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-The Project Gutenberg eBook of Historia del levantamiento, guerra y
-revolución de España (1 de 5), by Conde de Toreno
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1 de
- 5)
-
-Author: Conde de Toreno
-
-Release Date: September 12, 2022 [eBook #68978]
-
-Language: Spanish
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from
- images generously made available by The Internet
- Archive/Canadian Libraries)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO,
-GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (1 DE 5) ***
-
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han
- convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
-
- * También han sido modernizados los topónimos y los nombres propios de
- persona, siempre que se han encontrado referencias bibliográficas.
-
- * Se han incorporado las correcciones mencionadas en la fe de erratas
- aparecida en el segundo tomo.
-
- * Se ha alterado la numeración de los apéndices para que incorporen
- el número del libro al que corresponden, obteniendo así una
- identificación única a lo largo de todos los tomos de la obra.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- Levantamiento, Guerra y Revolución
- de España.
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- Levantamiento, Guerra y Revolución
- DE ESPAÑA
-
- POR
- EL CONDE DE TORENO.
-
- TOMO I.
-
- Madrid:
- IMPRENTA DE DON TOMÁS JORDÁN,
- 1835.
-
-
-
-
- ... quis nescit, primam esse historiæ legem, ne quid falsi dicere
- audeat? deinde ne quid veri non audeat? ne qua suspicio gratiæ sit in
- scribendo? ne qua simultatis?
-
- CICER., _De Oratore, lib. 2, c. 15._
-
-
-
-
- RESUMEN
- DEL
- LIBRO PRIMERO.
-
-
-_Turbación de los tiempos. — Flaqueza de España. — Política de
-Francia. — Paz de Presburgo. — Destronamiento de la casa de Nápoles.
-— Tratos de paz con Inglaterra. — Rómpense estas negociaciones. —
-También otras con Rusia. — Preparativos de guerra. — Tropas españolas
-que van a Toscana. — Izquierdo: dinero que da a Napoleón. — Enfado
-del príncipe de la Paz contra Napoleón. — Sus sospechas. — Piensa
-ligarse con Inglaterra. — Envía allá a Don Agustín de Argüelles. —
-Proclama del 5 de octubre. — Discúlpase con Napoleón. — Proyectos
-contra España. — Los dos partidos que dividen el palacio español. —
-Entretiénese a Izquierdo en París. — Mr. de Beauharnais embajador de
-Francia en Madrid. — Secretos manejos con el partido del príncipe de
-Asturias. — Tropas españolas que van al Norte. — Paz de Tilsit. —
-Tropas francesas que se juntan en Bayona. — Portugal. — Notas de los
-representantes de España y Francia en Lisboa. — Se retiran de aquella
-corte. — 18 de octubre de 1807 cruza el Bidasoa la primera división
-francesa. — 27 de octubre, tratado de Fontainebleau. — Causa del
-Escorial. — Marcha de Junot hacia Portugal. — Entrada en Portugal,
-19 de noviembre de 1807. — Llegada a Abrantes, 23 de noviembre.
-— Proclama del príncipe regente de Portugal, 22 de noviembre. —
-Instancia de Lord Strangford para que se embarque. — 29 de noviembre
-da la vela la familia real portuguesa. — 30 de noviembre, entrada de
-Junot en Lisboa. — Entrada de los españoles en Portugal. — 16 de
-noviembre, viaje de Napoleón a Italia. — Reina de Etruria. — Carta de
-Carlos IV a Napoleón. — Dudas de Napoleón sobre su conducta respecto
-de España. — 22 de diciembre, Dupont en Irún. — 9 de enero de 1808,
-entrada del cuerpo de Moncey. — 24 de id., publicaciones del Monitor.
-— 1.º de febrero de 1808, proclama de Junot. — Forma nueva regencia,
-de que se nombra presidente. — Gravosa contribución extraordinaria.
-— Envía a Francia una división portuguesa. — 16 de febrero, toma de
-la ciudadela de Pamplona. — Entra Duhesme en Cataluña. — Llega a
-Barcelona. — 28 de febrero, sorpresa de la ciudadela de Barcelona.
-— Id. sorpresa de Monjuich. — 18 de marzo, ocupación de San
-Fernando de Figueras. — 5 de marzo, entrega de San Sebastián. — 7
-de febrero, orden para que la escuadra de Cartagena vaya a Toulon. —
-Desasosiego de la corte de Madrid. — Conducta ambigua de Napoleón. —
-Sobresalto del príncipe de la Paz. — Llegada a Madrid de Izquierdo.
-— Sale Izquierdo el 10 de marzo para París. — Tropas francesas que
-continuaron entrando en España. — Murat nombrado general en jefe del
-ejército francés en España. — Piensa la corte de Madrid en partir para
-Andalucía. — Providencias que toma._
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
- de España.
-
- LIBRO PRIMERO.
-
-
-[Marginal: Turbación de los tiempos.]
-
-La turbación de los tiempos, sembrando por el mundo discordias,
-alteraciones y guerras, había estremecido hasta en sus cimientos
-antiguas y nombradas naciones. Empobrecida y desgobernada España,
-hubiera al parecer debido antes que ninguna ser azotada de los recios
-temporales que a otras habían afligido y revuelto. Pero viva aún la
-memoria de su poderío, apartada al ocaso y en el continente Europeo
-postrera de las tierras, habíase mantenido firme y conservado casi
-intacto su vasto y desparramado imperio. No poco y por desgracia habían
-contribuido a ello la misma condescendencia y baja humillación de su
-gobierno, [Marginal: Flaqueza de España.] que ciegamente sometido al
-de Francia, fuese democrático, consular o monárquico, dejábale este
-disfrutar en paz hasta cierto punto de aparente sosiego, con tal que
-quedasen a merced suya las escuadras, los ejércitos y los caudales que
-aún restaban a la ya casi aniquilada España.
-
-[Marginal: Política de Francia.]
-
-Mas en medio de tanta sumisión, y de los trastornos y continuos
-vaivenes que trabajaban a Francia, nunca habían olvidado sus muchos
-y diversos gobernantes la política de Luis XIV, procurando atar al
-carro de su suerte la de la nación española. Forzados al principio
-a contentarse con tratados que estrechasen la alianza, preveían no
-obstante que cuanto más onerosos fuesen aquellos para una de las partes
-contratantes, tanto menos serían para la otra estables y duraderos.
-
-Menester pues era que para darles la conveniente firmeza se
-aunasen ambas naciones, asemejándose en la forma de su gobierno, o
-confundiéndose bajo la dirección de personas de una misma familia,
-según que se mudaba y trastrocaba en Francia la constitución
-del estado. Así era que apenas aquel gabinete tenía un respiro,
-susurrábanse proyectos varios, juntábanse en Bayona tropas, enviábanse
-expediciones contra Portugal, o aparecían muchos y claros indicios de
-querer entrometerse en los asuntos interiores de la península hispana.
-
-Crecía este deseo ya tan vivo a proporción que las armas francesas
-afianzaban fuera la prepotencia de su patria, y que dentro se
-restablecían la tranquilidad y buen orden. A las claras empezó a
-manifestarse cuando Napoleón ciñendo sus sienes con la corona de
-Francia, fundadamente pensó que los Borbones sentados en el solio de
-España mirarían siempre con ceño, por sumisos que ahora se mostrasen,
-al que había empuñado un cetro que de derecho correspondía al tronco de
-donde se derivaba su rama. [Marginal: Paz de Presburgo.] Confirmáronse
-los recelos del francés después de lo ocurrido en 1805, al terminarse
-la campaña de Austria con la paz de Presburgo.
-
-[Marginal: Destronamiento de la casa de Nápoles.]
-
-Desposeído por entonces de su reino Fernando IV de Nápoles, hermano
-de Carlos de España, había la corte de Madrid rehusado durante cierto
-tiempo asentir a aquel acto y reconocer al nuevo soberano José
-Bonaparte. Por natural y justa que fuese esta resistencia, sobremanera
-desazonó al emperador de los franceses, quien hubiera sin tardanza dado
-quizá señales de su enojo, si otros cuidados no hubiesen fijado su
-mente y contenido los ímpetus de su ira.
-
-En efecto la paz ajustada con Austria estaba todavía lejos de
-extenderse a Rusia, y el gabinete prusiano, de equívoca e incierta
-conducta, desasosegaba el suspicaz ánimo de Napoleón. Si tales motivos
-eran obstáculo para que este se ocupase en cosas de España, lo fueron
-también por extremo opuesto las esperanzas de una pacificación general,
-nacidas de resultas de la muerte de Pitt. [Marginal: Tratos de paz con
-Inglaterra.] Constantemente había Napoleón achacado a aquel ministro,
-finado en enero de 1806, la continuación de la guerra, y como la paz
-era el deseo de todos hasta en Francia, forzoso le fue a su jefe no
-atropellar opinión tan acreditada, cuando había cesado el alegado
-pretexto, y entrado a componer el gabinete inglés Mr. Fox y Lord
-Grenville con los de su partido.
-
-Juzgábase que ambos ministros, sobre todo el primero, se inclinaban a
-la paz, y se aumentó la confianza al ver que después de su nombramiento
-se había entablado entre los gobiernos de Inglaterra y Francia
-activa correspondencia. Dio principio a ella Fox valiéndose de un
-incidente que favorecía su deseo. Las negociaciones duraron meses, y
-aun estuvieron en París como plenipotenciarios los Lores Yarmouth y
-Lauderdale. Dificultoso era en aquella sazón un acomodamiento a gusto
-de ambas partes. Napoleón en los tratos mostró poco miramiento respecto
-de España, pues entre las varias proposiciones hizo la de entregar la
-isla de Puerto Rico a los ingleses, y las Baleares a Fernando IV de
-Nápoles, en cambio de la isla de Sicilia que el último cedería a José
-Bonaparte.
-
-Correspondió el remate a semejantes propuestas, a las que se agregaba
-el irse colocando la familia de Bonaparte en reinos y estados, como
-también el establecimiento de la nueva y famosa confederación del
-Rin. [Marginal: Rómpense estas negociaciones.] Rompiéronse pues las
-negociaciones, anunciando Napoleón como principal razón la enfermedad
-de Fox y su muerte acaecida en setiembre de 1806. [Marginal: También
-otras con Rusia.] Por el mismo término caminaron las entabladas también
-con Rusia, habiendo desaprobado públicamente el emperador Alejandro el
-tratado que a su nombre había en París concluido su plenipotenciario
-Mr. d’Oubril.
-
-Aun en el tiempo en que andaban las pláticas de paz, dudosos todos
-y aun quizá poco afectos a su conclusión, [Marginal: Preparativos de
-guerra.] se preparaban a la prosecución de la guerra. Rusia y Prusia
-ligábanse en secreto, y querían que otros estados se uniesen a su
-causa. Napoleón tampoco se descuidaba, y aunque resentido por lo de
-Nápoles con el gabinete de España, disimulaba su mal ánimo, procurando
-sacar de la ciega sumisión de este aliado cuantas ventajas pudiese.
-
-[Marginal: Tropas españolas que van a Toscana.]
-
-De pronto, y al comenzar el año de 1806, pidió que tropas españolas
-pasasen a Toscana a reemplazar las francesas que la guarnecían. Con
-eso lisonjeando a las dos cortes, a la de Florencia porque consideraba
-como suya la guardia de españoles, y a la de Madrid por ser aquel paso
-muestra de confianza, conseguía Napoleón tener libre más gente, y al
-mismo tiempo acostumbraba al gobierno de España a que insensiblemente
-se desprendiese de sus soldados. Accedió el último a la demanda, y
-en principios de marzo entraron en Florencia de 4 a 5000 españoles
-mandados por el teniente general Don Gonzalo Ofárril.
-
-[Marginal: Izquierdo: dinero que da a Napoleón.]
-
-Como Napoleón necesitaba igualmente otro linaje de auxilios, volvió la
-vista para alcanzarlos a los agentes españoles residentes en París.
-Descollaba entre todos Don Eugenio Izquierdo, hombre sagaz, travieso
-y de amaño, a cuyo buen desempeño estaban encomendados los asuntos
-peculiares de Don Manuel Godoy, príncipe de la Paz, disfrazados bajo
-la capa de otras comisiones. En vano hasta entonces se había desvivido
-dicho encargado por sondear respecto de su valedor los pensamientos del
-Emperador de los franceses. Nunca había tenido otra respuesta sino
-promesas y palabras vagas. Mas llegó mayo de 1806, y creciendo los
-apuros del gobierno francés para hacer frente a los inmensos gastos que
-ocasionaban los preparativos de guerra, reparó este en Izquierdo, y le
-indicó que la suerte del príncipe de la Paz merecería la particular
-atención de Napoleón, si se le acudía con socorros pecuniarios. Gozoso
-Izquierdo y lleno de satisfacción, brevemente y sin estar para ello
-autorizado, aprontó 24 millones de francos [*] [Marginal: (* Ap. n.
-1-1.)] pertenecientes a la caja de consolidación de Madrid, según
-convenio que firmó el 10 de mayo. Aprobó el de la Paz la conducta
-de su agente, y contando ya con ser ensalzado a más eminente puesto
-en trueque del servicio concedido, hizo que en nombre de Carlos IV
-se confiriesen en 26 del mismo mayo [*] [Marginal: (* Ap. n. 1-2.)]
-a dicho Izquierdo plenos poderes para que ajustase y concluyese un
-tratado.
-
-Pero Napoleón, dueño de lo que quería y embargados sus sentidos con
-el nublado que del norte amagaba, difirió entrar en negociación hasta
-que se terminasen las desavenencias con Prusia y Rusia. Ofendió la
-tardanza al príncipe de la Paz, [Marginal: Enfado del príncipe de la
-Paz contra Napoleón.] receloso en todos tiempos de la buena fe de
-Napoleón, y temió de él nuevos engaños. Afirmáronle en sus sospechas
-diversos avisos que por entonces le enviaron españoles residentes
-en París; opúsculos y folletos que debajo de mano fomentaba aquel
-gobierno, [Marginal: Sus sospechas.] y en que se anunciaba la entera
-destrucción de la casa de Borbón, y en fin el dicho mismo del emperador
-de que «si Carlos IV no quería reconocer a su hermano por rey de
-Nápoles, su sucesor le reconocería.»
-
-Tal cúmulo de indicios que progresivamente vinieron a despertar las
-zozobras y el miedo del valido español, se acrecentaron con las
-noticias e informes que le dio Mr. de Strogonoff nombrado ministro de
-Rusia en la corte de Madrid, quien había llegado a la capital de España
-en enero de 1806.
-
-Animado el príncipe de la Paz con los consejos de dicho ministro, y mal
-enojado contra Napoleón, [Marginal: Piensa ligarse con Inglaterra.]
-inclinábase a formar causa común con las potencias beligerantes.
-Pareciole no obstante ser prudente, antes de tomar resolución
-definitiva, buscar arrimo y alianza en Inglaterra. Siendo el asunto
-espinoso y pidiendo sobre todo profundo sigilo, determinó enviar a
-aquel reino un sujeto que dotado de las convenientes prendas, no
-excitase el cuidado del gobierno de Francia. [Marginal: Envía allí
-a Don Agustín de Argüelles.] Recayó la elección en Don Agustín de
-Argüelles que tanto sobresalió años adelante en las cortes congregadas
-en Cádiz. Rehusaba el nombrado admitir el encargo por proceder de
-hombre tan desestimado como era entonces el príncipe de la Paz; pero
-instado por Don Manuel Sixto Espinosa, director de la consolidación, con
-quien le unían motivos de amistad y de reconocimiento, y vislumbrando
-también en su comisión un nuevo medio de contribuir a la caída del
-que en Francia había destruido la libertad pública, aceptó al fin el
-importante encargo confiado a su celo.
-
-Ocultose a Argüelles [*] [Marginal: (* Ap. n. 1-3.)] lo que se trataba
-con Strogonoff, y tan solo se le dio a entender que era forzoso
-ajustar paces con Inglaterra si no se quería perder toda la América en
-donde acababa de tomar a Buenos Aires el general Beresford. Recomendose
-en particular al comisionado discreción y secreto, y con suma
-diligencia saliendo de Madrid a últimos de setiembre, llegó a Lisboa
-sin que nadie, ni el mismo embajador conde de Campo-Alange, trasluciese
-el verdadero objeto de su viaje. Disponíase Don Agustín de Argüelles a
-embarcarse para Inglaterra, cuando se recibió en Lisboa una desacordada
-proclama del príncipe de la Paz, fecha 5 de octubre,[*] [Marginal:
-Su proclama de 5 de octubre. (* Ap. n. 1-4.)] en la que apellidando
-la nación a guerra sin designar enemigo, despertó la atención de las
-naciones extrañas, principalmente de Francia. Desde entonces miró
-Argüelles como inútil la continuación de su viaje y así lo escribió
-a Madrid; mas sin embargo ordenósele pasar a Londres, en donde su
-comisión no tuvo resulta, así por repugnar al gobierno inglés tratos
-con el príncipe de la Paz, ministro tan desacreditado e imprudente,
-como también por la mudanza que en dicho príncipe causaron los sucesos
-del norte.
-
-Allí Napoleón habiendo abierto la campaña en octubre de 1806, en vez
-de padecer descalabros había entrado victorioso en Berlín, derrotando
-en Jena al ejército prusiano. [Marginal: Discúlpase con Napoleón.] Al
-ruido de sus triunfos, atemorizada la corte de Madrid y sobre todo el
-privado, no hubo medio que no emplease para apaciguar el entonces justo
-y fundado enojo del emperador de los franceses, quien no teniendo por
-concluida la guerra en tanto que la Rusia no viniese a partido, fingió
-quedar satisfecho con las disculpas que se le dieron, y renovó aunque
-lentamente las negociaciones con Izquierdo.
-
-[Marginal: Proyectos contra España.]
-
-Mas no por eso dejaba de meditar cuál sería el más acomodado medio
-para posesionarse de España, y evitar el que en adelante se repitiesen
-amagos como el del 5 de octubre. Columbró desde luego ser para su
-propósito feliz incidente andar [Marginal: Los dos partidos que dividen
-el palacio español.] aquella corte dividida entre dos parcialidades,
-la del príncipe de Asturias y la de Don Manuel Godoy. Habían nacido
-estas de la inmoderada ambición del último, y de los temores que había
-infundido ella en el ánimo del primero. Sin embargo estuvieron para
-componerse y disiparse en el tiempo en que había resuelto el de la
-Paz unirse con Inglaterra y las otras potencias del norte; creyendo
-este con razón que en aquel caso era necesario acortar su vuelo, y
-conformarse con las ideas y política de los nuevos aliados. Para ello,
-y no exponer su suerte a temible caída, había el valido imaginado casar
-al príncipe de Asturias [viudo desde mayo de 1806] con Doña María
-Luisa de Borbón, hermana de su mujer Doña María Teresa, primas ambas
-del rey e hijas del difunto infante Don Luis. El pensamiento fue tan
-adelante que se propuso al príncipe el enlace. Mas Godoy veleidoso e
-inconstante, variadas que fueron las cosas del norte, mudó de dictamen
-volviendo a soñar en ideas de engrandecimiento. Y para que pasaran a
-realidad condecorole el rey en 13 de enero de 1807 con la dignidad de
-almirante de España e Indias, y tratamiento de Alteza.
-
-[Marginal: Entretiénese a Izquierdo en París.]
-
-Veníale bien a Napoleón que se aumentase la división y el desorden en
-el palacio de Madrid. Atento a aprovecharse de semejante discordia,
-al paso que en París se traía entretenido a Izquierdo y al partido
-de Godoy, se despachaba a España para tantear el del príncipe de
-Asturias a Mr. de Beauharnais, [Marginal: Mr. de Beauharnais embajador
-de Francia en Madrid.] quien como nuevo embajador presentó sus
-credenciales a últimos de diciembre de 1806. Empezó el recién llegado
-a dar pasos, mas fueron lentos hasta meses después que llevando visos
-de terminarse la guerra del norte, juzgó Napoleón que se acercaba el
-momento de obrar.
-
-Presentósele, en la persona de Don Juan Escóiquiz, conducto acomodado
-para ayudar sus miras. Antiguo maestro del príncipe de Asturias,
-vivía como confinado en Toledo, de cuya catedral era canónigo y
-dignidad, y de donde por orden de S. A., con quien siempre mantenía
-secreta correspondencia, había regresado a Madrid en marzo de 1807.
-Conferenciose mucho entre él y sus amigos sobre el modo de atajar la
-ambición de Godoy, y sacar al príncipe de Asturias de situación que
-conceptuaban penosa y aun arriesgada.
-
-Habían imaginado sondear al embajador de Francia, y de resultas
-supieron por Don Juan Manuel de Villena, gentil-hombre del príncipe de
-Asturias, y por Don Pedro Giraldo, brigadier de ingenieros, maestro
-de matemáticas del príncipe e infantes, y cuyos sujetos estaban en el
-secreto, hallarse Mr. de Beauharnais pronto a entrar en relaciones con
-quien S. A. indicase. [Marginal: Secretos manejos con el partido del
-príncipe de Asturias.] Dudose si la propuesta encubría o no engaño;
-y para asegurarse unos y otros, convínose en una pregunta y seña que
-recíprocamente se harían en la corte el príncipe y el embajador.
-Cerciorados de no haber falsedad y escogido Escóiquiz para tratar,
-presentó a este en casa de dicho embajador el duque del Infantado, con
-pretexto de regalarle un ejemplar de su poema sobre la conquista de
-Méjico. Entablado conocimiento entre Mr. de Beauharnais y el maestro
-del príncipe, avistáronse un día de los de julio y a las dos de la
-tarde en el Retiro. La hora, el sitio y lo caluroso de la estación les
-daba seguridad de no ser notados.
-
-Hablaron allí sosegadamente del estado de España y Francia, de la
-utilidad para ambas naciones de afianzar su alianza en vínculos
-de familia, y por consiguiente de la conveniencia de enlazar al
-príncipe Fernando con una princesa de la sangre imperial de Napoleón.
-El embajador convino con Escóiquiz en los más de los puntos,
-particularmente en el último, quedando en darle posterior y categórica
-contestación. Siguiéronse a este paso otros más o menos directos, pero
-que nada tuvieron de importante hasta que en 30 de setiembre escribió
-Mr. de Beauharnais una carta a Escóiquiz, en la que rayando las
-expresiones de que _no bastaban cosas vagas_, sino que se necesitaba
-una _segura prenda_ (_une garantie_), daba por lo mismo a entender
-que aquellas salían de boca de su amo. Movido de esta insinuación se
-dirigió el príncipe de Asturias en 11 de octubre al emperador francés,
-en términos que, según veremos muy luego, hubiera podido resultar grave
-cargo contra su persona.
-
-Hasta aquí llegaron los tratos del embajador Beauharnais con Don Juan
-Escóiquiz, cuyo principal objeto se enderezaba a arreglar la unión del
-príncipe Fernando con una sobrina de la emperatriz, ofrecida después
-al duque de Aremberg. Todo da indicio de que el embajador obró según
-instrucciones de su amo; y si bien es verdad que este desconoció como
-suyos los procedimientos de aquel, no es probable que se hubiera Mr.
-de Beauharnais expuesto con soberano tan poco sufrido a dar pasos de
-tamaña importancia sin previa autorización. Pudo quizá excederse; quizá
-el interés de familia le llevó a proponer para esposa una persona con
-quien tenía deudo; pero que la negociación tomó origen en París lo
-acredita el haber después sostenido el emperador a su representante.
-
-[Marginal: Tropas españolas que van al Norte.]
-
-Sin embargo tales pláticas tenían más bien traza de entretenimiento que
-de seria y deliberada determinación. Íbale mejor al arrebatado temple
-de Napoleón buscar por violencia o por malos artes el cumplimiento de
-lo que su política o su ambición le sugería. Así fue que para remover
-estorbos e irse preparando a la ejecución de sus proyectos, de nuevo
-pidió al gobierno español auxilio de tropas; y conformándose Carlos IV
-con la voluntad de su aliado, decidió en marzo de 1807 que una división
-unida con la que estaba en Toscana, y componiendo juntas un cuerpo de
-14.000 hombres, se dirigiese al norte de Europa.[*] [Marginal: (* Ap.
-n. 1-5.)] De este modo menguaban cada día en España los recursos y
-medios de resistencia.
-
-Entretanto Napoleón habiendo continuado con feliz progreso la campaña
-emprendida contra las armas combinadas de Prusia y Rusia, había
-en 8 de julio siguiente concluido la paz en Tilsit. [Marginal: Paz
-de Tilsit.] Algunos se han figurado que se concertaron allí ambos
-emperadores ruso y francés acerca de asuntos secretos y arduos, siendo
-uno entre ellos el de dejar a la libre facultad del último la suerte de
-España. Hemos consultado en materia tan grave respetables personajes,
-y que tuvieron principal parte en aquellas conferencias y tratos. Sin
-interés en ocultar la verdad, y lejos ya del tiempo en que ocurrieron,
-han respondido a nuestras preguntas que no se había entonces hablado
-sino vagamente de asuntos de España; y que tan solo Napoleón quejándose
-con acrimonia de la proclama del príncipe de la Paz, añadía a veces
-que los españoles luego que le veían ocupado en otra parte, mudaban de
-lenguaje y le inquietaban.
-
-Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que con la paz asegurado
-Napoleón de la Rusia a lo menos por de pronto, pudo con más desahogo
-volver hacia el mediodía los inquietos ojos de su desapoderada
-ambición. Pensó desde luego disfrazar sus intentos con la necesidad
-de extender a todas partes el sistema continental [cuyas bases había
-echado en su decreto de Berlín de febrero del mismo año], y de arrancar
-a Inglaterra a su antiguo y fiel aliado el rey de Portugal. Era en
-efecto muy importante para cualquiera tentativa o plan contra la
-península someter a su dominio a Lisboa, alejar a los ingleses de los
-puertos de aquella costa, y tener un pretexto al parecer plausible con
-que poder internar en el corazón de España numerosas fuerzas.
-
-Para dar principio a su empresa promovió muy particularmente las
-negociaciones entabladas con Izquierdo, y a la sombra de aquellas y
-del tratado que se discutía, [Marginal: Tropas francesas que se juntan
-en Bayona] empezó en agosto de 1807 a juntar en Bayona un ejército de
-25.000 hombres con el título de cuerpo de observación de la Gironda,
-nombre con que cautelosamente embozaba el gobierno francés sus hostiles
-miras contra la península española. Diose el mando de aquella fuerza
-a Junot, quien embajador en Portugal en 1805 había desamparado la
-pacífica misión para acompañar a su caudillo en atrevidas y militares
-empresas. Ahora se preparaba a dar la vuelta a Lisboa, no ya para
-ocupar su antiguo puesto, sino más bien para arrojar del trono a una
-familia augusta que le había honrado con las insignias de la orden de
-Cristo.
-
-[Marginal: Portugal.]
-
-Aunque no sea de nuestro propósito entrar en una relación
-circunstanciada de los graves acontecimientos que van a ocurrir en
-Portugal, no podemos menos de darles aquí algún lugar como tan unidos y
-conexos con los de España. En París se examinaba con Izquierdo el modo
-de partir y distribuirse aquel reino, y para que todo estuviese pronto
-el día de la conclusión del tratado, además de la reunión de tropas a
-la falda del Pirineo, se dispuso que negociaciones seguidas en Lisboa
-abriesen el camino a la ejecución de los planes en que conviniesen
-ambas potencias contratantes. [Marginal: Notas de los representantes
-de España y Francia en Lisboa.] Comenzose la urdida trama por notas
-que en 12 de agosto pasaron el encargado de negocios francés Mr. de
-Rayneval y el embajador de España conde de Campo-Alange. Decían en
-ellas que tenían la orden de pedir sus pasaportes y declarar la guerra
-a Portugal si para el 1.º de setiembre próximo el príncipe regente no
-hubiese manifestado la resolución de romper con la Inglaterra, y de
-unir sus escuadras con las otras del continente para que juntas obrasen
-contra el común enemigo: se exigía además la confiscación de todas las
-mercancías procedentes de origen británico, y la detención como rehenes
-de los súbditos de aquella nación. El príncipe regente de acuerdo con
-Inglaterra respondió que estaba pronto a cerrar los puertos a los
-ingleses, y a interrumpir toda correspondencia con su antiguo aliado;
-mas que en medio de la paz confiscar todas las mercancías británicas,
-y prender a extranjeros tranquilos, eran providencias opuestas a los
-principios de justicia y moderación que le habían siempre dirigido.
-[Marginal: Se retiran de aquella corte.] Los representantes de España y
-Francia no habiendo alcanzado lo que pedían [resultado conforme a las
-verdaderas intenciones de sus respectivas cortes], partieron de Lisboa
-antes de comenzarse octubre, y su salida fue el preludio de la invasión.
-
-Todavía no estaban concluidas las negociaciones con Izquierdo; todavía
-no se había cerrado tratado alguno, cuando Napoleón impaciente, lleno
-del encendido deseo de empezar su proyectada empresa, e informado de
-la partida de los embajadores, [Marginal: 18 de octubre: cruza el
-Bidasoa la primera división francesa.] dio orden a Junot para que
-entrase en España, y el 18 de octubre cruzó el Bidasoa la primera
-división francesa a las órdenes del general Delaborde, época memorable,
-principio del tropel de males y desgracias, de perfidias y heroicos
-hechos que sucesivamente nos va a desdoblar la historia. Pasada la
-primera división, la siguieron la segunda y la tercera mandadas por
-los generales Loison y Travot, con la caballería, cuyo jefe era el
-general Kellerman. En Irún tuvo orden de recibir y obsequiar a Junot
-Don Pedro Rodríguez de la Buria, encargo que ya había desempeñado en
-la otra guerra con Portugal. Las tropas francesas se encaminaron por
-Burgos y Valladolid hacia Salamanca, a cuya ciudad llegaron veinticinco
-días después de haber entrado en España. Por todas partes fueron
-festejadas y bien recibidas, y muy lejos estaban de imaginarse los
-solícitos moradores del tránsito la ingrata correspondencia con que iba
-a pagárseles tan esmerada y agasajadora hospitalidad.
-
-Tocaron mientras tanto a su cumplido término las negociaciones que
-andaban en Francia, [Marginal: 27 de octubre, tratado de Fontainebleau.
-(* Ap. n. 1-6.)] y el 27 de octubre en Fontainebleau se firmó entre
-Don Eugenio Izquierdo y el general Duroc, gran mariscal de palacio
-del emperador francés, un tratado [*] compuesto de catorce artículos
-con una convención anexa comprensiva de otros siete. Por estos
-conciertos se trataba a Portugal del modo como antes otras potencias
-habían dispuesto de la Polonia, con la diferencia que entonces fueron
-iguales y poderosos los gobiernos que entre sí se acordaron, y en
-Fontainebleau tan desemejantes y desproporcionados, que al llegar al
-cumplimiento de lo pactado, repitiéndose la conocida fábula del león y
-sus partijas, dejose a España sin nada, y del todo quiso hacerse dueño
-su insaciable aliado. Se estipulaba por el tratado que la provincia de
-Entre-Duero-y-Miño se daría en toda propiedad y soberanía con título
-de Lusitania septentrional al rey de Etruria y sus descendientes, quien
-a su vez cedería en los mismos términos dicho reino de Etruria al
-emperador de los franceses; que los Algarbes y el Alentejo igualmente
-se entregarían en toda propiedad y soberanía al príncipe de la Paz,
-con la denominación de príncipe de los Algarbes, y que las provincias
-de Beira, Tras-os-Montes y Extremadura portuguesa quedarían como en
-secuestro hasta la paz general, en cuyo tiempo podrían ser cambiadas
-por Gibraltar, la Trinidad o alguna otra colonia de las conquistadas
-por los ingleses; que el emperador de los franceses saldría garante
-a S. M. C. de la posesión de sus estados de Europa al mediodía de
-los Pirineos, y le reconocería como emperador de ambas Américas a la
-conclusión de la paz general, o a más tardar dentro de tres años. La
-convención que acompañaba al tratado circunstanciaba el modo de llevar
-a efecto lo estipulado en el mismo: 25.000 hombres de infantería
-francesa y 3000 de caballería habían de entrar en España, y reuniéndose
-a ellos 8000 infantes españoles y 3000 caballos, marchar en derechura a
-Lisboa, a las órdenes ambos cuerpos del general francés, exceptuándose
-solamente el caso en que el rey de España o el príncipe de la Paz
-fuesen al sitio en que las tropas aliadas se encontrasen, pues entonces
-a estos se cedería el mando. Las provincias de Beira, Tras-os-Montes
-y Extremadura portuguesa debían ser administradas, y exigírseles las
-contribuciones en favor y utilidad de Francia. Y al mismo tiempo que
-una división de 10.000 hombres de tropas españolas tomase posesión
-de la provincia de Entre-Duero-y-Miño, con la ciudad de Oporto, otra
-de 6000 de la misma nación ocuparía el Alentejo y los Algarbes, y
-así aquella primera provincia como las últimas habían de quedar a
-cargo para su gobierno y administración de los generales españoles.
-Las tropas francesas, alimentadas por España durante el tránsito,
-debían cobrar sus pagas de Francia. Finalmente se convenía en que un
-cuerpo de 40.000 hombres se reuniese en Bayona el 20 de noviembre, el
-cual marcharía contra Portugal en caso de necesidad, y precedido el
-consentimiento de ambas potencias contratantes.
-
-En la conclusión de este tratado Napoleón, al paso que buscaba el medio
-de apoderarse de Portugal, nuevamente separaba de España otra parte
-considerable de tropas, como antes había alejado las que fueron al
-norte, e introducía sin ruido y solapadamente las fuerzas necesarias a
-la ejecución de sus ulteriores y todavía ocultos planes, y lisonjeando
-la inmoderada ambición del privado español, le adormecía y le enredaba
-en sus lazos, temeroso de que desengañado a tiempo y volviendo de su
-deslumbrado encanto, quisiera acudir al remedio de la ruina que le
-amenazaba. Ansioso el príncipe de la Paz de evitar los vaivenes de la
-fortuna, aprobaba convenios que hasta cierto punto le guarecían de
-las persecuciones del gobierno español en cualquiera mudanza. Quizá
-veía también en la compendiosa soberanía de los Algarbes el primer
-escalón para subir a trono más elevado. Mucho se volvió a hablar en
-aquel tiempo del criminal proyecto que años atrás se aseguraba haber
-concebido María Luisa arrastrada de su ciega pasión, contando con el
-apoyo del favorito. Y no cabe duda que acerca de variar de dinastía
-se tanteó a varias personas, llegando a punto de buscar amigos y
-parciales sin disfraz ni rebozo. Entre los solicitados fue uno el
-coronel de Pavía Don Tomás de Jáuregui, a quien descaradamente tocó
-tan delicado asunto Don Diego Godoy: no faltaron otros que igualmente
-le promovieron. Mas los sucesos agolpándose de tropel, convirtieron en
-humo los ideados e impróvidos intentos de la ciega ambición.
-
-Tal era el deseado remate a que habían llegado las negociaciones de
-Izquierdo, y tal había sido el principio de la entrada de las tropas
-francesas en la península, cuando un acontecimiento con señales de suma
-gravedad fijó en aquellos días la atención de toda España.
-
-[Marginal: Causa del Escorial]
-
-Vivía el príncipe de Asturias alejado de los negocios y solo, sin
-influjo ni poder alguno, pasaba tristemente los mejores años de su
-mocedad sujeto a la monótona y severa etiqueta de palacio. Aumentábase
-su recogimiento por los temores que infundía su persona a los que
-entonces dirigían la monarquía; se observaba su conducta, y hasta los
-más inocentes pasos eran atentamente acechados. Prorrumpía el príncipe
-en amargas quejas, y sus expresiones solían a veces ser algún tanto
-descompuestas. A ejemplo suyo los criados de su cuarto hablaban con
-más desenvoltura de lo que era conveniente, y repetidos, aun quizá
-alterados al pasar de boca en boca, aquellos dichos y conversaciones
-avivaron más y más el odio de sus irreconciliables enemigos. No
-bastaba sin embargo tan ligero proceder para empezar una información
-judicial; solamente dio ocasión a nuevo cuidado y vigilancia.
-Redoblados uno y otra, al fin se notó que el príncipe secretamente
-recibía cartas, que muy ocupado en escribir velaba por las noches, y
-que en su semblante daba indicio de meditar algún importante asunto.
-Era suficiente cualquiera de aquellas sospechas para despertar el
-interesado celo de los asalariados que le rodeaban, y una dama de la
-servidumbre de la reina le dio aviso de la misteriosa y extraña vida
-que traía su hijo. No tardó el rey en estar advertido, y estimulado por
-su esposa dispuso que se recogiesen todos los papeles del desprevenido
-Fernando. Así se ejecutó, y al día siguiente 29 de octubre, a las seis
-y media de la noche, convocados en el cuarto de S. M. los ministros del
-despacho y Don Arias Mon, gobernador interino del consejo, compareció
-el príncipe, se le sometió a un interrogatorio, y se le exigieron
-explicaciones sobre el contenido de los papeles aprehendidos. En
-seguida su augusto padre, acompañado de los mismos ministros y
-gobernador con grande aparato y al frente de su guardia, le llevó a su
-habitación, en donde después de haberle pedido la espada, le mandó que
-quedase preso, puestas centinelas para su custodia: su servidumbre fue
-igualmente arrestada.
-
-Al ver la solemnidad y aun semejanza del acto, hubiera podido
-imaginarse el atónito espectador que en las lúgubres y suntuosas
-bóvedas del Escorial iba a renovarse la deplorable y trágica escena que
-en el alcázar de Madrid había dado al orbe el sombrío Felipe II; pero
-otros eran los tiempos, otros los actores y muy otra la situación de
-España.
-
-Se componían los papeles hasta entonces aprehendidos al príncipe [*]
-[Marginal: (* Ap. n. 1-7.)] de un cuadernillo escrito de su puño de
-algo más de doce hojas, de otro de cinco y media, de una carta de letra
-disfrazada y sin firma fecha en Talavera a 18 de marzo, y reconocida
-después por de Escóiquiz, de cifra y clave para la correspondencia
-entre ambos, y de medio pliego de números, cifras y nombres que
-en otro tiempo habían servido para la comunicación secreta de la
-difunta princesa de Asturias con la reina de Nápoles su madre. Era el
-cuadernillo de las doce hojas una exposición al rey, en la que después
-de trazar con colores vivos la vida y principales hechos del príncipe
-de la Paz, se le acusaba de graves delitos, sospechándole del horrendo
-intento de querer subir al trono y de acabar con el rey y toda la real
-familia. También hablaba Fernando de sus persecuciones personales,
-mencionando entre otras cosas el haberle alejado del lado del rey,
-sin permitirle ir con él a caza, ni asistir al despacho. Se proponían
-como medios de evitar el cumplimiento de los criminales proyectos del
-favorito, dar al príncipe heredero facultad para arreglarlo todo, a
-fin de prender al acusado y confinarle en un castillo. Igualmente se
-pedía el embargo de parte de sus bienes, la prisión de sus criados,
-de Doña Josefa Tudó y otros, según se dispusiese en decretos que el
-mismo príncipe presentaría a la aprobación de su padre. Indicábase
-como medida previa, y para que el rey Carlos examinase la justicia de
-las quejas, una batida en el Pardo o Casa de Campo, en que acudiese
-el príncipe, y en donde se oirían los informes de las personas que
-nombrase S. M., con tal que no estuviesen presentes la reina ni Godoy:
-asimismo se suplicaba que llegado el momento de la prisión del valido,
-no se separase el padre del lado de su hijo, para que los primeros
-ímpetus del sentimiento de la reina no alterasen la determinación de S.
-M.; concluyendo con rogarle encarecidamente que en caso de no acceder a
-su petición, le guardase secreto, pudiendo su vida si se descubriese el
-paso que había dado, correr inminente riesgo. El papel de cinco hojas
-y la carta eran como la anterior obra de Escóiquiz; se insistía en los
-mismos negocios, y tratando de oponerse al enlace antes propuesto con
-la hermana de la princesa de la Paz, se insinuaba el modo de llevar
-a cabo el deseado casamiento con una parienta del emperador de los
-franceses. Se usaban nombres fingidos, y suponiéndose ser consejos de
-un fraile, no era extraño que mezclando lo sagrado con lo profano se
-recomendase ante todo como así se hacía, implorar la divina asistencia
-de la Virgen. En aquellas instrucciones también se trataba de que
-el príncipe se dirigiese a su madre interesándola como reina y como
-mujer, cuyo amor propio se hallaba ofendido con los ingratos desvíos
-de su predilecto favorito. En el concebir de tan desvariada intriga
-ya despunta aquella sencilla credulidad y ambicioso desasosiego, de
-que nos dará desgraciadamente en el curso de esta historia sobradas
-pruebas el canónigo Escóiquiz. En efecto admira como pensó que un
-príncipe mozo e inexperto había de tener más cabida en el pecho de su
-augusto padre que una esposa y un valido, dueños absolutos por hábito
-y afición del perezoso ánimo de tan débil monarca. Mas de los papeles
-cogidos al príncipe, si bien se advertía al examinarlos grande anhelo
-por alcanzar el mando y por intervenir en los negocios del gobierno, no
-resultaba proyecto alguno formal de destronar al rey, ni menos el atroz
-crimen de un hijo que intenta quitar la vida a su padre. A pesar de eso
-fueron causa de que se publicase el famoso decreto de 30 de octubre,
-que como importante lo insertaremos a la letra. Decía pues: «Dios que
-vela sobre las criaturas no permite la ejecución de hechos atroces
-cuando las víctimas son inocentes. Así me ha librado su omnipotencia
-de la más inaudita catástrofe. Mi pueblo, mis vasallos todos conocen
-muy bien mi cristiandad y mis costumbres arregladas; todos me aman y de
-todos recibo pruebas de veneración, cual exige el respeto de un padre
-amante de sus hijos. Vivía yo persuadido de esta verdad, cuando una
-mano desconocida me enseña y descubre el más enorme y el más inaudito
-plan que se trazaba en mi mismo palacio contra mi persona. La vida
-mía que tantas veces ha estado en riesgo, era ya una carga para mi
-sucesor que preocupado, obcecado y enajenado de todos los principios de
-cristiandad que le enseñó mi paternal cuidado y amor, había admitido un
-plan para destronarme. Entonces yo quise indagar por mí la verdad del
-hecho, y sorprendiéndole en su mismo cuarto hallé en su poder la cifra
-de inteligencia e instrucciones que recibía de los malvados. Convoqué
-al examen a mi gobernador interino del consejo, para que asociado con
-otros ministros practicasen las diligencias de indagación. Todo se
-hizo, y de ella resultan varios reos cuya prisión he decretado, así
-como el arresto de mi hijo en su habitación. Esta pena quedaba a las
-muchas que me afligen; pero así como es la más dolorosa, es también
-la más importante de purgar, e ínterin mando publicar el resultado,
-no quiero dejar de manifestar a mis vasallos mi disgusto, que será
-menor con las muestras de su lealtad. Tendreislo entendido para que
-se circule en la forma conveniente. En San Lorenzo a 30 de octubre de
-1807. — Al gobernador interino del consejo.» Este decreto se aseguró
-después que era de puño del príncipe de la Paz: así lo atestiguaron
-cuatro secretarios del rey, mas no obra original en el proceso.
-
-Por el mismo tiempo escribió Carlos IV al emperador Napoleón dándole
-parte del acontecimiento del Escorial. En la carta después de
-indicarle cuán particularmente se ocupaba en los medios de cooperar
-a la destrucción del común enemigo [así llamaba a los ingleses], y
-después de participarle cuán persuadido había estado hasta entonces de
-que todas las intrigas de la reina de Nápoles [expresiones notables]
-se habían sepultado con su hija, entraba a anunciarle la terrible
-novedad del día. No solo le comunicaba el designio que suponía a su
-hijo de querer destronarle, sino que añadía el nuevo y horrendo
-de haber maquinado contra la vida de su madre, por cuyos enormes
-crímenes manifestaba el rey Carlos que debía el príncipe heredero ser
-castigado y revocada la ley que le llamaba a suceder en el trono,
-poniendo en su lugar a uno de sus hermanos; y por último concluía aquel
-monarca pidiendo la asistencia y consejos de S. M. I. La indicación
-estampada en esta carta de privar a Fernando del derecho de sucesión,
-tal vez encubría miras ulteriores del partido de Godoy y la reina;
-desbaratadas, si las hubo, por obstáculos imprevistos entre los cuales
-puede contarse una ocurrencia que debiendo agravar la suerte del
-príncipe y sus amigos, si la recta imparcialidad hubiera gobernado en
-la materia, fue la que salvó a todos ellos de un funesto desenlace.
-Dieron ocasión a ella los temores del real preso y el abatimiento en
-que le sumió su arresto.
-
-El día 30 a la una de la tarde, luego que el rey había salido a caza
-pasó el príncipe un recado a la reina para que se dignase ir a su
-cuarto, o le permitiera que en el suyo le expusiese cosa del mayor
-interés: la reina se negó a uno y a otro, pero envió al marqués
-Caballero, ministro de Gracia y Justicia. Entonces bajo su firma
-declaró el príncipe haber dirigido con fecha de 11 de octubre una
-carta [la misma de que hemos hablado] al emperador de los franceses,
-y haber expedido en favor del duque del Infantado un decreto todo de
-su puño con fecha en blanco y sello negro, autorizándole para que
-tomase el mando de Castilla la Nueva luego que falleciese su padre:
-declaró además ser Escóiquiz el autor del papel copiado por S. A.,
-y los medios de que se habían valido para su correspondencia: hubo
-de resultas varios arrestos. En la carta reservada a Napoleón le
-manifestaba el príncipe [*] [Marginal: (* Ap. n. 1-8.)] «el aprecio
-y respeto que siempre había tenido por su persona, le apellidaba
-_héroe mayor que cuantos le habían precedido_; le pintaba la opresión
-en que le habían puesto; el abuso que se hacía del corazón recto y
-generoso de su padre; le pedía para esposa una princesa de su familia,
-rogándole que allanase las dificultades que se ofrecieran; y concluía
-con afirmarle que no accedería, antes bien se opondría con invencible
-constancia a cualquiera casamiento, siempre que no precediese
-el consentimiento y aprobación positiva de S. M. I. y R.» Estas
-declaraciones espontáneas en que tan gravemente comprometía el príncipe
-a sus amigos y parciales, perjudicáronle en el concepto de algunos; su
-edad pasaba de los veintitrés años; y ya entonces mayor firmeza fuera
-de desear en quien había de ceñirse las sienes con corona de reinos tan
-dilatados. El decreto expedido a favor del Infantado hubiera por sí
-solo acarreado en otros tiempos la perdición de todos los comprometidos
-en la causa; por nulas se hubieran dado las disculpas alegadas, y el
-temor de la próxima muerte de Carlos IV y los recelos de las ambiciosas
-miras del valido, antes bien se hubieran tenido como agravantes
-indicios que admitídose como descargos de la acusación. Semejantes
-precauciones de dudosa interpretación aun entre particulares, en los
-palacios son crímenes de estado cuando no llegan a cumplida ejecución
-y acabamiento. Con más razón se hubiera dado por tal la carta escrita a
-Napoleón; pero esta carta en que un príncipe, un español a escondidas
-de su padre y soberano legítimo se dirige a otro extranjero, le pide su
-apoyo, la mano de una señora de su familia, y se obliga a no casarse
-en tiempo alguno sin su anuencia; esta carta salvó a Fernando y a sus
-amigos.
-
-No fue así en la causa de Don Carlos de Viana: aquel príncipe de edad
-de cuarenta años, sabio y entendido, amigo de Ausias March, con derecho
-inconcuso al reino de Navarra, creyó que no se excedía en dar por sí
-los primeros pasos para buscar la unión con una infanta de Castilla.
-Bastó tan ligero motivo para que el fiero Don Juan su padre le hiciese
-en su segunda prisión un cargo gravísimo por su inconsiderada conducta.
-Probó Don Carlos haber antes declarado que no se casaría sin preceder
-la aprobación de su padre: ni aun entonces se amansó la orgullosa
-altivez de Don Juan, que miraba la independencia y derechos de la
-corona atropellados y ultrajados por los tratos de su hijo.
-
-Ahora en la sometida y acobardada corte del Escorial, al oír que el
-nombre de Napoleón andaba mezclado en las declaraciones del príncipe,
-todos se estremecieron y anhelaron poner término a tamaño compromiso:
-imaginándose que Fernando había obrado de acuerdo con el soberano de
-Francia, y que había osado con su arrimo meterse en la arriesgada
-empresa. El poder inmenso de Napoleón, y las tropas que habiendo
-empezado a entrar en España amenazaban de cerca a los que se opusiesen
-a sus intentos, arredraron al generalísimo Godoy, y resolvió cortar
-el comenzado proceso. Más y más debió confirmarle en su propósito
-un pliego que desde París [*] [Marginal: (* Ap. n. 1-9.)] en 11 de
-noviembre le escribió Izquierdo. En él insertaba este una conferencia
-que había tenido con Champagny, en la cual el ministro francés exigió
-de orden del emperador que por _ningún motivo ni razón, y bajo ningún
-pretexto se hablase ni se publicase en este negocio cosa que tuviese
-alusión al emperador ni a su embajador_. Vacilante todavía el ánimo de
-Napoleón sobre el modo de ejecutar sus planes respecto de España, no
-quería aparecer a vista de Europa partícipe en los acontecimientos del
-Escorial.
-
-Antes de recibir el aviso de Izquierdo, le fue bastante al príncipe
-de la Paz saber las nuevas declaraciones del real preso para pasar al
-sitio desde Madrid, en donde como amalado había permanecido durante
-el tiempo de la prisión. Hacía resolución con su viaje de cortar
-una causa, cuyo giro presentaba un nuevo y desagradable semblante:
-vio a los reyes, se concertó con ellos, y ofreció arreglar asunto
-tan espinoso. Yendo pues al cuarto del príncipe se le presentó como
-mediador, y le propuso que aplacase la cólera de sus augustos padres,
-pidiéndoles con arrepentimiento contrito el más sumiso perdón: para
-alcanzarle indicó como oportuno medio el que escribiese dos cartas
-cuyos borradores llevaba consigo. Fernando copió las cartas. Sus
-desgracias y el profundo odio que había contra Godoy no dejaron
-lugar a penosas reflexiones, y aun la disculpa halló cabida en ánimos
-exclusivamente irritados contra el gobierno y manejos del favorito.
-Ambas cartas se publicaron con el decreto de 5 de noviembre, y por lo
-curioso e importante de aquellos documentos merecen que íntegramente
-aquí se inserten. «La voz de la naturaleza [decía el decreto al
-consejo] desarma el brazo de la venganza, y cuando la inadvertencia
-reclama la piedad, no puede negarse a ello un padre amoroso. Mi hijo
-ha declarado ya los autores del plan horrible que le habían hecho
-concebir unos malvados: todo lo ha manifestado en forma de derecho, y
-todo consta con la escrupulosidad que exige la ley en tales pruebas: su
-arrepentimiento y asombro le han dictado las representaciones que me ha
-dirigido y siguen:
-
- SEÑOR:
-
- «Papá mío: he delinquido, he faltado a V. M. como rey y como padre;
- pero me arrepiento, y ofrezco a V. M. la obediencia más humilde. Nada
- debía hacer sin noticia de V. M.; pero fui sorprendido. He delatado a
- los culpables, y pido a V. M. me perdone por haberle mentido la otra
- noche, permitiendo besar sus reales pies a su reconocido hijo. —
- Fernando. — San Lorenzo 5 de noviembre de 1807.»
-
- SEÑORA:
-
- «Mamá mía: estoy muy arrepentido del grandísimo delito que he
- cometido contra mis padres y reyes, y así con la mayor humildad le
- pido a V. M. se digne interceder con papá para que permita ir a besar
- sus reales pies a su reconocido hijo. — Fernando. — San Lorenzo 5
- de noviembre de 1807.»
-
-»En vista de ellos y a ruego de la reina, mi amada esposa, perdono a mi
-hijo, y le volveré a mi gracia cuando con su conducta me dé pruebas
-de una verdadera reforma en su frágil manejo; y mando que los mismos
-jueces que han entendido en la causa desde su principio, la sigan,
-permitiéndoles asociados si los necesitaren, y que concluida me
-consulten la sentencia ajustada a la ley, según fuesen la gravedad
-de delitos y calidad de personas en quienes recaigan; teniendo por
-principio para la formación de cargos las respuestas dadas por
-el príncipe a las demandas que se le han hecho; pues todas están
-rubricadas y firmadas de mi puño, así como los papeles aprehendidos en
-sus mesas, escritos por su mano; y esta providencia se comunique a mis
-consejos y tribunales, circulándola a mis pueblos, para que reconozcan
-en ella mi piedad y justicia, y alivien la aflicción y cuidado en que
-les puso mi primer decreto; pues en él verán el riesgo de su soberano
-y padre que como a hijos los ama, y así me corresponden. Tendreislo
-entendido para su cumplimiento. — San Lorenzo 5 de noviembre de 1807.»
-
-Presentar a Fernando ante la Europa entera como príncipe débil y
-culpado; desacreditarle en la opinión nacional, y perderle en el ánimo
-de sus parciales; poner a salvo al embajador francés, y separar de
-todos los incidentes de la causa a su gobierno, fue el principal
-intento que llevó Godoy y su partido en la singular reconciliación de
-padre e hijo. Alcanzó hasta cierto punto su objeto; mas el público
-aunque no enterado a fondo echaba a mala parte la solícita mediación
-del privado, y el odio hacia su persona en vez de mitigarse tomó nuevo
-incremento.
-
-Para la prosecución de la causa contra los demás procesados nombró el
-rey en el día 6 una junta compuesta de Don Arias Mon, Don Sebastián
-de Torres y Don Domingo Campomanes, del consejo real, y señaló como
-secretario a Don Benito Arias Prada, alcalde de corte. El marqués
-Caballero, que en un principio se mostró riguroso, y tanto que habiendo
-manifestado delante de los reyes ser el príncipe por _siete capítulos_
-reo de pena capital, obligó a la ofendida reina a suplicarle que se
-acordase que el acusado era su hijo; el mismo Caballero arregló el
-modo de seguir la causa, y descartar de ella todo lo que pudiera
-comprometer al príncipe y embajador francés; rasgo propio de su ruin
-condición. Formada la sumaria fue elegido para fiscal de la causa
-Don Simón de Viegas, y se agregaron a los referidos jueces para dar
-la sentencia otros ocho consejeros. El fiscal Viegas pidió que se
-impusiese la pena de traidores señalada por la ley de partida a Don
-Juan Escóiquiz y al duque del Infantado, y otras extraordinarias por
-infidelidad en el ejercicio de sus empleos al conde de Orgaz, marqués
-de Ayerbe, y otras personas de la servidumbre del príncipe de Asturias.
-Continuó el proceso hasta enero de 1808, en cuyo día 25 los jueces
-no conformándose con la acusación fiscal, absolvieron completamente
-y declararon libres de todo cargo a los perseguidos como reos. Sin
-embargo el rey por sí y gubernativamente confinó y envió a conventos,
-fortalezas o destierros a Escóiquiz y a los duques del Infantado y de
-San Carlos y a otros varios de los complicados en la causa: triste
-privilegio de toda potestad suprema que no halla en las leyes justo
-límite a sus desafueros.
-
-Tal fue el término del ruidoso y escandaloso proceso del Escorial. Con
-dificultad se resguardarán de la severa censura de la posteridad los
-que en él tomaron parte, los que le promovieron, los que le fallaron;
-en una palabra, los acusados, los acusadores y los mismos jueces. Vemos
-a un rey precipitarse a acusar en público a su hijo del horrendo crimen
-de querer destronarle sin pruebas, y antes de que un detenido juicio
-hubiese sellado con su fallo tamaña acusación. Y para colmo de baldón
-en medio de tanta flaqueza y aceleramiento se nos presenta como ángel
-de paz y mediador para la concordia el malhadado favorito, principal
-origen de todos los males y desavenencias: consejero y autor del
-decreto de 30 de octubre comprometió con suma ligereza la alta dignidad
-del rey: promovedor de la concordia y del perdón pedido y alcanzado,
-quiso desconceptuar al hijo sin dar realce ni brillo a los sentimientos
-generosos de un apiadado padre. Fue también desusado, y podemos decir
-ilegal el modo de proceder en la causa. Según la sentencia que con una
-relación preliminar se publicó al subir Fernando al trono, no se hizo
-mérito en su formación ni de algunas de las declaraciones espontáneas
-del príncipe, ni de su carta a Napoleón, ni de las conferencias con el
-embajador francés; a lo menos así se infiere del definitivo fallo dado
-por el tribunal. Difícil sería acertar con el motivo de tan extraño
-silencio, si no nos lo hubieran ya explicado los temores que entonces
-infundía el nombre de Napoleón. Mas si la política descubre la causa
-del extraordinario modo de proceder, no por eso queda intacta y pura
-la austera imparcialidad de los magistrados: un proceso después de
-comenzado no puede amoldarse al antojo de un tribunal, ni descartarse
-a su arbitrio los documentos o pruebas más importantes. Entre los
-jueces había respetables varones cuya integridad había permanecido sin
-mancilla en el largo espacio de una honrosa carrera, si bien hasta
-entonces negocios de tal cuantía no se habían puesto en el crisol de
-su severa equidad. Fuese equivocación en su juicio, o fuese más bien
-por razón de estado, lo cierto es que en la prosecución y término de la
-causa se apartaron de las reglas de la justicia legal, y la ofrecieron
-al público manca y no cumplidamente formada ni llevada a cabo. Se
-contaban también en el número de jueces algunos amigos y favorecidos
-del privado, como lo era el fiscal Viegas. Al ver que se separaron
-en su voto de la opinión de este, aunque ya circunscrita a ciertas
-personas, hubo quien creyera que el nombre de Napoleón y los temores
-de la nube que se levantaba en el Pirineo, pesaron más en la flexible
-balanza de su justicia que los empeños de la antigua amistad. Es de
-temer que su conciencia perpleja con lo escabroso del asunto y lo arduo
-de las circunstancias no se haya visto bastantemente desembarazada, y
-cual convenía, de aquel sobresalto que ya antes se había apoderado del
-blando y asustadizo ánimo de los cortesanos.
-
-Esta discordia en la familia real, esta división en los que gobernaban
-siempre perjudicial y dolorosa, lo era mucho más ahora en que una
-perfecta unión debiera haber estrechado a todos para desconcertar las
-siniestras miras del gabinete de Francia, y para imponerle con la
-íntima concordia el debido respeto. Ciegos unos y otros buscaron en él
-amistad y arrimo; y desconociendo el peligro común, le animaron con
-sus disensiones a la prosecución de falaces intentos: alucinamiento
-general a los partidos que no aspiran sino a cebar momentáneamente su
-saña, olvidándose de que a veces con la ruina de su contrario el mismo
-vencedor facilita y labra la suya propia.
-
-Favorecido por la deplorable situación del gobierno español, fue el
-francés adelante en su propósito, y confiado en ella aceleró más bien
-que detuvo la marcha de Junot hacia Portugal. [Marginal: Marcha de
-Junot hacia Portugal.] Dejamos a aquel general en Salamanca, adonde
-había llegado en los primeros días de noviembre, recibiendo de allí a
-poco orden ejecutiva de Napoleón para que no difiriese la continuación
-de su empresa bajo pretexto alguno ni aun por falta de mantenimientos,
-_pudiendo 20.000 hombres_, según decía, _vivir por todas partes aun en
-el desierto_. Estimulado Junot con tan premioso mandato, determinó
-tomar el camino más breve sin reparar en los tropiezos ni obstáculos
-de un terreno para él del todo desconocido. Salió el 12 de Salamanca,
-y tomando la vuelta de Ciudad Rodrigo y el puerto de Perales, llegó
-a Alcántara al cabo de cinco días. Reunido allí con algunas fuerzas
-españolas a las órdenes del general Don Juan Carrafa, atravesaron los
-franceses el Erjas, río fronterizo, [Marginal: Entrada en Portugal:
-19 de noviembre de 1807.] y llegaron a Castello-Branco sin habérseles
-opuesto resistencia. Prosiguieron su marcha por aquel fragoso país, y
-encontrándose con terreno tan quebrado y de caminos poco trillados,
-quedaron bien pronto atrás la artillería y los bagajes. Los pueblos del
-tránsito pobres y desprevenidos no ofrecieron ni recursos ni abrigo a
-las tropas invasoras, las que acosadas por la necesidad y el hambre
-cometieron todo linaje de excesos contra moradores desacostumbrados
-de largo tiempo a las calamidades de la guerra. Desgraciadamente los
-españoles que iban en su compañía imitaron el mal ejemplo de sus
-aliados, muy diverso del que les dieron las tropas que penetraron por
-Badajoz y Galicia, si bien es verdad que asistieron a estas menos
-motivos de desorden e indisciplina.
-
-[Marginal: Llegada a Abrantes: 23 de noviembre.]
-
-La vanguardia llegó el 23 a Abrantes distante 25 leguas de Lisboa.
-Hasta entonces no había recibido el gobierno portugués aviso cierto de
-que los franceses hubieran pasado la frontera: inexplicable descuido,
-pero propio de la dejadez y abandono con que eran gobernados los
-pueblos de la península. Antes de esto y verificada la salida de los
-embajadores, había el gabinete de Lisboa buscado algún medio de
-acomodamiento, condescendiendo más y más con los deseos que aquellos
-habían mostrado a nombre de sus cortes: era el encontrarle tanto
-más difícil, cuanto el mismo ministerio portugués estaba entre sí
-poco acorde. Dos opiniones políticas le dividían; una de ellas la de
-contraer amistad y alianza con Francia como medida la más propia para
-salvar la actual dinastía y aun la independencia nacional; y otra la
-de estrechar los antiguos vínculos con la Inglaterra, pudiendo así
-levantar de los mares allá un nuevo Portugal, si el de Europa tenía
-que someterse a la irresistible fuerza del emperador francés. Seguía
-la primera opinión el ministro Araujo, y contaba la segunda como
-principal cabeza al consejero de estado Don Rodrigo de Sousa Coutiño.
-Se inclinaba muy a las claras a la última el príncipe regente, si a
-ello no se oponía el bien de sus súbditos y el interés de su familia.
-Después de larga incertidumbre se convino al fin en adoptar ciertas
-medidas contemporizadoras, como si con ellas se hubiera podido
-satisfacer a quien solamente deseaba simulados motivos de usurpación
-y conquista. Para ponerlas en ejecución sin gran menoscabo de los
-intereses británicos, se dejó que tranquilamente diese la vela el 18
-de octubre la factoría inglesa, la cual llevó a su bordo respetables
-familias extranjeras con cuantiosos caudales.
-
-[Marginal: Proclama del príncipe regente de Portugal: 22 de noviembre.]
-
-A pocos días, el 22 del mismo mes, se publicó una proclama prohibiendo
-todo comercio y relación con la Gran Bretaña, y declarando que S. M. F.
-accedía a la causa general del Continente. Cuando se creía satisfacer
-algún tanto con esta manifestación al gabinete de Francia, llegó a
-Lisboa apresuradamente el embajador portugués en París, y dio aviso
-de cómo había encontrado en España el ejército imperial, dirigiéndose
-a precipitadas marchas hacia la embocadura del Tajo. Azorados con
-la nueva los ministros portugueses, vieron que nada podía ya bastar
-a conjurar la espantosa y amenazadora nube, sino la admisión pura
-y sencilla de lo que España y Francia habían pedido en agosto. Se
-mandaron pues secuestrar todas las mercancías inglesas, y se pusieron
-bajo la vigilancia pública los súbditos de aquella nación residentes en
-Portugal. La orden se ejecutó lentamente y sin gran rigor, mas obligó
-al embajador inglés Lord Strangford a irse a bordo de la escuadra que
-cruzaba a la entrada del puerto a las órdenes de Sir Sidney Smith. Muy
-duro fue al príncipe regente tener que tomar aquellas medidas: virtuoso
-y timorato las creía contrarias a la debida protección, dispensada por
-anteriores tratados a laboriosos y tranquilos extranjeros: la cruel
-necesidad pudo solo forzarle a desviarse de sus ajustados y severos
-principios. Aumentáronse los recelos y las zozobras con la repentina
-arribada a las riberas del Tajo de una escuadra rusa, la cual de vuelta
-del Archipiélago fondeó en Lisboa, no habiendo permitido los ingleses
-al almirante Siniavin que la mandaba, entrar a invernar en Cádiz: lo
-que fue obra del acaso, se atribuyó a plan premeditado, y a conciertos
-entre Napoleón y el gabinete de San Petersburgo.
-
-Para dar mayor valor a lo acordado, el gobierno portugués despachó a
-París en calidad de embajador extraordinario al marqués de Marialva,
-con el objeto también de proponer el casamiento del príncipe de Beira
-con una hija del gran duque de Berg. Inútiles precauciones: los sucesos
-se precipitaron de manera que Marialva no llegó ni a pisar la tierra de
-Francia.
-
-[Marginal: Instancia de Lord Strangford para que se embarque.]
-
-Noticioso Lord Strangford de la entrada en Abrantes del ejército
-francés, volvió a desembarcar, y reiterando al príncipe regente
-los ofrecimientos más amistosos de parte de su antiguo aliado, le
-aconsejó que sin tardanza se retirase al Brasil, en cuyos vastos
-dominios adquiriría nuevo lustre la esclarecida casa de Braganza. Don
-Rodrigo de Sousa Coutiño apoyó el prudente dictamen del embajador, y
-el 26 de noviembre se anunció al pueblo de Lisboa la resolución que
-la corte había tomado de trasladar su residencia a Río de Janeiro
-hasta la conclusión de la paz general. Sir Sidney Smith, célebre por
-su resistencia en San Juan de Acre, quería poner a Lisboa en estado
-de defensa; pero este arranque digno del elevado pecho de un marino
-intrépido, si bien hubiera podido retardar la marcha de Junot, y aun
-destruir su fatigado ejército, al fin hubiera inútilmente causado la
-ruina de Lisboa, atendiendo a la profunda tranquilidad que todavía
-reinaba en derredor por todas partes.
-
-El príncipe Don Juan nombró antes de su partida un consejo de regencia
-compuesto de cinco personas, a cuyo frente estaba el marqués de
-Abrantes, con encargo de no dar al ejército francés ocasión de queja,
-ni fundado motivo de que se alterase la buena armonía entre ambas
-naciones. Se dispuso el embarco para el 27, y S. A. el príncipe regente
-traspasado de dolor salió del palacio de Ajuda conmovido, trémulo
-y bañado en lágrimas su demudado rostro: el pueblo colmándole de
-bendiciones le acompañaba en su justa y profunda aflicción. La princesa
-su esposa, quien en los preparativos del viaje mostró aquel carácter
-y varonil energía que en otras ocasiones menos plausibles ha mostrado
-en lo sucesivo, iba en un coche con sus tiernos hijos, y dio órdenes
-para pasarlos a bordo, y tomar otras convenientes disposiciones con
-presencia de ánimo admirable. Al cabo de 16 años de retiro y demencia
-apareció en público la reina madre, y en medio del insensible desvarío
-de su locura quiso algunos instantes como volver a recobrar la razón
-perdida. Molesto y lamentable espectáculo con que quedaron rendidos a
-profunda tristeza los fieles moradores de Lisboa: dudosos del porvenir
-olvidaban en parte la suerte que les aguardaba, dirigiendo al cielo
-fervorosas plegarias por la salud y feliz viaje de la real familia.
-La inquietud y el desasosiego creció de punto al ver que por vientos
-contrarios la escuadra no salía del puerto.
-
-[Marginal: 29 de noviembre: da la vela la familia real portuguesa.]
-
-Al fin el 29 dio la vela, y tan oportunamente que a las diez de aquella
-misma noche llegaron los franceses a Sacavém, distante dos leguas de
-Lisboa. Junot desde su llegada a Abrantes había dado nueva forma a la
-vanguardia de su desarreglado ejército, y había tratado de superar los
-obstáculos que con las grandes avenidas retardaban echar un puente para
-pasar el Cécere. Antes que los ingenieros hubieran podido concluir
-la emprendida obra, ordenó que en barcas cruzasen el río parte de las
-fuerzas de su mando, y con diligencia apresuró su marcha. Ahora ofrecía
-el país más recursos, pero a pesar de la fertilidad de los campos, de
-los muchos víveres que proporcionó Santarén, y de la mejor disciplina,
-el número de soldados rezagados era tan considerable, que las
-deliciosas quintas de las orillas del Tajo, y las solitarias granjas
-fueron entregadas al saco, y pilladas como lo había sido el país que
-media entre Abrantes y la frontera española.
-
-[Marginal: 30 de noviembre: entrada de Junot en Lisboa.]
-
-Amaneció el 30 y vio Lisboa entrar por sus muros al invasor extranjero;
-día de luto y desoladora aflicción: otros años lo había sido de
-festejos públicos y general regocijo, como víspera del día en que Pinto
-Ribeiro y sus parciales, arrojando a los españoles, habían aclamado y
-ensalzado a la casa de Braganza; época sin duda gloriosa para Portugal,
-sumamente desgraciada para la unión y prosperidad del conjunto de los
-pueblos peninsulares. Seguía a Junot una tropa flaca y estropeada,
-molida con las forzadas marchas, sin artillería, y muy desprovista:
-muestra poco ventajosa de las temidas huestes de Napoleón. Hasta
-la misma naturaleza pareció tomar parte en suceso tan importante,
-habiendo aunque ligeramente temblado la tierra. Junot arrebatado por
-su imaginación, y aprovechándose de este incidente, en tono gentílico
-y supersticioso daba cuenta de su expedición escribiendo al ministro
-Clarke: «Los dioses se declaran en nuestro favor: lo vaticina el
-terremoto que atestiguando su omnipotencia no nos ha causado daño
-alguno.» Con más razón hubiera podido contemplar aquel fenómeno
-graduándole de présago anuncio de los males que amenazaban a los
-autores de la agresión injusta de un estado independiente.
-
-Conservó Junot por entonces la regencia que antes de embarcarse había
-nombrado el príncipe, pero agregando a ella al francés Hermann. Sin
-contar mucho con la autoridad nacional resolvió por sí imponer al
-comercio de Lisboa un empréstito forzoso de dos millones de cruzados,
-y confiscar todas las mercancías británicas, aun aquellas que eran
-consideradas como de propiedad portuguesa. El cardenal patriarca
-de Lisboa, el inquisidor general y otros prelados publicaron y
-circularon pastorales en favor de la sumisión y obediencia al nuevo
-gobierno; reprensibles exhortos, aunque hayan sido dados por impulso
-e insinuaciones de Junot. El pueblo, agitado, dio señales de mucho
-descontento cuando el 13 vio que en el arsenal se enarbolaba la
-bandera extranjera en lugar de la portuguesa. Apuró su sufrimiento la
-pomposa y magnífica revista que hubo dos días después en la plaza del
-Rossio: allí dio el general en jefe gracias a las tropas en nombre del
-emperador, y al mismo tiempo se tremoló en el castillo con veinticinco
-cañonazos repetidos por todos los fuertes la bandera francesa.
-Universal murmullo respondió a estas demostraciones del extranjero, y
-hubiérase seguido una terrible explosión, si un hombre audaz hubiera
-osado acaudillar a la multitud conmovida. La presencia de la fuerza
-armada contuvo el sentimiento de indignación que aparecía en los
-semblantes del numeroso concurso; solo en la tarde con motivo de haber
-preso a un soldado de la policía portuguesa, se alborotó el populacho,
-quiso sacarle de entre las manos de los franceses, y hubo de una y otra
-parte muertes y desgracias. El tumulto no se sosegó del todo hasta el
-día siguiente por la mañana, en que se ocuparon las plazas y puntos
-importantes con artillería y suficientes tropas.
-
-Al comenzar diciembre, no completa todavía su división, Don Francisco
-María Solano, marqués del Socorro, [Marginal: Entrada de los españoles
-en Portugal.] se apoderó sin oposición de Elvas, después de haber
-consultado su comandante al gobierno de Lisboa. Antes de entrar en
-Portugal había recomendado a sus tropas por medio de una proclama la
-más severa disciplina; conservose en efecto, aunque obligado Socorro
-a poner en ejecución las órdenes arbitrarias de Junot, causaba a
-veces mucho disgusto en los habitantes, manifestando sin embargo en
-todo lo que era compatible con sus instrucciones, desinterés y loable
-integridad. Al mismo tiempo creyéndose dueño tranquilo del país, empezó
-a querer transformar a Setúbal en otra Salento, ideando reformas en que
-generalmente más bien mostraba buen deseo, que profundos conocimientos
-de administración y de hombre de estado. Sus experiencias no fueron de
-larga duración.
-
-Por Tomar y Coimbra se dirigieron a Oporto algunos cuerpos de la
-división de Carrafa, los que sirvieron para completar la del general
-Don Francisco Taranco, quien por aquellos primeros días de diciembre
-cruzó el Miño con solos 6000 hombres, en lugar de los 10.000 que era el
-contingente pedido: modelo de prudencia y cordura, mereció Taranco el
-agradecimiento y los elogios de los habitantes de aquella provincia. El
-portugués Accursio das Neves alaba en su historia la severa disciplina
-del ejército, la moderación y prudencia del general Taranco, y añade:
-«el nombre de este general será pronunciado con eterno agradecimiento
-por los naturales, testigos de su dulzura e integridad; tan sincero
-en sus promesas como Junot pérfido y falaz en las suyas.» Agrada oír
-el testimonio honroso que por boca imparcial ha sido dado a un jefe
-bizarro, amante de la justicia y de la disciplina militar, al tiempo
-que muy diversas escenas se representaban lastimosamente en Lisboa.
-
-[Marginal: 16 de noviembre: viaje de Napoleón a Italia.]
-
-Así iban las cosas de Portugal, entretanto que Bonaparte después de
-haberse detenido unos días por las ocurrencias del Escorial, salió
-al fin para Italia el 16 de noviembre. Era uno de los objetos de su
-viaje poner en ejecución el artículo del tratado de Fontainebleau,
-por el que la Etruria o Toscana era agregada al imperio de Francia.
-Gobernaba aquel reino como regenta desde la muerte de su esposo la
-infanta Doña María Luisa, quien ignoraba el traspaso hecho sin su
-anuencia de los estados de su hijo. Y no habiendo precedido aviso
-alguno ni confidencial de sus mismos padres los reyes de España, la
-Regenta se halló sorprendida el 23 de noviembre con haberla comunicado
-el ministro francés D’Aubusson que era necesario se preparase a dejar
-sus dominios, estando para ocuparlos las tropas de su amo el emperador,
-en virtud de cesión que le había hecho España. [Marginal: Reina de
-Etruria.] Aturdida la reina con la singularidad e importancia de tal
-nueva, apenas daba crédito a lo que veía y oía, y por de pronto se
-resistió al cumplimiento de la desusada intimación; pero insistiendo
-con más fuerza el ministro de Francia, y propasándose a amenazarla, se
-vio obligada la reina a someterse a su dura suerte; y con su familia
-salió de Florencia el 1.º de diciembre. Al paso por Milán tuvo vistas
-con Napoleón: alegrábase del feliz encuentro confiando hallar alivio
-a sus penas, mas en vez de consuelos solo recibió nuevos desengaños.
-Y como si no bastase para oprimirla de dolor el impensado despojo del
-reino de su hijo, acrecentó Napoleón los disgustos de la desvalida
-reina, achacando la culpa del estipulado cambio al gobierno de España.
-Es también de advertir que después de abultarle sobremanera lo acaecido
-en el Escorial, le aconsejó que suspendiese su viaje, y aguardase en
-Turín o Niza el fin de aquellas disensiones; indicio claro de que
-ya entonces no pensaba cumplir en nada lo que dos meses antes había
-pactado en Fontainebleau. Siguió sin embargo la familia de Parma,
-desposeída del trono de Etruria, su viaje a España, a donde iba a ser
-testigo y partícipe de nuevas desgracias y trastornos. Así en dos
-puntos opuestos, y al mismo tiempo, fueron despojadas de sus tronos dos
-esclarecidas estirpes: una quizá para siempre, otra para recobrarle
-con mayor brillo y gloria.
-
-[Marginal: Carta de Carlos IV a Napoleón.]
-
-Aún estaba en Milán Napoleón cuando contestó a una carta de Carlos
-IV recibida poco antes, en la que le proponía este monarca enlazar a
-su hijo Fernando con una princesa de la familia imperial. Asustado
-como hemos dicho el príncipe de la Paz con ver complicado el nombre
-francés en la causa del Escorial, pareciole oportuno mover al rey a
-dar un paso que suavizara la temida indignación del emperador de los
-franceses. Incierto este en aquel tiempo sobre el modo de enseñorearse
-de España, no desechó la propuesta, antes bien la aceptó afirmando en
-su contestación no haber nunca recibido carta alguna del príncipe de
-Asturias; disimulo en la ocasión lícito y aun atento. [Marginal: Dudas
-de Napoleón sobre su conducta respecto de España.] Debió sin duda
-inclinarse entonces Bonaparte al indicado casamiento, habiéndosele
-formalmente propuesto en Mantua a su hermano Luciano, a quien también
-ofreció allí el trono de Portugal, olvidándose o más bien burlándose de
-lo que poco antes había solemnemente pactado, como varias veces nos lo
-ha dado ya a entender con su conducta. Luciano o por desvío, o por no
-confiar en las palabras de Napoleón, no admitió el ofrecido cetro, mas
-no desdeñó el enlace de su hija con el heredero de la corona de España,
-enlace que a pesar de la repugnancia de la futura esposa, hubiera
-tenido cumplido efecto si el emperador francés no hubiera alterado o
-mudado su primitivo plan.
-
-Llena empero de admiración que en la importantísima empresa de la
-península anduviese su prevenido ánimo tan vacilante y dudoso. Una
-sola idea parece que hasta entonces se había grabado en su mente; la
-de mandar sin embarazo ni estorbos en aquel vasto país, confiando a
-su feliz estrella o a las circunstancias el conseguir su propósito y
-acertar con los medios. Así a ciegas y con más frecuencia de lo que se
-piensa suele revolverse y trocarse la suerte de las naciones.
-
-De todos modos era necesario contar con poderosas fuerzas para el
-fácil logro de cualquiera plan que a lo último adoptase. Con este
-objeto se formaba en Bayona el segundo cuerpo de observación de la
-Gironda, en tanto que el primero atravesaba por España. Constaba de
-24.000 hombres de infantería, nuevamente organizada con soldados de
-la conscripción de 1808 pedida con anticipación, y de 3500 caballos
-sacados de los depósitos de lo interior de Francia, con los que se
-formaron regimientos provisionales de coraceros y cazadores. Mandaba
-en jefe el general Dupont, y las tres divisiones en que se distribuía
-aquel cuerpo de ejército estaban a cargo de los generales Barbou, Vedel
-y Malher, y al del piamontés Fresia la caballería. Empezó a entrar en
-España sin convenio anterior ni conformidad del gabinete de Francia
-con el nuestro, con arreglo a lo prevenido en la convención secreta de
-Fontainebleau: infracción precursora de otras muchas. [Marginal: 22 de
-diciembre: Dupont en Irún.] Dupont llegó a Irún el 22 de diciembre,
-y en enero estableció su cuartel general en Valladolid, con partidas
-destacadas camino de Salamanca, como si hubiera de dirigirse hacia
-los linderos de Portugal. La conducta del nuevo ejército fue más
-indiscreta y arrogante que la del primero, y daba indicio de lo que
-se disponía. Estimulaba con su ejemplo el mismo general en jefe, cuyo
-comportamiento tocaba a veces en la raya del desenfreno. En Valladolid
-echó por fuerza de su habitación a los marqueses de Ordoño en cuya
-casa alojaba, y al fin se vieron obligados a dejársela toda entera a
-su libre disposición: tal era la dureza y malos tratos, mayormente
-sensibles por provenir de quien se decía aliado, y por ser en un país
-en donde era transcurrido un siglo con la dicha de no haber visto
-ejército enemigo, con cuyo nombre en adelante deberá calificarse al que
-los franceses habían metido en España.
-
-No se habían pasado los primeros días de enero sin que pisase
-su territorio otro tercer cuerpo compuesto de 25.000 hombres de
-infantería y 2700 caballos, que había sido formado de soldados
-bisoños, trasladados en posta a Burdeos de los depósitos del norte.
-[Marginal: 9 de enero: Entrada del cuerpo de Moncey.] Principió a
-entrar por la frontera el 9 del mismo enero, siendo capitaneado por
-el mariscal Moncey, y con el nombre de cuerpo de observación de las
-costas del océano: era el general Harispe jefe de estado mayor;
-mandaba la caballería Grouchy, y las respectivas divisiones Musnier
-de la Converserie, Morlot y Gobert. Prosiguió su marcha hasta los
-lindes de Castilla, como si no hubiera hecho otra cosa que continuar
-por provincias de Francia, prescindiendo de la anuencia del gobierno
-español, y quebrantando de nuevo y descaradamente los conciertos y
-empeños con él contraídos.
-
-Inquietaba a la corte de Madrid la conducta extraña e inexplicable de
-su aliado, y cada día se acrecentaba su sobresalto con los desaires
-que en París recibían Izquierdo y el embajador príncipe de Maserano.
-Napoleón dejaba ver más a las claras su premeditada resolución, y a
-veces despreciando altamente al príncipe de la Paz, censuraba con
-acrimonia los procedimientos de su administración. Desatendía de todo
-punto sus reclamaciones, y respondiendo con desdén al manifestado
-deseo de que se mudase al embajador Beauharnais a causa de su oficiosa
-diligencia en el asunto del proyectado casamiento, [Marginal:
-Publicaciones del Monitor: 24 de enero de 1808.] dio por último en el
-Monitor de 24 de enero un auténtico y público testimonio del olvido en
-que había echado el tratado de Fontainebleau y al mismo tiempo dejó
-traslucir las tramas que contra España urdía. Se insertaron pues en el
-diario de oficio dos exposiciones del ministro Champagny, una atrasada
-del 21 de octubre, y otra más reciente del 2 de enero de aquel año.
-La primera se publicó, digámoslo así, para servir de introducción a
-la segunda, en la que después de considerar al Brasil como colonia
-inglesa, y de congratularse el ministro de que por lo menos se viese
-Portugal libre del yugo y fatal influjo de los enemigos del Continente,
-concluía con que intentando estos dirigir expediciones secretas hacia
-los mares de Cádiz, la península entera fijaría la atención de S. M. I.
-Acompañó a las exposiciones un informe no menos notable del ministro
-de la guerra Clarke con fecha de 6 de enero, en el que se trataba
-de demostrar la necesidad de exigir la conscripción de 1809 para
-formar el cuerpo de observación del océano, sobre el que nada se había
-hablado ni comunicado anteriormente al gobierno español: inútil es
-recordar que el sumiso senado de Francia concedió pocos días después el
-pedido alistamiento. Puestas de manifiesto cada vez más las torcidas
-intenciones del gabinete de Saint-Cloud, llegamos ya al estrecho en que
-todo disfraz y disimulo se echó a un lado, y en que cesó todo género de
-miramientos.
-
-[Marginal: 1.º de febrero de 1808: proclama de Junot.]
-
-En 1.º de febrero hizo Junot saber al público por medio de una
-proclama «que la casa de Braganza había cesado de reinar, y que el
-emperador Napoleón habiendo tomado bajo su protección el hermoso
-país de Portugal, quería que fuese administrado y gobernado _en su
-totalidad_ a nombre suyo y por el general en jefe de su ejército.»
-Así se desvanecieron los sueños de soberanía del deslumbrado Godoy,
-y se frustraron a la casa de Parma las esperanzas de una justa y
-debida indemnización. [Marginal: Forma nueva regencia de que se
-nombra presidente.] Junot se apoderó del mando supremo a nombre de
-su soberano, extinguió la regencia elegida por el príncipe Don Juan
-antes de su embarco, reemplazándola con un consejo de regencia de que
-él mismo era presidente. Y para colmar de amargura a los portugueses
-y aumentar, si era posible, su descontento, publicó en el mismo día
-un decreto de Napoleón, dado en Milán a 23 de diciembre, [Marginal:
-Gravosa contribución extraordinaria.] por el que se imponía a Portugal
-una contribución extraordinaria de guerra de cien millones de francos,
-como redención, decía, de todas las propiedades pertenecientes a
-particulares; se secuestraban también todos los bienes y heredamientos
-de la familia real, y de los hidalgos que habían seguido su suerte. Con
-estas arbitrarias disposiciones trataba a Portugal, que no había hecho
-insulto ni resistencia alguna, como país conquistado, y le trataba con
-dureza digna de la edad media. Gravar extraordinariamente con cien
-millones de francos a un reino de la extensión y riqueza de Portugal,
-al paso que con la adopción del sistema continental se le privaba de
-sus principales recursos, era lo mismo que decretar su completa ruina
-y aniquilamiento. No ascendía probablemente a tanto la moneda que
-era necesaria para los cambios y diaria circulación, y hubiera sido
-materialmente imposible realizar su pago si Junot convencido de las
-insuperables dificultades que se ofrecían para su pronta e inmediata
-exacción, no hubiera fijado plazos, y acordado ciertas e indispensables
-limitaciones. De ofensa más bien que de suave consuelo pudiera
-graduarse el haber trazado al margen de destructoras medidas un cuadro
-lisonjero de la futura felicidad de Portugal, con la no menos halagüeña
-esperanza de que nuevos Camoens nacerían para ilustrar el parnaso
-lusitano. A poder reanimarse las muertas cenizas del cantor de Gama,
-solo hubieran tomado vida para alentar a sus compatriotas contra el
-opresor extranjero, y para excitarlos vigorosamente a que no empañasen
-con su sumisión las inmortales glorias adquiridas por sus antepasados
-hasta en las regiones más apartadas del mundo.
-
-Todavía no había llegado el oportuno momento de que el noble orgullo
-de aquella nación abiertamente se declarase; pero queriendo con
-el silencio expresar de un modo significativo los sentimientos que
-abrigaba en su generoso pecho, tres fueron los solos habitantes de
-Lisboa que iluminaron sus casas en celebridad de la mudanza acaecida.
-
-[Marginal: Envía a Francia una división portuguesa.]
-
-Los temores que a Junot infundía la injusticia de sus procedimientos,
-le dictaron acelerar la salida de las pocas y antiguas tropas
-portuguesas que aún existían, y formando de ellas una corta división
-de apenas 10.000 hombres, dio el mando al marqués de Alorna, y no se
-había pasado un mes cuando tomaron el camino de Valladolid. Gran número
-desertó antes de llegar a su destino.
-
-Clara ya y del todo descubierta la política de Napoleón respecto
-de Portugal, disponían en tanto los fingidos aliados de España dar
-al mundo una señalada prueba de alevosía. Por las estrechuras de
-Roncesvalles se encaminó hacia Pamplona el general D’Armagnac con tres
-batallones, y presentándose repentinamente delante de aquella plaza,
-se le permitió sin obstáculo alojar dentro sus tropas: no contento el
-francés con esta demostración de amistad y confianza, solicitó del
-virrey marqués de Vallesantoro meter en la ciudadela dos batallones
-de suizos, socolor de tener recelos de su fidelidad. Negose a ello el
-virrey alegando que no le era lícito acceder a tan grave propuesta sin
-autoridad de la corte: adecuada contestación y digna del debido elogio,
-si la vigilancia hubiera correspondido a lo que requería la crítica
-situación de la plaza. Pero tal era el descuido, tal el incomprensible
-abandono, que hasta dentro de la misma ciudadela iban todos los días
-los soldados franceses a buscar sus raciones, sin que se tomasen ni
-las comunes precauciones de tiempo de paz. No así desprevenido el
-general D’Armagnac se había de antemano hospedado en casa del marqués
-de Besolla, porque situado aquel edificio al remate de la explanada
-y en frente de la puerta principal de la ciudadela, podía desde allí
-con más facilidad acechar el oportuno momento para la ejecución de su
-alevoso designio. Viendo frustrado su primer intento con la repulsa
-del virrey, ideó el francés recurrir a un vergonzoso ardid. [Marginal:
-16 de febrero: toma de la ciudadela de Pamplona.] Uno a uno y con
-estudiada disimulación mandó que en la noche del 15 al 16 de febrero
-pasasen con armas a su posada cierto número de granaderos, al paso
-que en la mañana siguiente soldados escogidos, guiados bajo disfraz
-por el jefe de batallón Robert, acudieron a la ciudadela a tomar los
-víveres de costumbre. Nevaba, y bajo pretexto de aguardar a su jefe
-empezaron los últimos a divertirse tirándose unos a otros pellas de
-nieve: distrajeron con el entretenimiento la atención de los soldados
-españoles, y corriendo y jugando de aquella manera se pusieron algunos
-sobre el puente levadizo para impedir que le alzasen. A poco y a una
-señal convenida se abalanzaron los restantes al cuerpo de guardia,
-desarmaron a los descuidados centinelas, y apoderándose de los fusiles
-del resto de la tropa colocados en el armero, franquearon la entrada
-a los granaderos ocultos en casa de D’Armagnac, a los que de cerca
-siguieron todos los demás. La traición se ejecutó con tanta celeridad
-que apenas había recibido la primera noticia el desavisado virrey,
-cuando ya los franceses se habían del todo posesionado de la ciudadela.
-D’Armagnac le escribió entonces, a manera de satisfacción, un oficio en
-que al paso que se disculpaba con la necesidad, lisonjeábase de que en
-nada se alteraría la buena armonía propia de dos fieles aliados: género
-de mofa con que hacía resaltar su fementida conducta.
-
-Por el mismo tiempo se había reunido en los Pirineos orientales
-una división de tropas italianas y francesas, compuesta de 11.000
-hombres de infantería y 1700 de caballería: [Marginal: Entra Duhesme
-en Cataluña.] en 4 de febrero tomó en Perpiñán el mando el general
-Duhesme, quien en sus memorias cuenta solo disponibles 7000 soldados:
-a sus órdenes estaban el general italiano Lecchi y el francés Chabran.
-A pocos días penetraron por la Junquera dirigiéndose a Barcelona con
-intento, decían, de proseguir su viaje a Valencia. Antes de avistar
-los muros de la capital de Cataluña recibió Duhesme una intimación
-del capitán general conde de Ezpeleta, sucesor por aquellos días del
-de Santa Clara para suspender su marcha hasta tanto que consultase a
-la corte. Completamente ignoraba esta el envío de tropas por el lado
-oriental de España, ni el embajador francés había siquiera informado
-de la novedad, tanto más importante cuanto Portugal no podía servir
-de capa a la reciente expedición. Duhesme lejos de arredrarse con el
-requerimiento de Ezpeleta, contestó de palabra con arrogancia que a
-todo evento llevaría a cabo las órdenes del emperador, y que sobre el
-capitán general de Cataluña recaería la responsabilidad de cualquiera
-desavenencia. Celebró un consejo el conde de Ezpeleta, y en él se
-acordó permitir la entrada en Barcelona a las tropas francesas.
-[Marginal: Llega a Barcelona.] Así lo realizaron el 13 de aquel mes
-quedando no obstante en poder de la guarnición española Monjuich y
-la ciudadela. Pidió Duhesme que en prueba de buena armonía se dejase
-a sus tropas alternar con las nacionales en la guardia de todas las
-puertas. Falto de instrucciones y temeroso de la enemistad francesa
-accedió Ezpeleta con harta si bien disculpable debilidad a la imperiosa
-demanda, colocando Duhesme en la puerta principal de la misma ciudadela
-una compañía de granaderos, en cuyo puesto había solamente 20 soldados
-españoles. Pesaroso el capitán general de haber llevado tan allá su
-condescendencia, rogó al francés que retirase aquel piquete; pero muy
-otras eran las intenciones del último, no contentándose ya con nada
-menos que con la total ocupación. Andaba también Duhesme más receloso a
-causa de la llegada a Barcelona del oficial de artillería Don Joaquín
-Osma, a quien suponía enviado con especial encargo de que se velase a
-la conservación de la plaza, probable conjetura en efecto si en Madrid
-hubiera habido sombra de buen gobierno; mas era tan al contrario,
-que Osma había sido comisionado para facilitar a los aliados cuanto
-apeteciesen, y para recomendar la buena armonía y mejor trato. Solo se
-le insinuó en instrucción verbal que procurase de paso indagar en las
-conversaciones con los oficiales cuál fuese el verdadero objeto de la
-expedición, como si para ello hubiera habido necesidad de correr hasta
-Barcelona, y de despachar expresamente un oficial de explorador.
-
-[Marginal: 28 de febrero: sorpresa de la ciudadela de Barcelona.]
-
-Trató en fin Duhesme de apoderarse por sorpresa de la ciudadela y de
-Monjuich el 28 de febrero: fue estimulado con el recibo aquel mismo día
-de una carta escrita en París por el ministro de la Guerra, en la que
-le suponía dueño de los fuertes de Barcelona; tácito modo de ordenar lo
-que a las claras hubiera sido inicuo y vergonzoso. Para adormecer la
-vigilancia de los españoles esparcieron los franceses por la ciudad que
-se les había enviado la orden de continuar su camino a Cádiz, mentirosa
-voz que se hacía más verosímil con la llegada del correo recibido.
-Dijeron también que antes de la partida debían revistar las tropas,
-y con aquel pretexto las juntaron en la explanada de la ciudadela,
-apostando en el camino que de allí va a la Aduana un batallón de
-vélites italianos, y colocando la demás fuerza de modo que llamase
-hacia otra parte la atención de los curiosos. Hecha la reseña de
-algunos cuerpos se dirigió el general Lecchi, con grande acompañamiento
-de estado mayor, del lado de la puerta principal de la ciudadela, y
-aparentando comunicar órdenes al oficial de guardia se detuvo en el
-puente levadizo para dar lugar a que los vélites, cuya derecha se había
-apoyado en la misma estacada, avanzasen cubiertos por el revellín que
-defiende la entrada: ganaron de este modo el puente embarazado con los
-caballos, después de haber arrollado al primer centinela, cuya voz
-fue apagada por el ruido de los tambores franceses que en las bóvedas
-resonaban. Entonces penetró Lecchi dentro del recinto principal con
-su numerosa comitiva, le siguió el batallón de vélites y la compañía
-de granaderos, que ya de antemano montaba la guardia en la puerta
-principal, reprimió a los 20 españoles, obligados a ceder al número y a
-la sorpresa: cuatro batallones franceses acudieron después a sostener
-al que primero había entrado a hurtadillas, y acabaron de hacerse
-dueños de la ciudadela. Dos batallones de guardias españolas y valonas
-la guarnecían; pero llenos de confianza oficiales y soldados habían
-ido a la ciudad a sus diversas ocupaciones, y cuando quisieron volver
-a sus puestos encontraron resistencia en los franceses, quienes al fin
-se lo permitieron después de haber tomado escrupulosas precauciones.
-Los españoles pasaron luego la noche y casi todo el siguiente día
-formados enfrente de sus nuevos y molestos huéspedes; e inquietos estos
-con aquella hostil demostración, lograron que se diese orden a los
-nuestros de acuartelarse fuera, y evacuar la plaza. Santilly, comandante
-español, así que vio tan desleal proceder, se presentó a Lecchi como
-prisionero de guerra, quien osando recordarle la amistad y alianza de
-ambas naciones, al mismo tiempo que arteramente quebrantaba todos los
-vínculos, le recibió con esmerado agasajo.
-
-[Marginal: Sorpresa de Monjuich: 28 de febrero.]
-
-Entretanto y a la hora en que parte de la guarnición había bajado a la
-ciudad, otro cuerpo francés se avanzaba hacia Monjuich. La situación
-elevada y descubierta de este fuerte impidió a los extranjeros tocar
-sin ser vistos el pie de los muros. Al aproximarse se alzó el puente
-levadizo, y en balde intimó el comandante francés Floresti que se le
-abriesen las puertas: allí mandaba Don Mariano Álvarez. Desconcertado
-Duhesme en su doloso intento recurrió a Ezpeleta, y poniendo por
-delante las órdenes del emperador le amenazó tomar por fuerza lo que
-de grado no se le rindiese. Atemorizado el capitán general ordenó la
-entrega: dudó Álvarez un instante; mas la severidad de la disciplina
-militar, y el sosiego que todavía reinaba por todas partes, le forzaron
-a obedecer al mandato de su jefe. Sin embargo habiéndose conmovido
-algún tanto Barcelona con la alevosa ocupación de la ciudadela, se
-aguardó a muy entrada la noche para que sin riesgo pudiesen los
-franceses entrar en el recinto de Monjuich.
-
-Irritados a lo sumo con semejantes y repetidas perfidias los generosos
-pechos de los militares españoles, se tomaron exquisitas providencias
-para evitar un compromiso, y dejando en Barcelona a los guardias
-españolas y valonas con la artillería, se mandó salir a Villafranca al
-regimiento de Extremadura.
-
-Al paso por Figueras había Duhesme dispuesto que se detuviese allí
-alguna de su gente, alegando especiosos pretextos. Durante más de un
-mes permanecieron dichos soldados tranquilos, hasta que ocupados todos
-los fuertes de Barcelona trataron de apoderarse de la ciudadela de San
-Fernando con la misma ruin estratagema empleada en las otras plazas.
-[Marginal: 18 de marzo: ocupación de San Fernando de Figueras.] Estando
-los españoles en vela acudieron a tiempo a la sorpresa y la impidieron;
-mas el gobernador anciano y tímido dio permiso dos días después al
-mayor Piat para que encerrase dentro 200 conscriptos, bajo cuyo nombre
-metió el francés soldados escogidos, los cuales con otros que a su
-sombra entraron se enseñorearon de la plaza el 18 de marzo, despidiendo
-muy luego el corto número de españoles que la guarnecían.
-
-[Marginal: 5 de marzo: entrega de S. Sebastián.]
-
-Pocos días antes había caído en manos de los falsos amigos la plaza
-de San Sebastián: era su gobernador el brigadier español Daiguillon,
-y comandante del fuerte de Santa Cruz el capitán Douton. Advertido
-aquel por el cónsul de Bayona de que Murat, gran duque de Berg, le
-había indicado en una conversación cuán conveniente sería para la
-seguridad de su ejército la ocupación de San Sebastián, dio parte de
-la noticia al duque de Mahón, comandante general de Guipúzcoa, recién
-llegado de Madrid. Inmediatamente consultó este al príncipe de la Paz,
-y antes de que hubiera habido tiempo para recibir contestación, el
-general Monthion, jefe de estado mayor de Murat, escribió a Daiguillon
-participándole cómo el gran duque de Berg había resuelto que los
-depósitos de infantería y caballería de los cuerpos que habían entrado
-en la península se trasladasen de Bayona a San Sebastián,[*] [Marginal:
-(* Ap. n. 1-10.)] y que fuesen alojados dentro, debiendo salir para
-aquel destino del 4 al 5 de marzo. Apenas había el gobernador abierto
-esta carta cuando recibió otra del mismo jefe avisándole que los
-depósitos, cuya fuerza ascendería a 350 hombres de infantería y 70
-de caballería, saldrían antes de lo que había anunciado. Comunicados
-ambos oficios al duque de Mahón, de acuerdo con el gobernador y con el
-comandante del fuerte, respondió el mismo duque rogando al de Berg
-que suspendiese su resolución hasta que le llegase la contestación
-de la corte, y ofreciendo entretanto alojar con toda comodidad fuera
-de la plaza y del alcance del cañón los depósitos de que se trataba.
-Ofendido el príncipe francés de la inesperada negativa escribió por sí
-mismo en 4 de marzo una carta altiva y amenazadora al duque de Mahón,
-quien no desdiciendo entonces de la conducta propia de un descendiente
-de Crillon, replicó dignamente y reiteró su primera respuesta. Grande
-sin embargo era su congoja y arriesgada su posición, cuando la flaca
-condescendencia del príncipe de la Paz, y la necesidad en que había
-estrechado a este su culpable ambición, sacaron a todos los jefes de
-San Sebastián de su terrible y crítico apuro. Al margen del oficio que
-en consulta se le había escrito puso el generalísimo Godoy de su mismo
-puño, fecha 3 de marzo «que ceda el gobernador la plaza, pues no tiene
-medio de defenderla; pero que lo haga de un modo amistoso según lo han
-practicado los de las otras plazas, sin que para ello hubiese ni tantas
-razones ni motivos de excusa como en San Sebastián.» De resultas ocupó
-con los depósitos la plaza y el puerto el general Thouvenot.
-
-He aquí el modo insidioso con que en medio de la paz y de una estrecha
-alianza se privó a España de sus plazas más importantes: perfidia
-atroz, deshonrosa artería en guerreros envejecidos en la gloriosa
-profesión de las armas, ajena e indigna de una nación grande y
-belicosa. Cuando leemos en la juiciosa historia de Coloma el ingenioso
-ardid con que Fernando Tello Portocarrero sorprendió a Amiens, notamos
-en la atrevida empresa agudeza en concebirla, bizarría en ejecutarla
-y loable moderación al alcanzar el triunfo. La toma de aquella plaza,
-llave entonces de la frontera de Francia del lado de la Picardía, y
-cuya sorpresa, según nos dice Sully, oprimió de dolor a Enrique IV, era
-legítima: guerra encarnizada andaba entre ambas naciones, y era lícito
-al valor y a la astucia buscar laureles que no se habían de mancillar
-con el quebrantamiento de la buena fe y de la lealtad. El bastardo
-proceder de los generales franceses no solo era escandaloso por el
-tiempo y por el modo, sino que también era tanto menos disculpable
-cuanto era menos necesario. Dueño el gobierno francés de la débil
-voluntad del de Madrid le hubiera bastado una mera insinuación, sin
-acudir a la amenaza, para conseguir del obsequioso y sumiso aliado la
-entrega de todas las plazas, como lo ordenó con la de San Sebastián.
-
-[Marginal: 7 de febrero: orden para que la escuadra de Cartagena vaya a
-Toulon.]
-
-Tampoco echó Napoleón en olvido la marina, pidiendo con ahínco que se
-reuniesen con sus escuadras las españolas. En consecuencia diose el 7
-de febrero la orden a Don Cayetano Valdés, que en Cartagena mandaba
-una fuerza de seis navíos, de hacerse a la vela dirigiendo su rumbo
-a Toulon. Afortunadamente vientos contrarios, y, según se cree, el
-patriótico celo del comandante, impidieron el cumplimiento de la orden,
-tomando la escuadra puerto en las Baleares.
-
-Hechos de tal magnitud no causaron en las provincias lejanas de España
-impresión profunda. Ignorábanse en general, o se atribuían a amaños de
-Godoy: lo dificultoso y escaso de las comunicaciones, la servidumbre
-de la imprenta, y la extremada reserva del gobierno no daban lugar a
-que la opinión se ilustrase, ni a que se formase juicio acertado de
-los acaecimientos. En días como aquellos recoge el poder absoluto con
-creces los frutos de su imprevisión y desafueros. También los pueblos,
-si no son envueltos en su ruina, al menos participan bastantemente
-de sus desgracias; como si la Providencia quisiera castigarlos de su
-indolencia y culpable sufrimiento.
-
-[Marginal: Desasosiego de la corte de Madrid.]
-
-Por lo demás la corte estaba muy inquieta, y se asegura que el príncipe
-de la Paz fue de los que primero se convencieron de la mala fe de
-Napoleón, y de sus depravados intentos: disfrazábalos sin embargo
-este, ofreciendo a veces en su conducta una alternativa hija quizá de
-su misma vacilación e incertidumbre: [Marginal: Conducta ambigua de
-Napoleón.] pues al paso que proyectaba y ponía en práctica hacerse
-dueño de todo Portugal y de las plazas de la frontera, sin miramiento a
-tratados ni alianzas, no solo regalaba a Carlos IV en los primeros días
-de febrero, en prueba de su íntima amistad, quince caballos de coche,
-sino que asimismo le escribía amargas quejas [Marginal: Sobresalto del
-príncipe de la Paz.] por no haber reiterado la petición de una esposa
-imperial para el príncipe de Asturias: y si bien no era unión esta
-apetecible para Godoy, por lo menos no indicaba Bonaparte con semejante
-demostración querer derribar del trono la estirpe de los Borbones.
-Dudas y zozobras asaltaban de tropel la mente del valido, [Marginal:
-Llegada a Madrid de Izquierdo.] cuando la repentina llegada por el mes
-de febrero de su confidente Don Eugenio Izquierdo acabó de perturbar
-su ánimo. En la numerosa corte que le tributaba continuado y lisonjero
-incienso, prorrumpía en expresiones propias de hombre desatentado y
-descompuesto. Hablaba de su grandeza, de su poderío; usaba de palabras
-poco recatadas, y parecía presentir la espantosa desgracia que como en
-sombra ya le perseguía. Interpretábase de mil maneras la apresurada
-venida de Izquierdo, y nada por entonces pudo traslucirse, sino que
-era de tal importancia, y anunciadora de tan malas nuevas, que los
-reyes y el privado despavoridos preparábanse a tomar alguna impensada y
-extraordinaria resolución.
-
-Por una nota que después en 24 de marzo escribió Izquierdo,[*]
-[Marginal: (* Ap. n. 1-11.)] y por lo que hemos oído a personas con él
-conexionadas, podemos fundadamente inferir que su misión ostensible
-se dirigía a ofrecer de un modo informal ciertas ideas al examen del
-gobierno español, y a hacer sobre ellas varias preguntas; pero que
-el verdadero objeto de Napoleón fue infundir tal miedo en la corte
-de Madrid, que la provocase a imitar a la de Portugal en su partida,
-resolución que le desembarazaba del engorroso obstáculo de la familia
-real, y le abría fácil entrada para apoderarse sin resistencia del
-vacante y desamparado trono español. Las ideas y preguntas arriba
-indicadas fueron sugeridas por Napoleón y escritas por Izquierdo.
-Reducíanse con corta variación a las que él mismo extendió en la
-nota antes mencionada de 24 de marzo, y que recibida después del
-levantamiento de Aranjuez, cayó en manos de los adversarios de Godoy.
-Eran pues las proposiciones en ella contenidas: 1.ª Comercio libre
-para españoles y franceses en sus respectivas colonias. 2.ª Trocar
-las provincias del Ebro allá con Portugal, cuyo reino se daría en
-indemnización a España. 3.ª Un nuevo tratado de alianza ofensiva y
-defensiva. 4.ª Arreglar la sucesión al trono de España: y 5.ª Convenir
-en el casamiento del príncipe de Asturias con una princesa imperial: el
-último artículo no debía formar parte del tratado principal. Es inútil
-detenerse en el examen de estas proposiciones que hubieran ofrecido
-materia a reflexiones importantes, si hubieran sido objeto de algún
-tratado o seria discusión. Admira no obstante la confianza o más bien
-el descaro con que se presentaron sin hacerse referencia al tratado
-de Fontainebleau, para cuya entera anulación no había España dado ni
-ocasión ni pretexto. [Marginal: Sale Izquierdo el 10 de marzo para
-París.] La misión de Izquierdo produjo el deseado efecto; y aunque el
-10 de marzo salió para París con nuevas instrucciones y carta de Carlos
-IV, habíanse ya perdido las esperanzas de evitar el terrible golpe que
-amenazaba.
-
-[Marginal: Tropas francesas que continuaron entrando en España.]
-
-El gobierno francés no había interrumpido el envío sucesivo de
-tropas y oficiales, y en el mes de marzo se formó un nuevo cuerpo
-llamado de observación de los Pirineos occidentales que ascendía a
-19.000 hombres, sin contar con 6000 de la guardia imperial, en cuyo
-número se distinguían mamelucos, polacos y todo género y variedad de
-uniformes propios a excitar la viva imaginación de los españoles. Se
-encomendó esta fuerza al mando de Bessières, duque de Istria: parte de
-los cuerpos se acabaron de organizar dentro de la península, y era
-continuado su movimiento y ejercicio.
-
-Había ya en el corazón de España, aun no incluyendo los de Portugal,
-100.000 franceses, sin que a las claras se supiese su verdadero y
-determinado objeto, y cuya entrada, según dejamos dicho, había sido
-contraria a todo lo que solemnemente se había estipulado entre ambas
-naciones. Faltaban a los diversos cuerpos en que estaba distribuido el
-ejército francés un general en jefe, [Marginal: Murat nombrado general
-en jefe del ejército francés en España.] y recayó la elección en Murat,
-gran duque de Berg, con título de lugarteniente del emperador, de
-quien era cuñado. Llegó a Bayona en los primeros días de marzo, solo
-y sin acompañamiento; pero le habían precedido y le seguían oficiales
-sueltos de todas graduaciones, quienes debían encargarse de organizar
-y disciplinar los nuevos alistados que continuamente se remitían a
-España. Llegó Murat a Burgos el 13 de marzo, y en aquel día dio una
-proclama a sus soldados «para que tratasen a los españoles, nación
-por tantos títulos estimable, como tratarían a los franceses mismos;
-queriendo solamente el emperador el bien y felicidad de España.»
-
-[Marginal: Piensa la corte de Madrid en partir para Andalucía.]
-
-Tantas tropas y tan numerosos refuerzos que cada día se internaban
-más y más en el reino; tanta mala fe y quebrantamiento de solemnes
-promesas, el viaje de Izquierdo y sus temores; tanto cúmulo en fin de
-sospechosos indicios impelieron a Godoy a tomar una pronta y decisiva
-resolución. [Marginal: Providencias que toma.] Consultó con los reyes
-y al fin les persuadió lo urgente que era pensar en trasladarse del
-otro lado de los mares. Pareció antes oportuno, como paso previo,
-adoptar el consejo dado por el príncipe de Castel-Franco de retirarse
-a Sevilla, desde donde con más descanso se pondrían en obra y se
-dirigirían los preparativos de tan largo viaje. Para remover todo
-género de tropiezos se acordó formar un campo en Talavera, y se mandó
-a Solano que de Portugal se replegase sobre Badajoz. Estas fuerzas
-con las que se sacarían de Madrid, debían cubrir el viaje de SS. MM.,
-y contener cualquiera movimiento que los franceses intentaran para
-impedirle. También se mandó a las tropas de Oporto, cuyo digno general
-Taranco había fallecido allí de un cólico violento, que se volviesen a
-Galicia; y se ofició a Junot para que permitiese a Carrafa dirigirse
-con sus españoles hacia las costas meridionales, en donde los ingleses
-amenazaban desembarcar; artificio, por decirlo de paso, demasiado
-grosero para engañar al general francés. Fue igualmente muy fuera de
-propósito enviar a Dupont un oficial de estado mayor para exigirle
-aclaración de las órdenes que había recibido, como si aquel hubiera de
-comunicarlas, y como si en caso de contestar con altanería estuviera el
-gobierno español en situación de reprimir y castigar su insolencia.
-
-Tales fueron las medidas preliminares que Godoy miró como necesarias
-para el premeditado viaje; pero inesperados trastornos desbarataron sus
-intentos, desplomándose estrepitosamente el edificio de su valimiento y
-grandeza.
-
-
-
-
- RESUMEN
- DEL
- LIBRO SEGUNDO.
-
-
-_Primeros indicios del viaje de la corte. — Orden para que la
-guarnición de Madrid pase a Aranjuez. — Proclama de Carlos IV de 16 de
-abril. — Conducta del embajador de Francia y de Murat. — Síntomas de
-una conmoción. — Primera conmoción de Aranjuez. — Decreto de Carlos
-IV: prisión de Don Diego Godoy. — Continúa la agitación y temores de
-otra conmoción. — Segunda conmoción de Aranjuez. — Prisión de Godoy.
-— Retrato de Godoy. — Tercer alboroto de Aranjuez. — Abdicación
-de Carlos IV el 19 de marzo. — Conmoción de Madrid del 19 y 20 de
-marzo. — Alborotos de las provincias. — Juicio sobre la abdicación de
-Carlos IV. — Ministros del nuevo monarca. — Escóiquiz. — El duque
-del Infantado. — El duque de San Carlos. — Primeras providencias
-del nuevo reinado. — Proceso del príncipe de la Paz y de otros, 23
-de marzo. — Grandes enviados para obsequiar a Murat y a Napoleón.
-— Avanza Murat hacia Madrid. — Entrada de Fernando en Madrid en 24
-de marzo. — Conducta impropia de Murat. — Opinión de España sobre
-Napoleón. — Juicio sobre la conducta de Napoleón. — Propuesta de
-Napoleón a su hermano Luis. — Correspondencia entre Murat y los reyes
-padres. — Juicio sobre la protesta. — Siguen los tratos entre Murat y
-los reyes padres. — Desasosiego en Madrid. — Llega Escóiquiz a Madrid
-en 28 de marzo. — Fernán Núñez en Tours. — Entrega de la espada de
-Francisco I. — Carta de Napoleón a Murat. — Viaje del infante Don
-Carlos. — Llegada a Madrid del general Savary. — Aviso de Hervás. —
-10 de abril: salida del rey para Burgos. — Nombramiento de una junta
-suprema. — Sobre el viaje del rey. — Llega el rey el 12 de abril
-a Burgos. — Llega a Vitoria el 14. — Escribe Fernando a Napoleón:
-contesta este en 17 de abril. — Seguridad que da Savary. — Tentativas
-o proposiciones para que el rey se escape. — Proclama al partir el rey
-de Vitoria. — Sale de Vitoria el 19 de abril. — 20 de abril: entrada
-del rey en Bayona. — Sigue la correspondencia entre Murat y los reyes
-padres. — Pasan los reyes padres al Escorial. — Entrega de Godoy en
-20 de abril. — Quejas y tentativas de Murat. — Reclama Carlos IV
-la corona, y anuncia su viaje a Bayona. — Inquietud en Madrid. —
-Alboroto en Toledo. — En Burgos. — Conducta altanera de Murat. —
-Conducta de la junta, y medidas que propone. — Creación de una junta
-que la sustituya. — Llegada a Madrid de D. Justo Ibarnavarro. —
-Posición de los franceses en Madrid. — Revistas de Murat. — Pide
-la salida para Francia del infante Don Francisco y reina de Etruria.
-— 2 de mayo. — Salida de los infantes para Francia el 3 y el 4. —
-Llega Napoleón a Bayona. — Se anuncia a Fernando que renuncie. —
-Conferencias de Escóiquiz y Cevallos. — Llegada de Carlos IV a Bayona.
-— Come con Napoleón. — Comparece Fernando delante de su padre. —
-Condiciones de Fernando para su renuncia. — No se conforma el padre.
-— Comparece por segunda vez Fernando delante de su padre. — Renuncia
-Carlos IV en Napoleón. — Carlos IV y María Luisa. — Renuncia de
-Fernando como príncipe de Asturias. — La reina de Etruria. — Planes
-de evasión. — Se interna en Francia a la familia real de España. —
-Inacción de la junta de Madrid. — Murat presidente de la junta. —
-Equívoca conducta de la junta. — Napoleón piensa dar la corona de
-España a José. — Diputación de Bayona. — Medidas de precaución de
-Murat._
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
- de España.
-
- LIBRO SEGUNDO.
-
-
-Los habitadores de España alejados de los negocios públicos, y gozando
-de aquella aparente tranquilidad propia de los gobiernos despóticos,
-estaban todavía ajenos de prever la avenida de males que, rebalsando
-en su suelo como en campo barbechado, iban a cubrirle de espantosas
-ruinas. [Marginal: Primeros indicios del viaje de la corte.] Madrid,
-sin embargo agitado ya con voces vagas e inquietadoras, creció en
-desasosiego con los preparativos que se notaron de largo viaje en
-casa de Doña Josefa Tudó, particular amiga del príncipe de la Paz, y
-con la salida de este para Aranjuez el día 13 de marzo. Sin aquel
-incidente no hubiera la última ocurrencia llamado tanto la atención,
-teniendo el valido por costumbre pasar una semana en Madrid, y otra en
-el sitio en que habitaban SS. MM., quienes de mucho tiempo atrás se
-detenían solamente en la capital dos meses del año, y aun en aquel al
-trasladarse en diciembre del Escorial a Aranjuez, no tomaron allí su
-habitual descanso, retraídos por el universal disgusto a que había dado
-ocasión el proceso del príncipe de Asturias.
-
-Viose muy luego cuán fundados eran los temores públicos; porque al
-llegar al sitio el príncipe de la Paz, y después de haber conferenciado
-con los reyes, anunció Carlos IV a los ministros del despacho la
-determinación de retirarse a Sevilla. A pesar del sigilo con que se
-quisieron tomar las primeras disposiciones, se traslució bien pronto
-el proyectado viaje, [Marginal: Orden para que la guarnición de Madrid
-pase a Aranjuez.] y acabaron de cobrar fuerza las voces esparcidas con
-las órdenes que se comunicaron para que la mayor parte de la guarnición
-de Madrid se trasladase a Aranjuez. Prevenido para su cumplimiento el
-capitán general de Castilla, Don Francisco Javier Negrete, se avistó en
-la mañana del 16 con el gobernador del consejo el coronel Don Carlos
-Velasco, dándole cuenta de la salida de las tropas en todo aquel día,
-en virtud de un decreto del generalísimo almirante; y previniéndole
-al propio tiempo de parte del mismo publicar un bando que calmase la
-turbación de los ánimos. No bastándole al gobernador la orden verbal,
-exigió de Don Carlos Velasco que la extendiese por escrito, y con ella
-se fue al consejo, en donde se acordó, como medida previa y antes de
-obedecer el expresado mandato, que se expusiesen reverentemente a S.
-M. las fatales consecuencias de un viaje tan precipitado. Aplaudiose
-la determinación del consejo, aunque nos parece no fue del todo
-desinteresada, si consideramos la incierta y precaria suerte que, con
-la temida emigración más allá de los mares de la dinastía reinante,
-había de caber a muchos de sus servidores y empleados. Así se vio que
-hombres que como el marqués Caballero en los días de prosperidad habían
-sido sumisos cortesanos, fueron los que con más empeño aconsejaron al
-rey que desistiese de su viaje.
-
-Fuese influjo de aquellas representaciones, o fuese más bien el
-fundado temor a que daba lugar el público descontento, el rey trató
-momentáneamente de suspender la partida, y mandó circular un decreto
-a manera de proclama [Marginal: Proclama de Carlos IV de 16 de marzo.
-(Véase el Ap. n. 2-1.)] que comenzaba por la desusada fórmula de
-«amados vasallos míos.» La gente ociosa y festiva comparaba por la
-novedad el encabezamiento de tan singular publicación al comenzar de
-ciertas y famosas relaciones que en sus comedias nos han dejado el
-insigne Calderón y otros ingenios de su tiempo; si bien no asistía
-al ánimo bastante serenidad para detenerse al examen de las mudanzas
-e innovaciones del estilo. Tratábase en la proclama de tranquilizar
-la pública agitación, asegurándose en ella que la reunión de tropas
-no tenía por objeto ni defender la persona del rey, ni acompañarle
-en un viaje que solo la malicia había supuesto preciso: se insistía
-en querer persuadir que el ejército del emperador de los franceses
-atravesaba el reino con ideas de paz y amistad, y sin embargo se daba a
-entender que en caso de necesidad estaba el rey seguro de las fuerzas
-que le ofrecerían los pechos de sus amados vasallos. Bien que con este
-documento no hubiese sobrado motivo de satisfacción y alegría, la
-muchedumbre que leía en él una especie de retractación del intentado
-viaje se mostró gozosa y alborozada. En Aranjuez apresuradamente se
-agolparon todos a palacio dando repetidos vivas al rey y a la familia
-real, que juntos se asomaron a recibir las lisonjeras demostraciones
-del entusiasmado pueblo. Mas como se notó que en la misma noche del 16
-al 17 habían salido las tropas de Madrid para el sitio en virtud de las
-anteriores órdenes que no habían sido revocadas, duró poco y se acibaró
-presto la común alegría.
-
-[Marginal: Opinión sobre el viaje.]
-
-Entonces se desaprobó generalmente la resolución tomada por la corte
-de retirarse hacia las costas del mediodía, y de cruzar el Atlántico
-en caso urgente. Pero ahora que con fría imparcialidad podemos ser
-jueces desapasionados, nos parece que aquella resolución al punto a
-que las cosas habían llegado era conveniente y acertada, ya fuese para
-prepararse a la defensa, o ya para que se embarcase la familia real.
-Desprovisto el erario, corto en número el ejército e indisciplinado,
-ocupadas las principales plazas, dueño el extranjero de varias
-provincias, no podía en realidad oponérsele otra resistencia fuera
-de la que opusiese la nación, declarándose con unanimidad y energía.
-Para tantear este solo y único recurso, la posición de Sevilla era
-favorable, dando más treguas al sorprendido y azorado gobierno. Y si,
-como era de temer, la nación no respondía al llamamiento del aborrecido
-Godoy ni del mismo Carlos IV, era para la familia real más prudente
-pasar a América que entregarse a ciegas en brazos de Napoleón. Siendo
-pues esta determinación la más acomodada a las circunstancias, Don
-Manuel Godoy en aconsejar el viaje obró atinadamente, y la posteridad
-no podrá en esta parte censurar su conducta; pero le juzgará sí
-gravemente culpable en haber llevado como de la mano a la nación a
-tan lastimoso apuro, ora dejándola desguarnecida para la defensa, ora
-introduciendo en el corazón del reino tropas extranjeras deslumbrado
-con la imaginaria soberanía de los Algarbes. El reconcentrado odio
-que había contra su persona fue también causa que al llegar al
-desengaño de las verdaderas intenciones de Napoleón se le achacase
-que de consuno con este había procedido en todo: aserción vulgar,
-pero tan generalmente creída en aquella sazón que la verdad exige que
-abiertamente la desmintamos. Don Manuel Godoy se mantuvo en aquellos
-tratos fiel a Carlos IV y a María Luisa, sus firmes protectores, y
-no anduvo desacordado en preferir para sus soberanos un cetro en los
-dominios de América, más bien que exponerlos, continuando en España,
-a que fuesen destronados y presos. Además Godoy no habiendo olvidado
-la manera destemplada con que en los últimos tiempos se había Napoleón
-declarado contra su persona, recelábase de alguna dañada intención,
-y temía ser víctima ofrecida en holocausto a la venganza y público
-aborrecimiento. Bien es verdad que fue después su libertador el mismo a
-quien consideraba enemigo, mas debiolo a la repentina mudanza acaecida
-en el gobierno, por la cual fueron atropellados los que confiadamente
-aguardaban del francés amistad y amparo, y protegido el que se
-estremecía al ver que su ejército se acercaba: tan inciertos son los
-juicios humanos.
-
-[Marginal: Agitación de Madrid y Aranjuez. Conducta del embajador de
-Francia y de Murat.]
-
-Averiguada que fue la traslación de las tropas de la capital al sitio,
-volviéronse a agitar extraordinariamente las poblaciones de Madrid y
-Aranjuez con todas las de los alrededores. En el sitio contribuía no
-poco a sublevar los ánimos la opinión contraria al viaje que pública
-y decididamente mostraba el embajador de Francia; sea que ignorase
-los intentos de su amo y siguiera abrigando la esperanza del soñado
-casamiento, o sea que tratara de aparentar: nos inclinamos a lo
-primero. Mas su opinión al paso que daba bríos a los enemigos del
-viaje para oponerse a él, servía también de estímulo y espuela a sus
-partidarios para acelerarle, esperando unos y temiendo otros la llegada
-de las tropas francesas que se adelantaban. En efecto Murat dirigía por
-Aranda su marcha hacia Somosierra y Madrid, y Dupont por su derecha se
-encaminaba a ocupar a Segovia y el Escorial. Este movimiento hecho con
-el objeto de impeler a la familia real, intimidándola a precipitar su
-viaje, vino en apoyo del partido del príncipe de Asturias, alentándole
-con tanta más razón cuanto parecía darse la mano con el modo de
-explicarse del embajador. Murat en su lenguaje descubría incertidumbre,
-imputándose entonces a disimulo lo que tal vez era ignorancia del
-verdadero plan de Napoleón. Al después tan malogrado Don Pedro Velarde,
-comisionado para acompañarle y cumplimentarle, le decía en Buitrago
-en 18 de marzo que al día siguiente recibiría instrucciones de su
-gobierno; que no sabía si pasaría o no por Madrid, y que al continuar
-su marcha a Cádiz probablemente publicaría en San Agustín las miras del
-emperador encaminadas al bien de España.
-
-Avisos anteriores a este y no menos ambiguos ponían a la corte de
-Aranjuez en extremada tribulación. Sin embargo es de creer que cuando
-el 16 dio el rey la proclama en que públicamente desmentía las
-voces de viaje, dudó por un instante llevarle o no a efecto, pues
-es más justo atribuir aquella proclama a la perplejidad y turbación
-propias de aquellos días, que al premeditado pensamiento de engañar
-bajamente a los pueblos de Madrid y Aranjuez. [Marginal: Síntomas de
-una conmoción.] Continuando no obstante los preparativos de viaje, y
-siendo la desconfianza en los que gobernaban fuera de todo término,
-se esparció de nuevo y repentinamente en el sitio que la salida de
-SS. MM. para Andalucía se realizaría en la noche del 17 al 18. La
-curiosidad junto probablemente con oculta intriga había llevado
-a Aranjuez de Madrid y sus alrededores muchos forasteros cuyos
-semblantes anunciaban siniestros intentos: las tropas que habían ido
-de la capital participaban del mismo espíritu, y ciertamente hubieran
-podido sublevarse sin instigación especial. Asegurose entonces que
-el príncipe de Asturias había dicho a un guardia de corps en quien
-confiaba «esta noche es el viaje, y yo no quiero ir», y se añadió que
-con el aviso cobraron más resolución los que estaban dispuestos a
-impedirle. Nosotros tenemos entendido que para el efecto advirtió S.
-A. a Don Manuel Francisco Jáuregui, amigo suyo, quien como oficial de
-guardias pudo fácilmente concertarse con sus compañeros de inteligencia
-ya con otros de los demás cuerpos. Prevenidos de esta manera, el
-alboroto hubiera comenzado al tiempo de partir la familia real; una
-casualidad le anticipó.
-
-[Marginal: Primera conmoción de Aranjuez.]
-
-Puestos todos en vela rondaba voluntariamente el paisanaje durante
-la noche, capitaneándole disfrazado, bajo nombre de tío Pedro, el
-inquieto y bullicioso conde del Montijo, cuyo nombre en adelante
-casi siempre estará mezclado con los ruidos y asonadas. Andaba
-asimismo patrullando la tropa, y unos y otros custodiaban de cerca,
-y observaban particularmente la casa del príncipe de la Paz. Entre
-once y doce salió de ella muy tapada Doña Josefa Tudó, llevando por
-escolta a los guardias de honor del generalísimo: quiso una patrulla
-descubrir la cara de la dama, la cual resistiéndolo excitó una ligera
-reyerta, disparando al aire un tiro uno de los que estaban presentes.
-Quién afirma fue el oficial Tuyols que acompañaba a Doña Josefa para
-que vinieran en su ayuda, quién el guardia Merlo para avisar a los
-conjurados. Lo cierto es que estos lo tomaron por una señal, pues al
-instante un trompeta apostado al intento tocó a caballo, y la tropa
-corrió a los diversos puntos por donde el viaje podía emprenderse.
-Entonces y levantándose terrible estrépito, gran número de paisanos,
-otros transformados en tales, criados de palacio y monteros del infante
-Don Antonio, con muchos soldados desbandados, acometieron la casa de
-Don Manuel Godoy, forzaron su guardia, y la entraron como a saco,
-escudriñando por todas partes, y buscando en balde al objeto de su
-enfurecida rabia. Creyose por de pronto que a pesar de la extremada
-vigilancia se había su dueño salvado por alguna puerta desconocida
-o excusada, y que o había desamparado a Aranjuez, u ocultádose en
-palacio. El pueblo penetró hasta lo más escondido, y aquellas puertas
-antes solo abiertas al favor, a la hermosura y a lo más brillante y
-escogido de la corte, dieron franco paso a una soldadesca desenfrenada
-y tosca, y a un populacho sucio y desaliñado, contrastando tristemente
-lo magnífico de aquella mansión con el descuidado arreo de sus nuevos
-y repentinos huéspedes. Pocas horas habían transcurrido cuando
-desapareció tanta desconformidad, habiendo sido despojados los salones
-y estrados de sus suntuosos y ricos adornos para entregarlos al
-destrozo y a las llamas. Repetida y severa lección que a cada paso nos
-da la caprichosa fortuna en sus continuados vaivenes. El pueblo si
-bien quemó y destruyó los muebles y objetos preciosos, no ocultó para
-sí cosa alguna, ofreciendo el ejemplo del desinterés más acendrado. La
-publicidad siendo en tales ocasiones un censor inflexible, y uniéndose
-a un cierto linaje de generoso entusiasmo, enfrena al mismo desorden,
-y pone coto a algunos de sus excesos y demasías. Las veneras, los
-collares y todos los distintivos de las dignidades supremas a que
-Godoy había sido ensalzado, fueron preservados y puestos en manos del
-rey; poderoso indicio de que entre el populacho había personas capaces
-de distinguir los objetos que era conveniente respetar y guardar, y
-aquellos que podían ser destruidos. La princesa de la Paz, mirada como
-víctima de la conducta doméstica de su marido, y su hija fueron bien
-tratadas y llevadas a palacio tirando la multitud de su berlina. Al fin
-restablecida la tranquilidad volvieron los soldados a sus cuarteles, y
-para custodiar la saqueada casa se pusieron dos compañías de guardias
-españolas y valonas con alguna más tropa que alejase al populacho de
-sus avenidas.
-
-[Marginal: Decreto de Carlos IV. (* Ap. n. 2-2.)]
-
-La mañana del 18 dio el rey [*] un decreto exonerando al príncipe de la
-Paz de sus empleos de generalísimo y almirante, y permitiéndole escoger
-el lugar de su residencia. [Marginal: (* Ap. n. 2-3.)] También anunció
-a Napoleón esta resolución que en gran manera le sorprendió.[*] El
-pueblo arrebatado de gozo con la novedad corrió a palacio a vitorear
-a la familia real que se asomó a los balcones conformándose con sus
-ruegos. [Marginal: Prisión de D. Diego Godoy.] En nada se turbó aquel
-día el público sosiego sino por el arresto de Don Diego Godoy, quien
-despojado por la tropa de sus insignias fue llevado al cuartel de
-guardias españolas, de cuyo cuerpo era coronel: pernicioso ejemplo
-entonces aplaudido y después desgraciadamente renovado en ocasiones más
-calamitosas.
-
-[Marginal: Continúa la agitación y temores de otra conmoción.]
-
-Parecía que desbaratado el viaje de la real familia y abatido el
-príncipe de la Paz, eran ya cumplidos los deseos de los amotinados;
-mas todavía continuaba una terrible y sorda agitación. Los reyes
-temerosos de otra asonada, mandaron a los ministros del despacho que
-pasasen la noche del 18 al 19 en palacio. Por la mañana el príncipe
-de Castel-Franco y los capitanes de guardias de Corps, conde de
-Villariezo y marqués de Albudeite, avisaron personalmente a SS. MM.
-que dos oficiales de guardias con la mayor reserva y bajo palabra de
-honor acababan de prevenirles que para aquella noche un nuevo alboroto
-se preparaba mayor y más recio que el de la precedente. Habiéndoles
-preguntado el marqués Caballero si estaban seguros de su tropa,
-respondieron encogiéndose de hombros «que solo el príncipe de Asturias
-podía componerlo todo.» Pasó entonces Caballero a verse con S. A., y
-consiguió que, trasladándose al cuarto de sus padres, les ofreciese que
-impediría por medio de los segundos jefes de los cuerpos de la casa
-real la repetición de nuevos alborotos, como también el que mandaría
-a varias personas, cuya presencia en el sitio era sospechosa, que
-regresasen a Madrid, disponiendo al mismo tiempo que criados suyos se
-esparciesen por la población para acabar de aquietar el desasosiego
-que aún subsistía. Estos ofrecimientos del príncipe dieron cuerpo a
-la sospecha de que en mucha parte obraban de concierto con él los
-sediciosos, no habiendo habido de casual sino el momento en que comenzó
-el bullicio, y tal vez el haber después ido más allá de lo que en un
-principio se habían propuesto.
-
-Tomadas aquellas determinaciones no se pensaba en que la tranquilidad
-volvería a perturbarse, e inesperadamente a las diez de la mañana se
-suscitó un nuevo y estrepitoso tumulto. [Marginal: Segunda conmoción
-de Aranjuez: Prisión de Godoy.] El príncipe de la Paz, a quien todos
-creían lejos del sitio, y los reyes mismos camino de Andalucía, fue
-descubierto a aquella hora en su propia casa. Cuando en la noche del
-17 al 18 habían sido asaltados sus umbrales, se disponía a acostarse,
-y al ruido, cubriéndose con un capote de bayetón que tuvo a mano,
-cogiendo mucho oro en sus bolsillos y tomando un panecillo de la mesa
-en que había cenado, trató de pasar por una puerta escondida a la
-casa contigua que era la de la duquesa viuda de Osuna. No le fue dado
-fugarse por aquella parte, y entonces se subió a los desvanes, y en
-el más desconocido se ocultó metiéndose en un rollo de esteras. Allí
-permaneció desde aquella noche por el espacio de 36 horas privado
-de toda bebida y con la inquietud y desvelo propio de su crítica y
-angustiada posición. Acosado de la sed tuvo al fin que salir de su
-molesto y desdichado asilo. Conocido por un centinela de guardias
-valonas que al instante gritó a las armas, no usó de unas pistolas que
-consigo traía, fuera cobardía o más bien desmayo con el largo padecer.
-Sabedor el pueblo de que se le había encontrado se agolpó hacia su
-casa, y hubiera allí perecido si una partida de guardias de Corps no
-le hubiese protegido a tiempo. Condujéronle estos a su cuartel, y en
-el tránsito acometiéndole la gente con palas, estacas y todo género de
-armas e instrumentos procuraba matarle o herirle buscando camino a
-sus furibundos golpes por entre los caballos y los guardias, quienes
-escudándole le libraron de un trágico y desastroso fin. Para mayor
-seguridad, creciendo el tumulto, aceleraron los guardias el paso, y el
-desgraciado preso en medio y apoyándose sobre los arzones de las sillas
-de dos caballos seguía su levantado trote ijadeando, sofocado y casi
-llevado en vilo. La travesía considerable que desde su casa había al
-paraje adonde le conducían, sobre todo teniendo que cruzar la espaciosa
-plazuela de San Antonio, hubiera dado mayor facilidad al furor popular
-para acabar con su vida, si temerosos los que le perseguían de herir a
-alguno de los de la escolta no hubiesen asestado sus tiros de un modo
-incierto y vacilante. Así fue que aunque magullado y contuso en varias
-partes de su cuerpo, solo recibió una herida algo profunda sobre una
-ceja. En tanto avisado Carlos IV de lo que pasaba ordenó a su hijo
-que corriera sin tardanza y salvara la vida de su malhadado amigo.
-Llegó el príncipe al cuartel adonde le habían traído preso, y con su
-presencia contuvo a la multitud. Entonces diciéndole Fernando que le
-perdonaba la vida, conservó bastante serenidad para preguntarle a pesar
-del terrible trance «si era ya rey» a lo que le respondió «todavía no,
-pero luego lo seré.» Palabras notables y que demuestran cuán cercana
-creía su exaltación al solio. Aquietado el pueblo con la promesa que
-el príncipe de Asturias le reiteró muchas veces de que el preso sería
-juzgado y castigado conforme a las leyes, se dispersó y se recogió
-cada uno tranquilamente a su casa. Godoy desposeído de su grandeza
-volvió adonde había habitado antes de comenzarse aquella, y maltratado
-y abatido quedó entregado en su soledad a su incierta y horrenda
-suerte. Casi todos a excepción de los reyes padres le abandonaron, que
-la amistad se eclipsa al llegar el nublado de la desgracia. Y aquel a
-cuyo nombre la mayor parte de la monarquía todavía temblaba, echado
-sobre unas pajas y hundido en la amargura, era quizá más desventurado
-que el más desventurado de sus habitantes. Así fue derrocado de la
-cumbre del poder este hombre que de simple guardia de Corps se alzó
-en breve tiempo a las principales dignidades de la corona, y se vio
-condecorado con sus órdenes y distinguido con nuevos y exorbitantes
-honores. ¿Y cuáles fueron los servicios para tanto valimiento; cuáles
-los singulares hechos que le abrieron la puerta y le dieron suave y
-fácil subida a tal grado de sublimada grandeza? Pesa el decirlo. La
-desenfrenada corrupción y una privanza fundada, ¡oh baldón!, en la
-profanación del tálamo real. Menester sería que retrocediésemos hasta
-Don Beltrán de la Cueva para tropezar en nuestra historia con igual
-mancilla, y aun entonces si bien aquel valido de Enrique IV principió
-su afortunada carrera por el modesto empleo de paje de lanza, y se
-encaminó como Godoy por la senda del deshonor regio, nunca remontó su
-vuelo a tan desmesurada altura, teniendo que partir su favor con Don
-Juan Pacheco, y cederle a veces al temido y fiero rival.
-
-[Marginal: Retrato de Godoy.]
-
-Don Manuel Godoy había nacido en Badajoz en 12 de mayo de 1767, de
-familia noble pero pobre. Su educación había sido descuidada; profunda
-era su ignorancia. Naturalmente dotado de cierto entendimiento, y
-no falto de memoria, tenía facilidad para enterarse de los negocios
-puestos a su cuidado. Vario e inconstante en sus determinaciones
-deshacía en un día y livianamente lo que en otro sin más razón había
-adoptado y aplaudido. Durante su ministerio de estado, a que ascendió
-en los primeros años de su favor, hizo convenios solemnes con Francia
-perjudiciales y vergonzosos; primer origen de la ruina y desolación de
-España. Desde el tiempo de la escandalosa campaña de Portugal mandó
-el ejército con el título de generalísimo; no teniendo a sus ojos la
-ilustre profesión de las armas otro atractivo ni noble cebo que el de
-los honores y sueldos; nunca se instruyó en los ejercicios militares;
-nunca dirigió ni supo las maniobras de los diversos cuerpos; nunca se
-acercó al soldado ni se informó de sus necesidades o reclamaciones;
-nunca en fin organizó la fuerza armada de modo que la nación en caso
-oportuno pudiera contar con un ejército pertrechado y bien dispuesto,
-ni él con amigos y partidarios firmes y resueltos: así la tropa
-fue quien primero le abandonó. Reducíase su campo de instrucción a
-una mezquina parada que algunas veces ofrecía delante de su casa a
-manera de espectáculo a los ociosos de la capital y a sus bajos y por
-desgracia numerosos aduladores: ridículo remedo de las paradas que
-en París solía tener Napoleón. Tan pronto protegía a los hombres de
-saber y respeto, tan pronto los humillaba. Al paso que fomentaba una
-ciencia particular, o creaba una cátedra, o sostenía alguna mejora,
-dejaba que el marqués Caballero, enemigo declarado de la ilustración
-y de los buenos estudios, imaginase un plan general de instrucción
-pública para todas las universidades incoherente y poco digno del
-siglo, permitiéndole también hacer en los códigos legales omisiones y
-alteraciones de suma importancia. Aunque confinaba lejos de la corte
-y desterraba a cuantos creía desafectos suyos o le desagradaban,
-ordinariamente no llevaba más allá sus persecuciones ni fue cruel por
-naturaleza: solo se mostró inhumano y duro con el ilustre Jovellanos.
-Sórdido en su avaricia vendía como en pública almoneda los empleos,
-las magistraturas, las dignidades, los obispados, ya para sí, ya para
-sus amigas, o ya para saciar los caprichos de la reina. La hacienda
-fue entregada a arbitristas más bien que a hombres profundos en este
-ramo, teniéndose que acudir a cada paso a ruinosos recursos para salir
-de los continuos tropiezos causados por el derroche de la corte y por
-gravosas estipulaciones. Desembozado y suelto en sus costumbres dio
-ocasión a que entre el vulgo se pusiese en crédito el esparcido rumor
-de estar casado con dos mujeres: habiéndose dicho que era una Doña
-María Teresa de Borbón, prima carnal del rey, que fue considerada como
-la verdadera, y otra Doña Josefa Tudó, su particular amiga, de buena
-índole y de condición apacible, y tan aficionada a su persona que quiso
-consignar en la gracia que se le acordó de condesa de _Castillo-Fiel_
-el timbre de su incontrastable fidelidad. Conteníale a veces en sus
-prontos y violentos arrebatos. Godoy en el último año llegó al ápice de
-su privanza, habiendo recibido con la dignidad de grande almirante el
-tratamiento de alteza, distinción no concedida antes en España a ningún
-particular. Su fausto fue extremado, su acompañamiento espléndido, su
-guardia mejor vestida y arreada que la del rey: honrado en tanto grado
-por su soberano fue acatado por casi todos los grandes y principales
-personajes de la monarquía. ¡Qué contraste verle ahora y comparar su
-suerte con aquella en que aún brillaba dos días antes! Situación que
-recuerda la del favorito Eutropio que tan elocuentemente nos pinta uno
-de los primeros padres de la Iglesia griega.[*] [Marginal: (* San Juan
-Crisóstomo: Ap. n. 2-4.)] «Todo pereció, dice; una ráfaga de viento
-soplando reciamente despojó aquel árbol de sus hojas, y nos le mostró
-desnudo y conmovido hasta en su raíz... ¿quién había llegado a tanta
-excelsitud? ¿No aventajaba a todos en riquezas? ¿no había subido a
-las mayores dignidades? ¿No le temían todos y temblaban a su nombre?
-Y ahora más miserable que los hombres que están presos y aherrojados;
-más necesitado que el último de los esclavos y mendigos, solo ve
-agudas armas vueltas contra su persona; solo ve destrucción y ruina,
-los verdugos y el camino de la muerte.» Pasmosa semejanza y tal que en
-otros tiempos hubiera llevado visos de sobrehumana profecía.
-
-[Marginal: Tercer movimiento de Aranjuez.]
-
-Encerrado el príncipe de la Paz en el cuartel de guardias de Corps,
-y retirado el pueblo, como hemos dicho, a instancias y en virtud de
-las promesas que le hizo el príncipe de Asturias, se mantuvo quieto
-y sosegado, hasta que a las dos de la tarde un coche con seis mulas a
-la puerta de dicho cuartel movió gran bulla, habiendo corrido la voz
-que era para llevar al preso a la ciudad de Granada. El pueblo en un
-instante cortó los tirantes de las mulas y descompuso y estropeó el
-coche.
-
-El rey Carlos y la reina María Luisa sobrecogidos con las nuevas
-demostraciones del furor popular, temieron peligrase la vida de su
-desgraciado amigo. [Marginal: Abdicación de Carlos IV el 19 de marzo.]
-El rey achacoso y fatigado con los desusados bullicios, persuadido
-además por las respetuosas observaciones de algunos que en tal aprieto
-le representaron como necesaria la abdicación en favor de su hijo, y
-sobre todo creyendo juntamente con su esposa que aquella medida sería
-la sola que podría salvar la vida a Don Manuel Godoy, resolvió convocar
-para las siete de la noche del mismo día 19 a todos los ministros del
-despacho y renunciar en su presencia la corona, colocándola en las
-sienes del príncipe heredero. Este acto fue concebido en los términos
-siguientes: «Como [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-5.)] los achaques de que
-adolezco no me permiten soportar por más tiempo el grave peso del
-gobierno de mis reinos, y me sea preciso para reparar mi salud gozar
-en un clima más templado de la tranquilidad de la vida privada, he
-determinado después de la más seria deliberación abdicar mi corona en
-mi heredero y mi muy caro hijo el príncipe de Asturias. Por tanto es mi
-real voluntad que sea reconocido y obedecido como rey y señor natural
-de todos mis reinos y dominios. Y para que este mi real decreto de
-libre y espontánea abdicación tenga su éxito y debido cumplimiento,
-lo comunicaréis al consejo y demás a quien corresponda. — Dado en
-Aranjuez a 19 de marzo de 1808. — Yo el rey. — A Don Pedro Cevallos.»
-
-Divulgada por el sitio la halagüeña noticia, fue indecible el contento
-y la alegría; y corriendo el pueblo a la plazuela de palacio, al
-cerciorarse de tamaño acontecimiento unánimemente prorrumpió en
-víctores y aplausos. El príncipe después de haber besado la mano a su
-padre se retiró a su cuarto en donde fue saludado como nuevo rey por
-los ministros, grandes y demás personas que allí asistían.
-
-[Marginal: Conmoción de Madrid del 19 y 20 de marzo.]
-
-En Madrid se supo en la tarde del 19 la prisión de Don Manuel
-Godoy, y al anochecer se agrupó y congregó el pueblo en la plazuela
-del Almirante, así denominada desde el ensalzamiento de aquel a
-esta dignidad, y sita junto al palacio de los duques de Alba. Allí
-levantando gran gritería con _vivas_ al rey y _mueras_ contra la
-persona del derribado valido, acometieron los amotinados su casa
-inmediata al paraje de la reunión, y arrojando por las ventanas muebles
-y preciosidades, quemáronlo todo sin que nada se hubiese robado ni
-escondido. Después, distribuidos en varios bandos, y saliendo otros
-de puntos distintos con hachas encendidas, repitieron la misma escena
-en varias casas, y señaladamente recibieron igual quebranto en las
-suyas la madre del príncipe de la Paz, su hermano Don Diego, su cuñado
-marqués de Branciforte, los ex-ministros Álvarez y Soler, y Don Manuel
-Sixto Espinosa, conservándose en medio de las bulliciosas asonadas una
-especie de orden y concierto.
-
-Siendo universal el júbilo con la caída de Godoy, fue colmado entre
-los que supieron a las once de la noche que Carlos IV había abdicado.
-Pero como era tarde la noticia no cundió bastantemente por el pueblo
-hasta el día siguiente, domingo, confirmándose de oficio por carteles
-del consejo que anunciaban la exaltación de Fernando VII. Entonces el
-entusiasmo y gozo creció a manera de frenesí, llevando en triunfo por
-todas las calles el retrato del nuevo rey, que fue al último colocado
-en la fachada de la casa de la Villa. Continuó la algazara y la alegría
-toda aquella noche del 20; pero habiéndose ya notado en ella varios
-excesos, fueron inmediatamente reprimidos por el consejo, y por orden
-suya cesó aquel nuevo género de regocijos.
-
-[Marginal: Alborotos en las provincias.]
-
-En las más de las ciudades y pueblos del reino hubo también fiesta
-y motín, arrastrando el retrato de Godoy que los mismos pueblos
-habían a sus expensas colocado en las casas consistoriales: si bien
-es verdad que ahora su imagen era abatida y despedazada con general
-consentimiento, y antes habían sido muy pocos los que la habían erigido
-y reverenciado buscando por este medio empleos y honores en la única
-fuente de donde se derivaban las gracias: el pueblo siempre reprobó con
-expresivo murmullo aquellas lisonjas de indignos conciudadanos.
-
-[Marginal: Juicio sobre la abdicación de Carlos IV.]
-
-Fue tal el gusto y universal contento, ya con la caída de Don Manuel
-Godoy y ya también con la abdicación de Carlos IV, que nadie reparó
-entonces en el modo con que este último e importante acto se había
-celebrado, y si había sido o no concluido con entera y cumplida
-libertad: todos lo creían así llevados de un mismo y general deseo.
-Sin embargo graves y fundadas dudas se suscitaron después. Por una
-parte Carlos IV se había mostrado a veces propenso a alejarse de los
-negocios públicos, y María Luisa en su correspondencia declara que tal
-era su intención cuando su hijo se hubiera casado con una princesa de
-Francia. Confirmó su propósito Carlos al recibir al cuerpo diplomático
-con motivo de su abdicación, pues dirigiendo la palabra a Mr. de
-Strogonoff, ministro de Rusia, le dijo: «En mi vida he hecho cosa con
-más gusto.» Pero por otra parte es de notar que la renuncia fue firmada
-en medio de una sedición, no habiendo Carlos IV en la víspera de
-aquel día dado indicio de querer tan pronto efectuar su pensamiento,
-porque exonerando al príncipe de la Paz del mando del ejército y de la
-marina se encargó el mismo rey del manejo supremo. En la mañana del
-19 tampoco anunció cosa alguna relativa a su próxima abdicación; y
-solo al segundo alboroto en la tarde y cuando creyó juntamente con la
-reina poner a salvo por aquel medio a su caro favorito, resolvió ceder
-el trono y retirarse a vida particular. El público, lejos de entrar en
-el examen de tan espinosa cuestión, censuró amargamente al consejo,
-porque conforme a su formulario había pasado a informe de sus fiscales
-el acto de la abdicación: también se le reprendió con severidad
-por los ministros del nuevo rey, ordenándole que inmediatamente lo
-publicase, como lo verificó el 20 a las tres de la tarde. El consejo
-obró de esta manera por conservar la fórmula con que acostumbraba
-proceder en sus determinaciones, y no con ánimo de oponerse y menos
-aún con el de reclamar los antiguos usos y prácticas de España. Para
-lo primero ni tenía interés, ni le era dado resistir al torrente del
-universal entusiasmo manifestado en favor de Fernando; y para lo
-segundo, pertinaz enemigo de cortes o de cualquiera representación
-nacional, más bien se hubiera mostrado opuesto que inclinado a indicar
-o promover su llamamiento. Sin embargo para desvanecer todo linaje
-de dudas, conveniente hubiera sido repetir el acto de la abdicación
-de un modo más solemne y en ocasión más tranquila y desembarazada.
-Los acontecimientos que de repente sobrevinieron pudieron servir de
-fundada disculpa a aquella omisión; mas parándonos a considerar quiénes
-eran los íntimos consejeros de Fernando, cuáles sus ideas y cuál su
-posterior conducta, podemos afirmar sin riesgo que nunca hubieran
-para aquel objeto congregado cortes, graduando su convocación de
-intempestiva y peligrosa. Con todo su celebración a ser posible hubiera
-puesto a la renuncia de Carlos IV [conformándose con los antiguos usos
-de España] un sello firme e incontrastable de legitimidad. Congregar
-cortes para asunto de tanta gravedad fue constante costumbre nunca
-olvidada en las muchas renuncias que hubo en los diferentes reinos
-de España. Las de Doña Berenguela y la intentada por Don Juan I en
-Castilla; la de Don Ramiro el monje en Aragón con todas las otras más
-o menos antiguas fueron ejecutadas y cumplidas con la misma solemnidad,
-hasta que la introducción de dinastías extranjeras alteró práctica tan
-fundamental, siendo al parecer lamentable prerrogativa de aquellos
-príncipes atropellar nuestros fueros, conservar nuestros vicios, y
-olvidándose de lo bueno que en su patria dejaban, traernos solamente
-lo perjudicial y nocivo. Así fue que en las dos célebres cesiones de
-Carlos I y Felipe V no se llamó a cortes ni se guardaron las antiguas
-formalidades. Verdad es que no hubo ni en una ni en otra asomo de
-violencia, y a la de [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-6.)] Carlos I celebrada
-en Bruselas públicamente con gran pompa y aparato asistieron además
-muchos grandes. La de Felipe V fue más silenciosa, poniendo en esta
-parte nuestros monarcas más y más en olvido la respetable antigüedad
-según que se acercaban a nuestro tiempo. El rey dijo que obraba [*]
-[Marginal: (* Ap. n. 2-7.)] «con consentimiento y de conformidad con la
-reina su muy cara y muy amada esposa.» Singular modo de autorizar acto
-de tanta trascendencia y de interés tan general. La opinión entonces a
-pesar de estar reprimida no quedó satisfecha, pues los «jurisperitos y
-los mismos del consejo real,[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-8.)] nos dice
-el marqués de San Felipe, veían que no era válida la renuncia no hecha
-con acuerdo de sus vasallos... pero nadie replicó, pues al consejo real
-no se le preguntó sobre la validación de la renuncia, sino se le mandó
-que obedeciese el decreto...» Ahora lo mismo: ni a nadie se le preguntó
-cosa alguna, ni nadie replicó esperándolo todo de la caída de Godoy y
-del ensalzamiento de Fernando: imprevisión propia de las naciones que
-entregándose ciegamente a la sola y casual sucesión de las personas,
-no buscan en las leyes e instituciones el sólido fundamento de su
-felicidad.
-
-[Marginal: Ministros del nuevo monarca.]
-
-Exaltado al solio Fernando VII del nombre, conservó por de pronto a
-los mismos ministros de su padre, pero sucesivamente removió a los más
-de ellos. Fue el primero que estuvo en este caso Don Miguel Cayetano
-Soler, dotado de cierto despejo, y que encargado de la hacienda fue
-más bien arbitrista que hombre verdaderamente entendido en aquel
-ramo. Se puso en su lugar a Don Miguel José de Azanza, antiguo virrey
-de Méjico, quien confinado en Granada gozaba del concepto de hombre
-de mucha probidad. Quedó en estado Don Pedro Cevallos con decreto
-honorífico para que no le perjudicase su enlace con una prima hermana
-del príncipe de la Paz. Teníanle en el reinado anterior por cortesano
-dócil, estaba adornado de cierta instrucción, y si bien no descuidó
-los intereses personales y de familia, pasó en la corrompida corte de
-Carlos IV por hombre de bien. Se notó posteriormente en su conducta
-propensión fácil a acomodarse a varios y encontrados gobiernos.
-Continuó al frente de la marina Don Francisco Gil y Lemus, anciano
-respetable y de carácter entero y firme. Sucedió a pocos días en
-guerra al enfermizo y ceremonioso Don Antonio Olaguer Feliú el general
-Don Gonzalo Ofárril, recién venido de Toscana, en donde había mandado
-una división española. Gozaba créditos de hombre de saber y de más
-aventajado militar. Empezó por nombrársele director general de
-artillería, y elevado al ministerio fue acometido de una enfermedad
-grave que causó vivo y general sentimiento: tanta era la opinión de que
-gozaba, la cual hubiera conservado intacta si la suerte de que todos se
-lamentaban hubiera terminado su carrera. El marqués Caballero, ministro
-de gracia y justicia, enemigo del saber, servidor atento y solícito
-de los caprichos licenciosos de la reina, perseguidor del mérito y de
-los hombres esclarecidos, había sido hasta entonces universalmente
-despreciado y aborrecido. Viendo en marzo a qué lado se inclinaba la
-fortuna, varió de lenguaje y de conducta, y en tanto grado que se le
-creyó por algún tiempo autor en parte de lo acaecido en Aranjuez: debió
-a su oportuna mudanza habérsele conservado en su ministerio durante
-algunos días. Pero perseguido por su anterior desconcepto y ofreciendo
-poca confianza, pasó en cambio de su puesto a ser presidente de uno de
-los consejos: contribuyó mucho a su separación el haber maliciosamente
-retardado cuatro días el despacho de la orden que llamaba a Madrid
-de su confinamiento a Don Juan Escóiquiz. Entró en el despacho de
-gracia y justicia Don Sebastián Piñuela, ministro anciano del consejo.
-Se alzaron los destierros a Don Mariano Luis de Urquijo, al conde
-de Cabarrús y al sabio y virtuoso Don Gaspar Melchor de Jovellanos,
-víctima la más desgraciada y con más saña perseguida en la privanza de
-Godoy. También fueron llamados todos los individuos comprendidos en la
-causa del Escorial, mereciendo entre ellos particular mención Don Juan
-Escóiquiz, el duque del Infantado y el de San Carlos.
-
-[Marginal: Escóiquiz.]
-
-Era Don Juan Escóiquiz hijo de un general y natural de Navarra.
-Educado en la casa de pajes del rey, prefirió al estruendo de las
-armas el quieto y pacífico estado eclesiástico, y obtuvo una canonjía
-en la catedral de Zaragoza de donde pasó a ser maestro del príncipe
-de Asturias. En el nuevo y honroso cargo en vez de formar el tierno
-corazón de su augusto discípulo infundiendo en él máximas de virtud
-y tolerancia; en vez de enriquecer su mente y adornarla de útiles y
-adecuados conocimientos, se ocupó más bien en intrigas y enredos de
-corte ajenos de su estado, y sobre todo de su magisterio. Queriendo
-derribar a Godoy se atrajo su propia desgracia y se le alejó de la
-enseñanza del príncipe, dándole en la iglesia de Toledo el arcedianato
-de Alcaraz. Desde allí continuó sus secretos manejos, hasta que al
-fin de resultas de la causa del Escorial se le confinó al convento
-del Tardón. Aficionado a escribir en prosa y verso no descolló en
-las letras más que en la política. Tradujo del inglés, con escaso
-numen, el _Paraíso perdido_ de Milton, y de sus obras en prosa debe
-en particular mencionarse una defensa que publicó del tribunal de la
-Inquisición; parto torcido de su poco venturoso ingenio. Fue siempre
-ciego admirador de Bonaparte, y creciendo de punto su obcecación
-comprometió con ella al príncipe su discípulo, y sepultó al reino en
-un abismo de desgracias. Presumido y ambicioso, somero en su saber,
-sin conocimiento práctico del corazón humano y menos de la corte y
-de los gobiernos extraños, se imaginó que, cual otro Jiménez de
-Cisneros, desde el rincón de su coro de Toledo saliendo de nuevo al
-mundo, regiría la monarquía y sujetaría a la estrecha y limitada
-esfera de su comprensión la extensa y vasta del indomable emperador
-de los franceses. Condecorado con la gran cruz de Carlos III, fue
-nombrado por el nuevo rey consejero de Estado, y como tal asistió a
-las importantes discusiones de que hablaremos muy pronto. [Marginal:
-El duque del Infantado.] El duque del Infantado dado al estudio de
-algunas ciencias, fomentador en sus estados de la industria y de
-ciertas fábricas, gozaba de buen nombre, realzado por su riqueza, por
-el lustre de su casa, y principalmente por las persecuciones que su
-desapego al príncipe de la Paz le habían acarreado. Como coronel ahora
-de guardias españolas y presidente del consejo real tomó parte en los
-arduos negocios que ocurrieron, y no tardó en descubrir la flojedad
-y distracción de su ánimo, careciendo de aquella energía y asidua
-aplicación que se requiere en las materias graves. Tan cierto es que
-hombres cuyo concepto ha brillado en la vida privada o en tiempos
-serenos, se eclipsan si son elevados a puesto más alto, o si alcanzan
-días turbulentos y borrascosos. [Marginal: El duque de San Carlos.]
-Dio la América el ser al duque de San Carlos, quien después de haber
-hecho la campaña contra Francia en 1793, fue nombrado ayo del príncipe
-de Asturias, y desterrado al fin de la corte con motivo de la causa
-del Escorial. La reina María Luisa decía que era el más falso de todos
-los amigos de su hijo; pero sin atenernos ciegamente a tan parcial
-testimonio, cierto es que durante la privanza de Godoy no mostró
-respecto del favorito el mismo desvío que el duque del Infantado, y
-solícito lisonjero buscó en su genealogía el modo de entroncarse y
-emparentar con el ídolo a quien tantos reverenciaban. Escogido para
-mayordomo mayor en lugar del marqués de Mos, estuvo especialmente a
-su cargo, junto con el del Infantado y Escóiquiz, dirigir la nave del
-estado en medio del recio temporal que había sobrevenido, e inexperto
-y desavisado la arrojó contra conocidos escollos tan desatentadamente
-como sus compañeros.
-
-[Marginal: Primeras providencias del nuevo reinado.]
-
-Fueron las primeras providencias del nuevo reinado o poco importantes o
-dañosas al interés público, empezándose ya entonces el fatal sistema de
-echar por tierra lo actual y existente, sin otro examen que el de ser
-obra del gobierno que había antecedido. Se abolía la superintendencia
-general de policía creada el año anterior, y se dejaba resplandeciente
-y viva la horrible Inquisición. Permitíase en los sitios y bosques
-reales la destrucción de alimañas, y se suspendía la venta del séptimo
-de los bienes eclesiásticos concedida y aprobada dos años antes por
-bula del Papa: medida necesaria y urgentísima en España, obstruida en
-su prosperidad con la embarazosa traba del casi total estancamiento
-de la propiedad territorial; medida que, repetimos, hubiera convenido
-mantener con firmeza, cuidando solamente de que se invirtiese el
-producto de la venta en procomunal. Se suprimió también un impuesto
-sobre el vino con el objeto de halagar a los contribuyentes, como si
-abandonando el verdadero y sólido interés del estado no fuera muy
-reprensible dejarse llevar de una mal entendida y efímera popularidad.
-Pero aquellas providencias fueran o no oportunas, apenas fijaron la
-atención de España, inquieto el ánimo con el cúmulo de acontecimientos
-que unos en pos de otros sobrevinieron y se atropellaron.
-
-[Marginal: Proceso del príncipe de la Paz y de otros, 23 de marzo.]
-
-El príncipe de la Paz en la mañana del 23 de marzo había sido
-trasladado desde Aranjuez al castillo de Villaviciosa, escoltándole los
-guardias de corps a las órdenes del marqués de Castelar, comandante
-de alabarderos, y allí fue puesto en juicio. Fuéronlo igualmente su
-hermano Don Diego, el ex-ministro Soler, Don Luis Viguri, antiguo
-intendente de la Habana, el corregidor de Madrid Don José Marquina,
-el tesorero general Don Antonio Noriega, el director de la caja de
-consolidación Don Miguel Sixto Espinosa, Don Simón de Viegas, fiscal
-del consejo, y el canónigo Don Pedro Estala, distinguido como literato.
-Para procesar a muchos de ellos no hubo otro motivo que el de haber
-sido amigos de Don Manuel Godoy, y haberle tributado esmerado obsequio;
-delito, si lo era, en que habían incurrido todos los cortesanos y
-algunos de los que todavía andaban colocados en dignidades y altos
-puestos. Se confiscaron por decreto del rey los bienes del favorito,
-aunque las leyes del reino entonces vigentes autorizaban solo el
-embargo y no la confiscación, puesto que para imponer la última pena
-debía preceder juicio y sentencia legal, no exceptuándose ni aquellos
-casos en que el individuo era acusado del crimen de lesa majestad.
-Además conviene advertir que no obstante la justa censura que merecía
-la ruinosa administración de Godoy, en un gobierno como el de Carlos
-IV, que no reconocía límite ni freno a la voluntad del soberano,
-difícilmente hubiera podido hacérsele ningún cargo grave, sobre todo
-habiendo seguido Fernando por la pésima y trillada senda que su padre
-le había dejado señalada. El valido había procedido en el manejo de
-los negocios públicos autorizado con la potestad indefinida de Carlos
-IV, no habiéndosele puesto coto ni medida, y lejos de que hubiese
-aquel soberano reprobado su conducta después de su desgracia, insistió
-con firmeza en sostenerle y en ofrecer a su caído amigo el poderoso
-brazo de su patrocinio y amparo. Situación muy diversa de la de Don
-Álvaro de Luna, desamparado y condenado por el mismo rey a quien debía
-su ensalzamiento. Don Manuel Godoy, escudado con la voluntad expresa
-y absoluta de Carlos, solo otra voluntad opresora e ilimitada podía
-atropellarle y castigarle; medio legalmente atroz e injusto, pero
-debido pago a sus demasías, y correspondiente a las reglas que le
-habían guiado en tiempo de su favor.
-
-[Marginal: Grandes enviados para obsequiar a Murat y a Napoleón.]
-
-Pasados los primeros días de ceremonia y públicos regocijos se
-volvieron los ojos a los huéspedes extranjeros que insensiblemente se
-aproximaban a la capital. La nueva corte soñando felicidades y pensando
-en efectuar el tan ansiado casamiento de Fernando con una princesa de
-la sangre imperial de Francia, se esmeró en dar muestras de amistad y
-afecto al emperador de los franceses y a su cuñado Murat, gran duque de
-Berg. Fue al encuentro de este para obsequiarle y servirle el duque del
-Parque, y salieron en busca del deseado Napoleón, con el mismo objeto
-los duques de Medinaceli y de Frías, y el conde de Fernán Núñez.
-
-[Marginal: Avanza Murat hacia Madrid.]
-
-Ya hemos indicado como las tropas francesas se avanzaban hacia Madrid.
-El 15 de marzo había Murat salido de Burgos, continuando después su
-marcha por el camino de Somosierra. Traía consigo la guardia imperial,
-numerosa artillería y el cuerpo de ejército del mariscal Moncey, al que
-reemplazaba el de Bessières en los puntos que aquel iba desocupando.
-Dupont también se avanzaba por el lado de Guadarrama con toda su
-fuerza, a excepción de una división que dejó en Valladolid para
-observar las tropas españolas de Galicia. Se había con particularidad
-encargado a Murat que se hiciera dueño de la cordillera que divide las
-dos Castillas, antes que se apoderase de ella Solano u otras tropas;
-igualmente se le previno que interceptara los correos, con otras
-instrucciones secretas, cuya ejecución no tuvo lugar a causa de la
-sumisa condescendencia de la nueva corte.
-
-Murat, inquieto y receloso con lo acaecido en Aranjuez, no quiso
-dilatar más tiempo la ocupación de Madrid, y el 23 entró en la capital
-llevando delante, con deseo de excitar la admiración, la caballería
-de la guardia imperial, y lo más escogido y brillante de su tropa,
-y rodeado él mismo de un lujoso séquito de ayudantes y oficiales
-de estado mayor. No correspondía la infantería a aquella primera y
-ostentosa muestra, constando en general de conscriptos y gente bisoña.
-El vecindario de Madrid, si bien ya temeroso de las intenciones de los
-franceses, no lo estaba a punto que no los recibiese afectuosamente,
-ofreciéndoles por todas partes refrescos y agasajos. Contribuía no poco
-a alejar la desconfianza el traer a todos embelesados las importantes
-y repentinas mudanzas sobrevenidas en el gobierno. Solo se pensaba en
-ellas y en contarlas y referirlas una y mil veces; ansiando todos ver
-con sus propios ojos y contemplar de cerca al nuevo rey, en quien se
-fundaban lisonjeras e ilimitadas esperanzas, tanto mayores cuanto así
-descansaba el ánimo fatigado con el infausto desconcierto del reinado
-anterior.
-
-[Marginal: Entrada de Fernando en Madrid en 24 de marzo.]
-
-Fernando, cediendo a la impaciencia pública, señaló el día 24 de marzo
-para hacer su entrada en Madrid. Causó el solo aviso indecible
-contento, saliendo a aguardarle en la víspera por la noche numeroso
-gentío de la capital, y concurriendo al camino con no menor diligencia
-y afán todos los pueblos de la comarca. Rodeado de tan nuevo y
-grandioso acompañamiento llegó a las Delicias, desde donde por la
-puerta de Atocha entró en Madrid a caballo, siguiendo el paseo del
-Prado, y las calles de Alcalá y Mayor hasta palacio. Iban detrás y en
-coche los infantes Don Carlos y Don Antonio. Testigos de aquel día de
-placer y holganza, nos fue más fácil sentirle que nos será dar de él
-ahora una idea perfecta y acabada. Horas enteras tardó el rey Fernando
-en atravesar desde Atocha hasta palacio: con escasa escolta, por
-doquiera que pasaba, estrechado y abrazado por el inmenso concurso,
-lentamente adelantaba el paso, tendiéndosele al encuentro las capas
-con deseo de que fueran holladas por su caballo: de las ventanas se
-tremolaban los pañuelos, y los vivas y clamores saliendo de todas las
-bocas se repetían y resonaban en plazuelas y calles, en tablados y
-casas, acompañados de las bendiciones más sinceras y cumplidas. Nunca
-pudo monarca gozar de triunfo más magnífico ni más sencillo; ni nunca
-tampoco contrajo alguno obligación más sagrada de corresponder con todo
-ahínco al amor desinteresado de súbditos tan fieles.
-
-[Marginal: Conducta impropia de Murat.]
-
-Murat oscurecido y olvidado con la universal alegría, procuró recordar
-su presencia con mandar que algunas de sus tropas maniobrasen en medio
-de la carrera por donde el rey había de pasar. Desagradó orden tan
-inoportuna en aquel día, como igualmente el que no estando satisfecho
-con el alojamiento que se le había dado en el Buen Retiro, por sí y
-militarmente, sin contar con las autoridades, se hubiese mudado a la
-antigua casa del príncipe de la Paz, inmediata al convento de Doña
-María de Aragón. Acontecimientos eran estos de leve importancia,
-pero que influyeron no poco en indisponer los ánimos del vecindario.
-Aumentose el disgusto a vista del desvío que mostró el mismo Murat
-con el nuevo rey, desvío imitado por el embajador Beauharnais, único
-individuo del cuerpo diplomático que no le había reconocido. La
-corte disculpaba a entrambos con la falta de instrucciones, debida
-a lo impensado de la repentina mudanza; mas el pueblo comparando el
-anterior lenguaje de dicho embajador amistoso y solícito con su fría
-actual indiferencia, atribuía la súbita transformación a causa más
-fundamental. Así fue que la opinión, respecto de los franceses, de día
-en día fue trocándose y tomando distinto y contrario rumbo.
-
-[Marginal: Opinión de España sobre Napoleón.]
-
-Hasta entonces, si bien algunos se recelaban de las intenciones de
-Napoleón, la mayor parte solo veía en su persona un apoyo firme de la
-nación y un protector sincero del nuevo monarca. La perfidia de la toma
-de las plazas u otros sucesos de dudosa interpretación, los achacaban a
-viles manejos de Don Manuel Godoy o a justas precauciones del emperador
-de los franceses. Equivocado juicio sin duda, mas nada extraño en un
-país privado de los medios de publicidad y libre discusión que sirven
-para ilustrar y rectificar los extravíos de las opiniones. De cerca
-habían todos sentido las demasías de Godoy, y de Napoleón solo y de
-lejos se habían visto sus pasmosos hechos y maravillosas campañas. Los
-diarios de España, o más bien la miserable Gaceta de Madrid, eco de los
-papeles de Francia, y unos y otros esclavizados por la censura previa,
-describían los sucesos y los amoldaban a gusto y sabor del que en
-realidad dominaba acá y allá de los Pirineos. Por otra parte el clero
-español, habiendo visto que Napoleón había levantado los derribados
-altares, prefería su imperio y señorío a la irreligiosa y perseguidora
-dominación que le había precedido. No perdían los nobles la esperanza
-de ser conservados y mantenidos en sus privilegios y honores por aquel
-mismo que había creado órdenes de caballería, y erigido una nueva
-nobleza en la nación en donde pocos años antes había sido abolida y
-proscrita. Miraban los militares como principal fundamento de su gloria
-y engrandecimiento al afortunado caudillo, que para ceñir sus sienes
-con la corona no había presentado otros abuelos ni otros títulos que su
-espada y sus victorias. Los hombres moderados, los amantes del orden y
-del reposo público, cansados de los excesos de la revolución, respetaban
-en la persona del emperador de los franceses al severo magistrado
-que con vigoroso brazo había restablecido concierto en la hacienda y
-arreglo en los demás ramos. Y si bien es cierto que el edificio que
-aquel había levantado en Francia no estribaba en el duradero cimiento
-de instituciones libres, valladar contra las usurpaciones del poder,
-había entonces pocos en España y contados eran los que extendían tan
-allá sus miras.
-
-[Marginal: Juicio sobre la conducta de Napoleón.]
-
-Napoleón bien informado del buen nombre con que corría en España, cobró
-aliento para intentar su atrevida empresa, posible y hacedera a haber
-sido conducida con tino y prudente cordura. Para alcanzar su objeto dos
-caminos se le ofrecieron, según la diversidad de los tiempos. Antes
-de la sublevación de Aranjuez la partida y embarco para América de la
-familia reinante era el mejor y más acomodado. Sin aquel impensado
-trastorno, huérfana España y abandonada de sus reyes hubiera saludado a
-Napoleón como príncipe y salvador suyo. La nueva dominación fácilmente
-se hubiera afianzado, si adoptando ciertas mejoras hubiera respetado
-el noble orgullo nacional y algunas de sus anteriores costumbres y
-aun preocupaciones. Acertó pues Napoleón cuando vio en aquel medio el
-camino más seguro de enseñorearse de España, procediendo con grande
-desacuerdo desde el momento en que desbaratado por el acaso su primer
-plan, no adoptó el único y obvio que se le ofrecía en el casamiento de
-Fernando con una princesa de la familia imperial: hubiera hallado en su
-protegido un rey más sumiso y reverente que en ninguno de sus hermanos.
-Cuando su viaje a Italia, no había Napoleón desechado este pensamiento,
-y continuó en el mismo propósito durante algún tiempo, si bien con más
-tibieza. El ejemplo de Portugal le sugirió más tarde la idea de repetir
-en España lo que su buena suerte le había proporcionado en el país
-vecino. Afirmose en su arriesgado intento después que sin resistencia
-se había apoderado de las plazas fuertes, y después que vio a su
-ejército internado en las provincias del reino. Resuelto a su empresa
-nada pudo ya contenerle.
-
-Esperaba con impaciencia Napoleón el aviso de haber salido para
-Andalucía los reyes de España, a la misma sazón que supo el importante
-e inesperado acontecimiento de Aranjuez. [Marginal: Propuesta de
-Napoleón a su hermano Luis.] Desconcertado al principio con la
-noticia, no por eso quedó largo tiempo indeciso; y obstinado y tenaz
-en nada alteró su primera determinación. Claramente nos lo prueba un
-importante documento. Había el sábado en la noche 26 de marzo recibido
-en Saint-Cloud un correo con las primeras ocurrencias de Aranjuez,
-y otro pocas horas después con la abdicación de Carlos IV. Hasta
-entonces solo él era sabedor de lo que contra España maquinaba: sin
-compromiso y sin ofensa del amor propio hubiera podido variar su plan.
-Sin embargo al día siguiente, el 27 del mismo, decidido a colocar en
-el trono de España a una persona de su familia, escribió con aquella
-fecha a su hermano Luis rey de Holanda.[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-9.)]
-«El rey de España acaba de abdicar la corona, habiendo sido preso el
-príncipe de la Paz. Un levantamiento había empezado a manifestarse
-en Madrid, cuando mis tropas estaban todavía a cuarenta leguas de
-distancia de aquella capital. El gran duque de Berg habrá entrado
-allí el 23 con 40.000 hombres, deseando con ansia sus habitantes mi
-presencia. Seguro de que no tendré paz sólida con Inglaterra sino
-dando un grande impulso al continente, he resuelto colocar un príncipe
-francés en el trono de España... En tal estado he pensado en ti para
-colocarte en dicho trono... Respóndeme categóricamente cuál sea tu
-opinión sobre este proyecto. Bien ves que no es sino proyecto, y aunque
-tengo 100.000 hombres en España, es posible por circunstancias que
-sobrevengan, o que yo mismo vaya directamente, o que todo se acabe
-en quince días, o que ande más despacio siguiendo en secreto las
-operaciones durante algunos meses. Respóndeme categóricamente: si te
-nombro rey de España, ¿lo admites? ¿Puedo contar contigo?...» Luis
-rehusó la propuesta. Documento es este importantísimo, porque fija
-de un modo auténtico y positivo desde qué tiempo había determinado
-Napoleón mudar la dinastía de Borbón, estando solo incierto en los
-medios que convendría emplear para el logro de su proyecto. También por
-estos días conferenciando con Izquierdo le preguntó, si los españoles
-le querrían como a soberano suyo. Replicole aquel con oportunidad
-plausible: «con gusto y entusiasmo admitirán los españoles a V. M. por
-su monarca, pero después de haber renunciado a la corona de Francia.»
-Imprevista respuesta y poco grata a los delicados oídos del orgulloso
-conquistador. Continuando pues Napoleón en su premeditado pensamiento,
-y pareciéndole que era ya llegado el caso de ponerle en ejecución,
-trató de aproximarse al teatro de los acontecimientos, habiendo salido
-de París el 2 de abril con dirección a Burdeos.
-
-En tanto Murat, retrayéndose de la nueva corte, anunciaba todos los
-días la llegada de su augusto cuñado. En palacio se preparaba la
-habitación imperial, adornábase el Retiro para bailes, y un aposentador
-enviado de París lo disponía y arreglaba todo. Para despertar aún más
-la viva atención del público se enseñaba hasta el sombrero y botas del
-deseado emperador. Bien que en aquellos preparativos y anuncios hubiese
-de parte de los franceses mucho de aparente y falso, es probable que
-sin el trastorno causado por el movimiento de Aranjuez, Napoleón
-hubiera pasado a Madrid. Sorprendido con la súbita mudanza determinó
-buscar en Bayona ocasión que desenredase los complicados asuntos de
-España. [Marginal: Correspondencia entre Murat y los reyes padres.]
-Ofreciósela oportuna una correspondencia entablada entre Murat y los
-reyes padres, y a que dio origen el ardiente deseo de libertar a Don
-Manuel Godoy, y poner su vida fuera de todo riesgo. Fue mediadora
-en la correspondencia la reina de Etruria, y Murat, considerándola
-como conveniente al final desenlace de los intentos de Napoleón,
-cualesquiera que ellos fuesen, no desaprovechó la dichosa coyuntura que
-la casualidad le ofrecía. De ella provino la famosa protesta de Carlos
-IV contra su abdicación, sirviendo de base dicho acto a todas las
-renuncias y procedimientos que tuvieron después lugar en Bayona.
-
-Nació aquella correspondencia [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-10.)] poco
-después del día 19 de marzo. Ya en el 22 las dos reinas madre e hija
-escribían con eficacia en favor del preso Godoy, manifestando la de
-España que estaba su felicidad cifrada en acabar tranquilamente sus
-días con su esposo y el único _amigo_ que _ambos_ tenían. Con igual
-fecha lo mismo pedía Carlos IV, añadiendo que se iban a Badajoz.
-Es de notar el contexto de dichas cartas en las que todavía no se
-hablaba de haber protestado el rey padre contra la abdicación hecha
-en el día 19, ni de asunto alguno conexo con paso de tanta gravedad.
-Sin embargo cuando en 1810 publicó el Monitor esta correspondencia,
-insertó antes de las enunciadas cartas del 22 otra en que se hace
-mención de aquel acto como de cosa consumada; pero el haberse omitido
-en ella la fecha, diciendo al mismo tiempo la reina que a nada aspiraba
-sino a alejarse con su esposo y Godoy todos tres juntos de intrigas
-y mando, excita contra dicha carta vehementes sospechas, o de que se
-omitió la fecha por haber sido posteriormente escrita a la del 22,
-o, lo que es también verosímil, que se intercaló el pasaje en que se
-habla de haber protestado, no aviniéndose con este acto e implicando
-más bien contradicción los deseos de la reina allí manifestados. La
-protesta apareció con la fecha del 21; mas las cartas del 22 con otras
-aserciones encontradas que se notan en la correspondencia, prueban que
-en la dicha protesta se empleó una supuesta y anticipada fecha, y que
-Carlos no tuvo determinación fija de extender aquel acto hasta pasados
-tres días después de su abdicación.
-
-La lectura atenta de toda la correspondencia, y lo que hemos oído a
-personas de autoridad, nos induce a creer que Carlos IV se resolvió a
-formalizar su protesta después de las vistas que el 23 tuvieron él y
-su esposa con el general Monthion, jefe del estado mayor de Murat. De
-cualquiera modo que dicho general nos haya pintado su conferencia, y
-bien que haya querido indicarnos que los reyes padres estaban decididos
-de antemano a protestar contra su abdicación, lo cierto es que hasta
-aquel día Carlos IV no se había dirigido a Napoleón, y entonces lo
-hizo comunicándole cómo se había visto forzado a renunciar, «cuando
-el estruendo de las armas y los clamores de una guardia sublevada le
-habían dado a conocer bastante la necesidad de escoger entre la vida
-o la muerte; pues [añadía] esta última se hubiera seguido a la de la
-reina.» Concluía poniendo enteramente su suerte en las manos de su
-poderoso aliado. Acompañaba a la carta el acto de la protesta así
-concebido.[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-11.)] «Protesto y declaro que todo
-lo que manifiesto en mi decreto del 19 de marzo, abdicando la corona en
-mi hijo, fue forzado por precaver mayores males y la efusión de sangre
-de mis queridos vasallos, y por tanto de ningún valor. — Yo el rey. —
-Aranjuez 21 de marzo de 1808.»
-
-Del cúmulo de pruebas que hemos tenido a la vista en un punto tan
-delicado e importante, conjeturamos fundadamente que Carlos, cuya
-abdicación fue considerada por la generalidad como un acto de su
-libre y espontánea voluntad, y la cual el mismo monarca de carácter
-indolente y flojo dio momentáneamente con gusto; abandonado después
-por todos, solo y no acatado cual solía cuando empuñaba el cetro,
-advirtió muy luego la diferencia que media entre un soberano reinante
-y otro desposeído y retirado. Fuele doloroso en su triste y solitaria
-situación comparar lo que había sido y lo que ahora era, y dio bien
-pronto indicio de pesarle su precipitada resolución. El arrepentimiento
-de haber renunciado fue en adelante tan constante y tan sincero, que no
-solo en Bayona mostraba a las claras la violencia que se había empleado
-contra su persona, sino que todavía en Roma en 1816 repetía a cuantos
-españoles iban a verle y en quienes tenía confianza, que su hijo no
-era legítimo rey de España, y que solo él Carlos IV era el verdadero
-soberano. No menos ahondaba y quebrantaba el corazón de la reina el
-triste recuerdo de su perdido influjo y poderío: andaba despechada
-con la ingratitud de tantos mudables cortesanos antes en apariencia
-partidarios adictos y afectuosos, y grandemente la atribulaban los
-riesgos que cercaban a su idolatrado amigo. Ambos, en fin, sintieron
-el haber descendido del trono, acusándose a sí mismos de la sobrada
-celeridad con que habían cedido a los temores de una violenta
-sublevación. No fueron los primeros reyes que derramaron lágrimas
-tardías en memoria de su antiguo y renunciado poder.
-
-Pesarosos Carlos y María Luisa y dispuestos sus ánimos a deshacer
-lo que inconsideradamente habían ofrecido y ejecutado el día 19,
-vislumbraron un rayo de halagüeña esperanza al ver el respeto y
-miramiento con que eran tratados por los principales jefes del ejército
-extranjero. [Marginal: Siguen los tratos entre Murat y los reyes
-padres.] Entonces pensaron seriamente en recobrar la perdida autoridad,
-fundando más particularmente su reclamación en la razón poderosa de
-haber abdicado en medio de una sedición popular y de una sublevación de
-la soldadesca. Murat si no fue quien primero sugirió la idea, al menos
-puso gran conato en sostenerla, porque con ella fomentando la desunión
-de la familia real, minaba por su cimiento la legitimidad del nuevo
-rey, y ofrecía a su gobierno un medio plausible de entrometerse en
-las disensiones interiores, mayormente acudiendo a buscar el anciano
-y desposeído Carlos reparo y ayuda en su aliado el emperador de los
-franceses.
-
-Murat al paso que urdía aquella trama o que por lo menos ayudaba a
-ella, no cesaba de anunciar la próxima llegada de Napoleón, insinuando
-mañosamente a Fernando por medio de sus consejeros cuán conveniente
-sería que para allanar cualesquiera dificultades que se opusiesen al
-reconocimiento, saliera a esperar a su augusto cuñado el emperador. Por
-su parte el nuevo gobierno procuraba con el mayor esfuerzo granjear la
-voluntad del gabinete de Francia. Ya en 20 de marzo se mandó al consejo
-[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-12.)] publicar que Fernando VII lejos de
-mudar el sistema político de su padre respecto de aquel imperio,
-pondría su esmero en estrechar los preciosos vínculos de amistad y
-alianza que entre ambos subsistían, encargándose con especialidad
-recomendar al pueblo que tratase bien y acogiese con afecto al ejército
-francés. Se despacharon igualmente órdenes a las tropas de Galicia
-que habían dejado a Oporto, para que volviesen a aquel punto, y a las
-de Solano, que estaban ya en Extremadura en virtud de lo últimamente
-dispuesto por Godoy, se les mandó que retrocediesen a Portugal. Estas
-sin embargo se quedaron por la mayor parte en Badajoz, no cuidándose
-Junot de tener cerca de sí soldados cuya conducta no merecía su
-confianza.
-
-El pueblo español entre tanto empezaba cada día a mirar con peores
-ojos a los extranjeros, cuya arrogancia crecía según que su morada
-se prolongaba. Continuamente se suscitaban empeñadas riñas entre los
-paisanos y los soldados franceses, y el 27 de marzo de resultas de
-una más acalorada y estrepitosa, estuvo para haber en la plazuela de
-la Cebada una grande conmoción, en la que hubiera podido derramarse
-mucha sangre. La corte acongojada quería sosegar la inquietud pública,
-ora por medio de proclamas, ora anunciando y repitiendo la llegada de
-Napoleón que pondría término a las zozobras e incertidumbre. Era tal
-en este punto su propio engaño que en 24 de marzo se avisó al público
-de oficio [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-13.)] «que S. M. tenía noticia
-que dentro de dos días y medio a tres llegaría el emperador de los
-franceses...» Así ya no solamente se contaban los días sino las horas
-mismas: ansiosa impaciencia, desvariada en el modo de expresarse, y
-afrentosa en un gobierno cuyas providencias hubieran podido descansar
-en el seguro y firme apoyo de la opinión nacional.
-
-[Marginal: Llega Escóiquiz a Madrid en 28 de marzo.]
-
-¡Cosa maravillosa! Cuanto más se iban en Madrid desengañando todos
-y comprendiendo los fementidos designios del gabinete de Francia,
-tanto más ciego y desatentado se ponía el gobierno español. Acabó de
-perderle y descarriarle el 28 de marzo con su llegada Don Juan de
-Escóiquiz, quien no veía en Napoleón sino al esclarecido, poderoso y
-heroico defensor del rey Fernando y sus parciales. Deslumbrado con
-la opinión que de sí propio tenía, creyó que solo a él le era dado
-acertar con los oportunos medios de sacar airoso y triunfante de la
-embarazosa posición a su augusto discípulo, y cerrando los oídos a la
-voz pública y universal, llamó hacia su persona una severa y terrible
-responsabilidad. Causa asombro, repetimos, que los engaños y arterías
-advertidos por el más ínfimo y rudo de los españoles se ocultasen
-y oscureciesen a Don Juan Escóiquiz y a los principales consejeros
-del rey, quienes por el puesto que ocupaban y por la sagacidad que
-debía adornarles, hubieran debido descubrir antes que ningún otro
-las asechanzas que se les armaban. Pero los sucesos que en gran
-manera concurrían a excitar su desconfianza, eran los mismos que los
-confortaban y aquietaban. Tal fue el pliego de Izquierdo, de que
-hablamos en el libro anterior. Las proposiciones en él inclusas, y por
-las que nada menos se trataba que de ceder las provincias del Ebro
-allá, y de arreglar la sucesión de España, sobre la cual dentro del
-reino nadie había tenido dudas, no despertaron las dormidas sospechas
-de Escóiquiz ni de sus compañeros. Atentos solo a la propuesta indicada
-en el mismo pliego de casar a Fernando con una princesa, pensaron que
-todo iba a componerse amistosamente, llevando tan allá Escóiquiz y los
-suyos el extravío de su mente, que en su _Idea sencilla_ no se detiene
-en asentar «que su opinión conforme con la del consejo del rey había
-sido que las intenciones más perjudiciales que podían recelarse del
-gobierno francés, eran las del trueque de las provincias más allá del
-Ebro por el reino de Portugal, o tal vez la cesión de la Navarra;» como
-si la cesión o pérdida de cualquiera de estas provincias no hubiera
-sido clavar un agudo puñal en una parte muy principal de la nación,
-desmembrándola y dejándola expuesta a los ataques que contra ella
-intentase dirigir a mansalva su poderoso vecino.
-
-El contagio de tamaña ceguedad había cundido entre algunos cortesanos,
-y hubo de ellos quienes sirvieron por su credulidad al entretenimiento
-y burla de los servidores de Napoleón. [Marginal: Fernán Núñez en
-Tours.] Se aventajó a todos el conde de Fernán Núñez, quien para
-merecer primero las albricias dejando atrás a los que con él habían ido
-a recibir al emperador de los franceses, se adelantó a toda diligencia
-hasta Tours. No distante de aquella ciudad cruzándose en el camino
-con Mr. Bausset, prefecto del palacio imperial, le preguntó con viva
-impaciencia si estaba ya cerca la novia del rey Fernando, sobrina del
-emperador. Respondiole aquel que tal sobrina no era del viaje ni había
-oído hablar de novia ni de casamiento. Tomando entonces Fernán Núñez en
-su ademán un compuesto y misterioso semblante, atribuyó la respuesta
-del prefecto imperial o a estudiado disimulo o a que no estaba en el
-importante secreto. No dejan estos hechos por leves que parezcan de
-pintar los hombres que con su obcecación dieron motivo a grandes y
-trascendentales acontecimientos.
-
-Lejos Murat de contribuir con su conducta a ofuscar a los ministros del
-rey, obraba de manera que más bien ayudaba al desengaño que a mantener
-la lisonjera ilusión. Continuaba siempre en sus tratos con la reina de
-Etruria y los reyes padres, no ocupándose en reconocer a Fernando, ni
-en hacerle siquiera una visita de mera ceremonia y cumplido. A pesar de
-su desvío bastaba que mostrase el menor deseo para que los ministros
-del nuevo rey se afanasen por complacerle y servirle. [Marginal:
-Entrega de la espada de Francisco I.] Así fue que habiendo manifestado
-a Don Pedro Cevallos cuánto le agradaría tener en su poder la espada
-de Francisco I depositada en la real armería, le fue al instante
-entregada en 4 de abril, siendo llevada con gran pompa y acompañamiento
-y presentada por el marqués de Astorga en calidad de caballerizo mayor.
-Al par que en sus anteriores procedimientos se portó en este paso el
-gobierno español débil y sumisamente, el francés dejó ver estrecheza
-de ánimo en una demanda ajena de una nación famosa por sus hazañas y
-glorias militares, como si los triunfos de Pavía y el inmortal trofeo
-ganado en buena guerra, y que adquirieron a España sus ilustres hijos
-Diego de Ávila y Juan de Urbieta pudieran nunca borrarse de la memoria
-de la posteridad.
-
-[Marginal: Carta de Napoleón a Murat: viaje del infante Don Carlos. (*
-Ap. n. 2-14.)]
-
-Napoleón no estaba del todo satisfecho de la conducta de Murat. En una
-carta que le escribió en 29 de marzo le manifestaba sus temores, y con
-diestra y profunda mano le trazaba cuanto había complicado los negocios
-el acontecimiento de Aranjuez.[*] Este documento si fue escrito
-del modo que después se ha publicado, muestra el acertado tino y
-extraordinaria previsión del emperador francés, y que la precipitación
-y equivocados informes de Murat perjudicaron muy mucho al pronto y
-feliz éxito de su empresa. Sin embargo además de las instrucciones
-que aparecen por la citada carta, debió de haber otras por el mismo
-tiempo que indicasen o expresasen más claramente la idea de llevar a
-Francia los príncipes de la real familia; pues Murat siguiendo en aquel
-propósito y no atreviéndose a insistir inmediatamente en sus anteriores
-insinuaciones de que Fernando fuese al encuentro de Napoleón, propuso
-como muy oportuna la salida al efecto del infante Don Carlos, en lo
-cual conviniendo sin dificultad la corte, partió el infante el 5 de
-abril. No habían pasado muchos días ni aun tal vez horas cuando Murat
-poco a poco volvió a renovar sus ruegos para que el rey Fernando se
-pusiese también en camino y halagase con tan amistoso paso a su amigo
-el emperador Napoleón. El embajador francés apoyaba lo mismo y con
-particular eficacia, habiendo en fin claramente descubierto que la
-política de su amo en los asuntos de España era muy otra de la que
-antes se había figurado.
-
-Pero viendo el rey Fernando que su hermano el infante no había
-encontrado en Burgos a Napoleón y proseguía adelante sin saber cuál
-sería el término de su viaje, vacilaba todavía en su resolución.
-Sus consejeros andaban divididos en sus dictámenes: Cevallos se
-oponía a la salida del rey hasta tanto que se supiera de oficio la
-entrada en España del emperador francés. Escóiquiz constante en su
-desvarío sostenía con empeño el parecer contrario, y a pesar de su
-poderoso influjo hubiera difícilmente prevalecido en el ánimo del
-rey, [Marginal: Llegada a Madrid del general Savary.] si la llegada
-a Madrid del general Savary no hubiese dado nuevo peso a sus razones
-y cambiado el modo de pensar de los que hasta entonces habían estado
-irresolutos e inciertos. Savary, general de división y ayudante de
-Napoleón, iba a Madrid con el encargo de llevar a Fernando a Bayona,
-adoptando para ello cuantos medios estimase convenientes al logro de la
-empresa. Juzgose que era la persona más acomodada para desempeñar tan
-ardua comisión, encubriendo bajo un exterior militar y franco profunda
-disimulación y astucia. Apenas, por decirlo así, apeado, solicitó
-audiencia particular de Fernando, la cual concedida manifestó con
-aparente sinceridad «que venía de parte del emperador para cumplimentar
-al rey y saber de S. M. únicamente si sus sentimientos con respecto
-a la Francia eran conformes con los del rey su padre, en cuyo caso el
-emperador prescindiendo de todo lo ocurrido no se mezclaría en nada
-de lo interior del reino, y reconocería desde luego a S. M. por rey
-de España y de las Indias.» Fácil es acertar con la contestación que
-daría una corte no ocupada sino en alcanzar el reconocimiento del
-emperador de los franceses. Savary anunció la próxima llegada de su
-soberano a Bayona, de donde pasaría a Madrid, insistiendo poco después
-en que Fernando saliese a recibirle, con cuya determinación probaría su
-particular anhelo por estrechar la antigua alianza que mediaba entre
-ambas naciones, y asegurando que la ausencia sería tanto menos larga
-cuanto que se encontraría en Burgos con el mismo emperador. El rey
-vencido con tantas promesas y palabras, resolvió al fin condescender
-con los deseos de Savary, sostenido y apoyado por los más de los
-ministros y consejeros españoles.
-
-Cierto que el paso del general francés hubiera podido hacer titubear
-al hombre más tenaz y firme si otros indicios poderosos no hubieran
-contrapesado su aparente fuerza. Además era sobrada precipitación
-antes de saberse el viaje de Napoleón a España de un modo auténtico y
-de oficio, exponer la dignidad del rey a ir en busca suya, habiéndose
-hasta entonces comunicado su venida solo de palabra e indirectamente.
-Con mayor lentitud y circunspección hubiera convenido proceder en
-negocio en que se interesaban el decoro del rey, su seguridad y la
-suerte de la nación, principalmente cuando tantas perfidias habían
-precedido, cuando Murat tenía conducta tan sospechosa, y cuando en vez
-de reconocer a Fernando cuidaba solamente de continuar sus secretos
-manejos con la antigua corte. Mas el deslumbrado Escóiquiz proseguía
-no viendo las anteriores perfidias, y achacaba las intrigas de Murat a
-actos de pura oficiosidad, contrarios a las intenciones de Napoleón.
-Sordo a la voz del pueblo, sordo al consejo de los prudentes, sordo a
-lo mismo que se conversaba en todo el ejército extranjero, en corrillos
-y plazas, se mantuvo porfiadamente en su primer dictamen y arrastró al
-suyo a los más de los ministros, dando al mundo la prueba más insigne
-de terca y desvariada presunción, probablemente aguijada por ardiente
-deseo de ambiciosos crecimientos.
-
-[Marginal: Aviso de Hervás.]
-
-Hubo aún para recelarse el que Don José Martínez de Hervás, quien
-como español y por su conocimiento en la lengua nativa había venido
-en compañía del general Savary, avisó que se armaba contra el rey
-alguna celada, y que obraría con prudente cautela desistiendo del
-viaje o difiriéndole. Pero, ¡oh colmo de ceguedad!, los mismos que
-desacordadamente se fiaban en las palabras de un extranjero, del
-general Savary, tuvieron por sospechosa la loable advertencia del
-leal español. Y como si tantos indicios no bastasen, el mismo Savary
-dio ocasión a nuevos recelos con pedir de orden del emperador que
-se pusiese en libertad al enemigo declarado e implacable del nuevo
-gobierno, al odiado Godoy. Incomodó, sin embargo, la intempestiva
-solicitud, y hubiera tal vez perjudicado al resuelto viaje, si el
-francés, a ruego del Infantado y Ofárril, no hubiera abandonado su
-demanda.
-
-Firmes pues en su propósito los consejeros de Fernando y conducidos
-por un hado adverso, señalaron el día 10 de abril para su partida,
-[Marginal: 10 de abril: salida del rey para Burgos.] en cuyo día salió
-S. M. tomando el camino de Somosierra para Burgos. Iban en su compañía
-Don Pedro Cevallos ministro de estado, los duques del Infantado y
-San Carlos, el marqués de Múzquiz, Don Pedro Labrador, Don Juan de
-Escóiquiz, el capitán de guardias de Corps conde de Villariezo, y los
-gentil-hombres de cámara marqués de Ayerbe, de Guadalcázar, y de
-Feria. La víspera había escrito Fernando a su padre pidiéndole una
-carta para el emperador con súplica de que asegurase en ella los buenos
-sentimientos que le asistían, queriendo seguir las mismas relaciones
-de amistad y alianza con Francia que se habían seguido en su anterior
-reinado. Carlos IV ni le dio la carta, ni le contestó, con achaque de
-estar ya en cama: precursora señal de lo que en secreto se proyectaba.
-
-[Marginal: Nombramiento de una junta suprema.]
-
-Antes de su salida dispuso el rey Fernando que se nombrase una junta
-suprema de gobierno presidida por su tío el infante Don Antonio y
-compuesta de los ministros del despacho, quienes a la sazón eran Don
-Pedro Cevallos, de estado, que acompañaba al rey; Don Francisco Gil y
-Lemus, de marina; Don Miguel José de Azanza, de hacienda; Don Gonzalo
-Ofárril, de guerra, y Don Sebastián Piñuela, de gracia y justicia. Esta
-junta según las instrucciones verbales del rey debía entender en todo
-lo gubernativo y urgente, consultando en lo demás con S. M.
-
-[Marginal: Sobre el viaje del rey.]
-
-En tanto que el rey con sus consejeros va camino de Bayona, será bien
-que nos detengamos a considerar de nuevo resolución tan desacertada.
-La pintura triste que para disculparse traza Escóiquiz en su obra
-acerca de la situación del reino, sería juiciosa si en aquel caso se
-hubiese tratado de medir las fuerzas militares de España y sus recursos
-pecuniarios con los de Francia, a la manera de una guerra de ejército
-a ejército y de gobierno a gobierno. Le estaba bien al príncipe de
-la Paz calcular fundado en aquellos datos como quien no tenía el
-apoyo nacional; mas la posición de Fernando era muy otra, siendo tan
-extraordinario el entusiasmo en favor suyo que un ministro hábil y
-entendido no debía en aquel caso dirigirse por las reglas ordinarias de
-la fría razón, sino contar con los esfuerzos y patriotismo de la nación
-entera, la cual se hubiera alzado unánimemente a la voz del rey, para
-defender sus derechos contra la usurpación extranjera; y las fuerzas
-de una nación levantada en cuerpo son tan grandes e incalculables a
-los ojos de un verdadero estadista, como lo son las fuerzas vivas a
-las del mecánico. Así lo pensaba el mismo Napoleón, quien en la carta
-a Murat del 29 de marzo arriba citada decía: «La revolución de 20 de
-marzo prueba que hay energía en los españoles. Habrá que lidiar contra
-un pueblo nuevo lleno de valor, y con el entusiasmo propio de hombres
-a quienes no han gastado las pasiones políticas...»; y más abajo: «se
-harán levantamientos en masa que eternizarán la guerra...» Acertado y
-perspicaz juicio que forma pasmoso contraste con el superficial y poco
-atinado de Escóiquiz y sus secuaces. Era además dar sobrada importancia
-a un paso de puro ceremonial para concebir la idea que la política de
-un hombre como Napoleón en asunto de tal cuantía hubiera de moderarse
-o alterarse por encontrar al rey algunas leguas más o menos lejos;
-antes bien era propio para encender su ambición un viaje que mostraba
-imprevisión y extremada debilidad. Se cede a veces en política a un
-acto de fortaleza heroica, nunca a míseros y menguados ruegos.
-
-[Marginal: Llega el rey el 12 de abril a Burgos.]
-
-El rey en su viaje fue recibido por las ciudades, villas y lugares
-del tránsito con inexplicable gozo, haciendo a competencia sus
-moradores las demostraciones más señaladas de la lealtad y amor que
-los inflamaban. Entró en Burgos el 12 de abril sin que hubiese allí ni
-más lejos noticia del emperador francés. Deliberose en aquella ciudad
-sobre el partido que debía tomarse, de nuevo reiteró sus promesas y
-artificios el general Savary, y de nuevo se determinó que prosiguiese
-el rey su viaje a Vitoria. Y he aquí que los mismos y mal aventurados
-consejeros que sin tratado alguno ni formal negociación, y solo por
-meras e indirectas insinuaciones habían llevado a Fernando hasta
-Burgos, le llevan también a Vitoria, y le traen de monte en valle y
-de valle en monte en busca de un soberano extranjero mendigando con
-desdoro su reconocimiento y ayuda, como si uno y otro fuera necesario
-y decoroso a un rey que habiendo subido al solio con universal
-consentimiento, afianzaba su poder y legitimidad sobre la sólida e
-incontrastable base del amor y unánime aprobación de sus pueblos.
-
-Llegó el rey a Vitoria el 14. Napoleón que había permanecido en
-Burdeos algunos días, salió de allí a Bayona, en donde entró en la
-noche del 14 al 15, de lo que noticioso el infante Don Carlos, hasta
-entonces detenido en Tolosa, pasó a aquella plaza. Savary, sabiendo
-que el emperador se aproximaba a la frontera, y viendo que ya no le
-era dado por más tiempo continuar con fruto sus artificios si no
-acudía a algún otro medio, resolvió pasar a Bayona llevando consigo
-una carta de Fernando para Napoleón.[*] [Marginal: Escribe Fernando a
-Napoleón: contesta este en 17 de abril. (* Ap. n. 2-15.)] No tardó en
-recibirse la respuesta estando con ella de vuelta en Vitoria el día
-17 el mismo Savary, y la cual estaba concebida en términos que era
-suficiente por sí sola a sacar de su error a los más engañados. En
-efecto la carta respondía a la última de Fernando, y en parte también
-a la que le había escrito en 11 de octubre del año pasado. Sembrada de
-verdades expresadas con cierta dureza, no se soltaba en ella prenda
-que empeñase a Napoleón a cosa alguna: lo dejaba todo en dudas dando
-solo esperanzas sobre el ansiado casamiento. Notábase con especialidad
-en su contexto el injurioso aserto que Fernando «no tenía otros
-derechos al trono que los que le había transmitido su madre:» frase
-altamente afrentosa al honor de la reina, y no menos indecorosa al que
-la escribía que ofensiva a aquel a quien iba dirigida. Pero una carta
-tan poco circunspecta, tan altanera y desembozada embelesó al canónigo
-Escóiquiz, quien se recreaba con la vaga promesa del casamiento. Por
-entonces vimos lo que escribía a un amigo suyo desde Vitoria, y le
-faltaban palabras con que dar gracias al Todopoderoso por el feliz
-éxito que la carta de Napoleón pronosticaba a su viaje. Realmente
-rayaba ya en demencia su continuada obcecación.
-
-Savary auxiliado con la carta aumentó sus esfuerzos y concluyó con
-decir al rey «me dejo cortar la cabeza si al cuarto de hora de haber
-llegado S. M. a Bayona no le ha reconocido el emperador por rey de
-España y de las Indias... Por sostener su empeño empezará probablemente
-por darle el tratamiento de alteza; pero a los cinco minutos le dará
-majestad, y a los tres días estará todo arreglado, y S. M. podrá
-restituirse a España inmediatamente...» Engañosas y pérfidas palabras
-que acabaron de decidir al rey a proseguir su viaje hasta Bayona.
-
-[Marginal: Tentativas o proposiciones para que el rey se escape.]
-
-Sin embargo hubo españoles más desconfiados o cautos que no dando
-crédito a semejantes promesas, propusieron varios medios para que el
-rey se escapase. Todavía hubiera podido conseguirse en Vitoria ponerle
-en salvo, aunque los obstáculos crecían de día en día. Los franceses
-habían redoblado su vigilancia, y no contentos con los 4000 hombres que
-ocupaban a Vitoria a las órdenes del general Verdier, habían aumentado
-la guarnición especialmente con caballería enviada de Burgos. Savary
-tenía orden de arrebatar al rey por fuerza en la noche del 18 al 19
-si de grado no se mostraba dispuesto a pasar a Francia. Cuidadoso
-con no faltar a su mandato, estando muy sobreaviso hacía rondar y
-observar la casa donde el rey habitaba. A pesar de su esmerado celo
-la evasión se hubiera fácilmente ejecutado a haberse Fernando resuelto
-a abrazar aquel partido. Don Mariano Luis de Urquijo que había ido de
-Bilbao a cumplimentarle a su paso por Vitoria, propuso de acuerdo con
-el alcalde Urbina un medio para que de noche se fugase disfrazado.
-Hubo también otros y varios proyectos, mas entre todos es digno de
-particular mención como el mejor y más asequible el propuesto por el
-duque de Mahón. Era pues que saliendo el rey de Vitoria por el camino
-de Bayona, y dando confianza a los franceses con la dirección que
-había tomado, siguiera así hasta Vergara, en cuyo pueblo abandonando
-la carretera real torciese del lado de Durango y se encaminase al
-puerto de Bilbao. Añadía el duque que la evasión sería protegida por
-un batallón del inmemorial del rey residente en Mondragón, y de cuya
-fidelidad respondía. Escóiquiz con quien siempre nos encontraremos
-cuando se trate de alejar al rey de Bayona y librarle de las armadas
-asechanzas, dijo: «que no era necesario habiendo S. M. recibido
-grandes pruebas de amistad de parte del emperador.» Eran las _grandes
-pruebas_ la consabida carta. El de Mahón no por eso dejó de insistir
-la misma víspera de la salida para Bayona, habiéndose aumentado las
-sospechas de todos con la llegada de 300 granaderos a caballo de la
-guardia imperial. Mas al querer hablar, poniéndole la mano en la boca,
-pronunció Escóiquiz estas notables palabras: «es negocio concluido,
-mañana salimos para Bayona: se nos han dado todas las seguridades que
-podíamos desear.»
-
-[Marginal: Proclama al partir el rey de Vitoria.]
-
-Tratose en fin de partir. Sabedor el pueblo se agrupó delante del
-alojamiento del rey, cortó los tirantes de las mulas, y prorrumpió
-en voces de amor y lealtad para que el rey escuchase sus fundados
-temores.[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-16.)] Todo fue en vano.
-Apaciguándose el bullicio a duras penas, se publicó un decreto en que
-afirmaba el rey «estar cierto de la sincera y cordial amistad del
-emperador de los franceses, y que antes de cuatro o seis días darían
-gracias a Dios y a la prudencia de S. M. de la ausencia que ahora les
-inquietaba.»
-
-[Marginal: Sale de Vitoria el 19 de abril.]
-
-Partió el rey de Vitoria el 19 de abril y en el mismo llegó a Irún
-casi solo, habiéndose quedado atrás el general Savary por habérsele
-descompuesto el coche. Se albergó en casa del señor Olazábal sita fuera
-de la villa, en donde había de guarnición un batallón del regimiento
-de África, decidido a obedecer rendidamente las órdenes de Fernando.
-La providencia a cada paso parecía querer advertirle del peligro, y
-a cada paso le presentaba medios de salvación. Mas un ciego instinto
-arrastraba al rey al horroroso precipicio. Savary tuvo tal miedo de que
-la importante presa se le escapase, a la misma sazón que ya la tenía
-asegurada, que llegó a Irún asustado y despavorido.
-
-[Marginal: 20 de abril: Entrada del rey en Bayona.]
-
-El 20 cruzó el rey y toda la comitiva el Bidasoa, y entró en Bayona a
-las diez de la mañana de aquel día. Nadie le salió a recibir al camino
-a nombre de Napoleón. Más allá de San Juan de Luz encontró a los tres
-grandes de España comisionados para felicitar al emperador francés,
-quienes dieron noticias tristes, pues la víspera por la mañana habían
-oído al mismo de su propia boca que los Borbones nunca más reinarían
-en España. Ignoramos por qué no anduvieron más diligentes en comunicar
-al rey el importante aviso, que podría descansadamente haberle
-alcanzado en Irún: quizá se lo impidió la vigilancia de que estaban
-cercados. Abatió el ánimo de todos lo que anunciaron los grandes,
-echando también de ver el poco aprecio que a Napoleón merecía el rey
-Fernando en el modo solitario con que le dejaba aproximarse a Bayona,
-no habiendo salido persona alguna elevada en dignidad a cumplimentarle
-y honrarle, hasta que a las puertas de la ciudad misma se presentaron
-con aquel objeto el príncipe de Neufchâtel y Duroc, gran mariscal de
-palacio. Admiró en tanto grado a Napoleón ver llegar a Fernando sin
-haberle especialmente convidado a ello, que al anunciarle un ayudante
-su próximo arribo exclamó: «¿cómo?... ¿viene?... no, no es posible...»
-Aún no conocía personalmente a los consejeros de Fernando.
-
-[Marginal: Sigue la correspondencia entre Murat y los reyes padres.]
-
-Después de la partida del rey prosiguiendo Murat en su principal
-propósito de apoyar las intrigas que se preparaban en la enemistad y
-despecho de los reyes padres, avivó la correspondencia que con ellos
-había entablado. Hasta entonces no habían conferenciado juntos, siendo
-sus ayudantes y la reina de Etruria el conducto por donde se entendían.
-Mucho desagradaron los secretos tratos de la última, a los que
-particularmente la arrastró el encendido deseo de conseguir un trono
-para su hijo, aunque sus esfuerzos fueron vanos. En la correspondencia,
-después de ocuparse en el asunto que más interesaba a Murat y su
-gobierno, esto es, el de la protesta de Carlos IV, llamó a la reina y
-a su esposo intensamente la atención la desgraciada suerte de su amigo
-Godoy, _del pobre príncipe de la Paz_, con cuyo epiteto a cada paso se
-le denomina en las cartas de María Luisa. Duda el discurso, al leer
-esta correspondencia, si es más de maravillar la constante pasión de
-la reina por el favorito, o la ciega amistad del rey. Confundían ambos
-su suerte con la del desgraciado a punto que decía la reina: «si no
-se salva el príncipe de la Paz, y si no se nos concede su compañía,
-moriremos el rey, mi marido, y yo.» Es digna de la atenta observación
-de la historia mucha parte de aquella correspondencia, y señaladamente
-lo son algunas cartas de la reina madre. Si se prescinde del enfado
-y acrimonia con que están escritas ciertas cláusulas, da su contexto
-mucha luz sobre los importantes hechos de aquel tiempo, y en él se
-pinta al vivo y con colores por desgracia harto verdaderos el carácter
-de varios personajes de aquel tiempo. Posteriores acontecimientos
-nos harán ver lastimosamente con cuánta verdad y conocimiento de los
-originales trazó la reina María Luisa algunos de estos retratos. Los
-reyes padres habían desde marzo continuado en Aranjuez, teniendo para
-su guardia tropas de la casa real. [Marginal: Pasan los reyes padres
-al Escorial.] También había fuerza francesa a las órdenes del general
-Wattier, socolor de proteger a los reyes y continuar dando mayor
-peso a la idea de haberse ejercido contra ellos particular violencia
-en el acto de la abdicación. El 9 de abril pasaron al Escorial por
-insinuación de Murat con el intento de aproximarlos al camino de
-Francia. No tuvieron allí otra guardia más que la de las tropas
-francesas y los carabineros reales.
-
-[Marginal: Entrega de Godoy en 20 de abril.]
-
-En Madrid apenas había salido el rey cuando Murat pidió con ahínco a
-la junta que se le entregase a Don Manuel Godoy, afirmando que así se
-lo había ofrecido Fernando la víspera de su partida en el cuarto de
-la reina de Etruria: aserción tanto más dudosa cuanto si bien allí se
-encontraron, parece cierto que nada se dijeron, retenidos por no querer
-ni uno ni otro ser el primero a romper el silencio. Resistiéndose
-la junta a dar libertad al preso, amenazó Murat conque emplearía la
-fuerza si al instante no se le ponía en sus manos. Afanábase por ser
-dueño de Godoy, considerándole necesario instrumento para influir en
-Bayona en las determinaciones de los reyes padres, a quienes por otra
-parte en las primeras vistas que tuvo con ellos en el Escorial uno
-de aquellos días les había prometido su libertad. La junta se limitó
-por de pronto a mandar al consejo con fecha del 13 que suspendiese
-el proceso intentado contra Don Manuel Godoy hasta nueva orden de S.
-M., a quien se consultó por medio de Don Pedro Cevallos. La posición
-de la junta realmente era muy angustiada, quedando expuesta a la
-indignación pública si le soltaba, o a las iras del arrebatado Murat
-si le retenía. Don Pedro Cevallos contestó desde Vitoria que se
-había escrito al emperador ofreciendo usar con Godoy de generosidad
-perdonándole la vida, siempre que fuese condenado a la pena de muerte.
-Bastole esta contestación a Murat para insistir en 20 de abril en la
-soltura del preso con el objeto de enviarle a Francia, y con engaño y
-despreciadora befa decía a su nombre el general Belliard en su oficio:
-[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-17.)] «El gobierno y la nación española solo
-hallarán en esta resolución de S. M. I. nuevas pruebas del interés
-que toma por la España, porque alejando al príncipe de la Paz quiere
-quitar a la malevolencia los medios de creer posible que Carlos IV
-volviese el poder y su confianza al que debe haberla perdido para
-siempre.» ¡Así se escribía a una autoridad puesta por Fernando y que
-no reconocía a Carlos IV! La junta accedió a lo último a la demanda
-de Murat, habiéndose opuesto con firmeza el ministro de marina Don
-Francisco Gil y Lemus. Mucho se motejó la condescendencia de aquel
-cuerpo; sin embargo eran tales y tan espinosas las circunstancias que
-con dificultad se hubiera podido estorbar con éxito la entrega de
-Don Manuel Godoy. Acordada que esta fue, se dieron las convenientes
-órdenes al marqués de Castelar, quien antes de obedecer, temeroso de
-algún nuevo artificio de los franceses, pasó a Madrid a cerciorarse
-de la verdad de boca del mismo infante presidente. El pundonoroso
-general al oír la confirmación de lo que tenía por falso hizo dejación
-de su destino, suplicando que no fuesen los guardias de Corps quienes
-hiciesen la entrega, sino los granaderos provinciales. El bueno del
-infante le replicó que «en aquella entrega consistía el que su sobrino
-fuese rey de España:» a cuya poderosa razón cedió Castelar, y puso
-en libertad al preso Godoy a las 11 de la noche del mismo día 20,
-entregándole en manos del coronel francés Martel. Sin detención tomaron
-el camino de Bayona, adonde llegó Godoy con la escolta francesa el
-26, habiéndosele reunido poco después su hermano Don Diego. Se albergó
-aquel en una quinta que le estaba preparada a una legua de la ciudad,
-y a poco tuvo con Napoleón una larga conferencia. El rey, si bien no
-desaprobó la conducta de la junta, tampoco la aplaudió, elogiando de
-propósito al consejo que se había opuesto a la entrega. En asunto de
-tanta gravedad procuraron todos sincerar su modo de proceder; entre
-ellos se señaló el marqués de Castelar apreciable y digno militar,
-quien envió para informar al rey no menos que a tres sujetos, a su
-segundo el brigadier Don José Palafox, a su hijo el marqués de Belveder
-y al ayudante Butrón. Así, y como milagrosamente, se libró Godoy de una
-casi segura y desastrada muerte.
-
-[Marginal: Quejas y tentativas de Murat.]
-
-En todos aquellos días no había cesado Murat de incomodar y acosar a la
-junta con sus quejas e infundadas reclamaciones. El 16 había llamado
-a Ofárril para lamentarse con acrimonia o ya de asesinatos, o ya de
-acopios de armas que se hacían en Aragón. Eran estos meros pretextos
-para encaminar su plática a asunto más serio. Al fin le declaró el
-verdadero objeto de la conferencia. Era pues que el emperador no
-reconocía en España otro rey sino a Carlos IV, y que habiendo para ello
-recibido órdenes suyas iba a publicar una proclama que manuscrita le
-dio a leer. Se suponía extendida por el rey padre, asegurando en ella
-haber sido forzada su abdicación, como así se lo había comunicado a
-su aliado el emperador de los franceses, con cuya aprobación y arrimo
-volvería a sentarse en el solio. Absorto Ofárril con lo que acababa de
-oír informó de ello a la junta, la cual de nuevo comisionó al mismo en
-compañía de Azanza para apurar más y más las razones y el fundamento
-de tan extraña resolución. Murat, acompañado del conde de Laforest, se
-mantuvo firme en su propósito, y solo consintió en aguardar la última
-contestación de la junta que verbalmente y por los mismos encargados
-respondió: «1.º Que Carlos IV y no el gran duque debía comunicarle
-su determinación. 2.º Que comunicada que le fuese se limitaría a
-participarla a Fernando VII: y 3.º Pedía que estando Carlos IV próximo
-a salir para Bayona se guardase el mayor secreto y no ejerciese durante
-el viaje ningún acto de soberanía.» En seguida pasó Murat al Escorial,
-y poniéndose de acuerdo con los reyes padres [*] [Marginal: (* Ap.
-n. 2-18.) Reclama Carlos IV la corona, y anuncia su viaje a Bayona.]
-escribió Carlos IV a su hermano el infante Don Antonio una carta en la
-que aseguraba haber sido forzada su abdicación del 19 de marzo, y que
-en aquel mismo día había protestado solemnemente contra dicho acto.
-Ahora reiteraba su primera declaración confirmando provisionalmente
-a la junta en su autoridad como igualmente a todos los empleados
-nombrados desde el 19 de marzo último, y anunciaba su próxima salida
-para ir a encontrarse con su aliado el emperador de los franceses.
-Es digno de reparo que en aquella carta expresase Carlos IV haber
-protestado solemnemente el 19, cuando después dató su protesta del
-21, cuya fecha ya antes advertimos envolvía contradicción con cartas
-posteriores escritas por el mismo monarca. Prueba notable y nueva de
-la precipitación conque en todo se procedió, y del poco concierto que
-entre sí tuvieron los que arreglaron aquel negocio; puesto que fuera
-la protesta extendida en el día de la abdicación o fuéralo después,
-siendo Carlos IV y sus confidentes los dueños y únicos sabedores
-de su secreto, hubieran por lo menos debido coordinar unas fechas
-cuya contradicción había de desautorizar acto de tanta importancia,
-mayormente cuando la legitimidad o fuerza de la protesta no dimanaba
-de que se hubiese realizado el 19, el 21 o el 23, sino de la falta de
-libre voluntad conque aseguraban ellos había sido dada la abdicación.
-Respecto de lo cual como se había verificado en medio de conmociones y
-bullicios populares, solo Carlos IV era el único y competente juez, y
-no habiendo variado su situación en los tres días sucesivos a punto que
-pudiera atribuirse su silencio a completa conformidad, siempre estaba
-en el caso de alegar fundadamente que cercado de los mismos riesgos
-no había osado extender por escrito un acto que descubierto hubiera
-sobremanera comprometido su persona y la de su esposa. En nada de eso
-pensaron; creyeron de más al parecer detenerse en cosas que imaginaron
-leves, bastándoles la protesta para sus premeditados fines. Carlos
-IV después de haber remitido igual acto a Napoleón, en compañía de
-la reina y de la hija del príncipe de la Paz se puso en camino para
-Bayona el día 25 de abril, escoltado por tropas francesas y carabineros
-reales, los mismos que le habían hecho la guardia en el Escorial. Fácil
-es figurarse cuán atribulados debieron quedar el infante y la junta
-con novedades que oscurecían y encapotaban más y más el horizonte
-político.
-
-[Marginal: Inquietud en Madrid.]
-
-La salida de Godoy, las conferencias de Murat con los reyes padres,
-la arrogancia y modo de explicarse de gran parte de los oficiales
-franceses y de su tropa, aumentaban la irritación de los ánimos, y a
-cada paso corría riesgo de alterarse la tranquilidad pública de Madrid
-y de los pueblos que ocupaban los extranjeros. Un incidente agravó
-en la capital estado tan crítico. Murat había ofrecido a la junta
-guardar reservada la protesta de Carlos IV, pero a pesar de su promesa
-no tardó en faltar a ella, o por indiscreción propia, o por el mal
-entendido celo de sus subalternos. El día 20 de abril se presentó al
-consejo el impresor Eusebio Álvarez de la Torre para avisarle que dos
-agentes franceses habían estado en su casa con el objeto de imprimir
-una proclama de Carlos IV. Ya había corrido la voz por el pueblo, y en
-la tarde hubiera habido una grande conmoción, si el consejo de antemano
-no hubiese enviado al alcalde de casa y corte Don Andrés Romero, quien
-sorprendió a los dos franceses Funiel y Ribat con las pruebas de la
-proclama. Quiso el juez arrestarlos, mas ni consintieron ellos en ir
-voluntariamente, ni en declarar cosa alguna sin orden previa de su jefe
-el general Grouchy, gobernador francés de Madrid. Impaciente el pueblo
-se agolpó a la imprenta, y temiendo el alcalde que al sacarlos fuesen
-dichos franceses víctimas del furor popular, los dejó allí arrestados
-hasta la determinación del consejo, el cual no osando tomar sobre sí la
-resolución, acudió a la junta que, no queriendo tampoco comprometerse,
-dispuso ponerlos en libertad, exigiendo solamente de Murat nueva
-promesa de que en adelante no se repetirían iguales tentativas. Tan
-débiles e irresolutas andaban las dos autoridades, en quienes se
-libraba entonces la suerte y el honor nacional. La libertad de Godoy
-y el caso sucedido en la imprenta, al parecer poco importante, fueron
-acontecimientos que muy particularmente indispusieron el espíritu
-público contra los franceses. En el último claramente aparecía el
-deseo de reponer en el trono a Carlos IV, y renovar así las crueles y
-recientes llagas del anterior reinado; y con el primero se arrancaba
-de manos de la justicia y se daba suelta al objeto odiado de la nación
-entera.
-
-[Marginal: Alboroto en Toledo.]
-
-No se circunscribía a Madrid la pública inquietud. En Toledo el día
-21 de abril se turbó también la tranquilidad por la imprudencia del
-ayudante general Marcial Tomás, que había salido enviado a aquella
-ciudad con el objeto de disponer alojamientos para la tropa francesa.
-Explicábase sin rebozo contra el ensalzamiento de Fernando VII,
-afirmando que Napoleón había decidido restablecer en el trono a Carlos
-IV. Esparcidos por el vecindario semejantes rumores, se amotinó el
-pueblo agavillándose en la plaza de Zocodover, y paseando armado por
-las calles el retrato de Fernando, a quien todos tenían que saludar o
-acatar, fueran franceses o españoles. La casa del corregidor Don José
-Joaquín de Santa María, y las de los particulares Don Pedro Segundo
-y Don Luis del Castillo fueron acometidas y públicamente quemados
-sus muebles y efectos, achacándose a estos sujetos afecto al valido
-y a Carlos IV: crimen entonces muy grave en la opinión popular. Duró
-el tumulto dos días. Le apaciguó el cabildo y la llegada del general
-Dupont, quien con la suficiente fuerza pasó el 26 de Aranjuez a aquella
-ciudad. [Marginal: En Burgos.] Iguales ruidos y alborotos hubo en
-Burgos por aquellos días de resultas de haber detenido los franceses
-a un correo español. El intendente marqués de la Granja estuvo muy
-cerca de perecer a manos del populacho, y hubo con esta ocasión varios
-heridos.
-
-Apoyado en aquellos tumultos provocados por la imprudencia u osadía
-francesa, y seguro por otra parte de que Fernando había atravesado la
-frontera, [Marginal: Conducta altanera de Murat.] levantó Murat su
-imperioso y altanero tono, encareciendo agravios e importunando con
-sus peticiones. Guardaba con la junta, autoridad suprema de la nación,
-tan poco comedimiento que en ocasiones graves procedía sin contar con
-su anuencia. Así fue que queriendo Bonaparte congregar en Bayona una
-diputación de españoles, para que en tierra extraña tratase de asuntos
-interiores del reino, a manera de la que antes había reunido en León
-respecto de Italia; y habiendo Murat comunicado dicha resolución a la
-junta gubernativa a fin de que nombrase sujetos y arreglase el modo
-de convocación; al tiempo que esta en medio de sus angustias entraba
-en deliberación acerca de la materia, llegó a su noticia que el gran
-duque Murat había por sí escogido al intento ciertas personas, quienes
-rehusando pasar a Francia sin orden o pasaporte de su gobierno, le
-obligaron a dirigirse a la misma junta para obtenerlos. Diolos aquella,
-creciendo en debilidad a medida que el francés crecía en insolencia.
-
-[Marginal: Conducta de la junta y medidas que propone.]
-
-Más adelante volveremos a hablar de la reunión que se indicaba para
-Bayona. Ahora conviene que paremos nuestra atención en la conducta
-de la junta suprema, autoridad que quedó al frente de la nación y la
-gobernó hasta que grandes y gloriosos levantamientos limitaron su flaca
-dominación a Madrid y puntos ocupados por los franceses. A pesar de
-no haber sido su mando muy duradero varió en su composición, ya por
-el número de sujetos que después se le agregaron, ya por la mudanza y
-alteración sustancial que experimentó al entrar Murat a presidirla. Nos
-ceñiremos por de pronto al espacio de su gobernación, que comprende
-hasta los primeros días de mayo, en cuyo tiempo se componía de las
-personas antes indicadas bajo la presidencia del infante Don Antonio,
-asistiendo con frecuencia a sus sesiones el príncipe de Castel-Franco,
-el conde de Montarco y Don Arias Mon, gobernador del consejo. Se
-agregaron en 1.º de mayo por resolución de la misma junta todos los
-presidentes y decanos de los consejos, y se nombró por secretario
-al conde de Casa-Valencia. En su difícil y ardua posición hostigada
-de un lado por un jefe extranjero impetuoso y altivo, y reprimida
-de otro con las incertidumbres y contradicciones de los que habían
-acompañado al rey a Bayona, puede encontrar disculpa la flojedad
-y desmayo con que generalmente obró durante todos aquellos días.
-Hubiérase también achacado su indecisión al modo restricto con que
-Fernando la había autorizado a su partida, si Don Pedro Cevallos no
-nos hubiera dado a conocer que para acudir al remedio de aquel olvido
-o falta de previsión, se le había enviado a dicha junta desde Bayona
-una real orden para «que ejecutase cuanto convenía al servicio del rey
-y del reino, y que al efecto usase de todas las facultades que S. M.
-desplegaría si se hallase dentro de sus estados.» Parece ser que el
-decreto fue recibido por la junta, y en verdad que con él tenía ancho
-campo para proceder sin trabas ni miramiento. Sin embargo constante en
-su timidez e irresolución no se atrevió a tomar medida alguna vigorosa
-sin consultar de nuevo al rey. Fueron despachados con aquel objeto
-a Bayona Don Evaristo Pérez de Castro y Don José de Zayas: llegó el
-primero sin tropiezo a su destino; detúvose al segundo en la raya.
-Susurrose entonces que una persona bien enterada del itinerario del
-último lo había revelado para entorpecer su misión: no fue así con
-Pérez de Castro, quien encubrió a todos el camino o extraviada vereda
-que llevaba. La junta remitía por dichos comisionados cuatro preguntas
-acerca de las cuales pedía instrucciones. «1.ª Si convenía autorizar
-a la junta a sustituirse en caso necesario en otras personas, las que
-S. M. designase, para que se trasladasen a paraje en que pudiesen
-obrar con libertad, siempre que la junta llegase a carecer de ella.
-2.ª Si era la voluntad de S. M. que empezasen las hostilidades, el
-modo y tiempo de ponerlo en ejecución. 3.ª Si debía ya impedirse la
-entrada de nuevas tropas francesas en España, cerrando los pasos de la
-frontera. 4.ª Si S. M. juzgaba conducente que se convocasen las cortes,
-dirigiendo su real decreto al consejo, y en defecto de este [por ser
-posible que al llegar la respuesta de S. M. no estuviera ya en libertad
-de obrar] a cualquiera chancillería o audiencia del reino.»
-
-[Marginal: Creación de una junta que la sustituya.]
-
-Preguntas eran estas con que más bien daba indicio la junta de querer
-cubrir su propia responsabilidad, que de desear su aprobación. Con todo
-habiendo dentro de su seno individuos sumamente adictos al bien y honor
-de su patria, no pudieron menos de acordarse con oportunidad algunas
-resoluciones, que ejecutadas con vigor hubieran sin duda influido
-favorablemente en el giro de los negocios. Tal fue la de nombrar una
-junta que sustituyese a la de Madrid, llegado el caso de carecer esta
-de libertad. Propuso tan acertada providencia el firme y respetable Don
-Francisco Gil y Lemus, impelido y alentado por una reunión oculta de
-buenos patriotas que se congregaban en casa de su sobrino Don Felipe
-Gil Taboada. Fueron los nombrados para la nueva junta el conde de
-Ezpeleta, capitán general de Cataluña que debía presidirla, Don Gregorio
-García de la Cuesta, capitán general de Castilla la Vieja, el teniente
-general Don Antonio de Escaño, Don Gaspar Melchor de Jovellanos, y
-en su lugar, y hasta tanto que llegase de Mallorca, Don Juan Pérez
-Villamil, y Don Felipe Gil Taboada. El punto señalado para su reunión
-era Zaragoza, y el último de los nombrados salió para dicha ciudad
-en la mañana misma del aciago 2 de mayo, en compañía de Don Damián de
-la Santa que debía ser secretario. Luego veremos cómo se malogró la
-ejecución de tan oportuna medida.
-
-Los individuos que en la junta de Madrid propendían a no exponer a
-riesgo sus personas abrazando un activo y eficaz partido, se apoyaban
-en el mismo titubear de los ministros y consejeros de Bayona, quienes
-ni entre sí andaban acordes, ni sostenían con uniformidad y firmeza
-lo que una vez habían determinado. Hemos visto antes como Don Pedro
-Cevallos había expedido un decreto autorizando a la junta para que
-obrase sin restricción ni traba alguna; de lo que hubiéramos debido
-inferir cuán resuelto estaba a sobrellevar con fortaleza los males
-que de aquel decreto pudieran originarse a su persona y a los demás
-españoles que rodeaban al rey. Pues era tan al contrario, que el
-mismo Don Pedro envió a decir a la junta en 23 de abril por Don Justo
-Ibarnavarro oidor de Pamplona, que llegó a Madrid en la noche del
-29,[*] [Marginal: Llegada a Madrid de Don Justo Ibarnavarro. (* Ap.
-n. 2-19.)] «que no se hiciese novedad en la conducta tenida con los
-franceses para evitar funestas consecuencias contra el rey, y cuantos
-españoles [porque no se olvidaban] acompañaban a S. M.» El mencionado
-oidor, después de contar lo que pasaba en Bayona, también anunció de
-parte de S. M. «que estaba resuelto a perder primero la vida que a
-acceder a una inicua renuncia... y que con esta seguridad procediese la
-junta»; aserción algún tanto incompatible con el encargo de Don Pedro
-Cevallos. Siendo tan grande la vacilación de todos, siendo tantas y
-tan frecuentes sus contradicciones, fue más fácil que después cada
-uno descargase su propia responsabilidad, echándose recíprocamente la
-culpa. Por consiguiente si en este primer tiempo procedió la junta de
-Madrid con duda y perplejidad, las circunstancias eran harto graves
-para que no sea disimulable su indecisa y a veces débil conducta,
-examinándola a la luz de la rigurosa imparcialidad.
-
-[Marginal: Posición de los franceses en Madrid.]
-
-La fuerte y hostil posición de los franceses era también para
-desalentar al hombre más brioso y arrojado. Tenían en Madrid y
-sus alrededores 25.000 hombres, ocupando el Retiro con numerosa
-artillería. Dentro de la capital estaba la guardia imperial de a pie
-y de a caballo con una división de infantería mandada por el general
-Musnier, y una brigada de caballería. Las otras divisiones del cuerpo
-de observación de las costas del océano a las órdenes del mariscal
-Moncey, se hallaban acantonadas en Fuencarral, Chamartín, convento
-de San Bernardino, Pozuelo y la casa de Campo. En Aranjuez, Toledo
-y el Escorial había divisiones del cuerpo de Dupont, de suerte que
-Madrid estaba ocupado y circundado por el ejército extranjero, al
-paso que la guarnición española constaba de poco más de 3000 hombres,
-habiéndose insensiblemente disminuido desde los acontecimientos de
-marzo. Mas el vecindario, en lugar de contener y reprimir su disgusto,
-le manifestaba cada día más a cara descubierta y sin poner ya límites
-a su descontento. Eran extraordinarias la impaciencia y la agitación,
-y ora delante de la imprenta real para aguardar la publicación de una
-gaceta, ora delante de la casa de correos para saber noticias, se veían
-constantemente grupos de gente de todas clases. Los empleados dejaban
-sus oficinas, los operarios sus talleres, y hasta el delicado sexo sus
-caseras ocupaciones para acudir a la Puerta del Sol y sus avenidas,
-ansiosos de satisfacer su noble curiosidad: interés loable y señalado
-indicio de que el fuego patrio no se había aún extinguido en los pechos
-españoles.
-
-[Marginal: Revistas de Murat.]
-
-Murat por su parte no omitía ocasión de ostentar su fuerza y sus
-recursos para infundir pavor en el ánimo de la desasosegada multitud.
-Todos los domingos pasaba revista de sus tropas en el paseo del Prado,
-después de haber oído misa en el convento de Carmelitas descalzos,
-calle de Alcalá. La demostración religiosa acompañada de la estrepitosa
-reseña, lejos de conciliar los ánimos o de arredrarlos, los llenaba de
-enfado y enojo. No se creía en la sinceridad de la primera tachándola
-de impío fingimiento, y se veía en la segunda el deliberado propósito
-de insultar y de atemorizar con estudiada apariencia a los pacíficos,
-si bien ofendidos moradores. De una y otra parte fue creciendo la
-irritación siendo por ambas extremada. El español tenía a vilipendio el
-orgullo y desprecio con que se presentaba el extranjero, y el soldado
-francés temeroso de una oculta trama anhelaba por salir de su situación
-penosa, vengándose de los desaires que con frecuencia recibía. A tal
-punto había llegado la agitación y la cólera, que al volver Murat el
-domingo 1.º de mayo de su acostumbrada revista, y a su paso por la
-Puerta del Sol fue escarnecido y silbado con escándalo de su comitiva
-por el numeroso pueblo que allí a la sazón se encontraba. Semejante
-estado de cosas era demasiado violento para que se prolongase, sin
-haber de ambas partes un abierto y declarado rompimiento. Solo faltaba
-oportuna ocasión, la cual desgraciadamente se ofreció muy luego.
-
-[Marginal: Pide la salida para Francia del infante Don Francisco y
-reina de Etruria.]
-
-El 30 de abril presentó Murat una carta de Carlos IV para que la reina
-de Etruria y el infante Don Francisco pasasen a Bayona. Se opuso
-la junta a la partida del infante, dejando a la reina que obrase
-según su deseo. Reiteró Murat el 1.º de mayo la demanda acerca del
-infante, tomando a su cuidado evitar a la junta cualquiera desazón
-o responsabilidad. Tratose largamente en ella si se había o no de
-acceder: los pareceres anduvieron muy divididos, y hubo quien propuso
-resistir con la fuerza. Consultose acerca del punto con Don Gonzalo
-Ofárril como ministro de la guerra, quien trazó un cuadro en tal
-manera triste, si bien cierto, de la situación de Madrid apreciada
-militarmente, que no solo arrastró a su opinión la de la mayoría,
-sino que también se convino en contener con las fuerzas nacionales
-cualquiera movimiento del pueblo. Hasta ahora la junta había sido débil
-e indecisa: en adelante menos atenta a sus sagrados deberes irá poco
-a poco uniéndose y estrechándose con el orgulloso invasor. Resuelto
-pues el viaje de la reina de Etruria conforme a su libre voluntad, y el
-del infante Don Francisco por consentimiento de la junta, se señaló la
-mañana siguiente para su partida.
-
-[Marginal: 2 de mayo.]
-
-Amaneció en fin el 2 de mayo, día de amarga recordación, de luto y
-desconsuelo, cuya dolorosa imagen nunca se borrará de nuestro afligido
-y contristado pecho. Un présago e inexplicable desasosiego pronosticaba
-tan aciago acontecimiento, o ya por aquel presentir oscuro que a veces
-antecede a las grandes tribulaciones de nuestra alma, o ya más bien por
-la esparcida voz de la próxima partida de los infantes. Esta voz y la
-suma inquietud excitada por la falta de dos correos de Francia, habían
-llamado desde muy temprano a la plazuela de palacio numeroso concurso
-de hombres y mujeres del pueblo. Al dar las nueve subió en un coche con
-sus hijos la reina de Etruria, mirada más bien como princesa extranjera
-que como propia, y muy desamada por su continuo y secreto trato con
-Murat: partió sin oponérsele resistencia. Quedaban todavía dos coches,
-y al instante corrió por la multitud que estaban destinados al viaje
-de los dos infantes Don Antonio y Don Francisco. Por instantes crecía
-el enojo y la ira, cuando al oír de la boca de los criados de palacio
-que el niño Don Francisco lloraba y no quería partir, se enternecieron
-todos, y las mujeres prorrumpieron en lamentos y sentidos sollozos.
-En este estado y alterados más y más los ánimos, llegó a palacio el
-ayudante de Murat Mr. Augusto Lagrange encargado de ver lo que allí
-pasaba, y de saber si la inquietud popular ofrecía fundados temores de
-alguna conmoción grave. Al ver al ayudante, conocido como tal por su
-particular uniforme, nada grato a los ojos del pueblo, se persuadió
-este que era venido allí para sacar por fuerza a los infantes.
-Siguiose un general susurro, y al grito de una mujerzuela: _que nos
-los llevan_, fue embestido Mr. Lagrange por todas partes, y hubiera
-perecido a no haberle escudado con su cuerpo el oficial de valonas
-Don Miguel Desmaisieres y Flórez; mas subiendo de punto la gritería y
-ciegos todos de rabia y desesperación, ambos iban a ser atropellados
-y muertos si afortunadamente no hubiera llegado a tiempo una patrulla
-francesa que los libró del furor de la embravecida plebe. Murat
-prontamente informado de lo que pasaba envió sin tardanza un batallón
-con dos piezas de artillería: la proximidad a palacio de su alojamiento
-facilitaba la breve ejecución de su orden. La tropa francesa llegada
-que fue al paraje de la reunión popular, en vez de contener el alboroto
-en su origen, sin previo aviso ni determinación anterior, hizo una
-descarga sobre los indefensos corrillos, causando así una general
-dispersión, y con ella un levantamiento en toda la capital, porque
-derramándose con celeridad hasta por los más distantes barrios los
-prófugos de palacio, cundió con ellos el terror y el miedo, y en un
-instante y como por encanto se sublevó la población entera.
-
-Acudieron todos a buscar armas, y con ansia a falta de buenas se
-aprovechaban de las más arrinconadas y enmohecidas. Los franceses
-fueron impetuosamente acometidos por doquiera que se les encontraba.
-Respetáronse en general los que estaban dentro de las casas o iban
-desarmados, y con vigor se ensañaron contra los que intentaban juntarse
-con sus cuerpos o hacían fuego. Los hubo que arrojando las armas e
-implorando clemencia se salvaron, y fueron custodiados en paraje
-seguro. ¡Admirable generosidad en medio de tan ciego y justo furor! El
-gentío era inmenso en la calle Mayor, de Alcalá, de la Montera y de
-las Carretas. Durante algún tiempo los franceses desaparecieron, y los
-inexpertos madrileños creyeron haber alcanzado y asegurado su triunfo;
-pero desgraciadamente fue de corta duración su alegría.
-
-Los extranjeros prevenidos de antemano, y estando siempre en
-vela, recelosos por la pública agitación de una populosa ciudad,
-apresuradamente se abalanzaron por las calles de Alcalá y carrera
-de San Jerónimo barriéndola con su artillería, y arrollando a la
-multitud la caballería de la guardia imperial a las órdenes del jefe
-de escuadron Daumesnil. Señaláronse en crueldad los lanceros polacos
-y los mamelucos, los que conforme a las órdenes de los generales de
-brigada Guillot y Daubray forzaron las puertas de algunas casas, o ya
-porque desde dentro hubiesen tirado, o ya porque así lo fingieron para
-entrarlas a saco y matar a cuantos se les presentaban. Así asaltando
-entre otras la casa del duque de Híjar en la carrera de San Jerónimo
-arcabucearon delante de sus puertas al anciano portero. Estuvieron
-también próximos a experimentar igual suerte el marqués de Villamejor
-y el conde de Talara, aunque no habían tomado parte en la sublevación.
-Salváronlos sus alojados. El pueblo combatido por todas partes fue
-rechazado y disperso, y solo unos cuantos siguieron defendiéndose
-y aun atacaron con sobresaliente bizarría. Entre ellos los hubo
-que vendiendo caras sus vidas se arrojaron en medio de las filas
-francesas hiriendo y matando hasta dar el postrer aliento: hubo otros
-que parapetándose en las esquinas de las calles iban de una en otra
-haciendo continuado y mortífero fuego: algunos también en vez de huir
-aguardaban a pie firme, o asestaban su último y furibundo golpe contra
-el jefe u oficial conocido por sus insignias. ¡Estériles esfuerzos de
-valor y personal denuedo!
-
-La tropa española permanecía en sus cuarteles por orden de la junta
-y del capitán general Don Francisco Javier Negrete, furiosa y
-encolerizada, mas retenida por la disciplina. Entretanto paisanos
-sin resguardo ni apoyo se precipitaron al parque de artillería, en
-el barrio de las Maravillas, para sacar los cañones y resistir con
-más ventaja. Los artilleros andaban dudosos en tomar o no parte con
-el pueblo, a la misma sazón que cundió la voz de haber sido atacado
-por los franceses uno de los otros cuarteles. Decididos entonces y
-puestos al frente Don Pedro Velarde y D. Luis Daoiz abrieron las
-puertas del parque, sacaron tres cañones y se dispusieron a rechazar al
-enemigo, sostenidos por los paisanos y un piquete de infantería a las
-órdenes del oficial Ruiz. Al principio se cogieron prisioneros algunos
-franceses, pero poco después una columna de estos de los acantonados en
-el convento de San Bernardino se avanzó mandada por el general Lefranc,
-trabándose de ambos lados una porfiada refriega. El parque se defendió
-valerosamente, menudearon las descargas, y allí quedaron tendidos
-número crecido de enemigos. De nuestra parte perecieron bastantes
-soldados y paisanos: el oficial Ruiz fue desde el principio gravemente
-herido. Don Pedro Velarde feneció atravesado de un balazo: y escaseando
-ya los medios de defensa con la muerte de muchos, y aproximándose
-denodadamente los franceses a la bayoneta, comenzaron los nuestros a
-desalentar y quisieron rendirse. Pero cuando se creía que los enemigos
-iban a admitir la capitulación se arrojaron sobre las piezas, mataron
-a algunos, y entre ellos traspasaron desapiadadamente a bayonetazos a
-Don Luis Daoiz, herido antes en un muslo. Así terminaron su carrera los
-ilustres y beneméritos oficiales Daoiz y Velarde: honra y gloria de
-España, dechado de patriotismo, servirán de ejemplo a los amantes de
-la independencia y libertad nacional. El reencuentro del parque fue el
-que costó más sangre a los franceses, y en donde hubo resistencia más
-ordenada.
-
-Entretanto la débil junta azorada y sorprendida pensó en buscar
-remedio a tamaño mal. Ofárril y Azanza habiendo recorrido inútilmente
-los alrededores de palacio, y no siendo escuchados de los franceses,
-montaron a caballo y fueron a encontrarse con Murat, quien desde el
-principio de la sublevación para estar más desembarazado y más a mano
-de dar órdenes, ya a las tropas de afuera, ya a las de adentro, se
-colocó con el mariscal Moncey y principales generales fuera de puertas
-en lo alto de la cuesta de San Vicente. Llegaron allí los comisionados
-de la junta, y dijeron al gran duque que si mandaba suspender el
-fuego y les daba para acompañarlos uno de sus generales se ofrecían
-a restablecer la tranquilidad. Accedió Murat y nombró al efecto al
-general Harispe. Juntos los tres pasaron a los consejos, y asistidos
-de individuos de todos ellos se distribuyeron por calles y plazas, y
-recorriendo las principales alcanzaron que la multitud se aplacase
-con oferta de olvido de lo pasado y reconciliación general. En aquel
-paseo se salvó la vida a varios desgraciados, y señaladamente a algunos
-traficantes catalanes a ruego de Don Gonzalo Ofárril.
-
-Retirados los españoles, todas las bocacalles y puntos importantes
-fueron ocupados por los franceses, situando particularmente en las
-encrucijadas cañones con mecha encendida.
-
-Aunque sumidos todos en dolor profundo, se respiraba algún tanto con
-la consoladora idea de que por lo menos haría pausa la desolación y la
-muerte. ¡Engañosa esperanza! A las tres de la tarde una voz lúgubre
-y espantosa empezó a correr con la celeridad del rayo. Afirmábase
-que españoles tranquilos habían sido cogidos por los franceses y
-arcabuceados junto a la fuente de la Puerta del Sol y la iglesia de la
-Soledad, manchando con su inocente sangre las gradas del templo. Apenas
-se daba crédito a tamaña atrocidad, y conceptuábanse falsos rumores
-de ilusos y acalorados patriotas. Bien pronto llegó el desengaño.
-En efecto, los franceses después de estar todo tranquilo habían
-comenzado a prender a muchos españoles, que en virtud de las promesas
-creyeron poder acudir libremente a sus ocupaciones. Prendiéronlos
-con pretexto de que llevaban armas: muchos no las tenían, a otros
-solo acompañaba o una navaja o unas tijeras de su uso. Algunos fueron
-arcabuceados sin dilación, otros quedaron depositados en la casa de
-correos y en los cuarteles. Las autoridades españolas fiadas en el
-convenio concluido con los jefes franceses, descansaban en el puntual
-cumplimiento de lo pactado. Por desgracia fuimos de los primeros a
-ser testigos de su ciega confianza. Llevados a casa de Don Arias Mon
-gobernador del consejo con deseo de librar la vida a Don Antonio
-Oviedo, quien sin motivo había sido preso al cruzar de una calle, nos
-encontramos con que el venerable anciano, rendido al cansancio de la
-fatigosa mañana, dormía sosegadamente la siesta. Enlazados con él por
-relaciones de paisanaje y parentesco, conseguimos que se le despertase,
-y con dificultad pudimos persuadirle de la verdad de lo que pasaba,
-respondiendo a todo que una persona como el gran duque de Berg no
-podía descaradamente faltar a su palabra... ¡tanto repugnaba el falso
-proceder a su acendrada probidad! Cerciorado al fin, procuró aquel
-digno magistrado reparar por su parte el grave daño, dándonos también
-a nosotros en propia mano la orden para que se pusiese en libertad a
-nuestro amigo. Sus laudables esfuerzos fueron inútiles, y en balde
-fueron nuestros pasos en favor de Don Antonio Oviedo. A duras penas
-penetrando por las filas enemigas con bastante peligro, de que nos
-salvó el hablar la lengua francesa, llegamos a la casa de correos donde
-mandaba por los españoles el general Sesti. Le presentamos la orden del
-gobernador, y friamente nos contestó que para evitar las continuadas
-reclamaciones de los franceses, les había entregado todos sus presos
-y puéstolos en sus manos: así aquel italiano al servicio de España
-retribuyó a su adoptiva patria los grados y mercedes con que le había
-honrado. En dicha casa de correos se había juntado una comisión militar
-francesa con apariencias de tribunal; mas por lo común sin ver a los
-supuestos reos, sin oírles descargo alguno ni defensa los enviaba en
-pelotones unos en pos de otros para que pereciesen en el Retiro o en
-el Prado. Muchos llegaban al lugar de su horroroso suplicio ignorantes
-de su suerte; y atados de dos en dos, tirando los soldados franceses
-sobre el montón, caían o muertos o mal heridos, pasando a enterrarlos
-cuando todavía algunos palpitaban. Aguardaron a que pasase el día
-para aumentar el horror de la trágica escena. Al cabo de veinte años
-nuestros cabellos se erizan todavía al recordar la triste y silenciosa
-noche, solo interrumpida por los lastimeros ayes de las desgraciadas
-víctimas y por el ruido de los fusilazos y del cañón que de cuando
-en cuando y a lo lejos se oía y resonaba. Recogidos los madrileños a
-sus hogares lloraban la cruel suerte que había cabido o amenazaba al
-pariente, al deudo o al amigo. Nosotros nos lamentábamos de la suerte
-del desventurado Oviedo, cuya libertad no habíamos logrado conseguir,
-a la misma sazón que pálido y despavorido le vimos impensadamente
-entrar por las puertas de la casa en donde estábamos. Acababa de deber
-la vida a la generosidad de un oficial francés movido de sus ruegos y
-de su inocencia, expresados en la lengua extraña con la persuasiva
-elocuencia que le daba su crítica situación. Atado ya en un patio del
-Retiro, estando para ser arcabuceado le soltó, y aun no había salido
-Oviedo del recinto del palacio cuando oyó los tiros que terminaron la
-larga y horrorosa agonía de sus compañeros de infortunio.[*] [Marginal:
-(* Ap. n. 2-21.)] Me he atrevido a entretejer con la relación general
-un hecho que si bien particular, da una idea clara y verdadera del
-modo bárbaro y cruel con que perecieron muchos españoles, entre los
-cuales había sacerdotes, ancianos y otras personas respetables. No
-satisfechos los invasores con la sangre derramada por la noche,
-continuaron todavía en la mañana siguiente pasando por las armas a
-algunos de los arrestados la víspera, para cuya ejecución destinaron
-el cercado de la casa del príncipe Pío. Con aquel sangriento suceso se
-dio correspondiente remate a la empresa comenzada el 2 de mayo, día que
-cubrirá eternamente de baldón al caudillo del ejército francés, que
-friamente mandó asesinar, atraillados sin juicio ni defensa a inocentes
-y pacíficos individuos. Lejos estaba entonces de prever el orgulloso y
-arrogante Murat que años después cogido, sorprendido y casi atraillado
-también a la manera de los españoles del 2 de mayo, sería arcabuceado
-sin detenidas formas y a pesar de sus reclamaciones, ofreciendo en su
-persona un señalado escarmiento a los que ostentan hollar impunemente
-los derechos sagrados de la justicia y de la humanidad.
-
-Difícil sería calcular ahora con puntualidad la pérdida que hubo por
-ambas partes. El consejo interesado en disminuirla la rebajó a unos
-200 hombres del pueblo. Murat aumentando la de los españoles redujo
-la suya acortándola el Monitor a unos 80 entre muertos y heridos. Las
-dos relaciones debieron ser inexactas por la sazón en que se hicieron
-y el diverso interés que a todos ellos movía. Según lo que vimos y
-atendiendo a lo que hemos consultado después y al número de heridos
-que entraron en los hospitales, creemos que aproximadamente puede
-computarse la pérdida de unos y otros en 1200 hombres.
-
-Calificaron los españoles el acontecimiento del 2 de mayo de trama
-urdida por los franceses, y no faltaron algunos de estos que se
-imaginaron haber sido una conspiración preparada de antemano por
-aquellos: suposiciones falsas y desnudas ambas de sólido fundamento.
-Mas, desechando los rumores de entonces, nos inclinamos sí a que
-Murat celebró la ocasión que se le presentaba y no la desaprovechó,
-jactándose como después lo hizo de haber humillado con un recio
-escarmiento la fiereza castellana. Bien pronto vio cuán equivocado
-era su precipitado juicio. Aquel día fue el origen del levantamiento
-de España contra los franceses, contribuyendo a ello en gran manera
-el concurso de forasteros que había en la capital con motivo del
-advenimiento al trono de Fernando VII. Asustados estos y horrorizados,
-volvieron a sus casas difundiendo por todas las provincias la infausta
-nueva y excitando el odio y la abominación contra el cruel y fementido
-extranjero.
-
-[Marginal: Día 3.]
-
-Profunda tristeza y abatimiento señalaron el día 3. Las tiendas y
-las casas cerradas, las calles solitarias y recorridas solamente
-por patrullas francesas ofrecían el aspecto de una ciudad desierta
-y abandonada. Murat mandó fijar en las esquinas una proclama [*]
-[Marginal: (* Ap. n. 2-20.)] digna de Atila, respirando sangre y
-amenazas, con lo que la indignación, si bien reconcentrada entonces,
-tomó cada vez mayor incremento y braveza.
-
-[Marginal: Salida de los infantes para Francia el 3 y el 4.]
-
-Aterrado así el pueblo de Madrid, se fue adelante en el propósito de
-trasladar a Francia toda la real familia, y el mismo día 3 salió para
-Bayona el infante Don Francisco. No se había pasado aquella noche sin
-que el conde de Laforest y Mr. Freville indicasen en una conferencia
-secreta al infante Don Antonio la conveniencia y necesidad de que
-fuese a reunirse con los demás individuos de su familia, para que en
-presencia de todos se tomasen de acuerdo con el emperador las medidas
-convenientes al arreglo de los negocios de España. Condescendió el
-infante consternado con los sucesos precedentes, y señaló para su
-partida la madrugada del 4, habiéndose tomado un coche de viaje de la
-duquesa viuda de Osuna, a fin de que caminase más disimuladamente.
-Dirigió antes de su salida un papel o decreto [no sabemos qué nombre
-darle] a Don Francisco Gil y Lemus como vocal más antiguo de la junta y
-persona de su particular confianza. Aunque temamos faltar a la gravedad
-de la historia, lo curioso del papel así en la sustancia como en la
-forma exige que le insertemos aquí literalmente. «Al señor Gil. — A
-la junta para su gobierno la pongo en su noticia como me he marchado
-a Bayona de orden del rey, y digo a dicha junta que ella sigue en
-los mismos términos como si yo estuviese en ella. — Dios nos la dé
-buena. — A Dios, señores, hasta el valle de Josafat. — Antonio
-Pascual.» Basta esta carta del buen infante Don Antonio Pascual para
-conjeturar cuán superior era a sus fuerzas la pesada carga que le
-había encomendado su sobrino. Había sido siempre reputado por hombre
-de partes poco aventajadas, y en los breves días de su presidencia no
-ganó ni en concepto ni en estimación. La reina María Luisa le graduaba
-en sus cartas de hombre de muy _poco talento y luces_, agregábale
-además la calidad de _cruel_. El juicio de la reina en su primera
-parte era conforme a la opinión general; pero en lo de _cruel_, a
-haberse entonces sabido, se hubiera atribuido a injusta calificación
-de enemistad personal. Por desgracia la saña con que aquel infante
-se expresó el año de 1814 contra todos los perseguidos y proscritos,
-confirmó triste y sobradamente la justicia e imparcialidad con que
-la reina había bosquejado su carácter. Aquí acabó por decirlo así la
-primera época de la junta de gobierno, hasta cuyo tiempo si bien se
-echa de menos energía y la conveniente previsión, falta disculpable
-en tan delicada crisis, no se nota en su conducta connivencia ni
-reprensibles tratos con el invasor extranjero. En adelante su modo de
-proceder fue variando y enturbiándose más y más. Pero ya es tiempo de
-que volvamos los ojos a las escenas no menos lamentables que al mismo
-tiempo se representaban en Bayona.
-
-[Marginal: Llega Napoleón a Bayona.]
-
-Napoleón al día siguiente de su llegada el 16 de abril, dio
-audiencia en aquella ciudad a una diputación de portugueses enviada
-para cumplimentarle, y les ofreció conservar su independencia, no
-desmembrando parte alguna de su territorio ni agregándolos tampoco a
-España. No pudo verle el infante Don Carlos por hallarse indispuesto;
-mas Napoleón pasó a visitar en persona a Fernando una hora después
-de su arribo, el que se verificó como hemos dicho el día 20. El
-recién llegado bajó a recibirle a la puerta de la calle, en donde
-habiéndose estrechamente abrazado estuvieron juntos corto rato, y
-solamente se tocaron en la conversación puntos indiferentes. Fernando
-fue convidado a comer para aquella misma tarde con el emperador, y a
-la hora señalada yendo en carruajes imperiales con su comitiva, fue
-conducido al palacio de Marracq donde Napoleón residía. Saliole este a
-recibir hasta el estribo del coche, etiqueta solo usada con las testas
-coronadas. En la mesa evitó tratarle como príncipe o como rey. Acabada
-la comida permanecieron poco tiempo juntos, y se despidieron quedando
-los españoles muy contentos del agasajo con que habían sido tratados,
-y renaciendo en ellos la esperanza de que todo iba a componerse bien
-y satisfactoriamente. Vuelto Fernando a su posada entró en ella muy
-luego el general Savary con el inesperado mensaje de que el emperador
-había resuelto irrevocablemente derribar del trono la estirpe de los
-Borbones, sustituyendo la suya, [Marginal: Se anuncia a Fernando
-que renuncie.] y que por consiguiente S. M. I. exigía que el rey en
-su nombre y en el de toda su familia renunciase la corona de España
-e Indias en favor de la dinastía de Bonaparte. No se sabe si debe
-sorprender más la resolución en sí misma y el tiempo y ocasión de
-anunciarla, o la serenidad del mensajero encargado de dar la noticia.
-No habían transcurrido aun cinco días desde que el general Savary había
-respondido con su cabeza de que el emperador reconocería al príncipe
-de Asturias por rey si hiciese la demostración amistosa de pasar a
-Bayona; y el mismo general encargábase ahora no ya de poner dudas o
-condiciones a aquel reconocimiento, sino de intimar al príncipe y a
-su familia el despojo absoluto del trono heredado de sus abuelos.
-¡Inaudita audacia! Aguardar también para notificar la terrible decisión
-de Napoleón el momento en que acababa de darse a los príncipes de
-España pruebas de un bueno y amistoso hospedaje, fue verdaderamente
-rasgo de inútil y exquisita inhumanidad, apenas creíble a no habérnoslo
-trasmitido testigos oculares. Los héroes del político florentino César
-Borja y Oliveretto di Fermo en sus crueldades y excesos parecidos en
-gran manera a este de Napoleón, hallaban por lo menos cierta disculpa
-en su propia debilidad y en ser aquella la senda por donde caminaban
-los príncipes y estados de su tiempo. Mas el hombre colocado al frente
-de una nación grande y poderosa, y en un siglo de costumbres más suaves
-nunca podrá justificar o paliar siquiera ni su aleve resolución, ni el
-modo odioso e inoportuno de comunicarla.
-
-[Marginal: Conferencias de Escóiquiz y Cevallos.]
-
-Después del intempestivo y desconsolador anuncio, tuvieron acerca
-del asunto Don Pedro Cevallos y Don Juan Escóiquiz importantes
-conferencias. Comenzó la de Cevallos con el ministro Champagny, y
-cuando sostenía aquel con tesón y dignidad los derechos de su príncipe,
-en medio de la discusión presentose el emperador, y mandó a ambos
-entrar en su despacho, en donde enojado con lo que a Cevallos le había
-oído, pues detrás de una puerta había estado escuchando, le apellidó
-_traidor_, por desempeñar cerca de Fernando el mismo destino de que
-había disfrutado bajo Carlos IV. Añadidos otros denuestos, se serenó
-al fin y concluyó con decir que «tenía una política peculiar suya; que
-debía [Cevallos] adoptar ideas más francas, ser menos delicado sobre
-el pundonor y no sacrificar la prosperidad de España al interés de la
-familia de Borbón.»
-
-La primera conferencia de Escóiquiz fue desde luego con Napoleón mismo,
-quien le trató con más dulzura y benignidad que a Cevallos, merced
-probablemente a los elogios que el canónigo le prodigó con larga
-mano. La conversación tenida entre ambos nos ha sido conservada por
-Escóiquiz, y aunque dueño este de modificarla en ventaja suya, lleva
-visos de verídica y exacta, así por lo que Bonaparte dice, como también
-por aparecer en ella el bueno de Escóiquiz en su original y perpetua
-simplicidad. El emperador francés poco atento a floreos y estudiadas
-frases, insistió con ahínco en la violencia con que a Carlos IV se le
-había arrancado su renuncia, siendo el punto que principalmente le
-interesaba. No por eso dejó Escóiquiz de seguir perorando largamente;
-pero su _cicerónica arenga_, como por mofa la intitulaba Napoleón,
-no conmovió el imperial ánimo de este, que terminó la conferencia con
-autorizar a Escóiquiz para que en nombre suyo ofreciese a Fernando el
-reino de Etruria en cambio de la corona de España; en cuya propuesta
-quería dar al príncipe una prueba de su estimación, prometiendo además
-casarle con una princesa de su familia. Después de lo cual y de tirarle
-amistosa si bien fuertemente de las orejas, según el propio relato del
-canónigo, dio fin a la conversación el emperador francés.
-
-Apresuradamente volvió a la posada del rey Fernando Don Juan Escóiquiz,
-a quien todos aguardaban con ansia. Comunicó la nueva propuesta de
-Napoleón, y se juntó el consejo de los que acompañaban al rey para
-discutirla. En él los más de los asistentes, a pesar de los repetidos
-desengaños, solo veían en las nuevas proposiciones el deseo de pedir
-mucho para alcanzar algo, y todos a excepción de Escóiquiz votaron por
-desechar la propuesta del reino de Etruria. Cierto que si por una parte
-horroriza la pérfida conducta de Napoleón, por otra causa lástima y
-despecho el constante desvarío de los consejeros de Fernando y aquel
-continuado esperar en quien solo había dado muestras de mala voluntad.
-La opinión de Escóiquiz fue aún menos disculpable; la de los otros
-consejeros se fundaba en un juicio equivocado, pero la del último no
-solo le deshonraba como español queriendo que se trocase el vasto y
-poderoso trono de su patria por otro pequeño y limitado, no solo daba
-indicio de mísera y personal ambición, sino que también probaba de
-nuevo imprevisión incurable en imaginarse que Bonaparte respetaría más
-al nuevo rey de Etruria que lo que había respetado al antiguo y a los
-que eran legítimamente príncipes de España.
-
-Continuaron las conferencias habiendo sustituido a Cevallos Don Pedro
-Labrador, y entendiéndose con Escóiquiz Mr. de Pradt, obispo de
-Poitiers. Labrador rompió desde luego sus negociaciones con Mr. de
-Champagny: los otros prosiguieron sin resultado alguno su recíproco
-trato y explicaciones. Daba ocasión a muchas de estas conferencias la
-vacilación misma de Napoleón, quien deseaba que Fernando renunciase
-sus derechos, sin tener que acudir a una violencia abierta, y también
-para dar lugar a que Carlos IV y el otro partido de la corte llegasen a
-Bayona. Así fue que la víspera del día en que se aguardaba a los reyes
-viejos, anunció Napoleón a Fernando que ya no trataría sino con su
-padre.
-
-[Marginal: Llegada de Carlos IV a Bayona.]
-
-Ya hemos visto como el 25 de abril habían salido aquellos del Escorial,
-ansiosos de abrazar a su amigo Godoy, y persuadidos hasta cierto punto
-de que Napoleón los repondría en el trono. Pruébanlo las conversaciones
-que tuvieron en el camino, y señaladamente la que en Villa Real trabó
-la reina con el duque de Mahón; a quien habiéndole preguntado qué
-noticias corrían, respondió dicho duque «asegúrase que el emperador de
-los franceses reúne en Bayona todas las personas de la familia real de
-España para privarlas del trono.» Parose la reina como sorprendida,
-y después de haber reflexionado un rato, replicó: «Napoleón siempre
-ha sido enemigo grande de nuestra familia: sin embargo ha hecho a
-Carlos reiteradas promesas de protegerle, y no creo que obre ahora con
-perfidia tan escandalosa.» Arribaron pues a Bayona el 30, siendo desde
-la frontera cumplimentados y tratados como reyes, y con una distinción
-muy diversa de aquella con que se había recibido a su hijo. Napoleón
-los vio el mismo día, y no los convidó a comer sino para el siguiente
-1.º de mayo; queriéndoles hacer el obsequio de que descansasen.
-Desembarazados de las personas que habían ido a darles el parabién de
-su llegada, entre quienes se contaba a Fernando, mirado con desvío y
-enojo por su augusto padre, corrieron Carlos y María Luisa a los brazos
-de su querido Godoy, a quien tiernamente estrecharon en su seno una y
-repetidas veces con gran clamor y llanto.
-
-[Marginal: Come con Napoleón.]
-
-Pasaron en la tarde señalada a comer con Napoleón, y habiéndosele
-olvidado a este invitar al favorito español; al ponerse a la mesa,
-echándole de menos Carlos fuera de sí exclamó: _¿Y Manuel? ¿Dónde
-está Manuel?_ Fuele preciso a Napoleón reparar su olvido, o más
-bien condescender con los deseos del anciano monarca: tan grande
-era el poderoso influjo que sobre los hábitos y carácter del último
-había tomado Godoy, quien no parecía sino que con bebedizos le había
-encantado.
-
-[Marginal: Comparece Fernando en presencia de su padre.]
-
-No tardaron mucho unos y otros en ocuparse en el importante y grave
-negocio que había provocado la reunión en Bayona de tantos ilustres
-personajes. Muy luego de la llegada de los reyes padres, de acuerdo
-estos con Napoleón, y siendo Godoy su principal y casi único
-consejero, se citó a Fernando e intimole Carlos en presencia del
-soberano extranjero, que en la mañana del día siguiente le devolviese
-la corona por medio de una cesión pura y sencilla, amenazándole con que
-«si no él, sus hermanos y todo su séquito serían desde aquel momento
-tratados como emigrados.» Napoleón apoyó su discurso, y le sostuvo
-con fuerza; y al querer responder Fernando se lanzó de la silla su
-augusto padre, y hablándole con dignidad y fiereza quiso maltratarle,
-acusándole de haber querido quitarle la vida con la corona. La reina
-hasta entonces silenciosa se puso enfurecida, ultrajando al hijo con
-injuriosos denuestos, y a tal punto, según Bonaparte, se dejó arrastrar
-de su arrebatada cólera, que le pidió al mismo hiciese subir a Fernando
-al cadalso: expresión, si fue pronunciada, espantosa en boca de una
-madre.[Marginal: Condiciones de Fernando para su renuncia. (* Ap. n.
-2-22.)] Su hijo enmudeció y envió una renuncia con fecha 1.º de mayo
-limitada por las condiciones siguientes: «1.ª Que el rey padre volviese
-a Madrid, hasta donde le acompañaría Fernando, y le serviría como [*]
-su hijo más respetuoso. 2.ª Que en Madrid se reuniesen las cortes, y
-pues que S. M. [el rey padre] resistía una congregación tan numerosa,
-se convocasen todos los tribunales y diputados del reino. 3.ª Que a la
-vista de aquella asamblea formalizaría su renuncia Fernando, exponiendo
-los motivos que le conducían a ella. 4.ª Que el rey Carlos no llevase
-consigo personas que justamente se habían concitado el odio de la
-nación. 5.ª Que si S. M. no quería reinar ni volver a España, en tal
-caso Fernando gobernaría en su real nombre, como lugarteniente suyo;
-no pudiendo ningún otro ser preferido a él.» Son de notar los trámites
-y formalidades que querían exigirse para hacer la nueva renuncia,
-siendo así que todo se había olvidado y aun atropellado en la anterior
-de Carlos. También es digno de particular atención que Fernando y sus
-consejeros, quienes por la mayor parte odiaron tanto años adelante
-hasta el nombre de cortes, hayan sido los primeros que provocaron su
-convocación, insinuando ser necesaria para legitimar la nueva cesión
-del hijo en favor del padre la aprobación de los representantes de la
-nación, o por lo menos la de una reunión numerosa en que estuvieran los
-diputados de los reinos. Así se truecan y trastornan los pareceres de
-los hombres al son del propio interés, y en menosprecio de la pública
-utilidad.
-
-[Marginal: No se conforma el padre.]
-
-Carlos IV no se conformó, como era de esperar, con la contestación del
-hijo, escribiéndole en respuesta el 2 una carta, en cuyo contenido
-en medio de algunas severas si bien justas reflexiones se descubre
-la mano de Napoleón, y hasta expresiones suyas. Sonlo por ejemplo
-[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-23.)] «todo debe hacerse para el pueblo,
-y nada por él... No puedo consentir en ninguna reunión en junta...
-nueva sugestión de los hombres sin experiencia que os acompañan.»
-Tal fue la invariable aversión con que Bonaparte miró siempre las
-asambleas populares, siendo así que sin ellas hubiera perpetuamente
-quedado oscurecido en el humilde rincón en que la suerte le había
-colocado.[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-24.)] Fernando insistió el 4 en su
-primera respuesta «que el excluir para siempre del trono de España a
-su dinastía, no podía hacerlo sin el expreso consentimiento de todos
-los individuos que tenían o podían tener derecho a la corona de España,
-ni tampoco sin el mismo expreso consentimiento de la nación española,
-reunida en cortes y en lugar seguro.» Y tanto y tanto reconocía
-entonces Fernando los sagrados derechos de la nación, reclamándolos y
-deslindándolos cada vez más y con mayor claridad y conato.
-
-[Marginal: Comparece por segunda vez Fernando delante de su padre.]
-
-En este estado andaban las pláticas sobre tan grave negocio cuando el
-5 de mayo se recibió en Bayona la noticia de lo acaecido en Madrid
-el día 2: pasó Napoleón inmediatamente a participárselo a los reyes
-padres, y después de haber tenido con ellos una muy larga conferencia,
-se llamó a Fernando para que también concurriese a ella. Eran las
-cinco de la tarde; todos estaban sentados excepto el príncipe. Su
-padre le reiteró las anteriores acusaciones; le baldonó acerbamente;
-le achacó el levantamiento del 2 de mayo; las muertes que se habían
-seguido, y llamándole pérfido y traidor, le intimó por segunda vez que
-si no renunciaba la corona, sería sin dilación declarado usurpador,
-y él y toda su casa conspiradores contra la vida de sus soberanos.
-Fernando atemorizado [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-25.)] abdicó el 6
-pura y sencillamente en favor de su padre, y en los términos que
-este le había indicado. No había aguardado Carlos a la renuncia del
-hijo para concluir con Napoleón un tratado por el que le cedía la
-corona, [Marginal: Renuncia Carlos IV en Napoleón. (Ap. n. 2-26.)] sin
-otra especial restricción que la de la integridad de la monarquía
-y la conservación de la religión católica, excluyendo cualquiera
-otra. El tratado fue firmado en 5 de mayo por el mariscal Duroc y el
-príncipe de la Paz,[*] plenipotenciarios nombrados al efecto; con
-cuya vergonzosa negociación dio el valido español cumplido remate a
-su pública y lamentable carrera. Ingrato y desconocido puso su firma
-en un tratado en el que no estipuló sola y precisamente privar de
-la corona a Fernando su enemigo, sino en general y por inducción a
-todos los infantes, a toda la dinastía, en fin, de los soberanos sus
-bienhechores, recayendo la cesión de Carlos en un príncipe extranjero.
-Pequeño y mezquino hasta en los últimos momentos, Don Manuel Godoy
-única y porfiadamente altercó sobre el artículo de pensiones. Por
-lo demás el modo con que Carlos se despojó de la corona, al paso
-que mancillaba al encargado de autorizarla por medio de un tratado,
-cubría de oprobio a un padre que de golpe y sin distinción privaba
-indirectamente a todos sus hijos de suceder en el trono. Acordada
-la renuncia en tierra extraña, faltábale a los ojos del mundo la
-indispensable cualidad de haber sido ejecutada libre y espontáneamente,
-sobre todo cuando la cesión recaía en favor de un soberano dentro de
-cuyo imperio se había concluido aquella importante estipulación. Era
-asimismo cosa no vista que un monarca, dueño si se quiere de despojarse
-a sí mismo de sus propios derechos, no contase para la cesión ni con
-sus hijos, ni con las otras personas de su dinastía, ni con el libre
-y amplio consentimiento de la nación española, que era traspasada
-a ajena dominación como si fuera un campo propio o un rebaño. El
-derecho público de todos los países se ha opuesto constantemente a
-tamaño abuso, y en España, en tanto que se respetaron sus franquezas y
-libertades, hubo siempre en las cortes un firme e invencible valladar
-contra la arbitraria y antojadiza voluntad de los reyes. Cuando Alfonso
-el batallador tuvo el singular desacuerdo de dejar por herederos de
-sus reinos a los caballeros del Temple, lejos de convenir en su loco
-extravío, nombraron los aragoneses en las cortes de Borja por rey
-de Aragón a Don Ramiro el monje, y por su parte los navarros para
-suceder en Navarra a Don García Ramírez. Hubo otros casos no menos
-señalados en que siempre se pusieron a salvo los fueros y costumbres
-nacionales. Hasta el mismo imbécil de Carlos II, aunque su disposición
-testamentaria fue hecha dentro del territorio, y en ella no se
-infringían tan escandalosamente ni los derechos de la familia real ni
-los de la nación, creyó necesario por lo menos usar de la fórmula de
-«que fuera válida aquella su última voluntad, como si se hubiese hecho
-de acuerdo con las cortes.» Ahora por todo se atropelló, y nadie cuidó
-de conservar siquiera ciertas apariencias de justicia y legitimidad.
-
-[Marginal: Carlos IV y María Luisa.]
-
-Así terminó Carlos IV su reinado, del que nadie mejor que él mismo nos
-dará una puntual y verdadera idea. Comía en Bayona con Napoleón cuando
-se expresó en estos términos: «todos los días invierno y verano iba
-a caza hasta las doce, comía y al instante volvía al cazadero hasta
-la caída de la tarde. Manuel me informaba como iban las cosas, y me
-iba a acostar para comenzar la misma vida al día siguiente, a menos
-de impedírmelo alguna ceremonia importante.» De este modo gobernó por
-espacio de veinte años aquel monarca, quien según la pintura que hace
-de sí propio, merece justamente ser apellidado con el mismo epiteto que
-lo fueron varios de los reyes de Francia de la estirpe merovingiana.
-Sin embargo adornaban a Carlos prendas con que hubiera brillado como
-rey, llenando sus altas obligaciones, si menos perezoso y débil no se
-hubiese ciegamente entregado al arbitrio y desordenada fantasía de la
-reina. Tenía comprensión fácil y memoria vasta; amaba la justicia, y
-si alguna vez se ocupaba en el despacho de los negocios, era expedito
-y atinado; mas estas calidades desaparecieron al lado de su dejadez
-y habitual abandono. Con otra esposa que María Luisa su reinado
-no hubiera desmerecido del de su augusto antecesor; y bien que la
-situación de Europa fuese muy otra a causa de la revolución francesa,
-tranquila España en su interior y bien gobernada, quizá hubiera podido
-sosegadamente progresar en su industria y civilización sin revueltas ni
-trastornos.
-
-[Marginal: Renuncia de Fernando como príncipe de Asturias.]
-
-Formalizadas las renuncias de Fernando en Carlos IV, y de este en
-Napoleón, faltaba la del primero como príncipe de Asturias, porque si
-bien había devuelto en 6 de mayo la corona a su padre, no había por
-aquel acto renunciado a sus derechos en calidad de inmediato sucesor.
-Parece ser, según Don Pedro Cevallos, que Fernando resistiéndose a
-acceder a la última cesión, Napoleón le dijo: «no hay medio, príncipe,
-entre la cesión y la muerte.» Otros han negado la amenaza, y admira en
-efecto que hubiera que acudir a requerimiento tan riguroso con persona
-cuya debilidad se había ya mostrado muy a las claras. El mariscal
-Duroc habló en el mismo sentido que su amo, y los príncipes entonces
-se determinaron a renunciar. Nombrose a dicho mariscal con Escóiquiz
-para arreglar el modo,[*] [Marginal: (* Ap. n. 2-27.)] y el 10 firmaron
-ambos un tratado por el que se arreglaron los términos de la cesión
-del príncipe de Asturias, y se fijó su pensión como la de los infantes
-con tal que suscribiesen al tratado; lo cual verificaron Don Antonio y
-Don Carlos por medio de una proclama que en unión con Fernando dieron
-en Burdeos el [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-28.)] 12 del mismo mayo. El
-infante Don Francisco no firmó ninguno de aquellos actos, ya fuera
-precipitación, o ya por considerarle en su minoridad.
-
-Bien que Escóiquiz hubiese obedecido a las órdenes de Fernando firmando
-el tratado del 10, no por eso pone en seguro su buen nombre, harto
-mancillado ya. Y fue singular que los dos hombres, Godoy y Escóiquiz,
-cuyo desgobierno y errada conducta habían causado los mayores daños
-a la monarquía, y cuyo respectivo valimiento con los dos reyes padre
-e hijo les imponía la estrecha obligación de sacrificarse por la
-conservación de sus derechos, fuesen los mismos que autorizasen los
-tratados que acababan en España con la estirpe de los Borbones. La
-proclama de Burdeos dada el 12, y en la que se dice a los españoles,
-«que se mantengan tranquilos esperando su felicidad de las sabias
-disposiciones y del poder de Napoleón», fue producción de Escóiquiz,
-queriendo este persuadir después que con ella había pensado en provocar
-a los españoles para que sostuviesen la causa de sus príncipes
-legítimos. Si realmente tal fue su intento, se ve que no estaba dotado
-de mayor claridad cuando escribía, que de previsión cuando obraba.
-
-[Marginal: La reina de Etruria.]
-
-La reina de Etruria, a pesar de los favores y atentos obsequios que
-había dispensado a Murat y a los franceses, no fue más dichosa en
-sus negociaciones que las otras personas de su familia. No se podía
-cumplir con su hijo el tratado de Fontainebleau, porque el emperador
-había ofrecido a los diputados portugueses conservar la integridad
-de Portugal: no podían tampoco concedérsele indemnización en Italia,
-siendo opuesto a las _grandes miras_ de Napoleón permitir que en parte
-alguna de aquel país reinase una rama, cualquiera que fuese, de los
-Borbones; con cuya contestación tuvo la reina que atenerse a la pensión
-que se le señaló, y seguir la suerte de sus padres.
-
-[Marginal: Planes de evasión.]
-
-Durante la estancia en Bayona del príncipe de Asturias y los infantes,
-hubo varios planes para que se evadiesen. Un vecino de Cervera de
-Alhama recibió dinero de la junta suprema de Madrid con aquel objeto.
-Con el mismo también había ofrecido el duque de Mahón una fuerte suma
-desde San Sebastián: los consejeros de Fernando, a nombre y por orden
-suya, cobraron el dinero, mas la fuga no tuvo efecto. Se propuso como
-el medio mejor y más asequible el arrebatar a los dos hermanos Don
-Fernando y Don Carlos, sosteniendo la operación por vascos diestros y
-prácticos de la tierra, e internarlos en España por San Juan de Pie de
-Puerto. Fue tan adelante el proyecto que hubo apostados en la frontera
-300 miqueletes para que diesen la mano a los que en Francia andaban de
-concierto en el secreto. Después se pensó en salvarlos por mar, y hasta
-hubo quien propuso atacar a Napoleón en el palacio de Marracq. Había
-en todas estas tentativas más bien muestras de patriotismo y lealtad,
-que probable y buena salida. Hubiérase necesitado para llevarlas a
-cabo menos vigilancia en el gobierno francés, y mayor arrojo en los
-príncipes españoles, naturalmente tímidos y apocados.
-
-[Marginal: Se interna en Francia la familia real de España.]
-
-No tardó Napoleón, extendidas y formalizadas que fueron las renuncias
-por medio de los convenios mencionados, en despachar para lo interior
-de Francia a las personas de la familia real de España. El 10 de
-mayo Carlos IV y su esposa María Luisa, la reina de Etruria con sus
-hijos, el infante Don Francisco y el príncipe de la Paz salieron para
-Fontainebleau y de allí pasaron a Compiègne. El 11 partieron también de
-Bayona el rey Fernando VII y su hermano y tío, los infantes Don Carlos
-y Don Antonio; habiéndoseles señalado para su residencia el palacio de
-Valençay, propio del príncipe de Talleyrand.
-
-Tal fin tuvieron las célebres vistas de Bayona entre el emperador de
-los franceses y la mal aventurada familia real de España. Solo con
-muy negra tinta puede trazarse tan tenebroso cuadro. En él se presenta
-Napoleón pérfido y artero; los reyes viejos padres desnaturalizados;
-Fernando y los infantes débiles y ciegos; sus consejeros por la mayor
-parte ignorantes o desacordados, dando todos juntos principio a un
-sangriento drama, que ha acabado con muchos de ellos, desgarrado a
-España, y conmovido hasta en sus cimientos la suerte de la Francia
-misma.
-
-En verdad tiempos eran estos ásperos y difíciles, mas los encargados
-del timón del estado ya en Bayona, ya en Madrid, parece que solo
-tuvieron tino en el desacierto. Los primeros acabamos de ver qué
-cuenta dieron de sus príncipes: examinaremos ahora qué providencias
-tomaron los segundos [Marginal: Inacción de la junta suprema.] para
-defender el honor y la verdadera independencia nacional, puesto que
-por sus discordias y malos consejos se habían perdido el rey Fernando,
-sus hermanos y toda la real familia. Mencionamos anteriormente la
-comisión de Don Evaristo Pérez de Castro, quien con felicidad entró en
-Bayona el 4 de mayo. A su llegada se presentó sin dilación a Don Pedro
-Cevallos, y este comunicó al rey las proposiciones de la junta suprema
-de Madrid de que aquel era portador, y cuyo contenido hemos insertado
-más arriba. De resultas se dictaron dos decretos el 5 de mayo, uno
-escrito de la real mano estaba dirigido a la junta suprema de gobierno,
-y otro firmado por Fernando con la acostumbrada fórmula de _Yo el rey_
-era expedido al consejo, o en su lugar a cualquiera chancillería o
-audiencia libre del influjo extranjero. Por el primero el rey decía:
-«que se hallaba sin libertad, y consiguientemente imposibilitado de
-tomar por sí medida alguna para salvar su persona y la monarquía; que
-por tanto autorizaba a la junta en la forma más amplia para que en
-cuerpo, o sustituyéndose en una o muchas personas que la representasen,
-se trasladara al paraje que creyese más conveniente, y que en nombre de
-S. M. representando su misma persona ejerciese todas las funciones de
-la soberanía. Que las hostilidades deberían empezar desde el momento
-en que internasen a S. M. en Francia, lo que no sucedería sino por la
-violencia. Y por último, que en llegando ese caso tratase la junta
-de impedir del modo que creyese más a propósito la entrada de nuevas
-tropas en la península.» El decreto al consejo decía: «que en la
-situación en que S. M. se hallaba, privado de libertad para obrar por
-sí, era su real voluntad que se convocasen las cortes en el paraje que
-pareciese más expedito; que por de pronto se ocupasen únicamente en
-proporcionar los arbitrios y subsidios necesarios para atender a la
-defensa del reino, y que quedasen permanentes para lo demás que pudiese
-ocurrir.»
-
-Algunos de los ministros o consejeros de Fernando en Bayona creyeron
-fundadamente que la junta suprema autorizada, como lo había sido desde
-aquella ciudad, para obrar con las mismas e ilimitadas facultades que
-habrían asistido al rey estando presente, hubiera por sí debido adoptar
-aquellas medidas, evitando las dilaciones de la consulta; mas la junta
-que se había apartado del modo de pensar de los de Bayona, y que en
-vez de tomar providencias se contentó con pedir nuevas instrucciones,
-llegadas que fueron tampoco hizo nada, continuando en su inacción, so
-color de que las circunstancias habían variado. Cierto que no eran las
-mismas, y será bien que para pesar sus razones refiramos antes lo que
-en ese tiempo había pasado en Madrid.
-
-[Marginal: Murat presidente de la junta.]
-
-En la mañana misma del 4 de mayo en que partió el infante Don Antonio,
-el gran duque de Berg manifestó a algunos individuos de la junta que
-era preciso asociar su persona a las deliberaciones de aquel cuerpo,
-estando en ello interesado el buen orden y la quietud pública. Se le
-hicieron reflexiones sobre su propuesta; no insistió en ella por aquel
-momento, pero en la noche sin anuncio anterior se presentó en la junta
-para presidirla. Opúsose fuertemente a su atropellado intento Gil y
-Lemus; parece ser que también resistieron Azanza y Ofárril, quienes
-aunque al principio protestaron e hicieron dejación de sus destinos, al
-fin continuaron ejerciéndolos. Temerosa la junta del compromiso en que
-la ponía Murat, y queriendo evitar mayores males, cedió a sus deseos y
-resolvió admitir en su seno al príncipe francés. Mucho se censuró esta
-su determinación, y se pensó que excedía de sus facultades, mayormente
-cuando se trataba del jefe del ejército de ocupación, y cuando para
-ello no había recibido órdenes ni instrucciones de Bayona. Hubiera sido
-más conforme a la opinión general, o que se hubiera negado a deliberar
-ante el general francés, o haber aguardado a que una violencia clara
-y sin rebozo hubiese podido disculpar su sometimiento. Pesarosa tal
-vez la junta de su fácil condescendencia, en medio de su congoja [*]
-[Marginal: (* Ap. n. 2-29.)] le sacó algún tanto de ella y a tiempo un
-decreto que recibió el 7 de mayo, y que con fecha del 4 había expedido
-en Bayona Carlos IV, nombrando a Murat lugarteniente del reino, en
-cuya calidad debía presidir la junta suprema: decreto precursor de
-la abdicación de la corona que al día siguiente hizo en Napoleón.
-Acompañaba al nombramiento una proclama del mismo Carlos a la nación,
-que concluía con la notable cláusula de que: «no habría prosperidad ni
-salvación para los españoles, sino en la amistad del grande emperador
-su aliado.» Bien que la resolución del rey padre viniese en apoyo de
-la prematura determinación de la junta, en realidad no hubiera debido
-a los ojos de este cuerpo tener aquella fuerza alguna autoridad: la de
-dicha junta delegada por Fernando VII, solo a las órdenes del último
-tenía que obedecer. Sin embargo en el día 8 acordó su cumplimiento;
-y solamente suspendió la publicación, creyendo con ese medio y
-equívoco proceder salir de su compromiso. [Marginal: (* Ap. n. 2-30.)]
-Finalmente le libró de él y de su angustiada posición la noticia de
-haber devuelto Fernando la corona a su padre, recibiendo un decreto [*]
-del mismo para que se sometiese a las órdenes del antiguo monarca.
-
-[Marginal: Equívoca conducta de la junta.]
-
-Hasta el día en que Murat se apoderó de la presidencia, hubiera podido
-atribuirse la debilidad de la junta a circunspección, su imprevisión
-a prudencia excesiva, y su indolencia a falta de facultades o a
-temor de comprometer la persona del rey. Mas ahora había mudado el
-aspecto de las cosas, y así o estaban sus individuos en el caso de
-poner en ejecución las convenientes medidas para salvar el honor y la
-independencia nacional, o no lo estaban. Si no, ¿por qué en vez de
-mancillar su nombre aprobando con su presencia las inicuas decisiones
-del extranjero, no se retiraron y le dejaron solo? ¿Y si pudieron
-obrar, por qué no llevaron a efecto los decretos dados por el rey en
-Bayona a consulta suya? ¿Por qué no permitieron la formación acordada
-de otra junta, fuera del poder del enemigo? Lejos de seguir esta vereda
-tomaron la opuesta y fijaron todo su conato en impedir la ejecución de
-aquellas saludables medidas. Un propio había entregado a Don Miguel
-José de Azanza en su mano los dos decretos del rey; por uno de los
-cuales se autorizaba a la junta con poderes ilimitados, y por el otro
-al consejo para la convocación de cortes. Azanza los comunicó a sus
-compañeros y todos convinieron en que dados estos decretos el 5 de
-mayo y el de renuncia de Fernando el 6 del mismo, no debían cumplirse
-ni obedecerse los primeros; ¡cosa extraña! Decretos arrancados por la
-violencia, en los que se destruían los legítimos derechos de Fernando
-y su dinastía, y se hollaban los de la nación, tuvieron a sus ojos más
-fuerza que los que habiendo sido acordados en secreto y despachados
-por personas de toda confianza, tenían en sí mismos la doble ventaja
-de haber sido dictados con entera libertad, y de acomodarse a lo
-que ordenaba el honor nacional. Pone aún más en descubierto la buena
-fe y rectitud de intenciones de los que así procedieron, el no haber
-comunicado al consejo el decreto de convocación de cortes, cuya
-promulgación y ejecución se encomendaba particularmente a su cuidado,
-tocando solo a aquel cuerpo examinar las razones de prudencia o
-conveniencia pública de detenerle o circularle. No contentos con esto
-los individuos de la junta suprema, y temerosos de que los nombrados
-para reemplazarla fuera de Madrid en caso necesario ejecutasen lo que
-se les había mandado, tomaron precauciones para estorbarlo. Al conde de
-Ezpeleta, a quien se había comunicado por medio de Don José Capeleti la
-primera determinación de que presidiese la junta cuya instalación debía
-seguirse a la falta de libertad de la de Madrid, se le dio después
-expresa contraorden; y apremiado por Gil Taboada para que pasase
-a Zaragoza en donde aquel aguardaba, le contestó como se le había
-posteriormente mandado lo contrario.
-
-Por lo tanto la junta suprema de Madrid que con pretexto de carecer de
-facultades, a pesar de haberlas desde Bayona recibido amplias, anduvo
-al principio descuidada y poco diligente, ahora que con más claridad
-y extensión si era posible las recibía, suspendió hacer uso de su
-poder, alegando ser ya tarde, y recelosa de mayores comprometimientos.
-Aparece más oscura y dudosa su conducta al considerar que algunos de
-sus individuos débiles antes, pero resistiendo al extranjero, sumisos
-después si bien todavía disculpables, acabaron por ser sus firmes
-apoyos, trabajando con ahínco por ahogar los gloriosos esfuerzos que
-hizo la nación en defensa de su independencia. Es cierto que en seguida
-los españoles de Bayona estuvieron igualmente llenos de sobresalto y
-zozobra con el miedo de que se ejecutasen los dos consabidos decretos.
-Así lo anunciaba Don Evaristo Pérez de Castro que volvió a Madrid por
-aquellos días. Todo lo cual prueba que ni entre los españoles que en
-Bayona influían principalmente en el consejo del rey, ni entre los que
-en España gobernaban, había ningún hombre asistido de aquella constante
-decisión e invariable firmeza que piden extraordinarias circunstancias.
-
-[Marginal: Napoleón piensa dar la corona de España a José.]
-
-Napoleón por su parte considerándose ya dueño de la corona de España en
-virtud de las renuncias hechas en favor suyo, había resuelto colocarla
-en las sienes de su hermano mayor José rey de Nápoles, y continuando
-siempre por la senda del engaño quiso dar a su cesión visos de generosa
-condescendencia con los deseos de los españoles. Así fue que en 8
-de mayo dirigió al gran duque sus instrucciones para que la junta
-suprema y el consejo de Castilla le indicasen en cuál de las personas
-de su familia les sería más grato que recayese el trono de España. En
-12 respondió acertadamente el consejo que siendo nulas las cesiones
-hechas por la familia de Borbón, no le tocaba ni podía contestar a lo
-que se le preguntaba. Mas convocado al siguiente día a palacio por la
-tarde y sin ceremonia, y bien recibido y tratado por Murat, y habiendo
-fácilmente convenido este en la cortapisa que el consejo quería poner
-a su exposición de que «no por eso se entendiese que se mezclaba en
-la aprobación o desaprobación de los tratados de renuncia, ni que
-los derechos del rey Carlos y su hijo y demás sucesores a la corona,
-según las leyes del reino, quedasen perjudicados por la designación
-que se le pedía;» cedió entonces y acordó en consulta del 13 dirigida
-al gran duque, que bajo las propuestas insinuadas «le parecía que en
-ejecución de lo resuelto por el emperador podía recaer la elección
-en su hermano mayor el rey de Nápoles.» Llevaba trazas de juego y de
-mutua inteligencia el modo de preguntar y de responder. A Murat le
-importaban muy poco aquellas secretas protestas, con tal que tuviese
-un documento público de las principales autoridades del reino que
-presentar a los gobiernos europeos, pudiendo con él Napoleón dar a
-entender que había seguido la voluntad de los españoles más bien que la
-suya propia. El consejo empezando desde entonces aquel sistema medio
-y artificioso que le guió después, más propio de un subalterno de la
-curia que de un cuerpo custodio de las leyes, se avino muy bien con lo
-que se le propuso, imaginando así poner en cobro hasta cierto punto su
-comprometida existencia, ya que se afirmase la dominación de Napoleón,
-ya que fuese destruida. Conducta no atinada en tiempos de grandes
-tribulaciones y vaivenes, y con la que perdió su crédito e influjo
-entre nacionales y extranjeros. Escribió también el mismo consejo una
-carta al emperador, y a ruego de Murat nombró para presentarla en
-Bayona a los ministros Don José Colón y Don Manuel de Lardizábal. La
-junta suprema y la villa de Madrid practicaron por su parte iguales
-diligencias, pidiendo que José Bonaparte fuese escogido para rey de
-España.
-
-No satisfecho Napoleón con las cesiones de los príncipes, ni con la
-sumisión y petición de las supremas autoridades, pensó en congregar
-una diputación de españoles, [Marginal: Diputación de Bayona.] que
-con simulacro de cortes diesen en Bayona una especie de aprobación
-nacional a todo lo anteriormente actuado. Ya dijimos que a mediados
-de abril había intentado Murat llevar a efecto aquel pensamiento; mas
-hasta ahora en mayo no se puso en perfecta y cumplida ejecución. La
-convocatoria [*] [Marginal: (* Ap. n. 2-31.)] se dio a luz en la Gaceta
-de Madrid de 24 del mismo mes, con la singularidad de no llevar fecha.
-Estaba extendida a nombre del gran duque de Berg y de la junta suprema
-de gobierno, y se reducía en sustancia a que siendo el deseo de S.
-M. I. y R. juntar en Bayona una diputación general de 150 individuos
-para el 15 de junio siguiente, a fin de tratar en ella de la felicidad
-de España, indicando todos los males que el antiguo sistema había
-ocasionado, y proponiendo las reformas y remedios para destruirlos, la
-junta suprema había nombrado varios sujetos que allí se expresaban,
-reservando a algunas corporaciones, a las ciudades de voto en cortes
-y otras sus respectivas elecciones. Según el decreto debían también
-asistir grandes, títulos, obispos, generales de las órdenes religiosas,
-individuos del comercio, de las universidades, de la milicia, de la
-marina, de los consejos y de la Inquisición misma. Se escogieron
-igualmente seis individuos que representasen la América. Azanza que en
-23 de mayo había ido a Bayona para dar cuenta al emperador del estado
-de la hacienda de España, se quedó por orden suya a presidir la junta
-o diputación general próxima a reunirse. Más adelante examinaremos
-la índole y los trabajos de esta junta, y hablaremos del solemne
-reconocimiento que ella y los españoles allí presentes hicieron del
-intruso José.
-
-[Marginal: Medidas de precaución de Murat.]
-
-Murat luego que estuvo al frente del gobierno de España, recelando
-en vista del general desasosiego que hubiese sublevaciones más o
-menos parciales, adoptó varios medios para prevenirlas. Agregó a la
-división o cuerpo de Dupont dos regimientos suizos españoles, y puso
-a la disposición del mariscal Moncey cuatro batallones de guardias
-españolas y valonas y los guardias de Corps. Pasó órdenes para enviar
-3000 hombres de Galicia a Buenos Aires, y en 19 de mayo dio el mando
-de la escuadra de Mahón al general Salcedo con encargo de hacerse a la
-vela para Toulon; lo cual afortunadamente no pudo cumplirse por los
-acontecimientos que muy luego sobrevinieron. Se ordenó a la división
-española acantonada en Extremadura pasase a San Roque, y a Solano
-que hasta entonces había sido su jefe se le previno que regresase a
-Cádiz para tomar de nuevo el mando de Andalucía, yendo a explorar
-sus intenciones el oficial de ingenieros francés Constantin. Con el
-mismo objeto y con pretexto de examinar la plaza de Gibraltar se
-envió cerca del general Don Francisco Javier Castaños, que mandaba en
-el campo de San Roque, al jefe de batallón de ingenieros Rogniat:
-otros comisionados fueron enviados a Ceuta. El Buen Retiro se empezó
-a fortificar, encerrando dentro de su recinto abundantes provisiones
-de boca y guerra, habiéndose los franceses apoderado por todas partes
-de cuantos almacenes y depósitos de municiones y armas estuvieron a su
-alcance. Cortas precauciones para reprimir el universal descontento.
-
-Pero ahora que ya tenemos a Napoleón imaginándose poder enajenar a su
-antojo la corona de España; ahora que ya está internada en Francia la
-familia real; Murat mandando en Madrid; sometidos la junta suprema
-y los consejos, y convocada a Bayona una diputación de españoles,
-será bien que desviando nuestra vista de tantas escenas de perfidia y
-abatimiento, de imprevisión y flaqueza, nos volvamos a contemplar un
-sublime y grandioso espectáculo.
-
-
-
-
- RESUMEN
- DEL
- LIBRO TERCERO.
-
-
-_Insurrección general contra los franceses. — Levantamiento de
-Asturias. — Misión a Inglaterra. — Levantamiento de Galicia. —
-Levantamiento de Santander. — Levantamiento de León y Castilla la
-Vieja. — Levantamiento de Sevilla. — Rendición de la escuadra
-francesa surta en Cádiz. — Levantamiento de Granada. — Levantamiento
-de Extremadura. — Conmociones en Castilla la Nueva. — Levantamiento
-de Cartagena y Murcia. — Levantamiento de Valencia. — Levantamiento
-de Aragón. — Levantamiento de Cataluña. — Levantamiento de las
-Baleares. — Navarra y Provincias Vascongadas. — Islas Canarias. —
-Reflexiones generales. — Portugal. — Su situación. — Divisiones
-francesas que intentan pasar a España. — Los españoles se retiran
-de Oporto. — Primer levantamiento de Oporto. — Levantamiento de
-Tras-os-Montes, y segundo de Oporto. — Se desarma a los españoles de
-Lisboa. — Rechazan los españoles a los franceses en Os Pegões. —
-Levantamiento de los Algarbes. — Convenciones entre algunas juntas de
-España y Portugal._
-
-
-
-
- HISTORIA
- DEL
- LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
- de España.
-
- LIBRO TERCERO.
-
-
-[Marginal: Insurrección general contra los franceses.]
-
-Encontrados afectos habían agitado durante dos meses a las vastas
-provincias de España. Tras la alegría y el júbilo, tras las esperanzas
-tan lisonjeras como rápidas de marzo habían venido las zozobras, las
-sospechas, los temores de abril. El 2 de mayo había llevado consigo
-a todas partes el terror y el espanto, y al propagarse la nueva de
-las renuncias, de las perfidias y torpes hechos de Bayona, un grito
-de indignación y de guerra lanzándose con admirable esfuerzo de las
-cabezas de provincia, se repitió y cundió resonando por caserías y
-aldeas, por villas y ciudades. A porfía las mujeres y los niños, los
-mozos y los ancianos arrebatados de fuego patrio, llenos de cólera
-y rabia, clamaron unánime y simultáneamente por pronta, noble y
-tremenda venganza. Renació España, por decirlo así, fuerte, vigorosa,
-denodada; renació recordando sus pasadas glorias; y sus provincias
-conmovidas, alteradas y enfurecidas se representaban a la imaginación
-como las describía Veleyo Patérculo, _tam diffusas, tam frequentes,
-tam feras_. El viajero que un año antes pisando los anchos campos de
-Castilla hubiese atravesado por medio de la soledad y desamparo de sus
-pueblos, si de nuevo hubiese ahora vuelto a recorrerlos, viéndolos
-llenos de gente, de turbación y afanosa diligencia, con razón hubiera
-podido achacar a mágica transformación mudanza tan extraordinaria y
-repentina. Aquellos moradores como los de toda España, indiferentes
-no había mucho a los negocios públicos, salían ansiosamente a
-informarse de las novedades y ocurrencias del día, y desde el alcalde
-hasta el último labriego, embravecidos y airados, estremeciéndose
-con las muertes y tropelías del extranjero, prorrumpían al oírlas en
-lágrimas de despecho. Tan cierto era que aquellos nobles y elevados
-sentimientos, que engendraron en el siglo decimosexto tantos portentos
-de valor y tantas y tan inauditas hazañas, estaban adormecidos, pero
-no apagados en los pechos españoles, y al dulce nombre de patria, a
-la voz de su rey cautivo, de su religión amenazada, de sus costumbres
-holladas y escarnecidas se despertaron ahora con viva y recobrada
-fuerza. Cuanto mayores e inesperados habían sido los ultrajes, tanto
-más terrible y asombroso fue el público sacudimiento. La historia no
-nos ha transmitido ejemplo más grandioso de un alzamiento tan súbito
-y tan unánime contra una invasión extraña. Como si un premeditado
-acuerdo, como si una suprema inteligencia hubiera gobernado y dirigido
-tan gloriosa determinación, las más de las provincias se levantaron
-espontáneamente casi en un mismo día, sin que tuviesen muchas noticias
-de la insurrección de las otras, y animadas todas de un mismo espíritu
-exaltado y heroico. A resolución tan magnánima fue estimulada la nación
-española por los engaños y alevosías de un falso amigo que, con capa
-de querer regenerarla desconociendo sus usos y sus leyes, intentó a
-su antojo dictarle otras nuevas, variar la estirpe de sus reyes, y
-destruir así su verdadera y bien entendida independencia, sin la que
-desmoronándose los estados más poderosos, hasta su nombre se acaba y
-lastimosamente perece.
-
-Este uniforme y profundo sentimiento quiso en Asturias,[*] [Marginal:
-Levantamiento de Asturias. (* Ap. n. 3-1.)] primero que en otra
-parte, manifestarse de un modo más legal y concertado. Contribuyeron
-a ello diversas y muy principales causas. Juntamente con la opinión
-que era común a toda España de mirar con desvío y odio la dominación
-extranjera, aún se conservaba en aquel principado un ilustre recuerdo
-de haber ofrecido su enmarañado y riscoso suelo seguro abrigo a
-los venerables restos de los españoles esforzados, que huyendo de
-la irrupción sarracénica dieron principio a la larga y porfiada
-lucha que acabó por afianzar la independencia y unión de los
-pueblos peninsulares. Le inspiraba también confianza su ventajosa y
-naturalmente resguardada posición. Bañada al norte por las olas del
-océano, rodeada por otras partes de caminos a veces intransitables, la
-ceñían al mediodía fragosas y encumbradas montañas. Acertó igualmente
-a estar entonces congregada la junta general del principado, reliquia
-dichosamente preservada del casi universal naufragio de nuestros
-antiguos fueros. Sus facultades, no muy bien deslindadas, se limitaban
-a asuntos puramente económicos; pero en semejante crisis, compuesta en
-lo general de individuos nombrados por los concejos, se la consideró
-como oportuno centro para legitimar y dirigir atinadamente los ímpetus
-del pueblo. Reuníase cada tres años, y casualmente en aquel cayó el de
-su convocación, habiendo abierto sus sesiones el 1.º de mayo.
-
-A pocos días con la aciaga nueva del 2 en Madrid llegó a Oviedo la
-orden para que el coronel comandante de armas Don Nicolás de Llano
-Ponte publicase el sanguinario bando que el 3 había Murat promulgado
-en la capital del reino. Los moradores de Asturias conmovidos y
-desasosegados al par de los demás de España, habían ya en 29 de abril
-apedreado en Gijón la casa del cónsul francés, de resultas de haber
-este osado arrojar desde sus ventanas varios impresos contra la familia
-de Borbón. En tal situación y esparciéndose la voz de que iban a
-cumplirse instrucciones rigurosas remitidas de Madrid por el desacato
-cometido contra el cónsul, se encendieron más y más los ánimos en gran
-manera estimulados por las patrióticas exhortaciones del marqués de
-Santa Cruz de Marcenado, de su pariente Don Manuel de Miranda y de
-Don Ramón de Llano Ponte, canónigo de aquella iglesia, quien habiendo
-servido antes en el cuerpo de guardias estaba adornado de hidalgas y
-distinguidísimas prendas.
-
-Decidida pues la audiencia territorial de acuerdo con el jefe militar
-a publicar el 9 el bando que de Madrid se había enviado, empezaron
-a recorrer juntos las calles, cuando a poco tiempo agolpándose y
-saliéndoles al encuentro gran muchedumbre a los gritos de viva Fernando
-VII y muera Murat, los obligaron a retroceder y desistir de su intento.
-Agavillándose entonces con mayor aliento los alborotados, entre los
-que se señalaron los estudiantes de la universidad, reunidos todos
-enderezaron sus pasos a la sala de sesiones de la junta general del
-principado. Hallaron allí firme apoyo en varios de los vocales. Don
-José del Busto, juez primero de la ciudad, y en secreto de inteligencia
-con los amotinados, arengó en favor de su noble resolución;
-sostuviéronle el conde Marcel de Peñalva y el de Toreno [padre del
-autor de esta historia], y sin excepción acordaron sus miembros
-desobedecer las órdenes de Murat, y tomar medidas correspondientes a su
-atrevida determinación. La audiencia en tanto desamada del pueblo, ya
-por estar formando causa a los que habían apedreado la casa del cónsul
-francés, y ya también porque compuesta en su mayor parte de agraciados
-y partidarios del gobierno de Godoy, miraba al soslayo unos movimientos
-que al cabo habían de redundar en daño suyo, procuró por todos medios
-apaciguar aquella primera conmoción, influyendo con particulares y con
-militares y estudiantes, y dando sigilosamente cuenta a la superioridad
-de lo acaecido. Consiguió también que en la junta el diputado por
-Oviedo Don Francisco Velasco, apoyado por el de Grado, Don Ignacio
-Flórez, discurriese largamente en el día 13 acerca de los peligros a
-que se exponía la provincia por los inconsiderados acuerdos del 9, y no
-menos la misma junta habiéndose excedido de sus facultades. El Velasco
-gozando de concepto por su práctica y conocida experiencia, alcanzó
-que se suspendiese la ejecución de las medidas resueltas, y solo el
-marqués de Santa Cruz de Marcenado que presidía, se opuso con fortaleza
-admirable, diciendo que «protestaba solemnemente, y que en cualquiera
-punto en que se levantase un hombre contra Napoleón tomaría un fusil y
-se pondría a su lado.» Palabras tanto más memorables cuanto salían de
-la boca de un hombre que rayaba en los sesenta años, propietario rico y
-acaudalado, y de las más ilustres familias de aquel país: digno nieto
-del célebre marqués del mismo nombre, distinguido escritor militar y
-hábil diplomático, que en el primer tercio del siglo último, arrastrado
-de su pundonor, había perecido gloriosa pero desgraciadamente en los
-campos de Orán.
-
-Noticiosos Murat y la junta suprema de Madrid de lo que pasaba en
-Asturias procuraron con diligencia apagar aquella centella, llenos
-del recelo de que saltando a otros puntos no acabase por excitar una
-general conflagración. Dieron por tanto órdenes duras a la audiencia,
-y enviaron en comisión al conde del Pinar, magistrado conocido por
-su cruel severidad, y a Don Juan Meléndez Valdés, más propio para
-cantar con acordada lira los triunfos de quien venciese que para
-acallar los ruidos populares. Se mandó al propio tiempo al apocado Don
-Crisóstomo de la Llave, comandante general de la costa cantábrica, que
-pasase a Oviedo para tomar el mando de la provincia, disponiendo que
-concurriesen allí a sus órdenes un batallón de Hibernia procedente de
-Santander, y un escuadron de carabineros que estaba en Castilla.
-
-Mas estas providencias en vez de aquietar los ánimos solo sirvieron
-para irritarlos. Los complicados en los acontecimientos del 9 vieron
-en ellas la suerte que se les preparaba, y persistieron en su primer
-intento. Vinieron en su ayuda los avisos de Bayona que provocaban cada
-día más a la alteración y al enojo, y la relación que del sanguinario
-día 2 de mayo hacían los testigos oculares que sucesivamente llegaban
-escapados de Madrid. Redoblaron pues su celo los de la asonada del
-9, y pensaron en ejecutar su suspendida pero no abandonada empresa.
-Citábanse en casa de Don Ramón de Llano Ponte, y con tan poco
-recato que de distintas y muchas partes se acercaba a aquel foco de
-insurrección gente desconocida con todo linaje de ofrecimientos.
-Asistimos recién llegados de la corte a las secretas reuniones, y
-pasmábanos el continuo acudir de paisanos y personas de todas clases
-que con noble desprendimiento empeñaban y comprometían su hacienda y
-sus personas para la defensa de sus hogares. Se renovaban las asonadas
-todas las noches, habiendo sido bastantemente estrepitosas las del 22
-y 23; pero se difirió hasta el 24 el final rompimiento por esperarse
-en aquel día al nuevo comandante la Llave, enviado por Murat. Para su
-ejecución se previno a los paisanos de los contornos que se metiesen
-en Oviedo al toque de oraciones, circulando al efecto Don José del
-Busto esquelas a los alcaldes de su jurisdicción. Se tomaron además
-otras convenientes prevenciones, y se cometió el encargo de acaudillar
-a la multitud a los Señores Don Ramón de Llano Ponte y Don Manuel de
-Miranda. Antes de que llegase la Llave, con gran priesa se le había
-anticipado un ayudante del mariscal Bessières, napolitano de nación,
-quien estuvo muy inquieto hasta que vio que el comandante se acercaba a
-las puertas de la ciudad. Entró por ellas el 24 acompañado de algunas
-personas sabedoras de la trama dispuesta para aquella noche. Se había
-convenido en que el alboroto comenzaría a las once de la misma, tocando
-a rebato las campanas de las iglesias de la ciudad y de las aldeas de
-alrededor. Por equivocación habiéndose retardado una hora el toque
-se angustiaron sobremanera los patriotas conjurados, mas un repique
-general a las doce en punto los sacó de pena.
-
-Fue su primer paso apoderarse de la casa de armas, en donde había
-un depósito de 100.000 fusiles, no solamente fabricados en Oviedo
-y sus cercanías, sino también trasportados allí por anteriores
-órdenes del príncipe de la Paz. Favorecieron la acometida los mismos
-oficiales de artillería partícipes del secreto, señalándose con
-singular esmero Don Joaquín Escario. Entretanto se encaminaron otros
-a casa del comandante la Llave, y de puerta en puerta llamando a los
-individuos de la junta del principado, se formó esta en hora tan
-avanzada de la noche agregándosele extraordinariamente vocales de
-afuera. Entonces reasumiendo la potestad suprema afirmó la revolución,
-nombró por presidente suyo al marqués de Santa Cruz, y le confió el
-mando de las armas. Al día siguiente 25 se declaró solemnemente la
-guerra a Napoleón, y no hubo sino un grito de indecible entusiasmo.
-¡Cosa maravillosa que desde un rincón de España hubiera habido quien
-osase retar al desmedido poder ante el cual se postraban los mayores
-potentados del continente europeo! A frenesí pudiera atribuirse, si una
-resolución tan noble y fundada en el deseo de conservar el honor y la
-independencia nacional no mereciese más respeto.
-
-La junta se componía de personas las más principales del país por
-su riqueza y por su ilustración. El procurador general Don Álvaro
-Flórez Estrada, enterado de antemano de la conmoción urdida, la sostuvo
-vigorosamente, y la junta en cuerpo adoptó con actividad oportunas
-medidas para armar la provincia y ponerla en estado de defensa. Los
-carabineros reales llegaron muy luego así como el batallón de Hibernia,
-y ni unos ni otros pusieron obstáculo al levantamiento. Los primeros
-pasaron después a Castilla a las órdenes de Don Gregorio de la Cuesta,
-y se entresacaron del último varios oficiales, sargentos y cabos para
-cuadros de la fuerza armada que se iba formando. La junta había
-resuelto poner en pie un cuerpo de 18.000 hombres. Multiplicó para ello
-inconsideradamente los grados militares, y con razón se le hicieron
-justos cargos por aquella demasía. Sin embargo disculpola algún tanto
-la escasez en que se encontraba de oficiales veteranos para llenar
-plazas que exigía el completo del ejército que se disciplinaba. Echose
-mano de estudiantes o personas consideradas como más aptas, y en verdad
-que de los nuevos salieron excelentes oficiales que o se sacrificaron
-por su patria, o la honraron con su conducta, denuedo y adelantamiento
-en la ciencia militar. No poco contribuyeron a la presteza de la nueva
-organización los dones cuantiosos que generosamente se ofrecieron por
-particulares, y que entraban todos los días en las arcas públicas.
-
-Como en el alzamiento de Asturias habían intervenido las personas
-de más valía del país, no se había manchado su pureza con ningún
-exceso de la plebe, y menos con atropellamientos ni asesinatos.
-Pero transcurridos algunos días estuvo a riesgo de representarse
-un espectáculo lastimoso y sumamente trágico. Los comisionados de
-Murat de que arriba hablamos, el conde del Pinar y Don Juan Meléndez
-Valdés, por su propia seguridad habían sido detenidos a su arribo a
-Oviedo juntamente con el comandante la Llave, el coronel de Hibernia
-Fitzgerald y el comandante de carabineros Ladrón de Guevara, que
-solos se habían separado de la unánime decisión de los oficiales de
-sus respectivos cuerpos. Desde el principio el marqués de Santa
-Cruz, pertinaz y de condición dura, no había cesado de pedir que se
-les formase causa. Halagaba su opinión a la muchedumbre; pero la
-junta dilataba su determinación esperando que se templase la ira que
-contra los arrestados había. Acaeció en el intermedio que acudiendo
-sucesivamente de los puntos más distantes los nuevos alistados,
-llegaron los de los concejos que median entre el Navia y Eo, y notose
-que eran más inquietos y turbulentos que los de los otros partidos.
-Recelosa la junta de algún desmán, resolvió poner a los detenidos
-fuera de los lindes del principado. Por atolondramiento u oculta
-malicia de mano desconocida, se trató de sacarlos en medio del día
-y públicamente, para que en coche emprendiesen su viaje. A su vista
-gritaron unas mujerzuelas _que se marchan los traidores_; y juntándose
-a sus descompasados clamores un tropel de los reclutas mencionados,
-cogieron en medio a los cinco desventurados y los condujeron al campo
-de San Francisco extramuros de la ciudad, en donde atándolos a los
-árboles se dispusieron a arcabucearlos. En tamaño aprieto felizmente se
-le ocurrió al canónigo Don Alonso Ahumada buscar para la desordenada
-multitud el freno de la religión, único que ya podía contenerla, y con
-el sacramento en las manos y ayudado de personas autorizadas salvó de
-inminente muerte a los atribulados perseguidos, habiéndose mantenido
-impávido en el horroroso trance el coronel de Hibernia. Con lo que
-al paso que se preservaron sus vidas, quedó terso y limpio de todo
-lunar el bello aspecto del levantamiento de Asturias. Raro ejemplo de
-moderación en tiempos en que desencadenándose el furor popular se da a
-veces suelta bajo el manto de patriotismo a las enemistades personales.
-
-[Marginal: Misión de Inglaterra.]
-
-Desde el momento en que la junta de Asturias se pronunció y declaró
-soberana, trató de entablar negociaciones con Inglaterra. Nombró
-para que con aquel objeto pasasen a Londres a Don Andrés Ángel de la
-Vega y al vizconde de Matarrosa, autor de esta historia, así entonces
-llamado por vivir todavía su padre. La misión era importante y de
-empeño. Pendía en gran parte de su feliz resultado dar fortunada cima
-a la comenzada empresa. El viaje por sí presentó dificultades, no
-habiendo en aquel momento crucero inglés en toda la costa asturiana, y
-era arriesgado para el deseado fin aventurarse en barco de la propia
-nación. A los tres días de la insurrección y muy al caso apareció sobre
-el cabo de Peñas un corsario de Jersey, el cual sospechando engaño
-resistió al principio entrar en tratos; mas con el cebo de una crecida
-suma convino en tomar a su bordo los diputados nombrados, quienes desde
-Gijón se hicieron a la vela el 30 de mayo.
-
-No es de más ni obra del amor propio el detenernos en contar algunos
-pormenores de la mencionada misión, habiendo servido de cimiento a la
-nueva alianza que se contrajo con la Inglaterra, y la cual dio ocasión
-a tantos y tan portentosos acontecimientos. En la noche del 6 de junio
-arribaron los diputados a Falmouth, y acompañados de un oficial de la
-marina real inglesa se dirigieron en posta y con gran diligencia a
-Londres. No eran todavía las siete de la mañana cuando pisaron los
-umbrales del almirantazgo, y su secretario Mr. Wellesly Pool apenas
-daba crédito a lo que oía, procurando con ansia descubrir en el mapa
-el casi imperceptible punto que osaba declararse contra Napoleón.
-Poco después y en hora tan temprana se avistó con los diputados Mr.
-Canning, ministro entonces de relaciones extranjeras. En vista de
-las proclamas y del calor y persuasivo entusiasmo que animaba a los
-enviados asturianos [común entonces a todos los españoles], no dudó un
-instante el ministro inglés en asegurarles que el gobierno de S. M. B.
-protegería con el mayor esfuerzo el glorioso alzamiento de la provincia
-que representaban. Su pronta y viva penetración de la primera vez
-columbró el espíritu que debía reinar en toda España cuando en Asturias
-se había levantado el grito de independencia, previendo igualmente las
-consecuencias que una insurrección peninsular podría tener en la suerte
-de Europa y aun del mundo.
-
-Ya con fecha de 12 de junio Mr. Canning comunicaba a los diputados
-de oficio y por escrito: [*] [Marginal: (* Ap. n. 3-2.)] «el rey me
-manda asegurar a VV. SS. que S. M. ve con el más vivo interés la
-determinación leal y valerosa del principado de Asturias para sostener
-contra la atroz usurpación de la Francia una contienda en favor de la
-restauración e independencia de la monarquía española. Asimismo S. M.
-está dispuesto a conceder todo género de apoyo y de asistencia a un
-esfuerzo tan magnánimo y digno de alabanza... El rey me manda declarar
-a VV. SS. que está S. M. pronto a extender su apoyo a todas las demás
-partes de la monarquía española que se muestren animadas del mismo
-espíritu que los habitantes de Asturias.»
-
-Siguiose a esta declaración el envío a aquella provincia de víveres,
-municiones, armas y vestuarios en abundancia: no fue al principio
-dinero por no haber los diputados creídolo necesario. Fueron nombrados
-para que pasasen a Asturias dos oficiales y el mayor general sir Thomas
-Dyer, quien desde entonces fue el protector constante y desinteresado
-de los desgraciados patriotas españoles.
-
-Era a la sazón primer lord de la tesorería el duque de Portland, y
-los nombres tan conocidos después de Castlereagh, Liverpool y Canning
-entraban a formar parte de su ministerio. Tenían por norma de su
-política las reglas que habían guiado a Mr. Pitt, con quien habían
-estado estrechamente unidos. Pero en cuanto a la causa española todos
-los partidos concurrieron en la misma opinión, sin que hubiese la
-menor diferencia ni disenso. Claramente apareció esta conformidad
-en la discusión parlamentaria del 15 de junio en la cámara de los
-comunes. Mr. Sheridan uno de los corifeos de la oposición, célebre como
-literato, y célebre como orador, decía en aquella sesión:[*] [Marginal:
-(* Ap. n. 3-3.)] «¿El denodado ánimo de los españoles no tomará mayor
-aliento cuando sepa que su causa no solo ha sido abrazada por los
-ministros aisladamente, sino también por el parlamento y el pueblo
-de Inglaterra? Si hay en España una predisposición para sentir los
-insultos y agravios que sus habitantes han recibido del tirano de la
-tierra, y que son sobrado enormes para poder expresarlos con palabras,
-¿aquella predisposición no se elevará al más sublime punto con la
-certeza de que sus esfuerzos han de ser cordialmente sostenidos por una
-grande y poderosa nación? Pienso que se presenta una importante crisis.
-Jamás hubo cosa tan valiente, tan generosa, tan noble como la conducta
-de los asturianos.»
-
-Ambos lados de la cámara aplaudieron aquellas elocuentes palabras
-que expresaban el común sentir de todos sus individuos. Trafalgar y
-las famosas victorias alcanzadas por la marina inglesa nunca habían
-excitado ni mayor alegría ni más universal entusiasmo. El interés
-nacional anduvo unido en esta ocasión con lo que dictaban la justicia
-y la humanidad, y así las opiniones más divergentes y encontradas
-en otros asuntos, se juntaron ahora y confundieron para celebrar en
-común y de un modo inexplicable el alzamiento de España. Bastó solo
-la noticia del de Asturias para causar efecto tan prodigioso. No les
-era dado a los diputados moverse ni ir a parte alguna sin que se
-prorrumpiese enderredor suyo en vítores y aplausos. Detenemos aquí la
-pluma ciertos de que se achacaría a estudiada exageración el repetir
-aun compendiosamente lo que en realidad pasó.[*] [Marginal: (* Ap. n.
-3-4.)] En medio sin embargo de la universal satisfacción estaban los
-diputados contristados, habiendo transcurrido más de quince días sin
-que aportase barco ni aviso alguno de las costas de España. No por eso
-menguó el entusiasmo inglés: más bien, a ser posible, vino a aumentarle
-y a sacar a todos de dudas y sobresalto la llegada de Don Francisco
-Sangro enviado por la junta de Galicia, y el cual traía consigo no
-solamente la noticia del levantamiento de tan importante y populosa
-provincia, mas también el de toda la península.
-
-[Marginal: Levantamiento de Galicia.]
-
-Galicia en efecto se había alzado el 30 de mayo, día de San Fernando.
-La extensión de sus costas, sus muchas rías y abrigados puertos, la
-desigualdad de su montuoso terreno, su posición lejana y guarecida de
-angostas y por la mayor parte difíciles entradas, sus arsenales, y en
-fin sus cuantiosos y variados recursos realzaban la importancia de la
-declaración de aquel reino.
-
-Además de la inquietud, necesaria y general consecuencia del 2 de mayo,
-conmovió con particularidad los ánimos en la Coruña la aparición del
-oficial francés Mongat comisionado para tomar razón de los arsenales
-de armas y artillería, de la tropa allí existente, y para examinar
-al mismo tiempo el estado del país. Por ausencia del capitán general
-Don Antonio Filangieri mandaba el mariscal de campo Don Francisco
-Biedma, sujeto mirado con desafecto por los militares y vecinos de la
-ciudad, e inhábil por tanto para calmar la agitación que visiblemente
-crecía. Aumentola con sus providencias, porque colocando artillería
-en la plaza de la capitanía general, redoblando su guardia y viviendo
-siempre en vela, dio a entender que se disponía a ejecutar alguna
-orden desagradable. El Biedma obraba en este sentido con tanto mayor
-confianza cuanto quedaban todavía en la Coruña, a pesar de las fuerzas
-destacadas a Oporto en virtud del tratado de Fontainebleau, el
-regimiento de infantería de Navarra, los provinciales de Betanzos,
-Segovia y Compostela, el segundo de voluntarios de Cataluña y el
-regimiento de artillería del departamento. Para estar más seguro de
-estos cuerpos pensó también granjearse su voluntad, proponiéndoles
-conforme a instrucciones de Madrid la etapa de Francia que era más
-ventajosa. Hubo jefes que aceptaron la oferta, otros la desecharon.
-Pero este paso fue tan imprudente que despertó en los soldados viva
-sospecha de que se fraguaba enviarlos del otro lado de los Pirineos, y
-llenar su hueco con franceses. Sobrecogiose asimismo el paisanaje de
-temor de la conscripción, en el que le confirmaron vulgares rumores
-con tanta más prontitud creídos en semejantes casos, cuanto suelen
-ser más absurdos. Tal fue por ejemplo el de que el francés Mongat
-había mandado fabricar a la maestranza de artillería miles de esposas
-destinadas a maniatar hasta la frontera a los mozos que se enganchasen.
-Por infundada que fuese la voz no era extraño que hallase cabida en
-los prevenidos ánimos de los gallegos, a cuyos oídos había llegado
-la noticia de violencias semejantes a las que en la misma Francia se
-cometían con los conscriptos.
-
-En medio del sobresalto llegó a la Coruña un emisario de Asturias,
-portador de las nuevas de su primera insurrección, con intento de
-brindar a las autoridades a imitar la conducta del principado. Se
-presentó al señor Pagola, regente de la audiencia, quien con la amenaza
-de castigarle le obligó a retirarse sigilosamente a Mondoñedo. Con
-todo súpose, y más y más se pronunciaba la opinión sin que hubiera
-freno que la contuviese. Alcanzaron en tanto a Madrid avisos del
-estado inquieto de Galicia, y se ordenó pasar allí al capitán general
-Don Antonio Filangieri, hombre moderado, afable y entendido, hermano
-del famoso Cayetano, que en su elocuente obra de la legislación había
-defendido con tanta erudición y celo los derechos de la humanidad.
-Adorábanle los oficiales, le querían cuantos le trataban; pero la
-desgracia de haber nacido en Nápoles le privaba del favor de la
-multitud, tan asombradiza en tiempos turbulentos. Sin embargo habiendo
-quitado la artillería de delante de sus puertas, y mostrádose suave e
-indulgente, hubiera quizá parado la revolución si nuevos motivos de
-desazón y disgusto no hubiesen acelerado su estampido. Primeramente
-no dejaba de incomodar la arrogancia desdeñosa con que los franceses
-establecidos en la Coruña miraban a su vecindario desde que el oficial
-Mongat los alentó con su altivez intolerable, si bien a veces templada
-por la prudencia de Mr. Fourcroi, cónsul de su nación. Pero más que
-todo, y ella en verdad decidió el rompimiento, fue la noticia de las
-renuncias de Bayona, y de la internación en Francia de la familia
-real, con lo que al paso que el poder de la autoridad se entorpecía y
-menguaba, creció el ardor popular saltando la valla de la subordinación
-y obediencia.
-
-Algunos patriotas encendidos del deseo de conservar la independencia y
-el honor nacional, se juntaban a escondidas con varios oficiales para
-dar acertado impulso al público descontento. Asistían individuos del
-regimiento de Navarra, de lo que noticioso el capitán general mandó
-que aquel cuerpo se trasladase al Ferrol; medida que tal vez influyó en
-su posterior y lamentable suerte. En lugar de amortiguarse aviváronse
-con esto los secretos tratos, y ya tocaban al estado de sazón, cuando
-la víspera de San Fernando entró a caballo por las calles de la Coruña
-un joven de rostro halagüeño, gallardo en su porte, y tan alborozado
-que atravesándolas con entusiasmados gritos movió la curiosidad
-de sus atónitos vecinos. Avistose con el regente de la audiencia,
-quien cortándole toda comunicación le hizo custodiar en la casa de
-correos. Allí se agolpó al instante la muchedumbre, y averiguó que el
-desconocido mozo era un estudiante de la ciudad de León, en donde a
-imitación de Asturias había la población tratado de levantarse y crear
-una junta. Con la nueva espuela determinaron los que secretamente y de
-consuno se entendían, no aguardar más tiempo, y poner cuanto antes el
-reino de Galicia en abierta insurrección.
-
-El siguiente día 30 ofreciose como el más oportuno impeliendo a su
-ejecución un impensado incidente. Era costumbre todos los años en dicho
-día enarbolar la bandera en los baluartes y castillos, y notose que
-en este se había omitido aquella práctica que solamente se verificaba
-en conmemoración de Fernando III llamado el Santo, sin atender a
-que el soberano reinante llevara o no aquel nombre. Mas como ahora
-desagradaba su sonido al gobierno de Madrid, fuera por su orden o por
-lisonjearle, se suspendió la antigua ceremonia. El pueblo echando de
-menos la bandera se mostró airado, y aprovechando entonces los secretos
-conjurados la oportuna ocasión, enviaron para acaudillarle a Sinforiano
-López, de oficio sillero, hombre fogoso, y que, dotado de verbosidad
-popular, era querido de la multitud y a su arbitrio la gobernaba.
-Luego que se acercó al palacio del capitán general, envió por delante
-para tantear el ánimo de la tropa algunos niños que con pañuelos
-fijos en la punta de unos palos, y gritando viva Fernando VII y muera
-Murat, intentaron meterse por sus filas. Los soldados, en cuyo número
-se contaban bastantes que estaban de concierto con los atizadores,
-se reían de los muchachos, y los dejaban pasar y gritar, sin
-interrumpirlos en su aparente pasatiempo. Alentados los instigadores
-se atropellaron de golpe hacia el palacio, diputando a unos cuantos
-para pedir que según costumbre se tremolase la bandera. Aquel edificio
-está sito dentro de la ciudad antigua; y al ruido de que era acometido,
-concurrió la multitud de todos los puntos, precipitándose por la puerta
-Real y la de Aires. Los primeros que en diputación habían penetrado
-dentro de los umbrales de palacio, alcanzado que hubieron que se
-enarbolase la bandera, pidieron que volviera a la Coruña el regimiento
-de Navarra, y como acontece en los bullicios populares, a medida que se
-condescendía en las peticiones, fuéronse estas multiplicando: por lo
-que y encrespado el tumulto, Don Antonio Filangieri se desapareció por
-una puerta excusada y se refugió en el convento de dominicos. No así
-Don Francisco Biedma y el coronel Fabro, quienes a pesar del odio que
-contra ambos había como parciales del príncipe de la Paz, osaron salir
-por la puerta principal. Caro hubo de costarles el temerario arrojo:
-al Biedma le hirieron de una pedrada, pero levemente; y al Fabro que
-puesto al frente de los granaderos de Toledo, de cuyo cuerpo era jefe,
-dio con su espada de plano a uno de los que peroraban a nombre del
-pueblo, reciamente le apalearon, sin que sus soldados hiciesen ademán
-siquiera de defenderle: tan aunados estaban militares y paisanos.
-
-Como era día festivo y también por avisos circulados a las aldeas había
-acudido a la ciudad mucha gente de los contornos, y todos juntos los de
-dentro y los de fuera asaltaron el parque de armas, y le despojaron de
-más de 40.000 fusiles. En la acometida corrió gran peligro el comisario
-de la maestranza de artillería Don Juan Varela, a quien falsamente
-se atribuía el tener escondidas las esposas que habían de atraillar
-a los que se llevasen a Francia. Muy al caso le ocurrió a Sinforiano
-López sacar en procesión el retrato de Fernando VII, con cuya artimaña
-atrayendo hacia sí a la multitud, salvó a Varela del fatal aprieto.
-
-En fin por la tarde se formó una junta, y a su cabeza se puso el
-capitán general; entrando en ella las principales autoridades y
-representantes de las diferentes clases y corporaciones ya civiles ya
-eclesiásticas. Por indisposición de Filangieri presidió los primeros
-días la junta el mariscal de campo Don Antonio Alcedo, hombre muy cabal
-y prudente, y permitió en el naciente fervor que cualquiera ciudadano
-entrase a proponer en la sala de sesiones lo que juzgase conveniente
-a la causa pública. Púsose luego coto a una concesión que en otros
-tiempos hubiera sido indebida y peligrosa.
-
-La junta anduvo en lo general atinada, y tomó disposiciones prontas
-y vigorosas. Dio igualmente desde el principio una señalada prueba
-de su desprendimiento en convocar otra junta, que elegida libre y
-tranquilamente por las ciudades de Galicia, no tuviese la tacha de
-ser fruto de un alboroto, y de solo representar en ella una pequeña
-parte de su territorio. Para alcanzar tan laudable objeto se prefirió
-a cualquiera otro medio el más antiguo y conocido. Cada seis años se
-congregaba en la Coruña una diputación de todo el reino de Galicia,
-compuesta de siete individuos escogidos por los diversos ayuntamientos
-de las siete provincias en que está dividido. Celebrábase esta
-reunión para conceder la contribución llamada de millones, y elegir
-un diputado que en unión con los de las otras ciudades de voto en
-cortes concurriese a formar la diputación de los reinos, que constando
-de siete individuos, y removiéndose de seis en seis años residía
-en Madrid, más bien para presenciar festejos públicos y obtener
-individuales favores que para defender los intereses de sus comitentes.
-Conforme a su digna resolución expidió la junta sus convocatorias,
-y envió a todas partes comisionados que pusiesen en ejecución las
-medidas que había decretado de armamento y defensa. Siendo idéntica
-la opinión de todos los pueblos, fueron aquellos a doquiera que
-llegaban recibidos con aplauso y sumisamente acatados. En algunos
-parajes habían precedido alborotos a la noticia del de la Coruña, y en
-todos ellos se respetaron y obedecieron las providencias de la junta,
-corriendo la juventud a alistarse con el mayor entusiasmo. Solamente en
-el Ferrol hubiera podido desconocerse la autoridad del nuevo gobierno
-por la oposición que mostraban el conde de Cartaojal, comandante de
-la división de Ares, y el jefe de escuadra Obregón, que mandaba los
-arsenales; pero los demás oficiales y soldados conformes con el pueblo
-en sus sentimientos, y pronunciándose altamente, desbarataron los
-intentos de sus superiores.
-
-Conmovido así todo el reino de Galicia se aceleró la formación y
-organización de su ejército. Se incorporaron los reclutas en los
-regimientos veteranos, y se crearon otros nuevos, entre los que
-merece particular distinción el batallón llamado literario, compuesto
-de estudiantes de la universidad de Santiago, tan bien dispuestos y
-animados como todos los de España en favor de la causa sagrada de la
-patria. La reunión de estas fuerzas con las que posteriormente se
-agregaron de Oporto, ascendía en su totalidad a unos 40.000 hombres.
-
-No tardaron mucho en pasar a la Coruña los regidores nombrados por los
-ayuntamientos de las siete capitales de provincia en representación de
-su potestad suprema; instalándose con el nombre de junta soberana de
-Galicia. Asociaron a su seno al obispo de Orense que entonces gozaba
-de justa popularidad, al de Tuy y a Don Andrés García, confesor de
-la difunta princesa de Asturias, en obsequio a su memoria. Se mandó
-asimismo que asistiesen a las comisiones administrativas, en que se
-distribuyesen los diversos trabajos, personas inteligentes en cada ramo.
-
-El levantamiento de Galicia tuvo como el de toda España su principal
-origen en el odio a la dominación extranjera, y en la justa indignación
-provocada por los atroces hechos de Madrid y Bayona. Fueron en aquel
-reino los militares los primeros motores, sostenidos por la población
-entera. El clero si bien no dio el impulso, aplaudió y favoreció
-después la heroica resolución, distinguiéndose más adelante los curas
-párrocos, quienes fomentaron y mantuvieron la encendida llama del
-patriotismo. Sin embargo miraron allí con torvo rostro las conmociones
-populares dos de los más poderosos eclesiásticos, cuales eran Don
-Rafael Múzquiz, arzobispo de Santiago, y Don Pedro Acuña, ex-ministro
-de gracia y justicia. Celosos partidarios del príncipe de la Paz
-asustáronse del advenimiento al trono de Fernando VII, y trabajaron en
-secreto y con porfiado ahínco por deshacer o embarazar en su curso la
-comenzada empresa. El de Santiago, portentoso conjunto de corrupción
-y bajeza, procuraba con aparente fanatismo encubrir su estragada
-conducta, disfrazar sus vicios y acrecentar el inmenso poderío que
-le daban sus riquezas y elevada dignidad. Astuto y revolvedor tiró a
-sembrar la discordia so color de patriotismo. Había entre Santiago,
-antigua capital de Galicia, y la Coruña que lo era ahora, añejas
-rivalidades; y para despertarlas ofreció un donativo de tres millones
-de reales con la condición sediciosa de que la junta soberana fijase
-su asiento en la primera de aquellas ciudades. Muy bien sabía que no se
-accedería a su propuesta, y se lisonjeaba de excitar con la negativa
-reyertas entre ambos pueblos que trabasen las resoluciones de la nueva
-autoridad. Mas la junta mostró tal firmeza que atemorizado el solapado
-y viejo cortesano se cobijó bajo la capa pastoral del obispo de Orense
-para no ser incomodado y perseguido.
-
-A pocos días de la insurrección una voz repentina y general difundida
-en toda Galicia de que entraban los franceses, dio desgraciadamente
-ocasión a desórdenes, que si bien momentáneos, no por eso dejaron de
-ser dolorosos. Así fue que en Orense un hidalgo de Puga mató de un tiro
-a un regidor a las puertas del ayuntamiento, por habérsele dicho que el
-tal era afecto a los invasores. Bien es verdad que Galicia dentro de
-su suelo no tuvo que llorar otra muerte en los primeros tiempos de su
-levantamiento.
-
-Tuvo sí que afligirse y afligir a España con el asesinato de Don
-Antonio Filangieri, que saliendo de los lindes gallegos había fijado
-su cuartel general en Villafranca del Bierzo, y tomado activas
-providencias para organizar y disciplinar su gente, el cual creyendo
-oportuno, así para su propósito como para cubrir las avenidas del país
-de su mando, sacar de la Coruña sus tropas [en gran parte bisoñas y
-compuestas de gente allegadiza], las situó en la cordillera aledaña
-del Bierzo, extendiendo las más avanzadas hasta Manzanal, colocado
-en las gargantas que dan salida al territorio de Astorga. Lo suave
-de la condición de dicho general y el haberle llamado la junta a la
-Coruña, alentó a algunos soldados de Navarra, cuyo cuerpo estaba
-resentido desde la traslación al Ferrol, para acometerle y asesinarle
-fría y alevosamente el 24 de junio en las calles de Villafranca. Los
-abanderizó un sargento, y hubo quien buscó más arriba la oculta mano
-que dirigió el mortal golpe. Atroz y fementido hecho matar a su propio
-caudillo, respetable varón e inocente víctima de una soldadesca brutal
-y desmandada. Por largo tiempo quedó impune tan horroroso crimen:
-al fin y pasados años recibieron los que le perpetraron el merecido
-castigo. Había sucedido en el mando por aquellos días al desventurado
-Filangieri Don Joaquín Blake, mayor general del ejército, y antes
-coronel del regimiento de la Corona. Gozaba del concepto de militar
-instruido y de profundo táctico. La junta le elevó al grado de teniente
-general.
-
-De Inglaterra llegaron también a Galicia prontos y cuantiosos auxilios.
-Su diputado Don Francisco Sangro fue honrado y obsequiado por aquel
-gobierno, y se remitieron libres a la Coruña los prisioneros españoles
-que gemían hacía años en los pontones británicos. Arribó al mismo
-puerto Sir Carlos Stuart, primer diplomático inglés que en calidad de
-tal pisó el suelo español. La junta se esmeró en agasajarle y darle
-pruebas de su constante anhelo por estrechar los vínculos de alianza y
-amistad con S. M. Británica. Las demostraciones de interés que por la
-causa de España tomaba nación tan poderosa, fortificaron más y más las
-novedades acaecidas, y hasta los más tímidos cobraron esperanzas.
-
-[Marginal: Levantamiento de Santander.]
-
-Santander agitado y conmovido ponía en sumo cuidado a los franceses,
-estando casi situado a la retaguardia de una parte considerable de sus
-tropas, y pudiendo con su insurrección impedir fácilmente que entre
-sí se comunicasen. También temían que la llama una vez prendida se
-propagase a las provincias vascongadas, y los envolviese a favor del
-escabroso terreno, en medio de poblaciones enemigas, fatigándolos y
-hostigándolos continuadamente. Así fue que el mariscal Bessières no
-tardó desde Burgos en despachar a aquel punto a su ayudante general Mr.
-de Rigny, que, después se ha ilustrado más dignamente con los laureles
-de Navarino. Iba con pliegos para el cónsul francés Mr. de Ranchoup,
-por los que se amonestaba al ayuntamiento, que en caso de no mantenerse
-la tranquilidad pasaría una división a castigar con el mayor rigor el
-más leve exceso. Semejantes amenazas lejos de apaciguar acrecentaron el
-disgusto y la fermentación. Estaba en su colmo, cuando una leve disputa
-entre Mr. Pablo Carreyron, francés avecindado, y el padre de un niño
-a quien aquel había reprendido, atrajo gente, y de unas en otras se
-enardeció el pueblo clamoreando que se prendiese a los franceses.
-
-Tocaron entonces a rebato las campanas de la catedral y los tambores
-la generala, resonando por las calles los gritos de viva Fernando VII
-y muera Napoleón y el ayudante de Bessières. Armado como por encanto
-el vecindario, arrestó a los franceses, pero con el mayor orden; y
-conducidos al castillo cuartel de San Felipe, se pusieron guardias
-a las puertas de las respectivas casas de los presos para que no
-recibiesen menoscabo en sus propiedades. Era aquel día el 26 de mayo, y
-como de la Ascensión festivo; por lo que arremolinándose numerosa plebe
-cerca de la casa del cónsul francés, se desató en palabras y amenazas
-contra su persona y la de Mr. de Rigny. Sus vidas hubieran peligrado
-si los oficiales del provincial de Laredo que guarnecían a Santander,
-no las hubieran puesto en salvo exponiendo las suyas propias. Los
-sacaron de la casa consular a las once de la noche, y colocándolos en
-el centro de un círculo que formaron con sus cuerpos, los llevaron al
-ya mencionado cuartel de San Felipe, dejándolos bajo la custodia de los
-milicianos que le ocupaban.
-
-Al día inmediato 27 se compuso una junta de los individuos del
-ayuntamiento y varias personas notables del pueblo, las que eligieron
-por su presidente al obispo de la diócesis Don Rafael Menéndez de
-Luarca. Hallábase este ausente en su quinta de Liaño a dos leguas de la
-ciudad, no pudiendo por tanto haber tomado parte en los acontecimientos
-ocurridos. El gobierno francés que con estudiado intento no veía
-entonces en el alzamiento de España sino la obra de los clérigos y los
-frailes, achacó al reverendo obispo de Santander la insurrección de
-la provincia cantábrica. Mas fue tan al contrario que en un principio
-aquel prelado se resistió obstinadamente a admitir la presidencia
-que le ofreció la junta, y solo a fuerza de reiteradas instancias
-condescendió con sus ruegos. Era el de Santander eclesiástico austero
-en sus costumbres, y acatábale el vulgo como si fuera un santo: estaba
-ciertamente dotado de recomendables prendas, pero las deslucía con
-terco fanatismo y desbarros que tocaban casi en locura. Dio luego
-señales de su descompuesto temple, autorizándose con el título de
-regente soberano de Cantabria a nombre de Fernando VII y con el
-aditamento de alteza.
-
-A poco se supo la insurrección de Asturias con lo que tomó vuelo
-el levantamiento de toda la montaña de Santander, y aun los tibios
-ensancharon sus corazones. Inmediatamente se procedió a un alistamiento
-general, y sin más dilación y faltos de disciplina salieron los nuevos
-cuerpos a los confines y puertos secos de la provincia. Mandaba como
-militar Don Juan Manuel de Velarde, que de coronel fue promovido a
-capitán general, y el cual se apostó en Reinosa con artillería y 5000
-hombres, los más paisanos mezclados con milicianos de Laredo. Su hijo
-Don Emeterio, muerto después gloriosamente en la batalla de la Albuera,
-ocupó el Escudo con 2500 hombres, igualmente paisanos. Otros 1000
-recogidos de partidas sueltas de Santoña, Laredo y demás puertecillos
-se colocaron en los Tornos. Por aquí vemos como Santander a pesar de
-su mayor proximidad a los franceses se arriesgó a contrarrestar sus
-injustos actos y a emplear contra ellos los escasos recursos que su
-situación le prestaba.
-
-[Marginal: Levantamiento de León y Castilla la Vieja.]
-
-Osadía fue sin duda la de esta provincia, pero guarecida detrás de sus
-montañas no parecía serlo tanto como la de las ciudades y pueblos de
-la tierra llana de Castilla y León. Sus moradores no atendiendo ni a
-sus fuerzas ni a su posición, quisieron ciegamente seguir los ímpetus
-de su patriotismo, y a los pueblos cercanos a tropas francesas salioles
-caro tan honroso como irreflexionado arrojo. Apenas había alzado
-Logroño el pendón de la insurrección, cuando pasando desde Vitoria con
-dos batallones el general Verdier, fácilmente arrolló el 6 de junio a
-los indisciplinados paisanos, retirándose después de haber arcabuceado
-a varios de los que se cogieron con las armas en la mano, o a los que
-se creyeron principales autores de la sublevación. No fue más dichosa
-en igual tentativa la ciudad de Segovia. Confiando sobradamente en la
-escuela de artillería establecida en su alcázar, intentó con su ayuda
-hacer rostro a la fuerza francesa, cerrando los oídos a proposiciones
-que por medio de dos guardias de Corps le había enviado Murat. En
-virtud de la repulsa se acercó a la ciudad el 7 de junio el general
-francés Frère, y los artilleros españoles colocaron las piezas
-destinadas al ejercicio de los cadetes en las puertas y avenidas. No
-había para sostenerlas otra tropa que paisanos mal armados, los cuales
-al empeñarse la refriega se desbandaron dejando abandonadas las piezas.
-Apoderose de Segovia el enemigo, y el director Don Miguel de Cevallos,
-los alumnos y casi todos los oficiales se salvaron y acogieron a los
-ejércitos que se formaban en las otras provincias.
-
-Al mismo tiempo que tales andaban las cosas en puntos aislados
-de Castilla, tomó cuerpo la insurrección de Valladolid y León,
-fortificándose con mayores medios y estribando sus providencias en los
-auxilios que aguardaban de Galicia y Asturias. Desde el momento en que
-la última de aquellas provincias había en el 23 y 24 de mayo proclamado
-a Fernando y declarádose contra los franceses, había León imitado
-su ejemplo. Como a su definitiva determinación hubiesen precedido
-parciales conmociones, en una de ellas fue enviado a la Coruña el
-estudiante que tanto tumultuó allí la gente. Mas el estar asentada la
-ciudad de León en la tierra llana, y el serles a los franceses de fácil
-empresa apaciguar cualquiera rebelión a sus mandatos, había reprimido
-el ardor popular. Por fin habiéndose enviado de Asturias 800 hombres
-para confortar algún tanto a los tímidos, se erigió el 1.º de junio una
-junta de individuos del ayuntamiento y otras personas, a cuya cabeza
-estaba como gobernador militar de la provincia D. Manuel Castañón.
-No eran pasados muchos días cuando se transfirió la presidencia al
-capitán general bailío Don Antonio Valdés, antiguo ministro de marina,
-y quien habiendo honrosamente rehusado ir a Bayona, tuvo que huir de
-Burgos a Palencia y abrigarse al territorio leonés. Fueron de Asturias
-municiones, fusiles y otros pertrechos, con cuya ayuda se empezó el
-armamento.
-
-Estaba en Valladolid de capitán general Don Gregorio de la Cuesta
-militar antiguo y respetable varón, pero de condición duro y
-caprichudo, y obstinado en sus pareceres. Buen español, acongojábale la
-intrusión francesa, mas acostumbrado a la ciega subordinación miraba
-con enojo que el pueblo se entrometiese a deliberar sobre materias
-que a su juicio no le competían. El distrito de su mando abrazaba los
-reinos de León y Castilla la Vieja, cuya separación geográfica no ha
-estorbado que se hubiesen confundido ambos en el lenguaje común y aun
-en cosas de su gobierno interior. La pesada mano de la autoridad los
-había molestado en gran manera, y el influjo del capitán general era
-extremadamente poderoso en las provincias en que aquellos reinos se
-subdividían. Con todo pudiendo más el actual entusiasmo que el añejo
-y prolongado hábito de la obediencia, ya hemos visto como en León,
-sin contar con Don Gregorio de la Cuesta, se había dado el grito del
-levantamiento. Era la empresa de más dificultoso empeño en Valladolid,
-así porque dentro residía dicho jefe, como también por el apoyo que le
-daba la chancillería y sus dependencias. Sin embargo la opinión superó
-todos los obstáculos.
-
-En los últimos días de mayo el pueblo agavillado quiso exigir del
-capitán general que se le armase y se hiciese la guerra a Napoleón.
-Asomado al balcón resistiose Cuesta, y con prudentes razones procuró
-disuadir a los alborotados de su desaconsejado intento. Insistieron
-de nuevo estos, y viendo que sus esfuerzos inútilmente se estrellaban
-contra el duro carácter del capitán general, erigieron el patíbulo
-vociferando que en él iban a dar el debido pago a tal terquedad,
-tachada ya de traición por el populacho. Dobló entonces la cerviz Don
-Gregorio de la Cuesta, prefiriendo a un azaroso fin servir de guía a
-la insurrección, y sin tardanza congregó una junta a que asistieron
-con los principales habitantes individuos de todas las corporaciones.
-El viejo general no permitió que la nueva autoridad ensanchase sus
-facultades más allá de lo que exigía el armamento y defensa de la
-provincia; conviniendo tan solo en que a semejanza de Valladolid se
-instituyese una junta con la misma restricción en cada una de las
-ciudades en que había intendencia. Así Ávila y Salamanca formaron
-las suyas, pero la inflexible dureza de Cuesta y el anhelo de estos
-cuerpos por acrecer su poder, suscitaron choques y reñidas contiendas.
-Valladolid y las poblaciones libres del yugo francés se apresuraron a
-alistar y disciplinar su gente, y Zamora y Ciudad Rodrigo suministraron
-en cuanto pudieron armas y pertrechos militares.
-
-Enlutaron la común alegría algunos excesos de la plebe y de la
-soldadesca. Murió en Palencia a sus manos un tal Ordóñez que dirigía
-la fábrica de harinas de Monzón, sujeto apreciable. Don Luis Martínez
-de Ariza, gobernador de Ciudad Rodrigo, experimentó igual suerte,
-sirviendo de pretexto su mucha amistad y favor con el príncipe de la
-Paz. Lo mismo algún otro individuo en dicha plaza; y en la patria del
-insigne Alonso del Tostado, en Madrigal, fue asesinado el corregidor,
-y unos alguaciles odiados por su rapaz conducta. Castigó Cuesta con
-el último suplicio a los matadores; pero una catástrofe no menos
-triste y dolorosa afeó el levantamiento de Valladolid. Don Miguel
-de Cevallos, director del colegio de Segovia, a quien hemos visto
-alejarse de aquella ciudad al ocuparla los franceses, fue detenido a
-corta distancia en el lugar de Carbonero, achacando infundadamente
-a traición suya el descalabro padecido. De allí le condujeron preso
-a Valladolid. Le entraron por la tarde, y fuera malicia o acaso,
-después de atravesar el portillo de la Merced, torcieron los que le
-llevaban por el callejón de los toros al campo grande, donde los
-nuevos alistados hacían el ejercicio. A las voces de que se aproximaba
-levantose general gritería. Iba a caballo y detrás su familia en coche.
-Llovieron muy luego pedradas sobre su persona, y a pesar de querer
-guarecerle los paisanos que le escoltaban, desgraciadamente de una cayó
-en tierra, y entonces por todas partes le acometieron y maltrataron.
-En balde un clérigo de nombre Prieto buscó para salvarle el religioso
-pretexto de la confesión: solo consiguió momentáneamente meterle en el
-portal de una casa, dentro del cual un soldado portugués de los que
-habían venido con el marqués de Alorna le traspasó de un bayonetazo.
-Con aquello enfureciose de nuevo el populacho, arrastró por la ciudad
-al desventurado Cevallos, y al fin le arrojó al río. Partían el alma
-los agudos acentos de la atribulada esposa, que desde su coche ponía
-en el cielo sus quejas y lamentos, al paso que empedernidas mujeres se
-encarnizaban en la despedazada víctima. Espanta que un sexo tan tierno,
-delicado y bello por naturaleza, se convierta a veces y en medio de
-tales horrores en inhumana fiera. Mas apartando la vista de objeto
-tan melancólico, continuemos bosquejando el magnífico cuadro de la
-insurrección, cuyo fondo, aunque salpicado de algunas oscuras manchas,
-no por eso deja de aparecer grandioso y admirable.
-
-[Marginal: Levantamiento de Sevilla.]
-
-Las provincias meridionales de España no se mantuvieron más tranquilas
-ni perezosas que las que acabamos de recorrer. Movidos sus habitantes
-de iguales afectos no se desviaron de la gloriosa senda que a todos
-había trazado el sentimiento de la honra e independencia nacional.
-Siendo idénticas las causas, unos mismos fueron en su resultado los
-efectos. Solamente los incidentes que sirvieron de inmediato estímulo
-variaron a veces. Uno de estos notable e inesperado influyó con
-particularidad en los levantamientos de Andalucía y Extremadura. Por
-entonces residía casualmente en Móstoles, distante de Madrid tres
-leguas, Don Juan Pérez Villamil secretario del almirantazgo. Acaeció
-en la capital el suceso del 2 de mayo, y personas que en lo recio de
-la pelea se habían escapado y refugiado en Móstoles, contaron lo que
-allí pasaba con los abultados colores del miedo reciente. Sin tardanza
-incitó Villamil al alcalde para que escribiendo al del cercano pueblo
-pudiese la noticia circular de uno en otro con rapidez. Así cundió
-creciendo de boca en boca, y en tanto grado exagerada que cuando
-alcanzó a Talavera pintábase a Madrid ardiendo por todos sus puntos y
-confundido en muertes y destrozos. Expidiéronse por aquel administrador
-de correos avisos con la mayor diligencia, y en breve Sevilla y otras
-ciudades fueron sabedoras del infausto acontecimiento.
-
-Dispuestos como estaban los ánimos, no se necesitaba sino de un
-levísimo motivo para encenderlos a lo sumo y provocar una insurrección
-general. El aviso de Móstoles estuvo para realizarla en el mediodía.
-En Sevilla el ayuntamiento pensó seriamente en armar la provincia, y
-tratose de planes de armamento y defensa. Órdenes posteriores de Madrid
-contuvieron el primer amago; pero conmovido el pueblo se alentaron
-algunos particulares a dar determinado rumbo al descontento universal.
-Fue en aquella ciudad uno de los principales conmovedores el conde de
-Tilly, de casa ilustre de Extremadura, hombre inquieto, revoltoso y
-tachado bastantemente en su conducta privada. Aunque dispuesto para
-alborotos, e igualmente amigo de novedades que su hermano Guzmán, tan
-famoso en la revolución francesa, nunca hubiera conseguido el anhelado
-objeto, si la causa que ahora abrazaba no hubiese sido tan santa, y si
-por lo mismo no se le hubiesen agregado otras personas respetables de
-la ciudad.
-
-Juntábanse todos en un sitio llamado el Blanquillo hacia la puerta
-de la Barqueta, y en sus reuniones debatían el modo de comenzar su
-empresa. Apareciose al propio tiempo en Sevilla un tal Nicolás Tap
-y Núñez, hombre poco conocido y que había venido allí con propósito
-de conmover por sí solo la ciudad. Ardiente y despejado peroraba por
-calles y plazas, y llevaba y traía a su antojo al pueblo sevillano,
-subiendo a punto su descaro de pedir al cabildo eclesiástico doce mil
-duros para hacer el alzamiento contra los franceses; petición a que se
-negó aquel cuerpo. Se ejercitaba antes en el comercio clandestino, y
-con el título intruso de corredor tenía mucha amistad con las gentes
-que se ocupaban en el contrabando con Gibraltar y la costa, a cuyo
-punto hacía frecuentes viajes. Callaban las autoridades temerosas
-de mayor mal, y los que con Tilly maquinaban procuraron granjearse
-la voluntad de quien en pocos días había adquirido más nombre y
-popularidad que ningún otro. Buscáronle y fácilmente se concertaron.
-
-No transcurría día sin que nuevos motivos de disgusto viniesen a
-confirmarlos en su pensamiento, y a perturbar a los tranquilos
-ciudadanos. En este caso estuvieron varios papeles publicados contra la
-familia de Borbón en el Diario de Madrid que se imprimía desde el 10 de
-mayo bajo la inspección del francés Esménard. Disonaron sus frases a
-los oídos españoles no acostumbrados a aquel lenguaje, y unos papeles
-destinados a rectificar la opinión en favor de las mudanzas acordadas
-en Bayona, la alejaron para siempre de asentir a ellas y aprobarlas.
-Gradualmente subía de punto la indignación, cuando de oficio se recibió
-la noticia de las renuncias de la familia real de España en la persona
-de Napoleón. Parecioles a Tilly, Tap y consortes que no convenía
-desaprovechar la ocasión, y se prepararon al rompimiento.
-
-Se escogió el día de la Ascensión 26 de mayo y hora del anochecer para
-alborotar a Sevilla. Soldados del regimiento de Olivenza comenzaron el
-estruendo dirigiéndose al depósito de la real maestranza de artillería
-y de los almacenes de pólvora. Reunióseles inmenso gentío, y se
-apoderaron de las armas sin desgracia ni desorden. Adelantose a aquel
-paraje un escuadron de caballería mandado por Don Adrián Jácome, el
-cual lejos de impedir la sublevación, más bien la aplaudió y favoreció.
-Prendiendo con inexplicable celeridad el fuego de la revolución hasta
-en los más apartados y pacíficos barrios, el ayuntamiento se trasladó
-al hospital de la Sangre para deliberar más desembarazadamente. Pero
-en la mañana del 27 el pueblo apoderándose de las casas consistoriales
-abandonadas, congregó en ellas una junta suprema de personas
-distinguidas de la ciudad. Tap y Núñez procediendo de buena fe era
-por su extremada popularidad quien escogía los miembros, siendo
-otros los que se los apuntaban. Así fue que como forastero obrando a
-ciegas, nombró a dos que desagradaron por su anterior y desopinada
-conducta. Se le previno, y quiso borrarlos de la lista. Fueron inútiles
-sus esfuerzos y aun le acarrearon una larga prisión, mostrándose
-encarnizados enemigos suyos los que tenía por parciales. Suerte
-ordinaria de los que entran desinteresadamente e inexpertos en las
-revoluciones: los hombres pacíficos los miran siempre, aun aplaudiendo
-a sus intentos, como temibles y peligrosos, y los que desean la
-bulla y las revueltas para crecer y medrar, ponen su mayor conato en
-descartarse del único obstáculo a sus pensamientos torcidos.
-
-Instalose pues la junta, y nombró por su presidente a Don Francisco
-Saavedra, antiguo ministro de hacienda, confinado en Andalucía por la
-voluntad arbitraria del príncipe de la Paz. De carácter bondadoso y
-apacible, tenía saber extenso y vario. Las desgracias y persecuciones
-habían quizá quitado a su alma el temple que reclamaban aquellos
-tiempos. A instancias suyas fue también elegido individuo de la junta
-el asistente Don Vicente Hore, a pesar de su amistad con el caído
-favorito. Entró a formar parte y se señaló por su particular influjo
-el Padre Manuel Gil, clérigo reglar. La espantadiza desconfianza de
-Godoy que sin razón le había creído envuelto en la intriga que para
-derribarle habían urdido en 1795 la marquesa de Matallana y el de
-Malaespina, le sugirió entonces el encerrarle en el convento de
-Toribios de Sevilla, en el que se corregían los descarríos ciertos o
-supuestos de un modo vergonzoso y desusado ya aun para con los niños.
-Disfrutaba el padre Gil, si bien de edad provecta, de la robustez y
-calor de los primeros años: con facilidad comunicaba a otros el fuego
-que sustentaba en su pecho, y en medio de ciertas extravagancias más
-bien hijas de la descuidada educación del claustro que de extravíos de
-la mente, lucía por su erudición y la perspicacia de su ingenio.
-
-La nombrada junta intitulose suprema de España e Indias. Desazonó
-a las otras la presuntuosa denominación; pero ignorando lo que
-allende ocurría, quizá juzgó prudente ofrecer un centro común, que
-contrapesando el influjo de la autoridad intrusa y usurpadora de
-Madrid, le hiciese firme e imperturbable rostro. Fue desacuerdo
-insistir en su primer título luego que supo la declaración de las
-otras provincias. Su empeño hubiera podido causar desavenencias que
-felizmente cortaron la cordura y tino de ilustrados patriotas.
-
-Para la defensa y armamento adoptó la junta medidas activas y
-acertadas. Sin distinción mandó que se alistasen todos los mozos de
-dieciséis hasta cuarenta y cinco años. Se erigieron asimismo por orden
-suya juntas subalternas en las poblaciones de 2000 y más vecinos.
-La oportuna inversión de los donativos cuantiosos que se recibían,
-como también el cuidado de todo el ramo económico, se puso a cargo
-de sujetos de conocida integridad. En ciudades, villas y aldeas se
-respondió con entrañable placer al llamamiento de la capital, y en
-Arcos como en Carmona, y en Jerez como en Lebrija y Ronda no se oyeron
-sino patrióticos y acordes acentos.
-
-En la conmoción de la noche del 26 y en la mañana del 27 nadie se había
-desmandado, ni se habían turbado aquellas primeras horas con muertes
-ni notables excesos. Estaba reservado para la tarde del mismo 27 que
-se ensangrentasen los muros de la ciudad con un horrible asesinato.
-Ya indicamos como el ayuntamiento había trasladado al hospital de la
-Sangre el sitio de sus sesiones. Dio con este paso lugar a hablillas
-y rencores. Para calmarlos y obrar de concierto con la junta creada,
-envió a ella en comisión al conde del Águila procurador mayor en
-aquel año. A su vista se encolerizó la plebe, y pidió con ciego furor
-la cabeza del conde. La junta para resguardarle prometió que se le
-formaría causa, y ordenó que entre tanto fuese enviado en calidad de
-arrestado a la torre de la puerta de Triana. Atravesó el del Águila a
-Sevilla entre insultos, pero sin ser herido ni maltratado de obra. Solo
-al subir a la prisión que le estaba destinada, entrando en su compañía
-una banda de gente homicida, le intimó que se dispusiese a morir, y
-atándole a la barandilla del balcón que está sobre la misma puerta de
-Triana, sordos aquellos asesinos a los ruegos del conde y a las ofertas
-que les hizo de su hacienda y sus riquezas, bárbaramente le mataron
-a carabinazos. Fue por muchos llorada la muerte de este inocente
-caballero, cuya probidad y buen porte eran apreciados en general por
-todos los sevillanos. Hubo quien achacó imprudencias al conde; otros, y
-fueron los más, atribuyeron el golpe a enemiga y oculta mano.
-
-Rica y populosa Sevilla, situada ventajosamente para resistir a una
-invasión francesa, afianzó, declarándose, el levantamiento de España.
-Mas era menester para poner fuera de todo riesgo su propia resolución
-contar con San Roque y Cádiz, en donde estaba reunida la fuerza militar
-de mar y tierra más considerable y mejor disciplinada que había dentro
-de la nación. Convencida de esta verdad despachó la junta a aquellos
-puntos dos oficiales de artillería que eran de su confianza. El que
-fue a San Roque desempeñó su encargo con menos embarazos, hallando
-dispuesto a Don Francisco Javier Castaños que allí mandaba, a someterse
-a lo que se le prescribía. Ya de antemano había entablado este general
-relaciones con Sir Hugo Dalrymple, gobernador de Gibraltar, y lejos de
-suspender sus tratos por la llegada a su cuartel general del oficial
-francés Roquiat, de cuya comisión hicimos mención en el anterior libro,
-las avivó y estrechó más y más. Tampoco se retrajo de continuarlos ni
-por las ofertas que le hizo otro oficial de la misma nación despachado
-al efecto, ni con el cebo del virreinato de Méjico que tenían en Madrid
-como en reserva para halagar con tan elevada dignidad la ambición de
-los generales, cuya decisión se conceptuaba de mucha importancia. Es
-de temer no obstante que las pláticas con Dalrymple en nada hubieran
-terminado, si no hubiese llegado tan a tiempo el expreso de Sevilla. A
-su recibo se pronunció abiertamente Castaños, y la causa común ganó con
-su favorable declaración 8941 hombres de tropa reglada que estaban bajo
-sus órdenes.
-
-Tropezó en Cádiz con mayores obstáculos el conde de Teba, que fue el
-oficial enviado de Sevilla. Habitualmente residía en aquella plaza el
-capitán general de Andalucía, siéndolo a la sazón Don Francisco Solano,
-marqués del Socorro y de la Solana. No hacía mucho tiempo que había
-regresado a su puesto desde Extremadura y de vuelta de la expedición
-de Portugal, en donde le vimos soñar mejoras para el país puesto a
-su cuidado. Después del 2 de mayo solicitado y lisonjeado por los
-franceses, y sobre todo vencido por los consejos de españoles antiguos
-amigos suyos, con indiscreción se mostraba secuaz de los invasores,
-graduando de frenesí cualquiera resistencia que se intentase. Ya antes
-de mediados de mayo corrió peligro en Badajoz por la poca cautela
-conque se expresaba. No anduvo más prudente en todo su camino. Al
-cruzar por Sevilla se avistaron con él los que trabajaban para que
-aquella ciudad definitivamente se alzase. Esquivó todo compromiso,
-mas molestado por sus instancias pidió tiempo para reflexionar, y se
-apresuró a meterse en Cádiz. No satisfechos de su indecisión, luego
-que tuvo lugar el levantamiento del 27, siendo ya algunos de los
-conspiradores individuos de la nueva junta, impelieron a esta para
-que el 28 enviase a aquella plaza al mencionado conde de Teba, quien
-con gran ruido y estrépito penetró por los muros gaditanos. Era allí
-muy amado el general Solano: debíalo a su anterior conducta en el
-gobierno del distrito, en el que se había desvelado por hacerse grato
-a la guarnición y al vecindario. En idolatría se hubiera convertido la
-afición primera, si se hubiese francamente declarado por la causa de
-la nación. Continuó vacilante e incierto, y el titubear de ahora en un
-hombre antes presto y arrojado en sus determinaciones, fue calificado
-de premeditada traición. Creemos ciertamente que las esperanzas y
-promesas con que de una parte le habían traído entretenido, y los
-peligros que advertía de la otra examinando militarmente la situación
-de España, le privaron de la libre facultad de abrazar el honroso
-partido a que era llamado de Sevilla. Así fue que al recibir sus
-pliegos ideó tomar un sesgo con que pudiera cubrirse.
-
-Convocó a este propósito una reunión de generales, en la que se
-decidiese lo conveniente acerca del oficio traído por el conde de Teba.
-Largamente se discurrió en su seno la materia, y prevaleciendo como
-era natural el parecer de Solano, se acordó la publicación de un bando
-cuyo estilo descubría la mano de quien le había escrito. Dábanse en
-él las razones militares que asistían para considerar como temeraria
-la resistencia a los franceses, y después de varias inoportunas
-reflexiones se concluía con afirmar que puesto que el pueblo la
-deseaba, no obstante las poderosas razones alegadas, se formaría un
-alistamiento y se enviarían personas a Sevilla y otros puntos, estando
-todos los once, que suscribían al bando, prontos a someterse a la
-voluntad expresada. Contento Solano con lo que se había determinado le
-faltó tiempo para publicarlo, y de noche con hachas encendidas y grande
-aparato mandó pregonar bando por las calles, como si no bastase el solo
-acuerdo para dar suficiente pábulo a la inquietud del pueblo.
-
-La desusada ceremonia atrajo a muchos curiosos, y luego que oyeron lo
-que de oficio se anunciaba, irritáronse sobremanera los circunstantes,
-y con el bullicio y el numeroso concurso pensaron los más atrevidos en
-aprovecharse de la ocasión que se les ofrecía, y de montón acudieron
-todos a casa del capitán general. Allí un joven llamado Don Manuel
-Larrús, subiendo en hombros de otro, tomó la palabra y respondiendo una
-tras de otra a las razones del bando, terminó con pedir a nombre de
-la ciudad que se declarase la guerra a los franceses, y se intimase
-la rendición a su escuadra fondeada en el puerto. Abatiose el altivo
-Solano a la voz del mozo, y quien para dicha suya y de su patria
-hubiera podido, acaudillándolas, ser árbitro y dueño de las voluntades
-gaditanas, tuvo que arrastrarse en pos de un desconocido. Convino pues
-en juntar al día siguiente los generales, y ofreció que en todo se
-cumpliría lo que demandaba el pueblo.
-
-La algazara promovida por la publicación del bando siguió hasta rayar
-la aurora, y la muchedumbre cercó y allanó en uno de sus paseos la casa
-del cónsul francés Mr. Le Roi, cuyo lenguaje soberbio y descomedido le
-había atraído la aversión aun de los vecinos más tranquilos. Refugiose
-el cónsul en el convento de S. Agustín y de allí fue a bordo de su
-escuadra. Acompañó a este desmán el de soltar a algunos presos, pero
-no pasó más allá el desorden. Los amotinados se aproximaron después al
-parque de artillería para apoderarse de las armas, y los soldados en
-vez de oponerse los excitaron y ayudaron.
-
-A la mañana inmediata 29 de mayo celebró Solano la ofrecida junta de
-generales, y todos condescendieron con la petición del pueblo. Antes
-había ya habido algunos de ellos que en vista del mal efecto causado
-por la publicación del bando, procuraron descargar sobre el capitán
-general la propia responsabilidad, achacando la resolución a su
-particular conato: indigna flaqueza que no poco contribuyó a indisponer
-más y más los ánimos contra Solano. Ayudó también a ello la frialdad e
-indiferencia que este dejaba ver en medio de su carácter naturalmente
-fogoso. No descuidaron la malevolencia y la enemistad emplear contra
-su persona las apariencias que le eran adversas, y ambas pasiones
-traidoramente atizaron las otras y más nobles que en el día reinaban.
-
-Por la tarde se presentó en la plaza de S. Antonio el ayudante Don
-José Luquey anunciando al numeroso concurso allí reunido que según
-una junta celebrada por oficiales de marina, no se podía atacar la
-escuadra francesa sin destrozar la española todavía interpolada con
-ella. Se irritaron los oyentes y serían las cuatro de la tarde cuando
-en seguida se dirigieron a casa del general. Permitiose subir a tres
-de ellos, entre los que había uno que de lejos se parecía a Solano.
-El gentío era inmenso y tal el bullicio y la algazara que nadie se
-entendía. En tanto el joven que tenía alguna semejanza con el general
-se asomó al balcón. La multitud aturdida tomole por el mismo Solano, y
-las señas que hacía para ser oído, por una negativa dada a la petición
-de atacar a la escuadra francesa. Entonces unos sesenta que estaban
-armados hicieron fuego contra la casa, y la guardia mandada por el
-oficial San Martín, después caudillo célebre del Perú, se metió dentro
-y atrancó la puerta. Creció la saña, trajeron del parque cinco piezas y
-apuntaron contra la fachada, separada de la muralla por una calle baja,
-un cañón de a veinticuatro de los que coronaban aquella. Rompieron las
-puertas, huyó Solano, y encaramándose por la azotea se acogió a casa
-de su vecino y amigo el irlandés Strange. Al llegarse encontró con
-Don Pedro Olaechea, hombre oscuro, y que habiendo sido novicio en la
-Cartuja de Jerez, se le contaba entre los principales alborotadores de
-aquellos días. Presumiendo este que el perseguido general se habría
-ocultado allí, habíasele adelantado entrando por la puerta principal.
-Sorprendiose Solano con el inesperado encuentro, mas ayudado del
-comandante del regimiento de Zaragoza Creach que casualmente entraba
-a visitar a la señora de Strange, juntos encerraron al ex-cartujo en
-un pasadizo, de donde queriendo el tal por una claraboya escaparse se
-precipitó a un patio, de cuyas resultas murió a pocos días. Pero Solano
-no pudiendo evadirse por parte alguna, se escondió en un hueco oculto
-que le ofrecía un gabinete alhajado a la turca, donde la multitud
-corriendo en su busca desgraciadamente le descubrió. Pugnó valerosa,
-pero inútilmente, por salvarle la esposa del señor Strange Doña María
-Tuker; hiriéronla en un brazo, y al fin sacaron por violencia de su
-casa a la víctima que defendía. Arremolinándose la gente colocaron en
-medio al marqués y se le llevaron por la muralla adelante con propósito
-de suspenderle en la horca. Iba sereno y con brío, no apareciendo
-en su semblante decaimiento ni desmayo. Maltratado y ofendido por
-el paisanaje y soldadesca, recibió al llegar a la plaza de San Juan
-de Dios una herida que puso término a sus días y a su tormento.
-Revelaríamos para execración de la posteridad el nombre del asesino,
-si con certeza hubiéramos podido averiguarlo. Bien sabemos a quién y
-cómo se ha inculpado, pero en la duda nos abstenemos de repetir vagas
-acusaciones.
-
-Reemplazó al muerto capitán general D. Tomás de Morla, gobernador
-de Cádiz. Aprobó la junta de Sevilla el nombramiento, y envió para
-asistirle y quizá para vigilarle al general Don Eusebio Antonio
-Herrera, individuo suyo. Se hizo marchar inmediatamente hacia lo
-interior parte de las tropas que había en Cádiz y sus contornos, no
-contándose en la plaza otra guarnición que los regimientos provinciales
-de Córdoba, Écija, Ronda y Jerez, y los dos de línea de Burgos y
-Órdenes militares, que casi se hallaban en cuadro. El 31 se juró
-solemnemente a Fernando VII y se estableció una junta dependiente de la
-suprema de Sevilla. En la misma mañana parlamentaron con los ingleses
-el jefe de escuadra Don Enrique Macdonnell y el oidor Don Pedro Creux.
-Conformáronse aquellos con las disposiciones de la junta sevillana,
-reconocieron su autoridad y ofrecieron 5000 hombres que a las órdenes
-del general Spencer iban destinados a Gibraltar.
-
-Cobrando cada vez más aliento la junta suprema de Sevilla hizo el 6
-de junio una declaración solemne de guerra contra Francia, afirmando
-«que no dejaría las armas de la mano hasta que el emperador Napoleón
-restituyese a España al rey Fernando VII y a las demás personas
-reales, y respetase los derechos sagrados de la nación que había
-violado, y su libertad, integridad e independencia.» Publicó por el
-mismo tiempo que esta declaración otros papeles de grande importancia,
-señalándose entre todos el conocido con el nombre de _Prevenciones_.
-En él se daban acomodadas reglas para la guerra de partidas, única que
-convenía adoptar; se recomendaba el evitar las acciones generales,
-y se concluía con el siguiente artículo, digno de que a la letra se
-reproduzca en este lugar: «se cuidará de hacer entender y persuadir a
-la nación que libres, como esperamos, de esta cruel guerra a que nos
-han forzado los franceses, y puestos en tranquilidad y restituido al
-trono nuestro rey y señor Fernando VII, bajo él y por él se convocarán
-cortes, se reformarán los abusos y se establecerán las leyes que el
-tiempo y la experiencia dicten para el público bien y felicidad;
-cosas que sabemos hacer los españoles, que las hemos hecho con otros
-pueblos sin necesidad de que vengan los... franceses a enseñárnoslo...»
-Dedúzcase de aquí si fue un fanatismo ciego y brutal el verdadero móvil
-de la gloriosa insurrección de España, como han querido persuadirlo
-extranjeros interesados o indignos hijos de su propio suelo.
-
-Jaén y Córdoba se sublevaron a la noticia de la declaración de Sevilla,
-y se sometieron a su junta, creando otras para su gobierno particular,
-en que entraron personas de todas clases. En Jaén desconfiándose del
-corregidor Don Antonio María de Lomas, le trasladaron preso a pocos
-días a Valdepeñas de la Sierra, en donde el pueblo alborotado le mató a
-fusilazos. Córdoba se apresuró a formar su alistamiento, dirigió gran
-muchedumbre de paisanos a ocupar el puente de Alcolea, dándose el mando
-de aquella fuerza armada, llamada vanguardia de Andalucía, a Don Pedro
-Agustín de Echevarri. Aprobó la junta de Sevilla dicho nombramiento;
-la que por su parte no cesaba de activar y promover las medidas de
-defensa. Confió el mando de todo el ejército a Don Francisco Javier
-Castaños, recompensa debida a su leal conducta, y el 9 de junio salió
-este general a desempeñar su honorífico encargo.
-
-[Marginal: Rendición de la escuadra francesa surta en Cádiz.]
-
-Entre tanto quedaba por terminar un asunto que al paso que era grave
-interesaba a la quietud y aun a la gloria de Cádiz. La escuadra
-francesa surta en el puerto todavía tremolaba a su bordo el pabellón de
-su nación, y el pueblo se dolía de ver izada tan cerca de sus muros y
-en la misma bahía una bandera tenida ya por enemiga. Era además muy de
-temer, abierta la comunicación con los ingleses, que no consintiesen
-estos tener largo tiempo casi al costado de sus propias naves y en
-perfecta seguridad una escuadra de su aborrecido adversario. Instó por
-consiguiente el pueblo en que prontamente se intimase la rendición al
-almirante francés Rossilly. El nuevo general Morla, fuera prudencia
-para evitar efusión de sangre, o fuera que anduviese aún dudoso en el
-partido que le convenía abrazar [sospecha a que da lugar su posterior
-conducta], procuraba diferir las hostilidades divirtiendo la atención
-pública con mañosas palabras y dilaciones. El almirante francés con
-la esperanza de que avanzasen a Cádiz tropas de su nación, pedía
-que no se hiciese novedad alguna hasta que el emperador contestase
-a la demanda hecha en proclamas y declaraciones de que se entregase
-a Fernando VII: estratagema que ya no podía engañar ni sorprender a
-la honradez española. Aprovechándose de la tardanza mejoraron los
-franceses su posición, metiéndose en el canal del arsenal de la
-Carraca, y colocándose de suerte que no pudieran ofenderles los fuegos
-de los castillos ni de la escuadra española. Constaba la francesa de
-cinco navíos y una fragata: su almirante Mr. de Rossilly hizo después
-una nueva proposición, y fue que para tranquilizar los ánimos saldría
-de bahía si se alcanzaba del británico, anclado a la boca, el permiso
-de hacerse a la vela sin ser molestado; y si no, que desembarcaría sus
-cañones, conservaría a bordo las tripulaciones y arriaría la bandera,
-dándose mutuamente rehenes, y con el seguro de ser respetado por los
-ingleses. Morla rehusó dar oídos a proposición alguna que no fuese la
-pura y simple entrega.
-
-Hasta el 9 de junio se habían prolongado estas pláticas, en cuyo día
-temiéndose el enojo público se rompió el fuego. El almirante inglés
-Collingwood que de Toulon había venido a suceder a Purvis, ofreció su
-asistencia, pero no juzgándola precisa fue desechada amistosamente.
-Empezó el cañón del Trocadero a batir a los enemigos, sosteniendo
-sus fuegos las fuerzas sutiles del arsenal y las del apostadero de
-Cádiz que fondearon frente de Fort-Luis. El navío francés Algeciras
-incomodado por la batería de morteros de la cantera, la desmontó:
-también fue a pique una cañonera mandada por el alférez Valdés y el
-místico de Escalera, pero sin desgracia. La pérdida de ambas partes fue
-muy corta. Continuó el fuego el 10, en cuyo día a las tres de la tarde
-el navío Héroe francés que montaba el almirante Rossilly, puso bandera
-española en el trinquete, y afirmó la de parlamento el navío Príncipe,
-en el que estaba Don Juan Ruiz de Apodaca comandante de nuestra
-escuadra. Abriéronse nuevas conferencias que duraron hasta la noche
-del 13, y en ella se intimó a Rossilly que a no rendirse romperían
-fuego destructor dos baterías levantadas junto al puente de la nueva
-población. El 14 a las siete de la mañana izó el navío Príncipe la
-bandera de fuego, y entonces se entregaron los franceses a merced del
-vencedor. Regocijó este triunfo, si bien no costoso ni difícil, porque
-con eso quedaba libre y del todo desembarazado el puerto de Cádiz, sin
-haber habido que recurrir a las fuerzas marítimas de los nuevos aliados.
-
-En tanto Sevilla, acelerando el armamento y la organización militar,
-envió a todas partes avisos y comisionados; y Canarias y las provincias
-de América no fueron descuidadas en su solícita diligencia. Quiso
-igualmente asentar con el gobierno inglés directas relaciones de
-amistad y alianza, no bastándole las que interinamente se habían
-entablado con sus almirantes y generales: a cuyo fin diputó con plenos
-poderes a los generales D. Adrián Jácome y D. Juan Ruiz de Apodaca,
-que después veremos en Inglaterra. Ahora conviene seguir narrando la
-insurrección de las otras provincias.
-
-[Marginal: Levantamiento de Granada.]
-
-Hemos referido más arriba que Córdoba y Jaén habían reconocido la
-supremacía de Sevilla. No fue así en Granada. Asiento de una capitanía
-general y de una chancillería, no había estado avezada aquella ciudad,
-así por esto como por su extensión y riqueza a recibir órdenes de otra
-provincia. Por tanto determinó elegir un gobierno separado, levantar un
-ejército propio suyo, y concurrir con brillantez y esfuerzo a la común
-defensa. En los dos últimos meses se habían dejado sentir los mismos
-síntomas de desasosiego que en las otras partes; pero no adquirió aquel
-descontento verdadera forma de insurrección hasta el 29 de mayo. A la
-una de aquel día entró por la ciudad a caballo y con grande estruendo
-el teniente de artillería Don José Santiago, que traía pliegos de
-Sevilla. Acompañado de paisanos de las cercanías y de otros curiosos
-que se agregaron con tanta más facilidad cuanto era domingo, se dirigió
-a casa del capitán general.
-
-Éralo a la sazón Don Ventura Escalante, hombre pacífico y de escaso
-talento, quien aturdido con la noticia de Sevilla se quedó sin saber
-a qué partido ladearse. Por de pronto con evasivas palabras se limitó
-a mandar al oficial que se retirase, con lo que creció por la noche
-la agitación, y agriamente se censuró la conducta tímida del general.
-Ser el día siguiente 30 el de San Fernando, no poco influyó para
-acalorar más los ánimos. Así fue que por la mañana agolpándose mucha
-gente a la plaza nueva, en donde está la chancillería, residencia del
-capitán general, se pidió con ahínco por los que allí se agruparon que
-se proclamase a Fernando VII. El general, en aquel aprieto, con gran
-séquito de oficiales, personas de distinción y rodeado de la turba
-conmovida salió a caballo, llevando por las calles como en triunfo el
-retrato del deseado rey. Pero viendo el pueblo que las providencias
-tomadas se habían limitado al vano aunque ostentoso paseo, se indignó
-de nuevo, e incitado por algunos acudió de tropel y por segunda vez
-a casa del general, y sin disfraz le requirió que desconfiándose de
-su conducta era menester que nombrase una junta, la cual encargada
-que fuese del gobierno, cuidara con particularidad de armar a los
-habitantes. Cedió el Escalante a la imperiosa insinuación. Parece
-ser que el principal promovedor de la junta, y el que dio la lista
-de sus miembros, fue un monje jerónimo llamado el P. Puebla, hombre
-de vasta capacidad y de carácter firme. Eligiose por presidente al
-capitán general, y más de cuarenta individuos de todas clases entraron
-a componer la nueva autoridad. Al instante se pensó en medidas de
-guerra: el entusiasmo del pueblo no tuvo límites, y se alistó la gente
-en términos que hubo que despedir gran parte. Llovieron los donativos y
-las promesas, y bien pronto no se vieron por todos lados sino fábricas
-de monturas, de uniformes y de composición de armas. Granada puede
-gloriarse de no haber ido en zaga en patriotismo y heroicos esfuerzos a
-ninguna otra de las provincias del reino. Y ¡ojalá que en todas hubiera
-habido tanta actividad y tanto orden en el empleo de sus medios!
-
-Pero, ciudad extendida e indefensa, hubiera sin embargo corrido gran
-riesgo si alguna fuerza enemiga se hubiera acercado a sus puertas.
-Se hallaba sin tropas, destinadas a otros puntos las que antes la
-guarnecían. Un solo batallón suizo que quedaba, por orden de la corte
-se había ya puesto en marcha para Cádiz. Felizmente no se había alejado
-todavía, y en obediencia a un parte de la junta retrocedió y sirvió de
-apoyo a la autoridad.
-
-Declarada con entusiasmo la guerra a Bonaparte, requisito que
-acompañaba siempre a la insurrección, se llamó de Málaga a Don Teodoro
-Reding, su gobernador, para darle el mando de la gente que se armase, y
-tuvo la especial comisión de adiestrarla y disciplinarla el brigadier
-Don Francisco Abadía, quien la desempeñó con celo y bastante acierto.
-Todos los pueblos de la provincia imitaron el ejemplo de Granada. En
-Málaga pereció desgraciadamente el 20 de junio el vicecónsul francés
-Mr. D’Agaud y Don Juan Croharé, que sacó a la fuerza el populacho del
-castillo de Gibralfaro en donde estaban detenidos. Pero sus muertes no
-quedaron impunes, vengándolas el cadalso en la persona de Cristóbal
-Ávalos y de otros dos, a quienes se consideró como principales culpados.
-
-La junta de Granada no contenta con los auxilios propios y con las
-armas que aguardaba de Sevilla, envió a Gibraltar en comisión a Don
-Francisco Martínez de la Rosa, quien a pesar de su edad temprana era
-ya catedrático en aquella universidad, y mereció por sus aventajadas
-partes ser honrado con encargo de tanta confianza. No dejó en su
-viaje de encontrar con embarazos, recelosos los pueblos de cualquiera
-pasajero que por ellos transitaba. Siendo el segundo español que
-en comisión fue a Gibraltar para anunciar la insurrección de las
-provincias andaluzas, le acogieron los moradores con júbilo y aplauso.
-No tanto el gobernador Sir Hugo Dalrymple. Prevenido en favor de un
-enviado de Sevilla que era el que le había precedido, temía el inglés
-una fatal desunión si todos no se sometían a un centro común de
-autoridad. Al fin condescendió en suministrar al comisionado de Granada
-fusiles y otros pertrechos de guerra, con lo que, y otros recursos que
-le facilitaron en Algeciras, cumplió satisfactoriamente con su encargo.
-A la llegada de tan oportunos auxilios se avivó el armamento, y en
-breve pudo Granada reunir una división considerable de sus fuerzas
-a las demás de Andalucía, capitaneándolas el mencionado Don Teodoro
-Reding, de quien era mayor general Don Francisco Abadía, y teniendo por
-intendente a Don Carlos Veramendi, sujetos todos tres muy adecuados
-para sus respectivos empleos.
-
-Deslustrose el limpio brillo de la revolución granadina con dos
-deplorables acontecimientos. Don Pedro Trujillo, antiguo gobernador de
-Málaga, residía en Granada, y mirábasele con particular encono por su
-anterior proceder y violentas exacciones, sin recomendarle tampoco a
-las pasiones del día su enlace con Doña Micaela Tudó, hermana de la
-amiga del príncipe de la Paz. Hiciéronse mil conjeturas acerca de su
-mansión, e imputábasele tener algún encargo de Murat. Para protegerle y
-calmar la agitación pública, se le arrestó en la Alhambra. Determinaron
-después bajarle a la cárcel de corte, contigua a la chancillería,
-y esta fue su perdición, porque al atravesar la plaza nueva se
-amontonó gente dando gritos siniestros, y al entrar en la prisión se
-echaron sobre él a la misma puerta y le asesinaron. Lleno de heridas
-arrastraron como furiosos su cadáver. Achacose entre otros a tres
-negros el homicidio, y sumariamente fueron condenados, ejecutados en
-la cárcel, y ya difuntos puestos en la horca una mañana. Al asesinato
-de Trujillo siguiéronse otros dos, el del corregidor de Velez-Málaga
-y el de Don Bernabé Portillo, sujeto dado a la economía política, y
-digno de aprecio por haber introducido en la abrigada costa de Granada
-el cultivo del algodón. Su indiscreción contribuyó a acarrearle su
-pérdida. Ambos habían sido presos y puestos en la cartuja extramuros
-para que estuviesen más fuera del alcance de insultos populares. El 23
-de junio, día de la octava del Corpus, había en aquel monasterio una
-procesión. Despachábase por los monjes con motivo de la fiesta mucho
-vino de su cosecha, y un lego era el encargado de la venta. Viendo este
-a los concurrentes alegres y enardecidos con el mucho beber, díjoles:
-«más valía no dejar impunes a los dos traidores que tenemos adentro.»
-No fue necesario repetir la aleve insinuación a hombres ebrios y casi
-fuera de sentido. Entraron pues en el monasterio, sacaron a los dos
-infelices y los apuñalaron en el Triunfo. Sañudo el pueblo parecía
-inclinarse a ejecutar nuevos horrores, maliciosamente incitado por un
-fraile de nombre Roldán. Doloroso es en verdad que ministros de un Dios
-de paz embozados con la capa del patriotismo se convirtiesen en crueles
-carniceros. Por dicha el síndico del común llamado Garcilaso distrajo
-la atención de los sediciosos, y los persuadió a que no procediesen
-contra otros sin suficientes y justificativas pruebas. La autoridad no
-desperdició la noche que sobrevino: prendió a varios, y de ellos hizo
-ahorcar a nueve, que cubiertas las cabezas con un velo, se suspendieron
-en el patíbulo, enviando después a presidio al fraile Roldán. Aunque el
-castigo era desusado en su manera, y recordaba el misterioso secreto
-de Venecia, mantuvo el orden y volvió a los que gobernaban su vigoroso
-influjo. Desde entonces no se perturbó la tranquilidad de Granada, y
-pudieron sus jefes con más sosiego ocuparse en las medidas que exigía
-su noble resolución.
-
-[Marginal: Levantamiento de Extremadura.]
-
-La provincia de Extremadura había empezado a desasosegarse desde
-el famoso aviso del alcalde de Móstoles, que ya alcanzó a Badajoz
-en 4 de mayo. Era gobernador y comandante general el conde de la
-Torre del Fresno, quien en su apuro se asesoró con el marqués del
-Socorro general en jefe de las tropas que habían vuelto de Portugal.
-Ambos convocaron a junta militar, y de sus resultas se dio el 5 una
-proclama contra los franceses, la primera quizá que en este sentido se
-publicó en España, enviando además a Lisboa, Madrid y Sevilla varios
-oficiales con comisiones al caso e importantes. Obraron de buena fe
-Torre del Fresno y Socorro en paso tan arriesgado; pero recibiendo
-nuevos avisos de estar restablecida la tranquilidad en la capital,
-así uno como otro mudaron de lenguaje y sostuvieron con empeño el
-gobierno de Madrid. Habían alucinado a Socorro cartas de antiguos
-amigos suyos, y halagádole la resolución de Murat de que volviese
-a su capitanía general de Andalucía para donde en breve partió. Su
-ejemplo y sus consejos arrastraron a Torre del Fresno que carecía de
-prendas que le realzasen: general cortesano y protegido como paisano
-suyo por el príncipe de la Paz, aplacíale más la vida floja y holgada
-que las graves ocupaciones de su destino. Sin la necesaria fortaleza
-aun para tiempos tranquilos, mal podía contrarrestar el torrente que
-amenazaba. La fermentación crecía, menguaba la confianza hacia su
-persona, y avivando las pasiones los impresos de Madrid que tanto
-las despertaron en Sevilla, trataron entonces algunas personas de
-promover el levantamiento general. Se contaban en su número y eran los
-más señalados Don José María Calatrava, después ilustre diputado de
-cortes, el teniente rey Mancio y el tesorero Don Félix Ovalle, quienes
-se juntaban en casa de Don Alonso Calderón. Concertose en las diversas
-reuniones un vasto plan que el 3 o 4 de junio debía ejecutarse al mismo
-tiempo en Badajoz y cabezas de partido. En el ardor que abrigaban
-los pechos españoles no era dado calcular friamente el momento de la
-explosión como en las comunes conjuraciones. Ahora todos conspiraban,
-y conspiraban en calles y plazas. Ciertos individuos formaban a veces
-propósito de enseñorearse de esta disposición general y dirigirla; pero
-un incidente prevenía casi siempre sus laudables intentos.
-
-Así fue en Badajoz, en donde un caso parecido al de la Coruña anticipó
-el estampido. Había ordenado el gobernador que el 30, día de San
-Fernando, no se hiciese la salva, ni se enarbolase la bandera. Notose
-la falta, se apiñó la gente en la muralla, y una mujer atrevida después
-de reprender a los artilleros cogió la mecha y prendió fuego a un
-cañón. Al instante dispararon los otros, y a su sonido levantose en
-toda la ciudad el universal grito de _viva Fernando VII y mueran los
-franceses_. Cuadrillas de gente recorrieron las calles con banderolas,
-panderos y sonajas, sin cometer exceso alguno. Se encaminaron a casa
-del gobernador, cuya voz se empleó exclusivamente en predicar la
-quietud. Impacientáronse con sus palabras los numerosos espectadores, y
-ultrajáronle con el denuesto de traidor. Mientras tanto y azarosamente
-llegó un postillón con pliegos, y se susurró ser correspondencia
-sospechosa y de un general francés. Ciegos de ira y sordos a las
-persuasiones de los prudentes, enfureciéronse los más y treparon sin
-demora hasta entrarse por los balcones. Acobardado Torre del Fresno se
-evadió por una puerta falsa, y en compañía de dos personas aceleró sus
-pasos hacia la puerta de la ciudad que da al Guadiana. Advirtiendo su
-ausencia siguieron la huella, le encontraron, y rodeado de gran gentío
-se metió en el cuerpo de guardia sin haber quien le obedeciese. Cundió
-que se fugaba, y en medio de la pendencia que suscitó el quererle
-defender unos y acometerle otros, le hirió un artillero, y lastimado de
-otros golpes de paisanos y soldados fue derribado sin vida. Arrastraron
-después el cadáver hasta la puerta de su casa, en cuyos umbrales le
-dejaron abandonado. Víctima inocente de su imprudencia, nunca mereció
-el injurioso epiteto de traidor con que amargaron sus últimos suspiros.
-
-El brigadier de artillería Don José Galluzo fue elevado al mando
-supremo, y al gobierno de la plaza el teniente rey Don Juan Gregorio
-Mancio. Interinamente se congregó una junta de unas veinte personas
-escogidas entre las primeras autoridades y hombres de cuenta. Los
-partidos constituyeron del mismo modo otras en sus respectivas
-comarcas, y unidos obedecieron las órdenes de la capital. Hubo por
-todas partes el mejor orden, a excepción de la ciudad de Plasencia y
-de la villa de los Santos, en donde se ensangrentó el alzamiento con
-la muerte de dos personas. Las clases sin distinción se esmeraron
-en ofrecer el sacrificio de su persona y de sus bienes, y los mozos
-acudieron a enregimentarse como si fuesen a una festiva romería.
-
-Entristeció sin embargo a los cuerdos el absoluto poder que por pocos
-días ejerció el capitán Don Ramón Gavilanes, despachado de Sevilla para
-anunciar su pronunciamiento. Al principio con nueva tan halagüeña colmó
-su llegada de júbilo y satisfacción. Acibarose luego al ver que por la
-flaqueza de Don José Galluzo procedió el Gavilanes a manera de dictador
-de índole singular, repartiendo gracias y honores, y aun inventando
-oficios y empleos antes desconocidos. La junta sucumbió a su influjo,
-y confirmó casi todos los nombramientos; mas volviendo en sí puso
-término a las demasías del intruso capitán, procurando que se olvidase
-su propia debilidad y condescendencia con las medidas enérgicas que
-adoptó. Después ella misma legitimó la autoridad provincial convocando
-una junta a que fueron llamados representantes de la capital, de los
-otros partidos, de los gremios y principales corporaciones.
-
-Casi desmantelada la plaza de Badajoz y desprovistos sus habitantes
-de lo más preciso para su defensa, fue su resolución harto osada,
-estando el enemigo no lejos de sus puertas. Ocupaba a Elvas el general
-Kellerman, y para disfrazar el estado de la ciudad alzada, se emplearon
-mil estratagemas que estorbasen un impensado ataque. La guarnición
-estaba reducida a 500 hombres. La milicia urbana cubría a veces el
-servicio ordinario. Uno de los dos regimientos provinciales estaba
-fuera de Extremadura, el otro permanecía desarmado. Las demás plazas de
-la frontera, débiles de suyo, ahora lo estaban aún más, arruinándose
-cada día las fortificaciones que las circuían. Todo al fin fue
-remediándose con la actividad y celo que se desplegó. Al acabar junio
-contó ya el ejército extremeño 20.000 hombres. Sirvieron mucho para
-su formación los españoles que a bandadas se escapaban de Portugal a
-pesar de la estrecha vigilancia de Junot: y de los pasados portugueses
-y del propio ejército francés pudo levantarse un cuerpo de extranjeros.
-Importantísimo fue para España y particularmente para Sevilla el que
-se hubiera alzado Extremadura. Con su ayuda se interrumpieron las
-comunicaciones directas de los franceses del Alentejo y de la Mancha,
-y no pudieron estos ni combinar sus operaciones, ni darse la mano para
-apagar la hoguera de insurrección encendida en la principal cabeza de
-las Andalucías.
-
-[Marginal: Conmociones en Castilla la Nueva.]
-
-Ocupadas u observadas de cerca por el ejército francés las cinco
-provincias en que se divide Castilla la Nueva, no pudieron en lo
-general sus habitantes formar juntas ni constituirse en un gobierno
-estable y regular. Procuraron con todo en muchas partes cooperar a
-la defensa común, ya enviando mozos y auxilios a las que se hallaban
-libres, ya provocando y favoreciendo la deserción de los regimientos
-españoles que estaban dentro de su territorio, y ya también hostigando
-al enemigo e interceptando sus correos y comunicaciones. El ardor de
-Castilla por la causa de la patria caminaba al par del de las otras
-provincias del reino, y a veces raros ejemplos de valor y bizarría
-ennoblecieron e ilustraron a sus naturales. Más adelante veremos los
-servicios que allí se hicieron, sobre todo en la desprevenida y abierta
-Mancha. Ya desde el principio se difundieron proclamas para excitar a
-la guerra, y aun hubo parajes en que hombres atrevidos dieron acertado
-impulso a los esfuerzos individuales.
-
-Penetradas de iguales sentimientos y alentadas por la protección que
-las circunstancias les ofrecían, lícito les fue a las tropas que tenían
-sus acantonamientos en los pueblos castellanos, desampararlos e ir a
-incorporarse con los ejércitos que por todas partes se levantaban.
-Entre las acciones que brillaron con más pureza en estos días de
-entusiasmo y patriotismo, asombrosa fue y digna de mucha loa la
-resolución de Don José Veguer, comandante de zapadores y minadores,
-quien desde Alcalá de Henares y a tan corta distancia de Madrid partió
-en los últimos días de mayo con 110 hombres, la caja, las armas,
-banderas, pertrechos y tambores, y desoyendo las promesas que en su
-marcha recibió de un emisario de Murat, en medio de fatigas y peligros,
-amparado por los habitantes, y atravesando por la sierra de Cuenca,
-tomó la vuelta de Valencia, a cuya junta se ofreció con su gente. Al
-amor de la insurrección que cundía, buscaron los otros soldados el
-honroso sendero ya trillado por los zapadores. Así se apresuraron
-en la Mancha a imitar su glorioso ejemplo los carabineros reales, y
-en Talavera sucedió otro tanto con los voluntarios de Aragón y un
-batallón de Saboya que iban con destino a domeñar la Extremadura. ¿Qué
-más? De Madrid mismo desertaban oficiales y soldados sueltos de todos
-los cuerpos y partidas enteras, como se verificó con una de dragones
-de Lusitania y otra del regimiento de España, la cual salió por sus
-mismas puertas sin estorbo ni demora. Fácil es figurarse cuál sería
-la sorpresa y aturdimiento de los franceses al ver el desorden y la
-agitación que reinaban en las poblaciones mismas de que eran dueños, y
-la desconfianza y desmayo que debían sembrarse en sus propias filas.
-Por momentos se acrecentaban sus zozobras, pues cada día recibían la
-nueva de alguna provincia levantada, y no poco los desconcertó el
-correo portador de lo que pasaba en la parte oriental de España que
-vamos a recorrer.
-
-[Marginal: Levantamiento de Cartagena y Murcia.]
-
-Fue allí Cartagena la primera que dio la señal, compeliendo a levantar
-el estandarte de independencia a Murcia y pueblos de su comarca. Plaza
-de armas y departamento de marina reunía Cartagena un cúmulo de
-ventajas que fomentaban el deseo de resistencia que la dominaba. Se
-esparció el 22 de mayo que el general Don José Justo Salcedo pasaba a
-Mahón para encargarse de nuevo del mando de la escuadra allí fondeada
-y conducirla a Toulon. Interesaba esta providencia a un departamento
-de cuya bahía aquella escuadra había levado el ancla, y en donde se
-albergaban muchas personas conexionadas con las tripulaciones de su
-bordo. Por acaso en el mismo día vinieron las renuncias de Bayona,
-vehemente incitativo al levantamiento de toda España, y con ellas otras
-noticias tristes y desconsoladoras. Amontonándose a la vez novedades
-tan extraordinarias causaron una tremenda explosión. El cónsul de
-Francia se refugió a un buque dinamarqués. Reemplazó a Don Francisco
-de Borja, capitán general del departamento, Don Baltasar Hidalgo de
-Cisneros, siendo después el 10 de junio inmediato asesinado el primero
-de resultas de un alboroto a que dio ocasión un artículo imprudente de
-la Gaceta de Valencia. Escogieron por gobernador al marqués de Camarena
-la Real, coronel del regimiento de Valencia, y se formó en fin una junta
-de personas distinguidas del pueblo, en cuyo número brillaba el sabio
-oficial de marina Don Gabriel Ciscar. Cartagena declarada era un fuerte
-estribo en que se podían apoyar confiadamente la provincia de Murcia y
-toda la costa. Abiertos sus arsenales y depósitos de armas, era natural
-que proveyesen en abundancia, como así lo hicieron, de pertrechos
-militares a todos los que se agregasen para sostener la misma causa.
-Nada se omitió por la ciudad después de su insurrección para aguijar a
-las otras. Y fue una de sus oportunas y primeras medidas poner en cobro
-la escuadra de Mahón, a cuyo puerto y con aquel objeto fue despachado
-el teniente de navío Don José Duelo, quien llegando a tiempo impidió
-que se hiciese a la vela como iba Salcedo a verificarlo conformándose
-con una orden de Murat recibida por la vía de Barcelona.
-
-De los emisarios que Cartagena había enviado a otras partes penetraron
-en Murcia a las siete de la mañana del 24 de mayo cuatro oficiales
-aclamando a voces a Fernando VII. Se conmovió el pueblo a tan desusado
-rumor, y los estudiantes de San Fulgencio, colegio insigne por los
-claros varones que ha producido, se señalaron en ser de los primeros
-a abrazar la causa nacional. Acrecentándose el tumulto, los regidores
-con el cabildo eclesiástico y la nobleza tuvieron ayuntamiento, y
-acordaron la proclamación solemne de Fernando, ejecutándose en medio
-de universales vivas. No hubo desgracias en aquella ciudad, y solo por
-precaución arrestaron a algunos mirados con malos ojos por el pueblo y
-al que hacía de cónsul francés. En la de Villena pereció su corregidor
-y algún dependiente suyo, hombres antes odiados. Se eligió una junta
-de dieciséis personas entre las de más monta, resaltando en la lista
-el nombre del conde de Floridablanca, con quien a pesar de su avanzada
-edad todavía nos encontraremos. El mando de las tropas se confió a Don
-Pedro González de Llamas, antiguo coronel de milicias, y comenzaron a
-adoptarse medidas de armamento y defensa. Como esta provincia por lo
-que respecta a lo militar dependía del capitán general de Valencia, sus
-tropas obraron casi siempre y de consuno, por lo menos en un principio,
-con las restantes de aquel distrito.
-
-Pero entre las provincias bañadas por el Mediterráneo llamó la atención
-sobre todas la de Valencia. [Marginal: Levantamiento de Valencia.]
-Indispensable era que así fuese al ver sus heroicos esfuerzos, sus
-sacrificios y desgraciadamente hasta sus mismos y lamentables excesos.
-Tributáronse a unos los merecidos elogios, y arrancaron los otros
-justos y acerbos vituperios. Los naturales de Valencia activos e
-industriosos, pero propensos al desasosiego y a la insubordinación,
-no era de esperar que se mantuviesen impasibles y tranquilos, ahora
-que la desobediencia a la autoridad intrusa era un título de verdadera
-e inmarcesible gloria. Sin embargo ni los trastornos de marzo ni los
-pasmosos acontecimientos que desde entonces se agolparon unos en pos
-de otros, habían suscitado sino hablillas y corrillos hasta el 23 de
-mayo. En la madrugada de aquel día se recibió la Gaceta de Madrid del
-20, en la que se habían insertado las renuncias de la familia real en
-la persona del emperador de los franceses. Solían por entonces gentes
-del pueblo juntarse a leer dicho papel en un puesto de la plazuela de
-las Pasas, encargándose uno de satisfacer en voz alta la curiosidad
-de los demás concurrentes. Tocó en el 23 el desempeño de la agradable
-tarea a un hombre fogoso y atrevido, quien al relatar el artículo de
-las citadas renuncias rasgó la Gaceta y lanzó el primer grito de
-_viva Fernando VII y mueran los franceses_. Respondieron a su voz los
-numerosos oyentes, y corriendo con la velocidad del rayo se repitió el
-mismo grito hasta en los más apartados lugares de la ciudad. Se aumentó
-el clamoreo agrupándose miles de personas, y de tropel acudieron a la
-casa del capitán general, que lo era el conde de la Conquista. En vano
-intentó este apaciguarlos con muchas y atentas razones. El tumulto
-arreció, y en la plazuela de Santo Domingo mostráronse sobre todo los
-amotinados muy apiñados y furiosos.
-
-Faltábales caudillo, y allí por primera vez se les presentó el P. Juan
-Rico, religioso franciscano, el cual resuelto, fervoroso, perito en la
-popular elocuencia y resguardado con el hábito que le santificaba a los
-ojos de la muchedumbre, unía en su persona poderosos alicientes para
-arrastrar tras sí a la plebe, dominarla e impedir que enervase esta su
-fuerza con el propio desorden.
-
-Arengó brevemente al innumerable auditorio, le indicó la necesidad de
-una cabeza, y todos le escogieron para que llevase la voz. Excusose
-Rico, insistió el pueblo, y al cabo cediendo aquel, fue llevado
-en hombros desde la plazuela de Santo Domingo al sitio en que el
-real acuerdo celebraba sus sesiones. Hubo entre los individuos de
-esta corporación y el P. Rico largo coloquio, esquivando aquellos
-condescender con las peticiones del pueblo, y persistiendo el último
-tenazmente en su invariable propósito. Acalorándose con la impaciencia
-los ánimos, asintieron las autoridades a lo que de ellas se exigía,
-y se nombró por general en jefe del ejército que iba a formarse al
-conde de Cervellón, grande de España, propietario rico del país,
-aunque falto de las raras dotes que semejante mando y aquellos tiempos
-turbulentos imperiosamente reclamaban. Como el de la Conquista y el
-real acuerdo habían con repugnancia sometídose a tamaña resolución,
-procuraron escudarse con la violencia dando subrepticiamente parte a
-Madrid de lo que pasaba, y pidiendo con ahínco un envío de tropas que
-los protegiese. El pueblo ignorante de la doblez tranquilamente se
-recogió a sus casas la noche del 23 al 24. En ella había el arzobispo
-tanteado a Rico, y ofrecídole una cuantiosa suma si quería desamparar
-a Valencia, cuyo paso habiendo fallado por la honrosa repulsa del
-solicitado, se despertaron los recelos, y en acecho los principales
-promovedores del alboroto prepararon otro mayor para la mañana
-siguiente.
-
-Rico se había albergado aquella noche en el convento del Temple en
-el cuarto de un amigo. Muy temprano y a la sazón en que el pueblo
-empezó a conmoverse, fue a visitarle el capitán de Saboya Don Vicente
-González Moreno con dos oficiales del propio cuerpo. Era de importancia
-su llegada, porque además de aunarse así las voluntades de militares
-y paisanos, tenía Moreno amistad con personas de mucho influjo en
-el pueblo y huerta de Valencia, tales eran Don Manuel y Don Mariano
-Beltrán de Lis, quienes de antemano juntábanse con otros a deplorar
-los males que amenazaban a la patria, pagaban gente que estuviese a
-su favor, y atizaban el fuego encubierto y sagrado de la insurrección.
-Concordes en sentimientos Moreno y Rico meditaron el modo de apoderarse
-de la ciudadela.
-
-Un impensado incidente estuvo entre tanto para envolver a Valencia en
-mil desdichas. La serenidad y valor de una dama lo evitó felizmente.
-Habíase empeñado el pueblo en que se leyesen las cartas del correo que
-iba a Madrid, y en vano se cansaron muchos en impedirlo. La valija que
-las contenía fue trasportada a casa del conde de Cervellón, y a poco de
-haber comenzado el registro se dio con un pliego que era el duplicado
-del parte arriba mencionado, y en el que el real acuerdo se disculpaba
-de lo hecho, y pedía tropas en su auxilio. Viendo la hija del conde,
-que presenciaba el acto, la importancia del papel, con admirable
-presencia de ánimo al intentar leerle le cogió, rasgole en menudos
-pedazos, e imperturbablemente arrostró el furor de la plebe amotinada.
-Esta, si bien colérica, quedó absorta, y respetó la osadía de aquella
-señora que preservó de muerte cierta a tantas personas. Acción digna de
-eterno loor.
-
-En el mismo día 24 y conforme a la conmoción preparada pensaron Rico,
-Moreno y sus amigos en enseñorearse de la ciudadela. Con pretexto de
-pedir armas para el pueblo se presentaron en gran número delante del
-acuerdo, y como este contestase, según era cierto, que no las había,
-exigieron los amotinados para cerciorarse con sus propios ojos que se
-les dejase visitar la ciudadela, en donde debían estar depositadas. Se
-concedió el permiso a Rico con otros ocho; pero llegados que fueron,
-todos entraron de montón, pasando a su bando el barón de Rus que era
-gobernador. Gran brío dio este suceso a la revolución, y tanto que
-sin resistencia de la autoridad se declaró el día 25 la guerra contra
-los franceses, y se constituyó una junta numerosísima en que andaba
-mezclada la más elevada nobleza con el más humilde artesano.
-
-La situación empero de Valencia hubiera sido muy peligrosa, si
-Cartagena no la hubiese socorrido con armas y pertrechos de guerra.
-Estaba en esta parte tan exhausta de recursos que aun de plomo carecía;
-pero para suplir tan notable falta empezó igualmente la fortuna a
-soplar con próspero viento. Por singular dicha arribó al Grao una
-fragata francesa cargada con 4000 quintales de aquel metal, la cual
-sin noticia del levantamiento vino a ponerse a la sombra de las
-baterías del puerto, dándole caza un corsario inglés. A la entrada fue
-sorprendida y apresada, y se envió a su contrario, que bordeaba a la
-banda de afuera, un parlamento para comunicarle las grandes novedades
-del día, y confiarle pliegos dirigidos a Gibraltar. En esta doble y
-feliz casualidad vio el pueblo la mano de la providencia, y se ensanchó
-su ánimo alborozado.
-
-Hasta ahora en medio del conflicto que había habido entre las
-autoridades y los amotinados no se había cometido exceso alguno.
-Sospechas nacidas del acaso empezaron a empañar la revolución
-valenciana, y acabaron al fin por ensangrentarla horrorosamente.
-
-Don Miguel de Saavedra, barón de Albalat, había sido uno de los primeros
-nombrados de la junta para representar en ella a la nobleza. Mas
-reparándose que no asistía, se susurró haber pasado a Madrid para
-dar en persona cuenta a Murat de las ruidosas asonadas: rumor falso
-e infundado. Solamente había de cierto que el barón, odiado por el
-pueblo desde años atrás en que como coronel de milicias decíase haber
-mandado hacer fuego contra la multitud opuesta a la introducción y
-establecimiento de aquel cuerpo, creyó prudente alejarse de Valencia
-mientras durase el huracán que la azotaba, y se retiró a Buñol siete
-leguas distante. Su ausencia renovó la antigua llaga todavía no bien
-cerrada, y el espíritu público se encarnizó contra su persona. Para
-aplacarle ordenó la junta que pues había el barón rehusado acudir a
-sus sesiones, se presentase arrestado en la ciudadela. Obedeció, y
-al tiempo que el 29 de mayo regresaba a Valencia, se encontró a tres
-leguas, en el Mas del Poyo, con el pueblo, que impaciente había salido
-a aguardar el correo que venía de Madrid. Por una aciaga coincidencia
-el de Albalat y el correo llegaron juntos, con lo cual tomaron cuerpo
-las sospechas. Entonces a pesar de sus vivas reclamaciones cogiéronle y
-le llevaron preso. A media legua de la ciudad se adelantó a protegerle
-una partida de tropa al mando de Don José Ordóñez, quien a ruegos del
-barón en vez de conducirle directamente a la ciudadela, torció a casa
-de Cervellón, extravío que en parte coadyuvó a la posterior catástrofe,
-extendiéndose la voz de su vuelta, y dando lugar a que se atizase el
-encono público y aun el privado. Entró en aquellos umbrales amagado ya
-por los puñales de la plebe: aceleró hacia allí sus pasos el P. Rico,
-y vio al barón tendido sobre un sofá pálido y descaecido. El infeliz
-se arrojó a los brazos de quien podía ampararle en su desconsuelo,
-y con trémulo y penetrante acento le dijo: «Padre, salve usted a un
-caballero que no ha cometido otro delito que obedecer a la orden de que
-regresase a Valencia.» Rico se lo prometió, y contando para ello con
-la ayuda de Cervellón fue en su busca; pero este no menos atemorizado
-que el perseguido se había metido en la cama con el simulado motivo
-de estar enfermo, y se negó a verle, y a favorecer a un desgraciado
-con quien le enlazaba antigua amistad y deudo. Ruin villanía y notable
-contraposición con el valor e intrepidez que en el asunto de las cartas
-había mostrado su hija.
-
-Entonces el P. Rico, pidiendo el pueblo desaforadamente la cabeza
-del barón, determinó con intento de salvarle que se le trasladase a
-la ciudadela, metiéndole en medio de un cuadro de tropa mandado por
-Moreno. Sin que fuese roto por los remolinos y oleadas de la turba,
-consiguieron llegar al pedestal del obelisco de la plaza. Allí al fin
-forzó el pueblo el cuadro, penetró por todos lados, y sordo a las
-súplicas y exhortaciones de Rico dieron de puñaladas en sus propios
-brazos al desventurado barón, cuya cabeza cortada y clavada en una pica
-la pasearon por la ciudad. Difundiose en toda ella un terror súbito, y
-la nobleza para apartar toda sospecha aumentó sus ofrecimientos y formó
-un regimiento de caballería de individuos suyos, que no deslucieron el
-esplendor de su cuna en empeñadas acciones.
-
-Triste y doloroso como fue el asesinato del barón de Albalat,
-desaparece a la vista de la horrorosa matanza que a pocos días tuvo
-que llorar Valencia, y a cuyo recuerdo la pluma se cae de la mano.
-En 1.º de junio se presentó en aquella ciudad Don Baltasar Calvo,
-canónigo de San Isidro de Madrid, hombre travieso, de amaño, fanático
-y arrebatado, con entendimiento bastantemente claro. Entre los dos
-bandos que anteriormente habían dividido a los prebendados de su
-iglesia de jansenistas y jesuitas, se había distinguido como cabeza
-de los últimos, y ensañádose en perseguir a la parcialidad contraria.
-Ahora tratando de amoldar a su ambición las doctrinas que tenazmente
-había siempre sostenido, notó muy luego que el padre Rico con su
-influjo pudiera en gran manera servirle, e hizo resolución de trabar
-con él amistad; pero ya fuesen celos, o ya que en uno hubiera mejor fe
-que en otro, no pudieron entenderse ni concordarse. El astuto Calvo
-procuró entonces urdir con otros la espantosa trama que meditaba. Para
-encubrir sus torcidos manejos distraía con apariencias de santidad la
-atención del pueblo, tardando mucho en decir misa, y permaneciendo
-arrodillado en los templos cuatro o cinco horas en acto de contrita y
-fervorosa oración. Quería ser dominador de Valencia, y creyó que con
-la hipocresía y con poner en práctica la infernal maquinación de matar
-a los franceses, cautivaría el ánimo del pueblo que tanto los odiaba.
-Para alcanzar su intento era necesario comenzar por apoderarse de la
-ciudadela, en cuyo recinto había ordenado la junta que aquellos se
-recogiesen, precaviéndolos de todo daño y respetando religiosamente
-sus propiedades y haberes. No era difícil la empresa, porque solo
-habían quedado allí de guarnición unos cuantos inválidos, habiéndose
-ausentado con su gente para formar una división en Castellón de la
-Plana Don Vicente Moreno, nombrado antes por la junta gobernador de
-dicha ciudadela. Calvo conoció bien que dueño de este punto tenía en
-sus manos una prenda muy importante, y que podría a mansalva cometer la
-proyectada carnicería.
-
-Él y sus cómplices fijaron el 5 de junio para la ejecución de su
-espantoso plan, y repentinamente al anochecer, levantando gran gritería
-y alboroto, sin obstáculo penetraron dentro de los muros de la
-ciudadela y la dominaron. Fue Calvo de los primeros que entraron,
-y apresurándose a poner en obra su proyecto se complació en unir
-a la crueldad la más insigne perfidia. Porque presentándose a los
-franceses detenidos, con aire de compunción les dijo: «que intentando
-el populacho matarlos, movido de piedad y caridad cristiana se
-había anticipado a preservarlos, disponiendo él a escondidas que se
-evadiesen por el postigo que daba al campo, y partiesen al Grao, en
-donde encontrarían barcos listos para transportarlos a Francia.» Al
-propio tiempo que de aquel modo con ellos se expresaba, había preparado
-para determinarlos y azorar aún más sus caídos ánimos que se diesen
-por los agavillados gritos amenazadores de _traición_ y _venganza_.
-Con semejante amago cedieron los presos a las insinuaciones del
-fingido amigo, y trataron de salir por el postigo indicado. Al ir a
-ejecutarlo corrió la voz de que se salvaban los franceses, y hombres
-ciegos y rabiosos se atropellaron hacia su estancia. Dentro comenzó
-el horrible estrago: presidíale el feroz clérigo. Hubo tan solo un
-intermedio en que se llamaron confesores para asistir en su última
-hora a las infelices víctimas. Aprovechándose de aquellos breves
-instantes algunas personas humanas volaron a su socorro, acompañadas
-de imágenes y reliquias veneradas por los valencianos. Su presencia
-y las enternecidas súplicas de los respetables confesores a veces
-apiadaban a los verdugos; pero el furibundo Calvo, convertido en
-carnívora fiera, acallaba con el terror las lágrimas y los quejidos
-de los que intercedían en favor de tantos inocentes, y estimulaba
-a sus sicarios añadiendo a las esperanzas de un asalariado cebo la
-blasfemia de que nada era más grato a los ojos de la divinidad que el
-matar a los franceses. Quedaban vivos setenta de estos desgraciados, y
-menos bárbaros los ejecutores que su sanguinario jefe, suspendieron la
-matanza, y pidieron que se les hiciese gracia. Fingió Calvo acceder a
-su ruego seguro de que en vano hubiera insistido en que se continuase
-el destrozo, y mandó que los sacasen por fuera del muro a la torre
-de Cuarte. Mas, ¡quién creyera tamaña ferocidad! Aquel tigre había a
-prevención apostado una cuadrilla de bandidos cerca de la plaza de
-toros, y al emparejar con ella los que ya se juzgaban libres, se vieron
-acometidos por los encubiertos asesinos, quienes fría y traidoramente
-los traspasaron con sus espadas y puñales. Perecieron en la noche
-330 franceses: pensose que con la oscuridad se pondría término a tan
-bárbaro furor, pero el de Calvo no estaba todavía satisfecho.
-
-Al empezar el alboroto había la junta comisionado a Rico para que le
-enfrenase y estorbara los males que amagaban. Inútiles fueron ofertas,
-ruegos y amenazas. La voz de su primer caudillo fue tan desoída por los
-amotinados como cuando mataron a Albalat. Nueva prueba si de ella se
-necesitase de que «los tribunos del pueblo [según la expresión de Tito
-Livio] más bien que rigen son regidos casi siempre por la multitud.»[*]
-[Marginal: (* Ap. n. 3-5.)] Calvo ensoberbecido se erigió en señor
-absoluto, y durante la carnicería de la ciudadela expidió órdenes a
-todas las autoridades, y todas ellas humildemente se le sometieron
-empezando por el capitán general. Rico desfallecido temió por su
-persona y se recogió a un sitio apartado. Sin embargo por la mañana
-recobrando sus abatidas fuerzas montó a caballo, y confiando en que
-la multitud con su inconstancia desampararía a su nuevo dueño, pensó
-en prenderle, y estaba a punto de conseguir contra su rival un seguro
-triunfo, cuando el coronel Don Mariano Usel propuso en la junta que se
-nombrase a Calvo individuo suyo. Le apoyaron otros dos, por lo que de
-resultas hubo quien a estos y al Usel los sospechara de no ignorar del
-todo el origen de los horrores cometidos.
-
-Calvo en la mañana del 6 todavía empapado en la inocente sangre tomó
-asiento en la junta. Consternados estaban todos sus miembros, y solo
-Rico despechado por el suceso de la anterior noche, alzó la voz,
-dirigió con energía su discurso al mismo Calvo, acriminó con negros
-colores su conducta, y afirmó que Valencia estaba perdida si al
-instante no se cortaba la cabeza a aquel malvado. Sorprendiose Calvo,
-pasmáronse los otros circunstantes, y en esto andaban cuando una parte
-del populacho destacada por su jefe sediento de sangre, después de
-haber recorrido las casas en que se guarecían unos pocos franceses y
-de haberlos muerto, arrastró consigo a la presencia de la misma junta
-ocho de aquellos desgraciados que quiso inmolar en la sala de las
-sesiones. El cónsul inglés Tupper que antes había salvado a algunos,
-intentó inútilmente y con harto riesgo de su persona libertar a estos.
-Los individuos de aquella corporación amedrentados precipitadamente
-se dispersaron, salpicándose sus vestidos con la sangre de los ocho
-infelices franceses, vertida sin piedad por infames matadores. Todo
-fue entonces terror y espanto. Rico se escondió y aun dos veces mudó
-de disfraz, temiendo la inevitable venganza de Calvo que triunfante
-dominaba solo, y se disponía a ejecutar actos de inaudita ferocidad.
-
-Felizmente no todos se descorazonaron: al contrario los hubo que
-trabajando en silencio por la noche, pudieron congregar la junta en
-la mañana del 7. Vuelto en sí Rico del susto llevó principalmente la
-voz, y queriendo los asistentes no ser envueltos en la ruina común que
-amenazaba, decretaron el arresto de Calvo, y antes de que este pudiera
-ser avisado diéronse priesa a ejecutar la resolución convenida,
-sorprendiéronle y sin tardanza le pusieron a bordo de un barco que
-le trasladó a Mallorca. Allí permaneció hasta últimos de junio, en
-que preso se le volvió a traer a Valencia para ser juzgado. Grandes y
-honrosos sucesos acaecieron en el intervalo en aquella ciudad, y con
-los cuales lavó algún tanto el negro borrón que los asesinatos habían
-echado sobre su gloria. Ahora aunque anticipemos la serie de los
-acontecimientos, será bien que concluyamos con los hechos de Calvo y de
-sus cómplices. Así con el pronto y severo castigo respirará el lector
-angustiado con la nefanda relación de tantos crímenes.
-
-Habiendo vuelto Calvo a Valencia, alegó conforme a la doctrina de su
-escuela en una defensa que extendió por escrito, que si había obrado
-mal había sido por hacer el bien, debiendo la intención ponerle a salvo
-de toda inculpación. Aquí tenemos renovada la regla invariable de
-los sectarios de Loyola, a quienes todo les era lícito, con tal que,
-como dice Pascal,[*] [Marginal: (* Ap. n. 3-6.)] supiesen _dirigir la
-intención_. No le sirvió de descargo a Calvo, porque condenado a la
-pena de garrote fue ajusticiado en la cárcel a las doce de la noche del
-3 de julio, y expuesto su cadáver al público en la mañana del 4. Hubo
-en la formación y sentencia de la causa algunas irregularidades, que a
-pesar de la atrocidad de los crímenes del reo hubiera convenido evitar.
-Achacose también a Calvo haber procedido en virtud de comisión de
-Murat. Careció de verosimilitud y de fundamento tan extraña acusación.
-Se inventó para hacerle odioso a los ojos de la muchedumbre, y poder
-más fácilmente atajarle en su desenfreno. Fue hombre fanático y
-ambicioso, que mezclando y confundiendo erróneos principios con sus
-feroces pasiones, no reparó en los medios de llevar a cabo un proyecto
-que le facilitase obtener el principal y quizá exclusivo influjo en los
-negocios del día.
-
-La junta pensó además en hacer un escarmiento en los otros
-delincuentes. Creó con este objeto un tribunal de seguridad pública,
-compuesto de tres magistrados de la audiencia, D. José Manescau y los
-señores Villafañe y Fuster. Había la previsión del primero preparado
-una manera fácil de descubrir a los matadores, y la cual en parte la
-debió a la casualidad. En la mañana que siguió a la cruel carnicería
-quince o veinte de los asesinos con las manos aún teñidas en sangre,
-creyendo haber procedido según los deseos de la junta, se presentaron
-para entregar los relojes y alhajas de que habían despojado a los
-franceses muertos, y pidieron en retribución del acto patriótico que
-habían ejecutado alguna recompensa. El advertido Manescau condescendió
-en dar a cada uno treinta reales, pero con la precaución al escribano
-de que les tomase los nombres bajo pretexto que era preciso aquella
-formalidad para justificar que habían cobrado el dinero. Partiendo de
-este antecedente pudo probarse quiénes eran los reos, y en el espacio
-de dos meses se ahorcó públicamente y se dio garrote en secreto a más
-de doscientos individuos. Severidad que a algunos pareció áspera, pero
-sin ella la anarquía a duras penas se hubiera reprimido en Valencia
-y en otros pueblos de su reino, entre los que Castellón de la Plana y
-Ayora habían visto también perecer a su gobernador y alcalde mayor. Con
-el ejemplo dado la autoridad recobró la conveniente fuerza.
-
-Luego que la junta se vio desembarazada de Calvo y de sus infernales
-maquinaciones, se ocupó con más desahogo en el alistamiento y
-organización de su ejército. El tiempo urgía, repetidos avisos
-anunciaban que los franceses disponían una expedición contra aquella
-provincia, y era preciso no desaprovechar tan preciosos momentos.
-Cartagena suministró inmediatos recursos, y con ellos y los que
-pudieron sacarse del propio suelo se puso la ciudad de Valencia en
-estado de defensa. Al mismo tiempo se dirigió sobre Almansa un cuerpo
-de 15.000 hombres al mando del conde de Cervellón, a quien se juntó de
-Murcia Don Pedro González de Llamas, y otro de 8000 bajo las de Don
-Pedro Adorno se situó en las Cabrillas. Tal estaba el reino de Valencia
-antes de ser atacado por el mariscal Moncey, de cuya campaña nos
-ocuparemos después.
-
-La justa indignación abrigada en todos los pechos bullía con acelerados
-latidos en el de los moradores del antiguo asiento de las franquezas y
-libertades españolas, en la inmortal Zaragoza. [Marginal: Levantamiento
-de Aragón.] Gloria duradera le estaba reservada, y la patria de Lanuza
-renovó en nuestros días las proezas que solemos colocar entre las
-fábulas de la historia. Su levantamiento sin embargo nada ofreció de
-nuevo ni singular, caminando por los mismos pasos por donde habían
-ido algunas de las otras provincias. Con mayo empezaron los corrillos
-y las conversaciones populares, y al recibirse el correo de Madrid
-agrupábanse las gentes a saber las novedades que traía. Siendo por
-momentos más tristes y adversas, aguardaban todos que la inquieta
-curiosidad finalizaría por una estrepitosa explosión. Repartieron en
-efecto el 24 las cartas llegadas por la mañana, y de boca en boca
-cundió velozmente cómo Napoleón se erigía en dueño de la monarquía
-española de resultas de haber renunciado la corona en favor suyo la
-familia de Borbón. Instantáneamente se armó gran bulla; y hombres,
-mujeres y niños se precipitaron a casa del capitán general Don Jorge
-Juan de Guillelmi. Los vecinos de las parroquias de la Magdalena y
-San Pablo concurrieron en gran número capitaneados por varios de los
-suyos y entre ellos el tío Jorge, que era del arrabal. Descolló el
-último sobre todos, y la energía de su porte, el sano juicio que le
-distinguía, lo recto de su intención y el varonil denuedo con que a
-cada paso expuso después su vida, le hacen acreedor a una honrosa y
-particular mención. Hombre sin letras y desnudo de educación culta,
-halló en la nobleza de su corazón y como por instinto los elevados
-sentimientos que han ilustrado a los varones esclarecidos. Su nombre
-aunque humilde, escrito al lado de ellos, resplandecerá sin deslucirlos.
-
-La muchedumbre pidió al capitán general que hiciera dimisión del
-mando. Costó mucho que se resolviese al sacrificio, mas forzado a ello
-y conducido preso a la Aljafería, fue interinamente sustituido por
-su segundo el general Mori. Al anochecer se embraveció el tumulto, y
-desconfiándose del nuevo jefe por ser italiano de nación, se convidó
-con el mando a Don Antonio Cornel, antiguo ministro de la guerra, quien
-rehusó aceptarle.
-
-Mori el 25 congregó una junta, la cual tímida como su presidente
-buscaba paliativos que sin desdoro ni peligro sacasen a sus miembros
-del atascadero en que estaban hundidos: inútiles y menguados medios en
-violentas crisis. Enfadose el pueblo con la tardanza, volviendo sus
-inquietas miradas hacia Don José Palafox y Melci. Recordará el lector
-que este militar a últimos de abril, en comisión de su jefe el marqués
-de Castelar, había ido a Bayona para informar al rey de lo ocurrido
-en la soltura y entrega del príncipe de la Paz. Continuó allí hasta
-los primeros días de mayo, en que se asegura regresó a España con
-encargo parecido al que por el propio tiempo se dio a la junta suprema
-de Madrid para resistir abiertamente a los franceses. Penetró Palafox
-por Guipúzcoa, de donde se trasladó a la Torre de Alfranca, casa de
-campo de su familia cerca de Zaragoza. Permaneciendo misteriosamente
-en su retiro, movió a sospecha al general Guillelmi, quien le intimó
-la orden de salir del reino de Aragón. Tenemos entendido que Palafox
-incomodado entonces, se arrimó a los que anhelaban por un rompimiento,
-y que no sin noticia suya estalló la revolución zaragozana. Por fin al
-oscurecer del 25, depuesto ya Guillelmi y quejoso el pueblo de Mori, se
-despacharon a Alfranca 50 paisanos para traer a la ciudad a Palafox.
-Al principio se negó a ir aparentando disculpas, y solo cedió al
-expreso mandato que le fue enviado por el interino capitán general.
-
-Al entrar en Zaragoza pidió que se juntase el acuerdo en la mañana del
-26 con intento de comunicarle cosas del mayor interés. En la sesión
-celebrada aquel día hizo uso de las insinuaciones que se le habían
-hecho en Bayona para resistir a los franceses, y sobre las cuales
-a causa de estar S. M. en manos de su enemigo se guardó profundo
-silencio. Rogó después que se le desembarazase de la importunidad
-del pueblo que se manifestaba deseoso de nombrarle por caudillo,
-añadiendo no obstante que su vida y haberes los inmolaría con gusto
-en el altar de la patria. Enmudecieron todos, y vislumbraron que no
-desagradaban a los oídos de Palafox los clamores prorrumpidos por el
-pueblo en alabanza suya. Aguardaba la multitud impaciente a las puertas
-del edificio, e insistiendo por dos veces en que se eligiese capitán
-general a su favorecido, alcanzó la demanda cediendo Mori el puesto que
-ocupaba.
-
-Alzado a la dignidad suprema de la provincia Don José Palafox y Melci
-fue obedecido en toda ella, y a su voz se sometieron con gusto los
-aragoneses de acá y allá del Ebro. Admiró su elevación, y aún más que
-en sus procedimientos no desmereciese de la confianza que en él tenía
-el pueblo. Todavía mancebo, pues apenas frisaba con los veintiocho
-años, bello y agraciado de rostro y de persona, con traeres apuestos
-y cumplidos, cautivaba Palafox la afición de cuantos le veían y
-trataban. Pero si la naturaleza con larga mano le había prodigado
-las perfecciones del cuerpo, no se creía hasta entonces que hubiese
-andado tan generosa en punto a las dotes del entendimiento. Buscado y
-requerido por las damas de la corrompida corte de Carlos IV, se nos ha
-asegurado que con porfiado empeño desdeñó el rendimiento obsequioso
-de la que entre todas era, si no la más hermosa, por lo menos la más
-elevada. Esta tenacidad fue una de las principales calidades de su
-alma, y la empleó más oportuna y dignamente en la memorable defensa
-de Zaragoza. Sin práctica ni conocimiento de la milicia ni de los
-negocios públicos, tuvo el suficiente tino para rodearse de personas
-que por su enérgica decisión, o su saber y experiencia le sostuviesen
-en los apurados trances, o le ayudasen con sus consejos. Tales fueron
-el padre Don Basilio Bogiero, de la Escuela pía, su antiguo maestro;
-Don Lorenzo Calvo de Rozas, que habiendo llegado de Madrid el 28 de
-mayo fue nombrado corregidor e intendente, y el oficial de artillería
-Don Ignacio López, a quien se debió en el primer sitio la dirección de
-importantes operaciones.
-
-Para legitimar solemnemente el levantamiento convocó Palafox a cortes
-el reino de Aragón. Acudieron los diputados a Zaragoza, y el día 9 de
-junio abrieron sus sesiones [*] [Marginal: (* Ap. n. 3-6 bis.)] en
-la casa de la ciudad, asistiendo 34 individuos que representaban los
-cuatro brazos, en cuyo número se comprendía el de las ocho ciudades
-de voto en cortes. Aprobaron estas todo lo actuado antes de su
-reunión, y después de nombrar a Don José Rebolledo de Palafox y Melci
-capitán general, juzgaron prudente separarse, formando una junta de 6
-individuos que de acuerdo con el jefe militar atendiese a la defensa
-común. La autoridad y poder de este nuevo cuerpo fueron más limitados
-que el de las juntas de las otras provincias, siendo Palafox la
-verdadera, y por decirlo así, la única cabeza del gobierno. Dependió
-no poco esta diferencia de la particular situación en que se halló
-Zaragoza, la cual temiendo ser prontamente acometida por los franceses,
-necesitaba de un brazo vigoroso que la guiase y protegiese. Era esto
-tanto más urgente cuanto la ciudad estaba del todo desabastecida. No
-llegaba a 2000 hombres el número de tropas que la guarnecían, inclusos
-los miñones y partidas sueltas de bandera. De doce cañones se componía
-toda la artillería, y esta no gruesa, escaseando en mayor proporción
-los otros pertrechos. En vista de tamaña miseria apresuráronse Palafox
-y sus consejeros a reunir la gente que de todas partes acudía, y a
-organizarla, empleando para ello a los oficiales retirados y a los que
-de Pamplona, San Sebastián, Madrid, Alcalá y otros puntos sucesivamente
-se escapaban. Restableció en la formación de los nuevos cuerpos el ya
-desusado nombre de tercios, bajo el que la antigua infantería española
-había alcanzado tantos laureles, distinguiéndose más que todos el
-de los estudiantes de la universidad, disciplinado por el barón de
-Versages. Se recogieron fusiles, escopetas y otras armas, se montaron
-algunas piezas arrinconadas o viejas, y la fábrica de pólvora de
-Villafeliche suministró municiones. Escasos recursos si a todo no
-hubiera suplido el valor y la constancia aragonesa.
-
-El levantamiento se ejecutó en Zaragoza sin que felizmente se hubiese
-derramado sangre. Solamente se arrestaron las personas que causaban
-sombra al pueblo.
-
-Enérgico como los demás, fue en especial notable su primer manifiesto
-por dos de los artículos que comprendía. «1.º Que el emperador, todos
-los individuos de su familia, y finalmente todo general francés, eran
-personalmente responsables de la seguridad del rey y de su hermano
-y tío. 2.º Que en caso de un atentando contra vidas tan preciosas,
-para que la España no careciese de su monarca _usaría la nación de su
-derecho electivo_ a favor del archiduque Carlos, como nieto de Carlos
-III, siempre que el príncipe de Sicilia y el infante Don Pedro y demás
-herederos no pudieran concurrir.» Échase de ver en la cláusula notada
-con bastardilla que al paso que los aragoneses estaban firmemente
-adictos a la forma monárquica de su gobierno, no se habían borrado
-de su memoria aquellos antiguos fueros que en la junta de Caspe les
-habían dado derecho a elegir un rey, conforme a la justicia y pública
-conveniencia.
-
-[Marginal: Levantamiento de Cataluña.]
-
-«Cataluña, como dice Melo, una de las provincias de más primor,
-reputación y estima que se halla en la grande congregación de estados
-y reinos, de que se formó la nación española» levantó erguida su
-cerviz humillada por los que con fementido engaño habían ocupado
-sus principales fortalezas. Mas desprovistos los habitantes de este
-apoyo, sobre todo del de Barcelona, grande e importante por el
-armamento, vestuario, tropa, oficialidad y abundantes recursos que en
-su recinto se encerraban, faltoles un centro de donde emanasen con
-uniforme impulso las providencias dirigidas a conmover las ciudades y
-pueblos de su territorio. No por eso dejaron de ser portentosos sus
-esfuerzos, y si cabe en ellos y en admirable constancia sobrepujó
-a todas la belicosa Cataluña. Solamente obstruida y cortada por el
-ejército enemigo, tuvo al pronto que levantarse desunida y en separadas
-porciones, tardando algún tiempo en constituirse una junta única y
-general para toda la provincia.
-
-Las conmociones empezaron a últimos de mayo y al entrar junio. Dentro
-del mismo Barcelona se desgarraron el 31 de aquel mes los carteles que
-proclamaban la nueva dinastía. Hubo tumultuosas reuniones, andúvose
-a veces a las manos, y resultaron muertes y otros disgustos. Los
-franceses se inquietaron bastantemente, ya por lo populoso de la
-ciudad, y ya también porque el vecindario amotinado hubiera podido
-ser sostenido por 3500 hombres de buena tropa española, que todavía
-permanecían dentro de la plaza, y cuyo espíritu era del todo contrario
-a los invasores. Sin embargo acalláronse allí los alborotos, pero no en
-las poblaciones que estaban fuera del alcance de la garra francesa.
-
-Había Duhesme, su general, pensado en hacerse dueño de Lérida para
-conservar francas sus comunicaciones con Zaragoza. Consiguió al efecto
-una orden de la junta de Madrid, ya no débil, pero sí culpable, la
-cual ordenó la entrega a la tropa extranjera. Cauto sin embargo el
-general francés envió por delante al regimiento de Extremadura, que
-no pudiendo como español despertar las sospechas de los leridanos le
-allanase sin obstáculo la ocupación. Penetraron no obstante aquellos
-habitantes intención tan siniestra, y haciendo en persona la guardia
-de sus muros rogaron a los de Extremadura que se quedasen afuera. Con
-gusto condescendieron estos aguardando en la villa de Tárrega favorable
-coyuntura para pasar a Zaragoza, en cuyo sitio se mantuvieron firmes
-apoyos de la causa de su patria. Lérida por tanto fue la que primero
-se armó y declaró ordenadamente. Al mismo tiempo Manresa quemó en
-público los bandos y decretos del gobierno de Madrid. Tortosa luego que
-fue informada de las ocurrencias de Valencia, imitó su ejemplo y por
-desgracia algunos de sus desórdenes, habiendo perecido miserablemente
-su gobernador Don Santiago de Guzmán y Villoria. Igual suerte cupo al
-de Villafranca de Panadés, Don Juan de Toda. Así todos los pueblos unos
-tras de otros o a la vez se manifestaron con denuedo, y allí el lidiar
-fue inseparable del pronunciamiento. Yendo uno y otro de compañía, nos
-reservaremos pues el hablar más detenidamente para cuando lleguemos a
-las acciones de guerra. El principado se congregó en junta de todos sus
-corregimientos a fines de junio, y se escogió entonces para su asiento
-la ciudad de Lérida.
-
-[Marginal: Levantamiento de las Baleares.]
-
-Separadas por el Mediterráneo del continente español las Islas
-Baleares, no solo era de esperar que desconociesen la autoridad
-intrusa, resguardadas como lo estaban y al abrigo de sorpresa, sino
-que también era muy de desear que abrazasen la causa común, pudiendo su
-tranquilo y aislado territorio servir de reparo en los contratiempos,
-y dejando libres con su declaración las fuerzas considerables de mar y
-tierra que allí había. Además de la escuadra surta en Menorca, de que
-hemos hablado, se contaban en todas sus islas unos 10.000 hombres de
-tropa reglada, cuyo número, atendiendo a la escasez que de soldados
-veteranos había en España, era harto importante.
-
-Notáronse en todas las Baleares parecidos síntomas a los que reinaban
-en la península, y cuando se estaba en dudas y vacilaciones arribó
-de Valencia el 29 de mayo un barco con la noticia de lo ocurrido en
-aquella ciudad el 23. El general, que lo era a la sazón Don Juan Miguel
-de Vives, en unión con el pueblo mostrose inclinado a seguir las mismas
-huellas; pero se retrajo en vista de pliegos recibidos de Madrid pocas
-horas después, y traídos por un oficial francés. Hízole titubear su
-contenido, y convocó el acuerdo para que juntos discurriesen acerca
-de los medios de conservar la tranquilidad. Se traslució su intento,
-y por la tarde una porción de jóvenes de la nobleza y oficiales
-formaron el proyecto de trastornar el orden actual, valiéndose de la
-buena disposición del pueblo. Idearon como paso previo tantear al
-segundo cabo el mariscal de campo Don Juan Oneille, con ánimo de que
-reemplazase al general, quien sabiendo lo que andaba paró el golpe
-reuniendo a las nueve de la noche en las casas consistoriales una junta
-de autoridades. Se iluminó la fachada del edificio, y se anunció al
-pueblo la resolución de no reconocer otro gobierno que el de Fernando
-VII. Entonces fue universal la alegría, unánimes las demostraciones
-cordiales de patriotismo. Evitó la oportuna decisión del general
-desórdenes y desgracias. Al día siguiente 30 se erigió la junta que
-se había acordado en la noche anterior, la cual presidida por el
-capitán general se compuso de más de 20 individuos, entresacados de
-las autoridades, y nombrados otros por sus estamentos o clases. Se
-agregaron posteriormente dos diputados por Menorca, dos por Ibiza, y
-otro por la escuadra fondeada en Mahón.
-
-En esta última ciudad, siendo las cabezas oficiales de ejército y de
-marina, se había depuesto y preso al gobernador y al coronel de Soria,
-Cabrera, y desobedecido abiertamente las órdenes de Murat. Recayó el
-mando en el comandante interino de la escuadra, a cuyas instancias
-envió la junta de Mallorca para relevarle al marqués del Palacio, poco
-antes coronel de húsares españoles.
-
-En nada se había perturbado la tranquilidad en Palma ni en las otras
-poblaciones. Solo el 29 para resguardar su persona se puso en el
-castillo de Bellver al oficial francés portador de los pliegos de
-Madrid. Doloroso fue tener también que recurrir a igual precaución con
-los dos distinguidos miembros del instituto de Francia, Arago y Biot,
-quienes en unión con los astrónomos españoles Don José Rodríguez y
-Don José Chaix habían pasado a aquella isla con comisión científica
-importante. Era pues la de prolongar a la isla de Formentera la
-medida del arco del meridiano, observado y medido anteriormente
-desde Dunkerque hasta Monjuich en Barcelona por los sabios Mechain y
-Delambre. La operación dichosamente se había terminado antes que las
-provincias se alzasen, estorbando solo este suceso medir una base
-de verificación proyectada en el reino de Valencia. Ya el ignorante
-pueblo los había mirado con desconfianza, cuando para el desempeño
-de su encargo ejecutaban las operaciones geodésicas y astronómicas
-necesarias. Figurose que eran planos que levantaban por orden de
-Napoleón para sus fines políticos y militares. A tales sospechas daban
-lugar los engaños y aleves arterías con que los ejércitos franceses
-habían penetrado en lo interior del reino: y en verdad que nunca la
-ignorancia pudiera alegar motivos que pareciesen más fundados. La junta
-al principio no osó contrarrestar el torrente de la opinión popular;
-pero conociendo el mérito de los sabios extranjeros, y la utilidad de
-sus trabajos, los preservó de todo daño; e imposibilitada por la guerra
-de enviarlos en derechura a Francia, los embarcó en oportuna ocasión a
-bordo de un buque que iba a Argel, país entonces neutral, y de donde se
-restituyeron después a sus hogares.
-
-El entusiasmo en Mallorca fue universal, esmerándose con particularidad
-en manifestarle las más principales señoras; y si en toda la isla de
-Mallorca, como decía el cardenal de Retz,[*] [Marginal: (* Ap. n.
-3-7.)] «no hay mujeres feas», fácil será imaginar el poderoso influjo
-que tuvieron en su levantamiento.
-
-En Palma se creó un cuerpo de voluntarios con aquel nombre, que después
-pasó a servir a Cataluña. Y aunque al principio la junta obrando
-precavidamente no permitió que se trasladasen a la península las
-tropas que guarnecían las islas, por fin accedió a que se incorporasen
-sucesivamente con los ejércitos que guerreaban.
-
-[Marginal: Navarra y provincias vascongadas.]
-
-Unas tras otras hemos recorrido las provincias de España y contado
-su glorioso alzamiento. Habrá quien eche de menos a Navarra y las
-provincias vascongadas. Pero lindando con Francia, privados sus
-moradores de dos importantes plazas, y cercados y opresos por
-todos lados, no pudieron revolverse ni formalizar por de pronto
-gobierno alguno. Con todo animadas de patriotismo acendrado
-impelieron a la deserción a los pocos soldados españoles que había
-en su suelo, auxiliaron en cuanto alcanzaban sus fuerzas a las
-provincias lidiadoras, y luego que las suyas estuvieron libres o más
-desembarazadas se unieron a todas, cooperando con no menor conato a la
-destrucción del común enemigo. Y más adelante veremos que aun ocupado
-de nuevo su territorio, pelearon con empeño y constancia por medio de
-sus guerrillas y cuerpos francos.
-
-[Marginal: Islas Canarias.]
-
-En las Islas Canarias aunque algo lejanas de las costas españolas,
-siguiose el impulso de Sevilla. Dudose en un principio de la certeza de
-los acontecimientos de Bayona, y se consideraron como invención de la
-malevolencia, o como voces de intento esparcidas por los partidarios de
-los ingleses. Mas habiendo llegado en julio noticia de la insurrección
-de Sevilla y de la instalación de su junta suprema, el capitán general
-marqués de Casa-Cagigal dispuso que se proclamase a Fernando VII,
-imitando con vivo entusiasmo los habitantes de todas las islas el
-noble ejemplo de la península. Hubo sin embargo entre ellas algunas
-desavenencias, renovando la Gran Canaria sus antiguas rivalidades
-de primacía con la de Tenerife. Así se crearon en ambas separadas
-juntas, y en la última despojado del mando Casa-Cagigal, ya de ambas
-aborrecido, fue puesto en su lugar el teniente de rey Don Carlos
-O’Donnell. Levantáronse después quejas muy sentidas contra este jefe y
-la junta de Tenerife, que no cesaron hasta que el gobierno supremo de
-la central puso en ello el conveniente remedio.
-
-Por lo demás el cuadro que hemos trazado de la insurrección de España
-parecerá a algunos diminuto o conciso, y a otros difuso u harto
-circunstanciado. Responderemos a los primeros que no habiendo sido
-nuestro propósito escribir la historia particular del alzamiento de
-cada provincia, el descender a más pormenores hubiera sido obrar con
-desacuerdo. Y a los segundos que en vista de la nobleza de la causa y
-de la ignorancia cierta o fingida que acerca de su origen y progreso
-muchos han mostrado, no ha sido tan fuera de razón dar a conocer con
-algún detenimiento una revolución memorable, que por descuido de unos
-y malicia de otros se iba sepultando en el olvido o desfigurándose de
-un modo rápido y doloroso. Para acabar de llenar nuestro objeto, será
-bien que fundándonos en la verídica relación que precede, sacada de las
-mejores fuentes, añadamos algunas cortas reflexiones, que arrojando
-nueva luz refuten las equivocaciones sobrado groseras en que varios
-han incurrido.
-
-[Marginal: Reflexiones generales.]
-
-Entre estas se ha presentado con más séquito la de atribuir las
-conmociones de España al ciego fanatismo, y a los manejos e influjo
-del clero. Lejos de ser así, hemos visto cómo en muchas provincias el
-alzamiento fue espontáneo, sin que hubiera habido móvil secreto; y
-que si en otras hubo personas que aprovechándose del espíritu general
-trataron de dirigirle, no fueron clérigos ni clases determinadas, sino
-indistintamente individuos de todas ellas. El estado eclesiástico
-cierto que no se opuso a la insurrección, pero tampoco fue su autor.
-Entró en ella como toda la nación, arrastrado de un honroso sentimiento
-patrio, y no impelido por el inmediato temor de que se le despojase
-de sus bienes. Hasta entonces los franceses no habían en esta parte
-dado ocasión a sospechas, y según se advirtió en el libro segundo, el
-clero español antes de los sucesos de Bayona más bien era partidario de
-Napoleón que enemigo suyo, considerándole como el hombre que en Francia
-había restablecido con solemnidad el culto. Por tanto la resistencia
-de España nació de odio contra la dominación extranjera: y el clérigo
-como el filósofo, el militar como el paisano, el noble como el plebeyo
-se movieron por el mismo impulso, al mismo tiempo y sin consultar
-generalmente otro interés que el de la dignidad e independencia
-nacional. Todos los españoles que presenciaron aquellos días de
-universal entusiasmo, y muchos son los que aún viven, atestiguarán la
-verdad del aserto.
-
-No menos infundado aunque no tan general, ha sido achacar la
-insurrección a conciertos de los ingleses con agentes secretos.
-Napoleón y sus parciales que por todas partes veían o aparentaban ver
-la mano británica, fueron los autores de invención tan peregrina.
-Por lo expuesto se habrá notado cuán ajeno estaba aquel gobierno de
-semejante suceso, y cuánto le sorprendió la llegada a Londres de los
-diputados asturianos que fueron los primeros que le anunciaron. Muchas
-de las costas de España estaban sin buques de guerra ingleses que de
-cerca observasen o fomentasen alborotos, y las provincias interiores
-no podían tener relación con ellos ni esperar su pronta y efectiva
-protección; y aun en Cádiz, en donde había un crucero, se desechó su
-ayuda, si bien amistosamente, para un combate en el que por ser
-marítimo les interesaba con más especialidad tomar parte. Véase pues si
-el conjunto de estos hechos dan el menor indicio de que la Inglaterra
-hubiese preparado el primero y gran sacudimiento de España.
-
-Mas aun careciendo de la copia de datos que muestran lo contrario, el
-hombre meditabundo e imparcial fácilmente penetrará que no era dado ni
-a clérigos ni a ingleses, ni a ninguna otra persona, clase ni potencia
-por poderosa que fuese, provocar con agentes y ocultos manejos en una
-nación entera un tan enérgico, unánime y simultáneo levantamiento.
-Buscará su origen en causas más naturales, y su atento juicio le
-descubrirá sin esfuerzo en el desorden del anterior gobierno, en los
-vaivenes que precedieron, y en el cúmulo de engaños y alevosías con
-que Napoleón y los suyos ofendieron el orgullo español.
-
-No bastaba a los detractores dar al fanatismo o a los ingleses el
-primer lugar en tan grande acontecimiento. Hanse recreado también en
-oscurecer su lustre, exagerando las muertes y horrores cometidos en
-medio del fervor popular. Cuando hemos referido los lamentables excesos
-que entonces hubo, cubriendo a sus autores del merecido oprobio, no
-hemos omitido ninguno que fuese notable. Siendo así, dígasenos de buena
-fe si acompañaron al tropel de revueltas desórdenes tales que deban
-arrancar las desusadas exclamaciones en que algunos han prorrumpido.
-Solo pudieran ser aplicables a Valencia y no a la generalidad del
-reino, y aun allí mismo los excesos fueron inmediatamente reprimidos
-y castigados con una severidad que rara vez se acostumbra contra
-culpados de semejantes crímenes en las grandes revoluciones. Pero al
-paso que profundamente nos dolemos de aquel estrago, séanos lícito
-advertir que hemos recorrido provincias enteras sin topar con desmán
-alguno, y en todas las otras no llegaron a treinta las personas muertas
-tumultuariamente. Y por ventura en la situación de España, rotos
-los vínculos de la subordinación y la obediencia, con autoridades
-que compuestas en lo general de hechuras y parciales de Godoy eran
-miradas al soslayo y a veces aborrecidas, ¿no es de maravillar que
-desencadenadas las pasiones no se suscitasen más rencillas, y que las
-tropelías, multiplicándose, no hubiesen salvado todas las barreras?
-¿Merece pues aquella nación que se la tilde de cruel y bárbara? ¿Qué
-otra en tan deshecha tormenta se hubiera mostrado más moderada y
-contenida? Cítesenos una mudanza y desconcierto tan fundamental, si
-bien no igualmente justo y honroso, en que las demasías no hayan muy
-mucho sobrepujado a las que se cometieron en la insurrección española.
-Nuestra edad ha presenciado grandes trastornos en naciones apellidadas
-por excelencia cultas, y en verdad que el imparcial examen y cotejo de
-sus excesos con los nuestros no les sería favorable.
-
-Después de haber tratado de desvanecer errores que tan comunes se han
-hecho, veamos lo que fueron las juntas y de qué defectos adolecieron.
-Agregado incoherente y sobrado numeroso de individuos en que se
-confundía el hombre del pueblo con el noble, el clérigo con el militar,
-estaban aquellas autoridades animadas del patriotismo más puro, sin
-que a veces le adornase la conveniente ilustración. Muchas de ellas
-pusieron todo su conato en ahogar el espíritu popular, que les había
-dado el ser, y no le sustituyeron la acertada dirección conque hubieran
-podido manejar los negocios hombres prácticos y de estado. Así fue
-que bien pronto se vieron privadas de los inagotables recursos que en
-todo trastorno social suministra el entusiasmo y facilita el mismo
-desembarazo de las antiguas trabas: no pudiendo en su lugar introducir
-orden ni regla fija, ya porque las circunstancias lo impedían, y
-ya también porque pocos de sus individuos estacan dotados de las
-prendas que se requieren para ello. Hombres tales, escasos en todos
-los países, era natural que fuesen más raros en España, en donde la
-opresiva humillación del gobierno había en parte ahogado las bellas
-disposiciones de los habitantes. Por este medio se explica como a la
-grandiosa y primera insurrección, hija de un sentimiento noble de
-honor e independencia nacional, que el despotismo de tantos años no
-había podido desarraigar, no correspondieron las medidas de gobierno
-y organización militar y económica que en un principio debieron
-adoptarse. No obstante justo es decir que los esfuerzos de las juntas
-no fueron tan cortos ni limitados como algunos han pretendido; y que
-aun en naciones más adelantadas quizá no se hubiera ido más allá
-si en lo interior hubiesen tenido estas que luchar con un ejército
-extranjero, careciendo de uno propio que pudiera llamarse tal, vacías
-las arcas públicas y poco provistos los depósitos y arsenales.
-
-Fue muy útil que en el primer ardor de la insurrección se formase en
-cada provincia una junta separada. Esta especie de gobierno federativo,
-mortal en tiempos tranquilos para España, como nación contigua por
-mar y tierra a estados poderosos, dobló entonces y aun multiplicó sus
-medios y recursos; excitó una emulación hasta cierto punto saludable,
-y sobre todo evitó que los manejos del extranjero, valiéndose de la
-flaqueza y villanía de algunos, barrenasen sordamente la causa sagrada
-de la patria. Un gobierno central y único, antes de que la revolución
-hubiese echado raíces, más fácilmente se hubiera doblegado a pérfidas
-insinuaciones, o su constancia hubiera con mayor prontitud cedido
-a los primeros reveses. Autoridades desparramadas como las de las
-juntas, ni ofrecían un blanco bien distinto contra el que pudieran
-apuntarse los tiros de la intriga, ni aun a ellas mismas les era
-permitido [cosa de que todas estuvieron lejos] ponerse de concierto
-para daño y pérdida de la causa que defendían.
-
-Acompañó al sentimiento unánime de resistir al extranjero otro no
-menos importante de mejora y reforma. Cierto que este no se dejó ver
-ni tan clara ni tan universalmente como el primero. Para el uno solo
-se requería ser español y honrado; mas para el otro era necesario
-mayor saber que el que cabía en una nación sujeta por siglos a un
-sistema de persecución e intolerancia política y religiosa. Sin embargo
-apenas hubo proclama, instrucción o manifiesto de las juntas en que
-lamentándose de las máximas que habían regido anteriormente, no se
-diese indicio de querer tomar un rumbo opuesto, anunciando para lo
-futuro o la convocación de cortes, o el restablecimiento de antiguos
-fueros, o el desagravio de pasadas ofensas. Infiérase de aquí cuál
-sería sobre eso la opinión general cuando así se expresaban unas
-autoridades que compuestas en su mayor parte de individuos de clases
-privilegiadas, procuraban contener más bien que estimular aquella
-general tendencia. Así fue que por sus pasos contados se encaminó
-España a la reforma y mejoramiento, y congregó sus cortes sin que
-hubiera habido que escuchar los consejos o preceptos del extranjero.
-Y ¡ojalá nunca los escuchara! Los años en que escribimos han sido
-testigos de que su intervención tan solo ha servido para hacerla
-retroceder a tiempos comparables a los de la más profunda barbarie.
-
-Nos parece que lo dicho bastará a deshacer los errores a que ha dado
-lugar el silencio de algunas plumas españolas, el despique de otras
-y la ligereza con que muchos extranjeros han juzgado los asuntos de
-España, país tan poco conocido como mal apreciado.
-
-Antes de concluir el presente libro será justo que demos una razón,
-aunque breve, de la insurrección de Portugal, [Marginal: Portugal.]
-cuyos acontecimientos anduvieron tan mezclados con los nuestros.
-
-Aquel reino si bien al parecer tranquilo, viéndose agobiado con las
-extraordinarias cargas y ofendido de los agravios que se hacían a sus
-habitantes, tan solo deseaba oportuna ocasión en que sacudir el yugo
-que le oprimía.
-
-[Marginal: Su situación.]
-
-Junot en su desvanecimiento a veces había ideado ceñirse la corona de
-Portugal. Para ello hubo insinuaciones, sordas intrigas, proyectos de
-constitución y otros pasos que no haciendo a nuestro propósito, los
-pasaremos en silencio. Tuvo por último que contentarse con la dignidad
-de duque de Abrantes a que le ensalzó su amo en remuneración de sus
-servicios.
-
-Desde el mes de marzo con motivo de la llamada de las tropas españolas
-anduvo el general francés inquieto, temiendo que se aumentasen los
-peligros al paso que se disminuía su fuerza. Se tranquilizó algún tanto
-cuando vio que al advenimiento al trono de Fernando habían recibido los
-españoles contra orden. Así fue, como hemos dicho, que los de Oporto
-volvieron a sus acantonamientos; se mantuvieron quietos en Lisboa
-y sus contornos los de Don Juan Carrafa; y solo de los de Solano se
-restituyeron a Setúbal cuatro batallones, no habiendo Junot tenido por
-conveniente recibir a los restantes. Prefirió este guardar por sí el
-Alentejo, y envió a Kellerman para reemplazar a Solano, cuya memoria
-fue tanto más sentida por los naturales, cuanto el nuevo comandante
-se estrenó con imponer una contribución en tal manera gravosa que el
-mismo Junot tuvo que desaprobarla. Kellerman transfirió a Elvas su
-cuartel general para observar de cerca a Solano, quien permaneció en la
-frontera hasta mayo, en cuyo tiempo se retiró a Andalucía.
-
-En este estado se hallaban las cosas de Portugal cuando, después del
-suceso del 2 de mayo en Madrid, receloso Napoleón de nuevos alborotos
-en España, [Marginal: Divisiones francesas que intentan pasar a
-España.] ordenó a Junot que enviase del lado de Ciudad Rodrigo 4000
-hombres que obrasen de concierto con el mariscal Bessières, y otros
-tantos por la parte de Extremadura para ayudar a Dupont que avanzaba
-hacia Sierra Morena. Al entrar junio llegaron los primeros al pie del
-fuerte de la Concepción, el cual situado sobre el cerro llamado el
-Gardón, sirve como de atalaya para observar la frontera portuguesa y
-las plazas de Almeida y Castel-Rodrigo. El general Loison que mandaba
-a los franceses ofreció al comandante español algunas compañías que
-reforzasen el fuerte contra los comunes enemigos de ambas naciones. El
-ardid por tan repetido era harto grosero para engañar a nadie. Pero
-no habiendo dentro la suficiente fuerza para la defensa, abandonó el
-comandante por la noche el fuerte, y se refugió a Ciudad Rodrigo, cuya
-plaza distante cinco leguas, y levantada ya como toda la provincia
-de Salamanca, redobló su vigilancia y contuvo así los siniestros
-intentos de Loison. Por la parte del mediodía los 4000 franceses que
-debían penetrar en las Andalucías, trataron con su jefe Avril de
-dirigirse sobre Mértola, y bajando después por las riberas de Guadiana,
-desembocar impensadamente en el condado de Niebla. Allí la insurrección
-había tomado tal incremento, que no osaron continuar en empresa tan
-arriesgada. Al paso que así se desbarataron los planes de Napoleón,
-que en esta parte no hubieran dejado de ser acertados, si más a tiempo
-hubiesen tenido efecto los acontecimientos del norte de Portugal,
-vinieron del todo a trastornar a Junot, y levantar un incendio
-universal en aquel reino.
-
-[Marginal: Los españoles se retiran de Oporto.]
-
-Los españoles a su vuelta a Oporto habían sido puestos a las órdenes
-del general francés Quesnel. Desagradó la medida inoportuna en un
-tiempo en que la indignación crecía de punto, e inútil no siendo
-afianzada con tropa francesa. Andaba así muy irritado el soldado
-español, cuando alzándose Galicia comunicó aquella junta avisos para
-que los de Oporto se incorporasen a su ejército y llevasen consigo a
-cuantos franceses pudiesen coger. Concertáronse los principales jefes,
-se colocó al frente al mariscal de campo Don Domingo Belestá como de
-mayor graduación, y el 6 de junio habiendo hecho prisionero a Quesnel
-y a los suyos, que eran muy pocos, tomó toda la división española que
-estaba en Oporto el camino de Galicia. [Marginal: Primer levantamiento
-de Oporto.] Antes de partir dijo Belestá a los portugueses que les
-dejaba libres de abrazar el partido que quisieran, ya fuese el de
-España, ya el de Francia, o ya el de su propio país. Escogieron el
-último como era natural. Pero luego que los españoles se alejaron,
-amedrentadas las autoridades se sometieron de nuevo a Junot.
-
-[Marginal: Levantamiento de Tras-os-Montes y segundo de Oporto.]
-
-Continuaron de este modo algunos días hasta que el 11 de junio
-habiéndose levantado la provincia de Tras-os-Montes, y nombrado por su
-jefe al teniente general Manuel Gómez de Sepúlveda, hombre muy anciano,
-se extendió a la de Entre-Duero-y-Miño la insurrección, y se renovó el
-18 en Oporto en donde pusieron a la cabeza a Don Antonio de San José de
-Castro, obispo de la diócesis. Cundió también a Coimbra y otros pueblos
-de la Beira, haciendo prisioneros y persiguiendo a algunas partidas
-sueltas de franceses. Loison que desde Almeida había intentado ir a
-Oporto, retrocedió al verse acometido por la población insurgente de
-las riberas del Duero.
-
-Una junta se formó en Oporto que mandó en unión con el obispo, la
-cual fue reconocida por todo el norte de Portugal. Al instante abrió
-tratos con Inglaterra, y diputó a Londres al vizconde de Balsemao y a
-un desembargador. Entabló también con Galicia convenientes relaciones,
-y entre ambas juntas se concluyó una convención o tratado de alianza
-ofensiva y defensiva.
-
-[Marginal: Se desarma a los españoles de Lisboa.]
-
-Súpose en Lisboa el 9 de junio la marcha de las tropas españolas de
-Oporto, y lo demás que en esta ciudad había pasado. Sin dilación
-pensó Junot en tomar una medida vigorosa con los cuerpos de la misma
-nación que tenía consigo, y cuyos soldados estaban con el ánimo tan
-alborotado como todos sus compatriotas. Temíase una sublevación de
-parte de ellos y no sin algún fundamento. Ya en el mes anterior y
-cuando en 5 de mayo dio en Extremadura la proclama de que hicimos
-mención el desgraciado Torre del Fresno, había sido enviado allí de
-Badajoz el oficial Don Federico Moreti para concertarse con el general
-Don Juan Carrafa y preparar la vuelta a España de aquellas tropas. La
-comisión de Moreti no tuvo resulta, así por ser temprana y arriesgada,
-como también por la tibieza que mostró el mencionado Carrafa; pero
-después embraveciéndose la insurrección española, llegaron de varios
-puntos emisarios que atizaban, faltando solo ocasión oportuna para
-que hubiese un rompimiento. Ofrecíasela lo acaecido en Oporto, y
-con objeto de prevenir golpe tan fatal, procuró Junot antes de que
-se esparciese la noticia sorprender a los nuestros y desarmarlos.
-Pudo sin embargo escaparse de Mafra y pasar a España el marqués de
-Malaespina con el regimiento de dragones de la Reina; y para engañar
-a los demás emplearon los franceses varios ardides, cogiendo a unos
-en los cuarteles y a otros divididos. Mil y doscientos de ellos que
-estaban en el campo de Ourique, rehusaron ir al convento de San
-Francisco, barruntando que se les armaba alguna celada. Entonces Junot
-los mandó llamar al Terreiro do Pazo, fingiendo que era con intento de
-embarcarlos para España. Alborozados por nueva tan halagüeña llegaron
-a aquella plaza, cuando se vieron rodeados por 3000 franceses, y
-asestada contra sus filas la artillería en las bocacalles. Fueron pues
-desarmados todos y conducidos a bordo de los pontones que había en el
-Tajo. No se comprendió a los oficiales en precaución tan rigurosa;
-pero no habiendo creído algunos de ellos deber respetar una palabra de
-honor que se les había arrancado después de una alevosía, se fugaron
-a España, y de resultas sus compañeros fueron sometidos a igual y
-desgraciada suerte que los soldados.
-
-[Marginal: Rechazan los españoles a los franceses en Os-Pegões.]
-
-No fue tan fácil sorprender ni engañar a los que estando a la izquierda
-del Tajo vivían más desembarazadamente. Así desertó la mayor parte del
-regimiento de caballería de María Luisa, y fue notable la insurrección
-de los cuerpos de Valencia y Murcia, de los que con una bandera se
-dirigieron a España muchos soldados. Estaban en Setúbal, y el general
-francés Graindorge que allí mandaba los persiguió. Hubo un reencuentro
-en Os-Pegões, y los franceses habiendo sido rechazados no pudieron
-detener a los nuestros en su marcha.
-
-[Marginal: Levantamiento de los Algarbes.]
-
-El haber desarmado a los españoles de Lisboa motivó la insurrección de
-los Algarbes, y por consecuencia la de todo el mediodía de Portugal.
-Gobernaba aquella provincia de parte de los franceses el general
-Maurin, a quien estando enfermo sustituyó el coronel Maransin. Eran
-cortas las tropas que estaban a sus órdenes, y cuidadoso dicho jefe
-con los alborotos, había salido para Vila Real en donde construía
-una batería que asegurase aquel punto contra los ataques de Ayamonte.
-Ocupado en guarecerse de un peligro, otro más inmediato vino a
-distraerle y consternarle. Era el 16 de junio cuando Olhá, pequeño
-pueblo de pescadores a una legua de Faro, se sublevó a la lectura de una
-proclama que había publicado Junot con ocasión de haber desarmado a los
-españoles. Dio el coronel José López de Sousa el primer grito contra
-los franceses, que fue repetido por toda la población. Este alboroto
-estuvo a punto de apaciguarse; pero obligado Maransin, que había
-acudido al primer ruido a salir de Faro para combatir a los paisanos
-que levantados descendían de las montañas que parten término con el
-Alentejo, se sublevó a su vez dicha ciudad de Faro, formó una junta, se
-puso en comunicación con los ingleses, y llevó a bordo de sus navíos
-al enfermo general Maurin y a los pocos franceses que estaban en su
-compañía. Maransin en vista de la poca fuerza que le quedaba se retiró
-a Mértola para de allí darse más fácilmente la mano con los generales
-Kellerman y Avril que ocupaban el Alentejo. Se aproximó después a
-Beja, y por haberle asesinado algunos soldados la entró a saco el 25
-de junio. Prendió la insurrección en otros puntos, y en todos aquellos
-en que el espíritu público no fue comprimido por la superioridad de
-la fuerza francesa, se repitió el mismo espectáculo y hubo iguales
-alborotos que en el resto de la península. Entre la junta de Faro
-y los españoles suscitose cierta disputa por haber estos destruido
-las fortificaciones de Castro Marim. De ambos lados se dieron las
-competentes satisfacciones, y amistosamente se concluyó un convenio
-adecuado a las circunstancias entre los nuevos gobiernos de Sevilla y
-Faro.
-
-[Marginal: Convenciones entre algunas juntas de España y Portugal.]
-
-No faltó quien viese así en este arreglo como en lo que antes se había
-estipulado entre Galicia y Oporto, una preparación para tratados más
-importantes que hubieran podido rematar por una unión y acomodamiento
-entre ambas naciones. Desgraciadamente varios obstáculos con los
-cuidados graves de entonces debieron impedir que se prosiguiese en
-designio de tal entidad. Es sin embargo de desear que venga un tiempo
-en que desapareciendo añejas rivalidades, e ilustrándose unos y otros
-sobre sus recíprocos y verdaderos intereses, se estrechen dos países
-que al paso que juntos formarán un incontrastable valladar contra
-la ambición de los extraños, desunidos solo son víctima de ajenas
-contiendas y pasiones.
-
-
-
-
- RESUMEN
- DEL
- LIBRO CUARTO.
-
-
-_Junta de Madrid. — Comisión que da al marqués de Lazán. — Su
-proclama de 4 de junio. — Su celo en favor de la diputación de Bayona.
-— Valdés. — Marqués de Astorga. — Obispo de Orense. — Proclama
-de Bayona a los zaragozanos. — Comisionados enviados a Zaragoza. —
-Avisos enviados por Napoleón a América. — Napoleón renuncia la corona
-de España en José. — Llegada de José a Bayona. — Recibimiento de José
-en Marracq. — Diputaciones españolas. — La de los grandes. — La del
-consejo de Castilla. — La de la Inquisición. — La del ejército. —
-Otra proclama de los de Bayona. — Previas disposiciones para abrir
-el congreso de Bayona. — Ábrense sus sesiones. — Sus discusiones.
-— Si gozó de libertad. — Juramento prestado a la constitución. —
-Reflexiones sobre la constitución. — Visita de la junta de Bayona
-a Napoleón. — Felicitaciones de la servidumbre de Fernando. —
-Felicitación de Fernando mismo. — Ministerio nombrado por José. —
-Jovellanos. — Empleos de palacio. — José entra en España el 9 de
-julio. — Primera expedición de los franceses contra Santander. —
-Expedición contra Valladolid. — Quema de Torquemada. — Entrada en
-Palencia. — Acción de Cabezón. — Entran los franceses en Valladolid.
-— Segunda expedición contra Santander. — Obispo de Santander. —
-Noble acción de su junta. — Expedición contra Zaragoza. — Acción de
-Mallén. — De Alagón. — Cataluña. — Somatenes. — Acción del Bruch.
-— Defensa de Esparraguera. — Chabran en Tarragona. — Reencuentro
-de Arbós. — Saqueo de Villafranca de Panadés. — Segunda acción
-del Bruch. — Expedición de Duhesme contra Gerona. — Resistencia
-de Mongat. — Saqueo de Mataró. — Ataque de los franceses contra
-Gerona. — Vuelve Duhesme a Barcelona. — Reencuentro de Granollers.
-— Somatenes del Llobregat. — Murat. — Envía a Dupont a Andalucía.
-— Acción de Alcolea. — Saco de Córdoba. — Situación angustiada de
-los franceses. — Excesos de los paisanos españoles. — Resistencia
-de Valdepeñas. — Retírase Dupont a Andújar. — Saqueo de Jaén. —
-Expedición de Moncey contra Valencia. — Reencuentro del puerto Pajazo.
-— De las Cabrillas. — Preparativos de defensa en Valencia. —
-Refriega en el pueblo de Cuarte. — Defensa de Valencia. — Proposición
-de Moncey para que capitule la ciudad. — Hechos notables de algunos
-españoles. — Retírase Moncey. — Inacción de Cervellón. — Conducta
-laudable de Llamas. — Enfermedad de Murat. — Enfermedades en su
-ejército. — Opinión de Larrey. — Savary sucede a Murat. — Singular
-comisión de Savary. — Su conducta. — Envía a Vedel para reforzar a
-Dupont. — Paso de Sierra Morena. — Refuerzos enviados a Moncey. —
-Caulincourt. — Saquea a Cuenca. — Frère. — Segundo refuerzo llevado
-a Dupont por el general Gobert. — Desatiéndese a Bessières. — Cuesta.
-— Ejército de Galicia después de la muerte de Filangieri. — Batalla
-de Rioseco 14 de julio. — Avanza Bessières a León: su correspondencia
-con Blake. — Viaje de José a Madrid. — Retrato de José. — Su
-proclamación. — Su reconocimiento. — Consejo de Castilla. —
-Acontecimientos que precedieron a la batalla de Bailén. — Distribución
-del ejército español de Andalucía. — Consejo celebrado para atacar
-a los franceses. — Acción de Mengíbar. — Batalla de Bailén 19 de
-julio. — Capitulación del ejército francés. — Rinden las armas los
-franceses. — Reflexiones sobre la batalla. — Camina el ejército
-rendido a la costa. — Desorden en Lebrija causado por la presencia de
-los prisioneros. — En el Puerto de Santa María. — Correspondencia
-entre Dupont y Morla. — Consternación del gobierno francés en Madrid.
-— Retírase José. — Españoles que le siguen. — Destrozos causados en
-la retirada._
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- HISTORIA
- DEL
- LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
- de España.
-
- LIBRO CUARTO.
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-[Marginal: Junta de Madrid.]
-
-Antes de haber tomado la insurrección de España el alto vuelo que le
-dieron en los últimos días de mayo las renuncias de Bayona, recordará
-el lector como se habían derramado por las provincias emisarios
-franceses y españoles que con seductoras ofertas trataron de alucinar
-a los jefes que las gobernaban. La junta suprema de Madrid, principal
-instigadora de semejantes misiones y providencias, viéndose así
-comprometida siguió con esmerada porfía en su propósito, y al crujido
-de la insurrección general, reiterando avisos, instrucciones y cartas
-confidenciales, avivó su desacordado celo en favor de la usurpación
-extraña, conservando la ciega y vana esperanza de sosegar por medios
-tan frágiles el asombroso sacudimiento de una grande y pundonorosa
-nación.
-
-[Marginal: Comisión que da al marqués de Lazán.]
-
-Sobresaltada en extremo con la conmoción de Zaragoza acudió con
-presteza a su remedio. Punzábala este suceso no tanto por su
-importancia, cuanto por el temor sin duda de que con él se trasluciesen
-las órdenes que para resistir a los franceses le habían sido
-comunicadas desde Bayona, y a cuyo cumplimiento había faltado. Presumía
-que Palafox sabedor de ellas, y encargado de otras iguales o parecidas,
-les daría entera publicidad, poniendo así de manifiesto la reprensible
-omisión de la junta, a la que por tanto era urgente aplacar aquel
-levantamiento. Como el caso requería pulso, se escogió al efecto al
-marqués de Lazán, hermano mayor del nuevo capitán general de Aragón,
-en cuya persona concurrían las convenientes calidades para no excitar
-con su nombre recelos en el asustadizo pueblo, y poder influir con
-éxito y desembarazadamente en el ánimo de aquel caudillo. Pero el de
-Lazán, al llegar a Zaragoza, en vez de favorecer los intentos de los
-que le enviaban, y persuadido también de cuán imposible era resistir al
-entusiasmo de aquellos moradores, se unió a su hermano y en adelante
-partió con él los trabajos y penalidades de la guerra.
-
-[Marginal: Su proclama de 4 de junio. (* Ap. n. 4-1.)]
-
-Arrugándose más y más el semblante del reino, y tocando a punto de
-venir a las manos, en 4 de junio [*] circuló la junta de acuerdo con
-Murat una proclama en la que se ostentaban las ventajas de que todos
-se mantuviesen sosegados, y aguardasen a que _el héroe que admiraba
-al mundo concluyera la grande obra en que estaba trabajando de la
-regeneración política_. Tales expresiones alborotaban los ánimos lejos
-de apaciguarlos, y por cierto rayaba en avilantez el que una autoridad
-española osase ensalzar de aquel modo al causador de las recientes
-escenas de Bayona, y además era, por decirlo así, un desenfreno del
-amor propio imaginarse que con semejante lenguaje se pondría pronto
-término a la insurrección.
-
-[Marginal: Su celo en favor de la diputación de Bayona.]
-
-Viendo cuán inútiles eran sus esfuerzos, y ansiosa de encontrar por
-todas partes apoyo y disculpa a sus compromisos, trabajó con ahínco
-la junta para que acudiesen a Bayona los individuos de la diputación
-convocada a aquella ciudad. Crecían los obstáculos para la reunión con
-los bullicios de las provincias, y con la repulsa que dieron algunos
-de los nombrados. Indicamos ya como el bailío Don Antonio Valdés
-[Marginal: Valdés.] había rehusado ir, prefiriendo con gran peligro de
-su persona fugarse de Burgos donde residía a la mengua de autorizar con
-su presencia los escándalos de Bayona. [Marginal: Marqués de Astorga.]
-Excusose también el marqués de Astorga sin reparar en que siendo uno de
-los primeros próceres del reino, la mano enemiga le perseguiría y le
-privaría de sus vastos estados y riquezas. Pero quien aventajó a todos
-en la resistencia fue el reverendo obispo de Orense [Marginal: Obispo
-de Orense.] Don Pedro de Quevedo y Quintano. La contestación de este
-prelado al llamamiento de Bayona, obra señalada de patriotismo, unió a
-la solidez de las razones un atrevimiento hasta entonces desconocido
-a Napoleón y sus secuaces. Al modo de los oradores más egregios de
-la antigüedad, usó con arte de la poderosa arma de la ironía, sin
-deslucirla con bajas e impropias expresiones. Desde Orense y en 29 de
-mayo no levantada todavía Galicia, y sin noticia de la declaración
-de otras provincias, dirigió su contestación al ministro de gracia y
-justicia. Como en su contenido se sentaron las doctrinas más sanas y
-los argumentos más convincentes en favor de los derechos de la nación
-y de la dinastía reinante, recomendamos muy particularmente la lectura
-de tan importante documento, que a la letra hemos insertado en el
-apéndice.[*] [Marginal: (* Ap. n. 4-2.)] Difícilmente pudieran trazarse
-con mayor vigor y maestría las verdades que en él se reproducen. Así
-fue que aquella contestación penetró muy allá en todos los corazones,
-causando impresión profundísima y duradera. Pero Murat y la junta
-de Madrid no por eso cesaron en sus tentativas, y con fatal empeño
-aceleraron la partida de las personas que de montón se nombraban para
-llenar el hueco de las que esquivaban el ominoso viaje.
-
-[Marginal: Proclama de Bayona a los zaragozanos.]
-
-El 15 de junio debían abrirse las sesiones de aquella famosa reunión,
-y todavía en los primeros días del propio mes no alcanzaban a 30 los
-que allí asistían. Mientras que los demás llegaban, y para no darles
-huelga, obligó Napoleón a los presentes a convidar a los zaragozanos
-por medio de una proclama [*] [Marginal: (* Ap. n. 4-3.)] a la paz
-y al sosiego. Queriendo agregar al escrito la persuasión verbal,
-fueron comisionados [Marginal: Comisionados enviados a Zaragoza.] para
-llevarle el príncipe de Castel-Franco, Don Ignacio Martínez de Villela
-consejero de Castilla, y el alcalde de corte Don Luis Marcelino
-Pereira. No les fue dable penetrar en Zaragoza, y menos el que se
-atendiera a sus intempestivas amonestaciones. Tuviéronse por dichosos
-de regresar a Bayona: merced a los franceses que los custodiaban, bajo
-cuyo amparo pudieron volver atrás sin notable azar, aunque no sin
-mengua y sobresalto.
-
-[Marginal: Avisos enviados por Napoleón a América.]
-
-Napoleón que miraba ya como suya la tierra peninsular, trató también
-por entonces de alargar más allá de los mares su poderoso influjo,
-expidiendo a América buques con cuyo arribo se previniesen los intentos
-de los ingleses, y se preparasen los habitadores de aquellas vastas
-y remotas regiones españolas a admitir sin desvío la dominación del
-nuevo soberano, procedente de su estirpe. Hizo que a su bordo partiesen
-proclamas y circulares autorizadas por Don Miguel de Azanza, quien
-ya firmemente adicto a la parcialidad de Napoleón se figuraba que
-el emperador de los franceses había de respetar la unión íntegra de
-aquellos países con España, y no seguir el impulso y las variaciones de
-su interés o su capricho.
-
-[Marginal: Napoleón renuncia la corona de España en José.]
-
-Luego que Fernando VII y su padre hubieron renunciado la corona, se
-presumió que Napoleón cedería sus pretendidos derechos en alguna
-persona de su familia. Fundábase sobre todo la conjetura en la
-indicación que hizo Murat a la junta de Madrid y consejo real de que
-pidiesen por rey a José. Ignorábase no obstante de oficio si tal era
-su pensamiento, cuando en 25 de mayo dirigió Napoleón una proclama [*]
-[Marginal: (* Ap. n. 4-4.)] a los españoles en la que aseguraba que «no
-quería reinar sobre sus provincias, pero sí adquirir derechos eternos
-al amor y al reconocimiento de su posteridad.» Apareció pues por este
-documento de una manera auténtica que trataba de desprenderse del cetro
-español, mas todavía guardó silencio acerca de la persona destinada
-a empuñarle. Por fin el 6 de junio se pronunció claramente dando en
-Bayona mismo un decreto del tenor siguiente:[*] [Marginal: (* Ap. n.
-4-5.)] «Napoleón, por la gracia de Dios etc. A todos los que verán las
-presentes salud. La junta de estado, el consejo de Castilla, la villa
-de Madrid etc. etc. habiéndonos por sus exposiciones hecho entender
-que el bien de la España exigía que se pusiese prontamente un término
-al interregno, hemos resuelto proclamar, como nos proclamamos por las
-presentes, rey de España y de las Indias a nuestro muy amado hermano
-José Napoleón, actualmente rey de Nápoles y de Sicilia.
-
-»Garantimos al rey de las Españas la independencia e integridad de
-sus estados, así los de Europa como los de África, Asia y América. Y
-encargamos», etc. [Sigue la fórmula de estilo.]
-
-[Marginal: Llegada de José a Bayona.]
-
-Era este decreto el precursor anuncio de la llegada de José, quien el 7
-entró en Pau a las ocho de la mañana, y puesto en camino poco después
-se encontró con Napoleón a seis leguas de Bayona, hasta donde había
-salido a esperarle. Mostraba este tanta diligencia porque no habiendo
-de antemano consultado con su hermano la mudanza resuelta, temió que
-no aceptase el nuevo solio, y quiso remover prontamente cualquiera
-obstáculo que le opusiese. En efecto José contento con su delicioso
-reino de Nápoles no venía decidido a admitir el cambio que para otros
-hubiera sido tan lisonjero. Y aquí tenemos una corona arrancada por
-la violencia a Fernando VII, adquirida también mal de su grado por el
-señalado para sucederle.
-
-Napoleón atento a evitar la negativa de su hermano le hizo subir en
-su coche, y exponiéndole sus miras políticas en trasladarle al trono
-español, trató con particularidad de inculcarle los intereses de
-familia, y la conveniencia de que se conservase en ella la corona de
-Francia, para cuyo propósito y el de prevenir la ambición de Murat
-y de otros extraños, nada era más acertado, añadía, que el poner
-como de atalaya a José en España, desde donde con mayor facilidad y
-superiores medios se posesionaría del trono de Francia, en caso de que
-vacase inesperadamente. Además le manifestó haber ya dispuesto del
-reino de Nápoles para colocar en él a Luciano. Asegúrase que la última
-indicación movió a José más que otra razón alguna por el tierno amor
-que profesaba a aquel su hermano. Sea pues de esto lo que fuere, lo
-cierto es que Napoleón había de tal modo preparado las cosas que sin
-dar tiempo ni vagar fue José reconocido y acatado como rey de España.
-
-[Marginal: Recibimiento de José en Marracq.]
-
-Así sucedió que al llegar entre dos luces a Marracq recibió los
-obsequios de tal de boca de la emperatriz, que con sus damas había
-salido a recibirle al pie de la escalera. Ya le aguardaban dentro del
-palacio los españoles congregados en Bayona, a quienes se les había
-citado de antemano, teniendo Napoleón tanta priesa en el reconocimiento
-del nuevo rey, que no permitió cubrir las mesas ni descanso alguno a su
-hermano antes de desempeñar aquel cuidado, cuyo ceremonial se prolongó
-hasta las diez de la noche.
-
-[Marginal: Diputaciones españolas.]
-
-Naturalmente debió durar más de lo necesario, habiendo ignorado los
-españoles el motivo a que eran llamados. Advertidos después tuvieron
-que concertarse apresuradamente allí mismo en uno de los salones, y
-arreglar el modo de felicitar al soberano recién llegado. Para ello se
-dividieron en cuatro diputaciones, a saber, la de los grandes, la del
-consejo de Castilla, la de los consejos de la Inquisición, Indias y
-hacienda reunidos los tres en una, y la del ejército. Pusieron todas
-separadamente y por escrito una exposición gratulatoria, y antes de
-que se leyesen a José con toda solemnidad, se presentaba cada una a
-Napoleón para su aprobación previa: menguada censura, indigna de su
-alta jerarquía.
-
-[Marginal: La de los grandes.]
-
-Era la diputación de los grandes la primera en orden, e iba a su cabeza
-el duque del Infantado, quien había tenido el encargo de extender la
-felicitación. Principiando por un cumplido vago, concluía esta con
-decir «las leyes de España no nos permiten ofrecer otra cosa a V.
-M. Esperamos que la nación se explique y nos autorice a dar mayor
-ensanche a nuestros sentimientos.» Difícil sería expresar la irritación
-que provocó en el altivo ánimo de Napoleón tan inesperada cortapisa.
-Fuera de sí y abalanzándose al duque díjole, que «siendo caballero se
-portase como tal, y que en vez de altercar acerca de los términos de
-un juramento, el cual así que pudiera intentaba quebrantar, se pusiese
-al frente de su partido en España, y lidiase franca y lealmente...
-Pero le advertía que si faltaba al juramento que iba a prestar, quizá
-estaría en el caso antes de ocho días de ser arcabuceado.» Tardíos eran
-a la verdad los escrúpulos del duque, y o debía haberlos sepultado
-en lo más íntimo del pecho, o sostenerlos con el brío digno de su
-cuna, si arrastrado por el clamor de la conciencia quería acallarla
-dándoles libre salida. Mas el del Infantado arredrose, y cedió a la
-ira de Napoleón. Por eso hubo quien achacara a otro haberle apuntado
-la cláusula, dejándole solo al duque la gloria de haberla escrito, sin
-pensar en el aprieto en que iba a encontrarse. Corrigieron entonces los
-grandes su primera exposición, reconocieron por rey a José e hizo la
-lectura de ella, aunque no pertenecía a la clase, Don Miguel José de
-Azanza.
-
-[Marginal: La del consejo de Castilla. (* Ap. n. 4-6.)]
-
-Los magistrados que llevaban la voz a nombre del consejo de Castilla,
-si bien incensaron al nuevo rey diciéndole:[*] «V. M. es rama principal
-de una familia destinada por el cielo para reinar», esquivaron también,
-pero de un modo más encapotado que los grandes, el reconocimiento claro
-y sencillo, limitándose por falta de autoridad, según expresaban, a
-manifestar cuáles eran sus deseos: tan cuidadosos andaban siempre el
-consejo y sus individuos de no comprometerse abiertamente en ningún
-sentido.
-
-[Marginal: La de la Inquisición.]
-
-A todos los parabienes respondió José con afable cortesanía, mereciendo
-particular mención el modo con que habló al inquisidor Don Raimundo
-Ethenard y Salinas, a quien dijo «que la religión era la base de
-la moral y de la prosperidad pública, y que aunque había países en
-que se admitían muchos cultos, sin embargo debía considerarse a la
-España como feliz porque no se honraba en ella sino el verdadero.»
-Con un tan claro elogio de las ventajas de una religión exclusiva
-los inquisidores, que fundadamente consideraban su tribunal como el
-principal baluarte de la intolerancia, creyéronse asegurados. Ya antes
-alimentaban la esperanza de mantenerse desde que Murat mismo había
-correspondido a sus congratulaciones con halagüeñas y favorables
-palabras. El no haberse abolido aquel terrible tribunal en la
-constitución de Bayona, y el que uno de sus ministros en representación
-suya la autorizase con su firma, acrecentó la confianza de los
-interesados en conservarle, y puso espanto a los que a su nombre se
-estremecían. Ahora que han transcurrido años, y que otros excesos han
-casi borrado los de Napoleón, atribuirase a sueño de los partidarios
-del santo oficio el haberse imaginado que aquel hubiera sostenido tan
-odiosa institución. Mas si recordamos que en los primeros tiempos de
-la irrupción francesa muchos emisarios de su gobierno encarecían la
-utilidad de la Inquisición como instrumento político, y si también
-atendemos al modo arbitrario y escudriñador con que en la ilustrada
-Francia se disminuía y cercenaba la libertad de escribir y pensar, no
-nos parecerá que fuesen tan desvariadas y fútiles las esperanzas de
-los inquisidores. Quizá José y algunos españoles de su bando hubieran
-querido la abolición inmediata, ¿pero qué podía él ni que valían ellos
-contra la imperiosa voluntad de Napoleón? Que este acabase después
-en diciembre de 1808 con la Inquisición, en nada destruye nuestros
-recelos. Entonces restablecida, como a su tiempo veremos, por la junta
-central con gran descrédito suyo, entendió el soberano francés ser
-oportuno descuajar tan mala planta, procurando granjearse por aquel
-medio y en contraposición de la autoridad nacional el aprecio de muchos
-hombres de saber, atemorizados y desabridos con el renacimiento de tan
-odioso tribunal.
-
-[Marginal: La del ejército.]
-
-En la contestación que dio José al duque del Parque, representante del
-ejército, también notamos ciertas expresiones bastantemente singulares.
-«Yo me honro, dijo, con el título de su primer soldado, y ora fuese
-necesario como en tiempos antiguos combatir a los moros, ora sea
-menester rechazar las injustas agresiones de los eternos enemigos del
-continente, yo participaré de todos vuestros peligros.» Extraña mezcla
-poner al par de los ingleses a los moros y sus guerras. Probablemente
-fue adorno oratorio mal escogido: dado que no siendo creíble que por
-aquellas palabras hubiera querido anunciar en nuestros días temores de
-una irrupción agarena, era forzoso imaginarse que se encubría en su
-sentido el ulterior proyecto de invadir la costa africana, y cierto
-que si el primer pensamiento hubiera pasado de desvarío, hubiérase el
-segundo reprendido de sobradamente anticipado cuando la nueva corona
-apenas había tocado su cabeza.
-
-[Marginal: Otra proclama de los de Bayona.]
-
-Todavía era muy corto el número de diputados que concurrían en Bayona,
-a la sazón que en 8 de junio [*] [Marginal: (* Ap. n. 4-7.)] dieron los
-presentes otra proclama a todos los españoles con objeto de recomendar
-a su afecto la nueva dinastía, y de reprimir la insurrección. José por
-su parte aceptó en decreto del 10 [*] [Marginal: (* Ap. n. 4-8.)] la
-cesión de la corona de España que en su persona había hecho su hermano,
-confirmando a Murat en la lugartenencia del reino, cuyo puesto había
-ejercido sucesivamente a nombre de Carlos IV y de Napoleón. Acompañaba
-a este decreto [*] [Marginal: (* Ap. n. 4-9.)] otro en que mostraba
-cuáles eran sus intenciones, y en el que ya llamaba suyos a los pueblos
-de España. Estos documentos corrían con dificultad en las provincias;
-pero si alguno de ellos se introducía, soplaba el fuego en vez de
-apagarle.
-
-[Marginal: Previas disposiciones para abrir el congreso de Bayona.]
-
-Acercábase el día de abrirse el congreso de Bayona y a duras penas
-crecía el número de individuos que debían componerle. Por fin fueron
-llegando algunos de los que forzadamente obligaban a salir de Madrid,
-o de los que cogían en los pueblos ocupados por las tropas francesas.
-Pocos fueron los que de grado acudieron al llamamiento; y mal podía
-ser de otra manera viendo los convocados que la insurrección prendía
-por todas partes, y el gran compromiso a que se exponían. Antes de
-dar principio a las sesiones, Napoleón entregó a Don Miguel José de
-Azanza un proyecto de constitución. Extrema curiosidad se despertó
-con deseo de averiguar quién fuese el autor. Ni entonces ni ahora ha
-sido dable el descubrirle, bien que se advierta que una mano española
-debió en gran parte coadyuvar al desempeño de aquel trabajo. Nosotros
-no aventuraremos conjeturas más o menos fundadas. Pero sí se nos ha
-aseverado de un modo indudable por persona bien enterada, que dicha
-constitución o sus bases más esenciales fueron entregadas al emperador
-francés en Berlín después de la batalla de Jena. Debió pues salir de
-pluma que vislumbrase ya cuál suerte aguardaba a España con la incierta
-política del príncipe de la Paz y la desmesurada ambición del gabinete
-de Francia. Napoleón escogió a Don Miguel de Azanza, como en otro libro
-indicamos, para presidir el congreso; y se nombraron por secretarios
-a Don Mariano Luis de Urquijo, del consejo de estado, y a Don Antonio
-Ranz Romanillos, del de hacienda. Encargó también que se eligiesen dos
-comisiones a cuyo previo examen se confiase el preparar los asuntos
-para los debates, y proponer las modificaciones que pareciere oportuno
-adoptar en la nueva constitución.
-
-[Marginal: Ábrense sus sesiones.]
-
-Concluidas que fueron estas disposiciones preliminares, abrió sus
-sesiones la junta de Bayona el 15 de junio, día de antemano señalado.
-Pronunció Don Miguel de Azanza en calidad de presidente el discurso
-de apertura. En él decía:[*] [Marginal: (* Ap. n. 4-10.)] «Gracias y
-honor inmortal a este hombre extraordinario [Napoleón] que nos vuelve
-una patria que habíamos perdido»... «Ha querido después que en el lugar
-de su residencia y a su misma vista se reúnan los diputados de las
-principales ciudades, y otras personas autorizadas de nuestro país,
-para discurrir en común sobre los medios de reparar los males que hemos
-sufrido, y sancionar la constitución que nuestro mismo regenerador se
-ha tomado la pena de disponer para que sea la inalterable norma de
-nuestro gobierno... De este modo podrán ser útiles nuestros trabajos,
-y cumplirse los altos designios del héroe que nos ha convocado...»
-Pesa que un hombre cuyo concepto de probidad se había hasta entonces
-mantenido sin tacha, se abatiese a pronunciar expresiones adulatorias,
-poco dignas de la boca de un ministro puro y honrado. Porque en efecto,
-¿dónde estaban los diputados de las principales ciudades? y si la
-patria estaba perdida ¿no había también _el hombre extraordinario_
-contribuido en gran manera a hundirla en el abismo? ¿En dónde y cómo
-nos la había vuelto? Sin la constancia española, sin la pertinaz guerra
-de seis años, hubiera sido tratada con el vilipendio que otros estados,
-y partida después o desmembrada al antojo del extranjero. Suerte que
-hubiera merecido, si en silencio hubiese dejado que tan indignamente se
-la humillase y oprimiese. Pudiera Azanza haber cumplido con el encargo
-de presidente, sin aparecer oficioso ni lisonjero.
-
-[Marginal: Sus discusiones.]
-
-Redujéronse a doce las sesiones de Bayona. En la misma del 15 se
-procedió a la verificación de poderes, y se leyó el decreto de Napoleón
-por el que cedía la corona de España a su hermano José; habiéndose
-acordado en la del 17 pasar a cumplimentar al nuevo monarca. En nada
-fueron notables los discursos que al caso se pronunciaron, sino en
-haberse especificado en el contexto del de la junta «que habían hecho y
-que harían [sus individuos] cuanto estuviese de su parte para atraer a
-la tranquilidad y al orden las provincias que estaban agitadas.» Por el
-mismo tenor y según costumbre fue la contestación de José, no echando
-en olvido la repetida cantilena de que los ingleses eran los que
-fomentaban la inquietud de los pueblos.
-
-Presentose el día 20 el proyecto de constitución y ordenó la junta
-su impresión, habiéndose oído en los siguientes varios discursos
-acerca de sus artículos. Se ventilaron también otros puntos, y en la
-citada sesión del 20 se propuso para halagar al pueblo la supresión de
-los cuatro maravedís en cuartillo de vino, y la de tres y un tercio
-por ciento de los frutos que no diezmaban, cuyo acuerdo quedó en el
-inmediato día aprobado por José. En la del 22 Don Ignacio de Tejada,
-designado por Murat para representar el nuevo reino de Granada, sostuvo
-en un vehemente discurso lo conveniente que sería afianzar la unión
-con la metrópoli de las provincias americanas. Cuatro religiosos que
-tenían voz como diputados de los regulares, pidieron en otra sesión que
-no se suprimiesen del todo los conventos, y que solo se minorase el
-número. ¡Ojalá se hubieran mostrado siempre tan sumisos y conformes!
-Se atrevió a proponer la abolición del santo oficio Don Pablo Arribas,
-sosteniéndole Don José Gómez Hermosilla, pero el inquisidor Ethenard
-levantándose muy alborotado, se opuso e intentó probar lo útil del
-establecimiento, considerado por el lado político. Apoyáronle con
-fuerza los consejeros de Castilla, siendo natural se estrechasen para
-defensa mutua dos cuerpos que en sus respectivas jurisdicciones tanto
-daño habían acarreado a España. El duque del Infantado quería que no
-se rebajase a menos de 80.000 ducados el máximo de los mayorazgos:
-desechose la propuesta, no habiendo tampoco las dos anteriores tenido
-resulta. Fue notable y digna de loa la que promovió Don Ignacio
-Martínez de Villela, si no con mejor éxito, de que se comprendiese
-en la ley fundamental un artículo para que ninguno pudiese ser
-incomodado por sus opiniones políticas y religiosas. Admiraría que
-aquel mismo magistrado años adelante se convirtiese en duro y constante
-perseguidor si, por desgracia, no ofreciese la flaqueza humana, la
-rencorosa envidia o la desapoderada ambición repetidos ejemplos de tan
-lamentables mudanzas. Por tal término anduvieron las discusiones, hasta
-que el 30 se concluyeron y cerraron las de la constitución; en cuyo
-día se le añadió un último artículo declarando que después del año 20
-se presentarían de orden del rey las mejoras y modificaciones que la
-experiencia hubiese enseñado ser necesarias y convenientes.
-
-[Marginal: Si se gozó de libertad.]
-
-En vista de la adición de este artículo y de las cortas discusiones
-que hubo, han pretendido algunos y de aquellos que han tratado de
-defenderse, que la junta había gozado de libertad. Concediendo que esto
-fuese cierto, levantaríase contra los miembros un grave cargo por no
-haber sostenido mejor los derechos de la nación, ya que hubiesen creído
-inútil recordar los de Fernando y su familia. Parecería pues imposible,
-a no leerlo en sus obras, que hombres graves hayan querido persuadir al
-público que allí se procedió sin embarazo, discutiéndose las materias
-con toda franqueza y al sabor y según el dictamen de los vocales. No
-hay duda que sobre puntos accesorios fue lícito hablar, y aun indicar
-leves modificaciones. Pero ¿que hubiera acontecido si alguno se
-hubiese propasado, no a renovar la cuestión decidida ya de mudanza de
-dinastía, sino a enmendar cualquiera artículo de los sustanciales de
-la constitución? ¿Qué si hubiese reclamado la libertad de imprenta,
-la publicidad de las sesiones, una manera en fin más acertada de
-constituirse las cortes? O para siempre hubiera enmudecido el audaz
-diputado de cuyos labios hubieran salido semejantes proposiciones, o
-deprisa y estrepitosamente se hubiera disuelto el congreso de Bayona.
-Así en el corto número de doce sesiones se cumplió con las formalidades
-de estilo, se tocaron varias materias, y se discutió y aprobó a la
-unanimidad una constitución de 146 artículos. ¿Mas a qué cansarse? Para
-conceptuar de qué libertad gozaron los diputados, basta decir que fue
-en Bayona, y a vista de Napoleón, donde celebraron sus sesiones.
-
-[Marginal: Juramento prestado a la constitución.]
-
-Al fin el 7 de julio reunido el congreso en el mismo sitio de los
-anteriores días, que fue en el palacio llamado del obispado viejo,
-juró José la observancia de la constitución en manos del arzobispo de
-Burgos, y también la juraron, aceptaron y firmaron los diputados cuyo
-número no pasó de noventa y uno, siendo de notar que apenas veinte
-habían sido nombrados por las provincias. Los demás o eran de aquellos
-que habían acompañado al rey Fernando, o individuos de diversas
-corporaciones o clases residentes en Madrid y ciudades oprimidas por
-los soldados franceses. Para que subiera la cuenta obligaron también a
-españoles transeúntes casualmente en Bayona, a que pusiesen su firma
-en la nueva constitución. Pero a pesar de tales esfuerzos nunca pudo
-completarse el número de 150 que era el determinado en la convocatoria.
-
-[Marginal: Reflexiones sobre la constitución.]
-
-Ahora sería oportuno entrar en el examen de esta constitución, si por
-lo menos hubiera gobernado de hecho la monarquía. Mas ilegítima en su
-origen, y bastarda producción de tierra extraña nunca plantada en la
-nuestra, no sería justo que nos detuviese largo tiempo, ni cortase el
-hilo de nuestra narración. Sin embargo atendiendo al elogio que de
-algunos ha merecido, séanos lícito poner aquí ciertas observaciones,
-que si bien restrictas y generales, no por eso dejarán de dar una idea
-de los defectos fundamentales que la oscurecían y anulaban.
-
-Desde luego nótase que falta en aquella constitución lo que forma
-la base principal de los gobiernos representativos, a saber, la
-publicidad. Por ella se ilustra y conoce la opinión, y la opinión es
-la que dirige y guía a los que mandan en estados así constituidos. Dos
-son los únicos y verdaderos medios de conseguir que la voz pública
-suba con rapidez a los representantes de una gran nación, y que la de
-estos descienda y cunda a todas las clases del pueblo. Son pues la
-libertad de imprenta y la publicidad en las discusiones del cuerpo
-o cuerpos que deliberan. Por la última, como decía el mismo Burke,
-llega a noticia de los poderdantes el modo de pensar y obrar de sus
-diputados, sirviendo también de escuela instructiva a la juventud: y
-por la primera, esencialmente unida a la naturaleza de un estado libre,
-conforme a la expresión del gran jurisconsulto Blackstone, se enteran
-los que gobiernan de las variaciones de la opinión y de las medidas
-que imperiosamente reclama, por cuya mutua y franca comunicación,
-acumulándose cuantiosa copia de saber y datos, las resoluciones que
-se toman en una nación de aquel modo regida no se apartan en lo
-general de lo que ordena su interés bien entendido; desapareciendo en
-cotejo de tamaño beneficio los cortos inconvenientes que en ciertos
-y contados casos pudieran acompañar a la publicidad, y de que nunca
-se ve del todo desembarazada la humana naturaleza. Pues aquellos dos
-medios tan necesarios de estamparse en una constitución que se preciaba
-de representativa, no se vislumbraban siquiera en la de Bayona. Al
-contrario, por el artículo 80 se prevenía «que las sesiones de las
-cortes no fuesen públicas.» Y en tanto grado se huía de conceder dicha
-facultad, que en el 81 íbase hasta graduar de rebelión el publicar
-impresas o por carteles las opiniones o votaciones. Quien con tanto
-esmero había trabado la libertad de los diputados, no era de esperar
-obrase más generosamente con la de la imprenta. Deferíase su goce a dos
-años después que la constitución se hubiese planteado, no debiendo esta
-tener su cumplido efecto antes de 1813. Pero aun entonces, además de
-las limitaciones que hubieran entrado en la ley, parece ser que nunca
-se hubieran comprendido en su contexto los papeles periódicos. Así se
-infiere de lo prevenido en el artículo 45. Porque al paso que se crea
-una junta de cinco senadores encargados de velar acerca de la libertad
-de imprenta, se exceptúan determinadamente semejantes publicaciones,
-las que sin duda reservaba el gobierno a su propio examen. Véase pues
-cuán tardía y escatimada llegaría concesión de tal importancia.
-
-Tampoco se había compuesto ni deslindado atinadamente la potestad
-legislativa. Al sonido de la voz senado cualquiera se figuraría haber
-sido erigido aquel cuerpo con la mira de formar una segunda y separada
-cámara que tomase parte en la discusión y aprobación de las leyes;
-pero no era así. Ceñidas sus facultades en los tiempos tranquilos
-a velar sobre la conservación de la libertad individual y de la de
-imprenta, ensanchábanse en los borrascosos o cuando parecieren tales
-a la potestad ejecutiva, a suspender la constitución y a adoptar las
-medidas que exigiese la seguridad del estado. Un cuerpo autorizado con
-facultad tan amplia y poderosa, debiera al menos haber ofrecido en su
-independencia un equilibrio correspondiente y justo. Mas constando de
-solos veinticuatro individuos nombrados por el rey y escogidos entre
-empleados antiguos, antes era sostenimiento de la potestad ejecutiva
-que valladar contra sus usurpaciones.
-
-Para evitar estas o resistirles gananciosamente no era más propicia
-ni recomendable la manera como se habían constituido las cortes, las
-cuales además de verse privadas de la publicidad, sólido cimiento de su
-conservación, llevaban consigo la semilla de su propia desorganización
-y ruina. Por de pronto el rey estaba obligado solamente a convocarlas
-cada tres años, y como para todo este intermedio se votaban las
-contribuciones, no era probable que se las hubiera congregado con más
-frecuencia. El número de vocales se limitaba a 162 divididos en tres
-estamentos, clero, nobleza y pueblo; componiéndose los dos primeros
-de 50 individuos. Debían, reunidos en la misma sala, discutir las
-materias y decidirlas a pluralidad de votos y no por separación de
-clase. En cuya virtud sin resultar las ventajas de la cámara de lores
-en Inglaterra, ni la del senado en los Estados Unidos, sirviendo de
-contrapeso entre la potestad real o ejecutiva y la popular; aquí juntos
-y amontonados todos los estamentos o brazos, hubieran presentado la
-imagen del desorden y la confusión. Cuando el cuerpo que ha de formar
-las leyes está dividido en dos cámaras, al choque funesto de las
-clases que es temible exista estando reunidos los privilegiados y los
-que no lo son, sucede cuando deliberan separadamente el saludable
-contrapeso de las opiniones individuales, estableciéndose una mutua
-correspondencia entre los vocales de ambas cámaras que no disienten
-en el modo de pensar; sin atender a la clase a que pertenecen. Por lo
-menos así nos lo muestra la experiencia, gran maestra en semejantes
-materias. Cuanto más se reflexiona acerca del artificio de esta
-constitución, mas se descubre que solo en el nombre quería darse a
-España un gobierno monárquico representativo.
-
-Había empero artículos dignos de alabanza. Merécenla pues aquellos
-en que se declaraba la supresión de privilegios onerosos, la
-abolición del tormento, la publicidad en los procesos criminales y
-el límite de 20.000 pesos fuertes de renta, señalado a la excesiva
-acumulación de mayorazgos. Mas estas mejoras que ya desaparecían
-junto a las imperfecciones sustanciales arriba indicadas, del todo
-se deslustraban y ennegrecían con la monstruosidad [no puede dársele
-otro nombre] de insertar en la ley fundamental del estado que habría
-perpetuamente una alianza ofensiva y defensiva, tanto por tierra como
-por mar entre España y Francia. Todo tratado o liga de suyo variable,
-supone por lo menos el convenio recíproco de los dos o más gobiernos
-que están interesados en su cumplimiento. Exigíase aún más en este
-caso: ya que quisiera darse a la alianza la duración y firmeza de
-una ley fundamental, menester era que la otra parte, la Francia, se
-hubiese comprometido a lo mismo en las constituciones del imperio.
-Podrá redargüirse que estaba sujeta esta determinación a un tratado
-posterior y especial entre ambas naciones. Pero según el artículo 24
-de la constitución que era en donde se adoptaba el principio, debía el
-tratado limitarse a especificar el contingente con que cada una había
-de contribuir, y no de manera alguna a variar la base admitida de una
-alianza perpetua ofensiva y defensiva. No es de este lugar examinar
-la utilidad o perjuicio que se seguiría a España, país casi aislado,
-de atarse con semejante vínculo y abrazar todas las desavenencias de
-una nación como la Francia contigua a tantas otras y con intereses
-tan complicados. Aquí solo consideramos la cuestión constitucional,
-bajo cuyo respecto no pudo ser ni más fuera de sazón ni más extraña.
-Al ver adoptado semejante artículo no podemos menos de asombrarnos
-por segunda vez de que haya habido españoles de los firmantes, tan
-olvidados de sí propios, que hayan asegurado en sus defensas haberse
-gozado en Bayona de entera e ilimitada libertad. Porque si a sabiendas
-y voluntariamente le admitieron y aprobaron ¿cómo pudieran disculparse
-de haber encadenado la suerte de su patria a la de otra nación, sin que
-esta se hubiera al propio tiempo comprometido a igual reciprocidad? Mas
-afortunadamente y para honra del nombre español si hubo algunos que con
-placer firmaron la constitución de Bayona, justo es decir que el mayor
-número lo hicieron obligados de la penosa e involuntaria situación en
-que los había colocado su aciaga estrella.
-
-[Marginal: Visita de la Junta de Bayona a Napoleón.]
-
-En el mismo día 7 de julio Don Miguel de Azanza propuso y se acordó
-la acuñación de dos medallas que perpetuasen la memoria del juramento
-a la constitución, trasladándose en seguida la junta en cuerpo al
-palacio de Marracq a cumplimentar a Napoleón. Llevó la palabra el
-presidente, y en silencio aguardaron todos con ansiosa curiosidad la
-respuesta del soberano de Francia, rodeado de los diputados españoles.
-Tres cuartos de hora duró el discurso del último, embarazoso en la
-expresión e infecundo en sus conceptos. Levantando pues la cabeza y
-echando una mirada esquiva y torva, la inclinaba después aquel príncipe
-sobre el pecho, articulando de tiempo en tiempo palabras sueltas
-o frases truncadas e interrumpidas, sin que centellease ninguno de
-aquellos rasgos originales que a veces brillaban en sus conversaciones
-o arengas. Parecía representar su voz el estado de su conciencia.
-Impacientábanse todos, mas el disimulo reinaba por todas partes. Sus
-cortesanos quedaron inmobles; y aturdidos los españoles, a cuyos ojos
-achicose en gran manera el objeto que tan agigantado les había parecido
-de lejos. Fatigado el concurso y quizá Napoleón mismo, despidió este
-a los diputados que sobrecogidos y silenciosos se retiraron. Azaroso
-andaba en todo lo de España.
-
-Aún duraban las discusiones de la constitución cuando llegó a Bayona
-una carta escrita en Valençay en 22 de junio por la servidumbre de
-Fernando y los infantes, en la que «juraban [*] [Marginal: Felicitación
-de la servidumbre de Fernando. (* Ap. n. 4-11.)] obediencia a la nueva
-constitución de su país y fidelidad al rey de España José I.» Según
-Escóiquiz fue efecto de intimación del príncipe de Talleyrand hecha a
-nombre de Napoleón, añadiendo que para evitar mayores males accedieron
-encargándose él mismo de extender la carta en términos estudiados y
-medidos. Si así hubiera pasado, merecían disculpa Escóiquiz y sus
-compañeros; pero aconteció muy de otra manera. Y o aquel se imaginó que
-nunca se trasluciría el contenido de su carta, o con los infortunios
-se había enteramente desmemoriado. En ella se prestaba el juramento de
-un modo claro no ambiguo; y lo que era peor se pedían nuevas gracias
-expresadas en una nota adjunta, afirmándose también que _estaban
-prontos a obedecer ciegamente su voluntad_ [la de José] _hasta en lo
-más mínimo_. Véase pues lo que llamaba Escóiquiz juramento condicional
-y aéreo, y carta escrita en términos medidos.
-
-Así mismo Fernando escribió con igual fecha [*] [Marginal: Felicitación
-de Fernando mismo. (* Ap. n. 4-12.)] a Napoleón en nombre suyo y de
-su hermano y tío, dándole el parabién de haber sido ya instalado en
-el trono de España su hermano José; con una carta [leída en 30 de
-junio ante los diputados de Bayona] inclusa para el último en que se
-decía después de felicitarle «que se consideraba miembro de la augusta
-familia de Napoleón, a causa de que había pedido al emperador una
-sobrina para esposa, y esperaba conseguirla:» tan caída y por el suelo
-andaba la corona de Carlos V y Felipe II.
-
-[Marginal: Ministerio nombrado por José.]
-
-En 4 de julio había José arreglado definitivamente su ministerio.
-Tocó a Don Mariano Luis de Urquijo la secretaría de estado, a cuyo
-puesto correspondía, según la constitución de Bayona, refrendar todos
-los decretos. En el reinado de Carlos IV, todavía aquel muy joven,
-había sido nombrado ministro interino de estado. Adornado de ciertas
-calidades brillantes y exteriores, no se le reputaba por hombre de
-saber profundo: tachábanle de presuntuoso. Quiso en su ministerio
-enfrenar el tribunal de la Inquisición, y restablecer a los obispos
-en sus primitivos derechos. Acarreole su intento la enemistad de
-Roma y de una parte del clero español. Con esto y haber el príncipe
-de la Paz recobrado su antigua e ilimitada privanza, fue desgraciado
-Urquijo, encerrado en la ciudadela de Pamplona, y confinado después
-a Bilbao su patria. No tuvo parte en los primeros desaciertos de
-Madrid y Bayona, y solo acudió a esta ciudad en virtud de reiterado
-llamamiento de Napoleón, quien le deslumbró prodigando lisonjas a su
-amor propio. Encargose Don Pedro Cevallos del ministerio de negocios
-extranjeros, con repugnancia y violencia según el propio se expresa,
-con gusto y solicitud suya según otros. Don Sebastián de Piñuela y
-Don Gonzalo Ofárril se mantuvieron en sus respectivos ministerios de
-gracia y justicia y de guerra. Obtuvo el de Indias Don Miguel José
-de Azanza, reservándose el de marina para Don José Mazarredo, quien
-en dicho ramo gozaba de gran concepto, habiendo ilustrado su nombre
-en varias campañas; pero que sin práctica en las materias de estado,
-y preocupado y nimio en otras, abrazó sin discernimiento a manera de
-frenesí el partido del rey intruso. Púsose la hacienda al cuidado del
-conde de Cabarrús, francés de nación, mas por afición y enlaces de
-corazón español. Decidido en Zaragoza a seguir la gloriosa causa de
-aquellos moradores, fuese temor o enfado de algún peligro que había
-corrido en Ágreda, mudó después de parecer y aceptó el ministerio que
-José le confirió. «Hombre extraordinario [según le pinta su amigo
-Jovellanos] en quien competían los talentos con los desvaríos y las
-más nobles calidades con los más notables defectos.» No era fácil que
-en un tiempo en que el nuevo rey ansiaba granjearse la estimación
-pública, se hubiese olvidado en la repartición de empleos y gracias
-del hombre insigne que acabamos de citar, [Marginal: Jovellanos.] de
-Don Gaspar Melchor de Jovellanos. Libertado de su largo y penoso
-encierro al advenimiento al trono de Fernando VII, habíase retirado
-a Jadraque en casa de un amigo para recobrar su salud debilitada y
-perdida con los malos tratamientos y duro padecer. Buscole en su rincón
-Murat mandándole pasase a Madrid: excusose con el mal estado de su
-cuerpo y de su espíritu. Acosáronle poco después los de Bayona; José de
-oficio para que fuese a Asturias a reducir al sosiego a sus paisanos,
-y confidencialmente Don Miguel de Azanza, anunciándole que se le
-destinaba para el ministerio de lo interior. Disculpose con el primero
-en términos parecidos a los que había usado con Murat, y al segundo le
-manifestó «que estaba lejos de admitir ni el encargo, ni el ministerio,
-y que le parecía vano el empeño de reducir con exhortaciones a un
-pueblo tan numeroso y valiente, y tan resuelto a defender su libertad.»
-Reiteráronse las instancias por medio de Ofárril, Mazarredo y Cabarrús.
-Acometido tan obstinadamente de todos lados, expresó en una de sus
-contestaciones «que cuando la causa de la patria fuese tan desesperada
-como ellos se pensaban, sería siempre la causa del honor y la lealtad,
-y la que a todo trance debía preciarse de seguir un buen español.»
-Sordos a sus razones y a sus disculpas le nombraron ministro mal de su
-grado, e insertaron en la Gaceta de Madrid su nombramiento: señalada
-perfidia con que trataron de comprometerle. Por dicha salvole la honra
-lo terso y limpio de su noble conducta, y sirvió de obstáculo a la
-persecución, que su constante resistencia hubiera podido acarrearle,
-la victoria de Bailén: con cierta prolijidad hemos referido este hecho
-como ejemplo digno de ser transmitido a la posteridad.
-
-Formado que hubo su ministerio el rey intruso, se ocupó en proveer los
-empleos de palacio en los grandes que estaban en Bayona; [*] [Marginal:
-Empleos de palacio. (* Ap. n. 4-13.)] y cuya enumeración omitimos por
-inútil y fastidiosa. El duque del Infantado fue nombrado coronel de
-guardias españolas, y de valonas el príncipe de Castel-Franco. Mucho
-desmereció el primero, viéndole la nación volver favorecido por la
-estirpe que había despojado del trono al rey Fernando, y cuya pérdida
-había en gran parte provenido de haber escuchado sus consejos. Pocos
-fueron los franceses que acompañaron a José, y en eminente puesto
-solamente colocó al general Saligny, duque de San Germán, escogido
-para ser uno de los capitanes de guardias de Corps. Imitó en eso la
-política de Luis XIV, quien según expresa el marqués de San Felipe
-[*] [Marginal: (* Ap. n. 4-14.)] «mandó prudentísimamente que ningún
-vasallo suyo entrase en España... Con lo que explicaba entregar
-enteramente al rey [Felipe V] al dictamen de los españoles, y que ni
-los celos de su favor, ni el mando turbase la pública quietud.»
-
-[Marginal: José entra en España el 9 de julio.]
-
-Al fin arreglado lo interior de palacio y el supremo gobierno,
-determinó José de acuerdo con su hermano entrar en España el 9 de
-julio, confiados ambos en que a favor de ciertas ventajas militares
-alcanzadas por las armas francesas sería fácil llegar sin impedimento
-a la capital del reino; por lo cual es ya ocasión de hablar de las
-acciones de guerra, y reencuentros que hubo por aquel tiempo antes de
-proceder más adelante.
-
-[Marginal: Primera expedición de los franceses contra Santander.]
-
-Santander, punto marítimo y cercano a las provincias aledañas de
-Francia, fijó primero la atención de Napoleón. Por su orden se
-encomendó al mariscal Bessières que destacase la suficiente fuerza
-para ahogar aquella insurrección. Este en 2 de junio hizo partir de
-Burgos al general Merle, poniendo bajo su mando seis batallones y 200
-caballos. Ya dijimos que al levantarse Santander se había colocado en
-las principales gargantas de su cordillera la gente de nuevo alistada.
-El 4 advertidos los jefes españoles de que los franceses avanzaban,
-dispusieron replegarse a las posiciones más favorables, resueltos a
-impedir el paso. Aguardaban ser acometidos en la mañana del 5; mas
-aclarando el día y disipada la densa niebla que con frecuencia cubre
-aquellas alturas, notaron con sorpresa que los franceses habían alzado
-el campo y desaparecido. La bisoña tropa atribuyó la retirada a temores
-del ejército enemigo, con lo que adquirió una desgraciada y ciega
-confianza: muy otra era la causa.
-
-[Marginal: Expedición contra Valladolid.]
-
-Habíase insurreccionado Valladolid, cundía el fuego de un pueblo
-en otro, y tocando casi a los mismos muros de Burgos, en donde el
-mariscal Bessières tenía asentado su cuartel general, recelose este de
-ver cortadas sus comunicaciones, si de pronto no acudía al remedio.
-Consideraba mayor el peligro y más graves las conmociones cercanas
-con un caudillo de nombre, como lo era Don Gregorio de la Cuesta. Y
-en tal estado pareciole oportuno no alejar ni esparcir su fuerza, y
-obrar solamente contra el enemigo más inmediato. Mandó por tanto a las
-tropas enviadas antes camino de Santander que retrocediendo viniesen
-al encuentro del general Lassalle, quien asistido de cuatro batallones
-de infantería y 700 caballos se dirigía hacia Valladolid. Había el
-último salido de Burgos el 5 de junio, y al anochecer del 6 llegó a
-Torquemada, [Marginal: Quema de Torquemada] villa situada cerca del
-Pisuerga, y que domina el campo de la margen opuesta. Muchos vecinos
-abandonaron el pueblo, algunos se quedaron; y preparándose para la
-defensa, atajaron con cadenas y carros el puente bastante largo por
-donde se va a la villa. Ciento de los más animosos parapetados detrás
-o subidos en la iglesia y casas inmediatas, dispararon contra los
-franceses que se adelantaban. No arredrados estos con el incierto
-y lejano fuego del paisanaje, aceleraron el paso y bien pronto
-desembarazando el puente, penetraron por las calles y saquearon y
-quemaron lastimosamente sus casas y edificios. Dispersos los defensores
-fueron unos acuchillados por la caballería, otros atravesados por las
-bayonetas de los infantes, y tratados los demás moradores con todo el
-rigor de la guerra, sin que se perdonase a edad ni sexo.
-
-[Marginal: Entrada en Palencia.]
-
-En Palencia se habían también reunido los mozos con varios soldados
-sueltos a las órdenes del anciano general Don Diego de Tordesillas.
-Mas atemorizados con el incendio de Torquemada, se retiraron a tierra
-de León, procurando el obispo aplacar la furia de los franceses con un
-obsequioso recibimiento. Llegaron el 7, y a sus ruegos se contentaron
-con desarmar a los habitantes, imponiéndoles además una contribución
-bastante gravosa.
-
-[Marginal: Acción de Cabezón.]
-
-En Dueñas se engrosó la división de Lassalle con la de Merle de vuelta
-de Reinosa, y allí acordaron el modo de atacar a Don Gregorio de la
-Cuesta. Había el general español ocupado a Cabezón, distante dos leguas
-de Valladolid. Contaba bajo su mando 5000 paisanos mal armados y sin
-instrucción militar, 100 guardias de Corps de los que habían acompañado
-a Bayona a la familia real, y 200 hombres del regimiento de caballería
-de la reina. Reducíase su artillería a cuatro piezas que habían salvado
-del colegio de Segovia sus oficiales y cadetes. Cabezón, situado a
-la orilla izquierda del Pisuerga, contiguo al puente adonde viene a
-parar la calzada de Burgos, y en paraje más elevado, ofrecía abrigo y
-reparo a la gente allegadiza de Cuesta si hubiera sabido o querido este
-aprovecharse de tamaña ventaja. Pero con asombro de todos, haciendo
-pasar al otro lado del río lo grueso de sus tropas, colocó en una misma
-línea la caballería y los paisanos, entre los que se distinguía por
-su mejor arreo y disciplina el cuerpo de estudiantes. Situó cerca y
-a la salida del puente dos cañones, y dejó los otros dos del lado de
-Cabezón. Quedaron asimismo por esta parte algunas compañías de paisanos
-de las parroquias de Valladolid cada una con su bandera para guardar
-los vados del río: inexplicable arreglo y ordenación en un general
-veterano.
-
-Temprano en la mañana del 12 empezó el ataque. El francés Lassalle
-marchó por el camino real, cubriendo el movimiento de su izquierda con
-el monasterio de bernardos de Palazuelo. El general Merle tiró por su
-derecha hacia Cigales con intento de interceptar a Cuesta si quería
-retirarse del lado de León, como se lo habían los enemigos pensado
-al verle pasar el río, no pudiendo achacar a ignorancia semejante
-determinación. La refriega no fue ni larga ni empeñada. A las primeras
-descargas los caballos, que estaban avanzados y al descubierto en
-campo raso, empezaron a inquietarse sin que fueran dueños los jinetes
-de contenerlos. Perturbaron con su desasosiego a los infantes y
-los desordenaron. Al punto diose la señal de retirada, agolpándose
-al puente la caballería, precedida por los generales Cuesta y Don
-Francisco Eguía, su mayor general. Los estudiantes se mantuvieron aún
-firmes, pero no tardaron en ser arrollados. Unos huyendo hacia Cigales
-fueron hechos prisioneros por los franceses, o acuchillados en un soto
-a que se habían acogido. Otros procurando vadear el río o cruzarle a
-nado, se ahogaron con la precipitación y angustia. No fueron tampoco
-más afortunados los que se dirigieron al puente. Largo y angosto caían
-sofocados con la muchedumbre que allí acudía o muertos por los fuegos
-franceses, y el de un destacamento de españoles situado al pie de la
-ermita de la Virgen del Manzano, cuyos soldados poco certeros más
-bien ofendían a los suyos que a los contrarios. Grande fue la pérdida
-de nuestra parte, cortísima la de los franceses. El general Cuesta
-tranquilamente continuó su retirada, y sin detenerse se replegó
-con la caballería a Rioseco pasando por Valladolid. No faltó quien
-atribuyese su extraña conducta a traición o despique, por haberle
-forzado a comprometerse en la insurrección. Otras batallas posteriores
-en que exponiendo mucho su persona anduvo igualmente desacertado en
-las disposiciones, probaron que no obraba de mala fe sino con poco
-conocimiento de la estrategia.
-
-[Marginal: Entran los franceses en Valladolid.]
-
-Los enemigos temerosos de alguna emboscada cañonearon al principio a
-Cabezón sin entrar en el pueblo. Con el ruido y las balas ahuyentaron
-a los vecinos, y solo a mediodía penetraron en las casas, saqueándolas
-y abrasando en las eras los efectos y ajuar que no pudieron llevar
-consigo. Fue el botin abundante, porque como era domingo casi todos
-los habitantes de Valladolid habían ido allí como a fiesta y romería,
-imaginándose a fuer de inexpertos segura y fácil la victoria. El camino
-de Cabezón estaba sembrado de despojos de innumerable gentío que
-precipitadamente quería ponerse en salvo. Los franceses avanzaron con
-lentitud, y no entraron en Valladolid hasta las cinco de la tarde. El
-obispo y unos cuantos regidores y ministros de la chancillería salieron
-a recibirlos para calmar su enojo. Respetaron la ciudad, quitaron las
-armas a los vecinos, se llevaron algunos en rehenes y la gravaron con
-una fuerte contribución. No se detuvieron sino hasta el 16 en cuyo día
-abandonaron la ciudad, queriendo apagar la insurrección de Santander.
-
-[Marginal: Segunda expedición contra Santander.]
-
-El general Lassalle se apostó en Palencia para observar a Cuesta, y
-apoyar la expedición que iba a la Montaña capitaneada por el general
-Merle. Llegó este a Reinosa el 20 con fuerza considerable, y el 21
-marchó sobre Lantueno. Guardaba las entradas de aquel lado Don Juan
-Manuel Velarde con 3000 hombres, los más paisanos, y dos piezas de
-grueso calibre. Cuando la primera retirada del enemigo, los españoles
-en vez de redoblar sus esfuerzos, descuidaron los preparativos de
-defensa, y la gente como nueva e indisciplinada se desbandó en parte,
-juzgando ya inútil su asistencia. Los franceses atacaron en dos
-columnas: opúsoseles escasa resistencia, pues en breve cedieron a la
-pericia de aquellos los nuevos reclutas, salvándose el mayor número
-por las fraguras, y reparándose los menos de una segunda línea de
-defensa, formada entre Las Fraguas y Somahoz. Estrechado allí el camino
-de un lado por un despeñadero y del otro por la roca Tajada, ofreció
-facilidad para que se le embarazase con ramas, peñascos y troncos,
-colocando detrás algunos cañones. Mas los españoles desmayados con
-el primer descalabro, y viendo que las tropas ligeras del enemigo
-avanzaban por su derecha e izquierda y los flanqueaban a pesar de lo
-escabroso del terreno, se retiraron apresuradamente, dejando libre el
-paso al general Merle, quien se posesionó de Santander el 23.
-
-Por el Escudo las avanzadas de la división española que ocupaba aquel
-punto a las órdenes de Don Emeterio Velarde, ya el 19 reconocieron al
-enemigo que venía sobre ellos con 1200 infantes y 60 coraceros. Era su
-general el de brigada Ducos, quien había partido de Miranda de Ebro,
-empezando su movimiento a la misma sazón que Merle. La fuerza española
-era aun más flaca por esta parte que por la de Reinosa, y solo tenía
-un cañón servible. Rechazose sin embargo en un principio al enemigo.
-Disponíanse de nuevo a resistirle, cuando informado Don Emeterio de la
-rota experimentada por los de Lantueno, formó un consejo de guerra,
-y en él se decidió separarse guarecidos de la densa niebla esparcida
-por las montañas, y por cuya causa había cesado el fuego de una y otra
-parte. El general Ducos avanzó entonces, y juntándose con Merle llegó
-en su compañía a Santander.
-
-[Marginal: Obispo de Santander.]
-
-El obispo luego que supo que los franceses se aproximaban a la montaña,
-arrebatado de entusiasmo montó en una mula, y pertrechado de todas
-armas se encaminó adonde acampaba el ejército; pero encontrándole
-a poco deshecho y disperso, decayó de ánimo, y huyó como los demás
-refugiándose a Asturias, lo cual dio lugar a la voz de haber servido
-dicho prelado de guía a las tropas en aquella sazón.
-
-[Marginal: Noble acción de su junta.]
-
-Pocos días después del levantamiento de Santander había entrado de
-arribada en el puerto un buque francés, procedente de sus colonias y
-ricamente cargado. La junta en medio de sus apuros tuvo la generosidad
-de no aprovecharse del precioso socorro que el acaso le ofrecía, y
-permitió al buque seguir su viaje a Francia, dando además libertad
-y poniendo a su bordo al cónsul y a los otros franceses que en un
-principio habían sido arrestados. Acción tan noble y rara no evitó a
-Santander el ser molestado en lo sucesivo con derramas e imposiciones
-extraordinarias.
-
-[Marginal: Expedición contra Zaragoza.]
-
-El vigilante cuidado de Napoleón no se adormeció del lado de Aragón,
-disponiendo que el general de brigada Lefebvre-Desnouettes con 5000
-hombres de infantería y 800 caballos partiese el 7 de junio de
-Pamplona. Llegó el 8 delante de Tudela. Los vecinos habían cortado el
-puente del Ebro con intento de impedir el paso; pero los franceses
-cruzando en barcas el río se apoderaron de la ciudad, a pesar de gente
-y socorros que había enviado Zaragoza a las órdenes del marqués de
-Lazán. Arcabucearon para escarmiento algunas personas, como si fuera
-delito defender sus hogares contra el extranjero: repararon el puente,
-y prosiguieron su marcha. El marqués de Lazán que con tropa colecticia
-se había adelantado hasta Tudela, [Marginal: Acción de Mallén.] se
-replegó y tomó posición el 12 junto a un olivar, apoyando su izquierda
-en la villa de Mallén, y la derecha en el canal de Aragón. Resistieron
-con valor sus soldados, mas atacando los enemigos vigorosamente
-uno de los flancos, comenzaron los nuestros a ciar, y del todo se
-desordenaron con una carga que les dieron los lanceros polacos. No por
-eso se abatieron los aragoneses, y todavía el 13 pelearon en Gallur,
-aunque también con desventaja. En la madrugada del 14 noticioso el
-general Palafox de la rota de la gente de su hermano, salió en persona
-de Zaragoza acompañado de 5000 paisanos mal armados, dos piezas de
-artillería, 80 caballos del regimiento de dragones del rey, con
-otros oficiales y soldados sueltos, y fue al encuentro del enemigo
-dirigiéndose a la villa de Alagón, [Marginal: De Alagón.] cuatro
-leguas distante de aquella capital. Pareció oportuno posesionarse de
-aquel punto, cuya posición elevada entre los ríos Jalón y Ebro era
-además favorecida por los olivares y tapias que estrechan el camino que
-viene de Navarra. A las tres de la tarde colocó su gente el general
-Palafox más allá de la villa, distribuyendo tiradores por delante de
-sus flancos, y enfilando la entrada con los dos cañones que tenía. Los
-mal disciplinados paisanos fueron fácilmente arrollados por las tropas
-aguerridas del enemigo. En vano se trató de detenerlos. Sin embargo
-con algunos de ellos más valerosos o serenos, con los pocos soldados
-de línea que allí había y la artillería, defendiose por largo rato y
-vivamente la entrada de la villa. Al fin resolvió Palafox retirarse con
-250 hombres que le quedaban, y en cuyo número se contaban soldados del
-primer batallón de voluntarios de Aragón y los del rey de caballería
-con algunos tiradores diestros. De los paisanos siendo muchos del
-partido de Alcañiz, se recogieron los más a sus casas, entrando por
-la noche con Palafox en Zaragoza los que eran de allí naturales. Los
-franceses entonces se aproximaron a aquella ciudad, en cuyas cercanías
-los dejaremos para tomar después el hilo, y no interrumpirle en la
-narración de su memorable sitio.
-
-[Marginal: Cataluña.]
-
-Debía dar la mano a las operaciones de Aragón el ejército francés de
-Cataluña. Napoleón figurándose que dueño de Barcelona y Figueras lo
-era de la provincia, no creyó arriesgado sacar parte de las fuerzas
-que la ocupaban. Así ordenó que de aquel punto se enviasen socorros a
-Aragón y Valencia. Conformándose el general Duhesme con lo que se le
-mandaba, dispuso que 3800 hombres conducidos por el general Schwartz
-se dirigiesen a Zaragoza, y que 4200 a las órdenes de Chabran se
-apoderasen de Tarragona y Tortosa, continuando en seguida su marcha
-a Valencia. Los primeros debían al paso castigar a Manresa por su
-anterior levantamiento, quemar sus molinos de pólvora, e imponer al
-vecindario 750.000 francos de contribución. Ambas expediciones salieron
-de la capital el 4 de junio. La de Schwartz se detuvo en Martorell el
-5 a causa de una abundante lluvia, con cuya feliz demora alcanzaron
-a tiempo a Igualada y Manresa los avisos de sus confidentes. La
-insurrección ya comenzada tomó incremento y extraordinario ensanche,
-tocose a somatén, se despacharon expresos a todas partes, y resolvieron
-aguardar al enemigo en la posición del Bruch y Casa-Masana.
-
-[Marginal: Somatenes.]
-
-Es el somatén en Cataluña «un género de socorro, como dice Zurita,
-repentino y cierto que muchas veces ha sido de grande efecto.» Está
-conocido de tiempo inmemorial, teniendo que acudir al repique de la
-campana concejil todos los hombres aptos para las armas en las diversas
-veguerías o partidos, según lo dispone el usaje de Barcelona. Fue en
-este caso no menos provechoso que en otros antiguos y renombrados.
-Había pocas armas y municiones tan escasas, que careciendo de balas
-de fusil se cortaron las varillas de hierro de las cortinas para que
-supliesen la falta.
-
-[Marginal: Acción del Bruch.]
-
-Los somatenes de Igualada y Manresa fueron los primeros que se
-prepararon, y al hijo de un mercader llamado Francisco Riera teníasele
-por principal caudillo. Apostáronse pues, y se escondieron entre
-los matorrales y arboleda de las alturas del Bruch. Apenas había
-pasado la columna francesa las casas que llevan el mismo nombre, y
-tomado la revuelta que forma el camino real antes de emparejar con
-el de Manresa, cuando fue detenida por el inesperado fuego de los
-encubiertos somatenes. Schwartz, después de un rato de espera, embistió
-a sus contrarios, replegáronse estos, y disputando el terreno a
-palmos se dividieron, unos yendo la vuelta de Igualada y otros la de
-Casa-Masana. Desalojados del último punto y teniéndose por perdidos,
-apriesa se retiraban, y completa hubiera sido su derrota a no haber
-afortunadamente Schwartz desistido de perseguirlos. Admirados los
-manresanos de la suspensión del francés, cobraron aliento y engrosados
-con el somatén de San Pedor, compuesto de buenos y esforzados
-tiradores, volvieron de nuevo a la carga. Venía con los recién llegados
-un tambor, quien como más experto hizo las veces de general en jefe.
-Vivamente acometieron todos juntos a los franceses de Casa-Masana,
-los que se recogieron al cuerpo de la columna que comía el rancho a
-retaguardia.
-
-El número de somatenes crecía por momentos, sus ánimos se enardecían,
-adquiriendo ventaja sobre los franceses descaecidos con la impensada
-embestida. Schwartz al ver retirarse su vanguardia, y al ruido de la
-caja del somatén de San Pedor, persuadiose que tropa de línea auxiliaba
-al paisanaje. Formó entonces el cuadro para evitar ser envuelto, y
-al cabo de cierto tiempo determinó retroceder a Barcelona. Aunque
-molestados los enemigos por los somatenes en flanco y retaguardia
-llegaron sin desorden hasta Esparraguera.
-
-[Marginal: Defensa de Esparraguera.]
-
-Los vecinos de esta villa puestos en acecho, y sabiendo que los
-enemigos se retiraban, atajaron la calle larga y angosta que la
-atraviesa con todo linaje de obstáculos, en especial con muebles
-y utensilios de casa. Al anochecer se acercaron los franceses, y
-penetrando en la calle con imprudencia la cabeza de la columna,
-cayeron en la celada que les estaba armada. De todas partes empezaron
-a ofenderlos a tejazos y pedradas con algunos escopetazos, y hasta
-con calderadas de agua hirviendo. Schwartz suspendió el paso, y
-dividiendo su gente en dos trozos la hizo caminar a derecha e izquierda
-de la villa. Apretó después la marcha durante la noche hostigado
-incesantemente por los somatenes, los que le cogieron un cañón en
-la Riera de Cabrera, y le acosaron hasta Martorell. No imitaron sus
-habitantes el ejemplo de los de Esparraguera, y así fueles permitido a
-los franceses entrar en Barcelona el 8 de junio; pero tan destrozados y
-abatidos que dieron claro indicio de la rota experimentada. Su pérdida
-no dejó de ser considerable, mayormente si se atiende a que fueron
-acometidos por gente allegadiza y con escasas y malas armas. De los
-nuestros pocos perecieron, estando siempre amparados del terreno, y
-protegidos en el alcance por toda la población.
-
-Toca a los catalanes la gloria de haber sido los primeros en España
-que postraron con feliz éxito el orgullo de los invasores. Fue en
-efecto la victoria del Bruch la que antes que ninguna otra mereció
-ser calificada con tal nombre. Y semejante triunfo admirable en sus
-circunstancias resonando por todo el principado, excitó noble emulación
-en todos sus habitadores, declarándose a porfía los pueblos unos en pos
-de otros y denodadamente.
-
-Con razón Duhesme se sobrecogió al saber el inesperado descalabro, más
-que por su importancia por el aliento que infundía en los apellidados
-insurgentes. Atento al corto número de tropas que mandaba, obró
-cuerdamente en no aventurarse a nuevos riesgos y en reconcentrar
-sus fuerzas. Conservar sus comunicaciones con Francia debió ser su
-principal mira, y mal lo hubiera conseguido desparramando sus soldados
-en diversas direcciones: así fue que llamó a Chabran a Barcelona.
-
-[Marginal: Chabran en Tarragona.]
-
-Con mayor felicidad que Schwartz había aquel dado principio a su
-expedición de Valencia, penetrando sin tropiezo el 7 de junio en los
-muros de Tarragona. Guarnecía la plaza el regimiento suizo de Wimpffen
-al servicio de España, cuya oficialidad condújose con tal mesura que
-no despertando los recelos del francés tuvo la dicha de mantener
-intacto su cuerpo, después señalado apoyo de la buena causa. El
-general Chabran en cumplimiento de las órdenes de su jefe evacuó el 9
-a Tarragona, mas a su vuelta encontró sublevado el país que poco antes
-había pacíficamente atravesado. [Marginal: Reencuentro en Arbós.] En el
-Vendrell y en Arbós opúsosele empeñada resistencia. Trescientos suizos
-de Wimpffen que iban a incorporarse con los de Tarragona, ayudaron y
-sostuvieron a los paisanos, y defendieron juntos con notable bizarría
-la posición de Arbós, aunque no fuese el terreno favorable a soldados
-bisoños. Después de repetidos ataques consiguieron los franceses
-ahuyentar a los somatenes, y apoderarse de la artillería que consigo
-tenían. Entraron en Arbós, y para vengarse del atrevido arrojo de sus
-habitantes maltrataron y mataron a muchos de ellos. [Marginal: Saqueo
-de Villafranca de Panadés.] Continuó Chabran a Villafranca de Panadés
-y no cesó el estrago, saqueando allí y quemando casas y edificios en
-desagravio, según decía, del asesinato del gobernador español Toda, de
-que ya hablamos: singular equidad la de castigar una población entera
-por las demasías de contados individuos. Duhesme salió en busca de la
-tropa que volvía de Tarragona, habiendo sabido que en la ruta topaba
-con resistencia, y reunidos unos y otros entraron en Barcelona el día
-12.
-
-Aunque resueltos a no intentar de nuevo expediciones lejanas ni otras
-importantes operaciones que las que exigiese la libre comunicación con
-Francia, quisieron sin embargo viéndose todos juntos probar fortuna con
-deseo de castigar al paisanaje de Manresa y su comarca. Para lo cual
-reunidas las columnas de Schwartz y Chabran salieron el 13 al mando
-del último, tomando el mismo camino que la vez primera. En el tránsito
-saquearon y quemaron muchas casas de Martorell y Esparraguera ahora
-desapercibida, y cometieron todo linaje de desórdenes y excesos, con
-cuyo desmandado porte provocábase la ira del tenaz catalán; no se le
-arredraba.
-
-[Marginal: Segunda acción del Bruch.]
-
-Interesada la gloria de los manresanos en sostener el sitio del Bruch,
-testigo de sus primeros laureles, habían atendido a fortificarle y
-guarnecerle debidamente en unión con la junta de Lérida y pueblos del
-contorno. Apellidaron allí sus somatenes y les agregaron los soldados
-escapados de Barcelona, y cuatro compañías de voluntarios leridanos
-al mando de Don Juan Baguet, con algunas piezas de artillería traídas
-de las fortalezas del principado. El 14 trató Chabran de forzar la
-posición, mas a pesar de venir los franceses con dobles fuerzas y de
-caminar advertidos fue vana su empresa. Estrellose su desapoderado
-orgullo contra las flacas armas del somatén catalán, y de pocos y mal
-regidos soldados. En reiterados ataques quisieron enseñorearse de la
-posición: rechazados en todos volvieron atrás sus pasos, y con pérdida
-de 500 hombres y alguna artillería, perseguidos y hostigados por los
-paisanos se metieron vergonzosamente en Barcelona.
-
-[Marginal: Expedición de Duhesme contra Gerona.]
-
-Frustradas las primeras tentativas, y no habiendo podido ser
-ejecutadas las órdenes de Napoleón, suspendió Duhesme darles el debido
-cumplimiento, y volvió exclusivamente la atención a asegurar y poner
-libres las comunicaciones con Francia. Para ello salió de Barcelona
-el 17 de junio con siete batallones, cinco escuadrones y ocho piezas
-de artillería, prefiriendo al camino que va por Hostalrich el de
-la marina. Habíanse armado los paisanos del Vallés, y en número de
-9000 aguardaban a los franceses en la cresta de Mongat. [Marginal:
-Resistencia de Mongat.] Los inexpertos somatenes se imaginaron que
-solo por el frente habían de ser acometidos; pero el general francés
-disfrazando con varios ataques falsos el verdadero, los envolvió por su
-derecha, y en breve los deshizo y dispersó. Dueño el enemigo de Mongat,
-batería de la costa, cometió con los paisanos inauditas crueldades.
-Mataró que había pensado en defenderse, no cejó en su propósito con la
-desgracia acaecida. Colocando artillería en las avenidas del camino de
-Barcelona, hicieron los vecinos fuego contra las columnas francesas
-que se acercaban. No tardaron en ser desbaratados, [Marginal: Saqueo
-de Mataró.] y el mismo día 17 entraron los enemigos en Mataró y la
-saquearon. Ciudad de 20.000 habitantes, y rica por sus fábricas de
-algodón, vidrio y encajes, ofreció al vencedor copioso botin, no
-perdonando su codicia ni los vestidos de las mujeres, ni otros objetos
-de poco valor y uso común. El asesinato, la violencia hasta de las
-vírgenes más tiernas acompañaron al pillaje, confundiéndose a veces
-cebados en los mismos excesos el general con el soldado: largos días
-llorará Mataró aquel tan aciago y cruel.
-
-En la mañana siguiente continuaron los franceses la marcha sobre
-Gerona. En su tránsito dejaron sangriento rastro por las muertes,
-robos y destrozos con que afligieron a todos los pueblos. En tanto
-grado convierte la guerra en hombres inhumanos a los soldados de una
-nación culta. [Marginal: Ataque de los franceses contra Gerona.]
-Había solamente de guarnición en Gerona 300 hombres del regimiento de
-Ultonia y algunos artilleros, los que con gente de mar de la vecina
-costa dirigieron los fuegos de aquella arma. Limitadísimo número si
-los nobles, el clero y todos los vecinos sin excepción, inflamados de
-ardor patrio no hubiesen sostenido con el mayor brío los puntos que se
-confiaron a su cuidado. Era gobernador interino Don Julián de Bolívar.
-
-A las nueve de la mañana del propio día 20 se presentó el enemigo en
-las alturas de la aldea de Palausacosta, mas incomodado con algunos
-cañonazos del baluarte de la Merced y fuerte de Capuchinos se replegó
-a Salt y Santa Eugenia, cuyas aldeas saqueó a sangre y fuego. Por la
-tarde después de varios reconocimientos atacó formalmente, dirigiendo
-su izquierda por los lugares que acabamos de mencionar, al paso que su
-derecha cruzando el Oña acometió con ímpetu e intentó forzar la puerta
-del Carmen. Los sitiados le repelieron con valor y serenidad. Señalose
-Ultonia, cuyo teniente coronel Don Pedro O’Daly quedó herido. Atacó
-en seguida el fuerte de Capuchinos en donde fue igualmente repelido,
-habiendo experimentado considerable pérdida. Burladas sus esperanzas
-colocó una batería cerca de la cruz de Santa Eugenia, no lejos de la
-plaza: causó algún daño en el colegio tridentino y otros edificios,
-y respondiendo con acierto a sus fuegos las baterías de la plaza, la
-noche puso término al combate.
-
-Fue aquella sumamente lóbrega, y confiados los franceses en la
-oscuridad se acercaron calladamente al muro, y de tal manera y con
-tanto arrojo que hasta hallarse muy cerca no fueron sentidos. Peleose
-entonces por ambos lados con braveza, alumbrados solamente por los
-fogonazos del cañón, y no interrumpido el silencio sino por su
-estruendo y los ayes de los heridos y moribundos. ¡Espantosa noche! El
-enemigo osó arrimar escalas al baluarte de Santa Clara. Algunos de sus
-soldados pusiéronse encima de la misma muralla, y apresuradamente les
-seguían sus compañeros, cuando una partida del regimiento de Ultonia
-matando a los ya encaramados, precipitó a los otros y estorbó a todos
-continuar en aquel intento. El fuego sin embargo no cesó hasta que el
-baluarte de San Narciso tirando a metralla destrozó a los acometedores
-y los dispersó, dejando el campo como después se vio sembrado de
-cadáveres y heridos. No cansados todavía los franceses renovaron el
-ataque a las doce de la noche, queriendo asaltar el baluarte de San
-Pedro, pero fueron rechazados de modo que desistieron de proseguir
-en su empresa, retirándose temprano por el camino de Barcelona en la
-mañana del 21. Aunque corta fue notable esta primer defensa de Gerona,
-cuya plaza tanto lustre adquirió después en otra inmediata acometida,
-y sobre todo en el célebre sitio del siguiente año. Los somatenes
-molestaron por todas partes al enemigo, habiendo impedido con su ayuda
-que pasase al otro lado del Ter. No fue menos que de 700 hombres la
-pérdida de los franceses, la de los españoles mucho más reducida.
-
-[Marginal: Vuelve Duhesme a Barcelona.]
-
-Duhesme volvió a Barcelona dejando en Mataró parte de su ejército que
-puso al cuidado de Chabran, y cuyo trozo compuesto de 3500 hombres
-fue al Vallés a buscar vituallas. Rodeados siempre los franceses por
-el paisanaje tuvieron en Moncada que romper a viva fuerza un cordón
-de somatenes, [Marginal: Reencuentro de Granollers.] siendo al cabo
-detenidos cerca de Granollers por el teniente coronel Don Francisco
-Miláns, quien los ahuyentó haciéndoles perder la artillería. A la
-retirada como de costumbre talaron y destruyeron el país por donde
-pasaron.
-
-[Marginal: Somatenes del Llobregat.]
-
-Al propio tiempo que tan mal parados andaban los invasores en aquella
-parte de Cataluña, tampoco se descuidaron sus naturales en el mediodía,
-formando a la margen derecha del Llobregat una línea de hombres
-belicosos que defendía los caminos de Garraf, Ordal y Esparraguera.
-Los capitaneaba Don Juan Baguet, que con los voluntarios de Lérida
-había la segunda vez contribuido a repeler en el Bruch a los franceses.
-Desde allí enviaban partidas sueltas que recorrían la tierra en todas
-direcciones. Incomodado Duhesme de verse así estrechado, envió contra
-ellos al general Lecchi, quien el 30 de junio obligó a los somatenes
-a abandonar su posición cogiéndoles algunos cañones y aventajándose
-a todos los suyos en cometer demasías. No por eso desmayaron los
-vencidos, apareciéndose en breve hasta en las cercanías de la misma
-Barcelona.
-
-[Marginal: Murat.]
-
-Por este término y con éxito vario se ejecutaron las órdenes de
-Napoleón en Cataluña, Aragón y Castilla. Fueron parecidas las que
-significó para las otras provincias al gran Duque de Berg, cuya
-solícita diligencia procuró aniquilar en derredor suyo la semilla
-insurreccional que brotaba con lozanía. Insinuamos antes varias de
-sus providencias, y las que de consuno con la junta de Madrid se
-habían tomado para cortar las conmociones sin tener que venir a las
-manos. Inútiles fueron sus esfuerzos, como lo serán siempre todos los
-que se dirijan a contener por la persuasión el levantamiento de una
-nación entera. No le pesó quizá a Murat, a cuyo gusto y anterior vida
-se acomodaban más las armas que los discursos. Así fue que a veces a
-un tiempo y otras muy de cerca, mandó que sus tropas acompañasen o
-siguiesen a las proclamas y exhortaciones de la junta. Consideró como
-de mayor importancia las Andalucías y Valencia, y de consiguiente trató
-ante todo de asegurarse de aquellas provincias, mayormente habiendo
-dado Sevilla ya en primeros de mayo muestras de desasosiego y grave
-alteración.
-
-[Marginal: Envía a Dupont a Andalucía.]
-
-Dupont acantonado en Toledo recibió la orden de dirigirse a Cádiz,
-y el 24 del mismo mayo se puso en marcha. Llevaba consigo los dos
-regimientos suizos de Reding y Preux al servicio de España, la división
-de infantería del general Barbou compuesta de 6000 hombres y además
-500 marinos de la guardia imperial, con 3000 caballos mandados por
-el general Fresia. Iban todos tan confiados en el buen éxito de su
-empresa, que Dupont señalaba de antemano al ministro de guerra de
-Francia el día que había de entrar en Cádiz. Atravesaron la Mancha
-tranquilamente, y en tal abundancia hallaban los mantenimientos que
-dejaron almacenados en el pósito de Santa Cruz de Mudela la galleta y
-víveres que a prevención traían, y de los que pocos días después se
-apoderaron aquellos vecinos, cogiendo también parte de los soldados que
-los custodiaban y matando otros. El 2 de junio penetraron los franceses
-por las estrechuras de Sierra Morena. Hasta allí si bien habían notado
-inquietud y desvío en los habitantes, ningún síntoma grave se había
-manifestado. En la Carolina se despertó su recelo viéndola sola y
-desierta; y al entrar en Andújar supieron el levantamiento general de
-Sevilla y la formación de una junta suprema. No por eso suspendieron
-su marcha, llegando al amanecer del 7 delante del puente de Alcolea.
-Don Pedro Agustín de Echevarri, oficial de cierto arrojo pero ignorante
-en el arte de la guerra, y a quien vimos al frente de la insurrección
-cordobesa, se había situado en aquel paraje. Tenía a sus órdenes 3000
-hombres de línea, compuestos de parte de un batallón de Campo-Mayor,
-de soldados de varios regimientos provinciales con granaderos de los
-mismos, a los que se agregaba alguna caballería y un destacamento de
-suizos. No había entre ellos cuerpo completo que estuviese presente.
-El número de paisanos era más considerable, y habíase de Sevilla
-recibido bastante artillería. [Marginal: Acción de Alcolea.] Los
-españoles levantando una cabeza de puente, habían colocado en ella doce
-cañones para impedir el paso del Guadalquivir y cubrir así la ciudad
-de Córdoba, puesta a su margen derecha y distante unas tres leguas
-de las ventas de Alcolea. El puente es largo y torcido, formando un
-ángulo o recodo que estorba el que por él se enfilen los fuegos de
-cañón. A la izquierda del río se había quedado la caballería española
-con intento de acometer a los enemigos por el flanco y espalda al
-tiempo que estos comenzasen el ataque de frente. Los franceses para
-desembarazarse trataron de dar a aquella una vigorosa carga, la cual
-repetida contuvo a los jinetes españoles sin lograr desbaratarlos.
-A poco la infantería francesa avanzó al puente. Los fuegos bien
-dirigidos de la obra de campaña recién construida, y sostenida también
-valerosamente por el oficial Lasala que mandaba a los de Campo-Mayor y
-granaderos provinciales, mantuvieron por algún tiempo con firmeza la
-posición atacada. Pero el paisanaje todavía no fogueado, desamparando a
-la tropa, facilitó a los franceses escalar la posición, que levantada
-deprisa ni era perfecta ni estaba del todo concluida. Sin embargo la
-caballería española no habiendo caído en desmayo, trató de favorecer
-a los suyos y de nuevo y con ventaja acometió a la francesa. Dupont
-teniendo que enviar una brigada al socorro de su gente, no prosiguió
-el alcance contra los infantes españoles, los que retirándose con
-orden solo perdieron un cañón, cuya cureña se había descompuesto. El
-reencuentro duró dos horas. Costó a los franceses 200 hombres, no más a
-los españoles por haberse retirado tranquilamente. Echevarri juzgando
-que no era posible defender a Córdoba, abandonó la ciudad sin detenerse
-en sus muros.
-
-[Marginal: Saco de Córdoba.]
-
-Llegaron a su vista los franceses a las tres de la tarde del mismo
-día 7 de junio. Habían los vecinos cerrado las puertas más bien para
-capitular que para defenderse. Entabláronse sobre ello pláticas,
-cuando con pretexto de unos tiros disparados de las torres del muro
-y de una casa inmediata, apuntaron los enemigos sus cañones contra
-la Puerta Nueva, hundiéndola a poco rato y sin grande esfuerzo.
-Metiéronse pues dentro hiriendo, matando y persiguiendo a cuantos
-encontraban: saquearon las casas y los templos y hasta el humilde asilo
-del pobre y desvalido habitante. La célebre catedral, la antigua
-mezquita de los árabes, rival en su tiempo en santidad de Medina y
-la Meca, y tan superior en magnificencia, esplendidez y riqueza,
-fue presa de la insaciable y destructora rapacidad del extranjero.
-Destruidos quedaron entonces los conventos del Carmen, San Juan
-de Dios y Terceros, sirviéndoles de infame lupanar la iglesia de
-Fuensanta y otros sitios no menos reverenciados de los naturales.
-Grande fue el destrozo de Córdoba, muchas las preciosidades robadas
-en su recinto. Ciudad de 40.000 almas, opulenta de suyo y con templos
-en que había acumulado mucha plata y joyas la devoción de los fieles,
-fue gran cebo a la codicia de los invasores. De los solos depósitos
-de tesorería y consolidación sacó el general Dupont más de 10.000.000
-de reales, sin contar con otros muchos de arcas públicas y robos
-hechos a particulares. Así se entregó al pillaje una población que
-no había ofrecido ni intentado resistencia. Bajo fingidos motivos a
-fuego y sangre penetraron los franceses por sus calles, a la misma
-sazón que se conferenciaba. Y no satisfechos con la ruina y desolación
-causada, acabaron de oprimir a los desdichados moradores gravándolos
-con imposiciones muy pesadas. Mas tan injusto y atroz trato alcanzó
-en breve el merecido galardón, siendo quizá la principal causa de
-la pérdida posterior del ejército de Dupont el codicioso anhelo de
-conservar los bienes mal adquiridos en el saco de aquella ciudad.
-
-[Marginal: Situación angustiada de los franceses. Excesos de los
-paisanos españoles.]
-
-A pesar del triunfo conseguido el general francés andaba inquieto.
-Sus fuerzas no eran numerosas. La insurrección de todas partes le
-cercaba: con instancia pedía auxilios a Madrid cuyas comunicaciones,
-ya antes interrumpidas, fueron al último del todo cortadas. A su
-propia retaguardia el 9 de junio partidas de paisanos entraron en
-Andújar, y alborotada por la noche la ciudad, hicieron prisionero el
-destacamento francés allí apostado, y mataron al comandante con otros
-tres de su guardia que quisieron resistirse en casa de Don Juan de
-Salazar. Molestó sobre todo al enemigo Don Juan de la Torre, alcalde
-de Montoro, que a sus expensas había levantado un cuerpo considerable;
-mas cogido por sorpresa debió la vida a la generosa intercesión del
-general Fresia, a quien había antes hospedado y obsequiado en su casa.
-En el Puerto del Rey apresaron los naturales al abrigo de aquellas
-fraguras varios convoyes: y como en la comarca se había esparcido
-la voz de lo acaecido en Córdoba, hubo ocasión en que so color de
-desquite se ensañó el paisanaje contra los prisioneros con exquisita
-crueldad. Fue una de sus víctimas el general René a quien cogieron y
-mataron estando antes herido: lamentable suceso, pero desgraciadamente
-inevitable consecuencia de los desmanes cometidos en Córdoba y otros
-parajes por el extranjero. Pues que, si en efecto era difícil contener
-en una guerra de aquella clase al soldado de una nación culta como la
-Francia y sometido a la dura disciplina militar, cuánto no debía serlo
-reprimir los excesos del cultivador español, que ciego en su venganza
-y sin freno que le contuviese, veía talados sus campos y quemados los
-pacíficos hogares de sus antepasados por los mismos que poco antes
-preciábanse de ser amigos. Había corrido el alboroto de la Sierra
-hasta la Mancha, y el 5 de junio los vecinos de Santa Cruz de Mudela
-arremetiendo a unos 400 franceses que había en el pueblo y matando a
-muchos, obligaron a los demás a fugarse camino de Valdepeñas. En esta
-villa opusiéronse los naturales al paso de los enemigos, y estos para
-esquivar un duro choque, echando por fuera de la población tomaron
-después el camino real, aguardando a un cuarto de legua en el sitio
-apellidado de la Aguzadera a ser reforzados. No tardó en efecto en
-llegar en el mismo día, que era el 6 de junio, el general Liger-Belair
-procedente de Manzanares con 600 caballos, e incorporados todos
-revolvieron sobre Valdepeñas.
-
-[Marginal: Resistencia de Valdepeñas.]
-
-Los moradores de esta villa alentados con la anterior retirada de los
-franceses, y temiendo también que quisiesen vengar aquella ofensa,
-resolvieron impedir la entrada. Es Valdepeñas población rica de 3000
-vecinos, asentada en los llanos de la Mancha, y a la que dan celebridad
-sus afamados vinos. Atraviésala por medio la calle llamada Real,
-tránsito de los que viajan de Castilla a Andalucía, y la cual tiene
-de largo cerca de un cuarto de legua. Aprovechándose de su extensión,
-dispusiéronla los habitantes de modo que en ella se entorpeciese la
-marcha de los franceses. La cubrieron con arena, esparciendo debajo
-clavos y agudos hierros; de trecho en trecho y disimuladamente ataron
-maromas a las rejas, cerraron y atrancaron las puertas de las casas,
-y embarazaron las callejuelas que salían a la principal avenida. No
-contentos con resistir detrás de las paredes, osaron en número de más
-de 1000 ponerse en fila a la orilla del pueblo. Pero viendo lo numeroso
-de la caballería enemiga, después de algún tiroteo se agacharon en lo
-interior, pertrechados de armas y medios ofensivos.
-
-Los franceses al aproximarse enviaron por delante una descubierta,
-la cual según su costumbre con paso acelerado se adelantó al pueblo.
-Penetró, y muy luego los caballos tropezando y cayendo unos sobre
-otros miserablemente arrojaron a los jinetes. Entonces de todas
-partes llovieron sobre los derribados tiros, pedradas, ladrillazos,
-atormentando también sus carnes con agua y aceite hirviendo. Quisieron
-otros proteger a los primeros y cúpoles igual y malhadado fin. Irritado
-Liger-Belair con aquel contratiempo, entró la villa por los costados
-incendiando las casas y destrozándolas. Pasaron de 80 las que se
-quemaron, y muchas personas fueron degolladas hasta en los campos y las
-cuevas. Habían los enemigos perdido ya más de 100 hombres, al paso que
-la villa se arruinaba y se hundía. Conmovidos de ello y recelosos de su
-propia suerte, varios vecinos principales resolvieron yendo a su cabeza
-el alcalde mayor Don Francisco María Osorio, avistarse con el general
-Liger-Belair, quien temeroso también de la ruina de los suyos, escuchó
-las proposiciones, convino en ellas, y saliendo todos juntos con una
-divisa blanca, pusieron de consuno término a la matanza. Mas la
-contienda había sido tan reñida, que los franceses escarmentados no se
-atrevieron a ir adelante, y juzgaron prudente retroceder a Madridejos.
-
-[Marginal: Retírase Dupont a Andújar.]
-
-Dupont aislado, sin noticia de lo que a la otra parte de los montes
-pasaba, aturdido con lo que de cerca veía, pensó en retirarse; y el 16
-de junio saliendo por la tarde de Córdoba se encaminó a Andújar, en
-donde tomó posición el 19. Desde aquel punto con objeto de abastecer
-a su gente, y deseoso de no abandonar el terreno sin castigar a Jaén,
-a la cual se achacaba haber participado del alboroto y muerte del
-comandante francés de Andújar, envió allí el 20 al oficial Baste con la
-suficiente fuerza. [Marginal: Saqueo de Jaén.] Entraron los enemigos en
-la ciudad sin hallar oposición, y con todo la pillaron y maltrataron
-horrorosamente. Degollaron hasta niños y viejos, ejerciendo acerbas
-crueldades contra religiosos enfermos de los conventos de Santo Domingo
-y de San Agustín: tal fue el último, notable y fiero hecho cometido por
-los franceses en Andalucía antes de rendirse a las huestes españolas.
-
-[Marginal: Expedición de Moncey contra Valencia.]
-
-Casi al propio tiempo determinó Murat enviar también una expedición
-contra Valencia. Mandábala el mariscal Moncey y se componía de
-8000 hombres de tropa francesa, a los que debían reunirse guardias
-españolas, valonas y de Corps. Mas todos estos en su mayor parte se
-desbandaron pasando por atajos y trochas del lado de sus compatriotas.
-Moncey salió de Madrid el 4 de junio y llegó a Cuenca el 11.
-Deteniéndose algunos días disgustose Murat, y despachó para aguijarle
-al general de caballería Exelmans con otros muchos oficiales, quienes
-arrestados en Saelices y conducidos prisioneros a Valencia, terminaron
-su comisión de un modo muy diverso del que esperaban. En Cuenca fueron
-recibidos los franceses con tibieza mas no hostilmente. Prosiguiendo su
-marcha hallaron por lo general los pueblos desamparados, pronóstico que
-vaticinaba la resistencia con que iban a tropezar.
-
-La junta de Valencia había en tanto adoptado las medidas vigorosas de
-defensa que la premura del tiempo le permitía. Recreciéronse al oír que
-Moncey se aproximaba del lado de Cuenca, y se dieron nuevas órdenes e
-instrucciones al mariscal de campo Don Pedro Adorno, a cuyo mando, como
-ya dijimos, se habían confiado las tropas apostadas en los desfiladeros
-de las Cabrillas, a donde el enemigo se dirigía. Lo más de la gente era
-nueva e indisciplinada y por eso convenía aprovecharse de las ventajas
-que ofreciese el terreno. [Marginal: Reencuentro del puente Pajazo.]
-Tratose pues de disputar primeramente a los franceses el paso del
-Cabriel en el puente Pajazo, en donde remata la cuesta de Contreras, y
-en cuya cabeza construyeron los españoles una mala batería de cuatro
-cañones sostenida por un trozo de un regimiento suizo, colocándose
-la otra tropa en diferentes puntos de dicha cuesta. Detuviéronse
-los franceses hasta que a duras penas por los malos senderos y
-escabrosidades, acercaron casi a la rastra unos cañones. Con su auxilio
-el 20 rompieron el fuego, y vadeando unos el río, y otros acometiendo
-de frente, se apoderaron de la batería española, habiendo habido muchos
-de los suizos que se les pasaron. Los nuevos reclutas que nunca habían
-sido fogueados, abandonados por aquellos veteranos no tardaron en
-dispersarse, replegándose parte de ellos con algunos soldados españoles
-a las Cabrillas.
-
-Cundió la nueva de la derrota, súpola la junta de Valencia, y grande
-fue la consternación y el sobresalto. En tamaño apuro envió al ejército
-en comisión a su vocal el P. Rico, o ya quisiesen vengarse así algunos
-del estrecho en que los había metido, o ya también porque gozando de
-suma popularidad, pensaron otros que era aquel el modo más propio de
-calmar la pública agitación y alejar la desconfianza. [Marginal: De las
-Cabrillas.] Obedeció Rico, y el 23 por la noche llegó a las Cabrillas,
-ocho leguas de Valencia, y cuyos montes parten término con Castilla.
-Habíanse recogido a sus cumbres los dispersos del Cabriel, y allí se
-encontró el P. Rico con 180 hombres del regimiento de Saboya mandados
-por el capitán Gamíndez, con tres cuerpos de nueva creación, algunos
-caballos y artilleros que habían conservado dos cañones y un obús,
-componiendo en todo cerca de 3000 hombres. Eran contados los oficiales
-veteranos, siendo el de mayor graduación el brigadier Marimón de
-guardias españolas. Ignorábase el paradero de Adorno. Reunidas todas
-aquellas reliquias se colocaron en situación ventajosa a espaldas y a
-legua y media del pueblo de Siete Aguas, hasta cuyas casas enviaban
-sus descubiertas. Gamíndez mandó el centro, la izquierda Marimón, y
-colocáronse guerrillas sueltas por la derecha. El 24 avanzaron los
-franceses, y los nuestros favorecidos de tierra tan quebrada los
-molestaron bastantemente. Impacientado Moncey destacó por su izquierda
-y del lado de la sierra de los Ajos al general Harispe con vascos
-acostumbrados a trepar por las asperezas del Pirineo. Encaramáronse
-pues a pesar de escabrosidades y derrumbaderos, y arrollando a las
-guerrillas, facilitaron el ataque de frente. Defendiéronse bien los
-de Saboya, quedando los más de ellos y los artilleros muertos junto
-a los cañones, y prisionero con otros su comandante Gamíndez. Lo
-restante de la gente bisoña huyó precipitadamente. La pérdida de los
-españoles fue de 600 hombres, muy inferior la de los contrarios. El
-mariscal Moncey al instante traspasó la sierra por el portillo de las
-Cabrillas, desde donde registrándose las ricas y frondosas campiñas de
-la huerta de Valencia, se encendió la ansiosa codicia de sus fatigados
-soldados. Si entonces hubiera proseguido su marcha, fácilmente se
-hubiera enseñoreado de la ciudad; pero obligado a detenerse el 25 en
-la venta de Buñol para aguardar la artillería, y queriendo adelantarse
-cautelosamente, dio tiempo a que Rico volviendo a Valencia al rayar el
-alba de aquel mismo día, apellidase guerra dentro de sus muros.
-
-[Marginal: Preparativos de defensa en Valencia.]
-
-Está asentada Valencia a la derecha del Guadalaviar o Turia, 100.000
-almas forman su población, excediendo de 60.000 las que habitan en
-los lugarejos, casas de campo y alquerías de sus deliciosas vegas.
-Ceñida de un muro antiguo de mampostería con una mala ciudadela, no
-podía ofrecer al enemigo larga y ordenada resistencia, si militarmente
-hubiera de haberse considerado su defensa. Mas a la voz de la
-desgracia de las Cabrillas, en lugar de abatirse, creciendo el
-entusiasmo al más subido punto, tomó la junta activas providencias,
-y los moradores no solo las ejecutaron debidamente, sino que también
-por sí procedieron a dar a los trabajos la amplitud y perfección que
-permitía la brevedad del tiempo. Sin distinción de clase ni de sexo
-acudieron todos a trabajar en las fortificaciones que se levantaban.
-En el corto espacio de sesenta horas construyéronse en las puertas
-baterías con sacos de tierra. En la de Cuarte, como era por donde se
-aguardaba al enemigo, además de dos cañones de a 24 se colocó otro en
-el primer piso de la torre, abriéndose una zanja ancha y profunda en
-medio de la calle del arrabal que embocaba la batería. A la derecha
-de esta puerta y antes de llegar a la de San José, entre el muro y el
-río, se situaron cuatro cañones y dos obuses, impidiendo lo sólido del
-malecón que se abriese un foso. Diose a esta obra el nombre de batería
-de Santa Catalina, del de una torre antes demolida y que ocupaba
-el mismo espacio. Lo expresamos por su importancia en la defensa.
-Dentro del recinto se cortaron y atajaron las calles, callejuelas y
-principales avenidas con carros, coches, vigas, calesas y tartanas.
-Tapáronse las entradas y ventanas de las casas con colchones, mesas,
-sillas y todo género de muebles, cubriendo por el mismo término y
-cuidadosamente lo alto de las azoteas o terrados. Detrás de semejantes
-y tan repentinos atrincheramientos estaban preparados sus dueños con
-armas arrojadizas y de fuego, y aun hubo mujeres que no olvidaron el
-aceite hirviendo. Afanados todos mutuamente se animaban, habiendo
-resuelto defender heroicamente sus hogares.
-
-[Marginal: Refriega en el pueblo de Cuarte.]
-
-La junta además para dilatar el que los franceses se acercasen, trató
-de formar un campo avanzado a la salida del pueblo de Cuarte, distante
-una legua de Valencia. Le componían cuerpos de nueva formación y se
-había puesto a las órdenes de Don Felipe Saint-March. Situose la gente
-en la ermita de San Onofre a orillas del canal de regadío que atraviesa
-el camino que va a las Cabrillas. Entretanto Don José Caro, nombrado
-brigadier al principio de la insurrección, y que mandaba una división
-de paisanos en el ejército de Cervellón, apostado según dijimos en
-Almansa, corrió apresuradamente al socorro de la capital luego que
-supo el progreso del enemigo. A su llegada se unió a Saint-March, y
-juntos dispusieron el modo de contener al mariscal francés. Emboscaron
-al efecto en los algarrobales, viñedos y olivares que pueblan aquellos
-contornos, tiradores diestros y esforzados. El cuerpo principal se
-colocó a espaldas de una batería que enfilaba el camino hondo, por
-donde era de creer arremetiese la caballería enemiga y cuyo puente se
-había cortado. Como los generales habían previsto que al fin tendrían
-que ceder a la superioridad y pericia francesa, deseosos de que su
-retirada no causara terror en Valencia, habían pensado, Caro en tirar
-por la izquierda y Saint-March pasar el río por la derecha y situarse
-en el collado del almacén de pólvora. Pero para verificar, llegado
-el caso, su movimiento con orden y evitar que dispersos fueran a la
-ciudad, establecieron a su retaguardia una segunda línea en el pueblo
-de Cuarte, rompiendo el camino y guarneciendo las casas para su defensa.
-
-[Marginal: Defensa de Valencia.]
-
-A las 11 de la mañana del día 27 empezó el fuego, duró hasta las tres,
-siendo muy vivo durante dos horas. Al fin los franceses cruzaron el
-canal, y forzaron la primera línea. Caro y Saint-March se retiraron
-según habían convenido. Los franceses vencedores iban a perseguirlos
-cuando notaron que desde el pueblo de Cuarte se les hacía fuego.
-Molestados también por el continuado de los paisanos metidos en los
-cañamares de dicho pueblo, no pudieron entrarle hasta las seis de la
-tarde; huyendo los vecinos al amparo de las acequias, cañaverales y
-moreras que cubren sus campos. La pérdida fue considerable de ambas
-partes: la artillería quedó en poder de los franceses.
-
-[Marginal: Proposición de Moncey para que capitule la ciudad.]
-
-Avanzó entonces Moncey hasta el huerto de Juliá, media legua de
-Valencia. Por la noche pasó al capitán general conde de la Conquista
-un oficio para que rindiese la plaza. Fue portador el coronel Solano.
-Congregose la junta, a la que se unieron para deliberar en asunto tan
-espinoso el ayuntamiento, la nobleza e individuos de todos los gremios.
-El de la Conquista inclinábase a la entrega, viendo cuán imposible
-sería resistir con gente allegadiza, y en ciudad, por decirlo así,
-abierta a enemigos aguerridos. Sostuvo la misma opinión el emisario
-Solano y en tanto grado que se esforzó en probar no había nada que
-temer respecto de lo pasado, así por la condición suave y noble del
-mariscal francés, como también por los vínculos particulares que le
-enlazaban con los valencianos; lo cual aludía a conocerse en aquel
-reino familias del nombre de Moncey, y haber quien le conceptuara
-oriundo de la tierra. Así se discurría acerca de la proposición, cuando
-el pueblo advertido de que se negociaba, desaforadamente se agolpó a la
-sala de sesiones de la junta. Atemorizados los que en su seno buscaban
-la rendición y alentados los de la parcialidad opuesta, no se titubeó
-en desechar la demanda del enemigo. Y puestos todos sus individuos al
-frente del mismo pueblo, recorrieron la línea animando y exhortando a
-la pelea. Con la oportuna resolución se embraveció tanto la gente que
-no hubo ya otra voz que la de vencer o morir.
-
-El 28 a las once de la mañana se rompió el fuego. Como Moncey era
-dueño de casi todo el arrabal de Cuarte, le fue fácil ordenar sus
-batallones detrás del convento de San Sebastián. A su abrigo dirigieron
-los enemigos sus cañones contra la puerta de Cuarte y batería de Santa
-Catalina. Tres veces atacaron con el mayor ímpetu del lado de la
-primera, y otras tantas fueron rechazados. Mandaba la batería española
-con mucho acierto el capitán Don José Ruiz de Alcalá, y el puesto los
-coroneles barón de Petrés y Don Bartolomé de Georget. Los enemigos no
-perdonaron medio de flanquear a los nuestros por derecha e izquierda,
-pero de un costado se lo estorbaron los fuegos de Santa Catalina, y
-del otro el graneado de fusilería que desde la muralla hacían los
-habitantes. El entusiasmo de los defensores tocaba en frenesí cada vez
-que el enemigo huía, pero siempre se mantuvo el mejor orden. Temiose
-por un rato carecer de metralla, y sin tardanza de las casas inmediatas
-se arrancaron rejas, se enviaron barras y otros utensilios de hierro
-que cortados en menudos pedazos pudieron suplir aquella falta,
-acudiendo a porfía las señoras de la clase más elevada a coser los
-saquillos de la recién fabricada metralla. Con tal ejemplo, ¿qué brazo
-varonil hubiera cedido el paso al enemigo? El capitán general, los
-magistrados y aun el arzobispo aparecíanse a veces en medio de aquel
-importante puesto dando brío con su presencia a los menos esforzados.
-
-Moncey tratando de variar su ataque, recogió sus soldados a la cruz
-de Mislata, y acometió, después de un respiro, la batería de Santa
-Catalina, a la derecha como dijimos de la de Cuarte. Era comandante
-del punto el coronel Don Firmo Vallés, y de la batería Don Manuel de
-Velasco y Don José Soler. Dos veces y con gran furia embistieron los
-franceses. La primera ciaron abrasados por el fuego de cañón y el que
-por su flanco izquierdo les hacía la fusilería; y la segunda huyeron
-atropelladamente sin que los contuviesen las exhortaciones de sus
-jefes. No por eso desistió Moncey, y fingiendo querer atacar el muro
-por donde mira a la plazuela del Carbón, emprendió nueva acometida
-contra la batería de Santa Catalina. Vano empeño. Sus soldados
-repelidos dejaron el suelo empapado en su sangre. Distinguiose allí el
-oficial Don Santiago O’Lalor, asesinado alevemente en el propio día por
-mano desconocida.
-
-Los franceses perturbados con defensa tan inesperada y recia, trataron
-de dar una última embestida a la ciudad. Eran las cinco de la tarde
-cuando avanzando Moncey con el grueso de su ejército hacia la puerta de
-Cuarte, hizo marchar una columna por el convento de Jesús para atacar
-la de San Vicente situada a la izquierda de la primera, y confiada al
-cuidado del coronel Don Bruno Barrera, bajo cuyas órdenes dirigían
-la artillería los oficiales Don Francisco Cano y Don Luis Almela.
-Considerábase aquella parte del muro la más flaca, mayormente su centro
-en donde está colocada en medio de las otras dos la puerta tapiada de
-Santa Lucía, antiguamente dicha de la Boatella. Empezose el ataque,
-y los españoles apuntaron con tal acierto sus cañones que lograron
-desmontar los de los enemigos, y desalojarlos del punto que ocupaban
-con notable matanza. Desde aquella hora que era ya la de las ocho de
-la noche cesó el fuego en ambas líneas. Durante los diversos ataques
-arrojaron los franceses a la ciudad granadas que no causaron daño.
-
-[Marginal: Hechos notables de algunos españoles.]
-
-El padre Rico anduvo constantemente por los parajes de mayor riesgo,
-y coadyuvó grandemente a la defensa con su energía y brioso porte.
-Fue imperturbable en su valor Juan Bautista Moreno que sin fusil y
-con la espada en la mano alentaba a sus compañeros, y tomó a su cargo
-abrir y cerrar las puertas sin reparar en el peligro que a cada paso
-le amenazaba. Más sublime ejemplo dio aún con su conducta Miguel
-García, mesonero de la calle de San Vicente, quien hizo solo a caballo
-cinco salidas, y sacando en cada una de ellas cuarenta cartuchos los
-empleaba como diestro tirador atinadamente. Hechos son estos dignos
-de la recordación histórica, y no deben desdeñarse aunque vengan de
-humilde lugar. Al contrario conviene repetirlos y grabarlos en la
-memoria de los buenos ciudadanos, para que sean imitados en aquellos
-casos en que peligre la independencia de la patria.
-
-La resistencia de Valencia aunque de corta duración tuvo visos de
-maravillosa. No tenía soldados que la defendiesen, habiendo salido a
-diversos puntos los que antes la guarnecían, ni otros jefes entendidos
-sino oficiales subalternos que guiaron el denuedo de los paisanos.
-Los franceses perdieron más de 2000 hombres, y entre ellos al general
-de ingenieros Cazals con otros oficiales superiores. Los españoles
-resguardados detrás de los muros y baterías tuvieron que llorar pocos
-de sus compatriotas, y ninguno de cuenta.
-
-[Marginal: Retírase Moncey.]
-
-Al amanecer del 29 Don Pedro Túpper puesto de vigía en el miguelete
-o torre de la catedral avisó que los enemigos daban indicio de
-retirarse. Apenas se creía tan plausible nueva, mas bien pronto todos
-se cercioraron de ello viendo marchar al enemigo por Torrente para
-tomar la calzada que va a Almansa. La alegría fue colmada, y esperábase
-que el conde de Cervellón acabaría en el camino de destruir al mariscal
-Moncey, o por lo menos le molestaría y picaría por todos lados.
-[Marginal: Inacción de Cervellón.] Muy lejos estaba de obrar conforme
-al común deseo. El general español había venido a Alcira cuando supo el
-paso de los franceses por las Cabrillas, y su marcha sobre Valencia.
-Allí permaneció tranquilo, y no trató de disputar a Moncey el paso
-del Júcar después de su derrota delante de los muros de la capital.
-Tachósele de remiso, principalmente porque habiendo consultado a los
-oficiales superiores sobre el rumbo que en tal oportunidad convendría
-seguir, opinaron todos que se impidiese a los franceses cruzar el río:
-no abrazó su dictamen fundándose en lo indisciplinados que todavía
-estaban sus soldados: prudencia quizá laudable, pero amargamente
-censurada en aquellos tiempos.
-
-[Marginal: Conducta laudable de Llamas.]
-
-Perjudicó también a su fama, aun en el concepto de los juiciosos,
-la contraposición que con la suya formó la conducta de Don Pedro
-González de Llamas y la de Don José Caro. A este le hemos visto acudir
-al socorro de Valencia, y si bien no con feliz éxito por lo menos
-retardó con su movimiento el progreso del enemigo, lo cual fue de
-suma utilidad para que se preparasen los vecinos de la ciudad a una
-notable y afortunada resistencia. El general Llamas que de Murcia se
-había acercado al puerto de Almansa, noticioso por su parte de que los
-franceses iban a embestir a Valencia, había avanzado rápidamente y
-colocádose a la espalda en Chiva, cortándoles así sus comunicaciones
-con el camino de Cuenca. Y después obedeciendo las órdenes de la
-junta provincial hostigó al enemigo hasta el Júcar, en donde se paró
-asombrado de que Cervellón hubiese permanecido inactivo. Prodigáronse
-pues alabanzas a Llamas, y achacose a Cervellón la culpa de no haber
-derrotado al ejército de Moncey antes de la salida del territorio
-valenciano. Como quiera que fuese, costole al fin el mando tal modo
-de comportarse, graduado por los más de reprensible timidez. Moncey
-prosiguió su retirada incomodado por el paisanaje, y a punto que no
-osaba desviarse del camino real. Pasó el 2 de julio el puerto de
-Almansa, y en Albacete hizo alto y dio descanso a sus fatigadas tropas.
-
-[Marginal: Enfermedad de Murat.]
-
-Entretanto no sabía el gobierno de Madrid cuál partido le convenía
-abrazar. Notaba con desconsuelo burladas sus esperanzas, no habiendo
-reprimido prontamente la insurrección de las provincias con las
-expediciones enviadas al intento. Temía también que las tropas
-desparramadas por diversos y lejanos puntos, y molestadas sin gozar de
-un instante de sosiego, no acabasen por perder la disciplina. Mucho
-contribuyó a su desconcierto la enfermedad grave de que fue acometido
-el gran duque de Berg en los primeros días de junio, con lo cual se
-hallaron los individuos de la junta faltos de un centro principal que
-diera unión y fuerza. Hubo entre los suyos quien le creyó envenenado, y
-entre los españoles no faltó también quien atribuyera su mal a castigo
-del cielo por las tropelías y asesinatos del 2 de mayo. Los ociosos y
-lenguaraces buscaban el principio en un origen impuro, dando lugar a
-sus sueltas palabras los deslices de que no estaba exento el duque.
-Mas la verdadera enfermedad de este era uno de aquellos cólicos por
-desgracia harto comunes en la capital del reino, y que por serlo tanto
-los ha distinguido en una disertación el docto Luzuriaga con el nombre
-de cólicos de Madrid. Agregáronsele unas tercianas tan pertinaces y
-recias que descaeciendo su espíritu y su cuerpo, tuvo que conformarse
-con el dictamen de los facultativos de trasladarse a Francia, y tomar
-las aguas termales de Barèges. [Marginal: Enfermedades en su ejército.
-Opinión de Larrey.] Provocó también a sospecha de emponzoñamiento el
-haber amalado muchos de los soldados franceses, y muerto algunos con
-síntomas de índole dudosa. Para serenar los ánimos el barón Larrey,
-primer cirujano del ejército invasor, examinó los alimentos, y el
-boticario mayor del mismo Mr. Laubert analizó detenidamente el vino
-que se les vendía en varias tabernas y bodegones de dentro y fuera de
-Madrid. Nada se descubrió de nocivo en el líquido, solamente a veces
-había con él mezcladas algunas sustancias narcóticas más o menos
-excitativas, como el agua de laurel y el pimiento que para dar fuerza
-suelen los vinateros y vendedores añadir al vino de la Mancha, a
-semejanza del óxido de plomo o sea litargirio que se emplea en algunos
-de Francia para corregir su acedía. La mixtión no causaba molestia a
-los españoles por la costumbre, y sobre todo por su mayor sobriedad:
-dañó extremadamente a los franceses no habituados a aquella bebida, y
-que abusaban en sumo grado de los vinos fuertes y licorosos de nuestro
-terruño. El examen y declaración de Larrey y Laubert tranquilizó a los
-franceses, recelosos de cualquiera asechanza de parte de un pueblo
-gravemente ofendido; pero el de España con dificultad hubiera recurrido
-para su venganza a un medio que no le era usual, cuando tantos otros
-justos y nobles se le presentaban.
-
-[Marginal: Savary sucede a Murat.]
-
-En lugar de Murat envió Napoleón a Madrid al general Savary, el que
-llegó el 15 de junio. No agradó la elección a los franceses, habiendo
-en su ejército muchos que por su graduación y militar renombre
-reputábanse como muy superiores. Asimismo en el concepto de algunos
-menoscababa la estimación de la persona escogida, el haber sido con
-frecuencia empleada en comisiones más propias de un agente de policía
-que de quien había servido en la carrera honorífica de las armas. No
-era tampoco entre los españoles juzgado Savary con más ventaja, porque
-habiendo sido el celador asiduo del viaje de Fernando, coadyuvó con
-palabras engañosas a arrastrarle a Bayona. Sin embargo su nombre no era
-ni tan conocido ni odiado como el de Murat: además llegó en sazón en
-que muy poco se curaban en las provincias de lo que se hacía o deshacía
-en Madrid. Asuntos inmediatos y de mayor cuantía embargaban toda la
-atención.
-
-[Marginal: Singular comisión de Savary.]
-
-El encargo confiado a Savary era nuevo y extraño en su forma.
-Autorizado con iguales facultades que el lugarteniente Murat, no le era
-lícito poner su firma en resolución alguna. Al general Belliard tocaba
-con la suya legalizarlas. El uno leía las cartas, oficios e informes
-dirigidos al lugarteniente; respondía, determinaba: el otro ceñíase a
-manera de una estampilla viva a firmar lo que le era prescrito. Los
-decretos se encabezaban a nombre del gran duque como si estuviese
-presente o hubiese dejado sus poderes a Savary, y este disponiendo
-en todo soberanamente, incomodaba a varios de los otros jefes que se
-consideraban desairados.
-
-[Marginal: Su conducta.]
-
-Para mostrar que él era la suprema cabeza, a su llegada se alojó
-en palacio, y tomó sin tardanza providencias acomodadas al caso.
-Prosiguió las fortificaciones del Retiro, y construyó un reducto
-alrededor de la fábrica real de porcelana allí establecida, y a que
-dan el nombre de casa de la China, en donde almacenó las vituallas
-y municiones de guerra. Pensó después en sostener los ejércitos
-esparcidos por las provincias. Tal había sido la orden verbal de
-Napoleón, quien juzgaba, «ser lo más importante ocupar muchos puntos,
-a fin de derramar por todas partes las novedades que había querido
-introducir...» Conforme a ella e incierto de la suerte de Dupont, cuya
-correspondencia estaba cortada, [Marginal: Envía a Vedel para reforzar
-a Dupont.] resolvió Savary reforzarle con las tropas mandadas por el
-general Vedel que se hallaban en Toledo. Ascendían a 6000 infantes
-y 700 caballos con doce cañones. El 19 de junio salieron de aquella
-ciudad, juntándoseles en el camino los generales Roize y Liger-Belair
-con sus destacamentos, los cuales hemos visto fueron compelidos a
-recogerse a Madridejos por la insurrección general de la Mancha.
-
-Los franceses por todas partes se encontraban con pueblos solitarios,
-incomodándoles a menudo los tiros del paisanaje oculto detrás de
-los crecidos panes, y ¡ay de aquellos que se quedaban rezagados! No
-obstante asomaron sin notable contratiempo a Despeñaperros en la mañana
-del 26 de junio. [Marginal: Paso de Sierra Morena.] La posición estaba
-ocupada por el teniente coronel español Don Pedro Valdecañas empleado
-antes en la persecución de contrabandistas por aquellas sierras, y
-ahora apostado allí con objeto de que colocándose a la retaguardia
-de Dupont, le interceptase la correspondencia e impidiese el paso
-de los socorros que de Madrid le llegasen. Había atajado el camino
-en lo más estrecho con troncos, ramas y peñascos, desmoronándole del
-lado del despeñadero, y situando detrás seis cañones. Paisanos los
-más de su tropa, y él mismo poco práctico en aquella clase de guerra,
-desaprovechó la superioridad que le daba el terreno. Cedieron luego
-los nuestros al ataque bien concertado de los franceses, perdieron
-la artillería, y Vedel prosiguió sin embarazo a la Carolina, en cuya
-ciudad se le incorporó un trozo de gente que le enviaba Dupont a las
-órdenes del oficial Baste, el saqueador de Jaén. Llevada pues a feliz
-término la expedición, creyó Vedel conveniente enviar atrás alguna
-tropa para reforzar ciertos puntos que eran importantes, y conservar
-abierta la comunicación. Por lo demás bien que pareciesen cumplidos
-los deseos del enemigo en la unión de Vedel y Dupont, pudiendo no
-solo corresponder libremente con Madrid, mas aun hacer rostro a los
-españoles y desbaratar sus mal formadas huestes: no tardaremos en ver
-cuán de otra manera de lo que esperaban remataron las cosas.
-
-[Marginal: Refuerzos enviados a Moncey.]
-
-Aquejábale igualmente a Savary el cuidado de Moncey, cuya suerte
-ignoraba. Después de haberse adelantado este mariscal más allá de la
-provincia de Cuenca, habían sido interrumpidas sus comunicaciones,
-hechos prisioneros soldados suyos sueltos y descarriados, y aun algunas
-partidas. Juntándose pues número considerable de paisanos alentados
-con aquellos que calificaban de triunfos, fue necesario pensar en
-dispersarlos. Con este objeto se ordenó al general Caulincourt
-apostado en Tarancón, que marchase con una brigada sobre Cuenca.
-[Marginal: Caulincourt saquea a Cuenca.] Dio vista a la ciudad el 3
-de julio, y una gavilla de hombres desgobernada le hizo fuego en las
-cercanías a bulto y por corto espacio. Bastó semejante demostración
-para entregar a un horroroso saco aquella desdichada ciudad. Hubo
-regidores e individuos del cabildo eclesiástico que saliendo con
-bandera blanca quisieron implorar la merced del enemigo; mas resuelto
-este al pillaje sin atender a la señal de paz, los forzó a huir
-recibiéndolos a cañonazos. Espantáronse a su ruido los vecinos y casi
-todos se fugaron, quedando solamente los ancianos y enfermos y cinco
-comunidades religiosas. No perdonaron los contrarios casa ni templo
-que no allanasen y profanasen. No hubo mujer por enferma o decrépita
-que se libertase de su brutal furor. Al venerable sacerdote Don
-Antonio Lorenzo Urbán, de edad de ochenta y tres años, ejemplar por sus
-virtudes, le traspasaron de crueles heridas, después de recibir de
-sus propias manos el escaso peculio que todavía su ardiente caridad
-no había repartido a los pobres. Al franciscano P. Gaspar Navarro,
-también octogenario, atormentáronle crudamente para que confesase
-dinero que no tenía. Otras y no menos crueles, bárbaras y atroces
-acciones mancharon el nombre francés en el no merecido saco de Cuenca.
-
-No satisfecho Savary con el refuerzo que se enviaba a Moncey al mando
-de Caulincourt, despachó otro nuevo a las órdenes del general Frère,
-[Marginal: Frère.] el mismo que antes había ido a apaciguar a Segovia.
-Llegó este a Requena el 5 de julio, donde noticioso de que Moncey se
-retiraba del lado de Almansa, y de estar guardadas las Cabrillas por el
-general español Llamas, revolvió sobre San Clemente, y se unió con el
-mariscal. Poco después informado Savary de haberse puesto en cobro las
-reliquias de la expedición de Valencia, y deseoso de engrosar su fuerza
-en derredor suyo, mandó a Caulincourt y a Frère que se restituyesen a
-Madrid: con lo que enflaquecido el cuerpo de Moncey y quizá ofendido
-este de que un oficial inferior en graduación y respetos pudiese
-disponer de la gente que debía obedecerle, desistió de toda empresa
-ulterior, y se replegó a las orillas del Tajo.
-
-Los franceses que esparcidos no habían conseguido las esperadas
-ventajas, comenzaron a pensar en mudar de plan, y reconcentrar más sus
-fuerzas. Napoleón sin embargo tenaz en sus propósitos insistía en que
-Dupont permaneciese en Andalucía, al paso que mereció su desaprobación
-el que le enviasen continuados refuerzos. [Marginal: Segundo refuerzo
-llevado a Dupont por el general Gobert.] Savary inmediato al teatro
-de los acontecimientos, y fiado en el favor de que gozaba, tomó sobre
-sí obrar por rumbo opuesto, e indicó a Dupont la conveniencia de
-desamparar las provincias que ocupaba. Para que con más desembarazo
-pudiera este jefe efectuar el movimiento retrógrado, dirigió aquel
-sobre Manzanares al general Gobert con su división, en la que estaba la
-brigada de coraceros que había en España. Mas Dupont ya fuese temor de
-su posición, o ya deseos de conservarse en Andalucía, ordenó a Gobert
-que se le incorporase, y este se sometió a dicho mandato después de
-dejar un batallón en Manzanares y otro en el Puerto del Rey.
-
-[Marginal: Desatiende a Bessières.]
-
-Tan discordes andaban unos y otros, como acontece en tiempos
-borrascosos, estando solo conformes y empeñados en aumentar fuerzas
-hacia el mediodía. Y al mismo tiempo el punto que más urgía auxiliar
-que era el de Bessières, amenazado por las tropas de Galicia, León
-y Asturias, quedaba sin ser socorrido. Claro era que una ventaja
-conseguida por los españoles de aquel lado, comprometería la suerte de
-los franceses en toda la península, interrumpiría sus comunicaciones
-con la frontera, y los dejaría a ellos mismos en la imposibilidad
-de retirarse. Pues a pesar de reflexión tan obvia desatendiose a
-Bessières, y solo tarde y con una brigada de infantería y 300 caballos
-se acudió de Madrid en su auxilio. Felizmente para el enemigo la
-fortuna le fue allí más favorable; merced a la impericia de ciertos
-jefes españoles.
-
-[Marginal: Cuesta.]
-
-Después de la batalla de Cabezón se había retirado a Benavente el
-general Cuesta. Recogió dispersos, prosiguió los alistamientos, y se
-le juntaron el cuerpo de estudiantes de León y y el de Covadonga de
-Asturias. Diéronse en aquel punto las primeras lecciones de táctica a
-los nuevos reclutas, se los dividió en batallones que llamaron tercios,
-y esmerose en instruirlos don José de Zayas. De esta gente se componía
-la infantería de Cuesta, limitándose la caballería al regimiento de la
-Reina y guardias de Corps que estuvieron en Cabezón, y al escuadron de
-carabineros que antes había pasado a Asturias. Era ejército endeble
-para salir con él a campaña, si las tropas de la última provincia y
-las de Galicia no obraban al propio tiempo y mancomunadamente. Por
-lo cual con instancia pidió el general Cuesta que avanzasen y se le
-reuniesen. La junta de Asturias propensa a condescender con sus ruegos,
-fue detenida por las oportunas reflexiones de su presidente el marqués
-de Santa Cruz de Marcenado, manifestando en ellas que lejos de acceder,
-se debía exhortar al capitán general de Castilla a abandonar sus llanos
-y ponerse al abrigo de las montañas; pues no teniendo soldados ni unos
-ni otros sino hombres, infaliblemente serían deshechos en descampado, y
-se apagaría el entusiasmo que estaba tan encendido. Convencida la junta
-de lo fundado de las razones del marqués, acordó no desprenderse de su
-ejército, y solo por halagar a la multitud consintió en que quedase
-unido a los castellanos el regimiento de Covadonga, compuesto de más
-de 1000 hombres, y mandado por Don Pedro Méndez de Vigo, y además que
-otros tantos bajasen a León del puerto de Leitariegos a las órdenes del
-mariscal de campo conde de Toreno, padre del autor.
-
-También encontró en Galicia la demanda de Cuesta graves dificultades.
-Había sido el plan de Filangieri fortificar a Manzanal, y organizar
-allí y en otros puntos del Bierzo sus soldados, antes de aventurar
-acción alguna campal. Mas la junta de Galicia atenta a la quebrantada
-salud de aquel general y al desvío con que por extranjero le
-miraban algunos, relevándole del mando activo, le había llamado a
-la Coruña, y nombrado en su lugar al cuartel maestre general Don
-Joaquín Blake. Púsose este al frente del ejército el 21 de junio, y
-perseguido Filangieri de adversa estrella pereció como hemos dicho
-el 24. Persistió Blake en el plan anterior de adiestrar la tropa,
-esperando que con los cuerpos que había en Galicia, los de Oporto y
-nuevos alistados, conseguiría armar y disciplinar 40.000 hombres.
-La inquietud de los tiempos le impidió llevar su laudable propósito
-a cumplido efecto. Deseoso de examinar y reconocer por sí la sierra
-y caminos de Foncebadón y Manzanal había salido de Villafranca,
-[Marginal: Ejército de Galicia después de la muerte de Filangieri.]
-y pareciéndole conveniente tomar posición en aquellas alturas que
-forman una cordillera avanzada de la del Cebrero y Piedrafita, límite
-de Galicia, se situó allí extendiendo su derecha hasta el Monte
-Teleno que mira a Sanabria, y su izquierda hacia el lado de León por
-la Cepeda. Así no solamente guarecía todas las entradas principales
-de Galicia, sino también disfrutaba de los auxilios que ofrecía el
-Bierzo. Empezaba pues a poner en planta su intento de ejercitar y
-organizar su gente, cuando el 28 de junio se le presentó Don José
-de Zayas rogándole a nombre del general Cuesta que con todo o parte
-de su ejército avanzase a Castilla. Negose Blake, y entonces pasó
-el comisionado a avistarse con la junta de la Coruña de quien aquel
-dependía. La desgracia ocurrida con Filangieri, el terror que infundió
-su muerte, las instancias de Cuesta y los deseos del vulgo que casi
-siempre se gobierna más bien por impulso ciego que por razón, lograron
-que triunfase el partido más pernicioso; habiéndose prevenido a Blake
-que se juntase con el ejército de Castilla en las llanuras. Poco antes
-de haber recibido la orden redujo aquel general a cuatro divisiones las
-seis en que a principios de junio se había distribuido la fuerza de su
-mando, ascendiendo su número a unos 27.000 hombres de infantería, con
-más de 30 piezas de campaña y 150 caballos de distintos cuerpos. Tomó
-otras disposiciones con acierto y diligencia, y si al saber y práctica
-militar que le asistía se le hubiera agregado la conveniente fortaleza
-o mayor influjo para contrarrestar la opinión vulgar, hubiera al fin
-arreglado debidamente el ejército puesto a sus órdenes. Mas oprimido
-bajo el peso de aquella, tuvo que ceder a su impetuoso torrente, y
-pasar en los primeros días de julio a unirse en Benavente con el
-general Cuesta. Dejó solo en Manzanal la segunda división compuesta de
-cerca de 6000 hombres a las órdenes del mariscal de campo Don Rafael
-Martinengo, y en la Puebla de Sanabria un trozo de 1000 hombres a las
-del marqués de Valladares, el que obró después en Portugal de concierto
-con el ejército de aquella nación. Llegado que fue a Benavente con las
-otras tres divisiones, dejó allí la tercera al mando del brigadier
-Don Francisco Riquelme sirviendo como de reserva, y constando de 5000
-hombres. Púsose en movimiento camino de Rioseco con la primera y cuarta
-división acaudilladas por el jefe de escuadra Don Felipe Jado Cagigal
-y el mariscal de campo marqués de Portago; llevó además el batallón de
-voluntarios de Navarra que pertenecía a la tercera. Se había también
-arreglado para la marcha una vanguardia que guiaba el conde de Maceda,
-grande de España, y coronel del regimiento de infantería de Zaragoza.
-Ascendía el número de esta fuerza a 15.000 hombres, la cual formaba con
-la de Cuesta un total de 22.000 combatientes. Contábanse entre unos y
-otros muchos paisanos vestidos todavía con su humilde y tosco traje, y
-no llegaban a 500 los jinetes. Reunidos ambos generales tomó el mando
-el de Castilla como más antiguo, si bien era muy inferior en número
-y calidad su tropa. No reinaba entre ellos la conveniente armonía.
-Repugnábanle a Blake muchas ideas de Cuesta, y ofendíase este de que un
-general nuevamente promovido y por una autoridad popular pudiese ser
-obstáculo a sus planes. Pero el primero por desgracia sometiéndose a la
-superioridad que daban al de Castilla los años, la costumbre del mando
-y sobre todo ser su dictamen el que con más gusto y entusiasmo abrazaba
-la muchedumbre, no se opuso según hemos visto a salir de Benavente ni
-al tenaz propósito de ir al encuentro del enemigo por las llanuras que
-se extendían por el frente.
-
-[Marginal: Batalla de Rioseco, 14 de julio.]
-
-Noticiosos los franceses del intento de los españoles quisieron
-adelantárseles, y el 9 salió de Burgos el general Bessières. No estaban
-el 13 a larga distancia ambos ejércitos, y al amanecer del 14 de julio
-se avistaron sus avanzadas en Palacios, legua y media distante de
-Rioseco. El de los franceses constaba de 12.000 infantes y más de 1500
-caballos: superior en número el de los españoles era inferiorísimo
-en disciplina, pertrechos y sobre todo en caballería, tan necesaria
-en aquel terreno, siendo de admirar que con ejército tan novel y
-desapercibido se atreviese Cuesta a arriesgar una acción campal.
-
-La desunión que había entre los generales españoles, si no del todo
-manifiesta todavía, y la condición imperiosa y terca del de Castilla,
-impidieron que de antemano se tomasen mancomunadamente las convenientes
-disposiciones. Blake, en la tarde del 13, al aviso de que los franceses
-se acercaban, pasó desde Castromonte, en donde tenía su cuartel
-general, a Rioseco, en cuya ciudad estaba el de Cuesta, y juntos se
-contentaron con reconocer el camino que va a Valladolid, persuadido el
-último que por allí habían de atacar los franceses. A esto se limitaron
-las medidas previamente combinadas.
-
-Volviendo Don Joaquín Blake a su campo, preparó su gente, reconoció
-de nuevo el terreno, y a las dos de la madrugada del 14 situó sus
-divisiones en el paraje que le pareció más ventajoso, no esperando
-grande ayuda de la cooperación de Cuesta. Empezó sin embargo este a
-mover su tropa en la misma dirección a las cuatro de la mañana; pero
-de repente hizo parada, sabedor de que el enemigo avanzaba del lado
-de Palacios a la izquierda del camino que de Rioseco va a Valladolid.
-Advertido Blake tuvo también que mudar de rumbo y encaminarse a aquel
-punto. Ya se deja discurrir de cuánto daño debió de ser para alcanzar
-la victoria movimiento tan inesperado, teniendo que hacerse por
-paisanos y tropas bisoñas. Culpa fue grande del general de Castilla
-no estar mejor informado en un tiempo en que todos andaban solícitos
-en acechar voluntariamente los pasos del ejército francés. Cuesta
-temiendo ser atacado pidió auxilio al general Blake, quien le envió
-su cuarta división al mando del marqués de Portago, y se colocó él
-mismo con la vanguardia, los voluntarios de Navarra y primera división
-en la llanura que a manera de mesa forma lo alto de una loma puesta
-a la derecha del camino que media entre Rioseco y Palacios, y a cuyo
-descampado llaman los naturales campos de Monclín. Constaba esta fuerza
-de 9000 hombres. No era respetable la posición escogida, siendo por
-varios puntos de acceso no difícil. Cuesta se situó detrás a la otra
-orilla del camino, dejando entre sus cuerpos y los de Blake un claro
-considerable. Mantúvose así apartado por haber creído, según parece,
-que eran franceses los soldados del provincial de León que se mostraron
-a lo lejos por su izquierda, y quizá también llevado de los celos que
-le animaban contra el otro general su compañero.
-
-Al avanzar dudó un momento el mariscal Bessières si acometería a
-los españoles, imaginándose que eran muy superiores en número a los
-suyos. Pero habiendo examinado de más cerca la extraña disposición,
-por la cual quedaba un claro en tanto grado espacioso que parecían las
-tropas de su frente más bien ejércitos distintos que separados trozos
-de uno mismo y solo, recordó lo que había pasado allá en Cabezón, y
-arremetiendo sin tardanza resolvió interponerse entre Blake y Cuesta.
-Había juzgado el francés que eran dos líneas diversas, y que la
-ignorancia e impericia de los jefes había colocado a los soldados tan
-distantes unos de otros. Difícil era por cierto presumir que el interés
-de la patria, o por lo menos el honor militar, no hubiese acallado en
-un día de batalla mezquinas pasiones. Nosotros creemos que hubo de
-parte de Cuesta el deseo de campear por sí solo y acudir al remedio
-de la derrota luego que hubiese visto destrozado en parte o por lo
-menos muy comprometido a su rival. No era dado a su ofendido orgullo
-descubrir lo arriesgado y aun temerario de tal empresa. De su lado
-Blake hubiera obrado con mayor prudencia si conociendo la inflexible
-dureza de Cuesta, hubiese evitado exponerse a dar batalla con una parte
-reducida de su ejército.
-
-Prosiguiendo Bessières en su propósito ordenó que el general Merle y
-Sabatier acometiesen el primero la izquierda de la posición de Blake
-y el segundo su centro. Iba con ellos el general Lassalle acompañado
-de dos escuadrones de caballería. Resistieron con valor los nuestros,
-y muchos aunque bisoños aguantaron la embestida, como si estuvieran
-acostumbrados al fuego de largo tiempo. Sin embargo el general Merle
-encaramándose del lado del camino por el tajo de la meseta, los
-nuestros comenzaron a ciar, y a desordenarse la izquierda de Blake. En
-tanto avanzaba Mouton para acometer a los de Cuesta, e interponerse
-entre los dos grandes y separados trozos del ejército español. A su
-vista los carabineros reales y guardias de Corps, sin aguardar aviso
-se movieron y en una carga bizarrísima arrollaron las tropas ligeras
-del enemigo, y las arrojaron en una torrentera de las que causan en
-aquel país las lluvias. Fue al socorro de los suyos la caballería de la
-guardia imperial, y nuestros jinetes cediendo al número se guarecieron
-de su infantería. Cayeron muertos en aquel lance los ayudantes mayores
-de carabineros Escobedo y Chaperón, lidiando este bravamente y cuerpo
-a cuerpo con varios soldados del ejército contrario. Arreciando la
-pelea, se adelantó la cuarta división de Galicia, puesta antes a las
-órdenes inmediatas de Cuesta con consentimiento de Blake. Dicen unos
-que obró por impulso propio, otros por acertada disposición del primer
-general. Iban en ella dos batallones de granaderos entresacados de
-varios regimientos, el provincial de Santiago y el de línea de Toledo,
-a los que se agregaron algunos bisoños entre otros el de Covadonga.
-Arremetieron con tal brío que fueron los franceses rechazados y
-deshechos, cogiendo los nuestros cuatro cañones. Momento apurado para
-el enemigo y que dio indicio de cuán otro hubiera sido el éxito de la
-batalla a haber habido mayor acuerdo entre los generales españoles.
-Mas la adquirida ventaja duró corto tiempo. En el intervalo había
-crecido el desorden y la derrota en las tropas de Blake. En balde este
-general había querido contener al enemigo con la columna de granaderos
-provinciales que tenía como en reserva. Estos no correspondieron a lo
-que su fama prometía por culpa en gran parte de algunos de los jefes.
-Fueron como los demás envueltos en el desorden, y caballos enemigos
-que subieron a la altura acabaron de aumentar la confusión. Entonces
-Merle más desembarazado revolvió sobre la cuarta división que había
-alcanzado la ventaja arriba indicada, y flanqueándola por su derecha la
-contuvo y desconcertó. Los franceses luego acometieron intrépidamente
-por todos lados, extendiéronse por la meseta o alto de la posición de
-Blake, y todo lo atropellaron y desbarataron, apoderándose de nuestras
-no aguerridas tropas la confusión y el espanto. Individualmente hubo
-soldados, y sobre todo oficiales que vendieron caras sus vidas,
-contándose entre los más valerosos al ilustre conde de Maceda, quien,
-_pródigo de su grande alma_, cual otro Paulo, prefirió arrojarse a
-la muerte antes que ver con sus ojos la rota de los suyos. Vanos
-fueron los esfuerzos del general Blake y de los de su estado mayor,
-particularmente de los distinguidos oficiales Don Juan Moscoso, Don
-Antonio Burriel y Don José Maldonado para rehacer la gente. Eran sordos
-a su voz los más de los soldados, manteniéndose por aquel punto solo
-unido y lidiando el batallón de voluntarios de Navarra mandado por
-el coronel Don Gabriel de Mendizábal. Cundiendo el desorden no fue
-tampoco dable a Cuesta impedir la confusión de los suyos, y ambos
-generales españoles se retiraron a corta distancia uno de otro sin ser
-muy molestados por el enemigo; pero entre sí con ánimo más opuesto
-y enconado. Tomaron el camino de Villalpando y Benavente. Pasó de
-4000 la pérdida de los nuestros entre muertos, heridos, prisioneros
-y extraviados, con varias piezas de artillería. De los contrarios
-perecieron unos 300 y más de 700 fueron los heridos. Lamentable
-jornada debida a la obstinada ceguedad e ignorancia de Cuesta, al poco
-concierto entre él y Blake, y a la débil y culpable condescendencia
-de la junta de Galicia. La tropa bisoña y aun el paisanaje habiendo
-peleado largo rato con entusiasmo y denuedo, claramente mostraron lo
-que con mayor disciplina y mejor acuerdo de los jefes hubieran podido
-llevar a glorioso remate. Mucho perjudicó a la causa de la patria tan
-triste suceso. Se perdieron hombres, se consumieron en balde armas y
-otros pertrechos, y sobre todo se menoscabó en gran manera la confianza.
-
-Rioseco pagó duramente la derrota padecida casi a sus puertas. Nunca
-pudo autorizar el derecho de la guerra el saqueo y destrucción de un
-pueblo que por sí no había opuesto resistencia. Mas el enemigo con
-pretexto de que soldados dispersos habían hecho fuego cerca de los
-arrabales, entró en la ciudad matando por calles y plazas. Los vecinos
-que quisieron fugarse murieron casi todos a la salida. Allanaron los
-franceses las casas, los conventos y los templos, destruyeron las
-fábricas, robándolo todo y arruinándolo. Quitaron la vida a mozos,
-ancianos y niños, a religiosos y a varias mujeres, violándolas a
-presencia de sus padres y maridos. Lleváronse otras al campamento,
-abusando de ellas hasta que hubieron fallecido. Quemaron más de
-cuarenta casas, y coronaron tan horrorosa jornada con formar de la
-hermosa iglesia de Santa Cruz un infame lupanar, en donde fueron
-víctima del desenfreno de la soldadesca muchas monjas, sin que se
-respetase aun a las muy ancianas. No pocas horas duró el tremendo
-destrozo.
-
-[Marginal: Avanza Bessières a León.]
-
-Bessières después de avanzar hasta Benavente persiguió a Cuesta camino
-de León, a cuya ciudad llegó este el 17, abandonándola en la noche del
-18 para retirarse hacia Salamanca. El general francés que había dudado
-antes si iría o no a Portugal, sabiendo este movimiento y el que Blake
-y los asturianos se habían replegado detrás de las montañas, desistió
-de su intento y se contentó con entrar en León y recorrer la tierra
-llana. [Marginal: Su correspondencia con Blake.] Desde el 22 abrió el
-mariscal francés correspondencia con Blake haciéndole proposiciones muy
-ventajosas para que él y su ejército reconociesen a José. Respondiole
-el general español con firmeza y decoro, concluyendo los tratos con
-una carta de este demasiadamente vanagloriosa, y una respuesta de su
-contrario atropellada y en que se pintaba el enfado y despecho.
-
-La batalla de Rioseco, fatal para los españoles, llenó de júbilo a
-Napoleón, comparándola con la de Villaviciosa que había asegurado la
-corona en las sienes de Felipe V. Satisfecho con la agradable nueva, o
-más bien sirviéndole de honroso y simulado motivo, abandonó a Bayona,
-de donde el 21 de julio por la noche salió para París, visitando antes
-los departamentos del mediodía. No fue la vez primera ni la única en
-que alejándose a tiempo, procuraba que sobre otros recayesen las faltas
-y errores que se cometían en su ausencia.
-
-[Marginal: Viaje de José a Madrid.]
-
-José, a quien dejamos a la raya de España y pisando su territorio, el
-9 de julio había seguido su camino a cortas jornadas. A doquiera
-que llegaba acogíanle friamente; las calles de los pueblos estaban en
-soledad y desamparo, y no había para recibirle sino las autoridades
-que pronunciaban discursos, forzadas por la ocupación francesa. El
-16 supo en Burgos las resultas de la batalla de Rioseco, con lo que
-más desahogadamente le fue lícito continuar su viaje a Madrid. En el
-tránsito quiso manifestarse afable, lo cual dio ocasión a los satíricos
-donaires de los que le oían. Porque poco práctico en la lengua
-española, alteraba su pureza con vocablos y acento de la italiana, y
-sus arengas en vez de cautivar los ánimos solo los movían a risa y
-burla.
-
-[Marginal: Su entrada en la capital.]
-
-El 20 en fin llegó a Chamartín a mediodía y se apeó en la quinta del
-duque del Infantado, disponiéndose a hacer su entrada en Madrid.
-Verificola pues en aquella propia tarde a las seis y media, yendo
-por la puerta de Recoletos, calle de Alcalá y Mayor hasta palacio.
-Habían mandado colgar y adornar las casas. Raro o ninguno fue el
-vecino que obedeció. Venía escoltado para seguridad y mayor pompa
-de mucha infantería y caballería, generales y oficiales de estado
-mayor, y contados españoles de los que estaban más comprometidos.
-Interrumpíase la silenciosa marcha con los solos vivas de algunos
-franceses establecidos en Madrid, y con el estruendo de la artillería.
-Las campanas en lugar de tañer como a fiesta las hubo que doblaron
-a manera de día de difuntos. Pocos fueron los habitantes que se
-asomaron o salieron a ver la ostentosa solemnidad. Y aun el grito de
-uno que prorrumpió en _viva Fernando VII_, causó cierto desorden por
-el recelo de alguna oculta trama. Recibimiento que representaba al
-vivo el estado de los ánimos, y singular en su contraste con el que
-se había dado a Fernando VII en 24 de marzo. Asemejose muy mucho al
-de Carlos de Austria en 1710, en el que se mezclaron con los pocos
-vítores que le aplaudían, varios que osaron aclamar a Felipe V. Pero
-José no se ofendió ni de extraños clamores ni de la expresiva soledad
-como el austriaco. Este al llegar a la puerta de Guadalajara torció a
-la derecha y se salió por la calle de Alcalá diciendo: «que era una
-corte sin gente.» José se posesionó de Palacio y desde luego admitió a
-cumplimentarle a las autoridades, consejos y principales personas al
-efecto citadas.
-
-[Marginal: Retrato de José.]
-
-Ahora no parecerá fuera de propósito que nos detengamos a dar una
-idea, si bien sucinta, del nuevo rey, de su carácter y prendas.
-Comenzaremos por asentar con desapasionada libertad, que en tiempos
-serenos y asistido de autoridad, si no más legítima por lo menos de
-origen menos odioso, no hubiera el intruso deshonrado el solio, mas
-sí cooperado a la felicidad de España. José había nacido en Córcega,
-año de 1768. Habiendo estudiado en el colegio de Autun en Borgoña,
-volvió a su patria en 1785 en donde después fue individuo de la
-administración departamental, a cuya cabeza estaba el célebre Paoli.
-Casado en 1794 con una hija de Mr. Clary, hombre de los más acaudalados
-de Marsella, acompañó al general Bonaparte en su primera campaña de
-Italia. Hallábase embajador en Roma a la sazón que sublevándose el
-pueblo acometió su palacio y mató a su lado al general Duphot. Miembro
-a su regreso del consejo de los Quinientos, defendió con esfuerzo a su
-hermano que entonces en Egipto era vivamente atacado por el directorio.
-Después de desempeñar comisiones importantes y de haber firmado el
-concordato con el Papa, los tratados de Luneville, Amiens y otros,
-tomó asiento en el senado. Mas cuando Napoleón convirtió la Francia
-en un vasto campo militar y sus habitantes en soldados, ciñó a su
-hermano la espada, dándole el mando del cuarto regimiento de línea,
-uno de los destinados al tan pregonado desembarco de Inglaterra. No
-descolló empero en las armas, cual conviniera al que fue a domeñar
-después una nación fiera y altiva como la española. Al subir Napoleón
-al trono ofreció a José la corona de Lombardía que se negó a admitir,
-accediendo en 1806 a recibir la de Nápoles, cuyo reino gobernó con
-algún acierto. Fue en España más desgraciado a pesar de las prendas que
-le adornaban. Nacido en la clase particular y habiendo pasado por los
-vaivenes y trastornos de una gran revolución política, poseía a fondo
-el conocimiento de los negocios públicos y el de los hombres. Suave
-de condición, instruido y agraciado de rostro, y atento y delicado en
-sus modales, hubiera cautivado a su partido las voluntades españolas,
-si antes no se las hubiera tan gravemente lastimado en su pundonoroso
-orgullo. Además la extrema propensión de José a la molicie y deleites
-oscureciendo algún tanto sus bellas dotes, dio ocasión a que se
-inventasen respecto de su persona ridículas consejas y cuentos creídos
-por una multitud apasionada y enemiga. Así fue que no contentos con
-tenerle por ebrio y disoluto, deformáronle hasta en su cuerpo fingiendo
-que era tuerto. Su misma locución fácil y florida perjudicole en
-gran manera, pues arrastrado de su facundia se arrojaba, como hemos
-advertido, a pronunciar discursos en lengua que no le era familiar,
-cuyo inmoderado uso unido a la fama exagerada de sus defectos, provocó
-a componer farsas populares que, representadas en todos los teatros
-del reino, contribuyeron no tanto al odio de su persona como a su
-desprecio, afecto del ánimo más temible para el que anhela afianzar en
-sus sienes una corona. Por tanto, José, si bien enriquecido de ciertas y
-laudables calidades, carecía de las virtudes bélicas y austeras que se
-requerían entonces en España, y sus imperfecciones, débiles lunares en
-otra coyuntura, ofrecíanse abultadas a los ojos de una nación enojada y
-ofendida.
-
-[Marginal: Su proclamación.]
-
-Los pocos días que el nuevo rey residió en Madrid se pasaron en
-ceremonias y cumplidos. Señalose el 25 de julio para su proclamación.
-Prefirieron aquel día por ser el de Santiago, creyendo así agradar a
-la devoción española que le reconocía como patrón del reino. Hizo las
-veces de alférez mayor el conde de Campo de Alange, estando ausente
-y habiendo rehusado asistir el marqués de Astorga a quien de derecho
-competía.
-
-[Marginal: Su reconocimiento.]
-
-Todas las autoridades, después de haber cumplimentado a José, le
-prestaron, con los principales personajes, juramento de fidelidad. Solo
-se resistieron el consejo de Castilla [Marginal: Consejo de Castilla.]
-y la sala de alcaldes. Muy de elogiar sería la conducta del primero,
-si con empeño y honrosa porfía se hubiera antes constantemente opuesto
-a las resoluciones de la autoridad intrusa. Había sí a veces suprimido
-la fórmula, al publicar sus decretos, de que estos se _guardasen_ y
-_cumpliesen_, pero imprimiéndose y circulándose a su nombre: el pueblo,
-que no se detenía en otras particularidades, achacaba al consejo y
-vituperaba en él la autorización de tales documentos, y los hombres
-entendidos deploraban que se sirviese de un efugio indigno de supremos
-magistrados. Porque al paso que doblaban la cerviz al usurpador,
-buscaban con sutilezas e impropios ardides un descargo a la severa
-responsabilidad que sobre ellos pesaba: proceder que los malquistó con
-todos los partidos.
-
-Desde la llegada de José a España habíase ordenado al consejo que
-se dispusiese a prestar el debido juramento. En el 22 de julio
-expresamente se le reiteró cumpliese con aquel acto, según lo prevenido
-en la constitución de Bayona, la cual ya de antemano se le había
-ordenado que circulase. El consejo sabedor de la resistencia general
-de las provincias, y previendo el compromiso a que se exponía, había
-procurado dar largas, y no antes del 24 respondió a las mencionadas
-órdenes. En dicho día remitió dos representaciones que abrazaban
-ambos puntos el del juramento y el de la constitución. A cerca de la
-última expuso: «que él no representaba a la nación, y sí únicamente
-las cortes, las que no habían recibido la constitución. Que sería
-una manifiesta infracción de todos los derechos más sagrados el que
-tratándose, no ya del establecimiento de una ley sino de la extinción
-de todos los códigos legales y de la formación de otros nuevos, se
-obligase a jurar su observancia antes que la nación los reconociese y
-aceptase.» Justa y saludable doctrina de que en adelante se desvió con
-frecuencia el mismo consejo.
-
-Hasta en el presente negocio cedió al fin respecto de la constitución
-de Bayona, cuya publicación y circulación tuvo efecto con su anuencia
-en 26 de julio. Animáronle a continuar en la negativa del pedido
-juramento los avisos confidenciales que ya llegaban del estado apurado
-de los franceses en Andalucía: por lo cual el 28 insistió en las
-razones alegadas, añadiendo nuevas de conciencia. A unas y a otras
-le hubiera la necesidad obligado a encontrar salida y someterse a lo
-que se le ordenaba, según antes había en todo practicado, si grandes
-acontecimientos allende la Sierra Morena no hubieran distraído de los
-escrúpulos del consejo y suscitado nuevos e impensados cuidados al
-gobierno intruso.
-
-Al llegar aquí de suyo se nombra la batalla de Bailén: memorable suceso
-que exige lo refiramos circunstanciadamente.
-
-[Marginal: Acontecimientos que precedieron a la batalla de Bailén.]
-
-No habrá el lector olvidado como Dupont después de abandonar a Córdoba
-se había replegado a Andújar, y asentando allí su cuartel general,
-sucesivamente había recibido los refuerzos que le llevaron los
-generales Vedel y Gobert. Antes de esta retirada y para impedirla se
-había formado un plan por los españoles. Don Francisco Javier Castaños
-se oponía a que este se realizase, pensando quizá fundadamente que ante
-todo debía organizarse el ejército en un campo atrincherado delante de
-Cádiz. En tanto Dupont frustró con su movimiento retrógrado el intento
-que había habido de rodearle. Alentáronse los nuestros, y solo Castaños
-insistió de nuevo en su anterior dictamen. Inclinábase a adoptarle la
-junta de Sevilla hasta que arrastrada por la voz pública, y noticiosa
-de que tropas de refresco avanzaban a unirse al enemigo, determinó que
-se le atacase en Andújar.
-
-Castaños desde que había tomado el mando del ejército de Andalucía,
-había tratado de engrosarle, y disciplinar a los innumerables paisanos
-que se presentaban a alistarse voluntariamente. En Utrera estableció
-su cuartel general, y en aquel pueblo y Carmona se juntaron unas en
-pos de otras todas las fuerzas, así las que venían de San Roque, Cádiz
-y Sevilla, como las que con Echevarri habían peleado en Alcolea. No
-tardaron mucho las de Granada en aproximarse y darse la mano con las
-demás. Para mayor seguridad rogó Castaños al general Spencer, quien con
-5000 ingleses según se apuntó estaba en Cádiz a bordo de la escuadra de
-su nación, que desembarcase y tomase posición en Jerez. Por entonces no
-condescendió este general con su deseo, prefiriendo pasar a Ayamonte y
-sostener la insurrección de Portugal. No tardó sin embargo el inglés en
-volver y desembarcar en el Puerto de Santa María, en donde permaneció
-corto tiempo sin tomar parte en la guerra de Andalucía.
-
-[Marginal: Distribución del ejército español de Andalucía.]
-
-Puestos de inteligencia los jefes españoles dispusieron su ejército
-en tres divisiones con un cuerpo de reserva. Mandaba la primera Don
-Teodoro Reding con la gente de Granada; la segunda el marqués de
-Coupigny, y se dejó la tercera a cargo de Don Félix Jones que debía
-obrar unida a la reserva capitaneada por Don Manuel de la Peña. El
-total de la fuerza ascendía a 25.000 infantes y 2000 caballos. A las
-órdenes de Don Juan de la Cruz había una corta división, compuesta de
-las compañías de cazadores de algunos cuerpos, de paisanos y otras
-tropas ligeras, con partidas sueltas de caballería, que en todo
-ascendía a 1000 hombres. También Don Pedro Valdecañas mandaba por otro
-lado pequeños destacamentos de gente allegadiza.
-
-Los españoles, avanzando, se extendieron desde el 1.º de julio por el
-Carpio y ribera izquierda del Guadalquivir. Los franceses para buscar
-víveres y cubrir su flanco habían al propio tiempo enviado a Jaén al
-general de brigada Cassagne con 1500 hombres. A las once del mismo día,
-acercándose los franceses a la ciudad, tuvieron varios reencuentros con
-los nuestros, y hasta el 3 que por la noche la desampararon estuvieron
-en continuado rebato y pelea, ya con paisanos y ya con el regimiento
-de suizos de Reding y voluntarios de Granada, que habían acudido a
-la defensa de los suyos. Dupont, sabedor del movimiento del general
-Castaños, no queriendo tener alejadas sus fuerzas, había ordenado a
-Cassagne que retrocediese, y así se libertó Jaén de la ocupación de
-unos soldados que tanto daño le habían ocasionado en la primera.
-
-[Marginal: Consejo celebrado para atacar a los franceses.]
-
-Instando de todos lados para que se acometiese decididamente al
-enemigo, celebraron en Porcuna el 11 de julio los jefes españoles un
-consejo de guerra en el que se acordó el plan de ataque. Conforme a lo
-convenido debía Don Teodoro Reding cruzar el Guadalquivir por Mengíbar
-y dirigirse sobre Bailén, sosteniéndole el marqués de Coupigny que
-había de pasar el río por Villanueva. Al mismo tiempo Don Francisco
-Javier Castaños quedó encargado de avanzar con la tercera división y la
-reserva y atacar de frente al enemigo, cuyo flanco derecho debía ser
-molestado por las tropas ligeras y cuerpos francos de Don Juan de la
-Cruz, quien atravesando por el puente de Marmolejo, que aunque cortado
-anteriormente estaba ya transitable, se situó al efecto en las alturas
-de Sementera.
-
-El 13 se empezó a poner en obra el concertado movimiento, y el 15 hubo
-varias escaramuzas. Dupont inquieto con las tropas que veía delante de
-sí, pidió a Vedel que le enviase de Bailén el socorro de una brigada;
-pero este no queriendo separarse de sus soldados fue en persona con
-su división, dejando solamente a Liger-Belair con 1300 hombres para
-guardar el paso de Mengíbar. En el mismo 15 los franceses atacaron a
-Cruz, quien después de haber combatido bizarramente se transfirió a
-Peñascal de Morales, replegándose los enemigos a sus posiciones. No
-hubo en el 16 por el frente, o sea del lado de Castaños, sino un recio
-cañoneo; pero fue grave y glorioso para los españoles el choque en que
-se vio empeñado en el propio día el general Reding.
-
-[Marginal: Acción de Mengíbar.]
-
-Según lo dispuesto trató este general de atacar al enemigo, y al
-tiempo que le amenazaba en su posición de Mengíbar, a las cuatro de la
-mañana cruzó el río a media legua por el vado apellidado del Rincón.
-Le desalojó de todos los puntos, y obligó a Liger-Belair a retirarse
-hacia Bailén, de donde volando a su socorro el general Gobert, recibió
-este un balazo en la cabeza, de que murió poco después. Cuerpos nuevos
-como el de Antequera y otros se estrenaron aquel día con el mayor
-lucimiento. Contribuyó en gran manera al acierto de los movimientos el
-experto y entendido mayor general Don Francisco Javier Abadía. Nada
-embarazaba ya la marcha victoriosa de los españoles; mas Reding como
-prudente capitán suspendió perseguir al enemigo, y repasando por la
-tarde el río aguardó a que se le uniese Coupigny. Pareció ser día de
-buen agüero porque en 1212 en el mismo 16 de julio, según el cómputo
-de entonces, habíase ganado la célebre batalla de las Navas de Tolosa,
-pueblo de allí poco distante: siendo de notar que el paraje en donde
-hubo mayor destrozo de moros, y que aún conserva el nombre de campo de
-matanza, fue el mismo en que cayó mortalmente herido el general Gobert.
-
-De resultas de este descalabro determinó Dupont que Vedel tornase a
-Bailén, y arrojase los españoles del otro lado del río. Empezaba el
-terror a desconcertar a los franceses. Aumentose con la noticia que
-recibieron de lo ocurrido en Valencia, y por doquiera no veían ni
-soñaban sino gente enemiga. Así fue que Dufour, sucesor de Gobert,
-y Liger-Belair escarmentados con la pérdida que el 16 experimentaron
-en Mengíbar, y temerosos de que los españoles mandados por Don
-Pedro Valdecañas, que habían acometido y sorprendido en Linares un
-destacamento francés, se apoderasen de los pasos de la sierra y fuesen
-después sostenidos por la división victoriosa de Reding, en vez de
-mantenerse en Bailén caminaron a Guarromán tres leguas distante. Ya
-se habían puesto en marcha cuando Vedel de vuelta de Andújar llegó al
-primer pueblo, y sin aguardar noticia ni aviso alguno recelándose que
-Dufour y su compañero pudiesen ser atacados prosiguió adelante, y
-uniéndose a ellos avanzaron juntos a la Carolina y Santa Elena.
-
-En el intermedio y al día siguiente de la gloriosa acción que había
-ganado, movió el general Reding su campo, repasó de nuevo el río en la
-tarde del 17, e incorporándosele al amanecer el marqués de Coupigny
-entraron ambos el 18 en Bailén. Sin permitir a su gente largo descanso
-disponíanse a revolver sobre Andújar, con intento de coger a Dupont
-entre sus divisiones y las que habían quedado en los Visos, cuando
-impensadamente se encontraron con las tropas de dicho general, que de
-priesa y silenciosamente caminaban. Había el francés salido de Andújar
-al anochecer del 18, después de destruir el puente y las obras que para
-su defensa había levantado. Escogió la oscuridad deseoso de encubrir su
-movimiento, y salvar el inmenso bagaje que acompañaba a sus huestes.
-
-[Marginal: Batalla de Bailén, 19 de julio.]
-
-Abría Dupont la marcha con 2600 combatientes, mandando Barbou la
-columna de retaguardia. Ni franceses ni españoles se imaginaban estar
-tan cercanos; pero desengañolos el tiroteo que de noche empezó a oírse
-en los puntos avanzados. Los generales españoles que estaban reunidos
-en una almazara o sea molino de aceite a la izquierda del camino de
-Andújar, paráronse un rato con la duda de si eran fusilazos de su tropa
-bisoña o reencuentro con la enemiga. Luego los sacó de ella una granada
-que casi cayó a sus pies a las doce y minutos de aquella misma noche, y
-principio ya del día 19. Eran en efecto fuegos de tropas francesas que
-habiendo las primeras y más temprano salido de Andújar, habían tenido
-el necesario tiempo para aproximarse a aquellos parajes. Los jefes
-españoles mandaron hacer alto, y Don Francisco Venegas Saavedra, que
-en la marcha capitaneaba la vanguardia, mantuvo el conveniente orden,
-y causó diversión al enemigo en tanto que la demás tropa ya puesta en
-camino volvía a colocarse en el sitio que antes ocupaba. Los franceses
-por su parte avanzaron más allá del puente que hay a media legua de
-Bailén. En unas y otras no empezó a trabarse formalmente la batalla
-hasta cerca de las cuatro de la mañana del citado 19. Aunque los dos
-grandes trozos o divisiones, en que se había distribuido la fuerza
-española allí presente, estaban al mando de los generales Reding y
-Coupigny, sometido este al primero, ambos jefes acudían indistintamente
-con la flor de sus tropas a los puntos atacados con mayor empeño.
-Ayudoles mucho para el acierto el saber y tino del mayor general
-Abadía.
-
-La primera acometida fue por donde estaba Coupigny. Rechazáronla sus
-soldados vigorosamente, y los guardias valonas, suizos, regimientos de
-Bujalance, Ciudad Real, Trujillo, Cuenca, Zapadores y el de caballería
-de España embistieron las alturas que el enemigo señoreaba y le
-desalojaron. Roto este enteramente se acogió al puente, y retrocedió
-largo trecho. Reconcentrando en seguida Dupont sus fuerzas volvió
-a posesionarse de parte del terreno perdido, y extendió su ataque
-contra el centro y costado derecho español en donde estaba Don Pedro
-Grimarest. Flaqueaban los nuestros de aquel lado, pero auxiliados
-oportunamente por Don Francisco Venegas, fueron los franceses del todo
-arrollados teniendo que replegarse. Muchas y porfiadas veces repitieron
-los enemigos sus tentativas por toda la línea, y en todas fueron
-repelidos con igual éxito. Manejaron con destreza nuestra artillería
-los soldados y oficiales de aquella arma, mandados por los coroneles
-Don José Juncar y Don Antonio de la Cruz, consiguiendo desmontar
-de un modo asombroso la de los contrarios. La sed causada por el
-intenso calor era tanta que nada disputaron los combatientes con mayor
-encarnizamiento como el apoderarse, ya unos ya otros, de una noria sita
-más abajo de la almazara antes mencionada.
-
-A las doce y media de la mañana Dupont lleno de enojo púsose con todos
-los generales a la cabeza de las columnas, y furiosa y bravamente
-acometieron juntos al ejército español. Intentaron con particular
-arrojo romper nuestro centro, en donde estaban los generales Reding
-y Abadía, llegando casi a tocar con los cañones los marinos de la
-guardia imperial. Vanos fueron sus esfuerzos, inútil su conato. Tanto
-ardimiento y maestría estrellose contra la bravura y constancia de
-nuestros guerreros. Cansados los enemigos, del todo decaídos, menguados
-sus batallones, y no encontrando refugio ni salida, propusieron una
-suspensión de armas que aceptó Reding.
-
-Mientras que la victoria coronaba con sus laureles a este general, Don
-Juan de la Cruz no había permanecido ocioso. Informado del movimiento
-de Dupont en la misma noche del 18 se adelantó hasta los Baños, y
-colocándose cerca del Herrumblar a la izquierda del enemigo, le molestó
-bastantemente. Castaños debió tardar más en saber la retirada de los
-franceses, puesto que hasta la mañana del 19 no mandó a Don Manuel de
-la Peña ponerse en marcha. Llevó este consigo la tercera división de
-su mando reforzada, quedándose con la reserva en Andújar el general en
-jefe. Peña llegó cuando se estaba ya capitulando: había antes tirado
-algunos cañonazos para que Reding estuviese advertido de su llegada, y
-quizá este aviso aceleró el que los franceses se rindiesen.
-
-Vedel en su correría no habiendo descubierto por la sierra tropas
-españolas, unido con Dufour permaneció el 18 en la Carolina, después
-de haber dejado para resguardar el paso en Santa Elena y Despeñaperros
-dos batallones y algunas compañías. Allí estaba cuando al alborear
-del 19 oyendo el cañoneo del lado de Bailén, emprendió su marcha,
-aunque lentamente, hacia el punto de donde partía el ruido. Tocaba
-ya a las avanzadas españolas, y todavía reposaban estas con el seguro
-de la pactada tregua. Advertido sin embargo Reding envió al francés
-un parlamento con la nueva de lo acaecido. Dudó Vedel si respetaría
-o no la suspensión convenida, mas al fin envió un oficial suyo para
-cerciorarse del hecho.
-
-Ocupaban por aquella parte los españoles las dos orillas del camino. En
-la ermita de San Cristóbal, que está a la izquierda yendo de Bailén a
-la Carolina, se había situado un batallón de Irlanda, y el regimiento
-de Órdenes Militares al mando de su valiente coronel Don Francisco
-de Paula Soler: enfrente y del otro lado se hallaba otro batallón de
-dicho regimiento de Irlanda con dos cañones. Pesaroso Vedel de haber
-suspendido su marcha, u obrando quizá con doblez, media hora después
-de haber contestado al parlamento de Reding, y de haber enviado un
-oficial a Dupont, mandó al general Cassagne que atacase el puesto de
-los españoles últimamente indicado. Descansando nuestros soldados en la
-buena fe de lo tratado, fuele fácil al francés desbaratar al batallón
-de Irlanda que allí había, cogerle muchos prisioneros, y aun los dos
-cañones. Mayor oposición encontró el enemigo en las fuerzas que mandaba
-Soler, quien aguantó bizarramente la acometida que le dio el jefe
-de batallón Roche. Interesaba mucho aquel punto de la ermita de San
-Cristóbal, porque se facilitaba apoderándose de ella la comunicación
-con Dupont. Viendo la porfiada y ordenada resistencia que los españoles
-ofrecían, iba Vedel a atacar en persona la ermita, cuando recibió la
-orden de su general en jefe de no emprender cosa alguna, con lo que
-cesó en su intento calificado por los españoles de alevoso.
-
-[Marginal: Capitulación del ejército francés.]
-
-Negociábase pues el armisticio que antes se había entablado. Fue
-enviado por Dupont para abrir los tratos el capitán Villoutreys de su
-estado mayor. Pedía el francés la suspensión de armas y el permiso de
-retirarse libremente a Madrid. Concedió Reding la primera demanda,
-advirtiendo que para la segunda era menester abocarse con Don Francisco
-Javier Castaños que mandaba en jefe. A él se acudió autorizando los
-franceses al general Chabert para firmar un convenio. Inclinábase
-Castaños a admitir la proposición de dejar a los enemigos repasar sin
-estorbo la Sierra Morena. Pero la arrogancia francesa disgustando a
-todos, excitó al conde de Tilly a oponerse, cuyo dictamen era de gran
-peso como de individuo de la junta de Sevilla, y de hombre que tanta
-parte había tomado en la revolución. Vino en su apoyo el haberse
-interceptado un despacho de Savary de que era portador el oficial Mr.
-de Fénelon. Preveníasele a Dupont en su contenido que se recogiese al
-instante a Madrid en ayuda de las tropas que iban a hacer rostro a
-los generales Cuesta y Blake que avanzaban por la parte de Castilla
-la Vieja. Tilly a la lectura del oficio insistió con ahínco en su
-opinión, añadiendo que la victoria alcanzada en los campos de Bailén
-de nada serviría sino de favorecer los deseos del enemigo, caso que se
-permitiese a sus soldados ir a juntarse con los que estaban allende
-la sierra. A sus palabras irritados los negociadores franceses se
-propasaron en sus expresiones hablando mal de los paisanos españoles
-y exagerando sus excesos. No quedaron en zaga en su réplica los
-nuestros, echándoles en cara escándalos, saqueos y perfidias. De ambas
-partes agriándose sobremanera los ánimos, rompiéronse las entabladas
-negociaciones.
-
-Mas los franceses no tardaron en renovarlas. La posición de su ejército
-por momentos iba siendo más crítica y peligrosa. Al ruido de la
-victoria había acudido de la comarca la población armada, la cual y
-los soldados vencedores estrechando en derredor al enemigo abatido y
-cansado, sofocado con el calor y sediento, le sumergían en profunda
-aflicción y desconsuelo. Los jefes franceses no pudiendo los más
-sobrellevar la dolorosa vista que ofrecían sus soldados, y algunos, si
-bien los menos, temerosos de perder el rico botin que los acompañaba,
-generalmente persistieron en que se concluyese una capitulación. Y como
-las primeras conferencias no habían tenido feliz resulta, escogiose
-para ajustarla al general Marescot que por acaso se había incorporado
-al ejército de Dupont. De antiguo conocía al nuevo plenipotenciario Don
-Francisco Javier Castaños, y lisonjeáronse los que le eligieron con que
-su amistad llevaría la negociación a pronto y cumplido remate.
-
-Habíanse ya trabado nuevas pláticas, y todavía hubo oficiales franceses
-que escuchando más a los ímpetus de su adquirida gloria que a lo que su
-situación y la fe empeñada exigían, propusieron embestir de repente
-las líneas españolas, y uniéndose con Vedel salvarse a todo trance.
-Dupont mismo sobrecogido y desatentado dio órdenes contradictorias,
-y en una de ellas insinuó a Vedel que se considerase como libre y se
-pusiese en cobro. Bastole a este general el permiso para empezar a
-retirarse por la noche burlándose de la tregua. Notando los españoles
-su fuga, intimaron a Dupont que de no cumplir él y los suyos la palabra
-dada, no solamente se rompería la negociación, sino que también sus
-divisiones serían pasadas a cuchillo. Arredrado con la amenaza,
-envió el francés oficiales de su estado mayor que detuviesen en la
-marcha a Vedel, el cual aunque cercado de un enjambre de paisanos, y
-hostigado por el ejército español, vaciló si había o no de obedecer.
-Mas aterrorizados oficiales y soldados, era tanto su desaliento que de
-veintitrés jefes que convocó a consejo de guerra, solo cuatro opinaron
-que debía continuarse la comenzada retirada. Mal de su grado sometiose
-Vedel al parecer de la mayoría.
-
-Terminose pues la capitulación oscura y contradictoria en alguna de
-sus partes; lo que en seguida dio margen a disputas y altercados.[*]
-[Marginal: (* Ap. n. 4-15.)] Según los primeros artículos se hacía una
-distinción bien marcada entre las tropas del general Dupont y las de
-Vedel. Las unas eran consideradas como prisioneras de guerra, debiendo
-rendir las armas, y sujetarse a la condición de tales. A las otras si
-bien forzadas a evacuar la Andalucía, no se las obligaba a entregar
-las armas sino en calidad de depósito, para devolvérselas a su
-embarco. Pero esta distinción desaparecía en el artículo 6.º en donde
-se estipulaba que todas las tropas francesas de Andalucía se harían a
-la vela desde Sanlúcar y Rota para Rochefort en buques tripulados por
-españoles. Ignoramos si hubo o no malicia en la inserción del artículo.
-Si procedió de ardid de los negociadores franceses, enredáronse
-entonces en su propio lazo, pues no era hacedero aprestar los
-suficientes barcos con tripulación nacional. Tenemos por más probable
-que anhelando todos concluir el convenio se precipitaron a cerrarle,
-dejándole en parte ambiguo y vago.
-
-La capitulación firmose en Andújar el 22 de julio por Don Francisco
-Javier Castaños y el conde de Tilly a nombre de los españoles, y lo
-fue al de los franceses por los generales Marescot y Chabert. Al día
-siguiente desfiló la fuerza que estaba a las órdenes inmediatas del
-general Dupont por delante de la reserva y tercera división españolas,
-a cuyo frente se hallaban los generales Castaños y Don Manuel de la
-Peña. Censurose que se diera la mayor honra y prez de la victoria a
-las tropas que menos habían contribuido a alcanzarla. Componíase la
-primera fuerza francesa de 8248 hombres, [Marginal: Rinden las armas
-los franceses.] la cual rindió sus armas a 400 toesas del campo. El
-24 trasladose el mismo Castaños a Bailén, en donde las divisiones
-de Vedel y Dufour que constaban de 9393 hombres abandonaron sus
-fusiles, colocándolos en pabellones sobre el frente de banderas. Además
-entregaron unos y otros las águilas como también los caballos y la
-artillería que contaba 40 piezas. De suerte que entre los que habían
-perecido en la batalla, los rendidos y los que después sucesivamente se
-rindieron en la sierra y Mancha, pasaba el total del ejército enemigo
-de 21.000 hombres. El número de sus muertos ascendía a más de 2000
-con gran número de heridos. Entre ellos perecieron el general Dupré
-y varios oficiales superiores. Dupont quedó también contuso. De los
-nuestros murieron 243, quedando heridos más de 700.
-
-[Marginal: Reflexiones sobre la batalla.]
-
-Día fue aquel de ventura y gloria para los españoles, de eterna
-fama para sus soldados, de terrible y dolorosa humillación para los
-contrarios. Antes vencedores estos contra las más aguerridas tropas
-de Europa, tuvieron que rendir ahora sus armas a un ejército bisoño
-compuesto en parte de paisanos y allegado tan apresuradamente que
-muchos sin uniforme todavía conservaban su antiguo y tosco vestido.
-Batallaron sin embargo los franceses con honra y valentía; cedieron a
-la necesidad, pero cedieron sin afrenta. Algunos de sus caudillos no
-pudieron ponerse a salvo de una justa y severa censura. Allá en Roma
-en parecido trance pasaron sus cónsules bajo el yugo despojados, y
-medio desnudos al decir de Tito Livio: «aquí hubo jefes que tuvieron
-más cuenta con la mal adquirida riqueza que con el buen nombre.» No ha
-faltado entre sus compatriotas quien haya achacado la capitulación al
-deseo de no perder el cuantioso botin que consigo llevaban. Pudo caber
-tan ruin pensamiento en ciertos oficiales, mas no en su mayor y más
-respetable número. Guerreros bravos y veteranos lidiaron con arrojo y
-maestría; sometiéronse a su mala estrella y a la dicha y señalado brío
-de los españoles.
-
-La victoria pesada en la balanza de la razón casi tocó en portento.
-Cierto que las divisiones de Reding y de Coupigny, únicas que en
-realidad lidiaron, contaban un tercio de fuerza más que las de
-Dupont, constando estas de 8000 hombres, y aquellas de 14.000. ¡Pero
-qué inferioridad en su composición! Las francesas superiorísimas en
-disciplina, bajo generales y oficiales inteligentes y aguerridos,
-bien pertrechadas y con artillería completa y bien servida, tenían
-la confianza que dan tamañas ventajas y una serie no interrumpida de
-victorias. Las españolas mal vestidas y armadas, con oficiales por
-la mayor parte poco prácticos en el arte de la guerra y con soldados
-inexpertos, eran más bien una masa de hombres de repente reunidos, que
-un ejército en cuyas filas hubiese la concordancia y orden propios
-de un ejército a punto de combatir. Nuestra caballería por su mala
-organización conceptuábase como nula a pesar del valor de los jinetes,
-al paso que la francesa brillaba y se aventajaba por su arreglo y
-destreza. La posición ocupada por los españoles no fue más favorable
-que la de los enemigos, habiendo al contrario tenido estos la fortuna
-de acometer los primeros a los nuestros que comenzaban su marcha. Podrá
-alegarse que hallándose a la retaguardia de Dupont las fuerzas de
-Castaños y Peña, se le inutilizaba a aquel su superioridad viéndose así
-perseguido y estrechado; pero en respuesta diremos que también Reding
-tuvo a sus espaldas las tropas de Vedel, con la diferencia que las de
-Peña nunca llegaron al ataque, y las otras le realizaron por dos veces.
-No es extraño que mortificados los vencidos con la impensada rota, la
-hayan asimismo achacado a la penuria que experimentaban sus soldados,
-al cansancio y al calor terrible en aquella estación y en aquel clima.
-Pero si los víveres abundaban en el campo de los españoles, era igual
-o mayor la fatiga, y no herían con menos violencia los rayos del sol
-a muchos de los que siendo de provincias más frescas estaban tan
-desacostumbrados como los franceses a los ardores de las del mediodía,
-de que varios cayeron sofocados y muertos. Hanse reprendido a Dupont y
-a sus generales graves faltas, y ¡cuáles no cometieron los españoles!
-Si Vedel y los suyos corrieron a la Carolina tras un enemigo que no
-existía, Castaños y la Peña se pararon sobrado tiempo en los Visos de
-Andújar, figurándose tener delante un enemigo que había desaparecido.
-El general francés reputado como uno de los primeros de su nación,
-aventajábase en nombradía al español, habiéndose ilustrado con
-gloriosos hechos en Italia y en las orillas del Danubio y del Elba.
-Castaños, después de haber servido con distinción en la campaña de
-Francia de 1793, gozaba fama de buen oficial y de hombre esforzado,
-mas no había todavía tenido ocasión de señalarse como general en jefe.
-Suave de condición amábanle sus subalternos; mañero en su conducta
-acusábanle otros de saber aprovecharse en beneficio propio de las
-hazañas ajenas. Así fue que quisieron privarle de todo loor y gloria
-en los triunfos de Bailén. Juicio apasionado e injusto. Pues si a la
-verdad no asistió en persona a la acción, y anduvo lento en moverse de
-Andújar, no por eso dejó de tomar parte en la combinación y arreglo
-acordado para atacar y destruir al enemigo. Por lo demás la ventaja
-real que en esta célebre jornada asistió a los españoles, fue el puro
-y elevado entusiasmo que los animaba y la certeza de la justicia de la
-causa que defendían, al paso que los franceses decaídos en medio de
-un pueblo que los aborrecía, abrumados con su bagaje y sus riquezas,
-conservaban sí el valor de la disciplina y el suyo propio, pero no
-aquella exaltación sublime con que habían asombrado al mundo en las
-primeras campañas de la revolución.
-
-Nos hemos detenido algún tanto en el cotejo de los ejércitos
-combatientes y en el de sus operaciones, no para dar preferencia en las
-armas a ninguna de las dos naciones, sino para descubrir la verdad y
-ponerla en su más espléndido y claro punto. Los habitadores de España
-y Francia como todos los de Europa igualmente bravos y dispuestos a
-las acciones más dignas y elevadas, han tenido sus tiempos de gloria y
-abatimiento, de fortuna y desdicha, dependiendo sus victorias o de la
-previsión y tino de sus gobiernos, o de la maestría de sus caudillos, o
-de aquellos acasos tan comunes en la guerra, y por los que con razón se
-ha dicho que las armas tienen sus días.
-
-[Marginal: Camina el ejército rendido a la costa.]
-
-Los franceses después de haberse rendido, emprendieron su viaje hacia
-la costa de noche y a cortas jornadas. Además de las contradicciones
-e inconvenientes que en sí envolvía la capitulación, casi la
-imposibilitaban las circunstancias del día. La autoridad, falta de
-la necesaria fuerza, no podía enfrenar el odio que había contra los
-franceses, causadores de una guerra que Napoleón mismo calificó alguna
-vez de sacrílega.[*] [Marginal: (* Ap. n. 4-16.)] El modo pérfido
-con que ella había comenzado, los excesos, robos y saqueos cometidos
-en Córdoba y su comarca, tanto más pesados, cuanto recaían sobre
-pueblos no habituados desde siglos a ver enemigos en sus hogares,
-excitaban un clamor general, y creíase universalmente que ni pacto ni
-tratado debía guardarse con los que no habían respetado ninguno. En
-semejante conflicto la junta de Sevilla consultó con los generales
-Morla y Castaños acerca de asunto tan grave. Disintieron ambos en sus
-pareceres. Con razón el último sostenía el fiel cumplimiento de lo
-estipulado, en contraposición del primero que buscaba la aprobación y
-aplauso popular. Adhirió la junta al dictamen de este, aunque injusto
-e indebido. Para sincerarse circuló un papel en cuyo contexto intentó
-probar que los franceses habían infringido la capitulación, y que suya
-era la culpa si no se cumplía. Efugio indigno de la autoridad soberana
-cuando había una razón principalísima, y que fundadamente podía
-producirse, cual era la falta de transportes y marinería.
-
-[Marginal: Desorden en Lebrija causado por la presencia de los
-prisioneros.]
-
-Por pequeña ocasión aumentáronse las dificultades. Acaeció pues en
-Lebrija que descubriéndose casualmente en las mochilas de algunos
-soldados más dinero que el que correspondía a su estado y situación,
-irritose en extremo el pueblo, y ellos para libertarse del enojo que
-había promovido el hallazgo, trataron de descargarse acusando a los
-oficiales. Del alboroto y pendencia resultaron muertes y desgracias.
-Propúsoseles entonces a los prisioneros que para evitar disturbios se
-sujetasen a un prudente registro, depositando los equipajes en manos de
-la autoridad. No cedieron al medio indicado, y otro incidente levantó
-en el Puerto de Santa María gran bullicio. [Marginal: En el Puerto de
-Santa María.] Al embarcarse allí el 14 de agosto para pasar la bahía,
-cayose de la maleta de un oficial una patena y la copa de un cáliz.
-Fácil es adivinar la impresión que causaría la vista de semejantes
-objetos. Porque además de contravenirse a la capitulación en que se
-había expresamente estipulado la restitución de los vasos sagrados, se
-escandalizaba sobremanera a un pueblo que en tan gran veneración tenía
-aquellas alhajas. Encendidos los ánimos, se registraron los más de los
-equipajes, y apoderándose de ellos se maltrató a muchos prisioneros y
-se les despojó en general de casi todo lo que poseían.
-
-[Marginal: Correspondencia entre Dupont y Morla.]
-
-Promovieron tales incidentes reclamaciones vivas del general Dupont
-y una correspondencia entre él y Don Tomás de Morla gobernador de
-Cádiz. Pedía el francés en ella los equipajes de que se había privado
-a los suyos, e insistiendo en su demanda contestole entre otras
-cosas Morla: «¿si podía una capitulación que solo hablaba de la
-seguridad de sus equipajes, darle la propiedad de los tesoros que con
-asesinatos, profanación de cuanto hay sagrado, crueldades y violencias
-había acumulado su ejército de Córdoba y otras ciudades? ¿Hay razón
-[continuaba], derecho ni principio que prescriba que se debe guardar
-fe ni aun humanidad a un ejército que ha entrado en un reino aliado
-y amigo so pretextos capciosos y falaces; que se ha apoderado de su
-inocente y amado rey y toda su familia con igual falacia; que les ha
-arrancado violentas e imposibles renuncias a favor de su soberano, y
-que con ellas se ha creído autorizado a saquear sus palacios y pueblos,
-y que porque no acceden a tan inicuo proceder, profanan sus templos y
-los saquean, asesinan sus ministros, violan las vírgenes, estupran a su
-placer bárbaro, y cargan y se apoderan de cuanto pueden transportar,
-y destruyen lo que no? ¿Es posible que estos tales tengan la audacia,
-oprimidos, cuando se les priva de estos que para ellos deberían
-ser horrorosos frutos de su iniquidad, reclamar los _principios de
-honor y probidad_?» Verdades eran estas si bien mal expresadas, por
-desgracia sobradamente obvias y de todos conocidas. Mas las perfidias
-y escándalos pasados no autorizaban el quebrantamiento de una
-capitulación contratada libremente por los generales españoles. ¿Qué
-sería de las naciones, qué de su progreso y civilización, si echándose
-recíprocamente en cara sus extravíos, sus violencias, olvidasen la
-fe empeñada y traspasasen y abatiesen los linderos que ha fijado
-el derecho público y de gentes? En Morla fue más reprensible aquel
-lenguaje siendo militar antiguo, y hombre que después a las primeras
-desgracias de su patria la abandonó villanamente y desertó al bando
-enemigo.
-
-[Marginal: Consternación del gobierno francés en Madrid.]
-
-Al paso que con las victorias de Bailén fue en las provincias colmado
-el júbilo y universal y extremado el entusiasmo, consternose y cayó
-como postrado el gobierno de Madrid. Empezó a susurrarse tan grave
-suceso en el día 23. De antemano y varias veces se había anunciado
-la deseada victoria como si fuera cierta, por lo que los franceses
-calificaban la voz esparcida de vulgar e infundada. Sacoles del error
-el aviso de que un oficial suyo se aproximaba con la noticia. Llegó
-pues este, y supieron los pormenores de la desgracia acaecida. Había
-cabido ser portador de la infausta nueva al mismo Mr. de Villoutreys,
-que había entablado en Bailén los primeros tratos, y a cuyo hado
-adverso tocaba el desempeño de enfadosas comisiones. Según lo convenido
-en la capitulación, un oficial francés escoltado por tropa española
-debía en persona comunicarla al duque de Rovigo, general en jefe del
-ejército enemigo, y ordenar también en su tránsito por la sierra
-y Mancha a los destacamentos apostados en la ruta, y que formaban
-parte de las divisiones rendidas, ir a juntarse con sus compañeros
-ya sometidos para participar de igual suerte. Cumplió fielmente Mr.
-de Villoutreys con lo que se le previno, y todos obedecieron incluso
-el destacamento de Manzanares. Fue el de Madridejos el que primero
-resistió a la orden comunicada.
-
-[Marginal: Retírase José.]
-
-Llegó a Madrid el fatal mensajero en 29 de julio. Congregó José
-sin dilación un consejo compuesto de personas las más calificadas.
-Variaron los pareceres. Fue el del general Savary retirarse al Ebro.
-Todos al fin se sometieron a su opinión, así por salir de la boca del
-más favorecido de Napoleón, como también porque avisos continuados
-manifestaban cuánto se empeoraba el semblante de las cosas. Por
-todas partes se conmovían los pueblos cercanos a la capital: no les
-intimidaba la proximidad de las tropas enemigas; cortábanse las
-comunicaciones; en la Mancha eran acometidos los destacamentos sueltos,
-y ya antes en Villarta habían sus vecinos desbaratado e interceptado
-un convoy considerable. Agolpáronse uno tras otro los reveses y los
-contratiempos: pocos hubo en Madrid de los enemigos y sus parciales
-que no se abatiesen y descorazonasen. A muchos faltábales tiempo para
-alejarse de un suelo que les era tan contrario y ominoso.
-
-[Marginal: Españoles que le siguen.]
-
-José resuelto a partir, dejó a la libre voluntad de los españoles que
-con él se habían comprometido, quedarse o seguirle en la retirada.
-Contados fueron los que quisieron acompañarle. De los siete ministros,
-Cabarrús, Ofárril, Mazarredo, Urquijo y Azanza mantuviéronse adictos
-a su persona y no se apartaron de su lado. Permanecieron en Madrid
-Peñuela y Cevallos. Imitaron su ejemplo los duques del Infantado
-y el del Parque, como casi todos los que habían presenciado los
-acontecimientos de Bayona y asistido a su congreso. No faltó quien los
-tachase de inconsiguientes y desleales. Juzgaban otros diversamente,
-y decían que los más habían sido arrastrados a Francia o por fuerza
-o por engaño, y que si bien se propasaron algunos a pedir empleos o
-gracias, nunca era tarde para reconciliarse con la patria, arrepentirse
-de un tropiezo causado por el miedo o la ciega ambición, y contribuir
-a la justa causa en cuyo favor la nación entera se había pronunciado.
-Lo cierto es que ni uno quizá de los que siguieron a José hubiera
-dejado de abrazar el mismo partido, a no haberles arredrado el temor de
-la enemistad y del odio que las pasiones del momento habían excitado
-contra sus personas.
-
-Antes de abrir la marcha reconcentraron los enemigos hacia Madrid las
-fuerzas de Moncey y las desparramadas a orillas del Tajo. Clavaron en
-el Retiro y casa de la China más de ochenta cañones, llevándose las
-vajillas y alhajas de los palacios de la capital y sitios reales que
-no habían sido de antemano robadas. Tomadas estas medidas empezaron
-a evacuar la capital inmediatamente. Salió José el 30 cerrando la
-retaguardia en la noche del 31 el mariscal Moncey. Respiraron del
-todo y desembarazadamente aquellos habitantes en la mañana del 1.º de
-agosto. El 9 entró el fugitivo rey en Burgos con Bessières, quien según
-órdenes recibidas se había replegado allí de tierra de León.
-
-[Marginal: Destrozos causados en la retirada.]
-
-Acompañaron a los franceses en su retirada lágrimas y destrozos.
-Soldados desmandados y partidas sueltas esparcieron la desolación y
-espanto por los pueblos del camino o los poco distantes. Rezagábanse,
-se perdían para merodear y pillar, saqueaban las casas, talaban los
-campos sin respetar las personas ni lugares más sagrados. Buitrago, el
-Molar, Iglesias, Pedrezuela, Gandullas, Broajos y sobre todo la villa
-de Venturada abrasada y destruida, conservarán largo tiempo triste
-memoria del horroroso tránsito del extranjero.
-
-Continuó José su marcha y en Miranda de Ebro hizo parada, extendiéndose
-la vanguardia de su ejército a las órdenes del mariscal Bessières
-hasta las puertas de Burgos. Terminose así su malogrado y corto viaje
-de Madrid, del que libres y menos apremiados por los acontecimientos,
-pasaremos a referir los nuevos y esclarecidos triunfos que alcanzaron
-las armas españolas en las provincias de Aragón y Cataluña.
-
-
-
-
- APÉNDICES
-
- AL TOMO PRIMERO.
-
-
-
-
- APÉNDICE
- DEL
- LIBRO PRIMERO.
-
-
-NÚMERO 1-1.
-
-Tenemos noticia original del despacho que con este motivo escribió a
-Madrid Don Eugenio Izquierdo, y también podrá verse en el manifiesto,
-que de sus procedimientos publicó el consejo real, la mención que en su
-contenido se hace del convenio concluido por Izquierdo en 10 de mayo de
-1806.
-
-
-NÚMERO 1-2.
-
-_Plenos poderes dados por el rey Carlos IV a Don Eugenio Izquierdo
-embajador extraordinario en Francia en 26 de mayo de 1806, renovados en
-8 de octubre de 1807._
-
-Don Carlos por la gracia de Dios rey de España y de las Indias &c.
-
-Teniendo entera confianza en vos, Don Eugenio Izquierdo nuestro
-consejero honorario de estado, y habiéndoos autorizado en virtud de
-esta confianza justamente merecida para firmar un tratado con la
-persona que fuere igualmente autorizada por nuestro aliado el emperador
-de los franceses, nos comprometemos de buena fe y sobre nuestra palabra
-real, que aprobaremos, ratificaremos y haremos observar y ejecutar
-entera e inviolablemente todo lo que sea estipulado y firmado por
-vos. En fe de lo cual hemos hecho expedir la presente firmada de
-nuestra mano, sellada con nuestro sello secreto, y refrendada por el
-infrascrito nuestro consejero de estado, primer secretario de estado
-y del despacho. Dada en Aranjuez a 26 de mayo de 1806. — Yo el Rey. —
-Pedro Cevallos.
-
-NOTA. Traducción española de la francesa que había entre los papeles
-de Don Eugenio Izquierdo, quien al pie de la dicha traducción francesa
-puso las dos certificaciones siguientes en francés: — 1.ª Certifico
-que esta traducción es fiel. París 5 de junio de 1806. — Izquierdo
-consejero de estado de S. M. C. — 2.ª Certifico que estos poderes han
-sido renovados día 8 del presente mes en el real sitio de San Lorenzo.
-— Fontainebleau 27 de octubre de 1807. — Izquierdo. — (_Llorente, tom.
-3.º núm. 106._)
-
-
-NÚMERO 1-3.
-
-La amistad que media hace muchos años entre Don Agustín de Argüelles
-y nosotros, nos ha puesto en el caso de haber oído muchas veces de su
-misma boca la relación de esta misión que le fue encomendada. A mayor
-abundamiento conservamos por escrito una nota suya acerca de aquel
-suceso.
-
-
-NÚMERO 1-4.
-
-_Proclama de Don Manuel Godoy._
-
-En circunstancias menos arriesgadas que las presentes han procurado
-los vasallos leales auxiliar a sus soberanos con dones y recursos
-anticipados a las necesidades; pero en esta previsión tiene el mejor
-lugar la generosa acción de súbdito hacia su señor. El reino de
-Andalucía privilegiado por la naturaleza en la producción de caballos
-de guerra ligeros; la provincia de Extremadura que tantos servicios
-de esta clase hizo al señor Felipe V ¿verán con paciencia que la
-caballería del rey de España esté reducida e incompleta por falta de
-caballos? No, no lo creo; antes sí espero que del mismo modo que los
-abuelos gloriosos de la generación presente sirvieron al abuelo de
-nuestro rey con hombres y caballos, asistan ahora los nietos de nuestro
-suelo con regimientos o compañías de hombres diestros en el manejo del
-caballo, para que sirvan y defiendan a su patria todo el tiempo que
-duren las urgencias actuales, volviendo después llenos de gloria y con
-mejor suerte al descanso entre su familia. Entonces sí que cada cual
-se disputará los laureles de la victoria; cual dirá deberse a su brazo
-la salvación de su familia; cual la de su jefe; cual la de su pariente
-o amigo, y todos a una tendrán razón para atribuirse a sí mismos la
-salvación de la patria. Venid pues amados compatriotas: venid a jurar
-bajo las banderas del más benéfico de los soberanos: venid y yo os
-cubriré con el manto de la gratitud, cumpliéndoos cuanto desde ahora os
-ofrezco, si el Dios de las victorias nos concede una paz tan feliz y
-duradera cual le rogamos. No, no os detendrá el temor, no la perfidia:
-vuestros pechos no abrigan tales vicios, ni dan lugar a la torpe
-seducción. Venid pues y si las cosas llegasen a punto de no enlazarse
-las armas con las de nuestros enemigos, no incurriréis en la nota de
-sospechosos, ni os tildaréis con un dictado impropio de vuestra lealtad
-y pundonor por haber sido omisos a mi llamamiento.
-
-Pero si mi voz no alcanzase a despertar vuestros anhelos de gloria, sea
-la de vuestros inmediatos tutores o padres del pueblo a quienes me
-dirijo, la que os haga entender lo que debéis a vuestra obligación, a
-vuestro honor, y a la sagrada religión que profesáis. — El príncipe de
-la Paz.
-
-
-NÚMERO 1-5.
-
-_Estado de los regimientos que componían la expedición de tropas
-españolas al mando del teniente general marqués de la Romana, destinada
-a formar un cuerpo de observación hacia el país de Hanóver._
-
-Deberán salir de España por la parte de Irún los cuerpos siguientes:
-infantería de línea, tercer batallón de Guadalajara, 778 hombres;
-regimiento de Asturias, 2332; primero y segundo batallón de la
-Princesa, 1554; infantería ligera, primer batallón de Barcelona, 1245
-plazas; caballería de línea, Rey, 670 hombres y 540 caballos; Infante,
-id., id.
-
-Por la parte de la Junquera: infantería de línea, tercer batallón de la
-Princesa, 778 plazas; dragones, Almansa, 670 hombres y 540 caballos;
-Lusitania, id., id.; artillería un tren de campaña de 25 piezas y el
-ganado de tiro correspondiente, 270 hombres; zapadores-minadores, una
-compañía 127 hombres.
-
-Existentes en Etruria y que constituyen parte de la expedición:
-infantería de línea, regimiento de Zamora, 969 plazas; primero y
-segundo batallón de Guadalajara, 996; infantería ligera, primer
-batallón de Cataluña, 1042 hombres; caballería, Algarbe, 624 hombres y
-406 caballos; dragones, Villaviciosa, 634 hombres y 393 caballos.
-
-Total 14.019 hombres y 2959 caballos. Id. plazas agregadas 2216 hombres
-y 241 caballos. — Madrid 4 de marzo de 1807.
-
-NOTA. No se expresan las plazas agregadas de cada cuerpo, aunque sí el
-total de las que deben ser.
-
-
-NÚMERO 1-6.
-
-_Tratado secreto entre el rey de España y el emperador de los
-franceses, relativo a la suerte futura del Portugal._
-
-Napoleón emperador de los franceses &c. Habiendo visto y examinado
-el tratado concluido, arreglado y firmado en Fontainebleau a 27 de
-octubre de 1807 por el general de división Miguel Duroc, gran mariscal
-de nuestro palacio &c., en virtud de los plenos poderes que le hemos
-conferido a este efecto, con Don Eugenio Izquierdo, consejero honorario
-de estado y de guerra de S. M. el rey de España, igualmente autorizado
-con plenos poderes de su soberano, de cuyo tratado es el tenor como
-sigue:
-
-S. M. el emperador de los franceses y S. M. el rey de España
-queriendo arreglar de común acuerdo los intereses de los dos estados,
-y determinar la suerte futura de Portugal de un modo que concilie
-la política de los dos países, han nombrado por sus ministros
-plenipotenciarios, a saber: S. M. el emperador de los franceses al
-general Duroc, y S. M. el rey de España a Don Eugenio Izquierdo, los
-cuales después de haber canjeado sus plenos poderes, se han convenido
-en lo que sigue:
-
-1.º La provincia de Entre-Duero-y-Miño con la ciudad de Oporto se dará
-en toda propiedad y soberanía a S. M. el rey de Etruria con el título
-de rey de la Lusitania septentrional.
-
-2.º La provincia del Alentejo y el reino de los Algarbes se darán en
-toda propiedad y soberanía al príncipe de la Paz, para que las disfrute
-con el título de príncipe de los Algarbes.
-
-3.º Las provincias de Beira, Tras-os-Montes y la Extremadura portuguesa
-quedarán en depósito hasta la paz general para disponer de ellas según
-las circunstancias, y conforme a lo que se convenga entre las dos altas
-partes contratantes.
-
-4.º El reino de la Lusitania septentrional será poseído por los
-descendientes de S. M. el rey de Etruria hereditariamente, y siguiendo
-las leyes que están en uso en la familia reinante de S. M. el rey de
-España.
-
-5.º El principado de los Algarbes será poseído por los descendientes
-del príncipe de la Paz hereditariamente, siguiendo las reglas del
-artículo anterior.
-
-6.º En defecto de descendientes o herederos legítimos del rey de la
-Lusitania septentrional, o del príncipe de los Algarbes, estos países
-se darán por investidura por S. M. el rey de España, sin que jamás
-puedan ser reunidos bajo una misma cabeza, o a la corona de España.
-
-7.º El reino de la Lusitania septentrional y el principado de los
-Algarbes reconocerán por protector a S. M. el rey de España, y en
-ningún caso los soberanos de estos países podrán hacer ni la paz ni la
-guerra sin su consentimiento.
-
-8.º En el caso de que las provincias de Beira, Tras-os-Montes y la
-Extremadura portuguesa tenidas en secuestro, fuesen devueltas a la paz
-general a la casa de Braganza en cambio de Gibraltar, la Trinidad y
-otras colonias que los ingleses han conquistado sobre la España y sus
-aliados, el nuevo soberano de estas provincias tendría con respecto a
-S. M. el rey de España los mismos vínculos que el rey de la Lusitania
-septentrional y el príncipe de los Algarbes, y serán poseídas por aquel
-bajo las mismas condiciones.
-
-9.º S. M. el rey de Etruria cede en toda propiedad y soberanía el reino
-de Etruria a S. M. el emperador de los franceses.
-
-10. Cuando se efectúe la ocupación definitiva de las provincias de
-Portugal, los diferentes príncipes que deben poseerlas nombrarán de
-acuerdo comisarios para fijar sus límites naturales.
-
-11. S. M. el emperador de los franceses sale garante a S. M. el rey de
-España de la posesión de sus estados del continente de Europa situados
-al mediodía de los Pirineos.
-
-12. S. M. el emperador de los franceses se obliga a reconocer a S. M.
-el rey de España como emperador de las dos Américas, cuando todo esté
-preparado para que S. M. pueda tomar este título, lo que podrá ser, o
-bien a la paz general, o a más tardar dentro de tres años.
-
-13. Las dos altas partes contratantes se entenderán para hacer un
-repartimiento igual de las islas, colonias y otras propiedades
-ultramarinas del Portugal.
-
-14. El presente tratado quedará secreto, será ratificado, y las
-ratificaciones serán canjeadas en Madrid 20 días a más tardar después
-del día en que se ha firmado.
-
-Fecho en Fontainebleau a 27 de octubre de 1807. — Duroc. — Izquierdo.
-
-Hemos aprobado y aprobamos el precedente tratado en todos y en
-cada uno de los artículos contenidos en él; declaramos que está
-aceptado, ratificado y confirmado, y prometemos que será observado
-inviolablemente. En fe de lo cual hemos dado la presente firmada de
-nuestra mano, refrendada y sellada con nuestro sello imperial en
-Fontainebleau a 29 de octubre de 1807. — Firmado. — Napoleón. — El
-ministro de relaciones exteriores. — Champagny. — Por el emperador,
-el ministro secretario de Estado. — Hugo Maret.
-
-
-_Convención anexa al tratado anterior, aprobada y ratificada en los
-mismos términos._
-
-ART. 1.º Un cuerpo de tropas imperiales francesas de 25.000 hombres
-de infantería y 3000 de caballería entrará en España y marchará en
-derechura a Lisboa: se reunirá a este cuerpo otro de 8000 hombres de
-infantería y 3000 de caballería de tropas españolas con 30 piezas de
-artillería.
-
-2.º Al mismo tiempo una división de tropas españolas de 10.000 hombres
-tomará posesión de la provincia de Entre-Duero-y-Miño y de la ciudad de
-Oporto; y otra división de 6000 hombres compuesta igualmente de tropas
-españolas tomará posesión de la provincia del Alentejo y del reino de
-los Algarbes.
-
-3.º Las tropas francesas serán alimentadas y mantenidas por la España
-y sus sueldos pagados por la Francia durante todo el tiempo de su
-tránsito por España.
-
-4.º Desde el momento en que las tropas combinadas hayan entrado en
-Portugal, las provincias de Beira, Tras-os-Montes y la Extremadura
-portuguesa (que deben quedar secuestradas) serán administradas y
-gobernadas por el general comandante de las tropas francesas, y las
-contribuciones que se les impondrán quedarán a beneficio de la Francia.
-Las provincias que deben formar el reino de la Lusitania septentrional
-y el principado de los Algarbes serán administradas y gobernadas por
-los generales comandantes de las divisiones españolas que entrarán en
-ellas, y las contribuciones que se les impondrán quedarán a beneficio
-de la España.
-
-5.º El cuerpo del centro estará bajo las órdenes de los comandantes de
-las tropas francesas, y a él estarán sometidas las tropas españolas que
-se reúnan a aquellas: sin embargo si el rey de España o el príncipe de
-la Paz juzgaren conveniente trasladarse a este cuerpo de ejército, el
-general comandante de las tropas francesas y estas mismas estarán bajo
-sus órdenes.
-
-6.º Un nuevo cuerpo de 40.000 hombres de tropas francesas se reunirá
-en Bayona a más tardar el 20 de noviembre próximo, para estar pronto a
-entrar en España para transferirse a Portugal en el caso de que los
-ingleses enviasen refuerzos y amenazasen atacarlo. Este nuevo cuerpo
-no entrará sin embargo en España hasta que las dos altas potencias
-contratantes se hayan puesto de acuerdo a este efecto.
-
-7.º La presente convención será ratificada &c.
-
-
-NÚMERO 1-7.
-
-Hemos visto las más de las piezas que obraron en este proceso. Decimos
-_las más_ porque como el original ha rodado por tantas manos y personas
-de intereses encontrados, no sería extraño que se hubiesen extraviado
-algunos documentos o alterado otros. Dicho proceso paraba en poder de
-Don Mariano Luis de Urquijo, y a su muerte acaecida en París en 1817
-pasó al del marqués de Almenara. No sabemos si este lo conserva aún, o
-si lo ha entregado al rey Fernando VII.
-
-
-NÚMERO 1-8.
-
-_Carta del príncipe de Asturias Fernando al emperador Napoleón en 11 de
-octubre de 1807._
-
-Señor: el temor de incomodar a V. M. I. en medio de sus hazañas y
-grandes negocios que lo ocupan sin cesar, me ha privado hasta ahora de
-satisfacer directamente mis deseos eficaces de manifestar a lo menos
-por escrito los sentimientos de respeto, estimación y afecto que tengo
-al héroe mayor que cuantos le han precedido, enviado por la providencia
-para salvar la Europa del trastorno total que la amenazaba, para
-consolidar los tronos vacilantes, y para dar a las naciones la paz y la
-felicidad.
-
-Las virtudes de V. M. I., su moderación, su bondad aun con sus más
-injustos e implacables enemigos, todo en fin me hacía esperar que la
-expresión de estos sentimientos sería recibida como efusión de un
-corazón lleno de admiración y de amistad más sincera.
-
-El estado en que me hallo de mucho tiempo a esta parte incapaz de
-ocultarse a la grande penetración de V. M., ha sido hasta hoy segundo
-obstáculo que ha contenido mi pluma preparada siempre a manifestar mis
-deseos. Pero lleno de esperanzas de hallar en la magnanimidad de V. M.
-I. la protección más poderosa, me determino no solamente a testificar
-los sentimientos de mi corazón para con su augusta persona, sino a
-depositar los secretos más íntimos en el pecho de V. M. como en el de
-un tierno padre.
-
-Yo soy bien infeliz de hallarme precisado por circunstancias
-particulares a ocultar como si fuera crimen una acción tan justa y tan
-loable; pero tales suelen ser las consecuencias funestas de un exceso
-de bondad, aun en los mejores reyes.
-
-Lleno de respeto y de amor filial para con mi padre (cuyo corazón es el
-más recto y generoso), no me atrevería a decir sino a V. M. aquello que
-V. M. conoce mejor que yo; esto es, que estas mismas calidades suelen
-con frecuencia servir de instrumento a las personas astutas y malignas
-para confundir la verdad a los ojos del soberano, por más propia que
-sea esta virtud de caracteres semejantes al de mi respetable padre.
-
-Si los hombres que le rodean aquí le dejasen conocer a fondo el
-carácter de V. M. I. como yo lo conozco, ¿con qué ansias procuraría
-mi padre estrechar los nudos que deben unir nuestras dos naciones? Y
-¿habrá medio más proporcionado que rogar a V. M. I. el honor de que
-me concediera por esposa una princesa de su augusta familia? Este es
-el deseo unánime de todos los vasallos de mi padre, y no dudo que
-también el suyo mismo (a pesar de los esfuerzos de un corto número de
-malévolos) así que sepa las intenciones de V. M. I. Esto es cuanto mi
-corazón apetece; pero no sucediendo así a los egoístas pérfidos que
-rodean a mi padre, y que pueden sorprenderle por un momento, estoy
-lleno de temores en este punto.
-
-Solo el respeto de V. M. I. pudiera desconcertar sus planes abriendo
-los ojos a mis buenos y amados padres, y haciéndolos felices al mismo
-tiempo que a la nación española y a mí mismo. El mundo entero admirará
-cada día más la bondad de V. M. I., quien tendrá en mi persona el hijo
-más reconocido y afecto.
-
-Imploro pues con la mayor confianza la protección paternal de V. M.,
-a fin de que no solamente se digne concederme el honor de darme por
-esposa una princesa de su familia, sino allanar todas las dificultades
-y disipar todos los obstáculos que puedan oponerse en este único objeto
-de mis deseos.
-
-Este esfuerzo de bondad de parte de V. M. I. es tanto más necesario
-para mí, cuanto yo no puedo hacer ninguno de mi parte mediante a que
-se interpretaría insulto a la autoridad paternal, estando como estoy
-reducido a solo el arbitrio de resistir (y lo haré con invencible
-constancia) mi casamiento con otra persona, sea la que fuere, sin el
-consentimiento y aprobación positiva de V. M., de quien yo espero
-únicamente la elección de esposa para mí.
-
-Esta es la felicidad que confio conseguir de V. M. I., rogando a Dios
-que guarde su preciosa vida muchos años. Escrito y firmado de mi propia
-mano y sellado con mi sello en el Escorial a 11 de octubre de 1807.
-— De V. M. I. y R. su más afecto servidor y hermano. — Fernando. —
-(_Traducción hecha por Llorente en sus memorias, y sacada del original
-inserto en el Monitor de 5 de febrero de 1810._)
-
-
-NÚMERO 1-9.
-
-_Extracto del coloquio tenido por Don Eugenio Izquierdo con el ministro
-Champagny. (Llorente, tom. 3.º núm. 120.)_
-
-Mr. de Champagny: No quiero meterme en cuestiones: me limito a decir
-a V. de orden del emperador: 1.º Que pide muy de veras S. M. que por
-ningún motivo ni razón, y bajo ningún pretexto no se hable ni se
-publique en este negocio cosa que tenga alusión al emperador ni a su
-embajador en Madrid, y nada se actúe de que pueda resultar indicio ni
-sospecha de que S. M. I. ni su embajador hayan sabido, intentado ni
-coadyuvado a cosa alguna interior de España. 2.º Que si no se ejecuta
-lo que acabo de decir, lo mirará como una ofensa hecha directamente
-a su persona que tiene (como V. sabe) medios de vengarla, y que la
-vengará. 3.º Declara positivamente S. M. que jamás se ha mezclado
-en cosas interiores de España, y asegura solemnemente que jamás se
-mezclará; que nunca ha sido su pensamiento el que el príncipe de
-Asturias se casase con una princesa, y mucho menos con Mlle. Tascher
-de la Pagerie, sobrina de la emperatriz, prometida ha mucho tiempo al
-duque de Aremberg; que no se opondrá (como tampoco se opuso cuando
-lo de Nápoles) a que el rey de España case a su hijo con quien tenga
-por acertado. 4.º Mr. de Beauharnais no se entrometerá en asuntos
-interiores de España; pero S. M. I. no le retirará, y nada debe dejarse
-publicar ni escribir de que pudiera inferirse cosa alguna contra este
-embajador: y 5.º Que se lleven a ejecución estricta y prontamente los
-convenios ajustados el 27 de octubre último; que no haya pretexto para
-dejar de enviar las tropas prometidas; que en ningún punto falten, y
-que si faltan S. M. mirará esta falta como una infracción del convenio
-ajustado.
-
-
-NÚMERO 1-10.
-
-_Esta orden se copia de los papeles que en defensa suya ha publicado el
-mismo duque de Mahón._
-
-
-NÚMERO 1-11.
-
-_Nota dirigida desde París al príncipe de la Paz por el consejero de
-estado Don Eugenio Izquierdo. (Escóiquiz, idea sencilla, núm. 1.º)_
-
-La situación de las cosas no da lugar para referir con individualidad
-las conversaciones que desde mi vuelta de Madrid he tenido por
-disposición del emperador, tanto con el gran mariscal del palacio
-imperial el general Duroc, como con el vice gran elector del imperio
-príncipe de Benevento.
-
-Así me ceñiré a exponer los medios que se me han comunicado en estos
-coloquios para arreglar, y aun para terminar amistosamente los
-asuntos que existen hoy entre España y Francia; medios que me han
-sido transmitidos con el fin de que mi gobierno tome la más pronta
-resolución acerca de ellos.
-
-Que existen actualmente varios cuerpos de tropas francesas en España es
-un hecho constante.
-
-Las resultas de esta existencia de tropas están en lo futuro. Un
-arreglo entre el gobierno francés y español con recíproca satisfacción
-puede detener los eventos, y elevarse a solemne tratado y definitivo
-sobre las bases siguientes:
-
-1.ª En las colonias españolas y francesas podrán franceses y españoles
-comerciar libremente, el francés en las españolas como si fuese
-español, y el español en las francesas como si fuese francés, pagando
-unos y otros los derechos que se paguen en los respectivos países por
-sus naturales.
-
-Esta prerrogativa será exclusiva, y ninguna potencia sino la Francia
-podrá obtenerla en España, como en Francia ninguna potencia sino la
-española.
-
-2.ª Portugal está hoy poseído por Francia. La comunicación de Francia
-con Portugal exige una ruta militar, y también un paso continuo de
-tropas por España para guarnecer aquel país y defenderle contra la
-Inglaterra; ha de causar multitud de gastos, de disgustos, engorros, y
-tal vez producir frecuentes motivos de desavenencias.
-
-Podría amistosamente arreglarse este objeto quedando todo el Portugal
-para España, y recibiendo un equivalente la Francia en las provincias
-de España contiguas a este imperio.
-
-3.ª Arreglar de una vez la sucesión al trono de España.
-
-4.ª Hacer un tratado ofensivo y defensivo de alianza, estipulando
-el número de fuerzas con que se han de ayudar recíprocamente ambas
-potencias.
-
-Tales deben ser las bases sobre que debe cimentarse y elevarse a
-tratado el arreglo capaz de terminar felizmente la actual crisis
-política en que se hallan España y Francia.
-
-En tan altas materias yo debo limitarme a ejecutar fielmente lo que se
-me dice.
-
-Cuando se trata de la existencia del estado, de su honor, decoro, y del
-de su gobierno, las decisiones deben emanar únicamente del soberano y
-de su consejo.
-
-Sin embargo mi ardiente amor a la patria me pone en la obligación
-de decir que en mis conversaciones he hecho presente al príncipe de
-Benevento lo que sigue:
-
-1.º Que abrir nuestras Américas al comercio francés es partirlas entre
-España y Francia; que de abrirlas únicamente para los franceses es
-dado que no quede de una vez arrollada la arrogancia inglesa, alejar
-cada día más la paz, y perder hasta que esta se firme nuestras
-comunicaciones y las de los franceses con aquellas regiones.
-
-He dicho que aun cuando se admita el comercio francés no debe
-permitirse que se avecinden vasallos de la Francia en nuestras
-colonias, con desprecio de nuestras leyes fundamentales.
-
-2.º Concerniente a lo de Portugal he hecho presente nuestras
-estipulaciones de 27 de octubre último; he hecho ver el sacrificio del
-rey de Etruria; lo poco que vale Portugal separado de sus colonias; su
-ninguna utilidad para España, y he hecho una fiel pintura del horror
-que causaría a los pueblos cercanos al Pirineo la pérdida de sus leyes,
-libertades, fueros y lengua, y sobre todo el pasar a dominio extranjero.
-
-He añadido: no podré yo firmar la entrega de Navarra por no ser el
-objeto de execración de mis compatriotas, como sería si constase que un
-navarro había firmado el tratado en que la entrega de la Navarra a la
-Francia estaba estipulada.
-
-En fin he insinuado que si no había otro remedio para erigirse un nuevo
-reino, virreinato de Iberia, estipulando que este reino o virreinato no
-recibiese otras leyes, otras reglas de administración que las actuales,
-y que sus naturales conservasen sus fueros y exenciones. Este reino o
-virreinato podría darse al rey de Etruria, o a otro infante de Castilla.
-
-3.º Tratándose de fijar la sucesión de España he manifestado lo que
-el rey N. S. me mandó que dijese de su parte; y también he hecho de
-modo que creo quedan desvanecidas cuantas calumnias inventadas por los
-malévolos en ese país han llegado a inficionar la opinión pública en
-este.
-
-4.º Por lo que concierne a la alianza ofensiva y defensiva, mi celo
-patriótico ha preguntado al príncipe de Benevento si se pensaba en
-hacer de España un equivalente a la confederación del Rin, y en
-obligarla a dar un contingente de tropas, cubriendo este tributo con
-el decoroso nombre de tratado ofensivo y defensivo. He manifestado que
-nosotros estando en paz con el imperio francés no necesitamos para
-defender nuestros hogares de socorros de Francia; que Canarias, Ferrol
-y Buenos Aires lo atestiguan; que el África es nula &c.
-
-En nuestras conversaciones ha quedado ya como negocio terminado el del
-casamiento. Tendría efecto; pero será un arreglo particular de que no
-se tratará en el convenio de que se envían las bases.
-
-En cuanto al título de emperador que el rey N. S. debe tomar no hay, ni
-había dificultad alguna. Se me ha encargado que no se pierda un momento
-en responder a fin de precaver las fatales consecuencias a que puede
-dar lugar el retardo de un día el ponerse de acuerdo.
-
-Se me ha dicho que se evite todo acto hostil, todo movimiento que
-pudiera alejar el saludable convenio que aún puede hacerse.
-
-Preguntado que si el rey N. S. debía irse a Andalucía, he respondido la
-verdad, que nada sabía. Preguntado también que si creía que se hubiese
-ido, he contestado que no, vista la seguridad en que se hallaban
-concerniente al buen proceder del emperador, tanto los reyes como V. A.
-
-He pedido, pues se medita un convenio, que ínterin que vuelve la
-respuesta se suspenda la marcha de los ejércitos franceses hacia lo
-interior de la España. He pedido que las tropas salgan de Castilla;
-nada he conseguido; pero presumo que si vienen aprobadas las bases
-podrán las tropas francesas recibir órdenes de alejarse de la
-residencia de SS. MM.
-
-De ahí se ha escrito que se acercaban tropas por Talavera a Madrid;
-que V. A. me despachó un alcance: a todo he satisfecho, exponiendo con
-verdad lo que me constaba.
-
-Según se presume aquí V. A. había salido de Madrid acompañando los
-reyes a Sevilla: yo nada sé; y así he dicho al correo que vaya hasta
-donde V. A. esté. Las tropas francesas dejarán pasar al correo, según
-me ha asegurado el gran mariscal del palacio imperial. París 24 de
-marzo de 1808. — Sermo. Sr. — De V. A. S. — Eugenio Izquierdo.
-
-
-
-
- APÉNDICE
- DEL
- LIBRO SEGUNDO.
-
-
-NÚMERO 2-1.
-
-_Proclama de Carlos IV._
-
-«Amados vasallos míos: vuestra noble agitación en estas circunstancias
-es un nuevo testimonio que me asegura de los sentimientos de vuestro
-corazón; y Yo que cual padre tierno os amo, me apresuro a consolaros
-en la actual angustia que os oprime. Respirad tranquilos: sabed que el
-ejército de mi caro aliado el emperador de los franceses atraviesa mi
-reino con ideas de paz y de amistad. Su objeto es trasladarse a los
-puntos que amenaza el riesgo de algún desembarco del enemigo, y que la
-reunión de los cuerpos de mi guardia ni tiene el objeto de defender mi
-persona, ni acompañarme en un viaje que la malicia os ha hecho suponer
-como preciso. Rodeado de la acendrada lealtad de mis vasallos amados,
-de la cual tengo tan irrefragables pruebas, ¿qué puedo Yo temer? Y
-cuando la necesidad urgente lo exigiese, ¿podría dudar de las fuerzas
-que sus pechos generosos me ofrecerían? No: esta urgencia no la verán
-mis pueblos. Españoles, tranquilizad vuestro espíritu: conducíos como
-hasta aquí con las tropas del aliado de vuestro rey, y veréis en breves
-días restablecida la paz de vuestros corazones, y a mí gozando la que
-el cielo me dispensa en el seno de mi familia y vuestro amor. Dado en
-mi palacio real de Aranjuez a 16 de marzo de 1808. — Yo el rey — A
-Don Pedro Cevallos.»
-
-
-NÚMERO 2-2.
-
-_Decreto de S. M. el rey Carlos IV exonerando a Don Manuel Godoy de sus
-empleos de generalísimo y almirante._
-
-«Queriendo mandar por mi persona el ejército y la marina, he venido
-en exonerar a Don Manuel Godoy, príncipe de la Paz, de sus empleos de
-generalísimo y almirante, concediéndole su retiro donde más le acomode.
-Tendreislo entendido, y lo comunicaréis a quien corresponda. Aranjuez
-18 de marzo de 1808. — A Don Antonio Olaguer Feliú.»
-
-
-NÚMERO 2-3.
-
-_Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en Aranjuez a 18 de
-marzo de 1808._
-
-«Señor mi hermano: hacía bastante tiempo que el príncipe de la Paz me
-había hecho reiteradas instancias para que le admitiese la dimisión de
-los encargos de generalísimo y almirante, y he accedido a sus ruegos;
-pero como no debo poner en olvido los servicios que me ha hecho, y
-particularmente los de haber cooperado a mis deseos constantes e
-invariables de mantener la alianza y la amistad íntima que me une a V.
-M. I. y R., yo le conservaré mi gracia.
-
-Persuadido yo de que será muy agradable a mis vasallos, y muy
-conveniente para realizar los importantes designios de nuestra alianza,
-encargarme yo mismo del mando de mis ejércitos de tierra y mar, he
-resuelto hacerlo así y me apresuro a comunicarlo a V. M. I. y R.,
-queriendo dar en esto nuevas pruebas de afecto a la persona de V. M. de
-mis deseos de conservar las íntimas relaciones que nos unen, y de la
-fidelidad que forma mi carácter del que V. M. I. y R. tiene repetidos y
-grandes testimonios.
-
-La continuación de los dolores reumáticos que de un tiempo a esta parte
-me impiden usar de la mano derecha, me privan del placer de escribir
-por mí mismo a V. M. I. y R.
-
-Soy con los sentimientos de la mayor estimación y del más sincero
-afecto de V. M. I. y R. su buen hermano. — Carlos.»
-
-
-NÚMERO 2-4.
-
-ποῦ νῦν ἡ λαμπρά τῆς ὑπατείας περιβολή; ποῦ δὲ αἱ φαιδραὶ λαμπάδες;
-ποῦ δὲ οἱ κρότοι, καὶ οἱ χοροί, καὶ αἱ θαλίαι, καὶ αἱ πανηγύρεις; ...
-πάντα ἐκεῖνα οἴχεται· καὶ ἄνεμος πνεύσας ἀθρόον τὰ μὲν φύλλα κατέβαλε,
-γυμνὸν δὲ ἡμῖν τὸ δένδρον ἔδειξε, καὶ ἀπὸ τῆς ῥίζης αὐτῆς σαλευόµενον
-λοιπόν· ... τίς γαρ τούτου γέγονεν ὑψηλότερος; οὐ πᾶσαν τὴν οἰκουμένην
-παρῆλθε τῷ πλούτῳ; οὐ πρὸς αὐτὰς τῶν ἀξιωµάτων ἀνέβη τὰς κορυφάς; οὐχὶ
-πάντες αὐτὸν ἔτρεμον καὶ ἐδεδοίκεισαν; ἀλλ’ ἰδοὺ γέγονε καὶ δεσμωτῶν
-ἀθλιώτερος, καὶ οἰκετῶν ἐλεεινότερος, καὶ τῶν λιμῷ τηκοµένων πτωχῶν
-ἐνδεέστερος, καθ’ ἑκάστην ἡμέραν ξίφη βλέπων ἠκονημένα, καὶ βάραθρον,
-καὶ δηµίους, καὶ τὴν ἐπὶ θάνατον ἀπαγωγήν· ...
-
-(ΟΜΙΛΙΑ ΕΙΣ ΕΥΤΡΟΠΙΟΝ.)
-
-
-NÚMERO 2-5.
-
-_Véase la Gaceta de Madrid del 25 de marzo de 1808._
-
-
-NÚMERO 2-6.
-
-Cesión de Carlos V. (_Véase Famiani Strada: De bello belgico. Liber I.
-y F. Prudencio de Sandoval: Historia de la vida y hechos de Carlos V._)
-
-
-NÚMERO 2-7.
-
-_Véase Marina: Teoría de las cortes, tom. 2.º, cap. 10, refiriéndose al
-documento que existe en la academia de la Historia. — Z. 52, fol. 301._
-
-
-NÚMERO 2-8.
-
-_Comentarios del marqués de San Felipe, tom. 2.º, año 1724._
-
-
-NÚMERO 2-9.
-
-_Des documents historiques publiés par Louis Bonaparte. Vol. 2.º, pág.
-290. París 1820._
-
-
-NÚMERO 2-10.
-
-_Nota escrita por la reina de España para el gran duque de Berg y
-remitida por la reina de Etruria sin fecha._
-
-«El rey mi esposo (que me hace escribir por no poderlo hacer a causa
-de los dolores e hinchazón de su mano) desea saber si el gran duque de
-Berg llevaría a bien encargarse de tratar eficazmente con el emperador
-para asegurar la vida del príncipe de la Paz, y que fuese asistido de
-algunos criados suyos o de capellanes.
-
-Si el gran duque pudiera ir a librarle o por lo menos darle algún
-consuelo, él tiene todas sus esperanzas en el gran duque, por ser su
-grande amigo. Él espera todo de S. A. y del emperador a quien siempre
-ha sido afecto.
-
-Asimismo que el gran duque consiga del emperador que al rey mi esposo,
-a mí y al príncipe de la Paz se dé lo necesario para poder vivir todos
-tres juntos donde convenga para nuestra salud sin mando ni intrigas,
-pues nosotros no las tendremos.
-
-El emperador es generoso, es un héroe, y ha sostenido siempre a sus
-fieles aliados y aun a los que son perseguidos. Nadie lo es tanto como
-nosotros. ¿Y por qué? porque hemos sido siempre fieles a la alianza.
-
-De mi hijo no podemos esperar jamás sino miserias y persecuciones.
-Han comenzado a forjar y se continuará fingiendo todo lo que pueda
-contribuir a que el príncipe de la Paz (amigo inocente y afecto al
-emperador, al gran duque y a todos los franceses) parezca criminal a
-los ojos del público y del emperador. Es necesario que no se crea nada.
-Los enemigos tienen la fuerza y todos los medios de justificar como
-verdadero lo que en sí es falso.
-
-El rey desea igualmente que yo ver y hablar al gran duque y darle
-por sí mismo la protesta que tiene en su poder. Los dos estamos
-agradecidos al envío que ha hecho de tropas suyas y a todas las pruebas
-que nos da de su amistad. Debe estar S. A. I. bien persuadido de la
-que nosotros le hemos tenido siempre y conservamos ahora. Nos ponemos
-en sus manos y las del emperador y confiamos que nos concederá lo que
-pedimos.
-
-Estos son todos nuestros deseos cuando estamos puestos en las manos de
-tan grande y generoso monarca y héroe.»
-
-
-_Carta de la reina de Etruria al gran duque de Berg en Aranjuez a 22 de
-marzo de 1808, con una posdata del rey Carlos IV._
-
-«Señor mi hermano: acabo de ver al edecán comandante, quien me ha
-entregado vuestra carta por la cual veo con mucha pena que mi padre
-y mi madre no han podido tener el gusto de veros, aunque lo deseaban
-eficazmente, porque toda su confianza tienen puesta en vos, de quien
-esperan que podréis contribuir a su tranquilidad.
-
-El pobre príncipe de la Paz cubierto de heridas y contusiones está
-decaído en la prisión, y no cesa de invocar el terrible momento de su
-muerte. No hace recuerdo de otras personas que de su amigo el gran
-duque de Berg, y dice que este es el único en quien confía que le ha de
-conseguir su salud.
-
-Mi padre, mi madre y yo hemos hablado con vuestro edecán comandante. Él
-os dirá todo. Yo fío en vuestra amistad y que por ella nos salvaréis a
-los tres y al pobre preso.
-
-No tengo tiempo de deciros más: confio en vos. Mi padre añadirá dos
-líneas a esta carta: yo soy de corazón vuestra afectísima hermana y
-amiga. — María Luisa.»
-
-
-_Posdata de Carlos IV._
-
-«Señor y muy querido hermano: habiendo hablado a vuestro edecán
-comandante e informádole de todo lo que ha sucedido, yo os ruego el
-favor de hacer saber al emperador que le suplico disponga la libertad
-del pobre príncipe de la Paz, quien solo padece por haber sido amigo
-de la Francia, y asimismo que se nos deje ir al país que más nos
-convenga llevándonos en nuestra compañía al mismo príncipe. Por ahora
-vamos a Badajoz: confio recibir antes vuestra respuesta caso de que
-absolutamente carezcáis de medios de vernos, pues mi confianza solo
-está en vos y en el emperador. Mientras tanto yo soy vuestro muy afecto
-hermano y amigo de todo corazón. — Carlos.»
-
-
-_Carta de la reina de España al gran duque de Berg en Aranjuez a 22 de
-marzo de 1808 junta con la anterior de su hija._
-
-«Señor mi querido hermano: yo no tengo más amigos que V. A. I. El rey
-mi amado esposo os escribe implorando vuestra amistad. En ella está
-únicamente nuestra esperanza. Ambos os pedimos una prueba de que sois
-nuestro amigo, y es la de hacer conocer al emperador lo sincero de
-nuestra amistad y del afecto que siempre hemos profesado a su persona,
-a la vuestra y a la de todos los franceses.
-
-El pobre príncipe de la Paz que se halla encarcelado y herido por ser
-amigo nuestro, apasionado nuestro y afecto a toda la Francia, sufre
-todo por causa de haber deseado el arribo de vuestras tropas y haber
-sido el único amigo nuestro permanente. Él hubiera ido a ver a V. A. si
-hubiera tenido libertad, y ahora mismo no cesa de nombrar a V. A. y de
-manifestar deseos de ver al emperador.
-
-Consíganos V. A. que podamos acabar nuestros días tranquilamente en un
-país conveniente a la salud del rey (la cual está delicada como también
-la mía) y que sea esto en compañía de nuestro único amigo que también
-lo es de V. A.
-
-Mi hija será mi intérprete si yo no logro la satisfacción de poder
-conocer personalmente y hablar a V. A. ¿Podríais hacer esfuerzos para
-vernos aunque fuera un solo instante de noche o como quisierais? El
-comandante edecán de V. A. contará todo lo que hemos dicho.
-
-Espero que V. A. conseguirá para nosotros lo que deseamos, y que
-perdonará las faltas y olvidos que haya cometido yo en el tratamiento,
-pues no sé donde estoy, y debéis creer que no habrán sido por faltar a
-V. A. ni dejar de darle seguridad de toda mi amistad.
-
-Ruego a Dios guarde a V. A. I. muchos años. Vuestra más afecta. —
-Luisa.»
-
-
-_Carta del general Monthion al gran duque de Berg en Aranjuez a 23 de
-marzo de 1808._
-
-«Conforme a las órdenes de V. A. I. vine a Aranjuez con la carta de V.
-A. para la reina de Etruria. Llegué a las ocho de la mañana: la reina
-estaba todavía en cama: se levantó inmediatamente: me hizo entrar:
-le entregué vuestra carta: me rogó esperar un momento mientras iba a
-leerla con el rey y la reina sus padres: media hora después entraron
-todos tres a la sala en que yo me hallaba.
-
-El rey me dijo que daba gracias a V. A. de la parte que tomabais en
-sus desgracias, tanto más grandes cuanto era el autor de ellas un hijo
-suyo. El rey me dijo: «que esta revolución había sido muy premeditada;
-que para ello se había distribuido mucho dinero, y que los principales
-personajes habían sido su hijo y Mr. Caballero ministro de la justicia:
-que S. M. había sido violentado para abdicar la corona por salvar la
-vida de la reina y la suya, pues sabía que sin esta diligencia los dos
-hubieran sido asesinados aquella noche; que la conducta del príncipe
-de Asturias era tanto más horrible cuanto más prevenido estaba de que
-conociendo el rey los deseos que su hijo tenía de reinar, y estando S.
-M. próximo a cumplir sesenta años, había convenido en ceder a su hijo
-la corona cuando este se casara con una princesa de la familia imperial
-de Francia como S. M. deseaba ardientemente.»
-
-El rey ha añadido que el príncipe de Asturias quería que su padre se
-retirase con la reina su mujer a Badajoz, frontera de Portugal: que
-el rey le había hecho la observación de que el clima de aquel país no
-le convenía, y le había pedido permiso de escoger otro, por lo cual el
-mismo rey Carlos deseaba obtener del emperador licencia de adquirir
-un bien en Francia y de asegurar allí su existencia. La reina me ha
-dicho: «que había suplicado a su hijo la dilación del viaje a Badajoz;
-pero que no había conseguido nada, por lo que debería verificarse en el
-próximo lunes.»
-
-Al tiempo de despedirme yo de SS. MM. me dijo el rey: «yo he escrito al
-emperador poniendo mi suerte en sus manos: quise enviar mi carta por
-un correo; pero no es posible medio más seguro que el de confiarla a
-vuestro cuidado.»
-
-El rey pasó entonces a su gabinete y luego salió trayendo en su mano la
-carta adjunta. Me la entregó y dijo estas palabras: «mi situación es
-de las más tristes; acaban de llevarse al príncipe de la Paz y quieren
-conducirlo a la muerte: no tiene otro delito que haber sido muy afecto
-a mi persona toda su vida.»
-
-Añadió: «que no había modo de ruegos que no hubiese puesto en práctica
-para salvar la vida de su infeliz amigo; pero había encontrado sordo a
-todo el mundo y dominado del espíritu de venganza. Que la muerte del
-príncipe de la Paz produciría la suya, pues no podría S. M. sobrevivir
-a ella.» — B. de Monthion.»
-
-
-_Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en Aranjuez a 23 de
-marzo de 1808._
-
-«Señor mi hermano: V. M. sabrá sin duda con pena los sucesos de
-Aranjuez y sus resultas; y no verá con indiferencia a un rey que
-forzado a renunciar la corona acude a ponerse en los brazos de un
-grande monarca aliado suyo, subordinándose totalmente a la disposición
-del único que puede darle su felicidad, la de toda su familia y las de
-sus fieles vasallos.
-
-Yo no he renunciado en favor de mi hijo sino por la fuerza de las
-circunstancias cuando el estruendo de las armas y los clamores de una
-guardia sublevada me hacían conocer bastante la necesidad de escoger la
-vida o la muerte, pues esta última se hubiera seguido después de la de
-la reina.
-
-Yo fui forzado a renunciar; pero asegurado ahora con plena confianza en
-la magnanimidad y el genio del grande hombre que siempre ha mostrado
-ser amigo mío, yo he tomado la resolución de conformarme con todo
-lo que este mismo grande hombre quiera disponer de nosotros y de mi
-suerte, la de la reina y la del príncipe de la Paz.
-
-Dirijo a V. M. I. y R. una protesta contra los sucesos de Aranjuez y
-contra mi abdicación. Me entrego y enteramente confio en el corazón y
-amistad de V. M., con lo cual ruego a Dios que os conserve en su santa
-y digna guarda.
-
-De V. M. I. y R. su muy afecto hermano y amigo. — Carlos.»
-
-
-_Carta de la reina de Etruria incluyendo otra de su madre la reina de
-España para el gran duque de Berg en Madrid a 26 de marzo de 1808._
-
-«Señor mi hermano: mi madre me envía la adjunta carta para que os
-la remita y la conservéis. Hacednos la gracia, querido mío, de no
-abandonarnos: todas nuestras esperanzas están en vos. Concededme el
-consuelo de ir a ver a mis padres. Respondedme alguna cosa que nos
-alivie y no os olvidéis de una amiga que os ama de corazón. — María
-Luisa.»
-
-P. D. — «Yo estoy enferma en la cama con algo de calentura por lo cual
-no me veréis fuera de mi habitación.»
-
-
-_Carta inclusa en la antecedente._
-
-«Querida hija mía: decid al gran duque de Berg la situación del rey mi
-esposo, la mía y la del pobre príncipe de la Paz.
-
-Mi hijo Fernando era el jefe de la conjuración: las tropas estaban
-ganadas por él; él hizo poner una de las luces de su cuarto en una
-ventana para señal de que comenzase la explosión. En el instante mismo
-los guardias y las personas que estaban a la cabeza de la revolución
-hicieron tirar dos fusilazos. Se ha querido persuadir que fueron
-tirados por la guardia del príncipe de la Paz, pero no es verdad.
-Al momento los guardias de Corps, los de infantería española y los
-de la valona se pusieron sobre las armas y sin recibir órdenes de
-sus primeros jefes convocaron a todas las gentes del pueblo y las
-condujeron adonde les acomodaba.
-
-El rey y yo llamamos a mi hijo para decirle que su padre sufría grandes
-dolores, por lo que no podía asomarse a la ventana, y que lo hiciese
-por sí mismo a nombre del rey para tranquilizar al pueblo: me respondió
-con mucha firmeza que no lo haría porque lo mismo sería asomarse a la
-ventana que comenzar el fuego, y así no lo quiso hacer.
-
-Después a la mañana siguiente le preguntamos si podría hacer cesar
-el tumulto y tranquilizar los amotinados, y respondió que lo haría,
-pues enviaría a buscar a los segundos jefes de los cuerpos de la casa
-real, enviando también algunos de sus criados con encargo de decir en
-su nombre al pueblo y a las tropas que se tranquilizasen: que también
-haría se volviesen a Madrid muchas personas que habían concurrido de
-allí para aumentar la revolución, y encargaría que no viniesen más.
-
-Cuando mi hijo había dado estas órdenes fue descubierto el príncipe de
-la Paz. El rey envió a buscar a su hijo y le mandó salir adonde estaba
-el desgraciado príncipe, que ha sido víctima por ser amigo nuestro y
-de los franceses, y principalmente del gran duque. Mi hijo fue y mandó
-que no se tocase más al príncipe de la Paz y se le condujese al cuartel
-de guardias de Corps. Lo mandó en nombre propio, aunque lo hacía por
-encargo de su padre, y como si él mismo fuese ya rey dijo al príncipe
-de la Paz «Yo te perdono la vida.»
-
-El príncipe a pesar de sus grandes heridas le dio gracias preguntándole
-si era ya rey. Esto aludía a lo que ya se pensaba en ello, pues el rey,
-el príncipe de la Paz y yo teníamos la intención de hacer la abdicación
-en favor de Fernando cuando hubiéramos visto al emperador y compuesto
-todos los asuntos, entre los cuales el principal era el matrimonio. Mi
-hijo respondió al príncipe: «No: hasta ahora no soy rey; pero lo seré
-bien pronto.» Lo cierto es que mi hijo mandaba todo como si fuese rey
-sin serlo y sin saber si lo sería. Las órdenes que el rey mi esposo
-daba no eran obedecidas.
-
-Después debía haber en el día 19 en que se verificó la abdicación otro
-tumulto más fuerte que el primero contra la vida del rey mi esposo y la
-mía, lo que obligó a tomar la resolución de abdicar.
-
-Desde el momento de la renuncia mi hijo trató a su padre con todo el
-desprecio que puede tratarlo un rey, sin consideración alguna para con
-sus padres. Al instante hizo llamar a todas las personas complicadas
-en su causa que habían sido desleales a su padre, y hecho todo lo que
-pudiera ocasionarle pesadumbres. El nos da priesa para que salgamos de
-aquí señalándonos la ciudad de Badajoz para residencia. Entretanto nos
-deja sin consideración alguna manifestando gran contento de ser ya rey,
-y de que nosotros nos alejemos de aquí.
-
-En cuanto al príncipe de la Paz no quisiera que nadie se acordara de
-él. Los guardias que le custodian tienen orden de no responder a nada
-que les pregunte, y lo han tratado con la mayor inhumanidad.
-
-Mi hijo ha hecho esta conspiración para destronar al rey su padre.
-Nuestras vidas hubieran estado en grande riesgo, y la del pobre
-príncipe de la Paz lo está todavía.
-
-El rey mi esposo y yo esperamos del gran duque que hará cuanto pueda en
-nuestro favor, porque nosotros siempre hemos sido aliados fieles del
-emperador, grandes amigos del gran duque, y lo mismo sucede al pobre
-príncipe de la Paz. Si él pudiese hablar daría pruebas, y aun en el
-estado en que se halla no hace otra cosa que exclamar por su grande
-amigo el gran duque.
-
-Nosotros pedimos al gran duque que salve al príncipe de la Paz, y que
-salvándonos a nosotros nos le dejen siempre a nuestro lado para que
-podamos acabar juntos tranquilamente el resto de nuestros días en un
-clima más dulce y retirados sin intrigas y sin mandos, pero con honor.
-Esto es lo que deseamos el rey y yo igualmente que el príncipe de la
-Paz, el cual estaría siempre pronto a servir a mi hijo en todo. Pero mi
-hijo (que no tiene carácter alguno, y mucho menos el de la sinceridad)
-jamás ha querido servirse de él y siempre le ha declarado guerra como
-al rey su padre y a mí.
-
-Su ambición es grande y mira a sus padres como si no lo fuesen. ¿Qué
-hará para los demás? Si el gran duque pudiera vernos tendríamos grande
-placer y lo mismo su amigo el príncipe de la Paz que sufre porque lo ha
-sido siempre de los franceses y del emperador. Esperamos todo del gran
-duque, recomendándole también a nuestra pobre hija María Luisa que no
-es amada de su hermano. Con esta esperanza estamos próximos a verificar
-nuestro viaje. — Luisa.»
-
-
-_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg en 27 de marzo
-de 1808._
-
-«Mi hijo no sabe nada de lo que tratamos y conviene que ignore todos
-nuestros pasos. Su carácter es falso: nada le afecta: es insensible y
-no inclinado a la clemencia. Está dirigido por hombres malos y hará
-todo por la ambición que le domina; promete, pero no siempre cumple sus
-promesas.
-
-Creo que el gran duque debe tomar medidas para impedir que al pobre
-príncipe de la Paz se le quite la vida, pues los guardias de Corps han
-dicho que primero lo matarán que entregarle vivo, aunque lo manden el
-emperador y el gran duque. Están llenos de rabia contra él, e inflaman
-a todos los pueblos, a todo el mundo y aun a mi hijo que defiere a
-ellos en todo. Lo mismo sucede relativamente al rey mi esposo y a mí.
-Nosotros estamos puestos en manos del gran duque y del emperador: le
-rogamos que tenga la complacencia de venir a vernos; de hacer que el
-pobre príncipe de la Paz sea puesto en salvo lo más pronto posible, y
-de concedernos todo lo demás que tenemos suplicado.
-
-El embajador es todo de mi hijo; lo cual me hace temblar, porque mi
-hijo no quiere al gran duque ni al emperador sino solo el despotismo.
-El gran duque debe estar persuadido que no digo esto por venganza ni
-resentimiento de los malos tratos que nos hace sufrir, pues nosotros no
-deseamos sino la tranquilidad del gran duque y del emperador. Estamos
-totalmente puestos en manos del gran duque deseando verle para que
-conozca todo el valor que damos a su augusta persona y a sus tropas,
-como a todo lo que le sea relativo.»
-
-
-_Carta de la reina de Etruria para el gran duque de Berg en Madrid a 29
-de marzo de 1808 con una nota de la reina de España su madre._
-
-«Mi señor y querido hermano: mi madre os escribe algunas líneas. Yo
-os incluyo la adjunta mía para el emperador rogándoos dispongáis que
-llegue prontamente a su destino. Recomendadme a S. M. y prometedme como
-os suplico ir después de mañana a Aranjuez. Tomad en mis asuntos el
-interés que yo tomo en lo relativo a vuestra persona, y creed que soy
-de todo mi corazón vuestra afecta hermana y amiga. — María Luisa.»
-
-
-_Nota de puño y letra de la reina de España._
-
-«No quisiéramos ser importunos al gran duque. El rey me hace tomar
-la pluma para decir que considera útil que el gran duque escribiese
-al emperador insinuando que convendría que S. M. I. diese órdenes
-sostenidas con la fuerza para que mi hijo o el gobierno nos dejen
-tranquilos al rey, a mí y al príncipe de la Paz hasta tanto que S. M.
-llegue. En fin el gran duque y el emperador sabrán tomar las medidas
-necesarias para que se esperen su arribo u órdenes sin que antes seamos
-víctimas. — Luisa.»
-
-
-_Carta de la reina de Etruria al gran duque de Berg en Madrid a 30
-de marzo de 1808, con otra de su madre y un artículo escrito de mano
-propia de Carlos IV._
-
-«Señor y hermano: os remito una carta que mi madre me ha enviado, y os
-suplico que me digáis si vuestra guardia o vuestras tropas han pasado a
-guardar al príncipe de la Paz. Deseo también saber cuál es el estado
-de la salud del príncipe, y qué opina vuestro médico en el asunto.
-Respondedme al instante porque pienso visitar a mi madre uno de estos
-días sin detenerme allí más que lo preciso para hablar y volver aquí.
-Id pronto pues solo vos podéis ser mi defensor, y vuelvo a rogaros
-que me respondáis sin detención: entre tanto soy de corazón vuestra
-afectísima hermana y amiga. — María Luisa.»
-
-
-_Carta de la reina de España citada en la anterior._
-
-«Si el gran duque no toma a su cargo que el emperador exija prontamente
-órdenes de impedir los progresos de las intrigas que hay contra el
-rey mi esposo, contra el príncipe de la Paz su amigo, contra mí y
-aun contra mi hija Luisa, ninguno de nosotros está seguro. Todos los
-malévolos se reúnen en Madrid alrededor de mi hijo: este los cree como
-a oráculos, y por sí mismo no es muy inclinado a la magnanimidad ni a
-la clemencia. Debe temerse de ellos toda mala resulta. Yo tiemblo y lo
-mismo mi marido si mi hijo ve al emperador antes que este haya dado
-sus órdenes, pues él y los que le acompañan contarán a S. M. I. tantas
-mentiras que lo pongan por lo menos en estado de dudar de la verdad.
-Por este motivo rogamos al gran duque consiga del emperador que proceda
-sobre el supuesto de que nosotros estamos absolutamente puestos en sus
-manos, esperando que nos dé la tranquilidad para el rey mi esposo,
-para mí y para el príncipe de la Paz, de quien deseamos que nos lo
-deje a nuestro lado para acabar nuestros días tranquilamente en un
-país conveniente a nuestra salud, sin que ninguno de nosotros tres les
-hagamos la menor sombra. Rogamos con la mayor instancia al gran duque
-que se sirva mandar darnos diariamente noticias de nuestro amigo común
-el príncipe de la Paz, pues nosotros ignoramos todo absolutamente.»
-
-
-_El siguiente artículo está escrito de letra de Carlos IV._
-
-«Yo he hecho a la reina escribir todo lo que precede, porque no puedo
-escribir mucho a causa de mis dolores. — Carlos.»
-
-
-_Sigue escribiendo la reina._
-
-«El rey mi marido ha escrito esta línea y media y la ha firmado para
-que os aseguréis de ser él quien escribe.»
-
-
-_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg remitida por
-medio de la reina de Etruria sin fecha en 1808._
-
-«El rey mi esposo y yo no quisiéramos ser importunos ni enfadosos
-al gran duque que tiene tantas ocupaciones, pero no tenemos otro
-amigo ni apoyo que él y el emperador, en quien están fundadas todas
-las esperanzas del rey, las del príncipe de la Paz amigo del gran
-duque e íntimo nuestro, las de mi hija Luisa y las mías. Mi hija me
-escribió ayer por la tarde lo que el gran duque le había dicho, y
-nos ha penetrado el corazón dejándonos llenos de reconocimiento y de
-consuelo, esperando todo bien de las dos sagradas e incomparables
-personas del emperador y del gran duque. Pero no queremos que ignoren
-lo que nosotros sabemos, a pesar de que nadie nos dice nada ni aun
-responden a lo que preguntamos, por más necesidad que tengamos de
-respuesta. Sin embargo miramos esto con indiferencia y solo nos
-interesa la buena suerte de nuestro único e inocente amigo el príncipe
-de la Paz, que también lo es del gran duque como él mismo exclamaba
-en su prisión en medio de los horribles tratos que se le hacían, pues
-perseveraba llamando siempre amigo suyo al gran duque lo mismo que lo
-había hecho antes de la conspiración, y solía decir «si yo tuviera la
-fortuna de que el gran duque estuviese cerca y llegase aquí, no tendría
-nada que temer.» Él deseaba su arribo a la corte y se lisonjeaba con
-la satisfacción de que el gran duque quisiese aceptar su casa para
-alojamiento. Tenía preparados algunos regalos para hacerle; y en fin
-no pensaba sino en que llegara el momento y después presentarse ante
-el emperador y el gran duque con todo el afecto imaginable; pero
-ahora nosotros estamos siempre temiendo que se le quite la vida, o
-se le aprisione más si sus enemigos llegan a entender que se trata
-de salvarle. ¿No sería posible tomar por precaución algunas medidas
-antes de la resolución definitiva? El gran duque pudiera enviar tropas
-sin decir a qué; llegar a la prisión del príncipe de la Paz y separar
-la guardia que le custodia, sin darle tiempo de disparar una pistola
-ni hacer nada contra el príncipe; pues es de temer que su guardia lo
-hiciese porque todos sus deseos son de que muera, y tendrán gloria en
-matarle. Así la guardia sería mandada absolutamente por las órdenes
-del gran duque: y si no, puede estar seguro el gran duque de que el
-príncipe de la Paz morirá si prosigue bajo el poder de los traidores
-indignos y a las órdenes de mi hijo. Por lo mismo volvemos a hacer al
-gran duque la misma súplica de que haga sacarle del poder de las manos
-sanguinarias, esto es de los guardias de Corps, de mi hijo y de sus
-malos lados, porque si no, debemos estar siempre temblando por su vida
-aunque el gran duque y el emperador la quieran salvar mediante que no
-lo podrán conseguir. De gracia volvemos a pedir al gran duque que tome
-todas las medidas convenientes para el objeto, porque como se pierda
-tiempo ya no está segura la vida, pues es cosa cierta que sería más
-fácil de conservar si el príncipe estuviese entre las manos de leones y
-de tigres carnívoros.
-
-Mi hijo estuvo ayer después de comer con Infantado, con Escóiquiz, que
-es un clérigo maligno, y con San Carlos que es peor que todos ellos; y
-esto nos hace temblar porque duró la conferencia secreta desde la una
-y media hasta las tres y media. El gentil-hombre que va con mi hijo
-Carlos es primo de San Carlos; tiene talento y bastante instrucción,
-pero es un americano maligno y muy enemigo nuestro como su primo San
-Carlos, sin embargo de que todo lo que son lo han recibido del rey mi
-marido a instancias del pobre príncipe de la Paz, de quien ellos decían
-ser parientes. Todos los que van con mi hijo Carlos son incluidos en la
-misma intriga y muy propios para hacer todo el mal posible, y que sea
-reputado por verdad lo que es una grande mentira.
-
-Yo ruego al gran duque que perdone mis borrones y defectos que cometo
-cuando escribo francés, mediante hacer ya 42 años que hablo español
-desde que vine a casar en España a la edad de trece años y medio,
-motivo por el cual aunque hablo francés no sé hablarlo bien. El gran
-duque conocerá la razón que me asiste y disimulará los defectos del
-idioma en que yo incurra. — Luisa.»
-
-
-_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg por medio de la
-reina de Etruria su hija sin fecha en 1808._
-
-Ayer recibí un papel de un mahonés que quería tener una audiencia
-secreta conmigo después que el rey mi marido estaba ya en cama,
-diciéndome que me daría grandes luces sobre todo lo que sucede
-actualmente.
-
-Él quería que yo le diese por mí misma seis u ocho millones, diciendo
-que yo los podría pedir a la compañía de Filipinas, y que él haría una
-contrarrevolución que librase al príncipe de la Paz y fuese también
-contra los franceses.
-
-El rey y yo lo hicimos prender sin permitirle comunicación, y
-permanecerá preso hasta que se averigüe la verdad de todo lo que hay
-en este asunto; pues creemos que sea un emisario de los ingleses para
-perdernos, supuesto que el rey y el príncipe de la Paz siempre han sido
-únicamente amigos de los franceses, del emperador y en particular del
-gran duque sin haberlo sido jamás de los ingleses nuestros enemigos
-naturales.
-
-Creemos también por muy necesario que el gran duque haga asegurar al
-pobre príncipe de la Paz que siempre ha sido y es amigo del gran duque,
-de quien así (como del emperador) esperaba su asilo en la forma que
-lo tenía escrito por medio de Izquierdo al mismo gran duque, y aun al
-emperador mismo, bien que no sé si estas cartas habrán llegado a sus
-manos.
-
-Convendría sacar de las manos de los guardias de Corps y de las tropas
-de mi hijo al pobre príncipe de la Paz su amigo, pues es de recelar que
-se le quite la vida o se le envenene y se diga que ha muerto de sus
-heridas, y por cuanto no tendrá seguridad de vivir; mientras estén a su
-lado algunos de estos malignos, será forzoso que el gran duque después
-de asegurar la persona del príncipe de la Paz en su poder, tome medidas
-bien fuertes para conservarle, pues las intrigas cada día crecen contra
-ese pobre amigo del gran duque y aun contra el rey mi marido, cuya vida
-tampoco está bastante segura.
-
-Mi hijo hizo llamar al hijo de Biergol, que es oficial de la secretaría
-de relaciones exteriores. Estuvieron presentes a la sesión Infantado
-y todos los ministros. Mi hijo le preguntó qué había de nuevo en el
-sitio, y qué hacía el rey mi marido: Biergol respondió lo que había
-de verdad diciendo: «no hay nada de nuevo: el rey sale muy poco: la
-reina no ha salido: se ocupan en preparar una habitación para el
-caso de que el gran duque y el emperador vayan allí.» Mi hijo le
-dio orden de volver aquí y de estar al servicio de su padre hasta
-que este emprenda su viaje, porque es uno que interviene en nuestras
-cuentas como tesorero. A todos los que nos siguen aplican el título de
-desertores. Yo recelo que traman alguna grande intriga contra nosotros
-y que estamos en grande riesgo, porque Infantado y los otros son tan
-malos y peores que los demás. Me persuado que el rey, y yo y el pobre
-príncipe de la Paz estamos muy expuestos, porque no manifiestan sino
-mala voluntad contra nosotros, y nuestra vida no está segura si no lo
-remedian el gran duque y el emperador. Es necesario que tomen algunas
-medidas para contener las abominables intenciones de estos malignos, y
-para que mi hijo se canse de dedicarse a pensar todo lo que sea contra
-su padre y contra el príncipe de la Paz. Nosotros hemos tenido esta
-noticia después que salió de aquí el edecán. El clérigo Escóiquiz es
-también de los más malos. — Luisa.»
-
-
-_Carta del rey Carlos IV al gran duque de Berg con otra de la reina su
-esposa en Aranjuez a 1.º de abril de 1808._
-
-«Mi señor y muy querido hermano: V. A. verá por el escrito adjunto que
-nosotros nos interesamos en la vida del príncipe de la Paz más que en
-la nuestra.
-
-Todo lo que se dice en la gaceta extraordinaria sobre el proceso del
-Escorial ha sido compuesto a gusto de los que lo publican, sin decir
-nada de la declaración que mi hijo hizo espontáneamente, la cual habrán
-mudado sin duda: ella está escrita por un gentil-hombre, y firmada
-solamente por mi hijo. Si V. A. no hace esfuerzos para que el proceso
-se suspenda hasta la venida del emperador, temo mucho que quiten antes
-la vida al príncipe de la Paz. Nosotros contamos con el afecto de
-V. A. para nosotros tres, fundados en la alianza y amistad con el
-emperador. Espero que V. A. me dará una respuesta consolatoria que me
-tranquilice, y comunicará al emperador esta carta mía con expresión de
-que yo descanso en su amistad y generosidad. Excusadme lo mal escrita
-que va esta carta, pues los dolores que padezco son la causa. En este
-supuesto, mi señor y muy querido hermano, de V. A. I. y R. soy su muy
-afecto. — Carlos.»
-
-
-_Carta de la reina._
-
-«Señor mi hermano: yo junto mis sentimientos a los del rey mi marido,
-rogando a V. A. la bondad de hacer lo que le pedimos ahora; y esperamos
-que su amistad y humanidad tomará a su cargo la buena causa de su
-íntimo y desgraciado amigo el pobre príncipe de la Paz, así como
-nuestra propia causa que está unida a la suya, para que así cese y se
-suspenda todo hasta que la generosidad y grandeza de alma sin igual
-del emperador nos salve a todos tres y haga que acabemos nuestros días
-tranquilamente y en reposo. No espero menos del emperador y de V. A.
-que nos concederá esta gracia, pues es la única que deseamos. En este
-supuesto, ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda.
-Señor mi hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. —
-Luisa.»
-
-
-_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg, remitida por
-medio de la reina de Etruria en 1.º de abril de 1808._
-
-«Habiendo visto la gaceta extraordinaria que habla solamente de haberse
-encontrado la causa del Escorial entre los papeles del pobre príncipe
-de la Paz, veo que está llena de mentiras. El rey era quien guardaba la
-causa en la papelera de su mesa, y la confió al pobre príncipe de la
-Paz para que la diera al gran duque, con el fin de que la presentase
-al emperador de parte del rey mi marido. Como esta causa se halla
-escrita por el ministro de la guerra y de justicia, y firmada por mi
-hijo, este y aquel mudarán lo que quieran como si fuese original y
-verdadero; y lo mismo sucederá en lo que quieran mudar relativo a los
-demás comprendidos en la causa, pues todos están ahora alrededor de mi
-hijo, y harán lo que este mande y lo que quieran ellos mismos.
-
-Si el gran duque no tiene la bondad y humanidad de hacer que el
-emperador mande prontamente hacer suspender el curso de la causa del
-pobre príncipe de la Paz, amigo del mismo gran duque, y del emperador,
-y de los franceses, y del rey, y mío, van sus enemigos a hacerle cortar
-la cabeza en público, y después a mí, pues lo desean también. Yo temo
-mucho que no den tiempo para que pueda llegar la respuesta y resolución
-del emperador; pues precipitarán la ejecución para que cuando llegue
-aquella no pueda surtir efecto favorable por estar ya decapitado el
-príncipe. El rey mi marido y yo no podemos ver con indiferencia un
-atentado tan horrible contra quien ha sido íntimamente amigo nuestro y
-del gran duque. Esta amistad y la que ha tenido en favor del emperador
-y de los franceses, es la causa de todo lo que sufre; sobre lo cual no
-se debe dudar.
-
-Las declaraciones que mi hijo hizo en su causa no se manifiestan ahora;
-y caso de que se publiquen algunas, no serán las que de veras hizo
-entonces. Acusan al pobre príncipe de la Paz de haber atentado contra
-la vida y trono de mi hijo; pero esto es falso y solo es verdad todo lo
-contrario. No tratan sino de acriminar a este inocente príncipe de la
-Paz, nuestro único amigo común, para inflamar más al público y hacerle
-creer contra él todas las infamias posibles.
-
-Después harán lo mismo contra mí, pues tienen la voluntad preparada
-para ello. Así convendrá que el gran duque haga decir a mi hijo que se
-suspenda toda causa y asunto de papeles hasta que el emperador venga, o
-dé disposiciones; y tomar el gran duque bajo sus órdenes la persona del
-pobre príncipe de la Paz su amigo, separando los guardias y poniendo
-tropas suyas para impedir que lo maten, pues esto es lo que quieren,
-además de infamarle, lo que también proyectan contra el rey mi marido
-y contra mí, diciendo que es necesario formarnos causa y hacer que
-después demos cuenta de todas nuestras operaciones.
-
-Mi hijo tiene muy mal corazón: su carácter es cruel: jamás ha tenido
-amor a su padre ni a mí: sus consejeros son sanguinarios: no se
-complacen sino en hacer desdichados, sin exceptuar al padre ni a la
-madre. Quieren hacernos todo el mal posible, pero el rey y yo tenemos
-mayor interés en salvar la vida y el honor de nuestro inocente amigo
-que nuestra misma vida.
-
-Mi hijo es enemigo de los franceses, aunque diga lo contrario. No
-extrañaré que cometa un atentado contra ellos. El pueblo está ganado
-con dinero y lo inflamará contra el príncipe de la Paz, contra el rey,
-mi marido, y contra mí, porque somos aliados de los franceses, y dicen
-que nosotros les hemos hecho venir.
-
-A la cabeza de todos los enemigos de los franceses está mi hijo, aunque
-aparente ahora lo contrario, y quiera ganar al emperador, al gran duque
-y a los franceses para dar mejor y seguro su golpe.
-
-Ayer tarde dijimos nosotros al general comandante de las tropas del
-gran duque, que nosotros siempre permanecemos aliados de los franceses,
-y que nuestras tropas estarán siempre unidas con las suyas. Esto se
-entiende de las nuestras que tenemos aquí, pues de las otras no podemos
-disponer; y aun en cuanto a estas ignoramos las órdenes que mi hijo
-habrá dado; pero nosotros nos pondríamos a su cabeza para hacerlas
-obedecer lo que queremos, que es que sean amigas de los franceses. —
-Luisa.»
-
-
-_Nota de la reina de España para el gran duque de Berg, por medio de la
-reina de Etruria su hija, en abril de 1808._
-
-«Nosotros remitimos al gran duque la respuesta de mi hijo a la carta
-que el rey mi marido le escribió antes de ayer, cuya copia fue remitida
-ayer al gran duque. No estamos contentos con el modo de explicarse
-mi hijo, ni aun con la sustancia de lo que se responde; pero el gran
-duque por su amistad con nosotros tendrá la bondad de componerlo todo
-y de hacer que el emperador nos salve a todos tres; es decir al rey mi
-marido, al pobre príncipe de la Paz su amigo, y a mí. El gran duque
-debe estar persuadido, y persuadir al emperador, que habiendo puesto
-nuestra suerte en sus manos, solo pendemos de la generosidad, grandeza
-de alma y amistad que tenga para nosotros tres, que siempre hemos sido
-sus buenos y fieles aliados, amigos y afectos, y que si no, nuestra
-suerte será muy infeliz.
-
-Se nos ha dicho que nuestro hijo Carlos va a partir mañana o antes para
-recibir al emperador, y que si no lo encuentra, avanzará hasta París. A
-nosotros se nos oculta esta resolución porque no quieren que la sepamos
-el rey ni yo, lo cual nos hace recelar un mal designio; pues mi hijo
-Fernando no se separa un momento de sus hermanos, y los hace malos con
-promesas y con los atractivos que agradan a los jóvenes que no conocen
-al mundo por experiencias &c.
-
-Por esto conviene que el gran duque procure que el emperador no se deje
-engañar por medio de mentiras que lleven las apariencias de la verdad,
-respecto de que mi hijo no es afecto a los franceses, sino que ahora
-manifiesta serlo porque cree tener necesidad de aparentarlo. Yo recelo
-de todo si el gran duque, en quien habemos puesto nuestras esperanzas,
-no hace todos sus esfuerzos para que el emperador tome nuestra causa
-como suya propia. Tampoco dudamos que la amistad del gran duque
-sostendrá y salvará a su amigo, y nos lo dejará a nuestro lado para
-que todos tres juntos acabemos nuestros días tranquilamente retirados.
-Asimismo creemos que el gran duque tomará todos los medios para que el
-pobre príncipe de la Paz, amigo suyo y nuestro, sea trasladado a un
-pueblo cercano a Francia, de manera que su vida no peligre y sea fácil
-de transportarlo a Francia, y librarlo de las manos de sus sanguinarios
-enemigos.
-
-Deseamos igualmente que el gran duque envíe a el emperador alguna
-persona que le informe de todo a fondo para evitar que S. M. I. pueda
-ser preocupado por las mentiras que se fraguan aquí de día y de noche
-contra nosotros y contra el pobre príncipe de la Paz, cuya suerte
-preferimos a la misma nuestra, porque estamos temblando de las dos
-pistolas que hay cargadas para quitarle la vida en caso necesario, y
-sin duda son efecto de alguna orden de mi hijo que hace conocer así
-cuál sea su corazón; y deseo que no se verifique jamás un atentado
-semejante con ninguno, aun cuando fuese el mayor malvado, y vos debéis
-creer que el príncipe no lo es.
-
-En fin el gran duque y el emperador son los únicos que pueden salvar al
-príncipe de la Paz, así como a nosotros, pues si no resulta salvo, y si
-no se nos concede su compañía moriremos el rey mi marido y yo. Ambos
-creemos que si mi hijo perdona la vida al príncipe de la Paz, será
-cerrándolo en una prisión cruel donde tenga una muerte civil; por lo
-cual rogamos al gran duque y al emperador que lo salve enteramente, de
-manera que acabe sus días en nuestra compañía donde se disponga.
-
-Conviene saber que se conoce que mi hijo teme mucho al pueblo; y los
-guardias de Corps son siempre sus consejeros y sus tiranos. — Luisa.»
-
-
-_Carta del rey Carlos IV al gran duque de Berg con otra de la reina su
-esposa en Aranjuez a 3 de abril de 1808._
-
-«Mi señor y mi querido hermano: teniendo que pasar a Madrid Don Joaquín
-de Manuel de Villena, gentil-hombre de cámara y muy fiel servidor mío,
-para negocios particulares suyos, le he encargado presentarse a V. A.,
-y asegurarle todo mi reconocimiento al interés que V. A. toma en mi
-suerte y en la del príncipe de la Paz, que está inocente. Podéis fiaros
-de hablar con Don Joaquín de Villena, porque yo aseguro su fidelidad.
-No hablaré ya de mis dolores, y mi esposa os dará en posdata razón
-detallada de los asuntos. Pudiera suceder que Villena no se atreva a
-entrar en casa de V. A. por no hacerse sospechoso. En tal caso mi hija
-dispondrá que recibáis esta carta. Perdonadme tantas importunidades,
-y ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda. Mi señor
-y muy querido hermano. De V. A. I. y R. afecto hermano y amigo. —
-Carlos.»
-
-
-_Carta de la reina._
-
-«Mi señor y hermano: la partida tan pronta de mi hijo Carlos, que será
-mañana, nos hace temblar. Las personas que le acompañan son malignas.
-El secreto inviolable que se les hace observar para con nosotros, nos
-causa grande inquietud, temiendo que sea conductor de papeles falsos
-contrahechos e inventados.
-
-El príncipe de la Paz no hacía ni escribía nada sin que lo supiéramos y
-viésemos el rey mi marido y yo; y podemos asegurar que no ha cometido
-crimen alguno contra mi hijo ni contra nadie, pero mucho menos
-contra el gran duque, contra el emperador, ni contra los franceses.
-Él escribió de propio puño al gran duque y al emperador pidiendo a
-este un asilo y hablando de matrimonio; pero yo creo que el pícaro de
-Izquierdo no la entregó y la ha devuelto. El príncipe de la Paz estaba
-ya desengañado de la mala fe de Izquierdo, y por lo menos dudaba de su
-sinceridad. Los enemigos del pobre príncipe de la Paz, amigo de V. A.,
-pintarán con los colores más vivos y apariencias de verdad cualesquiera
-mentiras. Son muy diestros para esto, y cuantos ocupan ahora los
-empleos son enemigos comunes suyos. ¿No podría V. A. enviar alguno que
-llegase antes que mi hijo Carlos a ver al emperador y prevenirle de
-todo, contándole la verdad y las imposturas de nuestros enemigos?
-
-Mi hijo tiene veinte años, sin experiencia ni conocimientos del mundo.
-Los que le acompañan y todos los demás le habrán dado instrucciones
-a su gusto. ¡Ojalá que V. A. tome todas las medidas necesarias para
-anticipar noticias al emperador! Mi hijo hace todo lo posible para que
-no veamos al emperador; pero nosotros queremos verle, así como a V. A.
-en quien hemos depositado nuestra confianza, y la seguridad de todos
-tres que esperamos conceda el emperador.
-
-En este supuesto ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna
-guarda. Mi señor y hermano. De V. A. I. y R. muy afecta hermana y
-amiga. — Luisa.»
-
-
-_Carta de la reina de España al gran duque de Berg en Aranjuez a 8 de
-abril de 1808._
-
-«Mi señor y hermano: el rey no puede escribir por estar muy incomodado
-con la hinchazón de su mano. Cuando ha leído la carta de V. A. en que
-le deja elección de partir mañana u otro día, ha tenido presente que
-todo estaba preparado, que una parte de sus criados parte hoy, y que la
-dilación podía dar que pensar a tantos intérpretes como hay, malignos
-e impostores; por lo que se ha decidido a salir mañana a la una como
-tenía ya dicho, esperando que así le sería más fácil también ir a ver
-al emperador. Tendremos mucho gusto de saber el arribo del emperador
-a Bayona. Nosotros lo esperamos con impaciencia, y que V. A. nos dirá
-cuándo debemos ir. El rey mi marido y yo deseamos con vehemencia ver
-a V. A. Apetecemos con ansia este momento, y nos ha servido de gran
-placer el recado de V. A. de que vendría a vernos después de dos días.
-Repetimos nuestras súplicas, confiando enteramente en vuestra amistad,
-y pido a Dios tenga a V. A. en su santa y digna guarda.
-
-Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. —
-Luisa.»
-
-
-_Carta del rey Fernando a su padre en Madrid a 8 de abril de 1808._
-
-«Padre mío: el general Savary acaba de separarse de mi compañía. Estoy
-muy satisfecho de él, como también de la buena inteligencia que hay
-entre el emperador y mi persona, por la buena fe que me ha manifestado.
-
-Por este motivo me parece justo que V. M. me dé una carta para el
-emperador, felicitándole de su arribo, y asegurándole que tengo para
-con él los mismos sentimientos que V. M. le ha demostrado.
-
-Si V. M. considera conveniente, me enviará en respuesta dicha carta,
-porque yo saldré después de mañana, y he dado orden de que vengan
-después los tiros que debían servir a VV. MM.
-
-Vuestro más sumiso hijo. — Fernando.»
-
-
-_Segunda carta de la reina de España al gran duque de Berg en 8 de
-abril de 1808._
-
-«Mi señor y hermano: No quisiéramos ocupar a V. A., pero no teniendo
-otro apoyo es necesario que V. A. sepa todo lo relativo a nuestras
-personas. Remitimos a V. A. la carta que el rey ha recibido de su hijo
-Fernando en respuesta de la que su padre le escribió, diciéndole que
-partíamos el lunes.
-
-Las pretensiones de mi hijo me parecen fuera de propósito; y siguiendo
-las mismas ideas le ha escrito el rey hace un instante, que nosotros
-llevamos menos familia y personas de servidumbre que plazas había,
-quedándose aquí algunas: que pasaríamos la semana santa en el Escorial,
-sin poder decir cuántos días duraría aquella residencia; y que en
-cuanto a guardias de Corps no importaba nada que no fuesen. Quisiéramos
-no verlos, y sí fuera de su poder a nuestro pobre príncipe de la
-Paz. Ayer tarde se me advirtió que viviésemos con cuidado, porque se
-intentaba hacer alguna cosa secreta, y que aunque fuese tranquila la
-noche de ayer no lo sería la siguiente. Yo dudo de todo, y no vemos a
-los guardias de Corps; pero es necesario vivir con cautela, por lo que
-lo hemos advertido al general Wattier. Los guardias son los autores de
-todo, y hacen a mi hijo hacer lo que quieren; lo mismo que los malignos
-ministros, que son muy crueles, sobre todo el clérigo Escóiquiz.
-
-Por gracia V. A. líbrenos a todos tres, e igualmente a mi pobre hija
-Luisa, que padece por la propia razón que nuestro pobre amigo común el
-príncipe de la Paz y nosotros; y todo porque somos amigos de V. A.,
-de los franceses y del emperador. Mi hijo Fernando habló aquí de las
-tropas francesas que había en Madrid con bastante desprecio, lo cual
-es prueba de que no las mira con afecto. Nos han asegurado que los
-carabineros son como los demás; y que los otros residentes en el sitio,
-como el capitán de guardias de Corps, no hacen sino averiguar todo lo
-que pueden para hacerlo saber a mi hijo.
-
-Si el emperador dijera dónde quiere que le veamos, tendríamos en ello
-mucho gusto; y rogamos a V. A. procure que el emperador nos saque de
-España cuanto antes al rey mi marido y a nuestro amigo el príncipe de
-la Paz, a mí y a mi pobre hija, y sobre todo a los tres, lo más pronto
-posible, porque de otro modo no estamos seguros. No dude V. A. que nos
-hallamos en el mayor peligro, y con especialidad nuestro amigo, cuya
-seguridad deseamos antes que la nuestra; la que confiamos lograr de V.
-A. y del emperador, en cuyo supuesto pido a Dios tenga a V. A. en su
-santa y digna guarda.
-
-Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. afecta hermana y amiga. — Luisa.»
-
-
-_Carta de la reina de España al gran duque de Berg en Aranjuez a 9 de
-abril de 1808._
-
-«Mi señor y hermano: el reconocimiento a los favores de V. A. será
-eterno, y le damos un millón de gracias por la seguridad que nos
-anuncia de que su amigo y nuestro, el pobre príncipe de la Paz, estará
-libre dentro de tres días. El rey y yo ocultaremos con un secreto
-inviolable tan necesario la alegría que V. A. nos ha producido con
-una noticia tan deseada. Ella nos reanima, y nunca hemos dudado de la
-amistad de V. A., quien tampoco deberá dudar de la nuestra jamás, pues
-se la hemos profesado siempre, como también el pobre amigo de V. A.,
-cuyo crimen es el ser afecto al emperador y a los franceses. No así mi
-hijo, pues no lo es aunque lo aparente. Su ambición sin límites le ha
-hecho seguir los consejos de todos los infames consejeros que ha puesto
-ahora en los empleos más principales y elevados.
-
-Tenga V. A. la bondad de decirnos cuándo debemos ir a ver al emperador,
-y en dónde, pues lo deseamos mucho igualmente que V. A. no se olvide de
-mi pobre hija Luisa.
-
-Damos gracias a V. A. de habernos enviado al general Wattier, pues se
-ha conducido perfectamente aquí. Mi marido quería escribir a V. A.,
-pero es absolutamente imposible, pues padece muchos dolores en la mano
-derecha, los cuales le han quitado el sueño esta noche pasada.
-
-Nosotros saldremos a la una para el Escorial, adonde llegaremos a las
-ocho de la tarde. Rogamos a V. A. que disponga que sus tropas y V. A.
-libren a su amigo de los peligros de todos los pueblos y tropas que
-están contra él y contra nosotros, no sea que lo maten si no lo salva
-V. A., pues como no esté asegurado por la guardia de V. A. hay mucho
-peligro de que le quiten la vida.
-
-Deseamos mucho ver a V. A., pues somos totalmente suyos; en cuyo
-supuesto pido a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda.
-
-Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. —
-Luisa.»
-
-
-_Segunda carta de la reina de España al gran duque de Berg en el
-Escorial a 9 de abril de 1808._
-
-«Mi señor y hermano: son las diez, y hemos recibido una carta de mi
-hijo Fernando que el rey mi marido envía a V. A. para que la vea, y me
-diga lo que debemos hacer. El rey y yo no quisiéramos hacer lo que nos
-pide mi hijo, cuya pretensión nos ha sorprendido infinito, y creemos
-que no nos conviene de ningún modo condescender: el rey ha encargado
-decir que estaba ya en cama, por lo que no podía responder a la carta.
-Esto ha sido pretexto por si V. A. quiere decirnos lo que se le haya de
-responder, en inteligencia de que mientras tanto suspendemos hacerlo;
-bien que será forzoso no dilatarlo más que hasta mañana por la tarde.
-
-Nos hallamos con la satisfacción de no tener guardias de Corps, ni las
-de infantería en el Escorial, sino solo los carabineros. Con vuestras
-tropas estamos seguros y no con las otras.
-
-El rey y yo no escribimos la carta que mi hijo pide, sino en el caso de
-que se nos haga escribir por fuerza, como sucedió con la abdicación,
-contra la cual hizo por eso la protesta que envió a V. A. Lo que dice
-mi hijo es falso, y solo es verdadero que mi marido y yo tememos que se
-procure hacer creer al emperador un millón de mentiras, pintándolas con
-los más vivos colores en agravio nuestro y del pobre príncipe de la Paz
-amigo de V. A., admirador y afectísimo del emperador, bien que nosotros
-estamos totalmente puestos en manos de S. M. I. y V. A., lo cual nos
-tranquiliza de modo, que con tales amigos y protectores no tememos a
-nadie. Ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda. Mi
-señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — Luisa.»
-
-
-_Tercera carta de la reina de España al gran duque de Berg en el
-Escorial a 9 de abril de 1808._
-
-«Mi señor y hermano: Estamos muy agradecidos al obsequio de V. A.
-en habernos enviado sus tropas que nos han acompañado con la mayor
-atención y cuidado. También le damos gracias por las que nos ha
-destinado para este sitio. Hemos dicho al general Budet que cuide de
-hacer patrullas con sus tropas día y noche, pues hemos encontrado aquí
-una compañía de guardias españolas y valonas, lo que nos ha sorprendido.
-
-V. A. nos ha dado pruebas completas de su amistad. Nosotros no habíamos
-dudado jamás, y tanto el rey como yo creemos firmemente que V. A. nos
-librará de todo riesgo, igualmente que a su amigo el príncipe de la
-Paz, y estamos satisfechos de que el emperador nos protegerá, y hará
-felices a todos tres como aliados, afectos y amigos suyos. Esperamos
-con grande impaciencia la satisfacción de ver a V. A. y al emperador.
-Aquí estamos en mayor proporción de salir al encuentro de S. M. I.
-
-Nuestro viaje ha sido muy feliz, y no podía dejar de serlo con tan
-buena compañía. Los pueblos por donde hemos pasado nos han aclamado más
-que antes.
-
-Esperamos con ansia la respuesta de V. A. a la carta que le escribimos
-esta mañana, y no queremos incomodarle más, ni quitarle el tiempo
-precioso que necesita para tantas ocupaciones. Ruego a Dios que tenga a
-V. A. en su santa y digna guarda. Mi señor y hermano: de V. A. I. y R.
-muy afecta hermana y amiga. — Luisa.»
-
-
-_Carta de la reina de España al gran duque de Berg en 10 de abril de
-1808._
-
-«Señor mi hermano: la carta que V. A. nos ha escrito, y hemos recibido
-hoy muy temprano, me ha tranquilizado. Nosotros estamos puestos en las
-manos del emperador y de V. A. No debemos temer nada el rey mi marido,
-nuestro amigo común y yo. Lo esperamos todo del emperador que decidirá
-pronto nuestra suerte.
-
-Tenemos el mayor placer y consuelo en esperar mañana el momento de
-ver y poder hablar a V. A. Será para nosotros un instante bien feliz,
-así como el de ver al emperador. Mientras tanto que esto se verifica,
-rogamos de nuevo a V. A. que proceda de modo que saque al príncipe de
-la Paz su amigo del poder de las horribles manos que lo tienen, y lo
-ponga en seguridad de que no se le mate, ni se le haga mal alguno; pues
-los malignos y falsos ministros actuales harán todo lo posible para
-anticiparse cuando llegue el emperador.
-
-Mi hijo habrá partido ya, y procurará en su viaje persuadir al
-emperador todo lo contrario de lo que ha pasado en verdad. Él y los
-que lo rodean habrán preparado tales datos y mentiras, aparentándolas
-como verdades que el emperador, cuando menos, entraría en dudas, si no
-hubiera sido informado ya de la verdad por V. A.
-
-Mi hijo ha dejado todas sus facultades al infante Don Antonio su tío,
-el cual tiene muy poco talento y luces; pero es cruel, e inclinado
-a todo cuanto pueda ser pesadumbre del rey mi marido y mía, y del
-príncipe de la Paz y de mi hija Luisa. Aunque debe proceder de acuerdo
-de un consejo que se le ha nombrado, este se compone de toda la facción
-tan detestable que ha ocasionado toda la revolución actual, y que no
-está en favor de los franceses más que mi hijo Fernando, a pesar de
-todo lo que se ha dicho en la Gaceta de ayer, pues solo el miedo al
-emperador hace hablar así.
-
-Me atrevo también a decir a V. A. que el embajador está totalmente
-por el partido de mi hijo de acuerdo con el maligno hipócrita clérigo
-Escóiquiz, y harán lo que no es imaginable para ganar a V. A., y sobre
-todo al emperador. Prevenid todo esto a S. M. antes que lo vea mi hijo;
-pues como este sale hoy, y el rey mi marido tiene la mano tan hinchada,
-no ha escrito la carta que mi hijo le pedía, por lo cual este no
-llevará ninguna; y el rey no puede escribir de su mano a V. A., lo que
-le es muy sensible, pues nosotros no tenemos otro amigo, ni confianza
-sino en V. A. y en el emperador, de quien esperamos todo.
-
-Vivid bien persuadido del grande afecto que tenemos a V. A., así como
-confianza y seguridad: en cuyo supuesto ruego a Dios que tenga a V.
-A. en su santa y digna guarda. Señor mi hermano: de V. A. I. y R. muy
-afecta hermana y amiga. — Luisa.»
-
-
-NOTA. _Toda esta correspondencia se halla inserta en el Monitor del
-5 de febrero de 1810, excepto el informe del general Monthion que se
-insertó en el de 3 de mayo de 1808. En el Monitor algunas de las cartas
-de la reina de Etruria y de Carlos IV están en italiano. Hemos tomado
-la traducción de todas ellas de las memorias de Nellerto, tom. 2.º,
-después de haberla confrontado con las cartas originales insertas en
-los Monitores citados. Nos hemos cerciorado de la exactitud, objeto
-principal en la inserción de estos documentos, sin habernos detenido en
-reparos acerca del estilo; pero no creemos inoportuno advertir que debe
-leerse con desconfianza la calificación que se hace en algunas de estas
-cartas del carácter y conducta de los personajes nombrados en ellas,
-por ser hija del resentimiento de una señora sobrecogida a la sazón
-de todo género de recelos, y cuya vehemente imaginación alterada por
-el cúmulo de sucesos extraordinarios y adversos ocurridos en aquellos
-memorables días, le presentaba las cosas y las personas con los más
-negros colores._
-
-
-NÚMERO 2-11.
-
-_Protesta publicada en el Diario de Madrid de 12 de mayo de 1808._
-
-
-NÚMERO 2-12.
-
-Don Bartolomé Muñoz de Torres del consejo de S. M., su secretario
-escribano de cámara más antiguo y de gobierno del consejo.
-
-Certifico que por el Excmo. Señor Don Pedro Cevallos primer secretario
-de estado y del despacho, se ha comunicado al Ilustrísimo Señor decano
-gobernador interino del consejo la real orden siguiente:
-
-«Ilustrísimo Señor: Uno de los primeros cuidados del rey N. S. después
-de su advenimiento al trono ha sido el participar al emperador de los
-franceses y rey de Italia tan feliz acontecimiento, asegurando al
-mismo tiempo a S. M. I. y R. que animado de los mismos sentimientos
-que su augusto padre, lejos de variar en lo más mínimo el sistema
-político con respecto a la Francia, procurará por todos los medios
-posibles estrechar más y más los vínculos de amistad y estrecha alianza
-que felizmente subsisten entre la España y el imperio francés. S. M.
-me manda participarlo a V. I. para que publicándolo en el consejo
-proceda el tribunal a consecuencia en todas las medidas que tome
-para restablecer la tranquilidad pública en Madrid, y para recibir
-y suministrar a las tropas francesas que están dispuestas a entrar
-en esa villa todos los auxilios que necesiten; procurando persuadir
-al pueblo que vienen como amigos, y con objetos útiles al rey y a la
-nación. S. M. se promete de la sabiduría del consejo que enterado de
-los vivos deseos que le animan de consolidar cada día más los estrechos
-vínculos que unen a S. M. con el emperador de los franceses, procurará
-el consejo por todos los medios que estén a su alcance inspirar estos
-mismos sentimientos en todos los vecinos de Madrid. Dios guarde a V. I.
-muchos años. Aranjuez 20 de marzo de 1808. — Pedro Cevallos. — Señor
-gobernador interino del consejo.»
-
-Publicada en el consejo pleno de este día la antecedente real orden,
-se ha mandado guardar y cumplir; y para que llegue a noticia de todos
-se imprima y fije en los sitios públicos y acostumbrados de esta
-corte. Y para el efecto lo firmo en Madrid a 21 de marzo de 1808. —
-Don Bartolomé Muñoz. — (_Véase el Diario de Madrid del 22 de marzo de
-1808._)
-
-
-NÚMERO 2-13.
-
-BANDO.
-
-Con fecha 23 del presente mes se ha comunicado al Ilustrísimo Señor
-decano del consejo una real orden que entre otras cosas contiene lo
-siguiente:
-
-«Teniendo noticia el rey N. S. que dentro de dos y medio a tres días
-llegará a esta corte S. M. el emperador de los franceses, me manda
-S. M. decir a V. I. que quiere sea recibido y tratado con todas las
-demostraciones de festejo y alegría que corresponden a su alta dignidad
-e íntima amistad y alianza con el rey N. S., de la que espera la
-felicidad de la nación; mandando asimismo S. M. que la villa de Madrid
-proporcione objetos agradables a S. M. I., y que contribuyan al mismo
-fin todas las clases del estado.
-
-Y habiéndose publicado en el consejo, ha resuelto se entere de ello al
-público por medio de este edicto. Madrid 24 de marzo de 1808. — Don
-Bartolomé Muñoz &c.
-
-
-NÚMERO 2-14.
-
-_Mémorial de Sainte Hélène, vol. IV, pág. 246, ed. de 1823._
-
-
-NÚMERO 2-15.
-
-_Carta de S. M. el emperador de los franceses rey de Italia, y
-protector de la confederación del Rin._
-
-«Hermano mío: he recibido la carta de V. A. R.: ya se habrá convencido
-V. A. por los papeles que ha visto del rey su padre del interés que
-siempre le he manifestado: V. A. me permitirá que en las circunstancias
-actuales le hable con franqueza y lealtad. Yo esperaba, en llegando
-a Madrid, inclinar a mi augusto amigo a que hiciese en sus dominios
-algunas reformas necesarias, y que diese alguna satisfacción a la
-opinión pública. La separación del príncipe de la Paz me parecía una
-cosa precisa para su felicidad y la de sus vasallos. Los sucesos
-del norte han retardado mi viaje: las ocurrencias de Aranjuez han
-sobrevenido. No me constituyo juez de lo que ha sucedido, ni de la
-conducta del príncipe de la Paz; pero lo que sé muy bien es que es
-muy peligroso para los reyes acostumbrar sus pueblos a derramar la
-sangre haciéndose justicia por sí mismos. Ruego a Dios que V. A. no
-lo experimente un día. No sería conforme al interés de la España que
-se persiguiese a un príncipe que se ha casado con una princesa de la
-familia real, y que tanto tiempo ha gobernado el reino. Ya no tiene
-más amigos: V. A. no los tendrá tampoco si algún día llega a ser
-desgraciado. Los pueblos se vengan gustosos de los respetos que nos
-tributan. Además, ¿cómo se podría formar causa al príncipe de la Paz
-sin hacerla también al rey y a la reina vuestros padres? Esta causa
-fomentaría el odio y las pasiones sediciosas; el resultado sería
-funesto para vuestra corona. V. A. R. no tiene a ella otros derechos
-sino los que su madre le ha transmitido: si la causa mancha su honor,
-V. A. destruye sus derechos. No preste V. A. oídos a consejos débiles
-y pérfidos. No tiene V. A. derecho para juzgar al príncipe de la
-Paz; sus delitos, si se le imputan, desaparecen en los derechos del
-trono. Muchas veces he manifestado mi deseo de que se separase de los
-negocios al príncipe de la Paz: si no he hecho más instancias ha sido
-por un efecto de mi amistad por el rey Carlos, apartando la vista de
-las flaquezas de su afección. ¡Oh miserable humanidad! Debilidad y
-error, tal es nuestra divisa. Mas todo esto se puede conciliar; que el
-príncipe de la Paz sea desterrado de España, y yo le ofrezco un asilo
-en Francia.
-
-En cuanto a la abdicación de Carlos IV, ella ha tenido efecto en el
-momento en que mis ejércitos ocupaban la España, y a los ojos de la
-Europa y de la posteridad podría parecer que yo he enviado todas esas
-tropas con el solo objeto de derribar del trono a mi aliado y mi amigo.
-Como soberano vecino debo enterarme de lo ocurrido antes de reconocer
-esta abdicación. Lo digo a V. A. R., a los españoles, al universo
-entero; si la abdicación del rey Carlos es espontánea, y no ha sido
-forzado a ella por la insurrección y motín sucedido en Aranjuez, yo no
-tengo dificultad en admitirla, y en reconocer a V. A. R. como rey de
-España. Deseo pues conferenciar con V. A. R. sobre este particular.
-
-La circunspección que de un mes a esta parte he guardado en este
-asunto debe convencer a V. A. del apoyo que hallará en mí, si jamás
-sucediese que facciones de cualquiera especie viniesen a inquietarle
-en su trono. Cuando el rey Carlos me participó los sucesos del mes de
-octubre próximo pasado, me causaron el mayor sentimiento, y me lisonjeo
-de haber contribuido por mis instancias al buen éxito del asunto del
-Escorial. V. A. no está exento de faltas: basta para prueba la carta
-que me escribió, y que siempre he querido olvidar. Siendo rey sabrá
-cuán sagrados son los derechos del trono: cualquier paso de un príncipe
-hereditario cerca de un soberano extranjero es criminal. El matrimonio
-de una princesa francesa con V. A. R. le juzgo conforme a los intereses
-de mis pueblos, y sobre todo como una circunstancia que me uniría con
-nuevos vínculos a una casa, a quien no tengo sino motivos de alabar
-desde que subí al trono. V. A. R. debe recelarse de las consecuencias
-de las emociones populares: se podrá cometer algún asesinato sobre mis
-soldados esparcidos; pero no conducirán sino a la ruina de la España.
-He visto con sentimiento que se han hecho circular en Madrid unas
-cartas del capitán general de Cataluña, y que se ha procurado exasperar
-los ánimos. V. A. R. conoce todo lo interior de mi corazón: observará
-que me hallo combatido por varias ideas que necesitan fijarse; pero
-puede estar seguro de que en todo caso me conduciré con su persona del
-mismo modo que lo he hecho con el rey su padre. Esté V. A. persuadido
-de mi deseo de conciliarlo todo, y de encontrar ocasiones de darle
-pruebas de mi afecto y perfecta estimación. Con lo que ruego a Dios os
-tenga, hermano mío, en su santa y digna guarda. En Bayona a 16 de abril
-de 1808. — Napoleón. — (_Véase el manifiesto de Don Pedro Cevallos._)
-
-
-NÚMERO 2-16.
-
-El rey N. S. haciendo el más alto aprecio de los deseos que el
-emperador de los franceses ha manifestado de disponer de la suerte del
-preso Don Manuel de Godoy, escribió desde luego a S. M. I. mostrando
-su pronta y gustosa voluntad de complacerle, asegurado S. M. de que
-el preso pasaría inmediatamente la frontera de España, y que jamás
-volvería a entrar en ninguno de sus dominios.
-
-El emperador de los franceses ha admitido este ofrecimiento de S. M., y
-mandado al gran duque de Berg que reciba el preso, y lo haga conducir a
-Francia con escolta segura.
-
-La junta de gobierno instruida de estos antecedentes, y de la reiterada
-expresión de la voluntad de S. M., mandó ayer al general, a cuyo cargo
-estaba la custodia del citado preso, que lo entregase al oficial que
-destinase para su conducción el gran duque; disposición que ya queda
-cumplida en todas sus partes. Madrid 21 de abril de 1808.
-
-
-NÚMERO 2-17.
-
-_Oficio del general Belliard a la junta de gobierno. (Véase la memoria
-de Ofárril y Azanza.)_
-
-«Habiendo S. M. el emperador y rey manifestado a S. A. el gran duque de
-Berg que el príncipe de Asturias acababa de escribirle diciendo «que le
-hacía dueño de la suerte del príncipe de la Paz», S. A. me encarga en
-consecuencia que entere a la junta de las intenciones del emperador,
-que le reitera la orden de pedir la persona de este príncipe y de
-enviarle a Francia.
-
-Puede ser que esta determinación de S. A. R. el príncipe de Asturias no
-haya llegado todavía a la junta. En este caso se deja conocer que S. A.
-R. habrá esperado la respuesta del emperador; pero la junta comprenderá
-que el responder al príncipe de Asturias sería decidir una cuestión muy
-diferente; y ya es sabido que S. M. I. no puede reconocer sino a Carlos
-IV.
-
-Ruego pues a la junta se sirva tomar esta nota en consideración, y
-tener la bondad de instruirme sobre este asunto, para dar cuenta a S.
-A. I. el gran duque de la determinación que tomase.
-
-El gobierno y la nación española solo hallarán en esta resolución de
-S. M. I. nuevas pruebas del interés que toma por la España; porque
-alejando al príncipe de la Paz, quiere quitar a la malevolencia los
-medios de creer posible que Carlos IV volviese el poder y su confianza
-al que debe haberla perdido para siempre; y por otra parte la junta de
-gobierno hace ciertamente justicia a la nobleza de los sentimientos de
-S. M. el emperador, que no quiere abandonar a su fiel aliado.
-
-Tengo el honor de ofrecer a la junta las seguridades de mi alta
-consideración. — El general y jefe del estado mayor general, Augusto
-Belliard. — Madrid 20 de abril de 1808.»
-
-
-NÚMERO 2-18.
-
-_Carta remitiendo la protesta al emperador y rey._
-
-«Hermano y señor: V. M. sabrá ya con sentimiento el suceso de Aranjuez
-y sus resultas, y no dejará de ver sin algún tanto de interés a un rey
-que forzado a abdicar la corona, se echa en los brazos de un gran
-monarca su aliado, poniéndose en todo y por todo a su disposición, pues
-que él es el único que puede hacer su dicha, la de toda su familia, y
-la de sus fieles y amados vasallos... Heme visto obligado a abdicar;
-pero seguro en el día y lleno de confianza en la magnanimidad y genio
-del grande hombre que siempre se ha manifestado mi amigo, he tomado la
-resolución de dejar a su arbitrio lo que se sirviese hacer de nosotros,
-mi suerte, la de la reina... Dirijo a V. M. I. una protesta contra el
-acontecimiento de Aranjuez, y contra mi abdicación. Me pongo y confio
-enteramente en el corazón y amistad de V. M. I. Con esto ruego a Dios
-que os mantenga en su santa y digna guarda. — Hermano y Señor: de V.
-M. I. su afectísimo hermano y amigo. — Carlos.»
-
-
-IDEM.
-
-_Reiteración de la protesta, dirigida al Señor infante Don Antonio._
-
-«Muy amado hermano: el 19 del mes pasado he confiado a mi hijo un
-decreto de abdicación... En el mismo día extendí una protesta solemne
-contra el decreto dado en medio del tumulto, y forzado por las críticas
-circunstancias... Hoy, que la quietud está restablecida, que mi
-protesta ha llegado a las manos de mi augusto amigo y fiel aliado
-el emperador de los franceses y rey de Italia, que es notorio que mi
-hijo no ha podido lograr le reconozca bajo este título... declaro
-solemnemente que el acto de abdicación que firmé el día 19 del pasado
-mes de marzo es nulo en todas sus partes; y por eso quiero que hagáis
-conocer a todos mis pueblos que su buen rey, amante de sus vasallos,
-quiere consagrar lo que le queda de vida en trabajar para hacerlos
-dichosos. Confirmo provisionalmente en sus empleos de la junta actual
-de gobierno los individuos que la componen, y todos los empleos civiles
-y militares que han sido nombrados desde el 19 del mes de marzo último.
-Pienso en salir luego al encuentro de mi augusto aliado, después de lo
-cual transmitiré mis últimas órdenes a la junta. San Lorenzo a 17 de
-abril de 1808. — Yo el rey. — A la junta superior de gobierno.»
-
-
-NÚMERO 2-19.
-
-«Ilustrísimo Señor: Al folio 33 del manifiesto del consejo se dice
-que se presentó un oidor del de Navarra disfrazado, que había logrado
-introducirse en la habitación del Señor Don Fernando VII, y traía
-instrucciones verbales de S. M., reducidas a estrechos encargos y
-deseos de que se siguiese el sistema de amistad y armonía con los
-franceses. Las consideraciones que debo a ese supremo tribunal por
-haber suprimido mi nombre, y lo más esencial de la comisión solo
-con el objeto de evitar que padeciese mi persona, sujeta al tiempo
-de la publicación a la dominación francesa, exigen mi gratitud y
-reconocimiento, y así pido a V. S. I. que se lo haga presente; pero
-ahora que aunque a costa de dificultades y contingencias me veo en este
-pueblo libre de todo temor, juzgo preciso que sepa el público mi misión
-en toda su extensión.
-
-Hallábame yo en Bayona con otros ministros de los tribunales de
-Navarra cuando llegó el rey a aquella ciudad: no tardó muchas horas el
-emperador de los franceses en correr el velo que ocultaba su misteriosa
-conducta; hizo saber a cara descubierta a S. M. el escandaloso e
-inesperado proyecto de arrancarle violentamente de sus sienes la
-corona de España; y persuadido sin duda de que a su más pronto logro
-convenía estrechar al rey por todos medios, uno de los que primero
-puso en ejecución fue la interceptación de correos. Diariamente se
-expedían extraordinarios; pero la garantía del derecho de las gentes
-no era un sagrado que los asegurase contra las tropelías de un gobierno
-acostumbrado a no escrupulizar en la elección de los medios para
-realizar sus depravados fines: en estas circunstancias creyó S. M.
-preciso añadir nuevos y desconocidos conductos de comunicación con la
-junta suprema presidida por el infante Don Antonio, y me honró con la
-confianza de que fuese yo el que pasando a esta capital, la informase
-verbalmente de los sucesos ocurridos en aquellos tres primeros aciagos
-días. Salí a su virtud de Bayona sobre las seis de la tarde del 23, y
-llegué a esta villa por caminos y sendas extraviadas, no sin graves
-peligros y trabajos, al anochecer del 29 de abril: inmediatamente me
-dirigí a la junta y anunciándola la real orden, dije: «que el emperador
-de los franceses quería exigir imperiosamente del rey Don Fernando VII
-que renunciase por sí, y en nombre de la familia toda de los Borbones,
-el trono de España y todos sus dominios en favor del mismo emperador
-y de su dinastía, prometiéndole en recompensa el reino de Etruria, y
-que la comitiva que había acompañado a S. M. hiciese igual renuncia
-en representación del pueblo español: que desentendiéndose S. M. I. y
-R. de la evidencia con que se demostró que ni el rey ni la comitiva
-podían ni debían en justicia acceder a tal renuncia, y despreciando
-las amargas quejas que se le dieron por haber sido conducido S. M.
-a Bayona con el engaño y perfidia que carecen de ejemplo, tanto más
-execrables, cuanto que iban encubiertos con el sagrado título de
-amistad y utilidad recíproca, afianzadas en palabras las más decisivas
-y terminantes, insistía en ella sin otras razones que dos pretextos
-indignos de pronunciarse por un soberano que no haya perdido todo
-respeto a la moral de los gabinetes, y aquella buena fe que forma el
-vínculo de las naciones; reducidos el primero a que su política no
-le permitía otra cosa, pues que su persona no estaba segura mientras
-que alguno de los Borbones enemigos de su casa reinase en una nación
-poderosa; y el segundo a que no era tan estúpido que despreciase
-la ocasión tan favorable que se le presentaba de tener un ejército
-formidable dentro de España, ocupadas sus plazas y puntos principales,
-nada que temer por la parte del norte, y en su poder las personas del
-rey y del señor infante Don Carlos: ventajas todas bien difíciles
-para que se las ofreciesen los tiempos venideros. Que con la idea
-de procurar dilaciones, y sacar de ellas el mejor partido posible,
-se había pasado una nota dirigida a que se autorizase un sujeto que
-explicase sus intenciones por escrito; pero que cuando el emperador
-se obstinase en no retroceder, estaba S. M. resuelto a perder primero
-la vida que acceder a tan inicua renuncia: que con esta seguridad
-y firme inteligencia procediese la junta en sus deliberaciones. Y
-concluí añadiendo, que habiendo preguntado yo voluntariamente al señor
-Don Pedro Cevallos al despedirme de S. E. si prevendría algo a la
-junta sobre la conducta que debiera observar con los franceses, me
-respondió que aunque la comisión no comprendía este punto, podía decir
-que estaba acordado por regla general, que por entonces no se hiciese
-novedad, porque era de temer de lo contrario que resultasen funestas
-consecuencias contra el rey, el señor infante y cuantos españoles se
-hallaban acompañando a S. M., y el reino se arriesgaba, descubriendo
-ideas hostiles antes que estuviese preparado para sacudir el yugo de la
-opresión.» V. S. I. sabe que con esas mismas o semejantes expresiones
-lo expuse todo, no solo en la noche del 29, sí también en la inmediata
-del 30 de abril, en que quiso S. A. el señor infante Don Antonio que
-asistiese yo a la sesión que se celebró en ella, compuesta a más de
-los señores individuos de la junta suprema, de todos los presidentes
-de los tribunales, y de dos ministros de cada uno, con el doble objeto
-de que todos se informasen de mi comisión, y yo de las novedades de
-aquel día y demás de que se tratase, a fin de que diese cuenta de todo
-a S. M. en Bayona, adonde regresé la tarde del 6 de mayo con continuos
-riesgos y sobresaltos que se aumentaron a mi salida; y pues es a mi
-parecer muy debido que no se ignore este rasgo heroico del carácter
-firme de nuestro amado soberano, y yo tampoco debo prescindir de que
-conste del modo más auténtico el exacto cumplimiento y desempeño de
-mi comisión en todas sus partes, ruego a V. I. y al consejo, que
-no hallando inconveniente mande insertar este papel en la gaceta y
-diario de esta corte. Dios guarde a V. S. I. muchos años. Madrid 27 de
-setiembre de 1808. — Justo María Ibarnavarro. — Ilustrísimo señor Don
-Antonio Arias Mon y Velarde.
-
-
-NÚMERO 2-20.
-
-_Orden del día._
-
-Soldados: la población de Madrid se ha sublevado, y ha llegado hasta el
-asesinato. Sé que los buenos españoles han gemido de estos desórdenes:
-estoy muy lejos de mezclarlos con aquellos miserables que no desean más
-que el crimen y el pillaje. Pero la sangre francesa ha sido derramada;
-clama por la venganza: en su consecuencia mando lo siguiente:
-
-
-ARTÍCULO 1.º
-
-El general Grouchy convocará esta noche la comisión militar.
-
-
-ART. 2.º
-
-Todos los que han sido presos en el alboroto y con las armas en la mano
-serán arcabuceados.
-
-
-ART. 3.º
-
-La junta de estado va a hacer desarmar los vecinos de Madrid. Todos los
-habitantes y estantes quienes después de la ejecución de esta orden se
-hallaren armados o conservasen armas sin una permisión especial, serán
-arcabuceados.
-
-
-ART. 4.º
-
-Todo lugar en donde sea asesinado un francés será quemado.
-
-
-ART. 5.º
-
-Toda reunión de más de ocho personas será considerada como una junta
-sediciosa, y deshecha por la fusilería.
-
-
-ART. 6.º
-
-Los amos quedarán responsables de sus criados; los jefes de talleres,
-obradores y demás de sus oficiales; los padres y madres de sus hijos, y
-los ministros de los conventos de sus religiosos.
-
-
-ART. 7.º
-
-Los autores, vendedores y distribuidores de libelos impresos o
-manuscritos provocando a la sedición, serán considerados como unos
-agentes de la Inglaterra, y arcabuceados.
-
-Dado en nuestro cuartel general de Madrid a 2 de mayo de 1808. —
-Joachim. — Por mandado de S. A. I. y R. — El jefe del estado mayor
-general. — Belliard.
-
-
-NÚMERO 2-21.
-
-_Véase la memoria de Ofárril y Azanza en su nota núm. 12._
-
-
-NÚMERO 2-22.
-
-_Carta de Fernando VII a su padre Carlos IV._
-
-«Venerado padre y señor: V. M. ha convenido en que yo no tuve la menor
-influencia en los movimientos de Aranjuez, dirigidos como es notorio,
-y a V. M. consta, no a disgustarle del gobierno y del trono, sino a
-que se mantuviese en él, y no abandonase la multitud de los que en
-su existencia dependían absolutamente del trono mismo. V. M. me dijo
-igualmente que su abdicación había sido espontánea, y que aun cuando
-alguno me asegurase lo contrario, no lo creyese, pues jamás había
-firmado cosa alguna con más gusto. Ahora me dice V. M. que aunque es
-cierto que hizo la abdicación con toda libertad, todavía se reservó
-en su ánimo volver a tomar las riendas del gobierno cuando lo creyese
-conveniente. He preguntado en consecuencia a V. M. si quiere volver
-a reinar; y V. M. me ha respondido que ni quería reinar, ni menos
-volver a España. No obstante me manda V. M. que renuncie en su favor
-la corona que me han dado las leyes fundamentales del reino, mediante
-su espontánea abdicación. A un hijo que siempre se ha distinguido
-por el amor, respeto y obediencia a sus padres, ninguna prueba que
-pueda calificar estas cualidades, es violenta a su piedad filial,
-principalmente cuando el cumplimiento de mis deberes con V. M. como
-hijo suyo, no están en contradicción con las relaciones que como rey
-me ligan con mis amados vasallos. Para que ni estos, que tienen el
-primer derecho a mis atenciones queden ofendidos, ni V. M. descontento
-de mi obediencia, estoy pronto, atendidas las circunstancias en que
-me hallo, a hacer la renuncia de mi corona en favor de V. M. bajo las
-siguientes limitaciones.
-
-1.ª Que V. M. vuelva a Madrid, hasta donde le acompañaré, y serviré yo
-como su hijo más respetuoso. 2.ª Que en Madrid se reunirán las cortes;
-y pues que V. M. resiste una congregación tan numerosa, se convocarán
-al efecto todos los tribunales y diputados de los reinos. 3.ª Que a
-la vista de esta asamblea se formalizará mi renuncia, exponiendo los
-motivos que me conducen a ella: estos son el amor que tengo a mis
-vasallos, y el deseo de corresponder al que me profesan, procurándoles
-la tranquilidad, y redimiéndoles de los horrores de una guerra civil
-por medio de una renuncia dirigida a que V. M. vuelva a empuñar el
-cetro, y a regir unos vasallos dignos de su amor y protección. 4.ª
-Que V. M. no llevará consigo personas que justamente se han concitado
-el odio de la nación. 5.ª Que si V. M., como me ha dicho, ni quiere
-reinar ni volver a España, en tal caso yo gobernaré en su real nombre
-como lugarteniente suyo. Ningún otro puede ser preferido a mí:
-tengo el llamamiento de las leyes, el voto de los pueblos, el amor
-de mis vasallos, y nadie puede interesarse en su prosperidad con
-tanto celo ni con tanta obligación como yo. Contraída mi renuncia a
-estas limitaciones, comparecerá a los ojos de los españoles como una
-prueba de que prefiero el interés de su conservación a la gloria de
-mandarlos, y la Europa me juzgará digno de mandar a unos pueblos, a
-cuya tranquilidad he sabido sacrificar cuanto hay de más lisonjero y
-seductor entre los hombres. Dios guarde la importante vida de V. M.
-muchos y felices años que le pide postrado a L. R. P. de V. M. su más
-amante y rendido hijo. — Fernando. — Pedro Cevallos. — Bayona 1.º
-de mayo de 1808.» — (_Véase la exposición o manifiesto de Don Pedro
-Cevallos núm. 7._)
-
-
-NÚMERO 2-23.
-
-_Carta de Carlos IV a su hijo Fernando VII._
-
-«Hijo mío: Los consejos pérfidos de los hombres que os rodean han
-conducido la España a una situación crítica: solo el emperador puede
-salvarla.
-
-Desde la paz de Basilea he conocido que el primer interés de mis
-pueblos era inseparable de la conservación de buena inteligencia con
-la Francia. Ningún sacrificio he omitido para obtener esta importante
-mira: aun cuando la Francia se hallaba dirigida por gobiernos efímeros,
-abogué mis inclinaciones particulares para no escuchar sino la
-política, y el bien de mis vasallos.
-
-Cuando el emperador hubo restablecido el orden en Francia se disiparon
-grandes sobresaltos, y tuve nuevos motivos para mantenerme fiel a
-mi sistema de alianza. Cuando la Inglaterra declaró la guerra a la
-Francia, logré felizmente ser neutro, y conservar a mis pueblos los
-beneficios de la paz. Se apoderó después de cuatro fragatas mías, y
-me hizo la guerra aun antes de habérsela declarado; y entonces me vi
-precisado a oponer la fuerza a la fuerza, y las calamidades de la
-guerra asaltaron a mis vasallos.
-
-La España rodeada de costas, y que debe una gran parte de su
-prosperidad a sus posesiones ultramarinas, sufrió con la guerra más
-que cualquiera otro estado: la interrupción del comercio, y todos los
-estragos que acarrea, afligieron a mis vasallos, y cierto número de
-ellos tuvo la injusticia de atribuirlos a mis ministros.
-
-Tuve al menos la felicidad de verme tranquilo por tierra, y libre de
-la inquietud en cuanto a la integridad de mis provincias, siendo el
-único de los reyes de Europa que se sostenía en medio de las borrascas
-de estos últimos tiempos. Aún gozaría de esta tranquilidad sin los
-consejos que os han desviado del camino recto. Os habéis dejado
-seducir con demasiada facilidad por el odio que vuestra primera mujer
-tenía a la Francia, y habéis participado irreflexiblemente de sus
-injustos resentimientos contra mis ministros, contra vuestra madre, y
-contra mi mismo.
-
-Me creí obligado a recordar mis derechos de padre y de rey: os hice
-arrestar, y hallé en vuestros papeles la prueba de vuestro delito;
-pero al acabar mi carrera, reducido al dolor de ver perecer a mi hijo
-en un cadalso, me dejé llevar de mi sensibilidad al ver las lágrimas
-de vuestra madre. No obstante mis vasallos estaban agitados por las
-prevenciones engañosas de la facción de que os habéis declarado
-caudillo. Desde este instante perdí la tranquilidad de mi vida, y me vi
-precisado a unir las penas que me causaban los males de mis vasallos a
-los pesares que debí a las disensiones de mi misma familia.
-
-Se calumniaban mis ministros cerca del emperador de los franceses, el
-cual creyendo que los españoles se separaban de su alianza, y viendo
-los espíritus agitados (aun en el seno de mi familia) cubrió bajo
-varios pretextos mis estados con sus tropas. En cuanto estas ocuparon
-la ribera derecha del Ebro, y que mostraban tener por objeto mantener
-la comunicación con Portugal, tuve la esperanza de que no abandonaría
-los sentimientos de aprecio y de amistad que siempre me había
-dispensado; pero al ver que sus tropas se encaminaban hacia mi capital,
-conocí la urgencia de reunir mi ejército cerca de mi persona, para
-presentarme a mi augusto aliado como conviene al rey de las Españas.
-Hubiera yo aclarado sus dudas, y arreglado mis intereses: di orden a
-mis tropas de salir de Portugal y de Madrid, y las reuní sobre varios
-puntos de mi monarquía, no para abandonar a mis vasallos, sino para
-sostener dignamente la gloria del trono. Además mi larga experiencia me
-daba a conocer que el emperador de los franceses podía muy bien tener
-algún deseo conforme a sus intereses y a la política del vasto sistema
-del continente, pero que estuviese en contradicción con los intereses
-de mi casa. ¿Cuál ha sido en estas circunstancias vuestra conducta?
-El haber introducido el desorden en mi palacio, y amotinado el cuerpo
-de guardias de Corps contra mi persona. Vuestro padre ha sido vuestro
-prisionero: mi primer ministro que había yo criado y adoptado en mi
-familia, cubierto de sangre fue conducido de un calabozo a otro. Habéis
-desdorado mis canas, y las habéis despojado de una corona poseída con
-gloria por mis padres, y que había conservado sin mancha. Os habéis
-sentado sobre mi trono, y os pusísteis a la disposición del pueblo de
-Madrid y de tropas extranjeras que en aquel momento entraban.
-
-Ya la conspiración del Escorial había obtenido sus miras: los actos
-de mi administración eran el objeto del desprecio público. Anciano
-y agobiado de enfermedades, no he podido sobrellevar esta nueva
-desgracia. He recurrido al emperador de los franceses, no como un rey
-al frente de sus tropas y en medio de la pompa del trono, sino como
-un rey infeliz y abandonado. He hallado protección y refugio en sus
-reales: le debo la vida, la de la reina, y la de mi primer ministro. He
-venido en fin basta Bayona, y habéis conducido este negocio de manera
-que todo depende de la mediación de este gran príncipe.
-
-El pensar en recurrir a agitaciones populares es arruinar la España,
-y conducir a las catástrofes más horrorosas a vos, a mi reino, a mis
-vasallos y mi familia. Mi corazón se ha manifestado abiertamente al
-emperador: conoce todos los ultrajes que he recibido, y las violencias
-que se me han hecho; me ha declarado que no os reconocerá jamás por
-rey, y que el enemigo de su padre no podrá inspirar confianza a los
-extraños. Me ha mostrado además cartas de vuestra mano, que hacen ver
-claramente vuestro odio a la Francia.
-
-En esta situación, mis derechos son claros, y mucho más mis deberes. No
-derramar la sangre de mis vasallos, no hacer nada al fin de mi carrera
-que pueda acarrear asolamiento e incendio a la España, reduciéndola a
-la más horrible miseria. Ciertamente que si fiel a vuestras primeras
-obligaciones y a los sentimientos de la naturaleza hubierais desechado
-los consejos pérfidos, y que constantemente sentado a mi lado para
-mi defensa hubierais esperado el curso regular de la naturaleza, que
-debía señalar vuestro puesto dentro de pocos años, hubiera yo podido
-conciliar la política y el interés de España con el de todos. Sin duda
-hace seis meses que las circunstancias han sido críticas; pero por más
-que lo hayan sido, aún hubiera obtenido de las disposiciones de mis
-vasallos, de los débiles medios que aún tenía, y de la fuerza moral que
-hubiera adquirido, presentándome dignamente al encuentro de mi aliado,
-a quien nunca diera motivo alguno de queja, un arreglo que hubiera
-conciliado los intereses de mis vasallos con los de mi familia. Empero
-arrancándome la corona, habéis deshecho la vuestra, quitándola cuanto
-tenía de augusta y la hacía sagrada a todo el mundo.
-
-Vuestra conducta conmigo, vuestras cartas interceptadas han puesto una
-barrera de bronce entre vos y el trono de España; y no es de vuestro
-interés ni de la patria el que pretendáis reinar. Guardaos de encender
-un fuego que causaría inevitablemente vuestra ruina completa, y la
-desgracia de España.
-
-Yo soy rey por el derecho de mis padres: mi abdicación es el resultado
-de la fuerza y de la violencia, no tengo pues nada que recibir de vos,
-ni menos puedo consentir a ninguna reunión en junta: nueva necia
-sugestión de los hombres sin experiencia que os acompañan.
-
-He reinado para la felicidad de mis vasallos, y no quiero dejarles la
-guerra civil, los motines, las juntas populares y la revolución. Todo
-debe hacerse para el pueblo, y nada por él: olvidar esta máxima es
-hacerse cómplice de todos los delitos que le son consiguientes. Me he
-sacrificado toda mi vida por mis pueblos; y en la edad a que he llegado
-no haré nada que esté en oposición con su religión, su tranquilidad,
-y su dicha. He reinado para ellos: olvidaré todos mis sacrificios; y
-cuando en fin esté seguro que la religión de España, la integridad de
-sus provincias, su independencia y sus privilegios serán conservados,
-bajaré al sepulcro perdonándoos la amargura de mis últimos años.
-
-Dado en Bayona en el palacio imperial llamado del Gobierno a 2 de mayo
-de 1808. — Carlos.» — (_Cevallos, número 8._)
-
-
-NÚMERO 2-24.
-
-_Carta de Fernando VII a su padre en respuesta a la anterior._
-
-
-SEÑOR.
-
-«Mi venerado padre y señor: he recibido la carta que V. M. se ha
-dignado escribirme con fecha de antes de ayer, y trataré de responder a
-todos los puntos que abraza con la moderación y respeto debido a V. M.
-
-Trata V. M. en primer lugar de sincerar su conducta con respecto a la
-Francia desde la paz de Basilea, y en verdad que no creo haya habido
-en España quien se haya quejado de ella; antes bien todos unánimes han
-alabado a V. M. por su constancia y fidelidad en los principios que
-había adoptado. Los míos en este particular son enteramente idénticos a
-los de V. M., y he dado pruebas irrefragables de ello desde el momento
-en que V. M. abdicó en mi la corona.
-
-La causa del Escorial, que V. M. da a entender tuvo por origen el odio
-que mi mujer me había inspirado contra la Francia, contra los ministros
-de V. M., contra mi amada madre, y contra V. M. mismo, si se hubiese
-seguido por todos los trámites legales, habría probado evidentemente
-lo contrario; y no obstante que yo no tenía la menor influencia, ni
-más libertad que la aparente, en que estaba guardado a vista por los
-criados que V. M. quiso ponerme, los once consejeros elegidos por V. M.
-fueron unánimemente de parecer que no había motivo de acusación, y que
-los supuestos reos eran inocentes.
-
-V. M. habla de la desconfianza que le causaba la entrada de tantas
-tropas extranjeras en España, y de que si V. M. había llamado las que
-tenía en Portugal, y reunido en Aranjuez y sus cercanías las que había
-en Madrid, no era para abandonar a sus vasallos sino para sostener
-la gloria del trono. Permítame V. M. le haga presente que no debía
-sorprenderle la entrada de unas tropas amigas y aliadas, y que bajo
-este concepto debían inspirar una total confianza. Permítame V. M.
-observarle igualmente, que las órdenes comunicadas por V. M. fueron
-para su viaje y el de su real familia a Sevilla; que las tropas las
-tenían para mantener libre aquel camino, y que no hubo una sola persona
-que no estuviese persuadida de que el fin de quien lo dirigía todo era
-transportar a V. M. y real familia a América. V. M. publicó un decreto
-para aquietar el ánimo de sus vasallos sobre este particular; pero como
-seguían embargados los carruajes, y apostados los tiros, y se veían
-todas las disposiciones de un próximo viaje a la costa de Andalucía,
-la desesperación se apoderó de los ánimos, y resultó el movimiento de
-Aranjuez. La parte que yo tuve en él, V. M. sabe que no fue otra que
-ir por su mandado a salvar del furor del pueblo al objeto de su odio,
-porque le creía autor del viaje.
-
-Pregunte V. M. al emperador de los franceses, y S. M. I. le dirá sin
-duda lo mismo que me dijo a mí en una carta que me escribió a Vitoria;
-a saber que el objeto del viaje de S. M. I. a Madrid era inducir a V.
-M. a algunas reformas, y a que separase de su lado al príncipe de la
-Paz, cuya influencia era la causa de todos los males.
-
-El entusiasmo que su arresto produjo en toda la nación es una prueba
-evidente de lo mismo que dijo el emperador. Por lo demás V. M. es buen
-testigo de que en medio de la fermentación de Aranjuez no se oyó una
-sola palabra contra V. M., ni contra persona alguna de su real familia;
-antes bien aplaudieron a V. M. con las mayores demostraciones de júbilo
-y de fidelidad hacia su augusta persona: así es que la abdicación de la
-corona que V. M. hizo en mi favor, sorprendió a todos, y a mí mismo,
-porque nadie lo esperaba, ni la había solicitado. V. M. comunicó su
-abdicación a todos sus ministros, dándome a reconocer a ellos por su
-rey y señor natural; la comunicó verbalmente al cuerpo diplomático
-que residía cerca de su persona, manifestándole que su determinación
-procedía de su espontánea voluntad, y que la tenía tomada de antemano.
-Esto mismo lo dijo V. M. a su muy amado hermano el infante Don
-Antonio, añadiéndole que la firma que V. M. había puesto al decreto de
-abdicación era la que había hecho con más satisfacción en su vida, y
-últimamente me dijo V. M. a mí mismo tres días después, que no creyese
-que la abdicación había sido involuntaria, como alguno decía, pues
-había sido totalmente libre y espontánea.
-
-Mi supuesto odio contra la Francia tan lejos de aparecer por ningún
-lado, resultará de los hechos que voy a recorrer rápidamente todo lo
-contrario.
-
-Apenas abdicó V. M. la corona en mi favor, dirigí varias cartas
-desde Aranjuez al emperador de los franceses, las cuales son otras
-tantas protestas de que mis principios con respecto a las relaciones
-de amistad y estrecha alianza, que felizmente subsistían entre
-ambos estados, eran los mismos que V. M. me había inspirado, y
-había observado inviolablemente. Mi viaje a Madrid fue otra de las
-mayores pruebas que pude dar a S. M. I. de la confianza ilimitada
-que me inspiraba, puesto que habiendo entrado el príncipe Murat el
-día anterior en Madrid con una gran parte de su ejército, y estando
-la villa sin guarnición, fue lo mismo que entregarme en sus manos.
-A los dos días de mi residencia en la corte se me dio cuenta de la
-correspondencia particular de V. M. con el emperador, y hallé que V. M.
-le había pedido recientemente una princesa de su familia para enlazarla
-conmigo, y asegurar más de este modo la unión y estrecha alianza que
-reinaba entre los dos estados. Conforme enteramente con los principios
-y con la voluntad de V. M., escribí una carta al emperador pidiéndole
-la princesa por esposa.
-
-Envié una diputación a Bayona para que cumplimentase en mi nombre a
-S. M. I.: hice que partiese poco después mi muy querido hermano el
-infante Don Carlos para que lo obsequiase en la frontera; y no contento
-con esto, salí yo mismo de Madrid en fuerza de las seguridades que me
-había dado el embajador de S. M. I., el gran duque de Berg y el general
-Savary, que acababa de llegar de París, y me pidió una audiencia para
-decirme de parte del emperador que S. M. I. no deseaba saber otra cosa
-de mí, sino si mi sistema con respecto a la Francia sería el mismo
-que el de V. M., en cuyo caso el emperador me reconocería como rey de
-España, y prescindiría de todo lo demás.
-
-Lleno de confianza en estas promesas, y persuadido de encontrar en
-el camino a S. M. I., vine hasta esta ciudad, y en el mismo día en
-que llegué se hicieron verbalmente proposiciones a algunos sujetos de
-mi comitiva tan ajenas de lo que hasta entonces se había tratado, que
-ni mi honor, ni mi conciencia, ni los deberes que me impuse cuando
-las cortes me juraron por su príncipe y señor, ni los que me impuse
-nuevamente cuando acepté la corona que V. M. tuvo a bien abdicar en mi
-favor, me han permitido acceder a ellas.
-
-No comprendo cómo puedan hallarse cartas mías en poder del emperador
-que prueben mi odio contra la Francia después de tantas pruebas de
-amistad como le he dado, y no habiendo escrito yo cosa alguna que lo
-indique.
-
-Posteriormente se me ha presentado una copia de la protesta que V.
-M. hizo al emperador sobre la nulidad de la abdicación; y luego que
-V. M. llegó a esta ciudad, preguntándole yo sobre ello, me dijo V.
-M. que la abdicación había sido libre, aunque no para siempre. Le
-pregunté asimismo por qué no me lo había dicho cuando la hizo, y V.
-M. me respondió porque no había querido; de lo cual se infiere que la
-abdicación no fue violenta, y que yo no pude saber que V. M. pensaba en
-volver a tomar las riendas del gobierno. También me dijo V. M. que ni
-quería reinar, ni volver a España.
-
-A pesar de esto en la carta que tuve la honra de poner en las manos de
-V. M., manifestaba estar dispuesto a renunciar la corona en su favor,
-mediante la reunión de las cortes, o en falta de estas de los consejos
-y diputados de los reinos; no porque esto lo creyese necesario para dar
-valor a la renuncia, sino porque lo juzgo muy conveniente para evitar
-la repugnancia de esta novedad, capaz de producir choques y partidos, y
-para salvar todas las consideraciones debidas a la dignidad de V. M., a
-mi honor y a la tranquilidad de los reinos.
-
-En el caso que V. M. no quiera reinar por sí, reinaré yo en su real
-nombre o en el mío, porque a nadie corresponde sino a mí el representar
-su persona, teniendo, como tengo, en mi favor el voto de las leyes y de
-los pueblos, ni es posible que otro alguno tenga tanto interés como yo
-en su prosperidad.
-
-Repito a V. M. nuevamente que en tales circunstancias, y bajo dichas
-condiciones, estaré pronto a acompañar a V. M. a España para hacer allí
-mi abdicación en la referida forma: y en cuanto a lo que V. M. me ha
-dicho de no querer volver a España, le pido con las lágrimas en los
-ojos, y por cuanto hay de más sagrado en el cielo y en la tierra, que
-en caso de no querer con efecto reinar, no deje un país ya conocido, en
-que podrá elegir el clima más análogo a su quebrantada salud, y en el
-que le aseguro podrá disfrutar las mayores comodidades y tranquilidad
-de ánimo que en otro alguno.
-
-Ruego por último a V. M. encarecidamente que se penetre, de nuestra
-situación actual, y de que se trata de excluir para siempre del trono
-de España nuestra dinastía, sustituyendo en su lugar la imperial de
-Francia; que esto no podemos hacerlo sin el expreso consentimiento de
-todos los individuos que tienen y puedan tener derecho a la corona,
-ni tampoco sin el mismo expreso consentimiento de la nación española
-reunida en cortes y en lugar seguro: que además de esto, hallándonos
-en un país extraño, no habría quien se persuadiese que obrábamos con
-libertad, y esta sola circunstancia anularía cuanto hiciésemos, y
-podría producir fatales consecuencias.
-
-Antes de acabar esta carta permítame V. M. decirle que los consejeros
-que V. M. llama pérfidos, jamás me han aconsejado cosa que desdiga
-del respeto, amor y veneración que siempre he profesado y profesaré a
-V. M., cuya importante vida ruego a Dios conserve felices y dilatados
-años. Bayona 4 de mayo de 1808. — Señor. — A. L. R. P. de V. M. su
-más humilde hijo. — Fernando.» — (_Cevallos núm. 9._)
-
-
-NÚMERO 2-25.
-
-_Carta de Fernando VII a su padre Carlos IV._
-
-«Venerado padre y señor: el 1.º del corriente puse en las reales
-manos de V. M. la renuncia de mi corona en su favor. He creído de mi
-obligación modificarla con las limitaciones convenientes al decoro de
-V. M., a la tranquilidad de mis reinos, y a la conservación de mi honor
-y reputación. No sin grande sorpresa he visto la indignación que han
-producido en el real ánimo de V. M. unas modificaciones dictadas por la
-prudencia, y reclamadas por el amor de que soy deudor a mis vasallos.
-
-Sin más motivo que este ha creído V. M. que podía ultrajarme a la
-presencia de mi venerada madre y del emperador con los títulos más
-humillantes; y no contento con esto exige de mí que formalice la
-renuncia sin límites ni condiciones, so pena de que yo y cuantos
-componen mi comitiva seremos tratados como reos de conspiración. En tal
-estado de cosas hago la renuncia que V. M. me ordena, para que vuelva
-el gobierno de la España a el estado en que se hallaba en 19 de marzo
-en que V. M. hizo la abdicación espontánea de su corona en mi favor.
-
-Dios guarde la importante vida de V. M. los muchos años que le
-desea, postrado a L. R. P. de V. M., su más amante y rendido hijo.
-— Fernando. — Pedro Cevallos. — Bayona 6 de mayo de 1808.» —
-(_Cevallos núm. 10._)
-
-
-NÚMERO 2-26.
-
-_Copia del tratado entre Carlos IV y el emperador de los franceses._
-
-Carlos IV rey de las Españas y de las Indias, y Napoleón emperador
-de los franceses, rey de Italia y protector de la confederación del
-Rin, animados de igual deseo de poner un pronto término a la anarquía
-a que está entregada la España, y libertar esta nación valerosa
-de las agitaciones de las facciones; queriendo asimismo evitarle
-todas las convulsiones de la guerra civil y extranjera, y colocarla
-sin sacudimientos políticos en la única situación que atendida la
-circunstancia extraordinaria en que se halla puede mantener su
-integridad, afianzarle sus colonias y ponerla en estado de reunir
-todos sus recursos con los de la Francia, a efecto de alcanzar la
-paz marítima; han resuelto unir todos sus esfuerzos y arreglar en un
-convenio privado tamaños intereses.
-
-Con este objeto han nombrado, a saber:
-
-S. M. el rey de las Españas y de las Indias a S. A. S. Don Manuel Godoy
-príncipe de la Paz, conde de Évora Monte.
-
-Y S. M. el emperador &c. al señor general de división Duroc gran
-mariscal de palacio.
-
-Los cuales, después de canjeados sus plenos poderes, se han convenido
-en lo que sigue:
-
-ARTÍCULO 1.º
-
-S. M. el rey Carlos, que no ha tenido en toda su vida otra mira que la
-felicidad de sus vasallos, constante en la idea de que todos los actos
-de un soberano deben únicamente dirigirse a este fin; no pudiendo las
-circunstancias actuales ser sino un manantial de disensiones tanto más
-funestas, cuanto las desavenencias han dividido su propia familia; ha
-resuelto ceder, como cede por el presente, todos sus derechos al trono
-de las Españas y de las Indias a S. M. el emperador Napoleón, como el
-único que, en el estado a que han llegado las cosas, puede restablecer
-el orden: entendiéndose que dicha cesión solo ha de tener efecto
-para hacer gozar a sus vasallos de las condiciones siguientes: 1.ª
-La integridad del reino será mantenida: el príncipe que el emperador
-Napoleón juzgue deber colocar en el trono de España será independiente,
-y los límites de la España no sufrirán alteración alguna. 2.ª La
-religión católica, apostólica, romana será la única en España. No se
-tolerará en su territorio religión alguna reformada, y mucho menos
-infiel, según el uso establecido actualmente.
-
-ART. 2.º
-
-Cualesquiera actos contra nuestros fieles súbditos desde la revolución
-de Aranjuez son nulos y de ningún valor, y sus propiedades les serán
-restituidas.
-
-ART. 3.º
-
-S. M. el rey Carlos habiendo así asegurado la prosperidad, la
-integridad y la independencia de sus vasallos, S. M. el emperador se
-obliga a dar un asilo en sus estados al rey Carlos, a su familia, al
-príncipe de la Paz, como también a los servidores suyos que quieran
-seguirles, los cuales gozarán en Francia de un rango equivalente al que
-tenían en España.
-
-ART. 4.º
-
-El palacio imperial de Compiègne, con los cotos y bosques de su
-dependencia, quedan a la disposición del rey Carlos mientras viviere.
-
-ART. 5.º
-
-S. M. el emperador da y afianza a S. M. el rey Carlos una lista civil
-de treinta millones de reales, que S. M. el emperador Napoleón le hará
-pagar directamente todos los meses por el tesoro de la corona.
-
-A la muerte del rey Carlos dos millones de renta formarán la viudedad
-de la reina.
-
-ART. 6.º
-
-El emperador Napoleón se obliga a conceder a todos los infantes
-de España una renta anual de 400.000 francos, para gozar de ella
-perpetuamente así ellos como sus descendientes, y en caso de
-extinguirse una rama, recaerá dicha renta en la existente a quien
-corresponda según las leyes civiles.
-
-ART. 7.º
-
-S. M. el emperador hará con el futuro rey de España el convenio que
-tenga por acertado para el pago de la lista civil y rentas comprendidas
-en los artículos antecedentes; pero S. M. el rey Carlos no se entenderá
-directamente para este objeto sino con el tesoro de Francia.
-
-ART. 8.º
-
-S. M. el emperador Napoleón da en cambio a S. M. el rey Carlos el sitio
-de Chambord, con los cotos, bosques y haciendas de que se compone, para
-gozar de él en toda propiedad y disponer de él como le parezca.
-
-ART. 9.º
-
-En consecuencia S. M. el rey Carlos renuncia, en favor de S. M. el
-emperador Napoleón, todos los bienes alodiales y particulares no
-pertenecientes a la corona de España, de su propiedad privada en aquel
-reino.
-
-Los infantes de España seguirán gozando de las rentas de las
-encomiendas que tuvieren en España.
-
-ART. 10.
-
-El presente convenio será ratificado, y las ratificaciones se canjearán
-dentro de ocho días o lo más pronto posible.
-
-Fecho en Bayona a 5 de mayo de 1808. — El príncipe de la Paz. — Duroc.
-
-
-NÚMERO 2-27.
-
-_Copia del tratado entre el príncipe de Asturias y el emperador de los
-franceses._
-
-«S. M. el emperador de los franceses &c., y S. A. R. el príncipe de
-Asturias, teniendo varios puntos que arreglar, han nombrado por sus
-plenipotenciarios, a saber:
-
-S. M. el emperador al señor general de división Duroc gran mariscal de
-palacio, y S. A. el príncipe a Don Juan Escóiquiz consejero de estado
-de S. M. C., caballero gran cruz de Carlos III.
-
-Los cuales, después de canjeados sus plenos poderes, se han convenido
-en los artículos siguientes:
-
-ARTÍCULO 1.º
-
-S. A. R. el príncipe de Asturias adhiere a la cesión hecha por el rey
-Carlos de sus derechos al trono de España y de las Indias en favor
-de S. M. el emperador de los franceses &c., y renuncia en cuanto sea
-menester a los derechos que tiene como príncipe de Asturias a dicha
-corona.
-
-ART. 2.º
-
-S. M. el emperador concede en Francia a S. A. el príncipe de Asturias
-el título de A. R., con todos los honores y prerrogativas de que gozan
-los príncipes de su rango. Los descendientes de S. A. R. el príncipe de
-Asturias conservarán el título de príncipe y el de A. Serma., y tendrán
-siempre en Francia el mismo rango que los príncipes dignatarios del
-imperio.
-
-ART. 3.º
-
-S. M. el emperador cede y otorga por las presentes en toda propiedad a
-S. A. R. y sus descendientes los palacios, cotos, haciendas de Navarre
-y bosques de su dependencia hasta la concurrencia de 50.000 _arpens_
-libres de toda hipoteca, para gozar de ellos en plena propiedad desde
-la fecha del presente tratado.
-
-ART. 4.º
-
-Dicha propiedad pasará a los hijos y herederos de S. A. R. el príncipe
-de Asturias; en defecto de estos a los del infante Don Carlos, y así
-progresivamente hasta extinguirse la rama. Se expedirán letras patentes
-y privadas del monarca al heredero en quien dicha propiedad viniese a
-recaer.
-
-ART. 5.º
-
-S. M. el emperador concede a S. A. R. 400.000 francos de renta sobre
-el tesoro de Francia, pagados por dozavas partes mensualmente, para
-gozar de ella y transmitirla a sus herederos en la misma forma que las
-propiedades expresadas en el artículo 4.º
-
-ART. 6.º
-
-A más de lo estipulado en los artículos antecedentes, S. M. el
-emperador concede a S. A. el príncipe una renta de 600.000 francos,
-igualmente sobre el tesoro de Francia, para gozar de ella mientras
-viviere. La mitad de dicha renta formará la viudedad de la princesa su
-esposa si le sobreviviere.
-
-ART. 7.º
-
-S. M. el emperador concede y afianza a los infantes Don Antonio,
-Don Carlos y Don Francisco: 1.º el título de A. R. con todos los
-honores y prerrogativas de que gozan los príncipes de su rango; sus
-descendientes conservarán el título de príncipes y el de A. Serma., y
-tendrán siempre en Francia el mismo rango que los príncipes dignatarios
-del imperio. 2.º El goce de las rentas de todas sus encomiendas en
-España, mientras vivieren. 3.º Una renta de 400.000 francos para gozar
-de ella y transmitirla a sus herederos perpetuamente, entendiendo S.
-M. I. que si dichos infantes muriesen sin dejar herederos, dichas
-rentas pertenecerán al príncipe de Asturias, o a sus descendientes y
-herederos: todo esto bajo la condición de que sus AA. RR. adhieran al
-presente tratado.
-
-ART. 8.º
-
-El presente tratado será ratificado y se canjearán las ratificaciones
-dentro de ocho días o antes si se pudiere. — Bayona 10 de mayo de
-1808. — Duroc. — Escóiquiz.
-
-
-NÚMERO 2-28.
-
-_Proclama dirigida a los españoles en consecuencia del tratado de
-Bayona. (Véase la idea sencilla de Escóiquiz en su núm. 8.)_
-
-«Don Fernando príncipe de Asturias, y los infantes Don Carlos y Don
-Antonio, agradecidos al amor y a la fidelidad constante que les han
-manifestado todos sus españoles, los ven con el mayor dolor en el día
-sumergidos en la confusión, y amenazados de resulta de esta, de las
-mayores calamidades; y conociendo que esto nace en la mayor parte de
-ellos de la ignorancia en que están así de las causas de la conducta
-que SS. AA. han observado hasta ahora, como de los planes que para la
-felicidad de su patria están ya trazados, no pueden menos de procurar
-darles el saludable desengaño de que necesitan para no estorbar su
-ejecución, y al mismo tiempo el más claro testimonio del afecto que les
-profesan.
-
-No pueden en consecuencia dejar de manifestarles, que las
-circunstancias en que el príncipe por la abdicación del rey su padre
-tomó las riendas del gobierno, estando muchas provincias del reino y
-todas las plazas fronterizas ocupadas por un gran número de tropas
-francesas, y más de 70.000 hombres de la misma nación situados en la
-corte y sus inmediaciones, como muchos datos que otras personas no
-podrían tener, les persuadieron que rodeados de escollos no tenían más
-arbitrio que el de escoger entre varios partidos el que produjese menos
-males, y eligieron como tal el de ir a Bayona.
-
-Llegados SS. AA. a dicha ciudad, se encontró impensadamente el príncipe
-(entonces rey) con la novedad de que el rey su padre había protestado
-contra su abdicación, pretendiendo no haber sido voluntaria. No
-habiendo admitido la corona sino en la buena fe de que lo hubiese sido,
-apenas se aseguró de la existencia de dicha protesta, cuando su respeto
-filial le hizo devolverla, y poco después el rey su padre la renunció
-en su nombre y en el de toda su dinastía a favor del emperador de los
-franceses, para que este, atendiendo al bien de la nación, eligiese la
-persona y dinastía que hubiesen de ocuparla en adelante.
-
-En este estado de cosas, considerando SS. AA. la situación en que se
-hallan, las críticas circunstancias en que se ve la España, y que en
-ellas todo esfuerzo de sus habitantes en favor de sus derechos parece
-sería no solo inútil sino funesto, y que solo serviría para derramar
-ríos de sangre, asegurar la pérdida cuando menos de una gran parte de
-sus provincias y las de todas sus colonias ultramarinas; haciéndose
-cargo también de que será un remedio eficacísimo para evitar estos
-males el adherir cada uno de SS. AA. de por sí en cuanto esté de su
-parte a la cesión de sus derechos a aquel trono, hecha ya por el
-rey su padre; reflexionando igualmente que el expresado emperador
-de los franceses se obliga en este supuesto a conservar la absoluta
-independencia y la integridad de la monarquía española, como de todas
-sus colonias ultramarinas, sin reservarse ni desmembrar la menor parte
-de sus dominios, a mantener la unidad de la religión católica, las
-propiedades, las leyes y usos, lo que asegura para muchos tiempos y de
-un modo incontrastable el poder y la prosperidad de la nación española;
-creen SS. AA. darla la mayor muestra de su generosidad, del amor que
-la profesan, y del agradecimiento con que corresponden al afecto que
-la han debido, sacrificando en cuanto está de su parte sus intereses
-propios y personales en beneficio suyo, y adhiriendo para esto, como
-han adherido por un convenio particular a la cesión de sus derechos
-al trono, absolviendo a los españoles de sus obligaciones en esta
-parte, y exhortándoles, como lo hacen, a que miren por los intereses
-comunes de la patria, manteniéndose tranquilos, esperando su felicidad
-de las sabias disposiciones y del emperador Napoleón, y que prontos a
-conformarse con ellas crean que darán a su príncipe y a ambos infantes
-el mayor testimonio de su lealtad, así como SS. AA. se lo dan de su
-paternal cariño, cediendo todos sus derechos, y olvidando sus propios
-intereses por hacerla dichosa, que es el único objeto de sus deseos.»
-— Burdeos 12 de mayo de 1808.
-
-
-NÚMERO 2-29.
-
-_Decreto de Carlos IV._
-
-«Habiendo juzgado conveniente dar una misma dirección a todas las
-fuerzas de nuestro reino para mantener la seguridad de las propiedades
-y la tranquilidad pública contra los enemigos así del interior como
-del exterior, hemos tenido a bien nombrar lugarteniente general del
-reino a nuestro primo el gran duque de Berg, que al mismo tiempo manda
-las tropas de nuestro aliado el emperador de los franceses. Mandamos
-al consejo de Castilla, a los capitanes generales y gobernadores de
-nuestras provincias que obedezcan sus órdenes, y en calidad de tal
-presidirá la junta de gobierno. Dado en Bayona en el palacio imperial
-llamado del Gobierno, a 4 de mayo de 1808. — Yo el rey.»
-
-
-NÚMERO 2-30.
-
-_En este día he entregado a mi amado padre una carta concebida en los
-términos siguientes:_
-
-«Mi venerado padre y señor: para dar a V. M. una prueba de mi amor, de
-mi obediencia y de mi sumisión, y para acceder a los deseos que V. M.
-me ha manifestado reiteradas veces, renuncio mi corona en favor de
-V. M., deseando que pueda gozarla por muchos años. Recomiendo a V. M.
-las personas que me han servido desde el 19 de marzo: confio en las
-seguridades que V. M. me ha dado sobre este particular. Dios guarde a
-V. M. muchos años. Bayona 6 de mayo de 1808. — Señor. — A. L. R. P.
-de V. M. su más humilde hijo. — Fernando.»
-
-En virtud de esta renuncia de mi corona que he hecho en favor de mi
-amado padre, revoco los poderes que había otorgado a la junta de
-gobierno antes de mi salida de Madrid para el despacho de los negocios
-graves y urgentes que pudiesen ocurrir durante mi ausencia. La junta
-obedecerá las órdenes y mandatos de nuestro muy amado padre y soberano,
-y las hará ejecutar en los reinos.
-
-Debo, antes de concluir, dar gracias a los individuos de la junta,
-a las autoridades constituidas y a toda la nación por los servicios
-que me han prestado, y recomendarles se reúnan de todo corazón a mi
-padre amado y al emperador, cuyo poder y amistad pueden más que otra
-cosa alguna conservar el primer bien de las Españas, a saber: su
-independencia y la integridad de su territorio. Recomiendo asimismo que
-no os dejéis seducir por las asechanzas de nuestros eternos enemigos,
-de vivir unidos entre vosotros y con nuestros aliados, y de evitar la
-efusión de sangre y las desgracias, que sin esto serían el resultado de
-las circunstancias actuales, si os dejaseis arrastrar por el espíritu
-de alucinamiento y desunión.
-
-Tendrase entendido en la junta para los efectos convenientes, y se
-comunicará a quien corresponda. En Bayona a 6 de mayo de 1808. —
-Fernando.» — (_Véase Ofárril y Azanza, pág. 63._)
-
-
-NÚMERO 2-31.
-
-El Sermo. Sr. gran duque de Berg, lugarteniente general del reino, y
-la junta suprema de gobierno se han enterado de que los deseos de S.
-M. I. y R. el emperador de los franceses son de que en Bayona se junte
-una diputación general de 150 personas, que deberán hallarse en aquella
-ciudad el día 15 del próximo mes de junio, compuesta del clero, nobleza
-y estado general, para tratar allí de la felicidad de toda España,
-proponiendo todos los males que el anterior sistema le han ocasionado,
-y las reformas y remedios más convenientes para destruirlos en toda
-la nación, y en cada provincia en particular. A su consecuencia, para
-que se verifique a la mayor brevedad el cumplimiento de la voluntad de
-S. M. I. y R., ha nombrado la junta desde luego algunos sujetos, que
-se expresarán, reservando a algunas corporaciones, a las ciudades de
-voto en cortes y otras, el nombramiento de los que aquí se señalan,
-dándoles la forma de ejecutarlo, para evitar dudas y dilaciones, del
-modo siguiente:
-
-1.º Que si en algunas ciudades y pueblos de voto en cortes hubiese
-turno para la elección de diputados, elijan ahora las que lo están
-actualmente para la primera elección.
-
-2.º Que si otras ciudades o pueblos de voto en cortes tuviesen
-derecho de votar para componer un voto, ya sea entrando en concepto
-de media, tercera o cuarta voz, o de otro cualquiera modo, elija cada
-ayuntamiento un sujeto, y remita a su nombre a la ciudad o pueblo en
-donde se acostumbre a sortear el que ha de ser nombrado.
-
-3.º Que los ayuntamientos de dichas ciudades y pueblos de voto en
-cortes, así para esta elección como para la que se dirá, puedan nombrar
-sujetos no solo de la clase de caballeros y nobles, sino también del
-estado general, según en los que hallaren más luces, experiencia, celo,
-patriotismo, instrucción y confianza, sin detenerse en que sean o no
-regidores, que estén ausentes del pueblo, que sean militares, o de
-cualquiera otra profesión.
-
-4.º Que los ayuntamientos a quienes corresponda por estatuto elegir
-o nombrar de la clase de caballeros, puedan elegir en la misma forma
-grandes de España y títulos de Castilla.
-
-5.º Que a todos los que sean elegidos se les señale por sus respectivos
-ayuntamientos las dietas acostumbradas, o que estimen correspondientes,
-que se pagarán de los fondos públicos que hubiere más a mano.
-
-6.º Que de todo el estado eclesiástico deben ser nombrados dos
-arzobispos, seis obispos, dieciséis canónigos o dignidades, dos de
-cada una de las ocho metropolitanas, que deberán ser elegidos por sus
-cabildos canónicamente, y veinte curas párrocos del arzobispado de
-Toledo y obispados que se referirán.
-
-7.º Que vayan igualmente seis generales de las órdenes religiosas.
-
-8.º Que se nombren diez grandes de España, y entre ellos se comprendan
-los que ya están en Bayona, o han salido para aquella ciudad.
-
-9.º Que sea igual el número de los títulos de Castilla, y el mismo
-el de la clase de caballeros, siendo estos últimos elegidos por las
-ciudades que se dirán.
-
-10. Que por el reino de Navarra se nombren dos sujetos, cuya elección
-hará su diputación.
-
-11. Que la diputación de Vizcaya nombre uno, la de Guipúzcoa otro,
-haciendo lo mismo el diputado de la provincia de Álava con los
-consiliarios, y oyendo a su asesor.
-
-12. Que si la isla de Mallorca tuviese diputado en la península, vaya
-este; y si no, el sujeto que hubiese más a propósito de ella, y se ha
-nombrado a Don Cristóbal Cladera y Company.
-
-13. Que se ejecute lo mismo por lo tocante a las Islas Canarias; y
-si no hay aquí diputados, se nombra a Don Estanislao Lugo ministro
-honorario del consejo de las Indias, que es natural de dichas islas, y
-también a Don Antonio Saviñón.
-
-14. Que la diputación del principado de Asturias nombre asimismo un
-sujeto de las propias circunstancias.
-
-15. Que el consejo de Castilla nombre cuatro ministros de él, dos el
-de las Indias, dos el de guerra, el uno militar y el otro togado;
-uno el de Órdenes; otro el de hacienda, y otro el de la Inquisición,
-siendo los nombrados ya por el de Castilla Don Sebastián de Torres y
-Don Ignacio Martínez de Villela, que se hallan en Bayona, y Don José
-Colón y Don Manuel de Lardizábal, asistiendo con ellos el alcalde
-de casa y corte Don Luis Marcelino Pereira, que está igualmente en
-aquella ciudad, y los demás los que elijan a pluralidad de votos los
-mencionados consejos.
-
-16. Que por lo tocante a la marina concurran el bailío Don Antonio
-Valdés y el teniente general Don José Mazarredo; y por lo respectivo al
-ejército de tierra el teniente general Don Domingo Cerviño, el mariscal
-de campo Don Luis Idiáquez, el brigadier Don Andrés de Errasti,
-comandante de reales guardias españolas, el coronel Don Diego de
-Porras, capitán de valonas, el coronel Don Pedro de Torres, exento de
-las de Corps, todos con el príncipe de Castel-Franco, capitán general
-de los reales ejércitos, y con el teniente general duque del Parque.
-
-17. Que en cada una de las tres universidades mayores Salamanca,
-Valladolid y Alcalá nombre su claustro un doctor.
-
-18. Que por el ramo de comercio vayan catorce sujetos, los cuales serán
-nombrados por los consulados y cuerpos que se citarán luego.
-
-19. Los arzobispos y obispos nombrados por la junta de gobierno,
-presidida por S. A. I., son los siguientes: el arzobispo de Burgos, el
-de Laodicea, coadministrador del de Sevilla, el obispo de Palencia, el
-de Zamora, el de Orense, el de Pamplona, el de Gerona y el de Urgel.
-
-20. Los generales de las órdenes religiosas serán el de San Benito,
-Santo Domingo, San Francisco, Mercenarios calzados, Carmelitas
-descalzos y San Agustín.
-
-21. Los obispos que han de nombrar los mencionados veinte curas
-párrocos deben ser los de Córdoba, Cuenca, Cádiz, Málaga, Jaén,
-Salamanca, Almería, Guadix, Segovia, Ávila, Plasencia, Badajoz,
-Mondoñedo, Calahorra, Osma, Huesca, Orihuela y Barcelona, debiendo
-asimismo nombrar dos el arzobispo de Toledo por la extensión y
-circunstancias de su arzobispado.
-
-22. Los grandes de España que se nombran son el duque de Frías, el de
-Medinaceli, el de Híjar, el conde de Orgaz, el de Fuentes, el de Fernán
-Núñez, el de Santa Coloma, el marqués de Santa Cruz, el duque de Osuna
-y el del Parque.
-
-23. Los títulos de Castilla nombrados son el marqués de la Granja y
-Cartojal, el de Castellanos, el de Cilleruelo, el de la Conquista,
-el de Ariño, el de Lupiá, el de Bendaña, el de Villa-Alegre, el de
-Jura-Real y el conde de Polentinos.
-
-24. Las ciudades que han de nombrar sujetos por la clase de caballeros
-son: Jerez de la Frontera, Ciudad Real, Málaga, Ronda, Santiago de
-Galicia, la Coruña, Oviedo, San Felipe de Játiva, Gerona y la villa y
-corte de Madrid.
-
-25. Los consulados y cuerpos de comercio, que deben nombrar cada uno un
-sujeto, son: los de Cádiz, Barcelona, Coruña, Bilbao, Valencia, Málaga,
-Sevilla, Alicante, Burgos, San Sebastián, Santander, el banco nacional
-de San Carlos, la compañía de Filipinas y los cinco gremios mayores de
-Madrid.
-
-Siendo pues la voluntad de S. A. I. y de la suprema junta que todos los
-individuos que hayan de componer esta asamblea nacional contribuyan
-por su parte a mejorar el actual estado del reino, encargan a V. muy
-particularmente que consistiendo en el buen desempeño de esta comisión
-la felicidad de España, presente en la citada asamblea con todo celo
-y patriotismo las ideas que tenga, ya sobre todo el sistema actual, y
-ya respecto a esa provincia en particular, adquiriendo de las personas
-más instruidas de ella en los diversos ramos de instrucción pública,
-agricultura, comercio e industria cuantas noticias pueda para que,
-en aquellos puntos en que haya necesidad de reforma, se verifique del
-mejor modo posible; esperando igualmente S. A. y la junta que las
-ciudades, cabildos, obispos y demás corporaciones que, según queda
-dicho, deberán nombrar personas para la asamblea, elegirán aquellas de
-más instrucción, probidad, juicio y patriotismo, y cuidarán de darles
-y remitirles las ideas más exactas del estado de la España, de sus
-males y de los modos y medios de remediarlos, con las observaciones
-correspondientes no solo a lo general del reino, sino también a lo que
-exijan las particulares circunstancias de las provincias, exhortando V.
-a todos los miembros de ese cuerpo, y a los españoles celosos de esa
-ciudad, partido o pueblo a que instruyan con sus luces y experiencia al
-que vaya de diputado a Bayona, entregándole o dirigiéndole igualmente
-las noticias y reflexiones que consideren útiles al intento.
-
-Todo lo cual participo a V. de orden de S. A. y de la junta para su
-inteligencia y puntual cumplimiento en la parte que le toca; en el
-supuesto de que todos los sujetos que han de componer la referida
-diputación se han de hallar en Bayona el expresado 15 de junio próximo
-como se ha dicho; y de que así por V. como por todos los demás se ha de
-avisar por mi mano a S. A. y a la junta de los sujetos que se hayan
-nombrado.
-
-Dios guarde a V. muchos años. Madrid de mayo de 1808.
-
-NOTA. Después de impresa esta carta se ha excusado el marqués de
-Cilleruelo, y en su lugar ha nombrado S. A. al conde de Castañeda.
-
-También se ha admitido la excusa del general de Carmelitas descalzos, y
-se ha nombrado en su lugar al de San Juan de Dios.
-
-Además el mismo gran duque con acuerdo de la junta, ha nombrado seis
-sujetos naturales de las dos Américas, en esta forma: al marqués
-de San Felipe y Santiago, por la Habana: a Don José del Moral, por
-Nueva España: a Don Tadeo Bravo y Rivero, por el Perú: a Don León
-Altolaguirre, por Buenos Aires: a Don Francisco Cea, por Guatemala; y a
-Don Ignacio Sánchez de Tejada, por Santa Fe.
-
-
-
-
- APÉNDICE
- DEL
- LIBRO TERCERO.
-
-
-NÚMERO 3-1.
-
-Las relaciones de los levantamientos de las provincias están tomadas:
-1.º De las gacetas, proclamas y papeles de oficio publicados entonces.
-2.º De relaciones particulares manuscritas dadas por las personas que
-compusieron las juntas o tomaron parte en la insurrección o fueron
-testigos de los acontecimientos.
-
-
-NÚMERO 3-2.
-
-Este oficio está sacado de la correspondencia manuscrita que tenemos
-en nuestro poder, y que fue entonces seguida por los diputados con el
-gobierno de S. M. B. También le insertaron las gacetas de aquel tiempo.
-
-
-NÚMERO 3-3.
-
-_Parlamentary Debates, vol._ II, _pág. 885._
-
-
-NÚMERO 3-4.
-
-Entre las demostraciones extraordinarias que entonces hubo, fue una de
-ellas el de haber sido recibidos los enviados de Asturias con tales
-aplausos y aclamaciones el primer día que asistieron a la ópera en el
-palco del duque de Queensbury, que se suspendió la representación cerca
-de una hora.
-
-
-NÚMERO 3-5.
-
-_Tribuni ut fere semper reguntur a multitudine magis quam regunt. Tit.
-Liv., lib. 3, cap. 71._
-
-
-NÚMERO 3-6.
-
-_Les provinciales 7me Lettre. De la méthode de diriger l’intention._
-
-
-NÚMERO 3-7.
-
-_Mémoires du cardinal de Retz, tom. 3._
-
-
-NÚMERO 3-6 bis.
-
-Don Lorenzo Calvo de Rozas intendente general del ejército y reino
-de Aragón, secretario de la suprema junta de las cortes del mismo,
-celebrada en la capital de Zaragoza en el día 9 del mes de junio del
-presente año de 1808: — Certifico:
-
-Que reunidos en la sala consistorial de la ciudad los diputados de las
-de voto en cortes, y de los cuatro brazos del reino, cuyos nombres
-se anotan al fin, y habiéndose presentado el Excmo. Sr. Don José
-Rebolledo de Palafox y Melci gobernador y capitán general del mismo, y
-su presidente, fui llamado y se me hizo entrar en la asamblea para que
-ejerciese las funciones de tal secretario, y habiéndolo verificado
-así, se me entregó el papel de S. E., que original existe en la
-secretaría: se leyó y dice así:
-
-Excmo. Sr.: Consta ya a V. E. que por el voto unánime de los habitantes
-de esta capital, fui nombrado y reconocido de todas las autoridades
-establecidas como gobernador y capitán general del reino: que
-cualquiera excusa hubiera producido infinitos males a nuestra amada
-patria, y sido demasiado funesta para mi.
-
-Mi corazón agitado ya largo tiempo, combatido de penas y amarguras,
-lloraba la pérdida de la patria, sin columbrar aquel fuego sagrado
-que la vivifica; lloraba la pérdida de nuestro amado rey Fernando
-VII, esclavizado por la tiranía y conducido a Francia con engaños y
-perfidias; lloraba los ultrajes de nuestra santa religión, atacada por
-el ateísmo, sus templos violentados sacrílegamente por los traidores
-el día 2 de mayo, y manchados con sangre de los inocentes españoles;
-lloraba la existencia precaria que amenazaba a toda la nación, si
-admitía el yugo de un extranjero orgulloso, cuya insaciable codicia
-excede a su perversidad, y por fin la pérdida de nuestras posesiones
-en América, y el desconsuelo de muchas familias, unas porque verían
-convertida la deuda nacional en un crédito nulo, otras que se verían
-despojadas de sus empleos y dignidades y reducidas a la indigencia
-o la mendicidad, otras que gemirían en la soledad la ausencia o
-el exterminio de sus hijos y hermanos conducidos al Norte para
-sacrificarse, no por su honor, por su religión, por su rey, ni por
-la patria, sino por un verdugo, nacido para azote de la humanidad,
-cuyo nombre tan solo dejará a la posteridad el triste ejemplo de los
-horrores, engaños y perfidias que ha cometido, y de la sangre inocente
-que su proterva ambición ha hecho derramar.
-
-Llegó el día 24 de mayo, día de gloria para toda España, y los
-habitantes de Aragón siempre leales, esforzados y virtuosos, rompieron
-los grillos que les preparaba el artificio, y juraron morir o vencer.
-En tal estado lleno mi corazón de aquel noble ardor que a todos nos
-alienta, renace y se enajena de pensar que puedo participar con mis
-conciudadanos de la gloria de salvar nuestra patria.
-
-Las ciudades de Tortosa y Lérida invitadas por mí, como puntos muy
-esenciales, se han unido a Aragón; he nombrado un gobernador en Lérida
-a petición de su ilustre ayuntamiento, les he auxiliado con algunas
-armas y gente, y puedo esperar que aquellas ciudades se sostendrán, y
-no serán ocupadas por nuestros enemigos.
-
-La ciudad de Tortosa quiere participar de nuestros triunfos: ha
-conferenciado de mi orden con los ingleses; les ha comunicado
-el manifiesto del día 31 de mayo para que lo circulen en toda
-Europa, y trata de hacer venir nuestras tropas de Mallorca y de
-Menorca, siguiendo mis instrucciones; ha enviado un diputado para
-conferenciar conmigo, y yo he nombrado otro que partió antes de ayer
-con instrucciones secretas dirigidas al mismo fin, y al de entablar
-correspondencia con el Austria.
-
-La merindad de Tudela y la ciudad de Logroño me han pedido un jefe y
-auxilios; quieren defenderse e impedir la entrada en Aragón a nuestros
-enemigos. He nombrado con toda la plenitud de poderes por mi teniente
-y por general del ejército destinado a este objeto al Excmo. Sr.
-marqués de Lazán y Cañizar mariscal de campo de los reales ejércitos,
-que marchó el día 6 a las doce de la noche con algunas tropas, y
-las competentes armas y municiones. No puedo dudar de su actividad,
-patriotismo y celo, ni dudará V. E.: otros muchos pueblos de Navarra
-han enviado sus representantes, y la ciudad y provincia de Soria sus
-diputados. He dispuesto comunicaciones con Santander; establecido
-postas en el camino de Valencia, y pedido armas y artilleros,
-dirigiendo por aquella vía todos los manifiestos y órdenes publicadas,
-con encargo de que se circulen a la Andalucía, Mancha, Extremadura,
-Galicia y Asturias, invitándolos a proceder de acuerdo. He enviado al
-coronel barón de Versages, y al teniente coronel y gobernador que ha
-sido en América Don Andrés Boggiero, a organizar y mandar la vanguardia
-del ejército destinado hacia las fronteras de la Alcarria y Castilla la
-Nueva.
-
-Para dirigir el ramo de hacienda con la rectitud, energía y acierto
-que exige tan digna causa, y velar sobre las rentas y fondos públicos,
-he nombrado por intendente a Don Lorenzo Calvo de Rozas, cuyos
-conocimientos en este ramo, y cuya probidad incorruptible me son
-notorias, y me hacen esperar los más felices resultados. La casualidad
-de haber enviado aquí a principios de mayo su familia para librarla del
-peligro, y el temor de permanecer él mismo en Madrid en circunstancias
-tan críticas, lo trajo a Zaragoza el día 28 del pasado, lo hice
-detener, y lo he precisado a admitir este encargo a pesar de que sus
-negocios y la conservación de su patrimonio reclamaban imperiosamente
-su vuelta a Madrid. Fiado este importante ramo a un sujeto de sus
-circunstancias, presentaré a su tiempo a la nación el estado de rentas,
-su procedencia e inversión, y en ellas un testimonio público de la
-pureza con que se manejarán.
-
-Resta pues el sacrificio que es más grato a nuestros corazones;
-que reunamos nuestras voluntades, y aspiremos al fin que nos hemos
-propuesto. Salvemos la patria, aunque fuera a costa de nuestras vidas
-y velemos por su conservación. Para ello propongo a V. E. los puntos
-siguientes:
-
-1.º Que los diputados de las cortes queden aquí en junta permanente o
-nombren otra que se reunirá todos los días para proponerme y deliberar
-todo lo conveniente al bien de la patria y del rey.
-
-2.º Que V. E. nombre entre sus ilustres individuos un secretario para
-extender y uniformar las resoluciones, en las cuales debe haber una
-reserva inviolable, extendiendo por hoy el acuerdo uno de los que se
-hallan presentes como tales o el intendente.
-
-3.º Que cada diputado corresponda con su provincia, le comunique las
-disposiciones ya generales ya particulares que tomaré como jefe militar
-y político del reino, y las que acordaremos para mayor bien de la
-España.
-
-4.º Que la junta medite y me proponga sucesivamente las medidas de
-hacer compatible con la energía y rapidez que requiere la organización
-del ejército el cuidado de la recolección de granos que se aproxima y
-no debe desatenderse.
-
-5.º Que medite y me proponga la adopción de medios de sostener el
-ejército que presentará el intendente de él, y del reino Don Lorenzo
-Calvo.
-
-6.º Que me proponga todas las disposiciones que crea convenientes tomar
-para conservar la policía, el buen orden y la fuerza militar en cada
-departamento del reino.
-
-7.º Que cuide de mantener las relaciones con los demás reinos y
-provincias de España que deben formar con nosotros una misma y sola
-familia.
-
-8.º Que se encargue y cuide de firmar y circular en todo el reino,
-impresas o manuscritas, las órdenes emanadas de mí o de las que con mi
-acuerdo expidiese la junta de diputados del reino.
-
-9.º Que acuerde desde luego si deben o no concurrir los diputados que
-vinieren de las provincias o merindades de fuera del reino de Aragón
-mediante que la reunión de sus luces puede ser interesante a la defensa
-de la causa pública.
-
-10. Que decida desde luego la proclamación de nuestro rey Fernando VII
-determinando el día en que haya de verificarse.
-
-11. Que resuelva igualmente acerca de si deben reunirse en un solo
-punto las diputaciones de las demás provincias y reinos de España,
-conforme a lo anunciado en el manifiesto del 31 de mayo último.
-
-12. Que declare desde luego la urgencia del día, y que la primera
-atención debe ser la defensa de la patria. Zaragoza 9 de julio de 1808.
-— José de Palafox y Melci.
-
-
-ACUERDOS.
-
-Resolvió la asamblea por aclamación que se proclamase a Fernando
-VII, dejando al arbitrio de S. E. señalar el día en que hubiese de
-verificarse, que sería cuando las circunstancias lo permitiesen.
-
-La misma asamblea de diputados de las cortes enterada de la exposición
-antecedente, después de manifestar al Excmo. Sr. capitán general su
-satisfacción y gratitud por todo cuanto había ejecutado, y aprobándolo
-unánimemente, le reconoció por aclamación como capitán general y
-gobernador militar y político del reino de Aragón, y lo mismo al
-intendente.
-
-El Sr. Don Antonio Franquet, regidor de la ciudad de Tortosa, que
-hallándose comisionado en esta capital concurrió a la asamblea, hizo lo
-mismo a nombre de aquella ciudad, a quien ofreció daría parte de ello.
-
-Acto continuo se leyeron los avisos que se habían pasado a todos los
-individuos que debían concurrir a la asamblea o junta de cortes para
-saber si todos ellos habían sido citados o se hallaban presentes,
-y resultó que se había convocado a todos, y que solo habían dejado
-de concurrir el Sr. marqués de Tosos, que avisó no podía por estar
-enfermo, y el Sr. conde de Torresecas que igualmente manifestó su
-imposibilidad de concurrir.
-
-Se tomó en consideración el primer punto indicado en el manifiesto de
-S. E. que antecede, relativo a si debía quedar permanente la junta de
-diputados, o nombrar otra presidida por S. E. con toda la plenitud de
-facultades, y después de un serio y detenido examen acordó unánimemente
-nombrar una junta suprema compuesta de solo seis individuos y de S. E.
-como presidente con todas las facultades.
-
-Se nombró en seguida una comisión compuesta de doce de los señores
-vocales tomados de los cuatro brazos del reino, que lo fueron; por lo
-eclesiástico el Señor abad de Montearagón, el Sr. deán de esta santa
-iglesia, y el Señor arcipreste de Santa Cristina; por el de la nobleza
-el Excmo. Sr. conde de Sástago, el Señor marqués de Fuente Olivar, y el
-Señor marqués de Zafra; por el de hidalgos el Señor Barón de Alcalá, el
-Señor Don Joaquín María Palacios, y el Señor Don Antonio Soldevilla,
-y por el de la ciudad el Señor Don Vicente Lisa, el Señor conde de
-la Florida, y el Señor Don Francisco Peguera, para que propusiesen a
-la asamblea doce candidatos entre los cuales pudiese elegir los seis
-representantes que con S. E. habían de formar la junta suprema; y
-habiéndose reunido en una pieza separada los doce señores proponentes
-que quedan expresados volvieron a entrar en la sala de la junta e
-hicieron su propuesta en la forma siguiente.
-
-Propusieron para los seis individuos que habían de elegirse y componer
-la suprema junta al Ilmo. Sr. obispo de Huesca, al M. R. P. prior del
-sepulcro de Calatayud, al Excmo. Sr. conde de Sástago, al Señor regente
-de la Real Audiencia, a Don Valentín Solanot, abad del monasterio de
-Veruela, arcipreste del Salvador, barón de Alcalá, marqués de Fuente
-Olivar, barón de Castiel, y Don Pedro María Ric. Se procedió en seguida
-a la votación por escrutinio y de ella resultó que los propuestos
-tuvieron los votos siguientes. El Señor Obispo de Huesca, 32; el prior
-de Calatayud, 11; el conde de Sástago, 27; Don Antonio Cornel, 33;
-el Señor Regente, 29; Don Valentín Solanot, 11; abad de Veruela, 2;
-arcipreste del Salvador, 12; barón de Alcalá, 2; marqués de Fuente
-Olivar, 17; barón de Castiel, 10; y Don Pedro María Ric, 18; resultando
-electos a pluralidad de votos para individuos de la suprema junta de
-gobierno los Señores Don Antonio Cornel, obispo de Huesca, regente de
-la Real Audiencia, conde de Sástago, Don Pedro María Ric, y el marqués
-de Fuente Olivar, y por muerte u otra causa legítima que impidiese el
-ejercicio de su empleo a los electos, lo harían según uso y costumbre
-los que les siguen en votos.
-
-Se trató del nombramiento de un secretario para la junta suprema, y
-toda la asamblea manifestó al Excmo. Sr. capitán general sus deseos
-de que S. E. indicase una o dos personas para este destino; S. E. lo
-rehusó declarando a los señores vocales que nombrasen a quien tuviesen
-por más conveniente y a propósito para el buen desempeño, más al fin
-condescendiendo con las reiteradas insinuaciones y deseos de la junta
-propuso para primer secretario al Señor Don Vicente Lisa, y para
-segundo al Señor barón de Castiel, que quedaron electos en consecuencia.
-
-Habiendo meditado la junta sobre las proposiciones 3, 4, 5, 6, 7, 8,
-9, 11 y 12, las estimó y tuvo por muy atendibles, y acordó tomarlas en
-consideración, para lo cual se reunirían de nuevo todos los señores
-vocales proponentes y presentes el próximo martes 14 del corriente mes
-de junio a las diez de su mañana, y que por el secretario se enviase
-una copia de dichas proposiciones a cada individuo, y se avisaría
-a los Señores marqués de Tosos y conde de Torresecas que no habían
-concurrido, por si podían hacerlo, con lo cual se concluyó la sesión
-quedando todos los señores advertidos para volver sin más aviso el día
-señalado, y se rubricó el acuerdo en borrador por los Excmos. Señores
-capitán general y conde de Sástago, y el Ilmo. Sr. obispo de Huesca, de
-que certifico y firmo en la ciudad de Zaragoza a 9 de junio de 1808.
-— Lorenzo Calvo de Rozas, secretario. — Visto bueno. — Palafox.
-
-Nota. Todos los Señores vocales manifestaron en seguida su voluntad de
-nombrar al Excmo. Sr. Don José Rebolledo de Palafox por capitán general
-efectivo de ejército, más S. E. dio gracias a la junta y lo resistió
-absolutamente pidiendo que no constase la indicación, y expresando
-que era brigadier de los reales ejércitos nombrado por S. M., y que
-no admitiría ni deseaba otras gracias ni otra satisfacción ni ascenso
-que el ser útil a la patria y sacrificarse en su obsequio y en el de
-su rey. La junta en consecuencia no insistió en su empeño vista la
-delicadeza de S. E., y se reservó el llevar a efecto su voluntad en una
-de las primeras sesiones a que no asistiese S. E., por considerarlo así
-de justicia; de todo lo cual certifico _ut supra_. — Calvo.
-
-«Hemos insertado aquí el acta de instalación de las cortes de Aragón,
-de que poseemos un ejemplar, por ser documento, aunque entonces
-impreso, que empieza a ser raro.» — _Sigue la lista de los diputados
-que las compusieron._
-
-
-ESTADO ECLESIÁSTICO.
-
- Ilmo. Sr. obispo de Huesca.
- Sr. arcipreste de Tarazona.
- Sr. deán de Zaragoza.
- Sr. arcipreste de Sta. María.
- Sr. arcipreste de Sta. Cristina.
- Sr. abad de Montearagón.
- Sr. abad de Sta. Fe.
- Sr. abad de Rueda.
- Sr. abad de Veruela.
- Sr. prior del sepulcro de Calatayud.
-
-
-ESTADO DE NOBLES.
-
- Excmo. Sr. conde de Sástago.
- Sr. marqués de Sta. Coloma.
- Sr. marqués de Fuente Olivar.
- Sr. marqués de Zafra.
- Sr. marqués de Ariño.
- Sr. conde de Sobradiel.
- Sr. conde de Torresecas.
-
-
-ESTADO DE HIJOSDALGO.
-
-_Por el partido de Huesca._
-
- Sr. barón de Alcalá.
- Sr. Don Joaquín María Palacios.
-
-
-_Por el partido de Barbastro._
-
- Sr. Don Antonio Soldevilla.
- Sr. Don Francisco Romeo.
-
-
-_Por el partido de Alcañiz._
-
- Sr. de Canduero.
- Sr. conde de Samitier.
-
-
-_Por el de Albarracín._
-
- Don Juan Navarro.
-
-
-_Por el de Daroca._
-
- Don Tomás Castillón.
- Don Pedro Oseñalde.
-
-
-CIUDADES DE VOTO EN CORTES.
-
-_Zaragoza._
-
- Don Vicente Lisa.
-
-
-_Tarazona._
-
- Don Bartolomé La-Iglesia.
-
-
-_Jaca._
-
- Don Francisco Peguera.
-
-
-_Calatayud._
-
- Don Joaquín Arias Ciria.
-
-
-_Borja._
-
- Don José Guartero.
-
-
-_Teruel._
-
- Sr. conde de la Florida.
-
-
-_Fraga._
-
- Don Domingo Azguer.
-
-
-_Cinco-Villas._
-
- Don Juan Pérez.
-
-
-
-
- APÉNDICE
- DEL
- LIBRO CUARTO.
-
-
-NÚMERO 4-1.
-
-_Esta proclama está inserta en la Gaceta de Madrid del 7 de julio de
-1808._
-
-
-NÚMERO 4-2.
-
-_Respuesta dada por el Ilmo. Sr. obispo de Orense a la junta de
-gobierno, con motivo de haber sido nombrado diputado para la junta de
-Bayona._
-
-Excmo. Sr.: Muy señor mío: un correo de la Coruña me ha entregado en
-la tarde del miércoles 25 de este la de V. E. con fecha del 19, por la
-que, entre lo demás que contiene, me he visto nombrado para asistir a
-la asamblea que debe tenerse en Bayona de Francia, a fin de concurrir
-en cuanto pudiese a la felicidad de la monarquía, conforme a los deseos
-del grande emperador de los franceses, celoso de elevarla al más alto
-grado de prosperidad y de gloria.
-
-Aunque mis luces son escasas, en el deseo de la verdadera felicidad
-y gloria de la nación no debo ceder a nadie, y nada omitiría que me
-fuese practicable y creyese conducente a ello. Pero mi edad de 73 años,
-una indisposición actual, y otras notorias y habituales me impiden un
-viaje tan largo y con un término tan corto, que apenas basta para él, y
-menos para poder anticipar los oficios, y para adquirir las noticias e
-instrucciones que debían preceder. Por lo mismo me considero precisado
-a exonerarme de este encargo, como lo hago por esta, no dudando que el
-Serenísimo Sr. duque de Berg y la suprema junta de gobierno estimarán
-justa y necesaria mi súplica de que admitan una excusa y exoneración
-tan legítima.
-
-Al mismo tiempo, por lo que interesa al bien de la nación, y a los
-designios mismos del emperador y rey, que quiere ser como el ángel de
-paz y el protector tutelar de ella, y no olvida lo que tantas veces ha
-manifestado, el grande interés que toma en que los pueblos y soberanos
-sus aliados aumenten su poder, sus riquezas y dicha en todo género, me
-tomo la libertad de hacer presente a la junta suprema de gobierno, y
-por ella al mismo emperador rey de Italia, lo que antes de tratar de
-los asuntos a que parece convocada, diría y protestaría en la asamblea
-de Bayona, si pudiese concurrir a ella.
-
-Se trata de curar males, de reparar perjuicios, de mejorar la suerte
-de la nación y de la monarquía, ¿pero sobre que bases y fundamentos?
-¿Hay medio aprobado y autorizado, firme y reconocido por la nación para
-esto? ¿Quiere ella sujetarse, y espera su salud por esta vía? ¿Y no
-hay enfermedades también que se agravan y exasperan con las medicinas,
-de las que se ha dicho: _tangant vulnera sacra nullæ manus_? ¿Y no
-parece haber sido de esta clase la que ha empleado con su aliado y
-familia real de España el poderoso protector, el emperador Napoleón?
-Sus males se han agravado tanto, que está como desesperada su salud.
-Se ve internada en el imperio francés, y en una tierra que la había
-desterrado para siempre; y vuelto a su cuna primitiva, halla el túmulo
-por una muerte civil, en donde la primera rama fue cruelmente cortada
-por el furor y la violencia de una revolución insensata y sanguinaria.
-Y en estos términos, ¿qué podrá esperar España? ¿Su curación le será
-más favorable? Los medios y medicinas no lo anuncian. Las renuncias
-de sus reyes en Bayona, e infantes en Burdeos, en donde se cree
-que no podían ser libres, en donde se han contemplado rodeados de
-la fuerza y del artificio, y desnudos de las luces y asistencia de
-sus fieles vasallos: estas renuncias, que no pueden concebirse, ni
-parecen posibles, atendiendo a las impresiones naturales del amor
-paternal y filial, y al honor y lustre de toda la familia, que tanto
-interesa a todos los hombres honrados: estas renuncias que se han hecho
-sospechosas a toda la nación, y de las que pende toda la autoridad
-de que justamente puede hacer uso el emperador y rey, exigen para su
-validación y firmeza, y a lo menos para la satisfacción de toda la
-monarquía española, que se ratifiquen estando los reyes e infante
-que las han hecho libres de toda coacción y temor. Y nada sería tan
-glorioso para el grande emperador Napoleón, que tanto se ha interesado
-en ellas, como devolver a la España sus augustos monarcas y familia,
-disponer que dentro de su seno, y en unas cortes generales del reino
-hiciesen lo que libremente quisiesen, y la nación misma, con la
-independencia y soberanía que la compete, procediese en consecuencia a
-reconocer por su legítimo rey al que la naturaleza, el derecho y las
-circunstancias llamasen al trono español.
-
-Este magnánimo y generoso proceder sería el mayor elogio del mismo
-emperador, y sería más grande y admirable por él que por todas
-las victorias y laureles que le coronan y distinguen entre todos
-los monarcas de la tierra, y aun saldría la España de una suerte
-funestísima que la amenaza, y podría finalmente sanar de sus males
-y gozar de una perfecta salud, y dar después de Dios las gracias,
-y tributar el más sincero reconocimiento a su salvador y verdadero
-protector, entonces el mayor de los emperadores de Europa, el moderado,
-el justo, el magnánimo, el benéfico Napoleón el grande.
-
-Por ahora la España no puede dejar de mirarlo bajo otro aspecto muy
-diferente: se entreve, si no se descubre, un opresor de sus príncipes
-y de ella: se mira como encadenada y esclava cuando se la ofrecen
-felicidades: obra, aun más que del artificio, de la violencia y de un
-ejército numeroso que ha sido admitido como amigo o por la indiscreción
-y timidez, o acaso por una vil traición, que sirve a dar una autoridad
-que no es fácil estimar legítima.
-
-¿Quién ha hecho teniente gobernador del reino al Sermo. Sr. duque de
-Berg? ¿No es un nombramiento hecho en Bayona de Francia por un rey
-piadoso, digno de todo respeto y amor de sus vasallos, pero en manos de
-lados imperiosos por el ascendiente sobre su corazón, y por la fuerza
-y el poder a que le sometió? ¿Y no es una artificiosa quimera nombrar
-teniente de su reino a un general que manda un ejército que le amenaza,
-y renunciar inmediatamente su corona? ¿Solo ha querido volver al trono
-Carlos IV para quitarlo a sus hijos? ¿Y era forzoso nombrar un teniente
-que impidiese a la España por esta autorización y por el poder militar
-cuantos recursos podía tener para evitar la consumación de un proyecto
-de esta naturaleza? No solo en España, en toda la Europa dudo se
-halle persona sincera que no reclame en su corazón contra estos actos
-extraordinarios y sospechosos, por no decir más.
-
-En conclusión, la nación se ve como sin rey, y no sabe a qué atenerse.
-Las renuncias de sus reyes, y el nombramiento de teniente gobernador
-del reino, son actos hechos en Francia, y a la vista de un emperador
-que se ha persuadido hacer feliz a España con darle una nueva dinastía
-que tenga su origen en esta familia tan dichosa, que se cree incapaz
-de producir príncipes que no tengan o los mismos o mayores talentos
-para el gobierno de los pueblos que el invencible, el victorioso, el
-legislador, el filósofo, el grande emperador Napoleón. La suprema
-junta de gobierno, a más de tener contra sí cuanto va insinuado, su
-presidente armado y un ejército que la cerca, obligan a que se la
-considere sin libertad, y lo mismo sucede a los consejos y tribunales
-de la corte. ¡Qué confusión, qué caos, y qué manantial de desdichas
-para España! No puede evitarla una asamblea convocada fuera del
-reino, y sujetos que componiéndola ni pueden tener libertad ni aun
-teniéndola creerse que la tuvieran. Y si se juntasen a los movimientos
-tumultuosos que pueden temerse dentro del reino pretensiones de
-príncipes y potencias extrañas, socorros ofrecidos o solicitados, y
-tropas que vengan a combatir dentro de su seno contra los franceses y
-el partido que les siga; ¿qué desolación y qué escena podrá concebirse
-más lamentable? La compasión, el amor y la solicitud en su favor del
-emperador podía antes que curarla causarla los mayores desastres.
-
-Ruego pues con todo el respeto que debo se hagan presentes a la suprema
-junta de gobierno los que considero justos temores y dignos de su
-reflexión, y aun de ser expuestos al grande Napoleón. Hasta ahora he
-podido contar con la rectitud de su corazón, libre de la ambición,
-distante del dolo y de una política artificiosa, y espero aún que
-reconociendo no puede estar la salud de España en esclavizarla, no
-se empeñe en curarla encadenada, porque no está loca ni furiosa.
-Establézcase primero una autoridad legítima, y trátese después de
-curarla.
-
-Estos son mis votos, que no he temido manifestar a la junta y al
-emperador mismo, porque he contado con que si no fuesen oídos, serán
-a lo menos mirados, como en realidad lo son, como efecto de mi amor a
-la patria y a la augusta familia de sus reyes, y de las obligaciones
-de consejo, cuyo título temporal sigue al obispado en España. Y sobre
-todo los contemplo no solo útiles sino necesarios a la verdadera gloria
-y felicidad del ilustre héroe que admira la Europa, que todos veneran,
-y a quien tengo la felicidad de tributar con esta ocasión mis humildes
-y obsequiosos respetos. Dios guarde a V. E. muchos años. Orense 29 de
-mayo de 1808. — Excmo. Sr. — B. L. M. de V. E. su afecto capellán. —
-Pedro obispo de Orense. — Excmo. Sr. Don Sebastián Piñuela.»
-
-
-NÚMERO 4-3.
-
-_Esta proclama está inserta en la Gaceta de Madrid del 14 de junio de
-1808._
-
-
-NÚMERO 4-4.
-
-_Esta proclama en el Diario de Madrid de 1.º de junio de 1808._
-
-
-NÚMERO 4-5.
-
-_Gaceta de Madrid de 14 de junio de 1808._
-
-
-NÚMERO 4-6.
-
-_Todas estas gratulatorias pueden leerse en el Diario de Madrid del 12
-de junio de 1808, y en las gacetas de aquel tiempo._
-
-
-NÚMERO 4-7.
-
-_Esta proclama está inserta en el Diario de Madrid del 15 de junio de
-1808._
-
-
-NÚMERO 4-8.
-
-Habiendo aceptado la cesión de la corona de España que mi muy caro y
-muy amado hermano el emperador de los franceses &c. hizo a favor de mi
-persona, según el aviso que se comunicó al consejo con fecha de 4 del
-corriente; he venido en nombrar por mi lugarteniente general a S. A.
-I. y R. el gran duque de Berg, según se lo participo con esta fecha,
-encargándole que haga expedir todos los decretos que convengan, a fin
-de que los tribunales y los empleados de todas clases continúen en
-el ejercicio de sus funciones respectivas; por exigirlo así el bien
-general del reino, que es y será siempre el objeto de mis desvelos.
-Tendralo entendido el consejo para su inteligencia y cumplimiento en la
-parte que le toca. — Yo el rey. — En Bayona a 10 de junio de 1808. —
-Al decano del consejo.
-
-
-NÚMERO 4-9.
-
-El augusto emperador de los franceses, nuestro muy caro y muy amado
-hermano, nos ha cedido todos los derechos que había adquirido a la
-corona de las Españas por los tratados ajustados en los días 5 y 10 de
-mayo próximo pasado. La providencia, abriéndonos una carrera tan vasta,
-sin duda que ha penetrado nuestras intenciones: la misma nos dará
-fuerzas para hacer la felicidad del pueblo generoso que ha confiado a
-nuestro cuidado. Solo ella puede leer en nuestra alma, y no seremos
-felices hasta el día en que correspondiendo a tantas esperanzas,
-podamos darnos a nos mismo el testimonio de haber llenado el glorioso
-cargo que se nos ha impuesto. La conservación de la santa religión
-de nuestros mayores en el estado próspero en que la encontramos, la
-integridad y la independencia de la monarquía serán nuestros primeros
-deberes. Tenemos derecho para contar con la asistencia del clero, de
-la nobleza y del pueblo, a fin de hacer revivir aquel tiempo en que
-el mundo entero estaba lleno de la gloria del nombre español; y sobre
-todo deseamos establecer el sosiego, y fijar la felicidad en el seno de
-cada familia por medio de una buena organización social. Hacer el bien
-público con el menor perjuicio posible de los intereses particulares
-será el espíritu de nuestra conducta; y por lo que a nos toca, como
-nuestros pueblos sean dichosos, en su felicidad cifraremos toda nuestra
-gloria. A este precio ningún sacrificio nos será costoso. Para el bien
-de la España, y no para el nuestro, nos proponemos reinar. El consejo
-lo tendrá entendido, y lo comunicará a nuestros pueblos. — Yo el rey.
-— En Bayona a 10 de junio de 1808. — Al decano del consejo.
-
-
-NÚMERO 4-10.
-
-_Este discurso está inserto en el suplemento a la Gaceta de Madrid del
-21 de junio de 1808_.
-
-
-NÚMERO 4-11.
-
-Señor: todos los españoles que componen la comitiva de sus AA. RR.
-los príncipes Fernando, Carlos y Antonio, noticiosos por los papeles
-públicos de la instalación de la persona de V. M. C. en el trono de
-la patria de los exponentes, con el consentimiento de toda la nación,
-procediendo consecuentes al voto unánime, manifestado al emperador
-y rey en la nota adjunta, de permanecer españoles sin sustraerse de
-sus leyes en modo alguno, antes bien queriendo siempre subsistir
-sumisos a ellas, consideran como obligación suya muy urgente la de
-conformarse con el sistema adoptado por su nación, y rendir como ella
-sus más humildes homenajes a V. M. C., asegurándole también la misma
-inclinación, el mismo respeto y la misma lealtad que han manifestado
-al gobierno anterior, de la cual hay las pruebas más distinguidas; y
-creyendo que esta misma fidelidad pasada será la garantía más segura de
-la sinceridad de la adhesión que ahora manifiestan, jurando como juran
-obediencia a la nueva constitución de su país, y fidelidad al rey de
-España José I.
-
-La generosidad de V. M. C., su bondad y su humanidad, les hacen esperar
-que considerando la necesidad que estos príncipes tienen de que los
-exponentes continúen sirviéndoles en la situación en que se hallan, se
-dignará V. M. C. confirmar el permiso que hasta ahora han tenido de S.
-M. I. y R. para permanecer aquí: y asimismo continuarles por atención
-a los mismos príncipes con igual magnanimidad el goce de los bienes
-y empleos que tenían en España, con las otras gracias que a petición
-suya les tiene concedidas S. M. I. y R., hermano augusto de V. M. C., y
-constan de la adjunta nota que tienen el honor de presentar a los pies
-de V. M. C. con la más humilde súplica.
-
-Una vez asegurados por este medio de que sirviendo a sus AA. RR.
-serán considerados como vasallos fieles de V. M. C. y como españoles
-verdaderos, prontos a obedecer ciegamente la voluntad de V. M. C. hasta
-en lo más mínimo; si se les quisiese dar otro destino participarán
-completamente de la satisfacción de todos sus compatriotas, a quienes
-debe hacer dichosos para siempre un monarca tan justo, tan humano y tan
-grande en todo sentido como V. M. C.
-
-Ellos dirigen a Dios los votos más fervorosos y unánimes para que se
-verifiquen estas esperanzas, y para que Dios se digne conservar por
-muchos años la preciosa vida de V. M. C. En fin, con el más profundo y
-más sincero respeto, tienen el honor de ponerse a los pies de V. M. C.
-sus más humildes servidores y fieles súbditos en nombre de todas las
-personas de la comitiva de los príncipes. — El duque de San Carlos,
-Don Juan Escóiquiz, el marqués de Ayerbe, el marqués de Feria, Don
-Antonio Correa, Don Pedro Macanaz. — Valençay 22 de junio de 1808. —
-(_Llorente, tom. 1.º pág. 105._)
-
-
-NÚMERO 4-12.
-
-He recibido con sumo gusto la carta de V. M. I. y R. de 15 del
-corriente, y le doy gracias por las expresiones afectuosas con que me
-honra, y con las cuales yo he contado siempre. Las repito a V. M. I.
-por su bondad en favor de la solicitud del duque de San Carlos y de Don
-Pedro Macanaz, que tuve el honor de recomendar. Doy muy sinceramente
-en mi nombre y de mi hermano y tío a V. M. I. la enhorabuena de la
-satisfacción de ver instalado a su querido hermano en el trono de
-España. Habiendo sido objeto de todos nuestros deseos la felicidad
-de la generosa nación que habita su vasto territorio, no podemos
-ver a la cabeza de ella un monarca más digno, ni más propio por sus
-virtudes para asegurársela, ni dejar de participar al mismo tiempo
-del grande consuelo que nos da esta circunstancia. Deseamos el honor
-de profesar amistad con S. M., y este afecto nos ha dictado la carta
-adjunta que me atrevo a incluir, rogando a V. M. I. que después de
-leída se digne presentarla a S. M. C. Una mediación tan respetable
-nos asegura que será recibida con la cordialidad que deseamos. Sire:
-perdonad una libertad que nos tomamos, por la confianza sin límites que
-V. M. I. nos ha inspirado. Y con la seguridad de todo nuestro afecto
-y respeto, permitid que yo le renueve los más sinceros e invariables
-sentimientos, con los cuales tengo el honor de ser, Sire, de V. M. I. y
-R. su muy humilde y muy obediente servidor. — Fernando. — (_Llorente,
-tom. 1.º, pág. 102._)
-
-NOTA. _La carta escrita a José que se cita en la anterior, la oyeron
-todos los diputados de Bayona y se quedó con el original Don Miguel
-José de Azanza_.
-
-
-NÚMERO 4-13.
-
-_En la Gaceta de Madrid del 13 de julio de 1808 y siguientes._
-
-
-NÚMERO 4-14.
-
-_Marqués de San Felipe, en sus Comentarios, año de 1700._
-
-
-NÚMERO 4-15.
-
-_Capitulaciones ajustadas entre los respectivos generales de los
-ejércitos español y francés._
-
-«Los Excmos. Sres. conde de Tilly, y Don Francisco Javier Castaños
-general en jefe del ejército de Andalucía, queriendo dar una prueba de
-su alta estimación al Excmo Sr. general Dupont, grande águila de la
-legión de honor &c., así como al ejército de su mando por la brillante
-y gloriosa defensa que han hecho contra un ejército muy superior en
-número, y que le envolvía por todas partes, y el Sr. general Chabert
-encargado con plenos poderes por S. E. el Sr. general en jefe del
-ejército francés, y el Excmo. Sr. general Marescot grande águila &c.,
-han convenido en los artículos siguientes:
-
-1.º Las tropas del mando del Excmo. Sr. general Dupont quedan
-prisioneras de guerra, exceptuando la división de Vedel y otras tropas
-francesas que se hallan igualmente en Andalucía.
-
-2.º La división del general Vedel, y generalmente las demás tropas
-francesas de la Andalucía que no se hallan en la posición de las
-comprendidas en el artículo antecedente, evacuarán la Andalucía.
-
-3.º Las tropas comprendidas en el artículo 2.º conservarán generalmente
-todo su bagaje; y para evitar todo motivo de inquietud durante su viaje
-dejarán su artillería, tren y otras armas al ejército español, que se
-encarga de devolvérselas en el momento de su embarque.
-
-4.º Las tropas comprendidas en el artículo 1.º del tratado saldrán del
-campo con los honores de la guerra, dos cañones a la cabeza de cada
-batallón y los soldados con sus fusiles que se rendirán y entregarán al
-ejército español a cuatrocientas toesas del campo.
-
-5.º Las tropas del general Vedel y otras que no deben rendir sus armas,
-las colocarán en pabellones sobre su frente de banderas, dejando
-del mismo modo su artillería y tren, formándose el correspondiente
-inventario por oficiales de ambos ejércitos, y todo les será devuelto,
-según queda convenido en el artículo 3.º
-
-6.º Todas las tropas francesas de Andalucía pasarán a Sanlúcar y Rota
-por los tránsitos que se les señale, que no podrán exceder de cuatro
-leguas regulares al día con los descansos necesarios para embarcarse en
-buques con tripulación española, y conducirlos al puerto de Rochefort
-en Francia.
-
-7.º Las tropas francesas se embarcarán así que lleguen al puerto de
-Rota, y el ejército español garantirá la seguridad de su travesía
-contra toda empresa hostil.
-
-8.º Los señores generales, jefes y demás oficiales conservarán sus
-armas, y los soldados sus mochilas.
-
-9.º Los alojamientos, víveres y forrajes durante la marcha y travesía
-se suministrarán a los señores generales y demás oficiales, así como a
-la tropa a proporción de su empleo, y con arreglo a los goces de las
-tropas españolas en tiempo de guerra.
-
-10. Los caballos que según sus empleos corresponden a los señores
-generales, jefes y oficiales del estado mayor se transportarán a
-Francia mantenidos con la ración de tiempo de guerra.
-
-11. Los señores generales conservarán cada uno un coche y un carro;
-los jefes y oficiales de estado mayor un coche solamente exentos de
-reconocimiento, pero sin contravenir a los reglamentos y leyes del
-reino.
-
-12. Se exceptúan del artículo antecedente los carruajes tomados en
-Andalucía, cuya inspección hará el general Chabert.
-
-13. Para evitar la dificultad del embarque de los caballos de los
-cuerpos de caballería y los de artillería comprendidos en el artículo
-2.º, se dejarán unos y otros en España pagando su valor, según el
-aprecio que se haga por dos comisionados español y francés.
-
-14. Los heridos y enfermos del ejército francés que queden en los
-hospitales, se asistirán con el mayor cuidado y se enviarán a Francia
-con escolta segura, así que se hallen buenos.
-
-15. Como en varios parajes, particularmente en el ataque de Córdoba,
-muchos soldados a pesar de las órdenes de los señores generales y
-del cuidado de los señores oficiales, cometieron excesos que son
-consiguientes e inevitables en las ciudades que hacen resistencia al
-tiempo de ser tomadas, los señores generales y demás oficiales tomarán
-las medidas necesarias para encontrar los vasos sagrados que pueden
-haberse quitado y entregarlos si existen.
-
-16. Los empleados civiles que acompañan al ejército francés no se
-considerarán prisioneros de guerra, pero sin embargo gozarán durante
-su transporte a Francia todas las ventajas concedidas a las tropas
-francesas, con proporción a sus empleos.
-
-17. Las tropas francesas empezarán a evacuar la Andalucía el día 23 de
-julio. Para evitar el gran calor se efectuará por la noche la marcha, y
-se conformarán con la jornada diaria, que arreglarán los señores jefes
-del estado mayor español y francés, evitando el que las tropas pasen
-por las ciudades de Córdoba y Jaén.
-
-18. Las tropas francesas en su marcha irán escoltadas de tropa
-española, a saber: 300 hombres de escolta por cada columna de 3000
-hombres, y los señores generales serán escoltados por destacamentos de
-caballería de línea.
-
-19. A la marcha de las tropas precederán siempre los comisionados
-español y francés para asegurar los alojamientos y víveres necesarios,
-según los estados que se les entregarán.
-
-20. Esta capitulación se enviará desde luego a S. E. el duque de Rovigo
-general en jefe de los ejércitos franceses en España, con un oficial
-francés escoltado por tropa de línea española.
-
-21. Queda convenido entre los dos ejércitos que se añadirán como
-suplemento a esta capitulación los artículos de cuanto pueda haberse
-omitido para aumentar el bien estar de los franceses durante su
-permanencia y pasaje en España. — Firmado.»
-
-
-_Artículos adicionales igualmente autorizados._
-
-1.º Se facilitarán dos carretas por batallón para transportar las
-maletas de los señores oficiales.
-
-2.º Los señores oficiales de caballería de la división del señor
-general Dupont conservarán sus caballos solamente para hacer su viaje y
-los entregarán en Rota, punto de su embarco, a un comisionado español
-encargado de recibirlos. La tropa de caballería de guardia del señor
-general en jefe gozará la misma facultad.
-
-3.º Los franceses enfermos que están en la Mancha así como los que
-haya en Andalucía, se conducirán a los hospitales de Andújar, u otro
-que parezca más conveniente.
-
-Los convalecientes les acompañarán a medida que se vayan curando; se
-conducirán a Rota, donde se embarcarán para Francia bajo la misma
-garantía mencionada en el artículo 6.º de la capitulación.
-
-4.º Los Excmos. Sres. conde de Tilly y general Castaños, prometen
-interceder con su valimiento para que el señor general Erselinaut, el
-señor coronel La Grange y el señor teniente coronel Roseti, prisioneros
-de guerra en Valencia, se pongan en libertad, y conduzcan a Francia
-bajo la misma garantía expresada en el artículo anterior. — Firmado.
-— _(Véase la Lealtad española, tom. 2.º)_
-
-
-NÚMERO 4-16.
-
-_Mémoires du duc de Rovigo, volum. 3, cap. 18._
-
-
-FIN DEL TOMO I.
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO,
-GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (1 DE 5) ***
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@@ -1,15781 +0,0 @@
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- Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1 de 5), by Conde de Toreno—A Project Gutenberg eBook
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-
-<body class="formato">
-<div lang='en' xml:lang='en'>
-<p style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of <span lang='es' xml:lang='es'>Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1 de 5)</span>, by Conde de Toreno</p>
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
-at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
-are not located in the United States, you will have to check the laws of the
-country where you are located before using this eBook.
-</div>
-</div>
-
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: <span lang='es' xml:lang='es'>Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1 de 5)</span></p>
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Conde de Toreno</p>
-<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Release Date: September 12, 2022 [eBook #68978]</p>
-<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Language: Spanish</p>
- <p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em; text-align:left'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/Canadian Libraries)</p>
-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (1 DE 5)</span> ***</div>
-
-<div class="front">
- <hr class="full"/>
- <p><a href="#Ch1">Libro I</a></p>
- <p><a href="#Ch2">Libro II</a></p>
- <p><a href="#Ch3">Libro III</a></p>
- <p><a href="#Ch4">Libro IV</a></p>
- <p><a href="#Apend">Apéndices al tomo I</a></p>
- <h1 class="faux">Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1 de 5)</h1>
-</div>
-
-<div class="transnote" id="tnote">
- <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
- <ul>
- <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li>
-
- <li>La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.</li>
-
- <li>También han sido modernizados los topónimos y los nombres propios de
- persona, siempre que se han encontrado referencias bibliográficas.</li>
-
- <li>Se han incorporado las correcciones mencionadas en la fe de erratas
- aparecida en el segundo tomo.</li>
-
- <li>Se ha alterado la numeración de los apéndices para que incorporen
- el número del libro al que corresponden, obteniendo así una
- identificación única a lo largo de todos los tomos de la obra.</li>
-
- <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li>
- </ul>
-</div>
-
-
-<div class="screenonly x-ebookmaker-drop">
- <hr class="chap"/>
- <div class="figcenter">
- <img class="thin"
- style="width: 26em; height: auto;"
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- alt="Cubierta del libro"/>
- </div>
-</div>
-
-
-<div class="tit pt3">
- <hr class="chap"/>
- <div class="figcenter">
- <img class="thick"
- style="width: 18em; height: auto;"
- src="images/title_half.jpg"
- alt="Portadilla del libro"/>
- </div>
- <p class="fs150 lh200 negr g0 mt05">HISTORIA</p>
- <p class="fs60 lh200">DEL</p>
- <p class="fs120 lh200 ws1">Levantamiento, Guerra y Revolución</p>
- <p class="fs120 lh200 ws1">de España.</p>
- <hr class="chap"/>
-</div>
-
-
-<div class="tit">
- <p class="fs200 lh200 negr g0">HISTORIA</p>
- <p class="fs70 lh200">DEL</p>
- <p class="fs150 lh200 ws1">Levantamiento, Guerra y Revolución</p>
- <p class="fs130 lh200 g0 ws1">DE ESPAÑA</p>
-
- <p class="fs70 lh200 mt15">POR</p>
- <p class="fs120 lh200 g0 ws2">EL CONDE DE TORENO.</p>
-
- <div class="figcenter mt3">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa1.jpg"
- alt="Elemento ornamental"/>
- <p class="fs110 negr g0 ws1 ptb03">TOMO I.</p>
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa1.jpg"
- alt="Elemento ornamental"/>
- </div>
-
- <p class="fs110 lh150 g0 mt3">Madrid:</p>
- <p class="lh150 asc ws1">IMPRENTA DE DON TOMÁS JORDÁN,</p>
- <p class="fs110 lh150">1835.</p>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt6">
-
- <div class="legal">
-
- <p>... quis nescit, primam esse historiæ legem, ne quid falsi dicere
- audeat? deinde ne quid veri non audeat? ne qua suspicio gratiæ sit in
- scribendo? ne qua simultatis?</p>
-
- <p class="firma"><span class="sc">Cicer.</span>, <i>De Oratore,
- lib. 2, c. 15.</i></p>
-
- </div>
-
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter">
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental"/>
- </div>
- <p class="centra fs200 lh200 negr mt1">RESUMEN</p>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO PRIMERO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa2.jpg"
- alt="Motivo ornamental"/>
- </div>
-</div>
-
-<p class="resum"><span class="prim"><span
-class="gran">T</span>urbación</span> de los tiempos. — Flaqueza de
-España. — Política de Francia. — Paz de Presburgo. — Destronamiento
-de la casa de Nápoles. — Tratos de paz con Inglaterra. — Rómpense
-estas negociaciones. — También otras con Rusia. — Preparativos de
-guerra. — Tropas españolas que van a Toscana. — Izquierdo: dinero que
-da a Napoleón. — Enfado del príncipe de la Paz contra Napoleón. — Sus
-sospechas. — Piensa ligarse con Inglaterra. — Envía allá a Don Agustín
-de Argüelles. — Proclama del 5 de octubre. — Discúlpase con Napoleón.
-— Proyectos contra España. — Los dos partidos que dividen el palacio
-español. — Entretiénese a Izquierdo en París. — Mr. de Beauharnais
-embajador de Francia en Madrid. — Secretos manejos con el partido del
-príncipe de Asturias. — Tropas españolas que van al Norte. — Paz de
-Tilsit. — Tropas francesas que se juntan en Bayona. — Portugal. — Notas
-de los representantes de España y Francia en Lisboa. — Se retiran de
-aquella corte. — 18 de octubre de 1807 cruza el Bidasoa la primera
-división francesa. — 27 de octubre, tratado de Fontainebleau. — Causa
-del Escorial. — Marcha de Junot hacia Portugal. — Entrada en Portugal,
-19 de noviembre de 1807. — Llegada a Abrantes, 23 de noviembre. —
-Proclama del príncipe regente de Portugal, 22 de noviembre. — Instancia
-de Lord Strangford para que se embarque. — 29 de noviembre da la vela
-la familia real portuguesa. — 30 de noviembre, entrada de Junot en
-Lisboa. — Entrada de los españoles en Portugal. — 16 de noviembre,
-viaje de Napoleón a Italia. — Reina de Etruria. — Carta de Carlos IV
-a Napoleón. — Dudas de Napoleón sobre su conducta respecto de España.
-— 22 de diciembre, Dupont en Irún. — 9 de enero de 1808, entrada del
-cuerpo de Moncey. — 24 de id., publicaciones del Monitor. — 1.º de
-febrero de 1808, proclama de Junot. — Forma nueva regencia, de que se
-nombra presidente. — Gravosa contribución extraordinaria. — Envía a
-Francia una división portuguesa. — 16 de febrero, toma de la ciudadela
-de Pamplona. — Entra Duhesme en Cataluña. — Llega a Barcelona. — 28
-de febrero, sorpresa de la ciudadela de Barcelona. — Id. sorpresa de
-Monjuich. — 18 de marzo, ocupación de San Fernando de Figueras. — 5
-de marzo, entrega de San Sebastián. — 7 de febrero, orden para que la
-escuadra de Cartagena vaya a Toulon. — Desasosiego de la corte de
-Madrid. — Conducta ambigua de Napoleón. — Sobresalto del príncipe de la
-Paz. — Llegada a Madrid de Izquierdo. — Sale Izquierdo el 10 de marzo
-para París. — Tropas francesas que continuaron entrando en España.
-— Murat nombrado general en jefe del ejército francés en España. —
-Piensa la corte de Madrid en partir para Andalucía. — Providencias que
-toma.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental"/>
- </div>
- <p class="centra fs150 lh150 negr g0 mt1">HISTORIA</p>
- <p class="centra fs60 lh150">DEL</p>
- <p class="centra fs120 lh150 asc ws1">LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN</p>
- <p class="centra fs120 lh150 ws1">de España.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa4.jpg"
- alt="Motivo ornamental"/>
- </div>
- <h2 class="nobreak fs120 negr g0">LIBRO PRIMERO.</h2>
- <hr class="tir"/>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Turbación<br/> de los tiempos.</div>
-
-<p class="ti0"><span class="prim"><span class="gran">L</span>a</span>
-turbación de los tiempos, sembrando por el mundo discordias,
-alteraciones y guerras, había estremecido hasta en sus cimientos
-antiguas y nombradas naciones. Empobrecida y desgobernada España,
-hubiera al parecer debido antes que ninguna ser azotada de los recios
-temporales que a otras habían afligido y revuelto. Pero viva aún la
-memoria de su poderío, apartada al ocaso y en el continente Europeo
-postrera de las tierras, habíase mantenido firme y conservado casi
-intacto su vasto y desparramado imperio. No poco y por desgracia
-habían contribuido<span class="pagenum" id="Page_2">p. 2</span> a
-ello la misma condescendencia y baja humillación de su gobierno,
-<span class="sidenote">Flaqueza<br/> de España.</span> que ciegamente
-sometido al de Francia, fuese democrático, consular o monárquico,
-dejábale este disfrutar en paz hasta cierto punto de aparente sosiego,
-con tal que quedasen a merced suya las escuadras, los ejércitos y los
-caudales que aún restaban a la ya casi aniquilada España.</p>
-
-<div class="sidenote">Política<br/> de Francia.</div>
-
-<p>Mas en medio de tanta sumisión, y de los trastornos y continuos
-vaivenes que trabajaban a Francia, nunca habían olvidado sus muchos
-y diversos gobernantes la política de Luis XIV, procurando atar al
-carro de su suerte la de la nación española. Forzados al principio
-a contentarse con tratados que estrechasen la alianza, preveían no
-obstante que cuanto más onerosos fuesen aquellos para una de las partes
-contratantes, tanto menos serían para la otra estables y duraderos.</p>
-
-<p>Menester pues era que para darles la conveniente firmeza se
-aunasen ambas naciones, asemejándose en la forma de su gobierno, o
-confundiéndose bajo la dirección de personas de una misma familia,
-según que se mudaba y trastrocaba en Francia la constitución
-del estado. Así era que apenas aquel gabinete tenía un respiro,
-susurrábanse proyectos varios, juntábanse en Bayona tropas, enviábanse
-expediciones contra Portugal, o aparecían muchos y claros indicios
-de querer entrometerse en los asuntos interiores de la península
-hispana.</p>
-
-<p>Crecía este deseo ya tan vivo a proporción que las armas
-francesas afianzaban fuera la prepotencia de su patria, y que dentro
-se restablecían<span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span> la
-tranquilidad y buen orden. A las claras empezó a manifestarse cuando
-Napoleón ciñendo sus sienes con la corona de Francia, fundadamente
-pensó que los Borbones sentados en el solio de España mirarían siempre
-con ceño, por sumisos que ahora se mostrasen, al que había empuñado un
-cetro que de derecho correspondía al tronco de donde se derivaba su
-rama. <span class="sidenote">Paz de Presburgo.</span> Confirmáronse los
-recelos del francés después de lo ocurrido en 1805, al terminarse la
-campaña de Austria con la paz de Presburgo.</p>
-
-<div class="sidenote">Destronamiento<br/> de la casa<br/> de
-Nápoles.</div>
-
-<p>Desposeído por entonces de su reino Fernando IV de Nápoles, hermano
-de Carlos de España, había la corte de Madrid rehusado durante cierto
-tiempo asentir a aquel acto y reconocer al nuevo soberano José
-Bonaparte. Por natural y justa que fuese esta resistencia, sobremanera
-desazonó al emperador de los franceses, quien hubiera sin tardanza dado
-quizá señales de su enojo, si otros cuidados no hubiesen fijado su
-mente y contenido los ímpetus de su ira.</p>
-
-<p>En efecto la paz ajustada con Austria estaba todavía lejos de
-extenderse a Rusia, y el gabinete prusiano, de equívoca e incierta
-conducta, desasosegaba el suspicaz ánimo de Napoleón. Si tales motivos
-eran obstáculo para que este se ocupase en cosas de España, lo fueron
-también por extremo opuesto las esperanzas de una pacificación general,
-nacidas de resultas de la muerte de Pitt. <span class="sidenote">Tratos
-de paz<br/> con Inglaterra.</span> Constantemente había Napoleón
-achacado a aquel ministro, finado en enero de 1806, la continuación
-de la guerra, y como la paz era el deseo de todos hasta en Francia,
-forzoso le fue a su jefe no atropellar opinión tan acreditada,<span
-class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span> cuando había cesado el alegado
-pretexto, y entrado a componer el gabinete inglés Mr. Fox y Lord
-Grenville con los de su partido.</p>
-
-<p>Juzgábase que ambos ministros, sobre todo el primero, se inclinaban
-a la paz, y se aumentó la confianza al ver que después de su
-nombramiento se había entablado entre los gobiernos de Inglaterra y
-Francia activa correspondencia. Dio principio a ella Fox valiéndose de
-un incidente que favorecía su deseo. Las negociaciones duraron meses,
-y aun estuvieron en París como plenipotenciarios los Lores Yarmouth y
-Lauderdale. Dificultoso era en aquella sazón un acomodamiento a gusto
-de ambas partes. Napoleón en los tratos mostró poco miramiento respecto
-de España, pues entre las varias proposiciones hizo la de entregar la
-isla de Puerto Rico a los ingleses, y las Baleares a Fernando IV de
-Nápoles, en cambio de la isla de Sicilia que el último cedería a José
-Bonaparte.</p>
-
-<p>Correspondió el remate a semejantes propuestas, a las que se
-agregaba el irse colocando la familia de Bonaparte en reinos y estados,
-como también el establecimiento de la nueva y famosa confederación del
-Rin. <span class="sidenote">Rómpense estas<br/> negociaciones.</span>
-Rompiéronse pues las negociaciones, anunciando Napoleón como principal
-razón la enfermedad de Fox y su muerte acaecida en setiembre de 1806.
-<span class="sidenote">También otras<br/> con Rusia.</span> Por el
-mismo término caminaron las entabladas también con Rusia, habiendo
-desaprobado públicamente el emperador Alejandro el tratado que a su
-nombre había en París concluido su plenipotenciario Mr. d’Oubril.</p>
-
-<p>Aun en el tiempo en que andaban las pláticas<span class="pagenum"
-id="Page_5">p. 5</span> de paz, dudosos todos y aun quizá poco
-afectos a su conclusión, <span class="sidenote">Preparativos<br/> de
-guerra.</span> se preparaban a la prosecución de la guerra. Rusia y
-Prusia ligábanse en secreto, y querían que otros estados se uniesen a
-su causa. Napoleón tampoco se descuidaba, y aunque resentido por lo de
-Nápoles con el gabinete de España, disimulaba su mal ánimo, procurando
-sacar de la ciega sumisión de este aliado cuantas ventajas pudiese.</p>
-
-<div class="sidenote">Tropas<br/> españolas que<br/> van a
-Toscana.</div>
-
-<p>De pronto, y al comenzar el año de 1806, pidió que tropas españolas
-pasasen a Toscana a reemplazar las francesas que la guarnecían. Con
-eso lisonjeando a las dos cortes, a la de Florencia porque consideraba
-como suya la guardia de españoles, y a la de Madrid por ser aquel paso
-muestra de confianza, conseguía Napoleón tener libre más gente, y al
-mismo tiempo acostumbraba al gobierno de España a que insensiblemente
-se desprendiese de sus soldados. Accedió el último a la demanda, y
-en principios de marzo entraron en Florencia de 4 a 5000 españoles
-mandados por el teniente general Don Gonzalo Ofárril.</p>
-
-<div class="sidenote">Izquierdo:<br/> dinero que da<br/> a
-Napoleón.</div>
-
-<p>Como Napoleón necesitaba igualmente otro linaje de auxilios, volvió
-la vista para alcanzarlos a los agentes españoles residentes en París.
-Descollaba entre todos Don Eugenio Izquierdo, hombre sagaz, travieso
-y de amaño, a cuyo buen desempeño estaban encomendados los asuntos
-peculiares de Don Manuel Godoy, príncipe de la Paz, disfrazados bajo la
-capa de otras comisiones. En vano hasta entonces se había desvivido
-dicho encargado por sondear respecto de su valedor los pensamientos
-del Emperador<span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span> de los
-franceses. Nunca había tenido otra respuesta sino promesas y palabras
-vagas. Mas llegó mayo de 1806, y creciendo los apuros del gobierno
-francés para hacer frente a los inmensos gastos que ocasionaban los
-preparativos de guerra, reparó este en Izquierdo, y le indicó que la
-suerte del príncipe de la Paz merecería la particular atención de
-Napoleón, si se le acudía con socorros pecuniarios. Gozoso Izquierdo
-y lleno de satisfacción, brevemente y sin estar para ello autorizado,
-aprontó 24 millones de francos [*]<span class="sidenote">(* Ap. n.
-<a href="#Ap_1-1" id="Ll_1-1">1-1</a>.)</span> pertenecientes a la
-caja de consolidación de Madrid, según convenio que firmó el 10 de
-mayo. Aprobó el de la Paz la conducta de su agente, y contando ya
-con ser ensalzado a más eminente puesto en trueque del servicio
-concedido, hizo que en nombre de Carlos IV se confiriesen en 26 del
-mismo mayo [*]<span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_1-2"
-id="Ll_1-2">1-2</a>.)</span> a dicho Izquierdo plenos poderes para que
-ajustase y concluyese un tratado.</p>
-
-<p>Pero Napoleón, dueño de lo que quería y embargados sus sentidos
-con el nublado que del norte amagaba, difirió entrar en negociación
-hasta que se terminasen las desavenencias con Prusia y Rusia. Ofendió
-la tardanza al príncipe de la Paz, <span class="sidenote">Enfado del<br/>
-príncipe de la Paz<br/> contra Napoleón.</span> receloso en todos tiempos de
-la buena fe de Napoleón, y temió de él nuevos engaños. Afirmáronle en
-sus sospechas diversos avisos que por entonces le enviaron españoles
-residentes en París; opúsculos y folletos que debajo de mano fomentaba
-aquel gobierno, <span class="sidenote">Sus sospechas.</span> y en
-que se anunciaba la entera destrucción de la casa de Borbón, y en
-fin el dicho mismo del emperador de que «si Carlos IV no quería
-reconocer<span class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span> a su hermano
-por rey de Nápoles, su sucesor le reconocería.»</p>
-
-<p>Tal cúmulo de indicios que progresivamente vinieron a despertar
-las zozobras y el miedo del valido español, se acrecentaron con las
-noticias e informes que le dio Mr. de Strogonoff nombrado ministro de
-Rusia en la corte de Madrid, quien había llegado a la capital de España
-en enero de 1806.</p>
-
-<p>Animado el príncipe de la Paz con los consejos de dicho ministro,
-y mal enojado contra Napoleón, <span class="sidenote">Piensa
-ligarse<br/> con Inglaterra.</span> inclinábase a formar causa común
-con las potencias beligerantes. Pareciole no obstante ser prudente,
-antes de tomar resolución definitiva, buscar arrimo y alianza en
-Inglaterra. Siendo el asunto espinoso y pidiendo sobre todo profundo
-sigilo, determinó enviar a aquel reino un sujeto que dotado de
-las convenientes prendas, no excitase el cuidado del gobierno de
-Francia. <span class="sidenote">Envía allí<br/> a Don Agustín<br/> de
-Argüelles.</span> Recayó la elección en Don Agustín de Argüelles que
-tanto sobresalió años adelante en las cortes congregadas en Cádiz.
-Rehusaba el nombrado admitir el encargo por proceder de hombre tan
-desestimado como era entonces el príncipe de la Paz; pero instado por
-Don Manuel Sixto Espinosa, director de la consolidación, con quien le
-unían motivos de amistad y de reconocimiento, y vislumbrando también en
-su comisión un nuevo medio de contribuir a la caída del que en Francia
-había destruido la libertad pública, aceptó al fin el importante
-encargo confiado a su celo.</p>
-
-<p>Ocultose a Argüelles [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a
-href="#Ap_1-3" id="Ll_1-3">1-3</a>.)</span> lo que se trataba con
-Strogonoff, y tan solo se le dio a entender que<span class="pagenum"
-id="Page_8">p. 8</span> era forzoso ajustar paces con Inglaterra
-si no se quería perder toda la América en donde acababa de tomar a
-Buenos Aires el general Beresford. Recomendose en particular al
-comisionado discreción y secreto, y con suma diligencia saliendo de
-Madrid a últimos de setiembre, llegó a Lisboa sin que nadie, ni el
-mismo embajador conde de Campo-Alange, trasluciese el verdadero objeto
-de su viaje. Disponíase Don Agustín de Argüelles a embarcarse para
-Inglaterra, cuando se recibió en Lisboa una desacordada proclama del
-príncipe de la Paz, fecha 5 de octubre,[*] <span class="sidenote">Su
-proclama<br/> de 5 de octubre.<br/> (* Ap. n. <a href="#Ap_1-4"
-id="Ll_1-4">1-4</a>.)</span> en la que apellidando la nación a guerra
-sin designar enemigo, despertó la atención de las naciones extrañas,
-principalmente de Francia. Desde entonces miró Argüelles como inútil la
-continuación de su viaje y así lo escribió a Madrid; mas sin embargo
-ordenósele pasar a Londres, en donde su comisión no tuvo resulta, así
-por repugnar al gobierno inglés tratos con el príncipe de la Paz,
-ministro tan desacreditado e imprudente, como también por la mudanza
-que en dicho príncipe causaron los sucesos del norte.</p>
-
-<p>Allí Napoleón habiendo abierto la campaña en octubre de 1806, en vez
-de padecer descalabros había entrado victorioso en Berlín, derrotando
-en Jena al ejército prusiano. <span class="sidenote">Discúlpase<br/>
-con Napoleón.</span> Al ruido de sus triunfos, atemorizada la corte
-de Madrid y sobre todo el privado, no hubo medio que no emplease
-para apaciguar el entonces justo y fundado enojo del emperador de
-los franceses, quien no teniendo por concluida la guerra en tanto
-que la Rusia no viniese a partido, fingió quedar satisfecho<span
-class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span> con las disculpas que se le
-dieron, y renovó aunque lentamente las negociaciones con Izquierdo.</p>
-
-<div class="sidenote">Proyectos<br/> contra España.</div>
-
-<p>Mas no por eso dejaba de meditar cuál sería el más acomodado
-medio para posesionarse de España, y evitar el que en adelante se
-repitiesen amagos como el del 5 de octubre. Columbró desde luego ser
-para su propósito feliz incidente andar <span class="sidenote">Los
-dos partidos<br/> que dividen el<br/> palacio español.</span> aquella
-corte dividida entre dos parcialidades, la del príncipe de Asturias y
-la de Don Manuel Godoy. Habían nacido estas de la inmoderada ambición
-del último, y de los temores que había infundido ella en el ánimo del
-primero. Sin embargo estuvieron para componerse y disiparse en el
-tiempo en que había resuelto el de la Paz unirse con Inglaterra y las
-otras potencias del norte; creyendo este con razón que en aquel caso
-era necesario acortar su vuelo, y conformarse con las ideas y política
-de los nuevos aliados. Para ello, y no exponer su suerte a temible
-caída, había el valido imaginado casar al príncipe de Asturias [viudo
-desde mayo de 1806] con Doña María Luisa de Borbón, hermana de su mujer
-Doña María Teresa, primas ambas del rey e hijas del difunto infante
-Don Luis. El pensamiento fue tan adelante que se propuso al príncipe
-el enlace. Mas Godoy veleidoso e inconstante, variadas que fueron
-las cosas del norte, mudó de dictamen volviendo a soñar en ideas de
-engrandecimiento. Y para que pasaran a realidad condecorole el rey en
-13 de enero de 1807 con la dignidad de almirante de España e Indias, y
-tratamiento de Alteza.</p>
-
-<div class="sidenote">Entretiénese<br/> a Izquierdo<br/> en París.</div>
-
-<p>Veníale bien a Napoleón que se aumentase la división y el desorden
-en el palacio de Madrid.<span class="pagenum" id="Page_10">p.
-10</span> Atento a aprovecharse de semejante discordia, al paso que
-en París se traía entretenido a Izquierdo y al partido de Godoy, se
-despachaba a España para tantear el del príncipe de Asturias a Mr.
-de Beauharnais, <span class="sidenote">Mr. de<br/> Beauharnais<br/>
-embajador<br/> de Francia<br/> en Madrid.</span> quien como nuevo
-embajador presentó sus credenciales a últimos de diciembre de 1806.
-Empezó el recién llegado a dar pasos, mas fueron lentos hasta meses
-después que llevando visos de terminarse la guerra del norte, juzgó
-Napoleón que se acercaba el momento de obrar.</p>
-
-<p>Presentósele, en la persona de Don Juan Escóiquiz, conducto
-acomodado para ayudar sus miras. Antiguo maestro del príncipe de
-Asturias, vivía como confinado en Toledo, de cuya catedral era canónigo
-y dignidad, y de donde por orden de S. A., con quien siempre mantenía
-secreta correspondencia, había regresado a Madrid en marzo de 1807.
-Conferenciose mucho entre él y sus amigos sobre el modo de atajar la
-ambición de Godoy, y sacar al príncipe de Asturias de situación que
-conceptuaban penosa y aun arriesgada.</p>
-
-<p>Habían imaginado sondear al embajador de Francia, y de resultas
-supieron por Don Juan Manuel de Villena, gentil-hombre del príncipe de
-Asturias, y por Don Pedro Giraldo, brigadier de ingenieros, maestro de
-matemáticas del príncipe e infantes, y cuyos sujetos estaban en el
-secreto, hallarse Mr. de Beauharnais pronto a entrar en relaciones con
-quien S. A. indicase. <span class="sidenote">Secretos manejos<br/>
-con el partido<br/> del príncipe<br/> de Asturias.</span> Dudose si
-la propuesta encubría o no engaño; y para asegurarse unos y otros,
-convínose en una pregunta y seña que recíprocamente se harían en<span
-class="pagenum" id="Page_11">p. 11</span> la corte el príncipe y el
-embajador. Cerciorados de no haber falsedad y escogido Escóiquiz
-para tratar, presentó a este en casa de dicho embajador el duque del
-Infantado, con pretexto de regalarle un ejemplar de su poema sobre la
-conquista de Méjico. Entablado conocimiento entre Mr. de Beauharnais
-y el maestro del príncipe, avistáronse un día de los de julio y a las
-dos de la tarde en el Retiro. La hora, el sitio y lo caluroso de la
-estación les daba seguridad de no ser notados.</p>
-
-<p>Hablaron allí sosegadamente del estado de España y Francia, de
-la utilidad para ambas naciones de afianzar su alianza en vínculos
-de familia, y por consiguiente de la conveniencia de enlazar al
-príncipe Fernando con una princesa de la sangre imperial de Napoleón.
-El embajador convino con Escóiquiz en los más de los puntos,
-particularmente en el último, quedando en darle posterior y categórica
-contestación. Siguiéronse a este paso otros más o menos directos,
-pero que nada tuvieron de importante hasta que en 30 de setiembre
-escribió Mr. de Beauharnais una carta a Escóiquiz, en la que rayando
-las expresiones de que <i>no bastaban cosas vagas</i>, sino que se
-necesitaba una <i>segura prenda</i> (<i>une garantie</i>), daba por
-lo mismo a entender que aquellas salían de boca de su amo. Movido de
-esta insinuación se dirigió el príncipe de Asturias en 11 de octubre al
-emperador francés, en términos que, según veremos muy luego, hubiera
-podido resultar grave cargo contra su persona.</p>
-
-<p>Hasta aquí llegaron los tratos del embajador<span class="pagenum"
-id="Page_12">p. 12</span> Beauharnais con Don Juan Escóiquiz, cuyo
-principal objeto se enderezaba a arreglar la unión del príncipe
-Fernando con una sobrina de la emperatriz, ofrecida después al
-duque de Aremberg. Todo da indicio de que el embajador obró según
-instrucciones de su amo; y si bien es verdad que este desconoció como
-suyos los procedimientos de aquel, no es probable que se hubiera Mr.
-de Beauharnais expuesto con soberano tan poco sufrido a dar pasos de
-tamaña importancia sin previa autorización. Pudo quizá excederse; quizá
-el interés de familia le llevó a proponer para esposa una persona con
-quien tenía deudo; pero que la negociación tomó origen en París lo
-acredita el haber después sostenido el emperador a su representante.</p>
-
-<div class="sidenote">Tropas españolas<br/> que van al Norte.</div>
-
-<p>Sin embargo tales pláticas tenían más bien traza de entretenimiento
-que de seria y deliberada determinación. Íbale mejor al arrebatado
-temple de Napoleón buscar por violencia o por malos artes el
-cumplimiento de lo que su política o su ambición le sugería. Así fue
-que para remover estorbos e irse preparando a la ejecución de sus
-proyectos, de nuevo pidió al gobierno español auxilio de tropas; y
-conformándose Carlos IV con la voluntad de su aliado, decidió en
-marzo de 1807 que una división unida con la que estaba en Toscana, y
-componiendo juntas un cuerpo de 14.000 hombres, se dirigiese al norte
-de Europa.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_1-5"
-id="Ll_1-5">1-5</a>.)</span> De este modo menguaban cada día en España
-los recursos y medios de resistencia.</p>
-
-<p>Entretanto Napoleón habiendo continuado con feliz progreso la
-campaña emprendida contra las armas combinadas de Prusia y Rusia,
-había<span class="pagenum" id="Page_13">p. 13</span> en 8 de julio
-siguiente concluido la paz en Tilsit. <span class="sidenote">Paz de
-Tilsit.</span> Algunos se han figurado que se concertaron allí ambos
-emperadores ruso y francés acerca de asuntos secretos y arduos, siendo
-uno entre ellos el de dejar a la libre facultad del último la suerte de
-España. Hemos consultado en materia tan grave respetables personajes,
-y que tuvieron principal parte en aquellas conferencias y tratos. Sin
-interés en ocultar la verdad, y lejos ya del tiempo en que ocurrieron,
-han respondido a nuestras preguntas que no se había entonces hablado
-sino vagamente de asuntos de España; y que tan solo Napoleón quejándose
-con acrimonia de la proclama del príncipe de la Paz, añadía a veces
-que los españoles luego que le veían ocupado en otra parte, mudaban de
-lenguaje y le inquietaban.</p>
-
-<p>Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que con la paz asegurado
-Napoleón de la Rusia a lo menos por de pronto, pudo con más desahogo
-volver hacia el mediodía los inquietos ojos de su desapoderada
-ambición. Pensó desde luego disfrazar sus intentos con la necesidad
-de extender a todas partes el sistema continental [cuyas bases había
-echado en su decreto de Berlín de febrero del mismo año], y de arrancar
-a Inglaterra a su antiguo y fiel aliado el rey de Portugal. Era en
-efecto muy importante para cualquiera tentativa o plan contra la
-península someter a su dominio a Lisboa, alejar a los ingleses de los
-puertos de aquella costa, y tener un pretexto al parecer plausible con
-que poder internar en el corazón de España numerosas fuerzas.</p>
-
-<p>Para dar principio a su empresa promovió<span class="pagenum"
-id="Page_14">p. 14</span> muy particularmente las negociaciones
-entabladas con Izquierdo, y a la sombra de aquellas y del tratado
-que se discutía, <span class="sidenote">Tropas francesas<br/> que
-se juntan<br/> en Bayona</span> empezó en agosto de 1807 a juntar
-en Bayona un ejército de 25.000 hombres con el título de cuerpo de
-observación de la Gironda, nombre con que cautelosamente embozaba el
-gobierno francés sus hostiles miras contra la península española. Diose
-el mando de aquella fuerza a Junot, quien embajador en Portugal en 1805
-había desamparado la pacífica misión para acompañar a su caudillo en
-atrevidas y militares empresas. Ahora se preparaba a dar la vuelta a
-Lisboa, no ya para ocupar su antiguo puesto, sino más bien para arrojar
-del trono a una familia augusta que le había honrado con las insignias
-de la orden de Cristo.</p>
-
-<div class="sidenote">Portugal.</div>
-
-<p>Aunque no sea de nuestro propósito entrar en una relación
-circunstanciada de los graves acontecimientos que van a ocurrir en
-Portugal, no podemos menos de darles aquí algún lugar como tan unidos y
-conexos con los de España. En París se examinaba con Izquierdo el modo
-de partir y distribuirse aquel reino, y para que todo estuviese pronto
-el día de la conclusión del tratado, además de la reunión de tropas a
-la falda del Pirineo, se dispuso que negociaciones seguidas en Lisboa
-abriesen el camino a la ejecución de los planes en que conviniesen
-ambas potencias contratantes. <span class="sidenote">Notas de los<br/>
-representantes de<br/> España y Francia<br/> en Lisboa.</span>
-Comenzose la urdida trama por notas que en 12 de agosto pasaron el
-encargado de negocios francés Mr. de Rayneval y el embajador de
-España conde de Campo-Alange. Decían en ellas que tenían la orden de
-pedir sus pasaportes y declarar la guerra a Portugal si para<span
-class="pagenum" id="Page_15">p. 15</span> el 1.º de setiembre próximo
-el príncipe regente no hubiese manifestado la resolución de romper con
-la Inglaterra, y de unir sus escuadras con las otras del continente
-para que juntas obrasen contra el común enemigo: se exigía además la
-confiscación de todas las mercancías procedentes de origen británico,
-y la detención como rehenes de los súbditos de aquella nación. El
-príncipe regente de acuerdo con Inglaterra respondió que estaba
-pronto a cerrar los puertos a los ingleses, y a interrumpir toda
-correspondencia con su antiguo aliado; mas que en medio de la paz
-confiscar todas las mercancías británicas, y prender a extranjeros
-tranquilos, eran providencias opuestas a los principios de justicia y
-moderación que le habían siempre dirigido. <span class="sidenote">Se
-retiran<br/> de aquella corte.</span> Los representantes de España
-y Francia no habiendo alcanzado lo que pedían [resultado conforme a
-las verdaderas intenciones de sus respectivas cortes], partieron de
-Lisboa antes de comenzarse octubre, y su salida fue el preludio de la
-invasión.</p>
-
-<p>Todavía no estaban concluidas las negociaciones con Izquierdo;
-todavía no se había cerrado tratado alguno, cuando Napoleón impaciente,
-lleno del encendido deseo de empezar su proyectada empresa, e
-informado de la partida de los embajadores, <span class="sidenote">18
-de octubre:<br/> cruza el Bidasoa<br/> la primera<br/> división
-francesa.</span> dio orden a Junot para que entrase en España, y el 18
-de octubre cruzó el Bidasoa la primera división francesa a las órdenes
-del general Delaborde, época memorable, principio del tropel de males
-y desgracias, de perfidias y heroicos hechos que sucesivamente nos va
-a desdoblar la historia. Pasada<span class="pagenum" id="Page_16">p.
-16</span> la primera división, la siguieron la segunda y la tercera
-mandadas por los generales Loison y Travot, con la caballería, cuyo
-jefe era el general Kellerman. En Irún tuvo orden de recibir y
-obsequiar a Junot Don Pedro Rodríguez de la Buria, encargo que ya
-había desempeñado en la otra guerra con Portugal. Las tropas francesas
-se encaminaron por Burgos y Valladolid hacia Salamanca, a cuya
-ciudad llegaron veinticinco días después de haber entrado en España.
-Por todas partes fueron festejadas y bien recibidas, y muy lejos
-estaban de imaginarse los solícitos moradores del tránsito la ingrata
-correspondencia con que iba a pagárseles tan esmerada y agasajadora
-hospitalidad.</p>
-
-<p>Tocaron mientras tanto a su cumplido término las negociaciones
-que andaban en Francia, <span class="sidenote">27 de octubre,<br/>
-tratado de<br/> Fontainebleau.<br/> (* Ap. n. <a href="#Ap_1-6"
-id="Ll_1-6">1-6</a>.)</span> y el 27 de octubre en Fontainebleau se
-firmó entre Don Eugenio Izquierdo y el general Duroc, gran mariscal de
-palacio del emperador francés, un tratado [*] compuesto de catorce
-artículos con una convención anexa comprensiva de otros siete. Por
-estos conciertos se trataba a Portugal del modo como antes otras
-potencias habían dispuesto de la Polonia, con la diferencia que
-entonces fueron iguales y poderosos los gobiernos que entre sí se
-acordaron, y en Fontainebleau tan desemejantes y desproporcionados,
-que al llegar al cumplimiento de lo pactado, repitiéndose la conocida
-fábula del león y sus partijas, dejose a España sin nada, y del todo
-quiso hacerse dueño su insaciable aliado. Se estipulaba por el tratado
-que la provincia de Entre-Duero-y-Miño se daría en toda propiedad y
-soberanía<span class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span> con título de
-Lusitania septentrional al rey de Etruria y sus descendientes, quien
-a su vez cedería en los mismos términos dicho reino de Etruria al
-emperador de los franceses; que los Algarbes y el Alentejo igualmente
-se entregarían en toda propiedad y soberanía al príncipe de la Paz,
-con la denominación de príncipe de los Algarbes, y que las provincias
-de Beira, Tras-os-Montes y Extremadura portuguesa quedarían como en
-secuestro hasta la paz general, en cuyo tiempo podrían ser cambiadas
-por Gibraltar, la Trinidad o alguna otra colonia de las conquistadas
-por los ingleses; que el emperador de los franceses saldría garante
-a S. M. C. de la posesión de sus estados de Europa al mediodía de
-los Pirineos, y le reconocería como emperador de ambas Américas
-a la conclusión de la paz general, o a más tardar dentro de tres
-años. La convención que acompañaba al tratado circunstanciaba el
-modo de llevar a efecto lo estipulado en el mismo: 25.000 hombres de
-infantería francesa y 3000 de caballería habían de entrar en España, y
-reuniéndose a ellos 8000 infantes españoles y 3000 caballos, marchar en
-derechura a Lisboa, a las órdenes ambos cuerpos del general francés,
-exceptuándose solamente el caso en que el rey de España o el príncipe
-de la Paz fuesen al sitio en que las tropas aliadas se encontrasen,
-pues entonces a estos se cedería el mando. Las provincias de Beira,
-Tras-os-Montes y Extremadura portuguesa debían ser administradas, y
-exigírseles las contribuciones en favor y utilidad de Francia. Y al
-mismo tiempo que una división de 10.000 hombres de tropas españolas
-tomase posesión<span class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span> de la
-provincia de Entre-Duero-y-Miño, con la ciudad de Oporto, otra de 6000
-de la misma nación ocuparía el Alentejo y los Algarbes, y así aquella
-primera provincia como las últimas habían de quedar a cargo para su
-gobierno y administración de los generales españoles. Las tropas
-francesas, alimentadas por España durante el tránsito, debían cobrar
-sus pagas de Francia. Finalmente se convenía en que un cuerpo de 40.000
-hombres se reuniese en Bayona el 20 de noviembre, el cual marcharía
-contra Portugal en caso de necesidad, y precedido el consentimiento de
-ambas potencias contratantes.</p>
-
-<p>En la conclusión de este tratado Napoleón, al paso que buscaba
-el medio de apoderarse de Portugal, nuevamente separaba de España
-otra parte considerable de tropas, como antes había alejado las que
-fueron al norte, e introducía sin ruido y solapadamente las fuerzas
-necesarias a la ejecución de sus ulteriores y todavía ocultos planes,
-y lisonjeando la inmoderada ambición del privado español, le adormecía
-y le enredaba en sus lazos, temeroso de que desengañado a tiempo y
-volviendo de su deslumbrado encanto, quisiera acudir al remedio de
-la ruina que le amenazaba. Ansioso el príncipe de la Paz de evitar
-los vaivenes de la fortuna, aprobaba convenios que hasta cierto punto
-le guarecían de las persecuciones del gobierno español en cualquiera
-mudanza. Quizá veía también en la compendiosa soberanía de los Algarbes
-el primer escalón para subir a trono más elevado. Mucho se volvió
-a hablar en aquel tiempo del criminal proyecto que años atrás se
-aseguraba haber concebido María<span class="pagenum" id="Page_19">p.
-19</span> Luisa arrastrada de su ciega pasión, contando con el apoyo
-del favorito. Y no cabe duda que acerca de variar de dinastía se tanteó
-a varias personas, llegando a punto de buscar amigos y parciales sin
-disfraz ni rebozo. Entre los solicitados fue uno el coronel de Pavía
-Don Tomás de Jáuregui, a quien descaradamente tocó tan delicado asunto
-Don Diego Godoy: no faltaron otros que igualmente le promovieron. Mas
-los sucesos agolpándose de tropel, convirtieron en humo los ideados e
-impróvidos intentos de la ciega ambición.</p>
-
-<p>Tal era el deseado remate a que habían llegado las negociaciones de
-Izquierdo, y tal había sido el principio de la entrada de las tropas
-francesas en la península, cuando un acontecimiento con señales de suma
-gravedad fijó en aquellos días la atención de toda España.</p>
-
-<div class="sidenote">Causa<br/> del Escorial</div>
-
-<p>Vivía el príncipe de Asturias alejado de los negocios y solo, sin
-influjo ni poder alguno, pasaba tristemente los mejores años de su
-mocedad sujeto a la monótona y severa etiqueta de palacio. Aumentábase
-su recogimiento por los temores que infundía su persona a los que
-entonces dirigían la monarquía; se observaba su conducta, y hasta los
-más inocentes pasos eran atentamente acechados. Prorrumpía el príncipe
-en amargas quejas, y sus expresiones solían a veces ser algún tanto
-descompuestas. A ejemplo suyo los criados de su cuarto hablaban con
-más desenvoltura de lo que era conveniente, y repetidos, aun quizá
-alterados al pasar de boca en boca, aquellos dichos y conversaciones
-avivaron más y más el odio de sus irreconciliables enemigos.<span
-class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span> No bastaba sin embargo tan
-ligero proceder para empezar una información judicial; solamente dio
-ocasión a nuevo cuidado y vigilancia. Redoblados uno y otra, al fin se
-notó que el príncipe secretamente recibía cartas, que muy ocupado en
-escribir velaba por las noches, y que en su semblante daba indicio de
-meditar algún importante asunto. Era suficiente cualquiera de aquellas
-sospechas para despertar el interesado celo de los asalariados que le
-rodeaban, y una dama de la servidumbre de la reina le dio aviso de
-la misteriosa y extraña vida que traía su hijo. No tardó el rey en
-estar advertido, y estimulado por su esposa dispuso que se recogiesen
-todos los papeles del desprevenido Fernando. Así se ejecutó, y al día
-siguiente 29 de octubre, a las seis y media de la noche, convocados
-en el cuarto de S. M. los ministros del despacho y Don Arias Mon,
-gobernador interino del consejo, compareció el príncipe, se le sometió
-a un interrogatorio, y se le exigieron explicaciones sobre el contenido
-de los papeles aprehendidos. En seguida su augusto padre, acompañado
-de los mismos ministros y gobernador con grande aparato y al frente
-de su guardia, le llevó a su habitación, en donde después de haberle
-pedido la espada, le mandó que quedase preso, puestas centinelas para
-su custodia: su servidumbre fue igualmente arrestada.</p>
-
-<p>Al ver la solemnidad y aun semejanza del acto, hubiera podido
-imaginarse el atónito espectador que en las lúgubres y suntuosas
-bóvedas del Escorial iba a renovarse la deplorable y trágica escena que
-en el alcázar de Madrid había<span class="pagenum" id="Page_21">p.
-21</span> dado al orbe el sombrío Felipe II; pero otros eran los
-tiempos, otros los actores y muy otra la situación de España.</p>
-
-<p>Se componían los papeles hasta entonces aprehendidos al
-príncipe [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_1-7"
-id="Ll_1-7">1-7</a>.)</span> de un cuadernillo escrito de su puño de
-algo más de doce hojas, de otro de cinco y media, de una carta de letra
-disfrazada y sin firma fecha en Talavera a 18 de marzo, y reconocida
-después por de Escóiquiz, de cifra y clave para la correspondencia
-entre ambos, y de medio pliego de números, cifras y nombres que
-en otro tiempo habían servido para la comunicación secreta de la
-difunta princesa de Asturias con la reina de Nápoles su madre. Era el
-cuadernillo de las doce hojas una exposición al rey, en la que después
-de trazar con colores vivos la vida y principales hechos del príncipe
-de la Paz, se le acusaba de graves delitos, sospechándole del horrendo
-intento de querer subir al trono y de acabar con el rey y toda la real
-familia. También hablaba Fernando de sus persecuciones personales,
-mencionando entre otras cosas el haberle alejado del lado del rey,
-sin permitirle ir con él a caza, ni asistir al despacho. Se proponían
-como medios de evitar el cumplimiento de los criminales proyectos del
-favorito, dar al príncipe heredero facultad para arreglarlo todo, a
-fin de prender al acusado y confinarle en un castillo. Igualmente se
-pedía el embargo de parte de sus bienes, la prisión de sus criados,
-de Doña Josefa Tudó y otros, según se dispusiese en decretos que el
-mismo príncipe presentaría a la aprobación de su padre. Indicábase como
-medida previa, y para<span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span>
-que el rey Carlos examinase la justicia de las quejas, una batida en
-el Pardo o Casa de Campo, en que acudiese el príncipe, y en donde se
-oirían los informes de las personas que nombrase S. M., con tal que
-no estuviesen presentes la reina ni Godoy: asimismo se suplicaba que
-llegado el momento de la prisión del valido, no se separase el padre
-del lado de su hijo, para que los primeros ímpetus del sentimiento
-de la reina no alterasen la determinación de S. M.; concluyendo con
-rogarle encarecidamente que en caso de no acceder a su petición, le
-guardase secreto, pudiendo su vida si se descubriese el paso que
-había dado, correr inminente riesgo. El papel de cinco hojas y la
-carta eran como la anterior obra de Escóiquiz; se insistía en los
-mismos negocios, y tratando de oponerse al enlace antes propuesto con
-la hermana de la princesa de la Paz, se insinuaba el modo de llevar
-a cabo el deseado casamiento con una parienta del emperador de los
-franceses. Se usaban nombres fingidos, y suponiéndose ser consejos de
-un fraile, no era extraño que mezclando lo sagrado con lo profano se
-recomendase ante todo como así se hacía, implorar la divina asistencia
-de la Virgen. En aquellas instrucciones también se trataba de que
-el príncipe se dirigiese a su madre interesándola como reina y como
-mujer, cuyo amor propio se hallaba ofendido con los ingratos desvíos
-de su predilecto favorito. En el concebir de tan desvariada intriga
-ya despunta aquella sencilla credulidad y ambicioso desasosiego, de
-que nos dará desgraciadamente en el curso de esta historia sobradas
-pruebas el canónigo<span class="pagenum" id="Page_23">p. 23</span>
-Escóiquiz. En efecto admira como pensó que un príncipe mozo e inexperto
-había de tener más cabida en el pecho de su augusto padre que una
-esposa y un valido, dueños absolutos por hábito y afición del perezoso
-ánimo de tan débil monarca. Mas de los papeles cogidos al príncipe, si
-bien se advertía al examinarlos grande anhelo por alcanzar el mando
-y por intervenir en los negocios del gobierno, no resultaba proyecto
-alguno formal de destronar al rey, ni menos el atroz crimen de un
-hijo que intenta quitar la vida a su padre. A pesar de eso fueron
-causa de que se publicase el famoso decreto de 30 de octubre, que como
-importante lo insertaremos a la letra. Decía pues: «Dios que vela
-sobre las criaturas no permite la ejecución de hechos atroces cuando
-las víctimas son inocentes. Así me ha librado su omnipotencia de la
-más inaudita catástrofe. Mi pueblo, mis vasallos todos conocen muy
-bien mi cristiandad y mis costumbres arregladas; todos me aman y de
-todos recibo pruebas de veneración, cual exige el respeto de un padre
-amante de sus hijos. Vivía yo persuadido de esta verdad, cuando una
-mano desconocida me enseña y descubre el más enorme y el más inaudito
-plan que se trazaba en mi mismo palacio contra mi persona. La vida
-mía que tantas veces ha estado en riesgo, era ya una carga para mi
-sucesor que preocupado, obcecado y enajenado de todos los principios de
-cristiandad que le enseñó mi paternal cuidado y amor, había admitido
-un plan para destronarme. Entonces yo quise indagar por mí la verdad
-del hecho, y sorprendiéndole en<span class="pagenum" id="Page_24">p.
-24</span> su mismo cuarto hallé en su poder la cifra de inteligencia
-e instrucciones que recibía de los malvados. Convoqué al examen a mi
-gobernador interino del consejo, para que asociado con otros ministros
-practicasen las diligencias de indagación. Todo se hizo, y de ella
-resultan varios reos cuya prisión he decretado, así como el arresto
-de mi hijo en su habitación. Esta pena quedaba a las muchas que me
-afligen; pero así como es la más dolorosa, es también la más importante
-de purgar, e ínterin mando publicar el resultado, no quiero dejar de
-manifestar a mis vasallos mi disgusto, que será menor con las muestras
-de su lealtad. Tendreislo entendido para que se circule en la forma
-conveniente. En San Lorenzo a 30 de octubre de 1807. — Al gobernador
-interino del consejo.» Este decreto se aseguró después que era de puño
-del príncipe de la Paz: así lo atestiguaron cuatro secretarios del rey,
-mas no obra original en el proceso.</p>
-
-<p>Por el mismo tiempo escribió Carlos IV al emperador Napoleón
-dándole parte del acontecimiento del Escorial. En la carta después de
-indicarle cuán particularmente se ocupaba en los medios de cooperar
-a la destrucción del común enemigo [así llamaba a los ingleses], y
-después de participarle cuán persuadido había estado hasta entonces de
-que todas las intrigas de la reina de Nápoles [expresiones notables] se
-habían sepultado con su hija, entraba a anunciarle la terrible novedad
-del día. No solo le comunicaba el designio que suponía a su hijo de
-querer destronarle, sino que añadía el nuevo<span class="pagenum"
-id="Page_25">p. 25</span> y horrendo de haber maquinado contra la vida
-de su madre, por cuyos enormes crímenes manifestaba el rey Carlos
-que debía el príncipe heredero ser castigado y revocada la ley que
-le llamaba a suceder en el trono, poniendo en su lugar a uno de sus
-hermanos; y por último concluía aquel monarca pidiendo la asistencia y
-consejos de S. M. I. La indicación estampada en esta carta de privar a
-Fernando del derecho de sucesión, tal vez encubría miras ulteriores del
-partido de Godoy y la reina; desbaratadas, si las hubo, por obstáculos
-imprevistos entre los cuales puede contarse una ocurrencia que debiendo
-agravar la suerte del príncipe y sus amigos, si la recta imparcialidad
-hubiera gobernado en la materia, fue la que salvó a todos ellos de un
-funesto desenlace. Dieron ocasión a ella los temores del real preso y
-el abatimiento en que le sumió su arresto.</p>
-
-<p>El día 30 a la una de la tarde, luego que el rey había salido a
-caza pasó el príncipe un recado a la reina para que se dignase ir
-a su cuarto, o le permitiera que en el suyo le expusiese cosa del
-mayor interés: la reina se negó a uno y a otro, pero envió al marqués
-Caballero, ministro de Gracia y Justicia. Entonces bajo su firma
-declaró el príncipe haber dirigido con fecha de 11 de octubre una
-carta [la misma de que hemos hablado] al emperador de los franceses,
-y haber expedido en favor del duque del Infantado un decreto todo
-de su puño con fecha en blanco y sello negro, autorizándole para
-que tomase el mando de Castilla la Nueva luego que falleciese su
-padre: declaró además<span class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span>
-ser Escóiquiz el autor del papel copiado por S. A., y los medios
-de que se habían valido para su correspondencia: hubo de resultas
-varios arrestos. En la carta reservada a Napoleón le manifestaba
-el príncipe [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_1-8"
-id="Ll_1-8">1-8</a>.)</span> «el aprecio y respeto que siempre había
-tenido por su persona, le apellidaba <i>héroe mayor que cuantos le
-habían precedido</i>; le pintaba la opresión en que le habían puesto;
-el abuso que se hacía del corazón recto y generoso de su padre; le
-pedía para esposa una princesa de su familia, rogándole que allanase
-las dificultades que se ofrecieran; y concluía con afirmarle que
-no accedería, antes bien se opondría con invencible constancia a
-cualquiera casamiento, siempre que no precediese el consentimiento y
-aprobación positiva de S. M. I. y R.» Estas declaraciones espontáneas
-en que tan gravemente comprometía el príncipe a sus amigos y parciales,
-perjudicáronle en el concepto de algunos; su edad pasaba de los
-veintitrés años; y ya entonces mayor firmeza fuera de desear en quien
-había de ceñirse las sienes con corona de reinos tan dilatados. El
-decreto expedido a favor del Infantado hubiera por sí solo acarreado en
-otros tiempos la perdición de todos los comprometidos en la causa; por
-nulas se hubieran dado las disculpas alegadas, y el temor de la próxima
-muerte de Carlos IV y los recelos de las ambiciosas miras del valido,
-antes bien se hubieran tenido como agravantes indicios que admitídose
-como descargos de la acusación. Semejantes precauciones de dudosa
-interpretación aun entre particulares, en los palacios son crímenes de
-estado cuando no<span class="pagenum" id="Page_27">p. 27</span> llegan
-a cumplida ejecución y acabamiento. Con más razón se hubiera dado por
-tal la carta escrita a Napoleón; pero esta carta en que un príncipe, un
-español a escondidas de su padre y soberano legítimo se dirige a otro
-extranjero, le pide su apoyo, la mano de una señora de su familia, y se
-obliga a no casarse en tiempo alguno sin su anuencia; esta carta salvó
-a Fernando y a sus amigos.</p>
-
-<p>No fue así en la causa de Don Carlos de Viana: aquel príncipe de
-edad de cuarenta años, sabio y entendido, amigo de Ausias March, con
-derecho inconcuso al reino de Navarra, creyó que no se excedía en
-dar por sí los primeros pasos para buscar la unión con una infanta
-de Castilla. Bastó tan ligero motivo para que el fiero Don Juan su
-padre le hiciese en su segunda prisión un cargo gravísimo por su
-inconsiderada conducta. Probó Don Carlos haber antes declarado que no
-se casaría sin preceder la aprobación de su padre: ni aun entonces se
-amansó la orgullosa altivez de Don Juan, que miraba la independencia y
-derechos de la corona atropellados y ultrajados por los tratos de su
-hijo.</p>
-
-<p>Ahora en la sometida y acobardada corte del Escorial, al oír que el
-nombre de Napoleón andaba mezclado en las declaraciones del príncipe,
-todos se estremecieron y anhelaron poner término a tamaño compromiso:
-imaginándose que Fernando había obrado de acuerdo con el soberano de
-Francia, y que había osado con su arrimo meterse en la arriesgada
-empresa. El poder inmenso de Napoleón, y las tropas que<span
-class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span> habiendo empezado a entrar
-en España amenazaban de cerca a los que se opusiesen a sus intentos,
-arredraron al generalísimo Godoy, y resolvió cortar el comenzado
-proceso. Más y más debió confirmarle en su propósito un pliego que
-desde París [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_1-9"
-id="Ll_1-9">1-9</a>.)</span> en 11 de noviembre le escribió Izquierdo.
-En él insertaba este una conferencia que había tenido con Champagny,
-en la cual el ministro francés exigió de orden del emperador que por
-<i>ningún motivo ni razón, y bajo ningún pretexto se hablase ni se
-publicase en este negocio cosa que tuviese alusión al emperador ni a su
-embajador</i>. Vacilante todavía el ánimo de Napoleón sobre el modo de
-ejecutar sus planes respecto de España, no quería aparecer a vista de
-Europa partícipe en los acontecimientos del Escorial.</p>
-
-<p>Antes de recibir el aviso de Izquierdo, le fue bastante al príncipe
-de la Paz saber las nuevas declaraciones del real preso para pasar al
-sitio desde Madrid, en donde como amalado había permanecido durante
-el tiempo de la prisión. Hacía resolución con su viaje de cortar
-una causa, cuyo giro presentaba un nuevo y desagradable semblante:
-vio a los reyes, se concertó con ellos, y ofreció arreglar asunto
-tan espinoso. Yendo pues al cuarto del príncipe se le presentó como
-mediador, y le propuso que aplacase la cólera de sus augustos padres,
-pidiéndoles con arrepentimiento contrito el más sumiso perdón: para
-alcanzarle indicó como oportuno medio el que escribiese dos cartas
-cuyos borradores llevaba consigo. Fernando copió las cartas. Sus
-desgracias y el profundo odio<span class="pagenum" id="Page_29">p.
-29</span> que había contra Godoy no dejaron lugar a penosas
-reflexiones, y aun la disculpa halló cabida en ánimos exclusivamente
-irritados contra el gobierno y manejos del favorito. Ambas cartas
-se publicaron con el decreto de 5 de noviembre, y por lo curioso e
-importante de aquellos documentos merecen que íntegramente aquí se
-inserten. «La voz de la naturaleza [decía el decreto al consejo]
-desarma el brazo de la venganza, y cuando la inadvertencia reclama la
-piedad, no puede negarse a ello un padre amoroso. Mi hijo ha declarado
-ya los autores del plan horrible que le habían hecho concebir unos
-malvados: todo lo ha manifestado en forma de derecho, y todo consta con
-la escrupulosidad que exige la ley en tales pruebas: su arrepentimiento
-y asombro le han dictado las representaciones que me ha dirigido y
-siguen:</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>SEÑOR:</p>
-
- <p>«Papá mío: he delinquido, he faltado a V. M. como rey y como
- padre; pero me arrepiento, y ofrezco a V. M. la obediencia más
- humilde. Nada debía hacer sin noticia de V. M.; pero fui sorprendido.
- He delatado a los culpables, y pido a V. M. me perdone por haberle
- mentido la otra noche, permitiendo besar sus reales pies a su
- reconocido hijo. — Fernando. — San Lorenzo 5 de noviembre de
- 1807.»</p>
-
-</blockquote>
-
-<blockquote>
-
- <p>SEÑORA:</p>
-
- <p>«Mamá mía: estoy muy arrepentido del grandísimo delito que he
- cometido contra mis padres y reyes, y así con la mayor humildad<span
- class="pagenum" id="Page_30">p. 30</span> le pido a V. M. se digne
- interceder con papá para que permita ir a besar sus reales pies a
- su reconocido hijo. — Fernando. — San Lorenzo 5 de noviembre de
- 1807.»</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>»En vista de ellos y a ruego de la reina, mi amada esposa, perdono
-a mi hijo, y le volveré a mi gracia cuando con su conducta me dé
-pruebas de una verdadera reforma en su frágil manejo; y mando que los
-mismos jueces que han entendido en la causa desde su principio, la
-sigan, permitiéndoles asociados si los necesitaren, y que concluida
-me consulten la sentencia ajustada a la ley, según fuesen la gravedad
-de delitos y calidad de personas en quienes recaigan; teniendo por
-principio para la formación de cargos las respuestas dadas por
-el príncipe a las demandas que se le han hecho; pues todas están
-rubricadas y firmadas de mi puño, así como los papeles aprehendidos en
-sus mesas, escritos por su mano; y esta providencia se comunique a mis
-consejos y tribunales, circulándola a mis pueblos, para que reconozcan
-en ella mi piedad y justicia, y alivien la aflicción y cuidado en que
-les puso mi primer decreto; pues en él verán el riesgo de su soberano
-y padre que como a hijos los ama, y así me corresponden. Tendreislo
-entendido para su cumplimiento. — San Lorenzo 5 de noviembre de
-1807.»</p>
-
-<p>Presentar a Fernando ante la Europa entera como príncipe débil
-y culpado; desacreditarle en la opinión nacional, y perderle en el
-ánimo de sus parciales; poner a salvo al embajador francés, y separar
-de todos los incidentes de la<span class="pagenum" id="Page_31">p.
-31</span> causa a su gobierno, fue el principal intento que llevó Godoy
-y su partido en la singular reconciliación de padre e hijo. Alcanzó
-hasta cierto punto su objeto; mas el público aunque no enterado a fondo
-echaba a mala parte la solícita mediación del privado, y el odio hacia
-su persona en vez de mitigarse tomó nuevo incremento.</p>
-
-<div class="section">
-
- <p>Para la prosecución de la causa contra los demás procesados
- nombró el rey en el día 6 una junta compuesta de Don Arias Mon, Don
- Sebastián de Torres y Don Domingo Campomanes, del consejo real, y
- señaló como secretario a Don Benito Arias Prada, alcalde de corte. El
- marqués Caballero, que en un principio se mostró riguroso, y tanto
- que habiendo manifestado delante de los reyes ser el príncipe por
- <i>siete capítulos</i> reo de pena capital, obligó a la ofendida
- reina a suplicarle que se acordase que el acusado era su hijo; el
- mismo Caballero arregló el modo de seguir la causa, y descartar de
- ella todo lo que pudiera comprometer al príncipe y embajador francés;
- rasgo propio de su ruin condición. Formada la sumaria fue elegido
- para fiscal de la causa Don Simón de Viegas, y se agregaron a los
- referidos jueces para dar la sentencia otros ocho consejeros. El
- fiscal Viegas pidió que se impusiese la pena de traidores señalada
- por la ley de partida a Don Juan Escóiquiz y al duque del Infantado,
- y otras extraordinarias por infidelidad en el ejercicio de sus
- empleos al conde de Orgaz, marqués de Ayerbe, y otras personas de la
- servidumbre del príncipe de Asturias. Continuó el proceso hasta<span
- class="pagenum" id="Page_32">p. 32</span> enero de 1808, en cuyo día
- 25 los jueces no conformándose con la acusación fiscal, absolvieron
- completamente y declararon libres de todo cargo a los perseguidos
- como reos. Sin embargo el rey por sí y gubernativamente confinó y
- envió a conventos, fortalezas o destierros a Escóiquiz y a los duques
- del Infantado y de San Carlos y a otros varios de los complicados en
- la causa: triste privilegio de toda potestad suprema que no halla en
- las leyes justo límite a sus desafueros.</p>
-
-</div>
-
-<p>Tal fue el término del ruidoso y escandaloso proceso del Escorial.
-Con dificultad se resguardarán de la severa censura de la posteridad
-los que en él tomaron parte, los que le promovieron, los que le
-fallaron; en una palabra, los acusados, los acusadores y los mismos
-jueces. Vemos a un rey precipitarse a acusar en público a su hijo del
-horrendo crimen de querer destronarle sin pruebas, y antes de que un
-detenido juicio hubiese sellado con su fallo tamaña acusación. Y para
-colmo de baldón en medio de tanta flaqueza y aceleramiento se nos
-presenta como ángel de paz y mediador para la concordia el malhadado
-favorito, principal origen de todos los males y desavenencias:
-consejero y autor del decreto de 30 de octubre comprometió con suma
-ligereza la alta dignidad del rey: promovedor de la concordia y del
-perdón pedido y alcanzado, quiso desconceptuar al hijo sin dar realce
-ni brillo a los sentimientos generosos de un apiadado padre. Fue
-también desusado, y podemos decir ilegal el modo de proceder en la
-causa. Según la sentencia que con una relación<span class="pagenum"
-id="Page_33">p. 33</span> preliminar se publicó al subir Fernando
-al trono, no se hizo mérito en su formación ni de algunas de las
-declaraciones espontáneas del príncipe, ni de su carta a Napoleón, ni
-de las conferencias con el embajador francés; a lo menos así se infiere
-del definitivo fallo dado por el tribunal. Difícil sería acertar con el
-motivo de tan extraño silencio, si no nos lo hubieran ya explicado los
-temores que entonces infundía el nombre de Napoleón. Mas si la política
-descubre la causa del extraordinario modo de proceder, no por eso queda
-intacta y pura la austera imparcialidad de los magistrados: un proceso
-después de comenzado no puede amoldarse al antojo de un tribunal, ni
-descartarse a su arbitrio los documentos o pruebas más importantes.
-Entre los jueces había respetables varones cuya integridad había
-permanecido sin mancilla en el largo espacio de una honrosa carrera,
-si bien hasta entonces negocios de tal cuantía no se habían puesto en
-el crisol de su severa equidad. Fuese equivocación en su juicio, o
-fuese más bien por razón de estado, lo cierto es que en la prosecución
-y término de la causa se apartaron de las reglas de la justicia legal,
-y la ofrecieron al público manca y no cumplidamente formada ni llevada
-a cabo. Se contaban también en el número de jueces algunos amigos y
-favorecidos del privado, como lo era el fiscal Viegas. Al ver que se
-separaron en su voto de la opinión de este, aunque ya circunscrita a
-ciertas personas, hubo quien creyera que el nombre de Napoleón y los
-temores de la nube que se levantaba en el Pirineo, pesaron más en la
-flexible<span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span> balanza de
-su justicia que los empeños de la antigua amistad. Es de temer que
-su conciencia perpleja con lo escabroso del asunto y lo arduo de las
-circunstancias no se haya visto bastantemente desembarazada, y cual
-convenía, de aquel sobresalto que ya antes se había apoderado del
-blando y asustadizo ánimo de los cortesanos.</p>
-
-<p>Esta discordia en la familia real, esta división en los que
-gobernaban siempre perjudicial y dolorosa, lo era mucho más ahora
-en que una perfecta unión debiera haber estrechado a todos para
-desconcertar las siniestras miras del gabinete de Francia, y para
-imponerle con la íntima concordia el debido respeto. Ciegos unos y
-otros buscaron en él amistad y arrimo; y desconociendo el peligro
-común, le animaron con sus disensiones a la prosecución de falaces
-intentos: alucinamiento general a los partidos que no aspiran sino a
-cebar momentáneamente su saña, olvidándose de que a veces con la ruina
-de su contrario el mismo vencedor facilita y labra la suya propia.</p>
-
-<p>Favorecido por la deplorable situación del gobierno español, fue
-el francés adelante en su propósito, y confiado en ella aceleró
-más bien que detuvo la marcha de Junot hacia Portugal. <span
-class="sidenote">Marcha de Junot<br/> hacia Portugal.</span> Dejamos
-a aquel general en Salamanca, adonde había llegado en los primeros
-días de noviembre, recibiendo de allí a poco orden ejecutiva de
-Napoleón para que no difiriese la continuación de su empresa bajo
-pretexto alguno ni aun por falta de mantenimientos, <i>pudiendo
-20.000 hombres</i>, según decía, <i>vivir por todas partes aun en
-el desierto</i>. Estimulado Junot con tan<span class="pagenum"
-id="Page_35">p. 35</span> premioso mandato, determinó tomar el camino
-más breve sin reparar en los tropiezos ni obstáculos de un terreno
-para él del todo desconocido. Salió el 12 de Salamanca, y tomando la
-vuelta de Ciudad Rodrigo y el puerto de Perales, llegó a Alcántara
-al cabo de cinco días. Reunido allí con algunas fuerzas españolas a
-las órdenes del general Don Juan Carrafa, atravesaron los franceses
-el Erjas, río fronterizo, <span class="sidenote">Entrada<br/> en
-Portugal:<br/> 19 de noviembre<br/> de 1807.</span> y llegaron a
-Castello-Branco sin habérseles opuesto resistencia. Prosiguieron su
-marcha por aquel fragoso país, y encontrándose con terreno tan quebrado
-y de caminos poco trillados, quedaron bien pronto atrás la artillería
-y los bagajes. Los pueblos del tránsito pobres y desprevenidos no
-ofrecieron ni recursos ni abrigo a las tropas invasoras, las que
-acosadas por la necesidad y el hambre cometieron todo linaje de excesos
-contra moradores desacostumbrados de largo tiempo a las calamidades
-de la guerra. Desgraciadamente los españoles que iban en su compañía
-imitaron el mal ejemplo de sus aliados, muy diverso del que les dieron
-las tropas que penetraron por Badajoz y Galicia, si bien es verdad que
-asistieron a estas menos motivos de desorden e indisciplina.</p>
-
-<div class="sidenote">Llegada<br/> a Abrantes:<br/> 23 de
-noviembre.</div>
-
-<p>La vanguardia llegó el 23 a Abrantes distante 25 leguas de Lisboa.
-Hasta entonces no había recibido el gobierno portugués aviso cierto
-de que los franceses hubieran pasado la frontera: inexplicable
-descuido, pero propio de la dejadez y abandono con que eran gobernados
-los pueblos de la península. Antes de esto y verificada la salida
-de los embajadores, había el<span class="pagenum" id="Page_36">p.
-36</span> gabinete de Lisboa buscado algún medio de acomodamiento,
-condescendiendo más y más con los deseos que aquellos habían mostrado a
-nombre de sus cortes: era el encontrarle tanto más difícil, cuanto el
-mismo ministerio portugués estaba entre sí poco acorde. Dos opiniones
-políticas le dividían; una de ellas la de contraer amistad y alianza
-con Francia como medida la más propia para salvar la actual dinastía
-y aun la independencia nacional; y otra la de estrechar los antiguos
-vínculos con la Inglaterra, pudiendo así levantar de los mares allá un
-nuevo Portugal, si el de Europa tenía que someterse a la irresistible
-fuerza del emperador francés. Seguía la primera opinión el ministro
-Araujo, y contaba la segunda como principal cabeza al consejero de
-estado Don Rodrigo de Sousa Coutiño. Se inclinaba muy a las claras a
-la última el príncipe regente, si a ello no se oponía el bien de sus
-súbditos y el interés de su familia. Después de larga incertidumbre
-se convino al fin en adoptar ciertas medidas contemporizadoras,
-como si con ellas se hubiera podido satisfacer a quien solamente
-deseaba simulados motivos de usurpación y conquista. Para ponerlas en
-ejecución sin gran menoscabo de los intereses británicos, se dejó que
-tranquilamente diese la vela el 18 de octubre la factoría inglesa, la
-cual llevó a su bordo respetables familias extranjeras con cuantiosos
-caudales.</p>
-
-<div class="sidenote">Proclama del<br/> príncipe regente<br/> de
-Portugal:<br/> 22 de noviembre.</div>
-
-<p>A pocos días, el 22 del mismo mes, se publicó una proclama
-prohibiendo todo comercio y relación con la Gran Bretaña, y declarando
-que S. M. F. accedía a la causa general del Continente.<span
-class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span> Cuando se creía satisfacer
-algún tanto con esta manifestación al gabinete de Francia, llegó a
-Lisboa apresuradamente el embajador portugués en París, y dio aviso
-de cómo había encontrado en España el ejército imperial, dirigiéndose
-a precipitadas marchas hacia la embocadura del Tajo. Azorados con
-la nueva los ministros portugueses, vieron que nada podía ya bastar
-a conjurar la espantosa y amenazadora nube, sino la admisión pura
-y sencilla de lo que España y Francia habían pedido en agosto. Se
-mandaron pues secuestrar todas las mercancías inglesas, y se pusieron
-bajo la vigilancia pública los súbditos de aquella nación residentes en
-Portugal. La orden se ejecutó lentamente y sin gran rigor, mas obligó
-al embajador inglés Lord Strangford a irse a bordo de la escuadra que
-cruzaba a la entrada del puerto a las órdenes de Sir Sidney Smith. Muy
-duro fue al príncipe regente tener que tomar aquellas medidas: virtuoso
-y timorato las creía contrarias a la debida protección, dispensada por
-anteriores tratados a laboriosos y tranquilos extranjeros: la cruel
-necesidad pudo solo forzarle a desviarse de sus ajustados y severos
-principios. Aumentáronse los recelos y las zozobras con la repentina
-arribada a las riberas del Tajo de una escuadra rusa, la cual de vuelta
-del Archipiélago fondeó en Lisboa, no habiendo permitido los ingleses
-al almirante Siniavin que la mandaba, entrar a invernar en Cádiz: lo
-que fue obra del acaso, se atribuyó a plan premeditado, y a conciertos
-entre Napoleón y el gabinete de San Petersburgo.</p>
-
-<p>Para dar mayor valor a lo acordado, el gobierno<span class="pagenum"
-id="Page_38">p. 38</span> portugués despachó a París en calidad de
-embajador extraordinario al marqués de Marialva, con el objeto también
-de proponer el casamiento del príncipe de Beira con una hija del gran
-duque de Berg. Inútiles precauciones: los sucesos se precipitaron de
-manera que Marialva no llegó ni a pisar la tierra de Francia.</p>
-
-<div class="sidenote">Instancia de Lord<br/> Strangford para<br/> que se
-embarque.</div>
-
-<p>Noticioso Lord Strangford de la entrada en Abrantes del ejército
-francés, volvió a desembarcar, y reiterando al príncipe regente
-los ofrecimientos más amistosos de parte de su antiguo aliado, le
-aconsejó que sin tardanza se retirase al Brasil, en cuyos vastos
-dominios adquiriría nuevo lustre la esclarecida casa de Braganza. Don
-Rodrigo de Sousa Coutiño apoyó el prudente dictamen del embajador, y
-el 26 de noviembre se anunció al pueblo de Lisboa la resolución que
-la corte había tomado de trasladar su residencia a Río de Janeiro
-hasta la conclusión de la paz general. Sir Sidney Smith, célebre por
-su resistencia en San Juan de Acre, quería poner a Lisboa en estado
-de defensa; pero este arranque digno del elevado pecho de un marino
-intrépido, si bien hubiera podido retardar la marcha de Junot, y aun
-destruir su fatigado ejército, al fin hubiera inútilmente causado la
-ruina de Lisboa, atendiendo a la profunda tranquilidad que todavía
-reinaba en derredor por todas partes.</p>
-
-<p>El príncipe Don Juan nombró antes de su partida un consejo de
-regencia compuesto de cinco personas, a cuyo frente estaba el marqués
-de Abrantes, con encargo de no dar al ejército francés ocasión de
-queja, ni fundado motivo<span class="pagenum" id="Page_39">p.
-39</span> de que se alterase la buena armonía entre ambas naciones. Se
-dispuso el embarco para el 27, y S. A. el príncipe regente traspasado
-de dolor salió del palacio de Ajuda conmovido, trémulo y bañado en
-lágrimas su demudado rostro: el pueblo colmándole de bendiciones le
-acompañaba en su justa y profunda aflicción. La princesa su esposa,
-quien en los preparativos del viaje mostró aquel carácter y varonil
-energía que en otras ocasiones menos plausibles ha mostrado en lo
-sucesivo, iba en un coche con sus tiernos hijos, y dio órdenes para
-pasarlos a bordo, y tomar otras convenientes disposiciones con
-presencia de ánimo admirable. Al cabo de 16 años de retiro y demencia
-apareció en público la reina madre, y en medio del insensible desvarío
-de su locura quiso algunos instantes como volver a recobrar la razón
-perdida. Molesto y lamentable espectáculo con que quedaron rendidos a
-profunda tristeza los fieles moradores de Lisboa: dudosos del porvenir
-olvidaban en parte la suerte que les aguardaba, dirigiendo al cielo
-fervorosas plegarias por la salud y feliz viaje de la real familia.
-La inquietud y el desasosiego creció de punto al ver que por vientos
-contrarios la escuadra no salía del puerto.</p>
-
-<div class="sidenote">29 de noviembre:<br/> da la vela<br/> la familia
-real<br/> portuguesa.</div>
-
-<p>Al fin el 29 dio la vela, y tan oportunamente que a las diez de
-aquella misma noche llegaron los franceses a Sacavém, distante dos
-leguas de Lisboa. Junot desde su llegada a Abrantes había dado nueva
-forma a la vanguardia de su desarreglado ejército, y había tratado de
-superar los obstáculos que con las grandes avenidas retardaban echar un
-puente para pasar el<span class="pagenum" id="Page_40">p. 40</span>
-Cécere. Antes que los ingenieros hubieran podido concluir la emprendida
-obra, ordenó que en barcas cruzasen el río parte de las fuerzas de su
-mando, y con diligencia apresuró su marcha. Ahora ofrecía el país más
-recursos, pero a pesar de la fertilidad de los campos, de los muchos
-víveres que proporcionó Santarén, y de la mejor disciplina, el número
-de soldados rezagados era tan considerable, que las deliciosas quintas
-de las orillas del Tajo, y las solitarias granjas fueron entregadas al
-saco, y pilladas como lo había sido el país que media entre Abrantes y
-la frontera española.</p>
-
-<div class="sidenote">30 de noviembre:<br/> entrada de Junot<br/> en
-Lisboa.</div>
-
-<p>Amaneció el 30 y vio Lisboa entrar por sus muros al invasor
-extranjero; día de luto y desoladora aflicción: otros años lo había
-sido de festejos públicos y general regocijo, como víspera del día en
-que Pinto Ribeiro y sus parciales, arrojando a los españoles, habían
-aclamado y ensalzado a la casa de Braganza; época sin duda gloriosa
-para Portugal, sumamente desgraciada para la unión y prosperidad del
-conjunto de los pueblos peninsulares. Seguía a Junot una tropa flaca
-y estropeada, molida con las forzadas marchas, sin artillería, y muy
-desprovista: muestra poco ventajosa de las temidas huestes de Napoleón.
-Hasta la misma naturaleza pareció tomar parte en suceso tan importante,
-habiendo aunque ligeramente temblado la tierra. Junot arrebatado por
-su imaginación, y aprovechándose de este incidente, en tono gentílico
-y supersticioso daba cuenta de su expedición escribiendo al ministro
-Clarke: «Los dioses se declaran en nuestro favor: lo vaticina<span
-class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span> el terremoto que atestiguando
-su omnipotencia no nos ha causado daño alguno.» Con más razón hubiera
-podido contemplar aquel fenómeno graduándole de présago anuncio de los
-males que amenazaban a los autores de la agresión injusta de un estado
-independiente.</p>
-
-<p>Conservó Junot por entonces la regencia que antes de embarcarse
-había nombrado el príncipe, pero agregando a ella al francés Hermann.
-Sin contar mucho con la autoridad nacional resolvió por sí imponer al
-comercio de Lisboa un empréstito forzoso de dos millones de cruzados,
-y confiscar todas las mercancías británicas, aun aquellas que eran
-consideradas como de propiedad portuguesa. El cardenal patriarca
-de Lisboa, el inquisidor general y otros prelados publicaron y
-circularon pastorales en favor de la sumisión y obediencia al nuevo
-gobierno; reprensibles exhortos, aunque hayan sido dados por impulso
-e insinuaciones de Junot. El pueblo, agitado, dio señales de mucho
-descontento cuando el 13 vio que en el arsenal se enarbolaba la
-bandera extranjera en lugar de la portuguesa. Apuró su sufrimiento la
-pomposa y magnífica revista que hubo dos días después en la plaza del
-Rossio: allí dio el general en jefe gracias a las tropas en nombre del
-emperador, y al mismo tiempo se tremoló en el castillo con veinticinco
-cañonazos repetidos por todos los fuertes la bandera francesa.
-Universal murmullo respondió a estas demostraciones del extranjero,
-y hubiérase seguido una terrible explosión, si un hombre audaz
-hubiera osado acaudillar a la multitud conmovida. La presencia<span
-class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span> de la fuerza armada contuvo
-el sentimiento de indignación que aparecía en los semblantes del
-numeroso concurso; solo en la tarde con motivo de haber preso a un
-soldado de la policía portuguesa, se alborotó el populacho, quiso
-sacarle de entre las manos de los franceses, y hubo de una y otra
-parte muertes y desgracias. El tumulto no se sosegó del todo hasta el
-día siguiente por la mañana, en que se ocuparon las plazas y puntos
-importantes con artillería y suficientes tropas.</p>
-
-<p>Al comenzar diciembre, no completa todavía su división,
-Don Francisco María Solano, marqués del Socorro, <span
-class="sidenote">Entrada<br/> de los españoles<br/> en Portugal.</span>
-se apoderó sin oposición de Elvas, después de haber consultado su
-comandante al gobierno de Lisboa. Antes de entrar en Portugal había
-recomendado a sus tropas por medio de una proclama la más severa
-disciplina; conservose en efecto, aunque obligado Socorro a poner en
-ejecución las órdenes arbitrarias de Junot, causaba a veces mucho
-disgusto en los habitantes, manifestando sin embargo en todo lo que
-era compatible con sus instrucciones, desinterés y loable integridad.
-Al mismo tiempo creyéndose dueño tranquilo del país, empezó a querer
-transformar a Setúbal en otra Salento, ideando reformas en que
-generalmente más bien mostraba buen deseo, que profundos conocimientos
-de administración y de hombre de estado. Sus experiencias no fueron de
-larga duración.</p>
-
-<p>Por Tomar y Coimbra se dirigieron a Oporto algunos cuerpos de
-la división de Carrafa, los que sirvieron para completar la del
-general<span class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span> Don Francisco
-Taranco, quien por aquellos primeros días de diciembre cruzó el
-Miño con solos 6000 hombres, en lugar de los 10.000 que era el
-contingente pedido: modelo de prudencia y cordura, mereció Taranco el
-agradecimiento y los elogios de los habitantes de aquella provincia. El
-portugués Accursio das Neves alaba en su historia la severa disciplina
-del ejército, la moderación y prudencia del general Taranco, y añade:
-«el nombre de este general será pronunciado con eterno agradecimiento
-por los naturales, testigos de su dulzura e integridad; tan sincero
-en sus promesas como Junot pérfido y falaz en las suyas.» Agrada oír
-el testimonio honroso que por boca imparcial ha sido dado a un jefe
-bizarro, amante de la justicia y de la disciplina militar, al tiempo
-que muy diversas escenas se representaban lastimosamente en Lisboa.</p>
-
-<div class="sidenote">16 de noviembre:<br/> viaje de Napoleón<br/> a
-Italia.</div>
-
-<p>Así iban las cosas de Portugal, entretanto que Bonaparte después
-de haberse detenido unos días por las ocurrencias del Escorial, salió
-al fin para Italia el 16 de noviembre. Era uno de los objetos de su
-viaje poner en ejecución el artículo del tratado de Fontainebleau,
-por el que la Etruria o Toscana era agregada al imperio de Francia.
-Gobernaba aquel reino como regenta desde la muerte de su esposo la
-infanta Doña María Luisa, quien ignoraba el traspaso hecho sin su
-anuencia de los estados de su hijo. Y no habiendo precedido aviso
-alguno ni confidencial de sus mismos padres los reyes de España, la
-Regenta se halló sorprendida el 23 de noviembre con haberla comunicado
-el<span class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span> ministro francés
-D’Aubusson que era necesario se preparase a dejar sus dominios,
-estando para ocuparlos las tropas de su amo el emperador, en virtud
-de cesión que le había hecho España. <span class="sidenote">Reina de
-Etruria.</span> Aturdida la reina con la singularidad e importancia de
-tal nueva, apenas daba crédito a lo que veía y oía, y por de pronto se
-resistió al cumplimiento de la desusada intimación; pero insistiendo
-con más fuerza el ministro de Francia, y propasándose a amenazarla, se
-vio obligada la reina a someterse a su dura suerte; y con su familia
-salió de Florencia el 1.º de diciembre. Al paso por Milán tuvo vistas
-con Napoleón: alegrábase del feliz encuentro confiando hallar alivio
-a sus penas, mas en vez de consuelos solo recibió nuevos desengaños.
-Y como si no bastase para oprimirla de dolor el impensado despojo del
-reino de su hijo, acrecentó Napoleón los disgustos de la desvalida
-reina, achacando la culpa del estipulado cambio al gobierno de
-España. Es también de advertir que después de abultarle sobremanera
-lo acaecido en el Escorial, le aconsejó que suspendiese su viaje, y
-aguardase en Turín o Niza el fin de aquellas disensiones; indicio
-claro de que ya entonces no pensaba cumplir en nada lo que dos meses
-antes había pactado en Fontainebleau. Siguió sin embargo la familia
-de Parma, desposeída del trono de Etruria, su viaje a España, a donde
-iba a ser testigo y partícipe de nuevas desgracias y trastornos. Así
-en dos puntos opuestos, y al mismo tiempo, fueron despojadas de sus
-tronos dos esclarecidas estirpes: una quizá para siempre, otra<span
-class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span> para recobrarle con mayor
-brillo y gloria.</p>
-
-<div class="sidenote">Carta<br/> de Carlos IV<br/> a Napoleón.</div>
-
-<p>Aún estaba en Milán Napoleón cuando contestó a una carta de Carlos
-IV recibida poco antes, en la que le proponía este monarca enlazar a
-su hijo Fernando con una princesa de la familia imperial. Asustado
-como hemos dicho el príncipe de la Paz con ver complicado el nombre
-francés en la causa del Escorial, pareciole oportuno mover al rey a
-dar un paso que suavizara la temida indignación del emperador de los
-franceses. Incierto este en aquel tiempo sobre el modo de enseñorearse
-de España, no desechó la propuesta, antes bien la aceptó afirmando
-en su contestación no haber nunca recibido carta alguna del príncipe
-de Asturias; disimulo en la ocasión lícito y aun atento. <span
-class="sidenote">Dudas<br/> de Napoleón<br/> sobre su conducta<br/>
-respecto<br/> de España.</span> Debió sin duda inclinarse entonces Bonaparte
-al indicado casamiento, habiéndosele formalmente propuesto en Mantua
-a su hermano Luciano, a quien también ofreció allí el trono de
-Portugal, olvidándose o más bien burlándose de lo que poco antes había
-solemnemente pactado, como varias veces nos lo ha dado ya a entender
-con su conducta. Luciano o por desvío, o por no confiar en las palabras
-de Napoleón, no admitió el ofrecido cetro, mas no desdeñó el enlace de
-su hija con el heredero de la corona de España, enlace que a pesar de
-la repugnancia de la futura esposa, hubiera tenido cumplido efecto si
-el emperador francés no hubiera alterado o mudado su primitivo plan.</p>
-
-<p>Llena empero de admiración que en la importantísima empresa de la
-península anduviese su prevenido ánimo tan vacilante y dudoso.<span
-class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span> Una sola idea parece que
-hasta entonces se había grabado en su mente; la de mandar sin embarazo
-ni estorbos en aquel vasto país, confiando a su feliz estrella o a las
-circunstancias el conseguir su propósito y acertar con los medios. Así
-a ciegas y con más frecuencia de lo que se piensa suele revolverse y
-trocarse la suerte de las naciones.</p>
-
-<p>De todos modos era necesario contar con poderosas fuerzas para el
-fácil logro de cualquiera plan que a lo último adoptase. Con este
-objeto se formaba en Bayona el segundo cuerpo de observación de la
-Gironda, en tanto que el primero atravesaba por España. Constaba de
-24.000 hombres de infantería, nuevamente organizada con soldados de
-la conscripción de 1808 pedida con anticipación, y de 3500 caballos
-sacados de los depósitos de lo interior de Francia, con los que se
-formaron regimientos provisionales de coraceros y cazadores. Mandaba
-en jefe el general Dupont, y las tres divisiones en que se distribuía
-aquel cuerpo de ejército estaban a cargo de los generales Barbou,
-Vedel y Malher, y al del piamontés Fresia la caballería. Empezó a
-entrar en España sin convenio anterior ni conformidad del gabinete de
-Francia con el nuestro, con arreglo a lo prevenido en la convención
-secreta de Fontainebleau: infracción precursora de otras muchas. <span
-class="sidenote">22 de diciembre:<br/> Dupont en Irún.</span> Dupont
-llegó a Irún el 22 de diciembre, y en enero estableció su cuartel
-general en Valladolid, con partidas destacadas camino de Salamanca,
-como si hubiera de dirigirse hacia los linderos de Portugal. La
-conducta del nuevo ejército fue<span class="pagenum" id="Page_47">p.
-47</span> más indiscreta y arrogante que la del primero, y daba indicio
-de lo que se disponía. Estimulaba con su ejemplo el mismo general en
-jefe, cuyo comportamiento tocaba a veces en la raya del desenfreno.
-En Valladolid echó por fuerza de su habitación a los marqueses de
-Ordoño en cuya casa alojaba, y al fin se vieron obligados a dejársela
-toda entera a su libre disposición: tal era la dureza y malos tratos,
-mayormente sensibles por provenir de quien se decía aliado, y por ser
-en un país en donde era transcurrido un siglo con la dicha de no haber
-visto ejército enemigo, con cuyo nombre en adelante deberá calificarse
-al que los franceses habían metido en España.</p>
-
-<p>No se habían pasado los primeros días de enero sin que pisase
-su territorio otro tercer cuerpo compuesto de 25.000 hombres de
-infantería y 2700 caballos, que había sido formado de soldados
-bisoños, trasladados en posta a Burdeos de los depósitos del norte.
-<span class="sidenote">9 de enero:<br/> Entrada<br/> del cuerpo<br/>
-de Moncey.</span> Principió a entrar por la frontera el 9 del mismo
-enero, siendo capitaneado por el mariscal Moncey, y con el nombre de
-cuerpo de observación de las costas del océano: era el general Harispe
-jefe de estado mayor; mandaba la caballería Grouchy, y las respectivas
-divisiones Musnier de la Converserie, Morlot y Gobert. Prosiguió su
-marcha hasta los lindes de Castilla, como si no hubiera hecho otra cosa
-que continuar por provincias de Francia, prescindiendo de la anuencia
-del gobierno español, y quebrantando de nuevo y descaradamente los
-conciertos y empeños con él contraídos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_48">p. 48</span>Inquietaba a la
-corte de Madrid la conducta extraña e inexplicable de su aliado,
-y cada día se acrecentaba su sobresalto con los desaires que en
-París recibían Izquierdo y el embajador príncipe de Maserano.
-Napoleón dejaba ver más a las claras su premeditada resolución, y
-a veces despreciando altamente al príncipe de la Paz, censuraba
-con acrimonia los procedimientos de su administración. Desatendía
-de todo punto sus reclamaciones, y respondiendo con desdén al
-manifestado deseo de que se mudase al embajador Beauharnais a causa
-de su oficiosa diligencia en el asunto del proyectado casamiento,
-<span class="sidenote">Publicaciones<br/> del Monitor: 24<br/> de
-enero de 1808.</span> dio por último en el Monitor de 24 de enero
-un auténtico y público testimonio del olvido en que había echado el
-tratado de Fontainebleau y al mismo tiempo dejó traslucir las tramas
-que contra España urdía. Se insertaron pues en el diario de oficio
-dos exposiciones del ministro Champagny, una atrasada del 21 de
-octubre, y otra más reciente del 2 de enero de aquel año. La primera
-se publicó, digámoslo así, para servir de introducción a la segunda,
-en la que después de considerar al Brasil como colonia inglesa, y de
-congratularse el ministro de que por lo menos se viese Portugal libre
-del yugo y fatal influjo de los enemigos del Continente, concluía con
-que intentando estos dirigir expediciones secretas hacia los mares de
-Cádiz, la península entera fijaría la atención de S. M. I. Acompañó a
-las exposiciones un informe no menos notable del ministro de la guerra
-Clarke con fecha de 6 de enero, en el que se trataba de demostrar la
-necesidad de exigir la conscripción de 1809 para<span class="pagenum"
-id="Page_49">p. 49</span> formar el cuerpo de observación del océano,
-sobre el que nada se había hablado ni comunicado anteriormente al
-gobierno español: inútil es recordar que el sumiso senado de Francia
-concedió pocos días después el pedido alistamiento. Puestas de
-manifiesto cada vez más las torcidas intenciones del gabinete de
-Saint-Cloud, llegamos ya al estrecho en que todo disfraz y disimulo se
-echó a un lado, y en que cesó todo género de miramientos.</p>
-
-<div class="sidenote">1.º de febrero<br/> de 1808:<br/> proclama<br/>
-de Junot.</div>
-
-<p>En 1.º de febrero hizo Junot saber al público por medio de una
-proclama «que la casa de Braganza había cesado de reinar, y que el
-emperador Napoleón habiendo tomado bajo su protección el hermoso
-país de Portugal, quería que fuese administrado y gobernado <i>en su
-totalidad</i> a nombre suyo y por el general en jefe de su ejército.»
-Así se desvanecieron los sueños de soberanía del deslumbrado Godoy,
-y se frustraron a la casa de Parma las esperanzas de una justa
-y debida indemnización. <span class="sidenote">Forma<br/> nueva
-regencia<br/> de que se nombra<br/> presidente.</span> Junot se apoderó
-del mando supremo a nombre de su soberano, extinguió la regencia
-elegida por el príncipe Don Juan antes de su embarco, reemplazándola
-con un consejo de regencia de que él mismo era presidente. Y para
-colmar de amargura a los portugueses y aumentar, si era posible, su
-descontento, publicó en el mismo día un decreto de Napoleón, dado
-en Milán a 23 de diciembre, <span class="sidenote">Gravosa<br/>
-contribución<br/> extraordinaria.</span> por el que se imponía a
-Portugal una contribución extraordinaria de guerra de cien millones
-de francos, como redención, decía, de todas las propiedades
-pertenecientes a particulares; se secuestraban también todos los bienes
-y heredamientos<span class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span> de
-la familia real, y de los hidalgos que habían seguido su suerte. Con
-estas arbitrarias disposiciones trataba a Portugal, que no había hecho
-insulto ni resistencia alguna, como país conquistado, y le trataba con
-dureza digna de la edad media. Gravar extraordinariamente con cien
-millones de francos a un reino de la extensión y riqueza de Portugal,
-al paso que con la adopción del sistema continental se le privaba de
-sus principales recursos, era lo mismo que decretar su completa ruina
-y aniquilamiento. No ascendía probablemente a tanto la moneda que
-era necesaria para los cambios y diaria circulación, y hubiera sido
-materialmente imposible realizar su pago si Junot convencido de las
-insuperables dificultades que se ofrecían para su pronta e inmediata
-exacción, no hubiera fijado plazos, y acordado ciertas e indispensables
-limitaciones. De ofensa más bien que de suave consuelo pudiera
-graduarse el haber trazado al margen de destructoras medidas un cuadro
-lisonjero de la futura felicidad de Portugal, con la no menos halagüeña
-esperanza de que nuevos Camoens nacerían para ilustrar el parnaso
-lusitano. A poder reanimarse las muertas cenizas del cantor de Gama,
-solo hubieran tomado vida para alentar a sus compatriotas contra el
-opresor extranjero, y para excitarlos vigorosamente a que no empañasen
-con su sumisión las inmortales glorias adquiridas por sus antepasados
-hasta en las regiones más apartadas del mundo.</p>
-
-<p>Todavía no había llegado el oportuno momento de que el noble orgullo
-de aquella nación abiertamente se declarase; pero queriendo<span
-class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span> con el silencio expresar de
-un modo significativo los sentimientos que abrigaba en su generoso
-pecho, tres fueron los solos habitantes de Lisboa que iluminaron sus
-casas en celebridad de la mudanza acaecida.</p>
-
-<div class="sidenote">Envía a Francia<br/> una división<br/>
-portuguesa.</div>
-
-<p>Los temores que a Junot infundía la injusticia de sus
-procedimientos, le dictaron acelerar la salida de las pocas y antiguas
-tropas portuguesas que aún existían, y formando de ellas una corta
-división de apenas 10.000 hombres, dio el mando al marqués de Alorna, y
-no se había pasado un mes cuando tomaron el camino de Valladolid. Gran
-número desertó antes de llegar a su destino.</p>
-
-<div class="section">
-
- <p>Clara ya y del todo descubierta la política de Napoleón respecto
- de Portugal, disponían en tanto los fingidos aliados de España dar
- al mundo una señalada prueba de alevosía. Por las estrechuras de
- Roncesvalles se encaminó hacia Pamplona el general D’Armagnac con
- tres batallones, y presentándose repentinamente delante de aquella
- plaza, se le permitió sin obstáculo alojar dentro sus tropas: no
- contento el francés con esta demostración de amistad y confianza,
- solicitó del virrey marqués de Vallesantoro meter en la ciudadela
- dos batallones de suizos, socolor de tener recelos de su fidelidad.
- Negose a ello el virrey alegando que no le era lícito acceder a tan
- grave propuesta sin autoridad de la corte: adecuada contestación y
- digna del debido elogio, si la vigilancia hubiera correspondido a
- lo que requería la crítica situación de la plaza. Pero tal era el
- descuido, tal el incomprensible abandono, que hasta dentro de la
- misma ciudadela<span class="pagenum" id="Page_52">p. 52</span> iban
- todos los días los soldados franceses a buscar sus raciones, sin
- que se tomasen ni las comunes precauciones de tiempo de paz. No así
- desprevenido el general D’Armagnac se había de antemano hospedado
- en casa del marqués de Besolla, porque situado aquel edificio al
- remate de la explanada y en frente de la puerta principal de la
- ciudadela, podía desde allí con más facilidad acechar el oportuno
- momento para la ejecución de su alevoso designio. Viendo frustrado su
- primer intento con la repulsa del virrey, ideó el francés recurrir
- a un vergonzoso ardid. <span class="sidenote">16 de febrero:<br/>
- toma<br/> de la ciudadela<br/> de Pamplona.</span> Uno a uno y con
- estudiada disimulación mandó que en la noche del 15 al 16 de febrero
- pasasen con armas a su posada cierto número de granaderos, al paso
- que en la mañana siguiente soldados escogidos, guiados bajo disfraz
- por el jefe de batallón Robert, acudieron a la ciudadela a tomar
- los víveres de costumbre. Nevaba, y bajo pretexto de aguardar a
- su jefe empezaron los últimos a divertirse tirándose unos a otros
- pellas de nieve: distrajeron con el entretenimiento la atención de
- los soldados españoles, y corriendo y jugando de aquella manera
- se pusieron algunos sobre el puente levadizo para impedir que le
- alzasen. A poco y a una señal convenida se abalanzaron los restantes
- al cuerpo de guardia, desarmaron a los descuidados centinelas, y
- apoderándose de los fusiles del resto de la tropa colocados en el
- armero, franquearon la entrada a los granaderos ocultos en casa de
- D’Armagnac, a los que de cerca siguieron todos los demás. La traición
- se ejecutó con tanta celeridad que apenas había recibido la primera
- noticia el desavisado<span class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span>
- virrey, cuando ya los franceses se habían del todo posesionado de la
- ciudadela. D’Armagnac le escribió entonces, a manera de satisfacción,
- un oficio en que al paso que se disculpaba con la necesidad,
- lisonjeábase de que en nada se alteraría la buena armonía propia
- de dos fieles aliados: género de mofa con que hacía resaltar su
- fementida conducta.</p>
-
-</div>
-
-<p>Por el mismo tiempo se había reunido en los Pirineos orientales una
-división de tropas italianas y francesas, compuesta de 11.000 hombres
-de infantería y 1700 de caballería: <span class="sidenote">Entra
-Duhesme<br/> en Cataluña.</span> en 4 de febrero tomó en Perpiñán el
-mando el general Duhesme, quien en sus memorias cuenta solo disponibles
-7000 soldados: a sus órdenes estaban el general italiano Lecchi y el
-francés Chabran. A pocos días penetraron por la Junquera dirigiéndose
-a Barcelona con intento, decían, de proseguir su viaje a Valencia.
-Antes de avistar los muros de la capital de Cataluña recibió Duhesme
-una intimación del capitán general conde de Ezpeleta, sucesor por
-aquellos días del de Santa Clara para suspender su marcha hasta tanto
-que consultase a la corte. Completamente ignoraba esta el envío de
-tropas por el lado oriental de España, ni el embajador francés había
-siquiera informado de la novedad, tanto más importante cuanto Portugal
-no podía servir de capa a la reciente expedición. Duhesme lejos de
-arredrarse con el requerimiento de Ezpeleta, contestó de palabra con
-arrogancia que a todo evento llevaría a cabo las órdenes del emperador,
-y que sobre el capitán general de Cataluña recaería la responsabilidad
-de cualquiera desavenencia.<span class="pagenum" id="Page_54">p.
-54</span> Celebró un consejo el conde de Ezpeleta, y en él se acordó
-permitir la entrada en Barcelona a las tropas francesas. <span
-class="sidenote">Llega<br/> a Barcelona.</span> Así lo realizaron el 13
-de aquel mes quedando no obstante en poder de la guarnición española
-Monjuich y la ciudadela. Pidió Duhesme que en prueba de buena armonía
-se dejase a sus tropas alternar con las nacionales en la guardia de
-todas las puertas. Falto de instrucciones y temeroso de la enemistad
-francesa accedió Ezpeleta con harta si bien disculpable debilidad a la
-imperiosa demanda, colocando Duhesme en la puerta principal de la misma
-ciudadela una compañía de granaderos, en cuyo puesto había solamente 20
-soldados españoles. Pesaroso el capitán general de haber llevado tan
-allá su condescendencia, rogó al francés que retirase aquel piquete;
-pero muy otras eran las intenciones del último, no contentándose ya
-con nada menos que con la total ocupación. Andaba también Duhesme más
-receloso a causa de la llegada a Barcelona del oficial de artillería
-Don Joaquín Osma, a quien suponía enviado con especial encargo de que
-se velase a la conservación de la plaza, probable conjetura en efecto
-si en Madrid hubiera habido sombra de buen gobierno; mas era tan al
-contrario, que Osma había sido comisionado para facilitar a los aliados
-cuanto apeteciesen, y para recomendar la buena armonía y mejor trato.
-Solo se le insinuó en instrucción verbal que procurase de paso indagar
-en las conversaciones con los oficiales cuál fuese el verdadero objeto
-de la expedición, como si para ello hubiera habido necesidad de correr
-hasta Barcelona,<span class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span> y de
-despachar expresamente un oficial de explorador.</p>
-
-<div class="sidenote">28 de febrero:<br/> sorpresa<br/> de la
-ciudadela<br/> de Barcelona.</div>
-
-<p>Trató en fin Duhesme de apoderarse por sorpresa de la ciudadela y de
-Monjuich el 28 de febrero: fue estimulado con el recibo aquel mismo día
-de una carta escrita en París por el ministro de la Guerra, en la que
-le suponía dueño de los fuertes de Barcelona; tácito modo de ordenar lo
-que a las claras hubiera sido inicuo y vergonzoso. Para adormecer la
-vigilancia de los españoles esparcieron los franceses por la ciudad que
-se les había enviado la orden de continuar su camino a Cádiz, mentirosa
-voz que se hacía más verosímil con la llegada del correo recibido.
-Dijeron también que antes de la partida debían revistar las tropas,
-y con aquel pretexto las juntaron en la explanada de la ciudadela,
-apostando en el camino que de allí va a la Aduana un batallón de
-vélites italianos, y colocando la demás fuerza de modo que llamase
-hacia otra parte la atención de los curiosos. Hecha la reseña de
-algunos cuerpos se dirigió el general Lecchi, con grande acompañamiento
-de estado mayor, del lado de la puerta principal de la ciudadela, y
-aparentando comunicar órdenes al oficial de guardia se detuvo en el
-puente levadizo para dar lugar a que los vélites, cuya derecha se había
-apoyado en la misma estacada, avanzasen cubiertos por el revellín
-que defiende la entrada: ganaron de este modo el puente embarazado
-con los caballos, después de haber arrollado al primer centinela,
-cuya voz fue apagada por el ruido de los tambores franceses que en
-las bóvedas resonaban. Entonces penetró Lecchi<span class="pagenum"
-id="Page_56">p. 56</span> dentro del recinto principal con su numerosa
-comitiva, le siguió el batallón de vélites y la compañía de granaderos,
-que ya de antemano montaba la guardia en la puerta principal, reprimió
-a los 20 españoles, obligados a ceder al número y a la sorpresa:
-cuatro batallones franceses acudieron después a sostener al que
-primero había entrado a hurtadillas, y acabaron de hacerse dueños
-de la ciudadela. Dos batallones de guardias españolas y valonas la
-guarnecían; pero llenos de confianza oficiales y soldados habían ido
-a la ciudad a sus diversas ocupaciones, y cuando quisieron volver a
-sus puestos encontraron resistencia en los franceses, quienes al fin
-se lo permitieron después de haber tomado escrupulosas precauciones.
-Los españoles pasaron luego la noche y casi todo el siguiente día
-formados enfrente de sus nuevos y molestos huéspedes; e inquietos estos
-con aquella hostil demostración, lograron que se diese orden a los
-nuestros de acuartelarse fuera, y evacuar la plaza. Santilly, comandante
-español, así que vio tan desleal proceder, se presentó a Lecchi como
-prisionero de guerra, quien osando recordarle la amistad y alianza de
-ambas naciones, al mismo tiempo que arteramente quebrantaba todos los
-vínculos, le recibió con esmerado agasajo.</p>
-
-<div class="sidenote">Sorpresa<br/> de Monjuich:<br/> 28 de
-febrero.</div>
-
-<p>Entretanto y a la hora en que parte de la guarnición había bajado a
-la ciudad, otro cuerpo francés se avanzaba hacia Monjuich. La situación
-elevada y descubierta de este fuerte impidió a los extranjeros tocar
-sin ser vistos el pie de los muros. Al aproximarse se alzó el puente
-levadizo, y en balde intimó el comandante francés<span class="pagenum"
-id="Page_57">p. 57</span> Floresti que se le abriesen las puertas: allí
-mandaba Don Mariano Álvarez. Desconcertado Duhesme en su doloso intento
-recurrió a Ezpeleta, y poniendo por delante las órdenes del emperador
-le amenazó tomar por fuerza lo que de grado no se le rindiese.
-Atemorizado el capitán general ordenó la entrega: dudó Álvarez un
-instante; mas la severidad de la disciplina militar, y el sosiego que
-todavía reinaba por todas partes, le forzaron a obedecer al mandato de
-su jefe. Sin embargo habiéndose conmovido algún tanto Barcelona con la
-alevosa ocupación de la ciudadela, se aguardó a muy entrada la noche
-para que sin riesgo pudiesen los franceses entrar en el recinto de
-Monjuich.</p>
-
-<p>Irritados a lo sumo con semejantes y repetidas perfidias los
-generosos pechos de los militares españoles, se tomaron exquisitas
-providencias para evitar un compromiso, y dejando en Barcelona a los
-guardias españolas y valonas con la artillería, se mandó salir a
-Villafranca al regimiento de Extremadura.</p>
-
-<p>Al paso por Figueras había Duhesme dispuesto que se detuviese allí
-alguna de su gente, alegando especiosos pretextos. Durante más de
-un mes permanecieron dichos soldados tranquilos, hasta que ocupados
-todos los fuertes de Barcelona trataron de apoderarse de la ciudadela
-de San Fernando con la misma ruin estratagema empleada en las otras
-plazas. <span class="sidenote">18 de marzo:<br/> ocupación<br/> de
-San Fernando<br/> de Figueras.</span> Estando los españoles en vela
-acudieron a tiempo a la sorpresa y la impidieron; mas el gobernador
-anciano y tímido dio permiso dos días después al mayor Piat para que
-encerrase dentro 200 conscriptos, bajo cuyo<span class="pagenum"
-id="Page_58">p. 58</span> nombre metió el francés soldados escogidos,
-los cuales con otros que a su sombra entraron se enseñorearon de
-la plaza el 18 de marzo, despidiendo muy luego el corto número de
-españoles que la guarnecían.</p>
-
-<div class="sidenote">5 de marzo:<br/> entrega<br/> de S.
-Sebastián.</div>
-
-<p>Pocos días antes había caído en manos de los falsos amigos la
-plaza de San Sebastián: era su gobernador el brigadier español
-Daiguillon, y comandante del fuerte de Santa Cruz el capitán Douton.
-Advertido aquel por el cónsul de Bayona de que Murat, gran duque de
-Berg, le había indicado en una conversación cuán conveniente sería
-para la seguridad de su ejército la ocupación de San Sebastián,
-dio parte de la noticia al duque de Mahón, comandante general de
-Guipúzcoa, recién llegado de Madrid. Inmediatamente consultó este
-al príncipe de la Paz, y antes de que hubiera habido tiempo para
-recibir contestación, el general Monthion, jefe de estado mayor de
-Murat, escribió a Daiguillon participándole cómo el gran duque de
-Berg había resuelto que los depósitos de infantería y caballería
-de los cuerpos que habían entrado en la península se trasladasen
-de Bayona a San Sebastián,[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a
-href="#Ap_1-10" id="Ll_1-10">1-10</a>.)</span> y que fuesen alojados
-dentro, debiendo salir para aquel destino del 4 al 5 de marzo. Apenas
-había el gobernador abierto esta carta cuando recibió otra del mismo
-jefe avisándole que los depósitos, cuya fuerza ascendería a 350 hombres
-de infantería y 70 de caballería, saldrían antes de lo que había
-anunciado. Comunicados ambos oficios al duque de Mahón, de acuerdo con
-el gobernador y con el comandante del fuerte, respondió el mismo duque
-rogando al de Berg<span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span>
-que suspendiese su resolución hasta que le llegase la contestación
-de la corte, y ofreciendo entretanto alojar con toda comodidad fuera
-de la plaza y del alcance del cañón los depósitos de que se trataba.
-Ofendido el príncipe francés de la inesperada negativa escribió por sí
-mismo en 4 de marzo una carta altiva y amenazadora al duque de Mahón,
-quien no desdiciendo entonces de la conducta propia de un descendiente
-de Crillon, replicó dignamente y reiteró su primera respuesta. Grande
-sin embargo era su congoja y arriesgada su posición, cuando la flaca
-condescendencia del príncipe de la Paz, y la necesidad en que había
-estrechado a este su culpable ambición, sacaron a todos los jefes de
-San Sebastián de su terrible y crítico apuro. Al margen del oficio que
-en consulta se le había escrito puso el generalísimo Godoy de su mismo
-puño, fecha 3 de marzo «que ceda el gobernador la plaza, pues no tiene
-medio de defenderla; pero que lo haga de un modo amistoso según lo han
-practicado los de las otras plazas, sin que para ello hubiese ni tantas
-razones ni motivos de excusa como en San Sebastián.» De resultas ocupó
-con los depósitos la plaza y el puerto el general Thouvenot.</p>
-
-<p>He aquí el modo insidioso con que en medio de la paz y de una
-estrecha alianza se privó a España de sus plazas más importantes:
-perfidia atroz, deshonrosa artería en guerreros envejecidos en la
-gloriosa profesión de las armas, ajena e indigna de una nación grande y
-belicosa. Cuando leemos en la juiciosa historia de Coloma el ingenioso
-ardid con que Fernando Tello Portocarrero<span class="pagenum"
-id="Page_60">p. 60</span> sorprendió a Amiens, notamos en la atrevida
-empresa agudeza en concebirla, bizarría en ejecutarla y loable
-moderación al alcanzar el triunfo. La toma de aquella plaza, llave
-entonces de la frontera de Francia del lado de la Picardía, y cuya
-sorpresa, según nos dice Sully, oprimió de dolor a Enrique IV, era
-legítima: guerra encarnizada andaba entre ambas naciones, y era lícito
-al valor y a la astucia buscar laureles que no se habían de mancillar
-con el quebrantamiento de la buena fe y de la lealtad. El bastardo
-proceder de los generales franceses no solo era escandaloso por el
-tiempo y por el modo, sino que también era tanto menos disculpable
-cuanto era menos necesario. Dueño el gobierno francés de la débil
-voluntad del de Madrid le hubiera bastado una mera insinuación, sin
-acudir a la amenaza, para conseguir del obsequioso y sumiso aliado la
-entrega de todas las plazas, como lo ordenó con la de San Sebastián.</p>
-
-<div class="sidenote">7 de febrero:<br/> orden para que<br/> la
-escuadra<br/> de Cartagena<br/> vaya a Toulon.</div>
-
-<p>Tampoco echó Napoleón en olvido la marina, pidiendo con ahínco que
-se reuniesen con sus escuadras las españolas. En consecuencia diose el
-7 de febrero la orden a Don Cayetano Valdés, que en Cartagena mandaba
-una fuerza de seis navíos, de hacerse a la vela dirigiendo su rumbo
-a Toulon. Afortunadamente vientos contrarios, y, según se cree, el
-patriótico celo del comandante, impidieron el cumplimiento de la orden,
-tomando la escuadra puerto en las Baleares.</p>
-
-<p>Hechos de tal magnitud no causaron en las provincias lejanas de
-España impresión profunda. Ignorábanse en general, o se atribuían
-a<span class="pagenum" id="Page_61">p. 61</span> amaños de Godoy:
-lo dificultoso y escaso de las comunicaciones, la servidumbre de la
-imprenta, y la extremada reserva del gobierno no daban lugar a que
-la opinión se ilustrase, ni a que se formase juicio acertado de los
-acaecimientos. En días como aquellos recoge el poder absoluto con
-creces los frutos de su imprevisión y desafueros. También los pueblos,
-si no son envueltos en su ruina, al menos participan bastantemente
-de sus desgracias; como si la Providencia quisiera castigarlos de su
-indolencia y culpable sufrimiento.</p>
-
-<div class="section">
-
- <div class="sidenote">Desasosiego<br/> de la corte<br/> de
- Madrid.</div>
-
-</div>
-
-<p>Por lo demás la corte estaba muy inquieta, y se asegura que el
-príncipe de la Paz fue de los que primero se convencieron de la
-mala fe de Napoleón, y de sus depravados intentos: disfrazábalos
-sin embargo este, ofreciendo a veces en su conducta una alternativa
-hija quizá de su misma vacilación e incertidumbre: <span
-class="sidenote">Conducta<br/> ambigua<br/> de Napoleón.</span> pues al
-paso que proyectaba y ponía en práctica hacerse dueño de todo Portugal
-y de las plazas de la frontera, sin miramiento a tratados ni alianzas,
-no solo regalaba a Carlos IV en los primeros días de febrero, en prueba
-de su íntima amistad, quince caballos de coche, sino que asimismo le
-escribía amargas quejas <span class="sidenote">Sobresalto<br/> del
-príncipe<br/> de la Paz.</span> por no haber reiterado la petición de
-una esposa imperial para el príncipe de Asturias: y si bien no era
-unión esta apetecible para Godoy, por lo menos no indicaba Bonaparte
-con semejante demostración querer derribar del trono la estirpe de los
-Borbones. Dudas y zozobras asaltaban de tropel la mente del valido,
-<span class="sidenote">Llegada a Madrid<br/> de Izquierdo.</span>
-cuando la repentina llegada por el mes de febrero de su confidente<span
-class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span> Don Eugenio Izquierdo acabó
-de perturbar su ánimo. En la numerosa corte que le tributaba continuado
-y lisonjero incienso, prorrumpía en expresiones propias de hombre
-desatentado y descompuesto. Hablaba de su grandeza, de su poderío;
-usaba de palabras poco recatadas, y parecía presentir la espantosa
-desgracia que como en sombra ya le perseguía. Interpretábase de mil
-maneras la apresurada venida de Izquierdo, y nada por entonces pudo
-traslucirse, sino que era de tal importancia, y anunciadora de tan
-malas nuevas, que los reyes y el privado despavoridos preparábanse a
-tomar alguna impensada y extraordinaria resolución.</p>
-
-<p>Por una nota que después en 24 de marzo escribió Izquierdo,[*]
-<span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_1-11"
-id="Ll_1-11">1-11</a>.)</span> y por lo que hemos oído a personas
-con él conexionadas, podemos fundadamente inferir que su misión
-ostensible se dirigía a ofrecer de un modo informal ciertas ideas al
-examen del gobierno español, y a hacer sobre ellas varias preguntas;
-pero que el verdadero objeto de Napoleón fue infundir tal miedo en
-la corte de Madrid, que la provocase a imitar a la de Portugal en
-su partida, resolución que le desembarazaba del engorroso obstáculo
-de la familia real, y le abría fácil entrada para apoderarse sin
-resistencia del vacante y desamparado trono español. Las ideas y
-preguntas arriba indicadas fueron sugeridas por Napoleón y escritas por
-Izquierdo. Reducíanse con corta variación a las que él mismo extendió
-en la nota antes mencionada de 24 de marzo, y que recibida después
-del levantamiento de Aranjuez, cayó en manos de los adversarios de
-Godoy.<span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span> Eran pues las
-proposiciones en ella contenidas: 1.ª Comercio libre para españoles y
-franceses en sus respectivas colonias. 2.ª Trocar las provincias del
-Ebro allá con Portugal, cuyo reino se daría en indemnización a España.
-3.ª Un nuevo tratado de alianza ofensiva y defensiva. 4.ª Arreglar
-la sucesión al trono de España: y 5.ª Convenir en el casamiento del
-príncipe de Asturias con una princesa imperial: el último artículo
-no debía formar parte del tratado principal. Es inútil detenerse en
-el examen de estas proposiciones que hubieran ofrecido materia a
-reflexiones importantes, si hubieran sido objeto de algún tratado
-o seria discusión. Admira no obstante la confianza o más bien el
-descaro con que se presentaron sin hacerse referencia al tratado de
-Fontainebleau, para cuya entera anulación no había España dado ni
-ocasión ni pretexto. <span class="sidenote">Sale Izquierdo<br/> el 10
-de marzo<br/> para París.</span> La misión de Izquierdo produjo el
-deseado efecto; y aunque el 10 de marzo salió para París con nuevas
-instrucciones y carta de Carlos IV, habíanse ya perdido las esperanzas
-de evitar el terrible golpe que amenazaba.</p>
-
-<div class="sidenote">Tropas francesas<br/> que continuaron<br/>
-entrando<br/> en España.</div>
-
-<p>El gobierno francés no había interrumpido el envío sucesivo de
-tropas y oficiales, y en el mes de marzo se formó un nuevo cuerpo
-llamado de observación de los Pirineos occidentales que ascendía a
-19.000 hombres, sin contar con 6000 de la guardia imperial, en cuyo
-número se distinguían mamelucos, polacos y todo género y variedad de
-uniformes propios a excitar la viva imaginación de los españoles.
-Se encomendó esta fuerza al mando de Bessières, duque de Istria:
-parte de los cuerpos se acabaron de organizar<span class="pagenum"
-id="Page_64">p. 64</span> dentro de la península, y era continuado su
-movimiento y ejercicio.</p>
-
-<p>Había ya en el corazón de España, aun no incluyendo los de Portugal,
-100.000 franceses, sin que a las claras se supiese su verdadero y
-determinado objeto, y cuya entrada, según dejamos dicho, había sido
-contraria a todo lo que solemnemente se había estipulado entre ambas
-naciones. Faltaban a los diversos cuerpos en que estaba distribuido
-el ejército francés un general en jefe, <span class="sidenote">Murat
-nombrado<br/> general en jefe<br/> del ejército francés<br/> en
-España.</span> y recayó la elección en Murat, gran duque de Berg, con
-título de lugarteniente del emperador, de quien era cuñado. Llegó
-a Bayona en los primeros días de marzo, solo y sin acompañamiento;
-pero le habían precedido y le seguían oficiales sueltos de todas
-graduaciones, quienes debían encargarse de organizar y disciplinar
-los nuevos alistados que continuamente se remitían a España. Llegó
-Murat a Burgos el 13 de marzo, y en aquel día dio una proclama a sus
-soldados «para que tratasen a los españoles, nación por tantos títulos
-estimable, como tratarían a los franceses mismos; queriendo solamente
-el emperador el bien y felicidad de España.»</p>
-
-<div class="sidenote">Piensa la corte<br/> de Madrid<br/> en
-partir<br/> para Andalucía.</div>
-
-<p>Tantas tropas y tan numerosos refuerzos que cada día se internaban
-más y más en el reino; tanta mala fe y quebrantamiento de solemnes
-promesas, el viaje de Izquierdo y sus temores; tanto cúmulo en fin de
-sospechosos indicios impelieron a Godoy a tomar una pronta y decisiva
-resolución. <span class="sidenote">Providencias<br/> que toma.</span>
-Consultó con los reyes y al fin les persuadió lo urgente que era
-pensar en trasladarse del otro lado de los mares. Pareció<span
-class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span> antes oportuno, como paso
-previo, adoptar el consejo dado por el príncipe de Castel-Franco de
-retirarse a Sevilla, desde donde con más descanso se pondrían en obra
-y se dirigirían los preparativos de tan largo viaje. Para remover todo
-género de tropiezos se acordó formar un campo en Talavera, y se mandó
-a Solano que de Portugal se replegase sobre Badajoz. Estas fuerzas
-con las que se sacarían de Madrid, debían cubrir el viaje de SS. MM.,
-y contener cualquiera movimiento que los franceses intentaran para
-impedirle. También se mandó a las tropas de Oporto, cuyo digno general
-Taranco había fallecido allí de un cólico violento, que se volviesen a
-Galicia; y se ofició a Junot para que permitiese a Carrafa dirigirse
-con sus españoles hacia las costas meridionales, en donde los ingleses
-amenazaban desembarcar; artificio, por decirlo de paso, demasiado
-grosero para engañar al general francés. Fue igualmente muy fuera de
-propósito enviar a Dupont un oficial de estado mayor para exigirle
-aclaración de las órdenes que había recibido, como si aquel hubiera de
-comunicarlas, y como si en caso de contestar con altanería estuviera el
-gobierno español en situación de reprimir y castigar su insolencia.</p>
-
-<p>Tales fueron las medidas preliminares que Godoy miró como necesarias
-para el premeditado viaje; pero inesperados trastornos desbarataron sus
-intentos, desplomándose estrepitosamente el edificio de su valimiento y
-grandeza.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental"/>
- </div>
- <p class="centra fs200 lh200 negr mt1">RESUMEN</p>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO SEGUNDO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa2.jpg"
- alt="Motivo ornamental"/>
- </div>
-</div>
-
-<p class="resum"><span class="prim"><span
-class="gran">P</span>rimeros</span> indicios del viaje de la corte.
-— Orden para que la guarnición de Madrid pase a Aranjuez. — Proclama
-de Carlos IV de 16 de abril. — Conducta del embajador de Francia y de
-Murat. — Síntomas de una conmoción. — Primera conmoción de Aranjuez.
-— Decreto de Carlos IV: prisión de Don Diego Godoy. — Continúa la
-agitación y temores de otra conmoción. — Segunda conmoción de Aranjuez.
-— Prisión de Godoy. — Retrato de Godoy. — Tercer alboroto de Aranjuez.
-— Abdicación de Carlos IV el 19 de marzo. — Conmoción de Madrid del
-19 y 20 de marzo. — Alborotos de las provincias. — Juicio sobre la
-abdicación de Carlos IV. — Ministros del nuevo monarca. — Escóiquiz.
-— El duque del Infantado. — El duque de San Carlos. — Primeras
-providencias del nuevo reinado. — Proceso del príncipe de la Paz y de
-otros, 23 de marzo. — Grandes enviados para obsequiar a Murat y a
-Napoleón. — Avanza Murat hacia Madrid. — Entrada de Fernando en Madrid
-en 24 de marzo. — Conducta impropia de Murat. — Opinión de España
-sobre Napoleón. — Juicio sobre la conducta de Napoleón. — Propuesta
-de Napoleón a su hermano Luis. — Correspondencia entre Murat y los
-reyes padres. — Juicio sobre la protesta. — Siguen los tratos entre
-Murat y los reyes padres. — Desasosiego en Madrid. — Llega Escóiquiz a
-Madrid en 28 de marzo. — Fernán Núñez en Tours. — Entrega de la espada
-de Francisco I. — Carta de Napoleón a Murat. — Viaje del infante Don
-Carlos. — Llegada a Madrid del general Savary. — Aviso de Hervás. —
-10 de abril: salida del rey para Burgos. — Nombramiento de una junta
-suprema. — Sobre el viaje del rey. — Llega el rey el 12 de abril
-a Burgos. — Llega a Vitoria el 14. — Escribe Fernando a Napoleón:
-contesta este en 17 de abril. — Seguridad que da Savary. — Tentativas
-o proposiciones para que el rey se escape. — Proclama al partir el rey
-de Vitoria. — Sale de Vitoria el 19 de abril. — 20 de abril: entrada
-del rey en Bayona. — Sigue la correspondencia entre Murat y los reyes
-padres. — Pasan los reyes padres al Escorial. — Entrega de Godoy en
-20 de abril. — Quejas y tentativas de Murat. — Reclama Carlos IV la
-corona, y anuncia su viaje a Bayona. — Inquietud en Madrid. — Alboroto
-en Toledo. — En Burgos. — Conducta altanera de Murat. — Conducta de la
-junta, y medidas que propone. — Creación de una junta que la sustituya.
-— Llegada a Madrid de D. Justo Ibarnavarro. — Posición de los
-franceses en Madrid. — Revistas de Murat. — Pide la salida para Francia
-del infante Don Francisco y reina de Etruria. — 2 de mayo. — Salida
-de los infantes para Francia el 3 y el 4. — Llega Napoleón a Bayona.
-— Se anuncia a Fernando que renuncie. — Conferencias de Escóiquiz y
-Cevallos. — Llegada de Carlos IV a Bayona. — Come con Napoleón. —
-Comparece Fernando delante de su padre. — Condiciones de Fernando
-para su renuncia. — No se conforma el padre. — Comparece por segunda
-vez Fernando delante de su padre. — Renuncia Carlos IV en Napoleón.
-— Carlos IV y María Luisa. — Renuncia de Fernando como príncipe de
-Asturias. — La reina de Etruria. — Planes de evasión. — Se interna en
-Francia a la familia real de España. — Inacción de la junta de Madrid.
-— Murat presidente de la junta. — Equívoca conducta de la junta. —
-Napoleón piensa dar la corona de España a José. — Diputación de Bayona.
-— Medidas de precaución de Murat.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch2">
- <p><span class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental"/>
- </div>
- <p class="centra fs150 lh150 negr g0 mt1">HISTORIA</p>
- <p class="centra fs60 lh150">DEL</p>
- <p class="centra fs120 lh150 asc ws1">LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN</p>
- <p class="centra fs120 lh150 ws1">de España.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa4.jpg"
- alt="Motivo ornamental"/>
- </div>
- <h2 class="nobreak fs120 negr g0">LIBRO SEGUNDO.</h2>
- <hr class="tir"/>
-</div>
-
-<p class="ti0"><span class="prim"><span class="gran">L</span>os</span>
-habitadores de España alejados de los negocios públicos, y gozando
-de aquella aparente tranquilidad propia de los gobiernos despóticos,
-estaban todavía ajenos de prever la avenida de males que, rebalsando
-en su suelo como en campo barbechado, iban a cubrirle de espantosas
-ruinas. <span class="sidenote">Primeros indicios<br/> del viaje<br/>
-de la corte.</span> Madrid, sin embargo agitado ya con voces vagas
-e inquietadoras, creció en desasosiego con los preparativos que se
-notaron de largo viaje en casa de Doña Josefa Tudó, particular amiga
-del príncipe de la Paz, y con la salida de este para Aranjuez el día
-13 de<span class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span> marzo. Sin aquel
-incidente no hubiera la última ocurrencia llamado tanto la atención,
-teniendo el valido por costumbre pasar una semana en Madrid, y otra en
-el sitio en que habitaban SS. MM., quienes de mucho tiempo atrás se
-detenían solamente en la capital dos meses del año, y aun en aquel al
-trasladarse en diciembre del Escorial a Aranjuez, no tomaron allí su
-habitual descanso, retraídos por el universal disgusto a que había dado
-ocasión el proceso del príncipe de Asturias.</p>
-
-<p>Viose muy luego cuán fundados eran los temores públicos; porque al
-llegar al sitio el príncipe de la Paz, y después de haber conferenciado
-con los reyes, anunció Carlos IV a los ministros del despacho la
-determinación de retirarse a Sevilla. A pesar del sigilo con que se
-quisieron tomar las primeras disposiciones, se traslució bien pronto
-el proyectado viaje, <span class="sidenote">Orden para que<br/> la
-guarnición<br/> de Madrid<br/> pase a Aranjuez.</span> y acabaron de
-cobrar fuerza las voces esparcidas con las órdenes que se comunicaron
-para que la mayor parte de la guarnición de Madrid se trasladase a
-Aranjuez. Prevenido para su cumplimiento el capitán general de Castilla
-Don Francisco Javier Negrete, se avistó en la mañana del 16 con el
-gobernador del consejo el coronel Don Carlos Velasco, dándole cuenta
-de la salida de las tropas en todo aquel día, en virtud de un decreto
-del generalísimo almirante; y previniéndole al propio tiempo de parte
-del mismo publicar un bando que calmase la turbación de los ánimos.
-No bastándole al gobernador la orden verbal, exigió de Don Carlos
-Velasco que la extendiese por escrito, y con ella<span class="pagenum"
-id="Page_73">p. 73</span> se fue al consejo, en donde se acordó,
-como medida previa y antes de obedecer el expresado mandato, que se
-expusiesen reverentemente a S. M. las fatales consecuencias de un viaje
-tan precipitado. Aplaudiose la determinación del consejo, aunque nos
-parece no fue del todo desinteresada, si consideramos la incierta y
-precaria suerte que, con la temida emigración más allá de los mares
-de la dinastía reinante, había de caber a muchos de sus servidores y
-empleados. Así se vio que hombres que como el marqués Caballero en los
-días de prosperidad habían sido sumisos cortesanos, fueron los que con
-más empeño aconsejaron al rey que desistiese de su viaje.</p>
-
-<p>Fuese influjo de aquellas representaciones, o fuese más bien el
-fundado temor a que daba lugar el público descontento, el rey trató
-momentáneamente de suspender la partida, y mandó circular un decreto
-a manera de proclama <span class="sidenote">Proclama<br/> de Carlos
-IV<br/> de 16 de marzo.<br/> (Véase<br/> el Ap. n. <a href="#Ap_2-1"
-id="Ll_2-1">2-1</a>.)</span> que comenzaba por la desusada fórmula de
-«amados vasallos míos.» La gente ociosa y festiva comparaba por la
-novedad el encabezamiento de tan singular publicación al comenzar de
-ciertas y famosas relaciones que en sus comedias nos han dejado el
-insigne Calderón y otros ingenios de su tiempo; si bien no asistía al
-ánimo bastante serenidad para detenerse al examen de las mudanzas e
-innovaciones del estilo. Tratábase en la proclama de tranquilizar la
-pública agitación, asegurándose en ella que la reunión de tropas no
-tenía por objeto ni defender la persona del rey, ni acompañarle en un
-viaje que solo la malicia había supuesto preciso: se insistía<span
-class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span> en querer persuadir que
-el ejército del emperador de los franceses atravesaba el reino con
-ideas de paz y amistad, y sin embargo se daba a entender que en caso
-de necesidad estaba el rey seguro de las fuerzas que le ofrecerían
-los pechos de sus amados vasallos. Bien que con este documento no
-hubiese sobrado motivo de satisfacción y alegría, la muchedumbre que
-leía en él una especie de retractación del intentado viaje se mostró
-gozosa y alborozada. En Aranjuez apresuradamente se agolparon todos a
-palacio dando repetidos vivas al rey y a la familia real, que juntos
-se asomaron a recibir las lisonjeras demostraciones del entusiasmado
-pueblo. Mas como se notó que en la misma noche del 16 al 17 habían
-salido las tropas de Madrid para el sitio en virtud de las anteriores
-órdenes que no habían sido revocadas, duró poco y se acibaró presto la
-común alegría.</p>
-
-<div class="sidenote">Opinión<br/> sobre el viaje.</div>
-
-<p>Entonces se desaprobó generalmente la resolución tomada por la
-corte de retirarse hacia las costas del mediodía, y de cruzar el
-Atlántico en caso urgente. Pero ahora que con fría imparcialidad
-podemos ser jueces desapasionados, nos parece que aquella resolución
-al punto a que las cosas habían llegado era conveniente y acertada,
-ya fuese para prepararse a la defensa, o ya para que se embarcase la
-familia real. Desprovisto el erario, corto en número el ejército e
-indisciplinado, ocupadas las principales plazas, dueño el extranjero
-de varias provincias, no podía en realidad oponérsele otra resistencia
-fuera de la que opusiese la nación, declarándose con unanimidad y
-energía. Para tantear este solo<span class="pagenum" id="Page_75">p.
-75</span> y único recurso, la posición de Sevilla era favorable,
-dando más treguas al sorprendido y azorado gobierno. Y si, como era
-de temer, la nación no respondía al llamamiento del aborrecido Godoy
-ni del mismo Carlos IV, era para la familia real más prudente pasar a
-América que entregarse a ciegas en brazos de Napoleón. Siendo pues esta
-determinación la más acomodada a las circunstancias, Don Manuel Godoy
-en aconsejar el viaje obró atinadamente, y la posteridad no podrá en
-esta parte censurar su conducta; pero le juzgará sí gravemente culpable
-en haber llevado como de la mano a la nación a tan lastimoso apuro,
-ora dejándola desguarnecida para la defensa, ora introduciendo en el
-corazón del reino tropas extranjeras deslumbrado con la imaginaria
-soberanía de los Algarbes. El reconcentrado odio que había contra su
-persona fue también causa que al llegar al desengaño de las verdaderas
-intenciones de Napoleón se le achacase que de consuno con este había
-procedido en todo: aserción vulgar, pero tan generalmente creída en
-aquella sazón que la verdad exige que abiertamente la desmintamos.
-Don Manuel Godoy se mantuvo en aquellos tratos fiel a Carlos IV y
-a María Luisa, sus firmes protectores, y no anduvo desacordado en
-preferir para sus soberanos un cetro en los dominios de América, más
-bien que exponerlos, continuando en España, a que fuesen destronados
-y presos. Además Godoy no habiendo olvidado la manera destemplada
-con que en los últimos tiempos se había Napoleón declarado contra su
-persona, recelábase de alguna dañada intención,<span class="pagenum"
-id="Page_76">p. 76</span> y temía ser víctima ofrecida en holocausto a
-la venganza y público aborrecimiento. Bien es verdad que fue después
-su libertador el mismo a quien consideraba enemigo, mas debiolo a
-la repentina mudanza acaecida en el gobierno, por la cual fueron
-atropellados los que confiadamente aguardaban del francés amistad y
-amparo, y protegido el que se estremecía al ver que su ejército se
-acercaba: tan inciertos son los juicios humanos.</p>
-
-<div class="sidenote">Agitación<br/> de Madrid<br/> y Aranjuez.<br/>
-Conducta<br/> del embajador<br/> de Francia<br/> y de Murat.</div>
-
-<p>Averiguada que fue la traslación de las tropas de la capital al
-sitio, volviéronse a agitar extraordinariamente las poblaciones de
-Madrid y Aranjuez con todas las de los alrededores. En el sitio
-contribuía no poco a sublevar los ánimos la opinión contraria al viaje
-que pública y decididamente mostraba el embajador de Francia; sea que
-ignorase los intentos de su amo y siguiera abrigando la esperanza del
-soñado casamiento, o sea que tratara de aparentar: nos inclinamos a
-lo primero. Mas su opinión al paso que daba bríos a los enemigos del
-viaje para oponerse a él, servía también de estímulo y espuela a sus
-partidarios para acelerarle, esperando unos y temiendo otros la llegada
-de las tropas francesas que se adelantaban. En efecto Murat dirigía por
-Aranda su marcha hacia Somosierra y Madrid, y Dupont por su derecha se
-encaminaba a ocupar a Segovia y el Escorial. Este movimiento hecho con
-el objeto de impeler a la familia real, intimidándola a precipitar su
-viaje, vino en apoyo del partido del príncipe de Asturias, alentándole
-con tanta más razón cuanto parecía darse la mano con el modo de<span
-class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span> explicarse del embajador.
-Murat en su lenguaje descubría incertidumbre, imputándose entonces
-a disimulo lo que tal vez era ignorancia del verdadero plan de
-Napoleón. Al después tan malogrado Don Pedro Velarde, comisionado para
-acompañarle y cumplimentarle, le decía en Buitrago en 18 de marzo
-que al día siguiente recibiría instrucciones de su gobierno; que no
-sabía si pasaría o no por Madrid, y que al continuar su marcha a
-Cádiz probablemente publicaría en San Agustín las miras del emperador
-encaminadas al bien de España.</p>
-
-<p>Avisos anteriores a este y no menos ambiguos ponían a la corte de
-Aranjuez en extremada tribulación. Sin embargo es de creer que cuando el 16 dio el
-rey la proclama en que públicamente desmentía las voces de viaje, dudó
-por un instante llevarle o no a efecto, pues es más justo atribuir
-aquella proclama a la perplejidad y turbación propias de aquellos días,
-que al premeditado pensamiento de engañar bajamente a los pueblos de
-Madrid y Aranjuez. <span class="sidenote">Síntomas de<br/>
-una conmoción.</span> Continuando no obstante los preparativos de viaje,
-y siendo la desconfianza en los que gobernaban fuera de todo término,
-se esparció de nuevo y repentinamente en el sitio que la salida de
-SS. MM. para Andalucía se realizaría en la noche del 17 al 18. La
-curiosidad junto probablemente con oculta intriga había llevado a
-Aranjuez de Madrid y sus alrededores muchos forasteros cuyos semblantes
-anunciaban siniestros intentos: las tropas que habían ido de la
-capital participaban del mismo espíritu, y ciertamente hubieran podido
-sublevarse sin instigación especial. Asegurose<span class="pagenum"
-id="Page_78">p. 78</span> entonces que el príncipe de Asturias había
-dicho a un guardia de corps en quien confiaba «esta noche es el
-viaje, y yo no quiero ir», y se añadió que con el aviso cobraron más
-resolución los que estaban dispuestos a impedirle. Nosotros tenemos
-entendido que para el efecto advirtió S. A. a Don Manuel Francisco
-Jáuregui, amigo suyo, quien como oficial de guardias pudo fácilmente
-concertarse con sus compañeros de inteligencia ya con otros de los
-demás cuerpos. Prevenidos de esta manera, el alboroto hubiera comenzado
-al tiempo de partir la familia real; una casualidad le anticipó.</p>
-
-<div class="sidenote">Primera<br/> conmoción<br/> de Aranjuez.</div>
-
-<p>Puestos todos en vela rondaba voluntariamente el paisanaje durante
-la noche, capitaneándole disfrazado, bajo nombre de tío Pedro, el
-inquieto y bullicioso conde del Montijo, cuyo nombre en adelante
-casi siempre estará mezclado con los ruidos y asonadas. Andaba
-asimismo patrullando la tropa, y unos y otros custodiaban de cerca,
-y observaban particularmente la casa del príncipe de la Paz. Entre
-once y doce salió de ella muy tapada Doña Josefa Tudó, llevando por
-escolta a los guardias de honor del generalísimo: quiso una patrulla
-descubrir la cara de la dama, la cual resistiéndolo excitó una ligera
-reyerta, disparando al aire un tiro uno de los que estaban presentes.
-Quién afirma fue el oficial Tuyols que acompañaba a Doña Josefa para
-que vinieran en su ayuda, quién el guardia Merlo para avisar a los
-conjurados. Lo cierto es que estos lo tomaron por una señal, pues al
-instante un trompeta apostado al intento tocó a caballo, y la tropa
-corrió a los diversos<span class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span>
-puntos por donde el viaje podía emprenderse. Entonces y levantándose
-terrible estrépito, gran número de paisanos, otros transformados en
-tales, criados de palacio y monteros del infante Don Antonio, con
-muchos soldados desbandados, acometieron la casa de Don Manuel Godoy,
-forzaron su guardia, y la entraron como a saco, escudriñando por todas
-partes, y buscando en balde al objeto de su enfurecida rabia. Creyose
-por de pronto que a pesar de la extremada vigilancia se había su
-dueño salvado por alguna puerta desconocida o excusada, y que o había
-desamparado a Aranjuez, u ocultádose en palacio. El pueblo penetró
-hasta lo más escondido, y aquellas puertas antes solo abiertas al
-favor, a la hermosura y a lo más brillante y escogido de la corte,
-dieron franco paso a una soldadesca desenfrenada y tosca, y a un
-populacho sucio y desaliñado, contrastando tristemente lo magnífico
-de aquella mansión con el descuidado arreo de sus nuevos y repentinos
-huéspedes. Pocas horas habían transcurrido cuando desapareció tanta
-desconformidad, habiendo sido despojados los salones y estrados de
-sus suntuosos y ricos adornos para entregarlos al destrozo y a las
-llamas. Repetida y severa lección que a cada paso nos da la caprichosa
-fortuna en sus continuados vaivenes. El pueblo si bien quemó y destruyó
-los muebles y objetos preciosos, no ocultó para sí cosa alguna,
-ofreciendo el ejemplo del desinterés más acendrado. La publicidad
-siendo en tales ocasiones un censor inflexible, y uniéndose a un cierto
-linaje de generoso entusiasmo, enfrena al mismo desorden, y pone coto
-a algunos<span class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span> de sus
-excesos y demasías. Las veneras, los collares y todos los distintivos
-de las dignidades supremas a que Godoy había sido ensalzado, fueron
-preservados y puestos en manos del rey; poderoso indicio de que entre
-el populacho había personas capaces de distinguir los objetos que era
-conveniente respetar y guardar, y aquellos que podían ser destruidos.
-La princesa de la Paz, mirada como víctima de la conducta doméstica
-de su marido, y su hija fueron bien tratadas y llevadas a palacio
-tirando la multitud de su berlina. Al fin restablecida la tranquilidad
-volvieron los soldados a sus cuarteles, y para custodiar la saqueada
-casa se pusieron dos compañías de guardias españolas y valonas con
-alguna más tropa que alejase al populacho de sus avenidas.</p>
-
-<div class="sidenote">Decreto<br/> de Carlos IV.<br/> (* Ap. n. <a
-href="#Ap_2-2" id="Ll_2-2">2-2</a>.)</div>
-
-<p>La mañana del 18 dio el rey [*] un decreto exonerando al príncipe
-de la Paz de sus empleos de generalísimo y almirante, y permitiéndole
-escoger el lugar de su residencia. <span class="sidenote">(* Ap. n.
-<a href="#Ap_2-3" id="Ll_2-3">2-3</a>.)</span> También anunció a
-Napoleón esta resolución que en gran manera le sorprendió.[*] El pueblo
-arrebatado de gozo con la novedad corrió a palacio a vitorear a la
-familia real que se asomó a los balcones conformándose con sus ruegos.
-<span class="sidenote">Prisión de<br/> D. Diego Godoy.</span> En nada
-se turbó aquel día el público sosiego sino por el arresto de Don Diego
-Godoy, quien despojado por la tropa de sus insignias fue llevado al
-cuartel de guardias españolas, de cuyo cuerpo era coronel: pernicioso
-ejemplo entonces aplaudido y después desgraciadamente renovado en
-ocasiones más calamitosas.</p>
-
-<div class="sidenote">Continúa<br/> la agitación<br/> y temores<br/> de
-otra<br/> conmoción.</div>
-
-<p>Parecía que desbaratado el viaje de la real<span class="pagenum"
-id="Page_81">p. 81</span> familia y abatido el príncipe de la Paz,
-eran ya cumplidos los deseos de los amotinados; mas todavía continuaba
-una terrible y sorda agitación. Los reyes temerosos de otra asonada,
-mandaron a los ministros del despacho que pasasen la noche del 18 al 19
-en palacio. Por la mañana el príncipe de Castel-Franco y los capitanes
-de guardias de Corps, conde de Villariezo y marqués de Albudeite,
-avisaron personalmente a SS. MM. que dos oficiales de guardias con
-la mayor reserva y bajo palabra de honor acababan de prevenirles que
-para aquella noche un nuevo alboroto se preparaba mayor y más recio
-que el de la precedente. Habiéndoles preguntado el marqués Caballero
-si estaban seguros de su tropa, respondieron encogiéndose de hombros
-«que solo el príncipe de Asturias podía componerlo todo.» Pasó entonces
-Caballero a verse con S. A., y consiguió que, trasladándose al cuarto
-de sus padres, les ofreciese que impediría por medio de los segundos
-jefes de los cuerpos de la casa real la repetición de nuevos alborotos,
-como también el que mandaría a varias personas, cuya presencia en el
-sitio era sospechosa, que regresasen a Madrid, disponiendo al mismo
-tiempo que criados suyos se esparciesen por la población para acabar
-de aquietar el desasosiego que aún subsistía. Estos ofrecimientos del
-príncipe dieron cuerpo a la sospecha de que en mucha parte obraban de
-concierto con él los sediciosos, no habiendo habido de casual sino el
-momento en que comenzó el bullicio, y tal vez el haber después ido más
-allá de lo que en un principio se habían propuesto.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span>Tomadas aquellas
-determinaciones no se pensaba en que la tranquilidad volvería a
-perturbarse, e inesperadamente a las diez de la mañana se suscitó
-un nuevo y estrepitoso tumulto. <span class="sidenote">Segunda<br/>
-conmoción<br/> de Aranjuez:<br/> Prisión de Godoy.</span> El príncipe
-de la Paz, a quien todos creían lejos del sitio, y los reyes mismos
-camino de Andalucía, fue descubierto a aquella hora en su propia casa.
-Cuando en la noche del 17 al 18 habían sido asaltados sus umbrales,
-se disponía a acostarse, y al ruido, cubriéndose con un capote de
-bayetón que tuvo a mano, cogiendo mucho oro en sus bolsillos y tomando
-un panecillo de la mesa en que había cenado, trató de pasar por una
-puerta escondida a la casa contigua que era la de la duquesa viuda de
-Osuna. No le fue dado fugarse por aquella parte, y entonces se subió a
-los desvanes, y en el más desconocido se ocultó metiéndose en un rollo
-de esteras. Allí permaneció desde aquella noche por el espacio de 36
-horas privado de toda bebida y con la inquietud y desvelo propio de su
-crítica y angustiada posición. Acosado de la sed tuvo al fin que salir
-de su molesto y desdichado asilo. Conocido por un centinela de guardias
-valonas que al instante gritó a las armas, no usó de unas pistolas que
-consigo traía, fuera cobardía o más bien desmayo con el largo padecer.
-Sabedor el pueblo de que se le había encontrado se agolpó hacia su
-casa, y hubiera allí perecido si una partida de guardias de Corps no
-le hubiese protegido a tiempo. Condujéronle estos a su cuartel, y en
-el tránsito acometiéndole la gente con palas, estacas y todo género
-de armas e instrumentos procuraba matarle o herirle buscando camino
-a<span class="pagenum" id="Page_83">p. 83</span> sus furibundos golpes
-por entre los caballos y los guardias, quienes escudándole le libraron
-de un trágico y desastroso fin. Para mayor seguridad, creciendo el
-tumulto, aceleraron los guardias el paso, y el desgraciado preso en
-medio y apoyándose sobre los arzones de las sillas de dos caballos
-seguía su levantado trote ijadeando, sofocado y casi llevado en vilo.
-La travesía considerable que desde su casa había al paraje adonde le
-conducían, sobre todo teniendo que cruzar la espaciosa plazuela de San
-Antonio, hubiera dado mayor facilidad al furor popular para acabar
-con su vida, si temerosos los que le perseguían de herir a alguno de
-los de la escolta no hubiesen asestado sus tiros de un modo incierto
-y vacilante. Así fue que aunque magullado y contuso en varias partes
-de su cuerpo, solo recibió una herida algo profunda sobre una ceja. En
-tanto avisado Carlos IV de lo que pasaba ordenó a su hijo que corriera
-sin tardanza y salvara la vida de su malhadado amigo. Llegó el príncipe
-al cuartel adonde le habían traído preso, y con su presencia contuvo
-a la multitud. Entonces diciéndole Fernando que le perdonaba la vida,
-conservó bastante serenidad para preguntarle a pesar del terrible
-trance «si era ya rey» a lo que le respondió «todavía no, pero luego
-lo seré.» Palabras notables y que demuestran cuán cercana creía su
-exaltación al solio. Aquietado el pueblo con la promesa que el príncipe
-de Asturias le reiteró muchas veces de que el preso sería juzgado y
-castigado conforme a las leyes, se dispersó y se recogió cada uno
-tranquilamente a su casa. Godoy desposeído de su<span class="pagenum"
-id="Page_84">p. 84</span> grandeza volvió adonde había habitado antes
-de comenzarse aquella, y maltratado y abatido quedó entregado en su
-soledad a su incierta y horrenda suerte. Casi todos a excepción de los
-reyes padres le abandonaron, que la amistad se eclipsa al llegar el
-nublado de la desgracia. Y aquel a cuyo nombre la mayor parte de la
-monarquía todavía temblaba, echado sobre unas pajas y hundido en la
-amargura, era quizá más desventurado que el más desventurado de sus
-habitantes. Así fue derrocado de la cumbre del poder este hombre que
-de simple guardia de Corps se alzó en breve tiempo a las principales
-dignidades de la corona, y se vio condecorado con sus órdenes y
-distinguido con nuevos y exorbitantes honores. ¿Y cuáles fueron los
-servicios para tanto valimiento; cuáles los singulares hechos que le
-abrieron la puerta y le dieron suave y fácil subida a tal grado de
-sublimada grandeza? Pesa el decirlo. La desenfrenada corrupción y
-una privanza fundada, ¡oh baldón!, en la profanación del tálamo real.
-Menester sería que retrocediésemos hasta Don Beltrán de la Cueva para
-tropezar en nuestra historia con igual mancilla, y aun entonces si
-bien aquel valido de Enrique IV principió su afortunada carrera por el
-modesto empleo de paje de lanza, y se encaminó como Godoy por la senda
-del deshonor regio, nunca remontó su vuelo a tan desmesurada altura,
-teniendo que partir su favor con Don Juan Pacheco, y cederle a veces al
-temido y fiero rival.</p>
-
-<div class="sidenote">Retrato de Godoy.</div>
-
-<p>Don Manuel Godoy había nacido en Badajoz en 12 de mayo de 1767, de
-familia noble<span class="pagenum" id="Page_85">p. 85</span> pero
-pobre. Su educación había sido descuidada; profunda era su ignorancia.
-Naturalmente dotado de cierto entendimiento, y no falto de memoria,
-tenía facilidad para enterarse de los negocios puestos a su cuidado.
-Vario e inconstante en sus determinaciones deshacía en un día y
-livianamente lo que en otro sin más razón había adoptado y aplaudido.
-Durante su ministerio de estado, a que ascendió en los primeros años
-de su favor, hizo convenios solemnes con Francia perjudiciales y
-vergonzosos; primer origen de la ruina y desolación de España. Desde
-el tiempo de la escandalosa campaña de Portugal mandó el ejército con
-el título de generalísimo; no teniendo a sus ojos la ilustre profesión
-de las armas otro atractivo ni noble cebo que el de los honores y
-sueldos; nunca se instruyó en los ejercicios militares; nunca dirigió
-ni supo las maniobras de los diversos cuerpos; nunca se acercó al
-soldado ni se informó de sus necesidades o reclamaciones; nunca en
-fin organizó la fuerza armada de modo que la nación en caso oportuno
-pudiera contar con un ejército pertrechado y bien dispuesto, ni él con
-amigos y partidarios firmes y resueltos: así la tropa fue quien primero
-le abandonó. Reducíase su campo de instrucción a una mezquina parada
-que algunas veces ofrecía delante de su casa a manera de espectáculo
-a los ociosos de la capital y a sus bajos y por desgracia numerosos
-aduladores: ridículo remedo de las paradas que en París solía tener
-Napoleón. Tan pronto protegía a los hombres de saber y respeto,
-tan pronto los humillaba. Al paso que fomentaba una ciencia<span
-class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span> particular, o creaba una
-cátedra, o sostenía alguna mejora, dejaba que el marqués Caballero,
-enemigo declarado de la ilustración y de los buenos estudios, imaginase
-un plan general de instrucción pública para todas las universidades
-incoherente y poco digno del siglo, permitiéndole también hacer en los
-códigos legales omisiones y alteraciones de suma importancia. Aunque
-confinaba lejos de la corte y desterraba a cuantos creía desafectos
-suyos o le desagradaban, ordinariamente no llevaba más allá sus
-persecuciones ni fue cruel por naturaleza: solo se mostró inhumano y
-duro con el ilustre Jovellanos. Sórdido en su avaricia vendía como
-en pública almoneda los empleos, las magistraturas, las dignidades,
-los obispados, ya para sí, ya para sus amigas, o ya para saciar los
-caprichos de la reina. La hacienda fue entregada a arbitristas más
-bien que a hombres profundos en este ramo, teniéndose que acudir a
-cada paso a ruinosos recursos para salir de los continuos tropiezos
-causados por el derroche de la corte y por gravosas estipulaciones.
-Desembozado y suelto en sus costumbres dio ocasión a que entre el
-vulgo se pusiese en crédito el esparcido rumor de estar casado con
-dos mujeres: habiéndose dicho que era una Doña María Teresa de Borbón,
-prima carnal del rey, que fue considerada como la verdadera, y otra
-Doña Josefa Tudó, su particular amiga, de buena índole y de condición
-apacible, y tan aficionada a su persona que quiso consignar en la
-gracia que se le acordó de condesa de <i>Castillo-Fiel</i> el timbre de
-su incontrastable fidelidad. Conteníale a veces<span class="pagenum"
-id="Page_87">p. 87</span> en sus prontos y violentos arrebatos. Godoy
-en el último año llegó al ápice de su privanza, habiendo recibido con
-la dignidad de grande almirante el tratamiento de alteza, distinción no
-concedida antes en España a ningún particular. Su fausto fue extremado,
-su acompañamiento espléndido, su guardia mejor vestida y arreada que
-la del rey: honrado en tanto grado por su soberano fue acatado por
-casi todos los grandes y principales personajes de la monarquía.
-¡Qué contraste verle ahora y comparar su suerte con aquella en que
-aún brillaba dos días antes! Situación que recuerda la del favorito
-Eutropio que tan elocuentemente nos pinta uno de los primeros padres
-de la Iglesia griega.[*] <span class="sidenote">(* San Juan<br/>
-Crisóstomo:<br/> Ap. n. <a href="#Ap_2-4" id="Ll_2-4">2-4</a>.)</span>
-«Todo pereció, dice; una ráfaga de viento soplando reciamente despojó
-aquel árbol de sus hojas, y nos le mostró desnudo y conmovido hasta en
-su raíz... ¿quién había llegado a tanta excelsitud? ¿No aventajaba a
-todos en riquezas? ¿no había subido a las mayores dignidades? ¿No le
-temían todos y temblaban a su nombre? Y ahora más miserable que los
-hombres que están presos y aherrojados; más necesitado que el último
-de los esclavos y mendigos, solo ve agudas armas vueltas contra su
-persona; solo ve destrucción y ruina, los verdugos y el camino de la
-muerte.» Pasmosa semejanza y tal que en otros tiempos hubiera llevado
-visos de sobrehumana profecía.</p>
-
-<div class="sidenote">Tercer<br/> movimiento<br/> de Aranjuez.</div>
-
-<p>Encerrado el príncipe de la Paz en el cuartel de guardias de Corps,
-y retirado el pueblo, como hemos dicho, a instancias y en virtud de las
-promesas que le hizo el príncipe de Asturias,<span class="pagenum"
-id="Page_88">p. 88</span> se mantuvo quieto y sosegado, hasta que a las
-dos de la tarde un coche con seis mulas a la puerta de dicho cuartel
-movió gran bulla, habiendo corrido la voz que era para llevar al preso
-a la ciudad de Granada. El pueblo en un instante cortó los tirantes de
-las mulas y descompuso y estropeó el coche.</p>
-
-<p>El rey Carlos y la reina María Luisa sobrecogidos con las nuevas
-demostraciones del furor popular, temieron peligrase la vida de
-su desgraciado amigo. <span class="sidenote">Abdicación<br/> de
-Carlos IV<br/> el 19 de marzo.</span> El rey achacoso y fatigado
-con los desusados bullicios, persuadido además por las respetuosas
-observaciones de algunos que en tal aprieto le representaron como
-necesaria la abdicación en favor de su hijo, y sobre todo creyendo
-juntamente con su esposa que aquella medida sería la sola que podría
-salvar la vida a Don Manuel Godoy, resolvió convocar para las siete
-de la noche del mismo día 19 a todos los ministros del despacho y
-renunciar en su presencia la corona, colocándola en las sienes del
-príncipe heredero. Este acto fue concebido en los términos siguientes:
-«Como [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-5"
-id="Ll_2-5">2-5</a>.)</span> los achaques de que adolezco no me
-permiten soportar por más tiempo el grave peso del gobierno de mis
-reinos, y me sea preciso para reparar mi salud gozar en un clima más
-templado de la tranquilidad de la vida privada, he determinado después
-de la más seria deliberación abdicar mi corona en mi heredero y mi muy
-caro hijo el príncipe de Asturias. Por tanto es mi real voluntad que
-sea reconocido y obedecido como rey y señor natural de todos mis reinos
-y dominios. Y para que este mi real decreto de<span class="pagenum"
-id="Page_89">p. 89</span> libre y espontánea abdicación tenga su éxito
-y debido cumplimiento, lo comunicaréis al consejo y demás a quien
-corresponda. — Dado en Aranjuez a 19 de marzo de 1808. — Yo el rey.
-— A Don Pedro Cevallos.»</p>
-
-<p>Divulgada por el sitio la halagüeña noticia, fue indecible el
-contento y la alegría; y corriendo el pueblo a la plazuela de palacio,
-al cerciorarse de tamaño acontecimiento unánimemente prorrumpió en
-víctores y aplausos. El príncipe después de haber besado la mano a su
-padre se retiró a su cuarto en donde fue saludado como nuevo rey por
-los ministros, grandes y demás personas que allí asistían.</p>
-
-<div class="sidenote">Conmoción<br/> de Madrid<br/> del 19<br/> y 20 de
-marzo.</div>
-
-<p>En Madrid se supo en la tarde del 19 la prisión de Don Manuel
-Godoy, y al anochecer se agrupó y congregó el pueblo en la plazuela
-del Almirante, así denominada desde el ensalzamiento de aquel a
-esta dignidad, y sita junto al palacio de los duques de Alba. Allí
-levantando gran gritería con <i>vivas</i> al rey y <i>mueras</i>
-contra la persona del derribado valido, acometieron los amotinados su
-casa inmediata al paraje de la reunión, y arrojando por las ventanas
-muebles y preciosidades, quemáronlo todo sin que nada se hubiese
-robado ni escondido. Después, distribuidos en varios bandos, y saliendo
-otros de puntos distintos con hachas encendidas, repitieron la misma
-escena en varias casas, y señaladamente recibieron igual quebranto en
-las suyas la madre del príncipe de la Paz, su hermano Don Diego, su
-cuñado marqués de Branciforte, los ex-ministros Álvarez y Soler, y Don
-Manuel Sixto Espinosa, conservándose en medio<span class="pagenum"
-id="Page_90">p. 90</span> de las bulliciosas asonadas una especie de
-orden y concierto.</p>
-
-<p>Siendo universal el júbilo con la caída de Godoy, fue colmado entre
-los que supieron a las once de la noche que Carlos IV había abdicado.
-Pero como era tarde la noticia no cundió bastantemente por el pueblo
-hasta el día siguiente, domingo, confirmándose de oficio por carteles
-del consejo que anunciaban la exaltación de Fernando VII. Entonces el
-entusiasmo y gozo creció a manera de frenesí, llevando en triunfo por
-todas las calles el retrato del nuevo rey, que fue al último colocado
-en la fachada de la casa de la Villa. Continuó la algazara y la alegría
-toda aquella noche del 20; pero habiéndose ya notado en ella varios
-excesos, fueron inmediatamente reprimidos por el consejo, y por orden
-suya cesó aquel nuevo género de regocijos.</p>
-
-<div class="sidenote">Alborotos<br/> en las provincias.</div>
-
-<p>En las más de las ciudades y pueblos del reino hubo también fiesta
-y motín, arrastrando el retrato de Godoy que los mismos pueblos
-habían a sus expensas colocado en las casas consistoriales: si bien
-es verdad que ahora su imagen era abatida y despedazada con general
-consentimiento, y antes habían sido muy pocos los que la habían erigido
-y reverenciado buscando por este medio empleos y honores en la única
-fuente de donde se derivaban las gracias: el pueblo siempre reprobó con
-expresivo murmullo aquellas lisonjas de indignos conciudadanos.</p>
-
-<div class="sidenote">Juicio sobre<br/> la abdicación<br/> de Carlos
-IV.</div>
-
-<p>Fue tal el gusto y universal contento, ya con la caída de Don
-Manuel Godoy y ya también con la abdicación de Carlos IV, que nadie
-reparó entonces en el modo con que este último<span class="pagenum"
-id="Page_91">p. 91</span> e importante acto se había celebrado, y si
-había sido o no concluido con entera y cumplida libertad: todos lo
-creían así llevados de un mismo y general deseo. Sin embargo graves
-y fundadas dudas se suscitaron después. Por una parte Carlos IV se
-había mostrado a veces propenso a alejarse de los negocios públicos,
-y María Luisa en su correspondencia declara que tal era su intención
-cuando su hijo se hubiera casado con una princesa de Francia. Confirmó
-su propósito Carlos al recibir al cuerpo diplomático con motivo de su
-abdicación, pues dirigiendo la palabra a Mr. de Strogonoff, ministro
-de Rusia, le dijo: «En mi vida he hecho cosa con más gusto.» Pero por
-otra parte es de notar que la renuncia fue firmada en medio de una
-sedición, no habiendo Carlos IV en la víspera de aquel día dado indicio
-de querer tan pronto efectuar su pensamiento, porque exonerando al
-príncipe de la Paz del mando del ejército y de la marina se encargó el
-mismo rey del manejo supremo. En la mañana del 19 tampoco anunció cosa
-alguna relativa a su próxima abdicación; y solo al segundo alboroto
-en la tarde y cuando creyó juntamente con la reina poner a salvo por
-aquel medio a su caro favorito, resolvió ceder el trono y retirarse
-a vida particular. El público, lejos de entrar en el examen de tan
-espinosa cuestión, censuró amargamente al consejo, porque conforme a
-su formulario había pasado a informe de sus fiscales el acto de la
-abdicación: también se le reprendió con severidad por los ministros
-del nuevo rey, ordenándole que inmediatamente lo publicase,<span
-class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span> como lo verificó el 20 a
-las tres de la tarde. El consejo obró de esta manera por conservar
-la fórmula con que acostumbraba proceder en sus determinaciones, y
-no con ánimo de oponerse y menos aún con el de reclamar los antiguos
-usos y prácticas de España. Para lo primero ni tenía interés, ni le
-era dado resistir al torrente del universal entusiasmo manifestado
-en favor de Fernando; y para lo segundo, pertinaz enemigo de cortes o
-de cualquiera representación nacional, más bien se hubiera mostrado
-opuesto que inclinado a indicar o promover su llamamiento. Sin embargo
-para desvanecer todo linaje de dudas, conveniente hubiera sido
-repetir el acto de la abdicación de un modo más solemne y en ocasión
-más tranquila y desembarazada. Los acontecimientos que de repente
-sobrevinieron pudieron servir de fundada disculpa a aquella omisión;
-mas parándonos a considerar quiénes eran los íntimos consejeros de
-Fernando, cuáles sus ideas y cuál su posterior conducta, podemos
-afirmar sin riesgo que nunca hubieran para aquel objeto congregado
-cortes, graduando su convocación de intempestiva y peligrosa. Con todo
-su celebración a ser posible hubiera puesto a la renuncia de Carlos
-IV [conformándose con los antiguos usos de España] un sello firme e
-incontrastable de legitimidad. Congregar cortes para asunto de tanta
-gravedad fue constante costumbre nunca olvidada en las muchas renuncias
-que hubo en los diferentes reinos de España. Las de Doña Berenguela y
-la intentada por Don Juan I en Castilla; la de Don Ramiro el monje en
-Aragón<span class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span> con todas las
-otras más o menos antiguas fueron ejecutadas y cumplidas con la misma
-solemnidad, hasta que la introducción de dinastías extranjeras alteró
-práctica tan fundamental, siendo al parecer lamentable prerrogativa
-de aquellos príncipes atropellar nuestros fueros, conservar nuestros
-vicios, y olvidándose de lo bueno que en su patria dejaban, traernos
-solamente lo perjudicial y nocivo. Así fue que en las dos célebres
-cesiones de Carlos I y Felipe V no se llamó a cortes ni se guardaron
-las antiguas formalidades. Verdad es que no hubo ni en una ni en
-otra asomo de violencia, y a la de [*] <span class="sidenote">(*
-Ap. n. <a href="#Ap_2-6" id="Ll_2-6">2-6</a>.)</span> Carlos
-I celebrada en Bruselas públicamente con gran pompa y aparato
-asistieron además muchos grandes. La de Felipe V fue más silenciosa,
-poniendo en esta parte nuestros monarcas más y más en olvido la
-respetable antigüedad según que se acercaban a nuestro tiempo.
-El rey dijo que obraba [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a
-href="#Ap_2-7" id="Ll_2-7">2-7</a>.)</span> «con consentimiento
-y de conformidad con la reina su muy cara y muy amada esposa.»
-Singular modo de autorizar acto de tanta trascendencia y de interés
-tan general. La opinión entonces a pesar de estar reprimida no
-quedó satisfecha, pues los «jurisperitos y los mismos del consejo
-real,[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-8"
-id="Ll_2-8">2-8</a>.)</span> nos dice el marqués de San Felipe, veían
-que no era válida la renuncia no hecha con acuerdo de sus vasallos...
-pero nadie replicó, pues al consejo real no se le preguntó sobre
-la validación de la renuncia, sino se le mandó que obedeciese el
-decreto...» Ahora lo mismo: ni a nadie se le preguntó cosa alguna, ni
-nadie replicó esperándolo todo de la caída de Godoy y del ensalzamiento
-de Fernando:<span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span>
-imprevisión propia de las naciones que entregándose ciegamente a la
-sola y casual sucesión de las personas, no buscan en las leyes e
-instituciones el sólido fundamento de su felicidad.</p>
-
-<div class="sidenote">Ministros del<br/> nuevo monarca.</div>
-
-<p>Exaltado al solio Fernando VII del nombre, conservó por de pronto a
-los mismos ministros de su padre, pero sucesivamente removió a los más
-de ellos. Fue el primero que estuvo en este caso Don Miguel Cayetano
-Soler, dotado de cierto despejo, y que encargado de la hacienda fue más
-bien arbitrista que hombre verdaderamente entendido en aquel ramo. Se
-puso en su lugar a Don Miguel José de Azanza, antiguo virrey de Méjico,
-quien confinado en Granada gozaba del concepto de hombre de mucha
-probidad. Quedó en estado Don Pedro Cevallos con decreto honorífico
-para que no le perjudicase su enlace con una prima hermana del príncipe
-de la Paz. Teníanle en el reinado anterior por cortesano dócil, estaba
-adornado de cierta instrucción, y si bien no descuidó los intereses
-personales y de familia, pasó en la corrompida corte de Carlos IV
-por hombre de bien. Se notó posteriormente en su conducta propensión
-fácil a acomodarse a varios y encontrados gobiernos. Continuó al
-frente de la marina Don Francisco Gil y Lemus, anciano respetable y de
-carácter entero y firme. Sucedió a pocos días en guerra al enfermizo
-y ceremonioso Don Antonio Olaguer Feliú el general Don Gonzalo
-Ofárril, recién venido de Toscana, en donde había mandado una división
-española. Gozaba créditos de hombre de saber y de más aventajado<span
-class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span> militar. Empezó por
-nombrársele director general de artillería, y elevado al ministerio fue
-acometido de una enfermedad grave que causó vivo y general sentimiento:
-tanta era la opinión de que gozaba, la cual hubiera conservado intacta
-si la suerte de que todos se lamentaban hubiera terminado su carrera.
-El marqués Caballero, ministro de gracia y justicia, enemigo del saber,
-servidor atento y solícito de los caprichos licenciosos de la reina,
-perseguidor del mérito y de los hombres esclarecidos, había sido hasta
-entonces universalmente despreciado y aborrecido. Viendo en marzo a
-qué lado se inclinaba la fortuna, varió de lenguaje y de conducta, y
-en tanto grado que se le creyó por algún tiempo autor en parte de lo
-acaecido en Aranjuez: debió a su oportuna mudanza habérsele conservado
-en su ministerio durante algunos días. Pero perseguido por su anterior
-desconcepto y ofreciendo poca confianza, pasó en cambio de su puesto a
-ser presidente de uno de los consejos: contribuyó mucho a su separación
-el haber maliciosamente retardado cuatro días el despacho de la orden
-que llamaba a Madrid de su confinamiento a Don Juan Escóiquiz. Entró
-en el despacho de gracia y justicia Don Sebastián Piñuela, ministro
-anciano del consejo. Se alzaron los destierros a Don Mariano Luis de
-Urquijo, al conde de Cabarrús y al sabio y virtuoso Don Gaspar Melchor
-de Jovellanos, víctima la más desgraciada y con más saña perseguida
-en la privanza de Godoy. También fueron llamados todos los individuos
-comprendidos en la causa del Escorial, mereciendo entre ellos<span
-class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span> particular mención Don Juan
-Escóiquiz, el duque del Infantado y el de San Carlos.</p>
-
-<div class="sidenote">Escóiquiz.</div>
-
-<p>Era Don Juan Escóiquiz hijo de un general y natural de Navarra.
-Educado en la casa de pajes del rey, prefirió al estruendo de las
-armas el quieto y pacífico estado eclesiástico, y obtuvo una canonjía
-en la catedral de Zaragoza de donde pasó a ser maestro del príncipe
-de Asturias. En el nuevo y honroso cargo en vez de formar el tierno
-corazón de su augusto discípulo infundiendo en él máximas de virtud
-y tolerancia; en vez de enriquecer su mente y adornarla de útiles y
-adecuados conocimientos, se ocupó más bien en intrigas y enredos de
-corte ajenos de su estado, y sobre todo de su magisterio. Queriendo
-derribar a Godoy se atrajo su propia desgracia y se le alejó de la
-enseñanza del príncipe, dándole en la iglesia de Toledo el arcedianato
-de Alcaraz. Desde allí continuó sus secretos manejos, hasta que al
-fin de resultas de la causa del Escorial se le confinó al convento
-del Tardón. Aficionado a escribir en prosa y verso no descolló en las
-letras más que en la política. Tradujo del inglés, con escaso numen, el
-<i>Paraíso perdido</i> de Milton, y de sus obras en prosa debe en particular
-mencionarse una defensa que publicó del tribunal de la Inquisición;
-parto torcido de su poco venturoso ingenio. Fue siempre ciego admirador
-de Bonaparte, y creciendo de punto su obcecación comprometió con
-ella al príncipe su discípulo, y sepultó al reino en un abismo de
-desgracias. Presumido y ambicioso, somero en su saber, sin conocimiento
-práctico del corazón humano y menos de la corte y de los gobiernos
-extraños,<span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span> se imaginó
-que, cual otro Jiménez de Cisneros, desde el rincón de su coro de Toledo
-saliendo de nuevo al mundo, regiría la monarquía y sujetaría a la
-estrecha y limitada esfera de su comprensión la extensa y vasta del
-indomable emperador de los franceses. Condecorado con la gran cruz de
-Carlos III, fue nombrado por el nuevo rey consejero de Estado, y como
-tal asistió a las importantes discusiones de que hablaremos muy pronto.
-<span class="sidenote">El duque<br/> del Infantado.</span> El duque
-del Infantado dado al estudio de algunas ciencias, fomentador en sus
-estados de la industria y de ciertas fábricas, gozaba de buen nombre,
-realzado por su riqueza, por el lustre de su casa, y principalmente
-por las persecuciones que su desapego al príncipe de la Paz le habían
-acarreado. Como coronel ahora de guardias españolas y presidente del
-consejo real tomó parte en los arduos negocios que ocurrieron, y no
-tardó en descubrir la flojedad y distracción de su ánimo, careciendo
-de aquella energía y asidua aplicación que se requiere en las materias
-graves. Tan cierto es que hombres cuyo concepto ha brillado en la
-vida privada o en tiempos serenos, se eclipsan si son elevados a
-puesto más alto, o si alcanzan días turbulentos y borrascosos. <span
-class="sidenote">El duque<br/> de San Carlos.</span> Dio la América el
-ser al duque de San Carlos, quien después de haber hecho la campaña
-contra Francia en 1793, fue nombrado ayo del príncipe de Asturias, y
-desterrado al fin de la corte con motivo de la causa del Escorial. La
-reina María Luisa decía que era el más falso de todos los amigos de su
-hijo; pero sin atenernos ciegamente a tan parcial testimonio, cierto
-es que durante la privanza de Godoy no mostró<span class="pagenum"
-id="Page_98">p. 98</span> respecto del favorito el mismo desvío que
-el duque del Infantado, y solícito lisonjero buscó en su genealogía
-el modo de entroncarse y emparentar con el ídolo a quien tantos
-reverenciaban. Escogido para mayordomo mayor en lugar del marqués de
-Mos, estuvo especialmente a su cargo, junto con el del Infantado y
-Escóiquiz, dirigir la nave del estado en medio del recio temporal que
-había sobrevenido, e inexperto y desavisado la arrojó contra conocidos
-escollos tan desatentadamente como sus compañeros.</p>
-
-<div class="sidenote">Primeras<br/> providencias del<br/> nuevo
-reinado.</div>
-
-<p>Fueron las primeras providencias del nuevo reinado o poco
-importantes o dañosas al interés público, empezándose ya entonces el
-fatal sistema de echar por tierra lo actual y existente, sin otro
-examen que el de ser obra del gobierno que había antecedido. Se abolía
-la superintendencia general de policía creada el año anterior, y se
-dejaba resplandeciente y viva la horrible Inquisición. Permitíase en
-los sitios y bosques reales la destrucción de alimañas, y se suspendía
-la venta del séptimo de los bienes eclesiásticos concedida y aprobada
-dos años antes por bula del Papa: medida necesaria y urgentísima
-en España, obstruida en su prosperidad con la embarazosa traba del
-casi total estancamiento de la propiedad territorial; medida que,
-repetimos, hubiera convenido mantener con firmeza, cuidando solamente
-de que se invirtiese el producto de la venta en procomunal. Se
-suprimió también un impuesto sobre el vino con el objeto de halagar
-a los contribuyentes, como si abandonando el verdadero y sólido
-interés del estado no fuera muy reprensible dejarse llevar de una
-mal<span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span> entendida y
-efímera popularidad. Pero aquellas providencias fueran o no oportunas,
-apenas fijaron la atención de España, inquieto el ánimo con el cúmulo
-de acontecimientos que unos en pos de otros sobrevinieron y se
-atropellaron.</p>
-
-<div class="sidenote">Proceso del<br/> príncipe de la Paz<br/> y de
-otros,<br/> 23 de marzo.</div>
-
-<p>El príncipe de la Paz en la mañana del 23 de marzo había sido
-trasladado desde Aranjuez al castillo de Villaviciosa, escoltándole los
-guardias de corps a las órdenes del marqués de Castelar, comandante
-de alabarderos, y allí fue puesto en juicio. Fuéronlo igualmente su
-hermano Don Diego, el ex-ministro Soler, Don Luis Viguri, antiguo
-intendente de la Habana, el corregidor de Madrid Don José Marquina,
-el tesorero general Don Antonio Noriega, el director de la caja
-de consolidación Don Miguel Sixto Espinosa, Don Simón de Viegas,
-fiscal del consejo, y el canónigo Don Pedro Estala, distinguido como
-literato. Para procesar a muchos de ellos no hubo otro motivo que
-el de haber sido amigos de Don Manuel Godoy, y haberle tributado
-esmerado obsequio; delito, si lo era, en que habían incurrido todos
-los cortesanos y algunos de los que todavía andaban colocados en
-dignidades y altos puestos. Se confiscaron por decreto del rey los
-bienes del favorito, aunque las leyes del reino entonces vigentes
-autorizaban solo el embargo y no la confiscación, puesto que para
-imponer la última pena debía preceder juicio y sentencia legal, no
-exceptuándose ni aquellos casos en que el individuo era acusado del
-crimen de lesa majestad. Además conviene advertir que no obstante
-la justa censura que merecía la ruinosa administración de Godoy, en
-un gobierno<span class="pagenum" id="Page_100">p. 100</span> como
-el de Carlos IV, que no reconocía límite ni freno a la voluntad del
-soberano, difícilmente hubiera podido hacérsele ningún cargo grave,
-sobre todo habiendo seguido Fernando por la pésima y trillada senda
-que su padre le había dejado señalada. El valido había procedido en el
-manejo de los negocios públicos autorizado con la potestad indefinida
-de Carlos IV, no habiéndosele puesto coto ni medida, y lejos de que
-hubiese aquel soberano reprobado su conducta después de su desgracia,
-insistió con firmeza en sostenerle y en ofrecer a su caído amigo el
-poderoso brazo de su patrocinio y amparo. Situación muy diversa de la
-de Don Álvaro de Luna, desamparado y condenado por el mismo rey a quien
-debía su ensalzamiento. Don Manuel Godoy, escudado con la voluntad
-expresa y absoluta de Carlos, solo otra voluntad opresora e ilimitada
-podía atropellarle y castigarle; medio legalmente atroz e injusto,
-pero debido pago a sus demasías, y correspondiente a las reglas que le
-habían guiado en tiempo de su favor.</p>
-
-<div class="sidenote">Grandes enviados<br/> para obsequiar<br/> a
-Murat<br/> y a Napoleón.</div>
-
-<p>Pasados los primeros días de ceremonia y públicos regocijos se
-volvieron los ojos a los huéspedes extranjeros que insensiblemente se
-aproximaban a la capital. La nueva corte soñando felicidades y pensando
-en efectuar el tan ansiado casamiento de Fernando con una princesa de
-la sangre imperial de Francia, se esmeró en dar muestras de amistad y
-afecto al emperador de los franceses y a su cuñado Murat, gran duque de
-Berg. Fue al encuentro de este para obsequiarle y servirle el duque
-del Parque, y salieron en busca del deseado Napoleón, con el<span
-class="pagenum" id="Page_101">p. 101</span> mismo objeto los duques de
-Medinaceli y de Frías, y el conde de Fernán Núñez.</p>
-
-<div class="sidenote">Avanza Murat<br/> hacia Madrid.</div>
-
-<p>Ya hemos indicado como las tropas francesas se avanzaban hacia
-Madrid. El 15 de marzo había Murat salido de Burgos, continuando
-después su marcha por el camino de Somosierra. Traía consigo la guardia
-imperial, numerosa artillería y el cuerpo de ejército del mariscal
-Moncey, al que reemplazaba el de Bessières en los puntos que aquel iba
-desocupando. Dupont también se avanzaba por el lado de Guadarrama con
-toda su fuerza, a excepción de una división que dejó en Valladolid para
-observar las tropas españolas de Galicia. Se había con particularidad
-encargado a Murat que se hiciera dueño de la cordillera que divide las
-dos Castillas, antes que se apoderase de ella Solano u otras tropas;
-igualmente se le previno que interceptara los correos, con otras
-instrucciones secretas, cuya ejecución no tuvo lugar a causa de la
-sumisa condescendencia de la nueva corte.</p>
-
-<p>Murat, inquieto y receloso con lo acaecido en Aranjuez, no quiso
-dilatar más tiempo la ocupación de Madrid, y el 23 entró en la capital
-llevando delante, con deseo de excitar la admiración, la caballería
-de la guardia imperial, y lo más escogido y brillante de su tropa,
-y rodeado él mismo de un lujoso séquito de ayudantes y oficiales
-de estado mayor. No correspondía la infantería a aquella primera y
-ostentosa muestra, constando en general de conscriptos y gente bisoña.
-El vecindario de Madrid, si bien ya temeroso de las intenciones de
-los franceses,<span class="pagenum" id="Page_102">p. 102</span> no
-lo estaba a punto que no los recibiese afectuosamente, ofreciéndoles
-por todas partes refrescos y agasajos. Contribuía no poco a alejar la
-desconfianza el traer a todos embelesados las importantes y repentinas
-mudanzas sobrevenidas en el gobierno. Solo se pensaba en ellas y en
-contarlas y referirlas una y mil veces; ansiando todos ver con sus
-propios ojos y contemplar de cerca al nuevo rey, en quien se fundaban
-lisonjeras e ilimitadas esperanzas, tanto mayores cuanto así descansaba
-el ánimo fatigado con el infausto desconcierto del reinado anterior.</p>
-
-<div class="sidenote">Entrada<br/> de Fernando<br/> en Madrid<br/> en
-24 de marzo.</div>
-
-<p>Fernando, cediendo a la impaciencia pública, señaló el día 24 de
-marzo para hacer su entrada en Madrid. Causó el solo aviso indecible
-contento, saliendo a aguardarle en la víspera por la noche numeroso
-gentío de la capital, y concurriendo al camino con no menor diligencia
-y afán todos los pueblos de la comarca. Rodeado de tan nuevo y
-grandioso acompañamiento llegó a las Delicias, desde donde por la
-puerta de Atocha entró en Madrid a caballo, siguiendo el paseo del
-Prado, y las calles de Alcalá y Mayor hasta palacio. Iban detrás y
-en coche los infantes Don Carlos y Don Antonio. Testigos de aquel
-día de placer y holganza, nos fue más fácil sentirle que nos será
-dar de él ahora una idea perfecta y acabada. Horas enteras tardó el
-rey Fernando en atravesar desde Atocha hasta palacio: con escasa
-escolta, por doquiera que pasaba, estrechado y abrazado por el
-inmenso concurso, lentamente adelantaba el paso, tendiéndosele al
-encuentro las capas con deseo de que fueran holladas por su caballo:
-de las ventanas se tremolaban<span class="pagenum" id="Page_103">p.
-103</span> los pañuelos, y los vivas y clamores saliendo de todas las
-bocas se repetían y resonaban en plazuelas y calles, en tablados y
-casas, acompañados de las bendiciones más sinceras y cumplidas. Nunca
-pudo monarca gozar de triunfo más magnífico ni más sencillo; ni nunca
-tampoco contrajo alguno obligación más sagrada de corresponder con todo
-ahínco al amor desinteresado de súbditos tan fieles.</p>
-
-<div class="sidenote">Conducta<br/> impropia<br/> de Murat.</div>
-
-<p>Murat oscurecido y olvidado con la universal alegría, procuró
-recordar su presencia con mandar que algunas de sus tropas maniobrasen
-en medio de la carrera por donde el rey había de pasar. Desagradó
-orden tan inoportuna en aquel día, como igualmente el que no estando
-satisfecho con el alojamiento que se le había dado en el Buen Retiro,
-por sí y militarmente, sin contar con las autoridades, se hubiese mudado
-a la antigua casa del príncipe de la Paz, inmediata al convento de
-Doña María de Aragón. Acontecimientos eran estos de leve importancia,
-pero que influyeron no poco en indisponer los ánimos del vecindario.
-Aumentose el disgusto a vista del desvío que mostró el mismo Murat
-con el nuevo rey, desvío imitado por el embajador Beauharnais, único
-individuo del cuerpo diplomático que no le había reconocido. La
-corte disculpaba a entrambos con la falta de instrucciones, debida
-a lo impensado de la repentina mudanza; mas el pueblo comparando el
-anterior lenguaje de dicho embajador amistoso y solícito con su fría
-actual indiferencia, atribuía la súbita transformación a causa más
-fundamental. Así fue que la opinión, respecto de los franceses,<span
-class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span> de día en día fue
-trocándose y tomando distinto y contrario rumbo.</p>
-
-<div class="sidenote">Opinión<br/> de España<br/> sobre Napoleón.</div>
-
-<p>Hasta entonces, si bien algunos se recelaban de las intenciones de
-Napoleón, la mayor parte solo veía en su persona un apoyo firme de la
-nación y un protector sincero del nuevo monarca. La perfidia de la toma
-de las plazas u otros sucesos de dudosa interpretación, los achacaban a
-viles manejos de Don Manuel Godoy o a justas precauciones del emperador
-de los franceses. Equivocado juicio sin duda, mas nada extraño en un
-país privado de los medios de publicidad y libre discusión que sirven
-para ilustrar y rectificar los extravíos de las opiniones. De cerca
-habían todos sentido las demasías de Godoy, y de Napoleón solo y de
-lejos se habían visto sus pasmosos hechos y maravillosas campañas. Los
-diarios de España, o más bien la miserable Gaceta de Madrid, eco de los
-papeles de Francia, y unos y otros esclavizados por la censura previa,
-describían los sucesos y los amoldaban a gusto y sabor del que en
-realidad dominaba acá y allá de los Pirineos. Por otra parte el clero
-español, habiendo visto que Napoleón había levantado los derribados
-altares, prefería su imperio y señorío a la irreligiosa y perseguidora
-dominación que le había precedido. No perdían los nobles la esperanza
-de ser conservados y mantenidos en sus privilegios y honores por aquel
-mismo que había creado órdenes de caballería, y erigido una nueva
-nobleza en la nación en donde pocos años antes había sido abolida y
-proscrita. Miraban los militares como principal fundamento de su gloria
-y<span class="pagenum" id="Page_105">p. 105</span> engrandecimiento
-al afortunado caudillo, que para ceñir sus sienes con la corona no
-había presentado otros abuelos ni otros títulos que su espada y sus
-victorias. Los hombres moderados, los amantes del orden y del reposo
-público, cansados de los excesos de la revolución, respetaban en la
-persona del emperador de los franceses al severo magistrado que con
-vigoroso brazo había restablecido concierto en la hacienda y arreglo
-en los demás ramos. Y si bien es cierto que el edificio que aquel
-había levantado en Francia no estribaba en el duradero cimiento de
-instituciones libres, valladar contra las usurpaciones del poder, había
-entonces pocos en España y contados eran los que extendían tan allá sus
-miras.</p>
-
-<div class="sidenote">Juicio sobre<br/> la conducta<br/> de
-Napoleón.</div>
-
-<p>Napoleón bien informado del buen nombre con que corría en España,
-cobró aliento para intentar su atrevida empresa, posible y hacedera
-a haber sido conducida con tino y prudente cordura. Para alcanzar
-su objeto dos caminos se le ofrecieron, según la diversidad de los
-tiempos. Antes de la sublevación de Aranjuez la partida y embarco para
-América de la familia reinante era el mejor y más acomodado. Sin aquel
-impensado trastorno, huérfana España y abandonada de sus reyes hubiera
-saludado a Napoleón como príncipe y salvador suyo. La nueva dominación
-fácilmente se hubiera afianzado, si adoptando ciertas mejoras hubiera
-respetado el noble orgullo nacional y algunas de sus anteriores
-costumbres y aun preocupaciones. Acertó pues Napoleón cuando vio en
-aquel medio el camino más seguro de enseñorearse<span class="pagenum"
-id="Page_106">p. 106</span> de España, procediendo con grande
-desacuerdo desde el momento en que desbaratado por el acaso su primer
-plan, no adoptó el único y obvio que se le ofrecía en el casamiento de
-Fernando con una princesa de la familia imperial: hubiera hallado en su
-protegido un rey más sumiso y reverente que en ninguno de sus hermanos.
-Cuando su viaje a Italia, no había Napoleón desechado este pensamiento,
-y continuó en el mismo propósito durante algún tiempo, si bien con más
-tibieza. El ejemplo de Portugal le sugirió más tarde la idea de repetir
-en España lo que su buena suerte le había proporcionado en el país
-vecino. Afirmose en su arriesgado intento después que sin resistencia
-se había apoderado de las plazas fuertes, y después que vio a su
-ejército internado en las provincias del reino. Resuelto a su empresa
-nada pudo ya contenerle.</p>
-
-<p>Esperaba con impaciencia Napoleón el aviso de haber salido
-para Andalucía los reyes de España, a la misma sazón que supo
-el importante e inesperado acontecimiento de Aranjuez. <span
-class="sidenote">Propuesta<br/> de Napoleón<br/> a su hermano<br/>
-Luis.</span> Desconcertado al principio con la noticia, no por eso
-quedó largo tiempo indeciso; y obstinado y tenaz en nada alteró
-su primera determinación. Claramente nos lo prueba un importante
-documento. Había el sábado en la noche 26 de marzo recibido en
-Saint-Cloud un correo con las primeras ocurrencias de Aranjuez, y otro
-pocas horas después con la abdicación de Carlos IV. Hasta entonces solo
-él era sabedor de lo que contra España maquinaba: sin compromiso y sin
-ofensa del amor propio hubiera<span class="pagenum" id="Page_107">p.
-107</span> podido variar su plan. Sin embargo al día siguiente, el
-27 del mismo, decidido a colocar en el trono de España a una persona
-de su familia, escribió con aquella fecha a su hermano Luis rey
-de Holanda.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-9"
-id="Ll_2-9">2-9</a>.)</span> «El rey de España acaba de abdicar la
-corona, habiendo sido preso el príncipe de la Paz. Un levantamiento
-había empezado a manifestarse en Madrid, cuando mis tropas estaban
-todavía a cuarenta leguas de distancia de aquella capital. El gran
-duque de Berg habrá entrado allí el 23 con 40.000 hombres, deseando
-con ansia sus habitantes mi presencia. Seguro de que no tendré paz
-sólida con Inglaterra sino dando un grande impulso al continente, he
-resuelto colocar un príncipe francés en el trono de España... En tal
-estado he pensado en ti para colocarte en dicho trono... Respóndeme
-categóricamente cuál sea tu opinión sobre este proyecto. Bien ves
-que no es sino proyecto, y aunque tengo 100.000 hombres en España,
-es posible por circunstancias que sobrevengan, o que yo mismo vaya
-directamente, o que todo se acabe en quince días, o que ande más
-despacio siguiendo en secreto las operaciones durante algunos meses.
-Respóndeme categóricamente: si te nombro rey de España, ¿lo admites?
-¿Puedo contar contigo?...» Luis rehusó la propuesta. Documento es este
-importantísimo, porque fija de un modo auténtico y positivo desde qué
-tiempo había determinado Napoleón mudar la dinastía de Borbón, estando
-solo incierto en los medios que convendría emplear para el logro de su
-proyecto. También por estos días conferenciando<span class="pagenum"
-id="Page_108">p. 108</span> con Izquierdo le preguntó, si los españoles
-le querrían como a soberano suyo. Replicole aquel con oportunidad
-plausible: «con gusto y entusiasmo admitirán los españoles a V. M. por
-su monarca, pero después de haber renunciado a la corona de Francia.»
-Imprevista respuesta y poco grata a los delicados oídos del orgulloso
-conquistador. Continuando pues Napoleón en su premeditado pensamiento,
-y pareciéndole que era ya llegado el caso de ponerle en ejecución,
-trató de aproximarse al teatro de los acontecimientos, habiendo salido
-de París el 2 de abril con dirección a Burdeos.</p>
-
-<p>En tanto Murat, retrayéndose de la nueva corte, anunciaba todos los
-días la llegada de su augusto cuñado. En palacio se preparaba la
-habitación imperial, adornábase el Retiro para bailes, y un aposentador
-enviado de París lo disponía y arreglaba todo. Para despertar aún más
-la viva atención del público se enseñaba hasta el sombrero y botas del
-deseado emperador. Bien que en aquellos preparativos y anuncios hubiese
-de parte de los franceses mucho de aparente y falso, es probable que
-sin el trastorno causado por el movimiento de Aranjuez, Napoleón
-hubiera pasado a Madrid. Sorprendido con la súbita mudanza determinó
-buscar en Bayona ocasión que desenredase los complicados asuntos de
-España. <span class="sidenote">Correspondencia<br/> entre Murat<br/>
-y los reyes padres.</span> Ofreciósela oportuna una correspondencia
-entablada entre Murat y los reyes padres, y a que dio origen el
-ardiente deseo de libertar a Don Manuel Godoy, y poner su vida fuera de
-todo riesgo. Fue mediadora en la correspondencia la reina de Etruria, y
-Murat, considerándola<span class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span>
-como conveniente al final desenlace de los intentos de Napoleón,
-cualesquiera que ellos fuesen, no desaprovechó la dichosa coyuntura que
-la casualidad le ofrecía. De ella provino la famosa protesta de Carlos
-IV contra su abdicación, sirviendo de base dicho acto a todas las
-renuncias y procedimientos que tuvieron después lugar en Bayona.</p>
-
-<p>Nació aquella correspondencia [*] <span class="sidenote">(* Ap. n.
-<a href="#Ap_2-10" id="Ll_2-10">2-10</a>.)</span> poco después del
-día 19 de marzo. Ya en el 22 las dos reinas madre e hija escribían
-con eficacia en favor del preso Godoy, manifestando la de España que
-estaba su felicidad cifrada en acabar tranquilamente sus días con su
-esposo y el único <i>amigo</i> que <i>ambos</i> tenían. Con igual
-fecha lo mismo pedía Carlos IV, añadiendo que se iban a Badajoz. Es de
-notar el contexto de dichas cartas en las que todavía no se hablaba
-de haber protestado el rey padre contra la abdicación hecha en el
-día 19, ni de asunto alguno conexo con paso de tanta gravedad. Sin
-embargo cuando en 1810 publicó el Monitor esta correspondencia, insertó
-antes de las enunciadas cartas del 22 otra en que se hace mención de
-aquel acto como de cosa consumada; pero el haberse omitido en ella la
-fecha, diciendo al mismo tiempo la reina que a nada aspiraba sino a
-alejarse con su esposo y Godoy todos tres juntos de intrigas y mando,
-excita contra dicha carta vehementes sospechas, o de que se omitió
-la fecha por haber sido posteriormente escrita a la del 22, o, lo que
-es también verosímil, que se intercaló el pasaje en que se habla de
-haber protestado, no aviniéndose con este acto e implicando<span
-class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span> más bien contradicción los
-deseos de la reina allí manifestados. La protesta apareció con la fecha
-del 21; mas las cartas del 22 con otras aserciones encontradas que se
-notan en la correspondencia, prueban que en la dicha protesta se empleó
-una supuesta y anticipada fecha, y que Carlos no tuvo determinación
-fija de extender aquel acto hasta pasados tres días después de su
-abdicación.</p>
-
-<p>La lectura atenta de toda la correspondencia, y lo que hemos oído a
-personas de autoridad, nos induce a creer que Carlos IV se resolvió a
-formalizar su protesta después de las vistas que el 23 tuvieron él y
-su esposa con el general Monthion, jefe del estado mayor de Murat. De
-cualquiera modo que dicho general nos haya pintado su conferencia, y
-bien que haya querido indicarnos que los reyes padres estaban decididos
-de antemano a protestar contra su abdicación, lo cierto es que hasta
-aquel día Carlos IV no se había dirigido a Napoleón, y entonces lo
-hizo comunicándole cómo se había visto forzado a renunciar, «cuando
-el estruendo de las armas y los clamores de una guardia sublevada
-le habían dado a conocer bastante la necesidad de escoger entre la
-vida o la muerte; pues [añadía] esta última se hubiera seguido a la
-de la reina.» Concluía poniendo enteramente su suerte en las manos
-de su poderoso aliado. Acompañaba a la carta el acto de la protesta
-así concebido.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-11"
-id="Ll_2-11">2-11</a>.)</span> «Protesto y declaro que todo lo que
-manifiesto en mi decreto del 19 de marzo, abdicando la corona en
-mi hijo, fue forzado por precaver mayores males y la efusión<span
-class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span> de sangre de mis queridos
-vasallos, y por tanto de ningún valor. — Yo el rey. — Aranjuez 21 de
-marzo de 1808.»</p>
-
-<p>Del cúmulo de pruebas que hemos tenido a la vista en un punto tan
-delicado e importante, conjeturamos fundadamente que Carlos, cuya
-abdicación fue considerada por la generalidad como un acto de su
-libre y espontánea voluntad, y la cual el mismo monarca de carácter
-indolente y flojo dio momentáneamente con gusto; abandonado después
-por todos, solo y no acatado cual solía cuando empuñaba el cetro,
-advirtió muy luego la diferencia que media entre un soberano reinante
-y otro desposeído y retirado. Fuele doloroso en su triste y solitaria
-situación comparar lo que había sido y lo que ahora era, y dio bien
-pronto indicio de pesarle su precipitada resolución. El arrepentimiento
-de haber renunciado fue en adelante tan constante y tan sincero, que no
-solo en Bayona mostraba a las claras la violencia que se había empleado
-contra su persona, sino que todavía en Roma en 1816 repetía a cuantos
-españoles iban a verle y en quienes tenía confianza, que su hijo no
-era legítimo rey de España, y que solo él Carlos IV era el verdadero
-soberano. No menos ahondaba y quebrantaba el corazón de la reina el
-triste recuerdo de su perdido influjo y poderío: andaba despechada
-con la ingratitud de tantos mudables cortesanos antes en apariencia
-partidarios adictos y afectuosos, y grandemente la atribulaban los
-riesgos que cercaban a su idolatrado amigo. Ambos, en fin, sintieron
-el haber descendido del trono, acusándose a sí mismos de la<span
-class="pagenum" id="Page_112">p. 112</span> sobrada celeridad con que
-habían cedido a los temores de una violenta sublevación. No fueron los
-primeros reyes que derramaron lágrimas tardías en memoria de su antiguo
-y renunciado poder.</p>
-
-<p>Pesarosos Carlos y María Luisa y dispuestos sus ánimos a deshacer
-lo que inconsideradamente habían ofrecido y ejecutado el día 19,
-vislumbraron un rayo de halagüeña esperanza al ver el respeto y
-miramiento con que eran tratados por los principales jefes del ejército
-extranjero. <span class="sidenote">Siguen los tratos<br/> entre
-Murat y<br/> los reyes padres.</span> Entonces pensaron seriamente
-en recobrar la perdida autoridad, fundando más particularmente su
-reclamación en la razón poderosa de haber abdicado en medio de una
-sedición popular y de una sublevación de la soldadesca. Murat si no fue
-quien primero sugirió la idea, al menos puso gran conato en sostenerla,
-porque con ella fomentando la desunión de la familia real, minaba por
-su cimiento la legitimidad del nuevo rey, y ofrecía a su gobierno
-un medio plausible de entrometerse en las disensiones interiores,
-mayormente acudiendo a buscar el anciano y desposeído Carlos reparo y
-ayuda en su aliado el emperador de los franceses.</p>
-
-<p>Murat al paso que urdía aquella trama o que por lo menos ayudaba
-a ella, no cesaba de anunciar la próxima llegada de Napoleón,
-insinuando mañosamente a Fernando por medio de sus consejeros cuán
-conveniente sería que para allanar cualesquiera dificultades que se
-opusiesen al reconocimiento, saliera a esperar a su augusto cuñado
-el emperador. Por su parte el nuevo gobierno procuraba con el mayor
-esfuerzo granjear<span class="pagenum" id="Page_113">p. 113</span>
-la voluntad del gabinete de Francia. Ya en 20 de marzo se mandó al
-consejo [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-12"
-id="Ll_2-12">2-12</a>.)</span> publicar que Fernando VII lejos de mudar
-el sistema político de su padre respecto de aquel imperio, pondría su
-esmero en estrechar los preciosos vínculos de amistad y alianza que
-entre ambos subsistían, encargándose con especialidad recomendar al
-pueblo que tratase bien y acogiese con afecto al ejército francés.
-Se despacharon igualmente órdenes a las tropas de Galicia que habían
-dejado a Oporto, para que volviesen a aquel punto, y a las de Solano,
-que estaban ya en Extremadura en virtud de lo últimamente dispuesto por
-Godoy, se les mandó que retrocediesen a Portugal. Estas sin embargo se
-quedaron por la mayor parte en Badajoz, no cuidándose Junot de tener
-cerca de sí soldados cuya conducta no merecía su confianza.</p>
-
-<p>El pueblo español entre tanto empezaba cada día a mirar con peores
-ojos a los extranjeros, cuya arrogancia crecía según que su morada
-se prolongaba. Continuamente se suscitaban empeñadas riñas entre los
-paisanos y los soldados franceses, y el 27 de marzo de resultas de
-una más acalorada y estrepitosa, estuvo para haber en la plazuela de
-la Cebada una grande conmoción, en la que hubiera podido derramarse
-mucha sangre. La corte acongojada quería sosegar la inquietud pública,
-ora por medio de proclamas, ora anunciando y repitiendo la llegada de
-Napoleón que pondría término a las zozobras e incertidumbre. Era tal
-en este punto su propio engaño que en 24 de marzo se avisó al público
-de oficio [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-13"
-id="Ll_2-13">2-13</a>.)</span> «que S. M. tenía noticia que<span
-class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span> dentro de dos días y medio
-a tres llegaría el emperador de los franceses...» Así ya no solamente
-se contaban los días sino las horas mismas: ansiosa impaciencia,
-desvariada en el modo de expresarse, y afrentosa en un gobierno cuyas
-providencias hubieran podido descansar en el seguro y firme apoyo de la
-opinión nacional.</p>
-
-<div class="sidenote">Llega Escóiquiz<br/> a Madrid<br/> en 28 de
-marzo.</div>
-
-<p>¡Cosa maravillosa! Cuanto más se iban en Madrid desengañando todos
-y comprendiendo los fementidos designios del gabinete de Francia,
-tanto más ciego y desatentado se ponía el gobierno español. Acabó de
-perderle y descarriarle el 28 de marzo con su llegada Don Juan de
-Escóiquiz, quien no veía en Napoleón sino al esclarecido, poderoso y
-heroico defensor del rey Fernando y sus parciales. Deslumbrado con
-la opinión que de sí propio tenía, creyó que solo a él le era dado
-acertar con los oportunos medios de sacar airoso y triunfante de la
-embarazosa posición a su augusto discípulo, y cerrando los oídos a la
-voz pública y universal, llamó hacia su persona una severa y terrible
-responsabilidad. Causa asombro, repetimos, que los engaños y arterías
-advertidos por el más ínfimo y rudo de los españoles se ocultasen
-y oscureciesen a Don Juan Escóiquiz y a los principales consejeros
-del rey, quienes por el puesto que ocupaban y por la sagacidad que
-debía adornarles, hubieran debido descubrir antes que ningún otro
-las asechanzas que se les armaban. Pero los sucesos que en gran
-manera concurrían a excitar su desconfianza, eran los mismos que los
-confortaban y aquietaban. Tal fue el pliego de<span class="pagenum"
-id="Page_115">p. 115</span> Izquierdo, de que hablamos en el libro
-anterior. Las proposiciones en él inclusas, y por las que nada menos
-se trataba que de ceder las provincias del Ebro allá, y de arreglar
-la sucesión de España, sobre la cual dentro del reino nadie había
-tenido dudas, no despertaron las dormidas sospechas de Escóiquiz ni
-de sus compañeros. Atentos solo a la propuesta indicada en el mismo
-pliego de casar a Fernando con una princesa, pensaron que todo iba a
-componerse amistosamente, llevando tan allá Escóiquiz y los suyos el
-extravío de su mente, que en su <i>Idea sencilla</i> no se detiene
-en asentar «que su opinión conforme con la del consejo del rey había
-sido que las intenciones más perjudiciales que podían recelarse del
-gobierno francés, eran las del trueque de las provincias más allá del
-Ebro por el reino de Portugal, o tal vez la cesión de la Navarra;» como
-si la cesión o pérdida de cualquiera de estas provincias no hubiera
-sido clavar un agudo puñal en una parte muy principal de la nación,
-desmembrándola y dejándola expuesta a los ataques que contra ella
-intentase dirigir a mansalva su poderoso vecino.</p>
-
-<p>El contagio de tamaña ceguedad había cundido entre algunos
-cortesanos, y hubo de ellos quienes sirvieron por su credulidad
-al entretenimiento y burla de los servidores de Napoleón. <span
-class="sidenote">Fernán Núñez<br/> en Tours.</span> Se aventajó a todos
-el conde de Fernán Núñez, quien para merecer primero las albricias
-dejando atrás a los que con él habían ido a recibir al emperador de
-los franceses, se adelantó a toda diligencia hasta Tours. No distante
-de aquella ciudad cruzándose en el camino con Mr. Bausset,<span
-class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span> prefecto del palacio
-imperial, le preguntó con viva impaciencia si estaba ya cerca la
-novia del rey Fernando, sobrina del emperador. Respondiole aquel que
-tal sobrina no era del viaje ni había oído hablar de novia ni de
-casamiento. Tomando entonces Fernán Núñez en su ademán un compuesto
-y misterioso semblante, atribuyó la respuesta del prefecto imperial
-o a estudiado disimulo o a que no estaba en el importante secreto.
-No dejan estos hechos por leves que parezcan de pintar los hombres
-que con su obcecación dieron motivo a grandes y trascendentales
-acontecimientos.</p>
-
-<p>Lejos Murat de contribuir con su conducta a ofuscar a los ministros
-del rey, obraba de manera que más bien ayudaba al desengaño que a
-mantener la lisonjera ilusión. Continuaba siempre en sus tratos con
-la reina de Etruria y los reyes padres, no ocupándose en reconocer
-a Fernando, ni en hacerle siquiera una visita de mera ceremonia y
-cumplido. A pesar de su desvío bastaba que mostrase el menor deseo
-para que los ministros del nuevo rey se afanasen por complacerle y
-servirle. <span class="sidenote">Entrega<br/> de la espada<br/> de
-Francisco I.</span> Así fue que habiendo manifestado a Don Pedro
-Cevallos cuánto le agradaría tener en su poder la espada de Francisco
-I depositada en la real armería, le fue al instante entregada en 4 de
-abril, siendo llevada con gran pompa y acompañamiento y presentada por
-el marqués de Astorga en calidad de caballerizo mayor. Al par que en
-sus anteriores procedimientos se portó en este paso el gobierno español
-débil y sumisamente, el francés dejó ver estrecheza de ánimo en una
-demanda<span class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span> ajena de una
-nación famosa por sus hazañas y glorias militares, como si los triunfos
-de Pavía y el inmortal trofeo ganado en buena guerra, y que adquirieron
-a España sus ilustres hijos Diego de Ávila y Juan de Urbieta pudieran
-nunca borrarse de la memoria de la posteridad.</p>
-
-<div class="sidenote">Carta<br/> de Napoleón<br/> a Murat:<br/>
-viaje del infante<br/> Don Carlos.<br/> (* Ap. n. <a href="#Ap_2-14"
-id="Ll_2-14">2-14</a>.)</div>
-
-<p>Napoleón no estaba del todo satisfecho de la conducta de Murat. En
-una carta que le escribió en 29 de marzo le manifestaba sus temores,
-y con diestra y profunda mano le trazaba cuanto había complicado los
-negocios el acontecimiento de Aranjuez.[*] Este documento si fue
-escrito del modo que después se ha publicado, muestra el acertado
-tino y extraordinaria previsión del emperador francés, y que la
-precipitación y equivocados informes de Murat perjudicaron muy
-mucho al pronto y feliz éxito de su empresa. Sin embargo además de
-las instrucciones que aparecen por la citada carta, debió de haber
-otras por el mismo tiempo que indicasen o expresasen más claramente
-la idea de llevar a Francia los príncipes de la real familia; pues
-Murat siguiendo en aquel propósito y no atreviéndose a insistir
-inmediatamente en sus anteriores insinuaciones de que Fernando fuese al
-encuentro de Napoleón, propuso como muy oportuna la salida al efecto
-del infante Don Carlos, en lo cual conviniendo sin dificultad la corte,
-partió el infante el 5 de abril. No habían pasado muchos días ni aun
-tal vez horas cuando Murat poco a poco volvió a renovar sus ruegos para
-que el rey Fernando se pusiese también en camino y halagase con tan
-amistoso paso a su<span class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span>
-amigo el emperador Napoleón. El embajador francés apoyaba lo mismo y
-con particular eficacia, habiendo en fin claramente descubierto que
-la política de su amo en los asuntos de España era muy otra de la que
-antes se había figurado.</p>
-
-<p>Pero viendo el rey Fernando que su hermano el infante no había
-encontrado en Burgos a Napoleón y proseguía adelante sin saber cuál
-sería el término de su viaje, vacilaba todavía en su resolución.
-Sus consejeros andaban divididos en sus dictámenes: Cevallos se
-oponía a la salida del rey hasta tanto que se supiera de oficio la
-entrada en España del emperador francés. Escóiquiz constante en su
-desvarío sostenía con empeño el parecer contrario, y a pesar de su
-poderoso influjo hubiera difícilmente prevalecido en el ánimo del rey,
-<span class="sidenote">Llegada<br/> a Madrid<br/> del general<br/>
-Savary.</span> si la llegada a Madrid del general Savary no hubiese
-dado nuevo peso a sus razones y cambiado el modo de pensar de los que
-hasta entonces habían estado irresolutos e inciertos. Savary, general
-de división y ayudante de Napoleón, iba a Madrid con el encargo de
-llevar a Fernando a Bayona, adoptando para ello cuantos medios estimase
-convenientes al logro de la empresa. Juzgose que era la persona más
-acomodada para desempeñar tan ardua comisión, encubriendo bajo un
-exterior militar y franco profunda disimulación y astucia. Apenas, por
-decirlo así, apeado, solicitó audiencia particular de Fernando, la
-cual concedida manifestó con aparente sinceridad «que venía de parte
-del emperador para cumplimentar al rey y saber de S. M. únicamente si
-sus sentimientos<span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span> con
-respecto a la Francia eran conformes con los del rey su padre, en cuyo
-caso el emperador prescindiendo de todo lo ocurrido no se mezclaría en
-nada de lo interior del reino, y reconocería desde luego a S. M. por
-rey de España y de las Indias.» Fácil es acertar con la contestación
-que daría una corte no ocupada sino en alcanzar el reconocimiento del
-emperador de los franceses. Savary anunció la próxima llegada de su
-soberano a Bayona, de donde pasaría a Madrid, insistiendo poco después
-en que Fernando saliese a recibirle, con cuya determinación probaría su
-particular anhelo por estrechar la antigua alianza que mediaba entre
-ambas naciones, y asegurando que la ausencia sería tanto menos larga
-cuanto que se encontraría en Burgos con el mismo emperador. El rey
-vencido con tantas promesas y palabras, resolvió al fin condescender
-con los deseos de Savary, sostenido y apoyado por los más de los
-ministros y consejeros españoles.</p>
-
-<p>Cierto que el paso del general francés hubiera podido hacer titubear
-al hombre más tenaz y firme si otros indicios poderosos no hubieran
-contrapesado su aparente fuerza. Además era sobrada precipitación
-antes de saberse el viaje de Napoleón a España de un modo auténtico y
-de oficio, exponer la dignidad del rey a ir en busca suya, habiéndose
-hasta entonces comunicado su venida solo de palabra e indirectamente.
-Con mayor lentitud y circunspección hubiera convenido proceder en
-negocio en que se interesaban el decoro del rey, su seguridad y la
-suerte de la nación, principalmente cuando<span class="pagenum"
-id="Page_120">p. 120</span> tantas perfidias habían precedido, cuando
-Murat tenía conducta tan sospechosa, y cuando en vez de reconocer a
-Fernando cuidaba solamente de continuar sus secretos manejos con la
-antigua corte. Mas el deslumbrado Escóiquiz proseguía no viendo las
-anteriores perfidias, y achacaba las intrigas de Murat a actos de pura
-oficiosidad, contrarios a las intenciones de Napoleón. Sordo a la voz
-del pueblo, sordo al consejo de los prudentes, sordo a lo mismo que se
-conversaba en todo el ejército extranjero, en corrillos y plazas, se
-mantuvo porfiadamente en su primer dictamen y arrastró al suyo a los
-más de los ministros, dando al mundo la prueba más insigne de terca y
-desvariada presunción, probablemente aguijada por ardiente deseo de
-ambiciosos crecimientos.</p>
-
-<div class="sidenote">Aviso de Hervás.</div>
-
-<p>Hubo aún para recelarse el que Don José Martínez de Hervás, quien
-como español y por su conocimiento en la lengua nativa había venido
-en compañía del general Savary, avisó que se armaba contra el rey
-alguna celada, y que obraría con prudente cautela desistiendo del
-viaje o difiriéndole. Pero, ¡oh colmo de ceguedad!, los mismos que
-desacordadamente se fiaban en las palabras de un extranjero, del
-general Savary, tuvieron por sospechosa la loable advertencia del
-leal español. Y como si tantos indicios no bastasen, el mismo Savary
-dio ocasión a nuevos recelos con pedir de orden del emperador que
-se pusiese en libertad al enemigo declarado e implacable del nuevo
-gobierno, al odiado Godoy. Incomodó, sin embargo, la intempestiva
-solicitud, y hubiera tal vez perjudicado<span class="pagenum"
-id="Page_121">p. 121</span> al resuelto viaje, si el francés, a ruego
-del Infantado y Ofárril, no hubiera abandonado su demanda.</p>
-
-<p>Firmes pues en su propósito los consejeros de Fernando y conducidos
-por un hado adverso, señalaron el día 10 de abril para su partida,
-<span class="sidenote">10 de abril:<br/> salida del rey<br/> para
-Burgos.</span> en cuyo día salió S. M. tomando el camino de Somosierra
-para Burgos. Iban en su compañía Don Pedro Cevallos ministro de estado,
-los duques del Infantado y San Carlos, el marqués de Múzquiz, Don Pedro
-Labrador, Don Juan de Escóiquiz, el capitán de guardias de Corps conde
-de Villariezo, y los gentil-hombres de cámara marqués de Ayerbe, de
-Guadalcázar, y de Feria. La víspera había escrito Fernando a su padre
-pidiéndole una carta para el emperador con súplica de que asegurase
-en ella los buenos sentimientos que le asistían, queriendo seguir
-las mismas relaciones de amistad y alianza con Francia que se habían
-seguido en su anterior reinado. Carlos IV ni le dio la carta, ni le
-contestó, con achaque de estar ya en cama: precursora señal de lo que
-en secreto se proyectaba.</p>
-
-<div class="sidenote">Nombramiento<br/> de una junta<br/> suprema.</div>
-
-<p>Antes de su salida dispuso el rey Fernando que se nombrase una
-junta suprema de gobierno presidida por su tío el infante Don Antonio
-y compuesta de los ministros del despacho, quienes a la sazón eran Don
-Pedro Cevallos, de estado, que acompañaba al rey; Don Francisco Gil y
-Lemus, de marina; Don Miguel José de Azanza, de hacienda; Don Gonzalo
-Ofárril, de guerra, y Don Sebastián Piñuela, de gracia y justicia. Esta
-junta según las instrucciones verbales del rey debía entender en todo
-lo gubernativo<span class="pagenum" id="Page_122">p. 122</span> y
-urgente, consultando en lo demás con S. M.</p>
-
-<div class="sidenote">Sobre<br/> el viaje del rey.</div>
-
-<p>En tanto que el rey con sus consejeros va camino de Bayona,
-será bien que nos detengamos a considerar de nuevo resolución tan
-desacertada. La pintura triste que para disculparse traza Escóiquiz
-en su obra acerca de la situación del reino, sería juiciosa si en
-aquel caso se hubiese tratado de medir las fuerzas militares de
-España y sus recursos pecuniarios con los de Francia, a la manera
-de una guerra de ejército a ejército y de gobierno a gobierno. Le
-estaba bien al príncipe de la Paz calcular fundado en aquellos datos
-como quien no tenía el apoyo nacional; mas la posición de Fernando
-era muy otra, siendo tan extraordinario el entusiasmo en favor suyo
-que un ministro hábil y entendido no debía en aquel caso dirigirse
-por las reglas ordinarias de la fría razón, sino contar con los
-esfuerzos y patriotismo de la nación entera, la cual se hubiera alzado
-unánimemente a la voz del rey, para defender sus derechos contra
-la usurpación extranjera; y las fuerzas de una nación levantada en
-cuerpo son tan grandes e incalculables a los ojos de un verdadero
-estadista, como lo son las fuerzas vivas a las del mecánico. Así lo
-pensaba el mismo Napoleón, quien en la carta a Murat del 29 de marzo
-arriba citada decía: «La revolución de 20 de marzo prueba que hay
-energía en los españoles. Habrá que lidiar contra un pueblo nuevo
-lleno de valor, y con el entusiasmo propio de hombres a quienes
-no han gastado las pasiones políticas...»; y más abajo: «se harán
-levantamientos en masa que eternizarán la guerra...» Acertado<span
-class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span> y perspicaz juicio que
-forma pasmoso contraste con el superficial y poco atinado de Escóiquiz
-y sus secuaces. Era además dar sobrada importancia a un paso de puro
-ceremonial para concebir la idea que la política de un hombre como
-Napoleón en asunto de tal cuantía hubiera de moderarse o alterarse
-por encontrar al rey algunas leguas más o menos lejos; antes bien era
-propio para encender su ambición un viaje que mostraba imprevisión y
-extremada debilidad. Se cede a veces en política a un acto de fortaleza
-heroica, nunca a míseros y menguados ruegos.</p>
-
-<div class="sidenote">Llega el rey<br/> el 12 de abril<br/> a
-Burgos.</div>
-
-<p>El rey en su viaje fue recibido por las ciudades, villas y lugares
-del tránsito con inexplicable gozo, haciendo a competencia sus
-moradores las demostraciones más señaladas de la lealtad y amor que
-los inflamaban. Entró en Burgos el 12 de abril sin que hubiese allí
-ni más lejos noticia del emperador francés. Deliberose en aquella
-ciudad sobre el partido que debía tomarse, de nuevo reiteró sus
-promesas y artificios el general Savary, y de nuevo se determinó que
-prosiguiese el rey su viaje a Vitoria. Y he aquí que los mismos y mal
-aventurados consejeros que sin tratado alguno ni formal negociación,
-y solo por meras e indirectas insinuaciones habían llevado a Fernando
-hasta Burgos, le llevan también a Vitoria, y le traen de monte
-en valle y de valle en monte en busca de un soberano extranjero
-mendigando con desdoro su reconocimiento y ayuda, como si uno y otro
-fuera necesario y decoroso a un rey que habiendo subido al solio con
-universal consentimiento, afianzaba su poder<span class="pagenum"
-id="Page_124">p. 124</span> y legitimidad sobre la sólida e
-incontrastable base del amor y unánime aprobación de sus pueblos.</p>
-
-<p>Llegó el rey a Vitoria el 14. Napoleón que había permanecido en
-Burdeos algunos días, salió de allí a Bayona, en donde entró en la
-noche del 14 al 15, de lo que noticioso el infante Don Carlos, hasta
-entonces detenido en Tolosa, pasó a aquella plaza. Savary, sabiendo
-que el emperador se aproximaba a la frontera, y viendo que ya no le
-era dado por más tiempo continuar con fruto sus artificios si no
-acudía a algún otro medio, resolvió pasar a Bayona llevando consigo
-una carta de Fernando para Napoleón.[*] <span class="sidenote">Escribe
-Fernando<br/> a Napoleón:<br/> contesta este<br/> en 17 de abril.<br/>
-(* Ap. n. <a href="#Ap_2-15" id="Ll_2-15">2-15</a>.)</span> No tardó
-en recibirse la respuesta estando con ella de vuelta en Vitoria el día
-17 el mismo Savary, y la cual estaba concebida en términos que era
-suficiente por sí sola a sacar de su error a los más engañados. En
-efecto la carta respondía a la última de Fernando, y en parte también
-a la que le había escrito en 11 de octubre del año pasado. Sembrada de
-verdades expresadas con cierta dureza, no se soltaba en ella prenda
-que empeñase a Napoleón a cosa alguna: lo dejaba todo en dudas dando
-solo esperanzas sobre el ansiado casamiento. Notábase con especialidad
-en su contexto el injurioso aserto que Fernando «no tenía otros
-derechos al trono que los que le había transmitido su madre:» frase
-altamente afrentosa al honor de la reina, y no menos indecorosa al que
-la escribía que ofensiva a aquel a quien iba dirigida. Pero una carta
-tan poco circunspecta, tan altanera y desembozada embelesó al canónigo
-Escóiquiz, quien se recreaba con<span class="pagenum" id="Page_125">p.
-125</span> la vaga promesa del casamiento. Por entonces vimos lo que
-escribía a un amigo suyo desde Vitoria, y le faltaban palabras con que
-dar gracias al Todopoderoso por el feliz éxito que la carta de Napoleón
-pronosticaba a su viaje. Realmente rayaba ya en demencia su continuada
-obcecación.</p>
-
-<p>Savary auxiliado con la carta aumentó sus esfuerzos y concluyó con
-decir al rey «me dejo cortar la cabeza si al cuarto de hora de haber
-llegado S. M. a Bayona no le ha reconocido el emperador por rey de
-España y de las Indias... Por sostener su empeño empezará probablemente
-por darle el tratamiento de alteza; pero a los cinco minutos le dará
-majestad, y a los tres días estará todo arreglado, y S. M. podrá
-restituirse a España inmediatamente...» Engañosas y pérfidas palabras
-que acabaron de decidir al rey a proseguir su viaje hasta Bayona.</p>
-
-<div class="sidenote">Tentativas<br/> o proposiciones<br/> para que el
-rey<br/> se escape.</div>
-
-<p>Sin embargo hubo españoles más desconfiados o cautos que no dando
-crédito a semejantes promesas, propusieron varios medios para que
-el rey se escapase. Todavía hubiera podido conseguirse en Vitoria
-ponerle en salvo, aunque los obstáculos crecían de día en día. Los
-franceses habían redoblado su vigilancia, y no contentos con los 4000
-hombres que ocupaban a Vitoria a las órdenes del general Verdier,
-habían aumentado la guarnición especialmente con caballería enviada de
-Burgos. Savary tenía orden de arrebatar al rey por fuerza en la noche
-del 18 al 19 si de grado no se mostraba dispuesto a pasar a Francia.
-Cuidadoso con no faltar a su mandato, estando muy sobreaviso hacía
-rondar y observar<span class="pagenum" id="Page_126">p. 126</span>
-la casa donde el rey habitaba. A pesar de su esmerado celo la evasión
-se hubiera fácilmente ejecutado a haberse Fernando resuelto a abrazar
-aquel partido. Don Mariano Luis de Urquijo que había ido de Bilbao
-a cumplimentarle a su paso por Vitoria, propuso de acuerdo con el
-alcalde Urbina un medio para que de noche se fugase disfrazado.
-Hubo también otros y varios proyectos, mas entre todos es digno de
-particular mención como el mejor y más asequible el propuesto por el
-duque de Mahón. Era pues que saliendo el rey de Vitoria por el camino
-de Bayona, y dando confianza a los franceses con la dirección que
-había tomado, siguiera así hasta Vergara, en cuyo pueblo abandonando
-la carretera real torciese del lado de Durango y se encaminase al
-puerto de Bilbao. Añadía el duque que la evasión sería protegida por
-un batallón del inmemorial del rey residente en Mondragón, y de cuya
-fidelidad respondía. Escóiquiz con quien siempre nos encontraremos
-cuando se trate de alejar al rey de Bayona y librarle de las armadas
-asechanzas, dijo: «que no era necesario habiendo S. M. recibido grandes
-pruebas de amistad de parte del emperador.» Eran las <i>grandes
-pruebas</i> la consabida carta. El de Mahón no por eso dejó de insistir
-la misma víspera de la salida para Bayona, habiéndose aumentado las
-sospechas de todos con la llegada de 300 granaderos a caballo de la
-guardia imperial. Mas al querer hablar, poniéndole la mano en la boca,
-pronunció Escóiquiz estas notables palabras: «es negocio concluido,
-mañana salimos para Bayona: se nos han dado todas las seguridades que
-podíamos desear.»</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_127">p. 127</span></p>
-
-<div class="sidenote">Proclama<br/> al partir el rey<br/> de
-Vitoria.</div>
-
-<p>Tratose en fin de partir. Sabedor el pueblo se agrupó delante del
-alojamiento del rey, cortó los tirantes de las mulas, y prorrumpió
-en voces de amor y lealtad para que el rey escuchase sus fundados
-temores.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-16"
-id="Ll_2-16">2-16</a>.)</span> Todo fue en vano. Apaciguándose el
-bullicio a duras penas, se publicó un decreto en que afirmaba el rey
-«estar cierto de la sincera y cordial amistad del emperador de los
-franceses, y que antes de cuatro o seis días darían gracias a Dios y a
-la prudencia de S. M. de la ausencia que ahora les inquietaba.»</p>
-
-<div class="sidenote">Sale de Vitoria<br/> el 19 de abril.</div>
-
-<p>Partió el rey de Vitoria el 19 de abril y en el mismo llegó a Irún
-casi solo, habiéndose quedado atrás el general Savary por habérsele
-descompuesto el coche. Se albergó en casa del señor Olazábal sita fuera
-de la villa, en donde había de guarnición un batallón del regimiento
-de África, decidido a obedecer rendidamente las órdenes de Fernando.
-La providencia a cada paso parecía querer advertirle del peligro, y
-a cada paso le presentaba medios de salvación. Mas un ciego instinto
-arrastraba al rey al horroroso precipicio. Savary tuvo tal miedo de que
-la importante presa se le escapase, a la misma sazón que ya la tenía
-asegurada, que llegó a Irún asustado y despavorido.</p>
-
-<div class="sidenote">20 de abril:<br/> Entrada del rey<br/> en
-Bayona.</div>
-
-<p>El 20 cruzó el rey y toda la comitiva el Bidasoa, y entró en Bayona
-a las diez de la mañana de aquel día. Nadie le salió a recibir al
-camino a nombre de Napoleón. Más allá de San Juan de Luz encontró a
-los tres grandes de España comisionados para felicitar al emperador
-francés, quienes dieron noticias tristes, pues la víspera por la mañana
-habían oído al mismo de su<span class="pagenum" id="Page_128">p.
-128</span> propia boca que los Borbones nunca más reinarían en España.
-Ignoramos por qué no anduvieron más diligentes en comunicar al rey
-el importante aviso, que podría descansadamente haberle alcanzado en
-Irún: quizá se lo impidió la vigilancia de que estaban cercados. Abatió
-el ánimo de todos lo que anunciaron los grandes, echando también de
-ver el poco aprecio que a Napoleón merecía el rey Fernando en el modo
-solitario con que le dejaba aproximarse a Bayona, no habiendo salido
-persona alguna elevada en dignidad a cumplimentarle y honrarle, hasta
-que a las puertas de la ciudad misma se presentaron con aquel objeto
-el príncipe de Neufchâtel y Duroc, gran mariscal de palacio. Admiró en
-tanto grado a Napoleón ver llegar a Fernando sin haberle especialmente
-convidado a ello, que al anunciarle un ayudante su próximo arribo
-exclamó: «¿cómo?... ¿viene?... no, no es posible...» Aún no conocía
-personalmente a los consejeros de Fernando.</p>
-
-<div class="sidenote">Sigue la<br/> correspondencia<br/> entre Murat
-y<br/> los reyes padres.</div>
-
-<p>Después de la partida del rey prosiguiendo Murat en su principal
-propósito de apoyar las intrigas que se preparaban en la enemistad
-y despecho de los reyes padres, avivó la correspondencia que con
-ellos había entablado. Hasta entonces no habían conferenciado juntos,
-siendo sus ayudantes y la reina de Etruria el conducto por donde se
-entendían. Mucho desagradaron los secretos tratos de la última, a
-los que particularmente la arrastró el encendido deseo de conseguir
-un trono para su hijo, aunque sus esfuerzos fueron vanos. En la
-correspondencia, después de ocuparse en el asunto que más interesaba a
-Murat<span class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span> y su gobierno,
-esto es, el de la protesta de Carlos IV, llamó a la reina y a su esposo
-intensamente la atención la desgraciada suerte de su amigo Godoy,
-<i>del pobre príncipe de la Paz</i>, con cuyo epiteto a cada paso se
-le denomina en las cartas de María Luisa. Duda el discurso, al leer
-esta correspondencia, si es más de maravillar la constante pasión de
-la reina por el favorito, o la ciega amistad del rey. Confundían ambos
-su suerte con la del desgraciado a punto que decía la reina: «si no
-se salva el príncipe de la Paz, y si no se nos concede su compañía,
-moriremos el rey, mi marido, y yo.» Es digna de la atenta observación
-de la historia mucha parte de aquella correspondencia, y señaladamente
-lo son algunas cartas de la reina madre. Si se prescinde del enfado
-y acrimonia con que están escritas ciertas cláusulas, da su contexto
-mucha luz sobre los importantes hechos de aquel tiempo, y en él se
-pinta al vivo y con colores por desgracia harto verdaderos el carácter
-de varios personajes de aquel tiempo. Posteriores acontecimientos
-nos harán ver lastimosamente con cuánta verdad y conocimiento de los
-originales trazó la reina María Luisa algunos de estos retratos. Los
-reyes padres habían desde marzo continuado en Aranjuez, teniendo para
-su guardia tropas de la casa real. <span class="sidenote">Pasan<br/>
-los reyes padres<br/> al Escorial.</span> También había fuerza francesa
-a las órdenes del general Wattier, socolor de proteger a los reyes y
-continuar dando mayor peso a la idea de haberse ejercido contra ellos
-particular violencia en el acto de la abdicación. El 9 de abril pasaron
-al Escorial por insinuación de Murat con el intento de aproximarlos al
-camino de Francia.<span class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span>
-No tuvieron allí otra guardia más que la de las tropas francesas y los
-carabineros reales.</p>
-
-<div class="sidenote">Entrega de Godoy<br/> en 20 de abril.</div>
-
-<p>En Madrid apenas había salido el rey cuando Murat pidió con ahínco
-a la junta que se le entregase a Don Manuel Godoy, afirmando que así
-se lo había ofrecido Fernando la víspera de su partida en el cuarto de
-la reina de Etruria: aserción tanto más dudosa cuanto si bien allí se
-encontraron, parece cierto que nada se dijeron, retenidos por no querer
-ni uno ni otro ser el primero a romper el silencio. Resistiéndose
-la junta a dar libertad al preso, amenazó Murat conque emplearía la
-fuerza si al instante no se le ponía en sus manos. Afanábase por ser
-dueño de Godoy, considerándole necesario instrumento para influir en
-Bayona en las determinaciones de los reyes padres, a quienes por otra
-parte en las primeras vistas que tuvo con ellos en el Escorial uno
-de aquellos días les había prometido su libertad. La junta se limitó
-por de pronto a mandar al consejo con fecha del 13 que suspendiese el
-proceso intentado contra Don Manuel Godoy hasta nueva orden de S. M.,
-a quien se consultó por medio de Don Pedro Cevallos. La posición de la
-junta realmente era muy angustiada, quedando expuesta a la indignación
-pública si le soltaba, o a las iras del arrebatado Murat si le retenía.
-Don Pedro Cevallos contestó desde Vitoria que se había escrito al
-emperador ofreciendo usar con Godoy de generosidad perdonándole la
-vida, siempre que fuese condenado a la pena de muerte. Bastole esta
-contestación a Murat para insistir en 20 de abril en la soltura del
-preso con el objeto de enviarle a Francia, y<span class="pagenum"
-id="Page_131">p. 131</span> con engaño y despreciadora befa decía a su
-nombre el general Belliard en su oficio: [*] <span class="sidenote">(*
-Ap. n. <a href="#Ap_2-17" id="Ll_2-17">2-17</a>.)</span> «El gobierno y
-la nación española solo hallarán en esta resolución de S. M. I. nuevas
-pruebas del interés que toma por la España, porque alejando al príncipe
-de la Paz quiere quitar a la malevolencia los medios de creer posible
-que Carlos IV volviese el poder y su confianza al que debe haberla
-perdido para siempre.» ¡Así se escribía a una autoridad puesta por
-Fernando y que no reconocía a Carlos IV! La junta accedió a lo último
-a la demanda de Murat, habiéndose opuesto con firmeza el ministro de
-marina Don Francisco Gil y Lemus. Mucho se motejó la condescendencia de
-aquel cuerpo; sin embargo eran tales y tan espinosas las circunstancias
-que con dificultad se hubiera podido estorbar con éxito la entrega de
-Don Manuel Godoy. Acordada que esta fue, se dieron las convenientes
-órdenes al marqués de Castelar, quien antes de obedecer, temeroso de
-algún nuevo artificio de los franceses, pasó a Madrid a cerciorarse
-de la verdad de boca del mismo infante presidente. El pundonoroso
-general al oír la confirmación de lo que tenía por falso hizo dejación
-de su destino, suplicando que no fuesen los guardias de Corps quienes
-hiciesen la entrega, sino los granaderos provinciales. El bueno del
-infante le replicó que «en aquella entrega consistía el que su sobrino
-fuese rey de España:» a cuya poderosa razón cedió Castelar, y puso
-en libertad al preso Godoy a las 11 de la noche del mismo día 20,
-entregándole en manos del coronel francés Martel. Sin detención tomaron
-el camino de Bayona,<span class="pagenum" id="Page_132">p. 132</span>
-adonde llegó Godoy con la escolta francesa el 26, habiéndosele reunido
-poco después su hermano Don Diego. Se albergó aquel en una quinta
-que le estaba preparada a una legua de la ciudad, y a poco tuvo con
-Napoleón una larga conferencia. El rey, si bien no desaprobó la
-conducta de la junta, tampoco la aplaudió, elogiando de propósito al
-consejo que se había opuesto a la entrega. En asunto de tanta gravedad
-procuraron todos sincerar su modo de proceder; entre ellos se señaló
-el marqués de Castelar apreciable y digno militar, quien envió para
-informar al rey no menos que a tres sujetos, a su segundo el brigadier
-Don José Palafox, a su hijo el marqués de Belveder y al ayudante
-Butrón. Así, y como milagrosamente, se libró Godoy de una casi segura y
-desastrada muerte.</p>
-
-<div class="sidenote">Quejas<br/> y tentativas<br/> de Murat.</div>
-
-<p>En todos aquellos días no había cesado Murat de incomodar y acosar a
-la junta con sus quejas e infundadas reclamaciones. El 16 había llamado
-a Ofárril para lamentarse con acrimonia o ya de asesinatos, o ya de
-acopios de armas que se hacían en Aragón. Eran estos meros pretextos
-para encaminar su plática a asunto más serio. Al fin le declaró el
-verdadero objeto de la conferencia. Era pues que el emperador no
-reconocía en España otro rey sino a Carlos IV, y que habiendo para
-ello recibido órdenes suyas iba a publicar una proclama que manuscrita
-le dio a leer. Se suponía extendida por el rey padre, asegurando en
-ella haber sido forzada su abdicación, como así se lo había comunicado
-a su aliado el emperador de los franceses, con cuya aprobación y
-arrimo volvería a sentarse en<span class="pagenum" id="Page_133">p.
-133</span> el solio. Absorto Ofárril con lo que acababa de oír informó
-de ello a la junta, la cual de nuevo comisionó al mismo en compañía de
-Azanza para apurar más y más las razones y el fundamento de tan extraña
-resolución. Murat, acompañado del conde de Laforest, se mantuvo firme en
-su propósito, y solo consintió en aguardar la última contestación de
-la junta que verbalmente y por los mismos encargados respondió: «1.º
-Que Carlos IV y no el gran duque debía comunicarle su determinación.
-2.º Que comunicada que le fuese se limitaría a participarla a Fernando
-VII: y 3.º Pedía que estando Carlos IV próximo a salir para Bayona
-se guardase el mayor secreto y no ejerciese durante el viaje ningún
-acto de soberanía.» En seguida pasó Murat al Escorial, y poniéndose
-de acuerdo con los reyes padres [*] <span class="sidenote">(* Ap. n.
-<a href="#Ap_2-18" id="Ll_2-18">2-18</a>.)<br/> Reclama<br/>
-Carlos IV<br/> la corona, y<br/> anuncia su viaje<br/> a Bayona.</span>
-escribió Carlos IV a su hermano el infante Don Antonio una carta en la
-que aseguraba haber sido forzada su abdicación del 19 de marzo, y que
-en aquel mismo día había protestado solemnemente contra dicho acto.
-Ahora reiteraba su primera declaración confirmando provisionalmente
-a la junta en su autoridad como igualmente a todos los empleados
-nombrados desde el 19 de marzo último, y anunciaba su próxima salida
-para ir a encontrarse con su aliado el emperador de los franceses.
-Es digno de reparo que en aquella carta expresase Carlos IV haber
-protestado solemnemente el 19, cuando después dató su protesta del
-21, cuya fecha ya antes advertimos envolvía contradicción con cartas
-posteriores escritas por el mismo monarca. Prueba notable y nueva de
-la precipitación<span class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span>
-conque en todo se procedió, y del poco concierto que entre sí tuvieron
-los que arreglaron aquel negocio; puesto que fuera la protesta
-extendida en el día de la abdicación o fuéralo después, siendo Carlos
-IV y sus confidentes los dueños y únicos sabedores de su secreto,
-hubieran por lo menos debido coordinar unas fechas cuya contradicción
-había de desautorizar acto de tanta importancia, mayormente cuando
-la legitimidad o fuerza de la protesta no dimanaba de que se hubiese
-realizado el 19, el 21 o el 23, sino de la falta de libre voluntad
-conque aseguraban ellos había sido dada la abdicación. Respecto de
-lo cual como se había verificado en medio de conmociones y bullicios
-populares, solo Carlos IV era el único y competente juez, y no habiendo
-variado su situación en los tres días sucesivos a punto que pudiera
-atribuirse su silencio a completa conformidad, siempre estaba en el
-caso de alegar fundadamente que cercado de los mismos riesgos no había
-osado extender por escrito un acto que descubierto hubiera sobremanera
-comprometido su persona y la de su esposa. En nada de eso pensaron;
-creyeron de más al parecer detenerse en cosas que imaginaron leves,
-bastándoles la protesta para sus premeditados fines. Carlos IV después
-de haber remitido igual acto a Napoleón, en compañía de la reina y
-de la hija del príncipe de la Paz se puso en camino para Bayona el
-día 25 de abril, escoltado por tropas francesas y carabineros reales,
-los mismos que le habían hecho la guardia en el Escorial. Fácil es
-figurarse cuán atribulados debieron quedar el infante y la junta
-con<span class="pagenum" id="Page_135">p. 135</span> novedades que
-oscurecían y encapotaban más y más el horizonte político.</p>
-
-<div class="sidenote">Inquietud<br/> en Madrid.</div>
-
-<p>La salida de Godoy, las conferencias de Murat con los reyes padres,
-la arrogancia y modo de explicarse de gran parte de los oficiales
-franceses y de su tropa, aumentaban la irritación de los ánimos, y a
-cada paso corría riesgo de alterarse la tranquilidad pública de Madrid
-y de los pueblos que ocupaban los extranjeros. Un incidente agravó
-en la capital estado tan crítico. Murat había ofrecido a la junta
-guardar reservada la protesta de Carlos IV, pero a pesar de su promesa
-no tardó en faltar a ella, o por indiscreción propia, o por el mal
-entendido celo de sus subalternos. El día 20 de abril se presentó al
-consejo el impresor Eusebio Álvarez de la Torre para avisarle que dos
-agentes franceses habían estado en su casa con el objeto de imprimir
-una proclama de Carlos IV. Ya había corrido la voz por el pueblo, y en
-la tarde hubiera habido una grande conmoción, si el consejo de antemano
-no hubiese enviado al alcalde de casa y corte Don Andrés Romero, quien
-sorprendió a los dos franceses Funiel y Ribat con las pruebas de la
-proclama. Quiso el juez arrestarlos, mas ni consintieron ellos en ir
-voluntariamente, ni en declarar cosa alguna sin orden previa de su jefe
-el general Grouchy, gobernador francés de Madrid. Impaciente el pueblo
-se agolpó a la imprenta, y temiendo el alcalde que al sacarlos fuesen
-dichos franceses víctimas del furor popular, los dejó allí arrestados
-hasta la determinación del consejo, el cual no osando tomar sobre sí la
-resolución, acudió a<span class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span>
-la junta que, no queriendo tampoco comprometerse, dispuso ponerlos
-en libertad, exigiendo solamente de Murat nueva promesa de que en
-adelante no se repetirían iguales tentativas. Tan débiles e irresolutas
-andaban las dos autoridades, en quienes se libraba entonces la suerte
-y el honor nacional. La libertad de Godoy y el caso sucedido en la
-imprenta, al parecer poco importante, fueron acontecimientos que muy
-particularmente indispusieron el espíritu público contra los franceses.
-En el último claramente aparecía el deseo de reponer en el trono a
-Carlos IV, y renovar así las crueles y recientes llagas del anterior
-reinado; y con el primero se arrancaba de manos de la justicia y se
-daba suelta al objeto odiado de la nación entera.</p>
-
-<div class="sidenote">Alboroto<br/> en Toledo.</div>
-
-<p>No se circunscribía a Madrid la pública inquietud. En Toledo el día
-21 de abril se turbó también la tranquilidad por la imprudencia del
-ayudante general Marcial Tomás, que había salido enviado a aquella
-ciudad con el objeto de disponer alojamientos para la tropa francesa.
-Explicábase sin rebozo contra el ensalzamiento de Fernando VII,
-afirmando que Napoleón había decidido restablecer en el trono a Carlos
-IV. Esparcidos por el vecindario semejantes rumores, se amotinó el
-pueblo agavillándose en la plaza de Zocodover, y paseando armado por
-las calles el retrato de Fernando, a quien todos tenían que saludar
-o acatar, fueran franceses o españoles. La casa del corregidor Don
-José Joaquín de Santa María, y las de los particulares Don Pedro
-Segundo y Don Luis del Castillo<span class="pagenum" id="Page_137">p.
-137</span> fueron acometidas y públicamente quemados sus muebles y
-efectos, achacándose a estos sujetos afecto al valido y a Carlos IV:
-crimen entonces muy grave en la opinión popular. Duró el tumulto dos
-días. Le apaciguó el cabildo y la llegada del general Dupont, quien con
-la suficiente fuerza pasó el 26 de Aranjuez a aquella ciudad. <span
-class="sidenote">En Burgos.</span> Iguales ruidos y alborotos hubo en
-Burgos por aquellos días de resultas de haber detenido los franceses
-a un correo español. El intendente marqués de la Granja estuvo muy
-cerca de perecer a manos del populacho, y hubo con esta ocasión varios
-heridos.</p>
-
-<p>Apoyado en aquellos tumultos provocados por la imprudencia u osadía
-francesa, y seguro por otra parte de que Fernando había atravesado
-la frontera, <span class="sidenote">Conducta<br/> altanera<br/> de
-Murat.</span> levantó Murat su imperioso y altanero tono, encareciendo
-agravios e importunando con sus peticiones. Guardaba con la junta,
-autoridad suprema de la nación, tan poco comedimiento que en ocasiones
-graves procedía sin contar con su anuencia. Así fue que queriendo
-Bonaparte congregar en Bayona una diputación de españoles, para que
-en tierra extraña tratase de asuntos interiores del reino, a manera
-de la que antes había reunido en León respecto de Italia; y habiendo
-Murat comunicado dicha resolución a la junta gubernativa a fin de que
-nombrase sujetos y arreglase el modo de convocación; al tiempo que esta
-en medio de sus angustias entraba en deliberación acerca de la materia,
-llegó a su noticia que el gran duque Murat había por sí escogido al
-intento ciertas personas, quienes rehusando pasar a Francia<span
-class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span> sin orden o pasaporte de su
-gobierno, le obligaron a dirigirse a la misma junta para obtenerlos.
-Diolos aquella, creciendo en debilidad a medida que el francés crecía
-en insolencia.</p>
-
-<div class="sidenote">Conducta<br/> de la junta<br/> y medidas<br/> que
-propone.</div>
-
-<p>Más adelante volveremos a hablar de la reunión que se indicaba para
-Bayona. Ahora conviene que paremos nuestra atención en la conducta
-de la junta suprema, autoridad que quedó al frente de la nación y la
-gobernó hasta que grandes y gloriosos levantamientos limitaron su flaca
-dominación a Madrid y puntos ocupados por los franceses. A pesar de
-no haber sido su mando muy duradero varió en su composición, ya por
-el número de sujetos que después se le agregaron, ya por la mudanza y
-alteración sustancial que experimentó al entrar Murat a presidirla. Nos
-ceñiremos por de pronto al espacio de su gobernación, que comprende
-hasta los primeros días de mayo, en cuyo tiempo se componía de las
-personas antes indicadas bajo la presidencia del infante Don Antonio,
-asistiendo con frecuencia a sus sesiones el príncipe de Castel-Franco,
-el conde de Montarco y Don Arias Mon, gobernador del consejo. Se
-agregaron en 1.º de mayo por resolución de la misma junta todos los
-presidentes y decanos de los consejos, y se nombró por secretario al
-conde de Casa-Valencia. En su difícil y ardua posición hostigada de un
-lado por un jefe extranjero impetuoso y altivo, y reprimida de otro
-con las incertidumbres y contradicciones de los que habían acompañado
-al rey a Bayona, puede encontrar disculpa la flojedad y desmayo con
-que generalmente obró durante todos aquellos días. Hubiérase<span
-class="pagenum" id="Page_139">p. 139</span> también achacado su
-indecisión al modo restricto con que Fernando la había autorizado a su
-partida, si Don Pedro Cevallos no nos hubiera dado a conocer que para
-acudir al remedio de aquel olvido o falta de previsión, se le había
-enviado a dicha junta desde Bayona una real orden para «que ejecutase
-cuanto convenía al servicio del rey y del reino, y que al efecto usase
-de todas las facultades que S. M. desplegaría si se hallase dentro de
-sus estados.» Parece ser que el decreto fue recibido por la junta, y
-en verdad que con él tenía ancho campo para proceder sin trabas ni
-miramiento. Sin embargo constante en su timidez e irresolución no se
-atrevió a tomar medida alguna vigorosa sin consultar de nuevo al rey.
-Fueron despachados con aquel objeto a Bayona Don Evaristo Pérez de
-Castro y Don José de Zayas: llegó el primero sin tropiezo a su destino;
-detúvose al segundo en la raya. Susurrose entonces que una persona bien
-enterada del itinerario del último lo había revelado para entorpecer
-su misión: no fue así con Pérez de Castro, quien encubrió a todos el
-camino o extraviada vereda que llevaba. La junta remitía por dichos
-comisionados cuatro preguntas acerca de las cuales pedía instrucciones.
-«1.ª Si convenía autorizar a la junta a sustituirse en caso necesario
-en otras personas, las que S. M. designase, para que se trasladasen a
-paraje en que pudiesen obrar con libertad, siempre que la junta llegase
-a carecer de ella. 2.ª Si era la voluntad de S. M. que empezasen
-las hostilidades, el modo y tiempo de ponerlo en ejecución. 3.ª Si
-debía<span class="pagenum" id="Page_140">p. 140</span> ya impedirse la
-entrada de nuevas tropas francesas en España, cerrando los pasos de la
-frontera. 4.ª Si S. M. juzgaba conducente que se convocasen las cortes,
-dirigiendo su real decreto al consejo, y en defecto de este [por ser
-posible que al llegar la respuesta de S. M. no estuviera ya en libertad
-de obrar] a cualquiera chancillería o audiencia del reino.»</p>
-
-<div class="sidenote">Creación<br/> de una junta<br/> que la
-sustituya.</div>
-
-<p>Preguntas eran estas con que más bien daba indicio la junta de
-querer cubrir su propia responsabilidad, que de desear su aprobación.
-Con todo habiendo dentro de su seno individuos sumamente adictos
-al bien y honor de su patria, no pudieron menos de acordarse con
-oportunidad algunas resoluciones, que ejecutadas con vigor hubieran
-sin duda influido favorablemente en el giro de los negocios. Tal fue
-la de nombrar una junta que sustituyese a la de Madrid, llegado el
-caso de carecer esta de libertad. Propuso tan acertada providencia
-el firme y respetable Don Francisco Gil y Lemus, impelido y alentado
-por una reunión oculta de buenos patriotas que se congregaban en
-casa de su sobrino Don Felipe Gil Taboada. Fueron los nombrados para
-la nueva junta el conde de Ezpeleta, capitán general de Cataluña que
-debía presidirla, Don Gregorio García de la Cuesta, capitán general
-de Castilla la Vieja, el teniente general Don Antonio de Escaño,
-Don Gaspar Melchor de Jovellanos, y en su lugar, y hasta tanto que
-llegase de Mallorca, Don Juan Pérez Villamil, y Don Felipe Gil
-Taboada. El punto señalado para su reunión era Zaragoza, y el último
-de los nombrados salió para dicha ciudad<span class="pagenum"
-id="Page_141">p. 141</span> en la mañana misma del aciago 2 de mayo,
-en compañía de Don Damián de la Santa que debía ser secretario. Luego
-veremos cómo se malogró la ejecución de tan oportuna medida.</p>
-
-<p>Los individuos que en la junta de Madrid propendían a no exponer
-a riesgo sus personas abrazando un activo y eficaz partido, se
-apoyaban en el mismo titubear de los ministros y consejeros de Bayona,
-quienes ni entre sí andaban acordes, ni sostenían con uniformidad y
-firmeza lo que una vez habían determinado. Hemos visto antes como
-Don Pedro Cevallos había expedido un decreto autorizando a la junta
-para que obrase sin restricción ni traba alguna; de lo que hubiéramos
-debido inferir cuán resuelto estaba a sobrellevar con fortaleza los
-males que de aquel decreto pudieran originarse a su persona y a los
-demás españoles que rodeaban al rey. Pues era tan al contrario,
-que el mismo Don Pedro envió a decir a la junta en 23 de abril por
-Don Justo Ibarnavarro oidor de Pamplona, que llegó a Madrid en la
-noche del 29,[*] <span class="sidenote">Llegada<br/> a Madrid<br/>
-de Don Justo<br/> Ibarnavarro.<br/> (* Ap. n. <a href="#Ap_2-19"
-id="Ll_2-19">2-19</a>.)</span> «que no se hiciese novedad en la
-conducta tenida con los franceses para evitar funestas consecuencias
-contra el rey, y cuantos españoles [porque no se olvidaban] acompañaban
-a S. M.» El mencionado oidor, después de contar lo que pasaba en
-Bayona, también anunció de parte de S. M. «que estaba resuelto a perder
-primero la vida que a acceder a una inicua renuncia... y que con esta
-seguridad procediese la junta»; aserción algún tanto incompatible con
-el encargo de Don Pedro Cevallos. Siendo tan grande la vacilación de
-todos, siendo tantas y tan<span class="pagenum" id="Page_142">p.
-142</span> frecuentes sus contradicciones, fue más fácil que después
-cada uno descargase su propia responsabilidad, echándose recíprocamente
-la culpa. Por consiguiente si en este primer tiempo procedió la junta
-de Madrid con duda y perplejidad, las circunstancias eran harto graves
-para que no sea disimulable su indecisa y a veces débil conducta,
-examinándola a la luz de la rigurosa imparcialidad.</p>
-
-<div class="sidenote">Posición<br/> de los franceses<br/> en
-Madrid.</div>
-
-<p>La fuerte y hostil posición de los franceses era también para
-desalentar al hombre más brioso y arrojado. Tenían en Madrid y
-sus alrededores 25.000 hombres, ocupando el Retiro con numerosa
-artillería. Dentro de la capital estaba la guardia imperial de a pie
-y de a caballo con una división de infantería mandada por el general
-Musnier, y una brigada de caballería. Las otras divisiones del cuerpo
-de observación de las costas del océano a las órdenes del mariscal
-Moncey, se hallaban acantonadas en Fuencarral, Chamartín, convento
-de San Bernardino, Pozuelo y la casa de Campo. En Aranjuez, Toledo
-y el Escorial había divisiones del cuerpo de Dupont, de suerte que
-Madrid estaba ocupado y circundado por el ejército extranjero, al
-paso que la guarnición española constaba de poco más de 3000 hombres,
-habiéndose insensiblemente disminuido desde los acontecimientos de
-marzo. Mas el vecindario, en lugar de contener y reprimir su disgusto,
-le manifestaba cada día más a cara descubierta y sin poner ya límites
-a su descontento. Eran extraordinarias la impaciencia y la agitación,
-y ora delante de la imprenta real para aguardar la publicación<span
-class="pagenum" id="Page_143">p. 143</span> de una gaceta, ora delante
-de la casa de correos para saber noticias, se veían constantemente
-grupos de gente de todas clases. Los empleados dejaban sus oficinas,
-los operarios sus talleres, y hasta el delicado sexo sus caseras
-ocupaciones para acudir a la Puerta del Sol y sus avenidas, ansiosos
-de satisfacer su noble curiosidad: interés loable y señalado indicio
-de que el fuego patrio no se había aún extinguido en los pechos
-españoles.</p>
-
-<div class="sidenote">Revistas<br/> de Murat.</div>
-
-<p>Murat por su parte no omitía ocasión de ostentar su fuerza y sus
-recursos para infundir pavor en el ánimo de la desasosegada multitud.
-Todos los domingos pasaba revista de sus tropas en el paseo del Prado,
-después de haber oído misa en el convento de Carmelitas descalzos, calle
-de Alcalá. La demostración religiosa acompañada de la estrepitosa
-reseña, lejos de conciliar los ánimos o de arredrarlos, los llenaba de
-enfado y enojo. No se creía en la sinceridad de la primera tachándola
-de impío fingimiento, y se veía en la segunda el deliberado propósito
-de insultar y de atemorizar con estudiada apariencia a los pacíficos,
-si bien ofendidos moradores. De una y otra parte fue creciendo la
-irritación siendo por ambas extremada. El español tenía a vilipendio el
-orgullo y desprecio con que se presentaba el extranjero, y el soldado
-francés temeroso de una oculta trama anhelaba por salir de su situación
-penosa, vengándose de los desaires que con frecuencia recibía. A tal
-punto había llegado la agitación y la cólera, que al volver Murat
-el domingo 1.º de mayo de su acostumbrada revista, y a su<span
-class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span> paso por la Puerta del Sol
-fue escarnecido y silbado con escándalo de su comitiva por el numeroso
-pueblo que allí a la sazón se encontraba. Semejante estado de cosas era
-demasiado violento para que se prolongase, sin haber de ambas partes un
-abierto y declarado rompimiento. Solo faltaba oportuna ocasión, la cual
-desgraciadamente se ofreció muy luego.</p>
-
-<div class="sidenote">Pide la salida<br/> para Francia<br/> del
-infante<br/> Don Francisco y<br/> reina de Etruria.</div>
-
-<p>El 30 de abril presentó Murat una carta de Carlos IV para que la
-reina de Etruria y el infante Don Francisco pasasen a Bayona. Se opuso
-la junta a la partida del infante, dejando a la reina que obrase
-según su deseo. Reiteró Murat el 1.º de mayo la demanda acerca del
-infante, tomando a su cuidado evitar a la junta cualquiera desazón
-o responsabilidad. Tratose largamente en ella si se había o no de
-acceder: los pareceres anduvieron muy divididos, y hubo quien propuso
-resistir con la fuerza. Consultose acerca del punto con Don Gonzalo
-Ofárril como ministro de la guerra, quien trazó un cuadro en tal
-manera triste, si bien cierto, de la situación de Madrid apreciada
-militarmente, que no solo arrastró a su opinión la de la mayoría,
-sino que también se convino en contener con las fuerzas nacionales
-cualquiera movimiento del pueblo. Hasta ahora la junta había sido débil
-e indecisa: en adelante menos atenta a sus sagrados deberes irá poco
-a poco uniéndose y estrechándose con el orgulloso invasor. Resuelto
-pues el viaje de la reina de Etruria conforme a su libre voluntad, y el
-del infante Don Francisco por consentimiento de la junta, se señaló la
-mañana siguiente para su partida.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span></p>
-
-<div class="sidenote">2 de mayo.</div>
-
-<p>Amaneció en fin el 2 de mayo, día de amarga recordación, de luto y
-desconsuelo, cuya dolorosa imagen nunca se borrará de nuestro afligido
-y contristado pecho. Un présago e inexplicable desasosiego pronosticaba
-tan aciago acontecimiento, o ya por aquel presentir oscuro que a veces
-antecede a las grandes tribulaciones de nuestra alma, o ya más bien
-por la esparcida voz de la próxima partida de los infantes. Esta voz
-y la suma inquietud excitada por la falta de dos correos de Francia,
-habían llamado desde muy temprano a la plazuela de palacio numeroso
-concurso de hombres y mujeres del pueblo. Al dar las nueve subió en
-un coche con sus hijos la reina de Etruria, mirada más bien como
-princesa extranjera que como propia, y muy desamada por su continuo y
-secreto trato con Murat: partió sin oponérsele resistencia. Quedaban
-todavía dos coches, y al instante corrió por la multitud que estaban
-destinados al viaje de los dos infantes Don Antonio y Don Francisco.
-Por instantes crecía el enojo y la ira, cuando al oír de la boca de
-los criados de palacio que el niño Don Francisco lloraba y no quería
-partir, se enternecieron todos, y las mujeres prorrumpieron en lamentos
-y sentidos sollozos. En este estado y alterados más y más los ánimos,
-llegó a palacio el ayudante de Murat Mr. Augusto Lagrange encargado
-de ver lo que allí pasaba, y de saber si la inquietud popular ofrecía
-fundados temores de alguna conmoción grave. Al ver al ayudante,
-conocido como tal por su particular uniforme, nada grato a los ojos del
-pueblo, se persuadió este que era venido allí para sacar por fuerza
-a los<span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span> infantes.
-Siguiose un general susurro, y al grito de una mujerzuela: <i>que nos
-los llevan</i>, fue embestido Mr. Lagrange por todas partes, y hubiera
-perecido a no haberle escudado con su cuerpo el oficial de valonas
-Don Miguel Desmaisieres y Flórez; mas subiendo de punto la gritería y
-ciegos todos de rabia y desesperación, ambos iban a ser atropellados
-y muertos si afortunadamente no hubiera llegado a tiempo una patrulla
-francesa que los libró del furor de la embravecida plebe. Murat
-prontamente informado de lo que pasaba envió sin tardanza un batallón
-con dos piezas de artillería: la proximidad a palacio de su alojamiento
-facilitaba la breve ejecución de su orden. La tropa francesa llegada
-que fue al paraje de la reunión popular, en vez de contener el alboroto
-en su origen, sin previo aviso ni determinación anterior, hizo una
-descarga sobre los indefensos corrillos, causando así una general
-dispersión, y con ella un levantamiento en toda la capital, porque
-derramándose con celeridad hasta por los más distantes barrios los
-prófugos de palacio, cundió con ellos el terror y el miedo, y en un
-instante y como por encanto se sublevó la población entera.</p>
-
-<p>Acudieron todos a buscar armas, y con ansia a falta de buenas se
-aprovechaban de las más arrinconadas y enmohecidas. Los franceses
-fueron impetuosamente acometidos por doquiera que se les encontraba.
-Respetáronse en general los que estaban dentro de las casas o iban
-desarmados, y con vigor se ensañaron contra los que intentaban juntarse
-con sus cuerpos o hacían fuego. Los hubo que arrojando las armas e
-implorando<span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span> clemencia
-se salvaron, y fueron custodiados en paraje seguro. ¡Admirable
-generosidad en medio de tan ciego y justo furor! El gentío era inmenso
-en la calle Mayor, de Alcalá, de la Montera y de las Carretas. Durante
-algún tiempo los franceses desaparecieron, y los inexpertos madrileños
-creyeron haber alcanzado y asegurado su triunfo; pero desgraciadamente
-fue de corta duración su alegría.</p>
-
-<p>Los extranjeros prevenidos de antemano, y estando siempre en
-vela, recelosos por la pública agitación de una populosa ciudad,
-apresuradamente se abalanzaron por las calles de Alcalá y carrera
-de San Jerónimo barriéndola con su artillería, y arrollando a la
-multitud la caballería de la guardia imperial a las órdenes del jefe
-de escuadron Daumesnil. Señaláronse en crueldad los lanceros polacos
-y los mamelucos, los que conforme a las órdenes de los generales de
-brigada Guillot y Daubray forzaron las puertas de algunas casas, o ya
-porque desde dentro hubiesen tirado, o ya porque así lo fingieron para
-entrarlas a saco y matar a cuantos se les presentaban. Así asaltando
-entre otras la casa del duque de Híjar en la carrera de San Jerónimo
-arcabucearon delante de sus puertas al anciano portero. Estuvieron
-también próximos a experimentar igual suerte el marqués de Villamejor
-y el conde de Talara, aunque no habían tomado parte en la sublevación.
-Salváronlos sus alojados. El pueblo combatido por todas partes fue
-rechazado y disperso, y solo unos cuantos siguieron defendiéndose y aun
-atacaron con sobresaliente bizarría. Entre ellos los hubo que<span
-class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span> vendiendo caras sus vidas
-se arrojaron en medio de las filas francesas hiriendo y matando hasta
-dar el postrer aliento: hubo otros que parapetándose en las esquinas de
-las calles iban de una en otra haciendo continuado y mortífero fuego:
-algunos también en vez de huir aguardaban a pie firme, o asestaban su
-último y furibundo golpe contra el jefe u oficial conocido por sus
-insignias. ¡Estériles esfuerzos de valor y personal denuedo!</p>
-
-<p>La tropa española permanecía en sus cuarteles por orden de la
-junta y del capitán general Don Francisco Javier Negrete, furiosa y
-encolerizada, mas retenida por la disciplina. Entretanto paisanos
-sin resguardo ni apoyo se precipitaron al parque de artillería, en
-el barrio de las Maravillas, para sacar los cañones y resistir con
-más ventaja. Los artilleros andaban dudosos en tomar o no parte con
-el pueblo, a la misma sazón que cundió la voz de haber sido atacado
-por los franceses uno de los otros cuarteles. Decididos entonces y
-puestos al frente Don Pedro Velarde y D. Luis Daoiz abrieron las
-puertas del parque, sacaron tres cañones y se dispusieron a rechazar al
-enemigo, sostenidos por los paisanos y un piquete de infantería a las
-órdenes del oficial Ruiz. Al principio se cogieron prisioneros algunos
-franceses, pero poco después una columna de estos de los acantonados
-en el convento de San Bernardino se avanzó mandada por el general
-Lefranc, trabándose de ambos lados una porfiada refriega. El parque
-se defendió valerosamente, menudearon las descargas, y allí quedaron
-tendidos número crecido de<span class="pagenum" id="Page_149">p.
-149</span> enemigos. De nuestra parte perecieron bastantes soldados y
-paisanos: el oficial Ruiz fue desde el principio gravemente herido.
-Don Pedro Velarde feneció atravesado de un balazo: y escaseando
-ya los medios de defensa con la muerte de muchos, y aproximándose
-denodadamente los franceses a la bayoneta, comenzaron los nuestros a
-desalentar y quisieron rendirse. Pero cuando se creía que los enemigos
-iban a admitir la capitulación se arrojaron sobre las piezas, mataron
-a algunos, y entre ellos traspasaron desapiadadamente a bayonetazos a
-Don Luis Daoiz, herido antes en un muslo. Así terminaron su carrera los
-ilustres y beneméritos oficiales Daoiz y Velarde: honra y gloria de
-España, dechado de patriotismo, servirán de ejemplo a los amantes de
-la independencia y libertad nacional. El reencuentro del parque fue el
-que costó más sangre a los franceses, y en donde hubo resistencia más
-ordenada.</p>
-
-<p>Entretanto la débil junta azorada y sorprendida pensó en buscar
-remedio a tamaño mal. Ofárril y Azanza habiendo recorrido inútilmente
-los alrededores de palacio, y no siendo escuchados de los franceses,
-montaron a caballo y fueron a encontrarse con Murat, quien desde el
-principio de la sublevación para estar más desembarazado y más a mano
-de dar órdenes, ya a las tropas de afuera, ya a las de adentro, se
-colocó con el mariscal Moncey y principales generales fuera de puertas
-en lo alto de la cuesta de San Vicente. Llegaron allí los comisionados
-de la junta, y dijeron al gran duque que si mandaba suspender el fuego
-y les daba para acompañarlos<span class="pagenum" id="Page_150">p.
-150</span> uno de sus generales se ofrecían a restablecer la
-tranquilidad. Accedió Murat y nombró al efecto al general Harispe.
-Juntos los tres pasaron a los consejos, y asistidos de individuos de
-todos ellos se distribuyeron por calles y plazas, y recorriendo las
-principales alcanzaron que la multitud se aplacase con oferta de olvido
-de lo pasado y reconciliación general. En aquel paseo se salvó la vida
-a varios desgraciados, y señaladamente a algunos traficantes catalanes
-a ruego de Don Gonzalo Ofárril.</p>
-
-<p>Retirados los españoles, todas las bocacalles y puntos importantes
-fueron ocupados por los franceses, situando particularmente en las
-encrucijadas cañones con mecha encendida.</p>
-
-<p>Aunque sumidos todos en dolor profundo, se respiraba algún tanto con
-la consoladora idea de que por lo menos haría pausa la desolación y la
-muerte. ¡Engañosa esperanza! A las tres de la tarde una voz lúgubre
-y espantosa empezó a correr con la celeridad del rayo. Afirmábase
-que españoles tranquilos habían sido cogidos por los franceses y
-arcabuceados junto a la fuente de la Puerta del Sol y la iglesia de la
-Soledad, manchando con su inocente sangre las gradas del templo. Apenas
-se daba crédito a tamaña atrocidad, y conceptuábanse falsos rumores
-de ilusos y acalorados patriotas. Bien pronto llegó el desengaño. En
-efecto, los franceses después de estar todo tranquilo habían comenzado
-a prender a muchos españoles, que en virtud de las promesas creyeron
-poder acudir libremente a sus ocupaciones. Prendiéronlos con pretexto
-de que llevaban armas: muchos no las tenían, a<span class="pagenum"
-id="Page_151">p. 151</span> otros solo acompañaba o una navaja o unas
-tijeras de su uso. Algunos fueron arcabuceados sin dilación, otros
-quedaron depositados en la casa de correos y en los cuarteles. Las
-autoridades españolas fiadas en el convenio concluido con los jefes
-franceses, descansaban en el puntual cumplimiento de lo pactado. Por
-desgracia fuimos de los primeros a ser testigos de su ciega confianza.
-Llevados a casa de Don Arias Mon gobernador del consejo con deseo de
-librar la vida a Don Antonio Oviedo, quien sin motivo había sido preso
-al cruzar de una calle, nos encontramos con que el venerable anciano,
-rendido al cansancio de la fatigosa mañana, dormía sosegadamente la
-siesta. Enlazados con él por relaciones de paisanaje y parentesco,
-conseguimos que se le despertase, y con dificultad pudimos persuadirle
-de la verdad de lo que pasaba, respondiendo a todo que una persona como
-el gran duque de Berg no podía descaradamente faltar a su palabra...
-¡tanto repugnaba el falso proceder a su acendrada probidad! Cerciorado
-al fin, procuró aquel digno magistrado reparar por su parte el grave
-daño, dándonos también a nosotros en propia mano la orden para que se
-pusiese en libertad a nuestro amigo. Sus laudables esfuerzos fueron
-inútiles, y en balde fueron nuestros pasos en favor de Don Antonio
-Oviedo. A duras penas penetrando por las filas enemigas con bastante
-peligro, de que nos salvó el hablar la lengua francesa, llegamos a
-la casa de correos donde mandaba por los españoles el general Sesti.
-Le presentamos la orden del gobernador, y friamente nos contestó que
-para evitar<span class="pagenum" id="Page_152">p. 152</span> las
-continuadas reclamaciones de los franceses, les había entregado todos
-sus presos y puéstolos en sus manos: así aquel italiano al servicio de
-España retribuyó a su adoptiva patria los grados y mercedes con que le
-había honrado. En dicha casa de correos se había juntado una comisión
-militar francesa con apariencias de tribunal; mas por lo común sin ver
-a los supuestos reos, sin oírles descargo alguno ni defensa los enviaba
-en pelotones unos en pos de otros para que pereciesen en el Retiro o en
-el Prado. Muchos llegaban al lugar de su horroroso suplicio ignorantes
-de su suerte; y atados de dos en dos, tirando los soldados franceses
-sobre el montón, caían o muertos o mal heridos, pasando a enterrarlos
-cuando todavía algunos palpitaban. Aguardaron a que pasase el día
-para aumentar el horror de la trágica escena. Al cabo de veinte años
-nuestros cabellos se erizan todavía al recordar la triste y silenciosa
-noche, solo interrumpida por los lastimeros ayes de las desgraciadas
-víctimas y por el ruido de los fusilazos y del cañón que de cuando
-en cuando y a lo lejos se oía y resonaba. Recogidos los madrileños a
-sus hogares lloraban la cruel suerte que había cabido o amenazaba al
-pariente, al deudo o al amigo. Nosotros nos lamentábamos de la suerte
-del desventurado Oviedo, cuya libertad no habíamos logrado conseguir, a
-la misma sazón que pálido y despavorido le vimos impensadamente entrar
-por las puertas de la casa en donde estábamos. Acababa de deber la
-vida a la generosidad de un oficial francés movido de sus ruegos y de
-su inocencia, expresados en la<span class="pagenum" id="Page_153">p.
-153</span> lengua extraña con la persuasiva elocuencia que le daba su
-crítica situación. Atado ya en un patio del Retiro, estando para ser
-arcabuceado le soltó, y aun no había salido Oviedo del recinto del
-palacio cuando oyó los tiros que terminaron la larga y horrorosa agonía
-de sus compañeros de infortunio.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n.
-<a href="#Ap_2-21" id="Ll_2-21">2-21</a>.)</span> Me he atrevido a
-entretejer con la relación general un hecho que si bien particular, da
-una idea clara y verdadera del modo bárbaro y cruel con que perecieron
-muchos españoles, entre los cuales había sacerdotes, ancianos y otras
-personas respetables. No satisfechos los invasores con la sangre
-derramada por la noche, continuaron todavía en la mañana siguiente
-pasando por las armas a algunos de los arrestados la víspera, para cuya
-ejecución destinaron el cercado de la casa del príncipe Pío. Con aquel
-sangriento suceso se dio correspondiente remate a la empresa comenzada
-el 2 de mayo, día que cubrirá eternamente de baldón al caudillo del
-ejército francés, que friamente mandó asesinar, atraillados sin juicio
-ni defensa a inocentes y pacíficos individuos. Lejos estaba entonces
-de prever el orgulloso y arrogante Murat que años después cogido,
-sorprendido y casi atraillado también a la manera de los españoles del
-2 de mayo, sería arcabuceado sin detenidas formas y a pesar de sus
-reclamaciones, ofreciendo en su persona un señalado escarmiento a los
-que ostentan hollar impunemente los derechos sagrados de la justicia y
-de la humanidad.</p>
-
-<p>Difícil sería calcular ahora con puntualidad la pérdida que hubo
-por ambas partes. El consejo<span class="pagenum" id="Page_154">p.
-154</span> interesado en disminuirla la rebajó a unos 200 hombres del
-pueblo. Murat aumentando la de los españoles redujo la suya acortándola
-el Monitor a unos 80 entre muertos y heridos. Las dos relaciones
-debieron ser inexactas por la sazón en que se hicieron y el diverso
-interés que a todos ellos movía. Según lo que vimos y atendiendo a lo
-que hemos consultado después y al número de heridos que entraron en los
-hospitales, creemos que aproximadamente puede computarse la pérdida de
-unos y otros en 1200 hombres.</p>
-
-<p>Calificaron los españoles el acontecimiento del 2 de mayo de
-trama urdida por los franceses, y no faltaron algunos de estos que
-se imaginaron haber sido una conspiración preparada de antemano por
-aquellos: suposiciones falsas y desnudas ambas de sólido fundamento.
-Mas, desechando los rumores de entonces, nos inclinamos sí a que
-Murat celebró la ocasión que se le presentaba y no la desaprovechó,
-jactándose como después lo hizo de haber humillado con un recio
-escarmiento la fiereza castellana. Bien pronto vio cuán equivocado
-era su precipitado juicio. Aquel día fue el origen del levantamiento
-de España contra los franceses, contribuyendo a ello en gran manera
-el concurso de forasteros que había en la capital con motivo del
-advenimiento al trono de Fernando VII. Asustados estos y horrorizados,
-volvieron a sus casas difundiendo por todas las provincias la infausta
-nueva y excitando el odio y la abominación contra el cruel y fementido
-extranjero.</p>
-
-<div class="sidenote">Día 3.</div>
-
-<p>Profunda tristeza y abatimiento señalaron<span class="pagenum"
-id="Page_155">p. 155</span> el día 3. Las tiendas y las casas cerradas,
-las calles solitarias y recorridas solamente por patrullas francesas
-ofrecían el aspecto de una ciudad desierta y abandonada. Murat mandó
-fijar en las esquinas una proclama [*] <span class="sidenote">(* Ap.
-n. <a href="#Ap_2-20" id="Ll_2-20">2-20</a>.)</span> digna de Atila,
-respirando sangre y amenazas, con lo que la indignación, si bien
-reconcentrada entonces, tomó cada vez mayor incremento y braveza.</p>
-
-<div class="sidenote">Salida<br/> de los infantes<br/> para
-Francia<br/> el 3 y el 4.</div>
-
-<p>Aterrado así el pueblo de Madrid, se fue adelante en el propósito de
-trasladar a Francia toda la real familia, y el mismo día 3 salió para
-Bayona el infante Don Francisco. No se había pasado aquella noche sin
-que el conde de Laforest y Mr. Freville indicasen en una conferencia
-secreta al infante Don Antonio la conveniencia y necesidad de que
-fuese a reunirse con los demás individuos de su familia, para que en
-presencia de todos se tomasen de acuerdo con el emperador las medidas
-convenientes al arreglo de los negocios de España. Condescendió el
-infante consternado con los sucesos precedentes, y señaló para su
-partida la madrugada del 4, habiéndose tomado un coche de viaje de la
-duquesa viuda de Osuna, a fin de que caminase más disimuladamente.
-Dirigió antes de su salida un papel o decreto [no sabemos qué nombre
-darle] a Don Francisco Gil y Lemus como vocal más antiguo de la junta y
-persona de su particular confianza. Aunque temamos faltar a la gravedad
-de la historia, lo curioso del papel así en la sustancia como en la
-forma exige que le insertemos aquí literalmente. «Al señor Gil. — A
-la junta para su gobierno la pongo en su noticia como me he marchado a
-Bayona de orden<span class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span> del
-rey, y digo a dicha junta que ella sigue en los mismos términos como
-si yo estuviese en ella. — Dios nos la dé buena. — A Dios, señores,
-hasta el valle de Josafat. — Antonio Pascual.» Basta esta carta del
-buen infante Don Antonio Pascual para conjeturar cuán superior era
-a sus fuerzas la pesada carga que le había encomendado su sobrino.
-Había sido siempre reputado por hombre de partes poco aventajadas,
-y en los breves días de su presidencia no ganó ni en concepto ni en
-estimación. La reina María Luisa le graduaba en sus cartas de hombre
-de muy <i>poco talento y luces</i>, agregábale además la calidad de
-<i>cruel</i>. El juicio de la reina en su primera parte era conforme
-a la opinión general; pero en lo de <i>cruel</i>, a haberse entonces
-sabido, se hubiera atribuido a injusta calificación de enemistad
-personal. Por desgracia la saña con que aquel infante se expresó el
-año de 1814 contra todos los perseguidos y proscritos, confirmó triste
-y sobradamente la justicia e imparcialidad con que la reina había
-bosquejado su carácter. Aquí acabó por decirlo así la primera época
-de la junta de gobierno, hasta cuyo tiempo si bien se echa de menos
-energía y la conveniente previsión, falta disculpable en tan delicada
-crisis, no se nota en su conducta connivencia ni reprensibles tratos
-con el invasor extranjero. En adelante su modo de proceder fue variando
-y enturbiándose más y más. Pero ya es tiempo de que volvamos los ojos a
-las escenas no menos lamentables que al mismo tiempo se representaban
-en Bayona.</p>
-
-<div class="sidenote">Llega Napoleón<br/> a Bayona.</div>
-
-<p>Napoleón al día siguiente de su llegada el 16<span class="pagenum"
-id="Page_157">p. 157</span> de abril, dio audiencia en aquella ciudad
-a una diputación de portugueses enviada para cumplimentarle, y les
-ofreció conservar su independencia, no desmembrando parte alguna de
-su territorio ni agregándolos tampoco a España. No pudo verle el
-infante Don Carlos por hallarse indispuesto; mas Napoleón pasó a
-visitar en persona a Fernando una hora después de su arribo, el que
-se verificó como hemos dicho el día 20. El recién llegado bajó a
-recibirle a la puerta de la calle, en donde habiéndose estrechamente
-abrazado estuvieron juntos corto rato, y solamente se tocaron en la
-conversación puntos indiferentes. Fernando fue convidado a comer para
-aquella misma tarde con el emperador, y a la hora señalada yendo
-en carruajes imperiales con su comitiva, fue conducido al palacio
-de Marracq donde Napoleón residía. Saliole este a recibir hasta el
-estribo del coche, etiqueta solo usada con las testas coronadas. En
-la mesa evitó tratarle como príncipe o como rey. Acabada la comida
-permanecieron poco tiempo juntos, y se despidieron quedando los
-españoles muy contentos del agasajo con que habían sido tratados, y
-renaciendo en ellos la esperanza de que todo iba a componerse bien
-y satisfactoriamente. Vuelto Fernando a su posada entró en ella muy
-luego el general Savary con el inesperado mensaje de que el emperador
-había resuelto irrevocablemente derribar del trono la estirpe de los
-Borbones, sustituyendo la suya, <span class="sidenote">Se anuncia<br/>
-a Fernando<br/> que renuncie.</span> y que por consiguiente S. M. I.
-exigía que el rey en su nombre y en el de toda su familia renunciase
-la corona de España e Indias en favor de<span class="pagenum"
-id="Page_158">p. 158</span> la dinastía de Bonaparte. No se sabe si
-debe sorprender más la resolución en sí misma y el tiempo y ocasión de
-anunciarla, o la serenidad del mensajero encargado de dar la noticia.
-No habían transcurrido aun cinco días desde que el general Savary había
-respondido con su cabeza de que el emperador reconocería al príncipe
-de Asturias por rey si hiciese la demostración amistosa de pasar a
-Bayona; y el mismo general encargábase ahora no ya de poner dudas o
-condiciones a aquel reconocimiento, sino de intimar al príncipe y a
-su familia el despojo absoluto del trono heredado de sus abuelos.
-¡Inaudita audacia! Aguardar también para notificar la terrible decisión
-de Napoleón el momento en que acababa de darse a los príncipes de
-España pruebas de un bueno y amistoso hospedaje, fue verdaderamente
-rasgo de inútil y exquisita inhumanidad, apenas creíble a no habérnoslo
-trasmitido testigos oculares. Los héroes del político florentino César
-Borja y Oliveretto di Fermo en sus crueldades y excesos parecidos en
-gran manera a este de Napoleón, hallaban por lo menos cierta disculpa
-en su propia debilidad y en ser aquella la senda por donde caminaban
-los príncipes y estados de su tiempo. Mas el hombre colocado al frente
-de una nación grande y poderosa, y en un siglo de costumbres más suaves
-nunca podrá justificar o paliar siquiera ni su aleve resolución, ni el
-modo odioso e inoportuno de comunicarla.</p>
-
-<div class="sidenote">Conferencias<br/> de Escóiquiz<br/> y
-Cevallos.</div>
-
-<p>Después del intempestivo y desconsolador anuncio, tuvieron acerca
-del asunto Don Pedro Cevallos y Don Juan Escóiquiz importantes
-conferencias.<span class="pagenum" id="Page_159">p. 159</span> Comenzó
-la de Cevallos con el ministro Champagny, y cuando sostenía aquel con
-tesón y dignidad los derechos de su príncipe, en medio de la discusión
-presentose el emperador, y mandó a ambos entrar en su despacho, en
-donde enojado con lo que a Cevallos le había oído, pues detrás de
-una puerta había estado escuchando, le apellidó <i>traidor</i>, por
-desempeñar cerca de Fernando el mismo destino de que había disfrutado
-bajo Carlos IV. Añadidos otros denuestos, se serenó al fin y concluyó
-con decir que «tenía una política peculiar suya; que debía [Cevallos]
-adoptar ideas más francas, ser menos delicado sobre el pundonor y
-no sacrificar la prosperidad de España al interés de la familia de
-Borbón.»</p>
-
-<p>La primera conferencia de Escóiquiz fue desde luego con Napoleón
-mismo, quien le trató con más dulzura y benignidad que a Cevallos,
-merced probablemente a los elogios que el canónigo le prodigó con larga
-mano. La conversación tenida entre ambos nos ha sido conservada por
-Escóiquiz, y aunque dueño este de modificarla en ventaja suya, lleva
-visos de verídica y exacta, así por lo que Bonaparte dice, como también
-por aparecer en ella el bueno de Escóiquiz en su original y perpetua
-simplicidad. El emperador francés poco atento a floreos y estudiadas
-frases, insistió con ahínco en la violencia con que a Carlos IV se le
-había arrancado su renuncia, siendo el punto que principalmente le
-interesaba. No por eso dejó Escóiquiz de seguir perorando largamente;
-pero su <i>cicerónica arenga</i>, como por mofa la intitulaba
-Napoleón,<span class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span> no conmovió
-el imperial ánimo de este, que terminó la conferencia con autorizar
-a Escóiquiz para que en nombre suyo ofreciese a Fernando el reino de
-Etruria en cambio de la corona de España; en cuya propuesta quería dar
-al príncipe una prueba de su estimación, prometiendo además casarle con
-una princesa de su familia. Después de lo cual y de tirarle amistosa si
-bien fuertemente de las orejas, según el propio relato del canónigo,
-dio fin a la conversación el emperador francés.</p>
-
-<p>Apresuradamente volvió a la posada del rey Fernando Don Juan
-Escóiquiz, a quien todos aguardaban con ansia. Comunicó la nueva
-propuesta de Napoleón, y se juntó el consejo de los que acompañaban al
-rey para discutirla. En él los más de los asistentes, a pesar de los
-repetidos desengaños, solo veían en las nuevas proposiciones el deseo
-de pedir mucho para alcanzar algo, y todos a excepción de Escóiquiz
-votaron por desechar la propuesta del reino de Etruria. Cierto que si
-por una parte horroriza la pérfida conducta de Napoleón, por otra causa
-lástima y despecho el constante desvarío de los consejeros de Fernando
-y aquel continuado esperar en quien solo había dado muestras de mala
-voluntad. La opinión de Escóiquiz fue aún menos disculpable; la de los
-otros consejeros se fundaba en un juicio equivocado, pero la del último
-no solo le deshonraba como español queriendo que se trocase el vasto
-y poderoso trono de su patria por otro pequeño y limitado, no solo
-daba indicio de mísera y personal ambición, sino que también probaba
-de nuevo imprevisión<span class="pagenum" id="Page_161">p. 161</span>
-incurable en imaginarse que Bonaparte respetaría más al nuevo rey
-de Etruria que lo que había respetado al antiguo y a los que eran
-legítimamente príncipes de España.</p>
-
-<p>Continuaron las conferencias habiendo sustituido a Cevallos Don
-Pedro Labrador, y entendiéndose con Escóiquiz Mr. de Pradt, obispo de
-Poitiers. Labrador rompió desde luego sus negociaciones con Mr. de
-Champagny: los otros prosiguieron sin resultado alguno su recíproco
-trato y explicaciones. Daba ocasión a muchas de estas conferencias la
-vacilación misma de Napoleón, quien deseaba que Fernando renunciase
-sus derechos, sin tener que acudir a una violencia abierta, y también
-para dar lugar a que Carlos IV y el otro partido de la corte llegasen a
-Bayona. Así fue que la víspera del día en que se aguardaba a los reyes
-viejos, anunció Napoleón a Fernando que ya no trataría sino con su
-padre.</p>
-
-<div class="sidenote">Llegada<br/> de Carlos IV<br/> a Bayona.</div>
-
-<p>Ya hemos visto como el 25 de abril habían salido aquellos del
-Escorial, ansiosos de abrazar a su amigo Godoy, y persuadidos hasta
-cierto punto de que Napoleón los repondría en el trono. Pruébanlo las
-conversaciones que tuvieron en el camino, y señaladamente la que en
-Villa Real trabó la reina con el duque de Mahón; a quien habiéndole
-preguntado qué noticias corrían, respondió dicho duque «asegúrase que
-el emperador de los franceses reúne en Bayona todas las personas de
-la familia real de España para privarlas del trono.» Parose la reina
-como sorprendida, y después de haber reflexionado un rato, replicó:
-«Napoleón siempre<span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span>
-ha sido enemigo grande de nuestra familia: sin embargo ha hecho a
-Carlos reiteradas promesas de protegerle, y no creo que obre ahora con
-perfidia tan escandalosa.» Arribaron pues a Bayona el 30, siendo desde
-la frontera cumplimentados y tratados como reyes, y con una distinción
-muy diversa de aquella con que se había recibido a su hijo. Napoleón
-los vio el mismo día, y no los convidó a comer sino para el siguiente
-1.º de mayo; queriéndoles hacer el obsequio de que descansasen.
-Desembarazados de las personas que habían ido a darles el parabién de
-su llegada, entre quienes se contaba a Fernando, mirado con desvío y
-enojo por su augusto padre, corrieron Carlos y María Luisa a los brazos
-de su querido Godoy, a quien tiernamente estrecharon en su seno una y
-repetidas veces con gran clamor y llanto.</p>
-
-<div class="sidenote">Come<br/> con Napoleón.</div>
-
-<p>Pasaron en la tarde señalada a comer con Napoleón, y habiéndosele
-olvidado a este invitar al favorito español; al ponerse a la mesa,
-echándole de menos Carlos fuera de sí exclamó: <i>¿Y Manuel? ¿Dónde
-está Manuel?</i> Fuele preciso a Napoleón reparar su olvido, o más
-bien condescender con los deseos del anciano monarca: tan grande
-era el poderoso influjo que sobre los hábitos y carácter del último
-había tomado Godoy, quien no parecía sino que con bebedizos le había
-encantado.</p>
-
-<div class="sidenote">Comparece<br/> Fernando<br/> en presencia<br/> de
-su padre.</div>
-
-<p>No tardaron mucho unos y otros en ocuparse en el importante y
-grave negocio que había provocado la reunión en Bayona de tantos
-ilustres personajes. Muy luego de la llegada de los reyes padres, de
-acuerdo estos con Napoleón, y<span class="pagenum" id="Page_163">p.
-163</span> siendo Godoy su principal y casi único consejero, se citó
-a Fernando e intimole Carlos en presencia del soberano extranjero,
-que en la mañana del día siguiente le devolviese la corona por medio
-de una cesión pura y sencilla, amenazándole con que «si no él, sus
-hermanos y todo su séquito serían desde aquel momento tratados como
-emigrados.» Napoleón apoyó su discurso, y le sostuvo con fuerza; y
-al querer responder Fernando se lanzó de la silla su augusto padre,
-y hablándole con dignidad y fiereza quiso maltratarle, acusándole
-de haber querido quitarle la vida con la corona. La reina hasta
-entonces silenciosa se puso enfurecida, ultrajando al hijo con
-injuriosos denuestos, y a tal punto, según Bonaparte, se dejó
-arrastrar de su arrebatada cólera, que le pidió al mismo hiciese
-subir a Fernando al cadalso: expresión, si fue pronunciada, espantosa
-en boca de una madre.<span class="sidenote">Condiciones<br/> de
-Fernando<br/> para su renuncia.<br/> (* Ap. n. <a href="#Ap_2-22"
-id="Ll_2-22">2-22</a>.)</span> Su hijo enmudeció y envió una renuncia
-con fecha 1.º de mayo limitada por las condiciones siguientes: «1.ª Que
-el rey padre volviese a Madrid, hasta donde le acompañaría Fernando,
-y le serviría como [*] su hijo más respetuoso. 2.ª Que en Madrid
-se reuniesen las cortes, y pues que S. M. [el rey padre] resistía
-una congregación tan numerosa, se convocasen todos los tribunales
-y diputados del reino. 3.ª Que a la vista de aquella asamblea
-formalizaría su renuncia Fernando, exponiendo los motivos que le
-conducían a ella. 4.ª Que el rey Carlos no llevase consigo personas
-que justamente se habían concitado el odio de la nación. 5.ª Que si S.
-M. no quería reinar ni volver<span class="pagenum" id="Page_164">p.
-164</span> a España, en tal caso Fernando gobernaría en su real nombre,
-como lugarteniente suyo; no pudiendo ningún otro ser preferido a él.»
-Son de notar los trámites y formalidades que querían exigirse para
-hacer la nueva renuncia, siendo así que todo se había olvidado y aun
-atropellado en la anterior de Carlos. También es digno de particular
-atención que Fernando y sus consejeros, quienes por la mayor parte
-odiaron tanto años adelante hasta el nombre de cortes, hayan sido los
-primeros que provocaron su convocación, insinuando ser necesaria para
-legitimar la nueva cesión del hijo en favor del padre la aprobación
-de los representantes de la nación, o por lo menos la de una reunión
-numerosa en que estuvieran los diputados de los reinos. Así se truecan
-y trastornan los pareceres de los hombres al son del propio interés, y
-en menosprecio de la pública utilidad.</p>
-
-<div class="sidenote">No se conforma<br/> el padre.</div>
-
-<p>Carlos IV no se conformó, como era de esperar, con la contestación
-del hijo, escribiéndole en respuesta el 2 una carta, en cuyo
-contenido en medio de algunas severas si bien justas reflexiones
-se descubre la mano de Napoleón, y hasta expresiones suyas. Sonlo
-por ejemplo [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-23"
-id="Ll_2-23">2-23</a>.)</span> «todo debe hacerse para el pueblo,
-y nada por él... No puedo consentir en ninguna reunión en
-junta... nueva sugestión de los hombres sin experiencia que os
-acompañan.» Tal fue la invariable aversión con que Bonaparte miró
-siempre las asambleas populares, siendo así que sin ellas hubiera
-perpetuamente quedado oscurecido en el humilde rincón en que la
-suerte le<span class="pagenum" id="Page_165">p. 165</span> había
-colocado.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-24"
-id="Ll_2-24">2-24</a>.)</span> Fernando insistió el 4 en su primera
-respuesta «que el excluir para siempre del trono de España a su
-dinastía, no podía hacerlo sin el expreso consentimiento de todos los
-individuos que tenían o podían tener derecho a la corona de España,
-ni tampoco sin el mismo expreso consentimiento de la nación española,
-reunida en cortes y en lugar seguro.» Y tanto y tanto reconocía
-entonces Fernando los sagrados derechos de la nación, reclamándolos y
-deslindándolos cada vez más y con mayor claridad y conato.</p>
-
-<div class="sidenote">Comparece<br/> por segunda vez<br/> Fernando
-delante<br/> de su padre.</div>
-
-<p>En este estado andaban las pláticas sobre tan grave negocio
-cuando el 5 de mayo se recibió en Bayona la noticia de lo acaecido
-en Madrid el día 2: pasó Napoleón inmediatamente a participárselo a
-los reyes padres, y después de haber tenido con ellos una muy larga
-conferencia, se llamó a Fernando para que también concurriese a
-ella. Eran las cinco de la tarde; todos estaban sentados excepto el
-príncipe. Su padre le reiteró las anteriores acusaciones; le baldonó
-acerbamente; le achacó el levantamiento del 2 de mayo; las muertes
-que se habían seguido, y llamándole pérfido y traidor, le intimó
-por segunda vez que si no renunciaba la corona, sería sin dilación
-declarado usurpador, y él y toda su casa conspiradores contra la vida
-de sus soberanos. Fernando atemorizado [*] <span class="sidenote">(*
-Ap. n. <a href="#Ap_2-25" id="Ll_2-25">2-25</a>.)</span> abdicó el 6
-pura y sencillamente en favor de su padre, y en los términos que este
-le había indicado. No había aguardado Carlos a la renuncia del hijo
-para concluir con Napoleón un tratado por el que le cedía la corona,
-<span class="sidenote">Renuncia<br/> Carlos IV<br/> en Napoleón.<br/>
-(* Ap. n. <a href="#Ap_2-26" id="Ll_2-26">2-26</a>.)</span> sin
-otra especial restricción<span class="pagenum" id="Page_166">p.
-166</span> que la de la integridad de la monarquía y la conservación
-de la religión católica, excluyendo cualquiera otra. El tratado fue
-firmado en 5 de mayo por el mariscal Duroc y el príncipe de la Paz,[*]
-plenipotenciarios nombrados al efecto; con cuya vergonzosa negociación
-dio el valido español cumplido remate a su pública y lamentable
-carrera. Ingrato y desconocido puso su firma en un tratado en el que
-no estipuló sola y precisamente privar de la corona a Fernando su
-enemigo, sino en general y por inducción a todos los infantes, a toda
-la dinastía, en fin, de los soberanos sus bienhechores, recayendo
-la cesión de Carlos en un príncipe extranjero. Pequeño y mezquino
-hasta en los últimos momentos, Don Manuel Godoy única y porfiadamente
-altercó sobre el artículo de pensiones. Por lo demás el modo con que
-Carlos se despojó de la corona, al paso que mancillaba al encargado de
-autorizarla por medio de un tratado, cubría de oprobio a un padre que
-de golpe y sin distinción privaba indirectamente a todos sus hijos de
-suceder en el trono. Acordada la renuncia en tierra extraña, faltábale
-a los ojos del mundo la indispensable cualidad de haber sido ejecutada
-libre y espontáneamente, sobre todo cuando la cesión recaía en favor
-de un soberano dentro de cuyo imperio se había concluido aquella
-importante estipulación. Era asimismo cosa no vista que un monarca,
-dueño si se quiere de despojarse a sí mismo de sus propios derechos,
-no contase para la cesión ni con sus hijos, ni con las otras personas
-de su dinastía, ni con el libre y amplio consentimiento de<span
-class="pagenum" id="Page_167">p. 167</span> la nación española, que
-era traspasada a ajena dominación como si fuera un campo propio o
-un rebaño. El derecho público de todos los países se ha opuesto
-constantemente a tamaño abuso, y en España, en tanto que se respetaron
-sus franquezas y libertades, hubo siempre en las cortes un firme e
-invencible valladar contra la arbitraria y antojadiza voluntad de los
-reyes. Cuando Alfonso el batallador tuvo el singular desacuerdo de
-dejar por herederos de sus reinos a los caballeros del Temple, lejos de
-convenir en su loco extravío, nombraron los aragoneses en las cortes
-de Borja por rey de Aragón a Don Ramiro el monje, y por su parte los
-navarros para suceder en Navarra a Don García Ramírez. Hubo otros casos
-no menos señalados en que siempre se pusieron a salvo los fueros y
-costumbres nacionales. Hasta el mismo imbécil de Carlos II, aunque su
-disposición testamentaria fue hecha dentro del territorio, y en ella no
-se infringían tan escandalosamente ni los derechos de la familia real
-ni los de la nación, creyó necesario por lo menos usar de la fórmula de
-«que fuera válida aquella su última voluntad, como si se hubiese hecho
-de acuerdo con las cortes.» Ahora por todo se atropelló, y nadie cuidó
-de conservar siquiera ciertas apariencias de justicia y legitimidad.</p>
-
-<div class="sidenote">Carlos IV<br/> y María Luisa.</div>
-
-<p>Así terminó Carlos IV su reinado, del que nadie mejor que él mismo
-nos dará una puntual y verdadera idea. Comía en Bayona con Napoleón
-cuando se expresó en estos términos: «todos los días invierno y verano
-iba a caza hasta las doce, comía y al instante volvía al cazadero<span
-class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span> hasta la caída de la
-tarde. Manuel me informaba como iban las cosas, y me iba a acostar
-para comenzar la misma vida al día siguiente, a menos de impedírmelo
-alguna ceremonia importante.» De este modo gobernó por espacio de
-veinte años aquel monarca, quien según la pintura que hace de sí
-propio, merece justamente ser apellidado con el mismo epiteto que lo
-fueron varios de los reyes de Francia de la estirpe merovingiana.
-Sin embargo adornaban a Carlos prendas con que hubiera brillado como
-rey, llenando sus altas obligaciones, si menos perezoso y débil no se
-hubiese ciegamente entregado al arbitrio y desordenada fantasía de la
-reina. Tenía comprensión fácil y memoria vasta; amaba la justicia, y
-si alguna vez se ocupaba en el despacho de los negocios, era expedito
-y atinado; mas estas calidades desaparecieron al lado de su dejadez
-y habitual abandono. Con otra esposa que María Luisa su reinado
-no hubiera desmerecido del de su augusto antecesor; y bien que la
-situación de Europa fuese muy otra a causa de la revolución francesa,
-tranquila España en su interior y bien gobernada, quizá hubiera podido
-sosegadamente progresar en su industria y civilización sin revueltas ni
-trastornos.</p>
-
-<div class="sidenote">Renuncia<br/> de Fernando<br/> como príncipe<br/>
-de Asturias.</div>
-
-<p>Formalizadas las renuncias de Fernando en Carlos IV, y de este en
-Napoleón, faltaba la del primero como príncipe de Asturias, porque
-si bien había devuelto en 6 de mayo la corona a su padre, no había
-por aquel acto renunciado a sus derechos en calidad de inmediato
-sucesor. Parece ser, según Don Pedro Cevallos, que Fernando<span
-class="pagenum" id="Page_169">p. 169</span> resistiéndose a acceder
-a la última cesión, Napoleón le dijo: «no hay medio, príncipe,
-entre la cesión y la muerte.» Otros han negado la amenaza, y admira
-en efecto que hubiera que acudir a requerimiento tan riguroso con
-persona cuya debilidad se había ya mostrado muy a las claras. El
-mariscal Duroc habló en el mismo sentido que su amo, y los príncipes
-entonces se determinaron a renunciar. Nombrose a dicho mariscal con
-Escóiquiz para arreglar el modo,[*] <span class="sidenote">(* Ap. n.
-<a href="#Ap_2-27" id="Ll_2-27">2-27</a>.)</span> y el 10 firmaron
-ambos un tratado por el que se arreglaron los términos de la cesión
-del príncipe de Asturias, y se fijó su pensión como la de los infantes
-con tal que suscribiesen al tratado; lo cual verificaron Don Antonio y
-Don Carlos por medio de una proclama que en unión con Fernando dieron
-en Burdeos el [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-28"
-id="Ll_2-28">2-28</a>.)</span> 12 del mismo mayo. El infante Don
-Francisco no firmó ninguno de aquellos actos, ya fuera precipitación, o
-ya por considerarle en su minoridad.</p>
-
-<p>Bien que Escóiquiz hubiese obedecido a las órdenes de Fernando
-firmando el tratado del 10, no por eso pone en seguro su buen nombre,
-harto mancillado ya. Y fue singular que los dos hombres, Godoy y
-Escóiquiz, cuyo desgobierno y errada conducta habían causado los
-mayores daños a la monarquía, y cuyo respectivo valimiento con los dos
-reyes padre e hijo les imponía la estrecha obligación de sacrificarse
-por la conservación de sus derechos, fuesen los mismos que autorizasen
-los tratados que acababan en España con la estirpe de los Borbones.
-La proclama de Burdeos dada el 12, y en la que<span class="pagenum"
-id="Page_170">p. 170</span> se dice a los españoles, «que se mantengan
-tranquilos esperando su felicidad de las sabias disposiciones y del
-poder de Napoleón», fue producción de Escóiquiz, queriendo este
-persuadir después que con ella había pensado en provocar a los
-españoles para que sostuviesen la causa de sus príncipes legítimos.
-Si realmente tal fue su intento, se ve que no estaba dotado de mayor
-claridad cuando escribía, que de previsión cuando obraba.</p>
-
-<div class="sidenote">La reina<br/> de Etruria.</div>
-
-<p>La reina de Etruria, a pesar de los favores y atentos obsequios
-que había dispensado a Murat y a los franceses, no fue más dichosa en
-sus negociaciones que las otras personas de su familia. No se podía
-cumplir con su hijo el tratado de Fontainebleau, porque el emperador
-había ofrecido a los diputados portugueses conservar la integridad
-de Portugal: no podían tampoco concedérsele indemnización en Italia,
-siendo opuesto a las <i>grandes miras</i> de Napoleón permitir que en
-parte alguna de aquel país reinase una rama, cualquiera que fuese, de
-los Borbones; con cuya contestación tuvo la reina que atenerse a la
-pensión que se le señaló, y seguir la suerte de sus padres.</p>
-
-<div class="sidenote">Planes<br/> de evasión.</div>
-
-<p>Durante la estancia en Bayona del príncipe de Asturias y los
-infantes, hubo varios planes para que se evadiesen. Un vecino de
-Cervera de Alhama recibió dinero de la junta suprema de Madrid con
-aquel objeto. Con el mismo también había ofrecido el duque de Mahón una
-fuerte suma desde San Sebastián: los consejeros de Fernando, a nombre y
-por orden suya, cobraron el dinero, mas la fuga no tuvo efecto.<span
-class="pagenum" id="Page_171">p. 171</span> Se propuso como el medio
-mejor y más asequible el arrebatar a los dos hermanos Don Fernando y
-Don Carlos, sosteniendo la operación por vascos diestros y prácticos
-de la tierra, e internarlos en España por San Juan de Pie de Puerto.
-Fue tan adelante el proyecto que hubo apostados en la frontera 300
-miqueletes para que diesen la mano a los que en Francia andaban de
-concierto en el secreto. Después se pensó en salvarlos por mar, y hasta
-hubo quien propuso atacar a Napoleón en el palacio de Marracq. Había
-en todas estas tentativas más bien muestras de patriotismo y lealtad,
-que probable y buena salida. Hubiérase necesitado para llevarlas a
-cabo menos vigilancia en el gobierno francés, y mayor arrojo en los
-príncipes españoles, naturalmente tímidos y apocados.</p>
-
-<div class="sidenote">Se interna<br/> en Francia<br/> la familia
-real<br/> de España.</div>
-
-<p>No tardó Napoleón, extendidas y formalizadas que fueron las
-renuncias por medio de los convenios mencionados, en despachar para lo
-interior de Francia a las personas de la familia real de España. El 10
-de mayo Carlos IV y su esposa María Luisa, la reina de Etruria con sus
-hijos, el infante Don Francisco y el príncipe de la Paz salieron para
-Fontainebleau y de allí pasaron a Compiègne. El 11 partieron también de
-Bayona el rey Fernando VII y su hermano y tío, los infantes Don Carlos
-y Don Antonio; habiéndoseles señalado para su residencia el palacio de
-Valençay, propio del príncipe de Talleyrand.</p>
-
-<p>Tal fin tuvieron las célebres vistas de Bayona entre el emperador
-de los franceses y la mal aventurada familia real de España. Solo
-con<span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span> muy negra tinta
-puede trazarse tan tenebroso cuadro. En él se presenta Napoleón pérfido
-y artero; los reyes viejos padres desnaturalizados; Fernando y los
-infantes débiles y ciegos; sus consejeros por la mayor parte ignorantes
-o desacordados, dando todos juntos principio a un sangriento drama, que
-ha acabado con muchos de ellos, desgarrado a España, y conmovido hasta
-en sus cimientos la suerte de la Francia misma.</p>
-
-<p>En verdad tiempos eran estos ásperos y difíciles, mas los encargados
-del timón del estado ya en Bayona, ya en Madrid, parece que solo
-tuvieron tino en el desacierto. Los primeros acabamos de ver qué cuenta
-dieron de sus príncipes: examinaremos ahora qué providencias tomaron
-los segundos <span class="sidenote">Inacción<br/> de la junta<br/>
-suprema.</span> para defender el honor y la verdadera independencia
-nacional, puesto que por sus discordias y malos consejos se habían
-perdido el rey Fernando, sus hermanos y toda la real familia.
-Mencionamos anteriormente la comisión de Don Evaristo Pérez de Castro,
-quien con felicidad entró en Bayona el 4 de mayo. A su llegada se
-presentó sin dilación a Don Pedro Cevallos, y este comunicó al rey
-las proposiciones de la junta suprema de Madrid de que aquel era
-portador, y cuyo contenido hemos insertado más arriba. De resultas
-se dictaron dos decretos el 5 de mayo, uno escrito de la real mano
-estaba dirigido a la junta suprema de gobierno, y otro firmado por
-Fernando con la acostumbrada fórmula de <i>Yo el rey</i> era expedido
-al consejo, o en su lugar a cualquiera chancillería o audiencia
-libre del influjo<span class="pagenum" id="Page_173">p. 173</span>
-extranjero. Por el primero el rey decía: «que se hallaba sin libertad,
-y consiguientemente imposibilitado de tomar por sí medida alguna para
-salvar su persona y la monarquía; que por tanto autorizaba a la junta
-en la forma más amplia para que en cuerpo, o sustituyéndose en una
-o muchas personas que la representasen, se trasladara al paraje que
-creyese más conveniente, y que en nombre de S. M. representando su
-misma persona ejerciese todas las funciones de la soberanía. Que las
-hostilidades deberían empezar desde el momento en que internasen a S.
-M. en Francia, lo que no sucedería sino por la violencia. Y por último,
-que en llegando ese caso tratase la junta de impedir del modo que
-creyese más a propósito la entrada de nuevas tropas en la península.»
-El decreto al consejo decía: «que en la situación en que S. M. se
-hallaba, privado de libertad para obrar por sí, era su real voluntad
-que se convocasen las cortes en el paraje que pareciese más expedito;
-que por de pronto se ocupasen únicamente en proporcionar los arbitrios
-y subsidios necesarios para atender a la defensa del reino, y que
-quedasen permanentes para lo demás que pudiese ocurrir.»</p>
-
-<p>Algunos de los ministros o consejeros de Fernando en Bayona creyeron
-fundadamente que la junta suprema autorizada, como lo había sido desde
-aquella ciudad, para obrar con las mismas e ilimitadas facultades
-que habrían asistido al rey estando presente, hubiera por sí debido
-adoptar aquellas medidas, evitando las dilaciones<span class="pagenum"
-id="Page_174">p. 174</span> de la consulta; mas la junta que se había
-apartado del modo de pensar de los de Bayona, y que en vez de tomar
-providencias se contentó con pedir nuevas instrucciones, llegadas que
-fueron tampoco hizo nada, continuando en su inacción, so color de que
-las circunstancias habían variado. Cierto que no eran las mismas, y
-será bien que para pesar sus razones refiramos antes lo que en ese
-tiempo había pasado en Madrid.</p>
-
-<div class="sidenote">Murat presidente<br/> de la junta.</div>
-
-<p>En la mañana misma del 4 de mayo en que partió el infante Don
-Antonio, el gran duque de Berg manifestó a algunos individuos de la
-junta que era preciso asociar su persona a las deliberaciones de
-aquel cuerpo, estando en ello interesado el buen orden y la quietud
-pública. Se le hicieron reflexiones sobre su propuesta; no insistió
-en ella por aquel momento, pero en la noche sin anuncio anterior
-se presentó en la junta para presidirla. Opúsose fuertemente a su
-atropellado intento Gil y Lemus; parece ser que también resistieron
-Azanza y Ofárril, quienes aunque al principio protestaron e hicieron
-dejación de sus destinos, al fin continuaron ejerciéndolos. Temerosa
-la junta del compromiso en que la ponía Murat, y queriendo evitar
-mayores males, cedió a sus deseos y resolvió admitir en su seno al
-príncipe francés. Mucho se censuró esta su determinación, y se pensó
-que excedía de sus facultades, mayormente cuando se trataba del jefe
-del ejército de ocupación, y cuando para ello no había recibido órdenes
-ni instrucciones de Bayona. Hubiera sido más conforme a la opinión
-general, o que se hubiera<span class="pagenum" id="Page_175">p.
-175</span> negado a deliberar ante el general francés, o haber
-aguardado a que una violencia clara y sin rebozo hubiese podido
-disculpar su sometimiento. Pesarosa tal vez la junta de su fácil
-condescendencia, en medio de su congoja [*] <span class="sidenote">(*
-Ap. n. <a href="#Ap_2-29" id="Ll_2-29">2-29</a>.)</span> le sacó algún
-tanto de ella y a tiempo un decreto que recibió el 7 de mayo, y que
-con fecha del 4 había expedido en Bayona Carlos IV, nombrando a Murat
-lugarteniente del reino, en cuya calidad debía presidir la junta
-suprema: decreto precursor de la abdicación de la corona que al día
-siguiente hizo en Napoleón. Acompañaba al nombramiento una proclama
-del mismo Carlos a la nación, que concluía con la notable cláusula de
-que: «no habría prosperidad ni salvación para los españoles, sino en
-la amistad del grande emperador su aliado.» Bien que la resolución
-del rey padre viniese en apoyo de la prematura determinación de la
-junta, en realidad no hubiera debido a los ojos de este cuerpo tener
-aquella fuerza alguna autoridad: la de dicha junta delegada por
-Fernando VII, solo a las órdenes del último tenía que obedecer. Sin
-embargo en el día 8 acordó su cumplimiento; y solamente suspendió
-la publicación, creyendo con ese medio y equívoco proceder salir de
-su compromiso. <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_2-30"
-id="Ll_2-30">2-30</a>.)</span> Finalmente le libró de él y de su
-angustiada posición la noticia de haber devuelto Fernando la corona a
-su padre, recibiendo un decreto [*] del mismo para que se sometiese a
-las órdenes del antiguo monarca.</p>
-
-<div class="sidenote">Equívoca<br/> conducta<br/> de la junta.</div>
-
-<p>Hasta el día en que Murat se apoderó de la presidencia, hubiera
-podido atribuirse la debilidad de la junta a circunspección, su
-imprevisión<span class="pagenum" id="Page_176">p. 176</span> a
-prudencia excesiva, y su indolencia a falta de facultades o a temor
-de comprometer la persona del rey. Mas ahora había mudado el aspecto
-de las cosas, y así o estaban sus individuos en el caso de poner
-en ejecución las convenientes medidas para salvar el honor y la
-independencia nacional, o no lo estaban. Si no, ¿por qué en vez de
-mancillar su nombre aprobando con su presencia las inicuas decisiones
-del extranjero, no se retiraron y le dejaron solo? ¿Y si pudieron
-obrar, por qué no llevaron a efecto los decretos dados por el rey en
-Bayona a consulta suya? ¿Por qué no permitieron la formación acordada
-de otra junta, fuera del poder del enemigo? Lejos de seguir esta vereda
-tomaron la opuesta y fijaron todo su conato en impedir la ejecución de
-aquellas saludables medidas. Un propio había entregado a Don Miguel
-José de Azanza en su mano los dos decretos del rey; por uno de los
-cuales se autorizaba a la junta con poderes ilimitados, y por el otro
-al consejo para la convocación de cortes. Azanza los comunicó a sus
-compañeros y todos convinieron en que dados estos decretos el 5 de
-mayo y el de renuncia de Fernando el 6 del mismo, no debían cumplirse
-ni obedecerse los primeros; ¡cosa extraña! Decretos arrancados por la
-violencia, en los que se destruían los legítimos derechos de Fernando
-y su dinastía, y se hollaban los de la nación, tuvieron a sus ojos más
-fuerza que los que habiendo sido acordados en secreto y despachados
-por personas de toda confianza, tenían en sí mismos la doble ventaja
-de haber sido dictados con entera libertad,<span class="pagenum"
-id="Page_177">p. 177</span> y de acomodarse a lo que ordenaba el
-honor nacional. Pone aún más en descubierto la buena fe y rectitud
-de intenciones de los que así procedieron, el no haber comunicado
-al consejo el decreto de convocación de cortes, cuya promulgación y
-ejecución se encomendaba particularmente a su cuidado, tocando solo a
-aquel cuerpo examinar las razones de prudencia o conveniencia pública
-de detenerle o circularle. No contentos con esto los individuos de
-la junta suprema, y temerosos de que los nombrados para reemplazarla
-fuera de Madrid en caso necesario ejecutasen lo que se les había
-mandado, tomaron precauciones para estorbarlo. Al conde de Ezpeleta,
-a quien se había comunicado por medio de Don José Capeleti la primera
-determinación de que presidiese la junta cuya instalación debía
-seguirse a la falta de libertad de la de Madrid, se le dio después
-expresa contraorden; y apremiado por Gil Taboada para que pasase
-a Zaragoza en donde aquel aguardaba, le contestó como se le había
-posteriormente mandado lo contrario.</p>
-
-<p>Por lo tanto la junta suprema de Madrid que con pretexto de
-carecer de facultades, a pesar de haberlas desde Bayona recibido
-amplias, anduvo al principio descuidada y poco diligente, ahora
-que con más claridad y extensión si era posible las recibía,
-suspendió hacer uso de su poder, alegando ser ya tarde, y recelosa
-de mayores comprometimientos. Aparece más oscura y dudosa su
-conducta al considerar que algunos de sus individuos débiles antes,
-pero resistiendo al extranjero, sumisos después si bien<span
-class="pagenum" id="Page_178">p. 178</span> todavía disculpables,
-acabaron por ser sus firmes apoyos, trabajando con ahínco por
-ahogar los gloriosos esfuerzos que hizo la nación en defensa de su
-independencia. Es cierto que en seguida los españoles de Bayona
-estuvieron igualmente llenos de sobresalto y zozobra con el miedo
-de que se ejecutasen los dos consabidos decretos. Así lo anunciaba
-Don Evaristo Pérez de Castro que volvió a Madrid por aquellos días.
-Todo lo cual prueba que ni entre los españoles que en Bayona influían
-principalmente en el consejo del rey, ni entre los que en España
-gobernaban, había ningún hombre asistido de aquella constante decisión
-e invariable firmeza que piden extraordinarias circunstancias.</p>
-
-<div class="sidenote">Napoleón piensa<br/> dar la corona<br/> de España
-a José.</div>
-
-<p>Napoleón por su parte considerándose ya dueño de la corona de
-España en virtud de las renuncias hechas en favor suyo, había resuelto
-colocarla en las sienes de su hermano mayor José rey de Nápoles, y
-continuando siempre por la senda del engaño quiso dar a su cesión
-visos de generosa condescendencia con los deseos de los españoles.
-Así fue que en 8 de mayo dirigió al gran duque sus instrucciones para
-que la junta suprema y el consejo de Castilla le indicasen en cuál de
-las personas de su familia les sería más grato que recayese el trono
-de España. En 12 respondió acertadamente el consejo que siendo nulas
-las cesiones hechas por la familia de Borbón, no le tocaba ni podía
-contestar a lo que se le preguntaba. Mas convocado al siguiente día
-a palacio por la tarde y sin ceremonia, y bien recibido y tratado
-por Murat, y habiendo fácilmente convenido este en la cortapisa que
-el consejo<span class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span> quería
-poner a su exposición de que «no por eso se entendiese que se mezclaba
-en la aprobación o desaprobación de los tratados de renuncia, ni que
-los derechos del rey Carlos y su hijo y demás sucesores a la corona,
-según las leyes del reino, quedasen perjudicados por la designación
-que se le pedía;» cedió entonces y acordó en consulta del 13 dirigida
-al gran duque, que bajo las propuestas insinuadas «le parecía que en
-ejecución de lo resuelto por el emperador podía recaer la elección
-en su hermano mayor el rey de Nápoles.» Llevaba trazas de juego y de
-mutua inteligencia el modo de preguntar y de responder. A Murat le
-importaban muy poco aquellas secretas protestas, con tal que tuviese
-un documento público de las principales autoridades del reino que
-presentar a los gobiernos europeos, pudiendo con él Napoleón dar a
-entender que había seguido la voluntad de los españoles más bien que la
-suya propia. El consejo empezando desde entonces aquel sistema medio
-y artificioso que le guió después, más propio de un subalterno de la
-curia que de un cuerpo custodio de las leyes, se avino muy bien con lo
-que se le propuso, imaginando así poner en cobro hasta cierto punto su
-comprometida existencia, ya que se afirmase la dominación de Napoleón,
-ya que fuese destruida. Conducta no atinada en tiempos de grandes
-tribulaciones y vaivenes, y con la que perdió su crédito e influjo
-entre nacionales y extranjeros. Escribió también el mismo consejo
-una carta al emperador, y a ruego de Murat nombró para presentarla
-en Bayona a los ministros Don José Colón y Don<span class="pagenum"
-id="Page_180">p. 180</span> Manuel de Lardizábal. La junta suprema y la
-villa de Madrid practicaron por su parte iguales diligencias, pidiendo
-que José Bonaparte fuese escogido para rey de España.</p>
-
-<p>No satisfecho Napoleón con las cesiones de los príncipes, ni con la
-sumisión y petición de las supremas autoridades, pensó en congregar
-una diputación de españoles, <span class="sidenote">Diputación<br/>
-de Bayona.</span> que con simulacro de cortes diesen en Bayona una
-especie de aprobación nacional a todo lo anteriormente actuado. Ya
-dijimos que a mediados de abril había intentado Murat llevar a efecto
-aquel pensamiento; mas hasta ahora en mayo no se puso en perfecta y
-cumplida ejecución. La convocatoria [*] <span class="sidenote">(* Ap.
-n. <a href="#Ap_2-31" id="Ll_2-31">2-31</a>.)</span> se dio a luz en la
-Gaceta de Madrid de 24 del mismo mes, con la singularidad de no llevar
-fecha. Estaba extendida a nombre del gran duque de Berg y de la junta
-suprema de gobierno, y se reducía en sustancia a que siendo el deseo de
-S. M. I. y R. juntar en Bayona una diputación general de 150 individuos
-para el 15 de junio siguiente, a fin de tratar en ella de la felicidad
-de España, indicando todos los males que el antiguo sistema había
-ocasionado, y proponiendo las reformas y remedios para destruirlos, la
-junta suprema había nombrado varios sujetos que allí se expresaban,
-reservando a algunas corporaciones, a las ciudades de voto en cortes
-y otras sus respectivas elecciones. Según el decreto debían también
-asistir grandes, títulos, obispos, generales de las órdenes religiosas,
-individuos del comercio, de las universidades, de la milicia, de la
-marina, de los consejos y de la Inquisición misma. Se escogieron
-igualmente seis individuos que<span class="pagenum" id="Page_181">p.
-181</span> representasen la América. Azanza que en 23 de mayo había
-ido a Bayona para dar cuenta al emperador del estado de la hacienda
-de España, se quedó por orden suya a presidir la junta o diputación
-general próxima a reunirse. Más adelante examinaremos la índole y los
-trabajos de esta junta, y hablaremos del solemne reconocimiento que
-ella y los españoles allí presentes hicieron del intruso José.</p>
-
-<div class="sidenote">Medidas<br/> de precaución<br/> de Murat.</div>
-
-<p>Murat luego que estuvo al frente del gobierno de España, recelando
-en vista del general desasosiego que hubiese sublevaciones más o
-menos parciales, adoptó varios medios para prevenirlas. Agregó a la
-división o cuerpo de Dupont dos regimientos suizos españoles, y puso
-a la disposición del mariscal Moncey cuatro batallones de guardias
-españolas y valonas y los guardias de Corps. Pasó órdenes para enviar
-3000 hombres de Galicia a Buenos Aires, y en 19 de mayo dio el mando
-de la escuadra de Mahón al general Salcedo con encargo de hacerse a la
-vela para Toulon; lo cual afortunadamente no pudo cumplirse por los
-acontecimientos que muy luego sobrevinieron. Se ordenó a la división
-española acantonada en Extremadura pasase a San Roque, y a Solano
-que hasta entonces había sido su jefe se le previno que regresase a
-Cádiz para tomar de nuevo el mando de Andalucía, yendo a explorar
-sus intenciones el oficial de ingenieros francés Constantin. Con el
-mismo objeto y con pretexto de examinar la plaza de Gibraltar se envió
-cerca del general Don Francisco Javier Castaños, que mandaba en el
-campo de San Roque, al jefe de batallón de ingenieros Rogniat:<span
-class="pagenum" id="Page_182">p. 182</span> otros comisionados
-fueron enviados a Ceuta. El Buen Retiro se empezó a fortificar,
-encerrando dentro de su recinto abundantes provisiones de boca y
-guerra, habiéndose los franceses apoderado por todas partes de cuantos
-almacenes y depósitos de municiones y armas estuvieron a su alcance.
-Cortas precauciones para reprimir el universal descontento.</p>
-
-<p>Pero ahora que ya tenemos a Napoleón imaginándose poder enajenar a
-su antojo la corona de España; ahora que ya está internada en Francia
-la familia real; Murat mandando en Madrid; sometidos la junta suprema
-y los consejos, y convocada a Bayona una diputación de españoles,
-será bien que desviando nuestra vista de tantas escenas de perfidia y
-abatimiento, de imprevisión y flaqueza, nos volvamos a contemplar un
-sublime y grandioso espectáculo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_183">p. 183</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental"/>
- </div>
- <p class="centra fs200 lh200 negr mt1">RESUMEN</p>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO TERCERO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa2.jpg"
- alt="Motivo ornamental"/>
- </div>
-</div>
-
-<p class="resum"><span class="prim"><span
-class="gran">I</span>nsurrección</span> general contra los franceses.
-— Levantamiento de Asturias. — Misión a Inglaterra. — Levantamiento
-de Galicia. — Levantamiento de Santander. — Levantamiento de León
-y Castilla la Vieja. — Levantamiento de Sevilla. — Rendición de la
-escuadra francesa surta en Cádiz. — Levantamiento de Granada. —
-Levantamiento de Extremadura. — Conmociones en Castilla la Nueva. —
-Levantamiento de Cartagena y Murcia. — Levantamiento de Valencia. —
-Levantamiento de Aragón. — Levantamiento de Cataluña. — Levantamiento
-de las Baleares. — Navarra y Provincias Vascongadas. — Islas Canarias.
-— Reflexiones generales. — Portugal. — Su situación. — Divisiones
-francesas que intentan pasar a España. — Los españoles se retiran
-de Oporto. — Primer levantamiento de Oporto. — Levantamiento de
-Tras-os-Montes, y segundo de Oporto. — Se desarma a los españoles
-de Lisboa. — Rechazan los españoles a los franceses en Os Pegões. —
-Levantamiento de los Algarbes. — Convenciones entre algunas juntas de
-España y Portugal.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
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- alt="Filete ornamental"/>
- </div>
- <p class="centra fs150 lh150 negr g0 mt1">HISTORIA</p>
- <p class="centra fs60 lh150">DEL</p>
- <p class="centra fs120 lh150 asc ws1">LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN</p>
- <p class="centra fs120 lh150 ws1">de España.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa4.jpg"
- alt="Motivo ornamental"/>
- </div>
- <h2 class="nobreak fs120 negr g0">LIBRO TERCERO.</h2>
- <hr class="tir"/>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Insurrección<br/> general contra<br/> los
-franceses.</div>
-
-<p class="ti0"><span class="prim"><span
-class="gran">E</span>ncontrados</span> afectos habían agitado durante
-dos meses a las vastas provincias de España. Tras la alegría y el
-júbilo, tras las esperanzas tan lisonjeras como rápidas de marzo
-habían venido las zozobras, las sospechas, los temores de abril. El 2
-de mayo había llevado consigo a todas partes el terror y el espanto,
-y al propagarse la nueva de las renuncias, de las perfidias y torpes
-hechos de Bayona, un grito de indignación y de guerra lanzándose
-con admirable esfuerzo de las cabezas de provincia, se repitió y
-cundió resonando por caserías y aldeas, por villas y ciudades.<span
-class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span> A porfía las mujeres y los
-niños, los mozos y los ancianos arrebatados de fuego patrio, llenos
-de cólera y rabia, clamaron unánime y simultáneamente por pronta,
-noble y tremenda venganza. Renació España, por decirlo así, fuerte,
-vigorosa, denodada; renació recordando sus pasadas glorias; y sus
-provincias conmovidas, alteradas y enfurecidas se representaban a la
-imaginación como las describía Veleyo Patérculo, <i>tam diffusas,
-tam frequentes, tam feras</i>. El viajero que un año antes pisando
-los anchos campos de Castilla hubiese atravesado por medio de la
-soledad y desamparo de sus pueblos, si de nuevo hubiese ahora vuelto
-a recorrerlos, viéndolos llenos de gente, de turbación y afanosa
-diligencia, con razón hubiera podido achacar a mágica transformación
-mudanza tan extraordinaria y repentina. Aquellos moradores como los
-de toda España, indiferentes no había mucho a los negocios públicos,
-salían ansiosamente a informarse de las novedades y ocurrencias del
-día, y desde el alcalde hasta el último labriego, embravecidos y
-airados, estremeciéndose con las muertes y tropelías del extranjero,
-prorrumpían al oírlas en lágrimas de despecho. Tan cierto era que
-aquellos nobles y elevados sentimientos, que engendraron en el siglo
-decimosexto tantos portentos de valor y tantas y tan inauditas hazañas,
-estaban adormecidos, pero no apagados en los pechos españoles, y al
-dulce nombre de patria, a la voz de su rey cautivo, de su religión
-amenazada, de sus costumbres holladas y escarnecidas se despertaron
-ahora con viva y recobrada fuerza. Cuanto mayores e inesperados habían
-sido<span class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span> los ultrajes,
-tanto más terrible y asombroso fue el público sacudimiento. La historia
-no nos ha transmitido ejemplo más grandioso de un alzamiento tan súbito
-y tan unánime contra una invasión extraña. Como si un premeditado
-acuerdo, como si una suprema inteligencia hubiera gobernado y dirigido
-tan gloriosa determinación, las más de las provincias se levantaron
-espontáneamente casi en un mismo día, sin que tuviesen muchas noticias
-de la insurrección de las otras, y animadas todas de un mismo espíritu
-exaltado y heroico. A resolución tan magnánima fue estimulada la nación
-española por los engaños y alevosías de un falso amigo que, con capa
-de querer regenerarla desconociendo sus usos y sus leyes, intentó a
-su antojo dictarle otras nuevas, variar la estirpe de sus reyes, y
-destruir así su verdadera y bien entendida independencia, sin la que
-desmoronándose los estados más poderosos, hasta su nombre se acaba y
-lastimosamente perece.</p>
-
-<p>Este uniforme y profundo sentimiento quiso en Asturias,[*] <span
-class="sidenote">Levantamiento<br/> de Asturias.<br/> (* Ap. n. <a
-href="#Ap_3-1" id="Ll_3-1">3-1</a>.)</span> primero que en otra
-parte, manifestarse de un modo más legal y concertado. Contribuyeron
-a ello diversas y muy principales causas. Juntamente con la opinión
-que era común a toda España de mirar con desvío y odio la dominación
-extranjera, aún se conservaba en aquel principado un ilustre recuerdo
-de haber ofrecido su enmarañado y riscoso suelo seguro abrigo a los
-venerables restos de los españoles esforzados, que huyendo de la
-irrupción sarracénica dieron principio a la larga y porfiada lucha
-que acabó por afianzar la independencia y unión<span class="pagenum"
-id="Page_188">p. 188</span> de los pueblos peninsulares. Le inspiraba
-también confianza su ventajosa y naturalmente resguardada posición.
-Bañada al norte por las olas del océano, rodeada por otras partes
-de caminos a veces intransitables, la ceñían al mediodía fragosas y
-encumbradas montañas. Acertó igualmente a estar entonces congregada la
-junta general del principado, reliquia dichosamente preservada del casi
-universal naufragio de nuestros antiguos fueros. Sus facultades, no muy
-bien deslindadas, se limitaban a asuntos puramente económicos; pero en
-semejante crisis, compuesta en lo general de individuos nombrados por
-los concejos, se la consideró como oportuno centro para legitimar y
-dirigir atinadamente los ímpetus del pueblo. Reuníase cada tres años,
-y casualmente en aquel cayó el de su convocación, habiendo abierto sus
-sesiones el 1.º de mayo.</p>
-
-<p>A pocos días con la aciaga nueva del 2 en Madrid llegó a Oviedo la
-orden para que el coronel comandante de armas Don Nicolás de Llano
-Ponte publicase el sanguinario bando que el 3 había Murat promulgado
-en la capital del reino. Los moradores de Asturias conmovidos y
-desasosegados al par de los demás de España, habían ya en 29 de abril
-apedreado en Gijón la casa del cónsul francés, de resultas de haber
-este osado arrojar desde sus ventanas varios impresos contra la familia
-de Borbón. En tal situación y esparciéndose la voz de que iban a
-cumplirse instrucciones rigurosas remitidas de Madrid por el desacato
-cometido contra el cónsul, se encendieron más y más los ánimos en
-gran manera estimulados por las patrióticas exhortaciones del<span
-class="pagenum" id="Page_189">p. 189</span> marqués de Santa Cruz de
-Marcenado, de su pariente Don Manuel de Miranda y de Don Ramón de Llano
-Ponte, canónigo de aquella iglesia, quien habiendo servido antes en
-el cuerpo de guardias estaba adornado de hidalgas y distinguidísimas
-prendas.</p>
-
-<p>Decidida pues la audiencia territorial de acuerdo con el jefe
-militar a publicar el 9 el bando que de Madrid se había enviado,
-empezaron a recorrer juntos las calles, cuando a poco tiempo
-agolpándose y saliéndoles al encuentro gran muchedumbre a los gritos
-de viva Fernando VII y muera Murat, los obligaron a retroceder y
-desistir de su intento. Agavillándose entonces con mayor aliento
-los alborotados, entre los que se señalaron los estudiantes de la
-universidad, reunidos todos enderezaron sus pasos a la sala de sesiones
-de la junta general del principado. Hallaron allí firme apoyo en
-varios de los vocales. Don José del Busto, juez primero de la ciudad,
-y en secreto de inteligencia con los amotinados, arengó en favor
-de su noble resolución; sostuviéronle el conde Marcel de Peñalva y
-el de Toreno [padre del autor de esta historia], y sin excepción
-acordaron sus miembros desobedecer las órdenes de Murat, y tomar
-medidas correspondientes a su atrevida determinación. La audiencia
-en tanto desamada del pueblo, ya por estar formando causa a los que
-habían apedreado la casa del cónsul francés, y ya también porque
-compuesta en su mayor parte de agraciados y partidarios del gobierno
-de Godoy, miraba al soslayo unos movimientos que al cabo habían de
-redundar en daño suyo, procuró por todos medios<span class="pagenum"
-id="Page_190">p. 190</span> apaciguar aquella primera conmoción,
-influyendo con particulares y con militares y estudiantes, y dando
-sigilosamente cuenta a la superioridad de lo acaecido. Consiguió
-también que en la junta el diputado por Oviedo Don Francisco Velasco,
-apoyado por el de Grado, Don Ignacio Flórez, discurriese largamente
-en el día 13 acerca de los peligros a que se exponía la provincia
-por los inconsiderados acuerdos del 9, y no menos la misma junta
-habiéndose excedido de sus facultades. El Velasco gozando de concepto
-por su práctica y conocida experiencia, alcanzó que se suspendiese la
-ejecución de las medidas resueltas, y solo el marqués de Santa Cruz de
-Marcenado que presidía, se opuso con fortaleza admirable, diciendo que
-«protestaba solemnemente, y que en cualquiera punto en que se levantase
-un hombre contra Napoleón tomaría un fusil y se pondría a su lado.»
-Palabras tanto más memorables cuanto salían de la boca de un hombre que
-rayaba en los sesenta años, propietario rico y acaudalado, y de las más
-ilustres familias de aquel país: digno nieto del célebre marqués del
-mismo nombre, distinguido escritor militar y hábil diplomático, que
-en el primer tercio del siglo último, arrastrado de su pundonor, había
-perecido gloriosa pero desgraciadamente en los campos de Orán.</p>
-
-<p>Noticiosos Murat y la junta suprema de Madrid de lo que pasaba
-en Asturias procuraron con diligencia apagar aquella centella,
-llenos del recelo de que saltando a otros puntos no acabase por
-excitar una general conflagración. Dieron por tanto órdenes duras a
-la audiencia, y<span class="pagenum" id="Page_191">p. 191</span>
-enviaron en comisión al conde del Pinar, magistrado conocido por su
-cruel severidad, y a Don Juan Meléndez Valdés, más propio para cantar
-con acordada lira los triunfos de quien venciese que para acallar
-los ruidos populares. Se mandó al propio tiempo al apocado Don
-Crisóstomo de la Llave, comandante general de la costa cantábrica, que
-pasase a Oviedo para tomar el mando de la provincia, disponiendo que
-concurriesen allí a sus órdenes un batallón de Hibernia procedente de
-Santander, y un escuadron de carabineros que estaba en Castilla.</p>
-
-<p>Mas estas providencias en vez de aquietar los ánimos solo sirvieron
-para irritarlos. Los complicados en los acontecimientos del 9 vieron
-en ellas la suerte que se les preparaba, y persistieron en su primer
-intento. Vinieron en su ayuda los avisos de Bayona que provocaban cada
-día más a la alteración y al enojo, y la relación que del sanguinario
-día 2 de mayo hacían los testigos oculares que sucesivamente llegaban
-escapados de Madrid. Redoblaron pues su celo los de la asonada del
-9, y pensaron en ejecutar su suspendida pero no abandonada empresa.
-Citábanse en casa de Don Ramón de Llano Ponte, y con tan poco
-recato que de distintas y muchas partes se acercaba a aquel foco de
-insurrección gente desconocida con todo linaje de ofrecimientos.
-Asistimos recién llegados de la corte a las secretas reuniones, y
-pasmábanos el continuo acudir de paisanos y personas de todas clases
-que con noble desprendimiento empeñaban y comprometían su hacienda y
-sus personas para la defensa de sus hogares. Se renovaban las asonadas
-todas<span class="pagenum" id="Page_192">p. 192</span> las noches,
-habiendo sido bastantemente estrepitosas las del 22 y 23; pero se
-difirió hasta el 24 el final rompimiento por esperarse en aquel día
-al nuevo comandante la Llave, enviado por Murat. Para su ejecución se
-previno a los paisanos de los contornos que se metiesen en Oviedo al
-toque de oraciones, circulando al efecto Don José del Busto esquelas a
-los alcaldes de su jurisdicción. Se tomaron además otras convenientes
-prevenciones, y se cometió el encargo de acaudillar a la multitud a
-los Señores Don Ramón de Llano Ponte y Don Manuel de Miranda. Antes
-de que llegase la Llave, con gran priesa se le había anticipado un
-ayudante del mariscal Bessières, napolitano de nación, quien estuvo
-muy inquieto hasta que vio que el comandante se acercaba a las puertas
-de la ciudad. Entró por ellas el 24 acompañado de algunas personas
-sabedoras de la trama dispuesta para aquella noche. Se había convenido
-en que el alboroto comenzaría a las once de la misma, tocando a rebato
-las campanas de las iglesias de la ciudad y de las aldeas de alrededor.
-Por equivocación habiéndose retardado una hora el toque se angustiaron
-sobremanera los patriotas conjurados, mas un repique general a las doce
-en punto los sacó de pena.</p>
-
-<p>Fue su primer paso apoderarse de la casa de armas, en donde había
-un depósito de 100.000 fusiles, no solamente fabricados en Oviedo
-y sus cercanías, sino también trasportados allí por anteriores
-órdenes del príncipe de la Paz. Favorecieron la acometida los
-mismos oficiales de artillería partícipes del secreto, señalándose
-con<span class="pagenum" id="Page_193">p. 193</span> singular esmero
-Don Joaquín Escario. Entretanto se encaminaron otros a casa del
-comandante la Llave, y de puerta en puerta llamando a los individuos
-de la junta del principado, se formó esta en hora tan avanzada de la
-noche agregándosele extraordinariamente vocales de afuera. Entonces
-reasumiendo la potestad suprema afirmó la revolución, nombró por
-presidente suyo al marqués de Santa Cruz, y le confió el mando de
-las armas. Al día siguiente 25 se declaró solemnemente la guerra a
-Napoleón, y no hubo sino un grito de indecible entusiasmo. ¡Cosa
-maravillosa que desde un rincón de España hubiera habido quien osase
-retar al desmedido poder ante el cual se postraban los mayores
-potentados del continente europeo! A frenesí pudiera atribuirse, si una
-resolución tan noble y fundada en el deseo de conservar el honor y la
-independencia nacional no mereciese más respeto.</p>
-
-<p>La junta se componía de personas las más principales del país por
-su riqueza y por su ilustración. El procurador general Don Álvaro
-Flórez Estrada, enterado de antemano de la conmoción urdida, la sostuvo
-vigorosamente, y la junta en cuerpo adoptó con actividad oportunas
-medidas para armar la provincia y ponerla en estado de defensa. Los
-carabineros reales llegaron muy luego así como el batallón de Hibernia,
-y ni unos ni otros pusieron obstáculo al levantamiento. Los primeros
-pasaron después a Castilla a las órdenes de Don Gregorio de la Cuesta,
-y se entresacaron del último varios oficiales, sargentos y cabos para
-cuadros de la<span class="pagenum" id="Page_194">p. 194</span> fuerza
-armada que se iba formando. La junta había resuelto poner en pie un
-cuerpo de 18.000 hombres. Multiplicó para ello inconsideradamente
-los grados militares, y con razón se le hicieron justos cargos por
-aquella demasía. Sin embargo disculpola algún tanto la escasez en que
-se encontraba de oficiales veteranos para llenar plazas que exigía el
-completo del ejército que se disciplinaba. Echose mano de estudiantes
-o personas consideradas como más aptas, y en verdad que de los nuevos
-salieron excelentes oficiales que o se sacrificaron por su patria, o
-la honraron con su conducta, denuedo y adelantamiento en la ciencia
-militar. No poco contribuyeron a la presteza de la nueva organización
-los dones cuantiosos que generosamente se ofrecieron por particulares,
-y que entraban todos los días en las arcas públicas.</p>
-
-<p>Como en el alzamiento de Asturias habían intervenido las personas
-de más valía del país, no se había manchado su pureza con ningún
-exceso de la plebe, y menos con atropellamientos ni asesinatos.
-Pero transcurridos algunos días estuvo a riesgo de representarse
-un espectáculo lastimoso y sumamente trágico. Los comisionados de
-Murat de que arriba hablamos, el conde del Pinar y Don Juan Meléndez
-Valdés, por su propia seguridad habían sido detenidos a su arribo a
-Oviedo juntamente con el comandante la Llave, el coronel de Hibernia
-Fitzgerald y el comandante de carabineros Ladrón de Guevara, que
-solos se habían separado de la unánime decisión de los oficiales de
-sus respectivos cuerpos. Desde el principio el marqués de Santa<span
-class="pagenum" id="Page_195">p. 195</span> Cruz, pertinaz y de
-condición dura, no había cesado de pedir que se les formase causa.
-Halagaba su opinión a la muchedumbre; pero la junta dilataba su
-determinación esperando que se templase la ira que contra los
-arrestados había. Acaeció en el intermedio que acudiendo sucesivamente
-de los puntos más distantes los nuevos alistados, llegaron los de
-los concejos que median entre el Navia y Eo, y notose que eran más
-inquietos y turbulentos que los de los otros partidos. Recelosa la
-junta de algún desmán, resolvió poner a los detenidos fuera de los
-lindes del principado. Por atolondramiento u oculta malicia de mano
-desconocida, se trató de sacarlos en medio del día y públicamente,
-para que en coche emprendiesen su viaje. A su vista gritaron unas
-mujerzuelas <i>que se marchan los traidores</i>; y juntándose a sus
-descompasados clamores un tropel de los reclutas mencionados, cogieron
-en medio a los cinco desventurados y los condujeron al campo de San
-Francisco extramuros de la ciudad, en donde atándolos a los árboles
-se dispusieron a arcabucearlos. En tamaño aprieto felizmente se le
-ocurrió al canónigo Don Alonso Ahumada buscar para la desordenada
-multitud el freno de la religión, único que ya podía contenerla, y con
-el sacramento en las manos y ayudado de personas autorizadas salvó de
-inminente muerte a los atribulados perseguidos, habiéndose mantenido
-impávido en el horroroso trance el coronel de Hibernia. Con lo que al
-paso que se preservaron sus vidas, quedó terso y limpio de todo lunar
-el bello aspecto del levantamiento de Asturias. Raro ejemplo de<span
-class="pagenum" id="Page_196">p. 196</span> moderación en tiempos en
-que desencadenándose el furor popular se da a veces suelta bajo el
-manto de patriotismo a las enemistades personales.</p>
-
-<div class="sidenote">Misión<br/> de Inglaterra.</div>
-
-<p>Desde el momento en que la junta de Asturias se pronunció y declaró
-soberana, trató de entablar negociaciones con Inglaterra. Nombró
-para que con aquel objeto pasasen a Londres a Don Andrés Ángel de la
-Vega y al vizconde de Matarrosa, autor de esta historia, así entonces
-llamado por vivir todavía su padre. La misión era importante y de
-empeño. Pendía en gran parte de su feliz resultado dar fortunada cima
-a la comenzada empresa. El viaje por sí presentó dificultades, no
-habiendo en aquel momento crucero inglés en toda la costa asturiana, y
-era arriesgado para el deseado fin aventurarse en barco de la propia
-nación. A los tres días de la insurrección y muy al caso apareció sobre
-el cabo de Peñas un corsario de Jersey, el cual sospechando engaño
-resistió al principio entrar en tratos; mas con el cebo de una crecida
-suma convino en tomar a su bordo los diputados nombrados, quienes desde
-Gijón se hicieron a la vela el 30 de mayo.</p>
-
-<p>No es de más ni obra del amor propio el detenernos en contar algunos
-pormenores de la mencionada misión, habiendo servido de cimiento a
-la nueva alianza que se contrajo con la Inglaterra, y la cual dio
-ocasión a tantos y tan portentosos acontecimientos. En la noche del
-6 de junio arribaron los diputados a Falmouth, y acompañados de
-un oficial de la marina real inglesa se dirigieron en posta y con
-gran diligencia a Londres.<span class="pagenum" id="Page_197">p.
-197</span> No eran todavía las siete de la mañana cuando pisaron los
-umbrales del almirantazgo, y su secretario Mr. Wellesly Pool apenas
-daba crédito a lo que oía, procurando con ansia descubrir en el mapa
-el casi imperceptible punto que osaba declararse contra Napoleón.
-Poco después y en hora tan temprana se avistó con los diputados Mr.
-Canning, ministro entonces de relaciones extranjeras. En vista de
-las proclamas y del calor y persuasivo entusiasmo que animaba a los
-enviados asturianos [común entonces a todos los españoles], no dudó un
-instante el ministro inglés en asegurarles que el gobierno de S. M. B.
-protegería con el mayor esfuerzo el glorioso alzamiento de la provincia
-que representaban. Su pronta y viva penetración de la primera vez
-columbró el espíritu que debía reinar en toda España cuando en Asturias
-se había levantado el grito de independencia, previendo igualmente las
-consecuencias que una insurrección peninsular podría tener en la suerte
-de Europa y aun del mundo.</p>
-
-<p>Ya con fecha de 12 de junio Mr. Canning comunicaba a los diputados
-de oficio y por escrito: [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a
-href="#Ap_3-2" id="Ll_3-2">3-2</a>.)</span> «el rey me manda asegurar
-a VV. SS. que S. M. ve con el más vivo interés la determinación leal
-y valerosa del principado de Asturias para sostener contra la atroz
-usurpación de la Francia una contienda en favor de la restauración e
-independencia de la monarquía española. Asimismo S. M. está dispuesto
-a conceder todo género de apoyo y de asistencia a un esfuerzo tan
-magnánimo y digno de alabanza... El rey me manda declarar a VV.
-SS.<span class="pagenum" id="Page_198">p. 198</span> que está S. M.
-pronto a extender su apoyo a todas las demás partes de la monarquía
-española que se muestren animadas del mismo espíritu que los habitantes
-de Asturias.»</p>
-
-<p>Siguiose a esta declaración el envío a aquella provincia de víveres,
-municiones, armas y vestuarios en abundancia: no fue al principio
-dinero por no haber los diputados creídolo necesario. Fueron nombrados
-para que pasasen a Asturias dos oficiales y el mayor general sir Thomas
-Dyer, quien desde entonces fue el protector constante y desinteresado
-de los desgraciados patriotas españoles.</p>
-
-<p>Era a la sazón primer lord de la tesorería el duque de Portland,
-y los nombres tan conocidos después de Castlereagh, Liverpool y
-Canning entraban a formar parte de su ministerio. Tenían por norma
-de su política las reglas que habían guiado a Mr. Pitt, con quien
-habían estado estrechamente unidos. Pero en cuanto a la causa
-española todos los partidos concurrieron en la misma opinión, sin
-que hubiese la menor diferencia ni disenso. Claramente apareció
-esta conformidad en la discusión parlamentaria del 15 de junio en
-la cámara de los comunes. Mr. Sheridan uno de los corifeos de la
-oposición, célebre como literato, y célebre como orador, decía en
-aquella sesión:[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_3-3"
-id="Ll_3-3">3-3</a>.)</span> «¿El denodado ánimo de los españoles no
-tomará mayor aliento cuando sepa que su causa no solo ha sido abrazada
-por los ministros aisladamente, sino también por el parlamento y
-el pueblo de Inglaterra? Si hay en España una predisposición para
-sentir los insultos y agravios que sus habitantes han recibido<span
-class="pagenum" id="Page_199">p. 199</span> del tirano de la tierra, y
-que son sobrado enormes para poder expresarlos con palabras, ¿aquella
-predisposición no se elevará al más sublime punto con la certeza de
-que sus esfuerzos han de ser cordialmente sostenidos por una grande y
-poderosa nación? Pienso que se presenta una importante crisis. Jamás
-hubo cosa tan valiente, tan generosa, tan noble como la conducta de los
-asturianos.»</p>
-
-<p>Ambos lados de la cámara aplaudieron aquellas elocuentes palabras
-que expresaban el común sentir de todos sus individuos. Trafalgar
-y las famosas victorias alcanzadas por la marina inglesa nunca
-habían excitado ni mayor alegría ni más universal entusiasmo. El
-interés nacional anduvo unido en esta ocasión con lo que dictaban
-la justicia y la humanidad, y así las opiniones más divergentes
-y encontradas en otros asuntos, se juntaron ahora y confundieron
-para celebrar en común y de un modo inexplicable el alzamiento de
-España. Bastó solo la noticia del de Asturias para causar efecto
-tan prodigioso. No les era dado a los diputados moverse ni ir a
-parte alguna sin que se prorrumpiese enderredor suyo en vítores y
-aplausos. Detenemos aquí la pluma ciertos de que se achacaría a
-estudiada exageración el repetir aun compendiosamente lo que en
-realidad pasó.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_3-4"
-id="Ll_3-4">3-4</a>.)</span> En medio sin embargo de la universal
-satisfacción estaban los diputados contristados, habiendo transcurrido
-más de quince días sin que aportase barco ni aviso alguno de las
-costas de España. No por eso menguó el entusiasmo inglés: más
-bien, a ser posible, vino a aumentarle y a sacar a todos de dudas
-y sobresalto<span class="pagenum" id="Page_200">p. 200</span> la
-llegada de Don Francisco Sangro enviado por la junta de Galicia,
-y el cual traía consigo no solamente la noticia del levantamiento
-de tan importante y populosa provincia, mas también el de toda la
-península.</p>
-
-<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de Galicia.</div>
-
-<p>Galicia en efecto se había alzado el 30 de mayo, día de San
-Fernando. La extensión de sus costas, sus muchas rías y abrigados
-puertos, la desigualdad de su montuoso terreno, su posición lejana y
-guarecida de angostas y por la mayor parte difíciles entradas, sus
-arsenales, y en fin sus cuantiosos y variados recursos realzaban la
-importancia de la declaración de aquel reino.</p>
-
-<p>Además de la inquietud, necesaria y general consecuencia del 2
-de mayo, conmovió con particularidad los ánimos en la Coruña la
-aparición del oficial francés Mongat comisionado para tomar razón de
-los arsenales de armas y artillería, de la tropa allí existente, y
-para examinar al mismo tiempo el estado del país. Por ausencia del
-capitán general Don Antonio Filangieri mandaba el mariscal de campo
-Don Francisco Biedma, sujeto mirado con desafecto por los militares y
-vecinos de la ciudad, e inhábil por tanto para calmar la agitación que
-visiblemente crecía. Aumentola con sus providencias, porque colocando
-artillería en la plaza de la capitanía general, redoblando su guardia
-y viviendo siempre en vela, dio a entender que se disponía a ejecutar
-alguna orden desagradable. El Biedma obraba en este sentido con tanto
-mayor confianza cuanto quedaban todavía en la Coruña, a pesar de las
-fuerzas destacadas a Oporto en virtud del tratado de Fontainebleau,
-el regimiento de<span class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span>
-infantería de Navarra, los provinciales de Betanzos, Segovia y
-Compostela, el segundo de voluntarios de Cataluña y el regimiento de
-artillería del departamento. Para estar más seguro de estos cuerpos
-pensó también granjearse su voluntad, proponiéndoles conforme a
-instrucciones de Madrid la etapa de Francia que era más ventajosa.
-Hubo jefes que aceptaron la oferta, otros la desecharon. Pero este
-paso fue tan imprudente que despertó en los soldados viva sospecha de
-que se fraguaba enviarlos del otro lado de los Pirineos, y llenar su
-hueco con franceses. Sobrecogiose asimismo el paisanaje de temor de la
-conscripción, en el que le confirmaron vulgares rumores con tanta más
-prontitud creídos en semejantes casos, cuanto suelen ser más absurdos.
-Tal fue por ejemplo el de que el francés Mongat había mandado fabricar
-a la maestranza de artillería miles de esposas destinadas a maniatar
-hasta la frontera a los mozos que se enganchasen. Por infundada que
-fuese la voz no era extraño que hallase cabida en los prevenidos
-ánimos de los gallegos, a cuyos oídos había llegado la noticia de
-violencias semejantes a las que en la misma Francia se cometían con los
-conscriptos.</p>
-
-<p>En medio del sobresalto llegó a la Coruña un emisario de Asturias,
-portador de las nuevas de su primera insurrección, con intento de
-brindar a las autoridades a imitar la conducta del principado. Se
-presentó al señor Pagola, regente de la audiencia, quien con la amenaza
-de castigarle le obligó a retirarse sigilosamente a Mondoñedo.
-Con todo súpose, y más y más se pronunciaba<span class="pagenum"
-id="Page_202">p. 202</span> la opinión sin que hubiera freno que la
-contuviese. Alcanzaron en tanto a Madrid avisos del estado inquieto
-de Galicia, y se ordenó pasar allí al capitán general Don Antonio
-Filangieri, hombre moderado, afable y entendido, hermano del famoso
-Cayetano, que en su elocuente obra de la legislación había defendido
-con tanta erudición y celo los derechos de la humanidad. Adorábanle los
-oficiales, le querían cuantos le trataban; pero la desgracia de haber
-nacido en Nápoles le privaba del favor de la multitud, tan asombradiza
-en tiempos turbulentos. Sin embargo habiendo quitado la artillería
-de delante de sus puertas, y mostrádose suave e indulgente, hubiera
-quizá parado la revolución si nuevos motivos de desazón y disgusto no
-hubiesen acelerado su estampido. Primeramente no dejaba de incomodar la
-arrogancia desdeñosa con que los franceses establecidos en la Coruña
-miraban a su vecindario desde que el oficial Mongat los alentó con
-su altivez intolerable, si bien a veces templada por la prudencia de
-Mr. Fourcroi, cónsul de su nación. Pero más que todo, y ella en verdad
-decidió el rompimiento, fue la noticia de las renuncias de Bayona, y de
-la internación en Francia de la familia real, con lo que al paso que el
-poder de la autoridad se entorpecía y menguaba, creció el ardor popular
-saltando la valla de la subordinación y obediencia.</p>
-
-<p>Algunos patriotas encendidos del deseo de conservar la independencia
-y el honor nacional, se juntaban a escondidas con varios oficiales
-para dar acertado impulso al público descontento. Asistían individuos
-del regimiento de Navarra,<span class="pagenum" id="Page_203">p.
-203</span> de lo que noticioso el capitán general mandó que aquel
-cuerpo se trasladase al Ferrol; medida que tal vez influyó en su
-posterior y lamentable suerte. En lugar de amortiguarse aviváronse con
-esto los secretos tratos, y ya tocaban al estado de sazón, cuando la
-víspera de San Fernando entró a caballo por las calles de la Coruña
-un joven de rostro halagüeño, gallardo en su porte, y tan alborozado
-que atravesándolas con entusiasmados gritos movió la curiosidad
-de sus atónitos vecinos. Avistose con el regente de la audiencia,
-quien cortándole toda comunicación le hizo custodiar en la casa de
-correos. Allí se agolpó al instante la muchedumbre, y averiguó que el
-desconocido mozo era un estudiante de la ciudad de León, en donde a
-imitación de Asturias había la población tratado de levantarse y crear
-una junta. Con la nueva espuela determinaron los que secretamente y de
-consuno se entendían, no aguardar más tiempo, y poner cuanto antes el
-reino de Galicia en abierta insurrección.</p>
-
-<p>El siguiente día 30 ofreciose como el más oportuno impeliendo a su
-ejecución un impensado incidente. Era costumbre todos los años en dicho
-día enarbolar la bandera en los baluartes y castillos, y notose que
-en este se había omitido aquella práctica que solamente se verificaba
-en conmemoración de Fernando III llamado el Santo, sin atender a
-que el soberano reinante llevara o no aquel nombre. Mas como ahora
-desagradaba su sonido al gobierno de Madrid, fuera por su orden o por
-lisonjearle, se suspendió la antigua ceremonia. El pueblo echando<span
-class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span> de menos la bandera se
-mostró airado, y aprovechando entonces los secretos conjurados la
-oportuna ocasión, enviaron para acaudillarle a Sinforiano López, de
-oficio sillero, hombre fogoso, y que, dotado de verbosidad popular,
-era querido de la multitud y a su arbitrio la gobernaba. Luego que se
-acercó al palacio del capitán general, envió por delante para tantear
-el ánimo de la tropa algunos niños que con pañuelos fijos en la punta
-de unos palos, y gritando viva Fernando VII y muera Murat, intentaron
-meterse por sus filas. Los soldados, en cuyo número se contaban
-bastantes que estaban de concierto con los atizadores, se reían de
-los muchachos, y los dejaban pasar y gritar, sin interrumpirlos en su
-aparente pasatiempo. Alentados los instigadores se atropellaron de
-golpe hacia el palacio, diputando a unos cuantos para pedir que según
-costumbre se tremolase la bandera. Aquel edificio está sito dentro
-de la ciudad antigua; y al ruido de que era acometido, concurrió la
-multitud de todos los puntos, precipitándose por la puerta Real y la
-de Aires. Los primeros que en diputación habían penetrado dentro de
-los umbrales de palacio, alcanzado que hubieron que se enarbolase
-la bandera, pidieron que volviera a la Coruña el regimiento de
-Navarra, y como acontece en los bullicios populares, a medida que se
-condescendía en las peticiones, fuéronse estas multiplicando: por lo
-que y encrespado el tumulto, Don Antonio Filangieri se desapareció por
-una puerta excusada y se refugió en el convento de dominicos. No así
-Don Francisco Biedma y el coronel Fabro, quienes<span class="pagenum"
-id="Page_205">p. 205</span> a pesar del odio que contra ambos había
-como parciales del príncipe de la Paz, osaron salir por la puerta
-principal. Caro hubo de costarles el temerario arrojo: al Biedma le
-hirieron de una pedrada, pero levemente; y al Fabro que puesto al
-frente de los granaderos de Toledo, de cuyo cuerpo era jefe, dio con
-su espada de plano a uno de los que peroraban a nombre del pueblo,
-reciamente le apalearon, sin que sus soldados hiciesen ademán siquiera
-de defenderle: tan aunados estaban militares y paisanos.</p>
-
-<p>Como era día festivo y también por avisos circulados a las aldeas
-había acudido a la ciudad mucha gente de los contornos, y todos
-juntos los de dentro y los de fuera asaltaron el parque de armas, y
-le despojaron de más de 40.000 fusiles. En la acometida corrió gran
-peligro el comisario de la maestranza de artillería Don Juan Varela, a
-quien falsamente se atribuía el tener escondidas las esposas que habían
-de atraillar a los que se llevasen a Francia. Muy al caso le ocurrió
-a Sinforiano López sacar en procesión el retrato de Fernando VII, con
-cuya artimaña atrayendo hacia sí a la multitud, salvó a Varela del
-fatal aprieto.</p>
-
-<p>En fin por la tarde se formó una junta, y a su cabeza se puso
-el capitán general; entrando en ella las principales autoridades y
-representantes de las diferentes clases y corporaciones ya civiles ya
-eclesiásticas. Por indisposición de Filangieri presidió los primeros
-días la junta el mariscal de campo Don Antonio Alcedo, hombre muy cabal
-y prudente, y permitió en el naciente fervor que cualquiera ciudadano
-entrase<span class="pagenum" id="Page_206">p. 206</span> a proponer
-en la sala de sesiones lo que juzgase conveniente a la causa pública.
-Púsose luego coto a una concesión que en otros tiempos hubiera sido
-indebida y peligrosa.</p>
-
-<p>La junta anduvo en lo general atinada, y tomó disposiciones prontas
-y vigorosas. Dio igualmente desde el principio una señalada prueba
-de su desprendimiento en convocar otra junta, que elegida libre y
-tranquilamente por las ciudades de Galicia, no tuviese la tacha de
-ser fruto de un alboroto, y de solo representar en ella una pequeña
-parte de su territorio. Para alcanzar tan laudable objeto se prefirió
-a cualquiera otro medio el más antiguo y conocido. Cada seis años se
-congregaba en la Coruña una diputación de todo el reino de Galicia,
-compuesta de siete individuos escogidos por los diversos ayuntamientos
-de las siete provincias en que está dividido. Celebrábase esta
-reunión para conceder la contribución llamada de millones, y elegir
-un diputado que en unión con los de las otras ciudades de voto en
-cortes concurriese a formar la diputación de los reinos, que constando
-de siete individuos, y removiéndose de seis en seis años residía
-en Madrid, más bien para presenciar festejos públicos y obtener
-individuales favores que para defender los intereses de sus comitentes.
-Conforme a su digna resolución expidió la junta sus convocatorias,
-y envió a todas partes comisionados que pusiesen en ejecución las
-medidas que había decretado de armamento y defensa. Siendo idéntica
-la opinión de todos los pueblos, fueron aquellos a doquiera que
-llegaban recibidos con aplauso y sumisamente<span class="pagenum"
-id="Page_207">p. 207</span> acatados. En algunos parajes habían
-precedido alborotos a la noticia del de la Coruña, y en todos ellos se
-respetaron y obedecieron las providencias de la junta, corriendo la
-juventud a alistarse con el mayor entusiasmo. Solamente en el Ferrol
-hubiera podido desconocerse la autoridad del nuevo gobierno por la
-oposición que mostraban el conde de Cartaojal, comandante de la división
-de Ares, y el jefe de escuadra Obregón, que mandaba los arsenales;
-pero los demás oficiales y soldados conformes con el pueblo en sus
-sentimientos, y pronunciándose altamente, desbarataron los intentos de
-sus superiores.</p>
-
-<p>Conmovido así todo el reino de Galicia se aceleró la formación
-y organización de su ejército. Se incorporaron los reclutas en los
-regimientos veteranos, y se crearon otros nuevos, entre los que
-merece particular distinción el batallón llamado literario, compuesto
-de estudiantes de la universidad de Santiago, tan bien dispuestos y
-animados como todos los de España en favor de la causa sagrada de la
-patria. La reunión de estas fuerzas con las que posteriormente se
-agregaron de Oporto, ascendía en su totalidad a unos 40.000 hombres.</p>
-
-<p>No tardaron mucho en pasar a la Coruña los regidores nombrados por
-los ayuntamientos de las siete capitales de provincia en representación
-de su potestad suprema; instalándose con el nombre de junta soberana de
-Galicia. Asociaron a su seno al obispo de Orense que entonces gozaba
-de justa popularidad, al de Tuy y a Don Andrés García, confesor de la
-difunta princesa<span class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span> de
-Asturias, en obsequio a su memoria. Se mandó asimismo que asistiesen a
-las comisiones administrativas, en que se distribuyesen los diversos
-trabajos, personas inteligentes en cada ramo.</p>
-
-<p>El levantamiento de Galicia tuvo como el de toda España su principal
-origen en el odio a la dominación extranjera, y en la justa indignación
-provocada por los atroces hechos de Madrid y Bayona. Fueron en aquel
-reino los militares los primeros motores, sostenidos por la población
-entera. El clero si bien no dio el impulso, aplaudió y favoreció
-después la heroica resolución, distinguiéndose más adelante los curas
-párrocos, quienes fomentaron y mantuvieron la encendida llama del
-patriotismo. Sin embargo miraron allí con torvo rostro las conmociones
-populares dos de los más poderosos eclesiásticos, cuales eran Don
-Rafael Múzquiz, arzobispo de Santiago, y Don Pedro Acuña, ex-ministro
-de gracia y justicia. Celosos partidarios del príncipe de la Paz
-asustáronse del advenimiento al trono de Fernando VII, y trabajaron en
-secreto y con porfiado ahínco por deshacer o embarazar en su curso la
-comenzada empresa. El de Santiago, portentoso conjunto de corrupción
-y bajeza, procuraba con aparente fanatismo encubrir su estragada
-conducta, disfrazar sus vicios y acrecentar el inmenso poderío que
-le daban sus riquezas y elevada dignidad. Astuto y revolvedor tiró a
-sembrar la discordia so color de patriotismo. Había entre Santiago,
-antigua capital de Galicia, y la Coruña que lo era ahora, añejas
-rivalidades; y para despertarlas ofreció un donativo de tres millones
-de reales con la condición<span class="pagenum" id="Page_209">p.
-209</span> sediciosa de que la junta soberana fijase su asiento en la
-primera de aquellas ciudades. Muy bien sabía que no se accedería a su
-propuesta, y se lisonjeaba de excitar con la negativa reyertas entre
-ambos pueblos que trabasen las resoluciones de la nueva autoridad.
-Mas la junta mostró tal firmeza que atemorizado el solapado y viejo
-cortesano se cobijó bajo la capa pastoral del obispo de Orense para no
-ser incomodado y perseguido.</p>
-
-<p>A pocos días de la insurrección una voz repentina y general
-difundida en toda Galicia de que entraban los franceses, dio
-desgraciadamente ocasión a desórdenes, que si bien momentáneos, no
-por eso dejaron de ser dolorosos. Así fue que en Orense un hidalgo de
-Puga mató de un tiro a un regidor a las puertas del ayuntamiento, por
-habérsele dicho que el tal era afecto a los invasores. Bien es verdad
-que Galicia dentro de su suelo no tuvo que llorar otra muerte en los
-primeros tiempos de su levantamiento.</p>
-
-<p>Tuvo sí que afligirse y afligir a España con el asesinato de
-Don Antonio Filangieri, que saliendo de los lindes gallegos había
-fijado su cuartel general en Villafranca del Bierzo, y tomado activas
-providencias para organizar y disciplinar su gente, el cual creyendo
-oportuno, así para su propósito como para cubrir las avenidas del país
-de su mando, sacar de la Coruña sus tropas [en gran parte bisoñas y
-compuestas de gente allegadiza], las situó en la cordillera aledaña
-del Bierzo, extendiendo las más avanzadas hasta Manzanal, colocado en
-las gargantas<span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span> que
-dan salida al territorio de Astorga. Lo suave de la condición de dicho
-general y el haberle llamado la junta a la Coruña, alentó a algunos
-soldados de Navarra, cuyo cuerpo estaba resentido desde la traslación
-al Ferrol, para acometerle y asesinarle fría y alevosamente el 24
-de junio en las calles de Villafranca. Los abanderizó un sargento,
-y hubo quien buscó más arriba la oculta mano que dirigió el mortal
-golpe. Atroz y fementido hecho matar a su propio caudillo, respetable
-varón e inocente víctima de una soldadesca brutal y desmandada. Por
-largo tiempo quedó impune tan horroroso crimen: al fin y pasados años
-recibieron los que le perpetraron el merecido castigo. Había sucedido
-en el mando por aquellos días al desventurado Filangieri Don Joaquín
-Blake, mayor general del ejército, y antes coronel del regimiento de la
-Corona. Gozaba del concepto de militar instruido y de profundo táctico.
-La junta le elevó al grado de teniente general.</p>
-
-<p>De Inglaterra llegaron también a Galicia prontos y cuantiosos
-auxilios. Su diputado Don Francisco Sangro fue honrado y obsequiado
-por aquel gobierno, y se remitieron libres a la Coruña los prisioneros
-españoles que gemían hacía años en los pontones británicos. Arribó al
-mismo puerto Sir Carlos Stuart, primer diplomático inglés que en calidad
-de tal pisó el suelo español. La junta se esmeró en agasajarle y darle
-pruebas de su constante anhelo por estrechar los vínculos de alianza
-y amistad con S. M. Británica. Las demostraciones de interés que por
-la causa de España tomaba nación tan poderosa, fortificaron<span
-class="pagenum" id="Page_211">p. 211</span> más y más las novedades
-acaecidas, y hasta los más tímidos cobraron esperanzas.</p>
-
-<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de Santander.</div>
-
-<p>Santander agitado y conmovido ponía en sumo cuidado a los franceses,
-estando casi situado a la retaguardia de una parte considerable de sus
-tropas, y pudiendo con su insurrección impedir fácilmente que entre
-sí se comunicasen. También temían que la llama una vez prendida se
-propagase a las provincias vascongadas, y los envolviese a favor del
-escabroso terreno, en medio de poblaciones enemigas, fatigándolos y
-hostigándolos continuadamente. Así fue que el mariscal Bessières no
-tardó desde Burgos en despachar a aquel punto a su ayudante general Mr.
-de Rigny, que, después se ha ilustrado más dignamente con los laureles
-de Navarino. Iba con pliegos para el cónsul francés Mr. de Ranchoup,
-por los que se amonestaba al ayuntamiento, que en caso de no mantenerse
-la tranquilidad pasaría una división a castigar con el mayor rigor el
-más leve exceso. Semejantes amenazas lejos de apaciguar acrecentaron el
-disgusto y la fermentación. Estaba en su colmo, cuando una leve disputa
-entre Mr. Pablo Carreyron, francés avecindado, y el padre de un niño
-a quien aquel había reprendido, atrajo gente, y de unas en otras se
-enardeció el pueblo clamoreando que se prendiese a los franceses.</p>
-
-<p>Tocaron entonces a rebato las campanas de la catedral y los tambores
-la generala, resonando por las calles los gritos de viva Fernando VII y
-muera Napoleón y el ayudante de Bessières. Armado como por encanto el
-vecindario, arrestó<span class="pagenum" id="Page_212">p. 212</span>
-a los franceses, pero con el mayor orden; y conducidos al castillo
-cuartel de San Felipe, se pusieron guardias a las puertas de las
-respectivas casas de los presos para que no recibiesen menoscabo en
-sus propiedades. Era aquel día el 26 de mayo, y como de la Ascensión
-festivo; por lo que arremolinándose numerosa plebe cerca de la casa del
-cónsul francés, se desató en palabras y amenazas contra su persona y
-la de Mr. de Rigny. Sus vidas hubieran peligrado si los oficiales del
-provincial de Laredo que guarnecían a Santander, no las hubieran puesto
-en salvo exponiendo las suyas propias. Los sacaron de la casa consular
-a las once de la noche, y colocándolos en el centro de un círculo
-que formaron con sus cuerpos, los llevaron al ya mencionado cuartel
-de San Felipe, dejándolos bajo la custodia de los milicianos que le
-ocupaban.</p>
-
-<p>Al día inmediato 27 se compuso una junta de los individuos del
-ayuntamiento y varias personas notables del pueblo, las que eligieron
-por su presidente al obispo de la diócesis Don Rafael Menéndez de
-Luarca. Hallábase este ausente en su quinta de Liaño a dos leguas de la
-ciudad, no pudiendo por tanto haber tomado parte en los acontecimientos
-ocurridos. El gobierno francés que con estudiado intento no veía
-entonces en el alzamiento de España sino la obra de los clérigos y los
-frailes, achacó al reverendo obispo de Santander la insurrección de
-la provincia cantábrica. Mas fue tan al contrario que en un principio
-aquel prelado se resistió obstinadamente a admitir la presidencia
-que le ofreció la junta, y solo a fuerza de reiteradas instancias
-condescendió<span class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span> con sus
-ruegos. Era el de Santander eclesiástico austero en sus costumbres, y
-acatábale el vulgo como si fuera un santo: estaba ciertamente dotado
-de recomendables prendas, pero las deslucía con terco fanatismo
-y desbarros que tocaban casi en locura. Dio luego señales de su
-descompuesto temple, autorizándose con el título de regente soberano de
-Cantabria a nombre de Fernando VII y con el aditamento de alteza.</p>
-
-<p>A poco se supo la insurrección de Asturias con lo que tomó vuelo
-el levantamiento de toda la montaña de Santander, y aun los tibios
-ensancharon sus corazones. Inmediatamente se procedió a un alistamiento
-general, y sin más dilación y faltos de disciplina salieron los nuevos
-cuerpos a los confines y puertos secos de la provincia. Mandaba como
-militar Don Juan Manuel de Velarde, que de coronel fue promovido a
-capitán general, y el cual se apostó en Reinosa con artillería y 5000
-hombres, los más paisanos mezclados con milicianos de Laredo. Su hijo
-Don Emeterio, muerto después gloriosamente en la batalla de la Albuera,
-ocupó el Escudo con 2500 hombres, igualmente paisanos. Otros 1000
-recogidos de partidas sueltas de Santoña, Laredo y demás puertecillos
-se colocaron en los Tornos. Por aquí vemos como Santander a pesar de
-su mayor proximidad a los franceses se arriesgó a contrarrestar sus
-injustos actos y a emplear contra ellos los escasos recursos que su
-situación le prestaba.</p>
-
-<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de León y<br/> Castilla la
-Vieja.</div>
-
-<p>Osadía fue sin duda la de esta provincia, pero guarecida detrás
-de sus montañas no parecía<span class="pagenum" id="Page_214">p.
-214</span> serlo tanto como la de las ciudades y pueblos de la tierra
-llana de Castilla y León. Sus moradores no atendiendo ni a sus fuerzas
-ni a su posición, quisieron ciegamente seguir los ímpetus de su
-patriotismo, y a los pueblos cercanos a tropas francesas salioles caro
-tan honroso como irreflexionado arrojo. Apenas había alzado Logroño
-el pendón de la insurrección, cuando pasando desde Vitoria con dos
-batallones el general Verdier, fácilmente arrolló el 6 de junio a los
-indisciplinados paisanos, retirándose después de haber arcabuceado a
-varios de los que se cogieron con las armas en la mano, o a los que
-se creyeron principales autores de la sublevación. No fue más dichosa
-en igual tentativa la ciudad de Segovia. Confiando sobradamente en la
-escuela de artillería establecida en su alcázar, intentó con su ayuda
-hacer rostro a la fuerza francesa, cerrando los oídos a proposiciones
-que por medio de dos guardias de Corps le había enviado Murat. En
-virtud de la repulsa se acercó a la ciudad el 7 de junio el general
-francés Frère, y los artilleros españoles colocaron las piezas
-destinadas al ejercicio de los cadetes en las puertas y avenidas. No
-había para sostenerlas otra tropa que paisanos mal armados, los cuales
-al empeñarse la refriega se desbandaron dejando abandonadas las piezas.
-Apoderose de Segovia el enemigo, y el director Don Miguel de Cevallos,
-los alumnos y casi todos los oficiales se salvaron y acogieron a los
-ejércitos que se formaban en las otras provincias.</p>
-
-<p>Al mismo tiempo que tales andaban las cosas en puntos aislados de
-Castilla, tomó cuerpo<span class="pagenum" id="Page_215">p. 215</span>
-la insurrección de Valladolid y León, fortificándose con mayores medios
-y estribando sus providencias en los auxilios que aguardaban de Galicia
-y Asturias. Desde el momento en que la última de aquellas provincias
-había en el 23 y 24 de mayo proclamado a Fernando y declarádose contra
-los franceses, había León imitado su ejemplo. Como a su definitiva
-determinación hubiesen precedido parciales conmociones, en una de ellas
-fue enviado a la Coruña el estudiante que tanto tumultuó allí la gente.
-Mas el estar asentada la ciudad de León en la tierra llana, y el serles
-a los franceses de fácil empresa apaciguar cualquiera rebelión a sus
-mandatos, había reprimido el ardor popular. Por fin habiéndose enviado
-de Asturias 800 hombres para confortar algún tanto a los tímidos, se
-erigió el 1.º de junio una junta de individuos del ayuntamiento y otras
-personas, a cuya cabeza estaba como gobernador militar de la provincia
-D. Manuel Castañón. No eran pasados muchos días cuando se transfirió
-la presidencia al capitán general bailío Don Antonio Valdés, antiguo
-ministro de marina, y quien habiendo honrosamente rehusado ir a Bayona,
-tuvo que huir de Burgos a Palencia y abrigarse al territorio leonés.
-Fueron de Asturias municiones, fusiles y otros pertrechos, con cuya
-ayuda se empezó el armamento.</p>
-
-<p>Estaba en Valladolid de capitán general Don Gregorio de la
-Cuesta militar antiguo y respetable varón, pero de condición duro y
-caprichudo, y obstinado en sus pareceres. Buen español, acongojábale
-la intrusión francesa, mas<span class="pagenum" id="Page_216">p.
-216</span> acostumbrado a la ciega subordinación miraba con enojo que
-el pueblo se entrometiese a deliberar sobre materias que a su juicio
-no le competían. El distrito de su mando abrazaba los reinos de León y
-Castilla la Vieja, cuya separación geográfica no ha estorbado que se
-hubiesen confundido ambos en el lenguaje común y aun en cosas de su
-gobierno interior. La pesada mano de la autoridad los había molestado
-en gran manera, y el influjo del capitán general era extremadamente
-poderoso en las provincias en que aquellos reinos se subdividían.
-Con todo pudiendo más el actual entusiasmo que el añejo y prolongado
-hábito de la obediencia, ya hemos visto como en León, sin contar con
-Don Gregorio de la Cuesta, se había dado el grito del levantamiento.
-Era la empresa de más dificultoso empeño en Valladolid, así porque
-dentro residía dicho jefe, como también por el apoyo que le daba la
-chancillería y sus dependencias. Sin embargo la opinión superó todos
-los obstáculos.</p>
-
-<p>En los últimos días de mayo el pueblo agavillado quiso exigir del
-capitán general que se le armase y se hiciese la guerra a Napoleón.
-Asomado al balcón resistiose Cuesta, y con prudentes razones procuró
-disuadir a los alborotados de su desaconsejado intento. Insistieron
-de nuevo estos, y viendo que sus esfuerzos inútilmente se estrellaban
-contra el duro carácter del capitán general, erigieron el patíbulo
-vociferando que en él iban a dar el debido pago a tal terquedad,
-tachada ya de traición por el populacho. Dobló entonces la cerviz Don
-Gregorio de la Cuesta, prefiriendo a un azaroso fin servir de guía a
-la<span class="pagenum" id="Page_217">p. 217</span> insurrección, y
-sin tardanza congregó una junta a que asistieron con los principales
-habitantes individuos de todas las corporaciones. El viejo general no
-permitió que la nueva autoridad ensanchase sus facultades más allá de
-lo que exigía el armamento y defensa de la provincia; conviniendo tan
-solo en que a semejanza de Valladolid se instituyese una junta con la
-misma restricción en cada una de las ciudades en que había intendencia.
-Así Ávila y Salamanca formaron las suyas, pero la inflexible dureza de
-Cuesta y el anhelo de estos cuerpos por acrecer su poder, suscitaron
-choques y reñidas contiendas. Valladolid y las poblaciones libres del
-yugo francés se apresuraron a alistar y disciplinar su gente, y Zamora
-y Ciudad Rodrigo suministraron en cuanto pudieron armas y pertrechos
-militares.</p>
-
-<p>Enlutaron la común alegría algunos excesos de la plebe y de la
-soldadesca. Murió en Palencia a sus manos un tal Ordóñez que dirigía
-la fábrica de harinas de Monzón, sujeto apreciable. Don Luis Martínez
-de Ariza, gobernador de Ciudad Rodrigo, experimentó igual suerte,
-sirviendo de pretexto su mucha amistad y favor con el príncipe de la
-Paz. Lo mismo algún otro individuo en dicha plaza; y en la patria del
-insigne Alonso del Tostado, en Madrigal, fue asesinado el corregidor,
-y unos alguaciles odiados por su rapaz conducta. Castigó Cuesta con
-el último suplicio a los matadores; pero una catástrofe no menos
-triste y dolorosa afeó el levantamiento de Valladolid. Don Miguel de
-Cevallos, director del colegio de Segovia, a quien<span class="pagenum"
-id="Page_218">p. 218</span> hemos visto alejarse de aquella ciudad al
-ocuparla los franceses, fue detenido a corta distancia en el lugar
-de Carbonero, achacando infundadamente a traición suya el descalabro
-padecido. De allí le condujeron preso a Valladolid. Le entraron por la
-tarde, y fuera malicia o acaso, después de atravesar el portillo de la
-Merced, torcieron los que le llevaban por el callejón de los toros al
-campo grande, donde los nuevos alistados hacían el ejercicio. A las
-voces de que se aproximaba levantose general gritería. Iba a caballo
-y detrás su familia en coche. Llovieron muy luego pedradas sobre su
-persona, y a pesar de querer guarecerle los paisanos que le escoltaban,
-desgraciadamente de una cayó en tierra, y entonces por todas partes
-le acometieron y maltrataron. En balde un clérigo de nombre Prieto
-buscó para salvarle el religioso pretexto de la confesión: solo
-consiguió momentáneamente meterle en el portal de una casa, dentro
-del cual un soldado portugués de los que habían venido con el marqués
-de Alorna le traspasó de un bayonetazo. Con aquello enfureciose de
-nuevo el populacho, arrastró por la ciudad al desventurado Cevallos,
-y al fin le arrojó al río. Partían el alma los agudos acentos de la
-atribulada esposa, que desde su coche ponía en el cielo sus quejas
-y lamentos, al paso que empedernidas mujeres se encarnizaban en la
-despedazada víctima. Espanta que un sexo tan tierno, delicado y bello
-por naturaleza, se convierta a veces y en medio de tales horrores en
-inhumana fiera. Mas apartando la vista de objeto tan melancólico,
-continuemos bosquejando<span class="pagenum" id="Page_219">p.
-219</span> el magnífico cuadro de la insurrección, cuyo fondo, aunque
-salpicado de algunas oscuras manchas, no por eso deja de aparecer
-grandioso y admirable.</p>
-
-<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de Sevilla.</div>
-
-<p>Las provincias meridionales de España no se mantuvieron más
-tranquilas ni perezosas que las que acabamos de recorrer. Movidos sus
-habitantes de iguales afectos no se desviaron de la gloriosa senda
-que a todos había trazado el sentimiento de la honra e independencia
-nacional. Siendo idénticas las causas, unos mismos fueron en su
-resultado los efectos. Solamente los incidentes que sirvieron de
-inmediato estímulo variaron a veces. Uno de estos notable e inesperado
-influyó con particularidad en los levantamientos de Andalucía y
-Extremadura. Por entonces residía casualmente en Móstoles, distante
-de Madrid tres leguas, Don Juan Pérez Villamil secretario del
-almirantazgo. Acaeció en la capital el suceso del 2 de mayo, y personas
-que en lo recio de la pelea se habían escapado y refugiado en Móstoles,
-contaron lo que allí pasaba con los abultados colores del miedo
-reciente. Sin tardanza incitó Villamil al alcalde para que escribiendo
-al del cercano pueblo pudiese la noticia circular de uno en otro
-con rapidez. Así cundió creciendo de boca en boca, y en tanto grado
-exagerada que cuando alcanzó a Talavera pintábase a Madrid ardiendo
-por todos sus puntos y confundido en muertes y destrozos. Expidiéronse
-por aquel administrador de correos avisos con la mayor diligencia,
-y en breve Sevilla y otras ciudades fueron sabedoras del infausto
-acontecimiento.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_220">p. 220</span>Dispuestos como
-estaban los ánimos, no se necesitaba sino de un levísimo motivo
-para encenderlos a lo sumo y provocar una insurrección general. El
-aviso de Móstoles estuvo para realizarla en el mediodía. En Sevilla
-el ayuntamiento pensó seriamente en armar la provincia, y tratose
-de planes de armamento y defensa. Órdenes posteriores de Madrid
-contuvieron el primer amago; pero conmovido el pueblo se alentaron
-algunos particulares a dar determinado rumbo al descontento universal.
-Fue en aquella ciudad uno de los principales conmovedores el conde de
-Tilly, de casa ilustre de Extremadura, hombre inquieto, revoltoso y
-tachado bastantemente en su conducta privada. Aunque dispuesto para
-alborotos, e igualmente amigo de novedades que su hermano Guzmán, tan
-famoso en la revolución francesa, nunca hubiera conseguido el anhelado
-objeto, si la causa que ahora abrazaba no hubiese sido tan santa, y si
-por lo mismo no se le hubiesen agregado otras personas respetables de
-la ciudad.</p>
-
-<p>Juntábanse todos en un sitio llamado el Blanquillo hacia la puerta
-de la Barqueta, y en sus reuniones debatían el modo de comenzar su
-empresa. Apareciose al propio tiempo en Sevilla un tal Nicolás Tap
-y Núñez, hombre poco conocido y que había venido allí con propósito
-de conmover por sí solo la ciudad. Ardiente y despejado peroraba por
-calles y plazas, y llevaba y traía a su antojo al pueblo sevillano,
-subiendo a punto su descaro de pedir al cabildo eclesiástico doce mil
-duros para hacer el alzamiento contra los franceses; petición a que se
-negó aquel<span class="pagenum" id="Page_221">p. 221</span> cuerpo. Se
-ejercitaba antes en el comercio clandestino, y con el título intruso
-de corredor tenía mucha amistad con las gentes que se ocupaban en el
-contrabando con Gibraltar y la costa, a cuyo punto hacía frecuentes
-viajes. Callaban las autoridades temerosas de mayor mal, y los que
-con Tilly maquinaban procuraron granjearse la voluntad de quien en
-pocos días había adquirido más nombre y popularidad que ningún otro.
-Buscáronle y fácilmente se concertaron.</p>
-
-<p>No transcurría día sin que nuevos motivos de disgusto viniesen
-a confirmarlos en su pensamiento, y a perturbar a los tranquilos
-ciudadanos. En este caso estuvieron varios papeles publicados contra la
-familia de Borbón en el Diario de Madrid que se imprimía desde el 10 de
-mayo bajo la inspección del francés Esménard. Disonaron sus frases a
-los oídos españoles no acostumbrados a aquel lenguaje, y unos papeles
-destinados a rectificar la opinión en favor de las mudanzas acordadas
-en Bayona, la alejaron para siempre de asentir a ellas y aprobarlas.
-Gradualmente subía de punto la indignación, cuando de oficio se recibió
-la noticia de las renuncias de la familia real de España en la persona
-de Napoleón. Parecioles a Tilly, Tap y consortes que no convenía
-desaprovechar la ocasión, y se prepararon al rompimiento.</p>
-
-<p>Se escogió el día de la Ascensión 26 de mayo y hora del anochecer
-para alborotar a Sevilla. Soldados del regimiento de Olivenza
-comenzaron el estruendo dirigiéndose al depósito de la real maestranza
-de artillería y de los almacenes de pólvora. Reunióseles inmenso
-gentío, y<span class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span> se
-apoderaron de las armas sin desgracia ni desorden. Adelantose a aquel
-paraje un escuadron de caballería mandado por Don Adrián Jácome, el
-cual lejos de impedir la sublevación, más bien la aplaudió y favoreció.
-Prendiendo con inexplicable celeridad el fuego de la revolución hasta
-en los más apartados y pacíficos barrios, el ayuntamiento se trasladó
-al hospital de la Sangre para deliberar más desembarazadamente. Pero
-en la mañana del 27 el pueblo apoderándose de las casas consistoriales
-abandonadas, congregó en ellas una junta suprema de personas
-distinguidas de la ciudad. Tap y Núñez procediendo de buena fe era
-por su extremada popularidad quien escogía los miembros, siendo
-otros los que se los apuntaban. Así fue que como forastero obrando a
-ciegas, nombró a dos que desagradaron por su anterior y desopinada
-conducta. Se le previno, y quiso borrarlos de la lista. Fueron inútiles
-sus esfuerzos y aun le acarrearon una larga prisión, mostrándose
-encarnizados enemigos suyos los que tenía por parciales. Suerte
-ordinaria de los que entran desinteresadamente e inexpertos en las
-revoluciones: los hombres pacíficos los miran siempre, aun aplaudiendo
-a sus intentos, como temibles y peligrosos, y los que desean la
-bulla y las revueltas para crecer y medrar, ponen su mayor conato en
-descartarse del único obstáculo a sus pensamientos torcidos.</p>
-
-<p>Instalose pues la junta, y nombró por su presidente a Don Francisco
-Saavedra, antiguo ministro de hacienda, confinado en Andalucía por la
-voluntad arbitraria del príncipe de la Paz. De carácter bondadoso y
-apacible, tenía saber extenso<span class="pagenum" id="Page_223">p.
-223</span> y vario. Las desgracias y persecuciones habían quizá quitado
-a su alma el temple que reclamaban aquellos tiempos. A instancias suyas
-fue también elegido individuo de la junta el asistente Don Vicente
-Hore, a pesar de su amistad con el caído favorito. Entró a formar parte
-y se señaló por su particular influjo el Padre Manuel Gil, clérigo
-reglar. La espantadiza desconfianza de Godoy que sin razón le había
-creído envuelto en la intriga que para derribarle habían urdido en
-1795 la marquesa de Matallana y el de Malaespina, le sugirió entonces
-el encerrarle en el convento de Toribios de Sevilla, en el que se
-corregían los descarríos ciertos o supuestos de un modo vergonzoso y
-desusado ya aun para con los niños. Disfrutaba el padre Gil, si bien
-de edad provecta, de la robustez y calor de los primeros años: con
-facilidad comunicaba a otros el fuego que sustentaba en su pecho, y
-en medio de ciertas extravagancias más bien hijas de la descuidada
-educación del claustro que de extravíos de la mente, lucía por su
-erudición y la perspicacia de su ingenio.</p>
-
-<p>La nombrada junta intitulose suprema de España e Indias. Desazonó
-a las otras la presuntuosa denominación; pero ignorando lo que
-allende ocurría, quizá juzgó prudente ofrecer un centro común, que
-contrapesando el influjo de la autoridad intrusa y usurpadora de
-Madrid, le hiciese firme e imperturbable rostro. Fue desacuerdo
-insistir en su primer título luego que supo la declaración de las
-otras provincias. Su empeño hubiera podido causar desavenencias que
-felizmente cortaron la cordura y tino de ilustrados patriotas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_224">p. 224</span>Para la defensa y
-armamento adoptó la junta medidas activas y acertadas. Sin distinción
-mandó que se alistasen todos los mozos de dieciséis hasta cuarenta y
-cinco años. Se erigieron asimismo por orden suya juntas subalternas en
-las poblaciones de 2000 y más vecinos. La oportuna inversión de los
-donativos cuantiosos que se recibían, como también el cuidado de todo
-el ramo económico, se puso a cargo de sujetos de conocida integridad.
-En ciudades, villas y aldeas se respondió con entrañable placer al
-llamamiento de la capital, y en Arcos como en Carmona, y en Jerez como
-en Lebrija y Ronda no se oyeron sino patrióticos y acordes acentos.</p>
-
-<p>En la conmoción de la noche del 26 y en la mañana del 27 nadie
-se había desmandado, ni se habían turbado aquellas primeras horas
-con muertes ni notables excesos. Estaba reservado para la tarde del
-mismo 27 que se ensangrentasen los muros de la ciudad con un horrible
-asesinato. Ya indicamos como el ayuntamiento había trasladado al
-hospital de la Sangre el sitio de sus sesiones. Dio con este paso lugar
-a hablillas y rencores. Para calmarlos y obrar de concierto con la
-junta creada, envió a ella en comisión al conde del Águila procurador
-mayor en aquel año. A su vista se encolerizó la plebe, y pidió con
-ciego furor la cabeza del conde. La junta para resguardarle prometió
-que se le formaría causa, y ordenó que entre tanto fuese enviado en
-calidad de arrestado a la torre de la puerta de Triana. Atravesó el
-del Águila a Sevilla entre insultos, pero sin ser herido ni maltratado
-de obra. Solo al subir a la prisión que<span class="pagenum"
-id="Page_225">p. 225</span> le estaba destinada, entrando en su
-compañía una banda de gente homicida, le intimó que se dispusiese a
-morir, y atándole a la barandilla del balcón que está sobre la misma
-puerta de Triana, sordos aquellos asesinos a los ruegos del conde y a
-las ofertas que les hizo de su hacienda y sus riquezas, bárbaramente
-le mataron a carabinazos. Fue por muchos llorada la muerte de este
-inocente caballero, cuya probidad y buen porte eran apreciados en
-general por todos los sevillanos. Hubo quien achacó imprudencias al
-conde; otros, y fueron los más, atribuyeron el golpe a enemiga y oculta
-mano.</p>
-
-<p>Rica y populosa Sevilla, situada ventajosamente para resistir a una
-invasión francesa, afianzó, declarándose, el levantamiento de España.
-Mas era menester para poner fuera de todo riesgo su propia resolución
-contar con San Roque y Cádiz, en donde estaba reunida la fuerza militar
-de mar y tierra más considerable y mejor disciplinada que había
-dentro de la nación. Convencida de esta verdad despachó la junta a
-aquellos puntos dos oficiales de artillería que eran de su confianza.
-El que fue a San Roque desempeñó su encargo con menos embarazos,
-hallando dispuesto a Don Francisco Javier Castaños que allí mandaba,
-a someterse a lo que se le prescribía. Ya de antemano había entablado
-este general relaciones con Sir Hugo Dalrymple, gobernador de Gibraltar,
-y lejos de suspender sus tratos por la llegada a su cuartel general
-del oficial francés Roquiat, de cuya comisión hicimos mención en el
-anterior libro, las avivó y estrechó más y más. Tampoco se retrajo de
-continuarlos<span class="pagenum" id="Page_226">p. 226</span> ni por
-las ofertas que le hizo otro oficial de la misma nación despachado al
-efecto, ni con el cebo del virreinato de Méjico que tenían en Madrid
-como en reserva para halagar con tan elevada dignidad la ambición de
-los generales, cuya decisión se conceptuaba de mucha importancia. Es
-de temer no obstante que las pláticas con Dalrymple en nada hubieran
-terminado, si no hubiese llegado tan a tiempo el expreso de Sevilla. A
-su recibo se pronunció abiertamente Castaños, y la causa común ganó con
-su favorable declaración 8941 hombres de tropa reglada que estaban bajo
-sus órdenes.</p>
-
-<p>Tropezó en Cádiz con mayores obstáculos el conde de Teba, que fue el
-oficial enviado de Sevilla. Habitualmente residía en aquella plaza el
-capitán general de Andalucía, siéndolo a la sazón Don Francisco Solano,
-marqués del Socorro y de la Solana. No hacía mucho tiempo que había
-regresado a su puesto desde Extremadura y de vuelta de la expedición
-de Portugal, en donde le vimos soñar mejoras para el país puesto a
-su cuidado. Después del 2 de mayo solicitado y lisonjeado por los
-franceses, y sobre todo vencido por los consejos de españoles antiguos
-amigos suyos, con indiscreción se mostraba secuaz de los invasores,
-graduando de frenesí cualquiera resistencia que se intentase. Ya antes
-de mediados de mayo corrió peligro en Badajoz por la poca cautela
-conque se expresaba. No anduvo más prudente en todo su camino. Al
-cruzar por Sevilla se avistaron con él los que trabajaban para que
-aquella ciudad definitivamente<span class="pagenum" id="Page_227">p.
-227</span> se alzase. Esquivó todo compromiso, mas molestado por sus
-instancias pidió tiempo para reflexionar, y se apresuró a meterse
-en Cádiz. No satisfechos de su indecisión, luego que tuvo lugar el
-levantamiento del 27, siendo ya algunos de los conspiradores individuos
-de la nueva junta, impelieron a esta para que el 28 enviase a aquella
-plaza al mencionado conde de Teba, quien con gran ruido y estrépito
-penetró por los muros gaditanos. Era allí muy amado el general Solano:
-debíalo a su anterior conducta en el gobierno del distrito, en el que
-se había desvelado por hacerse grato a la guarnición y al vecindario.
-En idolatría se hubiera convertido la afición primera, si se hubiese
-francamente declarado por la causa de la nación. Continuó vacilante e
-incierto, y el titubear de ahora en un hombre antes presto y arrojado
-en sus determinaciones, fue calificado de premeditada traición. Creemos
-ciertamente que las esperanzas y promesas con que de una parte le
-habían traído entretenido, y los peligros que advertía de la otra
-examinando militarmente la situación de España, le privaron de la libre
-facultad de abrazar el honroso partido a que era llamado de Sevilla.
-Así fue que al recibir sus pliegos ideó tomar un sesgo con que pudiera
-cubrirse.</p>
-
-<p>Convocó a este propósito una reunión de generales, en la que se
-decidiese lo conveniente acerca del oficio traído por el conde de Teba.
-Largamente se discurrió en su seno la materia, y prevaleciendo como
-era natural el parecer de Solano, se acordó la publicación de un bando
-cuyo estilo descubría la mano de quien le había<span class="pagenum"
-id="Page_228">p. 228</span> escrito. Dábanse en él las razones
-militares que asistían para considerar como temeraria la resistencia
-a los franceses, y después de varias inoportunas reflexiones se
-concluía con afirmar que puesto que el pueblo la deseaba, no obstante
-las poderosas razones alegadas, se formaría un alistamiento y se
-enviarían personas a Sevilla y otros puntos, estando todos los once,
-que suscribían al bando, prontos a someterse a la voluntad expresada.
-Contento Solano con lo que se había determinado le faltó tiempo para
-publicarlo, y de noche con hachas encendidas y grande aparato mandó
-pregonar bando por las calles, como si no bastase el solo acuerdo para
-dar suficiente pábulo a la inquietud del pueblo.</p>
-
-<p>La desusada ceremonia atrajo a muchos curiosos, y luego que
-oyeron lo que de oficio se anunciaba, irritáronse sobremanera los
-circunstantes, y con el bullicio y el numeroso concurso pensaron
-los más atrevidos en aprovecharse de la ocasión que se les ofrecía,
-y de montón acudieron todos a casa del capitán general. Allí un
-joven llamado Don Manuel Larrús, subiendo en hombros de otro, tomó
-la palabra y respondiendo una tras de otra a las razones del bando,
-terminó con pedir a nombre de la ciudad que se declarase la guerra a
-los franceses, y se intimase la rendición a su escuadra fondeada en
-el puerto. Abatiose el altivo Solano a la voz del mozo, y quien para
-dicha suya y de su patria hubiera podido, acaudillándolas, ser árbitro
-y dueño de las voluntades gaditanas, tuvo que arrastrarse en pos de un
-desconocido. Convino<span class="pagenum" id="Page_229">p. 229</span>
-pues en juntar al día siguiente los generales, y ofreció que en todo se
-cumpliría lo que demandaba el pueblo.</p>
-
-<p>La algazara promovida por la publicación del bando siguió hasta
-rayar la aurora, y la muchedumbre cercó y allanó en uno de sus
-paseos la casa del cónsul francés Mr. Le Roi, cuyo lenguaje soberbio
-y descomedido le había atraído la aversión aun de los vecinos más
-tranquilos. Refugiose el cónsul en el convento de S. Agustín y de
-allí fue a bordo de su escuadra. Acompañó a este desmán el de soltar
-a algunos presos, pero no pasó más allá el desorden. Los amotinados
-se aproximaron después al parque de artillería para apoderarse de las
-armas, y los soldados en vez de oponerse los excitaron y ayudaron.</p>
-
-<p>A la mañana inmediata 29 de mayo celebró Solano la ofrecida junta
-de generales, y todos condescendieron con la petición del pueblo.
-Antes había ya habido algunos de ellos que en vista del mal efecto
-causado por la publicación del bando, procuraron descargar sobre el
-capitán general la propia responsabilidad, achacando la resolución
-a su particular conato: indigna flaqueza que no poco contribuyó a
-indisponer más y más los ánimos contra Solano. Ayudó también a ello la
-frialdad e indiferencia que este dejaba ver en medio de su carácter
-naturalmente fogoso. No descuidaron la malevolencia y la enemistad
-emplear contra su persona las apariencias que le eran adversas, y ambas
-pasiones traidoramente atizaron las otras y más nobles que en el día
-reinaban.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_230">p. 230</span>Por la tarde
-se presentó en la plaza de S. Antonio el ayudante Don José Luquey
-anunciando al numeroso concurso allí reunido que según una junta
-celebrada por oficiales de marina, no se podía atacar la escuadra
-francesa sin destrozar la española todavía interpolada con ella. Se
-irritaron los oyentes y serían las cuatro de la tarde cuando en seguida
-se dirigieron a casa del general. Permitiose subir a tres de ellos,
-entre los que había uno que de lejos se parecía a Solano. El gentío
-era inmenso y tal el bullicio y la algazara que nadie se entendía.
-En tanto el joven que tenía alguna semejanza con el general se asomó
-al balcón. La multitud aturdida tomole por el mismo Solano, y las
-señas que hacía para ser oído, por una negativa dada a la petición
-de atacar a la escuadra francesa. Entonces unos sesenta que estaban
-armados hicieron fuego contra la casa, y la guardia mandada por el
-oficial San Martín, después caudillo célebre del Perú, se metió
-dentro y atrancó la puerta. Creció la saña, trajeron del parque cinco
-piezas y apuntaron contra la fachada, separada de la muralla por una
-calle baja, un cañón de a veinticuatro de los que coronaban aquella.
-Rompieron las puertas, huyó Solano, y encaramándose por la azotea se
-acogió a casa de su vecino y amigo el irlandés Strange. Al llegarse
-encontró con Don Pedro Olaechea, hombre oscuro, y que habiendo sido
-novicio en la Cartuja de Jerez, se le contaba entre los principales
-alborotadores de aquellos días. Presumiendo este que el perseguido
-general se habría ocultado allí, habíasele adelantado entrando<span
-class="pagenum" id="Page_231">p. 231</span> por la puerta principal.
-Sorprendiose Solano con el inesperado encuentro, mas ayudado del
-comandante del regimiento de Zaragoza Creach que casualmente entraba
-a visitar a la señora de Strange, juntos encerraron al ex-cartujo en
-un pasadizo, de donde queriendo el tal por una claraboya escaparse se
-precipitó a un patio, de cuyas resultas murió a pocos días. Pero Solano
-no pudiendo evadirse por parte alguna, se escondió en un hueco oculto
-que le ofrecía un gabinete alhajado a la turca, donde la multitud
-corriendo en su busca desgraciadamente le descubrió. Pugnó valerosa,
-pero inútilmente, por salvarle la esposa del señor Strange Doña María
-Tuker; hiriéronla en un brazo, y al fin sacaron por violencia de su
-casa a la víctima que defendía. Arremolinándose la gente colocaron en
-medio al marqués y se le llevaron por la muralla adelante con propósito
-de suspenderle en la horca. Iba sereno y con brío, no apareciendo
-en su semblante decaimiento ni desmayo. Maltratado y ofendido por
-el paisanaje y soldadesca, recibió al llegar a la plaza de San Juan
-de Dios una herida que puso término a sus días y a su tormento.
-Revelaríamos para execración de la posteridad el nombre del asesino,
-si con certeza hubiéramos podido averiguarlo. Bien sabemos a quién y
-cómo se ha inculpado, pero en la duda nos abstenemos de repetir vagas
-acusaciones.</p>
-
-<p>Reemplazó al muerto capitán general D. Tomás de Morla, gobernador
-de Cádiz. Aprobó la junta de Sevilla el nombramiento, y envió para
-asistirle y quizá para vigilarle al general<span class="pagenum"
-id="Page_232">p. 232</span> Don Eusebio Antonio Herrera, individuo
-suyo. Se hizo marchar inmediatamente hacia lo interior parte de las
-tropas que había en Cádiz y sus contornos, no contándose en la plaza
-otra guarnición que los regimientos provinciales de Córdoba, Écija,
-Ronda y Jerez, y los dos de línea de Burgos y Órdenes militares, que
-casi se hallaban en cuadro. El 31 se juró solemnemente a Fernando VII
-y se estableció una junta dependiente de la suprema de Sevilla. En la
-misma mañana parlamentaron con los ingleses el jefe de escuadra Don
-Enrique Macdonnell y el oidor Don Pedro Creux. Conformáronse aquellos
-con las disposiciones de la junta sevillana, reconocieron su autoridad
-y ofrecieron 5000 hombres que a las órdenes del general Spencer iban
-destinados a Gibraltar.</p>
-
-<p>Cobrando cada vez más aliento la junta suprema de Sevilla hizo el 6
-de junio una declaración solemne de guerra contra Francia, afirmando
-«que no dejaría las armas de la mano hasta que el emperador Napoleón
-restituyese a España al rey Fernando VII y a las demás personas reales,
-y respetase los derechos sagrados de la nación que había violado, y
-su libertad, integridad e independencia.» Publicó por el mismo tiempo
-que esta declaración otros papeles de grande importancia, señalándose
-entre todos el conocido con el nombre de <i>Prevenciones</i>. En él se
-daban acomodadas reglas para la guerra de partidas, única que convenía
-adoptar; se recomendaba el evitar las acciones generales, y se concluía
-con el siguiente artículo, digno de que a la letra se reproduzca en
-este<span class="pagenum" id="Page_233">p. 233</span> lugar: «se
-cuidará de hacer entender y persuadir a la nación que libres, como
-esperamos, de esta cruel guerra a que nos han forzado los franceses,
-y puestos en tranquilidad y restituido al trono nuestro rey y señor
-Fernando VII, bajo él y por él se convocarán cortes, se reformarán
-los abusos y se establecerán las leyes que el tiempo y la experiencia
-dicten para el público bien y felicidad; cosas que sabemos hacer los
-españoles, que las hemos hecho con otros pueblos sin necesidad de que
-vengan los... franceses a enseñárnoslo...» Dedúzcase de aquí si fue un
-fanatismo ciego y brutal el verdadero móvil de la gloriosa insurrección
-de España, como han querido persuadirlo extranjeros interesados o
-indignos hijos de su propio suelo.</p>
-
-<p>Jaén y Córdoba se sublevaron a la noticia de la declaración
-de Sevilla, y se sometieron a su junta, creando otras para su
-gobierno particular, en que entraron personas de todas clases. En
-Jaén desconfiándose del corregidor Don Antonio María de Lomas, le
-trasladaron preso a pocos días a Valdepeñas de la Sierra, en donde el
-pueblo alborotado le mató a fusilazos. Córdoba se apresuró a formar
-su alistamiento, dirigió gran muchedumbre de paisanos a ocupar el
-puente de Alcolea, dándose el mando de aquella fuerza armada, llamada
-vanguardia de Andalucía, a Don Pedro Agustín de Echevarri. Aprobó la
-junta de Sevilla dicho nombramiento; la que por su parte no cesaba de
-activar y promover las medidas de defensa. Confió el mando de todo el
-ejército a Don Francisco Javier<span class="pagenum" id="Page_234">p.
-234</span> Castaños, recompensa debida a su leal conducta, y el 9 de
-junio salió este general a desempeñar su honorífico encargo.</p>
-
-<div class="sidenote">Rendición<br/> de la escuadra<br/> francesa
-surta<br/> en Cádiz.</div>
-
-<p>Entre tanto quedaba por terminar un asunto que al paso que era
-grave interesaba a la quietud y aun a la gloria de Cádiz. La escuadra
-francesa surta en el puerto todavía tremolaba a su bordo el pabellón de
-su nación, y el pueblo se dolía de ver izada tan cerca de sus muros y
-en la misma bahía una bandera tenida ya por enemiga. Era además muy de
-temer, abierta la comunicación con los ingleses, que no consintiesen
-estos tener largo tiempo casi al costado de sus propias naves y en
-perfecta seguridad una escuadra de su aborrecido adversario. Instó por
-consiguiente el pueblo en que prontamente se intimase la rendición al
-almirante francés Rossilly. El nuevo general Morla, fuera prudencia
-para evitar efusión de sangre, o fuera que anduviese aún dudoso en el
-partido que le convenía abrazar [sospecha a que da lugar su posterior
-conducta], procuraba diferir las hostilidades divirtiendo la atención
-pública con mañosas palabras y dilaciones. El almirante francés con la
-esperanza de que avanzasen a Cádiz tropas de su nación, pedía que no se
-hiciese novedad alguna hasta que el emperador contestase a la demanda
-hecha en proclamas y declaraciones de que se entregase a Fernando
-VII: estratagema que ya no podía engañar ni sorprender a la honradez
-española. Aprovechándose de la tardanza mejoraron los franceses
-su posición, metiéndose en el canal del arsenal de la Carraca, y
-colocándose de suerte que no pudieran ofenderles los fuegos<span
-class="pagenum" id="Page_235">p. 235</span> de los castillos ni de la
-escuadra española. Constaba la francesa de cinco navíos y una fragata:
-su almirante Mr. de Rossilly hizo después una nueva proposición, y fue
-que para tranquilizar los ánimos saldría de bahía si se alcanzaba del
-británico, anclado a la boca, el permiso de hacerse a la vela sin ser
-molestado; y si no, que desembarcaría sus cañones, conservaría a bordo
-las tripulaciones y arriaría la bandera, dándose mutuamente rehenes, y
-con el seguro de ser respetado por los ingleses. Morla rehusó dar oídos
-a proposición alguna que no fuese la pura y simple entrega.</p>
-
-<p>Hasta el 9 de junio se habían prolongado estas pláticas, en cuyo día
-temiéndose el enojo público se rompió el fuego. El almirante inglés
-Collingwood que de Toulon había venido a suceder a Purvis, ofreció su
-asistencia, pero no juzgándola precisa fue desechada amistosamente.
-Empezó el cañón del Trocadero a batir a los enemigos, sosteniendo
-sus fuegos las fuerzas sutiles del arsenal y las del apostadero de
-Cádiz que fondearon frente de Fort-Luis. El navío francés Algeciras
-incomodado por la batería de morteros de la cantera, la desmontó:
-también fue a pique una cañonera mandada por el alférez Valdés y el
-místico de Escalera, pero sin desgracia. La pérdida de ambas partes
-fue muy corta. Continuó el fuego el 10, en cuyo día a las tres de la
-tarde el navío Héroe francés que montaba el almirante Rossilly, puso
-bandera española en el trinquete, y afirmó la de parlamento el navío
-Príncipe, en el que estaba Don Juan Ruiz de Apodaca comandante de
-nuestra escuadra.<span class="pagenum" id="Page_236">p. 236</span>
-Abriéronse nuevas conferencias que duraron hasta la noche del 13, y en
-ella se intimó a Rossilly que a no rendirse romperían fuego destructor
-dos baterías levantadas junto al puente de la nueva población. El 14
-a las siete de la mañana izó el navío Príncipe la bandera de fuego, y
-entonces se entregaron los franceses a merced del vencedor. Regocijó
-este triunfo, si bien no costoso ni difícil, porque con eso quedaba
-libre y del todo desembarazado el puerto de Cádiz, sin haber habido que
-recurrir a las fuerzas marítimas de los nuevos aliados.</p>
-
-<p>En tanto Sevilla, acelerando el armamento y la organización militar,
-envió a todas partes avisos y comisionados; y Canarias y las provincias
-de América no fueron descuidadas en su solícita diligencia. Quiso
-igualmente asentar con el gobierno inglés directas relaciones de
-amistad y alianza, no bastándole las que interinamente se habían
-entablado con sus almirantes y generales: a cuyo fin diputó con plenos
-poderes a los generales D. Adrián Jácome y D. Juan Ruiz de Apodaca,
-que después veremos en Inglaterra. Ahora conviene seguir narrando la
-insurrección de las otras provincias.</p>
-
-<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de Granada.</div>
-
-<p>Hemos referido más arriba que Córdoba y Jaén habían reconocido la
-supremacía de Sevilla. No fue así en Granada. Asiento de una capitanía
-general y de una chancillería, no había estado avezada aquella ciudad,
-así por esto como por su extensión y riqueza a recibir órdenes de
-otra provincia. Por tanto determinó elegir un gobierno separado,
-levantar un ejército propio suyo, y concurrir con brillantez y<span
-class="pagenum" id="Page_237">p. 237</span> esfuerzo a la común
-defensa. En los dos últimos meses se habían dejado sentir los mismos
-síntomas de desasosiego que en las otras partes; pero no adquirió aquel
-descontento verdadera forma de insurrección hasta el 29 de mayo. A la
-una de aquel día entró por la ciudad a caballo y con grande estruendo
-el teniente de artillería Don José Santiago, que traía pliegos de
-Sevilla. Acompañado de paisanos de las cercanías y de otros curiosos
-que se agregaron con tanta más facilidad cuanto era domingo, se dirigió
-a casa del capitán general.</p>
-
-<p>Éralo a la sazón Don Ventura Escalante, hombre pacífico y de escaso
-talento, quien aturdido con la noticia de Sevilla se quedó sin saber
-a qué partido ladearse. Por de pronto con evasivas palabras se limitó
-a mandar al oficial que se retirase, con lo que creció por la noche
-la agitación, y agriamente se censuró la conducta tímida del general.
-Ser el día siguiente 30 el de San Fernando, no poco influyó para
-acalorar más los ánimos. Así fue que por la mañana agolpándose mucha
-gente a la plaza nueva, en donde está la chancillería, residencia del
-capitán general, se pidió con ahínco por los que allí se agruparon que
-se proclamase a Fernando VII. El general, en aquel aprieto, con gran
-séquito de oficiales, personas de distinción y rodeado de la turba
-conmovida salió a caballo, llevando por las calles como en triunfo el
-retrato del deseado rey. Pero viendo el pueblo que las providencias
-tomadas se habían limitado al vano aunque ostentoso paseo, se indignó
-de nuevo, e incitado por algunos acudió de tropel y por segunda<span
-class="pagenum" id="Page_238">p. 238</span> vez a casa del general,
-y sin disfraz le requirió que desconfiándose de su conducta era
-menester que nombrase una junta, la cual encargada que fuese del
-gobierno, cuidara con particularidad de armar a los habitantes. Cedió
-el Escalante a la imperiosa insinuación. Parece ser que el principal
-promovedor de la junta, y el que dio la lista de sus miembros, fue
-un monje jerónimo llamado el P. Puebla, hombre de vasta capacidad y
-de carácter firme. Eligiose por presidente al capitán general, y más
-de cuarenta individuos de todas clases entraron a componer la nueva
-autoridad. Al instante se pensó en medidas de guerra: el entusiasmo
-del pueblo no tuvo límites, y se alistó la gente en términos que hubo
-que despedir gran parte. Llovieron los donativos y las promesas, y
-bien pronto no se vieron por todos lados sino fábricas de monturas,
-de uniformes y de composición de armas. Granada puede gloriarse de no
-haber ido en zaga en patriotismo y heroicos esfuerzos a ninguna otra de
-las provincias del reino. Y ¡ojalá que en todas hubiera habido tanta
-actividad y tanto orden en el empleo de sus medios!</p>
-
-<p>Pero, ciudad extendida e indefensa, hubiera sin embargo corrido gran
-riesgo si alguna fuerza enemiga se hubiera acercado a sus puertas.
-Se hallaba sin tropas, destinadas a otros puntos las que antes la
-guarnecían. Un solo batallón suizo que quedaba, por orden de la corte
-se había ya puesto en marcha para Cádiz. Felizmente no se había alejado
-todavía, y en obediencia a un parte de la junta retrocedió y sirvió de
-apoyo a la autoridad.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_239">p. 239</span>Declarada con
-entusiasmo la guerra a Bonaparte, requisito que acompañaba siempre a
-la insurrección, se llamó de Málaga a Don Teodoro Reding, su gobernador,
-para darle el mando de la gente que se armase, y tuvo la especial
-comisión de adiestrarla y disciplinarla el brigadier Don Francisco
-Abadía, quien la desempeñó con celo y bastante acierto. Todos los
-pueblos de la provincia imitaron el ejemplo de Granada. En Málaga
-pereció desgraciadamente el 20 de junio el vicecónsul francés Mr.
-D’Agaud y Don Juan Croharé, que sacó a la fuerza el populacho del
-castillo de Gibralfaro en donde estaban detenidos. Pero sus muertes no
-quedaron impunes, vengándolas el cadalso en la persona de Cristóbal
-Ávalos y de otros dos, a quienes se consideró como principales
-culpados.</p>
-
-<p>La junta de Granada no contenta con los auxilios propios y con las
-armas que aguardaba de Sevilla, envió a Gibraltar en comisión a Don
-Francisco Martínez de la Rosa, quien a pesar de su edad temprana era
-ya catedrático en aquella universidad, y mereció por sus aventajadas
-partes ser honrado con encargo de tanta confianza. No dejó en su
-viaje de encontrar con embarazos, recelosos los pueblos de cualquiera
-pasajero que por ellos transitaba. Siendo el segundo español que
-en comisión fue a Gibraltar para anunciar la insurrección de las
-provincias andaluzas, le acogieron los moradores con júbilo y aplauso.
-No tanto el gobernador Sir Hugo Dalrymple. Prevenido en favor de un
-enviado de Sevilla que era el que le había precedido, temía el inglés
-una fatal desunión si todos<span class="pagenum" id="Page_240">p.
-240</span> no se sometían a un centro común de autoridad. Al fin
-condescendió en suministrar al comisionado de Granada fusiles y otros
-pertrechos de guerra, con lo que, y otros recursos que le facilitaron
-en Algeciras, cumplió satisfactoriamente con su encargo. A la llegada
-de tan oportunos auxilios se avivó el armamento, y en breve pudo
-Granada reunir una división considerable de sus fuerzas a las demás de
-Andalucía, capitaneándolas el mencionado Don Teodoro Reding, de quien
-era mayor general Don Francisco Abadía, y teniendo por intendente a Don
-Carlos Veramendi, sujetos todos tres muy adecuados para sus respectivos
-empleos.</p>
-
-<p>Deslustrose el limpio brillo de la revolución granadina con dos
-deplorables acontecimientos. Don Pedro Trujillo, antiguo gobernador de
-Málaga, residía en Granada, y mirábasele con particular encono por su
-anterior proceder y violentas exacciones, sin recomendarle tampoco
-a las pasiones del día su enlace con Doña Micaela Tudó, hermana de
-la amiga del príncipe de la Paz. Hiciéronse mil conjeturas acerca
-de su mansión, e imputábasele tener algún encargo de Murat. Para
-protegerle y calmar la agitación pública, se le arrestó en la Alhambra.
-Determinaron después bajarle a la cárcel de corte, contigua a la
-chancillería, y esta fue su perdición, porque al atravesar la plaza
-nueva se amontonó gente dando gritos siniestros, y al entrar en la
-prisión se echaron sobre él a la misma puerta y le asesinaron. Lleno
-de heridas arrastraron como furiosos su cadáver. Achacose entre otros
-a tres negros el homicidio,<span class="pagenum" id="Page_241">p.
-241</span> y sumariamente fueron condenados, ejecutados en la cárcel,
-y ya difuntos puestos en la horca una mañana. Al asesinato de Trujillo
-siguiéronse otros dos, el del corregidor de Velez-Málaga y el de Don
-Bernabé Portillo, sujeto dado a la economía política, y digno de aprecio
-por haber introducido en la abrigada costa de Granada el cultivo
-del algodón. Su indiscreción contribuyó a acarrearle su pérdida.
-Ambos habían sido presos y puestos en la cartuja extramuros para que
-estuviesen más fuera del alcance de insultos populares. El 23 de junio,
-día de la octava del Corpus, había en aquel monasterio una procesión.
-Despachábase por los monjes con motivo de la fiesta mucho vino de su
-cosecha, y un lego era el encargado de la venta. Viendo este a los
-concurrentes alegres y enardecidos con el mucho beber, díjoles: «más
-valía no dejar impunes a los dos traidores que tenemos adentro.» No fue
-necesario repetir la aleve insinuación a hombres ebrios y casi fuera de
-sentido. Entraron pues en el monasterio, sacaron a los dos infelices
-y los apuñalaron en el Triunfo. Sañudo el pueblo parecía inclinarse
-a ejecutar nuevos horrores, maliciosamente incitado por un fraile
-de nombre Roldán. Doloroso es en verdad que ministros de un Dios de
-paz embozados con la capa del patriotismo se convirtiesen en crueles
-carniceros. Por dicha el síndico del común llamado Garcilaso distrajo
-la atención de los sediciosos, y los persuadió a que no procediesen
-contra otros sin suficientes y justificativas pruebas. La autoridad
-no desperdició la noche que sobrevino: prendió a varios, y de<span
-class="pagenum" id="Page_242">p. 242</span> ellos hizo ahorcar a nueve,
-que cubiertas las cabezas con un velo, se suspendieron en el patíbulo,
-enviando después a presidio al fraile Roldán. Aunque el castigo era
-desusado en su manera, y recordaba el misterioso secreto de Venecia,
-mantuvo el orden y volvió a los que gobernaban su vigoroso influjo.
-Desde entonces no se perturbó la tranquilidad de Granada, y pudieron
-sus jefes con más sosiego ocuparse en las medidas que exigía su noble
-resolución.</p>
-
-<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de Extremadura.</div>
-
-<p>La provincia de Extremadura había empezado a desasosegarse desde
-el famoso aviso del alcalde de Móstoles, que ya alcanzó a Badajoz en
-4 de mayo. Era gobernador y comandante general el conde de la Torre
-del Fresno, quien en su apuro se asesoró con el marqués del Socorro
-general en jefe de las tropas que habían vuelto de Portugal. Ambos
-convocaron a junta militar, y de sus resultas se dio el 5 una proclama
-contra los franceses, la primera quizá que en este sentido se publicó
-en España, enviando además a Lisboa, Madrid y Sevilla varios oficiales
-con comisiones al caso e importantes. Obraron de buena fe Torre del
-Fresno y Socorro en paso tan arriesgado; pero recibiendo nuevos
-avisos de estar restablecida la tranquilidad en la capital, así uno
-como otro mudaron de lenguaje y sostuvieron con empeño el gobierno de
-Madrid. Habían alucinado a Socorro cartas de antiguos amigos suyos,
-y halagádole la resolución de Murat de que volviese a su capitanía
-general de Andalucía para donde en breve partió. Su ejemplo y sus
-consejos arrastraron a Torre del Fresno que carecía de prendas que le
-realzasen:<span class="pagenum" id="Page_243">p. 243</span> general
-cortesano y protegido como paisano suyo por el príncipe de la Paz,
-aplacíale más la vida floja y holgada que las graves ocupaciones de su
-destino. Sin la necesaria fortaleza aun para tiempos tranquilos, mal
-podía contrarrestar el torrente que amenazaba. La fermentación crecía,
-menguaba la confianza hacia su persona, y avivando las pasiones los
-impresos de Madrid que tanto las despertaron en Sevilla, trataron
-entonces algunas personas de promover el levantamiento general.
-Se contaban en su número y eran los más señalados Don José María
-Calatrava, después ilustre diputado de cortes, el teniente rey Mancio
-y el tesorero Don Félix Ovalle, quienes se juntaban en casa de Don
-Alonso Calderón. Concertose en las diversas reuniones un vasto plan
-que el 3 o 4 de junio debía ejecutarse al mismo tiempo en Badajoz y
-cabezas de partido. En el ardor que abrigaban los pechos españoles no
-era dado calcular friamente el momento de la explosión como en las
-comunes conjuraciones. Ahora todos conspiraban, y conspiraban en calles
-y plazas. Ciertos individuos formaban a veces propósito de enseñorearse
-de esta disposición general y dirigirla; pero un incidente prevenía
-casi siempre sus laudables intentos.</p>
-
-<p>Así fue en Badajoz, en donde un caso parecido al de la Coruña
-anticipó el estampido. Había ordenado el gobernador que el 30, día de
-San Fernando, no se hiciese la salva, ni se enarbolase la bandera.
-Notose la falta, se apiñó la gente en la muralla, y una mujer
-atrevida después de reprender a los artilleros cogió la mecha<span
-class="pagenum" id="Page_244">p. 244</span> y prendió fuego a un
-cañón. Al instante dispararon los otros, y a su sonido levantose
-en toda la ciudad el universal grito de <i>viva Fernando VII y
-mueran los franceses</i>. Cuadrillas de gente recorrieron las calles
-con banderolas, panderos y sonajas, sin cometer exceso alguno. Se
-encaminaron a casa del gobernador, cuya voz se empleó exclusivamente
-en predicar la quietud. Impacientáronse con sus palabras los numerosos
-espectadores, y ultrajáronle con el denuesto de traidor. Mientras
-tanto y azarosamente llegó un postillón con pliegos, y se susurró ser
-correspondencia sospechosa y de un general francés. Ciegos de ira y
-sordos a las persuasiones de los prudentes, enfureciéronse los más
-y treparon sin demora hasta entrarse por los balcones. Acobardado
-Torre del Fresno se evadió por una puerta falsa, y en compañía de dos
-personas aceleró sus pasos hacia la puerta de la ciudad que da al
-Guadiana. Advirtiendo su ausencia siguieron la huella, le encontraron,
-y rodeado de gran gentío se metió en el cuerpo de guardia sin haber
-quien le obedeciese. Cundió que se fugaba, y en medio de la pendencia
-que suscitó el quererle defender unos y acometerle otros, le hirió
-un artillero, y lastimado de otros golpes de paisanos y soldados fue
-derribado sin vida. Arrastraron después el cadáver hasta la puerta de
-su casa, en cuyos umbrales le dejaron abandonado. Víctima inocente de
-su imprudencia, nunca mereció el injurioso epiteto de traidor con que
-amargaron sus últimos suspiros.</p>
-
-<p>El brigadier de artillería Don José Galluzo<span class="pagenum"
-id="Page_245">p. 245</span> fue elevado al mando supremo, y al gobierno
-de la plaza el teniente rey Don Juan Gregorio Mancio. Interinamente
-se congregó una junta de unas veinte personas escogidas entre las
-primeras autoridades y hombres de cuenta. Los partidos constituyeron
-del mismo modo otras en sus respectivas comarcas, y unidos obedecieron
-las órdenes de la capital. Hubo por todas partes el mejor orden, a
-excepción de la ciudad de Plasencia y de la villa de los Santos, en
-donde se ensangrentó el alzamiento con la muerte de dos personas. Las
-clases sin distinción se esmeraron en ofrecer el sacrificio de su
-persona y de sus bienes, y los mozos acudieron a enregimentarse como si
-fuesen a una festiva romería.</p>
-
-<p>Entristeció sin embargo a los cuerdos el absoluto poder que por
-pocos días ejerció el capitán Don Ramón Gavilanes, despachado de
-Sevilla para anunciar su pronunciamiento. Al principio con nueva tan
-halagüeña colmó su llegada de júbilo y satisfacción. Acibarose luego
-al ver que por la flaqueza de Don José Galluzo procedió el Gavilanes
-a manera de dictador de índole singular, repartiendo gracias y
-honores, y aun inventando oficios y empleos antes desconocidos. La
-junta sucumbió a su influjo, y confirmó casi todos los nombramientos;
-mas volviendo en sí puso término a las demasías del intruso capitán,
-procurando que se olvidase su propia debilidad y condescendencia
-con las medidas enérgicas que adoptó. Después ella misma legitimó
-la autoridad provincial convocando una junta a que fueron llamados
-representantes<span class="pagenum" id="Page_246">p. 246</span>
-de la capital, de los otros partidos, de los gremios y principales
-corporaciones.</p>
-
-<p>Casi desmantelada la plaza de Badajoz y desprovistos sus habitantes
-de lo más preciso para su defensa, fue su resolución harto osada,
-estando el enemigo no lejos de sus puertas. Ocupaba a Elvas el general
-Kellerman, y para disfrazar el estado de la ciudad alzada, se emplearon
-mil estratagemas que estorbasen un impensado ataque. La guarnición
-estaba reducida a 500 hombres. La milicia urbana cubría a veces el
-servicio ordinario. Uno de los dos regimientos provinciales estaba
-fuera de Extremadura, el otro permanecía desarmado. Las demás plazas de
-la frontera, débiles de suyo, ahora lo estaban aún más, arruinándose
-cada día las fortificaciones que las circuían. Todo al fin fue
-remediándose con la actividad y celo que se desplegó. Al acabar junio
-contó ya el ejército extremeño 20.000 hombres. Sirvieron mucho para
-su formación los españoles que a bandadas se escapaban de Portugal a
-pesar de la estrecha vigilancia de Junot: y de los pasados portugueses
-y del propio ejército francés pudo levantarse un cuerpo de extranjeros.
-Importantísimo fue para España y particularmente para Sevilla el que
-se hubiera alzado Extremadura. Con su ayuda se interrumpieron las
-comunicaciones directas de los franceses del Alentejo y de la Mancha,
-y no pudieron estos ni combinar sus operaciones, ni darse la mano para
-apagar la hoguera de insurrección encendida en la principal cabeza de
-las Andalucías.</p>
-
-<div class="sidenote">Conmociones en<br/> Castilla la Nueva.</div>
-
-<p>Ocupadas u observadas de cerca por el ejército<span class="pagenum"
-id="Page_247">p. 247</span> francés las cinco provincias en que se
-divide Castilla la Nueva, no pudieron en lo general sus habitantes
-formar juntas ni constituirse en un gobierno estable y regular.
-Procuraron con todo en muchas partes cooperar a la defensa común, ya
-enviando mozos y auxilios a las que se hallaban libres, ya provocando
-y favoreciendo la deserción de los regimientos españoles que estaban
-dentro de su territorio, y ya también hostigando al enemigo e
-interceptando sus correos y comunicaciones. El ardor de Castilla por
-la causa de la patria caminaba al par del de las otras provincias del
-reino, y a veces raros ejemplos de valor y bizarría ennoblecieron e
-ilustraron a sus naturales. Más adelante veremos los servicios que allí
-se hicieron, sobre todo en la desprevenida y abierta Mancha. Ya desde
-el principio se difundieron proclamas para excitar a la guerra, y aun
-hubo parajes en que hombres atrevidos dieron acertado impulso a los
-esfuerzos individuales.</p>
-
-<p>Penetradas de iguales sentimientos y alentadas por la protección
-que las circunstancias les ofrecían, lícito les fue a las tropas que
-tenían sus acantonamientos en los pueblos castellanos, desampararlos
-e ir a incorporarse con los ejércitos que por todas partes se
-levantaban. Entre las acciones que brillaron con más pureza en estos
-días de entusiasmo y patriotismo, asombrosa fue y digna de mucha loa
-la resolución de Don José Veguer, comandante de zapadores y minadores,
-quien desde Alcalá de Henares y a tan corta distancia de Madrid
-partió en los últimos días de mayo con 110 hombres, la caja,<span
-class="pagenum" id="Page_248">p. 248</span> las armas, banderas,
-pertrechos y tambores, y desoyendo las promesas que en su marcha
-recibió de un emisario de Murat, en medio de fatigas y peligros,
-amparado por los habitantes, y atravesando por la sierra de Cuenca,
-tomó la vuelta de Valencia, a cuya junta se ofreció con su gente. Al
-amor de la insurrección que cundía, buscaron los otros soldados el
-honroso sendero ya trillado por los zapadores. Así se apresuraron
-en la Mancha a imitar su glorioso ejemplo los carabineros reales, y
-en Talavera sucedió otro tanto con los voluntarios de Aragón y un
-batallón de Saboya que iban con destino a domeñar la Extremadura. ¿Qué
-más? De Madrid mismo desertaban oficiales y soldados sueltos de todos
-los cuerpos y partidas enteras, como se verificó con una de dragones
-de Lusitania y otra del regimiento de España, la cual salió por sus
-mismas puertas sin estorbo ni demora. Fácil es figurarse cuál sería
-la sorpresa y aturdimiento de los franceses al ver el desorden y la
-agitación que reinaban en las poblaciones mismas de que eran dueños, y
-la desconfianza y desmayo que debían sembrarse en sus propias filas.
-Por momentos se acrecentaban sus zozobras, pues cada día recibían la
-nueva de alguna provincia levantada, y no poco los desconcertó el
-correo portador de lo que pasaba en la parte oriental de España que
-vamos a recorrer.</p>
-
-<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de Cartagena<br/> y
-Murcia.</div>
-
-<p>Fue allí Cartagena la primera que dio la señal, compeliendo a
-levantar el estandarte de independencia a Murcia y pueblos de su
-comarca. Plaza de armas y departamento de marina<span class="pagenum"
-id="Page_249">p. 249</span> reunía Cartagena un cúmulo de ventajas que
-fomentaban el deseo de resistencia que la dominaba. Se esparció el
-22 de mayo que el general Don José Justo Salcedo pasaba a Mahón para
-encargarse de nuevo del mando de la escuadra allí fondeada y conducirla
-a Toulon. Interesaba esta providencia a un departamento de cuya bahía
-aquella escuadra había levado el ancla, y en donde se albergaban muchas
-personas conexionadas con las tripulaciones de su bordo. Por acaso en
-el mismo día vinieron las renuncias de Bayona, vehemente incitativo
-al levantamiento de toda España, y con ellas otras noticias tristes y
-desconsoladoras. Amontonándose a la vez novedades tan extraordinarias
-causaron una tremenda explosión. El cónsul de Francia se refugió a un
-buque dinamarqués. Reemplazó a Don Francisco de Borja, capitán general
-del departamento, Don Baltasar Hidalgo de Cisneros, siendo después el
-10 de junio inmediato asesinado el primero de resultas de un alboroto
-a que dio ocasión un artículo imprudente de la Gaceta de Valencia.
-Escogieron por gobernador al marqués de Camarena la Real, coronel
-del regimiento de Valencia, y se formó en fin una junta de personas
-distinguidas del pueblo, en cuyo número brillaba el sabio oficial de
-marina Don Gabriel Ciscar. Cartagena declarada era un fuerte estribo
-en que se podían apoyar confiadamente la provincia de Murcia y toda la
-costa. Abiertos sus arsenales y depósitos de armas, era natural que
-proveyesen en abundancia, como así lo hicieron, de pertrechos militares
-a todos los que se agregasen para sostener la misma causa. Nada<span
-class="pagenum" id="Page_250">p. 250</span> se omitió por la ciudad
-después de su insurrección para aguijar a las otras. Y fue una de sus
-oportunas y primeras medidas poner en cobro la escuadra de Mahón, a
-cuyo puerto y con aquel objeto fue despachado el teniente de navío Don
-José Duelo, quien llegando a tiempo impidió que se hiciese a la vela
-como iba Salcedo a verificarlo conformándose con una orden de Murat
-recibida por la vía de Barcelona.</p>
-
-<p>De los emisarios que Cartagena había enviado a otras partes
-penetraron en Murcia a las siete de la mañana del 24 de mayo cuatro
-oficiales aclamando a voces a Fernando VII. Se conmovió el pueblo
-a tan desusado rumor, y los estudiantes de San Fulgencio, colegio
-insigne por los claros varones que ha producido, se señalaron en
-ser de los primeros a abrazar la causa nacional. Acrecentándose el
-tumulto, los regidores con el cabildo eclesiástico y la nobleza
-tuvieron ayuntamiento, y acordaron la proclamación solemne de Fernando,
-ejecutándose en medio de universales vivas. No hubo desgracias en
-aquella ciudad, y solo por precaución arrestaron a algunos mirados con
-malos ojos por el pueblo y al que hacía de cónsul francés. En la de
-Villena pereció su corregidor y algún dependiente suyo, hombres antes
-odiados. Se eligió una junta de dieciséis personas entre las de más
-monta, resaltando en la lista el nombre del conde de Floridablanca,
-con quien a pesar de su avanzada edad todavía nos encontraremos. El
-mando de las tropas se confió a Don Pedro González de Llamas, antiguo
-coronel de milicias, y comenzaron a adoptarse<span class="pagenum"
-id="Page_251">p. 251</span> medidas de armamento y defensa. Como esta
-provincia por lo que respecta a lo militar dependía del capitán general
-de Valencia, sus tropas obraron casi siempre y de consuno, por lo menos
-en un principio, con las restantes de aquel distrito.</p>
-
-<p>Pero entre las provincias bañadas por el Mediterráneo
-llamó la atención sobre todas la de Valencia. <span
-class="sidenote">Levantamiento<br/> de Valencia.</span> Indispensable
-era que así fuese al ver sus heroicos esfuerzos, sus sacrificios y
-desgraciadamente hasta sus mismos y lamentables excesos. Tributáronse
-a unos los merecidos elogios, y arrancaron los otros justos y acerbos
-vituperios. Los naturales de Valencia activos e industriosos, pero
-propensos al desasosiego y a la insubordinación, no era de esperar que
-se mantuviesen impasibles y tranquilos, ahora que la desobediencia a la
-autoridad intrusa era un título de verdadera e inmarcesible gloria. Sin
-embargo ni los trastornos de marzo ni los pasmosos acontecimientos que
-desde entonces se agolparon unos en pos de otros, habían suscitado sino
-hablillas y corrillos hasta el 23 de mayo. En la madrugada de aquel día
-se recibió la Gaceta de Madrid del 20, en la que se habían insertado
-las renuncias de la familia real en la persona del emperador de los
-franceses. Solían por entonces gentes del pueblo juntarse a leer dicho
-papel en un puesto de la plazuela de las Pasas, encargándose uno de
-satisfacer en voz alta la curiosidad de los demás concurrentes. Tocó en
-el 23 el desempeño de la agradable tarea a un hombre fogoso y atrevido,
-quien al relatar el artículo de las citadas renuncias rasgó<span
-class="pagenum" id="Page_252">p. 252</span> la Gaceta y lanzó el primer
-grito de <i>viva Fernando VII y mueran los franceses</i>. Respondieron
-a su voz los numerosos oyentes, y corriendo con la velocidad del
-rayo se repitió el mismo grito hasta en los más apartados lugares
-de la ciudad. Se aumentó el clamoreo agrupándose miles de personas,
-y de tropel acudieron a la casa del capitán general, que lo era el
-conde de la Conquista. En vano intentó este apaciguarlos con muchas y
-atentas razones. El tumulto arreció, y en la plazuela de Santo Domingo
-mostráronse sobre todo los amotinados muy apiñados y furiosos.</p>
-
-<p>Faltábales caudillo, y allí por primera vez se les presentó el P.
-Juan Rico, religioso franciscano, el cual resuelto, fervoroso, perito en
-la popular elocuencia y resguardado con el hábito que le santificaba
-a los ojos de la muchedumbre, unía en su persona poderosos alicientes
-para arrastrar tras sí a la plebe, dominarla e impedir que enervase
-esta su fuerza con el propio desorden.</p>
-
-<p>Arengó brevemente al innumerable auditorio, le indicó la necesidad
-de una cabeza, y todos le escogieron para que llevase la voz. Excusose
-Rico, insistió el pueblo, y al cabo cediendo aquel, fue llevado
-en hombros desde la plazuela de Santo Domingo al sitio en que el
-real acuerdo celebraba sus sesiones. Hubo entre los individuos de
-esta corporación y el P. Rico largo coloquio, esquivando aquellos
-condescender con las peticiones del pueblo, y persistiendo el último
-tenazmente en su invariable propósito. Acalorándose con la impaciencia
-los ánimos, asintieron<span class="pagenum" id="Page_253">p.
-253</span> las autoridades a lo que de ellas se exigía, y se nombró por
-general en jefe del ejército que iba a formarse al conde de Cervellón,
-grande de España, propietario rico del país, aunque falto de las raras
-dotes que semejante mando y aquellos tiempos turbulentos imperiosamente
-reclamaban. Como el de la Conquista y el real acuerdo habían con
-repugnancia sometídose a tamaña resolución, procuraron escudarse con
-la violencia dando subrepticiamente parte a Madrid de lo que pasaba, y
-pidiendo con ahínco un envío de tropas que los protegiese. El pueblo
-ignorante de la doblez tranquilamente se recogió a sus casas la noche
-del 23 al 24. En ella había el arzobispo tanteado a Rico, y ofrecídole
-una cuantiosa suma si quería desamparar a Valencia, cuyo paso habiendo
-fallado por la honrosa repulsa del solicitado, se despertaron los
-recelos, y en acecho los principales promovedores del alboroto
-prepararon otro mayor para la mañana siguiente.</p>
-
-<p>Rico se había albergado aquella noche en el convento del Temple
-en el cuarto de un amigo. Muy temprano y a la sazón en que el pueblo
-empezó a conmoverse, fue a visitarle el capitán de Saboya Don
-Vicente González Moreno con dos oficiales del propio cuerpo. Era de
-importancia su llegada, porque además de aunarse así las voluntades
-de militares y paisanos, tenía Moreno amistad con personas de mucho
-influjo en el pueblo y huerta de Valencia, tales eran Don Manuel y
-Don Mariano Beltrán de Lis, quienes de antemano juntábanse con otros
-a deplorar los males que amenazaban a la patria, pagaban gente<span
-class="pagenum" id="Page_254">p. 254</span> que estuviese a su favor,
-y atizaban el fuego encubierto y sagrado de la insurrección. Concordes
-en sentimientos Moreno y Rico meditaron el modo de apoderarse de la
-ciudadela.</p>
-
-<p>Un impensado incidente estuvo entre tanto para envolver a Valencia
-en mil desdichas. La serenidad y valor de una dama lo evitó felizmente.
-Habíase empeñado el pueblo en que se leyesen las cartas del correo que
-iba a Madrid, y en vano se cansaron muchos en impedirlo. La valija que
-las contenía fue trasportada a casa del conde de Cervellón, y a poco de
-haber comenzado el registro se dio con un pliego que era el duplicado
-del parte arriba mencionado, y en el que el real acuerdo se disculpaba
-de lo hecho, y pedía tropas en su auxilio. Viendo la hija del conde,
-que presenciaba el acto, la importancia del papel, con admirable
-presencia de ánimo al intentar leerle le cogió, rasgole en menudos
-pedazos, e imperturbablemente arrostró el furor de la plebe amotinada.
-Esta, si bien colérica, quedó absorta, y respetó la osadía de aquella
-señora que preservó de muerte cierta a tantas personas. Acción digna de
-eterno loor.</p>
-
-<p>En el mismo día 24 y conforme a la conmoción preparada pensaron
-Rico, Moreno y sus amigos en enseñorearse de la ciudadela. Con pretexto
-de pedir armas para el pueblo se presentaron en gran número delante del
-acuerdo, y como este contestase, según era cierto, que no las había,
-exigieron los amotinados para cerciorarse con sus propios ojos que se
-les dejase visitar la ciudadela, en donde debían estar depositadas.
-Se concedió el permiso a Rico con otros<span class="pagenum"
-id="Page_255">p. 255</span> ocho; pero llegados que fueron, todos
-entraron de montón, pasando a su bando el barón de Rus que era
-gobernador. Gran brío dio este suceso a la revolución, y tanto que
-sin resistencia de la autoridad se declaró el día 25 la guerra contra
-los franceses, y se constituyó una junta numerosísima en que andaba
-mezclada la más elevada nobleza con el más humilde artesano.</p>
-
-<p>La situación empero de Valencia hubiera sido muy peligrosa, si
-Cartagena no la hubiese socorrido con armas y pertrechos de guerra.
-Estaba en esta parte tan exhausta de recursos que aun de plomo carecía;
-pero para suplir tan notable falta empezó igualmente la fortuna a
-soplar con próspero viento. Por singular dicha arribó al Grao una
-fragata francesa cargada con 4000 quintales de aquel metal, la cual
-sin noticia del levantamiento vino a ponerse a la sombra de las
-baterías del puerto, dándole caza un corsario inglés. A la entrada fue
-sorprendida y apresada, y se envió a su contrario, que bordeaba a la
-banda de afuera, un parlamento para comunicarle las grandes novedades
-del día, y confiarle pliegos dirigidos a Gibraltar. En esta doble y
-feliz casualidad vio el pueblo la mano de la providencia, y se ensanchó
-su ánimo alborozado.</p>
-
-<p>Hasta ahora en medio del conflicto que había habido entre las
-autoridades y los amotinados no se había cometido exceso alguno.
-Sospechas nacidas del acaso empezaron a empañar la revolución
-valenciana, y acabaron al fin por ensangrentarla horrorosamente.</p>
-
-<p>Don Miguel de Saavedra, barón de Albalat, había sido uno de los
-primeros nombrados de la<span class="pagenum" id="Page_256">p.
-256</span> junta para representar en ella a la nobleza. Mas reparándose
-que no asistía, se susurró haber pasado a Madrid para dar en persona
-cuenta a Murat de las ruidosas asonadas: rumor falso e infundado.
-Solamente había de cierto que el barón, odiado por el pueblo desde años
-atrás en que como coronel de milicias decíase haber mandado hacer
-fuego contra la multitud opuesta a la introducción y establecimiento
-de aquel cuerpo, creyó prudente alejarse de Valencia mientras durase
-el huracán que la azotaba, y se retiró a Buñol siete leguas distante.
-Su ausencia renovó la antigua llaga todavía no bien cerrada, y el
-espíritu público se encarnizó contra su persona. Para aplacarle ordenó
-la junta que pues había el barón rehusado acudir a sus sesiones, se
-presentase arrestado en la ciudadela. Obedeció, y al tiempo que el 29
-de mayo regresaba a Valencia, se encontró a tres leguas, en el Mas
-del Poyo, con el pueblo, que impaciente había salido a aguardar el
-correo que venía de Madrid. Por una aciaga coincidencia el de Albalat
-y el correo llegaron juntos, con lo cual tomaron cuerpo las sospechas.
-Entonces a pesar de sus vivas reclamaciones cogiéronle y le llevaron
-preso. A media legua de la ciudad se adelantó a protegerle una partida
-de tropa al mando de Don José Ordóñez, quien a ruegos del barón en vez
-de conducirle directamente a la ciudadela, torció a casa de Cervellón,
-extravío que en parte coadyuvó a la posterior catástrofe, extendiéndose
-la voz de su vuelta, y dando lugar a que se atizase el encono público y
-aun el privado. Entró en aquellos umbrales amagado ya por los puñales
-de la<span class="pagenum" id="Page_257">p. 257</span> plebe: aceleró
-hacia allí sus pasos el P. Rico, y vio al barón tendido sobre un sofá
-pálido y descaecido. El infeliz se arrojó a los brazos de quien podía
-ampararle en su desconsuelo, y con trémulo y penetrante acento le dijo:
-«Padre, salve usted a un caballero que no ha cometido otro delito que
-obedecer a la orden de que regresase a Valencia.» Rico se lo prometió,
-y contando para ello con la ayuda de Cervellón fue en su busca; pero
-este no menos atemorizado que el perseguido se había metido en la
-cama con el simulado motivo de estar enfermo, y se negó a verle, y a
-favorecer a un desgraciado con quien le enlazaba antigua amistad y
-deudo. Ruin villanía y notable contraposición con el valor e intrepidez
-que en el asunto de las cartas había mostrado su hija.</p>
-
-<p>Entonces el P. Rico, pidiendo el pueblo desaforadamente la cabeza
-del barón, determinó con intento de salvarle que se le trasladase a
-la ciudadela, metiéndole en medio de un cuadro de tropa mandado por
-Moreno. Sin que fuese roto por los remolinos y oleadas de la turba,
-consiguieron llegar al pedestal del obelisco de la plaza. Allí al fin
-forzó el pueblo el cuadro, penetró por todos lados, y sordo a las
-súplicas y exhortaciones de Rico dieron de puñaladas en sus propios
-brazos al desventurado barón, cuya cabeza cortada y clavada en una pica
-la pasearon por la ciudad. Difundiose en toda ella un terror súbito, y
-la nobleza para apartar toda sospecha aumentó sus ofrecimientos y formó
-un regimiento de caballería de individuos suyos, que no deslucieron el
-esplendor de su cuna en empeñadas acciones.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_258">p. 258</span>Triste y doloroso
-como fue el asesinato del barón de Albalat, desaparece a la vista de la
-horrorosa matanza que a pocos días tuvo que llorar Valencia, y a cuyo
-recuerdo la pluma se cae de la mano. En 1.º de junio se presentó en
-aquella ciudad Don Baltasar Calvo, canónigo de San Isidro de Madrid,
-hombre travieso, de amaño, fanático y arrebatado, con entendimiento
-bastantemente claro. Entre los dos bandos que anteriormente habían
-dividido a los prebendados de su iglesia de jansenistas y jesuitas, se
-había distinguido como cabeza de los últimos, y ensañádose en perseguir
-a la parcialidad contraria. Ahora tratando de amoldar a su ambición
-las doctrinas que tenazmente había siempre sostenido, notó muy luego
-que el padre Rico con su influjo pudiera en gran manera servirle, e
-hizo resolución de trabar con él amistad; pero ya fuesen celos, o
-ya que en uno hubiera mejor fe que en otro, no pudieron entenderse
-ni concordarse. El astuto Calvo procuró entonces urdir con otros la
-espantosa trama que meditaba. Para encubrir sus torcidos manejos
-distraía con apariencias de santidad la atención del pueblo, tardando
-mucho en decir misa, y permaneciendo arrodillado en los templos cuatro
-o cinco horas en acto de contrita y fervorosa oración. Quería ser
-dominador de Valencia, y creyó que con la hipocresía y con poner en
-práctica la infernal maquinación de matar a los franceses, cautivaría
-el ánimo del pueblo que tanto los odiaba. Para alcanzar su intento era
-necesario comenzar por apoderarse de la ciudadela, en cuyo recinto
-había ordenado<span class="pagenum" id="Page_259">p. 259</span>
-la junta que aquellos se recogiesen, precaviéndolos de todo daño y
-respetando religiosamente sus propiedades y haberes. No era difícil la
-empresa, porque solo habían quedado allí de guarnición unos cuantos
-inválidos, habiéndose ausentado con su gente para formar una división
-en Castellón de la Plana Don Vicente Moreno, nombrado antes por la
-junta gobernador de dicha ciudadela. Calvo conoció bien que dueño de
-este punto tenía en sus manos una prenda muy importante, y que podría a
-mansalva cometer la proyectada carnicería.</p>
-
-<p>Él y sus cómplices fijaron el 5 de junio para la ejecución de
-su espantoso plan, y repentinamente al anochecer, levantando gran
-gritería y alboroto, sin obstáculo penetraron dentro de los muros de
-la ciudadela y la dominaron. Fue Calvo de los primeros que entraron,
-y apresurándose a poner en obra su proyecto se complació en unir
-a la crueldad la más insigne perfidia. Porque presentándose a los
-franceses detenidos, con aire de compunción les dijo: «que intentando
-el populacho matarlos, movido de piedad y caridad cristiana se había
-anticipado a preservarlos, disponiendo él a escondidas que se evadiesen
-por el postigo que daba al campo, y partiesen al Grao, en donde
-encontrarían barcos listos para transportarlos a Francia.» Al propio
-tiempo que de aquel modo con ellos se expresaba, había preparado para
-determinarlos y azorar aún más sus caídos ánimos que se diesen por los
-agavillados gritos amenazadores de <i>traición</i> y <i>venganza</i>.
-Con semejante amago cedieron los presos a las insinuaciones<span
-class="pagenum" id="Page_260">p. 260</span> del fingido amigo, y
-trataron de salir por el postigo indicado. Al ir a ejecutarlo corrió
-la voz de que se salvaban los franceses, y hombres ciegos y rabiosos
-se atropellaron hacia su estancia. Dentro comenzó el horrible estrago:
-presidíale el feroz clérigo. Hubo tan solo un intermedio en que se
-llamaron confesores para asistir en su última hora a las infelices
-víctimas. Aprovechándose de aquellos breves instantes algunas personas
-humanas volaron a su socorro, acompañadas de imágenes y reliquias
-veneradas por los valencianos. Su presencia y las enternecidas súplicas
-de los respetables confesores a veces apiadaban a los verdugos; pero el
-furibundo Calvo, convertido en carnívora fiera, acallaba con el terror
-las lágrimas y los quejidos de los que intercedían en favor de tantos
-inocentes, y estimulaba a sus sicarios añadiendo a las esperanzas de un
-asalariado cebo la blasfemia de que nada era más grato a los ojos de
-la divinidad que el matar a los franceses. Quedaban vivos setenta de
-estos desgraciados, y menos bárbaros los ejecutores que su sanguinario
-jefe, suspendieron la matanza, y pidieron que se les hiciese gracia.
-Fingió Calvo acceder a su ruego seguro de que en vano hubiera insistido
-en que se continuase el destrozo, y mandó que los sacasen por fuera
-del muro a la torre de Cuarte. Mas, ¡quién creyera tamaña ferocidad!
-Aquel tigre había a prevención apostado una cuadrilla de bandidos cerca
-de la plaza de toros, y al emparejar con ella los que ya se juzgaban
-libres, se vieron acometidos por los encubiertos asesinos, quienes fría
-y traidoramente los traspasaron<span class="pagenum" id="Page_261">p.
-261</span> con sus espadas y puñales. Perecieron en la noche 330
-franceses: pensose que con la oscuridad se pondría término a tan
-bárbaro furor, pero el de Calvo no estaba todavía satisfecho.</p>
-
-<p>Al empezar el alboroto había la junta comisionado a Rico para que le
-enfrenase y estorbara los males que amagaban. Inútiles fueron ofertas,
-ruegos y amenazas. La voz de su primer caudillo fue tan desoída por
-los amotinados como cuando mataron a Albalat. Nueva prueba si de ella
-se necesitase de que «los tribunos del pueblo [según la expresión
-de Tito Livio] más bien que rigen son regidos casi siempre por la
-multitud.»[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_3-5"
-id="Ll_3-5">3-5</a>.)</span> Calvo ensoberbecido se erigió en señor
-absoluto, y durante la carnicería de la ciudadela expidió órdenes a
-todas las autoridades, y todas ellas humildemente se le sometieron
-empezando por el capitán general. Rico desfallecido temió por su
-persona y se recogió a un sitio apartado. Sin embargo por la mañana
-recobrando sus abatidas fuerzas montó a caballo, y confiando en que
-la multitud con su inconstancia desampararía a su nuevo dueño, pensó
-en prenderle, y estaba a punto de conseguir contra su rival un seguro
-triunfo, cuando el coronel Don Mariano Usel propuso en la junta que se
-nombrase a Calvo individuo suyo. Le apoyaron otros dos, por lo que de
-resultas hubo quien a estos y al Usel los sospechara de no ignorar del
-todo el origen de los horrores cometidos.</p>
-
-<p>Calvo en la mañana del 6 todavía empapado en la inocente sangre tomó
-asiento en la junta. Consternados estaban todos sus miembros,<span
-class="pagenum" id="Page_262">p. 262</span> y solo Rico despechado
-por el suceso de la anterior noche, alzó la voz, dirigió con energía
-su discurso al mismo Calvo, acriminó con negros colores su conducta,
-y afirmó que Valencia estaba perdida si al instante no se cortaba
-la cabeza a aquel malvado. Sorprendiose Calvo, pasmáronse los otros
-circunstantes, y en esto andaban cuando una parte del populacho
-destacada por su jefe sediento de sangre, después de haber recorrido
-las casas en que se guarecían unos pocos franceses y de haberlos
-muerto, arrastró consigo a la presencia de la misma junta ocho de
-aquellos desgraciados que quiso inmolar en la sala de las sesiones.
-El cónsul inglés Tupper que antes había salvado a algunos, intentó
-inútilmente y con harto riesgo de su persona libertar a estos. Los
-individuos de aquella corporación amedrentados precipitadamente se
-dispersaron, salpicándose sus vestidos con la sangre de los ocho
-infelices franceses, vertida sin piedad por infames matadores. Todo
-fue entonces terror y espanto. Rico se escondió y aun dos veces mudó
-de disfraz, temiendo la inevitable venganza de Calvo que triunfante
-dominaba solo, y se disponía a ejecutar actos de inaudita ferocidad.</p>
-
-<p>Felizmente no todos se descorazonaron: al contrario los hubo que
-trabajando en silencio por la noche, pudieron congregar la junta en
-la mañana del 7. Vuelto en sí Rico del susto llevó principalmente la
-voz, y queriendo los asistentes no ser envueltos en la ruina común
-que amenazaba, decretaron el arresto de Calvo, y antes de que este
-pudiera ser avisado diéronse<span class="pagenum" id="Page_263">p.
-263</span> priesa a ejecutar la resolución convenida, sorprendiéronle
-y sin tardanza le pusieron a bordo de un barco que le trasladó a
-Mallorca. Allí permaneció hasta últimos de junio, en que preso se le
-volvió a traer a Valencia para ser juzgado. Grandes y honrosos sucesos
-acaecieron en el intervalo en aquella ciudad, y con los cuales lavó
-algún tanto el negro borrón que los asesinatos habían echado sobre su
-gloria. Ahora aunque anticipemos la serie de los acontecimientos, será
-bien que concluyamos con los hechos de Calvo y de sus cómplices. Así
-con el pronto y severo castigo respirará el lector angustiado con la
-nefanda relación de tantos crímenes.</p>
-
-<p>Habiendo vuelto Calvo a Valencia, alegó conforme a la doctrina de su
-escuela en una defensa que extendió por escrito, que si había obrado
-mal había sido por hacer el bien, debiendo la intención ponerle a salvo
-de toda inculpación. Aquí tenemos renovada la regla invariable de los
-sectarios de Loyola, a quienes todo les era lícito, con tal que, como
-dice Pascal,[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_3-6"
-id="Ll_3-6">3-6</a>.)</span> supiesen <i>dirigir la intención</i>. No
-le sirvió de descargo a Calvo, porque condenado a la pena de garrote
-fue ajusticiado en la cárcel a las doce de la noche del 3 de julio, y
-expuesto su cadáver al público en la mañana del 4. Hubo en la formación
-y sentencia de la causa algunas irregularidades, que a pesar de la
-atrocidad de los crímenes del reo hubiera convenido evitar. Achacose
-también a Calvo haber procedido en virtud de comisión de Murat.
-Careció de verosimilitud y de fundamento tan extraña acusación.<span
-class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span> Se inventó para hacerle
-odioso a los ojos de la muchedumbre, y poder más fácilmente atajarle
-en su desenfreno. Fue hombre fanático y ambicioso, que mezclando y
-confundiendo erróneos principios con sus feroces pasiones, no reparó en
-los medios de llevar a cabo un proyecto que le facilitase obtener el
-principal y quizá exclusivo influjo en los negocios del día.</p>
-
-<p>La junta pensó además en hacer un escarmiento en los otros
-delincuentes. Creó con este objeto un tribunal de seguridad pública,
-compuesto de tres magistrados de la audiencia D. José Manescau, y los
-señores Villafañe y Fuster. Había la previsión del primero preparado
-una manera fácil de descubrir a los matadores, y la cual en parte la
-debió a la casualidad. En la mañana que siguió a la cruel carnicería
-quince o veinte de los asesinos con las manos aún teñidas en sangre,
-creyendo haber procedido según los deseos de la junta, se presentaron
-para entregar los relojes y alhajas de que habían despojado a los
-franceses muertos, y pidieron en retribución del acto patriótico que
-habían ejecutado alguna recompensa. El advertido Manescau condescendió
-en dar a cada uno treinta reales, pero con la precaución al escribano
-de que les tomase los nombres bajo pretexto que era preciso aquella
-formalidad para justificar que habían cobrado el dinero. Partiendo de
-este antecedente pudo probarse quiénes eran los reos, y en el espacio
-de dos meses se ahorcó públicamente y se dio garrote en secreto a más
-de doscientos individuos. Severidad que a algunos pareció áspera, pero
-sin ella la anarquía a duras<span class="pagenum" id="Page_265">p.
-265</span> penas se hubiera reprimido en Valencia y en otros pueblos
-de su reino, entre los que Castellón de la Plana y Ayora habían visto
-también perecer a su gobernador y alcalde mayor. Con el ejemplo dado la
-autoridad recobró la conveniente fuerza.</p>
-
-<p>Luego que la junta se vio desembarazada de Calvo y de sus
-infernales maquinaciones, se ocupó con más desahogo en el alistamiento
-y organización de su ejército. El tiempo urgía, repetidos avisos
-anunciaban que los franceses disponían una expedición contra aquella
-provincia, y era preciso no desaprovechar tan preciosos momentos.
-Cartagena suministró inmediatos recursos, y con ellos y los que
-pudieron sacarse del propio suelo se puso la ciudad de Valencia en
-estado de defensa. Al mismo tiempo se dirigió sobre Almansa un cuerpo
-de 15.000 hombres al mando del conde de Cervellón, a quien se juntó de
-Murcia Don Pedro González de Llamas, y otro de 8000 bajo las de Don
-Pedro Adorno se situó en las Cabrillas. Tal estaba el reino de Valencia
-antes de ser atacado por el mariscal Moncey, de cuya campaña nos
-ocuparemos después.</p>
-
-<p>La justa indignación abrigada en todos los pechos bullía con
-acelerados latidos en el de los moradores del antiguo asiento de las
-franquezas y libertades españolas, en la inmortal Zaragoza. <span
-class="sidenote">Levantamiento<br/> de Aragón.</span> Gloria duradera
-le estaba reservada, y la patria de Lanuza renovó en nuestros días
-las proezas que solemos colocar entre las fábulas de la historia.
-Su levantamiento sin embargo nada ofreció de nuevo ni singular,
-caminando<span class="pagenum" id="Page_266">p. 266</span> por los
-mismos pasos por donde habían ido algunas de las otras provincias.
-Con mayo empezaron los corrillos y las conversaciones populares, y
-al recibirse el correo de Madrid agrupábanse las gentes a saber las
-novedades que traía. Siendo por momentos más tristes y adversas,
-aguardaban todos que la inquieta curiosidad finalizaría por una
-estrepitosa explosión. Repartieron en efecto el 24 las cartas
-llegadas por la mañana, y de boca en boca cundió velozmente cómo
-Napoleón se erigía en dueño de la monarquía española de resultas
-de haber renunciado la corona en favor suyo la familia de Borbón.
-Instantáneamente se armó gran bulla; y hombres, mujeres y niños se
-precipitaron a casa del capitán general Don Jorge Juan de Guillelmi.
-Los vecinos de las parroquias de la Magdalena y San Pablo concurrieron
-en gran número capitaneados por varios de los suyos y entre ellos el
-tío Jorge, que era del arrabal. Descolló el último sobre todos, y la
-energía de su porte, el sano juicio que le distinguía, lo recto de su
-intención y el varonil denuedo con que a cada paso expuso después su
-vida, le hacen acreedor a una honrosa y particular mención. Hombre sin
-letras y desnudo de educación culta, halló en la nobleza de su corazón
-y como por instinto los elevados sentimientos que han ilustrado a los
-varones esclarecidos. Su nombre aunque humilde, escrito al lado de
-ellos, resplandecerá sin deslucirlos.</p>
-
-<p>La muchedumbre pidió al capitán general que hiciera dimisión del
-mando. Costó mucho que se resolviese al sacrificio, mas forzado a ello
-y<span class="pagenum" id="Page_267">p. 267</span> conducido preso a
-la Aljafería, fue interinamente sustituido por su segundo el general
-Mori. Al anochecer se embraveció el tumulto, y desconfiándose del nuevo
-jefe por ser italiano de nación, se convidó con el mando a Don Antonio
-Cornel, antiguo ministro de la guerra, quien rehusó aceptarle.</p>
-
-<p>Mori el 25 congregó una junta, la cual tímida como su presidente
-buscaba paliativos que sin desdoro ni peligro sacasen a sus miembros
-del atascadero en que estaban hundidos: inútiles y menguados medios en
-violentas crisis. Enfadose el pueblo con la tardanza, volviendo sus
-inquietas miradas hacia Don José Palafox y Melci. Recordará el lector
-que este militar a últimos de abril, en comisión de su jefe el marqués
-de Castelar, había ido a Bayona para informar al rey de lo ocurrido
-en la soltura y entrega del príncipe de la Paz. Continuó allí hasta
-los primeros días de mayo, en que se asegura regresó a España con
-encargo parecido al que por el propio tiempo se dio a la junta suprema
-de Madrid para resistir abiertamente a los franceses. Penetró Palafox
-por Guipúzcoa, de donde se trasladó a la Torre de Alfranca, casa de
-campo de su familia cerca de Zaragoza. Permaneciendo misteriosamente
-en su retiro, movió a sospecha al general Guillelmi, quien le intimó
-la orden de salir del reino de Aragón. Tenemos entendido que Palafox
-incomodado entonces, se arrimó a los que anhelaban por un rompimiento,
-y que no sin noticia suya estalló la revolución zaragozana. Por fin
-al oscurecer del 25, depuesto ya Guillelmi y quejoso el pueblo de
-Mori, se despacharon a Alfranca<span class="pagenum" id="Page_268">p.
-268</span> 50 paisanos para traer a la ciudad a Palafox. Al principio
-se negó a ir aparentando disculpas, y solo cedió al expreso mandato que
-le fue enviado por el interino capitán general.</p>
-
-<p>Al entrar en Zaragoza pidió que se juntase el acuerdo en la mañana
-del 26 con intento de comunicarle cosas del mayor interés. En la sesión
-celebrada aquel día hizo uso de las insinuaciones que se le habían
-hecho en Bayona para resistir a los franceses, y sobre las cuales
-a causa de estar S. M. en manos de su enemigo se guardó profundo
-silencio. Rogó después que se le desembarazase de la importunidad
-del pueblo que se manifestaba deseoso de nombrarle por caudillo,
-añadiendo no obstante que su vida y haberes los inmolaría con gusto
-en el altar de la patria. Enmudecieron todos, y vislumbraron que no
-desagradaban a los oídos de Palafox los clamores prorrumpidos por el
-pueblo en alabanza suya. Aguardaba la multitud impaciente a las puertas
-del edificio, e insistiendo por dos veces en que se eligiese capitán
-general a su favorecido, alcanzó la demanda cediendo Mori el puesto que
-ocupaba.</p>
-
-<p>Alzado a la dignidad suprema de la provincia Don José Palafox y
-Melci fue obedecido en toda ella, y a su voz se sometieron con gusto
-los aragoneses de acá y allá del Ebro. Admiró su elevación, y aún
-más que en sus procedimientos no desmereciese de la confianza que
-en él tenía el pueblo. Todavía mancebo, pues apenas frisaba con los
-veintiocho años, bello y agraciado de rostro y de persona, con traeres
-apuestos y cumplidos, cautivaba Palafox la afición de cuantos<span
-class="pagenum" id="Page_269">p. 269</span> le veían y trataban. Pero
-si la naturaleza con larga mano le había prodigado las perfecciones
-del cuerpo, no se creía hasta entonces que hubiese andado tan generosa
-en punto a las dotes del entendimiento. Buscado y requerido por las
-damas de la corrompida corte de Carlos IV, se nos ha asegurado que con
-porfiado empeño desdeñó el rendimiento obsequioso de la que entre todas
-era, si no la más hermosa, por lo menos la más elevada. Esta tenacidad
-fue una de las principales calidades de su alma, y la empleó más
-oportuna y dignamente en la memorable defensa de Zaragoza. Sin práctica
-ni conocimiento de la milicia ni de los negocios públicos, tuvo el
-suficiente tino para rodearse de personas que por su enérgica decisión,
-o su saber y experiencia le sostuviesen en los apurados trances, o le
-ayudasen con sus consejos. Tales fueron el padre Don Basilio Bogiero,
-de la Escuela pía, su antiguo maestro; Don Lorenzo Calvo de Rozas, que
-habiendo llegado de Madrid el 28 de mayo fue nombrado corregidor e
-intendente, y el oficial de artillería Don Ignacio López, a quien se
-debió en el primer sitio la dirección de importantes operaciones.</p>
-
-<p>Para legitimar solemnemente el levantamiento convocó Palafox a
-cortes el reino de Aragón. Acudieron los diputados a Zaragoza, y el
-día 9 de junio abrieron sus sesiones [*] <span class="sidenote">(* Ap.
-n. <a href="#Ap_3-6b" id="Ll_3-6b">3-6 bis</a>.)</span> en la casa
-de la ciudad, asistiendo 34 individuos que representaban los cuatro
-brazos, en cuyo número se comprendía el de las ocho ciudades de voto en
-cortes. Aprobaron estas todo lo actuado antes de su reunión, y después
-de nombrar a Don José Rebolledo<span class="pagenum" id="Page_270">p.
-270</span> de Palafox y Melci capitán general, juzgaron prudente
-separarse, formando una junta de 6 individuos que de acuerdo con el
-jefe militar atendiese a la defensa común. La autoridad y poder de este
-nuevo cuerpo fueron más limitados que el de las juntas de las otras
-provincias, siendo Palafox la verdadera, y por decirlo así, la única
-cabeza del gobierno. Dependió no poco esta diferencia de la particular
-situación en que se halló Zaragoza, la cual temiendo ser prontamente
-acometida por los franceses, necesitaba de un brazo vigoroso que la
-guiase y protegiese. Era esto tanto más urgente cuanto la ciudad estaba
-del todo desabastecida. No llegaba a 2000 hombres el número de tropas
-que la guarnecían, inclusos los miñones y partidas sueltas de bandera.
-De doce cañones se componía toda la artillería, y esta no gruesa,
-escaseando en mayor proporción los otros pertrechos. En vista de tamaña
-miseria apresuráronse Palafox y sus consejeros a reunir la gente que
-de todas partes acudía, y a organizarla, empleando para ello a los
-oficiales retirados y a los que de Pamplona, San Sebastián, Madrid,
-Alcalá y otros puntos sucesivamente se escapaban. Restableció en la
-formación de los nuevos cuerpos el ya desusado nombre de tercios, bajo
-el que la antigua infantería española había alcanzado tantos laureles,
-distinguiéndose más que todos el de los estudiantes de la universidad,
-disciplinado por el barón de Versages. Se recogieron fusiles, escopetas
-y otras armas, se montaron algunas piezas arrinconadas o viejas, y
-la fábrica de pólvora de Villafeliche suministró municiones. Escasos
-recursos si<span class="pagenum" id="Page_271">p. 271</span> a todo no
-hubiera suplido el valor y la constancia aragonesa.</p>
-
-<p>El levantamiento se ejecutó en Zaragoza sin que felizmente se
-hubiese derramado sangre. Solamente se arrestaron las personas que
-causaban sombra al pueblo.</p>
-
-<p>Enérgico como los demás, fue en especial notable su primer
-manifiesto por dos de los artículos que comprendía. «1.º Que el
-emperador, todos los individuos de su familia, y finalmente todo
-general francés, eran personalmente responsables de la seguridad del
-rey y de su hermano y tío. 2.º Que en caso de un atentando contra
-vidas tan preciosas, para que la España no careciese de su monarca
-<i>usaría la nación de su derecho electivo</i> a favor del archiduque
-Carlos, como nieto de Carlos III, siempre que el príncipe de Sicilia
-y el infante Don Pedro y demás herederos no pudieran concurrir.»
-Échase de ver en la cláusula notada con bastardilla que al paso que
-los aragoneses estaban firmemente adictos a la forma monárquica de su
-gobierno, no se habían borrado de su memoria aquellos antiguos fueros
-que en la junta de Caspe les habían dado derecho a elegir un rey,
-conforme a la justicia y pública conveniencia.</p>
-
-<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de Cataluña.</div>
-
-<p>«Cataluña, como dice Melo, una de las provincias de más primor,
-reputación y estima que se halla en la grande congregación de estados
-y reinos, de que se formó la nación española» levantó erguida su
-cerviz humillada por los que con fementido engaño habían ocupado sus
-principales fortalezas. Mas desprovistos los habitantes de este apoyo,
-sobre todo del de Barcelona,<span class="pagenum" id="Page_272">p.
-272</span> grande e importante por el armamento, vestuario, tropa,
-oficialidad y abundantes recursos que en su recinto se encerraban,
-faltoles un centro de donde emanasen con uniforme impulso las
-providencias dirigidas a conmover las ciudades y pueblos de su
-territorio. No por eso dejaron de ser portentosos sus esfuerzos, y si
-cabe en ellos y en admirable constancia sobrepujó a todas la belicosa
-Cataluña. Solamente obstruida y cortada por el ejército enemigo, tuvo
-al pronto que levantarse desunida y en separadas porciones, tardando
-algún tiempo en constituirse una junta única y general para toda la
-provincia.</p>
-
-<p>Las conmociones empezaron a últimos de mayo y al entrar junio.
-Dentro del mismo Barcelona se desgarraron el 31 de aquel mes los
-carteles que proclamaban la nueva dinastía. Hubo tumultuosas reuniones,
-andúvose a veces a las manos, y resultaron muertes y otros disgustos.
-Los franceses se inquietaron bastantemente, ya por lo populoso de la
-ciudad, y ya también porque el vecindario amotinado hubiera podido
-ser sostenido por 3500 hombres de buena tropa española, que todavía
-permanecían dentro de la plaza, y cuyo espíritu era del todo contrario
-a los invasores. Sin embargo acalláronse allí los alborotos, pero no en
-las poblaciones que estaban fuera del alcance de la garra francesa.</p>
-
-<p>Había Duhesme, su general, pensado en hacerse dueño de Lérida para
-conservar francas sus comunicaciones con Zaragoza. Consiguió al efecto
-una orden de la junta de Madrid, ya no débil, pero sí culpable, la
-cual ordenó la entrega a la tropa extranjera. Cauto sin embargo el
-general<span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span> francés envió
-por delante al regimiento de Extremadura, que no pudiendo como español
-despertar las sospechas de los leridanos le allanase sin obstáculo la
-ocupación. Penetraron no obstante aquellos habitantes intención tan
-siniestra, y haciendo en persona la guardia de sus muros rogaron a
-los de Extremadura que se quedasen afuera. Con gusto condescendieron
-estos aguardando en la villa de Tárrega favorable coyuntura para pasar
-a Zaragoza, en cuyo sitio se mantuvieron firmes apoyos de la causa
-de su patria. Lérida por tanto fue la que primero se armó y declaró
-ordenadamente. Al mismo tiempo Manresa quemó en público los bandos y
-decretos del gobierno de Madrid. Tortosa luego que fue informada de
-las ocurrencias de Valencia, imitó su ejemplo y por desgracia algunos
-de sus desórdenes, habiendo perecido miserablemente su gobernador Don
-Santiago de Guzmán y Villoria. Igual suerte cupo al de Villafranca
-de Panadés, Don Juan de Toda. Así todos los pueblos unos tras de
-otros o a la vez se manifestaron con denuedo, y allí el lidiar fue
-inseparable del pronunciamiento. Yendo uno y otro de compañía, nos
-reservaremos pues el hablar más detenidamente para cuando lleguemos a
-las acciones de guerra. El principado se congregó en junta de todos sus
-corregimientos a fines de junio, y se escogió entonces para su asiento
-la ciudad de Lérida.</p>
-
-<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de las Baleares.</div>
-
-<p>Separadas por el Mediterráneo del continente español las Islas
-Baleares, no solo era de esperar que desconociesen la autoridad
-intrusa, resguardadas como lo estaban y al abrigo de sorpresa,<span
-class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span> sino que también era muy de
-desear que abrazasen la causa común, pudiendo su tranquilo y aislado
-territorio servir de reparo en los contratiempos, y dejando libres
-con su declaración las fuerzas considerables de mar y tierra que allí
-había. Además de la escuadra surta en Menorca, de que hemos hablado,
-se contaban en todas sus islas unos 10.000 hombres de tropa reglada,
-cuyo número, atendiendo a la escasez que de soldados veteranos había en
-España, era harto importante.</p>
-
-<p>Notáronse en todas las Baleares parecidos síntomas a los que
-reinaban en la península, y cuando se estaba en dudas y vacilaciones
-arribó de Valencia el 29 de mayo un barco con la noticia de lo ocurrido
-en aquella ciudad el 23. El general, que lo era a la sazón Don Juan
-Miguel de Vives, en unión con el pueblo mostrose inclinado a seguir las
-mismas huellas; pero se retrajo en vista de pliegos recibidos de Madrid
-pocas horas después, y traídos por un oficial francés. Hízole titubear
-su contenido, y convocó el acuerdo para que juntos discurriesen acerca
-de los medios de conservar la tranquilidad. Se traslució su intento, y
-por la tarde una porción de jóvenes de la nobleza y oficiales formaron
-el proyecto de trastornar el orden actual, valiéndose de la buena
-disposición del pueblo. Idearon como paso previo tantear al segundo
-cabo el mariscal de campo Don Juan Oneille, con ánimo de que reemplazase
-al general, quien sabiendo lo que andaba paró el golpe reuniendo a las
-nueve de la noche en las casas consistoriales una junta de autoridades.
-Se iluminó la fachada del edificio, y se<span class="pagenum"
-id="Page_275">p. 275</span> anunció al pueblo la resolución de no
-reconocer otro gobierno que el de Fernando VII. Entonces fue universal
-la alegría, unánimes las demostraciones cordiales de patriotismo.
-Evitó la oportuna decisión del general desórdenes y desgracias. Al
-día siguiente 30 se erigió la junta que se había acordado en la noche
-anterior, la cual presidida por el capitán general se compuso de más de
-20 individuos, entresacados de las autoridades, y nombrados otros por
-sus estamentos o clases. Se agregaron posteriormente dos diputados por
-Menorca, dos por Ibiza, y otro por la escuadra fondeada en Mahón.</p>
-
-<p>En esta última ciudad, siendo las cabezas oficiales de ejército y de
-marina, se había depuesto y preso al gobernador y al coronel de Soria,
-Cabrera, y desobedecido abiertamente las órdenes de Murat. Recayó el
-mando en el comandante interino de la escuadra, a cuyas instancias
-envió la junta de Mallorca para relevarle al marqués del Palacio, poco
-antes coronel de húsares españoles.</p>
-
-<p>En nada se había perturbado la tranquilidad en Palma ni en las
-otras poblaciones. Solo el 29 para resguardar su persona se puso en
-el castillo de Bellver al oficial francés portador de los pliegos de
-Madrid. Doloroso fue tener también que recurrir a igual precaución con
-los dos distinguidos miembros del instituto de Francia, Arago y Biot,
-quienes en unión con los astrónomos españoles Don José Rodríguez y
-Don José Chaix habían pasado a aquella isla con comisión científica
-importante. Era pues la de prolongar a la isla de Formentera la
-medida del arco del<span class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span>
-meridiano, observado y medido anteriormente desde Dunkerque hasta
-Monjuich en Barcelona por los sabios Mechain y Delambre. La operación
-dichosamente se había terminado antes que las provincias se alzasen,
-estorbando solo este suceso medir una base de verificación proyectada
-en el reino de Valencia. Ya el ignorante pueblo los había mirado con
-desconfianza, cuando para el desempeño de su encargo ejecutaban las
-operaciones geodésicas y astronómicas necesarias. Figurose que eran
-planos que levantaban por orden de Napoleón para sus fines políticos y
-militares. A tales sospechas daban lugar los engaños y aleves arterías
-con que los ejércitos franceses habían penetrado en lo interior del
-reino: y en verdad que nunca la ignorancia pudiera alegar motivos que
-pareciesen más fundados. La junta al principio no osó contrarrestar el
-torrente de la opinión popular; pero conociendo el mérito de los sabios
-extranjeros, y la utilidad de sus trabajos, los preservó de todo daño;
-e imposibilitada por la guerra de enviarlos en derechura a Francia, los
-embarcó en oportuna ocasión a bordo de un buque que iba a Argel, país
-entonces neutral, y de donde se restituyeron después a sus hogares.</p>
-
-<p>El entusiasmo en Mallorca fue universal, esmerándose con
-particularidad en manifestarle las más principales señoras;
-y si en toda la isla de Mallorca, como decía el cardenal de
-Retz,[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_3-7"
-id="Ll_3-7">3-7</a>.)</span> «no hay mujeres feas», fácil será imaginar
-el poderoso influjo que tuvieron en su levantamiento.</p>
-
-<p>En Palma se creó un cuerpo de voluntarios con aquel nombre, que
-después pasó a servir a<span class="pagenum" id="Page_277">p.
-277</span> Cataluña. Y aunque al principio la junta obrando
-precavidamente no permitió que se trasladasen a la península las
-tropas que guarnecían las islas, por fin accedió a que se incorporasen
-sucesivamente con los ejércitos que guerreaban.</p>
-
-<div class="sidenote">Navarra<br/> y provincias<br/> vascongadas.</div>
-
-<p>Unas tras otras hemos recorrido las provincias de España y
-contado su glorioso alzamiento. Habrá quien eche de menos a Navarra
-y las provincias vascongadas. Pero lindando con Francia, privados
-sus moradores de dos importantes plazas, y cercados y opresos por
-todos lados, no pudieron revolverse ni formalizar por de pronto
-gobierno alguno. Con todo animadas de patriotismo acendrado
-impelieron a la deserción a los pocos soldados españoles que había
-en su suelo, auxiliaron en cuanto alcanzaban sus fuerzas a las
-provincias lidiadoras, y luego que las suyas estuvieron libres o más
-desembarazadas se unieron a todas, cooperando con no menor conato a la
-destrucción del común enemigo. Y más adelante veremos que aun ocupado
-de nuevo su territorio, pelearon con empeño y constancia por medio de
-sus guerrillas y cuerpos francos.</p>
-
-<div class="sidenote">Islas Canarias.</div>
-
-<p>En las Islas Canarias aunque algo lejanas de las costas españolas,
-siguiose el impulso de Sevilla. Dudose en un principio de la certeza de
-los acontecimientos de Bayona, y se consideraron como invención de la
-malevolencia, o como voces de intento esparcidas por los partidarios de
-los ingleses. Mas habiendo llegado en julio noticia de la insurrección
-de Sevilla y de la instalación de su junta suprema, el capitán
-general marqués de Casa-Cagigal dispuso que se<span class="pagenum"
-id="Page_278">p. 278</span> proclamase a Fernando VII, imitando con
-vivo entusiasmo los habitantes de todas las islas el noble ejemplo
-de la península. Hubo sin embargo entre ellas algunas desavenencias,
-renovando la Gran Canaria sus antiguas rivalidades de primacía con la
-de Tenerife. Así se crearon en ambas separadas juntas, y en la última
-despojado del mando Casa-Cagigal, ya de ambas aborrecido, fue puesto en
-su lugar el teniente de rey Don Carlos O’Donnell. Levantáronse después
-quejas muy sentidas contra este jefe y la junta de Tenerife, que no
-cesaron hasta que el gobierno supremo de la central puso en ello el
-conveniente remedio.</p>
-
-<p>Por lo demás el cuadro que hemos trazado de la insurrección de
-España parecerá a algunos diminuto o conciso, y a otros difuso u harto
-circunstanciado. Responderemos a los primeros que no habiendo sido
-nuestro propósito escribir la historia particular del alzamiento de
-cada provincia, el descender a más pormenores hubiera sido obrar con
-desacuerdo. Y a los segundos que en vista de la nobleza de la causa y
-de la ignorancia cierta o fingida que acerca de su origen y progreso
-muchos han mostrado, no ha sido tan fuera de razón dar a conocer con
-algún detenimiento una revolución memorable, que por descuido de unos
-y malicia de otros se iba sepultando en el olvido o desfigurándose de
-un modo rápido y doloroso. Para acabar de llenar nuestro objeto, será
-bien que fundándonos en la verídica relación que precede, sacada de las
-mejores fuentes, añadamos algunas cortas reflexiones, que arrojando
-nueva luz refuten las<span class="pagenum" id="Page_279">p. 279</span>
-equivocaciones sobrado groseras en que varios han incurrido.</p>
-
-<div class="sidenote">Reflexiones<br/> generales.</div>
-
-<p>Entre estas se ha presentado con más séquito la de atribuir las
-conmociones de España al ciego fanatismo, y a los manejos e influjo
-del clero. Lejos de ser así, hemos visto cómo en muchas provincias el
-alzamiento fue espontáneo, sin que hubiera habido móvil secreto; y
-que si en otras hubo personas que aprovechándose del espíritu general
-trataron de dirigirle, no fueron clérigos ni clases determinadas, sino
-indistintamente individuos de todas ellas. El estado eclesiástico
-cierto que no se opuso a la insurrección, pero tampoco fue su autor.
-Entró en ella como toda la nación, arrastrado de un honroso sentimiento
-patrio, y no impelido por el inmediato temor de que se le despojase
-de sus bienes. Hasta entonces los franceses no habían en esta parte
-dado ocasión a sospechas, y según se advirtió en el libro segundo, el
-clero español antes de los sucesos de Bayona más bien era partidario de
-Napoleón que enemigo suyo, considerándole como el hombre que en Francia
-había restablecido con solemnidad el culto. Por tanto la resistencia
-de España nació de odio contra la dominación extranjera: y el clérigo
-como el filósofo, el militar como el paisano, el noble como el plebeyo
-se movieron por el mismo impulso, al mismo tiempo y sin consultar
-generalmente otro interés que el de la dignidad e independencia
-nacional. Todos los españoles que presenciaron aquellos días de
-universal entusiasmo, y muchos son los que aún viven, atestiguarán la
-verdad del aserto.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_280">p. 280</span>No menos infundado
-aunque no tan general, ha sido achacar la insurrección a conciertos de
-los ingleses con agentes secretos. Napoleón y sus parciales que por
-todas partes veían o aparentaban ver la mano británica, fueron los
-autores de invención tan peregrina. Por lo expuesto se habrá notado
-cuán ajeno estaba aquel gobierno de semejante suceso, y cuánto le
-sorprendió la llegada a Londres de los diputados asturianos que fueron
-los primeros que le anunciaron. Muchas de las costas de España estaban
-sin buques de guerra ingleses que de cerca observasen o fomentasen
-alborotos, y las provincias interiores no podían tener relación con
-ellos ni esperar su pronta y efectiva protección; y aun en Cádiz, en
-donde había un crucero, se desechó su ayuda, si bien amistosamente,
-para un combate en el que por ser marítimo les interesaba con más
-especialidad tomar parte. Véase pues si el conjunto de estos hechos dan
-el menor indicio de que la Inglaterra hubiese preparado el primero y
-gran sacudimiento de España.</p>
-
-<p>Mas aun careciendo de la copia de datos que muestran lo contrario,
-el hombre meditabundo e imparcial fácilmente penetrará que no era
-dado ni a clérigos ni a ingleses, ni a ninguna otra persona, clase
-ni potencia por poderosa que fuese, provocar con agentes y ocultos
-manejos en una nación entera un tan enérgico, unánime y simultáneo
-levantamiento. Buscará su origen en causas más naturales, y su atento
-juicio le descubrirá sin esfuerzo en el desorden del anterior gobierno,
-en los vaivenes que precedieron,<span class="pagenum" id="Page_281">p.
-281</span> y en el cúmulo de engaños y alevosías con que Napoleón y los
-suyos ofendieron el orgullo español.</p>
-
-<p>No bastaba a los detractores dar al fanatismo o a los ingleses el
-primer lugar en tan grande acontecimiento. Hanse recreado también en
-oscurecer su lustre, exagerando las muertes y horrores cometidos en
-medio del fervor popular. Cuando hemos referido los lamentables excesos
-que entonces hubo, cubriendo a sus autores del merecido oprobio, no
-hemos omitido ninguno que fuese notable. Siendo así, dígasenos de buena
-fe si acompañaron al tropel de revueltas desórdenes tales que deban
-arrancar las desusadas exclamaciones en que algunos han prorrumpido.
-Solo pudieran ser aplicables a Valencia y no a la generalidad del
-reino, y aun allí mismo los excesos fueron inmediatamente reprimidos
-y castigados con una severidad que rara vez se acostumbra contra
-culpados de semejantes crímenes en las grandes revoluciones. Pero al
-paso que profundamente nos dolemos de aquel estrago, séanos lícito
-advertir que hemos recorrido provincias enteras sin topar con desmán
-alguno, y en todas las otras no llegaron a treinta las personas muertas
-tumultuariamente. Y por ventura en la situación de España, rotos
-los vínculos de la subordinación y la obediencia, con autoridades
-que compuestas en lo general de hechuras y parciales de Godoy eran
-miradas al soslayo y a veces aborrecidas, ¿no es de maravillar que
-desencadenadas las pasiones no se suscitasen más rencillas, y que
-las tropelías, multiplicándose, no hubiesen salvado todas<span
-class="pagenum" id="Page_282">p. 282</span> las barreras? ¿Merece
-pues aquella nación que se la tilde de cruel y bárbara? ¿Qué otra en
-tan deshecha tormenta se hubiera mostrado más moderada y contenida?
-Cítesenos una mudanza y desconcierto tan fundamental, si bien no
-igualmente justo y honroso, en que las demasías no hayan muy mucho
-sobrepujado a las que se cometieron en la insurrección española.
-Nuestra edad ha presenciado grandes trastornos en naciones apellidadas
-por excelencia cultas, y en verdad que el imparcial examen y cotejo de
-sus excesos con los nuestros no les sería favorable.</p>
-
-<p>Después de haber tratado de desvanecer errores que tan comunes
-se han hecho, veamos lo que fueron las juntas y de qué defectos
-adolecieron. Agregado incoherente y sobrado numeroso de individuos en
-que se confundía el hombre del pueblo con el noble, el clérigo con el
-militar, estaban aquellas autoridades animadas del patriotismo más
-puro, sin que a veces le adornase la conveniente ilustración. Muchas
-de ellas pusieron todo su conato en ahogar el espíritu popular, que
-les había dado el ser, y no le sustituyeron la acertada dirección
-conque hubieran podido manejar los negocios hombres prácticos y de
-estado. Así fue que bien pronto se vieron privadas de los inagotables
-recursos que en todo trastorno social suministra el entusiasmo y
-facilita el mismo desembarazo de las antiguas trabas: no pudiendo en
-su lugar introducir orden ni regla fija, ya porque las circunstancias
-lo impedían, y ya también porque pocos de sus individuos estacan
-dotados de las prendas que se requieren para ello. Hombres tales,
-escasos<span class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span> en todos
-los países, era natural que fuesen más raros en España, en donde la
-opresiva humillación del gobierno había en parte ahogado las bellas
-disposiciones de los habitantes. Por este medio se explica como a la
-grandiosa y primera insurrección, hija de un sentimiento noble de
-honor e independencia nacional, que el despotismo de tantos años no
-había podido desarraigar, no correspondieron las medidas de gobierno
-y organización militar y económica que en un principio debieron
-adoptarse. No obstante justo es decir que los esfuerzos de las juntas
-no fueron tan cortos ni limitados como algunos han pretendido; y que
-aun en naciones más adelantadas quizá no se hubiera ido más allá
-si en lo interior hubiesen tenido estas que luchar con un ejército
-extranjero, careciendo de uno propio que pudiera llamarse tal, vacías
-las arcas públicas y poco provistos los depósitos y arsenales.</p>
-
-<p>Fue muy útil que en el primer ardor de la insurrección se formase en
-cada provincia una junta separada. Esta especie de gobierno federativo,
-mortal en tiempos tranquilos para España, como nación contigua por
-mar y tierra a estados poderosos, dobló entonces y aun multiplicó sus
-medios y recursos; excitó una emulación hasta cierto punto saludable,
-y sobre todo evitó que los manejos del extranjero, valiéndose de la
-flaqueza y villanía de algunos, barrenasen sordamente la causa sagrada
-de la patria. Un gobierno central y único, antes de que la revolución
-hubiese echado raíces, más fácilmente se hubiera doblegado a pérfidas
-insinuaciones, o su constancia hubiera con mayor prontitud cedido a
-los<span class="pagenum" id="Page_284">p. 284</span> primeros reveses.
-Autoridades desparramadas como las de las juntas, ni ofrecían un blanco
-bien distinto contra el que pudieran apuntarse los tiros de la intriga,
-ni aun a ellas mismas les era permitido [cosa de que todas estuvieron
-lejos] ponerse de concierto para daño y pérdida de la causa que
-defendían.</p>
-
-<p>Acompañó al sentimiento unánime de resistir al extranjero otro no
-menos importante de mejora y reforma. Cierto que este no se dejó ver
-ni tan clara ni tan universalmente como el primero. Para el uno solo
-se requería ser español y honrado; mas para el otro era necesario
-mayor saber que el que cabía en una nación sujeta por siglos a un
-sistema de persecución e intolerancia política y religiosa. Sin embargo
-apenas hubo proclama, instrucción o manifiesto de las juntas en que
-lamentándose de las máximas que habían regido anteriormente, no se
-diese indicio de querer tomar un rumbo opuesto, anunciando para lo
-futuro o la convocación de cortes, o el restablecimiento de antiguos
-fueros, o el desagravio de pasadas ofensas. Infiérase de aquí cuál
-sería sobre eso la opinión general cuando así se expresaban unas
-autoridades que compuestas en su mayor parte de individuos de clases
-privilegiadas, procuraban contener más bien que estimular aquella
-general tendencia. Así fue que por sus pasos contados se encaminó
-España a la reforma y mejoramiento, y congregó sus cortes sin que
-hubiera habido que escuchar los consejos o preceptos del extranjero.
-Y ¡ojalá nunca los escuchara! Los años en que escribimos han sido
-testigos<span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span> de que su
-intervención tan solo ha servido para hacerla retroceder a tiempos
-comparables a los de la más profunda barbarie.</p>
-
-<p>Nos parece que lo dicho bastará a deshacer los errores a que ha dado
-lugar el silencio de algunas plumas españolas, el despique de otras
-y la ligereza con que muchos extranjeros han juzgado los asuntos de
-España, país tan poco conocido como mal apreciado.</p>
-
-<p>Antes de concluir el presente libro será justo que demos
-una razón, aunque breve, de la insurrección de Portugal, <span
-class="sidenote">Portugal.</span> cuyos acontecimientos anduvieron tan
-mezclados con los nuestros.</p>
-
-<p>Aquel reino si bien al parecer tranquilo, viéndose agobiado con las
-extraordinarias cargas y ofendido de los agravios que se hacían a sus
-habitantes, tan solo deseaba oportuna ocasión en que sacudir el yugo
-que le oprimía.</p>
-
-<div class="sidenote">Su situación.</div>
-
-<p>Junot en su desvanecimiento a veces había ideado ceñirse la corona
-de Portugal. Para ello hubo insinuaciones, sordas intrigas, proyectos
-de constitución y otros pasos que no haciendo a nuestro propósito, los
-pasaremos en silencio. Tuvo por último que contentarse con la dignidad
-de duque de Abrantes a que le ensalzó su amo en remuneración de sus
-servicios.</p>
-
-<p>Desde el mes de marzo con motivo de la llamada de las tropas
-españolas anduvo el general francés inquieto, temiendo que se
-aumentasen los peligros al paso que se disminuía su fuerza. Se
-tranquilizó algún tanto cuando vio que al advenimiento al trono
-de Fernando habían recibido los españoles contra orden. Así fue,
-como hemos dicho, que los de Oporto volvieron<span class="pagenum"
-id="Page_286">p. 286</span> a sus acantonamientos; se mantuvieron
-quietos en Lisboa y sus contornos los de Don Juan Carrafa; y solo de
-los de Solano se restituyeron a Setúbal cuatro batallones, no habiendo
-Junot tenido por conveniente recibir a los restantes. Prefirió este
-guardar por sí el Alentejo, y envió a Kellerman para reemplazar a
-Solano, cuya memoria fue tanto más sentida por los naturales, cuanto
-el nuevo comandante se estrenó con imponer una contribución en tal
-manera gravosa que el mismo Junot tuvo que desaprobarla. Kellerman
-transfirió a Elvas su cuartel general para observar de cerca a Solano,
-quien permaneció en la frontera hasta mayo, en cuyo tiempo se retiró a
-Andalucía.</p>
-
-<p>En este estado se hallaban las cosas de Portugal cuando, después del
-suceso del 2 de mayo en Madrid, receloso Napoleón de nuevos alborotos
-en España, <span class="sidenote">Divisiones<br/> francesas<br/> que
-intentan<br/> pasar a España.</span> ordenó a Junot que enviase del
-lado de Ciudad Rodrigo 4000 hombres que obrasen de concierto con el
-mariscal Bessières, y otros tantos por la parte de Extremadura para
-ayudar a Dupont que avanzaba hacia Sierra Morena. Al entrar junio
-llegaron los primeros al pie del fuerte de la Concepción, el cual
-situado sobre el cerro llamado el Gardón, sirve como de atalaya
-para observar la frontera portuguesa y las plazas de Almeida y
-Castel-Rodrigo. El general Loison que mandaba a los franceses ofreció
-al comandante español algunas compañías que reforzasen el fuerte contra
-los comunes enemigos de ambas naciones. El ardid por tan repetido
-era harto grosero para engañar a nadie. Pero no habiendo dentro la
-suficiente fuerza<span class="pagenum" id="Page_287">p. 287</span>
-para la defensa, abandonó el comandante por la noche el fuerte, y se
-refugió a Ciudad Rodrigo, cuya plaza distante cinco leguas, y levantada
-ya como toda la provincia de Salamanca, redobló su vigilancia y contuvo
-así los siniestros intentos de Loison. Por la parte del mediodía
-los 4000 franceses que debían penetrar en las Andalucías, trataron
-con su jefe Avril de dirigirse sobre Mértola, y bajando después por
-las riberas de Guadiana, desembocar impensadamente en el condado de
-Niebla. Allí la insurrección había tomado tal incremento, que no osaron
-continuar en empresa tan arriesgada. Al paso que así se desbarataron
-los planes de Napoleón, que en esta parte no hubieran dejado de ser
-acertados, si más a tiempo hubiesen tenido efecto los acontecimientos
-del norte de Portugal, vinieron del todo a trastornar a Junot, y
-levantar un incendio universal en aquel reino.</p>
-
-<div class="sidenote">Los españoles<br/> se retiran<br/> de
-Oporto.</div>
-
-<p>Los españoles a su vuelta a Oporto habían sido puestos a las
-órdenes del general francés Quesnel. Desagradó la medida inoportuna en
-un tiempo en que la indignación crecía de punto, e inútil no siendo
-afianzada con tropa francesa. Andaba así muy irritado el soldado
-español, cuando alzándose Galicia comunicó aquella junta avisos para
-que los de Oporto se incorporasen a su ejército y llevasen consigo
-a cuantos franceses pudiesen coger. Concertáronse los principales
-jefes, se colocó al frente al mariscal de campo Don Domingo Belestá
-como de mayor graduación, y el 6 de junio habiendo hecho prisionero
-a Quesnel y a los suyos, que eran muy pocos, tomó toda la división
-española<span class="pagenum" id="Page_288">p. 288</span> que estaba
-en Oporto el camino de Galicia. <span class="sidenote">Primer<br/>
-levantamiento<br/> de Oporto.</span> Antes de partir dijo Belestá a los
-portugueses que les dejaba libres de abrazar el partido que quisieran,
-ya fuese el de España, ya el de Francia, o ya el de su propio país.
-Escogieron el último como era natural. Pero luego que los españoles
-se alejaron, amedrentadas las autoridades se sometieron de nuevo a
-Junot.</p>
-
-<div class="sidenote">Levantamiento de<br/> Tras-os-Montes<br/> y
-segundo<br/> de Oporto.</div>
-
-<p>Continuaron de este modo algunos días hasta que el 11 de junio
-habiéndose levantado la provincia de Tras-os-Montes, y nombrado por su
-jefe al teniente general Manuel Gómez de Sepúlveda, hombre muy anciano,
-se extendió a la de Entre-Duero-y-Miño la insurrección, y se renovó el
-18 en Oporto en donde pusieron a la cabeza a Don Antonio de San José de
-Castro, obispo de la diócesis. Cundió también a Coimbra y otros pueblos
-de la Beira, haciendo prisioneros y persiguiendo a algunas partidas
-sueltas de franceses. Loison que desde Almeida había intentado ir a
-Oporto, retrocedió al verse acometido por la población insurgente de
-las riberas del Duero.</p>
-
-<p>Una junta se formó en Oporto que mandó en unión con el obispo, la
-cual fue reconocida por todo el norte de Portugal. Al instante abrió
-tratos con Inglaterra, y diputó a Londres al vizconde de Balsemao y a
-un desembargador. Entabló también con Galicia convenientes relaciones,
-y entre ambas juntas se concluyó una convención o tratado de alianza
-ofensiva y defensiva.</p>
-
-<div class="sidenote">Se desarma<br/> a los españoles<br/> de
-Lisboa.</div>
-
-<p>Súpose en Lisboa el 9 de junio la marcha de las tropas españolas
-de Oporto, y lo demás que<span class="pagenum" id="Page_289">p.
-289</span> en esta ciudad había pasado. Sin dilación pensó Junot en
-tomar una medida vigorosa con los cuerpos de la misma nación que
-tenía consigo, y cuyos soldados estaban con el ánimo tan alborotado
-como todos sus compatriotas. Temíase una sublevación de parte de
-ellos y no sin algún fundamento. Ya en el mes anterior y cuando en
-5 de mayo dio en Extremadura la proclama de que hicimos mención el
-desgraciado Torre del Fresno, había sido enviado allí de Badajoz
-el oficial Don Federico Moreti para concertarse con el general Don
-Juan Carrafa y preparar la vuelta a España de aquellas tropas. La
-comisión de Moreti no tuvo resulta, así por ser temprana y arriesgada,
-como también por la tibieza que mostró el mencionado Carrafa; pero
-después embraveciéndose la insurrección española, llegaron de varios
-puntos emisarios que atizaban, faltando solo ocasión oportuna para
-que hubiese un rompimiento. Ofrecíasela lo acaecido en Oporto, y
-con objeto de prevenir golpe tan fatal, procuró Junot antes de que
-se esparciese la noticia sorprender a los nuestros y desarmarlos.
-Pudo sin embargo escaparse de Mafra y pasar a España el marqués de
-Malaespina con el regimiento de dragones de la Reina; y para engañar
-a los demás emplearon los franceses varios ardides, cogiendo a unos
-en los cuarteles y a otros divididos. Mil y doscientos de ellos que
-estaban en el campo de Ourique, rehusaron ir al convento de San
-Francisco, barruntando que se les armaba alguna celada. Entonces Junot
-los mandó llamar al Terreiro do Pazo, fingiendo que era con intento
-de embarcarlos<span class="pagenum" id="Page_290">p. 290</span> para
-España. Alborozados por nueva tan halagüeña llegaron a aquella plaza,
-cuando se vieron rodeados por 3000 franceses, y asestada contra sus
-filas la artillería en las bocacalles. Fueron pues desarmados todos
-y conducidos a bordo de los pontones que había en el Tajo. No se
-comprendió a los oficiales en precaución tan rigurosa; pero no habiendo
-creído algunos de ellos deber respetar una palabra de honor que se les
-había arrancado después de una alevosía, se fugaron a España, y de
-resultas sus compañeros fueron sometidos a igual y desgraciada suerte
-que los soldados.</p>
-
-<div class="sidenote">Rechazan<br/> los españoles<br/> a los
-franceses<br/> en Os-Pegões.</div>
-
-<p>No fue tan fácil sorprender ni engañar a los que estando a la
-izquierda del Tajo vivían más desembarazadamente. Así desertó la mayor
-parte del regimiento de caballería de María Luisa, y fue notable la
-insurrección de los cuerpos de Valencia y Murcia, de los que con una
-bandera se dirigieron a España muchos soldados. Estaban en Setúbal, y
-el general francés Graindorge que allí mandaba los persiguió. Hubo un
-reencuentro en Os-Pegões, y los franceses habiendo sido rechazados no
-pudieron detener a los nuestros en su marcha.</p>
-
-<div class="sidenote">Levantamiento<br/> de los Algarbes.</div>
-
-<p>El haber desarmado a los españoles de Lisboa motivó la insurrección
-de los Algarbes, y por consecuencia la de todo el mediodía de Portugal.
-Gobernaba aquella provincia de parte de los franceses el general
-Maurin, a quien estando enfermo sustituyó el coronel Maransin. Eran
-cortas las tropas que estaban a sus órdenes, y cuidadoso dicho jefe con
-los alborotos, había salido para Vila Real en donde construía<span
-class="pagenum" id="Page_291">p. 291</span> una batería que asegurase
-aquel punto contra los ataques de Ayamonte. Ocupado en guarecerse de un
-peligro, otro más inmediato vino a distraerle y consternarle. Era el 16
-de junio cuando Olhá, pequeño pueblo de pescadores a una legua de Faro,
-se sublevó a la lectura de una proclama que había publicado Junot con
-ocasión de haber desarmado a los españoles. Dio el coronel José López
-de Sousa el primer grito contra los franceses, que fue repetido por
-toda la población. Este alboroto estuvo a punto de apaciguarse; pero
-obligado Maransin, que había acudido al primer ruido a salir de Faro
-para combatir a los paisanos que levantados descendían de las montañas
-que parten término con el Alentejo, se sublevó a su vez dicha ciudad
-de Faro, formó una junta, se puso en comunicación con los ingleses, y
-llevó a bordo de sus navíos al enfermo general Maurin y a los pocos
-franceses que estaban en su compañía. Maransin en vista de la poca
-fuerza que le quedaba se retiró a Mértola para de allí darse más
-fácilmente la mano con los generales Kellerman y Avril que ocupaban el
-Alentejo. Se aproximó después a Beja, y por haberle asesinado algunos
-soldados la entró a saco el 25 de junio. Prendió la insurrección en
-otros puntos, y en todos aquellos en que el espíritu público no fue
-comprimido por la superioridad de la fuerza francesa, se repitió el
-mismo espectáculo y hubo iguales alborotos que en el resto de la
-península. Entre la junta de Faro y los españoles suscitose cierta
-disputa por haber estos destruido las fortificaciones de Castro Marim.
-De ambos lados se dieron<span class="pagenum" id="Page_292">p.
-292</span> las competentes satisfacciones, y amistosamente se concluyó
-un convenio adecuado a las circunstancias entre los nuevos gobiernos de
-Sevilla y Faro.</p>
-
-<div class="sidenote">Convenciones<br/> entre algunas<br/> juntas de
-España<br/> y Portugal.</div>
-
-<p>No faltó quien viese así en este arreglo como en lo que antes
-se había estipulado entre Galicia y Oporto, una preparación para
-tratados más importantes que hubieran podido rematar por una unión y
-acomodamiento entre ambas naciones. Desgraciadamente varios obstáculos
-con los cuidados graves de entonces debieron impedir que se prosiguiese
-en designio de tal entidad. Es sin embargo de desear que venga un
-tiempo en que desapareciendo añejas rivalidades, e ilustrándose unos
-y otros sobre sus recíprocos y verdaderos intereses, se estrechen dos
-países que al paso que juntos formarán un incontrastable valladar
-contra la ambición de los extraños, desunidos solo son víctima de
-ajenas contiendas y pasiones.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_293">p. 293</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental"/>
- </div>
- <p class="centra fs200 lh200 negr mt1">RESUMEN</p>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO CUARTO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa2.jpg"
- alt="Motivo ornamental"/>
- </div>
-</div>
-
-<p class="resum"><span class="prim"><span
-class="gran">J</span>unta</span> de Madrid. — Comisión que da al
-marqués de Lazán. — Su proclama de 4 de junio. — Su celo en favor de
-la diputación de Bayona. — Valdés. — Marqués de Astorga. — Obispo de
-Orense. — Proclama de Bayona a los zaragozanos. — Comisionados enviados
-a Zaragoza. — Avisos enviados por Napoleón a América. — Napoleón
-renuncia la corona de España en José. — Llegada de José a Bayona. —
-Recibimiento de José en Marracq. — Diputaciones españolas. — La de
-los grandes. — La del consejo de Castilla. — La de la Inquisición.
-— La del ejército. — Otra proclama de los de Bayona. — Previas
-disposiciones para abrir el congreso de Bayona. — Ábrense sus sesiones.
-— Sus discusiones. — Si gozó de libertad. — Juramento prestado a la
-constitución. — Reflexiones sobre la constitución. — Visita de la
-junta de Bayona a Napoleón. — Felicitaciones de la servidumbre de
-Fernando. — Felicitación de Fernando mismo. — Ministerio nombrado por
-José. — Jovellanos. — Empleos de palacio. — José entra en España el
-9 de julio. — Primera expedición de los franceses contra Santander.
-— Expedición contra Valladolid. — Quema de Torquemada. — Entrada en
-Palencia. — Acción de Cabezón. — Entran los franceses en Valladolid.
-— Segunda expedición contra Santander. — Obispo de Santander. — Noble
-acción de su junta. — Expedición contra Zaragoza. — Acción de Mallén.
-— De Alagón. — Cataluña. — Somatenes. — Acción del Bruch. — Defensa de
-Esparraguera. — Chabran en Tarragona. — Reencuentro de Arbós. — Saqueo
-de Villafranca de Panadés. — Segunda acción del Bruch. — Expedición de
-Duhesme contra Gerona. — Resistencia de Mongat. — Saqueo de Mataró. —
-Ataque de los franceses contra Gerona. — Vuelve Duhesme a Barcelona.
-— Reencuentro de Granollers. — Somatenes del Llobregat. — Murat. —
-Envía a Dupont a Andalucía. — Acción de Alcolea. — Saco de Córdoba.
-— Situación angustiada de los franceses. — Excesos de los paisanos
-españoles. — Resistencia de Valdepeñas. — Retírase Dupont a Andújar. —
-Saqueo de Jaén. — Expedición de Moncey contra Valencia. — Reencuentro
-del puerto Pajazo. — De las Cabrillas. — Preparativos de defensa en
-Valencia. — Refriega en el pueblo de Cuarte. — Defensa de Valencia. —
-Proposición de Moncey para que capitule la ciudad. — Hechos notables
-de algunos españoles. — Retírase Moncey. — Inacción de Cervellón. —
-Conducta laudable de Llamas. — Enfermedad de Murat. — Enfermedades en
-su ejército. — Opinión de Larrey. — Savary sucede a Murat. — Singular
-comisión de Savary. — Su conducta. — Envía a Vedel para reforzar a
-Dupont. — Paso de Sierra Morena. — Refuerzos enviados a Moncey. —
-Caulincourt. — Saquea a Cuenca. — Frère. — Segundo refuerzo llevado a
-Dupont por el general Gobert. — Desatiéndese a Bessières. — Cuesta. —
-Ejército de Galicia después de la muerte de Filangieri. — Batalla de
-Rioseco 14 de julio. — Avanza Bessières a León: su correspondencia con
-Blake. — Viaje de José a Madrid. — Retrato de José. — Su proclamación.
-— Su reconocimiento. — Consejo de Castilla. — Acontecimientos que
-precedieron a la batalla de Bailén. — Distribución del ejército español
-de Andalucía. — Consejo celebrado para atacar a los franceses. —
-Acción de Mengíbar. — Batalla de Bailén 19 de julio. — Capitulación
-del ejército francés. — Rinden las armas los franceses. — Reflexiones
-sobre la batalla. — Camina el ejército rendido a la costa. — Desorden
-en Lebrija causado por la presencia de los prisioneros. — En el Puerto
-de Santa María. — Correspondencia entre Dupont y Morla. — Consternación
-del gobierno francés en Madrid. — Retírase José. — Españoles que le
-siguen. — Destrozos causados en la retirada.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch4">
- <p><span class="pagenum" id="Page_297">p. 297</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental"/>
- </div>
- <p class="centra fs150 lh150 negr g0 mt1">HISTORIA</p>
- <p class="centra fs60 lh150">DEL</p>
- <p class="centra fs120 lh150 asc ws1">LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN</p>
- <p class="centra fs120 lh150 ws1">de España.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa4.jpg"
- alt="Motivo ornamental"/>
- </div>
- <h2 class="nobreak fs120 negr g0">LIBRO CUARTO.</h2>
- <hr class="tir"/>
-</div>
-
-<div class="sidenote">Junta de Madrid.</div>
-
-<p class="ti0"><span class="prim"><span
-class="gran">A</span>ntes</span> de haber tomado la insurrección de
-España el alto vuelo que le dieron en los últimos días de mayo las
-renuncias de Bayona, recordará el lector como se habían derramado por
-las provincias emisarios franceses y españoles que con seductoras
-ofertas trataron de alucinar a los jefes que las gobernaban. La junta
-suprema de Madrid, principal instigadora de semejantes misiones y
-providencias, viéndose así comprometida siguió con esmerada porfía
-en su propósito, y al crujido de la insurrección general, reiterando
-avisos, instrucciones y cartas confidenciales,<span class="pagenum"
-id="Page_298">p. 298</span> avivó su desacordado celo en favor de la
-usurpación extraña, conservando la ciega y vana esperanza de sosegar
-por medios tan frágiles el asombroso sacudimiento de una grande y
-pundonorosa nación.</p>
-
-<div class="sidenote">Comisión que da<br/> al marqués<br/> de
-Lazán.</div>
-
-<p>Sobresaltada en extremo con la conmoción de Zaragoza acudió
-con presteza a su remedio. Punzábala este suceso no tanto por su
-importancia, cuanto por el temor sin duda de que con él se trasluciesen
-las órdenes que para resistir a los franceses le habían sido
-comunicadas desde Bayona, y a cuyo cumplimiento había faltado. Presumía
-que Palafox sabedor de ellas, y encargado de otras iguales o parecidas,
-les daría entera publicidad, poniendo así de manifiesto la reprensible
-omisión de la junta, a la que por tanto era urgente aplacar aquel
-levantamiento. Como el caso requería pulso, se escogió al efecto al
-marqués de Lazán, hermano mayor del nuevo capitán general de Aragón,
-en cuya persona concurrían las convenientes calidades para no excitar
-con su nombre recelos en el asustadizo pueblo, y poder influir con
-éxito y desembarazadamente en el ánimo de aquel caudillo. Pero el de
-Lazán, al llegar a Zaragoza, en vez de favorecer los intentos de los
-que le enviaban, y persuadido también de cuán imposible era resistir al
-entusiasmo de aquellos moradores, se unió a su hermano y en adelante
-partió con él los trabajos y penalidades de la guerra.</p>
-
-<div class="sidenote">Su proclama<br/> de 4 de junio.<br/> (* Ap. n. <a
-href="#Ap_4-1" id="Ll_4-1">4-1</a>.)</div>
-
-<p>Arrugándose más y más el semblante del reino, y tocando a punto
-de venir a las manos, en 4 de junio [*] circuló la junta de acuerdo
-con Murat una proclama en la que se ostentaban las ventajas<span
-class="pagenum" id="Page_299">p. 299</span> de que todos se mantuviesen
-sosegados, y aguardasen a que <i>el héroe que admiraba al mundo
-concluyera la grande obra en que estaba trabajando de la regeneración
-política</i>. Tales expresiones alborotaban los ánimos lejos de
-apaciguarlos, y por cierto rayaba en avilantez el que una autoridad
-española osase ensalzar de aquel modo al causador de las recientes
-escenas de Bayona, y además era, por decirlo así, un desenfreno del
-amor propio imaginarse que con semejante lenguaje se pondría pronto
-término a la insurrección.</p>
-
-<div class="sidenote">Su celo en favor<br/> de la diputación<br/> de
-Bayona.</div>
-
-<p>Viendo cuán inútiles eran sus esfuerzos, y ansiosa de encontrar
-por todas partes apoyo y disculpa a sus compromisos, trabajó con
-ahínco la junta para que acudiesen a Bayona los individuos de la
-diputación convocada a aquella ciudad. Crecían los obstáculos para
-la reunión con los bullicios de las provincias, y con la repulsa que
-dieron algunos de los nombrados. Indicamos ya como el bailío Don
-Antonio Valdés <span class="sidenote">Valdés.</span> había rehusado
-ir, prefiriendo con gran peligro de su persona fugarse de Burgos donde
-residía a la mengua de autorizar con su presencia los escándalos
-de Bayona. <span class="sidenote">Marqués<br/> de Astorga.</span>
-Excusose también el marqués de Astorga sin reparar en que siendo uno
-de los primeros próceres del reino, la mano enemiga le perseguiría
-y le privaría de sus vastos estados y riquezas. Pero quien aventajó
-a todos en la resistencia fue el reverendo obispo de Orense <span
-class="sidenote">Obispo<br/> de Orense.</span> Don Pedro de Quevedo y
-Quintano. La contestación de este prelado al llamamiento de Bayona,
-obra señalada de patriotismo, unió a la solidez de las razones
-un atrevimiento hasta entonces desconocido<span class="pagenum"
-id="Page_300">p. 300</span> a Napoleón y sus secuaces. Al modo de los
-oradores más egregios de la antigüedad, usó con arte de la poderosa
-arma de la ironía, sin deslucirla con bajas e impropias expresiones.
-Desde Orense y en 29 de mayo no levantada todavía Galicia, y sin
-noticia de la declaración de otras provincias, dirigió su contestación
-al ministro de gracia y justicia. Como en su contenido se sentaron
-las doctrinas más sanas y los argumentos más convincentes en favor
-de los derechos de la nación y de la dinastía reinante, recomendamos
-muy particularmente la lectura de tan importante documento, que a la
-letra hemos insertado en el apéndice.[*] <span class="sidenote">(*
-Ap. n. <a href="#Ap_4-2" id="Ll_4-2">4-2</a>.)</span> Difícilmente
-pudieran trazarse con mayor vigor y maestría las verdades que en él se
-reproducen. Así fue que aquella contestación penetró muy allá en todos
-los corazones, causando impresión profundísima y duradera. Pero Murat
-y la junta de Madrid no por eso cesaron en sus tentativas, y con fatal
-empeño aceleraron la partida de las personas que de montón se nombraban
-para llenar el hueco de las que esquivaban el ominoso viaje.</p>
-
-<div class="sidenote">Proclama de<br/> Bayona a los<br/>
-zaragozanos.</div>
-
-<p>El 15 de junio debían abrirse las sesiones de aquella famosa
-reunión, y todavía en los primeros días del propio mes no alcanzaban
-a 30 los que allí asistían. Mientras que los demás llegaban, y para
-no darles huelga, obligó Napoleón a los presentes a convidar a los
-zaragozanos por medio de una proclama [*] <span class="sidenote">(*
-Ap. n. <a href="#Ap_4-3" id="Ll_4-3">4-3</a>.)</span> a la paz y al
-sosiego. Queriendo agregar al escrito la persuasión verbal, fueron
-comisionados <span class="sidenote">Comisionados<br/> enviados<br/>
-a Zaragoza.</span> para llevarle el príncipe de Castel-Franco, Don
-Ignacio Martínez de Villela consejero de Castilla, y el alcalde
-de<span class="pagenum" id="Page_301">p. 301</span> corte Don Luis
-Marcelino Pereira. No les fue dable penetrar en Zaragoza, y menos
-el que se atendiera a sus intempestivas amonestaciones. Tuviéronse
-por dichosos de regresar a Bayona: merced a los franceses que los
-custodiaban, bajo cuyo amparo pudieron volver atrás sin notable azar,
-aunque no sin mengua y sobresalto.</p>
-
-<div class="sidenote">Avisos enviados<br/> por Napoleón<br/> a
-América.</div>
-
-<p>Napoleón que miraba ya como suya la tierra peninsular, trató también
-por entonces de alargar más allá de los mares su poderoso influjo,
-expidiendo a América buques con cuyo arribo se previniesen los intentos
-de los ingleses, y se preparasen los habitadores de aquellas vastas
-y remotas regiones españolas a admitir sin desvío la dominación del
-nuevo soberano, procedente de su estirpe. Hizo que a su bordo partiesen
-proclamas y circulares autorizadas por Don Miguel de Azanza, quien
-ya firmemente adicto a la parcialidad de Napoleón se figuraba que
-el emperador de los franceses había de respetar la unión íntegra de
-aquellos países con España, y no seguir el impulso y las variaciones de
-su interés o su capricho.</p>
-
-<div class="sidenote">Napoleón<br/> renuncia<br/> la corona de<br/>
-España en José.</div>
-
-<p>Luego que Fernando VII y su padre hubieron renunciado la corona,
-se presumió que Napoleón cedería sus pretendidos derechos en alguna
-persona de su familia. Fundábase sobre todo la conjetura en la
-indicación que hizo Murat a la junta de Madrid y consejo real de
-que pidiesen por rey a José. Ignorábase no obstante de oficio si
-tal era su pensamiento, cuando en 25 de mayo dirigió Napoleón una
-proclama [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_4-4"
-id="Ll_4-4">4-4</a>.)</span> a los españoles en la que aseguraba
-que «no quería reinar sobre sus provincias, pero sí adquirir<span
-class="pagenum" id="Page_302">p. 302</span> derechos eternos al amor y
-al reconocimiento de su posteridad.» Apareció pues por este documento
-de una manera auténtica que trataba de desprenderse del cetro español,
-mas todavía guardó silencio acerca de la persona destinada a empuñarle.
-Por fin el 6 de junio se pronunció claramente dando en Bayona mismo
-un decreto del tenor siguiente:[*] <span class="sidenote">(* Ap. n.
-<a href="#Ap_4-5" id="Ll_4-5">4-5</a>.)</span> «Napoleón, por la
-gracia de Dios etc. A todos los que verán las presentes salud. La
-junta de estado, el consejo de Castilla, la villa de Madrid etc. etc.
-habiéndonos por sus exposiciones hecho entender que el bien de la
-España exigía que se pusiese prontamente un término al interregno,
-hemos resuelto proclamar, como nos proclamamos por las presentes, rey
-de España y de las Indias a nuestro muy amado hermano José Napoleón,
-actualmente rey de Nápoles y de Sicilia.</p>
-
-<p>»Garantimos al rey de las Españas la independencia e integridad de
-sus estados, así los de Europa como los de África, Asia y América. Y
-encargamos», etc. [Sigue la fórmula de estilo.]</p>
-
-<div class="sidenote">Llegada de José<br/> a Bayona.</div>
-
-<p>Era este decreto el precursor anuncio de la llegada de José, quien
-el 7 entró en Pau a las ocho de la mañana, y puesto en camino poco
-después se encontró con Napoleón a seis leguas de Bayona, hasta donde
-había salido a esperarle. Mostraba este tanta diligencia porque no
-habiendo de antemano consultado con su hermano la mudanza resuelta,
-temió que no aceptase el nuevo solio, y quiso remover prontamente
-cualquiera obstáculo que le opusiese. En efecto José contento con
-su delicioso reino de Nápoles no venía decidido a admitir el cambio
-que para otros<span class="pagenum" id="Page_303">p. 303</span>
-hubiera sido tan lisonjero. Y aquí tenemos una corona arrancada por
-la violencia a Fernando VII, adquirida también mal de su grado por el
-señalado para sucederle.</p>
-
-<p>Napoleón atento a evitar la negativa de su hermano le hizo subir
-en su coche, y exponiéndole sus miras políticas en trasladarle al
-trono español, trató con particularidad de inculcarle los intereses
-de familia, y la conveniencia de que se conservase en ella la corona
-de Francia, para cuyo propósito y el de prevenir la ambición de Murat
-y de otros extraños, nada era más acertado, añadía, que el poner
-como de atalaya a José en España, desde donde con mayor facilidad y
-superiores medios se posesionaría del trono de Francia, en caso de
-que vacase inesperadamente. Además le manifestó haber ya dispuesto
-del reino de Nápoles para colocar en él a Luciano. Asegúrase que la
-última indicación movió a José más que otra razón alguna por el tierno
-amor que profesaba a aquel su hermano. Sea pues de esto lo que fuere,
-lo cierto es que Napoleón había de tal modo preparado las cosas que
-sin dar tiempo ni vagar fue José reconocido y acatado como rey de
-España.</p>
-
-<div class="sidenote">Recibimiento<br/> de José<br/> en Marracq.</div>
-
-<p>Así sucedió que al llegar entre dos luces a Marracq recibió los
-obsequios de tal de boca de la emperatriz, que con sus damas había
-salido a recibirle al pie de la escalera. Ya le aguardaban dentro del
-palacio los españoles congregados en Bayona, a quienes se les había
-citado de antemano, teniendo Napoleón tanta priesa en el reconocimiento
-del nuevo rey, que no permitió cubrir las mesas ni descanso alguno a
-su hermano<span class="pagenum" id="Page_304">p. 304</span> antes de
-desempeñar aquel cuidado, cuyo ceremonial se prolongó hasta las diez de
-la noche.</p>
-
-<div class="sidenote">Diputaciones<br/> españolas.</div>
-
-<p>Naturalmente debió durar más de lo necesario, habiendo ignorado los
-españoles el motivo a que eran llamados. Advertidos después tuvieron
-que concertarse apresuradamente allí mismo en uno de los salones, y
-arreglar el modo de felicitar al soberano recién llegado. Para ello se
-dividieron en cuatro diputaciones, a saber, la de los grandes, la del
-consejo de Castilla, la de los consejos de la Inquisición, Indias y
-hacienda reunidos los tres en una, y la del ejército. Pusieron todas
-separadamente y por escrito una exposición gratulatoria, y antes de
-que se leyesen a José con toda solemnidad, se presentaba cada una a
-Napoleón para su aprobación previa: menguada censura, indigna de su
-alta jerarquía.</p>
-
-<div class="sidenote">La de<br/> los grandes.</div>
-
-<p>Era la diputación de los grandes la primera en orden, e iba a
-su cabeza el duque del Infantado, quien había tenido el encargo de
-extender la felicitación. Principiando por un cumplido vago, concluía
-esta con decir «las leyes de España no nos permiten ofrecer otra cosa
-a V. M. Esperamos que la nación se explique y nos autorice a dar mayor
-ensanche a nuestros sentimientos.» Difícil sería expresar la irritación
-que provocó en el altivo ánimo de Napoleón tan inesperada cortapisa.
-Fuera de sí y abalanzándose al duque díjole, que «siendo caballero se
-portase como tal, y que en vez de altercar acerca de los términos de un
-juramento, el cual así que pudiera intentaba quebrantar, se pusiese al
-frente de su partido en España, y lidiase franca y lealmente... Pero
-le advertía que si faltaba al<span class="pagenum" id="Page_305">p.
-305</span> juramento que iba a prestar, quizá estaría en el caso
-antes de ocho días de ser arcabuceado.» Tardíos eran a la verdad los
-escrúpulos del duque, y o debía haberlos sepultado en lo más íntimo del
-pecho, o sostenerlos con el brío digno de su cuna, si arrastrado por
-el clamor de la conciencia quería acallarla dándoles libre salida. Mas
-el del Infantado arredrose, y cedió a la ira de Napoleón. Por eso hubo
-quien achacara a otro haberle apuntado la cláusula, dejándole solo al
-duque la gloria de haberla escrito, sin pensar en el aprieto en que iba
-a encontrarse. Corrigieron entonces los grandes su primera exposición,
-reconocieron por rey a José e hizo la lectura de ella, aunque no
-pertenecía a la clase, Don Miguel José de Azanza.</p>
-
-<div class="sidenote">La del consejo<br/> de Castilla.<br/> (* Ap. n.
-<a href="#Ap_4-6" id="Ll_4-6">4-6</a>.)</div>
-
-<p>Los magistrados que llevaban la voz a nombre del consejo de
-Castilla, si bien incensaron al nuevo rey diciéndole:[*] «V. M. es
-rama principal de una familia destinada por el cielo para reinar»,
-esquivaron también, pero de un modo más encapotado que los grandes, el
-reconocimiento claro y sencillo, limitándose por falta de autoridad,
-según expresaban, a manifestar cuáles eran sus deseos: tan cuidadosos
-andaban siempre el consejo y sus individuos de no comprometerse
-abiertamente en ningún sentido.</p>
-
-<div class="sidenote">La de<br/> la Inquisición.</div>
-
-<p>A todos los parabienes respondió José con afable cortesanía,
-mereciendo particular mención el modo con que habló al inquisidor Don
-Raimundo Ethenard y Salinas, a quien dijo «que la religión era la base
-de la moral y de la prosperidad pública, y que aunque había países
-en que se admitían muchos cultos, sin embargo<span class="pagenum"
-id="Page_306">p. 306</span> debía considerarse a la España como feliz
-porque no se honraba en ella sino el verdadero.» Con un tan claro
-elogio de las ventajas de una religión exclusiva los inquisidores,
-que fundadamente consideraban su tribunal como el principal baluarte
-de la intolerancia, creyéronse asegurados. Ya antes alimentaban la
-esperanza de mantenerse desde que Murat mismo había correspondido
-a sus congratulaciones con halagüeñas y favorables palabras. El no
-haberse abolido aquel terrible tribunal en la constitución de Bayona,
-y el que uno de sus ministros en representación suya la autorizase con
-su firma, acrecentó la confianza de los interesados en conservarle,
-y puso espanto a los que a su nombre se estremecían. Ahora que han
-transcurrido años, y que otros excesos han casi borrado los de
-Napoleón, atribuirase a sueño de los partidarios del santo oficio el
-haberse imaginado que aquel hubiera sostenido tan odiosa institución.
-Mas si recordamos que en los primeros tiempos de la irrupción
-francesa muchos emisarios de su gobierno encarecían la utilidad de la
-Inquisición como instrumento político, y si también atendemos al modo
-arbitrario y escudriñador con que en la ilustrada Francia se disminuía
-y cercenaba la libertad de escribir y pensar, no nos parecerá que
-fuesen tan desvariadas y fútiles las esperanzas de los inquisidores.
-Quizá José y algunos españoles de su bando hubieran querido la
-abolición inmediata, ¿pero qué podía él ni que valían ellos contra la
-imperiosa voluntad de Napoleón? Que este acabase después en diciembre
-de 1808 con la Inquisición, en nada destruye nuestros recelos.<span
-class="pagenum" id="Page_307">p. 307</span> Entonces restablecida,
-como a su tiempo veremos, por la junta central con gran descrédito
-suyo, entendió el soberano francés ser oportuno descuajar tan mala
-planta, procurando granjearse por aquel medio y en contraposición de la
-autoridad nacional el aprecio de muchos hombres de saber, atemorizados
-y desabridos con el renacimiento de tan odioso tribunal.</p>
-
-<div class="sidenote">La del ejército.</div>
-
-<p>En la contestación que dio José al duque del Parque, representante
-del ejército, también notamos ciertas expresiones bastantemente
-singulares. «Yo me honro, dijo, con el título de su primer soldado,
-y ora fuese necesario como en tiempos antiguos combatir a los moros,
-ora sea menester rechazar las injustas agresiones de los eternos
-enemigos del continente, yo participaré de todos vuestros peligros.»
-Extraña mezcla poner al par de los ingleses a los moros y sus guerras.
-Probablemente fue adorno oratorio mal escogido: dado que no siendo
-creíble que por aquellas palabras hubiera querido anunciar en nuestros
-días temores de una irrupción agarena, era forzoso imaginarse que
-se encubría en su sentido el ulterior proyecto de invadir la costa
-africana, y cierto que si el primer pensamiento hubiera pasado de
-desvarío, hubiérase el segundo reprendido de sobradamente anticipado
-cuando la nueva corona apenas había tocado su cabeza.</p>
-
-<div class="sidenote">Otra proclama<br/> de los de Bayona.</div>
-
-<p>Todavía era muy corto el número de diputados que concurrían en
-Bayona, a la sazón que en 8 de junio [*] <span class="sidenote">(*
-Ap. n. <a href="#Ap_4-7" id="Ll_4-7">4-7</a>.)</span> dieron los
-presentes otra proclama a todos los españoles con objeto de recomendar
-a su afecto la nueva dinastía, y de reprimir la insurrección. José
-por su parte aceptó en decreto<span class="pagenum" id="Page_308">p.
-308</span> del 10 [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a
-href="#Ap_4-8" id="Ll_4-8">4-8</a>.)</span> la cesión de la corona
-de España que en su persona había hecho su hermano, confirmando a
-Murat en la lugartenencia del reino, cuyo puesto había ejercido
-sucesivamente a nombre de Carlos IV y de Napoleón. Acompañaba a
-este decreto [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_4-9"
-id="Ll_4-9">4-9</a>.)</span> otro en que mostraba cuáles eran sus
-intenciones, y en el que ya llamaba suyos a los pueblos de España.
-Estos documentos corrían con dificultad en las provincias; pero si
-alguno de ellos se introducía, soplaba el fuego en vez de apagarle.</p>
-
-<div class="sidenote">Previas<br/> disposiciones<br/> para abrir<br/>
-el congreso<br/> de Bayona.</div>
-
-<p>Acercábase el día de abrirse el congreso de Bayona y a duras penas
-crecía el número de individuos que debían componerle. Por fin fueron
-llegando algunos de los que forzadamente obligaban a salir de Madrid,
-o de los que cogían en los pueblos ocupados por las tropas francesas.
-Pocos fueron los que de grado acudieron al llamamiento; y mal podía
-ser de otra manera viendo los convocados que la insurrección prendía
-por todas partes, y el gran compromiso a que se exponían. Antes de
-dar principio a las sesiones, Napoleón entregó a Don Miguel José de
-Azanza un proyecto de constitución. Extrema curiosidad se despertó
-con deseo de averiguar quién fuese el autor. Ni entonces ni ahora ha
-sido dable el descubrirle, bien que se advierta que una mano española
-debió en gran parte coadyuvar al desempeño de aquel trabajo. Nosotros
-no aventuraremos conjeturas más o menos fundadas. Pero sí se nos
-ha aseverado de un modo indudable por persona bien enterada, que
-dicha constitución o sus bases más esenciales fueron entregadas al
-emperador francés en Berlín<span class="pagenum" id="Page_309">p.
-309</span> después de la batalla de Jena. Debió pues salir de pluma
-que vislumbrase ya cuál suerte aguardaba a España con la incierta
-política del príncipe de la Paz y la desmesurada ambición del gabinete
-de Francia. Napoleón escogió a Don Miguel de Azanza, como en otro libro
-indicamos, para presidir el congreso; y se nombraron por secretarios
-a Don Mariano Luis de Urquijo, del consejo de estado, y a Don Antonio
-Ranz Romanillos, del de hacienda. Encargó también que se eligiesen dos
-comisiones a cuyo previo examen se confiase el preparar los asuntos
-para los debates, y proponer las modificaciones que pareciere oportuno
-adoptar en la nueva constitución.</p>
-
-<div class="sidenote">Ábrense<br/> sus sesiones.</div>
-
-<p>Concluidas que fueron estas disposiciones preliminares, abrió sus
-sesiones la junta de Bayona el 15 de junio, día de antemano señalado.
-Pronunció Don Miguel de Azanza en calidad de presidente el discurso
-de apertura. En él decía:[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a
-href="#Ap_4-10" id="Ll_4-10">4-10</a>.)</span> «Gracias y honor
-inmortal a este hombre extraordinario [Napoleón] que nos vuelve una
-patria que habíamos perdido»... «Ha querido después que en el lugar
-de su residencia y a su misma vista se reúnan los diputados de las
-principales ciudades, y otras personas autorizadas de nuestro país,
-para discurrir en común sobre los medios de reparar los males que hemos
-sufrido, y sancionar la constitución que nuestro mismo regenerador se
-ha tomado la pena de disponer para que sea la inalterable norma de
-nuestro gobierno... De este modo podrán ser útiles nuestros trabajos, y
-cumplirse los altos designios del héroe que nos ha convocado...»<span
-class="pagenum" id="Page_310">p. 310</span> Pesa que un hombre cuyo
-concepto de probidad se había hasta entonces mantenido sin tacha, se
-abatiese a pronunciar expresiones adulatorias, poco dignas de la boca
-de un ministro puro y honrado. Porque en efecto, ¿dónde estaban los
-diputados de las principales ciudades? y si la patria estaba perdida
-¿no había también <i>el hombre extraordinario</i> contribuido en gran
-manera a hundirla en el abismo? ¿En dónde y cómo nos la había vuelto?
-Sin la constancia española, sin la pertinaz guerra de seis años,
-hubiera sido tratada con el vilipendio que otros estados, y partida
-después o desmembrada al antojo del extranjero. Suerte que hubiera
-merecido, si en silencio hubiese dejado que tan indignamente se la
-humillase y oprimiese. Pudiera Azanza haber cumplido con el encargo de
-presidente, sin aparecer oficioso ni lisonjero.</p>
-
-<div class="sidenote">Sus discusiones.</div>
-
-<p>Redujéronse a doce las sesiones de Bayona. En la misma del 15 se
-procedió a la verificación de poderes, y se leyó el decreto de Napoleón
-por el que cedía la corona de España a su hermano José; habiéndose
-acordado en la del 17 pasar a cumplimentar al nuevo monarca. En nada
-fueron notables los discursos que al caso se pronunciaron, sino en
-haberse especificado en el contexto del de la junta «que habían hecho y
-que harían [sus individuos] cuanto estuviese de su parte para atraer a
-la tranquilidad y al orden las provincias que estaban agitadas.» Por el
-mismo tenor y según costumbre fue la contestación de José, no echando
-en olvido la repetida cantilena de que los<span class="pagenum"
-id="Page_311">p. 311</span> ingleses eran los que fomentaban la
-inquietud de los pueblos.</p>
-
-<p>Presentose el día 20 el proyecto de constitución y ordenó la junta
-su impresión, habiéndose oído en los siguientes varios discursos
-acerca de sus artículos. Se ventilaron también otros puntos, y en la
-citada sesión del 20 se propuso para halagar al pueblo la supresión de
-los cuatro maravedís en cuartillo de vino, y la de tres y un tercio
-por ciento de los frutos que no diezmaban, cuyo acuerdo quedó en el
-inmediato día aprobado por José. En la del 22 Don Ignacio de Tejada,
-designado por Murat para representar el nuevo reino de Granada, sostuvo
-en un vehemente discurso lo conveniente que sería afianzar la unión
-con la metrópoli de las provincias americanas. Cuatro religiosos que
-tenían voz como diputados de los regulares, pidieron en otra sesión que
-no se suprimiesen del todo los conventos, y que solo se minorase el
-número. ¡Ojalá se hubieran mostrado siempre tan sumisos y conformes!
-Se atrevió a proponer la abolición del santo oficio Don Pablo Arribas,
-sosteniéndole Don José Gómez Hermosilla, pero el inquisidor Ethenard
-levantándose muy alborotado, se opuso e intentó probar lo útil del
-establecimiento, considerado por el lado político. Apoyáronle con
-fuerza los consejeros de Castilla, siendo natural se estrechasen para
-defensa mutua dos cuerpos que en sus respectivas jurisdicciones tanto
-daño habían acarreado a España. El duque del Infantado quería que no
-se rebajase a menos de 80.000 ducados el máximo de los mayorazgos:
-desechose la propuesta,<span class="pagenum" id="Page_312">p.
-312</span> no habiendo tampoco las dos anteriores tenido resulta. Fue
-notable y digna de loa la que promovió Don Ignacio Martínez de Villela,
-si no con mejor éxito, de que se comprendiese en la ley fundamental un
-artículo para que ninguno pudiese ser incomodado por sus opiniones
-políticas y religiosas. Admiraría que aquel mismo magistrado años
-adelante se convirtiese en duro y constante perseguidor si, por
-desgracia, no ofreciese la flaqueza humana, la rencorosa envidia o la
-desapoderada ambición repetidos ejemplos de tan lamentables mudanzas.
-Por tal término anduvieron las discusiones, hasta que el 30 se
-concluyeron y cerraron las de la constitución; en cuyo día se le añadió
-un último artículo declarando que después del año 20 se presentarían de
-orden del rey las mejoras y modificaciones que la experiencia hubiese
-enseñado ser necesarias y convenientes.</p>
-
-<div class="sidenote">Si se gozó<br/> de libertad.</div>
-
-<p>En vista de la adición de este artículo y de las cortas discusiones
-que hubo, han pretendido algunos y de aquellos que han tratado de
-defenderse, que la junta había gozado de libertad. Concediendo que
-esto fuese cierto, levantaríase contra los miembros un grave cargo por
-no haber sostenido mejor los derechos de la nación, ya que hubiesen
-creído inútil recordar los de Fernando y su familia. Parecería pues
-imposible, a no leerlo en sus obras, que hombres graves hayan querido
-persuadir al público que allí se procedió sin embarazo, discutiéndose
-las materias con toda franqueza y al sabor y según el dictamen de los
-vocales. No hay duda que sobre puntos accesorios fue lícito hablar,
-y aun indicar<span class="pagenum" id="Page_313">p. 313</span>
-leves modificaciones. Pero ¿que hubiera acontecido si alguno se
-hubiese propasado, no a renovar la cuestión decidida ya de mudanza de
-dinastía, sino a enmendar cualquiera artículo de los sustanciales de
-la constitución? ¿Qué si hubiese reclamado la libertad de imprenta,
-la publicidad de las sesiones, una manera en fin más acertada de
-constituirse las cortes? O para siempre hubiera enmudecido el audaz
-diputado de cuyos labios hubieran salido semejantes proposiciones, o
-deprisa y estrepitosamente se hubiera disuelto el congreso de Bayona.
-Así en el corto número de doce sesiones se cumplió con las formalidades
-de estilo, se tocaron varias materias, y se discutió y aprobó a la
-unanimidad una constitución de 146 artículos. ¿Mas a qué cansarse? Para
-conceptuar de qué libertad gozaron los diputados, basta decir que fue
-en Bayona, y a vista de Napoleón, donde celebraron sus sesiones.</p>
-
-<div class="sidenote">Juramento<br/> prestado<br/> a la
-constitución.</div>
-
-<p>Al fin el 7 de julio reunido el congreso en el mismo sitio de
-los anteriores días, que fue en el palacio llamado del obispado
-viejo, juró José la observancia de la constitución en manos del
-arzobispo de Burgos, y también la juraron, aceptaron y firmaron los
-diputados cuyo número no pasó de noventa y uno, siendo de notar
-que apenas veinte habían sido nombrados por las provincias. Los
-demás o eran de aquellos que habían acompañado al rey Fernando, o
-individuos de diversas corporaciones o clases residentes en Madrid y
-ciudades oprimidas por los soldados franceses. Para que subiera la
-cuenta obligaron también a españoles transeúntes casualmente<span
-class="pagenum" id="Page_314">p. 314</span> en Bayona, a que pusiesen
-su firma en la nueva constitución. Pero a pesar de tales esfuerzos
-nunca pudo completarse el número de 150 que era el determinado en la
-convocatoria.</p>
-
-<div class="sidenote">Reflexiones sobre<br/> la constitución.</div>
-
-<p>Ahora sería oportuno entrar en el examen de esta constitución, si
-por lo menos hubiera gobernado de hecho la monarquía. Mas ilegítima en
-su origen, y bastarda producción de tierra extraña nunca plantada en
-la nuestra, no sería justo que nos detuviese largo tiempo, ni cortase
-el hilo de nuestra narración. Sin embargo atendiendo al elogio que de
-algunos ha merecido, séanos lícito poner aquí ciertas observaciones,
-que si bien restrictas y generales, no por eso dejarán de dar una idea
-de los defectos fundamentales que la oscurecían y anulaban.</p>
-
-<p>Desde luego nótase que falta en aquella constitución lo que forma
-la base principal de los gobiernos representativos, a saber, la
-publicidad. Por ella se ilustra y conoce la opinión, y la opinión es
-la que dirige y guía a los que mandan en estados así constituidos. Dos
-son los únicos y verdaderos medios de conseguir que la voz pública suba
-con rapidez a los representantes de una gran nación, y que la de estos
-descienda y cunda a todas las clases del pueblo. Son pues la libertad
-de imprenta y la publicidad en las discusiones del cuerpo o cuerpos que
-deliberan. Por la última, como decía el mismo Burke, llega a noticia de
-los poderdantes el modo de pensar y obrar de sus diputados, sirviendo
-también de escuela instructiva a la juventud:<span class="pagenum"
-id="Page_315">p. 315</span> y por la primera, esencialmente unida
-a la naturaleza de un estado libre, conforme a la expresión del
-gran jurisconsulto Blackstone, se enteran los que gobiernan de las
-variaciones de la opinión y de las medidas que imperiosamente reclama,
-por cuya mutua y franca comunicación, acumulándose cuantiosa copia de
-saber y datos, las resoluciones que se toman en una nación de aquel
-modo regida no se apartan en lo general de lo que ordena su interés
-bien entendido; desapareciendo en cotejo de tamaño beneficio los cortos
-inconvenientes que en ciertos y contados casos pudieran acompañar a
-la publicidad, y de que nunca se ve del todo desembarazada la humana
-naturaleza. Pues aquellos dos medios tan necesarios de estamparse en
-una constitución que se preciaba de representativa, no se vislumbraban
-siquiera en la de Bayona. Al contrario, por el artículo 80 se prevenía
-«que las sesiones de las cortes no fuesen públicas.» Y en tanto grado
-se huía de conceder dicha facultad, que en el 81 íbase hasta graduar
-de rebelión el publicar impresas o por carteles las opiniones o
-votaciones. Quien con tanto esmero había trabado la libertad de los
-diputados, no era de esperar obrase más generosamente con la de la
-imprenta. Deferíase su goce a dos años después que la constitución se
-hubiese planteado, no debiendo esta tener su cumplido efecto antes
-de 1813. Pero aun entonces, además de las limitaciones que hubieran
-entrado en la ley, parece ser que nunca se hubieran comprendido en su
-contexto los papeles periódicos. Así se infiere de lo prevenido en el
-artículo 45. Porque<span class="pagenum" id="Page_316">p. 316</span>
-al paso que se crea una junta de cinco senadores encargados de velar
-acerca de la libertad de imprenta, se exceptúan determinadamente
-semejantes publicaciones, las que sin duda reservaba el gobierno a su
-propio examen. Véase pues cuán tardía y escatimada llegaría concesión
-de tal importancia.</p>
-
-<p>Tampoco se había compuesto ni deslindado atinadamente la potestad
-legislativa. Al sonido de la voz senado cualquiera se figuraría haber
-sido erigido aquel cuerpo con la mira de formar una segunda y separada
-cámara que tomase parte en la discusión y aprobación de las leyes;
-pero no era así. Ceñidas sus facultades en los tiempos tranquilos
-a velar sobre la conservación de la libertad individual y de la de
-imprenta, ensanchábanse en los borrascosos o cuando parecieren tales
-a la potestad ejecutiva, a suspender la constitución y a adoptar las
-medidas que exigiese la seguridad del estado. Un cuerpo autorizado con
-facultad tan amplia y poderosa, debiera al menos haber ofrecido en su
-independencia un equilibrio correspondiente y justo. Mas constando de
-solos veinticuatro individuos nombrados por el rey y escogidos entre
-empleados antiguos, antes era sostenimiento de la potestad ejecutiva
-que valladar contra sus usurpaciones.</p>
-
-<p>Para evitar estas o resistirles gananciosamente no era más
-propicia ni recomendable la manera como se habían constituido las
-cortes, las cuales además de verse privadas de la publicidad, sólido
-cimiento de su conservación, llevaban consigo la semilla de su propia
-desorganización<span class="pagenum" id="Page_317">p. 317</span> y
-ruina. Por de pronto el rey estaba obligado solamente a convocarlas
-cada tres años, y como para todo este intermedio se votaban las
-contribuciones, no era probable que se las hubiera congregado con más
-frecuencia. El número de vocales se limitaba a 162 divididos en tres
-estamentos, clero, nobleza y pueblo; componiéndose los dos primeros
-de 50 individuos. Debían, reunidos en la misma sala, discutir las
-materias y decidirlas a pluralidad de votos y no por separación de
-clase. En cuya virtud sin resultar las ventajas de la cámara de lores
-en Inglaterra, ni la del senado en los Estados Unidos, sirviendo de
-contrapeso entre la potestad real o ejecutiva y la popular; aquí juntos
-y amontonados todos los estamentos o brazos, hubieran presentado la
-imagen del desorden y la confusión. Cuando el cuerpo que ha de formar
-las leyes está dividido en dos cámaras, al choque funesto de las
-clases que es temible exista estando reunidos los privilegiados y los
-que no lo son, sucede cuando deliberan separadamente el saludable
-contrapeso de las opiniones individuales, estableciéndose una mutua
-correspondencia entre los vocales de ambas cámaras que no disienten
-en el modo de pensar; sin atender a la clase a que pertenecen. Por lo
-menos así nos lo muestra la experiencia, gran maestra en semejantes
-materias. Cuanto más se reflexiona acerca del artificio de esta
-constitución, mas se descubre que solo en el nombre quería darse a
-España un gobierno monárquico representativo.</p>
-
-<p>Había empero artículos dignos de alabanza.<span class="pagenum"
-id="Page_318">p. 318</span> Merécenla pues aquellos en que se declaraba
-la supresión de privilegios onerosos, la abolición del tormento, la
-publicidad en los procesos criminales y el límite de 20.000 pesos
-fuertes de renta, señalado a la excesiva acumulación de mayorazgos.
-Mas estas mejoras que ya desaparecían junto a las imperfecciones
-sustanciales arriba indicadas, del todo se deslustraban y ennegrecían
-con la monstruosidad [no puede dársele otro nombre] de insertar en
-la ley fundamental del estado que habría perpetuamente una alianza
-ofensiva y defensiva, tanto por tierra como por mar entre España y
-Francia. Todo tratado o liga de suyo variable, supone por lo menos el
-convenio recíproco de los dos o más gobiernos que están interesados en
-su cumplimiento. Exigíase aún más en este caso: ya que quisiera darse
-a la alianza la duración y firmeza de una ley fundamental, menester
-era que la otra parte, la Francia, se hubiese comprometido a lo mismo
-en las constituciones del imperio. Podrá redargüirse que estaba sujeta
-esta determinación a un tratado posterior y especial entre ambas
-naciones. Pero según el artículo 24 de la constitución que era en donde
-se adoptaba el principio, debía el tratado limitarse a especificar
-el contingente con que cada una había de contribuir, y no de manera
-alguna a variar la base admitida de una alianza perpetua ofensiva y
-defensiva. No es de este lugar examinar la utilidad o perjuicio que se
-seguiría a España, país casi aislado, de atarse con semejante vínculo y
-abrazar todas las desavenencias de una nación como la Francia contigua
-a tantas<span class="pagenum" id="Page_319">p. 319</span> otras y
-con intereses tan complicados. Aquí solo consideramos la cuestión
-constitucional, bajo cuyo respecto no pudo ser ni más fuera de sazón
-ni más extraña. Al ver adoptado semejante artículo no podemos menos
-de asombrarnos por segunda vez de que haya habido españoles de los
-firmantes, tan olvidados de sí propios, que hayan asegurado en sus
-defensas haberse gozado en Bayona de entera e ilimitada libertad.
-Porque si a sabiendas y voluntariamente le admitieron y aprobaron ¿cómo
-pudieran disculparse de haber encadenado la suerte de su patria a la de
-otra nación, sin que esta se hubiera al propio tiempo comprometido a
-igual reciprocidad? Mas afortunadamente y para honra del nombre español
-si hubo algunos que con placer firmaron la constitución de Bayona,
-justo es decir que el mayor número lo hicieron obligados de la penosa e
-involuntaria situación en que los había colocado su aciaga estrella.</p>
-
-<div class="sidenote">Visita<br/> de la Junta<br/> de Bayona<br/> a
-Napoleón.</div>
-
-<p>En el mismo día 7 de julio Don Miguel de Azanza propuso y se acordó
-la acuñación de dos medallas que perpetuasen la memoria del juramento a
-la constitución, trasladándose en seguida la junta en cuerpo al palacio
-de Marracq a cumplimentar a Napoleón. Llevó la palabra el presidente, y
-en silencio aguardaron todos con ansiosa curiosidad la respuesta del
-soberano de Francia, rodeado de los diputados españoles. Tres cuartos
-de hora duró el discurso del último, embarazoso en la expresión e
-infecundo en sus conceptos. Levantando pues la cabeza y echando una
-mirada esquiva y torva, la inclinaba después aquel príncipe sobre el
-pecho,<span class="pagenum" id="Page_320">p. 320</span> articulando de
-tiempo en tiempo palabras sueltas o frases truncadas e interrumpidas,
-sin que centellease ninguno de aquellos rasgos originales que a veces
-brillaban en sus conversaciones o arengas. Parecía representar su voz
-el estado de su conciencia. Impacientábanse todos, mas el disimulo
-reinaba por todas partes. Sus cortesanos quedaron inmobles; y aturdidos
-los españoles, a cuyos ojos achicose en gran manera el objeto que tan
-agigantado les había parecido de lejos. Fatigado el concurso y quizá
-Napoleón mismo, despidió este a los diputados que sobrecogidos y
-silenciosos se retiraron. Azaroso andaba en todo lo de España.</p>
-
-<p>Aún duraban las discusiones de la constitución cuando
-llegó a Bayona una carta escrita en Valençay en 22 de junio
-por la servidumbre de Fernando y los infantes, en la que
-«juraban [*] <span class="sidenote">Felicitación<br/> de la
-servidumbre<br/> de Fernando.<br/> (* Ap. n. <a href="#Ap_4-11"
-id="Ll_4-11">4-11</a>.)</span> obediencia a la nueva constitución de su
-país y fidelidad al rey de España José I.» Según Escóiquiz fue efecto
-de intimación del príncipe de Talleyrand hecha a nombre de Napoleón,
-añadiendo que para evitar mayores males accedieron encargándose él
-mismo de extender la carta en términos estudiados y medidos. Si así
-hubiera pasado, merecían disculpa Escóiquiz y sus compañeros; pero
-aconteció muy de otra manera. Y o aquel se imaginó que nunca se
-trasluciría el contenido de su carta, o con los infortunios se había
-enteramente desmemoriado. En ella se prestaba el juramento de un modo
-claro no ambiguo; y lo que era peor se pedían nuevas gracias expresadas
-en una nota adjunta, afirmándose también que <i>estaban prontos a
-obedecer<span class="pagenum" id="Page_321">p. 321</span> ciegamente
-su voluntad</i> [la de José] <i>hasta en lo más mínimo</i>. Véase pues
-lo que llamaba Escóiquiz juramento condicional y aéreo, y carta escrita
-en términos medidos.</p>
-
-<p>Así mismo Fernando escribió con igual fecha [*] <span
-class="sidenote">Felicitación de<br/> Fernando mismo.<br/> (* Ap. n.
-<a href="#Ap_4-12" id="Ll_4-12">4-12</a>.)</span> a Napoleón en nombre
-suyo y de su hermano y tío, dándole el parabién de haber sido ya
-instalado en el trono de España su hermano José; con una carta [leída
-en 30 de junio ante los diputados de Bayona] inclusa para el último en
-que se decía después de felicitarle «que se consideraba miembro de la
-augusta familia de Napoleón, a causa de que había pedido al emperador
-una sobrina para esposa, y esperaba conseguirla:» tan caída y por el
-suelo andaba la corona de Carlos V y Felipe II.</p>
-
-<div class="sidenote">Ministerio<br/> nombrado<br/> por José.</div>
-
-<p>En 4 de julio había José arreglado definitivamente su ministerio.
-Tocó a Don Mariano Luis de Urquijo la secretaría de estado, a cuyo
-puesto correspondía, según la constitución de Bayona, refrendar todos
-los decretos. En el reinado de Carlos IV, todavía aquel muy joven,
-había sido nombrado ministro interino de estado. Adornado de ciertas
-calidades brillantes y exteriores, no se le reputaba por hombre de
-saber profundo: tachábanle de presuntuoso. Quiso en su ministerio
-enfrenar el tribunal de la Inquisición, y restablecer a los obispos en
-sus primitivos derechos. Acarreole su intento la enemistad de Roma y
-de una parte del clero español. Con esto y haber el príncipe de la Paz
-recobrado su antigua e ilimitada privanza, fue desgraciado Urquijo,
-encerrado en la ciudadela de Pamplona, y confinado después a Bilbao
-su patria.<span class="pagenum" id="Page_322">p. 322</span> No tuvo
-parte en los primeros desaciertos de Madrid y Bayona, y solo acudió a
-esta ciudad en virtud de reiterado llamamiento de Napoleón, quien le
-deslumbró prodigando lisonjas a su amor propio. Encargose Don Pedro
-Cevallos del ministerio de negocios extranjeros, con repugnancia y
-violencia según el propio se expresa, con gusto y solicitud suya según
-otros. Don Sebastián de Piñuela y Don Gonzalo Ofárril se mantuvieron en
-sus respectivos ministerios de gracia y justicia y de guerra. Obtuvo
-el de Indias Don Miguel José de Azanza, reservándose el de marina
-para Don José Mazarredo, quien en dicho ramo gozaba de gran concepto,
-habiendo ilustrado su nombre en varias campañas; pero que sin práctica
-en las materias de estado, y preocupado y nimio en otras, abrazó sin
-discernimiento a manera de frenesí el partido del rey intruso. Púsose
-la hacienda al cuidado del conde de Cabarrús, francés de nación, mas
-por afición y enlaces de corazón español. Decidido en Zaragoza a
-seguir la gloriosa causa de aquellos moradores, fuese temor o enfado
-de algún peligro que había corrido en Ágreda, mudó después de parecer
-y aceptó el ministerio que José le confirió. «Hombre extraordinario
-[según le pinta su amigo Jovellanos] en quien competían los talentos
-con los desvaríos y las más nobles calidades con los más notables
-defectos.» No era fácil que en un tiempo en que el nuevo rey ansiaba
-granjearse la estimación pública, se hubiese olvidado en la repartición
-de empleos y gracias del hombre insigne que acabamos de citar, <span
-class="sidenote">Jovellanos.</span> de Don Gaspar<span class="pagenum"
-id="Page_323">p. 323</span> Melchor de Jovellanos. Libertado de su
-largo y penoso encierro al advenimiento al trono de Fernando VII,
-habíase retirado a Jadraque en casa de un amigo para recobrar su
-salud debilitada y perdida con los malos tratamientos y duro padecer.
-Buscole en su rincón Murat mandándole pasase a Madrid: excusose con
-el mal estado de su cuerpo y de su espíritu. Acosáronle poco después
-los de Bayona; José de oficio para que fuese a Asturias a reducir al
-sosiego a sus paisanos, y confidencialmente Don Miguel de Azanza,
-anunciándole que se le destinaba para el ministerio de lo interior.
-Disculpose con el primero en términos parecidos a los que había usado
-con Murat, y al segundo le manifestó «que estaba lejos de admitir
-ni el encargo, ni el ministerio, y que le parecía vano el empeño de
-reducir con exhortaciones a un pueblo tan numeroso y valiente, y tan
-resuelto a defender su libertad.» Reiteráronse las instancias por
-medio de Ofárril, Mazarredo y Cabarrús. Acometido tan obstinadamente
-de todos lados, expresó en una de sus contestaciones «que cuando la
-causa de la patria fuese tan desesperada como ellos se pensaban, sería
-siempre la causa del honor y la lealtad, y la que a todo trance debía
-preciarse de seguir un buen español.» Sordos a sus razones y a sus
-disculpas le nombraron ministro mal de su grado, e insertaron en la
-Gaceta de Madrid su nombramiento: señalada perfidia con que trataron
-de comprometerle. Por dicha salvole la honra lo terso y limpio de
-su noble conducta, y sirvió de obstáculo a la persecución, que su
-constante resistencia<span class="pagenum" id="Page_324">p. 324</span>
-hubiera podido acarrearle, la victoria de Bailén: con cierta prolijidad
-hemos referido este hecho como ejemplo digno de ser transmitido a la
-posteridad.</p>
-
-<p>Formado que hubo su ministerio el rey intruso, se ocupó en proveer
-los empleos de palacio en los grandes que estaban en Bayona; [*]
-<span class="sidenote">Empleos<br/> de palacio.<br/> (* Ap. n. <a
-href="#Ap_4-13" id="Ll_4-13">4-13</a>.)</span> y cuya enumeración
-omitimos por inútil y fastidiosa. El duque del Infantado fue
-nombrado coronel de guardias españolas, y de valonas el príncipe
-de Castel-Franco. Mucho desmereció el primero, viéndole la nación
-volver favorecido por la estirpe que había despojado del trono al
-rey Fernando, y cuya pérdida había en gran parte provenido de haber
-escuchado sus consejos. Pocos fueron los franceses que acompañaron a
-José, y en eminente puesto solamente colocó al general Saligny, duque
-de San Germán, escogido para ser uno de los capitanes de guardias
-de Corps. Imitó en eso la política de Luis XIV, quien según expresa
-el marqués de San Felipe [*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a
-href="#Ap_4-14" id="Ll_4-14">4-14</a>.)</span> «mandó prudentísimamente
-que ningún vasallo suyo entrase en España... Con lo que explicaba
-entregar enteramente al rey [Felipe V] al dictamen de los españoles,
-y que ni los celos de su favor, ni el mando turbase la pública
-quietud.»</p>
-
-<div class="sidenote">José entra<br/> en España<br/> el 9 de
-julio.</div>
-
-<p>Al fin arreglado lo interior de palacio y el supremo gobierno,
-determinó José de acuerdo con su hermano entrar en España el 9 de
-julio, confiados ambos en que a favor de ciertas ventajas militares
-alcanzadas por las armas francesas sería fácil llegar sin impedimento
-a la capital del reino; por lo cual es ya ocasión de hablar<span
-class="pagenum" id="Page_325">p. 325</span> de las acciones de guerra,
-y reencuentros que hubo por aquel tiempo antes de proceder más
-adelante.</p>
-
-<div class="section">
-
-<div class="sidenote">Primera<br/> expedición<br/> de los
-franceses<br/> contra Santander.</div>
-
-<p>Santander, punto marítimo y cercano a las provincias aledañas
-de Francia, fijó primero la atención de Napoleón. Por su orden se
-encomendó al mariscal Bessières que destacase la suficiente fuerza
-para ahogar aquella insurrección. Este en 2 de junio hizo partir de
-Burgos al general Merle, poniendo bajo su mando seis batallones y 200
-caballos. Ya dijimos que al levantarse Santander se había colocado en
-las principales gargantas de su cordillera la gente de nuevo alistada.
-El 4 advertidos los jefes españoles de que los franceses avanzaban,
-dispusieron replegarse a las posiciones más favorables, resueltos a
-impedir el paso. Aguardaban ser acometidos en la mañana del 5; mas
-aclarando el día y disipada la densa niebla que con frecuencia cubre
-aquellas alturas, notaron con sorpresa que los franceses habían alzado
-el campo y desaparecido. La bisoña tropa atribuyó la retirada a temores
-del ejército enemigo, con lo que adquirió una desgraciada y ciega
-confianza: muy otra era la causa.</p>
-
-</div>
-
-<div class="sidenote">Expedición<br/> contra Valladolid.</div>
-
-<p>Habíase insurreccionado Valladolid, cundía el fuego de un pueblo
-en otro, y tocando casi a los mismos muros de Burgos, en donde el
-mariscal Bessières tenía asentado su cuartel general, recelose este de
-ver cortadas sus comunicaciones, si de pronto no acudía al remedio.
-Consideraba mayor el peligro y más graves las conmociones cercanas
-con un caudillo de nombre, como lo era Don Gregorio de la Cuesta.
-Y en<span class="pagenum" id="Page_326">p. 326</span> tal estado
-pareciole oportuno no alejar ni esparcir su fuerza, y obrar solamente
-contra el enemigo más inmediato. Mandó por tanto a las tropas enviadas
-antes camino de Santander que retrocediendo viniesen al encuentro del
-general Lassalle, quien asistido de cuatro batallones de infantería y
-700 caballos se dirigía hacia Valladolid. Había el último salido de
-Burgos el 5 de junio, y al anochecer del 6 llegó a Torquemada, <span
-class="sidenote">Quema<br/> de Torquemada</span> villa situada cerca
-del Pisuerga, y que domina el campo de la margen opuesta. Muchos
-vecinos abandonaron el pueblo, algunos se quedaron; y preparándose para
-la defensa, atajaron con cadenas y carros el puente bastante largo
-por donde se va a la villa. Ciento de los más animosos parapetados
-detrás o subidos en la iglesia y casas inmediatas, dispararon contra
-los franceses que se adelantaban. No arredrados estos con el incierto
-y lejano fuego del paisanaje, aceleraron el paso y bien pronto
-desembarazando el puente, penetraron por las calles y saquearon y
-quemaron lastimosamente sus casas y edificios. Dispersos los defensores
-fueron unos acuchillados por la caballería, otros atravesados por las
-bayonetas de los infantes, y tratados los demás moradores con todo el
-rigor de la guerra, sin que se perdonase a edad ni sexo.</p>
-
-<div class="sidenote">Entrada<br/> en Palencia.</div>
-
-<p>En Palencia se habían también reunido los mozos con varios soldados
-sueltos a las órdenes del anciano general Don Diego de Tordesillas.
-Mas atemorizados con el incendio de Torquemada, se retiraron a tierra
-de León, procurando el obispo aplacar la furia de los franceses con
-un obsequioso recibimiento. Llegaron el 7, y a<span class="pagenum"
-id="Page_327">p. 327</span> sus ruegos se contentaron con desarmar
-a los habitantes, imponiéndoles además una contribución bastante
-gravosa.</p>
-
-<div class="sidenote">Acción<br/> de Cabezón.</div>
-
-<p>En Dueñas se engrosó la división de Lassalle con la de Merle de
-vuelta de Reinosa, y allí acordaron el modo de atacar a Don Gregorio
-de la Cuesta. Había el general español ocupado a Cabezón, distante dos
-leguas de Valladolid. Contaba bajo su mando 5000 paisanos mal armados
-y sin instrucción militar, 100 guardias de Corps de los que habían
-acompañado a Bayona a la familia real, y 200 hombres del regimiento de
-caballería de la reina. Reducíase su artillería a cuatro piezas que
-habían salvado del colegio de Segovia sus oficiales y cadetes. Cabezón,
-situado a la orilla izquierda del Pisuerga, contiguo al puente adonde
-viene a parar la calzada de Burgos, y en paraje más elevado, ofrecía
-abrigo y reparo a la gente allegadiza de Cuesta si hubiera sabido o
-querido este aprovecharse de tamaña ventaja. Pero con asombro de todos,
-haciendo pasar al otro lado del río lo grueso de sus tropas, colocó
-en una misma línea la caballería y los paisanos, entre los que se
-distinguía por su mejor arreo y disciplina el cuerpo de estudiantes.
-Situó cerca y a la salida del puente dos cañones, y dejó los otros dos
-del lado de Cabezón. Quedaron asimismo por esta parte algunas compañías
-de paisanos de las parroquias de Valladolid cada una con su bandera
-para guardar los vados del río: inexplicable arreglo y ordenación en un
-general veterano.</p>
-
-<p>Temprano en la mañana del 12 empezó el<span class="pagenum"
-id="Page_328">p. 328</span> ataque. El francés Lassalle marchó por
-el camino real, cubriendo el movimiento de su izquierda con el
-monasterio de bernardos de Palazuelo. El general Merle tiró por
-su derecha hacia Cigales con intento de interceptar a Cuesta si
-quería retirarse del lado de León, como se lo habían los enemigos
-pensado al verle pasar el río, no pudiendo achacar a ignorancia
-semejante determinación. La refriega no fue ni larga ni empeñada.
-A las primeras descargas los caballos, que estaban avanzados y al
-descubierto en campo raso, empezaron a inquietarse sin que fueran
-dueños los jinetes de contenerlos. Perturbaron con su desasosiego a
-los infantes y los desordenaron. Al punto diose la señal de retirada,
-agolpándose al puente la caballería, precedida por los generales
-Cuesta y Don Francisco Eguía, su mayor general. Los estudiantes se
-mantuvieron aún firmes, pero no tardaron en ser arrollados. Unos
-huyendo hacia Cigales fueron hechos prisioneros por los franceses,
-o acuchillados en un soto a que se habían acogido. Otros procurando
-vadear el río o cruzarle a nado, se ahogaron con la precipitación y
-angustia. No fueron tampoco más afortunados los que se dirigieron al
-puente. Largo y angosto caían sofocados con la muchedumbre que allí
-acudía o muertos por los fuegos franceses, y el de un destacamento
-de españoles situado al pie de la ermita de la Virgen del Manzano,
-cuyos soldados poco certeros más bien ofendían a los suyos que a los
-contrarios. Grande fue la pérdida de nuestra parte, cortísima la de los
-franceses. El general Cuesta tranquilamente continuó su retirada,<span
-class="pagenum" id="Page_329">p. 329</span> y sin detenerse se replegó
-con la caballería a Rioseco pasando por Valladolid. No faltó quien
-atribuyese su extraña conducta a traición o despique, por haberle
-forzado a comprometerse en la insurrección. Otras batallas posteriores
-en que exponiendo mucho su persona anduvo igualmente desacertado en
-las disposiciones, probaron que no obraba de mala fe sino con poco
-conocimiento de la estrategia.</p>
-
-<div class="sidenote">Entran<br/> los franceses<br/> en
-Valladolid.</div>
-
-<p>Los enemigos temerosos de alguna emboscada cañonearon al principio a
-Cabezón sin entrar en el pueblo. Con el ruido y las balas ahuyentaron
-a los vecinos, y solo a mediodía penetraron en las casas, saqueándolas
-y abrasando en las eras los efectos y ajuar que no pudieron llevar
-consigo. Fue el botin abundante, porque como era domingo casi todos
-los habitantes de Valladolid habían ido allí como a fiesta y romería,
-imaginándose a fuer de inexpertos segura y fácil la victoria. El
-camino de Cabezón estaba sembrado de despojos de innumerable gentío
-que precipitadamente quería ponerse en salvo. Los franceses avanzaron
-con lentitud, y no entraron en Valladolid hasta las cinco de la tarde.
-El obispo y unos cuantos regidores y ministros de la chancillería
-salieron a recibirlos para calmar su enojo. Respetaron la ciudad,
-quitaron las armas a los vecinos, se llevaron algunos en rehenes y la
-gravaron con una fuerte contribución. No se detuvieron sino hasta el 16
-en cuyo día abandonaron la ciudad, queriendo apagar la insurrección de
-Santander.</p>
-
-<div class="sidenote">Segunda<br/> expedición<br/> contra
-Santander.</div>
-
-<p>El general Lassalle se apostó en Palencia para observar a Cuesta, y
-apoyar la expedición<span class="pagenum" id="Page_330">p. 330</span>
-que iba a la Montaña capitaneada por el general Merle. Llegó este a
-Reinosa el 20 con fuerza considerable, y el 21 marchó sobre Lantueno.
-Guardaba las entradas de aquel lado Don Juan Manuel Velarde con 3000
-hombres, los más paisanos, y dos piezas de grueso calibre. Cuando la
-primera retirada del enemigo, los españoles en vez de redoblar sus
-esfuerzos, descuidaron los preparativos de defensa, y la gente como
-nueva e indisciplinada se desbandó en parte, juzgando ya inútil su
-asistencia. Los franceses atacaron en dos columnas: opúsoseles escasa
-resistencia, pues en breve cedieron a la pericia de aquellos los nuevos
-reclutas, salvándose el mayor número por las fraguras, y reparándose
-los menos de una segunda línea de defensa, formada entre Las Fraguas y
-Somahoz. Estrechado allí el camino de un lado por un despeñadero y del
-otro por la roca Tajada, ofreció facilidad para que se le embarazase
-con ramas, peñascos y troncos, colocando detrás algunos cañones. Mas
-los españoles desmayados con el primer descalabro, y viendo que las
-tropas ligeras del enemigo avanzaban por su derecha e izquierda y
-los flanqueaban a pesar de lo escabroso del terreno, se retiraron
-apresuradamente, dejando libre el paso al general Merle, quien se
-posesionó de Santander el 23.</p>
-
-<p>Por el Escudo las avanzadas de la división española que ocupaba
-aquel punto a las órdenes de Don Emeterio Velarde, ya el 19
-reconocieron al enemigo que venía sobre ellos con 1200 infantes y 60
-coraceros. Era su general el de brigada Ducos, quien había partido de
-Miranda<span class="pagenum" id="Page_331">p. 331</span> de Ebro,
-empezando su movimiento a la misma sazón que Merle. La fuerza española
-era aun más flaca por esta parte que por la de Reinosa, y solo tenía
-un cañón servible. Rechazose sin embargo en un principio al enemigo.
-Disponíanse de nuevo a resistirle, cuando informado Don Emeterio de la
-rota experimentada por los de Lantueno, formó un consejo de guerra,
-y en él se decidió separarse guarecidos de la densa niebla esparcida
-por las montañas, y por cuya causa había cesado el fuego de una y otra
-parte. El general Ducos avanzó entonces, y juntándose con Merle llegó
-en su compañía a Santander.</p>
-
-<div class="sidenote">Obispo<br/> de Santander.</div>
-
-<p>El obispo luego que supo que los franceses se aproximaban a la
-montaña, arrebatado de entusiasmo montó en una mula, y pertrechado de
-todas armas se encaminó adonde acampaba el ejército; pero encontrándole
-a poco deshecho y disperso, decayó de ánimo, y huyó como los demás
-refugiándose a Asturias, lo cual dio lugar a la voz de haber servido
-dicho prelado de guía a las tropas en aquella sazón.</p>
-
-<div class="sidenote">Noble acción<br/> de su junta.</div>
-
-<p>Pocos días después del levantamiento de Santander había entrado de
-arribada en el puerto un buque francés, procedente de sus colonias
-y ricamente cargado. La junta en medio de sus apuros tuvo la
-generosidad de no aprovecharse del precioso socorro que el acaso le
-ofrecía, y permitió al buque seguir su viaje a Francia, dando además
-libertad y poniendo a su bordo al cónsul y a los otros franceses
-que en un principio habían sido arrestados. Acción tan noble y
-rara no evitó a Santander el ser molestado en lo sucesivo<span
-class="pagenum" id="Page_332">p. 332</span> con derramas e imposiciones
-extraordinarias.</p>
-
-<div class="sidenote">Expedición<br/> contra Zaragoza.</div>
-
-<p>El vigilante cuidado de Napoleón no se adormeció del lado de
-Aragón, disponiendo que el general de brigada Lefebvre-Desnouettes
-con 5000 hombres de infantería y 800 caballos partiese el 7 de junio
-de Pamplona. Llegó el 8 delante de Tudela. Los vecinos habían cortado
-el puente del Ebro con intento de impedir el paso; pero los franceses
-cruzando en barcas el río se apoderaron de la ciudad, a pesar de gente
-y socorros que había enviado Zaragoza a las órdenes del marqués de
-Lazán. Arcabucearon para escarmiento algunas personas, como si fuera
-delito defender sus hogares contra el extranjero: repararon el puente,
-y prosiguieron su marcha. El marqués de Lazán que con tropa colecticia
-se había adelantado hasta Tudela, <span class="sidenote">Acción<br/>
-de Mallén.</span> se replegó y tomó posición el 12 junto a un olivar,
-apoyando su izquierda en la villa de Mallén, y la derecha en el canal
-de Aragón. Resistieron con valor sus soldados, mas atacando los
-enemigos vigorosamente uno de los flancos, comenzaron los nuestros
-a ciar, y del todo se desordenaron con una carga que les dieron los
-lanceros polacos. No por eso se abatieron los aragoneses, y todavía el
-13 pelearon en Gallur, aunque también con desventaja. En la madrugada
-del 14 noticioso el general Palafox de la rota de la gente de su
-hermano, salió en persona de Zaragoza acompañado de 5000 paisanos
-mal armados, dos piezas de artillería, 80 caballos del regimiento
-de dragones del rey, con otros oficiales y soldados sueltos, y fue
-al encuentro del enemigo dirigiéndose a la<span class="pagenum"
-id="Page_333">p. 333</span> villa de Alagón, <span class="sidenote">De
-Alagón.</span> cuatro leguas distante de aquella capital. Pareció
-oportuno posesionarse de aquel punto, cuya posición elevada entre los
-ríos Jalón y Ebro era además favorecida por los olivares y tapias
-que estrechan el camino que viene de Navarra. A las tres de la tarde
-colocó su gente el general Palafox más allá de la villa, distribuyendo
-tiradores por delante de sus flancos, y enfilando la entrada con los
-dos cañones que tenía. Los mal disciplinados paisanos fueron fácilmente
-arrollados por las tropas aguerridas del enemigo. En vano se trató de
-detenerlos. Sin embargo con algunos de ellos más valerosos o serenos,
-con los pocos soldados de línea que allí había y la artillería,
-defendiose por largo rato y vivamente la entrada de la villa. Al fin
-resolvió Palafox retirarse con 250 hombres que le quedaban, y en cuyo
-número se contaban soldados del primer batallón de voluntarios de
-Aragón y los del rey de caballería con algunos tiradores diestros. De
-los paisanos siendo muchos del partido de Alcañiz, se recogieron los
-más a sus casas, entrando por la noche con Palafox en Zaragoza los que
-eran de allí naturales. Los franceses entonces se aproximaron a aquella
-ciudad, en cuyas cercanías los dejaremos para tomar después el hilo, y
-no interrumpirle en la narración de su memorable sitio.</p>
-
-<div class="sidenote">Cataluña.</div>
-
-<p>Debía dar la mano a las operaciones de Aragón el ejército francés
-de Cataluña. Napoleón figurándose que dueño de Barcelona y Figueras lo
-era de la provincia, no creyó arriesgado sacar parte de las fuerzas
-que la ocupaban. Así ordenó que de aquel punto se enviasen socorros
-a<span class="pagenum" id="Page_334">p. 334</span> Aragón y Valencia.
-Conformándose el general Duhesme con lo que se le mandaba, dispuso
-que 3800 hombres conducidos por el general Schwartz se dirigiesen
-a Zaragoza, y que 4200 a las órdenes de Chabran se apoderasen de
-Tarragona y Tortosa, continuando en seguida su marcha a Valencia.
-Los primeros debían al paso castigar a Manresa por su anterior
-levantamiento, quemar sus molinos de pólvora, e imponer al vecindario
-750.000 francos de contribución. Ambas expediciones salieron de la
-capital el 4 de junio. La de Schwartz se detuvo en Martorell el 5
-a causa de una abundante lluvia, con cuya feliz demora alcanzaron
-a tiempo a Igualada y Manresa los avisos de sus confidentes. La
-insurrección ya comenzada tomó incremento y extraordinario ensanche,
-tocose a somatén, se despacharon expresos a todas partes, y resolvieron
-aguardar al enemigo en la posición del Bruch y Casa-Masana.</p>
-
-<div class="sidenote">Somatenes.</div>
-
-<p>Es el somatén en Cataluña «un género de socorro, como dice Zurita,
-repentino y cierto que muchas veces ha sido de grande efecto.» Está
-conocido de tiempo inmemorial, teniendo que acudir al repique de la
-campana concejil todos los hombres aptos para las armas en las diversas
-veguerías o partidos, según lo dispone el usaje de Barcelona. Fue en
-este caso no menos provechoso que en otros antiguos y renombrados.
-Había pocas armas y municiones tan escasas, que careciendo de balas
-de fusil se cortaron las varillas de hierro de las cortinas para que
-supliesen la falta.</p>
-
-<div class="sidenote">Acción del Bruch.</div>
-
-<p>Los somatenes de Igualada y Manresa fueron<span class="pagenum"
-id="Page_335">p. 335</span> los primeros que se prepararon, y al
-hijo de un mercader llamado Francisco Riera teníasele por principal
-caudillo. Apostáronse pues, y se escondieron entre los matorrales y
-arboleda de las alturas del Bruch. Apenas había pasado la columna
-francesa las casas que llevan el mismo nombre, y tomado la revuelta que
-forma el camino real antes de emparejar con el de Manresa, cuando fue
-detenida por el inesperado fuego de los encubiertos somatenes. Schwartz,
-después de un rato de espera, embistió a sus contrarios, replegáronse
-estos, y disputando el terreno a palmos se dividieron, unos yendo la
-vuelta de Igualada y otros la de Casa-Masana. Desalojados del último
-punto y teniéndose por perdidos, apriesa se retiraban, y completa
-hubiera sido su derrota a no haber afortunadamente Schwartz desistido
-de perseguirlos. Admirados los manresanos de la suspensión del francés,
-cobraron aliento y engrosados con el somatén de San Pedor, compuesto de
-buenos y esforzados tiradores, volvieron de nuevo a la carga. Venía con
-los recién llegados un tambor, quien como más experto hizo las veces de
-general en jefe. Vivamente acometieron todos juntos a los franceses de
-Casa-Masana, los que se recogieron al cuerpo de la columna que comía el
-rancho a retaguardia.</p>
-
-<p>El número de somatenes crecía por momentos, sus ánimos se
-enardecían, adquiriendo ventaja sobre los franceses descaecidos con
-la impensada embestida. Schwartz al ver retirarse su vanguardia, y
-al ruido de la caja del somatén de San Pedor, persuadiose que tropa
-de línea auxiliaba al paisanaje. Formó entonces el cuadro<span
-class="pagenum" id="Page_336">p. 336</span> para evitar ser envuelto,
-y al cabo de cierto tiempo determinó retroceder a Barcelona. Aunque
-molestados los enemigos por los somatenes en flanco y retaguardia
-llegaron sin desorden hasta Esparraguera.</p>
-
-<div class="sidenote">Defensa<br/> de Esparraguera.</div>
-
-<p>Los vecinos de esta villa puestos en acecho, y sabiendo que los
-enemigos se retiraban, atajaron la calle larga y angosta que la
-atraviesa con todo linaje de obstáculos, en especial con muebles
-y utensilios de casa. Al anochecer se acercaron los franceses, y
-penetrando en la calle con imprudencia la cabeza de la columna,
-cayeron en la celada que les estaba armada. De todas partes empezaron
-a ofenderlos a tejazos y pedradas con algunos escopetazos, y hasta
-con calderadas de agua hirviendo. Schwartz suspendió el paso, y
-dividiendo su gente en dos trozos la hizo caminar a derecha e izquierda
-de la villa. Apretó después la marcha durante la noche hostigado
-incesantemente por los somatenes, los que le cogieron un cañón en
-la Riera de Cabrera, y le acosaron hasta Martorell. No imitaron sus
-habitantes el ejemplo de los de Esparraguera, y así fueles permitido a
-los franceses entrar en Barcelona el 8 de junio; pero tan destrozados y
-abatidos que dieron claro indicio de la rota experimentada. Su pérdida
-no dejó de ser considerable, mayormente si se atiende a que fueron
-acometidos por gente allegadiza y con escasas y malas armas. De los
-nuestros pocos perecieron, estando siempre amparados del terreno, y
-protegidos en el alcance por toda la población.</p>
-
-<p>Toca a los catalanes la gloria de haber sido los primeros en
-España que postraron con feliz<span class="pagenum" id="Page_337">p.
-337</span> éxito el orgullo de los invasores. Fue en efecto la victoria
-del Bruch la que antes que ninguna otra mereció ser calificada con
-tal nombre. Y semejante triunfo admirable en sus circunstancias
-resonando por todo el principado, excitó noble emulación en todos sus
-habitadores, declarándose a porfía los pueblos unos en pos de otros y
-denodadamente.</p>
-
-<p>Con razón Duhesme se sobrecogió al saber el inesperado descalabro,
-más que por su importancia por el aliento que infundía en los
-apellidados insurgentes. Atento al corto número de tropas que mandaba,
-obró cuerdamente en no aventurarse a nuevos riesgos y en reconcentrar
-sus fuerzas. Conservar sus comunicaciones con Francia debió ser su
-principal mira, y mal lo hubiera conseguido desparramando sus soldados
-en diversas direcciones: así fue que llamó a Chabran a Barcelona.</p>
-
-<div class="sidenote">Chabran<br/> en Tarragona.</div>
-
-<p>Con mayor felicidad que Schwartz había aquel dado principio a su
-expedición de Valencia, penetrando sin tropiezo el 7 de junio en los
-muros de Tarragona. Guarnecía la plaza el regimiento suizo de Wimpffen
-al servicio de España, cuya oficialidad condújose con tal mesura que no
-despertando los recelos del francés tuvo la dicha de mantener intacto
-su cuerpo, después señalado apoyo de la buena causa. El general Chabran
-en cumplimiento de las órdenes de su jefe evacuó el 9 a Tarragona,
-mas a su vuelta encontró sublevado el país que poco antes había
-pacíficamente atravesado. <span class="sidenote">Reencuentro<br/> en
-Arbós.</span> En el Vendrell y en Arbós opúsosele empeñada resistencia.
-Trescientos suizos de Wimpffen que iban a incorporarse<span
-class="pagenum" id="Page_338">p. 338</span> con los de Tarragona,
-ayudaron y sostuvieron a los paisanos, y defendieron juntos con notable
-bizarría la posición de Arbós, aunque no fuese el terreno favorable
-a soldados bisoños. Después de repetidos ataques consiguieron los
-franceses ahuyentar a los somatenes, y apoderarse de la artillería
-que consigo tenían. Entraron en Arbós, y para vengarse del atrevido
-arrojo de sus habitantes maltrataron y mataron a muchos de ellos. <span
-class="sidenote">Saqueo<br/> de Villafranca<br/> de Panadés.</span>
-Continuó Chabran a Villafranca de Panadés y no cesó el estrago,
-saqueando allí y quemando casas y edificios en desagravio, según
-decía, del asesinato del gobernador español Toda, de que ya hablamos:
-singular equidad la de castigar una población entera por las demasías
-de contados individuos. Duhesme salió en busca de la tropa que volvía
-de Tarragona, habiendo sabido que en la ruta topaba con resistencia, y
-reunidos unos y otros entraron en Barcelona el día 12.</p>
-
-<p>Aunque resueltos a no intentar de nuevo expediciones lejanas
-ni otras importantes operaciones que las que exigiese la libre
-comunicación con Francia, quisieron sin embargo viéndose todos juntos
-probar fortuna con deseo de castigar al paisanaje de Manresa y su
-comarca. Para lo cual reunidas las columnas de Schwartz y Chabran
-salieron el 13 al mando del último, tomando el mismo camino que la vez
-primera. En el tránsito saquearon y quemaron muchas casas de Martorell
-y Esparraguera ahora desapercibida, y cometieron todo linaje de
-desórdenes y excesos, con cuyo desmandado porte provocábase la ira del
-tenaz catalán; no se le arredraba.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_339">p. 339</span></p>
-
-<div class="sidenote">Segunda acción<br/> del Bruch.</div>
-
-<p>Interesada la gloria de los manresanos en sostener el sitio del
-Bruch, testigo de sus primeros laureles, habían atendido a fortificarle
-y guarnecerle debidamente en unión con la junta de Lérida y pueblos del
-contorno. Apellidaron allí sus somatenes y les agregaron los soldados
-escapados de Barcelona, y cuatro compañías de voluntarios leridanos
-al mando de Don Juan Baguet, con algunas piezas de artillería traídas
-de las fortalezas del principado. El 14 trató Chabran de forzar la
-posición, mas a pesar de venir los franceses con dobles fuerzas y de
-caminar advertidos fue vana su empresa. Estrellose su desapoderado
-orgullo contra las flacas armas del somatén catalán, y de pocos y mal
-regidos soldados. En reiterados ataques quisieron enseñorearse de la
-posición: rechazados en todos volvieron atrás sus pasos, y con pérdida
-de 500 hombres y alguna artillería, perseguidos y hostigados por los
-paisanos se metieron vergonzosamente en Barcelona.</p>
-
-<div class="sidenote">Expedición<br/> de Duhesme<br/> contra
-Gerona.</div>
-
-<p>Frustradas las primeras tentativas, y no habiendo podido ser
-ejecutadas las órdenes de Napoleón, suspendió Duhesme darles el
-debido cumplimiento, y volvió exclusivamente la atención a asegurar
-y poner libres las comunicaciones con Francia. Para ello salió de
-Barcelona el 17 de junio con siete batallones, cinco escuadrones y
-ocho piezas de artillería, prefiriendo al camino que va por Hostalrich
-el de la marina. Habíanse armado los paisanos del Vallés, y en número
-de 9000 aguardaban a los franceses en la cresta de Mongat. <span
-class="sidenote">Resistencia<br/> de Mongat.</span> Los inexpertos
-somatenes se imaginaron que solo por el frente habían de ser
-acometidos;<span class="pagenum" id="Page_340">p. 340</span> pero el
-general francés disfrazando con varios ataques falsos el verdadero,
-los envolvió por su derecha, y en breve los deshizo y dispersó. Dueño
-el enemigo de Mongat, batería de la costa, cometió con los paisanos
-inauditas crueldades. Mataró que había pensado en defenderse, no cejó
-en su propósito con la desgracia acaecida. Colocando artillería en las
-avenidas del camino de Barcelona, hicieron los vecinos fuego contra las
-columnas francesas que se acercaban. No tardaron en ser desbaratados,
-<span class="sidenote">Saqueo<br/> de Mataró.</span> y el mismo día
-17 entraron los enemigos en Mataró y la saquearon. Ciudad de 20.000
-habitantes, y rica por sus fábricas de algodón, vidrio y encajes,
-ofreció al vencedor copioso botin, no perdonando su codicia ni los
-vestidos de las mujeres, ni otros objetos de poco valor y uso común. El
-asesinato, la violencia hasta de las vírgenes más tiernas acompañaron
-al pillaje, confundiéndose a veces cebados en los mismos excesos el
-general con el soldado: largos días llorará Mataró aquel tan aciago y
-cruel.</p>
-
-<p>En la mañana siguiente continuaron los franceses la marcha sobre
-Gerona. En su tránsito dejaron sangriento rastro por las muertes, robos
-y destrozos con que afligieron a todos los pueblos. En tanto grado
-convierte la guerra en hombres inhumanos a los soldados de una nación
-culta. <span class="sidenote">Ataque<br/> de los franceses<br/> contra
-Gerona.</span> Había solamente de guarnición en Gerona 300 hombres del
-regimiento de Ultonia y algunos artilleros, los que con gente de mar
-de la vecina costa dirigieron los fuegos de aquella arma. Limitadísimo
-número si los nobles, el clero y todos los vecinos sin excepción,
-inflamados de<span class="pagenum" id="Page_341">p. 341</span>
-ardor patrio no hubiesen sostenido con el mayor brío los puntos que
-se confiaron a su cuidado. Era gobernador interino Don Julián de
-Bolívar.</p>
-
-<p>A las nueve de la mañana del propio día 20 se presentó el enemigo
-en las alturas de la aldea de Palausacosta, mas incomodado con algunos
-cañonazos del baluarte de la Merced y fuerte de Capuchinos se replegó
-a Salt y Santa Eugenia, cuyas aldeas saqueó a sangre y fuego. Por la
-tarde después de varios reconocimientos atacó formalmente, dirigiendo
-su izquierda por los lugares que acabamos de mencionar, al paso que su
-derecha cruzando el Oña acometió con ímpetu e intentó forzar la puerta
-del Carmen. Los sitiados le repelieron con valor y serenidad. Señalose
-Ultonia, cuyo teniente coronel Don Pedro O’Daly quedó herido. Atacó
-en seguida el fuerte de Capuchinos en donde fue igualmente repelido,
-habiendo experimentado considerable pérdida. Burladas sus esperanzas
-colocó una batería cerca de la cruz de Santa Eugenia, no lejos de la
-plaza: causó algún daño en el colegio tridentino y otros edificios,
-y respondiendo con acierto a sus fuegos las baterías de la plaza, la
-noche puso término al combate.</p>
-
-<p>Fue aquella sumamente lóbrega, y confiados los franceses en la
-oscuridad se acercaron calladamente al muro, y de tal manera y con
-tanto arrojo que hasta hallarse muy cerca no fueron sentidos. Peleose
-entonces por ambos lados con braveza, alumbrados solamente por los
-fogonazos del cañón, y no interrumpido el silencio sino por su
-estruendo y los ayes de los heridos y moribundos. ¡Espantosa noche!
-El<span class="pagenum" id="Page_342">p. 342</span> enemigo osó
-arrimar escalas al baluarte de Santa Clara. Algunos de sus soldados
-pusiéronse encima de la misma muralla, y apresuradamente les seguían
-sus compañeros, cuando una partida del regimiento de Ultonia matando a
-los ya encaramados, precipitó a los otros y estorbó a todos continuar
-en aquel intento. El fuego sin embargo no cesó hasta que el baluarte
-de San Narciso tirando a metralla destrozó a los acometedores y los
-dispersó, dejando el campo como después se vio sembrado de cadáveres y
-heridos. No cansados todavía los franceses renovaron el ataque a las
-doce de la noche, queriendo asaltar el baluarte de San Pedro, pero
-fueron rechazados de modo que desistieron de proseguir en su empresa,
-retirándose temprano por el camino de Barcelona en la mañana del 21.
-Aunque corta fue notable esta primer defensa de Gerona, cuya plaza
-tanto lustre adquirió después en otra inmediata acometida, y sobre todo
-en el célebre sitio del siguiente año. Los somatenes molestaron por
-todas partes al enemigo, habiendo impedido con su ayuda que pasase al
-otro lado del Ter. No fue menos que de 700 hombres la pérdida de los
-franceses, la de los españoles mucho más reducida.</p>
-
-<div class="sidenote">Vuelve Duhesme<br/> a Barcelona.</div>
-
-<p>Duhesme volvió a Barcelona dejando en Mataró parte de su ejército
-que puso al cuidado de Chabran, y cuyo trozo compuesto de 3500 hombres
-fue al Vallés a buscar vituallas. Rodeados siempre los franceses
-por el paisanaje tuvieron en Moncada que romper a viva fuerza un
-cordón de somatenes, <span class="sidenote">Reencuentro<br/> de
-Granollers.</span> siendo al cabo detenidos cerca de Granollers por el
-teniente coronel<span class="pagenum" id="Page_343">p. 343</span> Don
-Francisco Miláns, quien los ahuyentó haciéndoles perder la artillería.
-A la retirada como de costumbre talaron y destruyeron el país por donde
-pasaron.</p>
-
-<div class="sidenote">Somatenes<br/> del Llobregat.</div>
-
-<p>Al propio tiempo que tan mal parados andaban los invasores en
-aquella parte de Cataluña, tampoco se descuidaron sus naturales en
-el mediodía, formando a la margen derecha del Llobregat una línea
-de hombres belicosos que defendía los caminos de Garraf, Ordal y
-Esparraguera. Los capitaneaba Don Juan Baguet, que con los voluntarios
-de Lérida había la segunda vez contribuido a repeler en el Bruch a los
-franceses. Desde allí enviaban partidas sueltas que recorrían la tierra
-en todas direcciones. Incomodado Duhesme de verse así estrechado,
-envió contra ellos al general Lecchi, quien el 30 de junio obligó a
-los somatenes a abandonar su posición cogiéndoles algunos cañones
-y aventajándose a todos los suyos en cometer demasías. No por eso
-desmayaron los vencidos, apareciéndose en breve hasta en las cercanías
-de la misma Barcelona.</p>
-
-<div class="sidenote">Murat.</div>
-
-<p>Por este término y con éxito vario se ejecutaron las órdenes de
-Napoleón en Cataluña, Aragón y Castilla. Fueron parecidas las que
-significó para las otras provincias al gran Duque de Berg, cuya
-solícita diligencia procuró aniquilar en derredor suyo la semilla
-insurreccional que brotaba con lozanía. Insinuamos antes varias de
-sus providencias, y las que de consuno con la junta de Madrid se
-habían tomado para cortar las conmociones sin tener que venir a las
-manos. Inútiles fueron sus esfuerzos, como lo<span class="pagenum"
-id="Page_344">p. 344</span> serán siempre todos los que se dirijan a
-contener por la persuasión el levantamiento de una nación entera. No le
-pesó quizá a Murat, a cuyo gusto y anterior vida se acomodaban más las
-armas que los discursos. Así fue que a veces a un tiempo y otras muy
-de cerca, mandó que sus tropas acompañasen o siguiesen a las proclamas
-y exhortaciones de la junta. Consideró como de mayor importancia las
-Andalucías y Valencia, y de consiguiente trató ante todo de asegurarse
-de aquellas provincias, mayormente habiendo dado Sevilla ya en primeros
-de mayo muestras de desasosiego y grave alteración.</p>
-
-<div class="sidenote">Envía a Dupont<br/> a Andalucía.</div>
-
-<p>Dupont acantonado en Toledo recibió la orden de dirigirse a Cádiz,
-y el 24 del mismo mayo se puso en marcha. Llevaba consigo los dos
-regimientos suizos de Reding y Preux al servicio de España, la división
-de infantería del general Barbou compuesta de 6000 hombres y además
-500 marinos de la guardia imperial, con 3000 caballos mandados por
-el general Fresia. Iban todos tan confiados en el buen éxito de su
-empresa, que Dupont señalaba de antemano al ministro de guerra de
-Francia el día que había de entrar en Cádiz. Atravesaron la Mancha
-tranquilamente, y en tal abundancia hallaban los mantenimientos que
-dejaron almacenados en el pósito de Santa Cruz de Mudela la galleta y
-víveres que a prevención traían, y de los que pocos días después se
-apoderaron aquellos vecinos, cogiendo también parte de los soldados que
-los custodiaban y matando otros. El 2 de junio penetraron los franceses
-por las estrechuras de Sierra Morena. Hasta allí si bien<span
-class="pagenum" id="Page_345">p. 345</span> habían notado inquietud y
-desvío en los habitantes, ningún síntoma grave se había manifestado. En
-la Carolina se despertó su recelo viéndola sola y desierta; y al entrar
-en Andújar supieron el levantamiento general de Sevilla y la formación
-de una junta suprema. No por eso suspendieron su marcha, llegando al
-amanecer del 7 delante del puente de Alcolea. Don Pedro Agustín de
-Echevarri, oficial de cierto arrojo pero ignorante en el arte de la
-guerra, y a quien vimos al frente de la insurrección cordobesa, se
-había situado en aquel paraje. Tenía a sus órdenes 3000 hombres de
-línea, compuestos de parte de un batallón de Campo-Mayor, de soldados
-de varios regimientos provinciales con granaderos de los mismos, a
-los que se agregaba alguna caballería y un destacamento de suizos. No
-había entre ellos cuerpo completo que estuviese presente. El número de
-paisanos era más considerable, y habíase de Sevilla recibido bastante
-artillería. <span class="sidenote">Acción<br/> de Alcolea.</span> Los
-españoles levantando una cabeza de puente, habían colocado en ella doce
-cañones para impedir el paso del Guadalquivir y cubrir así la ciudad de
-Córdoba, puesta a su margen derecha y distante unas tres leguas de las
-ventas de Alcolea. El puente es largo y torcido, formando un ángulo o
-recodo que estorba el que por él se enfilen los fuegos de cañón. A la
-izquierda del río se había quedado la caballería española con intento
-de acometer a los enemigos por el flanco y espalda al tiempo que estos
-comenzasen el ataque de frente. Los franceses para desembarazarse
-trataron de dar a aquella una vigorosa carga, la cual repetida contuvo
-a<span class="pagenum" id="Page_346">p. 346</span> los jinetes
-españoles sin lograr desbaratarlos. A poco la infantería francesa
-avanzó al puente. Los fuegos bien dirigidos de la obra de campaña
-recién construida, y sostenida también valerosamente por el oficial
-Lasala que mandaba a los de Campo-Mayor y granaderos provinciales,
-mantuvieron por algún tiempo con firmeza la posición atacada. Pero el
-paisanaje todavía no fogueado, desamparando a la tropa, facilitó a los
-franceses escalar la posición, que levantada deprisa ni era perfecta
-ni estaba del todo concluida. Sin embargo la caballería española no
-habiendo caído en desmayo, trató de favorecer a los suyos y de nuevo
-y con ventaja acometió a la francesa. Dupont teniendo que enviar una
-brigada al socorro de su gente, no prosiguió el alcance contra los
-infantes españoles, los que retirándose con orden solo perdieron un
-cañón, cuya cureña se había descompuesto. El reencuentro duró dos
-horas. Costó a los franceses 200 hombres, no más a los españoles por
-haberse retirado tranquilamente. Echevarri juzgando que no era posible
-defender a Córdoba, abandonó la ciudad sin detenerse en sus muros.</p>
-
-<div class="sidenote">Saco de Córdoba.</div>
-
-<p>Llegaron a su vista los franceses a las tres de la tarde del mismo
-día 7 de junio. Habían los vecinos cerrado las puertas más bien para
-capitular que para defenderse. Entabláronse sobre ello pláticas, cuando
-con pretexto de unos tiros disparados de las torres del muro y de una
-casa inmediata, apuntaron los enemigos sus cañones contra la Puerta
-Nueva, hundiéndola a poco rato y sin grande esfuerzo. Metiéronse
-pues dentro hiriendo, matando y persiguiendo<span class="pagenum"
-id="Page_347">p. 347</span> a cuantos encontraban: saquearon las
-casas y los templos y hasta el humilde asilo del pobre y desvalido
-habitante. La célebre catedral, la antigua mezquita de los árabes,
-rival en su tiempo en santidad de Medina y la Meca, y tan superior
-en magnificencia, esplendidez y riqueza, fue presa de la insaciable
-y destructora rapacidad del extranjero. Destruidos quedaron entonces
-los conventos del Carmen, San Juan de Dios y Terceros, sirviéndoles
-de infame lupanar la iglesia de Fuensanta y otros sitios no menos
-reverenciados de los naturales. Grande fue el destrozo de Córdoba,
-muchas las preciosidades robadas en su recinto. Ciudad de 40.000 almas,
-opulenta de suyo y con templos en que había acumulado mucha plata y
-joyas la devoción de los fieles, fue gran cebo a la codicia de los
-invasores. De los solos depósitos de tesorería y consolidación sacó el
-general Dupont más de 10.000.000 de reales, sin contar con otros muchos
-de arcas públicas y robos hechos a particulares. Así se entregó al
-pillaje una población que no había ofrecido ni intentado resistencia.
-Bajo fingidos motivos a fuego y sangre penetraron los franceses por sus
-calles, a la misma sazón que se conferenciaba. Y no satisfechos con
-la ruina y desolación causada, acabaron de oprimir a los desdichados
-moradores gravándolos con imposiciones muy pesadas. Mas tan injusto
-y atroz trato alcanzó en breve el merecido galardón, siendo quizá la
-principal causa de la pérdida posterior del ejército de Dupont el
-codicioso anhelo de conservar los bienes mal adquiridos en el saco de
-aquella ciudad.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_348">p. 348</span></p>
-
-<div class="sidenote">Situación<br/> angustiada<br/> de los
-franceses.<br/> Excesos<br/> de los paisanos<br/> españoles.</div>
-
-<p>A pesar del triunfo conseguido el general francés andaba inquieto.
-Sus fuerzas no eran numerosas. La insurrección de todas partes le
-cercaba: con instancia pedía auxilios a Madrid cuyas comunicaciones,
-ya antes interrumpidas, fueron al último del todo cortadas. A su
-propia retaguardia el 9 de junio partidas de paisanos entraron en
-Andújar, y alborotada por la noche la ciudad, hicieron prisionero el
-destacamento francés allí apostado, y mataron al comandante con otros
-tres de su guardia que quisieron resistirse en casa de Don Juan de
-Salazar. Molestó sobre todo al enemigo Don Juan de la Torre, alcalde
-de Montoro, que a sus expensas había levantado un cuerpo considerable;
-mas cogido por sorpresa debió la vida a la generosa intercesión del
-general Fresia, a quien había antes hospedado y obsequiado en su casa.
-En el Puerto del Rey apresaron los naturales al abrigo de aquellas
-fraguras varios convoyes: y como en la comarca se había esparcido
-la voz de lo acaecido en Córdoba, hubo ocasión en que so color de
-desquite se ensañó el paisanaje contra los prisioneros con exquisita
-crueldad. Fue una de sus víctimas el general René a quien cogieron y
-mataron estando antes herido: lamentable suceso, pero desgraciadamente
-inevitable consecuencia de los desmanes cometidos en Córdoba y otros
-parajes por el extranjero. Pues que, si en efecto era difícil contener
-en una guerra de aquella clase al soldado de una nación culta como la
-Francia y sometido a la dura disciplina militar, cuánto no debía serlo
-reprimir los excesos del cultivador español, que ciego en su venganza
-y<span class="pagenum" id="Page_349">p. 349</span> sin freno que le
-contuviese, veía talados sus campos y quemados los pacíficos hogares
-de sus antepasados por los mismos que poco antes preciábanse de ser
-amigos. Había corrido el alboroto de la Sierra hasta la Mancha, y el
-5 de junio los vecinos de Santa Cruz de Mudela arremetiendo a unos
-400 franceses que había en el pueblo y matando a muchos, obligaron a
-los demás a fugarse camino de Valdepeñas. En esta villa opusiéronse
-los naturales al paso de los enemigos, y estos para esquivar un duro
-choque, echando por fuera de la población tomaron después el camino
-real, aguardando a un cuarto de legua en el sitio apellidado de la
-Aguzadera a ser reforzados. No tardó en efecto en llegar en el mismo
-día, que era el 6 de junio, el general Liger-Belair procedente de
-Manzanares con 600 caballos, e incorporados todos revolvieron sobre
-Valdepeñas.</p>
-
-<div class="sidenote">Resistencia<br/> de Valdepeñas.</div>
-
-<p>Los moradores de esta villa alentados con la anterior retirada de
-los franceses, y temiendo también que quisiesen vengar aquella ofensa,
-resolvieron impedir la entrada. Es Valdepeñas población rica de 3000
-vecinos, asentada en los llanos de la Mancha, y a la que dan celebridad
-sus afamados vinos. Atraviésala por medio la calle llamada Real,
-tránsito de los que viajan de Castilla a Andalucía, y la cual tiene
-de largo cerca de un cuarto de legua. Aprovechándose de su extensión,
-dispusiéronla los habitantes de modo que en ella se entorpeciese la
-marcha de los franceses. La cubrieron con arena, esparciendo debajo
-clavos y agudos hierros; de trecho en trecho y disimuladamente
-ataron<span class="pagenum" id="Page_350">p. 350</span> maromas a las
-rejas, cerraron y atrancaron las puertas de las casas, y embarazaron
-las callejuelas que salían a la principal avenida. No contentos con
-resistir detrás de las paredes, osaron en número de más de 1000
-ponerse en fila a la orilla del pueblo. Pero viendo lo numeroso de
-la caballería enemiga, después de algún tiroteo se agacharon en lo
-interior, pertrechados de armas y medios ofensivos.</p>
-
-<p>Los franceses al aproximarse enviaron por delante una descubierta,
-la cual según su costumbre con paso acelerado se adelantó al pueblo.
-Penetró, y muy luego los caballos tropezando y cayendo unos sobre
-otros miserablemente arrojaron a los jinetes. Entonces de todas
-partes llovieron sobre los derribados tiros, pedradas, ladrillazos,
-atormentando también sus carnes con agua y aceite hirviendo. Quisieron
-otros proteger a los primeros y cúpoles igual y malhadado fin. Irritado
-Liger-Belair con aquel contratiempo, entró la villa por los costados
-incendiando las casas y destrozándolas. Pasaron de 80 las que se
-quemaron, y muchas personas fueron degolladas hasta en los campos y
-las cuevas. Habían los enemigos perdido ya más de 100 hombres, al paso
-que la villa se arruinaba y se hundía. Conmovidos de ello y recelosos
-de su propia suerte, varios vecinos principales resolvieron yendo a
-su cabeza el alcalde mayor Don Francisco María Osorio, avistarse con
-el general Liger-Belair, quien temeroso también de la ruina de los
-suyos, escuchó las proposiciones, convino en ellas, y saliendo todos
-juntos con una divisa blanca, pusieron de consuno<span class="pagenum"
-id="Page_351">p. 351</span> término a la matanza. Mas la contienda
-había sido tan reñida, que los franceses escarmentados no se atrevieron
-a ir adelante, y juzgaron prudente retroceder a Madridejos.</p>
-
-<div class="sidenote">Retírase Dupont<br/> a Andújar.</div>
-
-<p>Dupont aislado, sin noticia de lo que a la otra parte de los montes
-pasaba, aturdido con lo que de cerca veía, pensó en retirarse; y el 16
-de junio saliendo por la tarde de Córdoba se encaminó a Andújar, en
-donde tomó posición el 19. Desde aquel punto con objeto de abastecer
-a su gente, y deseoso de no abandonar el terreno sin castigar a Jaén,
-a la cual se achacaba haber participado del alboroto y muerte del
-comandante francés de Andújar, envió allí el 20 al oficial Baste con
-la suficiente fuerza. <span class="sidenote">Saqueo de Jaén.</span>
-Entraron los enemigos en la ciudad sin hallar oposición, y con todo
-la pillaron y maltrataron horrorosamente. Degollaron hasta niños y
-viejos, ejerciendo acerbas crueldades contra religiosos enfermos de los
-conventos de Santo Domingo y de San Agustín: tal fue el último, notable
-y fiero hecho cometido por los franceses en Andalucía antes de rendirse
-a las huestes españolas.</p>
-
-<div class="sidenote">Expedición<br/> de Moncey<br/> contra
-Valencia.</div>
-
-<p>Casi al propio tiempo determinó Murat enviar también una expedición
-contra Valencia. Mandábala el mariscal Moncey y se componía de
-8000 hombres de tropa francesa, a los que debían reunirse guardias
-españolas, valonas y de Corps. Mas todos estos en su mayor parte
-se desbandaron pasando por atajos y trochas del lado de sus
-compatriotas. Moncey salió de Madrid el 4 de junio y llegó a Cuenca
-el 11. Deteniéndose algunos días disgustose Murat, y despachó para
-aguijarle al general de caballería Exelmans<span class="pagenum"
-id="Page_352">p. 352</span> con otros muchos oficiales, quienes
-arrestados en Saelices y conducidos prisioneros a Valencia, terminaron
-su comisión de un modo muy diverso del que esperaban. En Cuenca fueron
-recibidos los franceses con tibieza mas no hostilmente. Prosiguiendo su
-marcha hallaron por lo general los pueblos desamparados, pronóstico que
-vaticinaba la resistencia con que iban a tropezar.</p>
-
-<p>La junta de Valencia había en tanto adoptado las medidas vigorosas
-de defensa que la premura del tiempo le permitía. Recreciéronse al
-oír que Moncey se aproximaba del lado de Cuenca, y se dieron nuevas
-órdenes e instrucciones al mariscal de campo Don Pedro Adorno, a cuyo
-mando, como ya dijimos, se habían confiado las tropas apostadas en
-los desfiladeros de las Cabrillas, a donde el enemigo se dirigía.
-Lo más de la gente era nueva e indisciplinada y por eso convenía
-aprovecharse de las ventajas que ofreciese el terreno. <span
-class="sidenote">Reencuentro del<br/> puente Pajazo.</span> Tratose
-pues de disputar primeramente a los franceses el paso del Cabriel en
-el puente Pajazo, en donde remata la cuesta de Contreras, y en cuya
-cabeza construyeron los españoles una mala batería de cuatro cañones
-sostenida por un trozo de un regimiento suizo, colocándose la otra
-tropa en diferentes puntos de dicha cuesta. Detuviéronse los franceses
-hasta que a duras penas por los malos senderos y escabrosidades,
-acercaron casi a la rastra unos cañones. Con su auxilio el 20 rompieron
-el fuego, y vadeando unos el río, y otros acometiendo de frente, se
-apoderaron de la batería española, habiendo habido muchos de los<span
-class="pagenum" id="Page_353">p. 353</span> suizos que se les pasaron.
-Los nuevos reclutas que nunca habían sido fogueados, abandonados por
-aquellos veteranos no tardaron en dispersarse, replegándose parte de
-ellos con algunos soldados españoles a las Cabrillas.</p>
-
-<p>Cundió la nueva de la derrota, súpola la junta de Valencia, y
-grande fue la consternación y el sobresalto. En tamaño apuro envió al
-ejército en comisión a su vocal el P. Rico, o ya quisiesen vengarse
-así algunos del estrecho en que los había metido, o ya también porque
-gozando de suma popularidad, pensaron otros que era aquel el modo
-más propio de calmar la pública agitación y alejar la desconfianza.
-<span class="sidenote">De las Cabrillas.</span> Obedeció Rico, y el 23
-por la noche llegó a las Cabrillas, ocho leguas de Valencia, y cuyos
-montes parten término con Castilla. Habíanse recogido a sus cumbres
-los dispersos del Cabriel, y allí se encontró el P. Rico con 180
-hombres del regimiento de Saboya mandados por el capitán Gamíndez,
-con tres cuerpos de nueva creación, algunos caballos y artilleros
-que habían conservado dos cañones y un obús, componiendo en todo
-cerca de 3000 hombres. Eran contados los oficiales veteranos, siendo
-el de mayor graduación el brigadier Marimón de guardias españolas.
-Ignorábase el paradero de Adorno. Reunidas todas aquellas reliquias
-se colocaron en situación ventajosa a espaldas y a legua y media del
-pueblo de Siete Aguas, hasta cuyas casas enviaban sus descubiertas.
-Gamíndez mandó el centro, la izquierda Marimón, y colocáronse
-guerrillas sueltas por la derecha. El 24 avanzaron los franceses, y
-los nuestros favorecidos de tierra tan quebrada los molestaron<span
-class="pagenum" id="Page_354">p. 354</span> bastantemente. Impacientado
-Moncey destacó por su izquierda y del lado de la sierra de los
-Ajos al general Harispe con vascos acostumbrados a trepar por las
-asperezas del Pirineo. Encaramáronse pues a pesar de escabrosidades y
-derrumbaderos, y arrollando a las guerrillas, facilitaron el ataque
-de frente. Defendiéronse bien los de Saboya, quedando los más de
-ellos y los artilleros muertos junto a los cañones, y prisionero con
-otros su comandante Gamíndez. Lo restante de la gente bisoña huyó
-precipitadamente. La pérdida de los españoles fue de 600 hombres, muy
-inferior la de los contrarios. El mariscal Moncey al instante traspasó
-la sierra por el portillo de las Cabrillas, desde donde registrándose
-las ricas y frondosas campiñas de la huerta de Valencia, se encendió
-la ansiosa codicia de sus fatigados soldados. Si entonces hubiera
-proseguido su marcha, fácilmente se hubiera enseñoreado de la ciudad;
-pero obligado a detenerse el 25 en la venta de Buñol para aguardar
-la artillería, y queriendo adelantarse cautelosamente, dio tiempo a
-que Rico volviendo a Valencia al rayar el alba de aquel mismo día,
-apellidase guerra dentro de sus muros.</p>
-
-<div class="sidenote">Preparativos<br/> de defensa<br/> en
-Valencia.</div>
-
-<p>Está asentada Valencia a la derecha del Guadalaviar o Turia, 100.000
-almas forman su población, excediendo de 60.000 las que habitan en
-los lugarejos, casas de campo y alquerías de sus deliciosas vegas.
-Ceñida de un muro antiguo de mampostería con una mala ciudadela, no
-podía ofrecer al enemigo larga y ordenada resistencia, si militarmente
-hubiera de haberse considerado su defensa. Mas a la voz de la
-desgracia<span class="pagenum" id="Page_355">p. 355</span> de las
-Cabrillas, en lugar de abatirse, creciendo el entusiasmo al más subido
-punto, tomó la junta activas providencias, y los moradores no solo las
-ejecutaron debidamente, sino que también por sí procedieron a dar a los
-trabajos la amplitud y perfección que permitía la brevedad del tiempo.
-Sin distinción de clase ni de sexo acudieron todos a trabajar en las
-fortificaciones que se levantaban. En el corto espacio de sesenta
-horas construyéronse en las puertas baterías con sacos de tierra. En
-la de Cuarte, como era por donde se aguardaba al enemigo, además de
-dos cañones de a 24 se colocó otro en el primer piso de la torre,
-abriéndose una zanja ancha y profunda en medio de la calle del arrabal
-que embocaba la batería. A la derecha de esta puerta y antes de llegar
-a la de San José, entre el muro y el río, se situaron cuatro cañones y
-dos obuses, impidiendo lo sólido del malecón que se abriese un foso.
-Diose a esta obra el nombre de batería de Santa Catalina, del de una
-torre antes demolida y que ocupaba el mismo espacio. Lo expresamos
-por su importancia en la defensa. Dentro del recinto se cortaron y
-atajaron las calles, callejuelas y principales avenidas con carros,
-coches, vigas, calesas y tartanas. Tapáronse las entradas y ventanas
-de las casas con colchones, mesas, sillas y todo género de muebles,
-cubriendo por el mismo término y cuidadosamente lo alto de las azoteas
-o terrados. Detrás de semejantes y tan repentinos atrincheramientos
-estaban preparados sus dueños con armas arrojadizas y de fuego, y
-aun hubo mujeres que no olvidaron el aceite<span class="pagenum"
-id="Page_356">p. 356</span> hirviendo. Afanados todos mutuamente se
-animaban, habiendo resuelto defender heroicamente sus hogares.</p>
-
-<div class="sidenote">Refriega<br/> en el pueblo<br/> de Cuarte.</div>
-
-<p>La junta además para dilatar el que los franceses se acercasen,
-trató de formar un campo avanzado a la salida del pueblo de Cuarte,
-distante una legua de Valencia. Le componían cuerpos de nueva formación
-y se había puesto a las órdenes de Don Felipe Saint-March. Situose la
-gente en la ermita de San Onofre a orillas del canal de regadío que
-atraviesa el camino que va a las Cabrillas. Entretanto Don José Caro,
-nombrado brigadier al principio de la insurrección, y que mandaba
-una división de paisanos en el ejército de Cervellón, apostado según
-dijimos en Almansa, corrió apresuradamente al socorro de la capital
-luego que supo el progreso del enemigo. A su llegada se unió a
-Saint-March, y juntos dispusieron el modo de contener al mariscal
-francés. Emboscaron al efecto en los algarrobales, viñedos y olivares
-que pueblan aquellos contornos, tiradores diestros y esforzados. El
-cuerpo principal se colocó a espaldas de una batería que enfilaba el
-camino hondo, por donde era de creer arremetiese la caballería enemiga
-y cuyo puente se había cortado. Como los generales habían previsto
-que al fin tendrían que ceder a la superioridad y pericia francesa,
-deseosos de que su retirada no causara terror en Valencia, habían
-pensado, Caro en tirar por la izquierda y Saint-March pasar el río
-por la derecha y situarse en el collado del almacén de pólvora. Pero
-para verificar, llegado el caso, su movimiento con orden y evitar que
-dispersos<span class="pagenum" id="Page_357">p. 357</span> fueran
-a la ciudad, establecieron a su retaguardia una segunda línea en el
-pueblo de Cuarte, rompiendo el camino y guarneciendo las casas para su
-defensa.</p>
-
-<div class="sidenote">Defensa<br/> de Valencia.</div>
-
-<p>A las 11 de la mañana del día 27 empezó el fuego, duró hasta las
-tres, siendo muy vivo durante dos horas. Al fin los franceses cruzaron
-el canal, y forzaron la primera línea. Caro y Saint-March se retiraron
-según habían convenido. Los franceses vencedores iban a perseguirlos
-cuando notaron que desde el pueblo de Cuarte se les hacía fuego.
-Molestados también por el continuado de los paisanos metidos en los
-cañamares de dicho pueblo, no pudieron entrarle hasta las seis de la
-tarde; huyendo los vecinos al amparo de las acequias, cañaverales y
-moreras que cubren sus campos. La pérdida fue considerable de ambas
-partes: la artillería quedó en poder de los franceses.</p>
-
-<div class="sidenote">Proposición<br/> de Moncey<br/> para que
-capitule<br/> la ciudad.</div>
-
-<p>Avanzó entonces Moncey hasta el huerto de Juliá, media legua de
-Valencia. Por la noche pasó al capitán general conde de la Conquista
-un oficio para que rindiese la plaza. Fue portador el coronel Solano.
-Congregose la junta, a la que se unieron para deliberar en asunto tan
-espinoso el ayuntamiento, la nobleza e individuos de todos los gremios.
-El de la Conquista inclinábase a la entrega, viendo cuán imposible
-sería resistir con gente allegadiza, y en ciudad, por decirlo así,
-abierta a enemigos aguerridos. Sostuvo la misma opinión el emisario
-Solano y en tanto grado que se esforzó en probar no había nada que
-temer respecto de lo pasado, así por la condición suave y noble del
-mariscal francés,<span class="pagenum" id="Page_358">p. 358</span>
-como también por los vínculos particulares que le enlazaban con los
-valencianos; lo cual aludía a conocerse en aquel reino familias del
-nombre de Moncey, y haber quien le conceptuara oriundo de la tierra.
-Así se discurría acerca de la proposición, cuando el pueblo advertido
-de que se negociaba, desaforadamente se agolpó a la sala de sesiones
-de la junta. Atemorizados los que en su seno buscaban la rendición y
-alentados los de la parcialidad opuesta, no se titubeó en desechar la
-demanda del enemigo. Y puestos todos sus individuos al frente del mismo
-pueblo, recorrieron la línea animando y exhortando a la pelea. Con la
-oportuna resolución se embraveció tanto la gente que no hubo ya otra
-voz que la de vencer o morir.</p>
-
-<p>El 28 a las once de la mañana se rompió el fuego. Como Moncey era
-dueño de casi todo el arrabal de Cuarte, le fue fácil ordenar sus
-batallones detrás del convento de San Sebastián. A su abrigo dirigieron
-los enemigos sus cañones contra la puerta de Cuarte y batería de Santa
-Catalina. Tres veces atacaron con el mayor ímpetu del lado de la
-primera, y otras tantas fueron rechazados. Mandaba la batería española
-con mucho acierto el capitán Don José Ruiz de Alcalá, y el puesto los
-coroneles barón de Petrés y Don Bartolomé de Georget. Los enemigos no
-perdonaron medio de flanquear a los nuestros por derecha e izquierda,
-pero de un costado se lo estorbaron los fuegos de Santa Catalina, y
-del otro el graneado de fusilería que desde la muralla hacían los
-habitantes. El entusiasmo de los defensores tocaba en frenesí cada vez
-que el enemigo<span class="pagenum" id="Page_359">p. 359</span> huía,
-pero siempre se mantuvo el mejor orden. Temiose por un rato carecer de
-metralla, y sin tardanza de las casas inmediatas se arrancaron rejas,
-se enviaron barras y otros utensilios de hierro que cortados en menudos
-pedazos pudieron suplir aquella falta, acudiendo a porfía las señoras
-de la clase más elevada a coser los saquillos de la recién fabricada
-metralla. Con tal ejemplo, ¿qué brazo varonil hubiera cedido el paso
-al enemigo? El capitán general, los magistrados y aun el arzobispo
-aparecíanse a veces en medio de aquel importante puesto dando brío con
-su presencia a los menos esforzados.</p>
-
-<p>Moncey tratando de variar su ataque, recogió sus soldados a la cruz
-de Mislata, y acometió, después de un respiro, la batería de Santa
-Catalina, a la derecha como dijimos de la de Cuarte. Era comandante
-del punto el coronel Don Firmo Vallés, y de la batería Don Manuel de
-Velasco y Don José Soler. Dos veces y con gran furia embistieron los
-franceses. La primera ciaron abrasados por el fuego de cañón y el que
-por su flanco izquierdo les hacía la fusilería; y la segunda huyeron
-atropelladamente sin que los contuviesen las exhortaciones de sus
-jefes. No por eso desistió Moncey, y fingiendo querer atacar el muro
-por donde mira a la plazuela del Carbón, emprendió nueva acometida
-contra la batería de Santa Catalina. Vano empeño. Sus soldados
-repelidos dejaron el suelo empapado en su sangre. Distinguiose allí el
-oficial Don Santiago O’Lalor, asesinado alevemente en el propio día por
-mano desconocida.</p>
-
-<p>Los franceses perturbados con defensa tan<span class="pagenum"
-id="Page_360">p. 360</span> inesperada y recia, trataron de dar una
-última embestida a la ciudad. Eran las cinco de la tarde cuando
-avanzando Moncey con el grueso de su ejército hacia la puerta de
-Cuarte, hizo marchar una columna por el convento de Jesús para atacar
-la de San Vicente situada a la izquierda de la primera, y confiada al
-cuidado del coronel Don Bruno Barrera, bajo cuyas órdenes dirigían
-la artillería los oficiales Don Francisco Cano y Don Luis Almela.
-Considerábase aquella parte del muro la más flaca, mayormente su centro
-en donde está colocada en medio de las otras dos la puerta tapiada de
-Santa Lucía, antiguamente dicha de la Boatella. Empezose el ataque,
-y los españoles apuntaron con tal acierto sus cañones que lograron
-desmontar los de los enemigos, y desalojarlos del punto que ocupaban
-con notable matanza. Desde aquella hora que era ya la de las ocho de
-la noche cesó el fuego en ambas líneas. Durante los diversos ataques
-arrojaron los franceses a la ciudad granadas que no causaron daño.</p>
-
-<div class="sidenote">Hechos notables<br/> de algunos<br/>
-españoles.</div>
-
-<p>El padre Rico anduvo constantemente por los parajes de mayor riesgo,
-y coadyuvó grandemente a la defensa con su energía y brioso porte. Fue
-imperturbable en su valor Juan Bautista Moreno que sin fusil y con la
-espada en la mano alentaba a sus compañeros, y tomó a su cargo abrir
-y cerrar las puertas sin reparar en el peligro que a cada paso le
-amenazaba. Más sublime ejemplo dio aún con su conducta Miguel García,
-mesonero de la calle de San Vicente, quien hizo solo a caballo cinco
-salidas, y sacando en cada una de ellas cuarenta cartuchos los<span
-class="pagenum" id="Page_361">p. 361</span> empleaba como diestro
-tirador atinadamente. Hechos son estos dignos de la recordación
-histórica, y no deben desdeñarse aunque vengan de humilde lugar. Al
-contrario conviene repetirlos y grabarlos en la memoria de los buenos
-ciudadanos, para que sean imitados en aquellos casos en que peligre la
-independencia de la patria.</p>
-
-<p>La resistencia de Valencia aunque de corta duración tuvo visos de
-maravillosa. No tenía soldados que la defendiesen, habiendo salido a
-diversos puntos los que antes la guarnecían, ni otros jefes entendidos
-sino oficiales subalternos que guiaron el denuedo de los paisanos.
-Los franceses perdieron más de 2000 hombres, y entre ellos al general
-de ingenieros Cazals con otros oficiales superiores. Los españoles
-resguardados detrás de los muros y baterías tuvieron que llorar pocos
-de sus compatriotas, y ninguno de cuenta.</p>
-
-<div class="sidenote">Retírase Moncey.</div>
-
-<p>Al amanecer del 29 Don Pedro Túpper puesto de vigía en el miguelete
-o torre de la catedral avisó que los enemigos daban indicio de
-retirarse. Apenas se creía tan plausible nueva, mas bien pronto todos
-se cercioraron de ello viendo marchar al enemigo por Torrente para
-tomar la calzada que va a Almansa. La alegría fue colmada, y esperábase
-que el conde de Cervellón acabaría en el camino de destruir al mariscal
-Moncey, o por lo menos le molestaría y picaría por todos lados. <span
-class="sidenote">Inacción<br/> de Cervellón.</span> Muy lejos estaba de
-obrar conforme al común deseo. El general español había venido a Alcira
-cuando supo el paso de los franceses por las Cabrillas, y su marcha
-sobre Valencia.<span class="pagenum" id="Page_362">p. 362</span> Allí
-permaneció tranquilo, y no trató de disputar a Moncey el paso del Júcar
-después de su derrota delante de los muros de la capital. Tachósele
-de remiso, principalmente porque habiendo consultado a los oficiales
-superiores sobre el rumbo que en tal oportunidad convendría seguir,
-opinaron todos que se impidiese a los franceses cruzar el río: no
-abrazó su dictamen fundándose en lo indisciplinados que todavía estaban
-sus soldados: prudencia quizá laudable, pero amargamente censurada en
-aquellos tiempos.</p>
-
-<div class="sidenote">Conducta<br/> laudable<br/> de Llamas.</div>
-
-<p>Perjudicó también a su fama, aun en el concepto de los juiciosos,
-la contraposición que con la suya formó la conducta de Don Pedro
-González de Llamas y la de Don José Caro. A este le hemos visto acudir
-al socorro de Valencia, y si bien no con feliz éxito por lo menos
-retardó con su movimiento el progreso del enemigo, lo cual fue de
-suma utilidad para que se preparasen los vecinos de la ciudad a una
-notable y afortunada resistencia. El general Llamas que de Murcia se
-había acercado al puerto de Almansa, noticioso por su parte de que los
-franceses iban a embestir a Valencia, había avanzado rápidamente y
-colocádose a la espalda en Chiva, cortándoles así sus comunicaciones
-con el camino de Cuenca. Y después obedeciendo las órdenes de la
-junta provincial hostigó al enemigo hasta el Júcar, en donde se paró
-asombrado de que Cervellón hubiese permanecido inactivo. Prodigáronse
-pues alabanzas a Llamas, y achacose a Cervellón la culpa de no haber
-derrotado al ejército de Moncey antes de la salida del territorio
-valenciano. Como quiera que fuese, costole al<span class="pagenum"
-id="Page_363">p. 363</span> fin el mando tal modo de comportarse,
-graduado por los más de reprensible timidez. Moncey prosiguió su
-retirada incomodado por el paisanaje, y a punto que no osaba desviarse
-del camino real. Pasó el 2 de julio el puerto de Almansa, y en Albacete
-hizo alto y dio descanso a sus fatigadas tropas.</p>
-
-<div class="sidenote">Enfermedad<br/> de Murat.</div>
-
-<p>Entretanto no sabía el gobierno de Madrid cuál partido le convenía
-abrazar. Notaba con desconsuelo burladas sus esperanzas, no habiendo
-reprimido prontamente la insurrección de las provincias con las
-expediciones enviadas al intento. Temía también que las tropas
-desparramadas por diversos y lejanos puntos, y molestadas sin gozar de
-un instante de sosiego, no acabasen por perder la disciplina. Mucho
-contribuyó a su desconcierto la enfermedad grave de que fue acometido
-el gran duque de Berg en los primeros días de junio, con lo cual se
-hallaron los individuos de la junta faltos de un centro principal que
-diera unión y fuerza. Hubo entre los suyos quien le creyó envenenado, y
-entre los españoles no faltó también quien atribuyera su mal a castigo
-del cielo por las tropelías y asesinatos del 2 de mayo. Los ociosos y
-lenguaraces buscaban el principio en un origen impuro, dando lugar a
-sus sueltas palabras los deslices de que no estaba exento el duque.
-Mas la verdadera enfermedad de este era uno de aquellos cólicos por
-desgracia harto comunes en la capital del reino, y que por serlo tanto
-los ha distinguido en una disertación el docto Luzuriaga con el nombre
-de cólicos de Madrid. Agregáronsele unas tercianas tan pertinaces y
-recias que descaeciendo su<span class="pagenum" id="Page_364">p.
-364</span> espíritu y su cuerpo, tuvo que conformarse con el dictamen
-de los facultativos de trasladarse a Francia, y tomar las aguas
-termales de Barèges. <span class="sidenote">Enfermedades<br/> en
-su ejército.<br/> Opinión<br/> de Larrey.</span> Provocó también a
-sospecha de emponzoñamiento el haber amalado muchos de los soldados
-franceses, y muerto algunos con síntomas de índole dudosa. Para serenar
-los ánimos el barón Larrey, primer cirujano del ejército invasor,
-examinó los alimentos, y el boticario mayor del mismo Mr. Laubert
-analizó detenidamente el vino que se les vendía en varias tabernas y
-bodegones de dentro y fuera de Madrid. Nada se descubrió de nocivo en
-el líquido, solamente a veces había con él mezcladas algunas sustancias
-narcóticas más o menos excitativas, como el agua de laurel y el
-pimiento que para dar fuerza suelen los vinateros y vendedores añadir
-al vino de la Mancha, a semejanza del óxido de plomo o sea litargirio
-que se emplea en algunos de Francia para corregir su acedía. La mixtión
-no causaba molestia a los españoles por la costumbre, y sobre todo por
-su mayor sobriedad: dañó extremadamente a los franceses no habituados
-a aquella bebida, y que abusaban en sumo grado de los vinos fuertes
-y licorosos de nuestro terruño. El examen y declaración de Larrey y
-Laubert tranquilizó a los franceses, recelosos de cualquiera asechanza
-de parte de un pueblo gravemente ofendido; pero el de España con
-dificultad hubiera recurrido para su venganza a un medio que no le era
-usual, cuando tantos otros justos y nobles se le presentaban.</p>
-
-<div class="sidenote">Savary sucede<br/> a Murat.</div>
-
-<p>En lugar de Murat envió Napoleón a Madrid al general Savary, el
-que llegó el 15 de junio.<span class="pagenum" id="Page_365">p.
-365</span> No agradó la elección a los franceses, habiendo en su
-ejército muchos que por su graduación y militar renombre reputábanse
-como muy superiores. Asimismo en el concepto de algunos menoscababa
-la estimación de la persona escogida, el haber sido con frecuencia
-empleada en comisiones más propias de un agente de policía que de quien
-había servido en la carrera honorífica de las armas. No era tampoco
-entre los españoles juzgado Savary con más ventaja, porque habiendo
-sido el celador asiduo del viaje de Fernando, coadyuvó con palabras
-engañosas a arrastrarle a Bayona. Sin embargo su nombre no era ni tan
-conocido ni odiado como el de Murat: además llegó en sazón en que
-muy poco se curaban en las provincias de lo que se hacía o deshacía
-en Madrid. Asuntos inmediatos y de mayor cuantía embargaban toda la
-atención.</p>
-
-<div class="sidenote">Singular<br/> comisión<br/> de Savary.</div>
-
-<p>El encargo confiado a Savary era nuevo y extraño en su forma.
-Autorizado con iguales facultades que el lugarteniente Murat, no le era
-lícito poner su firma en resolución alguna. Al general Belliard tocaba
-con la suya legalizarlas. El uno leía las cartas, oficios e informes
-dirigidos al lugarteniente; respondía, determinaba: el otro ceñíase a
-manera de una estampilla viva a firmar lo que le era prescrito. Los
-decretos se encabezaban a nombre del gran duque como si estuviese
-presente o hubiese dejado sus poderes a Savary, y este disponiendo
-en todo soberanamente, incomodaba a varios de los otros jefes que se
-consideraban desairados.</p>
-
-<div class="sidenote">Su conducta.</div>
-
-<p>Para mostrar que él era la suprema cabeza, a su llegada se
-alojó en palacio, y tomó sin tardanza<span class="pagenum"
-id="Page_366">p. 366</span> providencias acomodadas al caso. Prosiguió
-las fortificaciones del Retiro, y construyó un reducto alrededor de
-la fábrica real de porcelana allí establecida, y a que dan el nombre
-de casa de la China, en donde almacenó las vituallas y municiones de
-guerra. Pensó después en sostener los ejércitos esparcidos por las
-provincias. Tal había sido la orden verbal de Napoleón, quien juzgaba,
-«ser lo más importante ocupar muchos puntos, a fin de derramar por
-todas partes las novedades que había querido introducir...» Conforme
-a ella e incierto de la suerte de Dupont, cuya correspondencia estaba
-cortada, <span class="sidenote">Envía a Vedel<br/> para reforzar<br/> a
-Dupont.</span> resolvió Savary reforzarle con las tropas mandadas por
-el general Vedel que se hallaban en Toledo. Ascendían a 6000 infantes
-y 700 caballos con doce cañones. El 19 de junio salieron de aquella
-ciudad, juntándoseles en el camino los generales Roize y Liger-Belair
-con sus destacamentos, los cuales hemos visto fueron compelidos a
-recogerse a Madridejos por la insurrección general de la Mancha.</p>
-
-<p>Los franceses por todas partes se encontraban con pueblos
-solitarios, incomodándoles a menudo los tiros del paisanaje oculto
-detrás de los crecidos panes, y ¡ay de aquellos que se quedaban
-rezagados! No obstante asomaron sin notable contratiempo a
-Despeñaperros en la mañana del 26 de junio. <span class="sidenote">Paso
-de<br/> Sierra Morena.</span> La posición estaba ocupada por el
-teniente coronel español Don Pedro Valdecañas empleado antes en la
-persecución de contrabandistas por aquellas sierras, y ahora apostado
-allí con objeto de que colocándose a la retaguardia de Dupont, le
-interceptase la correspondencia<span class="pagenum" id="Page_367">p.
-367</span> e impidiese el paso de los socorros que de Madrid le
-llegasen. Había atajado el camino en lo más estrecho con troncos, ramas
-y peñascos, desmoronándole del lado del despeñadero, y situando detrás
-seis cañones. Paisanos los más de su tropa, y él mismo poco práctico
-en aquella clase de guerra, desaprovechó la superioridad que le daba
-el terreno. Cedieron luego los nuestros al ataque bien concertado de
-los franceses, perdieron la artillería, y Vedel prosiguió sin embarazo
-a la Carolina, en cuya ciudad se le incorporó un trozo de gente que le
-enviaba Dupont a las órdenes del oficial Baste, el saqueador de Jaén.
-Llevada pues a feliz término la expedición, creyó Vedel conveniente
-enviar atrás alguna tropa para reforzar ciertos puntos que eran
-importantes, y conservar abierta la comunicación. Por lo demás bien
-que pareciesen cumplidos los deseos del enemigo en la unión de Vedel y
-Dupont, pudiendo no solo corresponder libremente con Madrid, mas aun
-hacer rostro a los españoles y desbaratar sus mal formadas huestes: no
-tardaremos en ver cuán de otra manera de lo que esperaban remataron las
-cosas.</p>
-
-<div class="sidenote">Refuerzos<br/> enviados<br/> a Moncey.</div>
-
-<p>Aquejábale igualmente a Savary el cuidado de Moncey, cuya suerte
-ignoraba. Después de haberse adelantado este mariscal más allá de la
-provincia de Cuenca, habían sido interrumpidas sus comunicaciones,
-hechos prisioneros soldados suyos sueltos y descarriados, y aun
-algunas partidas. Juntándose pues número considerable de paisanos
-alentados con aquellos que calificaban de triunfos, fue necesario
-pensar en dispersarlos.<span class="pagenum" id="Page_368">p.
-368</span> Con este objeto se ordenó al general Caulincourt apostado
-en Tarancón, que marchase con una brigada sobre Cuenca. <span
-class="sidenote">Caulincourt<br/> saquea a Cuenca.</span> Dio vista a
-la ciudad el 3 de julio, y una gavilla de hombres desgobernada le hizo
-fuego en las cercanías a bulto y por corto espacio. Bastó semejante
-demostración para entregar a un horroroso saco aquella desdichada
-ciudad. Hubo regidores e individuos del cabildo eclesiástico que
-saliendo con bandera blanca quisieron implorar la merced del enemigo;
-mas resuelto este al pillaje sin atender a la señal de paz, los forzó
-a huir recibiéndolos a cañonazos. Espantáronse a su ruido los vecinos
-y casi todos se fugaron, quedando solamente los ancianos y enfermos
-y cinco comunidades religiosas. No perdonaron los contrarios casa ni
-templo que no allanasen y profanasen. No hubo mujer por enferma o
-decrépita que se libertase de su brutal furor. Al venerable sacerdote
-Don Antonio Lorenzo Urbán, de edad de ochenta y tres años, ejemplar
-por sus virtudes, le traspasaron de crueles heridas, después de
-recibir de sus propias manos el escaso peculio que todavía su ardiente
-caridad no había repartido a los pobres. Al franciscano P. Gaspar
-Navarro, también octogenario, atormentáronle crudamente para que
-confesase dinero que no tenía. Otras y no menos crueles, bárbaras y
-atroces acciones mancharon el nombre francés en el no merecido saco de
-Cuenca.</p>
-
-<p>No satisfecho Savary con el refuerzo que se enviaba a Moncey al
-mando de Caulincourt, despachó otro nuevo a las órdenes del general
-Frère, <span class="sidenote">Frère.</span> el mismo que antes había
-ido a apaciguar<span class="pagenum" id="Page_369">p. 369</span> a
-Segovia. Llegó este a Requena el 5 de julio, donde noticioso de que
-Moncey se retiraba del lado de Almansa, y de estar guardadas las
-Cabrillas por el general español Llamas, revolvió sobre San Clemente,
-y se unió con el mariscal. Poco después informado Savary de haberse
-puesto en cobro las reliquias de la expedición de Valencia, y deseoso
-de engrosar su fuerza en derredor suyo, mandó a Caulincourt y a Frère
-que se restituyesen a Madrid: con lo que enflaquecido el cuerpo de
-Moncey y quizá ofendido este de que un oficial inferior en graduación y
-respetos pudiese disponer de la gente que debía obedecerle, desistió de
-toda empresa ulterior, y se replegó a las orillas del Tajo.</p>
-
-<p>Los franceses que esparcidos no habían conseguido las esperadas
-ventajas, comenzaron a pensar en mudar de plan, y reconcentrar más
-sus fuerzas. Napoleón sin embargo tenaz en sus propósitos insistía
-en que Dupont permaneciese en Andalucía, al paso que mereció su
-desaprobación el que le enviasen continuados refuerzos. <span
-class="sidenote">Segundo refuerzo<br/> llevado a Dupont<br/> por
-el general<br/> Gobert.</span> Savary inmediato al teatro de los
-acontecimientos, y fiado en el favor de que gozaba, tomó sobre sí obrar
-por rumbo opuesto, e indicó a Dupont la conveniencia de desamparar
-las provincias que ocupaba. Para que con más desembarazo pudiera
-este jefe efectuar el movimiento retrógrado, dirigió aquel sobre
-Manzanares al general Gobert con su división, en la que estaba la
-brigada de coraceros que había en España. Mas Dupont ya fuese temor
-de su posición, o ya deseos de conservarse en Andalucía, ordenó a
-Gobert que se le incorporase, y<span class="pagenum" id="Page_370">p.
-370</span> este se sometió a dicho mandato después de dejar un batallón
-en Manzanares y otro en el Puerto del Rey.</p>
-
-<div class="sidenote">Desatiende<br/> a Bessières.</div>
-
-<p>Tan discordes andaban unos y otros, como acontece en tiempos
-borrascosos, estando solo conformes y empeñados en aumentar fuerzas
-hacia el mediodía. Y al mismo tiempo el punto que más urgía auxiliar
-que era el de Bessières, amenazado por las tropas de Galicia, León
-y Asturias, quedaba sin ser socorrido. Claro era que una ventaja
-conseguida por los españoles de aquel lado, comprometería la suerte de
-los franceses en toda la península, interrumpiría sus comunicaciones
-con la frontera, y los dejaría a ellos mismos en la imposibilidad
-de retirarse. Pues a pesar de reflexión tan obvia desatendiose a
-Bessières, y solo tarde y con una brigada de infantería y 300 caballos
-se acudió de Madrid en su auxilio. Felizmente para el enemigo la
-fortuna le fue allí más favorable; merced a la impericia de ciertos
-jefes españoles.</p>
-
-<div class="sidenote">Cuesta.</div>
-
-<p>Después de la batalla de Cabezón se había retirado a Benavente el
-general Cuesta. Recogió dispersos, prosiguió los alistamientos, y se
-le juntaron el cuerpo de estudiantes de León y y el de Covadonga de
-Asturias. Diéronse en aquel punto las primeras lecciones de táctica a
-los nuevos reclutas, se los dividió en batallones que llamaron tercios,
-y esmerose en instruirlos don José de Zayas. De esta gente se componía
-la infantería de Cuesta, limitándose la caballería al regimiento de la
-Reina y guardias de Corps que estuvieron en Cabezón, y al escuadron de
-carabineros que antes había pasado a Asturias.<span class="pagenum"
-id="Page_371">p. 371</span> Era ejército endeble para salir con él
-a campaña, si las tropas de la última provincia y las de Galicia no
-obraban al propio tiempo y mancomunadamente. Por lo cual con instancia
-pidió el general Cuesta que avanzasen y se le reuniesen. La junta de
-Asturias propensa a condescender con sus ruegos, fue detenida por
-las oportunas reflexiones de su presidente el marqués de Santa Cruz
-de Marcenado, manifestando en ellas que lejos de acceder, se debía
-exhortar al capitán general de Castilla a abandonar sus llanos y
-ponerse al abrigo de las montañas; pues no teniendo soldados ni unos ni
-otros sino hombres, infaliblemente serían deshechos en descampado, y se
-apagaría el entusiasmo que estaba tan encendido. Convencida la junta
-de lo fundado de las razones del marqués, acordó no desprenderse de su
-ejército, y solo por halagar a la multitud consintió en que quedase
-unido a los castellanos el regimiento de Covadonga, compuesto de más
-de 1000 hombres, y mandado por Don Pedro Méndez de Vigo, y además que
-otros tantos bajasen a León del puerto de Leitariegos a las órdenes del
-mariscal de campo conde de Toreno, padre del autor.</p>
-
-<p>También encontró en Galicia la demanda de Cuesta graves
-dificultades. Había sido el plan de Filangieri fortificar a Manzanal,
-y organizar allí y en otros puntos del Bierzo sus soldados, antes
-de aventurar acción alguna campal. Mas la junta de Galicia atenta
-a la quebrantada salud de aquel general y al desvío con que por
-extranjero le miraban algunos, relevándole del mando activo, le
-había llamado a la Coruña,<span class="pagenum" id="Page_372">p.
-372</span> y nombrado en su lugar al cuartel maestre general Don
-Joaquín Blake. Púsose este al frente del ejército el 21 de junio, y
-perseguido Filangieri de adversa estrella pereció como hemos dicho
-el 24. Persistió Blake en el plan anterior de adiestrar la tropa,
-esperando que con los cuerpos que había en Galicia, los de Oporto y
-nuevos alistados, conseguiría armar y disciplinar 40.000 hombres. La
-inquietud de los tiempos le impidió llevar su laudable propósito a
-cumplido efecto. Deseoso de examinar y reconocer por sí la sierra y
-caminos de Foncebadón y Manzanal había salido de Villafranca, <span
-class="sidenote">Ejército<br/> de Galicia<br/> después<br/> de la
-muerte<br/> de Filangieri.</span> y pareciéndole conveniente tomar
-posición en aquellas alturas que forman una cordillera avanzada de la
-del Cebrero y Piedrafita, límite de Galicia, se situó allí extendiendo
-su derecha hasta el Monte Teleno que mira a Sanabria, y su izquierda
-hacia el lado de León por la Cepeda. Así no solamente guarecía todas
-las entradas principales de Galicia, sino también disfrutaba de los
-auxilios que ofrecía el Bierzo. Empezaba pues a poner en planta su
-intento de ejercitar y organizar su gente, cuando el 28 de junio se le
-presentó Don José de Zayas rogándole a nombre del general Cuesta que
-con todo o parte de su ejército avanzase a Castilla. Negose Blake, y
-entonces pasó el comisionado a avistarse con la junta de la Coruña de
-quien aquel dependía. La desgracia ocurrida con Filangieri, el terror
-que infundió su muerte, las instancias de Cuesta y los deseos del
-vulgo que casi siempre se gobierna más bien por impulso ciego que por
-razón, lograron que triunfase el<span class="pagenum" id="Page_373">p.
-373</span> partido más pernicioso; habiéndose prevenido a Blake que
-se juntase con el ejército de Castilla en las llanuras. Poco antes de
-haber recibido la orden redujo aquel general a cuatro divisiones las
-seis en que a principios de junio se había distribuido la fuerza de su
-mando, ascendiendo su número a unos 27.000 hombres de infantería, con
-más de 30 piezas de campaña y 150 caballos de distintos cuerpos. Tomó
-otras disposiciones con acierto y diligencia, y si al saber y práctica
-militar que le asistía se le hubiera agregado la conveniente fortaleza
-o mayor influjo para contrarrestar la opinión vulgar, hubiera al fin
-arreglado debidamente el ejército puesto a sus órdenes. Mas oprimido
-bajo el peso de aquella, tuvo que ceder a su impetuoso torrente, y
-pasar en los primeros días de julio a unirse en Benavente con el
-general Cuesta. Dejó solo en Manzanal la segunda división compuesta de
-cerca de 6000 hombres a las órdenes del mariscal de campo Don Rafael
-Martinengo, y en la Puebla de Sanabria un trozo de 1000 hombres a las
-del marqués de Valladares, el que obró después en Portugal de concierto
-con el ejército de aquella nación. Llegado que fue a Benavente con las
-otras tres divisiones, dejó allí la tercera al mando del brigadier
-Don Francisco Riquelme sirviendo como de reserva, y constando de 5000
-hombres. Púsose en movimiento camino de Rioseco con la primera y cuarta
-división acaudilladas por el jefe de escuadra Don Felipe Jado Cagigal
-y el mariscal de campo marqués de Portago; llevó además el batallón
-de voluntarios de Navarra que<span class="pagenum" id="Page_374">p.
-374</span> pertenecía a la tercera. Se había también arreglado para la
-marcha una vanguardia que guiaba el conde de Maceda, grande de España, y
-coronel del regimiento de infantería de Zaragoza. Ascendía el número de
-esta fuerza a 15.000 hombres, la cual formaba con la de Cuesta un total
-de 22.000 combatientes. Contábanse entre unos y otros muchos paisanos
-vestidos todavía con su humilde y tosco traje, y no llegaban a 500 los
-jinetes. Reunidos ambos generales tomó el mando el de Castilla como
-más antiguo, si bien era muy inferior en número y calidad su tropa.
-No reinaba entre ellos la conveniente armonía. Repugnábanle a Blake
-muchas ideas de Cuesta, y ofendíase este de que un general nuevamente
-promovido y por una autoridad popular pudiese ser obstáculo a sus
-planes. Pero el primero por desgracia sometiéndose a la superioridad
-que daban al de Castilla los años, la costumbre del mando y sobre
-todo ser su dictamen el que con más gusto y entusiasmo abrazaba la
-muchedumbre, no se opuso según hemos visto a salir de Benavente ni al
-tenaz propósito de ir al encuentro del enemigo por las llanuras que se
-extendían por el frente.</p>
-
-<div class="sidenote">Batalla<br/> de Rioseco,<br/> 14 de julio.</div>
-
-<p>Noticiosos los franceses del intento de los españoles quisieron
-adelantárseles, y el 9 salió de Burgos el general Bessières. No estaban
-el 13 a larga distancia ambos ejércitos, y al amanecer del 14 de julio
-se avistaron sus avanzadas en Palacios, legua y media distante de
-Rioseco. El de los franceses constaba de 12.000 infantes y más de 1500
-caballos: superior en número el de los españoles era inferiorísimo
-en disciplina,<span class="pagenum" id="Page_375">p. 375</span>
-pertrechos y sobre todo en caballería, tan necesaria en aquel terreno,
-siendo de admirar que con ejército tan novel y desapercibido se
-atreviese Cuesta a arriesgar una acción campal.</p>
-
-<p>La desunión que había entre los generales españoles, si no del todo
-manifiesta todavía, y la condición imperiosa y terca del de Castilla,
-impidieron que de antemano se tomasen mancomunadamente las convenientes
-disposiciones. Blake, en la tarde del 13, al aviso de que los franceses
-se acercaban, pasó desde Castromonte, en donde tenía su cuartel
-general, a Rioseco, en cuya ciudad estaba el de Cuesta, y juntos se
-contentaron con reconocer el camino que va a Valladolid, persuadido el
-último que por allí habían de atacar los franceses. A esto se limitaron
-las medidas previamente combinadas.</p>
-
-<p>Volviendo Don Joaquín Blake a su campo, preparó su gente, reconoció
-de nuevo el terreno, y a las dos de la madrugada del 14 situó sus
-divisiones en el paraje que le pareció más ventajoso, no esperando
-grande ayuda de la cooperación de Cuesta. Empezó sin embargo este a
-mover su tropa en la misma dirección a las cuatro de la mañana; pero
-de repente hizo parada, sabedor de que el enemigo avanzaba del lado
-de Palacios a la izquierda del camino que de Rioseco va a Valladolid.
-Advertido Blake tuvo también que mudar de rumbo y encaminarse a aquel
-punto. Ya se deja discurrir de cuánto daño debió de ser para alcanzar
-la victoria movimiento tan inesperado, teniendo que hacerse por
-paisanos y tropas bisoñas. Culpa fue grande del general de Castilla no
-estar mejor informado<span class="pagenum" id="Page_376">p. 376</span>
-en un tiempo en que todos andaban solícitos en acechar voluntariamente
-los pasos del ejército francés. Cuesta temiendo ser atacado pidió
-auxilio al general Blake, quien le envió su cuarta división al mando
-del marqués de Portago, y se colocó él mismo con la vanguardia, los
-voluntarios de Navarra y primera división en la llanura que a manera
-de mesa forma lo alto de una loma puesta a la derecha del camino
-que media entre Rioseco y Palacios, y a cuyo descampado llaman los
-naturales campos de Monclín. Constaba esta fuerza de 9000 hombres. No
-era respetable la posición escogida, siendo por varios puntos de acceso
-no difícil. Cuesta se situó detrás a la otra orilla del camino, dejando
-entre sus cuerpos y los de Blake un claro considerable. Mantúvose
-así apartado por haber creído, según parece, que eran franceses los
-soldados del provincial de León que se mostraron a lo lejos por su
-izquierda, y quizá también llevado de los celos que le animaban contra
-el otro general su compañero.</p>
-
-<p>Al avanzar dudó un momento el mariscal Bessières si acometería a
-los españoles, imaginándose que eran muy superiores en número a los
-suyos. Pero habiendo examinado de más cerca la extraña disposición,
-por la cual quedaba un claro en tanto grado espacioso que parecían
-las tropas de su frente más bien ejércitos distintos que separados
-trozos de uno mismo y solo, recordó lo que había pasado allá en
-Cabezón, y arremetiendo sin tardanza resolvió interponerse entre Blake
-y Cuesta. Había juzgado el francés que eran dos líneas diversas, y
-que la ignorancia<span class="pagenum" id="Page_377">p. 377</span>
-e impericia de los jefes había colocado a los soldados tan distantes
-unos de otros. Difícil era por cierto presumir que el interés de la
-patria, o por lo menos el honor militar, no hubiese acallado en un
-día de batalla mezquinas pasiones. Nosotros creemos que hubo de parte
-de Cuesta el deseo de campear por sí solo y acudir al remedio de la
-derrota luego que hubiese visto destrozado en parte o por lo menos muy
-comprometido a su rival. No era dado a su ofendido orgullo descubrir
-lo arriesgado y aun temerario de tal empresa. De su lado Blake hubiera
-obrado con mayor prudencia si conociendo la inflexible dureza de
-Cuesta, hubiese evitado exponerse a dar batalla con una parte reducida
-de su ejército.</p>
-
-<p>Prosiguiendo Bessières en su propósito ordenó que el general
-Merle y Sabatier acometiesen el primero la izquierda de la posición
-de Blake y el segundo su centro. Iba con ellos el general Lassalle
-acompañado de dos escuadrones de caballería. Resistieron con valor
-los nuestros, y muchos aunque bisoños aguantaron la embestida, como
-si estuvieran acostumbrados al fuego de largo tiempo. Sin embargo el
-general Merle encaramándose del lado del camino por el tajo de la
-meseta, los nuestros comenzaron a ciar, y a desordenarse la izquierda
-de Blake. En tanto avanzaba Mouton para acometer a los de Cuesta, e
-interponerse entre los dos grandes y separados trozos del ejército
-español. A su vista los carabineros reales y guardias de Corps, sin
-aguardar aviso se movieron y en una carga bizarrísima arrollaron las
-tropas ligeras del enemigo, y las arrojaron en una torrentera de las
-que causan<span class="pagenum" id="Page_378">p. 378</span> en aquel
-país las lluvias. Fue al socorro de los suyos la caballería de la
-guardia imperial, y nuestros jinetes cediendo al número se guarecieron
-de su infantería. Cayeron muertos en aquel lance los ayudantes mayores
-de carabineros Escobedo y Chaperón, lidiando este bravamente y cuerpo
-a cuerpo con varios soldados del ejército contrario. Arreciando la
-pelea, se adelantó la cuarta división de Galicia, puesta antes a las
-órdenes inmediatas de Cuesta con consentimiento de Blake. Dicen unos
-que obró por impulso propio, otros por acertada disposición del primer
-general. Iban en ella dos batallones de granaderos entresacados de
-varios regimientos, el provincial de Santiago y el de línea de Toledo,
-a los que se agregaron algunos bisoños entre otros el de Covadonga.
-Arremetieron con tal brío que fueron los franceses rechazados y
-deshechos, cogiendo los nuestros cuatro cañones. Momento apurado para
-el enemigo y que dio indicio de cuán otro hubiera sido el éxito de la
-batalla a haber habido mayor acuerdo entre los generales españoles.
-Mas la adquirida ventaja duró corto tiempo. En el intervalo había
-crecido el desorden y la derrota en las tropas de Blake. En balde este
-general había querido contener al enemigo con la columna de granaderos
-provinciales que tenía como en reserva. Estos no correspondieron a lo
-que su fama prometía por culpa en gran parte de algunos de los jefes.
-Fueron como los demás envueltos en el desorden, y caballos enemigos que
-subieron a la altura acabaron de aumentar la confusión. Entonces Merle
-más desembarazado<span class="pagenum" id="Page_379">p. 379</span>
-revolvió sobre la cuarta división que había alcanzado la ventaja arriba
-indicada, y flanqueándola por su derecha la contuvo y desconcertó.
-Los franceses luego acometieron intrépidamente por todos lados,
-extendiéronse por la meseta o alto de la posición de Blake, y todo lo
-atropellaron y desbarataron, apoderándose de nuestras no aguerridas
-tropas la confusión y el espanto. Individualmente hubo soldados, y
-sobre todo oficiales que vendieron caras sus vidas, contándose entre
-los más valerosos al ilustre conde de Maceda, quien, <i>pródigo de su
-grande alma</i>, cual otro Paulo, prefirió arrojarse a la muerte antes
-que ver con sus ojos la rota de los suyos. Vanos fueron los esfuerzos
-del general Blake y de los de su estado mayor, particularmente de los
-distinguidos oficiales Don Juan Moscoso, Don Antonio Burriel y Don
-José Maldonado para rehacer la gente. Eran sordos a su voz los más de
-los soldados, manteniéndose por aquel punto solo unido y lidiando el
-batallón de voluntarios de Navarra mandado por el coronel Don Gabriel
-de Mendizábal. Cundiendo el desorden no fue tampoco dable a Cuesta
-impedir la confusión de los suyos, y ambos generales españoles se
-retiraron a corta distancia uno de otro sin ser muy molestados por
-el enemigo; pero entre sí con ánimo más opuesto y enconado. Tomaron
-el camino de Villalpando y Benavente. Pasó de 4000 la pérdida de los
-nuestros entre muertos, heridos, prisioneros y extraviados, con varias
-piezas de artillería. De los contrarios perecieron unos 300 y más
-de 700 fueron los heridos. Lamentable jornada<span class="pagenum"
-id="Page_380">p. 380</span> debida a la obstinada ceguedad e ignorancia
-de Cuesta, al poco concierto entre él y Blake, y a la débil y culpable
-condescendencia de la junta de Galicia. La tropa bisoña y aun el
-paisanaje habiendo peleado largo rato con entusiasmo y denuedo,
-claramente mostraron lo que con mayor disciplina y mejor acuerdo de
-los jefes hubieran podido llevar a glorioso remate. Mucho perjudicó
-a la causa de la patria tan triste suceso. Se perdieron hombres,
-se consumieron en balde armas y otros pertrechos, y sobre todo se
-menoscabó en gran manera la confianza.</p>
-
-<p>Rioseco pagó duramente la derrota padecida casi a sus puertas.
-Nunca pudo autorizar el derecho de la guerra el saqueo y destrucción
-de un pueblo que por sí no había opuesto resistencia. Mas el enemigo
-con pretexto de que soldados dispersos habían hecho fuego cerca
-de los arrabales, entró en la ciudad matando por calles y plazas.
-Los vecinos que quisieron fugarse murieron casi todos a la salida.
-Allanaron los franceses las casas, los conventos y los templos,
-destruyeron las fábricas, robándolo todo y arruinándolo. Quitaron
-la vida a mozos, ancianos y niños, a religiosos y a varias mujeres,
-violándolas a presencia de sus padres y maridos. Lleváronse otras al
-campamento, abusando de ellas hasta que hubieron fallecido. Quemaron
-más de cuarenta casas, y coronaron tan horrorosa jornada con formar de
-la hermosa iglesia de Santa Cruz un infame lupanar, en donde fueron
-víctima del desenfreno de la soldadesca muchas monjas, sin que se
-respetase aun a las<span class="pagenum" id="Page_381">p. 381</span>
-muy ancianas. No pocas horas duró el tremendo destrozo.</p>
-
-<div class="sidenote">Avanza<br/> Bessières<br/> a León.</div>
-
-<p>Bessières después de avanzar hasta Benavente persiguió a Cuesta
-camino de León, a cuya ciudad llegó este el 17, abandonándola en
-la noche del 18 para retirarse hacia Salamanca. El general francés
-que había dudado antes si iría o no a Portugal, sabiendo este
-movimiento y el que Blake y los asturianos se habían replegado detrás
-de las montañas, desistió de su intento y se contentó con entrar
-en León y recorrer la tierra llana. <span class="sidenote">Su<br/>
-correspondencia<br/> con Blake.</span> Desde el 22 abrió el mariscal
-francés correspondencia con Blake haciéndole proposiciones muy
-ventajosas para que él y su ejército reconociesen a José. Respondiole
-el general español con firmeza y decoro, concluyendo los tratos con
-una carta de este demasiadamente vanagloriosa, y una respuesta de su
-contrario atropellada y en que se pintaba el enfado y despecho.</p>
-
-<p>La batalla de Rioseco, fatal para los españoles, llenó de júbilo a
-Napoleón, comparándola con la de Villaviciosa que había asegurado la
-corona en las sienes de Felipe V. Satisfecho con la agradable nueva, o
-más bien sirviéndole de honroso y simulado motivo, abandonó a Bayona,
-de donde el 21 de julio por la noche salió para París, visitando antes
-los departamentos del mediodía. No fue la vez primera ni la única en
-que alejándose a tiempo, procuraba que sobre otros recayesen las faltas
-y errores que se cometían en su ausencia.</p>
-
-<div class="sidenote">Viaje de José<br/> a Madrid.</div>
-
-<p>José, a quien dejamos a la raya de España y pisando su territorio,
-el 9 de julio había seguido<span class="pagenum" id="Page_382">p.
-382</span> su camino a cortas jornadas. A doquiera que llegaba
-acogíanle friamente; las calles de los pueblos estaban en soledad
-y desamparo, y no había para recibirle sino las autoridades que
-pronunciaban discursos, forzadas por la ocupación francesa. El 16
-supo en Burgos las resultas de la batalla de Rioseco, con lo que más
-desahogadamente le fue lícito continuar su viaje a Madrid. En el
-tránsito quiso manifestarse afable, lo cual dio ocasión a los satíricos
-donaires de los que le oían. Porque poco práctico en la lengua
-española, alteraba su pureza con vocablos y acento de la italiana, y
-sus arengas en vez de cautivar los ánimos solo los movían a risa y
-burla.</p>
-
-<div class="sidenote">Su entrada<br/> en la capital.</div>
-
-<p>El 20 en fin llegó a Chamartín a mediodía y se apeó en la quinta
-del duque del Infantado, disponiéndose a hacer su entrada en Madrid.
-Verificola pues en aquella propia tarde a las seis y media, yendo por
-la puerta de Recoletos, calle de Alcalá y Mayor hasta palacio. Habían
-mandado colgar y adornar las casas. Raro o ninguno fue el vecino
-que obedeció. Venía escoltado para seguridad y mayor pompa de mucha
-infantería y caballería, generales y oficiales de estado mayor, y
-contados españoles de los que estaban más comprometidos. Interrumpíase
-la silenciosa marcha con los solos vivas de algunos franceses
-establecidos en Madrid, y con el estruendo de la artillería. Las
-campanas en lugar de tañer como a fiesta las hubo que doblaron a manera
-de día de difuntos. Pocos fueron los habitantes que se asomaron o
-salieron a ver la ostentosa solemnidad. Y aun el<span class="pagenum"
-id="Page_383">p. 383</span> grito de uno que prorrumpió en <i>viva
-Fernando VII</i>, causó cierto desorden por el recelo de alguna oculta
-trama. Recibimiento que representaba al vivo el estado de los ánimos,
-y singular en su contraste con el que se había dado a Fernando VII en
-24 de marzo. Asemejose muy mucho al de Carlos de Austria en 1710, en
-el que se mezclaron con los pocos vítores que le aplaudían, varios
-que osaron aclamar a Felipe V. Pero José no se ofendió ni de extraños
-clamores ni de la expresiva soledad como el austriaco. Este al llegar
-a la puerta de Guadalajara torció a la derecha y se salió por la calle
-de Alcalá diciendo: «que era una corte sin gente.» José se posesionó
-de Palacio y desde luego admitió a cumplimentarle a las autoridades,
-consejos y principales personas al efecto citadas.</p>
-
-<div class="sidenote">Retrato de José.</div>
-
-<p>Ahora no parecerá fuera de propósito que nos detengamos a dar
-una idea, si bien sucinta, del nuevo rey, de su carácter y prendas.
-Comenzaremos por asentar con desapasionada libertad, que en tiempos
-serenos y asistido de autoridad, si no más legítima por lo menos de
-origen menos odioso, no hubiera el intruso deshonrado el solio, mas sí
-cooperado a la felicidad de España. José había nacido en Córcega, año
-de 1768. Habiendo estudiado en el colegio de Autun en Borgoña, volvió a
-su patria en 1785 en donde después fue individuo de la administración
-departamental, a cuya cabeza estaba el célebre Paoli. Casado en 1794
-con una hija de Mr. Clary, hombre de los más acaudalados de Marsella,
-acompañó al general Bonaparte en su primera campaña de Italia.
-Hallábase<span class="pagenum" id="Page_384">p. 384</span> embajador
-en Roma a la sazón que sublevándose el pueblo acometió su palacio y
-mató a su lado al general Duphot. Miembro a su regreso del consejo de
-los Quinientos, defendió con esfuerzo a su hermano que entonces en
-Egipto era vivamente atacado por el directorio. Después de desempeñar
-comisiones importantes y de haber firmado el concordato con el Papa,
-los tratados de Luneville, Amiens y otros, tomó asiento en el senado.
-Mas cuando Napoleón convirtió la Francia en un vasto campo militar y
-sus habitantes en soldados, ciñó a su hermano la espada, dándole el
-mando del cuarto regimiento de línea, uno de los destinados al tan
-pregonado desembarco de Inglaterra. No descolló empero en las armas,
-cual conviniera al que fue a domeñar después una nación fiera y altiva
-como la española. Al subir Napoleón al trono ofreció a José la corona
-de Lombardía que se negó a admitir, accediendo en 1806 a recibir la
-de Nápoles, cuyo reino gobernó con algún acierto. Fue en España más
-desgraciado a pesar de las prendas que le adornaban. Nacido en la
-clase particular y habiendo pasado por los vaivenes y trastornos de
-una gran revolución política, poseía a fondo el conocimiento de los
-negocios públicos y el de los hombres. Suave de condición, instruido
-y agraciado de rostro, y atento y delicado en sus modales, hubiera
-cautivado a su partido las voluntades españolas, si antes no se las
-hubiera tan gravemente lastimado en su pundonoroso orgullo. Además la
-extrema propensión de José a la molicie y deleites oscureciendo algún
-tanto sus bellas<span class="pagenum" id="Page_385">p. 385</span>
-dotes, dio ocasión a que se inventasen respecto de su persona ridículas
-consejas y cuentos creídos por una multitud apasionada y enemiga. Así
-fue que no contentos con tenerle por ebrio y disoluto, deformáronle
-hasta en su cuerpo fingiendo que era tuerto. Su misma locución fácil y
-florida perjudicole en gran manera, pues arrastrado de su facundia se
-arrojaba, como hemos advertido, a pronunciar discursos en lengua que
-no le era familiar, cuyo inmoderado uso unido a la fama exagerada de
-sus defectos, provocó a componer farsas populares que, representadas
-en todos los teatros del reino, contribuyeron no tanto al odio de
-su persona como a su desprecio, afecto del ánimo más temible para
-el que anhela afianzar en sus sienes una corona. Por tanto, José, si
-bien enriquecido de ciertas y laudables calidades, carecía de las
-virtudes bélicas y austeras que se requerían entonces en España, y sus
-imperfecciones, débiles lunares en otra coyuntura, ofrecíanse abultadas
-a los ojos de una nación enojada y ofendida.</p>
-
-<div class="sidenote">Su proclamación.</div>
-
-<p>Los pocos días que el nuevo rey residió en Madrid se pasaron en
-ceremonias y cumplidos. Señalose el 25 de julio para su proclamación.
-Prefirieron aquel día por ser el de Santiago, creyendo así agradar a
-la devoción española que le reconocía como patrón del reino. Hizo las
-veces de alférez mayor el conde de Campo de Alange, estando ausente
-y habiendo rehusado asistir el marqués de Astorga a quien de derecho
-competía.</p>
-
-<div class="sidenote">Su<br/> reconocimiento.</div>
-
-<p>Todas las autoridades, después de haber cumplimentado a José, le
-prestaron, con los principales<span class="pagenum" id="Page_386">p.
-386</span> personajes, juramento de fidelidad. Solo se resistieron
-el consejo de Castilla <span class="sidenote">Consejo<br/> de
-Castilla.</span> y la sala de alcaldes. Muy de elogiar sería la
-conducta del primero, si con empeño y honrosa porfía se hubiera
-antes constantemente opuesto a las resoluciones de la autoridad
-intrusa. Había sí a veces suprimido la fórmula, al publicar sus
-decretos, de que estos se <i>guardasen</i> y <i>cumpliesen</i>, pero
-imprimiéndose y circulándose a su nombre: el pueblo, que no se detenía
-en otras particularidades, achacaba al consejo y vituperaba en él la
-autorización de tales documentos, y los hombres entendidos deploraban
-que se sirviese de un efugio indigno de supremos magistrados. Porque
-al paso que doblaban la cerviz al usurpador, buscaban con sutilezas e
-impropios ardides un descargo a la severa responsabilidad que sobre
-ellos pesaba: proceder que los malquistó con todos los partidos.</p>
-
-<p>Desde la llegada de José a España habíase ordenado al consejo
-que se dispusiese a prestar el debido juramento. En el 22 de julio
-expresamente se le reiteró cumpliese con aquel acto, según lo prevenido
-en la constitución de Bayona, la cual ya de antemano se le había
-ordenado que circulase. El consejo sabedor de la resistencia general
-de las provincias, y previendo el compromiso a que se exponía, había
-procurado dar largas, y no antes del 24 respondió a las mencionadas
-órdenes. En dicho día remitió dos representaciones que abrazaban ambos
-puntos el del juramento y el de la constitución. A cerca de la última
-expuso: «que él no representaba a la nación, y sí únicamente<span
-class="pagenum" id="Page_387">p. 387</span> las cortes, las que no
-habían recibido la constitución. Que sería una manifiesta infracción
-de todos los derechos más sagrados el que tratándose, no ya del
-establecimiento de una ley sino de la extinción de todos los códigos
-legales y de la formación de otros nuevos, se obligase a jurar su
-observancia antes que la nación los reconociese y aceptase.» Justa y
-saludable doctrina de que en adelante se desvió con frecuencia el mismo
-consejo.</p>
-
-<p>Hasta en el presente negocio cedió al fin respecto de la
-constitución de Bayona, cuya publicación y circulación tuvo efecto con
-su anuencia en 26 de julio. Animáronle a continuar en la negativa del
-pedido juramento los avisos confidenciales que ya llegaban del estado
-apurado de los franceses en Andalucía: por lo cual el 28 insistió en
-las razones alegadas, añadiendo nuevas de conciencia. A unas y a otras
-le hubiera la necesidad obligado a encontrar salida y someterse a lo
-que se le ordenaba, según antes había en todo practicado, si grandes
-acontecimientos allende la Sierra Morena no hubieran distraído de los
-escrúpulos del consejo y suscitado nuevos e impensados cuidados al
-gobierno intruso.</p>
-
-<p>Al llegar aquí de suyo se nombra la batalla de Bailén: memorable
-suceso que exige lo refiramos circunstanciadamente.</p>
-
-<div class="sidenote">Acontecimientos<br/> que precedieron<br/> a la
-batalla<br/> de Bailén.</div>
-
-<p>No habrá el lector olvidado como Dupont después de abandonar a
-Córdoba se había replegado a Andújar, y asentando allí su cuartel
-general, sucesivamente había recibido los refuerzos que le llevaron
-los generales Vedel y Gobert.<span class="pagenum" id="Page_388">p.
-388</span> Antes de esta retirada y para impedirla se había formado
-un plan por los españoles. Don Francisco Javier Castaños se oponía a
-que este se realizase, pensando quizá fundadamente que ante todo debía
-organizarse el ejército en un campo atrincherado delante de Cádiz. En
-tanto Dupont frustró con su movimiento retrógrado el intento que había
-habido de rodearle. Alentáronse los nuestros, y solo Castaños insistió
-de nuevo en su anterior dictamen. Inclinábase a adoptarle la junta de
-Sevilla hasta que arrastrada por la voz pública, y noticiosa de que
-tropas de refresco avanzaban a unirse al enemigo, determinó que se le
-atacase en Andújar.</p>
-
-<p>Castaños desde que había tomado el mando del ejército de Andalucía,
-había tratado de engrosarle, y disciplinar a los innumerables paisanos
-que se presentaban a alistarse voluntariamente. En Utrera estableció
-su cuartel general, y en aquel pueblo y Carmona se juntaron unas en
-pos de otras todas las fuerzas, así las que venían de San Roque, Cádiz
-y Sevilla, como las que con Echevarri habían peleado en Alcolea. No
-tardaron mucho las de Granada en aproximarse y darse la mano con las
-demás. Para mayor seguridad rogó Castaños al general Spencer, quien con
-5000 ingleses según se apuntó estaba en Cádiz a bordo de la escuadra de
-su nación, que desembarcase y tomase posición en Jerez. Por entonces no
-condescendió este general con su deseo, prefiriendo pasar a Ayamonte
-y sostener la insurrección de Portugal. No tardó sin embargo el
-inglés en volver y desembarcar en el Puerto de Santa María, en donde
-permaneció<span class="pagenum" id="Page_389">p. 389</span> corto
-tiempo sin tomar parte en la guerra de Andalucía.</p>
-
-<div class="sidenote">Distribución del<br/> ejército español<br/> de
-Andalucía.</div>
-
-<p>Puestos de inteligencia los jefes españoles dispusieron su ejército
-en tres divisiones con un cuerpo de reserva. Mandaba la primera Don
-Teodoro Reding con la gente de Granada; la segunda el marqués de
-Coupigny, y se dejó la tercera a cargo de Don Félix Jones que debía
-obrar unida a la reserva capitaneada por Don Manuel de la Peña. El
-total de la fuerza ascendía a 25.000 infantes y 2000 caballos. A las
-órdenes de Don Juan de la Cruz había una corta división, compuesta de
-las compañías de cazadores de algunos cuerpos, de paisanos y otras
-tropas ligeras, con partidas sueltas de caballería, que en todo
-ascendía a 1000 hombres. También Don Pedro Valdecañas mandaba por otro
-lado pequeños destacamentos de gente allegadiza.</p>
-
-<p>Los españoles, avanzando, se extendieron desde el 1.º de julio por
-el Carpio y ribera izquierda del Guadalquivir. Los franceses para
-buscar víveres y cubrir su flanco habían al propio tiempo enviado a
-Jaén al general de brigada Cassagne con 1500 hombres. A las once del
-mismo día, acercándose los franceses a la ciudad, tuvieron varios
-reencuentros con los nuestros, y hasta el 3 que por la noche la
-desampararon estuvieron en continuado rebato y pelea, ya con paisanos y
-ya con el regimiento de suizos de Reding y voluntarios de Granada, que
-habían acudido a la defensa de los suyos. Dupont, sabedor del movimiento
-del general Castaños, no queriendo tener alejadas sus fuerzas, había
-ordenado a Cassagne que retrocediese, y así se libertó Jaén de la
-ocupación<span class="pagenum" id="Page_390">p. 390</span> de unos
-soldados que tanto daño le habían ocasionado en la primera.</p>
-
-<div class="sidenote">Consejo<br/> celebrado<br/> para atacar<br/> a
-los franceses.</div>
-
-<p>Instando de todos lados para que se acometiese decididamente al
-enemigo, celebraron en Porcuna el 11 de julio los jefes españoles un
-consejo de guerra en el que se acordó el plan de ataque. Conforme a lo
-convenido debía Don Teodoro Reding cruzar el Guadalquivir por Mengíbar
-y dirigirse sobre Bailén, sosteniéndole el marqués de Coupigny que
-había de pasar el río por Villanueva. Al mismo tiempo Don Francisco
-Javier Castaños quedó encargado de avanzar con la tercera división y la
-reserva y atacar de frente al enemigo, cuyo flanco derecho debía ser
-molestado por las tropas ligeras y cuerpos francos de Don Juan de la
-Cruz, quien atravesando por el puente de Marmolejo, que aunque cortado
-anteriormente estaba ya transitable, se situó al efecto en las alturas
-de Sementera.</p>
-
-<p>El 13 se empezó a poner en obra el concertado movimiento, y el
-15 hubo varias escaramuzas. Dupont inquieto con las tropas que veía
-delante de sí, pidió a Vedel que le enviase de Bailén el socorro de
-una brigada; pero este no queriendo separarse de sus soldados fue en
-persona con su división, dejando solamente a Liger-Belair con 1300
-hombres para guardar el paso de Mengíbar. En el mismo 15 los franceses
-atacaron a Cruz, quien después de haber combatido bizarramente se
-transfirió a Peñascal de Morales, replegándose los enemigos a sus
-posiciones. No hubo en el 16 por el frente, o sea del lado de Castaños,
-sino un recio cañoneo; pero fue grave y glorioso para los españoles el
-choque en<span class="pagenum" id="Page_391">p. 391</span> que se vio
-empeñado en el propio día el general Reding.</p>
-
-<div class="sidenote">Acción<br/> de Mengíbar.</div>
-
-<p>Según lo dispuesto trató este general de atacar al enemigo, y al
-tiempo que le amenazaba en su posición de Mengíbar, a las cuatro de la
-mañana cruzó el río a media legua por el vado apellidado del Rincón.
-Le desalojó de todos los puntos, y obligó a Liger-Belair a retirarse
-hacia Bailén, de donde volando a su socorro el general Gobert, recibió
-este un balazo en la cabeza, de que murió poco después. Cuerpos nuevos
-como el de Antequera y otros se estrenaron aquel día con el mayor
-lucimiento. Contribuyó en gran manera al acierto de los movimientos el
-experto y entendido mayor general Don Francisco Javier Abadía. Nada
-embarazaba ya la marcha victoriosa de los españoles; mas Reding como
-prudente capitán suspendió perseguir al enemigo, y repasando por la
-tarde el río aguardó a que se le uniese Coupigny. Pareció ser día de
-buen agüero porque en 1212 en el mismo 16 de julio, según el cómputo
-de entonces, habíase ganado la célebre batalla de las Navas de Tolosa,
-pueblo de allí poco distante: siendo de notar que el paraje en donde
-hubo mayor destrozo de moros, y que aún conserva el nombre de campo
-de matanza, fue el mismo en que cayó mortalmente herido el general
-Gobert.</p>
-
-<p>De resultas de este descalabro determinó Dupont que Vedel tornase
-a Bailén, y arrojase los españoles del otro lado del río. Empezaba
-el terror a desconcertar a los franceses. Aumentose con la noticia
-que recibieron de lo ocurrido en Valencia, y por doquiera no veían
-ni soñaban<span class="pagenum" id="Page_392">p. 392</span> sino
-gente enemiga. Así fue que Dufour, sucesor de Gobert, y Liger-Belair
-escarmentados con la pérdida que el 16 experimentaron en Mengíbar, y
-temerosos de que los españoles mandados por Don Pedro Valdecañas, que
-habían acometido y sorprendido en Linares un destacamento francés, se
-apoderasen de los pasos de la sierra y fuesen después sostenidos por la
-división victoriosa de Reding, en vez de mantenerse en Bailén caminaron
-a Guarromán tres leguas distante. Ya se habían puesto en marcha cuando
-Vedel de vuelta de Andújar llegó al primer pueblo, y sin aguardar
-noticia ni aviso alguno recelándose que Dufour y su compañero pudiesen
-ser atacados prosiguió adelante, y uniéndose a ellos avanzaron juntos a
-la Carolina y Santa Elena.</p>
-
-<p>En el intermedio y al día siguiente de la gloriosa acción que había
-ganado, movió el general Reding su campo, repasó de nuevo el río en la
-tarde del 17, e incorporándosele al amanecer el marqués de Coupigny
-entraron ambos el 18 en Bailén. Sin permitir a su gente largo descanso
-disponíanse a revolver sobre Andújar, con intento de coger a Dupont
-entre sus divisiones y las que habían quedado en los Visos, cuando
-impensadamente se encontraron con las tropas de dicho general, que de
-priesa y silenciosamente caminaban. Había el francés salido de Andújar
-al anochecer del 18, después de destruir el puente y las obras que para
-su defensa había levantado. Escogió la oscuridad deseoso de encubrir su
-movimiento, y salvar el inmenso bagaje que acompañaba a sus huestes.</p>
-
-<div class="sidenote">Batalla de Bailén,<br/> 19 de julio.</div>
-
-<p>Abría Dupont la marcha con 2600 combatientes,<span class="pagenum"
-id="Page_393">p. 393</span> mandando Barbou la columna de retaguardia.
-Ni franceses ni españoles se imaginaban estar tan cercanos; pero
-desengañolos el tiroteo que de noche empezó a oírse en los puntos
-avanzados. Los generales españoles que estaban reunidos en una
-almazara o sea molino de aceite a la izquierda del camino de Andújar,
-paráronse un rato con la duda de si eran fusilazos de su tropa bisoña
-o reencuentro con la enemiga. Luego los sacó de ella una granada que
-casi cayó a sus pies a las doce y minutos de aquella misma noche, y
-principio ya del día 19. Eran en efecto fuegos de tropas francesas que
-habiendo las primeras y más temprano salido de Andújar, habían tenido
-el necesario tiempo para aproximarse a aquellos parajes. Los jefes
-españoles mandaron hacer alto, y Don Francisco Venegas Saavedra, que
-en la marcha capitaneaba la vanguardia, mantuvo el conveniente orden,
-y causó diversión al enemigo en tanto que la demás tropa ya puesta en
-camino volvía a colocarse en el sitio que antes ocupaba. Los franceses
-por su parte avanzaron más allá del puente que hay a media legua de
-Bailén. En unas y otras no empezó a trabarse formalmente la batalla
-hasta cerca de las cuatro de la mañana del citado 19. Aunque los dos
-grandes trozos o divisiones, en que se había distribuido la fuerza
-española allí presente, estaban al mando de los generales Reding y
-Coupigny, sometido este al primero, ambos jefes acudían indistintamente
-con la flor de sus tropas a los puntos atacados con mayor empeño.
-Ayudoles mucho para el acierto el saber y tino del mayor general
-Abadía.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_394">p. 394</span>La primera
-acometida fue por donde estaba Coupigny. Rechazáronla sus soldados
-vigorosamente, y los guardias valonas, suizos, regimientos de
-Bujalance, Ciudad Real, Trujillo, Cuenca, Zapadores y el de caballería
-de España embistieron las alturas que el enemigo señoreaba y le
-desalojaron. Roto este enteramente se acogió al puente, y retrocedió
-largo trecho. Reconcentrando en seguida Dupont sus fuerzas volvió
-a posesionarse de parte del terreno perdido, y extendió su ataque
-contra el centro y costado derecho español en donde estaba Don Pedro
-Grimarest. Flaqueaban los nuestros de aquel lado, pero auxiliados
-oportunamente por Don Francisco Venegas, fueron los franceses del todo
-arrollados teniendo que replegarse. Muchas y porfiadas veces repitieron
-los enemigos sus tentativas por toda la línea, y en todas fueron
-repelidos con igual éxito. Manejaron con destreza nuestra artillería
-los soldados y oficiales de aquella arma, mandados por los coroneles
-Don José Juncar y Don Antonio de la Cruz, consiguiendo desmontar
-de un modo asombroso la de los contrarios. La sed causada por el
-intenso calor era tanta que nada disputaron los combatientes con mayor
-encarnizamiento como el apoderarse, ya unos ya otros, de una noria sita
-más abajo de la almazara antes mencionada.</p>
-
-<p>A las doce y media de la mañana Dupont lleno de enojo púsose con
-todos los generales a la cabeza de las columnas, y furiosa y bravamente
-acometieron juntos al ejército español. Intentaron con particular
-arrojo romper nuestro centro, en donde estaban los generales Reding
-y<span class="pagenum" id="Page_395">p. 395</span> Abadía, llegando
-casi a tocar con los cañones los marinos de la guardia imperial. Vanos
-fueron sus esfuerzos, inútil su conato. Tanto ardimiento y maestría
-estrellose contra la bravura y constancia de nuestros guerreros.
-Cansados los enemigos, del todo decaídos, menguados sus batallones, y
-no encontrando refugio ni salida, propusieron una suspensión de armas
-que aceptó Reding.</p>
-
-<p>Mientras que la victoria coronaba con sus laureles a este general,
-Don Juan de la Cruz no había permanecido ocioso. Informado del
-movimiento de Dupont en la misma noche del 18 se adelantó hasta los
-Baños, y colocándose cerca del Herrumblar a la izquierda del enemigo,
-le molestó bastantemente. Castaños debió tardar más en saber la
-retirada de los franceses, puesto que hasta la mañana del 19 no mandó a
-Don Manuel de la Peña ponerse en marcha. Llevó este consigo la tercera
-división de su mando reforzada, quedándose con la reserva en Andújar
-el general en jefe. Peña llegó cuando se estaba ya capitulando: había
-antes tirado algunos cañonazos para que Reding estuviese advertido
-de su llegada, y quizá este aviso aceleró el que los franceses se
-rindiesen.</p>
-
-<p>Vedel en su correría no habiendo descubierto por la sierra tropas
-españolas, unido con Dufour permaneció el 18 en la Carolina, después
-de haber dejado para resguardar el paso en Santa Elena y Despeñaperros
-dos batallones y algunas compañías. Allí estaba cuando al alborear del
-19 oyendo el cañoneo del lado de Bailén, emprendió su marcha, aunque
-lentamente, hacia<span class="pagenum" id="Page_396">p. 396</span> el
-punto de donde partía el ruido. Tocaba ya a las avanzadas españolas, y
-todavía reposaban estas con el seguro de la pactada tregua. Advertido
-sin embargo Reding envió al francés un parlamento con la nueva de lo
-acaecido. Dudó Vedel si respetaría o no la suspensión convenida, mas al
-fin envió un oficial suyo para cerciorarse del hecho.</p>
-
-<p>Ocupaban por aquella parte los españoles las dos orillas del camino.
-En la ermita de San Cristóbal, que está a la izquierda yendo de Bailén
-a la Carolina, se había situado un batallón de Irlanda, y el regimiento
-de Órdenes Militares al mando de su valiente coronel Don Francisco
-de Paula Soler: enfrente y del otro lado se hallaba otro batallón de
-dicho regimiento de Irlanda con dos cañones. Pesaroso Vedel de haber
-suspendido su marcha, u obrando quizá con doblez, media hora después
-de haber contestado al parlamento de Reding, y de haber enviado un
-oficial a Dupont, mandó al general Cassagne que atacase el puesto de
-los españoles últimamente indicado. Descansando nuestros soldados en la
-buena fe de lo tratado, fuele fácil al francés desbaratar al batallón
-de Irlanda que allí había, cogerle muchos prisioneros, y aun los dos
-cañones. Mayor oposición encontró el enemigo en las fuerzas que mandaba
-Soler, quien aguantó bizarramente la acometida que le dio el jefe
-de batallón Roche. Interesaba mucho aquel punto de la ermita de San
-Cristóbal, porque se facilitaba apoderándose de ella la comunicación
-con Dupont. Viendo la porfiada y ordenada resistencia que los españoles
-ofrecían, iba Vedel a atacar<span class="pagenum" id="Page_397">p.
-397</span> en persona la ermita, cuando recibió la orden de su general
-en jefe de no emprender cosa alguna, con lo que cesó en su intento
-calificado por los españoles de alevoso.</p>
-
-<div class="sidenote">Capitulación<br/> del ejército<br/> francés.</div>
-
-<p>Negociábase pues el armisticio que antes se había entablado. Fue
-enviado por Dupont para abrir los tratos el capitán Villoutreys de su
-estado mayor. Pedía el francés la suspensión de armas y el permiso de
-retirarse libremente a Madrid. Concedió Reding la primera demanda,
-advirtiendo que para la segunda era menester abocarse con Don Francisco
-Javier Castaños que mandaba en jefe. A él se acudió autorizando los
-franceses al general Chabert para firmar un convenio. Inclinábase
-Castaños a admitir la proposición de dejar a los enemigos repasar sin
-estorbo la Sierra Morena. Pero la arrogancia francesa disgustando a
-todos, excitó al conde de Tilly a oponerse, cuyo dictamen era de gran
-peso como de individuo de la junta de Sevilla, y de hombre que tanta
-parte había tomado en la revolución. Vino en su apoyo el haberse
-interceptado un despacho de Savary de que era portador el oficial Mr.
-de Fénelon. Preveníasele a Dupont en su contenido que se recogiese al
-instante a Madrid en ayuda de las tropas que iban a hacer rostro a
-los generales Cuesta y Blake que avanzaban por la parte de Castilla
-la Vieja. Tilly a la lectura del oficio insistió con ahínco en su
-opinión, añadiendo que la victoria alcanzada en los campos de Bailén
-de nada serviría sino de favorecer los deseos del enemigo, caso que se
-permitiese a sus soldados ir a juntarse con los que estaban allende
-la sierra. A sus palabras<span class="pagenum" id="Page_398">p.
-398</span> irritados los negociadores franceses se propasaron en sus
-expresiones hablando mal de los paisanos españoles y exagerando sus
-excesos. No quedaron en zaga en su réplica los nuestros, echándoles
-en cara escándalos, saqueos y perfidias. De ambas partes agriándose
-sobremanera los ánimos, rompiéronse las entabladas negociaciones.</p>
-
-<p>Mas los franceses no tardaron en renovarlas. La posición de su
-ejército por momentos iba siendo más crítica y peligrosa. Al ruido de
-la victoria había acudido de la comarca la población armada, la cual
-y los soldados vencedores estrechando en derredor al enemigo abatido
-y cansado, sofocado con el calor y sediento, le sumergían en profunda
-aflicción y desconsuelo. Los jefes franceses no pudiendo los más
-sobrellevar la dolorosa vista que ofrecían sus soldados, y algunos, si
-bien los menos, temerosos de perder el rico botin que los acompañaba,
-generalmente persistieron en que se concluyese una capitulación. Y como
-las primeras conferencias no habían tenido feliz resulta, escogiose
-para ajustarla al general Marescot que por acaso se había incorporado
-al ejército de Dupont. De antiguo conocía al nuevo plenipotenciario Don
-Francisco Javier Castaños, y lisonjeáronse los que le eligieron con que
-su amistad llevaría la negociación a pronto y cumplido remate.</p>
-
-<p>Habíanse ya trabado nuevas pláticas, y todavía hubo oficiales
-franceses que escuchando más a los ímpetus de su adquirida gloria que
-a lo que su situación y la fe empeñada exigían,<span class="pagenum"
-id="Page_399">p. 399</span> propusieron embestir de repente las líneas
-españolas, y uniéndose con Vedel salvarse a todo trance. Dupont mismo
-sobrecogido y desatentado dio órdenes contradictorias, y en una de
-ellas insinuó a Vedel que se considerase como libre y se pusiese en
-cobro. Bastole a este general el permiso para empezar a retirarse
-por la noche burlándose de la tregua. Notando los españoles su fuga,
-intimaron a Dupont que de no cumplir él y los suyos la palabra dada, no
-solamente se rompería la negociación, sino que también sus divisiones
-serían pasadas a cuchillo. Arredrado con la amenaza, envió el francés
-oficiales de su estado mayor que detuviesen en la marcha a Vedel, el
-cual aunque cercado de un enjambre de paisanos, y hostigado por el
-ejército español, vaciló si había o no de obedecer. Mas aterrorizados
-oficiales y soldados, era tanto su desaliento que de veintitrés jefes
-que convocó a consejo de guerra, solo cuatro opinaron que debía
-continuarse la comenzada retirada. Mal de su grado sometiose Vedel al
-parecer de la mayoría.</p>
-
-<p>Terminose pues la capitulación oscura y contradictoria en
-alguna de sus partes; lo que en seguida dio margen a disputas y
-altercados.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a href="#Ap_4-15"
-id="Ll_4-15">4-15</a>.)</span> Según los primeros artículos se hacía
-una distinción bien marcada entre las tropas del general Dupont
-y las de Vedel. Las unas eran consideradas como prisioneras de
-guerra, debiendo rendir las armas, y sujetarse a la condición de
-tales. A las otras si bien forzadas a evacuar la Andalucía, no se
-las obligaba a entregar las armas sino en calidad de depósito, para
-devolvérselas<span class="pagenum" id="Page_400">p. 400</span> a su
-embarco. Pero esta distinción desaparecía en el artículo 6.º en donde
-se estipulaba que todas las tropas francesas de Andalucía se harían a
-la vela desde Sanlúcar y Rota para Rochefort en buques tripulados por
-españoles. Ignoramos si hubo o no malicia en la inserción del artículo.
-Si procedió de ardid de los negociadores franceses, enredáronse
-entonces en su propio lazo, pues no era hacedero aprestar los
-suficientes barcos con tripulación nacional. Tenemos por más probable
-que anhelando todos concluir el convenio se precipitaron a cerrarle,
-dejándole en parte ambiguo y vago.</p>
-
-<p>La capitulación firmose en Andújar el 22 de julio por Don Francisco
-Javier Castaños y el conde de Tilly a nombre de los españoles, y lo
-fue al de los franceses por los generales Marescot y Chabert. Al día
-siguiente desfiló la fuerza que estaba a las órdenes inmediatas del
-general Dupont por delante de la reserva y tercera división españolas,
-a cuyo frente se hallaban los generales Castaños y Don Manuel de la
-Peña. Censurose que se diera la mayor honra y prez de la victoria a las
-tropas que menos habían contribuido a alcanzarla. Componíase la primera
-fuerza francesa de 8248 hombres, <span class="sidenote">Rinden las
-armas<br/> los franceses.</span> la cual rindió sus armas a 400 toesas
-del campo. El 24 trasladose el mismo Castaños a Bailén, en donde las
-divisiones de Vedel y Dufour que constaban de 9393 hombres abandonaron
-sus fusiles, colocándolos en pabellones sobre el frente de banderas.
-Además entregaron unos y otros las águilas como también los caballos
-y la artillería que contaba 40 piezas. De suerte que entre<span
-class="pagenum" id="Page_401">p. 401</span> los que habían perecido en
-la batalla, los rendidos y los que después sucesivamente se rindieron
-en la sierra y Mancha, pasaba el total del ejército enemigo de 21.000
-hombres. El número de sus muertos ascendía a más de 2000 con gran
-número de heridos. Entre ellos perecieron el general Dupré y varios
-oficiales superiores. Dupont quedó también contuso. De los nuestros
-murieron 243, quedando heridos más de 700.</p>
-
-<div class="sidenote">Reflexiones<br/> sobre la batalla.</div>
-
-<p>Día fue aquel de ventura y gloria para los españoles, de eterna
-fama para sus soldados, de terrible y dolorosa humillación para los
-contrarios. Antes vencedores estos contra las más aguerridas tropas
-de Europa, tuvieron que rendir ahora sus armas a un ejército bisoño
-compuesto en parte de paisanos y allegado tan apresuradamente que
-muchos sin uniforme todavía conservaban su antiguo y tosco vestido.
-Batallaron sin embargo los franceses con honra y valentía; cedieron a
-la necesidad, pero cedieron sin afrenta. Algunos de sus caudillos no
-pudieron ponerse a salvo de una justa y severa censura. Allá en Roma
-en parecido trance pasaron sus cónsules bajo el yugo despojados, y
-medio desnudos al decir de Tito Livio: «aquí hubo jefes que tuvieron
-más cuenta con la mal adquirida riqueza que con el buen nombre.» No
-ha faltado entre sus compatriotas quien haya achacado la capitulación
-al deseo de no perder el cuantioso botin que consigo llevaban. Pudo
-caber tan ruin pensamiento en ciertos oficiales, mas no en su mayor
-y más respetable número. Guerreros bravos y veteranos lidiaron con
-arrojo y<span class="pagenum" id="Page_402">p. 402</span> maestría;
-sometiéronse a su mala estrella y a la dicha y señalado brío de los
-españoles.</p>
-
-<p>La victoria pesada en la balanza de la razón casi tocó en portento.
-Cierto que las divisiones de Reding y de Coupigny, únicas que en
-realidad lidiaron, contaban un tercio de fuerza más que las de
-Dupont, constando estas de 8000 hombres, y aquellas de 14.000. ¡Pero
-qué inferioridad en su composición! Las francesas superiorísimas en
-disciplina, bajo generales y oficiales inteligentes y aguerridos,
-bien pertrechadas y con artillería completa y bien servida, tenían
-la confianza que dan tamañas ventajas y una serie no interrumpida de
-victorias. Las españolas mal vestidas y armadas, con oficiales por
-la mayor parte poco prácticos en el arte de la guerra y con soldados
-inexpertos, eran más bien una masa de hombres de repente reunidos, que
-un ejército en cuyas filas hubiese la concordancia y orden propios
-de un ejército a punto de combatir. Nuestra caballería por su mala
-organización conceptuábase como nula a pesar del valor de los jinetes,
-al paso que la francesa brillaba y se aventajaba por su arreglo y
-destreza. La posición ocupada por los españoles no fue más favorable
-que la de los enemigos, habiendo al contrario tenido estos la fortuna
-de acometer los primeros a los nuestros que comenzaban su marcha.
-Podrá alegarse que hallándose a la retaguardia de Dupont las fuerzas
-de Castaños y Peña, se le inutilizaba a aquel su superioridad viéndose
-así perseguido y estrechado; pero en respuesta diremos que también
-Reding tuvo a sus espaldas las tropas de Vedel,<span class="pagenum"
-id="Page_403">p. 403</span> con la diferencia que las de Peña nunca
-llegaron al ataque, y las otras le realizaron por dos veces. No es
-extraño que mortificados los vencidos con la impensada rota, la hayan
-asimismo achacado a la penuria que experimentaban sus soldados, al
-cansancio y al calor terrible en aquella estación y en aquel clima.
-Pero si los víveres abundaban en el campo de los españoles, era igual
-o mayor la fatiga, y no herían con menos violencia los rayos del sol
-a muchos de los que siendo de provincias más frescas estaban tan
-desacostumbrados como los franceses a los ardores de las del mediodía,
-de que varios cayeron sofocados y muertos. Hanse reprendido a Dupont y
-a sus generales graves faltas, y ¡cuáles no cometieron los españoles!
-Si Vedel y los suyos corrieron a la Carolina tras un enemigo que no
-existía, Castaños y la Peña se pararon sobrado tiempo en los Visos de
-Andújar, figurándose tener delante un enemigo que había desaparecido.
-El general francés reputado como uno de los primeros de su nación,
-aventajábase en nombradía al español, habiéndose ilustrado con
-gloriosos hechos en Italia y en las orillas del Danubio y del Elba.
-Castaños, después de haber servido con distinción en la campaña de
-Francia de 1793, gozaba fama de buen oficial y de hombre esforzado,
-mas no había todavía tenido ocasión de señalarse como general en jefe.
-Suave de condición amábanle sus subalternos; mañero en su conducta
-acusábanle otros de saber aprovecharse en beneficio propio de las
-hazañas ajenas. Así fue que quisieron privarle de todo loor y gloria
-en los triunfos de<span class="pagenum" id="Page_404">p. 404</span>
-Bailén. Juicio apasionado e injusto. Pues si a la verdad no asistió en
-persona a la acción, y anduvo lento en moverse de Andújar, no por eso
-dejó de tomar parte en la combinación y arreglo acordado para atacar y
-destruir al enemigo. Por lo demás la ventaja real que en esta célebre
-jornada asistió a los españoles, fue el puro y elevado entusiasmo que
-los animaba y la certeza de la justicia de la causa que defendían,
-al paso que los franceses decaídos en medio de un pueblo que los
-aborrecía, abrumados con su bagaje y sus riquezas, conservaban sí el
-valor de la disciplina y el suyo propio, pero no aquella exaltación
-sublime con que habían asombrado al mundo en las primeras campañas de
-la revolución.</p>
-
-<p>Nos hemos detenido algún tanto en el cotejo de los ejércitos
-combatientes y en el de sus operaciones, no para dar preferencia en las
-armas a ninguna de las dos naciones, sino para descubrir la verdad y
-ponerla en su más espléndido y claro punto. Los habitadores de España
-y Francia como todos los de Europa igualmente bravos y dispuestos a
-las acciones más dignas y elevadas, han tenido sus tiempos de gloria y
-abatimiento, de fortuna y desdicha, dependiendo sus victorias o de la
-previsión y tino de sus gobiernos, o de la maestría de sus caudillos, o
-de aquellos acasos tan comunes en la guerra, y por los que con razón se
-ha dicho que las armas tienen sus días.</p>
-
-<div class="sidenote">Camina<br/> el ejército rendido<br/> a la
-costa.</div>
-
-<p>Los franceses después de haberse rendido, emprendieron su
-viaje hacia la costa de noche y a cortas jornadas. Además de las
-contradicciones<span class="pagenum" id="Page_405">p. 405</span>
-e inconvenientes que en sí envolvía la capitulación, casi la
-imposibilitaban las circunstancias del día. La autoridad, falta de
-la necesaria fuerza, no podía enfrenar el odio que había contra los
-franceses, causadores de una guerra que Napoleón mismo calificó
-alguna vez de sacrílega.[*] <span class="sidenote">(* Ap. n. <a
-href="#Ap_4-16" id="Ll_4-16">4-16</a>.)</span> El modo pérfido con
-que ella había comenzado, los excesos, robos y saqueos cometidos
-en Córdoba y su comarca, tanto más pesados, cuanto recaían sobre
-pueblos no habituados desde siglos a ver enemigos en sus hogares,
-excitaban un clamor general, y creíase universalmente que ni pacto ni
-tratado debía guardarse con los que no habían respetado ninguno. En
-semejante conflicto la junta de Sevilla consultó con los generales
-Morla y Castaños acerca de asunto tan grave. Disintieron ambos en sus
-pareceres. Con razón el último sostenía el fiel cumplimiento de lo
-estipulado, en contraposición del primero que buscaba la aprobación y
-aplauso popular. Adhirió la junta al dictamen de este, aunque injusto
-e indebido. Para sincerarse circuló un papel en cuyo contexto intentó
-probar que los franceses habían infringido la capitulación, y que suya
-era la culpa si no se cumplía. Efugio indigno de la autoridad soberana
-cuando había una razón principalísima, y que fundadamente podía
-producirse, cual era la falta de transportes y marinería.</p>
-
-<div class="sidenote">Desorden<br/> en Lebrija<br/> causado<br/> por la
-presencia<br/> de los prisioneros.</div>
-
-<p>Por pequeña ocasión aumentáronse las dificultades. Acaeció pues
-en Lebrija que descubriéndose casualmente en las mochilas de algunos
-soldados más dinero que el que correspondía<span class="pagenum"
-id="Page_406">p. 406</span> a su estado y situación, irritose en
-extremo el pueblo, y ellos para libertarse del enojo que había
-promovido el hallazgo, trataron de descargarse acusando a los
-oficiales. Del alboroto y pendencia resultaron muertes y desgracias.
-Propúsoseles entonces a los prisioneros que para evitar disturbios se
-sujetasen a un prudente registro, depositando los equipajes en manos de
-la autoridad. No cedieron al medio indicado, y otro incidente levantó
-en el Puerto de Santa María gran bullicio. <span class="sidenote">En el
-Puerto<br/> de Santa María.</span> Al embarcarse allí el 14 de agosto
-para pasar la bahía, cayose de la maleta de un oficial una patena
-y la copa de un cáliz. Fácil es adivinar la impresión que causaría
-la vista de semejantes objetos. Porque además de contravenirse a la
-capitulación en que se había expresamente estipulado la restitución
-de los vasos sagrados, se escandalizaba sobremanera a un pueblo que
-en tan gran veneración tenía aquellas alhajas. Encendidos los ánimos,
-se registraron los más de los equipajes, y apoderándose de ellos se
-maltrató a muchos prisioneros y se les despojó en general de casi todo
-lo que poseían.</p>
-
-<div class="sidenote">Correspondencia<br/> entre Dupont<br/> y
-Morla.</div>
-
-<p>Promovieron tales incidentes reclamaciones vivas del general Dupont
-y una correspondencia entre él y Don Tomás de Morla gobernador de
-Cádiz. Pedía el francés en ella los equipajes de que se había privado
-a los suyos, e insistiendo en su demanda contestole entre otras cosas
-Morla: «¿si podía una capitulación que solo hablaba de la seguridad de
-sus equipajes, darle la propiedad de los tesoros que con asesinatos,
-profanación de cuanto hay sagrado, crueldades<span class="pagenum"
-id="Page_407">p. 407</span> y violencias había acumulado su ejército de
-Córdoba y otras ciudades? ¿Hay razón [continuaba], derecho ni principio
-que prescriba que se debe guardar fe ni aun humanidad a un ejército que
-ha entrado en un reino aliado y amigo so pretextos capciosos y falaces;
-que se ha apoderado de su inocente y amado rey y toda su familia con
-igual falacia; que les ha arrancado violentas e imposibles renuncias a
-favor de su soberano, y que con ellas se ha creído autorizado a saquear
-sus palacios y pueblos, y que porque no acceden a tan inicuo proceder,
-profanan sus templos y los saquean, asesinan sus ministros, violan
-las vírgenes, estupran a su placer bárbaro, y cargan y se apoderan de
-cuanto pueden transportar, y destruyen lo que no? ¿Es posible que estos
-tales tengan la audacia, oprimidos, cuando se les priva de estos que
-para ellos deberían ser horrorosos frutos de su iniquidad, reclamar los
-<i>principios de honor y probidad</i>?» Verdades eran estas si bien mal
-expresadas, por desgracia sobradamente obvias y de todos conocidas. Mas
-las perfidias y escándalos pasados no autorizaban el quebrantamiento
-de una capitulación contratada libremente por los generales españoles.
-¿Qué sería de las naciones, qué de su progreso y civilización, si
-echándose recíprocamente en cara sus extravíos, sus violencias,
-olvidasen la fe empeñada y traspasasen y abatiesen los linderos que ha
-fijado el derecho público y de gentes? En Morla fue más reprensible
-aquel lenguaje siendo militar antiguo, y hombre que después a las
-primeras desgracias de su patria<span class="pagenum" id="Page_408">p.
-408</span> la abandonó villanamente y desertó al bando enemigo.</p>
-
-<div class="sidenote">Consternación<br/> del gobierno<br/> francés<br/>
-en Madrid.</div>
-
-<p>Al paso que con las victorias de Bailén fue en las provincias
-colmado el júbilo y universal y extremado el entusiasmo, consternose y
-cayó como postrado el gobierno de Madrid. Empezó a susurrarse tan grave
-suceso en el día 23. De antemano y varias veces se había anunciado
-la deseada victoria como si fuera cierta, por lo que los franceses
-calificaban la voz esparcida de vulgar e infundada. Sacoles del error
-el aviso de que un oficial suyo se aproximaba con la noticia. Llegó
-pues este, y supieron los pormenores de la desgracia acaecida. Había
-cabido ser portador de la infausta nueva al mismo Mr. de Villoutreys,
-que había entablado en Bailén los primeros tratos, y a cuyo hado
-adverso tocaba el desempeño de enfadosas comisiones. Según lo convenido
-en la capitulación, un oficial francés escoltado por tropa española
-debía en persona comunicarla al duque de Rovigo, general en jefe del
-ejército enemigo, y ordenar también en su tránsito por la sierra
-y Mancha a los destacamentos apostados en la ruta, y que formaban
-parte de las divisiones rendidas, ir a juntarse con sus compañeros
-ya sometidos para participar de igual suerte. Cumplió fielmente Mr.
-de Villoutreys con lo que se le previno, y todos obedecieron incluso
-el destacamento de Manzanares. Fue el de Madridejos el que primero
-resistió a la orden comunicada.</p>
-
-<div class="sidenote">Retírase José.</div>
-
-<p>Llegó a Madrid el fatal mensajero en 29 de julio. Congregó José
-sin dilación un consejo compuesto de personas las más calificadas.
-Variaron<span class="pagenum" id="Page_409">p. 409</span> los
-pareceres. Fue el del general Savary retirarse al Ebro. Todos al fin se
-sometieron a su opinión, así por salir de la boca del más favorecido de
-Napoleón, como también porque avisos continuados manifestaban cuánto
-se empeoraba el semblante de las cosas. Por todas partes se conmovían
-los pueblos cercanos a la capital: no les intimidaba la proximidad de
-las tropas enemigas; cortábanse las comunicaciones; en la Mancha eran
-acometidos los destacamentos sueltos, y ya antes en Villarta habían sus
-vecinos desbaratado e interceptado un convoy considerable. Agolpáronse
-uno tras otro los reveses y los contratiempos: pocos hubo en Madrid
-de los enemigos y sus parciales que no se abatiesen y descorazonasen.
-A muchos faltábales tiempo para alejarse de un suelo que les era tan
-contrario y ominoso.</p>
-
-<div class="sidenote">Españoles<br/> que le siguen.</div>
-
-<p>José resuelto a partir, dejó a la libre voluntad de los españoles
-que con él se habían comprometido, quedarse o seguirle en la retirada.
-Contados fueron los que quisieron acompañarle. De los siete ministros,
-Cabarrús, Ofárril, Mazarredo, Urquijo y Azanza mantuviéronse adictos
-a su persona y no se apartaron de su lado. Permanecieron en Madrid
-Peñuela y Cevallos. Imitaron su ejemplo los duques del Infantado
-y el del Parque, como casi todos los que habían presenciado los
-acontecimientos de Bayona y asistido a su congreso. No faltó quien los
-tachase de inconsiguientes y desleales. Juzgaban otros diversamente,
-y decían que los más habían sido arrastrados a Francia o por fuerza
-o por engaño, y que si bien se propasaron algunos a pedir<span
-class="pagenum" id="Page_410">p. 410</span> empleos o gracias, nunca
-era tarde para reconciliarse con la patria, arrepentirse de un tropiezo
-causado por el miedo o la ciega ambición, y contribuir a la justa causa
-en cuyo favor la nación entera se había pronunciado. Lo cierto es que
-ni uno quizá de los que siguieron a José hubiera dejado de abrazar
-el mismo partido, a no haberles arredrado el temor de la enemistad
-y del odio que las pasiones del momento habían excitado contra sus
-personas.</p>
-
-<p>Antes de abrir la marcha reconcentraron los enemigos hacia Madrid
-las fuerzas de Moncey y las desparramadas a orillas del Tajo. Clavaron
-en el Retiro y casa de la China más de ochenta cañones, llevándose las
-vajillas y alhajas de los palacios de la capital y sitios reales que
-no habían sido de antemano robadas. Tomadas estas medidas empezaron
-a evacuar la capital inmediatamente. Salió José el 30 cerrando la
-retaguardia en la noche del 31 el mariscal Moncey. Respiraron del
-todo y desembarazadamente aquellos habitantes en la mañana del 1.º de
-agosto. El 9 entró el fugitivo rey en Burgos con Bessières, quien según
-órdenes recibidas se había replegado allí de tierra de León.</p>
-
-<div class="sidenote">Destrozos<br/> causados<br/> en la retirada.</div>
-
-<p>Acompañaron a los franceses en su retirada lágrimas y destrozos.
-Soldados desmandados y partidas sueltas esparcieron la desolación y
-espanto por los pueblos del camino o los poco distantes. Rezagábanse,
-se perdían para merodear y pillar, saqueaban las casas, talaban los
-campos sin respetar las personas ni lugares más sagrados. Buitrago,
-el Molar, Iglesias, Pedrezuela, Gandullas, Broajos y sobre todo la
-villa<span class="pagenum" id="Page_411">p. 411</span> de Venturada
-abrasada y destruida, conservarán largo tiempo triste memoria del
-horroroso tránsito del extranjero.</p>
-
-<p>Continuó José su marcha y en Miranda de Ebro hizo parada,
-extendiéndose la vanguardia de su ejército a las órdenes del mariscal
-Bessières hasta las puertas de Burgos. Terminose así su malogrado
-y corto viaje de Madrid, del que libres y menos apremiados por los
-acontecimientos, pasaremos a referir los nuevos y esclarecidos triunfos
-que alcanzaron las armas españolas en las provincias de Aragón y
-Cataluña.</p>
-
-
-<div class="tit pt3" id="Apend">
- <hr class="chap"/>
- <p><span class="pagenum" id="Page_i">p. i</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img class="thick"
- style="width: 14em; height: auto;"
- src="images/apendices.jpg"
- alt="Portada de los apéndices"/>
- </div>
- <p class="fs160 lh200 g0 mt05">APÉNDICES</p>
- <p class="fs120 lh200 negr ws1">AL TOMO PRIMERO.</p>
- <hr class="chap"/>
-</div>
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_iii">p. iii</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental"/>
- </div>
- <h2 class="nobreak fs200 lh200 negr mt1" title="Apéndice del Libro Primero.">APÉNDICE</h2>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO PRIMERO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa5.jpg"
- alt="Motivo ornamental"/>
- </div>
-</div>
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-1" id="Ap_1-1">1-1</a>.</h3>
-
-<p class="ti0"><span class="gran">T</span>enemos noticia original del
-despacho que con este motivo escribió a Madrid Don Eugenio Izquierdo, y
-también podrá verse en el manifiesto, que de sus procedimientos publicó
-el consejo real, la mención que en su contenido se hace del convenio
-concluido por Izquierdo en 10 de mayo de 1806.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-2" id="Ap_1-2">1-2</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Plenos poderes dados por el rey Carlos IV a Don
-Eugenio Izquierdo embajador extraordinario en Francia en 26 de mayo de
-1806, renovados en 8 de octubre de 1807.</i></p>
-
-<p>Don Carlos por la gracia de Dios rey de España y de las Indias
-&amp;c.</p>
-
-<p>Teniendo entera confianza en vos, Don Eugenio Izquierdo nuestro
-consejero honorario de estado, y habiéndoos autorizado en virtud
-de esta confianza justamente<span class="pagenum" id="Page_iv">p.
-iv</span> merecida para firmar un tratado con la persona que fuere
-igualmente autorizada por nuestro aliado el emperador de los franceses,
-nos comprometemos de buena fe y sobre nuestra palabra real, que
-aprobaremos, ratificaremos y haremos observar y ejecutar entera e
-inviolablemente todo lo que sea estipulado y firmado por vos. En fe
-de lo cual hemos hecho expedir la presente firmada de nuestra mano,
-sellada con nuestro sello secreto, y refrendada por el infrascrito
-nuestro consejero de estado, primer secretario de estado y del
-despacho. Dada en Aranjuez a 26 de mayo de 1806. — Yo el Rey. — Pedro
-Cevallos.</p>
-
-<p><span class="sc">Nota.</span>&#160; Traducción española de la francesa
-que había entre los papeles de Don Eugenio Izquierdo, quien al pie de
-la dicha traducción francesa puso las dos certificaciones siguientes en
-francés: — 1.ª Certifico que esta traducción es fiel. París 5 de junio
-de 1806. — Izquierdo consejero de estado de S. M. C. — 2.ª Certifico
-que estos poderes han sido renovados día 8 del presente mes en el
-real sitio de San Lorenzo. — Fontainebleau 27 de octubre de 1807. —
-Izquierdo. — (<i>Llorente, tom. 3.º núm. 106.</i>)</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-3" id="Ap_1-3">1-3</a>.</h3>
-
-<p>La amistad que media hace muchos años entre Don Agustín de Argüelles
-y nosotros, nos ha puesto en el caso de haber oído muchas veces de su
-misma boca la relación de esta misión que le fue encomendada. A mayor
-abundamiento conservamos por escrito una nota suya acerca de aquel
-suceso.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-4" id="Ap_1-4">1-4</a>.</h3>
-
-<p class="subh3c"><i>Proclama de Don Manuel Godoy.</i></p>
-
-<p>En circunstancias menos arriesgadas que las presentes han procurado
-los vasallos leales auxiliar a sus<span class="pagenum" id="Page_v">p.
-v</span> soberanos con dones y recursos anticipados a las necesidades;
-pero en esta previsión tiene el mejor lugar la generosa acción de
-súbdito hacia su señor. El reino de Andalucía privilegiado por la
-naturaleza en la producción de caballos de guerra ligeros; la provincia
-de Extremadura que tantos servicios de esta clase hizo al señor Felipe
-V ¿verán con paciencia que la caballería del rey de España esté
-reducida e incompleta por falta de caballos? No, no lo creo; antes sí
-espero que del mismo modo que los abuelos gloriosos de la generación
-presente sirvieron al abuelo de nuestro rey con hombres y caballos,
-asistan ahora los nietos de nuestro suelo con regimientos o compañías
-de hombres diestros en el manejo del caballo, para que sirvan y
-defiendan a su patria todo el tiempo que duren las urgencias actuales,
-volviendo después llenos de gloria y con mejor suerte al descanso entre
-su familia. Entonces sí que cada cual se disputará los laureles de la
-victoria; cual dirá deberse a su brazo la salvación de su familia;
-cual la de su jefe; cual la de su pariente o amigo, y todos a una
-tendrán razón para atribuirse a sí mismos la salvación de la patria.
-Venid pues amados compatriotas: venid a jurar bajo las banderas del
-más benéfico de los soberanos: venid y yo os cubriré con el manto de
-la gratitud, cumpliéndoos cuanto desde ahora os ofrezco, si el Dios de
-las victorias nos concede una paz tan feliz y duradera cual le rogamos.
-No, no os detendrá el temor, no la perfidia: vuestros pechos no abrigan
-tales vicios, ni dan lugar a la torpe seducción. Venid pues y si las
-cosas llegasen a punto de no enlazarse las armas con las de nuestros
-enemigos, no incurriréis en la nota de sospechosos, ni os tildaréis con
-un dictado impropio de vuestra lealtad y pundonor por haber sido omisos
-a mi llamamiento.</p>
-
-<p>Pero si mi voz no alcanzase a despertar vuestros anhelos de
-gloria, sea la de vuestros inmediatos tutores<span class="pagenum"
-id="Page_vi">p. vi</span> o padres del pueblo a quienes me dirijo, la
-que os haga entender lo que debéis a vuestra obligación, a vuestro
-honor, y a la sagrada religión que profesáis. — El príncipe de la
-Paz.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-5" id="Ap_1-5">1-5</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Estado de los regimientos que componían la
-expedición de tropas españolas al mando del teniente general marqués de
-la Romana, destinada a formar un cuerpo de observación hacia el país de
-Hanóver.</i></p>
-
-<p>Deberán salir de España por la parte de Irún los cuerpos siguientes:
-infantería de línea, tercer batallón de Guadalajara, 778 hombres;
-regimiento de Asturias, 2332; primero y segundo batallón de la
-Princesa, 1554; infantería ligera, primer batallón de Barcelona, 1245
-plazas; caballería de línea, Rey, 670 hombres y 540 caballos; Infante,
-id., id.</p>
-
-<p>Por la parte de la Junquera: infantería de línea, tercer batallón de
-la Princesa, 778 plazas; dragones, Almansa, 670 hombres y 540 caballos;
-Lusitania, id., id.; artillería un tren de campaña de 25 piezas y el
-ganado de tiro correspondiente, 270 hombres; zapadores-minadores, una
-compañía 127 hombres.</p>
-
-<p>Existentes en Etruria y que constituyen parte de la expedición:
-infantería de línea, regimiento de Zamora, 969 plazas; primero y
-segundo batallón de Guadalajara, 996; infantería ligera, primer
-batallón de Cataluña, 1042 hombres; caballería, Algarbe, 624 hombres y
-406 caballos; dragones, Villaviciosa, 634 hombres y 393 caballos.</p>
-
-<p>Total 14.019 hombres y 2959 caballos. Id. plazas agregadas 2216
-hombres y 241 caballos. — Madrid 4 de marzo de 1807.</p>
-
-<p><span class="sc">Nota.</span>&#160; No se expresan las plazas
-agregadas de cada cuerpo, aunque sí el total de las que deben ser.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_vii">p. vii</span></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-6" id="Ap_1-6">1-6</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Tratado secreto entre el rey de España y
-el emperador de los franceses, relativo a la suerte futura del
-Portugal.</i></p>
-
-<p>Napoleón emperador de los franceses &amp;c. Habiendo visto y
-examinado el tratado concluido, arreglado y firmado en Fontainebleau
-a 27 de octubre de 1807 por el general de división Miguel Duroc, gran
-mariscal de nuestro palacio &amp;c., en virtud de los plenos poderes
-que le hemos conferido a este efecto, con Don Eugenio Izquierdo,
-consejero honorario de estado y de guerra de S. M. el rey de España,
-igualmente autorizado con plenos poderes de su soberano, de cuyo
-tratado es el tenor como sigue:</p>
-
-<p>S. M. el emperador de los franceses y S. M. el rey de España
-queriendo arreglar de común acuerdo los intereses de los dos estados,
-y determinar la suerte futura de Portugal de un modo que concilie
-la política de los dos países, han nombrado por sus ministros
-plenipotenciarios, a saber: S. M. el emperador de los franceses al
-general Duroc, y S. M. el rey de España a Don Eugenio Izquierdo, los
-cuales después de haber canjeado sus plenos poderes, se han convenido
-en lo que sigue:</p>
-
-<p>1.º&#160; La provincia de Entre-Duero-y-Miño con la ciudad de
-Oporto se dará en toda propiedad y soberanía a S. M. el rey de Etruria
-con el título de rey de la Lusitania septentrional.</p>
-
-<p>2.º&#160; La provincia del Alentejo y el reino de los Algarbes se
-darán en toda propiedad y soberanía al príncipe de la Paz, para que las
-disfrute con el título de príncipe de los Algarbes.</p>
-
-<p>3.º&#160; Las provincias de Beira, Tras-os-Montes y la Extremadura
-portuguesa quedarán en depósito hasta<span class="pagenum"
-id="Page_viii">p. viii</span> la paz general para disponer de ellas
-según las circunstancias, y conforme a lo que se convenga entre las dos
-altas partes contratantes.</p>
-
-<p>4.º&#160; El reino de la Lusitania septentrional será poseído
-por los descendientes de S. M. el rey de Etruria hereditariamente, y
-siguiendo las leyes que están en uso en la familia reinante de S. M. el
-rey de España.</p>
-
-<p>5.º&#160; El principado de los Algarbes será poseído por los
-descendientes del príncipe de la Paz hereditariamente, siguiendo las
-reglas del artículo anterior.</p>
-
-<p>6.º&#160; En defecto de descendientes o herederos legítimos del
-rey de la Lusitania septentrional, o del príncipe de los Algarbes,
-estos países se darán por investidura por S. M. el rey de España, sin
-que jamás puedan ser reunidos bajo una misma cabeza, o a la corona de
-España.</p>
-
-<p>7.º&#160; El reino de la Lusitania septentrional y el principado de
-los Algarbes reconocerán por protector a S. M. el rey de España, y en
-ningún caso los soberanos de estos países podrán hacer ni la paz ni la
-guerra sin su consentimiento.</p>
-
-<p>8.º&#160; En el caso de que las provincias de Beira, Tras-os-Montes
-y la Extremadura portuguesa tenidas en secuestro, fuesen devueltas a la
-paz general a la casa de Braganza en cambio de Gibraltar, la Trinidad y
-otras colonias que los ingleses han conquistado sobre la España y sus
-aliados, el nuevo soberano de estas provincias tendría con respecto a
-S. M. el rey de España los mismos vínculos que el rey de la Lusitania
-septentrional y el príncipe de los Algarbes, y serán poseídas por aquel
-bajo las mismas condiciones.</p>
-
-<p>9.º&#160; S. M. el rey de Etruria cede en toda propiedad y
-soberanía el reino de Etruria a S. M. el emperador de los franceses.</p>
-
-<p>10.&#160; Cuando se efectúe la ocupación definitiva de las
-provincias de Portugal, los diferentes príncipes<span class="pagenum"
-id="Page_ix">p. ix</span> que deben poseerlas nombrarán de acuerdo
-comisarios para fijar sus límites naturales.</p>
-
-<p>11.&#160; S. M. el emperador de los franceses sale garante a S. M.
-el rey de España de la posesión de sus estados del continente de Europa
-situados al mediodía de los Pirineos.</p>
-
-<p>12.&#160; S. M. el emperador de los franceses se obliga a reconocer
-a S. M. el rey de España como emperador de las dos Américas, cuando
-todo esté preparado para que S. M. pueda tomar este título, lo que
-podrá ser, o bien a la paz general, o a más tardar dentro de tres
-años.</p>
-
-<p>13.&#160; Las dos altas partes contratantes se entenderán para
-hacer un repartimiento igual de las islas, colonias y otras propiedades
-ultramarinas del Portugal.</p>
-
-<p>14.&#160; El presente tratado quedará secreto, será ratificado,
-y las ratificaciones serán canjeadas en Madrid 20 días a más tardar
-después del día en que se ha firmado.</p>
-
-<p>Fecho en Fontainebleau a 27 de octubre de 1807. — Duroc. —
-Izquierdo.</p>
-
-<p>Hemos aprobado y aprobamos el precedente tratado en todos y en
-cada uno de los artículos contenidos en él; declaramos que está
-aceptado, ratificado y confirmado, y prometemos que será observado
-inviolablemente. En fe de lo cual hemos dado la presente firmada de
-nuestra mano, refrendada y sellada con nuestro sello imperial en
-Fontainebleau a 29 de octubre de 1807. — Firmado. — Napoleón. — El
-ministro de relaciones exteriores. — Champagny. — Por el emperador,
-el ministro secretario de Estado. — Hugo Maret.</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Convención anexa al tratado anterior, aprobada y
-ratificada en los mismos términos.</i></p>
-
-<p><span class="sc">Art.</span> 1.º&#160; Un cuerpo de tropas
-imperiales francesas de 25.000 hombres de infantería y 3000 de
-caballería entrará en España y marchará en derechura a Lisboa:<span
-class="pagenum" id="Page_x">p. x</span> se reunirá a este cuerpo otro
-de 8000 hombres de infantería y 3000 de caballería de tropas españolas
-con 30 piezas de artillería.</p>
-
-<p>2.º&#160; Al mismo tiempo una división de tropas españolas de
-10.000 hombres tomará posesión de la provincia de Entre-Duero-y-Miño
-y de la ciudad de Oporto; y otra división de 6000 hombres compuesta
-igualmente de tropas españolas tomará posesión de la provincia del
-Alentejo y del reino de los Algarbes.</p>
-
-<p>3.º&#160; Las tropas francesas serán alimentadas y mantenidas por
-la España y sus sueldos pagados por la Francia durante todo el tiempo
-de su tránsito por España.</p>
-
-<p>4.º&#160; Desde el momento en que las tropas combinadas hayan
-entrado en Portugal, las provincias de Beira, Tras-os-Montes y
-la Extremadura portuguesa (que deben quedar secuestradas) serán
-administradas y gobernadas por el general comandante de las tropas
-francesas, y las contribuciones que se les impondrán quedarán a
-beneficio de la Francia. Las provincias que deben formar el reino
-de la Lusitania septentrional y el principado de los Algarbes serán
-administradas y gobernadas por los generales comandantes de las
-divisiones españolas que entrarán en ellas, y las contribuciones que se
-les impondrán quedarán a beneficio de la España.</p>
-
-<p>5.º&#160; El cuerpo del centro estará bajo las órdenes de los
-comandantes de las tropas francesas, y a él estarán sometidas las
-tropas españolas que se reúnan a aquellas: sin embargo si el rey de
-España o el príncipe de la Paz juzgaren conveniente trasladarse a este
-cuerpo de ejército, el general comandante de las tropas francesas y
-estas mismas estarán bajo sus órdenes.</p>
-
-<p>6.º&#160; Un nuevo cuerpo de 40.000 hombres de tropas francesas se
-reunirá en Bayona a más tardar el 20 de noviembre próximo, para estar
-pronto a entrar en España para transferirse a Portugal en el caso
-de<span class="pagenum" id="Page_xi">p. xi</span> que los ingleses
-enviasen refuerzos y amenazasen atacarlo. Este nuevo cuerpo no entrará
-sin embargo en España hasta que las dos altas potencias contratantes se
-hayan puesto de acuerdo a este efecto.</p>
-
-<p>7.º&#160; La presente convención será ratificada &amp;c.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-7" id="Ap_1-7">1-7</a>.</h3>
-
-<p>Hemos visto las más de las piezas que obraron en este proceso.
-Decimos <i>las más</i> porque como el original ha rodado por tantas
-manos y personas de intereses encontrados, no sería extraño que se
-hubiesen extraviado algunos documentos o alterado otros. Dicho proceso
-paraba en poder de Don Mariano Luis de Urquijo, y a su muerte acaecida
-en París en 1817 pasó al del marqués de Almenara. No sabemos si este lo
-conserva aún, o si lo ha entregado al rey Fernando VII.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-8" id="Ap_1-8">1-8</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Carta del príncipe de Asturias Fernando al
-emperador Napoleón en 11 de octubre de 1807.</i></p>
-
-<p>Señor: el temor de incomodar a V. M. I. en medio de sus hazañas y
-grandes negocios que lo ocupan sin cesar, me ha privado hasta ahora de
-satisfacer directamente mis deseos eficaces de manifestar a lo menos
-por escrito los sentimientos de respeto, estimación y afecto que tengo
-al héroe mayor que cuantos le han precedido, enviado por la providencia
-para salvar la Europa del trastorno total que la amenazaba, para
-consolidar los tronos vacilantes, y para dar a las naciones la paz y la
-felicidad.</p>
-
-<p>Las virtudes de V. M. I., su moderación, su bondad aun con sus más
-injustos e implacables enemigos, todo en fin me hacía esperar que la
-expresión de estos sentimientos sería recibida como efusión de un
-corazón<span class="pagenum" id="Page_xii">p. xii</span> lleno de
-admiración y de amistad más sincera.</p>
-
-<p>El estado en que me hallo de mucho tiempo a esta parte incapaz de
-ocultarse a la grande penetración de V. M., ha sido hasta hoy segundo
-obstáculo que ha contenido mi pluma preparada siempre a manifestar mis
-deseos. Pero lleno de esperanzas de hallar en la magnanimidad de V. M.
-I. la protección más poderosa, me determino no solamente a testificar
-los sentimientos de mi corazón para con su augusta persona, sino a
-depositar los secretos más íntimos en el pecho de V. M. como en el de
-un tierno padre.</p>
-
-<p>Yo soy bien infeliz de hallarme precisado por circunstancias
-particulares a ocultar como si fuera crimen una acción tan justa y tan
-loable; pero tales suelen ser las consecuencias funestas de un exceso
-de bondad, aun en los mejores reyes.</p>
-
-<p>Lleno de respeto y de amor filial para con mi padre (cuyo corazón es
-el más recto y generoso), no me atrevería a decir sino a V. M. aquello
-que V. M. conoce mejor que yo; esto es, que estas mismas calidades
-suelen con frecuencia servir de instrumento a las personas astutas y
-malignas para confundir la verdad a los ojos del soberano, por más
-propia que sea esta virtud de caracteres semejantes al de mi respetable
-padre.</p>
-
-<p>Si los hombres que le rodean aquí le dejasen conocer a fondo el
-carácter de V. M. I. como yo lo conozco, ¿con qué ansias procuraría
-mi padre estrechar los nudos que deben unir nuestras dos naciones? Y
-¿habrá medio más proporcionado que rogar a V. M. I. el honor de que
-me concediera por esposa una princesa de su augusta familia? Este es
-el deseo unánime de todos los vasallos de mi padre, y no dudo que
-también el suyo mismo (a pesar de los esfuerzos de un corto número de
-malévolos) así que sepa las intenciones de V. M. I. Esto es cuanto mi
-corazón apetece; pero no sucediendo así a los egoístas pérfidos que
-rodean<span class="pagenum" id="Page_xiii">p. xiii</span> a mi padre,
-y que pueden sorprenderle por un momento, estoy lleno de temores en
-este punto.</p>
-
-<p>Solo el respeto de V. M. I. pudiera desconcertar sus planes abriendo
-los ojos a mis buenos y amados padres, y haciéndolos felices al mismo
-tiempo que a la nación española y a mí mismo. El mundo entero admirará
-cada día más la bondad de V. M. I., quien tendrá en mi persona el hijo
-más reconocido y afecto.</p>
-
-<p>Imploro pues con la mayor confianza la protección paternal de V. M.,
-a fin de que no solamente se digne concederme el honor de darme por
-esposa una princesa de su familia, sino allanar todas las dificultades
-y disipar todos los obstáculos que puedan oponerse en este único objeto
-de mis deseos.</p>
-
-<p>Este esfuerzo de bondad de parte de V. M. I. es tanto más necesario
-para mí, cuanto yo no puedo hacer ninguno de mi parte mediante a que
-se interpretaría insulto a la autoridad paternal, estando como estoy
-reducido a solo el arbitrio de resistir (y lo haré con invencible
-constancia) mi casamiento con otra persona, sea la que fuere, sin el
-consentimiento y aprobación positiva de V. M., de quien yo espero
-únicamente la elección de esposa para mí.</p>
-
-<p>Esta es la felicidad que confio conseguir de V. M. I., rogando a
-Dios que guarde su preciosa vida muchos años. Escrito y firmado de
-mi propia mano y sellado con mi sello en el Escorial a 11 de octubre
-de 1807. — De V. M. I. y R. su más afecto servidor y hermano. —
-Fernando. — (<i>Traducción hecha por Llorente en sus memorias,
-y sacada del original inserto en el Monitor de 5 de febrero de
-1810.</i>)</p>
-
-<h3><span class="pagenum" id="Page_xiv">p. xiv</span><span
-class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-9" id="Ap_1-9">1-9</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Extracto del coloquio tenido por Don Eugenio
-Izquierdo con el ministro Champagny. (Llorente, tom. 3.º núm.
-120.)</i></p>
-
-<p>Mr. de Champagny: No quiero meterme en cuestiones: me limito a
-decir a V. de orden del emperador: 1.º Que pide muy de veras S. M. que
-por ningún motivo ni razón, y bajo ningún pretexto no se hable ni se
-publique en este negocio cosa que tenga alusión al emperador ni a su
-embajador en Madrid, y nada se actúe de que pueda resultar indicio ni
-sospecha de que S. M. I. ni su embajador hayan sabido, intentado ni
-coadyuvado a cosa alguna interior de España. 2.º Que si no se ejecuta
-lo que acabo de decir, lo mirará como una ofensa hecha directamente
-a su persona que tiene (como V. sabe) medios de vengarla, y que la
-vengará. 3.º Declara positivamente S. M. que jamás se ha mezclado
-en cosas interiores de España, y asegura solemnemente que jamás se
-mezclará; que nunca ha sido su pensamiento el que el príncipe de
-Asturias se casase con una princesa, y mucho menos con Mlle. Tascher
-de la Pagerie, sobrina de la emperatriz, prometida ha mucho tiempo al
-duque de Aremberg; que no se opondrá (como tampoco se opuso cuando
-lo de Nápoles) a que el rey de España case a su hijo con quien tenga
-por acertado. 4.º Mr. de Beauharnais no se entrometerá en asuntos
-interiores de España; pero S. M. I. no le retirará, y nada debe dejarse
-publicar ni escribir de que pudiera inferirse cosa alguna contra este
-embajador: y 5.º Que se lleven a ejecución estricta y prontamente los
-convenios ajustados el 27 de octubre último; que no haya pretexto para
-dejar de enviar las tropas prometidas; que en ningún punto falten, y
-que si faltan S. M. mirará esta falta como una infracción del convenio
-ajustado.</p>
-
-
-<h3><span class="pagenum" id="Page_xv">p. xv</span><span
-class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-10"
-id="Ap_1-10">1-10</a>.</h3>
-
-<p class="subh3j"><i>Esta orden se copia de los papeles que en defensa
-suya ha publicado el mismo duque de Mahón.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_1-11" id="Ap_1-11">1-11</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Nota dirigida desde París al príncipe de la Paz
-por el consejero de estado Don Eugenio Izquierdo. (Escóiquiz, idea
-sencilla, núm. 1.º)</i></p>
-
-<p>La situación de las cosas no da lugar para referir con
-individualidad las conversaciones que desde mi vuelta de Madrid he
-tenido por disposición del emperador, tanto con el gran mariscal del
-palacio imperial el general Duroc, como con el vice gran elector del
-imperio príncipe de Benevento.</p>
-
-<p>Así me ceñiré a exponer los medios que se me han comunicado en
-estos coloquios para arreglar, y aun para terminar amistosamente los
-asuntos que existen hoy entre España y Francia; medios que me han
-sido transmitidos con el fin de que mi gobierno tome la más pronta
-resolución acerca de ellos.</p>
-
-<p>Que existen actualmente varios cuerpos de tropas francesas en España
-es un hecho constante.</p>
-
-<p>Las resultas de esta existencia de tropas están en lo futuro. Un
-arreglo entre el gobierno francés y español con recíproca satisfacción
-puede detener los eventos, y elevarse a solemne tratado y definitivo
-sobre las bases siguientes:</p>
-
-<p>1.ª&#160; En las colonias españolas y francesas podrán franceses y
-españoles comerciar libremente, el francés en las españolas como si
-fuese español, y el español en las francesas como si fuese francés,
-pagando unos y otros los derechos que se paguen en los respectivos
-países por sus naturales.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xvi">p. xvi</span>Esta prerrogativa
-será exclusiva, y ninguna potencia sino la Francia podrá obtenerla en
-España, como en Francia ninguna potencia sino la española.</p>
-
-<p>2.ª&#160; Portugal está hoy poseído por Francia. La comunicación de
-Francia con Portugal exige una ruta militar, y también un paso continuo
-de tropas por España para guarnecer aquel país y defenderle contra la
-Inglaterra; ha de causar multitud de gastos, de disgustos, engorros, y
-tal vez producir frecuentes motivos de desavenencias.</p>
-
-<p>Podría amistosamente arreglarse este objeto quedando todo el
-Portugal para España, y recibiendo un equivalente la Francia en las
-provincias de España contiguas a este imperio.</p>
-
-<p>3.ª&#160; Arreglar de una vez la sucesión al trono de España.</p>
-
-<p>4.ª&#160; Hacer un tratado ofensivo y defensivo de alianza,
-estipulando el número de fuerzas con que se han de ayudar
-recíprocamente ambas potencias.</p>
-
-<p>Tales deben ser las bases sobre que debe cimentarse y elevarse
-a tratado el arreglo capaz de terminar felizmente la actual crisis
-política en que se hallan España y Francia.</p>
-
-<p>En tan altas materias yo debo limitarme a ejecutar fielmente lo que
-se me dice.</p>
-
-<p>Cuando se trata de la existencia del estado, de su honor, decoro, y
-del de su gobierno, las decisiones deben emanar únicamente del soberano
-y de su consejo.</p>
-
-<p>Sin embargo mi ardiente amor a la patria me pone en la obligación
-de decir que en mis conversaciones he hecho presente al príncipe de
-Benevento lo que sigue:</p>
-
-<p>1.º&#160; Que abrir nuestras Américas al comercio francés es
-partirlas entre España y Francia; que de abrirlas únicamente para los
-franceses es dado que no quede de una vez arrollada la arrogancia
-inglesa, alejar cada día más la paz, y perder hasta que esta se
-firme<span class="pagenum" id="Page_xvii">p. xvii</span> nuestras
-comunicaciones y las de los franceses con aquellas regiones.</p>
-
-<p>He dicho que aun cuando se admita el comercio francés no debe
-permitirse que se avecinden vasallos de la Francia en nuestras
-colonias, con desprecio de nuestras leyes fundamentales.</p>
-
-<p>2.º&#160; Concerniente a lo de Portugal he hecho presente nuestras
-estipulaciones de 27 de octubre último; he hecho ver el sacrificio del
-rey de Etruria; lo poco que vale Portugal separado de sus colonias; su
-ninguna utilidad para España, y he hecho una fiel pintura del horror
-que causaría a los pueblos cercanos al Pirineo la pérdida de sus
-leyes, libertades, fueros y lengua, y sobre todo el pasar a dominio
-extranjero.</p>
-
-<p>He añadido: no podré yo firmar la entrega de Navarra por no ser el
-objeto de execración de mis compatriotas, como sería si constase que un
-navarro había firmado el tratado en que la entrega de la Navarra a la
-Francia estaba estipulada.</p>
-
-<p>En fin he insinuado que si no había otro remedio para erigirse
-un nuevo reino, virreinato de Iberia, estipulando que este reino o
-virreinato no recibiese otras leyes, otras reglas de administración que
-las actuales, y que sus naturales conservasen sus fueros y exenciones.
-Este reino o virreinato podría darse al rey de Etruria, o a otro infante
-de Castilla.</p>
-
-<p>3.º&#160; Tratándose de fijar la sucesión de España he manifestado
-lo que el rey N. S. me mandó que dijese de su parte; y también he hecho
-de modo que creo quedan desvanecidas cuantas calumnias inventadas por
-los malévolos en ese país han llegado a inficionar la opinión pública
-en este.</p>
-
-<p>4.º&#160; Por lo que concierne a la alianza ofensiva y defensiva, mi
-celo patriótico ha preguntado al príncipe de Benevento si se pensaba
-en hacer de España un equivalente a la confederación del Rin, y en
-obligarla a dar un contingente de tropas, cubriendo este tributo<span
-class="pagenum" id="Page_xviii">p. xviii</span> con el decoroso nombre
-de tratado ofensivo y defensivo. He manifestado que nosotros estando
-en paz con el imperio francés no necesitamos para defender nuestros
-hogares de socorros de Francia; que Canarias, Ferrol y Buenos Aires lo
-atestiguan; que el África es nula &amp;c.</p>
-
-<p>En nuestras conversaciones ha quedado ya como negocio terminado el
-del casamiento. Tendría efecto; pero será un arreglo particular de que
-no se tratará en el convenio de que se envían las bases.</p>
-
-<p>En cuanto al título de emperador que el rey N. S. debe tomar no hay,
-ni había dificultad alguna. Se me ha encargado que no se pierda un
-momento en responder a fin de precaver las fatales consecuencias a que
-puede dar lugar el retardo de un día el ponerse de acuerdo.</p>
-
-<p>Se me ha dicho que se evite todo acto hostil, todo movimiento que
-pudiera alejar el saludable convenio que aún puede hacerse.</p>
-
-<p>Preguntado que si el rey N. S. debía irse a Andalucía, he respondido
-la verdad, que nada sabía. Preguntado también que si creía que se
-hubiese ido, he contestado que no, vista la seguridad en que se
-hallaban concerniente al buen proceder del emperador, tanto los reyes
-como V. A.</p>
-
-<p>He pedido, pues se medita un convenio, que ínterin que vuelve la
-respuesta se suspenda la marcha de los ejércitos franceses hacia lo
-interior de la España. He pedido que las tropas salgan de Castilla;
-nada he conseguido; pero presumo que si vienen aprobadas las bases
-podrán las tropas francesas recibir órdenes de alejarse de la
-residencia de SS. MM.</p>
-
-<p>De ahí se ha escrito que se acercaban tropas por Talavera a Madrid;
-que V. A. me despachó un alcance: a todo he satisfecho, exponiendo con
-verdad lo que me constaba.</p>
-
-<p>Según se presume aquí V. A. había salido de Madrid<span
-class="pagenum" id="Page_xix">p. xix</span> acompañando los reyes a
-Sevilla: yo nada sé; y así he dicho al correo que vaya hasta donde V.
-A. esté. Las tropas francesas dejarán pasar al correo, según me ha
-asegurado el gran mariscal del palacio imperial. París 24 de marzo de
-1808. — Sermo. Sr. — De V. A. S. — Eugenio Izquierdo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_xxi">p. xxi</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental"/>
- </div>
- <h2 class="nobreak fs200 lh200 negr mt1" title="Apéndice del Libro Segundo.">APÉNDICE</h2>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO SEGUNDO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa5.jpg"
- alt="Motivo ornamental"/>
- </div>
-</div>
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-1" id="Ap_2-1">2-1</a>.</h3>
-
-<p class="subh3c"><i>Proclama de Carlos IV.</i></p>
-
-<p class="ti0">«<span class="gran">A</span>mados vasallos míos:
-vuestra noble agitación en estas circunstancias es un nuevo testimonio
-que me asegura de los sentimientos de vuestro corazón; y Yo que cual
-padre tierno os amo, me apresuro a consolaros en la actual angustia
-que os oprime. Respirad tranquilos: sabed que el ejército de mi caro
-aliado el emperador de los franceses atraviesa mi reino con ideas de
-paz y de amistad. Su objeto es trasladarse a los puntos que amenaza
-el riesgo de algún desembarco del enemigo, y que la reunión de los
-cuerpos de mi guardia ni tiene el objeto de defender mi persona,
-ni acompañarme en un viaje que la malicia os ha hecho suponer como
-preciso. Rodeado de la acendrada lealtad de mis vasallos amados, de la
-cual tengo tan irrefragables pruebas, ¿qué puedo Yo temer? Y cuando la
-necesidad urgente lo exigiese, ¿podría dudar de<span class="pagenum"
-id="Page_xxii">p. xxii</span> las fuerzas que sus pechos generosos
-me ofrecerían? No: esta urgencia no la verán mis pueblos. Españoles,
-tranquilizad vuestro espíritu: conducíos como hasta aquí con las tropas
-del aliado de vuestro rey, y veréis en breves días restablecida la paz
-de vuestros corazones, y a mí gozando la que el cielo me dispensa en el
-seno de mi familia y vuestro amor. Dado en mi palacio real de Aranjuez
-a 16 de marzo de 1808. — Yo el rey — A Don Pedro Cevallos.»</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-2" id="Ap_2-2">2-2</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Decreto de S. M. el rey Carlos IV exonerando a Don
-Manuel Godoy de sus empleos de generalísimo y almirante.</i></p>
-
-<p>«Queriendo mandar por mi persona el ejército y la marina, he venido
-en exonerar a Don Manuel Godoy, príncipe de la Paz, de sus empleos de
-generalísimo y almirante, concediéndole su retiro donde más le acomode.
-Tendreislo entendido, y lo comunicaréis a quien corresponda. Aranjuez
-18 de marzo de 1808. — A Don Antonio Olaguer Feliú.»</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-3" id="Ap_2-3">2-3</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en
-Aranjuez a 18 de marzo de 1808.</i></p>
-
-<p>«Señor mi hermano: hacía bastante tiempo que el príncipe de la
-Paz me había hecho reiteradas instancias para que le admitiese la
-dimisión de los encargos de generalísimo y almirante, y he accedido a
-sus ruegos; pero como no debo poner en olvido los servicios que me ha
-hecho, y particularmente los de haber cooperado a mis deseos constantes
-e invariables de mantener la alianza y la amistad íntima que me une a
-V. M. I. y R., yo le conservaré mi gracia.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xxiii">p. xxiii</span>Persuadido
-yo de que será muy agradable a mis vasallos, y muy conveniente para
-realizar los importantes designios de nuestra alianza, encargarme yo
-mismo del mando de mis ejércitos de tierra y mar, he resuelto hacerlo
-así y me apresuro a comunicarlo a V. M. I. y R., queriendo dar en
-esto nuevas pruebas de afecto a la persona de V. M. de mis deseos de
-conservar las íntimas relaciones que nos unen, y de la fidelidad que
-forma mi carácter del que V. M. I. y R. tiene repetidos y grandes
-testimonios.</p>
-
-<p>La continuación de los dolores reumáticos que de un tiempo a esta
-parte me impiden usar de la mano derecha, me privan del placer de
-escribir por mí mismo a V. M. I. y R.</p>
-
-<p>Soy con los sentimientos de la mayor estimación y del más sincero
-afecto de V. M. I. y R. su buen hermano. — Carlos.»</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-4" id="Ap_2-4">2-4</a>.</h3>
-
-<p>ποῦ νῦν ἡ λαμπρά τῆς ὑπατείας περιβολή; ποῦ δὲ αἱ φαιδραὶ λαμπάδες;
-ποῦ δὲ οἱ κρότοι, καὶ οἱ χοροί, καὶ αἱ θαλίαι, καὶ αἱ πανηγύρεις; ...
-πάντα ἐκεῖνα οἴχεται· καὶ ἄνεμος πνεύσας ἀθρόον τὰ μὲν φύλλα κατέβαλε,
-γυμνὸν δὲ ἡμῖν τὸ δένδρον ἔδειξε, καὶ ἀπὸ τῆς ῥίζης αὐτῆς σαλευόµενον
-λοιπόν· ... τίς γαρ τούτου γέγονεν ὑψηλότερος; οὐ πᾶσαν τὴν οἰκουμένην
-παρῆλθε τῷ πλούτῳ; οὐ πρὸς αὐτὰς τῶν ἀξιωµάτων ἀνέβη τὰς κορυφάς; οὐχὶ
-πάντες αὐτὸν ἔτρεμον καὶ ἐδεδοίκεισαν; ἀλλ’ ἰδοὺ γέγονε καὶ δεσμωτῶν
-ἀθλιώτερος, καὶ οἰκετῶν ἐλεεινότερος, καὶ τῶν λιμῷ τηκοµένων πτωχῶν
-ἐνδεέστερος, καθ’ ἑκάστην ἡμέραν ξίφη βλέπων ἠκονημένα, καὶ βάραθρον,
-καὶ δηµίους, καὶ τὴν ἐπὶ θάνατον ἀπαγωγήν· ...</p>
-
-<p class="firma smaller">(ΟΜΙΛΙΑ ΕΙΣ ΕΥΤΡΟΠΙΟΝ.)</p>
-
-
-<h3><span class="pagenum" id="Page_xxiv">p. xxiv</span><span
-class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-5" id="Ap_2-5">2-5</a>.</h3>
-
-<p class="subh3j"><i>Véase la Gaceta de Madrid del 25 de marzo de
-1808.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-6" id="Ap_2-6">2-6</a>.</h3>
-
-<p>Cesión de Carlos V. (<i>Véase Famiani Strada: De bello belgico.
-Liber I. y F. Prudencio de Sandoval: Historia de la vida y hechos de
-Carlos V.</i>)</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-7" id="Ap_2-7">2-7</a>.</h3>
-
-<p><i>Véase Marina: Teoría de las cortes, tom. 2.º, cap. 10,
-refiriéndose al documento que existe en la academia de la Historia. —
-Z. 52, fol. 301.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-8" id="Ap_2-8">2-8</a>.</h3>
-
-<p><i>Comentarios del marqués de San Felipe, tom. 2.º, año 1724.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-9" id="Ap_2-9">2-9</a>.</h3>
-
-<p><i>Des documents historiques publiés par Louis Bonaparte. Vol. 2.º,
-pág. 290. París 1820.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-10" id="Ap_2-10">2-10</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Nota escrita por la reina de España para el gran
-duque de Berg y remitida por la reina de Etruria sin fecha.</i></p>
-
-<p>«El rey mi esposo (que me hace escribir por no poderlo hacer a causa
-de los dolores e hinchazón de su mano) desea saber si el gran duque de
-Berg llevaría a bien encargarse de tratar eficazmente con el emperador
-para asegurar la vida del príncipe de la Paz, y que fuese asistido de
-algunos criados suyos o de capellanes.</p>
-
-<p>Si el gran duque pudiera ir a librarle o por lo menos darle algún
-consuelo, él tiene todas sus esperanzas en el gran duque, por ser
-su grande amigo. Él espera<span class="pagenum" id="Page_xxv">p.
-xxv</span> todo de S. A. y del emperador a quien siempre ha sido
-afecto.</p>
-
-<p>Asimismo que el gran duque consiga del emperador que al rey mi
-esposo, a mí y al príncipe de la Paz se dé lo necesario para poder
-vivir todos tres juntos donde convenga para nuestra salud sin mando ni
-intrigas, pues nosotros no las tendremos.</p>
-
-<p>El emperador es generoso, es un héroe, y ha sostenido siempre a sus
-fieles aliados y aun a los que son perseguidos. Nadie lo es tanto como
-nosotros. ¿Y por qué? porque hemos sido siempre fieles a la alianza.</p>
-
-<p>De mi hijo no podemos esperar jamás sino miserias y persecuciones.
-Han comenzado a forjar y se continuará fingiendo todo lo que pueda
-contribuir a que el príncipe de la Paz (amigo inocente y afecto al
-emperador, al gran duque y a todos los franceses) parezca criminal a
-los ojos del público y del emperador. Es necesario que no se crea nada.
-Los enemigos tienen la fuerza y todos los medios de justificar como
-verdadero lo que en sí es falso.</p>
-
-<p>El rey desea igualmente que yo ver y hablar al gran duque y darle
-por sí mismo la protesta que tiene en su poder. Los dos estamos
-agradecidos al envío que ha hecho de tropas suyas y a todas las pruebas
-que nos da de su amistad. Debe estar S. A. I. bien persuadido de la
-que nosotros le hemos tenido siempre y conservamos ahora. Nos ponemos
-en sus manos y las del emperador y confiamos que nos concederá lo que
-pedimos.</p>
-
-<p>Estos son todos nuestros deseos cuando estamos puestos en las manos
-de tan grande y generoso monarca y héroe.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><span class="pagenum" id="Page_xxvi">p.
-xxvi</span><i>Carta de la reina de Etruria al gran duque de Berg
-en Aranjuez a 22 de marzo de 1808, con una posdata del rey Carlos
-IV.</i></p>
-
-<p>«Señor mi hermano: acabo de ver al edecán comandante, quien me ha
-entregado vuestra carta por la cual veo con mucha pena que mi padre
-y mi madre no han podido tener el gusto de veros, aunque lo deseaban
-eficazmente, porque toda su confianza tienen puesta en vos, de quien
-esperan que podréis contribuir a su tranquilidad.</p>
-
-<p>El pobre príncipe de la Paz cubierto de heridas y contusiones está
-decaído en la prisión, y no cesa de invocar el terrible momento de su
-muerte. No hace recuerdo de otras personas que de su amigo el gran
-duque de Berg, y dice que este es el único en quien confía que le ha de
-conseguir su salud.</p>
-
-<p>Mi padre, mi madre y yo hemos hablado con vuestro edecán comandante.
-Él os dirá todo. Yo fío en vuestra amistad y que por ella nos
-salvaréis a los tres y al pobre preso.</p>
-
-<p>No tengo tiempo de deciros más: confio en vos. Mi padre añadirá dos
-líneas a esta carta: yo soy de corazón vuestra afectísima hermana y
-amiga. — María Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3c"><i>Posdata de Carlos IV.</i></p>
-
-<p>«Señor y muy querido hermano: habiendo hablado a vuestro edecán
-comandante e informádole de todo lo que ha sucedido, yo os ruego el
-favor de hacer saber al emperador que le suplico disponga la libertad
-del pobre príncipe de la Paz, quien solo padece por haber sido amigo
-de la Francia, y asimismo que se nos deje ir al país que más nos
-convenga llevándonos en nuestra compañía al mismo príncipe. Por ahora
-vamos a Badajoz: confio recibir antes vuestra respuesta caso<span
-class="pagenum" id="Page_xxvii">p. xxvii</span> de que absolutamente
-carezcáis de medios de vernos, pues mi confianza solo está en vos y en
-el emperador. Mientras tanto yo soy vuestro muy afecto hermano y amigo
-de todo corazón. — Carlos.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Carta de la reina de España al gran duque de
-Berg en Aranjuez a 22 de marzo de 1808 junta con la anterior de su
-hija.</i></p>
-
-<p>«Señor mi querido hermano: yo no tengo más amigos que V. A. I. El
-rey mi amado esposo os escribe implorando vuestra amistad. En ella está
-únicamente nuestra esperanza. Ambos os pedimos una prueba de que sois
-nuestro amigo, y es la de hacer conocer al emperador lo sincero de
-nuestra amistad y del afecto que siempre hemos profesado a su persona,
-a la vuestra y a la de todos los franceses.</p>
-
-<p>El pobre príncipe de la Paz que se halla encarcelado y herido por
-ser amigo nuestro, apasionado nuestro y afecto a toda la Francia, sufre
-todo por causa de haber deseado el arribo de vuestras tropas y haber
-sido el único amigo nuestro permanente. Él hubiera ido a ver a V. A. si
-hubiera tenido libertad, y ahora mismo no cesa de nombrar a V. A. y de
-manifestar deseos de ver al emperador.</p>
-
-<p>Consíganos V. A. que podamos acabar nuestros días tranquilamente
-en un país conveniente a la salud del rey (la cual está delicada como
-también la mía) y que sea esto en compañía de nuestro único amigo que
-también lo es de V. A.</p>
-
-<p>Mi hija será mi intérprete si yo no logro la satisfacción de poder
-conocer personalmente y hablar a V. A. ¿Podríais hacer esfuerzos para
-vernos aunque fuera un solo instante de noche o como quisierais? El
-comandante edecán de V. A. contará todo lo que hemos dicho.</p>
-
-<p>Espero que V. A. conseguirá para nosotros lo que<span
-class="pagenum" id="Page_xxviii">p. xxviii</span> deseamos, y que
-perdonará las faltas y olvidos que haya cometido yo en el tratamiento,
-pues no sé donde estoy, y debéis creer que no habrán sido por faltar a
-V. A. ni dejar de darle seguridad de toda mi amistad.</p>
-
-<p>Ruego a Dios guarde a V. A. I. muchos años. Vuestra más afecta. —
-Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Carta del general Monthion al gran duque de Berg en
-Aranjuez a 23 de marzo de 1808.</i></p>
-
-<p>«Conforme a las órdenes de V. A. I. vine a Aranjuez con la carta
-de V. A. para la reina de Etruria. Llegué a las ocho de la mañana:
-la reina estaba todavía en cama: se levantó inmediatamente: me hizo
-entrar: le entregué vuestra carta: me rogó esperar un momento mientras
-iba a leerla con el rey y la reina sus padres: media hora después
-entraron todos tres a la sala en que yo me hallaba.</p>
-
-<p>El rey me dijo que daba gracias a V. A. de la parte que tomabais en
-sus desgracias, tanto más grandes cuanto era el autor de ellas un hijo
-suyo. El rey me dijo: «que esta revolución había sido muy premeditada;
-que para ello se había distribuido mucho dinero, y que los principales
-personajes habían sido su hijo y Mr. Caballero ministro de la justicia:
-que S. M. había sido violentado para abdicar la corona por salvar la
-vida de la reina y la suya, pues sabía que sin esta diligencia los dos
-hubieran sido asesinados aquella noche; que la conducta del príncipe
-de Asturias era tanto más horrible cuanto más prevenido estaba de que
-conociendo el rey los deseos que su hijo tenía de reinar, y estando S.
-M. próximo a cumplir sesenta años, había convenido en ceder a su hijo
-la corona cuando este se casara con una princesa de la familia imperial
-de Francia como S. M. deseaba ardientemente.»</p>
-
-<p>El rey ha añadido que el príncipe de Asturias quería que su
-padre se retirase con la reina su mujer a<span class="pagenum"
-id="Page_xxix">p. xxix</span> Badajoz, frontera de Portugal: que el
-rey le había hecho la observación de que el clima de aquel país no le
-convenía, y le había pedido permiso de escoger otro, por lo cual el
-mismo rey Carlos deseaba obtener del emperador licencia de adquirir
-un bien en Francia y de asegurar allí su existencia. La reina me ha
-dicho: «que había suplicado a su hijo la dilación del viaje a Badajoz;
-pero que no había conseguido nada, por lo que debería verificarse en el
-próximo lunes.»</p>
-
-<p>Al tiempo de despedirme yo de SS. MM. me dijo el rey: «yo he escrito
-al emperador poniendo mi suerte en sus manos: quise enviar mi carta por
-un correo; pero no es posible medio más seguro que el de confiarla a
-vuestro cuidado.»</p>
-
-<p>El rey pasó entonces a su gabinete y luego salió trayendo en su mano
-la carta adjunta. Me la entregó y dijo estas palabras: «mi situación es
-de las más tristes; acaban de llevarse al príncipe de la Paz y quieren
-conducirlo a la muerte: no tiene otro delito que haber sido muy afecto
-a mi persona toda su vida.»</p>
-
-<p>Añadió: «que no había modo de ruegos que no hubiese puesto en
-práctica para salvar la vida de su infeliz amigo; pero había encontrado
-sordo a todo el mundo y dominado del espíritu de venganza. Que la
-muerte del príncipe de la Paz produciría la suya, pues no podría S. M.
-sobrevivir a ella.» — B. de Monthion.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en
-Aranjuez a 23 de marzo de 1808.</i></p>
-
-<p>«Señor mi hermano: V. M. sabrá sin duda con pena los sucesos de
-Aranjuez y sus resultas; y no verá con indiferencia a un rey que
-forzado a renunciar la corona acude a ponerse en los brazos de un
-grande monarca aliado suyo, subordinándose totalmente a la disposición
-del único que puede darle su felicidad, la de toda su familia y las de
-sus fieles vasallos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xxx">p. xxx</span>Yo no he renunciado
-en favor de mi hijo sino por la fuerza de las circunstancias cuando
-el estruendo de las armas y los clamores de una guardia sublevada me
-hacían conocer bastante la necesidad de escoger la vida o la muerte,
-pues esta última se hubiera seguido después de la de la reina.</p>
-
-<p>Yo fui forzado a renunciar; pero asegurado ahora con plena confianza
-en la magnanimidad y el genio del grande hombre que siempre ha mostrado
-ser amigo mío, yo he tomado la resolución de conformarme con todo
-lo que este mismo grande hombre quiera disponer de nosotros y de mi
-suerte, la de la reina y la del príncipe de la Paz.</p>
-
-<p>Dirijo a V. M. I. y R. una protesta contra los sucesos de Aranjuez y
-contra mi abdicación. Me entrego y enteramente confio en el corazón y
-amistad de V. M., con lo cual ruego a Dios que os conserve en su santa
-y digna guarda.</p>
-
-<p>De V. M. I. y R. su muy afecto hermano y amigo. — Carlos.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Carta de la reina de Etruria incluyendo otra de su
-madre la reina de España para el gran duque de Berg en Madrid a 26 de
-marzo de 1808.</i></p>
-
-<p>«Señor mi hermano: mi madre me envía la adjunta carta para que os
-la remita y la conservéis. Hacednos la gracia, querido mío, de no
-abandonarnos: todas nuestras esperanzas están en vos. Concededme el
-consuelo de ir a ver a mis padres. Respondedme alguna cosa que nos
-alivie y no os olvidéis de una amiga que os ama de corazón. — María
-Luisa.»</p>
-
-<p>P. D. — «Yo estoy enferma en la cama con algo de calentura por lo
-cual no me veréis fuera de mi habitación.»</p>
-
-
-<p class="subh3c"><span class="pagenum" id="Page_xxxi">p.
-xxxi</span><i>Carta inclusa en la antecedente.</i></p>
-
-<p>«Querida hija mía: decid al gran duque de Berg la situación del rey
-mi esposo, la mía y la del pobre príncipe de la Paz.</p>
-
-<p>Mi hijo Fernando era el jefe de la conjuración: las tropas estaban
-ganadas por él; él hizo poner una de las luces de su cuarto en una
-ventana para señal de que comenzase la explosión. En el instante mismo
-los guardias y las personas que estaban a la cabeza de la revolución
-hicieron tirar dos fusilazos. Se ha querido persuadir que fueron
-tirados por la guardia del príncipe de la Paz, pero no es verdad.
-Al momento los guardias de Corps, los de infantería española y los
-de la valona se pusieron sobre las armas y sin recibir órdenes de
-sus primeros jefes convocaron a todas las gentes del pueblo y las
-condujeron adonde les acomodaba.</p>
-
-<p>El rey y yo llamamos a mi hijo para decirle que su padre sufría
-grandes dolores, por lo que no podía asomarse a la ventana, y que lo
-hiciese por sí mismo a nombre del rey para tranquilizar al pueblo:
-me respondió con mucha firmeza que no lo haría porque lo mismo sería
-asomarse a la ventana que comenzar el fuego, y así no lo quiso
-hacer.</p>
-
-<p>Después a la mañana siguiente le preguntamos si podría hacer cesar
-el tumulto y tranquilizar los amotinados, y respondió que lo haría,
-pues enviaría a buscar a los segundos jefes de los cuerpos de la casa
-real, enviando también algunos de sus criados con encargo de decir en
-su nombre al pueblo y a las tropas que se tranquilizasen: que también
-haría se volviesen a Madrid muchas personas que habían concurrido de
-allí para aumentar la revolución, y encargaría que no viniesen más.</p>
-
-<p>Cuando mi hijo había dado estas órdenes fue descubierto<span
-class="pagenum" id="Page_xxxii">p. xxxii</span> el príncipe de la Paz.
-El rey envió a buscar a su hijo y le mandó salir adonde estaba el
-desgraciado príncipe, que ha sido víctima por ser amigo nuestro y de
-los franceses, y principalmente del gran duque. Mi hijo fue y mandó que
-no se tocase más al príncipe de la Paz y se le condujese al cuartel
-de guardias de Corps. Lo mandó en nombre propio, aunque lo hacía por
-encargo de su padre, y como si él mismo fuese ya rey dijo al príncipe
-de la Paz «Yo te perdono la vida.»</p>
-
-<p>El príncipe a pesar de sus grandes heridas le dio gracias
-preguntándole si era ya rey. Esto aludía a lo que ya se pensaba en
-ello, pues el rey, el príncipe de la Paz y yo teníamos la intención de
-hacer la abdicación en favor de Fernando cuando hubiéramos visto al
-emperador y compuesto todos los asuntos, entre los cuales el principal
-era el matrimonio. Mi hijo respondió al príncipe: «No: hasta ahora no
-soy rey; pero lo seré bien pronto.» Lo cierto es que mi hijo mandaba
-todo como si fuese rey sin serlo y sin saber si lo sería. Las órdenes
-que el rey mi esposo daba no eran obedecidas.</p>
-
-<p>Después debía haber en el día 19 en que se verificó la abdicación
-otro tumulto más fuerte que el primero contra la vida del rey mi esposo
-y la mía, lo que obligó a tomar la resolución de abdicar.</p>
-
-<p>Desde el momento de la renuncia mi hijo trató a su padre con todo el
-desprecio que puede tratarlo un rey, sin consideración alguna para con
-sus padres. Al instante hizo llamar a todas las personas complicadas
-en su causa que habían sido desleales a su padre, y hecho todo lo que
-pudiera ocasionarle pesadumbres. El nos da priesa para que salgamos de
-aquí señalándonos la ciudad de Badajoz para residencia. Entretanto nos
-deja sin consideración alguna manifestando gran contento de ser ya rey,
-y de que nosotros nos alejemos de aquí.</p>
-
-<p>En cuanto al príncipe de la Paz no quisiera que nadie se acordara
-de él. Los guardias que le custodian tienen orden de no responder
-a nada que les pregunte,<span class="pagenum" id="Page_xxxiii">p.
-xxxiii</span> y lo han tratado con la mayor inhumanidad.</p>
-
-<p>Mi hijo ha hecho esta conspiración para destronar al rey su padre.
-Nuestras vidas hubieran estado en grande riesgo, y la del pobre
-príncipe de la Paz lo está todavía.</p>
-
-<p>El rey mi esposo y yo esperamos del gran duque que hará cuanto pueda
-en nuestro favor, porque nosotros siempre hemos sido aliados fieles del
-emperador, grandes amigos del gran duque, y lo mismo sucede al pobre
-príncipe de la Paz. Si él pudiese hablar daría pruebas, y aun en el
-estado en que se halla no hace otra cosa que exclamar por su grande
-amigo el gran duque.</p>
-
-<p>Nosotros pedimos al gran duque que salve al príncipe de la Paz, y
-que salvándonos a nosotros nos le dejen siempre a nuestro lado para que
-podamos acabar juntos tranquilamente el resto de nuestros días en un
-clima más dulce y retirados sin intrigas y sin mandos, pero con honor.
-Esto es lo que deseamos el rey y yo igualmente que el príncipe de la
-Paz, el cual estaría siempre pronto a servir a mi hijo en todo. Pero mi
-hijo (que no tiene carácter alguno, y mucho menos el de la sinceridad)
-jamás ha querido servirse de él y siempre le ha declarado guerra como
-al rey su padre y a mí.</p>
-
-<p>Su ambición es grande y mira a sus padres como si no lo fuesen. ¿Qué
-hará para los demás? Si el gran duque pudiera vernos tendríamos grande
-placer y lo mismo su amigo el príncipe de la Paz que sufre porque lo ha
-sido siempre de los franceses y del emperador. Esperamos todo del gran
-duque, recomendándole también a nuestra pobre hija María Luisa que no
-es amada de su hermano. Con esta esperanza estamos próximos a verificar
-nuestro viaje. — Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><span class="pagenum" id="Page_xxxiv">p.
-xxxiv</span><i>Nota de la reina de España para el gran duque de Berg en
-27 de marzo de 1808.</i></p>
-
-<p>«Mi hijo no sabe nada de lo que tratamos y conviene que ignore todos
-nuestros pasos. Su carácter es falso: nada le afecta: es insensible y
-no inclinado a la clemencia. Está dirigido por hombres malos y hará
-todo por la ambición que le domina; promete, pero no siempre cumple sus
-promesas.</p>
-
-<p>Creo que el gran duque debe tomar medidas para impedir que al pobre
-príncipe de la Paz se le quite la vida, pues los guardias de Corps han
-dicho que primero lo matarán que entregarle vivo, aunque lo manden el
-emperador y el gran duque. Están llenos de rabia contra él, e inflaman
-a todos los pueblos, a todo el mundo y aun a mi hijo que defiere a
-ellos en todo. Lo mismo sucede relativamente al rey mi esposo y a mí.
-Nosotros estamos puestos en manos del gran duque y del emperador: le
-rogamos que tenga la complacencia de venir a vernos; de hacer que el
-pobre príncipe de la Paz sea puesto en salvo lo más pronto posible, y
-de concedernos todo lo demás que tenemos suplicado.</p>
-
-<p>El embajador es todo de mi hijo; lo cual me hace temblar, porque mi
-hijo no quiere al gran duque ni al emperador sino solo el despotismo.
-El gran duque debe estar persuadido que no digo esto por venganza ni
-resentimiento de los malos tratos que nos hace sufrir, pues nosotros no
-deseamos sino la tranquilidad del gran duque y del emperador. Estamos
-totalmente puestos en manos del gran duque deseando verle para que
-conozca todo el valor que damos a su augusta persona y a sus tropas,
-como a todo lo que le sea relativo.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><span class="pagenum" id="Page_xxxv">p.
-xxxv</span><i>Carta de la reina de Etruria para el gran duque de Berg
-en Madrid a 29 de marzo de 1808 con una nota de la reina de España su
-madre.</i></p>
-
-<p>«Mi señor y querido hermano: mi madre os escribe algunas líneas. Yo
-os incluyo la adjunta mía para el emperador rogándoos dispongáis que
-llegue prontamente a su destino. Recomendadme a S. M. y prometedme como
-os suplico ir después de mañana a Aranjuez. Tomad en mis asuntos el
-interés que yo tomo en lo relativo a vuestra persona, y creed que soy
-de todo mi corazón vuestra afecta hermana y amiga. — María Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3c"><i>Nota de puño y letra de la reina de España.</i></p>
-
-<p>«No quisiéramos ser importunos al gran duque. El rey me hace tomar
-la pluma para decir que considera útil que el gran duque escribiese
-al emperador insinuando que convendría que S. M. I. diese órdenes
-sostenidas con la fuerza para que mi hijo o el gobierno nos dejen
-tranquilos al rey, a mí y al príncipe de la Paz hasta tanto que S. M.
-llegue. En fin el gran duque y el emperador sabrán tomar las medidas
-necesarias para que se esperen su arribo u órdenes sin que antes seamos
-víctimas. — Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Carta de la reina de Etruria al gran duque de Berg
-en Madrid a 30 de marzo de 1808, con otra de su madre y un artículo
-escrito de mano propia de Carlos IV.</i></p>
-
-<p>«Señor y hermano: os remito una carta que mi madre me ha enviado,
-y os suplico que me digáis si vuestra guardia o vuestras tropas han
-pasado a guardar al príncipe de la Paz. Deseo también saber cuál<span
-class="pagenum" id="Page_xxxvi">p. xxxvi</span> es el estado de
-la salud del príncipe, y qué opina vuestro médico en el asunto.
-Respondedme al instante porque pienso visitar a mi madre uno de estos
-días sin detenerme allí más que lo preciso para hablar y volver aquí.
-Id pronto pues solo vos podéis ser mi defensor, y vuelvo a rogaros
-que me respondáis sin detención: entre tanto soy de corazón vuestra
-afectísima hermana y amiga. — María Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3c"><i>Carta de la reina de España citada en la anterior.</i></p>
-
-<p>«Si el gran duque no toma a su cargo que el emperador exija
-prontamente órdenes de impedir los progresos de las intrigas que hay
-contra el rey mi esposo, contra el príncipe de la Paz su amigo, contra
-mí y aun contra mi hija Luisa, ninguno de nosotros está seguro. Todos
-los malévolos se reúnen en Madrid alrededor de mi hijo: este los cree
-como a oráculos, y por sí mismo no es muy inclinado a la magnanimidad
-ni a la clemencia. Debe temerse de ellos toda mala resulta. Yo tiemblo
-y lo mismo mi marido si mi hijo ve al emperador antes que este haya
-dado sus órdenes, pues él y los que le acompañan contarán a S. M. I.
-tantas mentiras que lo pongan por lo menos en estado de dudar de la
-verdad. Por este motivo rogamos al gran duque consiga del emperador que
-proceda sobre el supuesto de que nosotros estamos absolutamente puestos
-en sus manos, esperando que nos dé la tranquilidad para el rey mi
-esposo, para mí y para el príncipe de la Paz, de quien deseamos que nos
-lo deje a nuestro lado para acabar nuestros días tranquilamente en un
-país conveniente a nuestra salud, sin que ninguno de nosotros tres les
-hagamos la menor sombra. Rogamos con la mayor instancia al gran duque
-que se sirva mandar darnos diariamente noticias de nuestro amigo común
-el príncipe de la Paz, pues nosotros ignoramos todo absolutamente.»</p>
-
-
-<p class="subh3c"><span class="pagenum" id="Page_xxxvii">p.
-xxxvii</span><i>El siguiente artículo está escrito de letra de Carlos
-IV.</i></p>
-
-<p>«Yo he hecho a la reina escribir todo lo que precede, porque no
-puedo escribir mucho a causa de mis dolores. — Carlos.»</p>
-
-
-<p class="subh3c"><i>Sigue escribiendo la reina.</i></p>
-
-<p>«El rey mi marido ha escrito esta línea y media y la ha firmado para
-que os aseguréis de ser él quien escribe.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Nota de la reina de España para el gran duque
-de Berg remitida por medio de la reina de Etruria sin fecha en
-1808.</i></p>
-
-<p>«El rey mi esposo y yo no quisiéramos ser importunos ni enfadosos
-al gran duque que tiene tantas ocupaciones, pero no tenemos otro amigo
-ni apoyo que él y el emperador, en quien están fundadas todas las
-esperanzas del rey, las del príncipe de la Paz amigo del gran duque e
-íntimo nuestro, las de mi hija Luisa y las mías. Mi hija me escribió
-ayer por la tarde lo que el gran duque le había dicho, y nos ha
-penetrado el corazón dejándonos llenos de reconocimiento y de consuelo,
-esperando todo bien de las dos sagradas e incomparables personas
-del emperador y del gran duque. Pero no queremos que ignoren lo que
-nosotros sabemos, a pesar de que nadie nos dice nada ni aun responden
-a lo que preguntamos, por más necesidad que tengamos de respuesta. Sin
-embargo miramos esto con indiferencia y solo nos interesa la buena
-suerte de nuestro único e inocente amigo el príncipe de la Paz, que
-también lo es del gran duque como él mismo exclamaba en su prisión
-en medio de los horribles tratos que se le hacían, pues perseveraba
-llamando<span class="pagenum" id="Page_xxxviii">p. xxxviii</span>
-siempre amigo suyo al gran duque lo mismo que lo había hecho antes de
-la conspiración, y solía decir «si yo tuviera la fortuna de que el
-gran duque estuviese cerca y llegase aquí, no tendría nada que temer.»
-Él deseaba su arribo a la corte y se lisonjeaba con la satisfacción
-de que el gran duque quisiese aceptar su casa para alojamiento. Tenía
-preparados algunos regalos para hacerle; y en fin no pensaba sino en
-que llegara el momento y después presentarse ante el emperador y el
-gran duque con todo el afecto imaginable; pero ahora nosotros estamos
-siempre temiendo que se le quite la vida, o se le aprisione más si sus
-enemigos llegan a entender que se trata de salvarle. ¿No sería posible
-tomar por precaución algunas medidas antes de la resolución definitiva?
-El gran duque pudiera enviar tropas sin decir a qué; llegar a la
-prisión del príncipe de la Paz y separar la guardia que le custodia,
-sin darle tiempo de disparar una pistola ni hacer nada contra el
-príncipe; pues es de temer que su guardia lo hiciese porque todos sus
-deseos son de que muera, y tendrán gloria en matarle. Así la guardia
-sería mandada absolutamente por las órdenes del gran duque: y si no,
-puede estar seguro el gran duque de que el príncipe de la Paz morirá
-si prosigue bajo el poder de los traidores indignos y a las órdenes de
-mi hijo. Por lo mismo volvemos a hacer al gran duque la misma súplica
-de que haga sacarle del poder de las manos sanguinarias, esto es de
-los guardias de Corps, de mi hijo y de sus malos lados, porque si no,
-debemos estar siempre temblando por su vida aunque el gran duque y
-el emperador la quieran salvar mediante que no lo podrán conseguir.
-De gracia volvemos a pedir al gran duque que tome todas las medidas
-convenientes para el objeto, porque como se pierda tiempo ya no está
-segura la vida, pues es cosa cierta que sería más fácil de conservar
-si el príncipe estuviese entre las manos de leones y de tigres
-carnívoros.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xxxix">p. xxxix</span>Mi hijo estuvo
-ayer después de comer con Infantado, con Escóiquiz, que es un clérigo
-maligno, y con San Carlos que es peor que todos ellos; y esto nos
-hace temblar porque duró la conferencia secreta desde la una y media
-hasta las tres y media. El gentil-hombre que va con mi hijo Carlos es
-primo de San Carlos; tiene talento y bastante instrucción, pero es
-un americano maligno y muy enemigo nuestro como su primo San Carlos,
-sin embargo de que todo lo que son lo han recibido del rey mi marido
-a instancias del pobre príncipe de la Paz, de quien ellos decían ser
-parientes. Todos los que van con mi hijo Carlos son incluidos en la
-misma intriga y muy propios para hacer todo el mal posible, y que sea
-reputado por verdad lo que es una grande mentira.</p>
-
-<p>Yo ruego al gran duque que perdone mis borrones y defectos que
-cometo cuando escribo francés, mediante hacer ya 42 años que hablo
-español desde que vine a casar en España a la edad de trece años y
-medio, motivo por el cual aunque hablo francés no sé hablarlo bien. El
-gran duque conocerá la razón que me asiste y disimulará los defectos
-del idioma en que yo incurra. — Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Nota de la reina de España para el gran duque de
-Berg por medio de la reina de Etruria su hija sin fecha en 1808.</i></p>
-
-<p>Ayer recibí un papel de un mahonés que quería tener una audiencia
-secreta conmigo después que el rey mi marido estaba ya en cama,
-diciéndome que me daría grandes luces sobre todo lo que sucede
-actualmente.</p>
-
-<p>Él quería que yo le diese por mí misma seis u ocho millones,
-diciendo que yo los podría pedir a la compañía de Filipinas, y que él
-haría una contrarrevolución que librase al príncipe de la Paz y fuese
-también contra los franceses.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xl">p. xl</span>El rey y yo lo
-hicimos prender sin permitirle comunicación, y permanecerá preso hasta
-que se averigüe la verdad de todo lo que hay en este asunto; pues
-creemos que sea un emisario de los ingleses para perdernos, supuesto
-que el rey y el príncipe de la Paz siempre han sido únicamente amigos
-de los franceses, del emperador y en particular del gran duque sin
-haberlo sido jamás de los ingleses nuestros enemigos naturales.</p>
-
-<p>Creemos también por muy necesario que el gran duque haga asegurar
-al pobre príncipe de la Paz que siempre ha sido y es amigo del gran
-duque, de quien así (como del emperador) esperaba su asilo en la forma
-que lo tenía escrito por medio de Izquierdo al mismo gran duque, y aun
-al emperador mismo, bien que no sé si estas cartas habrán llegado a sus
-manos.</p>
-
-<p>Convendría sacar de las manos de los guardias de Corps y de las
-tropas de mi hijo al pobre príncipe de la Paz su amigo, pues es de
-recelar que se le quite la vida o se le envenene y se diga que ha
-muerto de sus heridas, y por cuanto no tendrá seguridad de vivir;
-mientras estén a su lado algunos de estos malignos, será forzoso que el
-gran duque después de asegurar la persona del príncipe de la Paz en su
-poder, tome medidas bien fuertes para conservarle, pues las intrigas
-cada día crecen contra ese pobre amigo del gran duque y aun contra el
-rey mi marido, cuya vida tampoco está bastante segura.</p>
-
-<p>Mi hijo hizo llamar al hijo de Biergol, que es oficial de la
-secretaría de relaciones exteriores. Estuvieron presentes a la sesión
-Infantado y todos los ministros. Mi hijo le preguntó qué había de
-nuevo en el sitio, y qué hacía el rey mi marido: Biergol respondió
-lo que había de verdad diciendo: «no hay nada de nuevo: el rey sale
-muy poco: la reina no ha salido: se ocupan en preparar una habitación
-para el caso de que el gran duque y el emperador vayan allí.» Mi<span
-class="pagenum" id="Page_xli">p. xli</span> hijo le dio orden de volver
-aquí y de estar al servicio de su padre hasta que este emprenda su
-viaje, porque es uno que interviene en nuestras cuentas como tesorero.
-A todos los que nos siguen aplican el título de desertores. Yo recelo
-que traman alguna grande intriga contra nosotros y que estamos en
-grande riesgo, porque Infantado y los otros son tan malos y peores que
-los demás. Me persuado que el rey, y yo y el pobre príncipe de la Paz
-estamos muy expuestos, porque no manifiestan sino mala voluntad contra
-nosotros, y nuestra vida no está segura si no lo remedian el gran duque
-y el emperador. Es necesario que tomen algunas medidas para contener
-las abominables intenciones de estos malignos, y para que mi hijo se
-canse de dedicarse a pensar todo lo que sea contra su padre y contra
-el príncipe de la Paz. Nosotros hemos tenido esta noticia después que
-salió de aquí el edecán. El clérigo Escóiquiz es también de los más
-malos. — Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Carta del rey Carlos IV al gran duque de Berg con
-otra de la reina su esposa en Aranjuez a 1.º de abril de 1808.</i></p>
-
-<p>«Mi señor y muy querido hermano: V. A. verá por el escrito adjunto
-que nosotros nos interesamos en la vida del príncipe de la Paz más que
-en la nuestra.</p>
-
-<p>Todo lo que se dice en la gaceta extraordinaria sobre el proceso del
-Escorial ha sido compuesto a gusto de los que lo publican, sin decir
-nada de la declaración que mi hijo hizo espontáneamente, la cual habrán
-mudado sin duda: ella está escrita por un gentil-hombre, y firmada
-solamente por mi hijo. Si V. A. no hace esfuerzos para que el proceso
-se suspenda hasta la venida del emperador, temo mucho que quiten antes
-la vida al príncipe de la Paz. Nosotros contamos con el afecto de V. A.
-para nosotros tres, fundados en<span class="pagenum" id="Page_xlii">p.
-xlii</span> la alianza y amistad con el emperador. Espero que V. A. me
-dará una respuesta consolatoria que me tranquilice, y comunicará al
-emperador esta carta mía con expresión de que yo descanso en su amistad
-y generosidad. Excusadme lo mal escrita que va esta carta, pues los
-dolores que padezco son la causa. En este supuesto, mi señor y muy
-querido hermano, de V. A. I. y R. soy su muy afecto. — Carlos.»</p>
-
-
-<p class="subh3c"><i>Carta de la reina.</i></p>
-
-<p>«Señor mi hermano: yo junto mis sentimientos a los del rey mi
-marido, rogando a V. A. la bondad de hacer lo que le pedimos ahora; y
-esperamos que su amistad y humanidad tomará a su cargo la buena causa
-de su íntimo y desgraciado amigo el pobre príncipe de la Paz, así como
-nuestra propia causa que está unida a la suya, para que así cese y se
-suspenda todo hasta que la generosidad y grandeza de alma sin igual
-del emperador nos salve a todos tres y haga que acabemos nuestros días
-tranquilamente y en reposo. No espero menos del emperador y de V. A.
-que nos concederá esta gracia, pues es la única que deseamos. En este
-supuesto, ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda.
-Señor mi hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. —
-Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Nota de la reina de España para el gran duque de
-Berg, remitida por medio de la reina de Etruria en 1.º de abril de
-1808.</i></p>
-
-<p>«Habiendo visto la gaceta extraordinaria que habla solamente de
-haberse encontrado la causa del Escorial entre los papeles del pobre
-príncipe de la Paz, veo que está llena de mentiras. El rey era quien
-guardaba la causa en la papelera de su mesa, y la confió al pobre
-príncipe de la Paz para que la diera al gran<span class="pagenum"
-id="Page_xliii">p. xliii</span> duque, con el fin de que la presentase
-al emperador de parte del rey mi marido. Como esta causa se halla
-escrita por el ministro de la guerra y de justicia, y firmada por mi
-hijo, este y aquel mudarán lo que quieran como si fuese original y
-verdadero; y lo mismo sucederá en lo que quieran mudar relativo a los
-demás comprendidos en la causa, pues todos están ahora alrededor de mi
-hijo, y harán lo que este mande y lo que quieran ellos mismos.</p>
-
-<p>Si el gran duque no tiene la bondad y humanidad de hacer que el
-emperador mande prontamente hacer suspender el curso de la causa del
-pobre príncipe de la Paz, amigo del mismo gran duque, y del emperador,
-y de los franceses, y del rey, y mío, van sus enemigos a hacerle cortar
-la cabeza en público, y después a mí, pues lo desean también. Yo temo
-mucho que no den tiempo para que pueda llegar la respuesta y resolución
-del emperador; pues precipitarán la ejecución para que cuando llegue
-aquella no pueda surtir efecto favorable por estar ya decapitado el
-príncipe. El rey mi marido y yo no podemos ver con indiferencia un
-atentado tan horrible contra quien ha sido íntimamente amigo nuestro y
-del gran duque. Esta amistad y la que ha tenido en favor del emperador
-y de los franceses, es la causa de todo lo que sufre; sobre lo cual no
-se debe dudar.</p>
-
-<p>Las declaraciones que mi hijo hizo en su causa no se manifiestan
-ahora; y caso de que se publiquen algunas, no serán las que de veras
-hizo entonces. Acusan al pobre príncipe de la Paz de haber atentado
-contra la vida y trono de mi hijo; pero esto es falso y solo es verdad
-todo lo contrario. No tratan sino de acriminar a este inocente príncipe
-de la Paz, nuestro único amigo común, para inflamar más al público y
-hacerle creer contra él todas las infamias posibles.</p>
-
-<p>Después harán lo mismo contra mí, pues tienen la voluntad preparada
-para ello. Así convendrá que el<span class="pagenum" id="Page_xliv">p.
-xliv</span> gran duque haga decir a mi hijo que se suspenda toda causa
-y asunto de papeles hasta que el emperador venga, o dé disposiciones; y
-tomar el gran duque bajo sus órdenes la persona del pobre príncipe de
-la Paz su amigo, separando los guardias y poniendo tropas suyas para
-impedir que lo maten, pues esto es lo que quieren, además de infamarle,
-lo que también proyectan contra el rey mi marido y contra mí, diciendo
-que es necesario formarnos causa y hacer que después demos cuenta de
-todas nuestras operaciones.</p>
-
-<p>Mi hijo tiene muy mal corazón: su carácter es cruel: jamás ha
-tenido amor a su padre ni a mí: sus consejeros son sanguinarios: no se
-complacen sino en hacer desdichados, sin exceptuar al padre ni a la
-madre. Quieren hacernos todo el mal posible, pero el rey y yo tenemos
-mayor interés en salvar la vida y el honor de nuestro inocente amigo
-que nuestra misma vida.</p>
-
-<p>Mi hijo es enemigo de los franceses, aunque diga lo contrario. No
-extrañaré que cometa un atentado contra ellos. El pueblo está ganado
-con dinero y lo inflamará contra el príncipe de la Paz, contra el rey,
-mi marido, y contra mí, porque somos aliados de los franceses, y dicen
-que nosotros les hemos hecho venir.</p>
-
-<p>A la cabeza de todos los enemigos de los franceses está mi hijo,
-aunque aparente ahora lo contrario, y quiera ganar al emperador, al
-gran duque y a los franceses para dar mejor y seguro su golpe.</p>
-
-<p>Ayer tarde dijimos nosotros al general comandante de las tropas del
-gran duque, que nosotros siempre permanecemos aliados de los franceses,
-y que nuestras tropas estarán siempre unidas con las suyas. Esto se
-entiende de las nuestras que tenemos aquí, pues de las otras no podemos
-disponer; y aun en cuanto a estas ignoramos las órdenes que mi hijo
-habrá dado; pero nosotros nos pondríamos a su cabeza para hacerlas
-obedecer lo que queremos, que es que sean amigas de los franceses. —
-Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><span class="pagenum" id="Page_xlv">p.
-xlv</span><i>Nota de la reina de España para el gran duque de Berg, por
-medio de la reina de Etruria su hija, en abril de 1808.</i></p>
-
-<p>«Nosotros remitimos al gran duque la respuesta de mi hijo a la carta
-que el rey mi marido le escribió antes de ayer, cuya copia fue remitida
-ayer al gran duque. No estamos contentos con el modo de explicarse
-mi hijo, ni aun con la sustancia de lo que se responde; pero el gran
-duque por su amistad con nosotros tendrá la bondad de componerlo todo
-y de hacer que el emperador nos salve a todos tres; es decir al rey mi
-marido, al pobre príncipe de la Paz su amigo, y a mí. El gran duque
-debe estar persuadido, y persuadir al emperador, que habiendo puesto
-nuestra suerte en sus manos, solo pendemos de la generosidad, grandeza
-de alma y amistad que tenga para nosotros tres, que siempre hemos sido
-sus buenos y fieles aliados, amigos y afectos, y que si no, nuestra
-suerte será muy infeliz.</p>
-
-<p>Se nos ha dicho que nuestro hijo Carlos va a partir mañana o antes
-para recibir al emperador, y que si no lo encuentra, avanzará hasta
-París. A nosotros se nos oculta esta resolución porque no quieren que
-la sepamos el rey ni yo, lo cual nos hace recelar un mal designio; pues
-mi hijo Fernando no se separa un momento de sus hermanos, y los hace
-malos con promesas y con los atractivos que agradan a los jóvenes que
-no conocen al mundo por experiencias &amp;c.</p>
-
-<p>Por esto conviene que el gran duque procure que el emperador no se
-deje engañar por medio de mentiras que lleven las apariencias de la
-verdad, respecto de que mi hijo no es afecto a los franceses, sino que
-ahora manifiesta serlo porque cree tener necesidad de aparentarlo.
-Yo recelo de todo si el gran duque, en quien habemos puesto nuestras
-esperanzas, no hace todos<span class="pagenum" id="Page_xlvi">p.
-xlvi</span> sus esfuerzos para que el emperador tome nuestra causa como
-suya propia. Tampoco dudamos que la amistad del gran duque sostendrá
-y salvará a su amigo, y nos lo dejará a nuestro lado para que todos
-tres juntos acabemos nuestros días tranquilamente retirados. Asimismo
-creemos que el gran duque tomará todos los medios para que el pobre
-príncipe de la Paz, amigo suyo y nuestro, sea trasladado a un pueblo
-cercano a Francia, de manera que su vida no peligre y sea fácil de
-transportarlo a Francia, y librarlo de las manos de sus sanguinarios
-enemigos.</p>
-
-<p>Deseamos igualmente que el gran duque envíe a el emperador alguna
-persona que le informe de todo a fondo para evitar que S. M. I. pueda
-ser preocupado por las mentiras que se fraguan aquí de día y de noche
-contra nosotros y contra el pobre príncipe de la Paz, cuya suerte
-preferimos a la misma nuestra, porque estamos temblando de las dos
-pistolas que hay cargadas para quitarle la vida en caso necesario, y
-sin duda son efecto de alguna orden de mi hijo que hace conocer así
-cuál sea su corazón; y deseo que no se verifique jamás un atentado
-semejante con ninguno, aun cuando fuese el mayor malvado, y vos debéis
-creer que el príncipe no lo es.</p>
-
-<p>En fin el gran duque y el emperador son los únicos que pueden salvar
-al príncipe de la Paz, así como a nosotros, pues si no resulta salvo, y
-si no se nos concede su compañía moriremos el rey mi marido y yo. Ambos
-creemos que si mi hijo perdona la vida al príncipe de la Paz, será
-cerrándolo en una prisión cruel donde tenga una muerte civil; por lo
-cual rogamos al gran duque y al emperador que lo salve enteramente, de
-manera que acabe sus días en nuestra compañía donde se disponga.</p>
-
-<p>Conviene saber que se conoce que mi hijo teme mucho al pueblo; y
-los guardias de Corps son siempre sus consejeros y sus tiranos. —
-Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><span class="pagenum" id="Page_xlvii">p.
-xlvii</span><i>Carta del rey Carlos IV al gran duque de Berg con otra
-de la reina su esposa en Aranjuez a 3 de abril de 1808.</i></p>
-
-<p>«Mi señor y mi querido hermano: teniendo que pasar a Madrid Don
-Joaquín de Manuel de Villena, gentil-hombre de cámara y muy fiel
-servidor mío, para negocios particulares suyos, le he encargado
-presentarse a V. A., y asegurarle todo mi reconocimiento al interés
-que V. A. toma en mi suerte y en la del príncipe de la Paz, que está
-inocente. Podéis fiaros de hablar con Don Joaquín de Villena, porque yo
-aseguro su fidelidad. No hablaré ya de mis dolores, y mi esposa os dará
-en posdata razón detallada de los asuntos. Pudiera suceder que Villena
-no se atreva a entrar en casa de V. A. por no hacerse sospechoso. En
-tal caso mi hija dispondrá que recibáis esta carta. Perdonadme tantas
-importunidades, y ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna
-guarda. Mi señor y muy querido hermano. De V. A. I. y R. afecto hermano
-y amigo. — Carlos.»</p>
-
-
-<p class="subh3c"><i>Carta de la reina.</i></p>
-
-<p>«Mi señor y hermano: la partida tan pronta de mi hijo Carlos, que
-será mañana, nos hace temblar. Las personas que le acompañan son
-malignas. El secreto inviolable que se les hace observar para con
-nosotros, nos causa grande inquietud, temiendo que sea conductor de
-papeles falsos contrahechos e inventados.</p>
-
-<p>El príncipe de la Paz no hacía ni escribía nada sin que lo
-supiéramos y viésemos el rey mi marido y yo; y podemos asegurar que
-no ha cometido crimen alguno contra mi hijo ni contra nadie, pero
-mucho menos contra el gran duque, contra el emperador, ni contra
-los franceses. Él escribió de propio puño al<span class="pagenum"
-id="Page_xlviii">p. xlviii</span> gran duque y al emperador pidiendo a
-este un asilo y hablando de matrimonio; pero yo creo que el pícaro de
-Izquierdo no la entregó y la ha devuelto. El príncipe de la Paz estaba
-ya desengañado de la mala fe de Izquierdo, y por lo menos dudaba de su
-sinceridad. Los enemigos del pobre príncipe de la Paz, amigo de V. A.,
-pintarán con los colores más vivos y apariencias de verdad cualesquiera
-mentiras. Son muy diestros para esto, y cuantos ocupan ahora los
-empleos son enemigos comunes suyos. ¿No podría V. A. enviar alguno que
-llegase antes que mi hijo Carlos a ver al emperador y prevenirle de
-todo, contándole la verdad y las imposturas de nuestros enemigos?</p>
-
-<p>Mi hijo tiene veinte años, sin experiencia ni conocimientos
-del mundo. Los que le acompañan y todos los demás le habrán dado
-instrucciones a su gusto. ¡Ojalá que V. A. tome todas las medidas
-necesarias para anticipar noticias al emperador! Mi hijo hace todo lo
-posible para que no veamos al emperador; pero nosotros queremos verle,
-así como a V. A. en quien hemos depositado nuestra confianza, y la
-seguridad de todos tres que esperamos conceda el emperador.</p>
-
-<p>En este supuesto ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna
-guarda. Mi señor y hermano. De V. A. I. y R. muy afecta hermana y
-amiga. — Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Carta de la reina de España al gran duque de Berg
-en Aranjuez a 8 de abril de 1808.</i></p>
-
-<p>«Mi señor y hermano: el rey no puede escribir por estar muy
-incomodado con la hinchazón de su mano. Cuando ha leído la carta de
-V. A. en que le deja elección de partir mañana u otro día, ha tenido
-presente que todo estaba preparado, que una parte de sus criados parte
-hoy, y que la dilación podía dar que pensar a tantos intérpretes
-como hay, malignos e impostores; por lo que se ha decidido a salir
-mañana<span class="pagenum" id="Page_xlix">p. xlix</span> a la una
-como tenía ya dicho, esperando que así le sería más fácil también
-ir a ver al emperador. Tendremos mucho gusto de saber el arribo del
-emperador a Bayona. Nosotros lo esperamos con impaciencia, y que V.
-A. nos dirá cuándo debemos ir. El rey mi marido y yo deseamos con
-vehemencia ver a V. A. Apetecemos con ansia este momento, y nos ha
-servido de gran placer el recado de V. A. de que vendría a vernos
-después de dos días. Repetimos nuestras súplicas, confiando enteramente
-en vuestra amistad, y pido a Dios tenga a V. A. en su santa y digna
-guarda.</p>
-
-<p>Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. —
-Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Carta del rey Fernando a su padre en Madrid a 8 de
-abril de 1808.</i></p>
-
-<p>«Padre mío: el general Savary acaba de separarse de mi compañía.
-Estoy muy satisfecho de él, como también de la buena inteligencia
-que hay entre el emperador y mi persona, por la buena fe que me ha
-manifestado.</p>
-
-<p>Por este motivo me parece justo que V. M. me dé una carta para el
-emperador, felicitándole de su arribo, y asegurándole que tengo para
-con él los mismos sentimientos que V. M. le ha demostrado.</p>
-
-<p>Si V. M. considera conveniente, me enviará en respuesta dicha carta,
-porque yo saldré después de mañana, y he dado orden de que vengan
-después los tiros que debían servir a VV. MM.</p>
-
-<p>Vuestro más sumiso hijo. — Fernando.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Segunda carta de la reina de España al gran duque
-de Berg en 8 de abril de 1808.</i></p>
-
-<p>«Mi señor y hermano: No quisiéramos ocupar a V. A., pero no teniendo
-otro apoyo es necesario que<span class="pagenum" id="Page_l">p.
-l</span> V. A. sepa todo lo relativo a nuestras personas. Remitimos a
-V. A. la carta que el rey ha recibido de su hijo Fernando en respuesta
-de la que su padre le escribió, diciéndole que partíamos el lunes.</p>
-
-<p>Las pretensiones de mi hijo me parecen fuera de propósito; y
-siguiendo las mismas ideas le ha escrito el rey hace un instante, que
-nosotros llevamos menos familia y personas de servidumbre que plazas
-había, quedándose aquí algunas: que pasaríamos la semana santa en el
-Escorial, sin poder decir cuántos días duraría aquella residencia; y
-que en cuanto a guardias de Corps no importaba nada que no fuesen.
-Quisiéramos no verlos, y sí fuera de su poder a nuestro pobre príncipe
-de la Paz. Ayer tarde se me advirtió que viviésemos con cuidado, porque
-se intentaba hacer alguna cosa secreta, y que aunque fuese tranquila la
-noche de ayer no lo sería la siguiente. Yo dudo de todo, y no vemos a
-los guardias de Corps; pero es necesario vivir con cautela, por lo que
-lo hemos advertido al general Wattier. Los guardias son los autores de
-todo, y hacen a mi hijo hacer lo que quieren; lo mismo que los malignos
-ministros, que son muy crueles, sobre todo el clérigo Escóiquiz.</p>
-
-<p>Por gracia V. A. líbrenos a todos tres, e igualmente a mi pobre hija
-Luisa, que padece por la propia razón que nuestro pobre amigo común el
-príncipe de la Paz y nosotros; y todo porque somos amigos de V. A.,
-de los franceses y del emperador. Mi hijo Fernando habló aquí de las
-tropas francesas que había en Madrid con bastante desprecio, lo cual
-es prueba de que no las mira con afecto. Nos han asegurado que los
-carabineros son como los demás; y que los otros residentes en el sitio,
-como el capitán de guardias de Corps, no hacen sino averiguar todo lo
-que pueden para hacerlo saber a mi hijo.</p>
-
-<p>Si el emperador dijera dónde quiere que le veamos, tendríamos en
-ello mucho gusto; y rogamos a<span class="pagenum" id="Page_li">p.
-li</span> V. A. procure que el emperador nos saque de España cuanto
-antes al rey mi marido y a nuestro amigo el príncipe de la Paz, a mí
-y a mi pobre hija, y sobre todo a los tres, lo más pronto posible,
-porque de otro modo no estamos seguros. No dude V. A. que nos hallamos
-en el mayor peligro, y con especialidad nuestro amigo, cuya seguridad
-deseamos antes que la nuestra; la que confiamos lograr de V. A. y del
-emperador, en cuyo supuesto pido a Dios tenga a V. A. en su santa y
-digna guarda.</p>
-
-<p>Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. afecta hermana y amiga. —
-Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Carta de la reina de España al gran duque de Berg
-en Aranjuez a 9 de abril de 1808.</i></p>
-
-<p>«Mi señor y hermano: el reconocimiento a los favores de V. A. será
-eterno, y le damos un millón de gracias por la seguridad que nos
-anuncia de que su amigo y nuestro, el pobre príncipe de la Paz, estará
-libre dentro de tres días. El rey y yo ocultaremos con un secreto
-inviolable tan necesario la alegría que V. A. nos ha producido con
-una noticia tan deseada. Ella nos reanima, y nunca hemos dudado de la
-amistad de V. A., quien tampoco deberá dudar de la nuestra jamás, pues
-se la hemos profesado siempre, como también el pobre amigo de V. A.,
-cuyo crimen es el ser afecto al emperador y a los franceses. No así mi
-hijo, pues no lo es aunque lo aparente. Su ambición sin límites le ha
-hecho seguir los consejos de todos los infames consejeros que ha puesto
-ahora en los empleos más principales y elevados.</p>
-
-<p>Tenga V. A. la bondad de decirnos cuándo debemos ir a ver al
-emperador, y en dónde, pues lo deseamos mucho igualmente que V. A. no
-se olvide de mi pobre hija Luisa.</p>
-
-<p>Damos gracias a V. A. de habernos enviado al general<span
-class="pagenum" id="Page_lii">p. lii</span> Wattier, pues se ha
-conducido perfectamente aquí. Mi marido quería escribir a V. A., pero
-es absolutamente imposible, pues padece muchos dolores en la mano
-derecha, los cuales le han quitado el sueño esta noche pasada.</p>
-
-<p>Nosotros saldremos a la una para el Escorial, adonde llegaremos a
-las ocho de la tarde. Rogamos a V. A. que disponga que sus tropas y V.
-A. libren a su amigo de los peligros de todos los pueblos y tropas que
-están contra él y contra nosotros, no sea que lo maten si no lo salva
-V. A., pues como no esté asegurado por la guardia de V. A. hay mucho
-peligro de que le quiten la vida.</p>
-
-<p>Deseamos mucho ver a V. A., pues somos totalmente suyos; en cuyo
-supuesto pido a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda.</p>
-
-<p>Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. —
-Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Segunda carta de la reina de España al gran duque
-de Berg en el Escorial a 9 de abril de 1808.</i></p>
-
-<p>«Mi señor y hermano: son las diez, y hemos recibido una carta de
-mi hijo Fernando que el rey mi marido envía a V. A. para que la vea,
-y me diga lo que debemos hacer. El rey y yo no quisiéramos hacer lo
-que nos pide mi hijo, cuya pretensión nos ha sorprendido infinito, y
-creemos que no nos conviene de ningún modo condescender: el rey ha
-encargado decir que estaba ya en cama, por lo que no podía responder a
-la carta. Esto ha sido pretexto por si V. A. quiere decirnos lo que se
-le haya de responder, en inteligencia de que mientras tanto suspendemos
-hacerlo; bien que será forzoso no dilatarlo más que hasta mañana por la
-tarde.</p>
-
-<p>Nos hallamos con la satisfacción de no tener guardias de Corps,
-ni las de infantería en el Escorial, sino<span class="pagenum"
-id="Page_liii">p. liii</span> solo los carabineros. Con vuestras tropas
-estamos seguros y no con las otras.</p>
-
-<p>El rey y yo no escribimos la carta que mi hijo pide, sino en el caso
-de que se nos haga escribir por fuerza, como sucedió con la abdicación,
-contra la cual hizo por eso la protesta que envió a V. A. Lo que dice
-mi hijo es falso, y solo es verdadero que mi marido y yo tememos que se
-procure hacer creer al emperador un millón de mentiras, pintándolas con
-los más vivos colores en agravio nuestro y del pobre príncipe de la Paz
-amigo de V. A., admirador y afectísimo del emperador, bien que nosotros
-estamos totalmente puestos en manos de S. M. I. y V. A., lo cual nos
-tranquiliza de modo, que con tales amigos y protectores no tememos
-a nadie. Ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda.
-Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. —
-Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Tercera carta de la reina de España al gran duque
-de Berg en el Escorial a 9 de abril de 1808.</i></p>
-
-<p>«Mi señor y hermano: Estamos muy agradecidos al obsequio de V. A.
-en habernos enviado sus tropas que nos han acompañado con la mayor
-atención y cuidado. También le damos gracias por las que nos ha
-destinado para este sitio. Hemos dicho al general Budet que cuide de
-hacer patrullas con sus tropas día y noche, pues hemos encontrado
-aquí una compañía de guardias españolas y valonas, lo que nos ha
-sorprendido.</p>
-
-<p>V. A. nos ha dado pruebas completas de su amistad. Nosotros no
-habíamos dudado jamás, y tanto el rey como yo creemos firmemente que V.
-A. nos librará de todo riesgo, igualmente que a su amigo el príncipe
-de la Paz, y estamos satisfechos de que el emperador nos protegerá, y
-hará felices a todos tres como<span class="pagenum" id="Page_liv">p.
-liv</span> aliados, afectos y amigos suyos. Esperamos con grande
-impaciencia la satisfacción de ver a V. A. y al emperador. Aquí estamos
-en mayor proporción de salir al encuentro de S. M. I.</p>
-
-<p>Nuestro viaje ha sido muy feliz, y no podía dejar de serlo con tan
-buena compañía. Los pueblos por donde hemos pasado nos han aclamado más
-que antes.</p>
-
-<p>Esperamos con ansia la respuesta de V. A. a la carta que le
-escribimos esta mañana, y no queremos incomodarle más, ni quitarle el
-tiempo precioso que necesita para tantas ocupaciones. Ruego a Dios que
-tenga a V. A. en su santa y digna guarda. Mi señor y hermano: de V. A.
-I. y R. muy afecta hermana y amiga. — Luisa.»</p>
-
-
-<p class="subh3"><i>Carta de la reina de España al gran duque de Berg
-en 10 de abril de 1808.</i></p>
-
-<p>«Señor mi hermano: la carta que V. A. nos ha escrito, y hemos
-recibido hoy muy temprano, me ha tranquilizado. Nosotros estamos
-puestos en las manos del emperador y de V. A. No debemos temer nada
-el rey mi marido, nuestro amigo común y yo. Lo esperamos todo del
-emperador que decidirá pronto nuestra suerte.</p>
-
-<p>Tenemos el mayor placer y consuelo en esperar mañana el momento de
-ver y poder hablar a V. A. Será para nosotros un instante bien feliz,
-así como el de ver al emperador. Mientras tanto que esto se verifica,
-rogamos de nuevo a V. A. que proceda de modo que saque al príncipe de
-la Paz su amigo del poder de las horribles manos que lo tienen, y lo
-ponga en seguridad de que no se le mate, ni se le haga mal alguno; pues
-los malignos y falsos ministros actuales harán todo lo posible para
-anticiparse cuando llegue el emperador.</p>
-
-<p>Mi hijo habrá partido ya, y procurará en su viaje<span
-class="pagenum" id="Page_lv">p. lv</span> persuadir al emperador todo
-lo contrario de lo que ha pasado en verdad. Él y los que lo rodean
-habrán preparado tales datos y mentiras, aparentándolas como verdades
-que el emperador, cuando menos, entraría en dudas, si no hubiera sido
-informado ya de la verdad por V. A.</p>
-
-<p>Mi hijo ha dejado todas sus facultades al infante Don Antonio su
-tío, el cual tiene muy poco talento y luces; pero es cruel, e inclinado
-a todo cuanto pueda ser pesadumbre del rey mi marido y mía, y del
-príncipe de la Paz y de mi hija Luisa. Aunque debe proceder de acuerdo
-de un consejo que se le ha nombrado, este se compone de toda la facción
-tan detestable que ha ocasionado toda la revolución actual, y que no
-está en favor de los franceses más que mi hijo Fernando, a pesar de
-todo lo que se ha dicho en la Gaceta de ayer, pues solo el miedo al
-emperador hace hablar así.</p>
-
-<p>Me atrevo también a decir a V. A. que el embajador está totalmente
-por el partido de mi hijo de acuerdo con el maligno hipócrita clérigo
-Escóiquiz, y harán lo que no es imaginable para ganar a V. A., y sobre
-todo al emperador. Prevenid todo esto a S. M. antes que lo vea mi hijo;
-pues como este sale hoy, y el rey mi marido tiene la mano tan hinchada,
-no ha escrito la carta que mi hijo le pedía, por lo cual este no
-llevará ninguna; y el rey no puede escribir de su mano a V. A., lo que
-le es muy sensible, pues nosotros no tenemos otro amigo, ni confianza
-sino en V. A. y en el emperador, de quien esperamos todo.</p>
-
-<p>Vivid bien persuadido del grande afecto que tenemos a V. A., así
-como confianza y seguridad: en cuyo supuesto ruego a Dios que tenga a
-V. A. en su santa y digna guarda. Señor mi hermano: de V. A. I. y R.
-muy afecta hermana y amiga. — Luisa.»</p>
-
-
-<p class="mt2"><span class="sc">Nota</span>.&#160; <i>Toda esta
-correspondencia se halla inserta<span class="pagenum" id="Page_lvi">p.
-lvi</span> en el Monitor del 5 de febrero de 1810, excepto el informe
-del general Monthion que se insertó en el de 3 de mayo de 1808. En el
-Monitor algunas de las cartas de la reina de Etruria y de Carlos IV
-están en italiano. Hemos tomado la traducción de todas ellas de las
-memorias de Nellerto, tom. 2.º, después de haberla confrontado con
-las cartas originales insertas en los Monitores citados. Nos hemos
-cerciorado de la exactitud, objeto principal en la inserción de estos
-documentos, sin habernos detenido en reparos acerca del estilo; pero
-no creemos inoportuno advertir que debe leerse con desconfianza la
-calificación que se hace en algunas de estas cartas del carácter
-y conducta de los personajes nombrados en ellas, por ser hija del
-resentimiento de una señora sobrecogida a la sazón de todo género de
-recelos, y cuya vehemente imaginación alterada por el cúmulo de sucesos
-extraordinarios y adversos ocurridos en aquellos memorables días, le
-presentaba las cosas y las personas con los más negros colores.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-11" id="Ap_2-11">2-11</a>.</h3>
-
-<p><i>Protesta publicada en el Diario de Madrid de 12 de mayo de
-1808.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-12" id="Ap_2-12">2-12</a>.</h3>
-
-<p>Don Bartolomé Muñoz de Torres del consejo de S. M., su secretario
-escribano de cámara más antiguo y de gobierno del consejo.</p>
-
-<p>Certifico que por el Excmo. Señor Don Pedro Cevallos primer
-secretario de estado y del despacho, se ha comunicado al Ilustrísimo
-Señor decano gobernador interino del consejo la real orden
-siguiente:</p>
-
-<p>«Ilustrísimo Señor: Uno de los primeros cuidados del rey N. S.
-después de su advenimiento al trono ha sido el participar al emperador
-de los franceses y rey<span class="pagenum" id="Page_lvii">p.
-lvii</span> de Italia tan feliz acontecimiento, asegurando al mismo
-tiempo a S. M. I. y R. que animado de los mismos sentimientos que su
-augusto padre, lejos de variar en lo más mínimo el sistema político
-con respecto a la Francia, procurará por todos los medios posibles
-estrechar más y más los vínculos de amistad y estrecha alianza que
-felizmente subsisten entre la España y el imperio francés. S. M.
-me manda participarlo a V. I. para que publicándolo en el consejo
-proceda el tribunal a consecuencia en todas las medidas que tome
-para restablecer la tranquilidad pública en Madrid, y para recibir
-y suministrar a las tropas francesas que están dispuestas a entrar
-en esa villa todos los auxilios que necesiten; procurando persuadir
-al pueblo que vienen como amigos, y con objetos útiles al rey y a la
-nación. S. M. se promete de la sabiduría del consejo que enterado de
-los vivos deseos que le animan de consolidar cada día más los estrechos
-vínculos que unen a S. M. con el emperador de los franceses, procurará
-el consejo por todos los medios que estén a su alcance inspirar estos
-mismos sentimientos en todos los vecinos de Madrid. Dios guarde a V. I.
-muchos años. Aranjuez 20 de marzo de 1808. — Pedro Cevallos. — Señor
-gobernador interino del consejo.»</p>
-
-<p>Publicada en el consejo pleno de este día la antecedente real orden,
-se ha mandado guardar y cumplir; y para que llegue a noticia de todos
-se imprima y fije en los sitios públicos y acostumbrados de esta corte.
-Y para el efecto lo firmo en Madrid a 21 de marzo de 1808. — Don
-Bartolomé Muñoz. — (<i>Véase el Diario de Madrid del 22 de marzo de
-1808.</i>)</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-13" id="Ap_2-13">2-13</a>.</h3>
-
-<p class="centra">BANDO.</p>
-
-<p class="mt05">Con fecha 23 del presente mes se ha comunicado al
-Ilustrísimo Señor decano del consejo una real<span class="pagenum"
-id="Page_lviii">p. lviii</span> orden que entre otras cosas contiene lo
-siguiente:</p>
-
-<p>«Teniendo noticia el rey N. S. que dentro de dos y medio a tres días
-llegará a esta corte S. M. el emperador de los franceses, me manda
-S. M. decir a V. I. que quiere sea recibido y tratado con todas las
-demostraciones de festejo y alegría que corresponden a su alta dignidad
-e íntima amistad y alianza con el rey N. S., de la que espera la
-felicidad de la nación; mandando asimismo S. M. que la villa de Madrid
-proporcione objetos agradables a S. M. I., y que contribuyan al mismo
-fin todas las clases del estado.</p>
-
-<p>Y habiéndose publicado en el consejo, ha resuelto se entere de ello
-al público por medio de este edicto. Madrid 24 de marzo de 1808. — Don
-Bartolomé Muñoz &amp;c.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-14" id="Ap_2-14">2-14</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Mémorial de Sainte Hélène, vol. IV, pág. 246, ed.
-de 1823.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-15" id="Ap_2-15">2-15</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Carta de S. M. el emperador de los franceses rey de
-Italia, y protector de la confederación del Rin.</i></p>
-
-<p>«Hermano mío: he recibido la carta de V. A. R.: ya se habrá
-convencido V. A. por los papeles que ha visto del rey su padre del
-interés que siempre le he manifestado: V. A. me permitirá que en las
-circunstancias actuales le hable con franqueza y lealtad. Yo esperaba,
-en llegando a Madrid, inclinar a mi augusto amigo a que hiciese en sus
-dominios algunas reformas necesarias, y que diese alguna satisfacción
-a la opinión pública. La separación del príncipe de la Paz me parecía
-una cosa precisa para su felicidad y la de sus vasallos. Los sucesos
-del norte han retardado mi viaje: las ocurrencias de Aranjuez han
-sobrevenido. No me constituyo juez de lo que ha<span class="pagenum"
-id="Page_lix">p. lix</span> sucedido, ni de la conducta del príncipe de
-la Paz; pero lo que sé muy bien es que es muy peligroso para los reyes
-acostumbrar sus pueblos a derramar la sangre haciéndose justicia por
-sí mismos. Ruego a Dios que V. A. no lo experimente un día. No sería
-conforme al interés de la España que se persiguiese a un príncipe que
-se ha casado con una princesa de la familia real, y que tanto tiempo ha
-gobernado el reino. Ya no tiene más amigos: V. A. no los tendrá tampoco
-si algún día llega a ser desgraciado. Los pueblos se vengan gustosos
-de los respetos que nos tributan. Además, ¿cómo se podría formar causa
-al príncipe de la Paz sin hacerla también al rey y a la reina vuestros
-padres? Esta causa fomentaría el odio y las pasiones sediciosas; el
-resultado sería funesto para vuestra corona. V. A. R. no tiene a ella
-otros derechos sino los que su madre le ha transmitido: si la causa
-mancha su honor, V. A. destruye sus derechos. No preste V. A. oídos
-a consejos débiles y pérfidos. No tiene V. A. derecho para juzgar al
-príncipe de la Paz; sus delitos, si se le imputan, desaparecen en
-los derechos del trono. Muchas veces he manifestado mi deseo de que
-se separase de los negocios al príncipe de la Paz: si no he hecho más
-instancias ha sido por un efecto de mi amistad por el rey Carlos,
-apartando la vista de las flaquezas de su afección. ¡Oh miserable
-humanidad! Debilidad y error, tal es nuestra divisa. Mas todo esto se
-puede conciliar; que el príncipe de la Paz sea desterrado de España, y
-yo le ofrezco un asilo en Francia.</p>
-
-<p>En cuanto a la abdicación de Carlos IV, ella ha tenido efecto en el
-momento en que mis ejércitos ocupaban la España, y a los ojos de la
-Europa y de la posteridad podría parecer que yo he enviado todas esas
-tropas con el solo objeto de derribar del trono a mi aliado y mi amigo.
-Como soberano vecino debo enterarme de lo ocurrido antes de reconocer
-esta abdicación.<span class="pagenum" id="Page_lx">p. lx</span> Lo
-digo a V. A. R., a los españoles, al universo entero; si la abdicación
-del rey Carlos es espontánea, y no ha sido forzado a ella por la
-insurrección y motín sucedido en Aranjuez, yo no tengo dificultad en
-admitirla, y en reconocer a V. A. R. como rey de España. Deseo pues
-conferenciar con V. A. R. sobre este particular.</p>
-
-<p>La circunspección que de un mes a esta parte he guardado en este
-asunto debe convencer a V. A. del apoyo que hallará en mí, si jamás
-sucediese que facciones de cualquiera especie viniesen a inquietarle
-en su trono. Cuando el rey Carlos me participó los sucesos del mes de
-octubre próximo pasado, me causaron el mayor sentimiento, y me lisonjeo
-de haber contribuido por mis instancias al buen éxito del asunto del
-Escorial. V. A. no está exento de faltas: basta para prueba la carta
-que me escribió, y que siempre he querido olvidar. Siendo rey sabrá
-cuán sagrados son los derechos del trono: cualquier paso de un príncipe
-hereditario cerca de un soberano extranjero es criminal. El matrimonio
-de una princesa francesa con V. A. R. le juzgo conforme a los intereses
-de mis pueblos, y sobre todo como una circunstancia que me uniría con
-nuevos vínculos a una casa, a quien no tengo sino motivos de alabar
-desde que subí al trono. V. A. R. debe recelarse de las consecuencias
-de las emociones populares: se podrá cometer algún asesinato sobre mis
-soldados esparcidos; pero no conducirán sino a la ruina de la España.
-He visto con sentimiento que se han hecho circular en Madrid unas
-cartas del capitán general de Cataluña, y que se ha procurado exasperar
-los ánimos. V. A. R. conoce todo lo interior de mi corazón: observará
-que me hallo combatido por varias ideas que necesitan fijarse; pero
-puede estar seguro de que en todo caso me conduciré con su persona del
-mismo modo que lo he hecho con el rey su padre. Esté V. A. persuadido
-de mi deseo de<span class="pagenum" id="Page_lxi">p. lxi</span>
-conciliarlo todo, y de encontrar ocasiones de darle pruebas de mi
-afecto y perfecta estimación. Con lo que ruego a Dios os tenga, hermano
-mío, en su santa y digna guarda. En Bayona a 16 de abril de 1808. —
-Napoleón. — (<i>Véase el manifiesto de Don Pedro Cevallos.</i>)</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-16" id="Ap_2-16">2-16</a>.</h3>
-
-<p>El rey N. S. haciendo el más alto aprecio de los deseos que el
-emperador de los franceses ha manifestado de disponer de la suerte del
-preso Don Manuel de Godoy, escribió desde luego a S. M. I. mostrando
-su pronta y gustosa voluntad de complacerle, asegurado S. M. de que
-el preso pasaría inmediatamente la frontera de España, y que jamás
-volvería a entrar en ninguno de sus dominios.</p>
-
-<p>El emperador de los franceses ha admitido este ofrecimiento de S.
-M., y mandado al gran duque de Berg que reciba el preso, y lo haga
-conducir a Francia con escolta segura.</p>
-
-<p>La junta de gobierno instruida de estos antecedentes, y de la
-reiterada expresión de la voluntad de S. M., mandó ayer al general, a
-cuyo cargo estaba la custodia del citado preso, que lo entregase al
-oficial que destinase para su conducción el gran duque; disposición que
-ya queda cumplida en todas sus partes. Madrid 21 de abril de 1808.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-17" id="Ap_2-17">2-17</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Oficio del general Belliard a la junta de gobierno.
-(Véase la memoria de Ofárril y Azanza.)</i></p>
-
-<p>«Habiendo S. M. el emperador y rey manifestado a S. A. el gran
-duque de Berg que el príncipe de Asturias acababa de escribirle
-diciendo «que le hacía dueño de la suerte del príncipe de la Paz», S.
-A.<span class="pagenum" id="Page_lxii">p. lxii</span> me encarga en
-consecuencia que entere a la junta de las intenciones del emperador,
-que le reitera la orden de pedir la persona de este príncipe y de
-enviarle a Francia.</p>
-
-<p>Puede ser que esta determinación de S. A. R. el príncipe de Asturias
-no haya llegado todavía a la junta. En este caso se deja conocer que
-S. A. R. habrá esperado la respuesta del emperador; pero la junta
-comprenderá que el responder al príncipe de Asturias sería decidir una
-cuestión muy diferente; y ya es sabido que S. M. I. no puede reconocer
-sino a Carlos IV.</p>
-
-<p>Ruego pues a la junta se sirva tomar esta nota en consideración, y
-tener la bondad de instruirme sobre este asunto, para dar cuenta a S.
-A. I. el gran duque de la determinación que tomase.</p>
-
-<p>El gobierno y la nación española solo hallarán en esta resolución
-de S. M. I. nuevas pruebas del interés que toma por la España; porque
-alejando al príncipe de la Paz, quiere quitar a la malevolencia los
-medios de creer posible que Carlos IV volviese el poder y su confianza
-al que debe haberla perdido para siempre; y por otra parte la junta de
-gobierno hace ciertamente justicia a la nobleza de los sentimientos de
-S. M. el emperador, que no quiere abandonar a su fiel aliado.</p>
-
-<p>Tengo el honor de ofrecer a la junta las seguridades de mi alta
-consideración. — El general y jefe del estado mayor general, Augusto
-Belliard. — Madrid 20 de abril de 1808.»</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-18" id="Ap_2-18">2-18</a>.</h3>
-
-<p class="subh3c"><i>Carta remitiendo la protesta al emperador y
-rey.</i></p>
-
-<p>«Hermano y señor: V. M. sabrá ya con sentimiento el suceso de
-Aranjuez y sus resultas, y no dejará de ver sin algún tanto de interés
-a un rey que forzado a abdicar la corona, se echa en los brazos de un
-gran<span class="pagenum" id="Page_lxiii">p. lxiii</span> monarca su
-aliado, poniéndose en todo y por todo a su disposición, pues que él
-es el único que puede hacer su dicha, la de toda su familia, y la de
-sus fieles y amados vasallos... Heme visto obligado a abdicar; pero
-seguro en el día y lleno de confianza en la magnanimidad y genio del
-grande hombre que siempre se ha manifestado mi amigo, he tomado la
-resolución de dejar a su arbitrio lo que se sirviese hacer de nosotros,
-mi suerte, la de la reina... Dirijo a V. M. I. una protesta contra el
-acontecimiento de Aranjuez, y contra mi abdicación. Me pongo y confio
-enteramente en el corazón y amistad de V. M. I. Con esto ruego a Dios
-que os mantenga en su santa y digna guarda. — Hermano y Señor: de V.
-M. I. su afectísimo hermano y amigo. — Carlos.»</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Idem.</span></h3>
-
-<p class="subh3c"><i>Reiteración de la protesta, dirigida al Señor
-infante Don&#160;Antonio.</i></p>
-
-<p>«Muy amado hermano: el 19 del mes pasado he confiado a mi hijo
-un decreto de abdicación... En el mismo día extendí una protesta
-solemne contra el decreto dado en medio del tumulto, y forzado por las
-críticas circunstancias... Hoy, que la quietud está restablecida, que
-mi protesta ha llegado a las manos de mi augusto amigo y fiel aliado
-el emperador de los franceses y rey de Italia, que es notorio que mi
-hijo no ha podido lograr le reconozca bajo este título... declaro
-solemnemente que el acto de abdicación que firmé el día 19 del pasado
-mes de marzo es nulo en todas sus partes; y por eso quiero que hagáis
-conocer a todos mis pueblos que su buen rey, amante de sus vasallos,
-quiere consagrar lo que le queda de vida en trabajar para hacerlos
-dichosos. Confirmo provisionalmente en sus empleos de la junta<span
-class="pagenum" id="Page_lxiv">p. lxiv</span> actual de gobierno los
-individuos que la componen, y todos los empleos civiles y militares que
-han sido nombrados desde el 19 del mes de marzo último. Pienso en salir
-luego al encuentro de mi augusto aliado, después de lo cual transmitiré
-mis últimas órdenes a la junta. San Lorenzo a 17 de abril de 1808. —
-Yo el rey. — A la junta superior de gobierno.»</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-19" id="Ap_2-19">2-19</a>.</h3>
-
-<p>«Ilustrísimo Señor: Al folio 33 del manifiesto del consejo se
-dice que se presentó un oidor del de Navarra disfrazado, que había
-logrado introducirse en la habitación del Señor Don Fernando VII, y
-traía instrucciones verbales de S. M., reducidas a estrechos encargos
-y deseos de que se siguiese el sistema de amistad y armonía con los
-franceses. Las consideraciones que debo a ese supremo tribunal por
-haber suprimido mi nombre, y lo más esencial de la comisión solo
-con el objeto de evitar que padeciese mi persona, sujeta al tiempo
-de la publicación a la dominación francesa, exigen mi gratitud y
-reconocimiento, y así pido a V. S. I. que se lo haga presente; pero
-ahora que aunque a costa de dificultades y contingencias me veo en este
-pueblo libre de todo temor, juzgo preciso que sepa el público mi misión
-en toda su extensión.</p>
-
-<p>Hallábame yo en Bayona con otros ministros de los tribunales de
-Navarra cuando llegó el rey a aquella ciudad: no tardó muchas horas el
-emperador de los franceses en correr el velo que ocultaba su misteriosa
-conducta; hizo saber a cara descubierta a S. M. el escandaloso e
-inesperado proyecto de arrancarle violentamente de sus sienes la
-corona de España; y persuadido sin duda de que a su más pronto logro
-convenía estrechar al rey por todos medios, uno de los que primero
-puso en ejecución fue la interceptación de correos. Diariamente se
-expedían extraordinarios;<span class="pagenum" id="Page_lxv">p.
-lxv</span> pero la garantía del derecho de las gentes no era un sagrado
-que los asegurase contra las tropelías de un gobierno acostumbrado
-a no escrupulizar en la elección de los medios para realizar sus
-depravados fines: en estas circunstancias creyó S. M. preciso añadir
-nuevos y desconocidos conductos de comunicación con la junta suprema
-presidida por el infante Don Antonio, y me honró con la confianza de
-que fuese yo el que pasando a esta capital, la informase verbalmente
-de los sucesos ocurridos en aquellos tres primeros aciagos días. Salí
-a su virtud de Bayona sobre las seis de la tarde del 23, y llegué a
-esta villa por caminos y sendas extraviadas, no sin graves peligros
-y trabajos, al anochecer del 29 de abril: inmediatamente me dirigí a
-la junta y anunciándola la real orden, dije: «que el emperador de los
-franceses quería exigir imperiosamente del rey Don Fernando VII que
-renunciase por sí, y en nombre de la familia toda de los Borbones,
-el trono de España y todos sus dominios en favor del mismo emperador
-y de su dinastía, prometiéndole en recompensa el reino de Etruria, y
-que la comitiva que había acompañado a S. M. hiciese igual renuncia
-en representación del pueblo español: que desentendiéndose S. M. I. y
-R. de la evidencia con que se demostró que ni el rey ni la comitiva
-podían ni debían en justicia acceder a tal renuncia, y despreciando las
-amargas quejas que se le dieron por haber sido conducido S. M. a Bayona
-con el engaño y perfidia que carecen de ejemplo, tanto más execrables,
-cuanto que iban encubiertos con el sagrado título de amistad y utilidad
-recíproca, afianzadas en palabras las más decisivas y terminantes,
-insistía en ella sin otras razones que dos pretextos indignos de
-pronunciarse por un soberano que no haya perdido todo respeto a la
-moral de los gabinetes, y aquella buena fe que forma el vínculo de las
-naciones; reducidos<span class="pagenum" id="Page_lxvi">p. lxvi</span>
-el primero a que su política no le permitía otra cosa, pues que su
-persona no estaba segura mientras que alguno de los Borbones enemigos
-de su casa reinase en una nación poderosa; y el segundo a que no
-era tan estúpido que despreciase la ocasión tan favorable que se le
-presentaba de tener un ejército formidable dentro de España, ocupadas
-sus plazas y puntos principales, nada que temer por la parte del norte,
-y en su poder las personas del rey y del señor infante Don Carlos:
-ventajas todas bien difíciles para que se las ofreciesen los tiempos
-venideros. Que con la idea de procurar dilaciones, y sacar de ellas
-el mejor partido posible, se había pasado una nota dirigida a que se
-autorizase un sujeto que explicase sus intenciones por escrito; pero
-que cuando el emperador se obstinase en no retroceder, estaba S. M.
-resuelto a perder primero la vida que acceder a tan inicua renuncia:
-que con esta seguridad y firme inteligencia procediese la junta en
-sus deliberaciones. Y concluí añadiendo, que habiendo preguntado yo
-voluntariamente al señor Don Pedro Cevallos al despedirme de S. E.
-si prevendría algo a la junta sobre la conducta que debiera observar
-con los franceses, me respondió que aunque la comisión no comprendía
-este punto, podía decir que estaba acordado por regla general, que por
-entonces no se hiciese novedad, porque era de temer de lo contrario
-que resultasen funestas consecuencias contra el rey, el señor infante
-y cuantos españoles se hallaban acompañando a S. M., y el reino se
-arriesgaba, descubriendo ideas hostiles antes que estuviese preparado
-para sacudir el yugo de la opresión.» V. S. I. sabe que con esas mismas
-o semejantes expresiones lo expuse todo, no solo en la noche del 29, sí
-también en la inmediata del 30 de abril, en que quiso S. A. el señor
-infante Don Antonio que asistiese yo a la sesión que se celebró en
-ella, compuesta<span class="pagenum" id="Page_lxvii">p. lxvii</span>
-a más de los señores individuos de la junta suprema, de todos los
-presidentes de los tribunales, y de dos ministros de cada uno, con el
-doble objeto de que todos se informasen de mi comisión, y yo de las
-novedades de aquel día y demás de que se tratase, a fin de que diese
-cuenta de todo a S. M. en Bayona, adonde regresé la tarde del 6 de mayo
-con continuos riesgos y sobresaltos que se aumentaron a mi salida; y
-pues es a mi parecer muy debido que no se ignore este rasgo heroico del
-carácter firme de nuestro amado soberano, y yo tampoco debo prescindir
-de que conste del modo más auténtico el exacto cumplimiento y desempeño
-de mi comisión en todas sus partes, ruego a V. I. y al consejo, que
-no hallando inconveniente mande insertar este papel en la gaceta y
-diario de esta corte. Dios guarde a V. S. I. muchos años. Madrid 27 de
-setiembre de 1808. — Justo María Ibarnavarro. — Ilustrísimo señor Don
-Antonio Arias Mon y Velarde.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-20" id="Ap_2-20">2-20</a>.</h3>
-
-<p class="subh3c"><i>Orden del día.</i></p>
-
-<p>Soldados: la población de Madrid se ha sublevado, y ha llegado
-hasta el asesinato. Sé que los buenos españoles han gemido de estos
-desórdenes: estoy muy lejos de mezclarlos con aquellos miserables que
-no desean más que el crimen y el pillaje. Pero la sangre francesa ha
-sido derramada; clama por la venganza: en su consecuencia mando lo
-siguiente:</p>
-
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Artículo 1.º</span></p>
-
-<p>El general Grouchy convocará esta noche la comisión militar.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_lxviii">p. lxviii</span></p>
-
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 2.º</span></p>
-
-<p>Todos los que han sido presos en el alboroto y con las armas en la
-mano serán arcabuceados.</p>
-
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 3.º</span></p>
-
-<p>La junta de estado va a hacer desarmar los vecinos de Madrid. Todos
-los habitantes y estantes quienes después de la ejecución de esta orden
-se hallaren armados o conservasen armas sin una permisión especial,
-serán arcabuceados.</p>
-
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 4.º</span></p>
-
-<p>Todo lugar en donde sea asesinado un francés será quemado.</p>
-
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 5.º</span></p>
-
-<p>Toda reunión de más de ocho personas será considerada como una junta
-sediciosa, y deshecha por la fusilería.</p>
-
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 6.º</span></p>
-
-<p>Los amos quedarán responsables de sus criados; los jefes de
-talleres, obradores y demás de sus oficiales; los padres y madres de
-sus hijos, y los ministros de los conventos de sus religiosos.</p>
-
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 7.º</span></p>
-
-<p>Los autores, vendedores y distribuidores de libelos impresos o
-manuscritos provocando a la sedición, serán considerados como unos
-agentes de la Inglaterra, y arcabuceados.</p>
-
-<p class="mt05"><span class="pagenum" id="Page_lxix">p. lxix</span>Dado en nuestro cuartel general de Madrid a 2 de mayo de 1808. —
-Joachim. — Por mandado de S. A. I. y R. — El jefe del estado mayor
-general. — Belliard.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-21" id="Ap_2-21">2-21</a>.</h3>
-
-<p><i>Véase la memoria de Ofárril y Azanza en su nota
-núm. 12.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-22" id="Ap_2-22">2-22</a>.</h3>
-
-<p class="subh3c"><i>Carta de Fernando VII a su padre Carlos IV.</i></p>
-
-<p>«Venerado padre y señor: V. M. ha convenido en que yo no tuve la
-menor influencia en los movimientos de Aranjuez, dirigidos como es
-notorio, y a V. M. consta, no a disgustarle del gobierno y del trono,
-sino a que se mantuviese en él, y no abandonase la multitud de los que
-en su existencia dependían absolutamente del trono mismo. V. M. me dijo
-igualmente que su abdicación había sido espontánea, y que aun cuando
-alguno me asegurase lo contrario, no lo creyese, pues jamás había
-firmado cosa alguna con más gusto. Ahora me dice V. M. que aunque es
-cierto que hizo la abdicación con toda libertad, todavía se reservó
-en su ánimo volver a tomar las riendas del gobierno cuando lo creyese
-conveniente. He preguntado en consecuencia a V. M. si quiere volver
-a reinar; y V. M. me ha respondido que ni quería reinar, ni menos
-volver a España. No obstante me manda V. M. que renuncie en su favor
-la corona que me han dado las leyes fundamentales del reino, mediante
-su espontánea abdicación. A un hijo que siempre se ha distinguido
-por el amor, respeto y obediencia a sus padres, ninguna prueba que
-pueda calificar estas cualidades, es violenta a su piedad filial,
-principalmente cuando el cumplimiento de mis deberes con V. M. como
-hijo suyo, no están en contradicción con las relaciones que<span
-class="pagenum" id="Page_lxx">p. lxx</span> como rey me ligan con mis
-amados vasallos. Para que ni estos, que tienen el primer derecho a mis
-atenciones queden ofendidos, ni V. M. descontento de mi obediencia,
-estoy pronto, atendidas las circunstancias en que me hallo, a hacer
-la renuncia de mi corona en favor de V. M. bajo las siguientes
-limitaciones.</p>
-
-<p>1.ª Que V. M. vuelva a Madrid, hasta donde le acompañaré, y serviré
-yo como su hijo más respetuoso. 2.ª Que en Madrid se reunirán las
-cortes; y pues que V. M. resiste una congregación tan numerosa, se
-convocarán al efecto todos los tribunales y diputados de los reinos.
-3.ª Que a la vista de esta asamblea se formalizará mi renuncia,
-exponiendo los motivos que me conducen a ella: estos son el amor que
-tengo a mis vasallos, y el deseo de corresponder al que me profesan,
-procurándoles la tranquilidad, y redimiéndoles de los horrores de una
-guerra civil por medio de una renuncia dirigida a que V. M. vuelva
-a empuñar el cetro, y a regir unos vasallos dignos de su amor y
-protección. 4.ª Que V. M. no llevará consigo personas que justamente se
-han concitado el odio de la nación. 5.ª Que si V. M., como me ha dicho,
-ni quiere reinar ni volver a España, en tal caso yo gobernaré en su
-real nombre como lugarteniente suyo. Ningún otro puede ser preferido
-a mí: tengo el llamamiento de las leyes, el voto de los pueblos, el
-amor de mis vasallos, y nadie puede interesarse en su prosperidad con
-tanto celo ni con tanta obligación como yo. Contraída mi renuncia a
-estas limitaciones, comparecerá a los ojos de los españoles como una
-prueba de que prefiero el interés de su conservación a la gloria de
-mandarlos, y la Europa me juzgará digno de mandar a unos pueblos, a
-cuya tranquilidad he sabido sacrificar cuanto hay de más lisonjero y
-seductor entre los hombres. Dios guarde la importante vida de V. M.
-muchos y felices años que le pide postrado a L. R. P. de V. M. su más
-amante y rendido hijo. — Fernando. — Pedro Cevallos. — Bayona<span
-class="pagenum" id="Page_lxxi">p. lxxi</span> 1.º de mayo de 1808.»
-— (<i>Véase la exposición o manifiesto de Don Pedro Cevallos núm.
-7.</i>)</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-23" id="Ap_2-23">2-23</a>.</h3>
-
-<p class="subh3c"><i>Carta de Carlos IV a su hijo Fernando VII.</i></p>
-
-<p>«Hijo mío: Los consejos pérfidos de los hombres que os rodean han
-conducido la España a una situación crítica: solo el emperador puede
-salvarla.</p>
-
-<p>Desde la paz de Basilea he conocido que el primer interés de mis
-pueblos era inseparable de la conservación de buena inteligencia con
-la Francia. Ningún sacrificio he omitido para obtener esta importante
-mira: aun cuando la Francia se hallaba dirigida por gobiernos efímeros,
-abogué mis inclinaciones particulares para no escuchar sino la
-política, y el bien de mis vasallos.</p>
-
-<p>Cuando el emperador hubo restablecido el orden en Francia se
-disiparon grandes sobresaltos, y tuve nuevos motivos para mantenerme
-fiel a mi sistema de alianza. Cuando la Inglaterra declaró la guerra
-a la Francia, logré felizmente ser neutro, y conservar a mis pueblos
-los beneficios de la paz. Se apoderó después de cuatro fragatas mías,
-y me hizo la guerra aun antes de habérsela declarado; y entonces me
-vi precisado a oponer la fuerza a la fuerza, y las calamidades de la
-guerra asaltaron a mis vasallos.</p>
-
-<p>La España rodeada de costas, y que debe una gran parte de su
-prosperidad a sus posesiones ultramarinas, sufrió con la guerra más
-que cualquiera otro estado: la interrupción del comercio, y todos los
-estragos que acarrea, afligieron a mis vasallos, y cierto número de
-ellos tuvo la injusticia de atribuirlos a mis ministros.</p>
-
-<p>Tuve al menos la felicidad de verme tranquilo por tierra, y libre
-de la inquietud en cuanto a la integridad de mis provincias, siendo
-el único de los reyes de<span class="pagenum" id="Page_lxxii">p.
-lxxii</span> Europa que se sostenía en medio de las borrascas de estos
-últimos tiempos. Aún gozaría de esta tranquilidad sin los consejos
-que os han desviado del camino recto. Os habéis dejado seducir con
-demasiada facilidad por el odio que vuestra primera mujer tenía a
-la Francia, y habéis participado irreflexiblemente de sus injustos
-resentimientos contra mis ministros, contra vuestra madre, y contra mi
-mismo.</p>
-
-<p>Me creí obligado a recordar mis derechos de padre y de rey: os hice
-arrestar, y hallé en vuestros papeles la prueba de vuestro delito;
-pero al acabar mi carrera, reducido al dolor de ver perecer a mi hijo
-en un cadalso, me dejé llevar de mi sensibilidad al ver las lágrimas
-de vuestra madre. No obstante mis vasallos estaban agitados por las
-prevenciones engañosas de la facción de que os habéis declarado
-caudillo. Desde este instante perdí la tranquilidad de mi vida, y me vi
-precisado a unir las penas que me causaban los males de mis vasallos a
-los pesares que debí a las disensiones de mi misma familia.</p>
-
-<p>Se calumniaban mis ministros cerca del emperador de los franceses,
-el cual creyendo que los españoles se separaban de su alianza, y
-viendo los espíritus agitados (aun en el seno de mi familia) cubrió
-bajo varios pretextos mis estados con sus tropas. En cuanto estas
-ocuparon la ribera derecha del Ebro, y que mostraban tener por objeto
-mantener la comunicación con Portugal, tuve la esperanza de que no
-abandonaría los sentimientos de aprecio y de amistad que siempre me
-había dispensado; pero al ver que sus tropas se encaminaban hacia mi
-capital, conocí la urgencia de reunir mi ejército cerca de mi persona,
-para presentarme a mi augusto aliado como conviene al rey de las
-Españas. Hubiera yo aclarado sus dudas, y arreglado mis intereses:
-di orden a mis tropas de salir de Portugal y de Madrid, y las reuní
-sobre varios puntos de mi monarquía, no para abandonar a mis<span
-class="pagenum" id="Page_lxxiii">p. lxxiii</span> vasallos, sino para
-sostener dignamente la gloria del trono. Además mi larga experiencia me
-daba a conocer que el emperador de los franceses podía muy bien tener
-algún deseo conforme a sus intereses y a la política del vasto sistema
-del continente, pero que estuviese en contradicción con los intereses
-de mi casa. ¿Cuál ha sido en estas circunstancias vuestra conducta?
-El haber introducido el desorden en mi palacio, y amotinado el cuerpo
-de guardias de Corps contra mi persona. Vuestro padre ha sido vuestro
-prisionero: mi primer ministro que había yo criado y adoptado en mi
-familia, cubierto de sangre fue conducido de un calabozo a otro. Habéis
-desdorado mis canas, y las habéis despojado de una corona poseída con
-gloria por mis padres, y que había conservado sin mancha. Os habéis
-sentado sobre mi trono, y os pusísteis a la disposición del pueblo de
-Madrid y de tropas extranjeras que en aquel momento entraban.</p>
-
-<p>Ya la conspiración del Escorial había obtenido sus miras: los actos
-de mi administración eran el objeto del desprecio público. Anciano
-y agobiado de enfermedades, no he podido sobrellevar esta nueva
-desgracia. He recurrido al emperador de los franceses, no como un rey
-al frente de sus tropas y en medio de la pompa del trono, sino como
-un rey infeliz y abandonado. He hallado protección y refugio en sus
-reales: le debo la vida, la de la reina, y la de mi primer ministro. He
-venido en fin basta Bayona, y habéis conducido este negocio de manera
-que todo depende de la mediación de este gran príncipe.</p>
-
-<p>El pensar en recurrir a agitaciones populares es arruinar la España,
-y conducir a las catástrofes más horrorosas a vos, a mi reino, a mis
-vasallos y mi familia. Mi corazón se ha manifestado abiertamente al
-emperador: conoce todos los ultrajes que he recibido, y las violencias
-que se me han hecho; me ha declarado que no os reconocerá jamás
-por rey, y que el enemigo<span class="pagenum" id="Page_lxxiv">p.
-lxxiv</span> de su padre no podrá inspirar confianza a los extraños.
-Me ha mostrado además cartas de vuestra mano, que hacen ver claramente
-vuestro odio a la Francia.</p>
-
-<p>En esta situación, mis derechos son claros, y mucho más mis
-deberes. No derramar la sangre de mis vasallos, no hacer nada al fin
-de mi carrera que pueda acarrear asolamiento e incendio a la España,
-reduciéndola a la más horrible miseria. Ciertamente que si fiel a
-vuestras primeras obligaciones y a los sentimientos de la naturaleza
-hubierais desechado los consejos pérfidos, y que constantemente sentado
-a mi lado para mi defensa hubierais esperado el curso regular de la
-naturaleza, que debía señalar vuestro puesto dentro de pocos años,
-hubiera yo podido conciliar la política y el interés de España con el
-de todos. Sin duda hace seis meses que las circunstancias han sido
-críticas; pero por más que lo hayan sido, aún hubiera obtenido de las
-disposiciones de mis vasallos, de los débiles medios que aún tenía, y
-de la fuerza moral que hubiera adquirido, presentándome dignamente al
-encuentro de mi aliado, a quien nunca diera motivo alguno de queja,
-un arreglo que hubiera conciliado los intereses de mis vasallos con
-los de mi familia. Empero arrancándome la corona, habéis deshecho la
-vuestra, quitándola cuanto tenía de augusta y la hacía sagrada a todo
-el mundo.</p>
-
-<p>Vuestra conducta conmigo, vuestras cartas interceptadas han puesto
-una barrera de bronce entre vos y el trono de España; y no es de
-vuestro interés ni de la patria el que pretendáis reinar. Guardaos de
-encender un fuego que causaría inevitablemente vuestra ruina completa,
-y la desgracia de España.</p>
-
-<p>Yo soy rey por el derecho de mis padres: mi abdicación es el
-resultado de la fuerza y de la violencia, no tengo pues nada que
-recibir de vos, ni menos puedo consentir a ninguna reunión en junta:
-nueva necia<span class="pagenum" id="Page_lxxv">p. lxxv</span>
-sugestión de los hombres sin experiencia que os acompañan.</p>
-
-<p>He reinado para la felicidad de mis vasallos, y no quiero dejarles
-la guerra civil, los motines, las juntas populares y la revolución.
-Todo debe hacerse para el pueblo, y nada por él: olvidar esta máxima es
-hacerse cómplice de todos los delitos que le son consiguientes. Me he
-sacrificado toda mi vida por mis pueblos; y en la edad a que he llegado
-no haré nada que esté en oposición con su religión, su tranquilidad,
-y su dicha. He reinado para ellos: olvidaré todos mis sacrificios; y
-cuando en fin esté seguro que la religión de España, la integridad de
-sus provincias, su independencia y sus privilegios serán conservados,
-bajaré al sepulcro perdonándoos la amargura de mis últimos años.</p>
-
-<p>Dado en Bayona en el palacio imperial llamado del Gobierno a 2 de
-mayo de 1808. — Carlos.» — (<i>Cevallos, número 8.</i>)</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-24" id="Ap_2-24">2-24</a>.</h3>
-
-<p class="subh3c"><i>Carta de Fernando VII a su padre en respuesta a la
-anterior.</i></p>
-
-
-<p class="centra"><span class="sc">Señor.</span></p>
-
-<p class="mt05">«Mi venerado padre y señor: he recibido la carta que
-V. M. se ha dignado escribirme con fecha de antes de ayer, y trataré
-de responder a todos los puntos que abraza con la moderación y respeto
-debido a V. M.</p>
-
-<p>Trata V. M. en primer lugar de sincerar su conducta con respecto
-a la Francia desde la paz de Basilea, y en verdad que no creo haya
-habido en España quien se haya quejado de ella; antes bien todos
-unánimes han alabado a V. M. por su constancia y fidelidad en los<span
-class="pagenum" id="Page_lxxvi">p. lxxvi</span> principios que había
-adoptado. Los míos en este particular son enteramente idénticos a los
-de V. M., y he dado pruebas irrefragables de ello desde el momento en
-que V. M. abdicó en mi la corona.</p>
-
-<p>La causa del Escorial, que V. M. da a entender tuvo por origen el
-odio que mi mujer me había inspirado contra la Francia, contra los
-ministros de V. M., contra mi amada madre, y contra V. M. mismo, si
-se hubiese seguido por todos los trámites legales, habría probado
-evidentemente lo contrario; y no obstante que yo no tenía la menor
-influencia, ni más libertad que la aparente, en que estaba guardado
-a vista por los criados que V. M. quiso ponerme, los once consejeros
-elegidos por V. M. fueron unánimemente de parecer que no había motivo
-de acusación, y que los supuestos reos eran inocentes.</p>
-
-<p>V. M. habla de la desconfianza que le causaba la entrada de tantas
-tropas extranjeras en España, y de que si V. M. había llamado las que
-tenía en Portugal, y reunido en Aranjuez y sus cercanías las que había
-en Madrid, no era para abandonar a sus vasallos sino para sostener
-la gloria del trono. Permítame V. M. le haga presente que no debía
-sorprenderle la entrada de unas tropas amigas y aliadas, y que bajo
-este concepto debían inspirar una total confianza. Permítame V. M.
-observarle igualmente, que las órdenes comunicadas por V. M. fueron
-para su viaje y el de su real familia a Sevilla; que las tropas las
-tenían para mantener libre aquel camino, y que no hubo una sola persona
-que no estuviese persuadida de que el fin de quien lo dirigía todo era
-transportar a V. M. y real familia a América. V. M. publicó un decreto
-para aquietar el ánimo de sus vasallos sobre este particular; pero como
-seguían embargados los carruajes, y apostados los tiros, y se veían
-todas las disposiciones de un próximo viaje a la costa de Andalucía, la
-desesperación se apoderó de los ánimos, y resultó<span class="pagenum"
-id="Page_lxxvii">p. lxxvii</span> el movimiento de Aranjuez. La parte
-que yo tuve en él, V. M. sabe que no fue otra que ir por su mandado a
-salvar del furor del pueblo al objeto de su odio, porque le creía autor
-del viaje.</p>
-
-<p>Pregunte V. M. al emperador de los franceses, y S. M. I. le dirá sin
-duda lo mismo que me dijo a mí en una carta que me escribió a Vitoria;
-a saber que el objeto del viaje de S. M. I. a Madrid era inducir a V.
-M. a algunas reformas, y a que separase de su lado al príncipe de la
-Paz, cuya influencia era la causa de todos los males.</p>
-
-<p>El entusiasmo que su arresto produjo en toda la nación es una
-prueba evidente de lo mismo que dijo el emperador. Por lo demás V. M.
-es buen testigo de que en medio de la fermentación de Aranjuez no se
-oyó una sola palabra contra V. M., ni contra persona alguna de su real
-familia; antes bien aplaudieron a V. M. con las mayores demostraciones
-de júbilo y de fidelidad hacia su augusta persona: así es que la
-abdicación de la corona que V. M. hizo en mi favor, sorprendió a todos,
-y a mí mismo, porque nadie lo esperaba, ni la había solicitado. V. M.
-comunicó su abdicación a todos sus ministros, dándome a reconocer a
-ellos por su rey y señor natural; la comunicó verbalmente al cuerpo
-diplomático que residía cerca de su persona, manifestándole que su
-determinación procedía de su espontánea voluntad, y que la tenía tomada
-de antemano. Esto mismo lo dijo V. M. a su muy amado hermano el infante
-Don Antonio, añadiéndole que la firma que V. M. había puesto al decreto
-de abdicación era la que había hecho con más satisfacción en su vida, y
-últimamente me dijo V. M. a mí mismo tres días después, que no creyese
-que la abdicación había sido involuntaria, como alguno decía, pues
-había sido totalmente libre y espontánea.</p>
-
-<p>Mi supuesto odio contra la Francia tan lejos de aparecer
-por ningún lado, resultará de los hechos<span class="pagenum"
-id="Page_lxxviii">p. lxxviii</span> que voy a recorrer rápidamente todo
-lo contrario.</p>
-
-<p>Apenas abdicó V. M. la corona en mi favor, dirigí varias cartas
-desde Aranjuez al emperador de los franceses, las cuales son otras
-tantas protestas de que mis principios con respecto a las relaciones
-de amistad y estrecha alianza, que felizmente subsistían entre
-ambos estados, eran los mismos que V. M. me había inspirado, y
-había observado inviolablemente. Mi viaje a Madrid fue otra de las
-mayores pruebas que pude dar a S. M. I. de la confianza ilimitada
-que me inspiraba, puesto que habiendo entrado el príncipe Murat el
-día anterior en Madrid con una gran parte de su ejército, y estando
-la villa sin guarnición, fue lo mismo que entregarme en sus manos.
-A los dos días de mi residencia en la corte se me dio cuenta de la
-correspondencia particular de V. M. con el emperador, y hallé que V. M.
-le había pedido recientemente una princesa de su familia para enlazarla
-conmigo, y asegurar más de este modo la unión y estrecha alianza que
-reinaba entre los dos estados. Conforme enteramente con los principios
-y con la voluntad de V. M., escribí una carta al emperador pidiéndole
-la princesa por esposa.</p>
-
-<p>Envié una diputación a Bayona para que cumplimentase en mi nombre
-a S. M. I.: hice que partiese poco después mi muy querido hermano el
-infante Don Carlos para que lo obsequiase en la frontera; y no contento
-con esto, salí yo mismo de Madrid en fuerza de las seguridades que me
-había dado el embajador de S. M. I., el gran duque de Berg y el general
-Savary, que acababa de llegar de París, y me pidió una audiencia para
-decirme de parte del emperador que S. M. I. no deseaba saber otra cosa
-de mí, sino si mi sistema con respecto a la Francia sería el mismo
-que el de V. M., en cuyo caso el emperador me reconocería como rey de
-España, y prescindiría de todo lo demás.</p>
-
-<p>Lleno de confianza en estas promesas, y persuadido<span
-class="pagenum" id="Page_lxxix">p. lxxix</span> de encontrar en el
-camino a S. M. I., vine hasta esta ciudad, y en el mismo día en que
-llegué se hicieron verbalmente proposiciones a algunos sujetos de mi
-comitiva tan ajenas de lo que hasta entonces se había tratado, que
-ni mi honor, ni mi conciencia, ni los deberes que me impuse cuando
-las cortes me juraron por su príncipe y señor, ni los que me impuse
-nuevamente cuando acepté la corona que V. M. tuvo a bien abdicar en mi
-favor, me han permitido acceder a ellas.</p>
-
-<p>No comprendo cómo puedan hallarse cartas mías en poder del emperador
-que prueben mi odio contra la Francia después de tantas pruebas de
-amistad como le he dado, y no habiendo escrito yo cosa alguna que lo
-indique.</p>
-
-<p>Posteriormente se me ha presentado una copia de la protesta que
-V. M. hizo al emperador sobre la nulidad de la abdicación; y luego
-que V. M. llegó a esta ciudad, preguntándole yo sobre ello, me dijo
-V. M. que la abdicación había sido libre, aunque no para siempre. Le
-pregunté asimismo por qué no me lo había dicho cuando la hizo, y V.
-M. me respondió porque no había querido; de lo cual se infiere que la
-abdicación no fue violenta, y que yo no pude saber que V. M. pensaba en
-volver a tomar las riendas del gobierno. También me dijo V. M. que ni
-quería reinar, ni volver a España.</p>
-
-<p>A pesar de esto en la carta que tuve la honra de poner en las manos
-de V. M., manifestaba estar dispuesto a renunciar la corona en su
-favor, mediante la reunión de las cortes, o en falta de estas de los
-consejos y diputados de los reinos; no porque esto lo creyese necesario
-para dar valor a la renuncia, sino porque lo juzgo muy conveniente para
-evitar la repugnancia de esta novedad, capaz de producir choques y
-partidos, y para salvar todas las consideraciones debidas a la dignidad
-de V. M., a mi honor y a la tranquilidad de los reinos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_lxxx">p. lxxx</span></p>
-
-<p>En el caso que V. M. no quiera reinar por sí, reinaré yo en su real
-nombre o en el mío, porque a nadie corresponde sino a mí el representar
-su persona, teniendo, como tengo, en mi favor el voto de las leyes y de
-los pueblos, ni es posible que otro alguno tenga tanto interés como yo
-en su prosperidad.</p>
-
-<p>Repito a V. M. nuevamente que en tales circunstancias, y bajo dichas
-condiciones, estaré pronto a acompañar a V. M. a España para hacer allí
-mi abdicación en la referida forma: y en cuanto a lo que V. M. me ha
-dicho de no querer volver a España, le pido con las lágrimas en los
-ojos, y por cuanto hay de más sagrado en el cielo y en la tierra, que
-en caso de no querer con efecto reinar, no deje un país ya conocido, en
-que podrá elegir el clima más análogo a su quebrantada salud, y en el
-que le aseguro podrá disfrutar las mayores comodidades y tranquilidad
-de ánimo que en otro alguno.</p>
-
-<p>Ruego por último a V. M. encarecidamente que se penetre, de nuestra
-situación actual, y de que se trata de excluir para siempre del trono
-de España nuestra dinastía, sustituyendo en su lugar la imperial de
-Francia; que esto no podemos hacerlo sin el expreso consentimiento de
-todos los individuos que tienen y puedan tener derecho a la corona,
-ni tampoco sin el mismo expreso consentimiento de la nación española
-reunida en cortes y en lugar seguro: que además de esto, hallándonos
-en un país extraño, no habría quien se persuadiese que obrábamos con
-libertad, y esta sola circunstancia anularía cuanto hiciésemos, y
-podría producir fatales consecuencias.</p>
-
-<p>Antes de acabar esta carta permítame V. M. decirle que los
-consejeros que V. M. llama pérfidos, jamás me han aconsejado cosa
-que desdiga del respeto, amor y veneración que siempre he profesado
-y profesaré a V. M., cuya importante vida ruego a Dios conserve
-felices y dilatados años. Bayona 4 de mayo de<span class="pagenum"
-id="Page_lxxxi">p. lxxxi</span> 1808. — Señor. — A. L. R. P. de V. M.
-su más humilde hijo. — Fernando.» — (<i>Cevallos núm. 9.</i>)</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-25" id="Ap_2-25">2-25</a>.</h3>
-
-<p class="subh3c"><i>Carta de Fernando VII a su padre Carlos IV.</i></p>
-
-<p>«Venerado padre y señor: el 1.º del corriente puse en las reales
-manos de V. M. la renuncia de mi corona en su favor. He creído de mi
-obligación modificarla con las limitaciones convenientes al decoro
-de V. M., a la tranquilidad de mis reinos, y a la conservación de mi
-honor y reputación. No sin grande sorpresa he visto la indignación que
-han producido en el real ánimo de V. M. unas modificaciones dictadas
-por la prudencia, y reclamadas por el amor de que soy deudor a mis
-vasallos.</p>
-
-<p>Sin más motivo que este ha creído V. M. que podía ultrajarme a
-la presencia de mi venerada madre y del emperador con los títulos
-más humillantes; y no contento con esto exige de mí que formalice
-la renuncia sin límites ni condiciones, so pena de que yo y cuantos
-componen mi comitiva seremos tratados como reos de conspiración. En tal
-estado de cosas hago la renuncia que V. M. me ordena, para que vuelva
-el gobierno de la España a el estado en que se hallaba en 19 de marzo
-en que V. M. hizo la abdicación espontánea de su corona en mi favor.</p>
-
-<p>Dios guarde la importante vida de V. M. los muchos años que le
-desea, postrado a L. R. P. de V. M., su más amante y rendido hijo.
-— Fernando. — Pedro Cevallos. — Bayona 6 de mayo de 1808.» —
-(<i>Cevallos núm. 10.</i>)</p>
-
-
-<h3><span class="pagenum" id="Page_lxxxii">p. lxxxii</span><span
-class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-26" id="Ap_2-26">2-26</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Copia del tratado entre Carlos IV y el emperador de
-los franceses.</i></p>
-
-<p>Carlos IV rey de las Españas y de las Indias, y Napoleón emperador
-de los franceses, rey de Italia y protector de la confederación del
-Rin, animados de igual deseo de poner un pronto término a la anarquía
-a que está entregada la España, y libertar esta nación valerosa
-de las agitaciones de las facciones; queriendo asimismo evitarle
-todas las convulsiones de la guerra civil y extranjera, y colocarla
-sin sacudimientos políticos en la única situación que atendida la
-circunstancia extraordinaria en que se halla puede mantener su
-integridad, afianzarle sus colonias y ponerla en estado de reunir
-todos sus recursos con los de la Francia, a efecto de alcanzar la
-paz marítima; han resuelto unir todos sus esfuerzos y arreglar en un
-convenio privado tamaños intereses.</p>
-
-<p>Con este objeto han nombrado, a saber:</p>
-
-<p>S. M. el rey de las Españas y de las Indias a S. A. S. Don Manuel
-Godoy príncipe de la Paz, conde de Évora Monte.</p>
-
-<p>Y S. M. el emperador &amp;c. al señor general de división Duroc gran
-mariscal de palacio.</p>
-
-<p>Los cuales, después de canjeados sus plenos poderes, se han
-convenido en lo que sigue:</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Artículo 1.º</span></p>
-
-<p>S. M. el rey Carlos, que no ha tenido en toda su vida otra mira
-que la felicidad de sus vasallos, constante en la idea de que todos
-los actos de un soberano deben únicamente dirigirse a este fin; no
-pudiendo las circunstancias actuales ser sino un manantial de<span
-class="pagenum" id="Page_lxxxiii">p. lxxxiii</span> disensiones
-tanto más funestas, cuanto las desavenencias han dividido su propia
-familia; ha resuelto ceder, como cede por el presente, todos sus
-derechos al trono de las Españas y de las Indias a S. M. el emperador
-Napoleón, como el único que, en el estado a que han llegado las cosas,
-puede restablecer el orden: entendiéndose que dicha cesión solo ha
-de tener efecto para hacer gozar a sus vasallos de las condiciones
-siguientes: 1.ª La integridad del reino será mantenida: el príncipe
-que el emperador Napoleón juzgue deber colocar en el trono de España
-será independiente, y los límites de la España no sufrirán alteración
-alguna. 2.ª La religión católica, apostólica, romana será la única en
-España. No se tolerará en su territorio religión alguna reformada, y
-mucho menos infiel, según el uso establecido actualmente.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 2.º</span></p>
-
-<p>Cualesquiera actos contra nuestros fieles súbditos desde la
-revolución de Aranjuez son nulos y de ningún valor, y sus propiedades
-les serán restituidas.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 3.º</span></p>
-
-<p>S. M. el rey Carlos habiendo así asegurado la prosperidad, la
-integridad y la independencia de sus vasallos, S. M. el emperador se
-obliga a dar un asilo en sus estados al rey Carlos, a su familia, al
-príncipe de la Paz, como también a los servidores suyos que quieran
-seguirles, los cuales gozarán en Francia de un rango equivalente al que
-tenían en España.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 4.º</span></p>
-
-<p>El palacio imperial de Compiègne, con los cotos y bosques de
-su dependencia, quedan a la disposición del rey Carlos mientras
-viviere.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="pagenum" id="Page_lxxxiv">p.
-lxxxiv</span><span class="sc">Art. 5.º</span></p>
-
-<p>S. M. el emperador da y afianza a S. M. el rey Carlos una lista
-civil de treinta millones de reales, que S. M. el emperador Napoleón le
-hará pagar directamente todos los meses por el tesoro de la corona.</p>
-
-<p>A la muerte del rey Carlos dos millones de renta formarán la
-viudedad de la reina.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 6.º</span></p>
-
-<p>El emperador Napoleón se obliga a conceder a todos los infantes
-de España una renta anual de 400.000 francos, para gozar de ella
-perpetuamente así ellos como sus descendientes, y en caso de
-extinguirse una rama, recaerá dicha renta en la existente a quien
-corresponda según las leyes civiles.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 7.º</span></p>
-
-<p>S. M. el emperador hará con el futuro rey de España el convenio que
-tenga por acertado para el pago de la lista civil y rentas comprendidas
-en los artículos antecedentes; pero S. M. el rey Carlos no se entenderá
-directamente para este objeto sino con el tesoro de Francia.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 8.º</span></p>
-
-<p>S. M. el emperador Napoleón da en cambio a S. M. el rey Carlos
-el sitio de Chambord, con los cotos, bosques y haciendas de que se
-compone, para gozar de él en toda propiedad y disponer de él como le
-parezca.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 9.º</span></p>
-
-<p>En consecuencia S. M. el rey Carlos renuncia, en favor de S.
-M. el emperador Napoleón, todos los bienes<span class="pagenum"
-id="Page_lxxxv">p. lxxxv</span> alodiales y particulares no
-pertenecientes a la corona de España, de su propiedad privada en aquel
-reino.</p>
-
-<p>Los infantes de España seguirán gozando de las rentas de las
-encomiendas que tuvieren en España.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 10.</span></p>
-
-<p>El presente convenio será ratificado, y las ratificaciones se
-canjearán dentro de ocho días o lo más pronto posible.</p>
-
-<p class="mt05">Fecho en Bayona a 5 de mayo de 1808. — El príncipe de
-la Paz. — Duroc.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-27" id="Ap_2-27">2-27</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Copia del tratado entre el príncipe de Asturias y
-el emperador de los franceses.</i></p>
-
-<p>«S. M. el emperador de los franceses &amp;c., y S. A. R. el príncipe
-de Asturias, teniendo varios puntos que arreglar, han nombrado por sus
-plenipotenciarios, a saber:</p>
-
-<p>S. M. el emperador al señor general de división Duroc gran mariscal
-de palacio, y S. A. el príncipe a Don Juan Escóiquiz consejero de
-estado de S. M. C., caballero gran cruz de Carlos III.</p>
-
-<p>Los cuales, después de canjeados sus plenos poderes, se han
-convenido en los artículos siguientes:</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Artículo 1.º</span></p>
-
-<p>S. A. R. el príncipe de Asturias adhiere a la cesión hecha por el
-rey Carlos de sus derechos al trono de España y de las Indias en favor
-de S. M. el emperador de los franceses &amp;c., y renuncia en cuanto
-sea menester a los derechos que tiene como príncipe de Asturias a dicha
-corona.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="pagenum" id="Page_lxxxvi">p.
-lxxxvi</span><span class="sc">Art. 2.º</span></p>
-
-<p>S. M. el emperador concede en Francia a S. A. el príncipe de
-Asturias el título de A. R., con todos los honores y prerrogativas de
-que gozan los príncipes de su rango. Los descendientes de S. A. R.
-el príncipe de Asturias conservarán el título de príncipe y el de A.
-Serma., y tendrán siempre en Francia el mismo rango que los príncipes
-dignatarios del imperio.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 3.º</span></p>
-
-<p>S. M. el emperador cede y otorga por las presentes en toda propiedad
-a S. A. R. y sus descendientes los palacios, cotos, haciendas de
-Navarre y bosques de su dependencia hasta la concurrencia de 50.000
-<i>arpens</i> libres de toda hipoteca, para gozar de ellos en plena
-propiedad desde la fecha del presente tratado.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 4.º</span></p>
-
-<p>Dicha propiedad pasará a los hijos y herederos de S. A. R. el
-príncipe de Asturias; en defecto de estos a los del infante Don Carlos,
-y así progresivamente hasta extinguirse la rama. Se expedirán letras
-patentes y privadas del monarca al heredero en quien dicha propiedad
-viniese a recaer.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 5.º</span></p>
-
-<p>S. M. el emperador concede a S. A. R. 400.000 francos de renta sobre
-el tesoro de Francia, pagados por dozavas partes mensualmente, para
-gozar de ella y transmitirla a sus herederos en la misma forma que las
-propiedades expresadas en el artículo 4.º</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="pagenum" id="Page_lxxxvii">p.
-lxxxvii</span><span class="sc">Art. 6.º</span></p>
-
-<p>A más de lo estipulado en los artículos antecedentes, S. M. el
-emperador concede a S. A. el príncipe una renta de 600.000 francos,
-igualmente sobre el tesoro de Francia, para gozar de ella mientras
-viviere. La mitad de dicha renta formará la viudedad de la princesa su
-esposa si le sobreviviere.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 7.º</span></p>
-
-<p>S. M. el emperador concede y afianza a los infantes Don Antonio,
-Don Carlos y Don Francisco: 1.º el título de A. R. con todos los
-honores y prerrogativas de que gozan los príncipes de su rango; sus
-descendientes conservarán el título de príncipes y el de A. Serma., y
-tendrán siempre en Francia el mismo rango que los príncipes dignatarios
-del imperio. 2.º El goce de las rentas de todas sus encomiendas en
-España, mientras vivieren. 3.º Una renta de 400.000 francos para gozar
-de ella y transmitirla a sus herederos perpetuamente, entendiendo S.
-M. I. que si dichos infantes muriesen sin dejar herederos, dichas
-rentas pertenecerán al príncipe de Asturias, o a sus descendientes y
-herederos: todo esto bajo la condición de que sus AA. RR. adhieran al
-presente tratado.</p>
-
-<p class="centra mt05"><span class="sc">Art. 8.º</span></p>
-
-<p>El presente tratado será ratificado y se canjearán las
-ratificaciones dentro de ocho días o antes si se pudiere. — Bayona 10
-de mayo de 1808. — Duroc. — Escóiquiz.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_lxxxviii">p. lxxxviii</span></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-28" id="Ap_2-28">2-28</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Proclama dirigida a los españoles en consecuencia
-del tratado de Bayona. (Véase la idea sencilla de Escóiquiz en su
-núm.&#160;8.)</i></p>
-
-<p>«Don Fernando príncipe de Asturias, y los infantes Don Carlos y Don
-Antonio, agradecidos al amor y a la fidelidad constante que les han
-manifestado todos sus españoles, los ven con el mayor dolor en el día
-sumergidos en la confusión, y amenazados de resulta de esta, de las
-mayores calamidades; y conociendo que esto nace en la mayor parte de
-ellos de la ignorancia en que están así de las causas de la conducta
-que SS. AA. han observado hasta ahora, como de los planes que para la
-felicidad de su patria están ya trazados, no pueden menos de procurar
-darles el saludable desengaño de que necesitan para no estorbar su
-ejecución, y al mismo tiempo el más claro testimonio del afecto que les
-profesan.</p>
-
-<p>No pueden en consecuencia dejar de manifestarles, que las
-circunstancias en que el príncipe por la abdicación del rey su padre
-tomó las riendas del gobierno, estando muchas provincias del reino y
-todas las plazas fronterizas ocupadas por un gran número de tropas
-francesas, y más de 70.000 hombres de la misma nación situados en la
-corte y sus inmediaciones, como muchos datos que otras personas no
-podrían tener, les persuadieron que rodeados de escollos no tenían más
-arbitrio que el de escoger entre varios partidos el que produjese menos
-males, y eligieron como tal el de ir a Bayona.</p>
-
-<p>Llegados SS. AA. a dicha ciudad, se encontró impensadamente
-el príncipe (entonces rey) con la novedad de que el rey su padre
-había protestado contra su abdicación, pretendiendo no haber sido
-voluntaria.<span class="pagenum" id="Page_lxxxix">p. lxxxix</span> No
-habiendo admitido la corona sino en la buena fe de que lo hubiese sido,
-apenas se aseguró de la existencia de dicha protesta, cuando su respeto
-filial le hizo devolverla, y poco después el rey su padre la renunció
-en su nombre y en el de toda su dinastía a favor del emperador de los
-franceses, para que este, atendiendo al bien de la nación, eligiese la
-persona y dinastía que hubiesen de ocuparla en adelante.</p>
-
-<p>En este estado de cosas, considerando SS. AA. la situación en que
-se hallan, las críticas circunstancias en que se ve la España, y que
-en ellas todo esfuerzo de sus habitantes en favor de sus derechos
-parece sería no solo inútil sino funesto, y que solo serviría para
-derramar ríos de sangre, asegurar la pérdida cuando menos de una gran
-parte de sus provincias y las de todas sus colonias ultramarinas;
-haciéndose cargo también de que será un remedio eficacísimo para evitar
-estos males el adherir cada uno de SS. AA. de por sí en cuanto esté
-de su parte a la cesión de sus derechos a aquel trono, hecha ya por
-el rey su padre; reflexionando igualmente que el expresado emperador
-de los franceses se obliga en este supuesto a conservar la absoluta
-independencia y la integridad de la monarquía española, como de todas
-sus colonias ultramarinas, sin reservarse ni desmembrar la menor parte
-de sus dominios, a mantener la unidad de la religión católica, las
-propiedades, las leyes y usos, lo que asegura para muchos tiempos
-y de un modo incontrastable el poder y la prosperidad de la nación
-española; creen SS. AA. darla la mayor muestra de su generosidad, del
-amor que la profesan, y del agradecimiento con que corresponden al
-afecto que la han debido, sacrificando en cuanto está de su parte sus
-intereses propios y personales en beneficio suyo, y adhiriendo para
-esto, como han adherido por un convenio particular a la cesión de sus
-derechos al trono, absolviendo a los españoles de sus obligaciones en
-esta parte, y exhortándoles,<span class="pagenum" id="Page_xc">p.
-xc</span> como lo hacen, a que miren por los intereses comunes de la
-patria, manteniéndose tranquilos, esperando su felicidad de las sabias
-disposiciones y del emperador Napoleón, y que prontos a conformarse
-con ellas crean que darán a su príncipe y a ambos infantes el mayor
-testimonio de su lealtad, así como SS. AA. se lo dan de su paternal
-cariño, cediendo todos sus derechos, y olvidando sus propios intereses
-por hacerla dichosa, que es el único objeto de sus deseos.» — Burdeos
-12 de mayo de 1808.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-29" id="Ap_2-29">2-29</a>.</h3>
-
-<p class="subh3c"><i>Decreto de Carlos IV.</i></p>
-
-<p>«Habiendo juzgado conveniente dar una misma dirección a todas las
-fuerzas de nuestro reino para mantener la seguridad de las propiedades
-y la tranquilidad pública contra los enemigos así del interior como
-del exterior, hemos tenido a bien nombrar lugarteniente general del
-reino a nuestro primo el gran duque de Berg, que al mismo tiempo manda
-las tropas de nuestro aliado el emperador de los franceses. Mandamos
-al consejo de Castilla, a los capitanes generales y gobernadores de
-nuestras provincias que obedezcan sus órdenes, y en calidad de tal
-presidirá la junta de gobierno. Dado en Bayona en el palacio imperial
-llamado del Gobierno, a 4 de mayo de 1808. — Yo el rey.»</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-30" id="Ap_2-30">2-30</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>En este día he entregado a mi amado padre una carta
-concebida en los términos siguientes:</i></p>
-
-<p>«Mi venerado padre y señor: para dar a V. M. una prueba de mi amor,
-de mi obediencia y de mi sumisión, y para acceder a los deseos que V.
-M. me ha<span class="pagenum" id="Page_xci">p. xci</span> manifestado
-reiteradas veces, renuncio mi corona en favor de V. M., deseando que
-pueda gozarla por muchos años. Recomiendo a V. M. las personas que me
-han servido desde el 19 de marzo: confio en las seguridades que V. M.
-me ha dado sobre este particular. Dios guarde a V. M. muchos años.
-Bayona 6 de mayo de 1808. — Señor. — A. L. R. P. de V. M. su más
-humilde hijo. — Fernando.»</p>
-
-<p>En virtud de esta renuncia de mi corona que he hecho en favor de
-mi amado padre, revoco los poderes que había otorgado a la junta de
-gobierno antes de mi salida de Madrid para el despacho de los negocios
-graves y urgentes que pudiesen ocurrir durante mi ausencia. La junta
-obedecerá las órdenes y mandatos de nuestro muy amado padre y soberano,
-y las hará ejecutar en los reinos.</p>
-
-<p>Debo, antes de concluir, dar gracias a los individuos de la junta,
-a las autoridades constituidas y a toda la nación por los servicios
-que me han prestado, y recomendarles se reúnan de todo corazón a mi
-padre amado y al emperador, cuyo poder y amistad pueden más que otra
-cosa alguna conservar el primer bien de las Españas, a saber: su
-independencia y la integridad de su territorio. Recomiendo asimismo que
-no os dejéis seducir por las asechanzas de nuestros eternos enemigos,
-de vivir unidos entre vosotros y con nuestros aliados, y de evitar la
-efusión de sangre y las desgracias, que sin esto serían el resultado de
-las circunstancias actuales, si os dejaseis arrastrar por el espíritu
-de alucinamiento y desunión.</p>
-
-<p>Tendrase entendido en la junta para los efectos convenientes, y
-se comunicará a quien corresponda. En Bayona a 6 de mayo de 1808. —
-Fernando.» — (<i>Véase Ofárril y Azanza, pág. 63.</i>)</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xcii">p. xcii</span></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_2-31" id="Ap_2-31">2-31</a>.</h3>
-
-<p>El Sermo. Sr. gran duque de Berg, lugarteniente general del reino,
-y la junta suprema de gobierno se han enterado de que los deseos de S.
-M. I. y R. el emperador de los franceses son de que en Bayona se junte
-una diputación general de 150 personas, que deberán hallarse en aquella
-ciudad el día 15 del próximo mes de junio, compuesta del clero, nobleza
-y estado general, para tratar allí de la felicidad de toda España,
-proponiendo todos los males que el anterior sistema le han ocasionado,
-y las reformas y remedios más convenientes para destruirlos en toda
-la nación, y en cada provincia en particular. A su consecuencia, para
-que se verifique a la mayor brevedad el cumplimiento de la voluntad de
-S. M. I. y R., ha nombrado la junta desde luego algunos sujetos, que
-se expresarán, reservando a algunas corporaciones, a las ciudades de
-voto en cortes y otras, el nombramiento de los que aquí se señalan,
-dándoles la forma de ejecutarlo, para evitar dudas y dilaciones, del
-modo siguiente:</p>
-
-<p>1.º&#160; Que si en algunas ciudades y pueblos de voto en cortes
-hubiese turno para la elección de diputados, elijan ahora las que lo
-están actualmente para la primera elección.</p>
-
-<p>2.º&#160; Que si otras ciudades o pueblos de voto en cortes tuviesen
-derecho de votar para componer un voto, ya sea entrando en concepto
-de media, tercera o cuarta voz, o de otro cualquiera modo, elija cada
-ayuntamiento un sujeto, y remita a su nombre a la ciudad o pueblo en
-donde se acostumbre a sortear el que ha de ser nombrado.</p>
-
-<p>3.º&#160; Que los ayuntamientos de dichas ciudades y pueblos de
-voto en cortes, así para esta elección como para la que se dirá,
-puedan nombrar sujetos no solo de la clase de caballeros y nobles,
-sino también<span class="pagenum" id="Page_xciii">p. xciii</span>
-del estado general, según en los que hallaren más luces, experiencia,
-celo, patriotismo, instrucción y confianza, sin detenerse en que sean o
-no regidores, que estén ausentes del pueblo, que sean militares, o de
-cualquiera otra profesión.</p>
-
-<p>4.º&#160; Que los ayuntamientos a quienes corresponda por estatuto
-elegir o nombrar de la clase de caballeros, puedan elegir en la misma
-forma grandes de España y títulos de Castilla.</p>
-
-<p>5.º&#160; Que a todos los que sean elegidos se les señale por sus
-respectivos ayuntamientos las dietas acostumbradas, o que estimen
-correspondientes, que se pagarán de los fondos públicos que hubiere más
-a mano.</p>
-
-<p>6.º&#160; Que de todo el estado eclesiástico deben ser nombrados
-dos arzobispos, seis obispos, dieciséis canónigos o dignidades, dos
-de cada una de las ocho metropolitanas, que deberán ser elegidos por
-sus cabildos canónicamente, y veinte curas párrocos del arzobispado de
-Toledo y obispados que se referirán.</p>
-
-<p>7.º&#160; Que vayan igualmente seis generales de las órdenes
-religiosas.</p>
-
-<p>8.º&#160; Que se nombren diez grandes de España, y entre ellos
-se comprendan los que ya están en Bayona, o han salido para aquella
-ciudad.</p>
-
-<p>9.º&#160; Que sea igual el número de los títulos de Castilla, y el
-mismo el de la clase de caballeros, siendo estos últimos elegidos por
-las ciudades que se dirán.</p>
-
-<p>10.&#160; Que por el reino de Navarra se nombren dos sujetos, cuya
-elección hará su diputación.</p>
-
-<p>11.&#160; Que la diputación de Vizcaya nombre uno, la de Guipúzcoa
-otro, haciendo lo mismo el diputado de la provincia de Álava con los
-consiliarios, y oyendo a su asesor.</p>
-
-<p>12.&#160; Que si la isla de Mallorca tuviese diputado en la
-península, vaya este; y si no, el sujeto que hubiese más a propósito de
-ella, y se ha nombrado a Don Cristóbal Cladera y Company.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xciv">p. xciv</span>13.&#160; Que
-se ejecute lo mismo por lo tocante a las Islas Canarias; y si no hay
-aquí diputados, se nombra a Don Estanislao Lugo ministro honorario del
-consejo de las Indias, que es natural de dichas islas, y también a Don
-Antonio Saviñón.</p>
-
-<p>14.&#160; Que la diputación del principado de Asturias nombre
-asimismo un sujeto de las propias circunstancias.</p>
-
-<p>15.&#160; Que el consejo de Castilla nombre cuatro ministros de
-él, dos el de las Indias, dos el de guerra, el uno militar y el otro
-togado; uno el de Órdenes; otro el de hacienda, y otro el de la
-Inquisición, siendo los nombrados ya por el de Castilla Don Sebastián
-de Torres y Don Ignacio Martínez de Villela, que se hallan en Bayona,
-y Don José Colón y Don Manuel de Lardizábal, asistiendo con ellos el
-alcalde de casa y corte Don Luis Marcelino Pereira, que está igualmente
-en aquella ciudad, y los demás los que elijan a pluralidad de votos los
-mencionados consejos.</p>
-
-<p>16.&#160; Que por lo tocante a la marina concurran el bailío Don
-Antonio Valdés y el teniente general Don José Mazarredo; y por lo
-respectivo al ejército de tierra el teniente general Don Domingo
-Cerviño, el mariscal de campo Don Luis Idiáquez, el brigadier Don
-Andrés de Errasti, comandante de reales guardias españolas, el coronel
-Don Diego de Porras, capitán de valonas, el coronel Don Pedro de
-Torres, exento de las de Corps, todos con el príncipe de Castel-Franco,
-capitán general de los reales ejércitos, y con el teniente general
-duque del Parque.</p>
-
-<p>17.&#160; Que en cada una de las tres universidades mayores
-Salamanca, Valladolid y Alcalá nombre su claustro un doctor.</p>
-
-<p>18.&#160; Que por el ramo de comercio vayan catorce sujetos, los
-cuales serán nombrados por los consulados y cuerpos que se citarán
-luego.</p>
-
-<p>19.&#160; Los arzobispos y obispos nombrados por la<span
-class="pagenum" id="Page_xcv">p. xcv</span> junta de gobierno,
-presidida por S. A. I., son los siguientes: el arzobispo de Burgos, el
-de Laodicea, coadministrador del de Sevilla, el obispo de Palencia, el
-de Zamora, el de Orense, el de Pamplona, el de Gerona y el de Urgel.</p>
-
-<p>20.&#160; Los generales de las órdenes religiosas serán el de San
-Benito, Santo Domingo, San Francisco, Mercenarios calzados, Carmelitas
-descalzos y San Agustín.</p>
-
-<p>21.&#160; Los obispos que han de nombrar los mencionados veinte
-curas párrocos deben ser los de Córdoba, Cuenca, Cádiz, Málaga, Jaén,
-Salamanca, Almería, Guadix, Segovia, Ávila, Plasencia, Badajoz,
-Mondoñedo, Calahorra, Osma, Huesca, Orihuela y Barcelona, debiendo
-asimismo nombrar dos el arzobispo de Toledo por la extensión y
-circunstancias de su arzobispado.</p>
-
-<p>22.&#160; Los grandes de España que se nombran son el duque de
-Frías, el de Medinaceli, el de Híjar, el conde de Orgaz, el de Fuentes,
-el de Fernán Núñez, el de Santa Coloma, el marqués de Santa Cruz, el
-duque de Osuna y el del Parque.</p>
-
-<p>23.&#160; Los títulos de Castilla nombrados son el marqués de la
-Granja y Cartojal, el de Castellanos, el de Cilleruelo, el de la
-Conquista, el de Ariño, el de Lupiá, el de Bendaña, el de Villa-Alegre,
-el de Jura-Real y el conde de Polentinos.</p>
-
-<p>24.&#160; Las ciudades que han de nombrar sujetos por la clase de
-caballeros son: Jerez de la Frontera, Ciudad Real, Málaga, Ronda,
-Santiago de Galicia, la Coruña, Oviedo, San Felipe de Játiva, Gerona y
-la villa y corte de Madrid.</p>
-
-<p>25.&#160; Los consulados y cuerpos de comercio, que deben nombrar
-cada uno un sujeto, son: los de Cádiz, Barcelona, Coruña, Bilbao,
-Valencia, Málaga, Sevilla, Alicante, Burgos, San Sebastián, Santander,
-el banco nacional de San Carlos, la compañía de Filipinas y los cinco
-gremios mayores de Madrid.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xcvi">p. xcvi</span>Siendo pues la
-voluntad de S. A. I. y de la suprema junta que todos los individuos que
-hayan de componer esta asamblea nacional contribuyan por su parte a
-mejorar el actual estado del reino, encargan a V. muy particularmente
-que consistiendo en el buen desempeño de esta comisión la felicidad de
-España, presente en la citada asamblea con todo celo y patriotismo las
-ideas que tenga, ya sobre todo el sistema actual, y ya respecto a esa
-provincia en particular, adquiriendo de las personas más instruidas
-de ella en los diversos ramos de instrucción pública, agricultura,
-comercio e industria cuantas noticias pueda para que, en aquellos
-puntos en que haya necesidad de reforma, se verifique del mejor modo
-posible; esperando igualmente S. A. y la junta que las ciudades,
-cabildos, obispos y demás corporaciones que, según queda dicho,
-deberán nombrar personas para la asamblea, elegirán aquellas de más
-instrucción, probidad, juicio y patriotismo, y cuidarán de darles
-y remitirles las ideas más exactas del estado de la España, de sus
-males y de los modos y medios de remediarlos, con las observaciones
-correspondientes no solo a lo general del reino, sino también a lo que
-exijan las particulares circunstancias de las provincias, exhortando V.
-a todos los miembros de ese cuerpo, y a los españoles celosos de esa
-ciudad, partido o pueblo a que instruyan con sus luces y experiencia al
-que vaya de diputado a Bayona, entregándole o dirigiéndole igualmente
-las noticias y reflexiones que consideren útiles al intento.</p>
-
-<p>Todo lo cual participo a V. de orden de S. A. y de la junta para
-su inteligencia y puntual cumplimiento en la parte que le toca; en
-el supuesto de que todos los sujetos que han de componer la referida
-diputación se han de hallar en Bayona el expresado 15 de junio próximo
-como se ha dicho; y de que así por V. como por todos los demás se
-ha de avisar por mi mano<span class="pagenum" id="Page_xcvii">p.
-xcvii</span> a S. A. y a la junta de los sujetos que se hayan
-nombrado.</p>
-
-<p>Dios guarde a V. muchos años. Madrid de mayo de 1808.</p>
-
-<p><span class="sc">Nota.&#160;</span> Después de impresa esta carta se
-ha excusado el marqués de Cilleruelo, y en su lugar ha nombrado S. A.
-al conde de Castañeda.</p>
-
-<p>También se ha admitido la excusa del general de Carmelitas
-descalzos, y se ha nombrado en su lugar al de San Juan de Dios.</p>
-
-<p>Además el mismo gran duque con acuerdo de la junta, ha nombrado
-seis sujetos naturales de las dos Américas, en esta forma: al marqués
-de San Felipe y Santiago, por la Habana: a Don José del Moral, por
-Nueva España: a Don Tadeo Bravo y Rivero, por el Perú: a Don León
-Altolaguirre, por Buenos Aires: a Don Francisco Cea, por Guatemala; y a
-Don Ignacio Sánchez de Tejada, por Santa Fe.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_xcix">p. xcix</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental"/>
- </div>
- <h2 class="nobreak fs200 lh200 negr mt1" title="Apéndice del Libro Tercero.">APÉNDICE</h2>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO TERCERO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa3.jpg"
- alt="Motivo ornamental"/>
- </div>
-</div>
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-1" id="Ap_3-1">3-1</a>.</h3>
-
-<p class="ti0"><span class="prim"><span class="gran">L</span>as</span>
-relaciones de los levantamientos de las provincias están tomadas: 1.º
-De las gacetas, proclamas y papeles de oficio publicados entonces.
-2.º De relaciones particulares manuscritas dadas por las personas que
-compusieron las juntas o tomaron parte en la insurrección o fueron
-testigos de los acontecimientos.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-2" id="Ap_3-2">3-2</a>.</h3>
-
-<p>Este oficio está sacado de la correspondencia manuscrita que tenemos
-en nuestro poder, y que fue entonces seguida por los diputados con
-el gobierno de S. M. B. También le insertaron las gacetas de aquel
-tiempo.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-3" id="Ap_3-3">3-3</a>.</h3>
-
-<p><i>Parlamentary Debates, vol.</i> <span class="asc">II</span>, <i>pág. 885.</i></p>
-
-
-<h3><span class="pagenum" id="Page_c">p. c</span><span
-class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-4" id="Ap_3-4">3-4</a>.</h3>
-
-<p>Entre las demostraciones extraordinarias que entonces hubo, fue una
-de ellas el de haber sido recibidos los enviados de Asturias con tales
-aplausos y aclamaciones el primer día que asistieron a la ópera en el
-palco del duque de Queensbury, que se suspendió la representación cerca
-de una hora.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-5" id="Ap_3-5">3-5</a>.</h3>
-
-<p><i>Tribuni ut fere semper reguntur a multitudine magis quam regunt.
-Tit. Liv., lib. 3, cap. 71.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-6" id="Ap_3-6">3-6</a>.</h3>
-
-<p><i>Les provinciales 7.<sup>me</sup> Lettre. De la méthode de diriger
-l’intention.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-7" id="Ap_3-7">3-7</a>.</h3>
-
-<p><i>Mémoires du cardinal de Retz, tom. 3.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_3-6b" id="Ap_3-6b">3-6 bis</a>.</h3>
-
-<p>Don Lorenzo Calvo de Rozas intendente general del ejército y reino
-de Aragón, secretario de la suprema junta de las cortes del mismo,
-celebrada en la capital de Zaragoza en el día 9 del mes de junio del
-presente año de 1808: — Certifico:</p>
-
-<p>Que reunidos en la sala consistorial de la ciudad los diputados de
-las de voto en cortes, y de los cuatro brazos del reino, cuyos nombres
-se anotan al fin, y habiéndose presentado el Excmo. Sr. Don José
-Rebolledo de Palafox y Melci gobernador y capitán general del mismo, y
-su presidente, fui llamado y se me hizo entrar en la asamblea para que
-ejerciese las<span class="pagenum" id="Page_ci">p. ci</span> funciones
-de tal secretario, y habiéndolo verificado así, se me entregó el papel
-de S. E., que original existe en la secretaría: se leyó y dice así:</p>
-
-<p>Excmo. Sr.: Consta ya a V. E. que por el voto unánime de los
-habitantes de esta capital, fui nombrado y reconocido de todas las
-autoridades establecidas como gobernador y capitán general del reino:
-que cualquiera excusa hubiera producido infinitos males a nuestra amada
-patria, y sido demasiado funesta para mi.</p>
-
-<p>Mi corazón agitado ya largo tiempo, combatido de penas y amarguras,
-lloraba la pérdida de la patria, sin columbrar aquel fuego sagrado
-que la vivifica; lloraba la pérdida de nuestro amado rey Fernando
-VII, esclavizado por la tiranía y conducido a Francia con engaños y
-perfidias; lloraba los ultrajes de nuestra santa religión, atacada por
-el ateísmo, sus templos violentados sacrílegamente por los traidores
-el día 2 de mayo, y manchados con sangre de los inocentes españoles;
-lloraba la existencia precaria que amenazaba a toda la nación, si
-admitía el yugo de un extranjero orgulloso, cuya insaciable codicia
-excede a su perversidad, y por fin la pérdida de nuestras posesiones
-en América, y el desconsuelo de muchas familias, unas porque verían
-convertida la deuda nacional en un crédito nulo, otras que se verían
-despojadas de sus empleos y dignidades y reducidas a la indigencia
-o la mendicidad, otras que gemirían en la soledad la ausencia o
-el exterminio de sus hijos y hermanos conducidos al Norte para
-sacrificarse, no por su honor, por su religión, por su rey, ni por
-la patria, sino por un verdugo, nacido para azote de la humanidad,
-cuyo nombre tan solo dejará a la posteridad el triste ejemplo de los
-horrores, engaños y perfidias que ha cometido, y de la sangre inocente
-que su proterva ambición ha hecho derramar.</p>
-
-<p>Llegó el día 24 de mayo, día de gloria para toda<span
-class="pagenum" id="Page_cii">p. cii</span> España, y los habitantes de
-Aragón siempre leales, esforzados y virtuosos, rompieron los grillos
-que les preparaba el artificio, y juraron morir o vencer. En tal estado
-lleno mi corazón de aquel noble ardor que a todos nos alienta, renace y
-se enajena de pensar que puedo participar con mis conciudadanos de la
-gloria de salvar nuestra patria.</p>
-
-<p>Las ciudades de Tortosa y Lérida invitadas por mí, como puntos muy
-esenciales, se han unido a Aragón; he nombrado un gobernador en Lérida
-a petición de su ilustre ayuntamiento, les he auxiliado con algunas
-armas y gente, y puedo esperar que aquellas ciudades se sostendrán, y
-no serán ocupadas por nuestros enemigos.</p>
-
-<p>La ciudad de Tortosa quiere participar de nuestros triunfos:
-ha conferenciado de mi orden con los ingleses; les ha comunicado
-el manifiesto del día 31 de mayo para que lo circulen en toda
-Europa, y trata de hacer venir nuestras tropas de Mallorca y de
-Menorca, siguiendo mis instrucciones; ha enviado un diputado para
-conferenciar conmigo, y yo he nombrado otro que partió antes de ayer
-con instrucciones secretas dirigidas al mismo fin, y al de entablar
-correspondencia con el Austria.</p>
-
-<p>La merindad de Tudela y la ciudad de Logroño me han pedido un
-jefe y auxilios; quieren defenderse e impedir la entrada en Aragón a
-nuestros enemigos. He nombrado con toda la plenitud de poderes por
-mi teniente y por general del ejército destinado a este objeto al
-Excmo. Sr. marqués de Lazán y Cañizar mariscal de campo de los reales
-ejércitos, que marchó el día 6 a las doce de la noche con algunas
-tropas, y las competentes armas y municiones. No puedo dudar de su
-actividad, patriotismo y celo, ni dudará V. E.: otros muchos pueblos
-de Navarra han enviado sus representantes, y la ciudad y provincia de
-Soria sus diputados. He dispuesto comunicaciones con Santander;<span
-class="pagenum" id="Page_ciii">p. ciii</span> establecido postas en el
-camino de Valencia, y pedido armas y artilleros, dirigiendo por aquella
-vía todos los manifiestos y órdenes publicadas, con encargo de que
-se circulen a la Andalucía, Mancha, Extremadura, Galicia y Asturias,
-invitándolos a proceder de acuerdo. He enviado al coronel barón de
-Versages, y al teniente coronel y gobernador que ha sido en América
-Don Andrés Boggiero, a organizar y mandar la vanguardia del ejército
-destinado hacia las fronteras de la Alcarria y Castilla la Nueva.</p>
-
-<p>Para dirigir el ramo de hacienda con la rectitud, energía y
-acierto que exige tan digna causa, y velar sobre las rentas y fondos
-públicos, he nombrado por intendente a Don Lorenzo Calvo de Rozas,
-cuyos conocimientos en este ramo, y cuya probidad incorruptible me son
-notorias, y me hacen esperar los más felices resultados. La casualidad
-de haber enviado aquí a principios de mayo su familia para librarla del
-peligro, y el temor de permanecer él mismo en Madrid en circunstancias
-tan críticas, lo trajo a Zaragoza el día 28 del pasado, lo hice
-detener, y lo he precisado a admitir este encargo a pesar de que sus
-negocios y la conservación de su patrimonio reclamaban imperiosamente
-su vuelta a Madrid. Fiado este importante ramo a un sujeto de sus
-circunstancias, presentaré a su tiempo a la nación el estado de rentas,
-su procedencia e inversión, y en ellas un testimonio público de la
-pureza con que se manejarán.</p>
-
-<p>Resta pues el sacrificio que es más grato a nuestros corazones;
-que reunamos nuestras voluntades, y aspiremos al fin que nos hemos
-propuesto. Salvemos la patria, aunque fuera a costa de nuestras vidas
-y velemos por su conservación. Para ello propongo a V. E. los puntos
-siguientes:</p>
-
-<p>1.º&#160; Que los diputados de las cortes queden aquí en junta
-permanente o nombren otra que se reunirá todos los días para proponerme
-y deliberar todo<span class="pagenum" id="Page_civ">p. civ</span> lo
-conveniente al bien de la patria y del rey.</p>
-
-<p>2.º&#160; Que V. E. nombre entre sus ilustres individuos un
-secretario para extender y uniformar las resoluciones, en las cuales
-debe haber una reserva inviolable, extendiendo por hoy el acuerdo uno
-de los que se hallan presentes como tales o el intendente.</p>
-
-<p>3.º&#160; Que cada diputado corresponda con su provincia, le
-comunique las disposiciones ya generales ya particulares que tomaré
-como jefe militar y político del reino, y las que acordaremos para
-mayor bien de la España.</p>
-
-<p>4.º&#160; Que la junta medite y me proponga sucesivamente las
-medidas de hacer compatible con la energía y rapidez que requiere la
-organización del ejército el cuidado de la recolección de granos que se
-aproxima y no debe desatenderse.</p>
-
-<p>5.º&#160; Que medite y me proponga la adopción de medios de sostener
-el ejército que presentará el intendente de él, y del reino Don Lorenzo
-Calvo.</p>
-
-<p>6.º&#160; Que me proponga todas las disposiciones que crea
-convenientes tomar para conservar la policía, el buen orden y la fuerza
-militar en cada departamento del reino.</p>
-
-<p>7.º&#160; Que cuide de mantener las relaciones con los demás reinos
-y provincias de España que deben formar con nosotros una misma y sola
-familia.</p>
-
-<p>8.º&#160; Que se encargue y cuide de firmar y circular en todo el
-reino, impresas o manuscritas, las órdenes emanadas de mí o de las que
-con mi acuerdo expidiese la junta de diputados del reino.</p>
-
-<p>9.º&#160; Que acuerde desde luego si deben o no concurrir los
-diputados que vinieren de las provincias o merindades de fuera del
-reino de Aragón mediante que la reunión de sus luces puede ser
-interesante a la defensa de la causa pública.</p>
-
-<p>10.&#160; Que decida desde luego la proclamación de nuestro rey
-Fernando VII determinando el día en que haya de verificarse.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_cv">p. cv</span>11.&#160; Que
-resuelva igualmente acerca de si deben reunirse en un solo punto las
-diputaciones de las demás provincias y reinos de España, conforme a lo
-anunciado en el manifiesto del 31 de mayo último.</p>
-
-<p>12.&#160; Que declare desde luego la urgencia del día, y que la
-primera atención debe ser la defensa de la patria. Zaragoza 9 de julio
-de 1808. — José de Palafox y Melci.</p>
-
-
-<p class="centra mt1"><span class="sc">Acuerdos.</span></p>
-
-<p class="mt05">Resolvió la asamblea por aclamación que se proclamase
-a Fernando VII, dejando al arbitrio de S. E. señalar el día en que
-hubiese de verificarse, que sería cuando las circunstancias lo
-permitiesen.</p>
-
-<p>La misma asamblea de diputados de las cortes enterada de la
-exposición antecedente, después de manifestar al Excmo. Sr. capitán
-general su satisfacción y gratitud por todo cuanto había ejecutado,
-y aprobándolo unánimemente, le reconoció por aclamación como capitán
-general y gobernador militar y político del reino de Aragón, y lo mismo
-al intendente.</p>
-
-<p>El Sr. Don Antonio Franquet, regidor de la ciudad de Tortosa, que
-hallándose comisionado en esta capital concurrió a la asamblea, hizo
-lo mismo a nombre de aquella ciudad, a quien ofreció daría parte de
-ello.</p>
-
-<p>Acto continuo se leyeron los avisos que se habían pasado a todos
-los individuos que debían concurrir a la asamblea o junta de cortes
-para saber si todos ellos habían sido citados o se hallaban presentes,
-y resultó que se había convocado a todos, y que solo habían dejado
-de concurrir el Sr. marqués de Tosos, que avisó no podía por estar
-enfermo, y el Sr. conde de Torresecas que igualmente manifestó su
-imposibilidad de concurrir.</p>
-
-<p>Se tomó en consideración el primer punto indicado en el
-manifiesto de S. E. que antecede, relativo a<span class="pagenum"
-id="Page_cvi">p. cvi</span> si debía quedar permanente la junta de
-diputados, o nombrar otra presidida por S. E. con toda la plenitud de
-facultades, y después de un serio y detenido examen acordó unánimemente
-nombrar una junta suprema compuesta de solo seis individuos y de S. E.
-como presidente con todas las facultades.</p>
-
-<p>Se nombró en seguida una comisión compuesta de doce de los señores
-vocales tomados de los cuatro brazos del reino, que lo fueron; por lo
-eclesiástico el Señor abad de Montearagón, el Sr. deán de esta santa
-iglesia, y el Señor arcipreste de Santa Cristina; por el de la nobleza
-el Excmo. Sr. conde de Sástago, el Señor marqués de Fuente Olivar, y el
-Señor marqués de Zafra; por el de hidalgos el Señor Barón de Alcalá, el
-Señor Don Joaquín María Palacios, y el Señor Don Antonio Soldevilla,
-y por el de la ciudad el Señor Don Vicente Lisa, el Señor conde de
-la Florida, y el Señor Don Francisco Peguera, para que propusiesen a
-la asamblea doce candidatos entre los cuales pudiese elegir los seis
-representantes que con S. E. habían de formar la junta suprema; y
-habiéndose reunido en una pieza separada los doce señores proponentes
-que quedan expresados volvieron a entrar en la sala de la junta e
-hicieron su propuesta en la forma siguiente.</p>
-
-<p>Propusieron para los seis individuos que habían de elegirse y
-componer la suprema junta al Ilmo. Sr. obispo de Huesca, al M. R.
-P. prior del sepulcro de Calatayud, al Excmo. Sr. conde de Sástago,
-al Señor regente de la Real Audiencia, a Don Valentín Solanot, abad
-del monasterio de Veruela, arcipreste del Salvador, barón de Alcalá,
-marqués de Fuente Olivar, barón de Castiel, y Don Pedro María Ric. Se
-procedió en seguida a la votación por escrutinio y de ella resultó
-que los propuestos tuvieron los votos siguientes. El Señor Obispo
-de Huesca, 32; el prior de Calatayud, 11; el conde de Sástago, 27;
-Don Antonio Cornel, 33; el Señor Regente, 29; Don Valentín<span
-class="pagenum" id="Page_cvii">p. cvii</span> Solanot, 11; abad de
-Veruela, 2; arcipreste del Salvador, 12; barón de Alcalá, 2; marqués
-de Fuente Olivar, 17; barón de Castiel, 10; y Don Pedro María Ric, 18;
-resultando electos a pluralidad de votos para individuos de la suprema
-junta de gobierno los Señores Don Antonio Cornel, obispo de Huesca,
-regente de la Real Audiencia, conde de Sástago, Don Pedro María Ric,
-y el marqués de Fuente Olivar, y por muerte u otra causa legítima que
-impidiese el ejercicio de su empleo a los electos, lo harían según uso
-y costumbre los que les siguen en votos.</p>
-
-<p>Se trató del nombramiento de un secretario para la junta suprema,
-y toda la asamblea manifestó al Excmo. Sr. capitán general sus deseos
-de que S. E. indicase una o dos personas para este destino; S. E.
-lo rehusó declarando a los señores vocales que nombrasen a quien
-tuviesen por más conveniente y a propósito para el buen desempeño,
-más al fin condescendiendo con las reiteradas insinuaciones y deseos
-de la junta propuso para primer secretario al Señor Don Vicente Lisa,
-y para segundo al Señor barón de Castiel, que quedaron electos en
-consecuencia.</p>
-
-<p>Habiendo meditado la junta sobre las proposiciones 3, 4, 5, 6, 7,
-8, 9, 11 y 12, las estimó y tuvo por muy atendibles, y acordó tomarlas
-en consideración, para lo cual se reunirían de nuevo todos los señores
-vocales proponentes y presentes el próximo martes 14 del corriente mes
-de junio a las diez de su mañana, y que por el secretario se enviase
-una copia de dichas proposiciones a cada individuo, y se avisaría
-a los Señores marqués de Tosos y conde de Torresecas que no habían
-concurrido, por si podían hacerlo, con lo cual se concluyó la sesión
-quedando todos los señores advertidos para volver sin más aviso el día
-señalado, y se rubricó el acuerdo en borrador por los Excmos. Señores
-capitán general y conde de Sástago, y el Ilmo. Sr. obispo de Huesca, de
-que certifico y<span class="pagenum" id="Page_cviii">p. cviii</span>
-firmo en la ciudad de Zaragoza a 9 de junio de 1808. — Lorenzo Calvo
-de Rozas, secretario. — Visto bueno. — Palafox.</p>
-
-<p>Nota. Todos los Señores vocales manifestaron en seguida su voluntad
-de nombrar al Excmo. Sr. Don José Rebolledo de Palafox por capitán
-general efectivo de ejército, más S. E. dio gracias a la junta y lo
-resistió absolutamente pidiendo que no constase la indicación, y
-expresando que era brigadier de los reales ejércitos nombrado por S.
-M., y que no admitiría ni deseaba otras gracias ni otra satisfacción ni
-ascenso que el ser útil a la patria y sacrificarse en su obsequio y en
-el de su rey. La junta en consecuencia no insistió en su empeño vista
-la delicadeza de S. E., y se reservó el llevar a efecto su voluntad en
-una de las primeras sesiones a que no asistiese S. E., por considerarlo
-así de justicia; de todo lo cual certifico <i>ut supra</i>. —
-Calvo.</p>
-
-<p>«Hemos insertado aquí el acta de instalación de las cortes de
-Aragón, de que poseemos un ejemplar, por ser documento, aunque entonces
-impreso, que empieza a ser raro.» — <i>Sigue la lista de los diputados
-que las compusieron.</i></p>
-
-
-<p class="centra asc mt1">ESTADO ECLESIÁSTICO.</p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Ilmo. Sr. obispo de Huesca.</li>
-<li>Sr. arcipreste de Tarazona.</li>
-<li>Sr. deán de Zaragoza.</li>
-<li>Sr. arcipreste de Sta. María.</li>
-<li>Sr. arcipreste de Sta. Cristina.</li>
-<li>Sr. abad de Montearagón.</li>
-<li>Sr. abad de Sta. Fe.</li>
-<li>Sr. abad de Rueda.</li>
-<li>Sr. abad de Veruela.</li>
-<li>Sr. prior del sepulcro de Calatayud.</li>
-</ul>
-
-
-<p class="centra asc mt1">ESTADO DE NOBLES.</p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Excmo. Sr. conde de Sástago.</li>
-<li>Sr. marqués de Sta. Coloma.</li>
-<li>Sr. marqués de Fuente Olivar.</li>
-<li>Sr. marqués de Zafra.</li>
-<li>Sr. marqués de Ariño.</li>
-<li>Sr. conde de Sobradiel.</li>
-<li>Sr. conde de Torresecas.</li>
-</ul>
-
-
-<p class="centra asc mt1">ESTADO DE HIJOSDALGO.</p>
-
-<p class="centra mt1"><i>Por el partido de Huesca.</i></p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Sr. barón de Alcalá.</li>
-<li><span class="pagenum" id="Page_cix">p. cix</span>Sr. Don Joaquín María Palacios.</li>
-</ul>
-
-<p class="centra mt1"><i>Por el partido de Barbastro.</i></p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Sr. Don Antonio Soldevilla.</li>
-<li>Sr. Don Francisco Romeo.</li>
-</ul>
-
-<p class="centra mt1"><i>Por el partido de Alcañiz.</i></p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Sr. de Canduero.</li>
-<li>Sr. conde de Samitier.</li>
-</ul>
-
-<p class="centra mt1"><i>Por el de Albarracín.</i></p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Don Juan Navarro.</li>
-</ul>
-
-<p class="centra mt1"><i>Por el de Daroca.</i></p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Don Tomás Castillón.</li>
-<li>Don Pedro Oseñalde.</li>
-</ul>
-
-
-<p class="centra mt1"><span class="asc">CIUDADES DE VOTO EN CORTES.</span></p>
-
-<p class="centra mt1"><i>Zaragoza.</i></p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Don Vicente Lisa.</li>
-</ul>
-
-<p class="centra mt1"><i>Tarazona.</i></p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Don Bartolomé La-Iglesia.</li>
-</ul>
-
-<p class="centra mt1"><i>Jaca.</i></p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Don Francisco Peguera.</li>
-</ul>
-
-<p class="centra mt1"><i>Calatayud.</i></p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Don Joaquín Arias Ciria.</li>
-</ul>
-
-<p class="centra mt1"><i>Borja.</i></p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Don José Guartero.</li>
-</ul>
-
-<p class="centra mt1"><i>Teruel.</i></p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Sr. conde de la Florida.</li>
-</ul>
-
-<p class="centra mt1"><i>Fraga.</i></p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Don Domingo Azguer.</li>
-</ul>
-
-<p class="centra mt1"><i>Cinco-Villas.</i></p>
-
-<ul class="estados">
-<li>Don Juan Pérez.</li>
-</ul>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_cxi">p. cxi</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/doble_filete.jpg"
- alt="Filete ornamental"/>
- </div>
- <h2 class="nobreak fs200 lh200 negr mt1" title="Apéndice del Libro Cuarto.">APÉNDICE</h2>
- <p class="centra smaller lh200">DEL</p>
- <p class="centra fs150 lh200 g1 ws1">LIBRO CUARTO.</p>
- <div class="figcenter mt05">
- <img style="width: 8em; height: auto;"
- src="images/separa5.jpg"
- alt="Motivo ornamental"/>
- </div>
-</div>
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-1" id="Ap_4-1">4-1</a>.</h3>
-
-<p class="ti0"><i><span class="gran">E</span>sta proclama está
-inserta en la Gaceta de Madrid del 7 de julio de 1808.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-2" id="Ap_4-2">4-2</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Respuesta dada por el Ilmo. Sr. obispo de Orense a
-la junta de gobierno, con motivo de haber sido nombrado diputado para
-la junta de Bayona.</i></p>
-
-<p>Excmo. Sr.: Muy señor mío: un correo de la Coruña me ha entregado en
-la tarde del miércoles 25 de este la de V. E. con fecha del 19, por la
-que, entre lo demás que contiene, me he visto nombrado para asistir a
-la asamblea que debe tenerse en Bayona de Francia, a fin de concurrir
-en cuanto pudiese a la felicidad de la monarquía, conforme a los deseos
-del grande emperador de los franceses, celoso de elevarla al más alto
-grado de prosperidad y de gloria.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_cxii">p. cxii</span>Aunque mis luces
-son escasas, en el deseo de la verdadera felicidad y gloria de la
-nación no debo ceder a nadie, y nada omitiría que me fuese practicable
-y creyese conducente a ello. Pero mi edad de 73 años, una indisposición
-actual, y otras notorias y habituales me impiden un viaje tan largo y
-con un término tan corto, que apenas basta para él, y menos para poder
-anticipar los oficios, y para adquirir las noticias e instrucciones
-que debían preceder. Por lo mismo me considero precisado a exonerarme
-de este encargo, como lo hago por esta, no dudando que el Serenísimo
-Sr. duque de Berg y la suprema junta de gobierno estimarán justa y
-necesaria mi súplica de que admitan una excusa y exoneración tan
-legítima.</p>
-
-<p>Al mismo tiempo, por lo que interesa al bien de la nación, y a los
-designios mismos del emperador y rey, que quiere ser como el ángel de
-paz y el protector tutelar de ella, y no olvida lo que tantas veces ha
-manifestado, el grande interés que toma en que los pueblos y soberanos
-sus aliados aumenten su poder, sus riquezas y dicha en todo género, me
-tomo la libertad de hacer presente a la junta suprema de gobierno, y
-por ella al mismo emperador rey de Italia, lo que antes de tratar de
-los asuntos a que parece convocada, diría y protestaría en la asamblea
-de Bayona, si pudiese concurrir a ella.</p>
-
-<p>Se trata de curar males, de reparar perjuicios, de mejorar la suerte
-de la nación y de la monarquía, ¿pero sobre que bases y fundamentos?
-¿Hay medio aprobado y autorizado, firme y reconocido por la nación para
-esto? ¿Quiere ella sujetarse, y espera su salud por esta vía? ¿Y no
-hay enfermedades también que se agravan y exasperan con las medicinas,
-de las que se ha dicho: <i>tangant vulnera sacra nullæ manus</i>? ¿Y
-no parece haber sido de esta clase la que ha empleado con su aliado y
-familia real de España el poderoso protector, el emperador Napoleón?
-Sus males se han<span class="pagenum" id="Page_cxiii">p. cxiii</span>
-agravado tanto, que está como desesperada su salud. Se ve internada
-en el imperio francés, y en una tierra que la había desterrado para
-siempre; y vuelto a su cuna primitiva, halla el túmulo por una
-muerte civil, en donde la primera rama fue cruelmente cortada por el
-furor y la violencia de una revolución insensata y sanguinaria. Y en
-estos términos, ¿qué podrá esperar España? ¿Su curación le será más
-favorable? Los medios y medicinas no lo anuncian. Las renuncias de sus
-reyes en Bayona, e infantes en Burdeos, en donde se cree que no podían
-ser libres, en donde se han contemplado rodeados de la fuerza y del
-artificio, y desnudos de las luces y asistencia de sus fieles vasallos:
-estas renuncias, que no pueden concebirse, ni parecen posibles,
-atendiendo a las impresiones naturales del amor paternal y filial, y
-al honor y lustre de toda la familia, que tanto interesa a todos los
-hombres honrados: estas renuncias que se han hecho sospechosas a toda
-la nación, y de las que pende toda la autoridad de que justamente puede
-hacer uso el emperador y rey, exigen para su validación y firmeza, y
-a lo menos para la satisfacción de toda la monarquía española, que
-se ratifiquen estando los reyes e infante que las han hecho libres
-de toda coacción y temor. Y nada sería tan glorioso para el grande
-emperador Napoleón, que tanto se ha interesado en ellas, como devolver
-a la España sus augustos monarcas y familia, disponer que dentro de su
-seno, y en unas cortes generales del reino hiciesen lo que libremente
-quisiesen, y la nación misma, con la independencia y soberanía que la
-compete, procediese en consecuencia a reconocer por su legítimo rey al
-que la naturaleza, el derecho y las circunstancias llamasen al trono
-español.</p>
-
-<p>Este magnánimo y generoso proceder sería el mayor elogio del mismo
-emperador, y sería más grande y admirable por él que por todas las
-victorias y laureles que le coronan y distinguen entre todos los
-monarcas<span class="pagenum" id="Page_cxiv">p. cxiv</span> de la
-tierra, y aun saldría la España de una suerte funestísima que la
-amenaza, y podría finalmente sanar de sus males y gozar de una perfecta
-salud, y dar después de Dios las gracias, y tributar el más sincero
-reconocimiento a su salvador y verdadero protector, entonces el mayor
-de los emperadores de Europa, el moderado, el justo, el magnánimo, el
-benéfico Napoleón el grande.</p>
-
-<p>Por ahora la España no puede dejar de mirarlo bajo otro aspecto muy
-diferente: se entreve, si no se descubre, un opresor de sus príncipes
-y de ella: se mira como encadenada y esclava cuando se la ofrecen
-felicidades: obra, aun más que del artificio, de la violencia y de un
-ejército numeroso que ha sido admitido como amigo o por la indiscreción
-y timidez, o acaso por una vil traición, que sirve a dar una autoridad
-que no es fácil estimar legítima.</p>
-
-<p>¿Quién ha hecho teniente gobernador del reino al Sermo. Sr. duque
-de Berg? ¿No es un nombramiento hecho en Bayona de Francia por un rey
-piadoso, digno de todo respeto y amor de sus vasallos, pero en manos de
-lados imperiosos por el ascendiente sobre su corazón, y por la fuerza
-y el poder a que le sometió? ¿Y no es una artificiosa quimera nombrar
-teniente de su reino a un general que manda un ejército que le amenaza,
-y renunciar inmediatamente su corona? ¿Solo ha querido volver al trono
-Carlos IV para quitarlo a sus hijos? ¿Y era forzoso nombrar un teniente
-que impidiese a la España por esta autorización y por el poder militar
-cuantos recursos podía tener para evitar la consumación de un proyecto
-de esta naturaleza? No solo en España, en toda la Europa dudo se
-halle persona sincera que no reclame en su corazón contra estos actos
-extraordinarios y sospechosos, por no decir más.</p>
-
-<p>En conclusión, la nación se ve como sin rey, y no sabe a qué
-atenerse. Las renuncias de sus reyes, y el<span class="pagenum"
-id="Page_cxv">p. cxv</span> nombramiento de teniente gobernador del
-reino, son actos hechos en Francia, y a la vista de un emperador que
-se ha persuadido hacer feliz a España con darle una nueva dinastía
-que tenga su origen en esta familia tan dichosa, que se cree incapaz
-de producir príncipes que no tengan o los mismos o mayores talentos
-para el gobierno de los pueblos que el invencible, el victorioso, el
-legislador, el filósofo, el grande emperador Napoleón. La suprema
-junta de gobierno, a más de tener contra sí cuanto va insinuado, su
-presidente armado y un ejército que la cerca, obligan a que se la
-considere sin libertad, y lo mismo sucede a los consejos y tribunales
-de la corte. ¡Qué confusión, qué caos, y qué manantial de desdichas
-para España! No puede evitarla una asamblea convocada fuera del
-reino, y sujetos que componiéndola ni pueden tener libertad ni aun
-teniéndola creerse que la tuvieran. Y si se juntasen a los movimientos
-tumultuosos que pueden temerse dentro del reino pretensiones de
-príncipes y potencias extrañas, socorros ofrecidos o solicitados, y
-tropas que vengan a combatir dentro de su seno contra los franceses y
-el partido que les siga; ¿qué desolación y qué escena podrá concebirse
-más lamentable? La compasión, el amor y la solicitud en su favor del
-emperador podía antes que curarla causarla los mayores desastres.</p>
-
-<p>Ruego pues con todo el respeto que debo se hagan presentes a la
-suprema junta de gobierno los que considero justos temores y dignos
-de su reflexión, y aun de ser expuestos al grande Napoleón. Hasta
-ahora he podido contar con la rectitud de su corazón, libre de la
-ambición, distante del dolo y de una política artificiosa, y espero aún
-que reconociendo no puede estar la salud de España en esclavizarla,
-no se empeñe en curarla encadenada, porque no está loca ni furiosa.
-Establézcase primero una autoridad legítima, y trátese después de
-curarla.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_cxvi">p. cxvi</span>Estos son mis
-votos, que no he temido manifestar a la junta y al emperador mismo,
-porque he contado con que si no fuesen oídos, serán a lo menos mirados,
-como en realidad lo son, como efecto de mi amor a la patria y a la
-augusta familia de sus reyes, y de las obligaciones de consejo, cuyo
-título temporal sigue al obispado en España. Y sobre todo los contemplo
-no solo útiles sino necesarios a la verdadera gloria y felicidad del
-ilustre héroe que admira la Europa, que todos veneran, y a quien tengo
-la felicidad de tributar con esta ocasión mis humildes y obsequiosos
-respetos. Dios guarde a V. E. muchos años. Orense 29 de mayo de 1808.
-— Excmo. Sr. — B. L. M. de V. E. su afecto capellán. — Pedro obispo
-de Orense. — Excmo. Sr. Don Sebastián Piñuela.»</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-3" id="Ap_4-3">4-3</a>.</h3>
-
-<p><i>Esta proclama está inserta en la Gaceta de Madrid del 14 de junio
-de 1808.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-4" id="Ap_4-4">4-4</a>.</h3>
-
-<p><i>Esta proclama en el Diario de Madrid de 1.º de junio de
-1808.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-5" id="Ap_4-5">4-5</a>.</h3>
-
-<p class="subh3c"><i>Gaceta de Madrid de 14 de junio de 1808.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-6" id="Ap_4-6">4-6</a>.</h3>
-
-<p><i>Todas estas gratulatorias pueden leerse en el Diario de Madrid
-del 12 de junio de 1808, y en las gacetas de aquel tiempo.</i></p>
-
-
-<h3><span class="pagenum" id="Page_cxvii">p. cxvii</span><span
-class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-7" id="Ap_4-7">4-7</a>.</h3>
-
-<p><i>Esta proclama está inserta en el Diario de Madrid del 15 de junio
-de 1808.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-8" id="Ap_4-8">4-8</a>.</h3>
-
-<p>Habiendo aceptado la cesión de la corona de España que mi muy caro
-y muy amado hermano el emperador de los franceses &amp;c. hizo a favor
-de mi persona, según el aviso que se comunicó al consejo con fecha de
-4 del corriente; he venido en nombrar por mi lugarteniente general a
-S. A. I. y R. el gran duque de Berg, según se lo participo con esta
-fecha, encargándole que haga expedir todos los decretos que convengan,
-a fin de que los tribunales y los empleados de todas clases continúen
-en el ejercicio de sus funciones respectivas; por exigirlo así el bien
-general del reino, que es y será siempre el objeto de mis desvelos.
-Tendralo entendido el consejo para su inteligencia y cumplimiento en la
-parte que le toca. — Yo el rey. — En Bayona a 10 de junio de 1808. —
-Al decano del consejo.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-9" id="Ap_4-9">4-9</a>.</h3>
-
-<p>El augusto emperador de los franceses, nuestro muy caro y muy amado
-hermano, nos ha cedido todos los derechos que había adquirido a la
-corona de las Españas por los tratados ajustados en los días 5 y 10 de
-mayo próximo pasado. La providencia, abriéndonos una carrera tan vasta,
-sin duda que ha penetrado nuestras intenciones: la misma nos dará
-fuerzas para hacer la felicidad del pueblo generoso que ha confiado a
-nuestro cuidado. Solo ella puede leer en nuestra alma, y no seremos
-felices hasta el día en que correspondiendo a tantas esperanzas,
-podamos darnos a nos mismo<span class="pagenum" id="Page_cxviii">p.
-cxviii</span> el testimonio de haber llenado el glorioso cargo que
-se nos ha impuesto. La conservación de la santa religión de nuestros
-mayores en el estado próspero en que la encontramos, la integridad y la
-independencia de la monarquía serán nuestros primeros deberes. Tenemos
-derecho para contar con la asistencia del clero, de la nobleza y del
-pueblo, a fin de hacer revivir aquel tiempo en que el mundo entero
-estaba lleno de la gloria del nombre español; y sobre todo deseamos
-establecer el sosiego, y fijar la felicidad en el seno de cada familia
-por medio de una buena organización social. Hacer el bien público
-con el menor perjuicio posible de los intereses particulares será el
-espíritu de nuestra conducta; y por lo que a nos toca, como nuestros
-pueblos sean dichosos, en su felicidad cifraremos toda nuestra gloria.
-A este precio ningún sacrificio nos será costoso. Para el bien de la
-España, y no para el nuestro, nos proponemos reinar. El consejo lo
-tendrá entendido, y lo comunicará a nuestros pueblos. — Yo el rey. —
-En Bayona a 10 de junio de 1808. — Al decano del consejo.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-10" id="Ap_4-10">4-10</a>.</h3>
-
-<p><i>Este discurso está inserto en el suplemento a la Gaceta de Madrid
-del 21 de junio de 1808</i>.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-11" id="Ap_4-11">4-11</a>.</h3>
-
-<p>Señor: todos los españoles que componen la comitiva de sus AA. RR.
-los príncipes Fernando, Carlos y Antonio, noticiosos por los papeles
-públicos de la instalación de la persona de V. M. C. en el trono de
-la patria de los exponentes, con el consentimiento de toda la nación,
-procediendo consecuentes al voto unánime, manifestado al emperador
-y rey en la nota adjunta, de permanecer españoles sin sustraerse de
-sus leyes<span class="pagenum" id="Page_cxix">p. cxix</span> en
-modo alguno, antes bien queriendo siempre subsistir sumisos a ellas,
-consideran como obligación suya muy urgente la de conformarse con el
-sistema adoptado por su nación, y rendir como ella sus más humildes
-homenajes a V. M. C., asegurándole también la misma inclinación, el
-mismo respeto y la misma lealtad que han manifestado al gobierno
-anterior, de la cual hay las pruebas más distinguidas; y creyendo
-que esta misma fidelidad pasada será la garantía más segura de la
-sinceridad de la adhesión que ahora manifiestan, jurando como juran
-obediencia a la nueva constitución de su país, y fidelidad al rey de
-España José I.</p>
-
-<p>La generosidad de V. M. C., su bondad y su humanidad, les hacen
-esperar que considerando la necesidad que estos príncipes tienen de
-que los exponentes continúen sirviéndoles en la situación en que se
-hallan, se dignará V. M. C. confirmar el permiso que hasta ahora han
-tenido de S. M. I. y R. para permanecer aquí: y asimismo continuarles
-por atención a los mismos príncipes con igual magnanimidad el goce de
-los bienes y empleos que tenían en España, con las otras gracias que a
-petición suya les tiene concedidas S. M. I. y R., hermano augusto de V.
-M. C., y constan de la adjunta nota que tienen el honor de presentar a
-los pies de V. M. C. con la más humilde súplica.</p>
-
-<p>Una vez asegurados por este medio de que sirviendo a sus AA. RR.
-serán considerados como vasallos fieles de V. M. C. y como españoles
-verdaderos, prontos a obedecer ciegamente la voluntad de V. M. C. hasta
-en lo más mínimo; si se les quisiese dar otro destino participarán
-completamente de la satisfacción de todos sus compatriotas, a quienes
-debe hacer dichosos para siempre un monarca tan justo, tan humano y tan
-grande en todo sentido como V. M. C.</p>
-
-<p>Ellos dirigen a Dios los votos más fervorosos y unánimes para
-que se verifiquen estas esperanzas, y para<span class="pagenum"
-id="Page_cxx">p. cxx</span> que Dios se digne conservar por muchos
-años la preciosa vida de V. M. C. En fin, con el más profundo y más
-sincero respeto, tienen el honor de ponerse a los pies de V. M. C.
-sus más humildes servidores y fieles súbditos en nombre de todas las
-personas de la comitiva de los príncipes. — El duque de San Carlos,
-Don Juan Escóiquiz, el marqués de Ayerbe, el marqués de Feria, Don
-Antonio Correa, Don Pedro Macanaz. — Valençay 22 de junio de 1808. —
-(<i>Llorente, tom. 1.º pág. 105.</i>)</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-12" id="Ap_4-12">4-12</a>.</h3>
-
-<p>He recibido con sumo gusto la carta de V. M. I. y R. de 15 del
-corriente, y le doy gracias por las expresiones afectuosas con que me
-honra, y con las cuales yo he contado siempre. Las repito a V. M. I.
-por su bondad en favor de la solicitud del duque de San Carlos y de Don
-Pedro Macanaz, que tuve el honor de recomendar. Doy muy sinceramente
-en mi nombre y de mi hermano y tío a V. M. I. la enhorabuena de la
-satisfacción de ver instalado a su querido hermano en el trono de
-España. Habiendo sido objeto de todos nuestros deseos la felicidad de
-la generosa nación que habita su vasto territorio, no podemos ver a la
-cabeza de ella un monarca más digno, ni más propio por sus virtudes
-para asegurársela, ni dejar de participar al mismo tiempo del grande
-consuelo que nos da esta circunstancia. Deseamos el honor de profesar
-amistad con S. M., y este afecto nos ha dictado la carta adjunta que
-me atrevo a incluir, rogando a V. M. I. que después de leída se digne
-presentarla a S. M. C. Una mediación tan respetable nos asegura que
-será recibida con la cordialidad que deseamos. Sire: perdonad una
-libertad que nos tomamos, por la confianza sin límites que V. M. I.
-nos ha inspirado. Y con la seguridad de todo nuestro afecto y respeto,
-permitid que<span class="pagenum" id="Page_cxxi">p. cxxi</span>
-yo le renueve los más sinceros e invariables sentimientos, con los
-cuales tengo el honor de ser, Sire, de V. M. I. y R. su muy humilde y
-muy obediente servidor. — Fernando. — (<i>Llorente, tom. 1.º, pág.
-102.</i>)</p>
-
-<p><span class="sc">Nota</span>.&#160; <i>La carta escrita a José que
-se cita en la anterior, la oyeron todos los diputados de Bayona y se
-quedó con el original Don Miguel José de Azanza</i>.</p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-13" id="Ap_4-13">4-13</a>.</h3>
-
-<p><i>En la Gaceta de Madrid del 13 de julio de 1808 y
-siguientes.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-14" id="Ap_4-14">4-14</a>.</h3>
-
-<p><i>Marqués de San Felipe, en sus Comentarios, año de 1700.</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-15" id="Ap_4-15">4-15</a>.</h3>
-
-<p class="subh3"><i>Capitulaciones ajustadas entre los respectivos
-generales de los ejércitos español y francés.</i></p>
-
-<p>«Los Excmos. Sres. conde de Tilly, y Don Francisco Javier Castaños
-general en jefe del ejército de Andalucía, queriendo dar una prueba
-de su alta estimación al Excmo Sr. general Dupont, grande águila de
-la legión de honor &amp;c., así como al ejército de su mando por la
-brillante y gloriosa defensa que han hecho contra un ejército muy
-superior en número, y que le envolvía por todas partes, y el Sr.
-general Chabert encargado con plenos poderes por S. E. el Sr. general
-en jefe del ejército francés, y el Excmo. Sr. general Marescot grande
-águila &amp;c., han convenido en los artículos siguientes:</p>
-
-<p>1.º&#160; Las tropas del mando del Excmo. Sr. general Dupont quedan
-prisioneras de guerra, exceptuando la división de Vedel y otras tropas
-francesas que se hallan igualmente en Andalucía.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_cxxii">p. cxxii</span>2.º&#160; La
-división del general Vedel, y generalmente las demás tropas francesas
-de la Andalucía que no se hallan en la posición de las comprendidas en
-el artículo antecedente, evacuarán la Andalucía.</p>
-
-<p>3.º&#160; Las tropas comprendidas en el artículo 2.º conservarán
-generalmente todo su bagaje; y para evitar todo motivo de inquietud
-durante su viaje dejarán su artillería, tren y otras armas al
-ejército español, que se encarga de devolvérselas en el momento de su
-embarque.</p>
-
-<p>4.º&#160; Las tropas comprendidas en el artículo 1.º del tratado
-saldrán del campo con los honores de la guerra, dos cañones a la cabeza
-de cada batallón y los soldados con sus fusiles que se rendirán y
-entregarán al ejército español a cuatrocientas toesas del campo.</p>
-
-<p>5.º&#160; Las tropas del general Vedel y otras que no deben
-rendir sus armas, las colocarán en pabellones sobre su frente de
-banderas, dejando del mismo modo su artillería y tren, formándose el
-correspondiente inventario por oficiales de ambos ejércitos, y todo les
-será devuelto, según queda convenido en el artículo 3.º</p>
-
-<p>6.º&#160; Todas las tropas francesas de Andalucía pasarán a Sanlúcar
-y Rota por los tránsitos que se les señale, que no podrán exceder
-de cuatro leguas regulares al día con los descansos necesarios para
-embarcarse en buques con tripulación española, y conducirlos al puerto
-de Rochefort en Francia.</p>
-
-<p>7.º&#160; Las tropas francesas se embarcarán así que lleguen al
-puerto de Rota, y el ejército español garantirá la seguridad de su
-travesía contra toda empresa hostil.</p>
-
-<p>8.º&#160; Los señores generales, jefes y demás oficiales conservarán
-sus armas, y los soldados sus mochilas.</p>
-
-<p>9.º&#160; Los alojamientos, víveres y forrajes durante la
-marcha y travesía se suministrarán a los señores generales y demás
-oficiales, así como a la tropa a proporción<span class="pagenum"
-id="Page_cxxiii">p. cxxiii</span> de su empleo, y con arreglo a los
-goces de las tropas españolas en tiempo de guerra.</p>
-
-<p>10.&#160; Los caballos que según sus empleos corresponden a los
-señores generales, jefes y oficiales del estado mayor se transportarán
-a Francia mantenidos con la ración de tiempo de guerra.</p>
-
-<p>11.&#160; Los señores generales conservarán cada uno un coche y un
-carro; los jefes y oficiales de estado mayor un coche solamente exentos
-de reconocimiento, pero sin contravenir a los reglamentos y leyes del
-reino.</p>
-
-<p>12.&#160; Se exceptúan del artículo antecedente los carruajes
-tomados en Andalucía, cuya inspección hará el general Chabert.</p>
-
-<p>13.&#160; Para evitar la dificultad del embarque de los caballos
-de los cuerpos de caballería y los de artillería comprendidos en el
-artículo 2.º, se dejarán unos y otros en España pagando su valor, según
-el aprecio que se haga por dos comisionados español y francés.</p>
-
-<p>14.&#160; Los heridos y enfermos del ejército francés que queden
-en los hospitales, se asistirán con el mayor cuidado y se enviarán a
-Francia con escolta segura, así que se hallen buenos.</p>
-
-<p>15.&#160; Como en varios parajes, particularmente en el ataque
-de Córdoba, muchos soldados a pesar de las órdenes de los señores
-generales y del cuidado de los señores oficiales, cometieron excesos
-que son consiguientes e inevitables en las ciudades que hacen
-resistencia al tiempo de ser tomadas, los señores generales y demás
-oficiales tomarán las medidas necesarias para encontrar los vasos
-sagrados que pueden haberse quitado y entregarlos si existen.</p>
-
-<p>16.&#160; Los empleados civiles que acompañan al ejército francés no
-se considerarán prisioneros de guerra, pero sin embargo gozarán durante
-su transporte a Francia todas las ventajas concedidas a las tropas
-francesas, con proporción a sus empleos.</p>
-
-<p>17.&#160; Las tropas francesas empezarán a evacuar la<span
-class="pagenum" id="Page_cxxiv">p. cxxiv</span> Andalucía el día 23 de
-julio. Para evitar el gran calor se efectuará por la noche la marcha, y
-se conformarán con la jornada diaria, que arreglarán los señores jefes
-del estado mayor español y francés, evitando el que las tropas pasen
-por las ciudades de Córdoba y Jaén.</p>
-
-<p>18.&#160; Las tropas francesas en su marcha irán escoltadas de tropa
-española, a saber: 300 hombres de escolta por cada columna de 3000
-hombres, y los señores generales serán escoltados por destacamentos de
-caballería de línea.</p>
-
-<p>19.&#160; A la marcha de las tropas precederán siempre los
-comisionados español y francés para asegurar los alojamientos y víveres
-necesarios, según los estados que se les entregarán.</p>
-
-<p>20.&#160; Esta capitulación se enviará desde luego a S. E. el duque
-de Rovigo general en jefe de los ejércitos franceses en España, con un
-oficial francés escoltado por tropa de línea española.</p>
-
-<p>21.&#160; Queda convenido entre los dos ejércitos que se añadirán
-como suplemento a esta capitulación los artículos de cuanto pueda
-haberse omitido para aumentar el bien estar de los franceses durante su
-permanencia y pasaje en España. — Firmado.»</p>
-
-
-<p class="subh3c"><i>Artículos adicionales igualmente
-autorizados.</i></p>
-
-<p>1.º&#160; Se facilitarán dos carretas por batallón para transportar
-las maletas de los señores oficiales.</p>
-
-<p>2.º&#160; Los señores oficiales de caballería de la división del
-señor general Dupont conservarán sus caballos solamente para hacer su
-viaje y los entregarán en Rota, punto de su embarco, a un comisionado
-español encargado de recibirlos. La tropa de caballería de guardia del
-señor general en jefe gozará la misma facultad.</p>
-
-<p>3.º&#160; Los franceses enfermos que están en la Mancha<span
-class="pagenum" id="Page_cxxv">p. cxxv</span> así como los que haya
-en Andalucía, se conducirán a los hospitales de Andújar, u otro que
-parezca más conveniente.</p>
-
-<p>Los convalecientes les acompañarán a medida que se vayan curando;
-se conducirán a Rota, donde se embarcarán para Francia bajo la misma
-garantía mencionada en el artículo 6.º de la capitulación.</p>
-
-<p>4.º&#160; Los Excmos. Sres. conde de Tilly y general Castaños,
-prometen interceder con su valimiento para que el señor general
-Erselinaut, el señor coronel La Grange y el señor teniente coronel
-Roseti, prisioneros de guerra en Valencia, se pongan en libertad, y
-conduzcan a Francia bajo la misma garantía expresada en el artículo
-anterior. — Firmado. — <i>(Véase la Lealtad española, tom.
-2.º)</i></p>
-
-
-<h3><span class="sc">Número</span> <a href="#Ll_4-16" id="Ap_4-16">4-16</a>.</h3>
-
-<p><i>Mémoires du duc de Rovigo, volum. 3, cap. 18.</i></p>
-
-
-<p class="fin"><span class="sc">Fin del tomo I.</span></p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<hr class="full" />
-
-<div lang='en' xml:lang='en'>
-<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA (1 DE 5)</span> ***</div>
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-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg&#8482;
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-Project Gutenberg&#8482; is synonymous with the free distribution of
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-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
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-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org.
-</div>
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-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
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-The Foundation&#8217;s business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation&#8217;s website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-</div>
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-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
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