summaryrefslogtreecommitdiff
path: root/old/66023-0.txt
diff options
context:
space:
mode:
Diffstat (limited to 'old/66023-0.txt')
-rw-r--r--old/66023-0.txt11403
1 files changed, 0 insertions, 11403 deletions
diff --git a/old/66023-0.txt b/old/66023-0.txt
deleted file mode 100644
index 5207c2d..0000000
--- a/old/66023-0.txt
+++ /dev/null
@@ -1,11403 +0,0 @@
-The Project Gutenberg eBook of Tragedias, by Esquilo
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: Tragedias
-
-Author: Esquilo
-
-Translator: Fernando Segundo Brieva Salvatierra
-
-Release Date: August 9, 2021 [eBook #66023]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from
- images generously made available by The Internet
- Archive/Canadian Libraries)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK TRAGEDIAS ***
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_, las negritas entre
- =iguales= y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS. Las
- acotaciones escénicas aparecen entre ~virgulillas~.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del texto original ha sido respetada, con
- normalización de las variantes a la grafía más frecuente.
-
- * No obstante, se han puesto tildes a ciertas mayúsculas que las
- necesitaban y se ha completado el emparejamiento de los signos de
- exclamación e interrogación.
-
- * Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas tras el
- párrafo que contiene la llamada.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-
-_TRAGEDIAS DE ESQUILO_
-
-
-
-
- _ESQUILO_
-
- _Tragedias_
-
- _Versión directa del griego por D.
- Fernando Segundo Brieva Salvatierra_
-
- [Ilustración]
-
- _Universidad Nacional
- de México._
- =_1921_=
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-_NOTA PRELIMINAR_
-
-
-La tragedia griega se ocupa --más directamente que la epopeya y la
-lírica-- en los problemas de la vida, en el misterio que rodea a la
-voluntad humana, en las leyes superiores que presiden nuestros destinos.
-
-Florece en el siglo V, antes de Cristo, y se derivó del ditirambo, coro
-en el culto de Dionisos (Baco), que se distinguió por su exaltación
-y violencia de sentimientos dolorosos. Los cantores simulaban ser
-sátiros y demás entidades del cortejo de Dionisos, y se entregaban a
-apasionadas lamentaciones con motivo de los patéticos episodios de
-la leyenda del dios. Con el tiempo, este coro vino a ser precedido
-por un recitado en que acaso se exponía algún trance doloroso de la
-divinidad; más tarde el narrador se tornó actor; además de los mitos
-báquicos se utilizaron los de otros dioses y héroes; y desapareció el
-coro de sátiros que no tenía ya razón de ser en leyendas diversas del
-culto de los viñadores y se le relegó el drama satírico. El ditirambo
-al evolucionar pierde su carácter lírico y se vuelve dramático: la
-acción o trama se precisa y Esquilo finalmente da a la tragedia griega
-su forma definitiva, como Lope de Vega hizo con la comedia española.
-
-La tragedia no perdió nunca su carácter religioso; no fué sino un
-acto público por medio del cual la ciudad procuraba tener propicio
-al dios. La organizaban magistrados y se representaba únicamente en
-las fiestas de Baco (en Atenas --donde florece de modo exclusivo--
-durante las Grandes Dionisíacas, las Leneas y las Pequeñas Dionisíacas
-o Dionisíacas de los demos o barrios). Así pues, la tragedia difiere
-totalmente de nuestro drama moderno.
-
-“Un bello espectáculo religioso, danzas, cantos, una acción simple y
-fuerte, he aquí lo que el público pedía;”[1] y he aquí, cabe agregar,
-lo que comprendía una tragedia griega. Acaso la humanidad no ha vuelto
-a tener nunca espectáculo tan magnífico: en el que, dentro de la mayor
-simplicidad de concepción, se sucedían las danzas austeras del coro,
-los cantos líricos al son de la flauta, las exclamaciones orgullosas de
-algún rey insensato, a quien los dioses enloquecen antes de perder.
-
- [1] A. y M. Croiset, _Histoire de la Littérature Grecque_, tomo III.
-
-Esquilo ennobleció la tragedia; la purificó de elementos extraños y la
-hizo apta para recibir y contener el más alto pensamiento filosófico
-y religioso. Nació en Eleusis --Ática-- el año de 525 antes de Cristo.
-Era _eupátrida_, es decir, noble; y se distinguió como soldado en la
-guerra contra los persas, que invadían Grecia con el propósito de
-conquistarla. Combatió en Marathón, Salamina y Platea, y estas jornadas
-gloriosas dejaron honda huella en las ideas centrales de su obra.
-Comienza su carrera literaria a los veintiséis años. El número de sus
-obras, según Suidas, era de noventa. Sólo nos restan siete tragedias,
-algunos títulos de otras y fragmentos. En las fiestas de Dionisos
-se celebraban concursos trágicos; cada concurrente presentaba tres
-tragedias y un drama satírico; el _arconte_ concedía o negaba el coro,
-con lo cual se representaban las obras de los vencedores. Esquilo fué
-premiado en doce concursos por lo menos. Viajó tal vez por Tracia, y
-de seguro por Sicilia. Murió en esta isla, en Gela, año de 456 antes de
-Cristo.
-
-Esquilo tomó sus asuntos del acervo de leyendas y mitos homéricos. No
-es tampoco un pensador original en el sentido de que haya descubierto
-nuevos sistemas filosóficos. Para él la fatalidad está por encima de
-las pasiones humanas y del capricho de los dioses. Nuestros destinos,
-al igual que el reinado de Zeus, están sometidos a una ley superior
-y misteriosa. Por sobre la divina inconciencia de los protagonistas,
-el autor recuerda a los espectadores que nuestras acciones tienen un
-sentido oculto, y que fatalmente nos apresuramos a nuestra ruina y
-total aniquilamiento cuando impíamente pensamos escapar al destino.
-La terrible fatalidad pesa no sólo sobre los individuos, sino también
-sobre las familias enteras, y así presenciamos, en la casa de los
-Labdácidas y los Atridas, la lenta y dolorosa expiación de un antiguo
-crimen.
-
-Un hondo sentimiento religioso y un exaltado amor patrio animan toda
-la obra de Esquilo. Sin duda constituyen su auditorio atenienses
-que van olvidando ya las virtudes antiguas, generaciones escépticas
-que comienzan a perder el sentido de la seriedad de la vida y de la
-dolorosa corriente de los sucesos.
-
- _Julio Torri._
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-_PROMETHEO ENCADENADO_
-
-
-~Aparecen CRATOS y BÍA, HEFESTOS y PROMETHEO~
-
-CRATOS
-
-Ya estamos en el postrer confín de la tierra, en la región escytha,
-en un yermo inaccesible. Impórtate, pues, Hefestos, cuidar de las
-órdenes que te dió padre; amarrar a este alborotador del pueblo al alto
-precipicio de esas rocas con invencibles trabas de diamantinos lazos.
-Pues hurtó tu atributo, el fulgurante fuego, universal artífice, y lo
-entregó a los mortales, por que así aprenda a llevar de buen grado la
-dominación de Zeus, y dejarse de aficiones philantrópicas.
-
-HEFESTOS
-
-Cratos y Bía, cumplido está por vuestra parte el decreto de Zeus, y
-nada os embaraza ya. Cobarde ando yo para encadenar en este precipicio
-que azotan las tormentas, a un dios de mi propia sangre; puesto que
-fuerza me es tal osadía; que es grave cosa acudir con tibieza a los
-mandatos de padre. Mal que a los dos pese, Prometheo, hijo magnánimo
-de la consejera Themis, te ataré con broncíneos e indisolubles nudos
-a este risco apartado de toda humana huella; donde jamás llegará a ti
-figura ni voz de mortal alguno, sino que tostado de los lucientes rayos
-del sol, mudarás las rosas de la tez. Vendrá la noche, ansiada de ti,
-y te ocultará la luz con su estrellado manto; de nuevo enjugará el
-sol el rocío de la mañana; pero el dolor del presente mal te abrumará
-sin tregua, que aún no ha nacido tu libertador. He ahí lo que te has
-granjeado con tu philanthrópica solicitud! Dios como eres, sin temer la
-cólera de los dioses, a los mortales honraste más de lo debido, y en
-pago guardarás esta desapacible roca, en pie derecho, sin dormir, sin
-tomar descanso; y vano será que lances muchos lamentos y gemidos, que
-son recias de mover las entrañas de Zeus, y tirano nuevo siempre duro.
-
-CRATOS
-
-¡Eh, basta! ¿A qué es vacilar y lamentarse en balde? ¿Cómo no abominas
-al dios más aborrecido de los dioses, a quien entregó tu atributo a los
-mortales?
-
-HEFESTOS
-
-¡Son tan poderosos la sangre y el trato!
-
-CRATOS
-
-Concedo. Mas ¿cómo te será dado desobedecer los mandatos de padre? ¿No
-temes más esto?
-
-HEFESTOS
-
-Siempre fuiste sin misericordia y lleno de ferocidad.
-
-CRATOS
-
-No es remedio lamentarle. No te canses, pues, necio, en lo que nada
-aprovecha.
-
-HEFESTOS
-
-¡Oh maniobra aborrecidísima!
-
-CRATOS
-
-¿Por qué la detestas? que cierto es que tu arte no tiene culpa de los
-males presentes.
-
-HEFESTOS
-
-Con todo ello, así a otro cualquiera le hubiese tocado en suerte, que
-no a mí.
-
-CRATOS
-
-Todo es dado a los dioses menos el imperio; sólo Zeus es libre.
-
-HEFESTOS
-
-Lo conozco, y nada tengo que replicar.
-
-CRATOS
-
-¿Por qué, pues, no te das prisa a rodearle la cadena? No te vea padre
-reacio.
-
-HEFESTOS
-
-Prontas están las esposas, que se pueden ver.
-
-CRATOS
-
-Tómalas, pues; martíllalas junto a las manos con toda tu fuerza, y
-clávalas a la roca.
-
-HEFESTOS
-
-Ya está terminada esa faena, y bien pronto.
-
-CRATOS
-
-Remacha más; aprieta, que nunca se afloje: que es diestro en encontrar
-salidas aun de lo imposible.
-
-HEFESTOS
-
-Sujeto queda este brazo indisolublemente.
-
-CRATOS
-
-Y ahora este otro; sujétale con la anilla; firme, porque aprenda que es
-un buscador de ardides menos diestro que Zeus.
-
-HEFESTOS
-
-Sino es él, nadie con razón podría quejarse de mí.
-
-CRATOS
-
-Híncale duro en medio del pecho el fiero diente de diamantina cuña.
-
-HEFESTOS
-
-¡Ay, Prometheo, cómo lloras tus trabajos!
-
-CRATOS
-
-¿De nuevo andas vacilando y lloras a los enemigos de Zeus? ¡que no te
-lastimes de ti algún día!
-
-HEFESTOS
-
-Estás viendo ante tus ojos espectáculo horrendo de ver.
-
-CRATOS
-
-Estoy viendo a ése llevar su merecido. Conque échale una cadena a los
-costados.
-
-HEFESTOS
-
-Fuerza me es hacerlo; no porfíes más.
-
-CRATOS
-
-Pues todavía te mandaré más, y te apretaré con mis voces. Ve por
-debajo, y átale fuerte las piernas.
-
-HEFESTOS
-
-Hecho está ya, y no en mucho tiempo.
-
-CRATOS
-
-Remacha ahora los clavos en los agujeros de los grillos, firme; que es
-severo el veedor de esta obra.
-
-HEFESTOS
-
-Cual es tu rostro, así habla tu lengua.
-
-CRATOS
-
-Tú ablándate, mas no me dés en cara con la arrogancia y aspereza de mi
-condición.
-
-HEFESTOS
-
-Pues ya tiene ceñidas a los miembros las cadenas, marchemos.
-
-CRATOS
-
-Insoléntate aquí ahora, y robando sus atributos a los dioses, aplícalos
-a los séres de un día. ¿Quiénes serán los mortales para aliviarte tus
-penas siquiera un punto? Con falso nombre te llaman Prometheo los
-bienaventurados, pues tú mismo necesitas un Prometheo para saber con
-qué traza te desenredarás de este artificio.
-
-~(Vanse CRATOS y BÍA y HEFESTOS.)~
-
-PROMETHEO
-
-¡Oh divino éther, y alígeras auras, y fuentes de los ríos, y perpetua
-risa de las marinas ondas; y tierra, madre común, y tú, ojo del sol
-omnividente; yo os invoco! Vedme cuál padezco, dios como soy, por obra
-de dioses. Contemplad cargado de qué oprobios lucharé por espacio de
-años infinito. ¡Tal infame cadena tuvo para mí el nuevo rey de los
-felices! ¡Ay! ¡que lamento el mal presente y también el futuro! ¿Cuándo
-asomará el término de mis penas? Mas, ¿qué digo? Cuanto ha de suceder,
-bien lo sé de antemano: ningún mal inesperado me avendrá. Forzoso me es
-llevar mi destino lo mejor que pueda, como quien conoce que el rigor
-del hado es invencible. Con todo ello ni puedo hablar de mis desdichas,
-ni soy poderoso a callarlas. Sin ventura yo, que dispensando favores a
-los mortales, sufro ahora el yugo de este suplicio. Tomé en hueca caña
-la furtiva chispa, madre del fuego; lució, maestro de toda industria,
-comodidad grande para los hombres; y de esta suerte pago la pena de
-mis delitos, puesto al raso y en prisiones. ¡Ay de mí! ¿Qué rumor, qué
-invisible perfume me envuelve con sus alas? ¿Es divino o mortal, o uno
-y otro? ¿Viene a esta postrera roca de espectador de mis males, o qué
-quiere en fin? ¡Miradme encadenado, dios infeliz, enemigo de Zeus,
-hecho el odio de cuantos pisan su estancia, por mi extremado amor a los
-mortales! ¡Ah! ¿Qué ruido de aves oigo otra vez junto a mí? Susurra el
-aire con el leve meneo de sus alas. Cuanto se me acerca póneme espanto.
-
-~(Aparecen las OCEÁNIDAS en un carro alado.)~
-
-CORO
-
-Nada temas, que amiga viene a ese risco esta bandada con acelerado
-aleteo. A duras penas persuadí el ánimo de padre; mas al fin las
-veloces auras me han traído. El eco del golpeado hierro penetró en lo
-profundo de mis antros; hízome vencer mi tímida modestia, y sin calzar
-corrí a ti en este alado carro.
-
-PROMETHEO
-
-¡Ay! hijas de la fecunda Tethis, hijas del padre Océano, que se
-revuelve en torno a la tierra con incansable curso; ved, considerad
-qué guardia tan poco envidiable haré en la cima de este precipicio,
-aprisionado con tales cadenas.
-
-CORO
-
-Viéndote estoy, Prometheo, y una nube de temerosas lágrimas cubre mis
-ojos al contemplar tu cuerpo consumido en esas rocas entre afrentosos
-y diamantinos hierros. Nuevos timoneles rigen el Olimpo; Zeus manda a
-su gusto con desaforadas leyes; lo que ayer era grande, desaparecido es
-hoy de ante nuestra vista.
-
-PROMETHEO
-
-¡Y si me hubiese arrojado en las entrañas de la tierra, en lo profundo
-del caliginoso imperio, común hospedaje de los muertos, en el inmenso
-Tártaro, después que me aherrojó con estas bárbaras e indisolubles
-cadenas! De esa suerte, ni dios, ni otro ninguno de los séres se
-recrearía en mis males; pero ahora, ¡desdichado! juguete de los
-vientos, soy con mi padecer regocijo de mis enemigos.
-
-CORO
-
-¿Cuál de los dioses será tan fiero de corazón que se recree en estas
-lástimas? ¿Quién no se dolerá de tus males, si no es Zeus? Él, que
-airado siempre, siempre recio de condición, oprime al celeste linaje,
-y que no cederá mientras no sacie su encono, o por ventura alguno con
-cualquiera industria no le arranque un poder difícil de arrebatar.
-
-PROMETHEO
-
-Y en verdad que afrentado y todo como estoy con estas viles cadenas
-que amarran mis miembros, todavía el rey de los bienaventurados
-habrá necesidad de mí, porque le haga parar mientes en una su nueva
-resolución que le ha de privar del cetro y sus honores. Y no me
-ablandará con encantadas y melosas frases, ni por temor a fieros y
-amenazas se lo he de descubrir, en tanto que no me suelte de estos
-ásperos hierros, y me dé satisfacción de este ultraje.
-
-CORO
-
-¡Siempre temerario! ¡Ni aun en estos acerbos pesares desmayas un punto!
-Pero eres demasiado suelto de lengua. Temo por tu suerte, y penetrante
-terror conturba mi ánimo. ¿Cuándo te verás en el puerto tocando al
-término de tus desdichas? Que el hijo de Cronos es de natural adusto y
-duro de corazón.
-
-PROMETHEO
-
-Sé que es áspero, y que hace ley de su albedrío; mas algún día será
-blando de entrañas cuando de esta misma suerte sea tundido por la
-desdicha, y entonces bajará su indomable orgullo, y solícito cual yo,
-vendrá a mi amistad y concierto.
-
-CORO
-
-Descúbrenoslo todo; cuéntanos en qué delito te cogió Zeus para
-castigarte tan afrentosa y cruelmente. Habla, si no ha de apenarte su
-relato.
-
-PROMETHEO
-
-Doloroso me es de referir; dolor callar; de cualquier modo desdicha.
-Luego que nació el odio en los inmortales, alzóse la discordia entre
-ellos. Quiénes querían derribar a Cronos del trono, y que Zeus
-reinase; quiénes, al contrario, esforzábanse por que jamás llegase a
-imperar sobre los dioses. En este trance, en vano yo con mejor consejo
-traté de persuadirlos; no lo conseguí. Despreciando los hijos del cielo
-y de la tierra, los Titanes, con altanero ánimo, industria y maña,
-jactábanse de alcanzarlo sin fatiga por sólo la fuerza. Pero ya mi
-madre Themis, la Tierra, un solo sér con multitud de nombres, habíame
-profetizado, y no una vez sola, que no con fuerzas y violencias se
-había de alcanzar la victoria, mas con la astucia. Tal les mostré con
-razones, y ni aun se dignaron mirarme. En resolución, que puesto en
-esto, me pareció lo mejor tomar conmigo a mi madre y acudir de grado
-al deseo de Zeus. Gracias a mí, los caliginosos senos del profundo
-Tártaro encierran hoy al antiguo Cronos y a sus defensores. Y ahora,
-ese tirano de los dioses, favorecido por mí con tales servicios, con
-esta fementida paga me corresponde: que es achaque de la tiranía no
-fiarse de los amigos. A lo que me demandabais, por qué así me afrenta,
-yo os satisfaré. Tan pronto como el nuevo señor se sentó en el paterno
-trono, luego repartió entre los dioses a cada cual su merced, y ordenó
-el imperio; mas para nada tuvo cuenta con los míseros mortales; antes
-bien, imaginaba aniquilarlos y crear una nueva raza. Ninguno le salió
-al paso en sus intentos, sino fuí yo. Yo me arresté; yo libré a los
-mortales de ser precipitados hechos polvo en el Hades profundo. Por
-esto me veo ahora abrumado con tan fieros tormentos, dolorosos de
-sufrir, lastimosos de ver. Movíme a piedad de los hombres, y no soy
-tenido por digno de ella, mas tratado sin misericordia. ¡Espectáculo
-ignominioso para Zeus!
-
-CORO
-
-De férreas entrañas será y hecho de dura roca quien no se ablande con
-tus quebrantos. ¡Quién no los hubiese visto, que en el alma me duele
-verlos!
-
-PROMETHEO
-
-Cierto que para los amigos debo de estar miserable de ver.
-
-CORO
-
-¿Pero no fuiste más allá con tus propósitos?
-
-PROMETHEO
-
-Por mí han dejado los mortales de mirar con terror a la Muerte.
-
-CORO
-
-¿Y qué remedio encontraste contra ese fiero mal?
-
-PROMETHEO
-
-Hice habitar entre ellos la ciega Esperanza.
-
-CORO
-
-Grande bien es ese que dispensaste a los mortales.
-
-PROMETHEO
-
-Pues sobre esto, además, puse el fuego en sus manos.
-
-CORO
-
-¿Y ahora poseen el esplendente fuego los séres de un día?
-
-PROMETHEO
-
-Por él aprenderán muchas artes.
-
-CORO
-
-¡Y por esos crímenes te trata Zeus tan afrentosamente! ¡y ni aun te
-rebaja un punto la pena! Pero ¿no hay señalado término alguno a tu
-aflicción?
-
-PROMETHEO
-
-Ningún otro sino cuando a él le parezca.
-
-CORO
-
-¿Y cuándo le parecerá? ¿Cuál es tu esperanza? ¿No ves que has errado?
-Mas decir que erraste, a mí no me es grato y a ti ha de dolerte.
-Dejémos esto, y busca alguna salida a tus desventuras.
-
-PROMETHEO
-
-Cómodo es a quien tiene el pie fuera de males dar consejos y
-advertencias al que los pasa. Todo eso ya lo sabía yo. De voluntad
-erré, de voluntad; no lo negaré. Favoreciendo a los mortales me buscaba
-trabajos, mas no podía imaginarme que con tal suplicio me había de
-consumir en esta altiva roca, teniendo por morada el solitario yermo de
-este monte. Pero no lloréis mis males presentes. Echad pie a tierra, y
-escuchad las desdichas que me amenazan, porque lo sepáis todo hasta el
-fin. Venid, venid en lo que os pido, doleos ahora con quien se duele;
-que el infortunio, vagando en torno nuestro, ahora se acerca a uno,
-ahora a otro.
-
-CORO
-
-No lo dices a esquivas, Prometheo. Con leve planta dejo el ligero carro
-y el éther, pura región de las aves, y desciendo a este escarpado
-risco; que deseo oír todas tus cuitas.
-
-~(Aparece el OCÉANO en un carro alado.)~
-
-OCÉANO
-
-A ti vengo, Prometheo, haciendo una larga jornada en este alado
-monstruo, que rijo sin otro freno que mi voluntad. Porque ten entendido
-que me duelo de tus desgracias. A ello me obliga la sangre; así lo
-juzgo; pero, fuera del parentesco, no hay quien tenga en mi amistad
-más parte que tú. Ya verás tú cómo es verdad esto que digo, y que no
-está en mi genio hablar vano y lisonjero de favores. Conque anda; dime
-en qué se te puede favorecer. Jamás podrás decir que hubo para ti un
-amigo más firme que el Océano.
-
-PROMETHEO
-
-¡Bah! ¿qué es esto? ¿También tú vienes de espectador de mis males?
-¿Cómo te has atrevido a dejar la corriente de tu nombre y tus nativos y
-roqueros antros para venir a la tierra madre del hierro? ¿Llegaste a mí
-curioso de mi suceso, o compasivo de mis desdichas? ¡Contempla, pues,
-un espectáculo! ¡Mira a este amigo de Zeus, que le ayudó a afirmar su
-tiranía, de qué rigores se ve oprimido!
-
-OCÉANO
-
-Viéndote estoy, Prometheo, y aunque seas tan avisado, todavía quiero
-aconsejarte lo que te estará mejor. Reconócete, y pues que hay nuevo
-tirano entre los dioses, muda tú también de procederes. Porque si
-así lanzas ásperos y punzantes dicterios, con estar Zeus sentado tan
-alto y lejos de ti, pudiera oírte de modo que el rigor del presente
-mal le tuvieras por juego. Conque deja esa arrogancia, desdichado,
-y aplícate al remedio de tu miseria. Quizá te parezca que esto que
-digo son vejeces; pero estos premios vienen, Prometheo, de una lengua
-demasiado jactanciosa. Tú no eres nada humilde, ni cedes a los males;
-antes quieres sobre los presentes traerte otros. Mas si te aprovechas
-de mis lecciones, no obrarás en tu propio mal, considerando que reina
-un monarca duro y nada sujeto a dar razón de sus obras. Y ahora parto,
-y probaré si puedo librarte de estos males. Tú, aquiétate y no seas
-demasiado atrevido de lengua; pues, ¿no sabes, discreto por extremo
-como sin disputa eres, que el castigo marca la lengua temeraria?
-
-PROMETHEO
-
-Dígote que eres feliz, porque después de haber osado tomar parte
-conmigo en mis penas, aún estás sin que Zeus te culpe. Mas déjalo ya;
-no te dé cuidado. En manera alguna le persuadirías; que no es blando
-de persuadir. Y tú ándate con tiento, mirando bien no te acarree algún
-daño esta jornada.
-
-OCÉANO
-
-Mejor consejero eres de los demás, con mucho, que no de ti propio; con
-hechos, no con palabras, lo atestiguo. Pero no me estorbes que corra
-solícito. Me precio, me precio, sí, de que Zeus me otorgará la gracia
-de alzarte esta pena.
-
-PROMETHEO
-
-Gracias, te lo agradezco, y nunca jamás dejaré de agradecértelo; porque
-en verdad que no omites diligencia. Pero no te molestes, pues cuando
-quisieras procurar algo por mí, cansaríaste en balde, sin aprovecharme
-nada. Conque estate quieto, y hurta el cuerpo al peligro; que, ya que
-soy desdichado, no quisiera por ello que a más que a mí alcanzasen mis
-desdichas. Cierto que no. Ya me traspasa el infortunio de mi hermano
-Atlas, que está a pie firme manteniendo en ambos hombros la columna
-del cielo y la tierra, abrumadora pesadumbre. Ya me lastimo viendo
-derribado por victoriosa fuerza al terrígena habitador de los cilicios
-antros, espantable monstruo de cien cabezas; a Tifón el impetuoso,
-que hizo frente a los dioses. Silbaba muerte por sus horrendas fauces,
-terrífico fulgor centelleaban sus ojos, como si hubiese de derrocar al
-empuje de su brazo la tiranía de Zeus; pero el dardo que jamás duerme,
-vino sobre él. Respirando fuego descendió el rayo, y derribóle de
-su arrogante jactancia. Herido en las entrañas mismas; abrasado por
-la llama; asombrado del trueno, cayó aquel poderoso valor. Y ahora
-yace allá, cuerpo inútil, tendido junto a la angostura del mar, y
-aprisionado bajo las raíces del Etna, de cuyas altas cumbres, donde
-Hefestos forja el hierro candente, romperán un día ríos de fuego que
-devoren con fieras mandíbulas los abundosos y dilatados campos de
-Sicilia. Tal cólera vomitará Tifón con insaciable e igniespirante
-torbellino de ardientes saetas, aún carbonizado por el rayo de Zeus.
-Mas a ti no te falta experiencia, ni necesitas de mis lecciones.
-Guárdate a ti mismo como sabes, que yo apuraré esta mi suerte hasta
-tanto que el ánimo de Zeus no aplaque su cólera.
-
-OCÉANO
-
-¿No conoces, pues, Prometheo, que las razones son médicos del ánimo
-enfermo?
-
-PROMETHEO
-
-Si a tiempo se trata de calmar el corazón; no si se quiere reducirle
-por fuerza cuando el furor le hincha.
-
-OCÉANO
-
-Pero en intentarlo y procurarlo, ¿qué mal ves tú que haya? Dime.
-
-PROMETHEO
-
-Un trabajo excusado y una vana simplicidad.
-
-OCÉANO
-
-Déjame que enferme de ese achaque; que lo mejor para el sabio es no
-parecerlo.
-
-PROMETHEO
-
-Tendríase por mía tu culpa.
-
-OCÉANO
-
-Claro se ve que con esa respuesta me despides.
-
-PROMETHEO
-
-Porque no sea que el dolerte de mí te ponga en enemistad...
-
-OCÉANO
-
-¿Con quién acaba de sentarse en el omnipotente trono, por ventura?
-
-PROMETHEO
-
-Guarda que alguna vez no se irrite su ánimo.
-
-OCÉANO
-
-Maestro es en verdad tu infortunio, Prometheo.
-
-PROMETHEO
-
-Marcha, pues. Tórnate, y mantente en esos pensamientos.
-
-OCÉANO
-
-Lo dices a quien se apresura a ponerlo por obra; que ya este cuadrúpedo
-alado se apresta a surcar la dilatada región del éther, querencioso de
-echarse a descansar en su establo.
-
-~(Vase.)~
-
-CORO
-
-¡Ay Prometheo, acongójanme tus fieras desdichas! Un raudal de lágrimas
-brota de mis piadosos ojos, y baña mis mejillas con sus húmedas
-fuentes. ¡Infelices hazañas son éstas! Reinando con sólo la ley de su
-albedrío, muestra Zeus su soberbio poder a los antiguos dioses.
-
-Ya toda esta región rompe en tristes gemidos, y lloran tu antigua y
-magnífica grandeza y la de tus hermanos, y se duelen de tus lastimosas
-desdichas cuantos mortales habitan el vecino suelo de la sagrada Asia;
-y las vírgenes de la Cólchida, intrépidas en la pelea; y la caterva
-escytha, que en los postreros términos de la tierra ciñen la laguna
-Meotis; y la flor de la belicosa Arabia; y quienes sobre el Cáucaso
-mantienen escarpada fortaleza: fiera gente que brama de furor entre las
-agudas lanzas.
-
-Tan sólo a otro dios había yo visto antes afligido de esa suerte con el
-tormento de ligaduras que jamás se cansan. Al Titán Atlas, que soporta
-sin respiro sobre sus espaldas la inmensa pesadumbre del poderoso
-polo de Uranos. En tanto a sus pies vocean las ondas marinas chocando
-unas con otras; gime el líquido abismo; brama debajo de la tierra el
-caliginoso seno del Hades, y las fuentes de los ríos, de sagradas
-linfas, lloran su miserable angustia.
-
-PROMETHEO
-
-No imaginéis que callo de desdeñoso ni de arrogante, sino que dentro
-en el corazón me devora la pena viéndome así tratado. Pues ¿quién otro
-que yo repartió a esos dioses nuevos todas sus preeminencias? Mas
-callemos esto, que sería contarlo a quienes lo saben, y oíd los males
-de los hombres, y cómo de rudos, que antes eran, hícelos avisados y
-cuerdos. Lo cual diré yo, no en són de queja contra los hombres, sino
-porque veáis cuánto los regaló mi buena voluntad. Ellos, a lo primero,
-viendo, veían en vano; oyendo, no oían. Semejantes a los fantasmas de
-los sueños, al cabo de siglos aún no había cosa que por ventura no
-confundiesen. Ni sabían de labrar con el ladrillo y la madera casas
-halagadas del sol. Debajo de tierra habitaban a modo de ágiles hormigas
-en lo más escondido de los antros donde jamás llega la luz. No había
-para ellos signo cierto, ni del invierno, ni de la florida primavera,
-ni del verano abundoso en frutos. Todo lo hacían sin tino, hasta tanto
-que no les enseñé yo las intrincadas salidas y puestas de los astros.
-Por ellos inventé los números, ciencia entre todas eminente, y la
-composición de las letras, y la memoria, madre de las Musas, universal
-hacedora. Yo fuí el primero que unció al yugo las bestias fieras, que
-ahora doblan la cerviz a la cabezada, para que sustituyesen con sus
-cuerpos a los mortales en las más recias fatigas. Y puse al carro los
-caballos humildes al freno, ufanía de la opulenta pompa. Ni nadie más
-que yo inventó esos otros carros de alas de lino que surcan los mares.
-¡Y después que tales industrias inventé por los hombres, no encuentro
-ahora, mísero yo, arte alguno que me libre de este daño!
-
-CORO
-
-¡Extraño a no dudar es el que padeces! Apartado de tu buen consejo,
-andas irresoluto. Como un mal médico que enferma, así desmayas tú y no
-aciertas a dar con qué medicinas puedas curarte.
-
-PROMETHEO
-
-Escucha lo que resta y más admirarás aún; qué industrias y salidas
-ideé. Y sobre todo, esto: ¿caían enfermos? pues no había remedio
-ninguno, ni manjar, ni poción, ni bálsamo, sino que se consumían con
-la falta de medicinas, antes de que yo les enseñase las saludables
-preparaciones con que ahora se defienden de todas las enfermedades.
-Yo instituí además los varios modos de adivinación, y fuí el primero
-que distinguió en los sueños cuáles han de tenerse por verdades; y
-díles a conocer los oscuros presagios, y las señales que a las veces
-salen al paso en los caminos. Y definí exacto el vuelo de las aves de
-corvas garras; cuáles son favorables, cuáles adversas; qué estilos
-tiene cada cual de ellas; qué amores, qué odios, qué compañías entre
-sí. Y qué lustre y color necesitan las entrañas, si han de ser aceptas
-a los dioses, y la hermosa y varia forma de la hiel y el hígado. Y
-en fin, echando al fuego los grasientos muslos y el ancho lomo, puse
-a los mortales en camino de arte dificilísimo, y abríles los ojos,
-antes ciegos, a los signos de la llama. Tal fué mi obra. Pues, y las
-preciosidades, ocultas a los hombres en el seno de la tierra: el cobre,
-el hierro, la plata y el oro, ¿quién podría decir que los encontró
-antes que yo? Nadie, que bien lo sé, si ya no quisiere jactarse
-temerario. En conclusión, óyelo todo en junto. Por Prometheo tienen los
-hombres todas las artes.
-
-CORO
-
-No te cuides ahora de ellos fuera de lugar, y te abandones a ti propio
-en el infortunio; que yo tengo buena esperanza de que aún has de ser,
-suelto de esas cadenas, no menos poderoso que Zeus.
-
-PROMETHEO
-
-No tiene decretado todavía que eso suceda el Destino que todo lo
-consuma, sino que después de abrumado de males y tormentos infinitos,
-entonces escaparé de estas prisiones. Y la industria puede mucho menos
-que el Hado.
-
-CORO
-
-Pero... y el timón del Hado ¿quién lo rige?
-
-PROMETHEO
-
-La trimorfe Moira y las memoriosas Erinnas.
-
-CORO
-
-¿Y es Zeus menos poderoso que ellas?
-
-PROMETHEO
-
-Cierto que sí. No podría esquivar la fortuna que le está deparada.
-
-CORO
-
-¿Pues qué le espera a Zeus más que reinar por siempre?
-
-PROMETHEO
-
-Eso no podrías tú llegar a saberlo. No me aprietes a instancias.
-
-CORO
-
-Sagrado secreto debe de ser el que ocultas.
-
-PROMETHEO
-
-Hablad de otro asunto. En manera ninguna es tiempo de publicarlo, antes
-ha de ocultarse todo lo más posible; que como le guarde, yo escaparé de
-estos inmerecidos lazos y miserias.
-
-CORO
-
-Que nunca jamás Zeus, que gobierna todas las cosas, tenga que oponer
-su poder a mi voluntad. Que nunca jamás ande yo tibia en acercarme
-a los dioses con piadosas ofrendas de sacrificados bueyes, junto
-a la inagotable corriente de mi padre el Océano. Ni de palabra le
-ofenda, antes bien manténgase en mí siempre firme este propósito, y no
-desfallezca nunca.
-
-Dulce es caminar una larga vida entre confiadas esperanzas en tanto que
-se apacienta el alma con serenos deleites; pero al contemplarte acabado
-por tormentos sin número, me estremezco de horror. Piadoso en demasía
-fuiste con los mortales, Prometheo, sin temor de Zeus, y siguiendo sólo
-tu natural impulso.
-
-Y bien, ¡mira cuál ingrata es la recompensa! ¿Quién de los séres de un
-día será tu amparo? ¿quién tu escudo? ¿Pues no conocías la menguada
-flaqueza que a modo de un sueño embarga a la ciega raza de los hombres?
-Jamás los consejos de los mortales prevalecerán contra la ordenación de
-Zeus.
-
-Esto me enseña la contemplación de tus fieros infortunios. ¡Cuán
-diverso me suena este canto, de aquel de hymeneo que cantaba en rededor
-de tu baño y lecho con ocasión de tus bodas, cuando persuadida mi
-hermana Hesione de tus presentes, tomástela por esposa y compañera de
-thálamo!
-
-~(Sale IO.)~
-
-IO
-
-¿Qué tierra es ésta? ¿qué gente? ¿A quién diré que estoy viendo
-azotado por la tormenta entre los lazos de esas rocas? ¿Por qué delito
-te acabas en esos rigores? Dime adónde del mundo llega errante ésta
-sin ventura. ¡Ay, ay! ¡Mísera yo! Otra vez el tábano me aguija; el
-espectro del terrígena Argos. ¡Oh tierra, aléjale de mí! En viendo a
-ese pastor de cien ojos, tiemblo de espanto. Ya se acerca con traidora
-mirada. Ni aun después de muerto le esconde la tierra. Tornado a mí
-de lo profundo de los infiernos, me da caza y háceme vagar errante y
-hambrienta por la playa arenosa, mientras la música y encerada fístula
-deja oír su adormecedora cantinela. ¡Ay! ¿Adónde ¡oh dolor! adónde me
-arrastran estas carreras sin término? ¿En qué me hallaste culpada, hija
-de Cronos, que así me amarras al yugo de estas congojas? ¿En qué? ¡Ah!
-¡Y de esta suerte acosas a esta mísera con el furioso aguijón de ese
-tábano que me aterra y enloquece! Abrásame con tu rayo, o sepúltame
-bajo la tierra, o hazme pasto de los monstruos marinos. No rechaces mis
-votos, señor. Harto me ha probado ya este correr sin rumbo, y sin tener
-ni por dónde sepa cómo me libraré de estos dolores.
-
-CORO
-
-¿Oyes el clamor de la bicorne virgen?
-
-PROMETHEO
-
-¿Pues cómo no oír a la doncellita a quien hostiga furioso tábano, a la
-Ináquea? Ella encendió en amores el corazón de Zeus, y aborrecida de
-Hera, es ejercitada bien a su pesar con carreras dilatadísimas.
-
-IO
-
-¿De dónde sabes tú el nombre de mi padre? Dilo a esta infortunada.
-¿Quién eres tú, desventurado, quién eres tú que con tanta verdad hablas
-de sus trabajos a ésta sin ventura? ¿Tú, que has mentado el divino
-azote que me punza con aguijón furioso, y me consume? ¡Ay de mí, que
-perseguida por el airado encono de Hera llego hambrienta y desatentada
-con violentos saltos! ¿Quiénes habrá entre los desdichados que padezcan
-cual yo padezco? Pero dime claro y sin rebozo: ¿qué me espera aún que
-sufrir? ¿Qué socorro, qué remedio hay contra mi mal? Muéstramelo si lo
-sabes. Descúbrete a la mísera virgen errante.
-
-PROMETHEO
-
-Yo te diré claro todo cuanto deseas saber; no envolviéndolo en enigmas,
-sino en puridad. Como es justo abrir la boca entre amigos. Ante tus
-ojos tienes al que dió el fuego a los mortales, a Prometheo.
-
-IO
-
-¡Oh tú que te mostraste auxilio común de los hombres, mísero
-Prometheo!; ¿por qué razón padeces esos ultrajes?
-
-PROMETHEO
-
-Poco ha que acababa su relación lastimosa.
-
-IO
-
-Así pues, ¿no me concederías a mí también la gracia?...
-
-PROMETHEO
-
-Di cuál es la que pides; que no habrá cosa que yo no te diga.
-
-IO
-
-Dime quién te encadenó a ese risco.
-
-PROMETHEO
-
-El decreto de Zeus y la mano de Hefestos.
-
-IO
-
-Mas ¿por qué delito estás cumpliendo esa pena?
-
-PROMETHEO
-
-Tan sólo con lo que te he indicado te basta.
-
-IO
-
-Muéstrame a lo menos siquiera cuándo llegará el término del errante
-correr de ésta sin ventura.
-
-PROMETHEO
-
-Mejor que saberlo te es ignorarlo.
-
-IO
-
-No, no me ocultes lo que aún tengo que padecer.
-
-PROMETHEO
-
-Pero no te envidio el presente.
-
-IO
-
-En fin, ¿por qué tardas en decírmelo todo?
-
-PROMETHEO
-
-No es mala voluntad de mi parte, sino que temo herirte el corazón.
-
-IO
-
-No mires por mí más de lo que yo quisiera.
-
-PROMETHEO
-
-¿Lo quieres? Fuerza será hablar. Escucha, pues.
-
-CORO
-
-Todavía no. Dame a mí también parte en tus mercedes. Sepamos primero
-por ésta la historia de sus dolores, sus fieros infortunios. Las
-pruebas por que le resta pasar, tú se las revelarás después.
-
-PROMETHEO
-
-A ti te toca, Io, venir en lo que desean, por varias razones, y más
-por hermanas de tu padre. Que es dulce empleo plañir y llorar nuestras
-desdichas, allí donde hemos de arrancar lágrimas de quien las escucha.
-
-IO
-
-No sé cómo pueda negarme a vosotros; sabréis, pues, cuanto deseáis.
-Y sin embargo, ¡cuál me aflige contar de dónde vinieron sobre ésta
-desdichada esa tempestad que desató la mano de los dioses, y la
-horrenda transformación de mi rostro! De continuo revoloteaban los
-sueños durante la noche en mi virginal retiro, y me decían con blandas
-razones: “Oh felicísima doncella, ¿a qué tanto guardar tu doncellez,
-cuando te es dado conseguir la mejor de las bodas? Zeus arde por
-ti herido del dardo del deseo; contigo quiere partir los placeres
-de Cypris. Ea, niña, no vayas tú a desdeñar el lecho del padre de
-los dioses. Marcha al fértil prado de Lerna, junto a los rebaños y
-establos de tu padre, y calma el deseo de los divinos ojos.” Tales
-sueños me asaltaban una, y otra, y otra noche, hasta que por fin me
-determiné ¡infeliz! a revelar a mi padre las nocturnas visiones. Él
-envió más de una vez a consultar los oráculos de Delphos y Dodona por
-averiguar qué haría o qué diría que fuese grato a los dioses. Pero los
-enviados tornaban con respuestas ambiguas, oscuras y dificilísimas
-de interpretar. Por último, que llegó a Ínaco un oráculo claro y
-terminante, que sin rodeos decía y ordenaba que me arrojase de casa
-y de la patria, y me dejase correr errante, suelta y libre hasta
-los postreros confines de la tierra. Donde no, que Zeus lanzaría el
-encendido rayo, y aniquilaría a todo su linaje. Las palabras de Loxias
-vencieron a mi padre; echóme de casa; me cerró las puertas. Bien a su
-pesar fué; bien al mío; pero mal de su grado y todo, Zeus hacíale ceder
-y tascar el freno. Al punto altérase mi razón y mi faz, asoman en mi
-frente estos cuernos que veis, y picada por el aguijón de punzante
-tábano, de un salto furioso me lanzo en las sabrosas Cerneas aguas,
-y en el collado de Lerna. Un pastor hijo de la tierra me persigue,
-el implacable Argos, y sus ojos sin número rastrean mis huellas.
-Privado él de la vida por improvisa y súbita muerte, así y todo, yo
-siempre en este correr sin tregua, de región en región, aguijada del
-furioso tábano, y acosada por el látigo de los dioses. Ya sabes mis
-sucesos. Ahora, si puedes decirme el resto de mis males, habla. Mas
-no por compasivo me diviertas con engañosas razones; que no hay tan
-aborrecible peste como la compostura de la frase.
-
-CORO
-
-Basta, basta, deténte. ¡Ay! Jamás pude pensar, jamás, que llegase a mis
-oídos relación tan extraña. Calamidades, tormentos dolorosos de sufrir,
-dolorosos de mirar. Terrores que como dardo de dos filos me traspasan y
-hielan el alma. ¡Oh Destino, Destino! Me estremezco de horror, Io, al
-considerar tu triste historia.
-
-PROMETHEO
-
-Pronto te angustias y llenas de espanto. Espera que sepas lo que falta.
-
-CORO
-
-Habla, explícate. Modo de alivio es para quien padece saber de antemano
-qué le aguarda que sufrir todavía.
-
-PROMETHEO
-
-Queríais lo primero oír de su boca la relación de sus desventuras.
-Fácilmente habéis alcanzado de mí vuestra demanda. Escuchad ahora lo
-demás; los rigores con que aún ha de afligir a esta doncellita la
-mano de Hera. Y tú, hija de Ínaco, graba mis palabras en tu memoria,
-y sabrás el término de tu camino. De aquí vuelve hacia donde el sol
-asoma y atraviesa esos incultos campos que jamás sintieron en sus
-entrañas la reja del arado. Llegarás a los Escithas, gente nómada de
-certeras flechas, que en lo alto de sus bien dispuestos carros viven
-bajo tejidas chozas. No te acerques a ellos, sino atraviesa la comarca,
-enderezando tus pasos por las ásperas orillas que baten las ondas
-mugidoras. A mano izquierda habitan los Calybes, forjadores del hierro;
-húyelos, que son feroces y nada hospitalarios. Luego llegarás al río
-Hybristes, que no niega su nombre. No le pases, que no es bueno de
-pasar, hasta que no toques en el Cáucaso, el más elevado de los montes,
-de cuyas sienes mismas arroja el río la hirviente violencia de sus
-aguas. Fuerza será entonces que ganes sus empinadas cumbres, vecinas
-de los astros, y desciendas a la banda del Mediodía. Allí hallarás a
-las Amazonas, guerrera gente aborrecedora de los hombres, que algún
-día se asentarán en Themiscira a las orillas del Termodonte, donde
-avanza en el mar la horrenda quijada Salmidessia, enemiga huéspeda
-de los navegantes; madrastra de sus naves. De muy buena voluntad te
-enseñarán el camino. Tocarás después en el istmo Cimmerio junto a la
-misma angosta entrada de la laguna Meotis, cuyo estrecho fuerza será
-también que con intrépido corazón le salves. Grande memoria de tu paso
-quedará por siempre entre los mortales, y de tu nombre el estrecho se
-llamará Bósforo. Con esto habrás dejado a Europa y te hallarás en suelo
-de Asia. Pero ¿no os parece que aquel tirano de los dioses es igual
-de violento en todo? Es dios, quiere unirse a esta mortal, y la pone
-a este correr sin descanso, ¡Cruel galán encontraste, niña! que la
-relación que acabas de oír no te imagines que es ni siquiera el proemio
-de tus desventuras.
-
-IO
-
-¡Ay de mí!
-
-PROMETHEO
-
-¡Otra vez gemir y suspirar! Pues ¿qué harás cuando conozcas el resto de
-tus males?
-
-CORO
-
-¿Por ventura queda aún mal alguno que la anuncies?
-
-PROMETHEO
-
-Sí; un mar desencadenado de crueles dolores.
-
-IO
-
-¡A qué es ya vivir! ¿Y al punto no me arrojaré de esta escarpada roca
-de modo que me estrelle contra el suelo, y descanse de todas mis penas?
-Mejor es morir de una vez que padecer malamente por todos los días de
-la vida.
-
-PROMETHEO
-
-Mal podrías tú llevar mis trabajos. ¡A mí el Destino no me deja morir!
-Siquiera la muerte sería el fin de mis sufrimientos; mas ahora no hay
-término a mis males mientras Zeus no caiga de la tiranía.
-
-IO
-
-¿Pues acaso es posible que Zeus caiga jamás del imperio?
-
-PROMETHEO
-
-Paréceme que te alegrarías de ver ese desastre.
-
-IO
-
-¿Y cómo no, yo que tan miserablemente estoy padeciendo por su causa?
-
-PROMETHEO
-
-Bien puedes tener por cierto que eso ha de suceder.
-
-IO
-
-¿Quién le despojará del tiránico cetro?
-
-PROMETHEO
-
-Él a sí mismo con sus desatentadas resoluciones.
-
-IO
-
-¿Cómo? Explícate si no hay mal en ello.
-
-PROMETHEO
-
-Hará boda tal que algún día le duela.
-
-IO
-
-¿Con diosa o con mortal? Dímelo, si se puede decir.
-
-PROMETHEO
-
-¿Y a qué? No se debe hablar de esto.
-
-IO
-
-¿Será derribado del trono por su esposa?
-
-PROMETHEO
-
-Ella parirá un hijo más fuerte que su padre.
-
-IO
-
-¿Y no habrá para él medio de esquivar este infortunio?
-
-PROMETHEO
-
-Ninguno, a no ser que yo, libre de estas cadenas...
-
-IO
-
-¿Y quién será el que te libre a despecho de Zeus?
-
-PROMETHEO
-
-Uno de tus descendientes. Así está decretado.
-
-IO
-
-¿Qué has dicho? ¿Que un hijo mío te ha de sacar de males?
-
-PROMETHEO
-
-Cierto. Tu tercer descendiente después de otras diez generaciones.
-
-IO
-
-Todavía no está muy fácil de alcanzar tu vaticinio.
-
-PROMETHEO
-
-No busques más ya la averiguación de tus desdichas.
-
-IO
-
-No me niegues ahora el bien, después de habérmele ofrecido.
-
-PROMETHEO
-
-De los dos secretos te revelaré uno u otro.
-
-IO
-
-¿De cuáles dos? Muéstramelos y dame a elegir.
-
-PROMETHEO
-
-Doy. Elige, pues, y te diré o los dolores que aún te esperan, o quién
-ha de libertarme.
-
-CORO
-
-Concédenos que obtengamos de ti ambos favores. No desoigas mis ruegos.
-Sepa ella por ti el término de su errante carrera; yo el nombre de tu
-libertador, que lo ansío.
-
-PROMETHEO
-
-Pues que tanto lo deseáis, no me negaré a deciros nada de lo que
-pedís. Primero a ti, Io, te contaré el errante curso de tu agitada
-carrera. Grábalo bien en las tablillas de tu memoria. Después que
-hayas pasado el río, confín de ambos continentes, hacia las encendidas
-puertas orientales por donde el sol asoma, atravesado ya el estrépito
-del undimugiente mar, llegarás a los Gorgôneos campos de Cisthene.
-Allí habitan las hijas de Forco. De ellas, tres son las antiguas
-doncellas de rostro de cisne, con un único ojo y un diente común, a
-las cuales jamás visitó el sol con sus rayos ni en la noche la serena
-luna. No lejos están las otras tres hermanas, aladas, de cabellera de
-serpientes: las Gorgonas, a los humanos aborrecibles. Ningún mortal
-en viéndolas podría retener en su pecho el aliento de la vida. Con
-esto ya te digo de qué has de guardarte. Mas atiende a otro temeroso
-espectáculo. Huye los grifos de corvo pico, mudos canes de Zeus. Huye
-también los Arimaspos, guerreros de un solo ojo, incansables jinetes
-que pueblan las orillas del aurífero Pinto. No te acerques a ellos.
-Llegarás después a la postrera tierra que baña el río Ethíope, cerca
-del nacimiento del sol; habitación de un pueblo negro. Sigue serpeando
-las riberas del río hasta la catarata donde el Nilo precipita de lo
-alto de los montes Biblios la corriente de sus sabrosas y venerandas
-aguas. El te encaminará a la tierra triangular que ciñe con sus brazos,
-y allí, en fin, tú y tus hijos fundaréis colonia dilatada. Tal es el
-decreto del Destino. Ahora, si en esto hay algo de oscuro para ti, y
-que no alcances, vuelve a preguntar, y apréndelo bien, que más vagar
-tengo que quisiera.
-
-CORO
-
-Si algo te queda o te olvidaste de decir sobre su triste historia,
-dilo; mas si lo hablaste todo, concédenos a nuestra vez la merced que
-te hemos pedido. Acuérdate de ella.
-
-PROMETHEO
-
-Io ha oído ya el término y remate de su peregrinación; mas porque vea
-que no me ha escuchado en vano, yo le diré qué trabajos ha sufrido
-antes de llegar aquí, dándole este testimonio de mis palabras. Dejaré
-multitud de sucesos, y voy al término mismo de tus errantes aventuras.
-Cuando llegaste a los Molossos campos y a la empinada Dodona donde
-está la fatídica sede de Zeus Thesprocio, ¡extraño prodigio! por las
-agoreras encinas fuiste saludada claro y sin enigmas, como quien había
-de ser ínclita esposa de Zeus: si es que hay en esto cosa que pueda
-lisonjearte. De allí, picada del tábano, te lanzaste, siguiendo la
-costa, hasta el ancho golfo de Rea, de donde retrocediste, siempre
-acongojada por tus furiosos saltos. Y sabe que, en la futura edad,
-aquel marino seno se llamará mar Jonio para perpetuo monumento de tu
-paso. Sírvate esto para que conozcas que ve mi espíritu más que a
-primera vista parece. Lo que aún queda, decirlo he por igual a todas
-vosotras, volviendo sobre el hilo de mi primer discurso. Hay una ciudad
-en la extrema región de Egipto, Canopos, a la boca misma del río,
-junto a las arenas que acarrean sus aguas. En ella te volverá Zeus la
-razón acariciándote con serena mano; tan sólo con tocarte. Y parirás
-al negro Épafo, así dicho del modo de ser engendrado, el cual cogerá
-los frutos de cuanta tierra riega el Nilo en su dilatada corriente.
-Su quinta generación, femenil linaje de cincuenta doncellas, bien a
-su pesar tornará a Argos huyendo de incestuosas bodas con sus primos.
-Ellos, abrasados de deseo, como halcones en persecución de palomas,
-acosaránlas codiciosos de unas bodas que jamás debieron pretender.
-Un dios las defenderá, y la tierra pelasga recibirá los sangrientos
-cuerpos de sus perseguidores. Audaz matanza los acechará en la noche
-hiriéndolos con femeniles manos. Cada esposa hundirá en la garganta del
-esposo agudo hierro de dos filos, y le arrancará la vida ¡Tal venga
-Cipris para mis enemigos! Mas el amor ablandará a una de las desposadas
-para que no dé muerte a quien comparte su lecho; su resolución
-flaqueará, y puesta a escoger, antes querrá ser motejada de cobarde
-que no de sanguinaria. De ella nacerá en Argos regia estirpe. Pero
-el recorrer por sus puntos estos sucesos largo discurso pediría. Con
-todo ello diré que de esta semilla brotará un hombre arrojado, por sus
-flechas famoso, que me librará de estos tormentos. Tal es el oráculo
-que me reveló la Titánide Themis, mi antigua madre. Cómo y cuándo, eso,
-ni podría reducirse a breve espacio, ni tú ganarías con saberlo.
-
-IO
-
-¡Ay! ¡ay de mí, ay de mí! ¡Otra vez el delirio! Insano furor enciende
-y enajena mi alma. El tábano me punza con aguijón ardentísimo.
-Estremecido de terror el corazón palpita con rudo golpear dentro del
-pecho; giran mis ojos en sus órbitas; el furioso viento de la rabia me
-arrastra; mi lengua no obedece, y turbado el pensamiento en vano lucha
-con las ondas de mi acerbo infortunio.
-
-~(Vase.)~
-
-CORO
-
-¡Qué sabio que era, qué sabio el primero que en su mente pensó, y con
-su lengua proclamó, que casarse entre iguales es el mejor partido, y
-que quien vive de sus manos no ha de codiciar bodas ni con el regalado
-de la fortuna ni con el ensoberbecido de su linaje!
-
-Jamás, jamás, oh Moira, me vea yo en el lecho de Zeus. Jamás me una por
-esposa a ninguno de los celestiales. Me estremece ver a la casta virgen
-Io tan fieramente atormentada por Hera con las crueles penas de un
-correr sin descanso.
-
-Una boda igual nada de temible tiene para mí; no la temo. Pero ¡que
-jamás se fije en mí la inevitable mirada de un dios poderoso! ¡Luchar
-sin lucha; camino sin salida! No sé qué sería de mí, porque no alcanzo
-cómo había de esquivar la resolución de Zeus.
-
-PROMETHEO
-
-Y con todo ello ese Zeus, aun cuando de ánimo tan arrogante, todavía
-alguna vez ha de ser humilde. Un hymeneo se dispone a celebrar que
-ha de derribarlo del poder, y derrumbar su trono, y desaparecerle de
-los que ahora le contemplan. Entonces se cumplirá en sus ápices la
-imprecación que lanzó su padre Cronos al caer de su secular imperio.
-Y contra este desastre, fuera de mí, ninguno de los dioses podría
-mostrarle remedio cierto. Yo lo sé y de qué modo. Asiéntese ahora en
-su trono muy sosegado y seguro; confíese en el tronante estampido que
-retumba en las alturas; vibre en su diestra el rayo igniespirante; que
-todo ello de nada le servirá para no haber de caer con ignominiosa e
-irreparable caída. Tal contendiente va a buscarse, invencible monstruo
-que encontrará un fuego más poderoso que el rayo, y un estampido que
-asorde el trueno, y hará saltar hecha astillas la lanza de Poseidón,
-el tridente, azote que alborota el mar y sacude la tierra. Cuando se
-estrelle contra su desgracia entonces aprenderá cuánto va de imperar a
-ser esclavo.
-
-CORO
-
-Sin duda haces predicciones de tus deseos para con Zeus.
-
-PROMETHEO
-
-Lo que ha de cumplirse, y yo deseo, eso es lo que predigo.
-
-CORO
-
-Y ¿acaso es de esperar que a Zeus le venza alguien?
-
-PROMETHEO
-
-Y aún han de abrumar su cerviz trabajos más pesados que estos míos.
-
-CORO
-
-¿Cómo no temes soltar esas palabras?
-
-PROMETHEO
-
-¿Y qué habrá que haga temer a quien por su sino no puede morir?
-
-CORO
-
-Mas pudiera enviarte Zeus aflicciones más dolorosas que éstas.
-
-PROMETHEO
-
-Hágalo pues. Todo lo espero.
-
-CORO
-
-Sabios los que doblan su rodilla ante Adrastea.
-
-PROMETHEO
-
-Ruega, reverencia, adula siempre al que manda. Para mí Zeus menos que
-nada me importa. Haga, mande como quiera en este breve tiempo; que no
-imperará mucho sobre los dioses. Mas he aquí a su correo, al ministro
-del nuevo tirano. De seguro que viene a anunciarme alguna cosa nueva.
-
-~(Sale HERMES.)~
-
-HERMES
-
-A ti, engañador lleno de hiel; pecador contra los dioses, que entregas
-sus honores a los héroes de un día; a ti, ladrón del fuego, a ti es
-a quien me dirijo. Padre manda que digas qué bodas son esas por las
-cuales ha de caer del imperio. Y esto sin enigmas, antes explicándolo
-punto por punto. No me obligues a segundo viaje, Prometheo, que bien
-ves que no es con estos modos como Zeus se ablanda.
-
-PROMETHEO
-
-Gravemente hablado está el discurso y lleno de arrogancia como del
-ministro de los dioses. Nuevos sois; como nuevos mandáis, y creéis
-habitar fortaleza que el dolor no ha de asaltar nunca. Pues ¿no sé yo
-de dos tiranos que han caído de ella? Y todavía he de ver el tercero,
-al que ahora manda, y bien pronto, y con mayor ignominia. ¿Parécete que
-tiemblo a los nuevos dioses; que menguado he de bajarme a ellos? Muy
-lejos estoy de eso. Vuelve pies atrás por el camino que viniste, pues
-nada de lo que quieres averiguar has de saber.
-
-HERMES
-
-Con esos fieros te acarreaste ya esta desgracia.
-
-PROMETHEO
-
-Ten por cierto que no trocaría yo mi desdicha por tu servil oficio; que
-juzgo por mejor servir a esta roca que no ser dócil mensajero de Zeus
-tu padre. Así es razón que con ultrajes se responda a quien nos ultraja.
-
-HERMES
-
-Paréceme que te recreas con tu presente fortuna.
-
-PROMETHEO
-
-¡Que me recreo! ¡Que no viera yo recrearse así a todos mis enemigos! Y
-a ti entre ellos.
-
-HERMES
-
-Pues qué, ¿a mí también me culpas de tus infortunios?
-
-PROMETHEO
-
-En una palabra; yo abomino a todos esos dioses que colmados por mí de
-beneficios, tan inicuamente me pagan.
-
-HERMES
-
-Ya veo que grave dolencia te hace perder la razón.
-
-PROMETHEO
-
-Adolezca yo si es dolencia odiar a los enemigos.
-
-HERMES
-
-Dichoso, serías intolerable.
-
-PROMETHEO
-
-¡Ay de mí!
-
-HERMES
-
-Palabra es esa que Zeus no conoce.
-
-PROMETHEO
-
-Pero el tiempo va envejeciendo y enseñándolo todo.
-
-HERMES
-
-Y sin embargo todavía no has aprendido tú a ser prudente.
-
-PROMETHEO
-
-Cierto, que entonces no te dirigiera yo la palabra, siervo.
-
-HERMES
-
-¿No piensas decir nada de lo que padre desea?
-
-PROMETHEO
-
-Y en verdad que debiéndole tanto debería corresponder al beneficio.
-
-HERMES
-
-¿Te burlas de mí como si fuese un niño?
-
-PROMETHEO
-
-Pues que, ¿no eres tú un niño, y aun más cándido todavía, si esperas
-que has de saber algo de mí? No hay tormento ni artificio con que Zeus
-me reduzca a hablar si antes no suelta estas afrentosas cadenas. Por
-tanto, que caiga sobre mí la llama abrasadora y la nieve de cándidas
-alas; que rujan los truenos habitadores de las entrañas de la tierra;
-que todo se conmueva y se confunda todo, que nada me doblará para que
-declare a manos de quién ha de caer Zeus de su tiranía.
-
-HERMES
-
-Considera tú si eso puede remediarte.
-
-PROMETHEO
-
-De antes está todo ello visto y determinado.
-
-HERMES
-
-Ante los males presentes resuélvete, temerario, resuélvete a pensar
-cuerdo una vez siquiera.
-
-PROMETHEO
-
-En vano me importunas exhortándome; como si hablases a las ondas del
-mar. Que jamás se te ponga en mientes que por temor a sentencias de
-Zeus me he de hacer de ánimo femenil y he de tenderle las manos como
-una mujer, suplicando a ese aborrecidísimo que me suelte de estas
-cadenas. Lejos de mí eso.
-
-HERMES
-
-Mucho he hablado, lo sé, y que hablaré en vano, porque tu corazón no se
-mueve ni ablanda con ruegos, antes como potro recién puesto al yugo,
-así tú tascas el freno, y te resistes violento, y forcejeas contra las
-riendas. Pero en vano sacas fuerzas de tu necio consejo; menos que nada
-puede la pertinacia del desaconsejado. Considera qué tempestad y grande
-ola de males caerá sobre ti sin remedio de no rendirte a mis razones.
-Hará padre saltar en pedazos esa áspera cumbre con la fulmínea llama
-en medio del estampido del trueno, y sus despojos cubrirán tu cuerpo y
-te estrecharán con pesados y roqueros brazos. Después de largo espacio
-de tiempo volverás a la luz; pero el can alado de Zeus, el águila
-carnicera vendrá a ti, convidado importuno, todos los días, y voraz
-te arrancará la carne a pedazos, y se cebará con el negro manjar de
-tus hígados. Y no esperes el fin de este suplicio hasta que un dios no
-se preste a substituirte en tus trabajos, y quiera bajar a la obscura
-morada de Hades y a las caliginosas profundidades del Tártaro. Con
-que así, determina. No es esto fingida baladronada, sino dicho muy de
-veras; que la boca de Zeus no sabe decir mentira, y todas sus palabras
-se cumplen. Mira bien, pues, en derredor tuyo, y reflexiona, y no
-tengas nunca la arrogancia por mejor que la prudencia.
-
-CORO
-
-Parécenos que Hermes no habla fuera de propósito, pues que te exhorta
-a deponer tu pertinacia y seguir la sabia cordura. Escúchale; que es
-vergonzoso para un sabio aferrarse en su falta.
-
-PROMETHEO
-
-Ese ha vociferado su embajada a quien ya la sabía. Pero en que un
-enemigo padezca malamente bajo el poder de su enemigo, no hay afrenta.
-¡Caiga, pues, sobre mí el afilado rizo del fuego; conmuévase el éther
-con el estampido del trueno y el huracán de los vientos desatados; que
-la tormenta sacuda la tierra en la raíz misma de sus hondos cimientos;
-que invadan las olas del mar con bárbara furia los celestes caminos
-de los astros; que arrastre mi cuerpo el irresistible torbellino de
-la necesidad hasta el fondo del negro Tártaro! ¡Como quiera no podría
-darme la muerte!
-
-HERMES
-
-¡Esas son las palabras y razones que es posible oír de los mentecatos!
-¿Qué le falta a tu demencia? ¿Por ventura a tratarte mejor se calmarían
-tus furores? Pero a lo menos vosotras, que os doléis de sus miserias,
-alejaos de estos lugares al punto. El horrendo rugir del trueno os
-dejaría atónitas.
-
-CORO
-
-Dime, aconséjame cualquiera otra cosa, y serás obedecido; pero esas
-palabras que has pronunciado no las puedo tolerar. ¿Cómo? ¡Tú me mandas
-rendir culto a la cobardía! En los males que haya de padecer, con él
-quiero entrar a la parte; que yo aprendí a odiar a los traidores, y no
-hay ruindad que más me repugne que esa.
-
-HERMES
-
-Pues acordaos de lo que a tiempo os he advertido, y cuando os asalte
-el mal no acuséis a la fortuna, ni digáis jamás que Zeus os hirió con
-improviso golpe. En verdad que no, sino vosotras mismas, que a ciencia
-cierta, y no a deshora ni con cautela, seréis cogidas por vuestra
-locura en la red del infortunio, de la cual nadie se desenvuelve.
-
-~(Vanse HERMES y las OCEÁNIDAS.)~
-
-PROMETHEO
-
-Ya las palabras son obras. La tierra se agita, y el eco del trueno ruge
-en sus hondas entrañas; y las inflamadas vueltas del rayo fulguran en
-el aire; y el polvo se levanta en revuelto torbellino, y los ímpetus
-todos de los vientos se desatan, y en encontrados soplos se chocan en
-porfiada pelea; y el mar y el aire se encuentran y confunden. Contra mí
-a no dudar, y de parte de Zeus, viene esta furia poniendo espanto. ¡Oh
-deidad veneranda de mi madre!, ¡oh éther, que haces girar la luz común
-para todos, viéndome estáis, cuán sin justicia padezco!
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-_LOS SIETE SOBRE THEBAS_
-
-
-~Aparece ETEOCLES, el CORO y PUEBLO.~
-
-ETEOCLES
-
-Ciudadanos de Cadmo: menester es que en la ocasión hable quien vela
-por la república, sentado en la popa de la ciudad, timón en mano, y
-sin rendir los ojos al sueño. Porque si salimos con bien se dirá: ¡un
-dios lo hizo!; pero si, lo que no suceda, sobreviene un desastre, sólo
-Eteocles será el infame que andará en coplas entre los ciudadanos, y
-contra él irán los ayes y clamores. ¡Líbrenos de ello Zeus, defensor,
-y haga con la ciudad de los cadmeos según su nombre! Hora es esta de
-que vosotros todos, el que aún no ha llegado a la flor de la mocedad,
-y el que ha tiempo que salió de ella, y el que sustenta un cuerpo
-lleno de vigorosa lozanía, cada cual, cuidadoso como debe, defienda la
-ciudad y las aras de los dioses patrios, porque jamás sean privados
-de sus honores; y a los hijos, y a la tierra madre, amorosa nodriza
-que tomando sobre sí toda la fatiga de vuestra infancia, os criaba
-cuando de niños os arrastrabais por su propicio suelo, como a quienes
-habíais de ser sus habitadores fieles, que la han de cubrir con sus
-escudos en este trance. Hasta el presente día sin duda que algún dios
-se inclina a nosotros benigno. Asediados, durante ese tiempo, gracias
-a los dioses, las más veces nos ha sido la lucha favorable. Pero hoy,
-el adivino, ese pastor de las aves, que sin ayuda del fuego pesa en su
-oído y ánimo con no engañoso arte los agoreros signos; ese dueño de los
-augurios nos anuncia que anoche se juntaron los Aqueos, y determinaron
-el ataque decisivo contra la ciudad. Ea, pues, lanzaos a las almenas
-y a las entradas de las torres; corred, armaos de todas armas, poblad
-las defensas, manteneos firmes en las plataformas de los baluartes, y
-apostados en las avenidas tened buen ánimo, y no temáis a una turba
-de extranjeros. El dios, que lo ha comenzado bien, lo acabará. Por mi
-parte he enviado espías y exploradores del campo. Espero que no han de
-perder la jornada, y en oyéndoles no seré tomado de sorpresa.
-
-ESPÍA
-
-Eteocles, óptimo príncipe de los cadmeos, torno de allá trayéndote
-nuevas ciertas del campo; yo mismo he sido espectador de los sucesos.
-Siete caudillos, hombres impetuosos, desollaron un toro sobre un
-herrado escudo; mojan luego sus manos en la sangre de la taurina
-víctima, y juran por Ares, por Enio y por Febo, ávido de matanza,
-asolar la ciudad, y devastar la fortaleza de Cadmo, a morir empapando
-en su sangre esta tierra. Después con aquellas mismas sangrientas manos
-cuelgan del carro de Adrasto las caras prendas que han de ser en el
-hogar memoria para sus hijos, y las lágrimas salen hilo a hilo de sus
-ojos, pero ni un ¡ay! de su boca. Antes sus almas de hierro, ardiendo
-en coraje, respiran muerte como leones que olfatean la sangre. Y no
-se ha de tardar perezosa la prueba de estos hechos, porque los he
-dejado echando suertes, a fin de que cada cual mueva su hueste contra
-la puerta que los dados le señalen. Por tanto, escoge al punto los
-guerreros más esforzados de la ciudad, y apóstalos en las avenidas de
-las puertas, que ya el ejército argivo, todo él armado, se acerca a
-toda prisa, y avanza entre nubes de polvo, y la blanca espuma salpica
-el llano, desprendida en gotas del agitado resuello de los corceles.
-Tú, pues, asegura la ciudad como prudente patrón de esta nave, antes
-que los vientos de Ares se suelten impetuosos. Ya ruge la terrestre
-onda de los sitiadores. Pronto, aprovecha cuanto más antes la ocasión
-de la defensa. Yo seguiré todo el resto del día con ojo vigilante y
-fiel, y sabedor tú con puntualidad de lo que ocurra de puertas afuera,
-estarás a salvo de todo golpe.
-
-ETEOCLES
-
-¡Oh Zeus! ¡oh Gea! ¡oh vosotros, dioses tutelares de la ciudad! ¡Oh
-Maldición y formidable Erinna de mi padre! ¡no queráis hacer presa de
-enemigos, y entregar a todo devastador estrago, y arrasar hasta los
-cimientos ciudad donde corre el habla de Hélade y hogares en que se
-alzan vuestras aras! ¡Jamás esta libre tierra ni la ciudad de Cadmo
-sufran el yugo de la servidumbre! Sed nuestro baluarte. Vuestra como
-nuestra es la causa porque abogo. Así lo espero, que en la buena
-fortuna es cuando una ciudad hace honor a los dioses.
-
-~(Vanse ETEOCLES, el ESPÍA y el PUEBLO.)~
-
-CORO
-
-¡Ay que temo que habré de lamentar grandes dolores! El ejército ha
-dejado ya el campo y avanza con fiera acometida. Hacia aquí corre
-innumerable vanguardia de gente de a caballo. Esa nube de polvo que
-se cierne en el aire, me lo está anunciando, mensajero mudo, pero
-bien cierto e infalible. El fragor de la tierra, sacudida por los
-equinos cascos, se levanta de entre el polvo, y se acerca, y vuela, y
-brama a modo de victorioso torrente que con estruendo del alto monte
-se derrumba. ¡Oh dioses, oh diosas! apartad de nosotros el mal que
-nos asalta. Las haces cubiertas de sus lucientes escudos se lanzan
-con precipitada furia sobre la ciudad, prontas a la acometida; su
-vocear domina las murallas. ¿Qué dios nos defenderá? ¿Qué diosa será
-en nuestro socorro? ¿Ante cuál de estos simulacros de los dioses me
-postraré en súplica? ¡Oh bienaventurados, que ocupáis esos espléndidos
-tronos, llegó el momento de abrazarnos a vuestras imágenes! -- ¿A qué
-es tardar gimiendo tanto? -- ¿Oís o no oís el choque de los escudos?
-¿Cuándo pensaremos en ceñirnos velos y coronas, y elevar nuestras
-súplicas, si ahora no?... Siento un estrépito. ¡Ay que no es el golpe
-de una sola lanza! -- ¿Qué harás, oh Ares, antiguo señor de este
-pueblo? ¿Harás traición a una tierra que es tuya? ¡Oh dios de casco
-de oro, contempla, contempla la ciudad a quien tanto amor tuviste
-algún día! -- Dioses tutelares de la patria, acudid todos, acudid;
-echad una mirada sobre este aterrado coro de vírgenes que os suplican
-temerosas de la esclavitud. En torno a la ciudad una ola de guerreros
-de ondeantes penachos hierve mugidora, hinchada por el aliento de Ares.
--- ¡Oh Zeus, padre sumo, defiéndenos de ser presa de nuestros enemigos!
-Porque los Argivos rodean la ciudad de Cadmo, y con ellos el terror de
-las marciales armas. Los frenos que sujetan las equinas bocas dicen con
-lúgubre son: ¡muerte! Siete hombres audaces que se señalan entre todo
-el ejército por sus ricas armaduras, blandiendo sus lanzas, amenazan
-las siete puertas, cada cual la que la suerte le ha deparado. -- Hija
-de Zeus, potestad amiga de los combates, ¡oh Palas! sé el salvaguarda
-de la ciudad. -- Y tú, creador del caballo, Poseidón, señor que dominas
-los mares con el tridente azote de los marinos peces, líbranos,
-líbranos de estos terrores. -- Y tú, Ares, ¡ay de mí! guarda la ciudad
-que lleva el nombre de Cadmo, y haz ostentación de tu alianza. --
-Primera madre de nuestro linaje, Cipris, ven en nuestra defensa. De tu
-sangre nacimos, a ti llegamos ahora clamando, a ti con súplicas, que
-sin duda escucharán tus oídos de diosa. -- Numen tutelar, Matador de
-lobos, por nuestros lastimosos clamores, sé el matador de esos lobos
-de nuestros enemigos. -- ¡Oh virgen hija de Latona, ármate bien de tu
-arco, propicia Artemisa! -- ¡Ah, ah, que oigo en derredor de los muros
-el estruendoso rodar de los carros! -- ¡Augusta Hera! En los cubos de
-las ruedas rechinan pesadamente los ejes oprimidos. ¡Propicia Artemisa!
--- ¡Ah, ah! El aire brama enfurecido, azotado por las lanzas. ¿Qué
-te espera que padecer, ciudad nuestra? ¿Qué será de ti? ¿Qué fin te
-depararán los cielos en estas desventuras? -- ¡Ay, ay! -- Una granizada
-de piedras viene sobre las almenas de las torres. -- ¡Oh propicio
-Apolo! Retumba en las puertas el estrépito del golpeado cobre de los
-escudos. ¡De Zeus venga el piadoso término rematador del combate!
--- Y tú, que habitas enfrente de la ciudad, Onca, bienaventurada
-señora, defiende esta tu morada de las siete puertas. -- ¡Oh deidades
-prepotentes; excelsos dioses y diosas, custodios de las torres de esta
-tierra, no entreguéis la ciudad al hierro de un ejército que habla una
-lengua extraña! Escuchad, escuchad los justos ruegos de unas vírgenes
-que os tienden las manos suplicantes. Dioses amigos, rodead la ciudad,
-protegedla; mostrad cómo la amáis. Velad por los públicos sagrados
-ritos; velad por ellos, defendedlos. Haced memoria de las fiestas
-abundosas en víctimas, que con voluntad pronta este pueblo os consagra.
-
-~(Sale ETEOCLES.)~
-
-ETEOCLES
-
-Yo os pregunto, ganado insufrible, ¿es esto mostrarse pronto a hacer
-bien a la ciudad, y salvarla, y dar aliento a sus asediados defensores?
-¿Es esto? ¡caer ante las imágenes de los dioses tutelares, y gritar,
-y vocear, ralea aborrecida de los sabios! Jamás, ni en la mala ni en
-la buena fortuna, viva yo bajo un mismo techo con gente mujeril; que
-como ella domine, ¡qué intolerable petulancia! mas si algo teme, no hay
-peste como ella para su casa y pueblo. Ahora, con este gritar y este
-correr de un lado a otro, ponéis cobarde desaliento en el ánimo de los
-ciudadanos, y ayudáis a maravilla las armas de los de afuera. Nosotros
-mismos nos destruimos aquí adentro. He ahí lo que puedes sacar de vivir
-con mujeres. Mas si alguien no se sujetare a mis órdenes, hombre o
-mujer o lo que quiera que sea, contra ellos se dictará sentencia de
-muerte, y no habrá cómo escapen de ser apedreadas por el pueblo en
-público suplicio. Pues que al hombre tocan las cosas de afuera, no se
-entrometa la mujer en esto; estése dentro de casa, y no haga daño.
-¿Oís, o no oís? ¿hablo con sordas por ventura?
-
-CORO
-
-¡Oh amado hijo de Edipo! Temí oyendo el estruendoso rodar de los
-carros, y el girar rechinante del cubo de las ruedas, y el gemir de
-esos frenos, hijos del fuego; timones que rigen las hípicas bocas, sin
-dormir jamás.
-
-ETEOCLES
-
-¡Y qué! ¿Acaso huyendo de la popa a la proa es como el piloto
-encontrará camino de salvación cuando fluctúe entre las ondas la
-combatida nave?
-
-CORO
-
-Dirigíame yo corriendo a los antiguos simulacros de los
-bienaventurados, puesta en ellos mi confianza, cuando llegó hasta mí
-el fragor de la funesta tempestad que a modo de apretada nieve caía
-sobre las puertas, y entonces con el terror elevé a los dioses mi voz
-suplicante, por que tiendan su auxilio sobre la ciudad.
-
-ETEOCLES
-
-Orad por que los muros resistan el empuje de los sitiadores.
-
-CORO
-
-Pues en verdad que de los dioses depende.
-
-ETEOCLES
-
-Mas también es común sentencia, que ciudad tomada los dioses la
-abandonan.
-
-CORO
-
-En mi vida me abandonen estos dioses, ni vea yo la ciudad entrada por
-asalto, y abrasada su gente por el fuego enemigo.
-
-ETEOCLES
-
-Con invocar a los dioses no vayas a resolver en mi daño, mujer; que,
-como dice el proverbio, la obediencia al que manda es madre del buen
-suceso que salva.
-
-CORO
-
-Razón tienes; pero más alta potestad es la de los dioses, que muchas
-veces levanta al desvalido de entre sus males, y desvanece la densa
-niebla de dolor que se tendía delante de sus ojos.
-
-ETEOCLES
-
-A los hombres toca, cuando los enemigos intentan atacar, ofrecer
-sacrificios a los dioses, y consultar los oráculos; a ti callar y
-permanecer dentro de casa.
-
-CORO
-
-Gracias a los dioses habitamos hoy una ciudad que no ha sido tomada, y
-nuestras torres rechazan a la impetuosa muchedumbre enemiga. ¿Qué hay
-de odioso y reprensible en esto que digo?
-
-ETEOCLES
-
-No te niego que honres al linaje de los inmortales; pero de modo que no
-vuelvas pusilánimes a nuestros defensores. Permanece serena, y no hagas
-extremos de dolor.
-
-CORO
-
-Oí de improviso estrepitoso tumulto, y trémula y aterrada me refugié en
-esta acrópolis, venerando sagrario de nuestros dioses.
-
-ETEOCLES
-
-Pues ahora, si oís hablar de muertos y heridos, no los recibáis con
-sollozos, que con esa carnicería de hombres se alimenta Ares.
-
-CORO
-
-¡Oigo el relinchar de los caballos!
-
-ETEOCLES
-
-Si lo oyes, haz como si no oyeses.
-
-CORO
-
-Gime la fortaleza estremecida en sus cimientos como si los enemigos la
-rodeasen.
-
-ETEOCLES
-
-Sobre estos negocios basta con que yo determine.
-
-CORO
-
-Estoy temblando; crece en las puertas el estrépito.
-
-ETEOCLES
-
-¿No callarás? Guárdate de decir palabra en Thebas.
-
-CORO
-
-¡Oh consejo altísimo de los dioses, no entregues estos baluartes!
-
-ETEOCLES
-
-¡Noramala! ¿No podréis sufrir en silencio?
-
-CORO
-
-¡Que no me vea yo en la esclavitud, dioses de mi patria!
-
-ETEOCLES
-
-Tú misma, tú nos harás esclavos, a mí, y a ti, y a la ciudad entera.
-
-CORO
-
-Omnipotente Zeus, vuelve tu rayo contra los enemigos.
-
-ETEOCLES
-
-¡Oh Zeus, y qué casta nos has regalado! ¡las mujeres!
-
-CORO
-
-Míseras como los hombres cuya ciudad es tomada.
-
-ETEOCLES
-
-¿Otra vez andáis abrazando esas estatuas, y augurando males?
-
-CORO
-
-Falta ya de alientos, el terror se lleva tras sí mi lengua.
-
-ETEOCLES
-
-Si me otorgases una corta merced que yo te demandara...
-
-CORO
-
-Dila cuanto antes, y así la sabré pronto.
-
-ETEOCLES
-
-Que calles, ¡infeliz! y no atemorices a nuestros amigos.
-
-CORO
-
-Me callo. Sufriré con los demás lo que está decretado.
-
-ETEOCLES
-
-Prefiero ese modo de hablar a aquellas tus palabras de antes. Pero
-apártate de esas estatuas, y ruega por lo que importa más que todo:
-que los dioses peleen en nuestra ayuda. Escucha ahora mis votos, y
-depuesto el temor del enemigo, respóndeme cantando el sagrado Peán,
-jubiloso himno henchido de guerreras esperanzas; estilo de la patria
-Hélade; compañía de los sacrificios; aliento del soldado. Yo hago votos
-a los dioses tutelares de nuestra ciudad, y a los que habitan y cuidan
-nuestros campos, y a los que vigilan y presiden nuestra pública Ágora,
-y a la fuente Dircea, sin que exceptúe las aguas del Ismeno; digo, que
-hago voto, si alcanzamos próspero suceso, y la ciudad se salva, de
-enrojecer las aras de los dioses con la sangre de las ovejas, e inmolar
-en su honor taurinas víctimas, y colgar en sus santas moradas los
-trofeos y las vestiduras de nuestros invasores y los enemigos despojos,
-que ostenten las gloriosas señales de nuestras lanzas. Tales votos
-como éstos has de hacer tú a los dioses; pero no con gemidos, y vanos
-y broncos ayes. Así no evitarías mejor lo que esté decretado. Pero
-marcho a disponer con toda diligencia otros seis adalides, y yo iré de
-séptimo, que apostados en las avenidas de las siete entradas de los
-muros, haremos cara a los enemigos antes que vuelvan apresurados los
-espías, y sus nuevas corran veloces, y con lo apretado de la necesidad
-lo enciendan todo.
-
-~(Vase.)~
-
-CORO
-
-Procuro obedecerte; pero el temor no deja que descanse mi pecho. Como
-paloma criadora, que a la vista del dragón se agita en el mísero nido,
-y tiembla por sus polluelos, así las ansias, que hacen habitación en
-mi alma, aumentan mis terrores. -- El ejército todo viene derecho en
-apretadas haces hacia nuestras torres. ¿Qué va a ser de mí? De todas
-partes arrojan sobre nuestros soldados una granizada de asperísimas
-piedras. Dioses hijos de Zeus, haced todo esfuerzo en defensa de la
-ciudad y ejército de Cadmo. ¿Por qué otro suelo mejor cambiaríais este
-suelo, si abandonaseis esta tierra de profundos y henchidos surcos, y
-el agua Dircea, la más saludable entre cuantas buenas de beber envía
-Poseidón, el que entre sus brazos abarca la tierra, y los hijos de
-Tetis? Enviad, pues, dioses tutelares de mi patria, contra los que
-están fuera de muros la espantable derrota, perdición del soldado que
-hace arrojar las armas; dad el triunfo a los thebanos, y por nuestras
-lastimeras súplicas permaneced por siempre en vuestros ricos tronos
-para ser los defensores de Thebas.
-
-Miserable cosa sería que una tan antigua ciudad fuese precipitada en el
-Hades. Que por permisión de los dioses se viese esclava, hecha presa
-de las armas enemigas, afrentosamente asolada por el aqueo, y vuelta
-en cenizas inertes. Que las mujeres ¡ay de mí! jóvenes y ancianas
-fuésemos llevadas por fuerza de las crenchas de nuestros cabellos a
-modo de yeguas, y desgarradas nuestras túnicas. Y en la desierta ciudad
-resonarían los apagados ayes de los cautivos moribundos. Ya antes de
-que suceda tan funesta desdicha se llena de terror mi alma.
-
-Y bien de llorar sería para las delicadas doncellas dejar sus casas por
-un camino odioso, ya agostadas por bárbara fuerza, que arrebató los
-frutos verdes aún, antes que un legítimo hymeneo los gozase. ¡Qué por
-más dichoso tengo a quien muere, que no a éstas sin ventura! ¡Ay de mí,
-que ciudad entrada luego padece muchos infelicísimos males! Los unos
-haciendo cautivos a los otros, y dándoles muerte, y llevando a todas
-partes el incendio; la ciudad entera toda ella envuelta e infestada de
-humo; mientras el domador de los pueblos, Ares, atropella toda piedad,
-y sopla enfurecido.
-
-Dentro de muros estrépito temeroso; fuera, una valla de picas que a
-modo de torre inexpugnable encierra a los vencidos. Al bote de lanza
-de un hombre cae muerto otro hombre. Resuena en el aire el vagido
-lastimero de los recién nacidos que espiran ensangrentando con su
-propia sangre el materno pecho que les sustenta. Tras de esto aquel
-correr codicioso de acá para allá, seguido de su hermano el pillaje. El
-afortunado, que hizo presa, se encuentra y topa con otro afortunado,
-rico de despojos, y el apocado, que va con las manos vacías, deseoso de
-su parte, incita a voces a quien como él va de vacío. Y no la buscan
-menor ni siquiera igual, sino cada cual mayor que la de los otros. ¿Qué
-podrá esperarse después de esto?
-
-Derramados por el suelo toda suerte de frutos son dolor de quien se los
-halla, y amargura de los ojos del ama cuidadosa. Revueltos en confuso
-montón, corren muchos en sórdidas y vilísimas ondas los regalados dones
-de la tierra. Las tiernas doncellas esclavas sufren con nuevo dolor,
-como a un enemigo más poderoso, el servil lecho de quien las logró por
-su buena fortuna. Su esperanza es que venga la sempiterna noche y les
-libre de sus lastimosísimos dolores.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-¡Oh amigas! he ahí el espía que llega, y según me parece trae alguna
-nueva del ejército. Bien de prisa viene, y apretando el paso.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Y aquí está el rey en persona, el hijo de Edipo, a saber las nuevas que
-el espía tan oportunamente trae. También a él apenas le deja la prisa
-fijar la planta en el suelo.
-
-~(Salen ETEOCLES y el ESPÍA.)~
-
-ESPÍA
-
-A ciencia cierta puedo decirte el estado de los enemigos, y qué puerta
-le cupo a cada cual en suerte. Ya Tideo brama de furor frente a la
-puerta Prétida. El adivino no le deja pasar las aguas del Ismeno porque
-las entrañas de las víctimas no le son favorables; y Tideo, fuera de
-sí y ansioso de pelear, se desata en voces, como hambriento león en
-silbos al calor del mediodía y provoca con denuestos al sabio vate
-hijo de Oídeo, acusándolo de retroceder medroso, con bajeza de ánimo,
-ante la pelea y la muerte. Y gritando así, sacude el triple penacho;
-la crinada cabellera hace negra sombra al yelmo, y bajo la trémula
-mano claman terror las resonantes y cóncavas labores de su broncíneo
-escudo. En él lleva esta arrogante empresa: un cielo, hecho a cincel,
-todo encendido por los astros, en medio del cual brilla resplandeciente
-la luna llena, gloria de las estrellas y ojo de la noche. De esta
-suerte está a la orilla del río, y salta loco de ufanía con el soberbio
-aparato de sus armas, y vocea, y llama a combate, no de otro modo
-que fogoso corcel, en oyendo el són de la corneta, se ensaña con el
-espumante freno, y quiere lanzarse a la batalla. ¿Quién le opondrás?
-Una vez que la puerta de Preto sea forzada ¿quién será poderoso a
-hacerle frente?
-
-ETEOCLES
-
-No me asusto yo de afeites de hombre ninguno; ni los motes hacen
-heridas, ni muerden penachos y sonoros cobres sin la lanza. Y en cuanto
-a esa noche que dices hay en el escudo, resplandeciente con los astros
-del cielo, acaso esa locura pudiera ser profecía para alguno. Por que
-si cae sobre sus ojos la noche de la muerte, vendrá a ser esa arrogante
-empresa bien justa, y verdadera, y significativa para su mantenedor, y
-el agorero de su propia afrenta. Yo pondré contra Tideo por defensor de
-esa puerta al virtuoso hijo de Astaco, de muy generosa sangre, honrador
-del trono del honor, y aborrecedor de jactanciosas frases. Tímido sólo
-para toda acción fea, jamás conoció la cobardía. Trae su estirpe de
-aquellos hombres nacidos de la siembra de Cadmo, que perdonó Ares,
-y es de pura raza thebana. Tal es Melanippo. Ahora Ares jugará a los
-dados la victoria, mas como quiera la ley de la sangre designa a
-Melanippo para defender de la lanza enemiga a la madre que le parió.
-
-CORO
-
-Así los dioses den ahora a mi mantenedor tan buena fortuna como
-justicia le asiste al alzarse en armas por la ciudad; pero temo ver el
-fin sangriento de los que van a morir por los que les son caros.
-
-ESPÍA
-
-Sí, quieran los dioses darle buena suerte. La puerta de Electra tocóle
-a Capaneo, el cual es otro gigante mayor que el sobredicho, cuya
-arrogancia no razona a lo humano. Amenaza las torres con estragos que
-jamás permita la fortuna, y dice que, quiera el cielo o no quiera, que
-él ha de destruir la ciudad, y que la ira misma de Zeus, que se clavase
-en el suelo a su paso, no le detendría en su camino. Para él lo mismo
-se le da de relámpagos y rayos que de los calores del mediodía. Tiene
-por empresa un hombre desnudo armado de encendida tea, y que dice en
-letras de oro: “Yo incendiaré la ciudad.” Contra un tal hombre como
-éste envía... Mas ¿quién le hará cara? ¿Quién esperará sin temblar a
-hombre que viene tan arrogante?
-
-ETEOCLES
-
-Ventaja sobre ventaja. La lengua es el verdadero acusador de los vanos
-pensamientos de los hombres. Capaneo amenaza, pronto a hacer lo que
-dice, y menosprecia a los dioses, y suelta su lengua con necia alegría,
-y, mortal como es, lanza a voces arrebatadas palabras que llegan hasta
-el mismo Zeus. Pero confío que ha de venir sobre él, y con razón, el
-ignífero rayo, y nada semejante a los ardores del sol de mediodía. Tan
-baladrón y todo, contra él está designado un hombre que arde en coraje,
-el impetuoso Polifónte, defensa bastante del puesto con el favor de su
-patrona Artemisa y de los demás dioses. Dime otro de los destinados por
-la suerte para las restantes puertas.
-
-CORO
-
-Perezca quien se gloría lanzando tan terribles amenazas contra la
-ciudad. Que el golpe del rayo le destruya antes que invada mis hogares,
-y me arroje con lanza soberbia de mi virginal retiro.
-
-ESPÍA
-
-Voy, pues, a decir a quien señaló en seguida la suerte para otra de
-las puertas. Salió la tercer jugada del cobrizo fondo del yelmo, y fué
-para Eteoclo, a quien toca llevar su gente sobre la puerta de Neis. Él
-entonces hace revolverse a las yeguas, que relinchan impacientes bajo
-el freno, codiciosas de volar a las puertas. Los férreos bocados silban
-con rudo estilo, cubiertos del resuello espumoso que se exhala de las
-dilatadas narices. El escudo que lleva está pintado con nada humilde
-adorno: un hombre armado, que va subiendo los peldaños de una escala
-arrimada a una torre enemiga que quiere destruir; el cual vocifera
-estas palabras escritas: “Ni el mismo Ares podrá arrojarme de esta
-torre.” Envía también contra éste un hombre que sea capaz de apartar de
-Thebas el yugo de la esclavitud.
-
-ETEOCLES
-
-He aquí a quien puedo enviar, y pienso que con alguna fortuna: a
-Megareo, hijo de Creonte, del linaje de los hombres sembrados. Ya
-partió a su puesto. No ostentan sus manos pomposos alardes; pero no
-retrocederá por temor a estrepitosos relinchos de caballos fogosos,
-antes bien o morirá, pagando así a la patria la deuda de su crianza, o
-se apoderará de los dos hombres y de la ciudad del escudo, y alhajará
-con estos despojos la casa de su padre. Cuéntame las baladronadas de
-otro; di, y no omitas palabra alguna.
-
-CORO
-
-Pido a los cielos ¡oh defensor de mis hogares! que seas afortunado en
-tu empresa, y que les sea contraria a nuestros enemigos. Como ellos con
-enfurecido ánimo se desatan en amenazas insolentes contra la ciudad,
-así los mire airado Zeus justiciero.
-
-ESPÍA
-
-El cuarto, a quien corresponde la puerta de Atenea Onca, es el gigante
-de Hippomedonte, de desaforada estatura, que viene a nosotros con
-grandes voces. Como comenzase a voltear un enorme disco que trae,
-quiero decir, el círculo de su escudo, temblé de miedo; no diré lo
-contrario. Y no era ningún torpe el grabador de empresas que cinceló
-en él este asunto: Tifón arrojando por la igniespirante boca la
-negra humareda, ágil hermana del fuego. Y todo alrededor de la honda
-cavidad del disco, está todo él incrustado de entrelazadas madejas de
-serpientes. En cuanto a Hippomedonte, da jubilosos alaridos de guerra,
-y lleno del furor de Ares corre a la lucha arrebatado y loco como una
-bacante, y despidiendo terror de sus ojos. Fuerza es guardarse bien
-de la acometida de un tal enemigo, que ya su arrogancia ha llevado el
-terror a aquella puerta.
-
-ETEOCLES
-
-Ante todo, Palas Onca, que asiste en la ciudad vecina a esa puerta,
-perseguirá con su odio la insolencia de ese hombre, y le rechazará de
-sus polluelos como a dragón dañoso. Además el adversario que se le ha
-elegido es el insigne hijo de Enopo, Hiperbio, que está deseoso de
-probar su suerte en este trance de fortuna. Y nada hay que tacharle ni
-en la apostura, ni en el valor, ni en el arreo de las armas. Con razón
-los ha juntado Hermes, porque irán enemigo contra enemigo, y llevarán
-en sus escudos dioses enemigos. Pues si Hippomedonte tiene a Tifón
-respirando llamas, en el escudo de Hiperbio está sentado Zeus, firme
-y reposado, con el rayo ardiente en la diestra; y nadie vió todavía
-a Zeus vencido de vencedor alguno. ¡Y he aquí cuánto vale la amistad
-de los dioses! nosotros estamos con los vencedores; ellos con los
-vencidos, porque si Zeus pudo más en la pelea que Tifón, así es natural
-que suceda ahora con los dos contrarios. Zeus que está en el escudo de
-Hiperbio, será su salvador según reza la empresa.
-
-CORO
-
-Yo confío que quien lleva en el escudo y pone enfrente de Zeus una
-figura que le es odiosa, el cuerpo de un dios sepultado bajo la tierra,
-imagen por igual aborrecida de los hombres y de los eternos dioses, que
-ha de dejar su cabeza en nuestras puertas.
-
-ESPÍA
-
-Que sea así. Pero voy a hablar del quinto, que está apostado en la
-puerta del Bóreas, junto al sepulcro del divino hijo de Zeus, Anfión.
-Jura por la lanza que sustenta, y que lleno de arrogancia tiene en
-más veneración que a un dios, y la quiere más que a las niñas de sus
-ojos, que a despecho de Zeus ha de asolar la ciudad de Cadmo. Quien así
-vocifera es un hombre de hermoso rostro, casi niño, aún no salido de la
-mocedad, retoño de una madre habitadora de las selvas. Apenas apunta en
-sus mejillas el ligero bozo, que con la edad crece y se torna espesa
-barba; pero de niño sólo tiene rostro y nombre. Allá está retándonos,
-con la fiereza en la mirada y la crueldad en el corazón. Y tampoco éste
-se llega a nuestras puertas sin alardear de jactancioso. Juega un ancho
-y broncíneo escudo, que defiende en redondo su cuerpo, y en él lleva la
-figura de la afrenta de nuestra ciudad; la Esfinge carnicera, hecha de
-bulto y con primoroso arte claveteada, y toda resplandeciente. Bajo sus
-garras tiene un Cadmeo, de modo que contra él vengan la mayor parte de
-nuestros dardos. Mas no parece que el árcade Parthenopeo viene a hacer
-tráfico de la guerra, y deshonrar el término de una larga jornada.
-Extranjero educado en Argos, este tan valeroso guerrero, por pagar a
-los Argivos los cuidados de su crianza, amenaza ahora nuestras torres
-con estragos que jamás cumplan los dioses.
-
-ETEOCLES
-
-¡Si alcanzasen de los dioses para sí lo que contra nosotros piensan
-con esas sus impías vanidades! ¡A buen seguro que no pereciesen todos
-con entera y miserabilísima ruina! También para ese, que tú dices el
-Arcade, hay un hombre nada jactancioso, pero cuya mano sabe lo que hay
-que hacer; Actor, hermano del que he nombrado antes, el cual no dejará
-que una vana lengua sin obras corra suelta dentro de nuestros muros
-para aumento de nuestras desdichas, ni que entre jamás quien ostenta
-en el enemigo escudo la imagen de una fiera, el más aborrecido de los
-monstruos, que cuando se halle puesta a la espesa nube de dardos que
-sobre ella irán de la ciudad, se revolverá acusadora contra quien la
-lleva. Con la voluntad de los dioses, saldrán verdades mis palabras.
-
-CORO
-
-Tus razones penetran hasta el fondo de mi pecho; pero los cabellos
-se me erizan de horror al oír las soberbias amenazas de esos hombres
-impíos y arrogantes. ¡Así hagan los dioses que perezcan en esta tierra!
-
-ESPÍA
-
-El sexto, de quien hablaré al punto, es Anfiareo el adivino, varón
-prudentísimo, y en el combate por extremo valeroso. Apostado frente
-a la puerta Homolois, ahora maldice a Tideo el violento; ahora
-clavando airado sus ojos en ese tu hermano, desdichado juguete del
-destino, parte en dos su nombre por afrenta, y le grita: “¡Polinices,
-homicida, perturbador de la república, autor de todos los males de
-Argos, evocador de las Erinnas, ministro de la Muerte, y para Adrastro
-consejero de estas maldades! ¡Cierto, prosiguen sus labios, que tal
-hazaña será agradable a los dioses, y para los que nos sucedan hermosa
-de contar y de oír! ¡Arrojar sobre la patria un ejército extraño, y
-asolar la ciudad de tus padres y los templos de los dioses de tu propia
-tierra! ¿Qué sentencia habrá que haga enmudecer la causa de una madre?
-¡Cómo ha de estar jamás de tu parte la patria entregada por obra tuya
-al hierro enemigo! Adivino de mi propia suerte, bien sé que he de
-quedar sepultado en este suelo, y le he de fecundar con mis despojos.
-Peleemos, sin embargo, que no temo muerte deshonrosa.” Así dice el
-adivino, jugando un escudo todo de cobre, bien forjado, pero en cuyo
-centro no campea empresa alguna. No quiere parecer el mejor, sino
-serlo, cuidadoso de coger los frutos del hondo surco que la sabiduría
-abrió en su mente, del cual brotan las cuerdas resoluciones. Aconséjote
-que contra este hombre despaches adversarios diestros y valerosos; que
-es temible el que venera a los dioses.
-
-ETEOCLES
-
-¡Ah destino, que asocias a un hombre justo con los más impíos de
-los mortales! ¡Cierto que en toda empresa nada hay peor que la mala
-compañía, y su fruto es bien desabrido! El campo de la maldad rinde
-por cosecha la muerte. Embárquese el bueno con navegantes malvados
-y puestos a toda mala obra, y perecerá con toda aquella ralea
-aborrecida de los dioses. O que el justo viva entre hombres inhumanos
-y olvidadizos de los dioses, y se hallará cogido en la misma red
-que ellos, y como ellos caerá, y con razón derribado por el divino
-azote que alcanzará a todos. He aquí ahora este vate; hablo del hijo
-de Ecleo; varón prudente, bueno, justo y piadoso; profeta insigne,
-confundido mal de su voluntad con estos hombres impíos y procaces, que
-hacen tan larga expedición para haber de volverse huyendo; pues Zeus
-mediante, con ellos sufrirá la misma funestísima suerte. Imagínome que
-no ha de atacar las puertas; no por cobardía ni por flaqueza de ánimo,
-mas porque sabe que ha de perecer en lucha. Si es que de algún fruto
-tienen que ser para él los oráculos de Loxias, el cual ha por costumbre
-siempre callar o decir verdad. No obstante, contra él pondremos un
-hombre que guardará la puerta; al esforzado Lasthenes, que no da
-cuartel; en el entendimiento anciano; en el cuerpo mozo y de bríos; en
-el mirar pronto; y nada tardo de manos para llevarlas a la siniestra y
-tirar de la desnuda lanza. En cuanto a la victoria... sólo el cielo
-puede darla a los hombres.
-
-CORO
-
-Escuchad, dioses, nuestras justas plegarias, y haced que la victoria
-sea de la ciudad. Volved los desastres de la guerra contra los
-invasores de nuestro suelo. ¡Que Zeus los arroje de nuestras torres, y
-los aniquile con su rayo!
-
-ESPÍA
-
-Diré, en fin, el que viene sobre la séptima puerta: es tu propio
-hermano. ¡Qué de maldiciones echa contra la ciudad, y qué desdichas
-le promete! Que en asaltando nuestras torres; luego que se haga
-proclamar en la comarca a voz de pregón, y que entone el triunfal Peán,
-celebrador de nuestra ruina, que correrá a encontrarse contigo; y que,
-o te matará, aunque muera sobre tu mismo cuerpo, o que si vives, que se
-ha de vengar de ti con un deshonroso destierro como aquel con que tú
-le afrentaste. Tales amenazas lanza a voces el arrebatado Polinices, e
-invoca a los dioses gentilicios de la tierra patria porque miren a sus
-súplicas. Y tiene un escudo recién forjado, de hermosa hechura, encima
-del cual lleva un doble emblema esculpido con todo arte. Es una mujer
-que va guiando grave y serena a un hombre hecho de oro, al parecer
-soldado; la cual dice, al tenor de la leyenda: “Yo soy la Justicia:
-y volveré del destierro a este hombre; y tendrá la ciudad patria, y
-la posesión de la casa de sus padres.” Esto es lo que trazan nuestros
-enemigos. Tú ahora ve a quién piensas despachar contra Polinices.
-Porque jamás tendrás que reprender a este hombre por sus noticias, pero
-tú sólo eres quien ha de entender de regir la nave de la ciudad.
-
-ETEOCLES
-
-¡Oh raza mía de Edipo, digna de llanto, por los dioses enloquecida y
-por los dioses grandemente odiada! ¡Ay de mí, que al fin se cumplen hoy
-las maldiciones de mi padre! Mas no es hora esta de llorar y dolerse;
-no salgan de aquí más insoportables lamentos. Polinices, merecedor del
-nombre que tienes, yo te digo que pronto veremos cómo se cumplen tus
-emblemas y si las letras de oro del escudo, tan vanas como tu orgullo
-necio, te restituyen en la ciudad. Porque, si la Justicia, esa virgen
-hija de Zeus, acompañase tus obras y pensamientos, por ventura pudiera
-suceder así. Pero ni cuando saliste del obscuro seno de tu madre, ni
-en la niñez, ni en la mocedad, ni al cerrar la barba, nunca jamás te
-creyó digno ni de mirarte. Y no pienso que ha de ponerse de tu lado
-para oprimir a la patria; que no haría verdadero su nombre, sino antes
-falsísimo, si asistiese a quien por condición está pronto a toda mala
-obra. En esta confianza, yo iré a encontrarme con él; yo mismo. ¿Y
-qué otro con más justicia que yo? Yo iré contra él; príncipe contra
-príncipe, hermano contra hermano, enemigo contra enemigo. Trae cuanto
-antes las crépidas de campaña, la lanza y el escudo para las piedras.
-
-~(Vase el ESPÍA.)~
-
-CORO
-
-¡Oh Eteocles, para mí el más querido de los hombres! ¡oh hijo de Edipo,
-no quieras hacerte semejante en condición a quien tan feamente has
-denostado! Que Argivos y Cadmeos vengan a las manos; baste con esto.
-Sangre es que puede expiarse. ¡Pero la muerte de dos hermanos así
-suicida!... No hay vejez para tal mancha.
-
-ETEOCLES
-
-Cualquier mal que me aviniere, como sea sin ignominia, venga en buena
-hora; que en la muerte está el único bien. Mas no dirás que hay gloria
-en lo que sobre desdicha es vergüenza.
-
-CORO
-
-¿Y aún lo intentas, hijo? No te arrastre esa funesta y loca ansia de
-pelea que llena tu alma. Desecha de ti ese primer impulso de una mala
-pasión.
-
-ETEOCLES
-
-Pues que el cielo da prisa por el desenlace, láncese viento en popa
-a las ondas del Cocyto, que son su herencia, toda esta raza de Layo
-aborrecida de Febo.
-
-CORO
-
-Es un cruelísimo deseo ese que te punza y muerde, y te incita a cometer
-un homicidio de bien amargos frutos; a derramar una sangre que para ti
-es sagrada.
-
-ETEOCLES
-
-No; es la maldición de mi padre que se apercibe ya a cumplirse. Llena
-de odio y con los ojos secos y sin lágrimas, llégase a mi lado y me
-grita: Primero la venganza y después la muerte.
-
-CORO
-
-Pero tú no la provoques. Por guardar una vida inocente no has de ser
-motejado de cobarde. Ni Erinna descarga sobre nuestra morada su negra
-tormenta, cuando las manos se conservan puras, para que nuestras
-ofrendas sean aceptas a los dioses.
-
-ETEOCLES
-
-Ya los dioses no se curan de nosotros. Además, que ha de poner
-admiración el beneficio que traerá nuestra muerte. ¿A qué, pues,
-andamos halagando todavía a nuestro mortal destino?
-
-CORO
-
-Sí, ahora que te estrecha. Porque ese mal espíritu que agita tu alma,
-quizá mudándose con el tiempo se vuelva en viento más blando; pero
-ahora está hirviendo aún.
-
-ETEOCLES
-
-Es la maldición de Edipo que se agita hirviente. ¡Harto verdaderas son
-esas visiones de nocturnos fantasmas que se me aparecen partiendo la
-herencia de mi padre!
-
-CORO
-
-Créete de mujeres por más que no les tengas amor.
-
-ETEOCLES
-
-Podéis decir cosas que sean de hacer, pero sin hablar mucho.
-
-CORO
-
-No tomes el camino de la séptima puerta.
-
-ETEOCLES
-
-Tus palabras no quebrantarán la resolución de mi ánimo airado.
-
-CORO
-
-· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
-
-ETEOCLES
-
-Justa o no, los dioses honran siempre la victoria.
-
-CORO
-
-· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
-
-ETEOCLES
-
-Lenguaje es ese que un soldado no puede aprobar.
-
-CORO
-
-¿Quieres, pues, gozarte en la sangre de tu propio hermano?
-
-ETEOCLES
-
-Si los dioses me lo conceden, no escapará él de la muerte.
-
-~(Vase ETEOCLES.)~
-
-CORO
-
-¡Estoy transida de terror! Esa diosa, ruina de las casas y en
-nada igual a los otros dioses; la de los decretos infalibles; la
-vaticinadora de infortunios; esa Erinna invocada por un padre, va
-al fin a cumplir las airadas imprecaciones del insensato Edipo. La
-discordia, que perderá a sus hijos, precipita el desenlace.
-
-El hierro extranjero, venido de los Cálibes de la Escithia, será el
-fiero y cruel partidor de la hacienda paterna, que hará las suertes, y
-a cada uno le dará para que habite, en vez de dilatados dominios, la
-tierra que pueda ocupar después de muerto.
-
-Cuando heridos y despedazados con mutuos y mortales golpes, caigan ya
-sin vida; luego que el fondo mismo de la tierra haya bebido su roja
-sangre, ya negra y cuajada, ¿quién ofrecerá sacrificios expiatorios?
-¿Quién lustrará sus cuerpos? ¡Oh desdichas nuevas de esta casa, que
-venís a juntaros con sus antiguos males!
-
-Con aquella vieja culpa de Layo, bien pronto castigada, y que hoy vive
-en su tercera generación. Por tres veces habíales advertido Apolo desde
-aquella ara de Pithia, centro de la tierra, que muriese sin hijos si
-quería ver salva a la ciudad. Dejóse él vencer de temerarios consejos
-de amigos; fué contra la voluntad del dios, y engendró su propia
-muerte; a Edipo el parricida, que osó sembrar una estirpe sangrienta
-en la sagrada tierra de su madre, donde fué sustentado. La demencia
-juntó a los insensatos esposos, y a modo de un mar, trajo sobre
-nosotros olas de males. Cayó la una, y otra más terrible se levanta
-ahora, y muge en torno a la popa de la ciudad. Tan sólo una tabla de
-salvación hay de por medio; el espesor de una torre; y no para mucho,
-que bien me temo que con sus reyes va a caer también Thebas.
-
-¡Cumplidas están ya las antiguas maldiciones! ¡Ya se hacen las funestas
-paces! Las calamidades cuando vienen no pasan de largo, sino que
-descargan. Afanoso el hombre, amontona sobre el bajel riquezas en
-demasía, y luego tiene que arrojarlas de lo alto de la popa. Porque ¿a
-quién admiraron más los hogares de sus conciudadanos y la pública Ágora
-henchida de atropellada muchedumbre? ¿A quién dieron más honor y gloria
-que a Edipo cuando limpió la comarca de la peste que le arrebataba sus
-hombres? Mas así que el infeliz se dió razón de su miserable consorcio,
-no pudiendo llevar su dolor, y lleno el pecho de rabia, añade a sus
-males otros dos males nuevos. Con bárbara furia arranca con la mano
-parricida aquellos sus ojos que tenían que encontrarse con el rostro de
-sus hijos, y ¡ay de mí! horrorizado de su nefanda obra, lanza tremendas
-maldiciones sobre los que engendró. ¡Que alguna vez dividan entre sí
-espada en mano la herencia de sus padres! Tiemblo que la veloz Erinna
-vaya a cumplirlas ahora.
-
-~(Sale un MENSAJERO.)~
-
-MENSAJERO
-
-Tened buen ánimo, hijas con tanto regalo criadas por vuestras madres.
-La ciudad escapó del yugo de la servidumbre. Vinieron por tierra los
-fieros de aquellos hombres arrogantes; Thebas boga ya por mar serena,
-y el fondo del bajel no se ha abierto al continuo azotar de las olas.
-Las torres se mantienen en pie y nos escudan; las habíamos asegurado
-con defensores poderosos cada cual de ellos para guardar la que le
-estaba encomendada.
-
-En lo más hemos tenido buen suceso: en seis de las puertas; pero de la
-séptima se ha apoderado el augusto Apolo, sagrado guía de los siete
-príncipes, haciendo así que en la raza de Edipo llegue a cumplirse el
-castigo de la antigua temeridad de Layo.
-
-CORO
-
-¿Qué nuevo desastre es ese que ha venido sobre la ciudad?
-
-MENSAJERO
-
-La ciudad está en salvo; pero los reyes que fueron engendrados de una
-misma sangre...
-
-CORO
-
-¿Quiénes? ¿Qué dices? Túrbase mi mente con el terror que me ponen tus
-palabras.
-
-MENSAJERO
-
-Vuelve en ti ahora, y escucha. La raza de Edipo...
-
-CORO
-
-¡Ay de mí desdichada, que soy adivina de males!
-
-MENSAJERO
-
-La tierra ha bebido su sangre, que derramaron el uno contra el otro.
-
-CORO
-
-¡Y hasta ahí llegaron! ¡Espantable crimen! Pero... ¡acaba!
-
-MENSAJERO
-
-Murieron los dos dándose mutua muerte.
-
-CORO
-
-¡Y así con las manos fraternales se han arrancado la vida!
-
-MENSAJERO
-
-Demasiado cierto es. Ambos quedan en el polvo.
-
-CORO
-
-¡Y así a los dos juntos esperaba un mismo destino!
-
-MENSAJERO
-
-Sí, él acabó por fin con la infeliz raza. ¡Cosas para ser celebradas
-con alegrías y con llanto! Salva está Thebas; pero los príncipes, los
-dos caudillos hermanos se sortearon con el bien forjado hierro escytha
-la plena posesión de sus riquezas y tendrán cuanto de tierra puedan
-ocupar en su sepultura, con que habrán alcanzado los funestos votos de
-su padre.
-
-~(Vase.)~
-
-CORO
-
-¡Oh gran Zeus! ¡oh dioses tutelares de la ciudad, que habéis defendido
-estas torres de Cadmo! ¿Por ventura deberé yo alegrarme y celebrar con
-regocijadas voces la salvación de Thebas, libre ya de todo riesgo, o
-lloraré a esos tristes e infortunados caudillos, últimos de su raza?
-¡Bien cumplieron con sus nombres; que con harta fama y reñida pelea han
-perecido llevados de su impío consejo!
-
-¡Oh negra maldición de la raza de Edipo al fin cumplida! Un hielo de
-muerte se derrama por todo mi corazón. Fuera de mí como una Tiade,
-rompo en funerario canto, vertiendo lágrimas sobre los ensangrentados
-cuerpos de los que tan miserablemente han acabado. ¡Cierto que con mal
-sino se cruzaron sus lanzas!
-
-Llegó a cumplirse la palabra de maldición de un padre; no ha faltado,
-no. La terca resolución de Layo ha dado fruto. Y mis ansias por la
-ciudad no cesan; que están aún en todo su rigor los oráculos de los
-dioses. -- ¡Oh príncipes dignos de perpetuo llanto, ved ahí la inaudita
-hazaña que habéis acometido! ~(Traen a la escena los cuerpos de
-ETEOCLES y POLINICES.)~ Ya están aquí; no las palabras, sino las
-calamitosas y lastimeras realidades. Hélas ahí, que ellas mismas se
-ofrecen a nuestros ojos. Patente está la relación del mensajero.
-¡Dobles congojas! ¡Dobles víctimas de un mutuo homicidio! Dobles
-males, compartidos entre dos sin ventura. Es la ruina, que hoy quedó
-consumada. ¿Y qué diré yo sino que en esta casa hacen su habitación
-infortunios sobre infortunios? Ea, amigas, al viento dad los gemidos,
-golpead con ambas manos vuestra cabeza, e imitad el acompasado batir
-de los remos, propicio són para los navegantes que de continuo hace
-bogar por el Aqueronte la gemebunda barca de negras velas hacia la
-región donde nunca fijó Apolo su planta; lugar sin luz que a todos los
-mortales recibe, y siempre está con las fauces abiertas, hambriento de
-devorarlos. ~(Salen ANTÍGONA e ISMENE.)~ Pero mirad aquí a Antígona
-e Ismene, que vienen a un amargo oficio: a endechar sobre sus dos
-hermanos. Sin duda que dejarán que salga del fondo de su amoroso pecho
-el justo dolor que las atormenta, mas razón es que antes de su canto
-entonemos nosotros el lúgubre y desapacible himno de las Erinnas y que
-luego cantemos el odioso cántico de Edes. ¡Ay hermanas, las de más
-infelices hermanos de cuantos ceñimos nuestras vestiduras con femenil
-cíngulo, no imaginéis que hay engaño en mis lágrimas y sollozos, sino
-que mis ayes salen del fondo de mi pecho!
-
-~(Divídese el CORO.)~
-
-PRIMER SEMICORO
-
-¡Ay, ay, temerarios, a quienes ni persuadieron amigos, ni quebrantaron
-tribulaciones! ¡Desdichados, que por la fuerza quisisteis haceros
-dueños de la casa de vuestros padres!
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-¡Desdichados, sí, que con ruina de su casa hallaron desdichada muerte!
-
-PRIMER SEMICORO
-
-¡Ay, ay, destructores de los muros de vuestra casa, que en un amargo
-reinar teníais puestos los ojos; ya habéis dirimido con el hierro
-vuestras discordias!
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-¡Bien cumplió la formidable Erinna la maldición de vuestro padre Edipo!
-
-PRIMER SEMICORO
-
-¡Los dos pasados de parte a parte el costado izquierdo!
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Sí; pasados de parte a parte costados que salieron de unas mismas
-entrañas.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-¡Ay, ay, infelices! ¡Ay, maldiciones que habéis traído un mutuo
-fratricidio!
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-¡Herida que los pasó de parte a parte!
-
-PRIMER SEMICORO
-
-¡Herida que los hirió en su cuerpo y en su casa!
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Con el indecible furor de la fatal discordia, invocada por la
-imprecación de un padre.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Los gemidos invaden la ciudad; gimen las torres; gime este suelo, que
-amaba a sus dos hijos. Ahí quedan para los que vengan después las
-riquezas que a esos infelices les trajeron la discordia, y al fin la
-muerte.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Lleno de ira el pecho, partieron entre sí esas riquezas, de modo que
-cada cual tuviese igual parte; pero sus amigos no dejarán de maldecir
-el hierro que los concertó, y que a ninguno hizo gracia de la vida.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Sí ahí están muertos a hierro.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Y abiertas a hierro los esperan... Acaso alguno preguntará qué. ¡Dos
-suertes de tierra cavadas en la sepultura de sus padres!
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Hasta la que fué su morada envían sus ecos mis desconsolados ayes; ayes
-por ellos; ayes por mí, y por mis propias desventuras. Duelo cruel, que
-huye toda odiosa alegría, y hace que con no fingida pena desfallezca
-el corazón, y se deshaga en lágrimas por los dos príncipes hermanos.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Mas sea lícito decir de los tristes, que ellos fueron causa de grandes
-males para sus conciudadanos y para esas invasoras haces de extranjeros
-que en inmensa muchedumbre han perecido en la pelea.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-¡Infeliz de la que los parió, sobre todas cuantas mujeres llevaron
-nombre de madres! Que recibió por esposo a su propio hijo, y de él
-concibió a los que así acabaron ahora matándose el uno al otro con
-aquellas manos nacidas de un mismo seno.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Sí, los dos a quienes un mismo seno había concebido, muertos quedan a
-la vez por una herencia amarga, en furioso combate que ha puesto fin a
-su querella.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Ya la enemistad cesó, y en la sangrienta y empapada tierra se juntaron
-sus vidas. ¡Ahora sí que son de una sangre!
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Cruel dirimidor de discordia es el huésped del otro lado del mar, el
-agudo hierro al fuego forjado. Cruel también es Ares, e inicuo partidor
-de riquezas, que ha sacado verdadera la maldición de un padre.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-¡Míseros de ellos, que cada uno tiene la parte de infortunios que le
-regaló Zeus, y bajo su cuerpo una riqueza sin fondo: la tierra!
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-¡Oh casa en desastres fecunda! Todo acabó. Ya toda esta raza entera ha
-desaparecido. Las Furias de la maldición paterna lanzan con desapacible
-són agudos alaridos de triunfo. Ate ha erigido su trofeo en la puerta
-donde los dos hermanos se pasaron con las mortales lanzas, y, vencedor
-de ambos, reposa el Destino.
-
-ANTÍGONA
-
-~(Dirigiéndose al cuerpo de POLINICES.)~
-
-Tú diste y recibiste la muerte.
-
-ISMENE
-
-~(Dirigiéndose al de ETEOCLES.)~
-
-Tú has muerto matando.
-
-ANTÍGONA
-
-A hierro mataste.
-
-ISMENE
-
-A hierro moriste.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Qué miserias has procurado!
-
-ISMENE
-
-¡Qué miserias has padecido!
-
-ANTÍGONA
-
-¡Salid, gemidos!
-
-ISMENE
-
-¡Salid, lágrimas!
-
-ANTÍGONA
-
-Mataste, y ahora yaces tendido delante de mis ojos.
-
-ISMENE
-
-Caíste envuelto en sangre, y así te ofreces a mí, sangriento y sin vida.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Ay!
-
-ISMENE
-
-¡Ay!
-
-ANTÍGONA
-
-El dolor enajena mi mente.
-
-ISMENE
-
-Dentro del pecho angústiase el corazón.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Ah, ah, merecedor de ser llorado por siempre!
-
-ISMENE
-
-¡Y tú también, desdichado entre los desdichados!
-
-ANTÍGONA
-
-De mano amiga recibiste la muerte.
-
-ISMENE
-
-Tú diste muerte al amigo.
-
-ANTÍGONA
-
-Doble desastre que referir.
-
-ISMENE
-
-Doble desastre que considerar.
-
-ANTÍGONA
-
-Doble aflicción, que está aquí, ¡a mi lado!
-
-ISMENE
-
-Desgracias de hermano, desgracias hermanas también, que me hacen
-vecindad desdichada.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Horrendo de decir!
-
-ISMENE
-
-¡Horrendo de mirar!
-
-CORO
-
-¡Oh Moira, funesta distribuidora de infortunios! ¡Oh veneranda sombra
-de Edipo, negra Erinna; y cuán formidable eres!
-
-ANTÍGONA
-
-¡Ay!
-
-ISMENE
-
-¡Ay!
-
-ANTÍGONA
-
-¡Qué de horrendos males...!
-
-ISMENE
-
-Le ofreció a éste su hermano de vuelta del destierro.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Y después que le mató, no entró en Thebas!
-
-ISMENE
-
-Y cuando parecía haberse salvado, perdió la vida.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Sí, la perdió!
-
-ISMENE
-
-¡Y quitó a éste la suya!
-
-ANTÍGONA
-
-¡Mísera raza!
-
-ISMENE
-
-¡Calamidad miserable!
-
-ANTÍGONA
-
-Desgracias gemelas dignas de lastimosísimo duelo.
-
-ISMENE
-
-Torrente irresistible de males que saltan los unos sobre los otros.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Horrendo de decir!
-
-ISMENE
-
-¡Horrendo de mirar!
-
-CORO
-
-¡Oh Moira, funesta distribuidora de infortunios! ¡Oh veneranda sombra
-de Edipo, negra Erinna, y cuán formidable eres!
-
-ANTÍGONA
-
-¡Bien lo sabes tú, que experiencia hiciste de ella!
-
-ISMENE
-
-Y tú, que no lo aprendiste más tarde.
-
-ANTÍGONA
-
-Cuando volviste a la ciudad.
-
-ISMENE
-
-Cuando lanza en mano le provocaste.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Ay dolor!
-
-ISMENE
-
-¡Ay desdichas!
-
-ANTÍGONA
-
-Para mi casa y para la patria.
-
-ISMENE
-
-¡Ay, y más aún para mí!
-
-ANTÍGONA
-
-¡Ay acaudillador de estas discordias!
-
-ISMENE
-
-¡Ay príncipe sin ventura!
-
-ANTÍGONA
-
-Los dos dignos de lástima sobre todos los hombres.
-
-ISMENE
-
-Caísteis ¡ay de mí! bajo la maldición de un padre.
-
-ANTÍGONA
-
-¡Ay de mí! El destino os arrastró al crimen.
-
-ISMENE
-
-¡Ay! ¿En qué lugar daremos tierra a sus cuerpos?
-
-ANTÍGONA
-
-¡Ay! En el lugar más honrado.
-
-ISMENE
-
-¡Oh, sí! ¡Reposen los infelices junto a su padre!
-
-~(Sale un PREGONERO.)~
-
-PREGONERO
-
-Según mi deber, os anuncio el juicio y sentencia de los magistrados
-del pueblo de Cadmo: Eteocles, que amó a su patria, recibirá en esta
-tierra honrada sepultura. Él, por defendernos de enemigos, delante de
-nuestra ciudad arrostró la muerte; él ha sido hallado puro y sin tacha
-en presencia de la religión de sus padres; él murió allí donde para un
-joven guerrero es hermoso el morir. Ahí tenéis lo que me está mandado
-que anuncie respecto de Eteocles; mas en cuanto a su hermano Polinices,
-que su cadáver insepulto sea arrojado fuera de aquí a que le devoren
-los perros, como a quien habría sido el asolador de la tierra de Cadmo,
-si no hubiese salido un dios al encuentro de su lanza. Pero aun después
-de muerto sufrirá la expiación el sacrílego; ese, que en deshonor de
-los dioses, arrojó invasor ejército sobre su patria con el ansia de
-su conquista. Así se tiene por justo que lleve el premio, recibiendo
-de las hambrientas aves de rapiña ignominiosa sepultura; y que ni con
-piadoso oficio manos amigas ningunas echen sobre su cuerpo amontonada
-tierra; ni tenga funerario culto de endechas y plañidos, ni le paguen
-los suyos tributo de honrosas exequias. Tal es la sentencia del Senado
-Cadmeo.
-
-ANTÍGONA
-
-Pues yo les digo a esos mismos que están al frente de la ciudad, que
-si nadie más quiere venir conmigo a sepultarle, yo le sepultaré, yo.
-Yo arrostraré el peligro por dar sepultura a mi hermano, y no me
-avergonzaré de haber negado obediencia a la ciudad en esto. ¡Son muy
-poderosas aquellas entrañas donde a los dos nos engendraron una madre
-infeliz y un padre sin ventura! Y así, alma mía, tú que aún estás sobre
-la tierra, toma parte, y de voluntad, y con afecto de hermana, en el
-infortunio de quien ya es muerto. No sepultarán los lobos sus carnes
-en los hondos vientres; que ninguno se lo imagine. Aun mujer como soy,
-yo misma encontraré como le abra la fosa y como le forme un túmulo; yo
-misma le llevaré en mis brazos, y le envolveré en los anchos pliegues
-de este velo de finísimo lino cysino. Y nadie mande lo contrario.
-~(Dirigiéndose al cuerpo de POLINICES.)~ Descansa; medio habrá de
-ponerlo por obra.
-
-PREGONERO
-
-Te prevengo que no lo intentes contra el voto de la ciudad.
-
-ANTÍGONA
-
-Te prevengo que no me notifiques decretos inútiles.
-
-PREGONERO
-
-¡Qué arrogante es la plebe luego que escapa del peligro!
-
-ANTÍGONA
-
-Sea arrogante. Pero no quedará insepulto mi hermano.
-
-PREGONERO
-
-¿Y honrarás tú con la sepultura a quien la ciudad tiene por enemigo?
-
-ANTÍGONA
-
-Aún no recibieron sus hechos marca alguna de manos de los dioses.
-
-PREGONERO
-
-Antes que pusiese a la ciudad en peligro, cierto que no.
-
-ANTÍGONA
-
-Había padecido sin razón, y volvió males por males.
-
-PREGONERO
-
-Mas por uno cometió el crimen contra todos.
-
-ANTÍGONA
-
-La divina Eris es siempre la última que habla. Yo le sepultaré. No
-hables más.
-
-PREGONERO
-
-Sigue, pues, llevándote sólo de tu consejo; mas en cuanto a mí te lo
-prohibo.
-
-CORO
-
-¡Ay, ay! ¡oh Erinnas, que así os ufanáis con vuestras obras; peste,
-que arruinas los linajes, y ahora has destruído de raíz toda la
-raza de Edipo! ¿En qué pararé? ¿Qué hacer yo? ¿Qué partido tomar?
-~(A POLINICES.)~ ¿Cómo me determinaré a no llorarte, ni acompañar
-tu cuerpo hasta la sepultura? Mas tiemblo, y retrocedo por temor a
-los ciudadanos... ~(A ETEOCLES.)~ Tú a lo menos tendrás muchos que
-te lloren; ¡pero este infeliz irá sin otro duelo ni llanto que las
-lágrimas de una hermana! ¿Quién habrá que pueda resignarse a esto?
-
-~(Divídese el CORO.)~
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Haga lo que quiera la ciudad con los que lloran a Polinices; nosotras
-iremos con Antígona, y le haremos las exequias, y le daremos sepultura.
-Su duelo toca también a toda la raza de Cadmo; y en punto a justicia a
-las veces el pueblo muda de pareceres.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Pues nosotras con éste, como a una mandan la ciudad y la justicia.
-Porque después de los felices dioses y del poder de Zeus, él fué sobre
-todos quien salvó de la ruina a la ciudad de Cadmo; él quien contuvo la
-ola de extranjeros próxima a inundarla.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-_LOS PERSAS_
-
-
-~(Aparece el CORO DE ANCIANOS.)~
-
-CORO
-
-Henos aquí a los que somos llamados los Fieles, entre aquellos persas
-que marcharon contra la Hélade; a los custodios de estos espléndidos y
-dorados palacios, a quienes por la dignidad de las canas nos eligió el
-hijo de Darío, el mismo rey Xerxes nuestro señor, para que velásemos
-por su reino. Agitado ya el corazón salta en el pecho presagiando
-males sobre la vuelta del rey y de aquel su ejército que salió de aquí
-con dorada y magnífica pompa. Partió toda la flor de los hijos de
-Asia, y en vano es que clamen por ellos sus lastimeras voces; ni un
-mensajero, ni un posta llega a la capital de los Persas. Desampararon
-sus ciudades, y partieron los de Susa y los de Ecbatana, y los que
-habitan la antigua fortaleza de Cissia; de ellos a caballo, de ellos
-en naves, de ellos con lento caminar, a pie y en apretadas haces,
-formando el grueso del ejército. Tales corrieron a la guerra, Amistres,
-y Artafernes, y Megabactes, y Astaspes, caudillos de los Persas, reyes
-súbditos del gran rey, que van al cuidado de esa expedición poderosa.
-Diestros en el arco, jinetes expertos, en la presencia formidables,
-y por la arrojada resolución de su ánimo temibles en la pelea. Y con
-ellos, Artembares, que combate a caballo; y Masistres, e Imayo el
-valeroso, buen flechero; y Farandaces, que con mano firme rige el
-carro de guerra, y los que envía el ancho Nilo de vivíficas aguas;
-Susiscanes, y Pegastagón, egipcio de nacimiento; y el poderoso Arsames,
-gobernador de la sagrada Menfis; y Ariomardo, que guarda a la antigua
-Thebas; y la innumerable multitud de prácticos remeros que habitan
-junto a las lagunas del Delta. Y van después la turba de los delicados
-Lidios, que tienen bajo de sí a todos los pueblos del continente; a
-los cuales rigen dos reyes, Mitrogathes y el valeroso Arteo. Y la
-opulenta Sardes lanzó a la guerra grande copia de carros de cuatro y
-seis caballos, que hacen espectáculo temeroso. Los que se avecinan al
-sagrado Etmolo aseguran que han de echar sobre la Hélade el yugo de la
-esclavitud; Mardon y Tharibis los de incansable lanza, y sus misios
-de certeros dardos. Babilonia la espléndida envía a modo de un río de
-innumerables hombres todos mezclados, y de gente de mar, orgullosa de
-la fina puntería de sus flechas. Y en fin, los pueblos todos de Asia,
-armados de sus mortales dagas, siguen luego bajo la veneranda conducta
-de su rey. De esta suerte ha partido la flor de los hijos de Persia, y
-esta tierra de Asia, que los crió, llóralos con amor ardentísimo; y
-las madres y las esposas cuentan temblando los largos días de un tiempo
-que no se acaba jamás.
-
-Ya ha pasado el asolador ejército real a la vecina costa frontera.
-Convirtió el estrecho de Helles la Atamántida en bien claveteado puente
-de naves, amarradas con cuerdas de lino, y echóle al mar sobre la
-cerviz el yugo de su dominación.
-
-Y el señor de la populosa Asia lanza con furia sobre el continente su
-prodigioso rebaño de pueblos por dos partes a la vez: por mar y por
-tierra, confiado en el valor y firmeza de sus capitanes. Él, hijo de
-esta raza nacida de la lluvia de oro; él, hombre igual a los mismos
-dioses.
-
-Fulgura en sus ojos la sombría mirada del sangriento dragón; dueño de
-miles de brazos, de miles de naves, dispara su carro sirio, y lleva
-contra los guerreros de poderosa lanza a Ares el del certero arco.
-
-¿Y quién habrá, aunque salga al paso con inmenso torrente de hombres,
-que pruebe a detener con él, como con valladar firmísimo, las nunca
-vencidas olas de los mares? Que es el ejército persa imposible de
-resistir, y su pueblo de ánimo esforzado.
-
-Ya de antiguo la fortuna dispuso y ordenó a los Persas por voluntad del
-cielo para correr tras de asaltos de torres, y encuentros de belicosos
-jinetes, y asolaciones de ciudades.
-
-A ellos, que fiando a todo un pueblo al débil artificio de algunos
-barcos trabados entre sí, aprendieron a contemplar con serenos ojos la
-vasta pradera del mar cubierta de ondeante espuma al soplo impetuoso de
-los vientos.
-
-Mas ¿qué mortal escapará a la engañosa astucia del Destino? ¿Quién
-tan ligero de pies que con fácil salto salve sus redes? Muéstrase la
-calamidad a lo primero amiga de los hombres, y de allí los lleva con
-halagos hasta aquellos lazos de los cuales a ningún mortal le fué dado
-salir jamás. ¡Pensamiento que cubre mi corazón de un velo de tristeza!
-¡Ay ejército de los Persas! Atorméntame el temor de que alguna vez se
-encuentre nuestro pueblo con que la gran ciudad de Susa quedó privada
-de sus hijos; con que a su ayes responden los ayes de la fortaleza
-de Cissia, y las mujeres en confuso tropel van repitiendo iguales
-lastimeras voces, mientras caen hechos jirones sus ricos velos de lino.
-
-Cual enjambre de abejas sale de enmelado panal, así los de a pie y
-los de a caballo, todo el pueblo, partió con su rey, y pasó el marino
-promontorio común a entrambos continentes.
-
-Mas el lecho conyugal está empapado en lágrimas que hace derramar el
-amor por el ausente esposo. Las mujeres de Persia viven oprimidas de
-dolor agudísimo. Cada cual quedó solitaria, sin su compañía, y tan
-sólo con el deseo amoroso del marido que compartía su tálamo, y que la
-abandonó con el ansia ardiente de pelea.
-
-Ea, pues, ¡oh Persas! nosotros que tenemos nuestro consejo en esta
-antigua y veneranda morada, veamos con prudente solicitud, pues que
-estrecha la necesidad, de qué modo sabremos la fortuna que corre el
-rey Xerxes, el hijo de Darío, el vástago del que dió nombre a nuestro
-pueblo. ¿Por ventura triunfó la ligereza del tendido arco, o salió
-vencedor el empuje de la aguda lanza?
-
-Pero he ahí que viene a nosotros una luz que brilla como la mirada de
-los dioses; es la madre del rey; nuestra reina. Caigamos de rodillas,
-y saludémosla con las palabras de reverencia y acatamiento que se deben
-a su majestad.
-
-~(Sale ATOSSA en una carroza, y con todo el cortejo y pompa de la
-majestad real.)~
-
-¡Salve, altísima señora de los Persas de rica y holgada vestidura;
-anciana madre de Xerxes, esposa de Darío, salve! Contigo partió su
-lecho el dios de los Persas; tú eres también hoy la madre de su dios,
-si ya no es que la antigua fortuna ha vuelto la espalda a nuestros
-soldados.
-
-ATOSSA
-
-Con esa inquietud dejo mi dorada estancia y el tálamo que partí con
-Darío, y vengo a vosotros. También a mí los pensamientos me atormentan
-el alma. Yo os lo diré todo. Jamás me veo libre de temores. Temo que la
-fortuna poderosa derribe con el pie entre nubes de polvo la grandeza
-que levantó Darío, no sin ayuda del cielo. Con esto llena mi alma un
-doble cuidado imposible de explicar. En estima ninguna puede estar el
-más rico tesoro sin hombres que lo guarden, ni luce la fortuna para el
-menesteroso según es el valor de su ánimo. Verdad que nuestras riquezas
-no han tenido mengua hasta ahora; pero temo por el ojo de esta casa;
-que ojo de una casa es sin duda la presencia del dueño. Por tanto,
-Persas, fieles ancianos, sed mis consejeros en esta ansia y congoja en
-que me encuentro; en vosotros estriba para mí toda buena resolución.
-
-CORO
-
-Bien sabes, señora de esta tierra, que en cuanto mis fuerzas quieran
-alcanzar no necesitas mandar dos veces qué he de decir ni qué he de
-hacer, y que pides consejo a quienes son tuyos de corazón.
-
-ATOSSA
-
-Desde que mi hijo, con el deseo de asolar la tierra de Jonia, dispuso
-su ejército y partió, mil sueños me asaltan y rodean de continuo. Mas
-ninguno como el de anoche se me apareció jamás tan claro. Escucha.
-Parecióme que se presentaban delante de mis ojos dos mujeres ricamente
-vestidas: venía la una en hábito persa; la otra en el de la Doria.
-Ambas por la majestad y gallardía de su talle superaban con mucho a
-las mujeres de nuestros tiempos; hermosas sin tacha, y hermanas, como
-de una misma sangre. A cada una de ellas la suerte le había dado una
-patria; a la una Grecia, a la otra la tierra de los bárbaros. A lo
-que me pareció ver, armóse entre ellas cierta contienda. Sábelo mi
-hijo; las contiene; las calma; unce a entrambas a su carro, y échales
-el yugo al cuello. La una, con aquellos arneses se yergue y ensancha,
-y mantiene su boca dócil a la rienda; pero la otra se revuelve y
-encabrita; destroza con sus manos todo el armazón del carro; arroja
-las riendas; quiebra el yugo, y con poderosa fuerza arrastra tras sí
-los despedazados despojos... Mi hijo cae. Acude a él Darío, doliéndose
-de su desgracia, y así que Xerxes le ve, desgarra las vestiduras que
-cubren su cuerpo. Tal se me aparece en viniendo la noche. Mas después
-que me levanto del lecho, y lavo mis manos en las puras aguas de una
-fuente, y me acerco al ara, deseosa de ofrecer libaciones a los dioses
-que alejan de nosotros los funestos presagios, luego veo una águila que
-viene huyendo hacia el ara del sol... ¡Muda de espanto quedo, amigos!
-Detrás distingo un halcón que la sigue volando, y se arroja sobre ella
-batiendo sus alas, y le despedaza la cabeza con sus uñas; atemorizada
-el águila no se defiende, y le entrega su cuerpo. Cosas son éstas en
-verdad para que nos aterre, a mí el verlas, a vosotros el oírlas.
-Porque, bien lo sabéis: mi hijo, a tener buena fortuna en su empresa,
-llegaría a ser el más admirado de los hombres; mas no porque se viera
-vencido tendría él que dar cuenta de sus hechos a sus vasallos, y una
-vez salvo, lo mismo que antes reinaría en esta tierra.
-
-CORO
-
-Ni queremos, oh madre, que nuestras palabras te pongan inmoderado
-temor, ni tampoco que te den inconsiderada confianza. Vuélvete a los
-dioses con súplicas. Si viste algo adverso, pídeles que lo alejen de
-ti, y que se cumpla lo favorable en ti y en tu hijo, y en el imperio,
-y en los amigos todos. Haz luego libaciones a la tierra y a los
-muertos; que así es debido. Conjúrale con fervoroso pecho a aquel Darío
-tu esposo, a quien dices que viste anoche, por que del seno de las
-regiones infernales envíe a la luz lo que sea de buen agüero para ti y
-para tu hijo, y haga que se desvanezca en la obscuridad de las entrañas
-de la tierra lo que os sea contrario. He aquí lo que de corazón te
-digo y la razón me previene previsora. Y en cuanto a lo que nos has
-revelado, juzgamos que en resolución todo acabará por tener para ti
-buen suceso.
-
-ATOSSA
-
-Tú eres el primero que ha interpretado mis sueños y que con amor a mi
-hijo y a mi casa determinas lo que se debe hacer. ¡Ojalá suceda todo
-cual lo deseamos! Entremos en palacio, y hagamos al punto cuanto
-mandas en honor de los dioses y de aquellos de nuestros amigos que
-habitan en los senos infernales. Mas, oh amigos, yo quisiera saber de
-vosotros, dónde dicen que está asentada Atenas.
-
-CORO
-
-Lejos de aquí, a occidente; hacia donde se pone Helios nuestro señor.
-
-ATOSSA
-
-¿Y tanto desea mi hijo tomar esa ciudad?
-
-CORO
-
-Tomada, la Hélade entera quedaría sujeta al rey.
-
-ATOSSA
-
-De esa suerte, ¿abunda su ejército en soldados?
-
-CORO
-
-Y tales, que ya causaron muchas pérdidas a los Medos.
-
-ATOSSA
-
-¿Y qué otra cosa más tienen? ¿Hay riquezas bastantes en sus casas?
-
-CORO
-
-Tienen una fuente de riqueza; un tesoro que la tierra les regala.
-
-ATOSSA
-
-¿Por ventura brillan en sus manos el arco y las flechas?
-
-CORO
-
-Jamás. Pelean con lanza, de cerca y a pie firme, y cubiertos con el
-escudo.
-
-ATOSSA
-
-¿Quién es su rey y el señor y caudillo de su ejército?
-
-CORO
-
-No se dicen esclavos ni súbditos de hombre ninguno.
-
-ATOSSA
-
-¿Y cómo podrán resistir ellos la acometida de los invasores?
-
-CORO
-
-Como destruyeron el grande y valeroso ejército de Darío.
-
-ATOSSA
-
-¡Terrible desastre has traído a la memoria para avivar el cuidado en
-los padres de los que partieron!
-
-CORO
-
-A lo que me parece, pronto vas a saber toda la verdad, porque aquí
-llega un hombre, un correo persa; bien se le conoce. Él traerá noticias
-ciertas, que podamos oír, de nuestra victoria o de nuestra derrota.
-
-~(Sale un MENSAJERO.)~
-
-MENSAJERO
-
-¡Oh ciudades todas de Asia! ¡Oh tierra de Persia! ¡Oh ancho puerto de
-riqueza! ¡Cómo una gran prosperidad vino al suelo de un solo golpe!
-¡Cayó y pereció la flor de los Persas! ¡Ay de mí, infeliz, que el
-primer mal es tener que anunciar males! ¡Mas fuerza es que os descubra
-todo el cuadro de nuestra desgracia! Persas, el ejército entero de los
-bárbaros ha perecido.
-
-CORO
-
-¡Crueles males, crueles! ¡Nuevas terribles! ¡Ay, ay! Llorad, Persas que
-oís estas lástimas.
-
-MENSAJERO
-
-Sí, todas aquellas grandezas perecieron. Yo mismo vuelvo a ver el sol
-de mi patria contra lo que esperaba.
-
-CORO
-
-¡Cuán larga ha sido nuestra vida para ver por fin a la vejez este
-inesperado desastre!
-
-MENSAJERO
-
-Presente estaba yo. No será de oídas, oh Persas, como os haré la triste
-relación de las desventuras que nos han sobrevenido.
-
-CORO
-
-¡Oh dolor! En vano juntaron sus armas todos los numerosos pueblos de
-Asia, y fueron contra la funesta Hélade.
-
-MENSAJERO
-
-Llenas están de cadáveres las costas de Salamina y todos sus
-alrededores; ¡de los cadáveres de quienes tan miserablemente perecieron!
-
-CORO
-
-¡Oh dolor! ¡Conque los cuerpos de nuestros hermanos, envueltos en las
-ondas, y sin vida, son arrebatados por la corriente entre los flotantes
-despojos de nuestras naves!
-
-MENSAJERO
-
-De nada nos sirvieron las flechas. La armada entera pereció al choque
-poderoso de las naves enemigas.
-
-CORO
-
-¡Infelices! ¡Qué grito de angustia y dolor lanzarían cuando los dioses
-con total perdición lo acabaron todo! ¡Ay, ay, armada nuestra destruída!
-
-MENSAJERO
-
-¡Oh nombre de Salamina, a mis oídos el más odioso de todos! ¡Oh,
-Atenas, y qué de lágrimas me hace derramar tu recuerdo!
-
-CORO
-
-¡Oh Atenas, funesta para tus enemigos! ¡Harto de recordar serán tantas
-Persas como hoy quedan sin esposos, sin padres, sin hijos; y todo en
-vano!
-
-ATOSSA
-
-Afligida, atónita con estos males, por largo espacio no he podido
-romper mi silencio. Tal es nuestro infortunio que supera mis fuerzas;
-ni acierto a articular palabra, ni a averiguar nuestras desventuras.
-Necesario es, no obstante, que los mortales sobrellevemos las
-tribulaciones que los dioses nos envían. Recóbrate, y aun cuando te
-haga verter lágrimas, habla, y explícanos todo aquel desastre. ¿Quién
-escapó de la muerte? ¿Tendremos que llorar que alguno de los caudillos
-que empuñaban regio cetro, haya dejado huérfanos a los suyos?
-
-MENSAJERO
-
-Xerxes vive, y ve la luz del día.
-
-ATOSSA
-
-Viva luz anunciaste a mi casa; día claro después de oscurísima noche.
-
-MENSAJERO
-
-Pero muerto queda en las ásperas costas de Silenia Artembares, que
-mandaba innumerable gente de a caballo. De un bote de lanza bajó
-saltando de la nave al mar con ligero salto Dadaces, el caudillo de mil
-guerreros. Tenagón, el más valiente entre los hijos de la Bactriana,
-queda también en aquella isla de Ayax, de continuo azotada por las
-olas. Lilayo, Arsames y Argestes, los tres, vencidos junto a la isla
-criadora de palomas, dieron con su frente en las ásperas peñas. De
-una sola nave cayeron Arcteo, que habitaba cerca de las fuentes del
-Nilo en Egipto; Adeves, y Feressenes; los tres, y además Farnuco.
-Murió Matallo el Crisio, que mandaba diez mil caballos; su barba roja,
-espesa y erizada, goteaba sangre; teñía su cuerpo el encendido color
-de la púrpura. Arabos el Mago, y Artames el de Bactriana, que guiaba
-treinta mil soldados caballeros en negros corceles, allí perecieron, y
-tomaron perpetua habitación en aquella escabrosa comarca. Y Amestris y
-Anfistreo, el de los mortales botes de lanza; y el generoso Ariomardo,
-triste ocasión de llanto y luto para Sardes, y Sisames el Misio,
-y Tharibis, Lirnense de nación, gallardo soldado, que capitaneaba
-doscientas cincuenta naves, yacen allí los infelices miserablemente
-muertos. Siennesis, caudillo de los cilicios, el primero por el valor
-de su ánimo, pereció con gloria. Él solo dió muchísimo que hacer a
-los enemigos. Estos son los capitanes de quienes hago memoria por
-el pronto; mas no te he dicho sino una pequeña parte de las muchas
-desgracias que nos rodean.
-
-ATOSSA
-
-¡Ay de mí; ay, que llegaron a mis oídos los mayores males que
-imaginarse pueden, la afrenta de los Persas, lo que ha de ser una causa
-tristísima de lamentos desgarradores! Pero vuelve a tu relato, y dime:
-¿tantas eran las naves de los Helenos que así se determinaron a entrar
-en batalla con la armada de los Persas?
-
-MENSAJERO
-
-Si en el número de naves hubiese estado, ten por seguro que los
-bárbaros hubiésemos llevado la mejor parte, porque todo lo que tenían
-los Helenos eran trescientas naves, y de ellas diez de reserva; pero
-Xerxes, y esto lo sé bien, contaba con mil bajo su mando, fuera de
-doscientas siete que sobresalían por muy veleras. Esta es la cuenta
-justa. ¿Te pareceremos ahora que no teníamos bastante fuerzas para
-aquel combate? Pero sin duda no le plugo a algún dios mantener su
-balanza en el fiel; cargó sus platillos con desigual fortuna, y de este
-modo nuestra armada quedó destruída. Los dioses protegen a la ciudad de
-la diosa Palas.
-
-ATOSSA
-
-Pues cómo, ¿aún permanece en pie la ciudad de Atenas?
-
-MENSAJERO
-
-Es inexpugnable muralla el pecho de los que se defienden como hombres.
-
-ATOSSA
-
-Mas dime: ¿de qué manera se empeñó la batalla? ¿Quiénes fueron los
-primeros a acometer? ¿Acaso los Helenos, o fué mi hijo, ensoberbecido
-con la multitud de sus naves?
-
-MENSAJERO
-
-¡Oh reina, algún dios vengador, algún mal genio venido no sé de
-dónde, fué a no dudar el primer principio de toda nuestra desgracia!
-Un Heleno de la armada de Atenas vino diciendo a tu hijo Xerxes
-como así que cerrasen las negras sombras de la noche, los Helenos
-no permanecerían en sus puestos, sino que saltando presurosos a los
-bancos de las naves, cada cual por su lado intentaría salvar la vida
-con callada y secreta fuga. El que lo oyó, no recelando engaño en el
-Heleno, ni malquerencia en los dioses, luego al punto ordena a todos
-los capitanes de nave, que tan pronto como el sol deje de enviar sus
-rayos sobre la tierra, y la obscuridad se enseñoree del dilatado
-templo del éther, que dispongan las más de sus numerosas naves en tres
-órdenes, para guardar los pasos y derrotas de aquellos mares, y otras
-formadas en círculo todo alrededor de la isla de Ayax. “Porque si los
-Helenos, por cualquier camino que se os oculte, escapan de la ruina
-que los amenaza, todos vosotros pagaréis con vuestra cabeza.” Tal dijo
-con arrebatado y engreído ánimo; ignoraba lo que había de avenirle de
-parte de los dioses. La armada sin desorden y con obediente disciplina
-se prepara; sácase el matalotaje y dispónese la cena; los marineros
-amarran los remos a los escálamos, prontos a la maniobra. Luego que se
-puso el sol y vino la noche, remeros y soldados, todos en sus naves,
-ocupan sus puestos. Hácense las señales de mando; ordénase la armada;
-toma cada cual la derrota que se le designa, y toda la noche tienen los
-capitanes a la gente de mar navegando de un punto a otro. La noche se
-iba pasando, y los Helenos no se daban mucha prisa a hacer su salida
-secreta por parte ninguna. Mas apenas el luciente día, conducido por
-sus blancos caballos, entró señoreándose de toda la tierra, cuando de
-la parte de los Helenos levantóse grande y regocijado clamor a modo
-de músico canto, a que respondían con estruendosos ecos las enriscadas
-costas de la isla. Entró el pavor en los bárbaros, engañados en sus
-juicios; que no cantaban entonces los Helenos aquel sagrado Peán como
-para huír, sino arrojándose a la pelea con animoso aliento. El clarín
-con su voz enardecía todas aquellas marciales maniobras. De pronto, a
-una señal de los jefes azotan los remos a una vez con acompasado golpe
-las mugidoras aguas, e incontinenti tenemos a la vista toda la armada
-helena. El cuerno derecho venía el primero, en buen orden, haciendo la
-guía; detrás marchaba todo el grueso de las naves, y bien se podían oír
-ya de cerca estas voces que de ellas salían: “¡Oh! hijos de la Hélade,
-andad, libertad a la patria; libertad a vuestros hijos, a vuestras
-esposas, y los templos de los dioses de vuestros padres, y las tumbas
-de vuestros mayores. Por todo ello vais ahora a empeñar la lucha.” Por
-nuestra parte respondióles la algazara de nuestro grito persa; no había
-ya lugar de esperar más. Pronto una nave clava su broncíneo espolón en
-una nave nuestra; era una nave helena que había comenzado el abordaje,
-y que hizo pedazos todo el aparejo de un bajel fenicio. Lánzase la una
-escuadra contra la otra. A lo primero, el torrente de naves de Persia
-resiste la arremetida, mas así que aquella multitud de barcos se vió
-apretada en una angostura, donde no se podían valer los unos a los
-otros, ellos mismos se herían con sus espolones de cobre, y quebraban
-andanas enteras de remos. Las naves helenas, no sin buena dirección,
-acometieron entonces en redondo, y comenzaron a herir por todas partes;
-nuestros bajeles volvieron las quillas, y ya no se veía el mar, lleno
-todo él como estaba de navales despojos y de cuerpos ensangrentados.
-Las costas y los escollos se cubren de cadáveres. Cada barco de cuantos
-habían pertenecido a la poderosa armada bárbara, vira de popa, y pónese
-en desordenada fuga, y los vencedores, como a redada de atunes o de
-otros cualesquiera peces, con pedazos de remos y restos de tablas nos
-hieren y destrozan. El ancho mar se llena por todas partes de lamentos
-y gemidos, hasta que por fin asoma la noche su negra faz, y nos arranca
-de manos de los Helenos. Mas en cuanto a la multitud de males que
-vinieron sobre nosotros, si yo estuviera hablando diez días seguidos no
-podría referírtelo todo. Pero ten por cierto que nunca jamás en sólo un
-día murió muchedumbre tan numerosa.
-
-ATOSSA
-
-¡Ay! ¡verdad! ¡Qué grande piélago de males se ha precipitado sobre los
-Persas y sobre toda la raza de los bárbaros!
-
-MENSAJERO
-
-Pues bien puedes creer que eso no es ni la mitad de nuestras
-desgracias. Otra calamidad ha venido sobre los Persas, tal, que pesa
-tanto como aquéllas, y también dos veces más.
-
-ATOSSA
-
-¿Y qué desdicha más funesta pudiera haber ya? Habla. ¿Qué calamidad es
-esa que dices que ha venido sobre el ejército, y que supera los más
-terribles de los males?
-
-MENSAJERO
-
-Toda aquella juventud persa, sin iguales en el valor, por su generosa
-sangre insignes, y en la fidelidad a su señor siempre los primeros,
-toda ella pereció con infame y miserable muerte.
-
-ATOSSA
-
-¡Ay de mí sin ventura! ¡Oh calamidad desdichada! ¡Amigos! -- ¿Con qué
-muerte dices que perecieron?
-
-MENSAJERO
-
-Hay un islote frente a las costas de Salamina, casi cerrado a las
-naves; en sus orillas acostumbra a juntar sus coros el dios Pan. Allí
-era donde Xerxes había enviado sus tropas, por que cuando deshecho el
-enemigo buscase su salvación en aquel lugar, pudiésemos hacer fácil
-presa en él, y acabar con todo el ejército heleno; y además para que
-pusiéramos en salvo a aquellos de los nuestros a quienes arrojase
-en sus riscos la furia de los mares. Mal conoció lo porvenir. Los
-cielos dieron a la armada helena la gloria del combate, y aquel mismo
-día, cubiertos con sus broncíneas armaduras, saltan de sus naves los
-vencedores, rodean la isla, y los persas no saben ya hacia dónde
-volverse. Miles de piedras enemigas los hieren; las veloces flechas
-de sus arqueros los rematan, y, por último, échanse todos de golpe
-sobre ellos, y cortan, y degüellan y hacen cuartos a los infelices,
-hasta que no quedó a vida ni uno solo. Xerxes, que vió aquel océano de
-desastres, lanzó un ay lastimero. Porque tenía su trono en una elevada
-colina cerca del mar, desde la cual atalayaba todo el campo. Rasga
-sus vestiduras; rompe en agudos gemidos; manda que al punto marche en
-retirada el ejército de tierra, y él mismo se pone en desordenada fuga.
-He aquí la calamidad que sobre la primera tendrás que lamentar ahora.
-
-ATOSSA
-
-¡Oh fortuna cruel, y cómo burlaste los pensamientos de los Persas!
-¡Amarga venganza tomó mi hijo de la famosa Atenas! ¡No fueron bastantes
-los bárbaros que en otro tiempo perecieron en Marathón, sino que
-imaginándose tomar el desquite, había de traer mi hijo sobre sí tanta
-infinidad de daños! Pero, dime tú: ¿quiénes han escapado de la pérdida
-de la armada? ¿Dónde los dejaste? ¿No pudieras decirme algo cierto
-sobre ellos?
-
-MENSAJERO
-
-Los capitanes de los bajeles que aún quedaban diéronse a huír siguiendo
-el viento, desordenados y en tumulto. En cuanto al ejército de tierra
-que se había salvado, parte perecieron en Beocia, ahogados de sed junto
-a las mismas codiciadas y reparadoras fuentes; los demás sin alientos
-atravesamos la Phócida y la Dórica, y los llanos vecinos al golfo
-de Melias, regados por las saludables aguas del Esperquio. De allí
-llegamos a los campos de Acaia y a las ciudades thesalias, afligidos
-con la penuria de mantenimientos. Allí murieron los más de hambre y
-sed; plagas las dos que a la vez nos consumían. Pasamos Magnesia y
-Macedonia; vadeamos el Axio; cruzamos los pantanosos cañaverales de
-Bolbes, y el monte Pangeo y la comarca de Edonia. Estando aquí, algún
-dios, a no dudar, envió aquella noche una helada fuera de tiempo, que
-heló toda la corriente del sagrado Estrimonio. Y tal hubo entonces, que
-de antes nunca había acatado la ley de los dioses, y ahora los invocaba
-con súplicas, y se postraba de hinojos, y adoraba la tierra y el cielo.
-Luego, pues, que el ejército hizo larga oración de rogativa, comenzó
-a atravesar aquel paso a la sazón vuelto en apretados cristales.
-Quienquiera que pasó antes que el dios del día comenzara a derramar
-sus rayos sobre la tierra, quedó a salvo; mas así que la encendida
-y luciente esfera del sol penetró con su llama por medio del helado
-tránsito y derritió sus cristales, comenzaron a caer los soldados
-los unos sobre los otros, y por feliz pudo tenerse quien en breves
-instantes dió el último vital aliento. Los que sobrevivieron y lograron
-salvarse atravesaron la Tracia a duras penas y con grandes trabajos;
-y por fin algunos, no muchos, llegan ahora en huída a la tierra donde
-tienen sus hogares, para poner angustia en el corazón de la Persia, que
-clamará por la cara flor de sus hijos perdida para siempre. Esta es la
-verdad de lo sucedido; mas he pasado por alto en mi relación muchos de
-los males con que el cielo afligió a los Persas.
-
-CORO
-
-¡Oh Destino funestísimo! ¡Y cuán pesadamente has brincado con entrambos
-pies encima de toda la raza persa!
-
-ATOSSA
-
-¡Ay desdichada de mí, que ha sido aniquilado el ejército! ¡Oh clara
-visión de mis sueños, y con qué verdad me revelabas estos males! ¡Y
-vosotros, con cuánta ignorancia los interpretasteis! Con todo ello,
-puesto que así lo decidió vuestro dictamen, quiero ante todas cosas
-hacer oración a los dioses. Después vendré otra vez de mi estancia
-trayendo libaciones y ofrendas para la tierra y para los manes de
-los que han muerto. Bien conozco que esto es ya sucedido y sin
-remedio, mas oremos porque en lo venidero acontezca algo que sea más
-favorable. A vosotros toca ahora aconsejar a los amigos según pide la
-amistad verdadera. Consolad a mi hijo, si llegare aquí antes que yo;
-acompañadle a casa, no sea que por ventura añada él un nuevo mal a los
-males ya sufridos.
-
-~(Vase.)~
-
-CORO
-
-¡Oh Zeus soberano! ¡Hoy destruiste aquel soberbio y numeroso ejército
-de los Persas, y cubriste de negro luto a las ciudades de Susa y
-Ecbatana! ¡Qué de madres comparten su dolor, y rasgan sus velos con sus
-débiles manos, y bañan su pecho con torrentes de lágrimas! Y las Persas
-que esperaban con amor ardentísimo volver a aquel dulce consorcio
-apenas consumado, y a aquellos regalados deleites de su florida
-juventud, vierten lágrimas sin fin sobre las blandas ropas de su lecho
-solitario por lo que perdieron para no cobrarlo jamás.
-
-Y yo también tomo sobre mí con hartas veras la tristísima desventura de
-los que ya no vivirán entre nosotros.
-
-Asia entera gime hoy al verse sin sus hijos. Xerxes los llevó
-¡oh dolor!, ¡oh dolor! Xerxes los perdió. Xerxes lo entregó todo
-imprudentemente a las naves que caminan a merced de las olas. ¿Cómo fué
-que Darío, aquel amado príncipe de Susa, aquel caudillo de nuestros
-flecheros, llevó su ejército sin daño de su gente?
-
-A todos los llevaron ¡oh dolor! las aladas naves de negras proas; a
-hombres de tierra y a los hombres de mar, y ¡oh dolor! a todos los
-perdieron las naves con su mortal encuentro. El mismo rey, según hemos
-oído, apenas pudo escapar de manos de los jonios, atravesando los
-ásperos caminos y tierras de la helada Tracia.
-
-Pronto recibieron el golpe mortal de su triste suerte. Vencidos por
-el Destino implacable ¡ay! ¡ay! flotan dispersos frente a las costas
-de Cicrea. Llora; ríndete a tu cruel angustia; lamenta a gritos estos
-dolores que el cielo te envía. Suelta tu voz a las quejas y a los ayes.
-
-El fiero mar hace juguete de sus ímpetus aquellos tristes despojos;
-los mudos hijos de su líquido y nunca manchado seno los despedazan;
-¡ay lágrimas! Llora la casa la muerte de su perdido dueño; lloran los
-padres sin hijos esta desolación que manda sobre Persia la mano de los
-dioses. ¡Oh ancianos sin consuelo, que no oís cosa que no sea incentivo
-para vuestro dolor!
-
-Ya no vivirán sujetos a la dominación de Persia los pueblos de Asia; ya
-no pagarán el tributo a que los obligaba la ley de la servidumbre; ya
-no escucharán de rodillas la voluntad del que fué su señor. El imperio
-del rey quedó aniquilado.
-
-Ya no guardarán su lengua los súbditos; que el pueblo se suelta a
-hablar libremente así que se ha soltado el yugo que le obliga a
-doblegarse. La isla de Ayax encierra en sus sangrientos campos y en las
-ondas que la ciñen todo el poderío de los Persas.
-
-~(Sale ATOSSA.)~
-
-ATOSSA
-
-Amigos, el que ha pasado por males sabe bien que cuando viene sobre
-el hombre la tormenta del infortunio, de todo se aterra, al paso que
-si el viento de la fortuna le es favorable, consiéntese y le parece
-que por siempre jamás ha de soplar así. Hoy no veo cosa que no se
-ofrezca a mis ojos preñada de terrores. Todo cuanto pueda venir de los
-dioses antójaseme contrario. De continuo están resonando en mis oídos
-clamores que no son los clamores del triunfo. Tanta consternación y
-pavor pusieron en mi ánimo nuestros desastres. Con esta angustia, otra
-vez me encamino aquí desde mi morada; pero sin carroza, sin aquella
-lujosa pompa de antes. Vengo a traerle al padre de mi hijo las ofrendas
-propiciatorias que aplacan los manes de los muertos; la blanca y
-sabrosa leche de una ternera que nunca sufrió el yugo; la transparente
-miel, dulce humor que hurta a las flores la abeja laboriosa; las
-limpias aguas de una cristalina fuente con el puro licor que se
-engendra en el agrio seno del pesado racimo, gloria de la vid añosa,
-sin que falte el odorífero fruto del obscuro olivo cuyas ramas ostentan
-el verdor perenne de una perpetua vida, ni entretejidas flores hijas
-de la omnifecunda tierra. Conque, oh amigos, acompañad con himnos mis
-ofrendas a los muertos; evocad al divino Darío; que yo voy a derramar
-en honor de los dioses subterráneos estas libaciones que la tierra
-beberá bien pronto.
-
-CORO
-
-¡Oh reina, honor de los Persas, haz tú llegar esas libaciones a las
-obscuras moradas subterráneas, que nosotros pediremos con himnos que
-nos sean propicios los dioses que acompañan a los muertos hasta el seno
-de la tierra! -- Ea pues, sagradas deidades infernales; Gea, Hermes, y tú
-rey de los muertos, restituíd el ánima de Darío de las tinieblas de esa
-mansión a la luz del día; que si es que aún hay remedio para nuestros
-infortunios, tan sólo él entre los mortales será quien lo sepa y pueda
-decirnos cuándo tendrán fin.
-
-¿Oirás tú, rey bienaventurado y casi divino, estos plañidos desacordes,
-que en vuestra bárbara lengua salen de mis labios con todos los tristes
-acentos del dolor y la angustia? Desastres miserabilísimos habrán de
-revelarte mis clamores. ¿Me escucharás desde lo profundo?
-
-Conque ea, oh Gea, y vosotros todos, dioses que guiais a los mortales a
-vuestras negras y profundas moradas, consentid que salga de ellas aquel
-espíritu generoso, aquel hijo de Susa, aquel dios de los Persas; enviad
-arriba, a la luz, a quien fué cual ninguno de cuantos sepultó nuestro
-patrio suelo.
-
-¡Oh amada tumba!, ¡ah amada tumba, que escondes a un alma tan amada!
-¡Oh Aidoneo, Aidoneo, así consientas en enviarnos a la luz a Darío!
-¡Ay! ¡A quien fué un rey cual él lo fué! ¡él, Darío!
-
-Jamás en la guerra que tantas vidas arrebata, jamás perdió él sus
-soldados. Igual en consejo a los mismos dioses era apellidado por los
-Persas; y sin duda que igual a ellos era en consejo quien siempre llevó
-sus ejércitos a la victoria. ¡Ay de mí!
-
-¡Oh rey!, ¡oh antiguo monarca nuestro!, ven, acércate; aparece en lo
-alto de ese monumento; levántate ostentando el pie calzado con el rojo
-coturno y el espléndido ornamento de tu regia tiara. Ven, padre; ven,
-generoso Darío.
-
-Aparécete a nosotros, señor de señores, por que oigas nuestros
-presentes e inauditos infortunios. Las tinieblas de la Estigia se
-cierne sobre nuestras cabezas y nos envuelven: nuestra juventud pereció
-toda entera. ¡Ven, padre; ven, generoso Darío!
-
-¡Oh tú cuya muerte fué tan llorada de los que te amaban! ¡oh señor,
-señor! ¿cómo por dos veces pudo caer tu imperio, todo este vasto
-imperio que fué tuyo, en yerro tan desdichado? ¿Cómo se perdieron
-aquellas trirremes, aquellas nuestras naves, que ya no son sino
-despojos de naves, tristes y miserables despojos?
-
-~(Aparece la SOMBRA de DARÍO.)~
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-¡Oh fieles entre los fieles, y compañeros de mi juventud; ancianos
-Persas! ¿qué tribulación aflige a nuestra ciudad? El suelo gime y se
-estremece herido y golpeado. Junto a mi tumba estoy viendo a la que
-fué mi dulce compañera, cuyas libaciones acabo de recibir propicio, y
-al verla, profunda turbación se apodera de mi alma: vosotros también
-estáis ahí en pie enfrente de este monumento, y plañís, y me evocáis
-con altas y lastimeras voces y gemidos, y hacéis que deje mi ánima las
-sombras sempiternas. Salida es esta nada fácil, sobre todo porque los
-dioses infernales son mejores para apoderarse de sus súbditos que no
-para soltarlos. Sin embargo, al fin logré hacerme dueño de su voluntad,
-y heme aquí entre vosotros. Mas apresuraos, no sea que se me acuse de
-tardanza. ¿Qué nuevo desastre pesa hoy sobre los Persas?
-
-CORO
-
-Turbado por el antiguo respeto, ni oso mirarte cara a cara, ni oso
-hablar en tu presencia.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-Pues que acudiendo a tus ayes vengo del profundo, nada de prolijas
-razones; dímelo todo brevemente, y acaba. Depón esa reverencia que me
-tienes.
-
-CORO
-
-Temo satisfacerte; temo hablarte para haber de contar cosas tan amargas
-de decir a amigos.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-Ya que el antiguo respeto se te representa en tu ánimo, y te embarga,
-pero tú, ~(a ATOSSA)~ anciana que un día fuiste la compañera de mi
-lecho, noble esposa, da tregua al llanto y a los gemidos, y dime: ¿qué
-sucede? Habla sin rebozo. Dió naturaleza por patrimonio a los humanos
-las adversidades. Del mar y de la tierra salen infortunios infinitos, y
-vienen sobre el hombre cuando su vida se dilata algún tanto.
-
-ATOSSA
-
-¡Oh tú, cuya venturosa fortuna superó la prosperidad de todos los
-hombres; pues mientras viste la luz del sol, pasaste los serenos años
-de tu vida en felicidad envidiable, siendo como un dios para los
-Persas! ¡Ahora también te digo dichoso, que moriste antes de ver el
-abismo de nuestros infortunios! Oye en breves razones todo lo sucedido.
-Para decirlo con una sola palabra: pereció el poderío de los Persas.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-Y ¿de qué modo? ¿Ha sido el azote de la peste, ha sido la discordia,
-quién ha destruído el reino?
-
-ATOSSA
-
-Nada menos que eso, sino que todo nuestro ejército quedó exterminado
-cerca de Atenas.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-¿Y cuál de mis hijos fué el que llevó allí sus armas? dime.
-
-ATOSSA
-
-El impetuoso Xerxes, que despobló todas las dilatadas llanuras del
-continente de Asia.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-Y ¿cómo se aventuró el desdichado en ese necio intento; por tierra, o
-por mar?
-
-ATOSSA
-
-Por mar y por tierra. Dos ejércitos formaban la expedición; dos frentes
-presentaban al enemigo.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-¿Pero de qué manera la gente de a pie pudo llevar a cabo la travesía de
-piélago tan dilatado y profundo?
-
-ATOSSA
-
-Uniendo Xerxes con cierto artificio entrambas orillas del estrecho de
-Helles a fin de tener un paso para el ejército.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-¡Y tal puso por obra para cerrar el ancho Bósforo!
-
-ATOSSA
-
-Así fué. Algún dios sin duda le ayudó en esta resolución.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-¡Ah! algún dios enemigo y poderoso que vino a trastornar su mente.
-
-ATOSSA
-
-A la vista está el desastrado fin que todo ello tuvo, y qué de males
-nos ha traído.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-Mas acaba, ¿qué desastre les ha sucedido para que así los lloréis?
-
-ATOSSA
-
-Rota y deshecha la armada, acarreó la perdición del ejército de tierra.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-¿De ese modo, pues, todo nuestro pueblo ha sido completamente
-exterminado por el hierro enemigo?
-
-ATOSSA
-
-Sí, como que hoy llora desierta la ciudad de Susa la pérdida de todos
-sus defensores.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-¡Oh vana defensa y auxilio de un tan poderoso ejército!
-
-ATOSSA
-
-También pereció el pueblo entero de los Bactrianos, y todos en la flor
-de la edad.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-¡Oh infeliz, y qué vigorosos y valientes auxiliares ha perdido!
-
-ATOSSA
-
-Dicen que tan sólo Xerxes, abandonado de todas sus tropas y con no
-muchos de los suyos...
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-¿Llegó al fin a ponerse en salvo? ¿Cómo? ¿Adónde? ¿Se ha salvado?
-
-ATOSSA
-
-Dándose por muy contento llegó al puente que unía a entrambas regiones.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-¿Y dicen si está ya salvo en nuestra tierra? ¿Y es esto verdad?
-
-ATOSSA
-
-Sí, cierto. Es voz enteramente confirmada, y sobre la cual no hay
-discrepancia alguna.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-¡Ay! ¡Cuán pronto vino el cumplimiento de los oráculos! En mi hijo ha
-hecho Zeus que se ejecuten los divinos anuncios. Imaginábame yo que
-los dioses habían de tardar largo tiempo en llevarlos a cabo; pero
-cuando el hombre corre desatentado a su destino, hasta el cielo se
-junta con él, y le ayuda a despeñarse. Ya brotó para los nuestros la
-fuente de todos sus infortunios, y mi hijo ha sido quien la ha hecho
-brotar con su inconsiderada y juvenil audacia ¡Él, que esperaba que
-había de encadenar al sagrado Helesponto como a un esclavo, e impedir
-que corriesen las divinas aguas del Bósforo! ¡Él, que con echar a sus
-ondas unos grillos bien forjados, presumió forzarle a torcer su natural
-impulso, y abrir ancho camino para su inmenso ejército! ¡Desaconsejado
-mortal que creía que había de ser más poderoso que todos los dioses,
-y que Poseidón! ¿Cómo pudo ser, para hacer tal, que la demencia no
-se hubiese apoderado de mi hijo? ¡Ah! Temo que aquellos tesoros que
-alcancé con tantos esfuerzos no sean ahora presa del primero que quiera
-ocuparlos.
-
-ATOSSA
-
-Tal fué la enseñanza que sacó el arrebatado Xerxes de comunicar con
-hombres funestos. Decíanle que tú habías ganado con tu lanza grandes
-riquezas para tus hijos, mientras que él con flojedad de ánimo
-reducíase a jugar la lanza en su palacio, sin aumentar nada la herencia
-de su padre. De continuo estaba oyendo oprobios como éstos de boca
-de aquellos malvados, y al fin determinó mover su ejército y llevarle
-contra la Hélade.
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-¡Grandísima hazaña en verdad la de ellos y por siempre memorable!
-¡Calamidad que ha desolado a la ciudad de Susa, como ninguna de cuantas
-cayeron sobre ella desde que Zeus todopoderoso quiso conceder a un
-solo hombre el honor de imperar sobre toda la rica Asia, empuñando
-el cetro real! De Media era el primer rey de nuestro pueblo. Otro
-Medo perfeccionó su obra; su hijo, hombre en quien la prudencia llevó
-siempre el timón de sus resoluciones, Cyro, fué quién le sucedió,
-tercer rey nuestro y varón afortunado que una vez en el trono dió paz a
-todos sus súbditos. Él unió a su imperio a Lidios y Frigios y subyugó
-por fuerza de armas la Jonia entera. Siempre recto en sus pensamientos,
-jamás se trajo sobre sí la ira del cielo. Su hijo reinó el cuarto, y
-después de él Merdis, oprobio de la patria y de su antiguo trono. El
-noble Artafernes con la ayuda de sus parciales, con quienes se conjuró,
-sorprendióle en su palacio, y le dió muerte. Con esto entró a reinar
-Marafis, y luego el mismo Artafernes, séptimo de nuestros príncipes.
-Por fin, la suerte vino a darme lo que tanto hacía que deseaba; pero
-con guerrear tantas veces, y mandar ejércitos numerosísimos, nunca mal
-como este traje sobre mi reino. Mas mi hijo Xerxes es mozo, y como mozo
-piensa, y no se acuerda de mis mandatos. Bien claro lo veis, antiguos
-compañeros míos, cuantos ejercimos la suprema potestad en Persia, todos
-juntos, no causamos jamás desastres tan grandes como el presente.
-
-CORO
-
-Y en fin, ¿qué determinas? ¡oh Darío, oh señor! Después de lo ya
-sucedido, ¿cómo haremos aún para que el pueblo persa vuelva a su
-antigua gloria?
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-Jamás llevéis vuestras armas contra los Helenos, así fuesen más
-poderosos que el ejército de Xerxes; porque hasta la tierra misma pelea
-por ellos.
-
-CORO
-
-¿Cómo has dicho? ¡Que pelea por ellos...! ¿De qué suerte?
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-Matando de hambre a los ejércitos más grandes y poderosos.
-
-CORO
-
-Pero tal ejército aprestaríamos escogido y bien dispuesto...
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-El mismo ejército que ahora queda en los campos de Hélade no tendrá
-salvación ni en la retirada.
-
-CORO
-
-¿Qué dices? ¿Pues no ha atravesado ya el Helesponto, de vuelta de
-Europa, todo el ejército de los bárbaros?
-
-LA SOMBRA DE DARÍO
-
-Bien pocos serán entre tantos, si es que no ha de negar su fe a los
-oráculos de los dioses quien tiene delante de sus ojos lo que hasta
-ahora ha sucedido. No se cumplen a medias los oráculos jamás. Y si esto
-es así, mi hijo llevado de sus vanas esperanzas, deja allí grande
-copia de gente escogida. Allá acampan en los llanos que riegan las
-aguas del Asopo, codiciado beneficio del suelo de Beocia; y allá les
-aguarda que padecer los últimos y más crueles males, merecido pago de
-su insolencia y de sus impías resoluciones. Porque así que entraron en
-la Hélade, no retrocedieron temerosos ante el despojo de las imágenes
-de los dioses, ni ante el incendio de los templos, sino que las aras
-fueron destruídas, y las estatuas de los bienaventurados con bárbara
-furia arrancadas de sus asientos, y unas contra otras derribadas. Los
-que cometieron estas maldades, ya están padeciendo males nada menores;
-pero otros quedan por venir todavía. Aún no se alcanza a divisar el
-fondo debajo de ellos; aún están manando. Tal de cadáveres hacinados
-quedará en los campos de Platea, entre ríos de cuajada sangre vertida
-por la lanza doria, los cuales hasta la tercera generación estarán
-hablando a los ojos de los hombres, y diciéndoles con mudas lenguas:
-“No os ensoberbezcáis demasiado los que habéis de morir. De la flor
-de la soberbia, sale luego la espiga del crimen; la mies que se coge
-es mies de lágrimas”. Vosotros ahora, considerad el condigno pago que
-tuvieron aquellos delitos; guardad memoria de Atenas y de la Hélade.
-Nadie mire desdeñoso y atediado su presente fortuna, ni por codicia
-de las ajenas venga a perder las riquezas propias. Jamás deja sin
-castigo Zeus justiciero la soberbia desenfrenada, ni se olvida de pedir
-estrecha cuenta de nuestras acciones. Por tanto, vosotros que poseéis
-la prudencia, amonestad a Xerxes con atinados consejos; enseñadle a
-deponer su arrogante audacia, y a no pecar contra los dioses. Y tú,
-anciana y querida madre de Xerxes, vuelve a tu estancia; toma para él
-las vestiduras que te pareciere oportuno, y sal al encuentro de tu
-hijo. Porque con la furia del dolor todas sus ricas vestiduras las
-hizo girones sobre su mismo cuerpo. Y consuélale con blandas y dulces
-palabras; que bien lo sé, que tan sólo oyéndote a ti cobrará ánimos. Yo
-vuelvo a las tinieblas habitadoras del profundo. Y vosotros ancianos,
-salud, y aun en los males mismos dad el alma a la alegría, mientras
-el día luzca para vosotros; que las riquezas de nada aprovechan a los
-muertos.
-
-~(Húndese la SOMBRA DE DARÍO.)~
-
-CORO
-
-Lleno de dolor he oído los muchos desastres que hoy afligen a los
-bárbaros y los que han de sobrevenir aún.
-
-ATOSSA
-
-¡Oh Destino, y cuántos dolores me asaltan, y qué crueles! Y lo que me
-hiere más es oír la fealdad e ignominia con que viene mi hijo hechas
-harapos sus magníficas vestiduras. Corro a mi estancia; tomaré cuanto
-sea menester para su remedio y regalo, y me daré prisa a salirle al
-encuentro. No abandonemos en la desgracia lo que más amamos en el mundo.
-
-~(Vase.)~
-
-CORO
-
-¡Oh dolor! ¡Qué poderosa y feliz y bien gobernada vivía nuestra
-república cuando imperaba aquel anciano generoso que a todo acudía, el
-invencible Darío, aquel rey igual en grandeza a los mismos dioses!
-
-Entonces brillábamos por la gloria de nuestras armas, y las leyes
-gobernaban nuestras bien defendidas ciudades, y de retorno de nuestras
-guerreras empresas veníamos otra vez sanos y salvos, y trayendo la
-victoria a nuestros hogares.
-
-¡Y cuántas ciudades tomó sin pasar el río Halys ni moverse del augusto
-hogar de su palacio! Tal como las palustres ciudades del mar Estrimonio
-vecinas a las mansiones de los Tracios, y a las que fuera del lago se
-asientan en la tierra firme, bien circuídas de muros, las cuales todas
-le acataban por su rey y señor. Y las engreídas y jactanciosas que
-se levantan en entrambas orillas del prolongado estrecho de Helles,
-junto con las de la sinuosa Propóntide, y las de la boca del Ponto. Y
-las islas que ciñe el mar cerca del dilatado promontorio que avanza
-en las ondas, al cual se avecinan: Lesbos, la olivífera Samos, Chíos,
-Paros, Naxos, Miconos y Andros que está al lado de Tenos, y con ella se
-toca. También dominó aquellas islas de alta mar que se asientan entre
-una y otra costas: Lemnos, y la sagrada mansión de Ícaro, y Rodas y
-Cnido, y las ciudades ciprias, y Pafos, y Solos, y aquella Salamina
-cuya metrópoli es ahora causa de este llanto. En fin, bajo el imperio
-y auspicios del gran Darío, hízose dueña el Asia de las opulentas y
-populosas ciudades de la parte griega de la Jonia. Que entonces era
-invencible el esfuerzo y valor de nuestros guerreros, y de aquellos sus
-aliados venidos de todas las naciones de la tierra; pero ahora trocaron
-los dioses la suerte de las armas. Obra de ellos es sin duda este
-desastre que hemos sufrido, quedando rotos y deshechos en una batalla
-naval.
-
-~(Sale Xerxes solo, con los vestidos desgarrados y en desorden y sin
-ningún aparato ni pompa real. En la mano trae el arco de sus flechas.)~
-
-XERXES
-
-¡Ay infeliz de mí! ¡Y qué triste suerte alcancé, como nunca podía
-esperarla! ¡Con qué crueldad se ha ensañado la Fortuna en la nación
-persa! ¿Qué haré? ¡Miserable! Mi cuerpo desfallece; me faltan las
-fuerzas al contemplar a estos ancianos. ¡Oh Zeus! ¡Ojalá que con
-aquellos esforzados varones que perecieron, a mí también me hubieses
-sepultado en las sombras fatales de la muerte!
-
-CORO
-
-¡Ay, oh rey! ¡Ay de nuestro valeroso ejército! ¡Ay de la grandeza y
-majestad del imperio de los Persas! ¡Ay del marcial continente y de
-los ricos arreos de aquellos soldados que acaba de segar el Destino!
-La patria llora a aquella juventud que nació en su suelo, y a la
-cual Xerxes ha llevado a la muerte, llenando con ella las profundas
-mansiones de Hades. -- ¡Qué multitud de guerreros, la flor de esta
-tierra, los de temible arco, han descendido a aquel imperio tenebroso!
-Toda una generación entera de miles de miles de hombres que ha
-perecido. ¡Ay ejército insigne! ¡Cayó miserablemente la nación reina y
-señora de Asia! ¡Cayó postrada de rodillas!
-
-XERXES
-
-¡Heme aquí; yo soy el miserable, el digno de ser lamentado por toda mi
-raza; yo, que nací para ruina de la tierra de mis padres!
-
-CORO
-
-Y estas serán las aclamaciones con que salude y celebre tu vuelta;
-tristes voces, doloridos lamentos, el lacrimoso y funerario cántico del
-plañidor Mariandyno.
-
-XERXES
-
-¡Dejad salir las lágrimas, los ayes y los gemidos, porque ya estáis
-viendo cómo se ha mudado el Destino y cómo se ha vuelto contra mí!
-
-CORO
-
-Sí; yo dejaré que salgan mis quejas y mis ayes; yo rendiré tributo de
-duelo y de plañidos a las desgracias de nuestro pueblo; a esa tremenda
-calamidad que ha sepultado en las ondas a toda una generación que ahora
-está llorando la patria. Yo clamaré una vez y otra con doloridas y
-lacrimosas voces.
-
-XERXES
-
-Ares nos la arrebató, Ares que se puso de parte de los Jonios, que
-combatió en su armada, y segó la infausta llanura del mar y las
-malaventuradas costas. ¡Ay, ay! clama a grandes voces, y pregunta todo
-cuanto quieras.
-
-CORO
-
-¿Dónde está aquella multitud amiga, dónde los que te escoltaban, como
-Farandaces, Susas, Pelagón, Agdabatas, Dotamas, Psammis y Susiscanes,
-que abandonaron a Ecbatana en tu seguimiento?
-
-XERXES
-
-Allí los dejé muertos. Cayeron de sus naves tirias, y arrastrados
-por las olas hasta las costas de Salamina, se estrellaron contra sus
-ásperos riscos.
-
-CORO
-
-¡Ay, ay! ¿Y dónde tienes a Farnuco y al valeroso Ariomardo? ¿Dónde al
-rey Sevalces y al noble Lileo? Y aún te he de preguntar: ¿Y Menfis? ¿y
-Tharibis? ¿y Masistres? ¿y Artembares? ¿y Hystekmas?
-
-XERXES
-
-¡Ay de mí! Todos cayeron de un solo golpe. Sus míseros cuerpos
-palpitantes aún, yacen en la costa mirando a la antigua, a la odiosa
-Atenas.
-
-CORO
-
-¿Y aquel que era siempre tu ojo fiel, que contaba diez mil a diez mil
-tus soldados persas; Alpisto, el hijo de Batanoco ... hijo de Sesames
-el de Megabactes? ¿Y Partho? ¿Y el grande Oibares? ¿Dónde los has
-dejado? ¿Dónde los has dejado?
-
-XERXES
-
-¡Oh! ¡los enemigos!
-
-CORO
-
-¡Males más fieros y terribles anuncias con esto a los generosos Persas!
-
-XERXES
-
-Tú me haces renovar la memoria de aquellos buenos compañeros, y avivas
-en mí su amor vehementísimo. Tú que me hablas de calamidades tan
-terribles y horrendas, y que no son para olvidadas jamás. De lo hondo
-de mi pecho clama por ellos mi corazón con grandes voces.
-
-CORO
-
-¿Y tantos otros a quienes con tan vivo deseo esperamos? ¿Y Xantho, que
-mandaba diez mil Mardos? ¿Y el belicoso Ancares? ¿Y Diaxis y Arsaces,
-capitanes de la caballería? ¿Y Cedadates? ¿Y Litimna? ¿Y Tolmo, que
-jamás se hartaba de pelea?
-
-XERXES
-
-¡Allá quedan sepultados; allá quedan sepultados! No los llevaron
-en entoldadas literas, ni detrás los acompañaba fúnebre cortejo.
-Perecieron aquellos caudillos de nuestro ejército y perecieron sin
-gloria.
-
-CORO
-
-¡Ay dioses! ¡ay! ¡Qué desastre habéis enviado contra nosotros!
-¡Desastre inesperado; desastre no visto jamás, desastres digno de que
-le contemple la mirada de Ate!
-
-XERXES
-
-Golpe es el que nos ha herido cual los que la Fortuna suele dar en la
-vida.
-
-CORO
-
-Sí, ella es quien nos ha herido. Bien claro está. ¡Calamidad inaudita!
-¡calamidad inaudita! Con bien menguada suerte abordamos a la armada
-Jonia. ¡Infeliz es en las armas la gente de los Persas!
-
-XERXES
-
-¿Y cómo no serlo, cuando con ejército tan poderoso fuí miserablemente
-destrozado?
-
-CORO
-
-¡Verdad! ¡cómo no, cuando ha perecido por completo el poderío de la
-Persia!
-
-XERXES
-
-¿Ves lo que me resta de todos mis arreos y pompa militar?
-
-CORO
-
-¡Lo veo, lo veo!
-
-XERXES
-
-Este carcaj...
-
-CORO
-
-¿Qué es lo que dices que has salvado?
-
-XERXES
-
-El carcaj donde guardo mis flechas.
-
-CORO
-
-¡Miserable resto de tesoros tan ricos!
-
-XERXES
-
-Hemos perdido todos nuestros defensores.
-
-CORO
-
-¡No huye del combate el pueblo jonio!
-
-XERXES
-
-Es un valerosísimo pueblo. ¡No me esperaba yo la derrota que he
-presenciado!
-
-CORO
-
-¿Dices, pues, que nuestra armada ha huído en derrota?
-
-XERXES
-
-Al contemplar aquel desastre, rasgué mis vestiduras.
-
-CORO
-
-¡Ay, ay de mí!
-
-XERXES
-
-¡Ay! Es poco decir ¡ay! para tamaña desdicha.
-
-CORO
-
-Sí, que son desdichas que doblan y triplican la desdicha más grande.
-
-XERXES
-
-¡Tristísimas para nosotros; pero bien alegres para nuestros enemigos!
-
-CORO
-
-¡Quedó abatida nuestra pujanza!
-
-XERXES
-
-Vedme sin ninguno de los que me escoltaban.
-
-CORO
-
-Amigos infelices, que han perecido en el mar.
-
-XERXES
-
-Llora, llora nuestra pérdida, y vuélvete a tus hogares.
-
-CORO
-
-Lloro sí, y no me dejan hablar los sollozos.
-
-XERXES
-
-Responde a mis clamores con tus clamores.
-
-CORO
-
-Triste consuelo de sus desdichas para los desdichados.
-
-XERXES
-
-Acompaña mi fúnebre canto con tus tristes acentos.
-
-CORO
-
-¡Ay, ay! ¡oh dolor!
-
-XERXES
-
-¡Desastre que nos abruma!
-
-CORO
-
-¡Desastre del cual me duelo en el fondo de mi alma!
-
-XERXES
-
-Hiere tu pecho, hiérele, y llora por mi causa.
-
-CORO
-
-¡Ay infortunio! ¡ay infortunio!
-
-XERXES
-
-Responde a mis clamores con tus clamores.
-
-CORO
-
-¡Oh, mi señor, no necesitas decírmelo!
-
-XERXES
-
-Alza hasta el cielo tus sollozos.
-
-CORO
-
-¡Ay, ay de mí! De nuevo acompañaré mis gemidos con tristes extremos de
-dolor.
-
-XERXES
-
-Hiere tu pecho al lúgubre són del canto misio.
-
-CORO
-
-¡Oh desdichas, desdichas!
-
-XERXES
-
-Mésate la blanca barba.
-
-CORO
-
-¡Con toda mi fuerza, con toda mi fuerza! ¡Oh miserabilísima desventura!
-
-XERXES
-
-Lanza agudos ayes.
-
-CORO
-
-Así haré.
-
-XERXES
-
-Desgarra tu ancha túnica con toda la fuerza de tus manos.
-
-CORO
-
-¡Oh desdichas, desdichas!
-
-XERXES
-
-Mésate los cabellos, y llora nuestra perdida armada.
-
-CORO
-
-Con toda mi fuerza, con toda mi fuerza. ¡Oh miserabilísima desventura!
-
-XERXES
-
-Báñense en lágrimas tus ojos.
-
-CORO
-
-¡Sí que me deshago en lágrimas!
-
-XERXES
-
-Responde a mis clamores con tus clamores.
-
-CORO
-
-¡Ay, ay de mí!
-
-XERXES
-
-Vuelve a tus hogares llorando nuestra ruina.
-
-CORO
-
-¡Oh patria mía de Persia, lanza un ay de dolor!
-
-XERXES
-
-Sí; resuene en toda la ciudad.
-
-CORO
-
-¡Ay, ay! lloremos más todavía; lloremos más.
-
-XERXES
-
-Caminad con tácitos y lentos pasos en señal de duelo y gemid.
-
-CORO
-
-¡Oh patria mía de Persia, lanza un ay de dolor!
-
-XERXES
-
-¡Ay trirremes mías! ¡armada mía destrozada!
-
-CORO
-
-Yo te seguiré con doloridos ayes.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_LA ORESTIADA_
-
-_I.--AGAMEMNÓN, II.--LAS COÉFORAS, III.--LAS EUMÉNIDES_
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-I
-
-_AGAMEMNÓN_
-
-
-~Aparece el ATALAYA puesto en vela en el terrado de palacio. Al
-comenzar la acción es todavía noche cerrada.~
-
-ATALAYA
-
-Pido a los dioses que me libren de este penoso trabajo, de esta guardia
-sin fin que estoy haciendo en lo alto del palacio de los Atridas, todo
-el año alerta como un perro, contemplando las varias constelaciones
-de los astros de la noche, brillantes reyes que lucen en el dilatado
-éther, y marcan a los mortales el invierno y el verano; cuándo se
-ponen, y cuándo hacen su salida. Ahora, como siempre, estoy esperando
-la señal de la hoguera, el esplendente fuego que nos ha de traer la
-nueva de la toma de Troya; que así lo manda el duro corazón de una
-mujer imperiosa y dominante, que la está aguardando. Llega la noche,
-mas no viene con ella el reposo a mi lecho húmedo de rocío. Jamás le
-visitan los sueños; en vez del sueño, el terror es quien se sienta a
-mi cabecera y no me deja cerrar los ojos a un tranquilo descanso. Y
-si quiero cantar o tararear buscando remedio contra el sueño que me
-acomete, entonces rompo en lágrimas, lamentando los infortunios de
-esta casa, que ya no se ve en la prosperidad que la tenía aquel su amo
-de otros tiempos. ¡Ojalá venga por fin el dichoso instante que me vea
-libre de esta fatiga! ¡Ojalá aparezca en medio de las sombras el fuego
-de la buena nueva! -- ¡Ah! ¡ah! ¡Salve, oh lucero de la noche, que
-anuncias la luz de un claro y nuevo día, y a la ciudad de Argos le das
-la señal de regocijados y festivos coros en celebración de un feliz
-suceso! Sí, no hay duda; en verdad te lo digo, esposa de Agamemnón;
-que en seguida saltes del lecho, y que en todo el palacio se levante
-jubiloso himno que salude esta luz venturosa. Tomada es Ilión. Esa
-luminaria encendida lo está anunciando. Yo mismo seré, yo, quien daré
-comienzo al preludio, y guiaré los coros de la fiesta; yo, que voy a
-llevar la dicha a mis señores; que esta hoguera ha sido para mí una
-jugada redonda. ¡Así me sea dado ver la vuelta de mi Rey a su casa,
-y estrechar su mano querida entre mis manos! Lo demás lo callo: un
-enorme buey pesa sobre mi lengua. A poder hablar, bien claramente se
-explicaría este palacio. Por lo que hace a mí, de buen grado hablaría
-con quien me entendiera; para los que no, como si nada supiese.
-
-~(Vase.)~
-
-~(Sale el CORO. Comienza a alborear. Al aparecer CLITEMNESTRA en escena
-es ya de día.)~
-
-CORO
-
-Este es el décimo año ya después que los dos poderosos competidores
-de Príamo, el rey Menelao y Agamemnón, aquel invencible par de
-Atridas, a quienes honró Zeus por igual, dándoles a los dos trono y
-cetro, movieron de esta región poderosa armada argiva de mil naves,
-que apoyase con la fuerza su demanda. Del fondo de su generoso pecho
-lanzaron grito de guerra como altaneros buitres que al ver arrebatados
-sus polluelos, lanzan un ay de dolor, y azotando el aire con los
-remos de sus alas, vuelan en precipitados giros alderredor del nido
-desierto, donde ya no se guarece aquella cría, dulce y perdido objeto
-de sus cuidados. Pero así como no falta un dios, que oiga desde su
-excelso trono el gemido de dolor que lanzan las tristes aves; o ya
-Apolo, o Pan, o el mismo Zeus, y envíe una Erinna vengadora que al cabo
-y al fin castigará la maldad de los impíos violadores, así también
-Zeus, poderoso amparador de la hospitalidad, envió contra Alexandro
-a los hijos de Atreo por causa de una mujer que tantas veces mudó
-de marido, y por ella puso entre Danaos y Troyanos grandes y fieras
-luchas, donde los cuerpos de los combatientes se rendirán a la fatiga,
-y los más fuertes tocarán con sus rodillas el polvo de la tierra, y a
-los primeros encuentros saltarán en astillas las robustas lanzas. De
-cualquier modo que sea, hoy sucede lo que tenía que suceder; lo que
-está decretado se cumple; y ya ni lamentos, ni lágrimas, ni libaciones
-serán poderosas a calmar la implacable ira de las deidades a quienes no
-son aceptos sacrificios de fuego.
-
-En tanto, nosotros, privados de seguir la generosa expedición por causa
-de esta vieja y despreciable carne que ya no puede pagar su tributo,
-permanecemos aquí, sustentando en un báculo nuestras fuerzas flacas
-como las de la infancia. Igual es la lozanía que retoza en un penco
-demasiado mozo, que la del viejo; ni en la una ni en la otra tiene su
-imperio Ares.
-
-Cuando el verdor de los años se ha marchitado ya, la vejez decrépita,
-seca y sin hojas va haciendo su camino sobre sus tres pies, sin más
-fuerzas que un niño, y arrastrándose con incierto paso a modo de un
-sueño que anduviese vagando en pleno día.
-
-Pero, hija de Tíndaro, reina Clitemnestra, ¿qué sucede? ¿qué novedad es
-ésta? ¿qué has sabido tú, que así te mueve a ordenar esos sacrificios
-que estoy viendo por todas partes? Las ofrendas levantan su llama en
-las aras de todos los dioses patronos de la ciudad; de los del cielo y
-los del infierno; de los que guardan nuestros campos como de los que
-presiden nuestra ágora. Aquí y allá y acullá se enciende brillante
-llama y llega hasta el cielo fomentada por el suave y puro aceite de
-las libaciones, traídas del lugar más retirado y secreto de la regia
-morada. Dime lo que puedas y te sea lícito decirme; calma esta mi
-ansiedad, que ora me llena de tristes pensamientos, ora a la vista
-de esos sacrificios da acogida a la esperanza alegre, que domina mi
-congojoso cuidado y la tristeza que devora mi corazón.
-
-Sea dueño a lo menos de celebrar el feliz prodigio que señaló la
-partida de nuestros príncipes; que los dioses me convidan a que lo
-celebre, y me inspiran este cántico, y todavía no es tal la edad que
-no me preste fuerzas para ello. Aquel prodigio, digo, que sucedió
-cuando los dos poderosos reyes de los Aqueos, juntando sus robustos
-cetros para una misma empresa, marcharon contra el reino de Teucro al
-frente de toda la juventud de la Hélade, lanza en mano y prontos a la
-venganza. A este punto, dos reinas de las aves se aparecen a los reyes
-de la armada helena, no lejos del palacio, y a la mano que blande la
-lanza. Era la una negra y la otra blanca por el lomo, y acababan de
-devorar en la dilatada y espléndida región de los cielos a una liebre
-preñada, muerta con todos sus gazapillos cuando ya tocaba al término de
-su fugitiva carrera. ¡Celébralo, celébralo con tristes cánticos; pero
-que venza por fin la buena fortuna!
-
-El avisado y prudente adivino del ejército observó aquellas dos rapaces
-aves que devoraban su presa, y reconoció en ellas a los dos belicosos
-Atridas, príncipes y caudillos de la expedición; e interpretando el
-prodigio soltó la voz a semejantes razones: Al cabo de tiempo llegará
-esta empresa al término que se propone; la ciudad de Príamo será
-tomada, y el destino entregará al pillaje todas las riquezas atesoradas
-por un pueblo en el recinto de sus torreados muros. Si no es que antes
-lo cubre todo de tinieblas la cólera divina, y rompe el freno que con
-vuestras armas teníais forjado para Troya. A lo que anuncia el portento
-de esos alados canes del padre Zeus, que han inmolado a ese tímido y
-triste animal con los hijuelos que aún llevaba en sus entrañas, la
-casta Artemisa mira a esta casa con airados ojos. Banquetes como el
-de las águilas son aborrecibles a la diosa. ¡Celébralo, celébralo con
-tristes cánticos; pero que venza por fin la buena fortuna!
-
-No lo dudéis; la bella diosa, que con tanto amor mira por los tiernos
-cachorrillos del león invencible, y que tiene sus complacencias en
-los hijuelos de las fieras de los montes, que aún van colgados de
-los pechos de sus madres, quiere que se cumpla lo anunciado por el
-prodigio de esas águilas, lo cual, puesto que nos es favorable, pero
-también encierra algo que es de infeliz agüero. ¡Oh, Peán salvador,
-yo te invoco! Que no suscite Artemisa contra los Griegos vientos
-contrarios que los detengan en su larga navegación, ni nos compela a
-un sacrificio harto diferente de éste; sacrificio excecrable, donde
-no habrá festines; artífice impío de crímenes entre los que son de
-una misma sangre, y que no perdonará ni la reverencia de un esposo. El
-rencor esperará en vela dentro del hogar, envuelto en el manto de la
-astucia, y siempre acompañado del pensamiento de la venganza de una
-hija, y al fin un día se alzará otra vez terrible. Tal dijo Calcas con
-ocasión de las agoreras aves que se aparecieron al partir de la armada,
-presagiando males a este regio palacio a la vez que grandes bienes.
-Acompaña con tus voces al adivino; celébralo, celébralo con tristes
-cánticos, pero que venza por fin la buena ventura.
-
-¡Oh, Zeus, quien quiera que tú seas, yo te invoco con este nombre,
-si con él te agrada de ser invocado! Porque bien considerado todo en
-mi mente, para arrojar de mí el peso de estas vanas inquietudes, no
-hallaré en verdad quien con Zeus pueda compararse.
-
-El primero que fué grande en el mundo, aquel dios que estaba rebosando
-fuerza, y al cual nadie se resistía, nada podría mandar hoy: fué antes;
-ya nada es. El que vino después de él, encontró quien le venciese, y
-feneció. Mas quien de corazón celebre a Zeus con jubiloso himno de
-triunfo, llegará al colmo de la sabia prudencia.
-
-A aquel dios que encamina a los mortales a la sabiduría, y dispuso que
-en el dolor se hiciesen señores de la ciencia. Hasta en el sueño mismo
-el penoso recuerdo de nuestros males está destilando sobre el corazón,
-y aun sin quererlo nos llega el pensar con cordura. Don del dios, que
-sentado en augusto trono rige con diestra vigorosa la nave de nuestros
-destinos.
-
-El venerable caudillo de la armada aquea, que jamás se alzó contra
-adivino ninguno, cede resignado al viento de las desdichas que le
-amagan. Cuando he aquí que la imposibilidad de navegar viene a poner
-en consternación al ejército aqueo, retenido enfrente de Calcis en
-las tempestuosas costas de Aulide, cuyas aguas turbulentas amenazan
-aniquilar las naves. Soplan los vientos del Estrimonio; los vientos
-que traen la arribada funesta, y el hambre, y el ningún abrigo contra
-el inminente naufragio, y la dispersión de los navegantes; vientos que
-no perdonan ni cascos ni jarcias; que alargan crueles la hora de la
-partida, y a la sazón secan y consumen la flor de los Argivos. Entonces
-el adivino, anunciando la voluntad de Artemisa, reveló a los caudillos
-un remedio más terrible que la tempestad misma, y tal, que al oírle los
-Atridas, hirieron la tierra con sus cetros, y no pudieron contener las
-lágrimas. -- ¡Desdicha fiera no obedecer!, exclamó el augusto príncipe
-dando una gran voz; ¡pero fiera desdicha también inmolar a mi hija,
-a la alegría de mi casa, y que las manos de un padre se manchen con
-la sangre de una tierna virgen, derramada sobre el ara de Artemisa!
-¿Cuál de estos dos caminos estará libre de males? ¿Cómo ser yo desertor
-de la armada? ¿Cómo separarme de esta empresa? Pues que es justo que
-ellos deseen con ansia el sacrificio de esta sangre virginal, que ha de
-calmar los vientos... ¡ojalá sea para bien!
-
-Pero una vez que siente sobre sí el yugo de la necesidad, que trastorna
-su mente y le inspira una nueva resolución cruel, criminal e impía,
-múdase su ánimo y arrójase a la más bárbara hazaña que imaginarse
-puede. ¡Que así hace temerarios a los mortales la locura funesta,
-consejera de ignominias y primera fuente de todos nuestros males!
-Atrevióse, pues, a ser el sacrificador de su hija, en favor de una
-guerra que iba a vengar la afrenta de una mujer, y por primera víctima
-propiciatoria de la armada.
-
-Llevados del ansia de pelea, en nada tuvieron los caudillos ni la
-florida juventud de la doncella, ni las súplicas y clamores con que
-llamaba a su padre. Él mismo, hecha ya la deprecación a los dioses,
-manda a los ministros del sacrificio que la levanten en alto como
-a una cabritilla, y con entera resolución la pongan sobre el ara,
-bien envuelta en sus vestiduras y con el rostro mirando al cielo; él
-también, que con los apretados nudos de una mordaza detengan en los
-labios de la hermosa víctima la execración que va a lanzar contra los
-suyos.
-
-Pero ella, dejando caer al suelo el velo rojo que cubre su frente,
-lanza de sus ojos una mirada que hiere a sus sacrificadores con el
-dardo de la compasión. Ofrécese ante ellos resplandeciente y bella
-como hermosa pintura; parece que quiere hablarlos como en otro tiempo,
-cuando tantas veces cantaba con dulce voz en los espléndidos festines,
-con que Agamemnón agasajaba a sus guerreros, aquella casta virgen,
-honor y contento de la felicísima vida de su padre.
-
-Lo que sucedió después, ni lo vi, ni hablaré de ello; pero las
-predicciones de Calcas jamás dejan de cumplirse. Enseña la justicia con
-sus golpes a que comprendan los mortales lo que vendrá sobre ellos en
-lo porvenir. Mas lejos de mí saber lo que más tarde ha de pasar. Tanto
-manda llorar de antemano nuestro destino. Hora vendrá que se presente a
-nuestros ojos claro como la luz del día. ¡Que tengan buen suceso estas
-cosas, según es el deseo de los que somos el único muro que defiende
-hoy esta tierra de Apis!
-
-~(Sale CLITEMNESTRA.)~
-
-Heme aquí, Clitemnestra, rindiendo homenaje de veneración a tu
-potestad; que así es justo que se honre a la esposa del príncipe cuando
-la ausencia del esposo dejó el trono vacante. ¿Qué te mueve a ofrecer
-esos sacrificios? ¿Es alguna nueva feliz? ¿Es por ventura tan sólo
-la esperanza de un buen suceso? Bien de voluntad lo sabría; mas si
-callares, yo acataré tu resolución.
-
-CLITEMNESTRA
-
-¡Ojalá que del seno de la noche nazca la aurora de un venturoso día,
-como dice el proverbio! Apercíbete a recibir una alegría que supera
-todas las esperanzas: los Argivos son dueños de la ciudad de Príamo.
-
-CORO
-
-¿Qué dices? ¡Apenas si me atrevo a dar fe a tus palabras!
-
-CLITEMNESTRA
-
-Que Troya es de los Aqueos. ¿No lo he dicho claro?
-
-CORO
-
-La alegría me enajena y hace asomar mis lágrimas.
-
-CLITEMNESTRA
-
-Sí; bien están publicando tus ojos los afectos del corazón.
-
-CORO
-
-¿Pero tienes algún testimonio cierto de esta ventura?
-
-CLITEMNESTRA
-
-Lo hay. ¿Y cómo no? ¡A no ser que algún dios me engañe...!
-
-CORO
-
-¿Acaso será que rindas, crédulo, culto a las visiones de los sueños?
-
-CLITEMNESTRA
-
-No soy yo quien toma por verdades las ilusiones de la mente dormida.
-
-CORO
-
-Quizá te llenó cualquier rumor prematuro.
-
-CLITEMNESTRA
-
-¿Es que para ti tengo tan poco juicio como una chicuela?
-
-CORO
-
-¿Mas cuándo ha sido destruída la ciudad?
-
-CLITEMNESTRA
-
-Yo te lo diré. En esta misma noche de cuyo seno ha nacido esta luz que
-nos alumbra.
-
-CORO
-
-¿Y qué mensajero pudo traer tan pronto la noticia?
-
-CLITEMNESTRA
-
-Hefestos, que envió desde el monte Ida el fulgor resplandeciente de sus
-rayos. De lumbre en lumbre ha llegado hasta aquí el fuego mensajero.
--- Del Ida al promontorio de Hermayo en Lemnos; de esta isla recíbele
-la alta cumbre del Atos, y la cima consagrada a Zeus se alumbra con la
-tercera vivísima llama, que sube, y se yergue, y salva con poderoso
-salto las anchas espaldas del mar, y corre presurosa, y se presenta
-como un sol dorando las empinadas rocas de Macisto y anunciándoles
-la regocijada nueva. -- Y no anda perezoso el atalaya, ni se deja
-vencer imprudentemente del sueño, sino que luego acude a lo que le
-toca, y hace la señal; la luz de los encendidos sarmientos llega a las
-corrientes del Euripo, y avisa desde lejos a los atalayas del Messapio,
-y ellos ponen fuego a un montón de secas zarzas y llevan más allá las
-señales. El vivo resplandor de la hoguera, en ningún modo se amortigua;
-pasa de un salto la llanura del Asopo, semejante a clarísima luna,
-y hace que se enciendan sobre las cimas del Citerón nuevas lumbres
-mensajeras. El guarda allí apostado no se niega a trasmitir la luz
-a los que están más lejos, antes enciende hoguera más viva aún que
-todas las ya dichas, la cual salva la laguna Gorgopis, llega al monte
-Egiplacto y obliga a cumplir las órdenes de modo que no falte el fuego.
-Encienden, pues, una gran lumbre; la llama, con poderoso ímpetu, suelta
-su roja cabellera; traspone el alto promontorio del estrecho Sarónico,
-y despidiendo rayos de luz pasa más allá, hasta que toca en el monte
-Aracneo, atalaya vecina a nuestra ciudad. De aquí, en fin, vino a esta
-morada de los Atridas aquella luz, cuyo primer padre fué la hoguera
-que brilló sobre el Ida. Tales fueron las señales que yo hice disponer
-de modo que por su orden pasasen de unos en otros: el primero de ellos
-y el último, el primero que dió la señal y el último que la recibió,
-ambos son los vencedores en esta carrera. Lo que te he dicho no es sino
-lo que mi esposo me anuncia y certifica desde Troya.
-
-CORO
-
-¡Oh, mujer! lo primero de todo rindamos tributo de adoración a los
-dioses. Pero quisiera estar oyendo de continuo esa asombrosa nueva; que
-tuvieses a bien repetírmela.
-
-CLITEMNESTRA
-
-Sí, dueños son hoy de Troya los Aqueos. Imagínome ya estar oyendo
-las encontradas voces que resuenan en la ciudad. Echad vinagre y
-aceite en un mismo vaso, y veréis cómo no se juntan amorosos; cómo
-se rechazan. Así también suenan distintos y encontrados los gritos
-que en tan diversa fortuna lanzan vencidos y vencedores. Aquí están
-abrazados con los cuerpos de sus esposos, de sus hermanos y de sus
-padres, las mujeres y los niños, que ya no podrán ni siquiera llorar
-con libertad el triste destino de aquellos a quienes más amaron en
-el mundo. -- Allí, los vencedores, después de la fatiga de la pelea
-y de una noche sin reposo, acosados del hambre, apercíbense a hacer
-la comida de la mañana con los manjares que la ciudad les ofrece. No
-hay orden ni rangos; cada cual se acomoda donde la suerte le depara,
-y así ocupan las casas de la cautiva Troya, y se ponen, por fin, al
-abrigo del sereno de la noche y de las inclemencias del cielo. -- ¡Y
-cómo que son felices con poder dormir la noche entera sin centinelas
-que los guarden! Veneren piadosos a los dioses tutelares de la ciudad
-tomada; respeten sus templos, y no sufrirán después de la victoria la
-suerte de los vencidos. ¡Ojalá no se deje vencer nuestro ejército de
-la avaricia, ni entre en deseo de lo que no le es lícito codiciar; que
-para volver a sus hogares sanos y salvos, aún les queda por andar la
-mitad de la jornada! Y si pecaren contra los dioses pudiera suceder que
-a su vuelta, la sangre de los vencidos se alzase contra ellos; cuando
-no sobrevinieren nuevos males. Ahí tienes todo lo que yo, como mujer,
-puedo decir. ¡Que sea acabada su dicha y sin revés que la turbe; que no
-les deseo menos que la posesión de largos bienes!
-
-CORO
-
-Generoso es tu pecho, mujer, y has hablado como pudiera un hombre
-prudente. En cuanto a mí, oídas tus palabras, que no dejan lugar a
-duda, voy al punto a hacer piadosa oración a los dioses; que no merece
-menos la recompensa que han tenido nuestros trabajos.
-
-~(Vase CLITEMNESTRA.)~
-
-¡Oh, Zeus soberano! ¡Oh cara noche, que tan grande gloria nos
-deparaste, y tendiste red espesísima sobre los muros de Troya de modo
-tal, que ni el grande ni el pequeño, ninguno pudiera escapar de aquel
-lazo de esclavitud y muerte que los aprisionó a todos! Yo te adoro,
-Zeus poderoso, que velas por los fueros de la hospitalidad; hacedor
-de estas grandes cosas, que ya de antes habías tendido el arco contra
-Alexandro. No se disparó el dardo antes de tiempo, ni vanamente se
-perdió más allá de los astros.
-
-Ya pueden decir que este golpe es castigo de Zeus; bien han podido
-conocerlo. Él comenzó esta obra, y él también la consumó. Hay quien
-dice que los dioses no se dignan cuidarse de los hombres que pisotean
-el honor de las cosas santas; pero el que así habla es un impío. Algún
-día se manifiestan los dioses a los hijos de aquellos hombres soberbios
-que sólo respiraban guerra e inquietud, y vivieron hinchados con la
-pompa de una opulencia sin medida. Viva yo libre de males, y tan sólo
-con lo que basta al varón prudente. No son baluarte las riquezas para
-quien en el tedio de la hartura derriba con pie sacrílego el ara santa
-de la justicia. Él será borrado de entre los hombres.
-
-Arrástrale la funesta confianza que el delito engendra, madre y
-consejera de maldades. No hay salvación para él. Su crimen no permanece
-oculto en la sombra; antes, cual lumbre que brilla con siniestros
-fulgores, muéstrase a los ojos de todos. Como moneda de mala ley que
-con el uso y roce se ennegrece, así el hombre es por fin apreciado en
-lo que vale. Niño que corre tras el vuelo de un pájaro, al cabo ve que
-sólo ha conseguido arrojar indeleble afrenta sobre su patria. No hay
-dios que escuche sus preces, y el inicuo, que causó tantos males, es
-borrado de sobre la haz de la tierra. Así Paris, que recibido en el
-hogar de los Atridas, deshonró la mesa de la hospitalidad con el rapto
-de una esposa.
-
-Osada ella, con audacia jamás vista, salva ligera las puertas de la
-ciudad. Déjale a su patria chocar de lanzas y de escudos, y armamentos
-de naves. A Ilión llévale en dote total y lastimosísima ruina. ¡Ay,
-casa! clamaban los adivinos de palacio con tristes lamentos; ¡ay, casa!
-¡ay, príncipes! ¡ay, lecho nupcial! ¡ay, desaconsejados pasos de la
-afición amorosa! Ahí está el esposo que ella abandonó; ahí está, que
-se le puede ver; silencioso, sin honra; pero sin que ni una injuria
-salga de sus labios, ni se haya alterado la dulce tristeza de su
-semblante. Vencido del deseo de aquella esposa, que huyó al otro lado
-de los mares, diríase que es un espectro que reina en esos palacios. La
-gracia de las hermosas estatuas que se la representan, le es desabrida
-y aborrecible; que toda su hermosura se pierde en aquellos ojos sin
-expresión y sin pupilas.
-
-Vienen las sombras de la noche, y asáltanle con tristes apariencias
-que le traen vanísima alegría. Vana, sí, porque cuando se imagina que
-está contemplando su bien, al punto escápasele de entre las manos, y la
-visión desaparece con alada planta por los ligeros caminos del sueño.
-Tales son los dolores que hacen su habitación en el hogar de este
-palacio; tales son, y aun otros que con mucho les superan. Mas donde
-quiera se enseñorea el dolor; un dolor que oprime los corazones. En
-cada hogar de donde salió un heleno para la guerra. Sí, ¡que son muchas
-las desdichas que hieren nuestra alma! Cada cual recuerda bien a quién
-dió su despedida; mas en vez de hombres, urnas y cenizas, he ahí todo
-lo que volverá a nuestros hogares.
-
-Porque Ares, que vuelve cadáveres por hombres, y durante la pelea tiene
-en sus manos la balanza, envíanos desde Ilión, en vez de aquellos a
-quienes tanto amamos, el triste y lacrimosísimo polvo de sus cenizas,
-recogido de la ardiente hoguera; todo lo que de ellos queda, bien
-holgado en una urna funeraria.
-
-Y se llora a los nuestros; y se bendice su memoria; a éste por diestro
-en el combate, a aquél porque cayó con honra en la fiera matanza por
-causa de una mujer ajena. Esto se murmura en voz baja, y dentro del
-pecho hierve dolorosa cólera contra los Atridas que todo lo provocaron.
-Los otros yacen allá, en honrados sepulcros, al pie de los muros de
-Ilión. La tierra enemiga guarda en su seno a sus dominadores.
-
-Grave cosa es que un pueblo airado dicte sentencia; que al fin la
-maldición popular es deuda que se paga. Esta angustia, que no me deja
-un instante, me está diciendo que algo se oculta entre las sombras. No
-escapan a la mirada de los dioses los que han derramado torrentes de
-sangre. Andando el tiempo, las negras Erinnas, con precipitado vuelco
-de fortuna, hunden en las tinieblas al afortunado que menospreció la
-justicia; su fuerza toda se aniquila, y él desaparece sin dejar huella.
-De temer es ser aplaudido y envidiado. El rayo de Zeus hiere entonces
-los ojos, y ciega y derriba. Una dicha no envidiada, esto es lo que
-prefiero. Ni llegue yo jamás a ser destructor de ciudades, ni me vea
-jamás esclavo, y sujeto al arbitrio de otro.
-
-Mas la alegre nueva del fuego mensajero ha atravesado veloz toda la
-ciudad. Si es verdad, ¿quién lo sabe? ¿No será quizá engaño de los
-dioses? ¿Quién tan niño y falto de seso que deje que su corazón se
-encienda con las noticias de ese fuego repentino, para que después
-tenga que sufrir el desengaño? Propio es del gobierno de la mujer
-celebrar victorias antes de sabidas. Es la condición femenil pronta a
-creerlo todo, y llenarse luego con ello. Gloria que tiene a la mujer
-por pregonero, es de corta vida y pronto se desvanece.
-
-En breve vamos a saber si esas encendidas lumbres, si esa sucesión de
-hogueras eran verdad, o si a modo de un sueño su regocijada luz vino a
-engañar nuestra mente. He aquí que diviso un mensajero que llega de la
-costa, la frente sombreada con el ramo de oliva. Ese árido polvo que
-se levanta, hermano del lodo, me está notificando que alguien nos trae
-nuevas del suceso; y no mudo, ni con hogueras de silvestres sarmientos,
-ni con humos ni lumbres. Sí, sus palabras pondrán colmo a nuestra
-alegría. Lejos de mí imaginar lo contrario. ¡Ojalá lo que avenga supere
-nuestras esperanzas! ¡Y recoja el fruto de sus impíos pensamientos
-quienquiera que hiciese por la ciudad otras súplicas que estas!
-
-~(Sale TALTIBIO, mensajero.)~
-
-MENSAJERO
-
-¡Oh tierra de Argos! ¡Oh suelo de la patria! Al cabo de diez años
-vuelvo a ti en este claro día. De tantas esperanzas defraudadas, por
-fin se me ha logrado una; la que jamás imaginé conseguir. Morir en
-Argos, y tener mi sepultura en su tierra queridísima. -- Salve, pues,
-¡oh tierra! ¡salve luz del sol! ¡y tú, Zeus, señor altísimo de esta
-comarca; y tú, dios Pitio, que ya no dispararás las flechas de tu arco
-contra nosotros! Sobrado tiempo, oh dios Apolo, nos fuiste contrario
-en las riberas del Escamandro; sé ahora nuestro salvador, y líbranos
-de nuevas contiendas. También a vosotros todos os saludo, dioses
-tutelares que presidís nuestra Ágora; y a ti, Hermes mensajero, mi
-patrón, gloria y culto de los mensajeros. Dióscuros, vosotros que
-acompañasteis nuestra marcha, recibid propicios los restos de nuestro
-ejército que escaparon de la lanza enemiga. -- ¡Oh palacio de mis
-reyes! ¡Oh techo amado! ¡Oh sagrados altares! ¡Oh dioses saludados por
-el claro sol de Oriente; si por ventura de antes mirasteis a nuestro
-rey con serenos ojos, recibidle ahora con agrado después de tan larga
-jornada! -- Porque el rey Agamemnón viene, y trae en sus manos la luz
-que ha de alumbrar esta obscurísima noche; la vuestra, la nuestra y la
-de todos. Ea, acoged como es debido al asolador de Troya, que con el
-azada justiciera de Zeus ha removido hasta el seno mismo de la tierra
-enemiga. Desaparecieron las aras y templos de sus dioses; la raza
-entera de un pueblo ha sido aniquilada. Y después que yugo tal echó
-sobre la cerviz de Troya, torna a vosotros el augusto Atrida, nuestro
-señor; el varón afortunado, el más merecedor de honores entre cuantos
-mortales existen hoy sobre la haz de la tierra. No se jactará Paris
-jamás ni la ciudad, que fué su cómplice, de que la hazaña superó al
-castigo. Convicto de rapto y robo, perdió la prenda robada, y arruinó
-la casa de sus padres junto con su propia patria. Con doble pena
-pagaron su culpa los hijos de Príamo.
-
-CORO
-
-Bien venido seas, enviado del ejército aqueo.
-
-MENSAJERO
-
-Sí que soy bien venido. Ya pueden los dioses mandarme morir; no me
-negaré a su voluntad.
-
-CORO
-
-¿Te atormentaba la nostalgia de la patria?
-
-MENSAJERO
-
-Sí, tanto que la alegría arranca lágrimas de mis ojos.
-
-CORO
-
-¿Padecíais, pues, como nosotros de ese dulce mal?
-
-MENSAJERO
-
-¿Qué dices? Explícate de modo que yo te entienda.
-
-CORO
-
-De heridas de amor por aquellos que os amaban.
-
-MENSAJERO
-
-¿Es decir, que la ciudad recordaba también con ardiente amor aquel
-ejército que tanto la echaba de menos?
-
-CORO
-
-Como que afligida el alma, de continuo estaba suspirando.
-
-MENSAJERO
-
-Mas ¿de dónde nació esa cruel tristeza? Habla.
-
-CORO
-
-Tiempo ha que callar es el único remedio de mis males.
-
-MENSAJERO
-
-¿Cómo? ¿Pues había de quién pudieses temer en ausencia de tus reyes?
-
-CORO
-
-Y de suerte, que aquel morir, de que tú hablabas ha poco, sería para mí
-hoy colmada alegría.
-
-MENSAJERO
-
-Eso puedo decirlo yo que he logrado la dicha deseada. En la carrera
-de la vida, a las veces los tiempos nos son favorables y a las veces
-adversos. Fuera de los dioses, ¿quién podrá decir que pasó su vida
-entera exento de dolores? Pues ¡si yo contase nuestros trabajos, y
-la falta de toda comodidad y abrigo, y la rareza de las arribadas,
-y lo duro y desapacible del lecho, y cómo no había hora del día que
-pasásemos sin gemir y clamar! Y ya en tierra, otra vez nuevas fatigas,
-mayores aún que las pasadas, porque venía la noche y acampábamos al
-pie de las murallas enemigas, y el rocío del cielo y la humedad de los
-prados nos calaban, y perdían nuestros vestidos y erizaban nuestros
-helados cabellos. ¡Y si alguno pudiese pintar aquellos crudos inviernos
-que nos deparaba el monte Ida con sus nieves, donde ni las aves del
-cielo quedaban a vida; o aquella calma sofocante del mediodía en el
-estío, cuando echados los vientos y serenas las olas, el mar se tendía
-en su lecho y sesteaba! Mas ¿a qué es lamentarlo? Pasaron aquellos
-trabajos; pasaron para los que murieron, y de suerte que nunca jamás
-cuidarán de volver a levantarse. Y en cuanto al que sobrevive, ¿a qué
-viene que cuente los muertos y se duela de su adversa fortuna? Aun en
-medio de nuestras desdichas hay muchas cosas que celebrar. Para los
-que hemos quedado del ejército argivo, el provecho supera al daño, e
-inclina de su lado la balanza. Justo es que a la luz del sol que nos
-alumbra se celebre la gloria de los que atravesaron intrépidos tierra
-y mares: “El ejército argivo vencedor de Troya, colgó estos antiguos y
-gloriosos despojos en los templos de los dioses de la Hélade.” Y los
-que tal oigan celebrarán como deben a la ciudad y a los caudillos, y
-rendirán tributo de honor y gracias a Zeus, cuya es la obra. Ahí tienes
-todo lo que tengo que decir.
-
-~(Sale CLITEMNESTRA.)~
-
-CORO
-
-Tus razones me han satisfecho, no te lo negaré, que en los ancianos
-tiene grande fuerza el deseo de averiguarlo todo. Natural es que lo
-sucedido interese más que a nadie a este palacio y a Clitemnestra; pero
-también que a mí me colme de alegría.
-
-CLITEMNESTRA
-
-No hace mucho tiempo que gritaba yo trasportada de gozo; anoche, cuando
-la llama mensajera nos anunció por primera vez la toma y destrucción
-de Ilión. Y no faltó entonces quien me increpase, diciéndome: ¡Qué!
-¿fiada en esas hogueras te imaginas ya que Troya ha sido destruída?
-¡Cierto que es muy del corazón de la mujer el alborotarse luego! Con
-tales juicios pasaba yo por loca. No obstante, ofrecí sacrificios, y
-entonces aquí y allá, cada cual por su lado, iba clamando por la ciudad
-con femenil estilo, y celebrábase la alegre nueva en los templos de los
-dioses, mientras la fragante llama se iba apagando sobre el consumido
-cuerpo de la víctima. Ahora, ¿a qué es que tú me cuentes más? De boca
-del mismo rey voy a saberlo todo. Corro presurosa a fin de recibir a mi
-esposo venerado con el más grande acogimiento. ¿Qué luz habrá más dulce
-y clara para una mujer, que abrir la puerta a su marido que por merced
-de los dioses vuelve salvo del combate? Ve y dile a mi esposo; dile que
-cuanto antes, que en seguida venga a este su pueblo que le ama, y que
-en viniendo, que él encontrará en su casa una mujer fiel, la misma de
-siempre; cual la dejó; una perra para su casa; para él dulce, y para
-los que mal le quieren, fiera; y así en todo, que en tan larga ausencia
-no he violado el sello de su fe. Así sé de halagos ni de culpables
-palabras de otro hombre alguno, como de teñir cobre. Hacer gala de
-tales prendas, cuando se está lleno de verdad, no desdice en mujer de
-mi sangre.
-
-~(Vase.)~
-
-CORO
-
-Bien puedes haberlo aprendido, que hermosamente lo expuso ella, y en
-términos que no pueden dejar duda. Pero dime tú, mensajero, que deseo
-preguntarte por Menelao. ¿Viene también con vosotros sano y salvo aquel
-príncipe tan amado de este pueblo?
-
-MENSAJERO
-
-No es posible, amigos, que yo os cuente falsas dichas. No os gozaríais
-largo tiempo en ellas.
-
-CORO
-
-¡Ah! ¿Cómo hacer que diciéndonos dichas, nos dijeses también verdades?
-Que dicha engañosa jamás deja de verse tal cual es, y bien pronto.
-
-MENSAJERO
-
-Aquel guerrero ha desaparecido de la armada aquea; él y su nave. Harta
-verdad digo.
-
-CORO
-
-¿Es que a vista de todos vosotros se retiró de Ilión, o quizá que
-alguna tempestad, que os afligió a todos, le arrebató lejos de la
-armada?
-
-MENSAJERO
-
-Como un buen flechero así diste en el blanco. Con sólo una palabra has
-mentado todo un gran desastre.
-
-CORO
-
-¿Vive? ¿Es muerto? ¿Se dice algo de él en la flota?
-
-MENSAJERO
-
-Nadie lo sabe de modo que pueda decir algo cierto; nadie sino Helios,
-que alimenta la tierra.
-
-CORO
-
-¿Y cómo vino sobre la armada? ¿y cómo se calmó esa tempestad, que tú
-dices, desencadenada por la ira de los dioses?
-
-MENSAJERO
-
-No es lícito profanar un fausto día contando malas nuevas. Hoy tan
-sólo es dado honrar a los dioses. Cuando un mensajero, triste el
-rostro, llega a una ciudad a anunciarle espantables desastres; la rota
-y pérdida de todo un ejército, herida que por igual traspasa a toda
-la república; y la muerte de tantos guerreros, que dejaron huérfanas
-sus casas, caídos bajo el doble azote de Ares, cruel pareja que con
-hierro de dos filos va sembrando el estrago; cuando ese hombre llega
-abrumado con el peso tal de infortunios, razón es que cante el Peán
-de las Erinnas. Pero yo, afortunado mensajero de hazañas y triunfos,
-que llego a esta ciudad cuando se halla entregada al regocijo de su
-dicha, ¿cómo habré de mezclar males con bienes pintando la borrasca
-que la cólera de los dioses desencadenó contra los aqueos? El fuego y
-el mar, con ser de antiguo enemigos implacables, conjuráronse ahora,
-y bien mostraron su fidelidad destruyendo entrambos la mísera armada
-de los argivos. En medio de la noche surgen todos los horrores de las
-olas embravecidas. Empujadas por los vientos de Tracia chocan las naves
-las unas contra las otras. Con bárbara furia clávanse los espolones,
-y entre torbellinos de viento y torrentes de agua, se abren y se
-hunden, arrebatadas por el vértigo del fiero pastor de tanto estrago.
-Así que asomó la clara luz del sol, vimos el mar Egeo sembrado de
-cadáveres de guerreros aquivos, y de restos de naves. Por lo que hace
-a nosotros, sin duda algún dios que se puso al timón de nuestra nave,
-que no hombre ninguno, la sacó de allí ilesa, y nos salvó. Pues la
-fortuna salvadora tomó asiento en ella, y la encaminó de suerte que en
-las arribadas ni las olas alborotadas la inquietaron, ni encalló en
-los escollos de las costas. Mas luego que salimos de aquella mortal
-y negra noche de mar a la clara luz del día, no osábamos creer en
-nuestra ventura, y un nuevo dolor vino a cebarse en nuestras almas,
-al contemplar aquella flota desecha y reducida a cenizas. Y en tanto,
-si algunos son todavía vivos, nos tendrán por muertos, y ¿cómo no?
-Igual suerte tememos nosotros que hayan tenido ellos... ¡Mejor lo haga
-nuestro destino! Sobre todo, espera que Menelao ha de venir, y el
-primero. Si él vive aún; si todavía los rayos del sol le alumbran; si
-Zeus le ha guardado, no queriendo que todavía se extinga su linaje,
-esperemos aún, que hemos de verle entrar en su casa. Y tú, ten por
-cierto que al escuchar lo que acabo de referir, has estado oyendo la
-verdad.
-
-CORO
-
-¿Quién pudo darle nombre tan verdadero? ¿Quién sino alguno de esos
-seres invisibles que saben de antemano lo que ha de suceder en los
-varios azares de la fortuna? El cual dirigiendo certero nuestra lengua
-hizo que llamásemos Helena, a aquella ocasión de discordias a quien su
-esposo hubo de recobrar a lanzadas. -- Tal fué en verdad; perdición de
-armadas; perdición de hombres; perdición de ciudades. Dejó los ricos y
-delicados velos de su tálamo e hízose a la mar favorecida de las auras
-del poderoso Céfiro. Multitud de hombres embrazan sus escudos y siguen
-la perdida huella de los fugitivos, como cazadores que persiguen la
-pista, y por fin abordan a las frondosas riberas del Símois a empeñar
-sangriento combate.
-
-La cólera de los perseguidores logró su intento, y lanzó contra Ilión
-una verdadera alianza, una alianza de desdichas. Pasaron años; pero
-ellos vengaron el ultraje hecho a la mesa de un huésped, y a Zeus
-vengador del hogar ofendido, en aquellos que a voces y sin rebozo
-habían celebrado el himno que los deudos de Paris cantaron en honor de
-sus bodas. En cambio, ahora la antigua ciudad de Príamo ha aprendido
-un himno nuevo; un himno de lágrimas. Y gime con grandes ayes; y llama
-a Paris el funesto desposado. Ella, que tanto ha que está pasando
-una vida de crueles dolores, y que por último tiene que sufrir la
-sangrienta y desastrada muerte de sus ciudadanos.
-
-Cierto hombre crió un león que había de ser la perdición de su casa.
-Cachorrillo recién arrancado de las tetas de su madre, a los principios
-de su vida se criaba manso. Era el amor de los niños y el regocijo de
-los viejos. Paseábale su amo por la ciudad, llevándole en brazos como a
-un recién nacido, y él halagaba con sus ojos la mano amiga, y meneaba
-blandamente la cola, cuando el hambre le apretaba. Mas así que se hizo
-crecido sacó los viejos instintos paternos, y pagó el cuidado de su
-cría, aderezándose sin orden de nadie, festín de ovejas fieramente
-despedazadas por sus garras. La casa queda anegada en sangre, y de nada
-sirve el dolor de sus moradores para evitar el espantable sangriento
-estrago. Es un ministro de la muerte que se ha criado en aquella casa
-por disposición del cielo.
-
-No de otro modo pudiera yo decir que entró Helena en la ciudad de
-Ilión. Serena el alma, como un mar sin ondas; hermosa, que fuera gala
-de la más espléndida opulencia; con un mirar de ojos que dulcemente
-hería. Era una rosa de amor que punzaba los corazones. Pero consúmanse
-por fin las funestas bodas, y luego decae de todo aquel encanto, y ya
-no es sino enfado del hogar donde se sienta; compañera temerosa; Erinna
-que hará derramar lágrimas a los esposos, y que viene contra los hijos
-de Príamo, lanzada por Zeus vengador.
-
-Dice un antiguo adagio que ha mucho tiempo que corre entre los hombres:
-“Jamás fué infecunda la dicha de un mortal cuando llegó a su colmo, ni
-murió sin hijos: la buena fortuna tiene por descendencia un mal sin
-remedio.” -- Otro es, sin embargo, mi sentir. La impiedad engendra
-posteridad numerosa; pero toda de su raza. Engendrar dichas es síno de
-la casa del justo.
-
-Sí, en la del malvado, tarde o temprano, cuando llega la hora
-decretada, una vieja culpa engendra otra culpa nueva. La nueva retoña
-a su vez, y sus renuevos son: horror a la luz; espíritu de iniquidad
-invencible y obstinado; audacia impía; negros infortunios; perdición de
-las más altivas casas; hijos todos que son la imagen de sus padres.
-
-Pero la justicia resplandece en el ahumado hogar del pobre, y premia
-una vida honesta y honrada. Apartando los ojos aléjase de los alcázares
-que cubrió de oro una mano manchada, y se encamina a la santa mansión
-del bueno. Jamás rinde culto al poder del rico notado de infame. A cada
-cual le da siempre el fin merecido.
-
-~(Sale AGAMEMNÓN en un carro con pompa y aparato real. Detrás de él
-CASANDRA en otro carro, donde vienen los despojos de Troya.)~
-
-Ea, ya estáis aquí, ¡oh rey! ¡oh destructor de Troya! ¡oh hijo de
-Atreo! ¿Cómo te saludaré yo? ¿Con qué honores te rendiré acatamiento
-de modo que ni pase de los términos de lo que se te debe, ni tampoco
-te falte en nada? Los más de los hombres van siempre más allá de lo
-justo y antes que ser estiman parecer. Prontos a llorar a toda hora
-con los desdichados, la herida de su pena no llega jamás al corazón.
-Alegres con los alegres, componen a aquel tenor su rostro, y hácense
-violencia por sacarle una forzada sonrisa. Mas el buen pastor, que
-conoce su ganado, nunca se engaña. No se le oculta la verdadera
-expresión de los ojos del lisonjero que con mentido amor alardea de
-una amistad que finge. Por lo que a mí hace, no te negaré que te noté
-de imprudente sobremanera, y de hombre que no pensabas con seso cuando
-por causa de Helena sacaste de aquí la armada arrastrando a nuestros
-guerreros con obligada resolución a recibir la muerte. Mas ahora que
-la empresa se llevó a feliz término, son dulces las penas sufridas, y
-para ti sólo hay amor de corazón; bien que el tiempo y la experiencia
-te harán conocer qué ciudadanos han vivido en justicia y quiénes la han
-conculcado.
-
-AGAMEMNÓN
-
-Justo es que ante todo te salude, ciudad de Argos; y a vosotros, dioses
-de mi patria, que me habéis ayudado en mi vuelta, y en la justicia que
-he hecho en la ciudad de Príamo. No atendieron los dioses a discursos
-para juzgar la causa. Sin que uno siquiera discrepase echaron en la
-urna de la sangre voto de destrucción y muerte contra Ilión. Tan sólo
-la esperanza acercó su mano a la urna del perdón, ninguna otra la ocupó
-con su voto. Todavía el humo hace ver de todas partes el lugar donde
-se alzó la ciudad tomada. Todavía ruge allí y se enseñorea el huracán
-desencadenado de la desolación, y al morir las humeantes cenizas lanzan
-de sí con sus postreros alientos los tesoros del pueblo vencido.
-Demos gracias a los dioses por tales beneficios, recordándolos con
-eterna memoria. Feliz suceso tuvo el lazo de perdición que tendimos a
-nuestros enemigos; por una mujer Ilión ha quedado reducida a cenizas.
-El monstruo argivo salió del vientre de un caballo, armado de su
-fuerte escudo, y de un salto poderoso lanzóse sobre la ciudad a la
-hora que las Pléyades caminan a su ocaso. El hambriento león salva
-de una arremetida sus torres y bebe la sangre real, y regálase con
-ella hasta saciarse. Ahí tenéis mi primer pensamiento y mis primeras
-palabras que yo debía a los dioses. Y por lo que hace a lo que tú
-piensas, bien lo oí y lo guardo en la memoria, y digo lo mismo que tú
-y en ello me tienes completamente de tu lado. Pocos hombres son de
-condición tal, que celebren la buena fortuna del amigo sin envidiarla.
-El mortal veneno de la envidia va infiltrándose en el corazón del que
-padece de este achaque, y hácele que se doblen sus dolores. Siente
-sobre sí el peso de sus propios males, que le ahoga, y angústiase a
-la vez, contemplando la dicha ajena. Bien puedo hablar así, porque
-lo sé de propia experiencia; que he visto bien en el espejo de la
-vida que aquellos que parecían amigos míos tan adictos, no eran
-sino vana apariencia de una sombra. Tan sólo Odiseo, Odiseo que se
-había embarcado contra su gusto, ya que se unió a mí, siempre estuvo
-dispuesto a llevar conmigo la carga y marchar adelante. Ora que sea
-muerto, ora que viva aún, así debo declararlo. Lo demás que mira al
-gobierno de la ciudad y al culto de los dioses, ya lo trataremos en
-pública asamblea de todos los ciudadanos: allí proveeremos cómo lo bien
-ordenado se mantenga y perpetúe largo tiempo; mas lo que pida remedio,
-ya lo curaremos nosotros resueltamente con el fuego y el hierro, y
-probaremos a ahuyentar de aquí toda dañada pestilencia. Pero entremos
-en nuestro palacio, en nuestro hogar, y ante todo saludaré con mi
-diestra, y rendiré adoración a los dioses que me llevaron a tan lejas
-tierras, y después guiaron mi retorno. La victoria me siguió entonces;
-¡que por siempre viva a nuestro lado!
-
-~(Sale CLITEMNESTRA.)~
-
-CLITEMNESTRA
-
-Ciudadanos venerables, honor de Argos, que estáis reunidos aquí: no me
-sonrojaré de mostrar en vuestra presencia el amor que siento por mi
-esposo. Con los años también la apocada timidez desaparece. De mí lo
-aprendí, que no de otras, la angustiosa vida que voy a pintaros; tan
-larga, cuanto lo fueron los años que pasó éste en Ilión. Ante todo,
-¡qué horrenda desdicha para una mujer morar en la casa desierta, sola
-y separada de su marido! ¡Y luego, de continuo estar oyendo rumores
-siempre odiosos! Viene uno y trae una mala nueva; viene otro y propala
-otra aún peor. A haber recibido este hombre tantas heridas como la fama
-corrió aquí por Argos, bien pudiera decir que estaba más agujereado
-que una red de mallas. Pues si hubiese sido muerto tantas veces como
-se dijo en la ciudad, podría jactarse de que era un segundo Gerión con
-tres cuerpos, que había usado tres túnicas acá en vida; y no quiero
-hablar de la que se viste debajo de tierra, y que bajo cada una de
-estas tres formas había muerto una vez. Por causa de estas voces,
-siempre siniestras, en más de una ocasión vinieron manos extrañas a
-desatar mi cuello, a pesar de mi resistencia, el lazo con que hubiese
-querido quitarme la vida. ¡Ahí tienes también por qué no se halla a mi
-lado, según era razón, nuestro hijo Orestes, cara prenda de tu fe y
-de la mía! No te asombre; tu fiel amigo y aliado Estrofio el Focense
-le está educando. Hízome comprender el mal que por entrambas partes
-me amenazaba; los peligros que tú corrías en Ilión, y el riego de un
-alboroto popular que derribase el Consejo y entronizase la anarquía;
-que es condición humana pisotear más y más al caído. Esta es la razón;
-no imagines que hay en ello engaño. En cuanto a mí, aquellos raudales
-de lágrimas, que brotaban de mis ojos, secáronse ya; no queda ni
-una gota. ¡Cuánto padecieron mis ojos en aquellas largas noches de
-desvelo! ¡Cuánto he llorado por tu amor aquellas encendidas señales,
-para mí siempre frustradas! Y si por ventura dormía, el tenue rumor
-de las alas de un mosquito, que zumbase a mi oído, hacíame despertar
-sobresaltada, y entonces veía venir sobre ti males mayores que los que
-me representaba el sueño. Mas después de haber sufrido todos estos
-dolores, ahora ya, libre el alma de penas, te puedo decir: esposo mío,
-que aquí estás, tú eres para mí el perro de este establo; el cable
-salvador de la nave, firme columna de esta alta techumbre; lo que el
-hijo único para un padre; tierra que se aparece a los navegantes contra
-toda esperanza; día hermosísimo a los ojos después de la tormenta;
-manantial de agua viva para el sediento caminante. ¡Qué dulce es haber
-escapado ya de todo peligro! Merecedor eres de que te salude con estos
-elogios, y no haya en mi presencia quien se atreva a afearlo. ¡Sobradas
-desdichas hemos padecido antes! Amado mío, apéate ya de ese carro; mas
-no pongas en el suelo, oh rey, la planta que ha hollado a la devastada
-Ilión. Esclavas, ¿cómo tardáis en hacer vuestro oficio y cubrir de
-alfombras su camino? Al punto tiéndase de rica púrpura el camino que
-ha de seguir hasta la mansión que ya no esperaba recibirle. Que se le
-haga el acogimiento que pide la justicia. Lo demás que el destino tiene
-decretado, queda a mi cuidado vigilante, que lo dispondrá a su hora con
-el ayuda de los dioses.
-
-AGAMEMNÓN
-
-Hija de Leda, guarda de mi casa, cierto que tu discurso se asemejó a
-mi ausencia; largamente has hablado. Mas si es que en justicia merezco
-yo esas alabanzas, tal honor debía venir más bien de los extraños.
-Por otra parte, no me trates muellemente a lo mujer, ni me recibas a
-estilo de rey bárbaro con voces descompasadas, y serviles adoraciones.
-No quieras hacer odiosa mi entrada en la ciudad, tendiendo a mi paso
-espléndidas alfombras. Hónrese a los dioses con esos homenajes, que a
-ellos les son debidos; ¡pero un mortal caminar sobre rica y bordada
-púrpura! Jamás podría yo hacerlo sin temblar. Como a hombre, y no
-como a dios, quiero que se me honre. La fama publica ya mi gloria sin
-necesidad de lujosos estrados; y, en fin, la modestia es el dón más
-precioso de los dioses. Dichoso tan sólo se puede llamar a aquel que
-acaba su vida en serena bienandanza. Si en todo obrase yo como ahora,
-bien podía esperar un fin afortunado.
-
-CLITEMNESTRA
-
-No te opongas a lo que es mi voluntad.
-
-AGAMEMNÓN
-
-Ten por seguro que no quebrantaré mi resolución.
-
-CLITEMNESTRA
-
-¿Por ventura hiciste voto de obrar así, temiendo a los dioses?
-
-AGAMEMNÓN
-
-Al anunciar mi resolución sé bien por qué lo hago.
-
-CLITEMNESTRA
-
-A dar cima a lo que tú has alcanzado, ¿qué te parece a ti que hubiese
-hecho Príamo?
-
-AGAMEMNÓN
-
-Paréceme que sin dudar habría hecho su entrada sobre alfombras.
-
-CLITEMNESTRA
-
-Déjate de tímidos respetos a la censura de los hombres.
-
-AGAMEMNÓN
-
-¡Es tan poderosa la voz del pueblo...!
-
-CLITEMNESTRA
-
-No es digno de envidia el que no es envidiado.
-
-AGAMEMNÓN
-
-Ni propio de una mujer andar deseosa de disputa.
-
-CLITEMNESTRA
-
-Pero sí le sienta bien al afortunado dejarse vencer.
-
-AGAMEMNÓN
-
-En fin, ¿qué, en tanto estimas tú la victoria en esta contienda?
-
-CLITEMNESTRA
-
-Cede a mis ruegos. Déjame de buen grado esta victoria.
-
-AGAMEMNÓN
-
-Pues que así te place, que me desaten luego al punto este calzado, que
-va sufriendo servil el peso de mis pies. No quiero que ninguno de los
-dioses lance sobre mí desde los altos cielos una mirada de odio, al
-verme caminando sobre esas alfombras de púrpura. Grande vergüenza sería
-para mí enviciar mi cuerpo, hollando con mi planta la opulencia de esos
-ricos tejidos a subidísimo precio comprados. Y basta de esto. -- Recibe
-bondadosa a esta extranjera. ~(Señalando a CASANDRA.)~ Propicios
-miran los dioses, desde la cumbre donde moran, al que sabe mandar con
-dulzura; que nadie se somete de voluntad al yugo de la esclavitud. Esta
-cautiva, que me acompaña, es la flor escogida para mí entre multitud
-de riquezas; el presente que me ha hecho el ejército. -- Y pues mudé
-de resolución por complacerte, vamos, y entremos en palacio pisando
-púrpuras.
-
-CLITEMNESTRA
-
-Ahí está el mar donde se forma el manantial perenne y abundoso de la
-púrpura preciosísima con que se tiñen estas alfombras: y ¿quién habrá
-que piense en agotarle? Además, señor, gracias a los dioses, nuestra
-casa abunda en tales tesoros, y nunca supo lo que es pobreza. Y
-¡cuántos ricos tapices no hubiese hecho voto de destrozar bajo mis pies
-a haberme dicho los oráculos que este era el precio de tu salvación y
-de tu vuelta, alma querida! Que mientras viven las raíces, las ramas
-florecen y suben hasta lo alto de la casa, y con la sombra de sus ojos
-la guarecen de los ardores de la canícula. Y vuelto tú al hogar, tu
-sola presencia, amo y señor de esta casa, es rayo de sol que abriga en
-el invierno; frescor suave que refrigera cuando Zeus hace cocer el vino
-en el seno de la verde uva. ¡Zeus! ¡oh Zeus, por quien todas las cosas
-llegan a su fin, haz que se cumplan mis votos; vela porque se consume
-lo que ya tienes decretado!
-
-~(Vanse AGAMEMNÓN y CLITEMNESTRA.)~
-
-CORO
-
-¿Por qué este triste y tenaz presentimiento que asalta mi corazón, y
-le llena de adversos presagios? ¿Qué voz es esta adivina, que contra
-mi voluntad y sin razón alguna resuena en mi alma, que no la puedo
-desechar como se desecha obscuro sueño, ni hacer que la confianza firme
-tome posesión de mi pecho? Y sin embargo, pasó ya largo tiempo desde
-que nuestras naves echaron las amarras en la playa arenosa, y nuestros
-guerreros se lanzaron contra Ilión.
-
-Estoy viendo su vuelta, la estoy viendo con mis propios ojos; yo mismo
-he sido testigo de ella, y con todo, el alma, llevada de natural
-inspiración, canta dentro del pecho un triste himno que la lira no
-acompaña: la canción de Erinna, y no quiere entregarse confiada a la
-dulce esperanza. No es traidor el corazón, y esta agitación y angustia
-que le ahogan, son anuncios ciertos de lo que tiene que suceder.
-¡Permita el cielo que me engañe y que no se cumplan mis temores! Triste
-fin tiene la salud más robusta; que de continuo está aguijando la
-enfermedad, que vive vecina, pared por medio de ella. El destino del
-hombre marcha derecho y sin tropezar hasta que se estrella en invisible
-escollo. Así el prudente que teme por sus riquezas arroja con tino
-parte de la carga, y ya no se pierde toda su hacienda por sobra de
-peso, ni la nave se sumerge. Y en resolución, los dones abundosos, que
-Zeus hace brotar cada año con mano liberal del surco de la tierra, son
-remedio seguro contra el hambre.
-
-Pero ¿qué encanto será poderoso a hacer volver atrás la negra sangre,
-que por herida mortal se escapó del pecho de la víctima, una vez que
-cayó sobre la tierra? Ya en otro tiempo detuvo Zeus en la mitad de su
-camino a aquel sabio que poseía el arte de restituir de la muerte a la
-vida. ¡Ah! si a dicha no hubiesen ordenado los dioses que mi destino
-fuera refrenarme y callar, ya habría hecho el corazón impaciente que
-mi lengua revelase todo lo que en él se encierra; mas ahora el alma
-dolorida tiene que gemir en la obscuridad, y abrasarse en vanos deseos
-sin ninguna esperanza de hacer nada provechoso.
-
-~(Sale CLITEMNESTRA.)~
-
-CLITEMNESTRA
-
-Entra tú también. Contigo hablo, Casandra. ¿Qué has de hacer ya?
-Zeus te ha destinado benigno para que asistas con nuestras numerosas
-esclavas al pie de las aras domésticas en las sagradas lustraciones.
-Baja de ese carro y depón tu orgullo. También del hijo de Alcmena dicen
-que allá en otro tiempo pasó por ser vendido, y cedió a la fuerza,
-y se resignó a sufrir el yugo. Y cuando la necesidad nos traiga a
-esta desgracia, todavía es grande beneficio dar con amos de antiguo
-acostumbrados a la opulencia; pues los que tuvieron buena cosecha
-sin esperarla, esos siempre fueron crueles con sus esclavos, y nada
-equitativos ni legales. Entre nosotros tendrás todo lo que es debido.
-
-CORO ~(a CASANDRA.)~
-
-Bien claro acaba de hablarte. Si no estuvieses cogida en esa red fatal
-obedecerías, si es que obedecías; e igual podrías también no obedecer.
-
-CLITEMNESTRA
-
-Si ya no es como las golondrinas que tienen un habla bárbara e
-ignorada, mis razones habrán penetrado en su ánimo, y me obedecerá.
-
-CORO
-
-Síguela. Te ha dicho lo mejor que pudieras oír en el trance en que te
-hallas. Levántate y baja de ese carro.
-
-CLITEMNESTRA
-
-No tengo ahora vagar para esperarte aquí a la puerta, que ya están
-prontas allá dentro junto al hogar, las ovejas que han de ser
-sacrificadas a los dioses, en acción de gracias por un beneficio que
-no esperamos jamás. -- Conque tú si has de obedecer, no tardes, y si
-es que desconoces la lengua y no entiendes mis palabras, a lo menos
-respóndame tu mano por señas como hacen los bárbaros.
-
-CORO
-
-Bien se está viendo que la extranjera necesita de intérprete para
-explicarse. Parece una bestia brava recién cogida.
-
-CLITEMNESTRA
-
-Sí, ella está loca, y sólo atiende a su loco consejo. Acaba de dejar
-su patria, recién conquistada, y viene aquí cautiva, y no aprenderá
-a sufrir el freno hasta que no desfogue la sangrienta espuma de su
-cólera. Pues no más hablarla para que me desprecie.
-
-~(Vase.)~
-
-CORO
-
-En mí puede más la compasión, y no me deja airarme con ella. ¡Anda,
-infeliz, deja ese carro; cede a la necesidad, y prueba por primera vez
-el yugo!
-
-CASANDRA
-
-¡Oh cielos! ¡Oh tierra! ¡Apolo! ¡Apolo!
-
-CORO
-
-¿A qué clamas a Loxias con esos ayes? No es él de condición de escuchar
-lamentos.
-
-CASANDRA
-
-¡Oh cielos! ¡Oh tierra! ¡Apolo! ¡Apolo!
-
-CORO
-
-Y otra vez vuelve a gemir y a llamar al dios, que no acude jamás a las
-lágrimas.
-
-CASANDRA
-
-¡Apolo! ¡Apolo que me has traído hasta aquí, y eres mi perdición;
-segunda vez me pierdes con total ruina!
-
-CORO
-
-Diríase que está vaticinando sus propios males. Esclava y todo, el
-numen divino habita en su alma.
-
-CASANDRA
-
-¡Apolo! ¡Apolo que me has traído hasta aquí, y eres mi perdición! ¡Ah!
-¿Adónde me llevas tú? ¿Bajo qué techo?
-
-CORO
-
-Bajo el de los Atridas. Yo te lo digo, si es que no lo sabes. No podrás
-decir nunca que falté a la verdad.
-
-CASANDRA
-
-¡Techo aborrecido de los dioses, testigo de innumerables crímenes!
-¡Lazos suicidas! ¡Esposo degollado! ¡Suelo todo cubierto de sangre!
-
-CORO
-
-Como una perra fina así tiene el olfato la extranjera. Sigue la
-sangrienta pista de algún crimen, y ya le encontrará.
-
-CASANDRA
-
-¡Ahí están los testimonios en que me fundo; esos niños degollados a
-pesar de sus ayes lastimeros; esas carnes asadas que devora un padre!
-
-CORO
-
-Ya había llegado a nosotros la fama de tus vaticinios, cierto; mas no
-tenemos ahora necesidad de profecías.
-
-CASANDRA
-
-¡Oh cielos! ¿Qué es lo que se está meditando? ¿Qué nueva maldad es esta
-que se prepara bajo ese techo? Crimen grande, muy grande, odiosísimo
-contra la propia sangre; crimen que no tendrá reparación alguna. ¡Está
-muy lejos el socorro!
-
-CORO
-
-No entiendo ninguno de estos vaticinios. Los otros sí los conozco, que
-toda la ciudad los publica a voces aún.
-
-CASANDRA
-
-¡Ah, desdichada! ¿Cómo te atreves a consumar ese crimen? Vas a hacer
-entrar en el baño al esposo que comparte tu lecho; le vas a lavar tú
-misma, y... ¿Cómo decir lo demás? Ello ha de suceder bien pronto. ¡Ya
-tiende la mano sobre su víctima una y otra vez!
-
-CORO
-
-Nada comprendo. Envueltos esos oráculos en enigmas, no acierto a
-descifrarlos.
-
-CASANDRA
-
-¡Ah, ah, oh dolor! ¿Qué es eso que se ve ahí? ¿Es alguna red del Hades?
-Sí, una red; la túnica que le acompañaba en el lecho; el instrumento de
-su muerte. Legión desordenada de Erinnas, nunca hartas de la sangre de
-esta raza, romped en regocijados alaridos de triunfo por ese sacrificio
-execrable.
-
-CORO
-
-¿Qué Erinna es esa cuyas maldiciones llamas sobre este palacio? Pónenme
-miedo tus palabras. Agólpase mi sangre al corazón, como si herida con
-mortal golpe viera ya ponerse ante mis ojos la postrera y desmayada luz
-de la vida. ¡Ay! ¡Y cómo viene presuroso el infortunio!
-
-CASANDRA
-
-¡Ah, ah! ¡Mira, mira! ¡Separa al toro de la vaca! -- Ya cogió en las
-mallas de esa túnica, al generoso animal de negros cuernos; ya le
-hiere; ya cayó él en el baño lleno de agua. -- Ahí tienes, yo te lo
-anuncio, el crimen alevoso que va a consumarse en sus ondas.
-
-CORO
-
-No me atrevería yo nunca a jactarme de sagaz en la interpretación de
-los oráculos, mas paréceme que en todo esto se encierra algún mal. Y
-¿cuándo oráculo alguno anunció bienes a los hombres? Siempre estas
-antiguas artes, a fuerza de infortunios, nos enseñaron a temer.
-
-CASANDRA
-
-¡Ay de mí, infeliz! ¡Ay, destino mío adverso, que vengo a gemir y
-llorar sobre mi propia desventura! ¿A qué trajiste hasta aquí a esta
-desdichada sino a morir contigo? ¿A qué más que a morir?
-
-CORO
-
-Divino furor enajena tu alma, y en desacorde y nunca usado estilo
-cantas tus propios infortunios. No de otra suerte canoro ruiseñor deja
-escapar sus quejas del pecho acongojado, sin darse punto de reposo, y
-llora una vida siempre nueva en males, y dice entre lágrimas: ¡Itis,
-Itis!
-
-CASANDRA
-
-¡Ah, ah! ¡La suerte del arpado ruiseñor! A él siquiera vistiéronle los
-dioses el cuerpo de ligeras plumas, y le dieron una vida dulce y exenta
-de llanto; pero a mí, la muerte a hierro de dos filos es lo que me
-espera.
-
-CORO
-
-¿Qué arranques de furor divino son esos que te asaltan de repente?
-¿A qué tus vanas angustias? ¿Por qué con agudos acentos y gritos de
-maldición celebras temerosos sucesos? ¿Por dónde sabes tú los caminos
-de esos siniestros oráculos?
-
-CASANDRA
-
-¡Oh bodas de Paris, bodas funestas para todos los suyos! ¡Oh
-Escamandro! ¡Oh río de mi patria! ¡No ha mucho que a tus orillas veía
-yo cómo iba espigando mi mocedad, y ahora, a lo que veo, bien pronto
-anunciaré mis vaticinios en las riberas del Cocyto y el Aqueronte!
-
-CORO
-
-Demasiado claro es lo que acabas de hablar: un recién nacido lo
-entendería. Cruel dolor desgarra mi alma. Quebrántame oír el triste
-lamentar de tu desventura.
-
-CASANDRA
-
-¡Oh trabajos! ¡Oh trabajos sufridos por una ciudad que al fin había de
-ser arrasada! ¡Oh sacrificios que ofrecía mi padre por la salvación
-de nuestros muros! ¡Ganados de nuestras praderas degollados a miles!
-¡Y cuán de ningún remedio servisteis para que Ilión no padeciese la
-calamidad que le ha acabado! Yo misma, que me siento encendida por el
-soplo divino, bien pronto caeré también bajo igual golpe.
-
-CORO
-
-Todavía prosigues en tu triste historia. Algún mal espíritu, que te es
-contrario, se apoderó de ti y te fuerza a romper en lastimeros ayes de
-dolor y muerte. Pero no alcanzo adónde van tus palabras.
-
-CASANDRA
-
-Y con todo ello, ya no mirará más el oráculo a través de velos a modo
-de recién desposada. El aparecerá todo resplandeciente, y se lanzará,
-respirando furor, hacia el sol que nace. A la luz del día una calamidad
-más grande aún que esta de ahora lo inundará todo, semejante a la
-onda que se encrespa e inunda la ribera. Pero basta de advertiros por
-enigmas. Dad testimonio de la finura de mi olfato, y de que sé correr
-bien derecha tras la pista de las maldades que se cometieron aquí en lo
-antiguo. Un coro hay que hace su habitación bajo este techo, y jamás
-le abandonará; tropa de hermanas, de Erinnas, que a una voz cantan
-desapacible y temerosa canción de maldiciones. Cobran nuevos bríos
-bebiendo sangre humana, y permanecen en este palacio sin que haya quien
-sea poderoso a alejarlas de él. Fijas en esta casa como en su natural
-asiento, celebran con himno de muerte el primer crimen que engendró
-tantos crímenes, o ya lanzan airados gritos de execración contra el
-impío que violó el lecho de su hermana. ¿Erré por ventura, o dí en el
-blanco como buen flechero? ¿Soy acaso una embaucadora que va de puerta
-en puerta fingiendo embelecos? Da testimonio de la verdad con que te
-hablo; jura antes de nada que yo conozco bien las antiguas maldades de
-este palacio.
-
-CORO
-
-Y ese juramento con toda su virtud y firmeza, ¿en qué podría
-remediarnos? Pero te admiro, pues criada más allá del mar, en ciudad
-extraña, así hablas de nuestras desdichas como si hubieses estado
-presente.
-
-CASANDRA
-
-Apolo, dios de las profecías, me concedió este dón.
-
-CORO
-
-Dios como es, ¿también él se sintió herido de amor?
-
-CASANDRA
-
-En otro tiempo rubor me hubiera causado decirlo.
-
-CORO
-
-Sí, que la felicidad de ordinario nos hace desdeñosos.
-
-CASANDRA
-
-Pero me acometía de tal manera, y ardía por mí en amor tan encendido...
-
-CORO
-
-¿Qué, cumplisteis con lo que pide la ley de amor...?
-
-CASANDRA
-
-Prometíme a Loxias por suya, mas no lo cumplí.
-
-CORO
-
-¿Poseías ya entonces el divino arte?
-
-CASANDRA
-
-Sí, ya vaticinaba a los míos todos sus infortunios.
-
-CORO
-
-¿Y cómo escapaste del rencor de Loxias?
-
-CASANDRA
-
-Después de mi engaño, nadie creyó más en mis palabras.
-
-CORO
-
-Pues a nosotros parécenos que tus oráculos merecen fe.
-
-CASANDRA
-
-¡Ay de mí! ¡oh desventura! ¡otra vez esta cruel fatiga, este espíritu
-profético que se apodera de mi mente, y me atormenta con siniestros
-anuncios! ¿No veis ahí, sentados en esa casa, a esos niños que
-semejan la aparición de un sueño? Los mismos que les debían amor les
-dieron muerte. ¡Vedlos ahí que aparecen sustentando en sus manos
-miserabilísima carga; su propia carne, sus entrañas, su corazón, manjar
-que gustó su mismo padre! Pero alguien medita su venganza; yo os lo
-afirmo; un león cobarde, guarda infiel de la casa, que se revuelca en
-el lecho conyugal, y está acechando la vuelta de mi dueño. ¡Ay de mí,
-que es mi dueño; que me veo forzada a sufrir el yugo de la esclavitud!
-Y el capitán de la armada, el destructor de Ilión, ¡no ve cuán fiero
-destino le prepara a traición con sus largas arengas y sus dulces
-sonrisas esa perra aborrecible! A tanto se atreverá. La mujer será
-homicida de su marido. ¿Qué nombre daría yo a ese monstruo venenoso?
-¿La llamaré víbora? ¿la llamaré Escila, habitadora de los escollos y
-perdición de los navegantes? ¿la llamaré madre y ministro del Hades que
-respira odio implacable contra todos los suyos? ¡Y cómo la muy atrevida
-y malvada mujer brincaba y gritaba de contento cual si hubiese vencido
-en la pelea! ¡No parecía sino que se regocijaba con el feliz retorno de
-su esposo! Después de esto, si todavía no se me cree, ¿qué hacer? Lo
-que ha de ser, ello vendrá. Bien pronto presenciarás el suceso, y te
-moverás a lástima de mí y me llamarás adivina demasiado verdadera.
-
-CORO
-
-Bien he reconocido horrorizada, el festín donde Tiestes comió la carne
-misma de sus hijos; y apodérase de mí el temor oyendo relación tan
-verdadera, que nada tiene de inventado. Pero lo demás lo oigo, y me
-pierdo en mil imaginaciones, sin saber dónde irá a parar todo ello.
-
-CASANDRA
-
-Digo que vas a ver la muerte de Agamemnón.
-
-CORO
-
-Cállate, infeliz, y cierra tu boca.
-
-CASANDRA
-
-Mas no por callar habrá remedio alguno contra lo que os he anunciado.
-
-CORO
-
-Cierto que no, si es que hubiere de suceder; mas ojalá nunca jamás
-suceda.
-
-CASANDRA
-
-Tú haces súplicas; pero ellos se aprestan a matar.
-
-CORO
-
-¿Y qué hombre habrá que cometa ese crimen?
-
-CASANDRA
-
-Muy torpe andas, en verdad, para entender mis oráculos.
-
-CORO
-
-Sí, no comprendo qué maquinación es esa que se ha de consumar.
-
-CASANDRA
-
-Pues yo sé bastante bien la lengua griega.
-
-CORO
-
-También la saben los oráculos de Pythio, y sin embargo son difíciles de
-entender.
-
-CASANDRA
-
-¡Ay! ¿qué fuego es este que llega hasta mis entrañas? ¡Oh dolor! ¡Apolo
-Licio! ¡Ay, ay de mí! ¡Infeliz que yo soy! Esa misma leona de dos pies,
-que yace con el lobo en ausencia del generoso león, me dará muerte.
-Como quien confecciona venenosas hierbas, ella está afilando el puñal
-para herir al esposo, y tanto se gloría de que ha de satisfacer su
-rencor y me ha de dar el pago, y a él la muerte por haberme traído. ¿A
-qué guardar ya estas insignias para mi propio escarnio; este cetro,
-y estas ínfulas de profetisa que ciñen mi cuello? Yo te haré pedazos
-antes de morir. ~(Arroja el cetro.)~ Anda en mal hora y caed en el
-polvo. ~(Arroja las ínfulas.)~ Este es el pago de vuestros servicios.
-Enriqueced a otra y no a mí con vuestros tesoros de maldición. Helo
-ahí, Apolo; tú me despojas de mis vestiduras de profetisa. Tú me veías
-con estos ornamentos, y así todo hecha la burla de los míos, que eran
-unos a odiarme los insensatos. ¡Y cómo sufría que me motejasen de loca
-y vagabunda, cual mendiga hambrienta y miserable que va de plaza en
-encrucijada diciendo la buena ventura. Y ahora, dios profeta, después
-que me hiciste tu sacerdotisa, me arrastras a tan fiero trance de
-muerte! En lugar del ara de mi padre, me espera un tajo de carnicero
-donde seré degollada con cruel golpe, y correrá mi sangre humeante.
-Mas, gracias a los dioses, no quedará nuestra muerte sin venganza.
-Vendrá a su vez el que nos ha de vengar; un hijo que matará a su madre,
-y castigará el asesinato de su padre. Hoy anda errante y fugitivo
-y desterrado de su patria; pero él volverá para dar cima a la total
-perdición de los suyos. Porque los dioses hicieron solemne juramento de
-que le ha de traer la sombra de su padre muerto y tendido en tierra. ¿A
-qué llorar así al entrar en esa casa? Yo contemplé antes la desolación
-de Ilión, y ahora aquellos que conquistaron mi patria son a su vez
-sentenciados por los dioses. Entraré, sí; sufriré mi destino. Tendré
-valor para morir. Puertas del Hades, ya os veo. Yo os saludo. ¡Así
-reciba golpe tan certero, que entre arroyos de sangre me dé súbita
-muerte, y sin estremecerme siquiera cierre mis ojos!
-
-CORO
-
-¡Oh infelicísima y sapientísima mujer, mucho es lo que nos has
-revelado! Pero si de cierto sabes tu muerte, ¿cómo con firme paso te
-encaminas al ara, tan animosa como becerrilla a quien los dioses llevan
-al sacrificio?
-
-CASANDRA
-
-No hay huír posible, amigos. Nada haría con retardarlo.
-
-CORO
-
-Pero a lo menos la muerte cuanto más tarde es mejor.
-
-CASANDRA
-
-Ha llegado el día; huírle sería de bien poco provecho.
-
-CORO
-
-Tu temeridad te pierde. Considéralo.
-
-CASANDRA
-
-¡Nunca tales cargos se le hacen al dichoso!
-
-CORO
-
-Si fuera a morir con gloria... entonces cualquier mortal pudiera
-graduarlo de ventura.
-
-CASANDRA
-
-¡Ay de ti, oh padre! ¡Ay de tus generosos hijos!
-
-CORO
-
-¿Qué es eso? ¿Qué temor es ese que te hace retroceder?
-
-CASANDRA
-
-¡Oh, oh!
-
-CORO
-
-¿Por qué gritas así? ¿Qué te espanta?
-
-CASANDRA
-
-Despide esa casa aliento de sangre y muerte.
-
-CORO
-
-¿Cómo? Será el perfume de los sacrificios que se están haciendo en el
-hogar.
-
-CASANDRA
-
-No; diríase que es el hedor de los sepulcros.
-
-CORO
-
-A lo que tú dices, no son perfumes de Siria los de esa casa.
-
-CASANDRA
-
-Pero vamos ya. Lloraré en ese palacio mi muerte y la muerte de
-Agamemnón. -- Basta ya de vida. -- ¡Ay huéspedes míos! No tiemblo sin
-razón como el pajarillo a la vista del zarzal. Dad testimonio de ello
-cuando yo sea muerta; cuando una mujer pague mi vida con su vida,
-y un hombre expíe con su sangre la sangre del infeliz esposo de una
-mala esposa. Venid en lo que os pide quien por toda hospitalidad va a
-recibir la muerte.
-
-CORO
-
-¡Oh infeliz! Lloro el destino que te anuncian los dioses.
-
-CASANDRA
-
-Una sola palabra: todavía quiero lamentar mi muerte una sola vez. ¡Oh
-Helios! por esos tus rayos que no volveré a ver más, yo te pido que mis
-odiosos asesinos reciban de mis vengadores el pago de la fácil muerte
-de una esclava indefensa.
-
-~(Entra en el palacio de Agamemnón.)~
-
-CORO
-
-¡Oh condición de las cosas humanas! Prósperas, cualquiera sombra os
-pone en huída; adversas, el frote de una esponja húmeda basta para
-borrar vuestra imagen. Olvido que entre todas las desdichas es la más
-digna de ser lamentada.
-
-Jamás se sacian de felicidad los mortales. Ninguno hay que os cierre
-las puertas de esos ricos alcázares, que las gentes señalan con el
-dedo por su magnificencia, y os rechace diciendo: no entréis ahí. Y
-bien, he ahí a Agamemnón, a quien concedieron los bienaventurados que
-conquistase la ciudad de Príamo, y volviese colmado de honores por los
-dioses; pues si ahora tiene que pagar la sangre en otro tiempo vertida;
-si su muerte ha de satisfacer por otras muertes; si han de consumarse
-sangrientas venganzas, ¿cuál será el mortal que en oyendo esto pueda
-jactarse de haber nacido con buena estrella?
-
-AGAMEMNÓN ~(Dentro.)~
-
-¡Ay de mí que me hirieron de muerte!
-
-PRIMER SEMICORO
-
-¡Callad! ¿Quién clama? ¿Quién es muerto?
-
-AGAMEMNÓN
-
-¡Ay de mí, otra vez segundaron el golpe!
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Se consumó el crimen. Ese gemido, a lo que parece, es del Rey. Tratemos
-pues entre nosotros cómo tomar alguna acertada resolución.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Yo os diré mi dictamen. Llamemos a los ciudadanos a palacio pidiendo
-socorro.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Pues a mí me parece que cuanto antes caigamos sobre los matadores
-espada en mano para sorprenderlos en su crimen.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Lo mismo pienso yo. Fuerza es hacer algo. No es ocasión ésta de
-dilaciones.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Pero bueno es examinarlo. Por tales comienzos se anuncian los que
-intentan tiranizar a un pueblo.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Nosotros pasamos el tiempo en estas dudas; ellos marchan con firme
-planta hacia su futuro encumbramiento, y no dejan dormir su mano.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-No encuentro qué aconsejaros. Andar en consejos es de quien puede poner
-por obra alguna resolución.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Otro tanto digo yo; mal podremos con palabras resucitar al muerto.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-¿Y seremos los matadores de nuestra propia vida cediendo a que nos
-manden los que han manchado ese palacio?
-
-PRIMER SEMICORO
-
-No; eso es intolerable. Morir sería mejor. La muerte es más dulce que
-la tiranía.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-¿Mas por la prueba de esos lamentos, diremos ya que ha perecido nuestro
-Rey?
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Veámoslo por nuestros propios ojos, y entonces hablaremos como se debe;
-que uno es imaginárselo y otro saberlo a ciencia cierta.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Todo viene en apoyo de esa resolución. Sepamos con certeza qué es del
-Atrida.
-
-~(Ábrense las puertas del palacio y aparece CLITEMNESTRA. Más al fondo,
-tendidos en el suelo, los cuerpos de AGAMEMNÓN y de CASANDRA.)~
-
-CLITEMNESTRA
-
-Si antes dije todas aquellas cosas, según pedía la ocasión, no me
-avergonzaré ahora de decir lo contrario. Pues, si no, el que prepara
-la ruina de un enemigo, a quien parece amar, ¿cómo podría envolverle
-en la red de su perdición, de modo que ni con el más poderoso salto se
-desenredase? Era esto para mí la decisión de una contienda ha mucho
-meditada. Aunque al cabo de tiempo, por fin llegó. Aquí estoy en pie
-y serena, en el mismo lugar donde le maté; junto a mi obra. De manera
-lo hice, y no he de negarlo, que ni pudiese huír, ni defenderse de
-la muerte. Envolvíle como quien coge peces, en la red sin salida de
-rozagante vestidura, para él mortal. Dos veces le hiero; lanza dos
-gemidos, y cae su cuerpo desplomado. Ya en tierra, le doy un tercer
-golpe más, que ofrezco en reverencia de Hades, guardián de los muertos
-en la mansión del profundo. Así caído, estremécese por última vez;
-da su espíritu, y de las anchas heridas salta impetuosa la hirviente
-sangre. Las negras gotas del sangriento rocío me salpican y alégrame
-no menos que la lluvia de Zeus alegra la mies al brotar de la espiga.
-Esto es todo, tal como ha sucedido. Ahora, ancianos de Argos, podéis
-alegraros, si es que queréis. Yo por mí me glorío de mi obra. A ser
-lícito hacer libaciones sobre un cadáver, justas, justísimas serían en
-esta ocasión. -- Este hombre había llenado la copa de los enormes y
-execrable crímenes de su casa, y a su vuelta él mismo la ha apurado.
-
-CORO
-
-Me pasma la insolencia atrevida de tu lengua. ¡Así te jactas de hablar
-contra tu esposo!
-
-CLITEMNESTRA
-
-Me tratáis como una mujer sin consejo, pero yo os lo digo con el
-corazón bien sereno, para que lo sepáis. -- Alábame o vitupérame,
-si quieres; me es igual. Este es Agamemnón, mi esposo ~(señalando
-al cadáver)~, muerto por esta mi mano derecha. La obra es de hábil
-artífice. Tales son los hechos.
-
-CORO
-
-¡Oh mujer! ¿qué mala ponzoña criada en la tierra o en las corrientes
-del mar tomaste tú, que así te precipitó a ese horrendo crimen, y
-a ponerte a las maldiciones de un pueblo? Lo has derribado, lo has
-degollado; pero tú vivirás desterrada de nuestra ciudad; blanco del
-odio implacable de los ciudadanos.
-
-CLITEMNESTRA
-
-¡Tú ahora me sentencias a destierro, y a llevar sobre mí el odio y las
-maldiciones de los ciudadanos, y nada tienes que decir contra este
-hombre que, mientras abundaban en los rebaños las ovejas de rico vellón
-por aplacar los vientos thracios inmoló a su propia hija, al fruto
-amadísimo de mi vientre, sin tener su vida en más de lo que pudiera
-haber tenido la de una res! ¿Por ventura no era justo que le hubieses
-desterrado a él en pago de su sacrílego crimen? Pero sabes lo que he
-hecho, y entonces eres juez riguroso. Pues bien, yo te digo que me
-amenaces, como quien por igual está apercibida a todo. Luchemos. Si
-tú me vences, tú quedarás por mi dueño; mas si el cielo dispone lo
-contrario, tarde habrás aprendido a saber vivir con prudencia.
-
-CORO
-
-Rebosa soberbia tu corazón y arrogancia tus palabras, como si la vista
-de tu sangrienta obra te sacase de ti y te enloqueciese. En tu rostro
-se ostenta la mancha de una sangre que ha de ser vengada. Hora llegará
-que, privada de los tuyos, pagarás sangre con sangre.
-
-CLITEMNESTRA
-
-Pues oye ahora mi sagrado juramento. Por la justicia, que vengó la
-muerte de mi hija; por Ate, por Erinis, con cuyo auxilio he degollado
-a este hombre, te juro que no espero que el temor ponga su pie jamás
-en estos alcázares, mientras Egisto encienda el fuego de mi hogar, y
-me guarde el amor que siempre me ha tenido; que él es el fuerte escudo
-de mi confianza. ¡Ahí tenéis tendido a ese hombre que fué mi afrenta,
-y el contento de las Criseidas allá en Ilión! Ahí lo tenéis, a él y
-a esa cautiva ~(señalando el cadáver de Casandra)~, a esa intérprete
-de agüeros y prodigios; a su concubina que tan fiel le fué en partir
-con él su lecho y los trabajos de la navegación. Ninguno de los dos ha
-llevado cosa que no mereciera. Cayó él según sabéis, y ella, después de
-cantar como un cisne sus endechas funerarias, cayó también, y yace ahí
-junto a su amante. ¡Sabroso contento que colma los gustos de mis amores!
-
-CORO
-
-¡Si ya que es muerto aquel nuestro guarda, que tanto amor nos tenía,
-viniera la muerte con breve paso, y sin que el dolor me asaltase, ni el
-lecho con enfadosa espera me consumiese, cerrara mis ojos a sempiterno
-sueño!... ¡Murió a manos de una mujer quien por una mujer pasó tantos
-trabajos! ¡Perdió la vida a manos de su esposa! ¡Ay, ay, loca Helena!
-¡Cuántas y cuántas vidas se perdieron tan sólo por tu causa! Por ti
-también ha perecido ahora esta vida preciosísima...
-
-· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
-
-Por ti se ha derramado está sangre sobre aquella otra sangre para la
-cual no hay olvido ni expiación. La fiera Eris habitaba desde entonces
-este palacio, y ha sido por fin la ruina de un esposo.
-
-CLITEMNESTRA
-
-No te apesare lo pasado, ni llames sobre ti a la muerte, ni vuelvas tu
-ira contra Helena, como si ella hubiese sido la perdición de nuestros
-guerreros; como si sólo ella hubiese hecho que tantos Danaos perdiesen
-la vida, y nos hubiese traído estos dolores que no se calmarán jamás.
-
-CORO
-
-¡Oh espíritu de maldición que te señoreaste de esta casa y de los dos
-hijos de Tántalo! El alma de sus mujeres, igual en fiereza a la de sus
-hombres te ha dado otra victoria con que me oprimes y me desgarras el
-corazón. ¡Como cuervo carnicero, así esa mujer se yergue insolente
-junto a ese cadáver y se gloría de celebrar su triunfo!
-
-CLITEMNESTRA
-
-Ahora sí que vas bien en tus juicios; ahora que has mentado al
-invencible espíritu de maldición de esta raza. Él alimenta en nuestras
-entrañas esta sed de sangre codiciosa. No se ha cerrado la antigua
-herida, cuando nueva sangre está corriendo ya.
-
-CORO
-
-¡Verdad dices al confirmar mis razones! ¡Formidable espíritu de odios
-el que en esta casa hace su habitación! ¡Ay, ay! ¡fieros males,
-engendrados por un destino cruel, que nunca se sacia! ¡Ah! ¡Permisión
-es de Zeus, causa suma y hacedor de todas las cosas! Pues ¿qué sucederá
-entre los mortales en que Zeus no medie? ¿Qué habrá en todos estos
-crímenes que no esté decretado por los dioses? ¡Oh rey, oh rey! ¿Cómo
-te lloraré yo? ¿Cómo significarte el amor de mi pecho? Ahí yaces en esa
-tela de araña donde rendiste la vida con impía muerte. ¡Ay de mí! ¡Y
-en qué lecho tan innoble para un hombre libre, te acabó mano aleve con
-hierro de dos filos!
-
-CLITEMNESTRA
-
-Tú piensas que es mía esta obra. Pero entonces no digas que yo soy la
-esposa de Agamemnón. Aquel antiguo y fiero espíritu de venganza que
-aderezó el cruel festín de Atreo, ese es quien, tomando la apariencia
-de la mujer del que ahí yace, vengó en un hombre el sacrificio de dos
-niños.
-
-CORO
-
-¿Y quién habrá que atestigüe que estás inocente de esa muerte? ¿De
-dónde ha de venir tal testimonio? ¿De dónde? Quizá acuda en tu defensa
-ese espíritu vengador de los crímenes de los padres; pero la cruel
-batalla sigue arreciando, y hará correr la sangre a manos parricidas,
-y llegará a punto que helará de horror al mismo que devoró la carne de
-sus hijos. ¡Oh rey, oh rey! ¿Cómo te lloraré yo? ¿Cómo significarte el
-amor de mi pecho? ¡Ahí yaces en esa tela de araña donde rendiste la
-vida con impía muerte! ¡Ay de mí! ¡Y en que lecho tan innoble para un
-hombre libre te acabó mano aleve con hierro de dos filos!
-
-CLITEMNESTRA
-
-No sé por qué, muerte tal haya de ser indigna de este hombre. ¿Por
-ventura no trajo él la desdicha a esta casa con torpe engaño? Inicuo
-fué con mi lloradísima Ifigenia, con aquella su hija que llevé en mis
-entrañas; que no diga ahora en los infiernos que padece injusticia
-porque fué muerto a hierro y pagó las que hizo.
-
-CORO
-
-La casa de mis reyes se hunde, y yo, perdida mi razón, no sé qué hacer,
-ni adónde vuelva mis cuidados. Me aterra oír el fragor de la lluvia de
-sangre en que se va a anegar esta morada. Ya no cae gota a gota. A cada
-nuevo crimen afila el destino en la piedra de otro crimen el hierro de
-la justicia.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-¡Oh tierra, tierra! ¡Ojalá me hubieses recibido en tu seno, antes
-que ver a mi rey teniendo por lecho ese argentado baño! ¿Quién le
-sepultará? ¿Quién cantará sus endechas? ¿Te atreverás tú a hacerlo,
-tú, matadora de tu esposo? ¿Te atreverás tú a ofrecer a su ánima, en
-satisfacción de tus enormes e inicuas maldades, el odioso tributo de tu
-llanto?
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-¿Y quién será el que suelte la dolorida voz a cantar el elogio fúnebre
-de este varón divino, con el llanto en los ojos y la sinceridad en el
-corazón?
-
-CLITEMNESTRA
-
-No te tocan a ti esos cuidados. A nuestras manos cayó; a nuestras manos
-murió; nosotros le sepultaremos. No le acompañarán lamentos de los
-suyos...
-
-· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
-
-Pero a la orilla del rápido río de los dolores, su hija Ifigenia le
-saldrá al encuentro, como es natural, toda regocijada, y le echará los
-brazos, y le llenará de besos.
-
-CORO
-
-A un ultraje responde con otro ultraje. Difícil de dirimir es la
-contienda. El que quita la vida a otro pierde a su vez la vida; el que
-mata, sufre la pena de su delito. Mientras exista Zeus, subsistirá que
-quien tal haga, que tal pague. Así es la ley. ¿Y quién podría arrancar
-de ese palacio la semilla de maldición? Que de tal modo ha arraigado en
-esta raza, que ya son una misma cosa.
-
-CLITEMNESTRA
-
-Verdad dices; tus palabras son un oráculo. Mas con ser tan dura esa
-ley, juro por el espíritu de los Plistenidas, que desde luego quiero
-quedar sometida a ella. Salga de aquí ese mal espíritu; salga de esta
-morada, y en adelante lleve la afición a otra raza con esas muertes
-suicidas. La más pequeña porción de nuestros bienes bastará a darme yo
-por contenta con tal que lograse arrojar de este palacio esa furiosa
-locura de mutuos homicidios.
-
-~(Sale EGISTO.)~
-
-EGISTO
-
-¡Oh alegre luz del día de la venganza! Ahora ya puedo decir que hay
-dioses vengadores que desde lo alto echan una mirada acá, a la tierra,
-sobre los crímenes de los mortales. Ahora, que estoy viendo a ese
-hombre ¡brinco de mis ojos! tendido, y envuelto en ese manto, que
-tejieron las Erinnas, en pago de las maquinaciones que urdió la mano de
-su padre. Su padre, Atreo, el rey de esta tierra, el que desterró de
-su casa y de su patria a Tiestes, a mi padre; y para decirlo más claro
-aún, a su propio hermano, ¡después de disputarle el imperio! Un día,
-el infeliz Tiestes vuelve a su hogar, póstrase suplicante, y se le da
-seguro de la vida y de que su muerte no ha de ensangrentar el suelo
-de sus antepasados. Allí fué. ~(Señalando a donde yace Agamemnón.)~
-El padre de ese hombre, el impío Atreo, con más diligencia que amor,
-finge entonces que regocijado quiere dar un día de festín en honor
-de su huésped, y por todo manjar ¡preséntale a mi padre la carne de
-sus hijos! Siéntanse a sendas mesas los convidados. Atreo, puesto a
-la cabecera de la estancia, hace menudos trozos los dedos de los pies
-y manos infantiles, y manda ofrecer los desfigurados despojos a mi
-padre, el cual, luego al punto los toma, y sin conocerlos come de aquel
-plato, que ya ves que había de ser mortal para esta raza. Comprende
-él por fin la inicua maldad, lanza un ¡ay! lastimero, y cae en tierra
-vomitando la sangrienta vianda, y llamando sobre los Pelópidas los más
-fieros rigores del destino. En su furor derriba con el pie la mesa
-del festín, y pide con justas maldiciones que así perezca, la raza
-entera de Plistenes. He aquí por qué veis muerto a ese hombre. Yo he
-sido el justiciero maquinador de su muerte; yo, el tercer hijo de mi
-desventurado padre, que junto con él fuí arrojado de aquí, en mantillas
-aún. Me hice hombre, y la justicia me volvió a traer. Bien que ausente
-a la sazón que ese hombre moría, yo he sido quien me he apoderado de
-él; yo el zurcidor de toda la trama. ¡La muerte misma sería para mí
-hermosa después que le he visto cogido en la red de mi venganza!
-
-CORO
-
-Egisto, la insolencia en el crimen no me intimida.
-
-· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
-
-Tú te alabas de haber muerto a ese hombre por tu propia voluntad; de
-haber ideado tú solo este asesinato miserable; pero, óyelo bien, tu
-cabeza no escapará de la justicia; las maldiciones de un pueblo te
-condenarán, y serás apedreado.
-
-EGISTO
-
-¿Tú, pobre remero, que ocupas el último banco de la nave; tú hablas
-así a los que se sientan al timón y mandan la maniobra? ¡Viejo como
-eres, ya verás tú si es difícil aprender a la edad en que se debe
-saber! Las cadenas, y los tormentos del hambre son médicos infalibles
-y excelentísimos, que sanan el juicio de los viejos y le hacen que
-aprenda. Al ver lo que estás viendo, ¿no acabarás de abrir los ojos? No
-des golpes contra el aguijón, no sea que al herirlo te lastimes.
-
-CORO
-
-¡Ah mujerzuelas! ¿así te estabas tú quieto en casa esperando la vuelta
-de nuestros guerreros, y en tanto manchabas el lecho de ese caudillo
-valeroso, y junto con esto te apercibías a darle muerte?
-
-EGISTO
-
-Palabras son esas que te harán llorar. Tu lengua es bien contraria a
-la de Orfeo. Atraía él con su voz todas las cosas y las alegraba; pero
-tú las concitas y llevas contra ti con esos insensatos ladridos. Ya
-aparecerás más manso cuando yo te sujete.
-
-CORO
-
-¡Cómo! ¡Que tú has de ser mi rey, el rey de los Argivos! ¡Tú, que
-después de haber tramado la muerte de este varón generoso, no tuviste
-valor de dársela por tu propia mano!
-
-EGISTO
-
-Porque claro está que a la mujer tocaba engañarle. Yo era enemigo
-antiguo, y por tal sospechoso...
-
-Mas dueño de sus tesoros, ya probaré a hacerme señor de la ciudad, y al
-que no obedezca ya le unciré al yugo, y le domaré como a potro lucio y
-vicioso que se resiste al freno. El hambre y la obscuridad harán con él
-habitación desapacible y le pondrán blando.
-
-CORO
-
-¡Cobarde! ¿Por qué no le mataste tú mismo? ¡Sino que una mujer le
-mató; una mujer oprobio de esta tierra y de los dioses patrios! Mas
-por ventura todavía ve Orestes la luz del sol, y esté donde quiera, él
-vendrá con feliz suceso y os matará a entrambos.
-
-EGISTO
-
-Pues que parece que te apercibes a decirlo y hacerlo, presto verás...
-
-CORO
-
-· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
-
-EGISTO
-
-Ea, pues, a mí mis guardias; llegó la hora.
-
-CORO
-
-¡Ea, al aire los aceros, y en guardia cada cual!
-
-EGISTO
-
-Desenvainado está el mío; no temo morir.
-
-CORO
-
-¿Hablas de morir? Acepto tu palabra. Tú la muerte; nosotros la
-victoria.
-
-CLITEMNESTRA
-
-¡Oh el más querido de los hombres, no más; no causemos otros males!
-Sobrados son ya los sucedidos para que cojamos de ellos una tristísima
-mies. Basta ya de muertes; no más ensangrentarnos. Anda adentro tú; y
-vosotros, ancianos, marchad cada cual a vuestra casa, antes que tengáis
-que sentir algún desastre. Lo que hemos hecho tenía que suceder. Y si
-con esto el Destino se da por contento de calamidades, todavía después
-de haber recibido de su cólera golpes tan terribles, pudiéramos tenerlo
-a dicha. Tal os advierte una mujer, si es que os dignáis escucharla.
-
-EGISTO
-
-¿Así han de desatar contra mí su lengua insolente en esa lluvia de
-ultrajes, y con palabras como ellas han de tentar a la fortuna...? De
-cuerdos y avisados es respetar siempre y dondequiera al que manda.
-
-CORO
-
-No sería de Argivos adular a un malvado.
-
-EGISTO
-
-Algún día te castigaré yo; aún no es tarde.
-
-CORO
-
-No será ello, si el cielo quiere volvernos aquí a Orestes.
-
-EGISTO
-
-Ya sé yo que los desterrados se alimentan de esperanzas.
-
-CORO
-
-¡Anda, llénate hollando la justicia, puesto que puedes!
-
-EGISTO
-
-Te aseguro que me darás satisfacción de tu loca insolencia.
-
-CORO
-
-Ensánchate y cacarea como gallo junto a su gallina.
-
-CLITEMNESTRA
-
-No hagas caso de esos vanos ladridos. Tú y yo somos los amos de este
-palacio, y lo pondremos todo en orden.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-II
-
-_LAS COÉFORAS_
-
-
-~(Aparecen ORESTES y PÍLADES.)~
-
-ORESTES
-
-Hermes, habitador de los profundos, tú que tienes fijos los ojos en
-los malvados a cuyos golpes cayó mi padre, acorre a quien necesitado
-te invoca; sé conmigo. Por fin volví de mi destierro y ya estoy en mi
-patria. Postrado al pie de este monumento, ¡oh padre mío! yo te llamo.
-Aquí estoy, padre; óyeme, escúchame...
-
-· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
-
-Ínaco, que me crió, llevó las primicias de mis cabellos; recibe tú en
-este otro rizo la ofrenda de mi dolor. ¡Yo no estaba presente, padre
-mío, cuando moriste; yo no pude llorar sobre tus restos; yo no pude
-tomarlos en mis brazos y darles sepultura!
-
-~(Aparecen por las puertas del palacio las esclavas de CLITEMNESTRA
-llevando en sus manos las libaciones que se han de ofrecer en el túmulo
-de Agamemnón. Detrás ELECTRA, cerrando el cortejo.)~
-
-~(La procesión avanza lentamente.)~
-
-¿Qué veo? ¿Qué procesión de mujeres es ésa que aquí se encamina, todas
-vestidas de luto? ¿Qué pensar? ¿Qué nueva calamidad habrá caído sobre
-esta casa? ¿Será que traen esos fúnebres obsequios para aplacar los
-manes de mi padre? No puede ser otra cosa. A lo que me parece ver, con
-ellas viene también mi hermana Electra. ¡Sí! ¡Harto la reconozco en su
-tristeza profunda! ¡Oh Zeus, que vengue yo la muerte de mi padre! ¡Sé
-conmigo en este empeño! -- Apartémonos a un lado, Pílades, y averigüe
-yo al fin qué buscan estas mujeres con tales rogativas.
-
-~(ORESTES y PÍLADES se retiran al baño.)~
-
-CORO
-
-Enviada de palacio salgo a ofrecer estos fúnebres obsequios. Mis manos
-hieren mis senos con recios golpes en señal de dolor; mis mejillas
-desgarradas por los surcos que en ellas han abierto mis uñas, manan
-sangre; mi alimento es gemir toda mi vida; y estos enlutados linos que
-me cubren acompañan mi llanto, gimiendo tristes al verse hechos jirones
-por mi amargo duelo.
-
-Media noche era por filo: todo dormía en palacio. Cuando he aquí que
-a deshora se aparece el Terror; los cabellos erizados, respirando
-venganza y anunciando sueños temerosos. Del fondo de esa mansión sale
-su voz terrible; llénalo todo de espanto, y cae en el gineceo con
-atronadora pesadumbre. Los intérpretes de los sueños, poniendo por
-fiadores a los dioses, afirman que los manes de los muertos tiemblan de
-cólera y claman contra los asesinos.
-
-Y por conjurar los males que amenazan, ¡oh Tierra! ¡oh Tierra! aquí
-tienes la ofrenda ingrata con que me manda presurosa una mujer impía.
-¡Miedo me da que palabras tales salgan de mis labios! Una vez que la
-sangre cayó en el suelo, ¿con qué se redimirá? ¡Ay, hogar de desdichas!
-¡Ay, desolación del palacio de mis reyes! ¡Ay, tinieblas densísimas,
-jamás visitadas del sol y a los humanos aborrecibles, que envolvéis
-esta morada desde que su señor fué muerto!
-
-Aquella veneración sin igual que causaba nuestro rey; que a todos
-imponía; que a todos subyugaba; que no había lengua que no la
-confesase, ni pecho que no la sintiese, no existe ya hoy. ¡Hoy todos
-tiemblan! -- ¡Ser feliz; este es el dios de los mortales, y más que su
-dios! pero de pronto la justicia cae sobre ellos y los sorprende en
-medio del día; de un golpe descarga sobre su cabeza todos los males que
-con tardo paso había ido acumulando a la luz incierta del crepúsculo, y
-en un instante los sepulta en sempiterna noche.
-
-La alma tierra sorbe la sangre que vertió el crimen; pero allí queda
-seca clamando venganza, y nada hay que la borre. Pesa el castigo sobre
-el culpable, y le acaba y apura en un tormento sin fin. No hay poder
-de hombres que haga florecer de nuevo la virginidad atropellada. Todos
-los ríos del mundo que juntaren sus aguas, no serían parte tampoco para
-purificar mano que manchó el crimen.
-
-Pero yo, forzada por los dioses a vivir en ciudad donde no nací; yo,
-arrancada de casa de mis padres y reducida a vivir en esclavitud; yo,
-¿qué he de hacer? Justas o injustas las acciones de los que me mandan
-como amos desde la aurora de mi vida, tengo que bajar la cabeza y
-dominar el odio y la venganza de mi corazón; tengo que ocultar bajo
-este velo las lágrimas que me arranca el malaventurado destino de mis
-señores, y mis penas, y el terror que hiela mi alma.
-
-ELECTRA
-
-¡Oh fieles siervas de esta casa! ya que me acompañáis en estas preces,
-acudidme con vuestro consejo. ¿Qué diré yo al derramar estas funerarias
-libaciones? ¿De qué palabras valerme que sean aceptas a mi padre?
-¿Con qué súplicas dirigirme a él? ¿Es que he de decirle: aquí tienes
-el presente con que al esposo bien amado me envía su cara esposa,
-mi madre...? Jamás tendré valor para ello. ¡No encuentro qué decir
-cuando haya de verter sobre el túmulo de mi padre la fúnebre ofrenda!
-¿Diréle si no: según es ley entre hombres, págales sus coronas a los
-malvados que te las dedican en la moneda que merecen sus maldades?...
-¿O más bien me llegaré en silencio, y de espaldas, ¡como mi padre
-fué asesinado! sin honores ningunos, a modo de quien hace sacrificio
-expiatorio, derramaré las libaciones, y así que la tierra se las haya
-bebido, luego al punto, arrojando de mí la copa, me alejaré sin volver
-los ojos...? Aconsejadme, amigas, pues que en ese palacio vosotras y
-yo tenemos unos mismos odios. No me ocultéis vuestro pecho; a nadie
-temáis, que libre o esclavo no hay mortal que se exima de los decretos
-del destino. Habla, si tienes algo mejor que aconsejarme.
-
-CORO
-
-Pues que lo mandas, ante ese túmulo de tu padre, que como una ara
-reverencio, te diré de corazón mi sentir.
-
-ELECTRA
-
-Habla, pues, y siempre con ese respeto por delante.
-
-CORO
-
-Al derramar estas libaciones sobre el túmulo de tu padre ruega piadosa
-por los que le amaron.
-
-ELECTRA
-
-¿Y a quiénes podría llamar sus amigos?
-
-CORO
-
-Desde luego a ti, y después a todo el que odie a Egisto.
-
-ELECTRA
-
-¿Entonces, por mí y por ti habré de elevar mis preces...?
-
-CORO
-
-Ya que me has comprendido, párate a reflexionar.
-
-ELECTRA
-
-¿Hay alguien todavía que pudiese yo asociar a nosotros?
-
-CORO
-
-Ausente y todo como está, acuérdate de Orestes.
-
-ELECTRA
-
-¡Oh, y qué bueno y acertado es tu consejo!
-
-CORO
-
-Por último, trae a tu memoria el horrendo asesinato; pide para sus
-autores...
-
-ELECTRA
-
-¿Qué pedir? Ilumina mi ignorancia. Explícate.
-
-CORO
-
-Que dios u hombre venga sobre ellos...
-
-ELECTRA
-
-¿Un juez o un vengador?
-
-CORO
-
-Di sin más hablar: cualquiera que a su vez les dé muerte.
-
-ELECTRA
-
-Pero ¿crees tú que sin impiedad podré pedir tal a los dioses?
-
-CORO
-
-Pues ¿cómo no ha de ser justo volver mal por mal a un enemigo?
-
-ELECTRA
-
-¡Oh altísimo embajador de los dioses superiores e inferiores; Hermes,
-que habitas lo profundo, escúchame! Dígnate ser embajador de mis
-súplicas; haz que sean oídas de las deidades infernales, que tienen
-fijos los ojos en los que vertieron la sangre de mi padre. Que también
-las acepte benigna esta tierra, madre universal que pare y cría
-todas las cosas y vuelve a albergarlas en su omnifecundo seno. Y yo,
-derramando estas libaciones en honor de los muertos, te invoco a ti,
-padre mío. Ten piedad de mí y de mi amado Orestes. Que algún día seamos
-restituídos en nuestro hogar. ¡Errantes andamos ahora, y vendidos por
-la misma que nos parió, que ha puesto en tu lugar a Egisto, el cómplice
-de tu muerte! Yo estoy aquí como una esclava; Orestes, desposeído de su
-hacienda, vive en destierro, y ellos, los muy insolentes, se solazan
-a sus anchas con el fruto de tus afanes. Que vuelva Orestes en hora
-feliz; yo te lo ruego. Y a mí, padre, escúchame también; haz que sea
-yo más honesta que mi madre, y más piadosa de manos. Tal te pedimos
-para nosotros, y para tus enemigos, que te les aparezcas como tu propio
-vengador. Ven, haz justicia; da muerte a tus matadores. ¡Vaya para
-ellos esta maldición en medio de mis votos de ventura! Pero a nosotros,
-envíanos desde el profundo, padre, los bienes que te imploramos, con
-ayuda de los dioses y de la Tierra y de la Justicia vencedora. Ahí
-tienes mis preces, que acompaño con estas libaciones. Cumplid vosotras
-los venerandos ritos; cantad el Peán de los muertos y esparcid sobre el
-túmulo las flores de vuestro llanto.
-
-CORO
-
-¡Salid, lágrimas; salid, mortales gemidos; salid por nuestro asesinado
-señor! Caed sobre este su túmulo, baluarte de los buenos, y contra
-la odiosa impiedad de los malvados conjuro formidable. Ya corren las
-libaciones. ¡Escúchame, oh venerado señor mío; escucha la triste voz
-que sale de las tinieblas de mi alma! ¡Ah, ah, ah! ¡Ay de mí! ¿Quién
-será el esforzado varón cuyo poderoso brazo dé libertad a nuestra
-casa? ¿Qué Ares escita la acorrerá, ora venga armado del curvo arco
-de voladoras flechas, ora caiga sobre los culpables empuñando bien
-esgrimida espada?
-
-ELECTRA
-
-Ya bebió la tierra nuestras libaciones. Ya las tiene mi padre.
-(Reparando en el rizo que dejó Orestes.) ¿Pero qué novedad es ésta?
-Mirad lo que ocurre.
-
-CORO
-
-¡Habla ya! ¡Me ha dado un salto el corazón...! ¡Estoy temblando!
-
-ELECTRA
-
-Acabo de ver sobre el túmulo un rizo de cabellos.
-
-CORO
-
-¿De algún hombre acaso? ¿De alguna doncella de calidad?
-
-ELECTRA
-
-Cualquiera podría imaginárselo sin gran trabajo.
-
-CORO
-
-Y ¿cómo? Más vieja soy que tú; pero si no te explicas...
-
-ELECTRA
-
-Nadie más que yo se lo hubiese cortado aquí.
-
-CORO
-
-No; a sus enemigos era a quienes tocaba ofrecerle la cabellera en señal
-de duelo.
-
-ELECTRA
-
-Sí, pero este rizo... bien lo veis, se parece todo...
-
-CORO
-
-¿A qué cabellos? Deseando estoy que acabes.
-
-ELECTRA
-
-A los míos. El parecido está a la vista.
-
-CORO
-
-¿Será por ventura secreto obsequio de Orestes?
-
-ELECTRA
-
-¡Muchísimo se parece a sus rizos...!
-
-CORO
-
-Mas ¿cómo se hubiera atrevido a venir aquí?
-
-ELECTRA
-
-Se cortó el rizo y lo envió como ofrenda a su padre.
-
-CORO
-
-¡Otra causa de lágrimas para mí, y no menos desconsolada; si es que
-jamás ha de poner el pie en este suelo!
-
-ELECTRA
-
-¿Y para mí? Un mar de amargura inunda y agita mi corazón. Diríase
-que dardo agudísimo me ha traspasado de parte a parte. Abrasadas
-y dolorosas lágrimas se agolpan a mis ojos, y sin que las pueda
-contener, me caen hilo a hilo al contemplar esos cabellos. Porque
-¿cómo imaginarme que este rizo pertenece a ninguno de la ciudad? Y la
-homicida no pudo ser que viniese a ofrecerle su propia cabellera...
-No, no pudo ser mi madre, que desmiente este nombre con el odio impío
-que abriga contra sus hijos. Cómo pueda decir yo y afirmar que esa
-ofrenda es del más amado de los hombres, de Orestes... yo no lo sé, y
-sin embargo, me dejo acariciar de la esperanza. ¡Ay! ¡Que no tuviese
-este rizo la clara voz de un mensajero y me sacase de estas ansias
-y perplejidades! Que entonces, a saber yo de cierto que había sido
-cortado de cabeza enemiga, yo le arrojaría de mí; pero si era de aquel
-que es de mi sangre, conmigo lloraría, conmigo vendría a honrar y
-reverenciar la tumba de mi padre. Invoquemos a los dioses, que ven en
-qué borrascoso mar fluctúa la nave de nuestra alma. Y si de ello ha de
-salir un salvador, que esta menuda semilla eche raíz profunda. -- ¡Otro
-indicio! ¡Y aquí no hay duda! Son pisadas e iguales a las que marcan
-mis pies. Mirad: dos huellas diferentes; esa es de algún compañero de
-viaje y esta la suya. El talón, los dedos, el contorno del pie, todo
-lo mismo que el mío. ¡Qué desfallecimiento! ¡qué angustia siente mi
-alma!
-
-ORESTES ~(dirigiéndose a ELECTRA.)~
-
-Pide a los dioses, a quienes invocas, que se te cumpla así todo lo
-demás que deseas.
-
-ELECTRA
-
-Pues ¿he alcanzado yo algo de los dioses?
-
-ORESTES
-
-Aquel por quien ha poco rezabas, está delante de tus ojos.
-
-ELECTRA
-
-Y ¿a qué mortal me viste que llamase yo?
-
-ORESTES
-
-Sé que por Orestes apasionadamente suspiras.
-
-ELECTRA
-
-Pero... ¿qué alcanzaron mis ruegos?
-
-ORESTES
-
-Yo soy Orestes. No esperes tener amigo más fiel que yo.
-
-ELECTRA
-
-¡Extranjero! ¿es que quieres tenderme un lazo?
-
-ORESTES
-
-A mí sería a quien me le tendiera.
-
-ELECTRA
-
-¡Quieres burlarte de mis males!
-
-ORESTES
-
-¡Burlárame de los míos a burlarme de los tuyos!
-
-ELECTRA
-
-¡Orestes! ¿Es, pues, Orestes a quien estoy hablando?
-
-ORESTES
-
-¡Me estás viendo y no acabas de conocerme! ¡Tú, que ha un instante,
-al ver esa prenda de mi amoroso duelo, ese rizo de mis cabellos, tan
-parecido a los tuyos, y al comparar tus pisadas con mis pisadas, te
-enajenabas de alegría y ya te imaginabas que me tenías delante de tus
-ojos! Acerca ese rizo a la melena de donde le he cortado y fíjate bien.
-Mira esta tela, que labraron tus manos, y las figuras de animales que
-en ella tejió tu lanzadera... Repórtate y no te alborote la alegría.
-Ya sé que aquellos que debían amarnos más, son hoy nuestros mortales
-enemigos.
-
-ELECTRA
-
-¡Oh blanco de mis amorosas ansias! ¡Oh esperanza llorada de un vástago
-que salvase la casa paterna! ¡Confía en el valor de tu brazo; tú
-recobrarás la herencia de tu padre! ¡Oh dulce luz de mis ojos, que
-tienes cuatro partes en mi corazón! Porque a ti debo llamarte mi
-padre; en ti recae el amor que tuve a una madre, hoy con harta razón
-aborrecida; en ti el amor de una hermana impíamente sacrificada, y tú
-fuiste siempre mi hermano fiel, el único que volverá por mi honra. ¡Que
-la fuerza y la justicia, junto con Zeus, soberano señor de todos los
-dioses, sean con nosotros!
-
-ORESTES
-
-¡Zeus, Zeus, contempla nuestros males! Mira las crías del águila que
-han quedado huérfanas. Murió su padre entre las apretadas roscas de
-espantable víbora, y los desamparados aguiluchos perecen de hambre;
-que no tienen fuerzas para traer al nido la caza con que su padre los
-sustentaba. Tal puedes vernos a nosotros, a Electra y a mí; hijos sin
-padre, ambos arrojados de nuestro hogar. Si tu dejas perecer a estos
-hijuelos de un padre que tanto te honraba y tan continuos sacrificios
-te ofrecía, ¿qué otra mano será tan liberal a ofrecerte espléndidos
-honores? Si de esa suerte dejares perecer los polluelos del águila,
-¿tendrías acaso con quien enviar a los mortales tus adorables augurios?
-Seca de raíz este árbol real, y sus ramas no defenderán ya tus aras
-en los días de los solemnes sacrificios. ¡Favorécenos! Levanta de su
-miseria a su grandeza de antes esta casa que parece ya en total ruina.
-
-CORO
-
-¡Oh hijos! ¡oh libertadores del hogar paterno, callad! Cuidado, no os
-oiga alguien, hijitos, y se le vaya la lengua y lo descubra todo a
-los que hoy todavía son los amos. ¡Así los vea yo algún día muertos y
-consumiéndose en abrasada pira!
-
-ORESTES
-
-No me hará traición, no, el oráculo del poderoso Loxias que me manda
-arrostrar este peligro. Él me hablaba con voz formidable; él hacía
-arder más y más la cólera en mi pecho, y me anunciaba que me asaltarán
-crueles infortunios si no busco a los matadores de mi padre, y no les
-doy igual muerte que a él le dieron, y no me revuelvo hecho un toro
-contra los que me despojaron de mi hacienda. Que entonces yo seré
-quien tendrá que pagar los infortunios de esa ánima querida, sufriendo
-largos y acerbos males. Y a mi pueblo le predijo todas las plagas de la
-tierra en satisfacción de las deidades irritadas; y a mí que la lepra
-invadiría mis carnes, y devoraría con hambrientas mandíbulas mi recia
-complexión de otro tiempo, y enfermaría mis cabellos, y los volvería
-blancos. “Otros golpes descargarán sobre ti las Erinnas, suscitadas
-por la sangre paterna --añadió--. En medio de la oscuridad verás
-centellear los ojos de tu padre y revolverse airados en sus órbitas.
-Y te herirá el dardo que desde el fondo de las tinieblas que habitan,
-disparan contra los suyos los que cayeron a impío golpe y no alcanzaron
-venganza. Y la rabia furiosa, y los vanos terrores de la noche te
-agitarán y te llenarán de pavor; y huirás de tu patria, siempre
-perseguido tu apestado cuerpo por acerado azote. Porque con estos tales
-ninguno partiría su copa; ninguno les haría lugar en sus libaciones;
-recházaseles hasta de las aras. Nadie daría abrigo al objeto visible
-de la cólera de un padre; nadie se hospedaría con él bajo un techo.
-Abominado de todos, sin un amigo, poco a poco se va consumiendo, y por
-fin, acaba en aquella crudelísima miseria.” Justo es que yo crea en
-estos oráculos; y cuando no creyera, todavía mi obra había de ponerse
-en ejecución. ¡Son muchos los incentivos que para ello se juntan! La
-orden de un dios; el duelo desconsolado de un padre, y la pobreza que
-me estrecha. ¿Ha de vivir este pueblo, el más glorioso entre todos los
-pueblos de la tierra, el que con inaudito esfuerzo destruyó a Troya, ha
-de vivir así a la voz de dos mujeres? Porque él tiene corazón mujeril,
-y si no, pronto se ha de ver.
-
-CORO
-
-¡Oh poderosas Moiras! ¡Ea, cúmplase lo que es justo, con ayuda de Zeus!
-La justicia reclama su deuda y grita con voz formidable: Páguese la
-afrenta con la afrenta; la muerte con la muerte. Ya lo dice sentencia
-antiquísima: quien tal hizo que tal pague.
-
-ORESTES
-
-¡Oh padre, padre infeliz! ¿Qué te diría yo? ¿Qué pudiera yo hacer que
-llegara desde este suelo a las profundas mansiones donde moras, y te
-restituyese de las tinieblas a la luz? ¡Mas presentes y honores se
-llaman aquí los lamentos; uno son para los antiguos señores de esta
-casa; para los Atridas!
-
-CORO
-
-Hijo, el fuego con sus voraces mandíbulas no logra aniquilar los
-afectos de los muertos. Después de la muerte estalla también su cólera.
-La víctima lanza lastimeros ayes, y su matador aparece a los ojos de
-todos. Los desgarrados y continuos lamentos de un padre, de aquel que
-te engendró, reclaman justa venganza.
-
-ELECTRA
-
-¡Escucha también mis lacrimosos gemidos, oh padre! Al pie de este
-túmulo están tus dos hijos llorándote con tristes endechas. Aquí están
-los dos, suplicantes; los dos igualmente desterrados, y acogidos a tu
-sepultura. ¿Qué bien habrá para ellos? ¿Dónde irán que el mal no les
-asalte? ¿Acaso no es invencible el rigor de su desdicha?
-
-CORO
-
-Pero que el cielo quiera, y él dispondrá más regocijadas voces; y en
-vez de cantos funerarios el Peán triunfal que restituya en sus regios
-alcázares al nuevo amigo que se nos acaba de juntar.
-
-ORESTES
-
-¡Y si hubieses perecido, oh padre, delante de Ilión, al golpe de licio
-hierro, legando a tu casa la gloria y labrando a tus hijos vida feliz
-que se llevase las miradas de todos...! Al otro lado del mar tendrías
-honrado túmulo, menos triste para los tuyos que este donde yaces.
-
-CORO
-
-Hasta bajo la tierra sería amado e insigne, y augusto señor de los
-héroes que hallaron gloriosa muerte en los campos de Troya, y ministro
-de las potentes deidades subterráneas; pues que en vida fué rey de
-cuantos recibieron del Hado cetro con que tener a los hombres en
-obediencia.
-
-ELECTRA
-
-No, no; tampoco eso, padre; tampoco que hubieras fenecido al pie de
-los muros de Ilión entre tantos otros como cayeron bajo las enemigas
-lanzas; ni que junto con ellos hubieses hallado a las orillas del
-Escamandro honrada sepultura; sino que tus matadores hubieran muerto
-entonces con la misma muerte que después te dieron a ti, y que tú
-hubieses sabido su fin desastrado, lejos de estos lugares, y libre de
-la desgracia que lloramos ahora.
-
-CORO
-
-Pedir tal, hija, es pedir más que oro, más que las colmadas dichas
-hiperbóreas. El dolor habla por ti. Pero vuestros ayes penetraron al
-fin en las mansiones del Hades; los que habitan el seno de la tierra se
-han estremecido con violenta sacudida, y apréstanse a acudir en vuestra
-ayuda. Las manchadas manos de los impíos dominadores encienden el odio
-de la víctima; ese odio más vivo aún en el corazón de sus hijos.
-
-ELECTRA
-
-Como un dardo me han traspasado tus palabras. ¡Zeus, Zeus, que haces
-surgir de los abismos profundos el castigo que con tardo, pero seguro
-golpe, abate la osadía de los malvados, haz que así suceda también en
-favor de mi padre!
-
-CORO
-
-¡Ojalá llegue a cantar jubiloso himno de muerte sobre los cuerpos
-ensangrentados y sin vida de un hombre y una mujer! Porque ¿a qué
-ocultar este pensamiento que acude a mi mente y la llena? Mal que me
-pesara, asoma a mi rostro la ira, y el odio cruel y acerbo que se
-alberga en mi corazón.
-
-ORESTES
-
-¿Cuándo tenderá Zeus sobre ellos su diestra omnipotente? ¡Ay de mí!
-¿Cuándo abatirás sus cabezas, y harás ante nuestro pueblo completa
-ostentación de tu poder? ¡Justicia contra los inicuos pido! ¡Diosas que
-veláis por el honor de los muertos, escuchadme!
-
-CORO
-
-Es ley. Las gotas de sangre, que cayeron en el suelo, reclaman otra
-sangre. El crimen da grandes voces. Acude, Erinis, y en venganza de las
-primeras víctimas ve amontonando calamidad sobre calamidad.
-
-ELECTRA
-
-¿Dónde estáis, dónde estáis, potestades subterráneas? Tremendas
-maldiciones de los muertos, ved lo que resta de los Atridas; contemplad
-a estos infelices que no se pueden valer, ultrajados, y desposeídos de
-su casa.
-
-CORO
-
-Mi corazón se estremece cada vez que oigo tus lamentos. Cúbrese el alma
-de horrenda negrura, y la esperanza me abandona, cuando el valor y la
-confianza volvían a renacer; cuando divertía mis dolores, y esperaba
-que había de amanecer para nosotros un día feliz.
-
-ORESTES
-
-Entonces, ¿qué podremos decir? ¿Diremos los males que nos hace padecer
-una madre? ¡Ay, que quiere templarnos; pero estos dolores no se calman
-jamás! Como lobo hambriento, así es de implacable la ira que mi madre
-encendió en mi alma.
-
-CORO
-
-¿He podido hacer extremos de dolor como una ariana, ni mostrar mi duelo
-a estilo de plañidera cissia? ¿Acaso me viste tú corriendo de aquí para
-allá, e hiriendo mi cuerpo a puño cerrado con repetidos golpes, arriba
-y abajo, en la cabeza y en el pecho, menudeándolos con toda prisa y sin
-darme punto de reposo? ¿Oíste tú resonar mi cabeza dolorida al choque
-de mis puños?
-
-ELECTRA
-
-¡Ay enemiga y despiadada madre! ¡Tú te atreviste con inaudita
-resolución a darle sepultura como a un enemigo, sin que al rey le
-acompañasen sus ciudadanos, ni al esposo cortejo de piadosas lágrimas!
-
-ORESTES
-
-¡Válgame el cielo, qué de ultrajes! Pero en verdad que, con ayuda de
-los dioses y de mi mano, ha de pagar los ultrajes que hizo a mi padre.
-Después que yo le dé muerte, ¡aunque yo muera!
-
-ELECTRA
-
-Para que lo sepas. Pues todavía hizo más. Ella mutiló su cuerpo, y así
-de maltratado fué como le dió sepultura, deseosa de hacerte la vida más
-amarga aún. Ahí tienes los ultrajes que padeció nuestro padre.
-
-ORESTES
-
-¡Conque tal fué la miserable suerte de mi padre!
-
-ELECTRA
-
-Y yo vivía en un rincón, despreciada, puesta a todo vil trato y
-arrojada del hogar como perro que muerde. Más prontas estaban las
-lágrimas que las risas, y así y todo tenía que sonreírme por ver de
-ocultar mi continuo y dolorido llanto. Graba en el alma lo que acabas
-de oír; que mis palabras penetren tus oídos y lleguen a la serena
-región del pensamiento. Lo que sucedió, ya lo sabes; lo que debe
-suceder, pregúntaselo a tu odio. Es necesario llegar al fin con ánimo
-inalterable.
-
-ORESTES
-
-¡Yo te invoco, padre! ¡Padre, sé con los que te amaron!
-
-ELECTRA
-
-¡Yo también te llamo con mis lágrimas!
-
-CORO
-
-Y todo este coro acompaña esas voces con sus voces. Óyenos. Vuelve a la
-luz. Sé con nosotros contra tus enemigos.
-
-ORESTES
-
-¡Acuda la fuerza a la fuerza; la justicia a la justicia!
-
-ELECTRA
-
-¡Oh dioses, que se ejecute vuestra justa sentencia!
-
-CORO
-
-Al oíros, el pavor se apodera de mí. Mas lo que decretó el Destino hace
-tiempo que está amenazando. Roguemos por que al fin se cumpla.
-
-¡Oh ingénita desventura de esta familia! ¡Oh cruel y horrendo azote
-de la culpa! ¡Oh duelos acerbísimos y lacrimosos! ¡Oh dolores
-desconsolados! ¡Cómo arraigasteis en esta casa! ¡No venís de lejos;
-no os trajeron extraños! Unos contra otros los Atridas son los que
-encienden estas sangrientas discordias. Tal es el himno de las diosas
-subterráneas.
-
-Oíd nuestros ruegos, dioses inferiores; mostraos propicios a estos
-hijos; ayudadlos y dadles la victoria.
-
-ORESTES
-
-Padre, a quien fué negado morir como muere un rey, hazme dueño y señor
-de tu palacio: yo te lo pido.
-
-ELECTRA
-
-Y yo también necesito de ti, padre, tanto como él, si he de escapar de
-la muerte y he de dársela a Egisto con golpe certero.
-
-ORESTES
-
-Y así podríamos ofrecerte los banquetes acostumbrados entre los
-mortales. Donde no, tú serás el menospreciado y sin honores ningunos,
-entre tantos otros manes como se regalan con el oloroso perfume de los
-sacrificios consagrados a los muertos.
-
-ELECTRA
-
-Y el día de mis bodas traeré yo de la casa paterna ricos dones que
-ofrecerte del caudal de mi herencia; y antes que todo será esta tumba
-el venerado objeto de mi culto.
-
-ORESTES
-
-¡Oh tierra! Vuélveme el padre que guardas en tu seno, por que presencie
-la pelea.
-
-ELECTRA
-
-¡Oh Perséfone, danos completa victoria!
-
-ORESTES
-
-Padre, acuérdate del baño en que fuiste muerto.
-
-ELECTRA
-
-Y acuérdate de la red en que te envolvieron.
-
-ORESTES
-
-¡No te cogieron en grillos de cobre, padre!
-
-ELECTRA
-
-Sino en vergonzosa y traidora envoltura.
-
-ORESTES
-
-A estas afrentas, ¿despertarás, padre?
-
-ELECTRA
-
-¿Levantarás tu cabeza querida?
-
-ORESTES
-
-Envía, pues, a la justicia a pelear por los tuyos, o dales a tus
-matadores igual muerte que a ti te dieron, si es que vencido quieres
-ser vencedor a tu vez.
-
-ELECTRA
-
-Padre, escucha mis postreros clamores. Mira a estos hijuelos cómo
-rodean tu sepulcro. Apiádate de tu hija y de tu hijo.
-
-ORESTES
-
-No dejes que se extinga la descendencia de los Pelópidas, y así no
-habrás muerto ni aun después de tu muerte.
-
-ELECTRA
-
-Sí, que son los hijos la gloria de su padre, que le salvan de que muera
-con él su nombre; bien así como corchos que mantienen a flote la red y
-no la dejan irse a fondo.
-
-ORESTES
-
-Óyenos; por ti son estos lamentos. Al atender nuestras preces, a ti
-mismo te salvas.
-
-CORO
-
-No seré yo quien desapruebe vuestras prolijas lamentaciones. Debidas
-eran en honor de ese túmulo, y de un infortunado a quien nadie había
-llorado aún. ~(A ORESTES.)~ Por lo demás, pues que estás resuelto a
-ello, razón es que ya obres, y pruebes fortuna.
-
-ORESTES
-
-Será. Pero no irá fuera de camino, que yo pregunte: ¿a qué envió estas
-libaciones? ¿Por qué esta tardía reparación de un mal que no la tiene?
-¿Para qué estos presentes miserables a un muerto que no se curará de
-ellos? No acierto a imaginarme que se pueda ella esperar. Tan sólo sé
-que tales regalos son mucho menores que su culpa. Todas las libaciones
-del mundo, derramadas por la sangre de un solo hombre, trabajo
-perdido. Este es mi sentir. Mas si sabes qué pueda ello ser, dímelo,
-que lo deseo.
-
-CORO
-
-Lo sé, hijo, porque estaba presente. Llena de sobresalto con las
-terribles apariencias, que en la callada noche venían a turbar su
-sueño, la impía mujer me envió con estas ofrendas funerarias.
-
-ORESTES
-
-¿Conoces tú ese sueño, de modo que puedas explicármelo?
-
-CORO
-
-Según dijo ella, parecióle que había parido un dragón.
-
-ORESTES
-
-¿Y qué fin y remate tuvo la apariencia?
-
-CORO
-
-Teníale envuelto en pañales como a un niño, cuando he aquí que el
-monstruo recién nacido sintió hambre, y entonces, soñando, ella misma
-le puso al pecho.
-
-ORESTES
-
-¡Cómo! ¿Y no la hirió el pecho el horrendo monstruo?
-
-CORO
-
-Como que junto con la leche sacó sangre.
-
-ORESTES
-
-No en vano la envió su esposo ese sueño.
-
-CORO
-
-Despierta ella entonces toda despavorida y pidiendo socorro. A las
-voces de la reina, mil antorchas, apagadas en la hora del descanso,
-vuelven a encenderse y disipan la obscuridad. Luego al punto envía
-estos fúnebres obsequios, esperanzada en que han de ser remedio
-certísimo de sus males.
-
-ORESTES
-
-¡Oh tierra natal! ¡oh tumba de mi padre, haced que sea yo el cumplidor
-de ese sueño! A lo que se me alcanza, él viene bien con mi destino. Si
-la serpiente salió del mismo seno de donde salí; si fué envuelta en mis
-propios pañales, y se agarró voraz a los pechos que me criaron, y sacó
-de ellos leche y sangre, razón tuvo la que tal soñó, para lanzar grito
-de angustia temerosa. Quien amamantó a un horrendo monstruo, de mala
-muerte debe morir. Yo seré la serpiente; yo la mataré como el sueño
-anuncia. Habla: te hago juez de la interpretación del prodigio.
-
-CORO
-
-¡Suceda como lo dices! Pero explícales a tus amigos cómo vas a
-ejecutarlo.
-
-ORESTES
-
-Pronto está dicho. Que Electra vuelva adentro; nosotros quedamos para
-obrar; vosotras, quietas, y no hacer nada. Sólo encarezco que se calle
-lo que he trazado y vais a oír. Con engaños mataron a aquel varón
-insigne: con engaños mueran ellos, y en iguales lazos cogidos, según
-predijo ya Loxias, el soberano Apolo, adivino a quien nadie halló
-falaz todavía. Disfrazado de extranjero, y con todo el equipaje de un
-caminante, yo me llegaré a las puertas del vestíbulo, acompañado de
-este amigo, de Pílades, como de un huésped y compañero de armas de la
-casa. Ambos hemos de hablar la lengua Parnésida, imitando el acento
-focense. A buen seguro que ninguno de los porteros nos reciba con
-buenas entrañas, cuando el genio del mal reina en ese palacio. Así,
-pues, aguardaremos que cualquiera pase por delante de la casa y diga
-en viéndonos: ¿Por qué cerráis la puerta a quien os pide hospitalidad?
-¿Está dentro Egisto? ¿Sabe lo que pasa? Y como llegue yo a pasar de
-los umbrales, ora que me le encuentre sentado en el trono de mi padre,
-ora que venga a mí a hablarme cara a cara y a escudriñarme con los
-ojos, tenedlo por cierto, antes que pueda decir: “¿de dónde bueno,
-extranjero?” le dejo sin vida, y envuelto en el rápido lazo de mi
-espada. No padecerá Erinis necesidad de sangre. Hay que apurar la
-tercera copa. ~(A ELECTRA.)~ Tú, pues, observa bien lo que pase en
-casa, porque todo venga a nuestro intento. ~(Al CORO.)~ A vosotras os
-recomiendo que tengáis la lengua y sepáis hablar o callar, según pida
-el caso. Este ~(a PÍLADES)~ cuidará de lo demás, cuando mi espada vaya
-a terminar la lucha.
-
-~(Vanse ORESTES y PÍLADES. ELECTRA entra en palacio.)~
-
-CORO
-
-La tierra cría multitud de tremendas plagas; los antros del mar están
-poblados de bestias feroces enemigas de los mortales; los rayos del sol
-engendran alados monstruos que cruzan los espacios; monstruos que se
-arrastran por el suelo; furores de hinchadas tempestades: y todo ello
-se puede pintar.
-
-¿Mas quién podría pintar la osadía de un hombre soberbio y la liviandad
-de una mujer que por nada se detiene? ¿Quién los desenfrenados deseos
-de los mortales, del infortunio perpetuamente acompañados? Cuando la
-pasión amorosa se apodera de la mujer, no es sino furiosa rabia que
-deja atrás el ciego instinto de monstruos y brutos.
-
-Considere quien sea discreto y deseoso de conocer la verdad, cuán
-desdichado pensamiento el que tuvo aquella hija de Thestio, verdadera
-perdición de su hijo, para quemar el rojo tizón que apartó del fuego
-cuando nació Meleagro, y el cual había de ser la medida de su vida
-desde que dió el primer vagido al salir del vientre de su madre hasta
-la fatal postrimera hora.
-
-Y abomine también de aquella cruel Escyla, de quien nos dicen las
-historias que perdió al hombre que había de serle más caro, vencida de
-sus enemigos. Rindiéronla los collares de oro de Creta; por los regalos
-de Minos determinóse desaconsejada la mala hembra a despojar a Niso del
-cabello de la inmortalidad, mientras se hallaba entregado al sueño; y
-Hermes se apoderó de Niso.
-
-Pero de todos los crímenes, el más famoso y que gana a todos es el de
-Lemnio. Dondequiera se le llora y abomina. No hay maldad horrenda que
-no se diga de Lemnio, como el mayor encarecimiento que de ella pudiera
-hacerse. Mas las grandezas de los hombres, manchadas por sacrilegio
-execrable, presto desaparecen con oprobio. Nadie rinde culto a lo que
-detestan los dioses. -- De todos estos crímenes que acabo de traer a la
-memoria, ¿habrá algo que no haya mentado con razón?
-
-Y después de recordar tan impías maldades, ¿será extraño que yo maldiga
-un contubernio odioso y las asechanzas puestas por una mujer a un varón
-esforzado, a un valentísimo guerrero que a sus mismos encarnizados
-enemigos causaba reverencia? ¿Podré yo mirar jamás con respeto, hogar
-donde se apagó el sagrado fuego de la familia, ni cetro mujeril y
-cobarde?
-
-Pero la espada afiladísima de la Justicia pasa algún día de parte a
-parte el corazón del malvado. No son las leyes que ella dicta suelo que
-impunemente se pisotea. Quien las quebranta ofende a la majestad de
-Zeus.
-
-Y tal vez sucede que la Justicia vuelve a afirmarse en su asiento; la
-Moira forja en su yunque un puñal más y le afila; Erinis, la diosa de
-los inescrutables designios, hace por fin ostentación de su poder, y da
-entrada en la casa que manchó el crimen, al nuevo crimen, que nació de
-la sangre antigua, y ha de ser ahora su vengador.
-
-~(Salen ORESTES y PÍLADES y se dirigen al palacio.)~
-
-ORESTES ~(llamando a la puerta.)~
-
-¡Muchacho, muchacho! oye que están llamando a la puerta del vestíbulo.
-~(Llama por segunda vez.)~ Otro golpe más. ¡Muchacho, muchacho! ¿No hay
-nadie en casa? ~(Llama por tercera vez.)~ Vaya el tercer golpe que doy;
-a ver si sale alguien: si es que la casa de Egisto no se cierra a la
-hospitalidad.
-
-SIERVO ~(Abriendo la puerta.)~
-
-Ea, bien; ya oigo. ¿De qué tierra es el huésped? ¿De dónde viene?
-
-ORESTES
-
-Di a los señores de la casa que vengo en su busca; que les traigo
-nuevas. Pero date prisa, porque el caliginoso carro de la noche va
-apresurando su carrera, y hora es ya que los caminantes echen anclas
-en hospedaje donde reposen. Que salga el que mande aquí; el ama de la
-casa. Pero no, estas cosas son mejor para el amo. Con él no tendré
-reparo ninguno en hablar sin rodeos. De hombre a hombre hay siempre más
-llaneza y se dice claro lo que se quiere.
-
-~(Salen CLITEMNESTRA y ELECTRA.)~
-
-CLITEMNESTRA
-
-Extranjeros, si es que habéis menester de algo, podéis hablar. Pronta
-se halla cuanta comodidad debe ofrecer casa como ésta: templados baños;
-reposo para vuestras fatigas; lecho, y la presencia de rostros amigos.
-Si es que se trata de negocio de mayor momento, eso toca a mi esposo;
-se lo comunicaré.
-
-ORESTES
-
-Mi patria es Daulide, en la Fócida. Encaminábame hacia Argos, como
-me ves que llego, un pie tras otro y llevando a cuestas mi equipaje,
-cuando se me acercó cierto hombre, que ni yo le conocía ni él me
-conocía a mí; y después de preguntarme por mi camino y cerciorarse bien
-del suyo, “Extranjero --me dijo Estrofio el Focense (que así me dió a
-entender en nuestra plática que se llamaba)--, pues que vas a Argos a
-tus haciendas, diles a los padres de Orestes como es muerto. Acuérdate
-de todo; cuidado que no se te olvide. Pregúntales si son de parecer
-que se envíen las cenizas de él, o que le demos sepultura en la tierra
-que le acogió y quede en ella por sempiterno huésped. A la vuelta me
-traes sus órdenes. En tanto, los ámbitos de broncínea urna guardan sus
-restos, y no les ha faltado tampoco el funerario obsequio de nuestras
-lágrimas.” Tal me dijo él, y tal digo. No sé si estoy hablando con los
-parientes y deudos de Orestes; pero justo es que su padre sepa lo que
-pasa.
-
-ELECTRA
-
-¡Ay de mí! ¡Perdidos somos del todo! ¡Oh maldición que pesas sobre
-esta casa, sin que haya poder que te ahuyente! ¡Y cómo escudriñas y
-llegas con tu mirada hasta aquellos que parecían fuera de tu alcance
-y en salvo! ¡Y cómo los heriste de lejos con certera flecha! ¡Infeliz
-de mí, que me has privado de los que amaba! Ahora Orestes, que con
-buen consejo había huído de hundir su pie en el cenagoso pantano donde
-habría hallado la muerte. ¡Aquella esperanza de salvación, que nos
-prometía para esta casa regocijadas venturas, pintábanos tan sólo vanas
-apariencias sin realidad!
-
-ORESTES
-
-Bien hubiera querido yo haberme dado a conocer de tan generoso
-huéspedes, y recibir su hospitalidad con ocasión de felices sucesos.
-¿Quién más que un huésped puede desear el bien de su huésped? Mas tengo
-para mí que habría sido gran maldad no decir a quienes les importa todo
-lo que hay en suceso como el que me trae, habiéndolo prometido así, y
-después del acogimiento que me habéis hecho.
-
-CLITEMNESTRA
-
-No por ello será menos digno de ti el que tengas, ni menos tratado
-como amigo en esta casa. Lo mismo que tú cualquiera otro nos hubiera
-traído la noticia. Pero tiempo es ya que tengan lo que han menester,
-huéspedes que se han pasado el día caminando. ~(Al SIERVO.)~ Anda
-con él, y condúcele a la hospedería, y a su compañero, y que allá
-encuentren cuanta comodidad debe ofrecerles este palacio. Te recomiendo
-que lo hagas como quien después tendrá que darme cuenta. Nosotros
-comunicaremos la nueva al señor de esta morada, y pues no nos faltan
-amigos, con ellos consultaremos sobre el caso.
-
-~(Vanse el SIERVO, guiando a ORESTES, y PÍLADES, CLITEMNESTRA y
-ELECTRA.)~
-
-CORO
-
-Ea, pues, compañeras de servidumbre, ¿cuándo hemos de esforzar nuestra
-voz pidiendo por Orestes? ¡Oh tierra sagrada!, ¡oh sagrado túmulo que
-descansas sobre el cuerpo de aquel rey que capitaneó tantas naves;
-escúchanos ahora, auxílianos ahora! Ahora que llegó el trance de que
-pelee por nosotros la astucia engañosa, y Hermes, desde las nubes donde
-habita, guíe la espada que ha de terminar la contienda. ~(El CORO, al
-sentir pasos, muda de tono y lenguaje; a poco sale GILISSA.)~ Paréceme
-que el huésped trama algo malo. Pero mira a la nodriza de Orestes, que
-viene hacia aquí deshecha en lágrimas. ¿Adónde vas, Gilissa, fuera de
-casa, arrastrando los tardos pies? Contigo va el dolor; ¡y no un dolor
-mercenario, ciertamente!
-
-NODRIZA
-
-La que manda ha dado orden de llamar a Egisto, que venga cuanto antes
-a ver a los huéspedes para que hable con ellos y averigüe él mejor
-la nueva que traen. Delante de los criados ha puesto ella el rostro
-triste, queriendo ocultar la alegría que lo sucedido le causaba; pero
-mal de su grado la retozaba en los ojos. Bien le ha venido la nueva que
-le dieron los huéspedes, harto cierta, y para esta casa infelicísima
-que pone colmo a su desventura. Pues cuando lo oiga aquél y lo averigüe
-¡cómo se le alegrará el alma! ¡Ay, desdichada de mí! ¡Cuántas terribles
-calamidades se conjuraron de antiguo contra la mansión de Atreo, y
-afligieron mi corazón; pero dolor como éste nunca jamás le padecí!
-Todos los otros males había ido llevándolos en paciencia; pero mi
-Orestes, el dulce cuidado de mi alma, que de recién nacido le tomé
-de los brazos de su madre, y le crié; aquel cuyos lloros hacíanme
-levantar de noche, y andar paseándole sin cesar de un lado a otro...
-¡Tantas incomodidades y fatigas; todo padecer en vano y sin fruto!
-Porque a un niño que no tiene uso de razón, fuerza es criarle como
-quien cría a una bestezuela. Y ¿cómo no? Conforme a lo que pide su
-condición. Un niño de mantillas nada dice; que tenga hambre; que tenga
-sed; que tenga ganas de orinar. Vientre de niño a nadie pide licencia.
-Sin duda ninguna, ya lo conocía yo; pero muchas veces me engañaba, y
-entonces había que ser lavandera de sus pañales. De esta suerte, el
-batanero y la nodriza tenían el mismo oficio. Entrambas cargas eché
-sobre mí al recibir el niño de su padre. Y ahora, ¡desdichada que yo
-soy! oigo que es muerto. Pero vamos en busca de ese hombre, que ha sido
-la perdición de esta casa. ¡Con qué gusto escuchará la nueva!
-
-CORO
-
-¿Con qué aparato manda ella que venga?
-
-NODRIZA
-
-¿Cómo has dicho? Repítelo, para que lo entienda mejor.
-
-CORO
-
-Si con guardias o solo.
-
-NODRIZA
-
-Manda que traiga consigo sus gentes de armas.
-
-CORO
-
-No digas tal a ese tirano aborrecido. Pon el rostro alegre por que te
-escuche sin temor, y dile que venga él solo y cuanto antes. En este
-aviso se oculta nuestra dicha.
-
-NODRIZA
-
-¿Por ventura es que piensas bien de las nuevas que acabamos de recibir?
-
-CORO
-
-¿Y si Zeus mudase los males en bienes?
-
-NODRIZA
-
-Y ¡cómo! Orestes, que era la esperanza de esta casa, ha muerto.
-
-CORO
-
-Todavía no. Y para pensar así, cierto que no es necesario ser gran
-adivino.
-
-NODRIZA
-
-¿Qué dices? ¿Sabes tú algo en contra de lo que se cuenta?
-
-CORO
-
-Anda y da tu recado, y haz lo que te mandan. Deja a los dioses que
-ellos cuiden de lo que es suyo.
-
-NODRIZA
-
-Voy, pues, y seguiré tu consejo. ¡Hagan los dioses que suceda lo mejor!
-
-~(Vase.)~
-
-CORO
-
-Zeus, padre de los dioses del Olimpo, escucha mis ruegos. ¡Que vea yo
-que dan cima a su empresa los que están deseosos del bien! Justicia te
-piden mis clamores, ¡oh Zeus! ¡Guarda a Orestes!
-
-Ea, constitúyele en su palacio frente a frente a sus enemigos.
-Engrandécele, que él te pagará de buen grado con duplicadas y
-triplicadas ofrendas en acción de gracias.
-
-Contempla al huérfano de aquel varón que tanto amaste, cómo va
-marchando uncido al carro de la desgracia, y pon medida a su
-desenfrenada carrera. ¿Quién le verá caminar con firmes y asentados
-pasos hasta tocar el término de sus males?
-
-Dioses que habitáis esas ricas estancias, custodios del hogar,
-escuchadnos; sed con nosotros. Ea, ea; paguen las justicias de hoy la
-sangre que se derramó ayer; pero cumplida esta obra de justicia, que la
-muerte no engendre ya más muertes en esta casa.
-
-¡Oh habitador de la insondable sima, haz que Orestes se vea restituído
-en el palacio de Agamemnón, y que su padre, a través de las
-tinieblas que le envuelven, pueda contemplar a su hijo libre y todo
-resplandeciente de gloria!
-
-Venga también en su favor el hijo de Maya y préstele justo auxilio que
-encamine la empresa a feliz suceso. Queriendo él, ya mostrará secretas
-trazas, y con palabras obscuras tenderá ante los ojos de los enemigos
-noche de espesísimas tinieblas, que toda la luz del día no será parte a
-despejar.
-
-Entonces, salvos ya, ofrecerán estos palacios las preseas de sus ricos
-tesoros, y en vez de lamentos, elevaremos nosotras por toda la ciudad
-al són de la cítara, femenil y regocijado canto de triunfo. Esta
-victoria será para mí el colmo de la dicha; para los que amo, el fin de
-sus males.
-
-Y tú, ¡valor, cuando llegue el momento de obrar! Ella te gritará:
-¡hijo! Respóndela tú con las palabras de tu padre; cumple sus mandatos,
-y consuma el tremendo castigo.
-
-Ármate en tu corazón del valor de Perseo. ¡Que los que habitan las
-profundidades de la tierra conozcan que los amas; que los que viven
-aún, en vez de tu amor sientan tu implacable odio. Lleva a esa mansión
-el sangriento castigo; mata al asesino de tu padre!
-
-~(Sale EGISTO.)~
-
-EGISTO
-
-Han mandado que me llamen, y acudo en seguida al aviso. Me dicen
-que ciertos extranjeros, que acaban de llegar, traen nuevas nada
-agradables; que ha muerto Orestes. Sería esto un golpe más para esta
-casa, y nuevo manantial de temores, sobre la otra muerte que de antes
-nos punzaba y remordía. ¿Cómo saber con toda certeza si es verdad?
-¡Acaso serán voces de mujeres medrosas, que vuelan mucho y luego
-mueren, y nada! ¿Podrías decirme tú algo que me diese luz sobre lo que
-ocurre?
-
-CORO
-
-Sí, lo hemos oído; pero entra en palacio y entérate de los extranjeros.
-Nada hace valer una nueva como que por nosotros mismos la hayamos
-comprobado.
-
-EGISTO
-
-En fin, quiero ver al mensajero y averiguar si estaba presente cuando
-Orestes murió, o es que cuenta vagos rumores que él ha oído. Yo le
-veré, y a mí no me engañan mis ojos.
-
-~(Vase.)~
-
-CORO
-
-¡Zeus, Zeus! ¿Qué diré yo? ¿Por dónde comenzar mis plegarias, mis
-suplicantes clamores? ¿Con qué palabras acabaré que expresen todos mis
-buenos deseos? Pronto van a bañarse en sangre las matadoras espadas.
-O la raza de Agamemnón perece con total ruina, o dueño Orestes y
-poseedor de las grandes riquezas de sus padres, hará encender fuegos
-y luminarias por festejar la libertad cobrada y la autoridad legítima
-restituída. Tan grande batalla se apercibe a sustentar el generoso
-Orestes, solo él contra sus dos enemigos. ¡Que obtenga la victoria!
-
-EGISTO ~(dentro.)~
-
-¡Ay, ay de mí!
-
-CORO
-
-¡Ea, ea, firme! ¿Cómo habrá sido? ¿Qué pasará ahí dentro? Todo se
-acabó. Apartémonos de ahí. Que aparezcamos inocentes de esas desdichas.
-No hay que dudar; la lucha ha terminado.
-
-SIERVO ~(asomando en el fondo del vestíbulo, y acompañando sus palabras
-con la acción que expresan.)~
-
-¡Desdichado de mí! ¡Desdichado de mí, una y mil veces! Muerto es mi
-señor. ¡Desdichado de mí, diré otra vez; y más que nadie desdichado!
-Egisto no existe ya. Pero, abrid las puertas del gineceo; ¡corriendo!
-¡Descorred esos cerrojos! Menester sería aquí un hombre joven y
-forzudo. No para socorro del muerto, ¿a qué ya? ¡Hola, hola! Grito a
-sordos. Hablar en vano y sin provecho; están dormidos. ¿Dónde estará
-Clitemnestra? ¿Qué hace? Temo que su cabeza corre gravísimo peligro de
-caer al golpe de la venganza.
-
-~(Sale CLITEMNESTRA.)~
-
-CLITEMNESTRA
-
-¿Qué es eso? ¿Por qué armas este alboroto en palacio?
-
-SIERVO
-
-Los muertos matan a los vivos.
-
-CLITEMNESTRA
-
-¡Ay de mí, bien comprendo el enigma! Matamos con engaños y con engaños
-perecemos. Déme cualquiera una hacha con qué matar. ¡Pronto! Veamos si
-vencemos o somos vencidos, ya que hemos llegado a este extremo.
-
-~(Sale ORESTES espada en mano.)~
-
-ORESTES
-
-A ti te busco ahora; él ya tiene bastante.
-
-CLITEMNESTRA
-
-¡Ay de mí! ¿Has muerto, amadísimo Egisto?
-
-ORESTES
-
-¿Amas a ese hombre...? Pues bien, tú yacerás con él en la misma tumba.
-Así no le serás infiel ni aun después de muerto.
-
-CLITEMNESTRA
-
-¡Detente, oh hijo! Respeta, hijo de mis entrañas, este pecho sobre el
-cual tantas veces te quedaste dormido, mientras mamaban tus labios la
-leche que te crió.
-
-ORESTES
-
-Pílades, ¿qué haré? ¿Huiré con horror de matar a mi madre?
-
-PÍLADES
-
-Y los oráculos de Loxias que te anunció la Pithia, ¿dónde se fueron?
-¿Dónde la fe y la santidad de tus juramentos? Ten a todos los hombres
-por enemigos; a todos sin excepción, mejor que no a los dioses.
-
-ORESTES
-
-Venciste; lo reconozco. Tienes razón. -- ~(A CLITEMNESTRA.)~ Sígueme;
-quiero degollarte junto a aquél hombre. En vida le preferiste a
-mi padre; muere, pues, y duerme con él, ya que a él le amaste, y
-aborreciste a quien debías amar.
-
-CLITEMNESTRA
-
-Yo te crié; déjame envejecer a tu lado.
-
-ORESTES
-
-¿A mi lado tú....? ¡Tú, la matadora de mi padre...!
-
-CLITEMNESTRA
-
-¡Oh, hijo mío! El Destino fué el autor de ese crimen.
-
-ORESTES
-
-El Destino es también quien dispone tu muerte.
-
-CLITEMNESTRA
-
-¡Hijo de mis entrañas! ¿no temes las maldiciones de la madre que te
-parió?
-
-ORESTES
-
-Me pariste, sí.... para lanzarme en el infortunio.
-
-CLITEMNESTRA
-
-No en verdad, sino que te puse en manos amigas.
-
-ORESTES
-
-Dos veces fuí vendido; yo, hijo de un hombre libre.
-
-CLITEMNESTRA
-
-Entonces, ¿dónde está el precio que por ti recibí?
-
-ORESTES
-
-Vergüenza me da echártelo en cara siquiera.
-
-CLITEMNESTRA
-
-No te avergüence; pero di también las sinrazones de tu padre.
-
-ORESTES
-
-No acuse a quien anda pasando fatigas la que se está en casa muy
-descansada.
-
-CLITEMNESTRA
-
-También es triste cosa, hijo, verse una mujer alejada de su marido.
-
-ORESTES
-
-Pero las fatigas del marido deparan el sustento a la mujer, mientras
-ella se está ociosa en casa.
-
-CLITEMNESTRA
-
-Hijo de mis entrañas, ¿te parece lícito matar a tu madre?
-
-ORESTES
-
-No soy yo quien te mato; eres tú.
-
-CLITEMNESTRA
-
-Repara; guárdate de las perras irritadas que vengarán a una madre.
-
-ORESTES
-
-Y las que vengan a un padre, ¿cómo las huiré si desisto?
-
-CLITEMNESTRA
-
-Aún vivo; pero en vano es que clame; como si clamase al sepulcro.
-
-ORESTES
-
-La suerte de mi padre ha fijado tu suerte.
-
-CLITEMNESTRA
-
-¡Ay de mí, que parí esta serpiente y la crié!
-
-ORESTES
-
-Cierto; presagio fué aquel sueño que despertó tus terrores.
-
-CLITEMNESTRA
-
-· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
-
-ORESTES
-
-Mataste a quien no debiste; padece ahora lo que no debías.
-
-~(Entra en palacio arrastrando tras sí a CLITEMNESTRA.)~
-
-CORO
-
-Lloremos la desdichada suerte de los dos; pero ya que el infortunado
-Orestes llenó la sangrienta medida, prefirámoslo, que al fin la luz de
-esta casa no se ha extinguido para siempre.
-
-Al cabo de tiempo la Justicia descargó sobre los hijos de Príamo el
-grave castigo que merecían. También ha descargado por fin sobre la casa
-de Agamemnón. Un doble león, un doble Ares ha penetrado en ella. El
-desterrado cumplió hasta el ápice los oráculos pitios; los dioses le
-alentaron a la empresa, y le sostuvieron con sus consejos.
-
-Celebrad con jubiloso himno de triunfo la terminación de los males que
-afligían a la regia morada, y el rescate de sus tesoros usurpados por
-aquellos dos infames que tuvieron tan desastrada muerte.
-
-Con engaños asaltó el castigo a quienes vencieron con engaños. La santa
-hija de Zeus, respirando odio mortal contra nuestros enemigos, tomó de
-la mano al vengador y le guió en la pelea. ¡Razón tenemos los mortales
-para darle el nombre de Justicia!
-
-Sucedió según lo predijo Loxias Parnasio, el dios que habita el centro
-de la tierra: pasó tiempo; pero la justicia llegó, y arrastró al
-abismo a la mujer que la había ultrajado, valiéndose de sus mismas
-artes. También lo divino tiene leyes por qué regirse; modo de ley es
-que no pueda ayudar a los malos. Adoremos el poder que gobierna los
-cielos. Por fin vemos la luz.
-
-Ya cayó el freno que oprimía a estas casas. Ea, pues, ¡levantaos!
-Sobrado tiempo habéis yacido ahí, siempre humilladas. Pero el tiempo
-todo lo vence. Pronto se volverán tus pórticos de tristes, alegres,
-cuando la expiación haya purificado tu hogar de las manchas que lo
-afeaban. Entonces, aquellas que en este palacio habían hecho su
-habitación, se alejarán, y la fortuna pondrá buen rostro a los que
-antes llorábamos de tanto ver y oír. Por fin, por fin vemos la luz.
-
-~(Ábrense las puertas del palacio y aparece ORESTES con el ramo de los
-suplicantes en la mano. En el fondo se ven los cuerpos de EGISTO y
-CLITEMNESTRA.)~
-
-ORESTES
-
-Contemplad a los dos tiranos de nuestra ciudad; a los asesinos de
-mi padre; a los que arruinaron mi casa. Bien se entendían mientras
-estuvieron sentados en el trono; mas todavía sigue su amorosa alianza,
-como se puede presumir de la suerte que han tenido. ¡Fieles se
-mantuvieron a sus juramentos! Juraron dar muerte desastrada a mi padre
-y morir juntos, y lo han cumplido religiosamente. ~(Mostrando el velo
-en que fué envuelto Agamemnón.)~ Vosotros, que oísteis hablar de aquel
-crimen, contemplad también el artificio que les sirvió de grillos y
-esposas con que mi desdichado padre quedase sujeto de pies y manos.
-Poneos en círculo y desplegadlo bien, y mostrad la red en que fué
-cogido varón tan insigne. Que aquel Padre, no el mío, sino Helios que
-lo ve todo, contemple las impías maldades de mi madre, porque si soy
-acusado alguna vez, pueda dar testimonio de la justicia con que la dí
-muerte. No hablaré de la de Egisto. Él sufrió el castigo que impone la
-ley al que atropella la honestidad. Pero ella, que imaginó aquel odioso
-atentado contra el hombre cuyos hijos llevó en su seno; carga entonces
-dulce, y ahora, ya lo veis, por su desgracia, aborrecida; ella, ¿qué
-te parece? Era una murena, una víbora; tan sólo su contacto, que no
-ya su mordedura, bastaba a emponzoñar. Tal era de procaz y malvado su
-instinto. ¡Jamás esposa como ella habite bajo mi techo! ¡Permitan los
-dioses primero que muera sin hijos!
-
-CORO
-
-¡Ay, ay, crímenes miserables! ~(Contemplando el cuerpo de
-CLITEMNESTRA.)~ ¡Horrenda muerte has tenido! ~(Viendo a ORESTES, que
-comienza a dar señales de turbación.)~ ¡Ay cielos! ¡También para el que
-sobrevive comienza a dar frutos la desdicha!
-
-ORESTES
-
-¿Hízolo o no lo hizo ella? -- Hable por mí este velo, ensangrentado
-por la espada que la dió Egisto. Pasó el tiempo; pero la mancha de
-la sangre quedó aquí e hizo que se perdiesen los variados matices de
-este rico tejido. ¿Qué nombre le daré que le cuadre? ¿Le llamaré lazo
-de coger fieras, o sábana mortuoria en que envolver el cuerpo para la
-tumba? Trampa, red, grillos; todo esto a la vez pudieras llamar a este
-velo. A lograrlo un ladrón de esos que se pasan la vida engañando a
-los viajeros y robándoles sus caudales, ¿a cuántos no diera muerte con
-un artificio como él, y cuántos felicísimos golpes no maquinara en
-su ánimo? ¡Contigo hablo, velo parricida! Presente estás a mis ojos,
-y al verte, ya me alabo; ya rompo en gemidos, y me duelo del crimen,
-y del castigo, y de mi raza entera, y siento sobre mí el peso de esta
-desdichada victoria que me mancha.
-
-CORO
-
-No hay mortal que pueda asegurarse una felicidad perpetua. Hoy éste,
-mañana aquél, todos han de encontrarse con el dolor.
-
-ORESTES
-
-Mas para que lo sepáis... Porque ni yo sé dónde irá esto a parar.
-Como caballos desbocados que se lanzan fuera de la carrera, así mis
-pensamientos se desmandan y alborotan y me arrastran, mal que me pese.
-Ya oigo la voz del terror que se levanta en mi corazón. Ya el corazón
-se estremece enfurecido. Pero mientras sea dueño de mí, todavía yo
-afirmaré ante vosotros, amigos míos; yo proclamaré que si maté a mi
-madre, no fué sin justicia. Ella se manchó con la sangre de mi padre;
-ella se hizo blanco del aborrecimiento de los dioses. Apolo fué el
-principal autor de mi obra, yo os lo digo; Apolo, que alentó mi audacia
-y me anunció, por boca del oráculo pitio, que esta acción no se me
-imputaría a delito; mas a qué retroceder... No os diré la pena. No
-habría flechero tan hábil que pudiese alcanzar con sus flechas a lo
-espantoso de tales horrores. Y ahora, ya lo estáis viendo, armado
-con este ramo, que coronan listones de lana, me encamino al templo
-que marca el ombligo de la tierra, sagrado lugar donde arde, sin
-extinguirse jamás, el rutilante fuego de Loxias. Allí me lavaré de la
-sangre de mi madre: Loxias me ha prohibido volverme a otro altar que al
-suyo. Vosotros, Argivos todos, cuando sea hora, atestiguar por mí de
-los terribles desastres que pesaron sobre los míos; que yo, desterrado
-de mi patria, viviré errante, y en vida y después de muerto dejaré
-memoria de esta triste hazaña.
-
-CORO
-
-Pues que obraste en justicia, no cierres tu boca ante los que te
-acusen; ni rompas en maldiciones después que has vuelto su libertad
-a toda la ciudad de Argos, cortando valeroso la cabeza a esas dos
-serpientes.
-
-ORESTES
-
-¡Ah, ah! Vedlas, esclavas: ¡ahí están! ¡parecen las Gorgonas! ¡Sus
-vestiduras son negras! ¡En sus cabellos se enroscan multitud de
-serpientes! Ya no podría yo permanecer aquí ni un instante más.
-
-CORO
-
-¿Qué imágenes son esas que te trastornan, oh hijo el más cariñoso para
-su padre? Serénate; no te dejes vencer tan pronto del terror.
-
-ORESTES
-
-No son imaginaciones; son realidades horrendas. Son las perras furiosas
-que vienen a vengar a mi madre. ¡Harto lo sé!
-
-CORO
-
-Su sangre, caliente aún en tus manos, es lo que pone terror en tu alma.
-
-ORESTES
-
-¡Soberano Apolo! su número aumenta; de sus ojos destilan horrenda
-sangre.
-
-CORO
-
-Una purificación queda para ti. Abrázate al ara de Loxias, y él te hará
-libre de tus tormentos.
-
-ORESTES
-
-¡Vosotras no las veis, pero yo sí las veo! ¡Me persiguen! ¡No, no puedo
-estar aquí!
-
-~(Huye despavorido.)~
-
-CORO
-
-¡Que tengan buen suceso tus desventuras! ¡Que el dios eche sobre ti
-mirada amiga, y te guarde en los peligros!
-
-He ahí la tercera tempestad que se desencadenó sobre el alcázar de
-nuestros reyes. Los mismos de su linaje la han movido. Comenzaron por
-el horrendo banquete que se ofreció al desdichado Tiestes. Vino después
-el desastrado fin de aquel valeroso rey que acaudilló a todos los
-Aqueos: asesináronle en el baño. Y ahora, ¿cómo llamaré a esto último?
-¿mi salvación o mi ruina? ¡Cuándo se saciará, cuándo se calmará, cuándo
-se adormecerá siquiera el encono de la desgracia!
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-III
-
-_LAS EUMÉNIDES_
-
-
-CUADRO PRIMERO
-
-~La escena representa el exterior del templo de Delfos.~
-
-LA PITONISA ~(que aparece en el pórtico del templo.)~
-
-Sean para la Tierra mis primeras preces, mis primeros actos de
-adoración: ella fué, antes que ningún otro dios, quien pronunció
-aquí sus oráculos. Después para Themis, que según cuentan, sucedió
-a su madre en este profético templo. Sentóse en él la tercera otra
-Titánida, hija de la tierra, Febe; por voluntad de Themis, que no por
-fuerza ninguna. Febo, al nacer, recibiólo de Febe, como regalo que
-ella quiso hacerle en su nacimiento, y con él aquel nombre tomado de
-su madre. El dios deja el lago de la isla Delos y su riscoso suelo;
-aborda a las costas de Palas, de los navegantes visitadísimas, y
-por fin llega a esta comarca donde se asienta el Parnaso. Los hijos
-de Hefestos le acompañan con gran veneración; allánanle el camino,
-y le van abriendo paso por una tierra agreste, hasta entonces nunca
-cultivada. Luego que llegó, el pueblo entero y Delfos, que era el rey
-que a la sazón le gobernaba, ríndenle singularísimos honores. Zeus
-le infunde el divino arte, y le sienta en este trono profético, que
-él es el cuarto a ocupar. Desde entonces, Loxias es el profeta de su
-padre Zeus. Comiencen, pues, por estos dioses mis oraciones. Pero
-además, reciba sobre todos homenaje de adoración la diosa Palas, cuya
-imagen se ostenta frente a este templo; sean también veneradas las
-Ninfas que pueblan la hueca peña Coricia, lugar de las aves deseado,
-y para los dioses apacible retiro; sin que deje de recordar a Bromio,
-que en aquella región tiene su morada, y de ella lanzó sus bacantes
-contra Pentheo y le dió la muerte de una fiera. Por último, invoquemos
-a la fuente del Plisto, y al poderoso Poseidón, y a Zeus, altísimo
-y omnipotente, y vamos a sentarnos en el trono de sus profecías. Al
-pasar estos sagrados umbrales, ¡quieran los dioses mostrarse conmigo
-más amigos que nunca! Si hay algunos helenos que vengan a consultar al
-oráculo, acérquense por el orden que la suerte les designe, que así
-lo manda la ley; y yo en mis oráculos sólo me guío de la voluntad del
-dios. ~(Entra en el templo y al punto vuelve a salir despavorida.)~
-¡Horrendo, horrendo de contar, horrendo de ver lo que me arroja del
-templo de Loxias! Ni puedo dar un paso, ni tenerme en pie; apoyada en
-mis manos voy arrastrándome como puedo, que las piernas se niegan a
-llevarme. Vieja con miedo, nada: igual que un niño. Llegaba yo, pues,
-arrastrando al sagrario del templo, donde cuelgan tantas coronas,
-cuando en la piedra misma, que ocupa el ombligo de la tierra, me veo
-un hombre en ademán suplicante, que, a no dudar, tiene sobre sí algún
-nefando sacrilegio. Sangre destilan sus manos; sangre la espada que
-empuña con la una de ellas, mientras que en la otra ostenta lozano
-ramo de oliva, piadosamente coronado con largas cintas de blanquísimo
-vellón. En esto no me engaño; desde luego salta a la vista. Pero
-delante de este hombre, sentadas en las gradas del altar, duerme
-extraña caterva de mujeres... ¿De mujeres dije? No, sino de Gorgonas.
-Mas tampoco se parece su figura a la de las Gorgonas... Yo las he
-visto pintadas alguna vez, que arrebataban a Fineo los manjares: con
-todo, éstas no tienen alas. Están vestidas de negro, y son por extremo
-horrendas: con sus ronquidos despiden ponzoñoso aliento, que no deja
-acercárseles; de sus ojos se destilan lágrimas de sangre que espantan,
-y todo su arreo y compostura es tal, que no es para tolerado ni ante
-estatuas de dioses, ni en moradas de hombres. Gente de este linaje no
-la vi jamás, ni es posible que tierra ninguna se gloríe de haberlas
-criado, sin que tenga que llorar desastres. Pero de lo que se siga, a
-Loxias toca cuidar como prepotente señor de esta santa casa; pues que
-él es médico divino y profeta, e intérprete de agüeros y prodigios, y
-quien toda otra casa purifica.
-
-~(Vase.)~
-
-~(Ábrese la escena y aparece el interior del templo. Junto al ara
-está el mismo dios APOLO; a su lado HERMES, y a sus pies, en ademán
-suplicante, ORESTES, del modo que le ha pintado la PITONISA. Las
-ERINNAS le rodean como guardándole; están dormidas.)~
-
-APOLO
-
-No, no te entregaré. Cerca de ti o lejos, yo seré tu guarda hasta
-el fin, y no he de usar de blanduras con tus enemigos. Ahora, ya
-lo ves, esas furiosas están cogidas; tomólas sueño pesadísimo.
-Vírgenes abominables y vetustas que después de tantos años guardan
-su doncellez, pues ni dios, ni hombre, ni siquiera fiera ninguna,
-querría comunicarlas jamás. Nacieron para el mal; habitan las horrendas
-tinieblas del Tártaro en las profundidades de la tierra, y de los
-hombres y de los dioses del Olimpo son por igual aborrecidas. No
-desfallezcas; pero huye, porque ellas te perseguirán, ya atravieses el
-dilatado continente, ya en el mar, ya en las islas; por dondequiera
-que eches tus errantes pasos. Sufre esta fatiga y no desmayes, y en
-llegando a la ciudad de Palas, póstrate a los pies de la antigua imagen
-de la diosa y abrázate con ella. Allá tendremos quienes nos juzguen, y
-no dejaremos de encontrar palabras con qué moverlos, y modo de librarte
-de todas tus penas, pues que yo te persuadí a dar muerte a tu madre.
-
-ORESTES
-
-Soberano Apolo, bien sabes tú ser justo. Siendo así, por tu justicia,
-considera la que me asiste y no me abandones. Tu poder basta a salvarme.
-
-APOLO
-
-Acuérdate que el temor no se apodere de tu ánimo. ~(A HERMES.)~ Y tú,
-Hermes, hermano mío, hijo del mismo padre que yo, guárdale, haz con él
-según tu nombre, guíale en su camino y asístele. Es mi suplicante. Zeus
-mismo reverencia la piedad que se debe a los proscritos de la justicia,
-y que para bien de los mortales siempre los acompaña.
-
-~(Vanse HERMES y ORESTES. APOLO desaparece en el santuario. Luego
-al punto ábrese el suelo y surge por escotillón la SOMBRA DE
-CLITEMNESTRA.)~
-
-LA SOMBRA ~(a las Erinnas que duermen.)~
-
-¿Dormís? ¡Hola! ¡sús! ¿A qué es dormir ahora? Entre todos los muertos
-yo sola soy la despreciada de vosotras. Y en tanto me echan en rostro
-que maté, y no se perdona para mí afrenta ninguna, y ando errante y
-avergonzada entre las sombras. Sí, os lo repito; todos son a acusarme
-como al mayor de los criminales. ¡Y yo, que tan cruelmente fuí tratada
-por quien debió amarme más; yo degollada por manos parricidas, no
-tengo ni un solo dios que sienta indignación por mi suerte! Contempla
-estas heridas; míralas con los ojos del alma, más despiertos aún y
-perspicaces en el sueño; que a la luz del día parece que es destino
-de los mortales apenas alcanzar a ver. ¡Qué de veces bebisteis las
-libaciones sin vino que yo os hacía, sobrias y dulces ofrendas que
-os deleitaban, y gustasteis los festines que os daba en mi hogar, en
-aquellas temerosas horas de la noche que ningún otro dios comparte con
-vosotras! ¡Y todos mis homenajes los veo hollados por vuestros pies!
-¡Y él se ha escapado y huye como un cervatillo! De un salto salvó
-vuestras redes vanas, y ahora se ríe de vosotras en grande. Oíd, ¡es
-de mi salvación de lo que os hablo! ¡Volved en vuestro acuerdo, diosas
-subterráneas! ¡Soy yo, Clitemnestra, quien os invoca! ¡soy su sombra!
-
-CORO
-
-¡Joooh, joooh, joooh, joooh!
-
-LA SOMBRA
-
-¿Roncáis? Y él se os escapa, y huye lejos de aquí. ¡Tan sólo mis dioses
-no escuchan a quien les suplica!
-
-CORO
-
-¡Joooh, jooh, jooh!
-
-LA SOMBRA
-
-¡Ya es demasiado dormir! ¡No compartís mis penas, y Orestes huye; mi
-asesino, el asesino de su madre!
-
-CORO
-
-¡Oh, oh, oh, oh!
-
-LA SOMBRA
-
-¿A qué esos gritos? ¿Dormís aún? ¿Qué, no te levantarás al punto? ¿Qué
-otra cosa tienes que hacer más que perseguir a los culpados?
-
-CORO
-
-¡Oh, oh, oh, oh!
-
-LA SOMBRA
-
-El sueño y la fatiga se conjuraron para señorearse de ellas. Estas
-horrendas serpientes perdieron toda su furia.
-
-CORO
-
-¡Oh, oh, oh! ~(redoblados y agudos: en sueños.)~ ¡Cógele, cógele,
-cógele! ¡ten cuidado!
-
-LA SOMBRA
-
-En sueños persigues tu presa, y ladras como perro que va tras la pista
-sin rendirse al cansancio. Ea, pues, ¿qué haces? ¡levanta! no te dejes
-vencer de la fatiga. Mira el mal que te avino por ceder al sueño.
-Así te duelan en el alma mis justas reprensiones; que ellas sirven
-de aguijón al pundonoroso. Arroja sobre mi asesino tu ensangrentado
-aliento; que el fuego que arde en tus entrañas, le abrase y le consuma.
-Persíguele; que él se sienta morir al ver a su perseguidor segunda vez
-sobre sus huellas.
-
-~(Húndese. Las Furias van despertando según indica el texto. Una vez en
-pie, cada cual por su lado y alborotadas corren. Su traje y apostura
-conforme a lo que ha dicho la Pithia. Acaso también con antorchas
-encendidas en las manos.)~
-
-CORO
-
-¡Despierta, que te llamo; despierta tú y despierta a ésa! ¡Duermes!
-¡Arriba! Sacude el sueño. ¡Sepamos si soñábamos sueños o realidades!
-
-¡Ay, ay! ¡oh rabia! ¡Perdidas somos, amigas! ¡Tanto pasar: y todo en
-vano! ¡Oh dolor! ¡Qué cruel calamidad, qué insufrible desdicha pesa
-sobre nosotras! La fiera se escapó de las redes y ha huído. Dejéme
-rendir del sueño y perdí la presa. ¡Ay, hijo de Zeus, tú has sido el
-astuto ladrón! ¡Tú, dios mozo, que has puesto bajo tus pies a estas
-antiguas diosas, dando oídos piadosos a las súplicas de un impío que
-sólo tuvo crueldad para la que le parió! ¿Tú eres un dios, y hurtas
-a mi venganza al que mató a su madre? ¿Habrá quién diga que esto es
-justicia?
-
-Yo he oído en sueños amargas quejas que venían sobre mí. Como aguijón
-bien empuñado por el auriga, así me han herido el corazón y las
-entrañas. Todavía siento el hielo del terror que me ha causado el azote
-de aquel fiero verdugo.
-
-¡Ahí está lo que hacen estos dioses nuevos con su reinar fuera de los
-términos de la justicia! Ya podéis ver ese trono, ombligo de la tierra,
-todo él goteando sangre de arriba abajo, desde que quiso sufrir la
-horrenda mancha del crimen.
-
-Dios Profeta, tú has contaminado este sagrado recinto, acogiendo en tus
-aras el crimen impuro; tú le incitaste; tú le llamaste; tú atendiste a
-los humanos con desprecio de lo divino; tú hollaste las antiguas leyes.
-
-Tú has sido malo para mí; pero él no se escapará. Así se esconda debajo
-de la tierra, que no ha de verse libre. Él trajo sobre sí la maldición
-del cielo; pues hasta en el abismo sentirá caer sobre su cabeza el
-golpe de la venganza.
-
-~(Sale APOLO.)~
-
-APOLO
-
-Sal al punto de este templo: yo lo mando. Libra de tu presencia este
-profético recinto, no sea que te alcance la veloz y alada serpiente
-de mi áureo arco y tengas que vomitar en tu dolor, entre torrentes de
-negra espuma, la sangre humana que has chupado. -- No es a esta mansión
-donde tú puedes acercarte, sino al lugar de las sangrientas justicias;
-allí donde se cortan cabezas, y se arrancan ojos, y se degüella, y se
-provocan abortos, y se castra, y se descuartiza, y se apedrea, y se
-pone a los reos en el espantable tormento de la estaca, sin compasión
-a sus lastimeros gemidos. ¿No oís, aborrecidas de los dioses, cuáles
-fiestas os contentan? Harto lo dice vuestra catadura: la caverna de
-sangriento león es la morada que te está bien habitar, que no manchar
-con tu impura planta estos proféticos lugares. ¡Marchad; corred los
-campos a la ventura, rebaño sin pastor; pues que ganado como vosotras
-no habría dios que quisiera pastorearle!
-
-CORO
-
-Soberano Apolo, escúchame a tu vez ahora. No has sido tú cómplice en
-este crimen, sino quien lo has hecho todo, como solo y único autor.
-
-APOLO
-
-¿Qué dices?... Explícate más.
-
-CORO
-
-Tu oráculo dió por respuesta a tu huésped que matase a su madre.
-
-APOLO
-
-Respondíle que vengase a su padre. Bien, ¿y qué?
-
-CORO
-
-Después te constituíste en su amparo cuando aún estaba caliente la
-sangre.
-
-APOLO
-
-Y le mandé que buscase asilo en mi templo.
-
-CORO
-
-¡Y a nosotras, que le perseguimos, nos llenas de injurias!
-
-APOLO
-
-Porque el llegaros a este templo os está vedado.
-
-CORO
-
-Pero este es nuestro oficio.
-
-APOLO
-
-¡Qué honor es ese!... ¡Jáctate de tu honrado ministerio!
-
-CORO
-
-Nosotras arrojamos de dondequiera que habiten hombres, a los que
-derraman la sangre de su madre.
-
-APOLO
-
-¿Y qué? El que mata a la mujer que dió muerte a su marido...
-
-CORO
-
-A lo menos la que tal hizo no derramó su propia sangre.
-
-APOLO
-
-¡Así tienes tú por cosa vil y para nada la fe y los juramentos de
-Zeus y Hera, augustos patronos del himeneo! Y no sale de tus labios
-más honrada la diosa Cipris, por quien tienen los mortales los más
-regalados gustos. Es el lecho nupcial, donde quiso el Destino juntar
-a los esposos, más sagrado que un juramento, y guárdale la justicia.
-Si te muestras clemente con los esposos que uno a otro se quitan la
-vida, para no tomar venganza ni airarte siquiera por ello, niego que
-en justicia puedas perseguir a Orestes. ¡Arrebatada de cólera te veo
-para lo uno; muy blanda y sosegada para lo otro! Pero la diosa Palas
-sentenciará este juicio.
-
-CORO
-
-Jamás dejaré de perseguir a ese hombre.
-
-APOLO
-
-Persíguele, pues, y cánsate más todavía.
-
-CORO
-
-No ofendas con tus palabras los honores de mi oficio.
-
-APOLO
-
-Honores tales, si me los dieras, ¡a buen seguro que yo los recibiese!
-
-CORO
-
-Verdad. Sobrada gloria tienes ya junto al trono de Zeus. Pero la sangre
-de una madre me arrastra. Yo pediré venganza contra ese hombre y le
-perseguiré como el cazador a su presa.
-
-APOLO
-
-Y yo acorreré a mi suplicante y le salvaré. Entregar a un suplicante,
-pudiendo defenderle, crimen es que provoca su cólera, por igual temible
-a mortales y dioses.
-
-~(Retírase al interior del Santuario. El CORO deja también la escena.
-Mutación escénica.)~
-
-
-CUADRO SEGUNDO
-
-~Exterior del templo de Atena Polías en la acrópolis de Atenas.
-Frontera al templo la estatua de la diosa.~
-
-ORESTES ~(que aparece postrado a los pies de la estatua en ademán
-suplicante.)~
-
-Augusta Atena, a ti vengo. Loxias es quien me manda. Acoge piadosa a
-un homicida que ya no necesita purificarse por su delito; cuyas manos
-ya no gotean sangre, sino que borró el reato de su culpa con la recia
-fatiga de tantas casas extrañas como conoció; de tantos caminos y
-jornadas como caminó. Igual atravesé tierras que mares; y ahora, fiel a
-las órdenes del oráculo de Loxias, me acerco, oh diosa, a tu templo y a
-tu imagen. Aquí haré descanso; aquí esperaré mi sentencia.
-
-~(Sale el CORO y se esparce por la orquesta. ORESTES permanece en el
-_logeum_.)~
-
-CORO
-
-¡Ea! aquí tenemos una señal del paso de nuestro hombre, y bien clara.
-Sigue los avisos de ese mudo delator. Como perro que va tras la
-pista de herido cervatillo, así nosotras por estas gotas de sangre
-reconocemos sus huellas. Llego rendida de fatiga y jadeante de tanto
-correr tras de este hombre. No hay lugar de la tierra que no haya
-recorrido yo; sin tener alas, de un vuelo he salvado el mar, no menos
-ligera que una nave; siempre persiguiéndole. Mas ahora no hay duda; él
-se oculta en alguna parte no lejos de aquí, porque el olor a sangre
-humana me sonríe. Mira, mira otra vez; mira mejor; escudriña por todos
-lados, no sea que a hurto de nosotras escape sin castigo el que mató
-a su madre. ~(Reparando en ORESTES.)~ Hele allí, que otra vez logró
-asilo; hele allí abrazado a la imagen de la inmortal diosa. Pretende
-que su acción sea juzgada: no ha lugar a juicio. Una vez derramada la
-sangre de una madre, ya no vuelve a sus venas; caliente aún, apenas
-cae en el suelo la absorbe la tierra y desaparece. Fuerza es, pues,
-que sufras la pena de tu delito; que yo chupe toda la sangre de tus
-miembros; que yo me cebe en esa roja bebida, que nadie sino yo osara
-beber, y que después de haberte consumido en vida, te arrastre a los
-infiernos. Allí verás a todos los demás mortales que fueron culpables
-como tú; a los que pecaron contra los dioses; a los que profanaron
-el sagrado de la hospitalidad; a los que no honraron a sus padres
-con piedad de hijos: a cada cual sufriendo la pena que mereció por
-su pecado. Que Hades, el poderoso juez que habita las mansiones
-infernales, toma estrecha cuenta a los hombres, y no hay acción que
-no escriba en el libro de memorias de su pensamiento, al cual nada se
-oculta.
-
-ORESTES
-
-Aleccionado por mis males sé no pocos modos de expiar un delito, y
-cuándo se debe hablar y cuándo callar. A la sazón, yo debo alzar mi
-voz; que así me lo ordena sabio maestro. Ya se secó la sangre que
-había en mi mano; ya se adormeció; ya está lavada la mancha de mi
-parricidio. Todavía estaba reciente cuando me purifiqué de ella,
-inmolando en el ara del dios Febo los puercos expiatorios. Decir aquí
-todos los hombres con quienes he comunicado sin que mi presencia les
-trajese mal alguno, largo discurso pediría. El tiempo al par que
-envejece va borrando todas las cosas. Hoy ya sin impiedad y con pureza
-de labio puedo invocarte, ¡oh Atena! reina augusta de esta comarca;
-¡ven en mi auxilio! Y sin guerra me ganarás a mí, y ganarás la tierra
-y pueblo de Argos; que te seremos siempre fieles, y tus aliados y
-auxiliares en toda empresa. Ea, pues, ora que en los líbicos campos,
-junto a las riberas del Tritón donde naciste, estés peleando por los
-tuyos a los ojos de todos o envuelta en celeste nube; ora que a modo
-de esforzado caudillo hagas alarde y muestra de tus huestes en las
-llanuras de Flegra; estés dondequiera, ven a mí. Eres diosa, y por
-lejos que estés me oyes. ¡Ven, y sálvame de mis males!
-
-CORO
-
-Ni Apolo ni el poder de Atena podrán salvarte de perecer miserablemente
-abandonado; sin saber jamás qué es alegría; consumido y exangüe; sombra
-viviente, hecha pasto de las Furias. ¡Nada respondes y desdeñas hablar,
-tú que me estás consagrado, que has sido criado para mí!... Pues en
-vida me has de servir el manjar regalado de tus carnes: ni siquiera
-serás degollado sobre el ara. Ahora vas a oír el himno que a mí te
-encadena.
-
-Ea, pues, formemos nuestro coro. Ocasión es ésta de hacer resonar
-nuestro horrendo cántico. Digamos la suerte que destina nuestro
-tribunal a cada uno de los mortales. Nosotras nos complacemos
-en ser rectos jueces. El que conserva la pureza de sus manos, no
-tiene que temer nuestra cólera, y su vida se pasará en paz. Mas
-para los malvados, como ese hombre, que tratan de ocultar sus manos
-ensangrentadas, para estos somos testigos incorruptibles; vengadoras de
-la sangre de sus víctimas, que los perseguimos hasta acabarlos.
-
-¡Oh Noche! ¡Oh madre! ¡Madre, que me pariste para castigo de vivos y
-muertos, escúchame! El hijo de Latona me ha deshonrado, arrebatándome
-la presa que debía pagar la sangre de una madre. ¡Caiga siquiera sobre
-esa víctima que me está consagrada, este mi canto; canto de delirio, de
-locura, de furor; himno de las Erinnas, que encadena las almas; que no
-se acompaña jamás de los dulces conciertos de la lira; himno que seca y
-consume a los mortales!
-
-La Moira, que nada deja por castigar, señalóme esta suerte por decreto
-irrevocable. A aquellos mortales insensatos que se hacen reos y autores
-de crimen, yo les he de servir de cortejo hasta que desciendan a las
-mansiones infernales, y todavía no se han de ver libres de mí ni con
-la muerte. ¡Caiga, pues, sobre esa víctima, que me está consagrada,
-este mi canto; canto de delirio; de locura, de furor; himno de las
-Erinnas, que encadena las almas; que no se acompaña jamás de los dulces
-conciertos de la lira; himno que seca y consume a los mortales!
-
-Luego que nacimos quedó fija nuestra suerte. Nuestras manos no debían
-de llegar jamás a los inmortales. Nuestros banquetes no habían de tener
-a ninguno de ellos por convidado. Las cándidas vestiduras de la alegría
-estaríanos para siempre vedadas. Nuestro destino era arruinar las
-casas donde Ares en traidora guerra de familia arma a deudos contra
-deudos. ¡Oh! Sobre quien a tal se atreve, sobre ese nos lanzamos,
-apenas derrama la sangre, y le perseguimos, y por fuerte que él sea, le
-hacemos desaparecer.
-
-Nosotras nos afanamos por quitar de este cuidado a los dioses;
-confirmen, pues, ellos la inmunidad de nuestros juicios; no quieran
-sujetarlos a apelación.
-
-No ha de comunicar Zeus con una raza odiosa que está goteando sangre,
-a la cual jamás tuvo por merecedora de su presencia. De un salto caigo
-sobre el criminal y le atajo por lejos que esté: mis pies chocan
-pesadamente contra sus piernas cansadas de tan larga huída; flaquea él
-y sucumbe sin remedio. No hay debajo del cielo gloria de mortal tan
-altiva que yo no la derribe miserablemente en tierra al acercarme a
-él con impetuoso salto, envuelta en mis negras vestiduras, y que no
-desaparezca pisoteada por mis pies enemigos.
-
-Loco y ciego con su culpa cae el malvado y no sabe que cae. ¡Tal niebla
-tiende sobre él su crimen! Su morada queda envuelta en tinieblas
-oscurísimas que la fama pregonará con lastimeras voces.
-
-Así es, y así será. En el idear, hábiles; en el conseguir, seguras; en
-la memoria de las maldades, firmes y severas; en nuestros juicios, para
-todo mortal incorruptibles; nosotras marchamos por los caminos que nos
-marcó la suerte: caminos sin honores, y de los dioses y de la luz del
-sol nunca visitados, donde por igual se pierden y despeñan los vivos y
-los muertos.
-
-¿Qué mortal habrá que no sienta reverencia temerosa al oír de mis
-labios el ministerio que me confiaron los decretos de la Moira y la
-voluntad de los dioses? Dignidad antigua y no despreciable ni sin
-gloria, aunque tenga su asiento en las caliginosas mazmorras del sol
-nunca esclarecidas.
-
-~(Aparece en el aire la diosa ATENA en un carro.)~
-
-ATENA
-
-De lejos oí una voz que me imploraba; desde las riberas del Escamandro
-donde tomaba posesión de la tierra que me dedicaron los príncipes y
-caudillos Aqueos en absoluto y perpetuo dominio: porción magnífica de
-los ricos despojos de la guerra y para los hijos de Teseo recompensa
-selectísima. De allí vengo con presuroso e incansable paso. No hube
-menester de alas: tendí al viento mi égida haciendo gemir los aires,
-y uncí a este carro mis poderosos corceles. -- Extraña gente es la que
-se ofrece a mis ojos aquí reunida, la cual cierto que no me espanta;
-pero me asombra. ¿Quién podéis ser? A todos vosotros me dirijo; a
-ese peregrino que está abrazado a mi imagen, y a vosotras, que ni os
-asemejáis a casta ninguna de criaturas, ni los dioses os vieron jamás
-entre las diosas, ni tenéis figura humana. -- Mas echar a uno en cara su
-deformidad ni es justo ni piadoso.
-
-CORO
-
-Con una palabra lo sabrás todo, hija de Zeus. Somos hijas de la lúgubre
-Noche; en las mansiones subterráneas nos llaman las Imprecaciones.
-
-ATENA
-
-Conozco vuestro linaje y vuestro nombre.
-
-CORO
-
-Pues ahora sabrás cuál es mi ministerio.
-
-ATENA
-
-Lo sabré si me lo explicáis.
-
-CORO
-
-Nosotras arrojamos a los homicidas de toda habitación de hombres.
-
-ATENA
-
-Y entonces ¿dónde acabará para el matador su huír?
-
-CORO
-
-Donde jamás imperó la alegría.
-
-ATENA
-
-Y ¿a huída tal condenas tú a este hombre, acosándolo con roncos gritos?
-
-CORO
-
-Él fué bastante osado para matar a su madre.
-
-ATENA
-
-¿No le forzaría acaso el temor a alguna airada potestad que le
-amenazara?
-
-CORO
-
-Y ¿qué fuerza hay tan poderosa que arrastre a matar a una madre?
-
-ATENA
-
-Aquí hay dos partes; hasta ahora no he oído más que a una.
-
-CORO
-
-Es que él no deferiría a mi juramento y tampoco quiere prestarlo.
-
-ATENA
-
-Y tú quieres más oír hablar de justicia, que no practicarla.
-
-CORO
-
-¿Cómo? Explícate, que no te faltará saber para ello.
-
-ATENA
-
-Digo, que la injusticia no vence por juramentos que se hagan.
-
-CORO
-
-Ea, pues examina la causa y falla en justicia.
-
-ATENA
-
-¿Remitís, pues, a mí el fallo de esta causa?
-
-CORO
-
-Y ¿cómo no? Nadie más que tú merece este honor, y por tal te acatamos.
-
-ATENA
-
-¿Qué tienes tú que contestar a esto, extranjero? Dime tu patria, tu
-linaje y tus aventuras, y luego excúlpate de la acusación, si es
-verdad que fiado en la justicia de tu causa has venido a ampararte de
-mi templo e imagen y pides con piadosas súplicas, cual otro Ixión, la
-expiación de tu delito. Responde a todas mis preguntas de modo que yo
-quede bien informada.
-
-ORESTES
-
-Soberana Atena, ante todas cosas te libraré de ese grave cuidado que
-revelan tus últimas palabras. No vengo a ti menesteroso de expiación,
-ni me abracé a tu imagen con las manos manchadas por el crimen. Yo
-te daré prueba cierta de ello. La ley reduce a silencio al matador
-mientras la sangre de tierna víctima no le purifique de su mancha.
-Tiempo ha que así expié mi delito, y corrí casas extrañas y tierras y
-mares. Sobre esto, pues, desecha todo cuidado. En cuanto a mi linaje,
-al punto vas a saberlo. Soy de Argos; a mi padre Agamemnón bien le
-conociste, que él fué el capitán de la armada griega, y con su ayuda
-arrasaste no ha mucho la ciudad de Ilión. Vuelto a su casa, halló la
-muerte, y no con gloria, sino que mi madre con negras entrañas le mató,
-envolviéndole en la red de traidor artificio. Testigo es aquel baño
-donde corrió su sangre. Yo estaba huído hacía tiempo, mas por fin volví
-de mi destierro, y maté a la que me parió; no he de negarlo ahora. Pagó
-con su muerte la muerte de mi amadísimo padre. Cómplice mío fué Loxias,
-que me anunció grandes males de no castigar a los autores del crimen;
-con que puso acicates a mi voluntad. Decide tú si obré en justicia o
-no. A ti remito la causa: cualquiera que sea la sentencia, yo la acato.
-
-ATENA
-
-El caso es más grave de juzgar que cuantos imaginaron nunca los
-hombres. Tampoco me es lícito a mí conocer en una causa de muerte
-donde tan enconados se hallan los ánimos. Sobre todo porque bien que
-perpetrador de un crimen, tú has llegado a mi templo suplicante y
-purificado y sin ofenderle con tu presencia; y así he de acogerte en mi
-ciudad como a quien no tengo que hacer cargo ninguno. Por otra parte,
-éstas no son tan blandas de condición que si salen vencidas en juicio
-no derramen después sobre esta tierra el veneno de sus corazones; que
-sería triste e incurable daño. El trance es tal, que yo no podría sin
-ofensa ni retener aquí a entrambas partes ni tampoco despedirlas. Mas
-ya que aquí llegaron las cosas, yo elegiré jueces del crimen, y los
-ligaré con juramento, y constituiré tribunal que dure para siempre.
-Vosotros reunid los testimonios y pruebas que habéis de traer a la
-causa y todos los medios de defensa. Así que haya elegido los mejores
-de mis ciudadanos, con ellos vendré, y ellos sentenciarán en justicia
-sin apartarse un punto del juramento que prestaren.
-
-~(Vase.)~
-
-CORO
-
-Si vence la causa de este parricida, su crimen, nuevas leyes habrán
-trastornado bien pronto el orden del mundo. Todos los mortales se
-encontrarán sueltos y expeditos para lanzarse a igual atentado. ¡Qué
-de golpes, no imaginarios sino verdaderos, esperan en adelante a los
-padres de mano de sus hijos!
-
-Ya no perseguirá los delitos la cólera de estas Furias que estaban
-siempre con atentos ojos sobre los hombres. Dejaremos correr todo
-crimen. Cada cual se quejará de las maldades de los suyos y buscará por
-todas partes el fin de sus penas o su alivio; pero no hallará remedio
-seguro, y en vano será que el afligido pida consuelo.
-
-Vosotros, los heridos de la desgracia, no nos invoquéis más; no
-gritéis: ¡oh justicia, oh trono de las Erinnas! Así clamarán de aquí a
-poco los padres y las madres entre lastimeros gemidos que les arrancará
-su infortunio; pero cuando ya el templo de la Justicia se derrumba.
-
-A las veces es saludable el terror. Conviene que se asiente en el
-ánimo, y que allí esté vigilante; que los remordimientos ayudan a
-aprender a bien vivir. ¿Pues qué ciudad ni qué mortal rendirá culto a
-la justicia, si se crían sin ningún temor de corazón en la bienandanza?
-
-No desees vivir ni en licencia ni en servidumbre. El cielo puso
-siempre en el medio la virtud, y mira los extremos con ojos enemigos.
-Muy conforme a razón es la sentencia que dice: “La impiedad es hija
-legítima de la soberbia; sólo de la rectitud del corazón nace la
-felicidad de todos querida y codiciosamente deseada.”
-
-Pero sobre todo te digo: respeta el ara de la justicia; no la derribes
-con impío pie por mirar a tu provecho, porque la pena seguirá a la
-culpa, y te aguardará el fin merecido. Así pues, honren todos a sus
-padres, y respete cada cual los santos fueros del huésped que viene a
-acogerse a su casa.
-
-De esta suerte el hombre que de voluntad sea justo no será infeliz;
-jamás podrá ser absolutamente desventurado. Pero el atropellador de
-toda ley, que a todo se atreve, y todo lo trastorna y confunde sin
-atender a la justicia, ese hombre será al fin abatido; yo lo afirmo:
-cuando la borrasca rasgue las velas de su nave, y tronche las antenas.
-
-En su vana lucha con la tormenta que le asalta por todas partes,
-llamará entonces a los que no le oirán. Los cielos ríen viendo al
-temerario, contra todo lo que él se imaginó nunca, aprisionado en los
-lazos inquebrantables de la desgracia y sin poder ganar la orilla.
-Aquella su felicidad de otro tiempo se estrelló en la roca de la
-justicia, y él perece y nadie tiene para él ni una lágrima ni un
-recuerdo.
-
-~(Sale ATENA acompañada de los jueces areopagitas, un pregonero, pueblo
-y cortejo de matronas y doncellas atenienses.)~
-
-ATENA
-
-Pregonero, haz tu oficio y contén a la muchedumbre. Que la trompeta
-tirrena se llene con el humano aliento de tu pecho, y que su aguda voz
-invada la región del éther y se haga oír de todo el pueblo. El Consejo
-está aquí reunido. Silencio, pues, ahora. Escuche la ciudad entera
-estas mis leyes que por siempre han de gobernarla, y cómo se falla en
-justicia la causa que se nos ha sometido.
-
-~(Sale APOLO.)~
-
-CORO
-
-Dios Apolo, manda en lo que tienes bajo tu imperio; ¿qué te interesa a
-ti este negocio? ¡Di!
-
-APOLO
-
-Vengo a dar mi testimonio. Este hombre llegó suplicante a mi templo,
-y se acogió a mis aras, y yo le purifiqué. Con él debo ser procesado,
-pues que yo tengo la culpa de la muerte de su madre. Atena, abre el
-juicio con las formalidades que tan bien conoces, y sigue la causa.
-
-ATENA
-
-Se abre el juicio. Vosotras tenéis la palabra. El acusador es quien
-debe hablar primero y exponer conforme a derecho los puntos de su
-querella.
-
-CORO
-
-Muchas somos, mas con todo ello hablaremos poco y breve. ~(A ORESTES.)~
-Tú contesta extremo por extremo conforme vayamos preguntándote. En
-primer lugar di si mataste a tu madre.
-
-ORESTES
-
-La maté. No podría negarlo.
-
-CORO
-
-Bueno. De las tres caídas del lidiador ya tenemos una.
-
-ORESTES
-
-Todavía no he caído para que te jactes así.
-
-CORO
-
-Respóndeme ahora a esto: ¿cómo la mataste?
-
-ORESTES
-
-Respondo. Esta mano la clavó el hierro y la degolló.
-
-CORO
-
-¿Quién te lo aconsejó? ¿Quién te movió a ello?
-
-ORESTES
-
-Los oráculos de este dios. Él dará testimonio.
-
-CORO
-
-¡Qué! ¿El dios profeta te había de inducir a matar a tu madre?
-
-ORESTES
-
-Y hasta aquí cierto que no tengo que acusar a mi fortuna.
-
-CORO
-
-Si la votación te es contraria, pronto mudarás de parecer.
-
-ORESTES
-
-Espero confiado. Mi padre me auxiliará desde el sepulcro.
-
-CORO
-
-¡Confía en los muertos, matador de tu madre!
-
-ORESTES
-
-Sobre ella había caído la mancha de un doble crimen.
-
-CORO
-
-¿Cómo? Demuéstralo ante los jueces.
-
-ORESTES
-
-Al matar a su marido mató a mi padre.
-
-CORO
-
-Y ¿qué? Tú vives aún, mientras que ella pagó ya con la muerte.
-
-ORESTES
-
-Y ¿por qué no la perseguiste en vida?
-
-CORO
-
-Ella no era de la misma sangre del hombre a quien mató.
-
-ORESTES
-
-Pues ¿yo soy de la misma sangre de mi madre?
-
-CORO
-
-Pues ¡malvado! ¿cómo si no te alimentó en sus entrañas? ¿Renegarás de
-la sangre amadísima de una madre?
-
-ORESTES
-
-Apolo, depón ya tu testimonio. Ven y di si la maté en justicia. Que lo
-hice no lo negaré; así es la verdad; pero dinos si en tu sentir fuí
-justo al verter su sangre o no. Decide tú para que yo pueda responder.
-
-APOLO
-
-Yo declaro ante vosotros, augusto tribunal de Atena, que este hombre
-obró en justicia. Mis profecías no engañan. Jamás desde mi vatídico
-trono dije a hombre ni a mujer ni a ciudad ninguna, cosa que no me
-dictase Zeus, el padre del Olimpo. Cuanta sea, pues, la fuerza de
-nuestro derecho, yo os recomiendo que lo consideréis, y que acatéis el
-decreto de mi padre; que no hay juramento ninguno que pueda prevalecer
-contra Zeus.
-
-CORO
-
-¡Así pues a lo que tú dices, Zeus fué quien te dictó ese oráculo de
-ordenar aquí a Orestes que vengase la muerte de su padre sin tener en
-nada el amor y reverencia de una madre...!
-
-APOLO
-
-Mayor que no igual crimen es hacer que muera un varón generoso a quien
-Zeus había honrado con el cetro; y que muera a manos de su esposa y
-no en leal combate al golpe de un dardo como los que disparan las
-Amazonas, sino... Lo diré para que lo oigas, oh Palas, y vosotros
-jueces que con vuestros votos habéis de sentenciar esta causa. Volvía
-él de la guerra, donde había dado felice cima a grandes hazañas;
-acógele ella con amoroso semblante, condúcele al baño, y cuando ya se
-disponía a salir de él, en el mismo punto y término ella le echa encima
-con artero golpe un ancho velo, y así envuelto en aquella red le hiere
-de muerte. Expuesta queda a vuestra consideración la suerte infortunada
-del más augusto de los príncipes; de aquel soldado que capitaneó la
-armada griega. Os la he contado tal como fué, para mover a justa cólera
-a este pueblo que ha de dictar sentencia.
-
-CORO
-
-Según tu dicho, Zeus gradúa de más grave que todo otro crimen el
-homicidio de un padre; y sin embargo él aherrojó entre cadenas a su
-anciano padre Cronos. ¿Cómo no ves aquí la contradicción de tus
-palabras? Pero vosotros lo habéis oído; yo daré fe.
-
-APOLO
-
-¡Oh monstruos, de todos abominados y de los dioses aborrecidos! Se
-pueden romper las cadenas: remedios tiene la esclavitud; hay muchos
-caminos de recobrar la libertad. Pero una vez muerto un hombre, y que
-el polvo se traga su sangre, ya no hay resurrección para él. Contra la
-muerte no inventó mi padre encantamientos; él que gobierna y muda todas
-las cosas, y las humilla y las ensalza sin fatigarse del esfuerzo.
-
-CORO
-
-¿Cómo defiendes su absolución? Considéralo. Este hombre regó la tierra
-con la sangre de su madre, con la sangre que corre por sus venas: y ¿ha
-de ir después a Argos y ha de habitar la casa de su padre? ¿A qué aras
-públicas se atreverá él a acercarse? ¿Qué cofradía habrá que le reciba
-a sus ceremonias y lustraciones?
-
-APOLO
-
-También contestaré a esto; reconoce tú la verdad de mis razones. No
-es la madre engendradora del que llaman su hijo, sino sólo nodriza
-del germen sembrado en sus entrañas. Quien con ella se junta es el
-que engendra. La mujer es como huéspeda que recibe en hospedaje el
-germen de otro y le guarda, si el cielo no dispone otra cosa. Te daré
-la prueba de mi proposición. Se puede llegar a ser padre sin necesidad
-de madre, y de ello aquí tenemos un testigo, la hija de Zeus Olímpico,
-que no se nutrió en las tinieblas de materno seno; pero criatura cual
-diosa ninguna hubiese podido engendrarla. ~(A ATENA.)~ En cuanto a mí,
-¡oh Palas!, yo engrandeceré a tu ciudad y pueblo, como sé hacerlo; yo
-que envié a mi suplicante a tus aras para que en todo tiempo fuese tu
-amigo fiel, y por que te le granjeases por aliado, oh diosa, a él y a
-sus descendientes. ¡Así se mantenga y se ratifique esta alianza para
-siempre en las futuras edades!
-
-ATENA
-
-La causa está ya bastante dilucidada; consultad, pues, con vuestra
-conciencia, oh jueces, y votad en justicia.
-
-APOLO ~(a los jueces.)~
-
-Atended a lo que habéis oído, y al dar vuestros votos, oh huéspedes
-míos, respetad en vuestro corazón el juramento que prestasteis.
-
-ATENA ~(al CORO.)~
-
-Y ahora, ¿qué he de hacer yo para que no tengáis que acusarme jamás?
-
-CORO
-
-Yo he disparado todas mis fechas, y espero a ver cómo se decide el
-combate.
-
-ATENA
-
-Ciudadanos de Atenas, que vais a juzgar por primera vez en causa de
-sangre, mirad ahora la institución que yo fundo. En adelante subsistirá
-por siempre en el pueblo de Egeo este senado de jueces. Se asentará
-en esta colina donde acamparon las Amazonas y pusieron sus tiendas
-cuando con ejército poderoso vinieron en son de guerra contra Teseo
-y su recién edificada ciudad, y frente de sus torres alzaron otras
-torres. En este lugar ofrecieron sacrificios al dios Ares, con que esta
-roca tomó el nombre de Areópago, y aquí velarán por los ciudadanos
-el respeto y el temor, igual de día que de noche, y contendrán la
-injusticia mientras los mismos ciudadanos no alteren las leyes: que si
-mezcláis con sucias y cenagosas aguas las claras linfas de una fuente,
-no encontraréis después dónde beber. Oíd mi consejo, ciudadanos que
-habéis de mirar por la república: no rindáis culto a la anarquía ni al
-despotismo; pero no desterréis de la ciudad todo temor, que sin temor
-no hay hombre justo. Mirad, pues, con temerosa y merecida reverencia
-la majestad de este senado, porque así tengáis un baluarte defensor
-de vuestra ciudad y patria, cual no lo tiene pueblo en el mundo, ni
-se hallaría entre los Escithas ni en la tierra de Pélope. Yo os doy
-un tribunal que nadie podrá cohechar; venerando, severo, guarda de
-esta ciudad, que velará por los que duermen. Sirvan en lo venidero a
-mis ciudadanos estas advertencias que les dirijo. Y ahora levantaos,
-y dad vuestro voto, y sentenciad esta causa con respeto a vuestros
-juramentos. He dicho.
-
-CORO
-
-Os aconsejamos que no nos tratéis con menosprecio; que pesaríamos harto
-gravemente sobre vuestra tierra.
-
-APOLO
-
-Y yo os mando que respetéis mis oráculos, que son los de Zeus, y no
-hagáis que salgan vanos.
-
-CORO
-
-No te cuides de causas de sangre que no son de tu incumbencia, pues, si
-te obstinas, ya no habrá más santidad en tus oráculos.
-
-APOLO
-
-¿Por ventura erró mi padre al escuchar las súplicas de Ixión, el primer
-homicida?
-
-CORO
-
-¡Palabras! Si no obtengo justicia ya me haré yo sentir en este suelo.
-
-APOLO
-
-Tú eres despreciada de los nuevos dioses y de los viejos. Yo soy quien
-venceré.
-
-CORO
-
-Tales fueron también tus hazañas en el palacio de Feres. Tú persuadiste
-a las Moiras a hacer inmortales a los hombres.
-
-APOLO
-
-¿Y no es justo hacer beneficios a quien nos honra, y más cuando se
-halla necesitado?
-
-CORO
-
-Tú derribaste todo el edificio de las antiguas leyes engañando con vino
-a aquellas viejas deidades.
-
-APOLO
-
-Pronto vas a ser vencida en juicio. Vomita entonces tú ese veneno, que
-no inquietará mucho a los que aborreces.
-
-CORO
-
-¡Dios nuevo! ¿Tú pisoteas a estas antiguas diosas? No obstante esperaré
-a oír la sentencia, y en tanto no descargaré mi cólera sobre la ciudad.
-
-APOLO
-
-· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
-
-ATENA
-
-Eso me toca a mí dar mi voto la última. Este es mi voto, que añadiré
-a los que haya en favor de Orestes. Yo no nací de madre, y, salvo el
-himeneo, en lo demás amo con toda el alma todo lo varonil. Estoy por
-entero con la causa del padre. No ha de pesar más en mi ánimo la suerte
-de una mujer que mató a su marido, al dueño de la casa. Orestes vencerá
-aun en igualdad de votos por entrambas partes. Al punto, vaciad las
-urnas y contad los votos, jueces a quienes está encomendado este cargo.
-
-ORESTES
-
-¡Oh Febo Apolo! ¿cómo se fallará la causa?
-
-CORO
-
-¡Oh negra Noche, madre mía! ¿no ves esto?
-
-ORESTES
-
-No es menos para mí que echarme un dogal al cuello o ver por fin la luz.
-
-CORO
-
-Ni para nosotras que perecer o conservar nuestros honores.
-
-APOLO
-
-Contad bien los votos al sacarlos, huéspedes míos, y en el escrutinio,
-respeto a la justicia. Un voto que falte sería una gran desgracia; un
-voto más puede levantar una familia de su abatimiento.
-
-ATENA
-
-Este hombre queda absuelto de su delito: el número de votos es igual
-por ambas partes.
-
-ORESTES
-
-¡Oh Palas! ¡tú has salvado mi casa; tú me restituyes aquella patria
-de que yo estaba privado! Y dirán los Helenos: ahí tenéis a ese hijo
-de Argos que ha recobrado la posesión de la hacienda de sus padres,
-gracias a Palas y a Loxias, y a aquel Autor sumo de todas las cosas,
-su tercer salvador. ¡Sí, Zeus, tú eres quien me salva; tú, que al ver
-a estas abogadas de mi madre, recordaste con horror la impía suerte
-de mi padre! Marcho ya a mi patria, jurando a esta comarca, jurando a
-tu pueblo que nunca jamás en los siglos de los siglos príncipe alguno
-de Argos vendrá aquí en son de guerra, pues donde no contra los que
-así quebrantaren los juramentos que yo hago, nosotros mismos desde
-el sepulcro, donde entonces yaceremos, pondrémosles dificultades tan
-invencibles; tan triste haremos su camino y tan infaustos sus pasos,
-que les pese de su empresa. Mas si con fidelidad los guardaren, y en
-paz y en guerra acuden siempre con su alianza a esta ciudad de Palas,
-les seremos propicios. ¡Salve, oh diosa! y tú, pueblo de Atenas, ¡ojalá
-que tus enemigos no puedan escapar jamás de tus golpes, y que seas
-siempre salvo y vencedor!
-
-~(Vanse APOLO y ORESTES.)~
-
-CORO
-
-¡Ay, dioses nuevos! ¡habéis pisoteado las antiguas leyes! ¡me lo
-habéis arrebatado de las manos! Pero yo, la miserable, la despreciada,
-encendida en cólera arrojaré sobre este suelo en desagravio de mi
-afrenta, todo el veneno que gotea mi corazón. ¡Vaya si lo arrojaré! Y
-este veneno se derramará por la tierra, y su ponzoña secará hojas y
-flores, y matará a todo sér viviente, y no perdonará a los hombres.
-¡Oh justicia! ¡Todo, todo lo apestará y asolará! ¿Lloro? ¡Qué hacer!
-¿Me río? ¡Lo que he padecido ha de pesar mucho a los Atenienses! ¡Ay,
-hijas de la Noche! ¡infelices! ¡cuán grande y afrentosa es la desdicha
-que lloráis!
-
-ATENA
-
-Creedme a mí, y no lo llevéis así con ese llanto. No habéis sido
-vencidas. Salió igual número de votos por ambas partes, con toda buena
-fe y no para tu afrenta. Pero había claros testimonios de la voluntad
-de Zeus; el mismo dios que pronunció el oráculo, salió por fiador de
-él. Bien que autor de su delito, Orestes no debía llevar pena. No os
-irritéis pues; no queráis descargar vuestra cólera sobre esta tierra ni
-hacerla estéril; no derraméis sobre ella la baba de vuestro furor, que
-implacable corroe todo germen de vida. Yo os prometo solemnemente que
-tendréis en este suelo un templo donde moréis, y ricos tronos junto a
-vuestras aras, donde seáis honradas de los ciudadanos de Atenas.
-
-CORO
-
-¡Ay dioses nuevos! ¡habéis pisoteado las antiguas leyes! ¡me lo
-habéis arrebatado de las manos! Pero yo la miserable, la despreciada,
-encendida en cólera arrojaré sobre este suelo en desagravio de mi
-afrenta, todo el veneno que gotea mi corazón. ¡Vaya si lo arrojaré! ¡Y
-este veneno se derramará por la tierra, y su ponzoña secará hojas y
-flores, y matará a todo sér viviente, y no perdonará a los hombres! ¡Oh
-justicia! ¡Todo, todo lo apestará y asolará! ¿Lloro? ¡Qué hacer! ¿Me
-río? ¡Lo que he padecido ha de pesar mucho a los Atenienses! ¡Ay, hijas
-de la Noche! ¡infelices! ¡Cuán grande y afrentosa es la desdicha que
-lloráis!
-
-ATENA
-
-Nadie os ha menospreciado. No os irritéis tanto, oh diosas, ni vayáis a
-infestar de males sin remedio esta tierra habitación de los mortales.
-Por mi parte, cuento con el poder de Zeus, y ¿a qué decir más? Yo sola
-entre los dioses conozco las llaves del sellado tesoro donde se guarda
-el rayo. Pero nada de esto se necesita, pues, atenta a mis razones, no
-querrás tú arrojar sobre este suelo el fruto maléfico de tu lengua, del
-cual toda triste calamidad se engendraría. Calma las negras oleadas de
-tu amarga cólera, y aquí serás honrada y venerada; y aquí habitarás
-conmigo; y en natalicios e himeneos recibirás en ofrenda las primicias
-de esta dilatada comarca, y por siempre celebrarás mi consejo.
-
-CORO
-
-¡Yo sufrir esto, cielos! ¡Yo con mi saber y experiencia habitar en
-estos lugares despreciada de todos! ¡Maldición! ¡Maldad execrable!
-¡Vomitemos todo el furor, todo el odio de nuestro pecho! ¡Ah, ah! ¡oh
-tierra! ¡oh cielos! ¿Qué dolor es éste que me llega al alma? Noche,
-madre mía, oye los alaridos de mi cólera. Los engaños de los dioses me
-han envuelto sin que me pudiese defender y han reducido a la nada los
-honores que los pueblos me ofrecían.
-
-ATENA
-
-Tolero tus arrebatos porque tienes más años que yo. A no dudar, tú
-eres mucho más sabia, aunque también a mí me concedió Zeus no pensar
-del todo mal. Si marcháis a extrañas regiones, ya echaréis de menos
-esta tierra; yo os lo predigo. Porque correrán los tiempos, y cada
-vez serán más gloriosos para mi pueblo. Y tendríais venerando altar
-junto al templo de Erecteo, y allí recibiríais de hombres y mujeres
-en las grandes fiestas honores cual de ningún otro mortal del mundo
-podríais obtener jamás... No arrojes, pues, en este suelo, que es
-mío, el aguijón sangriento de tus odios que corrompan las entrañas de
-la juventud y la abrasen en furiosa ira, y sin vino la perturben y
-embriaguen. No siembres la discordia en el corazón de mis ciudadanos,
-porque no se empeñen entre sí como los gallos en impías y feroces
-luchas. La guerra... con el extranjero y no larga. Allí es donde el
-amor a la gloria es noble y generoso: ¡no se llame guerra a una riña de
-aves domésticas! Acepta lo que te ofrezco, que te está bien aceptarlo.
-Haz bien, y bien recibirás, y serás grandemente honrada, y poseerás
-conmigo esta tierra predilecta de los dioses.
-
-CORO
-
-¡Yo sufrir esto, cielos! ¡Yo con mi saber y experiencia habitar en
-estos lugares despreciada de todos! ¡Maldición! ¡Maldad execrable!
-¡Vomitemos todo el furor, todo el odio de nuestro pecho! ¡Ah, ah! ¡oh
-tierra! ¡oh cielos! ¿Qué dolor es éste que me llega al alma? Noche,
-madre mía, oye los alaridos de mi cólera. Los engaños de los dioses me
-han envuelto sin que me pudiese defender y han reducido a la nada los
-honores que los pueblos me ofrecían.
-
-ATENA
-
-No me cansaré de aconsejarte bien, porque no digas nunca que las
-antiguas diosas salisteis de esta tierra, arrojadas de ella con
-desprecio por una diosa más joven que vosotras y por los mortales
-que habitan la ciudad. A poder algo contigo la dulce e irresistible
-fuerza de la persuasión; si mis palabras fuesen poderosas a calmarte
-y ablandarte, aquí te quedarías. Mas si no quisieres quedarte aquí,
-no por ello sería justo que descargases sobre esta ciudad tu furioso
-encono, ni que hicieses a mi pueblo daño ninguno; pues que en ti está
-poseer conmigo esta tierra, y ser en ella dignamente honrada.
-
-CORO
-
-Diosa Atena, ¿qué morada dices tú que tendría yo?
-
-ATENA
-
-Una donde jamás hallaría asiento el infortunio. Acéptala pues.
-
-CORO
-
-Y ¿qué honores me esperan si acepto?
-
-ATENA
-
-No habrá casa que pueda prosperar sin ti.
-
-CORO
-
-¿Tanto harás tú que sea mi poder?
-
-ATENA
-
-Levantaré hasta la cumbre de la fortuna a quien te rindiere culto.
-
-CORO
-
-¿Y me prometes que así será en todo tiempo?
-
-ATENA
-
-Yo no prometo jamás lo que no he de cumplir.
-
-CORO
-
-Siento que me ablandas y que desecho todo mi rencor.
-
-ATENA
-
-Corre, pues, a los que acabas de ganarte por amigos.
-
-CORO
-
-¿Qué bienes quieres tú que pida en mis cánticos para este pueblo?
-
-ATENA
-
-Cuanto sea nobles y leales victorias; y que la tierra y el cielo, y el
-mar con sus aguas, y los vientos con sus blandas corrientes, y el sol
-con sus claros rayos traigan sobre este suelo toda suerte de bienes.
-Que la tierra abunde en frutos y rebaños; que vivan los ciudadanos en
-prosperidad, jamás derribada a los golpes del tiempo; que se logren y
-florezcan los tiernos retoños infantiles. Pero a los impíos ya puedes
-exterminarlos con más furor que nunca. Yo amo a los hombres como el
-hortelano a las plantas, y quiero que la semilla de los buenos no se
-dañe con la mala hierba de los malos. Tal es lo que te incumbe. A mí
-toca no permitir jamás que esta ciudad vencedora deje de llevarse nunca
-entre los hombres el honor y lauro del triunfo en los más gloriosos
-combates.
-
-CORO
-
-Sí; acepto habitar en compañía de Atena. No he de menospreciar yo
-ciudad donde moran el omnipotente Zeus y Ares, y que es alcázar
-fortísimo de los dioses, honor y contento de las deidades griegas
-y baluarte de sus aras. A la cual mi amorosa voluntad le desea, le
-predice que los espléndidos rayos del sol han de hacer brotar de la
-tierra en abundosa copia cuantos frutos hacen afortunada la vida.
-
-ATENA
-
-Obra es de mi amor a esta ciudad haber hecho que en ella pongan su
-habitación las potentes e implacables diosas cuyo destino es regir
-todas las cosas humanas. Pues el que no se granjea a estos terribles
-enemigos, no sabe qué calamidades le aguardan aún en la vida. Los
-pecados de sus mayores le arrastran hasta ellas; la muerte llega en
-silencio, y con sañuda crueldad le reduce a polvo cuando se jactaba de
-su fortuna.
-
-CORO
-
-Oíd lo que mi amor os desea. Que jamás la furia de los vientos pierda
-los árboles; ni los ardores del sol abrasen las plantas e impidan
-que se abran lozanos los pimpollos; ni la triste y estéril sequía os
-azote. Antes bien, que vuestros ganados se multipliquen, y a su tiempo
-os regalen con dobles crías; y que los ricos tesoros arrancados a las
-entrañas de la tierra honren la liberalidad de los dioses que os los
-dieron.
-
-ATENA ~(a los AREOPAGITAS.)~
-
-Ya habéis oído, custodios de nuestra ciudad, cuántas bendiciones llaman
-sobre vosotros. Mucho puede en verdad la veneranda Erinna con los
-dioses del cielo y con los que habitan las mansiones subterráneas, y
-bien se ve cómo dispone de la suerte de los humanos: a éstos les da
-cánticos y alegrías; a aquéllos una vida de sombras y lágrimas.
-
-CORO
-
-Alejaos de aquí, azotes que malográis a los hombres con prematura
-muerte. Dioses, de quienes penden los destinos de los mortales, dejad
-que las tiernas y amorosas doncellas gocen de las dulzuras de Himeneo;
-permitidlo vosotras también, oh divinas Moiras, hermanas mías de madre,
-que a cada cual recompensáis según sus obras, sin que haya lugar a que
-no asistáis, ni tiempo en que no hagáis sentir el peso de vuestras
-justas leyes; diosas honradísimas de todos los dioses.
-
-ATENA
-
-Al oírte pedir para mi pueblo con tanto amor dichas y bendiciones,
-me lleno de alegría. ¡Oh atractivos ojos de la Persuasión, y cuán
-merecedores sois de que yo os ame, pues que habéis velado por mi lengua
-cuando hablaba a quien con dura tenacidad se resistía a escucharme!
-Venció por fin Zeus, dios de la elocuencia, y nuestra causa, la causa
-del bien, alcanzó completa victoria.
-
-CORO
-
-Quiera el cielo que jamás se oigan en esta ciudad los rugidos de la
-discordia, que no se sacia de males. Jamás se empape el suelo en
-la sangre de los ciudadanos, derramada en fratricidas y vengativas
-contiendas; sino antes con el deseo del bien común sean unas sus mutuas
-alegrías, y unos también sus odios: que en la unión tienen los hombres
-el remedio de sus mayores infortunios.
-
-ATENA
-
-¿No es verdad que, serena ya su razón, encontró por fin su lengua
-el camino de las bendiciones? Tengo para mí que de estas diosas de
-espantable catadura han de venir grandes ganancias a mi pueblo.
-Pagadles amor con amor; tributadles grandes honores, y la ciudad y toda
-su comarca verán pasar los tiempos en gloria y en justicia.
-
-CORO
-
-¡Salve, salve; los dioses os den felicidades y abundancia! Salve,
-pueblo de Atenas. Palas, la bien amada hija de Zeus, os mira con amor
-y habita a vuestro lado. Que no se desmientan nunca vuestras virtudes.
-Zeus honra a los mortales que Palas acoge bajo sus alas.
-
-ATENA
-
-Salve, también vosotras. Yo saldré delante para mostraros vuestra
-morada. Marchad al resplandor de las antorchas de ese religioso
-cortejo y en medio de las sagradas víctimas que os serán ofrecidas en
-sacrificio. Corred a vuestro templo subterráneo, y apartad de esta
-tierra la adversidad, y traed sobre ella la bienandanza y la victoria.
-Y vosotros, ciudadanos de Atenas, hijos de Cranao, guiad a las que
-vienen a habitar entre vosotros. ¡Ojalá que la ciudad recuerde siempre
-la memoria de tales beneficios!
-
-CORO
-
-Salve, salve, diré otra vez y otra; salve todos los que habitan en
-esta ciudad de Palas, dioses y mortales. Honrad con vuestro culto la
-vecindad que me habéis concedido y jamás tendréis que lamentar los
-reveses de la fortuna.
-
-ATENA
-
-Vuestros votos me colman de contento. Que el resplandor de las
-lucíferas antorchas os acompañe hasta los profundos lugares donde
-tenéis vuestro templo subterráneo. Vayan también mis sacerdotisas,
-piadosas guardas de mi sagrada imagen. Y vosotras, gloria y ornamento
-de la tierra de Teseo, cortejo insigne de doncellas y matronas;
-y vosotras, ancianas venerables, llegad todas luciendo vuestras
-vestiduras de púrpura y en las manos encendidas teas, y tributad así
-a estas diosas públicos honores porque su estancia entre nosotros se
-señale en las edades futuras con dichosa y perdurable bienandanza.
-
-~(Vase.)~
-
-CORTEJO
-
-Marchad a vuestra morada, poderosas y venerables hijas de la Noche,
-castas vírgenes, acompañadas de este pueblo que os ama. Aplaudid,
-Atenienses.
-
-Descended a esos antiguos y profundos antros donde recibiréis insigne
-culto de honores y sacrificios. Pueblo de Atenas, aplaudid todos.
-
-Venid acá, venerandas diosas; sednos propicias. Mirad con amor a
-nuestra comarca, y recibid el agasajo de estas encendidas antorchas
-que arden en vuestro obsequio. Y nosotras acompañemos su carrera con
-alegres cánticos y gritos de regocijo.
-
-Por siempre jamás ofrecerá en tu templo la ciudad de Palas libaciones
-y lucientes antorchas. Así lo concertaron la Providencia infinita de
-Zeus, y la Moira. Rompamos en cánticos de alegría y regocijo.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-_LAS SUPLICANTES_
-
-
-~(Aparecen el CORO DE DANAIDES, con ramos de suplicantes en sus manos,
-y DANAO.)~
-
-CORO
-
-Zeus que protege a los suplicantes, nos mire con piadosos ojos al tomar
-tierra en este puerto. Hicímonos a la mar en las arenosas bocas del
-Nilo, y dejamos aquella sagrada región, vecina a la Siria. Venimos
-huyendo. No nos destierra sentencia ninguna popular por sangre que
-no hemos derramado: huímos de los hijos de Egipto, por escapar a sus
-abominables, impías e incestuosas nupcias. Danao, nuestro padre, ha
-sido nuestro consejero y nuestro guía; él quien entre los males,
-resolviéndose por el más honroso, determinó que huyésemos sin tardanza,
-cruzásemos el mar y arribásemos a esta tierra de Argos, de donde
-desciende nuestro linaje: porque nos gloriamos de venir de aquel Épafo,
-a quien concibió con sólo el tacto de Zeus, con un soplo suyo, la
-becerrilla perseguida del Tábano. Y ¿a qué pueblo que nos fuese más
-amigo pudiéramos llegar en súplica con estos ramos vestidos de lana,
-que ostentan nuestras manos? ¡Oh dioses, señores de esta ciudad, y de
-sus campos y de las claras corrientes que los riegan; oh dioses del
-cielo, y vosotros los que ocupáis las sedes subterráneas, tremendos
-vengadores; y tú, Zeus, que guardas la morada del piadoso, acoged todos
-a estas mujeres que os suplican, y haced que las voluntades les sean
-favorables! Antes que la caterva insolente de los hijos de Egipto ponga
-el pie en esta arenosa playa, volvedlos al mar, a ellos y a sus remeras
-naves. Y allí perezcan asaltados por las olas embravecidas en deshecha
-borrasca de truenos, relámpagos y vientos, antes que hagan suyas a las
-hijas del hermano de su padre, y profanen con impía fuerza lechos de
-que la ley los rechaza.
-
-Ven, novillo hijo de Zeus y de nuestra abuela la becerrilla que pacía
-la verde hierba de los prados; ven. Tú que fuiste concebido con sólo
-el tacto de Zeus, con un soplo suyo, cruza los mares y acude a nuestra
-venganza hoy que te invocamos. ¡Épafo! Así te llamaron del origen de
-tu nacimiento. Pasados los meses que pide la ley de naturaleza, Io te
-parió, y tu nombre confirmó la verdad de tu origen.
-
-Aquí le pronunciaré yo en estas praderas, antiguamente visitadas de
-mi progenitora, y recordaré sus trabajos, y daré señales ciertas de
-mi linaje; las cuales bien que a los habitantes de esta tierra les
-parezcan inauditas, pero al fin han de comprender, si me atienden, que
-digo verdad.
-
-Si pasa por aquí algún argivo que entienda el lenguaje de las aves, y
-oye nuestras tristes quejas, se imaginará estar oyendo la voz de la
-mísera esposa del pérfido Tereo; la voz de Filomela, perseguida por el
-gavilán.
-
-La cual, arrojada de los campos y ríos de su querencia, da suelta al
-dolor en el lugar de su destierro, y junto con él llora la muerte de
-aquel hijo que entregó a sus manos homicidas el furor de una madre
-cruel y despiadada.
-
-Así doy yo suelta a mis ayes, remedando la triste canturia jonia, y
-castigo este delicado rostro, que tostaron los aires del Nilo, mientras
-se ahoga el corazón con el peso de tantas lágrimas. Mi angustia es
-extrema; estoy temblando que mi huída de aquella serena región de
-Egipto ha de empeñar más a mis deudos en perseguirme.
-
-Ea, pues, dioses de mi casa, escuchadme. Mirad por los fueros de la
-justicia; no dejéis que la iniquidad se consume, y si es verdad que
-sois aborrecedores de toda insolencia, sed justos con estas nefandas
-nupcias. Hasta el vencido en la guerra, si se acoge a vuestras aras,
-encuentra un asilo contra la fuerza del vencedor, y la majestad de
-vuestra divina grandeza le protege.
-
-¡Quiera Zeus disponerlo así! ¡Inescrutable es tu voluntad, oh Zeus; mas
-a las veces muéstrase ella toda resplandeciente, aun en medio de las
-tinieblas obscuras, para negra desdicha de la raza de los humanos!
-
-Lo que la mente de Zeus tiene decretado que suceda, jamás se tuerce ni
-se frustra, sino que llega a su fin por aquellos caminos dilatados del
-pensamiento divino, envueltos en espesas tinieblas, donde el ojo del
-hombre no pudo nunca penetrar.
-
-Él precipita a los mortales en la sima de su perdición desde las altas
-torres de sus soberbias esperanzas, y sin hacer esfuerzo ninguno; que
-todo es llano y descansado para los dioses. Sentada la Mente divina en
-la cumbre del cielo, ejecuta desde allí todos sus designios sin moverse
-de su trono de gloria.
-
-Eche, pues, desde la altura una mirada sobre la insolencia de los
-hombres. Vea a aquellos verdes mozos, cómo se encienden con el lascivo
-apetito de mis bodas; cual los ciega y enloquece el aguijón de su
-furioso y desenfrenado deseo, que no les deja un punto; y más, que ya
-habrán visto que salieron burlados sus malos intentos.
-
-¡Ahí está la causa de mis males; las penas que me afligen, y me hacen
-romper en agudos gemidos, y derramar lágrimas! ¡Ay, ay de mí! En vida
-estoy celebrando mis honras con estos funerarios plañidos que tan bien
-sientan a mi dolor. ¡Oh montuosa tierra de la Argólide, séme propicia;
-yo te adoro! Escucha benigna mi lengua bárbara. Mira cómo me precipito
-a hacer jiras estos linos que me visten, y este velo de Sidón que cubre
-mi cabeza.
-
-En los días de bienandanza, cuando la muerte se aleja de nosotros,
-ofrécense a los dioses sacrificios en acción de gracias por sus
-bondades. Pero ¡ay de mí, ay de mí triste, que mis males no tienen fin!
-¿Adónde me arrastrará el mar de mis infortunios? ¡Oh montuosa tierra
-de la Argólide, séme propicia; yo te adoro! Escucha benigna mi lengua
-bárbara. Mira cómo me precipito a hacer jiras estos linos que me visten
-y este velo de Sidón que cubre mi cabeza.
-
-Cierto que el leñoso edificio que arman linos y remos me guardó de las
-olas, y favorecido de los vientos me trajo aquí sin haber pasado por
-los horrores de la borrasca. No me quejaré, pues, de mi fortuna. ¡Pero
-quiera el Padre omnividente mostrársenos propicio hasta el fin, porque
-esta numerosa descendencia de una madre veneranda pueda huír, ¡ay de
-mí!, pueda huír el lecho de tales esposos como aquellos, y queden
-libres y doncellas!
-
-Casta hija de Zeus, tú cuya serena mirada no hay poder que la turbe,
-míranos piadosa, y defiéndenos de los que nos persiguen. Virgen, sé
-el amparo de estas vírgenes, porque esta numerosa descendencia de una
-madre veneranda pueda huír, ¡ay de mí! pueda huír el lecho de tales
-esposos como aquellos y queden libres y doncellas.
-
-Donde no, si no hallamos amparo en los dioses del Olimpo, lazos hay de
-qué colgarnos, y una vez muertas nos encaminaremos a aquellas negras y
-profundas mazmorras, en que el rayo precipitó a los hijos de la Tierra,
-y nos postraremos ante el Zeus de los muertos, huésped que a nadie
-rechaza, presentándole nuestros ramos de suplicantes. ¡Ay, Zeus! ¡Ay,
-cólera divina que perseguiste a Io! Reconozco en mis males el furor
-de aquella esposa augusta que se enseñorea de los cielos; que es muy
-poderoso el viento que desencadenó esta tormenta.
-
-Graves palabras tendría que sufrir Zeus, nada dignas de su majestad,
-si menospreciando a las hijas de la becerrilla, después de haber sido
-su primer padre, apartase ahora los ojos de nuestras súplicas. ¡Oiga
-de las alturas donde habita, esta voz que le implora! ¡Ay, Zeus! ¡Ay,
-cólera divina que perseguiste a Io! Reconozco en mis males el furor
-de aquella esposa augusta que se enseñorea de los cielos; que es muy
-poderoso el viento que desencadenó esta tormenta.
-
-DANAO
-
-Obremos con prudencia, hijas; Pues que la experiencia de vuestro
-anciano padre fué el fiel piloto que os encaminó hasta aquí, ya que
-estamos en tierra, os recomiendo que seáis prudentes y grabéis mis
-palabras en la memoria. Estoy viendo una nube de polvo, muda mensajera
-de un ejército; oigo el rechinar de los cubos de las ruedas, que nada
-silenciosas giran sobre los ejes, y diviso multitud de peones armados
-de escudos; y lanzas que se agitan; y corceles, y redondos carros de
-guerra. Por ventura, serán los príncipes de la comarca, que avisados
-de nuestro arribo, vienen a nosotros a verlo por sus propios ojos. Ya
-vengan de paz, ya mueva a esa gente alguna cruel y airada resolución,
-lo mejor será, oh hijas, que a todo evento nos refugiemos en esa colina
-consagrada a los dioses públicos de este pueblo; que un ara vale más
-que una torre: es un escudo impenetrable. Ea, pues, id lo más pronto
-que podáis; ¡al punto! Mostrad reverentes en vuestras manos esos ramos
-suplicantes, vestidos de blanca lana, alegría del venerando Zeus; y a
-vuestros huéspedes respondedles lo que haya que responder, con modestia
-y en tono que les mueva a lástima: en fin, cual conviene a quienes
-llegan a suelo extraño. Explicadles bien cómo vuestra huída no fué por
-sangre ninguna que hubieseis derramado. Nada de arrogancia en vuestro
-acento: el semblante honesto, la mirada apacible, y todo vuestro
-ademán dulce y mesurado. Mucho comedimiento en las palabras, y nada de
-discursos prolijos: cosa a los de esta tierra aborrecidísima. Acuérdate
-que hay que ceder; que eres una extranjera fugitiva y necesitada, y que
-a los que están debajo no les cuadra hablar con altanería.
-
-CORO
-
-Hablaste de prudencia, padre, a quienes saben tenerla. Procuraremos
-guardar en la memoria tus discretos consejos. ¡Mire por nosotras Zeus,
-padre de nuestro linaje!
-
-DANAO
-
-No estéis ahí ociosas; apresuraos a poner por obra vuestro intento.
-
-CORO
-
-Quisiera estar ya a tu lado y sentada al pie de ese trono.
-
-DANAO
-
-¡Oh Zeus, compadécete de nosotros antes que sucumbamos a nuestros males!
-
-CORO
-
-Él nos mire con ojos de piedad; que si él quiere, todo acabará bien.
-
-DANAO
-
-Invocad ahora a ese ave de Zeus.
-
-CORO
-
-¡Saludables rayos de Helios, nosotras os invocamos! ¡Casto Apolo,
-dios que en otro tiempo te viste desterrado de la mansión celeste,
-compadécete de nosotras como quien sabe lo que es tal desventura!
-
-DANAO
-
-¡Sí, él se compadezca de nosotros y nos acuda propicio!
-
-CORO
-
-¿Y a cuál de estos otros dioses invocaré además?
-
-DANAO
-
-Ahí tienes el tridente, atributo de Poseidón.
-
-CORO
-
-¡El que nos trajo con bien a esta tierra, nos reciba en ella piadoso!
-
-DANAO
-
-Este otro es Hermes, según le presenta la tradición entre los Helenos.
-
-CORO
-
-¡Sea para nosotros mensajero de libertad y bienandanza!
-
-DANAO
-
-Rendid culto a todos los dioses que tienen aquí un altar común. Acogeos
-al lugar santo bandada de palomas espantada por voladores gavilanes,
-por enemigos incestuosos, afrenta de su propia raza. Ave que devora a
-otra ave ¿cómo quedará pura? ¿Cómo quedar puro tampoco quien fuerza
-a una virgen, y a pesar de ella y de su padre la desposa? Quien tal
-hiciese, ni aun después de muerto en el mismo infierno escapará al
-castigo de su temeraria culpa. Sabido es que ahí hay otro Zeus que
-juzga sin apelación los delitos de los que murieron. Considerad bien lo
-que os digo, y responded de esta suerte porque tengáis buen suceso en
-este trance.
-
-~(Sale el REY con acompañamiento de guardias.)~
-
-REY
-
-¿De dónde podremos decir que sois, extranjeras, que así venís tan
-lujosamente aderezadas, con esas túnicas y esos velos a estilo bárbaro?
-Porque ese no es el traje de Argos ni de ningún otro de los pueblos
-de la Hélade. Pues cómo os habéis atrevido a llegar con intrépida
-resolución a esta comarca, sin mensajeros que os anuncien, ni huéspedes
-que os amparen, ni guías que os encaminen, cosa es también que
-verdaderamente asombra. Veo junto a vosotras unos ramos de suplicantes,
-depositados en las aras de los dioses de nuestra ciudad; sois, pues,
-suplicantes, y esto es sólo lo que Grecia afirmaría que ha comprendido;
-pero en lo demás pudieran hacerse con razón muchas conjeturas si yo no
-hubiese venido aquí y vosotras no tuvieseis palabra que me explicara
-todo vuestro suceso.
-
-CORO
-
-Bien has dicho acerca de mi traje. Pero ante todo, ¿estoy hablando con
-un ciudadano, o con algún sacerdote, custodio de los templos, o con el
-Jefe de la ciudad?
-
-REY
-
-Por lo que a eso hace, descuida, y responde a mis preguntas: explícate
-sin temor ninguno. Porque yo soy Pelasgo, rey de esta comarca, hijo
-del terrígena Palectón. El pueblo que posee esta tierra y coge sus
-frutos, son los Pelasgos, que como es razón, toman su nombre de mí
-que los gobierno. Domino en toda la región que atraviesa el sagrado
-Estrimonio al poniente, y encierro dentro de mis fronteras la tierra
-de los Perrebos, y las que hay más allá del Pindo, aledañas de los
-Peonios, y los montes de Dodona. De la otra parte tengo por límites las
-aguas del mar. Tales son mis dominios. De antiguo se llama a este suelo
-comarca de Apis, en honor del médico Apis, hijo de Apolo, a la vez
-médico y profeta, el cual de las playas de Naupactia vino aquí y limpió
-nuestros campos de aquellas alimañas que devoraban a los hombres, las
-cuales había arrojado de sí esta tierra manchada con antiguos delitos;
-y de las bestias fieras, y de la multitud de dragones que nos hacían
-vecindad terrible. Y porque Apis con sus remedios nos libró de nuestros
-males y exterminó los monstruos, mereció de los Argivos tributo de
-alabanza, y que siempre hagamos memoria de él en nuestras preces. Ya
-que sabes de mí quién soy, puedes decirme tu linaje y proseguir tu
-historia; mas te advierto que mi ciudad no es aficionada a discursos
-largos.
-
-CORO
-
-Breve y clara será la respuesta. Nosotras nos gloriamos de ser de raza
-argiva; de la sangre de aquella becerrilla que tuvo nobilísimo hijo.
-Esta es la verdad, que estoy pronta a probar cumplidamente.
-
-REY
-
-¡Oh extranjeras! no puedo creer lo que decís sobre que sois de nuestra
-raza argiva. Más bien parecéis mujeres de la Libia; pero en manera
-ninguna de nuestro país. El Nilo debe haber sido quien crió planta tal,
-porque tenéis todo el sello que en el molde de sus mujeres imprimen a
-sus obras los maridos Ciprios. He oído también que los Indios nómadas,
-que viven vecinos a los Etíopes, se valen de camellos que a la vez les
-sirven de cabalgaduras y bestias de carga. Y aun si fueseis armadas
-de arcos, de cierto que os tomaría por aquellas Amazonas que dicen
-que viven sin maridos y se alimentan de carne cruda. Pero vosotras me
-enteraréis de todo, y así podré saber cómo es que sois de sangre y
-procedencia argiva.
-
-CORO
-
-Se cuenta que Io, que fué en otro tiempo custodia del templo de Hera,
-nació en este suelo de Argos; aquella de la cual habrás oído tantas
-veces...
-
-REY
-
-Que mortal como era ella, Zeus buscó sus favores. ¿No es esto?
-
-CORO
-
-Sí, y por el pronto su comunicación fué a hurto de Hera.
-
-REY
-
-Y después, ¿en qué paró la celosa desavenencia del Rey y la Reina del
-Olimpo?
-
-CORO
-
-La diosa de Argos convirtió a la mortal en becerrilla.
-
-REY
-
-Hecha una becerrilla y ceñida de cuernos su frente, ¿se llegó a ella
-todavía Zeus?
-
-CORO
-
-Sí. Dicen que tomando la forma de un toro en celo.
-
-REY
-
-¿Qué hizo a esto entonces la severa esposa de Zeus?
-
-CORO
-
-Puso a la becerrilla guarda tal que todo lo viese.
-
-REY
-
-Y ese pastor omnividente, puesto para guardar una sola vaquilla, ¿quién
-era?
-
-CORO
-
-Argos, hijo de la Tierra, que fué muerto por Hermes.
-
-REY
-
-¿Qué otra cosa dispuso Hera contra la mísera becerrilla?
-
-CORO
-
-Esa mosca zumbadora que pica a los bueyes y los espanta, a la cual
-llaman tábano en la ribera del Nilo.
-
-REY
-
-¿Y fué persiguiéndola desde su patria durante una larga carrera?...
-
-CORO
-
-Cabalmente; eso mismo iba a decir yo.
-
-REY
-
-Y llegó a Canopos, y hasta Menfis.
-
-CORO
-
-Y Zeus con sólo tocarla con la mano la hizo madre.
-
-REY
-
-¿Quién fué el que pudo llamarse novillo hijo de Zeus y de una
-becerrilla?
-
-CORO
-
-Épafo, con razón llamado así del precio a que su madre se libró de sus
-trabajos.
-
-REY
-
-· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
-
-CORO
-
-Libia, poseedora de la más grande porción de la tierra.
-
-REY
-
-Y ella ¿qué descendencia tuvo?
-
-CORO
-
-Belo, que tuvo dos hijos; uno de los cuales fué el padre de este mi
-padre que ves aquí.
-
-REY
-
-Dime el nombre de este mortal venerable.
-
-CORO
-
-Danao, y su hermano es padre de cincuenta hijos.
-
-REY
-
-Dime también su nombre.
-
-CORO
-
-Egipto. Y ya que conoces mi linaje, haz conmigo de modo que saques de
-su miserable infortunio a esta familia argiva hoy perseguida.
-
-REY
-
-Ya veo que vuestro linaje procede de esta tierra. Cierto. Mas ¿cómo os
-atrevisteis a dejar vuestra patria? ¿Qué golpe de fortuna os sobrevino?
-
-CORO
-
-Rey de los Pelasgos; muchos y varios son los males de los hombres.
-¡Ojalá no veas jamás el infortunio tendiendo hacia ti sus alas! ¿Quién
-se hubiese imaginado nunca esta huída inesperada, ni que habíamos de
-arribar a esta tierra de Argos, de donde somos oriundas, por escapar a
-unas bodas aborrecidas?
-
-REY
-
-¿Qué pides ahí postrada delante de los dioses de nuestra ciudad? ¿Por
-qué esos verdes ramos de suplicantes, orlados de blanca lana?
-
-CORO
-
-Por no verme esclava de los hijos de Egipto.
-
-REY
-
-¿Es que los odias, o que huyes de cometer un crimen?
-
-CORO
-
-¿Y quién ha de querer comprar con su dote un pariente para haber de
-servirle después?
-
-REY
-
-Así se acrecienta entre los mortales el lustre y fortuna de una casa.
-
-CORO
-
-¡Y así a lo menos fácilmente se remedian los que no son bien heredados!
-
-REY
-
-Pero, en fin, ¿qué he de hacer yo en pro vuestro para satisfacer a la
-amistad?
-
-CORO
-
-Si los hijos de Egipto nos reclaman, no entregarnos a ellos.
-
-REY
-
-Grave es lo que dices; acaso provocar una guerra.
-
-CORO
-
-Pero la justicia sostendrá a mis defensores.
-
-REY
-
-Cierto, si desde luego estuvo con vuestra causa.
-
-CORO ~(señalando el altar.)~
-
-Teme a esta popa de la ciudad que coronan nuestros ramos.
-
-REY
-
-Tiemblo al ver esos ramos dando sombra a las aras de nuestros dioses.
-
-SEMICORO
-
-¡Pesado es, en verdad, el enojo de Zeus; del dios que vela por los
-suplicantes!
-
-CORO
-
-Hijo de Palectón, rey de los Pelasgos, escúchame con benevolencia.
-Mírame postrada ante ti, fugitiva y errante como vaquita perseguida del
-lobo, que se sube a las rocas escarpadas, y desde allí avisa con sus
-mugidos al pastor el peligro en que se halla, esperando que la acorra.
-
-REY
-
-Estoy viendo todas estas tiernas doncellas acogidas a la sombra de esos
-verdes ramos con que imploran protección en nombre de nuestros dioses
-tutelares.
-
-¡Ojalá sea sin daño para nosotros la venida de estas oriundas de Argos,
-que hoy solicitan su hospitalidad, y que no nos traiga alguna guerra
-este improviso y no esperado suceso! ¡Que Argos no tiene necesidad
-ahora de tales aventuras!
-
-CORO
-
-Vuelva a mí sus ojos la diosa Themis, patrona de los suplicantes e hija
-de Zeus, distribuidor de todo bien; proteja mi huída que no manchó
-crimen ninguno. Y tú, anciano, aprende lo que te avisa una tierna
-doncella. Sé piadoso con quienes te suplican, y no padecerás reveses de
-la fortuna; que siempre fueron aceptas a los dioses las ofrendas de un
-corazón puro...
-
-· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
-
-REY
-
-No es en mi hogar donde os habéis amparado suplicantes: no. Si aquí hay
-sacrilegio, será para toda la ciudad, y así al pueblo en común toca
-procurar el remedio. Yo no puedo hacer promesa ninguna sin comunicarlo
-antes con todos los ciudadanos.
-
-CORO
-
-Tú eres la ciudad; tú eres el pueblo; tú, que eres sumo juez a quien
-nadie juzga, e imperas en el altar, hogar común de la patria. Con sólo
-tu voto, a una seña tuya, todo lo decides desde lo alto de tu trono,
-donde no hay más cetro que el tuyo. ¡Guárdate de un sacrilegio!
-
-REY
-
-¡Recaiga el sacrilegio sobre mis enemigos! No puedo daros auxilio sin
-daño para mí, ni despreciar vuestras súplicas sin tocar en lo inhumano.
-No sé qué hacer, no sé qué partido tomar, y el alma se llena de temor
-lo mismo si quiero concederte lo que pides, que si quiero negártelo.
-
-CORO
-
-Piensa en aquel que desde lo alto está velando por nosotras; en aquel
-custodio de los mortales atribulados que acuden a sus prójimos y no
-consiguen ser oídos en sus justas súplicas. Nada hay que aplaque
-la cólera de Zeus, protector de los suplicantes, encendida con los
-lamentos del que padece.
-
-REY
-
-Pero si los hijos de Egipto alegan derecho sobre ti por las leyes de su
-pueblo, a título de tus parientes más próximos, ¿quién querrá oponerse
-a su demanda? Preciso que será que excepciones con las leyes de Egipto,
-probando que conforme a ellas no tienen sobre ti autoridad ninguna.
-
-CORO
-
-¡Jamás me vea yo en manos de esos hombres! Por huír de tan odioso
-himeneo me aventuré a esta larga travesía y me puse a merced de las
-estrellas del cielo, que me guiaron. Toma, pues, por aliado a la
-Justicia, y decreta como pide la piedad que se debe a los dioses.
-
-REY
-
-La causa no es tan fácil de juzgar. No me tomes por juez. Ya dije antes
-que yo no haría nada sin el pueblo. Cuando tuviera potestad para ello,
-no querría yo que el pueblo pudiese decir nunca, si teníamos algún
-desastre: por favorecer a unos extranjeros has perdido a Argos.
-
-CORO
-
-Zeus es el juez de esta causa entre mis parientes y yo; Zeus, que se
-inclina siempre del lado de la justicia, y a cada cual le da lo que se
-merece: castigo a los inicuos, y premio a los justos. Siendo la balanza
-igual para todos, ¿qué mal temes tú que te avenga por hacer justicia?
-
-REY
-
-Negocio es éste que pide reflexión profunda. A modo del buzo que
-desciende al fondo del abismo, necesito yo un ojo perspicaz y nada
-turbado de la embriaguez, porque estas cosas sin daño para la ciudad
-ni para nosotros felicísimamente se rematen. No quiero que las
-reclamaciones de los Egipcios nos traigan una guerra; pero tampoco que
-por entregaros a vosotras, después que habéis buscado asilo en las
-aras de nuestros dioses, nos granjeemos el tremendo castigo de aquel
-dios vengador, huésped terrible que no se aparta del culpado ni en la
-muerte, sino que le persigue en el seno mismo del infierno. ¿Os parece,
-por ventura, que no necesito considerarlo para llegar a una buena
-resolución?
-
-CORO
-
-Mira solícito por nosotras; sé nuestro piadoso patrono, como es justo.
-
-No hagas traición a una fugitiva a quien una impía violencia ha sacado
-de tan lejanas tierras.
-
-¡Oh, tú, absoluto señor de esta comarca, no quieras ver que me
-arranquen de las aras de todos estos dioses a cuya sombra busqué un
-asilo! Reconoce la insolencia de aquellos hombres, y guárdate de la
-cólera del cielo.
-
-No sufras que a tus ojos esta suplicante sea arrancada del pie de estos
-divinos simulacros, con agravio de la justicia, y que tiren de mí como
-de una yegua, asiéndome de las cintas que adornan mi frente y de los
-velos que me cubren.
-
-Porque ten por cierto que, según como obrares, así les aguardará la
-recompensa a tus hijos y a tu casa. Tales son los justos juicios de
-Zeus. Considéralo bien.
-
-REY
-
-Ya está considerado; ahí vienen a dar todos mis pensamientos: o pelear
-con los hijos de Egipto, o pelear con los dioses. Fuerza es lo uno o
-lo otro; no hay salida. Ya está claveteada y carenada la nave, y rueda
-sobre los rodillos. Dondequiera que me vuelva me he de encontrar con
-el mal. Puede el que perdió su casa y su hacienda, levantarse a mayor
-fortuna que antes tuvo y juntar grandes riquezas, si así place a Zeus,
-dispensador de todo bien. Las heridas que abrió en el ánimo una lengua
-indiscreta, ella misma puede curarlas; conque una palabra vendrá a ser
-el bálsamo de otra palabra. Pero que corra la sangre de los nuestros...
-calamidad como ésta es necesario que no suceda. Hagamos espléndidos
-sacrificios; ofrezcamos a los dioses miles de víctimas, que éste es
-seguro remedio contra los males. Quizá me engaño por completo acerca de
-esta contienda; pero quiero más bien ser agorero ignorante que no sabio
-previsor de desdichas. ¡Ojalá contra mi juicio tengamos buen suceso!
-
-CORO
-
-Escucha una palabra para fin de tantas súplicas.
-
-REY
-
-He escuchado hasta ahora. Puedes hablar, que no desoiré lo que digas.
-
-CORO
-
-Mira estos ceñidores con que sujeto mi túnica a la cintura.
-
-REY
-
-Muy propios de los arreos femeniles ciertamente.
-
-CORO
-
-Pues ten entendido que ellos serán excelente recurso.
-
-REY
-
-¡Explícate! ¿Qué quieres significar con eso?
-
-CORO
-
-Si no das una seguridad a estas fugitivas...
-
-REY
-
-¿Para qué te servirá entonces el recurso de esos ceñidores?...
-
-CORO
-
-Para adornar a esas imágenes con ex-votos nunca vistos.
-
-REY
-
-¿Qué enigma es ese? Habla claro.
-
-CORO
-
-Al punto nos colgaremos de esas imágenes.
-
-REY
-
-¡Oh, qué palabras que me han herido en el corazón!
-
-CORO
-
-¿Comprendiste?... ¡Bien claramente me he expresado!
-
-REY
-
-¡Cuánto imposible! ¡Multitud de males viene sobre mí como torrente que
-se desborda! ¡Heme aquí en este mar sin fondo de la desgracia, donde me
-anego sin poder ganar la orilla, ni hallar puerto que me abrigue contra
-mis desventuras! Porque si no accedo a lo que deseas, me amenazas con
-una resolución de cuya mancha jamás podríamos lavarnos; y si he de
-venir a trance de batalla con los hijos de Egipto, tus deudos, delante
-de nuestros muros, ¿cómo no sernos amargo, que por defender a unas
-mujeres hayamos de ensangrentar el suelo de la patria con la sangre de
-sus hijos? Y con todo, ello es fuerza temer la cólera de Zeus, patrono
-de los suplicantes; que no hay para los hombres más formidable temor.
-Anda, anciano, tú como padre de estas vírgenes toma en tus brazos esos
-ramos, y al punto llévalos a las aras de los otros dioses de nuestro
-pueblo, para que todos los ciudadanos puedan saber la razón de vuestra
-llegada. Así no hablarán contra mí; que el pueblo es de suyo amigo de
-culpar al que manda. Al ver esos ramos fácilmente se moverá a piedad,
-y todos los Argivos se pondrán de vuestra parte con más empeño aún en
-odio a vuestros insolentes perseguidores. No hay uno entre ellos que no
-se incline a favorecer al débil.
-
-DANAO
-
-De grande estima es para nosotros el haber encontrado patrono tan
-respetable. Pero manda conmigo gentes del país que me acompañen y me
-enseñen el camino a fin de que podamos dar con las aras, que se alzan
-fronteras a los templos donde moran vuestros dioses tutelares, y
-discurramos seguros por la ciudad. Porque nuestro aire y porte no es el
-mismo que el vuestro. La raza que cría el Nilo no se parece a la de las
-riberas del Ínaco. Guarda, no sea que la demasiada confianza nos dé qué
-temer. Ya se ha visto al amigo matar por ignorancia al amigo.
-
-REY
-
-Acompañadle, guardias. Dice bien el extranjero. Guiadle a las aras
-y templos de los dioses de la ciudad. Y poco hablar con los que os
-encontréis al paso: que vais acompañando a un extranjero, que llegó por
-mar, y quiere postrarse en el santuario de nuestros dioses.
-
-~(Vase DANAO acompañado de algunos guardias.)~
-
-CORO
-
-Tú te has dirigido a mi padre, y ya sabe él a qué ha de acomodar su
-conducta; pero yo ¿qué haré? ¿Cómo proveerás a mi seguridad?
-
-REY
-
-Deja ahí esos ramos, ese emblema del dolor.
-
-CORO
-
-Y bien, ya los dejo, obediente a tus palabras y autoridad.
-
-REY
-
-Ahora retírate a aquel dilatado bosque.
-
-CORO
-
-¿Y qué defensa puede ofrecerme un bosque profano?
-
-REY
-
-No te entregaremos ciertamente a las aves de rapiña.
-
-CORO
-
-¿Y qué, si me entregas a hombres más aborrecibles que los crueles
-dragones?
-
-REY
-
-Hable bien el que es bien tratado.
-
-CORO
-
-No es maravilla que el temor que se alberga en nuestro pecho nos haga
-poco sufridas.
-
-REY
-
-Pero siempre se desconfía demasiado de los reyes.
-
-CORO
-
-Devuélvenos tú la alegría con tus palabras y con tus acciones.
-
-REY
-
-Vuestro padre no os dejará solas mucho tiempo. Yo convocaré a los
-Argivos y trataré de persuadir a la ciudad, y de ver cómo puedo
-ganarla en favor vuestro. Ya advertiré a tu padre lo que debe decir.
-Por tanto, espera aquí. Eleva tus preces a los dioses de Argos,
-y pídeles que se logren tus deseos. Yo marcho a disponerlo todo.
-¡Asístanme la Persuasión y la Fortuna para alcanzar feliz suceso!
-
-~(Vase con su acompañamiento.)~
-
-CORO
-
-¡Rey de reyes, santo de los santos, potestad altísima sobre todas las
-potestades, bienaventurado Zeus, escucha mis votos y haz que lleguen
-a cumplimiento! Aleja de nosotros a aquellos hombres insolentes;
-muéstrales tu justo enojo; hunde en las purpúreas olas del mar la nave
-fatal y sus negros remeros.
-
-Mira por estas mujeres; mira por nuestro antiguo linaje, descendencia
-de una mujer que te fué cara. Renueva la memoria de tus amores;
-acuérdate bien cuando tu mano acariciaba la frente de aquella Io,
-por la cual nos gloriamos de ser oriundas de esta tierra donde nos
-amparamos hoy.
-
-En ella estamos ahora marchando sobre los mismos antiguos pasos de mi
-madre. Aquí en los floridos campos y herbosos prados donde ella se
-apacentaba, siempre bajo los ojos vigilantes del pastor Argos; aquí de
-donde, perseguida por el tábano, huyó furiosa, atravesando pueblos y
-pueblos. Sumisa a su destino, pasa a nado el undoso estrecho, y demarca
-así entrambos continentes.
-
-Echa por Asia; atraviesa la Frigia, en rebaños abundante, y la ciudad
-misia de Teutras, y los valles de Lydia, y los Cilicios montes; deja
-atrás con precipitado curso la tierra de los Panfilios, y los ríos de
-perenne corriente, y la región de la opulencia, y el suelo consagrado
-a Afrodita, liberal en doradas espigas.
-
-Aguijada por el dardo del alado boyero, llega a los feracísimos campos
-de Zeus, a aquellos prados que las nieves fecundan cuando contra ellos
-se desata la cólera de Tifón, el Nilo de saludables y no contaminadas
-linfas. Ahí se lanza Io fuera de sí con el azote de los afrentosos
-trabajos y agudos dolores que la hace padecer la furibunda Hera.
-
-Los hombres que habitaban la comarca por aquel entonces, palidecieron
-y comenzaron a temblar al ver aquella extraña figura; aquel bruto
-espantable y semihumano, mitad mujer y mitad vaquilla; quedáronse
-estupefactos del prodigio. ¿Quién fué el que endulzó entonces las penas
-de la errante y sin ventura Io, y la libró del tábano que la acosaba?
-
-Zeus, el rey que reinará por siglos de siglos...
-
-· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
-
-Con su poder incontrastable, con su divino aliento pone fin a aquella
-violencia. Io, así que recobra la razón, siente que los encendidos
-colores de la honestidad asoman a su rostro, y se deshace en lágrimas
-considerando sus desventuras. Pero ya había concebido en su seno el
-fruto de los divinos amores. Así fué en verdad, que luego parió un hijo
-sin tacha.
-
-El cual gozó de felicidad colmada por toda su larga vida. De donde
-toda la tierra dijo a una voz: “¡Vivífica descendencia! ¡de Zeus es
-a no dudar! ¿Pues quién otro hubiese podido poner fin a los males
-causados por el rencor de Hera? ¡Obra de Zeus es ésta!” Y nosotras, la
-descendencia de Épafo. Proclamándolo así no digo más que la verdad.
-
-¿A qué otro dios pudiera yo invocar con más justos títulos que a aquel
-padre, primer autor de mi linaje; a aquel poderoso señor que con sola
-su mano fecundó a Io, y fundó larga descendencia; a aquel Zeus por
-quien viene todo remedio en los trabajos?
-
-No hay potestad alguna sobre él. En grandes y pequeños, en todos reina
-como señor altísimo. Nadie se sienta en más encumbrado trono, ni puede
-alegar títulos a su acatamiento. Habla, y se sigue la obra, y al punto
-se cumple lo que decreta su mente.
-
-~(Sale DANAO.)~
-
-DANAO
-
-Ánimo, hijas. Nuestras cosas con los Argivos van bien. El pueblo todo
-ha votado por nosotros.
-
-CORO
-
-¡Salve, anciano padre mío, que tan gratas nuevas me anuncias! Pero
-dinos qué se ha decretado; qué resolución se llevó la mayoría del
-pueblo.
-
-DANAO
-
-Allí no hubo pareceres, sino que de modo fué que sentía yo remozarse mi
-vieja alma. El aire apareció como erizado de diestras que se alzaban
-de todo el pueblo argivo entero que a una voz sancionaba el decreto.
-Podremos vivir aquí libres, y sin que mortal alguno pueda reclamarnos,
-gozando del derecho de asilo: nadie, ni ciudadano ni extranjero, nos
-arrancará de estos lugares. Notado de infame será y desterrado por
-el pueblo, cualquier argivo que no acuda en nuestro socorro, si por
-ventura se tratase de usar de la fuerza. Tal fué la sentencia que en
-pro nuestro obtuvo el rey de los Pelasgos con su persuasiva palabra.
-“Cuidad, les decía, no amontonéis para lo porvenir sobre la ciudad de
-Argos la tremenda cólera de Zeus, que protege a los suplicantes. Ved
-que dos veces los agraviaríais por huéspedes y por ciudadanos, y que
-sería esto afrenta manifiesta de nuestra ciudad, y principio de males
-sin remedio.” Lo cual, así que el pueblo lo oyó, sin aguardar la voz
-del pregonero, todos los Argivos levantaron las manos, confirmando y
-ratificando lo que el rey decía. Los Pelasgos se dejaron mover de la
-palabra persuasiva que les hablaba; Zeus consumó la obra.
-
-CORO
-
-Ea, pues, respondamos con votos de bendición al bien que nos hacen los
-Argivos. Zeus hospitalario atiende a la verdad con que la lengua de
-esta huéspeda agradecida le ofrece tributo de honor y alabanza, para
-que nuestros votos todos alcancen cabal y felicísimo suceso.
-
-Vosotros también, dioses hijos de Zeus, escuchad las preces que por
-este pueblo os dirigimos. Nunca jamás se vea presa de las llamas la
-ciudad de los Pelasgos, ni oiga el bárbaro y desapacible clamor de la
-pelea. Vaya Ares a segar hombres a otros campos. Porque se apiadaron de
-nosotras, y nos dieron voto favorable, y tuvieron respeto para estas
-suplicantes de Zeus, para este mísero rebaño.
-
-No han desoído la demanda de unas débiles mujeres por sentenciar a
-favor de sus perseguidores, sino que pusieron la consideración en aquel
-vengador divino, celador de toda obra, en sus castigos inevitable.
-Imposible que techo ninguno pudiera resistir el peso de la divina
-venganza; ¡que es abrumadora pesadumbre! Pero han respetado nuestra
-sangre; han respetado a las que suplicaban en nombre de Zeus santísimo,
-y sus sacrificios serán puros y aceptos a los dioses.
-
-Salgan, pues, de mi boca sombreada por estas coronas de olivo, palabras
-de bendición y dicha. Nunca jamás la peste deje a esta ciudad yerma de
-sus hijos, ni guerras intestinas ensangrienten su suelo. Viva intacta
-en su tallo la flor de tu juventud sin que el amante de Afrodita, sin
-que el enemigo mortal de los hombres, Ares, venga a cortarla en su
-gallarda lozanía.
-
-Véanse rodeadas las aras humeantes de sus dioses de ancianos venerables
-con que la república esté siempre bien y sabiamente regida. Rinda el
-pueblo continuo culto de adoración al gran Zeus, altísimo amparador de
-la hospitalidad, que con antigua ley dispone el destino de los humanos.
-¡Jamás se extinga la raza de los fieles celadores de esta tierra!
-¡Dígnese Artemisa Hécate asistir al parto de sus matronas!
-
-Lejos de aquí las discordias civiles que pierden a los hombres, y
-arruinan las ciudades, y ahuyentan los músicos apacibles coros, y
-arman el brazo de Ares, fiero provocador de lágrimas para los pueblos,
-y de voces lastimosas. Fuera de aquí el enjambre enfadoso de las
-enfermedades; vaya a posarse lejos de la cabeza de estos ciudadanos.
-Apolo Liceo vele amoroso por toda la juventud argiva.
-
-Haga Zeus que en todo tiempo y estación produzca la fecunda tierra
-frutos sazonados, y que los rebaños pueblen la pradera herbosa de
-numerosas crías. ¡No haya bien que Argos no reciba de los dioses!
-Rompan las musas, diosas del saber y del canto, en himnos de bendición
-y alegría, y acompañe la cítara los acentos de su boca sagrada.
-
-¡Ojalá que el pueblo, que es el soberano de la ciudad, guarde sin
-mancha ni menoscabo el honor de sus legítimos derechos, y que los que
-le manden provean siempre solícitos al bien común! Con el extranjero
-antes sean prontos a entrar en pláticas que a declarar la guerra, y
-quieran más satisfacer de justos que de vencidos.
-
-Honren siempre a los dioses tutelares de la comarca con aquellos
-homenajes que les tributaban sus antepasados. Ofrézcanles víctimas de
-bueyes, y coronen de laurel sus altares. Así honrarán también a los
-que les dieron la vida; que es otro de los tres preceptos que están
-escritos en las leyes de la Justicia suma y perfectísima.
-
-DANAO
-
-Alabo esos buenos deseos, hijas mías. Pero escuchad ahora sin
-alborotaros la inesperada nueva que tiene que daros vuestro padre.
-Desde la atalaya de esta colina, asilo de nuestras súplicas, diviso un
-navío: se ve harto bien para que me engañe. Distingo todo el aparejo
-y velamen de él, y los parapetos con que se cubren sus remeros y
-hombres de guerra. Allá veo la proa que sigue su derrota mirando hacia
-nosotros; ¡demasiado obediente el timón, que desde popa le rige; porque
-no es ninguna nave amiga aquélla! Las blancas túnicas de los marineros
-hacen resaltar lo negro de sus miembros. He allí que aparecen bien
-claro las demás naves: toda la escuadra está a la vista. La capitana
-ha amainado velas, y forzando remos vira hacia la playa. Miradlo
-con calma. Prudencia, y no olvidaros de estos dioses, que es lo que
-importa. Yo parto en busca de defensores que tomen sobre sí nuestra
-causa, y vuelvo al punto. Quizá venga algún heraldo o alguno de los
-príncipes queriendo poner mano en vosotras y llevaros consigo; pero
-nada harán. No tembléis al verlos. No obstante, por si se retarda el
-socorro, lo mejor será que no os olvidéis nunca de que en esas aras
-está vuestra defensa. ¡Ánimo! Al fin, a su tiempo y día el mortal que
-menosprecie a los dioses paga la pena que merece.
-
-CORO
-
-¡Padre, estoy temblando! Ya abordan las naves, impelidas de sus ligeras
-alas. Dentro de un instante los tenemos aquí. El pavor se apodera de mi
-alma, ¡y con razón! ¿De qué me sirvió mi precipitada huída? ¡Me muero
-de miedo, padre mío!
-
-DANAO
-
-¡Valor, hijas! Pues que los Argivos han decretado a tu favor, ellos
-pelearán por vosotras; estoy cierto de ello.
-
-CORO
-
-Son una procaz y malvada ralea estos hijos de Egipto, que no se hartan
-nunca de contiendas. Se lo estoy diciendo a quien lo sabe como yo. Por
-saciar su encono se han hecho a la mar con todas esas negras y bien
-trabadas naves, y con tal aparato de atezada y numerosa gente de armas.
-
-DANAO
-
-Con quien tendrán que habérselas son muchos en número también y de
-brazos endurecidos y curtidos por los rayos del sol del Mediodía.
-
-CORO
-
-No me dejes sola, padre; te lo suplico. Una mujer abandonada a sí
-sola, nada es. El valor de las batallas no se alberga en su corazón. Y
-ellos... ellos son impíos y de bien torcidos y bajos pensamientos, y
-no serás más respetuosos con las aras de los dioses que los cuervos.
-
-DANAO
-
-Lo cual ayudará a maravilla a nuestros deseos, hijas mías, pues que tan
-odiosos como a vosotras les serán a los dioses.
-
-CORO
-
-Por temor a esos tridentes ni a la majestad de estas imágenes no
-dejarán de poner manos en nosotras, padre; que son por demás soberbios
-e impíos esos rabiosos y desvergonzados perros, y se harán sordos a la
-voz de los dioses.
-
-DANAO
-
-Pero sabido es que los lobos pueden más que los perros. El fruto del
-papiro no aventaja a la espiga.
-
-CORO
-
-Con todo, guardémonos de su poder; que encierran en su pecho toda la
-rabia y crueldad de las bestias feroces.
-
-DANAO
-
-No es maniobra tan pronta la arribada y desembarco de una armada. No
-se hallan al paso los fondeaderos, ni en todo paraje se puede amarrar
-los cables sin peligro, ni así a la primera se fía a las anclas un
-patrón de nave; y más cuando se aborda a tierra donde no hay puertos.
-Al ponerse el sol y venir ya la noche, el timonel más experto se llena
-siempre de temores vivísimos, aunque se eche el viento y la mar duerma
-serena y en calma. Antes de encontrar fondeadero cómodo donde la armada
-pueda confiarse, la gente de mar no haría desembarco seguro. Piensa tú
-que el terror no te haga olvidar a los dioses, y pídeles su auxilio. Yo
-corro a avisar a la ciudad. No me desatenderá, porque viejo como soy,
-mi corazón y mi lengua son jóvenes todavía.
-
-~(Vase.)~
-
-CORO
-
-¡Oh tierra montuosa, de mí con tanta justicia venerada! ¿Qué va a ser
-de nosotras? ¿Dónde refugiarme en esta tierra de Apis? ¿Habrá alguna
-sombría y caliginosa caverna donde nos ocultemos? ¡Que no me volviera
-yo negro humo para subir hasta las nubes de Zeus y allí desvanecerme; o
-bien, que no pudiese yo volar sin alas como el polvo y desaparecer en
-el aire!
-
-¡Alienta, corazón, ten fuerzas para huír de aquí! Pero ¡ay! que mi
-corazón tan sólo las tiene para palpitar, cubierto con las negras
-sombras del espanto. Estos lugares, donde mi padre vió mi salvación,
-serán mi ruina. ¡Me muero de terror! Echémonos un lazo al cuello y
-quitémonos la vida antes que nos lleguen las manos de esos hombres
-abominables. ¡Antes muertas y sometidas al imperio caliginoso de Hades!
-
-¡Quién me diera a mí un lugar en aquellos etéreos espacios donde la
-nieve se engendra en las acuosas nubes, o la escueta cima de altiva,
-tajada y áspera roca, que se pierde en las alturas; yerma, cerrada a
-las cabras, y sólo de los buitres apetecida! Siquiera me aseguraría
-caída de muerte, antes que pasar por un cruel himeneo que rechaza mi
-corazón.
-
-Y luego, sea yo pasto de los perros y aves de esta tierra; no diré que
-no: el morir libra de lágrimas y males. ¡Venga la muerte antes que la
-consumación de esas bodas! ¿Dónde, si no, encontrar camino que de ellas
-me liberte?
-
-¡Alza hasta el cielo tu triste voz; rompe en doloridas letanías
-que te alcancen de los dioses auxilio y remedio contra tus penas!
-Padre celestial, tú cuyos severos ojos aborrecen la iniquidad, mira
-la bárbara fuerza que se me hace. ¡Sé benigno con tus suplicantes,
-soberano señor de la tierra, Zeus omnipotente!
-
-Porque los hijos de Egipto con insolencia intolerable corren tras de
-mí, y me persiguen y acosan con grandes voces por ver de lograrme,
-siquier tengan que usar de la fuerza. Pero sobre todo está el fiel de
-tu balanza. Sin ti ¡qué pueden los mortales!
-
-¡Oh, oh, oh! ¡ah, ah, ah! ¡Nuestro raptor, que dejó ya la nave y saltó
-en tierra! ¡Así mueras a mi vista antes de llegar aquí, raptor inicuo!
-¡Socorro, socorro! ¡Por todas partes se oyen mis gritos de terror
-y angustia! ¡Principios de los males y violencias que me aguardan,
-ya os veo! -- ¡Pronto, pronto, venid a favorecer nuestra huída! --
-¡Por tierra y por mar resuenan los brutales y odiosos alaridos de
-la lascivia de nuestros perseguidores, codiciosa de satisfacerse!
-¡Protégenos, señor del universo!
-
-~(Sale un HERALDO egipcio con acompañamiento de soldados.)~
-
-HERALDO
-
-¡Corriendo, corriendo, a las naves! ¡Pronto!
-
-CORO
-
-¡Bien, aquí nos tenéis! ¡Heridnos el rostro; maltratadnos; cortadnos la
-cabeza; derramad nuestra sangre toda!
-
-HERALDO
-
-¡Corre, infeliz, corre a la nave! ¡Ven conmigo por el dilatado espacio
-donde se agitan las saladas ondas! Cede por fin al deseo de tu señor y
-al poder de su férrea lanza. Bañada en sangre te arrojaré en la nave.
-Allí, tendida en el fondo, podrás gritar cuanto quieras. Ceda, mal que
-te pese, tu obstinada locura. ¡Lo mando!
-
-CORO
-
-¡Ay, ay de mí!
-
-HERALDO
-
-Deja esas aras; anda a la nave. Ven a adorar a los dioses que venera
-nuestro pueblo.
-
-CORO
-
-¡Nunca más vuelva yo a ver el almo río, el de las crecidas fecundantes,
-el de las aguas vivíficas que vigorizan la sangre de los hombres! Mi
-patria, anciano, mi antigua y sagrada patria es la tierra donde se
-alzan las aras de estos dioses.
-
-HERALDO
-
-Que quieras que no, a la nave irás; a la nave, y pronto. Sucumbirás a
-la fuerza; a la fuerza de tu señor, que es poderosa; y después de haber
-recibido miles de ultrajes de sus manos crueles, tendrás que sufrir su
-lecho.
-
-CORO
-
-¡Ay, ay! ¡Ojalá hubieses perecido miserablemente al cruzar la movible
-selva de los mares, arrojado por desecha borrasca contra el arenoso
-promontorio de Sarpedón!
-
-HERALDO
-
-Grita; vocifera; llama a los dioses. No escaparás a la nave egipcia.
-Grita, clama; puedes quejarte de tu miseria con más amargura todavía.
-
-CORO
-
-¡Ay cielos! ¡Perezcas tú frente a esas costas dando voces y ladridos;
-tú que tan jactancioso me escarneces! ¡Que el caudaloso Nilo, que te
-crió, te haga desaparecer a ti, insolente, y a tu insolencia!
-
-HERALDO
-
-Andad, os digo. La nave ya se balancea en las ondas. ¡Pronto! Nada de
-tardanzas, y así no seréis llevadas de los cabellos.
-
-CORO
-
-¡Ay, ay, Padre mío celestial! ¡Busqué mi defensa en estas aras, y hallé
-mi perdición! Ya me arrastran al mar. Ya me cercan, y se van llegando
-a mí como la araña a su presa. ¡Parece un sueño!... ¡sueño negro y
-espantoso! ¡Socorro, socorro! ¡Madre Tierra, madre Tierra, aleja de mí
-estos gritos furiosos que me llenan de espanto! ¡Oh Rey, hijo de Gea!
-¡Oh Zeus!
-
-HERALDO
-
-No temo yo a los dioses de este pueblo. Ni ellos me criaron de niño, ni
-ellos me han de sostener en la vejez.
-
-CORO
-
-Cerca de mí bípeda serpiente se retuerce furiosa. ¡Es una víbora que me
-va a sujetar entre sus dientes! ¡Socorro, socorro! ¡Madre Tierra, madre
-Tierra; aleja de mí esos gritos que me llenan de espanto! ¡Oh Rey, hijo
-de Gea! ¡Oh Zeus!
-
-HERALDO
-
-Si no venís a la nave, si no me obedecéis, no me detengo ante vuestros
-vestidos, y los hago jiras.
-
-CORO
-
-¡Favor, príncipes que veláis por la ciudad, que me roban!
-
-HERALDO
-
-¿Príncipes llamáis que os acorran? Pronto vais a ver aquí, no uno,
-sino muchos: a todos los hijos de Egipto. Perded cuidado, que no os
-quejaréis por falta de señores.
-
-~(Sale el REY con su acompañamiento.)~
-
-CORO
-
-¡Perdidas somos! -- ¡Oh Rey, qué nunca vista violencia!
-
-HERALDO
-
-Paréceme que os voy a llevar arrastrando de los cabellos, ya que no
-queréis atender a mis razones.
-
-REY
-
-¡Hola, tú! ¿qué estás haciendo ahí? ¿Qué arrogancia es esa con que
-ultrajas esta tierra, la tierra pelásgica? ¿Por ventura piensas que has
-venido a una ciudad de mujeres? Para ser bárbaro, alardeas demasiado
-con los Griegos. Grave es tu atentado: sin duda tienes perdido el
-juicio.
-
-HERALDO
-
-Pues ¿en qué yerro yo, ni me aparto de la justicia?
-
-REY
-
-En primer lugar, con ser extranjero no sabes lo que es hospitalidad.
-
-HERALDO
-
-¿Cómo que no? Encuentro lo que perdí, y lo recobro.
-
-REY
-
-Y ¿a cuál de los patronos que la ciudad tiene diputados para proteger a
-los extranjeros, los reclamaste tú?
-
-HERALDO
-
-A Hermes, máximo patrono de los extranjeros, y abogado de las cosas
-perdidas.
-
-REY
-
-¡Hablas de invocar a los dioses, y no tienes para los dioses ninguna
-reverencia!
-
-HERALDO
-
-Yo venero a los dioses del Nilo.
-
-REY
-
-A lo que te oigo, ¿los de aquí no son nada?
-
-HERALDO
-
-Si no es que por la fuerza me las quitáis, yo me las he de llevar.
-
-REY
-
-Pudiera ser que lo llorases si las tocas, y no muy tarde.
-
-HERALDO
-
-¡Nada tienen de hospitalarias tus palabras!
-
-REY
-
-Yo no doy jamás hospitalidad a los que ultrajan a los dioses.
-
-HERALDO
-
-¿Irías tú a decir eso a los hijos de Egipto?
-
-REY
-
-Y ¿qué cuidado me podrá dar a mí?
-
-HERALDO
-
-Pero, en fin, para que yo lo sepa y pueda comunicarlo mejor, según
-conviene a un heraldo que debe hacer relación fiel y exacta de cada
-punto; en fin, ¿quién eres tú? ¿Quién les digo que les ha tomado sus
-primas hermanas? ¡Asegúroos que Ares no llamará testigos para dirimir
-esta contienda, ni admitirá composición, sino que antes que sentencie
-han de caer muchos hombres y han de perderse muchas vidas entre agonías
-espantosas!
-
-REY
-
-¿A qué decirte mi nombre? Luego lo aprenderéis lo mismo tú que los que
-vienen contigo. Si estas doncellas lo quieren así, y ese es el deseo de
-su corazón; si con blandas y comedidas razones las persuades, puedes
-llevártelas; mas a la fuerza no se te entregarán. Así lo ha proclamado
-y ratificado la ciudad de Argos por voto unánime. Y el decreto está
-bien clavado, de modo que nadie será poderoso a moverlo. No lo hemos
-grabado en tablas, ni lo refrendamos y confirmamos en las vueltas de
-un papiro; pero te lo dice, fiándotelo, la boca de un hombre libre.
-Quítate cuanto antes de mi vista.
-
-HERALDO
-
-Sábelo, pues: pronto tendréis guerra. ¡Sean la victoria y la dominación
-de los que sean hombres!
-
-REY
-
-Aquí, en los ciudadanos de Argos encontraréis hombres, y que no beben
-vino de cebada. ~(Vase el Heraldo.)~ -- Vosotras, cobrad ánimos, y
-acompañadas de vuestras fieles siervas, dirigíos todas a la ciudad:
-está muy bien guarnecida de muros, y fortificada con torres de
-profundo y solidísimo cimiento. Allí encontraréis muchos edificios
-públicos que poder ofreceros, y aun mi casa, pues no se labró con
-encogida y corta mano. Es gran contento habitar bien dispuesta casa en
-numerosa compañía; pero si os aplace más vivir solas, podéis hacerlo
-así. Pronto está todo; escoged, pues, lo que mejor os parezca y más os
-agrade. Yo estoy aquí para defenderos, y conmigo los ciudadanos todos;
-que por voto unánime se han empeñado en esta empresa. ¿Podrás esperar
-tú mejor fianza?
-
-CORO
-
-¡No en verdad! ¡Antes, divino rey de los Pelasgos, que seas colmado
-de bienes en premio del que tú nos haces! Pero dígnate traernos aquí
-a nuestro animoso padre Danao; a nuestro guía y consejero. Su consejo
-ha de resolver qué casa nos conviene habitar y dónde debe ser nuestro
-puesto. Tratándose de extranjeros, cada cual se apresura a murmurarlos.
-Sigamos el partido más prudente.
-
-REY
-
-Vosotras seréis recibidas en la ciudad con aplauso de todo el pueblo,
-y nadie os ofenderá, ni tendrá para vosotras más que palabras de
-alabanza. Fieles siervas, marchad en su compañía, y cada una con
-aquella a cuyo servicio la hubiese destinado Danao.
-
-~(Sale DANAO.)~
-
-DANAO
-
-Bendigamos a los Argivos, hijas mías, y ofrezcámosles sacrificios
-y libaciones como a los dioses del Olimpo, porque todos ellos sin
-excepción, acaban de salvarnos. Con grande acedía y enojo oyeron de mi
-boca lo sucedido con nuestros obstinados deudos; y luego ordenaron
-que viniesen escoltándome estos guardias armados por hacerme honor y
-para estorbar que golpe aleve e inesperado me diese muerte: con que
-caería sobre este suelo mancha sempiterna. Después de tales beneficios
-les debéis aún más acendrado agradecimiento y reverencia que a mí.
-Grabad ahora en vuestra mente esta máxima junto a los demás avisos que
-os dió la prudencia de vuestro padre: el tiempo es el que prueba lo
-que son y valen los desconocidos. Al extranjero que se avecinda entre
-nosotros, todos nos adelantamos a murmurarle, y la lengua anda lista
-para demostrarlo y ejercitarse a su costa. Encarézcoos, pues, que
-cuidéis de no afrentarme, porque estáis en ese verdor de la mocedad
-que tanto atrae las miradas de los hombres. Fruta en sazón nunca fué
-buena de guardar: todos son a arrebatarla, los hombres y las fieras;
-las alimañas que surcan los aires, y las que se arrastran por el suelo.
-¿Y cómo no? Cipris convida a voz de pregón a coger el fruto sazonado, y
-marchita su lozanía y no deja vivir la flor. Cualquiera que pasa junto
-a una doncella se siente vencido del deseo, y lanza sobre los encantos
-de su hermosura dardo de amorosa mirada. ¡Mirad, no veamos menoscabada
-nuestra honra, que tantos trabajos nos ha costado salvar, y por la cual
-tan dilatados mares hemos tenido que correr; que esto sería trabajar
-en nuestra afrenta y en contento de nuestros enemigos! En cuanto a
-habitación donde nos alojemos, dos hay, la de Pelasgo, y la que nos
-ofrece la ciudad, y ambas sin merced ninguna; negocio es, pues, de
-bien poca monta. Sólo os digo que guardéis las advertencias de vuestro
-padre, y tengáis la honestidad en más que la vida.
-
-CORO
-
-Quieran los dioses favorecernos en todo lo demás, que en cuanto a mi
-mocedad, descuida, padre, que a no determinar otra cosa los dioses, no
-se ha de apartar paso mi corazón de la senda que ha emprendido.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Marchad; celebrad con jubilosos cánticos a los bienaventurados dioses,
-señores y patronos de la ciudad, y a los que habitan las riberas del
-antiguo Erasino.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Responded a mis cánticos, vosotras que me acompañáis. ¡Gloria y
-alabanza a la ciudad de los Pelasgos! ¡Ya no más celebrar con mis
-himnos las aguas del Nilo!
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Sino los ríos que tienden sus múltiples brazos por esta región, y con
-sus sabrosas fecundantes aguas alegran y sustentan sus campiñas.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Mire con piedad la casta Artemisa a estas mujeres fugitivas. Que
-Cithera no nos imponga sus lazos por la fuerza: ¡tormento aborrecible!
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Cipris, tampoco te olvido a ti en mis piadosos cultos. Tu poder con
-el de Hera iguala casi al de Zeus. Tus golpes, oh astuta diosa,
-son temidos de los mortales, y así intentan ganarte con homenajes
-reverentes.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Acompáñanla siempre, como a su querida madre, el Deseo, y la blanda
-Persuasión a quien nadie se resiste y aquella Harmonía, a la cual ha
-dado en suerte Afrodita los susurrantes requiebros de los amores.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Pero ¡ay! ¡que temo mucho la tormenta que se ha de levantar con mi
-huída; los fieros males y sangrientas guerras que han de sobrevenir!
-¿Por qué hicieron tan feliz navegación nuestros activos y tenaces
-perseguidores?
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-¡Cúmplanse los decretos del Destino! Nadie hay que pueda escapar a los
-designios altísimos e insondables de Zeus. ¡Quizá como tantas otras
-mujeres antes de nosotras, habremos de acabar por contraer un lazo
-aborrecido!
-
-PRIMER SEMICORO
-
-¡Gran Zeus, aparta de mí el himeneo con los hijos de Egipto!
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-¡Sería eso el mayor de los bienes! Pero quizá tratas de mover a un dios
-inexorable.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-Lo que ha de suceder no lo sabes tú.
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-¿A qué esforzarme a penetrar en el abismo de la mente de Zeus, a cuyo
-fondo no llegó jamás mirada alguna? Sé más moderada en tus deseos.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-¿Por qué me das esta lección?
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-Porque no te atrevas curiosa a las cosas divinas.
-
-PRIMER SEMICORO
-
-¡Soberano Zeus, líbranos de un himeneo funesto y aborrecido! Tú
-libraste a Io de sus males, acariciándola con mano que la volvió la
-salud. ¡Dichosa fuerza aquélla, donde se engendró nuestro linaje!
-
-SEGUNDO SEMICORO
-
-¡Danos la victoria, que somos débiles mujeres! ¡Permita el cielo que
-entre dos males tan sólo padezca el menor, templado siquiera con algún
-bien! Alcancen mis súplicas que la Justicia triunfe de sus enemigos con
-ayuda de los dioses.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-_APÉNDICE_
-
-LOS POETAS TRÁGICOS
-
-
-Eskylo es el viejo ático, aristócrata y religioso. Descendía de la
-generación que levantó en el Ágora un monumento a los Tiranicidas;
-y fué iniciado en los misterios de Eleusis, en el culto pacificador
-y purificador de la =Mater Dolorosa=, de la transparente Deméter.
-Su espíritu se formó con ejemplos severos y con prácticas augustas.
-Atrevido y grandioso era el arco de su cabeza; meridiana la claridad
-de sus pupilas; y, como la gruta de bronce de la Pytia, resonantes
-y proféticos sus labios. En los momentos crueles del peligro persa,
-cuando Athenas necesitaba de mucha fe y de mucho valor en sus hijos,
-encontró en Eskylo un creyente y un héroe. Fué, dice una historia que
-parece canto de errante aeda, uno de los hoplitas que, en Marathón,
-después de peinar y trenzar sus cabelleras, como para una fiesta, se
-lanzaron a paso veloz, cantando estrofas guerreras, sobre las pesadas
-falanges de los bárbaros; y haciendo vivir, a fuerza de entusiasmo
-y de bravura, una sangrienta Rapsodia de La Ilíada, desbarataron al
-enemigo y lo arrojaron hasta la orilla del mar, en donde un hermano del
-poeta, Cynegiro, murió homéricamente aferrando una galera persa con
-las manos, y, cortadas éstas, con los dientes, hasta que un segundo
-tajo hizo rodar su cabeza sobre las olas. Murió a los setenta años, al
-parecer desterrado, en Sicilia, en el ardiente y trepidante país de los
-Cíclopes, oyendo los rugidos del Titán que se sacude bajo la mole del
-Etna. Compuso para su tumba este epitafio: “Esta piedra cubre a Eskylo,
-hijo de Euphorión. Nacido en Athenas, duerme en las fecundas planicies
-de Gela. El bosque sagrado de Marathón y el Meda de flotante cabellera
-dirán si fué valiente: ¡bien lo vieron!” Así nos lo revela su obra, su
-colosal obra trágica: hondo, alto, pomposo. Con médula de su alma formó
-personajes “altos de cuatro codos, respirando lanzas y flechas, cascos
-de penacho refulgente, escudos forrados de siete cueros de buey.” Su
-musa “celebró las virtudes heroicas de los Patroklos y de los Teukros
-corazones de león, a fin de contagiar con su ejemplo a los ciudadanos,
-apenas oyeran la trompeta.” Inventó palabras de sonoridades inauditas,
-de nunca vistos reflejos; construyó frases fuertes, compactas y bandera
-al viento, como ejércitos en marcha y “llenó de almenas las alturas
-del lenguaje.”[2] Decoró la escena con magnificencias dignas del
-Olimpo; en su Coro cantó como canta el mar, el misterio, el dolor, la
-anunciación... y tan alto levantó a la Humanidad sobre los coturnos
-trágicos, que la envidia de los Dioses la corona con una diadema de
-rayos. Como el árbol para erguirse frondoso necesita encajar sus raíces
-en las profundidades de la tierra, el poeta sólo alcanza el ideal
-cuando es verdaderamente humano, cuando tiene prendidas sus fibras en
-el corazón vivo y nutricio de los hombres. Por humano y por ideal,
-Eskylo es el trágico heleno que mayor fascinación ejerce sobre el
-filósofo y sobre el poeta.
-
- [2] Frases tomadas de “Las Ranas” de Aristóphanes.
-
-Eurípides --¡oh, pobre e inquieto y amargo Eurípides!-- es el ático
-decadente. La vida le dió todas las amarguras que enferman, las del
-amor, las de la filosofía, las del arte. A falta de una, tuvo dos
-mujeres infieles; quiso, se dice, ser atleta y dibujante; bebió veneno
-intelectual en los =filosofaderos= de Athenas; fué raras veces coronado
-en los concursos trágicos; y la leyenda, cruel leyenda, charlaba
-que había muerto en tierra extraña devorado, como Acteón, por los
-perros feroces de las montañas del Epiro. ¿Qué de extraño tiene que
-haya sido, como lo llama Croiset, un “destructor de ilusiones”? ¿Qué
-de extraño tiene que haya sido, como dice Benjamín Constant en un
-admirable anacronismo, “un volteriano”? Por eso introdujo en el teatro
-“el razonamiento, la argucia, la reflexión; y, con la vida íntima, las
-rufianas, las hermanas incestuosas, las Phedras impúdicas,” en fin,
-personajes con úlceras y en andrajos. Pero por eso mismo, por doloroso
-y por pesimista, es el más interesante para el psicólogo. “Se asemeja,
-escribe Paul de Saint Victor, a Pédaso, el tercer caballo del carro
-de Aquiles, que no era de sangre divina como los otros dos, Xantos
-y Balios; pero que, dice Homero, seguía sin embargo, a los corceles
-inmortales.”[3]
-
- [3] Les Deux Masques.
-
-Entre estos dos genios extremos está Sóphokles. Entramos en la
-belleza. Es el Heleno perfecto, el ático por excelencia, es la razón
-limpia, la imaginación pura y el sentimiento exquisito de Athenas, en
-la breve e incomparable mañana de su gloria. Es el poeta eminentemente
-nacional. -- Athenas, después de las guerras médicas, sintió crecer
-su alma; se exaltaron sus facultades, esas admirables facultades de
-prudencia en la disciplina y de audacia en la acción, de que había dado
-tantas pruebas para poder salvar a la Grecia; y logró consolidar su
-=imperialismo=, como hoy se dice, su =hegemonía=, como más bellamente
-se decía entonces, poniéndose al frente de la confederación de
-Delos, y guiada por el infalible genio de Perikles. Centro político
-y comercial del mundo griego, respetada y rica, fué también el foco
-del arte. Con el dinero de los aliados se atavió de templos y de
-estatuas; y atrayendo, magnética, a los filósofos, a los sabios y a los
-poetas, pronunció las palabras eternas que nos hacen vivir todavía.
-En las alturas del Akrópolis consagró el más bello de sus templos,
-el Parthenón, a Pallas tutelar, guerrera y omnicia. Y semejante al
-Parthenón fué la elocuencia del Dictador Olímpico, envuelto como una
-estatua, en los marmóreos pliegues de su manto, porque sus frases
-viriles y nobles, semejantes a columnas dóricas, encerraban, en pie y
-armada, una diosa, la verdad, blanca y vestida de oro y pedrerías como
-la que, dentro de la =Cella=, en el corazón del templo, habían pulido
-en el marfil las manos mágicas de Phidias. Y Sóphokles hizo vibrar en
-los labios de esta Virgen de marfil y de oro el Verso infinito de los
-espacios celestes. Toda la vida del poeta fué canto y ambrosía. Tuvo de
-seguro una nodriza de lenguaje inmaculado, como la recomendaba Crysipo,
-que le murmuró muchas dulzuras en los oídos. Era afable, cordial y
-piadoso: puso constancia y alegría en sus amistades, calor y luz en
-sus amores, tranquilidad y esperanza en su culto. Bello como un dios,
-en los banquetes coronaba su cabellera rubia de violetas y desataba
-a la ironía su lengua elocuente. Era de los primeros en el gimnasio
-y no tenía rival cuando, como un Musageta, cantaba acompañándose con
-la lira. A los veintiocho años obtuvo su primera victoria en los
-concursos trágicos, compitiendo con el viejo Eskylo. Oíd como la relata
-Plutarco: “El auditorio estaba dividido: los partidarios de los dos
-rivales estaban a punto de llegar a las manos. El arconte Aphepsion no
-se atrevía a sacar en suerte, según el uso, los nombres de los cinco
-jueces. Cimón, cubierto de gloria por uno de sus recientes triunfos
-(había pacificado los mares de la Grecia y acababa de traer a Athenas
-los huesos de Theseo), llega al teatro con sus nueve lugartenientes.
-Apenas hicieron a los dioses su libación habitual, el Arconte,
-súbitamente inspirado, ordenó a esos diez jueces que designasen al
-vencedor: nombraron a Sóphokles. El auditorio, emocionado, respetó el
-veredicto de los generales victoriosos, y el lustre del juicio hizo
-callar los celos y las rivalidades. Al día siguiente Eskylo, humillado,
-partió para Siracusa...”.[4]
-
- [4] Vida de Cimón.
-
-Era la juventud que triunfaba; era la poesía verdadera de Athenas.
-La Diosa de Phidias no podía hablar de otra manera. Eskylo, con
-sus concepciones profundas y misteriosas, con su música solemne y
-fatídica, con sus grupos trágicos monumentales y arcaicos, y con su
-decoración escénica, abigarrada y pomposa, fatigaba el espíritu de
-los athenienses, tan amantes de la claridad, de la precisión y del
-buen gusto. En el genio de Sóphokles se reposaron con beatitud. El
-dió a los diversos elementos de la tragedia sus proporciones justas
-y su tranquilo equilibrio; la epopeya, el lirismo, el drama, todo
-harmoniza en su obra de arte con tal medida, en una gradación de
-planos y de tonos tan fina y tan suave, que produce el éxtasis de la
-belleza definitiva y eterna. Sus héroes no son ya las gigantescas
-víctimas del Destino inexorable que atraviesan el teatro empujados por
-la mano de un dios, seres primitivos en quienes el acto realiza con
-terrible violencia las imágenes alucinantes; sino los bellos y nobles
-tipos de una humanidad superior, conscientes de sus determinaciones,
-que llevan su destino en sus actos mismos y que revelan en la lucha
-la grandeza del alma depurada por el amor y por el dolor. Su coro no
-es ya ese personaje multánime, activo, sugestionador, preponderante,
-que cubre la tragedia con un inmenso concierto de voces, sino una
-especie de =espectador ideal= de la acción que recoge en su espíritu
-las diferentes impresiones del drama y las expresa, purificadas con la
-música, en la pastoral jubilosa, en el himno grave y en la plegaria
-ardiente. Su estilo no es ya esa expresión torturada y ampulosa,
-obscura y relampagueante de la tragedia titánica; es límpido, diáfano;
-es el sol de Athenas; y el sol de Athenas, “penetra todo sin choque y
-sin resistencia, inunda de luz los objetos, pero baña sus contornos
-voluptuosamente, lo mismo que las olas de su golfo van a unirse
-con dulzura a las riberas doradas de Phalera.” Harmonía justa del
-pensamiento y de la expresión, la lengua de Sóphokles es semejante a
-esos peplos de mármol cuyos pliegues en vez de ocultar, transparentan
-en todo su esplendor, la forma serena de la estatua. Toda poesía es
-turbia y amarga al lado de la suya tan cristalina y tan dulce. Junto a
-él, Eskylo parece un bárbaro pomposo y Eurípides un impostor pedante.
-Fué el que más premios obtuvo en los certámenes dyonisíacos. Solamente
-una ocasión un arconte se negó a aceptarle una tragedia; el señor de La
-Harpe, que sabe el hecho, aplaude; y esto prueba, según Pitágoras, que
-las almas de los seres inferiores también transmigran. -- Murió cubierto
-de gloria, a los noventa años, como su viejo Edipo, “sin gemidos y sin
-dolores;” y la leyenda contaba que, recitando los coros de su poema
-preferido, Antígona, y fijas las sonrientes pupilas en el oro de un
-ocaso de transfiguración, se le había apagado la voz y se le había
-caído la lira de las manos... En su tumba grabó el cincel una sirena.
-Athenas le erigió un santuario y le consagró culto.
-
- _Jesús Urueta._
-
-(Fragmento del Ensayo sobre la Tragedia Ática.)
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-_EXPLICACIÓN DE ALGUNOS NOMBRES PROPIOS_
-
-
-Agamemnón, hijo de Atreo, Rey de Micenas, asesinado por su esposa,
-Clitemnestra, y por Egisto.
-
-Aidoneo, epíteto que se da a Hades o Plutón.
-
-Antígona, princesa hija de Edipo.
-
-Apolo, dios de la poesía, la música y las artes.
-
-Ares, dios de la guerra, hijo de Zeus y de Hera.
-
-Artemisa o Diana, diosa hija de Zeus y de Hera.
-
-Atena, Atenea o Minerva, diosa de la sabiduría, hija de Zeus.
-
-Atossa, reina de Persia, esposa de Darío.
-
-Atlas, hijo de Zeus y de Climena, condenado a sostener sobre sus
-espaldas el polo de los cielos.
-
-Bía, personificación divina de la Violencia.
-
-Casandra, profetisa, hija de Príamo, hecha esclava por Agamemnón al
-tomar a Troya.
-
-Cipris, epíteto de la diosa Afrodita.
-
-Clitemnestra, esposa de Agamemnón y madre de Orestes.
-
-Cratos, personificación divina de la Fuerza.
-
-Danao, rey de Egipto, hijo de Belos y padre de las cincuenta Danaides.
-
-Edipo, hijo de Layo, rey de Tebas.
-
-Egisto, hijo de Tiestes, usurpador y matador de Agamemnón.
-
-Egipto, hermano de Danao y rey de Egipto.
-
-Electra, hermana de Orestes, hija de Agamemnón y de Clitemnestra.
-
-Épafo, rey de Egipto, hijo de Io y de Zeus.
-
-Erinnas o Furias, diosas vengadoras de faltas contra el orden moral.
-
-Eris o Discordia, diosa compañera de Ares.
-
-Eteocles, rey de Tebas, hijo de Edipo, hermano de Polinices.
-
-Gea, la Tierra.
-
-Hades o Plutón, dios subterráneo, hijo de Cronos. Significa también la
-mansión de las tinieblas y de los muertos.
-
-Hefestos o Vulcano, dios del fuego, hijo de Zeus y de Hera.
-
-Hera, diosa esposa de Zeus o Júpiter.
-
-Hermes o Mercurio, dios hijo de Zeus y de Maya.
-
-Io, hija de Ínaco y de la ninfa Melia, amada por Zeus, fué convertida
-en becerra por Hera.
-
-Ismene, princesa de Tebas, hija de Edipo.
-
-Loxias, epíteto de Apolo.
-
-Orestes, príncipe de Micenas, hijo de Agamemnón, dió muerte a su madre
-Clitemnestra y a Egisto.
-
-Polinices, príncipe de Tebas, desterrado por su hermano Eteocles.
-
-Poseidón o Neptuno, dios del mar, hijo de Cronos y de Rea.
-
-Prometheo, protector de la raza del hombre; personificación del genio
-del hombre.
-
-Xerxes, rey de Persia; hijo de Darío.
-
-Zeus, dios máximo, Júpiter entre los romanos.
-
-
-
-
-_ÍNDICE_
-
-
- Págs.
-
- NOTA PRELIMINAR. 5
-
- PROMETHEO ENCADENADO. 9
-
- LOS SIETE SOBRE THEBAS. 49
-
- LOS PERSAS. 91
-
- LA ORESTIADA:
-
- I.--AGAMEMNÓN. 135
-
- II.--LAS COÉFORAS. 197
-
- III.--LAS EUMÉNIDES. 241
-
- LAS SUPLICANTES. 281
-
- APÉNDICE.--LOS POETAS TRÁGICOS. 323
-
- EXPLICACIÓN DE ALGUNOS NOMBRES PROPIOS. 331
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
- SE ACABÓ DE IMPRIMIR ESTE VOLUMEN EL
- DÍA 22 DE JULIO DEL AÑO DE 1921,
- EN LOS TALLERES GRÁFICOS
- DE LA NACIÓN, BAJO LA DIRECCIÓN
- DEL DEPARTAMENTO
- EDITORIAL DE
- LA UNIVERSIDAD
- NACIONAL DE
- MÉXICO.
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK TRAGEDIAS ***
-
-Updated editions will replace the previous one--the old editions will
-be renamed.
-
-Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright
-law means that no one owns a United States copyright in these works,
-so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the
-United States without permission and without paying copyright
-royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part
-of this license, apply to copying and distributing Project
-Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm
-concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark,
-and may not be used if you charge for an eBook, except by following
-the terms of the trademark license, including paying royalties for use
-of the Project Gutenberg trademark. If you do not charge anything for
-copies of this eBook, complying with the trademark license is very
-easy. You may use this eBook for nearly any purpose such as creation
-of derivative works, reports, performances and research. Project
-Gutenberg eBooks may be modified and printed and given away--you may
-do practically ANYTHING in the United States with eBooks not protected
-by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the trademark
-license, especially commercial redistribution.
-
-START: FULL LICENSE
-
-THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
-PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
-
-To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
-distribution of electronic works, by using or distributing this work
-(or any other work associated in any way with the phrase "Project
-Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full
-Project Gutenberg-tm License available with this file or online at
-www.gutenberg.org/license.
-
-Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project
-Gutenberg-tm electronic works
-
-1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
-electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
-and accept all the terms of this license and intellectual property
-(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
-the terms of this agreement, you must cease using and return or
-destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your
-possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a
-Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound
-by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the
-person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph
-1.E.8.
-
-1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
-used on or associated in any way with an electronic work by people who
-agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this
-agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm
-electronic works. See paragraph 1.E below.
-
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the
-Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
-of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual
-works in the collection are in the public domain in the United
-States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
-United States and you are located in the United States, we do not
-claim a right to prevent you from copying, distributing, performing,
-displaying or creating derivative works based on the work as long as
-all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope
-that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting
-free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm
-works in compliance with the terms of this agreement for keeping the
-Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily
-comply with the terms of this agreement by keeping this work in the
-same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when
-you share it without charge with others.
-
-1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
-what you can do with this work. Copyright laws in most countries are
-in a constant state of change. If you are outside the United States,
-check the laws of your country in addition to the terms of this
-agreement before downloading, copying, displaying, performing,
-distributing or creating derivative works based on this work or any
-other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no
-representations concerning the copyright status of any work in any
-country other than the United States.
-
-1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
-
-1.E.1. The following sentence, with active links to, or other
-immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear
-prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work
-on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the
-phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed,
-performed, viewed, copied or distributed:
-
- This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
- most other parts of the world at no cost and with almost no
- restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it
- under the terms of the Project Gutenberg License included with this
- eBook or online at www.gutenberg.org. If you are not located in the
- United States, you will have to check the laws of the country where
- you are located before using this eBook.
-
-1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is
-derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not
-contain a notice indicating that it is posted with permission of the
-copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in
-the United States without paying any fees or charges. If you are
-redistributing or providing access to a work with the phrase "Project
-Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply
-either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or
-obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm
-trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
-with the permission of the copyright holder, your use and distribution
-must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any
-additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
-will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works
-posted with the permission of the copyright holder found at the
-beginning of this work.
-
-1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
-License terms from this work, or any files containing a part of this
-work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
-
-1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
-electronic work, or any part of this electronic work, without
-prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
-active links or immediate access to the full terms of the Project
-Gutenberg-tm License.
-
-1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
-compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
-any word processing or hypertext form. However, if you provide access
-to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format
-other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official
-version posted on the official Project Gutenberg-tm website
-(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense
-to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
-of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain
-Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the
-full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1.
-
-1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
-performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
-unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
-access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works
-provided that:
-
-* You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
- the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
- you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
- to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has
- agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
- within 60 days following each date on which you prepare (or are
- legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
- payments should be clearly marked as such and sent to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
- Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg
- Literary Archive Foundation."
-
-* You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
- you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
- does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
- License. You must require such a user to return or destroy all
- copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
- all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm
- works.
-
-* You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
- any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
- electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
- receipt of the work.
-
-* You comply with all other terms of this agreement for free
- distribution of Project Gutenberg-tm works.
-
-1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
-Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than
-are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
-from the Project Gutenberg Literary Archive Foundation, the manager of
-the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the Foundation as set
-forth in Section 3 below.
-
-1.F.
-
-1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
-effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
-works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
-Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm
-electronic works, and the medium on which they may be stored, may
-contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
-or corrupt data, transcription errors, a copyright or other
-intellectual property infringement, a defective or damaged disk or
-other medium, a computer virus, or computer codes that damage or
-cannot be read by your equipment.
-
-1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
-of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
-Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
-Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
-liability to you for damages, costs and expenses, including legal
-fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
-LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
-PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
-TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
-LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
-INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
-DAMAGE.
-
-1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
-defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
-receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
-written explanation to the person you received the work from. If you
-received the work on a physical medium, you must return the medium
-with your written explanation. The person or entity that provided you
-with the defective work may elect to provide a replacement copy in
-lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
-or entity providing it to you may choose to give you a second
-opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
-the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
-without further opportunities to fix the problem.
-
-1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO
-OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
-LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
-
-1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
-warranties or the exclusion or limitation of certain types of
-damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
-violates the law of the state applicable to this agreement, the
-agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
-limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
-unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
-remaining provisions.
-
-1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
-providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in
-accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
-production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm
-electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
-including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
-the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
-or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
-Defect you cause.
-
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
-www.gutenberg.org
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation's website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without
-widespread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine-readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
-state visit www.gutenberg.org/donate
-
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-
-Please check the Project Gutenberg web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works
-
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-
-Most people start at our website which has the main PG search
-facility: www.gutenberg.org
-
-This website includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.