego algunos sujetos, que -se expresarán, reservando a algunas corporaciones, a las ciudades de -voto en cortes y otras, el nombramiento de los que aquí se señalan, -dándoles la forma de ejecutarlo, para evitar dudas y dilaciones, del -modo siguiente:</p> - -<p>1.º  Que si en algunas ciudades y pueblos de voto en cortes -hubiese turno para la elección de diputados, elijan ahora las que lo -están actualmente para la primera elección.</p> - -<p>2.º  Que si otras ciudades o pueblos de voto en cortes tuviesen -derecho de votar para componer un voto, ya sea entrando en concepto -de media, tercera o cuarta voz, o de otro cualquiera modo, elija cada -ayuntamiento un sujeto, y remita a su nombre a la ciudad o pueblo en -donde se acostumbre a sortear el que ha de ser nombrado.</p> - -<p>3.º  Que los ayuntamientos de dichas ciudades y pueblos de -voto en cortes, así para esta elección como para la que se dirá, -puedan nombrar sujetos no solo de la clase de caballeros y nobles, -sino también<span class="pagenum" id="Page_xciii">p. xciii</span> -del estado general, según en los que hallaren más luces, experiencia, -celo, patriotismo, instrucción y confianza, sin detenerse en que sean o -no regidores, que estén ausentes del pueblo, que sean militares, o de -cualquiera otra profesión.</p> - -<p>4.º  Que los ayuntamientos a quienes corresponda por estatuto -elegir o nombrar de la clase de caballeros, puedan elegir en la misma -forma grandes de España y títulos de Castilla.</p> - -<p>5.º  Que a todos los que sean elegidos se les señale por sus -respectivos ayuntamientos las dietas acostumbradas, o que estimen -correspondientes, que se pagarán de los fondos públicos que hubiere más -a mano.</p> - -<p>6.º  Que de todo el estado eclesiástico deben ser nombrados -dos arzobispos, seis obispos, dieciséis canónigos o dignidades, dos -de cada una de las ocho metropolitanas, que deberán ser elegidos por -sus cabildos canónicamente, y veinte curas párrocos del arzobispado de -Toledo y obispados que se referirán.</p> - -<p>7.º  Que vayan igualmente seis generales de las órdenes -religiosas.</p> - -<p>8.º  Que se nombren diez grandes de España, y entre ellos -se comprendan los que ya están en Bayona, o han salido para aquella -ciudad.</p> - -<p>9.º  Que sea igual el número de los títulos de Castilla, y el -mismo el de la clase de caballeros, siendo estos últimos elegidos por -las ciudades que se dirán.</p> - -<p>10.  Que por el reino de Navarra se nombren dos sujetos, cuya -elección hará su diputación.</p> - -<p>11.  Que la diputación de Vizcaya nombre uno, la de Guipúzcoa -otro, haciendo lo mismo el diputado de la provincia de Álava con los -consiliarios, y oyendo a su asesor.</p> - -<p>12.  Que si la isla de Mallorca tuviese diputado en la -península, vaya este; y si no, el sujeto que hubiese más a propósito de -ella, y se ha nombrado a Don Cristóbal Cladera y Company.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_xciv">p. xciv</span>13.  Que -se ejecute lo mismo por lo tocante a las Islas Canarias; y si no hay -aquí diputados, se nombra a Don Estanislao Lugo ministro honorario del -consejo de las Indias, que es natural de dichas islas, y también a Don -Antonio Saviñón.</p> - -<p>14.  Que la diputación del principado de Asturias nombre -asimismo un sujeto de las propias circunstancias.</p> - -<p>15.  Que el consejo de Castilla nombre cuatro ministros de -él, dos el de las Indias, dos el de guerra, el uno militar y el otro -togado; uno el de Órdenes; otro el de hacienda, y otro el de la -Inquisición, siendo los nombrados ya por el de Castilla Don Sebastián -de Torres y Don Ignacio Martínez de Villela, que se hallan en Bayona, -y Don José Colón y Don Manuel de Lardizábal, asistiendo con ellos el -alcalde de casa y corte Don Luis Marcelino Pereira, que está igualmente -en aquella ciudad, y los demás los que elijan a pluralidad de votos los -mencionados consejos.</p> - -<p>16.  Que por lo tocante a la marina concurran el bailío Don -Antonio Valdés y el teniente general Don José Mazarredo; y por lo -respectivo al ejército de tierra el teniente general Don Domingo -Cerviño, el mariscal de campo Don Luis Idiáquez, el brigadier Don -Andrés de Errasti, comandante de reales guardias españolas, el coronel -Don Diego de Porras, capitán de valonas, el coronel Don Pedro de -Torres, exento de las de Corps, todos con el príncipe de Castel-Franco, -capitán general de los reales ejércitos, y con el teniente general -duque del Parque.</p> - -<p>17.  Que en cada una de las tres universidades mayores -Salamanca, Valladolid y Alcalá nombre su claustro un doctor.</p> - -<p>18.  Que por el ramo de comercio vayan catorce sujetos, los -cuales serán nombrados por los consulados y cuerpos que se citarán -luego.</p> - -<p>19.  Los arzobispos y obispos nombrados por la<span -class="pagenum" id="Page_xcv">p. xcv</span> junta de gobierno, -presidida por S. A. I., son los siguientes: el arzobispo de Burgos, el -de Laodicea, coadministrador del de Sevilla, el obispo de Palencia, el -de Zamora, el de Orense, el de Pamplona, el de Gerona y el de Urgel.</p> - -<p>20.  Los generales de las órdenes religiosas serán el de San -Benito, Santo Domingo, San Francisco, Mercenarios calzados, Carmelitas -descalzos y San Agustín.</p> - -<p>21.  Los obispos que han de nombrar los mencionados veinte -curas párrocos deben ser los de Córdoba, Cuenca, Cádiz, Málaga, Jaén, -Salamanca, Almería, Guadix, Segovia, Ávila, Plasencia, Badajoz, -Mondoñedo, Calahorra, Osma, Huesca, Orihuela y Barcelona, debiendo -asimismo nombrar dos el arzobispo de Toledo por la extensión y -circunstancias de su arzobispado.</p> - -<p>22.  Los grandes de España que se nombran son el duque de -Frías, el de Medinaceli, el de Híjar, el conde de Orgaz, el de Fuentes, -el de Fernán Núñez, el de Santa Coloma, el marqués de Santa Cruz, el -duque de Osuna y el del Parque.</p> - -<p>23.  Los títulos de Castilla nombrados son el marqués de la -Granja y Cartojal, el de Castellanos, el de Cilleruelo, el de la -Conquista, el de Ariño, el de Lupiá, el de Bendaña, el de Villa-Alegre, -el de Jura-Real y el conde de Polentinos.</p> - -<p>24.  Las ciudades que han de nombrar sujetos por la clase de -caballeros son: Jerez de la Frontera, Ciudad Real, Málaga, Ronda, -Santiago de Galicia, la Coruña, Oviedo, San Felipe de Játiva, Gerona y -la villa y corte de Madrid.</p> - -<p>25.  Los consulados y cuerpos de comercio, que deben nombrar -cada uno un sujeto, son: los de Cádiz, Barcelona, Coruña, Bilbao, -Valencia, Málaga, Sevilla, Alicante, Burgos, San Sebastián, Santander, -el banco nacional de San Carlos, la compañía de Filipinas y los cinco -gremios mayores de Madrid.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_xcvi">p. xcvi</span>Siendo pues la -voluntad de S. A. I. y de la suprema junta que todos los individuos que -hayan de componer esta asamblea nacional contribuyan por su parte a -mejorar el actual estado del reino, encargan a V. muy particularmente -que consistiendo en el buen desempeño de esta comisión la felicidad de -España, presente en la citada asamblea con todo celo y patriotismo las -ideas que tenga, ya sobre todo el sistema actual, y ya respecto a esa -provincia en particular, adquiriendo de las personas más instruidas -de ella en los diversos ramos de instrucción pública, agricultura, -comercio e industria cuantas noticias pueda para que, en aquellos -puntos en que haya necesidad de reforma, se verifique del mejor modo -posible; esperando igualmente S. A. y la junta que las ciudades, -cabildos, obispos y demás corporaciones que, según queda dicho, -deberán nombrar personas para la asamblea, elegirán aquellas de más -instrucción, probidad, juicio y patriotismo, y cuidarán de darles -y remitirles las ideas más exactas del estado de la España, de sus -males y de los modos y medios de remediarlos, con las observaciones -correspondientes no solo a lo general del reino, sino también a lo que -exijan las particulares circunstancias de las provincias, exhortando V. -a todos los miembros de ese cuerpo, y a los españoles celosos de esa -ciudad, partido o pueblo a que instruyan con sus luces y experiencia al -que vaya de diputado a Bayona, entregándole o dirigiéndole igualmente -las noticias y reflexiones que consideren útiles al intento.</p> - -<p>Todo lo cual participo a V. de orden de S. A. y de la junta para -su inteligencia y puntual cumplimiento en la parte que le toca; en -el supuesto de que todos los sujetos que han de componer la referida -diputación se han de hallar en Bayona el expresado 15 de junio próximo -como se ha dicho; y de que así por V. como por todos los demás se -ha de avisar por mi mano<span class="pagenum" id="Page_xcvii">p. -xcvii</span> a S. A. y a la junta de los sujetos que se hayan -nombrado.</p> - -<p>Dios guarde a V. muchos años. Madrid de mayo de 1808.</p> - -<p><span class="sc">Nota. </span> Después de impresa esta carta se -ha excusado el marqués de Cilleruelo, y en su lugar ha nombrado S. A. -al conde de Castañeda.</p> - -<p>También se ha admitido la excusa del general de Carmelitas -descalzos, y se ha nombrado en su lugar al de San Juan de Dios.</p> - -<p>Además el mismo gran duque con acuerdo de la junta, ha nombrado -seis sujetos naturales de las dos Américas, en esta forma: al marqués -de San Felipe y Santiago, por la Habana: a Don José del Moral, por -Nueva España: a Don Tadeo Bravo y Rivero, por el Perú: a Don León -Altolaguirre, por Buenos Aires: a Don Francisco Cea, por Guatemala; y a -Don Ignacio Sánchez de Tejada, por Santa Fe.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter"> - <p><span class="pagenum" id="Page_xcix">p. xcix</span></p> - <div class="figcenter"> - <img style="width: 26em; height: auto;" - src="images/doble_filete.jpg" - alt="Filete ornamental"/> - </div> - <h2 class="nobreak fs200 lh200 negr mt1" title="Apéndice del Libro Tercero.">APÉNDICE</h2> - <p class="centra smaller lh200">DEL</p> - <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO TERCERO.</p> - <div class="figcenter mt05"> - <img style="width: 8em; height: auto;" - src="images/separa3.jpg" - alt="Motivo ornamental"/> - </div> -</div> - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-1" id="Ap_3-1">3-1</a>.</h3> - -<p class="ti0"><span class="prim"><span class="gran">L</span>as</span> -relaciones de los levantamientos de las provincias están tomadas: 1.º -De las gacetas, proclamas y papeles de oficio publicados entonces. -2.º De relaciones particulares manuscritas dadas por las personas que -compusieron las juntas o tomaron parte en la insurrección o fueron -testigos de los acontecimientos.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-2" id="Ap_3-2">3-2</a>.</h3> - -<p>Este oficio está sacado de la correspondencia manuscrita que tenemos -en nuestro poder, y que fue entonces seguida por los diputados con -el gobierno de S. M. B. También le insertaron las gacetas de aquel -tiempo.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-3" id="Ap_3-3">3-3</a>.</h3> - -<p><i>Parlamentary Debates, vol.</i> <span class="asc">II</span>, <i>pág. 885.</i></p> - - -<h3><span class="pagenum" id="Page_c">p. c</span><span -class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-4" id="Ap_3-4">3-4</a>.</h3> - -<p>Entre las demostraciones extraordinarias que entonces hubo, fue una -de ellas el de haber sido recibidos los enviados de Asturias con tales -aplausos y aclamaciones el primer día que asistieron a la ópera en el -palco del duque de Queensbury, que se suspendió la representación cerca -de una hora.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-5" id="Ap_3-5">3-5</a>.</h3> - -<p><i>Tribuni ut fere semper reguntur a multitudine magis quam regunt. -Tit. Liv., lib. 3, cap. 71.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-6" id="Ap_3-6">3-6</a>.</h3> - -<p><i>Les provinciales 7.<sup>me</sup> Lettre. De la méthode de diriger -l’intention.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-7" id="Ap_3-7">3-7</a>.</h3> - -<p><i>Mémoires du cardinal de Retz, tom. 3.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-6b" id="Ap_3-6b">3-6 bis</a>.</h3> - -<p>Don Lorenzo Calvo de Rozas intendente general del ejército y reino -de Aragón, secretario de la suprema junta de las cortes del mismo, -celebrada en la capital de Zaragoza en el día 9 del mes de junio del -presente año de 1808: — Certifico:</p> - -<p>Que reunidos en la sala consistorial de la ciudad los diputados de -las de voto en cortes, y de los cuatro brazos del reino, cuyos nombres -se anotan al fin, y habiéndose presentado el Excmo. Sr. Don José -Rebolledo de Palafox y Melci gobernador y capitán general del mismo, y -su presidente, fui llamado y se me hizo entrar en la asamblea para que -ejerciese las<span class="pagenum" id="Page_ci">p. ci</span> funciones -de tal secretario, y habiéndolo verificado así, se me entregó el papel -de S. E., que original existe en la secretaría: se leyó y dice así:</p> - -<p>Excmo. Sr.: Consta ya a V. E. que por el voto unánime de los -habitantes de esta capital, fui nombrado y reconocido de todas las -autoridades establecidas como gobernador y capitán general del reino: -que cualquiera excusa hubiera producido infinitos males a nuestra amada -patria, y sido demasiado funesta para mi.</p> - -<p>Mi corazón agitado ya largo tiempo, combatido de penas y amarguras, -lloraba la pérdida de la patria, sin columbrar aquel fuego sagrado -que la vivifica; lloraba la pérdida de nuestro amado rey Fernando -VII, esclavizado por la tiranía y conducido a Francia con engaños y -perfidias; lloraba los ultrajes de nuestra santa religión, atacada por -el ateísmo, sus templos violentados sacrílegamente por los traidores -el día 2 de mayo, y manchados con sangre de los inocentes españoles; -lloraba la existencia precaria que amenazaba a toda la nación, si -admitía el yugo de un extranjero orgulloso, cuya insaciable codicia -excede a su perversidad, y por fin la pérdida de nuestras posesiones -en América, y el desconsuelo de muchas familias, unas porque verían -convertida la deuda nacional en un crédito nulo, otras que se verían -despojadas de sus empleos y dignidades y reducidas a la indigencia -o la mendicidad, otras que gemirían en la soledad la ausencia o -el exterminio de sus hijos y hermanos conducidos al Norte para -sacrificarse, no por su honor, por su religión, por su rey, ni por -la patria, sino por un verdugo, nacido para azote de la humanidad, -cuyo nombre tan solo dejará a la posteridad el triste ejemplo de los -horrores, engaños y perfidias que ha cometido, y de la sangre inocente -que su proterva ambición ha hecho derramar.</p> - -<p>Llegó el día 24 de mayo, día de gloria para toda<span -class="pagenum" id="Page_cii">p. cii</span> España, y los habitantes de -Aragón siempre leales, esforzados y virtuosos, rompieron los grillos -que les preparaba el artificio, y juraron morir o vencer. En tal estado -lleno mi corazón de aquel noble ardor que a todos nos alienta, renace y -se enajena de pensar que puedo participar con mis conciudadanos de la -gloria de salvar nuestra patria.</p> - -<p>Las ciudades de Tortosa y Lérida invitadas por mí, como puntos muy -esenciales, se han unido a Aragón; he nombrado un gobernador en Lérida -a petición de su ilustre ayuntamiento, les he auxiliado con algunas -armas y gente, y puedo esperar que aquellas ciudades se sostendrán, y -no serán ocupadas por nuestros enemigos.</p> - -<p>La ciudad de Tortosa quiere participar de nuestros triunfos: -ha conferenciado de mi orden con los ingleses; les ha comunicado -el manifiesto del día 31 de mayo para que lo circulen en toda -Europa, y trata de hacer venir nuestras tropas de Mallorca y de -Menorca, siguiendo mis instrucciones; ha enviado un diputado para -conferenciar conmigo, y yo he nombrado otro que partió antes de ayer -con instrucciones secretas dirigidas al mismo fin, y al de entablar -correspondencia con el Austria.</p> - -<p>La merindad de Tudela y la ciudad de Logroño me han pedido un -jefe y auxilios; quieren defenderse e impedir la entrada en Aragón a -nuestros enemigos. He nombrado con toda la plenitud de poderes por -mi teniente y por general del ejército destinado a este objeto al -Excmo. Sr. marqués de Lazán y Cañizar mariscal de campo de los reales -ejércitos, que marchó el día 6 a las doce de la noche con algunas -tropas, y las competentes armas y municiones. No puedo dudar de su -actividad, patriotismo y celo, ni dudará V. E.: otros muchos pueblos -de Navarra han enviado sus representantes, y la ciudad y provincia de -Soria sus diputados. He dispuesto comunicaciones con Santander;<span -class="pagenum" id="Page_ciii">p. ciii</span> establecido postas en el -camino de Valencia, y pedido armas y artilleros, dirigiendo por aquella -vía todos los manifiestos y órdenes publicadas, con encargo de que -se circulen a la Andalucía, Mancha, Extremadura, Galicia y Asturias, -invitándolos a proceder de acuerdo. He enviado al coronel barón de -Versages, y al teniente coronel y gobernador que ha sido en América -Don Andrés Boggiero, a organizar y mandar la vanguardia del ejército -destinado hacia las fronteras de la Alcarria y Castilla la Nueva.</p> - -<p>Para dirigir el ramo de hacienda con la rectitud, energía y -acierto que exige tan digna causa, y velar sobre las rentas y fondos -públicos, he nombrado por intendente a Don Lorenzo Calvo de Rozas, -cuyos conocimientos en este ramo, y cuya probidad incorruptible me son -notorias, y me hacen esperar los más felices resultados. La casualidad -de haber enviado aquí a principios de mayo su familia para librarla del -peligro, y el temor de permanecer él mismo en Madrid en circunstancias -tan críticas, lo trajo a Zaragoza el día 28 del pasado, lo hice -detener, y lo he precisado a admitir este encargo a pesar de que sus -negocios y la conservación de su patrimonio reclamaban imperiosamente -su vuelta a Madrid. Fiado este importante ramo a un sujeto de sus -circunstancias, presentaré a su tiempo a la nación el estado de rentas, -su procedencia e inversión, y en ellas un testimonio público de la -pureza con que se manejarán.</p> - -<p>Resta pues el sacrificio que es más grato a nuestros corazones; -que reunamos nuestras voluntades, y aspiremos al fin que nos hemos -propuesto. Salvemos la patria, aunque fuera a costa de nuestras vidas -y velemos por su conservación. Para ello propongo a V. E. los puntos -siguientes:</p> - -<p>1.º  Que los diputados de las cortes queden aquí en junta -permanente o nombren otra que se reunirá todos los días para proponerme -y deliberar todo<span class="pagenum" id="Page_civ">p. civ</span> lo -conveniente al bien de la patria y del rey.</p> - -<p>2.º  Que V. E. nombre entre sus ilustres individuos un -secretario para extender y uniformar las resoluciones, en las cuales -debe haber una reserva inviolable, extendiendo por hoy el acuerdo uno -de los que se hallan presentes como tales o el intendente.</p> - -<p>3.º  Que cada diputado corresponda con su provincia, le -comunique las disposiciones ya generales ya particulares que tomaré -como jefe militar y político del reino, y las que acordaremos para -mayor bien de la España.</p> - -<p>4.º  Que la junta medite y me proponga sucesivamente las -medidas de hacer compatible con la energía y rapidez que requiere la -organización del ejército el cuidado de la recolección de granos que se -aproxima y no debe desatenderse.</p> - -<p>5.º  Que medite y me proponga la adopción de medios de sostener -el ejército que presentará el intendente de él, y del reino Don Lorenzo -Calvo.</p> - -<p>6.º  Que me proponga todas las disposiciones que crea -convenientes tomar para conservar la policía, el buen orden y la fuerza -militar en cada departamento del reino.</p> - -<p>7.º  Que cuide de mantener las relaciones con los demás reinos -y provincias de España que deben formar con nosotros una misma y sola -familia.</p> - -<p>8.º  Que se encargue y cuide de firmar y circular en todo el -reino, impresas o manuscritas, las órdenes emanadas de mí o de las que -con mi acuerdo expidiese la junta de diputados del reino.</p> - -<p>9.º  Que acuerde desde luego si deben o no concurrir los -diputados que vinieren de las provincias o merindades de fuera del -reino de Aragón mediante que la reunión de sus luces puede ser -interesante a la defensa de la causa pública.</p> - -<p>10.  Que decida desde luego la proclamación de nuestro rey -Fernando VII determinando el día en que haya de verificarse.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_cv">p. cv</span>11.  Que -resuelva igualmente acerca de si deben reunirse en un solo punto las -diputaciones de las demás provincias y reinos de España, conforme a lo -anunciado en el manifiesto del 31 de mayo último.</p> - -<p>12.  Que declare desde luego la urgencia del día, y que la -primera atención debe ser la defensa de la patria. Zaragoza 9 de julio -de 1808. — José de Palafox y Melci.</p> - - -<p class="centra mt1"><span class="sc">Acuerdos.</span></p> - -<p class="mt05">Resolvió la asamblea por aclamación que se proclamase -a Fernando VII, dejando al arbitrio de S. E. señalar el día en que -hubiese de verificarse, que sería cuando las circunstancias lo -permitiesen.</p> - -<p>La misma asamblea de diputados de las cortes enterada de la -exposición antecedente, después de manifestar al Excmo. Sr. capitán -general su satisfacción y gratitud por todo cuanto había ejecutado, -y aprobándolo unánimemente, le reconoció por aclamación como capitán -general y gobernador militar y político del reino de Aragón, y lo mismo -al intendente.</p> - -<p>El Sr. Don Antonio Franquet, regidor de la ciudad de Tortosa, que -hallándose comisionado en esta capital concurrió a la asamblea, hizo -lo mismo a nombre de aquella ciudad, a quien ofreció daría parte de -ello.</p> - -<p>Acto continuo se leyeron los avisos que se habían pasado a todos -los individuos que debían concurrir a la asamblea o junta de cortes -para saber si todos ellos habían sido citados o se hallaban presentes, -y resultó que se había convocado a todos, y que solo habían dejado -de concurrir el Sr. marqués de Tosos, que avisó no podía por estar -enfermo, y el Sr. conde de Torresecas que igualmente manifestó su -imposibilidad de concurrir.</p> - -<p>Se tomó en consideración el primer punto indicado en el -manifiesto de S. E. que antecede, relativo a<span class="pagenum" -id="Page_cvi">p. cvi</span> si debía quedar permanente la junta de -diputados, o nombrar otra presidida por S. E. con toda la plenitud de -facultades, y después de un serio y detenido examen acordó unánimemente -nombrar una junta suprema compuesta de solo seis individuos y de S. E. -como presidente con todas las facultades.</p> - -<p>Se nombró en seguida una comisión compuesta de doce de los señores -vocales tomados de los cuatro brazos del reino, que lo fueron; por lo -eclesiástico el Señor abad de Montearagón, el Sr. deán de esta santa -iglesia, y el Señor arcipreste de Santa Cristina; por el de la nobleza -el Excmo. Sr. conde de Sástago, el Señor marqués de Fuente Olivar, y el -Señor marqués de Zafra; por el de hidalgos el Señor Barón de Alcalá, el -Señor Don Joaquín María Palacios, y el Señor Don Antonio Soldevilla, -y por el de la ciudad el Señor Don Vicente Lisa, el Señor conde de -la Florida, y el Señor Don Francisco Peguera, para que propusiesen a -la asamblea doce candidatos entre los cuales pudiese elegir los seis -representantes que con S. E. habían de formar la junta suprema; y -habiéndose reunido en una pieza separada los doce señores proponentes -que quedan expresados volvieron a entrar en la sala de la junta e -hicieron su propuesta en la forma siguiente.</p> - -<p>Propusieron para los seis individuos que habían de elegirse y -componer la suprema junta al Ilmo. Sr. obispo de Huesca, al M. R. -P. prior del sepulcro de Calatayud, al Excmo. Sr. conde de Sástago, -al Señor regente de la Real Audiencia, a Don Valentín Solanot, abad -del monasterio de Veruela, arcipreste del Salvador, barón de Alcalá, -marqués de Fuente Olivar, barón de Castiel, y Don Pedro María Ric. Se -procedió en seguida a la votación por escrutinio y de ella resultó -que los propuestos tuvieron los votos siguientes. El Señor Obispo -de Huesca, 32; el prior de Calatayud, 11; el conde de Sástago, 27; -Don Antonio Cornel, 33; el Señor Regente, 29; Don Valentín<span -class="pagenum" id="Page_cvii">p. cvii</span> Solanot, 11; abad de -Veruela, 2; arcipreste del Salvador, 12; barón de Alcalá, 2; marqués -de Fuente Olivar, 17; barón de Castiel, 10; y Don Pedro María Ric, 18; -resultando electos a pluralidad de votos para individuos de la suprema -junta de gobierno los Señores Don Antonio Cornel, obispo de Huesca, -regente de la Real Audiencia, conde de Sástago, Don Pedro María Ric, -y el marqués de Fuente Olivar, y por muerte u otra causa legítima que -impidiese el ejercicio de su empleo a los electos, lo harían según uso -y costumbre los que les siguen en votos.</p> - -<p>Se trató del nombramiento de un secretario para la junta suprema, -y toda la asamblea manifestó al Excmo. Sr. capitán general sus deseos -de que S. E. indicase una o dos personas para este destino; S. E. -lo rehusó declarando a los señores vocales que nombrasen a quien -tuviesen por más conveniente y a propósito para el buen desempeño, -más al fin condescendiendo con las reiteradas insinuaciones y deseos -de la junta propuso para primer secretario al Señor Don Vicente Lisa, -y para segundo al Señor barón de Castiel, que quedaron electos en -consecuencia.</p> - -<p>Habiendo meditado la junta sobre las proposiciones 3, 4, 5, 6, 7, -8, 9, 11 y 12, las estimó y tuvo por muy atendibles, y acordó tomarlas -en consideración, para lo cual se reunirían de nuevo todos los señores -vocales proponentes y presentes el próximo martes 14 del corriente mes -de junio a las diez de su mañana, y que por el secretario se enviase -una copia de dichas proposiciones a cada individuo, y se avisaría -a los Señores marqués de Tosos y conde de Torresecas que no habían -concurrido, por si podían hacerlo, con lo cual se concluyó la sesión -quedando todos los señores advertidos para volver sin más aviso el día -señalado, y se rubricó el acuerdo en borrador por los Excmos. Señores -capitán general y conde de Sástago, y el Ilmo. Sr. obispo de Huesca, de -que certifico y<span class="pagenum" id="Page_cviii">p. cviii</span> -firmo en la ciudad de Zaragoza a 9 de junio de 1808. — Lorenzo Calvo -de Rozas, secretario. — Visto bueno. — Palafox.</p> - -<p>Nota. Todos los Señores vocales manifestaron en seguida su voluntad -de nombrar al Excmo. Sr. Don José Rebolledo de Palafox por capitán -general efectivo de ejército, más S. E. dio gracias a la junta y lo -resistió absolutamente pidiendo que no constase la indicación, y -expresando que era brigadier de los reales ejércitos nombrado por S. -M., y que no admitiría ni deseaba otras gracias ni otra satisfacción ni -ascenso que el ser útil a la patria y sacrificarse en su obsequio y en -el de su rey. La junta en consecuencia no insistió en su empeño vista -la delicadeza de S. E., y se reservó el llevar a efecto su voluntad en -una de las primeras sesiones a que no asistiese S. E., por considerarlo -así de justicia; de todo lo cual certifico <i>ut supra</i>. — -Calvo.</p> - -<p>«Hemos insertado aquí el acta de instalación de las cortes de -Aragón, de que poseemos un ejemplar, por ser documento, aunque entonces -impreso, que empieza a ser raro.» — <i>Sigue la lista de los diputados -que las compusieron.</i></p> - - -<p class="centra asc mt1">ESTADO ECLESIÁSTICO.</p> - -<ul class="estados"> -<li>Ilmo. Sr. obispo de Huesca.</li> -<li>Sr. arcipreste de Tarazona.</li> -<li>Sr. deán de Zaragoza.</li> -<li>Sr. arcipreste de Sta. María.</li> -<li>Sr. arcipreste de Sta. Cristina.</li> -<li>Sr. abad de Montearagón.</li> -<li>Sr. abad de Sta. Fe.</li> -<li>Sr. abad de Rueda.</li> -<li>Sr. abad de Veruela.</li> -<li>Sr. prior del sepulcro de Calatayud.</li> -</ul> - - -<p class="centra asc mt1">ESTADO DE NOBLES.</p> - -<ul class="estados"> -<li>Excmo. Sr. conde de Sástago.</li> -<li>Sr. marqués de Sta. Coloma.</li> -<li>Sr. marqués de Fuente Olivar.</li> -<li>Sr. marqués de Zafra.</li> -<li>Sr. marqués de Ariño.</li> -<li>Sr. conde de Sobradiel.</li> -<li>Sr. conde de Torresecas.</li> -</ul> - - -<p class="centra asc mt1">ESTADO DE HIJOSDALGO.</p> - -<p class="centra mt1"><i>Por el partido de Huesca.</i></p> - -<ul class="estados"> -<li>Sr. barón de Alcalá.</li> -<li><span class="pagenum" id="Page_cix">p. cix</span>Sr. Don Joaquín María Palacios.</li> -</ul> - -<p class="centra mt1"><i>Por el partido de Barbastro.</i></p> - -<ul class="estados"> -<li>Sr. Don Antonio Soldevilla.</li> -<li>Sr. Don Francisco Romeo.</li> -</ul> - -<p class="centra mt1"><i>Por el partido de Alcañiz.</i></p> - -<ul class="estados"> -<li>Sr. de Canduero.</li> -<li>Sr. conde de Samitier.</li> -</ul> - -<p class="centra mt1"><i>Por el de Albarracín.</i></p> - -<ul class="estados"> -<li>Don Juan Navarro.</li> -</ul> - -<p class="centra mt1"><i>Por el de Daroca.</i></p> - -<ul class="estados"> -<li>Don Tomás Castillón.</li> -<li>Don Pedro Oseñalde.</li> -</ul> - - -<p class="centra mt1"><span class="asc">CIUDADES DE VOTO EN CORTES.</span></p> - -<p class="centra mt1"><i>Zaragoza.</i></p> - -<ul class="estados"> -<li>Don Vicente Lisa.</li> -</ul> - -<p class="centra mt1"><i>Tarazona.</i></p> - -<ul class="estados"> -<li>Don Bartolomé La-Iglesia.</li> -</ul> - -<p class="centra mt1"><i>Jaca.</i></p> - -<ul class="estados"> -<li>Don Francisco Peguera.</li> -</ul> - -<p class="centra mt1"><i>Calatayud.</i></p> - -<ul class="estados"> -<li>Don Joaquín Arias Ciria.</li> -</ul> - -<p class="centra mt1"><i>Borja.</i></p> - -<ul class="estados"> -<li>Don José Guartero.</li> -</ul> - -<p class="centra mt1"><i>Teruel.</i></p> - -<ul class="estados"> -<li>Sr. conde de la Florida.</li> -</ul> - -<p class="centra mt1"><i>Fraga.</i></p> - -<ul class="estados"> -<li>Don Domingo Azguer.</li> -</ul> - -<p class="centra mt1"><i>Cinco-Villas.</i></p> - -<ul class="estados"> -<li>Don Juan Pérez.</li> -</ul> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter"> - <p><span class="pagenum" id="Page_cxi">p. cxi</span></p> - <div class="figcenter"> - <img style="width: 26em; height: auto;" - src="images/doble_filete.jpg" - alt="Filete ornamental"/> - </div> - <h2 class="nobreak fs200 lh200 negr mt1" title="Apéndice del Libro Cuarto.">APÉNDICE</h2> - <p class="centra smaller lh200">DEL</p> - <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO CUARTO.</p> - <div class="figcenter mt05"> - <img style="width: 8em; height: auto;" - src="images/separa5.jpg" - alt="Motivo ornamental"/> - </div> -</div> - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-1" id="Ap_4-1">4-1</a>.</h3> - -<p class="ti0"><i><span class="gran">E</span>sta proclama está -inserta en la Gaceta de Madrid del 7 de julio de 1808.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-2" id="Ap_4-2">4-2</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Respuesta dada por el Ilmo. Sr. obispo de Orense a -la junta de gobierno, con motivo de haber sido nombrado diputado para -la junta de Bayona.</i></p> - -<p>Excmo. Sr.: Muy señor mío: un correo de la Coruña me ha entregado en -la tarde del miércoles 25 de este la de V. E. con fecha del 19, por la -que, entre lo demás que contiene, me he visto nombrado para asistir a -la asamblea que debe tenerse en Bayona de Francia, a fin de concurrir -en cuanto pudiese a la felicidad de la monarquía, conforme a los deseos -del grande emperador de los franceses, celoso de elevarla al más alto -grado de prosperidad y de gloria.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_cxii">p. cxii</span>Aunque mis luces -son escasas, en el deseo de la verdadera felicidad y gloria de la -nación no debo ceder a nadie, y nada omitiría que me fuese practicable -y creyese conducente a ello. Pero mi edad de 73 años, una indisposición -actual, y otras notorias y habituales me impiden un viaje tan largo y -con un término tan corto, que apenas basta para él, y menos para poder -anticipar los oficios, y para adquirir las noticias e instrucciones -que debían preceder. Por lo mismo me considero precisado a exonerarme -de este encargo, como lo hago por esta, no dudando que el Serenísimo -Sr. duque de Berg y la suprema junta de gobierno estimarán justa y -necesaria mi súplica de que admitan una excusa y exoneración tan -legítima.</p> - -<p>Al mismo tiempo, por lo que interesa al bien de la nación, y a los -designios mismos del emperador y rey, que quiere ser como el ángel de -paz y el protector tutelar de ella, y no olvida lo que tantas veces ha -manifestado, el grande interés que toma en que los pueblos y soberanos -sus aliados aumenten su poder, sus riquezas y dicha en todo género, me -tomo la libertad de hacer presente a la junta suprema de gobierno, y -por ella al mismo emperador rey de Italia, lo que antes de tratar de -los asuntos a que parece convocada, diría y protestaría en la asamblea -de Bayona, si pudiese concurrir a ella.</p> - -<p>Se trata de curar males, de reparar perjuicios, de mejorar la suerte -de la nación y de la monarquía, ¿pero sobre que bases y fundamentos? -¿Hay medio aprobado y autorizado, firme y reconocido por la nación para -esto? ¿Quiere ella sujetarse, y espera su salud por esta vía? ¿Y no -hay enfermedades también que se agravan y exasperan con las medicinas, -de las que se ha dicho: <i>tangant vulnera sacra nullæ manus</i>? ¿Y -no parece haber sido de esta clase la que ha empleado con su aliado y -familia real de España el poderoso protector, el emperador Napoleón? -Sus males se han<span class="pagenum" id="Page_cxiii">p. cxiii</span> -agravado tanto, que está como desesperada su salud. Se ve internada -en el imperio francés, y en una tierra que la había desterrado para -siempre; y vuelto a su cuna primitiva, halla el túmulo por una -muerte civil, en donde la primera rama fue cruelmente cortada por el -furor y la violencia de una revolución insensata y sanguinaria. Y en -estos términos, ¿qué podrá esperar España? ¿Su curación le será más -favorable? Los medios y medicinas no lo anuncian. Las renuncias de sus -reyes en Bayona, e infantes en Burdeos, en donde se cree que no podían -ser libres, en donde se han contemplado rodeados de la fuerza y del -artificio, y desnudos de las luces y asistencia de sus fieles vasallos: -estas renuncias, que no pueden concebirse, ni parecen posibles, -atendiendo a las impresiones naturales del amor paternal y filial, y -al honor y lustre de toda la familia, que tanto interesa a todos los -hombres honrados: estas renuncias que se han hecho sospechosas a toda -la nación, y de las que pende toda la autoridad de que justamente puede -hacer uso el emperador y rey, exigen para su validación y firmeza, y -a lo menos para la satisfacción de toda la monarquía española, que -se ratifiquen estando los reyes e infante que las han hecho libres -de toda coacción y temor. Y nada sería tan glorioso para el grande -emperador Napoleón, que tanto se ha interesado en ellas, como devolver -a la España sus augustos monarcas y familia, disponer que dentro de su -seno, y en unas cortes generales del reino hiciesen lo que libremente -quisiesen, y la nación misma, con la independencia y soberanía que la -compete, procediese en consecuencia a reconocer por su legítimo rey al -que la naturaleza, el derecho y las circunstancias llamasen al trono -español.</p> - -<p>Este magnánimo y generoso proceder sería el mayor elogio del mismo -emperador, y sería más grande y admirable por él que por todas las -victorias y laureles que le coronan y distinguen entre todos los -monarcas<span class="pagenum" id="Page_cxiv">p. cxiv</span> de la -tierra, y aun saldría la España de una suerte funestísima que la -amenaza, y podría finalmente sanar de sus males y gozar de una perfecta -salud, y dar después de Dios las gracias, y tributar el más sincero -reconocimiento a su salvador y verdadero protector, entonces el mayor -de los emperadores de Europa, el moderado, el justo, el magnánimo, el -benéfico Napoleón el grande.</p> - -<p>Por ahora la España no puede dejar de mirarlo bajo otro aspecto muy -diferente: se entreve, si no se descubre, un opresor de sus príncipes -y de ella: se mira como encadenada y esclava cuando se la ofrecen -felicidades: obra, aun más que del artificio, de la violencia y de un -ejército numeroso que ha sido admitido como amigo o por la indiscreción -y timidez, o acaso por una vil traición, que sirve a dar una autoridad -que no es fácil estimar legítima.</p> - -<p>¿Quién ha hecho teniente gobernador del reino al Sermo. Sr. duque -de Berg? ¿No es un nombramiento hecho en Bayona de Francia por un rey -piadoso, digno de todo respeto y amor de sus vasallos, pero en manos de -lados imperiosos por el ascendiente sobre su corazón, y por la fuerza -y el poder a que le sometió? ¿Y no es una artificiosa quimera nombrar -teniente de su reino a un general que manda un ejército que le amenaza, -y renunciar inmediatamente su corona? ¿Solo ha querido volver al trono -Carlos IV para quitarlo a sus hijos? ¿Y era forzoso nombrar un teniente -que impidiese a la España por esta autorización y por el poder militar -cuantos recursos podía tener para evitar la consumación de un proyecto -de esta naturaleza? No solo en España, en toda la Europa dudo se -halle persona sincera que no reclame en su corazón contra estos actos -extraordinarios y sospechosos, por no decir más.</p> - -<p>En conclusión, la nación se ve como sin rey, y no sabe a qué -atenerse. Las renuncias de sus reyes, y el<span class="pagenum" -id="Page_cxv">p. cxv</span> nombramiento de teniente gobernador del -reino, son actos hechos en Francia, y a la vista de un emperador que -se ha persuadido hacer feliz a España con darle una nueva dinastía -que tenga su origen en esta familia tan dichosa, que se cree incapaz -de producir príncipes que no tengan o los mismos o mayores talentos -para el gobierno de los pueblos que el invencible, el victorioso, el -legislador, el filósofo, el grande emperador Napoleón. La suprema -junta de gobierno, a más de tener contra sí cuanto va insinuado, su -presidente armado y un ejército que la cerca, obligan a que se la -considere sin libertad, y lo mismo sucede a los consejos y tribunales -de la corte. ¡Qué confusión, qué caos, y qué manantial de desdichas -para España! No puede evitarla una asamblea convocada fuera del -reino, y sujetos que componiéndola ni pueden tener libertad ni aun -teniéndola creerse que la tuvieran. Y si se juntasen a los movimientos -tumultuosos que pueden temerse dentro del reino pretensiones de -príncipes y potencias extrañas, socorros ofrecidos o solicitados, y -tropas que vengan a combatir dentro de su seno contra los franceses y -el partido que les siga; ¿qué desolación y qué escena podrá concebirse -más lamentable? La compasión, el amor y la solicitud en su favor del -emperador podía antes que curarla causarla los mayores desastres.</p> - -<p>Ruego pues con todo el respeto que debo se hagan presentes a la -suprema junta de gobierno los que considero justos temores y dignos -de su reflexión, y aun de ser expuestos al grande Napoleón. Hasta -ahora he podido contar con la rectitud de su corazón, libre de la -ambición, distante del dolo y de una política artificiosa, y espero aún -que reconociendo no puede estar la salud de España en esclavizarla, -no se empeñe en curarla encadenada, porque no está loca ni furiosa. -Establézcase primero una autoridad legítima, y trátese después de -curarla.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_cxvi">p. cxvi</span>Estos son mis -votos, que no he temido manifestar a la junta y al emperador mismo, -porque he contado con que si no fuesen oídos, serán a lo menos mirados, -como en realidad lo son, como efecto de mi amor a la patria y a la -augusta familia de sus reyes, y de las obligaciones de consejo, cuyo -título temporal sigue al obispado en España. Y sobre todo los contemplo -no solo útiles sino necesarios a la verdadera gloria y felicidad del -ilustre héroe que admira la Europa, que todos veneran, y a quien tengo -la felicidad de tributar con esta ocasión mis humildes y obsequiosos -respetos. Dios guarde a V. E. muchos años. Orense 29 de mayo de 1808. -— Excmo. Sr. — B. L. M. de V. E. su afecto capellán. — Pedro obispo -de Orense. — Excmo. Sr. Don Sebastián Piñuela.»</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-3" id="Ap_4-3">4-3</a>.</h3> - -<p><i>Esta proclama está inserta en la Gaceta de Madrid del 14 de junio -de 1808.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-4" id="Ap_4-4">4-4</a>.</h3> - -<p><i>Esta proclama en el Diario de Madrid de 1.º de junio de -1808.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-5" id="Ap_4-5">4-5</a>.</h3> - -<p class="subh3c"><i>Gaceta de Madrid de 14 de junio de 1808.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-6" id="Ap_4-6">4-6</a>.</h3> - -<p><i>Todas estas gratulatorias pueden leerse en el Diario de Madrid -del 12 de junio de 1808, y en las gacetas de aquel tiempo.</i></p> - - -<h3><span class="pagenum" id="Page_cxvii">p. cxvii</span><span -class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-7" id="Ap_4-7">4-7</a>.</h3> - -<p><i>Esta proclama está inserta en el Diario de Madrid del 15 de junio -de 1808.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-8" id="Ap_4-8">4-8</a>.</h3> - -<p>Habiendo aceptado la cesión de la corona de España que mi muy caro -y muy amado hermano el emperador de los franceses &c. hizo a favor -de mi persona, según el aviso que se comunicó al consejo con fecha de -4 del corriente; he venido en nombrar por mi lugarteniente general a -S. A. I. y R. el gran duque de Berg, según se lo participo con esta -fecha, encargándole que haga expedir todos los decretos que convengan, -a fin de que los tribunales y los empleados de todas clases continúen -en el ejercicio de sus funciones respectivas; por exigirlo así el bien -general del reino, que es y será siempre el objeto de mis desvelos. -Tendralo entendido el consejo para su inteligencia y cumplimiento en la -parte que le toca. — Yo el rey. — En Bayona a 10 de junio de 1808. — -Al decano del consejo.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-9" id="Ap_4-9">4-9</a>.</h3> - -<p>El augusto emperador de los franceses, nuestro muy caro y muy amado -hermano, nos ha cedido todos los derechos que había adquirido a la -corona de las Españas por los tratados ajustados en los días 5 y 10 de -mayo próximo pasado. La providencia, abriéndonos una carrera tan vasta, -sin duda que ha penetrado nuestras intenciones: la misma nos dará -fuerzas para hacer la felicidad del pueblo generoso que ha confiado a -nuestro cuidado. Solo ella puede leer en nuestra alma, y no seremos -felices hasta el día en que correspondiendo a tantas esperanzas, -podamos darnos a nos mismo<span class="pagenum" id="Page_cxviii">p. -cxviii</span> el testimonio de haber llenado el glorioso cargo que -se nos ha impuesto. La conservación de la santa religión de nuestros -mayores en el estado próspero en que la encontramos, la integridad y la -independencia de la monarquía serán nuestros primeros deberes. Tenemos -derecho para contar con la asistencia del clero, de la nobleza y del -pueblo, a fin de hacer revivir aquel tiempo en que el mundo entero -estaba lleno de la gloria del nombre español; y sobre todo deseamos -establecer el sosiego, y fijar la felicidad en el seno de cada familia -por medio de una buena organización social. Hacer el bien público -con el menor perjuicio posible de los intereses particulares será el -espíritu de nuestra conducta; y por lo que a nos toca, como nuestros -pueblos sean dichosos, en su felicidad cifraremos toda nuestra gloria. -A este precio ningún sacrificio nos será costoso. Para el bien de la -España, y no para el nuestro, nos proponemos reinar. El consejo lo -tendrá entendido, y lo comunicará a nuestros pueblos. — Yo el rey. — -En Bayona a 10 de junio de 1808. — Al decano del consejo.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-10" id="Ap_4-10">4-10</a>.</h3> - -<p><i>Este discurso está inserto en el suplemento a la Gaceta de Madrid -del 21 de junio de 1808</i>.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-11" id="Ap_4-11">4-11</a>.</h3> - -<p>Señor: todos los españoles que componen la comitiva de sus AA. RR. -los príncipes Fernando, Carlos y Antonio, noticiosos por los papeles -públicos de la instalación de la persona de V. M. C. en el trono de -la patria de los exponentes, con el consentimiento de toda la nación, -procediendo consecuentes al voto unánime, manifestado al emperador -y rey en la nota adjunta, de permanecer españoles sin sustraerse de -sus leyes<span class="pagenum" id="Page_cxix">p. cxix</span> en -modo alguno, antes bien queriendo siempre subsistir sumisos a ellas, -consideran como obligación suya muy urgente la de conformarse con el -sistema adoptado por su nación, y rendir como ella sus más humildes -homenajes a V. M. C., asegurándole también la misma inclinación, el -mismo respeto y la misma lealtad que han manifestado al gobierno -anterior, de la cual hay las pruebas más distinguidas; y creyendo -que esta misma fidelidad pasada será la garantía más segura de la -sinceridad de la adhesión que ahora manifiestan, jurando como juran -obediencia a la nueva constitución de su país, y fidelidad al rey de -España José I.</p> - -<p>La generosidad de V. M. C., su bondad y su humanidad, les hacen -esperar que considerando la necesidad que estos príncipes tienen de -que los exponentes continúen sirviéndoles en la situación en que se -hallan, se dignará V. M. C. confirmar el permiso que hasta ahora han -tenido de S. M. I. y R. para permanecer aquí: y asimismo continuarles -por atención a los mismos príncipes con igual magnanimidad el goce de -los bienes y empleos que tenían en España, con las otras gracias que a -petición suya les tiene concedidas S. M. I. y R., hermano augusto de V. -M. C., y constan de la adjunta nota que tienen el honor de presentar a -los pies de V. M. C. con la más humilde súplica.</p> - -<p>Una vez asegurados por este medio de que sirviendo a sus AA. RR. -serán considerados como vasallos fieles de V. M. C. y como españoles -verdaderos, prontos a obedecer ciegamente la voluntad de V. M. C. hasta -en lo más mínimo; si se les quisiese dar otro destino participarán -completamente de la satisfacción de todos sus compatriotas, a quienes -debe hacer dichosos para siempre un monarca tan justo, tan humano y tan -grande en todo sentido como V. M. C.</p> - -<p>Ellos dirigen a Dios los votos más fervorosos y unánimes para -que se verifiquen estas esperanzas, y para<span class="pagenum" -id="Page_cxx">p. cxx</span> que Dios se digne conservar por muchos -años la preciosa vida de V. M. C. En fin, con el más profundo y más -sincero respeto, tienen el honor de ponerse a los pies de V. M. C. -sus más humildes servidores y fieles súbditos en nombre de todas las -personas de la comitiva de los príncipes. — El duque de San Carlos, -Don Juan Escóiquiz, el marqués de Ayerbe, el marqués de Feria, Don -Antonio Correa, Don Pedro Macanaz. — Valençay 22 de junio de 1808. — -(<i>Llorente, tom. 1.º pág. 105.</i>)</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-12" id="Ap_4-12">4-12</a>.</h3> - -<p>He recibido con sumo gusto la carta de V. M. I. y R. de 15 del -corriente, y le doy gracias por las expresiones afectuosas con que me -honra, y con las cuales yo he contado siempre. Las repito a V. M. I. -por su bondad en favor de la solicitud del duque de San Carlos y de Don -Pedro Macanaz, que tuve el honor de recomendar. Doy muy sinceramente -en mi nombre y de mi hermano y tío a V. M. I. la enhorabuena de la -satisfacción de ver instalado a su querido hermano en el trono de -España. Habiendo sido objeto de todos nuestros deseos la felicidad de -la generosa nación que habita su vasto territorio, no podemos ver a la -cabeza de ella un monarca más digno, ni más propio por sus virtudes -para asegurársela, ni dejar de participar al mismo tiempo del grande -consuelo que nos da esta circunstancia. Deseamos el honor de profesar -amistad con S. M., y este afecto nos ha dictado la carta adjunta que -me atrevo a incluir, rogando a V. M. I. que después de leída se digne -presentarla a S. M. C. Una mediación tan respetable nos asegura que -será recibida con la cordialidad que deseamos. Sire: perdonad una -libertad que nos tomamos, por la confianza sin límites que V. M. I. -nos ha inspirado. Y con la seguridad de todo nuestro afecto y respeto, -permitid que<span class="pagenum" id="Page_cxxi">p. cxxi</span> -yo le renueve los más sinceros e invariables sentimientos, con los -cuales tengo el honor de ser, Sire, de V. M. I. y R. su muy humilde y -muy obediente servidor. — Fernando. — (<i>Llorente, tom. 1.º, pág. -102.</i>)</p> - -<p><span class="sc">Nota</span>.  <i>La carta escrita a José que -se cita en la anterior, la oyeron todos los diputados de Bayona y se -quedó con el original Don Miguel José de Azanza</i>.</p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-13" id="Ap_4-13">4-13</a>.</h3> - -<p><i>En la Gaceta de Madrid del 13 de julio de 1808 y -siguientes.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-14" id="Ap_4-14">4-14</a>.</h3> - -<p><i>Marqués de San Felipe, en sus Comentarios, año de 1700.</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-15" id="Ap_4-15">4-15</a>.</h3> - -<p class="subh3"><i>Capitulaciones ajustadas entre los respectivos -generales de los ejércitos español y francés.</i></p> - -<p>«Los Excmos. Sres. conde de Tilly, y Don Francisco Javier Castaños -general en jefe del ejército de Andalucía, queriendo dar una prueba -de su alta estimación al Excmo Sr. general Dupont, grande águila de -la legión de honor &c., así como al ejército de su mando por la -brillante y gloriosa defensa que han hecho contra un ejército muy -superior en número, y que le envolvía por todas partes, y el Sr. -general Chabert encargado con plenos poderes por S. E. el Sr. general -en jefe del ejército francés, y el Excmo. Sr. general Marescot grande -águila &c., han convenido en los artículos siguientes:</p> - -<p>1.º  Las tropas del mando del Excmo. Sr. general Dupont quedan -prisioneras de guerra, exceptuando la división de Vedel y otras tropas -francesas que se hallan igualmente en Andalucía.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_cxxii">p. cxxii</span>2.º  La -división del general Vedel, y generalmente las demás tropas francesas -de la Andalucía que no se hallan en la posición de las comprendidas en -el artículo antecedente, evacuarán la Andalucía.</p> - -<p>3.º  Las tropas comprendidas en el artículo 2.º conservarán -generalmente todo su bagaje; y para evitar todo motivo de inquietud -durante su viaje dejarán su artillería, tren y otras armas al -ejército español, que se encarga de devolvérselas en el momento de su -embarque.</p> - -<p>4.º  Las tropas comprendidas en el artículo 1.º del tratado -saldrán del campo con los honores de la guerra, dos cañones a la cabeza -de cada batallón y los soldados con sus fusiles que se rendirán y -entregarán al ejército español a cuatrocientas toesas del campo.</p> - -<p>5.º  Las tropas del general Vedel y otras que no deben -rendir sus armas, las colocarán en pabellones sobre su frente de -banderas, dejando del mismo modo su artillería y tren, formándose el -correspondiente inventario por oficiales de ambos ejércitos, y todo les -será devuelto, según queda convenido en el artículo 3.º</p> - -<p>6.º  Todas las tropas francesas de Andalucía pasarán a Sanlúcar -y Rota por los tránsitos que se les señale, que no podrán exceder -de cuatro leguas regulares al día con los descansos necesarios para -embarcarse en buques con tripulación española, y conducirlos al puerto -de Rochefort en Francia.</p> - -<p>7.º  Las tropas francesas se embarcarán así que lleguen al -puerto de Rota, y el ejército español garantirá la seguridad de su -travesía contra toda empresa hostil.</p> - -<p>8.º  Los señores generales, jefes y demás oficiales conservarán -sus armas, y los soldados sus mochilas.</p> - -<p>9.º  Los alojamientos, víveres y forrajes durante la -marcha y travesía se suministrarán a los señores generales y demás -oficiales, así como a la tropa a proporción<span class="pagenum" -id="Page_cxxiii">p. cxxiii</span> de su empleo, y con arreglo a los -goces de las tropas españolas en tiempo de guerra.</p> - -<p>10.  Los caballos que según sus empleos corresponden a los -señores generales, jefes y oficiales del estado mayor se transportarán -a Francia mantenidos con la ración de tiempo de guerra.</p> - -<p>11.  Los señores generales conservarán cada uno un coche y un -carro; los jefes y oficiales de estado mayor un coche solamente exentos -de reconocimiento, pero sin contravenir a los reglamentos y leyes del -reino.</p> - -<p>12.  Se exceptúan del artículo antecedente los carruajes -tomados en Andalucía, cuya inspección hará el general Chabert.</p> - -<p>13.  Para evitar la dificultad del embarque de los caballos -de los cuerpos de caballería y los de artillería comprendidos en el -artículo 2.º, se dejarán unos y otros en España pagando su valor, según -el aprecio que se haga por dos comisionados español y francés.</p> - -<p>14.  Los heridos y enfermos del ejército francés que queden -en los hospitales, se asistirán con el mayor cuidado y se enviarán a -Francia con escolta segura, así que se hallen buenos.</p> - -<p>15.  Como en varios parajes, particularmente en el ataque -de Córdoba, muchos soldados a pesar de las órdenes de los señores -generales y del cuidado de los señores oficiales, cometieron excesos -que son consiguientes e inevitables en las ciudades que hacen -resistencia al tiempo de ser tomadas, los señores generales y demás -oficiales tomarán las medidas necesarias para encontrar los vasos -sagrados que pueden haberse quitado y entregarlos si existen.</p> - -<p>16.  Los empleados civiles que acompañan al ejército francés no -se considerarán prisioneros de guerra, pero sin embargo gozarán durante -su transporte a Francia todas las ventajas concedidas a las tropas -francesas, con proporción a sus empleos.</p> - -<p>17.  Las tropas francesas empezarán a evacuar la<span -class="pagenum" id="Page_cxxiv">p. cxxiv</span> Andalucía el día 23 de -julio. Para evitar el gran calor se efectuará por la noche la marcha, y -se conformarán con la jornada diaria, que arreglarán los señores jefes -del estado mayor español y francés, evitando el que las tropas pasen -por las ciudades de Córdoba y Jaén.</p> - -<p>18.  Las tropas francesas en su marcha irán escoltadas de tropa -española, a saber: 300 hombres de escolta por cada columna de 3000 -hombres, y los señores generales serán escoltados por destacamentos de -caballería de línea.</p> - -<p>19.  A la marcha de las tropas precederán siempre los -comisionados español y francés para asegurar los alojamientos y víveres -necesarios, según los estados que se les entregarán.</p> - -<p>20.  Esta capitulación se enviará desde luego a S. E. el duque -de Rovigo general en jefe de los ejércitos franceses en España, con un -oficial francés escoltado por tropa de línea española.</p> - -<p>21.  Queda convenido entre los dos ejércitos que se añadirán -como suplemento a esta capitulación los artículos de cuanto pueda -haberse omitido para aumentar el bien estar de los franceses durante su -permanencia y pasaje en España. — Firmado.»</p> - - -<p class="subh3c"><i>Artículos adicionales igualmente -autorizados.</i></p> - -<p>1.º  Se facilitarán dos carretas por batallón para transportar -las maletas de los señores oficiales.</p> - -<p>2.º  Los señores oficiales de caballería de la división del -señor general Dupont conservarán sus caballos solamente para hacer su -viaje y los entregarán en Rota, punto de su embarco, a un comisionado -español encargado de recibirlos. La tropa de caballería de guardia del -señor general en jefe gozará la misma facultad.</p> - -<p>3.º  Los franceses enfermos que están en la Mancha<span -class="pagenum" id="Page_cxxv">p. cxxv</span> así como los que haya -en Andalucía, se conducirán a los hospitales de Andújar, u otro que -parezca más conveniente.</p> - -<p>Los convalecientes les acompañarán a medida que se vayan curando; -se conducirán a Rota, donde se embarcarán para Francia bajo la misma -garantía mencionada en el artículo 6.º de la capitulación.</p> - -<p>4.º  Los Excmos. Sres. conde de Tilly y general Castaños, -prometen interceder con su valimiento para que el señor general -Erselinaut, el señor coronel La Grange y el señor teniente coronel -Roseti, prisioneros de guerra en Valencia, se pongan en libertad, y -conduzcan a Francia bajo la misma garantía expresada en el artículo -anterior. — Firmado. — <i>(Véase la Lealtad española, tom. -2.º)</i></p> - - -<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-16" id="Ap_4-16">4-16</a>.</h3> - -<p><i>Mémoires du duc de Rovigo, volum. 3, cap. 18.</i></p> - - -<p class="fin"><span class="sc">Fin del tomo I.</span></p> - -<hr class="chap" /> - - -<hr class="full" /> - -<div lang='en' xml:lang='en'> -<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (1 DE 5)</span> ***</div> -<div style='text-align:left'> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Updated editions will replace the previous one—the old editions will -be renamed. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Most people start at our website which has the main PG search -facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -This website includes information about Project Gutenberg™, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. -</div> - -</div> -</div> -</body> -</html> diff --git a/old/68978-h/images/apendices.jpg b/old/68978-h/images/apendices.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 6f7138a..0000000 --- a/old/68978-h/images/apendices.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/68978-h/images/cover.jpg b/old/68978-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 1d664d6..0000000 --- a/old/68978-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/68978-h/images/doble_filete.jpg b/old/68978-h/images/doble_filete.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 2dc61bd..0000000 --- a/old/68978-h/images/doble_filete.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/68978-h/images/separa1.jpg b/old/68978-h/images/separa1.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 440e27f..0000000 --- a/old/68978-h/images/separa1.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/68978-h/images/separa2.jpg b/old/68978-h/images/separa2.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 28585cd..0000000 --- a/old/68978-h/images/separa2.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/68978-h/images/separa3.jpg b/old/68978-h/images/separa3.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 20dc9f1..0000000 --- a/old/68978-h/images/separa3.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/68978-h/images/separa4.jpg b/old/68978-h/images/separa4.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index cdd591d..0000000 --- a/old/68978-h/images/separa4.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/68978-h/images/separa5.jpg b/old/68978-h/images/separa5.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 2f65c9c..0000000 --- a/old/68978-h/images/separa5.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/68978-h/images/title_half.jpg b/old/68978-h/images/title_half.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index bd39da3..0000000 --- a/old/68978-h/images/title_half.jpg +++ /dev/null |
